María de Santo Tomás

María de Santo Tomás
Nombre María de Santo Tomás
Orden Dominicas
Títulos Priora del monasterio de Santo Domingo el Real de Segovia
Fecha de nacimiento ¿Principios siglo XVI?
Fecha de fallecimiento 1558
Lugar de nacimiento ¿Segovia?
Lugar de fallecimiento Segovia

Contenido

Vida manuscrita

Ed. de Bárbara Arango Serrano y Borja Gama de Cossío; fecha de edición: octubre de 2023.

Fuente

  • López, Juan, 1613. “Libro primero de la tercera parte de la historia general de Santo Domingo”, Tercera parte de la historia general de Santo Domingo, y de su orden de predicadores. Valladolid: Francisco Fernández de Córdoba, 340-341.

Criterios de edición

Esta crónica está escrita por Juan López, obispo en la ciudad italiana de Monopoli. En la tercera parte se incluye la vida de santos de la orden, se aborda la fundación de los diferentes conventos en los dos primeros siglos de los dominicos en Castilla y se añade la vida de destacadas religiosas, aunque se hace referencia también a las religiosas que viven en las fundaciones hasta la publicación de la crónica en los conventos fundados.

Aquí nos encargamos de las religiosas que viven en los siglos XV-XVI cuyo foco de actuación es anterior a 1560 (aunque mueran después de esta fecha), es decir, antes del auge de Santa Teresa. Se adoptan los criterios de edición de vidas impresas estipulados en el Catálogo: se moderniza la ortografía (b/u/v, j/g, chr/cr, qu/cu, empleo de h, etc.) y se eliminan las consonantes geminadas. Además, se expanden las abreviaturas, aunque algunas como N. S. (Nuestro Señor) o N. P. S. (Nuestro Padre Santo) se respetan en el texto. El uso de mayúsculas y minúsculas se moderniza y se adaptan las normas acentuales a sus usos actuales. Finalmente, se moderniza también la puntuación, la acentuación y el uso de aglomerados.

Vida de María de Santo Tomás

[339]

Capítulo LXXX

De la fundación del monasterio de monjas de Santo Domingo el real de Segovia

[…] [340] […] María de Santo Tomás fue monja de muchas y muy buenas partes, tuvo todos los oficios de este convento con mucha satisfacción de las monjas. Eligiéronla por priora y, cuando enviaron por la conformación, se le ofreció un medio que le pareció muy a propósito para que el nombramiento no tuviese efecto. Con este intento, con el criado que llevaba los despachos al provincial, escribió una carta que decía: “Muy reverendo padre: estas señoras han hecho elección, y bendito sea Dios que las ha abierto los ojos para conocer lo bueno que tienen en su casa, que cierto para el gobierno en lo corporal y aumento en la espiritual no podían hacer cosa que mejor les estuviese, que a mí harto agravio me han hecho otras veces en anteponerme otras no tan dignas como yo y, por esto, suplico a Vuestra Paternidad no dilate tan solamente una hora la confirmación que le será mal contado.

María de Santo Tomás, priora”.

Viendo esta carta el provincial, que era el padre fray Alonso de Ontiveros, calificó la persona por el papel y juzgó que tales razones no podían salir de cabeza que tuviese juicio y, asentando en esto, casó la elección, que era todo lo que la monja pretendía, que fingiéndose loca y teniéndola por tal, se procediese a segunda elección como se hizo. Pasados pocos meses, vino el provincial a visitar este convento y, querellándose las religiosas que hubiese casado la elección, dijo: “Elegisteis una loca”, y sacó la carta para que entendiesen que no se podía pensar menos de quien la escribió. Todas le desengañaron, de que quedó maravillado. Cosas de esta calidad dieran mucho que pensar, que son medios estos que no todas veces se pueden aprobar, parte porque tocan en la propia reputación y crédito, y también porque, siendo los religiosos hijos de obediencia, como la humildad hace guerra a la ambición para no pretender los cargos ni buscarlos ni por ruines medios, ni por buenos, así tampoco se han de hacer extraordinarias diligencias para excusarse, que no está a cuenta del fraile ni de la monja calificar su persona, ni en causa propia son buenos censores los hombres. Deben dejar hacer a los superiores, a quien eso toca, representándoles cuando mucho y advirtiéndoles de algunos particulares, qué es en notable daño de la religión. Que los que son a propósito de servir, se excusen, y entren en los oficios los que no son para ellos. Los que, con prudencia y santamente, han sabido juzgar de las cosas, tienen por acertado que se dejen llevar los que viven en los monasterios, que, aunque los santos aprobaron más [341] las excusas de Jeremías cuando Dios mandó salir a predicar que el ofrecimiento que para eso hizo Isaías, no fue lo que hizo el profeta más que una sencilla representación de su insuficiencia y, cuando no se admitió el acertamiento, fue a bajar la cabeza. Eso pudiéramos juzgar de esta religiosa sin aprobar el medio que tomó, pero cosas de estas en personas tan virtuosas se deben pensar que serían por razones superiores. Murió esta santa monja seis años después de este suceso que fue el de mil y quinientos y cincuenta y ocho.