Juana de los Reyes

Juana de los Reyes
Nombre Juana de los Reyes
Orden Dominicas
Títulos Monja del convento de Santi Espíritus de Benavente
Fecha de nacimiento ¿Siglo XV?
Fecha de fallecimiento ¿Siglo XV?
Lugar de nacimiento ¿Benavente?
Lugar de fallecimiento Benavente

Contenido

Vida manuscrita

Ed. de Bárbara Arango Serrano y Borja Gama de Cossío; fecha de edición: octubre de 2023.

Fuente

  • López, Juan, 1613. “Libro primero de la tercera parte de la historia general de Santo Domingo”, Tercera parte de la historia general de Santo Domingo, y de su orden de predicadores. Valladolid: Francisco Fernández de Córdoba, 337.

Criterios de edición

Esta crónica está escrita por Juan López, obispo en la ciudad italiana de Monopoli. En la tercera parte se incluye la vida de santos de la orden, se aborda la fundación de los diferentes conventos en los dos primeros siglos de los dominicos en Castilla y se añade la vida de destacadas religiosas, aunque se hace referencia también a las religiosas que viven en las fundaciones hasta la publicación de la crónica en los conventos fundados.

Aquí nos encargamos de las religiosas que viven en los siglos XV-XVI cuyo foco de actuación es anterior a 1560 (aunque mueran después de esta fecha), es decir, antes del auge de Santa Teresa. Se adoptan los criterios de edición de vidas impresas estipulados en el Catálogo: se moderniza la ortografía (b/u/v, j/g, chr/cr, qu/cu, empleo de h, etc.) y se eliminan las consonantes geminadas. Además, se expanden las abreviaturas, aunque algunas como N. S. (Nuestro Señor) o N. P. S. (Nuestro Padre Santo) se respetan en el texto. El uso de mayúsculas y minúsculas se moderniza y se adaptan las normas acentuales a sus usos actuales. Finalmente, se moderniza también la puntuación, la acentuación y el uso de aglomerados.

Vida de Juana de los Reyes

[334]

Capítulo LXXIX

De la fundación del convento de monjas de Santi Espíritus de Benavente

[…] [337] […] En los mismos ejercicios se crio la madre Juana de los Reyes, muy dada a la oración. Tenía don de lágrimas, era muy grande amiga del coro y muy amiga de rezar el oficio divino en presencia del Rey del Cielo, que asiste en el Santísimo Sacramento del altar. Favorecíase mucho de Nuestra Señora, conociendo que, como madre de Dios, es madre de todo el bien de las almas y gran favorecedora de las esposas santas que su Hijo tiene en la tierra. A sus pies se arrojaba con sus lágrimas y, allí, se animaba y cobraba fuerzas para llevar los trabajos y alentarse en sus tribulaciones. Muy señalada en ayunos y en abstinencias, y por atender al remedio de las necesidades de la comunidad y de sus prójimos, dejaba la comida. Tenía muchas persecuciones del demonio, envidioso de su bien y de su acrecentamiento. Traía la buena religiosa una santa emulación con otras muchas que eran como ella. Hacía gran diligencia en ser la primera que, al amanecer, entrase en el coro. Decía que se ejercitaba en esto para ganar la bendición de Nuestra Señora y de Nuestro Padre Santo Domingo. Con este cuidado, madrugaba mucho: hacía la religiosa esto con gran devoción y espíritu que, aunque parecía poco, sentía mucho el demonio tanta solicitud y cuidado, que para el odio que esta infernal bestia tiene con las almas y con el Señor que las crio, ninguna cosa tiene por poca ni pequeña si la devoción y el espíritu de donde procede no lo es, como tampoco le fatigan mucho aun las cosas mayores, cuando se hacen con relajación y tibieza, que eso es decir un profeta que se ríe de los aparatos de la guerra que los hombres hacen cuando en el tratar las cosas grandes hay mucho descuido [1]. Vez hubo que el demonio le quitó el calzado, pareciéndole que sin él no iría al coro (bajezas de quien no se puede vengar en cosas mayores), pero la religiosa, sin advertir que estaba calzada o no lo estaba, se fue al coro, hasta que, puesta a los pies del altar del Santísimo Sacramento, lo vio. Cuando no aprovechó la primera diligencia, se le atravesó en el camino en figura de una cruel y gran bestia, [ella] invocó el nombre de la Virgen y dijo con la alteración que la causó el temor: “Ave stella matutina”. Y luego despareció, que al socorro de Nuestra Señora no hay ánimo en este cobarde y dijo al partir: “Mal haya quien os lo enseñó”. Entró en el coro la sierva de Dios, tan consolada de la merced que Dios la había hecho y tan confiada del favor de Nuestra Señora que, desde entonces, quedó con costumbre de decir esta santa antífona y el himno de Nuestro Señor. Lo que sacó el demonio de su diligencia es lo que otras muchas veces, que demás de quedar corrido todas las monjas tomaron por devoción de cantar este himno, comenzando por el alabar a su Hijo.

Notas

[1] Al margen derecho: “Job”.