Diferencia entre revisiones de «Inés de Santa Catarina»

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Inés de Santa Catarina
Nombre Inés de Santa Catarina
Orden Jerónimas
Títulos Monja del Convento de San Pablo de Toledo
Fecha de fallecimiento Hacia 1550
Lugar de fallecimiento Toledo, España

Vida impresa

Ed. de Mar Cortés Timoner; fecha de edición: diciembre de 2019.

Fuente

  • Alonso de Villegas, Addicion a la Tercera Parte del Flos sanctorum: en que se ponen vidas de varones illustres, los quales, aunque no estan canonizados, mas piadosamente se cree dellos que gozan de Dios por auer sido sus vidas famosas en virtudes..., Toledo, 1589, Biblioteca Nacional de España, sig. R/32084, fols. 64v col. b - 65r col a.

Normas de edición

El relato aparece a partir de la impresión de 1589 de la Adición de la Tercera Parte del Flos Sanctorum (cuya primera impresión está fechada en 1588) de Alonso de Villegas. Se integra en el apartado 193, que está dedicado a María García y María de Ajofrín y destaca la ejemplaridad de religiosas relacionadas con el convento de jerónimas de San Pablo de Toledo.

Se siguen los criterios establecidos en el catálogo para fuentes impresas pero se han mantenido las contracciones. Con la intención de facilitar la localización de los textos, se indica el folio (r-v) y la columna correspondiente (a-b).

Vida de Inés de Santa Catarina

[Fol. 64v col. b] Inés de Santa Catarina fue sobrina de la sierva de Dios María de Ajofrín. Vino a la religión de pequeña edad y siempre iba creciendo en obras virtuosas y santas. De ordinario estaba, así de noche como de día, en el coro en oración; y con esto se libraba de grandes persecuciones con que le hacía guerra el demonio, apareciéndosele en diversas figuras. Dormía muy poco y era estando vestida sobre su cama. Ayunaba las Cuaresmas y todos los viernes del año a pan y agua o, cuando mucho, comía algunas pasas. Comulgaba a menudo, y al día guardaba estrechamente silencio y ayuno. En su última edad vino a comulgar a tercero día y, en comulgando, daba tales gemidos y hacía tales movimientos de cuerpo que daba a entender el efecto que hacía en su alma el Señor; y no salía estos días del coro. Vido diversas veces cuando el sacerdote decía misa que, al tiempo de la consagración, bajaban muchos ángeles y estaban con gran reverencia alrededor del altar hasta que el sacerdote había consumido. Y una vez destas vido a Nuestro Señor en figura de niño, al tiempo que se levantaba la hostia para que fuese adorada, de que ella recibió tanto gusto [fol. 65r col. a] que quedó como fuera de sí. Con estar casi siempre en el coro tenía tanto respeto a aquel lugar que casi nunca se asentaba sino que de ordinario estaba de rodillas y, cuando se cansaba, o se postraba en tierra o se levantaba en pie.

Nunca hombre le vido el rostro y, aunque trató muchos años con un sacerdote siervo de Dios, no se halló que jamás se le viese hasta su muerte, que fue cerca de los años de Cristo de mil y quinientos y cincuenta [1].

[1] En el margen izquierdo aparece escrito: “Año de 1550”.