Leonor de Silva

De Catálogo de Santas Vivas
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Leonor de Silva
Nombre Leonor de Silva
Orden Dominicas
Títulos Priora y fundadora del Convento de la Madre de Dios
Fecha de nacimiento Finales del siglo XV
Fecha de fallecimiento 1507
Lugar de nacimiento ¿Toledo?, España
Lugar de fallecimiento Toledo, España

Vida manuscrita

Ed. de Rebeca Sanmartín Bastida y María Morrás; fecha de edición: enero de 2020.

Fuente

  • Razón y bezerro de toda la hazienda deste convento de la Madre de Dios de Toledo, de la orden de Sancto Domingo, ansí en dinero, pan, gallinas, molinos, tierras, dotes, alimentos, olivas, capellanía, que tiene hasta fin del año de MDXCIX. Ms. del convento de Santo Domingo el Real de Toledo.

Criterios de edición

El relato de la vida de las hermanas Silva, que se encuentra dentro de la narración de la fundación de la Casa de la Madre de Dios, está incluido en el libro becerro del archivo que de esta comunidad conserva el convento de Santo Domingo el Real de Toledo. El texto está inserto en un volumen fechado en 1599 y está escrito por dos manos que cabría fechar como contemporáneas a la data del becerro nuevo, que copia el relato de la vida de la fundadora del antiguo (Becerro, fols. 7v-9r). Mantenemos, pues, todos los usos gráficos que pueden indicar preferencias fonéticas, dialectales o culturales en el texto. Dado que se trata de un texto único, escrito por dos monjas ‒una de ellas quizá la propia cronista‒ del siglo XVI, adoptamos un criterio conservador que recoja las características culturales y fonéticas de las monjas escribanas. Las primera mano del texto se muestra sistemática en la diferenciación de palatales fricativas sordas y sonoras x/j, ç/z, excepto para la palabra doze que escribe siempre doçe; en el caso de las sibilantes, opta por escribir siempre s excepto en un caso (açeptasse, f. 4v), y parece leísta, una forma normalísima en el Siglo de Oro, asociada sobre todo al área de Castilla y que denotaba pertenencia a clase alta. La segunda mano, a partir del folio 10r, escribe ocasionalmente la palatal fricativa, ya velarizada en j (dijo, dijeron en lugar de dixo, dixeron), confunde ç/z (pareze), y se distingue por usos puramente gráficos, como no reduplicar la f; podría pensarse que correspondería a alguien más joven y ciertamente de habla más popular como muestran la forma porné (por ‘pondré’) y el uso de diminituvos (bracico, casica). No obstante, ambas manos comparten la mayoría de los usos gráficos: no distinguen entre b y v; son caóticas en el uso de la h, y escriben q- ante c- (qual en todas sus formas); regularizamos estos rasgos. También eliminamos los aglomerados (vg., despaña) excepto en los casos con demostrativos (desta, della) y simplificamos la f geminada siguiendo el uso actual, dado que parece ser un gesto gráfico carente de valor fonético; sin embargo, mantenemos la ll porque aparece en términos de origen latino de uso eclesiástico (collaçión, bulla) o en posición final, que podría indicar palatalización (mill); -bb- aparece sólo en el título de abbad, que conservamos a pesar de ser una hipercorrección, por tratarse de una palabra de esfera religiosa y ser habitual la reduplicación en textos legales y eclesiásticos. Por los mismos motivos mantenemos todos los grupos cultos, muy frecuentes en los términos de uso o resonancias religiosas (choro, Esustachia, sanct-, etc.) o formas como spiritual. El escrupuloso mantenimiento de las grafías significativas no sólo permite diferenciar en esta edición las dos manos del texto, sino también mostrar el hecho de que los fragmentos sacados del testamento de la fundadora se copiaron al pie de la letra, tanto en los usos gráficos (e como copulativa en lugar de y), como en los morfológicos (tenudas, con el participio arcaico y concordancia en número y género). A tenor de los usos gráficos y estilísticos puede aventurarse que unos fragmentos, los que narra la cronista, fueron dictados y otros ‒con seguridad los del testamento y el antiguo becerro‒ se copiaron de los originales, como ya se ha señalado.

Una mano añade interpoladas algunas anotaciones que indicamos entre ^ si son añadidos interlineados. La foliación es contemporánea y comienza en el folio 2r con el texto que editamos; asimismo todas las páginas presentan reclamos en el vuelto del extremo inferior derecho de los folios, consistentes casi siempre en la primera sílaba de la palabra que sigue en el folio siguiente, lo que podría indicar que se trata de una copia en limpio de un borrador o bien que el volumen está compuesto de hojas sueltas.

La anotación en los márgenes del manuscrito y un estudio del texto se encuentran en el artículo Rebeca Sanmartín Bastida y María Morrás, “Las hermanas Silva: La santidad de unas fundadoras nobles”, Hagiographica, XXV (2018), pp. 251-281.

Vida de Leonor de Silva

[Fol. 2r] Razón y bezerro de toda la hazienda deste convento de la Madre de Dios de Toledo, de la orden de Sancto Domingo, ansí en dinero, pan, gallinas, molinos, tierras, dotes, alimentos, olivas, capellanía, que tiene hasta fin del año de MDXCIX IHS

Este convento de la Madre de Dios, de la çiudad de Toledo, que es de monjas regulares de la Orden de nuestro señor padre Sancto Domingo (cuyo nombre fue este desde su fundaçión), le fundó la señora doña María de Silva, hija legítima de don Alonso de Silva, alférez mayor de Castilla, y de doña Isabel de Castañeda, su mujer, condesa de Çifuentes; la cual, después que tuvo el hábito de nuestra orden, por su mucha humildad se quiso llamar soror Marigómez, y ansí se firmó en el testamento que hizo antes de ser monja de velo.

Tuvo esta señora otra hermana carnal que se llamó doña Leonor de Silva y, entre ambas dos, una tía que se llamó Françisca de Castañeda. Todas estas tres señoras fueron devotísimas de nuestro señor padre Sancto Domingo y de su hábito, y grandes hijas y siervas de nuestra madre Sancta Catalina de Sena, y trajeron algunos años el hábito de Penitençia que llaman de la Terçera Regla de Sancto Domingo, y en él hizieron profesión; y vivieron juntas con otras compañeras que se les juntaron, gente devota y religiosa, en el año del Señor de mill y cuatroçientos y ochenta y dos, en sus casas prinçipales, las cuales después dejó para fundaçión deste convento y son en la colaçión de la Iglesia de San Román, juntas al convento de beatas de Sancta Catalina [fol. 2v] que entonçes había, y vivían en comunidad.

Estas dos señoras y su tía se llaman fundadoras porque dieron prinçipio a esta casa y juntamente sus haziendas. Lo que se sabe que dejaron se dirá adelante. Vivieron, ellas y otras compañeras que se les juntaron, algunos años en su casa con mucho recogimiento, y en el año del Señor de mill y cuatroçientos y ochenta y tres pidieron liçençia al ilustrísimo y reverendísimo señor don Pedro González de Mendoça, cardenal de Sancta Cruz y arçobispo de Toledo, para que pudiesen tener altar y campanas y claustro y refectorio dentro de su casa, y pidiéronle más: que la casa se nombrase la Casa de la Madre de Dios de la Penitençia, debajo la Terçera Regla de Sancto Domingo, y que pudiesen tener las demás ofiçinas en forma de convento, y que ellas, y las demás que quisiesen con ellas, viviesen en comunidad debajo la dicha regla.

Conçedioles la dicha liçençia el sobredicho arçobispo como lo habían pedido, y que cualquiera obispo les pudiese bendezir la iglesia; y, siendo bendita, que pudiesen en ella çelebrar misas y deçir horas canónicas en forma de convento. Sobre lo cual el dicho cardenal dio su bulla con su sello pendiente y firmada de su nombre, su data en la villa de Madrid a si[e]te de abril de mill y cuatroçientos y ochenta y tres años. Está en el archivo del convento esta bulla, en el cajón primero, que es de la madre fundadora. Y deseando las sobredichas señoras y sus compa- [fol. 3r] ñeras hazer vida más áspera y estrecha, apartándose más del mundo y de sus ocasiones, y ser monjas ençerradas de velo de nuestro hábito por la mucha afiçión que a nuestro padre Sancto Domingo tenían, en el año siguiente de mill y cuatroçientos y ochenta y seis pidieron al papa Inoçençio, deste nombre octavo, las hiçiese monjas ençerradas en clausura, debajo la regla de Sancto Domingo, haziéndolas partiçipantes de las demás graçias y privilegios que las demás religiosas de la dicha orden gozan y tienen, dándole título y advocaçión al dicho convento, y se llamase de la Madre de Dios.

Todo lo cual conçedió el dicho pontífiçe con mucha voluntad, sobre lo cual mandó despachar su bulla plomada, su data en Roma en veinte y ocho días del mes de julio del año del Señor de mill y cuatroçientos y ochenta y seis, en el año segundo de su pontificado. Y dispensó más el dicho pontífiçe con la señora doña Françisca de Castañeda, tía de las dichas fundadoras, atento que ya era ançiana y profesa en el hábito de la Terçera Regla de Penitençia de Sancto Domingo y haber dado su hazienda a este nuevo convento: que sin hazer otra profesión de nuevo ni mudar su hábito de la Penitençia, pudiese vivir con las demás monjas y vivir entre ellas todos los días de su vida, los cuales acabó en paz en el dicho convento, en el que está enterrada.

[Fol. 3v] La execuçión deste breve la cometió el dicho pontífiçe a don Vasco Remigio, canónigo de Toledo y arçediano de Talavera y a Enselmo, abbad del convento de Nuestra Señora de Monte Sion, extramuros de Toledo, que llaman San Bernardo, como se contiene en el breve particular que a los sobredichos envió su data en Roma a los veinte y ocho días del mes de julio del año del Señor de mill y cuatroçientos ochenta y seis. Los cuales, obedeçiendo a lo que les era mandado, lo pusieron en ejecuçión a los diez y seis del mes de noviembre del dicho año de mill y cuatroçientos y ochenta y seis; y mandaron publicar la bulla de Su Sanctidad, el cual les conçedía lo que por su parte le fue suplicado; y mandaron los sobredichos juezes fuese obedeçida y guardada como Su Sanctidad en ella lo mandaba, y para esto dieron ellos su bulla escripta en pergamino con dos sellos pendientes y firmada de sus nombres, su data en la çiudad de Toledo, a diez y ocho días del mes de noviembre de mill y cuatroçientos y ochenta y seis años, ante Luis Sánchez de Palençia, secretario de la Sancta Iglesia de Toledo y notario apostólico.

Y ansí, por virtud desta bulla de Su Sanctidad, luego el año siguiente de mill y cuatroçientos y ochenta y siete, a dos del mes de febrero, [fol. 4r] día de la Purificaçión de Nuestra Señora, a dos días del mes de febrero, hizieron profesión doçe monjas que había en el dicho monasterio, y desde este día quedó este convento de monjas veladas y çerradas, a las cuales se les fueron luego juntando otras donçellas nobles, que se señalaron mucho en virtud y en breve tiempo dieron de sí muchas muestras de la mucha religión que tenían y guardaban, de las cuales adelante diremos algunas cosas dignas de memoria.

Gobernó esta casa esta señora fundadora doña María de Silva desde su prinçipio, ansí en lo spiritual como en lo temporal, desde que tuvieron el hábito de penitençia, con mucha prudençia y religión y grandes muestras de sanctidad y con mucho exemplo de vida y costumbres, a la cual el padre provinçial desta provinçia de España de la orden de Sancto Domingo, que a la sazón era, la hizo priora deste convento con los votos de las monjas. Y porque después de hecha priora hubo duda entre los perlados si había sido verdadera eleçión o no por haber estado las monjas antes de los dos años, (acu-) [fol. 4v] acudieron al papa Inoçençio Octavo sobre el caso, el cual, siendo informado por el conde de Çifuentes don Alonso de Silva, hermano de la dicha nuestra madre fundadora, embajador que a la sazón era en Roma por los Reyes Católicos de gloriosa memoria, mandó despachar una bulla a la madre fundadora con muchos favores, alabándola de su buen çelo y religión y mandándola con preçepto, so pena de descomunión, açeptasse el tal ofiçio de priora y gobernase el dicho convento en lo spiritual y temporal como hasta entonçes lo había hecho, absolviéndola de cualquier excomunión si tuviese y supliendo cualquiera defecto que hubiese intervenido en su eleçión con autoridad apostólica; y para que no lo dexase de hazer ni açeptar el tal ofiçio, mandó en ella al deán y ^al^ arçediano de la sancta Iglesia de Toledo que entre ambos dos o cualquiera dellos, si fuese neçesario la compelliesen con çensuras eclesiásticas a que açeptase el ofiçio de priora del dicho convento y su gobierno en ^lo^ spiritual y temporal, como hasta allí había hecho, de lo cual mandó despachar su [fol. 5r] bulla sellada con el sello del pescador, su data en Roma, a diez y nueve del mes de febrero del año del Señor de mill y cuatroçientos y noventa y uno, en el año séptimo de su pontificado.

Y viniendo ansí estas religiosas con tanto recogimiento y tanta sanctidad, les pareçió a los perlados de la orden que otra casa antigua de beatas de la Terçera Regla de nuestro padre Sancto Domingo, llamada Sancta Catalina de Sena, la cual estaba pegada con este convento de la Madre de Dios, que se debía unir y juntar en una para que todas juntas sirviesen a Nuestro Señor con más recogimiento y estrechura de vida, lo cual se hizo ansí. Y con consentimiento y voluntad de las religiosas de ambas casas, ansí monjas como beatas, se juntaron en el año del Señor de mill y cuatroçientos y noventa y uno, y de ambas casas se hizo un convento; debajo una misma regla y clausura fueron las beatas, que se pasaron diez, y, desta manera, comenzó a creçer este convento en número de religiosas. Y por esta unión tiene al presente este convento diez mill maravedís de renta en las alcabalas desta çiudad de Toledo, los cuales tenían las dichas beatas de merçed de los Reyes Católicos mientras fuesen beatas; y después los mismos reyes, por otra cédula suya, su [fol. 5v] data en la çiudad de Toledo, a ocho días del mes de julio del año de mill y quinientos y dos, hizieron merçed a este convento de los dichos diez mill maravedís y los gozasen de la misma manera que los gozaban las dichas beatas y, con el mismo cargo que ellas tenían, los dichos diez mill maravedís, de encomendar a Nuestro Señor las ánimas de los padres de los dichos Reyes Católicos y la salud dellos.

Ti[e]ne este convento, entre otras cosas, un testamento que le dejó e hizo esta señora fundadora cuando profesó la Terçera Regla de Penitençia de nuestro padre Sancto Domingo en el año mill y cuatroçientos y ochenta y dos, escrito en cuatro hojas de pergamino y firmado de su nombre, que dize Marigómez; el cual es mucho de estimar y preçiar por las muchas y buenas cosas que tiene y manda, donde muestra la gran devoçión que en su alma tenía por la Madre de Dios y por nuestro padre Sancto Domingo y Sancta Catalina de Sena. Y, ansí, desde su prinçipio, quiso que esta casa se llamase para siempre jamás la Casa de la Madre de Dios de la Penitençia y en memoria suya manda que se le haga fiesta particular con toda devoçión en el día de su Sancta Visitaçión y en el día de la Natividad de Jesucristo Nuestro Señor, lo cual manda y dize por estas palabras forma- [fol. 6r] les: «E se faga espeçial fiesta y memoria de la Madre de Dios el día de la Visitaçión de Nuestra Señora a Sancta Isabel, cuando la Señora estaba preñada de su glorioso hijo Nuestro Salvador Jesu Christo, Dios y hombre, que es segundo día de julio. La fiesta sea con toda honestidad e aquella que plaze a los ángeles, que es de buenas conçiençias y alegría spiritual y devoçión con todo lo que a la spiritual consolaçión sirviere. E también sean tenudas a fazer la fiesta de la Sancta Natividad de Nuestro Señor, las cuales vivan en la regla de la Penitençia de mi padre Sancto Domingo». Quiso más la dicha madre fundadora: que hubiese siempre en este convento una religiosa de su linaje, la cual se reçibiese sin dote, y que, si otra alguna quisiese entrar de su linaje, se hubiesen con ella como con una de las demás estrañas.

Y es mucho de notar y agradeçer a estas señoras fundadoras que, con haber dejado sus casas y hazienda y haber hecho heredero universal a este convento en todos sus bienes, ansí de herençia como de otra cualquiera manera que los tuviesen o les pudiesen venir, no le cargaron de otras obligaçiones perpetuas, misas ni aniversarios más de lo aquí referido y, en el prinçipio de su testamento, cuando les [fol. 6v] encomienda su ánima a las hermanas, dize ansí: «E mando mi cuerpo a la tierra donde fue formado, e cuando voluntad fuere de mi Señor Dios de me levar desta presente vida, mando que el mi cuerpo sea sepultado dentro en la capilla de las casas de las hermanas de la Madre de Dios, a las cuales encomiendo mi ánima, que fagan por ella lo que vieren que es bien, porque yo les dejo todo cuanto tengo e me despojo e se lo dó por amor de mi Señor Jesucristo e de su bendita madre, e de nuestro padre Sancto Domingo e de nuestra madre Sancta Catalina de Sena». Hasta aquí son palabras formales suyas.

Otras muchas cosas contiene el dicho testamento, donde muestra la mucha devoçión y reverençia que tenía a las cosas del culto divino y el grande amor a nuestro hábito, que podrán ver en él fáçilmente los curiosos; el cual ella otorgó en esta çiudad de Toledo, a treinta días del mes de mayo, año del Señor de mill y cuatroçientos y ochenta y dos, ante Ruiz Sánchez de Madrid, notario y escribano público de dicha çiudad.

Dize este convento por estas señoras fundadoras cada día después de la ^hora de prima^ un responso rezado de difuntos, y hazeles dos cabos de año, en cada un año, de vigilia y misa [fol. 7r] cantada ^con ministros^ de réquiem, y les pone tumba y çera, el uno el día de los finados, primero del mes de noviembre, y el otro el día de su falleçimiento, que fue el de la madre fundadora doña María de Silva, día de la sancta virgen y mártir Prisca, a diez y ocho días del mes de enero del año del Señor de mill y cuatroçientos, digo quinientos y treinta y dos.

La otra hermana suya, la señora Leonor de Silva, fue superiora deste convento hasta el año de mill y quinientos siete, en el cual sanctamente murió.

Qué tanta fuese la hazienda que estas señoras dejaron a esta casa no consta claramente por papeles, mas que dieron sus casas prinçipales de su morada, las cuales compraron de Pedro de Baeza por preçio de dosçientos veinte mill maravedís, y otras casas que compraron de doña Juana Pimentel, condesa de Montalbán, por çincuenta mill maravedís, que llamaron las Casas del Naranjo.

Dexaron fuera de esto çien mill maravedís de juro en las alcabalas de Toledo y su partido, de a doçe mill maravedís el millar, con condiçión que no se pueden quitar aunque se pague el prinçipal, los cuales heredó este convento destas señoras [fol. 7v] como bienes propios suyos, los cuales ellas tenían por bienes propios, por privilegio de los Reyes Católicos. Están estos çien mill maravedís en el privilegio de las cc xc U dcc xc maravedís.

Todo lo aquí dicho consta por las bulas y testamento desta señora fundadora, las cuales se hallaron en el archivo de los papeles deste convento, en el cajón .i. que dize «La madre fundadora».

Lo que se sigue hallé escripto en un bezerro antiguo del convento, para memoria de algunas cosas que en esta casa ha habido: «Vivió esta señora nuestra madre fundadora muchos años gobernando esta casa en lo spiritual y temporal, con mucha religión y sanctidad, haziendo en ella ofiçio de priora: que fue desde el año de cuatroçientos y ochenta y dos, hasta el año de mill y quinientos treinta y dos, que murió. En cuyo tiempo acaeçieron algunas cosas notables, que fueron muestras de su mucho valor y religión y sancto zelo, ansí en ella como en algunas de sus monjas. De lo cual, siendo informada la serenísima Reina Católica doña Isabel, de buena memoria (en cuyo tiempo se fundó esta casa, y fue a ella muy afiçionada y le dio algunas joyas de oro y seda [fol. 8r] para el serviçio y ornato de su sacristía), mandó: nuestra madre doña María de Silva, fundadora, en el año del Señor de mill y cuatroçientos y noventa y seis, fuese a reformar el convento de Sancto Domingo el Real desta çiudad de Toledo, porque eran claustrales y tenían neçesidad de reformaçión. La cual llevó consigo dos monjas desta casa, llamadas la una soror Magdalena de Sancta Cruz y la otra soror María Magdalena; y, con su buena maña y vida muy exemplar, dentro de un año acabó la dicha reformaçión y dejó en él por priora a soror Catalina de la Madre de Dios, vicaria deste convento. Esta señora es la que se llamó doña Catalina de Mendoza, fue hija del Adelantado de Cazorla, hijo del Marqués de Santillana, y fue desposada con don Diego de Mendoça, hijo del ilustrísimo cardenal don Pedro Gonçález de Mendoça, arzobispo de Toledo, primo hermano suyo; y antes de consumar el matrimonio, se vino secretamente a esta casa y tomó el hábito de religiosa, donde se señaló mucho en valor y sanctidad, y fue la que suçedió a nuestra buena fundadora en el ofiçio de priora desta casa, la cual gobernó con mucha prudençia todo el tiempo que vivió, que fueron como diez y seis años, poco más o menos.

[Fol. 8v] »El mismo año de mill y cuatroçientos y noventa y seis, después de reformado el convento de Sancto Domingo el Real de Toledo por orden también de la sobredicha Reina Católica, reformó nuestra madre fundadora el convento de Sancto Domingo el Real de Madrid; la cual, para este negoçio tan grave, llevó consigo dos monjas nobles desta casa, de muy buena vida y ejemplo, llamadas Paula y Eustachia, que eran madre e hija. Acabada su reformaçión y compuesto el convento de su mano, dexó en él por priora a la Eustachia, porque su madre Paula no lo quiso ser, y volviose a su convento de la Madre de Dios.

»Dos años poco más o menos de lo dicho, la madre superiora desta casa (que era una de las que fueron a Sancto Domingo el Real de Toledo) fue con otras dos monjas a reformar el convento de San Blas de Çifuentes, monjas del mismo hábito, a las que les oí yo deçir el año pasado de noventa y ocho tratando con ellas esto: que es verdad que fueron reformadas por religiosas desta casa, y que desde entonçes traen todas al cuello un rosario de nudos de hilo blanco, como al presente los traen, y que dellas los tomaron y ellas se lo enseñaron, y las religiosas deste convento de la Madre de Dios los traen desde su fundaçión beatas y monjas. [fol. 9r] Luego, el año siguiente de mill y quinientos y veinticuatro, fueron tres religiosas deste convento, llamadas María de la Madre de Dios y Eustachia, la que fue priora en el convento de Sancto Domingo el Real de Madrid, y Françisca de Belén a reformar el convento de monjas de la misma orden (que es del condestable), llamado la Casa de la Reina».

Otras muchas cosas se han perdido en esta casa por descuido y floxedad de los perlados que pudieran servir de mucha edificaçión y consuelo para los deste hábito; y dé graçias a Nuestro Señor por merçedes particulares que Su Majestad tiene hechas a algunas religiosas desta casa que se han conoçido de buena vida y loables costumbres y muy temerosas de Dios. Lo cual ha sido en ellas muy conoçido y tenido por tradiçión muy çierta de unas en otras y al presente viven algunas que las conoçieron y trataron, y son tan graves las que lo afirman y tan fidedignas que se pueden muy bien creer de personas que tan buen nombre y fama de virtud dexaron y que imitar los que vivimos.

[Fol. 9v] Entre otras cosas de muchas que (según dizen las que ahora viven) han acaeçido en esta casa, porné aquí tres o cuatro dellas, las cuales hallé escritas en un cuadernito antiguo escripto de mano, las cuales son muy públicas en este convento y muy sabidas y por çiertas tenidas, y una dellas fue:

Quiriendo nuestra madre fundadora un miércoles de Cuaresma reçebir el Santísimo Sacramento, dijolo a su confesor, al cual le pareçió que no lo hiçiese por haber comulgado el domingo de antes inmediato. La cual se fue a la casica de la comunión (porque allí junto le dezían misa en el altar, que ahora se llama de la Magdalena) a oír su misa, y que el saçerdote, al consumir, partió la hostia, y la partícula menor de las tres se le fue de allí y entro^se^ por la ventanica donde estaba oyendo la misa nuestra buena fundadora doña María de Silva, la cual puso el escapulario que tenía para recogerla y reçibiola sin llegar a ella las manos. Turbose mucho su confesor que le decía la misa de la falta de la hostia y, viéndolo ella, dio un golpe por la ventanilla y díjole que no la buscase. Acabada la misa, llamole al dicho su confesor y contole el caso, el cual le cortó el pedazo del escapulario donde le había reçibido y quemolo. [Fol. 10r] Otra vez le aconteçió a la dicha nuestra madre que, pidiendo ella a Nuestro Señor con mucha devoçión le hiziese merçed de darle a llevar su cruz, le respondió: «No puedes tú llevar tu cruz de paja, ¿y quieres llevar la mía de palo?»; y, haziendo la sobredicha mucha instançia en esto a Nuestro Señor en sus oraçiones, de allí en veinte años, el día que los hizo, que fue domingo, entrando la buena madre a maitines a la hora de medianoche (como se solían dezir), postrose en la primera grada del altar mayor y, estando allí, echole Nuestro Señor una cruz en el hombro. Lo que allí pasó no lo quiso ella dezir, pero fue tal el éxtasis, que estuvo de aquella manera hasta las seis horas de la mañana que las monjas volvieron a cantar prima al choro; y dizen más: que, al pasar una dellas a la otra parte del choro, tropezó en el palo de la cruz (aunque no le vían). Y que cuando murió algunas monjas desta casa oyeron en el aire cantar veni electa mea y tañerse órgano. Tuviéronla cuatro días en el coro sin enterrarla y las monjas que la vieron dizen que olían allí un olor suavísimo, aunque no sabían de dónde venía y estaba su cuerpo tal que no parecía estar muerto.

También la señora doña Leonor de Silva, [fol. 10v] superiora, que murió deste convento con mucho ejemplo de vida muy religiosa que dio mientras vivió, fue hermana carnal de nuestra madre fundadora. Cuando vino a lo último de su vida, dijo en voz que la oyeron: «Esa es ya misericordia»; y en acabando de dezirlo, expiró.

Otra religiosa de las primeras que esta casa tuvo y crio, llamada soror Leonor de Sancta Cruz, a quien Nuestro Señor hizo grandes merçedes, fue muy devota de la Sancta virgen y mártir Çeçilia (de la cual hay una imagen en el choro deste convento, que las religiosas de él la visten lo mejor y más galano que ellas pueden) y está en el altar de Nuestra Señora. Esta religiosa disgustábase mucho porque la vestían tan galana, pareçiéndole semejantes cosas no venir bien a los sanctos en la tierra; y, estando un día de su fiesta en las sillas altas del coro esta su devota, vio bajar del altar a la dicha imagen de Sancta Çeçilia y, llegándose a ella, le dijo: «No te pese de que me vistan ansí, que acá de todo nos servimos»; y añadió la Sancta y díjola: «Para de hoy en un año te convido y te llevaré donde yo estoy». Había algunos años atrás que esta Sancta en su día hacía alguna merçed a esta su devota, y preguntándola aquel año otra religiosa desta casa qué merçedes le había hecho aquel día su Sancta Çeçilia, respondió: «La mejor que jamás me ha hecho, y es que me ha convidado para, de hoy en un año, me llevará [fol. 11r] consigo». Y ansí se cumplió como lo dijo, porque pocos días antes que el año se cumpliese le dieron unas calenturas y la apretaron tanto que, la víspera de la dicha fiesta de Sancta Çeçilia, le dieron los sacramentos, y el mismo día, a la hora de completas, expiró.

Tiene este convento, junto a la entrada del choro, una pieça que llaman la nave, en la cual está un altar muy bien aderezado y en él está una imagen de pinçel en una tabla muy antigua y devota, la que llaman comúnmente de los Milagros y tiene en sus brazos un Niño Jesús. A esta pieza salen las monjas ^cada noche^ comúnmente en proçesión después de completas, cantando la antífona de la Salve a Nuestra Señora (cosa muy usada en nuestra orden desde su prinçipio). Aconteçió que una noche, estando diçiendo la Salve, vio una monja que Nuestra Señora tomó el niño en los brazos y levantole con la mano el braçito derecho para que bendijese a las monjas, al tiempo que decían «Iesum benedictum», y ansí se pareze en la dicha imagen tener el niño levantado el brazo y con la mano levantada, como quien está echando bendición.

Y con esto se acaba aquí lo que toca al prinçipio y fundaçión desta casa y lo que he podido saber de los papeles que el convento tiene tocantes a esto.