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		<title>Catálogo de Santas Vivas - Contribuciones del usuario [es]</title>
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		<subtitle>Contribuciones del usuario</subtitle>
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		<id>http://catalogodesantasvivas.visionarias.es/index.php?title=Juana_de_la_Cruz&amp;diff=712829</id>
		<title>Juana de la Cruz</title>
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		<summary type="html">&lt;p&gt;Anaritasoares: &lt;/p&gt;
&lt;hr /&gt;
&lt;div&gt;[[Category:Santas_franciscanas]]&lt;br /&gt;
[[Category:Toledo]]&lt;br /&gt;
[[Category:Pedro_de_Salazar]]&lt;br /&gt;
[[Category:Alonso_de_Villegas]]&lt;br /&gt;
[[Category:Francisco_Gonzaga]]&lt;br /&gt;
[[Category:Antonio_Daza]]&lt;br /&gt;
[[Category:Juan_de_Marieta]]&lt;br /&gt;
[[Category:Antonio_Arbiol]]&lt;br /&gt;
[[Category:Juan_Carrillo]]&lt;br /&gt;
[[Category:Alonso_Carrillo]]&lt;br /&gt;
[[Category:Barezzo_Barezzi]]&lt;br /&gt;
[[Category:Lucas_de_Yanguas]]&lt;br /&gt;
[[Category:Luca_Waddingo]]&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[[Archivo:Santa_Juana_de_la_Cruz-devota_de_la_Santa_Cruz-sombras-M_catalogo.jpg|derecha|Juana de la Cruz|link=]]&lt;br /&gt;
{| class=&amp;quot;wikitable&amp;quot;&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Nombre || Juana de la Cruz Vázquez Gutiérrez&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Orden || [http://catalogodesantasvivas.visionarias.es/index.php/Categor%C3%ADa:Santas_franciscanas Franciscanas]&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Títulos || Abadesa&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Fecha de nacimiento || 3 de mayo de 1481&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Fecha de fallecimiento || 3 de mayo de 1534&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Lugar de nacimiento || Azaña, [http://catalogodesantasvivas.visionarias.es/index.php/Categor%C3%ADa:Toledo Toledo]&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Lugar de fallecimiento || Cubas de la Sagra, antiguo [http://catalogodesantasvivas.visionarias.es/index.php/Categor%C3%ADa:Toledo Toledo], Madrid&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Canonización || 3 de mayo&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Beatificación || Es proclamada como Venerable el 4 de mayo de 1630&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Canonización || En proceso&lt;br /&gt;
|}&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
=Vida manuscrita (1)=&lt;br /&gt;
Ed. de [http://visionarias.es/equipo/maria-luengo-balbas/ María Luengo Balbás] y [http://visionarias.es/equipo/fructuoso-atencia/ Fructuoso Atencia Requena]; fecha de edición: abril de 2019; fecha de modificación: noviembre de 2025.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
== Fuente ==&lt;br /&gt;
[[Archivo:I Juana de la Cruz.jpg|250px|right|Manuscrito|link=]]&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
* El Escorial, K-III-13. fols. 1r-137r. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[[Contexto material del manuscrito de El Escorial, MS K-III-13]]&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==Criterios de edición==&lt;br /&gt;
Los criterios de edición que hemos seguido son conservadores ya que se trata de un testimonio único.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
* Se conserva la oscilación de b/v, y de i/y. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
* Se ha conservado el uso y la oscilación de las sibilantes, así como de las consonantes geminadas.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
* Se han desarrollado las abreviaturas, como N. S. (Nuestro Señor) o primº (primero).&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
* Respetamos el uso o ausencia de la –h, sea o no etimológico. También respetamos el uso de la –s líquida, tal como aparece en el texto (''spíritu'').&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
* Hemos conservado'' dello'' y ''desto''. En el caso del artículo contracto, separamos la preposición del artículo mediante apóstrofe cuando este incluye el pronombre personal masculino singular: ''d’él''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
* Acentuamos las palabras, y unimos o separamos las sílabas de que se conforman, de acuerdo a la norma ortográfica actual.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
* Se utiliza la mayúscula para los nombres propios como Dios y las fórmulas como ''Nuestro Señor'' o ''Divina Majestad''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
* Los diálogos aparecen, en el primer nivel, entre comillas dobles (“). En el caso de que dentro de este diálogo se incluyan palabras de otro personaje, estas irán entre comillas simples (‘).&lt;br /&gt;
  &lt;br /&gt;
* En lo que respecta a las composiciones poéticas, hemos separado y colocado los versos de acuerdo a la escritura habitual de los poemas.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
* La puntuación y separación de párrafos es nuestra.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==Vida de Juana de la Cruz==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Capítulo I'''&lt;br /&gt;
[fol. 1r] '''Comiença la vida y fin de la bienaventurada virgen sancta Juana de la Cruz, monja que fue professa de quatro botos en la orden del señor sant Francisco, en la qual vivió perfeta y sanctamente. Mostró Nuestro Señor Dios en esta bienabenturada muy grandes maravillas y gloriosos milagros, dotándola de su divina graçia y dones de su Sancto Spíritu muy copiosamente. Primero que digamos las gracias y sanctidad desta bienaventurada, diremos cómo fue edificado el monasterio en que ella vivió y hizo su fin glorioso.''' &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Fue mostrada por la voluntad de Dios a una muy santa muger una revelaçión de cómo apareçió Nuestra Señora la Virgen Santa María çerca de un pueblo llamado Cubas a una pastorçica, y cómo rogó a su precioso hijo, Nuestro Señor Jesucristo, con muy gran fervor y humildad y charidad de las ánimas, su Divina Clemençia les diese liçençia con su graçia y poderes para edificar en la Tierra una casa de religiosas donde Él y Élla fuesen servidos y estuviese su culto divino reverençiado y servido y huviese memoria para siempre della y de su bocaçión,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Nuestro Señor le respondió: “Madre mía muy amada, ¿cómo lo havéys vos eso de hazer? Que ya yo no quiero ni es mi voluntad que os vean ya los ojos humanos y de carne después, que ya soys glorificada y ensalçada conmigo porque, como a mí no me puede ver nadie después que fuy subido a estos altíssimos çielos y asentado a la diestra del Padre, assí por semejante a vos, señora, que soys mi amada madre, no es raçón que os vean clara y abiertamente. Que si alguno os á visto hasta agora, no vos á de ver de aquí adelante; no á sido ni será tan clara ni abiertamente que vea la misma manera [fol. 1v] y hermosura y claridad que vos tenéys. Preçiosa señora madre mía, en eso que vos queréys edificar conviene que aya medianera”. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y la Reyna de Misericordia, Señora Nuestra, le respondió con muy profunda humildad y charidad: “Hijo mío muy amado, deme vuestra Altíssima Magestad liçencia para haçer y edificar la casa, que yo, con el ayuda de vuestra divina graçia, buscaré la medianera para ello”. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y entonces, le otorgó la liçençia el poderoso Dios, y vajó la Emperadora de los Çielos a la Tierra por su profunda humildad y soberada charidad, y apareçió a una niña del pueblo de Cubas cuyo nombre era Ynés, la qual guardava puercos y hera de simple y recta yntençión y de limpio y paçífico coraçón. Y después de havella apareçido por tres vezes o más, cada una de su manera, y la habló enseñándola algunas cosas provechosas para su ánima, y mandole que dixese en el dicho lugar cómo la havía visto a ella, o bulto o claridad suya, y cómo hera voluntad de su preçioso hijo y suya le hiciese un monesterio de religiosas, el qual se llamase Sancta María de la Cruz, y porque desto la creyesen dio Nuestra Señora tal señal: y fue pegalle los dos dedos de la mano derecha a manera de cruz, y después de haver tomado la misma Señora la cruz que está en la mesma casa con sus sagradas manos y fincádola en el lugar donde havía de ser edificado el altar principal. Y después de ser fecha la casa y entradas en ella algunas religiosas y con ellas la dicha Ynés, a quien Nuestra Señora apareçió, la qual fue puesta y elegida por madre y perlada della, y las quales hazían vida muy virtuosa y aprovecharían mucho en el serviçio de Dios. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y algunas vezes tenía esta santa Ynés rebelaçiones y consolaçiones espirituales, y apareçiole el Demonio con un azote en la mano, y amenazávala muy cruda y ásperamente, y le dezía a vueltas de otras cosas: “No çesaré de travajar basta que te destruyga”, y hazíale muchos despechos y aun tormentos corporales. Y esta Ynés esforçávase como podía. Y la antigua [fol. 2r] serpiente, con toda su maliçia y astuçia, le causó muy grandes y rezias tentaçiones por algún tiempo. Y faltándole a ella virtud spiritual y fuerça para vençer a su adversario, cayó en algunos peccados y falta de virtud, de manera que ella propia hizo oyo en que ella cayó, y algunas ovejas de la casa que Nuestra Señora le havía dado para que las administrase y ayudase a salvar. Y viendo la muy piadosa Señora la caýda de sus sierbas y perdiçión de su casa donde Ella se havía apareçido −y en especial le dolían las que se salían del santo monasterio− tornó a suplicar a su preçioso hijo Nuestro Señor Jesucristo con muy gran charidad e humildad que quisiese su Divina Magestad haçer de manera que fuese restaurada la honra de su sancto apariçimiento y la virtud de su casa, la qual estaba muy caýda, y hera menester que su poderosa mano criase alguna criatura más perfeta que la primera a quien ella se apareçió, y que fuese esta que criase para restaurar la caýda de las otras y levantar la devoçión de su apareçimiento y virtud en las monjas abitadoras de su casa, y que fuese llamada Juana, que es nombre de graçia, y ella llena de gratitud. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y el poderoso Dios le respondió con mucho amor: “Madre mía, un varón tengo empeçado a hazer en esta ora en el qual querría poner mucha parte de mi graçia para que fuese esto; y por amor de vos, señora, yo le tornase muger para esa obra que vos pedís. Yo vos juro, por mi Passión y por mis llagas, os prometo dar y otorgar por algún tiempo tal graçia y un tal don y misterio que nunca en la Tierra se aya dado ni otorgado a ninguna persona de quantas en ella viven. Y la graçia será de mí mesmo, y de mi parte y virtud yo le participaré y daré graçia en el bientre de su ma [fol. 2v] dre, y entendimiento dentro en él de perfeta hedad. Y comunicaré con ella y con todas las religiosas, si ellas lo fueren, para lo conservar y guardar y tener en lo que es raçón, y conoçerme cómo soy misericordioso”. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y Nuestra Señora la Virgen María, oyendo la charidad tan sin medida y la promessa tan poderosa y larga del altíssimo Dios, fincados sus sagrados ojos, le dio muchas graçias, diziendo: “Yo os adoro y bendigo, Dios mío, hijo mío muy amado, y os doy loores y graçias sin quenta por tan grandes mercedes como vuestra divininal clemençia me a otorgado en querer offreçer tal graçia e don a aquella mi casa que yo edifiqué, o mandé edificar, en aquel campo despoblado, aunque yo, Señor, no pedía a vuestra Divina Magestad tan singular don, sino algún poquito de graçia en alguna de las mismas religiosas para que las otras conoçiesen cómo yo havía edificado la casa e tuviesen por bien de estar en ella”. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y el poderoso Dios le tornó a dezir con ynmensa charidad: “Por solo edificar vos, señora, la casa, y ser fundadora, quiero yo de mi propio grado y voluntad haçer mostrar grande graçia y maravilla, y más: le otorgaré y enfundaré tal graçia que no solamente se eleve y vea visiones angélicas y cosas çelestiales y maravillosas, mas aun que os vea a vos, madre mía, no una ni dos vezes, mas muchas, y aun a mí mesmo en la manera y forma que yo quisiere y fuere mi voluntad”. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y como su Divina Magestad otorgó a su sancta madre la virtud que le mandava, y la bienabenturada Juana de la Cruz estava entonçes en el vientre de su madre enpezada a façer varón, tornola muger, como pudo y puede haçer como todopoderoso. Y no quiso su Divina Magestad deshazerle una nuez que tenía en la garganta, por que fuese testigo del milagro. Y quando la tornó muger aún [3r] no tenía spíritu de vida, y guardándola el poderoso Dios de los peligros que a otras criaturas les suelen acaezer en el vientre de sus madres, nasçió a luz en un lugar llamado Azaña de Sierra y Arçobispado de Toledo, de padres buenos y christianos, y virtuosos y limpios en las costumbres, y de gente de mediana manera. Tuvieron hijos muy nobles y bien acostumbrados, y algunos dellos fueron religiosos, de muy buena y aprovechada vida, entre los quales nasçió esta bienabenturada candela lumbrosa en el año de la Sancta Encarnación de mil y quatrozientos y ochenta y vn año, y pusiéronle nombre de Juana. Fue dotada de mucha graçia y hermosura corporal. Criola su madre a sus pechos, porque en nasçiendo tomó con ella mucho amor. Hera muy graçiosa y mansa, y deçía su madre que no tan solamente no padeçía pena ni travajo en crialla, mas consolaçión y alegría espiritual sentía en sí mesma todas las veçes la tomava en sus brazos, aunque ella estuviese muy triste e angustiada. Y esta bienabenturada, desde las tetas de su madre, tuvo arrobamientos, que muchas vezes la hallava su madre elevada en la cama y en cuna, de lo qual se angustiava mucho su madre pensando que hera dolençia, pues perdía el comer y tomar su refeçión corporal de niñez. En una vez estuvo tres días que no volvió en sí, salvo que tenía pursos y estava caliente. Y su madre, muy angustiada, supplicó muy afincadamente a Nuestra Señora la Virgen María le resucitase a su hija, y que ella le prometía de llevalla con su peso de [fol. 3v] çera a velar una noche a Santa María de la Cruz, que está cave Cubas. Y tornando esta bienaventurada en sus sentidos, consolose mucho su madre, pensando que cobrava salud corporal. Y assí creçía en grandes graçias espirituales y dones de Dios, aunque por entonçes no hera conoçido de sus padres. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Siendo esta bienaventurada de dos años, poco menos, hizo Nuestro Señor con ella un milagro por ynterçesión del señor sant Bartolomé, que estava muy enferma de manera que no podía mamar ni pasar ninguna cosa, y con mucha angustia y devoçión lleváronla a una yglesia del señor sant Bartolomé, que está en otro lugar que se dize Añover, en la qual haze muchos milagros. Y estava esta bienabenturada tan doliente y desbilitada que pareçía que se quería finar cumplida la vela, la qual hiço su madre. Y su madre enseñava a la niña que pusiese las manos y que mirase a sant Bartolomé, que estava en el altar, por que le diese salud. Y la niña, súpitamente, se rió, mirando la ymagen. Y preguntada de qué se havía reýdo o qué havía visto, no respondió ninguna cosa, salvo que luego pidió de comer por señas, y mamó. Y dende adelante tuvo perfeta salud con su niñez y juventud. Y andando algún tiempo, ya que hera más creçida, dezía esta bienabenturada que havía visto al señor sant Bartholomé, y la havía abrazado y besado, y le havía dicho: “Niña, acuérdate de mí, que yo me acordaré de ti”, y la havía sanado y vuelto la color, la qual tenía quitada de la dolençia. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y aquesta sancta bendicta hera de hedad de quatro años; como tuviese tan claro entendimiento y perfecto conoçimiento de Dios, aunque niña de tan poca hedad, siempre andava su pensamiento con ocupaçiones çelestiales y en hazer nuevos serviçios con su desseo y pensamiento a su muy dulçe esposo y amado [fol. 4r] Jesuchristo, Nuestro Señor. Nunca la vían jamás jugar en cosa de banidades, ni desaprovechada, ni hablar palabras banas como otros niños hazen; de manera que sus padres y parientes, y personas que la conoçían, se maravillavan mucho de las grandes virtudes que en ella vían resplandezer, y pensavan haver nasçido sanctificada, pues siendo tan niña vían en ella graçias tan singulares. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Siendo en tiempo de agosto, quando cogen el pan, y esta bienabenturada siendo de tan tierna edad, embiola su madre a las heras, por que se holgase ençima de una bestia, y un mochacho con ella que la llevase. Y el mochacho fuese por otra parte, dexola sola. Yba por una calle por la qual havían llevado el Sanctíssimo Sacramento a un enfermo, y ella acordose de esto: pensó: “Por aquí llevan a mi Señor Jesuchristo”. Y pensando en esto, arrovose, y cayó de la bestia en que yba. Y el cura de aquel lugar açertó a pasar por allí, y vídola caýda en el suelo como muerta, y sola. Y él, pensando de la caýda se havía amorteçido, tomola en brazos, y llevola a casa de su agüela. Y ansí como ella fue privada de sus sentidos, fue arrovada, e se vio yncontinente en un hermoso prado lleno de diversidad de berduras e flores muy hermosas, y frescas y olorosas, y fue puesta a par de un claríssimo e grande río que en aquel deleytoso prado estava. Y estando ella allí mirando, vido muchedumbre de árboles muy floridos e con frutos, e llenos de diversidad de muy hermosas aves, las quales cantavan muy dulçemente. Y también vido otra muchedumbre de niños muy hermosos, los quales cantavan a consonante, y respondíanles las aves. Y este tan dulçe canto dixo hera en otra lengua, que ella no la podía entender, salvo que la armonía hera muy dulçe y deleytosa de oýr. E allende de esto, vido allí, en aquel prado, otra muy hermosa suerte de mugeres muy apuestas [fol. 4v] e adornadas. E unas le pareçían como dueñas e otras como donzellas, e unas muy más lindas y hermosas que otras, que pareçían muy grandes señoras, e otras no tanto, como quier que toda hera gente muy benerable y luzida. Y también vido allí una grande señora, como emperatriz y señora de toda aquella suerte, y el resplandor y hermosura della hera sin comparaçión. E los niños que allí estavan cantando, hablavan a esta bienaventurada Juana de la Cruz, que todas estas cosas estava mirando, e le dezían: “Anda acá, niña, ¿qué hazes aý, por qué no vas a hazer reverençia e humiliaçión a aquella gran señora, que es la Madre de Dios e señora de todos, e a quien todas las personas deven servir e reverençiar?”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y esta bienaventurada le respondió: “Yo no sé cómo tengo de haçer, mas rezarle he el Ave María”. E luego yncó las rodillas, e puso sus manos, y saludó a la Reyna de los Çielos con la salutaçión angelical. Y estando ansí, a desora vido aparçer ý un muy hermoso manzebo (que entonçes, como hera niña, no supo dezir que hera ángel), sino un muy lindo donzel, el qual según ella, después adelante, vido e conoçió en sus revelaçiones. Hera el sancto ángel su guardador, el qual entonçes le habló e dixo: “¿Quien te trujo acá, de dónde heres?”. Ella, como niña, le respondió: “De mi casa soy”. Y él le dixo: “¿Adónde es tu casa?”. Él [¿''sic''?] le respondió: “En casa de mi padre”. Y el sancto ángel le dixo: “¿Pues cómo veniste aquí?”. Ella le respondió: “Embiome mi madre a las heras con un muchacho, y no hallo las heras ni la borrica. Llévame vos, señor, en casa de mi madre”. Y el sancto ángel le respondió: “No estás en casa de tu madre, sino en casa de tu agüela”. Y ella le dixo: “Pues llévame en casa de mi agüela”. Y él le dixo: “Plázeme”. Y la causa por que el sancto ángel le dezía que no estava en casa de su madre hera porque la havía llevado el clérigo, quando se arrovó, en casa de su agüela, madre de su madre. Y acabó de dezir çiertas oraciones. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Tornando [fol. 5r] en sus sentidos, hallándose hechada en una cama, maravillose de verse en casa de su agüela, y empezó como niña a contar las cosas que havía visto a su agüela. Y oyéndola ella, riñola y reprendiola, y amenazándola mucho, porque dezía tales cosas, que no hera sino como havía caýdo de la borrica. Y la bienaventurada tornava a dezir, con juramento de ynoçençia, que hera todo verdad lo que havía dicho, y relatava cada una de las cosas en la manera que lo havía visto. E tornando la prudente agüela a dezille que callase, calló por entonzes. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y en el mismo año, estando esta planta sentuosa asentada a la puerta de la casa de su padre, según acostumbran los niños, pasavan con el Sanctíssimo Sacramento por allí, que le llevavan a un enfermo. Y como la bienaventurada hera dotada de tanta graçia e ympuesta en las cosas de Dios y de su sancta fee chatólica, salió con mucho fervor a mirar y adorar al Señor, que llevava el clérigo en sus manos. Vido que yba sobre el cáliz o custodia a Nuestro Jesuchristo hecho niño vivo, muy resplandeçiente y hermoso, y los pies del mesmo niño Jesuchristo puestos sobre un manojo de albaca que salía del mesmo cáliz, y en su preçiosa caveza llevava una corona o guirnalda de rosas e flores, e un manojo de clavellinas en sus sacratíssimas manos. E quando vido esta revelaçión hera en tiempo de hymbierno, quando la tierra ninguna flor produze. Y por entonzes no dixo esta revelaçión, pensando que todos veýan lo mesmo que ella veýa por Nuestro Señor, que es dador de las graçias y descubridor de los secretos. Tuvo por bien de traer tiempo en que estos e otros muy grandes misterios fuesen en ella vistos e conoçidos, sin ser en su mano podellos encubrir.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Capítulo II'''&lt;br /&gt;
'''Cómo siendo esta bienaventurada de hedad de siete años quedó huérfana de su madre'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Plugo a Nuestro Señor de llevar de esta presente vida a su madre desta [fol. 5v] bienaventurada, la qual llamavan Catalina Gutiérrez, y a su padre, Juan Vázquez. Como esta honrada dueña huviese vivido muy cathólicamente, y assí fue su fin, mirando ella los cargos de su consçiençia, acordose de la promessa que havía hecho a Nuestra Señora de llevar a esta bienaventurada su hija, con su peso de çera, a velar una noche a la casa de la Reyna de los Çielos llamada Sancta María de la Cruz. Rogó a su marido lo cumpliese por ella, y él se lo prometió de lo complir lo más presto que pudiese. Y quando esto pasava entre los dos, estava delante la bienaventurada su hija Juana de la Cruz, y ella, con cuydado, miró la promessa de su madre. Y como su padre quedó obligado de la cumplir y ella tenía muy gran desseo que se cumpliese, e decía entre sí: “Mi padre se descuyda en cumplir esta promessa, bueno será que me vaya yo a aquella sancta casa y me quede en ella para perpetuamente y así se descargará la conçiençia de mi madre”, y esto dezía con conosçimiento que tenía que se an de cumplir las cosas que prometen a Dios y su bendita madre. Y como esta bienaventurada quedó en casa de su padre, creçían en ella muy grandes fervores e ansias de ser religiosa y hazer mucha penitençia por servir y agradar a Dios, a quien ella tan dulçe y perfetamente amava. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y creçiendo en hedad, empezava a poner en obra sus fervorosos desseos. Y tenía una tía, hermana de su madre, donzel[la] y de muy sancta vida, en quien Nuestro Señor mostró muy claro y manifiesto milagros e maravillas, con la qual ella se consolava y comunicava mucho. Y en este tiempo metiose religiosa esta su tía en la Orden de Santo Domingo, en un monasterio que se llama Sancto Domingo el Real de la çiudad de Toledo, en el qual vivió y acavó su vida muy sanctamente. Y la bienaventurada Juana de la Cruz sintió mucha soledad en faltarle tal [fol. 6r] compañía e conversión, y que fuera mucho yrse con ella a ser religiosa. Y rogolo y pidiolo con muchas lágrimas a su padre y agüela, y ellos no se lo quisieron conçeder, diziendo que tenía poca edad y no podría llevar las asperezas de la religión, que serían muy grandes. Y esto dezían ellos porque la amavan mucho y no la querían quitar de su compañía. Hera en gran manera bien acondiçionada y obediente a su padre, y muy hermosa. Y viendo ella que aprovechava poco rogallo, calló por entonçes con prudençia, y pensava entre sí: “Yr yo a ser religiosa a aquel monasterio, por estar allí mi tía, no es perfeçción, mas quiero yr a otro qualquier monasterio por solo Dios y su amor, y serville e aplaçerle”. Y este desseo creçía en ella de cada día. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y la tía desta bienaventurada hera muy sancta y muy amada de Dios, el qual le mostrava muchas revelaçiones. Y le mostró y reveló que su sobrina havía de ser muy gran criatura y de muy singulares graçias y dones spirituales. Y contando esta revelaçión a la priora de su monasterio, fue por ella con grande aýnco, procurada y deseada para su orden y monasterio, y con mucha diligençia y ruego la pedía a su padre y parientes se la diesen para monja. Y como todos la amavan mucho no conçedieron el ruego de la priora. Y viendo la priora y monjas que no la podían alcançar por aquella manera, travajavan de hazella hurtar, y tanpoco pudieron. Y en todo este tiempo no cesavan de suplicar a Nuestro Señor, su Divina Magestad, permitiese de traer a su orden aquel tan preçioso thesoro y criatura tan sancta. Y nunca la pudieron alcançar, por quanto no la havía criado Dios para ellas, sino para el reparo de la casa de la Reyna de los Çielos, por cuyos ruegos fue criada.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y estando esta bienaventurada en la yglesia oyendo missa con muy gran devoçión y atençión un día de la Purificaçión de Nuestra Señora, con una candela ençendida en la mano, al tiempo quel preste quería alzar el Sanctíssimo [fol. 6v] Sacramento, acatándole a ella con mucho fervor para le adorar, vido la hostia en su mismo tamaño y redondez muy clara, buelta como a manera de una redoma de bidro muy hermosa e clara, e dentro della, fecho el bulto del cuerpo de nuestro Señor Jesuchristo en carne viva. Y parezíale a ella que en la mesma redondez de la hostia estavan unas como asas muy delicadas y resplandeçientes, de las quales asas o figuras dellas le pareçían los sanctos ángeles tenían asida la sancta hostia por tres partes, de arriva y de los lados. Y esto vido ella espaçio de quando el saçerdote alçó el Sanctíssimo Sacramento, y de la qual visión tan gloriosa fue muy alegre y conso[la]da; la qual revelaçión no tenía ella por entonçes por cosa muy grande, pensando que todas las personas veýan e goçavan lo mesmo. Y este pensamiento, que todos veýan esta mutaçión del Sanctíssimo Sacramento después de ser consagrado, le duró hasta vino a la sancta religión. Pero Nuestro Señor Dios truxo tiempo en que esta bendita criatura conosçió cómo no hera visto de todos el Sanctíssimo Sacramento como ella le vía y goçava. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Fue llevada esta bienaventurada a casa de un tío suyo, muy prinçipal persona e muy abastado de bienes de este mundo, el qual lo alcanzó con muchos ruegos de su padre. E la amava en tanta manera, y su muger, que también hera su tía, como si verdaderamente fuera su hija, y así le dieron el mando en su casa y bienes. Y ella les hera muy obediente y a sus personas muy piadosa. Hera muy honesta en todas sus obras, y muy caritativa para los servidores de casa y personas que en ella travajavan; cuydadosa y diligente en los travajos corporales y muy administradora en las casa de Dios, e dadora de buenos consejos. Hera muy humilde, e tenía la voluntad muy aparejada para hazer penitençia, y lo tomava sobre sí con mucha alegría, por amor de Dios. Y assí lo ponía por obra, que en sus ayunos fue muy abstinente, que su comer hera pan e agua y no comía más de una [fol. 7r] vez al día, y desto no todo lo que havía menester; y no solamente ayunava con solo pan y agua, mas se estava dos o tres días sin comer ni beber ninguna cosa, y esto hazía ella muy ordinario y muy secreto. Todas las vezes que ella se podía desocupar para reçar y contemplar, lo hazía: oraçión muy fervorosa bañada en lágrimas, salidas de su coraçón y lloradas con compasión de la Passión de Nuestro Señor Jesuchristo, que hecha de otra manera la oracçión la tenía por yndigna de ser resçivida delante del acatamiento divino. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Hera cruel para su cuerpo, que traýa junto con sus carnes un siliçio hecho de unas cardas que buscó ella muy secretamente, y las deshizo, e todas las púas e puntas cosió en una cosa muy áspera. Y aquello traýa junto a sus carnes. Andava de contino dolorosa y toda llagada, y muy alegre y consolada, porque tenía contino dolores que offreçía al Señor en reverençia de los que Él padesçió por nos redimir y salvar. Quando travajava, dávase mucha priesa porque los dolores y heridas fuesen mayores siempre. Esta bienaventurada offreçía tres cosas a Dios: travajo corporal, hecho muy alegremente por amor de Dios e la charidad del Próximo; la segunda, sacrifiçio de sangre y dolores, que le causavan las cosas ásperas y crueles que traýa junto a sus carnes; la terzera, los pensamientos siempre puestos en Dios y en las cosas çelestiales. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Hazía siempre muy ásperas disçiplinas, dándose con muy gruesos cordeles dados en ellos muy grandes [¿nudos?]. Dávase con estos tan cruel y despiadadamente hasta que le salía sangre y se hazía muy lastimossos cardenales y heridas. Tenía tan gran silençio que nunca hablava palabra oçiosa que fuese fuera de Dios o la neçessidad no la pudiese escusar. Andando por casa, o haziendo labor de manos, se dava secretamente en los mureçillos de los brazos y en qualquier parte de su cuerpo que ella podía muy reçios pellizcos, y quando havía de hazer algún travajo al fuego o orno, se destocava y se arremangava mucho los brazos para hazer penitençia e quemar sus carnes e offreçerlas a Dios en sacrifiçio. Y el día que alguna de estas cosas no hazía, no se tenía por [fol. 7v] digna de comer el pan ni de ollar la tierra que Dios havía criado. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y como ella le tenía siempre en su memoria y coraçón, su Divina Magestad le mostrava las revelaçiones que Él hera servido, ansí de mostrársele a ssí mismo como a sus sanctos ángeles, que los veýa esta bienaventurada muchas vezes. Y en espeçial cada vez que estava en un palaçio veýa en un margen que estava puesta de un paramento delante della dos serafines muy hermosos y resplandesçientes, y entre medias de los dos seraphines estava una fuente muy hermosa y muy clara, con caños muy luçidos y corrientes de agua. Y los seraphines tenía cada uno una xarra de oro en la mano, y enchíanlas de agua de la agua de la fuente, y a deshora las baçiavan. Y no veýa ella dónde, porque no se derramava ni pareçía en ningún lugar visible. Y esto hazían los seraphines muchas vezes de llenar las xarras en la fuente y tornarlas a baçiar; la qual fuente, le dixo della su sancto ángel andando el tiempo, hera divina, y el agua, la graçia muy abundosa del Spíritu Sancto, la qual aquellos dos seraphines en figura y persona de Dios derramavan sobre ella y la infundían en su ánima. Aunque oculto por entonçes a sus ojos corporales, dezía esta bienaventurada que hera tan grande la consolaçión que sentía quando lo veýa, que en ninguna manera quisiera de allí ser apartada. Y assí hera, que ella entrava allí muy a menudo y se estava por largos ratos, en tanta manera que hera por ello muchas vezes reprehendida ásperamente. Pero sufríalo con humildad, y no ser por eso dexava de entrar todas las vezes que ella podía, y quando entrava la miravan los sanctos seraphines y se reýan y gozavan con ella, aunque no la hablavan. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y como ella hera tan amiga de la oraçión, y del silençio y recogimiento, buscava tiempos en que ella pudiese, sin estorvo, estar en prolongada oraçión. Y para esto pareçíale que el silençio y reposo de la noche hera tiempo muy convenible. Y quando hera la gente de la casa de su tía recogida y que todos dormían, quedávase ella [fol. 8r] rezando en la cámara donde durmía. Y de que veýa muerta la candela, en el tiempo de las noches frías y largas del himbierno, para hazer mayor penitençia −junto con la ferviente oraçión− desnudávase en carnes delante de unas ymágenes, quedándosele el siliçio muy áspero, que contino traýa. Y assí estava de ynojos en oraçión hasta que veýa que la gente, e unas o dos o tres criadas de casa con quien ella dormía, era ora que se levantasen. Entonçes, por no ser sentida, ýbase acostar. Y como ella hiçiese esto muchas vezes, aconteçió, quiriéndolo Dios por que fuese conoçida, sus compañeras lo sintieron y vieron cómo se yba acostar quando quería amaneçer; y sentían cómo yba muy fría, que solo el fríor de sus carnes las depertava. Y reprehendida muchas vezes dellas, porque no se acostava quando ellas se acostavan, que qué hazía, adónde estava o venía a tales horas, la bienaventurada les respondía con mucha prudençia que alguna neçessidad tenía de venir donde venía. Y como ella no çesase de proseguir en su buena obra y perfeta oraçión, acordó una de aquellas sus compañeras de dezillo a su señora, cómo su sobrina venía tan tarde a la cama, y muy fría, y que ellas no la havían sentido levantar ni visto antes acostar; la qual se angustió mucho quando esto le dixeron. Y mandó a aquella su criada que, con cuydado y en secreto, viese dónde se yba su sobrina aquellas oras, e qué haçía. Luego, la noche siguiente, la moza, viendo que no estava en la cama la bienaventurada, acordó de ponerse a la puerta de la cámara donde dormían con yntençión de çerrarla, pensando la bienaventurada havía salido fuera. Y con este pensamiento llegó a la puerta, y hallola çerrada, y maravillose mucho. Y como estavan ascuras no la veýa, que estava en oraçión delante de las ymágines, y púsose junto a la puerta por verla quando fuese a salir. Y estando allí por algún rato, oyola llorar y gemir. Y la moça, por çertificarse, quitose de la puerta, y fue donde ella estava en oraçión descuydada, que nadie la oýa ni aguardava. Y fue a asir della y sintió cómo estava de rodillas, y desnuda en carnes, y envuelta en áspero siliçio, de lo qual la bienaventurada resçivió gran tribulaçión por ser vista. Y la moza, más maravillada que se podía dezir, disimuló con ella [fol. 8v] por entonçes, y dixo a su señora quán bienaventurada persona hera su sobrina y en quán sanctos y provechosos actos la havía hallado, de manera que su buena vida y obra se divulgó y conoçió por todas las personas de la casa y aun por otras muchas personas, de lo qual ella resçivía muy gran pesar, y [¿?] su pensamiento, donde se podía apartar a haçer sus acostumbradas obras que [¿no?] fuese vista, y acordose de un palomar que estava tapiado y sin texado en un corralejo y corrales en aquella casa de su tía. Y tomó una Berónica en que ella tenía gran devoçión, y púsola en un gran pedaço de terçiopelo y, doblándola, traýala consigo. Y todas las vezes que ella podía yba a aquel palomar y ponía la Berónica que traýa en una parte; y con unas cadenas que ella tenía allá escondidas, dávase muy crueles azotes, hasta que le salía sangre de sus carnes, y andava de ynojos, desnudas las rodillas sobre las grigeras y cantos, hasta que se le ollavan. Y con muchas lágrimas y gemidos andava desta manera con la más priesa que podía, considerando que yba por los lugares sanctos y por donde havían llevado a cruçificar a Nuestro Señor Jesuchristo apasionado, como quando llevava la Cuz a cuestas, y que la mirava con sus ojos de misericordia. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Un día de Viernes Sancto tenía esta bienaventurada gran desseo que la llevasen a la yglesia para ver el sancto monumento y adorar y reverençiar a Nuestro Señor Jesuchristo, que estava en él, y pidiolo a su tía. Y no conçediéndoselo, fuéronse todos a la yglesia, y quedó solo ella en casa, acompañada del dolor y compasión que aquel sancto día representava. Y con esta contemplaçión tan piadosa yncose de ynojos delante un cruçifixo con muchas lágrimas, compadeçiéndose de lo qu’en tal día su Dios y Señor havía padeçido. Y fue tanta el agua que de sus ojos manó que mojó la tierra, y del dolor que sentía en su coraçón cayó en el suelo como muerta. Y estando [fol. 9r] con esta compasión, a deshora vido a Nuestro Señor Jesuchristo, o la ymagen de sancto crucifixo muy apasionado y llagado, y pareçieron allí todas las ynsignias e misterios de la Passión, y las tres Marías, todas muy llorosas y cubiertas de luto. Y tantos fueron los misterios e autos de la Sancta Passión que allí vido y sintió, y lo mucho que lloró e se traspasó su coraçón, que quando ya çesó de ver esta revelaçión, la qual vido e oyó corporalmente estando ella en sus propios sentidos e no estando arrovada, quedó tal que pareçía muerta, e su gesto tan difunto e disgustado que quando sus tías y la gente de casa vinieron se maravillaron mucho de la ver tan demudada, y le preguntavan qué le havía acontesçido o qué sentía, que tan desmayada estava, y apremiáronla que comiese y no ayunase aquel día a pan y agua. Y la bienaventurada suplicoles no la quitasen su devoçión, que muy bien podía ayunar, que bien dispuesta se hallava. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Teniendo el tío de esta bienaventurada unos cavalleros por huéspedes en su casa, acaesçió que, haviendo ya çenado toda la gente, haçía luna e noche serena. Salió la bendita a un corral a buscar soledad para haçer sus acostumbradas oraçiones, la qual se puso de ynojos en tierra y empeçó a reçar y orar mirando el çielo con mucha devoçión y atençión. Y estando assí mirando, a deshora vido cómo el çielo se abría, y vido desçender a Nuestra Señora, la Virgen Sancta María, trayendo en sus brazos al Niño Jesús, y pareçíale que venía haçia ella, y la mirava y acatava. Y muy admirada de esto, la bienaventurada, casi enagenada de sus sentidos, no siendo en su mano ni saviendo de sí, dava muy grandes gemidos y gritos, toda muy temerosa, sintiéndose por muy yndigna que viniese a ella; y encomendávase a Nuestra Señora, diziéndole muy grandes loores y haziéndole muy grandes [fol. 9v] ruegos y suplicaçión, cuya voz tan clamorosa de todos los huéspedes y criados suyos y de sus tíos fue oýda. Y no saviendo lo que hera, ocurrieron todos, y como la vieron yncada de ynojos conoçieron estava en oraçión. Y callaron todos, y estuvieron por algún rato mirando por entre las puertas, y oyeron cómo hablava con Nuestra Señora e le haçía muy grandes ruegos. E después de ser haver çertificado bien y visto la maravilla que por entonçes mostrava Nuestro Señor en ella, entraron todos, y habláronla disimuladamente diziéndole que qué haçía. La bienaventurada tornó en sí, turbose en alguna manera en su spíritu porque la havían visto, e respondió disimuladamente diziendo que entonçes se havía puesto allí a reçar. Y como se fue a levantar, cayósele un manojo de nudos en que rezava, y como la vieron los huéspedes, dieron graçias a Dios. Y el uno de aquellos cavalleros diole entonzes un rosario de cuentas en que rezase, diziéndola que rogase a Dios por él. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
La bienaventurada, sitiendo que no se podía encumbrir, dávale pena y congoja tres cosas: la una, no tener tiempo y livertad para servir a Dios como ella deseava; la segunda, que hera conoçida de todos la graçia que Dios ynfundía en su sancta ánima; la terçera, el gran desseo que tenía de la sancta religión, de manera que muy públicamente y con mucho fervor y lágrimas pedía de ser religiosa a sus padres y a sus tíos, los quales con mucho desabrimiento la deshechavan, y la menospreçiavan con palabras. Y en espeçial su tío, que la havía criado, le dixo como haziendo burla della: “Mi sobrina quiere ser monja por ser sancta”. La bienaventurada le respondió con mucha humildad: “Pues si lo fuere por la graçia de Dios, rogase por vuestra merçed”. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y por entonzes no los ymportunó más, no perdiendo la esperanza que Nuestro Señor se lo havía de otorgar, pues ella se lo suplicava sin çesar. Y con esta esperanza fuese a aquel lugar do estava el palomar, y entrando en él puso la sancta [fol. 10r] Berónica y sacó la cadena que tenía escondida y empeçose a dar con ella muy crudamente, porque todas las vezes que ella yba a aquel lugar primero [¿secrestava?] que se pusiese en oraçión. Y hecha su desçiplina, yncó sus ojos en tierra, y derramando muchas lágrimas empeçó a decir mirando a la sancta Berónica: “O, muy dulçe señor mío Jesuchristo, suplico a la vuestra Divina Magestad por reverençia de los misterios, que tal día como oy, día de Viernes Sancto, Vos mi Señor sufristes, y por los dolores y tomentos muy crudos que por me redimir y salvar padeçistes, que me conçedáys esta miel que muchas vezes con ynportunidad he pedido: que merezca yo ser vuestra esposa y entrar en la sancta religión para que mejor os pueda servir y amar, por que ninguna cosa ni ocupaçión mundana desto me pueda apartar. Y esta merçed, mi Señor, supplico a vuestra Divina Magestad no me sea negada en este sancto día”. Y estando la bienaventurada en tan prolongada oraçión, a deshora vido la sancta Berónica mudada y transformada en el rostro y figura de Nuestro Señor Jesuchristo, como si estuviera allí vivo, en carne apasionado, y llagado y corriente sangre; y hablola y consolola con muy dulçes e amorosas palabras, diziendo que havía oýdo su petiçión y resçivía su buen desseo, y los tomava por obra muy açeptable a Él, y le plazía de la tomar por esposa. Y conçediole la religión con tal condiçión que pusiese ella diligençia en ello, que para alcançarlo havía menester alguna interçesión y soliçitud. Y de que Nuestro Señor la hubo hablado y consolado, tornose la sancta Berónica a deshora en su mesmo ser. Y dende aquella hora, buscava y procurava en su coraçón cómo y de qué manera saldría secretamente, que ninguna persona la viese [fol. 10v] yr al monasterio de Nuestra Señora Sancta María de la Cruz, que allí la alumbrava el Spíritu Sancto fuese.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Capítulo III'''&lt;br /&gt;
'''Cómo esta bienaventurada virgen buscó manera para ser religiosa'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Después de pasada la Pasqua de la Sancta Resurrecçión, como ya fuese cumplida en ella la voluntad del poderoso Dios para que fuese religiosa, acordó con ayuda suya de tomar una mañana de madrugada unos bestidos de un primo suyo que ella tenía en guarda, e calzas, y borçeguíes y çinto, y vistiese de hombre para salir sin ser vista e yrse al monasterio llamado Sancta María de la Cruz. Estava dos leguas del lugar donde ella vivía, y de que estuvo bien adereçeda de ávito de barón, púsose ençima los acostumbrados bestidos de muger que ella sólía traer y toda de la mesma manera que acostumbrava, y llamó a las mozas diziendo que hera tarde, y junto con ellas hizo las haziendas de la casa como acostumbrava otras vezes. Y de que todos los de la casa la huvieron visto que esta hera su yntençión, que la virgen, por que se descuydasen della por algún rato y ella pudiese yrse sin que la siguiesen, entrose aprisa en un aparte y quitose los bestidos de muger y púsose un tocador de hombre en la caveza, y arrevoçose una toca de camino, y hechose una capa en el hombro y una espada en la mano; y un lío que tenía hecho de sus aderezos de muger, tomole debajo del brazo y, santiguándose, empeçó su camino, el qual ella no savía sino por oýdas. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y yendo ella con mucho fervor, el Demonio, que tenía mucho pesar de la tal obra, travajó de le poner tentaçiones y peligros por [fol. 11r] estorvalle tan glorioso viaje, convatiéndola de muy reçios temores y espanto de su padre y parientes, y que no saldría con lo començado. La bienaventurada, como arrepintiéndose de lo que havía puesto en obra, creçiole el temor en tanto grado que le falleçieron las fuerças corporales y le temblava todo el cuerpo, que no podía andar paso, en tanta manera que se huvo de assentar en el mismo camino muy desmayada; y, estando assí, enconmendávase con muchas ansias a Nuestra Señora, suplicándole Su Magestad la quisiese esforçar y ayudar en tan grande neçessidad para que ella pudiese acavar la obra començada. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y estando en esta esclamaçión, oyó una voz que le dixo: “Esfuérçate, esfuérçate, esfuérçate, no desmayes, acava la buena obra que as empezado”. Y no vido por entonzes quién la hablava, mas después supo en revelaçión que hera su sancto ángel, en la qual voz se esforzó mucho y se levantó muy alegre, y anduvo su camino. Y, ya que havía andado buena parte d’él, sintió venir tras sí, aunque algo lejos, una persona cavalgando en un cavallo, la qual hera un hombre muy honrado que tenía muy gran desseo de casar con esta bienaventurada virgen y lo havía procurado y rogado. Como ella alçó los ojos y conoçió que hera el susodicho manzebo, y se vido sola en un campo y que por entonzes no pareçía nadie ni aun siquiera un pastor, turbose su spíritu más de lo que se puede pensar, temiéndose por deshonrada e perdida. E alumbrada y esperida en aquella sazón del Spíritu Sancto, pensó en su coraçón de se apartar disimuladamente antes [fol. 11v] que él llegase çerca, y assí lo hizo, que se apartó del camino, y a él le çegó tanto Dios los ojos del conoçimiento que no solamente no la conoçió mal: aun la color de los bestidos de hombre que llevava la bienaventurada le paresçieron a él de otro, y quando pasó por enfrente donde ella estava, dixo en su corazón: “Mira qué cobardía de hombre; qué le havía yo de hazer que en viéndome se apartó del camino”. Y tornando él a miralla vido el lío que la bienaventurada traýa debaxo del brazo, y dixo: “Algún sastre debe de ser que viene de cortar y coser de alguno de estos lugares”. Y con este pensamiento pasó aquel manzebo su camino sin la conozer. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y de que la sancta virgen se vido librada de aquel tan gran peligro, yncose de hijonos con muy gran fervor y devoçión y empezó con muchas lágrimas a orar y dar graçias al poderoso Dios, que la havía librado. Y suplicando a Nuestra Señora con muy amorosas e dulçes palabras quisiese Su Magestad rogar por ella a su preçioso hijo, y alçando los ojos al çielo, vido a Nuestra Señora la Virgen María yncada de ynojos y puestas las manos a manera que rogava por ella, y díxole: “Esfuérçate, hija mía, que yo rogaré por ti, y te pedía a mi preçioso hijo para mi casa de la Cruz, y él te me crió para eso. E yo te doy las llaves de mi casa para que en ella estés y mandes, y disipes y cortes lo malo, y aumentes el serviçio de mi preçiado hijo y el mío”. Y estas palabras y otras de mucho amor le dixo la Reyna del Çielo, y la bienaventurada, con mucha humildad, dio muchas graçias a Nuestra Señora, y con muy gran consolaçión en su spíritu se levantó a andar su camino.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y anduvo gran parte d’él, y apartó a un lugar qu’es dicho Casarrubielos. Y por la mucha fatyga y cansançio del camino, que todo havía andado a pie, y llegó a una casa en aquel lugar a pedir un jarro de agua y, como se le dieron, asentose a descansar y puso la espada sobre un poyo y olvidosele allí. Y ya que hera salida de la casa, tornó por ella y dixo: “O peccadora de mí, la [fol.12r] espada se me olvida”. Y estas palabras oyó la moza, que salió a dalle de beber, y las dixo a las personas de aquella casa, diziendo: “Muger es aquel paje que pidió el agua”. Y no creyendo a la moza, no la siguieron.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y la bienaventurada, llegando al monasterio, entró luego en la yglesia a hazer oraçión, y offreçió su ánima y su cuerpo a su esposo Jesuchristo. Supplicóle la quisiese resçivir en aquella sancta compañía y congregaçión y, de que huvo orado, como no havía nadie en la iglesia, apartose a un rincón della y quitose los bestidos de hombre, y bestiose sus propios bestidos de muger, que havía traýdo consigo. &lt;br /&gt;
Y de que fue adereçada de muger, fuese al resçivimiento o portería de la cassa, en el qual estava una ymagen de Nuestra Señora, de bulto, de mucha devoçión e milagros. E yncándose de hinojos y puestas las manos con mucho fervor, le dio gracias, porque la havía traýdo a su sancta casa sin peligro de su persona, y dezía con mucha humildad a la sancta ymagen: “¿Qué serviçio podría yo, Señora, hazer a Vuestra Real Magestad por tan gran virtud como esta? Suplícole a mi Señora me dé graçia, que yo perseveraré en serviçio de vuestro preçiosíssimo hijo Nuestro Señor Jesuchristo toda mi vida en esta vuestra sancta casa, y en ella acave mis días”. Entonzes la sancta ymagen la habló, diziéndole: “En nora buena seáys venida, hija, a esta mi casa. Entra en ella alegremente, pues para ella fuysteis criada, y yo te torno a dar la mayoría como te tengo dicho”. Entonçes esta bienaventurada le respondió: “Ay, Señora, que no sé si me querrán abrir la puerta e resçivir estas vuestras siervas”. La sancta ymagen la dixo: “No tengas temor de eso, pues mi preçioso hijo te truxo con su graçia. Él hará de manera que seas resçivida”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y levantándose esta bienaventurada delante la sancta ymagen, fue a llamar a la puerta, rogando que la abriesen, y preguntándole la casera de las monjas quién hera o qué [fol.12v] quería, respondió que hera una donzella que quería ser religiosa. La casera le dixo: “Las que bienen a ser religiosas no vienen solas, que sus padres o parientes las traýan”. La bienaventurada le respondió: “Vine en ábito de hombre ascondidamente, que de otra manera no viniera así, mas por amor de Dios me abrid siquiera para que me caliente, que como esta mañana llovió, tomome el agua en el camino, y vengo cansada y muerta de frío; siquiera para que me caliente y me dé por caridad un poco de pan, que vengo muy neçessitada, que si no queréys no digo yo que me metáys allá para religiosa, que, como vine ascondida, presto me hecharán menos mis parientes y me vernán a buscar, y si no me quisieredes, yrme he con ellos”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y la casera la metió dentro, en la casería, y la dio de comer y la hizo caridad, siempre preguntándola y examinándola, y la bienaventurada le dava muy çierta entera quenta de su deseo y venida. Y quando la serbienta de la casa fue a la yglesia, vido los bestidos de hombre que havía traído. Pensó en su coraçón no fuese varón que venía con alguna burla o engaño, pero ansí en los cavellos largos, como en los pechos y gestos y en otras señales, se çertificó cómo hera muger, y aun virgen y donzella, y de tierna hedad. Entonzes la dicha serbienta llegó al torno del monasterio y dixo a la portera que quería hablar a la abbadesa. Y quando la fue a hablar el abbadesa, la sirvienta le dixo: “Señora, aquí es venida una donzella de hasta quinze años, que dize que es de Hazaña, y vino sola, en ábito de hombre, y pareçe que trae muy gran fervor de ser religiosa”. El abbadesa, oýdas las palabras que la sirbienta la dixo, mandó llamar a la bienaventurada donzella, e informose muy bien della y de su desseo. Y después que la huvo muy bien esaminado, aunque fingidamente, reprehendiola, porque havía venido de tal manera. Y la bienaventurada la respondió con mucha humildad, [fol.13r] diziendo que su venida no havía sido por otra yntençión ni ocasión sino solo de servir a Dios, y vivir y morir en el dicho monasterio y sancta casa en su servicio, y hazer todo lo que la mandasen, y ser toda su vida su sirbienta. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Entonçes el abbadessa, dando graçias a Dios, entró donde las monjas con gozos, diziendoles: “Hermanas mías, una donzella está aquí que dize que quiere ser nuestra hermana. Creo la trae Dios por milagro, porque nunca havía savido este camino ni vístole”. Y ansí les dixo y relató la manera de su venida, y cómo dezía palabras de mucha prudençia. Las religiosas, oýdas las nuevas que el habadessa les dixo, dieron graçias a Dios, y demandaron liçençia para la yr a hablar y ver. Y ordenándolo la Divina Magestad, a todas les pareçió tam bien quando la hablaron que con yntençión de la resçivir en su compañía, y tuvieron por mucho milagro que no havía sino solos ocho días qu’el perlado mayor dellas havia ydo dela casa, sin el qual perlado no la podían resçivir, o sin su liçençia y mandamiento, y vino en aquella saçón. Y habló aquella bienaventurada, y supo su yntençión y sancto deseo, y con mucha voluntad dio la liçençia y merçed al confesor de las monjas le diese el ávito. Y antes que la metiesen dentro d’el monasterio, vinieron algunos de sus parientes a la buscar y, hallándola en la casería, reprehendáronla mucho porque se havía venido sin liçençia, y les havía dado tanta pena y enoxo. La bienaventurada, pidiéndoles perdón con mucha humildad y vergüenza, les respondió que ya savían ellos su deseo y quánto lo havía demandado, y que pues hera venida a tan preçioso y sancto lugar, çierto havía de ser religiosa en él, y no en otro ninguno. Y viendo el abbadesa y monjas su constançia e lágrimas, que derramava con fervor entrar en su compañía, defendíanla a sus parientes, y conçertáronse con ellos en lo que le havían de dar.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y dieron el ávito a la sancta virgen con mucha solenidad e alegría spiritual, en presençia dellas, e dieronle maestra que la administra- [fol.13v] se como es costumbre de dar a los que nuevamente son religiosos. Y administrándola su maestra de las cosas que havía de guardar, según Dios y la regla de su orden, que en la profesión prometen de guardar, díjole que havía de tener silençio todo un año, que no havía de hablar sino con las perladas y con ella, y quando confesase; del qual silençio ella holgó mucho, porque de natural hera muy amiga d’el. Y ansí empezó a hazer vida marabillosa y muy provechosa para los que la savían e oýan. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Su bestido hera muy pobre e humilde, muy más qu’el de las otras religiosas. Traýa túnica de sayal, e una saya muy vieja y remendada, e el ávito lo mesmo, e unos alpargatas en los pies, e lo más del tiempo andava descalza, e la más gruesa cuerda que ella podía haver se çeñía. Y en la caveça una albanega de estopa, y ençima lo más despreçiado que ella tenía y, devajo de esto, que no se lo vía nadie, un muy áspero siliçio, el qual nunca se quitava de noche ni de día. Estas muy graves e ásperas penitençias hazía. Era su paçiençia cosa maravillosa de mirar e oýr, que no solamente holgava de ser menospreçiada y reprehendida sin culpa, e levantados testimonios e ynjuriada de qualquier manera que quisiesen fatigalla: deseava tormentos e llagas, heridas, dolores, frío e cansancio, e todas maneras de penas por amor de Dios. E no solamente en el año del noviçiado tuvo esta manera de vivir e tan perfetas obras, mas todo el tiempo de su vida guardó el silençio tan perfetamente que ninguna palabra la oýan hablar en todo el año, si no hera con su maestra abbadesa e vicaria, y esto siendo preguntada. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Hazía penitençia con la boca trayendo en ella ajenjos amargos por la guarda del silençio, con mérito de penitençia, por el amargor de la yel e vinagre que dieron a Nuestro Señor Jesuchristo. Traýa siempre en su memoria la su muy cruda e amarga passión. De muchas maneras hazía esta bienabenturada penitençia con la boca, algunas vezes trayendo una piedra algo grande que le dava dolor, [fol.14r] e otras vezes tomava en la voca aguas, y teníalo tanto espaçio dentro hasta que del dolor no la podía sufrir. Tomava con los lavios un candelero mediano, y teníale tan largo rato por la parte donde se pone la candela hasta que le dolían las quijadas. Pensava hella que guardar silençio sin penitençia de dolor no sería ante Dios serviçio açeto ni sabroso.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Heran sus ayunos muy perfetos, e mucho assí espiritual como corporalmente, que no solo usava dende su niñez ayunar ordinariamente comiendo una vez al día, mas aun estar tres días con sus noches sin tomar ningún mantenimiento corporal. Y no solamente ayunava de comer, mas aun de dormir. Hazía penitençia e ayunava, e tenía puesta entre sí tal tasa que dezía e considerava en su corazón: “Pues las personas, quando ayunaban, no comen hasta mediodía, e después de haver comido una vez, pueden tomar alguna refeçión de vever entre día, e alguna colaçión a la noche, de esta manera será bien ayunar del sueño hasta medianoche, y después, la comida de la medianoche serán los maytines e offiçio divino; e a la mañana, en lugar de vevida o colaçión, tomar un poco de sueño corporal para sustentar la naturaleza”. Y para bien cumplir e poder hazer perfeto su ayuno del sueño, sin quebrantarle en ninguna cosa, acordó de tener esta manera. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Como todas las religiosas acostumbran dormir juntas en un dormitorio y en medio d’él tienen una lámpara ençendida, como quiera que cada una esté en su cama por sí, llevava esta bienaventurada una rueca a prima noche a su cama, y quando veýa que todas las religiosas heran recogidas e dormidas, tomava su rueca e ylava cave su cama, a vezes en pie e otras de ynojos en tierra, rezando con gran fervor, e otras vezes contemplando en la Passión de su amado Christo hasta que tañían a maytines. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Como hera esta sancta virgen tan cuydadosa de aprovechar en el [fol.14v] spíritu, quando travajava corporalmente endereçava con su pensamiento e limpia intençión todos aquellos serviçios e travajos que hazía por la sancta obediençia a la persona realíssima e divina del poderoso Dios. E contemplando, dezía entre sí mesma que hera su moza y esclava, y los platos que fregava e todas las otras cosas pensava que heran de oro e de piedras preçiosas para en que comiese su Alta Magestad. Y quando barría, contemplava la escoba: hera un manojo de rosas y flores muy olorosas con que alimpiava e adornávalo sus estrados. Y quando guisava de comer, contemplava: heran muy preçiosos y delicados majares para que comiese su Divina Magestad y la Virgen Sancta María, su madre, y todos sus sanctos. E ansí lo offreçía ella, y de esta manera y de otras muchas offreçía esta bienaventurada sus travajos corporales ante la Magestad Divina. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Queriendo Dios darle a conoçer que los misterios que ella veýa en el Sanctíssimo Sacramento le heran mostrados por singular graçia e don que Él le dava e hazía, acaeçió que fue a comulgar siendo noviçia y, comulgando, no vido ni sintió por aquella vez ningún gusto ni mutaçión en el Sanctíssimo Sacramento; de lo qual se angustió mucho en su spíritu, y resçivió tan gran tristeza e afliçión que no se pudo contener sin yr luego a su confesor a dezirle su gran pena. Y con muchas lágrimas se lo contó, diziendo pensava haver comulgado en peccado mortal e muy yndinamente, pues no havía sido dina ni mereçedora de ver ni gustar a Nuestro Señor Jesuchristo, sino assí como se estava la hostia antes que se consagrase. Al qual llanto y loable desconsuelo el confesor la respondió, diziendo: “Consolad vos, hija hermana mía, que no por eso comulgastes vos en peccado ni yndinamente, que eso que vos dezís que no fuysteis dina de ver ni sentir, ninguna persona lo ve, ni es digna dello; como quier que las [fol.15r] mutaçiones del pan en la carne de Jesuchristo sean muy çiertas y verdaderas e artículo de fee, enpero presençialmente no se ve tal cosa, que con la fee sola se á de creer, y por eso es más meritoria”. Entonzes la bienabenturada se consoló, e dio graçias a Dios con nuevo don del Spíritu Sancto de conoçimiento de los señalados dones y merçedes que hasta entonzes su Divina Magestad le havía hecho, y con muy profunda humildad se hallava yndina dello. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Oyendo esta sancta virgen leer una liçión en el libro llamado ''Floreto del glorioso padre sant Françisco'', cómo havía mandado yr a un frayle desnudo en carnes a predicar, pensó entre sí: “Si el padre sant Françisco mandava yr al frayle a predicar desnudo no teniendo peccados, cómo yo no yré a confesarme de los míos e desnudarme dellos, desnuda en carnes e yriéndolas con piedra y palo a cada peccado que dixere. Encomiéndome a Dios y a vos, padre sant Francisco, y sola la cuerda ceñida a mi cuerpo y cuello quiero yr a confesar como malhechora, y por tal me pregonaré ante Dios y mi confesor frayle de vuestra sancta orden”. Y con este pensamiento, llevando a Jesuchristo y a su Passión en su coraçón, y arta contriçión de sus peccados, entró en el confisionario, el qual es de manera que no se puede ver ninguna cosa de una parte a otra, que ay pared en medio e una regeçita de yerro a manera de rallo espeso, y ençima un belo grueso. Y empezó a confesar yncada de ynojos, con muchas lágrimas. Y hera tiempo de mucho frío, y como ella lo sintiese tanto, empezó a dar muy grandes temblores del gran frío que sentía, de manera que no lo podía encubrir; y fue tanto que la habló el confesor, pensando que hera enfermedad, y díxole: “¿Estáys enferma, hermana, tenéys çiçiones, que templáys tanto?”. Respondió la bienaventurada que no, que de frío lo hazía. Y acavada de confesar, [fol.15v] salió del confisionario. Y ella, que se empezava a vestir, y otra religiosa que yba a confesar vídola, y entró en el confisionario, y dixo al confesor que riñese a Juana de la Cruz por tan áspera y estremadas penitençias como hazía, que entró a confesar desnuda como naçió. Y el confesor le respondió: “Verdaderamente yo la sentí temblar muy reçiamente, y pensé estava enferma y preguntele si lo estava, e dixo que no”. Y de allí adelante no solamente en hymbierno, mas aun en verano le preguntava quando yba a confesar si yba cubierta y, si no, no la confesaría. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Todas las vezes que esta bienabenturada yba a confesar, resçivió el confesor singular consolaçión en su ánima y dotrina maravillosa para la enmienda de su vida. Y no solamente este, mas todos los otros padres que la confesaron mientras ella vivió en este mundo dezían que sus peccados se podrían llamar alumbramiento y aviso de conçiençia. Dezía, quando hera muy ymportuna de sus confesores les dixese lo que sentía en su spíritu, que más vergüenza tenía de contar las cosas de virtud y graçia que Dios le havía dado que no de dezir sus peccados, porque esto hera de sí propia y lo otro hera de Dios y de su misericordia.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Siendo coçinera esta bienaventurada, algunas vezes hera reprehendida de su compañera y de la provisora, no contentándose de lo que hazía, y se le mostravan enojadas. Ella, no respondiendo ninguna palabra, con mucha humildad, yncados los inojos, les dezía la culpa. Ellos diziéndole con enojo que se fuese de allí, muy angustiada ýbase al coro, y suplicava al Señor le perdonase la pena que havía dado a su hermana y le quitase la turbaçión que tenía con ella. Estando en esto, tornávala a llamar su compañera y dezíale qué haçía en el coro. La bienaventurada la respondía con mucho amor humildad: “Suplicava a Nuestro Señor, Su Magestad, le perdonase la turbaçión que fue causa, hermana mía, de os dar; e os diese su graçia, me perdonásedes e os quitase [fol.16r] la turbaçión que conmigo teníades”. Oyendo la compañera e la Provisora la respuesta, edificávanse en tanto grado que por algunos días les durava muy gran compunción e lágrimas en lo secreto de su coraçón. Y esta oraçión hazía todos los que la reprehendían e angustiavan.&lt;br /&gt;
Yendo un día al pozo llevava un barreño con carne para lo lavar, y topó con él en una piedra, y quebrose y cayó en el suelo hecho dos o tres partes, y vertiose todo lo que en él llevaba. Y a la sazón encontró con ella una religiosa, y díxole: “Pues eso, hermana, ¿cómo se a quebrado el barreño?”. Ella respondió: “Ay, no sé”. Y diziendo esto, yncó los ynojos en tierra, y tomó en sus manos los pedazos del barreño, e juntolos e alçó los ojos al çielo, e hiço su oraçión. E luego, a deshora, fue el barreño sano y tan perfeto como de primero estava, y levantose muy alegre y hechó dentro la vianda, y fue a hazer su offiçio. La religiosa, que esto veýa muy maravillada, le dixo: “¿Qué es esto, hermana? ¿No estava este barreño en el suelo hecho pedazos, cómo está ya sano?”. Y la bienaventurada le respondió con mucha humildad, diziendo: “Ansí es, señora, mas el Señor a tenido por bien de rremediar por su bondad lo que yo havía hechado a perder por mis peccados”. Y la religiosa tomó el barreño en ausençia della y llevolo a mostrar a las monjas del convento, y contoles el milago que havía visto. Y tornando el barreño en serviçio de la cozina, duró sano por dos o tres años en testimonio.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Hera esta sancta virgen muy prudente, y muy reverenda en sus pensamientos, e de mucha discrepçión y capacidad, y de gesto muy hermoso y de gran gravedad, adornada de mucha humildad y actos honestos y perfectos. Tenía presençia de muy grande autoridad. Hera de amigable conversaçión y de mucha piedad, y admirable consejo e provechoso a las [fol.16v] ánimas y a los cuerpos, y de muy graçiosa habla y de mucha mansedumbre. Hera mesurada en su risa, y provocava a quien la oýa y veýa a más devoçión que a risa bana. Llorava muy sereno y sin mucho clamor, salvo quando se elevava, que salía de sus sentidos en algunos pasos de la Pasión, que entonzes no hera su mano, porque el Spíritu Sancto gemía y llorava en ella e la hazía dar algunos devotos sospiros con algunas palabras del paso o misterio que estava contemplando. Hera de mucha cortesía y muy grande crianza, y humilde en todo, y holgava más de hazer a qualquier persona demasiada reverençia y honra que no de menos. Hera ygual a todos, tratando a cada uno según su estado y manera. Hera de mucha verdad, y no a lo contrario ni aun en burla, e muy secreta y callada en todas y qualesquier cosa que le heran dichas e descubiertas de tribulaçiones e angustias o cosas de otra qualquiera calidad que en secreto le fuesen dichas o descubiertas. Fue remediadora de muchos y graves daños, e libradora de grandes peligros presentes e por venir. Hera de tan gran sanctidad que jamás prejudicava a sus próximos ni los agraviava, aunque fuese en burla. Llegándose a ella las monjas de su convento, como dellas e de todos hera conosçida, rogávanle en secreto les dixese cómo harían la oraçión que agradasen a Dios con ella y aprovechasen en su spírictu. Respondía: “Yo no tengo qué deziros, señoras, mas como peccadora, direos lo que hago quando yo no offrezco al Señor la oraçión bañada en lágrimas muy fervorosas salidas del coraçón, e lloradas por amor divinal y compasión de Nuestro Señor Jesuchristo, o por sus gozos y misterios: la tal oraçión hecha de otra manera no la tengo por digna de ser resçivida ante el acatamiento divino, ni tanpoco me pareçe ser muy fructuosa ni a mi ánima se abasta ni consuela, [fol. 17r] ni tengo por entera oraçión la que es algo tibia y relaxada. Mas doos por consejo, señoras mías, que no offrezcáys a Dios solo un sacrifiçio, mas tres e quatro, e más si pudiérades, porque cada hora podría qualquiera persona offreçer a Dios tres sacrifiçios prinçipales, los quales son estos: el primero, el afiçión y contemplaçión muy viva hecha dentro del coraçón e ánima; el segundo, oraçión vocal e graçias e loores a la Magestad Divina sin çesar; el tercero, alguna penitençia, e golpes e heridas dadas secretamente. Y aun para deshechar la azidia, se puede añadir lavar de manos. Y haviendo soledad e tiempo sufiçiente, es bueno haver lavatorio, e fuentes de lágrimas lloradas de contriçción de los peccados o por compasión de la Passión de Nuestro Señor Jesuchristo. Y entonçes podrá qualquier persona dar çinco sacrifiçios offreçidos en reverençia de las çinco llagas de Nuestro Señor, y quando esto no se pudiese hazer tan secreta y ascondidamente, podrán offreçer tres en reverençia de la Sanctíssima Trinidad, estos sin ser vistos ni sentidos de ninguna persona”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Capítulo IV'''&lt;br /&gt;
'''De cómo esta bienabenturada comulgava spiritualmente'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Procurava esta sancta virgen de, en amanesçiendo asta estuviese en el coro, en los offiçios divinales o en otra qualquier parte, o en ocupaçión y trabajo corporal, de apartarse para comulgar spiritualmente, pues no podía corporal e sacramentalmente cada día e hora como ella deseava, porque hera tan devota del Sacramento del Altar e de le gustar contino que nunca otra cosa quisiera hazer noche y día sino artar y abastar su ánima deste manjar del Çielo. Y por el mesmo [fol. 17v] Dios y Señor fue mostrado y revelado a todas las monjas del convento, por palabras formadas que, por la boca della, estando enajenada de sus sentidos, hablaba e pronunçiava el Spíritu Sancto, que tanto hera el gozo e gusto que esta sancta virgen sentía en el Sancto Sacramento que no solamente comulgava cada hora y momento, mas cada vez que resollava e tornava el resuello, adentro comulgava en spíritu, e reçevía a Dios, e sentía el dulçor y savor del Sanctíssimo Sacramento, e la consolaçión e abastamiento de ánima que sentía las vezes que sacramentalmente comulgava. E dava muchas vozes a Nuestro Señor por tan copioso benefiçio, y dezía: “O, Señor mío y Dios mío, qué buen comulgar es este, sin ser de nadie visto ni sentida, ni dar pesadumbre a los padres de penitençia, y sin resçivir fastidio ni ocupaçión el cuerpo, y sin ser oy reverençia, frequentaros tantas vezes, ni dar cuenta de mi desseo a ninguna criatura humana sino a Vos, mi Criador e mi Señor, que por hazerme a mí tan grandes merçedes, después de me haver criado a vuestra ymagen y semejanza e redimídome por vuestra preçiosa muerte e pasión, me recreáys e artáys a mí, peccadora yndina, de los muy dulçes e sabios majares de vuestro Sanctíssimo Cuerpo y Sangre”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Estando esta sancta virgen en la casa de la lavor, víspera de los sanctos apóstoles San Pedro y San Pablo, vido una figura de todos los doze apóstoles como quando cada uno acava de espirar, e luego, a deshora, vido doze sepulcros muy hermosamente labrados e abiertos, e que salían dellos los doze apóstoles bestidos todos de blanco, e sus personas dellos más alvas que la nieve, e levantávanse, puestas las manos juntas, como que adoravan al Señor, e le davan graçias. Y ella, muy maravillada de ver esta visión, deseava saber por qué pareçían los sanctos apóstoles que salían de los sepulcros [fol. 18r] como difuntos, estando ya en el Çielo todos glorificados, e no haviendo muerto ninguno dellos de su muerte natural, mas de muy crueles martyrios por amor de Dios. Estando con este desseo e pensamiento, a deshora vido todos los sanctos Apóstoles a deshora vestidos, ordenados muy ricamente, y coronados e cubiertos de pedrería e muy alegres y gloriosos, e Nuestro Señor Jesuchristo en medio dellos, dándoles muy grandes premios, e gozos e galardones, por los travajos e buenas obras que por su amor, estando en el mundo, havían hecho. Ansimesmo le fue mostrado que levantarse los sanctos apóstoles de los sepulcros hera significaçión cómo todos havemos de ser muertos y resuçitados quando Dios nos llame el día del juyzio, e cómo Nuestro Señor Jesuchristo haze fiesta e llamamiento en el Çielo a todos los sanctos apóstoles juntos el día que es fiesta de qualquiera dellos, e como la Yglesia militante, los días de las tales fiestas, siempre haze triunphante memoria de los martirios y muerte de los sanctos que pasaron por amor de Dios e de la vida eterna e bienaventuranzas, que por ello les da el Señor e a todas qualesquier órdenes de sanctos y sanctas, quando es fiesta de uno o de una en especial, junto con Él a todos los de aquella orden, les hazen fiesta en general.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Estando en la casa de la lavor esta bienaventurada, trabajando en lavor como todas, pensava en su coraçón qué cosa tan alegre sería, y hermosa de ver y acatar, a Nuestra Señora la Virgen Sancta María con el niño Jesús en los brazos. Y creçiendo en ella estos desseos y fervoroso amor, a deshora vido a la Reyna de los Çielos y Madre de Dios, y con el niño Jesús en brazos. Y la hermosura y dulzura, assí de la madre como [fol. 18v] del hijo, hera cosa ynefable y enposible ‒dezía ella‒ esplicar y dezir con lengua humana. Y quando assí vido a Nuestra Señora, hera grandíssimo gozo. E postrada su ánima delante della, con muchas suplicaçiones le pedía le tuviese por bien de rogar a su preçioso hijo e Señor suyo por ella, e se le dar para ella se consolase. Nuestra Señora la respondió con palabras de reprehensión, diziendo: “Tú no ves que heres peccadora, e que no hazes bien todas las cosas en que mi hijo se aplaze. Por eso no heres digna que yo te le dé; antes te quiero reprehender, porque no heres aún perfeta esposa, ni tal qual mi hijo mereze”. E viendo la reprehensión de la Reyna de los Çielos, muy humillada conoçió sus culpas. No perdiendo la esperança de alcanzar su petiçión, proçedía en sus ruegos, prometiendo con el ayuda suya y de su preçioso hijo la enmienda. Entonzes, la Madre de Misericordia volvió sus hojos al piadoso hijo que en sus brazos tenía, y suplicole que tuviese por bien de se consentir dar aquella persona, que con tanto ahínco le pedía. Y el dulçe Redemptor hizo de señas que le plazía, y luego la Reyna de los Çielos estendió sus brazos y diole el Niño Jesuchristo. E la bienaventurada estendió el escapulario, porque sus manos le pareçían no heran dignas para tomar en ellas el thesoro del Çielo, e resçiviole en sus brazos. E por aquella vez le gozó muy copiosamente a Él y a su bendita madre, la qual le habló muy dulçemente, e le dixo: “Toma, hija, el preçioso fruto de mis entrañas, e gózale, que estos son mis deleytes, darle de muy buena gana a los christianos, y más a los que más me sirven e aman. Y assí te le encomiendo yo agora a ti y a todos sus amigos y míos que me le améys [fol. 19r] y sirváis, e tratéys muy bien, y no me le hiráys y lastiméys por vuestros peccados, porque Él es todo mi consuelo, y gloria y Señor del Çielo, y de la tierra, de todas las cosas. E por los humanos quiso ser niño chiquito e pobre, e padeçió mucha ambre, sed, frío, cansancio, y quiso ser flaco, e llagado e doloroso, e sobre todo muerto. Aved compasión d’Él todos los humanos, pues por Él soys redimidos e hechos salvos”. E mostrava mucho sentimiento de los peccados e yngratitud hecha contra ella e su preçioso hijo, e ansí çesó por entonçes esta revelaçión.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Estando esta bienaventurada en el confesionario a hora de missa, e diziéndola en la yglesia, tañeron las campanillas que querían alçar, y el confesor díxole que saliese a ver e adorar al Señor, y que él también yría a haçer lo mismo. Y como el coro y red estava lejos del confesionario, por presto que ella salió, quando llegó al medio de un portal que está junto a la iglesia, ya alçaban. Y hincose allí de rodillas, con gran desseo y fervor de spíritu, e adorando allí al Señor, pues no podía verle con los ojos corporales, estando assí de hinojos, vio abrir la pared casi toda, a la larga, de manera que vido el Sanctíssimo Sacramento, y le adoró. Y vido al sacerdote, que le tenía en las manos, e toda la yglesia e las personas que en la misa estavan, e las conoció. E assí como huvieron alçado, se juntó la pared. E estando todavía de hinojos, medio enagenada de sus sentidos, quando se tornó a alçar la segunda hostia, se tornó a abrir la pared como la primera vez, la qual tenía en ancho una bara, y el çimiento de piedra e cal hasta una tapia en alto. E quando la pared se abrió, fue por el çimiento. Y quiso el poderoso Dios que este milagro no fuese encubierto, antes quedase muy señalado para mientras el monasterio durase, e fue la señal que, quando se juntó la pared la postrera vez, por donde se acabó de çerrar quedó una piedra muy diferente de las otras, por quanto quedó blanca e partida en tres partes, como a manera de cruz, y las otras piedras del cimiento están todas [fol. 19v] muy morenas. E las monjas del monasterio tenían siempre puesto un belo negro delante esta piedra en señal y reverençia del milagro.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Siendo esta bienaventurada compañera de la portera, tenía muy consolados assí a los de fuera como a los de dentro, así por obras de caridad como por palabras, e consejos consolables y alumbradores de las ánimas, con el qual offiçio no se apartava de la contemplaçión ni cesava de tener en su spíritu mucho gozo y consolaçiones spirituales. Y quando respondía a los que llegavan al torno, pensava que heran ángeles del Çielo o sanctos o sanctas, según se endereçava su contemplaçión. Y el torno considerava que hera cuna o brezo de oro muy resplandeçiente en que meçía al Niño Jesuchristo. Quando volvía el torno para dar o tomar alguna cosa, en muchas vezes le aconteçía, volviendo el dicho torno con este pensamiento, ver al Niño Jesuchristo, con bulto muy claro y gesto muy alegre, y dulçe y amoroso; la hablava y consolava, y abastava de graçia y dones divinales. E otras veçes veýa grandes revelaçiones en la mesma portería hasta perder los sentidos corporales. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Hera tan humilde y paçiente en todas las cosas que le heran mandadas que le acaeçía algunas vezes dezirle la compañera de la portería: “Trae recado para dezir misa”, y como ella hera sacristana, aunque ayudava a la portera, llevava lo mejor que podía. E la compañera, no agradándose del hornamento, se le arrojava con enojo, y sin responder ninguna palabra le tomava, y lleva[va] otro, y tanpoco se contentava, de manera que la haçía yr y venir tres o quatro vezes. Y tan paçiente yba la postrera vez como la primera. Oyendo palabras reprehensibles, e barriendo y adereçando la parte con mucha diligençia y limpieza, e proveyendo todo lo que hera menester, venía la compañera a la sazón y reprehendíala con mucho [fol. 20r] desabrimiento, diziendo: “¿Pensáys ahora vos que todo esto está muy bien hecho? Pues a mí no me pareze assí”. Y con enojo e palabras injuriosas, quitando y puniendo de una parte en otra, deshaçía lo que estava hecho, y pisava con los pies lo que havía regado, y hechávale paja ençima, e haçíalo como lodo, diziendo: “Assí mereçe ello estar, pues vos lo havéys hecho”. Entonzes la bienaventurada, yncada de ynojos, dezíale: “Digo mi culpa, hermana mía. Ruegoos, por amor de Dios, me perdonéys e perdáys el enojo, que yo me enmendaré”. Y en su secreto rogava mucho al Señor por ella, que la consolase su ánima.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Estando esta sancta virgen un día negoçiando al torno, a deshora vido en él al Niño Jesuchristo. Y queriéndole ella tomar para se gozar con Él, tomole Nuestra Señora la Virgen Sancta María en sus braços. Y assímismo pareçió allí a deshora, y voló en alto con Él, y yba acompañada de muchedumbre de Ángeles, e todos yban tañendo y cantando, e haçiéndole muchos géneros de serviçios. E angustiándose mucho esta bienabenturada porque tan en breve se yban la madre y el hijo, hablola la clementíssima Reyna de los Çielos, diziéndola: “Hija mía, vente a la diestra parte de la casa, hazia adonde están las higueras, que allí me hallarás”. Ella, oyendo esto, desocupose lo más presto que pudo, y fuese para allá muy aquejadamente, mirando por todas las partes del corral [¿opuesto?] por ver si vería lo que su ánima desseava. En no viéndola, con mucha congoja se açercó hazia una parte do estava la casa del horno, porque allí le pareçía que oýa sonidos divinales. E habriendo la puerta, vido muy gran claridad, y entró dentro, y halló lo que con mucho fervor buscava, que hera a Nuestro Señor Jesuchristo y a su bendita madre con muche- [fol. 20v] dumbre de ángeles y huestes celestial. E prostándose en tierra, gozó de ynefables gozos e de hablas muy secretas. Y estava tan enagenada de sus sentidos de las cosas terrenales, e tan ocupada en los çelestiales, que la llamavan con la campanilla del convento acostumbrada para llamar a las officialas, e nunca lo oyó. E la humildíssima Madre de Dios la dixo ansí: “Hija, ve a la obediencia, que te an llamado tres vezes con la campanilla, e nunca la as oýdo”. Y esta bienaventurada, obedeçiendo el mandamiento de Nuestra Señora, fue luego adonde hera llamada. E haziéndolo lo más apresuradamente que pudo lo que le mandavan, tornose a yr a la dicha casa del horno, adonde se havía estado con Nuestra Señora. E quando vino al llamamiento de la campanilla, acatándola las religiosas el rostro, viéronsele muy resplandeçiente, e olieron muy suaves olores que traýa consigo. Y como tan apresurosamente se tornó a volver a la dicha casa, siguiéronla, e vieron cómo entrava allí y, escuchando, oyeron cómo hablava con Nuestra Señora, y dezía con muy grande humildad: “O, Señora mía, Madre de Dios, ¿cómo esta vuestra alta Magestad en [sic] tan humilde para conmigo, peccadora, que yéndome yo e dexándoos, mi Señora, qual volví os torné hallar aquí?”. E la Reyna de los Çielos la respondió, diziendo: “Hija mía, hallásteme porque fuiste a cumplir la obediencia, de la qual mi hijo y yo somos tan amigos, que Él por ella desçendió del Çielo, e passó muerte y Passión; e yo también, por la mesma obediencia, mereçí ser Madre de Dios, porque es de gran mereçimiento el fruto de la obediencia, e resçívela Dios por açertable beneffiçio, y son bienabenturados los que a Dios y a sus mandamientos obedeçen”. E assí se supo esta revelaçión, que de ella no pudo ser encubierta.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Estando esta bienaventurada [fol. 21r] en el offiçio de la portería, vino a ella una religiosa, la qual tenía mucha neçessidad de alguna refeçión corporal, con yntençión de pedille alguna cosa de comer para su neçessidad, y hallola hablando con otra religiosa. Y viendo que no havía dispusiçión para la poder hablar, volviose disimuladamente y, pasando un poquito de yntervalo, desocupándose, supo por graçia de Dios la neçessidad que aquella religiosa tenía, y lo que le yba a pedir. Y tomando en su manga lo que que le pareçió havía menester, fue a buscarla al convento, e llegándose a ella diole lo que llevava, e díxole: “Tomad, hermana, lo que me ýbades a pedir denantes”. Y la religiosa, muy maravillada, diole graçias por la caridad que le haçía, e díxole: “Gloria sea a Dios, que os lo reveló, que yo no lo he dijo a ninguna persona”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Estava una religiosa enferma de tercianas, e tenía devoçión e pensamiento que si comía alguna cosa de lo que esta sancta virgen mordiese, se le quitarían las çeçiones. Y estando con el açidente de la çeçión, entró donde estava, e Dios, que lo quiso, havía resçivido alguna refecçión corporal. E tomando la enferma secretamente un poquito de pan de lo que ella havía tomado en su mano e mordido, comiolo con mucha devoçión, e luego a la hora se le quitó esta çeçión y calentura, que no le vino más. A esta misma religiosa le vino una enfermedad muy reçia y peligrosa, y fue que le nasçieron dos caratanes en los pechos. Y encomendose con mucha devoçión a esta bienaventurada que rogase a Dios por ella, y ella le respondió lo haría con mucho cuydado, aunque yndigna, e mandole reçar çierta devoçión e poner ençima unos pañitos de agua bendita. Y assí fue sana y guareçida desta enfermedad, por la misericordia de Dios e ruegos desta bendita sancta.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Viniendo una muger en romería a la sancta yglesia de Nuestra Señora de la Cruz [fol. 21v] traýa vna hijita suya muy enferma de muy gran mal de coraçón, y habló con esta sancta virgen, rogándole que metiese luego en el monasterio a aquella niña e la santiguase, e le pusiese la mano sobre el coraçón. Y ella lo hizo ansí, por la caridad como la muger lo pedía, y santiguándola rogó a Dios por ella. Y plugo a su Divina Magestad que la niña fue sana y guareçida de aquella enfermedad. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Dezía muchas veçes esta bienabenturada que, quando comía o vevía, tomava gusto en aquel manjar corporal, pues savía ella Dios hera todas las cosas, y en todas las cosas le podía hallar. Y con este pensamiento y contemplación que siempre tenía puesto en Dios, en cada bocado que comía o trago que vevía hallava dulçedumbre y gustos divinales; tanto que, estando muchas vezes comiendo corporalmente, se arrovaba en spíritu, hasta ver los secretos çelestiales y la visión de Dios e los spíritus angélicos. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
E creçió tanto en esta graçia de elevarse y perder los sentidos corporales con el gusto spiritual que, donde fuera que aquella graçia le tomava, se quedava como muerta, aunque muy hermosa, aora fuese en el coro o refitorio, o en otro qualquiera lugar de la casa, a qualquier hora del día o de la noche que hera la voluntad de Dios, e muy a menudo, y no a una hora, ni breve el spaçio de tiempo que estava elevada, mas tres horas, y cinco, y siete y doze −esto al prinçipio de sus elevaçiones−. E andando el tiempo, diole Nuestro Señor muy copiosamente esta graçia, que estava un día y una noche, e algunas vezes quarenta oras. Y la primera vez que esta bienabenturada se elevó delante el convento fue a siete años de su bien empleada religión. E todas las religiosas vieron en ella muy grandes mutaçiones, las quales en ninguna de sus elevaciones, que adelante muy continuas tuvo, nunca más en ella fueron vistas. Viéronla propiamente como difunta, assí en el gesto y ojos e labios como en el descoyuntamiento [fol. 22r] de todos sus miembros, lo qual adelante nunca más tuvo cosa de aquella manera; antes en aquellos tiempos e ratos estava muy más hermosa y colorada que quando estava en sus sentidos.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Después que fue tornada, ymportunáronla mucho las religosas les dixese qué hera lo que havía sentido. Y ella, por entonçes, no les dixo ninguna cosa, hasta passados algunos días que, hablando con el sancto ángel su guardador, le dixo quán ymportunada hera de sus hermanas las religiosas les respondiese a tal pregunta que le havían hecho. E dada por el sancto ángel la liçençia de voluntad de Dios, les dixo esta sancta virgen: “Señoras, quiero satisfazer vuestro desseo, pues desseáys saver qué es lo que vi y sentía aquella vez que dezís que acá en el cuerpo estava muy demudada, a manera de muerta. Yo me vi en un lugar escuro, donde huve mucho temor, y apareçió allí un ángel lleno de resplandores, que alumbró aquellas tinieblas, al qual después acá he conoçido que hera el sancto ángel mi guardador. Empero no le osé hablar ni preguntar, mas mirávale, que se gozava e deleytava mi ánima de verle tan hermoso. E conoçiendo él el demasiado temor que yo tenía, hablome, diziendo: ‘No ayáis miedo ni temor’. E dicho esto, acatome, y mirándome, como que lloró. E por entonçes no vi más, sino tornome acá. Pero como otras vezes le he visto y hablado, y perdido el temor, e cobrale entrañable amor, porque es de muy dulçe conversación. E suplicándole, le pregunté me dixese por qué havía llorado aquella primera vez que le vi en la escuridad, que entonçes de temor e reverençia suya no se lo osé preguntar, e respondiome, diziendo: ‘Por compasión que huve de ti, lloré de verte cercada de muchas persecuçiones que has de tener. E te as de ver en ellas así de enemigos spirituales, que son los demonios, como temporales, que son las criaturas de la Tierra, e de muchas enfermedades y maneras de tribulaçiones que as de pasar; e de ver que tu spíritu estava [fol. 22v] fuera de tu cuerpo, y hera voluntad de Dios que tornases a él’. E yo preguntele: ‘¿Pues cómo, señor, dize, si allá en la Tierra que los sanctos ángeles no pueden llorar, y vos, señor, dezís que llorasteis? Y a mí así me pareçió que lo vi’. Respondió: ‘No te maravilles, que assí como el Señor nos da poder e liçençia que tenemos estos cuerpos con que pareçemos los mesmos ángeles como en bulto humano, assí Él nos da liçençia e poder que mostremos algunas veçes sentimientos como de dolor, con vestigios de lágrimas, en tiempos y cosas convenientes, a compasaçión y charidad como es aver compasaçión de la pasión de Nuestro Señor Jesuchristo; o quando vemos que se van las ánimas de los christianos al Infierno, en espeçial aquellas que el poderoso Dios nos da en guarda, e las tenemos en nuestro cargo; o quando vemos la sancta Yglesia e sancta fe cathólica seca, e quando vemos que ay muchos pecados, e las personas christianas del mundo están en ellas olvidando a su Dios de estas tales cosas, havemos muy gran compasión los ángeles, e lloramos por ello quando Dios quiere. E verdaderamente te digo que si el Señor Dios fuera servido, no quisiera yo que más desde aquel día te mandara Su Magestad tornar al cuerpo. Supliquelo a su muy alta grandeza, e respondiome: ‘Déxala, que ansí la quiero yo que vaya y venga. Y quiero ver qué muger será, y cómo peleará hasta que venga su ora’. Yo, vista la voluntad divinal, callé en aquel caso. Y supliquele, pues hera servido, tuvieses toda tu vida esta graçia de elevarte, no fuese con tanto trabajo, como fue la primera vez. Su Divina Magestad me lo otorgó, y que antes sería con demasiado gozo, e otras veçes con amor e compasión suya. E dende aquella hora tuve, e tengo, e terné mucho cuydado de ti, e procuraré de te consolar con mucho cuydado e todas mis posibilidades, e quanto fuere la voluntad de Dios de me dar liçençia’”. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Tuvo esta bienabenturada, al prinçipio de sus elevaçiones e graçia, mucha angustia y tribulaciones. Como heran tan copiosas, algunas personas se escandaliçavan de verla, e la angustiavan e molestavan con palabras. [fol. 23r] E quexándose ella a su sancto ángel, le rogava la ganase de Dios la desatase presto de la carne, que no podía sufrir tantas adversidades e presecuçiones porque, según hera de flaca, tenía temor de perder la paçiençia. Y él la consolava en muchas maneras, dándole muy sanctos consejos e avisos, y diziéndole que por eso la mandava el Señor tornar en sus sentidos a ratos e tiempos, para que pelease e padeçiese penas en el mundo mientras venía su hora. Ella le dixo: “Señor, ¿qué hora es esta que algunas veçes me diçe vuestra hermosura?”. El sancto ángel la respondió: “La hora de que te hablo es la hora de la muerte, que es salir el alma del cuerpo para nunca más tornar a él, hasta el final juyzio”. La sancta virgen le tornó a preguntar, diziendo: “Señor, ¿quando será esta mi hora?”. El sancto ángel, oýda la pregunta, le respondió: “No tengas cuydado de preguntar tales cosas, sino déxate en las manos de Dios, tu criador, e consuélate con su amor, e con sufrir e padeçer por amor d’Él todos los tormentos e angustias que te tuviere por bien de darte”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Ymportunándola las religiosas les dixese de qué manera o dónde estava quando se elevava, ella les dixo, por las consolar, la lleva su sancto ángel por la voluntad de Dios e la ponía en un asentamiento a manera de sepulchro. Y aquel lugar donde la ponía estava como entre términos, e deçía: “Para que mejor lo entendáis, está, señoras, como arrabal o çiudad, salvo que el valor y preçio de los edifiçios que allí son hechos e[s] sin número e sin comparaçión, e la hermosura de toda aquella sancta gente es muy maravillosa, e yncomprehensinble, y en cada una dellas havía mucho que contemplar. E los muros, y paredes y edificios, no embaraçan para no poder ver lo que dentro está y se haçe, porque todo, o mucha parte de lo que en aquella gran çiudad se haze, se puede ver y gozar en aquel lugar donde yo estoy. Quando Dios me lo quiere mostrar por su grande misericordia e bondad, paréçeme que todos los miembros de mi cuerpo, dende la caveça hasta los pies, estoy llena de ylos como de alambre, muy delgados [fol. 23v] y muy resplandeçientes, y no palpables, y no puedo yo comprehender de qué espeçie sean, salvo que veo que desçienden todos haçia bajo, e se asen o nazen de los miembros de mi cuerpo. Y con estos y con los [¿o?] rrayos estoy toda pressa, que no me dexan yr adonde quiero, sino adonde me ponen o mandan estar. Y desta manera de asimiento no veo yo a ninguna persona de aquellos sanctos reynos; antes están todos libres e desatados, e pueden muy bien andar e gozar donde quiera que quieren. Y estos rayos que me tienen asida desde el spíritu hasta el cuerpo, es figura que aunque yo estoy donde Dios quiere poner mi spíritu, no estoy del todo difunta, ni arrancada mi ánima del cuerpo, y por esto no gozo de la livertad que los bienabenturados tienen, que ya son salidos de esta vida. Y esta manera de asimientos y rayos que en mí veo no me dan ninguna pena ni dolor, ni estorvan a menearme holgadamente mis miembros quando quiero y como quiero, ni son para más −aquella señal de aquellos rayos− de estar yo por mandamiento y voluntad de Dios señalada, que vean cómo aún no soy difunta, ni mi ánima arrencada del todo de mi cuerpo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
”El lugar donde el sancto ángel me acostumbra poner es muy hermoso, y luçido e resplandeçiente, e claro, e todo muy bien pintado y entallado, e más valorado y estimable que de oro ni de piedras preçiosas; y este sepulchro tan resplandeçiente, no penoso, sino como asentamiento de gradas, muy apuesto y glorioso y alegre. E cada cosa que veo en aquellos sanctos reynos, todas son labradas y entalladas por maravillosa manera y admirables hornamentos, según su speçie de cada cosa apuestos, de claridad sin comparaçión; tanto que, mejor que en espejos muy claros, se puede cada persona ver a sí mesma en el suelo o en cada uno de los edifiçios que mirase se vería, e todas las cosas çelestiales que deseasen ver. Y desta mesma claridad y resplador son todas las bestiduras de qualesquier colores o matizes que son. E más claros que el sol, en muchos grados, son todos los bultos de las personas que en aquel sancto reyno moran. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
”De las façciones y gesto que me preguntáys os diga de mi sancto ángel, paréçeme que no ay cosa en la Tierra, por hermosa y preçiada que sea, a que se pueda comparar. Es muy hermoso doncel, e muy más resplandeçiente que el sol blanco, e colorado e rubio, [fol. 24r] e muy claríssimo e de muy suaves olores, e de bulto muy preçioso, e de gesto muy sereno, e grave persona de muy gran reverençia y dignidad. Tiene alas de muy gran resplandor e ligereza, e de muchas colores y pinturas, las quales no le nasçen de las vestiduras, mas de su mesma persona, y assí como a todos los otros sanctos ángeles les nasçen las alas de sí mesmos. La bestidura del sancto ángel mi guardador es de ynestimable valor, e de yncomparables colores e labores. Yo le veo bestido de muchas maneras. Mas direos los motes que trae vordados en ellas, con los quales yo mucho me consuelo: tiene en su caveça corona e diadema más preçiosa que de oro, çercada de piedras preçiosas, y en la frente una cruz esmaltada, hecha a manera de joyel con letras a la redonda, que dizen: ‘''confiteantur omnes lingua quoniam Christus est Rex angetor''’. E trae otras letras borradas en la vestidura, ençima del pecho, que dizen: ‘''spiritus sancti illuminet gratia sensus de corda vestra''’. Y en la manga del brazo derecho trae bordada de pedrería la señal de la cruz, con pie e con ramos muy hermosos, que adornan toda la manga y la cubren; y el pie de la cruz haçia la boca de la manga, y la altura della haçia el hombro con letras y en lo alto, en la mesma cruz, que dizen: ‘''ecce cruçem Domini fugite partes adverso''’. Y en la manga del braço siniestro trae bordada la mesma divisa de la sancta cruz, con los clavos y todas las ynsinias de la Passión, con letras que diçen: ‘dulce lignum, dulces clavos, dulce pondus substinet, quo sola fuiste digna portare talentum animas’. Y en el calçado de los pies trae labradas de pedrería letras que dizen: ‘''quam pulchri sunt gressus tui filia prinçipis''’. Y en el calçado de ençima de las rodillas, letras muy hermosas, que diçen: ‘''flectamus genua levare''’. Y ençima de los muslos, otras letras, que diçen: ‘''çelestium terrestium de infernorum''’. Y las mesmas ynsignias de la sancta cruz, y los clavos, e todas las armas de la sagrada Passión trae pintadas e dibujadas por muy rica manera en un lindo pendón. E junto con ello, trae figurada e dibujada la ymagen de Nuestra Señora con el Niño Jesús en los braços, e de otras maneras e misterios, ansí como quando Él y Élla estavan acá en la Tierra, e como después que [fol. 24v] entrambos subieron a los Çielos; en espeçial la trae pintada como ella está en su trono real, sentada y çercada de vírgines, y sanctos e ángeles, que la están sirviendo. Y estos motes y armas tan preçiosas son assí para defensión de las ánimas que él tiene en guarda, como para el provecho de las de Purgatorio. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
”E también los sanctos ángeles apreçian de adornar sus personas e bestiduras de las ynsignias e armas con que su Dios y Criador hizo la obra de la redempçión. Las ánimas que están en Purgatorio se goçan mucho con su visitación, y se recuerdan de su Dios en los tormentos que padeçe. Este mi sancto ángel siempre anda envuelto, e otras vezes de hinojos, y también en buelo véole venir algunas vezes, e desçender de alto haçia el lugar que yo estoy. E quando desçiende, viene assentado en un trono, y en silla, y en buelo por el ayre, y es todo muy rico y resplandeciente, e adornado e de muchas pedrerías, e trae en su mano algunas vezes a manera de çetro muy preçioso, e otras vezes trae un ynstrumento con que tañe de tan admirable espeçie que en solo tocalle haçe qualquier son e armonía que quiere haçer quien le tañe. Dize las palabras como las puede dezir y cantar qualquiera persona humana, pero muy más suaves y deleytosas de oýr. Múdase este laúd en otros instrumentos, los quales todos haçen muy acordado e deleytoso son, según cada uno en su speçie. Este mi sancto ángel no es de los ángeles de dos alas guardador, es de las almas, porque él es de más alto choro: las alas que yo le veo quando él me lleva entre ellas algunas vezes son seys, e ocho, e diez. No se le encomiendan todas ánimas, sino algunas señaladas, porque yo sé tuvo a cargo a señor Sant Jorge, y al rey David, y al señor don Gregorio, e a otros sanctos singulares. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
”A las ánimas de dignidad e sanctidad, dáseles ángel prinçipal, y él tiene muchos privilegios, y assí les he oýdo yo llamar en el Çielo a los sanctos ángeles e sanctos. E si ángel privilegiado, tiene liçençia de Dios de responder a algunas preguntas que le fueren fechas de las personas de la Tierra por interçessión de mí, su yndigna sierva, o por las otras ánimas que a tenido a cargo, y estas respuestas se entienden en quanto fuere la voluntad de Dios. De todos los nueve choros [fol. 25r] de los ángeles, tiene graçia y don singular: el amor e abrasamiento de los seraphines, la sçiençia y conoçimiento de los cherubines y el serviçio y adoraçión de las dominaçiones, e la holgança de los tronos y el mando de los prinçipados, e la pelea de las potestades, e la oraçión e caridad de las Virtudes, e la revelaçión de los archángeles, y el offiçio de los ángeles. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
”Tiene otros muy grandes e singulares dones −los quales no digo− dados de la mano de la muy poderosa Trinidad, la qual le dotó como pudo y quiso, y le inflamó en su divino amor. Tiene offiçio de ayudar a las ánimas de Purgatorio, yéndolas a visitar y consolar. Por los méritos de la muerte y Passión de Nuestro Señor Jesuchristo, e mereçimientos de su sancta Madre, sácalas a fiestas e líbralas de las penas, e defiéndelas de los demonios, e por eso anda bestido e adornado de tan ricas libreas, e guarneçido de tan preçiosas armas. Así como los demonios le sienten venir e le ven alçar el brazo derecho con la señal de la sancta cruz, van todos huyendo e aullando, y dando muy espantosos gritos e gemidos, a manera de canes mordiendo de unos a otros. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
”E muchas vezes sé que va al socorro e ayuda de las ánimas e personas que están en pasamiento, llevando consigo otros muchos ángeles que le ayuden a defender aquella persona que en tan gran batalla está de tentaçiones de los demonios. E algunas veçes le digo yo, quando son difuntos mis devotos y personas que se me an encomendado que tienen conocimiento de mí por oýdas o parentesco de vosotras, señoras, o personas que os conoçen, de las quales si son difuntas algunas dellas o están en tribulación, e le digo yo que se acuerde de tal persona, que es difunta, o de tal, si es viva, que está angustiada, respóndeme: ‘Ya yo he hecho lo que he podido’. Y si es difunta, dize: ‘Yo fuy a su muerte e pasamiento, e llevé conmigo otros sanctos ángeles, e la acompañamos e libramos de peligros hasta que fue juzgada, y tengo cuydado della hasta que esté en descanso’. E yo le digo: ‘Pues nunca, señor, se la havía yo encomendado a vuestra hermosura’. Respondiome: ‘No es menester que tú me la encomendases, que para esto basta la charidad que mora en los ángeles, e saber yo tiene memoria de ti aquella persona, o conoçían a tus hermanas, o tienen deudo con ellas para haçer yo toda imposivilidad’”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Dezía esta bienabenturada: “Yo sé, y aun por vista, que las personas que por mí tienen interçessión tienen devoçión a este mi sancto ángel, de que son passadas de esta vida y están en Purgatorio, y las va él a visitar, aunque va entre otros muchos sanctos [fol. 25v] ángeles, le conoçen y le dizen: ‘Paréçeme, señor, me da en el spíritu, aunque yo no os he visto ni nadie me lo a dicho, que soys el ángel guardador de una persona que vive en la Tierra, que se llama Juana de la Cruz’. Él le responde: ‘Verdad diçes, ánima, que yo soy, y de la mano del poderoso Dios te viene ese conoçimiento’. Ellas, entonçes, yncose[n] de hinojos dándole graçias por los bienes que les ha hecho, y les suplican no las olvide. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
”Quando me lleva mi sancto ángel, veo algunas vezes muchos demonios, e házenme algunos dellos muchos enojos y miedos. Entonçes, mi sancto ángel esgrime con una espada muy rica que traýa, y ellos, viéndole esgrimir la espada, [u]yen todos, y en un muy gran miedo, e tiemblan, porque él pelea con ellos e los yere, e tiene él solo más poder para pelear e vençer que muchos demonios juntos. Trayéndome una vez mi sancto ángel de la mano, vi a deshora muchedumbre de demonios de muy espantables figuras, de diversas maneras, e venían hablando entre sí unos con otros, diziendo: ‘Mirad estos garzones bolanderos e resplandeçientes en qué se andan aquí, quitándonos nuestras almas, que contino andan cargados como alquilados, acarreando ánimas christianas a Dios e buscándoselas de todas las maneras que pueden, en especial este que va aquí delante, que es un rapa almas, que no le basta lo que haçe con la suya que Dios le dio en cargo, mas otras muchas nos quita, assí de personas vivas como difuntas dentre las unas, y las perdemos por los ruegos que él haze a Dios, e por los consejos que él les embía con aquella que allí va con él. Mas nosotros procuraremos de hechar nuestro estiércol en sus ojos quando estén más limpios, y assí les ensuçiaremos sus almas, que son nidos de Dios. Mas este su Jesuchristo a todos sus christianos dexó redimidos, y aun hasta los niños chiquitos dexó redimidos, que no se los pudiésemos quitar, y assí nos los arrebatan todos quantos ellos quieren e pueden’. E diziendo los demonios estas e otras muchas palabras contra Dios e los sanctos ángeles, e contra los buenos christianos, volvió contra ellos mi sancto ángel, esgrimiendo su muy luçida espada, e yriéndolos muy reçiamente, dezía: ‘Anda ahora, demonios malinos, traydores, que vosotros os ys [sic] a reñir lexos, que nosotros los ángeles que tenemos las ánimas en guarda no somos sino ayos de los hijos e hijas del Rey del Çielo, e como fieles siervos y leales amigos procuramos de le acarrear todas las ánimas que son suyas e quitarlas a cuyas no son’. E assí fueron [fol. 26r] los demonios uyendo y dando muchos aullidos”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Capítulo V'''&lt;br /&gt;
'''Cómo esta bienabenturada tenía graçia de ver y oýr las cosas ynvisibles e que muy lejos acahazían'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Dezía esta sancta virgen algunas vezes las cosas que savía por graçia de Dios antes que acaeçiesen, para escusar daños de los próximos e offensa de Dios. E oýa muchas veçes las cosas que hablavan las personas que estavan muy ausentes della, y aun lo que havían hecho, y esto no tan solamente lo savía estando elevada, mas en sus propios sentidos lo savía e sentía. Veýa las cosas que pasavan e se haçían lejos, y para verlo no la estorbavan muchas partes ni edifiçios. Acaesçíale, estando ocupada en cosas de la obediençia, oýr el officio divino que se reçava en él. E hera oýr la missa de la yglesia víspera de la Sancta Rresureçión, estando en su çelda, la qual estava apartada de la yglesia, quando tocaron las campanas que dezía la ''Gloria in exelçis Deo'', hincándose ella de hinojos para dar graçias a Nuestro Señor e adorarle desde allí, oyó los cánticos e çeremonias que se haçían en la sancta Iglesia, e vido a Nuestro Señor Jesuchristo como quando salía del sepulchro, muy hermoso e alegre, e florido e resplandeçiente, e muchedumbre de ángeles çercados de su Real Magestad, que le adoravan e serbían de muchas maneras de servicios, e tañían y cantavan muy dulçemente. Y entre otras muy altas cançiones que deçían en nuestro lenguaje y en otros, los quales deçía ella no entendía, oyó por aquella vez unas palabras a los sanctos ángeles, que deçían en voz de cántico:&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
“Ya sale el Rey y los ángeles con Él, &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
ya sale el Rey del sancto sepulchro, &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
con alegre gesto y hermoso bulto,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
ya sale el Rey de sepulchro sancto,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
con alegre gesto y bulto muy claro,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
con alegre gesto y muy claro bulto,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
“el mundo tiene ençerrado en su puño,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
con alegre gesto y bulto muy claro,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
el mundo tiene en su puño ençerrado”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Estando elevada esta bienabenturada, vido a Nuestra Señora la Virgen Sancta María que venía hazia donde ella estava, y traýa en los sagrados braços el Niño Jesús, hijo de Dios e suyo. Venía acompañada de muchedumbre de ángeles e vírgines. Viéndola tan çercana, assí suplicole con grande humildad [fol. 26v] y soberano desseo rogase a su preçioso hijo la quisiese tomar por esposa, aunque ella no fuese digna de tan gran niño. E la Reyna de los Çielos e Señora Nuestra le dixo le plaçía de rogarlo a su preçioso hijo, y no solamente suplicó a la madre para con el hijo, mas a los sanctos ángeles e vírgines que la ayudasen a suplicar a su Divina Magestad le otorgase el don que le pedía de tomarla por su esposa, e para ello darle su palabra e mano, e todos respondieron les plaçía. Yncontinenti, yncaron los hinojos, y suplicaron a su Divina Clemençia del poderoso Dios otorgase aquella persona la tan loable y desseada petiçión que demandava. Y estando todos en esta esclamaçión, el dulce Niño Jesús volvió sus ojos de misericordia hazia esta bienabenturada, con gesto muy alegre e amoroso, e mirándola, e díxole palabras muy entrañables, hablando a manera de niño muy graçioso, diziendo: “Pláçeme de ser tu esposo, e de tomarte por amiga y esposa”. Y estendió su mano poderosa, e diósela a ella en señal de desposorio, e mostrole señales de amor. E la bienabenturada tornó a su torno a suplicar a la Reyna de los Çielos que, pues su dulçe hijo havía tenido por bien de la tomar por esposa, su clemençia se la quisiese dar para lo tener en sus braços como a señor y a esposo suyo, e se goçar e consolar con él. Nuestra Señora le dixo le plaçía, e se le dio luego a ella en sus braços. E dándosele, habló a su preçioso hijo, diziendo: “Muy dulçe y amado hijo mío, pues havéys tenido por bien de tomar a esta persona por esposa, e os humillastis a haçer tan copiosa virtud, bien será, hijo mío, le déys alguna empresa, en señal del fiel desposorio e amor que le tenéys”. Y el dulçe Jesús hiço de señal a la sagrada madre que le plaçía, e que le diese ella de su mano alguna cosa para aquella su esposa. Nuestra Señora la Virgen María sacó de su preçioso dedo una sortija, e diola al sagrado hijo para que él de su mano la diese a su esposa. Y ansí fue hecho, que el mesmo Niño Jesús se la dio e puso en su mano.&lt;br /&gt;
Acaeçió que, yendo camino un padre compañero del confesor de las monjas del monasterio en que esta bienaventurada morava, por olvido llevose en la cuerda la [fol. 27r] llave de la capilla donde Nuestra Señora se havía apareçido, porque allí está el altar mayor y deçía contino la missa. Las monjas, no pudiendo oýr missa por la falta de la llave, fueron con mucha pena a la sancta virgen que rogase a Dios apareçiese la llave, que no savían si el padre se la avía llevado o si hera perdida, que estavan desconsoladas por la falta de la missa. Ella dixo le plaçía de rogar a Dios la deparase, y estando aquella noche recogida adonde acostumbrava estar, e con ella dos religiosas, a la hora de las nueve o diez, a deshora sonó un golpe de cómo la llave cayó de alto en el suelo, en presençia de aquellas religiosas que con ella estavan, que lo vieron y oyeron. La bienaventurada riose de ver caer la llabe en el suelo, porque veýa muy bien el que la traýa, que hera su sancto ángel, que por los ruegos della e consolaçión de las religiosas la tomó al padre de la cuerda e la traxo, por que no perdiesen de oýr misa. Dixo la bendita sancta a una de aquellas religiosas: “Levantaos, hermana, e toma aquella llave”. Y assí fue visto e savido este milagro. Estando el dicho padre en el camino, vido cómo llevava en la cuerda la llave, e huvo pena de la falta que en el monasterio había. Pero quando vido que la llevaba, hera ya noche, que se fue acostar, y quando a la mañana se levantó mirose acaso la cuerda e vido cómo le faltava la llave. Maravillose dello, y dende a días, quando tornó al monasterio, contó a las monjas lo que havía aconteçido con la llave, y por semejante ellas le contaron cómo a deshora, tal día en la noche, la vieron caer en la çelda de la madre Juana de la Cruz. Y assí dieron graçias a Dios por el milagro.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Perdiose un asno con que traýan las cosas de provisión al monasterio, y havía dos días que hera perdido, e le andavan a buscar e no le podían hallar. E fueron a esta bienabenturada que rogase a Dios que pareçiese, que havía mucha neçessidad de çiertas cosas, y no havía en qué las traer. Y ella respondió lo haría. Y estando en esto, elevose como acostumbrava, e quando tornó en sus sentidos, preguntó si hera pareçido el asno. Respondieron las religiosas que no. Entonçes dixo ella: “Pareçido es, e presto vernán con él”. Y dende a poco espaçio, vinieron los que le havían ydo a buscar e le traxeron bueno [fol. 27v] e sano. Y de esta calidad de saber cosas occultas y depararlas el Señor por sus ruegos acaesçió muchas vezes, no solamente en el monasterio, mas a otras personas que se venían a encommendar a ella. &lt;br /&gt;
Pasados dos años que en esta bienabenturada se vido públicamente la graçia de elebarse, la qual tuvo muy continuamente toda su vida, plugo al muy poderoso Dios dotalla de otra muy copiosa graçia e don maravilloso: que, estando ella así elevada en aquel rato, enagenada de sus sentidos, hablava por su propia lengua el Spíritu Sancto cosas muy maravillosas, e altas e provechosas a las ánimas, assí para las religiosas de la casa como para las personas de todos estados, e condiçiones e offiçios mayores y menores que la venían a oýr, e goçar e aprovecharse dello. Oýanla frayles de algunas órdenes, predicadores e letrados, e abades e canónigos, e obispos e arçobispos, y el cardenal de España don fray Francisco Ximénez, de gloriosa memoria, e los ynquisidores de la Sagrada Ynquisiçión, jueçes della, e condes, e duques e marqueses, e cavalleros muy graçiosos, e señores e todos otros estados, assí de hombres como de mujeres, que este misterio vieron e oyeron, y estuvieron en él presentes. Veýan cómo estava esta bienabenturada bestida e tocada de religiosa como lo hera, y hechada sobre una cama de la manera que las religiosas la ponían, e sus braços puestos a manera de persona recogida, y el cuerpo como muerto y los ojos çerrados, y el gesto muy bien puesto e muy hermoso, resplandeçiente a manera de lleno e redondo. Esto tenía quando la graçia del Spíritu Sancto hablava con ella, que de su natural le tenía aguileño.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
E quando esta graçia le dava el Señor, primero se elevava en el lugar que aquella graçia le tomava, e las monjas la tomavan en los brazos e la ponían sobre una cama. E de aý un poco de interbalo, veýan en ella señales que veýa al Señor. Algunas veçes le veýa como en la humanidad, quando andava por la Tierra, e como después de resuçitado e subido a los Çielos glorificado, e de todas las maneras que Dios hera servido de se le [fol. 28r] mostrar. E oýase cómo le llamava estando elevada, como haçe la persona que la ve otra de lejos quiriendo que se le llegue çerca, e oýrse la voz de esta bienabenturada quando estava elevada, e veýa al Señor e le llamava. E ver los movimientos que haçía con los braços, causava no estar desatada el ánima del cuerpo, que por las cuerdas que bajavan del spíritu al cuerpo veýan los movimientos, e se oýa la voz quando ella llamava al Señor Dios todopoderoso. O quando su Divina Magestad le dava el resuello de su Spíritu, se oýa la voz por la persona della como se oye por una zerbatana quando vna persona habla a otra, la qual hera tan poderosa e de tan gran doctrina para la salvaçión de las ánimas e reprehensible a los pecados que todos quantos lo veýan e oýan, por grandes letrados que fuesen, se maravillavan e quisieran estar tan veçinos y çercanos del monasterio que todas las veçes que el poderoso Dios hablava en ella la pudieran oýr. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Durava el habla del Spíritu Sancto çinco o seys oras, e si Este hera tan dulçe que a todos los que la oýan, que aunque fuesen muy peccadores e yncrédulos desta sancta graçia antes que lo oyesen e viesen, les pareçía estuvieran tres días con sus noches oyéndola sin sentir ningún fastidio, los que eran yncrédulos, ellos mesmos se manifestavan, diziendo: “Yncrédulo hera de esta graçia, y quando vine a ver si podía oýr hablar a esta bienabenturada, muy yncrédulo vine, y aun con yntençión de ponerla en la Ynquisiçión”. Estos eran algunos ynquisidores de la Sancta Ynquisiçión, e otros que allí luego quisieran poner las manos en ella. En espeçial huvo uno, en un sermón, que hera incrédulo, y traýa aparejado un azote para le haçer mal. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y hablando el Spíritu Sancto sin descubrir ni señalar quién hera, dezía: “Az lo que pudieres si tienes poder para ello; si me quieres conjurar, conjúrame, que yo te esperaré como espero al saçerdote en el altar”. Quando çesava el Spíritu Sancto de hablar, dezía cada uno la yntençión con que havía venido.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Quando ella llamava al Señor, dava muy clamorosas he reçias vozes, haziendo muy devotas e humildes suplicaçiones [fol. 28v] e ruegos, para que llegase çerca donde ella estava. E de rato en ratos llamava muy apriesa, con el brazo derecho; e quando çesavan las vozes e llamamientos con el braço, quedava muy sosegada, e no solamente suplicava a Nuestro Señor Jesuchristo tuviese por bien de açercarse a ella, mas aun a los sagrados ángeles haçía muy grandes ruegos y plegarias, diziéndoles: “O, señores, vosotros que traéys el trono muy luçido e aseado de mi Señor; y vosotros, señores, los que traéys los ençensarios de oro e taças de perfumes delante el Rey del Çielo, e los que traéys las hachas ynçendidas y floridas; vosotros, señores, los que traéys los paramientos e las cortinas del pavellón de mi Señor y mi Dios; e vosotros, señores, los que tendéys los doseles muy ricos e paramentos de oro por el suelo, por donde pasa su Real Magestad; e vosotros, señores, los que venís en el ayre volando con los candeleros de oro e velas ençendidas sobre las caveças: suplico a mi Señor que venga por aquí su Divina Magestad. E vosotros, señores, que lleváys los pendones e guiáys las danças, guiad haçia acá, por donde yo estoy; no guiéys por esotras calles, que aquellos señores y señoras contino le ven, e muchas veçes le goçan, mas yo, peccadora, aún no soy digna d’Él ver y goçar sino muy poquito, y contino estoy ambrienta y deseosa d’Él”. Y después volvía su habla con los sanctos apóstoles e mártires, e confesores y vírgenes, e otros muchos sanctos e sanctas. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Señalava algunas veçes por sus propios nombres, diziéndoles y suplicándoles rogasen al Rey del Çielo, su esposo y su [¿señor?], viniese por donde ella estava a la bendeçir y santiguar, como haçía a los otros señores e señoras. E después tornava su habla con Él, Nuestro Señor, suplicándole por muchas maneras de suplicaciones, e dulçes e amorosas palabras, diziendo la quisiese venir a bendeçir y consolar, aunque ella no hera dina de tan gran benefiçio, viniese su Alta Magestad, porque tenía muchas cosas que le offreçer e dezir y suplicar, ansí de oraçiones que a ella le havían dado le offreçiese e suplicaciones que le havían encomendado le hiçiese; e que tenía muchos padres, y madres y hermanos, y se los quería offreçer y dar. Y esto dezía ella por los frayles y monjas, hijas [fol. 29r] y hermanas suyas spirituales, e perlados mayores e menores, e señoras e amigas, e devotas que assí se lo havían mandado y encomendado, e por todas las personas que se encomendavan en sus oraçiones. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
E durávale hazer estas exclamaciones: primero que la graçia del Spíritu Sancto hablava en ella espaçio de hora y media, y pasado este yntervalo vía señales en su cuerpo cómo el Señor, por su clemençia, se açercava adonde ella estava, e tanto que, según acá se mostraba, le podía adorar e besar el estrado de sus sagrados pies, e ver goçar muy çerca. Y entonçes le haçía muchas suplicaçiones públicas, e otras secretas que nadie no las podía oýr, e grandes adoraçiones por sí mesma e por todas las personas de la Tierra, y se las encomendava en general, y algunos en especial, e todo el estado de la sancta Madre Yglesia e religión christiana, e a los que están en peccado mortal, e a las ánimas de Purgatorio. E algunas vezes permitía el poderoso Dios que en la propia bestidura de su Divina Magestad y en su estrado e trono real, viese ella todos los estados del mundo: primeramente el estado del Sancto Padre, e cardenales e obispos, con toda la clereçía e todas las órdenes, e las perfeçiones e ymperfeçiones dellas; e los emperadores e reyes, e todas las maneras de estados, de grandes e cavalleros que havía en los reynos e ymperios e toda la república, e los mereçimientos e desmereçimientos de cada unos. E vía cómo los ángeles se llegavan a las personas mansas e humildes, e castas e pobres, e despreçiadas e de perfetas obras, mas que no a los malos, e ynchados de riquezas e avariçia, e sobervia e simonía. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
E vía también a la sancta Madre Yglesia a manera de muger casi como viuda, e llorando e dando gritos, quexándose al Señor, que estava muy mal casada con los maridos que le havía dado, conviene a saber: los pastores y perlados de la sancta Yglesia, obispos e arçobispos, e toda manera de regidores de ánimas; los quales, dezía la sancta Madre Yglesia, heran sus maridos, e lo haçían muy mal con ella, e le davan mala vida con sus peccados de yproquesía e vanagloria, e codiçias e viçios. Dezía más en su llanto e quejas: “Vos solo, Señor Dios, de los justiçia [sic] e marido [fol. 29v] mío, resplandeçéys en mí, que las otras estrellas algo se escureçen, e sale dellas a las veçes poca claridad con que yo me esclarezca, e poco me favorecen. Si no fuese por vos, Dios mío y marido mío, que vives y permaneçes para siempre en mí, ya del todo sería viuda, según los pocos favores e [¿ánimos?] que de vuestros pastores tengo, que más se acuerdan de las cosas bajas y viles, e del mundo e sus deleytes, e de querer honras y dignidades, que de favoreçerme y ayudarme; e más huelgan de morir por las cosas transitorias que matan el alma que no por Vos, Rey del Çielo, que soys salud perdurable e podéys dar vida eterna”.&lt;br /&gt;
Y estas cosas le heran mostradas a esta bienabenturada en figura, porque aunque ella tenía cuydado de rogar por el estado de la sancta Madre Yglesia, rogase con mayor afínco e diese graçias a Dios por las merçedes que haçe a sus criaturas, e le suplicase por ellas. E hecho esto, ponía las manos, e haçía suplicaçión secreta, que no se la podía nadie oýr, salvo que la veýan haçer humillaçiones con la caveza y que meneava los labios, a manera de persona que habla en secreto. Y estas maneras heran muy humildosas, e algunas veçes le oýan muy devotas palabras en voz de cántico. Ansí mesmo, veýan en ella señales de encogimiento e temor, e soberana reverençia e acatamiento, e goços e consolaçiones. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y estando en este estado, el mesmo Dios la soplava con el soplo de su sagrada boca, e con el ayre de su poderosa mano, e le dava e ynspirava el Spíritu Sancto, como haçía a sus sagrados apóstoles quando los embiava a predicar su sancta palabra. Quedava entonçes en silençio, e postrava sobre su faz las manos puestas. Quando las religiosas veýan estas señales en ella, levantávanla, e poníanla vien en su cama donde ella estava, e nada desto no vía ni sentía, ni oýa ninguna cosa, ni savía las personas que allí estavan. Luego, a deshora, se oýan voçes muy altas que salían por la boca della aprisa e conçertadas. Hablava el Spíritu Sancto, en persona de Nuestro Redemtor Jesuchristo, oýanlo todos los que estavan presentes. Tomava la plática con ella mesma, diziéndole: [fol. 30r] “¿Qué hazes, Juanica? Dios te salve. Dios te salve. ¿Quién eres tú que me llamas? ¿No saves que no es ninguna criatura dina de Dios, en especial los peccadores que viven en la Tierra?”. E luego proseguía por otras muy dulçes palabras, hablando muchos e grandes e divinos secretos, e misterios çelestiales, e declarando los sagrados evangelios y scripturas, según heran las fiestas, e días e solemnidades, e según hera su voluntad de querer hablar. Deçía de rato en rato: “Tú, Juanica, ¿no viste esto y esto, e tal y tal cosa que pasó y se hiço en mi sancto reyno çelestial?”. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Heran todas las palabras muy notables e provechosas, e saludables e consolativas a todos los oidores. Y si entre aquella gente que la estava oyendo havía tentados de qualquiera tentaçión que fuese, o encrédulos o desesperadicos, o de otra qualquier manera que tuviesen neçessidad sus almas, a todos satisfaçía y consolava, e aconsejava y reprehendía, e administrava de qué manera se havían de salvar. Y esto haçía hablando a todos en general, y a cada uno de los oydores le pareçía hablava a su propósito, según lo que tenía en su conçiençia e ánima. Yban muy edificados y consolados. Quando el Señor acavava el habla, dava su sancta bendición, diziendo: “La bendiçión del Padre, y de mí, su Hijo Jesuchristo, y del Spíritu Sancto consolador; que me voy, quedad en paz, mas no del coraçón, que bien me quisiere y me amare, y de mí no se apartare”. A esta sancta bendición toda la gente que allí estava hincava los hinojos, e los hombres, quitados los bonetes y abaxadas las caveças, la resçivían con mucha devoçión. E luego salían todos del monasterio. Y para la entrar a oýr, los prelados davan liçençia. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Duró esta graçia de hablar el Spíritu Sancto en esta bienabenturada treze años, la qual le venía algunas veçes, entre día y noche, dos vezes, y esto no haviendo tornado en sus sentidos entre la una vez e la otra; e otras vezes a terçer día, e otras vezes a quatro días, e a ocho e quinçe, como hera la voluntad de Dios. Mas las elevaçiones e arrobamientos tenía siempre día y noche, e desde su niñez hasta que Dios la llevó desta presente vida. E aunque havía çesado la graçia del habla, no careçía de sus muy altas elevaciones, e gozosas e [fol. 30v] alumbradas revelaçiones, e de ver a Dios, e gozarse con Él y con su sanctíssima madre, e con los ángeles, según en esta Vida se puede ver, y con todos los sanctos e sanctas de la corte celestial. Porque más hera su conversaçión en el Çielo que con la Tierra, que muchas veçes le acaeçía aver acavado de entrar en sus sentidos de muy larga elebaçión, e de oýr nombrar el dulçe nombre de Jesuchristo, tornarse a elevar. E otras vezes de oýr nombrar la sancta Passión, o ver alguna ymagen de Nuestro Señor apasionada, e otras vezes de goço. E quien la quería hablar cosas secretas de su ánima y conçiençia, se guardava de no nombralle cosas de devoçión, en espeçial de la Passión del Señor, por que no se elevase. Acaeçíale muchas veçes estar sin tomar ninguna refeçción corporal hasta terçer día, por estar elevada y no tener dispusiçión de tomar el cuerpo mantenimiento. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Viendo los prelados cómo la graçia del Spíritu Sancto creçía tanto en esta bienabenturada, y hera tan pública a grandes y menores, quisieron probarla bien en sus prinçipios por muchas maneras, que para ello hicieron públicas e secretas, con que se conoçió e afirmó muy bien, e dio testimonio de ser obra de Spíritu Sancto. Mandó el prelado, por sancta obediencia, que no la oyese nadie quando aquella habla le viniese, ni diesen lugar a ningún seglar para que la oyesen. Y assí fue obedeçido por el abbadesa y monjas, que quando le vino la graçia del habla del Señor la dexaron sola en la çelda que el abbadesa e monjas le havían dado para que allí estuviese apartada en sus elevaçiones e contemplaçiones. E le dieron una monja que tuviese cuydados della en aquellos tiempos e la acompañase e sirviese. E dexándola sola, çerraron la çelda, que ninguna ossó entrar dentro ni escucharla por de fuera. E desde a un buen plazo, mandó el abbadesa a una religiosa fuese a ver si havía acavado de fablar, o si hera tornada, [fol. 31r] o qué haçía. E yendo, vido cómo aún el Señor todavía hablaba, y el suelo de la çelda estava lleno de muchas maneras de aves volantías, e todas muy atentas y quietas, escuchando la palabra de Dios, e las más e todas estavan muy çercanas a ella y alrededor de su cama, y assí estuvieron hasta que el Señor huvo acavado de hablar e dado la bendiçión, según otras veçes ascostumbrava haçer. E quando la religiosa entró e vido aquel tan gran milagro de hablar el Señor e la çelda llena ''[1]'' de aves tan quietas oyéndole, maravillose mucho, e con muchas lágrimas fue aprisa al abadesa e le dixo el misterio. Y el abadesa fue a verlo con otras tres o quatro religiosas, las más ançianas de la casa, e todas las vieron el milagro, e se maravillaron mucho, e dieron quenta a los perlados de la gran maravilla que havían visto, e cómo pasado un poco de yntervalo, después que la habla çesó, tornó la bienaventurada en sus sentidos e se halló un paxarico dentro en la manga que se le havía quedado en testimonyo del milagro; en lo qual se vía claramente hera voluntad de Dios la tan grande obra no fuese yncubierta, pues faltando las criaturas raçionales que tienen ánimas vivientes para lo oýr y goçar, permitía Dios viniesen las aves a lo oýr y escuchar. E oyendo esto los perlados, resçivieron con humildad la reprehensión que Nuestro Señor les dava por vía de las aves, e de aý adelante tuvieron por bien que todos la oyesen, assí religiosos como seglares, e dexaron liçençia a la abbadesa para que no estorvase la entrada a todos los que viniesen con devoçión a oýrla. Y assí lo hiçieron todos los perlados que subçedieron todo el tiempo que esta graçia duró, que fue treçe años.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Todos, o los más que venían a oýr esta sancta habla, venían con grande devoçión, e algunos con querer probar esta graçia. Acaeçía que, de que havía yncrédulos, quando [fol. 31v] el Spíritu Sancto reprehendía muy piadosamente en general, e hablava a sus propios pensamientos, diziendo: “Estás tú aora pensando: ‘¿Cómo puede ser esta habla de parte de Dios?’. ¿Por qué pones tú límite a su poder? ¿No saves que lo que quisiere, puede, y que todo lo que haçe es bueno, e por charidad y amor de las ánimas que redimió tiene aora menos poder y charidad que quando vino al mundo a las redimir? ¿Su graçia no la puede dar e poner donde él quisiere, hallando vaso donde la pueda poner e marco para guardarla e conservarla?”. Y estas y otras muchas cosas muy maravillosas dezía.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Acaeçió que vino un ynquisidor, muy arrojado ''[2]'' letrado y juez de la Sancta Ynquisiçión, con yntençión d’especular esta graçia, lo qual no havía dicho a nadie su yntençión. Y entrando a oýr con los otros ''[3]'', fueron tales las cosas que en su ánima sintió que, a la mitad de la habla, se yncó de rodillas, e con muchas lágrimas la acavó de oýr. Y de que esta sancta virgen fue tornada en sus sentidos, rogó a la abbadesa se la diese a hablar por el locutorio. Y assí fue, que la habló y le dixo la yntençión con que havía venido, la qual ninguna persona la havía savido de su boca, sino hera ella en aquella hora, y que heran tales las cosas que le havía oýdo que no podýan ser dichas sino de Dios. E dávase en los pechos con lágrimas, e dezía: “Yo, como malo y peccador, venía a arguyr a Dios, y tal hera mi yntençión. Ruégoos, señora, por la charidad, roguéys a Dios por mí que me perdone”. La bienabenturada le respondió que lo haría, pero de lo que él dezía muy poca quenta le daría, que ella no savía si hablava ni si no, ni dello tenía qué dezir, sino que estava adonde Dios hera servido, y Él podía hazer della e de sus miembros su sancta voluntad. Desta manera acaeçieron muchas cosas estando elevada, e hablando la graçia del Señor, e oyéndolo [fol. 32r] muchos.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Estava una gran señora a su cavezera, e yncole un alfiler gordo, muy cruelmente, por la caveça, y assí la pudiera matar por entonçes, que ella no lo sintiera. Tornada en sus sentidos, quexávase mucho de aquel dolor, e mirándole la caveça, hallaronle el alfiler yncado. Estando otra vez hablando el Spíritu Sancto, en gran fervor, levantose una persona de gran dignidad, eclesiástico, e tomó el braço desta sancta virgen, y arrojosele reçio para ver si la habla haçía algún movimiento con aquel golpe e dolor. E no sintió ninguna cosa, sino proçedió en lo que estava hablando, teniéndose el braço caýdo adonde se le havían avajado, hasta que fue tomado por una religiosa, e puesto como havía de estar. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Dixo el Señor, hablando en esta bienabenturada, reprehendiendo a los incrédulos, que no se aprovechavan de este tan gran bien y doctrina; que por espaçio de una legua a la redonda del monasterio estavan llenos y çercados todos los campos e ayres de ángeles e ánimas que venían a oýr y goçar la palabra de Dios, e dar testimonyo della el día de su juyzio, a confusión de los que, viviendo en la Tierra, la oyeron e menospreçiaron por maliçia o ynvidia. Scrivieron las religiosas de las palabras e misterios e secretos que el poderoso Dios habló por la boca desta sancta virgen un libro, llamado ''Conforte o Luz norte''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Capítulo VI'''&lt;br /&gt;
'''De cómo esta bienabenturada estuvo un tiempo muda antes que le fuese dada la graçia de hablar el Spíritu por su lengua'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Como esta sancta virgen tuviese por dos años la graçia de elevarse −esto se entiende público, antes que tuviese la habla del Señor por su lengua− en este tiempo hera muy importunada de personas spirituales, que le dixese y contase algo de sus revelaçiones y cosas que Dios le mostrava, así de gozos çelestiales como de penas de Purgatorio; de lo qual esta resçivía muy gran pena y fatiga por quanto hera muy severa [fol. 32v] en las cosas que Dios le mostraba, e porque resçivía mucha pesadumbre de ser tan ymportunada y molestada, así de las personas de fuera como de las religiosas de la casa, a causa de la graçia que Dios le dava. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Quiriendo Él mesmo haçer esta misericordia, primero que hablase el Spíritu Sancto en ella en persona del Hijo de Dios, y esto que ella no lo sintiese ni supiese, sino estando en rapto de sus sentidos arrevatado su spíritu, adonde Dios le quería poner, tuvo por bien el mesmo Señor de quitarle súpitamente su habla, e tornarla a deshora muda, que ninguna cosa podía hablar si no hera por señas. E quando el Señor la enmudeçió, primero la habló en spíritu, y le dixo: “Guarda mi secreto, e no hables, que yo hablaré”. En lo qual dio a entender su Divina Magestad que Él mesmo, por su humildad, con el amor que tiene a las ánimas, las quería hablar e revelar algunos secretos e muy grandes maravillas de los que a ella preguntavan, y aun muchos más, como su Divina Magestad lo hiço. Quando las religiosas la vieron tornar de la elevaçión así muda, que ninguna cosa les podía hablar, maravilláronse mucho. E por entonzes no pudo alcançar a saver por qué havía permitido Nuestro Señor aquella penitençia sobre ella. Y en tanto que stuvo muda, la puso Nuestro Señor en estado de tanta ynocençia que no pareçía sino niña; esto en quanto las cosas de esta vida. E desde algunos días y meses, estando elevada en contemplaçión, como solía, vido al Niño Jesús, Señor Dios nuestro, e gozándose ella mucho con él, suplicole la sanase. Y ella habló a manera de niño, según se le havía mostrado, y metiéndole sus sacratíssimos dedos en la boca della, díxole: “Por eso te havía enmudeçido, porque quería yo hablar primero. E aunque te sano, guárdame mi secreto. E algo di, e algo calla de lo que yo te mostrare”. E quando tornó de la elevaçión e rapto, a deshora vino sana con su habla, como de primero. Y dende a pocos días, hablava por la boca della el Spíritu Sancto, y deçía secretos y eselençias [fol. 33r] maravillosas.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Hera esta sancta virgen muy ynclinada a servir e haçer piedad a los enfermos. E havía en el monasterio una enferma que estava en la enfermería, [¿hetría?] e algo penosa, y asquerosa, e serbíala esta bienabenturada quando sus elevaçiones le davan lugar. E llevándole una vez el servidor, olía muy mal. Y ella huvo asco, y empeçó a dar arcadas, y enojándose contra sí mesma e reprehendiéndose con el pensamiento he palabras, metió la caveza dentro en él, e resçivió por la boca e nariz el mal olor. Y andando más adelante con el bazín, llevándole al lugar donde le havía de alimpiar, tornó a haver muy grande asco, e moviéndosele el estómago, dio muchas arcadas como primero las havía dado. Y quiriendo vençer esta tentaçión, esforçose e tomó con la caveza a resçivir del hedor de lo que estava dentro del servidor. Y assí vençió muy poderosamente aquella tentaçión.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Vino a esta bienaventurada una religiosa con mucho frío y dolor de estómago, y díxole: “Señora, por la caridad, que pidáys para vos un trago de vino, diziendo que lo havéys menester por algún dolor que tenéys, y dármelo heys a mí, que traygo gran dolor del estómago, e no lo oso pedir”. Ella dixo que sí haría, e considerando en su coraçón que dezir tenía dolor de estómago por entonçes que no dizía verdad, e dexarlo de pedir hera falta de charidad, supplicó a Nuestro Señor, por que ella pudiese dezir verdad y la religiosa resçiviese refrigerio en su neçessidad, le diese a ella dolor de estómago por algún rato. Y el poderoso Dios le conçedió su petiçión, que le dio dolor en el estómago, y ansí pidió el vino con verdad, e diolo a la religiosa que se lo havía pedido. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El abbadesa y monjas del monasterio en que esta bienaventurada morava tenían desseo le dixese cómo llamavan a su sancto ángel, e preguntádoselo, respondió, diziendo: “Yo tengo el mesmo desseo, e muchas veçes se lo he suplicado, y ame respondido que no ay neçessidad de saver su nombre señalado, mas de quanto se llama ángel de Dios y spíritu çelestial”. Y el abbadesa y monjas la tornaron a ymportunar, que no çesase de suplicar le dixese su nombre, por que le tuviesen en memoria e hiçiesen muy señalados serviçios [fol. 33v] e conmemoraçión. E desque le tornó a ver, suplicole le dixese su nombre, que el abbadesa y monjas se lo suplicavan porque le querían hazer señalado serviçio. Y el sancto ángel se escusó como primero, diziendo se llamava ángel de Dios, y spíritu çelestial y bienaventurado. E de que vido esto esta sancta virgen, supplicó a la Emperadora de los Çielos le alcançase esta virtud que ella supiese el nombre señalado de su sancto ángel. E la Soberana Emperadora se lo otorgó luego. E para esto llamó luego al alto seraphín Sant Gabriel, y díxole: “Ven acá, Gabriel, llámame a Laurel Aureum. E obedesçiendo Sant Gabriel al mandamiento de la Madre de Dios y Señora Nuestra, fue luego, e llamó a este sancto ángel, que estava junto con esta bienaventurada su ánima, y díxole: “Señor sant Laurel Aureum, andad acá, que os llama la Reyna Nuestra Señora”. Y él obedeçió de hinojos, e a deshora voló en alto, e fue a ver lo que le mandava. Y assí conoçió esta bienabenturada que hera su sancto ángel aquel que llamavan aquel nombre. Y quando el sancto ángel bolvió donde ella estava, díxole con mucho gozo: “Señor, ya he savido vuestro nombre. Aunque vuestra hermosura nunca me lo a querido dezir, mi Señora, la Reyna de los Çielos, me a hecho esta virtud, que me encomendé yo a su clemençia y otorgó mi petiçión”. E de que tornó en sus sentidos, dixo con mucho lo que le havía aconteçido, e de qué manera havía savido el nombre de su sancto ángel. E díxosele a las religiosas, y ellas se goçaron mucho e dieron graçias a Dios, e tenían muy gran devoción a este sancto ángel, y encomendávanse a él en todas sus tribulaçiones spirituales, y él las socorría e ayudava e favoreçía e suplicava a la Divina Magestad por sus ánimas e petiçiones. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
E de que tornó a ver a su sancto ángel, díxole: “Señor, allá he dicho a mis hermanas vuestro nombre, y anse goçado mucho con él”. Y él respondió: “Ya lo sé, mas no me saven nombrar, que algunas me llaman Laurel y me haçen árbol, mas no yerran mucho en ello, que la sustançia de mi nombre casi eso quiere dezir, que ansí soy yo por la voluntad del muy alto reverdeçedor de ánimas e amparador  de los que devajo de sus alas e de las mías se pusieren, e de los que mi nombre con devoçión e amor ynvocasen”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Estando esta bien˂abentu˃- [fol. 34r] abenturada arrobada en contemplaçión un día de la bienaventurada sancta Bárbara, entre otras muchas cosas çelestiales que el Señor tuvo por bien de le mostrar, vido que pasavan por donde ella estava a sancta Bárbara. Y viéndola ella, llamola, e suplicole que se llegase a ella. E la sancta Bárbara se llegó, e la habló muy dulçemente. E la sancta Juana de la Cruz la pregunta: “Señora, ¿por qué tray vuestra hermosura tan rico, preçioso e resplandeçiente collar a su garganta?”. Sancta Bárbara le respondió que su esposo Jesuchristo se le havía dado porque la havían degollado por su amor. Ansimesmo le dixo: “O, señora mía, qué hermosa palma es esa que traéys en la mano, e cómo resplandeçen esas letras de oro que están scriptas en las hojas, en las qualas viene scripto vuestro nombre preçioso e vuestra sancta vida y martirio. Y bien savéys vos, mi señora, quánto soys mi señora, e quánto os quiero”. E la señora sancta Bárbara le respondió: “Ya lo sé, y así te tengo yo por devota e amiga, e rogué a Dios que os diese esa graçia que ahora tienes”. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y çesando de hablar con la sancta Bárbara, a deshora llegó a ella un niño, de los chiquitos de teta que se va al Çielo después de su muerte por sola la Passión de Nuestro Señor Jesuchristo e virtud del sancto baptismo, el qual niño la dixo: “Otra vez te he hablado, y te dixe que dixeses a mi madre que castigue a sus hijos dende chicos, y también quando grandes; si no, que lo pagará delante de Dios, e le será demandada estrecha cuenta. E yo doy graçias a Dios que me truxo a este reyno en mi niñez, que si llegara a ser grande, por mis peccados e mal recogimiento de mi madre no me salvara. E por eso te ruego que tú se lo digas”. Entonçes, esta bienaventurada respondió a este niño: “Ni sé quién es tu madre, ni la conozco, ni adónde mora, ni tampoco aunque lo supiese e lo quisiese deçir no me crehería”. El niño le respondió: “Díselo tú, que yo te diré çierta cosa señalada, secreta de su ánima, que no lo save sino Dios y ella, que lo hiço. Y dile tú que se enmiende dello, e con esto te creherá. Y di que su hijo chiquito que se le finó te lo dixo, el amonesto y consejo. E mi madre se llama fulana, y es muger de fulano, e bibe en tal lugar”. E así le señaló y le dixo quién hera su madre y dónde morava. E quando esta sancta virgen tuvo lugar e dipusiçión, mandó llamar a esta muger, y hablola en secreto, y díxole lo que su hijo chiquito, que estava en el Çielo, le avía encomendado. E la muger lo creyó muy bien, por las señas que esta sancta bendita le dio e por las verdaderas palabras que le dixo. E dende adelante fue [fol. 34v] aquella muger muy su amiga, y la visitava muchas vezes, y estava a todo lo que le aconsejava e corregía.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Dezía esta bienabenturada que andan muy enjoyados, e adornados e señalados, los bienabenturados de la corte çelestial, assí los sanctos del testamento nuevo como del viejo, de las armas e ynsignias del Redentor e de su sagrada Passión, e de su sancta madre, Nuestra Señora; que traýan sanctos apóstoles y mártires, junto con estas armas, cada uno su martirio por divisa, bordado en sus bestiduras e pendones y estandartes. E los sanctos de la ley vieja, dezía, andan señalados e bordados en sus bestiduras çiertas figuras que en tiempos les dio el poderoso Dios en figura del Redemptor, y de comienzos havía de venir a los redimir. Dezía que traýan, unos el altar nuevo que Dios les mandó edificar, e otros el carnero que Abraham sacrificó en lugar de Ysac, su hijo; e otros el poço de Jacob; e otros, la çarça de Moysem; e otros, la verga de Harón; e otros, la serpiente que el Señor mandó alçar en el desierto; e otros el arca de la sancta sanctorum; e otros, los tres ángeles que vido Abraham quando dixo que havía visto tres, e adornado uno; e otros la Virgen con el niño en braços, según les fue profetiçado que la Virgen havía de conçebir e parir hijo; e la escalera de Jacob; e otros, otras muchas figuras del tiempo antiguo, según el tribu e generaçión que es cada uno.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Deçía esta bienabenturada que todas aquellas figuras hermosean e adornan a todos los que sobre sí las traen, en memoria de las sagradas maravillas e beneffiçios que el poderoso Dios les hiço. E otras de las ánimas christianas que están en el Çielo muy gloriosas, dezía, traen en sus vestidos por divisa algunas el cáliz con el Sanctíssimo Sacramento, muy ricamente bordado; e otros las llaves del señor Sant Pedro, que significa la perfeta confesión e sancta absolución, e ricos thesoros de la sancta Madre Yglesia; e otros la pila del sancto baptismo; e otros, las crismeras del sancto olio de la crisma e unçión. E assí dezía que vía a todos los cortesanos çelestiales con diversos motes y figuras del poderoso Dios e de la dulçíssima Virgen María, su madre, y que su sancto ángel le declarava e deçía por qué, para qué traýan los bienabenturados cada una de estas figuras o empresas, las quales ella no declarava ni dezía. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Hablando el Señor por la boca de esta bienaventurada, la llamava [fol. 35r] algunas vezes por su nombre, diziéndole “Juanica”, e luego declarava que la llamava este nombre diminutivo porque aún no hera del todo nasçida su ánima de su cuerpo, ni naçida perfetamente a luz, que entonzes es digna la persona de nombre entero. Quando después de passada de esta vida el alma se salva e ba al Çielo, queda que, quando muere, si se va al Infierno, no se puede a tal dezir naçida, sino abortada, e no es dina tampoco entonzes de nombre. Algunas vezes la llamava el Señor mesmo por la mesma habla el nombre entero de “Juana”. Dezía su Divina Magestad que la llamava e dezía este nombre entero de “Juana” porque quería dezir nombre de graçia, e de conoçer e amar a Dios; e otra alguna vez la llamava “Juana”, que deçía el mesmo Señor que quiere deçir graçia, graçiosa, dada de ánima. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Dezía el Señor, quando hablava por la boca de esta sancta virgen, que quando se diçen e tratan los misterios de la sancta misa, son tan ynumerables las yndulgençias e perdones que ganan los que con devoçión y limpieza de conçiençia los oyen que no ay en la Tierra sentido humano que los pueda numerar ni deçir, por estar allí presençialmente la Magestad de Dios. Deçía el mesmo Dios e Señor que, aunque al parezer de los ojos humanos está puesto el Sancto Sacramento en altar de barro o de madera, y en los paños, y lienços e sedas, e plata e oro que acá le ponen, que también le traen los sanctos ángeles del Çielo yglesia nueva e altar nuevo, y entoldaduras nuevas e frontales, e sábanas e corporales, cáliçes e patenas, e todos los aparejos del altar he hornamentos nuevos para el preste; e aun guantes o sandalias para las manos, porque las manos de los sacerdotes, por limpias e sanas que sean, por ser humanas, no son dinas de tomar a Dios en ellas, e todas las cosas que acá se ponen en los altares, por valerosas e ricas que sean, no son para otra cosa perteneçientes sino para [¿foros?] de los celestiales que traen los ángeles para serviçio de Nuestro Señor. Y aun quando sean dinas las cosas e serviçios que los humanos ponen por hornamento en las yglesias y altares de Dios, an de ser muy limpias e valerosas, reverençiales; y si tales no son, pudiéndolas poner, el mesmo Dios lo demandara a cada un ánima que tiene cargo dello, así de lo mandar como de lo haçer alimpiar.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Dezía el Nuestro Señor, quexándose e reprehendiendo a los que diçen que no es bien que se ponga oro ni plata, ni brocados ni cosas valedoras en los altares para honra de culto divino, que el mesmo Spíritu Sancto responde a esto, el qual tiene cuydado de tornar por la [fol. 35v] honrra de Dios, e dize, a quién le perteneçen todas las cosas valerosas limpias e preçiosas, e dulçes ministriles e famosos cantores, e todas cosas que buenas sean, sino a solo Dios, criador e haçedor del Çielo y de la Tierra. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Dezía el Señor, a manera de quexa e reprehensión: “Dizen en la Tierra los humanos que Dios y su madre quisieron andar pobres e menospreçiados. Es verdad, empero hiziéronlo por dar exemplo, y si nos quisimos humillar, tanto más son los humanos obligados a nos ensalçar y servir con las cosas mejores y más preçiadas que tuvieren, honrar y solemnizar sus sanctos templos e altares”. Pues todos los bienes que tenemos los humanos, así spirituales como temporales son suyos, e no nuestros, e los alcançamos por ruego e ynterassión de su preçiosa madre Nuestra Señora. E por tanto, quiere su Divina Magestad e le plaçe que con todos sirvamos a su preçiosa madre junto con Él, pues se lo debemos; e que si no se quisieron tratar quando estavan en la Tierra entre sus criaturas, según su estado e dignidad lo mereçía, que nosotros, que somos sus basallos, so pena de la pena, somos obligados a los servir como siervos a señores, e como basallos a reyes, e como criaturas al Criador y madre suya e, si no lo hiçiéremos, o a lo menos todas nuestras fuerças o posibilidad −dezía el Señor− pagaremos en su juyzio divino.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Dezía hablando por la boca desta bienaventurada, que quando se dize la missa y el sancto evangelio toda persona que presente estava hera obligada a estar muy atenta y en silençio, e de hinojos y en pie, e que así como quiere el preste empezar el sancto evangelio, los ángeles que allí están presentes en la missa, que son muchos, tocan todos juntos las trompetas, hablando con los humanos, diziendo: “Levantaos todos en pie y escuchad atentos con mucha devoçión, y abrid vuestros coraçones, e orejas y sentidos, para oýr al Señor, que quiere hablar; y entended sus maravillas y secretos, que os quiere deçir e descubrir como amigos; e obrad sus exemplos, que os dexó, e tomadlos y enseñadlos vosotros, christianos, e guardadlos en vuestros coraçones. Escuchad, dichoso pueblo christiano, que os habla vuestro Dios, e os declara sus misterios, e os releva sus maravillas, e os descubre su coraçón, e os manifiesta el desseo que tiene de hazeros merçedes, e os convida al Reyno de los Çielos, que os llama [fol. 36r] para que os vengáys a Él, que se desea açercar a vosotros, christianos, que os convida a bodas divinas, e os avisa de lo que os havéys de apartar. Por eso escuchad a vuestro Dios, tan venino que vino a la Tierra por vos redimir, e os dexó en memoria lo que es su sancta voluntad que hagáys para le aplaçer, y lo que es dañoso para vuestras ánimas y conçiençias, por que no lo obréys y os apartéys de lo malo. Por tanto, pueblo christiano, adora y servi, y escucha al Señor Dios tuyo, que tanto le devéys”. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Declaró más el Señor, que havía Él dicho, estando en la Tierra, quando consagró su sancto cuerpo, tornando del pan en carne, y el vino en sangre: “Esto haréys en mi commemoraçión”, que quería tanto deçir como si dixera: “Cada vez que este Sancto Sacramento de mi cuerpo consagráredes, anunçiaréys y declamaréys mi muerte e Passión, e lo offreceréys al Padre mío celestial en memoria mía, y assí renovarés mi sagrada muerte e Passión para remedio e salvaçión de vuestras almas, como si yo estuviese en aquella hora puesto y colgado en la cruz, haziendo nuevamente la obra de vuestra redempçión”. Y esto deçía el Señor havía Él hecho con sobra de amor que tiene al linage humano, de querer venir en el Sancto Sacramento del Altar cada vez que es llamado con las palabras de la sancta consagraçión.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Como el Señor descubría e mostrava a esta bienaventurada algunos de sus secretos, así de los gozos çelestiales como de las penas que las ánimas padeçen por sus pecados, y aun de las ánimas que andavan por los ayres, yendo ella una noche a tañer a maytines, que hera sacristana, oyó gritos muy espantosos como de persona que se quexava muy triste y dolorosamente. Y ella, muy maravillada dello, preguntó a su sancto ángel qué voçes heran aquellas tan espantosas que havía oýdo, si se le havía antojado. El sancto ángel le respondió: “No te se antojó, que gritos heran de ánima neçessitada, que con liçençia de Dios se le venía a encomendar que la hiçieses haçer çiertos bienes. Y no te maravilles que lo oyeses tú, que María de Sant Gabriel, religiosa de tu convento, lo oyó también, aý en tu casa, quando tú la oýste”. Y dende a pocos días, apareçió aquel ánima a esta sancta virgen, la qual ánima hera una gran señora del mesmo reyno de Castilla que havía pocos días hera difunta, e padeçía muy grandes penas, la qual le dixo: “Ruégote, por amor de Dios, que ayas compasión de mí, y scrivas a tal çiudad de este reyno, a tal señora que es mi madre. E yo soy fulana, hija suya. E dile cómo te apareçí y estoy en [fol. 36v] grandes penas, e tengo neçessidad que me hagas tales y tales bienes, y abré muy gran remedio con ellos”. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y con esta ánima desta señora venía otra ánima de un su hermano, con liçençia y voluntad, que en este mundo havía sido muy gran cavallero e havía tenido algunos cargos e viçios por lo qu’él padeçía en el otro mundo. E ansimesmo, aquel ánima habló a esta bienaventurada, e le dixo que embiase a deçir que rogasen a Dios por él, que tenía mucha neçessidad. Ella, movida de compasión y caridad ''[4]'' de aquellas ánimas, scrivió aquella señora, diziéndole que hiçiese hazer por fulana su hija, que estava en mucha neçessidad e penas de Purgatorio, tales bienes; la qual señora no lo quiso creher, ni mandar hazer ningunos bienes por el ánima de su hija. E quando esta sancta virgen vido tal respuesta, congoxose mucho, y dixo: “Pésame por haver scripto aquella señora e descubierto el secreto de aquel alma, pues a sido sin fruto e provecho. Empero, yo sé çierto que esta señora a quien yo agora scrivo no vivirá mucho en este mundo, porque, allende de ser sus días cumplidos, su mesma hija demanda justiçia de Dios della, y ruega que vaya muy presto a sentir las penas que ella siente, pues ni las creyó ni para salir dellas la quiso ayudar”. E así, cumplido por la voluntad de Dios, que luego en muy breve tiempo finó aquella señora tras su hija, e le fue revelado a esta bienaventurada cómo estava en muchas penas. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y el ánima del cavallero, viendo que no la havían creýdo lo que havía dicho de su hermana, y que por eso no embió a dezir a su muger hiziese hazer por él los bienes que él mandava, tornó otra vez a pareçerle e mostrársele muy bravo y enojado contra ella, diziéndole: “Por çierto, tú me as sido muy cruel e sin piedad para mí, porque si mi madre no creyó lo que le embiaste a deçir de mi hermana, mi muger bien creyría lo que le embiaras a dezir. Y si no lo hazes, por çierto yo te tornaré apareçer otra vez, e te espantaré de tal manera que se te acuerde”. Y diziendo estas palabras, asió della, elevola desde el dormitorio donde estava una çelda, y díxole: “Por que veas qué son las penas que padezco, quiero demostrar algo dellas”. E sacó la mano, e tocole tan mala vez e quemole los cavellos [fol. 37r] en señal de sus muy sobradas penas e tormentos; la qual señal de quemarle los cavellos e de llevarla de una parte a otra supieron todas las religiosas, e la causa e secreto dello. E contreñida de charidad, scrivió a su muger deste cavallero, y ella lo creyó muy bien, e hiço lo que esta bienabenturada le dixo; la qual, por la graçia que le hera dada del poderoso Dios, conoçió las cosas secretas de algunas personas, e le hera revelado lo que le querían hablar antes que se lo dixesen. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
E le heran manifiestas algunas neçessidades spirituales de algunas personas e sus de[f]etos antes que ninguna persona de la Tierra se los manifestase. Y savía por revelaçión si heran çiertas las palabras que le deçían, o cautelosas, e respondía a estas tales personas más al propósito del coraçón que no a las palabras. Tenía graçia que si delante della havía alguna persona endemoniada que no se supiese, ella veýa besiblemente a los demonios que venían dentro en ella. Y si algunas personas estavan tentadas de algunas tentaçiones, veýa a los demonios que las tentavan como se les ponía, si a las vezes en los hombros, y en las caveças o en el çelebro, y a las veçes en los ojos, y otras vezes las asía del coraçón. Y esto es según la manera de las tentaçiones que el demonio trae. Vido a una persona esta bienabenturada que la entrava a hablar en su çelda, la qual traýa pensamientos de haçerle mal en una çierta cosa. Y ella, en mirándola, le conoçió el pensamiento, que era ya contra ella, e vídole un demonio hechado en el cuello, que le abraçava e le hablava a los oýdos, el qual hera muy grande. E vido al ángel de esta persona estar muy lejos della, e muy chiquito. E maravillose mucho. E contando a su sancto ángel la revelaçión que havía visto, preguntole por qué causa estará el ángel guardador de aquella persona tan apartado della y tan chiquito, al pareçer, e con semblante triste. Respondiole el sancto ángel: “Eso es porque esa persona a dado lugar a las tentaçiones del demonio, y entonçes le dava entero consentimiento. E por eso se apartava el ángel della, e se mostrava chiquito e de semblante triste, porque nunca havía querido en el aquel caso tomar las espiraçiones suyas”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Fue una religiosa muy desconsolada en el alma, y en su spíritu muy afligida, a se consolar con esta sancta virgen. Y assí como ella la vido entrar por su çelda, mirola e vido alrededor della tres [fol. 37v] demonios muy espantables, e las façes como negros, e por los ojos e boca les salían llamas de fuego, e traýan en las manos unos como garrotes de fierrro, con los quales dava muy grandes golpes de los hombros arriva a aquella persona. Y el sancto ángel su guardador estava muy çercano a ella, y andando a la redonda della dezía a los demonios: “Dad y herid a esta persona, porque es la voluntad de Dios, que lo quiere, y dello se sirve. Aunque vosotros le dáys tan crueles golpes, no sentirá más de lo que Dios quiere”. Y esta bienaventuada, maravillándose mucho de ver la tal visión, preguntó a su sancto ángel por qué hera atormentada la tal religiosa tan cruelmente viviendo en la carne, y más que deçía su sancto ángel que lo quería Dios, y ella dello servido; respondiole: “No te maravilles de las cosas que son secretos de Dios; y esa tal persona mereçe mucho en ello, y a se lo Dios dado por gran misericordia”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Capítulo VII'''&lt;br /&gt;
'''De cómo privó el Señor por algunos tiempos el sentido del oýr, y por qué causa, a esta sancta virgen'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Tenía graçia de entender las aves y animalias, y conoçer sus neçessidades en quanto comer y bever. Y algunas vezes dexava de pensar en pensamientos más subidos e divinales, y ýbase adonde pudiese oýr las aves quando estava en sus sentidos. Y escuchávalas y holgávase, e maravillávase mucho de las cosas que les oýa, tan pronunçiadas e tan claras a su pareçer della, e cómo deçían e tratavan entre sí, unas entre otras, cosas maravillosas que pareçía que conoçían a su criador. E le davan graçias, porque las havía criado e vestido, e adornado de alas y plumas, e les dava los campos, e árboles e frutas para su consolaçión e mantenimiento. E cada género de aves, deçía esta bienaventurada que loava a su hazedor, e le dava graçias de su manera. E toda cosa que tiene spíritu de vida, loa e da graçias a su criador e hazedor. E como ella se ocupava tanto en oýr las aves y holgava de entendellas, hechava mucho tiempo de su pensamiento en ello. &lt;br /&gt;
Nuestro Señor Jesuchristo, como la amava tanto, no quería ni hera servido que se ocupase en otra cosa, sino en el que hera su creador y criador. Y a esta causa, quitole súpitamente el sentido del oýr corporal, que estando en sus sentidos ninguna cosa de esta vida pudiese oýr, aunque las cosas çelestiales bien las sentía, que ni por esta sordedad tan [fol. 38r] estremada no dexava de se elevar tan a menudo, y de estar tan grandes ratos elevadas, ni de açer las predicaçiones e hablar del Señor en ella como antes que ensordase. Y estando sorda, aunque no estuviese elevada, oýa y sentía los cánticos y ynstrumentos celestiales, porque las más vezes que se elevava o ponía en su coraçón o contemplaçión oýa cantos çelestiales que junto con el Spíritu Sancto la ayudavan a inflamar e alçar el spíritu en Dios. Estuvo sorda desde el día de sancta Escholástica, que es a diez de febrero, hasta señora sancta Clara, que es a doze de agosto. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Estavan todas las religiosas de su convento e otras muchas personas muy angustiadas por la neçessidad que tenían de su habla e consolaçión, porque no las oýa, aunque ellas le querían deçir y encomendar sus desseos y cosas tocantes a su consolaçión y conçiençia; por lo qual suplicavan mucho a Nuestro Señor le volviese el sentido del oýr. Y su Divina Magestad tuvo por bien de oýr las plegarias de todos, e tornole el oýr día de la señora sancta Clara. E híçolo desta manera: que estando ella elevada como solía, vido a Nuestro Señor Jesuchristo en spíritu, e la habló e consoló, e le dio el soplo del Spíritu Sancto, e hiço un sermón maravilloso, declarando muy grandes excelençias e maravillas. E hablando, dixo su Divina Magestad que quería dezir por qué la havía ensordeçido, aunque él no tenía neçessidad de dar quenta por qué haçía estas ni otras más cosas: pero que le havía quitado el oýr por tenella más quieta e junta a Él, e recoxidos sus sentidos e pensamientos en Él e no en otra cosa terrena, e tenerla en sancta y simple ynoçençia de niña, y en una puredad de spíritu sin ninguna maliçia, y que no oýa otra cosa sino cosas çélestiales. Mas pues hera tan importunada y rogada de muchas personas, que a Él le plaçía de la sanar. Y en çesando su Divina Magestad de hablar, antes que ella tornase en sus sentidos, vino a ella el apóstol San Pedro, por mandado del poderoso Dios, e metiole los dedos en los oýdos, e bendiciéndola con la señal de la sancta cruz de parte de Dios. Tornando ella en sus sentidos, a deshora se vido sana, e tornado el oýr tan perfetamente como de primero, de lo qual ella y todas las religiosas fueron muy alegres y dieron graçias a su Divina Magestad por la misericordia de ynclinar a su oreja las suplicaçiones que le havían hecho.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Viernes Sancto siguiente, luego que esta bienabenturada ensordeció, estando ella [fol. 38v] elevada e puesta en cruz, assí en la elevaçión tenía tan fijos sus brazos y piernas, e todos sus miembros, como si no fuera de carne sino un crucifixo, de manera que ninguna fuerça bastava para la quitar de así, aunque se provó muchas vezes por las religiosas en otros días que la veýan muchas vezes estar elevada e puesta en cruz. Pero no estava en pie, sino hechada donde las religiosas la ponían. Y en este mesmo ora del Viernes Sancto, estando todas las religiosas en el choro, que hera por la mañana, quando se diçe el sancto offiçio, ella estava en una çelda ençerrada, porque assí hera la voluntad de Dios y de los prelados, que, quando estuviese en rapto, estuviese desta manera. Estando diziendo la sancta Passión, tornó en sí, e fuese al choro, e yba llorando y descalça. Y no pudiendo andar, ponía los pies de lado, que de otra manera no los podía poner, y aun esto con mucha pena. E viéndola las religiosas entrar en el choro, assí fueron a ella, e preguntáronla por señas por qué yba de aquella manera. Respondió que le dolían mucho los pies e no podía andar con ellos. E mirándoselos las religiosas, viéronselos señalados, y ansimesmo las manos, de las señales del Señor: no llagas abiertas ni manantes sangre, sino unas señales redondas, del tamaño de un real, e muy coloradas, de manera que pareçían por las palmas de las manos que estavan ympresas por la parte de ençima, e por semejante pareçía en las plantas de los pies. Tenía también estas preçiosas señales, e muy maravilloso olor, e no de ninguna manera de las flores de la tierra. E quexávase muy reçiamente, e llorava de los dolores que en las partes de las señales tenía. E viéndola las religiosas de aquella manera, llorando e con mucha devoçión, davan muchas graçias a Dios. E tomáronla en sus brazos, e lleváronla a su çelda y hecháronla. Hera tan grande el ardor e fuego que en las manos e pies tenía en el lugar do tenía las señales, que le ponían las religiosas unos pañeçitos de agua fría, y en muy breve espaçio se enjugavan del gran fuego que de allí salía. E muy a menudo le ponían los pañeçitos mojados y ella mesma se soplava las palmas de las [fol. 39r] manos, por mitigarse el gran fuego e dolor que sentía. E las religiosas le preguntavan qué hera aquello o quién le havía dado aquellas señales. Ella, entendiendo, les respondió con muchas lágrimas y dolores que sentía, diziendo: “Vi a Nuestro Señor Jesuchristo cruçificado en aquel lugar donde mi sancto ángel me suele poner, y assí, llagado y cruçificado como venía, se juntó conmigo, e puso sus manos junto con las mías, e sus pies con los míos; y así como esto hiço, sentí en mi spíritu gran dolor e sentimiento en mis manos e pies y, a deshora, me vi tornada acá en mis sentidos, con estas señales que véys, y con muchos dolores en ellas, y tan reçios que casi no los pudo sufrir”. Tuvo estas señales tan maravillosas y creçidos dolores dende el día del Viernes Sancto, hasta el día de la Sancta Asçençión. Y esto no contino, sino los viernes, y sábados y domingos, tres días arreo hasta la hora que fue la Sancta Resurreçión, y dende aquella ora hasta otro viernes no tenía más dolor ni señal. Viendo esta bienaventurada cómo no podía encubrir estas preçiosas señales que no fuesen vistas de personas devotas del monasterio −pues ya se publicava, y su confesor y el compañero se las havían visto junto con las religiosas−, suplicó a Nuestro Señor muy afetuosamente que en ninguna manera permitiese su Divina Magestad que en ella, su yndigna sierva, pareçiesen ni tuviese tal thesoro ni tan ricas joyas, que no hera digna dellas, ni quería tal don, pues no le podía encubrir. E nunca çesó de haçer esta suplicación, derramando muchas lágrimas, hasta que lo alcançó del poderoso Dios. E hablando un día su Divina Magestad por la lengua y boca della, dixo: “Mucho me ruegas e ymportunas que te quite ese don que te he dado. Yo lo haré, y pues no as querido tener mis rosas, yo te daré cosa que más te duela que ellas”. Y assí le fue otorgado del Señor no tener ya más aquellas señales. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Por entonçes, muchas personas heran consoladas spiritualmente e libradas de sus tentaçiones por consejo e lumbre de esta bienaventurada. Y aunque fuesen más de çiento las que juntamente se le encomendasen para que rogase a Dios por ellas y que huviese respuesta de su sancto ángel, dotola Dios de tanta graçia que ninguna se le olvidava; que por todas rogava a Dios a su sancto ángel le dixese qué respondería a cada una de aquellas [fol. 39v] personas.Y el sancto ángel la respondía en cada cosa, según el poderoso Dios le dava liçençia para ello. E havidas ella las respuestas, las dava a las personas que se le havían encomendado, sin trocar ninguna cosa de lo que el sancto ángel le deçía, e savía lo que havía de dezir a cada persona. Y esto, de una vez que se elevase, traýa todo esto en su memoria.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Vino a ella un religioso muy tentado de no querer reçar las horas e offiçio divino ni ninguna cosa que hera obligado, diziendo que Dios no tenía neçessidad de sus oraçiones. Encomendándole esta bienaventurada al Señor, díxole a su sancto ángel la tentaçión y neçessidad de aquel religioso, e suplicole que le dixese alguna cosa que ella le pudiese dezir para el remedio de aquella neçessidad. El sancto ángel le respondió, diziendo: “Dile tú a esa persona que verdad es que Dios no tiene neçessidad de las oraçiones de las criaturas que Él crió, empero todas las criaturas raçionales tienen neçesidad de la ayuda de Dios e de le servir para le aplacar, así como de neçessidad e fuerça es obligado qualquier labrador pechero de pagar a su rey y a su señor el pecho que es obligado e le debe; y si esto de su grado no haçe qualquier basallo, mandarle á dar gran pena su señor y mandarle á prender a sus alguaziles y justiçia, y si mucho fuere revelde, haçerle matar, e assí perderá la persona e los bienes; lo mesmo hará Nuestro Señor Jesuchristo a los christianos religiosos, assí hombres como a mujeres, si no le sirven y le pagan lo que le juraron en el sancto baptismo y en su profesión. A los religiosos, demandárselo á muy reçiamente, por peccado mortal, e si mucho perseverare en su reveldía de no querer amar ni servir a Dios, ni reçar sus oras y lo que es obligado para le aplacar, siquiera con algunos serviçios e buenas obras, mandará a los sus alguaçiles, que son los demonios, le prendan y enfermen, e saquen el alma del cuerpo a muchos tormentos. Y después, en su juyzio, condenarle á el alma a penas eternas, de manera que perderá la persona y el alma, e bienes spirituales que pudiera tener. Por tanto, di tú a aquella persona que desheche la tal tentación, que es de Satanás, y se esfuerçe e reçe, y sirva a Dios, e pague el tributo y pecho que le debe por su [fol. 40r] juramento y vasallaje. Si no, que le será demandado como he dicho”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Vino otra persona a esta bienaventurada a pedirle consejo y doctrina, diziendo qué haría para aplaçer a Dios. Ella preguntolo a su sancto ángel, e suplicole respondiese sobre ello, e díxole: “Dile a esa persona que paz, e oraçión, e silençio son cosas que aplaçen mucho a Dios. Y que trayga belo negro en su coraçón, e ánima de dolor de la sancta Passión de Nuestro Señor Dios, y alguna carga que ponga ençima de su persona. Dé frutos de penitençia, y esto tome por vestido, y el llanto por tocado, y assí estará bestida y adornada su ánima para ser perteneçiente a su Dios”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Otra preguntó a esta bienaventurada qué haría para estar siempre en graçia e aplaçimento de Dios. Ella díxolo a su sancto ángel, e pidiole respuesta para aquella persona. Y él dixo: “Dile que llore con los que lloran, y ría con los que ríen, y calle con los que hablan”. Otro consejo: estava una religiosa enferma de una muy grande enfermedad e fatigada de muchos dolores, y dixo a esta bienabenturada Juana de la Cruz le suplicava dixese a su sancto ángel le embiase alguna palabra de consolaçión. Y él le respondió que qualquier persona enferma que está en la cama, pues no puede reçar ni offreçer otro sacrifiçio sino sus dolores a Dios, ponga en su memoria por çielo de su cama a Nuestro Señor Jesuchristo cruçificado e llagado por los peccadores, e por paramentos e çercadura todas las ynsinias de la Passión e tormentos que el Hijo de Dios padeçió por redimir y salvar sus criaturas. E piense qualquier persona enferma siempre en esto, e offrezca sus dolores a los de Christo, y rescivillos á el mesmo Dios, e serle an meritorios sus dolores y enfermedades. Y aun hasta las mediçinas e cosas neçesarias que tomase en su enfermedad, ofreçiéndolo todo en reverençia de la Passión del Señor y de la hiel y vinagre que le dieron a beber; y aun la flaqueza, y desmayos e sed que padeçiere, le será contado en mereçimiento, si lo ofreçiere en reverençia de la hambre y sed, y ayunos y cansancios, e flaqueças e desmayos que padeçió el Hijo de Dios. E lo mesmo le será contado el frío, y la calentura e sudores, offreçiendo cada cosa de estas a su misterio. Y assí terná cada criatura sus penas y dolores, acordándose [fol. 40v] quánto fueron mayores las que padesçió su Dios, e todas por sanar las llagas y enfermedades de los peccadores. Y aun si perfeçión e conoçimiento de Dios tiene la tal ánima que estas cosas pensare, será bien que diga: ‘En el nuestro Jesuchristo duélanme los dolores, en tal que no me aparten de la caridad de vuestro amor’. Y a Nuestra Señora puede dezir, si la enfermedad le diere lugar: ‘O, Virgen singular, entre todos piadosa, haz a mi ánima ser suelta de sus culpas, y en el cuerpo ser mansa y casta’”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Consejo a otro: una persona suplicava la respondiese el sancto ángel, por ynterçessión de esta bienabenturada, y asý fue, que digo: “Dile a esa persona que se enmiende, e guarde de ofender a Dios, que le hago saver que se demanda por hurto en el juizio de Dios qualquier tiempo e palabras mal dispendidas e habladas, e se pagan con las setenas como hurto, e se an de restituyr como fama qualquier mal exemplo o enseñamiento u ocasión que dé para que otra peque. Por eso, que se avisen hechos e horas e palabras”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Estando aparejadas las monjas para comulgar, e juntas en un lugar que para ello tenían diputado, hallose con ellas esta sancta virgen, la qual no yba a comulgar, sino a ver y adorar este Sanctíssimo Sacramento. Y como estuviese allí, llegáronse las religiosas a ella, y ocupávanse en la hablar, encomendándole algunas cosas de sus ánimas. A deshora fue tomada y arrevatada dentre las religiosas, e de los ojos dellas, e alçada en alto. Todas, muy maravilladas, allegaron a comulgar, cada una como mejor pudo. E de que huvieron comulgado, pasado algún yntervalo, a deshora la vieron entre ellas. Todas, muy espantadas, se hallegaron çerca della, y la rogaron muy afincadamente les dixese dónde havía estado mientras ellas comulgaron, que a deshora se havía desapareçido. Y enportunándola mucho, les respondió, diziendo: “Los ángeles me llevaron por que no os ocupásedes conmigo, sino con solo Dios, e dixéronme: ‘Anda acá, súbete aquí, a la cumbre de la casa con nosotros, por que no se ocupen en ti las religiosas el tiempo del comulgar’. Y allí me tuvieron en el ayre entre ellos, e me cubrieron con sus hermosas alas por que vosotras no me viésedes. E dende allí goçávamos todos del Sanctíssimo Sacramento. E quando me bajaron, dixéronme: ‘Anda acá, que aora no estorvarás nada’. E las monjas dieron [fol. 41r] graçias a Dios por tan gran milagro, e rogaronle mucho les dixese lo que Nuestro Señor le havía mostrado en la comunión de ellas. Ella les dixo: “Las que comulgavan muy devotamente, llegava el sancto ángel su guardador e tomavale del braço, e abraçávala, e besávala e goçávase mucho con ella; e la que no comulgava devotamente, desviávase algo de ella su sancto ángel, e orava al Señor muy devotamente por ella, que la cumpliese de su graçia”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
E no solo esta vez fue esta bienabenturada alçada en cuerpo y en alma dentre las religiosas, mas otras vezes lo vieron y supieron las mismas monjas que los sanctos ángeles le alçavan en contemplaçión, y assí tenía condiçión angelical e sanctas hablas e consejos. Desde a çiertos días que este milagro vieron las religiosas de alçarla en alto los ángeles quando comulgavan, pidiola la provisora una cosa que tenía neçessidad, e deçía no la havía en la casa, y ansí lo creýa de çierto. E oyéndolo esta sancta virgen, dixo a la provisora: “Sí tenéys, hermana, aunque no se os acuerda. Que yo le vi el otro día, quando las religiosas comulgaron en tal zaquizamí, quando los sanctos ángeles me subieron en alto”. E fue la provisora, e halló lo que buscaba. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
E aconsejava muchas veçes esta bienaventurada scriviesen e agradeçiesen mucho a los sanctos ángeles custodios las buenas e caridosas obras que contino hazen a nosotros peccadores. Dezía: “No solamente son nuestros guardadores, mas los podríamos llamar nuestros compañeros. Y esto por el mucho amor que nos tienen, e por ser compañeros de nuestras almas que, allende de ser nuestros ayos y guardadores, son berdaderos e fieles compañeros y amigos para nos defender, así de los demonios e peligros del mundo como para nos ayudar e favoreçer en el amor e serviçio de Nuestro Señor Jesuchristo e provechosa salvaçión de nuestras almas. E por esto −deçía esta bienabenturada− clamo yo a los sanctos ángeles guardadores de ánimas ‘compañeros’, porque nos acompañan día y noche, y en vida y en muerte. Y quando algunos de los fieles christianos están en artículo de muerte, el sancto ángel guardador, como a compañero muy leal e amigo verdadero, haviendo compasión de aquel ánima, va al Çielo, y ruega e convida a algunos sanctos e santas que él save que aquella persona tiene devoçión y a hecho algunos servicios, e dízeles: ‘Señores, tal persona, que es ánima que yo tengo a [fol. 41v] cargo por mandamiento divinal, está en gran neçessidad, que está en artículo de muerte. Por eso, ayúdame a rogar a Dios por ella, e sedle favorables’. E los bienabenturados responden que les plaze, y ansí lo ponen en obra”. Dezía que, aun después de difuntas, las personas christianas e salvas por la misericordia de Dios, los sanctos ángeles sus guardadores no las desamparan en Purgatorio, porque las socorren e visitan, llevándoles las sufragios e oraçiones en que van los mereçimientos de la passión de Nuestro Señor Jesuchristo, e limosnas çelestiales con que las visitan, y consuelan e sanan limpiándoles sus llagas e tormentos muy crueles que padezen las ánimas en Purgatorio; y tales, que ninguna criatura humana las podría creer. Dezía esta sancta virgen que, así como la offensa que la criatura haçe, por chiquita que sea a nuestro pareçer, es infinita porque offende con ella al infinito Dios, así las penas que en el otro mundo dan a las ánimas, por pequeñas que sean, son muy indeseables ''[5]'', e gravíssimas e amargas, e no tienen otra consolaçión sino la que le da y lleva el sancto ángel su guardador.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Hablando el Spíritu Sancto por la boca de esta bienabenturada, dixo que qualquier persona que se desea salvar y alcançar perdón de sus peccados á de ser como paloma que no tiene hyel. Conviene a saver, que no tenga maliçia, ni odio, ni malquerencia, aunque le hagan mal, sino haga como la paloma que, aunque le haçen mal, no se save tornar a quien se le haze, sino gime entre sí y pasa su pena, e va a fazer su llanto çerca de las aguas, porque, si viniesen los caçadores o otras aves contrarias suyas a quererla empeçer, se esconde devajo de las aguas, y allí se guareçe. Lo mesmo debe de façer la persona fiel: yr a hazer el llanto de sus peccados çerca de las aguas de la Passión e llagas de Christo; porque si le vinieren tribulaçiones o persecuçiones de los próximos o del Demonio, el qual como caçador quiere caçar las ánimas e llevarlas al Infierno, entonçes es muy buen remedio a la ánima pensar en la Passión de Dios e meterse con el desseo en las fuentes e guaridas que con sus sanctas llagas. Ansimesmo, dixo su Divina Magestad, tiene la paloma otra propiedad, que todo su canto es gemido, e casi como triste llanto. E lo mesmo debe façer qualquier persona, pues a offendido a Dios, que ninguna es tan justa que no tenga peccados, e toda su vida justa raçón á de ser llanto; o que bien puede dezir la mesma persona que a offendido a Dios si la mandaren reýr o cantar, o alegrarse vanamente: “Ya se quebró mi hórgano e no puedo cantar, [fol. 42r] que el día que offendí yo a mi Dios y Señor, yo mesma que bi el órgano del alegría de mi alma, y no sé si tengo enfado o aplacado a mi Dios, e hasta que vaya a la tierra del alegría, que lo sepa e le vea, no me quiero alegrar ni tornar plazer que sea fuera de Dios, sino vivir en llanto, pidiendo a Dios perdone mis peccados”. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Otro consejo del Spíritu Sancto muy provechoso: dixo el Señor que, para defenderse el ánima del demonio, á de resçivir las buenas espiraçiones del Spíritu Sancto en el coraçón, y haçer lugar para ello, y calçar los pies del ánima de muy buenos pensamientos, y bestirse el arnés de la charidad, e ponerse el capaçete de la fee; y para resçivir los golpes de los adversarios, ponerse á el escudo de la esperança, y esgrimir muy reçiamente con la espada del buen desseo, premiándolo en obras perfetas. E armada qualquier ánima fiel con estas armas, podría muy bien pelear con Satanás, el qual viene desnudo y despojado, que no tiene ninguna de estas virtudes con que se pueda armar. Por ende, si Satanás nos vençe a nosotros, los christianos, es porque nos desarmamos e quitamos de sobre nuestras almas algunas o alguna destas virtudes, e quando el Demonio ve que havemos dexado caer alguna dellas, esfuérçase muy reçiamente a nos convatir, e herir e llagar, y matar con ella, trayéndonos tentaçiones de las cosas en que más flacos nos ve, e de las virtudes de que más nos ve careçer. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
A la saçón que el Señor estava hablando por la boca de esta bienaventurada, estava una religiosa de poca hedad en pasamiento. Y quitada ya la habla, e así como estava, la llevaron las monjas allí, e pusiéronla delante en una cama. E la enferma empeçó a gemir muy reçiamente, e muy apriesa y congoxada. Dixo entonçes el Señor: “Bien haçes, hija, de reconoçer a tu criador y redemptor. Sométete devajo de su poderío, pidiéndole misericordia. Esfuérçate, esfuérçate, que piedad y misericordia hallarás ante Dios”. E buena cosa es que quando alguna persona estuviere en pensamiento diga estas palabras con devoçión, y si la tal persona no las pudiere dezir, dígalas otra por ella, en su presençia. E las palabras son estas: “El Señor que suelta los presos, suelte a esta. El Señor que alumbra los çiegos, alumbre a esta. El Señor que sana los contritos, sane a esta. El Señor que socorre a los neçessitados, socorra a esta. El Señor que alegra los tristes, alegre a esta. El Señor que perdona los peccadores, perdone a esta. [fol. 42v] El Señor que salva los yndignos, salve a esta”.&lt;br /&gt;
Muchas vezes, hablando el Señor, mudava el lenguaje, según havía la neçessidad. Algunas veçes en latín, quando havía letrados, para dezirles algunas cosas secretas a ellos, para aviso de sus sçiencias; otras vezes hablava en vizcaýno, e muy çerrado, haviendo personas que entendiesen aquel lenguaje. Estava una vez un perlado mayor, de la orden del glorioso sant Francisco, el qual tenía en el secreto de su coraçón yntençión de haçer perlada e abbadesa a esta bienabenturada Juana de la Cruz. Lo uno porque vía en ella gran marco, e lo otros porque havía muchos días que se lo pedían las religiosas con muchas lágrimas. E no lo havía hecho porque no tenía tanta hedad como hera menester para semejante cargo. E teniendo esto en su coraçón, hablole el Señor en bascuenço, estando él oyendo esta bendita habla, e díxole que la pusiese sin temor por perlada, que marco tenía para ello e para más. El qual perlado, quando la eligió por abadesa, dixo: “No la hago yo solo abbadesa, que Dios la tiene elegida, e me la mandó poner”. Y contó lo que le havía dicho en bascuenço. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Quando los christianos ganaron a Orán, dio el obispo de Ávila a esta bienabenturada, o al monasterio por su ynterçesión, dos esclavas que traxeron de aquella ciudad. La una hera ançiana, la otra moçuela de treçe o catorçe años, las quales aún no heran christianas. Las monjas, deseando lo fuesen, empeçaronlas a hablar e dezir que se tornasen christianas. Ellas, oyendo esto, hazían tantas bramuras como si las quisieran matar, en espeçial la más ançiana: se arañaba toda, hasta que le corría sangre. Viendo esto, no la apremiavan ni enportunavan mucho. E hablando el Señor un día por la boca desta bienaventurada, las monjas lleváronlas, para que oyesen a el Señor. Aunque yban de mala gana, estuvieron allí presentes, e su Divina Magestad del poderoso Dios las habló en algaravía, y ellas, muy atentas, escuchavan lo que el Señor les deçía, e respondían ellas en su mesma lengua. Y así estuvieron un buen rato en presençia de todos, e convirtiolas el poderoso Dios, y ellas pidieron el sancto baptismo con mucho fervor. E de aý adelante, todas las vezes que el Señor hablava por esta voz, estando estas esclavas oyéndole, aunque algo apartadas, Él mesmo las llamava por sus nombres en algaravía, a cada una por sí, e luego ellas se levantavan e pasavan entre toda la gente, e se ponían çerca hincadas de hinojos, e allí las hablava e consolava en su lenguaje, y ellas le respondían e quedavan muy alegres. E así bivieron y [fol. 43r] murieron christianas, en el serviçio de Dios y del monasterio.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Siendo esta bienaventurada abadesa, vido estando elevada una figura en el Çielo de unas sus monjas, a las quales mandó la bicaria hiçiesen çierta cosa de la obediençia, y ellas, escudándose, dixeron no lo podían hazer. La bicaria, viendo que no obedeçían, mandó a otras lo fuesen a hazer, las quales obedeçieron de buena voluntad, he hizieron lo que havía mandado a las primeras. Y pasando esto, tornó esta sancta perlada en sus sentidos, e sin darle ninguna persona cuenta de lo que havía pasado, mandó le llamasen a la bicaria, e díxole: “Penada havéys estado, madre, que yo lo he savido, e havéys tenido raçón por la desobediençia de aquellas religiosas, pero llámenmelas, que yo las reprehenderé, e daré penitençia, e les diré lo que an perdido por la desobendiençia”. E viniendo las religiosas ante ella, reprehendiolas, e amonestándolas, dixo: “Mirad, hermanas mías, en la negligençia que oy havéys caýdo. No os acontezca más, porque yo he visto en spíritu vuestra figura, que, ansí como desobedeçísteis, a deshora pareçieron los sanctos ángeles vuestros guardadores como henojados contra vosotras, e tomaron los pendones e cubriéronlos de negro, e arrastrávanlos por el suelo diziendo palabras como de dolor. E luego, a deshora, pareçieron allí junto con ellos los sanctos ángeles guardadores de las que hiçieron la obediençia que la vicaria les mandó, muy alegres y goçosos, y traýan los pendones alçados y en cada uno una corona, e llegaron a vuestros sanctos ángeles, e pidiéronles vuestras coronas que ellos traýan en sus pendones, e por permisión divina diéronlas ellos e tomaronlas los ángeles que las pidieron, e pusiéronlas en sus pendones. He llevava cada uno dellos dos coronas, e los vuestros no ninguna. E fueron con voz de cántico, e dulçes sones, a offreçerlas e presentarlas al poderoso Dios. Y esto fue figura de lo que vosotros perdistes e las otras ganaron, e cómo llevaron sus mereçimientos e los de vosotras. Por eso, nunca otra tal cosa acontezca, que mucho se henoja Dios con el revelde de desobediente, e los sanctos ángeles sus guardadores de los tales se yntresteçen de ver que no andan sus súbditos en la carrera de la obediençia. E quieroos también dezir a vosotras e a todas lo que vi desde nuestra çelda, que tañó la vicaria la campanilla de la comunidad para que se juntase todo el convento, e como no vinieron tan presto, tornó a tañer otra vez, e los ángeles guardadores de todas las religiosas fueron en breve juntos todos a par de la campanilla, la qual es llamada voz de Dios e del ángel. E dezían [fol. 43v] ellos: ‘Vengamos todos a cumplir e obedezer el llamamiento divinal por nuestras súbditas, que no vienen’. Y esto no se entiende que vienen a haçer la hazienda, sino a confusión de vosotras. Mirad que enojays a Dios, e days travajo a los sanctos ángeles, vuestros guardadores. Ya béys quán gran peccador es enmendado, e obedeçed por amor de Jesuchristo, que con tanta mansedumbre lo enseñó, obedeçiendo él hasta la muerte de cruz”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Quando esta bienaventurada tenía capítulo, havía estado en rapto, y savía por la graçia de Dios todas las neçessidades que en el monasterio havía, públicas y secretas, en las ánimas y cuerpos de sus súbditas. E muchas veçes tenía al sancto ángel a par de su hombro, hablándola al oýdo, lo que havía de haçer e de ordenar.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Capítulo VIII'''&lt;br /&gt;
'''De una revelaçión que esta sancta virgen contó dando consejos a sus monjas'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Algunas vezes deçía esta bienabenturada algunas cosas de las muchas que el poderoso Dios le mostraba. E decía hera mucho mérito dezir sus culpas claramente, como las hazía al confesor, e también en el capitulorio disculparse, porque más valía publicarse en este mundo por peccadoras que no en el otro, como ella havía visto por la voluntad de Dios en un lugar de Purgatorio. La primera pena que davan a las ánimas que allí yban es qu’ellas mesmas se pregonan, el qual lugar hera muy grande, e havía muchedumbre de ánimas e demonios. Y estava hecha a manera de ciudad con calles, e adarbes y plaças, e por todas aquellas partes y calles á de yr el ánima pregonando todos quantos peccados a hecho en toda su vida, así públicamente delante de todos, para que lo vean e sepan quantos allí están, e los moradores de aquella çiudad lo sepan e oygan. Y esto es a las ánimas muy gran bergüenza y aun pena. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
“Y mirando yo en este lugar de Purgatorio, vi entre otras muchas ánimas una ánima de una muger, la qual me habló y dixo: ‘Di a fula[na], religiosa de tu casa, que digo yo que me pague ella agora lo que su hermana fulana me deve, de tal buena obra que le hiçe en todo lo que yo pude. E que yo soy fulana’. Y dixe yo a aquella ánima: ‘Si le hiçistes buena obra, páguesla ella’. Y el ánima me respondió: ‘No quiero que me lo pague ella, porque es mala pagadora, sino esotra, su hermana’”. Y esto dixo en público [fol. 44r] esta bienaventurada, he llamó en secreto a la religiosa que el ánima se havía señalado, e dixo: “Quiere una muger, que se llama fulana y hera veçina de Toledo, y es ya difunta, la qual es esta que yo he dicho que vi e oý; pide a vos que le paguéys çierto beneffiçio que hiço a vuestra hermana fulana”. E la religiosa, muy maravillada de oýr tal secreto, el qual ninguna persona savía sino ellas tres, y díxole: “Verdad es, señora, que mi hermana y yo fuymos tantos años a casa de la persona con tal y tal neçessidad, y ella nos socorrió, e nos lo guardó en secreto, y nunca más en toda mi vida vi ni hablé aquella muger, y aora pareçe ser que es difunta, e quiere que ruegue a Dios por ella, e hazerlo é yo de buena voluntad”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Dixo esta bienabenturada vido en el susodicho lugar de Purgatorio, donde las ánimas se pregonaban, a una ánima de un perlado, el qual padeçía muchas penas, y dezía: “De lo que más me maravilla es que vi estava aquel ánima hecha como a manera de un gran palomar, con muchos hornillos y nidos y edificios. He de rato en ratto, así como estava, caýa, dando muy grande golpe consigo, e luego, a deshora, se tornava a levantar, e pareçía en su propio ser como ánima. E dende a poco espaçio tornava a pareçer en figura de palomar. E yo, muy espantada de ver aquel ánima en tal manera, pregunté al sancto ángel mi guardador qué hera aquello, e respondiome: ‘No te maravilles, que figura es’. E tornole a preguntar de qué o cómo, e díxome: ‘Esta ánima que ansí ves es de uno que fue perlado en el mundo, e por eso pareçe como palomar, porque tenía devajo de su mano muchas ánimas. E porque las rijió mal tiene ahora la figura de todas ellas dentro sí, ansí como el palomar tiene las palomas. Y a esta ánima dale mucha pena estar assí por sus peccados, e por los que sus súbditos e basallos hiçieron por su negligencia, y aun por su mal exemplo hiço a otros peccar. Aora lo paga e sirve todo junto su ánima con muy grandes penas, e aunque él paga su culpa e la ajena, no dexarán de pagar cada uno de sus súbditos por sí propio todo lo que a Dios offendió’. Dixo mi sancto ángel: “Con justa raçón padeçe este perlado las penas que ves, porque ansí como el palomar çerrado y çercado [fol. 44v] defiende y guarda las palomas e palominos, así qualquier perlado o persona que tiene cargo de ánimas á de poner la vida y persona, si fuere menester, por guareçer y librar de peligro de peccados a qualquier de sus súbditos e feligreses, desde el pequeño hasta el mayor, que no se los lleve el bilano, que es el demonio. E dentro, en sus entrañas, los deve tener metidos, para rogar a Dios se los libre de peccado y de toda ocasión que trae las ánimas en donaçión. E las caýdas que viste que dava aquel ánima −dixo el sancto ángel− son figura de las faltas y negligençias que hiço en su vida en el serviçio de Dios y en los officios divinales, e las que las otras ánimas hiçieron por su causa. Ansí es la justiçia de Dios, que quiere y permite Su Magestad que, de diversas maneras, y aun algunas veçes de muchas figuras, paguen las ánimas mudándolas de su natural, según la calidad y condiçión de los peccados con que offendieron a su Dios en el tiempo que le pudieron agradar y servir’”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Deçía esta bienabenturada: “Llevándome mi sancto ángel dende la ''Dominica yn passione'' a visitar los sanctos lugares e misterios de Jerusalem, vi allí dos cosas de que mucho me maravillé: la una, que vi a los sanctos ángeles meterse todos dentro de la Tierra, e dentro de las paredes e de los edifiçios de aquellos sagrados lugares. E deçían los mesmos ángeles que entravan e se metían por allí adorar la verdadera tierra sancta, porque estava ya tocada, y rebuelta e mezclada, porque las gentes lo havían ya todo mudado, labrando de otras maneras los tales lugares que estavan quando Nuestro Señor Jesuchristo padeçió y anduvo por ellos. Porque, depués que el poderoso Dios subió a los Çielos, muchas mudanças a havido en los lugares desta tierra sancta. E deçían: ‘Como nosotros con ángeles savemos adónde está la tierra más sancta y más perfeta reliquia, metémonos por estas cosas espesas como spíritus sotiles e gloriosos a adorar y reverençiar las reliquias de nuestro Señor y criador’. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
”Lo que más vi fue muchas ánimas que heran ya salidas de esta vida y andavan con los sanctos ángeles por aquellos sanctos lugares, entre los quales vi e hablé a una [fol. 45r] ánima de una muger que yo conoçí en este mundo, estando viva. E maravilleme mucho de verla, porque la vi muy encoxida y pobre, y neçessitada al pareçer, según ella se mostró bestida de una como camisa, toda hecha pedaços; e por muchas partes estava descubierta, y ençima de una como sayuela vieja muy corta, e uno como sayuelo, al pareçer prieto y muy viejo, y en la caveça una como toca muy corta y vieja, y metidos en los pies unos como çapatos muy rotos. E yo le dixe: ‘Soys fulana, que bien os conozco’. Y ella respondió: ‘Sí, soy’. E yo le dixe: ‘¿Dónde estáys, e cómo os fue en vuestro pasamiento? ¿Por qué estáys tan encogida y pobre?’. Respondiome: ‘Bien me fue, gloria sea a Dios, pues me salva’. Díxele: ‘¿Havéys visto a Nuestro Señor Jesuchristo?’. Y el ánima me respondió: ‘Sí, gloria sea a Él. Quando me finé, vi y le adoré a Él y a su preçiosa madre, Nuestra Señora, y me goçé mucho. Lo que me preguntáys, adónde estoy por la voluntad e mandamiento del poderoso Dios, estoy agora en la yglesia de mi lugar, y a vezes en mi casa, y otras vezes en casa de mis veçinos, pagando algunos peccados que en aquellos lugares hiçe’. Preguntele: ‘¿Estáys alegre o triste?’. Respondiome: ‘No estoy muy alegre, porque ya no me hago de estar en mi casa, ni en ninguna parte del mundo, después que dexé el cuerpo; empero, agora, a placer, tengo con liçençia de Dios de andar por estos sanctos lugares, e más goço deste sancto tiempo e sanctos misterios que si allá estuviera en el mundo, porque los puedo ver e andar con el ánima. Y aquí me dan agora, en estos sanctos lugares, goços por todas las misas que en mi vida oý’. E díxele: ‘¿Por qué traes esa camisa tan rota, que pareçe que os la an sacado toda a pedazos?’. ‘Traygola’ −dixo− ‘que en penitençia de mis peccados e de los bocados que di a mis próximos’. Preguntele: ‘¿Pues cómo les dávades bocados?’. Respondiome el ánima: ‘Todas las palabras malas e con yra que les hablava me fueron demandadas en el juyçio de Dios por bocados, como si los mordiera, que assí me pareçe que se quentan e demandan, e pagan acá en este mundo’. E díxele: ‘¿Y esa saya, tan corta y vieja que traes?’. Respondiome: ‘Aun esta que traygo [fol. 45v] me fue dada por gran misericordia, que desnuda del todo havía de andar, con esta camisa aboqueada, e toda de fuera e abergonçada, sino de charidad me vistieron estos señores ángeles, y esto por las oraçiones que yo con charidad hiçe por mis próximos. Y este sayuelo tan viejo y de tan poco valor me fue dado de virtud, que desnudos havía de traer mis braços, mas pusiéronmele para cubrírmelos, e por el tiempo que estuve desnuda, padeçiendo frío y dolores en ellos, en mi larga enfermedad. Y esta tan corta toca que me pusieron por algunas tocas que di de limosnas en ese mundo, que destocada y descubierta havía de andar mi caveça en penitençia de mis peccados. Y estos çapatos, aunque son rotos y viejos, no merezco otro calçado que bueno sea, que quando me los dieron dixéronme que los tuviese en virtud de Dios, que descalça havía de andar, sino por algunos çapatos que havía dado de limosna; por amor de Dios me dieron este pobre calçado con que cubriese mis pies’”. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Dixo esta bienaventurada, contando todas estas cosas: “Mucho me maravillo de la providençia divina, que aun en las penas, y, antes que el ánima sea sanctificada, en la gloria depara, y sola empieça Nuestro Señor a remunerar las buenas obras que en este mundo obró. Que aquellas pobres bestiduras que aquel ánima traýa figurada hera de las muy ricas y nobles que Dios le havía de dar a ella, e otra qualquiera persona, que por amor de suyo padeçiere penas y enfermedades con paçiençia, e hiçiere limosnas e buenas obras. Pregunté a aquella ánima, diziendo: ‘Dezidme, ¿havéys visto a vuestros hijos los difuntos?’. Respondiome: ‘A los que están en el Çielo no los he visto. Mas he visto otros de mis parientes, e otras personas que yo conoçía que son también difuntos, e pensava yo que avía muchos tiempos que estavan ya en el Çielo, e todavía me pareçe están en penas de Purgatorio, de lo qual estoy muy maravillada’”. Y así cesó esta habla y desapareçió a deshora esta ánima estando esta sancta virgen elevada. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Una religiosa que della e de su çelda tenía cargo, buscando çierta cosa, fue a abrir un cofreçito que estava [fol. 46r] en la çelda, e halló dentro unas ojas berdes y muy frescas, a manera de ojas de parra muy preçiosas, una hostia enbuelta en ellas. E la religiosa, muy maravillada y no saviendo lo que hera, estávalo mirando. Y estando ella en esto, a deshora tornó esta bienabenturada Juana de la Cruz de la elevación, y aún no hera casi bien tornada en sus sentidos quando vido que la religiosa andava en el cofre. Y díxole con grande apresuramiento: “Estad hermana, no lleguéys ni toquéys a esa reliquia que aý está, que es el Sanctíssimo Sacramento, mas traedme acá ese cofre yncada de hinojos”. Y con muchas lágrimas, e admirable reverençia y fervor, dixo: “Quiero haçer lo que los ángeles me mandaron, y resçivir a Nuestro Señor, aunque dello no soy digna”. Y tomó la sanctíssima hostia, e consumiola, y comiose las ojas en que estava envuelto el Sanctíssimo Sacramento, sin dexar ninguna cosa. Aunque fue muy rogada de la religiosa que la dexase alguna parteçita de aquellas sanctas ojas para las tener en reliquias o para las comer, respondió: “No me a sido dada liçençia para que diese parte dello a ninguna persona, sino que yo sola la tomase e comiese todo”. E la religiosa le suplicó mucho le dixese este secreto, y esta sancta virgen le dixo: “Los santos ángeles pusieron aý el Sanctíssimo Sacramento envuelto en unas ojas del Paraýso terrenal, según los mesmos sanctos ángeles me dixeron, que un hombre que hera hereje o mal christiano, e tanto que fue al Infierno, e murió agora, e diéronle el Sanctíssimo Sacramento; y así, quando acavó de comulgar, espiró, y no tragó la hostia consagrada, sino quedósela en la boca. E los señores ángeles sacaron al Señor de la boca de aquel hombre malo después de muerto, e truxéronle aquí, y mandaronme, pues yo lo havía visto y savido, lo [fol. 46v] tomase e resçiviese por una de las ánimas de Purgatorio. E traxéronme aprisa de allá, y dixéronme que ellos le havían puesto en cobro, y que ya estava cerrado porque çierta persona, que no savía lo que hera, llegava a ello, e por eso me traxeron tan apriesa. E la religiosa le dixo: “Poquito haçía, señora, que havía llegado a ello; e verdad dizen los sanctos ángeles, que mirándolo estava. Digo mi culpa dello”.Y ansí se supo esta maravilla del Señor. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Ymportunada de las religiosas esta sancta y bienabenturada les dixese por caridad qué hera lo que sentía espiritualmente quando la graçia de la elevaçión le venía, respondioles, como madre a hijas que en el Señor mucho amava, diziendo: “Acaésçeme algunas veçes, quando aquella graçia me viene, que me lleno dentro de mí de una dulçedumbre de licor y blancura como de leche. Y quando deste liquor soy casi llena, aún no salgo de mis sentidos, ni se me despide del todo el spíritu para subir e ver y gozar las cosas çelestiales, empero queda mi ánima alegre. E otras vezes, quando esta graçia me da el Señor, no solamente está mi ánima arta, e llena e abastada a todo mi contento, mas aun me sobra este liquor y blancura, e se vierte hasta mis vestidos; e otras vezes, los bestidos y cama a do estoy hechada; e otras vezes sobrepuja tanto, que cama e çelda está llena, e me pareze que más de una bara en alto está toda nuestra çelda llena. Y estando en esto pierdo el sentido, y me hallo donde Dios tiene por bien. E pero sé os deçir que es lugar muy glorioso, y el ánima que allí se halla no tiene más que desear por entonçes, e por las vezes que Dios por allí la quiere consolar, mostrándole su realíssima preferençia por su ynfinita [fol. 47r] misericordia. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
”E quando yo torno en mis sentidos corporales hallo, en todas aquellas partes que primero vi redamada la graçia en nuestra çelda, nasçidos muchos árboles de muchas maneras, y frutales con hermosas ojas y mucha diversidad de flores, y yervas odoríferas e de muy gran fermosura, las quales me pareçe están nasçidas en la rama y en mi persona e bestidos. Y el suelo todo de la çelda, y las paredes hasta una bara en alto, y en estos árboles y flores ay muchedumbre de aves muy hermosas, cantando de diversas maneras. Y así diera por alguna graçia. E como vosotras, hermanas, sentís que yo soy tornada, y empeçáys a entrar en la çelda, a mí me pesa y tengo compasión en mi secreto, aunque no os lo digo, de ver pisar cosa tan preçiosa e hermosa. E assí, poco a poco, se va desapareciendo, que no lo veo. E yo, maravillándome qué podría ser esto, preguntelo a mi sancto ángel, e respondiome, diziendo: ‘Ay, verás tú cómo se cumple muy bien la palabra del Señor que diçe: ‘¿Quándo mi spíritu vano bolverá a mí bazío?. Pues mira tú que, si en las tierra o ropa, que son cosas ynsensibles, donde cae la graçia del Señor, que es llamada de Spíritu Sancto, como tú ves nasçido e frutificado es que no vuelve a Dios sin dar su fruto, pues quánto más es raçón haga fruto en el alma, que es viviente e ymagen de Dios, la graçia del Spíritu Sancto, y ese mismo Dios que la hiço y crió’. Y muchas vezes la embía esta graçia, y si el alma se ayudase, haría en ella muy dinos frutos, e le daría muy grandes dones de gloria. Y también dize que la medida dará a quien más le amase, llena y colmada, e revertida como tú la ves. E muy gran raçón es, y así lo quiere ese mismo Dios, que en el coraçón que esta graçia es ymbiada no cayga en baçío sin haçer fruto, e frutos como tuviese en la tierra”. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Siendo esta bienaventurada abbadesa, [fol. 47v] hazían en el monasterio un cuarto. E yendo ella a ver la obra que se haçía, acompañada de çiertas religiosas, e mirándolo por un rato, apartose de los que allí estavan, e púsose entre muchas piedras que estavan al pie de la obra. Y estando ella en pie, he se la vino la graçia del Señor, y elevose. Y guardándola Dios por su misericordia, nunca se cayó ni meneó más que si fuera de mármol, porque, si perdiendo los sentidos cayera, se hiçiera pedazos entre las muchas piedras que allí estavan.&lt;br /&gt;
Y allegando a ella un padre, compañero del confesor de las monjas que allí estava, hablar con ella, pensando estava en sus sentidos, e hablola. E como no le respondió, el frayle llegose a ella, e vido cómo estava elavada. E maravillose, e dando graçias a Dios, díxolo a las religiosas que allí estavan. E viéronla los maestros, e todas las personas que allí estavan trabajando en la obra. E corriendo todos a mirar esta maravilla, davan graçias a Dios de verla así, sin sentidos, e tenerse en pie como si por mano la tuvieran, sin caerse ni menearse de allí. La tomaron y llevaron a su çelda e recogimiento acostumbrado, e saliendo [¿el principal?] ya dicho fuera del monasterio, venían unas personas a la casa a hablar a esta bienaventurada. E llegaron al torno, diziendo que por amor de Dios se lo dixesen, ella los quisiese consolar.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El frayle, viendo su ymportunaçión, les dixo: “En verdad ella no tiene agora dispusiçión para hablar, que yo salgo agora del monasterio, e os diré el misterio que vi, que es esta maravilla: que la hallamos elevada, e puesta en pie sin se caer“. E diziendo el padre estas palabras, a deshora vido, [fol. 48r] él y otros con quien hablaba, un niño de hedad de çinco años a par de sí, que les respondió, diziendo: “Teníanla los sanctos ángeles, ¿cómo se havía ella de caer?”. El frayle, espantado de oýr tales cosas y palabras a niño tan pequeño, volviendo la caveça a preguntarle qué hera lo que deçía, quando miró ya hera desapareçido. E todos los que allí heran presentes se maravillaron mucho, e dieron graçias a Dios. Conoçieron no ser criatura terrena, sino celestial, que pareçió allí por permisión de Dios para dar testimonio desta bienabenturada.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Capítulo IX'''&lt;br /&gt;
'''De una revelaçión que le fue mostrada a esta sancta virgen de un hermano'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Dixo esta bienaventurada: “Yo sé que estava un hermano en un desierto haziendo penitençia, el qual hera hombre de muy sancta vida. E Satanás travajava mucho por destruyr su ánima si pudiese. Quando este hermitaño se ponía en oraçión, apareçíale el demonio en figura de Nuestro Señor Jesuchristo cruçificado, y deçíale que le adorase, que hera su Dios a quien él mucho servía y agradava. Y el hermitaño adorávale con mucha devoçión. E permitió la Divina Magestad que este su siervo no fuese más engañado, pues él pensava adorava a Dios, y así le hera contado. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
”E acontesçió que, un día del señor Sant Miguel, fueron todos los ángeles a Nuestro Señor Jesuchristo, y suplicáronle les diese a Nuestra Señora la Virgen María para que le querían ellos haçer muy grandes fiestas como a Reyna y Señora suya. Y el poderoso Dios le respondió, diziendo: ‘Mis amigos, vuestra es agora la fiesta, por tanto no os quiero dar a mi sancta madre, que conmigo [fol. 48v] me la quiero tener en mi trono. Y a nosotros hágannos todos mis sanctas fiestas, e muy grandes obras, pues soys mis siervos, y a mis primos juntos, y todo lo merecéys’. Los sanctos ángeles respondieron, diziendo: ‘Nuestro Dios y criador, pues vuestra Divina Magestad no nos quiere dar nuestra Reyna y Señora, nosotros no queremos otra ninguna fiesta; antes nos yremos a pelear con los demonios’.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
”He hazíendolo assí, fuéronse a Purgatorio a pelear con los demonios y sacar muchas ánimas. En viendo los demonios cómo los sanctos ángeles hazían tan grande espojo ''[6]'', fueron algunos dellos ahullando e dando muy grandes vozes al yermo a llamar aquel prínçipe malaventurado, que se estava entonçes haziendo adorar del hermitaño, en figura del cruçificado Nuestro Señor Jesuchristo. E llegaron los demonios con mucho ruydo, diziendo: ‘Andad acá, prínçipe nuestro malymíssimo, maldito seas tú, que te estás agora adorando e haziéndote Dios, y están los ángeles de Jesuchristo cruçificado destruyendo nuestros purgatorios e rovándonos las ánimas que tenemos presas y cautivas. Anda acá, que no te aprovecha nada todas esas adoraçiones que te hazen aý, que su Jesuchristo assí se lo cuenta por meritorio como si él mesmo lo hiziese. Ya saves tú que no quiere él otra cosa sino la yntençión’. E oyendo aquel demonio estas cosas que los otros sus compañeros le dezían, e que el hermitaño le havía conoçido a él y a los que havía oýdo todo lo que le havían dicho, dio un grande estalido, que pareçía que todo aquel yermo se quería destruyr, y desapareçió él y todos los otros spíritus malinos que le llamavan. Y quedó el hermitaño muy espantado y enagenado de sus sentidos de ver el yerro tan grande en que estava caýdo. [fol. 49r] Empero dava muchas graçias a Dios, por la lumbre e aviso que le havía dado.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
”Mira, hijas y hermanas mías, qué engaño tan grande, y cómo no son dignas de creer todas las cosas, sino fuere las que dieren testimonio de ese mismo Dios. Y estas cosas y otras muchas me muestra el sancto ángel por la voluntad de Dios para mi lumbre y covijo, e por él mismo creo resçiviréys. E os he dicho, señoras, esto que agora me fue mostrado. Ansimismo, llevándome mi sancto ángel en spíritu algunas vezes por la voluntad de Dios, veo muchos demonios tentadores de las ánimas, los quales traen unos libros muy grandes, e cada uno de aquellos demonios scrivía y ponía por memoria todos los peccados e malas obras que haçen las gentes. E los sanctos ángeles, nuestros guardadores, quando ven que sus ánimas que tienen en cargo an confesado y comulgado, y an satisfecho en todo lo que heran en cargo y están con alguna devoçión, van a los demonios, e toman los libros, diziendo: ‘Dad acá, que queremos ver qué peccados son los que nuestras almas tienen aý scriptos’. Y aunque les pesa a los demonios, e reúsan que no los quieren dar, lo sanctos ángeles llegan e les toman por fuerça los libros, e miran los peccados, que ellos saven que su ánima a confessado y están absueltos y perdonados de Dios, he tráenlos de los libros. E de que los an quitado, llaman a los demonios, diziéndoles: ‘Toma vuestros libros, que no los queremos, que ya havemos mirado y visto en ellos lo que queríamos’. He los demonios, no osando llegar, se van huyendo, temiendo, aullando. Entonzes los sanctos ángeles se los arrojan, e los demonios toman los libros, e míranlos, e hallando raýdos los peccados que tenían scriptos, con gran rabia los arrojan muy lejos. Pero cuando los peccadores [fol. 49v] tornan a peccar, luego se tornan a enllenar los libros, que los demonios los scriven.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
”Dízeme mi sancto ángel que es muy buen consejo e cosa muy segura apartarse de las personas de las ocasiones de peccar, e vivir siempre en charidad y amor de Dios. E oý dezir a los sanctos ángeles, en voz de cántico, que hera a Dios muy açeto el bien obrar e vivir en puridad de conçiençia, e qu’el ayuno e las lágrimas, e la penitençia, da alegría a Dios e a los ángeles. Y ansimesmo dezýan que heran obligados los christianos, según buena conciençia, de ayunar la víspera de la sancta Navidad de Nuestro Señor Jesuchristo como el Viernes Sancto, y esto se entiende a pan y agua, o muy pobre comida; e quien con amor y reverençia de Nuestro Señor lo hiciere, ganará muy gran galardón de Dios”. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Hablando el Señor por la bocca e lengua de esta bienaventurada, enseñó cómo y de qué manera havíamos de obrar, e de lo que nos havíamos de guardar e de haçer declaró el verso del psalmista que dize: ‘''Dies diei eructat verbum, et nox noctem indicat scientiam''’. Y es que el día de la presente prosperidad que contra Dios nos gozamos dará vozes contra nosotros, para que el día de la gloria eterna no nos resçiva en sí, e que la noche de la tribulaçión por Dios sufrida en este mundo dará voçes por nosotros, para que la noche de la pena infernal no nos traye, manifestando la sçiençia que tuvimos en sufrir de buena gana la pena corporal por escapar de la eterna.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Todas las más vezes que esta bienabenturada hablava al Señor en spíritu, e quando le da la graçia del soplo, le suplicava con grandes suplicaçiones e ruegos le diese su Divina Magestad penas e dolores, e persecuçiones muy rezias [fol. 50r] que padesçiese por su amor, assí de enfermedades como de ser atormentada de las criaturas de la Tierra, que esto sería su alegría e consolaçión: padesçer siempre pena y tormentos por su amor. Y ansí padesçió esta bienabenturada mientras bibió penas e persecuciones, e tentaçiones espirituales, que algunas vezes fue azotada de los demonios, e tanto, que las señales vieron en su cuerpo las religiosas muy grandes e crueles. E una vez le duraron por más de un año, que no se le quitaron las señales de los azotes que los demonios le dieron, e le quedó una que no se le quitó en un lado de su cuerpo mientras vivió. Diole Nuestro Señor un dolor muy grande de caveça, y tanto, que la tenía como muerta, que no comía ni dormía por tres e quatro días, sino contino en un gemido, que no podía hablar sino por señas. Veníale este mal de caveza ordinariamente de quinçe en quinze días, e otras vezes a tres semanas, según Dios quería.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Estando una religiosa en pasamiento en la enfermería a ora de misa, esta sancta virgen, yendo oýr la del choro, quiso primero visitar la enferma, que estava en estrema neçessidad. E consolándola, hablava con gran charidad e amor. E la religiosa se le encomendó mucho, diziendo fuese amigga e rogase mucho al Señor por ella, e supiese d’Él si hera su voluntad, y si le haría serviçio en resçivilla otra vez, antes que muriese. Y ella le respondió le plazía de voluntad. E fuese a misa, e rogó muy afincadamente al Señor por la enferma. E alçando el Sanctíssimo Sacramento, oyó esta bienabenturada una voz del Señor que la hablava desde el Sancto Sacramento, diziéndole: “Di a essa persona que se me encomienda que yo la resçiviré e ayudaré, e seré con ella, pues me quiere a mí resçivir para su partida, [fol. 50v] en la qual no la desampararé”. En las quales palabras mostró el Señor a esta sancta virgen que savía mentalmente no le resçiviría en esta vida aquella enferma. E con esta respuesta la fue visitar cuando salió de missa, e le dixo se consolase, que del Señor sería ayudada e resçivida, e le sería piadoso consolador. E ansimismo le fue mostrado a esta bienabenturada, después del pasamiento de esta religiosa, cómo el Señor le pareció, quando quiere espirar, y la esperó hasta que le salió el ánima, la qual tomó el Señor con su poderosa mano, e la llevó e pasó por los fuegos, e aguas e vientos de Purgatorio, e ninguna cosa le empeció, porque la llevava el Señor, e la libró. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
E passados algunos días que esta religiosa era difunta, estando esta bienabenturada en su çelda en oraçión un día de la sancta cruz, encomendando a Dios çierto secreto que tenía en su pensamiento, que tocava al monasterio e provecho d’él, e ansimesmo a esta religiosa difunta, a deshora le apareçió la mesma religiosa, a la qual vido venir muy blanca e resplandeciente, e traýa en sus manos una muy hermosa cruz verde. Y le dixo: “De eso que deseáys saber si es conçiençia o no, yo vos çertifico no lo es, que mi padre no hera heredero de mí, porque antes que él muriese, yo tuve hijo, el qual es al monasterio donde yo hize professión, por la qual é alcançado mucha parte en el Çielo”. E replicando muchas vezes esta palabra en el Çielo, desapareçió como bolando e subiendo en alto.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[fol. 51r] Viniendo en romería mucha gente al monasterio en que la sancta virgen Juana de la Cruz estava, que hera Sancta María de la Cruz, entre la dicha gente venían dos personas, marido y muger, e traýan una su hija, niña de teta. E diole, a deshora, súpitamente un mal, e murió la niña. E sus padres, muy angustiados, derramavan muchas lágrimas. Y ellos y otras personas que allí se juntaron hizieron en la niña muchas espiriençias, e ninguna cosa aprovecharon, que así se estava difunta. E sus padres, con otras personas, llegaron al locutorio, que a la saçón estava allí esta bienabenturada, e rogáronle, muy afetuosamente, quisiese mandar meter por el torno aquella niña. E contáronle lo que havía acaesçido, e que estava difunta. E tenían fee, según las maravillas savían Dios hazía por ella, si la santiguava viviría la niña. Y esta bienabenturada escusávase con palabras humildes, diziendo que no hera digna que Dios hiçiese tales milagros por ella, ni la querría oýr. Pero siendo muy importunada de sus padres, con muchas lágrimas e clamores, mandó a las torneras tornasen la niña por el torno, e se la trajesen allí al locutorio. E tomándola ella en sus braços, hiço su oraçión, e santiguándole, púsola ençima una ymagen del sancto cruçifixo, que traýa ella siempre en sus brazos en memoria de la cruz e Passión de Nuestro Señor Jesuchristo. Y en poniéndosele, empeçó la niña a [¿chillar?], tornó en sí e vivió. E diéronsela a sus padres biva y sana, los quales la tomaron con muy gran gozo y alegría. E fue manifiesto este milagro de más de ochenta personas, que primero la bieron [fol. 51v] difunta y meterla por el torno del monasterio, e después la vieron salir viva y sana.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Vino a esta bienabenturada un frayle, el qual estava tentado de muy reçias tentaçiones, y en especial le traýa Satanás al pensamiento que él havía de ser el yncubierto, e havía de remediar todo el mundo. Y en llegando esta sancta virgen a la red del locutorio, le vido cómo traýa al demonio en figura de un grande gato muy fiero, y negro y espantable, sobre su persona. E lo mesmo veýa a todos los que traýan tentaciones, que la hablavan tener los demonios sobre sus personas, e la figura dellos de muchas diferençias, según hera la calidad de las tentaçiones. E muchas vezes le dava gran pena el hedor de los peccados que algunas personas traýan consigo. Vido esta bienaventurada cómo el demonio tenía aquel frayle tomado el cuello e la caveza e sentidos, conviene a saver, los oýdos e ojos e lengua, e con una mano le tenía prendido e travado el corazón, de manera que este religioso estava atónito e como loco. Empero tenía una devoçión que dondequiera que llegava, antes que ninguna cosa hazía, se saludava a Nuestra Señora con el avemaría. E assí como llegó a hablar al locutorio, comenzó la acostumbrada oraçión. Y en empezando el avemaría, se le quitó el demonio de ençima, y fue uyendo. Y en acavando de dezir la salutaçión, luego se tornó el demonio a poner ençima d’él. E todo lo veýa esta bienaventurada, aunque a él no le dixo ninguna cosa desta visión. Pero amonestole e avisole, e díxole no se curase de tales tentaciones, e banos e malos pensamientos, que son peccado e gran ofensa de Dios, e tentaçión de Sathanás, e podía perder el alma. E amonestándole mucho, e dándole sanctos consejos, fue librado este religioso de las uñas de Sathanás por su ruego y consejo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Acaesçiole muchas vezes esta bienaventurada, estando [fol. 52r] orando en su çelda por las personas que se le encomendavan, e por las que ella conoçía, ver sus figuras representadas delante de sí, e las neçessidades que cada una de ellas tenía, y en lo que más estava. Y ella, muy maravillada de la tal visión, preguntolo al sancto ángel su guardador, diçiendo: “Señor, estoy muy espantada de una cosa que he visto estando yo sola, ençerrada en la çelda en oraçión. Que me pareze algunas vezes gozo en spíritu de oýr algunas misas muy solenes, de lo qual mi ánima resçive muy gran consolaçión, e junto con esto me pareçe veo todas las personas que yo conozco que son vivas, y aún artas dellas están muy lejos de casa, e me pareçe las veo en estas, y en estas tribulaçiones e neçessidades, assí de las ánimas como de los cuerpos”. Y el sancto ángel le respondió: “No te maravilles, que la figura de todas esas personas es que permite el Señor veas algunas vezes, y sepas las neçessidades en que están, pues se an encomendado en tus oraçiones para que las ayudes con ellas. Que esa es la verdadera charidad, rogar unos por otros, e socorrer siempre en sus neçessidades”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Capítulo X'''&lt;br /&gt;
'''De una revelaçión que a esta bienaventurada le fue mostrada'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Dixo esta sancta virgen: “Bien supe, por la voluntad de Dios, una cosa ayer: que vino mí una persona, y me dixo rogase a Dios por el ánima de su padre y supiese en qué estado estava. Y yo rogué a mi sancto ángel me lo dixese, y él supplicó a la Divina Magestad le diese liçençia me dixese el estado de esta ánima por quien yo rogava y desseava saver. Respondiome que hera salva por la misericordia y Passión del poderoso Dios, e yo díxelo a una su hija, que el ánima de su padre havía savido que hera salva, pero tenía neçessidad hiçiese bien por él. Y ella se consoló mucho de saberlo, y hiço todo lo que pudo por el ánima de su padre; y entre todos los bienes que por él hizo [fol. 52v] ganó un gran jubileo, e todo lo offreçió a Dios por él. E vino a mí, y díxome lo que havía hecho por aquella ánima de su padre, que rogase yo a Dios le aprovechasen los bienes que por él havía hecho. E yo, en viendo a mi sancto ángel, le encomendé y supliqué tuviese cuydado de aquella ánima, e díxele todo lo que su hijo me havía dicho. E respondiome: ‘Bien hazes de rogar a Dios, que la buena obra nunca se pierde, mas a esa persona difunta no le aprovecha lo que por ella se haze por agora, que la justiçia divina le quita todo lo que por ella haçen agora, e lo da a otra ánima de Purgatorio’. E maravillándome yo, le dixe: ‘¿A qué ánima, señor, le dan los tales bienes?’. ‘Al ánima de su padre de ese por quien ruegas, y es la causa porque él heredó los bienes de su padre, y no tuvo cuydado de haçer bien por él; y si él hiço algo fue poco, y no tanto quanto hera obligado a haçer y su padre tiene neçessidad, que pudiera ser mediante la misericordia de Dios ser salido de Purgatorio, si le huviera ayudado este su hijo con algunos bienes. Y pues fue descuidado, a mandado la justiçia divina le despojasen de todos los bienes que por él se an hecho, e los den a su padre hasta tanto que basten sacalle de penas de Purgatorio. E más te hago saber: que ese jubileo que esa su hija ganó agora en la Tierra, fuera bastante con el ayuda de Dios para salir él de Purgatorio, mas quitáronsele. Y el ángel del ánima de su padre, de ese por quien se hazían los bienes, le fue a llevar las nuevas de este jubileo, y le dixo: ‘Alégrate, ánima, que el poderoso Dios manda salgas de penas, por quanto todos los bienes que se an hecho por el ánima de tu hijo se te an [fol. 53r] dado a ti, porque él fue descuydado en su vida en haçer bien por ti quanto hera obligado, y agora ganó una tu nieta un jubileo para tu hijo, con el qual saliera de penas de Purgatorio, y este se la quita e se da a ti, con el qual sales de Purgatorio’; con las quales nuevas se mucho consoló aquella ánima, e dio graçias al poderoso Dios. Y dixo a su ángel: ‘Señor, mucho querría ver a mi hijo, y hablalle si me diesen liçençia’. Vido a su hijo, y díxole cómo él se yba a tal gloria mediante la misericordia de Dios, ‘y por un jubileo que ganó para ti una hija tuya y nieta mía, con el qual tú salieras de penas, y quítasele la justiçia de Dios y dámele a mí, con el qual voy a la gloria, porque tú te descuydaste en tu vida de haçer bien por mí. Por eso ave paçiençia, y el Señor haga contigo la gran misericordia que conmigo a hecho’. Y su hijo, conoçiendo su culpa y descuydo, respondió: ‘Justo es Dios, e justos son sus juyzios’. Y dixo el sancto ángel, mostrando muy grande compassión: ‘¡Ay de los hijos que heredan los bienes de sus padres, e los gastan y distribuyen sin haçer bien por ellos! Pagarlo an, porque se les será bien demandado. E que no les queden bienes son obligados a rogar por sus padres, e haçer bien por ellos. E lo mesmo digo por los albazeas que façen lo mesmo, que ellos darán estrecha quenta a Dios’”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y traxeron una niña de teta, chiquita, para que la sanctiguase esta bienabenturada, que traýa una gran enfermedad. Y ansí como se la pusieron delante, la vieron toda cubierta de un belo negro de siliçio, de lo qual se maravilló mucho, e dixo a las religiosas: “Mirad, hermanas mías, las cosas que Nuestro Señor permite en la Tierra por nuestros peccados: que esta niña ynoçente, que no á sino siete meses que nasçió, tiene ya Satanás poder para la atormentar en el cuerpo, que en el alma no [fol. 53v] puede empezer. La que os digo, en verdad, la he visto toda cubierta de un siliçio muy áspero y negro, de lo qual estoy muy maravillada. Ruegoos, amigas, roguéys por ella, que lo mesmo haré yo”. E santiguándola e rogando a Dios por ella, fue guareçida de aquel peligro.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
E otras muchas cosas secretas le mostrava Dios. Algunas vezes vía las personas que conoçía que havían de enfermar muy presto, e si havían de morir de la enfermedad o no, e otras muchas cosas que Dios hera precido de mostrale espiritual y corporalmente. Dezía esta bienabenturada: “Quán temoroso es el juyzio e cuenta que a cada ánima se toma. Esto digo, hermanas mías, porque vosotras y yo nos guardemos de offender a Dios, que algo dello a sido su Divina Magestad servido de mostrarme, porque el lugar donde mi sancto ángel me pone, quando Dios es servido que yo me eleve, es muy çercano al lugar diputado donde el señor Sant Michael, con muchedumbre de ángeles, se pone a juzgar las ánimas buenas e malas, en el qual juyzio veo cosas muy espantosas e maravillosas. Está assentado el príncipe Sant Michael, quando á de juzgar, en un trono muy real, con toda la auctoridad e poderío del Señor Dios Todopoderoso. Tiene corona de oro en la caveza, a manera de Rey, e pareçen ante él qualesquiera ánimas que de este mundo an salido, e junto con las ánimas, los sanctos ángeles que las guardaron mientras vivieron, e también los demonios, sus tentadores e acusadores. E a todos habla y oye, y escucha y demanda señalada cuenta de lo que cada uno hizo en esta vida, e dixo e obró, en la manera siguiente, hablando a cada un ángel guardador de cada un ánima, [fol. 54r] diziéndole: ‘Venid acá, señor fulano, dadme cuenta de esta ánima que por espaçio de tantos años tuvistes cargo, e fuystes su ayo y guardador, porque de todo manda mi señor Jesuchristo tome la cuenta e sentençia para la pena o gloria, según sus obras mereçiesen, como quier que su Divina Magestad, en sus secretos, la tiene juzgada en sola una palabra, en la qual la bendize o maldize. Empero quiere pase por juyzio de ángeles, para que todos vean y sepan con quán justa justiçia salva o condena, o le da pena o gloria’.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
”Y el sancto ángel guardador de aquella ánima responde, diziendo: ‘Señor juez, ya véys que estos demonios vienen aquí a acusarla, e quántos libros traen scriptos della, e los aullidos y gritos que dan diziendo que es suya. E pues tantos peccados a hecho, hablen ellos primero, e digan lo que quisieren, e después yo hablaré, y daré cuenta çierta y verdadera della, pues estamos juramentados en la memoria de Dios y en la su sabiduría todos los ángeles que tenemos ánimas a cargo que, en el último día de su vida o quando nos lo demandasen, la daremos’. E quieren los sanctos ángeles que los demonios hablen primero. Es por mejor, porque los demonios, como son tan maliçiosos e llenos de maldad, quando las personas finan, aora sean buenas o malas, no solamente tienen guardados todos los peccados que fiçieron mortales, mas aun los beniales tienen por mortales, que se los acusan en el juyzio, y acen hasta el más liviano pensamiento que no sea bueno; le acusan por cosa muy creminosa, e ban muy cargados de libros muy grandes, todos scriptos, y el papel de ellos es de yerro. E dan muy grandes vozes, diziendo que les den aquel ánima, que es suya [fol. 54v] y que a ellos perteneçe, por tales y tales obras que fiço. E Sant Michael, oyendo la respuesta del sancto ángel que diçe hablen primero los demonios, llámalos y escúchalos, y escucha lo que diçen de aquel ánima, porque ansí lo quiere Dios. Porque los demonios, quexándose d’él, no digan que oye de justiçia a los otros, e no a ellos. E de que los demonios an dado sus razones e quexas, llama al sancto ángel que dé él su razón, y diga todas las obras buenas y malas de aquel ánima, el qual responde: ‘Señor, tales y tales cosas que esos demonios dizen, hizo esa ánima; verdad es que hera peccado mortal, empero ya lo confesó, y hizo penitençia dello, aunque no tanto que bastase para que del todo se le perdonase sin ninguna pena que por ellos padezca; e tales e tales cosas que le acusaron por peccado mortal, no fue sino venial; e tales e tales obras e pensamientos no fueron de esa manera, sino de esta y desta, e ya lo confesó’. Y assí da el sancto ángel públicamente cuenta y raçón de todas las cosas que aquella ánima hiço en su vida, aora sea bueno, aora sea malo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
”Y en todo esto calla el ánima, que ninguna cosa responden. Se escusa, mas está muy encogida y temerosa, temblando si la an de condenar o no. E oýdas el señor Sant Miguel ambas partes, juzga e sentencia, según la voluntad de Dios e la justiçia, del ánima, y embía cada una dellas al lugar diputado, donde por entonçes á de estar: a la gloria de Paraýso, si tan perfetas obras tiene, o penas de Purgatorio, si desta vida no va perfetamente acavada de purgar, o a penas infernales, si tan mala y peccadora fue que no quiso amar ni servir a Dios o si le tomó la muerte en peccado. Mas [fol. 55r] que en el estado que le tomó la muerte la juzga Dios. Después que Sant Miguel a dado la sentençia a cada ánima según la volutad de Dios, todavía tiene el sancto ángel el ánima a par de sí, la qual tuvo a su cargo, mientras en este mundo vivió. E si la tal ánima por sus peccados es condenada, aunque sea christiana, el sancto ángel, con semblante triste e de mucha compasión, llama a los demonios con çierta señal que ellos tienen. E oýda dellos, van con mucha priesa, como bestias fieras, recogiendo los dientes he hiriendo las colas, e abriendo las bocas para las tragar. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
“Los sanctos ángeles héchanles las ánimas condenadas a manera de quien convida a canes, diziéndole: ‘[¿Çito?], tú, toma, mata tu ambre de lo que as desseado’. Luego los demonios las recogen en las bocas, e con las uñas las van despedazando, e tragándolas, haziéndoles muchos tormentos, las llevan adonde la justizia de Dios quiere que padezcan. E las ánimas que van a pagar a Purgatorio, llévanlas los sanctos ángeles en los braços e manos, e vanlas hablando e consolando, y esforçando quanto pueden. Y ellos, por sus propias manos, las arrojan de presto em Purgatorio, en el lugar de penas que Dios quiere que paguen. Y el sancto ángel vuela en alto, e sube al Çielo, e quedan las ánimas dando muy grandes gritos y alaridos, e padesçiendo muy grandes penas. E nadie por entonçes las bale ni consuela, hasta que nuestro Señor Dios otra cosa manda. Porque así es justa su justiçia, aunque las sufragias y oraçiones hechas por las ánimas de Purgatorio quiere su Divina Magestad les aprovechen.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
”En aquel lugar que juzga Sant Miguel, ay çierto número de sanctos ángeles que tienen un offiçio, por mandamiento del poderoso Dios, que con azotes en las manos açotan las ánimas, e las hechan de allí del Çielo, donde son juzgadas, afrentándolas públicamente, diziéndoles: ‘Anda, sal fuera, e ve para las aguas de Purgatorio, que así lo mereçes por tus peccados yr al lugar de penas, y no de [fol. 55v] gloria. Toma este azote por tal y tal peccado que hiziste contra la Divina Magestad, e toma este por la offensa que hiziste hazer a tu próximo, y este por el mal exemplo que diste’. E desta manera de vituperio e injurias hechan los sanctos ángeles las tales ánimas del Çielo, e las embían a Purgatorio, y ellas resçiven muy grande afrenta en ser heridas e ynjuriadas de los sanctos ángeles. Y estas tribulaçiones e otras muchas padesçen las ánimas que an offendido a Dios, aunque son christianas y se salvan.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
”Ay otra muchedumbre de ángeles, en aquel lugar diputado de juyzio, que todos juntos, en una voz acordada, tañen con trompetas, y en voz de cántico loan la justa justiçia de Dios quando condena a algunas ánimas o las salva, y embía a las penas e fuegos de Purgatorio. Y dizen aquellos sanctos ángeles con aquel gran poderío: ‘O, Señor, qué templada justiçia hazes: a quien mandas dar un infierno mil quentos infiernos mereçe, y a quien mandas dar pena de Purgatorio mereçe ser eternamente condenado. O, Magestad Divina, quán bien hazes e obras tu justiçia, e por ello te loamos e adoramos, e vendeçimos e damos graçias’. E desta manera tienen unos ángeles offiçio de exerçitar la justiçia de Dios con castigo, e otros de loalla con cánticos e alabanzas. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
”Ay otros sanctos ángeles, en aquel lugar de juyzio, diputados para maldezir las ánimas que se condenan, aora sean moros, o judíos o christianos. Assí como Sant Miguel acava de dar la sentençia que sean algunas ánimas condenadas para el Infierno, luego aquellos sanctos ángeles alzan todos la voz en uno de parte de Dios, maldiziendo aquellas tristes ánimas d’espantosa maldiçión, que de solo oýrlo es ynumerable el amargura e temor, e batimiento de dientes; tanto que los mesmos ángeles, que tal officio tienen de maldezir, an muy gran compassión y sentimiento de la eterna pena de aquellas ánimas que maldizen. E cada vez que lo an de haçer, se cubren los mesmos ángeles todos sus preçiosos bultos e fermosas fazes de bestiduras negras, a manera de luto, que traen señal del sentimiento que tienen del perdimento dellas. Porque diçen, con maldiçión, ‘que justamente son malditas e dignas de ser maldeçidas las ánimas que offenden a su Dios y criador. No solamente [fol. 56r] son maldeçidas con justa causa del poderoso Dios que las crió, mas de nosotros, sus ángeles spíritus çelestiales fidelíssimos, deven ser maldeçidas, e por tanto las maldeçimos de aquella maldiçión que Dios hechó a Luçifer, con toda su grey e hueste de enemigos malaventurados, desterrados e despojados de la gloria del Paraýso’. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
“Y entonçes matan las hachas negras que están ençendidas, e cubre la cruz de luto, la qual llora como si Nuestro Señor Dios estuviese en ella, mostrando la mesma tristeza y dolor que los sanctos ángeles muestran por el perdimiento de aquella ánima, diziendo: ‘¿Cómo no aprovechó en ti mi grande y amarga Passión, que por comprarte y librarte y descautibarte del Infierno me puse a padesçer, e no forçado sino de mi grado? O, ánima, mi querida, ¿por qué heres agora perdida tú mesma? Te as dañado. Tú te as perseguido con tus malas obras. No te quexes de nadie, sino de ti mesma, que tú te as condenado, de lo qual a mí me pesa. Vesme aquí: mi justiçia no puede haver piedad de ti. Ángeles, cantad e alavad a Dios por el bien e por el mal’.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
”Luego, los sanctos ángeles alavan a Dios por la condenaçión de aquel ánima, e quitan el luto, diziendo: ‘Justo heres, Señor, e justos son tus juyzios. ''Laudamus te, benediçimus te, gratias agimus tibi''’, tornando todos e alavando a Dios como de primero, e como lo hazen quando alguna ánima se salva, que ençienden candelas blancas, doradas e plateadas, dando gloria a Dios con alegría, demandando muchos perfumes odoríferos en señal que las maldades, damnaçiones, hidiondezes, todas van al Infierno con las ánimas dañadas y spíritus malinos, que son los demonios de quien proçedió la maldad, como se muestra en Eva y en Adam, y en los travajos que por su peccado se recreçieron. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
”Algunas vezes he visto juzgar y condenar ánimas de algunas personas que en esta vida havían sido hipróquitas. Y es tan reçio y espantable su juyzio, que es cosa maravillosa de ver. Después de haverlas juzgado y esaminado, traen allí los sanctos ángeles bestiduras, e coronas e adornamientos muy preçiosos, e adórnanlas con ellos, e pónenles cada cosa por sí, diziéndoles: ‘Por tal y tal obra que hiziste, que al pareçer de las gentes era muy buena, y si verdaderamente lo hiçieras por solo Dios, huvieras mereçido esto y esto, que nosotros agora te ponemos; e por tal e tal penitençia, si la hizieras por amor de Dios, tuvieras galardón de esto, y de esto con que agora [fol. 56v] te adornamos’. E desta manera adornan e coronan los sanctos ángeles aquellas tristes ánimas de todas las maneras de mereçimientos e galardones que tuvieran y poseyeran, si reta e verdaderamente lo hiziera por solo amor de Dios, e de su sagrada Passión e penitençia de sus peccados. Después tornan los sanctos ángeles a descomponer estas desdichadas ánimas, quitándoles cada cosa por sí, a manera de quando desgradúan en este mundo algún saçerdote. Y a cada cosa que les quitan, los sanctos ángeles los maldiçen de muchedumbre de maldiçiones, diziendo: ‘Yd, malditas, al fuego eterno e perdurable, que desto soys vosotras dignas e mereçedoras, que no de esta gloria e bienaventuranzas que aquí os havemos mostrado. E para mayor pena vuestra, e para que siempre lo lloréys, os vestimos e adornamos, pues por la banidad del mundo lo hiçistes. Allá resçivistes vuestro galardón, que así es la justicia de Dios, que, quien por su amor algo haçe, Él se lo bien galardona y paga, e quien por la banidad del siglo, e por su propia honra y banagloria, también se la bien demanda. Por tanto, yd, malditas, de entre la compañía de los ángeles buenos, e sed para siempre en la de los malos, que con una pena y trabajos ganastis otros. Yd adonde ay siempre dolor, e llanto, e batimiento de dientes, donde nunca alegres, ni consolados ni descansados os veréys. Mirad quán derecha es la justiçia de Dios, que por sola aquella buena haz qual fuera mostrávades, os quiso aún dar este breve espacio, e proveheros de nobles bestidos e adornamentos, como quier que por agora, ni en ningún tiempo para vosotras, esto ni ninguna otra cosa os aprovechara’. E desta manera, desnudas e maldeçidas e menospreçiadas, son hechadas estas ánimas del lugar del juyzio, e dadas a los demonios, los quales las arrebatan e llevan en sus dientes e uñas, dándoles muchas maneras de penas. E muy más estrecho es el juyzio de los hypróquitas, e más largo que no de ningunas otras ánimas, e más penado, e más maldeçido cada vno de los miembros de los tales que otros ningunos peccadores, por ser tan engañoso e falso el tal viçio e peccado. Que es cosa de que mucho se offende y enoja Dios: atormentarse a ssí mesmos por banagloria, lo que por él mesmo se les haría muy grave de hazer e se quexaría, diziendo que hera Dios cruel, pues tales cosas les mandava hazer, las [fol. 57r] quales heran insufribles.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
”Haviendo sentençiado vnas ánimas de unos hipróquitas, díxome mi sancto ángel: ‘¿Qué te pareçe de estas cosas, o qué tomas dellas para tu aviso?’. Yo le respondí: ‘Dígame, vuestra hermosura, su alumbrado consejo’. Respondiome: ‘No se te entiende que este fuerte juyzio se da de sentençia sobre los hypróquitas. Son obligados, los juezes de la Tierra o otras personas, a sentençiar y juzgar a sus próximos quando los vean haçer alguna obra justa y sancta, en serviçio de Dios e salvaçión de sus ánimas e buena edificaçión del próximo. Porque no son todos hipróquitas ni falsos christianos. Y pues la cosa es secreta y está solo en la yntençión e condiçión del que la obra, e Dios solo lo save e juzga al tal, según su yntençión e obras buenas o malas, a solo Él se deve dar el juyzio dello, pues es verdadero juez, executor poderoso e galardonador de qualquiera buena obra hecha puramente por su serviçio. E las personas malévolas, que se meten en juzgar e mormurar, peor lo librarán con Dios que los hypróquitas el día del juyzio, e con los ángeles, que no avrá quien abogue ni ruegue por las tales personas, y ternán sobre sí muy cruel sentençia de Dios, porque se atrevieron a robar e tomar el juyzio para sí en cosas. Que a solo Dios pertenece el saber lo çierto de aquello que los hombres o gentes juzgan sobre sospecha, no saviendo la verdad e como Dios, y el buen christiano, que obra las obras de virtud, aunque sean exemplares, públicamente, según el evangelio que dize: ‘Luzga vuestra lumbre delante de los hombres, por que vean vuestras buenas obras e glorifiquen a vuestro Padre, que es en los Çielos’, e en otra parte dize: ‘No arranquéys la çizaña o ballico, mas dexaldo creçer juntamente’, porque a bueltas de la çiçaña no se arranque el trigo bueno y perfeto que perteneçe para mi granero, que el día del juyzio los ángeles harán manojos de lo uno, de lo otro, e la çizaña será hechada en el Infierno por que allí se queme, y el trigo apartado y escogido será puesto en el alholí de Dios’, conviene a saver, que los ángeles apartarán los malos de los buenos [fol. 57v] por mandado de Dios, e será puesta cada ánima en el lugar que mereçieren, Paraýso o en el Infierno, del qual Dios nos libre a bien’. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
”Aquel lugar del juyzio, con el señor san Michael, otro çierto número de ángeles, que heran scrivanos, y otros notarios, e otros vehedores, e otros examinadores, y estos scriven, y notan y examinan todo lo que los sanctos ángeles e los demonios dizen de las ánimas que al presente están en juyzio, en las cosas que les acusan o abogan para ellas, e la sentencia, e causas et raçones, que Sant Miguel dize o da para salvar o condenar las ánimas. Y assí lo toman por testimonio y lo llevan a presentar delante el trono real de la Sanctíssima Trinidad, porque assí lo quiere Su Magestad Divina se haga. E otros sanctos ángeles están en el lugar de juyzio a manera de gente armada de pelea: y estos para defender las ánimas que allí están presentes, assí buenas como malas, de los demonios, que allí van gran multitud dellos deseándolas tragar. Que como las ánimas, por buenas que ayan sido en este mundo, ninguna se halla assí justa, atrévense algunas vezes los demonios a arremeter a ellas, y los sanctos ángeles no consienten que las toquen, ni enpezcan ni lleguen a ellas hasta que el juyzio dellas sea difinido. Y assí están allí los sanctos ángeles, en honor y serviçio del soberano Dios, y en ayuda y favor de san Michael, e reguarda de las ánimas. E quanto mejores obras been en el juyzio los demonios que tienen las ánimas, tanto más gritos e aullidos dan, diziendo se las den, que suyas son; e viendo que no lo pueden alcanzar, travájasen allí donde están, en juyzio, de moderlas e asombrarlas. Todos los sanctos ángeles que en el lugar del juyzio están son de los nueve choros del Çielo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
”Tienen los demonios muy grande enemistad y miedo a Sant Michael dende que peleó con Luçifer y le hechó del Çielo. Tienen gran pesar y enojo de ber que Sant Miguel tiene la sancta Madre Yglesia de los christianos a cargo, y le tiene Dios dado por prínçipe e defensor dellos, e por juez de todas las ánimas, e aún por su abogado e favoreçidor. Pero antes que el ánima vaya a ser juzgada [fol. 58r] de los ángeles, la tiene ya Dios juzgada y sentençiada para condenaçión o salvación. Entre Él y el ánima, por quanto en el tiempo que cada una persona muere, antes que del todo sea acavada de arrancar el ánima del cuerpo, le apareze Nuestro Señor Jesuchristo en la manera que estava en la cruz, padesçiendo la Passión, porque esta es su sancta voluntad: que todos sus redemidos sepan, y vean y conozcan, que tuvieron redemptor que los redimiese, si ellos dello se quisiesen aprovechar. Y este aperçivimiento, que Nuestro Señor Jesuchristo haze a qualquiera de sus criaturas raçionales que Él crió, haze tan general, que moros e judíos e christianos le veen en aquella ora de su pasamiento de esta vida a la eterna, buena o mala, y en solo una palabra que le diçe quando ella le ve, que es: ‘Bendita eres por tus obras, o heres por tus obras maldita’, la sentençia y juzga, e luego vuelve las espaldas e desapareçe, que no le ven más”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Capítulo XI'''&lt;br /&gt;
'''De çiertos avisos que el sancto Miguel dio a esta bienabenturada'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Dezía esta sancta virgen a sus monjas: “He oýdo yo dezir a mi sancto ángel que qualquier christiano, para ser bien agradeçido a Dios, sería dezente cosa que entre día y noche aprovechase con su pensamiento, a lo menos siete horas, de dar graçias a su Dios por los benefiçios que d’Él resçive e a resçivido, que fue crialle e darle ánima semejante a sí, apostada de grandes dones e graçias, e darle libre albedrío para disçernir lo bueno de lo malo; e agradeçerle la misericordiosa redempçión que Él dio, e las graçias e yndulgençias que puso en la sancta Madre Yglesia para el remedio de los peccados; e adorarle muchas vezes, porque quiso estar en el Sancto Sacramento del Altar, e venir todas las vezes a Él, que nuevamente es consagrado, e comunicarse con cada un ánima con tan grande amor y charidad; e darle graçias porque no le condena aun de quando le offende, mas antes le espera con infinita misericordia y le embía muchas inspiraçiones con que se concierta y enmiende. Y en estas cosas y otras semejantes es obligado el buen christiano de ocupar [fol. 58v] su pensamiento, devajo del temor e amor de Dios.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
”Mas oý platicar a los sanctos ángeles de los humanos, no tener raçón de quexarse de que Dios los crió pobres, que al rico y al pobre dio entre día y noche veynte y quatro quentos de renta. Yo, maravillada de oýrles tal plática, díxeles cómo hera aquello que dezían, que muchos pobres conocía yo en la Tierra que no tenían qué comer ni qué beber. Respondiéronme: ‘Los quentos que nosotros dezimos son por las veynte y quatro horas que ay en el día y en la noxe, las quales, si bien las dispenden, cada uno de los que viven en la Tierra se hará muy rico y poderoso en el Reyno de los Çielos, donde son las riquezas valerosas y duran para siempre. Y tales obras puede cada una persona haçer en una ora de estas veynte y quatro, que merezca alcanzar muy grandes dones, e premios y coronas, que son más valerosos que no rentar ''[7]'' quentos en la Tierra. E por esto dezimos que son ricos todos los humanos, pues pueden hazer y obrar con que sirvan e aplazgan a su Dios e criador, e hazerse a ssí propios generosos, e de título y corona e silla y dignidad de sanctos; tanto podrá una persona sentir la Passión de Nuestro Señor Jesuchristo, e llorarla, e haver compassión, que le sea contado como si derramase sangre de martirio’.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
”Hablando yo una vez con mi sancto ángel, vile muy triste, e se le mudaron a deshora las bestiduras resplandeçientes, e claras e fermosas, en manera de un romero pobre de los que demandan por amor de Dios. E preguntele por qué se le havían mudado tan súpitamente las bestiduras, e respondiome: ‘La tristeza que ves que traygo, e la mudanza de mi persona, toda es por ti sola, que a dado Dios Nuestro Señor una gran sentençia sobre ti de muchas penas e travajos, los quales tú sentirás y verás, antes de mucho tiempo. E como yo te quiero tanto, he acordado andar en este ábito, pidiendo limosna a los sanctos y a Nuestra Señora, que todos rueguen por ti a Dios, que lo as mucho menester. E yo también rogaré, e tú ruega por ti, e por las ánimas e personas bienhechoras que tienes a cargo y heres obbligada. E pregunta a tus hermanas las religiosas qué es lo que dixo el Señor la postrera vez [fol. 59r] que habló en ti, pues saven no a hablado después acá en aquella manera que solía estando tú elevada’”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
E preguntando esta bienabenturada a las religiosas lo que el sancto ángel le mandó, respondiéronle diziendo: “Nosotras no savemos si es postrera vez o no la plática que oýmos al Señor pocos días á, que pareçía profetiçava. E las profeçías heran rezias, con palabras de amor, e otras de reguridad. En las de amor, dezía quería hazer vna prueba en su esposa querida e amada. E amostrava a las que la oýan de ninguna cosa se maravillasen ni escandaliçasen, ni pensasen en sus coraçones hazía Dios aquella prueba o castigo en aquella persona por peccados que en ella hiçiese, ni porque Él estuviese enojado con ella por ninguna cosa, mas de quererlo Él haçer, e lo haría porque le plaçía, y hera su voluntad de quebrar aquel órgano o trompeta en qu’ Él hablava. E le quería mudar e trasmudar en otro estado que pareciese muy menospreçiado y enfermo, y muy lastimado, e doloroso e quexoso, que casi no pareçiese el que solía”. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
E hablava con la mesma, diziendo: “Juanica, tú heres este órgano, que digo que quiero que seas despreçiada e abilitada, e gravemente atormentada, por probar tu paçiençia. Yo me ataré de ti por algún tiempo, y çesará mi habla. E convertirse te an los gozos en dolores, y las risas en gemidos e tristeza,  en quanto a lo corporal; que en quanto a lo espiritual, la enfermedad en fortaleza; la fee e la virtud del ánima no está en fuerça de brazos ni de miembros corporales”. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
E todo esto que el Señor dezía e profetiçava no lo entendían las personas que lo oýan, hasta que después, dende a pocos días, veýan a esta bienabenturada tullirse toda en tanto grado que no le quedaron fuerças ningunas, ni miembro sano, ni coyuntura en su cuerpo que no estuviesen desparçidos los huesos unos de otros, hasta los dedos [fol. 59v] de las manos e pies, que no se podía encubrir ni sus dolores sin gemidos. Sufrir tenía muy gran conformidad, e paçiençia en su larga e grande enfermedad e yncreýbles dolores, sugetándose a la voluntad del poderoso Dios con gran desseo de padesçer siempre por su amor. Encogiéronsele las rodillas, que nunca más las estendió, e los brazos e manos, por semejante, teníalas tan tullidas, y los dedos bueltos e quebradas las coyunturas, de manera que no podía comer con sus manos, ni las podía menear si no se las meneaban, ni volviese de ninguna parte si no la volvían, ni comer ni vever si no se lo davan por mano agena. Ningún miembro de su persona podía menear, si no hera la lengua.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Dixo esta sancta virgen a sus monjas: “Supliqué a mi sancto ángel me dixese qué hera este mal tan reçio, que unos dizen uno, e otros otro, en ninguna cosa de quantas manda haçer para remedio mío aprovechan. Respondiome, diziendo: ‘Qué maravilla que sea agora, por amor de las gotas sanguíneas, quien no olgó de tener las mayores perlas e joyas tenga esas. Esto digo por las llagas que rogaste a Dios te quitase. A determinado su Divina ''[8]'' Magestad de ymprimir en sus dolores e sentimiento de su sancta Passión como lo verás’. E ansí se cumple como él me lo dixo, que estando yo elevada un día de viernes, víspera de los diez mil mártires, veýa en espíritu que haçían remembranza de la Passión de Nuestro Señor Jesuchristo, como si fuera Viernes Sancto. Esto hera en un campo, y veýa, ansimismo, allí a los sanctos mártires, cuya fiesta e día hera, e cómo los matavan e cruçificavan, y a Nuestro Señor Jesuchristo con ellas confortándolas, y Él ansimismo cruçificado, e deçíales: ‘Ea, mis amigos, que yo esa muerte morí por vosotros, e justa cosa es vosotros la paséys por mí, que el amor no se pagó con amor, ni la muerte si [¿contra?] muerte: que no tiene ninguno mayor amor que poner la vida por su amigo. Yo soy vida, y resurrección, e gloria. Consolaos conmigo e acompañarme, que abrierto está el Paraýso, y vuestras coronas delante de cada uno la tiene su ángel [fol. 60r] propio’. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
”E yo, muy espantada de estas cosas que veýa, pregunté a mi sancto ángel que estava delante de mí: ‘¿Qué cosa es esta, que Nuestro Señor Jesuchristo está aquí cruçificado, y ansimesmo estos otros muchos que le acompañan?’. Respondiome: ‘Muchos compañeros tiene Dios, después que resçivió la sancta humanidad en el vientre virginal de Sancta María. E tú, que esto vees, aparéjate, que partiçipar tienes de esta cosa, que ansí lo quiere Dios. Que para eso te truxe yo a ver esta remembranza, que se haçía este día en memoria de la Passión de Nuestro Señor y de sus siervos’. Y estando mi sancto ángel diziéndome estas palabras, voló a deshora Nuestro Señor Jesuchristo, y vile delante de mí, y preguntó a mi sancto ángel: ‘¿Qué estás aquí platicando con esta persona?’. Y, él arrodillado en tierra, dixo: ‘Señor, está maravillada de los misterios que aquí pasan’. Entonçes, mirome el Señor, y dixo: ‘¿Quieres tú gustar de esta fruta?’. Yo respondí: ‘Señor, quiera vuestra sancta voluntad, e no más ni menos’. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
”Entonçes, abrazome el Señor, y puso sus pies en mis pies, e sus rodillas en mis rodillas. Todo las alimpió, e sus palmas en las mías, e su caveza e cuerpo todo juntó con el mío. Y quando esto hizo, fue tanto lo que sentí que me parezía entravan en mí muchedumbre de clavos muy agudos e ardientes. E sonava estruendo enrededor, a manera de quando hazen la remembranza de Nuestro Señor dando martilladas, ynchávase con la presençia suya e con el gusto y dulçor de su amor. Aunque heran muy grandes los dolores que padeçí, no heran tan crueles como los que sentí después que fuy tornada en mis sentidos e naturaleza corporal. Parézeme veo todos los miembros, e benas e coyunturas de mi cuerpo hechas como a manera de cuerdas e teclas, o clavijas de vihuela, e a Nuestro Señor tocarlas con sus sacratíssimas manos a tañer con ellas, a manera de ynstrumento o vihuela, e azer muy dulçe e suave son de armonía. E quando su Divina Magestad apresura el son e le haze más alto, entonzes tengo muy grandes e creçidos dolores, e quando [fol. 60v] avaja el son, no solamente los tengo grandes, mas muy menores. Óygole cantar quando tañe palabras formadas, e muy preçiosas, e saludables para las ánimas”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Capítulo XII'''&lt;br /&gt;
'''De una plática que el sancto ángel tuvo con esta bienaventurada açerca de su enfermedad'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Dixo esta sancta virgen: “Diziendo yo a mi sancto ángel lo que siento en mi grande enfermedad, respondiome: ‘La caridad de Dios more en tu ánima. Yo te ruego ayas paçiençia, porque yo sé e te çertifico que çierta persona o personas, que tuvieron la enfermedad que tú agora tienes en ese mundo y la comportaron con mucha paçiençia, están agora acá en el Çielo muy bienaventurados; que demás de la grande gloria que estas ánimas contigo gozan e poseen de Dios, tienen un gran premio e muy señalado, que ellas mismas dan deleyte y consolaçión a otras ánimas. Porque de cada uno de sus miembros, donde fueron doloridas y atormentadas, les nasçen contino muchedumbre de flores muy fermosas e odoríferas, que todos se van tras su olor, e los consuela e abastan; e tanto, que llaman a cada una de estas ánimas huerto florido, e le dizen: ‘Tan preçioso e suave es el tu olor que qualquiera de tus miembros que menees nos abasta de tanto goço, que no querríamos por entonzes más. E si meneas toda tu persona y estamos çercanos a ti, es tan sobrado nuestro goço que nos embriagas’. Y esto porque de cada uno de sus miembros da olor por sí de diversas maneras, e todos juntos abastan quando son meneados para embriagar e dar gozos açidentales a los que están çerca de las tales personas. E quiere Nuestro Señor Dios que su nombre sea huerto florido de diversidad de olores, porque pasaron diversidad de colores, e que tenga diversidad de dones e gozos para sí, e los den a otros; porque sus dolores e males fueron diferençiados de otros, e muy penosos e ynsufribles. Por tanto, ánima, [fol. 61r] esfuérçate a tener paçiençia, que si heres para ello, tu gloria será grande, si por tu culpa no lo pierdes, pues Dios te a dado gran cosa en que merezcas’.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
”Estando un día en mi cama muy atormentada de grandes e ynsufribles dolores, vi a deshora a mi sancto ángel, que venía bestido de una bestidura morada con bandas de oro y de otras muchas colores. Y quiriendo yrme con él, según otras veçes me a llevado, díxome: ‘Espera, no te cures agora de mí, sino oye y escucha al Señor, que te quiere hablar, e lo que te dixere tenlo e guárdalo en tu coraçón’. E yo, muy maravillada, y pensando cómo o de qué manera havía de ser, a deshora vi en el ayre presençialmente a Nuestro Señor Jesuchristo, muy glorioso, e potente e afable, assentado en un trono real çercado de muchedumbre de ángeles, mirando a mí, su sierba, con gesto muy alegre e amoroso, diziendo: ‘¿Qué haçes, ánima e persona, que estás aý?’. Yo, después de haverle adorado, respondí, diziendo: ‘Ay, mi Señor Nuestro, cómo paso yo muy grandes dolores, e no me viene de Vuestra Magestad remedio corporal y spiritual, que ya no gozo de vuestras dulçedumbres como solía, ni poseo sino estos dolores, los quales son tan reçios que no los puedo sufrir’. Respondiome, diziendo: “Amiga, qué maravilla es que vos tengáis. E pues me escogistes a mí, el qual fuy varón leproso e por tal tenido e reputado en el tiempo de la mi Passión por esposo e marido, e hezistes casamiento conmigo, dandoos me toda sin me negar cosa de que yo quisiese haçer de vos, y he tenido tanta parte en vos, quanta he querido, pues donde a havido tal comunicaçión çierto es que se os havía de pegar algo de mis enfermedades. Por eso, quien bien ama, á de sufrir a su amado qualquier cosa que por él se le recresca. E si en las tribulaçiones maldiçe, o es murmuradora de su Señor e amado, que se lo da, mudança se halla en el coraçón de la tal, e no es firme su amor’. Yo le respondí, diziendo: ‘Señor, ¿cómo me hallo yo agora tan seca y sin devoçión, y no me manda vuestra [fol. 61v] Divina Magestad llevar al Çielo tan a menudo como solía?’. Tornome a deçir: ‘No tengáys deso queja, mi amiga, que donde yo estoy, que soy Dios, allí es el Çielo. E no ay otro Çielo ni otro Paraýso sino yo, el qual estoy en todo lugar, e los Çielos e la Tierra son llenos de mi gloria e de mi magestad. E aunque tú estas aquí en esta cama, yo también estoy aquí contigo, en ora y lugar que sea, baçío de mí. Soy testigo de todas las obras de los hijos de los hombres, por ascondidas y secretas que sean’.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
”E ansí çesó por entonzes el habla del Señor, y desapareçió. E yo quedé muy maravillada y consolada, e pensava en mi coraçón si esta revelaçión me havía sido mostrada en el cuerpo o fuera del cuerpo. Empero no me havía visto en aquellas partes altas del Çielo adonde otras veçes me solía ver y gozar la visión divina, que dende mi cama lo vi e gozé agora. Y estando yo tan pensativa e sospechosa, a causa de los muchos e grandes dolores que tengo, que el Señor está enojado conmigo, y que por eso me los da, a deshora le torné a ver en la forma primera, muy triunfamte e glorioso. Y me habló su Divina Magestad con gesto muy amoroso. E sus sagradas palabras heran muchas, y muy notables e ordenadas, a manera de sermón, y entreponiendo en ellas, para exemplo y doctrina, algunas palabras de la sagrada scriptura e sagrados evangelios, las quales palabras me gozava yo mucho de oýr, por ser habladas de la boca de Dios y endereçadas a mi consolaçión e propósito. E no hablava el Señor esta segunda vez conmigo sola, que también hablava con todos los bienaventurados çelestiales que con Él venían. No pude retener en la memoria sino una o dos comparaçiones de las muchas que habló: la una, que si los hombres de la Tierra tienen cuydado y travajan por que sus hijos sean muy prósperos, y el cuydado que aquellos hijos tienen es casi ninguno en comparaçión de lo que [fol. 62r] tiene el padre, que mucho los ama, que por les alcançar prosperidades e bienabenturanzas se pone a muchas afrentas e travajos, que quánto más cuydado y amor a tenido y tiene Dios de sus hijos, que es todo el linaje humano; e quánto mejor se supo poner por él a penas, e tormentos e injurias, e fatigas e neçessidades, tanto que, por subir sus hijos al Çielo, desçendió Él a la Tierra. Y por librarlos de la muerte del Ynfierno, murió Él muerte muy cruel de cruz; e por haçerlos muy ricos en las almas, se hizo Él pobre en el cuerpo; e por haçerlos señores en el Paraýso, e yguales con los ángeles, se hizo Él, en quanto hombre, como sierbo sujeto a muchas neçessidades y a las cosas de la ley.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
‘E por mucho que los mis hijos de los mis redemidos se pueden querer o se quieren ellos mesmos, y desean su bien e su salvaçión, mucho más los quiero yo. Y estoy aparejado para les dar la gloria e grados de bienabenturanças, e hazerlos herederos de mi reyno. E por sus amores dellos, siendo criador, me hize criatura, porque a todos mis fieles e leales hijos christianos me puedan mejor comprehender e gozar. Mas tengo gran queja: que este linaje humano es muy yngrato y asido, y pocos de estos mis hijos quieren pasar, ni sufrir ni haçer, ninguna cosa penosa por mí. Y lo que es peor es que están contino quejosos, lo qual havía yo de estar, porque me ofenden, e no ellos, que lo haçen sin raçón. Empero, ni aun por todo esto, pues lo crié y redemí, no dexaré de los esperar para que se enmienden, e de les offreçer e otorgar graçia de los perdonar, e resçivir cada vez que fielmente a mí se conviertan, e aún de los mantener e dar corporalmente lo que an menester sin ellos mereçerlo. Que yo, su padre Dios, sé mejor lo que cumple a mis [fol. 62v] hijos que ellos lo que me piden. E contino los llamo, e les doy vezes que se vengan para mí, a vezes con halagos, dándomeles yo mesmo, assí en graçia espiritual como en manjar del Sanctíssimo Sacramento, e a vezes con azotes, por que sean buenos e perfetos en la virtud, ansí en la paçiençia como en las otras virtudes, las quales enseña el Spíritu Sancto, junto con la prudençia en las personas discretas’.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
”Y ansí cesó el habla del Señor, y desapareció, y toda la hueste çelestial que con Él havía venido y estado. E yo, su sierva, quedé muy consolada para sufrir mis dolores y penas, e muy satisfecha de las dudas e pensamientos que tenía. E bien supe e conoçí que aquel que me apareçió e habló hera Dios verdadero. Que como yo, en los prinçipios de mi enfermedad me acaezía estar dos o tres días que no me elevava con la reçiura de los grandes dolores que sentía, tenía muy grandes combates en mi corazón, e quexábame a mi sancto ángel, diziéndole cómo ya no gozava de las dulçedumbres e arrovamientos e vista comunicable de Dios, como solía antes que tuviese la enfermedad, respondiome, diziendo: ‘Anímate, no te maravilles de lo que el Señor haze contigo, que assí lo acostumbra su Divina Magestad provar a sus amigos, que a su muy amadora sancta madre Madalena, al prinçipio de su conversión, con muchos alagos, e dulçedumbres et asimientos de sí mesmo, la llevó, e después de tenerla bien confirmada en su amor, quando se quiso subir a los Çielos y asconder su divinal presençia della y de los otros, después de su gloriosa resurecçión, no consintió le tocase, sino apartola de sí. E subiose a los Çielos, y mandole a ella hazer penitençia en el desierto por çierto tiempo, donde no gozava sino algunas veçes de bisiones de ángeles. Empero, después la tornó a abastar de sí mesmo en el Reyno [fol. 63r] de los Çielos para siempre. Por semejante, agora a ti no quiere el Señor le tengas por çierto tiempo, hasta que su divinal sabiduría otra cosa ordene. Y, entre tanto, harás penitençia en la esterilidad de los dolores. E según veo, te a mudado tus miembros, e toda tu persona, e te quiere ansimesmo mudar la sustançia de las cosas spirituales; empero, no te faltarán misterios en que contemples, e alguna obra pía en que spiritualmente aproveches a las ánimas. E la voluntad de Dios es que estés al pie del árbol de la cruz, padesçiendo qualesquier manera de tormentos que tuviere por bien de te dar. Que ansí lo estuvo su sacratíssima madre Nuestra Señora, e su muy amado primo Sant Juan, que tan grande fue el mereçimiento que allí mereçieron e ganaron, e acompañaron a su Dios e conpadeçerse d’Él, que fueron contados por más que mártires. No quiso Dios que para pasar de ese mundo al Çielo derramasen sangre de martirio, pues por la voluntad la derramaron, y quisieran ellos morir más aquella muerte que vérsela morir a Él con tanto dolor como le veýan’. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
”Todas estas cosas, e otras muchas, me dixo mi sancto ángel, para que yo me consolase e conformase con la voluntad de Dios. Quando yo estoy elevada y enajenada de mis sentidos, me llevava mi sancto ángel al lugar donde el Señor a tenido por bien de ponerme de çierta lumbrera del Çielo, por donde yo algunas vezes veýa las casas divinales de lo más alto, con lo qual mucho me solía gozar. Me an ascondido y encubierto, y mostrado y descubierto çiertos secretos que yo antes no havía visto. Y es que junto a los muros del Çielo ymperial, de parte de fuera, a manera de arrabales está edificada la çiudad sancta de Hyerusalem, de tal forma y manera como si tomaran la mesma çiudad de acá juntamente e la trasladaran allí en lo alto. Esto á sinificaçión que assí como Dios es eterno e sin fin, así quiere que todos sus misterios sean sin fin eternalmente çelebrados, engrandeçidos e contemplados e llorados, según la justa raçón lo requiere lo hagan sus basallos cautivos e redimidos por su preçiosa sangre. Y porque las criaturas de la Tierra son tan malas e [fol. 63v] ingratas −que no le pagan el tributo que le deven− den contino serviçio e sacrifiçio e adoraçión, edificó esta çiudad de Jerusalem en lo alto, a figura de la Tierra donde le hagan los serviçios divinos, que su real y divinal Magestad mereçe. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
”Esta çiudad de Jerusalem está edificada y labrada por maravillosa manera, muy resplandeçiente apostada, e adornadas de piedras preçiosas, e hecha como a manera de muy ricas yglesias, e cada una edificada a su misterio. En ellas ay altares y capillas con admirables yndulgençias para quien el poderoso Dios los quiere dar y conçeder. É visto allí otros muy hermosos edifiçios, como a manera de monasterios de frayles, e otros como de monjas, e otros como a manera de hermitorios de personas, que hazen penitençia a solas, e otros a manera de emparedamientos; de manera que de todas las figuras e redondez que ay en el mundo de religión están edificadas en aquella sancta çiudad. E toda ella labrada de templos de Dios, con devotíssimas ymágenes de figuras e ynsinias de la sagrada Passión de Nuestro Señor Jesuchristo, e de todos sus misterios, e de su sagrada Madre, Nuestra Señora, llaman a estos preçiosos edifiçios. Y en aquel preçioso reyno çelestial, las tiendas de graçias muy abastadas e oratorios de los sagrados misterios de Jerusalem; y en cada una de aquellas yglesias y altares ay, en reverençia de cada misterio que allí está, contino cantores que offiçian muy solemnes offiçios, e ángeles y vírgines que cantan de muchas maneras y muy hermoso, y con ynçensarios muy resplandeçientes e odoríferos hechan perfumes, e derraman licores de diversas maneras de preçiosidad; e saçerdotes e diáconos, e subdiáconos e acólitos, revestidos e ordenados a manera de los que acá en la Tierra se revisten e ordenan, e ponen delante de los altares para dezir misas solemnes de pontificat.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
”Y desta manera hazen allí, en aquellas sanctas yglesias, muy solemnes officios a Dios, e muchedumbre de sacrifiçios que le offreçen, [fol. 64r] hechos con muchas çeremonias muy cathólicas y devotas de nuestra sancta fee cathólica. Y estas adoraçiones e sacrifiçios divinales hazen los ángeles, e sanctos e sanctas, e remuneraçión e satisfaçión de las faltas que los eclesiásticos, e gente christiana hazen, en la honra e solemnidad e serviçio del culto divino, e agradeçimiento de la Passión de Nuestro Señor Jesuchristo. Y en los monasterios y hermitorios ay muchedumbre de gente, a manera de religiosos y religiosas, e de hermitaños e de mugeres penitentes, que contino sin çesar hazen oraciones; e otros offreçen sacrifiçios, e otros cantan las alabanzas de Dios, e otros andan como en penitençia, e otra muchedumbre de gentes andan de rodillas, a manera de proçesiones, e otros como disçiplinantes, e otros gimiendo y gritando, e hiriéndose en los pechos. E destas maneras, e otras muchas, visitan aquellos sanctos lugares e misterios con muy gran devoçión y compasión que an de su Dios y de lo que por ellos padesçió, e assí adoran e le agradeçen la obra de su redempçión. Y estas personas y gentes, que andan a manera de penitentes visitando a estas yglesias e misterios, son las ánimas que aún no an del todo acavado de purgar sus peccados, e por gran misericordia del poderoso Dios las traen e mandan venir a estos lugares a que satisfagan lo que heran obligados aver en el mundo con obra e pensamiento, según cathólicos christianos, e resçiven del poderoso Dios en los tales lugares muchas misericordias e merçedes, según su gran misericordia y voluntad. Ninguno de los dones, e benefiçios e misericordias que de su Divina Magestad havemos resçivido, dende la creazión del mundo hasta el último día del final juyzio, no quiere pasen sin que sea servido e agradeçido. Y esto en la Tierra vemos de haçer los humanos, y porque en este mundo no se haçe, quiere que en el otro mundo, que es sin fin, se haga: que los que acá no satisfiçieren e pagaran, que allá satisfagan [fol. 64v] e paguen. Porque como Dios es sin fin, así á de ser sin fin la memoria de sus maravillas e obras.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
”Junto a par de esta sancta çiudad de Jerusalem están otros edifiçios, como a manera de arrabales de la mesma çiudad, por maravillosa manera obrados y edificados, e apuestos, hechos a manera de muy ricos hospitales, los quales llaman los sanctos ángeles los hospitales de la misericordia, porque allí meten a rezar las ánimas, quando algunas fiestas las sacan de Purgatorio, para las limpiar de sus malos olores y curarles las llagas que los demonios les an hecho. Allí las apiadan de todas las maneras de piedades que tienen neçessidad, e las visten y adornan. Y las enseñan los sanctos ángeles cómo an de adorar al Señor y a todos sus misterios, e cómo an de hazer todas las çerimonias y cuentas que los çelestiales bienabenturados van e hazen en honra e alabanza de Dios, e a tañer y cantar con que loen su criador. De allí llevan bestidas e adornadas las ánimas que an acavado de purgar a la sancta çiudad de Jerusalem, que está edificada a manera de oratorio, delante de estos preçiosos hospitales. E allí resçiven, por la voluntad e misericordia de Dios, las ánimas a última yndulgençia e postrimer jubileo, por los mereçimientos de la sagrada Passión de Nuestro Señor Jesuchristo, en cuya reverençia andan estas sanctas estaçiones. Y dende allí las llevan los sanctos ángeles al Çielo, con muy grandes cánticos e alegres fiestas, a gozar e poseer la gloria perdurable para siempre. Las ánimas que están en aquellos sanctos hospitales resçiviendo misericordia y recreaçión de sus penas por algunos días o tiempo, según el Señor ordena, tórnanlas a Purgatorio, para que acaven de purgar e pagar sus peccados junto a los sanctos edifiçios de los misterios de Jerusalem y  en los hospitales de la misericordia. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
”Aunque algo están más baxos los preçiosos oratorios, está muy çercano un campo muy grande en medio de estos sanctos edifiçios, en el qual campo está plantado el árbol de la vida: conviene a saber, un ramo de la sancta cruz de Nuestro Señor Jesuchristo. Es tan grande su grandeza, la redondez a que devajo de su [fol. 65r] sombra se guarezen muchedumbre de ánimas, y tiene en su muy gran frescura e hermosura de ojas más preçiosas y resplandeçiente que de oro, e no ojas de una manera, mas de mucha diversidad de maneras, e rosas e flores, e frutas de diversidad de colores y olores e sabores, confortatibas al gusto de las ánimas, que son dinas de lo gustar. E del tronco y raýz de este sancto árbol nasçen e manan contino caños de muy dulçes y claras aguas. De los ramos de este sancto árbol están colgadas continuamente muchas piezas, como de baxillas de oro y piedras preçiosas, todas por maravillosa manera labradas. De este sancto árbol están contino muchos, e canastillos de oro llenos de muy hermoso pan y diversidad de manjares, muy sabrosos e preçiosos, e frutas de muy gran sabor, a significaçión que del árbol de la sancta cruz proçeden todos los bienes, e se hallan todos los manjares e deleytes, e frescuras e buenos olores. E consiste en sí todo el reposo, e gozo e bienabenturanza que el ánima fiel y amiga de Dios puede desear. Y en aquel sancto árbol está la vida para los buenos, e la muerte para los malos, por quanto Dios escogió este sancto árbol en lo último de su vida. Por su trono en medio de aquel sancto árbol de la vida está hecho e obrado un trono realíssimo, e luçido, resplandeçiente sin comparaçión, en el qual está e se muestra distintamente sin comparaçión la dulçíssima persona del consolador Spíritu Sancto, en figura de muy ençendido e sublimado serafín. E preside y manda allí, en persona de toda la Sanctíssima Trinidad. E ansí le llaman muchedumbre de ángeles que allí están contino sirviendo, e adorando e obedeçiendo a su mandado. E le diçen en voz de cántico: ‘O, preçiossísimo Señor, o muy poderoso, e caritatibo e limosnero en la casa real. O, franco repartidor de las misericordias de Dios en la casa de ese mismo Dios. O, verdadero e poderoso Spíritu Sancto, que heres tú solo y no otro en todos los mereçimientos, de los sanctos que están en el Reyno de los Çielos, para los repartir e haçer limosna dellos a quien te plaçe y ves que tiene neçessidad. O, riquíssimo Spíritu Sancto, Dios en Trinidad, que enriquezes [fol. 65v] los pobres abastados de los ambrientos, confortador de los flacos. O, amorosíssimo e muy leal verdadero amigo, que a tus criaturas cumples de donar de dones de merçedes. O, poderoso en Çielo, e poderoso en la Tierra, poderoso en los Purgatorios, poderoso sobre los buenos e malos, alumbrador, esclarecedor, enseñador de todas las obras de Dios, bienhechor de los que te resçiven’.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
”Todos los ángeles e sanctos que adoravan e dezían estas cosas al señor Spíritu Sancto, loaban a a la sancta cruz con muchos loores, diziendo: ‘O árbol de vida, en el qual nasçen y a cada día nuevas maneras de ojas, e flores e frutos, manjares de dulçedumbres, riquezas, dones, deleytes e consolaçiones, lo qual es figura que heres eterno, Señor Dios todopoderoso, e tus dones e bienabenturanzas son sin fin. O, trono de Dios, en el qual huelga en el Spíritu Sancto. O, reyno de Jesuchristo, en el qual reyno con mucho dolor entró y estuvo porque sus fieles e amigos reynen en el Çielo con gran favor e junto a aquel trono donde está el señor Spíritu Sancto’. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
”En el mesmo árbol de la vera cruz está una muy preçiosa y devota ymagen del sancto crucifixo, de bulto muy acompasionatibo. E junto a par d’él una ymagen de Nuestra Señora la Virgen María, y otra de Sant Juan, y dos de las Marías, e todos los bultos muy devotos, como quando estavan al pie de la cruz. Y de tal espeçie çelestial son hechas que, por la graçia divinal, parezen como si estuviesen vivas, e se mudan a tiempos e vezes de diversidad de maneras, e todas muy devotas. Que a vezes pareçe la ymagen del crucifixo como quando Nuestro Señor Jesuchristo estava en la cruz descoyuntado, y muy llagado y sangriento e difunto, e otras vezes, si le acatan por algún espacio, pareçe que está como vivo y mirando a quien le suplica, con gesto alegre y bulto resplandeçiente e muy claro.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
”E allí sin çesar le están sirviendo e adorando quando le suplican por algunas personas con quien su Divina Magestad está enojado, o le piden algunas petiçiones para ellas. Aunque parezen ser buenas, si la su sabiduría conoçe que no conviene darlas ni otorgarlas, menea la caveza a una parte e a otra haziendo señal como quien se atapa los oýdos, dando a entender que Dios no quiere oýr las tales peticiones, ni las quiere otorgar. Quando le ruegan [fol. 66r] por algunas personas devotas ''[9]'' e amigas de Dios, haze señas que huelga de lo oýr, y que le plaçe de otorgar las petiçiones. Pareçe otras vezes llagado y muy atormentado, e como vivo, que mueve a los que le miran a muy gran compasión; e de otras figuras se muda, todas muy devotas y acompasionatibas. Por semejante, se muda la ymagen de Nuestra Señora y del glorioso Sant Juan, según las maneras que el sancto cruçifixo, horas de muy gran tristeça, e otras de no tanta; y ansimesmo las tres Marías pareçen a vezes como llorosas, e las cavezas cubiertas, e otras veçes con buxetas de ungüentos en las manos, como que quieren ungir al Señor; de otras maneras se mudan todas muy devotas, y conformes a los misterios.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
”Allí delante del árbol de la sancta vera cruz está labrado y hecho por maravillosamente el sancto sepulcro, muy rico, e adornado todo de piedras preçiosas de muy gran resplandor e valor. E cave el sancto sepulcro está Nicodemus e José e Abarimatía, con los aparejos e lienzos e ungüentos que estos bienaventurados llevaron quando desçendieron de la cruz, el sacratíssimo cuerpo de Nuestro Señor Jesuchristo para le poner en el sancto sepulcro. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
”Quiere su Divina Magestad del poderoso Dios que las ánimas que por fiestas sacan los sanctos ángeles las lleven a recrear a los hospitales de la misericordia, e vayan ellos mesmos con ellas adorar la sancta cruz, e a resçivir la bendición del dulçe consolador Espíritu Sancto, e la refeçión que da de abastamiento de manjares a todas las ánimas que allí van. Assí como llegan allí, las ánimas demandan misericordia, e adoran a Dios y a su sancta cruz. Y el sanctíssimo Spíritu Sancto, que está assentado en el trono real de la sancta cruz, señoreando y haçiendo siempre merçedes a los que se las piden y las an menester, menea con muy gran poderío este fructíssimo árbol de la vida, y haçe haçer muchedumbres de preçiosas frutas e manjares. Y manda a las huestes de sanctos ángeles que repartan, e den a las ánimas menesterosas que allí vienen, de comer y de [fol. 66v] vever a las ánimas. E las recrean de muchas maneras de consolaçiones, por tanto espaçio quanto es la voluntad de Dios. Y tan grandes graçias y merçedes resçiven de su Divina Magestad que, aunque tornen a Purgatorio, les son descontados muchos años de lo que an de estar en penas, y a algunas les perdonan los medios peccados, e otras las tres partes, e otras más, e a otras menos, según la voluntad de Dios.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
“Viendo los demonios el gran thesoro e bienabenturanza que las ánimas resçiven en aquel lugar, pésales mucho, quiriéndola quitar y estorvar por todas las maneras que ellos pudiesen. Y atrévense, con gran ossadía y rabia que tienen. Y van en figura de muchas maneras de aves, y muy feas, y de otras figuras muy espantosas, y llegan al lugar donde está la sancta cruz. Y arremeten muy reçiamente para assir las ánimas en las uñas, y llevarlas en los picos y dientes. Y para esto tiene esta providençia divina tan proveýdo aquel sancto lugar que todo el campo alrededor donde está el sancto árbol de la vida está çercado de muchedumbre de compañas de gentes, a manera de huestes, armadas con diversidad de armas y tiros, con que encaran y tiran y hieren a los demonios, que hasta el mesmo árbol de la cruz se atreven e quieren arremeter y tomar las ánimas de aquellas preçiosas ramas, y se asen algunas vezes los demonios por se guareçer de los tiros que aquellas compañas les tiran y hazen guerra. Y caen los malditos amodorridos por çierto espaçio, que no se pueden mover ni levantar, más que muertos. Mas como ellos no se pueden morir, levántanse de que Dios quiere, y tornan en sí, y van uyendo, dando muy grandes ahullidos. E otras vezes, de solo que les encaran los tiros, an tan grande temor, que uyen despaboridos e no osan parar allí. Porque Nuestro Señor Dios, e su preçiosa cruz y las compañas de sus sierbos, que allí Él tiene, defienden las ánimas de sus fieles christianos, [fol. 67r] por peccadores que ayan sido, e los favoreçe, e resçive, e les da de bestidos, e calçar de todas las maneras de arreo, e adornamentos que las ánimas an menester. Porque allende de las misericordia que el dulçe consolador Spíritu Sancto haze cada día con las ánimas, de les dar nuevos manjares y frutos, les haçen todos los domingos muy grandes merçedes. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
“Y el mesmo Spíritu Sancto, dende el trono donde está assentado, haçe caer las joyas que nasçen de la sancta cruz, el árbol, y resplandor de las quales es sin comparaçión. Y manda a los sanctos ángeles que allí están presentes en su serviçio las coxan, y hagan bestiduras dellas, e adornamientos muy preçiosos con que vistan y adornen todas las ánimas pobres que allí vinieren. E assí como el Spíritu Sancto lo manda, es hecho, e como lo dize es criado. Y en tomando los sanctos ángeles las joyas en sus manos, se tornan muy maravillosas bestiduras, con las quales visten y adornan muchedumbre de ánimas pobres, las quales van abastadas e cumplidas de todos los bienes que de ninguna cosa llevan neçessidad. Porque el mesmo Spíritu Sancto, como es poderoso en sí mesmo con el Padre y con el Hijo, en trinidad de personas y en unidad de hesencia, e poderoso en los mereçimientos de Nuestra Señora la Virgen Sancta María, y de todos los sanctos y sanctas de la corte del Çielo, los quales son meritorios mediante Dios y su sancta cruz, de los quales mereçimientos y de cada uno dellos es figura y significaçión cada una de aquellas ojas o rosas, e flores e frutos, e manjares, riquezas y bienabenturanzas que del árbol de la vida continuamente manan e proçeden; que por muchos dones y limosnas que el dulçe Spíritu Sancto, limosnero real, que allí está, da a los pobres y monasterios, luego ymproviso mana y proçede el mesmo árbol de la vida otro tanto, e aun siempre cada día e ora, otras cosas más nuevas. Y esto a significaçión de los dones e mereçimientos e graçias de las sacratíssima divinidad e humanidad del soberano Dios, trino y uno e verdadero, sin prinçipio y sin medio e sin fin, de los galardones e gloria e nuevos [fol. 67v] dones de goços que cada día, e hora y momento, tiene de dar para siempre de cada uno de sus escogidos que con Él mesmo moran y morarán en la triunfante gloria. Quando la madre sancta Yglesia militante ruega en espeçial e haze sufragios por algunas ánimas de Purgatorio, el mesmo Spíritu Sancto ruega e aboga por ellas, como dino obrador e lustrador de todos los bienes. E para que sea hecha alguna misericordia a las ánimas de Purgatorio, permite la Divina Magestad que aquellas ánimas, por quien a hecho algunos bienes la madre sancta Yglesia, a deshora se hallan aquellas ánimas sueltas, aunque muy llagadas e atormentadas de las yntolerables penas que les dan los demonios en Purgatorio por sus peccados; empero puédense salir de Purgatorio, ansí llagadas e despedaçadas por diversidad de caminos. Unas van por devajo de las aguas, e otras por la tierra, e otras por çerros e otras por balles, e otras por cardos y espinas, e otras por riscos muy espesos e montes muy tristes, e desiertos muy desconsolados, e otras por los ayres calidíssimos, e por los çielos e los planetas. E dellas, por diversidad de caminos van tristes y desconsolados, gritando y dando vozes, diziendo: ‘¿Dónde yremos o qué haremos; si hallaremos por ventura quién nos haga caridad e algún bien?’.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
”E yendo assí las ánimas tan afligidas, aparéçenles a cada una dellas el sancto ángel su guardador, e consuela en su neçessidad, e háblala con amor, diziéndole: ‘Dios te consuele, ánima, e te alumbre en tu camino. Llama en tu neçessidad a Dios, e oýrte á. Y si no, no faltará quien te responda. Pide virtud y limosna por amor de la Passión de Nuestro Señor Jesuchristo, e pregunta por el camino de Jerusalem la alta, y que te enseñen yr donde está el árbol de la vida y de la misericordia’. Yendo assí las ánimas por diversos caminos con clamorosas vozes pidiendo a Dios misericordias, van tras ellas los demonios, viendo que se les an salido de las penas. E oyendo que piden a Dios misericordia, danles muy grandes golpes y tormentos, diziendo: ‘¿Cuál Dios o quál misericordia demandéys e buscáys? Que no ay piedad, ni otro [fol. 68r] consuelo os darán sino este que agora nosotros os damos’. E viéndose las tristes ánimas tan afligidas, angústianse, y no saben qué se hazer.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
”Los sanctos ángeles, haviendo compasión dellas, tórnanles a parezer, y esfuérçanlas, diziéndoles: ‘Aunque os ayan atormentado los demonios y os yeran muchas vezes, andad, andad, no os detengáys por tribulaçiones y peligros que en este vuestro camino se os suçeden. No volváys atrás, ni çeséys de llamar, que abriros an. E pedid e resçiviréys, y hallaréys la misericordia’. Y cada uno de los sanctos ángeles dize a cada un ánima que tuvo a cargo: ‘Toma este bordón sobre que te afirmes, aunque vas llagada, que tal buena obra que hiziste; e tú, este que tal viernes que ayunaste; e tú, que tal limosna que diste; e tú, que tal misa oýste con devoçión; e tú este, de tales oraçiones que reçaste en serviçio de Dios e de su gloriosa madre; y este, de tal devoçión que tuviste a tal sancto o a tal sancta, e tales fiestas que hiziste por ellos’. E ansí les dan los sanctos ángeles bordones sobre que se afirmen de algunas buenas obras que en este mundo hiçieron. E ansí van hasta el lugar del árbol de la vida, aunque con mucho trabajo, y llegan y hallan muy cumplida la misericordia de Dios, e los thessoros e consolaciones, e refeçión e sombra del árbol de la vida, e yndulgençia de la Passión del Hijo de Dios e del limosnero Espíritu Sancto. E allí son consoladas de todas las maneras de consolaçiones que a sus neçessidades requieren, e de allí tornan algunas vezes a Purgatorio, e otra no, según es la voluntad de Dios y ellas lo mereçen. Tienen los sanctos ángeles gran desseo, con el amor que tienen a los christianos por peccadores, que sean sus ánimas sean salidas de penas quando están en Purgatorio. E las ayudan con todas sus fuerças e ruegos, e aun no contentos de esto que por ellas hazen, según el grande amor que tienen a nosotros, los humanos, se juntan muchos dellos, e se conçiertan según la voluntad del poderoso Dios, e diçen unos a otros: ‘Andad acá, señores, juntémonos algunos de nosotros e vamos abentureros a los lugares tristes y tenebrosos de Purgatorio, e quizá será tal nuestra ventura; y si la nuestra no fuere, será la de las ánimas, que provándolas a desaraygar e a arancar de aquellas dolorosas penas, pudiésemos sacar algunas. Grande sería nuestro gozo e alegría’. E van en quadrillas a Purgatorio, e aprueban con gran diligençia, [fol. 68v] rogándolo a Dios, a sacar o arrancar algunas ánimas, las más nezesitadas e desamparadas que ven. E traban de unas y asen de otras, diziéndoles a ellas que se ayuden, y hechan anzuelos y redes en los ríos e lagos e pozos donde las tristes ánimas están; e arman lazos e guindaletas para tirar y sacar algunas, si pudiesen; e pelean con los demonios, e despedazan los que están hechos dragones, para sacarles las ánimas que tienen dentro, en sus dientes. E quando Dios quiere, después que an travajado mucho, que aranquen alguna o algunas, tiénenlo a muy gran ventura e dicha, e góçanse, e haçen muy grandes alegrías, dando muchas graçias a Dios, que los hizo vitoriosos, e aquellas ánimas benturosas de salir de tan grandes males. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
”E tómanlas luego, e van con ellas al prado de las flores. E allí las curan de sus llagas, e las visten de algunas bestiduras qu’ ellos traen para ellos. E las llevan con cantares y músicas al árbol de la vida, para que le adoren y sean recreadas de las dulçidumbres divinales que manan de las ánimas bienabenturadas que van al árbol de la vida, y a los hospitales de la misericordia y tiendas de graçia, abastadas de todos los bienes de los misterios de Jerusalem la alta. ¿Qué comen y veven? No es otra cosa sino unas obras muy grandes de las bondades y misericordias de Dios, y de los embriagamientos de las bodegas de la divinidad, de la zelda ordinaria donde la Sanctíssima Trinidad cumple de deleytes a sus amigos, e de los pastos de la sancta humanidad del Hijo de Dios; de la qual ay tan grandes pastos en el Reyno de los Çielos que abastan para artar e apazer todas las ánimas bienabenturadas, y aun muchas más que fuesen. E por semejantes, está la sancta Yglesia militante muy abastada de los pastos muy dulçes del Sanctíssimo Sacramento del Altar, e de todos los otros sacramentos de nuestra sancta fee cathólica que del soberano Dios dependen. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
”Tienen los sanctos aventureros, alcanzando del poderoso Dios tal previlegio, que las ánimas que salen en manera de pesca con anzuelos e redes de penas no tornen más a Purgatorio. E después de haver adorado la sancta cruz, e gozado de sus frutos, las [¿viven?] ellos mesmos andar los misterios de Jerusalem la alta. Y en aquellos sanctos misterios les hazen cumplir lo que en Purgatorio havían de purgar en [fol. 69r] los tiempos que allá havían de estar. Se los reparten por días o por semanas, y en un oratorio las tienen un zentenario de días, y en otra capilla una quarentena, y en una yglesia otros sesenta días, y en otro çentenario treynta tres días. Y assí les hazen por misterios y días, por la voluntad de Dios, acavar de cumplir lo que deven, andando como en penitençia y haçiéndoles su Divina Magestad muchas merçedes, y dende allí las llevan al Çielo. Y ansimesmo llevan los sanctos ángeles algunas de aquellas ánimas a lugar y campo donde estava el árbol de la sancta cruz para que, con tiros y armas que les dan, tiren a los demonios, que allí con gran maliçia van a empezer a las ánimas. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
”Y por semejante, después que el señor Spíritu Sancto dexó de hablar por la lengua de mí, su yndigna sierba, estando yo enajenada de mis sentidos, lo qual yo no sentía si lo hazía su gran Magestad, me mandó que, pues estava enferma en el cuerpo, y por mi yndispusiçión de salud el estrumento no tenía el Spíritu Sancto como solía, tuviese cuydado de ayudar a defender e consolar las ánimas que van a ser recreadas al árbol de la vida. Y esto es quando estoy elevada, que me ponen en çierta esquina de aquel campo con çierta arma y armas que el sancto ángel me da, defiendo con los otros a las ánimas que allí van a ser consoladas del dulçíssimo Spíritu Sancto. E quando estas cosas me son mostradas por mandamiento y ordenaçión divinal, me son encubiertas las más altas; e a vezes, quando es la voluntad de Dios, las más subidas y preçiosas, e no estas; e otras vezes me hazen tan copiosas merçedes como puede hazerlas, que me muestra junto lo uno y lo otro, e gozo de gozos doblados”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Capítulo XIII'''&lt;br /&gt;
'''De los misterios y dulçedumbres que el día sancto del domingo manan de la sancta cruz'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Dezía esta bienabenturada: “Todos deven ser muy devotos de la sancta cruz y de sus misterios, porque son tan grandes las grandezas de la sancta cruz, y los misterios que en ella se puede contemplar, que no se podrían acavar de dezir según lo que el poderoso Dios, por su gran misericordia, algunas vezes me muestra. El día [fol. 69v] del domingo proçede e mana del árbol de la sancta cruz de Nuestro Señor Jesuchristo muchedumbre de flores y frutos, e se mudan de toda diversidad de colores e resplandores, e cada un ramo naçen y proçeden tres nuevas frutas, todas tres en un solo ramo, el dulçor e sabor e olor de las quales era sin comparaçión su preçioso valor: esto a significaçión de la Sanctíssima Trinidad, Padre, Hijo y Spíritu Sancto, tres personas y un solo dios verdadero, cuya fiesta y solemnidad se çelebra el día del sancto domingo. E hallende de estas preçiosas frutas, mana en el tal día el sancto árbol nuevos espeçies de suavíssimos manjares, e olores y sabores, e tales e tales que bastan para dar entera gloria y bienabenturanza, ansí los preciosos manjares como las claríssimas aguas. E todo mana como de mar, muy abastada del soberano Dios, trino y uno. E las ánimas que están en Purgatorio, que fueron servidores e devotos de la Sanctíssima Trinidad, e el día sancto del domingo çelebraron en devotas e obras puras, avtiniéndose en tal día de viçios y peccados por el amor y serviçyo de Dios, allí en Purgatorio donde están son por los ángeles visitadas, e reservadas de las penas, e recreadas e alumbradas en sus escuridades. En tal día salen de Purgatorio los que fueron fieles y verdaderos amigos del poderoso Dios, e son llevados al Çielo, muy acompañados de ángeles, con dulçes cantos y ynstrumentos de muy gran melodía. Y el mesmo Dios les da en tal día ynumerables galardones e gozos de sí mesmo. Los resplandores, e riquezas e bienabenturanzas que el día sancto del domingo mana el árbol de la vida son más sublimados ''[10]'' que otro día de la semana, porque son de los thessoros de la Sanctíssima Trinidad, Padre e Hijo y Spíritu Sancto, tres personas y un solo Dios verdadero, el qual deve ser muy servido, e adorado, y creýdo de todas las criaturas que crió. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
”El día del lunes produçen y nasçen del árbol de la vida nuevamente flores de diversidad de maneras e olores, con rayos e resplandores de mucha claridad, las quales flores tan preçiosas son todas en sí muy candidíssimas e blancas, sobre toda cosa de blancura e preçiosidad. Sinifican la puridad e limpieza, e mereçimientos e sanctidad, hermosura e primor de alteza de los mereçimientos de Nuestra Señora la Virgen Sancta María e todos los nueve coros de los ángeles. E tanta es la claridad de estas sublimadas [fol. 70r] flores de rosas que los sanctos ángeles llevan dellas a las ánimas de Purgatorio, las que Nuestra Señora e de los mesmos ángeles son devotas, e les abastan, e consuelan tanto, que solo el olor dellas les basta por manjar en su hambre y por deleytoso beber. Y les da muy gran claridad y resplandor en su obscuridad, y tinieblas muy profundas, e les es como roçío muy fresco e deleytoso en sus calores e fuegos, tan demasiados, e como candelas hechas delante dellas por mereçimientos de quien ellas significan, e consolaçión para sus devotos, e para otras quelesquier ánimas, que a todos haçen virtudes. Y las ánimas que en tal día mereçieren ser salidas de Purgatorio, embiándoles la soberana Reyna de los Çielos y abogada del género humano su favor y ayuda, las lleven los sanctos ángeles muy triunfantes; y ellos, junto con Nuestra Señora, les dan y alcanzan muy grandes virtudes, dones y gozos, e bienabenturanzas, como son primogénitos hijos de Dios herederos del Reyno de los Çielos.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
”El día del martes se muestra el árbol de la sancta cruz todo produçiente, lleno de ynumerables resplandores, con rayos ylustríssimos y diversidad de rosas coloradas. Y las más dellas sobre colorado matizadas e puestas otras diversidades de colores. Junto con esto, nasçen baras muy pintadas e olorosas, resplandeçientes, e algunas dellas hechas a manera de armas de pelea, hechas de muchas maneras. Y esto significa los triunfadores mártires, y sanctos méritos e sangre derramada, e las historias que dellos está scripto, que labaron en la sangre del cordero sacrificado en la cruz al Padre por nuestros peccados, e la diversidad de tormentos e martirios que con crueles ánimas les dieron. E toman los sanctos ángeles guardadores de ánimas de estas tan odoríferas rosas, e cortan de las baras hechas a manera de armas, e van con ellas a Purgatorio para dar refeçión e consuelo a todas las ánimas que allí están, e las que fueron devotas de los sanctos mártires. E con las preçiosas rosas, e bara e armas que figuran sus preçiosos mereçimientos mediante la sancta cruz, e muerte e Passión de Nuestro Señor Jesuchristo, por quien ellos padesçieron tantos tormentos, resçiven en este día muy gran consolaçión e afloxan sus penas. E las sanctas [fol. 70v] rosas les son manjares esforçosos, e recrean a cada una de las ánimas según su neçessidad. E con las armas les dan resplandor e defendimiento de los demonios, porque en aquel día no las pueden empezer. E las que el día del martes salen de Purgatorio, la muy hermosa hueste de cavalleros triunfadores, assí como grandes capitanes e señores muy valerosos, las favorezen e las acompañan a las que son sus devotas de qualquier dellos e les an hecho en la Tierra alguna memoria e serviçio, e porque su exemplo padeçieron e hiçieron algunas buenas obras e penitençias, e padeçieron penas y tormentos sin contradiçión, la qual puede ser contado por martirio. Y estas tales ánimas no solamente los gloriosos mártires las libran de Purgatorio, mas aun de los escarnios y enojos que los demonios acostumbran hazer a las ánimas quando las pueden enpezer. Y llévanlas al reyno de los Çielos con mucho triunfo, y offréçenlas al mártir de los mártires, Nuestro Señor Jesuchristo. Y Él, con poderosa mano, les haçe copiosas merçedes, e los sanctos mártires les dan muchos galardones por los serviçios que les hiçieron. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
”El sancto día del miércoles se haçe espeçial memoria, en el Reyno de los Çielos, de los sanctos apóstoles, los quales en persona de Nuestro Señor Jesuchristo vendieron a nosotros peccadores el Reyno de los Çielos, e le dan muy barato; en figura de lo qual el sancto árbol de la cruz, en quien ellos tuvieron su honra y gloria, se muestra todo lleno de rosas y flores, e frutas muy hermosas, nuevas y deleytables. Y junto con esto, salen del sancto árbol pendones y estandartes muy ricos, y pintados y enjoyados, e obradas todas sus armas e ynsignias de Nuestro Señor Jesuchristo, e su sagrado y maravilloso nombre por zimera de muy ricas y preçiosas perlas e piedras labrado, más resplandeçiente que el sol, el qual nombre de Jesús ellos predicaron, y en su virtud hiçieron muy grandes milagros e maravillas. Y estos tan preçiosos y enriqueçidos pendones y vanderas representan todos los christianos, y significan los sanctos apóstoles e offiçios que tuvieron de predicación. E toman los sanctos ángeles, que allí están, en serviçio del dulze Spíritu Sancto e reguarda del árbol de la cruz [fol. 71r] y de la vida, y álçanlos en persona de los mesmos sanctos apóstoles, y en su nombre pregonan a muy altas vozes diziendo: ‘Ay, quién venga a comprar el sancto Reyno de los Çielos. Ea, vengan todos los que quisieren venir de su grado, que nosotros no hazemos a ninguno venir por fuerça, empero pregonamos e aconsejamos la fee muy çierta y verdadera, la carrera de vida y de salud. Enseñamos el camino del Paraýso. Vengan los que sin dinero son redimidos, sino por el gran preçio de la sangre del cordero. No teman de venir los pobres neçessitados, que por muy buen barato les venderemos el Reyno de los Çielos que, por el sancto baptismo y la fee de Jesuchristo, por guardar los mandamientos de Dios y hazer algunas buenas obras, por confisión y contrición −si cayeren en peccados−, por satisfaçión e comunión, e por los otros sacramentos de la Yglesia que ordenó el Spíritu Sancto, les venderemos el reyno de los Çielos a todos los que le quisieren comprar. Franco y muy manífico es nuestro muy altíssimo y muy sagrado Rey Jesuchristo, e muy agradeçido. Largo es en misericordias. Espera a sus siervos en penitençia, resçívelos de buena gana quando se vienen a Él. Venid todos, no os detengáys en los viçios y peccados y deleytes pereçederos, y más tardan los peccadores en venir que Dios en resçivillos’.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
”Y los ángeles que esto dizen en persona de los sanctos apóstoles coxen las rosas y flores de sus mereçimientos. Y los ángeles que coxen los frutos del árbol de la vida en el tal día llévanlo a las ánimas de Purgatorio que an sido y son devotas de los sanctos apóstoles, e son muy recreadas y aliviadas sus penas, y consoladas en sus tribulaçiones que allí tienen. Y las ánimas que en este día del miércoles salen que son devotas de los sanctos apóstoles e hiçieron serviçios a cualquiera dellos, son por ellos acompañadas y honradas, e tan favoreçidas que llevan delante dellas un pendón de muy gran valor e preçiosidad y hermosura. Y la honra que a las tales ánimas se les da, es mayor que a otras ningunas, e van pregoneros delante dellas, pregonando a muy altas vozes todas sus buenas obras y virtudes, y cómo son dignas de mucho acatamiento e bien- [fol. 71v] aventurada gloria y corona de justicia, porque justamente obraron en creer y hazer lo que los sanctos apóstoles predicaron y enseñaron, y en tener por firme y verdadera la doctrina que dexaron scripta. Y pregonan los mereçimientos dellas por los quales, y por haver sido ellas sus devotas, y saviéndose aprovechar de su predicación e gozar de sus avisos y frutos de la sagrada Passión de Dios, eterno y sin fin, dizen los pregones les dan aquella honra; de lo qual resçiven las ánimas, que assí son beneradas, ynumerables gozos. E les es a ellas gran honra, y Nuestro Señor Jesuchristo las resçive de muy buena gana en el Reyno de los Çielos. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
”El día del jueves vrota e produze el sancto árbol de la cruz novedad de maneras de muchedumbre de rosas, e lirios e frutas, e junto con esto escaleras muy resplandecientes e ricas, labradas e hermoseadas por maravillosa manera, obradas por la mano divinal del poderoso Dios. Lo qual es todo figurado por los mereçimientos de los sanctos confesores, que ansí como lirios, flores y rosas, dieron suavíssimo olor de exemplos y doctrinas, e muy sanctas vidas e gloriosas, y predicaciones; confesaron a Dios delante de las gentes. Nuestro Redemptor Jesuchristo los confiesa y ensalça delante de su Padre çelestial por fieles y leales e verdaderos amigos. E fueron tan prudentes y sabios que con el marco del offiçio que les dio, ensalçaron e honraron la sancta fee católica, tanto que fueron como escaleras más que de oro, que dende la Tierra asieron hasta el Çielo, subiendo ellos por virtudes, dexando sendero de libres y doctrinas, e penitençias e virtudes, sanctidad e declaraçiones con sanctos avisos y ensaminaçiones, con sanctas verdades, para que todas las nasçiones que quisieren se puedan salvar y subir de virtud en virtud hasta el Çielo por esta escalera que ellos subieron y enseñaron subir. Y las ánimas que están en Purgatorio que fueron sus devotas de alguno dellos e por sus exemplos e sanctas docrtrinas yçieron buenas obras, resçiven dellos espeçiales favores. E los que son devotos e amigos sobre otra devoçión e amor del gran hazedor Jesuchristo son en el día del jueves muy consolados, e resiçionados e descargados de sus penas, e abastados de suavidad de fruta y manjares. E por los sanctos ángeles sus guardadores le son mostradas estas [fol. 72r] tan fermosas e valerosas escaleras, denunçiándoles que, quando de allí salgan, tienen çierta seguridad de subir a gozar el Reyno de los Çielos por los mereçimientos de Nuestro Señor Jesuchristo e por su sagrada muerte e Passión, e mediante los sanctos confesores, los quales ganaron y subieron al Çielo como escaleras derechas donde gozan para siempre. E salidas de Purgatorio las tales ánimas, van los sanctos confesores, algunos o todos, según es la voluntad de Dios, e llevan a sus devotos y amigos muy acompañados, honrados y favoreçidos, y súbenlos por las escaleras de sus mereçimientos hasta la cumbre del Çielo, donde huelga para siempre, porque el dador de la vida los resçive con gesto alegre e cumple todos sus desseos buenos que tuvieron. E son contados e reputados con los hijos de Dios y sanctos del Çielo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
”El día del viernes veo nuevas mutaçiones en el árbol de la vida. Cada semana me pareze se muta de momento a momento de diversidad de colores. E por todo el día entero pareze que tiembla el árbol, y en cada temblor se mudan las flores de diversidad de colores e olores, e las frutas de muchas maneras e sabores, deleytosas, dulçes, muy más sublimadas que otros días. Y en este día del viernes ay en el sancto árbol muchos rayos de claridad, e resplandores, e otra infinidad de maneras tan exçelentes que no havría lengua ni sentido humano que bastase para lo esplicar y dezir; tanto que qualesquier ánimas de Purgatorio que allí son llevadas por la voluntad de Dios que le miran, sanan de qualesquier heridas e llagas que tienen por sus peccados hechas de mano de los demonios, e se les quita la tristeza y angustia que tienen. Y aun se podrían aprovechar de estos sanctos misterios del árbol de la vida espiritualmente, e gozar de estas dulzedumbres dentro en sus ánimas, qualesquier fieles personas, amigas de Dios, bibientes en este mundo, devotas y contemplativas de los misterios de la sagrada Passión de Nuestro Señor Jesuchristo, e qualesquier de los bienabenturados del Çielo que en tal día acatan el árbol de la vida, adorándole y contemplando e apiadándose de lo que el Hijo de Dios en él padesçió. Y en cada un misterio de los que ellos contemplan resçiven ynumerables gozos acçidentales, porque todas las bien- [fol. 72v] abenturanzas juntas que se pueden pensar e dessear están en Dios, y en su sancta cruz, e sagrada muerte e Passión. E de allí manan, como de viva fuente, todos los grados de gloria e çelestiales consolaçiones que su Divina Magestad da a sus criaturas çelestiales e terrenales.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
”Y también salen en este sancto día del árbol de la vida muy resplandeçientes e sonantes trompetas, que significan el poder de Dios, e su juyzio e justicia, e su sancta predicaçión e doctrina que sonó de mar a mar para nuestro enseñamiento e abiso. Y también salen lámparas ençencidas, muy resplandeçientes e consolatorias, muy bien labradas, más ricas que de oro y piedras preçiosas. La luz y claridad que dan es sin comparaçión e muy deleytoso de mirar, las quales significan la divinidad del Hijo de Dios, y el resplandor de sus muy sanctos exemplos que en esta vida dio viviendo entre los peccadores treynta y tres años. Y ansimismo significan la gran caridad con que el mesmo Christo nos vino a redimir, y el olio de la misericordia con que ungió a los peccadores a la sancta fee cathólica muy çierta, y la esperanza que nos dexó con que nos podemos salvar e alcanzar muy cumplida misericordia e perdón de los peccados mediante su sancta Passión. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
”E junto con esto sale este día un muy rico altar, muy adornado de todas las maneras de aposturas que para el altar de Dios perteneçen, y en él muy luçidos y ricos y enjoyados hornamentos con que acostumbran dezir missa los saçerdotes de la Tierra. Y ençima de este sancto altar apareze Nuestro Señor Jesuchristo, Hijo de Dios vivo. Sí, es el sacerdote, y el sacrifiçio y manjar de aquel sancto altar. Y estando allí el mesmo Dios, el qual puede haçer todas las cosas, dase en comer y en vever a sus amigos, y offréçese en sacrifiçio a Dios Padre como en el Sancto Sacramento del Altar, por que perdone los peccados de los christianos, siervos suyos fieles. Y allí se offreçe el Hijo al Padre por el humanal linaje, con muy soberano amor y piadosas plegarias, y su sagrada Passión y sancta cruz. E las ánimas de Purgatorio, aquellas con quien Nuestro Señor quiere comunicallos sus misterios, gozan en este día del viernes dellos, por el mucho [fol. 73r] amor que les tiene. A las ánimas que en este día salen del Purgatorio que fueron devotas de la Passión de Nuestro Señor Jesuchristo, y en esta vida le amaron e sirvieron, mándalas su Divina Magestad llevar muy prósperas e aportadas de riquezas, e acompañadas de cavallería celestial. E vanles delante tañendo las trompetas muy preçiosas que en este día salen del árbol de la sancta cruz, y llévanles ansimesmo delante las lámaparas ençendidas, que las alumbren a cada una dellas en muy mayor grado que el sol, y les dan ynumerables gozos e claridad, e también les llevan delante el altar, tan abastadas de todos los bienes que el mesmo Señor va en él en figura del Sanctíssimo Sacramento. E las ánimas que siguen al cordero sin manzilla no pueden herrar el camino del Paraýso, que muy çiertas y seguras van, y entran, y goçan y poseen a su Dios, por el qual en esta vida lloraron e gimieron con mucho amor; y Él se les da tanto abasto quanto ellas quedan contentas e satisfechas, que no tienen más qué dessear ni querer, porque todos los dones que son dados e las virtudes que son hechas por amor de la Passión de Nuestro Señor son muy más sublimadas sin comparaçión que otras ningunas. E las bienabenturanzas e aguas frías que en este día manan del árbol de la sancta cruz son muy más valerosas e aprovechantes a las ánimas que otras, porque tanta diferençia ay de los frutos de este sancto día de viernes a los otros quanto ay del Señor a los sierbos y del criador a sus criaturas, e de Dios a los sanctos. Porque los mereçimientos del Hijo de Dios y de cada uno de sus misterios no tienen comparaçión, ni ninguna persona ay que los sepa repartir, si no es el consolador Spíritu Sancto, criador con el Padre e Hijo, tres personas y una esençia divina.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
”El día del sávado muestra el árbol de la sancta cruz en sí muchas mutaçiones, e muchas dellas son como el día del viernes. Empero, algunas de sus mutaçiones e muchas dellas son como el día del viernes, empero algunas de sus mutaçiones demuestran gozo e otras sentimiento de llanto, dando a entender que todo este día es de las sanctas y piadosas personas e mugeres. Demás de [fol. 73v] ser llamado sábado de holganza, este día significa a Nuestra Señora y a todas las vírgines, por quanto las mugeres son ynclinadas a compasión, e son de tierno corazón e piadoso. E por eso el sancto árbol de la vida en sus mutaçiones llama e convida que junto con él se entriztezcan o se alegren, según ve en las mutaçiones en él. Porque ansí como el día sancto del viernes es fruto de este sagrado árbol el cordero sin manzilla, Hijo de Dios, el qual en tal día se sacrificó a Dios Padre muryendo muy cruelmente y consangrando esta mesma cruz, para Él tan penosa, e haziéndola de madero seco e nudoso, árbol verde de muy ricos e preçiosos frutos, después de le haver regado con el agua viva, que es la sagrada sangre del mesmo redemtor nuestro Jesuchristo, assí en figura dello, en este día del sávado, el árbol de la cruz, que el día del viernes quedó muy bañado, se trasfigura de diversos colores e resplandores. E junto con esto produze a vezes muchas gotas grandes y espesas de viva sangre, e tan a menudo caen hasta que haze el suelo enrededor todo teñido como viva sangre. E viendo los santos ángeles que allí están la copiosa sangre que está en el suelo e la priesa que el sancto árbol se da a destilar gotas sanguíneas de sí, llaman a muy grandes vozes a las personas devotas, vírgines y no vírgines, que vengan al pie de la cruz muy aprisa a coger de las gotas sanguíneas que produçe de sí el árbol de la vida, ansí lo que está en el árbol como lo que a caýdo en el suelo, e diçen: ‘Vení, no os tardéis, todos los piadosos y piadosas, e aved compasión de vuestro Dios e de su piadosa madre, e acordaos cómo en aquel tiempo que Él padeçió y murió estava tan triste y sola. Y agora, en figura de remembranza de su dolor, coxe estas riquezas que abundosamente el árbol de la vida os da en persona del mesmo Jesuchristo, el qual, en tal día como oy, está su sagrado cuerpo puesto en el sepulchro, muy llagado y descoyuntado he herido, e de sus sanctas llagas destilando sangre. Tomad estas agora, vosotras, en paños muy preçiosos, e cogeldas en valerosos basos, e ponedlos en relicarios, donde estén muy guardados’.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
”E vienen muchas personas bienabenturadas e mugeres sanctas del [fol. 74r] Çielo con gran prisa al llamamiento de los sanctos ángeles, trayendo en sus manos muchas tinajas, cáliçes y basos. E con gran reverençia e muchas adoraçiones que hazen a la sancta cruz, cogen las sagradas gotas e pónenlas en sus juridiçiones, e tiénenlo en soberana reverençia. Y esto es dando a entender a los humanos que lo mesmo havemos de hazer todos los peccadores que vivimos en la Tierra en los tales días, dentro en nuestras ánimas, y estas deven ser nuestras ocupaçiones y obras spirituales: pensar en Dios y en sus misterios, e haverle compasión, pues padeçió por nos redimir con soberano amor.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
”Las ánimas que están en Purgatorio que son devotas de Nuestra Señora la Virgen Sancta María y de las sanctas vírgines, y de todas las sanctas mugeres, en el tal día del sábado gozan de muchas e gloriosas visiones, e oyen las bozes de los sanctos ángeles que las convidan. E por ellos mesmos les son representadas aquellas sanctas reliquias que el árbol de la vida da de sí el día del sávado, por cuyos mereçimientos muchas dellas son libradas, e por los méritos de Nuestra Señora, la Virgen Sancta María, e por las sanctas vírgines e mugeres bienaventuradas son aquellas ánimas llevadas al Çielo con muy gran triunfo e gloria.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
”Produce el árbol de la vida el día del sávado, a ora de las conpletas, muchas coronas adornadas de muy hermosas piedras preçiosas, guarneçidas y enriquezidas sin comparaçión. E junto con las coronas, salen del árbol de la vida sillas muy enriquezidas, pomposas e reales, y enjoyadas. Y con las valerosas sillas, sale como plantado en cada una dellas un árbol, como de palma o cedro, e oliva e çiprés, e otra diversidad de árboles valerosos e suavíssimos en olor e maravillosa hermosura, cuyas ojas y flores son más que de oro, e resplandeçientes más que el sol; en las quales ojas están esculpidas por maravillosa manera unas [fol. 74v] letras que dizen: ‘Con razón son coronadas las vírgines mugeres que de Dios son sanctificadas’. E los sanctos ángeles toman las coronas, e pónenlas ençima de las palmas e árboles qu’ están plantadas sobre las sillas de apostura.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
”E represéntanlo assí todo junto a las ánimas de Purgatorio, en espeçial a los que en este mundo se astubieron de los vizios y peccados e pelearon contra ellos, assí como son las personas religiosas, las quales quando salen de Purgatorio les llevan delante los sanctos ángeles las cosas ya dichas, a significaçión que, aunque todos los estados las gentes christianas se pueden salvar, el estado virginal e penitente, y devoto, casto, y limpieza de la corrupçión de los peccados, ese tal estado se lleva la bentaja para ganar la corona e gran premio en el Reyno de los Çielos, donde el azedor de las merçedes galardona a sus amados de galardones ynnumerables. El qual dixo por su sagrada boca: ‘Daré çiento por uno a qualquier persona que por su amor se avstuviere de quelesquier bienes e consolaçiones de este mundo y tiene sus gozos en solo Él’. Y el muy dulze Spíritu Sancto haze nuestros a estas tales ánimas y a quien a él más le plaze dar sus dones, e de los mereçimientos de los ángeles, e de los sanctos y sanctas. Y ansí enrriqueze los pobres, da de comer a los ambrientos, e de vever a los sedientos, viste los desnudos, suelta los presos, alegra los tristes, consuela los desconsolados, manda alvergar sus pelegrinos, da vida perdurable; a los que a él se encomiendan, enseña carrera muy clara; da enteros descansos a todos los que vienen ynvocando el nombre de Jesús; da gozos muy nuevos y açcidentales a los bienabenturados en cuya remembranza se muestra cada un día de la semana las figuras susodichas de sus merecimientos, para apiadar y haçer grandes merçedes a sus devotos dellos, que en esto resçiven todos los sanctos del Çielo ynnumerable gozo. Que el poderoso Dios se quiere servir y haçer dellos memoria, e repartir sus riquezas con sus amigos, que dellas tienen neçessidad, porque en los Çielos está la perfeta caridad. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
”Síguese una adoraçión de la sancta cruz, de gran virtud para todos aquellos que con devoçión la dixeren, que me la mostró mi sancto ángel; de la qual, señoras, os podéys aprovechar y consolar en la dezir, pues aún no estáys contentas con quanto os he dicho, que todavía queréys saver más de las cosas que Dios es servido [fol. 75r] de me mostrar. Y ansimismo me a dicho mi sancto ángel e su Divina Magestad contento os las diga, porque en vuestro secreto se lo suplicáys me lo mande mi sancto ángel, que él me lo a dicho. Y a esta causa os he dicho las cosas secretas que me an sido mostradas, o parte dellas, y por la mesma voluntad de Dios diré adelante lo que Él me mostrare y diré la respuesta que me fuere dada en lo que me dixéredes diga y pregunte a mi sancto ángel. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Oración ''[11]''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
‘Adórote, cruz preçiosa, adórote sancta cruz, y adórote ''sanctíssimum lignum inter omnia lingua''. Adórote, sancto madero, adórote, trono de Dios, adórote, escaño de los sus pies, con el qual justiçiara y pisara los peccadores y les hera ver y conoçer cómo solo Él es el Señor y criador del Çielo y de la Tierra, y juez de los vivos y de los muertos. Adórote, galardón de los justos, por el qual se salvan y justifican. Adórote, deleyte de los ángeles. Adórote, penitençia de los peccadores. Adórote, tálamo de Dios, en el qual está puesta su corona real. Adoro los clavos y tenazas y martillo y escalera y lanza. Adoro el redemptor en ti puesto. Adoro mi salvador, adoro su sancto bulto, adoro su santa faz. Vendigo y glorifico y adoro sus sanctos miembros, todos dende las uñas de los pies y plantas hasta ençima de la caveza, que son los cavellos. Adórote, árbol sancto de la vera cruz, árbol frondoso, florido y graçioso. Las sus flores eternas sin ser marchitas, olores perfetos de nunca cansar, perfetos e dulçes sin secar, frutas saludables, preçioso manjar muy mantenedor a quien lo supiere gozar y gustar’.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Capítulo XIV'''&lt;br /&gt;
'''De una revelaçión que esta bienabenturada le fue mostrada açerca de un ánima'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Preguntando a esta bienabenturada las religiosas de su convento e monasterio por el ánima de un padre religioso de su misma orden, que fue su vicario y confesor e murió en el dicho monasterio siendo [fol. 75v] vicario, el qual se llamava fray Pedro de Santiago, persona muy notable y de mucha sanctidad e virtudes, si havía savido el estado de su ánima, respondioles, diziendo: “Yo he suplicado a Nuestro Señor, su Divina Magestad, tuviese por bien de revelar al sancto ángel mi guardador el estado de aquella ánima, e le diese liçençia me lo dixese. Y a mi sancto ángel le dixe mi deseo. Y como, señoras, deseáys saver el estado de aquel ánima y lo suplicáys, respondí a vuestra petiçión y mía. Respondiome: ‘Pues tanto rogáys y deseáys ver el ánima de este religioso, anda acá conmigo, y para mientes con atençión lo que verás’. E tomándome por la mano, llevome a un jardín de ynumerable hermosura e frescura, en el qual havía árboles de diversas maneras, llenos de muy hermosas colores, y en ellos muchas aves de mucha hermosura cantando muy dulçemente e grande armonía. Y los muros e adarbes y todos los edifiçios que allí stavan heran labrados de oro, e bariedad de perlas e piedras preçiosas, y todo muy resplandeçiente e de gran hermosura. Y dentro de este deleytoso bergel estava un palaçio muy ricamente labrado e de gran claridad, en el qual estava un trono muy alto, todo de pedrería, y en este estava sentado Nuestro Señor Jesuchristo. Junto, en otra riquíssima silla e trono, estava assentada Nuestra Señora, en presençia de los quales estava, de rodillas e postrada en el suelo, el ánima de este religioso, y pareçiéndome estava bestido de su ábito pardillo, e todo en la forma y manera como quando estava en el cuerpo. E a desora, yncontinenti, estando él así, mirando y contemplando él a tan gloriosa visión de Dios y de su gloriosa madre, a la qual hera él en gran manera devoto y servidor, vinieron allí presentes quatro vírgines: la una, la señora sancta Catalina, e la otra sancta Çiçilia, la otra sancta Bárbara, e la otra la gloriosa sancta Clara. Y entre ellas estava sancta Ana, muy çercana a Nuestra Señora, más que ninguna de las otras. Y estas sanctas vírgines, por mandado del poderoso Dios y de su sacratíssima madre, tenían [fol. 76r] en sus manos bestiduras blancas e muy candidísimas, e resvistieron al dicho padre de aquellas vestiduras, que heran como a manera de ornamentos que se visten los prestes para dezir missa. Y después que le huvieron revestido a manera de saçerdote, llegó la señora sancta Ana, y ençima del alma, que tenía bestida, hechole una almática colorada, como a diácono; e la Reyna de los Çielos, Virgen Sancta María, con sus sacratíssimas manos, le vistió una casulla más blanca y resplandeçiente que el sol, y ençima le puso un manto azul con estrellas de oro, el qual manto hera muy valeroso y de pontifical. Y junto con esto pareció, a deshora, coronado de mitra e abreola muy resplandeçiente, todos junto ençima de su caveça, la qual le hermoseava e auctoriçava mucho. Y en las manos le pusieron una bara muy pintada, como çetro, con una manzana de oro en la çimera, y en ella figurada la ymagen de Nuestra Señora con el Niño Jesús en brazos. E después que assí estuvo bestido e adornado, con alegre gesto empezó a cantar, diziendo: ‘Gloria sea a ti, Señor Dios poderoso, que por tu benignidad visitaste la Tierra y truxiste la gente a tu conoçimiento’. Y la Virgen María dio su glorioso fruto, y esta postrera palabra replicava por tres vezes, diciendo: ‘Dio su glorioso fruto’. Y esto hecho, a deshora desapareçió esta gloriosa visión.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
”E otra vez, estando yo elevada, deseava mucho hablar aquella bendita ánima de aquel glorioso padre. Y estando con este desseo, a deshora vi venir en una muy hermosa y conçertada proçessión, la qual guiava el señor Sant Pablo apóstol, y junto con él yba de la una parte el señor sanct Pedro y de la otra el señor San Juan Evangelista; y en esta solemníssima proçessión yban muchos sanctos mártires y confesores, entre los quales yba el bienaventurado padre fray Pedro de Santiago, [fol. 76v] e mirávame él con atençión. Hablome palabras formadas, diziendo en su acostumbrada habla, que de humildad y menospreçio él solía tener, alçando el cuello y caveza hazia en alto, dezía ansí: ‘Que este es Dios, que save desnudar presto el pellejo al hombre que crió, el qual quedó allá como el de la culebra’. Yo, desseando saver si yo en los pocos días pasados que finó si había ydo o estado en Purgatorio, y no pudiéndoloselo preguntar, luego respondió a mi pensamiento, diziendo: ‘Por allí pasé, y estaban unas simas muy grandes, llenas de ánimas llorando y gritando con gran clamor. Y yo verdaderamente allí pensé quedar, mas la Virgen María no me dexó caer’. Y dicho esto, cesó el bendito religioso de me mirar y hablar, y fuese cantando en la proçessión. Y yo quedé consolada de la tal revelación. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
”E ansimesmo me consolé pocos días, estando otra vez elevada. Y fue que me vinieron allí al lugar donde yo estaba, que es donde mi sancto ángel me pone, nuestro glorioso padre sant Francisco e sancto Domingo. Y gozándome yo con ellos, dixo el señor sancto Domingo a nuestro glorioso padre sant Franscisco, riendo: ‘Ya sabe vuestra sanctidad que esta hija, que vos tanto amas en la caridad de Christo, la qual llamas vuestra gallinita, porque devajo de sus alas cría y ampara muchas ánimas de vuestra orden, y aun también de la mía, parézeme, señor, a mí que es mi hija por derecho, y no vuestra, pues fue primero llamada a mi orden y desseada de mis monjas, y aun también de mis frayles, y buscada con arto cuidado; e quando ella fue a tomar el ábito a vuestra bendita orden, si la mía estuviera tan cerca como la vuestra, señor, le tomara en la mía, porque tenía notiçia della, y por esto deve ser mi hija’. Respondió nuestro glorioso padre sant Francisco, con semblante amoroso y risueño: ‘A eso avrá de perdonar vuestra sanctidad, que no es sino mía, pues tomó el ábito de mi orden, y está en ella de tan buena voluntad’. Tornó el señor sancto Domingo a dezir que no hera sino suya, y de esta manera estuvieron por algún espaçio de tiempo con mucha gloria y perfeta caridad de amor. Y vinieron en [fol. 77r] conçierto que quedase a lo que yo quisiese, diziendo el señor sancto Domingo: ‘Queremos te mostrar nuestros ábitos, a ver de quál te agradas más’. E mostrome el suyo, muy blanco y puro, que significava la sanctidad y limpieza de Nuestra Señora la Virgen María, Madre de Dios. E nuestro bienabenturado padre sant Francisco mostrome el suyo, humilde, y pobre e sangriento, que significa la sagrada Passión e llagas de Nuestro Señor Jesuchristo, las quales havía el mesmo Christo, Señor mío, transformado en Él. Respondí: ‘El que más me agrada y quiero de estos sanctos ábitos es el que está teñido en la Pasión e llagas de mi señor Jesuchristo’. E tomándole en las manos, le abrazé e besé con mucho amor y reverençia. Entonzes, tomando el señor sancto Domingo de la mano a nuestro padre sant Françisco, le dixo con grande amor y dulçedumbre: ‘No os devéys maravillar que tal joya como esta desee yo para mi orden’. Y diziendo esto, se fueron con mucha alegría y gozo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
”Estando yo elevada el día de la Sancta Purificaçión de Nuestra Señora la Virgen Sancta María, gozando de las maravillosas fiestas que este día çelebran en el Reyno de los Çielos, que Dios tuvo por bien de me querer mostrar, díxome mi sancto ángel: ‘Assí como en este tal día profetiçó el justo Simeón a la soberana Virgen y Madre de Dios que su preçioso hijo, redemptor del género humano, havía de ser cuchillo de dolor que traspase las entrañas de su piadoso corazón, assí te digo yo a ti que presto verás los pensamientos de los que mal te quieren e bien te quieren’”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Capítulo XV'''&lt;br /&gt;
'''De cómo quitaron de abbadesa a esta bienaventurada, y qué fue la causa'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Como esta sancta virgen, siendo abadesa, oyó dezir que personas eclesiásticas conduzía de aver para sí un beneffiçio que el monasterio tenía de un lugar muy çercano a él llamado Cubas, y que [fol. 77v] ordenavan de embiar a Roma por bulla para ympetrar el benefiçio al monasterio, diziendo que las mugeres, aunque fuesen religiosas, no heran sufiçientes para ser cura de ánimas de personas seglares ausentes dellas, pesole mucho, por la neçessidad que las religiosas tenían d’él, y desseava saver alguna manera con que pudiese remediar. E fuele dicho por algunas personas eclesiásticas letradas que no havía otro remedio para escusar este peligro, que tan a la mano estava, ni ymbiar por una bulla al Papa, señalando persona sufiçiente para estar en el serviçio curado por el monasterio, y, siendo tal, no le pudiesen evitar las monjas mientras viviese, no haziendo cosa de mal exemplo después de esta persona difunta, el monasterio proveyese otro [¿?] con las condiçiones susodichas. Y de esta manera, le podrán tener muy seguro. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y esta bienabenturada, oyendo el tal consejo, holgó dello, por el remedio que dezían, mas no lo quiso efetuar sin consejarse primero con su santo ángel, al qual dixo lo que le havían consexado, suplicándole su hermosura le dixese si hera peccado haçerlo. El sancto ángel, dixo esta bienabenturada que le respondió: “No es peccado, sino caridad; mas podría ser venirte por ello alguna reprensión o menospreçio a tu persona”. Ella le dixo: “Pues dezís, señor, que no es peccado, e lo demás quiérome atrever por el remedio del monasterio, aunque por ello aya de resçivir reprehensión e menospreçio. Eso desseo, más que ser querida y estimada”. Y satisfecha por el sancto ángel no ser peccado, antes buena obra, hizo llamar a su bicaria con algunas religiosas, y en su presencia, con su consentimiento, ordenó una petiçión para el Papa. Y firmola esta bienabenturada como abbadesa, e su vicario, y otras tres religiosas en nombre del convento. E diola a una persona, que a la saçón yba a Roma, devoto del monasterio, el qual la traxo más por limosna [fol. 78r] pagando él la más parte, y el monasterio solamente dio siete ducados para ella. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y el demonio, el qual pidió liçençia a Nuestro Señor para perseguir a esta bienabenturada, puso en el corazón de esta su vicaria muchos pensamientos y juyzios maliçiosos, la qual de secreto yndinó a otras personas con sus malos consejos, por cuya vía secreta hizo saber a los perlados cómo esta sancta virgen havía traído bulla para dar el serviçio del curado sin liçençia dellos; la qual bulla causava peligro para perder el beneffiçio, el qual peligro remediasen. Y no solamente dañó la yntençión, mas creçió el preçio de la bulla haver dado el monasterio más de los siete ducados. E la persona que al presente que en ella venía señalada para en quanto al servicio hera un hermano de esta sancta virgen, porque de antes de esto residía en el curado, puesto por mano y voluntad de los perlados, porque hera persona sufiçiente y aparejado a toda virtud, y el pueblo estava contento d’él.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y estando todos los perlados y discretos de la orden sabidores de esta bulla, por la informaçión secreta vino una persona de los perseguidores de esta bienabenturada a hablar con ella, diziéndole hiziese quemar la bula que tenía del Papa, y quemada se podría remediar algo de lo que contra ella hera levantado. Y viendo ella no le convenía husar de este consejo, respondiole, diziendo: “Nunca Dios querrá tengan tan poco temor d’Él mesmo que queme las letras apostólicas con tan buena yntençión y líçita causa pedidas. Aquí estoy aparejada a padeçer por amor de mi señor Jesuchristo lo que me viniere”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y viniendo el perlado al monaterio, disimulando que no savía de esta bulla, hablole esta sancta virgen en secreto. Y con mucha humildad le dixo su culpa, manifestando la yntençión con que le havía pedido, y cómo en ella havía señalado a su hermano, porque hera persona fiel al monasterio, y residía en el serviçio de la mano de voluntad de perlados pasados e acontentamiento de todo el [fol. 78v] convento. E diziendo esto, diole la bulla en sus manos para que hiçiese della lo que fuese su volutnad; el qual le respondió que él lo haría lo mejor que pudiese, e lo comunicaría con los discretos de la orden, e todos se la tornarían con condiçión. E llevando consigo la bulla, ayuntó los discretos de ella e letrados religiosos e seglares, en la qual congregaçión fueron hechas grandes acusaçiones contra esta sancta virgen, dañando su yntençión e perfetas obras; las quales acusaçiones plugo a Nuestro Señor mostrárselas a ella en spírictu quando se tratavan, y vio, y vio y conoçió todas las personas que allí heran, e lo que a cada una le acusava.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
E visto todo lo que pasava, díxole su sancto ángel: “¿As entendido por qué te an sido mostradas estas cosas?”. Díxole ella: “Dígamelas vuestra hermosura, y entenderlo he”. El sancto ángel le resplicó: “Esto es para que conozcas estas personas que te son causa de ganar coronas de gloria, y les agradezcas tam buena obra como tú aquí resçives con las cosas que te son levantadas, y ruegues a Dios por ellas, les dé su graçia, con que enmienden sus vidas, e amen a sus próximos con caridad, según Dios lo manda”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Estando esta bienabenturada en su çelda orando una noche delante una ymagen del Señor del Huerto, suplicándole con muchas lágrimas por socorro y ayuda en las presentes tribulaçiones que tenía, fue tan grande su llanto e sollozos que pareçía quería espirar. Y de rato en rato dezía, como entre sí: “Qué triste relación”. Y esto oyó una de las religiosas que la meneavan e rodeavan de noche, por su enfermedad e tullimiento, la qual estava despierta quando la sancta virgen hazía sus esclamaçiones y llanto. Y esta religiosa estava muy angustiada, deseando saber la causa de su tan grande pena. Y çesando esta bienabenturada de llorar, llamó para que la volviesen. E yendo la religiosa que la havía oýdo, suplicole le dixese la causa de su tan grande llanto. La sancta virgen le respondió: “No tengo qué deziros. Llorava porque soy peccadora”. [fol. 79r] E tornándola a importunar diziendo cómo la havía oýdo dezir de rato en rato “O, qué triste revelaçión”, dixo la bienabenturada: “Verdad es que yo dezía esas palabras, y con mucha raçón, porque estando yo en mis esclamaçiones, salió de la ymagen del Señor del Huerto una voz que pareçía a manera de lloro, diziendo: ‘Mançilla tengo de ti, viendo las sentençias que sobre ti están dadas por el mi Padre çelestial. E assí como no fue [¿?] revocada la mía en el tiempo de mi Passión, aunque yo solo rogué y lloré, no quiere la divina clemençia no revocar, ni dexar de executar tus penas, las quales no pasarán por ti sola, pues muchas ánimas se te an encomendado, de cuyos peccados las penas todas de ese mundo son pequeñas para satisfazerse. E otra vez te digo, lloro por ti, y ruego por ti, mas tus alas serán quebradas, no solamente las quatro y las seys que tienes, mas las doze. E todos los miembros e tu cuerpo será como trillado, assí como hazen al pan para sacallo el grano’. Yo respondí: ‘Señor, arto quebradas veo mis alas y triste cuerpo tullido’. Respondió la sancta voz: ‘No es eso nada a lo que se á de quebrar y deshacer, e saber é que creçerán’. Yo le dixe: ‘Señor, pues los sanctos a quien yo me encomiendo en sus fiestas, ¿no ruegan por mí?’. Respondió la voz que salía de la ymagen: ‘Si quieres rogar a los sanctos, no te lo vedo, empero agora no se te escusará creçerte el mal, e las personas antes no podrán darte remedio ninguno para el cuerpo, aunque su oraçión dellas aprovecha para el alma, porque quando tal sentençia es dada, solo Dios la puede revocar. Mas no dexes de clamar a los sanctos rueguen por ti, y más a mi madre Sancta María e a mí, que lloro lágrimas dulzes por ti’. E oyendo tales palabras fue tanto mi llanto que quería espirar, e dezía las palabras que dezís me oýstes”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Estando esta bienabenturada [fol. 79v] en su zelda otro día, viernes a la medianoche, le fue mostrada una visión muy dolorosa, que le pareçía se avría todo el Ynfierno, o veýa los demonios d’él en el monasterio. E havía tantos y tan espesos, que desde el suelo de la casa hasta la cumbre de los texados, y en los ayres, los veýan tan espesos como andan las matas muy espesas en el rayo del sol. Y veýanlos en muchos géneros de figuras, el suelo del monasterio estar lleno dellos, a manera de animalias rastables como culebras, lagartos e sapos, e salamanquesas e de otras muchas maneras de sabandixas ponzoñosas. Ansimismo, veýa dellos como canes, lobos, toros e leones, e osos e todo género de bestias bravas e de carga. Veýalos en el ayre a manera de cuerbos e buytres, y murciégalos y de otras figuras todas muy temerosas y feas. Y todas e cada una, según su espeçie, bramavan, e aullavan, e graznaban, de manera que deçía esta bienabenturada era cosa muy espantosa de oýr. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y estando muy atormentada de ver cosas tan temerosas, empezó con mucho aýnco en lágrimas a rogar e suplicar a Dios de su poderosa mano le ymbiase socorro y quien le hechase aquella tan mala hueste que delante de sí veýa. Y estando por algún espaçio de tiempo sin ser socorrida, e creçiéndole mucho el temor e afliçión en su ánima, plugo a Nuestro Señor oýrla su oraçión en lágrimas y enbialle a su sancto ángel y a otros muchos ángeles que venían con él, para la favoreçer en su tribulaçión, entre los quales vino el archángel Sant Miguel, e otro ángel muy alto, a quien Nuestra Señora la Virgen María tiene encomendada la guarda de su bendita casa. Y estos sanctos ángeles pelearon fuertemente contra la malina hueste. Y como la hueste de los demonios hera mayor en mucha cantidad que los sanctos ángeles, deteníanse a pelear los demonios con ellos, haçiéndoles cara a los ángeles. Viendo su atrevimiento, fueron a la iglesia, por mayor socorro, [fol. 80r] e tomaron con mucha reverençia el Sanctíssimo Sacramento en sus manos, y vinieron con él a la zelda de esta bienabenturada, a la qual dixo su sancto ángel: “Pues heres christiana, adora al Sanctíssimo Sacramento. Y yo te ruego a ti y a tus hermanas os esforçéys a obrar toda virtud, e apartad de vosotras toda cosa en que Dios sea offendiddo”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Dezía esta sancta virgen que le pareçía venía la sancta hostia tan grande como una rueda de molino, y toda hecha carne, con admirables resplandores. Traýla el sancto ángel, su guardador, y Sant Miguel traýa el peso, hecho a manera de arma, con que hería a los demonios; los quales, quando vieron venir a los ángeles con el Sanctíssimo Sacramento, empezaron a uýr. Y los ángeles fueron en pos dellos, yriéndolos y hechándolos del monasterio, y los demonios yban uyendo, diziendo con gran grita: “Aunque nos hechas, no nos tenemos por venzidos, que nosotros volveremos. Que la maliçia que está levantada en algún corazón o corazones nos tornará”. De manera que, aunque hecharon muy gran número dellos, algunos quedaron escondidos en çiertas partes y rincones del monasterio, y muy en espeçial en el confesorio y cozina. Y los sanctos ángeles tornaron el Sanctíssimo Sacramento a la custodia. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y esta bienabenturada hizo luego, otro día, tañer a capítulo. Y llegadas las monjas en el lugar para ello diputado, hablolas con semblante triste e ojos muy llorosos, diziendo: “Señoras y hermanas, mas aunque quiero callar no puedo, y callando doy grandes vozes e gemidos muy dolorosos salidos de lo ynterior de mi corazón con mucho dolor, y para ello tengo gran causa. Otras algunas vezes, señoras, me soléis rogar e ymportunar os diga algunas cosas para vuestra consolaçión de lo que el Señor por su misericordia me muestra, y algunas vezes lo hago por consolaros. Y agora, sin que me lo roguéys, os quiero dezir una muy triste revelaçión [fol. 80v] que me fue mostrada esta noche”. Y contoles la susodicha revelaçión. E dezía con muchas lágrimas: “O, hermanas, mas qué buelta tan dolorosa a venido en esta casa. Solía ver yo este monesterio todo lleno de ángeles, y esta noche me pareçe veýa lo más del Infierno en él. Pienso lo causan mis peccados, y no los vuestros; y si de consuno, los míos y los vuestros. Enmendémonos, hermanas mías, y la que es sobervia, sea humilde; y la que es maliçiosa, travaje de ser buena yntençión; e la que aborreze a su próximo, ámele como a ssí”. Y estas cosas y otras muchas les dixo, de gran doctrina e lumbre, mostrando la gran caridad con que desseava la salvaçión de las almas. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y pasadas todas las cosas ya dichas, tornó el perlado al monasterio muy acompañado de frayles para que él y ellos fuesen en el quitamiento de esta bienabenturada, los quales venían muy indignados por las grandes acusaçiones que les havían dicho della. Trayendo el perlado voluntad de executar en la sancta virgen la bara de su justicia −lo qual puso en obra, que, ayuntadas las monjas a capítulo donde esta bienabenturada estava, hizo su plática reprehendiéndola muy ásperamente, como si por obra huviera hecho todos los levantamientos que contra ella heran dichos−, e por mostrar que ella tenía culpa y él raçón de reprehenderla, diole una disçiplina en el hombro, sobre la ropa de la cama. Viendo las monjas la reprenhensión que el perlado le dava sin ella mereçerla, y cómo se la quitava de abbadessa, lloravan sin poderse sufrir, por lo mucho que la amavan, por la sanctidad que en ella siempre havían visto. Y no queriendo ellas dar votos para elegir otra abbadessa, aunque el perlado se los demandava por semejante, las maltrató con reprehensión e hirimento de palos, él y los frayles que con él venían, en tanta manera que en algunas hizieron sangre e[n] las caras y cavezas, e puso por presidente a la religiosa que havía sido causa del perseguimiento e daños [fol. 81r] que contra esta bienabenturada se hizieron, mandando por obediençia a las monjas la obedeçiesen por su presidente. Y hecho esto, fuese el perlado. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y las monjas quedaron muy angustiadas e llorando, a las quales consolava la sancta virgen, diziendo: “Ruégoos, hermanas mías, que os consoléys y çesen vuestras lágrimas, que me days mucha pena en veros tan fatigadas por cosa que a mí toque. Poneos, señoras, al pie de la cruz con toda paçiençia, y padeçed lo que os viniere por amor de Jesuchristo, cuyas esposas soys, obedeçiendo a vuestros perlados en todo lo que os mandasen, no siendo cosa en que Dios sea offendido. N’os curéys de poneros en pena por mí desculpándome, que si en estas culpas no estoy caýda, podrá ser que aya hecho alguna cosa ante el acatamiento de Dios digna de reprensión. Obedeçed de buena gana e voluntad a la madre presidenta, tenedle mucho amor e reverençia, que yo nunca tanto amor le tuve como aora le tengo, y con los ojos querría haçer lo que su reverençia me mandase. En lo que me dixistes no me olvide de rogar a Dios os consuele, yo me tengo cuydado, que más é sentido vuestras penas que las mías. Y por que veáys si no me olvido, estando un día elevada donde Dios tiene por bien de ponerme, suplicando con mucho ahínco a Nuestra Señora la Virgen María Su Magestad tuviese por bien de consolaros e rogar a su preçioso Hijo por vosotras, pareçiome que veýa un trono muy resplandeçiente, e adornado y enriquezido de admirable hermosura, y en él assentado a Nuestro Señor con muy gran poderío y magestad, y su gloriosa madre y Señora Nuestra assentada a su lado; y rogava por los peccadores como contino haze, y por vosotras, hijas de su amparo. E respondía el Señor a su preçiosa madre como a manera de canto, diziendo: &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
‘Callad, Señora, Señora ýnclita, &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
que a estas [fol. 81v] vuestras siervas yo les tengo amor, &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
porque las penas sufren por amor &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
de mi padeçimiento ellas de buen corazón, &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
e nunca olvidando la mi devoçión, &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
mas antes hablando con mucho fervor, &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
aunque maltratadas con gran desamor, &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
muy atormentadas y afligidas según mi Pasión, &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
e mucho desagradeçidas mereçiendo con el disfavor, &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
padesçiendo penas por amor de mí. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Las penas passadas ya hizieron fin, &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
las aparejadas que an de sufrir: &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
esta es la gran prueba del amor de mí, &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
ansí se gana la gran corona del Çielo alto. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Cada persona con la gran paçiençia se á de salvar. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
No se olviden amores de mí &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
quando acaeçiere venirles tormentos, &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
dévense abrazar a mis merecimientos &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
e a la vuestra, que es madre de mí. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Quando soy rogado y no quiero oýr &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
es por el peccado que no es de sufrir, &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
y quando lo oygo quiçá es por su mal, &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
y no digo por todos aquesta razón, &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
que los que a Dios aman tienen perfeçión &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
viviendo en travajo y en afliçión. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y assí, purgados, son librados por mí, &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
mías son las almas que yo las compré, &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
quien me las maltratase demandárselo he. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y hasta un corderito él me pagaría, &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
pastor de ovejas, que le encomendé. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Muchos se engañaron con su crueldad, &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
creyendo ser çelo de mí. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Los que a mi casa tienen devoçión &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
nunca su alma verán en perdiçión, &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
ni en el gran Infierno de cautibaçión, &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
donde es llamada la perpetuydad. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Yo tengo la llave del gran Paraýso, &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
abro a quien quiero y resçive mi aviso. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Para esto Dios quiso a mí embiar, &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''un y cunde y fili, in plenam amore'' &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''pro te mia peccatore''’”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Capítulo XVI'''&lt;br /&gt;
'''De cómo esta bienabenturada estava muy congojada pensando en sus tribulaçiones'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Temiendo esta sancta virgen si havía caýdo en algún peccado, pues casi por tal estava reprehendida, dixo a su sancto ángel: “Bendito, ¿qué peccados hize yo ante Nuestro Señor y ante vos, por los quales he mereçido que tantos [fol. 82r] males me vengan assí de la mano del Señor, tocada y atribulada de muchas enfermedades, como perseguida y angustiada de las criaturas; e no solamente yo, mas las religiosas de mi convento, que an sido súbditas mías por la graçia del Señor, siendo todas ellas y yo súbditas a la sancta orden del glorioso padre nuestro san Françisco, cuyas hijas somos?”. El sancto ángel dixo a esta bienabenturada, le respondió diziendo: “Criatura de Dios, no te turbes a poder que puedas por cosa alguna ni por eso dexes de tener spíritu suave y gozoso en Dios, que te crió y te redimió, y está aparejado a te dar eternos galardones, por cada tribulaçión y dolor çient gozos en la gloria del Paraýso”. La sancta virgen dixo al ángel: “Señor, pues mis hermanas y compañeras, que conmigo padezen y an padeçido, ¿qué hará el Señor dellas, las quales yo tengo ofreçidas e resçividas para solo su serviçio y por su dulçe amor, a quien yo desseo y he desseado que siempre ellas amen?”. El sancto ángel le respondió: “Raçón tienes de haverlas lástima y aun dolor, más que de ti mesma o tanto, porque esta es la caridad que Dios manda tuviésedes los próximos unos a otros, y nunca siendo crueles y bengativos los unos a los otros, y aprovechándoos de la doctrina christiana e de los consejos de Sant Pablo, doctor de las gentes, baso escoxido de Dios. Y ansimismo los consejos de Sant Pedro, e Santiago, e Sant Juan, e de toda la Yglesia cathólica y verdadera christiana, sin las quales virtudes nadie no se puede salvar. Conforta tú a tus hermanas. Y digo que las confortes, que no las as menester enseñar, pues tienen exemplo de los sanctos y de las sanctas, de quien pueden aprender. [fol. 82v] Lean el ''Flos sanctorum'' y liçiones devotas en que se enseñen, que tú ya poca doctrina les puedes dar: lo uno, por la privaçión del offiçio de mandar sobre ellas y serles regidora, y lo otro, por el menospreçio que a subçedido a tu persona en la opinión y crédito que de ti se tomó. Por aquella simpleza y mal miramiento en que caíste, diste enojo a tus perlados mayores, y comoquier que fuiste digna de ser reprehendida, en más cosas te culparon y juzgaron, estando tú salva, como Dios lo save e yo lo sé. Confórtate, amiga de Dios, e sele leal, y ámale, que no te desamparará. Y a tus hermanas salúdamelas, que están tristes por ti, y tú por ellas. Allegado el convento en uno que es de Dios y de su madre, Sancta María, ese mesmo Dios está y mora en medio, y conforta a cada una según su graçia y misericordia. Amonéstalas, no desfallescas por los falsos testimonios ni por las reprehensiones. Leal es Dios, y verdadero amador de las ánimas; siendo ellas leales y agradezidas a sus benefiçios, padesçer tribulaçiones fielmente por el Señor, acreçentamiento de mérito es, e añidir piedras y perlas de gran valor en la corona, que muchas maneras de méritos ay en los siervos de Dios y siervas, aunque no sean de sangre”. Dixo la sancta virgen al ángel: “Pues, señor, mis hermanas también an redamado sangre, siendo heridas y lastimadas estando ellas sin culpa de mi peccado”. Respondió el ángel: “Todo peccador y peccadora tiene peccados. Y las passiones de esa vida no son dignas ganar la vida eterna, por muchas y reçias e fuertes que sean; digo vida eterna, vida gloriosa en el acatamiento de Dios para siempre jamás, sin fin, como la tienen los sanctos en la gloria del Paraýso”. Dixo esta bienabenturada al ángel: “Señor, para el perdón [fol. 83r] de mis peccados y para resçivir digna penitençia de vuestra mano dada, y de vuestra sancta boca mandada, aprovecharme á a mí deziros las culpas, que allá ya las he dicho a mis confesores y perlados”. Respondió el sancto ángel: “Yo no te fuerzo que me las digas, ni heres obligada si no quieres, si es verdad que las as confesado a tus confesores, y conoçido tu peccado, y hecho penitençia devota y paçíficamente, lo qual se requiere a toda persona christiana”. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Dixo esta sancta virgen que, estando en esto, le vino una ynspiraçión de Dios, con lágrimas de sus ojos, y empeçó de confesar sus peccados con el sancto ángel. Y a bueltas de sus peccados, quejávase de algunos agravios a ella hechos. Y junto con la quexa, preguntava si hera peccado quexarse, y deçir los peccados de aquella manera. El ángel le respondió: “Quando tú dizes la quexa y desabrimiento que te hizo tu próximo, los peccados d’él confiesas, y no á de ser ansí, sino confesar los tuyos propios, y tenerlos bien pensados, y estar muy contrita dellos, y con mucho pesar por las offensas hechas a Dios, y contra su honra y gloria, y acusar tu ánima, porque el enemigo no te la pueda acusar el día del juyzio y el de tu muerte, la qual deves tener siempre en tu pensamiento, y temer el juyzio de Dios, y el ynfierno, el qual mereçes por cada una de tus culpas, si por la misericordia de Dios y por los méritos de su sancta Passión no heres restaurada para la gloria por la su graçia y con tu ayuda de algunas buenas obras que tengas hechas en tu vida. Y muchas havían de ser en cantidad, y no pocas. Mas por quanto la vida de la criatura es corta no [fol. 83v] bastaría todo el tiempo della perfetamente y sin çesar hazer sanctas obras con fructuosos y devotos pensamientos, y religiosas costumbres, y bien ordenada vida sin defeto, para mereçer la gloria, quanto más que mucha parte del tiempo, y la mayor despendida, mala y falsamente, y desfrutada de buenas obras; y la mayor parte de los peccadores, en espeçial en el tiempo de agora, que Dios está maravillado y los ángeles se maravillan, de la abundançia de las maldades que ay en el mundo, en todos estados de personas, eclesiásticas y seglares, lo qual para de raçón no havía de ser ansí en la cristiandad, que es espejo en quien Dios se mira, y havía de ser muy esclareçido y limpio”. La bienabenturada preguntó al ángel, diziendo: “Señor, ¿quál es el mayor peccado que yo tengo en todos los que he confesado?”. El ángel le respondió: “Aquel que nunca se deviera hazer, que fue como el de Eva, que destruyó todo el mundo, e ansimesmo así tú causaste destruçción en ti mesma y en tu fama buena que tenías por las virtudes manifiestas a las gentes que Dios te havía dado sin ser tú mereçedora dellas, pues de la mano de Dios te venían. Y fuiste causa de menoscavo en la honra de Dios y en la consolaçión y honra de tus hermanas, las religiosas de tu compañía, las quales paçífica y ordenadamente servía a Dios, aunque no tan sin defetos que del todo fuesen limpias de peccados o costumbres no bien religiosas; lo qual no es de maravillar, ni yo me maravillo, porque las gentes son caedizas. E como dize la sagrada scriptura, si el justo cae siete vezes, el peccador quántas caerá, o quién podrá contar sus caýdas. Mas dígote que an abundado los peccados, o acreçentándose en esta morada que se dize Sancta María de la Cruz, e andando los tiempos se pareze mejor quando [fol. 84r] las ánimas que de la dicha casa salen se vieren en el juyzio de Dios, que dirán entre sí, gimiendo: ‘Mejor hera nuestra vida, y más limpias y paçíficas nuestras obras, e más fructuosos nuestros pensamientos, quando Juana de la Cruz hera viva y nos regía, con sanctas avisaçiones secretas a nuestras ánimas, con reprehesiones públicas quando menester las havíamos. Y aunque sea castigo, espantava a los malos; los buenos se consolavan con el mesmo castigo, obrando aquella virtud loable, que es dicha ‘ama a tu corrector y no le aborrezcas, porque si le aborreces, malo eres, y si le amas, la virtud de Dios está en ti’. Mas esto que te digo, no lo digo para que te banaglories ni tengas pensamiento que fuiste buena regidora en el offiçio pastoral, ni para que menospreçies el regimiento de otras abadesas, mas dígolo como profeta e ángel que sé algo de lo passado o por venir, y las faltas que subçeden de virtud, o subçederán en el ausençia de tu regimiento”.&lt;br /&gt;
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Dixo esta sancta virgen al ángel: “Ay, dolor, dízese entre los frayles de nuestra sancta religión del bienabenturado padre nuestro sant Francisco, y casi en toda la orden, que yo no tenía buen regimiento ni buenas costumbres en mí mesma ni en mis religiosas. Y dízeme vuestra señoría esas cosas, las quales parezen contrarias, y lo son a los juyzios humanos, en espeçial a los que juzgaron así, religiosos como seglares, y aun mis propias hermanas, algunas pocas y no muchas, ni todas de las quales tuve sospecha me havían juzgado o causado. Y en las tales ocasiones me a faltado la paçiençia, y fáltame contino. Tengo en esto mucho que confesar. Rogá, señor, por mí al Señor”. Respondió el sancto ángel: “Consuélete Dios, hija de Dios, no me maravillo que tengas pena y algunas faltas de perfeçión que mientras estás en la carne caýble tienes. Y Sansón, con quánta graçia Dios le dio desde el vientre de su madre, no le sanctificó Dios en manera que no pudiese peccar si él quisiese errar; y Salomón, comoquier que sus fines [fol. 84v] fueron malos, no por eso dexaron de ser buenos los dones que Dios le dio por la graçia del Spíritu Sancto. Y ansí, tú no temas, aunque seas juzgada, que Dios sabe tu coraçón reconoçe, y los sanctos no pueden conoçerse ni ningún juyzio humano puede dar sentençia sin saver lo que juzga; e si da sentençia sin saber el mal, pecca en dar la tal sentencia. Por eso es bueno dexar el juyzio a Dios de las cosas secretas y no sabidas, y no curar de dar sentencia condenable con sola sospecha, pues Dios es el savedor de las verdades, mejor que los jueçes de la Tierra, y muchas veçes aconteze que testigos falsos matan los cuerpos a los hombres, mas no pueden matar las ánimas que delante Dios son puras e salvas de los delitos que fueron acusadas o sentençiadas”.&lt;br /&gt;
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Dixo esta bienabenturada al ángel: “Ay, señor, que aquel yerro que yo hiçe, o peccado que me havéys dicho, verdad fue que le hize yo no pensando que haçía tanto mal como me havéys dicho que pareçió el de Eva. Y en ser tan malo, diría fuy, y soy, de gran penitençia. Creo que aunque me costase la vida lo mereçía todo, y después en el otro mundo donde las ánimas penan después de muertas”. El sancto ángel respondió: “Ya saves tú qué te dixe yo quando me preguntaste si hera peccado, y te dixe que no, sino caridad, mas que podría ser venirte por ello alguna reprehensión y menospreçio a tu persona. Tú dixiste que si no hera peccado en lo demás, tú te querías atrever, aunque hubieses de resçivir reprehensión y menospreçio, que eso hera lo que deseavas, más que ser preçiada y estimada”. La bienabenturada le preguntó: “Señor, ¿pequé yo más por ser mi hermano aquel que si fuera otra persona para la qual se procurava aquella bula?”. Respondió el ángel, y dixo: “Si para alguno otro los procuraras que no fuera tu hermano, mi deudo, también peccaras, y más, salvo si no ocurriera en el caso alguna buena yntençión, simple y sin [fol. 85r] maliçia, y con codiçia de hazer bien al monasterio y no mal, como pensaste ser al monasterio en lo temporal aquella procuraçión, de la qual te culparon con razón, puesto que él tornó a deçir que la yntençión no fue peccado, mas púdose juzgar por peccado entre las gentes, en espeçial no saviendo enteramente el secreto de tu yntençión, e no se creyendo tus palabras que en su salvaçión de tu culpa dixiste; las quales yo sé que heran verdaderas, y soy testigo que lo hiçiste por dos cosas: la una, porque fuiste consejada, y la otra, por miedo que te ponían que te podía ympetrar aquel benefiçio o pitanza eclesiástica por tiempo. Y puesto que por vía de afiçción te ynclinaras a darlo a persona de tu sangre o parentela, siendo la yntençión recta y sin engaño, hera mérito y no peccado. Esto digo por que te consueles, y resçivas la penitençia fructuosamente y sin desesperaçión, pensando que por aquel peccado heres condenada. Dios te lo perdonó Él, y los otros”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Dixo la sancta virgen al sancto ángel: “Señor, yo os doy muchas graçias por las virtudes de mi Señor Dios, y por esta consolaçión, que muy grande es para mí, y mi ánima a resçivido en ella grande consolaçión sin medida, según estava angustiada e ayrada conmigo mesma, y en tanta manera penada”. Respondió el sancto ángel: “No te deseo penes por ninguna cosa, que mejor es esperando en Dios padeçer que desesperando peccar, que es añidir peccado sobre peccado”.&lt;br /&gt;
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Y por aquella vez, la bienabenturada tomó la bendiçión del ángel, después de consolada en lo ya dicho.&lt;br /&gt;
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'''Capítulo XVII'''&lt;br /&gt;
'''Cómo estando elevada esta bienabenturada, contó al sancto ángel su guardador que havía reprehendido y angustiado a sus hermanas, las religiosas, por la porfía que tenían de quererla por abbadesa'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Teniendo esta virgen compasión de sus hermanas, suplicava [fol. 85v] al sancto ángel rogase a Dios las consolase de otra manera, el qual la respondió diziendo: “¿Por qué te turbas tanto con tus hermanas, reprehendiéndolas? ¿No saves tú que no es en su mano aquel desearte por la perlada? Yo te digo que ellas mereçieron en tener el tal desseo y no goçar del premio, como ellas quieren. Y bien mirado, dévense consolar porque tú estés consolada, pues te quieren bien. E tú haçes mal en dezirles que te aborrezcan, y ellas bien en amarte, pues lo haçen por Dios y por conoçimiento y crédito que Dios te ama a ti”. La sancta virgen le dixo: “Ay, Señor, ¿cómo creheré yo que el Señor me ama, pues me da muchos dolores y pasiones cada momento, que no lo puedo sufrir, ni mi paçiençia lo puede llevar, siendo pribada de todos los miembros? Y no soy ábil para ninguna cosa, sino para resçivir la muerte, la qual estoy desseando contino. Si al Señor plugiese llevarme de esta vida, pues estoy tan apasionada de dolores que me espanto cómo vivo, suplico a la misericordia de Dios me ayude, y a vos, sancto ángel mío, que me guardéys, para que viva yo vida en serviçio de Dios y muerte con salvaçión de mi alma”. Respondió el sancto ángel: “Estar pribada de los miembros, tullida y con dolores, no es defeto del alma, pues la crió Dios entera y sana, si ella está guardada de peccados y se save guardar dellos. Y conviene se guarde con toda diligençia la caxa, que es el cuerpo en que está puesta el alma, aunque esté quebrada o lisiada o maltratada por enfermedades que Dios da. Neçessario es que assí esté mientras es la voluntad de Dios. Si tú deseas morirte, no te podrás morir hasta que el Señor lo quiera o lo permita. Mientras vivieres, no pienses que te an de faltar penas. Yo siempre soy tu guardador e amparador, mas no tengo más poder de aquel que Dios me quiere dar para valerte ni para sanarte, ni tanpoco a dezirte todo lo que me preguntas: que solo lo que Dios quisiere que te [fol. 85r bis] diga, eso te diré, e lo que no quiere que te diga ni sepas, no te lo diré; antes te reprehenderé si me heres ymportuna enojosa, y dexarte he en tu naturaleza, usando yo de lo que Dios quiere y no de lo que tú quieres”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Preguntó esta sancta virgen al ángel, diziendo: “Señor, ¿qué es la causa porque me entristesco yo tanto en los dolores y enfermedades que el Señor me da como quier? Yo conozco ser digna de mal, travajos e dolores e penas por mis peccados”. Respondió el sancto ángel: “Esa causa te pregunto yo a ti, que diçes entristeçerte por las tales cosas en las quales te havías de consolar, porque esas son las mediçinas que Dios suele dar a sus más amigos. Y los que son fieles y devotos, resçívenlo con conocimiento de graçias, mas los que son ynpaçientes y soberbios, pierden el mérito de la virtuosa paçiençia, y el alegría y gozo que tenían los sanctos quando padeçían por el Señor sus martirios”. Dixo la bienabenturada al sancto ángel: “Si yo fuera sancta, tuviera la virtud que tenían los sanctos, mas como soy peccadora, no siente el fruto de los benefiçios de mi Señor como haçían los sanctos, que con sus sanctas vidas e obras buenas tenían verdadera esperanza de verse en la gloria; mas yo, peccadora, temo perderme, [¿y ansí?] y sano de tantos dolores yrme al Infierno, del qual desseo ser librada, y sanctiguarme”. Dixo el sancto ángel: “Dios te sanctigue y guarde, alma de Dios, que si berdaderamente y con devoto coraçón y pensamientos le sirves y amas, no te perderás, ni te dexará Dios ver las puertas del Infierno, donde moran y están y son atormentados los malos; mas con los ángeles y sanctos de Dios estarás en Paraýso. Y da muchas graçias a ese mesmo Dios y Señor, porque ha mandado gozar y a permitido beas los bienes de Jerusalem la alta, como yo soy testigo que los vees, y me es mandado que te siga y guarde”. Dixo la bienabenturada: “Señor, pues vuestra señoría me reze y guarde, porque soy tan mala [fol. 85v bis] que me espanto de mis maldades y peccados”. Respondió el sancto ángel: “¿Qué peccados son los que tienes?”. Ella dixo: “Señor, no los podría contar, mas acuérdemelos y acusarme he dellos”. Dixo el ángel: “Los que yo te acordare no es el mereçimiento tuyo tanto como si tú te acordases, e humilmente, con dolor y contrición, los confesases, sin ser apremiada ni mucho amonestada por los dezir”. Dixo la virgen: “Señor, ¿las tentaçiones son peccado?”. El ángel: “Sí, quando son consentidas, mas quando no se consienten y pelea el alma con ellas y queda vençedora, el alma es digna de premio y galardón grande, con corona preçiosa, digna de acatamiento reverençial en todos los sanctos de Dios”. Dixo esta bienabenturada: “Señor, yo tengo muchas tentaciones, y en espeçial una, que la tengo por mucho defeto, y es que peno mucho quando me es levantado algún testimonio falso. Y aunque conozco por los peccados verdaderos merezco mucha pena, no puedo sufrir los levantados o sospechados de mí, en espeçial si soy reprehendida de lo que no hize. Y si veo que se da crédito a los que lo diçen, aunque sean mis próximos y hermanas de mi convento, me enojo con ellas, y siento mucho mi infamia y deshonra. Y esto es lo que juzgo de mí á mucho defeto, y pienso si, por mis peccados, es vanagloria, o si yo soy apetitosa de banagloria”. Respondió el sancto ángel: “No es banagloria mientras tú no estimas tu persona, y mientras no te plaçe que te tengan por sancta, pues heres peccadora. Mas en quanto sentir la infamia, dicho es que arto es de cruel quien su fama no guarda; e siquiera por la honra de Dios, el buen religioso o religiosa deve estimar su fama primero, adornándola de buenos exemplos y virtuosa vida. Y esta tal no se deve dexar infamar si escusarlo puede, mas si le viniere sin poderlo escusar, mereçerá con la tribulaçión, y no se deve perder el fruto de paçiençia”. Dixo la bienabenturada: “Ay, señor, ¿qué haré yo que he sentido mucho la infamia, y el pensar que me an aborreçido mis perlados [fol. 86r] viendo yo que en algo me maltratan y reprehenden? Y sé que no es sin tener yo alguna culpa, en epeçial aquella provisión que procuré por vía de Roma y pontifiçe, como artas vezes le he dicho, que me a dado y da pena y congoxa, y me pesa porque lo hize. Y me arrepiento, y no puedo ya remediar mi infamia, porque está tendida por casi toda la orden y mundo. Y sobre todo me da pena pensar que me an cobrado mala querençia los padres perlados y frayles de nuestra sancta orden de mi padre sant Francisco, al qual digo mi culpa de todas las offensas que he hecho a Dios e a él, e a la mesma sancta orden y religión, y de los malos exemplos que he dado”. &lt;br /&gt;
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El sancto ángel respondió: “Bien sé yo que tú no heres codiçiosa de ser mucho amada ni querida de las criaturas, salvo que por la honra de Dios y por el mesmo amor de Dios deseas ser favoreçida y amada de los benerables padres de la orden y de qualesquier otras personas siervas de Dios y christinas. Mas quita de ti ese pensamiento que te aborreçen, que los que son sierbos de Dios verdadera y piadosamente nunca aborreçen a nadie, ni es justa cosa aborrezcan. Tú no deves dar crédito en eso a tu pensamiento, mas piensa que si te reprehenden, tus obras lo mereçen, y si no lo mereçen, en la reprehensión mereçerás y ganarás buena soldada ante Dios”. Dixo la bienabenturada: “Señor, y mis hermanas las religiosas, que an sido reprehendidas conmigo y por mí, y siendo tenidas por defetuosas, no lo siendo tan enteramente como les an puesto la fama, ¿ganarán soldada ante Dios, como dize vuestra señoría, y ansimesmo en las reprehensiones y travajos que les an sucçedido açerca de mi peccado o culpa, que a ellas también alcançó parte la pena sin tener ellas la culpa?”. Dixo el sancto ángel: “Otras vezes te he respondido que ellas y tú podéys mereçer dinos méritos ante Dios con esas tales cosas, mayormente no siendo culpadas. Mas dígote de verdad que me pesa, y tengo lástima, porque no sea honrado y benerado más esa casa de la sancta Virgen María María ''[12]'' de Dios, y porque es [fol. 86v] desfavoreçida, y tanto olvidada y despreçiada tan maravilloso apercivimiento de la mesma señora en esa casa que se diçe de la Cruz. Y pues que es de la cruz”, dixo el sancto ángel, “amad, hijas amadas, la cruz, y si algunas de vosotras no soys perfetas, travajad de serlo, y las que soys flacas, no os plega el peccado ni el daño de vuestras personas y costumbres; no viendo tú nobles, porque Dios se honra en las buenas personas, y las buenas personas se honran en Dios. Y por eso es peccado deshonrar las personas sanctas y las religiosas sanctas, e si no son sanctas no son dinas de llamarse sanctas. Y porque Dios sea en ellas, y ser reverençia, mereçen ellas toda beneraçión. E los yndebotos, que no honran las órdenes en la religión christiana, Dios los castiga; e aunque sean religiosos e religiosas, son obligados a ser afiçionados a las mesmas órdenes, y no para las maltratar ni tener en poco, mas para las apiadar y remediar en sus neçessidades e tribulaçiones”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Dixo la sancta virgen: “Señor, nuestros perlados hizieron bien en angustiar tanto a mis hermanas las religiosas en aquel caso que savéys de ser heridas con palos”. Respondió el sancto ángel, diziendo: “No podían ellos, según Dios, con buena y loable y perfeta conçiençia hazer el agravio que se hizo en las siervas de Dios y de la Yglesia cathólica, aunque vieran culpa; ni tú devieras procurar, sin su liçençia por vía de Roma, cosa alguna, ni aquella bula, la qual, pues que simplemente fue hecho y sin perjuyzio a la orden, dellos simple y sabiamente y con alguna piedad se deviera castigar”. Dixo la bienabenturada: “Señor, peccaron ellos en deshazer lo que el Sancto Padre havía hecho”. Respondió el ángel: “Ese secreto quiero yo dexar a Dios, que save los poderes que dio a su Summo Pontífiçe, los quales poderes deven ser tenidos en todo acatamiento, y estimados sobre las mayores cosas de la Tierra. Mas, ay dolor, ay dolor. Dos vezes digo, y tres: ay dolor. Que oy día los christianos en poco tienen el Summo Pontífiçe, y sus poderes y antiguas y sanctas ordenaçiones perfetamente ordenadas por graçia de Spíritu Sancto. En la Yglesia cathólica romana [fol. 87r] esta es una llaga hecha a la persona de Dios, que ansí como no se le puede olvidar la del costado con la lanza en el corazón, ansí no se olvidará Dios los menospreçios que an tenido a su Yglesia. El día del juyzio lo verán las ánimas, quando aquel peccado y los otros les será demandado por el justo e verdadero juez, que es Jesuchristo, al qual te encomiendo sirvas y ames con todo coraçón, y temas, y honres y adores”. &lt;br /&gt;
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Dixo la bienaventurada: “No plegue a Dios, señor, que yo piense que mis perlados offendieron al Señor en cosa alguna que hiçiesen. Porque ellos son alumbrados de Dios, y no creo yo que hizieron ni an hecho contra la Yglesia apostólica cosa que no devían”. Respondió el sancto ángel, e dixo: “Tú, de persona simple y poco entendida, entiendes que digo yo por tus perlados eso tocante a la Yglesia apostólica offendida. No lo digo sino por todo el mundo, doquier que ay christianos, y aunque sean religiosos, de todo se haze mençión. Tú me preguntas de una cosa çerca de tu peccado, yo respondo açerca de los peccados de todos”. Dixo la sancta virgen: “Yo, señor, no querría saber sino açerca de aquello que preguntava, mas pues vuestra señoría dize lo que es servido e mandado servir, todo ansí lo haré”. Y dixo el ángel: “¿Tus peccados quieres scrivir?”. Respondió ella: “Señor, no tengo otra cosa que dezir ante el acatamiento de Dios y Vuestra Señora sino mis peccados y defetos, y pedir perdón dellos, y rogar por mis próximos e amigos, y encomendados e bienhechores”. Dixo el sancto ángel: “Y aun los agenos dizes también, aunque te he yo amonestado confieses tus culpas y dexes las agenas, e mires la viga de tus ojos y no estimes la paja del ojo ageno de otro qualquier próximo”. Dixo la bienabenturada: “Señor, y si por scrivir esto que [fol. 87v] me manda vuestra señoría a mí biene mal y a las hermanas que lo scrivieran, ¿qué remedio?”. El ángel: “¿Por qué piensas te á de venir mal?”. Ella respondió: “Señor, no sé, mas lo que yo digo a vuestra señoría, y él me dize, es en secreto, y ansí querría se quedase en secreto, pues si se scrive, ¿cómo quedará en secreto?”. Él dixo: “No quiere Dios que estas cosas sean en secreto, pues públicas apareçieron sobre la Tierra”. Ella dixo: ¿Cómo, señor, apareçieron? ¿Por ventura son ángeles que pueden aparecer?”. Él respondió: “Todas las cosas que ligeramente passan por la criatura son apariciones, y el pensamiento bueno es llamado ángel, y el pensamiento malo es llamado adversario, o enemigo de la virtud o del bien. Por eso, guárdate del mal pensamiento y busca el bueno, y quando le hallares, estímale en más que el oro ni plata ni piedras preçiosas. Y con tanta diligençia busca el buen pensamiento y acava de dentro de ti trabajando buscando a Dios, y en sí, y en que parezcas a los que buscan el oro y las perlas, que con la grande codiçia e afinco no sienten el trabajo; mas no les parezcas ni seas cruel contra tus súbditas y hermanas, y compañeras y próximos, como lo son aquellos que maltratan en las Yndias a sus esclavos con crueldad, y sin misericordia y piedad, que pagarlo an ante Dios. Y encomendad a tus hermanas.”&lt;br /&gt;
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Dixo la bienabenturada: “Señor, ya no son ellas mis súbditas”. Respondió el sancto ángel: “La religión les otorga liçençia ser humildosas a perladas y no perladas. Y pues en sus coraçones te consideran y tienen en tal grado, no dexando de obedeçer a quien les manda la obediençia y dinidad de sus superiores, bien puede gozar en sus pensamientos de ser tus súbditas, pues no lo hazen fingiendo ni por fuerza. Por tales, las offreçe a Dios, pues las resçiviste en la sancta religión, y recáudales bendiçión de Jesuchristo y de su madre”. Ella dixo: “Recáudasela vos dellas, y a mí”. Entonzes el sancto ángel, alçando la mano, bendixo diziendo: “''In unitate sancti spiritus, benedicat vos pater et filius''”.&lt;br /&gt;
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Y la sancta virgen [fol. 88r] tornó a dezirle: “Señor, mire que no me mande scrivir lo que me dize, y ¡ay lo que está scripto! Todavía tengo temor me á de venir mal por ello”. El ángel dixo: “No scrivas ya más si no quieres, y di a tu hermana que çese la péndola”. Ella dixo: “Señor, lo que está scripto querría romper, si quisiesen las hermanas romperlo”. Respondió el sancto ángel, diziendo: “Haz penitençia de ese recado, que es más gave que por el que padezes. Ya saves tú que te lo mandé con premio, y te amenazé que te daría Dios muchos dolores acreçentados de Passión y permitiría sobre ti tribulaçiones más que puedes pensar si no lo scrives”. Dixo la virgen: “Señor, yo por eso temo y he temido, mas ya se a hecho vuestro mandato, conténtese vuestra señoría. Y dígame de las hermanas algo más, no me lo mande scrivir”. Dixo el sancto ángel: “Si lo as de scrivir ''[13]'' no te quiero dezir nada que digas público, porque te truecan las palabras y las ponen otro estado al como las dizes, y las dan otro entendimiento contrario a la verdad, y a tu yntençión simple y fiel, y que no deseas offender a Dios ni al próximo, ni condenar tu alma, ni dezir cosa que no sea verdad espiritual y temporalmente a lo que yo he conoçido. Si otra cosa te juzgan, respondo que Dios save la verdad”. Tornó la bienabenturada a preguntar, diziendo: “Señor, ¿qué será de mis hermanas, que nunca me lo havéys dicho, aunque os lo he suplicado?”. Respondió el sancto ángel: “El Señor dize por Sant Juan: assí quiero que quede. Yo digo por ellas que s’estén agora ansí, obedeçiendo y honrando a Dios, y a sus perladas presentes y pasadas y por venir, [fol. 88v] y cumpliendo las cosas de su profesión y regla con la ley de Dios y obediençia de la Yglesia cathólica christiana. Y ansí serán salvas si hazen penitençia digna y mueren en el Señor”.&lt;br /&gt;
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Dixo la sancta virgen que se despidió el sancto Ángel esta vez diziendo el responso de ''requiem eternam''. Y ella quedó muy angustiada, llorando por sus hermanas. Y quando tornó en sus sentidos esta bienabenturada no podía tener las lágrimas, diziendo a ymportunaçión que las monjas le hiçieron viéndola llorar: “Suplicando yo a mi sancto ángel me dixese algo de vosotras, hermanas, respondiome unas palabras, las quales yo no bien entendí y por entonzes él no me las declaró, y an me dado mucha pena, que pienso que el sancto ángel os juzga por muertas o savía algunas reçias cosas venideras sobre vosotras, y por esto tengo tan grande pena”.&lt;br /&gt;
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'''Capítulo XVIII'''&lt;br /&gt;
'''De cómo esta bienaventurada hizo una pregunta a su sancto ángel'''&lt;br /&gt;
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Estando elevada esta sancta virgen, tornó a preguntar a su sancto ángel, diziendo: “Señor, pues yo veo que vuestra señoría es servido diga o scriva algunas cosas de las que me a dicho, e dize hazerlo he de una sancta liçençia; y en espeçial, señor, le supplico le plegue oýrme otra cosa que quiero preguntar de mis hermanas, que estoy muy angustiada en ver el despedimiento que, señor, hizistes con el responso de muertos. No plegue a Dios que sus ánimas mueran, ni tanpoco sus cuerpos padezcan muerte con deshonra, sino que quando murieren sea en alabanza de Dios su pasamiento, y en gloriosa salvaçión dellas, y quando padesçieren travajos sean [fol. 89r] por el mesmo serviçio de Dios. Y ansí lo suplican ellas a vuestra señoría, y le besan los pies y las manos”. Respondió el sancto ángel: “Al señor Dios Jesuchristo besen los pies y las manos, y con lágrimas de sus ojos y toda devoçión y reverençia, humildoso y piadoso acatamiento, contemplen y adoren, y acordándose de los clavos y tormentos con que fueron presos los generosos y delicados miembros del mesmo Dios y Señor Jesuchristo en el tiempo de su sagrada Passión. Y quando ellas esto hagan, y tú también, sus ángeles por ellas, y tú también, y yo por ti, offreçeremos aquella buena obra delante de Dios, como fue offreçida la obra de las lágrimas y penitençia de aquella muger sancta que se dize la Madalena”.&lt;br /&gt;
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Replicó la bienabenturada a sus palabras, diziendo: “Señor, dígame açerca de aquello de mis hermanas”. El sancto ángel respondió: “No as de saber todos los secretos. Mas dígote que el responso que yo dixe de ''requiem eternam'' es neçessario a toda persona, siquier sea viva, siquier sea difunta, que dos muertes que ay, una del cuerpo y otra del alma, para qualquier dellas aprovecha la dicha oraçión; y si tú acostumbrares muchas vezes dezirla en fin del pater noster, cuando rogares por los affectos también como por los difuntos o por los que están en peccado mortal, ganarás por ello. E si con mucha devoçión lo hizieres, cumplirás por tus próximos la falta suya y tuya”. Dixo ella: “Señor, no me satisfago enteramente”. Respondió el sancto ángel: “Déveste satisfaçer, que la palabra del sabio es preñada: cuando cogieres almendras e otra fruta que tenga cáscara, trabajo as menester para [fol. 89v] quebrarla, y aun deshollar la mesma fruta para que quede en lo perfeto, ansí puedes aprovecharte de mis palabras. Y aunque no te satisfagas del todo, míralas bien, y entiéndelas para reformaçión de tu conçiençia y para enseñar a quien no save, porque ay muchas personas ygnorantes y no pueden alcanzar la sabiduría verdadera y neçessaria”. Ella dixo: “Señor, ¿qué cosa es sabiduría?”. Respondió el ángel: “La verdadera sabiduría es amar y honrar a Dios, y guardar su ley y sanctos mandamientos, y saber cada un ánima salvar a sí mesma con el ayuda y graçia de Dios. Y si puede ayudar a salvar otras ánimas, buena obra es, y muy maravillosa. Y por eso, con razón, está scripto que mucho haze quien salva su ánima, y más quien la suya y otras, y mucho haze quien salva su ánima también, y guarda los mandamientos de Dios y los cumple; y más, quien cumpliéndolos y enseñándolos, aprovecha. Y muy malo es quien quebranta los mandamientos de Dios, y más malo es quien los enseña a quebrantar, o da favor a que sea quebrantada la ley de Dios o los mesmos mandamientos de Dios y de la Yglesia cathólica y perfeta”. Dixo la bienabenturada: “Señor, ya yo no puedo enseñar, puesto que en mí no ay sçiençia ni abilidad para otra cosa sino para ser enseñada y ordenada”. El sancto ángel respondió: “Dios te dio marco de buena enseñanza, no seas desagradeçida a sus beneficios, puesto que no des, alaba humildad”. Ella dixo: “Señor, ¿cómo puedo yo enseñar la carrera del Señor o otras cosas perteneçientes a ella?”. Respondió el sancto ángel: “Siendo apremiada, y estando como estás, pressa con enfermedades e con la obediençia, no te demandará Dios las faltas de la enseñanza”.&lt;br /&gt;
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Dixo [fol. 90r] la bienabenturada: “Así plegue a Dios que no me lo demande, que las hermanas me ponen temor diziendo que daré puertas a Dios, y que me culpará porque no les digo todas las cosas que quieren”. Respondió el sancto ángel: “No les puedes tú dezir todo lo que ellas quieren, aunque sea hablando spiritualmente cosas de Dios y neçesarias a la buena consçiençia y doctrina, en espeçial estando tan escondida como estás. Que las personas que alguna graçia Dios les da, repartidos sus espeçiales dones, para de raçón havrían de estar en lugar más público que escondido”. Dixo la sancta virgen: “Señor, ¿qué cosa es lugar público?, que en la sancta religión no tenemos por bueno eso”. Dixo el sancto ángel: “Digo lugar público porque las personas que están como tú diviérenles dar alguna libertad o recreaçión para algunos tiempos ser en público lugar, en consolaçión y aviso de sus próximos, aprovechándoles espiritualmente. Y por eso a tus hermanas no les deves culpar, ni a otras personas que desean aprovecaharse de tus palabras o consejos fieles y devotos”.&lt;br /&gt;
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Dixo la bienabenturada: “Señor, las personas religiosas y con boto de ençerramiento, ¿cómo pueden aprovechar a los próximos en más de rogar a Dios por ellos?”. El sancto ángel respondió: “Si guardando su religión y botos pueden de dentro en su monasterio con palabras aprovechar, y fuera con cartas devotas y fieles cathólicas e verdaderas, más frutuosa vida es la de la tal persona que no la vida de quien marco no tiene o graçia de Dios para el tal aprovechamiento espiritual. E si algunos con soberbia y presumpçión e banagloria se levantasen o quisiesen levantar en más estimaçión del marco que Dios les dio, creyendo de sí algún bien lo que en ellos no ay, o reputándose con banagloria por buenos, los tales en su fruto se conocerán, y en sus [fol. 90v] obras; y a los tales no les deven dar livertad en más de lo que su capaçidad abarca”. Dixo la mesma bienabenturada: “Señor, eso yo no lo entiendo, mas como dize vuestra señoría que las palabras del sabio son preñadas, bien creo se ençierran en estas palabras algunas buenas cosas o sentençias”. Dixo el sancto ángel: “Buenas son las palabras del sabio, mas mejores son las del justo”.&lt;br /&gt;
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Dixo la virgen: “Ay, señor, ¿y quién es justo en la Tierra?”. Respondió el sancto ángel: “Pues si no huviese justos en la Tierra, ya abría Dios hundido el mundo, mas dígote que mientras christianos huviere en ella, verdaderos y devotos, no puede pereçer el mundo del todo”. Dixo ella: “¿Y el día del juyzio no abrá christianos?”. Dixo el sancto ángel: “Sí abrá, aunque atormentados de los malos, y assí entrarán en Paraýso con gozo y con gloria, coronados de martirio, a los quales Dios alabará”. Dixo la bienabenturada: “Ay, señor, quién fuese digna que Dios la alavase”. Respondió el sancto ángel: “Sola el alma que Dios alaba es digna de alabanza; mas la que a ssí mesma se alaba sin ser digna que Dios la alabe, ni los sanctos de la gloria, ni los próximos de perfeçción, ella mesma se condena, y el día del juyzio será contada con los malos, arredrada de la compañía de los buenos”. Dixo la bienabenturada al sancto ángel: “Qué haréys, que soy muy desperadiça. De que pienso en mis peccados ya se me a creçentado la desesperaçión, por causa de que mis próximos me juzgan y me an juzgado, y casi dado sentençia sobre mí, por mala, antes que Dios la dé en el temeroso juyzio suyo, que yo espero ya esta causa. Soy muy atormentada en mi spíritu pensando lo muchedumbre de mis pecados, y pensando la poca ayuda que terné con sanctas oraçiones de mis padres los frayles, de los quales yo esperava refrigerio y consuelo de muchas misas que por mi alma dizían con devoçión. Y viendo que la an perdido en mi persona, tanpoco creo la ternán fervorosa y de coraçón para rogar por mí a Dios Nuestro Señor. A triste dicha mía tengo y atribuyo este [fol. 91r] gran daño”. El sancto ángel respondió: “Descansa y huelga, bendita ánima de Dios, y no te atormentes ni te dexes vençer de tan mala batalla como la desesperaçión o poca alegría en las tribulaçiones. Que te digo que más bienabenturada eres por ellas, e más purgada e aluziada, que el oro quando pasa por la fornaz, que queda puríssimo y de gran valor y preçio. Y no pienses que a tus hermanas las religiosas yo las desalabo por la fee y devoçión y amor que tienen contigo; antes las alabo, y no solamente a ellas, mas a qualesquier devotos, hombre o muger, que contigo ayan tenido o tengan lo mesmo por las graçias y dones que de Dios huviste manifiestas, y no ocultamente como las tienes agora, que no se te parezen por la muchedumbre de los dolores y los agravios sobre ti suçedidos. Y aún más te digo, que aun las ánimas y personas difuntas que an passado de la vida mortal a la inmortal, y heran tan devotas y afiçionadas por vía de perfeta devoçión, an havido por ende galardones de Dios y refrigerios en sus neçessidades, estando en el destierro de Purgatorio y cárçeles atormentadoras”. Dixo la bienabenturada: “Ay, señor, muchas graçias doy yo a mi señor Dios y a vos, por tantas virtudes y consolaçión como yo resçivo de vuestra sancta palabra. Mas suplícole me diga de mis parientes, si abrán por mí algún bien”. Respondió el sancto ángel: “Si los estraños lo an, agravio sería no lo haver los tuyos, aunque conviene respondan ellos a Dios con sanctas obras y simpliçidad de ánima”. Dixo la bienabenturada: “Señor, ¿qué cosa es simpliçidad de ánima?”. Respondió el ángel: “Aquello que se dize en el psalmo ‘''qui non accepit in vano animam suam''’, que quiere dezir ‘aquel que no resçivió en vano la su ánima’; e más te digo, que donde mora ynvidia y malquerençia, y desseo y benganza de propia gloria, en las tales cosas se contiene perfeta maliçia, y la tal ánima está despojada de la virtud de la caridad açerca de Dios y del próximo, y ensoberbeada con propia presumpçión”.&lt;br /&gt;
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Dixo la sancta virgen: “Señor, ¿é yo peccado en amar mis parientes o en hazer algo por ellos?”. Respondió [fol. 91v] el sancto ángel: “Dios te demandará la crueldad que con ellos hiziste, pudiséndoles haçer piedad sin perjudicar tu consçiençia y haçer agravio a otro”. Dixo ella: “¿Qué haréys, señor, que he sido juzgada de demasiadas piedades a mis parientes y con agravio del monasterio donde yo soy religiosa?”. Respondió el ángel: “Qué as de hazer si no resçives en paçiençia los dichos, que Dios juez es, que save todas las cosas y nunca da pena a nadie por el peccado que no hizo, ni galardón por la buena obra que dexó de hazer”. Dixo la virgen: “Señor, qué haré, que he juzgado a mis perlados y he tenido juyzio contra ellos, que an querido usar de poderío contra mis hermanas y contra mí; mas que de razón tuviesen para nos hazer los agravios passados, y que no se a mirado la caridad enteramente con nosotras para juzgarse y castigarse nuestras flaquezas justa y piadosamente, y que nos an levantado algunos males que nosotras no havía, y publicados, puesto que somos peccadoras”. El sancto ángel respondió: “Dizes verdad, que algunas cosas an sido puestas en fama desloable más que se devieran poner. E puesto que los perlados son poderosos, ay neçessidad y es razón y justa virtud que reynen con humildad, y usen de sus poderes templadamente, no sobrepujando la yra a la virtud y paçiençia y esperanza de penitençia que hará el religioso o religiosa reprehendidos. E más que te digo: que los que con soberbia y presumpción rigen, Dios no les es deudor de gran graçia para tratar las ánimas, según Dios y buen mereçimiento del propio perlado. Y por eso niega Dios la graçia a los malos perlados, y los amenaza para el día del juyzio que le pagarán las ovejas muertas a su causa, con crueldad lisiadas, sin poner medicina, porque el ymperio de la perlaçía no se da para crueldades desordenadas, mas para creer en sabiduría y sçiençia en la ley de Dios y sacras scripturas eclesiásticas, las quales son por Spíritu Sancto ordenadas, en espeçial las que son dichas. Buena graçia e decreta es en la nueba ley e vieja. Ay mucha declaraçión de las scripturas sagradas ya dichas, aprobadas por Dios y por la sancta Madre Yglesia, y porque en tu entendimiento no pueden caber las cosas que te podría yo dezir de las condiçiones que an de tener los que rigen, y remítome a las dichas sagradas scripturas [fol. 92r] e sanctos libros, hechos e ordenados por el Spíritu Sancto, los quales sin falta son aquellos que hiçieron los quatro doctores que son nombrados reformadores de la Yglesia militante. Y si otras personas algunas se levantaren contradiçiendo lo que aquellos, no debe de ser admitida ni resçivida la contradiçión, porque traería mezclas en sí solapadas, aunque, so color de bien, los tales den consejo llamándose christianos. No ay cristiano fiel si no tiene y cree lo que la madre sancta Yglesia, perfeta y militante, predica y enseña, así de la unidad en grandeza de la alta Trinidad como de los otros estatutos y perfeçiones que se contienen en esta mesma sancta Yglesia católica”. &lt;br /&gt;
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Dixo la bienabenturada al sancto ángel: “Señor, ¿qué virtudes tenéys vos con que señaladamente aprovecháys a las ánimas de Purgatorio, pues tanto me mandáys a mí y encargáys ruegue por ellas?”. El sancto ángel respondió: “Piedad y misericordia me constriñe a mandar que offrezcas por ellas tus trabajos, y algunas devotas oraçiones e ayunos, los quales en lugar de limosna hecha por ellas les aprovecha”. Ella dixo: “Señor, las limosnas que dan por ellas los del siglo, ¿aprovéchanles mucho?”. Respondió el ángel: “Sí aprovechan, y quien haze limosna por las ánimas de los difuntos christianos mata el peccado propio suyo, y quita las penas que en la otra vida atormenta las ánimas por quien es ofreçida la limosna”. Dixo la virgen: “Señor, ¿qué es la causa que me havéys mandado, en el remedio de mis dolores, poner piedras frías o guijarros?”. El ángel respondió: “Probándolo tú, ¿no has hallado refrigerio?”. Dixo ella: “Algunas vezes le hallo, y algunas vezes más dolor”. Respondió el sancto ángel: “Quando tuvieres fe que yo tengo la virtud sobre las piedras y guijarros y que te verná bien; por ende, no dexes de animarlos a tus dolores, que piadosamente abrás refrigerio, y en espeçial, quando huviéredes grandes calores por causa del dolor, avrás refrigerio, que tú mesma conoçerás el benefiçio”. Dixo la bienabenturada: “Señor, ¿aprovecharán las tales piedras en vuestra virtud a otras personas, como hazen a mí?”. Respondió el ángel: “Ya podrá ser, que de aquí adelante aprovechen [fol. 92v] a toda persona, porque Dios me a dado poderío sobre las piedras, que tengan virtud para muchas cosas y que puedan ser possada y hospital de algunas ánimas en que pasen su Purgatorio con más templanza que lo pasarían en los fuegos de Purgatorio ardientes y muy fuertes; las quales penas, si te las dixese, te espantarías, y tu spíritu desfalleçería de dolor y compassión, y tú temerías en toda ora y en todo momento de offender a Dios por no verte en ellas”.&lt;br /&gt;
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Dixo la bienabenturada: “Ay, señor, de las del Infierno me libre Dios por su misericordia, pues que son perpetuas sin fin; que las que an fin, aunque son rezias de oýr, quanto más de padeçer, consolatorias son para el ánima que se desea salvar por peccadora que sea”. El sancto ángel respondió: “Dizes verdad, mas quando se piensan las penas y no se sienten ni la prueba dellas, son yncreíbles a los peccadores, y por eso no se guardan de peccar mientras viven, y después en la otra vida ay las penitençias de las penas y no ay remedio de enmienda; porque allí se pagan los peccados hechos e cometidos atrebidamente, no anteponiendo el temor de Dios con el qual se suelen resistir los peccadores, y por el dulze amor de Dios obrar las virtudes como hazen los verdaderos fieles y sierbos de Dios, que antes determinarán morir que haçer un peccado mortal, porque es Infierno para el alma”. Dixo la bienabenturada: “O, peccadora de mí, Señor. ¡Y qué haré yo, que tantos peccados mortales tengo y he hecho toda mi vida como gran peccadora, y herrada y culpada!”. Dixo el sancto ángel: “Bien haçes de conocerte, y lo mejor es arrepentirte y llorar con devoçión tus peccados haviendo compasión de Dios, a quien offendiste y reverençiaste, y desagradeciste y ayraste con tu mala vida y obras y perversas costumbres”. Dixo la virgen: “Señor mío, ¿pues qué es la causa que siendo yo tan mala os veo a vos, y otras vezes a Nuestra Señora la Virgen María, y a mi Señor Jesuchristo, preçioso hijo, que es más que todo?”. Respondió el sancto ángel: “De tan gran graçia como esa también darás quenta a Dios, porque no la conservaste y agradeçiste e reverençiaste como devías. E puesto que es grande graçia en la manera que tú ves [fol. 93r] esas cosas, mayor graçia es con los ojos del ánima e gusto del spíritu contemplar y amar ese mesmo Dios Jesuchristo sin le ver, y a la Reyna del Çielo su sancta madre. Y por eso dixo Dios a sancto Tomás: ‘Porque me viste, me creýste, mas quien no me viere y me creyere, bienabenturado será’”. Ella dixo: “Pues yo no demandé al Señor me diese visiones ni apariçiones de sí mismo, ni de vos, señor, ni de otras cosas del Çielo, ¿qué es la causa? ¿Por qué se me an dado sin mereçerlo yo?”. Respondió el sancto ángel: “Es graçia que Dios, de su gana y grado, te a dado, abentajada que a otras personas. Como dicho tengo, no seas yngrata ni te ensoberberzcas, que a otras personas sin ver nada son mejores que tú. Y esto ten siempre en tu corazón: nunca te engañe el enemigo con banagloria, que dígote que por guardarte Dios deste peccado, a permitido sobre ti algunos menospreçios en tu vida con que an sido y heres quebrantada, y apremiada, y pisada de las gentes, y en lenguas de las criaturas de Dios; aunque no dexo de culpar a las personas que no an mirado a la graçia que Dios en ti puso provechosa y manifiestamente, porque los tales menospreçios no se haçen contra sierbos y sierbas de Dios, si en alguna culpa, siquiera por la reverençia. Mas tú, duélete del peccado hecho contra Dios más que de tu menospreçio, y piensa que de más heres digna, y ansí salvarás tu ánima, que está en tu palma, como dize el psalmo ‘''anima mea in manibus meis semper''’”. Dixo la bienabenturada: “Ay, señor, no quisiera yo que el Señor dexara en mis manos mi alma, que soy neçia e yndiscreta peccadora, y sin conoçimiento de mi señor Dios y de lo que a mi ánima conviene, y en lugar de salvarla y ponerla en Paraýso, héchola en el Infierno. Ay de mí, que en mi mal cobro las penas no sé para qué la dexó Señor en mis manos. Más me valiera no naçer que perderme, y yrme al Infierno; más me valiera no nasçer que desamparar a mi Señor Dios y criador, y redemptor y salvador, e amigo e esposo verdadero de mi alma, y apartarme d’Él como me a apartado, y olvidarme d’Él como me he olvidado, y faltar de allegarme a Él [fol. 93v] como he faltado. ¡Ay, grandes peccados! ¡Ay, qué grandes males! Perdóneme el Señor por su misericordia y por su sancta Passión. Rogáselo vos, señor sancto ángel bendito. Rogáselo vos, muy preçioso señor mío y guardador mío. Hazé que no se pierda esta triste ánima que os fue dada en cargo, sancto Laurel auram, bendito poderoso sobre las piedras, consolador de las ánimas y reberçedor de las yerbas marchitas que dezís se entiende por las ánimas que están marchitas y secas sin Dios. Rogad por mí al Señor, que soy piedra dura y sin humor de graçia y de virtud de Dios. Si por su misericordia no me la da, préguemela vuestra señoría, sancto ángel bendito. Préguemela, pues tanto alcanza de Dios”. Dixo el sancto ángel: “Levántate, alma, sierva devota a Dios. Levántate de la baxeza de tus peccados, que por muchos que sean Dios te los puede perdonar: aquel que perdonó a Sancta María Madalena quando lloró sus peccados, perdonará a ti; aquel que convidó a Sant Matheo, y le convidó con gran y misericordia, convidará a ti. Ese mesmo Dios a muchos peccadores y peccadoras a perdonado. Para mientes, no desesperes de la misericordia de Dios, no te aflixas demasiado por las persecuçiones y menospreçios a ti hechos, contra las murmuraçiones verdaderas o no verdaderas contra ti, que si todo se te quenta en penitençia de tus peccados, ruega a Dios te lo resçiva. Yo también lo rogaré”.&lt;br /&gt;
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Dixo la sancta virgen: “Señor, mi menospreçio y murmuraçiones contra mí hechas, yo mesma me los ganado con mis peccados y defetos y tachas malas que ay en mí, y a havido, por ser yo tan peccadora, como dicho tengo y me he confesado con vos, señor”. Dixo el sancto ángel: “No digas que tienes malas tachas, que es cosa de animales brutos sin conoçimiento de Dios, que si tú as offendido como peccadora y criatura caýble, tan poco a sido en tanto grado quanto ''[14]'' tú te acusas e pones los defetos, e si otras personas te los an puesto y tales ayudas, no quiero yo favoreçer en eso e tan demasiado grado, que persona que ve a Dios y a mí, que soy ángel y tiene graçia [fol. 94r] de ver los demonios, no es razón desfavoreçerle en tanto grado. Y si las gentes desfavoreçieren, Dios no desampara del todo a sus amigos. Y si en esa vida quedan vençidos o muertos de sus enemigos, visibles delante de Dios, los muertos sin culpas ''[15]'' quedan venzedores, y con gloria triunfadores, y los vivos, aunque victoriosos al parezer visiblemente, quedan muertos y sepultados en el peccado de su omiçidio y malquerençia y crueldad”. Dixo la sancta virgen: “Señor, cosas maravillosas me dize vuestra señoría, que mi entendimiento no basta para entenderlas”. Dixo el sancto ángel: “Capaz está tu entendimiento de entender y sentir bien de Dios y de esas cosas y escondidas sçiençias si quieres usar tú de la virtud y lumbre que Dios te dará, con la qual alumbra su sancta fee cathólica, la qual te consejo reluzga en ti como piedra preçiosa puesta en oro o en plata, o como el luzero planeta del çielo”.&lt;br /&gt;
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La bienabenturada preguntó al sancto ángel, diziendo: “Señor, ¿qué es la causa por que el Señor permitió sobre mí fuese atormentada en vida como Job, que ansí me pareze que estoy cubierta de dolores y ansí me duelen como si fuesen llagas o lepra?”. Respondió el sancto ángel, diziendo: “Da graçias a Dios trino y uno y verdadero por todos los dolores que te dio, secos y sin llagas. Y aunque fueran llagas y lepra, es más ydiondo y feo el peccado que afea el alma que no la lepra y hedor que atormenta el cuerpo. Antes muchas vezes da Dios las tales cosas para purificaçión y hermoseamiento del alma. Y acordarte deves de cuando yo te dixe que havía el demonio demandado liçençia a Dios para perseguirte y tentarte de diversas maneras ansí como lo hizo. Contraxole, comoquier que le fue dado algún poder y liçençia, no fue en tanta cantidad como el mesmo demonio pedía. Tú sanctíguate d’él y no le ayas miedo, que si fee y devoçión tienes en las virtudes de la cruz, valerte an ante Dios, y el demonio no avrá poder sobre ti en grado enpezible a tu ánima, aunque el cuerpo padezca y sea atormentado. Y sé fiel a Dios, enbuélbete en su amor, afórrate en su esperanza, consuélate en su serviçio. Esto haciendo, y siendo Dios contigo, no temerás cosa que los [fol. 94v] hombres te hagan, que, quando te mataren, heres viva; quando te dieren vida los hombres y no Dios, quedas muerta. Ansí están muertos los favoreçidos de los hombres, mas los favoreçidos de Dios, aunque sean muertos, quedan vivos”. La sancta virgen dixo al ángel: “Señor, mucho me consuelo oyendo palabras, sanctas palabras, mas miedo he a los hombres, y asombrada me tienen los sanctos e humildes religiosos e religiosas. ¿Qué haría, y en quánto grado más abría miedo a los crueles seglares, si, a desdicha mía, por sus manos huviese de ser castigada o penitençiada? Que aunque fuese permisión del Señor, y por bien de mi alma, en tales cosas no sé si avría paçiençia y si el tal martirio sería en mí meritorio”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El sancto ángel respondió, diziendo: “Grande es la pequeñez de tu coraçón, pues no estás aparejada para con todo esfuerço e amor de Dios sufrir las fatigas. Esfuérçate, que la sancta religión christiana piadosa es. Y las personas que son christianas y desapiadadas quedan deudoras a Dios en mayor grado que los infieles, en espeçial quando hazen mal a los amigos e sierbos de Dios, pues los religiosos e de orden sacra, ¿cómo te an de hazer a ti mal? No tengas tantos temores, ánima de Dios, que me das congoja y me hazes llorar”. La bienabenturada respondió al sancto ángel, diziendo: “Señor, no puedo más sino sentir en mí este temor, acordándome de las cosas profetizadas sobre mí, como vuestra señoría me a dicho artas; e otras me an contado mis hermanas las religiosas, las quales dizen haver ellas oýdo por sus oýdos profeçías salidas por la palabra dada de graçia del Señor en tiempos passados, las quales profeçías en mí dichas y para mí profetiçadas dizen ellas se cunplen agora y se an cumplido largamente, y aún ay más por cumplirse, y con esto estoy tan temerosa, no sé qué son”.&lt;br /&gt;
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El sancto ángel dixo: “No tengas tantos temores, por que no pierdas el tiempo ni le gastes mal gastado con el demasiado temor, olvidando y dexando de usar el fervoroso amor de Dios, el qual tú solías tener en otro tiempo y te vi yo con más ánimo y fortaleza y cuydado de Dios, y no con el relaxamiento y tibieza que agora está aposentado en tu ánima. Muchas vezes me haçes estar cuydadoso de ti, y maravillado cómo heres tan floxa, enbuelta en esos temores que te an de haçer mal las gentes. Falta el spíritu de obra en la caridad y amor de Dios, y la hambre y sed que los próximos se salven; falta en ti la oraçión devota y penetrativa, la qual es agradable a Dios, quando limpia y sin peccado vuela al Çielo, adonde Dios está assentado en su real trono, y como el [fol. 95r] humo del inzienzo es sin fastidio quando ordenadamente es quemado ante Dios y es dino sacrifiçio, ansí la oraçión es honrrosa a su alta y gran Magestad y sube bolando, no parando hasta los brazos y persona de quien ama el que la haze. Y por eso, si tú amas a Dios cruçificado, que fue en ese mundo y glorificado que está, oyrá en el Çielo tu oraçión, que es el mensagero de tu coraçón. Hasta allá sube, donde ese mesmo Dios está y mora; y ansí la oraçión de qualquier ánima devota, aunque esté en el cuerpo, e mientras más limpia y sancta vida haze, e religiosa, más açeta e sancta al acatamiento de Dios”.&lt;br /&gt;
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'''Capítulo XIX'''&lt;br /&gt;
'''De otras preguntas que esta bienabenturada hizo a su sancto ángel'''&lt;br /&gt;
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Preguntó esta sancta virgen al ángel su guardador suplicándole respondiese a una cosa que sus hermanas las religiosas le dixeron que le rogase de una angustia que tenían, la qual le contó assí como se lo havían dicho y encomendado. El sancto ángel le respondió, diziendo: “Tus hermanas las religiosas ayan paçiençia, que no es pequeño su mereçimiento delante de Dios. Y ninguno que suplica con humildad está fuera de estado de graçia; siquiera sea rogar a Dios que perdone los peccados, o otras cosas açeptas y neçesarias a las ánimas y a la salud de ellas y a las gentes, pidiendo favor spiritual y temporal, de la mesma manera no es ningún peccado”.&lt;br /&gt;
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Dixo la bienabenturada al sancto ángel: “¿Quáles de mis hermanas peccan más delante de Dios, o ganan más: las que me quieren a mí bien o por amor de Dios me tienen devoçión, o las que me quisieren mal y acordándose de mis defetos la pierden y dan consentimiento a mi persecuçión con benganza?”. Respondió el sancto ángel: “Tu perfeçción a sido y es muy neçessaria para mérito de tu ánima, y Dios la a permitido. E ansí como Jesuchristo, para la redempçión, fue neçessario ser cruçificado y que huviese quien lo hiziese, assí tú havías de ser perseguida, e havía de levantar Dios quien lo hiziese, o el demonio, con liçençia del mesmo Dios. Mas puedes creer que ansí como los que cruçificaron a Dios no ganaron en sus ánimas nada, antes perdieron mucho, ansí los que persiguen a los sierbos de Dios y que conoçidamente son christianos y amigos suyos, peccan en perfeto grado de maldad”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Dixo la sancta virgen al sancto ángel: “Bien dizes, señor, si son sierbos y amigos de Dios, mas yo, peccadora, que soy ymperfeta y tan defetuosa, en lugar [fol. 95v] de ser amiga y sierba del Señor, como hera razón fuese; y yo soy obligada a Dios, mi Señor, más que otro”. Respondió el sancto ángel, diziendo: “¿Por qué dizes que no heres tú amiga de Dios como su Divinal Magestad save? E yo soy testigo que tienes tú amor y afiçión puesta con Dios, y la as tenido. Y son testigos muchos frayles de tu orden e otras personas de algunas señales que exteriormente se conoçían en ti, el ençendimiento y dulçedumbre que tu ánima sentía, o pudiera ser juzgados sentir, las quales dulcedumbres tan dulçíssimas y perfeçionadas y adornadas de hermosura spritual en el divino serviçio de Dios; el qual es más hermoso y rico, y dulçe y codiçioso a los buenos, más que los despojos a los guerreantes, e más que la vitoria e las vatallas de los enemigos”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Preguntó la bienabenturada al sancto ángel, diziendo: “Señor, mis hermanas las religiosas tienen un defeto muy grande, y es que me desean a mí por su perpetua perlada, y esto es contra la voluntad de nuestros perlados. Y algunas veçes no se lo conçeden, y con su ymportunaçión los enojan. Este peccado, ¿perdonársele a Nuestro Señor? Que yo por grave le tengo en ellas”. Respondió el sancto ángel, diziendo: “Otros peccados avrá en el mundo tan graves y más, que no ese, puesto que ellas deven, como sierbas de Dios, obedeçer lo que les mandaren, y esforçarse a cumplir la voluntad de los perlados, en espeçial cuando no les mandan cosa que sea ofensa del señor Dios ni contra sus almas propias y su perfeta y frutuosa conçiençia e aprovechamiento spiritual en el mayor y mejor serviçio de Dios”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Dixo la virgen al sancto ángel: “Señor, el tiempo que yo he sido perlada, ¿é servido a Dios en el tal offiçio?”. Respondió el sancto ángel, diziendo: “Gran soberbia sería la tuya si pensases havías servido a Dios sin offensa e sin defeto. Mas de una cosa te hago çierto, por que te alegres en la virtud y te enmiendes del defeto, e te duelas quando te falta la virtud: que tu ánima siempre a sido por la graçia del Señor ynclinada a buenas obras antes que a malas, y a un zelo que se sirva el Señor de todas las criaturas, y que no se offenda dellas, ni de tu ánima mesma, la qual deseas salvar con fe verdadera christiana, devota a Dios y a su Madre, y a los sanctos ángeles y soberana corte çelestial. Y las offensas que as hecho no an sido de propia voluntad, ni perdiendo la reverençia e amor de Dios, ni a Él temor reverençial e piadoso, comoquier que atrevidamente y con agudez demasiada o pensando no ser peccado algunas cosas as offendido, e por eso mereçes penitençia. Y si la de la vida presente no bastare, en el otro mundo yrás a penar. ¡Sálvete Dios, ánima mía, encomendada! Que te salve Dios del Çielo, yo lo quiero suplicar, y entiendo ganarte graçia. Tú te deves ayudar”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
La bienabenturada, muy consolada de estas piadosas y sanctas palabras, dio graçias al sancto ángel, [fol. 96r] y tornole a preguntar si havía sido servida Nuestra Señora traerla a su sancta casa de la cruz y que morase en ella para siempre. El sancto ángel respondió, diziendo: “¿Por qué hazes pregunta a la cosa que bien saves? Acuérdate de aquel día quando yo te apareçí en casa de una tu tía, estando tú en oraçión delante Sancta María, e yo offreçía tu devoçión y pedías con lágrimas serbir a Dios te otorgó y te llamó para su casa, y a mí me mandó guiarte. Y ansí se hizo. ¿Qué más señales quieres para conoçer que ella fue servida traerte a su sancta casa, la qual estava derribada y arto caýda en quanto a lo temporal, que en lo spiritual su virtud se tenía? Mas fue aumentada la devoçión junto con la graçia, más contigo que sin ti”. La virgen le dixo: “Señor, ¿pues cómo agora a caýdo en mí la graçia?”. Respondió el sancto ángel: “Siempre acostumbró Dios, en el prinçipio, de dar su graçia alterada y fervorosamente, sin poderse encubrir ni meterse la candela devajo del celemín; mas de que se va haziendo ascua creçida y maçiça, puedes encubrir con la ceniça de la discreçión e abituaçión, sin que se parezca descubiertamente la luz que está en el ánima hecha ascua biba sin llama”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Dixo la bienabenturada: “¿En que veré yo, señor, si tengo graçia de Dios?”. Dixo el sancto ángel: “En si estás aparejada toda ora morir de grado por su honra, gloria y fee, y con alegre esperanza del Paraýso que se da a los amigos de Dios por los mereçimientos de Jesuchristo cruçificado, y apasionado y muerto, y sepultado por la salud y vida del mundo”. Dixo la bienabenturada: “Espántanme, señor, vuestras palabras. Si el Señor no me diese nuevo esfuerço y nueva graçia, muy flaca me hallo açerca del gusto de la muerte, comoquier que por dichosa me tengo quando se me offreçen penas por pasarlas por amor del Señor; y ansí querría poder pasar la muerte con gozo y alegría, sin me entristeçer ni desfalleçer al tiempo del martirio”. Respondió el sancto ángel: “Esfuérçate, ánima de Dios, que la muerte no puede ser escusada a ninguna criatura biva puesta en carne, y á se de pasar la muerte por fuerça. Mas bienabenturados son aquellos que mueren conoçiendo a Dios y confesándole en su sancta fee católica, hallándose dichosos haverle resçivido, o conoçiendo tarde o temprano; aunque más vale temprano y luengamente perseverar y morir en ella que en peccar tarde, que es dificultosa de arraygar en el coraçón del ánima perfetamente. Y ansimesmo, las buenas obras esperar hazerlas tarde es gran peligro, que Dios no es [fol. 96v] obligado ni deudor de graçia a las tales personas que con esperanza diciendo ‘enmendar me he, o buenas obras haré antes que muera’, viene presto la muerte, y toma las ánimas en peccado mortal y no irán servir a Dios ni enmendarse de sus peccados, aunque lo tenían en propósito o en desseo, con el defeto de nunca lo poner en obra; no mereçieron a Dios les diese graçia que pudiera darles, y las mesmas ánimas an menester para salvarse”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Dixo la bienabenturada al sancto ángel: “Paréçeme, señor, estar yo siempre o muchas vezes en estado de graçia; según el Señor, por su misericordia, siento que me la da, y por mis peccados yo la pierdo. Y también me pareçe me la hazen perder las criaturas quando me turban a menudo, o me atribulan con razón, y mi inpaçiençia poca virtud no me dexa conocerme, tanto como devría”. Responde el sancto ángel: “Defeto es ese, y ymposible al alma que se á de salvar, si enmienda grande no diese Dios en el tal yerro”. Dixo la virgen: “Ruegue vuestra señoría por mí, pues save mis defetos, que me los perdone el Señor, este y todos los otros que tengo”. Dixo el sancto ángel: “Pláçeme de lo rogar. Y acuérdate que reçiviste muchos bienes y dones del Señor Dios, por la su perfeta y amigable y verdadera graçia, en la qual tú mesma no deves dudar, como te acaeze algunas veçes, que siendo tan altos los dones y tú no te hallando dina dellos, los dudas ser perfetos y verdaderos de Dios poderoso hechos en ti”. Dixo la bienabenturada: “Ay, Señor, es verdad que ese peccado también tengo, que aunque sé que Dios es poderoso para me los dar, considerando que no es justa cosa en mí, estoy en conbate y en batalla. Y no es en mi mano dexarlo de creer, pues lo veo y siento en diversas maneras que no sé decir, ni es en mi mano dexarlo de creer lo de ligero, porque no oso. Y pienso por ventura no sea pecado creer de mí o en mí haver algún bien, aunque sea por la graçia del Señor”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Respondió el sancto ángel: “Esa también es graçia del Señor, que toda su Divinal Magestad por mexor dé tu ánima. Y las penas que te dan las criaturas, y los dolores y enfermedades, harán para tu ánima, y la limpiarán, y las bescosidades que se le pegan por los defetos que confiesas tener y hallarte culpada dellos. Y más perfiçión es acusarte de los peccados y defetos que no confesar virtudes y manifestallas, aunque las huviese y sean verdaderas. Conózcolas Dios, que las save, pues Él las da por su virtud y misericordia, y Él solo [fol. 97r] las alave como lo hará en el otro mundo, si fueren dinas, y en este las otras personas que te conoçiere. Y ese mesmo Dios, si lo permitiere, es bien que te alaben, mas no tú mesma, porque es bana y engañosa la lengua del que se alava a sí mismo sin que Dios le alave, o las criaturas con verdadero testimonio”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Preguntó la bienabenturada al sancto ángel, diziendo: “Señor, ¿qué es la causa porque fuy en mis prinçipios en mucho tenida y alabada de sancta y de sierba de Dios, más que deçía ni mereçía?”. Respondió el sancto ángel: “El Señor lo permitió por que lo pareçieses en la perfecçión y travajos dignos de memoria. E ansí como su Divinal Magestad, después de nasçido en ese mundo de aquella Reyna del Çielo puríssima y sagrada donzella −que no ay vocablos perteneçientes en la Tierra ni lenguas bastantes para alabarla−, dende el prinçipio ese mismo Dios fue conoçido y alavado de muchos justos del Testamento Viejo, y de los ángeles y pastores, y después de muchos mártires y gentes que se convirtieron a su sancta fee, hombres, y mugeres, y vírgines y no vírgines, y antes de su sagrada Passión fue en mucho tenido Jesuchristo, rey de gloria, y conoçido Dios y hombre, como se muestra en la honra que le fiçieron el día de los ramos y el día de los panes y pocos pezes, y en otros muchos milagros que el Salvador hiço en el mundo, en que fue honrado y ensalçado de las gentes, y después se vino el menospreçio, quando le dieron la Passión no por peccados ni defetos suyos, mas por la maliçia de las gentes, porque hera menester su sancta Passión para salvar el mundo, o por mejor decir, las ánimas justas, conviene a saver, creyendo en el mesmo Dios y honrando su sancta fee católica”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Dixo la virgen al sancto ángel: “Señor, preçiosa es vuestra respuesta para mí, y muy consolatoria. Bien parecéys vos sancto ángel y bendito, que tales palabras me dezís, según yo las he menester. Mas suplícoos me dygáys si son provechosas mis penas, y si se sirve el Señor dellas, porque, si ansí es, consolarme he yo sin desfalleçer”. Dixo el sancto ángel: “Bien dizes, dándote el Señor su sancta graçia, porque sin su voluntad y mandamiento e obramiento de ese mesmo Dios no ay virtud alguna, ni se puede nadie salvar sin su querer y poderoso poder y graçia, misericordiosamente usado e obrado. E por eso no se deve engañar nadie ni confiar en sus virtudes propias, ni en su saber ni [fol. 97v] sciençias, que más seguro es siempre dudar no hallándose dino del Paraýso ni de los méritos de la sagrada Passión con que se compró y ganó que no tener por muy çertificada la salvaçión, en espeçial quando no ay méritos delante el acatamiento de Dios. Y quien pensare que los tiene dignos, él mesmo se engaña, si no es por virtud de esa mesma sagrada Pasión”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Capítulo XX'''&lt;br /&gt;
'''De una congoxa que spiritualmente tuvo esta bienabenturada'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Estando elevada preguntó a su sancto ángel, diziendo: “Señor, muy angustiada me hallo quando me acuerdo de una cosa que vuestra señoría me dixo: y es que havía yo sido como Eva, y causado mal para mí y para otras personas. Querría saver cómo se entiende esto, que me da mucha pena pensar que soy tan peccadora qu’é causado males. Y quisiera yo causar bienes, y de esto me hallara más alegre, y creyría que no havía nasçido en valde, pues Dios me havía criado para aprovechar en mi ánima y en otras. Y dezirme que e desaprovechado, estoy por ello muy angustiada y cargada de tentaçiones, creyendo que me tengo de yr al Infierno por mis peccados, los quales me bastavan sin tener agenos”. El sancto ángel respondió, diziendo: “Todo eso es bien que pienses çertificadamente con temor; mas no que te as de yr al Infierno, porque los que allí van, antes que salgan de este mundo llevan perdida la caridad de Dios y del próximo y de sí mesmos, y la esperanza, y por eso se pierden, que de otra manera no se perdería ningún christiano; quánto más que los que soys religiosos y religiosas tenéis causa y remedios mejores, y más subidos, para la perfeçión que es menester para salvar el alma, si queréys usar de las reglas y virtudes que os mostraron los sanctos, los quales fueron exemplares y dotrinables al mundo. Y por eso, con razón los llama el Señor ‘luz del mundo’, y en otra parte los llama ‘sal sabrosa’, que se entiende por la sabiduría y discreçión, y caridad e amor de Dios y del próximo; y en otra parte se dize ‘miel dulze y panar, y valor de piedras preçiosas y thesoros deseables’, que se entiende por el gozo y gusto de los contempladores en Dios Jesuchristo cruçificado, en la lumbre e honra de su sancta fe cathólica, la qual es más espexada y valerosa con rosa que todas quantas [fol. 98r] setas y leyes huvo en la Tierra ni abrá. Y bienabenturados son los que esta alta y sancta fee guardaren, y tuvieren y honraren, que en el día del fuerte y justo juyzio de Dios verán el premio de su galardón”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Dixo la bienabenturada ''[16]''. Respondió el sancto ángel: “En este mundo no se puede ver nada, ni saver ninguno de los secretos que Dios puso en su entendimiento y potençia escondida y prudentíssima”. Dixo la bienabenturada: “Señor, ¿pues cómo pregunto yo a vuestra señoría algunas cosas a las quales me responde algún secreto no savido?”. El sancto ángel respondió: “Si no fuese la voluntad del Señor, ninguna cosa te respondería a tus preguntas, e si alguna vez respondo es por voluntad de Dios, y con palabras encubiertas, que casi tú no las entiendes, y artas dellas; no son profeçías, y no las saves, aunque las dizes. Y bien hazes a no abalanzarte a dar sentençia sobre mis palabras pensando que las entiendes. Que scripto es ‘las palabras del sabio preñadas son’, y por eso mejor es tenerte por neçia y sin saber, que no atreverte a declarar demasiado, no sabiendo; e mejor es dexarse a la doctrina de los sanctos, y a espirimentados y canoniçados por la sancta Yglesia cathólica, que no usar ni establezer novedades, creyendo que todo es Spíritu Sancto. Que el Spíritu Sancto ya está declarado y muy manifestado, y conoçidas sus negoçiaçiones. Todo lo qual el Spíritu Sancto obró en el çentro y cuerpo de la sancta fee cathólica sancto es, e si el demonio se yngiriere por sus frutos y contraridades, del bien será conoçido; y siendo conoçido, deve ser hechado con la señal de la cruz, y con el amor de Jesuchristo, y con la codiçia y esperanza del sancto Paraýso para la otra vida, del qual Paraýso no ay otro Señor sino Jesuchristo. No huyga d’Él nadie, que quien piensa escaparse de su hermosa fee, a manos de ese mesmo juez á de morir el día del juyzio, con la cruel sentençia que el justo juez dará sobre los malos y peccadores, y pareçerse á como solo Él es el Señor”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y ansí çesó por entonzes la plática del sancto ángel y de la bienabenturada, las quales cosas y pláticas tan gloriosas le mandó con [a]premio scrivir, lo qual ella hizo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Capítulo XXI'''&lt;br /&gt;
'''De la gran caridad con que esta bienabenturada rogó al Senor por la salvaçión de la religiosa que havía sido causa de su persiguimiento, a la qual tenía por abbadesa'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Como esta bienabenturada rogó al Señor con mucho fervor su Divina [fol. 98v] Magestad quisiese dar aquella religiosa que havía sido causa de sus travajos, que entonzes hera su perlada, conoçimiento de sus peccados con grande arrepentimiento y dolor por los haver hecho, y fue tan grande este arrepentimiento que mereçiese salvarse, y que assí como su gran misericordia quiso convertir y convirtió a Sant Pablo sin que él solo pidiese, ni se lo rogase, assí suplicava esta bienabenturada, dixo ella mesma a Nuestro Señor, conviertese a esta su madre y hermana, aunque ella no se lo pidiese ni rogase; ni que ella no se consolaría ni alegraría si esta virtud no le otorgase su Divina Magestad.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y haziendo esta oraçión con tanto ferbor y caridad, le otorgó Nuestro Señor su petiçión, haziendo milagro tan público y manifiesto que en muy breves días mudó el corazón, hiriéndola con enfermedad y temor de su justiçia, y herida del mal de la muerte. Y temerosa del poderoso juyzio de Dios, antes que se fuese a la enfermería adonde havía de ser curada, fue a la zelda de la sancta virgen. Díxole llorando: “Señora mía, yo me siento muy mala. Suplícole, por amor de Dios, ruegue por mí a Nuestro Señor con mucho cuydado que me dé salud, si fuere servido, y conocimiento de mis peccados e conformidad con los que quisiere hazer de mí”. Esta bienabenturada le respondió con lágrimas de sus ojos, diziendo: “Señora, madre mía, esfuérçese por la caridad, y tenga paçiençia con la enfermedad, que yo rogaré por ella con muy gran cuydado a Nuestro Señor por su salud y consolaçión espiritual”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
E oýda el abbadesa la respuesta de la bienabenturada, se fue con acreçentamiento de contriçión y de amor con la sancta virgen. E creçiéndole mucho la enfermedad, la qual hera dolor de costado, mandó que llamasen al vicario del monasterio, e confesó con mucha devoçión y contriçión de sus peccados. E trayéndole el Sanctíssimo Sacramento para le resçivir, ansí como le vido venir, hiriéndose en sus pechos con muy gran clamor y lágrimas, se confesava por muy gran peccadora. Y rogó a las monjas la perdonasen los agravios y sinrazones que les havía hecho y a su causa havían resçivido. Y diziendo su culpa a Dios y a las religiosas, comulgó con muy gran devoçión.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y después que huvo comulgado el abadesa, rogó la sancta virgen [fol. 99r] e las religiosas que la llevasen a verla. Y llevada, la habló con grande amor y caridad y compasión, diziéndole las palabras de mucho esfuerço. Y el abadesa se consoló, e le alegró en grande manera con su vista, y entre otras cosas que le dixo, le rogó que le dixese que se havía de morir de aquella enfermedad. La bienabenturada le respondió: “Hasta ahora, madre mía, no le me lo a mostrado Nuestro Señor, mas aparéxese vuestra reverençia a lo que quisiere hazer Su Magestad della”. Y tornola a ymportunar con mucho aýnco lo procurase de saver, y saviéndolo se lo embiase a dezir, diziendo que ya hera tiempo de aparexo, que ella lo entendería porque se lo embiaba a dezir. La sancta virgen la respondió: “Yo, señora, trabajaré en ello, e lo suplicaré a Nuestro Señor con mucho afeto plegue a Él de me lo mostrar: quede así, que si yo le embiare a dezir que es tiempo se apareje, que crea que ay neçessidad dello”. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y la bienabenturada se tornó muy triste a su çelda quan peligrosa estava la enferma, y con mucho cuydado de rogar por ella, y recaudó aquella noche maytines con dos monjas que la acompañavan. Alzó los ojos en alto, e dexó de rezar por algún espacio, e assí estuvo en silençio sin hablar; e tornando en sí, dixo con lágrimas e mucho sentimiento: “Ay, qué dolor tan grande y de sentir mucho”. Las monjas que estavan con ella, ymportunándola, les dixo por qué llorava con tanto sentimiento. Respondioles: “Ay, amigas mías, pienso, según lo que agora he visto, que Nuestro Señor nos quiere llevar a nuestra madre, el abadesa”. Las monjas le dixeron: “¿Eso es, señora, la causa de su llanto e angustia? Haga el Señor d’ ella e de nosotras su sancta voluntad”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Entonzes, la sancta virgen llamó a una religiosa en secreto, y díxole: “Amiga, yd a la madre abadesa, y encomendádmela mucho, y deçilde de mi parte que yo he tenido mucho cuydado de rogar al Señor por ella, y que ya es tiempo que se apareje”. E la enferma, entendiendo lo que le embiava a dezir, hizo en sí una gran mudanza, a manera de mucho sentimiento, y con mucho esfuerço se tornó a confesar, e resçivió el Sancto Sacramento con mucha devoçión, e renunçió el cargo y todas las cosas que poseýa, e según religiosa pobre, pidió por amor de Dios el ábito e cuerda de sepultura a las religiosas. E resçiviendo [fol. 99v] la estrema unçión muy católicamente, espiró.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Quando le hera mostrado a esta sancta virgen, por la voluntad de Dios, algo de las penas que las ánimas por sus peccados padesçen, si le fuera dada liçençia de Dios ella tomara las penas sobre sí, por que ellas tuvieran descanso, aunque son muy insufribles; lo qual hiço esta bienabenturada muchas veçes, dándole Dios para ello liçençia y esfuerço caudoso. Que suplicándole ella a Nuestro Señor huviese piedad de las ánimas que ella havía visto en tan grande pena y tormentos, y le hiçiese a ella tan gran virtud que pudiese ayudarles a padesçer sus penas −aunque fuese acreçentándole a ella sus dolores, aunque los tenía muy grandes y a su pareçer ynsufribles−, todo lo padesçería por la consolaçión y quitamiento de penas de las ánimas de Purgatorio; y si para otorgarle su Divina Magestad esta virtud le quiere dar nuevas enfermedades, que con su graçia e ayuda estava aparejada para todo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y continuando esta bienabenturada en su oraçión, e ayudándole a rogar su sancto ángel, fuele otorgada su petiçión de caridad exerçitada en los próximos, vivos e difuntos; la qual ella exerçitó muy enteramente todos los días de su vida. Y exerçitando esta caridad con las ánimas, le acaesçió una cosa por donde se le descubrió un secreto açerca de las ánimas de Purgatorio. Y fue en esta manera: que teniendo esta sancta virgen a causa de sus enfermedades los miembros fríos, pareçiole a ella que unos guijarros calientes entre la ropa de su cama le darían algún refrigerio en aquella neçessidad que tenía. Rogó que se los buscasen, si los havía en el monasterio; y haviendo traýdo para una obra que haçían en la casa una carretada dellos, muchos tiempos antes de sus enfermedades, y de estos guijarros havía algunos por la casa, y buscándolos a su pedimiento, hallaron uno muy grande a una puerta de una cueva, con el [fol. 100r] qual havían molido muchas vezes pez. Y llevándole a esta bienabenturada, dixo que hera muy bueno, y mandó allí en su presençia le calentasen en un brasero de lumbre. De que fue empeçado a calentar y calentado, empeçó a oýr unos muy dolorosos gemidos, formando manera de palabras, en las quales deçía: “Ay, crueldad tan grande, ay”. Esto no lo oýa ninguna de las monjas que allí estavan, sino la sancta virgen, que dende su cama lo mirava e oýa, e le pareçía ser ánima de Purgatorio. Y mirando con su entendimiento de dónde salían aquellos gemidos e palabras, sintió salían del guixarro que a la lumbre estava. Y no diçiendo por entonçes la causa de ello, mandó aprisa no le calentasen más, y le quitasen luego, y enbuelto en un paño se le pusiesen sobre sus manos. Y de que le tuvo allí, le dixo en silençio: “Ánima, yo te ruego me perdones la pena que he sido causa resçivas. E dime, ¿cómo as venido a estar aquí?”. El ánima le respondió: “Ruégote no mandes calentar más este guijarro, donde estoy por mandato de Dios, que si quisieres calor yo se le daré, y también frío. Y a lo que preguntas, cómo estoy aquí, ya te he dicho que es voluntad de Dios. Mas primero que a este monasterio me truxesen, estava en un río que se llamava Xó, e las bestias con sus pies me sacaron d’él, e los hombres peccadores me truxeron a esta casa”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
La bienabenturada le dixo: “¿En guijarros y en piedras están y penan ánimas?”. Respondiole: “Sí, que muchas están en piedras y en guijarros. Y en aquel río adonde yo estava, havía gran número de ánimas metidas en guijarros, y ellas y yo á muchos años que estamos allí”. Díxole la sancta virgen: “Ruégote, amiga, me digas tu neçessidad y me pidas el ayuda que quisieres”. El ánima le respondió lo que Dios le dio liçençia. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
E de que la bienabenturada vido a su sancto ángel, díxole: “Señor, muy [fol. 100v] maravillada estoy de una cosa: que he savido que las ánimas penan en guijarros y en piedras, y en cosas semejantes”. E diziéndole en qué manera lo havía savido, díxole el sancto ángel: “¿De eso te maravillas, criatura de Dios? Bien puedes crer que muchas son las que de esa manera padesçen y penan porque Nuestro Señor les diputó por hospital cada piedra e lugar donde las ánimas están por voluntad del mesmo Dios. Una cosa te hago saber, que, después que el poderoso Dios te otorgó que pudieses ayudar a pagar a las ánimas de Purgatorio lo que por sus culpas y peccados mereçen, heres estableçida y hecha por la voluntad de Dios hospital de las ánimas que tienen penas; y esto se entiende las que su sancta voluntad quisiere y diere liçençia, o quien yo y tú pidiéremos a su poderosa misericordia. Porque ansí como el hospital se haçe para los pobres e neçessitados, e día y noche resçiven, así tu resçivirás día y noche las ánimas que Dios, por su voluntad, te embiare para que las ayudes e alibies sus travajos con los tuyos. E mira que acaeçe ban los pobres al hospital, unos con sed, otros con ambre, y otros con demasiada calor, e otros con demasiado frío, e otros con muchos géneros de neçessidades causados por las diversas enfermedades que consigo traen. Ansí te digo, criatura de Dios, bendrán a ti muchas ánimas con demasiados calores de fuegos, y fríos entolerables, y con otras diversas penas que por sus peccados mereçen. Y tú, hospital por la voluntad de Dios y por tu consentimiento, las resçivirás con mucha caridad, y los aposentarás sobre tus miembros y coyunturas muy dolorosas y desconconyuntadas de las neçessidades que traen, y ellas serán allí recreadas y consoladas de las neçessidades que traen, en la cantidad y manera que fuere la voluntad de Dios. Y tú, sierba suya, esfuérçate en la paçiençia y [fol. 101r] caridad, que mucho as de partiçipar y sentir las penas de estas ánimas. E sávete estás tan sujeta por la voluntad de Dios a padesçer por las ánimas que, aunque agora te faltase la caridad para padesçer esto de grado, por fuerça lo padeçerías, porque ansí lo quiere el Señor Dios, pues tú lo pediste con tanto afinco”. Respondió la bienabenturada al sancto ángel, diziendo: “Señor, muy gran virtud me a hecho vuestra gran hermosura con su habla e aviso. Yo me tengo por dichosa de cumplir la voluntad de Dios, y supplico a vuestra señoría le ruegue me dé graçia para ello”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y de aý adelante rogava a las religiosas le traxesen los guijarros que por el monasterio hallasen, y ellas con mucho cuydado lo haçían, aunque no savían para qué hera. E quando alguno le traýan, mandavan que se le pusiesen en la cama, y teniéndole allí, conoçía si tenía dentro algunas ánimas. E las más tenían una y muchas, y las que no tenían ninguna mandávalos sacar de su çelda. Y no contenta ni satisfecha su caridad con los que en el monasterio estavan, rogó que le hiziesen traer algunas de un río que ella señaló, del qual truxeron muchos. Y todos venían con muchas ánimas de dentro de sí, de manera que siempre tenían en el hospital de sus caridosos miembros bastamiento de ánimas, e por la voluntad de Dios, y con su poder, siempre venían ánimas, y vinieron a esta sancta virgen hasta en fin de sus días a ser ayudadas por su oraçión y méritos. Quando ella las vía venir, dezíales que tomasen por lugar en que estuviesen los guijarros, donde estavan las otras que antes que ellas havían venido por la voluntad de Dios. Y aunque en cada una de aquellas piedras estavan muchas ánimas, cada una tenía la pena en sí propia que por sus peccados mereçía, diferentes unas de otras.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y como esta bienabenturada no tenía manos con que poner sobre sus miembros las piedras de neçessidad, preguntándoselo las religiosas, les descubrió el secreto, e les rogó que todas las vezes que ellas los pidiese se los diesen [fol. 101v] e pusiesen donde ella les dixese. Las religiosas, mucho maravilladas de saver tal secreto, le dixeron que lo harían de voluntad. Y dende entonzes, empezó esta bienabenturada a poner sobre su persona y miembros aquellas piedras, e por su desseo y voluntad ayudarles a padesçer sus penas, offreçiendo sus dolores y pidiendo a Nuestro Señor se le acrecentasen, por que aquellas ánimas, que consigo tenía, fuesen recreadas y alibiadas sus penas, y por su piadosa misericordia y sancta Passión fuesen libres de todas ellas. Aunque havían sido peccadoras, hera mayor su piedad para las perdonar y haçer virtudes, y que allí estava su cuerpo doloroso y tullido para pagar por ellos lo que su Divina Magestad mandase.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y puniéndose esta sancta virgen estas piedras alrededor de su cuerpo y miembros, sentían mucha consolaçión e alibiamiento de penas las ánimas que dentro dellas estavan. Y acaesçía elevarse, y esto muy contino, teniendo contino mucha de esta compañía. Y aunque los guijarros heran grandes, y sus miembros muy delicados, no se los osaban quitar las monjas hasta que Nuestro Señor la volvía en sus sentidos. Hera muy grande admiraçión y causa de mucha devoçión verla estar ansí de esta manera. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Quando unas ánimas havían acavado de purgar sus peccados mediante la sancta Passión de Nuestro Señor e ayuda de la sancta Madre Yglesia, y de todas las otras cosas que su divinal clemençia tiene otogadas para estos remedios y por los méritos de esta bienabenturada, ýbanse estas ánimas libres de penas, y venían otras con la misma liçençia de Dios. La cantidad de las ánimas que yban y venían heran muchas, según dezía la sancta virgen. Cada vez que venían mucho número de ánimas juntas, no heran todas dellas aún libres, porque unas estavan más tiempo que otras, según tenían la neçesidad. Muchas cosas veýan manifiestamente todas las religiosas del monasterio açerca de este secreto e caridad que Nuestro Señor haçía mediante la oraçión y méritos de esta bienabenturada. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y como las ánimas viniesen tan llenas de penas y fuegos y fríos, todo muy ensufrible e con otros muchos tormentos, luego las tomava ella e las juntava con sus dolorosos miembros, a cuya causa partiçipava en mucho grado de las penas que ellas traýan, quedándole sus miembros [fol. 102r] con muy acreçentados y grandes dolores, y con tan reçios fuegos, que le pareçía estar ella metida en los mesmos fuegos de Purgatorio; tanto que, de neçessidad, muchas vezes le haçían ayre, e otras le ponían paños mojados en agua fría sobre sus quebradas coyunturas. Y en tiempo de calores le heran tan rezios de sufrir estos dolores y fuegos que le hazían dar muy grandes gemidos y gritos, pidiendo ayuda a la Magestad Divina para poder llevar tan ynsufribles y reçios tormentos. Y en este trabajo estava muchos días, junto sin tener alivio día ni noche ni tomando cosa con que se pudiese substener.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Estando muy fatigada con estos demasiados fuegos en el mes de henero, no osando ella pedir a las religiosas algunas cosas frías, que por lo ser el tiempo se las defendían, pensando que le heran dañosas para la salud corporal, embió a llamar secretamente una religiosa de pequeña hedad, y díxole el secreto: “Ruégoos vos vays al alberca de la huerta y me trayáys un pedazo del yelo que en ella está envuelto en ''[17]'' un paño de lienzo, y no le vea nadie”. Y la religiosa, yendo con voluntad amorosa, tomó una piedra y quebró con fuerça el yelo, el qual estava grueso, ansí de ser mucha el agua como de haver muchos días y algunos que estava detenida y haver quaxado muchas noches. Y tomando un gran pedaço, envolviole en un paño, y llevole a la zelda de la sancta virgen, y díxole en secreto cómo le traýa, mas que hera tan grueso como dos dedos. Ella respondió: “Bueno es, alzá la ropa de la cama y ponedle junto a mi lado, y de aquí a un poco tened cuydado de volver acá”. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y dende a media hora volvió. Díxole la bienabenturada: “Buscad, amiga, el paño que truxistes con el yelo, y llevadle, y no digáys esto a nadie que havemos hecho yo y bos”. Y buscándole, hallole junto con las carnes de la sancta virgen. Y el yelo no halló, ni ninguna cosa, ni tenía mojada la ropa de la cama, ni la túnica que tenía vestida, ni sus carnes. El paño en que estava enbuelto el yelo estava un poco liento, de lo qual la religiosa se mucho maravilló. Y no le osó preguntar qué se havía hecho el yelo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y saviéndolo las religiosas dende algunos días, se lo preguntaron, y la bienabenturada [fol. 102v] les respondió que él se havía gastado y se gastará otro que fuera mayor en los grandes fuegos que las ánimas tenían, de los quales ella partiçipaba teniéndolas sobre sus miembros e coyunturas; y ellas, y ella juntamente, de lo sano penavan. E ansí como las ánimas traýan pena de crueles fuegos, ansí otras vezes traýan de frío muy insufrible, y le davan tanta fatiga y travaxo de padesçerlo como en la pena del calor. Porque ninguna cosa le dava calor ni descanso, aunque acaeszía tenerle puesto alrededor de su cuerpo tres o quatro cosas, llenas de brasas muy ençendidas. Y con los demasiados fríos que las ánimas partiçipaban, le creçían todos sus dolores en mucho grado, y le causaron enfermedad en las hijadas y estómago, de muy creçidos dolores, y en toda la oquedad de su cuerpo. Y tanto hera el trabajo y dolores que padeçía, que dava dolorosos gritos e gemidos. Y estos travajos y tormentos acesçía algunas vezes durarle un mes, y otras vezes quinze días, y más y menos, según hera la voluntad de Dios. Tenía ansimismo muy gran dolor de caveza, que le durava el dolor sin ningún alivio algunas vezes seys y siete días, e otras veçes más y menos, según hera la voluntad de Dios y la neçessidad de las ánimas por quien padesçía havía menester. Y quando este dolor tenía, no hablava palabra, porque el dolor no la dexava, ni comía ninguna cosa, sino hera de vever un poco de agua. Y assí como ponía los guijarros sobre los miembros de su persona e junto a su lado, por semejante hazía que se los pusiesen sobre las almoadas, junto a su dolorosa caveza.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Quando assí estava, leýan algunos ratos en su çelda −porque ella lo tenía dicho para esfuerzo de sus travajos− liçión spiritual y en la Passión de Nuestro Redemptor Jesuchristo. Y quando ya sus travajos se le aliviavan, aunque quedava muy enflaquezida, permitía Nuestro Señor se elevase para dalle consolaçión y mostrarle el fruto de sus dolores. Y supieron esto las religiosas, a causa que, tornando ella en sus sentidos, traýa gran hermosura y alegría, que pareçiera no haver padesçido ningún mal. Y inportunándola les dixese de qué tornava tan alegre, díxoles con mucho amor e agradeçimiento [fol. 103r] de lo que por ella hazían: “Señoras, no podría yo dezir con mi lengua las grandes virtudes que la Magestad Divina resçivió, por las quales se muda mi rostro y esfuerça mi gran flaqueza para vivir y padesçer otra vez y vezes los dolores que Dios me mandase. Mi alegría es que en el secreto y gloria me fueron mostradas aquellas ánimas, que yo vi muy atormentadas y padesçer conmigo, las quales havía muchos años que padesçían en penas, y tantos que algunas de ellas havía quinientos años, e otras tresçientos, e otras menos; y todas heran tan solas que no havían quién dellas se acordase para les hazer bien, sino el que la sancta Madre Yglesia haze en general por todos los difuntos. Y viendo yo estas ánimas en la gloria y descanso que Dios, por su misericordia, les a querido dar mediante su sancta Passión, es tan grande el alegría y gozo espiritual que mi ánima resçive que no lo podría comparar”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Quando esta bienabenturada quería que la llevasen al coro o a otra parte de la casa, quando las religiosas la sentavan en el lugar donde havía de estar, poniéndole bien la ropa que llevava bestida, topavan con los guijarros que llevava pegados a sus coyunturas, los quales no havían visto hasta entonçes, y bien asidos, unos devajo de las corbas y otros de los pies. Ellas, muy maravilladas de ver el milagro, probavan a quitarlos, y nunca podían despegarlos, aunque ponían fuerça. La sancta virgen, socorriéndose, les dezía: “Dexadlas estar donde Dios les dio liçençia que estuviesen, que con su poder están esas ánimas que aý haçen”. Y esto se vido muchas vezes de la más parte del convento, e algunas de todo. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Estando esta bienabenturada confesando en su cama, el confesor mirando hazia ella vido uno de aquestos guijarros hazia las almoadas de su cavezera. Y muy maravillado de ver tal cosa en cama de persona tan dolorosa y tullida, con piadad por que no se hiriese tomole y arroxole en el fuego, de manera que dio un gran golpe con él. Y la sancta virgen, en su secreto, huvo gran pesar de lo que el padre hizo. Y después que fue ydo, llamó ella a una religiosa, y dixo: “Dadme ese guijarro que arrojó el padre, que tan angustiada he estado por el golpe que con él dio que no he savido lo que he confesado”. La religiosa le dixo: “No tenga, señora, pena, que no se les daña nada a las ánimas”. La bienabenturada le respondió, diziendo: “Por que [fol. 103v] os guardéys vos de hazer otro tanto, saved que quando el padre las arrojó, gimieron las ánimas, diziendo: ‘¡Ay dolor, estos son los benefiçios e sacrifiçios que de los saçerdotes resçivimos!’”. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y mirando la sancta virgen que otras vezes podría acaeszer lo mesmo, buscava con su pensamiento cómo lo pudiese mudar. Y de que vido a su sancto ángel, contole su pena, diziendo: “Señor, querría suplicar a Nuestro Señor, su poderosa Magestad, quisiese mudar esto de estos guijarros en otra cosa en que las ánimas pudiesen estar, por evitar algunas ocasiones que con estas piedras se pueden recreçer”. El sancto ángel le respondió: “Bien será que lo ruegues, y yo te ayudaré a suplicar te sea conçedida la graçia”. Y rogándolo entrambos se lo otorgó Dios lo trocase ella en lo que más consolada fuese. En manera que de aý adelante siempre tenía unas jarras con rosas e flores o yerbas frescas, según con el año las había, y las jarras heran de vidro, o como las podía haver. Y teniéndolas consigo, a su lado y par de sus almoadas, por la voluntad de Dios todas las ánimas se pasaron en ellas y se asentaron sobre las yerbas y flores. Y ansimismo lo haçían las que nuevamente venían, y dezían a la sancta virgen: “Mucha consolaçión havemos resçivido con esta estanzia que Dios nos a dado, que como los guijarros sean tan duros e espesos no nos consolava más en estar en ellos”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
E aunque a las ánimas les fuese consolaçión mudarlas en las yerbas y flores, no por eso dexava la bienabenturada de padesçer tantos dolores y tormentos para ayudarlas como antes. Y aún más, según su gran neçessidad lo havía menester. Y viendo y saviendo cómo las ánimas se consolavan en estar en las flores y yerbas, rogava ella a las religiosas que tuviesen cuydado de traer las rosas y flores frescas, y ponerlas en los jarros. Y haçiéndolo ellas como se lo encomendava, cuando traýan algunas flores frescas olían las que de antes estavan puestas. Y paresçiéndoles tener muy más subido y lindo olor que quando las havían puesto, rogavan a la sancta virgen les dixese qué hera la causa. E ella les respondió, diziendo: “Todos los secretos queréys saber, por qué y cómo se hazen y son las cosas. Porque hazéys lo que os tengo rogado, y os lo dixe, en cada una de estas flores ay muchos ángeles, los quales fueron [fol. 104r] guardadores de estas ánimas quando vivían en sus cuerpos. Nunca las dexan ni desamparan hasta que, salidas de penas, las llevan a la gloria, y las preguntan ante la Magestad de Dios. Agora vienen aquí a visitarlas, y por darles consolaçión tañen ynstrumentos de diversas maneras y cantan muy dulzemente. Ellas también cantan con ellos. Traen los sanctos ángeles consigo muy suave olor, y permite Nuestro Señor que se pegue a estas flores algún poquito de lo mucho que ellos en sí tienen, por que las ánimas que en estas flores y verduras están sean consoladas”. Dixeron las religiosas a la bienabenturada: “También será ella consolada con tal música y cantos tan dulçes”. Respondió: “Sí soy. Y muchas vezes cantamos todos juntos, y me consuelo de que veo a las ánimas que se les van aliviando las penas y están assentadas en estas flores, y verdes flores y yerbas, en figura de paxaritos de diversas maneras, cantando y loando a Dios, que las crió y redimió, y dándole graçias porque no las condenó por sus peccados, y porque les dio lugar limitado de penitençia donde pagasen sus culpas. De que yo las veo en este estado resçive mi ánima gran consolaçión, porque primero que a él vienen an padesçido muy grandes penas, e yo, peccadora, muchos dolores”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Preguntada esta sancta virgen de las religiosas si las ánimas que nuevamente venían de voluntad de Dios para ser della ayudadas, si venían feas o qué figuras traýan, respondió: “Çierto, no vienen hermosas, ni blancas, ni traen buenos olores, que más vienen para dar temor y espanto que no consolaçión. La semejanza dellas es de mucha diversidad de maneras, según la calidad de los peccados que an caýdo. Mas estas cosas no se pueden explicar, ni menos conviene dezirlas”. Preguntada de qué calidad heran las ánimas por quien rogava y padesçía, respondió que heran ánimas que havían muerto muertes desastradas y por justiçia, y en batallas y en la mar, y las que más desamparadas estavan de quien les hiziese bien, y ánimas de sus amigos y enemigos, y de religiosos y seglares, según hera la voluntad de Dios. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Estando esta bienabenturada un día de verano a la puerta de su çelda, hechada en una camilla rodeada de jarras muy llenas de albaaca muy fresca y creçida, cantando la ''magnificat'', oyéronla las religiosas y fueron a verla e a oýrla con mucha alegría. Y proçediendo ella en su [fol. 104v] canto, quando acavava la ''manifica'' que dixo: “''Gloria Patri''”, abaxáronse las ramas del albahaca, tanto que también se abaxavan las jarras en que estavan. Y estavan ansí abajadas hasta que acavava la gloria, y luego se alçavan muy despaçio. Viéndolo las religiosas, dieron muchas graçias a Dios por tan gran maravilla como sus ojos veýan.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Entonçes, díxoles la sancta virgen: “¿Para qué entrastis aquí, hermanas, que estávamos cantando yo y mis compañeras, yo en esta cama y ellas entre las yerbas verdes?”. Ymportunada que tornase a cantar ''Gloria Patri'', dixo: “Podrá ser no querrán delante de vosotras tornar a hazer la benia”. Y ansí como empezó a dezir ''Gloria Patri'', se abajaron las ramas del albaaca e jarras con ellas, como la primera vez. Y esto fue hecho todas las vezes que lo tornava a deçir, lo qual fue causa de mucha admiraçión a todas las religiosas. E la sancta virgen les dixo con gesto alegre: “Plázeme, amigas, aya el Señor querido ayáys visto esto, por que veáys por espiriençia que esto que está entre estas verduras son ánimas cristianas, y obedientes a su Dios, y creyentes en su sancta fee cathólica, pues hazen humiliaçión y reverençia quando se nombra la muy alta Trinidad. Y no es esta la primera vez que estas cathólicas ánimas reverençian a su Dios y criador estando en estas yerbas como havéys visto; mas otras muchas vezes lo han hecho por dar plazer a esta bienabenturada”. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Trúxole una religiosa un gran pie de albahaca, el qual venía granado y no abiertas las flores. Ella, viéndole, mandole poner en una jarra de las que ella tenía para aquello. Otro día, trayendo otra rama más fresca, sin dezirle ninguna cosa, quitaron aquella mata grande y hecháronla a un rincón de la mesma çelda, y pusieron la fresca. Y dende a dos días, pidió la jarra que tenía el gran pie de albahaca, que como tenía muchas unas tomava una vez, y otras otras. Y trayéndosela, conoçió que no hera aquella el albahaca que ella havía mandado poner allí, y pidió que se lo diesen. Díxole una religiosa: “Ya está seca”. Ella, pidiendo que se la traxesen, aunque estuviese como dezían, y traýda, mandó quitar la fresca y poner aquella, diziendo: “Sé que poderoso es Dios, y la virtud de mis ánimas bendita, y para tornar esta albahaca en su berdor y frescor”. Y mandó que le pusiesen aquella jarra ençima de sus miembros, y túvola un gran rato. Y antes [fol. 105r] que se la quitasen, ya empeçava aquella rama a tener un poco de vigor, y continuándola a a tomar más a menudo que las otras jarras, a cavo de dos días estava tan berde como si entonzes se huviera cortado de donde estava nasçido, y abrieron las floreçitas, y ansí estuvo por artos días, sin perder su verdor ni olor. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Acaesçíale algunas vezes estar apartada de donde estavan las jarras, y haver gran rato que no las havía tornado consigo, e oýr los gemidos de las ánimas y palabras que dezían en que mostravan el desseo y neçessidad que tenían de ser recreadas dellas. La sancta virgen entonzes les deçía: “Venid, venid, ánimas cristianas y cathólicas, con el poder que Nuestro Señor Jesuchristo os a dado, que os aprovechéys de mí, su yndigna sierva”. Al qual clamamiento todas quantas ánimas que en las yerbas de las jarras yban e se le ponían ençima de los miembros, desde los pies hasta la caveza. Y ella les preguntava, diziendo: “¿Havéys os consolado, amigas?”. Las ánimas dezían: “Sí, criatura de Dios e ayudadora nuestra. Muchos más havemos consolado, pues nuestras penas y tormentos se an aliviado y alivian todas las vezes que contigo nos tienes. Muchas graçias sean dadas al poderoso Dios [por] esta misericordia, y por todas las que de su alta magestad havemos resçivido”. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Bolviendo un día esta bienabenturada muy alegre de la elevaçión, preguntáronle las religiosas que les dixese la causa de su alegría, si hera de libramiento de ánimas de Purgatorio, que en ella conoçían que havía ydo al lugar de las penas. Muy ymportunada, respondió: “Sí, que como el poderoso Dios a otorgado a mi sancto ángel custodio muy grandes previlegios, entre los quales le otorgó fuese a Purgatorio çiertos días de la semana, en espeçial miércoles y viernes en reverençia de la sancta Passión, y el sávado por lo masmo y por los mereçimientos de la Virgen Sancta María, su madre, y llévame consigo para que le guarde el pescado que jara de los lagos del Purgatorio. Y como él lleva el poder de Nuestro Señor, no le vedan los demonios la entrada, ni podrían, aunque mucho les pesa dello, y hazen muy grandes ruydos, y estruendos espantosos de oýr. Mas mi señor sancto ángel pásase de largo, llevándome a mí guardada dellos entre sus muy hermosas alas, y vamos a unos muy espantosos lagos y ríos, los quales son negros como la pez, y muy pesados, y de horrible hedor. E toma mi sancto ángel una grande viga llena de anzuelos muy grandes, y hechados en aquellos lagos y ríos, en el [fol. 105v] nombre de Dios y de su sancta Passión, y tiénelos allí un poco. Entre tanto, ruega al Señor y a Nuestra Señora, y yo también. Dende a un poco, tira aquella viga hazia fuera, y saca asida algún ánima o ánimas de aquellos anzuelos, e quítalas, y dámelas a mí que se las guarde de los demonios. Y torna a hechar los anzuelos, y entre tanto que él saca, más meto yo aquellas ánimas en una estançia que allí tenemos para esto, la qual llena cada vez que va a haçer esta obra de caridad. Y de esta manera saca muchas ánimas cada vez, y estas son las que la voluntad de Dios permite, y las que an sido más devotas de su sagrada Passión, y en que en semejantes, viviendo en la carne, hizieron alguna buena obra por su amor e murieron en día de viernes.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
”Otras vezes va más a los fuegos de Purgatorio, los quales son muy terribles y de muy espantosas llamas, e muy altas y grandes, y son muy coloradas e escuras. Y andan las ánimas entre estas llamas a manera de çentellas de fuego vivo, como quando entre una gran llama saltan zentellas. Y mi señor sancto ángel lánzase en aquellas llamas, y travaja por asir de aquellas çentellas que entre las llamas andan, las quales son muchas, y ase la que es voluntad de Dios, y viene a dármela a mí, en el lugar que he dicho, para que la guarde. Y qué tales ellas salen bien se os pueden figurar. Y luego torna el sancto a lanzarse en las llamas, y assí saca las que Dios es servido que salgan cada vez. E algunas vezes me pareze a mí que le ha hecho ympresión el grande y espeso humo donde tantas vezes se a metido, como que le a escureçido algo de los resplandores que salen de su hermoso bulto. Y díçeme él entonzes: ‘Mucho estás maravillada de ver que siendo yo ángel, te pareçe me an hecho ympresión estos fuegos espesos: pues mira cómo no me an hecho ynpresión estos fuegos espesos, pues mira cómo no me an tocado’. E menea sus muy hermosas alas, e queda muy más resplandeçiente que antes estava. Y estas ánimas que sacamos con el poder de Dios, entrégalas mi sancto ángel a los ángeles, sus guardadoras dellas, que tengan cuydado dellas y de las presentar al poderoso Dios, porque estas ánimas que mi sancto ángel saca no vuelven más a ellas, de las quales [fol. 106r] nos guarde Dios”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Tornando esta bienabenturada de su elevaçión con gesto alegre, dixéronle unas religiosas enfermas que a la sazón se yban a consolar con ella: “Señora, pues viene del Çielo, díganos alguna cosa”. Respondió: “Porque estáys enfermas os quiero consolar, pues es obra caridosa apiadar a las enfermas, lo que el Señor me mostró agora, estando yo en aquel lugar, que es voluntad de Dios. Es que vi estar de hinojos al señor Sant Juan evangelista, e a sant Lázaro, el que resuçitó Nuestro Señor, e a sancta María Magdalena, e a sancta Marta, e a sancta Marzela, delante la Divina Magestad, a los quales tiene otorgado un privilegio: que por este tiempo de la Semana Sancta puedan yr a Purgatorio con su poder a sacar ánimas de Purgatorio, las que fuesen su sancta voluntad. Y quando yo las vi de hinojos, dezíanle que les diese liçençia que querían yr a Purgatorio, y su poderosa bendiçión. E respondió el Señor, diziendo: ‘Yd en buen ora, mis amigos, y sacad las que pudiéredes e yo quisiere. Pues vosotras, quando yo estava en la Tierra, me hospedastis e acompañastis, yo hospedaré e resçiviré por amor de vosotros a las ánimas que sacáredes por estos tiempos, para siempre jamás, en mi sancto reyno’.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
”Y los sanctos le dieron muchas graçias, y suplicaron a su preçiosa madre, que a su lado estava, quisiese yr con ellos, la qual se volvió hazia Nuestro Señor Dios, y le dixo: “Hijo mío muy amado, estas sanctas benditas me ruegan vaya con ellos a Purgatorio. Si me dáys, hijo mío, liçençia, yré de buena voluntad”. Y Nuestro Señor le respondió: “Madre mía, si vos queréys, yd en buena ora, que ellos ganarán en llamaros, que solos vuestros mereçimientos son bastantes para robar todo el Purgatorio y traerle con vos a los Çielos”. Y luego la muy poderosa Reyna del Çielo, puesta en muy grande trono, y estos gloriosos sanctos con ella, y muchos millares de ángeles de la hierarchía elegida para su poderosa guarda, y mandó llevar muchas trompetas e atabales, e otros muchos ynstrumentos de dulze melodía. Y ansí desçendieron al lugar del Purgatorio, y dende camnino pasaron por donde yo estava.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
”Y díxome la muy piadosa madre de Dios, mirándome con sus ojos de misericordia: ‘Anda acá, amiga, vete con [fol. 106v] nosotros’. E yo holgué mucho de oýrlo, y tomándome de la mano mi sancto ángel, fuymos todos. Y a la entrada de Purgatorio, mandó su Real Magestad tocar todos los ynstrumentos, lo qual hera muy admirable cosa de oýr, por que las ánimas sintiesen el socorro que les yba, y se esforçasen con el sonido de las trompetas, y con la melodía de la dulze música se consolasen. Y entrando con este gran poder, los demonios empezaron a aparejarse como de guerra, con muchos tiros y armas, haziendo muy grande ruydo, y poniendo las ánimas en gran cobro, dando muy grandes alaridos. Nuestra Señora mandó empezar la pelea, y que no çesasen de tañer. Y Su Magestad los estava mirando, y los sanctos y sanctas susodichas con ella, y los ángeles de su reguarda, unos tañendo, e otros con espadas muy luçidas peleavan muy reziamente con los demonios. Pareçíame que los ángeles con las espadas partían los demonios por medio, e caýan en el suelo. Y de verlos yo assí caýdos y partidos por medio havía yo muy gran plazer. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
”Y mientras que estos ángeles peleavan con los demonios, otros ángeles yban a los lugares donde estavan penando las ánimas, y traýan muchos brazados dellas, y poníanlas delante de Nuestra Señora, y volvían por más. Y otras venían huyendo adonde estava Nuestra Señora, y ellas las resçivía con ymmensa caridad, hablándoles palabra con mucho amor, y caridad y piedad. Y ansí llegaron alrededor de Nuestra Señora trezientas mill ánimas. Y conoçiendo la Reyna del Çielo que hera cumplida la voluntad de Dios para no salir ya más ánimas por entonzes, mandó çesar la pelea, y a los sanctos ángeles que tomasen las ánimas. Y ansí salimos del lugar del Purgatorio con muy grande alegría. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
”Nuestra Señora mandó venir ante sí los ángeles guardadores de aquellas ánimas, e dixo a los ángeles: ‘Benditos, tomad cada uno de vosotros el ánima de estas que tuvistes a cargo y levaldas a Jerusalem, y tenedlas esta Semana Sancta en aquellos preçiosos lugares. Y las que estuvieren para yr al Çielo, yo terné cyudado dellas que no estuvieren. Para ello, llévamelas a Paraýso terrenal, que, con los méritos de la Passión de mi preçioso hijo, y mis ruegos e los de estos benditos sanctos que conmigo están, ellas subirán al Çielo para la asçensión del poderoso Dios’. Y Nuestra Señora, con toda su hueste, se subieron a los Çielos, e las ánimas lleváranlas los sanctos ángeles a Jerusalem, e a mí, peccadora, tornáronme a este cuerpo apadesçido dolores por mis peccados”. [fol. 107r]&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Capítulo XXII'''&lt;br /&gt;
'''De una revelaçión que esta bienabenturada vido estando enferma'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Estando esta bienabenturada en su cama enferma de calenturas de más de todas las enfermedades que tenía, vino a ella el padre nuestro, el glorioso sant Françisco, muy glorioso y acompañado de muchos sanctos bienabenturados. E saludola y convidola, diziéndole que se fuese con él al Paraýso, si pudiese y tiene esfuerzo para ello; y si no podía, por su mucha enfermedad, se tuviese en su cama, la qual le havía dado el Señor por nido como a páxara o gallina que está empollando sus huebos, por que dellos nazcan páxaron vivos o pollicos, de dolores salidos de los sus huebos, los quales se crían pasçiendo en las yerbas buenas. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y diziéndole esto, le hechó con sus benditas manos en la cama tres dozenas de huevos, unos tan grandes como de abestruz, e otros medianos, e otros más pequiñitos, los quales huevos heran muy blancos, y claros y limpios, que pareçían de nácar o aljófar. Y la sancta virgen les resçivió de muy buena voluntad, y la bendiçión que el glorioso sant Françisco le dio, e le rogó por toda su orden de frayles e monjes, en espeçial por sus hermanas y compañeras, le diese su bendición. Y bendiciendo a las religiosas, despidiose el glorioso padre, y la bienabenturada, en el despedimiento, besole sus sanctos pies, y él a ella en la caveça, diziendo: “Quiero yo besas los dolores de mi Señor Jesuchristo en ti, ''filia mea'', por su misericordia transformados”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Dixo esta bienabenturada que le dio a entender el glorioso sant Françisco que los pajaritos vivos, y las pollitas de colores salidas de los huevos que se crían pasçiendo en los buenas yervas, eran las ánimas que, mediante la Passión de Nuestro Señor Dios y los dolores que ella padesçía, heran ayudadas y remediadas. Y los huevos que le dio eran las ánimas que le traýa por la voluntad de Dios, para ser ayudadas della, de personas que viviendo en los cuerpos havían sido devotas del glorioso sant Françisco. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Rogando esta bienabenturada al Señor por unas ánimas, y muy en espeçial por una, por la qual le encomendaron travajase de saber el estado en que estava, y perseverando en su coraçón, suplicava a la Magestad Divina le quisiese mostrar el estado de aquella ánima o ánimas por quien suplicava, las quales ella conoçía viviendo las tales personas en la carne. Y continuando en su demanda, fue Nuestro Señor servido que, estando ella elevada, la llevase su sancto ángel a un lugar de Purgatorio muy terrible y espantoso, en el qual lugar vido y conoçió las ánimas por [fol. 107v] quien suplicava, las quales estavan en muy terrible y espantosas penas, entre las quales ánimas conoçió una de un hombre ella muchas veçes havía visto e hablado, la qual ánima tenía los demonios atada de los pies, y la despedaçavan con artillería de muchas maneras de tormentos e armas que tenían con que atormentavan las ánimas, con las quales armas le despedazaban todos sus miembros uno por uno, y le haçían taxadas menudas como sal. Y en cada pedazo de aquellos, estava bullendo el ánima como si en cada pedazo estuviera entera. Assí gemía, y llorava, y gritava. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y la sancta virgen, muy admirada de ver ansí aquella ánima tan despedazada, y que todos los pedazos gemían y gritaban, dixo a su sancto ángel: “Señor, muy maravillada estoy de ver cómo un ánima pereze en muchas, porque en cada pedazo pareze estar un ánima, y en él llora, como quando estava en el vigor del padesçer entera antes que la partiesen”. Respondió el sancto ángel: “No te maravilles de oýr gemir y llorar cada taxada por sí, que como el ánima es hecha a semejanza de Dios, en el qual está todo entero en Su Magestad, aunque está en muchos pedazos de hostias en todo el mundo, en todos los pedazos está entero; assí el ánima está enteramente dondequier que está su presençia y potençia y sentimiento. Y como en cada pedazo de estos están estas tres cosas, presençia y potençia y sentimiento, por chico que sea el pedazo, tiene sentimiento de entera ánima”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y estando en esta plática, vino un gran dragón muy espantable, que con sus crueles manos e uñas la agarró, y todos los pedazos y migajas, los quales bullen todos como gusanos, con mucha rabia y crueldad, los apretó y trujó, y se los comía. Y teniéndolos assí en la boca, mazcando reçiamente, se tornava entera aquella ánima, como antes estava, y el cruel dragón la hechava fuera de la boca algo della. Y otros muy espantosos dragones se la yban a tomar, y todos asían de aquella triste ánima, unas de una parte y otras de otra, hasta que la tornavan a despedazar muy crudamente, y tragaban y mazcaban della, y después la vi entera como de primero. Y venían otros demonios, como negros como hollín, y muy crueles, y tomábanla. Poníanla en tormento de bergas de yerro, a manera de sogas, y liábanla toda, y apretávanla tanto que le hazían sobrepujar el vulto entre soga y soga un palmo [fol. 108r] más, y apretaban tanto que la partían y cortaban como con sierra. Y de que los unos estavan cansados de atormentar aquella triste ánima, tomávanla otros. Y ella dava tan espantosos gritos y gemidos que no se podrían dezir, y se maldecía, y no la valía nadie, y se desesperava, y no la aprovechava ni la consolava nadie, ni sus penas çesaban, ni se le aliviaban, sino de esta manera susodicha, y muy más cruelmente hera contino atormentada aquella triste ánima hasta que se cumplió la voluntad de Dios de sacarla dellas.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Héranle mostradas muchas vezes a esta bienabenturada penas de Purgatorio por su sancto ángel, porque yendo él a visitar las ánimas y llevarles refeçción, la llevava consigo, en espeçial los lunes. Y le mostrava en Purgatorio los lugares muy tristes y escuros, y feos y muy espantables, en los quales vía padesçer las ánimas de muchas maneras, y cómo los demonios les demandavan los peccados que hizieron. Y las penas que les davan por ellos a las ánimas que havían peccado en el peccado de la soberbia, por quantas vezes cayeron en este peccado, aunque le havían confesado viviendo en la carne, si no tuvieron gran contriçión no se escusa de pagado en Purgatorio, porque la contriçión destruye el peccado; empero, si no ay grande arrepentimiento, por fuerças á de estar la tal ánima siete años en penas, por cada vez que cae en este peccado de la soberbia, la caveça ayuso colgada de los pies, dándole muy reçios tormentos y diziéndole muchos vituperios e ynjurias y menospreçios los demonios. Y ansimismo por cada peccado le dan pena de su manera. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Por el peccado de la avariçia, dan muy crueles y fuertes penas. Y están las ánimas que las padezen desnudas algunas dellas, y otras bestidas de tristes y muy amargas vestiduras, rotas y agujereadas. Y por los agujeros salen llamas de fuego y muy grande fedor, e muchos gusanos mordedores con dos bocas, y con ambas duermen y bullen, e yerben tantos dellos que no caven en la estatura o bulto del ánima del hombre o muger que los tiene. Y de esta manera padesçen allí dentro de sí mismos tantas penas que no se podría dezir. E más son las penas y tormentos que dentro de sí tienen y padesçen, las que los demonios les dan por cada uno de sus miembros. Padezen pena según pecó e se deleytó y offendió con ellos a su criador. Assí, hombres como mugeres [fol. 108v] son muy atormentados en las partes vergonçosas, que las tienen muy hinchadas, y de parte de dentro llenas de gusanos mordedores: yeren mucho aquellas partes y todos los otros miembros del cuerpo, porque también con ellos offendieron a Dios. Las tales ánimas dan muchos gritos y voçes, diziendo: “¡Ay, ay de nosotras, que tuvimos tiempo de servir a Dios, y no lo hicimos! Y ahora somos tristes y atormentadas, e no nos vale contriçión e arrepentimiento. ¡Ay, dolor de nosotras, quánto mejor fuera no hazer peccados que hazer por ellos penitençia después de la muerte! ¡O, quién huviera hecho penitençia entera en su vida! Çierto más nos valiera que no padesçer tan crueles tormentos y penas como padesçemos”. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
E rogando esta bienaventurada a Dios por un ánima, de la qual deseava saver en qué estado estava, y preguntándolo a su sancto ángel, respondiole diziendo: “Criatura de Dios, no se puede hazer aora eso que pides de mostrarte esa ánima por quien ruegas, que no es voluntad de Dios lo sepas por agora. Yo no te bedo que ruegues por ella, ni tanpoco te digo lo hagas. Haz según quisieres, que la oraçión perfeta nunca es perdida en la presençia de la Divina Magestad”. De la qual respuesta se angustió mucho, porque no pudo conoçer por ella el estado de aquel ánima. Mas por eso, no çesó de suplicar a Nuestro Señor por ella, y offrecelle los dolores que ella padecía, y pedir otros mayores para el medio de la dicha ánima. Y no osando preguntar más a su sancto ángel por ella, pasó algún tiempo. Esta ánima havía sido persona valerosa, viviendo en la carne, y tenía mandos sobre otras personas, con las quales hizo algunas cosas con passión y no con justicia, ny caridad, ni çelo de la honra de Dios. Hera persona eclesiástica, la qual vino a esta bienabenturada una noche, estando ella en su çelda y çiertas religiosas que la acompañavan. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y fue en esta manera: que primero que la viese, oyó muy gran ruydo y espantosos estruendos, en muy gran cantidad. Y estando la sancta virgen muy espantada de oýr tales cosas, a deshora vido entrar por la çelda un hombre muy espantable y grande, y los pies y manos heran muy terribles y feos, y el gesto como de león muy feroz, y los ojos muy espantosos y encarniçados, y en la boca traýa unos gruesos garrotes, y traýa por bestidura un sayuelo como de sayal muy [fol. 109r] corto, que no le llegava más de hasta la çintura y las partes vergonçosas de fuera. Y a esta causa venía más espantosso y feo que si viniera en otra figura. Andava con pies y manos, a manera de bestia, y traýa sobre sí muchos demonios, y todos los agravios y sinrazones que havía hecho en su vida a las personas que tenía a cargo, las quales offendieron a Dios a su causa. Y las que heran difuntas, traýalas sobre sí, penando por los peccados que a su causa havían hecho. Y esta ánima padezía juntamente con ellas las ocasiones que les havía dado. Y las que heran vivas, traýan sus figuras con las mismas penas que las otras traýan. Y traýa todas las ánimas que por su consejo havían offendido a Dios y hecho agravio a sus próximos, de manera que traýa sobre sí ynnumerables penas y tormentos. Y los demonios le dezían muchos vituperios, pregonando todos sus yerros y peccados para más atormentarle, y luego allegavan y desquixábanle la boca en tal manera que le partían por medio hasta los pies, diziendo: “Quien tal haze, que tal pague”. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y conoçiendo la bienabenturada aquella ánima ser la por quien ella mucho rogava a Dios, deseava oýrla hablar alguna palabra, por conoçer si estava salva, porque la veýa tan espantable y tan grandes penas que no podía conoçer si lo hera. Y viéndola çerca de sí, mirola con muy grande compasión. Y el ánima miró a la sancta virgen con ojos muy espantables, y bramava como toro hazia ella; y lo mesmo hazía quando le davan los palos, porque no tenía lengua para poderse quejar ni hablar, sino hera bramar como animalía. Y quitáronle los garrotes de la boca, y pusiéronle una voçina, por la qual salía muy espantosa voz, que dezía: “Esta, esta es de mi herençia”. Y sonava a manera de trompeta muy espantable. Y no pudiendo conoçer si aquella ánima hera salva, quedó muy angustiada. Y quando vido a su sancto ángel, contole [fol. 109v] cómo havía visto aquella ánima, y que no havía podido entender por qué causa havía sonado por bozina: “Esta es de mi herenzia”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Respondiole el sancto ángel, diziendo: “Algunas vezes permite Dios que las mesmas ánimas que padezen, y los demonios que las atormentan, manifiesten la justiçia de Dios. E dezir esa ánima que la vozina o trompeta que le pusieron en la boca hera de su herençia, díxolo porque con el sonido de su voz, y palabra de su lengua, hizo muchas offensas a Dios, y con sus mandamientos y consejos agravió a sus próximos. Y llamar herençia a las graves penas que con sus malas obras merezió, eso, aunque no quisiese, se lo haría dezir la justiçia de Dios”. La sancta virgen le preguntó: “Señor, ¿es salva esta ánima de quien hablamos?”. El sancto ángel le respondió: “Ya te he dicho no me lo preguntes, que Dios te lo alumbrará quando Él sea servido”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y por entonçes no le ymportunó más la bienabenturada. Pero, continuando en su oraçión, suplicava a Nuestro Señor, su Divina Magestad se acordase de alguna buena obra que aquella ánima huviese hecho en su servicio, o de sus sanctos, que ella savía havía hecho estando en el mundo aquella persona una buena obra: y hera que havía hecho pintar una ymagen de un sancto muy preçioso, y le hera mucho devoto; y más, que le havía oýdo algunas palabras devotas en loor de su Divina Magestad. Y sobre todo esto que aquella ánima havía hecho, y los dolores que ella padesçía, lo qual todo hera poco, ponía los méritos de su sagrada Passión y los de su preçiosa Madre, y de todos los sanctos y sanctas de la corte del Çielo, y durándole algunos días haçer esta suplicaçión a Nuestro Señor, ynvocaba a otros muchos sanctos, para que la ayudasen a rrogar a su Divina Magestad por aquella ánima, a la qual vido una noche estando en su çelda. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y primero que la viese, oyó [fol. 110r] unos grandes bramidos, como de toro, y escuchándolos, vido entrar un toro muy feroz, grande y fuerte para ella. Y alzando la sancta virgen los ojos a mirarle, vídole entre los cuernos una ymagen, y tras la mesma ymagen, vido un bulto como un ánima, la qual la dixo: “Conóçesme, yo soy fulano, por quien tú mucho ruegas. Doy muchas graçias a Dios e a ti. Por tus ruegos se me an hecho muchas virtudes, y me dieron esta sancta ymagen para mi consuelo y defendimiento, que es por la que yo hize pintar aquel sancto mi devoto, el qual mucho me a ayudado”. La bienabenturada le dixo: “Mucho me he consolado, ánima, en te haver visto, porque he deseado mucho saver si fueres salva, que la otra vez que te vi no lo pude determinar, tan atormentada vienes”. Respondió el ánima: “Tan grandes an sido mis penas y tormentos, y son, que no puedo enteramente conoçer si soy salva, aunque algunas cosas he visto para creerlo, porque traygo tan grande desconsolaçión y penas de muchas maneras que no me da lugar a tener esperanza de mi salvaçión. Que aunque los demonios no me atormentasen, este buey en que yo ando metido trae tanto fuego y frío, quando Dios quiere, y hedores, y hambre y sed atormentable, que me bastaría, aunque por esto no me dexan ellos de dar crueles tormentos”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
E otras muchas cosas secretas le dixo de su conçiençia, y le pidió perdón de las cosas que en su perjuyzio havía hecho. Y le dixo le havía aprovechado la devoçión que en algún tiempo le havía tenido, conoçiendo la graçia de Dios que en ella morava. Y assí desapareçió. Y de aý adelante, vido muchas vezes esta ánima en su çelda, y en Purgatorio, y la hablava, y la veýa yr mejorando por la misericordia de Dios. [fol. 110v]&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Capítulo XXIII'''&lt;br /&gt;
'''De cómo esta bienabenturada vido a Nuestra Señora y a su preçioso hijo Niño Jesuchristo en spíritu, día de la Epifanía'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Tornando esta sancta virgen en sus sentdidos, la qual havía estado por todo el día y fiesta de los Sanctos Reyes arrobada, fueron todas las religiosas ha verla por se consolar con ella, que la amava mucho, y dixéronle que les diese aguinaldo spiritual, diziéndoles alguna cosa de lo que havía visto en su elevaçión. Respondioles, diziendo: “Ya savéys, señoras, que muchas vezes os he dicho que las cosas spirituales y revelaçiones çelestiales no se pueden esplicar ni dezir por lengua humana, y a esta causa muchas vezes çeso de deziros lo que me rogáys que os diga. Mas por vuestra consolaçión, deziros he algo de lo que en esta sancta fiesta he visto, mostrándome Nuestro Señor por su misericordia alguna cosa de las grandes fiestas que oy se haçen en el Çielo. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
”Pareçiome vi a Nuestra Señora y Madre de Dios assentada en un estrado de joyas y thesoros de grandes riquezas, y muy resplandeçiente, a manera de quando esperan algún hospedaje de algunos grandes señores. Y estava allí el pesebre del Niño Jhesús, adornado de hermosas joyas, ricas y muy valerosas, y los bestidos del Niño Jhesús, por semejante, muy ricos e luçidos, y muchos ángeles alrededor, cantando cantillanas tan dulçes que solo Dios la podía entender; y yo, su yndigna sierva, entendí algunas, en que deçían:&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
‘Dios de los Dioses,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
señor de las huestes, &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
rey de los reyes,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
aora vendrán los que Tú quieres.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Los reyes te adoran,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
y después dellos muchos te hallarán, &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
no perderás los que te amaron&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
y de coraçón te dessearon’.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
”Estando en estos coloquios, con más gozo que se puede pensar, hizo la Reyna del Çielo señal para silençio, y llamó a mí, su yndigna sierva, que lo estava mirando. Y fuy postrada de hinojos delante las gradas, donde la poderosa Reyna estava, y díxome su Real Magestad: ‘¿Viste cómo mi hijo está aora niño chiquito?’. Respondí: ‘Sí, Señora’. ‘¿Pareçete bien mi hijo?’. Yo le dixe: ‘Sí, Señora’. ‘¿Quiéresle mucho?’. Tornele a dezir: ‘Él, señora, lo save’. Dixo ella: ‘Yo no lo savré’. ‘Pienso sí savrá Vuestra Magestad, y también las faltas más’. [fol. 111r] Y diziendo esto, huve un gran temor y vergüenza acordándome de mis faltas y defetos, viéndome en tan alto lugar no siendo yo digna. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
”Díxome la Reyna del Çielo: ‘No temas, ¿por qué temes? Yo te digo Dios te pone ese temor por que le ayas de mí, que tengo aora sus vezes de juzgar mientras Él está en figura de niño chiquito. E ansí como delante de un alcalde mayor y otra justiçia es devida reverençia e miedo, assí a mí este tiempo del naçimiento de mi hijo, nasçido de mis entrañas enxendrado por Spíritu Sancto, algunas vezes, e todas las que yo quiero, me da auctoridad que juzgue y reprehenda si quisiere a las ánimas vivas, y a los que an salido del mundo, y que mande a los ángeles malos y buenos y los castigue si yo quisiere. Por eso, hija, con raçón temes tú, y aun tus hermanas también, las quales quiero yo que parezcan aquí ante mí’. Y diziendo esto, a deshora pareçieron allí unas ymágines o estatuas, las quales estavan en figura de las mismas personas, e pareçiome conoçía cada una. E la Reyna del Çielo no hablava ante ninguna dellas por entonzes sino a mí, su sierba, diziendo: ‘Dime, hija, los agravios que te an hecho tus hermanas o quejas que tienes dellas’. Yo le respondí: ‘Señora, a mi pensar no me an hecho ningún agravio, ni tengo ninguna queja, ni raçón para ello’. Y dixo la Reyna y Señora Nuestra: ‘Todas se aparten allá y quede aquí sola una contigo’. Y apartadas, dixo: ‘De esta, ¿qué quexa tienes?’. Respondí como de primero, no tenía ninguna. Y mandó se apartase aquella, y viniese otra. Y vino luego, y preguntome qué quexa tenía de aquella. Por semejante, respondí que ninguna tenía. Y assí vinieron todas, una a una, y me preguntó la Señora las palabras ya dichas de cada una, y respondí como a las primeras, no acusando a ninguna. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
”Entonzes, Nuestra Señora replicó, diziendo: ‘No acuses a ninguna de ninguna cosa, ni de alguna cosa te quexas, pues razón tienes de quexarte, y bien hazes de dexar a Dios la venganza y el juyçio. Y yo te digo que tienes previlegio de Dios todopoderoso y glorioso, hijo mío, que las ánimas que tú bendixeres serán bendeçidas, y las que maldixeres, serán maldezidas. Y tú no tienes condiçión para maldezir, y por eso no maldizirás sino lo que [fol. 111v] Dios quisiere, ni bendizirás sino lo que le pluguiere. Y las que maldixeres, serán maldeçidas. Y las que amaren y apiadaren, serán d’Él amadas e apiadadas; y las que te aborreçieren, ternán juyzio delante d’Él quando tú no las dieres causas justas para odio, porque su maliçia las condenará más que tu culpa. Por eso tú, agora, bendízelas, y no pienses que las bendizes tú sola, que yo contigo las estaré bendiçiendo. Y esta se entiende a las que tuvieren verdadera devoçión e fee, y limpieza de coraçón. Y a mi hijo rogaré por ellas y por ti, que heres llave de mi casa, y tú la tienes dada de parte de mi hijo y mía. Y bien saven tus hermanas la caýda de la primera muger a quien yo me apareçí para fundar esa mi casa, llamada Ynés, en cuyo reparo pedí yo a Dios, mi hijo, a ti, en quien se renovase mi apareçimiento y se descubriese y honrase mejor que antes estava, y tomase comienzo para yr de bien en mejor. Y por tanto, hija, como a segunda fundadora de morada, y en lugar de la primera, reestableçí, como hiço el Spíritu Sancto a sancto Mathía en lugar de Judas, y como Sant Michael en lugar de Luçifer’. Yo dixe a Nuestra Señora: ‘Suplico a vuestra Magestad las bendiga, pues las tiene aquí, y las hable’. Respondiome: ‘Hija, no se dan estos dones y graçias generalmente a todas personas, sino particular a algunas; y pues tú heres una dellas, da graçias a Dios por ello, y no seas yngrata a sus misericordias y benefiçios’.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
”Y luego, mandó a mi sancto ángel me volviese a mis sentidos y naturaleza corporal, y assí no vi la adoraçión de los reyes, ni su venida ni entrada por entonzes, lo qual yo deseava y esperaba, según las señales veýa y las palabras que oýa en las cançiones de los gloriosos ángeles. Muchas veçes en el año he visto a Nuestra Señora venir a visitar a esta sancta casa, de la qual muestra tener espeçial cuydado y deseo. Y su santo apareçimiento se a estimado y venerado, porque no fue una vez sola la que Su Magestad se apareçió en este lugar, mas nueve días arreo, me ha dicho mi sancto ángel, fueron los que se apareçió. Y el primero se empieza, y fue el primero día del mes de marzo hasta el noveno, que es el postrero, y más preçiado, porque en este día puso la cruz por señal, diziendo que quiere que le hiziesen allí su yglesia cada año. En este día, en el qual se çelebra su sancto apareçimiento, la he visto venir a ora de la medianoche en una proçessión muy admirablemente hordenada, solemníssima y enriqueçida, apos- [fol. 112r] tada de muchos resplandores y riquezas de gloria, acompañada de muchedumbre de ángeles y de sanctos y sanctas. Y también vienen con Su Magestad las religiosas difuntas hijas del monasterio, salvas por la misericordia de Dios, y ansimismo vienen todas las ánimas que en vida fueron devotas del sancto apareçimiento de Nuestra Señora, y las ánimas de los bienhechores del monasterio. Y estas ánimas, algunas dellas son libradas de penas, y otras no. Tráelas Nuestra Señora con liçençia de su preçioso hijo para darles descanso en esta su fiesta. Y esta preçiosa proçessión viene al monasterio con muy grandes cánticos, y músicas çelestiales, y ynstrumentos de diversas maneras de melodía. Y antes que entre en la yglesia y casa, da una buelta alrededor, y vendize Nuestra Señora los campos, e tierras y frutas en ellas apareçidas media legua a la redonda del monasterio; y después entra dentro y va al dormitorio, y vendize las religiosas con grande amor, y diçe: &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
‘Esta casa es mía, mía es esta casa, &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
y yo no la tengo olvidada. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Mío es este lugar, &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
yo no le entiendo olvidar;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
y pues no le entiendo olvidar, &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
no quiero dexarle de visitar’. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
’Estad constantes en los travajos y penas presentes y advenideras, que ansí se ganan las coronas, las quales yo tengo en depósito si os contentáys, siervas mías, con mi depósito; si no, dadlas a quien os las guarde. Y guardadlas vosotras, por que déys buena quenta a Dios, mi hijo, el día del juyzio, y merezcáys reynar y goçar con Él para siempre’. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
”E manda algunas vezes a los sanctos ángeles guardadores de las mesmas religiosas les pongan guirnaldas en las cabezas, de rosas blancas e coloradas. Y de estas cosas ellas no ven ni sienten ninguna cosa. Y desde el dormitorio va la sancta proçessión al coro, y allí está hasta que se dizen los maytines. Y ansimismo está Nuestra Señora, con toda la preçiosa compaña en toda la misa y sermón, y bendize los pueblos que vienen en proçessiones a çelebrar su sancto apareçimiento, y a todos los demás; y ruega a su preçioso hijo, estando en el Sancto Sacramento del Altar, por las religiosas que avitan y moran en su casa, e por todos sus devotos, y muy en espeçial por los que allí presentes [fol. 112v] están les otorguen los perdones de su sancta Yglesia. Y dize Nuestra Señora: &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
‘Norabuena venga Dios, trino y uno, &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
verdadero hombre çelestial, &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
a estar con el sancto Sacramento del Altar. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y en él la corte çelestial &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
vendiga Dios a la compaña humanal. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Yo soy la bienabenturada Madre de Dios &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
y vosotras, bienabenturadas hijas mías’.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
”Y quando se quieren yr las proçesiones despidiéndose del altar, alça Nuestra Señora su preçiosa mano, y santigua los pueblos, dándoles su sancta bendiçión. E luego desapareze, y toda la compaña celestial, e a mí tórname mi sancto ángel en mis sentidos corporales. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
”Y quando estas cosas veo y oygo que este día Nuestra Señora dize y haze, ando en la proçesión que viene con Su Magestad. Y quando no estoy elevada quando viene a visitar su yglesia y casa, plaze a Dios que lo vea estando en mis sentidos, y que a la despedida me lleve consigo, aunque no lo merezco. Son tantos los perdones e graçias que Nuestra Señora tiene alcançadas del poderoso Dios, hijo suyo, para esta santa Yglesia donde ella se apareció que, si las gentes lo supiesen, vendrían de muchas partes de rodillas, por ganar tanto bien para sus ánimas. Que como Nuestra Señora se apareçió aquí, con tan gran desseo y caridad que las ánimas se aprovechasen, pedía una muy sublimada virtud a su preçioso hijo: y es le otorgase tantos perdones en esta su sancta yglesia como hebras de yerbas y de cosas de flores e ojas estuvieren nasçidas en la tierra media legua alrededor del lugar donde ella yncó la cruz con sus preçiosas manos. Y Nuestro Señor Jesuchristo, hijo suyo, se lo otorgó, y esto dende que se edificó esta sancta yglesia y casa.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
”Y más me a dicho mi sancto ángel: que están conçedidas en esta iglesia, sin ninguna condición, los perdones de Sancta María de los Ángeles. En Assís, entiéndese, aunque no vengan confesados ni rezen cosa señalada, sino viniendo con devoçión a visitarla. Ansimesmo, me dixo que quien rezare nueve Avemarías, o nueve hymnos, o otras qualesquier oraçiones de Nuestra Señora, en tal que no sean menos de nueve offreçidas a los nueve apareçimientos que se apareçió a Ynés, ganará muchas graçias y le [fol. 113r] será otorgada la petiçión que justamente pidiere a Dios. Esto en qualquier día del año que lo rezaren. Y muy más lo ganaran rezándolo los propios días, que es el primo día del mes de marzo hasta el noveno del mesmo mes, todos nueve arreo, y quien hiziere dezir nueve misas a Nuestra Señora, en reverençia de estos apareçimientos, será socorrida en su tribulaçión y aprovechará mucho a los difuntos. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
”La manera en que se mostrava Su Magestad cada día de estos apareçimientos: fue el primero de pequeñito bulto, como quando fue conçepta; el segundo, como quando hera niña reçién nasçida; el terçero, como de tres años, que la offreçieron al templo; el quarto, como de la hedad que fue a visitar a sancta Iasabel; el sesto, como quando parió al Hijo de Dios −en este día, quien rezare, es bien tenga memoria de la fiesta dela−; el séptimo, como quando le presentó en el templo; el octavo, como quando fue uyendo a Egipto −en este día, quien rezare, tenga memoria del la fiesta de Nuestra Señora de las Nieves−; el noveno y último, como quando estava al pie de la cruz, y a este misterio sirvió la sancta cruz, y quien rezare, tenga memoria de su muy gloriosa asumpçión, porque estos sanctos apareçimientos hizo Nuestra Señora con memoria de sus nueve fiestas”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Capítulo XXIV'''&lt;br /&gt;
'''De la ayuda que sentían las personas ausentes de esta sancta virgen viviendo ella en la carne'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Permitía Nuestro Señor, por la virtud y sanctidad de esta bienabenturada, que las personas que le heran muy devotas y se le encomendavan en su ausençia a ella y a su sancto ángel, fuesen rogadores ante la Magestad Divina, la viesen algunas vezes en su tribulación; en espeçial algunas religiosas estando en sus monasterios, no haviéndola visto en su vida, mas del conoçimiento que tenían de su sanctidad, por la qual la comunicavan espiritualmente por cartas, encomendándose a su sancto ángel. E a ella le pareçía la vían delante de sí, y en ese ynstante se les desa- [fol. 113v] pareçía, y dezían la figura de su gesto y cuerpo, las quales señas serán verdad assí como lo dezían. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Acaesçió que enfermó una gran señora en el palaçio del emperador, estando la corte en Madrid, que se llamava Doña Ana Manrique, la qual tenía gran devoçión y crédito con las graçias que conoçía que Dios havía puesto en esta bienabenturada, a causa la amava mucho, e la tenía por su madre espiritual, y se comunicava con ella assí con cartas como por visitaçión con su propia persona. Y estando enferma de un peligroso dolor de costado, hizo ella luego mensagero a esta sancta virgen, diziendo quán mala estava, de las quales nuevas la bienaventurada se compadesçió, y con entero cuydado rogó por su salud. Y llegada esta señora al punto de morir, resçividos los sacramentos de la sancta Madre Yglesia, teniéndola ya por muerta, plugo a Dios por su misericordia y ruegos de esta sancta virgen dalle mexoría. Y de que estuvo algo aliviada de su enfermedad, embió mensajero con carta a esta sancta virgen, que por madre tenía, diziendo por su letra que estava mejor de su enfermedad, lo qual creýa y savía también como ella, que la havía ydo ha ver en espíritu y la havía dado salud con el poder de Dios; y esto no le negase, pues savía dezía verdad, que la havía visto y conoçido el día seteno de su dolor de costado. Haviendo resçivido la sancta unçión, desauçiada de los físicos, estando muy congojada haçia la noche, ençendida ya candela, assentada en la cama, le pareçió por la delantera de la cama haverla visto, con su ábito y escapulario e tocas, subir sobre su cama, pasando por ençima de su persona, y la tomó por las espaldas, y la apretó en espeçial en el lado, donde tenía el dolor; y con gran plazer, havía dicho ante todos, lo más alto que pudo: “Havéys visto a mi madre Juana de la Cruz, verdaderamente ella es, que yo he sentido me a tocado por las espaldas, y súpitamente se me a quitado el dolor. Y desde aquella hora estoy mejor, y puedo comer, y voy cobrando salud. A Nuestro Señor muchas graçias por ello. Y vos, madre mía, no me neguéys esta verdad que digo y por tal la tengo pública”. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y la bienabenturada se maravilló de lo que esta señora le scrivía, y dixo no creyese en tal cosa [fol. 114r] como aquella. Y enportunada de las religiosas les dixese cómo havía sido, pues en la corte estava público, respondioles: “No penséys, amigas, salió de mí esta caridad de yr a ver aquella señora, sino de mi sancto ángel, porque estándole yo suplicando rogase a Dios por su salud, dixo: ‘Bien será que la vamos a ver, pues es tan tu devota, y está agora en tan estrema necçessidad, que para el tiempo de las neçessidades es el socorro de las buenas amigas’. Y assí fuymos a verla. Y quería anocheçer quando fuymos, que en su cámara ya tenían ençendidas candelas, y mandome mi sancto ángel subiese sobre su cama y la tomase por las espaldas, y la sanctiguase en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Spíritu sancto, y también la sanctiguó mi sancto ángel. Y si ella sanó, fue porque ella sanctiguó. Y estoy maravillada permitir Nuestro Señor me viese ella a mí, y no a mi sancto ángel, que yo creýdo tenía no me havía visto. Ya que veníamos de ver a esa señora, mostrome en la misma villa de Madrid un hombre que estava espirando. Y en acabando de espirar, vi cómo vinieron los clérigos con la sancta cruz, y entraron en la casa del difunto a encomendarle el cuerpo. Y yo pregunté a mi sancto ángel quién hera aquella persona difunta. Respondiome: ‘Persona es que te pesará arto dello’. E no me dixo más. Y tornando yo en mis sentidos, conoçí era nuestro devoto Gonçalo de Durango, y por eso dixe entonçes hera difunto”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Estando una religiosa en pasamiento, la qual hera del monasterio y compañía de esta bienabenturada y havíanla sacado a fundar otra casa y murió allá; y estando ya çerca del fin de su vida, tenía muy gran desseo de ver a esta bienabenturada, porque la amava mucho, por la graçia de Dios que morava en ella. Y estando con este desseo, dixo como a manera de alegría: “Ela, ela allí, a mi madre Juana de la Cruz”. Y diziéndole que no lo creyese, que antojo hera, respondió: “Por çierto no se me antoja, que muy bien la conozco, y conozco ser verdad en lo mucho que mi ánima se a consolado con su vista”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Acaesçió por el mes de julio que, estando al torno el padre confesor del monasterio donde morava esta bienabenturada, vino por el campo un carnero dañado de rabia, [fol. 114v] y entró hasta donde él estava, y con mucha ansia le hirió con los cuernos, hechándole mucho bafo y espumajos. Y como estava solo, no se podía defender d’él. E ydo el carnero huyendo, que no pudo pareçer más, el padre, por entonçes, no hizo caso de lo que havía pasado. Y estando después assentado a la mesa para comer, vínole un gran temblor y miedo de la rabia que traýa el carnero, y desmayósele el coraçón. Y assí le llevaron a la cama, muy fatigado. Y saviendo la sancta virgen en la dispusiçión del padre y la causa de que le havía venido, pesole mucho, y embiole a dezir que se esforçase, que no sería nada, que ella ternía cuydado de rogar por su salud; el qual se consoló con estas palabras, y dixo, lo que le huviesen de dar de comer lo llevasen a esta bienabenturada y lo santiguase. Y assí lo hizieron quatro o çinco días, y él siempre yba empeorando, hasta tanto que confesó, pensando que se havía de morir, y ella siempre le dava esperança de salud, teniendo cuydado de rogar a Dios por él. Y assí fue como ella dezía: estuvo bueno. Y recobrada la salud el padre confesor, dixo la sancta virgen: “Dios alumbró al padre de embiar a que sanctiguase yo lo que él havía de comer, que el Señor, por su misericordia, me a dado graçia sera compañera con sancta Quiteria para el mal de rabia”. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Una religiosa tenía un zaratán en el pecho, tan grande como el puño, muy peligroso. Y esta bienabenturada rogó mucho a Dios y a su bendita Madre por ella, y al cabo de un mes, se halló sana como si nunca le huviera tenido, lo qual se tuvo por milagro. Y a otra religiosa se le hizo una muy mala, nasçida en el brazo. Y abriéndosele un phísico para sacársela, ya que hera sacada y la llaga yba çerrando, la qual no estava sana, porque le havía caýdo fuego de sant Marzal en la llaga, lo qual el físico que la curava no havía conoçido, ni otra ninguna persona lo savía, sino esta bienabenturada, que rogando por esta enferma a su sancto ángel, le dixo él: “Más mal tiene, ¿qué piensas tú? Ruegas solamente por la llaga, y ale caýdo en ella fuego de sant Marzal, y es tan reçio, que si Dios no lo sana por milagro, morirá en treynta días”. Y oyendo esto la sancta virgen, se angustió mucho. A algunas religiosas del monasterio, y en el braço de la enferma, pareçía tener aquel mal, porque se le haçían empollas ençima de la señal de la llaga. Y esta [fol. 115r] bienabenturada, rogando mucho por ella a su sancto ángel e a otros sanctos de la corte çelestial, que rogó la ayudasen a rogar a Nuestro Señor, Su Magestad sanase la tal persona de tan cruel enfermedad, plugo a su divinal clemençia oýr los ruegos de esta sancta virgen, por los quales fue librada la enferma de aquella enfermedad.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Otra religiosa tenía muy malas las ençías de la boca y gran dolor en las raýzes de los dientes y muelas. E fue muy angustiada a esta bienaventurada, la qual savía mejor su enfermedad que ella, que la tiene. Y en viéndola, le dixo: “Ven acá, amiga, ¿cómo nunca me havéys dicho que estáys mala de la boca? Arta pena tengo yo dello, e rogado por vos a mi sancto ángel, y él también ruega a Dios por vos os dé salud”. La religiosa, agradeçiéndole el cuydado que de su salud que tenía, diole quenta de su mal, y rogole la sanctiguase y mandase hazerle alguna mediçina, que ella tenía esperanza en Nuestro Señor que por sus ruegos sería sana. La sancta virgen le respondió: “Ya es algo tarde para curaros, porque os a caýdo cançer en las enzías y raýzes de los dientes. Mas no os entristezcáys, que poderoso es Dios para daros salud, y vuestra fee, devoçión lo mereçiera”. Y mandole haçer una muy liviana cosa, y en muy breves días cobró muy entera salud.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Otra religiosa tuvo muy gran dolor de una espalda e lado por çiertos meses, y le dava muy grande pena. Y mexorando de este dolor, entró en el offiçio de la coçina, y con el trabajo, tornole el dolor muy más reçio, y con tan grande ardor que pareçía se le quemava el lado y, con ello, muy gran dolor de caveça, en manera que con mucho trabajo hizo aquel día el offiçio de la coçina. Y de que huvieron comido las monjas, fuese a la çelda de esta bienabenturada, e díxole quán mala yba. Y haviendo mucha compasión della, [fol. 115v] preguntole si havía comido. Respondiole la religiosa: “No, no he comido, que los dolores no me dexan”. La sancta virgen le mandó, con mucha caridad, que se asentase a par de su cama y hechase la caveça ençima, y travajase por dormirse. La religiosa lo hizo ansí, y de que despertó, vido que estava elevada la bienabenturada, y hallose ansí sin ningún dolor en el lado e caveza, e con tan buena dispusiçión y salud que fue muy alegre a hazer el trabajo de la coçina.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Yendo otra religiosa cargada, llevando çierta cosa, cayó entre unas piedras y desconçertose un hombro muy malamente. Y doliéndole mucho, fuese a esta bienabenturada y díxole cómo se le havía desconçertado un hombro y no podía menear el braço del gran dolor que tenía en él. Díxole la sancta virgen: “Amiga, traygan quien os le adobe”. Y no quiriendo la religiosa que viniese ninguna persona, respondió, diziendo: “Solamente quiero le sanctigue ella el hombro, y le tocase en él con sus manos”. La bienabenturada le dixo: “Por cumplir con vuestra devoçión, yo lo haré, aunque sea con trabajo mío”. Y llegándose la religiosa a ella, descubrió el hombro: tocola en él con sus manos muy tullidas dos o tres veçes, nombrando el nombre de Jesús; díxole: “Tened esperanza en este sancto nombre que aquí havemos nombrado, que sanar es en su virtud”. Y assí fue, que luego otro día pudo mandar el braço sin ningún dolor ni lisión. Y de esta manera y de otras muchas hizo Dios, por esta sancta virgen, muchos milagros.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Capítulo XXV'''&lt;br /&gt;
'''De una pregunta que esta bienabenturada hizo a su sancto ángel tocante a los ángeles'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Estando elevada esta sancta virgen, hizo una pregunta a su sancto ángel, diziendo: “Señor, ¿cómo quedastis vosotros los ángeles [fol. 116r] tan hermosos, poseyendo cada uno la bienabenturanza de no poder peccar, y el claro resplandor y fineza de colores que, a mi parezer, en espaçio de çierra ojo e abre se mudan y difieren los colores en diversas maneras, que se admira el entendimiento y transforma sin saverse entender? ¿Y cómo los demonios infernales, espíritus malignos, quedaron tan abominables y feos, y suçios e hidiondos y peccadores, los quales ellos, dañados, procuran dañar a todo el mundo y humanal linaje”. Respondió el sancto ángel, diziendo: “Cosas son esas que para te las declarar hera menester mucho espaçio, y tú alcanzar alto entendimiento. Porque las cosas que en el Çielo pasaron y se contrataron entre Dios y los ángeles, buenas y malas, antes que cayesen los dañados en el hondón del Infierno y quedasen las buenas, piadosas y justas limpias con su Dios y Criador −el qual entonçes los sanctificó en galardón de no haver consentido con Luçifer en el menospreçio de Dios, criador dellos y de todas las cosas çelestiales e terrenales, e ynfernales−, no se podían scrivir por vía humana, ni bastaría papel ni tinta, ni abría péndola que lo sufriese”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Replicó la bienabenturada, diziendo: “Dígame, señor, siquiera alguna parteçita por me hazer virtud”. Respondió el sancto ángel: “Algo te diré en declaraçión de lo que preguntas. Quando el señor Dios, trino y uno, estava en el abismo de su deydad y magestad yncomprehensible, holgávase en sí mesmo y deleytávase en su muy alta divinidad y hermosura, y grandeza e ynumerable potençia, y contemplando en sí mesmo, y gozándose de su propio conoçimiento, y balor y dinidad, sin tener neçessidad de ninguna criatura çelestial ni terrenal para su servicio; porque Él, a ssí mesmo, con su alto poder se sabe goçar e amar e contemplar, y considerar todo lo que es menester para su alabanza y ensalçamento de honra. Y cada una de las tres personas divinales se holgaban, y se amaban y se querían la una a la otra, y con toda la alteza [fol. 116v] yncomprehensible con el poderoso, y [¿?] conoçimiento que Dios en sí mismo tiene, sin le faltar cosa alguna. Y conçertándose el Padre y el Hijo y el Spíritu Sancto, movidos de misericordia, esta muy alta Trinidad acordó de dar parte de aquellos sus gozos a quien supiese gozar dellas, e usar de justiçia e verdad y bondad. Quiso el poderoso mostrar su potencia, sapiençia y magnifiçençia, largo e yncomprehensible poderío, summa clara y altíssima bondad, justiçia, verdad, piedad, libre alvedrío, discreçión, capaçidad secreta, justo juez comprehendedor y esaminador de las cosas secretas, rico, largo, franco, poderoso en toda virtud y grandeza y saver. Plúgole, primeramente, criar el Paraýso glorioso de su reyno, por arte admiravilíssima. Y esto hizo, como buen Padre codiçioso, que sus hijos hereden [¿en ser?], aunque los enjendre y dessea para ellos muchas riquezas perpetuas sin fin, prosperidad, lindeza, hermosura, proveymiento eterno de todo lo neçessario. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
”Assí Dios, antes que criase los ángeles, crió el Paraýso, real, triunfal, claro, próspero, ancho, luengo, fuerte, bien labrado, más que mill maravillas compuesto, adornado, rico, valeroso, digno de ser deseado a toda criatura çelestial y terrenal, pues crió a nos, los ángeles, por muy alta manera y artifiçio, e sabidos grados y premios, púsonos mandamiento que nos conoçiésemos a nos mesmos, pues nos dio entendimiento, memoria, voluntad, libre alvedrío, discreçión, saber, libertad, juyzio, conoçimiento, raçón para saver distinguir el bien y el mal, y el mal del bien, y disçernir, y mirar, y tantear, y escoger cada uno para sí lo bueno. Y por tanto, nos mandó Dios conoçiésemos a Él y le adorásemos, y obedeciésemos y honrrásemos, pues savíamos hera nuestro Dios y criador, y bienhechor y poderoso, e nosotros y en todas las cosas criadas y por criar, visibles y ynvesibles. Y amonestonos mirásemos nuestra hermosura y claridad, y ansimesmo delas sillas [fol. 117r] y aposentos que nos havía dado, y edifiçios no hechos de mano, criados y hechos por muy alta sçiençia, por la qual conoçiésemos que el sol es Dios, y otro no ay; que Él nos crió, y nosotros no nos criamos, ni podríamos ni savríamos haçer nada; y que le devíamos serviçio, adoraçión, obediençia, reverençia.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
”Y pues assí es, que hera su sancta y perfeta voluntad que nosotros consintiésemos y tuviésemos por bueno de resçivir y que fuese resçivido un hombre de la Tierra o de qualquier parte, calidad, dignidad, ygualdad menor o mayor, qualquier o semejante, verbigraçia, en semejante, según a la Divinina Magestad pluguiese que ninguno, por ninguna vía, ni causa ni raçón contra ello, no fuese ni presumiese de tachar o juzgar o empedir lo que Dios ''[17]'' haçe y quiere haçer. Que justa cosa es los sierbos ayan por bien lo que haçe su señor, en espeçial tal señor como es Dios, y sabidor de todas las cosas, el qual todo que haze es bueno, y save lo que haçe, que es para buen fin. Él, que nunca tuvo fin ni prinçipio ni medio, todo es perpetuo, y sus criaturas perpetuas, las que son para su perpetuo serviçio. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
”Estas cosas dichas, tornó a preguntar el mesmo Dios si héramos contentos aquel dicho hombre entrase en nuestra compañía, el qual hombre él tenía escogido e ungido de sí mesmo para ser nuestro prínçipe y Señor: y esto dezía el Señor Dios por Jesuchristo salvador, cuya sancta encarnaçión fue consentida primeramente en los Çielos y determinada de Dios Padre muchos años primero que en la Tierra fuese hecho, al qual hombre, Verbo encarnado, por entonzes Dios no declaró sus secretos, juyçios, sentençias, maravillas, que entendía hazer salvo. Tornó a preguntar si héramos contentos entrase el dicho hombre en la Yglesia consagrada, triunfante, palaçio real, a señorear, mandar y vedar, al qual Prínçipe havíamos de adorar como al mismo Dios. Y comenzó con gran tronado, sin ser [fol. 117v] vista de nosotros, la Magestad Divina, la qual estava esperando a los que serían dignos de ver a Dios para mostrárseles y santificarlos.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
”Comenzó a dezir: ‘Mi voluntad es que aquel prínçipe que dicho tengo, hombre que á de subir de la Tierra hecho Dios, le adoréys vos y todas las nasçiones: que a su nombre toda rodilla se yncline, ansí de los çelestiales como de los terrenales e infernales’. Esto dicho, luego comenzó Lucifer, que él hera prínçipe mayor en hermosura y valor: ‘No consintáys que entre aquí otro prínçipe ninguno sino yo, que a mí perteneçen estas dignidades y reverençias que Dios manda que hagan a otro. Y vosotros, respondelde que ya tenéys prínçipe, pues tenéys a mí, que yo responderé lo mesmo. Que a mí conviene ser ensalçado y puesto a la diestra de Dios, y no a otro ninguno’. Entonçes híçose tinieblas todo aquel reyno y corte, en que assí los buenos como los malos perdimos la claridad, empero no la sanctidad, en los que la quisieron; que no estávamos en más de ser obedientes a la voluntad de Dios y dezir que les plaçía entrase Jesuchristo o otro hombre qualquier que ordenase la divina potençia. E los que esto diximos, quedamos salvos y dignos de ver a Dios y goçarle para siempre. Luçifer, que estuvo soberbio, con todos los que con él consintieron, cayeron al Infierno, derrivándolos Dios”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Dixo el sancto ángel: “Y tú, sírvele y ámale, e témele. Vive sin offenderle, que no abrás miedo a su yra, pues es piadoso y justíssimo”. Tornando la bienabenturada a preguntar a su sancto ángel: “¿Pues cómo, señor, se le tornó la claridad a los que ansí escuros estavan, según dize vuestra señoría?”. Respondió el sancto ángel, diziendo: “En la hora que el Señor se nos mostró en su esençia y exçelençia, y claridad y hermosura, luego nos vimos todos claros, y a nos mesmos se nos tornó la claridad en viendo la de Dios. Y partiçipose con nosotros, y bendíxonos, y llenonos de la graçia del Spíritu Sancto repar- [fol. 118r] tiendo sus dones, según convenía a nuestra alta capaçidad. Que por ser spíritus çelestiales, héramos muy altos, aunque unos más que otros. Empero, los menores de los ángeles son mayores que los hombres, aunque tienen el premio y señorío grande para en este mundo, y para el otro los que son buenos y cathólicos christianos, los quales gozan en la gloria de Dios con Él mesmo y con los sanctos ángeles. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
”De los demonios te quiero dezir que, luego que acavaron de perseverar en su reveldía y soberbia, los tornó Dios tan disformes y feos y abominables, y suçios y asombradiços como tú saves, si los as visto. Y si los as visto, Dios te libre que no los veas, que la Virgen María, siendo tan sancta sobre toda criatura y teniendo a Dios más contento y agradado que a otra ninguna, temió ver su visión, y le huvo miedo. Y antes que le derrivase el Señor, y le hechase en los Infiernos profundos, le maldixo y le condenó perpetuamente por su peccado y maldad, diziendo: ‘Vete, maldito, por justa maldiçión mía, que no heres digno de mí ni de mi reyno’. Y luego se hizo grande estruendo estando todo en tinieblas, y con fuerte estallido cayeron de súpito más espesos al Infierno que la nieve ni el granizo, ni la lluvia ni el hollín quando apreisa cae y el biento le trae alrededor, no embargando su pesadumbre. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
”Hecho esto y bendiçida esta batalla, mostrósenos el Señor, y descansó y holgó en sí mismo con nosotros, sus siervos, y tornonos a bendezir, y dixo: ‘Adentraos, mis hijos, en las sillas reales del glorioso reyno mío, triunfal y çelestial, que vosotros soys dignos de mý y me perteneçéys, y yo a vosotros’. Entonçes dixeron algunos de los altos serafines: ‘Señor, ¿quién serán señores y se sentarán en estas reales sillas, [fol. 118v] pues quédanse vaçías y los desdichados spíritus que en ellas moravan se perdieron?’. Respondió el Señor, diziendo: ‘No queráys saber los secretos de Dios y tan divinos, que agora no es tiempo de saber. Empero, tiempo verná que se savrá, y será manifiesto a toda criatura divina y humana, la qual se sentará en las reales sillas. Y vosotros lo veréys y gozaréys, y cantaréys de plazer en su ensalçamiento, y honraréys sus entradas e salidas; las entradas son quando merezcan entrar en la gloria, y las salidas son quando las ánimas justas salen de los cuerpos, bultoso y pesadoso, quando salen de penas de Purgatorio y son y serán resçividas en el Çielo con gozo de Dios y de los ángeles, conviene a saver, las buenas ánimas y católicas siquier sean hombres, siquier mugeres”. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Esto platicó el sancto ángel, dando quenta de lo que havía pasado en el Çielo, y añidió, diziendo: “No pienses, amiga de Dios, en mí, encargado para tu guarda, que en dezir lo que he dicho y contado lo medio que pasó, ni la declaraçión de cada cosa tan por estenso, pero el buen enmendimiento deboto y simple, ynoçente de maliçia, sano y salvo y sabio, prudente, justo, piadoso, sobre estas pocas palabras le alumbrará el Señor y le enseñará, más que muchas e arduas scripturas y consejos sanctos. Y mientras más letrado fuere el que esto leyere, más entenderá el çentro dello, porque todo es buena cosa con la sancta fee cathólica, aunque son estas cosas más secretas y de lo alto que Dios no lo a querido revelar tan por estenso hasta agora. Empero, quiero te deçir otra cosa, y es que aun nosotros, los ángeles, no entendíamos todo lo que el Señor nos dezía, porque quando dezía que havía de yr al Çielo la humana criatura y assentarse en las sillas reales, y que nos havíamos de gozar los ángeles sanctos con ellas, no savíamos entender cómo havían de ser hechas las tales cosas, [fol. 119r] ni por qué vía, ni quándo. E ninguno osava preguntar a nuestro Dios, por la mucha reverençia que le teníamos, salvo lo poníamos todo en sus manos y en su sancta voluntad, y que havíamos por bien todo lo que le pluguiese hazer en nosotros y en otras criaturas, pues Él hera, y es y será el criador de todas las cosas, y el governador, y el rey soberaníssimo, y el emperador, y el patriarca y monarca, sancto Padre poderoso spiritual y temporalmente.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
”Y assí es bueno, dixo el sancto ángel, hagan todas las gentes para vivir y entrar en paz con su Dios y recriador, redemptor, salvador, contino hazedor de virtudes, las quales sean conoçidas de sus criaturas, que es mucha razón, pues tienen entendimiento animal, razional, viviente, perdurable, eterna. Que ansí hizimos nosotros, los ángeles: fuymos agradeçidos, reverentes, humildes, prudentes, amorosos de Nuestro Señor Dios, serbiçiales, corteses, bien criados, paçientes, justos, dando la honra al otro, cada uno despreçiando a ssí mesmo, teniéndose en poco, y tiniendo a su Dios en mucho, y a sus próximos, no despreçiando a nadie, ni diziéndole lástimas, ni ynjuriándole por sus faltas. Mexor es dexar el juyzio a Dios de todas las cosas, salvo aquellas que tienen perlaturas o cargos de justiçia, dignidades, poderíos, lo qual todo con prudençia se a de regir y ordenar, hazer a serviçio de Dios y bien y provecho de las ánimas católicas, y convertir los infieles y los peccadores a verdadera penitençia; animarlos, enseñarlas en la virtud y fee de Nuestro Señor Jesuchristo, hazerles saver los exemplos de los sanctos, provocarlos a todo bien, apartarlos de todo mal. Estas son las obras de misericordia spirituales. Las que les hizieren bien, abrán; las que no las hizieren para sí, harán gran daño, y las otras ánimas ayudarán a perder. Mírense bien, mírense bien las gentes, que quien solo peccare solo dará cuenta a Dios; empero, quien a otros hiziere peccar, llevará su peccado y su culpa, y la agena. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
”Dizes que te diga sobre el evangelio de Sant Juan: ‘''in principio erat verbum''’, y sobre las sanctas liçiones de ‘''in principio creavit Deus celum &amp;amp; terram''’. Pues en la sagrada scriptura esto todo se contiene largamente; y en la sancta ley nueva y vieja, concordantes en una perfeçión, allí se hallarán abundosos pastos; y en la piedra, que es Jesuchristo, se hallarán fuentes de agua dulce, y su [fol. 119v] sanctíssimo cuerpo sacratíssimo, e tierra que mana leche y miel, tierra sancta, tierra prometida que Dios prometió a sus escogidos, lo qual todo se cumplió en el misterio de la sancta encarnaçión y alçavose el día de la Sancta Asunçión del Señor, y perseverará agora y para siempre jamás”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Capítulo XXVI'''&lt;br /&gt;
'''De una revelaçión que vido esta bienabenturada tocante a una ymagen'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Tienen e[n] tal monasterio de Sancta María de la Cruz una ymagen de Nuestra Señora, la qual hera de bulto muy antigua. Y las monjas, saviendo que la havía bendeçido un obispo, tiénenla mucha devoçión, porque algunas vezes la havían visto hazer milagros, y sacábanla en proçesión los días del sancto apareçimiento. Y por ser tan antigua, renováronle el gesto por un entallador, cortándole de la garganta arriba, y pusiéronle otro gesto y pecho. Y trayéndola al monasterio, fueron las monjas a la ver e saludar. Y algunas les pareçió muy bien, y se consolaron con ella, y a otras les pareçió mexor el gesto que antes tenía, y desconsoláronse mucho, de manera que vinieron en alguna diferençia de palabras.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y saviéndolo esta bienabenturada, mandolas llamar, y díxoles: “Muy maravillada estoy, hermanas mías, de la desconsolaçión que tenéys del renovamiento de esta sancta ymagen, dado caso aya razón por la falta de la ymperfeçión de la pintura no ser tan aplaçiente a nuestros ojos. Pero aunque sean feas las imágenes, es cargo de conçiençia no tenerlas en mucha reverençia y estima, en espeçial si son las tales ymágenes de Dios y de Nuestra Señora, que estas tales, feas o hermosas, son dignas de muy grande acatamiento. E ruegoos, señoras, hagáys aquí un altar en esta nuestra çelda, y traed aquí la sancta ymagen, aunque yo sea indigna dello; que si yo pudiere, ya avría ydo al coro de rodillas a saludar a su Alta Magestad”. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y traýda la ymagen a la çelda de la sancta virgen, y puesta en el altar, rogolas que la dexasen allí dos días. Y estando ella aquella noche en contemplaçión, vido Nuestra Señora en visión muy hermosíssima, y poníase enzima de la ymagen suya, y dezía: “Yo me contento de esta ymagen, y la escogo y açeto para mi morada y aposento, y como en trono mío resplandezco en ella y en mi spíritu se [fol. 120r] goza, porque los peccadores conmigo abrán refugio y consolaçión, y yo les ganaré del mi Hijo perpetuo gozo en la gloria perdurable”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y esta bienabenturada que lo veýa, suplicava a Nuestra Señora que entrase dentro de la ymagen su spíritu, pues hera tan hermosa, y dende allí escuchase las oraçiones que le hazían, y en espeçial las suyas, por que ella viese que no caýa en vaçío hechos delante su preçiosa ymagen, como algunas vezes tienen las gentes crédito, que no está allí donde la llaman. A los quales pensamientos y  suplicaçiones, respondió Nuestra Señora, y dixo: “Por estar nuevamente puesto este madero en esta ymagen mía, no quiere Dios, ni a mí plaze, entrar dentro en ella hasta que se consagre o vendiga, de manera que se haga digna e perteneçiente de mí por virtud de la consagraçión justa que devidamente deven tener las ymágines, e yglesias enteras, y altares aparejados y limpios al culto divino”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y la noche siguiente vido la bienabenturada, a ora de los maytines, una visión muy gloriosa. Y es que vido venir a Nuestro Señor Dios en un trono muy rico, en bestiduras pontificales, çercado y acompañado de muchedumbre de ángeles, y sanctos y sanctas. Y estava junto a la dicha ymagen de Nuestra Señora, a la qual bendeçía con palabras muy devotas e reverençiales, y cantares y dulçes sones que hazían los ángeles con diversos ynstrumentos, de las quales palabras y cançiones no pudo colegir esta bienabenturada sino pocas palabras. Y el día que vido esta revelaçión, hera octava de la dedicaçión de la yglesia, y las çeremonias que Nuestro Señor hizo en la consagraçión de esta sancta ymagen fueron muchas. Estava bestido como obispo, y la ymagen, que estava bestida de sedas, según es uso adereçar las ymágines, a deshora pareçió toda desnuda y alçada en alto, teniéndose con el poder de Dios. Esto hera antes que el Señor la bendixese, el qual día hizo llamamiento a los sanctos ángeles para que viesen lo que hazía en aquella ymagen, y assimismo los demonios, para que huviesen miedo y viesen la virtud que Dios ponía en su sancta Yglesia e ymágines y altares. E por fuerça se lo hazían mirar y reverençiar, que dava poderío a la sancta Madre Yglesia que vençiese ella al demonio, e deshechase con baldón, y resçiviese a Dios Jesuchristo y a su sancta Madre con reverençia e honor. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
E para esto bendeçía y deçía a altas vozes el mesmo Señor, desde su alto trono: “''Ego sum quis me et ecce nova facio omnia''”, que quiere dezir: “Yo [fol. 120v] só Yabé, que todas las cosas hago nuevas. En lo alto del Çielo moro, soy rey eterno que rixo los coraçones cathólicos y devotos. El mi adversario los perturba, empero yo soy el que los agosiego; él los derrama, yo los allego; y él los disipa, yo los proqueo; él los destruye, yo los edifico; él los ensuçia, yo los alimpio; él los enturbia y revuelve y haze oler mal, yo los purifico y hago bien oler suavíssimo. Sé de lo malo hazer bueno. Y de lo no lympio, hazer limpio. Y de lo ymperfeto, hazer perfeto, e loable y agradable”. Y volvía sus preçiosos ojos a la ymagen de Nuestra Señora, e dezía: “¿Quién te deçía madre mía?”. E poníale muchas cruzes hechas joyeles. Estando ella ansí desnuda, la çercava toda, espeçialmente la caveça, frente y gesto, y los pechos y espaldas, e hombros y braços y manos, con todo el cuerpo hasta los pies, que significavan los çimientos de la sancta Madre Yglesia. Y después de muchas bendiçiones que el Señor deçía, dixo cantando aquella antíphona que dize: “''Hanc quam tu des picies, Maniche, &amp;amp; mater mea est, &amp;amp; de manu mea fabricata''”. Y respondían los ángeles con muy claras vozes, diziendo: “''Fons hortorum, redundans gratia mundum, replens celi  numeribus, mater Dei fecundans, omnia nos instarams, supernis sedibus flores hortum, mox ab infantia admirandus fulsit virtutibus, eam dian candens flos multiplicat virgule decorem, conceptus glorificat Maria pudorem''”. Y mientras estas antíphonas y cançiones se deçían, pareçió a deshora la ymagen de Nuestra Señora, bestida de las mesmas bestiduras de muger, y puesta en su altar como primero estava. Y los demonios quedáronse mesando y arañando, y dando gritos e aullidos, y la visión de Nuestro Señor desapareçió, roçiando la casa con agua bendita, y la bienabenturada quedó muy consolada. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y pasados los dos días que la sancta ymagen estava en su çelda, ayuntáronse allí el abbadesa y monjas, diziendo a la sancta virgen que yban por la ymagen, ymportunándola el abbadesa que, pues estavan allí todas, les dixese alguna cosa de las que Dios les mostrava. Respondió, diziendo: “Lo que ay que deçir es que Nuestro Señor Dios tiene en tanto las ymágenes, y se sirve que las aya en la sancta Madre Yglesia, y que sean honradas y beneradas por nosotros peccadores, pues el mesmo Dios de los Çielos vino a la [fol. 121r] vendecir y a enseñarnos cómo son cosa por donde se alcança virtud y devoçión quando se tiene en el coraçón; y bien se pareze, según yo vi en una revelaçión que el Señor fue servido de me mostrar, quánto Él ama y honra la sancta Madre Yglesia y a sus sanctas ymágines por amor della”. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y dixo la revelaçión susodicha, y añidió, diziendo: “Me dixo mi sancto ángel, después que desapareçió el Señor: ‘Mira qué son las maravillas de Dios, que si en un madero alla Dios bescosidad y no quiere que su sancta madre le quiera y tenga por su ymagen, hasta le haver alimpiado y puesto en él dignidad de bendiçión suya, como la tiene la sancta Yglesia, ¿qué tales estarán las ánimas, que llenas de pecados, están ensuçiadas y asquerosas?, ¿cómo serán dignas aquellas tales que venga Dios en ellas, ni su sancta Madre con graçia y piadosa caridad, si primero no son alimpiadas las tales ánimas peccadoras por espeçial graçia de Spíritu Sancto, sin el qual ninguna cosa es buena, ni justa ni sancta, ni digna ni açepta a Dios? Y por semejante, con los dones del Sancto Spíritu, las cosas que son d’él preçiadas e baxas, Dios las ensalça y tiene en ellos thesoros muy grandes, aunque ascondidos a los ojos de las personas de la Tierra. Bendito sea Dios en sus dones, e los sanctos en sus obras, y las ymágines en sus altares, y los altares en sus yglesias, y las yglesias en sus sacramentos, y los sacramentos en la cruz y Passión de Nuestro Señor Jesuchristo, y en el sancto baptismo y remisión de los peccados’”. Y acavado esto, dixo la bienabenturada: “Bien se pueden llevar la sancta ymagen”; la qual llevaron el abbadesa y monjas con mucha devoçión y reverençia con candelas ençendidas, cantando el ‘''Te Deum laudamus''’, al coro, y la pusieron en el altar acostumbrado. Y de aý adelante, se consolaron mucho las monjas con esta ymagen. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Deçía el sancto ángel de su guarda a esta sancta virgen: “Yo te amonesto que las graçias que resçives del poderoso Dios las guardes con humildad y las hagas creçer con agradeçimiento, porque todo lo que tienes es suyo. Mira cómo negoçias con ello, que muchas vezes estoy admirado de las cosas que la clemençia de Dios haze contigo, entre las quales te quiero dezir una, y más por que no seas yngrata ante su Real Magestad, mas singularmente le des graçias por ello: y es que muchas vezes [fol. 121v] te veo en tu cama hechada, padesçiendo muchos dolores, y que en tu entendimiento y voluntad estás gozando y viendo cosas muy grandes, çelestiales, y que las ánimas de Purgatorio te llaman y piden que las ayudes en sus neçessidades, y las gentes de la Tierra están hablando contigo, contándote las cosas secretas de sus ánimas y consçiençias, pidiéndote consejo y ayuda con tus ruegos e consuelos. Con tus palabras veo la graçia de Dios puesta en ti, que con todo cumples enteramente. No es esta pequeña graçia, avísote no seas yngrata a tan grandes benefiçios hechos en ti por la voluntad de Dios”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
E tornando en sus sentidos, esta bienabenturada llorava con muy grande humildad y contriçión, y con muchos gemidos se llamava peccadora y yngrata a los dones que de Dios tenía resçividos. Y con palabras muy amorosas y dulces, haçía grandes esclamaçiones al Señor, supplicando a su Alta Magestad le perdonase las faltas que havía tenido en no serle tan agradeçida como hera obligada a los benefiçios d’Él resçividos, y le diese graçia se encomendase, que tal propósito tenía con su ayuda. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Dixo a las religiosas esta sancta virgen: “Quiéroos contar una cosa que el Señor fue servido de mostrarme, de lo qual mucho me maravillé. Un día de la señora sancta María Magdalena, llevándome mi sancto Ángel, estando yo elevada al lugar donde está su cuerpo por que yo ganase los perdones que están otorgados en aquella yglesia, y pasando por una çiudad que está en este reyno de Castilla, llevándome entre sus alas, vi en un campo, çerca de la mesma çiudad, unas muy grandes llamas. Vi salir un ánima más clara que el sol, y dos ángeles que la llevavan de los braços, y otro ángel yba delante della con una muy resplandeçiente cruz en las manos, y todas subían tan apriesa a los altos Çielos como un rayo. Y viendo yo esto, muy maravillada, dixe a mi sancto ángel: ‘Señor, ¿qué es esto?’. Respondió: ‘¿Qué te pareçe a ti dello?’. Y yo supliquele me declarase qué hera. Dixo: ‘Sí haré, por que veas quánto aprovecha la gran contriçión, aunque sea en breve tiempo. Esta ánima, que as visto tan [fol. 122r] resplandeçiente e clara subir ahora a los Çielos tan apriesa −no se deterná hasta ser puesta ante el poderoso Dios− hera de un hombre muy peccador, y aquella gente que viste çerca del gran fuego donde ella salió le havían muerto por mando de la justiçia. Y la muerte que le dieron fue quemalle porque havía hecho un peccado lo más de su vida muy creminoso, por el qual mereçió muerte spiritual y corporal, y ya en la vejez fue acusado d’él por sus próximos a la justiçia, la qual le mandó prender. Y traýdo ante el juez con muchas prisiones en sus pies y manos, díxole: ‘Aquí heres acusado de un gran crimen que as hecho, niégalo o confiésalo’. Respondió el dicho hombre: ‘No quiera Dios que yo niegue la verdad, que para confesar mi delito no he menester testigos, mas de confesar yo la verdad ante Dios y ante vos. Yo he hecho ese peccado dende que me acuerdo ser hombre hasta la hora que me prendieron. Y dende entonçes propuse en mi coraçón de nunca más hazerle, aunque pudiese y para ello tuviese salud y libertad, y esto por amor de solo Dios. Y mucho me pesa por le haver cometido, no por la pena que merezco por ello, sino por la offensa que he cometido contra Dios’. Y oyendo el juez la confisión, que haçía tan clara y sin temor, maravillose mucho, y díxole: ‘Mira lo que diçes, no sea eso con desesperaçión’. Respondió: ‘No, sino con verdad y dolor de mi peccado’. Díxole el juez: ‘¿Qué quieres que hagamos de ti?’. Respondió: ‘Pagar mi delito según lo merezco’. Y oyendo esto el juez, mandole meter en la cárçel, y dende a çiertos días, requiriole con la misma pregunta. Y él respondió lo mesmo que havía dicho, y ansí lo hizo por tres vezes. Y la postrera vez dixo al juez que le rogava mucho no le hiçiese más preguntas, sino darle la pena que mereçía por su peccado. Y assí fue sentençiado a la pena que as visto, que le quemasen, mas no vivo, sino primero ahogado. Y dígote que si este hombre quisiera, no muriera, porque el juez le diera la vida con alguna pena corporal. Mas no quiso sino morir pagando su peccado con [fol. 122v] mucha contriçión, por la qual esta bienabenturada ánima será sentada en la juridiçción de la sancta María Magdalena e del sancto ladrón, porque todas las personas que an sido grandes peccadores y se salvan mediante la Passión de Dios e por vía de gran contrición en breve tiempo y hora venida, como fue la del ladrón y de otras semejantes, quiere Dios estén en la dicha juridiçción. Y en esto que te he contado, podías conoçer quánto vale la contriçcón que es de coraçón con propósito de enmendarse. Tómalo para tu aviso y de tus hermanas las religiosas, y a quien más te pareçiere deves dar el tal consejo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
”Preguntasme qué penitençia y penas padesçidas en la vida serían bastantes para después no yr a Purgatorio ni sentir sus penas. Los peccados son tan grandes que no son bastantes las penitençias y penas del mundo para quitar el Purgatorio, mas son bastantes las virtudes para salvar el ánima sin Purgatorio. Y juntadas las penas y enfermedades con las virtudes, son bastantes para no sentir el Purgatorio. Y las virtudes que an de tener son tres: la primera, grande amor de Dios para obrar por Él con fe e amor muchas cosas; la segunda, caridad con Dios y con sus próximos, no turbándolas y teniendo tanta caridad con los difuntos que, si estuviese un ánima en mucho fuego penando, dixese la tal persona: ‘Quítese esta alta alma de esta pena, que yo la padesçeré por ella’; la terçera virtud es tener tan grande esperança, que ni por muchas penas ni tribulaçiones, de cualquier manera y condiçión que sean, no quite a la persona la esperança de Dios. Es tan malo el peccado, que las gentes del mundo deven tener gran cuydado de guardar sus ánimas de no caer en peccado, y si cayeren en él, antes que salga el sol trabájese el que cayere en peccado de salir d’él antes que se ponga el sol. Los religiosos se deven guardar de la murmuración, por liviana que sea, que es muy peligrosa para la salvaçión del alma, y en espeçial quando es contra los perlados, [fol. 123r] porque el mayor peccado que los religiosos tienen es este, y tener en poco sus mandamientos; porque es semejante a la offensa de Dios, aunque no en la substançia. Y así sería, en los peccados de los religiosos, muy livianos, sino por este que los agravia. El lugar apartado ay de pena en el Infierno y en el Purgatorio, donde señaladamente ay senos de grandes penas por sí, donde padeçen muy crueles tormentos las ánimas que en este peccado cayeron, porque dellos se salvan y otros se condenan. Y para la satisfaçión de esta culpa, es menester el perdón de la Yglesia, ansí de la triunfante como de la militante: porque la Yglesia es con Dios, y Dios con la Yglesia; y quando la Yglesia perdona, perdona Dios; y quando Dios se enoja, y está ayrada la Yglesia, y quando la Yglesia se aplaca, Dios. Y para esto, es menester el ruego de los sanctos, y la confisión de la boca y contriçión del coraçón, y la satisfaçión de la obra, la qual es haçer bien a quien les haze mal, no murmurando de quien los injuria, perdonar qualquier mal que les sea hecho, y rogar por quien los persigue, aunque les parezca y conozcan tienen razón y justiçia en las quejas que dan de las contrariedades hechas a ellos por las criaturas. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
”Es muy gran mérito sufrirlas en paçiençia, por amor de Dios. Y las personas que lo tal hiçieren, estarán como clavellinas sobre las caveças de sus persiguidores, y las obras como carbones ençendidos devajo de sus pies. Y aun podría ser, y ansí acaeçe, por el ruego de los tales y buen exemplo, convertirse sus persiguidores, aunque fuesen de muy duros coraçones, venir en conoçimiento. Y para poder haçer todas estas cosas, es menester una maestra y administradora que ande con la disçiplina en la mano castigando, la qual maestra es llamada penitençia virtuosa, hecha de todo género de tribulaçiones, e persecuçiones y enfermedades; y todas estas cosas, aunque en sí son muchas y en el padesçer diferentes, todas juntas es llamada penitençia. Y junto con esta maestra, dando lugar a las esperaçiones del Spíritu Sancto, el qual alumbra y espira en las ánimas, es llamada penitençia virtuosa si es padeçida alegremente, a lo menos con la mayor conformidad que pudieren por amor de Dios; e [fol. 123v] padesçiéndola de otra manera, es llamada sin virtud, y sin mérito. Y qualquier persona que tuviere perdido el amor y temor de Dios e esperança, ¡ay, la tal!, que hará qualquier mal y peccado en offensa de su Dios. Y para remedio de este tal peccado, es menester las tales personas travajen con todas sus fuerças por el negamiento de sí mismas, y con el olvido de todas las criaturas y de todas las otras cosas transitorias, poniendo su esperança en solo Dios; el qual á de ser amado por sí mesmo, y no porque de el Paraýso acordando, del Infierno y de sus penas, las quales mereçe por sus peccados, y pidiendo contiçción y dolor, y perdón y penitençia de las ofensas y faltas hechas en el serviçio de Dios. Y resçivan en paçiençia e remisión de sus peccados los travajos y perseveraçiones que se le offreçieren, y los de la sancta religión. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
”Si la tal persona fuese religiosa, el miércoles, y viernes y sábado, los quales son días açetables ante la magestad de Dios, y también el lunes, si quisiese, travaje de sufrir con paçiençia todas las cosas que en estos días tales se le offreçieren en remisión de sus peccados e faltas que a hecho en la sancta religión, y diziendo nueve o quinze vezes en los semejantes días estas sanctas palabras: ‘Jesuchristo es mi amado, Jesuchristo es mi gloria, Jesuchristo es mi dulçedumbre’. Y quien con fervor e afiçión y devoçión del coraçón dixese estas sanctas palabras, no quedará baçía su ánima de alguna graçia spiritual. Y guay del religioso o religiosa que dize: ‘Sierbo soy de Dios’ y no quiere resçivir los açotes de sus próximos. Que Jonás propheta, uyendo por no resçivir el azote del próximo, diole Dios otro mayor que el próximo le diera, que fue caer en manos de otros mayores y más crueles; por lo qual es mejor con paçiençia sufrir lo que el Señor permita que les venga, así de su poderosa mano como de las próximas.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
”La oraçión perfeta ante la magestad de Dios es muy çierto men- [fol. 124r] sajero y muy grande amigo ante ese mismo Dios. Para ser perfeta y paçífica es menester coraçón muy limpio, y la consçiençia, y en silençio, y sin ruydo de palabras, y con lágrimas, apartados de todas las criaturas, en espeçial de los amigos. Y en este apartamiento en la mayor parte de ser en el pensamiento y cuydado dellos, y no ay sospiros ni gemidos que del coraçón devoto sean salidos que ante Dios no sean oýdos. Si alguna persona, de qualquier estado que sea, desea de morirse, y la tal es muy peccadora, ya qu’el desseo de morir fuese causado por vía de alguna tentaçión de falta de virtud spiritual, de no tener fuerças para sufrir las adversidades y no causado por virtud de amor de Dios, a esta tal persona esle buen consejo deshaga sus peccados con lágrimas, y gemidos y penitençia, e después muérase, si Dios lo quisiere. Porque la alma peccadora assí es como la bíbora preñada, que sus mesmos hijos le comen las entrañas, y como la perra preñada, que pare muchos perros y todos bibos, y los cría con su leche hasta hazerlos canes grandes, y después estos, perdiendo el conoçimiento de hijos, muerden y maltratan a su madre; y si esta los mordiera, en conçibiéndolos, no la mataran después de ser criados: assí toda ánima deve, en viviéndole algún mal pensamiento, moverle y hecharle de sí antes que crezca, porque perserverando en el mal pensamiento se haze peccado mortal. Y creyendo los tales pensamientos, pare y cría el ánima canes contra sí mesma que le comen las entrañas, que son las virtudes, y el temor y amor de Dios, y la traen tan devajo de los pies que ella no se puede librar dellos, porque está ya [fol. 124v] vençida, y muerta y condenada; y esta tal no tiene otro remedio sino dar vozes y llamar los fuertes del Çielo, y que la valgan y bengan a matar los canes. Y estos fuertes que á de llamar es la gran misericordia de Dios, y su poder, y el ayuda de los grandes sanctos del Çielo. Y para mereçer la tal ayuda y socorro, es menester que esté el alma muy contrita y humillada, para que Dios la ayude y valga. Por semejante es el alma que está en peccado mortal comparada a tres cosas. La primera, a la sepoltura de muertos, que yede y está llena de gusanos; assí el alma que está en peccado mortal está muerta y hidionda, en el qual hedor conoçen los ángeles que está en peccado mortal, el qual hedor es mayor y más malo que el que sale del cuerpo. Y este hedor sale de dentro del alma, y es tan terrible que, si las gentes no tuviesen quotidianamente peccados, conoçerían algunas vezes quándo están en peccado mortal. La segunda es que pareze cueba escura y llena de serpientes, porque en cayendo el alma en peccado mortal se le quita la lumbre, y quédale tal alma deshecha y tan escura como una cueba. Y luego está allí el Demonio poniendo los malos pensamientos y cogitaçiones; y tomándolos y ocupándose en ellos, temiéndolos en su coraçón, dándoles consentimiento, esta tal alma está hecha cueba escura y llena de serpientes, que son las frutas del Demonio. Lo terçero, que pareçe monte lleno de serpientes brabas y sin raçón, conviene a saber, quando es soberbia, la qual soberbia es monte, y las serpientes que en él están son los demonios, los quales son bravos y sin raçón, porque después que pecaron la perdieron. Y por muchas maneras de prensumpçión, sube el alma a este monte, presumiendo de abilidad y saber, [fol. 125r] y hermosura y linaje, y buena voz, y cantar y leer, e otras cosas semejantes. Y subida el alma al monte entre las bestias brabas, que son los demonios, los quales, viéndola estas soberbias y presumpçiones, la haçen caer muy avajo, que es en peccados mortales; e no travajándose de salir, devoren su vida, que dura para siempre con las bestias bravas en el Infierno”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Capítulo XXVII'''&lt;br /&gt;
'''De una habla que esta bienabenturada tuvo con Nuestro Señor estando en oraçión'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Estando esta sancta virgen en su çelda en una ferbiente oraçión ante una ymagen del Señor y de su bendita madre, offreçiole sus dolores y enfermedades, y las oraçiones y penitençias que hazían las religiosas de su monasterio, y las de todas las personas que a ella se havían encomendado. Y ansimismo, suplicava a su Divina Magestad resçiviese de todos ellos los serviçios e buenas obras, y limosnas que por su sancto amor hazían, y le pluguiese responderla si huviese resçivido los serviçios de sus hermanas, las religiosas, y de sus devotos a ella encomendados.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
A la qual suplicaçión respondió el poderoso Dios, diziendo: “Sí, he resçivido, y bien me an sabido, y muy mejor me sabrán las mesmas personas, que son las oraçiones y ánimas. Y las ánimas que yo como an de estar tiernas, como novillo y ternera que tienen la carne sabrosa, y no dura como las terneras viejas, que estas tienen la carne dura y desabrida. Y entonçes está el ánima tierna e sabrosa, como ternera, quando está tierna en el coraçón, e obrar la palabra de Dios y sufrir por amor d’Él todas las penas y tribulaçiones que se le offreçieren; y la carne dura y desabrida, de la bacca vieja, se entiende por el ánima endureçida en peccados y malas costumbres, la qual, aunque oye la palabra de [fol. 125v] Dios, no tiene el coraçón tierno para resçivirla y obrarla, mas antes está endureçida, y en su dureça y penitençia y desaprovechamiento de toda buena obra”. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
La sancta virgen, oýda la respuesta del Señor, suplicó, diziendo: “Mi Señor, la alma endureçida, ¿qué remedio o penitençia podría hazer para alcanzar la graçia y perdón de vuestra gran clemençia?”. Respondió su Divina Magestad: “La tal alma á menester desollar el pellejo y apartarlo de sí, assí como se aparta el jabón del paño de que está jabonado, y como se aparta la mano de la masa de que está amasada, y como se aparta el suero de la quajada de que es bien apretada”. La bienabenturada tornó a preguntrar al Señor, diziendo: “Señor mío y Dios mío, ¿de qué manera se á de desollar la misma persona el pellejo?”. Respondió el Señor: “Con apartar y deshechar de sí la vieja y mala costumbre del peccado, porque yo estoy mirando y contemplando toda ánima devota, y veo todos sus buenos desseos, y pensamientos y cogitaçiones, y me deleyto y goço con ellos. Y por semejante, miro el ánima endureçida en mal obrar, y la contemplo, y ayrado le estoy diziendo: ‘Conviértete, ánima, a mí, mira que soy tu Dios, y tu criador y redemptor. Conviértete a mí’. E aunque me aýro contra la tal ánima viviendo en la carne, no me aýro del todo hasta que sale del cuerpo. Y quando estoy ayrado contra las tales ánimas que no se enmiendan ninguna vez, alço mi poderoso brazo en mano, con yra, para castigar mis offendedores. Mas los abogados çelestiales, en espeçial mi madre Sancta María, con sus muy humildes ruegos, me haze abajar la mano; y algunas vezes me escondo a mi piadosa madre, por que no me ruegue ni pida virtudes para las ánimas injustas. E asta ora la veo cave mí, de rodillas, rogando por todo el humanal linaje”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y dixo la bienabenturada: “Mi Señor, ¿con qué castigará vuestra Divina Magestad?”. Respondió su gran clemençia: “Con una bara que yo tengo de yerro para castigar a quien yo quiero”. Y dixo la sancta virgen: [fol. 126r] “¿Cómo, mi Dios y Señor, vara tiene de yerro, y no de oro?”. Respondió el poderoso Dios: “Quando quiero, la torno de oro, y de azero u de plomo, y de otros metales, según la manera de castigar; porque algunas personas castigo con bara de oro, y a otras con bara de yerro, o de azero o plomo. Esto es para las personas muy reveldes y duras en la enmienda de sus peccados, y en esto no te quiero más declarar. Quando yo estava subido y enclavado en la cruz, tuve capítulo general a todo el mundo, assí çelestiales como terrenales e infernales, y púseme en medio de todo el mundo en aquella cruz muy alta para que me viesen y conoçiesen todos cómo hera yo, su redemptor. Porque assí como el perlado se asienta a tener capítulo en lugar donde todos sus súbditos le vean y conozcan, assí, por semejante, estuve yo en la cruz, diziendo a los ángeles y a las criaturas, y a las aves y a las piedras: ‘Ansí que muero, ¿quién me á compasión?’. Y por cada una de mis llagas y heridas salían sermones y palabras, las quales embiava el Padre mío çelestial, como ruydo de muchas aguas, las quales palabras oyen los ángeles. Y por las unas llagas, salían palabras pidiendo al Padre mío misericordia para mis atormentadores, y por las otras llagas salían palabras pidiendo justiçia, y no para que se condenasen, mas para que en esta vida les diese a sentir mi Padre çelestial qué cosa heran llagas y conoçiesen y sintiesen qué cosa heran dolores, los quales yo padesçía por ellos, y por que se mereçiesen salvar. Y por la boca me salieron siete palabras, que cada una hera un sermón, que nunca se olvidó ni olvidará, hasta la fin del mundo. Y assí estava puesto en la cruz, rogando por todas las penas nasçidas y por nasçer”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Dixo la bienabenturada: [fol. 126v] “O, Señor mío, ¿quién supiese quándo está el alma en estado de graçia?”. Respondió: “Ese secreto guardo yo para mí, que no le he revelado a ninguno, ni aun a sant Françisco, con quantos secretos se le mostraron. Mas puede tener esperança el alma que está en estado de graçia cuando se viere que tiene fee y amor de Dios, y devoçión”. Dixo la sancta virgen: “Mucho supplico a vuesa Divina Magestad, mientras yo viviere no me dexe sin dolores, y enfermedades y persecuçiones que padezca por vuestro sancto amor, por que cada día y hora tenga muchas cosas sufridas y padesçidas con paçiençia para le offreçer. En mucho le encomiendo, Señor, a mis hermanas las religiosas, las quales le aman mucho, y por su amor se dan muchos azotes y le hazen otros serviçios”. Respondió el Señor, diziendo: “Los azotes que tus hermanas se dan poco les duelen, que no las hazen llorar; mas las que sus próximos les dieren las harán llorar”. Y volviéndose a su bendita madre, dixo: “Por esta preçiosa muger y madre mía tan amada, soy amigo del femíneo linage de las mujeres, y huelgo de estar con ellas y a par de ellas”. Dixo la bienabenturada: “¿Y a los hombres, mi Señor, no los quiere Vuestra Magestad también?”. Respondió: “El coraçón del hombre téngole yo en mi mano, y métole yo en el mío, y hágole una cosa con él”. Dixo la sancta virgen: “Señor, y los nuestros de las mugeres, ¿no los mete también en su real coraçón?”. Respondió: “Sí, porque todo coraçón de hombre o muger se entiende por el afiçción y voluntad devota, que el coraçón de carne los gusanos se le comen; y los que son malos, assí de hombre como de muger, tan apartados están de mí como el Çielo de la Tierra. Y pues diçes que tus hermanas las religiosas me quieren tanto, diles que, pues yo soy Rey y Señor, en este [fol. 127r] sancto tiempo de Quaresma me adereçen dentro en sus coraçones aposento limpio y enparamentado, con paramientos limpios y afinados y pintados, y la casa de la consçiençia barrida, con la confisión devota, y regadas con aguas olorosas de lágrimas amorosas y piadosas; y los paramentos an de ser virtudes, las quales son penitençia, humildad y ayuno, silençio y oraçión; y ponerle muchos ramos y rosas en la casa, assí adereçada, los quales an de ser buenos pensamientos y desseos. Y acordaos, tú y ellas, que escogí çenáculo emparamentado, en el qual se justificaron y sanctificaron los Apóstoles, los que lo mereçieron −aunque algunos dellos estavan ya sanctificados, se sanctificaron más−. Y también quiero me den sepultura limpia y virgen dentro de sí, que no haya nadie entrado en ella, como hizo aquel mi amigo que me dio sepultura virgen: esto se entiende por el coraçón y voluntad, que no aya amado otra criatura más que a mí”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y diziendo esto, volvía a mirar los pechos de su sacratíssima Madre. Y la bienabenturada, con mucha humildad, suplicó a su Divina Magestad le diese a sentir la dulçedumbre de la leche de su preçiosa madre, y también a las religiosas, a la qual respondió el Señor: “La dulçe leche de mi amada madre es muy buena mediçina para las llagas ynteriores del alma, las quales algunas están tan afistoladas y arraygadas que no bastan contriçión ni arrepentimiento, ni propósito ni lágrimas, porque están tan arraygadas que luego se les olvida la devoçión y propósito y contriçión que an tenido, y tornan a usar sus mismos peccados. Y para el remedio de esto no basta otra cosa sino la verdadera emendaçión con perseverançia [fol. 127v] en el bien obrar. Y yo oygo −dize el Señor− en Purgatorio ahullidos y gemidos de ánimas, las quales están devajo de los altares de Purgatorio rogando y suplicando a la poderosa Trinidad las perdone los pecados de la tivieça y flogedad con que lloraron sus peccados viviendo en la carne, y nunca se enmendaron dellos hasta el fin de sus días, y assí murieron. Y por estas tales almas huelgo de rogar a mi Padre çelestial las perdone”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Deseando la bienabenturada saver de qué genero de peccados están las llagas afistoladas y arraygadas, supplicó al Señor que Su Magestad se lo dixese, y respondiole: “De los siete peccados mortales, y de sus ramos y çircunstançias, y porque soy esposo vergonçoso, y la calidad de los peccados es vergonçosa y suçia, no quiero hablar en la maliçia dellos y qualquier alma peccadora y suçia, y deshonesta y desvergonçada. Y en esto puedes ver quánta cosa es el peccado. Y ese mundo en que vivís los humanos es dicho monte: es, a saber, cada alma buena se puede deçir monte sancto del Señor, porque así como el árbol tiene raýçes y frescor, y está verde y hecha flores y ojas, assí el alma que tiene sus raýçes en Dios hecha buenos desseos y pensamientos y obras, y a esta tal tómola yo para mí”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Dixo la sancta virgen: “Mi Señor, ¿pues yo y mis hermanas no somos monte de Vuestra Magestad?”. Respondió el Señor: “Monte soys, aunque pequeño, en el qual ay árboles frondosos. Y árbol frondoso quiere deçir árbol ancho y de grandes ramas, los quales árboles no se pueden quejar no les he hecho grandes merçedes y espeçiales en sus ánimas”. Dixo la bienabenturada: [fol. 128r] “Supplico a vuestra Divina Magestad dé a este monte de mis hermanas, las religiosas, graçia con que retengan en su memoria los sus consejos y mandamientos”. Respondió el Señor: “Doyte, doyte por respuesta lo que dixese en la Tierra a la muger que me dixo: ‘Bendito sea el vientre en que anduviste y las tetas que mamaste, y todo lo demás que te dio refeçión’. Assimismo, sea bendito el que mis palabras oye, y las guarda en su coraçón. Y assí digo a tus hermanas las guarden en sus coraçones hasta la fin de sus días, y las pongan por obra, por que merezcan la vida eterna”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Estando esta bienabenturada virgen elevada, vio un saçerdote, el qual perdió los sentidos corporales diziendo misa, a manera de elevaçión. Y estando assí por un breve espaçio, tornó en sí, y hallose a la otra parte del altar, y dixo al Señor: “Señor mío, ¿qué es esto que a pasado por mí, que no lo entiendo?”. Y respondiole el poderoso Dios: “Como tú me havías de comer a mí, he te yo comido a ti primero. Y dígote que ansí me he deleytado, y tanto gusto he tomado en comerte como un buen panar de miel, esto a quanto comparaçión de gusto. Agora cómeme e gústame tú a mí, y deléytate conmigo”. Y assí acavó este saçerdote su misa con mucha consolaçión espiritual.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Assimismo, vido esta sancta virgen cómo los sanctos ángeles resçiven las palabras doctrinales y fructuosas para las almas, e salen por la boca del predicador en paniçuelos muy blancos, labrados de letras cordiales. Y cada uno de los ángeles [fol. 128v] envolvía el coraçón del alma que tenía a su cargo, y le recogía los sentidos para oýr las palabras de Dios; otrosí ponía en una tovaja grande y ancha, a manera de quando quieren comulgar, la qual tenía una cruz de oro en medio muy resplandeçiente, en la qual tovaja caýan todas las sanctas palabras, que salían de la boca del predicador. Algunas pareçían sacramentos, y otras rosas y flores, y otras como nieve llena de maná o roçío. Y tornávanse confites sabrosos y olorosos, e otras como manera de oro, e como joyeles hechos relicarios. E viendo la bienabenturada cómo las sanctas palabras pareçían de tantas maneras, preguntó al sancto ángel qué figura hera aquella, el qual respondió: ‘Que assí se an de aparejar las almas justas y devotas para resçivir las palabras de Dios en sus coraçones como en relicario, y tenerlas en tanto y favoreçerse con ellas contra toda la adversidad que a la alma puede empeçer, y para tener muy çierta salvaçión. Y hágote saver que la palabra de Dios, resçivida con devoçión, fructifica y haçe raíz sembrada en el coraçón. Y qualquier persona que menospreçia la palabra de Dios, offende mucho en ello a ese mismo Dios; y por semejante quien la tiene en mucho y la guarda, le agrada y sirve en ello”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Tenía esta virgen graçia de entender las aves e los animales, e de oýrlas se consolava mucho y loava al Señor, que las crió. Havía gran compasión de los animales, en espeçial de los que trabajan, y deçía: “Más lástima y compasión tengo de los [fol. 129r] animales que de mí, que, aunque estoy tullida, tengo lengua con que pido lo que he menester, y estoy entre personas piadosas; y los animales no tienen lengua con que se quejen, ni piden su neçessidad, y con mucha ambre y sed y cansançio les hechan ençima grandes cargas, y los dan reçios palos cuando no lo pueden llevar. E no se deven engañar en esto las gentes, que porque en el juyçio de Dios toda crueldad se demanda, aunque sea hecha a las bestias, porque el Señor no las crió para que las traten y maten cruelmente, sino para que se aprovechen y sirvan dellas”. A muchos sanctos ymitaba en graçia esta sancta virgen.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Capítulo XXVIII'''&lt;br /&gt;
'''Cómo fue servido Nuestro Señor de llevar a esta bienabenturada a su sancta gloria'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Siendo esta sancta virgen de hedad de çinquenta y tres años, los quales havía vivido muy bienabenturadamente a gloria y honra de Dios, y salvaçión y mérito de su sancta alma, y aprovechamiento de sus próximos vivos y difuntos −como su historia da testimonio dello−, quiso el poderoso Dios que después de la Dominica del Buen Pastor, año de mill quinientos treynta y quatro, se le agravasen a esta bienabenturada sus enfermedades, sobreviniéndole otra nuevamente, la qual fue que estuvo sin orinar catorçe días. Y aunque ella en sus enfermedades no quería ser curada de los médicos, sino dexarse a la voluntad de Dios para que hiziese della su sancta voluntad, en esta postrera, por los ruegos que con muchas lágrimas las [fol. 129v] religiosas le haçían se quisiese curar por consejo de médico, por consolarlas consintió hiçiesen en ella lo que quisiesen. Y assí la empeçaron a curar con un buen médico, y sanándose su enfermedad, entre algunas personas generosas y devotas suyas fue luego proveýda con mucha devoçión y desseo de su salud físicos, y de las cosas neçessarias para su cura. Y todos los físicos, juntos y conçertados, le hiçieron muchas grandes espiriençias, y la sancta virgen tomava por la consolaçión de las monjas, que se lo rogavan todo lo que los físicos le demandavan, aunque hera contra su voluntad. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y algunas vezes, con gesto de ángel y semblante muy graçioso, se reýa con las religiosas, y deçíales palabras de muy grande amor y doctrina, y también a los físicos se les mostrava muy graçiosa, y agradeçida a su trabajo. Y viendo ellos cómo su mal yba empeorando y que hera mortal, dixéronlo a las religiosas, las quales, con muchas ansias, començaron a ynvocar la misericordia de Dios, haziendo oraçiones y derramando muchas lágrimas y sangre de sus personas, e haziendo proçesiones con grandes disçiplinas, y gemidos y sollozos, que pareçía que querían espirar, suplicando a Nuestro Señor que no quisiese su Alta Magestad quitarles tan grande amparo y consolaçión y ayuda para su salvaçión como tienen en la bienabenturada Juana de la Cruz; la qual, con muy grande fervor, mandó que le traxesen su confesor, que se quería confessar o aparejarse para morir. Y ansí lo hizo, que confesó y [fol. 130r] comulgó con admirable devoçión, y se despojó como muy pobre y perfeta religiosa, y demandó la sancta unçión. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y todos los días que estuvo enferma de la enfermedad que murió, no pasó noche que no se elevase y hablase con su sancto ángel, el qual no le deçía ni descubría el secreto de su muerte hasta tres días antes de su bienabenturado fin. Antes le vía todos aquellos días muy alegre y resplandeçiente, con adornamientos y bestidura de gran fiesta, y deçíale al sancto ángel quando le hablava en esta su postrera enfermedad: “Muy gran compasión te tengo, criatura de Dios, de ver los grandes dolores y enfermedad que padesçes. Mucho ruego por ti al poderoso Dios te esfuerçe y dé paçiençia, y no querría que atormentasen los físicos con espiriençias, sino déxente a la voluntad de Dios, que Él hará de ti lo que fuere más servido. Y lástima tengo de tus hermanas las religiosas, porque están muy angustiadas, y yo offrezco al Señor sus piadosas lágrimas y devotas oraçiones y caridosa penitençia, y yo tendré cuydado de rogar por ellas al Señor y a la sancta Virgen”. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Aunque con mucha flaqueza, no faltando la charidad y compasión de sus hermanas, contoles estas palabras que su sancto ángel le havía dicho, por que con ellas se consolasen. Y açercándose el día de su glorioso pasamiento, tuvo una revelaçión, jueves en la anoche, vigilia de los gloriosos apóstoles Sant Phelipe y Sanctiago, en la qual conoçió que hera la voluntad de Dios llevarla de esta vida. Y súpolo en spíritu, por quanto aquella misma noche estuvo elevada desde las onze hasta la una. Y vido en esta [fol. 130v] elevaçión a los gloriosos apóstoles, Sant Phelipe y Santiago, y a su propio ángel della, al qual dixo que viese quál estava, y le suplicava rogase al Señor por ella y por los religiosos de su casa, y por sus hermanos, y parientes y amigos, y por todas las personas que a ella se encomendavan. Y el sancto ángel le respondió: “Bienabenturados son los que viven y mueren en Dios, y malabenturados se pueden llamar los que viven fuera de Dios. Tú, criatura de Dios, esfuérçate y ten paçiençia, y encomiéndate a Dios y confórmate con su sancta voluntad, y arrepiéntete de tus peccados y de las cosas que pudieres haver hecho en serviçio de Dios y no las has hecho”. La bienabenturada dixo entonçes al sancto ángel: “Pues, ¿cómo, señor, tan tarde me lo diçes?”. Y respondió él: “No es tarde, que tiempo tienes para que lo puedas haçer. E yo haré lo que me diçes, ruegue por las religiosas, y por tus hermanos, y parientes y amigos, y personas que a ti se encomendaren. Tú, amiga de Dios, confórmate con todo lo que Nuestro Señor quisiere haçer de ti, y suplica a su Divina Magestad se cumpla en ti, en bien y salvaçión tuya, la sentençia que está dada, la qual sentençia puede revocar el poderoso Dios; mas creo no lo hará, porque Él aya sobre [¿tres?], que tiempo es, amiga de Dios, de goçar de las cosas prometidas y a Dios pedidas y demandadas y por él otorgadas”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Dixo la sancta virgen a los gloriosos apóstoles que rogasen al Señor por ella, que ella no deseava la muerte por vía de su desesperaçión, ni por muerte viçiosa, sino por muerte de penitençia y de contrición, y de arrepentimiento y sus peccados, que fuese la voluntad de Dios cumplida en ella. Los sanctos apóstoles le respondieron: “Así á de ser para ser la muerte sagrada, e ynoçente y sin peccado. Y agora es tiempo de padesçer los penitentes y [fol. 131r] amigos, y bien querientes y bien hazientes, y gozen los que son floridos de los mayos floridos e goços del Çielo; y las verdes flores son las ánimas sanctas y bienabenturadas”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y tornando esta bienabenturada en sus sentidos, llamó a una religiosa parienta suya, que dende niña se havía criado en la orden, y ella le tenía mucho amor, y díxole: “Hágoos saver, hermana, que según me an dicho por una revelaçión que he visto, es la voluntad de mi Señor Jesuchristo yo muera de esta enfermedad, de lo qual yo mucho me he consolado”. Y contole la susodicha revelaçión, y díxole muchas cosas de gran doctrina, aconsejándola tuviese paçiençia y se conformase con la voluntad de Dios.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y luego, viernes por la mañana, día de los sanctos apóstoles, entrado el médico a visitarla, dixo que le quería hablar en secreto. Y llegándose çerca de su cama, díxole: “Señor, ruégoos por amor de Nuestro Señor, no me curéys ya más, ni me hagáys ningún benefiçio, porque raçón es que se cumpla en mí la voluntad de Dios, que yo sé que tengo de morir de esta enfermedad, y todo aprovechará poco, si no es darme más tormento. Paréçeme que todo mi cuerpo le meten en un grano de mostaza, y allí le aprietan, según lo que yo siento”. Y assí estuvo todo aquel día, con alguna fatiga causada por la enfermedad. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y como se sonase mucho que esta bienabenturada estava tan al cavo de su fin, muchas señoras generosas deseavan estar presentes a su glorioso tránsito, y assí lo pusieron por obra, y vinieron con liçençia de sus prelados. Y no todos llegaron a tiempo a causa que algunas venían de lejos, si no fue una muy cathólica, sancta, y devota de esta sancta virgen, que se llamava doña Ysabel de Mendoça, hija del [fol. 131v] conde de Monteagudo, muger de don Gonçalo Chacón, señor de Casarrubios de el Monte, que se apresuró y llegó a tiempo, y estuvo presente a todas las cosas y maravillas que acaesçieron en su bienabenturado fin, y tuvo muchas lágrimas y devoçión, como persona tan cathólica. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El mesmo día de los apóstoles, antes de vísperas, estando en sus sentidos, vido algunas revelaçiones, las quales ella no dixo claramente, aunque mucho la ymportunaron y rogaron este mismo día. Ya que quería anocheçer, le dieron la sancta unçión, la qual resçivió con muy gran devoçión. Y dende a un rato, dixo con gran gemido y contriçción: “Ay, ay de mí, cómo me he descuydado”. Pasada una ora de yntervalo después de haver resçivido la sancta unçión, le subçedió una yndispusiçión, que pensaron hera desmayo. Y viéndola el médico, dixo que no tenía pulsos, que verdaderamente se muría. Y estuvo ansí un rato. Y tornando sobre sí, empeçó de hablar con buen semblante, en lo qual conoçieron havía sido arrobamiento, y de estos tuvo muchos aquella noche. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y empeçó a hablar, diziendo lo que havía visto, como quien responde a lo que le deçían. Y pareçía a todos los que la veýan lo que hablava eran respuestas que dava a quien la hablava, y dixo como persona muy admirada: “O, qué cruel espada. Ténemele, ténemele, no me mate con ella”. Y assí estuvo sosegada un rato en silençio, como persona que veýa grandes cosas. Y después dixo, con gran sosiego y manera paçífica: “Tené ese cuchillo, tenedle”. Y alçando un poquito la voz, deçía: “Llámenmela, llámenmela, que se va”. Y preguntándole a quién le havían de llamar, respondió: “A la sancta Magdalena” −dixo−, “la que estuvo al pie de la cruz, que viene del sepulcro”. Y deçía: “Ay, ay, amiga mía de mi alma”. Preguntándole si estava allí la Magdalena, respondió: “Sí”. Y de rato en rato deçía, a manera de mucho deseo: “Pues vamos, Madre de Dios, vamos”. Y esto deçía [fol. 132r] muchas vezes, y algunas añadía: “Vamos a casa, Madre de Dios, que es tarde”, y con manera de afinco y esfuerço fervoroso, dezía: “Hechalde de aý, hechalde de aý. Ay, por qué me dexáys, por qué me dexáys, por qué me dexáys”. Y pareçía que estava angustiada, y que peleava con el Demonio. Y para esta pelea la dexaron sola, la qual vençió valerosamente, según pareçió en la plática que ella tenía con el Demonio. Que ansí como el poderoso Dios le dio graçia y fortaleza que en su vida la vençiese, por semejante en la hora de la muerte, que es en la mayor neçessidad, no la desamparó, que maravillosamente salió vençedora, lo qual muy claramente se conoçió, porque estando en la pelea se deçía entre sí misma: “O, a qué mal tiempo me havéys dexado”. Y esto dixo algunas vezes, y callando un rato, tornó a hablar con el que la havía dexado, diziendo assí: “Señor, me dexastes sola, hechad de aý ese demonio que no tiene parte aquí, mal año para él”. Y volviendo la plática a las religiosas, les dixo con admirable fervor: “Señoras y hermanas mías, levantadme de aquí, daré mi alma a Dios en sacrifiçio”. Y dende a un poco, empeçó a deçir apriesa, como quien hablava con otras personas: “Búscamele, búscamele a mi Señor. Buscarele, buscarele, y yo, hálleme Él a mí, y hallarlo he yo a Él. ¿Por qué me le llevastis? Déxame, yrle he yo a buscar, aunque estoy descoyuntada”. Y preguntándole las religiosas a quién le havían de buscar, dixo: “A mi Señor”. Y tornándole a deçir dónde le hallarían, respondió: “En el huerto le hallaréys”. Y deçía: “Ay, Madre de Dios, Jesuchristo, qué crueldad”. Y con gran fervor otra vez deçía: “Mi Señor, sobre la misericordia a la justiçia, Jesuchristo, y qué angustia”. Y muy fatigada, volvió el rostro a las [fol. 132v] religiosas, y díxoles: “Amigas, ayudadme a rogar”. Dixéronle: “¿Qué quieres, señora, que roguemos y pidamos?”. Respondió: “Misericordia y piedad, y que sobre la misericordia a la justiçia”. Y deçía muchas vezes: “Vamos, vamos; o, qué punto; o, qué punto”. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Estando una religiosa lavándole la boca, díxole: “Sancta Virgen, quitá de aý, que mi Señor me la labará y besará”. Y desde aý a un poquito, con mucha graçiosidad y mesura, sacó la lengua a manera de persona que comulga. Y preguntándole las religiosas si havía comulgado, respondió con hermoso semblante: “Sí”. Dixéronla si havía comulgado por todos los que allí havían, estaban: dixo que sí. El médico, que la curava, viendo todas estas cosas, dixo con gran devoçión y lágrimas: “Bienabenturado [¿colesio?], que tal ánima como esta embía al Çielo. Por çierto, señoras, que creo yo serán mayores los favores que de esta señora resçivirán desde el Çielo que los que an resçivido en la Tierra, aunque an sido muchos”. Respondió la bienabenturada: “Podrá ser”. Que todo esto pasaba quando estava sin pulsos en ninguna parte de su cuerpo. Estando todos mirándola, empeçó a mazcar, como persona que comía con mucho savor, y durole porquito espaçio. Y de que huvo çesado, preguntole un médico, diziendo: “Señora, pareze que come, ¿es verdad?”. Respondió la sancta virgen: “Sí”. Tornándola a ymporturar que dixese quién le havía dado, y qué hera: “El ángel me dió el fruto de la sancta vera cruz”. Dixéronle: “Con tal manjar, muy esforçada estará”. Respondió: “Sí, estoy”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y tomándole el médico el pulso, dixo que se le havía tornado muy esforçado y grande, que pareçía ''[19]'' que de nuevo le havían dado vida, porque havía más de quatro horas que estava sin él, y dende el día [fol. 133r] de los Sanctos Apóstoles no havía pasado ninguna sustançia. Y después de esto, empezó deçir con muy hermoso gesto: “Amigas mías y señoras mías, llevadme, llevadme, ca pues avía presto”. Preguntándole con quién hablava, dixo: “Con las sanctas vírgines”. Y ymportunada dixese con quién havía de yr y adónde la havían de llevar, respondió: “Con mi verdadero esposo y marido Jesuchristo”. Y deçía: “¿Por qué me escondéys a mi Señora y mi Reyna, por qué me la escondéys?”. Oyendo estas las religiosas, pusiéronla delante una ymagen de Nuestra Señora, y de que la vido, ynclinole la caveça y dixo: “No es esa, vuélvemela, vuélvemela a mi Reyna y mi Señora”. Y preguntada si estava allí Nuestra Señora, respondió con mucha alegría y prudençia: “Sí, y mis ángeles, y mis sanctos”. Y tornando a dezir de rato a rato: “Pues vamos, señora mía, vamos”, dixo con grande alegría: “Ea cavallero, ea cavallero, hazedle lugar aquí, aquí a mi lado”. Y dende a poquito dixo, a manera de reverente: “O, padre mío”. Y en este deçir padre mío, pensaron las religiosas que lo deçía por el glorioso padre sant Françisco. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y quando esto pasava ya venía el día, y hera sávado. De todos los que havían estado allí aquella noche, assí a las religiosas, como a las personas, de otra manera no se les hiço, pareçió ser aquella noche dos horas. Estando ansí esta bienabenturada, dixo: “Ea, pues, ea, pues, Jesuchristo, vamos de aquí, vamos presto, Señora, Señora mía; vamos, vamos, mi redemptor”. Entonçes, las religiosas se levantaron con muchas lágrimas y grandes sollozos, que pareçía querían espirar, y la besaron la mano con mucha devoçión. Y ella las bendixo, a presentes y ausentes, y a sus amigos y conoçientes, y tornó a deçir: “Vamos, vamos, rector mío, vamos de aquí”. Y preguntándole si estava allí el Señor, dixo: “Sí, y Nuestra Señora, y los ángeles, [fol. 133v] y toda la corte çelestial”. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y empezó a mazcar un poquito, y esto hizo por dos vezes, por yntervalo de tiempo. Y los que allí estavan, dixeron: “Pareze que torna a comer del fruto de la cruz”. Respondió la sancta virgen: “Ayer lo comí otra vez”. Y llegando a ella el médico, otro día sábado por la mañana, preguntole con gran devoçión: “Señora, ¿va al Çielo? ¿Quién va con ella y la acompaña en ese camino?”. Dixo: “Mi Señora, la Virgen María, y mi ángel, y mis ángeles y mis sanctos”. Y callando por un rato, tenía mucha hermosura y lustramiento de gesto, como quando estava elevada. Y pasado poco yntervalo, tornó a decir, con manera alegre: “Dadme albriçias”. Y pareçía lo deçía a las personas que con ella estavan. Y con admiraçión y alegría dixo: “Hasta çapatos”. Y esto replicó por dos o tres veçes, y los que esto veýan: “Según pareze, ya le embía su esposo a esta dichosa alma los adornamientos”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y el médico que estava más çercano a esta bienabenturada, hablándola, conoçió y resçivió el aliento que de la boca le salía. Y dixo a los que allí estvan: “No pude conoçer ni alcançar qué olor fuese, salvo que olía muy bien, y suavemente”. De lo qual estava admirado, porque hasta aquella hora havía tenido mal olor en el aliento, que le proçedía de la podriçión y corrupçión de los humores, y entonçes le tenía bueno. Y todos los que allí estavan, oyendo lo que el médico deçía, se hallegaron a la sancta virgen con mucha devoçión, y resçivieron su huelgo, y conoçieron no ser de los olores de este mundo por buenos y finos que sean. Y toda su persona estava con muy grande olor y hermosura.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y dende el sávado en la tarde hasta el día siguiente domingo, después de la víspera día de la Ynvençión de la Sancta Cruz de Mayo, no habló esta bienabenturada. E antes que entrasen por la puerta de su çelda, se olían las [fol. 134r] maravillosos olores que de ella salían, y algunas partes les pareçía, entrando donde ella estava, olía como vergel de muchas flores. Y siendo la hora de las seys, depués de mediodía domingo, día de la sancta Cruz, que fue a tres de mayo de mill y quinientos treynyta y quatro años, acompañada su sancta ánima de muy buenas y sanctas obras, y ansimismo su cuerpo, acompañado de frayles de su horden, y de todas las religiosas de la casa, las quales con candelas ençendidas en sus manos, y leyendo la Passión los padres que allí estavan, dio esta bienabenturada el alma en manos del poderoso Dios que la crió y redimió, quedando su gesto con hermosura y compostura admirable, quedándole la boca muy bien puesta, a manera de sonrisa. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y muy admirados los padres que allí estavan, con gran reverençia llegaron a mirarle los ojos. Y alçando los párpagos, vieron que no los tenía quebrados, sino con aquella hermosura y graçiosidad que los tenía quando estava viva. Que assí como aplaçió mucho a Dios con ellos y con los juyçios suyos, assí permitió su Divina Magestad que en la hora de su muerte no fuesen quebrados, en el tiempo de las buenas obras que con ellos havía hecho, del qual milagro todos se maravillaron mucho y dieron graçias a Nuestro Señor, por las grandes maravillas y virtudes que con sus fieles amadores haze. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Salió de esta vida esta bienabenturada el año de mill y quinientos y treyta y quatro años, hora, día y mes arriva dichos. Como esta sancta virgen espirase, hallegáronse con muy grande ansia todas las religiosas, llorando lágrimas muy dolorosas, a ver y besar el sancto cuerpo. Y como se açercaron a él, [fol. 134v] heran tan grandes los olores que d’él salían, y tan subidos, que no se podían comparar con cosa desta vida. Y a las religiosas que estuvieron y vistieron el sancto cuerpo, las quedó por más de tres días muy admirable olor en sus personas y manos. Y en qualquiera cosa que le ponían ençima quedava el mesmo olor, y assí le tuvo en su persona y hábito que estuvo por sepultar, que fueron çinco días.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y yendo una religiosa con gran fervor a besarle los pies quando la estavan vistiendo el ábito, cayó en la tarima de su propia cama, de manera que se lisió muy malamente en el vientre, y luego se le hizo un bulto tan grueso como el puño y con muy gran dolor. Y estando tan fatigada, cresçiéndole los dolores, pusiéronle ençima la camisa con que havía espirado la bienabenturada, y luego se le aliviaron los dolores, y pudo estender la pierna, la qual no podía menear, y se pudo levantar y andar sin pena. Y otro día tenía desenconada la herida, y casi deshecho el bulto. Y assí fue sana por la bondad de Dios y méritos de la sancta virgen.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y adereçado el sancto cuerpo, el abbadesa y todo el convento de las monjas, con candelas ençendidas y rezando como es costumbre, le llevaron al coro, y allí le fue dicho el offiçio por las monjas muy solemnemente. Y estuvieron aquella noche con él, acompañándole con mucho dolor y lágrimas. Y con ella, la dicha señora y generosa de la orden y devota de esta bienabenturada, que con mucha devoçión estuvo en su tránsito, y consolándose cómo hera pasada de esta vida a la gloria y bienabenturança.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Ocurrió mucha [fol. 135r] gente de todos los rededores, y venían con gran devoçión de ver el sancto cuerpo. Assimismo, vinieron muchos padres de la orden a hazer sus obsequias y enterramiento. Y como la gente hera tanta, davan liçençia a los más prinçipales que entrasen en el monasterio, los quales, quando veýan el cuerpo y olían los olores que tenía, davan muchas graçias a Nuestro Señor, derramando lágrimas de mucha devoçión; entre las quales personas, entró un mensajero que dende Toledo embió una gran señora, que hera Virreyna de las Yndias, a saber de la salud de esta bienabenturada, el qual traýa gran dolor de muelas, en manera que no podía comer, ni vever ni dormir. Y en llegando a besalle los pies y ábito a esta sancta virgen, se le quitó. Y con gran devoçión dixo el benefiçio y milagro que havía resçivido, y salud que en su persona havía sentido.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y como el día siguiente lunes fuese, casi hora de vísperas, y los campos estuviesen llenos de gente clamando les mostrasen el sancto cuerpo y se le dexasen tocar, los reverendos padres, por satisfaçer su devoto desseo, tomaron el sancto cuerpo y sacáronle fuera, con mucha reverençia, donde todos le pudiesen ver. Y viniendo la gente como los frayles le sacaron, eran tan grandes los clamores y gemidos que todos davan con muchas lágrimas que muy lejos se podía oýr. Y llegando todos apriesa, los [fol. 135v] frayles, que guardavan el sancto cuerpo, no consentían llegar sino al ábito. Y sintiendo el muy suave olor que del cuerpo salía, con mucho maravillamiento davan graçias a Dios, y ponían ençima cuentas y cosas que traýan, en las quales se pegava el mesmo olor. Y entre los que llegaron a tocar el sancto cuerpo, llegó un hombre que havía venido sobre dos muletas, con mucho trabajo, de Torrejón de Velasco. Y en vesando el ábito de la virgen, dixo que havía sentido tan grande aliviamiento en sus dolores y tulliçión que le pareçía que pudiera andar tres leguas sin ningún cansançio ni dolor. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y consolada la gente, tornaron el sancto cuerpo al monasterio, y a ora de conpletas, a la qual hora llegaron çiertos mensageros rogando que detuviesen el sancto cuerpo, hasta que ellas le viesen. Y assí se hiço. Y hecho el offiçio de los padres, fueron a sus monasterios, y dexaron el cuerpo sin enterrar. Y assí estuvo por cinco días, no perdiendo los buenos olores que tenía. Y venidas las señoras por cuyo ruego el sancto cuerpo estava detenido, con el qual mucho se consolaron de ver las maravillas que Dios mostrava en él, pareçioles hera bien, por que las gentes goçasen de esta sancta reliquia, se enterrase en la yglesia y capilla del Sanctíssimo Sacramento. Pero las religiosas, no consintiendo sacar el sancto cuerpo de entre ellas, huvieron de entender en ello los prelados. Y se hiço lo que las [fol. 136r] monjas quisieron, porque hera más justo. Y pusiéronle en una parte donde las religiosas comulgavan, en un hoyo pequeño, quanto cupo el ataúd, y ençima cubierto con yeso de altura de dos dedos, en el qual lugar manifiesta el Señor la sanctidad de esta bienabenturada, sintiendo muy buenos y suaves olores.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En la çiudad de Almería havía una sancta muger que tenía revelaçiones muy verdaderas y comunicava Nuestro Señor con ella muchos secretos, la qual se llamava María de Sant Juan. Hera religiosa de la Orden de la Sancta Conçepçión, y natural de Casarrubios del Monte. Y como esta sancta muger tenía graçia de arrobarse también, como la bienabenturada Juana de la Cruz, comunicávanse ambas, y estando elevadas en spíritu en el lugar que Dios hera, quiso de ponerlas, y hiziéronse hermanas spirituales. Y yendo todos padres de la orden del glorioso padre sant Françisco, y el uno dellos havía sido perlado mayor de la provinçia de Castilla, persona de mucha auctoridad y letras, a negoçiar con esta sancta muger, María de Sant Juan, a un mes que havía pasado de esta vida la bienabenturada Juana de la Cruz, y preguntándole el dicho prelado le dixese del estado del ánima de la madre Juana de la Cruz, respondiole con mucha alegría que: “Tenía mucha gloria, tanta y tan grande como el [fol. 136v] poderoso Dios la da a sus escogidos y los méritos de la bienabenturada Juana de la Cruz mereçieron. Y luego que esta sancta ánima salió de las carnes, voló derecha al Paraýso, y tiene tanta gloria que exçede a muchos sanctos y sanctas, e yguala con los ángeles. Y más os quiero deçir, que por la bondad de Dios yo la he visto estando elevada el día del señor Sant Juan evangelista de mayo, que aora hiço quatro días, después de la Ynvençión de la Sancta Cruz de mayo, quando esta bienabenturada salió de las carnes. Y yo la vi en la gloria, tan sublimada que tiene en muy mayores grados que la solía ver. Y maravillándome mucho, pregunté a mi sancto ángel cómo havía tan grande diferençia en la gloria que aora veo a la Juana de la Cruz, que otras vezes no la solía yo ver en gloria tan sublimada. Respondió el sancto ángel que ‘está ya desatada de las carnes, y está en la gloria para siempre’. Oyendo esto, vínome gran desseo de hablarla. Y estando en este desseo, vi a deshora abajada esta bendita ánima donde yo estava, y con mucha alegría me abraçó, e yo ansimismo a ella, y la dixe: ‘¿Cómo, hermana mía, y esto sin mí?’. Respondiome: ‘Sí, hermana mía, que se cumplió la voluntad del poderoso Dios’. Y dixo havía quatro días hera pasada de esta vida, y en ella havía tenido su Purgatorio, [fol. 137r] y assimismo havía sido juzgada en la carne antes que della saliese. Y dos días antes que espirase, havía empeçado a goçar su ánima de la gloria del Çielo, aunque al pareçer de quien la veýa tenía pena en el cuerpo, porque hera la voluntad de Dios que estuviese detenida aquellos dos días. Y quisiera ella mucho dezir lo que goçava, sino que no podía, ni le es dada liçençia”. &lt;br /&gt;
E otras muchas maravillas y milagros se podrían deçir que Nuestro Señor mostró en este tránsito del cuerpo de esta bienabenturada, y después d’él. Por evitar prolixidad,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''Laus deo.''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
=== Notas ===&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[1]'' Repetido en escritura al margen.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[2]'' Este adjetivo aparece en una nota al margen.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[3]'' Anotado arriba.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[4]'' Anotada arriba.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[5]'' Repetido en nota al margen.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[6]'' Por “gran despojo”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[7]'' Apuntado en nota al margen.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[8]'' Corregido al margen: ''Divina''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[9]'' Por error aparece en el manuscrito &amp;quot;dedovatas&amp;quot;.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[10]'' Secuencia repetida: “''que otro día de la fe mana el árbol de la vida son más subblimadas''”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[11]'' La palabra oración aparece anotada al margen.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[12]'' Palabra repetida.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[13]'' Secuencia repetida: “''dixo el sancto ángel: si lo as de scrivir''”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[14]'' Escrito en el margen.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[15]'' Palabra escrita encima de las otras.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[16]'' Falta lo que dijo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[17]'' En está escrito encima de me trayáys, que aparece tachado por un lapsus del copista, que copió el trayáys precedenete. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[18]'' Secuencia repetida: “''lo que Dios''”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[19]'' Secuencia repetida: “''que parecía''”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
= Vida manuscrita (2)=&lt;br /&gt;
Ed. de [http://visionarias.es/equipo/maria-victoria-curto/ María Victoria Curto]; fecha de edición: marzo de 2018; fecha de modificación: septiembre de 2023.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
== Fuente ==&lt;br /&gt;
[[Archivo:LibrodeCasa.jpg|300px|right|Manuscrito|link=]]&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
* BNE MSS-9661&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[[Contexto material del manuscrito de la Biblioteca Nacional de España, MSS-9661]].&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
== Criterios de edición ==&lt;br /&gt;
El ''Libro de la Casa y Monasterio de Nuestra Señora de la Cruz'' contiene fragmentos de la vida de Juana de la Cruz, motivo por el que es incluido en el catálogo de santas vivas. Esta es la primera vez que se edita. El ''Libro de la Casa y Monasterio de Nuestra Señora de la Cruz'' (mss. 9661 de la Biblioteca Nacional de España) es un manuscrito posterior a la muerte de Juana de la Cruz (1534) y que refleja las características fonéticas y gráficas propias de la segunda mitad del siglo XVI, por lo cual los criterios que se han adoptado para realizar su transcripción son conservadores. La lengua que refleja el manuscrito no parece presentar rasgos dialectales, ya que vocalismos en formas como ''sepoltura'' o ''monesterio'' eran muy habituales.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Se ha decidido mantener los grupos consonánticos cultos, como el grupo -mpt- en ''redemptor'', el grupo -th- en ''thesoro'' o el grupo -nct- en ''sancto'', ya que son una muestra de la importante presencia e influencia del lenguaje eclesiástico y de la fuerte carga semántica de ciertos términos religiosos. Asimismo, se conserva el uso que se hace de la b y la v (''juebes''), el empleo o la ausencia de la h- inicial (''omenaje'') –así como su oscilación (''había/avía'')– y se preserva la utilización de las distintas sibilantes que presenta el texto original, es decir se respeta en todo momento la oscilación entre ss/s (''dixessen/dixesen, santíssima/santísima'') y entre z/ç (''vezes/veçes''), incluso en los casos donde esta oscilación está mal empleada etimológicamente. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Es importante apuntar que la autora del manuscrito fue una monja del convento de Nuestra Señora de la Cruz de Cubas de la Sagra, quizá compañera de Juana mientras esta vivía, que tal vez escribía al dictado de otras monjas y cuya alfabetización debía de ser muy básica. Por último, también se han mantenido las consonantes geminadas (''officio, abbadesa''), la oscilación entre b/v (''tubo/tuvo''), entre h/g (''huerta/guerta''), entre c/qu (''cuentas/quentas''), entre j/x (''dejan/dexan''), entre y/i (''yglesia/iglesia'') y entre h/f a inicio de palabra (''hijo/fijo''), y las elisiones en las formas del tipo d’esto, d’ella, señaladas con apóstrofo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Para que la lectura del texto resulte más clara y sencilla al lector, se han juntado o separado palabras de acuerdo al criterio actual, se han desarrollado las abreviaturas, las palabras se han tildado siguiendo las normas ortográficas actuales, se ha corregido la capitalización de determinados términos, reservando la mayúscula para vocablos abstractos referidos a la divinidad, y se ha puntuado modernamente el texto, intentando en todo momento respectar lo máximo posible su particular ritmo interno, muy cercano al lenguaje oral. Para facilitar la lectura, también se ha acentuado la ''á'' verbal, para distinguirla de la preposicional, se ha añadido la virgulilla a la grafía ''ñ'' y se ha unificado la oscilación entre u/v, otorgando a la -u- función exclusivamente vocal y a la -v- consonántica. Con la intención de orientar al lector, se han introducido breves epígrafes que dividen el cuerpo del texto en función de la temática que se aborda en cada momento, así como notas a pie de página que se han circunscrito a aclaraciones sobre la presentación del manuscrito. Por último, se ha empleado el paréntesis para las acotaciones teatrales y las explicaciones del texto, se ha hecho uso de la letra cursiva para indicar frases latinas, y se han utilizado las comillas para señalar las nomenclaturas y los diálogos que aparecen en el cuerpo del texto.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==Vida de Juana de la Cruz: ''Libro de la Casa y Monasterio de Nuestra Señora de la Cruz''==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[1]'' '''[fol. 1r] Este libro es de la casa y monasterio de Nuestra Señora de la Cruz. Tiene los autos que se hacen el día de la asumpción y el de la sepoltura, y gracias que Nuestro Señor concedió a esta sancta casa, y mercedes que en ella hizo por yntercessión de nuestra madre sancta Juana a las monjas y bien hechores d’ella, y esto para siempre.'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[PRIMER AUTO DE LA ASUNCIÓN DE LA VIRGEN]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[fol. 2r] Este auto es el que hazen en la casa de la labor el día de la sepoltura de Nuestra Señora.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
(Entra el ángel y anuncia a Nuestra Señora su muerte gloriosa.)&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Ángel – Thesoro rica del Cielo,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	a cuya real persona&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	quiere Dios dar la corona,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	honrando con vos su Cielo,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	la suprema Trinidad&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	para anunciaros me embía,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	que se os ha llegado el día&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	de gozar la eternidad.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	Y para señal y muestra&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	que triunfáys en cuerpo y alma,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	aquesta preciosa palma&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	os presento, Reina nuestra.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Nuestra Señora – Señor de la Magestad,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	mi Dios y amado hijo,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	que de un destierro prolijo&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	me llamas a tu ciudad,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	gracias te den inmortales,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	los ángeles en la altura,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	honras con favores tales.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	Y pues ya, Señor, previenes&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	a la muerte los despojos&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	para que gozen mis ojos&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	el sumo bien de los bienes,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	solo me falta que sea &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	de tu amor favorecida&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	en que antes de mi partida&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	a tus apóstoles vea.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Ángel – Vuestros ruegos son oýdos,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	Reina, y por que os consoléys&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	los apóstoles veréys,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	por virtud de Dios traýdos.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[fol. 2v] Todos aquí se han juntado&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	de varias partes del mundo,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	y Juan, vuestro hijo segundo,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	ya por las puertas ha entrado.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
San Juan – Sálvete Dios, Virgen pura,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	madre de Dios y hombre,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	a cuyo bendito nombre&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	se humilla la criatura.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	En Éfeso predicaba&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	y súbitamente vine,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	tu Magestad determine&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	de dezir lo que mandaba.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Nuestra Señora – Hijo y apóstol amado,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	cuya dulce compañía &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	divide el último día,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	por averme Dios llamado,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	yo os encargo que miréis,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	después de muerta, por mí&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	y luego en Getsemani&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	sepulcro a mi cuerpo deis.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	Esta palma, Juan, se llebe&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	quando mi cuerpo enterréys,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	y es justo vos la llevéys&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	porque de todo se os debe.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
San Juan – ¡O, si todos mis hermanos,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	los apóstoles ausentes,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	fuessen agora presentes,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	quánto seríamos ufanos!&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Tus obsequias gloriosas&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	todos juntos con gran gloria&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	las haríamos sumptuosas&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	y dignas de gran memoria.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
(Entra San Pedro.)&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
San Pedro – ¿Por qué causa tan de presto&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	nos ha el Señor aiuntado?&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	Que cierto estoy espantado&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	pensar que pueda ser esto...&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	Por esso todos lleguemos&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	juntamente en este día,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	y de la Virgen María&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	todos bien nos informemos. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[fol. 3r] San Juan – O, compañía preciosa,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	a todos hago saber&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	que ya quiere fallecer&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	nuestra Madre gloriosa.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	Y pues que resurreción &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	todos juntos predicáys,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	no parezca que mostráis&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	por la muerte compasión.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
(Dizen los apóstoles de rodillas...) &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	Señora de lo criado,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	donde todo el bien se encierra,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	de los fines de la tierra&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	el Señor nos ha juntado,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	y viéndonos aiuntados&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	estando en tierras estrañas&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	estamos maravillados.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	Dinos, Señora, qué mandas.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Nuestra Señora – Para mi consolación&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	ha sido vuestra venida&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	y para que en mi partida&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	recibáis mi bendición.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	Ayudadme a bendecir&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	la suprema Trinidad,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	cuya sancta voluntad&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	me manda al Cielo subir.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Los apóstoles – Guérfanos solos y tristes&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	nos dexáis, muy gran Señora.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	Por aquel Dios que paristes,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	nos tengas en tu memoria.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Nuestra Señora – Siempre en el Cielo seré&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	madre y abogada vuestra,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	quando de su mano diestra&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	mi hijo su lado me dé.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	¡A Dios, colegio sagrado!&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	Y tú, eterno y sumo Padre,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	que me escogiste por madre&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	del hijo de ti engendrado,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	recibe en tus santas manos&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	mi espíritu en la partida,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	para vivir nueva vida&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	en los gozos soberanos.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[fol. 3v] Los apóstoles – ¿Dónde vas, Madre de Dios?&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	¿Dónde vas que ansí nos dexas?&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	¿Dónde, Señora, te alejas?&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	¿Qué será sin ti de nos?&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
(San Juan da la palma a San Pedro.)&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
San Juan – Pues eres guarda y pastor&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	de la Yglesia militante,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	esta palma triunfante&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	llevarás como mayor,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	que es símbolo del madero&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	con que fuimos remediados&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	y havemos de ser juzgados&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	en el día postrimero.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
(San Pedro buelve la palma a San Juan.)&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
San Pedro – La palma te pertenece&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	por tu santa puridad,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	tu ferbiente charidad&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	acatamiento merece.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	Quando Christo padecía&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	la Virgen al virgen dio,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	y pues él la mereció&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	lleve delante la guía. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
(Va la processión al coro bajo y llevan los apóstoles a Nuestra Señora en hombros, y delante de las andas va San Juan con la palma y San Pedro y el ángel.)&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[SEGUNDO AUTO DE LA ASUNCIÓN DE LA VIRGEN]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[fol. 4r] Este auto es el que se haze el día de la asumpción de Nuestra Señora en la tarde. Gánase mucho haziéndola.	&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El Padre – Ángeles que sois criados&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	a la imagen de Dios,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	conoced vuestro Señor,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	adoralde, que os ha criado.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	Adorad su gran poder,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	adorad su gran bondad,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	adorad su gran saber&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	con que os quiso criar.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	Mirad vuestra hermosura&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	y de quién la recibistes,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	conoced que sois criaturas&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	y criaros no podistes.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	Adorad al que os crió&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	con tan grande poder,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	adoralde porque os dio&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	libre y franco alvedrío,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	adoralde porque es digno&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	ser de todos adorado.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	Adoralde, hijos míos,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	y seréis santificados.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Lucifer – ¿Quién eres tú que nos hablas&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	con tan grande magestad?&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	¿Quién eres tú que nos mandas&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	que te vamos adorar?&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	Muéstranos la tu figura,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	pues oýmos la tu voz,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	tú, que estás en las alturas&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	y dizes que eres Dios.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El Padre – Hijos, yo soy el que soy,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	sin principio y sin fin,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	yo soy vuestro Criador,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	yo soy el que siempre fui.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[fol. 4v] Yo soy el que os crié&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	con charidad infinita,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	para que de mí gozéis&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	y d’esta Gloria bendita.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	Conoced que es toda mía,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	que de vos no tenéis nada.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	A la Magestad sagrada&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	adoralda, que es muy digna.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Lucifer – Di, ¿qué cosa es adorar,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	pues mandas que te adoremos?&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	Aunque primero veremos&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	quién se merece adorar...&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El Padre – Adorar es humillaros&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	so la mano poderosa&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	de vuestro Dios soberano,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	que hizo todas las cosas.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	A Él solo pertenece&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	adoralle de hinojos&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	con la boca y con los ojos,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	porque solo Él lo merece.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	También es mi voluntad&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	de ensalzar a un varón,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	al qual havéis de adorar&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	y tenerle por Señor. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	Ha de subir de la tierra&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	a ser conmigo una cosa,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	y quiero que desde agora&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	le prometáis obediencia.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Lucifer – Vosotros no consintáys&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	en esto que avéis oýdo,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	si alguno se ha de adorar&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	yo solo soy el más digno.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	No ay aquí otro poderoso&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	que pueda ser adorado,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	en este reyno precioso&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	yo devo ser ensalzado.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El Padre – Mirad bien lo que hazéis,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	catad que os amonesto,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	contra Dios no os levantéis,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	que caerá vuestro cimiento.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[fol. 5r] Humillaos y someteos,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	no queráis ansí ensalzaros,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	por que no seáis derribados&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	donde no halléis remedio. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Lucifer – ¡Baja, baja de lo alto&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	tú, que ansí nos amenazas,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	y veremos en lo bajo&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	quién tiene maiores alas!&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	Yo tengo alas tan lindas&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	que si empieço de bolar&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	tengo de poner mi silla&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	delante la Magestad.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
(Aquí toma Lucifer la silla y la arroja en alto y dize...)&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	A mí tenéis de adorar&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	todos quantos sois criados,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	y si otra cosa pensáis&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	¡ayámoslo a las manos!&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
(Aquí se levanta San Miguel y dize...)&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
San Miguel – ¿Quién es el que se levanta&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	contra la gran Magestad?&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	¿Quién es el que siendo nada&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	con Dios se quiere igualar?&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	Güelgue tu divinidad,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	nuestro Dios, y ten descanso,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	que para por ti tornar&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	yo quiero tomar la mano.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	Tú solo seas adorado,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	poderoso, uno y trino,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	Tú solo seas ensalzado,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	pues que Tú solo eres digno.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	Salga luego a pelear&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	el que se toma con Dios,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	que lo quiero yo vengar.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	¡Muramos aquí los dos!&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	Los que deseáis su honra&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	salid luego aquí conmigo,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	tomemos por nuestro Dios&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	contra este enemigo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[fol. 5v] Con ayuda del Divino&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	y sin temor ni flaqueza,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	mas con esfuerço de amigos,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	¡empiécese la pelea!&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
(Ahora se matan las luzes y queda escuro, y comiençan a hazer ruydo como de pelea. Y habla el Padre y dize tres vezes que cese la pelea, y a cada vez cesa, y la postrera vez habla el Padre maldiziendo a los malos y, en cayendo los ángeles malos, encienden las luzes.)&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El Padre – Yd, malditos, al Ynfierno,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	donde está la mala andança,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	que yo os juro por mí mesmo&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	que no entréis en mi holgança.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	En esa perseverancia&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	de sobervia que tenéis,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	en esa malicia tanta,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	endurecidos seréis.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	Para siempre quedaréis&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	sin tener conocimiento,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	y sin fin os estaréis&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	en vuestro endurecimiento.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
(Este dicho ha de ser a escuras.)&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Los ángeles – Adorámoste, Señor,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	porque criarnos quisiste,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	adoramos el favor&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	con que vencernos hiziste,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	adoramos la vengança &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	que hiziste con justicia&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	a los que con gran malicia&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	despreciaron tu alabança.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
(Agora sacan las luzes.)&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El Padre – Gozad ya de mi presencia&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	los que me avéis conocido,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	yo os prometo, como amigo,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	que nunca tengáis mi ausencia.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	En mi vista y gran poder&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	oy seréis santificados,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[fol. 6r] para nunca poder ser&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	de vuestro Dios apartados.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Los ángeles – Hazedor de maravillas,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	Señor Dios que nos criaste,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	mira las sillas vazías&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	de aquellos que derribaste.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El Padre – Entre vosotros está&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	por quien han de ser pobladas:&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	es la Virgen singular,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	digna de ser ensalzada.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	Traédmela, mis amigos,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	ella es la merecedora&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	de ser junta aquí conmigo,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	como de todos Señora.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	Venid, mi hija amada,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	venid, paloma querida,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	venid, esposa escogida,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	ven para ser ensalzada.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	Ven de Líbano, mi amada,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	ven de Líbano, hermosa,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	''rubicunda plusquam rosa'',&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	ven y serás coronada.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
(Agora van los ángeles por Nuestra Señora, y se hincan de rodillas delante d’ella y dizen lo que se sigue...)&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Los ángeles – Ven, Señora la más digna,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	que te llama el alto Padre&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	para ponerte en su silla,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	como de su hijo madre.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	Ven, nuestra Reyna admirable,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	por quien el Cielo se abrió,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	que el Señor que te crió&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	te espera con gozo grande.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
(Estando los ángeles de rodillas delante de Nuestra Señora, habla esto sentada...)&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Nuestra Señora – ''Sicut cipres'' levantada &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	soy en el monte Sión,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	''sicut cedrus'' ensalzada&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	in Líbano sola soy.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[fol. 6v] ''In plateis'' di olor&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	de bálsamo y de canela&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	y quasi mirra, electa&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	di muy suave olor.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
(Agora llevan los ángeles a Nuestra Señora hasta donde esté el Padre, cantando ‘O gloriosa Domina’. Híncase Nuestra Señora de rodillas y habla con el Padre lo siguiente...)&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Nuestra Señora – La mi ánima engrandece&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	y alaba con gran firmeza&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	a ti, Dios, y a tu grandeza,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	que toda gloria merece.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	Alabo tu grandeza&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	y la tu suma bondad,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	porque quisiste acatar&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	la humildad de la tu sierba.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
(Aquí toma de la mano el Padre a Nuestra Señora y la asienta a su lado.)&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El Padre – Esta es vuestra Señora,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	vuestra Emperatriz y Madre.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	Mis amigos, desde agora&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	le ofreced el omenaje&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	como a mi propia persona.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	Quiero sea obedecida,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	pues de todos es Señora&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	y no hay otra tan digna.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
(Los ángeles de rodillas.)&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Los ángeles – Como siervos y vassallos&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	te damos el omenaje,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	cada uno suplicando &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	nos recibas por tu paje.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Nuestra Señora – Por hijos y por amigos&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	os recibo, y por hermanos.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	Ayudadme, hijos míos,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	a rogar por los humanos,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	sientan ya los pecadores&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	que, pues ya soy ensalzada,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[fol. 7r] que para los sus dolores&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	en mí tienen abogada.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
(Aquí se hinca de rodillas Nuestra Señora y habla con el Padre lo siguiente...)&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Nuestra Señora – Padre mío perdurable,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	pues que yo estoy en el Cielo,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	sientan que en mí tienen madre&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	los que quedan en el suelo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	También pido, Padre eterno,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	por este gozo inefable,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	que nunca vea el Infierno&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	el que mi nombre llamare. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El Padre – Hija mía muy amada,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	razón es seáis oýda&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	y que sea socorrida&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	por vos la natura humana.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
(Agora asienta el Padre a Nuestra Señora y habla con San Michael.)&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El Padre – Michael, mi grande amigo,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	ven acá, pues lo has ganado,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	con los más juntos conmigo&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	quiero que seas asentado.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	Mi poder pongo en tus manos&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	para que todas las almas,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	desde aquí lo ordeno y mando,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	por ti sean juzgadas.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	La vara de mi justicia&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	desde oy te la encomiendo,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	pues venciste la malicia&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	del que mereció el Infierno. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
San Michael – Señor, ¿quándo merecí &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	por tan pequeño servicio&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	que te acordases de mí&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	con tan grande beneficio?&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	Yo te ofrezco en sacrificio&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	mi espíritu y todo yo,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	para todo tu servicio,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	como siervo a su señor.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
(Acábase cantando ‘Laudate Dominum omnes gentes’.)&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[ORACIÓN DE JUANA]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[fol. 7v] Dixo el Señor, hablando por la voca de nuestra madre sancta Juana, que dixessen estas palabras a la hora de la muerte, que les serían grande ayuda, las quales son las que se siguen:&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El Señor, que suelta los presos,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
suelte a esta. Jesús, María. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El Señor, que alumbra a los ciegos,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
alumbre a esta. Jesús, María. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El Señor, que sana a los contritos,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
sane a esta. Jesús, María.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El Señor, que socorre a los necessitados,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
socorra a esta. Jesús, María.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El Señor, que alegra a los tristes,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
alegre a esta. Jesús, María.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El Señor, que perdona a los pecadores,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
perdone a esta. Jesús, María. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El Señor, que salva a los indignos,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
salve a esta. Jesús, María.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
O, tú, Rey de los sanctos, confórtala.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Jesuchristo la defienda. Amén.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[COLOQUIO DE JUANA CON EL SEÑOR]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[fol. 8r] Estas palabras son un coloquio de nuestra madre santa Juana que tuvo con Nuestro Señor, y respuesta suya. Cántanse el día de la Cruz de mayo, que fue quando murió.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[Esposa] – Esposo, ¿si avéis oýdo&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	quién me robó mi sentido?&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[Esposo] – Esposa mía, en verdad&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	no vos devéis maravillar,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	que mi dulçura es tal &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	d’esto se havía recrecido ''[2]''. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	Esposa, yo os lo diré:&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	vos tenedes muy gran fe&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	y a bueltas queréisme bien,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	y a esta causa abrá sido.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	Y no ayades d’esto pena,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	que antes es dicha muy buena&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	que tengáis gracia tan llena,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	pues que d’ello es Dios servido.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	No seáis desagradecida,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	ni estéis entristezida,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	porque gracia tan crecida&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	publico vos ha venido.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	Otras personas abría&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	que d’esto abrían alegría,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	y de verse cada día&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	donde vos os avéis vido.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	¡Y tenéis poca constancia,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	y casi desesperança,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	de posseer la folgança&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	que vos ha aparecido!&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	En Dios devéis esperar&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	y no vos debéis turbar,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	que Él os puede salvar&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	porque es de bondad cumplido.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	Y si ansí lo hazéis&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	cierto muy bien libraréis,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[fol. 8v] y si en virtudes crecéys&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	Dios oyrá vuestro gemido.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	En las cosas celestiales&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	debe ser vuestro deleyte,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	porque todas las terrenales&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	muy presto han fenecido.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	Amiga mía muy serena,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	vos sois ansí como abeja&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	que haze la miel muy nueva&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	y la labra de contino.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	Y digo que en toda la tierra,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	ni el val de la Çirolera,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	no ay quien ventaja os lleva&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	en amar a Dios divino.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	Y por aquesta razón&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	y porque os duele mi Pasión&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	y de pura compasión&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	se vos ha quitado el sentido,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	y ansí perseveráis, &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	y si siempre ansí boláis&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	y atrás nunca tornáis,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	hallaréis muy buen camino.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	Essas vuestras compañeras,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	mis amigas entrañables, &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	deben ser muy singulares,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	no me echen en olvido.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	Y pues yo las amé ''[2]''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	a ellas y las llamé&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	y del mundo las libré,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	por d’ellas ser bien servido.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	Ellas y tú de consuno, &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	sin ninguna dilación,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	debéis servir a Dios uno&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	con amor mucho crecido.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	Pues que sois ya dedicadas&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	en honor a Dios del Cielo,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	trabajad por ser sagradas&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	a Dios bueno, uno y trino, &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	al qual siempre con amor&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	tened en el coraçón,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[fol. 9r] dándole vuestra afición&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	al que es poderoso Dios vivo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	Esposa, catad que miréis&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	que ni por eso no penséis&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	que algunas virtudes tenéis,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	pues de Dios han recrecido.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	Y si os he dicho algún loor&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	no es por vuestro valor,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	sino por el del Señor,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	de quien el bien ha salido,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	porque en toda criatura&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	no ay sino malaventura&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	y es peor que basura&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	y contino está en peligro.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	No penséis que he de dejar &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	de dezir y amonestar&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	lo que os he de enseñar,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	pues soy maestro sabido;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	y pues que sois vos mi esposa&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	avéis os de hallar dichosa,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	pues que no es cosa penosa&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	mi aviso y mi castigo,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	pues si vos a mí me amáis&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	más os he yo amado a vos,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	y si por mí trabajáis&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	más he yo por vos sufrido.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	Esposa, saber os hago&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	que yo os amo en tanto grado&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	que no ay tal enamorado&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	en este mundo nacido;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	y antes que el mundo criase &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	yo de vos me acordé,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	y aun antes que le ordenase&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	yo vos ube escogido,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	que en mi voluntad crié&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	las cosas antes que fuesen,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	y lo que yo más amé&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	ánimas buenas an sido.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[fol. 9v] Los ángeles, con primores &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	criados en mayor grado,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	a Dios an mucho alabado&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	en el Cielo muy subido;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	son más claros que candelas&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	y rayos del sol que salen,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	son más mucho que estrellas&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	y de gesto muy luzido.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	Esposa mía, ya es tarde&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	y hora de recogimiento,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	todo esto se bien guarde&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	en el coraçón metido,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	y holgad en hora buena.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	Y algún día por estrena&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	bolveré después de cena,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	o antes del gallo primo,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	y entonces me contaréis &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	las congojas que tenéis&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	y también las que después&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	de mi vista habéis tenido.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[Esposa] – Esposo, ¿si havéis oýdo&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	quién me robó mi sentido?&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[SEGUNDO COLOQUIO DE JUANA CON EL SEÑOR]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Estas palabras dixo el Señor por su sanctíssima voca estando en el dormitorio de esta santa casa de la Cruz. Dichas el día de la comunión, ganan lo que ganó el buen ladrón en la Cruz, y la Madalena. Cántanse en el refitorio la octaba del Santísimo Sacramento.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Almas esposas amadas,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
acordaos de aqueste día,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
porque con mucha alegría&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
de Dios seáis consoladas.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Ya sabéis que Jesuchristo&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
en forma de pan es visto,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Dios y hombre Jesucristo&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
en la ostia consagrada.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[fol. 10r] Almas que vivís en regla&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
en la sancta Madre Iglesia,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
pues tenéis tan rica impresa&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
no estéis desconfiadas. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Quando tomastes baptismo&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
esposo fue Dios mismo,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Él quitó vuestro abismo&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
infernal de almas perdidas.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y después de encarnado,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Dios vivo se ha presentado&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
por todos crucificado;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
las almas son redimidas.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Muéstrase con afición&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
a quien tiene devoción, &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
y a las vezes da perdón&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
de palabras bien sentidas.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y por eso, esposas mías,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
las que me adoráis agora&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
por estas estrechas vías&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
por buenas seréis avidas&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
en el Juiçio Final,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
estando en mi tribunal,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
en el qual me he de sentar&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
a juzgar gentes nacidas. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Pensando en este Juiçio&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
debéis, hijas, contemplar;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
hallarse á muy repissa&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
la que siguió malas vías.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Dios mostrará su deidad&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
en potente magestad,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
allí no hay negar verdad,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
¡guay de las almas perdidas!&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Justos no se hallarán&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
los santos, y temblarán&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
quando a Dios vivo verán&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
con llagas aparecidas.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
¿Qué harán los pecadores&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
que están tan llenos de errores?&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En el fuego abrán dolores&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
de llagas muy desmedidas.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Esposas, sed inocentes&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
sin pecado entre las gentes,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
lavad vuestra cara y frente&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
con lágrimas bien crecidas;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
mejor es este deleyte&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
de pensar en mi Pasión&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
que otro ningún afeite,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
solimán y aguas coçidas.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[fol. 10v] Ansí os hermosead&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
las almas todas, mirad&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
que mi alta Magestad&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
digna es de desposar luzidas.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Con vosotras hago pacto&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
en este día y rato&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
que nunca os seré ingrato,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
pues estáis arrepentidas.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Lloraréis vuestros pecados,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
dignos de ser despreciados&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
y del todo desechados,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
a Dios siendo prometidas.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Acordaos cómo os dixe&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
en el vuestro consistorio&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
que os daría mi desposorio&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
como a esposas queridas.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Yo mismo quise rogaros,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
por mayor cargo echaros&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
y por mucho más amaros&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
quando fuéssedes bendecidas.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Acordaos que os amé &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
y os di mi coraçón&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
quando en la Cruz pené,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
sintiendo las mis heridas.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Acordaos que consentistes&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Esposo tan soberano,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
y acordaos que luego distes&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
la mano con alegrías.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Yo ansí mesmo os la di&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
por que fuéssedes benditas,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
y de grado os di mi “sí”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Sed preciosas margaritas,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
las quales ando a buscar,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
como buen negociador,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
por la tierra y por la mar.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Almas son hijas queridas.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Acordaos que os compré &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
padeciendo cruel Pasión;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
vosotras tenéis la fe&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
y yo sufrí las heridas.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Acordaos de mi gemido &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
y de todos mis tormentos,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
mirad que os ube servido&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
prometiéndoos cien mil vidas.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Muy dignos servicios fueron&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
la vida que yo pasé&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
y la Passión que me dieron&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
con penas muy doloridas.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[fol. 11r] Y los mis prometimientos&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
debieron ser estimados,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
guardando mis mandamientos&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
y las mis leyes luzidas,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
las quales cosas guardadas&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
con gozo y con diligencia,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
si por vos no quebrantadas,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
prudentes sois y sabidas.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Algunos os dan esfuerço&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
diziendo de mí buenas nuevas,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
cómo perdono yo presto&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
las ofensas cometidas.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Hijas, no confiéis tanto&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
en lo que oýs hablar,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
rogad al Spíritu Sancto&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
que de sí os haga dignas,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
para mientes, hijas mías,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
que el mundo no vos engañe&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
con sus vanas alegrías,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
ante mí aborrecidas.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
No consiento ni me place &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
que de otro seáis amigas,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
¡guay de quien pecados haze,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
siendo vosotras tan mías!&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Ansí que dizen verdad&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
que yo soy perdonador,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
mas quitad toda maldad &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
ante vuestro Criador.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Si no os hallastes allí&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
quando mi desposamiento,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
agora vedesme aquí&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
a vuestro contentamiento.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
No estéis entristezidas&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
siendo en cantidad muchas&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
(alma, si bien me scuchas,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
muchas más son redimidas),&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
porque las almas esposas&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
en el sancto baptismo&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
se me aiuntaron todas;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
yo recebí a quien me quiso.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Entonces, como sabéis,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
doy las joyas y anillos,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
(como quenta santa Ynés,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
que supo muy bien sentillos),&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
porque entonces las almas&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
renuncian a Satanás&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
y se le dexan atrás,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
por ser a mí allegadas.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[fol. 11v] Esto digo a quanto faze&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
a lo de mi desposorio,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
al qual digo que me plaze&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
cumplir lo que es notorio.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Dios mi Padre es contento&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
de vuestro convertimiento,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
y aunque seáis más de ciento&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
todas sois establecidas.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Quando aquella palabra,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
hijas mías, yo vos di,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
el Cielo conmigo estaba&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
allí en rededor de mí.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Ángeles muy soberanos&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
estaban allí conmigo,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
y todos mis cortesanos&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
de la Gloria por testigos.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y si los angeles que os guardan&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
estubieron allí presentes&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
y me dieron los anillos&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
por vosotras las ausentes,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
pues tales testigos ay&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
de vuestro querer y el mío,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
y no queráis más pecar,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
pues tenéis libre alvedrío, &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
oigame quien me oyere,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
entiéndame aora alguien,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
esto digo para quien&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
ama a Dios y le sirviere.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Quien ansí esto no haze&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
no está en gracia de Dios&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
y no merece salvarse.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Hijas mías, salvaos vos.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Esposas mías, si os plaze&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
las mis palabras oír,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
harto provecho vos hazen&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
si lo queréis bien sentir.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Devéis llorar y gemir&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
las que en algo avéis errado,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Dios quiso redimir&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
y quitar vuestro pecado.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Arrepentirse del mal&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
es bueno a toda persona&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
y a Dios gracia demandar,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
porque Él con esto perdona.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Con deseo de enmendar&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
la su vida venidera,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
su alma pueda descansar&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
en la Gloria verdadera.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[fol. 12r] Y yo no tengo olvidado&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
vuestro servicio y fervor,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
mas mayor es mi amor&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
con que yo os ube amado.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En mí, hijas, esperad&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
como en padre, señor y esposo,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
y en mí os consolad,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
pues que soi Dios poderoso.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En la Cruz me desposé&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
tiniendo grandes amores,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
y mi sangre derramé&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
por todos los pecadores.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Debéis os satisfazer, &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
pues mi sangre nos juntó&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
para una cosa ser&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
almas vosotras y yo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y esto, hijas, creeréis&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
por que no os halléis en vano,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
y si aun aora queréis&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
luego os daré la mi mano.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Allí está una imagen mía,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
que tiene la virgen madre&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
delante Sancta María.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Podréis vuestra mano darme&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
y allí podréis jurarme&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
que vos queréis enmendar&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
de vuestros yerros pasados&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
con propósito, y rogarme, &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
que aunque al parecer,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
es muy pequeño mi bulto,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
soy maior que el Cielo junto, &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
como lo devéis saber.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Sentildo con esperiencia&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
de mis grandes obras tantas,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
como son muchas y altas&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
por mi imperial potencia,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
y por haverme encerrado,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
no cabiendo en mil mundos,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
en aquel vientre sagrado&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
en el qual hize estos nudos,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
que cierto allí estuvo Dios&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
en aquel bulto del Cielo,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
que vino a sanar a vos&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
y daros dulce consuelo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Dios, mi padre celestial,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
es el que da vida y gracia&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
para le amar y honrar,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Él es digno de alabança.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[fol. 12v] Nuestra noble Deidad,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
el Hijo y el Spírito Santo&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
todo es una Magestad,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Trinidad y un Dios muy alto.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y si el cuerpo se tomó&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
de la Virgen de prudencia,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
aquel se organizó &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
para poner Dios su esencia,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
y la esencia de Dios vivo&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
es la alta Trinidad.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
No la puede hombre nacido&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
comprehender ni palpar,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
y para esto remediar&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
ordenó el alto Poder&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Dios vivo hazerse hombre,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
para la comprehender. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y por eso, hijas mías,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
devéis os mucho esforçar,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
no seáis flojas ni tibias,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
por que de Él podáis gozar.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y aunque a vosotras, hijas, &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
aora esto he hablado,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
a otras no he desemparado,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
doiles joyas y sortijas.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Aora quiero fablar&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
con ellas y con vosotras;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
no queráis d’ello penar,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
pues que sois hermanas todas.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Ya sabéis que soi Esposo&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
de la Iglesia universal,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
obligueme a dar reposo&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
al linaje humanal.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Los que salvarse desean &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
con fermoso fervor&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
es razón mi gloria vean,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
y yo les muestre mi amor.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En toda la christiandad&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
hago que suene mi voz,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
santa Iglesia de bondad.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Almas, entendeldo vos.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Ansí hombres como mugeres &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
deseo gozéis la Gloria. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Alma, tú mira si quieres&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
tener a Dios en memoria.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En el Paraíso ay bienes.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Alma, tú no seas floja,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
aunque grandes penas tienes&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
en la tierra de congoja. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[fol. 13r] Mas para alcançar la corona&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
en la Gloria por venir,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
hija mía, tu persona&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
lo debe todo sufrir,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
y debes muy bien vivir&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
a Dios amando y sirviendo,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
y lo malo despedir,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
tu fe en solo Dios poniendo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Almas, hijas paramientes,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
a todas he yo hablado,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
y entre devotas gentes&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
esto será bien empleado,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
y las ánimas cristianas&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
que tubieren la mi fe&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
hallarse an muy hufanas,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
porque yo las salvaré.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Yo soy el que vivo siempre.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Almas, convertíos a mí,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
pues que sois todas vivientes;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
la paciençia yo os la di,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
yo, el Dios muy honesto,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Jesucristo combidando. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Trabaja por subir presto,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
pues Dios os anda llamando.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Corred, hijas, sin tardar,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
no queráis venir despacio,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
porque en mi alto palaçio&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
vos deseo aposentar.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Ámoos como esposas,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
heredaisme como hijas,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
seréis blancas y hermosas,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
¡con razón te regozijas!&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En el Cielo, generosas&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
muchas son las almas buenas.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Hijas mías religiosas,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
sufrid en paciencia las penas;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
ángeles os servirán&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
porque a mí mucho me amastes,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
y ellos vos ensalçarán&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
en la Gloria que ganastes. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Ganad, hijas, tan gran gloria,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
ganalda y no la perdáis, &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
porque si la desecháys&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
vana fue vuestra victoria.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Tener buenos pensamientos,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
hazed fuerça a vuestras almas,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
sufrí en paçiençia tormentos,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
por que ansí las hagáis salvas.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[fol. 13v] No os espantéis de las penas&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
que en el mundo padecéis,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
que sigún vuestras ofensas&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
maiores las merecéis.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Hijas mías, gozaos contino&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
en la esperança de mí,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
y en papel de pergamino&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
mis palabras escribid, &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
por que si alguien las pidiere&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
para las trasladar,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
y si deboción tubieren,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
se las podades prestar,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
que para entre los hermanos&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
buena es la charidad.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Amaos unos a otros,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
que esta es la ley de verdad,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
amaos con afición,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
onesta y prudentemente,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
y no con alteración&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
desonesta y neciamente.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Amad vuestra salvación&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
y unos por otros rogad,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
por que ayáis consolación&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
en el reyno celestial.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Aveos siempre piedad, &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
socorredvos cada día,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
por que en el reyno celestial&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Dios vos dé toda alegría.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Hijas mías, paramientes&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
fe y amor es lo que os pido,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
porque está el mundo perdido&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
siendo muy malas las gentes,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
que no les basta su mal&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
que contino ellos hazen,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
mas quieren os engañar&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
diziéndoos lo que les plaze.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Esto digo, hijas mías,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
porque ay algunas personas&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
que en pecados y blasones&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
despenden todas sus vidas,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
que infinito es malmirado&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
tan grande abominación.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
No ay temor ni devoción&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
con que sea remediado,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Dios casi está ya olvidado.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Mira, almas, qué gran mal,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
cómo ha de ser amansado&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Dios eterno divinal.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[fol. 14r] Siempre busca coraçones&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
y con muchas obras buenas,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
¿cómo ha de dar perdones&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
pues tú buscas siempre penas?  &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
La clemencia de Dios vivo&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
es muy grande en cantidad,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Él te da a gustar su cibo&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
y cuerpo de magestad.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
De grado es perdonador&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
quando halla humildad&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
y contrición del error,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
con deseo de bondad.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Mirad quán largo que os ablo,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
hijas, si bien lo sentís,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
mi gracia tuvo san Pablo&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
y bueno es esto que oís.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Trabajad por vivir bien&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
en este mundo de guerras,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
que al Cielo podéis subir&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
aunque el demonio os dé guerra;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
porque su officio es&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
de aquel mal guerreador,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
siempre le renunciaréis&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
con virtud de gran vigor.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Su crueldad no vos enoje,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
pues no os podrá empecer&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
a alma que se recoge&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
a Dios por se guarecer.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Él es lleno de tinieblas&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
y en su lengua ay gran dolor,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
y con amargas tristezas&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
os quieren quitar mi amor,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
y con vanas alegrías&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
desean recrear vuestras almas.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Dejalde, hijas, en calma,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
que mejores son las mías;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
desechalde, hijas mías,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
y armaos con la mi luz,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
que no son nada sus vidas&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
quando parece mi Cruz.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Hazed mucha penitencia&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
por servir a Dios muy alto,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
porque la mucha pereza&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
no vos cause algún gran llanto.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Pues que havéis pecado harto&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
devéis ya de os enmendar,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
por que en la otra eternal&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
no lo ayades de pagar.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[fol. 14v] Ya sabéis, esposas mías,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
que vienen buenos y malos:&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
los buenos con alegrías&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
y condenados los malos.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y pues otra vida ay &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
y también resureción,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
quien oy haze algún mal&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Dios haze la vengación.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Bien es andar sobreaviso&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
los que en la tierra moráis,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
porque ganáis Paraíso&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
todos los que a Dios amáis.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El Cielo, reyno precioso,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
con él tened afición,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
desealde más que tesoro,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
y a mí por su gualardón.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Tened, hijas, devoción &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
y daos a Dios contino,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
no ayáis participación&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
en ese mundo mezquino,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
y pues ya le avéis dexado&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
con desdén y con denuedo,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
y que es malo avéis hallado,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
no sigáis mal pensamiento.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y si en él ay algún bien&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
que parece deleitoso,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
más deleites tiene el rey&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Jesú en su reyno precioso.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y siendo Él muy dulce Esposo&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
y de preciar y estimar,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
el alma, su dulce esposa,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
consigo desea aiuntar.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Él la ama como esposa&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
y con ella se deleita,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
llámala ‘amiga’ y ‘ermosa’&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
y le dize que le abra la puerta.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Contino está Él esperando&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
que ella le codicie abrir,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
no debe de estar tardado&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
la que le ha de recibir.   &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Aquestas cosas he dicho&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
a las mis hijas de luz,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
a las amigas de la Cruz,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
no las pongan entredicho. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
No se ha puesto entredicho&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
para no las dibulgar,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
porque son buenas razones&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
y podrán aprovechar,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[fol. 15r] y aun para suspirar &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
qualquiera alma devota,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
si no es tan simple y mortal&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
que a Dios esté remota.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y en esto acabo, amigas,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
suplicad por bendición.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Padre mío, tú las bendigas,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
pues me tienen deboçión.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Recibí aora perdón&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
de los pecados passados,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
si d’ellos ay contrición&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
y estuvieren confessados.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Aved, hijas, alegría&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
y encomendaos a mi Madre;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
llamad a Santa María,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
ella os ofrecerá a mi Padre,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
ella es buena abogada&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
y quita la confusión,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
si el alma está turbada&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
y no alcança confesión.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Pedilde la bendición,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
ella bien la puede dar&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
y por vosotras rogar&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
que hagáis satisfación.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El ángel de vuestra guarda,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
cada uno a cada una,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
llamalde, que nunca tarda,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
por vosotras siempre pugna&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
y es buen negociador,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
ante Dios procura bienes.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Alma, pues aquí me tienes,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
goza de todo mi amor,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
¡a mi secreto dulçor!,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
pues soi Dios tu Criador,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
contino perdonador&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
de qualquier culpa y error.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''Deo gracias''. Fin.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[RELATOS DE SUCESOS EXTRAORDINARIOS OCURRIDOS EN VIDA DE JUANA]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[fol. 16r] En el tiempo de nuestra madre santa Juana, resplandecía en esta santa casa de la Cruz tanto la santidad de las religiosas d’ella, que todas sus pláticas eran celestiales, enamoradas de Dios y de su santa Madre y de los ángeles y santos, de suerte que dixo el santo ángel san Laruel a nuestra madre santa Juana: “Tanto pueden tus hermanas ablar de nosotros, los ángeles, que se tornen en condición angelinas”. Juntábanse las religiosas en quadrillas para hazer penitencias y pedir a Dios mercedes y a su santa madre santa Juana, diziéndole las religiosas: “Señora, pida Vuestra Reverencia al Señor nos otorgue mercedes, ordenando cofradías”, pidiendo fuesse su santa Madre la patrona d’ellas. Y el Señor, como tan poderoso y amigo de que le pidamos, repondía a nuestra madre que le placía. Y ansí dezían las religiosas en las mercedes que pedían en las cofradías: “Suplicamos a la Señora Patrona que nos sea concedido esto que pedimos, para ayuda agradar a Dios, y a la hora de la muerte, amparo y socorro”. Respondía Nuestra Señora que le placía de alcançar lo que le pedían y de ser su patrona. Otorgoles el Señor en las cofradías grandísimas gracias, y llamaban las monjas a Nuestra Señora [fol. 16v] la Señora Patrona, y otorgolas el Señor allá en el Cielo cosas tan grandes que se quedan para las que las gozaren, y no para entendimientos humanos. Las cofradías están escritas en este libro y concedidas al Señor para ellas y las por venir. Tenían tanta comunicación las religiosas con los celestiales por yntercessión de nuestra madre santa Juana, que una monja, estando en contemplación de la Passión del Señor, escrivió una carta a Nuestra Señora, y el santo ángel san Laruel se la cogió y la llevó al Cielo. Y nuestra madre santa Juana, estando arrobada, la vio en manos de Nuestra Señora, que con grande demostración de amor la leyó, y se le cayeron encima de la carta unas preciosas perlas de sus ojos y dixo: “Juana, dile a Fulana que estas bastan por respuesta”. Y, bolviendo de la arrobación, dixo a la monja lo que avía visto en el Cielo, y el ángel la tornó al lugar de donde la tomó. Y las religiosas la tubieron y tienen en mucha veneración, porque oy día ay en esta santa casa pedaços d’ella.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Estando una religiosa d’esta casa fuera d’ella por la [fol. 17r] obediencia, estando en oración, hizo una copla a Nuestro Señor, y al cabo de algún tiempo bolvió a este convento. Y estando el Señor hablando con nuestra madre santa Juana le dixo: “Dile a Fulana que se acuerde de tal copla que me hizo, estando puesta en la cruz del claustro del monasterio de donde vino”. Y entonces el Señor la respondió a ella en metro. Nuestra madre santa Juana las hizo escribir, que ansí se lo dixo el santo ángel lo hiziese. Y en este modo de responder el Señor en metro a las monjas ubo mucho. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Deçía la santa Juana: “Por que veáis, hijas mías, lo que el Señor quiere esta santa casa de su Madre y con la reverencia que avíades de andar en ella, os quiero deçir que muchas veçes veo al Señor Esposo pasearse por el claustro en trage de galán, cantando muy dulcemente, tañendo una vigüela de oro; y dezía el Señor: &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Esta casa, Padre, &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
es de mi santa Madre. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Esta casa y este lugar &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
no le entiendo olvidar.”    &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[fol. 17v] Una monja era sacristana y acabava nuestra madre santa Juana, que era abbadesa entonces, de darle cantidad de ynçienso para el officio, y arrobose nuestra madre. Y en este tiempo fue la sacristana a calentar el horno, y enfaldose los braços para quemárselos por penitencia, y con actos de amor echaba los puñados de la paja, offreciéndolo al Señor por incienso. Recibió Dios su yntención y vio nuestra madre el Cielo lleno de humo de yncienso; preguntó a su santo ángel qué humo era aquel, respondiola diziendo: “Allá es de tu casa, tu sacristana”. Y bolviendo de la arrobación llamó a la sacristana y díxole: “Amiga, ¿cómo avéis gastado todo el yncienso que os di, que he visto el Cielo lleno de humo?”; y ella entonces la dixo: “Ay, señora, que no he llegado a ello, sino que calenté el horno con esta yntención. ¡Bendito sea el Señor, que lo ha recebido!”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Hablando Nuestra Señora con nuestra madre santa Juana la dixo: “Di a tus hermanas que se traten con crianza, porque es parte de paz”.&lt;br /&gt;
[fol. 18r] Hazían tantas penitencias aquellas bienaventuradas religiosas, rebolcándose desnudas en los cardos, entrándose en el agua elada, quebrantando los yelos y entrando debajo d’ellos. Y nueve días antes de la natividad del Señor se aparejaban tiniendo cada noche una hora el yelo desnudas, y algunas vezes tres horas, tanto que se quitaban cantidad de escarcha de las cabezas; y esto en reverencia de Él y en lo que padeció el Niño recién nacido.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Otras se metían en el horno abrasando, otras se echaban calderos de agua por ençima de los hombros en memoria de la desnudez que tubo el Señor en la Cruz y en el Jordán; y con esto muchas disciplinas de sangre y ásperos silicios y continua oración y los maytines a media noche.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Preveníanse para las fiestas de Dios y de su santa Madre en echar suertes para vestirlos. Y estos vestidos los hazían de penitencias, ayunos y oración, fabricándolos en su imaginación, y el santo ángel san Laruel, por medio de nuestra madre santa Juana, les daba la industria [fol. 18v] y significación de las colores, y dezía: “Diles a tus hermanas que lo que hizieren de color blanca apliquen ‘Avemarías’ y el himno de ‘O Gloriosa’ y la ‘Magnífica’; y para lo carmesí, el ‘Anima Christi’ y el rezo de la Passión; para lo verde la ‘Salve’; y lo morado el ‘Miserere’; y para oro ‘Paternostres’; y el ‘Salterio’ todas colores”. Y dixo más el santo ángel: que para la pedrería el ‘Credo’, que es piedra preciosa, y que el ‘''quiqunque vult''’ es carbunco y jacinto, “y que d’esta manera harán y guarnecerán los vestidos. Y diles que el ámbar significa el officio de nosotros, los ángeles, para hazer lo que quisieren”. Y con estas cosas andaban absortas en Dios. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Una monja, estando rezando en una imagen de la oración del güerto, llegó a besar el pie al señor San Juan Evangelista, y habló el santo en su imagen y dixo: “Igual havías de hazerme unos çapatos...”. Y la santa Juana oyolo y sonriose, y la monja importunola le dixese de qué se havía reýdo, y al fin se lo dixo; y la monja, llena de espíritu, ordenolos en su imaginación de oración [fol. 19r] y penitencias, que no durmió en toda aquella noche. Y al amanecer entró el santo por la cámara donde estaba la santa y sonaban mucho los çapatos, y díxole la santa: “¿Cómo viene Vuestra Hermosura con esos çapatos?”. Dixo el santo: “Ansí me los hizieron”. Y d’esta suerte supo la religiosa cómo su oración avía sido oýda; y como andaban en espíritu, eran sus entretenimientos estas pláticas. Y vínolo a saber una religiosa y hízole otros çapatos para su fiesta, procurando grande pureza en su alma. Apareciósele el santo a la santa Juana con ellos muy pulidos, y ansí tornó con ellos a visitar a la santa. Y esta imagen está oy día en la capilla de la güerta, que era su oratorio de la santa Juana. Está vestido el santo de blanco y la capa colorada, y los pies descalços en una tabla. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Veýa la santa Juana, quando yban las monjas a fregar, cómo yban con tanta presencia de Dios que los santos ángeles les ponían sortijas en las manos, y lo mismo hazían quando hazían otras cosas de humildad y charidad. Y quando acudían puntualmente a la obediencia les ponían guirnaldas [fol. 19v] en las cabeças, y a las que eran rebeldes a la obediencia veýa la santa que les davan un bofetón el ángel de su guarda. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Criábase una niña en esta casa que se llamaba Bernarda, y asomose a un poço o noria, y estaba entretenida mirando su sombra abajo, y el santo ángel Laruel dixo: “Juana, imbía por aquella niña a la noria, que está el demonio abajo del agua llamándola con modo de niña, diziéndole “Anda acá conmigo”, con intención de ahogarla por que no llegue a grande, que tiene barruntos que ha de ser sierva de Dios”. Y fueron las monjas que tenían quenta con la santa y hallaron que se quería echar, y llebáronsela a la cama donde estaba tullida. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Entró un día el ángel que se llama san Potens por la cámara donde estaba la santa, diziendo: “Juana, por el camino viene una donzellita que traen a concertar para monja, yo la quiero para mí, que me he enamorado d’ella por señas que es morenita; y yo la he venido escudereando y haziéndole sombreritos con las nubes, por que no la queme el sol”. Y desde a poco llegaron con ella, la qual fue después [fol. 20r] devota d’este santo ángel, el qual dixo a la santa Juana que el Señor le avía dado cargo de regir las nubes. Y las monjas, como sabían esto, quando venían tiempos secos cogían a la devota y echávanla una soga a la garganta, y llevávanla en processión del agua, diziendo al santo ángel que no soltarían a su devota hasta que lloviesse; y con tal fe lo hazían que llovía. Y ansí havía y ay particular devoción con este santo ángel, y es de costumbre en las processiones del agua nombrar en la letanía a san Potens.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Una religiosa que se llamava María de la Madre de Dios tenía gracia de arrobarse. Vio una vez entrar por la puerta de la iglesia a María Evangelista, que era ya difunta, con el libro que escrivió, que se llama ''Santo Conorte de los sermones que el Señor predicó por la voca de nuestra madre santa Juana'', la qual dixo que era de oro; y en la otra mano, una cruz verde. Y esta señora María Evangelista no sabía escrivir, y el Señor le dio gracia para que escriviesse el santo libro, y dixo a esta religiosa que la vio cómo el Señor le avía dado mucha gloria porque le havía escrito. Treze años predicó el Señor y de solos los dos postreros se escribió este santo libro. [fol. 20v] A persuasión del sancto ángel Laruel, púsole el Señor este título de ''Conorte'' y concediole el Señor muchas bendiciones y virtudes contra los demonios y tempestades, que mandó el santo ángel que quando alguna estubiesse en pasamiento le pusiessen algo de la lectura d’este libro para defensa del demonio. Y en las tempestades manda la prelada saquen el santo libro o sus traslados, y se ha visto cesar la tempestad muchas vezes. Y las quentas que llaman del santo Conorte, que son unas pardas gordas, dixo el santo ángel, quando las truxo del Cielo: “Estas traen las gracias del santo Conorte”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Una religiosa havía alcançado don de lágrimas y con grande humildad conocía que no eran dignas que el Señor las recibiese, y viendo el Señor su humildad embiola a consolar con nuestra madre santa Juana, que diziéndole ella “Señor, supplico a Vuestra Magestad se acuerde d’esta religiosa”, le respondió: “Dila de mi parte que se vaya para otra Magdalena”. Esta misma religiosa lloró quando se fue su padre spiritual, que era muy religioso, y fue reprehendida del sancto ángel por nuestra madre santa Juana, y dixo: “Di a Fulana que no se ha de llorar sino por compassión de la Passión del Señor o por havelle ofendido”. Y ella, viendo aquello, propuso de no [fol. 21r] llorar más en semejante causa. Y llegando el tiempo de yrse otro no lloró, y díxole el Señor a la santa Juana: “Dile a María de los Ángeles que las lágrimas lloradas se perdonan por las no lloradas”. &lt;br /&gt;
 &lt;br /&gt;
Esta misma fue enfermera y, hallándose algo cansada, queríalo dejar, y perseverando en este pensamiento dixo el santo ángel a nuestra madre santa Juana: “Dile a María de los Ángeles que no dexe el officio, que si le dexa la traeré arrastrando por la enfermería de los cabellos”. Y tomando la religiosa esta reprehensión por grande favor, perseveró en el officio casi veynte años.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Esta bienaventurada tenía otra hermana en esta casa religiosa, y el padre d’ellas se llamaba el Licenciado de la Cámara, al qual vio nuestra madre santa Juana en el Cielo, y la habló y dixo: “¿Cómo están mis frutos de bendición? Encomiéndamelas, y yo ando suplicando me traiga la chica a estos santos reynos”. Buelta la santa de la arrobación, díxoselo a María de los Ángeles, que era la mayor, y ella no se conformó con que su hermana se muriesse; suplicó al Señor se la dexasse, y viendo el Señor la flaqueza de su ánima [fol. 21v] le embió a dezir que escogiesse una de dos: o que se la diesse luego o que si se la dexava avía de ser con pensión de vivir con grandes enfermedades. Y ansí fue que las tuvo las mayores que se an oído. Y ansí dixo el santo ángel a María de los Ángeles: “Pues has suplicado por la vida de tu hermana, el poderoso Dios te embía a dezir que padecerá tanto tu hermana que passará de esta vida con méritos de mártir, y que la pondrá entre los mártires”. Duró algunos años cortando de su cuerpo cada día carne y jamás se quejaba, y ansí acabó santamente. Llamávase Isabel de Jesús. Y María de los Ángeles era muy temerosa de la muerte, y embiola a dezir el Señor con el santo ángel Laruel, con el qual tenía grandes colloquios, que Él le prometía quitarla el temor de la muerte y que no la sentiría. Y la madre de Dios la embió otro recaudo con el mismo ángel, prometiéndola que se hallaría a su muerte y recibiría su alma en sus manos, en una toalla de los méritos de su hijo, y la presentaría al Padre eterno; y que tres horas avía de estar en Purgatorio y estas serían en el valle de Josafad, con tal que perseverase en lo començado. Y desde entonces fue más adelante en la perfeción, y acabó en ella. [fol. 22r] Y después de muerta, quedaron con su cuerpo tres frayles y se durmieron junto a él, y sobrevino tan gran fragancia de olor que los despertó a todos. Y esto es una tilde de lo que d’esta religiosa se podía dezir, y de otras muchas de las compañeras de la santa.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Veýa santa Juana a sus monjas en el Cielo en diferentes figuras, conforme el espíritu de cada una, y admiraba de ver a una en la de tigre (preguntolo a su santo ángel qué quería ser aquello, y díxole que porque era aquella religiosa tigre para el demonio, y le vencía) y otra de paloma y ansí en differencias.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Una religiosa estava haziendo un bolsillo y su pensamiento en el Cielo, ofreciéndoselo a Nuestra Señora. Y este tiempo estaba nuestra madre santa Juana arrobada y vido a Nuestra Señora con el bolsillo al lado, como lo consideraba la monja, y preguntó al santo ángel qué bolsillo era aquel, y díxola: “Allá es de tu casa, que Fulana se le ha imbiado”. Y la santa, de licencia de Dios, se lo dixo a la religiosa, la qual dio gracias a Dios, que avía recebido tan pequeña obra. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Una religiosa andaba en su coraçón con actos de amor a San Juan Baptista, diziendo: “Señor, tanto como yo bien abrá [fol. 22v] quien os quiera, pero más es imposible”. Y el glorioso santo la imbió un recaudo con la santa Juana, diziendo: “Dile a Beatriz del Espíritu Santo que yo recibo sus servicios, y que sepa que ay quien más me quiera que ella, que es una romera que pide de puerta en puerta, que con las blanquillas que le dan me haze la fiesta”. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Hablando la santa Juana con el glorioso San Juan Baptista sobre su niñez, al fin de muchos coloquios que pasaron entre los dos, le preguntó la santa cómo le avía ido en el desierto. Como era tan chico y tierno, díxola cómo a la hora de tomar un poquito de sueño venía una sierpe “y se hazía rosca para que yo me echase y con su calor passaba, y alrededor de mí se cercaban el león y la onça y el lobo y el tigre y los demás animales feroçes, y con su bao me calentaban. Y quando mi corpeçito estaba traspassado de necessidad, venía el santo Cordero a mis braços y con su tacto quedaba harto y confortado. Y d’esta manera pasé hasta que el Señor me mandó salir a predicar ''[4]''. Y yo te digo, Juana, que salí de los grandes trabajos del yelo y sol con tal figura que no parecía persona humana”. &lt;br /&gt;
 &lt;br /&gt;
Era de costumbre en esta casa dar al pueblo de Cubas, [fol. 23r] la mañana de San Juan Baptista, una imagen de bulto del mismo santo que está en una caxa en coro alto, que es de penitencia antiguo, hombre barbado, por que no se entienda que es la del niño. Y viniendo por él, estándole adereçando en sus andas la santa y las monjas, hablolas el santo en su imagen y dixo: “Juana, di a las monjas que se den prissa, y acaba ya de adereçarme y ponerme la albahaca, que soy muy amigo d’ella, que vienen ya los moços con su dança de espadas por mí”. Y asomáronse las monjas y viéronlos que ya venían. Y esta es la imagen que vio la santa que el cordero que tiene en la mano le lamía el rostro, y que era contra las tempestades.       &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Hablando san Santiago el Mayor con nuestra madre santa Juana, entre otras pláticas y coloquios que tubieron, le dixo: “Tan chico se está este pueblecito, Cassarrubuelos, como quando yo estaba en España y prediqué en él”. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Hablando nuestro padre Adán con la santa Juana le dixo, en modo de queja, que no se acordaban d’él los humanos, si no era para murmuralle, y que estaba siempre rogando a Dios que se salvassen todos sus hijos. Y nuestra madre Eva habló a la santa muchas veçes, y dixo nuestra madre [fol. 23v] que era hermosísima y que la veýa como de edad de treynta y tres años, y que parecía mucho en las faciones a Nuestra Señora, y en el habla. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Quando estaba tullida nuestra madre santa Juana tenía muchas visitas de los santos y santas, entre las quales la visitava nuestro padre san Francisco, y dezía la santa que quando hablava de las monjas las llamava ‘mis filias’; y san Antonio de Padua le traýa al Niño Jesús; y san Acacio con sus diez mill compañeros. Y díxole el santo ángel a nuestra madre que, passado el Juiçio Final, abía de aver una escala desde Jerusalem al Cielo, para que los celestiales bajassen a adorar los lugares sanctos donde andubo nuestro Redemptor, y que ni más ni menos avía de aver otra escala desde la cámara donde estaba nuestra madre santa Juana al Cielo, y más le dixo: “y esta escala ha de ser desde este lugar donde tú estás, porque a esta cámara la llaman en el Cielo la cámara de los ángeles, por los muchos que bajan y suben a este santo lugar, que habló el Señor en él”. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Veýa la santa Juana que entraban los ángeles por entre la tierra y edificios a adorar las arenitas donde Nuestra Señora puso sus pies, quando apareció tantas vezes en esta santa casa y lugar. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[fol. 24r] Dixo Nuestra Señora a nuestra madre cómo escogía desde el vientre de su madre a las religiosas que traýa a su santa casa; más dixo Nuestra Señora a nuestra madre: que tenía alcançado de su precioso hijo muchas misericordias a todos los que mirassen por su santa casa, hasta quien cogiesse oja para la lumbre. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Siendo nuestra madre santa Juana tornera, llamó al torno señor san Andrés Apóstol y ella fue a responder, y como le conoció díxole nuestra madre: “¿A qué buena Vuestra Hermosura por acá?”. Respondió el apóstol: “Vamos yo y mi compañero san Nathanael en hábito de pelegrinos a Cubas”. Y en esto tañeron a vísperas en la iglesia del mismo lugar, que es vocación de san Andrés, y díxole el santo: “Quédate con Dios, que tañen a vísperas en mi yglesia y voy a hallarme en ellas”. Y las monjas supiéronlo y fueron al zaquizami a verlos. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Otra vez llamó el santo ángel san Laruel al torno, la santa respondió y el ángel bolvió el torno y dixo: “Juana, toma allá essas quentas, que se le cayeron a un pelegrino camino de Santiago, y te las traigo”. La santa las recibió, dándole muchas gracias por las [fol. 24v] mercedes que siempre la hazía. Y estas quentas son dos açules grandes, y la una está en el coro alto oi día, en la ventana de las quentas. Y no solamente el ángel y santos llegaban al torno, mas la misma Reyna del Cielo y su hijo precioso, como más largo está escrito en la vida de esta santa, puniéndole la Reyna del Cielo el Niño Jesús en el torno, llegando la santa con pensamiento que el torno era cuna para mecerle.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Estando la santa Juana arrobada en el Cielo llegó a ella un niño y díxole: “Yo soy de tal reyno, donde se me haze fiesta, que subí a este reyno de los Cielos por corona de martirio, siendo de edad de cinco años, y llámome san Andrés. Diles a tus monjas que se acuerden de mí, que yo me acordaré d’ellas, y en particular a Fulana, que la quiero para mi amiga. Mi día es a diez y siete de junio”. Y esta devoción dura en esta santa casa con este santo oy día, y dixo este santo que quería tanto a sus devotas que, si fuera menester tornar a este mundo a padecer por ellas, lo hiziera de muy buena gana.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Entre los muchos ángeles que en particular hablavan a la santa Juana en el Cielo y la pedían los ayudase a rogar por las provincias que tenían a cargo, son ochenta y quatro, y [fol. 25r] supiéronlo las monjas de esta manera, que en bolviendo de los raptos, la importunaban les dixiesse algo para su consolación, y la santa les dezía: “Encomendá a Dios, hijas mías, a tal provincia o tal reyno, que yo os digo que el ángel su custodio, a quien Dios se la dio a cargo, me ha dicho que está dada sentencia del poderoso Dios de destruilla, y me ha pedido le ayude a rogar por ella; hazeldo vosotras también para que se enmienden y alce Dios su yra”. Y estando con ella hablando, llegaban otros y nombrávanse unos a otros, y algunos le pedían lo mismo, y ansí sabía sus nombres y los hizo escrivir; y estos ángeles dezía que eran de los muy altos. Y dixo la santa que el ángel que se llamava san Zupiel es el del güerto, quando el Señor estaba orando en él; y que señor san Laruel fue ángel de guarda del rey David y de san Gregorio y de san Jorge, “el mismo ángel san Laruel, mi guardador, me lo ha dicho, y díxome más: 'Yo he pedido al poderoso Dios que tú seas la postrera alma que guarde, y he suplicado al poderoso Dios me haga general del Purgatorio y hámelo concedido'. Y muchas vezes me lleva consigo al Purgatorio y le veo entrar por las llamas, [fol. 25v] y saca muchas y me las da a mí que las guarde mientras entra por otras ánimas, y llevamos muchíssimas. Y los demonios dan muchos ahullidos y dizen: 'Este rapa almas, que no basta lo que haze con la que trae consigo, sino que viene a despojar el Purgatorio'. Y véole esgrimir con ellos con una espada, otras vezes le veo echar anzuelos y pescar almas, y dízeme más mi santo ángel: que de todas las personas que os tocan tiene cuydado”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[JUANA DESCRIBE A SU ÁNGEL]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Hablando la santa con sus monjas del lugar donde el ángel la ponía quando se arrobava, y fiestas de la ciudad de Dios y la ermosura de los edificios y moradores d’ella, dize: “¿Decísme, amigas, que os diga de mi santo ángel? Paréceme que no ay cosa en la tierra, por hermosa y preciada que sea, a que se pueda comparar. Es muy hermoso donzel y muy más resplandeciente que el sol, blanco y colorado, rubio y muy claríssimo, y de muy suavíssimos olores, e de bulto muy precioso, e de gesto muy sereno, e grabe persona de muy gran reverencia e dignidad. Tiene alas de colores e pinturas, las quales no le nacen de las vestiduras, mas de su mesma persona, y assí como los otros santos ángeles les nacen alas de sí mesmos. La vestidura del santo ángel [fol. 26r] mi guardador es de ynestimable valor e de incomparables colores. Yo le veo vestido de muchas maneras, mas direos los motes que trae bordados en ellas, con los quales yo mucho me consuelo: trae en su cabeça corona e diadema preciosa más que el oro, cercada de piedras preciosas, y en la frente una cruz esmaltada, hecha a manera de joyel, con letras a la redonda que dize ''confiteantur omnes lingue quoniam Christus est Rex Angelorum''; e trae otras letras bordadas en la vestidura encima del pecho, que dize ''Spiritus Sancti gratia iluminet sensus et corda vestra''; y en la manga del braço derecho trae bordada de pedrería la señal de la Cruz, con pie y con ramos muy hermosos que adornan toda la manga y la cubren, y el pie de la cruz hazia la boca de la manga y lo alto d’ella hazia el hombro, con letras en la misma cruz que dizen ''ecce erucem Domini fugite partes aduerse''; y en la manga del braço siniestro trae bordada la misma divisa de la santa Cruz, con los clavos y todas las insignias de la Passión, y letras que dizen ''dulce lignum dulces clavos dulce pondus sustinct que sola fuisti digna portare pretium suius seculi''; y en el calçado de los pies [fol. 26v] trae labradas de pedrería letras que dizen ''quam pulcri sunt gressus tui filia Principis''; y en el calçado de encima de las rodillas, letras muy ermosas que dizen ''flectamus genua levata'', encima de las muchas otras letras que dizen ''celestium torrestium et Ingernorum''. E las mismas insignias de la santa Cruz y los clavos y todas las armas de la sagrada Pasión trae pintadas e dibujadas, por muy rica manera, en un lindo pendón. E junto con ello trae figurada e dibujada la imagen de Nuestra Señora con el Niño Jesús en los braços, e de otras maneras e misterios, ansí como quando Él y ella estaban acá en la tierra, e como después entrambos subieron a los Cielos; en especial la trae pintada como ella está en su trono real, sentada e cercada de vírgines e santos ángeles, que la están sirviendo. Y estos motes y armas tan preciosas son ansí para defensión de las ánimas que él tiene en guarda, como para provecho de las del Purgatorio. E también los santos ángeles se arrean e precian de adornar sus personas e vestiduras de las insignias e armas con que su Dios y Señor hizo la obra de la redempción. Las ánimas del Purgatorio se gozan mucho con su visitación, que se recuerdan [fol. 27r] de su Dios en los tormentos que padecen. Este mi santo ángel siempre anda en buelo, e otras vezes de hinojos, e también en buelo véole venir algunas vezes e descender de lo alto hazia el lugar que yo estoy; deciende y viene asentado en un trono e silla, y en buelo por el ayre. Y es todo muy rico e resplandeciente e adornado de muchas pedrerías, e trae en su mano algunas vezes a manera de cetro muy precioso, e otras vezes trae un instrumento con que tañe de tan admirable especie que, en solo tocarle, haze qualquier son e armonía que quiere hazer quien lo tañe; dize las palabras como las puede dezir e cantar qualquiera persona humana, pero muy más suaves e deleytosas de oír. Múdase este laúd en otros instrumentos, los quales todos hazen muy acordado y deleytoso son, según cada uno en su especie. Este mismo santo ángel no es de los ángeles que da Dios guardadores de almas, porque es de más alto coro; las alas que yo le veo quando me lleva entre ellas algunas vezes son seis e ocho e diez. No se le encomiendan todas las almas, sino algunas señaladas, porque yo sé tubo en cargo al señor san Jorge y al rey David, y al señor san Gregorio y a otros santos singulares. A las ánimas de dignidad [fol. 27v] e santidad dáseles ángel principal, y él tiene muchos privilegios, e ansí le he oýdo yo llamar en el Cielo a los santos ángeles e santos ‘el ángel privilegiado’. Tiene licencia de Dios de responder algunas preguntas que le fueron fechas de las personas de la tierra, por intercessión de mí, su indigna sierva, o por las otras almas que ha tenido a cargo, y esta respuesta se entiende en quanto fuere la voluntad de Dios. De todos los nueve coros de los ángeles tiene gracia singular e don: el abrasamiento de Serafines, la çiençia e conocimiento de los Cherubines, y el servicio y adoración de las Dominaciones, e la holgança de los Tronos, y el mando de los Principados, y la pelea de las Potestades, e la adoración e charidad de las Virtudes, e la revelación de los Arcángeles, y el oficio de los Ángeles. Tiene otros e muy grandes e singulares dones, los quales dados de la mano de la muy poderosa Trinidad, la qual le dotó como puede e quiso y le inflamó en su divino amor. Tiene officio de ayudar a las ánimas de Purgatorio, yéndolas a visitar e consolar por los méritos de la muerte e Passión de Nuestro Señor Jesucristo, e merecimientos [fol. 28r] de su santa Madre; sácalas a fiestas e líbralas de las penas e defiéndelas de los demonios, e por eso anda vestido e adornado de tan ricas libreas e guarnecido de tan preciosas armas. Ansí como los demonios le sienten venir e le ven alçar el braço derecho con la señal de la santa Cruz, van todos huyendo e ahullando e dando muy espantosos gritos e gemidos, a manera de canes mordiéndose unos a otros. E muchas vezes va al socorro e ayuda de las ánimas e personas que están en pasamiento, llevando consigo a otros muchos ángeles que le ayuden a defender aquella persona que en tan gran batalla está de tentaciones de los demonios. E algunas veçes le digo yo, quando son difuntos mis devotos e personas que se me an encomendado, que tienen conocimiento de mí por oýdas o parientes de vosotras, señoras, o personas que os conocen, de las quales si son difuntas algunas d’ellas o están en tribulación, que le digo yo que se acuerde de tal persona que es difunta o de tal, si es viva, que está angustiada. Respondiome: “‘Ya yo he hecho lo que he podido y, si es difunta, yo fui a su muerte e passamiento, e llevé conmigo otros santos ángeles, e la acompañamos e libramos [fol. 28v] de peligros hasta que fue juzgada, e tengo cuydado d’ella hasta que está en descanso’. E yo le digo: ‘Pues nunca, Señor, se la havía encomendado a vuestra ermosura’. Respondiome: ‘No es menester que tú me la encomiendes, que para esto basta la charidad que mora en los ángeles e saber yo que tiene memoria de ti aquella persona, o conocen a tus hermanas o tienen deudo con ellas, para hazer yo toda mi posibilidad’. Dezía esta Bienaventurada: ‘Yo sé, y aun por vista, que las personas que por mi intercessión tienen devoción en este mi santo ángel, de que son passadas d’esta vida y están en Purgatorio y las va él a visitar, aunque va entre otros muchos santos ángeles, le conocen e le dizen: ‘Paréceme, Señor, me da el espíritu, aunque yo no os conozco ni he visto ni nadie me lo ha dicho, que sois el ángel guardador de una persona que vive en la tierra, que se llama Juana de la Cruz’. E las respondió: ‘Verdad es, ánima, que yo soy, y de la mano del poderoso Dios tienes ese conocimiento’. Ellas entonces híncanse de hinojos e danle gracias por los bienes que les ha hecho, e le suplican no las olvide. Quando me lleva mi santo ángel [fol. 29r] veo algunas vezes muchos demonios, y házenme algunos d’ellos enojos y miedos; entonces mi santo ángel esgrime una espada muy rica que trae y ellos, viéndole esgrimir la espada, huyen todos y han muy gran miedo e tiemblan, porque él pelea con ellos e los hiere, e tiene él solo más poder para pelear e vencer que muchos demonios juntos. Trayéndome mi santo ángel una vez de la mano, vi a deshora muchedumbre de demonios muy espantables e figuras en diversas maneras, e venían hablando entre sí unos con otros: ‘Estos garçones boladores e resplandecientes, ¿en qué se andan aquí, quitándonos nuestras almas, los açemileros? Que contino andan cargados de insignias del Crucificado, acarreando ánimas christianas a Dios e buscándoselas de todas maneras que pueden, en especial este que va aquí delante, que es un rapa almas que no le basta lo que haze con la suya que Dios le dio en cargo, mas otras muchas nos quita, ansí de personas vivas como difuntas, d’entre las uñas, y las perdemos por los ruegos que él haze a Dios e por los consejos que Él le imbía con aquella que allí va con él. Mas nosotros procuraremos de echar nuestro estiércol en sus oýdos quando estén más limpios y ansí [fol. 29v] les ensuciaremos sus almas, que son nidos de Dios. Mas este Jesucristo a todos sus christianos dexó redimidos, y aun hasta los niños chiquitos; dexó remedios que no se los pudiessen quitar, y ansí nos arrebatan todos quantos ellos pueden’. E diziendo los demonios estas y otras muchas palabras contra Dios y los santos ángeles y contra los buenos christianos, bolvió contra ellos mi santo ángel esgrimiendo su muy luzida espada e, hiriéndolos muy reziamente, dezía: ‘¡Andad agora, demonios malignos e traidores, que vosotros soys açemileros!, que nosotros los ángeles tenemos las ánimas en guarda; no somos sino ayos de los hijos e hijas del Rey del Cielo, e como fieles siervos e leales amigos procuramos de le acarrear todas las ánimas que son suyas, e quitarlas a cuyas no son’. Y ansí fueron los demonios huyendo y dando muchos ahullidos”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[TABLA DE CORRESPONDENCIAS ENTRE MONJAS Y ÁNGELES]'''&lt;br /&gt;
[fol. 30r] [fol. 30r] Son tantos los favores y mercedes que Nuestra Señora hizo a esta su santa casa que, después de haver aparecido en ella nueve vezes y ser su fundadora, dezía a nuestra madre santa Juana que era abbadesa d’ella. Y viendo los ángeles y santos que la Reyna del Cielo nos hazía tantas mercedes de querer ser nuestra abbadesa, pedíanle liçençia algunos para ser officiales, nombrándose cada uno official del officio que tenía la monja que le tenía devoción; y otros tomando parentesco con nosotras, otros pidiendo les rezassen en sus fiestas las devociones que ellos dezían, y que a quien lo rezare les alcançarán muchos favores de Dios.  &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Comiença la Tabla:&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
* La Madre de Dios, abbadesa. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
* Vicaria, señora santa Ana.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
* Tornera, señora santa María Magdalena (y dixo que quería ser nuestra tía).&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
* Sacristán del coro bajo, señor san Alexo (y dixo que, quando fuessen las religiosas a confessar, le rezassen un ‘Pater Noster’ y una ‘Ave María’, y que les acordaría los pecados).&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
* Sacristán del coro alto, señor san Jorge.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
* Refitolero, señor San Juan Baptista.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
* [fol. 30v] Guarda del ganado, señor San Juan Evangelista y la monja que guardava este ganado (se llamava la Loçana, que este nombre le pusieron los ángeles por la pureça de su alma).&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
* Provisora, señora santa Marcela.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
* Enfermera, señora santa Marta.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
* Laborera, señora santa Ynés (y dixo a nuestra madre santa Juana que, si ella fuera monja, que guardara mucho silençio).&lt;br /&gt;
 &lt;br /&gt;
* Señor san Acaçio y sus compañeros, guarda de la casa con un santo ángel de los muy altos, a quien Dios tiene dado para guarda d’ella, lo qual se vio por experiencia quando los comuneros venían a robar la casa y vieron, antes que llegassen, muchos cavalleros armados alrededor d’ella, hasta encima de los tejados, y como esto vieron se fueron huyendo, diziendo: “¡Qué poderosa debe de ser esta casa, que tanta guarda tiene!”. Y nuestra madre santa Juana dixo cómo aquella cavallería era celestial, que Nuestra Señora avía imbiado para la defensa de su santa casa. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
* El ángel san Laruel es provincial, y nuestra madre santa Juana le llamava, hablando d’él, algunas vezes [fol. 31r] ‘Su Hermosura’ y otras ‘el Señor Duque’. Y quando venía del Cielo a traer las quentas, lo echaban de ver las religiosas en la fragancia de olor que avía en la casa, y dezía: “El Señor Duque ha venido”. Y entonces iban a la cámara adonde estaba nuestra madre santa Juana y miraban el cofrecito, y hallaban cómo las avía ya traýdo. Y también echavan de ver quándo venía el Señor Duque por ellas, y iban las religiosas a ver el cofrecito y no las hallaban allí. El bendeçir el Señor las quentas a nuestra madre santa Juana duró muchos años por orden de su santo ángel. La santa estaba tullida y sobre un altar que ella tenía en su celda estaba un cofrecido, y deçíales a las monjas que truxessen quantas quentas quisiessen y las metiessen en él y le cerrasen con llave. Hazíanlo assí y llevábansela, y passado algún tiempo, quando era la voluntad de Dios, olían los olores ya dichos, aunque estubiessen en differentes officinas las religiosas, y venían corriendo adonde estava la santa tullida y dezíanle: “O, señora, ya ha venido el Señor Duque, no es posible menos porque hemos olido sus olores”. Y la santa sonrreýase y dezía: “Sí, mis amigas, [fol. 31v] abrí el cofrecito y veréis las grandezas de Dios”. Y las monjas entonces abrían el cofrecito y no hallaban las quentas, y dando muchas gracias a Dios, tornávanle a cerrar vaçío y llevávanse la llave, porque lo quería ansí la santa. Y quando el Señor era servido, passados algunos días o horas, tornaban las religiosas a oler los olores celestiales, y todas venían con mucha devoción y abrían el cofrecito, y hallaban las quentas y, alabando a Dios, poníansele a la santa sobre la cama, y ella iba repartiendo las artas de quentas a cada una, y traýan muy grande fragancia de olor. Junto con las quentas ponían ‘Agnus Deies’ y crucifixos y otras imágenes, y junto con las quentas lo llevava el ángel. También ponía la santa, por mandado del ángel, unos torçales de hilo, y bolvían anudados, hechos nudos a modo de cordón de nuestro padre san Francisco; unos venían más gordos y otros más delgados y algunos más flojos, y dezía el ángel: “Juana, toma allá estos nudos, y estos más floxillos te digo cierto son hechos por mano de los más altos serafines, y los demás han anudado los ángeles y an estado en manos del mismo Dios, y los ha bendecido con las quentas y te los imbía para bien de las almas. Y yo te digo que todas [fol. 32r] las personas que con fe viva las truxeren serán favorecidos de Dios en esta vida, y en el Purgatorio experimentarán sus virtudes, y en el Cielo serán señalados con particulares resplandores, y sus cuerpos, en el día del Juicio, ternán gozos accidentales, por haver estado estas preciosas quentas en el Cielo y en manos de Dios y de los ángeles y de la misma Madre de Dios”. Las primeras quentas que llevó el ángel al Cielo fue el rosario de la santa, y luego las monjas que lo supieron pidieron a la santa Juana intercediesse ubiesse aquella misericordia para sus rosarios. La santa, llena de charidad, pidió a su querido Esposo para todas. Y ansí mercaban rosarios de muchos colores, unos blancos, otros negros y pardos, y de açabache y palo e de differencias de colores. Y d’esta suerte ay quentas de muchas differencias, todas bendecidas del poderoso Dios, el qual dixo a la santa Juana y al ángel san Laruel que las que tocaren a ellas tendrán las mismas bendiciones que las originales (que echarán demonios de los cuerpos de los hombres y librarán de sus açechanças, darán salud corporal y espiritual), y que las truxessen con devoción, y que [fol. 32v] rezando en ellas por los que están en peccado mortal su Magestad yrá disponiendo aquellas almas, para que salgan d’él por la virtud que ha puesto en estas quentas.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[SUCESO OCURRIDO A LA RELIGIOSA GERMANA DE LA ASCENSIÓN CON UNA IMAGEN]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[fol. 33r] Y tiénese en tanta veneración esta santa ymagen quanto es notorio. Es la que sale el día de su aparecimiento. Y como esta santa immagen sea de bulto, una religiosa ''[5]'' fue con mucha devoción a quitarle una raxita. Y hechas muchas reverencias, pidiéndole licencia y perdón, llegó con un cuchillito a quitarla, y a desora se halló arrojada en mitad del coro y, como quien dispierta de un sueño, dixo: “¡Váleme Dios! ¿Yo no estaba subida en el altar? ¿Cómo estoy aquí, tan lejos d’él?”. Y toda turbada y temblando, y la cabeça encajada en una ventanita del mismo facistor, qu’está en mitad del coro alto. Y esto contó a algunas religiosas con grande humildad y temor de Dios y de su Madre, la qual religiosa era gran devota de esta santa imagen, la qual es difunta y fue de vida muy exemplar y de mucho crédito y perfeción de vida.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[GRACIAS QUE EL SEÑOR HIZO A LA CASA]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Las gracias que Nuestro Señor concedió en esta santa casa en imágenes y fiestas y cofradías, por intercesión de nuestra madre santa Juana de la Cruz, son las siguientes:&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
* Pidió Nuestra Señora, en esta santa casa, que para el día del nascimiento de su precioso hijo rezasen al benditíssimo [fol. 33v] Niño nueve aguinaldos, cada uno de a trecientos versos de lo que quisieren''[6]''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
* El día de la circuncisión del Señor, rezando al Niño Jesús que tiene la imagen grande de Nuestra Señora, la que consagró el Señor, cinco ‘Paternostes’ y ‘Avemarías’ concedió el Señor una ánima de Purgatorio. Y a este niño oyó hablar nuestra madre santa Juana de la Cruz con el niño de Nuestra Señora la de Torrejón, quando vino en processión.&lt;br /&gt;
 &lt;br /&gt;
* Desde el día de los santos reyes, rezando cinco ‘Paternostes’ y ‘Avemarías’ se gana lo que se sabe que concedió Nuestro Señor. En esta santa casa hase de rezar hasta el día del Baptismo y offrecerse al del Señor. Y lo mismo se gana diziendo el psalmo de ‘Miserere mei Deus’ y, llegando al verso de ‘Aspergesme’, echarse con el isopo un poco de agua bendita en el hombro.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
* Desde el día de los santos reyes hasta el día de San Valentín, que es quando el Señor ayunó, rezando cada día quarenta ‘Credos’ y quarenta vezes la oración de ‘Ave Jesús’, que es la que se sigue, concedió el Señor a quien [fol. 34r] lo rezare como si lo ayunare.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Ave Jesús, santo salvador.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Ave Jesús, dulce redemptor.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Ave Jesús, deleyte y alegría de los desiertos.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Ave Jesús, flor de los campos y lirio de los valles.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Ave Jesús, santificador de las aguas y de los baptismos.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Ave Jesús, consolación y alegría de los baptizados,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
resureción de los muertos, vida de los vivos, gloria y bienaventurança de los que en ti esperan. ''Miserere mei''. Amén. Amén. ''Domine, miserere mei''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
* Para la dominica del perdimiento se han de rezar tres ‘A te levavis’ y tres ‘Magnificas’ y tres ‘Salves’, començando desde el juebes hasta el domingo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
* El día de la santa purificación vio nuestra madre santa Juana en una revelación cómo se da sentencia en el Cielo a todos los que avían de morir aquel año, y los santos ángeles guardadores de aquellas personas yban a pedir a los demás ángeles, diziéndoles: “Señores, ayudadnos a rogar por nuestros súbditos que tenemos a cargo, que les es dada sentencia de muerte”. Y también se da sentencia aquel día a todos los que han [fol. 34v] de tener trabajos y enfermedades. Y este día es día de yncienso; hase de tomar un grano en la boca y rezar cinco ‘Paternostes’ y ‘Avemarías’ en cruz, con una candela en la mano, y en acabando de rezarlo, echar el incienso con la boca en la lumbre. Otorgó el Señor, por intercessión de nuestra madre santa Juana, perdón de las faltas de los votos.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[RELATO DE LOS APARECIMIENTOS DE LA VIRGEN]'''&lt;br /&gt;
''Revelación del aparecimiento de la Madre de Dios de la Cruz''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Dixo nuestra madre santa Juana: “Muchas vezes he visto en el año a Nuestra Señora venir a visitar a esta su santa casa, de la qual muestra tener especial cuydado y deseo que su santo aparecimiento sea estimado, porque no fue una vez sola la que su Magestad se apareció en este lugar, mas nueve días arreo me dixo mi santo ángel fueron los que se apareció. Y el primero fue el primer día del mes de março, hasta el noveno, que es el postrero aparecimiento y más público, porque en este día puso la cruz por señal, diziendo que quería le hiziessen allí su iglesia. E cada año, en este día en el qual se celebra su santo aparecimiento, la he visto [fol. 35r] venir a hora de la media noche en una processión muy admirablemente ordenada, soleníssima e apostada de muchas riquezas y resplandores de gloria, acompañada de muchedumbre de ángeles y santos y santas, e también vienen con su Magestad las religiosas difuntas hijas del monasterio y, ansimismo, vienen todas las ánimas que en vida fueron devotas del santo aparecimiento de Nuestra Señora, y las ánimas de los bienhechores del monasterio. Y estas ánimas de los bienhechores, algunas d’ellas, son libradas de penas, e a otras las trae Nuestra Señora con licencia de su precioso hijo para darles descanso en esta su fiesta. Y esta preciosa processión viene al monasterio con muy grandes cánticos e músicas celestiales e instrumentos de diversas maneras de melodía, y antes que entre en la iglesia y casa, da una buelta e bendize Nuestra Señora los campos e tierras e frutos en ella aparecidos media legua a la redonda del monasterio; y después entra dentro y va al dormitorio y bendize las religiosas con grande amor, y dize:&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
‘Esta casa es mía&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
y no [fol. 35v] la tengo de olvidar.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Mío es este lugar, yo no lo entiendo a olvidar,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
y pues no lo entiendo olvidar no quiero dejarle de visitar.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
‘Estad constantes en los trabajos e penas presentes e por venir, que ansí se ganan las coronas, las quales yo tengo en depósito, si os contentáis, siervas mías, con mi depósito; si no, daldas a quien os las guarde y guardaldas vosotras, por que deis buena quenta a Dios, mi hijo, el día del Juicio e merezcáis reynar con Él para siempre’. E manda algunas vezes a los santos ángeles guardadores de las mesmas religiosas les pongan guirnaldas en las cabeças de rosas blancas y coloradas, y d’estas cosas ellas no ven ni sienten ninguna cosa. Y desde el dormitorio va la santa processión al coro y allí está hasta que se dizen los maytines ''[7]'' y ansimismo está Nuestra Señora con toda la compañía en la missa e sermón, e bendize los pueblos que vienen a celebrar su santo aparecimiento y ruega a su precioso hijo, estando en el sacro sacramento del altar, por las religiosas que habitan e moran en su casa e por todos sus devotos, e muy en especial por los que allí presentes están, les otorga los perdones [fol. 36r] de su santa Iglesia. Y dize Nuestra Señora: ‘Norabuena venga Dios trino y uno, verdadero hombre celestial, a estar en el santo sacramento del altar, y con Él la corte celestial. Bendiga Dios a la compañía humanal. Soy la bienaventurada Madre de Dios e vosotras, bienaventuradas’. Y quando se quiere yr la processión, despidiéndose del altar alça Nuestra Señora su preciosa mano e, santiguando los pueblos dándoles su santa bendición, luego desapareció y toda la compañía celestial, y a mí tornome mi santo ángel en mis sentidos corporales. Y quando estas cosas veo e oygo, que es este día de Nuestra Señora, dize e haze algo en la processión que viene su Magestad. Y quando no estoy elevada quando viene a visitar su iglesia e casa, plaçe a Dios lo vea estando en mis sentidos y que, a la despedida, me lleve consigo, aunque no lo merezco. Son tantos los perdones e gracias que Nuestra Señora tiene alcançados del poderoso Dios, hijo suyo, para esta santa iglesia donde ella se apareció, que si las gentes lo supiessen vendrían de muchas partes de rodillas por ganar tanto bien para sus ánimas; que como Nuestra Señora, con tan gran deseo y caridad que tiene que las ánimas se aprovechen, [fol. 36v] pidió una sublimada merced a su precioso hijo, y es que le otorgasse tantos perdones en esta su santa casa y yglesia como ebras de yervas e de cosas de flores e ojas estuvieren nacidas en la tierra, media legua a la redonda del lugar donde ella puso la cruz con sus preciosas manos. Y Nuestro Señor Jesuchristo, hijo suyo, se lo otorgó, y esto desde que se edificó esta santa iglesia y casa. Y más me dixo mi santo ángel: que están concedidas en esta iglesia, sin ninguna condición, los perdones de Santa María de los Ángeles. Y ansí se entiende que, aunque no vengan confessados ni rezen cosa señalada, sino viniendo contritos a visitarla, y ansimesmo quien rezare nueve ‘Avemarías’ o otras qualesquiera oraciones (en tal que no sean menos de nueve y sean de Nuestra Señora, offrecidas a los nueve aparecimientos que se apareció a Inés), ganarán muchas gracias y les será otorgada la petición que justamente pidieren a Dios. Esto en qualquier día del año que lo rezaren, y muy más lo ganarán rezándolo los propios días, que es el primero día del mes de março hasta el noveno del mesmo mes, todos nueve arreo. Y quien hiziere dezir [fol. 37r] nueve missas a Nuestra Señora, en reverencia d’estos nueve aparecimientos, será socorrido en su tribulación y aprovechará mucho a los difuntos.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
”La manera en que se mostrava Su Magestad cada un día de los aparecimientos: fue primero de poquito bulto; el segundo como quando era niña recién nacida; el tercero como de tres años, que la offrecieron al templo; el quarto como de la edad que fue desposada con el santíssimo Joseph y el Hijo de Dios encarnó en ella; el quinto de la edad que fue a visitar a santa Isabel; el sexto como quando parió al Hijo de Dios (y en este día quien rezare es bien tenga memoria de la fiesta de la santa O); el séptimo como quando le presentó en el templo; el octavo como quando fue huyendo a Egipto (y en este día quien rezare tenga memoria de la fiesta de las nieves); y el noveno como quando estava al pie de la Cruz. Y quien rezare tenga memoria de su muy gloriosa asumpción, porque otros santos aparecimientos hizo Nuestra Señora con memoria de sus nueve fiestas”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[CELEBRACIONES DE LOS SANTOS Y ÁNGELES]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[fol. 37v] El día de señor San Gabriel es nueve días antes de la Santa Encarnación, y pidió que le rezasen estos nueve días cada día nueve ‘Maristellas’, porque se quería enjoyar para la fiesta de Nuestra Señora. Y ansí es costumbre rezárselas desde el tiempo de nuestra madre santa Juana, y dezirle unas vísperas y missa su día.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El juebes santo, desde que se encierra el santíssimo sacramento hasta la mañana de la resureción, se rezan las vidas, que es cada una de treynta y tres versos de lo que quisieren, con la oración que dize: “''Respice qui transis quia tu es mihi causa doloris et vivas moriar sed non desunam te amavi si de sieris ainpeccari''”. Y quince ‘Paternostes’ y ‘Avemarías’ en cada vida se gana doblado. Perdona el Señor por ello las faltas de nuestras obligaciones. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El viernes santo se ha de rezar en un crucifixo pequeño del Cielo treynta y tres ‘Animas Cristis’ y treynta y tres adoraciones de la santa Cruz, que es la que se sigue ''[8]''“Adórote, Cruz bienaventurada, que de los delicados y venerables miembros de mi Señor Jesucristo fuiste guarnecida, y de su preciosa sangre toda cubierta y toda [fol. 38r] teñida”. Concedió Nuestro Señor treynta y tres ánimas de Purgatorio. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Más: en este proprio día han de rezar quarenta ‘Credos’ en la quenta cristalina.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Más: en el crucifixo de bulto que está en el coro alto, junto a la custodia, han de rezar dos ‘Credos’. Este mismo día concedió el Señor muchas indulgencias.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El sábado santo, antes que amanezca, han de rezar ducientas ‘Avemarías’ a la fe que tuvo la Madre de Dios de que había de resuscitar su santíssimo hijo. Concedió Nuestro Señor de darles fe a la hora de la muerte.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Más: el domingo de la resureción, antes que amanezca, an de rezar docientas ‘Reginas celi’, pidiendo albricias a Nuestra Señora. &lt;br /&gt;
El día en que cae la fiesta de san Laruel, ángel de nuestra madre santa Juana, es a veynte y nueve de abril. Súpose d’esta manera: deseando las religiosas hazelle algún serviçio a este santo ángel, suplicaron a nuestra madre santa Juana supiesse d’él en qué día quería que se le hiziesse fiesta; preguntóselo [fol. 38v] y respondiola: “Dile a tus hermanas que en veynte y nueve de ábril, este día me hazen fiesta en el Cielo”. Y ansí, desde entonces, es costumbre dezirle unas vísperas y missa solemne.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Día de la Cruz de mayo nació nuestra madre santa Juana de la Cruz y tomó el hábito y murió; y en este día es costumbre en esta santa casa, en acabando de comer, yr a dar gracias adonde está su santo cuerpo, y allí dizen una corona de himnos y antífonas de las letras de su nombre. Y a la tarde cantan las coplas que dizen “Esposo, ¿si avéis oýdo quién me robó mi sentido?”, las quales están escritas al principio d’este libro, y leen allí su tránsito, y antes le solían dezir vísperas de virgen delante del arco donde está.  &lt;br /&gt;
Para el día de señor Santiago el Mayor an de tener rezados mil ‘Paternostes’ y ‘Avemarías’ con requiem. Otorgó el Señor, por intercessión de nuestra madre santa Juana, de sacar una ánima de Purgatorio para siempre aquel día.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Para la fiesta de Nuestra Señora de las Nieves [fol. 39r] han de rezar cinquenta psalmos del psalterio, con requiem, y el ‘Canticum grado’.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y para la santa transfiguración ha de rezar cinquenta vezes el psalmo de ‘Miserere mei Deis secundum’ con ‘Gloria Patri’ y cinquenta ‘Credos’ y cinquenta ‘Salves’, y an de rezar este día el officio de las vírgines y, en una missa, han de rezar el evangelio de los mártires, que dize: “Dejen padre y madre y parientes y amigos por Dios”. Y para las que esto hizieren y rezaren, vio nuestra madre santa Juana cómo en el Cielo havía un monasterio como esta santa casa y que allí havía un cofre en que el Señor depositava estas oraciones, para enjoyar a las que fuesen allá. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El ayuno de la santa asumpción de Nuestra Señora comiença desde la Santa Visitación hasta la víspera de la misma fiesta de la santa asumpción; han de rezar las que le ayunan quinientos ‘Paternostes’ y ‘Avemarías’. Prometió Nuestra Señora a las que esto hizieren de que sacaría de Purgatorio (y yría su Magestad misma por ellas) tantas ánimas como días vivió la [fol. 39v] misma Reyna del Cielo. Y viendo que por la flaqueça de las gentes vendría tiempo que no se ayunasse, dixo su Magestad concedería lo mismo a quien rezase mill y quinientos ‘Paternostres’ y ‘Avemarías’ con requiem.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
La oración de ‘Ave sanctissima Maria’, quantas vezes la rezaren en el tiempo que dura dezir una missa tantas ánimas de Purgatorio saca Nuestra Señora este mismo día de la asumpción; y la oración es esta: “''Ave sanctissima Maria, mater dei Regina Celi Porta paradisi Domina Mundi, pura singularis tu es virgo tu concepta es sine macula, tu peperisti Creatorem et Salvatorem mundi inquo no dubito, liberame ab omini malo, et ora pro peccato meo. Amen''”. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Las quentas que se ponen el día de la sepoltura de la fiesta de la asumpción en las andas, adonde llevan a Nuestra Señora, las llevan los ángeles al valle de Josafad, al sepulcro de Nuestra Señora, y concédeles Nuestro Señor muchas indulgencias. Todo esto veýa la santa. Las vidas se comiençan desde este día hasta las laudes de la víspera de la fiesta, que sacan a Nuestra Señora [fol. 40r] de las andas en el auto que se haze este mismo día en la casa de la labor; concedió el Señor muchas gracias. Y en el que hazen el día de la Sancta Asumpción, en el refitorio, concedió el Señor grandes gracias, y dixo el mismo Señor, en un sermón que hizo en el santo ''Conorte'' de la sancta asumpción, que gustaba se hiziesse, y dio la industria para ello. Y no tan solamente concedió el Señor gracias en el auto, sino también a quien dixere que se haga y ayudare a poner el tablado.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El desposorio de Nuestra Señora con el santíssimo Joseph es a seis días de setiembre, y pidió la Reyna del Cielo que holgassen aquel día, que recibiría servicio en ello, y dixo a la santa Juana: “Díselo a las monjas de mi parte, y que se ocupen si quieren en colgar ubas”.&lt;br /&gt;
Pidió nuestro padre san Francisco que, desde el día de sus llagas hasta la fiesta suya de octubre, le rezassen cada día los salmos penitenciales, y prometió de bajar al Purgatorio a hazer mercedes y sacar de penas de Purgatorio las ánimas por quien se rezan.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[COFRADÍAS]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[fol. 40v] &amp;lt;u&amp;gt;Comiençan las cofradías del Cielo que el Señor otorgó&amp;lt;/u&amp;gt;.''[9][10]''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
* En la sancta cofradía de la Concepción son obligadas, para ganar las gracias que Nuestro Señor otorgó en esta santa casa, de yr con la bendición y, después del ‘Conceptio’, guardar silencio hasta la mañana. Y la víspera d’esta fiesta han de yr con la processión que se haze aquella noche; con Nuestra Señora puesta en la luna cantan las coplas que dizen “Mírala cómo sale”, y otras que dizen “Qué linda sois, Virgen”. Y el mismo día de la fiesta pidió la Madre de Dios le offreciessen tres roscas, cada una de a tres libras, y hanlas de poner delante de la imagen de Nuestra Señora que consagró el Señor, y an de estar allí entre tanto que dizen la missa, y dixo Nuestra Señora que les echaría su bendición. Y a la tarde van con esta santa imagen en processión al dormitorio, y allí, de rodillas, rezan la corona de las letras de su nombre. Y acabada la corona se han de confessar delante d’esta santa imagen los pecados que estubieren confesados, y por penitencia rezar nueve ‘Salves’. Y quando buelve la processión al coro rezan allí nueve ‘Conceptios’. Y esto se tiene por costumbre de hazer desde el tiempo de nuestra madre santa Juana, [fol. 41r] porque, representando un coloquio las religiosas delante de Nuestra Señora, la habló la Madre de Dios en esta santa imagen, diziéndole cómo se havía holgado de ver representar a una religiosa que hazía la figura de su padre, señor san Joachin. Las roscas las reparte la sacristana a todo el convento. Quiso ser Nuestra Señora la patrona d’esta santa cofradía y concedió en ella Nuestro Señor muchas gracias por nuestra madre santa Juana.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
* En la cofradía de la Santa Encarnaçión an de entrar en ella el mismo día de la fiesta las cofradas d’ella. Pueden entrar en la cofradía nueve personas vivas y nueve difuntas; an de nombrar nueve santos por abogados. Están obligadas las cofradas a rezar el officio de Nuestra Señora en el día que cae, y quien no tubiere disposición de rezarlo reze la corona del sábado, y si no supiere leer diga la corona real. Y an de ayunar el día en que cae la encarnaçión, y si no pudiere, ayunar con carne. Concedió Nuestra Señora a nuestra madre santa Juana de ser su Magestad la patrona d’ella, y venirlas a visitar a la hora de la muerte con los nueve [fol. 41v] santos, sus abogados, y lo mismo quando estubieren en Purgatorio; y dixo su Magestad que entonces sería fiesta de nueve copas.&lt;br /&gt;
 &lt;br /&gt;
* La cofradía del juebes santo están obligadas, como es costumbre, deçir después de tinieblas, en processión al dormitorio, açotándose en las espaldas (y si no pueden llevar la disciplina, en el hombro). Súpose de nuestra madre santa Juana que aquella hora se hazía otra processión en el Cielo, llevando delante un estandarte, y que los santos llevavan candelas coloradas y verdes por las monjas d’esta santa casa. Es Nuestra Señora la señora patrona d’ella. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
* La cofradía que el Señor concedió en esta santa casa para quince religiosas. Las que quisieren entrar en esta están obligadas de rezar la corona real un año desde el día que entran, y quando muere una cofrada an de tener diciplina por ella quince días arreo, diziendo el ‘Canticum grado’. Concedió el Señor [fol. 42r] en ella grandes indulgencias por intercessión de nuestra madre santa Juana, y sale el ánima de Purgatorio a los quince días. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
* Esta cofradía ordenó nuestra madre santa Juana y se la otorgó el Señor por orden de su santo ángel san Laruel.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
* En la cofradía que concedió el Señor para siete religiosas, de las que le cabe la suerte dichosa, a lo que son obligadas es a rezar el día de la Cruz de mayo, la de setiembre y el viernes santo cinquenta ‘Paternostres’ y ‘Avemarías’. Son tan grandes las gracias que se ganan e indulgencias que nuestro santo concedió, que causa admiración oýrlas, y esto a petición de nuestra madre santa Juana de la Cruz.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
* Y el día de la santísima Trinidad y del Santísimo Sacramento, cada día d’estos que rezan los cinquenta ‘Paternostres’ y ‘Avemarías’ sacan treynta y dos ánimas.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
* Ay otra cofradía en el crucifixo del coro bajo, el de bulto, que se estendió en la Cruz, y esta cofradía concedió el Señor a sola una religiosa, y muerta aquella la hereda otra, nombrándola la que muere; [fol. 42v] y si no puede nombrarla la ha de nombrar la abbadesa, pidiéndoselo la que quisiere estar obligada a rezar cada día quince ‘Paternostres’ y ‘Avemarías’. Y rezando esto concedió el Señor quince ánimas de Purgatorio. Y este santo crucifixo es del tiempo de nuestra madre santa Juana, y la habló y veýa ella cómo tenía quince ángeles de reguarda, y tiene muchas indulgencias.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
* En la imagen de la Cruz a cuestas, que está encima de la primera reja del coro bajo, an de rezar siete ‘Paternostres’ y ‘Avemarías’.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
* Una tabla que está encima de la segunda reja del coro bajo, que está pintado un santo crucifixo en ella y unos caballos, habló el santo crucifixo. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
* Una imagen de Nuestra Señora que está en el coro bajo, sobre la ventanita de comulgar, que está en una caxa mirándola, concedió el Señor indulgencia.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
* En el crucifixo más alto del coro alto, que tiene a Nuestra Señora y a San Juan Evangelista, rezando cinco ‘Paternostres’ y ‘Avemarías’ sacan siete ánimas.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
* [fol. 43r] En la imagen de la coluna que está en el mismo coro an de rezar cinco ‘Paternostres’ y ‘Avemarías’.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
* En la imagen de la venida del Spíritu Santo an de rezar siete ‘Credos’ a los siete dones del Spíritu Santo, y todas las figuras que en esta santa imagen están pintadas hablaron, que son Nuestra Señora y San Juan Evangelista y los demás. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
* Más: en un quadrito pequeño del Niño dormido, que está en el mismo retablo, desde el juebes hasta el domingo se ha de rezar cada día tres ‘Paternostres’ y ‘Avemarías’ y tres ‘Magnificas’; y el domingo, en lugar de las ‘Magnificas’, tres ‘Regina celos’. Concedió el Señor muchas gracias. Y por amor de Dios no lo dexen de ganar, que perderán mucho en ello si no lo rezan. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
* En una imagen pequeña del Padre eterno, que está en el mismo retablo, quantas vezes rezaren tres ‘Paternostres’ y tres ‘Avemarías’ y tres vezes ‘Sancta trinitas unus Deus miserere nobis’ y un ‘Credo’ el día de la santísima Trinidad, tantos jubileos ganan por vivos y difuntos, y más ganan todos los domingos jubileo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[GRACIAS QUE OTORGA LA IMAGEN DE LA VIRGEN]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[fol. 43v] Las gracias que se ganan en la imagen grande de Nuestra Señora, la que consagró Nuestro Señor Jesucristo, son las siguientes.&lt;br /&gt;
Primeramente, los días de sus fiestas con sus octabas, y todos los sábados del año con cada hora de su officio o con cada oración suya o con ‘Avemaría’, se gana indulgencia o ánima de Purgatorio, y tantas quantas vezes lo rezaren tantas indulgencias ganan por vivos y difuntos. Más que confessándose delante d’esta misma imagen los pecados confessados, rezando en penitencia tres ‘Sub tuum presidium’ y tres ‘Magnificas’ y una ‘Ave Maristella’ y la oración que dize:&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Dios te salve, Virgen muy gloriosa,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
estrella más clara que la luz,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Madre de Dios muy graciosa,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
más dulce que el panal de miel,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
colorada más que la rosa,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
blanca más que el lirio,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
toda virtud te hermosea,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
todo santo te honra,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Dios Padre todopoderoso te corona&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
en lo más alto del Cielo. Amén.   	&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
 &lt;br /&gt;
[fol. 44r] Y diziendo esta oración a la propia imagen con un ‘Paternostrer’ y una ‘Ave María’ ganan indulgencia plena; más, rezando cada sábado siete ‘Paternostes’ y ‘Avemarías’ en esta santa imagen, otorgó el Señor el jubileo de la Porciúncula; más, que, tocando las quentas a las faldas d’esta santa imagen, todas sus fiestas quedan con las mismas gracias que las que fueron al Cielo, y esto durava para siempre. Y esta santa imagen habló a nuestra madre santa Juana, y el Niño Jesús que tiene en los braços, que tiene un poquito del pie quebrado, también la habló. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y esta gracia de las quentas para siempre alcançó la Madre de Dios para esta santa imagen, por intercesión de nuestra madre santa Juana.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[REVELACIÓN QUE ESTA IMAGEN DE LA VIRGEN HIZO A JUANA]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''Capítulo de una revelación que vio nuestra madre santa Juana tocante a esta imagen de Nuestra Señora, la que consagró el Señor, y fue d’esta manera.''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Tiniendo el monasterio de Santa María de la Cruz una imagen de Nuestra Señora, la qual era de bulto muy antigua, y las monjas, sabiendo que la avía bendecido [fol. 44v] un obispo, tiniéndola mucha devoción porque algunas veçes la avían visto hazer milagros, y sacándola en processión los días del santo Aparecimiento y por ser tan antigua, renováronle el gesto por un entallador, cortándola de la garganta arriba y pusiéronle otro gesto. Y trayéndola al monasterio fueron las monjas a la ver e saludar, e a algunas les pareció mejor el gesto y a otras que no, y desconsoláronse mucho de manera que vinieron en alguna diferencia de palabras, e sabiéndolo esta bienaventurada mandolas llamar y díxolas: “Muy maravillada estoy, hermanas mías, de la desconsolación que tenéis del renovamiento de la santa imagen. Dado caso que aya razón, por la falta de la imperfeción de la pintura no ser tan aplaciente a vuestros ojos, pero aunque sean feas las imágenes, es cargo de conciencia no tenerlas en mucha reverencia y estima, en especial si las tales imágenes son de Dios y de Nuestra Señora, que estas tales, feas o hermosas, son dignas de muy grande acatamiento. Y ruégoos, señoras, que hagáis aquí un [fol. 45r] altar en esta nuestra celda y traed aquí la santa imagen, aunque yo sea indigna d’ella, que si pudiesse ya abría ido al coro de rodillas a adorar y saludar a su alta Magestad”. Y traýda la imagen a la celda de la santa virgen y puesta en el altar, rogolas que la dexassen allí dos días. Y estando ella aquella noche en contemplación, vido a Nuestra Señora en visión muy hermosíssima, y poníasele encima de la imagen suya y deçía: “Yo me contento d’esta imagen y la escojo y acepto para mi morada y aposento, e como en trono mío resplandezca en ella; mi spíritu se goça porque los pecadores conmigo abrán refrigerio y consolación e yo les ganaré de mi hijo perpetuo gozo en la gloria perdurable”. Y esta bienaventurada, que lo veýa, suplicaba a Nuestra Señora entrase dentro en la imagen su espíritu, y pues era tan hermosa dejole allí escuchasse las oraciones que le hazían, en especial las suyas, por que ella viese no caýa en vacío hechas delante de su preciosa imagen, como algunas veçes tienen las gentes crédito no está allí donde la llaman; a los quales pensamientos y suplicaciones [fol. 45v] respondió Nuestra Señora e dixo: “Por estar nuevamente puesto este madero en esta santa imagen mía, no quiere Dios ni a mí place entrar dentro en ella hasta que se consagre o bendiga, en manera que se haga digna y perteneciente de mí por virtud de la consagración justa, que debidamente pueden tener las imágenes e iglesias e altares aparejados e limpios al culto divino”. E la noche siguiente vido la bienaventurada a hora de los maytines una visión muy gloriosa, y es que vido venir a Nuestro Señor Dios en un trono muy rico con vestiduras pontificales, cercado e acompañado de muchedumbre de ángeles e santos e santas, y estaban junto a la imagen de Nuestra Señora, a la qual bendecía con palabras muy devotas e reverenciales, e cantares e dulces sones que hazían los ángeles con diversos instrumentos, de las quales palabras e canciones no pudo colegir esta bienaventurada sino pocas palabras. Y el día que vido esta revelación era octavo de la dedicación de la Iglesia, e las ceremonias que Nuestro Señor hizo [fol. 46r] en la consagración d’esta santa imagen fueron muchas. Estaba vestido como obispo y la imagen, que estaba vestida sigún es costumbre adereçar las imágenes, a desora pareció toda desnuda e alçada en alto, tiniéndose con el poder de Dios. Esto era antes que el Señor la bendixesse, el qual hizo llamamiento a los santos ángeles para que viessen lo que hazía en aquella imagen y ansimesmo a los demonios, para que hubiessen miedo y viessen la virtud que Dios ponía en su santa Iglesia e imagen y altares, e por fuerça se lo hazían mirar e reberenciar, y que daba poderío a la santa Madre Iglesia que venciesse al demonio e le desechasse con baldón e recibiesse a Dios Jesucristo y a su santa Madre con reverencia e honor, e para esto bendecía e dezía en altas vozes el mesmo Señor desde su alto trono: “''Sum qui sum et ecce nova facio omnia''”, que quiere dezir “Yo soy el que soy, que todas las cosas hago nuevas. En lo alto del Cielo moro, soy rey eterno que rijo los coraçones católicos e devotos, que mi adversario los perturba, empero [fol. 46v] yo soy el que los sosiego; él los derrama, yo los allego; él los discipa, yo los recreo; él los destruye, yo los edifico; él los ensucia, yo los limpio; él los enturbia y rebuelve y haze oler mal, yo los purifico e hago oler suavíssimo. Si de lo malo &amp;lt;malo&amp;gt; hazen bueno, e de lo no limpio hazen limpio, e de lo imperfecto hazen perfecto e loable e agradable...”, e bolvía sus preciosos ojos a la imagen de Nuestra Señora e dezíale “¿Quién te desprecia, Madre mía?”. Y poníale muchas cruces hechas joyeles; estando ella ansí desnuda la cercaba toda, especialmente la cabeça, frente y gesto y los pechos y espaldas e ombros e braços e manos, todo el cuerpo hasta los pies, que significaban los cimientos de la santa Madre Yglesia. E después de muchas bendiciones que el Señor dezía, dixo cantando la antífona que dize: “''Fons hortum, redundans gratia mundum, replens superni edibus florens hortus mox'' [fol. 47r] ''ab infantia, admirandis fulsi virtutibus e anadian eandes flos multiplicant virgule decorent, conceptus glorificat Maria pudorem. Amen''”. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Tras estas santificaciones e cançiones que se deçían, pareció a desora la imagen de Nuestra Señora vestida de las mesmas vestiduras de antes y puesta en el altar como primero estaba, e los demonios quedáronse mesando e arañando e dando gritos e ahullidos, e la visión de Nuestro Señor desapareció roziando la casa con agua bendita, e la bienaventurada quedó muy consolada. Y passados dos días que la santa imagen estaba en su celda, ayuntáronse allí la abbadesa y las monjas, diziendo a la santa virgen que iban por la imagen e, importunándola la abbadesa, pues estaban allí todas, les dixesse alguna cosa de las que Dios le mostrava; respondió diziendo: “Lo que ay que deçir es que Nuestro Señor Dios tiene en tanto las imágenes que se sirve que las aya en su santa Madre Iglesia, y que sean honradas y veneradas por nosotros pecadores, pues el mismo Dios de los Cielos vino a la bendeçir [fol. 47v] e a enseñarnos cómo son cosa por donde se alcança virtud e devoción quando se tiene en el coraçón. E bien se parece, según yo vi en una revelación que Nuestro Señor fue servido de mostrar, quánto Él ama e honra la santa Madre Iglesia y a sus santas imágenes por amor d’ella”, e dixo la revelación susodicha, ”y díxome mi santo ángel después que desapareció el Señor: ‘Mira qué son las maravillas de Dios que si en un madero halla Dios voscosidad y no quiere que su santa Madre le tenga por su imagen, hasta le haver limpiado e puesto en él dignidad de bendición suya, como la tiene la santa Madre Iglesia, ¿qué tales estarán las ánimas que llenas de pecados están ensuciadas e asquerosas, cómo serán dignas aquellas tales que venga Dios en ellas ni su santa Madre con gracia e piadosa charidad, si primero no son alimpiadas las tales ánimas por especial gracia del Spíritu Santo? Las cosas que son despreciadas e bajas Dios las ensalça e tiene en ellas thesoros muy grandes, aunque escondidos a los ojos de las personas [fol. 48r] de la tierra. Bendito sea Dios en sus dones, e los santos en sus obras, e las imágenes en sus altares, e los altares en sus iglesias con sus sacramentos, e los sacramentos en la Cruz y Passión de Nuestro Señor Jesuscrito y en el santo baptismo y remissión de los pecados’”. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
E acabado esto, dixo la bienaventurada madre nuestra: “Bien se pueden llevar la santa imagen”, la qual llevaron la abbadesa y monjas con mucha reverencia e devoción e con candelas encendidas, cantando el “Te Deum laudamus” al coro, e la pusieron en el altar acostumbrado y de aquí adelante se consolaron las monjas con esta santa imagen; y dixo el Señor a la santa Juana, al tiempo de consagrar la imagen: “Diles a las monjas que traigan cuentas y se las pongan a mi Madre”. Y ansí se hizo y estas son las quentas que llamamos de la Consagración. Tenía esta santa imagen la boca abierta y el Señor con su mano se la cerró, y dexó señal en la barbilla y labio alto; y los ojos que tenía muy en alto le puso el Señor sus dedos y se los abajó como aora los tiene. Y esto todo lo veýa la santa Juana y lo dixo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[MÁS RELACIONES DE SUCESOS EXTRAORDINARIOS CON LAS IMÁGENES]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[fol. 48v] En una imagen de señor San Gerónimo, que está vestido entre colorado y blanco, con una ‘Ave María’ y un ‘Paternoster’ concedió el Señor perdón de los pecados y gracia para manifestarlos; y con una ‘Ave María’ sacan una ánima de Purgatorio. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
La imagen de Nuestra Señora de yesso que tiene el reboço, que está sobre el retablo de señor San Juan Evangelista, habló a nuestra madre santa Juana. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
La imagen que está en el coro alto, sobre la puerta dentro del coro, del decendimiento de la Cruz, abló a la misma santa.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Las fazes de Dios y de su santa Madre la hablaron, las que están en el coro alto encima de la cabeça de Nuestra Señora la Grande.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
La imagen de nuestro padre san Francisco, la que está en el retablo del coro alto, que está vestido con un hábito descolorido, habló a la santa. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Una imagen de señor San Juan Baptista, la de la caxa que tiene puertas, habló, y el corderito que tiene, vio cómo Nuestra Señora estaba en él nuestra madre santa Juana.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[fol. 49r] Una imagen de los reyes, que está en el mismo retablo, habló a la santa.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El día de señora santa Ana, en una imagen suya rezando quince ‘Paternostres’ y ‘Avemarías’ (los cinco al Niño Jesús y los cinco a Nuestra Señora y los cinco a señora santa Ana), concedió el Señor jubileo. Esta santa imagen está en una tabla en el coro alto.  &lt;br /&gt;
 &lt;br /&gt;
El día de señor Santiago el Maior, en una imagen suya con cinco ‘Paternostres’ y ‘Avemarías’, concedió el Señor jubileo, y lo mismo se gana todos los domingos del año. Esta santa imagen está en una tabla en el coro alto.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Una imagen pequeña de la Santa Encarnación, que tiene el ángel una capa, habló a la santa.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Un santo crucifixo que está pintado en una tabla, que tiene la llaga hecha fuentes, habló a la santa. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Dixo señor San Gabriel a nuestra madre santa Juana que quería ser nuestro agüelo, y en una imagen de la Santa Encarnación, donde está pintado, habló y dixo que le pusiessen su imagen camino del coro, para quando pasasen las religiosas le hiziessen reverencia [fol. 49v] y dixessen: “Agüelo mío, valedme”, y que él las oyría en la propia imagen. Y ansí está siempre camino del coro, y su día hazen allí un altar y le llamamos agüelo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Una imagen del güerto de bulto, que está en un altar de la enfermería, habló.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Otra imagen de la Santa Encarnación de bulto, que está en la propria enfermería en el altar, habló la Madre de Dios y el ángel.&lt;br /&gt;
En una imagen del santo crucifixo, que está en el dormitorio, con cinco ‘Paternostres’ y ‘Avemarías’ sacan cinco ánimas, digo siete.&lt;br /&gt;
Y en otra del Padre eterno, que está en el mismo dormito[rio], rezando tres ‘Padrenuestros’ y ‘Avemarías’ ganan jubileo, y habló. &lt;br /&gt;
La imagen de Nuestra Señora de la Asumpción, que está en una caxa en el mismo dormitorio, habló y dixo que cada vez que pasassen delante d’ella le dixesen: “''Exaltata es sancta Dei genitrix''”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y este dormitorio hizo el Gran Capitán, y habló en él [fol. 50r] el Señor a nuestra madre santa Juana las coplas de “Almas, esposas amadas”, y le bendixo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Una imagen de Nuestra Señora antigua, que está dando de mamar al Niño, habló.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En la capilla de la huerta, todas las vezes que entraron en ella de día y de noche, rezando un ‘De profundis’ o la oración que dize ‘Ave Virgo gloriosa’, ganan muchas gracias, y esto se gana también un passo desviado d’ella. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Ay jubileo en esta capilla el día del glorioso San Pedro y el día de la natividad del señor San Juan Baptista, y este día ay remissión de los peccados. Y el día del glorioso San Juan Evangelista, y el día de la tina y el día de la degollación, an de rezar el salmo del ‘Miserere mei Deus’ andando alrededor de la capilla, y en acabándole an de rezar cinco ‘Padresnuestros’ y ‘Avemarías’ en cruz. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En esta capilla ay siete jubileos cada año, que son las tres fiestas de San Pedro y las quatro fiestas de los señores San Juanes. &lt;br /&gt;
[fol. 50v] En el crucifixo de acofar, que es el que traýa consigo nuestra madre santa Juana, con siete ‘Padresnuestros’ y ‘Avemarías’ y un ‘Credo’ se ganan siete estaciones por vivos y difuntos del santíssimo sacramento. Con este santo crucifixo resuscitó nuestra madre santa Juana una niña. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
La estación de la santa Cruz es cinco ‘Padresnuestros’ y cinco ‘Avemarías’ y cinco vezes el verso que dice ‘Dulce signum dulces clavos’, con cinco estaciones. Y dixo el santo ángel san Laruel que son grandíssimas las gracias que se ganan con cada una d’ellas, y que ansí no se dexasen de dar una a sí mismas y las otras las repartiessen, por que todos goçasen de tanto bien, y dixo a nuestra madre santa Juana que eran para librar de peligros espirituales y corporales. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Más: otra estación an de rezar cinco ‘Padresnuestros’ y ‘Avemarías’ y cinco vezes el verso de çibanitillos; son muy grandes las gracias que se ganan.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Dixo el Señor a nuestra madre santa Juana que quien adorare la santa Cruz con la adoración que se sigue [fol. 51r] no se apartará d’ella sin que le dé una gracia en su alma; la qual es esta: “Adórote, Cruz bienaventurada, que de los delicados y venerables miembros de mi Señor Jesucristo fuiste guarnecida, y de su preciosa sangre toda cubierta y toda teñida”. Hase de rezar considerando que el Señor murió en ella.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Una imagen de señor San Juan Evangelista que está en una tabla del güerto, que está vestido de blanco y el manto colorado, habló. Está en la capilla de la güerta. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En una imagen de Nuestra Señora, de plata, pequeña, que llevan a las religiosas quando mueren, prometió Nuestra Señora por intercesión de nuestra madre santa Juana de venir en la misma imagen a favorecer a las que mueren. Y esta santa imagen es la que se apareció en la mar a un hombre que libró de un peligro, y vino él aca y le hizo una capilla. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Viniendo este hombre a hazer la capilla que Nuestra Señora le mandó, quiso ver la imagen que le avía aparecido, [fol. 51v] y truxéronle muchas y a todas dezía: “No es esta”, hasta que le sacaron la que está dicho y dixo: “Esta es la Señora que yo vi en el mar y me imbió acá”. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El día de la sanctíssima Natividad del Señor y de Nuestra Señora, y de San Juan Baptista y su degollación, an de rezar quatro ‘Padresnuestros’ y ‘Avemarías’; anse de offrecer los tres al Cordero y el uno a señor San Juan. Concedió el Señor, por intercessión de nuestra madre santa Juana, jubileo todas las vezes que lo rezaren por vivos y difuntos. Esto se gana en un quadrito donde está pintada la cabeça del señor San Juan Baptista.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Ablando el Espíritu Santo por la boca de nuestra madre santa Juana, dixo que qualquiera persona que se deseaba salvar y alcançar de sus pecados perdón ha de ser como paloma que no tiene hiel, conviene a saber que no tenga maliçia, ni odio, ni mala querencia, aunque le hagan mal, sino haga como la paloma, que, aunque le hazen mal, no se sabe tornar a quien se le haze, sino gime entre sí e pasa su pena e va a hazer [fol. 52r] su llanto cerca de las aguas, porque si vinieren los caçadores o otras aves sus contrarias a quererlas empecer, se asconden debajo de las aguas e allí se guarecen. Lo mismo deve hazer la persona que yrá hazer el llanto de sus pecados cerca de las aguas de la Passión e llagas de Cristo, porque si le vinieren tribulaciones o persecuciones de los próximos o del demonio (el qual como caçador quiere caçar las ánimas y llevarlas al Infierno), entonces es muy buen remedio el ánima pensar en la Passión del Señor e ponerse con el deseo en las aguas e guaridas, que son las llagas. “Ansimismo”, dixo su divina Magestad, “tiene la paloma otra propiedad: que todo su canto es gemido e casi como triste llanto. E lo mesmo debe hazer qualquiera persona, pues ha offendido a Dios, que ninguna es tan justa que no tenga pecados, e toda su vida de justa razón ha de ser llanto; que bien puede decir la misma persona que ha ofendido a Dios, si la mandaren reír o cantar o alegrarse llanamente: “Ya se quebró mi órgano [fol. 52v] y no puedo cantar, que el día que yo ofendí a mi Señor yo mesmo me quebré el órgano de la alegría de mi alma, y no sé si tengo enojado o aplaçido a mi Señor Dios; e hasta que vaya a la tierra de la Gloria, que lo sepa e lo vea, no me quiero alegrar ni tomar plaçer que sea fuera de Dios, sino vivir en llanto pidiendo al Señor perdón de mis pecados”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Una persona suplicava la reprehendiesse el santo ángel por intercessión de nuestra madre santa Juana, y ansí fue y dixo: “Dile a esa persona que se enmiende e guarde de offender a Dios, que la hago saber que demanda por hurto en el Juiçio de Dios. Qualquier tiempo e palabras mal dispendidas e abladas se pagan con las setenas como hurto, e se han de restituir como fama qualquier mal exemplo o enseñamiento o ocasión que dé para que otra peque, por eso que se avise en hechos e palabras”. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Estaba una persona religiosa enferma de una muy grande enfermedad e fatigada de muchos [fol. 53r] dolores, e dixeron a nuestra madre santa Juana la suplicaba dixesse a su santo ángel le imbiasse alguna palabra de consolación, y él la respondió que qualquiera persona enferma que está en la cama, pues no puede rezar ni offrecer otro sacrificio a Dios sino sus dolores, ponga en su memoria a Dios Nuestro Señor, crucificado e llagado, por Cielo de su cama, por paramentos y colgaduras, todas las insignias de la Passión e tormentos que el Hijo de Dios padeció por redemir e salvar sus criaturas. E piense qualquiera persona enferma siempre en Este e ofrezca sus dolores a los de Cristo, e recibillos ha el mismo Dios e serle an meritorios sus dolores y enfermedades, y aun hasta las medicinas y cosas necessarias para su enfermedad, offreciéndolo todo en reverencia de la Passión del Señor e de la hiel y vinagre que le dieron a beber. Y en la flaqueça e desmayos e sed que padeciere le será contado en merecimiento, si lo offreciere en [fol. 53v] reverencia de la sed, hambre, ayunos, cansancios, flaquezas e desmayos que padeció el Hijo de Dios; e lo mesmo le será contado el frío, calentura e sudores, offreciendo cada cosa d’estas a su misterio. Y ansí tendrá cada criatura sus penas e dolores, acordándose quánto fueron mayores las que padeció su Dios, e todas por sanar llagas y enfermedades de los pecados. Y aun la tal ánima que estas cosas pensare será bien que diga: “Señor mío Jesuchristo, duélanme los dolores en tal que no me aparte de la caridad de vuestro amor”. Y a Nuestra Señora pueden dezir, si la enfermedad les diere lugar: “O, Virgen singular, entre todas piadosa, haz a mi alma ser suelta de sus culpas y en el cuerpo ser mansa e casta”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[REVELACIONES DE LOS ÁNGELES Y SANTOS A JUANA DE LA CRUZ]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''Capítulo ciento y noventa y dos de una revelación que esta bienaventurada Juana de la Cruz vido, en que se mostrava la gran misericordia de Dios y de su sanctíssima Madre la Virgen [fol. 54r] María, la qual es esta acerca de los nudos benditos.''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Estando elevada esta bienaventurada Juana de la Cruz, aparecíale Nuestro Señor Dios trayendo consigo a su santíssima Madre la Virgen María, Nuestra Señora, y al glorioso padre nuestro san Francisco, delante de los quales la dicha sierva de Dios estaba postrada, la qual oýa palabras que passaban entre los tres, en que Nuestra Señora la Virgen María dezía a su hijo precioso: “Hijo mío, encomiéndoos a aquella casa mía, donde esta sierva que está aquí delante de vos, que lo oie, mora, en la qual faltan los alimentos temporales y edificios para la conservación y perseverancia de la dicha casa”. Y díxole Nuestro Señor: “Pues ¿qué queréis vos, Madre mía?”. La Señora le respondió: “Hijo mío, ruégoos me deis una impresa en la qual confirméis los perdones que están otorgados por vuestros vicarios apostólicos de la romana Iglesia, assí a la dicha casa como a la orden de este bienaventurado que con nosotros viene, y todas [fol. 54v] las más indulgencias que de aquí adelante se alcançaren para la dicha casa, que los que fueren devotos d’ella lo ganen copiosamente”. Dixo el Señor: “A mí me plaçe de buena voluntad, con la mesma condición que sean devotos de la dicha casa, y he placer que se otorguen y se ganen otros quales que perdones e indulgencias para qualesquier personas que algún bien hizieren a la dicha casa o monjas que en ella vivieren, para aora y para siempre jamás”. Díxole Nuestra Señora: “Pues ¿qué impresa, hijo mío, me dais que sea dada en señal a los que an de ganar las dichas gracias e indulgencias?”. El Señor dixo: “Una vuestra imagen de las que suelen apropriaros, por que se junten y gozen con la devoción y codicia de ganar las dichas indulgencias”. Y respondió la Señora: “Hijo mío, hartas imágenes mías andan por la cristiandad, mas si os plubiesse que fuesse la señal de vuestra santa Cruz, ansí por lo mucho que más vale como porque la casa tiene tal apellido”. [fol. 55r] Respondió Nuestro Señor: “También ay muchas cruzes mías por el mundo, las quales se dan por señal de las indulgencias y bullas apostólicas”. Díxole Nuestra Señora: “Pues ¿qué ordenáis, hijo mío, que sea?”. Nuestro Señor miró a san Francisco y dixo: “Sea la señal de este mi siervo, el qual l’es dicho ‘menor’ por la humildad y es grande en los merecimientos, que a sí y a otros codició salvar; y siguiome en la penitencia tomando el hábito por la Cruz en que yo padecí muerte y Pasión, y la cuerda nudosa, que significa los crueles açotes con que yo fui herido y açotado. Y por esto es mi voluntad que estas dos señales sean la impresa: la una la dicha cuerda, la qual tenga nudos, y la otra unos nudos por sí hechos, a manera de manojo de açotes. Y porque las dichas religiosas por quien, madre, me rogáis son de su orden d’este mi siervo, es bien que ellas tengan esta impresa en su casa y que las puedan presentar en pago de la limosna que reciban. Los quales nudos y figura [fol. 55v] de cuerda serán llamados ‘nudos bendecidos’, y que en la virtud d’ellos se bendecirán las personas que con fe los truxeron consigo, en espacio de un año cumplido si están cerca, y si están lexos por cinco años; y cumplidos estos años, que los renueven tomando en sí otros, hechos en la mesma casa por mano de las religiosas d’ella”. Y en estas pláticas pareciole a la bienaventurada santa Juana de la Cruz que Nuestra Señora se conformava con la voluntad de Dios Nuestro Señor, y nuestro padre san Francisco dava gracias al Señor. Y ansí desapareció esta visión.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
La qual dicha sierva de Dios quería callar y no se curaba de lo dezir, y fuere mandado por ciertas vezes que escribiesse la dicha revelación por el santo ángel, y las palabras que en ella avía oýdo, y que mandase hazer las dichas figuras. Y diole la forma y manera como se havían de hazer y de qué, y díxole que aprovecharían mucho a los que consigo las truxessen y que an de ser de lana, algodón o lino, y si fuessen de seda [fol. 56r] o oro o plata, en tal que no sea en cantidad, porque es por devoción y no por vanidad. Y la dicha sierva de Dios, que esto escrivió, dixo que ella se ponía en manos de sus prelados y de Dios, primeramente, y de las personas doctas que deven conocer las cosas espirituales, porque ella no se sentía digna de saber examinar la tal revelación. Después d’esto díxole el santo ángel que no dudase en aquella revelación, que sin duda era hecha por voluntad de Dios, y que los dichos nudos ternían mucha virtud y no solamente serán bendecidos ellos, en los quales se dará la gracia y perdones, mas aun serán bendecidos los materiales: si fuesse lana, por la vestidura del Señor que truxo en la tierra, y si fuesse lino, por la sábana en que fue embuelto el precioso cuerpo de Nuestro Señor Jesuchristo quando fue descendido de la Cruz y puesto en el santo Sepulcro (porque todo esto aprovecha por la penitencia de los pecados y perdón d’ellos), y si [fol. 56v] fueren de seda, por razón de la su puridad y luzimiento y olor. Las personas que los truxeren con devoción y reverencia alcançarán firmeza y perfeción por razón de la sacratíssima Passión de Nuestro Señor Jesucristo, que fue teñida la su sacratíssima carne en muy finíssima sangre, y su muy lindo y delicado cuerpo fue hecho todo matizado de colores, conviene a saber: blanco por razón de la humanidad, azul por los açotes, verde por los cardenales y heridas tan crueles que le daban, negro por los muchos tormentos, colorado por las llagas; de manera que el cuerpo precioso de Nuestro Señor Jesucristo estaba en el tiempo de su Passión todo matizado de colores. Y si fuere oro, serán las ánimas luzidas por razón de la divinidad y excelencia de Nuestro Señor Dios todopoderoso, que es figurado por el oro, que es preciado y generoso, &amp;lt;o&amp;gt; y significa las cosas celestiales y el Paraíso adonde no ay ninguna fealdad ni defecto, mas toda gloria y Bienaventurança. [Fol. 57r] Y dixo más el santo ángel: que estas eran cosas muy excelentes, aunque encubiertas. Y no quiso dezir más por entonces el santo ángel, sino que si fuessen tenidas en reverencia y acatamiento y devoción serán provechosas para la salvación de las ánimas y provecho de los cuerpos, porque cierto el Señor puso en los dichos nudos mucha virtud, porque ansí como imbía del Cielo su virtud para consagrar el santo sacramento en las manos y ánima y entendimiento del sacerdote, por pecador que sea, ansí en su manera imbiará su bendición sobre los dichos nudos hechos por qualquiera religiosa de la dicha casa, por pecadora que sea, como desuso es ya dicho. Y qualquier que truxere sobre sí las dichas señales o las tubieren en su casa con devoción, ganará tanto como si se açotasse cada día todo un año (esto por la figura de los açotes tenidos en deboción) y, por la figura de la cuerda, gana tanto como si ayunasse todos los advientos y quaresmas y como si truxesse el hábito de san Francisco todo un año por penitencia [fol. 57v] de sus pecados. Y esto todo allende de las gracias susodichas de la orden y d’esta santa casa. Y dixo más el santo ángel: que acá los hombres de la tierra y personas entendidas entendiessen en tassar la limosna por cada una de las señales, para los que ansí quisiesen ser cofrades y tomar la dicha hermandad, pagando todo un año la limosna impuesta o todo junto los que lo tomaren por cinco años. Y dixo más el santo ángel: que si la dicha cofradía no procurassen, que a su culpa fuesse, pues que la voluntad de Dios está tan largamente aparejada, ansí para la salvación de las almas como para el provecho de la dicha casa, en la qual era su santa voluntad de Nuestra Señora la Virgen María, que se á aumentado el culto divino antes que menguado. Y dixo más el santo ángel: que permaneciendo la dicha casa, siempre pondrá en ella Nuestro Señor algunos espíritus aprovechados para su santo servicio y de su santa Madre.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Otra vez ablando a la dicha sierva de Dios Juana de la Cruz, el santo ángel la dixo la [fol. 58r] manera del bendezir los cordones con sus nudos, y dixo que en la dicha casa, como ya está dicho arriba, se haga la bendición de los nudos de la manera siguiente: después de hechas las insignias, hanlas de poner en una caxa o en cosa limpia sobre un altar, mientras se dize la missa encima, la qual dicha en la tierra, dixo el santo ángel que Nuestro Señor les daría la bendición en el Cielo, que ansí se lo prometió Nuestro Señor a su bendita Madre y a nuestro padre san Francisco en presencia de los santos ángeles. Y dixo más el santo ángel: que los dichos nudos aprovecharían para muchas cosas allende de las gracias de la ánima, que aprovecharán para mujeres de parto como para morir bien los que están en pasamiento, y también aprovecharán para otras algunas enfermedades espirituales y corporales en las personas que tubieren fe con los dichos nudos, hechos por manos de las religiosas de la casa. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[fol. 58v] Y más dixo el santo ángel a la santa Juana de la Cruz otra vez hablándola: “No pienses que estas cosas son sin misterio divinal, porque te hago saber que, después que se acabó la era del año de mill y quinientos, acá el Señor, por ruegos de Nuestra Señora la Virgen María y de muchos santos, determinó de alargar algún tiempo más el curso del mundo; lo uno por que se acabassen de inchir las sillas del Cielo y lo otro por esperar las gentes a penitencia y conversión. Y quando esto otorgó a la Virgen María, como dicho es, díxole: ‘Madre mía muy amada, yo quiero mucho a mis cristianos, que son hijos de mi sangre, y por eso este pueblo christiano, que es amado de mí y de mi Padre, son herederos de mi reyno; mas no les han de faltar tribulaciones aun a los perfectos y buenos, quánto y más a los que fueren malos, y aun más tribulaciones passarán los buenos que no los malos en tiempos y en vezes, mas yo ruego contino a mi Padre por ellos, [fol. 59r] mostrándole mis cinco llagas en medio de mis pies y manos y costado’. Y el Padre me dixo: ‘Hijo mío muy amado, querría que me dexases levantar en mi fortaleza y dexame oír a la tierra, que clama y anda quexándose que no puede sufrir tan largos tiempos servir a los hombres y a sus generaciones, porque ya sienten cansancio los cielos y estrellas, sol y luna de andar, y aguas y vientos y tierra de dar sus frutos, y las raýces de los árboles y yervas y semillas no tienen fuerças para producir, si de nuevo yo no se las doy. Pues ¿con qué justicia se lo tengo de dar, siendo las gentes tan malas en el mundo? Porque no solamente no sirven bien a la nuestra Magestad, mas aun trabájanse de despreciar y amenguar nuestro serviçio persiguiendo la Iglesia, la qual era razón de aumentar ya los nuestros siervos y siervas cathólicas, mormurándolos y tratándolos mal, tomándoles sus mantenimientos, los quales les avían de dar por que no defalleciessen en nuestro serviçio ni fuesen [fol. 59v] las órdenes y religiones santas disipadas. Que por cierto si esto no se guarda, que me levantaré’, dixo el Padre, ‘y disiparé la gente y la destruiré y mandaré a los vientos y planetas, agua y tierra y sequedad y truenos y tempestades que los persigan y hieran de llagas y tormentos y temores y temblores, hambres y guerras y pestilencias. Serán açotados porque no guardan mi ley y mi fe y mandamientos. Y cada una de las personas pagarán por sí solo sus pecados, aunque las dichas tempestades y tormentos vengan en general’”. Y la dicha revelación traýa el santo ángel escrita en un libro, y mandó a esta bienaventurada Juana de la Cruz que la escribiesse o hiziesse escrivir.   &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Otra vez le hizo otra habla el santo ángel, diziendo: “Ya te dixe que, después que anda el mundo fuera de era, vienen tiempos muy rezios, y ansí lo es aora en este tiempo que se dan estos nudos bendeçidos por el provecho espiritual de las almas y peligros de [fol. 60r] los cuerpos, y también tendrán virtud para las animalias. Y por esso es bien que algunas se hagan en lana o lino o algodón o estopa, para las bestias, por que las demás lleven las personas, pues Dios no hizo en la tierra criatura más noble como es el ánima racional, que ha entendimiento de ángel. Y por eso toda persona es criatura noble, y muy más noble si es cristiana y devota y en virtudes acabada”. Y assí feneció el habla del santo ángel por esta vez, bendiçiendo él mismo las figuras y insignias ya dichas. Añadió diziendo: “La confirmación de todo esto da el Príncipe de la Paz, que es dicho santo Padre, Christo nuestro Redemptor, a quien tubiere fe y devoción en lo ya dicho”. Y todo esto suso escrito fue dicho y demostrado a la bienaventurada santa Juana de la Cruz en el año de mill y quinientos y veynte. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Nuestra madre santa Juana tenía muy grandes coloquios con señor San Gabriel, y hablando de la Santa Encarnación le dixo que, en tocando la campana del Ave María, en aquel instante visita él todas las [fol. 60v] imágenes d’este misterio que ay en todo el mundo, y que Dios otorgaba a ella y a todas sus hijas, presentes y por venir, todas las estaciones que ay desde esta casa de la Cruz hasta el postrer lugar donde comiença el linage de cada una, de suerte que si la monja fuesse del cabo del mundo todas estas estaciones gana él por ellas. Y díxole: “Diles que no sean perezosas en ofrecerlas, que con esta condición se las da el Señor, y que las offrezcan por sí y por sus próximos vivos y difuntos, y que por la flaqueça de las memorias las ofrezcan de tiempos a tiempos”. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Una imagen de Nuestra Señora de bulto, que está en una caxa encima de la portería de partes de fuera, habló con nuestra madre santa Juana.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Dixo Nuestra Señora a nuestra madre santa Juana: “Hija, di a tus hermanas que se traten con criança, que es parte de paz, y que lo que no piensan que es pecado, es pecado, que en el otro mundo se demanda hasta la torcida gorda del candil”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
También le dixo Nuestra Señora que estaban obligadas a rezar el officio divino las enfermas, en pudiendo [fol. 61r] alçar la cabeça de la almohada.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Díxole a nuestra madre santa Juana su santo ángel que se contaba en el Cielo por ayuno de pan y agua no comer cosa de sangre, como es pescado y güebos, que todo lo demás lo era. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Hablando con nuestra madre santa Juana señor san Vicente y Anastasio, le dixeron: “Di a tus hermanas que se acuerden de nosotros y que en nuestra fiesta nos pongan luz, que aunque sea un candil lo recibiremos”. Y estos gloriosos santos cayen a veynte y dos de enero. El ayuno de la Santa Visitación se comiença desde el día de san Bernabé hasta el mismo día, y las que no pudieren ayunar han de rezar cada día veynte y quatro ‘Magnificas’, y ganan lo mismo que si le ayunassen. Gánase en el adviento lo que Dios concedió a petición de nuestra madre santa Juana en lo demás que concedió en esta santa casa.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Estando mala una monja mandola el médico tomar una purga, y apareciole señor San Lucas a nuestra madre santa Juana [fol. 61v] y díxole: “No le den esa purga a la enferma, que le hará mucho mal, sino escriban al boticario que le imbíe unas píldoras agregas, y estará buena”. Y fue ansí que con las dichas píldoras sanó.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Díxole su santo ángel a nuestra madre santa Juana que paz, oración y silencio agradaba mucho a Nuestro Señor.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[SERMÓN DE SAN JUAN BAUTISTA]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''Principio del sermón de San Juan Baptista de su natividad, sacado de su original.'' &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Fablando el Señor día de la natividad de San Juan Baptista, dixo su divina Magestad quería deçir a los humanos algo de las fiestas e solenidades que se hazían en el Cielo, e las grandes alegrías e grandes cosas e gozos acidentales que esta santa natividad causa en este día a los bienaventurados, por quanto Él dixo se alegraría toda criatura en su nacimiento. “E pues que se cumplen las palabras de los profetas”, dixo el Señor, “haviéndome algunas vezes ofendido aunque son santos, más razones que se cumplan las de los ángeles, los quales nunca me offendieron e siempre hizieron mi voluntad, e esta fue anunciar al mundo por San Gabriel las grandeças del día de mi alférez, al qual dio mi Padre título de ángel. E por quanto este día [fol. 62r] es célebre en el universo por haver sido albriçiador de mi Santa Encarnación, tan deseada e pedida de tantas generaciones, ansí es goço en el mi santo reyno. En este día fue fecha una solene processión de todos los bienaventurados, con muchas danças e pendones ricamente adereçados más que de oro, en la qual iba el glorioso niño con un pendón más rico e resplandeciente que todos, guiando la procesión; el qual pendón llevava en la cimera un muy rico joyel muy resplandeciente, fecho a manera de bolsa, todo cercado de borlas e botones de oro muy claro e fermoso, en el qual joyel están escritas con letras de oro unas palabras, las quales decían: “En mi natividad la Madre de Dios fue mi ama”. Y estas palabras iba el glorioso San Juan cantando e tañendo muy dulcemente, e llegó hasta el trono real de Nuestra Señora”. Y dixo más el Señor que decía el dulce niño Juan: “Gózome con la Madre de mi Señor e mi ama”. E dixo el Señor que como el niño San Juan fuesse tañendo e cantando a ofrecer su pendón al Padre celestial, el qual dixo que son estas palabras que vienen escritas, e mostrávaselas al Señor e, fincado de hinojos con mucha reverencia, decía: “Suplico a tu divina Magestad vea lo que aquí viene”. El Señor le dixo: “¿Qué es esto, Juan? ¿Que mi Madre, [fol. 62v] tu ama?”. E bolviendo el Señor a su gloriosa Madre díxole: “¿Cómo, Señora Madre? ¿Es verdad esto que se dice aquí?”. Ella respondió con mucha humildad e goço: “Sí, fijo mío muy amado, verdad es, y que era muy bonito por quanto vos le visitastes, siendo en su vientre le santificastes antes que naciesse”. E luego le miró Nuestro Señor muy dulcemente, e buelto a los bienaventurados les decía que fiziessen grandes fiestas por todo su reyno. E llevándole la Madre de Dios en sus muy preciosos braços, hecho ansí niño chiquito, llegó la gloriosa santa Isabel y se le pidió, y ella se le daba, pero el chiquito, con grande amor e reverencia, no quería sino estar en los braços de la Reyna, e decía la santa vieja: “Ay, mi Señora, que ese niño yo le parí”. Yendo assí Nuestra Señora y Nuestro Señor por su santo reyno con el niño, decía: “¡Alégrese mi Iglesia con el amigo! De la esposa yo soy el Esposo, y él el que como amigo me truxo la esposa fasta la cama, quando por el sacramento del baptismo ayuntó e desposó todas las almas cristianas con el que es verdadero Esposo”. E después que el poderoso Dios obo dicho todos estos loores del glorioso San Juan, vistiole y adornole de dos muy ricas e preciosas vestiduras: la una era muy blanca e con las mangas muy [fol. 63r] anchas, que llegaban fasta el suelo, e ciñole una cinta de oro muy resplandeciente con muchas piedras preciosas, e púsole encima una muy rica capa toda llena de muchas joyas e la falda muy larga, e esta capa era muy pintada e de muchas colores e olores. E púsole en un muy rico trono e coronole con tres coronas muy preciosas: la una por su grande humildad, y esta era de clavellinas muy finas (a significación de su sagrada virginidad), e la segunda corona era de rosas muy coloradas más que rubíes e corales (e esta significaba el martirio que él padeciera), e la tercera corona era de joyeles e piedras preciosas (que significaba la penitencia e méritos que el gran baptista tuvo). E después que el Señor le ubo adornado e coronado, tomole por la mano e decendiose con él por su santo reyno e alcáceres, faciendo todos los ángeles e santos muchos goços e alegrías, loando e magnificando su santo nombre, porque tan alta e perfecta criatura avía tenido por bien de criar. E dixo más el Señor: que como ansí viniesse San Juan con Él, que [fol. 63v] se fincó de finojos e le fabló diziendo: “Suplico a tu gran poder e clemencia tenga por bien de recibir los clamores que me facen en la tierra los mis devotos e amigos, e me demandan favor para sus almas e me hazen fiesta e comemoraçión”. E, estando assí fecho niño chiquito, gozábanse con él sus padres e parientes e todos los santos, e el Redemptor le tomó en sus preciosos braços y le tornó a su trono real, ofreciéndole al Padre celestial por todos sus devotos, diziendo: “Esta es la saeta con que yo tiré a muchos e herí a muchos malos. Ofrézcotele, Padre mío, e ruégote que otorgues por ambos las peticiones justas que oy me an demandado”. Y el Padre celestial le respondió a su fijo y salvador nuestro diziendo: “Fijo mío muy amado, yo recibo este niño e las peticiones que me pides que otorgue por él, porque ese niño es el que yo llamé ‘ángel’, e por eso quise e fue mi santa voluntad que naciesse más limpio y puro que otro ninguno, e más bermejo, porque havía de ser más santo e limpio que otro ningún santo”. E dixo el Señor que fue tanto el amor que cobró a Nuestra Señora la Virgen [fol. 64r] María este bendito niño Juan, que en tres días nunca quiso mamar ni tomar ninguna teta sino estarse contino en sus braços, e si ella le dexaba alguna vez de los braços para yr a alguna parte de la casa, e aunque el niño era chiquito e casi recién nacido, se salía de la cuna o cama donde le tenía echado y se iba a gatas donde quiera que la Señora iba; e ella, viendo el conocimiento y amor que el niño Juan le tenía, recogíale en sus braços e, reverenciando a Dios, en su vientre ponía sus manecitas y adoraba a su Redentor. Y otras veces íbase a los pechos de la Madre de Dios e quería mamar, e decía la Madre de Dios: “Dexad las tetas, hijo mío Juan, que están guardadas para otro mayor e mejor que vos”. E quando avía el glorioso San Juan de tomar la teta de su madre, Nuestra Señora la Virgen María le tomava en sus preciosos braços e metíase con él en una cámara obscura e apuesta, e por semejante la gloriosa santa Isabel, fablando e alagando al precioso niño, e siendo llegada la hora e voluntad de Dios que él mamase, tomó la teta de su madre pensando que era la de la Madre de Dios. E dende allí [fol. 64v] adelante, cada vez que avía de mamar, el Señor le quitava el entendimiento que tenía de hombre de perfeta edad e quedávase en ynocencia de niño, como lo era, para mantenerse e poder vivir e criarse. Y en tanto que Nuestra Señora estuvo en casa de Zacarías, cada vez que el niño Juan avía de mamar le tomaba ella en sus braços, para que callasse e pensasse que era su madre. Esto facía por el grande amor y sin medida que con ella avía concebido, porque viendo la gran fermosura más se fartaba e deleytaba de la mirar e acatar y estar en sus braços que de mamar las tetas de su madre. E después que la gloriosa Virgen María fue tornada a Nazared, por algún espacio de tiempo no le podían acallar ni façer mamar, acordándose de su dulcedumbre e acatamiento e del fruto tan maravilloso de su sagrado vientre, el qual el santo niño Juan muchas veces adorava quando la Madre de Dios le tenía a él en sus braços. E no solamente truxo Nuestra Señora en sus braços muchas veçes al niño Juan en el tiempo que él nació en este mundo, mas aun en esta misma [fol. 65r] otaba no quiere andar sino en sus braços por el reyno celestial, hecho niño chiquito y de la mano de Nuestra Señora, e yendo ella sentada y metida en un trono muy rico y adornado. E quando Nuestra Señora le llevava assí consigo iba fablando con unas bienaventuradas muy dulçes, diziendo a todos los bienaventurados de la corte del Cielo: “Amigos e amigas, mirad al niño Juan quán bonito e precioso e fermoso es”. E como todos los ángeles e los santos le miraban e acataban, gozábanse e alegrábanse todos de ver su fermosura. E a desora le vestía e adornava Nuestra Señora de tanta diversidad de maneras e colores e pinturas e joyas, que los que una vez le miravan e después le tornavan a ver no le conocían quando la Madre de Dios se le mostrava, e dezíanle muy maravillados: “O, Señora y Reyna de los Cielos, no es este el niño que tú nos enseñabas, que este es más lindo e más precioso”. E la gloriosa Virgen María respondía: “Por cierto, mis amigos, el mismo es”. E acatándole todos conocíanle en solo los pies, porque quanto traýa las plantas d’ellos llenas de flores [fol. 65v] e rosas e verduras, ansí como matas de albahacas muy olorosas e finas, las quales verduras e flores traýa él en los pies en remenbrança e figura de las yervas e verduras por gloria y honra suya echan en el suelo acá en el mundo el día de su santa natividad. E allende de las vestiduras que el glorioso niño Juan tenía vestidas este día, también traía sobre su cabeça una diadema de oro muy resplandeciente e iba todo escrita con letras de oro muy lindas, que dezían las mismas alabanças que primero llevaba en el pendón, que decían: “La Madre de Dios es mi ama”. E por semejante llevava en la mano derecha un jarrito de oro muy resplandeciente y escritas letras de oro en él que dezían lo mismo: “La Madre de Dios es mi ama”. E fablava el niño Juan con voz muy dulce e decía: “Yo soy el dichoso y el consolado, que la Madre de Dios me tiene en sus braços”. Y como Nuestra Señora iba ansí por todo el reyno de los Cielos e por todos los alcáçeres muy acompañada de ángeles y en su trono muy poderosamente, llevando [fol. 66r] en sus braços al niño Juan, mostrávasele a todos e gozábanse mucho con él. E deseávale su santa madre Isabel y Zacarías, su padre, e todos sus parientes. Aunque santa Isabel se gozava e se tenía por dichosa que Nuestra Señora llevase a su fijo, ella le deseava e deçía dentro de su coraçón: “O, si la Señora me diesse mi fijo para que me goçe un poco con él, antes que pase la octava en la qual está fecho niño, que después estará fecho hombre como de primero e no podré jugar e goçarme con él”. E Nuestra Señora, conociendo sus pensamientos e deseos, mostrávale de su trono alto al precioso niño Juan e deçíale: “Por cierto que no os le dé... Si le queredes ver, ele aquí”. E santa Isabel le tomava e le besava e se goçava con él, e la Señora decía al niño: “Fijo, ¿quieres yr con tu madre?”. Y el niño se asía a la garganta de la Madre de Dios e decía: “No, Señora, que con vos me quiero estar”. Y esto facía la Madre de Dios por dar [fol. 66v] al niño Juan más honra e gloria e quererle ella traer por todo el reyno del Cielo ansí. E dixo más el Señor: que allende d’estos favores e previlegios y dones que el glorioso San Juan Baptista recibió d’Él, fue muy grande aquel don tan especial de la santificación, que Él le santificó estando él encerrado en el vientre de su madre y yendo también encerrado Él en el sacratíssimo vientre virginal de Nuestra Señora; porque desde que la Virgen entró por la casa de santa Isabel, su prima, santificó el mismo Salvador a San Juan, e le dio luego entendimiento de hombre de perfecta edad de treynta y tres años e de hombre angélico e celestial. E tan grandes fueron sus dones e merecimientos e previlegios e gracias, que de toda la santíssima Trinidad es muy amado e loado e querido y ensalçado e honrado, por lo qual alcança mucha gracia para todos los que le aman e sirven delante el acatamiento divinal.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Fin del santo sermón, el qual acabó el Señor [fol. 67r] dando su bendición, diziendo: “La bendición del Padre e de mí, su fijo, y del Spíritu Santo, que me voy, y no del coraçón que me ama”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[VERSOS LAUDATORIOS A LA VIRGEN]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Mírala cómo sale&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
la rosa fresca y florida,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
mírala cómo sale &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
de entre las espinas.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Sale qual aurora&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
esparciendo flores&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
y con sus primores&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
al Çielo enamora,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
y en fe que la adora&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
la da clavellinas.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Mírala &amp;amp;ª ''[11]''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Su rica corona &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
texida de estrellas,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
la ermosura en ellas&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
más se perfeciona.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Con voces pregona&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
sus gracias divinas.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Mírala &amp;amp;ª&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El cedro hermoso&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
del Líbano santo&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
es quien pone espanto&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
al lobo rabioso,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
es rosal hermoso&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
que da rosas finas.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Palma de victoria&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
plantada en Cades,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
compuesto ciprés&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
del Sion de gloria,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
ciudad de memoria&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
que al Cielo encaminas.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Espejo agraciado&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
en quien Dios se mira,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
cuya luz retira&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
la culpa y pecado,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[fol. 67v] plátano plantado&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
entre aguas divinas.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Flor de los jardines&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
del rey Salomón,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
güerto y recreación&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
de los seraphines,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
oy de entre jazmines&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
dulce olor aspiras.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
La blança açuçena&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
de los frescos valles&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
sale por las calles&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
de virtudes llena,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
destierra la pena&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
y esparce alegrías.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En la tierra y Cielo&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
se lleva la gala,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
porque ella es la escala&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
de nuestro consuelo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Jacob con desvelo&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
a subir se anima.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Es fuente sellada &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
con sello del Rey,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
que en qualquiera ley&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
es privilegiada.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
¡O, fuente sagrada&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
de aguas cristalinas!&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Oliva especiosa&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
en campo florido,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
tus ramas son nido&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
do el Verbo reposa.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
¡O, viña dichosa &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
de ubas peregrinas!&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Su Esposo la viste &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
con rayos del sol,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
su claro arrébol&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
tinieblas resiste,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
a la tierra enviste&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
la luz de alegrías.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
La luna a los pies&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
la sirve de estrado&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
y el Cielo estrellado&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
oy su trono es.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Cielo y tierra, pues,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
miren a porfía. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Mira sus cabellos&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
su Esposo querido&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[fol. 68r] y baja herido&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
por cada uno d’ellos&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
para darnos vida.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Sus hermosos ojos&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
y esparcida frente&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
quando está presente&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
quita mil enojos,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
ríndenla despojos&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
quien la ve y la mira.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Arcos son de amor&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
sus cejas graciosas,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
largas y espaciosas,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
llenas de primor&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
dan a su Açedor&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
alabanças dignas.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Mira que es la puerta&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
que vio Acequiel&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
por do entraba un Rey&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
sin dejarla abierta,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
mira que es la güerta&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
do se á de plantar la vida.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Mira cómo sale&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
la rosa temprana,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
sin ser maculada&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
de culpa culpable,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
mira qu’es la llave&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
con que el Cielo se abriría.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Mírala cómo sale&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
la rosa fresca y florida,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
mírala cómo sale &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
de entre las espinas.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Fin.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[fol. 68v] A la puríssima concepción de Nuestra Señora.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Qué linda sois, Virgen,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
qué linda que sois,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Cielo y tierra lo dicen así,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
y en verdad que lo sois.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
De vos se decía,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
allá en los cantares,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
que sois escogida&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
entre los millares.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Todos los mortales&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
predican de vos&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
que sois virgen y madre,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
y en verdad que lo sois.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Sois toda hermosa&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
sin mancha ninguna,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
entre estrellas, luna,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
y entre espinas, rosa.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Por ser tan graciosa&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
os preservó Dios.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Cielo y tierra lo dicen ansí,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
y en verdad que lo sois.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Sois de Dios echura&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
echa en su crisol,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
clara más que el sol,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
toda limpia y pura,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
tan noble criatura&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
que sola sois vos&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
la exempta de culpa,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
y en verdad que lo sois.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
¿Qué mayor nobleça &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
que ser por gracia vos&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
lo mesmo que Dios&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
por naturaleça?&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Por vuestra limpieça&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Gabriel os llamó&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
‘Ave gracia plena’,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
y en verdad que lo sois.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Virgen singular,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
escala del Cielo,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
por quien Dios al suelo&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
propuso bajar.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Estrella del mar,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[fol. 69r ] ¿quién ay como vos,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
toda bella y pura?&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y en verdad que lo sois.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El Dios que os crió&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
sola y sin exemplo,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
nuestro casto templo&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
hecho hombre abitó.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Tal sois que se honró&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
con tal madre Dios,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
por ser sin mançilla,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
y en verdad que lo sois.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Si Dios con su aviso &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
y sumo poder&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
limpia os pudo hacer,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
sin duda que quiso.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Sois el Paraíso&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
do se recreó&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
el nuevo Adán Cristo,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
y en verdad que lo sois.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Oy por libre os dan,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
que si de las leyes&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
se exemptan los reyes&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
las reynas lo están&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
de la ley de Adán.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Os eximió Dios&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
por ser limpia y pura,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
y en verdad que lo sois.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En el Cielo os vio&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Juan profeta santo&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
con el sol por manto,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
según lo escrivió,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
porque os concibió&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Ana en luz de Dios,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
sin noche de culpa,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
y en verdad que lo sois.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Del mundo el consuelo&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
sois, Virgen María,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
norte que nos guía&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
al puerto del Cielo,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
milagro del suelo&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
en quien puso Dios&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
grandeça infinita,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
y en verdad que lo sois.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Casa que fundó &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
el sol de justicia, &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
hecha sin malicia&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
donde Él habitó.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[fol. 69v] Solo os reservó&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
del tributo a vos&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
que Adán nos impuso,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
y en verdad que lo sois.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Con divina gracia&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
se llamó dichoso&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
vuestro vientre hermoso,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
que al Inmenso abraça,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
que es paño sin raça&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
el que vistió Dios.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Cielo y tierra lo dicen ansí,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
y en verdad que lo sois.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Paloma sin hiel,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
virgen sin mancilla,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
sacro trono y silla&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
del Dios de Isrrael,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
¿qué rosa o clavel&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
brotó como vos,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
más qu’el cielo pura?&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y en verdad que lo sois.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Esta vuestra casa,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
de quien sois defensa,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
os dé gloria inmensa&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
y loores sin tassa,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
pues de nuestra masa&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
sola fuistes vos&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
la limpia de culpa,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
y en verdad que lo sois.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Fin.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[VERSOS A LA CIRCUNCISIÓN DEL NIÑO]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Coplas a la circuncisión del Niño.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Ved aora los pecadores&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
lo que mi hijo ha pasado,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
que desde oy está llagado.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
¿A quién le encomendaré&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
demandándole favores?&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
¿Qué pensaré o qué haré,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
que ya crece mi dolor?&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Entre el goço y el temor&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
mi espíritu está turbado,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
que desde oy está llagado.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[fol. 70r] Quien le llagó fue el amor,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
y es tanto el que tiene al hombre&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
que es justo el Cielo se asombre,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
pues parece pecador,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
en sí con tanto rigor&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
cumple la ley del culpado,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
que desde oy está llagado.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Sin dever ningún tributo,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
siendo poderoso rey,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
oy se sujetó a la ley&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
y da su sangre por fruto.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Destierre ya el mundo el luto,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
pues Dios tan presto ha pagado,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
que desde oy está llagado.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Esposo de sangre es&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
y en Él su amor tanto crece&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
que oy por primicias ofrece&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
lo que ha de verter después.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Tan grande es el interés&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
que por las almas ha dado&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
que desde oy está llagado.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Amor que le hace la guerra&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
y le obligó en un instante&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
al qu’es del Cielo gigante&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
hazerse niño en la tierra.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Tal fuego en su pecho encierra&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
de pagar por el pecado&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
que desde oy está llagado.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
¡O, exceso raro de amor!&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Pues Él solo cubrir pudo&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
al que es de culpa desnudo&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
con capa de pecador.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Alma, a pagar tu valor&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
viene tan apresurado,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
que desde oy está llagado.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Con amor no ay que espantar&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
del precio que nos ofrece,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
que a dar su sangre empieçe&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
quien carne y sangre ha de dar.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Hombre, comiença a goçar&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
del remedio deseado,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
que desde oy está llagado.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Con esta muestra declara&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
el contento que recibe&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
en que ya tu alma vive&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
y su sangre la repara.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Al fin le cuesta tan cara&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
y tan grande precio á dado,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
que desde oy está llagado.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[fol. 70v] O, supremo Criador,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
hijo mío y niño Dios,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
¿quién pudiera sino vos&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
dar tales muestras de amor,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
anticipando el dolor&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
vuestro cuerpo delicado,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
que desde oy está llagado?&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Mucho, Niño, el alma amáys,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
pues que por abrirla el Cielo&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
apenas bajáis al suelo&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
quando culpado os mostráis,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
y tan presto el cuerpo dais&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
por fiador del pecado,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
que desde oy está llagado.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Mas si por librar al hombre&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
su sangre tierna derrama,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Jesús el Cielo le llama,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
nombre sobre todo nombre,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
cuyas letras por que asombre&lt;br /&gt;
con tanta sangre an entrado,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
que desde oy está llagado.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Oy al alma, que en su trato&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
captiva y esclava ha sido,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
compra en precio tan subido&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
por darla el Cielo barato.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Mira, pecador ingrato,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
lo que tu culpa ha costado,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
que desde oy está llagado.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Si Dios tanto al alma estima&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
que se ha hecho tierno infante,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
y el apresurado amante&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
oy por ella se lastima, &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
¿cómo a servir no se anima&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
un Dios tan enamorado,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
que desde oy está llagado?&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Ea, Niño, empeçad ya &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
a esforçar vuestra flaqueça,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
que quien dando sangre empieça&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
dando sangre acabará,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
y tanta que quedará&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
vuestro cuerpo desangrado,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
que desde oy está llagado.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Curar quiere nuestros daños,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
pues que la sangre que cría&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
nos la da al octavo día&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
para darnos buenos años.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Efectos de amor estraños&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
en Él se an manifestado,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
que desde oy está llagado.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[fol. 71r] Vayan tristeças afuera,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
¡alegría, pecadores!,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
que ya comiençan las flores&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
de la fértil primavera.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Copioso fruto se espera,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
pues Jesús tal muestra ha dado,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
que desde oy está llagado.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Para que no desconfíes&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
por lo que culpas merecen,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
por los sus ojos te ofrecen&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
su tierna sangre rubíes,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
y para que más confíes&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
pagan tan anticipado,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
que desde oy está llagado.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Mi Dios de amor verdadero,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
¿qué coraçón de diamante&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
no se ablandara al instante&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
con sangre de tal cordero?&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Redempción copiosa espero&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
de un Dios tan enamorado,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
que desde oy está llagado.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Oy viene en sangre cubierto&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
el que en éxtasis profundo,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
desde el principio del mundo, &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
llamó Juan ‘cordero muerto’.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Con sangre firma el concierto&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
que tiene tan deseado, &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
que desde oy está llagado.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Como al alma tanto amáys&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
y es pasión de amor, aquestas&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
lágrimas de sangre os cuesta&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
que oy por ella derramáys.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Caro es el precio que days&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
de vuestro cuerpo sagrado,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
que desde oy está llagado.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Sangre en la circuncisión&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
dais de valor infinito,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
que sin ella mi delito&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
no alcançará remissión.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Salid, hijas de Sion,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
a ver el Rey coronado,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
que desde oy está llagado.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Agua y sangre de Dios vierte&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
su caridad encendida,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[fol. 71v] una al entrar en la vida,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
otra después de la muerte;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
una y otra, alma, te advierte&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
quánto su amor te ha obligado,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
que desde oy está llagado.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Ved aora, los pecadores,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
lo que mi hijo ha pasado,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
que desde oy está llagado.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Fin.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
=== Notas ===&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[1]'' El folio 1 está precedido por otro folio no numerado y que muestra una caligrafía diferente, lo que sugiere que fue añadido al manuscrito posteriormente. En este folio se puede leer lo siguiente: “Para mayor honra y gloria, fíen mando y pago a los señores de la casa. Y mando y nombre: Diego Lucas ¿Gómez?”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[2]'' En esta cuarteta y las dos siguientes, a pesar de la indicación en el manuscrito original, no parece intervenir Juana, la Esposa.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[3]'' En el manuscrito aparece “llame”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[4]'' Este pasaje está subrayado en el manuscrito, en cuyo margen se aprecia una pequeña nota que parece decir “Ojo, alabanza”, aunque no se entiende del todo bien.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[5]'' Nota al margen: “Llamávase Germana de la Asçensión”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[6]'' Nota al margen medio cortada, en la que parece indicarse lo siguiente: “También se reça para este mismo con nueve mil ‘Avemarías’”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[7]'' Nota al margen: “Los maytines eran entonces a media noche”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[8]'' Nota al margen no legible.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[9]'' Subrayado en el manuscrito.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[10]'' Nota al margen: “Estas cofradías otorgó el Señor por intercesión de nuestra madre santa Juana de esta santa casa de la Cruz”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[11]'' Este símbolo posiblemente indique que entre las estrofas debe repetirse el estribillo: “Mírala cómo sale / la rosa fresca y florida, / mírala cómo sale / de entre las espinas”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
= Vida manuscrita (3)=&lt;br /&gt;
Ed. de [https://visionarias.es/equipo/veronica-torres-martin// Verónica Torres Martín]; fecha de edición: febrero de 2025; fecha de modificación: enero de 2026.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
== Fuente ==&lt;br /&gt;
* [http://catalogodesantasvivas.visionarias.es/index.php/Categor%C3%ADa:Lucas_de_Yanguas Yanguas, Lucas de], 1684. ''Breve catálogo de los siervos de Dios así religiosos como religiosas de la Tercera Orden que han fallecido con singular opinión y fama de muy virtuosos en la santa Provincia de Castilla''. Ms. C/12 del Archivio Generale dell’Ordine dei Frati Minori AGOFM, Roma, fols. 17v-24r.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[[Contexto material del manuscrito Breve catálogo de los siervos de Dios]] ''así religiosos como religiosas de la Tercera Orden que han fallecido con singular opinión y fama de muy virtuosos en la santa Provincia de Castilla''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
== Criterios de edición ==&lt;br /&gt;
El texto se ha actualizado a las normas de ortografía vigentes. Esto conlleva la normalización de las grafías h, b/v, j/g, i/y; los cambios de qu a cu. Sin embargo, se han conservado los casos de laísmo presentes y los pocos ejemplos de leísmo hallados en el manuscrito. En cuanto al grupo de sibilantes, se han normalizado tanto las -ç- como las -sc- y -ss-. Tanto la puntuación como la acentuación han sido normalizadas, si bien se mantiene el uso del paréntesis para indicar observaciones digresivas según el original. También lo ha sido el uso de las mayúsculas y la separación o unión de palabras. La -u- intervocálica y la v han sido unificadas como “v”, así como las diferentes grafías de la s.  Los nombres propios de personajes y lugares han sido modernizados para facilitar su reconocimiento.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==Vida de Juana de la Cruz==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[Fol. 17v] ''[1]'' La venerable madre sierva de Dios sor Juana de la Cruz nació en primero de mayo de 1482 ''[2]'' en el lugar de Azaña en la Sagra de Toledo. Sus padres se llamaron Juan Vázquez y Catalina Gutiérrez, personas virtuosas y ricas. Recibió el santo baptismo en la iglesia parroquial de dicho lugar y el nombre Juana y, tan temprano madrugó en ella la luz de la divina gracia, que, habiendo diferencia de los viernes, entre los otros días, no tomaba en ellos el sustento del pecho de su madre más de una vez al día, comenzando en ella con la vida la devoción a la Pasión de Christo y la virtud de la abstinencia. Sucedió durante su infancia no tomar el pecho en tres días y, creyendo su madre ser algún accidente mortal, valiéndose de la intercesión de Nuestra Señora, hizo voto de llevarla al templo recién edificado de Santa María de la Cruz, señalando la Virgen Santísima el sitio y poniendo en él una cruz por su misma mano, habiéndose aparecido a una niña del lugar de Cubas llamada Inés, a la cual tomó por medio Su Majestad para que se lo intimase a la gente del lugar, y como era voluntad suya que en aquel sitio se le edificase un templo donde fuese venerada y es el que hoy persevera en el convento que se edificó después para religiosas de la Tercera Orden. Y, asimismo, prometió su madre velar una noche en la otra iglesia, a cuyo voto se siguió la salud de la niña Juana, teniéndola todos por milagrosa. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Semejante caso sucedió de edad de dos años que, habiendo enfermado de muerte al juicio de su madre, la llevó a visitar la ermita del glorioso apóstol San Bartolomé en la villa de Añover. En ella mejoró súbitamente y, llegada a los años de discreción, contaba la sierva de Dios se la había aparecido y tocádola en el rostro, con cuyo tacto recuperó milagrosamente la salud. A los cuatro años de su [fol. 18r] edad tuvo un rapto en que fue llevada a un lugar muy ameno donde vio una señora de grande hermosura y autoridad asistida de niños y doncellas hermosísimas, de las cuales informada que aquella señora era la Madre de Dios, la adoró como a tal y saludó con la avemaría. Y entre aquellos ángeles en forma de niños vio la primera vez a su Santo Ángel Custodio. En este mismo año, llevando el Santísimo Sacramento a un enfermo, adorándole la niña Juana a la puerta de la casa de sus padres, vio sobre el cáliz un niño hermosísimo cercado de resplandores, y otras muchas mercedes recibió del Señor.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
A los siete años de su edad murió su madre dejando encargado a su marido llevase la niña Juana a visitar el templo de Santa María de la Cruz en cumplimiento de la promesa que tenía hecha, lo cual deseaba mucho la niña, poniendo la mira en quedarse en aquel convento por religiosa y, reconocido su deseo por su padre y deudos, procuraron estorbarlo juzgando su poca edad incapaz para llevar los rigores de la vida religiosa. Y, como la niña iba creciendo, aumentaba sus piadosos ejercicios: los días de ayuno, que eran de precepto, ayunaba a pan y agua; otras veces no se desayunaba en dos ni en tres días; poníase ásperos silicios; azotábase con ramales de cadenas de yerro hasta derramar sangre; en los más recios yelos del invierno se desnudaba y, con solo el silicio, pasaba las noches enteras en oración. Favorecíala Nuestro Señor con particulares visiones y, entre ellas, un día de Viernes Santo la apareció Christo crucificado, cuya visión la dejó tan vehemente lastimada que la pena del corazón se le llegó a conocer en lo pálido que se le puso el rostro. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
A los catorce años de su edad unos tíos suyos, en cuya casa estaba, la trataron de casar aspirando muchos a pretender esta ventura, singularmente un noble y principal mancebo natural de la villa de Illescas. Muy diferentes eran los deseos de Juana, que solo codiciaba dedicarse al servicio de Nuestro Señor, el cual, un día de la Semana Santa le apareció y aseguró sería su esposa en el estado de la religión y, alentada con esta visión y palabra, resolvió irse al Convento de Religiosas de la Tercera Orden de Santa María de la Cruz, cuya fundación [fol. 18v] creía había sido milagrosa de especial servicio del Señor y culto de su gloriosa Madre. Reconociendo que no había de poder alcanzar el beneplácito de su padre y tíos, se resolvió a valerse de su industria sin temer disgustarlos por obrar lo que creía ser del gusto de Nuestro Señor. Para esto, dejando el hábito de mujer en traje de hombre y con espada para más disimulo, sola y a pie salió de noche de su casa, camino del convento. Apenas dio principio a su camino cuando comenzó a discurrir los inconvenientes que podían seguirse de aquella jornada en aquel traje, el sentimiento de su padre y tíos, y la novedad que causaría a las religiosas. Todo lo cual la amedrentó de manera, junto con la soledad y obscuridad de la noche, que cayó en la tierra como desmayada hasta que una voz la esforzó tres veces a proseguir su camino y, después, entendió haber sido de su Ángel Custodio. Comenzó con este aliento a caminar y, a breve espacio, sintió venir en su seguimiento un hombre a caballo que, según reconoció, era aquel joven hidalgo de Illescas que tan solícito la pretendía por esposa. Asustose Juana con su vista, mas el mancebo, engañado con el traje varonil, pasó adelante sin haberla conocido de que dio Juana a Nuestro Señor muchas gracias, y en aquel lugar se le apareció Nuestra Señora y alentó a sus buenos propósitos. Llegó Juana a un pueblo que dicen Casarrubuelos, pidió en una casa la diesen un poco de agua, descansó un breve rato y levantándose a proseguir su viaje, como practicó en su uso, se dejó allí la espada por olvido. Habiéndola echado [de] menos volvió a buscarla a la misma casa y, sin reparar en el fingido traje, dijo: “¡Oh, pecadora de mí, que se me olvidaba la espada!”. Ocasionó reparo en el estilo, que no decía con el hábito, mas como llevaba superior seguridad, no le fue estorbo que la impidió su camino. Llegó Juana al puerto deseado del Convento de Nuestra Señora de la Cruz, buscó la portería para hablar a la prelada, y había punto a la puerta una imagen de Nuestra Señora, postrose a pedirla su amparo y, es tradición constante, que la santa imagen la habló diciendo: “Bienvenida seas hija mía, entre gozoso su espíritu a tomar posesión de lo que tanto ha deseado, que para reparo de esta casa te crio Dios. En cuyo nombre y en el mío tendrás autoridad para derribar y edificar, destruyendo relajaciones y enseñando con tu doctrina y ejemplo el camino de la perfección”. Esta santa imagen de [fol. 19r] Nuestra Señora, de quien esto se cuenta, se venera hasta hoy en la portería del convento, aunque mudado el sitio. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Confortada interiormente Juana con este favor, llamó a la prelada y, habiéndola informado de sus deseos y resolución, fácilmente consiguió su consentimiento y de las religiosas que, junto con el del Vicario Provincial, que, según el cómputo, era el muy reverendo padre fray Juan de Tolosa, la tercera vez, inopinadamente había llegado al convento a esta sazón, fue Juana admitida para religiosa. Luego ocurrieron sus padres y deudos y, con palabras ásperas, solicitaron reducirla a desistir de sus intentos, mas, ablandando el Señor sus corazones, no pasaron adelante viendo su perseverancia y la dieron sus consentimientos ofreciendo la dote necesaria y, en presencia de todos, con mucho gusto suyo y de las monjas, recibió sor Juana el hábito de la religión de edad de quince años. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Luego que se vio en aquel lugar y hábito que había deseado con tantas ansias, comenzó a mostrarse agradecida a Nuestro Señor procurando servirle con todas sus fuerzas: aumentó los silicios y disciplinas; diose toda al ejercicio de la oración; y, pasado el año del noviciado con raro ejemplo de sus virtudes, hizo su profesión muy alegre. Tomó en ella el nombre de Juana de la Cruz, de quien fue devotísima en consideración de haber sido el instrumento de nuestra redención. Después que profesó, continuó más sus virtudes y, en particular, el trato interior con Dios, de tal suerte que apenas dormía y lo más que descansaba era tomando dos horas de sueño. Vestía el hábito más pobre, una túnica de paño grosero y debajo un áspero silicio; comúnmente andaba con los pies descalzos y, aunque fueron muchas sus penitencias, nunca se gobernó en ellas por su dictamen, sino por el de sus confesores. En los oficios de caridad era muy puntual, especialmente con las enfermas, y mostrose bien en el caso siguiente: padecía una religiosa un grave dolor de estómago y pidió a sor Juana que pidiese, como que era para sí, un poco de vino con que esperaba alguna mejoría. Reparó sor Juana iría contra la verdad si lo pidiese para sí siendo para la enferma, y resolvió a pedir a Nuestro Señor la diese a ella [fol. 19v] el dolor de estómago que padecía la religiosa por el tiempo que fuese su voluntad y, habiéndosele dado, a título de estar con dolor de estómago, pidió el vino y, pedido a título de necesidad suya, le dio alivio de su hermana enferma. En este ministerio de la enfermería hizo Nuestro Señor por sus merecimientos maravillosos beneficios a las religiosas: una sanó de unas tercianas comiendo un poco de pan de lo que sor Juana comía; otra se libró de dos zaratanes que tenía en los pechos poniéndose sobre ellos unos pañicos mojados en agua bendita por consejo de la caritativa enfermera. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Conocido su caudal, la ocupó la obediencia en oficios de más importancia. Mandola el torno y la puerta, donde mostró su prudencia grande en mirar por la religión sin faltar al agrado. De aquella ocupación tomaba motivo para sus meditaciones santas: en el torno consideraba el pesebre de Belén, donde muchas veces hallaba en él al Niño Jesús recién nacido y, una de ellas, queriendo llegarle a abrazar, se apareció Nuestra Señora y, tomándole en sus brazos, le levantó en alto. Triste la sierva de Dios, temiendo en sí algún demérito, Nuestra Señora la consoló diciéndole fuese a la huerta que allí la hallaría. Obedeció puntual y, abriendo la puerta de una pobre casilla que había en ella, en que se guardaban los instrumentos rústicos para labrarla, halló a la Madre y al Niño asistidos de muchos ángeles, a quien adoró con profundísima humildad dándole gracias porque así favorecía a una tan vil criatura, en cuya dulce conversación se enajenó sor Juana del uso de los sentidos de manera que no oyó la campanilla de su oficio con que la habían llamado tres veces hasta que la Reina de los Ángeles se lo dijo. Y, cuidadora de la obediencia, fue a responder y, habiendo concluido su ministerio, volvió al mismo lugar y halló en él a aquellas majestades soberanas y, dándoles muchas gracias porque la habían aguardado, la Madre de Dios la dijo que los había hallado allí por haberlos dejado por la obediencia y que no hubiese gozado aquellos favores si hubiera faltado a ella. En otra ocasión, estando en la casa de la labor, la apareció la Virgen santísima con el Niño Dios en sus brazos y mereció, entre otras mercedes, que la Virgen se le diese y sor Juana le recibió en su escapulario, durando en su alma por muchos días los efectos soberanos de este favor. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Tuvo sor Juana especialísima devoción con el Santísimo Sacramento [fol. 20r] de la eucaristía y, cuánto hacía de penitencias y mortificaciones, todo lo dirigía a disponerse para la comunión. Asistía con fervorosa devoción al santo sacrificio de la Misa, siendo su mayor pena, aunque fuera sin culpa, no asistir a cuantas misas se decían. En el confesionario se estaba confesando un día mientras se decía la misa conventual por no haber tenido oportunidad antes, ocupada en cosas de la obediencia. Sonó la campanilla que hace señal al levantar la sacrosanta ostia consagrada y mandó el confesor a sor Juana que fuese al coro a adorar al Santísimo Sacramento, partió con la priesa posible y, por los golpes de la campanilla, reconoció no podría llegar al coro con tiempo y, así, se arrodilló en el claustro para adorarle en espíritu. Mediaba entre sor Juana y la iglesia una recia pared de cantería, la cual milagrosamente se abrió desde lo alto a lo bajo dando lugar por donde la sierva de Dios pudiese ver el altar, sacerdote y al Santísimo Sacramento y, quedando sor Juana atónita y dando a Dios muchas gracias por tan nuevo y singular favor, al tiempo de levantar la sagrada ostia la segunda vez &amp;lt;segunda vez&amp;gt; ''[3]'', se abrió la muralla, dándola lugar para verla y adorarla, quedando hasta estos siglos un testimonio de este milagro en la misma pared, porque, siendo todas las piedras de ella de mármol negro, quedó una de ellas blanca y abierta por tres partes en forma de cruz, la cual es visitada de los prelados y príncipes cuando se ofrece entrar a la clausura de este convento. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Favoreció mucho Nuestro Señor a la bendita sor Juana concediéndole trato benigno y familiar con su Santo Ángel Custodio que, así en sus éxtasis como fuera de ellos, se le manifestaba resplandeciente, glorioso y la instruía y gobernaba en las materias de espíritu y en las respuestas que había de dar a los que venían a pedir consejo. Era visitada del Señor frecuentemente favoreciéndole con éxtasis continuos, durando estos raptos unas veces cuatro horas, otras doce, otras catorce y llegaron a veinte y cuatro y, alguna vez, duró sin volver del rapto por espacio de tres días, de los cuales eran los efectos diversos, porque unos eran de pena y otros de alegría, cuyas señales se conocían en su rostro y, a veces, [fol. 20v] le era revelado el estado de las conciencias de algunas personas por quien pedía, siguiéndose la enmienda de muchas. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En uno de sus raptos apareció a sor Juana el Niño Jesús en compañía de su Madre santísima y de muchos ángeles y santos y, en presencia de todos, se desposó con ella, sacando por joyas de estos desposorios unos acerbísimos dolores en las manos y pies que comenzaron un día de Viernes Santo inmediato a los desposorios, y en las manos y pies unas señales de color de rosa que exhalaban maravillosa fragancia; y era tal la vehemencia de estos dolores que la impedían el movimiento y era necesario que las religiosas la llevasen en brazos al coro. No eran estos dolores continuos, sino los viernes y sábados hasta la medianoche y la duraron hasta el día de la Asunción, desde el Viernes Santo. A la fama de estas maravillosas señales acudían muchas personas a verla y visitarla y, reconociendo sor Juana ser causa de inquietud al convento, pidió a Nuestro Señor la quitase aquellas señales y, condescendiendo a sus humildes ruegos, se las quitó diciéndole: “Importunarme que te quite el precioso don que te he concedido. Yo lo haré, mas pues no quieres mis rosas, yo te daré mis espinas”. Y así lo experimentó sor Juana, padeciendo de allí adelante los dolores de la santísima Pasión en alma y cuerpo, en persecuciones y enfermedades. Comenzó su padecer sin oír voz alguna ni ruido por grande que fuese. Durola este trabajo desde diez de febrero hasta doce de agosto, que en un rapto entendió volverla Nuestro Señor el oído por los ruegos de sus religiosas, que la acompañaron a dar gracias a Nuestro Señor por este beneficio en que eran todas interesadas. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Tuvo esta sierva de Dios el don de lenguas, al cual precedió que, volviendo un día de uno de sus frecuentes raptos, se halló muda sin poder pronunciar palabra alguna, aunque entendía lo que la hablaban, hallándose obligada a responder por señas. Durole este impedimento algunos meses, hasta que en un rapto le apareció el Niño Jesús a quien suplicó le restituyese el uso de su lengua si había de ser para su santo servicio. Y el Señor la respondió, tocándola la boca: “La causa de haberte enmudecido es porque seas instrumento por quien yo quie- [fol. 21r] ro hablar y, aunque ahora te sano, guarda mis secretos, algo di y algo calla de lo que te revelaré”. Volviendo del rapto, se halló sin aquel impedimento y, desde entonces, se descubrió en ella el espíritu de la predicación y doctrina, hablando en los éxtasis cosas singulares y declarando las sagradas profecías y otros lugares de las divinas letras. &lt;br /&gt;
Esto sucedió en esta forma: cuando había de predicar y declarar lo que Nuestro Señor la revelaba se privaba de los sentidos y, recogida a su celda, quedaba con los ojos cerrados, el rostro sereno y sobre el pecho las manos, y estaba en su quietud como hora y media y, luego, comenzaba a hablar con Dios con ademanes y demostraciones de tratarle como que estaba presente, variando las pláticas, unas de agradecimiento, otras de ruegos, en especial, orando por la Santa Iglesia, por los que estaban en pecado mortal y por las ánimas del Purgatorio. Acabada la oración, pasaba en su quietud algún espacio y, luego, comenzaba con voz más inteligible a declarar misterios sagrados con particular gracia, siendo su asunto más común el Evangelio o festividad de aquel día. Solían durar estos sermones tres y cuatro horas, concurría innumerable gente a oírla a título de no profesarse clausura entonces en aquel convento y, acabado el sermón, volvían consoladísimos y admirados, habiendo recibido su bendición. Durole esta gracia como tres años y, en cuanto a los días, no hubo cosa fija, sino cuando la voluntad divina lo disponía. Concurrieron personas de todas clases y de mucha suposición a oírla, unos por curiosidad, otros por devoción, señores, títulos, obispos, inquisidores… Entre ellos fueron el venerable padre y señor don fray Francisco Ximénez de Cisneros, arzobispo de Toledo y el Gran Capitán y, finalmente, la Cesárea Majestad del Señor Carlos Quinto. Y lo más digno de ponderación es que, si los oyentes eran doctos, predicaba en lengua latina y, según convenía, algunas veces predicó en lengua francesa y otras en la arábiga y, en uno de estos sermones, convirtió a la fe de la Iglesia dos esclavas africanas obstinadas antes en la maldita secta de Mahoma. Fue a oírla con algún escrúpulo el vicario provincial de Castilla, que era vizcaíno de nación, y predicó aquel día en lengua cantábrica que dicen vazquense, que es de las más dificultosas del mundo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Tuvo noticia el Santo Oficio de la Inquisición y [fol. 21v] uno de sus ministros, noticioso de este prodigio, fue personalmente, aunque disimulado, a oírla, y el sermón de aquel día fue tan alto y tan al corazón del inquisidor que, acabado el sermón, la llamó a la red y la pidió perdón de haberla tenido en menos crédito, y la sierva de Dios se humilló significando la bondad del Altísimo que se servía de mostrar su poder por medio tan inútil. Escrupuloso, asimismo, el provincial de Castilla del concurso y ruido que hacía sor Juana con estos sus sermones, dio orden a la prelada para que la encerrase al tiempo de estos raptos y, habiéndolo hecho así, dispuso la prelada que la acechasen para ver lo que hacía, y fue hallada predicando como otras veces y que diversos pájaros la estaban oyendo en la celda, muy quietos, hasta que, acabado el sermón, echándoles la bendición, se iban, de los cuales se quedó un pajarillo dentro de la manga de su hábito, acaso para testimonio de esta maravilla. De lo cual, muy informado el provincial, volvió a darla licencia para que predicase sin embarazo, como solía. Y, para mayor demostración de ser celestial su doctrina, dio Nuestro Señor gracia a una religiosa llama María Evangelista para que escribiese los sermones como los oía, siendo así que antes no sabía escribir. Y los sermones que escribió se guardan en este convento incorporados en otro libro que llaman el Conorte. Hízolos ver el Santo Oficio de la Inquisición y, sin hallar en ellos alguna cosa que corregir, los restituyó al convento. &lt;br /&gt;
A este tiempo, siendo la sierva de Dios de solas veinte y ocho años de edad, el padre provincial vizcaíno que la había oído el sermón en su lengua (que según el cómputo fue el venerable padre fray Juan de Marquina, de quien se hace mención el año de 1528), reconociendo interiormente ser voluntad de Nuestro Señor que sor Juana fuese abadesa, lo puso en ejecución, concurriendo con sus votos todas las religiosas. En viéndose la sierva de Dios en el puesto de prelada, fue su primer cuidado introducir en el convento la clausura y, habiendo muchas contradicciones, todas las venció la sierva de Dios. A este tiempo ardía España en guerra civiles, que vulgarmente llaman las Comunidades, ocasionadas de la ausencia del señor emperador Carlos Quinto, y una noche tuvo sor Juana revelación que los comuneros de cierto lugar comarcano [fol. 22r] tenían sacrílega determinación de robar su convento. Por lo cual, convocó a las religiosas al coro y juntas pidieron a Nuestro Señor las librase de aquel riesgo. Y así fue que, venidos los comuneros, vieron que le asistían y cercaban para su defensa tantos soldados armados que, creyendo ser el ejército contrario, se volvieron sin hacer daño alguno. Lo cual, entendido después por las religiosas, conocieron haber sido defendidas por los ángeles, atribuyéndolo a las oraciones y merecimientos de su bendita prelada.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
No bastaron los muchos créditos que con tan repetidas evidencias tenían las religiosas de las virtudes de sor Juana para que, invitadas del Demonio (permitiéndolo Dios para crisol de su paciencia), no conspirasen algunas contra ella hasta conseguir que el padre provincial, mal informado, la privase de la prelacía. Llevolo la sierva de Dios con mucho sufrimiento y sus émulas, arrepentidas reconociendo su yerro, la pidieron perdón. &lt;br /&gt;
La caridad encendida que la sierva de Dios sor Juana tenía con los prójimos, no solo fue para los vivos, sino también para los difuntos, solicitando con notables ansias el alivio de las almas del Purgatorio, aplicando por ellas sus mortificaciones y penitencias pidiendo a las religiosas la cuidasen en aquella santa obra y, a Nuestro Señor, que cayese en ella el rigor que padecían de los tormentos, para que a ellas se les mitigasen y sus oraciones fuera oídas de Dios, comenzando desde entonces sor Juana vehementísimos dolores y graves enfermedades. A veces padecía intolerable frío, aunque fuese en lo recio del verano, hallándose necesitadas las religiosas a cercarla de braseros para que cobrase algún poco de calor. Otras veces, en el rigor del invierno padecía intensísimo fuego, como si estuviera metida en un horno muy encendido. Estos dolores solían acabar en dulcísimos éxtasis que se manifestaban en su rostro y de ellos salía con nuevos deseos de padecer más. A petición de sor Juana daba licencia Dios Nuestro Señor para que las almas que venían a pedirla estos socorros asistiesen en su celda en las albahacas y otras yerbas y flores que las religiosas la ponían en diferentes macetas a la sierva de Dios para alivio de sus dolores. No tenían las benditas ánimas alivio [fol. 22v] alguno por pasar de estar en las yerbas y en las flores, sino que de las oraciones de la sierva de Dios les venía el alivio, moviéndose a pedírsele a su Majestad por verlas tan afligidas y por ese medio conseguían su descanso. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Era la sierva de Dios especialísimamente devota de María Señora Nuestra, con cuya protección había conseguido todo el logro de sus deseos en el estado de la religión y, reconociendo que aquel convento era dedicado al culto de Su Majestad y consagrado con sus soberanas plantas, estaba en él contentísima. Y de cuánto agrado fuere la devoción de sor Juana para la Reina de los Ángeles se conoce bien en los favores celestiales que la hizo. Uno de ellos fue que, ejercitando su devoción de Nuestra Señora con una imagen suya de su gloriosa Asunción a los cielos, pareciéndola que la imagen de escultura estaba fabricada con poco primor y que las religiosas sentían mucho no fuese hermosísima, como imagen de la más perfecta de todas las puras criaturas, y porque era la que salía todos los años en procesión, el día nueve de marzo, que fue el del aparecimiento de Nuestra Señora la pastorcilla Inés, como ya se ha referido, suplicó a Nuestra Señora la hiciese hermosa como artífice soberano y de divino primor. Y es sentada tradición del convento que Jesucristo Señor Nuestro, en uno de los raptos, se le apareció a sor Juana y, a su ruego, bendijo Su Majestad a aquella santa imagen de su Madre, que la tocó con sus divinas manos en el rostro con que quedaron hermosísimas sus facciones, en particular la boca, cerca de la cual se divisa un hoyo pequeño que la da mucha gracia, y toda la que la imagen tiene se dice haberse originado del tacto de la mano del mejor artífice, que como hizo con tantos primores el original se los comunicó al retrato, de donde nace la continua devoción conque esta santa imagen es venerada de los pueblos comarcanos, sacándola en procesión en sus aprietos y necesidades y se han visto repetidas maravillas. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Una de las cosas que más se ha introducido en estos reinos, y aun en los extraños, la devoción a esta sierva de Dios sor Juana de la Cruz, son los granos o cuentas que se dice haberlas llevado su Santo Ángel al Cielo donde Christo Redentor Nuestro las echó su bendición [fol. 23r], concediéndolas singulares gracias y favores, como cada día experimentan los que tuvieron la dicha de haber conseguido alguna de ellas, que fuera muy largo referirlas por menudo. &lt;br /&gt;
Hallábase sor Juana muy favorecida con las visitas continuas de su Santo Ángel Custodio y, en una de ellas, la significó acercarse ya el fin dichoso de su vida y, más claramente, se lo manifestó en un rapto cuatro días antes que muriese. Asegurada de lo cual, dijo al médico que la visitaba no se cansase en aplicarla medicinas, porque no habían de hacer efecto. Divulgose esta noticia entre las religiosas, que amargamente comenzaron luego a llorar la pérdida de tal madre, a quienes la sierva de Dios consolaba significándolas no deben sentir con lágrimas su jornada, en que interesaba tantas conveniencias celestiales, pidiéndolas con humildad la asistiesen con sus oraciones y, aunque su conciencia estaba con mucho sosiego interior, temblaba el rigor de la justicia divina y, de este tribunal apelaba al de su clemencia. Como se iba acercando a su fin, se iba manifestando en su rostro una extraordinaria hermosura y su aliento despedía un suavísimo olor que fácilmente se dejaba percebir de las religiosas que la asistían y, llegado el día de la Sagrada Invención de la Cruz, tres de mayo, para sor Juana día siempre muy propicio, abstraída de todas las criaturas, daba a entender en sus palabras ser visitada y asistida de Christo Nuestro Señor y de su benditísima Madre y santos ángeles. Y, llegadas las seis de la tarde, estando su confesor leyéndola la Pasión del Señor, y asistiéndola las religiosas, dio su bendita alma a su Criador, año de 1534 a los 52 de su edad y cuarenta de su entrada en la religión. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Quedó su cuerpo tratable, su rostro hermoso, sus ojos claros y despedía de sí olor tan suave y copioso que a las religiosas que le compusieron las quedó maravillosa fragancia en las manos por algunos días. Hiciéronse las exequias ordinarias según el estilo y no la sepultaron aquel día por no consentirlo el mucho amor de sus hijas, y a otro fue tan innumerable el concurso de todos estados ansiosos de ver el cuerpo de la sierva de Dios, que se hubo de dilatar su sepultura por otros cinco días, en los cuales creció el número de la gente de manera que aquellos campos [fol. 23v] estaban poblados sin querer irse sin ver el cuerpo. Por lo cual, resolvieron los religiosos sacarle de la clausura y ponerle donde viéndole todos satisficiesen su devoción. Al paso de la cual y número de gentes crecían los clamores encomendándose a la sierva de Dios, atropellándose unos a otros por besarla los pies y tocar al cuerpo los rosarios, lo cual visto por los religiosos, temerosos de que no se le despedazasen por las ansias que tenían de sus reliquias, le volvieron a la clausura y pusieron en el coro bajo donde pudiese ser visto y, después, le sepultaron en sepultura de tierra, sin ataúd o caja, y sin saber con qué motivo echaron sobre el cuerpo mucha cal y agua. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Así estuvo siete años, hasta que una niña de seis años, hija de los condes de la Puebla, estando dentro del coro jugando, comenzó a escarbar y sacar tierra de una sepultura y, preguntada qué hacía, respondió que aquella tierra olía muy bien. Tomaron de ella las religiosas y, reconociendo ser verdad y ser aquella la sepultura de la sierva de Dios, hicieron descubrir el cuerpo y le hallaron fresco, entero y hermoso, con su hábito y tocas como el día que fue enterrado y, puesto en una caja, le guardaron debajo del altar del coro alto, donde estuvo otros catorce años hasta que, a instancias de personas muy devotas, fue puesto en un arco de la iglesia, al lado del evangelio con rejas, de manera que le gozasen las monjas por la parte del claustro y los fieles por la iglesia. Así se conservó hasta el año de 1600, que el reverendísimo padre fray Francisco de Sosa, general de toda la orden, hizo bajar el cuerpo para reconocer el estado en que estaba, y se halló con la misma fragancia, entereza e incorrupción, fuera del rostro, que estaba algo seco, pero las facciones muy perfectas; el hábito de damasco pardo y las tocas muy olorosas y fragrantes por la comunicación y contacto del cadáver. Causó admiración que, sin haberse divulgado la intención de los prelados, que aún no la tenían cuando entraron en el convento de descubrir el cuerpo, concurrió gran número de gente a verle. Todo lo cual, conocido por la religión, habiendo precedido las informaciones hechas por autoridad ordinaria, en abono y confirmación de ellas, dieron su censura y aprobación los catedráticos de la Universidad de Alcalá por comisión de su claustro de sus vir- [fol. 24r] tudes y milagros y que, según esto, ser digna de toda veneración de los fieles, y que se publiquen sus grandezas para edificación de ellos y confusión de los herejes, su fecha en Alcalá, en 9 días del mes de agosto de 1615. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y, habiendo visto estas informaciones el consejo del señor arzobispo de Toledo, 21 de octubre del dicho año por ante su secretario, Benito Martínez y, así concluido el proceso ordinario, la religión recurrió a la alteza de la silla apostólica, y el santísimo Gregorio 15 de feliz memoria mandó despachar el rótulo en virtud del cual los señores obispos de Troya y Cirene hicieron plenaria información de las virtudes, vida y milagros de esta sierva de Dios y la remitieron, según estilo, a la Sagrada Congregación de Ritos y, con ella, diferentes cartas de súplicas a su santidad que con instancia piden prosiga hasta su conclusión esta causa del Rey Católico don Felipe IV, de la reina doña Mariana de Austria, del serenísimo señor don Juan de Austria, hijo del referido rey; las iglesias, los prelados y, entre ellos, el de Toledo, en cuya diócesis nació y está sepultada esta sierva de Dios; el senado y villa de Madrid; la religión de san Francisco y, generalmente, todo el Reino de España en que se mira tan introducida la devoción de esta sierva de Nuestro Señor, la virgen madre sor Juana de la Cruz. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Escriben de ella el ilustrísimo Gonzaga, arzobispo de Mantua, en su ''Chrónica''; el obispo de Jaén en el ''Libro de la veneración de las reliquias''; el maestro Villegas en el ''Flos Sanctorum''; Salazar en la ''Chrónica de la Provincia de Castilla''; el maestro Peredo en la ''Historia de Nuestra Señora de Atocha''; fray Antonio Daza en la 4ª parte de las ''Chrónicas de la Orden'' y en un tratado particular de la vida de sor Juana; el padre fray Pedro Navarro en su libro de la vida de esta sierva de Dios, intitulado ''Favores del Rey del Cielo''. Y, últimamente, el licenciado don Alonso Carrillo, abogado de los reales consejos en la corte de España, en un tratado breve que escribió de las virtudes y milagros de esta bendita virgen, impreso en Zaragoza por Bernardo Nogués, año 1663. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
===Notas===&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[1]'' Al margen izquierdo: Año 1539. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[2]'' Sabemos que nació el 3 de mayo de 1481, con lo que la fecha que aporta Yanguas es errónea. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[3]'' Se repite “segunda vez” debido a un error y, por ello, se subsana.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
= Vida impresa (1)=&lt;br /&gt;
Ed. de [https://visionarias.es/equipo/aitor-boada-benito/ Aitor Boada Benito]; fecha de edición: julio de 2025.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==Fuente==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
* [http://catalogodesantasvivas.visionarias.es/index.php/Categor%C3%ADa:Francisco_Gonzaga Gonzaga, Francisco]  [Francisci Gonzagae], 1587. ''De origine Seraphicae Religionis Franciscanae eiusque progressibus, de Regularis Observanciae institutione, forma administrationis ac legibus admirabilique eius propagatione …. Opus in quatuor parte divisum'', Romae, ex typographia Dominici Basae, pp. 644- 646&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Vida en latín disponible en: [[De origine Seraphicae Religionis Franciscanae eiusque progressibus, de Regularis Observanciae institutione, forma administrationis ac legibus admirabilique eius propagatione …. Opus in quatuor parte divisum]]&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[[Contexto material del impreso De origine Seraphicae Religionis Franciscanae eiusque progressibus, de Regularis Observanciae institutione, forma administrationis ac legibus admirabilique eius propagatione …. Opus in quatuor parte divisum]].&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==Criterios de traducción==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
La traducción ha seguido los siguientes criterios:&lt;br /&gt;
* Los nombres propios y topónimos se presentan en forma moderna (p. e. Teresa de Cárdenas [646], etc.)&lt;br /&gt;
* El manuscrito original no presenta separación de párrafos. Por lo tanto, se ha optado por mantener una separación que facilite la lectura sin ser demasiado invasiva. &lt;br /&gt;
* Aparecen entre corchetes los números de página.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==Vida de Juana de la Cruz==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[644] Sobre el monasterio de Terciarias de Santa María de la Cruz. Monasterio 11.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Hasta aquí hemos hablado de los monasterios de las clarisas, es decir, de la Segunda Orden del Seráfico Padre San Francisco en esta Provincia. Son diez en número y albergan a más de quinientas hermanas profesas. No nos corresponde hablar sobre las novicias, puesto que tienen libertad para regresar a la casa materna durante el año de prueba o para permanecer, según deseen, sino que nos corresponde tratar los conventos de hermanas terciarias, es decir, de la Tercera Orden del mismo beato Padre San Francisco, que suman trece. Me he preguntado por qué esta tercera y última de las tres Órdenes fundadas por el Seráfico Padre Francisco floreció en otros tiempos con tanto vigor, al menos en número de hermanas, tanto en Alemania septentrional y meridional, como en Italia, Cantabria y, sobre todo, en esta Provincia, y por qué hoy no goza de tanta extensión. Lo que he llegado a entender es lo siguiente: como esta institución comenzó con un espíritu elevado y con desprecio del mundo, sin clausura y sin obligación de vida comunitaria, y como para acceder a ella no se requerían las condiciones necesarias para llevar adecuadamente la vida de otras monjas —a saber: [645] edificios amplios, talleres bien provistos, ingresos anuales fijos, iglesias para escuchar el Oficio Divino y la celebración de las horas canónicas con la dignidad debida, y otros elementos semejantes que por brevedad no se mencionan—, las hermanas de esta clase, vestidas con humilde hábito y participando en los oficios sagrados en iglesias de frailes, podían obtener su sustento y vestido mediante el trabajo, la portería o la limosna, y podían, en una casa modesta y común, cumplir su profesión. Todas las vírgenes, e incluso viudas pobres, que desearan consagrar su castidad al Dios todo poderoso ''[1]'' bajo un hábito honesto y con cierta libertad, se incorporaban a esta Orden. Sin embargo, cuando a causa de esta misma libertad comenzaron a correr peligro su castidad y su fama, y el nombre de las monjas recluidas —colocadas diametralmente en otra condición— comenzó a ser escuchado cada vez más, la mayor parte de aquellas trató de darle a sus casas forma de monasterio bajo voto solemne de clausura. Con el tiempo, tomando el velo de las clarisas, pasaron a su regla o ingresaron directamente en sus comunidades.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En España, tras aquella reforma general de todas las órdenes eclesiásticas llevada a cabo con gran piedad por los Reyes Católicos Fernando e Isabel —reforma que ejecutó con diligencia el reverendísimo padre fray Francisco Jiménez, arzobispo de Toledo, cardenal de la Santa Iglesia Romana ''[2]'' y también inquisidor general— muchas de estas religiosas se unieron a las clarisas o a las hermanas concepcionistas, cuya orden comenzaba entonces a crecer. No obstante, este convento dedicado a la santísima María de la Cruz permaneció fiel a su antigua vocación, situado a quinientos pasos ''[3]'' del pueblo de Cubas, en la diócesis de Toledo, y habitado por 38 religiosas de la mencionada Tercera Orden del beato Padre San Francisco.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Este convento es de aquellos que antes fueron casas comunes para mujeres honestas y luego fueron convertidas en monasterios. Algunas mujeres temerosas de Dios, al extenderse la fama de cierto milagro (sobre el que hablaremos más adelante), acudieron a Cubas desde diversas aldeas vecinas. Viviendo juntas, perseveraron en tal modo de vida hasta que, con limosnas recibidas y con bienes puestos en común, lograron construir un pequeño convento contiguo a la iglesia del lugar. Finalmente, en el año del Señor 1459, llegaron a habitarlo de manera estable. Como no contaban con sustento monetario alguno, iban por aldeas y pueblos mendigando lo necesario para su sustento. Mantuvieron ese estilo de vida hasta que, gracias a la intervención de cierta hermana —cuyo nombre era Juana de la Cruz—, aceptaron la clausura estricta, permaneciendo, no obstante, fieles al Instituto de la Tercera Orden de San Francisco, al que se obligaron mediante voto solemne.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Para hablar, pues, de la fundación de este lugar —que fue enteramente milagrosa—, conviene saber que la gloriosa Virgen, en el año 1449 desde su parto virginal, se apareció a una jovencita de 13 años llamada Inés, hija de un tal Alfonso Martínez y de su esposa María Sánchez, vecinos del pueblo de Cubas, mientras [la niña] cuidaba un rebaño de cerdos. [La Virgen] le ordenó que avisara a los habitantes de Cubas de que, si querían quedar inmunes del inminente castigo divino, se convirtieran a Dios por la penitencia de sus pecados. Como la niña obedeció el mandato y los otros la ignoraron [''4''], la bienaventurada Virgen se le apareció por segunda y tercera vez, repitiendo el mismo mensaje. Pero, igual que en la primera ocasión, tampoco entonces fue escuchada. Así que, según el relato, la santísima Madre de Dios se le apareció por cuarta vez y contrajo el dedo pulgar de la joven hasta la parte superior del brazo de esta. De nuevo, le encargó trasladar aquel mensaje. Cuando los habitantes de Cubas vieron la mano de la niña así contraída, comenzaron a conmoverse por la importancia del suceso. Llamaron al párroco —que de casualidad se encontraba ese día rociándolos con agua bendita al acabar el santo sacrificio, según la costumbre— y, vestidos con saco como penitentes y descalzos, salieron en procesión con gran devoción derramando muchas lágrimas, y siguieron a la niña hasta el lugar donde la santísima madre de Dios se le había aparecido. Después de detenerse un poco, Inés se adelantó con prisa. Al preguntarle hacia dónde se dirigía —pues uno de los encargados de la procesión llevaba la cruz que debía señalar el lugar de la aparición—, respondió que iba hacia la bienaventurada Virgen (la muy piadosa Madre de Dios la había llamado por su nombre desde el Cielo, aunque nadie lo comprendió). Entonces, el portador de la cruz se la entregó y la dejó marchar [con ella]. La Reina del Cielo, recibiéndola con su propia mano, le ordenó decir a los habitantes de Cubas que se ocuparan de construir una iglesia en ese mismo lugar bajo el nombre de Santa María de la Cruz. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[646] Cuando llegaron al lugar, apareció la cruz clavada en el suelo y las huellas de los dos pies de la bienaventurada Virgen impresas en la arena. Al venerarlas con gran humildad, muchos enfermos de distintas dolencias fueron curados milagrosamente al contacto con la arena recogida de allí, y se prepararon para edificar la iglesia. En aquel tiempo era arzobispo de Toledo el reverendísimo Alfonso Carrillo, a quien, por oficio, correspondía otorgar la autoridad para fundar dicha iglesia. Cuando los de Cubas fueron a suplicárselo, envió al arcipreste de Illescas y al vicario de Madrid para que se desplazaran al lugar e investigaran con todo rigor si lo que aquellas personas afirmaban era cierto. Obedeciendo al mandato, y examinando con la máxima diligencia todas las cosas conforme a lo exigido por el derecho y el voto, descubrieron que no se había apartado en lo más mínimo de la purísima verdad. Por eso, el piadoso sacerdote concedió el permiso para construir la iglesia. Con fondos propios y con las numerosas limosnas que empezaron a llegar —tal era la devoción del pueblo, su generosidad y la afluencia de personas, además de la frecuencia de los milagros, que no hubo dificultad alguna ni para conseguir dinero ni para lo necesario en la construcción—, en menos de un año edificaron con éxito aquel templo sagrado. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Construida entonces la iglesia, aquellas mujeres —mencionadas antes— hicieron levantar un pequeño convento contiguo. Después de vivir allí durante treinta años consecutivos, llegó inesperadamente una joven honesta llamada Juana, a quien la bienaventurada Virgen había sugerido que sirviera a Dios en este monasterio. Con lágrimas, rogó a las hermanas que la admitieran en su comunidad. Una vez aceptada, se convirtió en ejemplo de completa santidad para todas y progresó tanto en todas las virtudes que fácilmente demostró ser poseedora de su propia vocación , y fue elegida para gobernar la casa. En cuanto recibió el cargo, aconsejó inmediatamente a las hermanas que pusieran toda la gestión doméstica en manos del Señor y confiaran en Él del todo, que renunciaran con voto solemne a la libertad de salir que hasta entonces habían tenido para poder dedicarse plenamente a la contemplación de los misterios divinos. Gracias a su intervención, desde entonces las religiosas de este lugar comenzaron a emitir también un cuarto voto. Dios todopoderoso ''[5]'' no decepcionó a sus siervas: de hecho, enseguida inspiró al reverendo padre fray ''[6]'' Francisco Jiménez, arzobispo de Toledo, quien, al conocer la virtud de aquellas mujeres, anexionó el beneficio parroquial del pueblo de Cubas a su monasterio por autoridad apostólica, y les concedió abundantes limosnas.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En ese tiempo, el nombre de esta santísima hermana Juana era celebérrimo en toda España. Desde distintas regiones, incluso nobles caballeros acudían a verla y le confiaban a Dios, por su mediación, sus asuntos más importantes. Entre ellos, el invicto emperador Carlos V de Alemania y el gran capitán Gonzalo Fernández de Córdoba, que por sus medios enriquecieron el convento con preciosísimos regalos y rentas. Pero entre todos brilló especialmente la piedad de los ilustres señores Pedro Zapata Osorio y su esposa Teresa de Cárdenas, que en vida fueron grandes benefactores de toda la comunidad. Además, la misma Teresa, viuda tras la muerte de su esposo, quiso unirse [a las hermanas]. Pidió que, al morir, fuera enterrada en el lado izquierdo del altar mayor. Construyó una capilla con sillar, y fue tal la perfección con la que ejecutó su legado que dejó un fondo suficiente de sus bienes para que esta santa casa recibiera cada año fácilmente 300 escudos de oro. También el poderosísimo y católico rey Felipe II de España quiso participar de las oraciones de sus habitantes y envió una generosa limosna para mejorar el convento. Como existe un libro en el que todos los milagros de este lugar —obrados tanto por la gloriosísima Virgen María como por la beata Juana— están recogidos con veracidad, he optado por omitirlos aquí.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
===Notas===&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[1]'' En latín: ''Deo Opt. Max.''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[2]'' En latín: ''S. R. E.''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[3]'' El paso es una medida que equivale a cinco pies romanos, es decir, un total de 4,8m. Por lo tanto, según el texto, el monasterio se encuentra a 2,4 km del pueblo. Efectivamente, la Iglesia de Santa María de las Cruz está a aproximadamente 2 km del pueblo de Cubas de la Sagra.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[4]'' Traducción libre. Literalmente “no obtuvo nada por su parte”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[5]'' En latín: ''S. R. E.''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[6]'' En latín: R. P. F.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
= Vida impresa (2)=&lt;br /&gt;
Ed. de [http://visionarias.es/equipo/maria-del-mar-cortes-timoner/ Mar Cortés Timoner]; fecha de edición: octubre de 2020.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
== Fuente ==&lt;br /&gt;
* [http://catalogodesantasvivas.visionarias.es/index.php/Categor%C3%ADa:Alonso_de_Villegas Villegas, Alonso de], 1588. ''Addicion a la Tercera Parte del Flos sanctorum: en que se ponen vidas de varones illustres, los quales, aunque no estan canonizados, mas piadosamente se cree dellos que gozan de Dios por auer sido sus vidas famosas en virtudes...'', Huesca: Iuan Perez de Valdiuielso, fols. 63r col. a - 65v col. b.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[[Contexto material del impreso Addicion a la Tercera Parte del Flos sanctorum]] ''en que se ponen vidas de varones illustres, los quales, aunque no estan canonizados, mas piadosamente se cree dellos que gozan de Dios por auer sido sus vidas famosas en virtudes...''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
== Criterios de edición ==&lt;br /&gt;
El relato aparece en el apartado 206 de la Adición de la Tercera Parte del ''Flos Sanctorum'' de Alonso de Villegas.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Se han seguido los criterios establecidos en el catálogo para fuentes impresas y, por ello, han sido eliminadas las duplicaciones de consonantes: cc/c, ss/s, ff/f. En cambio, se respetan los grupos consonánticos: -nt (sant), -nc- (sancta), -pt- (baptismo) y -bj- (subjeto), también las contracciones ‒aunque se ha añadido el apóstrofo clarificador en “del” para escribir “d’él”‒. Además, se ha mantenido la conjunción copulativa “y” ante palabras iniciadas con el sonido vocálico “i”. Asimismo, se indican en pie de página las erratas subsanadas y, para facilitar la localización de los textos, se citan el folio (r-v) y la columna correspondiente (a-b). &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Se ofrecen datos en torno al texto editado y su fuente en: M. Mar Cortés Timoner, “La autoridad espiritual femenina en la Castilla bajomedieval y su reflejo en el ''Flos sanctorum'' de Alonso de Villegas”, ''Dicenda. Cuadernos de Filología Hispánica'', vol. 39, pp. 25-35.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==Vida de Juana de la Cruz==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[Fol. 63r col. a] '''Vida de Sor Juana de la Cruz, abadesa del Orden de los Menores'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Al tiempo que el soberbio Holofernes ''[1]'', capitán de Nabucodonosor, Rey de Asiria, tenía puesto cerco sobre la ciudad de Betulia, dice la Divina Escritura, en el libro de Judit, que una mañana los hebreos cercados salieron de su ciudad, las banderas tendidas, las lanzas y espadas en sus manos, amenazando de muerte a sus contrarios. Los cuales, teniéndolos en poco, burlaban dellos, diciendo que los ratones tenían atrevimiento de salir de sus cuevas en daño de sus vidas. Estaba la tienda del capitán cerrada y en ella había todo silencio. Entró Bagao, camarero suyo, creyendo que dormía, a despertarle para que se diese orden en la defensa; y estando en su aposento vido el cuerpo de Holofernes sin cabeza, tendido en el suelo, revolcado en su sangre. Quedó confuso y, por entender que había sido esta obra de la valerosa matrona Judit, salió dando voces y diciendo: “Una mujer ha puesto en confusión la casa de Nabucodonosor”. Y fue así porque, viendo los asirios muerto a su capitán, sobrevínoles tan grande temor que, puestos en huida, dejaron en manos de sus enemigos la victoria y despojos. Esta razón que dijo Bagao, camarero de Holofernes, de que una mujer había puesto en confusión la casa de Nabucodonosor, viene a cuenta de una bendita mujer llamada Juana de la Cruz, monja de la Orden de los Menores, la cual es confusión de la casa de Nabucodonosor, por la cual se entienden los malos, sean del estado que fueren, que a todos los confunde; y aun de algunos religiosos y eclesiásticos, por muy levantados que estén en el servicio de Dios, es confusión ver lo que esta religiosa hizo. También a gente ilustre nacidos de esclarecida sangre y criados en la policía de corte y casa real confunde esta mujer, nacida de labradores en una pobre aldea. Y de toda suerte de hombres es confusión pues una mujer les hace ventaja como parecerá en su vida colegi- [fol. 63r col. b] da de memoriales antiguos que están en su monasterio de la Cruz, dos leguas de la villa de Illescas ''[2]'', y es en esta manera.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En un lugar llamado Azaña, cerca de Toledo, nació Juana de la Cruz, de padres cristianos y virtuosos llamados Juan Vázquez y Catalina Gutiérrez, en el año de la Encarnación de mil y cuatrocientos y ochenta y uno ''[3]''. Fue dotada de mucha gracia y hermosura. Criola su madre a sus pechos sin que le fuese molesta ni enojosa, antes le era consuelo y recreo porque solo tomarla en sus brazos, aunque estuviese triste y afligida, le era medio para se alegrase y desechase de sí toda pena y tristeza. Siendo de cuatro años mostraba tener entero juicio y entendimiento así en las palabras que hablaba como en las obras que hacía, que todo era con mucho seso y cordura. Nunca se vido ocupada en juegos y vanidades en que se ejercitan los de su edad, ni hablaba palabras vanas y sin provecho, sino sus pensamientos y propósitos eran Jesucristo, a quien llamaba su Esposo y con quien comunicaba sus deseos. Era esto, algunas veces, con tanta fuerza y aprehensión de sus potencias interiores que los exteriores sentidos quedaban del todo faltos por donde creyendo su madre que fuese enfermedad, y aun juzgándola alguna vez por muerta, hizo promesa de llevarla con cierta ofrenda de cera a una casa y monasterio de Nuestra Señora llamado de la Cruz, que está junto a un pueblo que se dice Cubas, dos leguas de Illescas, villa de la diócesi de Toledo, distante de la ciudad por seis leguas, ilustrada con una imagen de la Madre de Dios llamada de la Caridad donde ocurre gente de diversas partes y, particularmente, enfermos que son favorecidos y remediados por los méritos y intercesión de la Virgen. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El monasterio y casa de la Cruz, en que hay monjas del Orden de Sant Francisco, es tradición dentro d'él, y en toda la comarca, conservada de unos en otros, que se edificó por orden de la misma Virgen, que se apareció en aquel [fol. 63v col. a] lugar, por donde es reverenciado y tenido en mucho de los pueblos de la comarca. Y aun, por relación de monjas ancianas de la misma casa y monasterio, se sabe que fue della imagen que en Illescas es tan reverenciada. La cual, una devota mujer que servía a las monjas, juntándose con otras mujeres y con música de panderos, llevaba la sancta imagen quitándola de sobre la puerta de la clausura de las monjas donde estaba y la traía por los pueblos de la comarca pidiendo para vestirla, y con lo que le daban, la tenía muy lucida y aseada y, desta manera, una vez la dejó en Illescas, y perdiéndola el monasterio, la ganó la villa, y quedó con ella el origen de aquella sancta imagen que he podido descubrir es este. La cual es de pequeña estatura, algo morena y por extremo devota. Estando, pues, otras dos leguas esta casa de donde la niña Juana estaba, su madre la ofreció a la Virgen y prometió de la llevar al monasterio con la ofrenda de cera, como se ha dicho. Y porque a la madre se llegó la hora de su muerte sin haber cumplido este voto, pidió con grande instancia a su marido, y padre de la niña, que él le cumpliese. Lo cual oído y advertido della, propuso en sí de no solo contentarse con hacer aquella ida sino de quedarse en el monasterio por religiosa y servir allí a la Madre de Dios toda su vida. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Murió la madre y quedó de siete años la niña Juana. La cual, con el intento que tenía de ser monja, quiso acompañarse de obras y ejercitarse ''[4]'' en el siglo de lo que es proprio de la religión. Guardaba grande abstinencia, ayunaba, comiendo sola una vez al día, pan y agua, y desto no todo lo que había menester, y aun, a veces, se estaba dos o tres días sin comer cosa alguna. Tejió un cilicio de cerdas asperísimo y púsosele junto a sus carnes, por lo cual andaba siempre llagada aunque muy consolada. Nunca estaba ociosa, trabajaba de manos y, en el trabajo, se daba grande prisa para más lastimar su cuerpo con el cilicio y así tenía más que ofrecer a Nuestro Señor, que por todos fue tan herido y llagado. Sin esto, hacía ásperas disciplinas dándose tan sin piedad que su cuerpo quedaba hecho un lago de sangre. Mostraba grande humildad en la compostura de su rostro, hablaba pocas palabras y ninguna ociosa de modo que, saliendo de su boca, o era alabando a Dios o aprovechando a su prójimo. Llevola a su casa un tío suyo, hombre rico, alcanzándolo con muchos ruegos de su padre; y su mujer, que también era su tía, la amaba tiernamente. Aquí, teniendo mejor oportunidad, se empleaba más tiempo en obras sanctas y en penitencias. Y porque dio un tiempo en estarse puesta en oración la mayor parte de la noche, vino a que su tía entendió la vida que hacía y la estimó y tuvo en mucho. Por verse ella descubierta, andaba buscando los lugares más aparta- [fol. 63v col. b] dos y escondidos de casa, donde tenía sus disciplinas, dándose con una cadena crueles golpes y, cuando más llagada y atormentada se veía, pedía a Nuestro Señor por premio de sus dolores la recibiese en el monasterio de sus esposas y la hiciese religiosa. Lo cual Su Majestad le concedió porque, siendo de edad de quince años, inspirada a lo que se entiende por Dios, visto que no podía de otra suerte porque sus parientes lo contradecían deseando tenerla siempre consigo y casarla, vistiose una mañana hábitos de hombre y, haciendo un lío de sus proprios vestidos, salió de su casa con intento de ir al monasterio de la Cruz, que estaba dos leguas de allí, como se ha dicho. Comenzando el camino, deseó el demonio estorbarlo y púsole algunos temores de que su padre y parientes sentirían mal de aquella ida, y de peligros que en el camino le podían suceder. Lo cual hizo en ella grande impresión, tanto que se desmayó y cayó en el suelo, aunque le pareció que la hablaban y decían que se esforzase que Dios la favorecería por donde saldría con su intento. Tornó a proseguir su camino y, habiendo andado buena parte d'él sintió venir tras sí, aunque algo lejos, persona a caballo y, mirando bien, conoció que era un mancebo hijo de padres ricos que la había pedido por mujer y deseaba grandemente casar con ella. Fuele mucha turbación verle viéndose sola y en lugar tan solo, mas también en este peligro la favoreció Nuestro Señor con cegar al mancebo para que no la conociese y a ella advirtiéndola que se apartase del camino en tanto que pasaba, y así pudo llegar bien cansada a la casa de la Madre de Dios donde iba y, entrando en la iglesia, no vido persona alguna. Y así, habiendo hecho oración y, en particular, reverenciando la imagen de la Madre de Dios, llegose a una parte y desnudose el vestido de hombre que traía y vistiose el proprio suyo de mujer con que llegó y habló a las monjas dando cuenta de quién era y el deseo que traía, rogándoles la admitiesen en su clausura. Y aunque ellas lo dificultaban, sucedió que, a la misma sazón, llegaron parientes suyos que venían en su seguimiento y, hallada, dijeron palabras de mucha reprehensión por lo hecho y querían volverla consigo. Ella, con mucha paciencia, pidiéndoles perdón del enojo que habían recebido por su causa, díjoles que su intento era de servir a Dios en aquella casa y que solo Él podría sacarla de allí. Vino también a este tiempo el perlado por cuya ''[5]'' orden había de ser recebida en el convento. El cual, visto el deseo y constancia de aquella doncella, dio licencia para que fuese admitida a la religión y todas las monjas la recibieron con grande contento. Lo cual visto de sus parientes tuviéronlo por bien y señaláronle la dote y así recibió el hábito y quedó en la casa.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
La maestra de novicias [fol. 64r col. a] la encargó que un año guardase silencio y ella holgó de oírlo porque de su natural era amiga de hablar poco. Y así comenzó a hacer una vida maravillosa aun antes de la profesión. La cual hizo cumplido el año y fue de cuatro votos: los tres ordinarios y otro de clausura. Su vestido era muy pobre y humilde más que el de las otras monjas. Traía túnica de sayal y una saya vieja y remendada; el hábito lo mismo, alpargates en los pies y lo más del tiempo andaba descalza. Ceñía una gruesa cuerda, en su cabeza una albanega de estopa y, sobre ella, gruesas tocas. Y, sin que persona alguna lo entendiese, junto a sus carnes usaba un áspero cilicio, el cual nunca se quitaba día y noche y, sin esto, hacía otras ásperas penitencias. Su paciencia era maravillosa porque holgaba de ser menospreciada y reprehendida sin culpa, y injuriada y que le fuesen levantados ''[6]'' testimonios. Y, de cualquiera manera que fuese, deseaba tormentos, llagas, heridas, dolores, fríos, cansancios y todas maneras de penas, sufriéndolo alegremente por amor de Dios. No hablaba sino con su maestra o con la abadesa o vicaria, y esto siendo preguntada. Algunas veces traía en la boca una hierba amarga como ajenjo ''[7]'' en memoria de la hiel que fue dada a Jesucristo en su Pasión. Otras se ponía en ella una piedra algo grande que le causaba dolor. Y otras tomaba con la boca agua y teníala tanto espacio dentro hasta que de dolor no la podía sufrir. Levantaba así mismo un candelero con la boca y sustentábale en alto hasta que le dolían las quijadas. Pensaba ella que guardar silencio sin penitencia y dolor sería a Dios poco acepto y meritorio. Los ayunos eran los mismos que antes que fuese monja, añadiendo a ellos ayunar también en dormir, porque, así como el que ayuna come después de mediodía y a la noche hace una pequeña colación, ella, en lugar de la comida de mediodía, rezaba a medianoche maitines, y la colación breve trocaba en un breve sueño al cabo de la noche cerca del amanecer. Y porque era costumbre dormir todas las monjas en un dormitorio estando una lámpara encendida en medio d’él, ella aguardaba a que todas se recogiesen en sus camas y durmiesen, y tomaba una rueca y hilaba junto a su cama, ya en pie, ya de rodillas, y siempre rezando o meditando en la Pasión de Jesucristo, su Esposo. Ocupábase muy de ordinario en el servicio del convento y, para hacerlo alegremente y con gusto, consideraba que era todo para servicio de Jesucristo, de quien ella era esclava. Cuando fregaba los platos juzgaba que eran de oro y perlas para en que comiese su alta Majestad. La escoba con que barría tenía por ramillete de rosas y flores, las piedras por tapetes finísimos y estrado del Rey de los Cielos, y a esta traza se había con lo demás. Siendo co- [fol. 64r col. b] cinera esta bendita, reprehendíanla su compañera y la provisora, no contentándose de lo que hacía. Ella, sin mostrarse turbada, derribándose en el suelo, decía su culpa; no la aceptaban ellas, antes le decían que se fuese de allí. Íbase al coro muy triste y suplicaba al Señor le perdonase la pena que había dado a sus hermanas y les quitase la turbación que tenían con ella. Estando en esto tornaba la compañera a llamarla y preguntábale qué hacía en el coro. Respondía con mucha humildad: “Suplicaba a Nuestro Señor me perdonase la turbación que fue causa, hermana mía, que tuviésedes y que os la quitase para que me perdonéis y estéis bien conmigo”. Oyendo esta respuesta la compañera y provisora, edificábanse en tanto grado que, por algunos días, les duraba muy gran compunción y lágrimas en lo secreto de su corazón. Y este modo tenía, con todos los que la reprehendían y afligían, de hacer por ellos particular oración.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Ya se ha dicho cómo esta bendita doncella era de rostro agraciado y hermoso; junto con esto tenía presencia de mucha gravedad, era amigable y de agradable conversación. Hablaba con grande gracia y daba muy provechosos consejos: verla y oírla provocaba a devoción. Frecuentaba los sacramentos de confesión y comunión y, no siéndole concedido por sus perlados comulgar cada día sacramentalmente, comulgaba espiritualmente desde su coro oyendo misa y, para esto, se aparejaba muy temprano. Supo de un religioso que era tentado de no rezar las horas y oficio divino y que decía que Dios no tenía necesidad de sus oraciones. Hablole y díjole que verdad era que Dios no tenía necesidad d’él, ni de criatura alguna, mas junto con esto todas las criaturas tenían necesidad de Dios. Y que así como el villano pechero está obligado a pagar el pecho a su rey y señor, y si no le paga, sino que se muestra rebelde, le hace castigar, así Dios quiere que sus criaturas le paguen servicio y, en particular, el eclesiástico con el oficio divino; y si faltare en esto, le castigará con rigor. A una monja que le preguntó qué haría para agradar mucho a Nuestro Señor, dijo: “Paz, oración y silencio agradan mucho a Su Majestad”. A otra que le pidió consejo para estar en gracia de Dios y permanecer en ella, diósele diciendo: “Llora con los que lloran, ríe con los que ríen y calla con los que hablan”. Aconsejaba a todos que tuviesen grande devoción con el ángel de su guarda porque no solo (decía ella) nos guardan, sino nos acompañan y, cuando alguno está en trabajo cercano a la muerte, su ángel va al Cielo y ruega y convida a los sanctos y sanctas que él sabe que aquella persona tiene devoción y ha hecho algunos servicios para que, con él, rueguen a Dios le favorezca y libre, y que lo hacen ellos de la manera que les es pedido. Añadía más, que aun [fol. 64v col. a] después de difunctos, no desamparan los ángeles las almas de los que fueron custodios sino que, si van al Purgatorio, las visitan y consuelan y dan cuenta de las obras sanctas y meritorias que los vivos hacen por ellas. También era esta bendita monja muy devota de la Cruz y había mil razones para serlo: así por tener apellido y llamarse Juana de la Cruz, ser monja del monasterio de Sancta María de la Cruz y haber alcanzado grandes misericordias de Dios por medio de su Sanctísima Cruz, con la cual tenía dulces y sabrosos coloquios, diversos para cada día de la semana, de que se sacaba grandes aprovechamientos espirituales. Favoreciola Nuestro Señor enviándole regalos de su mesa, de gustos y recreos divinos. Particularmente, estando en oración, en la cual muchas veces se transportaba y arrobaba en éxtasi quedando sin sentido alguno; y, para prueba desto, hallándose presente una vez cierta señora seglar que vino a visitarla, y viendo que trabando della ni dándole veces no mostraba sentir, con un agudo hierro la hirió en la cabeza de manera que le sacó sangre y, aunque a la sazón no lo sintió, después se quejó bien de la herida. Sucedió algunas veces que, estando en éxtasi y arrobada, hablaba y lo que decía eran razones muy levantadas y subidas y de que se edificaban los que las oían. Porque, con ser doctrina muy conforme a los que nuestra fe sancta enseña y predica, ya descubría secretos maravillosos de Dios y de la Escriptura Divina, ya exhortaba ''[8]'' a que se amasen virtudes y se evitasen vicios, tocando en alguno de que algunos de los presentes eran tocados, de modo que les parecía hablar con ellos y sin que otros entendiesen ellos en semejantes razones lo que habían hecho mal, y era muy secreto, y así era motivo para tener pesar dello y enmendarse. Y para mayor testimonio que era este negocio del Cielo, no pocas veces se oyó hablar en diversas lenguas de que ella nunca tuvo noticia. Y así, a cierto provincial de su orden que deseaba hacerla abadesa de aquel su monasterio, como al fin lo hizo, le dijo en lengua de Vizcaya, siendo él vizcaíno, que para el monasterio y casa sería provecho tener ella aquel oficio, aunque para sí penoso. Otra vez, habiendo dado, para el servicio del convento, el obispo de Ávila dos esclavas moras traídas de Orán, que se ganó en aquella sazón, las cuales, si les decían que se hiciesen cristianas, lloraban y se arañaban el rostro hasta derramar sangre, en particular la una que era de más edad, estando esta bendita en éxtasi habloles en algarabía y ellas la oyeron de buena gana y respondieron. Sucediendo deste coloquio que las dos de su voluntad se baptizaron, y, baptizadas, otras veces les habló en la misma lengua estando arrobada y ellas iban luego y se ponían junto con ella y quedaban muy con- [fol. 64v col. b] soladas de haberla oído. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Con todas estas experiencias, por ser cosa nueva y no oída de algún sancto, los perlados mandaron a la abadesa que era a la sazón que, siempre que hablase estando transportada, la dejasen sola. Obedeció la abadesa y, la primera vez que la vido en éxtasi y que hablaba, mandó salir del aposento a las monjas que estaban en él y quedó sola. Después, pasado algún tiempo, envió a ver si cesaba de hablar. Y la monja que fue con este recaudo vido en el aposento grande número de aves de diversas hechuras, todas levantados los cuellos como que oían a la bendita mujer lo que hablaba. Y volviendo a decir lo que había visto, fueron con ella la abadesa y muchas otras monjas que vieron lo mismo, aunque las aves, a su llegada, se fueron. Y para que se viese que eran verdaderas y no fantásticas, una de ellas voló a la parte donde estaba la bendita Juana, y en su manga fue asida estando ya en su sentido, en lo cual pareció ser voluntad de Dios que oyesen lo que decía en tales tiempos y que, si a personas de entendimiento y a razón se les vedaba, vendrían aves que carecen de todo esto a oírla. Y así fue vista y oída diversas veces del cardenal y arzobispo de Toledo Francisco Jiménez, que fue fraile de su orden; de muchos obispos, inquisidores, predicadores, duques, condes y marqueses; y de personas que burlaban della oyéndolo contar y, visto después por sus ojos, quedaban confundidos y no poco le eran en adelante aficionados. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
También obró Nuestro Señor por ella algunas maravillas y fue una que, llevando en sus manos un vaso grande de barro para servicio del convento, quebrósele tocando a una piedra de que ella quedó muy desconsolada, derribose en tierra, hizo oración a Nuestro Señor y, juntando los pedazos del vaso, quedó perfectamente sano. Vido todo esto otra religiosa y díjole: “¿Qué es esto hermana? ¿No estaba este vaso en el suelo hecho pedazos? ¿Cómo está sano?”. Respondió con mucha humildad: “Así es, hermana, mas el Señor ha tenido por bien de remediar por su bondad lo que yo había echado a perder por mis pecados”. También era obra maravillosa y le acaeció diversas veces, que, estando ocupada en cosas de la obediencia, oía, hallándose bien distante, el oficio divino que se rezaba en el coro y veía el Sanctísimo Sacramento, teniendo una pared gruesa de por medio, la cual, al tiempo que alzaban en la misa, apareció romperse de modo que vido la sagrada Hostia y Cáliz y tornose a juntar aunque, para evidencia del milagro, quedó señal de una piedra no bien encajada por muchos años. Fue así mismo público de una niña que murió, habiéndola traído sus padres al monasterio de la Cruz, la cual, por muchas experiencias hechas en ella, se vido que estaba sin vida y, a ruego de sus padres, [fol. 65r col. a] y de otras personas en número de ochenta que estaban presentes, puso un crucifijo sobre ella, hizo oración y luego se levantó con vida y salud. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Por estas obras y por su mucha virtud y discreción, vino a ser electa abadesa, cuyo oficio rigió maravillosamente porque las súbditas no solo eran favorecidas y alentadas en el servicio de Dios con su ejemplo y amonestación, sino con su muy fervorosa oración alcanzando de la Majestad de Dios que se empleasen muy de veras en su servicio. Y fue prueba evidente que, puesta en el oficio de abadesa, no hubiese disminuido sino augmentado su virtud que hizo Dios por ella nuevas y muy extraordinarias maravillas. Como pareció en que, estando enferma en el palacio del Emperador Carlos Quinto, cuya corte residía en Madrid, una señora que se llamaba Ana Manrique, siendo la enfermedad dolor de costado, que la puso en lo último, por tener devoción con la madre Juana de la Cruz y estar cierta que Nuestro Señor oía y otorgaba lo que por ella era pedido, hizo mensajero significándole el peligro que estaba. La bendita madre con entrañas de caridad hizo oración fervorosa por ella y pareció el efecto en que, estando la enferma dada la unción y sin humano remedio al parecer de los médicos, siendo de noche vido que estaba con ella la misma madre abadesa Juana de la Cruz y que le llegaba con sus manos y apretaba el lugar donde tenía el dolor, y así lo dijo en voz alta: “Veis a mi madre que ha venido a visitarme y curarme”. Muchos que estaban presentes oyeron estas voces, aunque no la vieron sino el efecto que fue poder comer y recuperar luego entera salud. Divulgose esto en el mismo monasterio de la Cruz y, pidiendo las monjas a la madre les declarase cómo aquello había sido, ella dijo: “Obras son estas hijas mías del ángel sancto de mi guarda”. También fue cosa cierta haber sanado por su oración el padre confesor del convento de una enfermedad bien peligrosa de rabia, y lo mismo una monja de un zaratán ''[9]'' y otra de cierta nacencia; y así, algunas otras de males gravísimos en los cuales iban siempre empeorando hasta que la madre Juana de la Cruz hacía por ellos oración, pidiéndolo los tales enfermos, y luego mejoraban y quedaban en breve sanos. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y porque la fama de tales obras y de su vida sancta, que volaba por todas partes, era ocasión que de muchos fuese tenida y reverenciada por Sancta, para que esto no le fuese ocasión de ensoberbecerse y para más mérito suyo, permitió Dios que fuese gravemente afligida por causa de una persecución que se levantó contra ella. Y fue que, teniendo costumbre la abadesa y monjas de poner un sacerdote en el lugar de Cubas que administrase los sacramentos, por ser aquel beneficio del convento, trataban algunas personas e- [fol. 65r col. b] clesiásticas de impetrarle por Roma, diciendo que mujeres, aunque religiosas, eran incapaces para cargo de almas. Aconsejose la bendita madre qué haría en este caso y fuele dicho que convenía, para el bien de su monasterio, que enviase bula al Papa y, anticipándose, ganase aquella gracia y asegurase su daño. Hízolo así aunque sin dar cuenta a sus perlados por el peligro que había en la tardanza. De aquí sucedió que una monja del mismo convento, que no estaba bien con ella, acriminó este caso diciendo a los perlados que lo había hecho sin su licencia gastando de los proprios del convento por dar aquel beneficio a un hermano suyo, el cual venía nombrado para él. Y la verdad era que, en sacar la bula, se gastaron siete ducados y trújosela un su devoto graciosamente sin otra costa; y a su hermano, por ser letrado y de buena vida, el pueblo le había pedido para aquel cargo. Con todo esto, uno de los perlados y el principal, muy indignado, fue al monasterio de la Cruz y, juntando capítulo, reprehendió ásperamente a la madre Juana y, quitándola el cargo de abadesa, públicamente le mandó dar una disciplina. Todo lo cual sufrió con singular paciencia diciendo que mucho más merecían sus pecados y que el cargo de abadesa se lo había tenido sin merecerle por obediencia. Las monjas sintieron mucho este agravio y, aunque el perlado les mandó elegir abadesa, no pudo acabarse con ellas diciendo que la tenían, y así les puso por presidente a la misma que le había dado semejante aviso; aunque así el perlado como la monja murieron en breve tiempo con gran dolor por lo hecho y pidiendo perdón a la misma Juana de la Cruz, la cual no poco importunó a Nuestro Señor, así estando vivos por la salud de sus cuerpos como después de muertos por el bien de sus almas. &lt;br /&gt;
Ni pararon en esto los trabajos desta bienaventurada mujer. Antes, estando un Viernes de la Cruz dentro de su celda elevada en contemplación, levantados los brazos en forma de cruz, tornando en sí fuese al coro al tiempo que se decía la Sancta Pasión. Iba llorando y descalza y no podía andar, y así ponía de lado los pies con grave pena. Las religiosas, viéndola desta manera, fueron a ella y preguntándola qué había, respondió que le dolían mucho los pies. Miráronlos y viéronselos señalados y lo mismo las manos de las señales del Señor, no llagas abiertas ni que manasen sangre, sino unas señales redondas del tamaño de un real y muy coloradas. Las monjas preguntaron la ocasión desto; y díjoles haber sido no otra sino que, estando contemplando en la Pasión de Jesucristo, le pareció verle puesto en la cruz y que se juntaba a ella y que la dejó con estas señales. Lo cual fue causa de que las religiosas y dos frailes confesores de casa que las vieron derramasen lágrimas de [fol. 65v col. a] ternura y regalo viéndolas, aunque la bendita madre, así porque se tenía por ''[10]'' indigna de semejante favor de Dios, como por ser el dolor intolerable, pidió a su Divina Majestad la librase d'él. Y tanto le importunó que, el día de la Ascensión adelante, quedó libre del dolor y sin semejantes señales, aunque no por eso cesaron sus penas, antes, permitiéndolo Dios, los demonios la atormentaban y azotaban, y era tan crudamente que, alguna vez, le duraron por muchos días las señales de los azores que los demonios le dieron. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Pasaron adelante sus penas y diola Dios una terrible enfermedad, y fue tullirse en tanto grado que no le quedaron fuerzas algunas ni miembro sano, ni coyuntura ''[11]'' en su cuerpo que no le causase dolor gravísimo. Los huesos se apartaron unos de otros, hasta de las manos y pies, que no se podían encubrir, ni sus dolores y ansias sufrir. Encogiéronsele las rodillas que nunca más las extendió, los brazos y manos por el semejante, los dedos tan vueltos y quebrantados que no podía comer con sus manos, ni menearlas; ni ella toda podía volverse de alguna parte sino la volvían; ni comer, ni beber si no se lo daban. Ningún miembro de su cuerpo podía menear sino era la lengua, con la cual mostraba gran conformidad con Dios, con quien, razonando una vez, tiernamente, dijo: “Señor, ¿cómo es posible que cuerpo tan quebrado viva? O me dad paciencia o me quitad tanto mal como padezco o la vida siendo vuestra voluntad”. Pareció que le hablaba el Señor y que le decía: “Qué maravilla es que padezcas lo que padeces pues me escogiste a Mí por Esposo, que fui muy tenido en el mundo por leproso y lleno de dolores; pues siendo tú mi esposa y comunicando conmigo ''[12]'' como con esposo, aunque espiritualmente, cierto es que se te habían de pegar algunas de mis enfermedades, y quien ama razón es que sufra y padezca por su amado. Cuanto más que todo esto es procurado por Mí para provecho tuyo, siendo también tu Padre, y los que son padres en la tierra procuran que sus hijos tengan bienes y riquezas, y por este fin se ponen a muchas afrentas y trabajos, y así Yo, por hacer ricos a mis hijos, padecí trabajos, injurias y dolores. Por subirlos al Cielo bajé a la tierra, por librarlos de la muerte del Infierno padecí muerte cruel en una cruz, por hacerlos ricos en las almas me hice pobre en el cuerpo, y por hacerles señores en el Cielo y iguales a los ángeles me hice, en cuanto hombre, siervo y subjeto a graves necesidades. Y pues yo hice tanto por ellos, pueden entender que los amo y quiero mucho, y que es mayor el amor que les tengo que el que ellos se tienen a sí mismos. Y sé mejor que ellos lo que les cumple; y porque les cumple padecer trabajos para ir al Cielo, y que sean grandes para tener allá grande y principal asiento, por eso se los doy. No porque me huelgue de [fol. 65v col. b] verlos padecer y penar, sino porque es esto lo que les conviene. Y así tú, hija mía, no te aflijas ni desconsueles si padeces muchos, porque mereces mucho y, por lo mismo, será mucho tu Cielo. Está cierta que, cuando Yo vea que llegas al punto señalado de gloria para ti en mi Eternidad, Yo te llamaré luego”. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y así fue que, habiendo padecido esta enfermedad algunos años, sucediole otra de suerte que, visitada por algunos médicos, todos afirmaron que se moría. Y fue causa de grande desconsuelo en su convento porque, enferma y tullida en una cama, les era muy provechosa, teniendo libre su lengua y entendimiento con que les daba consejos y documentos muy provechosos. Donde, venido el día de la Sancta Cruz, que es a tres de mayo, domingo a las seis después mediodía del año de mil y quinientos y treinta y cuatro ''[13]'', siendo de edad de cincuenta y tres años, estando en su celda algunos religiosos de su orden y todas las monjas del convento con velas encendidas en sus manos, habiendo recibido los sacramentos de confesión, comunión y extremaunción, con grande reverencia y piadosas lágrimas, y hecho el desaproprio de sus pobres alhajas para morir del todo pobre, leyéndole la Pasión, dio su alma a Dios Nuestro Señor, quedando muy bien compuesta y mostrando en su rostro un sonriso de que no poco se admiraron los presentes, junto con que, habiendo antes en el aposento un mal olor por causa de su larga enfermedad, al proviso se trocó con otro admirable y del Cielo, de que gozaron todos los presentes. Llegaron con grande ansia y derramando tiernas lágrimas las religiosas a besar el bendito cuerpo, y, acercándose, echaron de ver que salía de aquel suave olor y fragancia, y era de suerte que no se le podía comparar cosa desta vida. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El cuerpo estuvo cinco días por sepultar por ocasión de gentes que venían de la comarca a verle y, en este tiempo, hizo Dios por su sierva algunas maravillas; y fue de personas que sanaron de diversas enfermedades llegando a tocar su cuerpo con devoción grande. El cual estaba en la iglesia, fuera de la clausura de las monjas, para que todos le viesen y tocasen. Pasados los cinco días fue sepultado dentro de la misma clausura, junto al comulgatorio de las monjas, donde estuvo algunos años. Después, creciendo la devoción desta sierva de Dios en muchas personas de linaje, fue trasladado el cuerpo y puesto en el coro junto al altar mayor, al lado del Evangelio, elevado de tierra en un ilustre sepulcro. Y allí es tenido en grande reverencia y con justa causa, pues, aunque no se le deban honores como a sancta por no estar canonizada, débesele mucho respecto por ser cuerpo de persona cuya vida da a entender piadosamente que está su alma gozando de Nuestro Señor en muy principal asiento de su bienaventuranza, de que todos seamos participantes. Amén.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
===Notas===&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[1]'' En el margen izquierdo del folio se puede leer: “En 3. de Mayo Iudith.I 4”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[2]'' En el margen derecho de la columna se lee “Authores”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[3]'' En el margen derecho aparece “Año 1481”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[4]'' Escrito: “ejercitase”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[5]'' Escrito: “cuyo”. Posible errata que se ha corregido.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[6]'' Está escrito: “levantodos”. Errata subsanada.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[7]'' En el texto: “ajenjos”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[8]'' Se ha añadido la -h- intercalada.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[9]'' Cáncer de mama. DRAE y CORDE.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[10]'' En el texto: “par”. Se ha subsanado la errata.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[11]'' En el texto: “cojuntura”. Se ha modernizado la grafía.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[12]'' En el texto “comigo”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[13]'' En el margen derecho de la columna leemos: “Año de 1534.”&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
= Vida impresa (3)=&lt;br /&gt;
Ed. de [http://visionarias.es/equipo/belen-molina-huete/ Belén Molina Huete] y Desiré Armero Benítez; fecha de edición: abril de 2023.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
== Fuente ==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[[Archivo:Portada historia eclesiástica de todos los santos de españa de juan de marieta.jpg|miniatura|250px|right| Juan de Marieta, 1596. Historia eclesiástica de todos los santos de España. Cuenca: Pedro del Valle (From the archive of the British Library [Digitalizado por Google]).]]&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
* [http://catalogodesantasvivas.visionarias.es/index.php/Categor%C3%ADa:Juan_de_Marieta Marieta, Juan de], 1596. «[Santa Juana de la Cruz]», en ''Historia eclesiástica de todos los santos de España'', Cuenca: Impr. de Pedro del Valle. Tercera Parte, Libro XIX, Capítulo XX, fols. 85rv.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[[Contexto material del impreso Historia eclesiástica de todos los santos de España]]''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==Criterios de edición==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Conforme a los criterios establecidos en el Catálogo para fuentes impresas, se han actualizado generalmente grafías, ortografía y puntuación manteniendo aquellos rasgos de la lengua que implican valor fonológico o que caracterizan su léxico, morfología o sintaxis. Se han conservado, pues, las oscilaciones en grupos consonánticos cultos (-t-/ct…), así como las vocálicas. Igualmente, se ha respetado el uso de “y” ante palabras que comienzan con sonido vocálico /i/. Se han reducido, por otra parte, los grupos consonánticos latinizantes, incluidos la duplicación vocálica y consonántica y, de modo concreto, grafías antiguas (-x- por -j-, -z- por -c-, -ç- por -z-); se ha modernizado también la unión y separación de términos, así como las contracciones (desta&amp;gt; de esta). En los topónimos, se ha optado por la ortografía actual (Hazaña&amp;gt;Azaña). En el uso de la mayúscula se ha atendido la singularidad de tratarse de textos religiosos y se ha unificado su empleo. Se han desarrollado las abreviaciones tipográficas sin marca expresa. No se han registrado erratas. En nota al pie se han reproducido los apuntes marginales presentes en la edición que sirve de referencia y se ha ampliado información oportuna.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==Vida de Juana de la Cruz==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Capítulo XX'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[fol. 85r, col. a] '''De Santa Juana de la Cruz, monja de la Orden de San Francisco'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[1]'' El maestro Alonso de Villegas ''[2]'', tan curioso en escrituras de vidas de santos, en su tercera parte escribe largamente la vida de esta santa religiosa, y dice fue natural de un pueblo cerca de Toledo llamado Azaña. En su tierna edad todo fue dar indicios y rastros de lo que después fue: muy dada a la oración y contemplación y servicio de Dios, continuando estos santos ejercicios con muchas abstinencias, asperezas, y mortificaciones, sintiendo siempre de sí bajamente en todas sus cosas. Tuvo siempre grande deseo de servir a Dios en religión y, porque sus padres y parientes se lo estorbaban, determinó un día por la mañana huir de su casa y acogerse al monasterio de Nuestra Señora de la Cruz, de la religión y hábito de san Francisco, que estaba dos leguas de su pueblo. Aquí fue admitida por religiosa, donde se perficionó en sus santos [fol. 85r, col. b] deseos, siendo muy observante de los establecimientos de su Orden, ocupándose juntamente en los oficios más humildes del monasterio. Era muy devota del ángel de la guarda, y aconsejaba también a los demás que podía que lo fuesen, porque solía decir que no solamente nos guarda, sino que también nos acompaña en nuestros trabajos. A quien tanta solicitud como esta santa Juana de la Cruz ponía en el servicio de Dios, él la quiso ilustrar con sus maravillas, hizo yendo por su medio algunos milagros. Llevaba un día un vaso de barro en sus manos y, tocando en una piedra, se le quebró. Ella se puso en oración y, juntando los pedazos del vaso, quedó perfetamente sano. Vio todo esto otra religiosa y díjole: “Hermana, ¿no estaba este vaso en el suelo hecho pedazos? ¿Cómo está ya sano?”. Respondió con mucha humildad: “Así es hermana, mas el Señor ha tenido por bien de remediar por su bondad lo que yo había echado a perder por mis pecados”. Una niña muerta trajeron sus padres al monasterio de Santa María de la Cruz, a que la santa religiosa Juana hiciese oración por ella y, por ruegos de sus padres y de otras ochenta personas que estaban presentes, puso un crucifijo sobre ella, y hizo oración y luego se levantó con vida y salud entera. Otros muchos milagros hizo Nuestro Señor por su sierva, que sería largo de contar y, sin otros grandes trabajos que la santa religiosa tomaba de su voluntad por la de Dios, era atormentada de los mismos demonios para más aumento de méritos suyos.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Capítulo XXI'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''De la última enfermedad y muerte bienaventurada de santa Juana de la Cruz'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[fol. 85v, col. a] ''[3]'' Para llevarla Nuestra Señora a gozar de sí a esta su sierva quiso que pasase por una grave enfermedad, que fue tullirla de pies y manos, y de todos los demás miembros y huesos de su cuerpo, como si no fuera persona. Sola la lengua le quedó sana y libre, con la cual mostraba gran conformidad con Dios en sus enfermedades, con quien razonando una vez dijo: “Señor, ¿cómo es posible que un cuerpo tan quebrantado como este mío viva? O me dad paciencia, o me quitad tanto mal como padezco, o la vida siendo vuestra voluntad”. Pareciole que le respondía el Señor y le decía: “¿Qué maravilla es que padezcas lo que padeces, pues me escogiste por esposo, que fui tenido en el mundo por leproso y lleno de dolores? Pues siendo tú mi esposa, cierto es que se te habían de pegar algunas de mis enfermedades, y quien ama, razón es que padezca algo por su amado, cuanto más que todo es procurado por mí para provecho tuyo. Así tú, hija mía, más no te aflija, ni te desconsueles si padeces mucho, porque merecerás mucho. Está cierta que cuando yo vea que llegas al punto señalado de gloria para ti, yo te llamaré luego”. Así fue que, habiendo padecido esta enfermedad algunos años, llegado el día de la invención de la Santa Cruz, que es a los tres días del mes de mayo, año de mil y quinientos y treinta y cuatro, habiendo recebidos todos los santos Sacramentos, siendo de edad de cincuenta y tres años, dio su alma a Nuestro Señor. Luego se sintió una fragancia y olor suave como de cuerpo santo, al cual tuvieron cinco días por sepultar por razón de las gentes que venían de las comarcas a reverenciarle. En este tiempo hizo nuestro Señor algunos milagros en diversos enfermos, que venían a valerle de los méritos de santa Juana. Está su cuerpo [fol. 85v, col. b] al presente sepultado junto al altar mayor al lado del evangelio, puesto en alto, en el mismo convento de monjas donde es venerado.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
===Notas===&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[1]'' Al margen: “En 3 de mayo”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[2]'' Remite a la ''Adición a la Tercera Parte del Flos sanctorum'' de Alonso de Villegas de 1588 (Huesca Juan Pérez de Valdivielso, fols. 63r-65v).&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[3]'' Al margen: “En 3 de mayo”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
=Vida impresa (4)=&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Ed. de [https://visionarias.es/equipo/veronica-torres-martin/ Verónica Torres Martín]; fecha de edición: febrero de 2025. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
== Fuente ==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[[Archivo:portada_barezzo_barezzi.jpg|250px|right|Barezzo Barezzi, 1608. ''Delle croniche dell’ordine de frati minori instituito dal seráfico P. S. Francesco'', Venecia: Barezzo Barezzi. (Fuente: Biblioteca Universitaria Alessandrina, sig. LA 001013539/ 1v. [Digitalizado por Google]). |link=]]&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
* [http://catalogodesantasvivas.visionarias.es/index.php/Categor%C3%ADa:Barezzo_Barezzi Barezzi, Barezzo], 1608. “Libro secondo”, ''Delle croniche dell’ordine de frati minori instituito dal seráfico P. S. Francesco. Parte Quarta'', Venecia: Barezzo Barezzi, 156-169.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Vida en italiano disponible en: [[Vita della religiosa, et essemplare serva de Dio, la Beata Suor Giovanna dalla Croce Abbadessa]]&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[[Contexto material del impreso Delle croniche dell’ordine de frati minori instituito dal seráfico P. S. Francesco de Barezzo Barezzi]].&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==Criterios de traducción==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El relato aparece en el “Libro secondo” de ''Delle croniche dell’ordine de frati minori instituito dal seráfico P. S. Francesco. Parte Quarta'' de Barezzo Barezzi, impreso en 1608. En lo que se refiere al texto, se ha llevado a cabo una traducción al castellano del texto original italiano, en la que se han aplicado las normas de ortografía y puntuación actuales.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==Vida de Juana de la Cruz==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[156] '''Vida de la religiosa y ejemplar sierva de Dios la beata sor Juana de la Cruz, abadesa en el Monasterio dedicado a Santa María de la Cruz de Cubas, en la provincia de Castilla'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[1]'' En la época en que el soberbio Holofernes, capitán de Nabucodonosor, rey de Asiria, sitiaba la ciudad de Betulia, la escritura del Libro de Judith dice que, una mañana, los hebreos sitiados salieron de su ciudad con estandartes desplegados y con lanzas y espadas en las manos amenazando de muerte a sus enemigos, a los cuales infravaloraron burlándose de ellos diciendo que las ratas se habían atrevido a salir de sus nidos en detrimento de sus vidas. En ese momento el pabellón del capitán estaba cerrado y en él reinaba un silencio supremo. Vagao, su ayuda de cámara, entró creyendo que dormía para despertarlo a fin de que diera alguna orden a la defensa, pero en cuanto entró y vio el cuerpo sin cabeza de Holofernes tendido en el suelo y cubierto de su propia sangre, se quedó confuso al darse cuenta de que eso lo había hecho la matrona Judith. Salió dando voces y diciendo que una mujer había sembrado el caos en la casa de Nabucodonosor, y esto fue muy cierto. Los asirios, al ver muerto a su capitán, tuvieron tanto miedo que huyeron y dejaron la victoria y todo lo que allí tenían en manos de sus enemigos. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Lo dicho por Vagao, ayuda de cámara de Holofernes, sobre que una mujer había sembrado el caos en la casa de Nabucodonosor, se adapta bien a una bendita mujer llamada Juana de la Cruz, monja de la Orden de los Frailes Menores. La cual es confusión de la casa de Nabucodonosor en tanto que por ella son conocidos los impíos, y desean saber en qué estado se encuentran, que todos están confundidos, incluso algunas personas religiosas y gente de Iglesia, por muy honrados que sean en el ejercicio de Dios, están confundidos en relación con lo que ha hecho esta religiosa, aunque hayan nacido de sangre ilustre y noble, y se hayan criado en la política de la corte y de la casa real, están confundidos por esta mujer que nació en estado de labradora y en tierra pobre. Y es confusión de toda clase de hombres, porque una mujer los supera, como se verá en su vida, recogida en los antiguos memoriales que hay en el Monasterio de la Cruz, que está a dos leguas de la ciudad de Illescas y que dice así. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[157] '''De su patria, de quién era hija y del nacimiento de la sierva de Dios sor Juana de la Cruz, y de los ejercicios espirituales que hacía en su infancia con gran rigidez de su cuerpo, y de la santa imagen de la Santísima Virgen, llamada de la Caridad de Cubas, y su origen'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Capítulo XXVIII'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[2] En un lugar cercano a Toledo, llamado Azaña, nació Juana de la Cruz de un virtuoso padre cristiano llamado Juan Vázquez y de Catalina Gutiérrez, en el año de la Encarnación 1481. Esta fue bendecida con mucha gracia y singular belleza. Su madre la amamantó en su seno sin molestia ni aburrimiento alguno, es más, le sirvió de mucho consuelo y recreación, porque solo con cogerla en brazos, aunque se encontrara melancólica y afligida, era suficiente para animarla y desterrar de ella toda pena y dolor. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Con cuatro años mostraba un juicio perfecto, tanto en las palabras que decía como en las cosas que hacía, porque todo lo hacía con mucho sentido y mucho corazón. Nunca se la vio ocupada en juegos u otras cosas vanas en las que se ocupaban los demás de su edad, ni hablaba palabras vanas o inútiles, sino que sus pensamientos e intenciones eran solo para Jesucristo, a quien llamaba su Esposo y con quien compartía sus pensamientos. A veces tenía tanta fuerza y aprehensión en sus potencias interiores que sus sentidos permanecían completamente ausentes, por lo que su madre, creyéndola enferma y a veces hasta muerta, hizo voto de llevarla con una imagen de cera a una casa y monasterio de Nuestra Señora llamada de la Cruz, que está cerca de un lugar llamado Cubas, distante dos leguas de Illescas, ciudad de la diócesis de Toledo, distante seis leguas de la ciudad, ilustrada con una imagen de la Madre de Dios llamada de la Caridad ''[3]'', donde acuden personas de diversas partes, especialmente enfermos, que son favorecidos y curados por los méritos e intercesión de la Santísima Virgen. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El Monasterio y Casa de la Cruz, en que son monjas de la Orden del Padre San Francisco, se considera, tanto en su interior como en su exterior, por memoria conservada de mano en mano por los hombres de toda la provincia, que fue edificado por orden de la santísima Virgen María, que se apareció en aquel lugar de donde procede, que es honrado y tenido en gran estima por la gente de la provincia y también por relación de monjas ancianas de la misma casa y monasterio. Se sabe de qué era la imagen que es tan honrada en Illescas que una mujer devota que servía a las monjas, acompañada de otras mujeres y con música de címbalos, llevó la santa imagen por encima de la puerta del claustro de las monjas, donde estaba, y la llevó entre la gente de la provincia pidiendo limosna para vestirla y, con lo que les daban, la mantenían muy lustrosa y adornada. Y, de esta manera, la dejó un día en Illescas y, perdiéndola el monasterio, la adquirió la [158] ciudad, y quedó con ello el origen de esta santa imagen, que, por lo que hemos podido descubrir, es esta, que es de pequeña estatura y algo morena y, en suma, devota, y dicen que ha hecho muchos milagros y es visitada con gran reverencia por toda España. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y estando a dos leguas de donde estaba su joven hija Juana, su madre la ofreció a la Virgen y permitió que la llevasen al monasterio con la imagen de cera, como hemos dicho. Y, como a su madre le había llegado la hora de la muerte antes de cumplir este voto, rogó a su marido, el padre de la niña, con gran insistencia que lo cumpliera ''[4]''. Habiendo oído esto y comprendido el voto hecho por ella, resolvió en su alma no solo contentarse con hacer aquel viaje para cumplir la voluntad de su madre, sino también permanecer en el monasterio como religiosa y allí servir a la Madre de Dios con todo su afecto durante toda su vida. Muerta su madre, quedó la niña de siete años y, con la intención de ser monja, deseaba acompañarse de obras y ejercitarse en el siglo en aquellas cosas que son propias de la religión: exigía gran abstinencia ayunando, comiendo pan y agua solo una vez al día ''[5]''. Tampoco comía todo lo que necesitaba y a veces se quedaba dos o tres días sin comer nada. Se hizo un cilicio de ásperas cerdas con sus propias manos y se lo puso sobre la carne, por lo cual siempre andaba llagada, pero muy consolada. Nunca estaba ociosa, trabajaba con sus propias manos y en el trabajo estaba muy ocupada atormentando más su cuerpo con el cilicio, de modo que no tenía más que ofrecer a Nuestro Señor, herido y llagado por todos, sino infligirse duras disciplinas, entregándose tan sin piedad que su cuerpo quedaba hecho un lago de sangre. Mostró gran humildad en su rostro. Dijo pocas palabras y ni una ociosa, de manera que todo lo que salía de su boca o era razonamiento hecho a Dios o en beneficio del prójimo. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Uno de sus tíos, un hombre rico, la llevó a su casa, implorando esto a su padre con muchas oraciones, y su esposa, que también era su tía, la amaba tiernamente. Ahora bien, como tenía más comodidad aquí, pasó más tiempo en obras santas y en penitencias, y pasaba la mayor parte de la noche en oración, pero llegó a tal extremo que su tía llegó a codiciar la vida que hacía ''[6]'', la cual estimaba mucho y apreciaba. Con lo cual, viéndose descubierta, buscó los lugares más recónditos y escondidos de la casa, donde guardaba sus disciplinas, dándose crueles golpes con una cadena de hierro y, cuando más llagada se vio y más atormentada, pidió a Nuestro Señor la recompensa de sus dolores: que la recibiera en el monasterio de sus esposas y la hiciera monja. Lo cual le fue concedido por su Divina Majestad.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[159] '''Cómo la sierva del Señor, para cumplir su voto de ser monja, huyó de su familia con hábito de hombre y se fue al Monasterio de la Cruz de Cubas, donde fue aceptada, y de la dureza de su vida, y de otras virtudes ejemplares'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Capítulo XXIX'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[7]''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Con quince años, e inspirada por Dios, como sabemos, viendo que no podía hacer otra cosa porque sus parientes se resistían y deseaban tenerla siempre consigo y casarla ''[8]'', una mañana se vistió con hábito de hombre y, haciendo un pequeño bulto con sus propias ropas, salió de su casa con intención de ir al Monasterio de las Monjas de la Cruz, que (como hemos dicho) distaba dos leguas. Y, cuando comenzó su viaje, el Diablo quiso impedírselo y puso en su mente algunos pensamientos: que su padre y sus parientes recibirían desfavorablemente su viaje y que muchos peligros podrían sobrevenirle en él. Esto causó tal impresión en su alma que se sintió perdida y cayó al suelo a pesar de que le hablaron y le dijeron que debía esforzarse para que Dios la favoreciera y pudiera lograr su objetivo. Volvió a continuar con su viaje y, habiendo recorrido buena parte del camino, oyó que venían hacia ella personas a caballo, aunque bastante lejos, y, cuando miró bien, supo que era un joven de padre rico que le había pedido por esposa y deseaba casarse con ella. Fue una gran perturbación para ella verlo, viéndose sola y en un lugar tan solitario en tal peligro sin embargo, ella fue otra vez favorecida por el Señor cegando tanto al joven muchacho que no la reconoció y le advirtió de que se saliera del camino mientras él pasaba. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y así pudo ir bien y con seguridad hasta la casa de la Madre de Dios, adonde se dirigió, y, entrando en la iglesia, no vio a nadie y, habiendo hecho oración y, en particular, habiendo hecho reverencia a la imagen de la Madre de Dios, se retiró a un lado, donde, despojándose de sus vestiduras varoniles, se puso las de mujer, con las cuales se fue. Habló con las monjas y les dijo quién era y cuál era su deseo, rogándoles que la aceptaran en su clausura, pero, al mismo tiempo que hablaba con las monjas, sus parientes, que la seguían, vinieron a buscarla y le dijeron palabras muy reprochadoras por este hecho y que querían llevársela con ellos. Ella pacientemente les pidió perdón por los problemas que habían recibido por su causa y les dijo que [160] su intención era servir a Dios en esa casa, y que solo Él podía sacarla de ese lugar. Asimismo, al mismo tiempo vino el prelado por cuya orden había de ser recibida en el convento, el cual, visto el deseo y constancia de la joven ''[9]'', dio licencia para que fuese recibida en religión, y todas las monjas la recibieron con gran alegría. Lo cual, cuando sus familiares lo vieron, lo tomaron como una buena señal y le dieron la dote, y ella recibió el hábito y permaneció en la casa. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
La maestra de novicias le encomendó esta tarea: que guardara silencio durante un año. Lo cual fue tan agradable a sus oídos como cualquier otra cosa que le pudiera ocurrir, porque por naturaleza era aficionada a hablar poco. Y, así, comenzó a vivir una vida maravillosa incluso antes de la profesión ''[10]'', que hizo en un año, y que constaba de cuatro votos: tres ordinarios y uno de clausura. Su vestido era muy pobre y humilde, más que el de las otras monjas: vestía una túnica de sarga vieja y remendada, su hábito era de lo mismo; en los pies llevaba zuecos de madera y la mayor parte del tiempo iba descalza; se ceñía con una cuerda gruesa y vestía un paño de estopa en su cabeza sobre el grueso velo; y, sobre su carne, vestía un áspero cilicio que nadie conocía, el cual no se quitaba nunca, ni de día ni de noche. Y, además, hacía otras duras penitencias: su paciencia era maravillosa, porque deseaba ser despreciada y reprehendida sin culpa e insultada, y que le fuera levantado testimonio, deseando saber de qué suerte sería ''[11]''. Deseaba tormentos, llagas, heridas, dolores, frío, cansancio y todo tipo de castigos, sufriéndolos alegremente por amor de Dios. No hablaba más que con su maestra, o con la abadesa o la vicaria, y esto cuando se le preguntaba. A veces llevaba en la boca una hierba amarga parecida al ajenjo, en recuerdo de la hiel que fue dada a Jesucristo en su Pasión; otras veces se ponía una piedra bastante grande, lo cual le causaba mucho dolor; otras veces tomaba agua en la boca y la retenía tanto tiempo que no podía soportar el dolor que le causaba; también levantaba un candelero con la boca y lo sostenía en alto hasta que le dolieran las mandíbulas. Ella pensaba que guardar silencio sin penitencia y sin dolor era poco agradable a Dios y de poco mérito. Y hacía los mismos ayunos que antes de ser monja, añadiendo a estos el ayuno de dormir: así como el que ayuna come al mediodía y toma una breve refección por la noche, ella, en lugar de comer al mediodía, recitaba también maitines por la noche, y en lugar de una breve refección, lo cambiaba por un breve sueño al final de la noche, cuando aparecía el alba. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[161] '''Del amor sin límites que profesaba a Dios Nuestro Señor, de los ejercicios en que se ocupaba con gran humildad y cuán celosa era del culto divino, y lo que dijo de su ángel de la guarda'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Capítulo XXX'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Era costumbre que todas las monjas durmieran en un dormitorio, cada una en su celda, pero con una lámpara encendida en medio del dormitorio ''[12]''. La sierva del Señor permanecía atenta cuando todas se retiraban a sus habitaciones y dormían entonces, en el mayor silencio, tomaba una piedra y se dirigía a su habitación, ora de pie, ora de rodillas, siempre recitando o meditando en la Pasión de Jesucristo, su amado Esposo ''[13]''. Se ocupaba mucho en el servicio de su convento y lo realizaba con fruición, y consideraba alegremente que todo era para el servicio de Jesucristo, de quien era esclava: cuando lavaba los platos se persuadía de que eran de oro y de perlas, para que en ellos comiera su Divina Majestad; la escoba con que barría la tenía por rosas y flores; las piedras por tapices muy finos y para suelos del Rey del Cielo, y de esta manera se comportaba en todas las demás cosas.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Siendo cocinera esta bendita monja, fue reprehendida por su compañera y por la procuradora, quienes no estaban conformes con lo que hacía, y ella, sin molestarse en absoluto, se arrojó al suelo y dijo que era culpa suya. No solo no aceptaron sus disculpas, sino que le dijeron que se fuera de su presencia. La sierva de Dios fue al coro muy afligida y pidió al Señor con gran afecto que le perdonase el dolor que había ocasionado a su hermana, y que acabase el mal que tenía con ella. Y, mientras estaba en ello, volvió su compañera a llamarla, y le preguntó: “¿Qué haces en el coro?”. Y ella respondió con gran humildad: “Rogando a Nuestro Señor que me perdonase por la molestia y gran aflicción que os he causado, hermana mía, y que hiciese las paces con vos, para que me perdonaseis y estuvieseis bien y en paz conmigo”. Oyendo esta respuesta, su compañera y su procuradora quedaron tan edificadas que durante muchos días sintieron gran contrición, con muchas lágrimas en lo secreto de sus corazones. Y de esta manera se portaba con todos los que la reprehendían y la afligían, que consistía en hacer una oración especial por ellos. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Ya se ha dicho que esta bendita doncella tenía un rostro agraciado y hermoso y, al mismo tiempo, tenía una presencia de gran gravedad, era amistosa y de conversación ''[14]'' agradable, pues hablaba con mucha gratitud y daba muchos consejos útiles. Verla y oírla, por tanto, provocaba una gran devoción. Asistía a los sacramentos de la confesión y de la comunión y, como sus prelados no le permitían comulgar todos los días, comulgaba espiritualmente en su corazón o escuchando misa y, para ello, se preparaba con mucha antelación.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[162] ''[15]'' Oyó hablar de un religioso que tuvo la tentación de no rezar sus horas canónicas y el oficio divino y que decía que Dios no tenía necesidad de sus oraciones. Habló con este religioso y le dijo que Dios no tenía necesidad de él, ni de ninguna criatura, sino que todas las criaturas juntamente con él tenían necesidad de Dios. Y que, así como el gabelero está obligado a pagar el impuesto a su rey y señor y, si no lo paga, se muestra rebelde a su rey y por tal falta le castiga severamente, así Dios quiere que sus criaturas le paguen por el servicio y gracia recibida y, en particular, el hombre eclesiástico con el oficio divino y, si falla en esto, lo castigará con severidad. Oído lo cual, aquel religioso enmendó el error que había cometido y pidió perdón al Señor, siendo entonces más solícito y diligente en el servicio de su Divina Majestad. Luego, a una monja que le preguntó qué debía hacer para agradar a Nuestro Señor, le dijo que orase y guardase silencio, que es cosa muy agradable a su Divina Majestad. Luego, a otra que le pidió consejo para estar en gracia de Dios y perseverar en ello, le dijo: “Llora con los que lloran, ríe con los que ríen, y calla con los que callan”. ''[16]'' Ella aconsejaba a todos tener gran devoción a su ángel guardián, porque decía que ellos no solo nos guardan, sino que nos acompañan y, cuando alguien está en la agonía de la muerte, su ángel va al Cielo y reza e invita a los santos y las santas, que saben que esa persona les tiene devoción y ha hecho algo por lo cual se lo merece, para que junto con él oren a Dios para que le favorezca y le libere, y que lo haga en la forma que le pidan. Añadió también que, aun después de la muerte, no se olvidan de las almas de las que fueron guardianes, porque van al purgatorio y las visitan, y las consuelan, y les dan cuenta de las obras santas y meritorias que los vivos hacen por ellos.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Cuánto le gustaba la cruz y por qué, los notables favores que recibió de Nuestro Señor Jesucristo, y de los razonamientos que hizo estando en éxtasis varias veces'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Capítulo XXXI'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[17]'' Así que esta bienaventurada monja era devota de la cruz y tenía mil razones para ello, no solo por tener el apellido y llamarse Juana de la Cruz, sino también por ser monja del Monasterio de Santa María de la Cruz y por haber obtenido gran misericordia de Dios por medio de su santísima cruz, a la que dedicaba dulces y suaves discursos para cada día de la semana, de los cuales sacaba gran provecho y consuelo espiritual. Fue favorecida de Nuestro Señor enviándole manjares de [163] su mano de admirable gusto y recreación, especialmente cuando estaba en oración, en la cual muchas veces estaba arrobada en éxtasis, permaneciendo sin sentido alguno; y para prueba de esto, estaba presente una dama secular que vino a visitarla y, viendo que ni moviéndola ni llamándola demostraba que sintiese nada, la golpeó con un hierro agudo en la cabeza, de tal manera que la hizo sangrar y, aunque no lo sintió en ese momento, después, sin embargo, sufrió mucho dolor por la herida. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
A veces sucedía que, estando en estado de arrobamiento, hablaba y decía razones muy elevadas, de modo que los que las oían se edificaban grandemente. Porque como su doctrina era muy semejante a la que nuestra santa fe enseña y predica, ora revelaba los maravillosos secretos de Dios ''[18]'', ora exhortaba a amar las virtudes y a corregir los vicios, reprehendiendo suavemente por alguna cosa a los que estaban presentes. Y sus razonamientos eran tan eficaces que parecía hablarles de tal manera que los demás no entendían, pero eran conscientes en sus corazones del mal que habían hecho, y así era motivo para que se arrepintieran de la ofensa que habían hecho a Dios Nuestro Señor, pidiéndole perdón y firmemente resueltos a enmendar sus caminos en el futuro. Y, como mayor prueba de que se trataba de un negocio celestial, no pocas veces se la oyó hablar en diferentes lenguas, de las que nunca tuvo conocimiento y, así, a cierto provincial de la Orden de los Frailes Menores Observantes que deseaba hacerla abadesa de aquel monasterio, como al fin lo hizo ''[19]'', le dijo en lengua vizcaína, por ser de Vizcaya, que sería útil para el monasterio y casa mantenerla en aquel oficio, aunque sería cosa fastidiosa para ella y un gran dolor. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En otra ocasión, el obispo de Ávila dio dos esclavas moras al convento para que las monjas se sirviesen de ellas, las cuales habían sido traídas de Orán (que entonces se compraban), y las monjas les dijeron que se hiciesen cristianas, y lloraron amargamente y se rascaron sus rostros de tal manera que les manaba sangre y, en particular, una que era mayor. Mientras esta bendita doncella estaba en éxtasis habló en lengua arábiga y ellas la oyeron de buena gana y le respondieron; tras lo cual las dos se bautizaron por su propia voluntad y, después de bautizadas, la oyeron hablar en la misma lengua mientras estaba arrebatada e, inmediatamente, fueron a ella y se consolaron mucho de haberla oído.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[164] '''Cómo personas ilustres la oyeron hablar mientras estaba en éxtasis y de un milagro que ella imploró al Señor Dios mediante la oración'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Capítulo XXXII'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Siendo todas estas experiencias algo nuevo e inaudito para cualquier santo, los prelados ordenaron a la abadesa que estaba allí en ese momento que siempre que hablase tan embelesada la dejasen sola. Y la primera vez que la vieron en éxtasis y que habló, mandó la abadesa a las monjas que allí estaban que saliesen de la cámara y, así, se quedó sola y, pasado algún tiempo, mandó ver si hablaba más, y la monja que entró con esta orden vio en la cámara gran número de pájaros de diferentes naturalezas, todos con el cuello levantado en alto como si oyesen hablar a la bienaventurada. Y, volviendo a contarle lo que había visto, volvió con ella la abadesa y otras muchas monjas que vieron lo mismo, aunque los pájaros huyeron a su venida y, para que se viese que eran verdaderos y no fantasía, uno de ellos voló al lado donde estaba la bienaventurada joven y se paró en su manga. Habiendo vuelto a su sentir ''[20]'', en que parecía ser voluntad de Dios que oyesen lo que dijo a tal hora y que prohibieran a las personas de entendimiento y de razón que la oyeran, vieron ángeles que, careciendo de todas estas cosas, lo oyeron, y así fue visto y oído varias veces del cardenal y archidiácono de Toledo, fray Francisco Ximénez, que era fraile de la orden; mencionado por muchos obispos, inquisidores, predicadores, duques, marqueses, condes y gentes que se burlaban de ella. Al oírle contar la historia y viéndolo luego con sus propios ojos quedaron confundidos y, en lo futuro, sintieron no poco cariño por ella. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[21]'' Nuestro Señor obró algunos milagros en ella, uno de los cuales fue que, cuando llevaba un gran jarrón de barro para el servicio del convento, se rompió en pedazos al tocar una piedra, y ella, muy desconsolada, se arrojó al suelo y rezó a Nuestro Señor y, cuando juntó los pedazos, quedó perfectamente sano y entero. Otra monja vio todo esto y le dijo: “¿Qué es esto, hermana? ¿No estaba este jarrón en el suelo hecho pedazos? ¿Cómo está ahora completo?”. Ella respondió con gran humildad: “Así es, hermana mía, el Señor en su bondad ha podido remediar lo que yo había perdido por mis pecados”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[165] '''De ciertos milagros y gracias que la sierva de Dios obtuvo de Nuestro Señor por medio de la oración'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Capítulo XXXIII'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Un milagro igualmente grande fue el que le ocurrió varias veces: que, estando ocupada en cosas de su obediencia ''[22]'' y estando muy lejos del oficio divino, que se rezaba en el coro, mereció ver el Santísimo Sacramento, aunque había una gruesa pared en medio, la cual, en el momento en que alzaban a Nuestro Señor en la misa, pareció romperse de tal manera que vio la sagrada hostia y el cáliz, y luego la pared volvió a juntarse. Y, como prueba del milagro, permaneció la señal en la piedra mal incrustada durante muchos años.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[23]'' También era público que una joven que se estaba muriendo había sido conducida por su padre a ese Monasterio de la Cruz y que, por muchas experiencias que allí se hicieron, se vio que ella estaba en duda por su vida. Tras muchas oraciones de su padre y de otras personas presentes en la octava, colocó un crucifijo sobre aquella y oró, e, inmediatamente, ella se levantó sana y con certeza de vida.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[24]'' Por estas obras, y por su gran virtud y discreción, fue elegida abadesa, cuyo cargo desempeñó maravillosamente. Por eso sus súbditos no solo se veían favorecidos y animados en el servicio de Dios por su ejemplo y sus dones, sino también por su ferviente oración, implorando a la Majestad de Dios que se dedicara mucho a su servicio. Y hubo clara prueba de ello, pues, cuando fue colocada en el oficio de abadesa, no encontró disminuida su virtud, sino más bien aumentada, pues Dios había obrado en ella nuevas y muy extraordinarias maravillas, como puede verse en esto, que estando enferma una señora en el palacio del emperador Carlos V, cuya corte residía a la sazón en Madrid y cuyo nombre era doña Ana Manrique, habiéndola puesto la dolencia del costado en último peligro de muerte, ahora esta señora, por tener devoción a la madre Juana de la Cruz y por estar segura de que Nuestro Señor la oía, le hizo saber el peligro en que se hallaba. ''[25]'' La bienaventurada madre, con caridad interior, hizo por ella fervientes oraciones, que se vio que fueron eficaces, pues mientras la enferma estaba sin remedio humano a juicio de los médicos, habiendo recibido la extremaunción y siendo devota, vio que la misma madre abadesa Juana de la Cruz estaba junto a ella tocando y apretando con las manos la fuente donde estaba el dolor y, así, dijo con voz alta: [166] “Mirad a mi madre, que ha venido a visitarme y a sanarme”. Muchos de los presentes oyeron estas voces, aunque no la vieron, excepto en el efecto, que fue que esta señora pudo comer y beber y recobrar toda su salud. Esto se supo en el mismo Monasterio de la Cruz y, preguntando las monjas a la madre Juana cómo y de qué manera había obrado esto, ella les dijo: “Estas son las obras, hijas mías, de mi santo ángel custodio”. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[26]'' También fue cierto que, por sus oraciones, el padre confesor del convento se curó de una enfermedad muy peligrosa de rabia; y, asimismo, una monja de un cancro; y otra de cierta enfermedad naciente; y así algunas otras de ciertos males muy grandes en los que siempre iban empeorando, hasta que la madre Juana de la Cruz hizo oraciones por ellas, que fueron pedidas con gran devoción y a petición de las mismas enfermas e, inmediatamente, mejoraron y en poco tiempo permanecieron sanas.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''De algunas persecuciones que sufrió con mucha ejemplaridad y paciencia la sierva del Señor Sor Juana de la Cruz y cómo fue favorecida por Nuestro Señor Jesucristo con las señales de sus santísimas llagas'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Capítulo XXXIIII''' ''[27]''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y porque la fama de estas obras y de su santa vida, que se extendió por todas partes del mundo, fue causa de que muchos la consideraran y veneraran como santa, para que esto no fuese ocasión de enaltecerla y para su mayor mérito, permitió Dios que fuese gravemente afligida ''[28]'' a causa de una persecución que se levantó contra ella. Y era costumbre que la abadesa y las monjas pusiesen un sacerdote en el lugar de Cubas para administrar los sacramentos, porque ese era el beneficio del convento. Algunas personas eclesiásticas trataron de imponerlo a través de Roma diciendo que las mujeres, aunque religiosas, eran incapaces de encargarse de las almas. A la bendita madre se le aconsejó lo que debía hacer en tal caso y se le dijo que, para beneficio del convento, debía enviar al papa una bula para que, anticipándose a ella, ganara esa gracia y asegurara su daño, lo cual hizo, aunque sin dar cuenta de ello a su prelado por el peligro que había en la demora. Y así sucedió que una monja del mismo convento, que no era muy amiga suya, puso este caso en conocimiento de los prelados diciendo que se había hecho sin su permiso y gastando lo que es propio del convento para dar aquel beneficio a uno de sus hermanos, que por ellos había sido designado. Y la verdad era que en conseguir la bula se habían gastado siete ducados, que pagó uno de sus devotos sin perjuicio del convento y su hermano, pues, siendo hombre de letras y de buena vida, había sido solicitado por el pueblo para esa tarea. Con todo [167] esto, uno de los prelados, y el principal, muy indignado, fue al Monasterio de la Cruz y, reduciendo el capítulo, reprehendió duramente a la madre Juana y le quitó el cargo de abadesa imponiéndole públicamente una disciplina, que ella soportó con gran paciencia, diciendo que sus pecados merecían mucho más y que había recibido el oficio de abadesa sin mérito alguno, sino solo por obediencia. Oyeron las monjas esta grave molestia y, aunque el prelado les mandó elegir abadesa, no se pudo llegar a un acuerdo con ellas, diciendo que ya la tenían y así les dio por presidenta a la misma monja que les había dado esta información. Sucedió que tanto el prelado como la monja murieron en poco tiempo a causa de la gran pena que sintieron por este suceso y, por ello, pidieron perdón a la misma madre Juana de la Cruz, la cual no poco importunó a Nuestro Señor mientras vivían para la salvación de los cuerpos, así como después de muertos para la salvación de sus almas.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
No se acabaron aquí los trabajos de esta bienaventurada mujer, pues un Viernes de la Cruz estaba en su celda elevada en contemplación con ambos brazos en alto en forma de cruz, con la atención puesta en ella como si estuviera en el coro cuando se dice la santa Pasión ''[29]'' y, al mismo tiempo que lloraba, estaba descalza y no podía andar y así sufría mucho en los pies con gran dolor. Las monjas, oyéndola llorar así, fueron a ella y le preguntaron: “¿Qué tienes, madre?”. Y ella respondió que le dolían mucho los pies y, mirándolos, vieron que estaban marcados, y también las manos, de las señales del Señor, aunque no tenía llagas abiertas ni salía sangre de ellas, sino ciertas marcas redondas del tamaño de un real y muy coloridas. Las monjas le preguntaron la causa de esto, a lo que ella respondió que no sabía más, sino que mientras contemplaba la Pasión de Jesucristo le parecía que lo veía puesto en la cruz y que se unía con Él y que por ello le quedaron estos signos. Lo cual fue la causa por la cual las monjas y los dos frailes que eran confesores de la casa derramaron lágrimas de ternura y de gran alegría al verlos, aunque la bendita madre se consideraba indigna de tales favores de Dios y, a causa de sus intolerables dolores, pidió a su Divina Majestad que la librase de ellos y, tanto lo importunó, que el día de su Ascensión quedó del todo libre de dolor y sin señales semejantes, aunque sus dolores no cesaron por esto, sino por permiso de Dios era atormentada por los demonios y azotada y, tan cruelmente, que, a veces, las marcas de los golpes que los demonios le daban duraban muchos días.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[168] '''Cómo la santa monja, con mucha paciencia, sufrió una extraña enfermedad y de una razón que hizo al Señor, con su respuesta, y de su muerte y dónde está sepultada'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Capítulo XXXV'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[30]'' Sus sufrimientos continuaron y plugo a Dios Nuestro Señor darle una terrible enfermedad que la dejó lisiada de tal manera que quedó sin fuerzas y no había miembro sano de su cuerpo ni parte alguna que no le causase gran dolor. Los huesos estaban separados unos de otros, incluso los de las manos y los pies y, de esta manera, sus dolores y angustias no podían ocultarse ni tolerarse. Sus rodillas estaban tan apretadas que nunca podía estirarlas, sus brazos y manos hacían lo mismo; sus dedos estaban tan torcidos y enroscados que no podía comer con las manos, ni manipularlos, ni volverse a ninguna parte; ni podía comer ni beber, a menos que se le diese. En fin, no podía mover ninguna parte de su cuerpo, sino la lengua, con lo cual mostraba gran conformidad con Dios ''[31]'', con quien un día, hablando tiernamente, dijo: “Señor, ¿cómo es posible que un cuerpo tan desfigurado pueda vivir? Dame paciencia o quita de mí el gran mal que sufro y mi vida, si esta es tu voluntad”. Parecía que el Señor le hablaba y le decía: “Qué maravilla es que padezcas lo que padeciste, habiéndome elegido por Esposo a mí, que en el mundo era considerado leproso y lleno de dolor; pues si ya que eres mi esposa y te comunicas conmigo como con tu esposo, aunque espiritualmente, es cierto que algunas de mis dolencias debían aplicarse en ti, ya que el que ama conviene que sufra por su amado. Tanto más, cuanto que yo he procurado esto para vuestro beneficio, puesto que también soy vuestro padre, y los que son padres en la Tierra buscan que sus hijos tengan bienes y riquezas y, para ello, se exponen a muchos peligros y aflicciones. Para hacer ricos a mis hijos, sufrí trabajos, injurias y dolores; para elevarlos al Cielo, me rebajé a la Tierra; para librarlos de la muerte en el infierno, sufrí cruel muerte de cruz; para hacerlos ricos de almas, me hice pobre de cuerpo; para hacerlos señores en el Cielo, iguales a los ángeles, me hice siervo humano, sujeto a graves necesidades; y, porque he hecho tanto por ellos, pueden comprender que los amo, y los deseo mucho, y que el amor que les profeso es mayor que el que ellos mismos se profesan. Y será mejor que lo cumpla y, para que tenga su efecto, sufran penalidades para ir al Cielo, y que sean grandes, para tener la grande y principal silla para este propósito, no porque me complazca verlos sufrir y penar, sino porque esto es lo que se requiere. Así que, hija mía, no te aflijas ni te desconsueles, si mu- [169] cho sufres para merecer mucho y, por esto mismo, el Cielo será muy tuyo y ten por seguro que, cuando vea venir el punto marcado de vuestra gloria en mi eternidad, lo sostendré inmediatamente”. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Así fue como, habiendo padecido esta enfermedad durante algunos años, se produjo un cambio de destino: fue visitada por varios médicos, todos los cuales afirmaron que se estaba muriendo, lo que fue causa de gran melancolía y tristeza en su convento porque, aunque estaba enferma y retorcida en una cama, les fue de gran utilidad y consuelo por tener la lengua libre y el intelecto sano, con el que les daba consejos y documentos muy útiles. Llegó, pues, el día de la Santa Cruz, que es el día tres de mayo, domingo, a las seis ''[32]'' después del mediodía, del año mil quinientos treinta y cuatro, siendo de edad de cincuenta y tres años y, estando en su celda algunos religiosos de su orden y todas las monjas del convento, con velas encendidas en sus manos, habiendo recibido el sacramento de la confesión, y comunión, y de la última cena con mucha reverencia y piadosas lágrimas, y hecha la distribución de sus pobres restos, para morir en toda pobreza, y leyendo la Pasión, entregó su alma a Dios Nuestro Señor manteniéndose muy bien compuesta y mostrando una sonrisa en su rostro, que admiró mucho a los presentes. Después de lo cual, un mal olor se extendió por la habitación debido a la larga enfermedad y, de repente, se transformó en otro maravilloso olor del Cielo, que los presentes disfrutaron. Las monjas fueron con gran prisa a abrazar el bendito cuerpo derramando tiernas lágrimas y, dando vueltas alrededor de él, procuraban ver de dónde venía aquel suave olor, con una fragancia tan fuerte que no se podía comparar con nada de esta vida. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El cuerpo permaneció insepulto cinco días debido a la multitud de gente de toda la provincia que acudió a verlo, tiempo durante el cual Dios realizó ''[33]'' algunos milagros por los méritos de su sierva: se trata de algunas personas que fueron sanadas de diversas enfermedades yendo a tocar su cuerpo con gran devoción, el cual estaba en la iglesia, fuera del claustro de las monjas, para que todos pudieran verlo y tocarlo. Después de cinco días fue enterrada en el mismo claustro, cerca del comunicatorio de las monjas, donde permaneció durante varios años. Luego, como la devoción a esta sierva de Dios creció entre muchas personas nobles, su cuerpo fue trasladado y colocado en el coro, cerca del altar mayor, de la parte del evangelio, sacada de la tierra a un sepulcro ilustre ''[34]'', y allí se la tiene con gran reverencia y con justa causa. Aunque no se la debe honrar como santa porque no está canonizada, se le debe mostrar, sin embargo, un gran respeto, como el cuerpo de una persona cuya vida muestra piadosamente que su alma está disfrutando de Nuestro Señor en un asiento muy especial de su bienaventuranza, de la que Dios hace partícipe a todo el mundo. Amén.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
===Notas===&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[1]'' Al margen izquierdo: Véase Gonz. par. 3. Alfonso de Villegas en la ''Adición a la tercera parte del Flos Sanct''. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[2]'' Al margen derecho: Juana de la Cruz, de qué patria era, quiénes eran sus padres y cuándo nació. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[3]'' Al margen derecho: Imagen de la Santísima Virgen de la Caridad, de gran concurrencia y devoción, y dónde se encuentra y su origen.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[4]'' Al margen izquierdo: Se dispone a cumplir el voto hecho por su madre. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[5]'' Al margen izquierdo: Grandes abstinencias que hacía la joven Juana. Vestía un áspero cilicio. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[6]'' Al margen izquierdo: Es descubierta por su tía la dura vida que llevaba. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[7]'' Se ha subsanado la errata, pues aparecía como capítulo XIX. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[8]'' Al margen derecho: Partió hacia el Monasterio de la Cruz y lo que siguió.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[9]'' Al margen izquierdo: Se hace monja con licencia del prelado.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[10]'' Al margen izquierdo: Guardó el silencio durante todo un año por obediencia.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[11]'' Al margen izquierdo: Por amor del Señor quiso sufrir todos los grandes tormentos y abstinencia.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[12]'' Al margen derecho: Dormía poco o nunca.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[13]'' Al margen derecho: Aficionada a la Pasión de Nuestro Señor Jesucristo y cómo meditaba.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[14]'' En el original aparece “conversione”, pero por el contexto se deduce que debería ser “conversatione”. Se subsana la errata.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[15]'' Al margen izquierdo: Ella era celosa del culto divino, por lo que reprehendió a un religioso y lo que siguió.  &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[16]'' Al margen izquierdo: Dijo grandes cosas del ángel de la guarda, y que se debía ser muy devoto y por qué.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[17]'' Al margen izquierdo: Era devota de la cruz y por qué razones. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[18]'' Al margen derecho: En éxtasis descubría los pensamientos y secretos de los demás, para asombro de estos. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[19]'' Al margen derecho: Habló en diferentes idiomas estando en éxtasis. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[20]'' Al margen izquierdo: La santa monja fue vista por cardenales y otras personas ilustres estando en éxtasis. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[21]'' Al margen izquierdo: Nuestro Señor Dios obra un milagro a través de su sierva. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[22]'' Al margen derecho: Favorecida por el Señor, sigue un milagro notable. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[23]'' Al margen derecho: Con la oración imploró al Señor Dios por la salud de una joven. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[24]'' Al margen derecho: Fue elegida abadesa de su convento.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[25]'' Al margen derecho: Con la oración obtuvo la gracia de la salud de doña Anna Manrique.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[26]'' Al margen izquierdo: Con su oración imploró al Señor Dios que concediera la salud a muchos.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[27]'' Se ha subsanado la errata, ya que aparecía como capítulo XXIIII. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[28]'' Al margen izquierdo: Las pruebas y persecuciones que soportó con gran paciencia la sierva del Señor, y la causa por qué. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[29]'' Al margen derecho: Contemplando la Pasión de Nuestro Señor quedaron en sus pies marcas que duraron muchos días, para su gran tormento.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[30]'' Al margen izquierdo: Cayó enferma con graves dolores y tormentos, tanto que no se podía mover. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[31]'' Al margen izquierdo: Razonamiento que hace al Señor y su respuesta.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[32]'' Al margen derecho: Murió en el Señor el 3 de mayo de 1534.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[33]'' Al margen derecho: Por los méritos de su sierva Nuestro Señor devolvió la salud a muchos.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[34]'' Al margen derecho: Su cuerpo fue transportado y colocado en un alto e ilustre sepulcro en el coro de su iglesia.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
=Vida impresa (5)=&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Ed. de [https://visionarias.es/equipo/marta-amoros-tenorio/ Marta Amorós Tenorio]; fecha de edición: julio de 2025; fecha de modificación: enero de 2026.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
== Fuente ==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[[Archivo:Portada1610.jpg|250px|right|link=]]&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[http://catalogodesantasvivas.visionarias.es/index.php/Categor%C3%ADa:Antonio_Daza Daza, Antonio], 1610. ''Historia, vida y milagros, éxtasis y revelaciones de la bienaventurada virgen santa Juana de la Cruz, de la T'ercera Orden de nuestro seráfico padre San Francisco''. Madrid: Luis Sánchez.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[[Contexto material del impreso Historia, vida y milagros, éxtasis y revelaciones de la bienaventurada virgen santa Juana de la Cruz, de la Tercera Orden de nuestro seráfico padre San Francisco]].&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
== Criterios de edición ==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Se unifican estilo, efecto y tamaño de letra para títulos de los distintos preliminares y otros paratextos, así como de los capítulos del texto central. Se aplican reglas ortográficas en relación con títulos, términos en latín y destacado de palabras conforme a las normas actuales de la Ortografía de la RAE.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Indico la foliación y/o signatura tipográfica expresada en el texto base o reconstruida atendiendo a su continuación lógica, añadiendo, cuando se trate de folios y no de páginas, si se trata del recto o del vuelto. Para una mejor comprensión de esta cuestión, véase la ficha bibliográfica de la obra.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Después de la biografía y los paratextos finales, conforme a los criterios generales de edición del Catálogo, se añaden las aclaraciones necesarias, junto con la edición de las notas marginales del texto referidas a fuentes y las que sirven de guía. En la presente edición, sin embargo, aquellas notas que glosen el contenido del cuerpo del texto base, aportando otro tipo de aclaraciones (por ejemplo, de carácter doctrinal o teológico), se indicarán entre paréntesis y en cursiva en el cuerpo del texto; al final se explicitará su ubicación original. Así pues, las notas propias se distinguirán de las del texto editado porque las primeras resaltarán siempre en negrita la parte del texto que se anota.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==Vida de Juana de la Cruz==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Vida disponible en: [[Historia, vida y milagros, éxtasis y revelaciones de la bienaventurada virgen sor Juana de la Cruz, de 1610]]&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
=Vida impresa (6)=&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Ed. de [http://visionarias.es/equipo/borja-gama-de-cossio/ Borja Gama de Cossío]; fecha de edición: noviembre de 2022. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
== Fuente ==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
* [http://catalogodesantasvivas.visionarias.es/index.php/Categor%C3%ADa:Antonio_Daza Daza, Antonio], 1611. ''Quarta parte de la Chrónica general de Nuestro padre Francisco y su apostólica orden/compuesta por Fray Antonio Daça de su Orden''. San Francisco de Valladolid: Juan Godines de Millis y Diego de Córdoba, 121.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[[Contexto material del impreso Quarta parte de la Chrónica general de Nuestro padre Francisco]] ''y su apostólica orden/compuesta por Fray Antonio Daça de su Orden''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==Criterios de edición==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Este texto está extraído de un impreso de la crónica de la Orden de San Francisco de 1611, dividido en diferentes partes y que ahonda en su origen y su historia desde sus inicios hasta la fecha de publicación del impreso. En el texto se habla de los numerosos eventos de la orden franciscana teniendo en cuenta el origen, la historia y los diferentes religiosos y religiosas que fueron importantes dentro de ella, de ahí que su extensión sea de 1180 páginas.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Para este catálogo se edita únicamente el capítulo LXXVII de la cuarta parte de la crónica, que es el único capítulo que incluye la vida de mujeres, se editan 18 vidas. Esta cuarta parte incluye religiosos y fundaciones desde el principio de la orden hasta 1572, como se especifica en el capítulo anterior al editado, LXXVI, en que se habla de religiosos de la orden hasta 1573. El capítulo que se edita no incluye ninguna fecha, pero se podría decir que estas mujeres tienen su foco de actuación desde el principio de la orden hasta ese año 1573, ya que no se va más allá de esta fecha en esta cuarta parte. Cada hoja está dividida en dos columnas y al margen, derecho o izquierdo, dependiendo de la columna, se introduce el nombre de la monja de la que se va a hablar en cuestión. Asimismo, también se hacen aclaraciones, al margen, sobre información que el texto provee, ya sea histórica, bíblica o biográfica.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Se adoptan los criterios de edición de vidas impresas estipulados en el catálogo, es decir, se moderniza la ortografía (b/u/v, j/g, chr/cr, qu/cu, empleo de h, etc.) y se eliminan las consonantes geminadas. Además, se expanden las abreviaturas, primordialmente la expansión de las nasales con la virgulilla encima de la vocal y la abreviación de “que” o “qual” también con el uso de la virgulilla o la diéresis. De todos modos, algunas abreviaturas como N. S. (Nuestro Señor) o N. P. S. (Nuestro Padre Santo) se respetan en el texto. Asimismo, las abreviaturas presentadas en las notas al pie también serán respetadas. El uso de mayúsculas y minúsculas se moderniza, y se adaptan las normas acentuales a sus usos actuales. Además, se moderniza también la puntuación teniendo en cuenta el orden de la oración, pero el uso de la puntuación a día de hoy. Del mismo modo, se moderniza el uso de aglomerados, se separan algunos (della, destas) y se unen los que hoy en día se representan como una palabra (del, al).&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==Vida de Juana de la Cruz==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Capítulo LXXVII'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[121] '''De algunas Religiosas de santa vida y de sus grandes penitencias'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
La vida y milagros, éxtasis y revelaciones de la bienaventurada madre Juana de la Cruz de la Tercera Orden de N.P.S. Francisco tenía aquí su lugar, con quien alargó tanto Dios la mano de sus misericordias que, por ser tan singulares, pide muy particular consideración el escribirlas. Y así, se deja para otra ocasión y lugar cuando, siendo Nuestro Señor servido (que los obró en ella), halla nadas algunas dificultades que por ser tan admirables tienen; ni por decir menos de su prodigiosa vida, de lo que fue se agravie, ni por decir todo lo que fue, los flacos y aquellos a quien no ha descubierto Dios cuán admirable es en sus santos, se escandalicen. Y lo cierto es, en breve suma, que su nacimiento fue por orden del Cielo, escogiéndola Dios desde su niñez para manifestar sus misericordias en ella. Su vida, toda rara en virtudes y excelencias, y su muerte, milagrosa, y tanto cuanto testifica la incorruptibilidad de su cuerpo, al cabo de más de setenta años que ha que murió, la cual consta por testimonios tan fidedignos que no es lícito dudar de la verdad. Está su cuerpo en el Convento de la Cruz, que es de religiosas de la Tercera Orden de nuestro padre San Francisco, cinco leguas de Madrid, media de la villa de Cubas. En este convento tomó el hábito, profesó, vivió y murió en el año de mil y quinientos y treinta y cuatro, a los cincuenta y tres de su edad, día de la Invención de la Cruz, que fue el mismo en que nació, tomó el hábito y profesó. Fue sepultado su santo cuerpo y, habiendo estado siete años debajo de tierra, se halló entero, sin corrupción alguna, antes con un olor celestial, indicio claro de la santidad extraordinaria de la bienaventurada madre. Trasladado el santo cuerpo, con mucha solemnidad, y colocado en un lugar alto y eminente, dos varas del suelo, en una caja dorada, en el hueco de la pared de la capilla mayor, al lado del Evangelio, ha sido y es tan venerado que solo acude allí la gente de la comarca. Mas con la experiencia que todos tienen del socorro de sus necesidades, así corporales como espirituales, que invocando esta santa hallan de muy lejos, vienen a visitar el [s]anto cuerpo y tienen allí sus novenas.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El día que murió la bienaventurada santa celebra con particular devoción la villa de Cubas; va al convento en procesión, donde también acuden otros lugares de la comarca y, diciendo la misa mayor, delante de su santo cuerpo, en un altar portátil, y predicando sus excelencias, con gozo de los que allí acuden, es alabado Dios en su santa en estos últimos años, tan recibida de todos, con tanto aplauso y con tan notable experiencia de sus socorros que, pues no se ha de decir aquí más, lo que resta es dar gracias a Dios, que así se manifiesta en vasos tan frágiles, cuando quiere esforzarlos con su gracia ''[1]''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
===Notas===&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[1]'' Hay una nota al pie en el mismo folio que dice: “El número 121 se continua al número 4 y abajo en el registro de la letra A que le sigue la letra H y al capítulo primero de este libro le sigue el Capítulo XXIII y así no falta ninguna hoja ni capítulo de la historia”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
= Vida impresa (7)=&lt;br /&gt;
Ed. de [http://visionarias.es/equipo/pedro-garcia-suarez/ Pedro García Suárez]; fecha de edición: diciembre de 2016; fecha de modificación: septiembre de 2020.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
== Fuente ==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
* [http://catalogodesantasvivas.visionarias.es/index.php/Categor%C3%ADa:Pedro_de_Salazar Salazar, Pedro de], 1612. ''Crónica y historia de la fundación y progreso de la provincia de Castilla de la Orden del bienaventurado Padre San Francisco'', Madrid: Imprenta Real, 511-546.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[[Contexto material del impreso Crónica y historia de la fundación y progreso de la provincia de Castilla]] ''de la Orden del bienaventurado Padre San Francisco''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==Criterios de edición==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
La vida impresa escrita por Pedro de Salazar de Juana de la Cruz (1481-1534) se encuentra recogida en la ''Crónica y historia de la fundación y progreso de la provincia de Castilla de la Orden del bienaventurado Padre San Francisco'', de 1612. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Para su edición, se han adoptado los criterios de vidas impresas estipulados en el Catálogo. Se moderniza la ortografía (b/u/v, j/g, chr/cr, qu/cu, empleo de h, etc.), las sibilantes y se eliminan las consonantes geminadas. El uso de mayúsculas y minúsculas se moderniza, así como la acentuación y puntuación, que se adapta a la actual. No obstante, se ha mantenido la escritura de “monesterio” y la no separación en “deste”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==Vida de Juana de la Cruz==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[511] '''SÍGUESE LA VIDA DE LA sierva de Dios Juana de la Cruz, que tantas personas tiene aficionadas, religiosas y seglares, que gustan mucho de verla y tenerla consigo y no es según la impresión de 1610, sino compuesto de nuevo'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Capítulo I'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Del nacimiento de la madre Juana de la Cruz'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En el Monasterio de Nuestra Señora de la Cruz está el cuerpo de la madre Juana de la Cruz, abadesa que fue del dicho convento y muy gran sierva de Nuestro Señor, la cual fue natural de un pueblo que se llama Azana, tierra del arzobispado de  Toledo, cerca de la dicha ciudad, en la tierra que llaman la Sagra de Toledo. Nació en el año de la Encarnación de 1481 años y en el bautismo le pusieron por nombre Juana. Sus padres fueron muy buenos cristianos y virtuosos y de gente muy honrada; su padre se llamaba Juan Vázquez y su madre Catalina Gutiérrez y tuvieron otros hijos muy virtuosos y algunos dellos fueron religiosos de muy aprobada vida. La bendita madre Juana de la Cruz fue dotada de mucha gracia y hermosura corporal; criola su madre a sus pechos, porque en naciendo tomó con ella mucho amor; era muy graciosa y mansa y decía su madre que no tan solamente no padecía pena ni trabajo en criarla, mas sentía consolación y notable alegría en sí todas las veces que la tomaba en sus brazos, aunque estuviese muy triste y angustiada. Tenía muy claro entendimiento y tan grande conocimiento de Dios que, aunque de poca edad, siempre tenía su pensamiento y ocupaciones en cosas celestiales y en hacer nuevos servicios a su esposo Jesucristo, a quien se consagró desde niña. Nunca la vían jugar ni ocupada en cosas de vanidad ni desaprovechada ni hablar palabras vanas, de manera que sus padres y parientes y personas que la conocían [512] se maravillaban mucho de las grandes virtudes que veían en ella resplandecer. Estando un día asentada a la puerta de la casa de su padre pasaba el Santísimo Sacramento por allí, que le llevaban a un enfermo, y como sus padres la tenían tan bien impuesta en las cosas de Dios y de su santa fe católica, se levantó con mucho fervor a mirar y adorar al Señor, que llevaba el clérigo en sus manos, y vido que iba sobre la custodia Nuestro Señor Jesucristo en forma de niño vivo y muy resplandeciente y por entonces no dijo nada, pensando que todos veían lo que ella veía; pero Nuestro Señor, que es dador de las gracias y descubridor de los secretos que Él se sirve de manifestar, tuvo por bien de traer tiempo en que estas y otras maravillas y grandes misterios que en su sierva había obrado desde su niñez fuesen vistos y conocidos, sin ser en su mano podellos encubrir.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Capítulo II'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Cómo siendo esta sierva de Dios de siete años quedó huérfana de su madre''' &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Llegado el tiempo en que había pasar desta vida la madre de la bendita niña Juana de la Cruz, acordándose de una promesa que tenía hecha en una enfermedad suya, de llevar a su hija con su pelo de cera a velar al Monasterio de Nuestra Señora de la Cruz, rogó a su marido que lo cumpliese por ella y él le prometió de cumplirlo lo más presto que pudiese; y cuando esto se trataba entre los dos estaba presente la sierva de Dios Juana de la Cruz, la cual deseaba mucho que se cumpliese aquella promesa; y como quedase en casa de su padre, con la edad crecían en ella muy grandes fervores y ansias de ser religiosa por más servir a Dios, y creciendo en edad empezaba a poner por obra sus fervorosos deseos del servicio del Señor. Tenía una tía, hermana de su madre, doncella y de muy santa vida, en quien Nuestro Señor mostró muy claros y manifiestos milagros y maravillas, con la cual se consolaba y comunicaba mucho. En este tiempo su tía se metió a monja en Toledo en el Monasterio de Santo Domingo el Real, en el cual vivió y acabó su vida muy santamente. La bendita Juana de la Cruz sintió mucha soledad en faltarle tal compañía y quisiera [513] mucho irse con ella a ser religiosa, pero su padre y abuela no se lo quisieron conceder, diciéndole que tenía poca edad y no podía llevar las asperezas de la religión. Viendo ella que aprovechaba poco el rogarlo, calló por entonces y pensaba entre sí: “Ir yo a ser religiosa a aquel monasterio porque estaba allí mi tía no es perfección, más quiero ir a cualquiera otro monasterio por solo Dios y su amor, y servirle y aplacerle”. Y este deseo crecía en ella cada día y la tía desta bienaventurada era muy santa y muy regalada de Dios y tenía muchas revelaciones, y en una le dijo Dios que su sobrina había de ser muy gran persona y de muy singulares gracias y dones espirituales; y contó esta revelación a la priora de su monasterio, la cual con mucho cuidado y diligencia procuraba y deseaba que viniese a ser monja a su casa y pedía con muchos ruegos a sus padres y parientes se la diesen para monja, en lo cual jamás quisieron los padres consentir. Lo cual visto por la priora y monjas del dicho monasterio, procuraron por otras vías haberla y en todo este tiempo no cesaban las monjas de suplicar a Nuestro Señor trujese a su casa aquel precioso tesoro, lo cual no se hizo porque Dios tenía determinado otra cosa. En este tiempo esta bendita doncella fue llevada a casa de unos tíos suyos, que la amaban y querían como hija natural, y le dieron el gobierno de toda su casa y bienes y ella les era muy obediente. Era muy honesta y prudente en todas sus obras y muy caritativa para los criados de la casa y personas que en ella trabajaban, y cuidadosa y diligente en los trabajos corporales y administradora en las cosas de Dios. Daba muy buenos consejos: era muy humilde y tenía la voluntad muy aparejada para hacer penitencia y la tomaba sobre sí con mucha alegría y la ponía por obra; y en sus ayunos fue muy abstinente, que su comer era pan y agua y no comía más de una vez al día y esta no todo lo que había menester; y no solamente ayunaba con solo pan y agua, mas se estaba dos y tres días sin comer ni beber alguna cosa, y esto hacía ella muy de ordinario y con muy gran secreto. Todas las veces que ella se podía desocupar para rezar y contemplar, hacía oración muy fervorosa, bañada en lágrimas salidas de su corazón y lloradas con compasión a la Pasión [514] de Jesucristo Nuestro Señor, y, hecha de otra manera, la tenía no por tan acepta para ser recebida delante del acatamiento divino. Era rigorosa para su cuerpo porque traía junto a sus carnes un cilicio, hecho de unas cardas que buscó ella muy secretamente y las deshizo, y todas las púas y puntas cosió en una cosa muy áspera y aquello traía junto a sus carnes. Andaba de continuo dolorosa y toda llagada y muy alegre y consolada, porque tenía de continuo dolores que ofrecer al Señor en reverencia de los que padeció por nos redemir y salvar. Cuando trabajaba dábase mucha prisa porque los dolores y heridas fuesen mayores. Siempre esta sierva de Dios ofrecía tres cosas a Dios: trabajo corporal, hecho muy alegremente con la caridad del prójimo; la segunda, sacrificio de sangre y dolores, que le causaban las cosas ásperas y crueles que traía junto a sus carnes; la tercera, los pensamientos siempre puestos en Dios y en las cosas celestiales. Hacía también siempre muy ásperas disciplinas, dándose con muy gruesos cordeles; dados en ellos muy grandes nudos, dábase con estos tan cruel y despiadadamente hasta que salía sangre y se hacía muy lastimosos cardenales y heridas. Tenía tan gran silencio que nunca hablaba palabra que no fuese de Dios o que no la pudiese excusar. Andando por casa o haciendo labor de manos, dábase secretamente en los merecillos de los brazos, y en cualquier parte de su cuerpo que ella podía, muy recios pellizcos. Y cuando había de hacer algún trabajo al fuego o al horno, se destocaba y arremangaba mucho los brazos por hacer penitencia y quemar sus carnes y ofrecerlas a Dios en sacrificio; y el día que no hacía alguna cosa destas, no se tenía por digna de comer el pan ni de hollar la tierra que Dios había criado. Era tan amiga de oración, silencio y recogimiento, que buscaba siempre como estar en larga y fervorosa oración y para esto parecíale que el silencio y reposo de la noche era tiempo muy convenible, y cuando la gente estaba recorrida y dormiendo, quedábase ella en la cámara donde dormía, rezando. De que veía muerta la candela en el tiempo de las noches frías y largas del invierno, para hacer mayor penitencia se desnudaba delante de unas imágenes, quedándose en el silicio muy áspero [515] que continuo traía, y ansí estaba de rodillas en oración hasta que sentía que la gente de unas dos o tres criadas de casa con quien ella dormía era ora que se levantasen: entonces por no ser sentida íbase a acostar. Y una vez aconteció, queriéndolo Dios ansí porque fuese conocida, que sus compañeras lo sintieron que se iba a acostar cuando quería amanecer, y sentían cómo iba muy fría, que solo el frío que llevaba en sus carnes las despertaba; y ellas le dijeron muchas veces que por qué no se acostaba cuando ellas, que qué hacía o dónde venía a tales horas. La bienaventurada respondió que alguna necesidad tenía de venir donde venía. Como ella continuase este ejercicio, díjolo una de ellas a su ama, la cual se angustió mucho y mandó a aquella criada que con cuidado y secreto viese dónde iba su sobrina a aquellas horas y qué hacía. Luego la noche siguiente, la criada, viendo que la sierva de Dios no estaba en la cama, acordó de ponerse a la puerta de la cámara donde dormían con intención de cerrarla, pensando que la bendita Juana de la Cruz había salido fuera. Y con este pensamiento llegó a la puerta y hallola cerrada, y como estaban a escuras no la vía y estaba en oración delante de las imágenes y pusose junto a la puerta por verla cuando fuese a salir; y estando allí por algún rato, oyola llorar y gemir, y la moza, por certificarse, quitose de la puerta y fuese adonde ella estaba en oración, descuidada que nadie la oía ni aguardaba, y fue a asir della y sintió cómo estaba de rodillas desnuda y envuelta en un áspero silicio. De lo cual la bienaventurada sintió gran tribulación por ser vista; y la criada, maravillada, disimuló por entonces y dijo a su señora cuán bienaventurada criatura era su sobrina y en cuán santos y provechosos actos la había hallado. &lt;br /&gt;
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Desta manera su buena vida fue divulgada y se conoció por todas las personas de la casa y aun por otras muchas, de lo cual ella recebía muy gran pesar y buscaba en su pensamiento dónde se podría apartar a poder hacer sus ejercicios sin ser vista; y acordose que en aquella casa de su tía en unos corrales había un palomar tapiado y sin tejado y tomó una Verónica en que ella tenía muy grande devoción y pusola en un pedazo de terciopelo, y doblada [516] traíala consigo, y todas las veces que podía se iba a aquel palomar y ponía la Verónica en una parte y con unas cadenas que ella tenía allá escondidas hacía muy ásperas disciplinas y andaba de rodillas, desnudas las rodillas sobre las guijas y cantos hasta que se le desollaban; y con muchas lágrimas y gemidos andaba desta manera con la más prisa que podía, considerando que iba por los lugares santos y por donde habían llevado a crucificar a Nuestro Señor Jesucristo. Y andando ella con esta contemplación, se le apareció Jesucristo Nuestro Señor apasionado como cuando llevaba la cruz a cuestas y la miraba sus ojos de misericordia. Un viernes santo quisiera ir a la iglesia y ver el monumento, y su tía no le dio licencia porque en aquellos tiempos no se acostumbraba salir las doncellas de casa, sino en los días de fiesta a oír misa. Y ida la tía y la demás gente a la iglesia, quedose ella en casa acompañada del dolor y compasión que aquel santo día representa y hincose de rodillas delante de un crucifijo con muchas lágrimas, compadeciéndose de lo que en tal día su Dios y Señor había padecido; y fue tanta el agua que de sus ojos manó, que mojó la tierra, y del dolor que sintía en su corazón cayó en el suelo como muerta; y estando con esta compasión vido la imagen del santo crucificado muy apasionado y llagado y aparecieron allí todas las insignias y misterios de la Pasión y las tres Marías muy llorosas, cubiertas de luto; y tantos fueron los misterios que allí vido y sintió y lo mucho que lloró y se traspasó su corazón, que quedó tal que parecía muerta, y su gesto tan difunto y desmejado que, cuando sus tíos y la gente de casa vinieron, se maravillaron mucho de verla tan demudada y le preguntaron qué le había acontecido y apremiaronla que comiese y no ayunase aquel día a pan y agua, y ella les suplicó no le quitasen su devoción, que muy bien podía ayunar y muy bien dispuesta se hallaba. Y viendo la humilde doncella cómo no se podía encubrir su virtud, dábanle pena tres cosas: la una, no tener tiempo y libertad para servir a Dios, como ella deseaba; la segunda, que era conocida de todos la gracia y mercedes que Dios le hacía; la tercera, el gran deseo que tenía de ser religiosa, no verle cumplido. De manera [517] que ya públicamente con muchas lágrimas y fervor lo pedía a su padre y tíos, los cuales nunca condencendían con su petición, y su tío que la había criado, como haciendo burla, le dijo: “Mi sobrina quiere ser monja por ser santa”. Y ella respondió con mucha humildad: “Pues si lo fuere por la gracia de Dios, rogare a Dios por v. merced”. Y por entonces no les importunó más, no perdiendo la esperanza que Nuestro Señor se lo había de otorgar, pues ella se lo suplicaba sin cesar; y con esta esperanza un viernes santo fuese al palomar y, entrando en él, puso la santa Verónica y sacó la cadena que tenía escondida y hizo una áspera disciplina, porque todas las veces que ella iba allí, primero se disciplinaba que hiciese oración; y hecha esta disciplina, hincose de rodillas y derramando muchas lágrimas empezó a decir mirando la santa Verónica: “O muy dulce Señor mío, suplico a Vuestra Majestad por reverencia de los misterios que hoy día viernes santo vos, mi Señor, hicistes y por los dolores y tormentos muy crudos que por me redemir y salvar padecistes, que me concedáis esta merced que muchas veces con importunidad he pedido: que merezca yo ser vuestra sierva en la religión y que esta merced no se me niegue en este santo día”. Y estando en esta oración la sierva de Dios, le fue revelado que había Dios oído su petición y recibido su buen deseo, y lo tomaba por obra muy aceptada y le placía de la recibir por esposa y concederle la religión, con condición que ella pusiese la diligencia que para alcanzarlo viese que había menester; y desde aquella hora buscaba y procuraba en su corazón cómo y de qué manera saldría secretamente, que ninguna persona la viese ir al Monasterio de Nuestra Señora de la Cruz, que allí la alumbraba el Espíritu Santo fuese. &lt;br /&gt;
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'''Capítulo III'''&lt;br /&gt;
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'''Cómo esta bendita madre buscó manera para ir a ser religiosa'''&lt;br /&gt;
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Después de pasada la Pascua de Resurrección, como ya fuese cumplida en ella la voluntad del Señor para que fuese religiosa, acordó con su ayuda de tomar una mañana de madrugada unos vestidos de un primo [518] suyo, que ella tenía a guardar, y vistiose de hombre para salir sin ser conocida y irse al Monasterio de Nuestra Señora de la Cruz, que es dos leguas de donde ella vivía, y de que estuvo bien aderezada de hábito de hombre, pusose encima los acostumbrados vestidos de mujer que ella solía traer y tocado que acostumbraba, y llamó a las mozas diciendo que era tarde y con ellas hizo los haciendas que otros días solían hacer. Y de que todos los de la casa le hubieron visto que su intento era este, porque descuidasen della por algún rato y ella pudiese irse sin que la siguiesen entrose aprisa en cierta parte y quitose los vestidos de mujer, y pusose un tocador de hombre en la cabeza y echose una capa en el hombro y una espada en la mano, y un lío que tenía hecho de sus aderezos de mujer tomole debajo del brazo y santiguándose comenzó su camino, el cual ella no sabía sino por oídas y caminando con mucho fervor. El demonio, que tenía mucho pesar desta obra, trabajó de la poner tentaciones y peligros por estorbarla, combatiéndola de muy recios temores de su padre y parientes y que no saldría con lo comenzado. La bienaventurada, como arrepintiéndose de lo que había comenzado, creciole el temor con tanto grado que le faltaron las fuerzas humanas y le temblaba todo el cuerpo, que no podía andar paso, de suerte que se hubo de asentar en el mismo camino muy desmayada, y estando ansí encomendándose con muchas veras a Nuestro Señor, suplicándole la quisiese ayudar y esforzar en tan grande necesidad para que ella pudiese acabar la obra comenzada, oyó una voz que le dijo tres veces: “Esfuérzate, no desmayes y acaba la buena obra que has empezado”; y no vido por entonces quién le hablaba, mas después supo por revelación que era su ángel custodio, con la cual voz se alegró y regocijó mucho y anduvo su camino. Ya que había andado buena parte d’él, sintió venir tras sí, aunque algo lejos, a una persona en un caballo, la cual era un hombre muy honrado, que tenía mucha gana de casar con ella y la había procurado y rogado; y como ella alzó los ojos y conoció que era el sobredicho mancebo, y viéndose sola en un campo y que por entonces no aparecía nadie, turbose su espíritu más de lo que se puede pensar, teniéndose por deshonrada y perdida; y alumbrada en aquella [519] sazón del Espíritu Santo, disimuladamente se apartó del camino antes que llegase cerca, y a él le cegó Dios de manera que no solamente no la conoció, ni aun el color de los vestidos de hombre que llevaba le parecieron a él de otra color, y cuando pasó por enfrente donde ella estaba, dijo en su corazón: “Mirad qué cobardía de hombre, qué le había yo de hacer, que en viéndome se apartó del camino”. Y tornando a mirarla, vido el lío que traía debajo del brazo y dijo: “Algún sastre debe de ser, que viene de cortar o de coser de algunos destos lugares”. Y con este pensamiento se pasó el mancebo sin la conocer. La bendita virgen, viéndose libre de aquel tan gran peligro, hincose de rodillas y dio gracias a Nuestro Señor, y suplicó a Nuestra Señora la favoreciese en aquella su obra, y en esta oración fue muy consolada de Nuestro Señor y pasó adelante con su camino. Y aportó a un lugar que se llama Casarrubuelos, y por la mucha fatiga y cansancio del camino pidió en una casa un jarro de agua, y diéronsele y asentose a descansar, y puso la espada sobre un poyo y olvidosele allí; ya que era salida de la casa, tornó por ella y dijo: “O pecadora de mí, que se me olvidaba la espada”. Y estas palabras oyó la moza que salió a darle de beber y las dijo a las personas de aquella casa, diciendo: “Mujer es aquel que pidió el agua”; y no creyendo a la moza, no la siguieron. Y llegando al Monasterio de Nuestra Señora de la Cruz, entró luego en la iglesia a hacer oración y ofreció su ánima y su cuerpo a Jesucristo, suplicándole la quisiese recebir en aquella santa compañía y congregación. Y de que hubo orado, como no había nadie en la iglesia apartose a un rincón della y quitose los vestidos de hombre y vistiose sus propios vestidos de mujer que había traído consigo, y de que fue aderezada de mujer fuese a la portería y recibimiento de la casa, en la cual estaba una imagen de Nuestra Señora de bulto, de mucha devoción y milagros, y hincándose de rodillas le dio gracias porque la había traído a su casa sin peligro de su persona y decía con mucha humildad a la santa imagen: “¿Qué servicio podré yo hacer por tan gran merced como esta? Suplicote, mi Señora, me des gracia que yo persevere en esta casa y viva en ella todos mis días”; de lo cual le certificó la imagen, y de allí fue a llamar a la puerta, rogando que la abriesen. Y [520] preguntole la casera de las monjas quién era o qué quería.  Respondió que era una doncella que quería ser religiosa. La casera le respondió: “Las que vienen a ser religiosas no vienen solas, que sus padres o parientes las traen”. La sierva de Dios le dijo: “Vine en hábito de hombre escondidamente, que de otra manera no viniera ansí, mas por amor de Dios me abrid para que me caliente, que como esta mañana llovió, tomome el agua en el camino y vengo cansada y muerta de frío; y por caridad me dé un poco de pan, que vengo muy necesitada, que si no queréis, no diré yo que me metáis allá para religiosa, que como vine ascondida, presto me hallarán menos mis parientes y me vendrán a buscar”. Y la casera la metió dentro en los aposentos y le dio de comer, siempre preguntándole y examinándole. Yendo la criada del monasterio a la iglesia y viendo los vestidos de hombre que había traído, pensó en su corazón no fuese varón que venía con alguna burla o engaño; pero ansí en los cabellos largos como en los pechos y gesto y en otras señales se certificó cómo era mujer; y luego la criada llegó al torno del monasterio y dijo que quería hablar a la abadesa, la cual le dijo: “Señora, aquí ha venido una doncella de hasta quince años y dice que es de Azana, y vino sola en hábito de hombre y parece que trae muy gran fervor de ser religiosa”. Y luego la mandó llamar y informose muy bien della y de su deseo, y después, aunque fingidamente, la reprendió porque había venido en tal hábito y de tal manera. Y la madre Juana de la Cruz le respondió con mucha humildad: “Señora, mi venida no ha sido sino con sola intención de servir a Dios y vivir y morir en esta santa casa y hacer todo lo que me mandaren y ser toda mi vida su criada”. Y la religiosa se despidió della y entró a las monjas y les dijo: “Hermanas, una doncella está aquí, que quiere ser nuestra hermana, creo que la trae Dios por milagro porque no sabía este camino ni vístole”; y les dijo y relató la manera de su venida y cómo decía palabras de mucha prudencia. Las monjas, oído lo que les dijo, dieron gracias a Dios y pidiéronle licencia para ir a verla y hablarla y ordenándolo la divina Majestad a todas les pareció tan bien cuando la hablaron, que se determinaron [521] de recebirla en su compañía, y antes que le diesen el hábito vinieron algunos de sus parientes muy sentidos y enojados de lo que había hecho, y ella les satisfizo diciendo que muchas veces les había dicho y pedido que había de ser religiosa y que Dios la había traído a aquella casa y que lo había de ser. Concertadas todas las cosas, dieron el hábito a la virgen con mucha solenidad y espiritual alegría en presencia de sus parientes. Comenzó a hacer vida maravillosa y muy provechosa para los que la veían y oían; su vestido era muy pobre y humilde, mucho más que el de las demás religiosas. Traía túnica de sayal y una saya muy vieja y remendada y el hábito lo mismo. Calzaba unos alpargates, y lo más del tiempo andaba descalza y ceñida con la más gruesa cuerda que podía haber, y en la cabeza una albanega de estopa y encima lo más despreciado que ella podía haber, y debajo de todo esto traía de secreto un muy áspero silicio, el cual nunca se quitaba día ni noche y otras muy ásperas penitencias que hacía. Deseaba tormentos y dolores, llagas y heridas, frío y cansancio y todas maneras de penas por amor de Dios. Y no solamente en el año del noviciado tuvo esta manera de vida, mas todo el tiempo que vivió guardó el silencio, que en todo el año del noviciado no le oyeron hablar palabra, sino era con la prelada o maestra, y esto siendo preguntada. Hacía penitencia con la boca, trayendo en ella ajenjos amargos por el amargor de la hiel y vinagre que dieron a Nuestro Señor; traía siempre en su memoria su Pasión de muchas maneras y también hacía otras penitencias con la boca, trayendo una piedra algo grande que le daba dolor. Otras veces tomaba en la boca agua y teníala tanto espacio dentro hasta que del dolor no la podía sufrir. Tomaba con los labios un candelero mediano, y teníale tanto rato por la parte donde se pone la candela hasta que le dolían las quijadas; pensaba ella que guardar silencio sin dolor no era grande servicio ante Dios. Eran sus ayunos muy perfetos y muchos, porque no solo acostumbraba desde su niñez a ayunar ordinariamente, comiendo una vez al día, más aun estar tres días con sus noches sin comer algún mantenimiento corporal, y no solamente ayunaba de comer, más ayunaba de sueño y tenía puesta [522] entre sí tal traza, y decía: “Pues las personas cuando ayunan no comen hasta medio día, y después de haber comido, una vez pueden tomar alguna refección de beber entre día y alguna colación a la noche, desta manera será bien ayunar del sueño hasta la medianoche y después la comida de medianoche serán los Maitines, y en la mañana en lugar de la bebida o colación tomar un poco de sueño corporal para sustentar la naturaleza”. Y para hacer esto bien tenía este orden. Como todas las religiosas acostumbraban dormir juntas en un dormitorio y en medio d’él tienen una lámpara encendida y cada una está por sí en su cama, llevaba también la bienaventurada una rueca a prima noche a su cama, y cuando veía que todas las religiosas estaban dormiendo, tomaba su rueca y hilaba cabe su cama a veces en pie y a veces de rodillas en tierra, hasta que tañían a Maitines. Como esta virgen era tan cuidadosa de aprovechar en el espíritu, cuando trabajaba corporalmente enderezaba todos aquellos servicios o trabajos que hacía por la santa obediencia a Dios, y, contemplando decía entre sí que era su moza y esclava, que los platos que fregaba y todas las otras cosas pensaba que eran de oro y de piedras preciosas en que comía su Majestad. Cuando barría contemplaba que la escoba era un manojo de rosas y flores muy olorosas con que alimpiaba y adornaba sus estrados; y cuando guisaba de comer, contemplaba eran muy delicados y preciosos manjares para que comiese su divina Majestad y sus santos; y ansí lo ofrecía ella y desta manera y de otras muchas ofrecía sus trabajos corporales ante la Majestad Divina. Oyendo esta sierva de Dios leer en un libro llamado Floreto de santo Francisco, y oyendo cómo había mandado una vez a un fraile que fuese a predicar, sin capilla y desnudo, pensó entre sí: “Si el Padre San Francisco mandaba ir al fraile a predicar desnudo, no teniendo pecados, ¿cómo no iré yo a confesarme de los míos y desnudarme dellos, desnuda en carnes y hiriéndolas con piedra o palo a cada pecado que dijere? Encomiéndome a Dios y, a vos Padre S. Francisco, y sola la cuerda ceñida a mi cuerpo y cuello quiero ir a confesar como malhechora, y por tal me pregonaré ante Dios y mi confesor”. Y con mucha contrición [523] de sus pecados, entró en el confesionario y comenzose a confesar, hincada de rodilla con muchas lágrimas, y era tiempo de mucho frío y comenzó a dar grandes temblores del gran frío que sentía, de manera que no lo podía encubrir, y fue tanto que el confesor le preguntó que si estaba enferma, que de qué temblaba; respondió la bienaventurada que no estaba enferma, que temblaba de frío. Y acabada la confesión, salió del confesionario, y ella, que se empezaba a vestir y otra religiosa que iba a confesar, y vídola, y entró en el confesionario y dijo al confesor que riñese a Juana de la Cruz por tan ásperas penitencias como hacía, que había entrado a confesar desnuda con solo un silicio. Y el confesor le respondió: “Verdaderamente yo le sentí temblar y pensé estaba enferma y preguntéselo y díjome que no”. Y de allí adelante no solamente en invierno, más aun en verano le preguntaba cuando iba a confesar si iba cubierta, porque, si no, no la confesaría. Todas las veces que esta bienaventurada iba a confesar recibía el confesor singular consuelo en su ánima y dotrina maravillosa para enmienda de su vida, y no solamente él, mas todos los otros padres que la confesaron mientras vivió decían que de sus confesiones no solo salían ellos muy confusos, mas sacaban mucho aprovechamiento para sus almas. Decía, cuando era muy importunada de sus confesores les dijese lo que sentía en su espíritu, que más vergüenza tenía de contar las cosas de virtud y gracia que Dios le había dado que no de decir sus pecados, porque esto era de sí propria y lo otro era de Dios y de su misericordia. Era esta virgen muy prudente y de mucha discreción y capacidad y de mucha gravedad, tenía presencia de mucha autoridad, tenía piedad y admirable consejo y provechoso en las ánimas y a los cuerpos, de muy graciosa habla, de mucha mansedumbre; era mesurada en su risa y provocaba, a quien la oía y veía, a devoción: lloraba muy sereno y sin mucho clamor, salvo cuando se elevaba, que salía de sus sentidos, de algunos pasos de la Pasión, que entonces no era en su mano porque el Espíritu Santo, como dice San Pablo, pide por nosotros con gemidos, que no se pueden contar, siendo esto efecto del Espíritu Santo en nosotros. Ansí obraba [524] grandes maravillas en esta religiosa y le hacía dar algunos devotos suspiros o decir algunas palabras del paso y misterio que estaba contemplando. Era de mucha cortesía y muy grande crianza y muy humilde en todo, y holgaba más de hacer a cualquier persona demasiada reverencia y honra que no de menos: era igual a todos, tratando a cada uno según su estado y manera; era de mucha verdad, y lo contrario ni aun en burla no lo decía; era muy secreta y callada en todas y cualesquier cosas que le eran dichas y descubiertas en secreto: de tribulaciones, tentaciones y angustias y cosas de cualquiera otra calidad. Fue remediadora de muchos grandes males y daños, y libradora de grandes peligros presentes y por venir; era de tan gran santidad que jamás perjudicaba sus prójimos ni los agraviaba, aunque fuese de burla. Llegándose a ella las monjas de su convento, rogáronle que les dijese cómo harían oración que fuese agradable a Dios. La cual dijo: “Doy os por consejo, señoras, que no ofrezcáis solo a Dios un sacrificio, más tres, o cuatro, o más, si pudiéredes, porque cada hora podría cualquier persona ofrecer a Dios tres sacrificios principales, que son estos: el primero, la afección y contemplación muy viva, hecha dentro en el corazón y alma; el segundo, oración vocal y gracias y loores a la Divina Majestad; el tercero, alguna penitencia, golpes y heridas dadas secretamente; y aún para desechar la acidia se puede añadir la labor de manos, y habiendo soledad y tiempo suficiente es bueno haber lavatorio y fuente de lágrimas lloradas de contrición de los pecados o por compasión de la muerte de Nuestro Señor, y entonces podrá cualquier persona dar cinco sacrificios ofrecidos en reverencia de las cinco llagas, y cuando esto no se pudiese hacer tan secreto, podrá ofrecer tres en reverencia de la Santísima Trinidad sin ser visto ni sentido de ninguna persona”. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Capítulo IV'''&lt;br /&gt;
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'''De cómo esta bendita virgen comulgaba espiritualmente'''&lt;br /&gt;
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Procuraba esta madre de, en amaneciendo, ahora estuviese en el coro, en los oficios divinos o en otra cualquier parte o en ocupación [525] o trabajo corporal, de aparejarse para comulgar espiritualmente, pues no podía recebir el Santísimo Sacramento cada día y hora como ella deseaba; porque era tan devota del Santísimo Sacramento del altar y de le gustar continuo que nunca otra cosa quisiera hacer día y noche, sino hartar su alma deste manjar del Cielo. Y por el mesmo Señor fue revelado a todas las monjas del convento por palabras que la oyeron estando elevada, enajenada de sus sentidos: que tanto era el gozo y gusto que esta bendita sentía en el Sacramento que comulgaba y recebía a Dios espiritualmente y sentía gran favor del Señor y consolación de su alma, y daba las gracias a Nuestro Señor por tan copioso beneficio. &lt;br /&gt;
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Estando esta bendita en la casa de la labor, víspera de los apóstoles S. Pedro y S. Pablo, vido una visión de todos los doce apóstoles, como cuando uno acaba de espirar, y luego vido doce sepulcros abiertos y muy hermosos y que salían dellos los doce apóstoles vestidos de blanco y ellos más albos que la nieve, y levantábanse puestas las manos como que adoraban al Señor y le daban gracias; y ella muy maravillada desta visión deseaba saber por qué parecía que salían los santos apóstoles de los sepulcros como difuntos, estando ya todos en el Cielo glorificados y no habiendo muerto ninguno dellos de su muerte natural, mas de muy crueles martirios por amor de Dios. Estando en este pensamiento y deseo, vido todos los apóstoles vestidos muy ricamente, coronados y cubiertos todos de pedrería y muy alegres y gloriosos, y Nuestro Señor en medio de ellos, dándoles muy grandes premios y gozos y galardones por los trabajos y buenas obras que por su amor estando en el mundo habían hecho. Ansimismo le fue mostrado cómo levantarse los santos apóstoles de los sepulcros era significación que todos habemos de ser muertos y resucitados cuando Dios nos llamare a juicio; y cómo Nuestro Señor Jesucristo hace fiesta y llamamiento en el Cielo de todos los santos apóstoles juntos el día que es fiesta de cualquiera de ellos; y cómo la Iglesia militante, ansí como la triunfante, los días de las tales fiestas siempre hacen memoria de los martirios y muerte de los santos que padecieron por amor de Dios y de la vida eterna y bienaventuranza [526] que por ello les da el Señor, y a todos y cualesquier órdenes de santos y santas, cuando es fiesta de uno o de una en especial, junto con él a todos los de aquella Orden les hace fiesta en general. Decía muchas veces que, cuando comía o bebía, tomaba gusto en aquel manjar corporal porque sabía ella Dios era todas las cosas y en todas ellas le podía hallar, y con este pensamiento en contemplación que siempre tenía puesta en Dios, en cada bocado que comía y trago que bebía hallaba dulzura y gustos divinales. Muchas veces, estando comiendo se arrobaba en espíritu; y esto de arrobarse creció en ella tanto la gracia que adonde quiera que aquella gracia le tomaba se quedaba como muerta, aunque muy hermosa, ora fuese en el coro o en el refitorio o en otro lugar de la casa, a cualquier hora del día o de la noche que era la voluntad de Dios, y muy a menudo; y no estaba elevada poco tiempo, mas tres horas, cinco y siete y doce, y esto al principio de sus elevaciones. Y andado el tiempo diole Dios muy copiosa esta gracia, porque estaba elevada un día y una noche y algunas veces cuarenta horas. La primera vez que el convento vido elevada a esta religiosa, había siete años que estaba en el monasterio y todas las religiosas vieron en ella muy nuevas mudanzas porque la vieron propiamente como difunta, ansí en el gesto, ojos y labios, como en el descoyuntamiento de todos sus miembros, lo cual nunca más tuvo en semejantes raptos, antes en ellos estaba muy hermosa y colorada. Después que volvió en sus sentidos, importunáronla mucho las religiosas les dijese qué había sentido o visto en aquel rapto y ella por entonces no les dijo nada hasta saber la voluntad de Dios; pero pasados algunos días, de voluntad de Dios les dijo: “Señoras, quiero satisfacer a vuestro deseo, pues deseáis saber qué es lo que vi y sentí aquella vez que decís que estaba en el cuerpo muy demudada, a manera de muerta. Yo me vi en un lugar oscuro, donde hube mucho temor, y apareció allí un ángel que alumbró aquellas tinieblas y me dijo: ‘No temas’. Y me fueron reveladas muchas cosas, especial el favor que los ángeles hacían a los que están en el purgatorio hasta que, saliendo de allí, gozan de Dios. Este ángel tiene oficio de ayudar a las ánimas de purgatorio, yéndolas a visitar y consolar [527] por los merecimientos y Pasión de Jesucristo y méritos de su Santa Madre. Y muchas veces va a la ayuda y socorro de las ánimas y personas que están en pasamiento, llevando consigo otros muchos ángeles que le ayuden a defender aquella persona que en tan gran batalla está de tentaciones de los demonios, y las acompaña hasta que son juzgadas y tiene cuidado dellas hasta que estén en descanso y este mesmo oficio tienen otros muchos ángeles”. Estas y otras muchas cosas decía esta bendita a las monjas, importunada de ellas y con licencia de Dios notificadas por su ángel.&lt;br /&gt;
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'''Capítulo V'''&lt;br /&gt;
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'''De cómo esta bendita estando elevada hablaba''' &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Esta bendita virgen tuvo gracia de elevación, como queda dicho; el Señor la dotó de otra muy grande gracia y es que, estando ella ansí elevada en aquel rapto, enajenada de sus sentidos, hablaba divinas cosas, altísimas y de notable admiración, sobre lo cual se hicieron grandes experiencias para ver si cuando hablaba estaba en éxtasis o fuera de sus sentidos o de otra manera. La cual experiencia hicieron inquisidores que fueron de intento a esto al monasterio y los prelados de la Orden, monjas de su casa, y otras personas graves; las cuales todas conocieron y vieron que estaba alienada de sus sentidos cuando hablaba, también por las cosas que decía tan maravillosas y provechosas para las almas, ansí para las religiosas de su casa como para las personas de todos estados y condiciones y oficios mayores y menores que la venían a oír y gozar y aprovecharse de lo que decía. Oíanla frailes de todas órdenes, predicadores y letrados, canónigos, obispos y arzobispos, el cardenal de España don fray Francisco Ximénez y condes, duques, marqueses, y caballeros muy generosos y señoras, y de todos estados, ansí de hombres como mujeres que este misterio vieron y oyeron, y estuvieron presentes, y veían cómo esta bendita estaba vestida y tocada de religiosa, echada sobre una cama y sus brazos puestos a manera de persona recogida y el cuerpo como muerto (porque estuvo mucho tiempo tullida) y los ojos cerrados y el gesto [528] muy bien puesto, y muy hermoso y resplandeciente. Su habla era tan poderosa y de tan gran dotrina para la salvación de las almas, y reprehensible a los pecadores, que cuantos la veían y oían, por grandes letrados que fuesen, se maravillaban y quisieran estar tan vecinos y cercanos al monasterio que todas las veces que había estas pláticas la pudieran oír. La cual algunas veces duraba cinco, seis y siete horas. Era tan dulce a todos los que la oían que, aunque fuesen muy pecadores e incrédulos desta santa gracia antes que la viesen y oyesen, les parecía estuvieran tres días con sus noches oyéndola con mucho gusto. Los que eran incrédulos, ellos mesmos se manifestaban diciendo: “Incrédulo era de lo que decían desta bendita”; y cuando vino a ver si podía verla hablar tan bien y cuando acababa de hablar decía a cada uno la intención con que había venido. Y cuando parecía que hablaba con Dios, hacía grandes suplicaciones públicas y otras secretas, que nadie las podía ir; y hacía oración por sí misma y por todas las personas de la tierra y por todo el estado de la Santa Madre Iglesia, por los que están en pecado mortal y por los que están en penas de purgatorio. En estos raptos, que le duraron espacio de trece años, fueron tantos y tan altos los misterios que dijo y declaró que las monjas escribieron un libro que llaman el Luznorte.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Capítulo VI'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''De cómo esta bendita tenía cuidado de las enfermas y de algunos casos maravillosos que le acontecieron''' &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Había en el monasterio una monja enferma, que estaba ética y algo penosa y asquerosa, a la cual servía esta bendita venciendo con mucha alegría todas las cosas que se le ofrecían en el tal ejercicio de caridad, con el espíritu de su mortificación, por muy graves y repugnantes que fuesen. Vino a ella una religiosa, con mucho frío y dolor de estómago, y díjole: “Señora, por caridad que pidáis para vos un trago de vino, diciendo que lo habéis menester para algún dolor que tenéis y dármele heis a mí, que traigo un gran dolor de estómago y no lo oso pedir” (en aquel tiempo no sabían las mujeres qué cosa era vino) y ella dijo que lo [529] haría y, considerando que decir tenía dolor de estómago por entonces que no diría verdad, y dejarlo de pedir era falta de caridad, suplicó a Nuestro Señor por qué ella pudiese decir verdad y la religiosa recibiese refrigerio en su necesidad: Nuestro Señor lo proveyó de manera que esta bendita no mintiese. En la vida del Padre fray Pascual Bailón, cuyo cuerpo está en San Francisco de Villareal de Valencia, se cuenta d’él las grandes diligencias y trabajos que pasó por no decir una mentira ligera, que no pasaba de pecado venial, lo cual es contra tanto como en estos tiempos se miente porque no se sabe decir verdad. Y ansí sucede a los mentirosos lo que dice Aristóteles, que cuando digan verdad no los crean, aunque hay quien nunca la diga. Muchas veces aparecieron ánimas de difuntos a esta bienaventurada, pidiéndole hiciese diligencias con deudos suyos para que hiciesen obras satisfatorias y cumpliesen obligaciones que tenían para por estos medios ser libres del purgatorio, lo cual ella siempre hacía. Las cuales ánimas le tornaban a aparecer y le decían cómo eran libres de las penas de purgatorio y le daban gracias por haberlas ayudado. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Vino a esta bendita un religioso muy tentado de que no rezaba las horas canónicas ni ninguna cosa de las que tenía obligación, diciendo que Dios no tenía necesidad de sus rogaciones; la cual hizo oración por él y le respondió: “Padre, verdad es que Dios no tiene necesidad de las oraciones de las criaturas que Él crió; empero, que todas las criaturas racionales que Él crió tienen necesidad de la ayuda de Dios y de le servir para agradarle: ansí como de necesidad y fuerza es obligado cualquier labrador pechero de pagar a su rey y señor el pecho que es obligado y le debe y si esto de su grado no lo hiciere, será castigado, ansí el religioso, si no pagare a Dios lo que le debe rezando las horas canónicas y lo que es obligado, será castigado de la mano de Dios”. Deseaba padecer muchos trabajos por Dios y suplicábalo a Nuestro Señor y ansí permitió que los demonios la azotasen muy crudamente y las señales le duraron mucho tiempo y la de uno le duró toda su vida. Y lo mesmo se cuenta haber sucedido al glorioso S. Gerónimo. También le dio Dios de ordinario un dolor [530] de cabeza que la atormentaba en gran manera y todo lo llevaba con gran paciencia. Era devotísima de la santa Cruz y enseñó a las monjas una adoración en esta manera: “Adórote, cruz preciosa; adórote, santa Cruz de Dios; adórote, santo madero; adórote, trono de Dios; adórote, escaño de sus pies con el cual justiciará y pisará los pecadores y les hará ver y conocer cómo solo Él es el Señor y Criador del Cielo y de la tierra y juez de los vivos y de los muertos; adórote, galardón de los justos por el cual se salvan y justifican; adórote, deleite de los ángeles; adórote, penitencia de los pecadores; adórote, tálamo de Dios, en el cual está puesta su corona real; adoro los clavos, tenazas, martillo, escalera y lanza; adoro al Redentor en ti puesto; adoro a mi Salvador; adoro su santo rostro; bendigo, glorifico y adoro sus santos miembros todos, desde las uñas de los pies y plantas hasta encima de la cabeza, que son los cabellos: adórote, árbol santo de la vera cruz”. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Capítulo VII'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''De la enfermedad que tuvo esta bendita madre''' &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Siendo súbdita y abadesa en el dicho Monasterio de la Cruz, habiendo adquirido al monasterio muchos bienes y posesiones de personas que tenían devoción a esta bendita madre, por cuyo respeto las daban, y habiendo tenido la sierva de Dios muchos trabajos, contrariedades y aflicciones, ordenándolo Dios ansí para que fuese probada su paciencia y virtud, últimamente tuvo grandes enfermedades, sin poderse levantar en mucho tiempo de la cama, donde siempre trabajó, exhortando con palabras a las que la veían al temor y amor de Dios; y para los ausentes tenía una monja que escribía muchas cosas, concernientes y ordenadas todas al bien de los prójimos. Y estando en la cama enferma tuvo grandes consuelos espirituales y revelaciones misteriosas, secretos grandes del estado de la Iglesia, de los que están en purgatorio y otros muchos secretos, los cuales Dios le revelaba. Apareciole muchas veces Nuestra Señora y consolola. Su santo ángel custodio le hablaba muy de ordinario y fue cosa maravillosa la gran familiaridad que con él y otros ángeles, de quien era muy devota, [531] tenía, y las admirables revelaciones que tenía del Señor. Siendo esta virgen ya muy labrada como piedra para ser puesta en el edificio de la ciudad santa de Jerusalén, llegose el tiempo de su glorioso tránsito. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Capítulo VIII'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''De un caso prodigioso que sucedió a esta sierva de Dios''' &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Un viernes santo, habiendo estado toda la mañana en un rapto, volvió en sí estando diciendo la Pasión, y fuese al coro e iba llorando y descalza; y porque no podía andar ponía los pies de lado, que de otra manera no los podía poner, y aun esto con mucha pena y dolor. Y viéndola las religiosas entrar en el coro, fuéronse para ella, preguntáronle cómo iba de aquella suerte. Respondió que le dolían mucho y los pies y no podía andar con ellos; y mirándoselos las religiosas, viéronselos señalados, y ansimesmo las manos, no con llagas abiertas, sino unas señales redondas del tamaño de un real y muy coloradas, de manera que parecían por las palmas de las manos que estaban impresas. Tenían estas señales muy suave olor y la bendita lloraba de los dolores que tenía en aquellas señales. Y también las religiosas lloraban y tomáronla en sus brazos y lleváronla a su celda; y era tan grande el fuego que tenía aquellas señales que las religiosas le ponían paños mojados en agua fría y en muy breve espacio se enjugaban del gran fuego que de allí salía, y muy a menudo se los tornaban a poner mojados. Ella mesma se soplaba las palmas de las manos por mitigar el gran fuego y dolor que padecía. Y preguntándole las religiosas qué era aquello, respondió con muchas lágrimas y dolores que sentía que había visto a Jesucristo Nuestro Señor crucificado, que llegándose a ella había juntado sus manos con las suyas y puesto sus pies con los suyos; y que luego había sentido gran dolor en su espíritu y gran sentimiento en sus manos y pies, que eran tan recios que no los podía sufrir. Tuvo estas señales tan maravillosas y crecidos dolores desde el día del Viernes Santo hasta el día de la Santa Ascensión. Y esto no continuo, sino los viernes, sábados y [532] domingos, tres días arreo, hasta la hora que Cristo Nuestro Señor resucitó; y desde aquella hora hasta otro viernes no tenía más dolor ni señal. Viendo esta santa cómo no podía encubrir estas preciosas señales que no fuesen vistas de personas devotas del monasterio, pues ya se publicaba, y el confesor del monasterio y las religiosas d’él las habían visto, suplicó a Nuestro Señor muy afectuosamente que en ninguna manera su Divina Majestad permitiese que en ella su indigna sierva pareciese ni tuviese tal tesoro ni tan ricas joyas, que no era digna de ellas ni quería tal don, pues no le podía encubrir, y nunca cesó de hacer esta súplica, derramando muchas lágrimas, hasta que lo alcanzó del Señor. Y en la oración oyó una voz del Señor que le dijo: “Mucho me ruegas e importunas que te quite ese don que te he dado, yo lo haré; y pues no has querido tener mis rosas, yo te daré cosa que más te duela que ellas”. Y ansí le fue otorgado del Señor no tener más aquellas señales, pero en su lugar le dio Dios muchas enfermedades y trabajos. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Capítulo IX'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''De cómo esta bendita pasó de esta vida'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Siendo esta bendita de edad de cincuenta y tres años, los cuales había vivido muy bien y muy ejemplarmente a honra y gloria de Dios y salvación y mérito de su alma y aprovechamiento de sus prójimos, vivos y difuntos, como su historia da testimonio dello, quiso el poderoso Dios que después de la Dominica del Pastor, año de 1534, se le agravasen a esta sierva de Dios sus enfermedades, sobreviniéndole otra de nuevo, la cual fue que no pudo orinar en catorce días, y publicándose su enfermedad entre algunas personas muy generosas, devotas suyas, fue luego proveída con mucho deseo de su salud de médicos y de las cosas necesarias para su cura. Y los médicos juntos y concentrados le hicieron muchas y grandes experiencias, y ella, tomando por la consolación de las monjas que se lo rogaban todo lo que los médicos le mandaban, aunque era contra su voluntad, y algunas veces con rostro como de ángel y semblante muy gracioso [533] que reía con las monjas y les decía palabras de muy grande amor y también a los médicos, se mostraba muy agradecida a su trabajo. Y viendo ellos que su mal iba empeorando y que era mortal, dijéronlo a las religiosas, las cuales con muchas ansias comenzaron a invocar la misericordia de Dios haciendo oraciones y derramando muchas lágrimas y sangre, haciendo procesiones con gemidos y sollozos, que parece querían expirar, suplicando a Nuestro Señor no quisiese su Majestad quitarles tan grande amparo, consolación y ayuda para su salvación como tenían en la madre Juana de la Cruz. La cual con muy grande fervor pidió le trujesen su confesor, que se quería confesar y aparejarse para morir, y ansí lo hizo, que confesó y comulgó con admirable devoción y se despojó como muy pobre y perfecta religiosa, y pidió la extremaunción; y todos los días que estuvo enferma de la enfermedad que murió, no pasó noche que no se arrobase, pero no le fue descubierto el secreto de su muerte hasta tres días antes de su bienaventurado fin. Y aunque con mucha flaqueza, no faltándole caridad y compasión de sus hermanas, contoles algunas cosas de consolación que en sus raptos había visto. Y acercándose el día de su glorioso fin tuvo una revelación jueves en la noche, vigilia de los apóstoles San Felipe y Santiago, en la cual conoció que era la voluntad de Dios llevarla desta vida; y súpolo en espíritu, por cuanto aquella mesma noche estuvo elevada desde las once hasta la una, y en esta elevación vido a los gloriosos apóstoles San Felipe y Santiago. Y hablando con su santo ángel le dijo viese cuál estaba y le suplicaba rogase al Señor por ella y por las religiosas de su casa y por sus hermanos y parientes y amigos y por todas las personas que a ella se encomendaban; y la respuesta fue: “Bienaventurados son los que viven y mueren en Dios y malaventurados se pueden llamar los que viven fuera de Dios; esfuérzate y ten paciencia, y encomiéndate a Dios y confórmate con su santa voluntad, y arrepiéntete de tus pecados y de las cosas que pudieras haber hecho en su servicio y no las has hecho”; la cual dijo: “Tan tarde me lo decís”. Y respondió: “No es tarde, que tiempo tienes para lo poder hacer; tú, amiga de Dios, confórtate [534] con todo lo que Nuestro Señor quisiere hacer de ti y suplica a su Divina Majestad se cumpla en bien y salvación tuya la sentencia que está dada, y tiempo es ya, amiga de Dios, de gozar de las cosas prometidas y a Dios pedidas y por Él otorgadas”. Y suplicó esta madre a los gloriosos apóstoles San Felipe y Santiago rogasen a Dios por ella, que no deseaba la muerte por impaciencia, sino muerte con penitencia, contrición y arrepentimiento de sus pecados, y que fuese en ella cumplida la voluntad de Dios. Los santos apóstoles le dijeron: “Ansí tiene de ser para ser la muerte buena y inocente y sin pecado, y ahora es tiempo de padecer los penitentes y amigos de Dios para que después gocen de los gozos del Cielo”. Todo esto pasó estando esta sierva de Dios elevada, y tornando en sus sentidos llamó a una religiosa parienta suya, que desde niña se había criado en el monasterio y ella le tenía mucho amor, y díjole: “Hágoos saber, hermana, que según me ha sido revelado he visto que es la voluntad de mi Señor Jesucristo que muera desta enfemerdad, de lo cual yo mucho me he consolado”. Y contole la sobredicha revelación y díjole muchas cosas de gran dotrina, aconsejándola tuviese paciencia y se conformase con la voluntad de Dios. Y luego, viernes por la mañana, día de los apóstoles San Felipe y Santiago, entrando el médico a visitarla, dijo que le quería hablar en secreto y, llegándose cerca de su cama, le dijo: “Señor, ruégoos por amor de Nuestro Señor que no me curéis ya más ni hagáis algún beneficio, porque yo sé que tengo de morir desta enfermedad y todo aprovechará poco, sino es darme más tormento; y paréceme que todo mi cuerpo le meten en un grano de mostaza y allí le aprietan según que yo siento”. Y ansí estuvo todo aquel día con alguna fatiga causada por la enfermedad. Y como se divulgase mucho que estaba tan al cabo de su fin, muchas señoras generosas deseaban estar presentes a su glorioso tránsito y ansí lo pusieron por obra; y no todas llegaron a tiempo, a causa que algunas venían de lejos, sino fue una muy ilustre señora muy devota suya que se llamaba doña Isabel de Mendoza, hija del conde de Monteagudo, mujer de don Gonzalo Chacón, señor de Casarrubios, que llegó a tiempo [535] y estuvo presente a todas las cosas y maravillas que pasaron en su bienaventurado tránsito y tuvo muchas lágrimas de devoción. Y esta señora, después de viuda, fue monja en el Monasterio de la Concepción de la Puebla de Montalván.&lt;br /&gt;
 &lt;br /&gt;
El mesmo día de los apóstoles, antes de vísperas, estando en sus sentidos, vido algunas cosas, las cuales ella no dijo claramente, aunque mucho se lo importunaron y rogaron. Este mesmo día, ya que quería anochecer, le dieron la santa unción, la cual recibió con muy gran devoción, y desde a un rato dijo con gran gemido y contrición: “Ay, ay de mí, cómo me he descuidado”. Pasada una hora, después de recebida la santa unción, le sucedió una indisposición, que pensaron era desmayo, y viéndolo el médico dijo que no tenía pulsos, que verdaderamente se moría, y estuvo ansí un rato; y tornando sobre sí, comenzó a hablar con buen semblante, en lo cual conocieron había sido arrobamiento. Y destos tuvo muchos aquella noche y empezó a hablar, diciendo lo que había visto, como quien responde a lo que le decían, y parecía a todos los que la veían que lo que hablaba eran respuestas que daba a quien hablaba, e dijo como persona muy admirada: “O, qué cruel espada, tenédmele, tenédmele, no me mate con ella”. Y ansí estuvo sosegada un gran rato en silencio, como persona que veía grandes cosas. Y después dijo con gran sosiego y manera pacífica: “Tened ese cuchillo, tenedle”; y alzando un poquito la voz, decía: “Llamádmela, llamádmela que se va”. Y preguntándole a quién habían de llamar, respondió: “A la santa Madalena”; y diciéndole qué Madalena, dijo: “La que estuvo al pie de la cruz, que viene del sepulcro”; y decía: “Ay, ay, amiga de mi alma”. Preguntándole si estaba allí la Madalena, respondió que sí; y de rato en rato decía, a manera de mucho deseo: “Pues vamos, Madre de Dios, vamos”, y esto decía muchas veces; y algunas veces añadió: “Vamos a casa, vamos, Madre de Dios, que es tarde”. Y con manera de ahínco y esfuerzo fervoroso decía: “Echalde de ahí, echalde de ahí, ¿por qué me dejáis?”; y parecía que estaba angustiada y que peleaba con el demonio y para esta pelea la dejaron sola; la cual venció poderosamente, según pareció la plática que ella tenía con el demonio, [536] que ansí como Dios le dio gracia de fortaleza que en su vida le venciese, ni más ni menos en la hora de la muerte no la desamparó, que maravillosamente quedó vencedora. Y volviendo la plática a las religiosas, dijo: “Señoras y hermanas mías, levantadme de aquí, daré mi alma a Dios en sacrificio”. Dende a poco comenzó a decir apriesa, como quien habla con otras personas: “Buscádmele, buscádmele a mi Señor, ¿por qué me le llevastes?, dejádmele ir a buscar, aunque estoy descoyuntada”; y con gran fervor decía: “Mi Señor, la misericordia sobre la justicia: Jesús, y qué angustia”. Y muy fatigada, volvió el rostro a las religiosas, e díjoles: “Amigas, ayudadme a rogar”; y dijeron: “Señora, ¿qué quiere que roguemos y pidamos?”. Respondió que misericordia y piedad, que la misericordia era sobre la justicia. El médico que la curaba, viendo todas estas cosas, dijo con gran devoción y lágrimas: “Bienaventurado colegio que tal alma como esta envía el Cielo; por cierto, señoras, creo yo que serán mayores los favores que desta bendita recebirán desde el Cielo que los que han recebido en la tierra, aunque han sido muchos”; y respondió la bienaventurada: “Podrá ser”. Y todo esto pasaba estando sin pulsos en ninguna parte de su cuerpo, y estándola todos mirando empezó a mascar, como persona que comía con mucho favor, y cesando le dijo el médico: “Señora, parece que come”. “Es verdad”, dijo ella, “sí”. Tornándole a preguntar  que quién se lo había dado y qué era, respondió que cierto manjar, y dijeronle: “con tal manjar muy esforzada estará”, y dijo: “Sí, estoy”. Y tomándole el médico el pulso dijo que se le había tornado muy esforzado y grande, que parecía de nuevo le habían dado vida porque había más de cuatro horas que estaba sin él y desde el día de los santos apóstoles no había pasado ninguna sustancia. Y después de todo esto comenzó a decir con muy alegre gesto: “Amigas mías y señoras mías, llevadme, llevadme”; y entendieron que hablaba con santas vírgines; y de a poco rato dijo con gran reverencia: “O, Padre mío”, y las religiosas pensaron que lo decía por el glorioso Padre San Francisco. Y cuando esto pasaba, ya venía el día y era sábado, y todos los que allí habían estado aquella noche, ansí a las religiosas como a las personas de otra manera, no se les hizo o pareció ser aquella [537] noche una hora. Estando ansí esta sierva de Dios, dijo: “Ea, pues, Jesús, vamos de aquí”; “vamos presto, Señora mía”; “vamos, vamos mi Redentor”. Entonces las religiosas se levantaron con muchas lágrimas y grandes sollozos y le besaron las manos con mucha devoción y ella las bendijo presentes y ausentes. Y tornó a decir: “Vamos, vamos, Redentor mío, vamos de aquí”. Y llegándose el médico a esta bienaventurada y hablándola, recibió el aliento que de la boca le salía y dijo a los que allí estaban no podía conocer ni alcanzar qué olor fuese, salvo que olía muy bien, de lo cual estaba admirado porque hasta aquella hora había tenido mal olor en el aliento, que le procedía de la corrupción de los humores, y entonces le tenía bueno. Y todos los que estaban allí que oyeron esto al médico se allegaron con mucha devoción y, recibiendo el huelgo, conocieron no ser de los olores deste mundo, y toda su persona estaba con grande olor y hermosura. Y desde el sábado a la tarde hasta el día siguiente domingo después de vísperas, día de la Invención de la Santa Cruz, no habló; y antes que entrasen por la puerta de su celda se olía los maravillosos olores que de ella salían.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Capítulo X'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Del tránsito'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Siendo la hora de las seis, después de mediodía, domingo día de la Santa Cruz, año de 1534, día en que la sierva de Dios nació y entró en la religión, acompañada su ánima de muy buenas y perfetas obras, y ansimismo su cuerpo acompañado de religiosos de su Orden y de todas las monjas de su casa, las cuales con candelas encendidas en las manos, y los padres leyendo la Pasión, dio esta sierva de Dios el alma en manos del poderoso Dios que la crió y redimió, quedando su gesto con hermosura y compostura admirable, quedándole la boca muy buen puesta, a manera de quien se ríe. Y admirados los padres que allí estaban, con gran reverencia llegaron a mirarle los ojos, y alzando los párpados vieron que no los tenía quebrados, sino con aquella hermosura que los tenía cuando era viva, y ansí como agradó con ellos mucho a Dios, permitió en la hora de su muerte que no se le quebrasen, en testimonio de las buenas obras que con [538] ellos había hecho; de lo cual todos se maravillaron mucho y dieron gracias a Nuestro Señor por las grandes maravillas y mercedes que con sus fieles amadores hace. Como acabó de expirar, allegáronse con grande ansia todas las religiosas, llorando lágrimas muy dolorosas a ver y besar el cuerpo, y como se cercaron a él, eran tan grandes los olores que d’él salían y tan subidos que no se podían comparar  con cosa desta vida, y las religiosas que tocaron el cuerpo les quedó por muchos días muy admirable olor en sus personas y manos y en cualquier cosa que se le ponía encima, y le tuvo en su persona y hábito todo el tiempo que estuvo por sepultar, que fueron cinco días. Y aderezado el cuerpo, la abadesa y monjas del convento, con candelas encendidas y rezando, le llevaron al coro y allí le fue dicho el oficio muy solenemente, y estuvieron aquella noche con él acompañándole con mucho dolor de lágrimas, y con ellas la dicha señora doña Isabel de Mendoza, que con mucha devoción se halló a su tránsito. Y divulgándose cómo ya era pasada desta vida esta sierva de Dios Juana de la Cruz, concurría mucha gente de toda la comarca con gran deseo de ver su cuerpo. Ansimismo vinieron muchos padres de la Orden a hacer sus exequias y enterramiento, y como la gente era tanta, daban licencia a algunos que entrasen en el monasterio; los cuales, cuando veía el cuerpo y olían los olores que d’él salían, daban muchas gracias a Nuestro Señor, derramando lágrimas de devoción. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Capítulo XI'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Cómo sacaron el cuerpo desta sierva de Dios para que la gente le viese'''   &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El día siguiente lunes, como fuese casi hora de vísperas y todos los campos estuviesen llenos de gente, clamando que les mostrasen el cuerpo que se le dejasen tocar, los padres que allí se hallaron, por satisfacer a su devoción, tomaron el cuerpo y sacáronle fuera con mucha reverencia, donde todos le pudiesen ver; y viendo la gente cómo le sacaban, eran tan grande los clamores y gemidos que todos daban con muchas lágrimas que se oían muy lejos de allí; y llegando todos a prisa, los religiosos que guardaban el cuerpo no consentían [539] tocasen sino en el hábito; y sintiendo el muy suave olor que del cuerpo salía, con mucha admiración daban gracias a Dios y ponían encima rosarios y otras cosas que traían, en las cuales se pegaba el mesmo olor. Y consolada la gente, tornaron el cuerpo al monasterio a hora de Completas; a la cual hora llegaron correos de grandes señoras rogando que detuviesen el cuerpo hasta que ellas le viesen y ansí se hizo. Y hecho el oficio, los religiosos se fueron a sus monasterios y dejaron el cuerpo por enterrar y ansí estuvo por cinco días, no perdiendo el buen olor que d’él salía. Y venidas las señoras, a cuya instancia el cuerpo estaba detenido, viéronle y tocáronle y se consolaron mucho de ver las maravillosas que Dios mostraba en él. Pareció era bien porque la gente gozase desta reliquia, se enterrase en la Iglesia y capilla del Santísimo Sacramento, pero las religiosas no consintieron sacar el cuerpo del monasterio y hubieron de entender en ello los prelados, y húbose de hacer lo que las monjas querían porque era más justo, y pusiéronle en una parte donde las religiosas comulgaban, en un hoyo pequeño, cuanto cupo el ataúd, encima cubierto con yeso; en el cual lugar el tiempo que allí estuvo manifestó Nuestro Señor la santidad desta su sierva, sintiendo muy suaves olores. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En la ciudad de  Almería había una grande religiosa, que tenía revelaciones muy verdaderas y el Señor le comunicaba muchos secretos: llamábase María de San Juan, natural de la villa de Casarrubios del Monte, la cual con otras había ido al Monasterio de Torrijos a fundar al Monasterio de la Concepción de Almería, en tiempo de doña Teresa Enríquez, señora de Torrijos. Y esta religiosa María de San Juan tenía gracia de arrobarse, y las dos se habían hecho hermanas espirituales y se comunicaban mucho. Y yendo dos padres de la Orden de S. Francisco, que el uno de ellos había sido provincial de la provincia de Castilla, persona de mucha autoridad y letras, a tratar y negociar con la madre María de San Juan, a un mes que había pasado desta vida la madre Juana de la Cruz, y preguntándole el dicho prelado, que le dijese del estado del ánima de la madre Juana de la Cruz, respondiole con mucha alegría: “Tiene tanta y tan grande gloria como el poderoso Dios les da a sus escogidos y los méritos [540] de la madre Juana de la Cruz merecían”. Y contó cómo el día de San Juan Evangelista, a seis de mayo, tres días después de la Invención de la Cruz, día en que la madre Juana de la Cruz pasó desta vida, se la mostró Dios muy diferente de cómo la solía ver y que, admirada de aquello, le fue respondido que ya estaba desatada de las cadenas de la carne y en gloria para siempre, y que Dios dio lugar que la hablase y le dijo que había tres días que había pasado desta vida y en ella había tenido su purgatorio, y que no le dieron lugar para que le dijese más y quedó ella muy consolada.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Algunos años después, se hizo un arco muy bien labrado en una pared que divide la capilla mayor del claustro del monasterio por la parte del evangelio, y se puso una reja muy bien labrada, toda dorada muy fuerte y recia, que cae a la parte de la capilla, y por la parte del monasterio se pusieron unas puertas muy fuertes y allí trasladaron el cuerpo de esta sierva de Dios, el cual pusieron en una caja muy bien guarnecida por de dentro y por de fuera; y esta caja pusieron en una área muy grande, muy cerrada con diversas llaves y barreteada muy fuertemente; y ansí por la parte de la iglesia gozan della todos los que entran en la dicha iglesia y por parte de dentro la gozan las religiosas. Setenta años después que la pusieron en este lugar, dos reverendísimos generales de la Orden de San Francisco en diversos tiempos quisieron ver el cuerpo porque habían de ir a Roma y tratar con Su Santidad de su canonización, para lo cual se hacen diligencias; y, aunque con trabajo, la abrieron el arca, por estar muy barreteada por todas partes. Abrieron la dicha arca y el cuerpo fue hallado como si acabara de morir, sin tener ninguna parte resuelta; y estaba vestida de damasco pardo porque ciertas señoras que se hallaron a esta traslación la pusieron en aquella forma. Y por secreto que esto se trató, fue tanta la gente que acudió que, por condescender con la devoción de todos, mostraron el cuerpo por la reja de donde está tan entero como cuando murió. Repartidas algunas reliquias suyas, como de sus tocados y sobretocas, para repartir a señoras en la Corte y en otras partes, se tornó a poner con la mesma decencia y seguridad que antes; y siempre Nuestro Señor hace muchos [541] milagros y maravillas en aquella santa casa de Nuestra Señora de la Cruz.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Hase de advertir, que se dice en esta historia, que muchas personas seglares entraban en la clausura del monasterio a negociar con esta sierva de Dios, como es cuando estaba enferma, que no podía salir a los locutorios cuando se arrobaba; y también cuando, estando elevada y fuera de sus sentidos, entraban a oírla por las cosas grandes y maravillosas que de su boca salían y en la última enfermedad de que murió y después de muerta y en su entierro y en semejantes ocasiones. Digo que se ha de advertir que antes del Concilio de Trento los prelados podían dar licencia con causa que para ello ocurriese para entrar en los monasterios de monjas; y en especial las que por su estado no hacían voto de clausura, como son las monjas terceras, que, aunque guardaban clausura, era por vía de precepto, como se dice en el tratado de los terciarios; y ansí los prelados daban las sobredichas licencias.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Capítulo XII'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''De otras monjas que ha habido en este convento''' &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Desta sierva de Dios Juana de la Cruz se hace memoria en el catálogo general que la Orden tiene de frailes religiosísimos y monjas a quien tiene gran reverencia y veneración, esta parte de su historia impresa en la tercera parte de la Crónica general de la Orden que compuso el reverendísimo Gonzaga siendo general della, remitiendo muchos milagros y otras cosas a que se vean en un libro, en el cual está todo autenticado. Y en la historia del Convento de Nuestra Señora de la Cruz se dice las personas insignes que con ella trataban y comunicaban sus negocios, las personas reales de grande autoridad que se encomendaban en sus oraciones, las gruesas limosnas que por su respeto hicieron al dicho monasterio; y desde entonces hasta ahora ha proveído Dios que en aquel monasterio haya habido monjas de grande espíritu y celo de la virtud, siguiendo los ejemplos y dotrina desta sierva del Señor. Ansí, todo el convento haciendo procesiones de ledanías que ella ordenó, y en particular la imitan monjas, guardando ayunos de pan y agua, no durmiendo en cama ni trayendo lienzo en el cuerpo y teniendo mucha [542] oración, entre las cuales hubo una muy noble, que se llamaba sor Ana de la Cruz, de la cual se cuenta que en más de cuarenta años no faltó de Maitines a medianoche, y después dellos se quedaba en oración hasta que venía el día y era hora de irse a su oficio, que era tornera, en el cual dio grande ejemplo. Otra, sor María de Sonseca hubo, que tiene mucho nombre de grande penitente y recogimiento. Y con esto es Nuestro Señor servido que esta casa sea de mucha devoción y acudan a ella tantas doncellas a querer ser monjas que, guardando el número que, conforme sus rentas, y haciendas pueden conservar, como lo manda el Concilio de Trento, muchas no se pueden recebir; y es mucho considerar que personas que pueden ser monjas en monasterios de grandes villas y ciudades, y de Corte, escogen más este para ser monjas estando en un desierto, trayéndolas Dios por la devoción que a esta bendita madre tiene. Y por la mesma razón, habiendo la Provincia muchas veces tratado y querido trasladar esta santa casa a algún gran pueblo, después que esto se ordenó en el Concilio de Trento, ha sido tan grande la instancia y tantas las súplicas y ruegos e intercesiones que las religiosas han hecho para que no las saquen de la casa donde vivió y murió la madre Juana de la Cruz, y adonde tienen su cuerpo, que no ha sido posible hacerse. Y esta devoción del lugar y monasterio es tan grande en toda la tierra que jamás faltan velas, enfermos y tullidos y de otras muchas enfermedades que velan y asisten donde está su bendito cuerpo; y muchos reciben grandes mercedes y beneficios de Dios Nuestro Señor, como parece por los ataúdes, mortajas, muletas, hierros de cristianos esclavos, los cuales han dicho que por la devoción que han tenido a esta casa milagrosamente han sido libres de cautiverio. Muchos cirios de cera y bultos de personas y otras cosas que allí llevan en señal y reconocimiento de los beneficios recebidos, de lo cual todo se toma fe y testimonio verdadero, y las paredes de la capilla mayor y iglesia deste monasterio están llenas de estas insignias y testimonios. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Capítulo XIII'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''En que se concluye esta historia''' &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En materia de milagros se debe advertir cómo se hacen, porque unas veces los [543] hace Dios súbita e instantáneamente y otras más de espacio y en tiempo, como consta de lo que San Marcos cuenta en el cap. 8., que, trayendo a Cristo un ciego, suplicándole que le diese vista, poniéndole las manos le preguntó que qué vía, y dijo que vía unos hombres como árboles que andaban, dando a entender que no vía  perfetamente. Donde Erasmo sobre el mesmo lugar dice que aquella palabra, ambulantes, tiene de ir con los hombres y no con los árboles, porque el árbol en el griego es neutro y no puede convenir con el ambulantes, que es como si dijera: “Veo andar los hombres como árboles”. Y segunda vez le tocó Cristo y vido perfetamente y con más perfección que si viera por naturaleza. Pues las obras de milagro, según todos, más perfetas son que no las naturales. Y ansí en este milagro se ve cómo Cristo no le hizo en un punto, como cuando Cristo entró en casa de San Pedro y su suegra estaba enferma de grandes calenturas y los discípulos le rogaron que la sanase, y mandó a la calentura que la dejase y en un punto fue sana: que son milagros que los teólogos llaman por otros términos, milagro en el modo, porque muchos sanan de calenturas, pero no en un punto. La razón desta diversidad de sanar Dios en un punto, o en tiempo, dicen algunos que es conforme la disposición que cada uno tiene para recebir aquel beneficio; y ansí unos le reciben en poco tiempo, otros en mucho. Y aunque esta razón es buena para que todos se dispongan para que Dios los sane en el alma, pues es dotrina cierta que a quien Dios sana en el cuerpo también sana en el alma, lo cual de ley común no se hace sin disposición, la razón de la diversidad de milagros es porque Dios es autor de la naturaleza, y el modo con que obra ese le dio Dios, la cual obra por movimiento, que no puede ser sino es en tiempo, sucediendo uno a otro, como se ve en la producción y obras de la naturaleza, como un hombre que nace niño y poco a poco con el tiempo se hace hombre, lo mesmo es en un árbol y en cualquiera otra cosa. Y para darnos a entender en los milagros, que es autor de la naturaleza, hace algunos poco a poco, procediendo como la naturaleza. Y también para dar a entender que es sobre naturaleza y no está atado a las leyes della, hace milagros en un punto, como es la resurrección de Lázaro y otros semejantes, la cual la naturaleza [546] no puede hacer. Lo mesmo pasa en las cosas espirituales porque, como dice el maestro de las sentencias, no ató Dios su virtud a los sacramentos de tal manera que no pueda justificar sin ellos, pues es sobre los sacramentos, aunque autor dellos. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
De lo dicho se entenderá la razón de estar algunas personas en los santuarios teniendo novenas, y otros treintanarios y otros más y menos, como acontece en este santuario de Nuestra Señora de la Cruz, que unos sanan de sus enfermedades a tres días, otros a cuatro, otros a nueve, y otros a más, y otros a menos y otros en llegando; lo cual todo resulta en honra y gloria de Dios, de quien son las maravillas y milagros. Si es según la diversidad de disposición de cada uno, de Dios es la disposición; y ansí a Él se debe la gloria; si es porque se quiere mostrar hacedor de la naturaleza y sobre ella todas las criaturas, cada uno en su modo le alabe y glorifique. Y también acontece que algunos no alcanzan el beneficio que desean y esto porque les conviene mejor la indisposición que tienen, que no su pretensión, como se cuenta del glorioso apóstol S. Pedro: que santa Petronilla su hija estaba tullida en una cama, yendo S. Pedro con unos discípulos suyos a comer le dijo que se levantase y les aderezase la comida, y acabado de comer dijo que se volviese a la cama tullida, y los circunstantes dijeron a S. Pedro que quien daba salud a tantos y libraba de tantas enfermedades por qué consentía que su hija estuviese de aquella manera, y respondió S. Pedro: “Todo lo que decís es verdad, pero a Petronilla le conviene más la enfermedad, que la salud”. Y ansí porque a muchos necesitados y enfermos no les conviene tener salud, no se la da Dios; y, pues lo hace por más bien suyo, deben de estar muy contentos y consolados, tanto como aquellos a quien Dios se la concede, pues lo uno y lo otro es lo que les conviene; y los que van sanos procuren no ofender a Dios porque no les acontezca lo que Cristo dijo al paralítico, que pues iba sano, no pecase, no le aconteciese otra cosa peor que la enfermedad que había pasado. Todos procuren ser devotos de la madre Juana de la Cruz, pues, a los que lo son, hace Dios muchas mercedes en esta vida y en el siglo que esperamos. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Otros muchos milagros y grandezas hay desta sierva de Dios, referirse han en libros que desto se harán en particular.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
= Vida impresa (8)=&lt;br /&gt;
Ed. de [http://visionarias.es/equipo/ana-morte-acin/ Ana Morte Acín]; fecha de edición: febrero de 2024.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
== Fuente ==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[[Archivo:Historia de la tercera orden de Juan Carrillo (1).jpg|miniatura|250px|right| “Vida y milagros de la bienaventurada virgen sor Iuana de la Cruz, de la Tercera Orden del Glorioso Padre San Francisco” en Juan Carrillo, 1613, ''Segunda parte de la Historia de los santos y personas en virtud y santidad ilustres de la Tercera Orden del glorioso Padre San Francisco'', Zaragoza: Juan de Lanaja. (Fuente: München, Bayerische Staatsbibliothek). ]]&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
* [http://catalogodesantasvivas.visionarias.es/index.php/Categor%C3%ADa:Juan_Carrillo Carrillo, Juan], 1613. ''Segunda parte de la Historia de los santos y personas en virtud y santidad ilustres de la Tercera Orden del glorioso Padre San Francisco'', Zaragoza: Juan Lanaja, pp. 258-325.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[[Contexto material del impreso Segunda parte de la Historia de los santos y personas en virtud y santidad ilustres de la Tercera Orden del glorioso Padre San Francisco]]&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==Criterios de edición==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Conforme a los criterios establecidos en el Catálogo para fuentes impresas, se han actualizado generalmente grafías (las sibilantes, el uso de b/v y h), ortografía y puntuación manteniendo aquellos rasgos de la lengua que implican valor fonológico o que caracterizan su léxico, morfología o sintaxis. En las notas se han reproducido los apuntes marginales presentes en la edición que sirve de referencia, y se ha ampliado la información oportuna.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==Vida de Juana de la Cruz==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[258]&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Vida y milagros de la bienaventurada virgen Sor Juana de la Cruz, de la Tercera Orden del Glorioso Padre San Francisco'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
===Prohemio del autor===&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Así como en las entradas de las famosas ciudades y lugares muy populosos suele haber humilladeros, casas de campo y edificios sumptuosos, los cuales sirven así para la hermosura y adorno de los mismos caminos como para mostrar la magnificencia de las ciudades y pueblos que están cerca, de la misma manera entre las vidas de los santos y personas de santidad y virtud eminentes hay algunas en que se resplandeció tanto la grandeza de Dios, en que se descubrieron tan altamente los tesoros de su bondad infinita, que es menester antes de llegar a ellas señalar algunos como humilladeros donde los entendimientos humanos, que no están hechos a ver cosas tales, se humillen y adoren la omnipotencia de Dios y el admirable artificio suyo en saber y querer enriquecer sus santos. De esto sirven los prohemios que suelen hacer los historiadores que escriben vidas de santos. Pues considerando con la debida atención la que ahora tengo de escribir, de esta milagrosa virgen y santa religiosa, viendo los maravillosos y extraordinarios primores de la divina gracia que se descubren en ella, me pareció necesario para no poner al lector de improviso en tan soberana luz, como verá que procede de los muy resplandecientes rayos de sus heroicas virtudes y de los singulares beneficios y tesoros de su divina gracia que puso el Señor en ella, prevenirle para que se disponga dignamente, con mirar a [259] la fuente original de donde procedieron aquellos resplandores, que es la bondad infinita del muy alto Señor, el cual se precia y tiene por honroso blasón ser maravilloso en sus santos. Sirve también esta humilde y discreta prevención para que los entendimientos de los hombres, que suelen turbarse y deslumbrarse con pequeña luz y se les hace dificultoso de entender todo aquello que sale de la vía común y del ordinario modo de proceder, entiendan que si algunos de los santos salieron de ahí e hicieron cosas tales que ponen en admiración nuestros cortos entendimientos, que no nacieron dellos las tales cosas, sino de la fuente original de todo cuanto hay bueno y santo en el Cielo y en la Tierra a quien se debe la honra y gloria de todo ello, que es Dios Nuestro Señor. Pues la vida de esta gran sierva de Dios es de tal manera prodigiosa que ha causado asombro y admiración a todo el mundo. De mí verdaderamente confieso que cuando la iba escribiendo y notando muchas veces me hacía reparar en si era de carne como los demás hombres mortales, porque siendo así parecía imposible que sobre tan flaco fundamento pudiese subir tan alto y eminente edificio.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Mas luego echaba de ver que el fundamento de todo aquello ni era carne ni tampoco era espíritu humano ni angélico, sino divino y soberano, que es el artífice de todas las cosas grandiosas y el que sabe poner peso en el aire (esto es), que las cosas que son tan flacas como la carne y tan ligeras como el viento, asentadas por la mano de Dios y tocadas con la virtud de su espíritu permanecen firmes y constantes para poder fundar sobre ellas tan eminente alteza de santidad como veremos en esta Iglesia Santa. Finalmente, todo será fácil de entender si, como dije al principio, pusiéramos los ojos en el poder infinito de Dios y en la singular providencia que siempre ha mostrado en querer enriquecer y honrar a sus santos.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
La vida de esta santa salió escrita en un libro que sacó de ella el venerable padre fray Antonio Daza, coronista de nuestra sagrada religión, y pareció tan bien en todos estos reinos de España, así por la devoción que comunmente se tenía a la santa como por elegancia y buen espíritu con que salían escritas cosas tan admirables, como eran las que de su santa vida se decían, en breves días se hicieron muchas impresiones de él y andaba ya en manos de todos los que se preciaban de tener alguna centella [260] de devoción y buen espíritu. Mas en breves días también (permitiéndolo así el Señor, para más honra de su sierva) se mandaron recoger todos los dichos libros por la Santa Inquisición. No porque se dudase de la santidad del sujeto, sino por ser cosas tan extraordinarias y raras las que en él se decían, especialmente en materia de revelaciones y éxtasis, que pareció convenía que se notificasen y declarasen algo más para quitar escrúpulos y algunos inconvenientes que pudiera haber para los ignorantes. Estando esto así, el Católico y Cristianísimo rey de España don Felipe III mandó que revisto el dicho libro por personas de toda satisfacción tornase a salir a la luz. ''[1]'' Cometiose la revista al señor Obispo don fray Francisco de Sosa, del Supremo Consejo de la Santa Inquisición y con su aprobación y censura salió de nuevo ilustrado con tan ingeniosas y admirables advertencias y prevenciones que con ellas es ahora doblada estimación y preciosidad de lo que antes era. Y aunque ni para la honra de la santa, ni para la verdad de la historia importaba mucho que yo emprendiera de nuevo el referir su vida (pues personas tales, y por sí misma está tan autorizada y calificada) pero para el adorno de esta historia y para singular decoro y hermosura de esta santa orden tercera (cuya profesora fue) era de grandísima importancia. Y así me pareció ponerla entre las demás, fundando la verdad y autoridad de lo que dijere en el dicho libro que salió a luz el año de mil seiscientos y trece impreso en Madrid y en la aprobación y censura de que dije y también en el libro original de la vida y milagros de esta sierva de Dios escrito de mano de una religiosa discípula suya llamada sor María Evangelista, el cual está originalmente guardado en el archivo del convento de Santa Cruz del lugar de Cubas, donde vivió y murió santísimamente esta sierva de Dios. Y aunque algunas cosas pienso referir con más brevedad por no alargar demasiado esta historia, pero no dejaré de decir lo que me pareciere más importante, referiéndome en lo demás al dicho libro y al original del guardado en aquel convento. Las cosas que en esta segunda revista del libro se han advertido o quitado irán ya anotadas en sus propios lugares, o del todo dejadas, de manera que podrá el lector sin algún escrúpulo proceder en esta lectura.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[261]&lt;br /&gt;
'''Cap. I. Del nacimiento, niñez y muestras primeras de santidad de esta sierva de Dios'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En el año del Señor de mil cuatrocientos ochenta y uno, en la Sagra de Toledo, en un lugar llamado Azaña, lugar de la Santa Iglesia de Toledo, llamada Santa María, y en el día de Santa Cruz de mayo fue el muy felice y dichoso nacimiento de la bendita sor Juana. No faltaron en él señales y pronósticos de santidad admirables, porque primeramente ella vino al mundo por petición de la Reina del Cielo María Sacratísima, ''[2]'', que la pidió a su benditísimo hijo para reformación y reparo de una santa casa de religiosas de la Tercera Orden de nuestro padre San Francisco, que está cerca de la villa de Cubas a quinientos pasos de ella, que se llama Santa María de la Cruz. Esta iglesia fue edificada milagrosamente por mandamiento de la Virgen Santísima, la cual para este efecto apareció a una pastorcica de trece años llamada Inés guardando un ganadillo de cerda, muy devota de la Santísima Virgen: porque con ser tan niña rezaba su rosario cada día, ayunaba sus fiestas y la metad [sic] de la Cuaresma, desde que tuvo siete años. Y cuando era de más edad, comulgaba a menudo, y frecuentaba mucho la Iglesia. Pues a esta pastorcica se apareció Nuestra Señora nueve veces, en diferentes días, según lo reveló a la bienaventurada sor Juana el ángel de su guarda y se tiene por común tradición en toda aquella tierra y convento, donde se celebra cada año la fiesta de estos nueve aparecimientos, con grande solemnidad y concurso de muchos pueblos. ''[3]'' Y en el mismo lugar donde se apareció la Madre de Dios y puso de su mano una cruz de madera (que hoy día se muestra en dicho convento) se edificó la iglesia con título de Santa María de la Cruz. ''[4]'' Y después de algunos años se ajuntaron algunas devotas mujeres y a su costa edificaron un convento junto a la dicha iglesia donde tomó el mismo hábito la patrona Inés. Y andando el tiempo, las otras religiosas la eligieron por su prelada y cabeza. La cual, favorecida de la Virgen Santísima, acabó sus días santamente y con demostración de milagros, de los cuales fue uno [262] tañerse por sí solas las campanas a la hora de su dichosa muerte. Mas andando el tiempo este convento, con estar fundado en tanta santidad, vino muy a menos en razón de esto. Y la Virgen Santísima (so cuya protección estaba) pidió a su benditísimo Hijo Jesucristo enviase al mundo persona tal cual convenía para restaurar aquella quiebra. Y el Señor se lo concedió, prometiendo enviaría persona de singular perfección para este efecto. Y en cumplimiento de esta promesa nació esta sierva del Señor el sobredicho día, mes y año, habiendo pasado ya cuarenta años que acaeció el dicho aparecimiento de la Virgen Santísima. Pues aunque todo lo dicho fue milagroso pronóstico de la santidad a que había de llegar la dicha niña con el discurso del tiempo, también lo fueron otras cosas que en su nacimiento concurrieron, como fue nacer en el lugar de la santa Iglesia de Toledo, llamada Santa María, porque la que había de vivir y morir en la casa de la Santísima Virgen naciese en el lugar de su jurisdicción y señorío y que este se llamase Azaña, pues había Dios de obrar en él por intercesión de su Madre Santísima una hazaña en materia de santidad tan admirable que causase asombro y pasmo en todo el mundo, como lo vemos hoy día.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Sus padres naturales de este pueblo se llamaron Juan Vázquez y Catalina Gutiérrez, cristianos viejos y virtuosos abastecidos de temporales bienes y de muchas virtudes. Apenas hubo nacido (como dicen) cuando ya comenzó a declararse por ella la divina gracia. Porque recién nacida ayunaba los viernes, mamando sola una vez al día y significando ya con aquella tan temprana abstinencia los crecidos ayunos que después haría siendo grande. ''[5]'' Y no solo hacía eso, sino que acaecía pasar sin llegar a tomar el pecho por tres días enteros, y aun sin volver en sí. Por lo cual afligida su madre y creyendo que su hija era muerta, suplicó a Nuestra Señora se la resucitase, prometiendo de llevarla con su peso de cera al convento de Santa María de la Cruz. Hecho eso luego, volvió en sí y estuvo buena. Iba creciendo con la edad en gracias y dones espirituales de que el Señor la iba dotando y enjoyando bien como a la que había de ser esposa suya. Siendo de edad de dos años andaba tan descolorida y enferma que llegó a no poder tomar el pecho ni pasar cosa, por lo cual la llevaron a una romería muy devota de san Bartolomé, en el lugar de Añover, y [263] estando en la iglesia mirando a la imagen del glorioso apóstol que estaba en el altar, se rio la niña y pidió luego que le diesen de comer. Desde este punto se halló sana y contaba después, cuando supo hablar, que había visto al apóstol san Bartolomé, que tocándola con su mano la sanó y quitó el mal color de el rostro. Nunca la vieron jugar con los niños de su edad porque, aunque niña en los años, todo lo demás era seso, cordura y discreta ancianidad. Siendo de cuatro años le acaeció que, imbiándola su madre a holgar a las eras por ser tiempo de verano, pasando por una calle se acordó que poco antes había pasado por allí el Santísimo Sacramento a un enfermo, y de tal manera se arrobó con esta consideración que cayó de una jumentilla en que iba sentada. Viola el cura del lugar y, levantándola del suelo sin sentido, la llevó en sus brazos a casa de su agüela, donde estuvo largo rato sin tornar en sí. Y, según dijo ella misma vuelta después en sí, fue llevada en espíritu a un hermosísimo lugar, donde vio muchas señoras a maravilla hermosas y entre ellas una que a su parecer era la Reina de todas, según su resplandor y hermosura.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
También vio muchos niños de grande belleza que le dijeron: “¿Qué haces así? Vente con nosotros y adora aquella Señora que es la Madre de Dios”. La bienaventurada niña respondió: “Yo no sé qué tengo de hacer, mas rezaré la Ave María”, y puestas en tierra las rodillas, la rezó. Y luego vio a su lado al ángel de su guarda, que la enseñó muchas cosas. ''[6]'' Y al fin de una larga plática que con él tuvo, le rogó la llevase a casa de su agüela. Y cuando volvió del rapto, contó por orden todas las cosas que había visto. En este mismo año, estando la bendita niña a la puerta de la casa de su padre, pasando por allí el Santísimo Sacramento para un enfermo le adoró y vio sobre el cáliz a Nuestro Señor Jesús Cristo en forma de niño muy resplandeciente y hermoso. [7] Otro día de la Purificación de Nuestro Señor, oyendo misa, al tiempo que el sacerdote acabó de consagrar la hostia, la vio muy clara y resplandeciente y en medio della a Nuestro Señor Jesuchristo, y alrededor de él muchos ángeles, de lo cual la humilde virgen no hizo mucho caso por entonces, creyendo que el ver aquello era común a todos, ni podía caber en su pensamiento que tales cosas se obrasen por ella, hasta que el Señor se lo declaró (como se verá adelante). En este tiempo y siendo de edad de 7 años, sucedió la muerte de su madre, hallándose presente su bianeventurada hija, que no poco la ayudó para [264] ser dichosa su muerte. Diole su bendición y con mucho amor se despidió de ella.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Cap. II. De los deseos que tenía de ser religiosa y de las penitencias que en la tierna edad hacía'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Era tan inclinada la graciosa niña a todo lo que con apariencia de más santidad se le representaba que, cual suele llevar el próspero viento a la navecilla que está en el mar tendidas las velas, así era ligerísimamente llevada y, como se le asentaban los pies, de los afectos de su voluntad, en cosa alguna de la Tierra, de aquí es que corría con increíble presteza a las cosas del Cielo: entre las cuales muy particularmente la incitaba el divino espíritu a la religión de aquel santo convento de Santa María de la Cruz de Cubas (del cual quería la Virgen Santísima que fuese reformadora). Había dejado su madre cuando murió muy encargado que la llevasen a aquella santa casa con otro tanto peso de cera en cumplimiento de una promesa que había hecho. Y acordándose de esto la bendita niña, decía entre sí misma: “Qué necesidad hay de que me lleven a aquella santa casa, mejor será que yo me vaya y me quedé allí religiosa”. Comunicaba sus deseos con una tía suya que en este mismo tiempo tomó el hábito en un convento que se llama Santo Domingo el Real de Toledo, la cual después de profesa creció tanto en santidad que tuvo muchas revelaciones del Cielo. ''[8]'' Y entre otras tuvo una de que aquella sobrina suya había de ser grande santa. Por lo cual deseaba tenerla en su convento religiosa y lo trató con la priora y monjas de él, las cuales ofrecieron recibirla sin dote, por la buena noticia que tenían de ella. Mas su padre y parientes no vinieron en ello, por lo mucho que la amaban. La tía, muy deseosa de que tuviese efecto, dio orden con la agüela de la niña, en cuya casa se criaba, de hurtarla y traerla a su monasterio. Mas como Dios la crió para el de Santa María de la Cruz, deshizo todas sus diligencias y la niña determinó de no tomar el hábito donde tuviese parienta, por parecerla que era poca perfección y llevaba algo de carne y sangre. ''[9]'' Tan discretos eran [265] ya sus pensamientos (aunque niña), y tan enamorada como esto estaba ya de Dios su alma y tan deseosa de servirle y amarle.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Poco después pareció a su padre llevarla (para que estuviese más guardada) a la casa de otros parientes suyos, que la pedían y deseaban en el mismo lugar de Azaña. Y puesta allí le dieron el cuidado y gobierno de toda la casa, para divertirla con aquello (si pudieran) de los pensamientos que tenía de ser monja.&lt;br /&gt;
Aquí comenzó el Señor a descubrir sus virtudes y ella, como precioso nardo, dar de sí maravillosa fragancia. Porque todos los días de precepto ayunaba a pan y agua y aun pasaba algunas veces sin comer los dos y tres días enteros. ''[10]'' Llevaba cilicios junto a las carnes, azotábase con cadenas de hierro hasta derramar sangre y lo más de todo esto es que nunca la oyeron palabra ociosa. Cuando andaba por la casa o hacía labor se pellizcaba los brazos por sentir dolor y se repelaba los cabellos para el mismo efecto. Y en medio de todo esto, sentía de sí tan bajamente que se tenía por indigna del pan que comía y de la tierra que pisaba. ''[11]'' Fuera de aquel cilicio de cerdas que le lastimaba el cuerpo por mil partes, traía cadenas a raíz de las carnes y, aunque fuese en tiempo de invierno cuando las noches son frías y largas después de acostadas las criadas, se levantaba ella y desnuda se quedaba con el cilicio. Y de esta manera pasaba toda la noche en oración hasta que al amanecer, con mucho silencio, y como si tal no hubiera hecho, se volvía a la cama. Mas una vez, viendo las criadas que faltaba de la cama, dieron aviso a su tía. La cual, angustiada y deseosa de saber lo que hacía, mandó a una criada que secretamente la siguiese cuando se levantaba y viese lo que hacía. Y la noche siguiente la siguió y vio que se quedaba dentro del mismo aposento y, puesta de rodillas cubierta con una estera o cilicio, la oyó sollozar delante de una imagen con muchas lágrimas. ''[12]'' Disimuló la dicha criada por entonces y a la mañana dijo a su señora cuán santa era su sobrina y los pasos en que andaba. Esto sintió mucho la santa doncella. Y viendo que sus trazas eran descubiertas, buscó otras para poder hacer sus ejercicios, sin ser vista ni entendida. Luego como entró la virgen en casa de sus tíos, entrando en un aposento vio junto a una imagen de Nuestra Señora una muy hermosa fuente y dos serafines con sendas jarras en las manos, que no hacían otro sino sacar agua de la fuente [266] y muy apriesa hinchir y verter las jarras, los cuales miraban con atención a sor Juana y mirándola se reían y mostraban contento aunque no la hablaban. Ella muy gozosa con tan alegre vista deseaba mucho saber qué se hacía tanta agua como sacaban de aquella fuente, porque nunca vio donde la echaban, ni lo supo hasta que muchos años después el ángel de su guarda la dijo que aquella fuente era milagrosa y el agua que los serafines sacaban representaba la gracia del Espíritu Santo que copiosa y abundantemente infundía en su alma. Un viernes santo por la mañana, habiendo gastado buena parte de ella y de la noche (como otra Magdalena en sus lágrimas) a los pies de Christo, contemplando su Pasión, se le apareció crucificado con todas las insignias de su Pasión sagrada y las tres Marías muy angustiadas y tristes, y la santa doncella lo estuvo tanto con el sentimiento de esta visión (de la cual gozó no estando arrobada, sino en sus propios sentidos) que de lo mucho que lloró dejó regado el lugar donde estaba, y su rostro quedó tan desfigurado que, cuando lo vieron sus tíos, espantados de la súbita mudanza que vieron en ella procuraron que comiese alguna cosa. Mas, como su mal no era de eso, ella misma los consoló diciéndoles que no la obligasen a quebrantar el ayuno en aquel día, que les aseguraba que muy presto estaría buena. Otra noche, estando en casa de sus tíos unos caballeros huéspedes, después de haberles dado de cenar y dejando ordenadas todas las cosas de casa, se salió sola a un corral buscando soledad para orar. Y puesta de rodillas en muy profunda oración, vio que se abría el Cielo y bajaba d’él la reina de los ángeles con su dulcísimo hijo en los brazos. ''[13]'' La cual, acercándose a ella, la miraba con ojos muy amorosos y mansos, y considerando cuán cerca de sí tenía a Dios y a su sacratísima madre, con muy devotas palabras pedía la favoreciese con su precioso hijo en lo que tanto deseaba como era ser religiosa. Y esto decía con tal afecto de espíritu que, a las voces que daba, sin poderlas detener salieron los de casa a ver lo que era. Y hallaron a la sierva de Dios puestas las manos y de rodillas en tierra hablando con Nuestra Señora. Y después de bien certificados de ello y acabada la visión, echó de ver la santa que le habían visto y de ello recibió mucha pena, temiendo ser descubierta en lo que tanto deseaba ser secreto. En estos tan dichosos y acertados empleos ocupaba [267] su vida, y creciendo en la virtud más que en los años llegó a los catorce de su edad. Sus parientes deseaban que se tratase de la casar y animábales a ello el ver su mucha discreción y hermosura con otras muy buenas partes de que Dios la había dotado, las cuales les parecían muy a propósito para que muchos hombres principales deseasen tenerla por mujer (como de hecho la pedían y deseaban). Mas la santa virgen, que guardaba para solo Dios cuanto bueno tenía y para entregársele a sí misma toda entera, no podía esperar que la hablasen en esa materia, y cuanto más diligencias veía hacer a sus parientes para eso, mayores y con mayor instancia de oraciones y lágrimas las hacía ella suplicando a Dios que no la permitiese enredar con los lazos del mundo, sino que la llevase adonde pudiese cumplir su deseo de ser toda suya. Mereció ser oída del Señor y su petición fue tan bien despachada como ahora se verá.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Cap. III. De como la santa doncella se fue en hábito de hombre al convento de Santa María de la Cruz para ser religiosa'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Considerando con la debida atención la inclinación santa y fervientes deseos de ser religiosa que Dios había plantado en su tierno pecho, los cuales, si consultara con el mundo y con la carne y sangre, se los había de estorbar y poner a pleito, estando muy asegurada la bendita doncella de que el estado más seguro y el que a Dios era agradable sería el ser religiosa, determinó de romper con todo los estorbos que podía haber para eso. Y para asegurarse más de que era acertado su deseo, había hecho un oratorio en un lugar muy apartado y solo, que era un palomar antiguo y despoblado, donde sin ser vista sino de solo Dios se daba toda a la oración multiplicando gemidos y derramando lágrimas para que diese cumplimiento a sus santos deseos. Un día de la Semana Santa, después de haberse azotado con cadenas de hierro como solía, estando postrada en tierra delante una Verónica dijo: “Oh mi dulce Jesús, suplicoos Señor que por los méritos de vuestra Pasión merezca ser vuestra [268] esposa y entrar para eso en religión, para entregarme toda a vos, único deseo de mi corazón y amor dulcísimo de mi alma”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Diciendo esto se mudó la santa Verónica y transformó en el rostro hermosísimo de Nuestro Señor Jesús Cristo tan vivo, a su parecer, como si estuviera en carne pasible y mortal, y ella, viendo a su Redentor, tales fueron sus lágrimas, tales sus ansias y congojas nacidas de inefable amor, que el mismo Señor la consoló prometiendo la traería a la religión y recibiría por su esposa. ''[14]'' Mas que de su parte se ayudase ella, haciendo lo que para ello convenía. Dichas estas palabras la santa Verónica se tornó a su ser y la bendita doncella quedó con este favor tan alentada que luego buscó trazas para irse al monasterio de Santa María de la Cruz, adonde el divino espíritu interiormente la llamaba. Y porque en estas cosas no aprovechan los tibios y flacos propósitos sin una buena determinación eficaz que rompa los estorbos, determinó luego en pasar la Pascua de Resurrección irse al dicho monasterio que está dos lenguas de su lugar, y porque para eso convenía ir en hábito de hombre varonil y fuerte, vistiose d’él y, tomando para más disimular una espada debajo de su brazo, salió secretamente de casa de sus tíos y tomó la vía para allá. ''[15]'' Bien se puede creer que en esta ocasión el demonio sacaría todo su poder para estorbar esta jornada. Así lo hizo representándole muchos espantos y temores, y la indignación de su padre y parientes, y la indecencia del hábito en que iba para la virtud que profesaba. Esto hizo tal impresión en ella que, combatida de la natural flaqueza y temor, comenzó a temblar con todo el cuerpo de tal manera que cayó en tierra desmayada. Y estando así, oyó por tres veces una voz que la dijo: “Ten esfuerzo, no desmayes, acaba la obra comenzada que Dios te favorecerá”. No vio entonces quién la hablaba hasta que después supo por revelación que había sido el ángel de su guarda. ''[16]''&lt;br /&gt;
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Con este favor quedó muy alentada, y levantándose de la tierra, prosiguió su camino, y, habiendo andado buena parte d’él, sintió que venía tras sí (aunque algo lejos) un hombre de a caballo. Y llegando más cerca, conoció que era un hidalgo que la pretendía por mujer y sus deudos querían que casara con ella. Turbose mucho cuando le vio, considerándose sola y en aquel lugar, pero el Señor, que la quiso [269] guardar, permitió que no la conociese. Y ella, viéndose libre de aquel peligro, puesta de rodillas en tierra, dio luego allí muchas gracias a Dios y a su santísima Madre la cual se le apareció y le dijo: “Esfuérzate, hija mía, que yo ruego por ti y te pedí a mi hijo para que restaures mi casa de la Cruz”. Quedó con esto la sierva de Dios muy consolada y, prosiguiendo su camino, llegó al santo monasterio donde, habiendo hecho oración en hábito de hombre como iba y adorado la santísima imagen de la Madre de Dios, se apartó a un rincón de la iglesia, y desnudándose aquel vestido, se puso el de mujer que llevaba en un lío. Y levantando los ojos a una imagen de Nuestra Señora de mucha devoción que estaba sobre la puerta seglar del convento (que según se dice es la misma que está ahora), arrollidándose a ella, le dio de nuevo las gracias por haberla librado de tantos peligros y traído a su santa casa. Esta imagen la habló y dijo: “Hija mía, en buena hora seas venida a esta mi casa, entra alegre que bien puedes, pues para ello te crió Dios e yo te torno a dar la superioridad de ella y autoridad para que edifiques y plantes las virtudes y arranques y destruyas los vicios y pecados”. A esto replicó la sencilla doncella diciendo: “Ay señora, que como vengo sola y de esta suerte, temo que no me querrán recibir vuestras siervas”. “Ninguna cosa temas”, dijo la santa imagen, “que mi precioso Hijo que te trajo hará que te reciban”. Con esto la bendita virgen, confortada en el Señor, habló a la abadesa, y dándole cuenta de quién era y de lo que pidía, rogaba la recibiesen en su compañía, pues por gozar de ella dejaba la de su padre y parientes y había venido en hábito tan diferente por no ser conocida. ''[17]'' Reprehendiola la abadesa por haberse puesto en tan manifiesto peligro, aunque interiormente estaba admirada y daba al Señor mil gracias porque tal fortaleza y espíritu había puesto en una tierna doncella. Aficionósele tanto, viéndola tan hermosa, tan bien hablada y discreta en las razones que decía, tan compuesta, tan graciosa, que mandó llamar a todas las religiosas para que la viesen y echasen de ver cómo, sin duda, se la traía Dios a su casa para algún grande bien y secreto de su divina providencia. La cual, para que pareciese bien a todas y no dudasen de recibirla, es de creer que la añadiría particular donaire y gracia como lo hizo con Daniel para que pareciese bien a los ojos del rey Baltasar, y con [270] la santa Judith para que de su vista quedase vencido el ánimo de Holofernes. Pues así todas las religiosas de aquel convento quedaron tan admiradas de ver su buena gracia que la preguntaban mil cosas, y ella con tanta discreción respondía a todas, que la tuvieron muy largo rato en sus preguntas. Y aunque con harta vergüenza suya, hubo de tornar a referir sus historias, y lo que le había acaecido en el camino. Tanto la detuvieron en esto que llegó su padre con otros parientes en busca de ella. Y tales palabras le dijo (con la cólera que traía), tan descompuestas y feas que no lo pudieran ser más cuando la hallara en un crimen de mujer perdida. A todo se hacía la sierva de Dios sorda, a las injurias muda, y a las bravezas de su padre, una oveja. Mas cuando oyó que la quería tornar a su casa, con mucha humildad convertida en lágrimas y postrada a sus pies le decía que no la molestase más ni cansasen en persuadirla otra cosa, porque más fácil sería mover los montes y ablandar las peñas que contrastar la firmeza de su propósito. Porque ella estaba ya debajo del amparo de la Virgen Santísima, de cuya casa no pensaba salir en toda su vida. Y cuando intentasen sacarla por fuerza, esperaba en el Señor que la había traído que la defendería. A este mismo tiempo y sazón llegó aquel mancebo que la había encontrado en el camino y prentendía casar con ella, hizo grandes extremos cuando supo su ausencia buscándola por muchas partes, y pidió licencia a su padre y parientes para llevarla consigo a Illescas, donde vivía, y tenerla con su madre muy regalada y servida mientras se componían sus cosas. La sierva de Dios con mucha humildad y entereza satisfizo a estas palabras y alcanzó de sus parientes la dejasen en aquel monasterio de Nuestra Señora, para donde la misma Virgen Santísima con el divino espíritu interiormente la llamaba. Viendo todas estas cosas las religiosas, y la gran fortaleza y perseverancia de la humilde y devotísima doncella, se enternecieron de suerte que, con ser por extremo pobres, dijeron no querían más riqueza que tener aquella perla del Cielo en su casa. Y que la recibirían con poco o mucho, como su padre quisiese. El cual, aplacado y tocado interiormente del poder divino, dijo: “Líbreme Dios, hija mía, de ir contra la voluntad divina; yo te doy mi bendición, da muchas gracias a Dios y él te guíe y te haga toda suya”.&lt;br /&gt;
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'''Cap. IIII. De cómo recibió el hábito y de muchas cosas notables que sucedieron siendo novicia'''&lt;br /&gt;
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Habida la bendición y licencia de su padre, y deseando ya las monjas admitirla, llegó a deshora luego el Ministro Provincial, sin cuya licencia no podía ser admitida. Y fue cosa notable que llegase el perlado en aquella sazón y pareció orden del Cielo, porque había muy poco que salió de allí y no le esperaban en muchos días. Supo el caso de lo que pasaba y dio su licencia para que fuese recibida. Vistiéronla el hábito de la religión a tres de mayo, día de la Invención de la Cruz, ''[18]'' en el mismo que cumplió los quince años y en el de 1496, hallándose presentes y con muchas lágrimas de devoción su padre con toda la parentela.&lt;br /&gt;
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Puesta la nueva planta del Cielo en aquel jardín de flores olorosas y plantadas a la corriente de las divinas aguas, comenzó a señalarse entre todas las religiosas así como el sol entre las estrellas. En toda la observancia regular era extremada y señaladamente en la guarda del silencio, pues solo con su maestra y con la prelada lo que precisamente era necesario hablaba. Deseaba tanto agradar a Dios que no solo guardó las cosas que la enseñaban, pero cualquier otra virtud que oyese de otra persona luego sin dilación la ponía por obra. Y así como abeja artificiosa componía su panal de vida espiritual de las mejores y más olorosas flores que en el jardín del Cielo hallaba.&lt;br /&gt;
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La primera vez que la sierva de Dios comulgó entre las otras monjas le acaeció una cosa que la tuvo muy desconsolada y fue que (permitiéndolo el Señor) no vio aquella vez en la hostia consagrada lo que siempre solía ver en ella, que era a Christo Nuestro Señor, de lo cual quedó tan afligida que se fue luego resuelta en lágrimas a los pies del confesor diciendo su desconsuelo. El cual, con muchas razones, procuró de aconsolarla diciendo que no creyese que por no haber visto al Señor en la hostia consagrada, como solía, había comulgado en pecado mortal, que le aseguraba haber sido particular merced que Dios la había [272] hecho cuando le veía y también lo fue entonces el no mostrársele para mayor aumento del mérito de la fe. Y que él, con haber recibido la sagrada comunión y dicho misa muchísimas veces, en toda su vida había visto con los ojos del cuerpo al Señor en la hostia consagrada, sino solo con los ojos de la fe y con eso estaba muy satisfecho, ni deseaba verle de otra manera hasta estar en la gloria. Con estas y otras razones quedó la simple paloma consolada y dio muchas gracias a Dios, así por haberle visto con los ojos corporales en la hostia consagrada como por habérsele escondido aquella vez para que solo le viese con los del alma. Acabado el año de la probación y admitida con mucha conformidad y contento de todo el convento para la profesión, hízola devotísimamente en el mismo día que el año pasado recibió el hábito, que fue día de Santa Cruz de mayo. Por lo cual y por la devoción entrañable que tenía a la Santa Cruz se llamó desde aquel día sor Juana de la Cruz. Y así su vida en adelante fue una cruz tan espantosa al demonio que, no pudiendo sufrir que una mujer niña y flaca le venciese, así cada día la persiguió de cuantas maneras podía. Algunas veces la azotaba tan rigurosa y cruelmente que las señales de los azotes y golpes que la daban le duraban muchos días con heridas crueles, que unas a otras se alcanzaban. ''[19]'' Sucedió una vez que, rogando a Dios por una alma, la azotaron tan cruelemente los demonios y derramaron de su cuerpo tanta sangre que la dejaron por muerta. Llegó a este tiempo el ángel de su guarda, al cual dijo querellándose amorosamente: “Oh, ángel bendito, ¿qué os habéis hecho? ¿Cómo me habéis desamparado? Mirad cual me han tratado los ministros de la divina justicia”. A lo cual respondió el ángel: “No te he dejado yo ni mi Señor Jesuchristo te deja, antes de su parte te digo que ganaste en estas peleas una corona muy esclarecida y yo vengo con la virtud de su nombre a curarte esas llagas”. ''[20]'' Hizo sobre ella la señal de la cruz y la sanó. Y el Señor la concedió lo que por aquella alma pedía. ¿Quién podrá declarar lo mucho que padeció de los demonios y la paciencia que tenía en los tormentos? ¿Las penitencias tan extraordinarias que ella hacía y la profundidad y alteza de su humildad con que tan altamente sentía de Dios y tan baja de sí misma? Hallábase tan obligada a hacer a Dios particulares servicios que desde el día que profesó se [273] determinó a padecer por su amor cualquier género de tormento hasta dar la vida por quien dio la suya por ella. Y muchas veces, con el excesivo fervor, decía: “No deseo otra cosa sino verme por el amor del dulcísimo Señor mío degollada, abrasada, hecha polvos y quemada”. Y vuelta a su dulce Jesús, decía: “Señor, dadme penas, tormentos, trabajos y dolores. Mandad a los ángeles del Cielo, a los demonios del Infierno y a todas las criaturas de la Tierra que ejecuten en mí todo su poder, pues todo será corto, para lo que por vos, Dios mío, deseo y debo padecer”. No paraba esto en solos deseos porque comenzó a hacer nueva vida, añadiendo a las acostumbradas penitencias otras nuevas y espantosos rigores. Acaecíale no desayunarse en tres días y hartas veces se pasaban ocho enteros sin comer bocado. En vigilias era muy larga, y en el sueño tan corta que no dormía hasta hora de amanecer y entonces solo lo que para aliviar la cabeza bastaba. Su vestido fue siempre humilde, pobre y remendado, pero sin ningún extremo ni singularidad, aunque en lo interior usaba cilicios de cardas y cadenas junto a las carnes. Para mortificar el gusto, traía muchas veces ajenjos amargos en la boca, en recuerdo de la hiel que gustó el Señor. En la oración empleaba la mayor parte de la noche y del día. Y decía que cuando no era muy fervorosa y acompañada de lágrimas no era merecedora de que Dios la aceptase. Los ratos desocupados gastaba en cosas humildes y del servicio del convento. Cuando lavaba las ollas y platos de la cocina consideraba que eran para que comiesen las siervas de Dios en ellos, y en estos humildes empleos recibía del Señor muy particulares regalos y de su santísima Madre, y así con entrañable gusto servía a las religiosas enfermas, desvelándose en su regalo y servicio. En lo cual la acaecieron cosas muy notables y milagrosas. Un día, siendo cocinera y sacando agua del pozo, quebró un grande barreñón de barro que llevaba en las manos, de lo cual quedó muy confusa y, atribuyéndolo a su flojedad y descuido, derribada en tierra hizo oración a Nuestro Señor. Fue cosa maravillosa que luego los tiestos apartados se ajuntaron, y quedando la pieza sana y entera, sirvió despues dos o tres años en la cocina.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Una religiosa que se halló presente a todo vio por sus ojos el milagro. Y como la sierva de Dios iba creciendo en virtudes cada día, también las religiosas iban conociendo su mucho valor [274] y talento, y así la ocuparon en oficio de sacristana, después de muy probada en la cocina, del cual dio tan buena cuenta que, sin sacarla d’él, la hicieron juntamente tornera y luego, después, portera. Todo lo cual hacía con tanto fervor de espíritu y con tanto celo del servicio de Dios, del decoro de la religión, que padeció en razón de eso muchos trabajos, porque como la veían de poca edad y nueva en la religión, y por otra parte tan cuidadosa de la observancia della, muchas se le atrevían. Mas la mansísima cordera a todas se humillaba y a las que la reñían decía su culpa, rogando al Señor por quien la ultrajaba y perseguía. Parecíale estar en su gloria cuando en los ejercicios más humildes se ocupaba, y en ellos llevaba siempre a su dulcísimo Jesús presente. Y cuando volvía el torno para dar o recibir algun recaudo, le contemplaba como cuna en que al Niño Jesús mecía. Y tal vez aconteció volver el torno con este pensamiento, que vio en él a Dios niño, el cual con alegre y risueño rostro la hablaba y miraba. Otra vez, siendo portera, la apareció el santísimo Niño Jesús. Y así como le vio, extendió sus brazos para recibirle en ellos, pero luego apareció su santisíma Madre y, tomándole en los suyos, se levantó en alto con él acompañada de infinitos ángeles, que con muy dulce armonía le daban música. Mas como la sierva de Dios viese que se iba Madre e Hijo y la dejaban sola, juzgándose por indigna de tan santa compañía, quedó muy triste. Mas consolola luego la Madre del consuelo, y dijo: “No te aflijas, hija, sino vente hacia las higueras de la güerta, que allí nos hallarás”. Contentísima con este favor, y mirando a todas partes, ansiosa de ver lo que su alma deseaba, llegó a la casa del horno cerca de las higueras y vio a Nuestro Señor Jesucristo con su bendita Madre y con muchedumbre de ángeles que la esperaban, y postrada pecho por tierra, adoró a Dios y a su Madre Santísima. Y estuvo grande rato gozando de aquella visión, tan absorta que, aunque la llamaron con la campana, no lo oyó, hasta que la Madre de Dios la dijo: “Anda, hija, haz la obediencia que te han llamado tres veces, y tú nunca lo oíste”. Fuese corriendo a ver quién la buscaba y, habiendo negociado, se volvió derecha a la casilla del horno, donde dejaba su corazón y descanso. Pero como algunas monjas la vieron y notaron la solicitud que llevaba y que el rostro tenía encendido [275] y resplandeciente (del qual salía suavísimo olor), siguiéronla, deseando saber en qué andaba, y sospechando alguna grande cosa, viéronla entrar en la casilla del horno y oyéronla que decía: “Oh, soberana Madre de Dios, ¿tan grande es vuestra misericordia para con esta indigna pecadora?, pues habiéndome yo ido, dejando vuestra santa compañía en tan humilde y pobre lugar, hallo ahora que os estáis en él aguardándome”. Oyeron también las monjas cómo la Virgen respondió: “Hija mía, hallásteme porque me dejaste por la obediencia, que agrada mucho a mi Hijo”.&lt;br /&gt;
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'''Cap. V. De un maravilloso rapto de la sierva de Dios, y de sus grandes penitencias'''&lt;br /&gt;
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Estaba tan adelgazada y apurada la carne desta santa doncella, y el espíritu tan elevado de todo lo que es pesadumbre y Tierra, que con mucha facilidad gozaba de raptos y éxtasis maravillosos, de los cuales fue muy notable el que diré agora. Siendo de veinte y cuatro años, la vieron las monjas en un rapto tal que ni antes ni después vieron en ella otro semejante. Porque otras veces cuando se elevaba, quedaba con muy grande resplandor en el rostro, pero esta vez quedó como muerta. Los ojos quebrados y hundidos, los labios cárdenos, arpillados los dientes y todos los miembros de su cuerpo descoyuntados y yertos, el rostro tan pálido como si fuera difunta. Las monjas, admiradas con la novedad del caso, deseosas de saber la causa, rogáronla que se las dijese. Mas ella rehusó de hacerlo hasta que, pasado algunos días, se lo mandó el ángel de su guarda. Y así las dijo: “La causa, madres, de haber visto en mí tal novedad, fue que estando mi espíritu en el lugar donde el Señor se suele poner otras veces, vi con apariencia triste al ángel de mi guarda y, preguntándole yo la causa, me dijo que le había el Señor mostrado las grandes persecuciones, fatigas y enfermedades que sobre mí habían de venir y que, habiéndole rogado por mí, le respondió su Divina Majestad que convenía llevarme por este camino y ver lo que en mí tenía. Entonces le tornó a suplicar que por su clemencia me concediese esta gracia de elevarme, y que no fuese con el trabajo que entonces había sido”. Y el Señor se lo otorgó, y así desde entonces todos los raptos fueron muy suaves, y por [276] ser tantos y tan largos, que lo más del día y de la noche estaba elevada, no podía ya hacer oficio, ni seguir el peso de la comunidad como solía. Por lo cual la dieron celda aparte y una religiosa que cuidase della. Pareciole buena ocasión esta para alargarse en ejercicios de penitencias y así lo hizo. Muchas veces la acaeció en la contemplación de los crueles azotes que el Señor padeció en la columna, deseando ella imitarle algo, pidiendo licencia a su Divina Majestad para ello y habida primero para semejantes mortificaciones de la prelada, se cerraba en un aposentillo y desnuda se amarraba a un madero (como columna) que allí tenía, y atándose ella misma con unos cordeles primero los pies y después el cuerpo, dejando libres los brazos, se azotava por todo él con una cadena de hierro. Y por que la cadena mejor la hiriese tenía en el uno extremo della un hierro grueso, tan largo como una tercia. Y tomándole en la mano, se daba con los extremos de la cadena hasta derramar sangre. Estando en este ejercicio, contemplando los azotes del Señor y abriendo sus carnes con aquellos, la apareció el bendito ángel de la guarda, y mandaba cesar diciendo: “Basta, que hasta aquí llegó la voluntad de mi Señor Jesuchristo”. Y el mismo ángel la desató a veces de la columna en que estaba. Otras veces, en aquel mismo lugar, tomaba un guijarro que pesaba siete libras, y de tal manera se daba con él que a los primeros golpes saltaba la sangre, hasta manchar las paredes. Duraba este ejercicio mientras daba de rodillas quince vueltas por aquel aposentillo, en memoria de las quince más principales llagas de Nuestro Señor Jesuchristo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Una noche hallándose la santa muy afligida y maltratada de los demonios, que con horrendas figuras y deshonestas pretendían inducirla a deseos sensuales, se salió a la güerta y, juntando muchas zarzas (a imitación de nuestro padre san Francisco), desnuda se acostaba sobre ellas. Y luego se entró en una laguna diciendo: “Por que conozcas que eres barro, en este cieno te has de lavar”. Allí estuvo grande rato y antes de volverse a vestir, se azotó con una cadena, que para este efecto tenía. Desde entonces quedó el enemigo tan desengañado de lo poco que podía con ella que nunca más la tentó en aquella materia. Otras mil invenciones sacaba de penitencias, una veces se ceñía por los brazos y por el cuerpo con sogas y esparto, en memoria de las que [277] ataron al Señor en la columna. Otras se ceñía las mismas cadenas con que se azotaba, y por la mayor parte andaba siempre vestida de hierro, como lo prueban los espantosos cilicios de que usó toda su vida: de cerdas, de cardas de hierro y uno de malla con medias mangas hecho a modo de sayo, tan largo que le llegaba a las rodillas. Otro de planchas de hierro, en forma de corazón, que por todas partes la ceñía al cuerpo, y le traía sembrado de cruces y de los pasos de la Pasión, hechos de clavillos muy agudos, aunque de este usaba pocas veces porque con él sin mucha dificultad no podía doblar el cuerpo. Y cuando se inclinaba, se le hincaban las puntas de los clavillos por el cuerpo, lo cual ofrecía a Dios con mucha paciencia. Otras veces se solía arrastrar por el suelo, tirando de una soga que llevaba a la garganta, y azotándose con la cadena decía: “Quien tal hace que tal pague. ¿De qué te quejas cuerpo ruin y miserable, pues tienes a Dios tan ofendido?”. Otras veces, puesta en cruz, andaba con las rodillas desnudas sobre la tierra, hasta derramar sangre dellas. Otras para más dolor ataba en las mismas rodillas unas pedrecitas o tejas. Otras se ponía en cruz, arrimándose a la pared donde tenía hincados unos clavos, y ponía tan fuertemente las manos ensortijadas en ellos que se estaba en cruz una hora sin llegar los pies al suelo. En cierta ocasión, acabando de hacer una grande disciplina, sobre las llagas hechas con las cadenas se puso aquel cilicio de malla (que era el ordinario). Y apenas se vistió el hábito cuando se quedó elevada por seis horas, hasta que, echándola menos las monjas, la hallaron de aquella manera, y que decía cosas maravillosas, en orden al modo con que habían de servir y agradar a Nuestro Señor. Y eran tan llenas de devoción, que encendían y abrasaban en amor de Dios a las que las oían.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Cap. VI. De cómo se desposó la santa con el niño Jesús y de su devoción al Santísimo Sacramento'''&lt;br /&gt;
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Han sido tales y tantas las misericordias de Dios hechas a esta sierva suya que en algunos no solo han causado admiración, que es el efecto que deberían hacer en todos, sino también alguna dificultad, y no pequeña, para [278] creerlas. La admiración es muy justa y está en su lugar, porque de ella sale luz para conocer las obras de Dios, según lo dijo David: ''Mirabilia opera tua &amp;amp; anima mea congnoscet nimis''.''[21]'' “Por ser Señor tan admirables tus obras, mi ánima crece en el conocimiento tuyo”; y de ellas, porque la Fe se confirma, la Caridad se enciende para más amar a tan liberal Señor, y la Esperanza se alienta de muchas maneras, esperando que obrará Dios en él lo que obró ya en su prójimo; pero sacar de la grandeza de las mercedes de Dios tibieza para creerlas (por ser grandes) es sentir bajamente de la infinita liberalidad y bondad de Dios, y medirla por la cortedad de su ánimo, triste y escaso. De manera que las mercedes hechas a santa Juana no son menos creíbles por ser grandes, porque si se leen los libros de los santos están llenos de casos maravillosos, donde se muestra haber hecho Dios Nuestro Señor mercedes grandiosas a ladrones y salteadores y a todo género de personas facinerosas (cuando parece que menos lo merecían) por sus secretos juicios y para muestra de su infinita misericordia. ¿Pues qué mucho que haya hecho lo mismo por una sierva suya, escogida desde el vientre de su madre para ser santa? Ni puedo persuadirme yo que los que ahora se espantan sea por la grandeza, porque si della se espantan es señal que no la conocen, sino de la novedad y casos extraordinarios. Y en las cosas humanas tiene esto algún fundamento, pero en las divinas es muy de hombres tibios no advertir en cosas muy grandes que hace Dios muy de ordinario, y admirarse mucho de las extraordinarias, como lo pondera san Agustín: ''Ut non maiora sed insolita videndo, stuperent, quibus quotidiana vilueruns''. ''[22]'' “Y caerán sin duda los sobredichos en la cuenta si hicieren esta consideración”. Y es que suelten las riendas al entendimiento y añadan a las mercedes que Dios hizo a esta sierva suya otras mayores, más estupendas y raras, y porque el entendimiento del hombre es corto, haga esto el más subido serafín, y todo junto esto con aquello no llegará ni en grandeza de obra, ni en firmeza de amor, ni en novedad de maravilla a lo que es solo comulgar una vez. Porque esta merced ni puede tener igual, ni el misterio semejanza. Todo esto, y mucho más a este propósito, advierte el señor Obispo Sosa. Y lo he querido referir porque, llegando a tratar de las soberanas misericordias hechas a esta bendita doncella, vaya el lector con esta prevención. [279] Y, aunque es bien que se admire dellas, por grandes e inusitadas, no por eso deje de creerlas, antes de aquello sacará luz para esto.&lt;br /&gt;
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Pues cuando el liberalísimo Señor quiso dar a su sierva más vivas prendas de su amor, determinó visitarla, no ya por solo ministerio de ángeles (como otras veces) sino por sí mismo, y desposarse con ella, con asistencia de su santísima Madre y muchos ángeles y santas vírgenes, que acompañaban a su celestial Rey y Señor. Pues como la sierva de Dios viese a su dulcísimo esposo (en visión imaginaria y verdadera) al lado de su Madre santísima, puso los ojos en él, y favorecida para ello de la Reina del Cielo, pidiole amorosamente la palabra que en otra sazón le tenía dada de desposarse con ella, lo cual pedía también la Virgen Santísima. ''[23]'' Y perseverando con profundísima humildad en esta petición, el clementísimo Señor, movido de los ruegos de su santísima Madre y de los ángeles y vírgenes, que postrados ante su presencia divina rogaban lo mismo, puso Su Majestad en su sierva los ojos de misericordia. Y mirándola con apacible rostro la dijo: “Pláceme de desposarme contigo”. Y extendiendo su poderosa mano, se la dio en señal de desposorio. Con lo cual quedó la bienaventurada virgen tan contenta y consolada (cuanto era razón) de verse del clementísimo Señor tan favorecida.&lt;br /&gt;
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La devoción que tuvo al Santísimo Sacramento fue superior a todo lo que se puede decir. Porque cuanto hacía antes de comulgar lo guiaba en orden a la santa comunión ''[24]'' y lo que después, todo era hacimiento de gracias. Y mientras más gustaba de este divino manjar, más hambre le quedaba d’él, y así todas las veces que podía le recibía.  Y cuando por la debida reverencia se detenía, espiritualmente comulgaba. Y esto tan a menudo que toda su vida era una comunión espiritual continuada. Y tanto que, estando una vez arrobada, le dijo el Señor hablando con ella que le agradaban muchos las comuniones espirituales que hacía. ''[25]'' Y muy consolada con esto, solía decir muchas veces: “Oh, Señor, qué buena manera de comulgar es esta, sin ser vista ni registrada, sin haber de dar cuenta dello a ninguna criatura humana sino solo a vos, Criador y Señor mío, que me hacéis tanto regalo a mí, la [280] más vil y desechada de cuantas criaturas hay en el mundo. Oh, Pan de Ángeles, oh maravilloso manjar lleno de toda suavidad y dulzura, ¿qué piedad es esta, mi dulce Jesús?”. Esto decía agradeciendo al Señor el comulgarla espiritualmente cada día y cada hora que ella quería.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Pues de las cosas milagrosas que le acaecieron en respecto del Santísimo Sacramento, ¿quién podrá dar razón entera? Confesándose un día mientras se decía la misa conventual, mandola el confesor que fuese a adorar al Santísimo Sacramento. ''[26]'' Y llegando a un portal cerca de la iglesia, oyendo tocar a alzar, se hincó de rodillas para adorar desde allí con los ojos del alma al que no podía ver con los del cuerpo. Mas su dulcísimo esposo, que quería ser visto della, ordenó que se abriese la pared a la larga del portal que dividía el convento de la iglesia. ''[27]'' Y vio a la hostia consagrada en el altar, y al sacerdote que decía la misa y todas las personas que estaban en la iglesia. Y habiendo adorado con suma devoción, se tornó a ajuntar la pared, quedándose ella de rodillas hasta que cuando el sacerdote alzó la hostia postrera se volvió a abrir otra vez la pared. Y para perpetua memoria deste milagro, quiso el Señor que la última piedra en que se remató la juntura de la pared quedase más blanca que las otras y hendida en tres partes a manera de cruz (como se muestra hoy en día), y cuando se deshizo después aquella pared para hacer la de la iglesia, en la forma que hoy está, la mayor parte desta piedra como reliquia preciosa se puso en el claustro alto como ahora está, cubierta con una rejita de hierro dorada, y allí van las monjas a rezar y tocar sus rosarios.&lt;br /&gt;
Otra vez siendo cocinera oyó tañer a alzar, y puesta de rodillas de entre los tizones y ollas que estaba, vio el Santísimo Sacramento con haber por medio cuatro o cinco paredes y otros tantos aposentos, y esto le acaeció muchas veces.&lt;br /&gt;
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Una vez la habló Christo Nuestro Señor en la hostia consagrada prometiéndole la salvación de una monja de su convento, por la cual rogaba. Y estaba ya en la agonía de la muerte.&lt;br /&gt;
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Un sábado santo estando en su celda, oyó tañer a gloria, y no pudiendo ir a la misa por estar enferma, arrodillándose en la cama para dar gracias a Dios, vio desde allí todo lo que el preste decía en el altar y lo que las monjas decían en el coro, [281] y lo que más es: vio a Christo resucitado y resplandeciente que salía del sepulcro, con muchos ángeles que le daban músicas y cantaban muchos motetes y letras. Otras muchas veces oía de muy lejos del coro todo el oficio divino que se cantaba y daba razón de todo cuanto pasaba, como si estuviera presente a ello.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Una religiosa, buscando otra cosa en la celda de esta santa virgen, vio dentro de un cofrecillo una hostia. Y a este punto volvió ella del rapto en que estaba. Y con mucha agonía, se fue derecha al cofrecillo en que andaba la religiosa y dijo: “Hermana, no toque a esa santa reliquia, porque es el Santísimo Sacramento, que le han traído ahí los ángeles”. Y declarando cómo era, dijo: “Un hombre que por sus pecados se fue al infierno murió con el Santísimo Sacramento en la boca, de la cual se le sacaron los ángeles y le trajeron aquí, mandándome que, pues yo lo había visto, comulgase con la santa hostia y la recibiese por una de las ánimas de purgatorio. [28] Y estando en oración supe que andaba cierta persona en mi cofre, y así quiero luego hacer lo que los ángeles me mandaron”, lo cual hizo con mucha devoción y lágrimas.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Cap. VII. De la familiaridad que tenía con los ángeles y en especial con el de su guarda, y cuán devota era de san Antonio de Padua'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Era tan ordinario el trato que esta sierva de Dios tenía con los santos ángeles que conversaba con ellos con la misma llaneza cual suele un amigo con otro. ''[29]'' Y desto se le pegó la condición angélica y tal olor a las cosas que tocaba y hábitos que vestía que con ninguno de la Tierra se podía comparar: porque era del Cielo, y así toda sabía a Cielo. Los ángeles que guardaban particulares provincias y reinos la visitaban a menudo y le rogaban alcanzase del Señor que templase tal y tal tempestad que quería enviar sobre la tierra de piedra, granizo o rayos. Decíanla sus nombres y oficios y algunas veces las cosas que sucedían en los reinos y provincias que [282] guardaban, así presentes como las que estaban por venir. Una vez estando con las monjas que querían comulgar, se la arrebataron los ángeles y no la vieron hasta que después de haber comulgado apareció en medio de ellas. Las cuales admiradas y deseosas de saber, la rogaron se las dijese. Y ella para su edificación las dijo: “Hermanas, porque os ocupáis conmigo cuando se ha de tratar solamente con Dios, quiso Su Majestad que los ángeles me llevasen a lo alto, de donde ellos y yo adoramos el Santísimo Sacramento. De allí os vi comulgar a todas y lo mucho que los ángeles de vuestra guarda se alegran con las que comulgan santa y puramente, y lo que mostraban apartarse y querellarse los que veían lo contrario en las que ellos guardaban”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Por tanto, persuadíalas a que fuesen muy devotas de los ángeles que las guardaban: “Porque no solo nos guardan siempre y acompañan, sino que cuando caemos nos levantan si estamos tibias, en la devoción nos inflaman, en nuestras dudas nos enseñan, en los peligros defienden y en los trabajos nos sustentan y a la hora de nuestra muerte asisten y acompañan nuestras almas y las presentan a Dios, las visitan y consuelan en el purgatorio. Y porque sepáis cuán cierto es esto (dixo la santa) el otro día vi que tañendo la madre vicaria la campanilla de comunidad a que se juntasen todas las religiosas, como no acudieron luego todas, vinieron los ángeles de las que faltaron a hacer la obediencia por ellas”. Otra vez siendo abadesa esta santa virgen, reprehendiendo a dos religiosas mozas en presencia de otras, dijo: “Estando yo poco ha en oración, me mostró el Señor vuestra obediencia y que no quisieses barrer lo que la madre vicaria os mandó, por lo cual perdistes dos coronas que os traían los ángeles de vuestra guarda y, mandándoselo Dios, las dieron a los ángeles custodios de las otras dos que obedecieron mejor que vosotras. Esto me mostró Dios, hijas, y yo lo digo para más confusión y enmienda vuestra y para enseñaros que la campanilla y qualquier otro señal de obediencia es voz de Dios, a quien debemos obedecer si le queremos agradar y servir”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Con estos ejemplos y otros que contaba a sus monjas, las hacía muy devotas de los ángeles custodios. Y del suyo propio decía grandezas. Decía que era más resplandeciente que el sol y sus vestiduras más blancas que la nieve y que traía alas de singular hermosura y en su sagrada cabeza [283] una diadema preciosísima, sembrada de ricas piedras, y en la frente la señal de la cruz, con esta letra: ''Confiteantur omnes Angeli, quoniam Christus est Rex Angelorum. En los pechos esta: Spiritus Sancti gratia illuminet sensus, et corda nostra''. Y en la manga del brazo derecho la señal de la santa cruz de piedras preciosas, con el siguiente letrero: ''Ecce Crucens Domini fugite partes adversa''. En la del brazo siniestro la misma devisa de la cruz, con los clavos y las demás insignias de la pasión y con esta letra: ''Dulce lignum'', “dulces clavos”. Y en los pies de piedras preciosas este mote: ''Quam pulchri sunt gresus tui''. En las rodillas otro que dice: ''In nomine Iesu omne genuflectatur''. Y más arriba esta letra: ''Celestium terrestium, et infernorum''. Y en las manos suele traer un muy hermoso pendón con las insignias de la Pasión. A este modo publicaba de su ángel tantas cosas esta sierva de Dios que despertó en las monjas gran deseo de saber su nombre, para encomendarse a él. Y así la rogaron supiese cuál era su nombre. Supo que se llamaba Laruel Áureo y se les dijo. [30] Las cuales no solo le tuvieron desde entonces por abogado y patrón, sino que, dejando los apellidos a su linaje y parentela, muchas tomaron por sobrenombre el del ángel san Laruel. Y esta devoción dura hasta hoy en el convento. Mas hase de advertir que no por esto que aquí se dice se ha de entender que los ángeles de su naturaleza sean corpóreos, ''[31]'' sino que algunas veces toman cuerpos formados del aire para que puedan ser vistos de los hombres, como lo dice san Thomas. ''[32]'' Decía también la santa que este bendito ángel era de los muy privados de Dios y que fue custodio sucesivamente de las almas de algunos santos muy señalados, y que consuela y visita las ánimas del purgatorio y a las personas que están en peligro de muerte.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Preguntó una vez a su santo ángel: “¿Cómo quedaron los buenos ángeles tan hermosos y los malos tan obstinados y feos y con tanta sed de hacer pecar a los hombres?”. “Muchas cosas has preguntado”, dijo el ángel, “mas a todas te responderé, porque lo quiere Dios”. Y así declaró a la santa tan altos y profundos misterios y la resolución de casi todas las cuestiones y subtilezas que tratan los teólogos en la materia ''de Angelis''. Las cuales no me detengo en contar, por no alargar la historia. También la dijo el ángel que nueve veces arreo se había aparecido la Virgen nuestra Señora en aquella santa casa, los primeros días [284] de marzo. Y que en el último de estos aparecimientos puso con su mano la cruz, señalando con ella el sitio donde quería le edificasen la iglesia, que es en medio de la capilla mayor, en el mismo lugar donde está ahora puesta una cruz, en memoria de la que puso por su mano la Reina del Cielo. El mismo ángel consoló a la santa en muchas persecuciones y enfermedades que padeció, que fueron increíbles, hasta llegar a confesarse con él, no sacramentalmente, sino por vía de consulta y de consuelo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y una vez entre otras le dijo: “Un escrúpulo me atormenta grandemente y es saber si las tentaciones son pecados”. “Sí, respondió el ángel, cuando son consentidas: mas las que no, antes son meritorias”. A esto replicó: “Señor, entre las que me combaten más, tengo por gran tentación parecerme que siento demasiado los testimonios que me levantan”. “No hay que temer en eso”, dijo el ángel, “antes es justo que sientas la pérdida de tu fama, siquiera por la de Dios, a quien ofenden los que te infaman”. “Ay Señor”, dijo ella, “que pienso llegar a ser extremo el que tengo en sentir mis afrentas, porque estoy tal viendo cual me han tratado que, aunque nunca lo digo sino a tu hermosura (que así llamaba a su ángel por la extremada hermosura que tenía), no puedo desechar la pena que me causa y el pensar si por ello estoy aborrecida de los perlados de mi orden, y si por esta causa perderé después de muerte las misas y sufragios que esperaba dellos”. ''[33]'' Diciendo esto derramaba muchas lágrimas, y deseándola consolar la dijo el ángel: “Sosiégate, alma bendita, no pienses que por ser reprehendida de tus perlados eres aborrecida dellos, antes por este camino se labra tu corona y es purificada tu alma, la cual está siempre como la santa escriptura dice, en tus manos”. “No quisiera yo (replicó ella) que mi alma estuviera en tan ruines manos como son las mías, sino en las de Dios, que como soy tan mala y pecadora temo mucho el perderla. Ay, ángel santo, cuán grandes son mis pecados, ¿qué será de mí si Dios por su misericordia no hace como quien es? Rogádselo vos, guardador mío, no se pierda esta alma que está por vuestra cuenta. Dalda buena desta ovejuela vuestra, no se la llevo el lobo. Salvador bendito, consolador de almas, consolad la mía, que estoy muy desconsolada y afligida, aunque mi mayor aflicción es pensar, que por ser tan pecadora padezco estas persecuciones y trabajos, y por eso el Señor permite que me [285] fatigue tanto el Demonio”. “No seas ingrata al Señor”, dijo el ángel, que las persecuciones que padeces mercedes son que Dios te hace: y bien sabes tú que ha mucho tiempo que te dije que Satanás había pedido licencia para perseguirte y tentarte, como hizo el santo Job. Confía en Jesúchristo y en la virtud de su cruz, que, aunque el cuerpo padezca, el alma se salvará”. Estas y otras muy familiares y espirituales razones pasó la sierva de Dios con su santo ángel. Después de las cuales le dijo: “Gracias doy a mi Dios y a vos, santo ángel mío, que así me habéis consolado con vuestras santas razones, pero deseo ahora me digáis: ¿cómo siendo yo tan gran pecadora os veo tantas veces y gozo tan amenudo de la dulce presencia de mi Señor Jesúchristo y de su Santísima Madre?”. Es gracia suya”, dijo el ángel, “que la comunica Dios a quien quiere, de la cual le darás estrecha cuenta”. “Bien sabe su divina Majestad (dijo ella) que nunca se la pedí, ni visiones, ni aparecimientos: porque como tan miserable pecadora no lo merezco. Y así conozco que solo por ser quien es me hace estas mercedes”. “Agradéceselas mucho”, dijo el ángel, “y mira que otras personas sin gozar de este favor son mejores que tú, y esto ten siempre en tu memoria. Y que para mayor bien tuyo y librarte de la vanagloria ha permitido Dios que seas perseguida y atropellada de las gentes y andes en lenguas de tantos”. A la fama de estas cosas acudían a ella tantas gentes necesitadas de consuelo que muchas veces se hallaban a la puerta del convento cien personas juntas y a todas oía y trataba sus necesidades con el santo ángel. Y aprendía tan bien las respuestas que la daba que, con ser muchas y de muchas maneras, ninguna se la olvidaba. A una persona que la rogó supiese de su ángel qué haría para agradar al Señor, respondió: “Paz, oración y silencio son tres cosas que agradan mucho a Dios”. A otra persona que deseaba saber lo mismo, respondió: “Llora con los que lloran, ríe con los que ríen y calla con los que hablan”. Otra persona necesitada de salud y de consuelo, y aun de consejo, se lo vino a pedir para que de su ángel lo alcanzase. El cual la dio esta respuesta: “Di a esa persona afligida que ponga por cielo en su cama a Christo crucificado y por cortinas las insignias de la pasión y ofrezca a Dios sus dolores”. Otras muchas y muy notables respuestas la dio el ángel, de las cuales dejo algunas por no alargarme.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[286] Tuvo también especial devoción y familiaridad con san Antonio de Padua, del cual fue siempre muy favorecida y regalada. ''[34]'' Una vez estando en oración, pidiendo para sí y para otras almas la misericordia del Muy Alto, la apareció el santo y dijo: “Hija, quien tanto agrada a su dulcísimo esposo, como tú, mucho le ha de pedir”. Y la santa contemplando aquel dulcísimo niño Jesús que san Antonio traía en su mano, le comenzó a decir tales dulzuras que se detuvo en ello gran rato, hasta que el mismo santo la dijo: “Vuelve, hija mía, la cara y duélete de tus hermanas y de sus necesidades”. Y volviendo el rostro vio cabe sí dos almas muy necesitadas y rogó al dulcísimo niño Jesús por ellas diciendo: “Señor mío, de estos santísimos pies no me levantaré hasta que las hagas la merced”. La cual otorgó luego el piadosísimo Señor y, dándole gracias por haberlas perdonado, extendió san Antonio sobre ella la mano; dándola su bendición dijo: “Aquí descansa en su esposa este divino Jesús, verdadero esposo de las almas”. Duró este rapto largo tiempo y volvió la bienaventurada santa d’él con tanta alegría y resplandor en su rostro, que causó admiración a las religiosas que la vieron. Otra vez, acabando de hacer cierta obra de caridad en una religiosa de su casa quedó con algún desconsuelo, por verla con otras necesidades del alma. Y creciendo en ella esta fatiga, porque la necesidad crecía también, con un gran sospiro llamó a san Antonio de Padua, diciendo: “Oh, mi padre san Antonio, ayudadme ahora con Dios para que libre a esta mi hermana”. Luego al punto se le apareció el glorioso santo y dijo: “Esposa amada de mi Señor Jesuchristo ¿qué me pides? Que sin duda lo alcanzarás”. Ella respondió con humildad profunda: “Yo me hallo tan indigna que no me atrevo a parecer ante mi dulcísimo Jesús, menos que tal intercesión como la vuestra”. Entonces el santo le echó su bendición con su bendita mano y el niño Jesús, que tenía en la otra, con amoroso semblante la dijo: “Yo te ayudaré en tus necesidades y lo que ahora me pides para tu hermana, ya te es concedido, la cual dentro de un mes pasará de esta vida a la eterna, perdonándola muchos años del purgatorio por tu intercesión”. Dadas al soberano Señor muchas gracias por tan inefable merced como la hacía se fue a la religiosa y la dijo lo que había pasado y ella con grande aparejo [287] esperó la hora de su muerte, que puntualmente sucedió cuando le fue revelado.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Cap. VIII. De cómo la sierva de Dios fue electa abadesa y de un muerto que resucitó'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Como las religiosas sabían la rara santidad de sor Juana y junto con eso su buen talento y singular prudencia, deseaban tenerla por perlada. Mas los prelados, atendiendo a que era muy moza, pues tenía poco más de veinte y cinco años, rehusaban el admitirla para perlada. Mas ya que en esta ocasión no pudieron las monjas hacer lo que deseaban, en otra siguiente en que vacaba el oficio de abadesa y tenía ya cumplidos veinte y ocho años suplicaron a Dios con instancia pusiese en aquel oficio a su sierva. Oyolas el Señor y, llegando el provincial a hacer elección y considerando la mucha santidad de sor Juana, tuvo escrúpulo de haberla estorbado otra vez, cuando las monjas la quisieron elegir. Solo reparaba en que no podía cumplir con las obligaciones de su oficio porque lo más de el tiempo estaba elevada. Estando dudoso el provincial y combatido destos pensamientos, fue hecha la mano del Señor sobre su sierva y, estando elevada, dijo tales razones que dellas echó de ver el provincial que era la voluntad de Dios que fuese abadesa. Luego entró en la elección y todas las monjas dieron sus votos a sor Juana, sin faltar alguno. Y confirmándola el perlado dijo: “Yo, señoras, no la hago abadesa, sino la voluntad de Dios, que quiere que lo sea”. Ellas no cabían de contento por verse súbditas de tan bendita perlada, la cual en diez y siete años continuos que lo fue hizo cosas importantísimas en el servicio de Dios y aumento del monasterio, el cual estaba tan pobre y necesitado cuando le comenzó a gobernar que solo tenía unas terrecillas donde sembraban una miseria de trigo y nueve reales de renta cada año. ''[35]'' Mas luego quiso Dios, por los méritos de su sierva, que creciese y se aumentase el convento, así en lo temporal como en lo espiritual y que se echase de ver que no contradice, antes se concierta muy bien, la rara santidad con el buen acierto en el gobierno. Muchas [288] personas principales y grandes del reino la dieron gruesas limosnas. El cardenal don fray Francisco Ximénez, su gran devoto, se señaló mucho en esto. Y el Gran Capitán Gonzalo Fernández de Córdoba la dio quinientos mil maravedís de una vez, con que la sierva de Dios hizo un cuarto y dormitorio, el mejor que tiene el convento. Para el culto divino hizo muchos ornamentos, vasos de oro y plata, y aumentó en la casa cincuenta fanegas de pan de renta y otros tantos mil maravedís en cada un año, señalándose sobre todo en la santidad y buen gobierno del convento. Cuando tuvo la casa reparada, cuanto al edificio y rentas, hizo que las monjas guardasen clausura, que hasta allí no la guardaban ni prometían, sino que salían como otros pobres a pedir limosna por los lugares de la comarca. Con todo esto era tan amada de todas que se tenían por muy dichosas en tener tal perlada. Junto con este amor la tenían tal reverencia y temor, que acaecía cuando enviaba a llamar alguna religiosa venir luego temblando, de suerte que era necesario que la bendita perlada le quitase aquel temor para poder responder. A todos sus capítulos precedían siempre raptos y muy grandes elevaciones, y allí sabía todas las necesidades del convento y de las monjas, públicas y secretas, temporales y espirituales y todas las remediaba y proveía y el ángel de su guarda la decía lo que había de hacer y ordenar.''[36]'' Exhortábala todo lo bueno y reprehendía lo que no era tal. Castigaba con mucha caridad y prudencia, sin disimular culpa alguna, por muy pequeña que fuese. Y para animarlas al servicio del Señor y observancia de su regla, decía muchas cosas de las que el Señor por su misericordia le mostraba. ''[37]''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Estando una religiosa muy enferma en el artículo de la muerte, con grandes ansias por el temor de las penas del purgatorio y del infierno, daba grandísimos gritos y hacía notables extremos. Viéndola así la bendita abadesa, llena de caridad y confianza dijo: “Hija, no temas, confía en mi Señor Jesuchristo que te crió y redimió, y yo de su parte te aseguro que no irás al infierno, ni purgatorio, antes te concederá plenaria remisión de tus pecados”. Dicho esto se fue a comulgar la bendita abadesa y, estando arrobada, expiró la enferma y vio que llevaban a juicio su alma y le tomaban estrechísima cuenta. Viendo [289] esto la santa virgen daba voces a los ángeles diciendo: “Señores, no llevéis esa alma a purgatorio porque he suplicado a mi Señor Jesuchristo que vaya derecha al Cielo”. Luego a los ángeles fue notificado aquello de parte del Soberano Juez, y así se hizo. Donde se ve lo mucho que pueden con Dios las oraciones de los justos.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
La rara virtud y celo de la honra de Dios y vida tan excelente muy justo era que el Señor la confirmara con milagros, que suelen ser el sello destas cosas. ''[38]'' Entre los cuales merece el primero lugar la resurrección de una niña que, habiéndola traído sus padres por devoción al convento de Santa Cruz, murió allí, siendo abadesa sor Juana de la Cruz, de cuya santidad tuvieron tal confianza sus padres, que creyeron si la daba su bendición, cobraría la vida. Rehusolo, excusándose con palabras y pensamientos de humildad, mas al fin, vencida de la piedad humana, de las lágrimas y ruegos de sus padres, mandó que le trujesen la niña muerta, y tomándola en sus brazos, la puso un crucifixo que traía consigo y, hecha sobre ella la señal de la cruz, la resucitó y volvió a sus padres sana y buena en presencia de ochenta personas que fueron testigos deste milagro. Estaba en Madrid una gran señora, llamada doña Ana Manrique, enferma de dolor de costado y, avisándola del peligro de su vida, ''[39]'' cuando este fue mayor, se le apareció la bendita Juana, como constó por el dicho de la enferma y por una carta suya que dice de esta manera: “Yo estoy mucho mejor como vos, madre, sabéis, como la que ha estado conmigo y me ha sanado; bien os vi y conocí cuando me visitasteis al seteno día de mi enfermedad, estando yo desahuciada y con muy grandes congojas; yo os vi subir en mi cama y tocándome las espaldas y el lado donde tenía el dolor, se me quitó luego y, con el gran placer que tuve, porque me alegró mucho vuestra visita, lo dije: ‘No me neguéis madre esta verdad, pues sabéis vos que lo es’”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Las monjas, entendiendo esto, se lo fueron a preguntar a la humilde abadesa y ella, deseando encubrir el caso, dijo: “No crean, hermanas, todo lo que se dice”. Mas viendo ellas que era público en la corte y que le publicaba la enferma, instaron en que para gloria de Dios contase cómo había sido. Entonces dijo: “No piensen, hermanas, que esa caridad de ir a visitar a nuestra hermana salió de mí, sino de mi santo ángel, que, rogándole yo pidiese a Dios le diese salud, dijo: ‘Mejor será que la [290] vamos a visitar, pues es tu amiga (que para las necesidades son los amigos)’; y, entrando en su aposento, me mandó la tocase en las espaldas y que hiciese sobre ella la señal de la cruz, y el ángel también la dio su bendición, por la cual sanó. Y yo me maravillo mucho que me permitiese Dios me viese a mí y no al ángel”. ''[40]'' Dos religiosas enfermas, que la una tenía dos zaratanes y la otra uno en un pecho tan grande como un puño, sanaron encomendándose a su santa abadesa. Y una religiosa muy enferma de calenturas pidió un poco de pan del que había sobrado a la madre y, así como lo metió en la boca, se le quitó la calentura y quedó sana.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Otra religiosa tenía un brazo muy peligroso con una gran llaga y, rogando al ángel de su guarda alcanzase de Nuestro Señor salud para aquella enferma, repondió: “Más mal tiene esa monja del que tú piensas, porque es fuego de san Marcial y tal que no sanará, sino fuere por milagro”; el fuego se comenzó a manifestar en el brazo, ella prosiguió tan de veras su oración que alcanzó de Dios salud para la enferma. A una niña enferma de mal de corazón dio salud haciendo sobre ella la señal de la cruz. Y al confesor del convento, estando enfermo de rabia, sanó santiguándole la comida. Otros muchos milagros hizo semejantes a estos en la cura de los enfermos y en parecer muchas cosas perdidas que se le encomendaron.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Cap. VIIII. De las milagrosas cuentas que nuestro Señor bendijo en el Cielo, a instancia de su sierva'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Todas las dificultades que puede haber habido, cerca de estas cuentas de que se tratará ahora, se allanan con advertir al lector de algunas cosas. La primera es que no se pretende aquí, ni el autor de quien arriba dijimos que escribió la vida desta santa quiso dar a entender, que las dichas cuentas, por haber estado en el Cielo, viniesen de allá con especiales indulgencias. Porque, aunque las pudo conceder el Señor que nos las ganó y de quien tiene autoridad el Sumo Pontífice para concederlas, pero llana cosa es que esa autoridad se la tiene dada [291] a él, como a cabeza visible de la Iglesia, y por ese medio quiere Su Majestad que se concedan todas.&lt;br /&gt;
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Lo segundo se ha de advertir que la razón porque las dichas cuentas son en todo el mundo tan estimadas, y es razón que lo sean, ''[41]'' no es por las dichas indulgencias, que cuanto a eso muchas hay concedidas por los Sumos Pontífices, y cada día se conceden en las cuales hallamos todo lo que se puede desear para en razón de indulgencias. La causa, pues, porque deben preciarse como muy preciosas las dichas cuentas es por haber sido llevadas al divino consistorio de la gloria celestial por ministerio de el ángel de guarda de la bendita sor Juana de la Cruz y haber el mismo Dios en el trono de su gloria echado su bendición sobre ellas, de cuya bendición y contacto salieron tan maravillosamente dotadas de tantas virtudes y gracias cuanto se echa de ver en los efectos milagrosos que proceden dellas. Ni debe parecer esto ser cosa inaudita y nunca vista, como algunos han querido afirmar, que es el haber llevado el ángel y bajado de allá benditas las dichas cuentas (como consta por testimonio de un convento de religiosas entero, y por tantos milagros como en confirmación desta verdad consta haber Dios hecho), porque no es caso sin ejemplo, antes hay muchas cosas que se veneran entre los christianos por haber descendido del Cielo y por ministerio de ángeles. ''[42]'' Y dejadas aparte algunas de que se trata la Sagrada Escritura, como el manná, el alfanje o cuchillo santo, que trajo Jeremías a Judas Machabeo,hay otras muchas, que el pueblo christiano venera: ''[43]'' como la cruz de los ángeles que se conserva en la santa iglesia de Oviedo y la de Caravaca, y la casulla de san Ildefonso, el pedazo de velo que el mismo santo cortó de la santa Leocadia, la ampolla christalina, donde pareció incluso el milagro de la Eucharistía, que se conserva en Santarén, el hábito que la Virgen Nuestra Señora trajo a san Norberto, de que le vistió cuando había de instituir su religión, y lo mismo acaeció a otros fundadores de religiones. Y celebrando misa el obispo Próculo Mártir Santísimo, levantaron los ángeles el cáliz y le subieron al Cielo y después de dos horas se la bajaron y dijeron: “El Espíritu Santo le consagró, no le tornes tú a consagrar, sino recíbele”, y así lo hizo, admirándose todos los que presentes estaban. Y Nizeforo Calixto escribe en su historia Ecclesiastica lib.19 cap.20 las excelencias del glorioso Amsiloloquio de Itriana y, [292] entre otras cosas, refiere cómo le consagraron los ángeles. Y muy grandes son las historias que afirman haber descendido del Cielo los tres lirios de oro, llamados Flor de Lis, que traen los reyes de Francia por armas, inviándoselos Dios con un ángel por gran favor al rey Clodoveo cuando se convirtió a la fe y de gentil se hizo christiano. ''[44]'' Y cuando san Remigio, obispo de Remes, [sic] quiso baptizar al rey, faltando acaso la chrisma la bajó del Cielo una paloma en una redomita o ampolla que traía en el pico, ''[45]'' poniéndosela delante de muchas gentes al santo obispo en las manos; desapareció, y ungió luego al rey con la maravillosa chrisma que Dios le enviaba, la cual se guarda en la misma ampolla y se ungen con ella los reyes de Francia el día de su coronación y ha mil y cien años que conserva Dios allí aquel santo liquor. Ni hay mucho que espantarse de estas semejantes maravillas, porque es Dios grande honrador de sus siervos. Todo lo dicho, y mucho más a este propósito, se colige de lo que maravillosamente escribe el doctísimo señor obispo Sola en la aprobación del dicho libro que sale ahora revisto por el Tribunal del Santo Oficio.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Volviendo, pues, al propósito deste capítulo, como las religiosas de aquel santo convento, súbditas de la sierva de Dios sor Juana, la vieron tan favorecida del Cielo, quisieron valerse de la intercesión de su santa madre para que alcanzase del Señor, por medio del ángel de su guarda, que bendijese sus rosarios y les concediese algunas gracias para ellos. ''[46]'' La sierva de Dios con su gran caridad (que nunca supo negar cosa de cuantas por Dios le pedían) ofreció procurarlo, y habiéndolo comunicado con el ángel de su guarda, y alcanzado de Dios lo que pedían, dijo a las monjas que para cierto día ajuntasen todas las cuentas y rosarios que tuviesen porque el Señor por su bondad los quería bendecir y mandaba que el ángel los subiese al Cielo, de donde se los traería benditos. No lo dijo a las sordas porque, oyéndolo las monjas, buscaron en su casa y lugares de la comarca, todos los rosarios que pudieron ajuntar, y para el día señalado se los llevaron todos. Y como eran tantos y tan diferentes las cuentas, de aquí nace haber tanta diferencia dellas. La bendita sor Juana, cuando vio juntas las cuentas, mandolas poner todas en una arquilla, que está guardada en el convento con gran veneración, y a una de las monjas más ancianas [293] que la cerrase con llave y la guardase consigo. Hecho esto se puso en oración y, viéndola arrobada, las monjas tuvieron por cierto ser aquella la hora y punto en el que el ángel había subido a bendecir los rosarios al Cielo. ''[47]'' Y así llevadas de curiosidad, acudieron a la religiosa que tenía la llave de la arquilla y, abriéndola, vieron que estaba vacía, por donde tuvieron por cierto lo que habían imaginado, y volviéndola a cerrar como estaba se fueron de allí, porque volviendo del rapto no las viese. Y quedaron con gran consuelo aguardando las gracias del Cielo que el ángel les había de traer cuando tornase la sierva de Dios de aquel rapto. ''[48]'' Y como volviese d’él, se sintió por todo el convento tan grande fragancia y suavidad de olor que, atraídas d’él, vinieron a preguntar a la santa abadesa la causa de aquella novedad. Presto (dixo): “Hermanas, lo sabréis, y la merced que Dios os ha hecho. Vengan aquí todas y en especial la que tiene la llave de la arquilla”. Fue cosa maravillosa que, con haber poco rato que la habían abierto y hallada vacía, tornándola a abrir ahora la hallaron con los mismos rosarios y cuentas que habían puesto en ella, sin faltar una sola. Porque el ángel que los llevó al Cielo los había ya vuelto benditos y puesto en la misma arquita y, cuando ahora la abrió la monja que guardó la llave, creció tanto el olor que salía della, que se admiraron todas. Y ella dijo que aquella suavidad era la que se había apegado a sus rosarios de haber estado en las sacratísimas manos de Nuestro Señor Jesuchristo, y que no solo les había dado su bendición, sino concedido muchas gracias y virtudes, las cuales iba diciendo y juntamente dando a cada religiosa sus cuentas. Y a estas unas llamaba de los Agnus, porque las había concedido el Señor las gracias que tienen lo Agnus, a otras llamaba contra los demonios por la virtud que tienen de alanzarlos, a otras contra tentaciones y enfermedades, y otras contra otros peligros, conforme a las virtudes que el Señor puso en ellas. Esta grande maravilla sucedió el año de mil quinientos veinte y tres. Quedaron muy consoladas las religiosas y obligadísimas a su bendita Madre, por la misericordia del Cielo que las había alcanzado. Pero, deseando cada una gozar más copiosamente de aquel bien que con sus cuentas tenía y de todas las gracias y virtudes que tenían las otras, rogaron a la abadesa alcanzase de Nuestro Señor que las gracias que estaban repartidas entre todas las concediese [294] generalmente todas a cada una de sus cuentas. La sierva de Dios lo suplicó a Su Majestad y se lo otorgó, advirtiéndolas que por las gracias de aquellas cuentas no despreciasen las que los Sumos Pontífices concediesen en la Tierra.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Las virtudes de estas cuentas son muchas y por experiencia se conoce que la tienen contra demonios, porque los lanzan de los obsesos y confiesan que salen por virtud de estas cuentas y huyen de los que las traen consigo. ''[49]'' Tiénenlas también contra el fuego, contra los truenos y rayos, tempestades y tormentas del mar, y contra muchas enfermedades del cuerpo y del alma. Valen contra escrúpulos, tentaciones y espantos de demonios, y esto sacaron de la virtud que les dio el Señor, como consta por los milagros que están comprobados. Todo esto se ha colegido de lo que, debajo juramento, dijeron las monjas ancianas que conocieron y trataron a las compañeras de la misma sierva de Dios, que en sus deposiciones juran habérselo oído contar muchas veces y es pública tradición desde aquellos tiempos hasta estos, que estas cuentas estuvieron en el Cielo y todo lo demás que queda dicho dellas. Y muchas personas de cuenta y grandes perlados de Castilla las tienen en mucha veneración, y las han procurado y tenido en mucho. Una tuvo el rey Filipo Segundo de buena memoria; y Filipo Tercero, legítimo heredero de la fe y la devoción de su padre, y la christianísima reina doña Margarita, mujer suya, las han tenido consigo. ''[50]'' Y el Papa Clemente Octavo de gloriosa memoria, antes de ser Pontífice vino a España, con un hermano suyo, auditor de Rota, sobre los negocios del Condado de Puñoenrrostro ''[51]'' y fue desde Torrejón de Velasco al convento de la Cruz, donde está el cuerpo de la beata Juana e, informado de la sancta vida y milagros desta virgen y de la verdad de estas cuentas, después de haber dicho misa en la capilla donde está su cuerpo, pidió a sor Juana Evangelista, abadesa que era del convento, una de las dichas cuentas y con mucha devoción la recibió y llevó consigo. Los benditos fray Francisco de Torres y fray Julián de San Agustín, varones apostólicos de tan aprobadas y santas vidas que después de sus muertes hizo Dios por ellos muchos milagros, ''[52]'' afirman en sus testimonios que dieron que habían subido al Cielo estas cuentas y que Christo Nuestro Señor las bendijo y concedió [295] muchas virtudes y perdones, y persuadían a los pueblos donde llegaban que tocasen los fieles sus rosarios en las cuentas que llevaban ellos. Y cuando de esta verdad no hubiera tantos y tan calificados testimonios, bastaba el de esta sierva de Dios, y el haberlo ella dicho y aseverado, para persuadirnos que no había de engañar a la Iglesia, publicando virtudes y gracias falsas. Mas lo que bastantemente prueba esta verdad son los milagros que Dios ha hecho en su confirmación, de los cuales diremos algunos en el siguiente capítulo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Cap. X. De los milagros hechos en virtud de estas cuentas y de las tocadas a ellas'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Para que nadie pueda dudar con razón de estas santas cuentas, diré aquí para gloria de Dios algunos de los muchos milagros que el Señor ha obrado por ellas, pues es cosa cierta y llana que nunca Dios hace milagros verdaderos en confirmación de cosas falsas, y los que hace en confirmación de alguna verdad la hacen evidentemente creíble. Y porque los milagros hechos en nuestros días mueven más que los antiguos, serán tan nuevos los que aquí dijere que los testigos, jueces y escribanos ante quien pasaron las informaciones están aun hoy vivos, y las mismas informaciones originales o sus traslados aunténticos, en los archivos del convento de la Cruz.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Doña María Pérez, vecina de Madrid, prestó una cuenta que tenía a Manuel Vázquez, clérigo del mismo lugar, para conjurar con ella una endemoniada y, así como se la pusieron, dijo el demonio que no le echaría de aquel cuerpo la cuenta de Juana. ''[53]'' Mas oyendo el clérigo, dijo: “Por la virtud que Dios puso en esta cuenta de la bendita Juana, te mando, demonio, que salgas luego del cuerpo desta mujer”. Y al punto salió y quedó libre la mujer, de lo cual se hizo acto público.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Fray Francisco Castañoso, siendo guardián de Pinto, oyó decir que un clérigo estaba conjurando una endemoniada en la iglesia del mismo lugar, fuese allá y así como le vio la mujer dio un salto de más de treinta pies, huyendo d’él y, preguntada por [296] él de qué se espantaba, respondió: “Porque traes una cuenta”. Y él, dismulándolo, mostró las manos vacías y dijo: “¿No ves que no traigo nada?”. Mas el demonio, dando voces, decía: “Cuenta traes, cuenta traes de aquella Juana de la Cruz”. “¿Qué virtud tienen, que huyes dellas?”, dijo el guardián, y el demonio respondió: “No te lo quiero decir”. Y nunca consintió la mujer le pusiesen esta cuenta, con lo cual se experimentó lo mucho que los demonios las temen.&lt;br /&gt;
Lo mismo acaeció otra vez a una endemoniada que llevaron al convento de Santa Cruz.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Isabel del Cerro, vecina de la villa de Torrejón de Velasco, tenía tres cuentas destas y, saliendo de oír misa de los Niños de la Doctrina en Madrid, encontró con una endemoniada y, poniéndola sus cuentas, comenzzó luego a trasudar, dando voces y balidos como cabra y salió della el demonio, pero, así como se las quitaron, se tornó luego a endemoniar. Y poniéndola otra vez otra cuenta de un religioso de san Francisco tornó a salir della y, por qué no la volviese más, se la dejó para siempre el religioso.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
La dicha Isabel del Cerro, estando en Torrejón, oyó decir que un mancebo que llegó a su casa estaba endemoniado y le llevaban a conjurar a Santo Toribio y, movida de caridad, le puso sus cuentas, y haciendo el demonio grandes extremos, dijo: “Si supieses el tormento que me das tú, me dejarías”. Diciendo esto se fue huyendo del lugar tan apriesa que no le pudieron alcanzar muchos que fueron tras él.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Otra mujer endemoniada llegó a la casa de la dicha Isabel del Cerro tan maltratada que era lástima el verla, pero, tocándola con las cuentas en la boca, cayó como muerta, y se quedó cárdena y cubierta de un gran sudor y el demonio salió della.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El padre fray Pedro de Salazar declaró y depuso con juramento que sabía las dichas cuentas tener virtud contra el fuego, tempestades y rayos y contra las tormentas del mar, por ser esto cosa muy sabida en Castilla y confirmada con muchas experiencias y milagros. Y dijo en su deposición Christóbal del Cerro, vecino de Torrejón, de otro caso.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Contra diversas enfermedades de perlesía, peste, mal de corazzón y otras, hay muchas informaciones hechas en el dicho convento; [297] contra los escrúpulos y tentaciones de la fe, contra desesperaciones y tentaciones de el demonio y contra visiones y espantos de la misma manera. Y de estas informaciones, unas están hechas por comisión del Ilustrísimo de Toledo, otras del Ministro General de nuestra orden. Pues de que no solas las cuentas que subió el ángel al Cielo tengan las dichas virtudes, sino también las tocadas a ellas (como la bendita sor Juana lo dijo a sus monjas), se ve claro, por lo que ahora veremos.&lt;br /&gt;
El siervo de Dios fray Julián de san Agustín, por quien ha hecho el Señor tantos milagros que pasan de seiscientos los que están comprobados jurídicamente, en noventa y dos informaciones auténticas, hechas con mil y cuatrocientos testigos, primero por autoridad del ordinario y después por especial comisión de su santidad. ''[54]'' Este siervo de Dios tenía una cuenta de las originales y tanta devoción con ella que exortaba a todos tocasen sus rosarios a ella, y en esta obra de caridad le sucedieron casos extraordinarios con los demonios, que se lo procuraban estorbar, como lo comprueban los milagros siguientes.&lt;br /&gt;
Estando el beato padre en las eras del lugar de Villanueva, vino a él una mujer llamada Mari Sanz, rogándole tocase su rosario con la cuenta que tenía en el suyo. Y él dijo: “Levanta primero esa piedra que está ahí cerca”. Probó la mujer por dos veces, mas no pudo porque abrasaba como fuego y se quemaba. Y viendo esto fray Julián, dijo: “No te canses, hija, que no es piedra esa aunque lo parece, sino un demonio, que pretende impedir que se toquen tus cuentas a la de la beata Juana por que no goces de la virtud que Dios puso en ellas”. Otros muchos casos semejantes le sucedieron en el dicho lugar de Villanueva y en el de Camarma, y las piedras desaparecían, en descubriendo el dicho santo lo que eran. Todo lo cual consta de una información hecha por el Ilustrísimo de Toledo.&lt;br /&gt;
Madalena Escrivano, vecina de Torrejón de Velasco, fue tentada del demonio, que se la aparecía muchas veces y, ofreciéndole una soga, la decía que se ahorcase con ella. Fue Nuestro Señor servido que, poniéndola una cuenta tocada, nunca más el demonio la apareció y quedó libre de aquella tentación. Cierto doctor estaba muy apretado de escrúpulos y pensamientos contra la fe, con que el demonio le acosaba. Y procurando [298] haber una cuenta de las tocadas de la santa, solo con traerla consigo quedó libre y con la misma cuenta lanzó al demonio de un hombre.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Carrillo, clérigo y cantor de la santa Iglesia de Toledo, tenía una cuenta de las tocadas y pensaba él ser de las originales (porque por tal se le habían dado) y, llegando adonde estaba un endemoniado, le dijo el demonio que se apartase d’él porque llevaba una cuenta de sor Juana, que, aunque era de las tocadas, tenía la misma virtud que las otras y le atormentaba mucho con ella. Y con esto el dicho clérigo salió del engaño en que estaba, que, aunque el demonio sea padre de mentiras, no permite el Señor que en tales casos nos engañe. Otros muchos milagrosos acaecimientos están tomados por acto público, de que las dichas cuentas tocadas eran de singular virtud contra los demonios. Allende destos, un ciego cobró vista con el toque de las dichas cuentas y un niño de mal de garrotillo. Y una doncella de cataratas de ambos ojos. Y un hombre desahuciado ya con dolor de costado y calenturas terribles. Y una mujer muy enferma y apasionada de mal de corazón. Y otra de los mismos con desmayos y gota coral. Todos estos, con solo el toque de las dichas cuentas que eran de las tocadas a las originales, cobraban salud. Y lo que más es de notar, que muchos de estos milagros acaecieron en el tiempo que las dichas cuentas eran traídas a cuestión de probanzas y cuando muchos dudaban de la virtud de ellas, que fue desde el año de mil seiscientos y once hasta el de mil seiscientos y trece.&lt;br /&gt;
Y no solo eran estos milagros en España, sino en otras naciones muy lejos della, como se vio el año de mil seiscientos y doce por la Pascua de Resurrección en la ciudad de Aix en Francia, donde, por permisión divina, había un convento de monjas, de las cuales las veinte y cuatro estaban endemoniadas. ''[55]'' Y pasando por allí muchos religiosos graves de España que iban a la celebración del capítulo general de toda la Orden de Nuestro Padre San Francisco, que se había de tener en el convento de Araceli en Roma, algunos de los dichos padres llevaban consigo de las cuentas de la beata Juana de la Cruz y, compadeciéndose de aquella tan grande lástima, el primero día de la santa Pascua de Resurrección fueron adonde las dichas monjas estaban, y con una de [299] las dichas cuentas, puesta primero a la que más furiosa estaba y después sucesivamente a las demás, en presencia de mucha gente que se halló presente a aquel caso, salieron los demonios de los cuerpos de las dichas religiosas, a parecer de los que presentes estaban porque, al punto que las dejaban los demonios, quedaban cansadas y sudando notablemente y hacían la señal de la cruz y se santiguaban. Y las que poco antes huían de la cuenta, la besaban dando muestras de devoción y de estar libres del demonio. Y la que primero estaba libre d’él, ayudaba luego a las otras, para que les pusiesen la cuenta. A lo cual se hallaron presentes muchos padres, y dieron verdadero testimonio dello y juraron ser verdad, como más largamente se refiere en el dicho libro de la santa. Lo sobredicho se confirma con una carta escrita de la propia mano del ilustrísimo cardenal Diestrichstain, arzobispo de Nichillpurg en Alemania, para la señora marquesa de Mondéjar, su hermana, donde con mucha instancia la pide que le envíe una cuenta de la beata sor Juana de la Cruz porque con una dellas que tienen allá en Alemania hace el Señor muchos milagros, de los cuales cuenta algunos. Y la dicha señora marquesa envió la misma carta original en Madrid al Señor obispo de Canaria, don fray Francisco de Sosa, para que se tomase testimonio auténtico de ella, (como se hizo), y está en el convento de santa María de la Cruz.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Cap. XI. De algunas revelaciones que el Señor reveló a su sierva y de la devoción singular que tuvo a la Virgen Santísima'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Atendiendo a que el comunicar tan altas revelaciones el Señor a esta sierva suya era en orden al aprovechamiento de muchos, como se lo dijo el ángel de su guarda mandándoselas escribir, me pareció escribir este capítulo de algunas revelaciones suyas, para que, leyéndolas, el pecador se consuele considerando las divinas misericordias que resplandecen en ellas, como se verá en esta que contó a sus monjas de esta manera. “Llevándome mi santo ángel un día de santa Magdalena a visitar [300] la iglesia donde está su santo cuerpo para ganar los perdones allí concedidos, y pasando por cierta ciudad de Castilla, vi en un campo mucha gente alrededor de una hoguera, de entre las llamas de la cual salía una alma más resplandeciente que el sol, con dos ángeles que la llevaban en medio y otro que iba delante con una cruz en la mano, todos caminando muy apriesa para el Cielo. Y díjome mi santo ángel: “Por que veas lo que puede la misericordia de Dios y la gran contrición en un hombre, aquella alma es de un hombre viejo, grandísimo pecador, que estuvo de asiento en un pecado mortal, tan abominable y feo que no solo merecía las llamas de aquella hoguera, sino ser quemado en el infierno. Prendiole la justicia y confesó llanamente su pecado, pidiendo a Dios misericordia y al juez rigurosa justicia, diciendo quería pagar su delito en esta vida. Y aunque la salvara si quisiera, escogió morir y padecer esta pena y afrenta en satisfación de sus culpas. Y así, después de haberle dado el garrote, le quemaron en aquella hoguera, de la cual sale su alma derecha al Cielo, porque sepas que mientras el alma está en el cuerpo, ha lugar la misericordia de Dios, que cabe entre la soga y la garganta del hombre”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Estando en oración un día, la mostró el Señor que a un ermitaño de santa vida que hacía penitencia en un desierto le pareció el demonio en figura de Christo crucificado y le dijo: ''[56]'' “Adórame que soy tu Dios, que por ti me puse en esta cruz y me agrada mucho tu oración y penitencia”. Hízolo el ermitaño y, estándole adorando, arrodillado a los pies de aquel falso crucifijo, llegaron otros muchos demonios diciendo: “Príncipe de tinieblas, vuelve a tu reino infernal, que nos le destruyen los ángeles del crucificado y, pues sabes que se paga de voluntades y que recibe la deste ermitaño, como si adorara al mismo Dios del Cielo, déjate de esas vanas adoraciones y vuelve allá, que es lo que más te importa”. “Quiso Nuestro Señor que oyese esto el ermitaño para alumbrarse por este camino” (dijo la santa) “y que yo os las dijese a vosotras, para que conozcáis las cautelas del enemigo y os guardéis de sus engaños, que son más de los que los hombres piensan”. Sucedió otra vez a esta sierva de Dios, día de santa Lucía, que estando elevada en oración y su espíritu en aquel celestial lugar donde Dios le solía poner, vio (cual otro Esaías) ''[57]'' al Señor de los ejércitos sentado [301] en un trono de grandísima majestad y gloria, cercado de infinitos ángeles y santos, que daba premios y mandaba se hiciesen fiestas a la gloriosa santa Lucía, por haber padecido en tal día. Considerando estas cosas y cuán bien premiaba los trabajos padecidos por su amor, la parecía decirle el mismo Señor con voz sonora y fuerte como el ruido de muchas aguas: “No os despidáis vos, hija mía, de recibir otro tanto como ahora doy a esta mi sierva”. Ella con mucha humildad y confianza, después de haberle adorado, dijo: “Inmensas gracias te doy, Señor mío, por tan soberana merced, mas no me hartan, Señor, estos dones, ni satisfacen esas joyas, regocijos, ni fiestas, porque la hambre de mi alma no se puede satisfacer menos que bebiendo de esa fuente de vida; y hasta conseguir eso, no dejaré de importunar a Vuestra Majestad”. Otra vez estando en profundísimo rapto, la vino a visitar su muy particular devota santa Bárbara y, razonando con ella, dijo: “Bien sabéis vos, señora, lo mucho que os desea servir esta indigna sierva vuestra”. ''[58]'' “Sí sé, hermana”, respondió santa Bárbara, “y querría también que tú supieses que te amo en el Señor y te tengo por mi singular devota y amiga”. Con esto pusieron fin a su plática las santas vírgines, y apenas fue acabada que le apareció el ánima de un niño que acababa de expirar, rogándola que dijese a su madre que castigase a sus hijos, porque daría rigurosa cuenta al Señor de lo mal que los criaba. ''[59]'' “Y yo” (dixo el alma) “doy mil gracias a Su Majestad, por haberme traído a este santo reino en tan tierna edad, que si llegara a ser grande, me condenara por la mala crianza de mi madre. Ella se llama fulana y vive en tal lugar y es mujer de fulano”. Con esto la sierva de Dios la envió a llamar y contó todo lo que pasaba, con tales señas que no lo pudo poner en duda y hizo lo que tan santamente la aconsejaba.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Todos los años desde el día que se fundó el convento de la Cruz, se celebra en él el aparecimiento de la Reina de los ángeles los primeros nueve días de marzo, en los cuales apareció la Santísima Virgen (como queda dicho), y cada año, en estos nueve días a la hora de maitines, veía la sierva de Dios una solemnísima procesión en que venía la Madre de Dios con muchos ángeles y santos y las almas de muchas monjas de aquella casa y de otras personas difuntas que estaban en la gloria y habían sido devotas del Santo Aparecimiento, y también las que estaban [302] en purgatorio, que las sacaba la Virgen de penas en esta santa fiesta. Y antes de entrar en el convento daba una vuelta alrededor, echando su bendición a los campos en contorno del convento, en el cual entraba luego e iba derecha al dormitorio de las monjas, donde estaban recogidas, unas en oración y otras durmiendo, y a todas las bendecía con palabras de grandísima caridad y hablaba con sus ángeles custodios y ellos la representaban las oraciones y buenos deseos con que se habían de aparejar para celebrar la fiesta de su Santo Aparecimiento. ''[60]'' Y decía nuestra Señora: “Estad constantes en los trabajos, que así se ganan las coronas”. Otras veces mandaba a sus ángeles custodios que las pusiesen guirnaldas de rosas en sus cabezas, aunque ellas no lo veían ni entendían, y otras veces las reprehendía con palabras dulcísimas. Desde aquí se iba al coro con todo aquel acompañamiento celestial y asistía a los maitines, y la bienaventurada sor Juana, en espíritu, se hallaba presente a todo y andaba la procesión. A la mañana, a la hora de misa mayor, que volvía en sus sentidos, se iba al coro, donde oía los oficios divinos y sermón y veía la procesión y, a este punto, se solía elevar y en la elevación veía lo que está dicho. Y después, vuelta en sí, lo contaba a sus monjas.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Había en este santo monasterio una imagen muy antigua de milagros, en quien las monjas tenían mucha devoción, y la traían en procesión el día del Santo Aparecimiento. Mas porque ya estaba muy vieja y deslustrada, la hicieron el rostro y cabeza de nuevo. Y porque la sierva de Dios la viese, que estaba enferma en la cama, se la llevaron a la celda, donde por su consuelo se la dejaron sobre un altar. Y aquella misma noche, estando la santa en oración, vio en visión imaginaria a la Reina de los ángeles, que estaba junto a la imagen, a quien la sierva de Dios suplicó concediese algún favor a su imagen. Y la noche siguiente a hora de maitines, vio cómo Christo Nuestro Señor se apareció y bendijo la dicha imagen, la cual desde entonces es muy venerada por la tradición de este milagro. Lo cual hizo el Señor en confirmación de la verdad de el uso antiguo de las santas imágenes y en confusión de los herejes que las contradicen.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Hallose en esta sierva de Dios lo que todos los santos enseñan ser singular medio para la perfección, esto es, la devoción de [303] la sacratísima Virgen Nuestra Señora. Fuela tan devota esta humilde sierva suya que, desde muy niña, la rezaba el rosario y, por no tenerle de cuentas, lo hacía de cordel, con ñudos por pater nostres y avemarías, y así como crecía en edad, iba creciendo en devoción. Y cuando llegaban las fiestas de la Madre de Dios, a los ejercicios de penitencias ordinarias añadía otros extraordinarios, con que se disponía a celebrarlas dignamente. Por lo cual fueron grandes las mercedes que Dios la hizo en tales días y admirables los raptos, en los cuales publicaba y decía maravillosas alabanzas de su reina. Estando en contemplación un día de la Anunciación de mil quinientos y ocho, contemplando aquella maravillosa obra de la Encarnación que aquel día representaba la Iglesia y aquella tan profunda humildad de la purísima Virgen cuando dio su consentimiento, dijo que le fueron en aquella hora revelados muchos misterios y que mereció más en aquella hora obedeciendo la voluntad de Dios y dando crédito a las palabras del ángel que merecieron todos los ángeles cuando dieron a Dios la obediencia, y más que todos los mártires en sus martirios y que todos los confesores y vírgines, en cuantas penitencias hicieron y en la virginal limpieza que guardaron. Otro día de la Presentación de Nuestro Señor del siguiente año, estando en un rapto que la duró muchas horas dijo otra verdad certísima, ''[61]'' y es que desde el punto que fue concebida la Reina del Cielo en el vientre de santa Ana, tuvo perfecto uso de razón y muy grande amor y conocimiento de Dios, en que fue siempre creciendo y en todas las virtudes, hasta llegar a ser entre las criaturas la más perfecta y santa de cuantas hubo ni habrá jamás en el Cielo ni en la Tierra. En otro rapto dijo que, cuando Nuestro Señor salió del sepulcro, apareció primero que a nadie a su Madre Santísima, por ser ella la que más había sentido su muerte y Pasión, y en quien más viva estaba la esperanza de la resurrección. En el día de la Purísima Concepción de la Virgen Santísima era inefable la devoción que mostraba, y después de muy largos raptos, hacía dulcísimas pláticas a las monjas en alabanzas de su Señora y declaraba profundamente lugares de la Sagrada Escriptura que trataban della. ''[62]'' Trujéronla un día una niña de teta muy enferma, para que la diese su bendición, y viéndola, supo por revelación que estaba endemoniada. Y dijo la santa a las monjas [304] con gran sentimiento: “Grande es la alteza de los secretos de Dios. ¿Que sea posible que el demonio tenga poder para atormentar esta niña, que no ha más de siete meses que nació? Ruégoos hermanas, que la encomendemos a Dios”. ''[63]'' Hizo sobre ella la señal de la cruz, y quedó libre de aquel espíritu malo, que la atormentaba. Sucediola muchas veces estando en oración, que veía presentes todas aquellas personas por quien rogaba, aunque estuviesen muy lejos y todas sus necesidades. Y su ángel custodio la dijo un día que con tanto afecto de amor podía una persona sentir y llorar la Pasión del Señor, que le fuese tan acepto sacrificio como si derramase toda su sangre y padeciese grandes tormentos por su amor. Tanto como esto agrada a Dios la memoria de su sagrada Pasión. “Estas cosas y otras muchas” (decía la sierva de Dios a sus monjas) “me muestra mi santo ángel, para mi aprovechamiento, y para el vuestro os las digo. Y que me ha hecho el Señor tanta merced, que ha dado tanta luz y claridad en ellas, que certerísimamente conozco ser suyas y, por tan verdaderas y ciertas, que así lo juraría si me obligasen a ello. Aunque por no haber tenido mi alma tanta claridad y certeza al principio, no recibía tanto consuelo como ahora, por lo cual da esta miserable pecadora infinitas gracias a su Dios”.&lt;br /&gt;
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'''Cap. XII. De las maravillosas cosas que dijo la sierva de Dios estando elevada y del don de lenguas que el Señor la comunicó'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Como toda la virtud desta bendita virgen estaba sobre el fundamento firme de la santa humildad, fundado de aquí es que todo lo que era dar muestras exteriores de los beneficios que el Señor la hacía grandemente la atormentaba. Y si algunas veces las daba, diciendo lo que en las elevaciones y raptos le acaecía, era compelida de la caridad, y por saber que era la voluntad del Señor que lo hiciese. El cual ordenó que estuviese muchos días y meses muda privada de la habla, de tal manera que, si no era el rato que estaba en éxtasis (cuando se vio cumplida la palabra del Señor en el Evangelio, ''[64]'' que no era ella la que [305] hablaba, sino el espíritu de su Padre Celestial que hablaba por ella), fuera de eso, ni hablaba ni aun podía hablar palabra. En todo este tiempo de su mudez predicaba diciendo altísimas cosas y declaraba lugares difíciles de la Escritura, no sin grande admiración de los que la oían. Y esta gracia la duró no solo el tiempo que estuvo muda, sino también mucho después, hasta trece años enteros: hablando unas veces de ocho en ocho días, otras de quince en quince, otras veces de cuatro en cuatro, otras al tercero día, otras un día tras otro, como el Señor era servido. Divulgose por el reino de Castilla esta grande maravilla, venían a verla muchas gentes (aunque muchos venían con intención dañada.) Y para confusión destos y de otros incrédulos, estaba arrobada y hablaba con ellos, mostrando que la recelaba Dios lo que tenían en el corazón y así, reprehendiéndoles, decía: “¿Quién eres tú, que quieres limitar el poder de Dios? ¿No tiene ahora el mismo que tuvo siempre? ¿No puede poner su gracia en quien quiere? ¿No puede hacer vaso en que quepa?”. A este propósito sucedió que una persona muy grave, con celo de las cosas de la fe, no podía sufrir que se dijese que el Espíritu Santo hablaba por boca de aquella mujer; vino a oírla, con ánimo de examinar sus palabras y fueron tales las que le dijo en una plática espiritual que hizo que a la mitad della se hincase de rodillas, derramando muchas lágrimas, hasta que la sierva de Dios acabó de predicar y, vuelta en sus sentidos, rogó con instancia que se le dejase ver. Y puesto delante della, dijo: “Venía yo a examinar las palabras de Dios, pero ya conozco ser suyas todas las que a esta bendita mujer he oído”. Y después de haberla hablado a solas y encomendádose en sus oraciones, se volvió muy edificado de la humildad que conoció en ella y muy devoto a su doctrina. Cumpliose en ella lo que dijo el Señor en el Evangelio a sus siervos: “Daros he boca y sabiduría, a la cual no podrán contradecir todos los adversarios vuestros”. [65] Y para mayor testimonio de que este negocio era del Cielo, no pocas veces la oyeron hablar en diversas lenguas, las cuales nunca había aprendido, como eran latina, griega, arábiga y otras. ''[66]''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El obispo de Ávila don fray Francisco Ruiz fue devotísimo desta santa, y por ella dio a su convento dos esclavas moras, de las que trajo de la conquista de Orán (en que estuvo en compañía [306] del cardenal don fray Francisco Ximénez). Estaban estas tan obstinadas en la ley de Mahoma que no podían oír nombrar a Christo. Lleváronselas una vez a la santa, con ocasión de que predicaba en la forma dicha, y convirtiendo a ellas su plática, las habló en algaravía y ellas también respondieron en el mismo lenguaje. Y tales cosas las dijo que se convirtieron a la fe y se bautizaron. Y después estando arrobada, las habló otra vez en arábigo. También hablaba en latín con algunos letrados que la venían a oír, advirtiéndoles de defectos particulares suyos. Los perlados de la orden, por obviar lo que algunos mal intecionados decían, mandaron a la abadesa que, cuando hablase de aquella manera la sierva de Dios, la encerrasen donde no la oyesen los de fuera de casa, ni aun las mismas monjas. Y esto se guardó algún tiempo, hasta que más enterado el provincial de que no había inconviniente, antes era voluntad de Dios que fuese oída, dio licencia para que hablase ante las monjas y ante algunas personas principales y devotas que lo deseaban. Con esta licencia llegaron muchas personas eclesiásticas y seglares, predicadores, letrados, canónigos, inquisidores, obispos y arzobispos. El Gran Capitán Gonzalo Fernández, el cardenal don fray Francisco Ximénez, y otros muchos que fueron testigos deste milagro. Y entre ellos quiso ver esta maravilla por sus ojos el Emperador Carlos V, de buena memoria, y quedó muy aficionado a la sierva de Dios. Cuando hablaba estas cosas, siempre era estando en rapto y muchas veces se echaba de ver que hablaba con los ángeles, con los apóstoles y santos, como que tenía al Señor presente ante quien hacía sus peticiones, rogando por todos en general, y por algunas personas en particular. Hecho esto, juntaba sus manos viéndolo todos, muy humildes y profundas. Oraba tan en secreto que solo se la veían mover los labios, y después, puestas las manos, se quedaba con grandísimo silencio. Después, comenzando en voces altas y concertadas, en muy apacible y suave tono (que todos los que allí estaban oían) hablaba cosas maravillosas. Finalmente eran los dichos sermones y pláticas espirituales de mucha edificación y provecho, declarando la Sagrada Escritura y Evangelios del año, conforme a las fiestas que ocurrían. Durábanla los sermones cuatro, cinco, seis y siete horas, sin descansar ni menear más que la lengua, que en lo demás estaba como muerta, o como quien está en rapto. Y [307] hablaba con tanta gracia, suavidad y dulzura que con ser tan largos los sermones ninguno se cansó jamás dellos. Cuando acababa y volvía en sí, quedaba hermosísima, el rostro muy resplandeciente y su persona y vestidos y cosas que a ella tocaban llenas de un olor celestial. Y de la fuerza con que había hablado quedaba con un sudor copioso, y así la mudaban las monjas el hábito y la tocas cuando tornaba en sus sentidos. Era cosa notable que no sentía cosa de cuantas por ella habían pasado si después no se lo decían. ''[67]'' Y porque en los siglos venideros hubiese noticia de tan grandes maravillas, dio el Señor sabiduría y gracia a una religiosa que no sabía leer ni escribir, llamada sor María Evangelista, para escribir un grande libro intitulado del Conorte, que contiene los sermones que predicó en un año la bendita sor Juana, ayudándola otras dos religiosas llamadas sor Catalina de San Francisco y sor Catalina de los Mártires. De lo cual hay tradición y pública fama en el dicho convento de la Cruz, y algunas monjas ancianas que hoy viven conocieron a la dicha sor María Evangelista y juran que conocen su letra y se lo oyeron decir públicamente. Este libro del Conorte tiene setenta y un sermones, en otros tantos capítulos divididos, escritos en setecientas y treinta y tres hojas de folio, el cual se guarda en el convento como reliquia grande y con razón por ser milagroso todo cuanto hay en él, como lo es haberle escrito una mujer sin saber leer ni escribir, y que percibiese de memoria todo lo que la bendita predicadora decía, de suerte que, acabando de oír su sermón, le escribía, con ser algunos de doce y de veinte pliegos de papel, llenos de theología y de autoridades de la Sagrada Escritura.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Cap. XIII. Cómo nuestro Señor dio el sentimiento de sus llagas a su sierva, y el apóstol san Pedro la sanó estando sorda'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Queriendo el Señor de más de lo dicho enriquecer y honrar a su bendita esposa, la dio por joyas preciosas los dolores y señales de su sagrada Pasión, lo cual acaeció desta manera: un año después del acaecimiento milagroso de las cuentas, [308] siendo la virgen de cuarenta y tres años de edad, sucedió que un Viernes Santo por la mañana, estando en oración puesta en cruz, se quedó arrobada tan extendidos y yertos los brazos y todos los miembros de su cuerpo como si fuera un crucifixo de piedra, de suerte que ninguna fuerza humana la pudo quitar de aquella santa postura, aunque se probó algunas veces. ''[68]'' Viéndola las monjas así, y que el rapto iba muy adelante, la llevaron a la celda y se fueron todas al coro, por ser hora ya de entrar en los oficios divinos. Estando en él, mientras se decía la Pasión, la vieron entrar por el coro, derramando muchas lágrimas, y vieron cómo entraba arrimándose a las paredes, que no podía andar ni tenerse sobre los pies. Traíalos descalzos como solía y, porque no los podía asentar en el suelo, estribaba solamente en los talones y puntas, con tanta dificultad como si pusiera los ojos donde se asentaba los pies. Viendo esto las monjas, la preguntaron por señas (porque estaba también sorda) cómo venía de aquella manera; respondió que no podía andar, porque la dolían mucho los pies. “Mirámoselos” (dice la monja que escribió esta historia) “y vimos que tenía en los pies y manos las señales del crucificado, redondas de el tamaño de un real de plata, de color de rosas muy frescas y coloradas, y de la propia figura y color correspondían igualmente en los pies y plantas de los pies y de las manos, por arriba y por abaxo, y salía de ellas tanta fragancia de olor que con ninguna cosa criada se podía comparar”. Quexábase de los graves dolores que la causaban estos señales, y las religiosas, cuando la vieron así, lloraban y daban gracias a Dios por lo que veían y palpaban con sus ojos y manos en ella. Y tomándola en brazos (porque no podía andar, ni sustentarse en los pies) la llevaron a la celda y, preguntándola por señas (porque estaba sorda) qué señales eran aquellas, quién se las había dado y cómo, respondió que, estando en aquel preciosísimo lugar, donde por mandato de Dios la llevaba el ángel de su guarda, vio a Nuestro Señor Jesuchristo crucificado, que con el toque de sus sacratísimas llagas la dexó con gravísimos dolores en pies y manos, y acabada aquella soberana visión, se halló en su celda y en sus sentidos con aquellas señales, que la duraron desde el Viernes Santo hasta el día de la Ascensión. Aunque no las tenía todos los días, sino solo los [309] viernes y sábados; y el domingo a la hora que el Señor resucitó se le quitaban los dolores y las señales.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y como era tan humilde, con muchas humildad, lágrimas y devoción, suplicaba a su Santísimo Esposo no permitiese que tan preciosas y ricas joyas se empleasen en tal vil criatura como era ella y también porque le parecía cosa poco segura tener a vista de los ojos humanos tan singulares mercedes como eran aquellas. Esto pedía con tales afectos y lágrimas que alcanzó lo que quiso, de manera que el mismo día de la fiesta de la Ascensión del Señor a los Cielos se las quitó el Señor, habiéndola dicho primero: “Importúnasme que te quite el precioso don que te di, yo lo haré, mas pues no quieres mis rosas, yo te daré mis espinas y cosa que más te duela”. Y cumpliendo esta palabra la quitó estas señales y dio a sentir el Señor los dolores de su sagrada Pasión en todo su cuerpo, mucho más que antes, porque aunque desde los siete o ocho años de su edad se los había dado el Señor a sentir, no habían sido tan rigurosos como fueron desde este día, como se verá en las revelaciones siguientes.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Estando elevada un día y su espíritu en aquel lugar donde el Señor la solía poner (era viernes a los veinte y dos de junio antes de amanecer) se le presentaron todos los misterios de la sagrada Pasión, tan vivos a su parecer como si los viera al pie de la cruz del Calvario, cuando Christo padeció. ''[69'' También la mostró el Señor en un gran campo el martirio de san Acacio y sus diez mil compañeros, cómo los crucificaban y que Christo Nuestro Señor desde su cruz los animaba y decía: “Tened ánimo, amigos míos, miradme a mí crucificado y muerto por vosotros”. Viendo ella todo esto, preguntó al ángel de su guarda, qué significaba estar Christo crucificado y tantos crucificados con el. “Después que Dios se hizo hombre” (dijo el ángel) “tiene muchos compañeros de su cruz y tú también has de ser participante de sus dolores; porque así lo quiere, y porque vieses su sagrada Pasión y la de tantos siervos suyos, te traje a este lugar”. Y mirándola Nuestro Señor dijo: “¿Quieres hija de esta fruta?”, “Señor” (respondió ella), “quiero lo que Vuestra Majestad quisiere”. “Pues pláceme que gustes de ella” (dijo el Señor) y desde aquel punto la dejó los dolores de su sagrada Pasión y tan vivo sentimiento de todos ellos que (según decía ella) le parecía que le habían fixado clavos ardientes por todo el cuerpo y que [310] oía gran ruido, como si con martillos de hierro se los clavaran.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Otra vez estando muy enferma en la cama, se la apareció nuestro padre san Francisco (día de su propia fiesta) glorioso y resplandeciente, acompañado de muchos santos y le vio y habló. El santo padre la dio su bendición y ella con mucha humildad le rogó por todos los frailes y monjas de su orden y en especial por las de aquel convento, suplicando las echase su bendición. Lo cual hizo, y al despedirse della, que estaba postrada a sus santísimos pies, se los besó, y él a ella la cabeza, diciendo: “Quiero, hija mía, adorar los dolores de mi Señor Jesuchristo, que por su gran misericordia ha puesto en ti”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Al principio de sus graves enfermedades, como sus dolores eran grandísimos, acaecíale con la fuerza dellos estar dos y tres días sin arrobarse (cosa muy nueva para ella), y atribuyéndola a sus pecados, pensaba que por ellos la trataba Dios como a enemiga. A este punto la apareció el ángel de su guarda, y la dijo: “Escucha y oye al Señor que te quiere hablar y mira lo que dijere”. Apareció luego Nuestro Señor Jesuchristo en un trono de majestad acompañado de muchos ángeles, y hablándola con palabras dulcísimas dijo: “¿Qué haces hija en esa cama?”. ''[70]'' Ella respondió después de haberle adorado: “Señor mío, ¿cómo padezco tantos dolores y no me remedia Vuestra Majestad ni goza mi alma de vuestros regalos como solía?”. Respondió el Señor: “No es mucho que padezcas esos dolores y enfermedades; pues eres esposa mía y me escogiste por esposo a mí, que en el tiempo de mi Pasión fui varón de dolores, justo es que quien bien ama, participe los dolores de su amado”. “Gran favor y merced es esta para mí” (replicó la santa), “pero ¿cómo, Señor, me hallo tan tibia en vuestro amor y no mandáis a mi santo ángel que me consuele tan a menudo como solías?”. “Amiga” (dijo el Señor), “donde yo estoy, está el consuelo y bienaventuranza, así aunque estés en esa cama, ese es tu cielo, pues estoy contigo en la tribulación y trabajo”. Dicho esto desapareció el Señor, dejándola muy consolada, aunque algo confusa, por no saber si había visto esta visión con los ojos del alma o con los del cuerpo. Y para quitarla esta duda, se la apareció segunda vez (según ella lo dijo) y entonces no solo quedó satisfecha, sino esforzadísima y con nuevo ánimo para llevar todos los trabajos del mundo por su [311] amor. Y como después de todo esto estuviese aún sorda, cosa que sentían muchísimo todas las religiosas por el trabajo que tenían de declararle lo que querían, y así suplicaron al Señor la restituyese el oír, oyó la Divina Majestad sus oraciones y aparaciéndose a su esposa día de santa Clara (después de seis meses que la tenía sorda) hizo un maravilloso sermón en presencia de muchas gentes, y declarando grandes secretos, dijo que la había ensordecido por que tuviese más recogidos los sentidos y pensamientos en Su Majestad y que ya al Señor placía de sanarla. Y acabando el sermón, antes que la santa tornase en sus sentidos, se le apareció el gran san Pedro, y poniéndola los dedos en los oídos y haciendo sobre ella la señal de la cruz, la restituyó el oír, y quedó sana, y ella con las religiosas dando muchas gracias a Dios por tan señalada merced.''[71]''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Cap. XIIII. De la gran devoción que la santa tenía con las ánimas del purgatorio y lo mucho que rogaba por ellas'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
La caridad de esta sierva de Dios era tan ancha que todo el mundo entero cabía en su pecho, en razón de querer y desear el bien de todos, y era tan profunda que hasta el purgatorio llegaba, con estar muy cerca del infierno, y si allí hubiera sujetos capaces della, también entrara por aquellas eternas cárceles, para beneficiar si pudiera aquellas desdichadas almas que padecen sin remedio. Siendo abadesa, con deseo de que sus monjas se fundasen de veras en el temor de Dios, las contaba muchas cosas de las que la eran reveladas cerca del riguroso juicio de las almas y de las penas de purgatorio y del infierno, de las cuales diré algunas, con el mismo deseo e intento que ella las decía. Lo primero, que en la hora de la muerte de cada uno, oye su sentencia de condenación o libertad, referida por san Miguel, porque esta constituído por príncipe de todas las almas, y así, que fuesen muy devotas deste santo, porque ella en espíritu le había visto juzgar las almas. Y que cuando condenaba alguna al infierno, cantaban otros ángeles: “¡Oh, Señor, cuán misericordiosa es vuestra justicia! Por ella os bendecimos y adoramos”. Y que maldecían a las [312] almas condenadas al infierno y que otros eran ejecutores de la divina justicia, en las que iban al purgatorio. Decía también, que los ángeles de la guarda llevan las ánimas al purgatorio y las consuelan, como lo afirman doctores santos. Y que a muchos dellos permitió Nuestro Señor que les apareciesen ánimas que penaban, para que rogasen por ellas, y que otros viesen en espíritu al purgatorio y las rigurosas penas que de tantas maneras allí padecen las almas, para que lo contasen a los vivos y, compadeciéndose dellos, escarmentasen en cabeza ajena. Esto acaeció a esta bendita virgen muchas veces y ella lo contaba. Y decía que, siendo sacristana, tañendo una noche a maitines, oyó gritos muy dolorosos, como de persona que se quejaba; y preguntando al ángel de su guarda qué voces eran aquellas, dijo: “Son de un ánima muy necesitada, que con licencia de Dios viene a encomendarse en tus oraciones”. Era esta ánima […] ''[72]'' gran señora de Castilla, que poco antes había muerto; la […] ''[73]'' la beata Juana, que por quanto sus penas eran graves ''[74]'' encomendase a Nuestro Señor y dijese a su madre la ayudase con ciertas limosnas y misas.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
De estos casos le sucedieron muchos. Y decía que veía en el purgatorio muchos lugares tristes y oscuros, muy espantosos y feos, y a los demonios, que muy crudamente atormentaban las almas, a las cuales por cada culpa daban diferentes penas y ellas muchos gritos diciendo: “¡Ay de nosotras, que tuvimos tiempo para servir a Dios y no lo hicimos, ahora somos atormentadas y no nos vale contrición, ni arrepentimiento”. ''[75]'' “Yo vi por la voluntad de Dios” (dijo una vez a sus monjas) el ánima de cierto prelado en purgatorio, que padecía muchas penas, y preguntando yo la causa de ello a mi santo ángel, me dijo que aquella alma era de un perlado que, por haber sido descuidado con las ánimas de sus súbditos, padecía grandes penas por las faltas que hizo en servicio de Dios y por las que sus súbditos hicieron por su causa y mal ejemplo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Supo la bendita perlada que cierta persona eclesiástica de mucha autoridad, de quien ella había recibido particulares agravios, había muerto. ''[76]'' Y como era tanta su caridad en dar bien por mal, no cesaba de rogar al Señor por ella. Estando en esto, se le apareció una noche en figura formidable y fea, traía una mordaza en la boca y una vestidura muy miserable. Andaba [313] con los pies y manos como bestia, y como no se podía quejar, bramaba como toro y traía sobre sí todos los pecados que contra Dios había hecho, y algunas ánimas que por su respecto se condenaron penaban encima d’él. Traía sobre sí también un gran tropel de demonios a caballo, que le daban en rostro con sus pecados y muchos palos y golpes. Y quitándole la mordaza de la boca, le pusieron una trompeta, por donde salía una voz espantosa, que de solo oírla la santa quedó muy lastimada, aunque mucho más por no entender si sus penas eran de purgatorio y de el infierno. Y deseándolo saber, se lo preguntó al ángel de su guarda, el cual la respondió: “Dios te lo revelará a su tiempo”. Y perseverando en esta oración, alegaba algunas buenas obras que había hecho aquella alma en esta vida, y especial esta: “Señor, yo sé que este hombre fue tan devoto de cierto santo que le hizo pintar su imagen, y le tuvo gran devoción, por tanto os suplico hayáis piedad de su alma y libréis de las penas que padece”. Tanto perseveró rogando por esta alma que, pasados algunos días, vio entrar por la puerta de su celda un ferocísimo toro, que traía entre los cuernos la imagen del santo que había hecho pintar aquel hombre, y él venía junto a ella, como favoreciéndose de la imagen, y mirando a la sierva del Señor dijo: “Yo soy fulano, por quien tú tanto has rogado, y por tus merecimientos me ha hecho Dios grandes misericordias y me dio esta imagen para mi consuelo y defensa, la cual me ayuda mucho en este trabajo”. ''[77]'' “Alivie el Señor tus penas, alma christiana” (dijo la santa), “que harto me has consolado por lo mucho que deseaba saber si estabas en vía de salvación, porque la otra vez que te vi venías con tales tormentos que no lo podía conocer”. “No te espantes” (respondió el alma), “que han sido mis penas muy grandes y, cuando no hubiera otras sino las de este buey en que ando, son gravísimas, porque las padezco en él de sed, hambre, fuego y frío”. Y dicho esto pidió perdón a la santa de muchos agravios que la hizo en esta vida, y dijo que la devoción que algún tiempo la tuvo le había valido mucho y con esto desapareció. Y ella nunca dejó de rogar a Dios por él, hasta que el Señor por sus oraciones le sacó de aquellas penas.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Volvió la santa de un rapto muy triste, y derramando tantas lágrimas que las monjas compadecidas della, la rogaron las contase la causa de su tristeza. Mas ella dando un grito muy [314] lastimoso dijo: “¡Ay, si supiesen las gentes lo que padecen las almas en la otra vida no ofenderían a Dios con tantos pecados, porque son aquellas penasmayores que cuantas en este mundo padecer se pueden”. Y entonces contó de un alma que había visto padecer y nunca dejó de rogar a Dios por ella, hasta que la sacó de penas de purgatorio. Un día de cuaresma, estando con sus graves dolores y enfermedades, se fueron a consolar con ella otras religiosas enfermas que andaban convalecientes, y, hablando con ellas, se arrobó, y tornó deste rapto tan alegre que las monjas preguntaron la causa de su extraordinaria alegría. Y ella por el gusto de las enfermas dijo: “Vi a la Reina del Cielo que, con grande gloria y majestad, acompañada de muchos ángeles y del glorioso san Juan Evangelista y de san Lázaro y de sus santas hermanas Martha y María, bajaba al purgatorio, y, pasando por donde yo estaba, mirándome la clementísima Señora dijo: ‘Amiga, vente con nosotros’. ''[78]'' Y fue el Señor servido por su gran misericordia que de esta vez sacase Nuestra Señora gran número de almas de purgatorio, con las cuales se volvió al Cielo y yo quedé tan consolada de esto porque todos mis dolores se me convierten en particular gozo y descanso cuando veo salir alguna ánima de purgatorio, y de esto es tan grande mi alegría que ni lo sé decir, ni está en mi mano poderlo disimular”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Cap. XV. De los trabajos y enfermedades con que probó Dios a su sierva y de su grande paciencia'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Revelación tenía esta sierva de Dios (desde muy al principio de su santa vida) que la tenía el Señor escogida para hacerla muy semejante así en sus trabajos y afrentas; estasjoyas deseaba extremadamente tener en su alma y nada pedía con tanta humildad y lágrimas como verse con ellos. ''[79]'' Oyó Dios su oración, y dióselos tan a la medida de sus deseos que parecían bien de su poderosa mano. En la cabeza, padeció tan excesivos dolores que ni podía comer, ni reposar los días que los tenía, ni aun abrir la boca para quexarse, siquiera para algun alivio, ni había médico que los entendiese, y duráronle catorce [315] años a temporadas, que continuos fuera imposible vivir con ellos. Dábale este mal de repente y así se le quitaba. A estos dolores sobrevinieron otros de estómago, de hijada, con tales congojas y trasudores que la habían de mudar hábito y túnica y toda la ropa de cama, cuatro o cinco veces al día. Eran estos sudores heladísimos y fríos y duraban veinte y treinta días continuos, y sobre todo esto, se le encogieron los brazos, las piernas, las rodillas, los pies, las manos, de suerte que nunca más los pudo abrir ni extender y con la gran fuerza de los dolores se le desconyuntaron todos sus miembros, de suerte que quedaron muchos dellos no solo tullidos y mancos, sino torcidos, contrahechos y desencasados de sus lugares, y desta misma suerte está hoy su cuerpo, como se dirá después.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Un día, siendo abadesa y hallándose muy fatigada del tropel de los trabajos que ya la amenazaban y con mucha flaqueza corporal por las graves enfermedades, levantó los ojos a una imagen de la Oración del Huerto que tenía cabe sí en la cabecera y con muchas lágrimas suplicó al Señor la ayudase en las persecuciones y trabajos que esperaba. Y estando en esta oración, oyó una voz que la dijo: “El Señor es contigo y quiere que padezcas grandes angustias y dolores y que los miembros de tu cuerpo sean tullidos y quebrantados, así como el pan en la era cuando le sacan el grano”. Y así estaba en sus enfermedades hecha un mar de dolores y un abismo de revelaciones, y queriendo el Señor regalarla más de veras y manifestar al mundo su gran paciencia, permitió viniese sobre ella una persecución que el demonio urdió, tomando por instrumento a alguna de sus mismas monjas. ''[80]'' Gran paciencia fue menester para pasar por esto, señaladamente atravesándose en ello muchas ofensas de Dios e ingratitudes a los grandes beneficios, así temporales como espirituales, que todo el convento había recibido por ella. Fue la ocasión que, habiendo el cardenal don fray Francisco Ximénez hecho gracia al convento del beneficio de Cubas, una persona que le pretendía procuró impetrarle en Roma, por muerte del que le poseía. Y aconsejaron a la sierva de Dios que procurase de Su Santidad confirmación perpetua de lo que el cardenal había concedido. Esto se hizo por medio de una persona devota del dicho convento y se impetró la bula, en virtud de la cual hoy poseen dicho beneficio, y en la [316] impetración desta bula se gastó alguna cantidad de dineros.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El hecho fue este, y las circunstancias que pudo haber en ello de tan poca advertencia que apenas se alcanzaban: ahora, fuese por haber sido sin consultar al perlado o por gastar aquel dinero sin su licencia o por haberles parecido a algunas que tanta santidad y tan rara como era la de aquella bendita perlada no era para sufrirle mucho tiempo, lo cierto es que la acusación e instancia que se hizo contra ella fue de manera que (permitiéndolo Dios para manifestar su paciencia) el prelado procedió a suspenderla y después a la privación de su oficio, en el cual puso a la vicaria que la había acusado. Y como la sierva de Dios estaba tan acreditada, diose con esto ocasión a que muchos hablasen del caso de muchas maneras poniendo duda en las grandes maravillas que de ella se decían. Pero como quiera que ello fuese, sacó Dios de ahí muy grandes provechos para gloria suya y alabanza de su sierva, porque no solo nos constó de su paciencia, sino de la gran quietud y serenidad de su conciencia en la gran quietud y alegría con que llevó este trabajo, juzgándose no solo digna d’él, sino de otros muchos mayores. Mostró también su ferviente caridad en lo mucho que rogaba a Dios por los que la perseguían, pues para la que más se señalaba en eso impetró perdón de su culpa por sus fervientes oraciones. ''[81]'' Porque, castigándola el Señor con pena temporal, murió poco despues de haber conseguido su pretensión en el oficio de perlada que había deseado, ordenándolo así el Señor, para que se vea cuán poco hay que anhelar por honras ni dignidades en esta vida, pues alcanzadas no pueden asegurarnos la vida, ni librar a sus poseedores de la muerte, que suele venir muchas veces codiciosa de honrarse con las personas que ve más honradas en la tierra. Pues a esta persona luego la salteó la muerte y, siendo fatigada de la última enfermedad, que fue dolor de costado muy fuerte, la sierva de Dios, sor Juana de la Cruz, rogó al Señor con mucha instancia por ella, con que le dio íntimo conocimiento de su culpa y así públicamente pidió della perdón con grandes lágrimas, y murió habiendo recibido los sacramentos y con grandes muestras de contrición y consuelo de las religiosas. ''[82]'' Poco antes que esto sucediese, mostró el Señor a esta su sierva el Infierno abierto y que salían d’él [317] para su convento infinitos demonios, en figuras de diversas bestias. Entonces con muchas lágrimas pidió a Nuestro Señor socorro y que echase de su casa aquella infernal canalla. Y oyéndola Su Majestad, envió ángeles que expeliesen los demonios, de lo cual, quedando la sierva de Dios por una parte consolada y por otra muy temerosa, juntó a sus monjas a capítulo y con muchas lágrimas las dijo: “Oh, hermanas, y qué trocado veo este palacio de la Virgen Nuestra Señora, que le solía ver lleno de ángeles y ahora le veo lleno de demonios. Mis pecados lo deben hacer y no los vuestros, emendemos nuestras vidas y procuremos ejercitarnos de veras en las virtudes y en especial en la caridad y humildad, que son las que más temen los demonios”. En este mismo tiempo, estando la sierva de Dios cercada de enfermedades y trabajos, se puso en oración delante de una imagen de la Oración del Huerto, pidiendo al Señor la ayudase, mirando su flaqueza y el tropel de los trabajos que la cercaban. Oyó el Señor su oración y quiso, para más consuelo de su sierva, hablarla en la misma imagen con voz dolorosa y triste diciendo: “Mi padre celestial, que no quiso revocar la sentencia de mi muerte aunque oré y lloré, no quiere que se revoque la que se ha dado contra ti, sino que se ejecute rigurosamente, para que, fatigada de todas maneras, goces el fruto de la paciencia”. Con esto la sierva de Dios quedó tan confortada que no solo rehusaba los trabajos, sino antes los pedía y anhelaba tras ellos.&lt;br /&gt;
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'''Cap. XVI. De cómo el ángel de su guarda mandó a la sierva de Dios que escribiese las cosas que el Señor le revelaba y de su gloriosa muerte'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Es la misericordia y caridad de Dios tanta que si hace a algunos siervos suyos tan especiales mercedes (como las vemos en esta sierva suya) no las hace para ellos solos, sino para que por medio dellos se aprovechen otros. Así lo afirmaba el apóstol san Pablo cuando decía: “Por eso [318] alcancé yo de mi Dios tan grandes misericordias, para que en mí primeramente mostrase toda paciencia, para información de aquellos que han de creer en él para la vida eterna”. ''[83]'' Pues las mercedes que Dios hizo a esta santa, a ese mismo fin iban encaminadas, y por eso el santo ángel de su guarda le mandó que escribiese las misericordias que Dios le hacía. ''[84]'' Mas ella por su grande humildad se encogía, para escribirlas y allegaba para no hacerlo, ya la poca salud, ya el estar tan gafa de las manos que apenas podía echar una firma. Y así le mandó el ángel que no escribiese más por su mano, sino que lo hiciese escribir por la de otra religiosa (que fue para ella no pequeño tormento), y rehusándolo, dijo a su ángel: “Señor, las mercedes que Dios me ha hecho (y las cosas que su hermosura me ha dicho) han sido todas en secreto, y escribiéndolas por mano ajena, no podrán dexar de publicarse”. Y así con este temor y del juicio de los hombres, como se había visto tan perseguida, dijo al ángel: “Señor, si por esto nos viniese algún mal a mis hermanas y a mí, ¿qué será de nosotras?”. “Dios cuida de ellas y de ti” (dijo el ángel), “no temas, sino haz lo que te mando, porque el Señor que obra estas maravillas en ti, las hace para bien de otros muchos y quiere se escriban y haya memoria dellas, donde no cesarán las mercedes que te hace y tus dolores y persecuciones se aumentarán más de lo que puedes pensar”. Ella, oyendo esto con humildad y temor, obedeció al ángel y comenzó a escribir por mano de otra religiosa, llamada sor María Evangelista, que, según es tradición del convento y consta por información hecha con testigos, no supo leer ni escribir hasta que milagrosamente le concedio el Señor esta gracia para escribir el libro del Conorte, como queda dicho. ''[85]'' Así escribió con mucho acierto la vida y milagros desta bendita virgen. Estos dos libros se han tenido y tienen en el convento como reliquias de mucha estima, valiéndose dellos contra tempestades y truenos y para muchas enfermedades. Viven aún hoy tres religiosas que conocieron a la que los escribió, y se lo oyeron decir muchas veces, y afirman que fue monja de santa vida muy penitente y de mucha oración y que, después de muerta, apareció a otra religiosa en la iglesia con mucho resplandor y con un libro de oro abierto en las manos que fue el que escribió de la beata Juana. Sentía mucho [319] la sierva de Dios ver que nunca se acababa lo que la monja escribía y cuán de asiento se procedía en su escritura. Por lo cual, poco antes que le diese la enfermedad de que murió, rogó al ángel de su guarda que se acontentase con lo escrito y no la obligase a más. Concedióselo y dijo: “Di a tu hermana que cese ya la pluma y no escriba más”. Consolose tanto con esta licencia que la tomó para decirle: “Señor, si las hermanas quisiesen, mucho consuelo sería para mí que se rompiese”. “Haz penitencia de ese atrevimiento” (dijo el ángel), “porque ofendiste a Dios con él”. Con esto se despidió el ángel y cesó la escritura. ''[86]''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Sobre muchas enfermedades que tenía, le envió Dios la última, que fue un muy recio mal de orina, de que estuvo apretada con gravísimos dolores y quince continuos días con esa pena. Tuvo en esta grave enfermedad singular paciencia y grandísimos raptos y familiares coloquios con su ángel. Habló de Dios altísimamente, cual el cisne cercano a la muerte suele cantar muy dulcemente. Y aunque en otras enfermedades no consintió que la curasen los médicos, en esta lo consintió instada por algunas señoras devotas que se lo rogaron. Ellos, viendo que crecía mucho la enfermedad y su flaqueza, la desahuciaron en las primeras visitas, mas ella, como virgen prudentísima, primero que se lo dixesen recibió el viático y la extrema unción y, tres días antes de su muerte, estando en un rapto que le duró dos horas, vio a los apóstoles san Felipe y Santiago y al ángel de su guarda que le dio la deseada nueva de su cercana muerte, la cual estaba ya por el altísimo Señor decretada. ''[87]'' Entonces la bendita virgen con excesivo gozo aceptó aquella sentencia, y rogó a los santos apóstoles que estaban presentes que la ayudasen a dar gracias al Señor por ella y le rogasen que no le revocase, sino que fuese aquella la definitiva sentencia. El día siguiente, cuando la vino a ver el médico, le rogó que no la hiciese más beneficios, porque la voluntad del Señor era llevarla ya desta vida. Esto se supo luego en Madrid y Toledo y muchas señoras (con licencia que tenían de entrar en el convento), deseando hallarse presentes a tan felice muerte, vinieron de muchas partes; y en especial la señora doña Isabel de Mendoza, señora de la villa de Casarrubios, esta fue de las primeras y se halló presente a las misericordias [320] y maravillas que Dios hizo a su sierva en aquella hora, que fueron para echar el sello a las muchas que la había hecho en su vida. Primeramente, viernes primero día de mayo, día de los apóstoles san Filipe y Santiago, estando la sierva de Dios en sus sentidos, vio con los ojos del cuerpo algunas visiones, de las cuales no quiso decir alguna a las monjas, aunque se lo rogaron muchas. La misma noche deste día dio una gran voz diciendo: “¡Ay de mí, ay de mí! ¡Cómo me he descuidado!”. Aquella noche se arrobó muchas veces y entrando en la agonía de la muerte, entró en la última batalla con el enemigo del género humano (como otro san Hilarión), según que lo echaron de ver los que se hallaron presentes, y se apareció en las cosas que decía. Porque unas veces callaba, otras respondía como si hablara con otra persona diciendo: “¡Oh, qué cruel espada! Téngale, téngale, no me mate con ella”. Y de allí a poco rato dijo: “llámenmela, llámenmela que se va”. Y preguntándola a quién quería que llamasen, dijo que a la bendita Madalena. [88] Sosegose un poco y volvió a decir con mucho afecto: “Vamos, madre de Dios, vamos, que es tarde”. Después de todo esto, dijo con notable ánimo y afecto: “Echadle de ahí, echadle de ahí”. Y fue que en este conflicto la desampararon los santos, permitiéndolo el Señor, para que a solas venciese en la muerte, al que había vencido tantas veces en vida. Todo el tiempo que duró este combate (que fue gran rato) se lamentaba mucho diciendo: “Oh, a qué mal tiempo mehabéis dejado”. Y después dijo: “Señor, ¿sola me dejaste?, pues echad de ahí a ese demonio, que no tiene parte en mí. Mal año para él”. Y vuelta a las religiosas dijo: “Hermanas, levántenme de aquí, daré a mi criador el alma”. Y de ahí a poco, como hablando con otras personas decía: “Búsquenmele, búsquenmele, a mi Señor Jesuchristo. Hálleme él a mí, y yo le hallaré a él. ¿Por qué me le habéis llevado? Dejadme, le iré yo a buscar, aunque estoy desconyuntada”. Preguntáronla las religiosas, a quién quería que le buscasen. Y dijo: “A mi Señor Jesuchristo”. “¿Pues dónde le hallaremos madre?” “En el huerto” (dijo ella) y como aquejada de mucho dolor, con gran sospiro dijo: “Oh, madre de Dios, Iesús qué crueldad, qué crueldad, sobrepuje Señor mío la misericordia a la justicia. ¡Jesús, y qué angustia!”. Y volviendo el rostro a las religiosas dijo muy congojada: “Ayudadme a rogar”. Y paró con [321] la palabra en la boca. Y las monjas muy afligidas dijeron: “¿Qué quiere madre que la ayudemos a rogar?”; respondió: “Que sobrepuje la misericordia a la justicia”. Tras lo cual, muy alegre, comenzó a decir: “Vamos, vamos”, “¡Oh, a qué punto!”, “¡oh, a qué punto!”. Y esto repetía muchas veces. El médico que asistía a su cabecera, viendo estas maravillas dijo: “Dichoso monasterio, que tal alma envías al Cielo, de donde te hará más favores que teniéndola en Tierra”, y respondió la santa: “Podría ser”. A todo esto había cuatro horas que estaba sin habla y tres días sin comer: entonces levantando la voz, volvió a decir: “Amigas mías, llevadme, llevadme luego”. Preguntáronla con quién hablaba y respondió que con las santas y vírgenes. Dijéronla: “Pues, ¿con quién ha de ir, madre?”, “Con Jesuchristo, mi esposo” (respondió). Y decía: “¿Por qué me escondéis a mi Señor y a mi Reina?”, oyendo esto las religiosas, le mostraron una imagen de Nuestra Señora, y adorándola dijo: “No es ella, volvedme, volvedme a mi reina y señora”. Y preguntándola si estaba allí la madre Dios, dijo: “Sí, y mis ángeles y mis santos”. Y dijo: “Vamos Señora mía, vamos”. Y tornó luego a decir con grande alegría: “Hacedle lugar aquí a mi lado, junto a mí”. Y de allí a poco dijo: “Oh, padre mío”, y pensaron las religiosas que hablaba con el padre san Francisco. Y aunque habían estado con la enferma velando toda la noche del sábado, no se les hizo un momento.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Llegada la mañana del día de santo Domingo, dijo: “Ea pues, dulce Jesús, vamos de aquí, Señor mío, vamos presto, mi redentor”. Entonces las religiosas, viendo que su consuelo se les acababa y su sol se les ponía, hicieron procesiones, oraciones y disciplinas, rogando al Señor no las privase de tanto bien y diese salud a su bendita madre. Besáronla todas la mano, y ella bendijo a las presentes y absentes y a todos sus devotos. Tornó luego a decir: “Vamos Señor, redentor mío, vamos de aquí”. Preguntáronla si estaba allí el Señor; dijo que sí, y también su santísima madre. Domingo de mañana llegó el médico a la enferma, diciendo: “Paréceme, madre, que se nos va; díganos ¿quién la acompaña en ese camino?”, “Mi Señora la Virgen María” (dijo ella) “y el ángel de mi guarda y mis ángeles y mis santos”. Púsose luego su rostro resplandeciente y hermoso, como cuando solía estar en los raptos, y habiendo tenido hasta aquel punto muy mal olor de boca, ''[89]'' causado de su [322] enfermedad, desde entonces salía della tal suavidad y fragancia que parecía cosa del Cielo, y de allí a un rato con nuevo fervor, como si hablara con otras personas, dijo: “Albricias, dadme albricias”. Esto hacía con tanta alegría, que juzgaron los que allí estaban que su celestial esposo adornaba ya aquella santa alma con las joyas de su desposorio. Quedó la bendita virgen llena de aquel suave olory su rostro muy resplandeciente y los labios encarnados como un coral, con una quietud y alegría admirable, y así estuvo sin hablar palabra, desde el sábado hasta el domingo después de vísperas, día de la Invención de la Cruz, en el mismo que nació, tomó hábito y profesó. Pues este dichoso día a las tres de la tarde, leyendo la Pasión, con un regocijo extraño dio su alma a su celestial esposo, año de 1534, a los cincuenta y tres de su edad, y los cuarenta de su conversión a la orden.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Quedaron los circunstantes admirados de la quietud y apacibilidad con que había acabado, habiéndole cesado para la hora de la muerte todos los dolores (que suelen en aquella hora apretar más los cordeles) y esto fue muchas horas antes de su dichoso tránsito. Una gran sierva de Dios llamada María de San Juan, que al mismo tiempo era religiosa en el convento de la Concepción de la ciudad de Almería, muy semejante en virtud y santidad a la santa Juana, y tan amigas las dos que con estar tan lejos se comunicaban en espíritu muchas veces, dijo que, cuatro días después de su muerte, la apareció la bendita sor Juana de la Cruz. ''[90]'' Cercada de algunos santos y ángeles, y admirada, preguntó al de su guarda cómo la aparecía tan mejorada y en tan diferente figura que otras veces, colocada en tan altos grados de gloria; respondió el ángel que estaba ya desatada de las ataduras del cuerpo. Y bajando aquella bendita alma, se abrazaron las dos y le dijo esta sierva del Señor: “¿Cómo, hermana, esto sin mí?”, “Sí, hermana” (respondió), “que se cumplió la voluntad del poderoso Señor y ha cuatro días que salí de la vida mortal, donde tuve mi purgatorio, y dos días antes que expirase, comenzó mi ánima a sentir el gozo de la bienaventuranza y a tener prendas de la gloria”. Cuando se tuvo noticia de esta revelación, se entendió mejor la causa de la mudanza de la sierva del Señor dos horas antes de su muerte.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[323]&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Cap. XVII. De algunos milagros que acaecieron después de su dichosa muerte y de la incorruptibilidad y entereza de su cuerpo'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Luego como esta gran sierva de Dios pasó desta vida, fue tan grande el concurso de la gente que venían para ver y venerar sus santos cuerpos, que pareció (a los religiosos que trataban de su sepultura) convenía que se sacase en procesión fuera del convento, para satisfacer a la devoción de todos. Y un tullido del todo llegando a tocar el santo cuerpo y a besar el hábito, quedó luego sano y dejó allí dos muletas con que andaba. ''[91]'' También una religiosa enferma que tenía una hinchazón muy grande y muchos dolores, tocando el cuerpo difunto, sanó. Lo mismo acaeció a otro hombre, que padecía gran dolor de muelas. Tornando la procesión al convento, hallaron mensajeros de grandes personas con cartas que pedían se dilatase el entierro hasta que llegasen, que ya venían, y así le tuvieron cinco días sin enterrar, saliendo siempre del cuerpo aquel suavísimo olor que dijimos. Fue la gente que vino de Madrid y Toledo y de otras partes tanta que cubría los caminos, los campos, por lo cual, y porque la inquietud era grande y determinaron que se entregase a la tierra aquel precioso tesoro, enterráronle sin ataud, ni otra defensa que pudiese conservarle entero; antes después de cubierto de tierra, echaron sobre él cantidad de agua para allanar la tierra, y fue cosa notable que depués de haber estado debajo de la tierra siete años aquel santo cuerpo, y después (a instancia grande de personas muchas y muy principales) transladándole (para lo cual se fabricó un arco al lado derecho de la capilla mayor, en el altar que divide la capilla mayor del claustro) preparado todo lo necesario, se abrió la sepultura, creyendo estaría el cuerpo ya resuelto, y se halló tan entero, tan fresco y con tan lindo olor como cuando fue sepultado. ''[92]'' Espantados desto, creció la devoción, y el hábito con que fue enterrada, se partieron pedazos, y le vistieron otro de damasco pardo, y colocándola con mucha veneración en la dicha sepultura, se le puso [324] con dos rejas de hierro fuertes y doradas y una lámpara de plata que arde delante del santo cuerpo, donde está muy venerado de todos los que de muy lejanas tierras vienen a visitarle, y tienen allí sus novenas. Y el día que murió, celebra con gran devoción fiesta la villa de Cubas y vienen en procesión al dicho convento, con otros lugares de la comarca, ''[93]'' y dicen la misa mayor delante del mismo cuerpo, en un altar portátil que se pone para este efecto, y se predican las excelencias desta gran sierva de Dios, y da la villa caridad de pan y vino y queso a innumerable gente que allí se llega. Y creciendo la devoción, por particulares beneficios que por la sierva de Dios muchos han recibido, le han ofrecido nueve lámparas de plata que arden de día y de noche delante de su cuerpo, con que está muy venerado. Después de la dicha translación, no consta que la dicha caja se haya abierto, hasta el año de 1552, cuando ajuntándose mucha gente principal en procesión, se abrió, y fue hallado entero con tan buen olor como la primera vez, de lo cual se hizo acto público y está guardado en dicho convento, y lo mismo se ve en el día de hoy y, en diferentes visuras que se han hecho, se ha hallado estar de la misma manera.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
La primera vez que en este tiempo le descubrieron sucedieron algunas cosas bien dignas de memoria. El año de 1602 vino a Madrid el reverendísimo padre fray Francisco de Sosa, Ministro General de toda nuestra sagrada religión, y después de haber estado allí algunos días, partió a Toledo, y en el camino acordó de entrar en el convento de Santa Cruz de Cubas, donde fue recibido con la solemnidad que se acostumbran recibir los Generales, y entrando en el monasterio, y hecha plática espiritual a las religiosas en el coro, fue a la enfermería, donde había una religiosa muy anciana, la cual se había hallado a la última translación que se hizo del cuerpo de la beata sor Juana, y relatando al Padre General las cosas que habían acaecido en ella, le dio deseo de ver el santo cuerpo, lo cual se puso en obra con toda la diligencia posible, y abierto el ataúd, hallaron el santo cuerpo tan entero y fresco como las otras veces que le habían descubierto. ''[94]'' Estaba la sierva de Dios vestida de un hábito de damasco pardo, con dos tocas muy blancas en la cabeza, porque cuando murió no llevaban velo negro las monjas. Tenía una cruz en las [325] manos, y una sarta pequeña de naranjillas al cuello y todos con gran consolación y muchas lágrimas veneraron el santo cuerpo y le llegaron a la reja, para que la gente que allí estaba le viese, que no fue poca maravilla ajuntarse tanta gente en pocas horas que estuvo la iglesia llena, como si se hubiera publicado muchos días antes en toda la comarca. El Padre General quitó la toca de sierva de Dios y las naranjillas que tenía al cuello y lo repartió entre los frayles y monjas, y tomando de una de las circunstantes su velo y otra sarta de cuentas, se lo puso a la beata Juana. Y sucedió otra cosa el mismo día también maravillosa, y fue que quitando el Padre General al dicho cuerpo el dedo meñique de un pie, constó después que había salido sangre d’él, como se vio en la ropa que tenía vestida, aunque entonces no se advirtió en ello, ''[95]'' porque el dicho Padre General quitó el dedo con secreto tirando d’él con la mano. Después acá se ha tornado a abrir el arca varias veces, continuando el testimonio de la incorruptibilidad del dicho cuerpo, el cual se guarda en dicho monasterio, para la gloria de Dios y honra de su santa.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
===Notas===&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[1]'' Al margen izquierdo: “El rey Felipo Tercero mandó que dicho libro revisto saliese otra vez”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[2]'' Al margen derecho: “Vino al mundo por petición de la santísima Virgen nuestra Señora.”&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[3]'' Al margen derecho: “Cuéntase el aparecimiento de nuestra Señora a la pastorcica Inés”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[4]'' Al margen derecho: “Edificose convento de monjas de la 3ª orden donde tomó el hábito y fue abadesa Inés.”&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[5]'' Al margen izquierdo: “Luego en naciendo dio muestras de santidad.”&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[6]'' Al margen derecho: “Aparécesele el ángel de su guarda.”&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[7]'' Al margen derecho: “Veía en la hostia a Christo nuestro Señor.”&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[8]'' Al margen izquierdo: “Tuvo revelación de la santidad de sor Juana”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[9]'' Al margen izquierdo: “No quiso ser monja donde tuviese parienta”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[10]'' Al margen derecho: “Las asperezas que hacía”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[11]'' Al margen derecho: “Los cilicios que traía”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[12]'' Al margen derecho: “En qué ejercicios pasaba las noches”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[13]'' Al margen izquierdo: “Aparécese la Virgen santísima con su hijo”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[14]'' Al margen izquierdo: “Aparece el Señor y le promete de traerla a la religión”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[15]'' Al margen izquierdo: “Vase al convento de santa Cruz en hábito de varón”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[16]'' Al margen izquierdo: “Háblale el ángel de su guarda”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[17]''  Al margen derecho: “Pide el hábito a la abadesa”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[18]'' Al margen derecho: “Vístenla el hábito a 3 de mayo”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[19]'' Al margen izquierdo: “Perseguían y azotábanla los demonios”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[20]'' Al margen izquierdo: “Cúrala el ángel de su guarda”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[21]'' Al margen izquierdo: “Psal. 138”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[22]'' Al margen izquierdo: “Tract. 24 in Ioan”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[23]'' Al margen derecho: “El modo como se desposó Christo con la santa”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[24]'' Al margen derecho: “Cómo se había con la santa comunión”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[25]'' Al margen derecho: “Cómo comulgaba espiritualmente”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[26]'' Al margen izquierdo: “De las maravillas que le acaecieron comulgando”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[27]'' Al margen izquierdo: “Abriose la pared para que viese el Santísimo Sacramento”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[28]'' Al margen derecho: “Los ángeles le trajeron una hostia consagrada”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[29]'' Al margen derecho: “Trataba con los ángeles como un amigo con otro”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[30]'' Al margen derecho: “Como se llamaba su ángel custodio”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[31]'' Al margen derecho: “Nota que los ángeles no son corpóreos”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[32]'' Al margen derecho: “S. Tho. 1. p. quart. 50, art. 1”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[33]'' Al margen izquierdo: “Trata sus desconsuelos con el ángel”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[34]'' Al margen izquierdo: “Fue devotísima de san Antonio de Padua y se la apareció”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[35]'' Al margen derecho: “Lo que se alegraron las monjas de verla abadesa”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[36]'' Al margen izquierdo: “El ángel de su guarda la enseñaba lo que había de hacer”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[37]'' Al margen izquierdo: “Por su intercesión fue una alma librada del purgatorio”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[38]'' Al margen derecho: “Resucita a una niña muerta”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[39]'' Al margen derecho: “Sanó a una enferma de dolor de costado”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[40]'' Al margen izquierdo: “Sanó a otros enfermos”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[41]'' Al margen derecho: “La razón por que son tan estimadas sus cuentas”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[42]'' Al margen derecho: “Exo. 16.2. Maca. 15”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[43]'' Al margen derecho: “Surio tom. 3. S. Ant. 3, p. hist. tit. 24, c. 13. Aquilino lib. 1.c.25. Pedro Sánchez li.del Reybo de Dios ca. 4. nu 34. Tritemio in Compen. Anna li. 1p.2”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[44]'' Al margen izquierdo: “Ludovicus Viu ildus lib. de laudibus tri Liriorum Francia”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[45]'' Al margen izquierdo: “Monarch. Ecclesiast. 2. p. li. 26. ca. 7. S. 4”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[46]'' Al margen izquierdo: “Piden las monjas que alcance de Dios algunas gracias para sus rosarios”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[47]'' Al margen derecho: “Son llevadas las cuentas al Cielo por el Ángel”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[48]'' Al margen derecho: “El Ángel vuelve las cuentas benditas”&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[49]'' Al margen izquierdo: “Virtudes de las cuentas”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[50]'' Al margen izquierdo: “Estimaron estas cuentas Philipo II y III y la reina su mujer. Clemente octavo llevó consigo una cuenta”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[51]'' Puñonrostro en su forma actual.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[52]'' Al margen izquierdo: “Testimonio de dos santos religiosos acerca de las cuentas”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[53]'' Al margen derecho: “Contra demonios”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[54]'' Al margen derecho: “Las cuentas tocadas a las originales, tienen la misma virtud que ellas”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[55]'' Al margen izquierdo: “Notable milagro de las cuentas tocadas contra demonios”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[56]'' Al margen izquierdo: “Aparece el demonio en figura de Christo crucificado”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[57]'' Al margen izquierdo: “Isaía 6”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[58]'' Al margen derecho: “Visitola S. Bárbara”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[59]'' Al margen derecho: “ Apareces el alma de un niño”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[60]'' Al margen izquierdo: “Vee a Christo y a su madre y alcanza favores para una imagen suya”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[61]'' Al margen derecho: “Revelación de la Resurrección”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[62]'' Al margen derecho: “Declaraba lugares de Escrituras”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[63]'' Al margen izquierdo: “Libra del demonio una niña de siete meses”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[64]'' Al margen izquierdo: “Math. 10”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[65]'' Al margen derecho: “Luca 21”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[66]'' Al margen derecho: “Hablaba diferentes lenguas”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[67]'' Al margen derecho: “Una monja que no sabía leer, ni escribir, escribió sus sermones”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[68]'' Al margen izquierdo: “Llagola el Señor en los pies y las manos, con las señales de su Pasión”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[69]'' Al margen derecho: “Fuele mostrado el martirio de san Acacio y sus compañeros”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[70]'' Al margen izquierdo: “Aparece Christo y habla con ella”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[71]'' Al margen derecho: “Sanola el apostol san Pedro de la sordez”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[72]'' Ilegible. Este fragmento es ilegible en este ejemplar. El mismo pasaje lo recoge el P. Daza en su biografía y reza lo siguiente: “era esta ánima de una gran señora de Castilla (que poco antes avía muerto) la qual dixo a la beata Juana, que por quanto sus penas eran grandísimas, le rogava la encomendase a Dios”. Daza, A., ''Historia, vida y milagros, éxtasis y revelaciones de la bienaventurada santa Juana de la Cruz, de la Tercera orden de nuestro Seráfico Padre san Francisco'' (Lérida, Luis Marescal, 1613, fols. 174v-175r).&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[73]'' Ilegible. Mancha en el documento.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[74]'' Ilegible. Mancha en el documento.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[75]'' Al margen izquierdo: “Vio padecer el alma de un prelado”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[76]'' Al margen izquierdo: “Aparécesele una alma en figura muy formidable”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[77]'' Al margen derecho: “Por su intercesión es librada un alma de purgatorio”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[78]'' Al margen izquierdo: “Vee a la reina del Cielo acompañada de muchos santos que van al purgatorio”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[79]'' Al margen izquierdo: “Padecía excesivos dolores en todo el cuerpo”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[80]'' Al margen derecho: “Mostró su grande paciencia en una persecución”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[81]'' Al margen izquierdo: “Mostró su ferviente charidad, rogando por quien la perseguía”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[82]'' Al margen izquierdo: “Vio el infierno abierto”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[83]'' Al margen derecho: “I. ad Timot. 1”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[84]'' Al margen izquierdo: “Mándale el Ángel que escriba las misericordias que Dios le hacía”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[85]'' Al margen derecho: “Escribió su vida una religiosa que no sabía leer ni escribir”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[86]'' Al margen derecho: “Pide al Ángel que se rompa la escritura de su vida”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[87]'' Al margen derecho: “Aparécele antes de su muerte san Felipe y Santiago y el Ángel le anuncia la muerte”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[88]'' Al margen izquierdo: “Vio a la madre de Dios y a la Madalena”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[89]'' Al margen derecho: “El mal olor de la boca se le convierte en bueno”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[90]'' Al margen izquierdo: “Aparece cuatro días después de su muerte a una religiosa”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[91]'' Al margen derecho: “Un tullido sana tocando su cuerpo y otros enfermos”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[92]'' Al margen derecho: “Es hallado su cuerpo incorrupto después de 7 años”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[93]'' Al margen izquierdo: “Celebra fiesta la villa de Cubas el día que murió”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[94]'' Al margen izquierdo: “El reverendísimo fray Francisco de Sola, ministro General, abrió el arca y halló el cuerpo incorrupto”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[95]'' Al margen derecho: “Sale sangre cortándole un dedo del pie”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
= Vida impresa (9)=&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Ed. de [https://visionarias.es/equipo/marta-amoros-tenorio/ Marta Amorós Tenório]; fecha de edición: enero de 2026.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
== Fuente ==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[[Archivo:Portada1613.jpg|250px|right|link=]]&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[http://catalogodesantasvivas.visionarias.es/index.php/Categor%C3%ADa:Antonio_Daza Daza, Antonio], 1613.'' Historia, vida y milagros, éxtasis y revelaciones de la bienaventurada virgen sor Juana de la Cruz, de la Tercera Orden de nuestro seráfico padre San Francisco''. Madrid: Luis Sánchez.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[[Contexto material del impreso Historia, vida y milagros, éxtasis y revelaciones de la bienaventurada virgen santa Juana de la Cruz, de la Tercera Orden de nuestro seráfico padre San Francisco, de 1613]].&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==Criterios de edición==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Se unifican estilo, efecto y tamaño de letra para títulos de los distintos preliminares y otros paratextos, así como de los capítulos del texto central. Se aplican reglas ortográficas en relación con títulos, términos en latín y destacado de palabras conforme a las normas actuales de la Ortografía de la RAE.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Indico la foliación y/o signatura tipográfica expresada en el texto base o reconstruida atendiendo a su continuación lógica, añadiendo, cuando se trate de folios y no de páginas, si se trata del recto o del vuelto. Para una mejor comprensión de esta cuestión, véase la ficha bibliográfica de la obra.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Después de la biografía y los paratextos finales, conforme a los criterios generales de edición del Catálogo, se añaden las aclaraciones necesarias, junto con la edición de las notas marginales del texto referidas a fuentes y las que sirven de guía. En la presente edición, sin embargo, aquellas notas que glosen el contenido del cuerpo del texto base, aportando otro tipo de aclaraciones (por ejemplo, de carácter doctrinal o teológico), se indicarán entre paréntesis y en cursiva en el cuerpo del texto; al final se explicitará su ubicación original. Así pues, las notas propias se distinguirán de las del texto editado porque las primeras resaltarán siempre en negrita la parte del texto que se anota.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==Vida de Juana de la Cruz==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Vida en disponible en: ''[[Historia, vida y milagros, éxtasis y revelaciones de la bienaventurada virgen sor Juana de la Cruz]], de la Tercera Orden de nuestro seráfico padre San Francisco''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
= Vida impresa (10)=&lt;br /&gt;
Edición y traducción de [https://visionarias.es/equipo/aitor-boada-benito/ Aitor Boada Benito]; fecha de edición: abril de 2025.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
== Fuente ==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
* [http://catalogodesantasvivas.visionarias.es/index.php/Categor%C3%ADa:Luca_Waddingo Waddingo, Fr. Luca], 1654. ''Annales minorum in quibus res omnes trium ordinem a S. Francisco institorum ex fide ponderosius afferuntur, calumniae refelluntur…'', tomo VIII, Romae, Ex Typographia Joannis Petri Collinii, pp. 568-579.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Vida en latín disponible en: [[Annales minorum in quibus res omnes trium ordinem a S. Francisco institorum ex fide ponderosius afferuntur, calumniae refelluntur…]]&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[[Contexto material del impreso Annales minorum in quibus res omnes trium ordinem a S. Francisco institorum ex fide ponderosius afferuntur, calumniae refelluntur…]].&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==Criterios de traducción==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
La traducción ha seguido los siguientes criterios:&lt;br /&gt;
* Los nombres propios y topónimos se presentan en su forma moderna (p. e. “arzobispo Cramner” [568], “Almería” [577], etc.).&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
* La numeración de los capítulos y la separación de párrafos siguen las del manuscrito.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==Vida de Juana de la Cruz==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[568] Año de Cristo 1534. Año 16 del emperador Carlos V. Año 11 de Clemente VII. Año 327 de la Reelección de Minerva.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''XXXIX'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Ese mismo año falleció la religiosa Juana de la Cruz, española, en el monasterio de Santa María de la Cruz, cerca del pueblo de Cubas, en la diócesis de Toledo, de cuya fundación hemos hablado antes. Prometimos narrar la vida y hazañas de esta virgen, célebre entre los españoles y extranjeros. El monasterio había caído en una profunda crisis debido a la desafortunada gestión de Inés, su fundadora y primera abadesa, aunque con el tiempo se arrepintió por gracia de Dios. La Virgen María quiso que Juana fuera la restauradora de esta casa. Nació en una humilde aldea de la ya mencionada diócesis, en el hogar de Juan Vázquez y Catalina Gutiérrez, devotos campesinos. Desde su concepción, Dios la llenó de dones y gracias, pues parecía haber sido llamada desde el vientre materno para su servicio [69] divino. De hecho, no había nacido aún cuando ya comenzaba a abundar en dones celestiales. Antes del uso de razón, no buscaba el pecho materno en los días de viernes, tenía visiones celestiales y era liberada de males y enfermedades, a veces por el favor de la bienaventurada Virgen María, a veces por san Bartolomé. A los cuatro años, vio la gloria del Paraíso, a Cristo niño bajo las especies sacramentales y al ángel que le había sido destinado como custodio. Al hacerse mayor, no se dedicaba a juegos propios de niñas, no hacía nada indecoroso, no pronunciaba palabra ociosa, sino que, siempre entregada a la oración, mantenía conversaciones sobre lo divino. A los siete años, tras la reciente muerte de su madre, decidió, junto con su piadosa tía aún joven, ingresar en el monasterio real de Santo Domingo en Toledo. Pero Dios, que la quería como restauradora de Cubas, lo impidió dos y tres veces, y frustró las artimañas de las monjas que querían capturarla con engaños. Trasladada a la casa de los tíos, administraba los asuntos domésticos con suma prudencia y castigaba su cuerpo con admirable penitencia. Se cubría con un áspero cilicio tejido por ella misma, se flagelaba con dureza, debilitaba su cuerpo con continuos ayunos a pan y agua, a veces sin comer nada durante tres días. En las noches más frías, salía de su lecho y, cubierta solo con un cilicio, prolongaba su oración ante la imagen de Cristo hasta el amanecer.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''XL'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Acostumbrada a las visiones divinas, vio a los serafines vertiendo, en vasos de oro, las aguas de los beneficios celestiales; a Cristo en distintos momentos sufriendo diversos tormentos de la Pasión; a la Virgen María llevando en sus brazos al Niño Jesús y mirándolo con ojos de amor. Estos favores celestiales encendían aún más en ella el deseo de la vida monástica, que anhelaba ardientemente para poder recibir más libremente las misiones divinas, libre de las preocupaciones del mundo. Con el mayor afecto que le era posible, suplicaba ante la imagen de Cristo, que llaman la Verónica y que siempre llevaba consigo, para que finalmente le concediera esta gracia. Entonces, Cristo, apareciéndosele bajo esa misma imagen, le dijo que la tomaría como esposa. Aunque muchas veces intentó alcanzar lo que con tanto empeño deseaba, su padre y sus tíos se lo impidieron. Finalmente, con ánimo viril, decidió eliminar todos los obstáculos y, despreciando la autoridad de quienes se oponían, se cubrió con vestiduras de varón, se armó con una espada y salió cautelosamente de su casa, emprendiendo el camino hacia el monasterio de Cubas, que distaba dos leguas. Satanás se presentó de inmediato para interrumpir su camino y, mostrándole muchos peligros y dificultades, la llenó de temor y la hizo desfallecer de ánimo. Cayendo a tierra, escuchó tres veces una voz del cielo que le decía: “Sé valiente, continúa el camino emprendido, Dios será tu ayuda”. Aunque en ese momento no vio a nadie, más tarde supo que aquel que la había animado era su Ángel Custodio, que la fortalecía en su debilidad. Poco después de avanzar, vio que la seguía un joven de Illescas montado a caballo, que con frecuencia había pedido a su padre que se la concediera por esposa. Aterrorizada por tal peligro, invocó la ayuda de Dios y se desvió un poco del camino hasta que el pretendiente pasó de largo. Arrodillada, dio gracias por el favor recibido y rogó a la Madre de Dios que le fuera propicia en su viaje hacia la casa de su Señor. [Entonces] se le apareció la Santísima Virgen, animándola a tener buen ánimo y asegurándole que sería la restauradora de aquella casa. Cuando llegó al templo del monasterio, retomó sus vestiduras femeninas, que llevaba consigo envueltas en un fardo. Luego, acercándose a la puerta del convento, al ver la imagen de la bienaventurada Virgen colocada en lo alto, oró para que hiciera próspero su deseo. Recibió la respuesta de que todo le iría bien. La Virgen se alegraba de su llegada y le concedió el poder de renovar aquella casa, subsanando errores, eliminando abusos, estableciendo leyes justas y cultivando virtudes. Animada por estos favores, con gran confianza se dirigió a la abadesa, le relató el curso de su vida y de su viaje, y le pidió ser admitida en la comunidad de las hermanas. Tras consultar con ellas y con el ministro provincial –que, habiéndose ido de allí [es decir, Cubas], ya estaba de vuelta desde hace poco por disposición de Dios–, fue aceptada con la aprobación de todos, aunque con gran oposición de su padre y de sus tíos, que se presentaron [allí] antes de que ella ingresara en el monasterio.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''XLI'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Una vez alcanzado su deseo, abrazó con el máximo fervor la vida monástica. Se impuso a sí misma un silencio perpetuo, la máxima abstinencia posible, admirables formas de penitencia, un sueño brevísimo, vestiduras humildes, el desprecio de sí misma, y hallaba consuelo en los trabajos y en las labores manuales. En todo consideraba por [579] quién y para quiénes trabajaba. No obstante, siempre siguió la vida común, sin emprender nada singular que no fuera aprobado por el juicio de la priora o del confesor.  Una vez, se acercó a este último, consumida por el dolor y las lágrimas porque, estando acostumbrada desde la infancia a ver a Cristo en la comunión sacramental, en la última ocasión no lo había visto. Con una asombrosa simplicidad, creía que todos los que recibían el sacramento de la Eucaristía veían a Cristo corporalmente y que, por lo tanto, se le había negado esta gracia, bien por alguna culpa suya, bien por algún defecto del sacerdote en la consagración. El confesor, actuando como padre y consolador, le explicó que debía considerar aquello como un beneficio, pues el Señor a veces se oculta y retira sus favores para que sean buscados con mayor ardor y para que quienes los reciben en tal abundancia se humillen ante Dios. Pues, así como a Pablo le fue dado un aguijón en la carne y un ángel de Satanás que lo golpeara, para que la grandeza de sus revelaciones no lo enalteciera, de la misma manera Dios priva a sus elegidos de ciertos dones para fortalecerlos en la humildad.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''XLII'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Justo después de emitir solemnemente su profesión —en la que quiso llamarse “de la santa Cruz”, tanto porque el monasterio se llamaba Santa María de la Cruz como porque había nacido el día de la Invención de la Santa Cruz—, comenzó a florecer con una virtud aún más robusta y a brillar con una santidad más evidente. Dios confirmó esto con muchas y grandes señales. Un vaso de alfarero, roto por descuido, fue completamente restaurado por sus oraciones. Una monja fue sanada, primero de una fiebre terciana y luego de un peligroso tumor en el pecho gracias a sus méritos. Una joven, afligida por una dolencia en el corazón, fue liberada cuando ella le impuso las manos. Siendo encargada del hospital, atendía a las enfermas con una caridad increíble. En ocasiones, pedía a Dios que le transfiriera sus enfermedades, y era escuchada. Por más vil o impuro que fuera, en este ejercicio de amor religioso no rechazaba nada. Más tarde, al ser trasladada al oficio de portera y encargada de la rueda del torno, ejercitó con frecuencia la virtud de la paciencia, tanto por la dureza de aquel tipo de servicio como por la autoridad de su compañera mayor, que le daba órdenes con un modo de proceder poco prudente. Pero ella, en todo muy obediente, jamás se resistió a los mandatos ni respondió con impaciencia, sino que, con la mayor humildad, terminaba todo rápidamente. Por ello, mereció tener a Cristo como su alentador con frecuencia y verlo bajo la apariencia de un niño. En una ocasión, la bienaventurada Virgen María lo tomó de sus brazos y la invitó a un jardín, donde, disfrutando de la conversación de la Madre y el Hijo, fue llamada por el repique de una campana a la puerta. Tras cumplir su deber, regresó y los encontró todavía esperándola, alabando su virtud de obediencia, y enseñándole así que a veces es necesario dejar a Dios por Dios. Por el resplandor del amor divino se iluminaba su rostro, y sus hermanas comprendieron que había tenido visiones celestiales. En otra ocasión, mientras trabajaba en la sala común, fue arrebatada en éxtasis y mereció recibir a Cristo de las manos de su Madre. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''XLIII'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Ardía de tal deseo que deseaba recibir todos los días el santísimo Sacramento de la Eucaristía, pero, por la debida reverencia y humildad, se abstuvo, contentándose con aquellos que su confesor le indicaba. Los otros [días] lo [el sacramento] recibía espiritualmente con su afecto interno, y al hacer voto de comer ese pan celestial, sentía el fruto y la utilidad de este, a través de una fe viva que obra por el amor. Al oír la campanilla anunciando la hostia para la adoración, a la que el sacerdote se disponía a elevar, acudió rápidamente para venerarla. Pero, cuando intentó llegar al altar desde donde poder contemplarla, no pudo llegar a tiempo. Entonces, inclinándose en el suelo con el deseo de adorar lo que no podía ver con los ojos, de repente, por una gran grieta en la pared, le fue permitido ver claramente lo que deseaba venerar con devoción; aún permanecen señales de esa grieta. Como un milagro aún mayor, desde las dependencias del monasterio, a través de tres o cuatro paredes, veía y adoraba el mismo objeto divino que Dios, accediendo a los votos de su esposa, le mostraba. A un hombre que moría en pecado, sin saberlo el párroco, administró la santa comida para el viático, pero rápidamente falleció. Los ángeles, llevándolo por su boca impura, lo acercaron a la habitación de Juana y lo colocaron en un lugar adecuado. El ángel custodio reveló este asunto a Juana. Ella, al regresar de un largo éxtasis, recibió la santa comunión de manera piadosa y reverente, tal como el ángel le había ordenado. Este hecho lo relata con mayor detalle Pedro Navarro haciendo uso de notables testimonios.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[571]&lt;br /&gt;
'''XLIV'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Es un gran beneficio de Dios hacia la virgen el que haya designado para su custodia a uno de los supremos espíritus. Este, como protector de grandes y eminentes santos, cuidaba de ella con tanto esmero, tanto amor y prontitud, apartando el daño tanto del cuerpo como del alma, asistiendo a quien lo invocaba, renovando con consuelos celestiales, de tal modo que en las necesidades se mostraba como un padre, en las tribulaciones como refugio, en las dudas como maestro, en la tristeza como lenitivo, y finalmente, en todo, parecía estar dispuesto a cumplir con su deseo. A menudo se le aparecía bajo diversas y preciosísimas formas, y revelaba secretos celestiales; cuidaba de los asuntos del monasterio de sus amigas y hermanas de tal modo que los beneficios que le proporcionaba a ella eran evidentes para sus compañeras, quienes se le entregaban completamente y se encomendaban a su custodio y a sí mismas [redactar mejor, no sé si esto tiene sentido]. También tuvo conversaciones familiares con otros ángeles, especialmente con los custodios de sus hermanas del monasterio. A través de sus apariciones, y de los rostros tristes o alegres, podía reconocer en qué aspectos algunas fallaban y en cuáles otras progresaban. De ellos aprendió muchas enseñanzas santas y salutíferas, con las cuales instruía a las monjas del monasterio mientras las dirigía. A menudo era transportada en el aire, disfrutando de los deleites celestiales, de los cuales recibía además conocimiento sobre lo que ocurría entre las hermanas del monasterio. Su Custodio le reveló lo que más deseaba: la causa y la secuencia de la batalla de los ángeles, la victoria de los buenos, la caída de los malvados, y su castigo final a través de diversas regiones sublunares.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''XLV'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Frecuentemente, se le veía arrebatada y elevada por encima de sí misma, y en tales momentos de alienación sensorial veía glorias y triunfos celestiales, experimentaba los más dulces afectos del corazón y resplandecía con el rostro más hermoso. Una vez, ocurrió que en un éxtasis muy fuerte fue arrebatada de forma violenta: su rostro palideció, los ojos se apagaron, los labios se oscurecieron, los dientes rechinaban, los brazos caían, y no se veía nada en su cuerpo sin sufrimiento. Cuando volvió en sí, y al ser interpelada varias veces para que explicara la causa de tan dolorosa transformación, dijo que entonces le fue revelado cuántos y qué tipos de penas, tribulaciones y persecuciones debían sufrir tanto los espíritus impuros como los hombres malvados; que, al recordar tales tormentos, se sintió tan aterrada que perdió el juicio y su cuerpo entero fue arrebatado por el dolor.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''XLVI'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Daba respuestas muy prudentes y consejos muy saludables a todos los que pedían remedios para males tanto espirituales como corporales. Desde todas partes acudían a ella como si fuera un oráculo celestial, pero ella nunca los pronunciaba sin consultar primero a su custodio y maestro. De él aprendía las necesidades, cualidades y disposiciones del cuerpo y del alma de todos los que acudían a ella. Él, al revelarle los pensamientos de las personas, le permitía saber lo que sucedía con aquellos que, desde lejos, se encomendaban a ella. Cuando él la llevaba, se aparecía a los enfermos y a los que estaban en peligro y los liberaba de las adversidades. Con su ayuda, superaba las constricciones de las tinieblas, ya fuera para ella o para otros que se oponían. Trece años después de que quedara muda durante varios meses, hablaba en éxtasis en diversas lenguas, explicaba pasajes difíciles de las Escrituras y revelaba muchos misterios, pronunciando sermones muy instruidos –cuyo volumen completo aún existe– que duraban hasta la segunda o tercera hora. Para escuchar esos sermones, acudía una gran multitud de personas de toda clase, y entre ellas muchos héroes, príncipes, prelados, obispos, el cardenal Francisco Jiménez, el gran duque Gonzalo Fernández de Córdoba, y el mismo Carlos &amp;lt;César Augusto&amp;gt; ''[1]''. Todos eran admitidos a la presencia de la extática (pues aún no se había introducido el régimen de las monjas recluidas), y a cada uno de ellos, aunque no los viera, les decía lo que era apropiado para su condición y los males que padecían. Sus palabras penetraban en lo más íntimo del corazón, y no hubo nadie que no se sintiera apelado a cambiar sus costumbres.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''XLVII'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Muchos quisieron poner a prueba si estos éxtasis y sermones venían de Dios. Fue enviado un Inquisidor de la fe a Toledo, disfrazado, y escuchó a la predicadora en éxtasis. Habló de tal manera que conmovió al hombre y este, a mitad del sermón, se arrodilló. Con ese gesto, envuelto en lágrimas, escuchó el resto. Después, al regresar en sí, habló con ella [572] sobre asuntos concernientes al alma, y se despidió de ella recomendando con fervor sus oraciones. Otros, deseando saber imprudentemente si realmente se estaba transformando o si tales éxtasis eran falsificados, realizaron investigaciones que ofendieron a la virgen. Cierta heroína, estando cerca de la cama, mientras Juana predicaba en éxtasis, le clavó una gran aguja en la nuca, que le atravesó el cráneo. La virgen, inmóvil y sin sentir nada, continuó predicando. Al regresar en sí, entonces comenzó a sentir dolor, y pareció que la sangre se derramaba por su cuello. En otro sermón, un eclesiástico de gran renombre la agarró violentamente por el brazo para sacarla del éxtasis. Sin embargo, no sirvió de nada, pues ella permaneció inmóvil y continuó su discurso. Ante tal multitud y las investigaciones indiscretas de algunos, el provincial de la provincia de Castilla, cuyo monasterio dependía [de esa región], ordenó que no fuera aceptado que nadie viera a la predicadora. Así se hizo. Pero, mientras una de las hermanas se acercaba a la puerta de la celda para escuchar lo que decía y miraba por las rendijas, vio muchas aves con los picos alzados, como si escucharan lo que decía. Cuando llamaron a otras que vieron lo mismo, se concluyó que Dios quería que escucharan las personas cuya ausencia las aves suplían. Tras probarse ante la superiora, se permitió escuchar.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''XLVIII'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El provincial, originario de Cantabria, quedó sorprendido cuando Juana le habló con fluidez en su dialecto cántabro, intentando disuadirlo de un pensamiento que mantenía en secreto: asignarle la dirección del monasterio. Este hecho fortaleció aún más la convicción sobre su santidad, y finalmente la instituyó como abadesa.  Cuando estaban presentes hombres doctos o personas que ignoraban la lengua española, explicaba los misterios de la Sagrada Escritura en latín y transmitía lo que era oportuno. Francisco Ruiz, fraile menor y obispo de Ávila, compañero del cardenal Jiménez en la célebre expedición que conquistó Orán, había donado al monasterio dos esclavas traídas de allí: una mujer mayor y una joven, ambas árabes. Se intentó en varias ocasiones convertirlas a la fe cristiana, pero ellas se aferraban obstinadamente al islam ''[2]''. Un día, estando presentes en una de las predicaciones extáticas de la virgen, escucharon cómo el sermón se dirigía directamente a ellas en lengua árabe fluida. Sus corazones se sintieron conmovidos y experimentaron un impulso tan fuerte hacia la verdadera religión que al finalizar la reunión pidieron inmediatamente ser bautizadas. En otras ocasiones, solía llamarlas y hablarles en árabe. Ellas respondían en la misma lengua, y Juana les instruía sobre muchos asuntos. Permanecieron en el monasterio hasta su muerte, sirviendo a las hermanas con humildad y devoción. Durante un año, [Juana] pronunció setenta y un sermones de este tipo: algunos sobre la vida de Cristo y su Madre, otros centrados en los elogios a los Apóstoles, otros sobre los Evangelios de Adviento y los domingos. En ellos se encuentran numerosas parábolas y muchas enseñanzas claras para el cambio de las costumbres. Sor María Evangelista, alumna del monasterio, registró estos sermones con gran precisión. Dios le concedió la gracia de escribir de manera clara e íntegra todo lo que esta pronunciaba en sus predicaciones, a pesar de que antes ni sabía escribir ni leer. El padre Francisco de Torres, fraile menor de gran celo apostólico, tenía estos sermones en alta estima y los recopiló en un volumen extenso, afirmando que contenían profundos misterios, no accesibles a todos ni adecuados para ser divulgados indiscriminadamente. Este mismo juicio fue confirmado por el Tribunal del Santo Oficio de la Inquisición española, que, tras un examen riguroso, ordenó su lectura.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''XLIX'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Todavía mayores signos de predilección mostró Cristo por esta Virgen. En presencia de la bienaventurada Virgen y una multitud de ángeles, la tomó como su amadísima esposa, colocándole un anillo precioso como símbolo de su unión. Además, un Viernes Santo, mientras meditaba con extrema intensidad en la Pasión de Cristo, recibió en sus manos, pies y costado las cinco llagas, que se imprimieron en su piel como marcas rojizas. Bajo estas, [ardía] un intenso fuego y el dolor era muy profundo. Estas aparecían visiblemente cada viernes y sábado hasta la festividad de la Ascensión. Finalmente, debido a la insoportable insistencia de quienes deseaban verlas, rogó fervientemente para que fueran suprimidas del todo. Así [573] Cristo, escuchando su petición, accedió. Aunque le anunció que, en lugar de las rosas purpúreas de las llagas que deseaba que desaparecieran, sentiría las punzantes espinas de su corona. En efecto, experimentó tormentos acompañados de numerosos dolores y sufrimientos.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''L'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Disfrutaba con el canto de los pájaros, y en ocasiones junto a ellos entonaba alabanzas y glorificaba a Dios. Pero se distraía mucho por las numerosas súplicas de quienes acudían a ella y por escuchar las penas de los afligidos. Para prepararla mejor para la recepción única de los misterios celestiales, el Señor la afligió con sordera desde el 10 de febrero hasta el 12 de agosto, festividad de Santa Clara. En esta fecha, las hermanas rogaron vehementemente que le fuera restituido el oído, puesto que era indispensable para la dirección del monasterio y para aliviar con mayor facilidad las aflicciones del prójimo. Los ruegos de la virgen fueron escuchados y fue enviado San Pedro Apóstol, que tocó sus oídos mientras se hallaba en éxtasis y le devolvió el sentido. El día de Santa Bárbara, absorta en un éxtasis, se le apareció la santa Virgen, le reveló muchas cosas y le manifestó haber sido mediadora ante Dios para que le fueran concedidas abundantes gracias. En esa misma ocasión, [Juana] vio el alma de un niño ascendiendo al cielo. Este le pidió que advirtiera a su madre —indicándole su nombre— para que tuviera mayor diligencia en la educación de sus hijos, pues sus hermanos eran tales que Dios no los aprobaría, y Él le pediría razonamientos estrictos sobre esto. En otros estados parecidos de elevación de la mente contempló en diversas ocasiones a distintos santos: Francisco, Domingo, Antonio, Lucía y Acacio, junto a sus compañeros mártires. Así parecía habitar constantemente en los cielos, acostumbrada a tantas visiones de Dios, de la Virgen María, de los ángeles y de los santos.  &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''LI'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Con veintiocho años de edad y al decimotercer año de su ingreso en la religión, fue elegida abadesa por decisión unánime de todas las hermanas, bajo la supervisión del provincial cántabro que mencionamos. Durante diecisiete años llevó el monasterio con suma tranquilidad y admirable prudencia, ampliándolo con las edificaciones y rentas necesarias, puesto que se encontraba en un estado paupérrimo antes de que ella asumiera el cargo. Entre sus muchos y principales benefactores se encontraban los ya mencionados Gonzalo y Jiménez, que hicieron grandes aportaciones. Su mayor contribución a la vida monástica fue el establecimiento de la observancia regular, y la prevención de los escándalos que podrían haber surgido, con la introducción de la clausura monástica, pues antes las hermanas solían salir libremente a pedir limosna y los laicos tenían acceso al interior del convento. Desempeñó su oficio con facilidad, bajo la asistencia de su ángel custodio que le ayudaba en todo y le desvelaba lo que fuera necesario cuando era oportuno, además de con la protección de la Virgen María, que se constituyó a sí misma como abadesa perpetua de la casa y designó a Juana como su vicaria o sustituta. En el ejercicio de este cargo recibió muchos favores del Señor y revelaciones únicas. [Entre estas,] vio el alma de su confesor, Pedro de Santiago, vicario del monasterio y varón de vida excelsa, conocida virtud y santidad, coronado con gran gloria en los cielos.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''LII'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Por petición insistente de las hermanas, oró al Señor para que bendijera y otorgara virtudes a los numerosos rosarios que habían reunido con fervor y que se encontraban guardados en un cofrecillo cerrado bajo la custodia y llave de otra. En éxtasis sagrado permaneció largo tiempo sin sentido. En ese tiempo las hermanas, ansiosas por averiguar lo que sucedía con los rosarios, abrieron la caja y la encontraron vacía. Pero al volver del éxtasis y revisar de nuevo, los hallaron repuestos e impregnados de una fragancia maravillosa y se sorprendieron al ver de nuevo aquello que poco antes creían desaparecido. Al preguntarle sobre esto, Juana respondió: “Fueron bendecidos por Dios, tocados por su mano, y de allí proviene el perfume impreso y la virtud infundida para rechazar múltiples males y curar enfermedades”. Que decía la verdad lo demostraron los eventos prodigiosos que siguieron, debidamente verificados ante diversos jueces en distintas localidades, y recogidos en documentos públicos legítimos. Esto, sin embargo, lo exageraron algunos por exceso de devoción, y le atribuyeron —sin fundamento alguno— numerosas gracias e indulgencias. Esto fue justamente reprobado por quien escribió por último la vida de la virgen y añadió además documentos muy fiables que corroboran la veracidad del caso.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''LIII'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Contemplando en visión las durísimas penas que padecen las almas fieles en el purgatorio, Juana las compadecía con suma piedad, y [574] procuraba por todos los medios, tanto personalmente como a través de otros, brindarles alivio: ofrecía sufragios de oraciones, sacrificios de misas, aflicciones corporales, obras piadosas y ejercicios religiosos en su favor siempre que le era posible, y se esforzaba además en que otros los ofrecieran. Rogó a Dios que le permitiera asumir en su propio cuerpo penas en satisfacción por las almas purgantes, y que les aliviara a ellas lo que a ella infligiera. En efecto, sufrió tormentos terribles conforme a su deseo, pero cada vez con más certeza —revelada por su custodio— de que sus penas beneficiaban a aquellas almas afligidas. Muchas almas, por tanto, se le aparecían, rogándole que también las acogiera con su caridad. Esto lo hacía de inmediato, sin negar su ayuda a ninguna, por pequeña que fuese. Por esta piedad y caridad singular alcanzó gran favor ante Dios, y se ganó el afecto de las almas. Así, liberadas por sus méritos, intercedían más eficazmente por ella en el cielo. Bien podía contarse entre aquellos de quienes el ángel dijo a santa Brígida: “Benditos sean quienes en el mundo ayudan a las almas con oraciones, buenas obras y el esfuerzo de su cuerpo” ''[3]''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''LIV'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Con un afecto indescriptible veneraba la santísima cruz de Cristo, y con razón, pues en la festividad de la Invención de la Cruz recibió de Dios innumerables favores. En este día —como dijimos— nació en el siglo, renació en la vida religiosa y se consagró a Dios con voto solemne. En ese día también, por mandato divino, asumió el mandato del monasterio que debía reformar. Finalmente, ese [mismo día] partió de este valle de lágrimas a la patria celestial para recibir el premio de una vida santísima. Cada día de la semana dedicaba meditaciones únicas a los misterios de la cruz, distribuyendo así los frutos de la cruz a lo largo de toda la semana. Así, su alma, purificada en abundancia y entregada a la contemplación de las realidades divinas, siempre encontraba asuntos suficientes para meditar.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''LV'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
A la gloriosísima Virgen María honraba con la ternura entera de su corazón, con el afecto más íntimo de sus entrañas y con todos sus votos, sabiendo muy bien que así lo quiere Aquel que ha querido dársenos por entero a través de María; [sabiendo] que ella ha hecho la escalera celeste por la que Dios descendió a la tierra, para que merezcamos ascender al cielo por ella. En el monasterio había una antigua imagen de madera de la santísima Virgen. Ciertamente, no estaba esculpida con mucha belleza ni con arte refinado, pero gozaba de gran veneración entre las hermanas y los forasteros. Para que fuera aún mayor su veneración, consiguió de Dios que la bendijera y le concediera el poder de que quienes orasen ante ella alcanzasen lo que pedían, y que en tiempos de necesidad pública en ella pudiera encontrarse remedio. Y así ocurre: con frecuencia se obran frecuentemente grandes milagros en torno a esa imagen. Cuando acechan males colectivos, se lleva en procesión —sea para alejar la peste, para obtener lluvia o para pedir quietud— y el pueblo siempre está seguro de que puede obtener alivio en sus calamidades.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''LVI'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Estos y muchos otros prodigios similares demuestran cuán grande fue la gracia que Juana halló ante Dios. Cuán grande fue la gracia de sanaciones que Dios le concedió lo testimoniaron con certeza las hermanas. A una extinguió el ardor de la fiebre mortal que llaman de San Marcial; a otra la curó de un cáncer; a otra del dolor de costado; y a otra le enderezó los hombros dislocados. Por la violencia del dolor, a una hermana se le salió un ojo y cayó al suelo; Juana lo recogió con su mano, lo limpió con un paño y lo colocó de nuevo en su lugar. De inmediato, la que antes era tuerta recobró perfectamente la visión y fue liberada de todo mal. Salvó de morir ahogado al criado del monasterio, Juan de la Fuente, cuando [este] precipitadamente intentó cruzar el río Jarama crecido por la corriente desbordada. Protegió a la sirvienta Antonia Rodríguez de morir embestida por un toro; y defendió el monasterio del asalto de los rebeldes, que bajo el título de “Comunidad” y bajo la apariencia del bien común ocuparon gran parte de España ''[4]''. Un carnero infecto de rabia embistió al confesor de Juana y de las hermanas con sus cuernos y lo infectó con su enfermedad. La Virgen oró intensamente por él y se sanó. A una niña muerta la tomó en brazos y, al colocarle sobre el pecho la cruz que llevaba colgada del cuello, le devolvió la vida.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''LVII'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Iluminada por tantos dones celestiales y colmada de resplandor divino, empezó a pensar que, pese a haber recibido de Dios tantas gracias, no había correspondido en nada; que había tenido muchísimas y grandísimas consolaciones, pero pocas y sutiles aflicciones; ingentes recompensas, [575] y apenas méritos. Anhelaba hacer algo por Dios de igual valor e, igual que había participado de sus consuelos, deseaba también hacerse partícipe de sus tormentos. Sabía muy bien que es verdad lo que dice la Escritura: “La leve amargura del momento presente produce un peso eterno de gloria en nosotros, cada vez superior” ''[5]'', Por eso, entendía por qué el profeta, iluminado por esta verdad, exclamaba: “Que se pudran mis huesos y me devore el gusano rápidamente, con tal de que pueda hallar descanso en el día de la tribulación” ''[6]''. Así, rogaba insistentemente que su cuerpo fuera quebrado por trabajos, dolores, enfermedades y angustias, y que fuera probado como oro en horno de la tribulación. Su ángel custodio, con rostro triste, le reveló que su súplica sería escuchada, advirtiéndole que la paciencia sería indispensable para alcanzar las promesas, y que necesitaría también del auxilio y oraciones de otros para no desfallecer en la prueba. “Tu cuerpo” —le dijo— “será quebrantado por enfermedades gravísimas, y tu espíritu será afligido por persecuciones, envidias, calumnias e injurias contra tu buen nombre”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''LVIII'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Poco después de oír esto y comunicarlo a las hermanas, quedó paralizada de cuerpo entero, sin que quedara parte alguna libre de tal lesión. Con tal intensidad sufría que a menudo clamaba y gritaba, pidiendo a Dios ayuda y paciencia. Le dolían todos sus miembros, articulaciones y nervios, y no podía usar ninguna parte del cuerpo para nada. De todos, el más intenso era el de cabeza; tan agudo era que a veces parecía estar muerta. Sufría del estómago y de los intestinos con tal punzada que todo su cuerpo se enfriaba y se empapaba de un sudor helado. Soportó todos estos males durante catorce años con increíble fortaleza e invencible paciencia. A esto se añadían los tormentos demoníacos: golpes, latigazos y, en ocasiones, heridas que requerían días de cuidados, sin que una de ellas pudiera jamás ser curada con medicina a lo largo de su vida. No obstante, en medio de estos intensísimos dolores, en dos ocasiones recibió el consuelo de Cristo, que la reconfortó suavemente con su presencia y palabra.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''LIX'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
La otra parte de su tormento y dolor procedía del entorno doméstico. El anuncio lo dieron los espíritus malignos, que en innumerable multitud y en forma de repugnantes animales inmundos, [como] serpientes, cuadrúpedos y tristes aves nocturnas, llenaron la casa entera, ocuparon el techo y rodearon los muros. Al contemplar esto en una visión, Juana se estremeció y pidió auxilio a los espíritus celestiales. Acudieron su ángel custodio, el Arcángel Miguel y otros muchos soldados de la corte celestial, que inmediatamente expulsaron a aquellos despreciables monstruos infernales, aunque estos se resistían con fiereza. Preguntó entonces Juana cuál era la intención de aquellos demonios y esa tétrica multitud. Su ángel custodio le respondió que venían a perturbar y destruir por completo aquella casa, y que ya se les había abierto el acceso a causa de los resentimientos y discordias recientes entre las monjas, cuyo amargo fruto iba a degustar próximamente. Así ocurrió: la vicaria, con otras hermanas, conspiró contra la abadesa Juana, acusándola de haber malgastado los bienes del monasterio —que aún era paupérrimo— para obtener una bula que confirmara la unión de un beneficio parroquial que el cardenal Jiménez había asignado al monasterio y que ella había concedido a su propio hermano. Se convocó entonces al provincial para juzgar la situación, y, creyendo demasiado pronto las acusaciones de las rivales de la abadesa, la destituyó y puso en su lugar a la vicaria, que había ambicionado el cargo valiéndose de medios indignos. Juana soportó todo esto con suma paciencia, habiendo sido advertida en múltiples ocasiones por su ángel custodio de que Dios había permitido esto para purificar aún más a su sierva, como oro en el horno del sufrimiento. [También] para evitar que, rodeada por tantos favores y revelaciones divinas, cayera en la vana gloria, dulce ladrona de las riquezas espirituales y astuta aliada del enemigo de las almas. Otros vicios también se encuentran entre los siervos del demonio; la gloria vana se encuentra incluso entre los siervos de Cristo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''LX'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Consolada por estas palabras, animaba por todos los medios posibles a las hermanas, que llevaban con gran pesar la sustitución de su cargo decretada por el provincial. Las exhortaba a todas a obedecer prontamente a la nueva abadesa, y ella misma, la primera entre todas, le rendía a la abadesa fidelísimos servicios, venerando con todo su afecto como si hubiese sido nombrada [576] por el propio Señor. Pero el Señor no tardó en castigar la injusticia cometida contra Juana: a la falsa acusadora, que había usurpado el cargo confiado por Dios, la golpeó de repente con una grave enfermedad, infundiéndole además un gran temor y temblor por el crimen cometido. Castigada así, la desdichada mujer comenzó a confesar sus culpas y a revelar lo que había hecho contra Juana. Luego le pidió humildemente perdón, que obtuvo con facilidad, rogándole además que intercediese ante Dios para alcanzar el perdón de tantos pecados. Oró por ella Juana y obtuvo indulgencia, y le advirtió de la muerte prematura que se avecinaba, para que no la atrapara desprevenida. La mujer, en efecto, se preparó para la muerte, recibió los sacramentos y, arrepentida, falleció. Encargó a las hermanas que volvieran a elegir a Juana como abadesa y que le restituyeran por medio del sufragio lo que ella le había arrebatado injustamente. Se comprobó que Juana había sido injustamente apartada de su cargo al demostrarse, tras una investigación más precisa, que sólo se habían pagado siete escudos de oro por el diploma romano, y que su hermano había aceptado la carga del ministerio sacerdotal, [con la condición] de aportar los beneficios [obtenidos] al monasterio.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''LXI'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Cuando se acercaba el momento en que el Señor iba a llamar a su sierva, ya purificada por tantas presiones y pruebas, esculpida como una piedra viva para la edificación celestial, se le apareció un ángel. Dijo que a Dios le complacía que, para su mayor gloria y para la edificación e instrucción de sus siervos, se diesen a conocer los beneficios que le había concedido, tanto las consolaciones espirituales y revelaciones como las aflicciones y dolores corporales; estos debían considerarse también como un don. Por ello, debía dejar todo detalladamente por escrito. Ella, con la humildad de que fue capaz, se excusó de divulgar públicamente los dones que se le habían confiado en secreto. Pero el mensajero celestial, con argumentos razonables, con autoridad y hasta con amenazas, la convenció finalmente de que lo hiciera, y le asignó como escriba a quien hemos mencionado antes, María Evangelista, que no sabía escribir, para que resultara más evidente que esta orden procedía de Dios. Entonces escribió los dos libros que hemos mencionado más arriba, sobre los discursos y sobre la vida y hechos de Juana, con tal claridad y discreción que se concluye que contó con una ayuda superior a lo humano.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''LXII'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Finalmente, cuando el Señor decidió llamar a su sierva desde la prisión del cuerpo para darle la recompensa de tantos méritos, quiso anunciarlo previamente por medio del ángel custodio, en la vigilia de los apóstoles Felipe y Santiago, que también se le aparecieron y le felicitaron por la corona preparada tras su largo combate. Ella, llena de alegría y exultante, se preparó enseguida para el tránsito, deseando desaparecer y estar con Cristo. Tras recibir los sacramentos, rogó a las hermanas que la ayudasen con sus oraciones en su viaje a una tierra lejana. Luego volvió enteramente a la contemplación de los misterios divinos y de los beneficios que desde su infancia había recibido abundantemente de la misericordia divina. Durante los tres días previos al que está dedicado a la Invención de la Santa Cruz, tuvo muchas revelaciones y visiones de Cristo Señor, de la Virgen María, de María Magdalena, de su ángel custodio y de otros santos, así como terribles apariciones de demonios, que no cesaban de acechar y hostigarla en los últimos momentos de su vida. Finalmente, tras un éxtasis continuo y bellísimo que duró todo un día y comenzó con las palabras: “Alegraos conmigo, alegraos conmigo”, con el rostro resplandeciente, exhalando de su boca un suavísimo aroma, los ojos fijos en el cielo, y tras pronunciar muchísimas palabras santísimas y mantener piadosas conversaciones con las diversas personas que se le aparecieron, se durmió en el Señor el día de la mencionada Invención de la Santa Cruz, siempre para ella feliz y propicio, como hemos dicho, en el año cincuenta y tres de su edad y cuarenta desde su entrada en el monasterio.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''LXIIIV'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Tras su muerte, aquel rostro exangüe, aquel semblante pálido, aquel cuerpo contraído, compuesto solo de huesos y nervios, se tornó bello y agraciado, tal como había aparecido en su juventud, cuando gozaba del consuelo del discurso divino. Permaneció sin sepultar durante cinco días, exhalando un suavísimo aroma, mientras concurría una innumerable multitud de toda clase de personas, tanto de lugares cercanos como lejanos. Para que todos pudieran satisfacer su piedad con mayor comodidad, los frailes menores, muchos de los cuales habían acudido, llevaron el cuerpo en hombros y lo expusieron fuera [577] del monasterio, ya que los espectadores deseosos no pudieron acceder al interior. Una religiosa del monasterio de la Concepción de Almería, mujer muy devota y de virtud como la de Juana, íntimamente unida a ella en espíritu, refirió que la vio en visión ascendiendo a los cielos, completamente purificada en esta vida por tantas penas. Inmediatamente después de su fallecimiento comenzaron a manifestarse milagros: curó milagrosamente a una hermana gravemente herida en la tibia y en el pecho por una caída, a un hombre con fuertes dolores en los dientes, y a otro con las piernas contraídas que caminaba con andadores. Finalmente, fue sepultada en la parte inferior del coro, sin ataúd, solo sobre la tierra desnuda, cubierta con abundante cal viva y agua. Sin embargo, permaneció incorrupta durante siete años. Ocurrió que una niña, hija del conde de Puebla, que estaba siendo educada piadosamente en el monasterio, mientras jugaba en aquel lugar percibió un grato olor y empezó a escarbar la tierra con los dedos. Al acercarse las hermanas, también fascinadas por aquel olor, decidieron averiguar la causa y comprobar en qué estado se hallaba el cuerpo de Juana. Al cavar profundamente, lo hallaron incorrupto tanto en cuerpo como en vestiduras, sin ningún daño. Lo adornaron entonces con decencia y lo trasladaron al coro superior, donde lo colocaron en una arca bajo el altar.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''LXIV'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Allí permaneció durante catorce años, frecuentemente manipulado por las hermanas, despojado de sus antiguos hábitos y revestido con nuevos, hasta que una noble dama, Isabel Mendoza, esposa de Gonzalo Chacón, señor de Casarrubios, se encargó de trasladarlo a la principal capilla del templo. Allí lo colocaron, en el lado del Evangelio, dentro de un túmulo arqueado, desde el que tanto las hermanas por el interior como los seglares por el exterior podían contemplar y tocar la noble arqueta reforzada con anillos de hierro en la que reposa el sagrado cuerpo. La traslación tuvo lugar el 14 de septiembre de 1552, festividad de la Exaltación de la Santa Cruz, con la presencia de numerosos nobles y damas. En el año 1600, Francisco de Sosa, general de la orden y luego obispo de Canarias, Osma y Segovia, junto con Pedro González de Mendoza, provincial de la provincia de Castilla, más tarde comisario general de la familia ultramontana, arzobispo de Granada y luego de Zaragoza, y finalmente obispo de Sigüenza, al acudir al monasterio ordenó abrir la arca. Todos los presentes vieron el cuerpo íntegro, salvo por el rostro y las manos, ligeramente oscurecidos. El resto del cuerpo permanecía intacto, fresco y firmemente unido. Le quitaron el antiguo hábito y le pusieron uno nuevo. En lugar de los dos velos blancos de la cabeza, el provincial general restituyó uno blanco y añadió otro negro, dignándola con este honor póstumo a quien en vida tanto había anhelado esa distinción para todas sus hermanas. Sin embargo, al cortar un dedito del pie izquierdo para colocarlo en otro monasterio, quedó sobrecogido al ver que, tras sesenta y seis años, brotaba sangre de la herida.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''LXV'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Sería difícil expresar cuánta es la devoción que se dice que sienten hacia la santa virgen todos los pueblos de los alrededores, y cuántos dones adornan su sepulcro. Así fue fácil para las hermanas, por medio del procurador del monasterio Alfonso de Espinosa, adquirir una nobilísima arca de plata, profusamente elaborada con magníficos relieves, por un valor de cinco mil ducados de oro, donde el cuerpo fue depositado el día de Todos los Santos del año 1614. Estuvieron presentes Antonio de Trejo, vicario general de toda la Orden (más tarde orador ante la Santa Sede y obispo de Cartagena), y Francisco de Ocaña, ministro provincial, junto con una inmensa multitud de fieles procedentes de la corte del rey católico y de los pueblos vecinos. Para satisfacer la devoción de todos, el cuerpo fue expuesto durante dos días en un lugar elevado del presbiterio del templo, a plena vista de todos. Finalmente, se colocó en la mencionada arca, con dos cerraduras: una llave se entregó al provincial y otra a la abadesa. Al año siguiente, el rey Felipe III, con la familia real al completo, el cardenal de Lerma y los principales nobles de la corte, acudieron a venerar el sagrado depósito. El cuerpo fue expuesto para veneración durante todo el día, reposando en un lecho adornado noblemente, en el coro, salvo durante la hora del almuerzo, que tomaron en el atrio del monasterio. Finalmente, en el año 1622, la dignísima reina Isabel de Borbón, esposa de Felipe IV, acompañada del infante Carlos, el cardenal Fernando de Toledo (hermanos del rey) y los principales dignatarios de la corte, quiso contemplar ese precioso tesoro y honrarlo con sus dones.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''LXVI'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Por último, los obispos de Troya y de Cirene, comisarios apostólicos delegados para examinar los hechos relativos a la santa virgen, al abrir el arca declararon haber visto el cuerpo incorrupto y de bello aspecto, y lo expusieron durante tres días a la vista de más de cuarenta mil personas llegadas de todas partes. En Roma se está tratando ahora su inclusión en el catálogo de los santos; en su momento, Gabriel, cardenal de Trejo —hermano del mencionado Antonio—, cubría los gastos para promover la causa, y las Cortes Generales del Reino de Castilla decretaron destinar a este fin cuatro mil escudos de oro. La veneración y el culto en ese lugar son sumamente fervorosos, y su fama está muy extendida por todos los reinos de España. Su glorioso sepulcro se encuentra rodeado de muchas lámparas de plata encendidas, colmado de preciosas ofrendas, y se ha depositado junto a la sacristía un ajuar valioso.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''LXVII'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Los documentos relativos a la santidad y al proceso, enviados a Roma, contienen innumerables y grandes milagros, con toda clase de curaciones e incluso resurrecciones. De los más notables y atestiguados con firmeza da cuenta Pedro Navarro. Este fue el último en redactar los hechos de la santa virgen, haciéndolo con sabiduría y prudencia, tras haber consultado cuidadosamente los escritos de María Evangelista, a quien ya dijimos que se considera la primera en haber escrito sobre su maestra. Antonio Daza, además de lo que publicó en sus ''Crónicas'', realizó un peculiar librito que recoge su vida, aunque más con devoción que con rigor. Esto ha provocado que algunos hombres importantes formularan objeciones y emitieran juicios inexorables, en gran ofensa de tal virgen. A esto respondió con una docta apología Francisco de Sosa —que mencionamos arriba— junto con otros hombres sabios. Pero el más preciso de todos fue el mencionado Navarro. La obra de Daza, con notas añadidas de Sosa, fue traducida al italiano e incorporada por Bartolomé Cimarella como cuarta parte de sus ''Crónicas''. Francisco Gonzaga, Pedro Salazar y muchos otros autores recientes hacen mención destacada a esta virgen.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
===Notas===&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[1]'' ''Codd. ipse Carolus Caesar Augustus'', es decir, Carlos I.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[2]'' ''Codd. Adhaerentibus Mahometanae''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[3]'' Referencia confusa. En las vitae en latín de Santa Brígida (BHL 1458-1459) no aparece esta referencia. La primera vita sobre esta santa se atribuye a Donato, obispo de Fiesole (ca. 829-877) y es una composición métrica escrita en latín. Para la edición más reciente del texto, véase Kissane (1977, 78-143). Para un estudio de otras ediciones y un análisis de la autoría y producción de este texto, véase también Kissane (1977, 57-77; 144-192). Referencia: Kissane, Noel. (1977) “''Uita metrica sanctae Brigidae'': a critical edition with introduction, commentary and indexes”, ''Proceedings of the Royal Irish Academy'' 77 C, 57–192.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[4]'' La guerra de las Comunidades de Castilla (1520-1522), a comienzos del reinado de Carlos I.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[5]'' 2 Cor 4, 17.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[6]'' Abac 3, 16.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
= Vida impresa (11)=&lt;br /&gt;
Ed. de [https://visionarias.es/equipo/isabel-ibanez/ Isabel Ibáñez]; fecha de edición: marzo de 2025.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
== Fuente ==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
* [http://catalogodesantasvivas.visionarias.es/index.php/Categor%C3%ADa:Barezzo_Barezzi Barezzi, Barezzo], 1663. ''Quatriesme partie des Chroniques des Frères Mineurs divisée en dix livres en laquelle sont descrittes les vies admirables, les cruels martyres, les merveilleux miracles, et les saints exercices de plus de huit cens Religieux et Religieuses, vrays serviteurs de Dieu, de la Religions de St François, avec un récit de le nouvelle réforme, et de la continuelle observance en l’ordre, avec le grand accroissement de la Foy Catholique fait par eux tant en France, Italie, Espaigne, qu’aux Isles Orientales et Occidenles .depuis l’an 1500 jusques à l’année présente 1609  composée par Barezzo Barezzi Cremon'', et nouvellement  traduicte en françois par R. P. F. J. Blancone, Relig. du grand Couvent de l’Obser’’ de Tolose et Gardien de l’Obser’’ de Mirepoix, A Paris, chez Robert Fouet, Rue ST Jacques à l’enseigne du temps et de l’Occasion, 1627 avec Privilège du Roy.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En línea, en Gallica, Bibliothèque Nationale de France, [https://catalogue.bnf.fr/search.do?mots0=NRI;-1;1;Barezzi%2C+Barezzo&amp;amp;mots1=ALL;0;0;&amp;amp;&amp;amp;pageRech=rav URL].&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==Bibliografía==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
* Barezzi, Barezzo, “Libro secondo” ''Delle croniche dell’ordine de frati minori instituito dal seráfico P. S. Francesco. Parte Quarta'',  Venecia: 1608, pp. 156-169.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
* Gonzaga, Francisco (O. F. M., obispo de Mantua, P.), ''De Origine seraphicae religionis franciscanae ejusque progressibus, de regularis observanciae institutione, forma administrationis et legibus...'' F. Francisci Gonzagae,... opus....1587, Parte III, pp. 644-646.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
* ''Diccionario de la Real Academia Española''. En línea: &amp;lt; https://dle.rae.es/&amp;gt; &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
* Oudin, César, ''Tesoro de las dos lenguas francés y española. Thresor des deux langues françoise et espagnole'', Paris: Marc Ory, 1607.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
* Villegas Selvago, Alonso de, ''Flos sanctorum, Tercera parte [...]'', Barcelona:  en casa de D. Bages, 1588, Addenda, Vida 206, fols. 75v-79r.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==Criterios de traducción==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El relato aparece en el ''Livre second. Des frères mineurs p. 159-171 en Quatrième Partiedes Chroniques …'', Paris, 1627, traducción por Blancone de ''Delle croniche dell’ordine de frati minori instituito dal seráfico P. S. Francesco. Parte Quarta'' de Barezzo Barezzi, en Venecia, 1608.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Se ha cotejado con el texto italiano de Barezzi y con el texto de Villegas de 1588 traducido en 1608 por Barezzi. También se ha manejado el diccionario de la Real Academia en línea así como el diccionario de Oudin, para controlar arcaísmos franceses. Se referirá a estas obras respectivamente mediante Blancone, Barezzi, DRAE, Villegas, Oudin. Se han comentado en nota de fin, las diferencias significativas con la fuente original, o sea, el texto de Villegas. &lt;br /&gt;
En lo que se refiere al texto propuesto aquí, se ha llevado a cabo una traducción al castellano del texto original francés, en la que se han modernizado las grafías cuando podían ser un obstáculo a la pronunciación actual, y se han aplicado las normas de ortografía y puntuación actuales. Las citas en italiano de Barezzi son una transcripción diplomática.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
De manera general las diferencias con Villegas se explican por errores o extrapolaciones de Barezzi, seguidas por su traductor francés Blancone. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Sin embargo se observan casos en los que Bancone se da cuenta, por la ruptura de lógica del texto, de los errores ocasionales de Barezzi, e intenta subsanarlos, bien corrigiéndolos, bien reescribiendo el pasaje.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
También se observan añadidos propios de Blancone, sea para darle más claridad al texto, sea por insistencia doctrinal, o sea por deseo de exornarlo. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Por fin otras pequeñas diferencias de detalle se explican por una mejor adecuación al uso del francés que una  traducción fiel (por ejemplo, en el caso de “matrona” , nunca traducido por “matrone” que, en puridad, sería aceptable).&lt;br /&gt;
Finalmente, no hay que descartar que, tanto Barezzi como Blancone, echaran mano de otra fuente, citada en la primera nota junto con Villegas (el “Obispo Gonz.”) que debe referirse a la vida escrita por Francco de Gonzaga. Esto podría explicar ciertas diferencias que parecen errores pero difíciles de comprender como por ejemplo el hecho de traducir “ottenta” (ochenta) por “setenta”. Esto significaría que algunas erratas o modificaciones e interpretaciones de Blancone se deberían a esa fuente secundaria sin identificar aún.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==Vida de Juana de la Cruz==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[159] '''De los Hermanos Menores. Libro II'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''La vida de la bienaventurada ''[1]'' sor Juana de la Cruz, abadesa del monasterio de Santa María de la Cruz de Cuba(s) en Castilla ''[2]'''''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Capítulo XXVIII'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[3]''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Cuando el soberbio Holofernes, capitán de Nabucodonosor ''[4]'', Rey de los Asirios, estaba sitiando Betulia, salieron los hebreos una mañana de la ciudad con los estandartes desplegados, y las lanzas y espadas y otras armas en mano, amenazando dar muerte a sus enemigos, los cuales, burlándose ''[5]'' de ellos, decían que las ratas se habían atrevido a salir de sus nidos para causarles daño ''[6]''. ''[7]'' Entonces el camarero ''[8]'' fue a despertar a Holofernes creyendo que dormía en su pabellón ''[9]'', para que se levantara a ordenar la defensa: pero apenas hubo entrado, vio el cuerpo de aquel soberbio ''[10]'' sin cabeza, tendido a todo lo largo por tierra y bañado en su propia sangre. Se quedó muy confuso, conociendo ser aquello obra de la mano de Judith ''[11]'', por lo que salió dando voces y gritando en voz alta: “¡Una mujer ha puesto en confusión a la Casa de Nabucodonosor!”. Aquello fue más que verdadero, pues, oyendo ''[12]'' los asirios que su capitán había muerto, se les heló tanto el alma, presa de un frío terror ''[13]'', que echaron luego a huir y dejaron la victoria en manos de sus enemigos, y todo el saqueo y los despojos que habían juntado ''[14]''. Las razones de aquel criado de Holofernes, que una mujer había puesto en confusión a la Casa de Nabucodonosor, le cuadra y puede adaptarse muy bien a una bienaventurada dama, ''[15]'' llamada sor Juana de la Cruz, monja de la Orden de los Hermanos Menores. Pues ella es la confusión de la Casa de Nabucodonosor, por ahí se entiende que los malos, cualquiera que sea su estado, son puestos todos en confusión, junto con algunos religiosos y personas de Iglesia, que, por muy honrados que sean en el oficio de servir a Dios, son, digo yo, puestos en confusión, respecto a lo que aquella monja hizo ; aunque hayan nacido de personas ilustres y de noble sangre, y hayan sido sustentados con la buena crianza de la corte y casa real, los deja en confusión aquella dama nacida entre labradores y en la pobreza ''[16]''. Ella es, pues, la confusión de toda clase de hombres, pues los ha superado así como veremos en su vida, recogida de antiguos memoriales que están en el monasterio de la Cruz, situado a dos leguas de la villa de Illescas ''[17]'', que atestiguan las extraordinarias virtudes y las grandes perfecciones que el Cielo le otorgó a aquella bienaventurada monja, cuya vida queremos describir y dejar para la posteridad sus bellas acciones para que nos sirvan de modelo '[18]''. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[160] '''De la patria , de los padres y del nacimiento de esta sierva de Dios, sor Juana de la Cruz, de los ejercicios espirituales que hacía en la infancia, tratando su cuerpo con gran austeridad. De la santa imagen de la gloriosa Virgen María, llamada de la Caridad de Cubas y de su origen'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Capítulo XXVIII'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[19]''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[20]'' La bienaventurada Juana de la Cruz nació en un lugar vecino de Toledo, llamado Azaña, de un padre cristiano y virtuoso, llamado Juan Vázquez y de su mujer Catalina Gutiérrez el año de gracia de mil cuatrocientos ochenta y uno. Fue dotada de extremada belleza, contribuyendo el Cielo con algo particular de la suya ''[21]'': su madre la crió a sus propios pechos, sin que le doliera ni pesase, antes le era de gran recreo y consuelo. Pues cuando se encontraba presa de alguna tristeza, en tomándola en brazos, ella le servía para recobrar toda su alegría. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Habiendo llegado esta niña a la edad de cuatro años, mostraba tener perfecto juicio, tanto en sus palabras como en sus hechos, y jamás la vieron con otras mozas jugando a los juegos con los que las de su corta edad suelen entretenerse, ni decir palabra alguna vana  ni sin provecho: sino que sus pensamientos los ponía sólo en Nuestro Señor Jesucristo, a quien llamaba su caro esposo y con quien comunicaba sus pensamientos ''[22]''. Algunas veces tenía tanta fuerza y aprensión en sus potencias internas que sus sentidos estaban como ausentes de todo, viendo lo cual su madre, desconociendo la virtud de aquellos santos arrobos o éxtasis de los que su hija quedaba presa ''[23]'', creyó que estaba enferma y, teniéndola algunas veces por muerta, hizo voto de llevarla con una imagen ''[24]'' de cera a una casa o monasterio llamado de nuestra Señora de la Cruz, cerca de un lugar llamado Cubas, a dos leguas ''[25]'' de Illescas, villa de la diócesis de Toledo y alejada de esta de seis leguas, ilustrada por una imagen de la madre de Dios, llamada Nuestra Señora ''[26]'' de la Caridad, adonde algunas personas acuden de varias comarcas y lugares ''[27]'' y principalmente los enfermos que son favorecidos y sanados por la intercesión de la bienaventurada Virgen ''[28]''. Este monasterio de la Cruz, donde hay monjas de la Orden de San Francisco, ha sido edificado, según memoria transmitida de mano en mano, y tradición de generación en generación, como atestiguan los moradores de la provincia ''[29]'', por mandato de la bienaventurada Virgen María ''[30]'', quien se apareció en aquel lugar, por donde es muy reverenciada en él ''[31]''. Y es más, según relación de las monjas antiguas, se sabe de quién era la imagen tan reverenciada en Illescas: la cual una devota mujer que servía a las monjas, acompañada por otras buenas mujeres con música y pandero, la ponían ''[32]'' encima de la puerta de la clausura donde estaban las monjas ''[33]'' y la llevaban también ''[34]'' por los pueblos de la provincia pidiendo limosna para vestirla, y, con lo que le daban, la tenían lucida y aseada. [161] Y así, la dejó un día en Illescas, y a medida que el monasterio la fue perdiendo, la villa la adquirió, quedándose en la ciudad el origen de la santa imagen, la cual así como se puede creer es esta ''[35]'': de pequeña estatura, y en alguna manera negruzca, y se considera que ha hecho muchos milagros, lo cual es la causa de ser visitada con gran reverencia ''[36]'' y devoción de toda España ''[37]''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Pues quedando la morada de aquella niña a dos leguas de esta imagen, su madre la consagró a la Virgen María, y prometió llevarla al monasterio con una imagen ''[38]'' de cera, como ya dijimos, y como la muerte la cogió a esta mujer antes de que pudiera cumplir su voto, ella le rogó a su marido, padre de la niña, que lo cumpliese. Habiendo oído esta niña ''[39]'' el voto que había hecho su madre por ella, sintió gran contento y se alegró no sólo por el voto, sino también de que tomó una resolución, la de quedarse monja en el monasterio ''[40]'' para servir con gran afición ''[41]'' a la Madre de Dios todo el tiempo de su vida. La madre murió, ''[42]'' y esta niña quedó de siete años de edad y con el deseo de cumplir su deseo de ser monja, y así empezó a dedicarse a los santos ejercicios propios de la religión, haciendo ''[43]'' muy grandes abstinencias y comiendo sólo una vez al día ''[44]'', y sobre todo cuando ayunaba, conformándose con pan y agua, y a veces se quedaba dos o tres días sin comer cosa alguna, de lo abstinente que era ''[45]''. Con sus propias manos, ella tejió un cilicio asperísimo, y se lo puso sobre sus mismas carnes, con lo cual siempre andaba llagada, aunque ello le daba muy gran consuelo. Nunca estaba ociosa, ''[46]'' antes se esforzaba en lo que hacía, para atormentar más aún su débil cuerpo y que el cilicio la lastimara más ''[47]''. Así es como, no teniendo otra cosa que ofrecer a Jesucristo, ella le ''[48]'' ofrecía sus abstinencias, infligiéndose a veces muy ásperas disciplinas hasta derramársele la sangre que corría por todos los lados de su cuerpo, mostrando siempre en todas sus acciones ''[49]'' muy gran humildad. Hablaba muy poco, y lo que decía era para alabar a Dios o para provecho o buen ejemplo de su prójimo. Un tío suyo y su mujer que también era ''[50]'' su tía ''[51]'', la pidieron con muchos ruegos a su padre para tenerla en su casa, pues ambos la amaban muy tiernamente y eran muy ricos. De manera que, teniendo en ese lugar mucha más oportunidad de emplearlo ''[52]'' en oraciones ''[53]'' u obras santas y en penitencias, no se quedaba corta en ello ''[54]''; su tía se dio cuenta de la vida que llevaba, porque ella se quedaba la mayor parte de la noche puesta en oración, razón por la cual la amó mucho más aún. Viéndose descubierta, buscaba los lugares más recónditos de la casa donde se daba la disciplina, y de resultas se la daba con una cadena de hierro ''[55]'', y así cuando quedaba muy herida, pedía a Nuestro Señor por premio que pudiese ser recibida como religiosa en el monasterio de sus esposas y que contase como una de ellas ''[56]'', lo cual le fue otorgado por la Majestad Divina.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[162] '''Como la sierva de Dios ''[57]'' para cumplir su voto de ser Monja, huyó de casa de sus parientes vestida de hombre y se fue al monasterio de la Santa Cruz de Cubas donde fue recibida, de la aspereza de la vida que hacía y de otras virtudes suyas ejemplares'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Capítulo XXIX'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[58]''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Habiendo llegado a la edad de quince años, inspirada por Dios por lo que se vio más tarde ''[59]'', viendo que no podía salir de casa de sus parientes, que la guardaban consigo y que deseaban casarla, una mañana se vistió con hábitos de hombre, y habiendo hecho un hatillo de sus propios hábitos, salió de esta guisa con intento ''[60]'' de ir al monasterio de las monjas de Santa Cruz, que distaba de dos leguas, como se ha dicho. Cuando emprendía el camino, el demonio le quiso impedir el paso, poniéndole a la vista el disgusto que su padre y sus parientes recibirían de ello, y los peligros en los que podría incurrir en aquel viaje. Y así, aquello le llenó el alma con tal aprensión que cayó a tierra muy desalentada, aunque le fue dicho que Dios la favorecería y cumpliría su santo deseo ''[61]''. Así pues, tornó a proseguir su viaje, y habiendo caminado buena parte del camino, vio venir a una persona a caballo, a quien conoció y vio que era un mozo rico ''[62]'' que la había pedido por esposa y que deseaba grandemente conseguirla en matrimonio. Aquello le infundió gran temor, viéndose sola en un lugar solitario, pero fue favorecida de Dios, pues cegó al mozo, que no la conoció, habiéndose apartado ella un poco del camino cuando pasaba ''[63]''. De esta manera caminó con seguridad ''[64]'' a la casa de la Madre de Dios, a cuya iglesia antes de entrar quiso primero ir, y no vio a nadie en ella, y así fue a hacer oración y a reverenciar a Nuestra Señora. Luego se apartó a un rincón y quitándose el vestido de hombre, se vistió con el de mujer y se fue a hablar a las monjas, dando cuenta de quién era y del deseo que tenía de guardar clausura, rogándolas que la recibiesen, a pesar de los impedimentos que le ponían. Sucedió que en ese mismo tiempo llegasen sus parientes que la habían seguido pisando los talones y la regañaron en extremo por haberse ido de su casa sin decirles nada ''[65]'' y se la quisieron llevar consigo. Les pidió perdón por el disgusto causado, con mucha humildad, y les dijo que su intento era servir a Dios en esa casa y que sólo Él podría sacarla de ella. El ''[66]'' prelado vino igualmente ''[67]'', el cual habiendo visto el deseo y la constancia de aquella virgen, mandó que la recibiesen a la religión, lo que las monjas hicieron con gran contento. Visto todo esto por sus parientes, ellos empezaron a tener muy buena opinión de ello.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Le señalaron su dote y la moza pudo quedarse en aquella casa y con el hábito. La Maestra de novicias le mandó guardar silencio durante un año, lo que le agradó más que cualquier mandamiento que jamás le hicieron. Pues ella era naturalmente amiga de hablar poco ''[68]'' y [163] así empezó a hacer vida maravillosa, incluso antes de la profesión ''[69]'', la cual hizo cumplido el año y fue de cuatro votos, los tres ordinarios y el otro de clausura. Su vestido fue pobre y humilde, más que el de las otras monjas. Traía una túnica de jerga vieja y remendada, y de lo mismo era el hábito: en los pies zuecos de madera ''[70]'' y la mayor parte del tiempo iba descalza; ceñía una gruesa cuerda y en la cabeza llevaba una gruesa tela hecha de estopa o con una gruesa red ''[71]'', y por encima gruesas tocas. Sobre sus carnes llevaba un áspero cilicio, de lo cual nadie se percataba, y el cual ella nunca dejaba, ni de día, ni de noche ; además de aquello, ella hacía muy ásperas penitencias. Era maravillosa su paciencia ''[72]'' pues deseaba ser menospreciada, injuriada y ultrajada sin causa ''[73]'', sufrir toda clase de tormentos, heridas, golpes, dolores, frío y otros trabajos por amor a Dios ; no hablaba nunca sino con su maestra o con la abadesa o madre vicaria, y esto cuando ellas le preguntaban algo. Algunas veces se llevaba a la boca alguna hierba amarga como el ajenjo en memoria de la hiel que fue dada a Nuestro Señor Jesucristo en su Pasión. Otras veces se metía en ella una piedra algo grande que le causaba grandes dolores, otras veces tomaba agua en la boca y la guardaba hasta que no podía más del dolor que le ''[74]'' causaba, otras veces asía un candelero con la boca y lo tenía en alto hasta tanto como podía ''[75]''. Creía que guardar silencio sin dolor y sin penitencia era poco mérito para Dios. Por eso hacía los mismos ayunos que hacía antes de ser monja, añadiéndoles aún el poco dormir. Pues las monjas que ayunan suelen comer al mediodía y por la noche hacer una pequeña colación, ''[76]'' ella, en lugar de comer al mediodía rezaba los maitines de la noche, y en lugar de la colación, la cambiaba por un breve sueño sobre el final de la noche, al salir el sol. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Del gran amor que le tenía al esposo de su alma ''[77]'', de los ejercicios a los que se dedicaba con gran humildad, del mucho celo que ponía en el servicio de Dios, y de lo que decía de su ángel custodio'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Capítulo XXX'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Era costumbre de las monjas dormir en un dormitorio, cada una en su cama ''[78]'', con una luz encendida en medio, pero esta ''[79]'' sierva esperaba a que todas se hubiesen recogido ''[80]'', y entonces ella, en el silencio más profundo, cogía una rueca e hilaba al lado de su cama, unas veces de pie, otras de rodillas, y siempre meditando sobre la Pasión de Nuestro Señor Jesucristo ''[81]', su esposo íntimo ''[82]''. Se ocupaba mucho en el servicio del monasterio, y para holgarse de ello se figuraba que era por el amor de Jesucristo, a quien servía de buen grado ''[83]''. Cuando fregaba los platos, lo hacía como si fueran de oro o de perlas preciosas donde su [164] Majestad hubiese comido. Las escobas con las que barría la casa las tenía por flores, y las losas por pedrería ''[84]'' y por la peana ''[85]'' del Rey de los Cielos: y así hacía con las demás cosas, interpretando cada cosa en buena parte, y recogiendo de todo lo que veía, bellas florecitas que daban buen olor, tanto a su alma como a su prójimo, por el buen ejemplo que se podía sacar de todas sus acciones ''[86]''. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Siendo cocinera fue reprehendida por su compañera y por la provisora al no satisfacerse ellas de lo que hacía. Ella se tiraba a tierra y confesaba ''[87]'' su culpa, pero ellas no le perdonaban, antes le decían que se quitase de su presencia. La sierva de Dios se iba al coro a rogar a Dios que le perdonase su culpa y el enfado que había causado a sus hermanas, y que aplacase el disgusto que tenían con ella. Su compañera la tornaba a llamar y le preguntaba lo que hacía en el coro, ella respondía que rogaba a Nuestro Señor que le perdonara su yerro y el enojo que le había causado, y que la aviniera con ella. Su compañera y la Provisora al ver aquello se edificaron tanto que durante varios días quedaron edificadas , y derramaron muchas lágrimas en lo secreto de su corazón. De este modo se portaba con los que la afligían, haciendo por ellos oración. Ya se ha dicho que aquella virgen ''[88]'' era hermosa y de muy buena compostura ''[89]'' y de conversación muy agradable, hablaba muy bien y daba muy buenos consejos, y sólo con verla u oírla uno se sentía movido a devoción. Frecuentaba los santos sacramentos de confesión y de comunión, y si su prelado no le había concedido comulgar cada día, ella comulgaba espiritualmente en su alma, u oyendo misa ''[90]'', preparándose con antelación en esa ocasión. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Le informaron de un religioso que había sido tentado de no rezar las horas canónicas y el oficio divino diciendo que Dios no necesitaba de sus oraciones. Ella le habló a este religioso y le dijo que Dios no necesitaba de él ni de ninguna criatura, pero que, por lo contrario, todas las criaturas necesitaban de Dios, pues como el villano tiene obligación de pagarle la gabela al rey ''[91]'', que, si no lo hace, es castigado con severidad, así los hombres deben pagar el servicio que le deben a Dios, principalmente los eclesiásticos ''[92]'' rezando el servicio divino, que si no lo hace será castigado con gran rigor, como rebelde. Tanto fue, que aquel religioso se arrepintió de su error y de allí en adelante fue más diligente en el servicio que debemos al que nos hace día y noche tanto bien ''[93]''. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
A una monja que le preguntaba lo que podía hacer para agradar a Dios, respondió: “Hermana, hay que dedicarse continuamente a rezos y oraciones, y a guardar estrechamente silencio” ''[94]''. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
A otra que también le preguntaba como podría ella permanecer en gracia de Dios, le respondió: “Llorad con los que lloran, reíd con los que ríen, y callad con los que guardan silencio” ''[95]''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	''[96]'' Aconsejaba a todos que tuviesen gran devoción a su ángel custodio, pues no sólo él nos guarda, sino también que nos acompaña [165] y, cuando alguien está en las ansias de la muerte, el ángel va al Cielo y mueve a los santos y a las santas, haciéndoles saber que aquella persona ha hecho algo que merece que rueguen a Dios por su libranza ''[97]''. Añadía además que después de la muerte van al Purgatorio a consolar a las almas de quienes ellos eran custodios, las consuelan y les cuentan las buenas obras que hacen por ellos los vivos para que sean tomadas en consideración ''[98]''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Del mucho amor que le tuvo a la santa cruz, y por qué razones y circunstancias. De los notorios favores que recibió de Nuestro Señor, y de los discursos que hacía estando arrobada'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Capítulo XXXI'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[99]'' Aquella bienaventurada monja era muy devota de la santa cruz, y tenía muchas razones de serlo, tanto por su apellido ''[100]'' como por el monasterio, que se llamaba de la Cruz, y también por haber recibido grandes dones de Dios por medio de la santa cruz, sobre la cual hacía todos los días dulces pláticas ''[101]'' y de la que sacaba gran consuelo para su alma. Nuestro Señor la favorecía mucho, enviándole grandes regalos de su propia mano, de lo que se holgaba mucho ''[102]''. Especialmente cuando estaba en oración, durante la cual estaba a menudo arrobada y en éxtasis, donde se quedaba sin sentido, como se vio en presencia de una señora seglar, quien, habiéndola venido a visitar, y viendo que ni llamándola, ni tambaleándola, se movía ''[103]'', la hirió con un agudo hierro en la cabeza de donde salió al instante sangre, y aunque ella no lo sintió en el momento, no dejó de sentir ese dolor habiendo salido de su arrobo. Ocurrió que, estando a veces en aquellos santos ''[104]'' arrobos y en éxtasis, hablaba y decía cosas muy levantadas, de tal manera que los que la oían resultaban muy edificados. Ahora bien, si bien era una doctrina que nuestra santa fe nos enseña, en esos momentos descubría secretos maravillosos de Dios ''[105]'', y exhortaba a amar las virtudes y a huir de los vicios, reprehendía dulcemente a los presentes, y sus razones eran de tal manera que hablaba con ellos, sin que los demás se diesen cuenta ; pero ellos lo entendían muy bien, reconociendo el mal que habían hecho, pedían perdón a Dios con el deseo de enmendarse de allí en adelante ''[106]''. Y para testimonio de que hablaba como inspirada divinamente, la oyeron varias veces hablar en diversas lenguas, de las que ella nunca había tenido noticia, y así, a cierto provincial de la Orden Franciscana de la Observancia ''[107]'' que deseaba hacerla abadesa del monasterio, como al fin lo hizo, le dijo en lengua vizcaína, pues el padre era de Vizcaya, que ella no sería capaz para el monasterio ni para la casa en aquel oficio: pues bastante tenía que hacer consigo misma ''[108]''. Otra vez, el Obispo de Ávila había mandado al convento a dos esclavas moras para que sirviensen en el monasterio. Aquellas esclavas habían sido traídas de Orán, que había sido conquistada en aquel tiempo, y cuando las [166] monjas las querían persuadir de hacerse cristianas, ellas se estropeaban todo el rostro con las uñas, y especialmente la mayor ''[109]''. Pues bien, aquella santa monja, estando en éxtasis, les habló en su lengua, y ellas entendieron muy bien lo que ella les decía ''[110]'', y le contestaron siguiendo su coloquio, de tal manera que aquellas esclavas moras se bautizaron. Después de que fueron bautizadas, la oyeron una vez más hablar su misma lengua, y se pusieron luego a su lado quedando muy consoladas de oírla hablar, y de entender lo que les decía. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Como algunas personas ilustres la oyeron hablar estando arrobada en éxtasis, y de un milagro que con la santa oración alcanzó de Dios'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Capítulo XXXII'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Con todas esa experiencias, por ser aquellos arrobos cosa nueva y no acostumbrada entre pocos santos ''[111]'', los prelados mandaron a la abadesa de aquel tiempo que, cuando hablara de ese modo en sus arrobos, la dejasen sola. La abadesa obedeció la orden, de tal modo que, la primera vez que habló de este modo, ella quiso que todas las monjas saliesen de la cámara donde estaba su Virgen ''[112]''. Pasado algún tiempo, la abadesa mandó ir a ver si seguía hablando, y la monja que fue allá vio alrededor de ella muchos pájaros de diversas clases, con la cabeza levantada en alto, en actitud de escuchar lo que decía. Se fue al instante a avisar a la abadesa, que fue allá con las otras monjas y vio la verdad de esto, aunque con su llegada los pájaros huyeron; y, para mostrar que no eran fantásticos, ''[113]'' uno de ellos voló y se posó sobre la manga de la bienaventurada hermana, habiendo vuelto esta en su primer sentido. Pareció que era voluntad de Dios que las monjas oyesen lo que decía en aquel momento, y que prohibían sin embargo a personas dotadas de entendimiento y razón de oírlas ''[114]''. Así pues, la vieron y oyeron varias veces el ''[115]'' Cardenal y Arcediano ''[116]'' de Toledo, Fray Francisco Jiménez de Cisneros, que fue padre y religioso de la Orden ; varios obispos, inquisidores, predicadores, duques, marqueses, condes y personas que se reían de ella cuando les contaban aquellas maravillas, pero habiéndola visto con sus propios ojos, se asombraban mucho, y de allí en adelante le eran muy aficionados, creyendo verdaderamente que era la verdadera sierva y esposa de Jesucristo quien le daba aquellos arrobos como prendas de su divino amor ''[117]''. Nuestro Señor hizo también por ella algunos milagros más, y uno de ellos ''[118]'' fue que, trayendo aquella humilde virgen entre sus manos un gran vaso para el servicio del convento, este se hizo pedazos sobre una piedra, tanto que ella quedó muy desconsolada, habiendo considerado lo cual ella se echó a tierra e hizo oración a Dios, y juntando ella los trozos, el vaso resultó en el acto completamente rehecho y de una sola pieza. Todo esto lo vio otra monja que le dijo: “¿Qué es esto, hermana? ¿No estaba roto este vaso, [167] hecho pedazos en tierra? ¿Cómo está ahora entero?”, Ella le respondió con gran humildad: “Así era hermana, pero Dios quiso remediar por su bondad lo que yo había echado a perder por mis pecados, y por mi culpa ''[119]''”,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''De algunos milagros y gracias que aquella sierva de Dios obtuvo por medio de la santa oración'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Capítulo XXIII'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
También fue testimonio de ello un gran milagro que ''[120]'' le acaeció varias veces, y es que, estando alejada del servicio divino que se rezaba en el coro, mereció ver el santísimo sacramento del altar, aunque hubiera una muy gruesa pared entre ambos, en el momento en el que el sacerdote alzaba a Nuestro Señor durante la santa misa, y parecía que se partía de tal manera que ella veía la santa hostia y el cáliz, y después la pared se volvía a juntar. Y como testimonio verdadero de aquel milagro, la señal fue vista varios años sobre las piedras, las cuales parecieron no estar bien unidas durante algún tiempo.&lt;br /&gt;
El milagro siguiente fue público ''[121]'', esto es, que había una niña, la cual, ''[122]'' estando a punto de morir ''[123]'', su padre ''[124]'' la trajo al monasterio de la Cruz, donde se vio por experiencia que iba a morir ''[125]''. A ruego de aquel hombre y de otras personas que le acompañaban en número de setenta ''[126]'', ella le puso encima una cruz, y de repente se levantó la niña, con testimonio muy seguro de que estaba sana y fuera de cualquier peligro, de tanto como agradaban a Jesucristo, su verdadero esposo, los ruegos de su humilde sierva ''[127]''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Por estas obras y por sus raras virtudes, fue elevada ''[128]'' a abadesa ''[129]'', oficio que ejerció con mucha virtud. Porque no sólo las monjas, con su ejemplo, quedaban muy edificadas y obedientes en lo que tocaba al servicio divino, sino que también con sus fervorosas oraciones alcanzaba de Dios que fuesen como exigía su estado. Cuando fue elevada al cargo de abadesa, no ocurrió que disminuyesen sus virtudes, sino más bien que aumentasen. Dios hizo por amor a ella varias maravillas dignas de publicarse como esta. Estando enferma una señora en el Palacio del Emperador Carlos V en Madrid, llamada Doña Ana Manrique, atormentada por un mal de costado que la dejó en las últimas, ella, que era devota de la abadesa y que sabía que Dios oía las oraciones que ella le hacía y se las otorgaba, le mandó a un mensajero que le dio a entender el peligro en el que se encontraba. Esta buena monja se puso enseguida en oración por ella, y así fue el efecto que siguió, tanto más cuanto que, ''[130]'' estando la enferma desahuciada ''[131]'' y habiendo recibido la extremaunción, se le apareció sobre la medianoche a la abadesa junto a ella que le tocaba con las manos, apretándolo el ardor de su mal de costado, donde más le dolía. Pues estando así, aquella enferma dijo en voz alta: “¿No ven a mi madre que ha venido a verme y a curarme?”. Muchos que estaban presentes oyeron esas palabras aunque no vieron a nadie, sino el efecto de estas que fue recobrar el comer, el beber y su entera curación. Se enteraron de esto las monjas del Monasterio, de manera que [168] le preguntaron a su abadesa cómo lo había hecho. Ella les dijo: “Hijas mías, son obras estas de mi ángel custodio ''[132]''”. Se averiguó también haber sanado al Padre confesor del Convento de una enfermedad muy peligrosa, una rabia que se había apoderado de él, como también a una monja de un zaratán, y a varias personas más, libradas de varios males que siempre iban aumentando hasta que los enfermos la rogaban con gran devoción que los curase, lo que alcanzaba con sus oraciones y ruegos, que agradaban más a Dios que todos los remedios naturales que se había pensado aplicar ''[133]''. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''De algunas persecuciones que esta monja sufrió con gran paciencia y como fue favorecida por Nuestro Señor Jesucristo, al recibir sus santas llagas'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Capítulo XXXIV'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
La fama que volaba por el mundo en razón de las obras y de la perfección admirable de esta santa abadesa hacía que la tenían por santa, y para que aquello no le fuera materia a presunción ''[134]'', Dios permitió que fuera grandemente afligida a causa de una persecución que se levantó contra ella ; y fue que la costumbre era que la abadesa y sus monjas tenían facultad de nombrar sacerdote en Cubas para administrar los sacramentos, pues era beneficio que dependía de aquella abadía. Hubo algunos sacerdotes que quisieron impetrarlo, diciendo que las mujeres, aunque monjas o abadesas, eran incapaces para cura de almas. La abadesa tomó consejo sobre esto y le dijeron que debía, por el bien del convento, mandar a alguien al Papa para obtener la bula, y, por su diligencia, adelantarse a los que habían impetrado el beneficio, y asegurarse así contra este daño. Siguió este consejo sin dar cuenta al prelado de la orden, para más diligencia y evitar la tardanza. Una monja del convento que la quería mal, avisó de esto a los prelados de la religión, dándoles a entender que gastaba la hacienda del monasterio para dar ese beneficio a un hermano suyo que había nombrado. La verdad era esta: para sacar la bula se habían gastado siete ducados, pero habían sido pagados por un amigo suyo que le era devoto, sin ningún daño para el convento, y su hermano, que era hombre honrado y de ciencia, había sido requerido para este cargo por el pueblo. Con todo eso, uno de los prelados, y el más principal ''[135]'', mal informado, enojado al extremo, fue al monasterio, y habiéndolas reunido en capítulo, públicamente reprehendió a la abadesa con ásperas palabras, le quitó el cargo de abadesa y le impuso una disciplina que sufrió de buen grado, diciendo que sus pecados merecían mucho más, y que había tenido este cargo sin merecerlo, antes que lo había aceptado por obediencia. Las monjas se disgustaron mucho de esta orden, y aunque el Prelado les mandase eligieran de nuevo una abadesa, no quisieron escucharlo, diciendo que ya tenían a una, tanto que él les dio por presidenta a la que [169] le había dado este mal aviso. Pero al poco tiempo, el prelado y la monja vinieron a morir del dolor que tuvieron de haber actuado injustamente en contra de esta santa abadesa, por lo cual le pidieron perdón: la cual, a cambio, hizo muchas oraciones, mientras estuvieron en vida por su salud y prosperidad, como después de muertos por el reposo de sus almas, si estuvieran en pena, habiendo sido repuesta ella en su primera dignidad ''[136]''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Con esto, los trabajos de esta bienaventurada abadesa no tuvieron fin aún:  pues estando en contemplación en su celda el Viernes de la Cruz, con los dos brazos tendidos en forma de cruz, muy atenta, como si hubiese estado en el coro, cuando se decía la Santa Pasión ''[137]'', llorando y lamentándose y descalza, no podía andar, por el gran dolor que sentía en los pies. Las monjas, viéndola quejarse así, fueron a preguntarle la razón de tal llanto: ella les contestó que los pies le dolían mucho. Entonces las monjas se los miraron y los vieron con señales, y también las manos, como las de Jesucristo, y la señal era redonda, y sin que le manara sangre ''[138]'', del tamaño de un real y muy coloradas. Las monjas le preguntaron la causa de esto: ella les contestó que no sabía más sino que estando en contemplación de la Pasión de Nuestro Señor Jesucristo, le parecía estar viéndolo en la cruz, y que, uniéndose a él ''[139]'', las señales admirables llenas de dolor se le habían pegado. Esto fue ocasión para que las monjas y dos padres confesores de la casa vertiesen lágrimas en testimonio de tal contento, aunque la bienaventurada se juzgaba indigna de tales favores. Por ser además tan intolerable ese dolor, rogó a Nuestro Señor que le librase de él, y tanto le importunó que alcanzó su petición ''[140]'', y el día de la Ascensión ya no tuvo dolor, ni señal de sus llagas. Pero no por eso cesaron sus penas pues con permiso de Dios, era atormentada y azotada por los demonios tan cruelmente que varias veces las señales de los azotes se veían en su cuerpo, agotado y afligido por la gran penitencia que ella hacía cada vez más a menudo ''[141]''. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Como la santa monja sufrió una grave enfermedad con mucha paciencia, y de un coloquio que tuvo con Jesucristo, con la contestación que le hizo sobre su muerte y su sepultura'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Capítulo XXXV'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Los trabajos aumentaron aún más: pues plugo a Dios ''[142]'' enviarle una gran y larga enfermedad, de tal suerte que quedó paralítica y con los miembros tullidos, sin tener ninguno en el cuerpo que no le causase muy grandes dolores. Sus huesos se descoyuntaban, hasta los de manos y pies, de tal manera que sus trabajos eran muy grandes, sin poder ocultarlos. Sus nervios se retraían tanto que las rodillas, los brazos y los dedos se le doblaban y ya no pudo extenderlos en adelante: de suerte que no podía [170] beber ni comer con las manos, ni moverse de cualquier manera, sino con el socorro de dos monjas ''[143]''. Resumiendo, que no tenía ninguna parte de su cuerpo que pudiera mover (causando espanto y compasión al que ''[144]'' alcanzaba ese bien de verla), lo cual no era sin padecer en extremo ''[145]'') fuera de la lengua, con la cual daba gracias y alababa al esposo de su alma, Jesucristo, por los dolores que recibía, como otras tantas piedras preciosas venidas de su sagrada mano ''[146]'', y un día ella le habló así: “Señor, ¿cómo es posible que un cuerpo tan quebrantado pueda vivir ? Deme, por favor, paciencia, o quíteme el mal que padece, o la vida, si tal es su voluntad”. Pareció como que el Hijo de Dios le habló y que le decía ''[147]'' que no era maravilla que padeciese lo que sufría, habiéndole elegido por su esposo, a él que había sido tenido en el mundo por leproso, y lleno de dolores: por fuerza, siendo su esposa, y comunicándose con él como su esposo, aunque espiritualmente, ella debía recibir sus males y participar de ellos, no siendo extraordinario que el que ama mucho aguante penas y trabajos por su amado. Pero era necesario que ella creyese ''[148]'' que él le había dado esos males y esas enfermedades por bien suyo. Pues siendo no sólo su esposo, sino también su padre, había procurado darle de sus bienes, como hacen los padres terrenales a sus hijos, los cuales para este fin se meten en muchos trabajos y disgustos, y que, cuando él había hecho lo mismo, teniendo en cuenta que para hacer ricos a sus hijos había padecido muchos males y dolores, para elevarlos al Cielo él se había abajado a la tierra, para librarlos de la muerte y del infierno había padecido una muerte cruel en el madero de una cruz. Para hacer ricas a sus almas, se había hecho pobre en el cuerpo, para hacerlos señores del Cielo e iguales a los ángeles, él se había hecho, en tanto que hombre, servidor y expuesto a un millón ''[149]'' de necesidades. Y que de tanto como hizo por todos, bien pueden comprender por ahí cuánto nos ama y quiere, y que el amor que nos tiene es mayor que el que nos tenemos a nosotros mismos. Tienen que ser grandes los trabajos, para alcanzar los grandes ''[150]'' asientos del Cielo: y esa era la causa por la que mandaba los males, para ese fin, no por complacerse viéndoles padecer, sino porque es una cosa que les conviene hacer para aumentar su gloria y su mérito. “Así pues, hija mía, no tienes que afligirte si padeces mucho para merecer una gran recompensa en el Cielo, ten seguridad que cuando vea que ha llegado el punto señalado de tu gloria en mi eternidad, te llamaré en el acto y tú vendrás» ''[151]''. Así fue, pues habiendo padecido esta virgen ''[152]'' esta enfermedad algunos años, fue afectada por otra enfermedad mucho más áspera. Tanto que, siendo visitada por los médicos, ellos aseguraron que se iba morir, lo cual entristeció mucho a las monjas del convento, porque, aunque estaba así enferma en cama, tenía la mente y la lengua libres, dándoles buenos consejos y santos avisos ''[153]''. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Pues habiendo llegado el día de la Santa Cruz, que es el tercer día de mayo, el año 1534, a las seis de la tarde, un día de domingo, siendo de cincuenta y tres años de edad, estando presentes algunos religiosos en su celda y todas las monjas del monasterio con velas encendidas [171] en las manos, habiendo recibido ella los santos sacramentos, tanto el de confesión, como el de la santa eucaristía, como el de extremaunción, con mucha reverencia y derramando muchas lágrimas, habiendo repartido entre todas las monjas y deparádolas todos los pequeños y pobres muebles de su celda para morir más pobre ''[154]'', leyendo la Pasión de Jesucristo según San Juan ''[155]'', entregó su alma a Dios, quedando su cuerpo muy bien compuesto y con gran modestia ''[156]'', y mostrando un rostro sereno y risueño, murió en Jesucristo ''[157]'', con gran admiración de todos los presentes. Después de esta muerte, el olor de su celda, que no era nada grato por el largo tiempo de su gran enfermedad, se mudó en tan buen olor que todos quedaron muy consolados ''[158]''. Las monjas fueron a besar aquel santo cuerpo enseguida, con muchas lágrimas, y se pusieron a buscar de dónde podía manar aquel buen olor, siendo verdad que no se pudiera oler fragancia más suave ni que se pudiera comparar con esta. Su cuerpo permaneció cinco días sin sepultarse, por la gran multitud de gentes que venían a verla de todas partes de la provincia, durante los cuales Nuestro Señor hizo mucho milagros por los méritos de su sierva: a saber, en beneficio de algunas personas, las cuales yendo a tocar aquel cuerpo con devoción fueron sanadas de sus enfermedades. Ahora bien, para que todos pudieran ver y tocar tan raro tesoro, las monjas lo habían mandado poner fuera del claustro. A los cinco días de expirar, su santo cuerpo fue sepultado en el claustro ''[159]'', al lado del lugar en donde las monjas recibían el Santo Sacramento del altar, donde permaneció unos años. Pero después, creciendo la devoción en el corazón de varias personas nobles, esta reliquia fue quitada de aquel lugar, y sepultada en el coro, cerca del altar mayor, del lado del evangelio, en un sepulcro ilustre y elevado por encima del suelo, donde es ahora tenida en gran reverencia: y si no la debemos honrar como a santa, por ''[160]'' no estar canonizada, debemos honrarla mucho, por haber sido virgen esposa de Jesucristo ''[161]''. Su vida atestigua que su alma goza ahora plenamente del dulce abrazo de su Esposo y que la ha puesto en un asiento principal de su bienaventuranza, desde la cual Dios quiera, por su bondad y misericordia y por los méritos de esta bienaventurada Sor Juana, hacernos partícipes ''[162]''. Amen.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
===Notas===&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[1]'' Barezzi: “Vitta della religiosa, e essemplare serva de Dios, la Beata Suor Giovanna…”. Opción estilística de Blancone.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[2]'' Villegas: Cuatro folios sin división interna dedicados a “ Vida 206. De Juana de la Cruz, abadesa del orden de los menores”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[3]'' Barezzi no numera esta introducción.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[4]'' Al margen derecho: “el Obispo Gonz. p: 3. Alonso de Villegas en el suplemento de la 3ª parte de ''Flos sanctorum''”.La primera fuente es la obra del Obispo de Mantua Francisco de Gonzaga que publicó en 1587 una crónica en latín sobre el origen de las distintas religiones franciscanas. “P: 3” se refiere a la tercera parte dedicada a las fundaciones y monasterios ilustres ultramontanos, o sea desde el punto de vista de Gonzaga, fuera de Italia. En esa parte aparece una nota de 3 páginas sobre el convento de Cubas y Juana de la Cruz (véase bibliografía). La segunda fuente es el conocido ''Flos Sanctorum'' de Villegas, fuente primera del texto de Barezzi e indirectamente del de Blancone (véase bibliografía). &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[5]'' Villegas: “teniéndolos en poco” Barezzi: “dei quali non se ne facendo egli conto li burlava”. Interpretación de Blancone que se apoya en Barezzi.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[6]'' “para causarles daño”. Villegas “en daño de sus vidas”. Barezzi: “in danno delle sue vite”. Mala interpretación de Blancone que confunde a quien se refiere “sue vite”&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[7]'' Villegas: “Estaba la tienda del Capitán cerrada, y en ella había todo silencio,…”. Barezzi: “All’ora il padiglione del Capitano era chiuso e in quello era sommo silentio”. Pasaje omitido por Blancone.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[8]'' Villegas: “entró Vagao, camarero”. Barezzi: “Vagao suo camariero”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[9]'' “en su pabellón”. Añadido de Blancone.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[10]'' Interpretación de Blancone. Barezzi fiel a Villegas: “el cuerpo de Holofernes”, “il corpo di Holoferne”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[11]'' Villegas, Barezzi: “la matrona Judith”. Blancone nunca traduce “matrona” por “matrone” que tiene el mismo sentido que “matrona”. Probablemente porque “matrone” en Francia , o tiene una connotación romana, o una connotación despectiva. Véase Oudin: “Matrona, matrone, femme honorable et d'honneur” y “matrone, femme d'honneur, matrona”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[12]'' “oyendo”. Villegas: “viendo”, Barezzi: “vedendo”. Interpretación de Blancone&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[13]'' “se les heló tanto el alma, presa de un frío terror”. Villegas: “sobrevínoles tan grande temor”. Barezzi: “li sopravene un timor cosi grande”. Interpretación de Blancone.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[14]'' Villegas “ que puestos en huida dejaron en manos de sus enemigos la victoria y despojos”. Barezzi: “lasciareno nolte (/ molte¿ ?) mani dei suoi nemici la vittoria”. Blancone interpreta para más claridad.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[15]'' “dama”. Villegas: “mujer”. Barezzi: “ donna” . Interpretaciónde Blancone. Tanto en francés como en español, ”dame”, término empleado por Blancone, significa mujer de cierto rango social. Blancone emplea intencionalmente este término para encarecer el elevado rango moral de Juana, superior al rango social de las “personas ilustres y de noble sangre” a quienes es comparada.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[16]'' Villegas: “nacida de labradores en pobre aldea”. Barezzi: “nata era lavoratori e in povera terra”. Interpretación de Blancone.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[17]'' Villegas: “Illescas”. Barezzi “Illesca”. Blancone sigue aquí y seguirá de ahora en adelante a Barezzi. Corregimos el error, restituyendo “Illescas”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[18]'' “que atestiguan las extraordinarias virtudes y las grandes perfecciones que el Cielo le otorgó a aquella bienaventurada Monja, cuya vida queremos describir y dejar para la posteridad sus bellas acciones para que nos sirvan de modelo”: añadido de Blancone. Villegas: “y es en esta manera” ; Barezzi, fiel a Villegas: “la quale sta en esta guisa”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[19]'' Sigue la numeración de Barezzi, aunque repite su propia numeración en lo que corresponde al prólogo no numerado de Barezzi que encabeza su texto.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[20]'' Al margen izquierdo: “S. Juana de la Cruz, su patria y sus padres”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[21]'' “Fue dotada de extremada belleza, contribuyendo el Cielo con algo particular de la suya”. Villegas “dotada de mucha gracia y hermosura”, Barezzi: “Questa fu dottata di molta gratia e di singolar belleza”. Blancone desarrolla a Barezzi.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[22]'' Villegas: “deseos”. Barezzi: “suoi pensieri” Blancone sigue a Barezzi.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[23]'' “desconociendo la virtud de aquellos santos arrobos o éxtasis , de los que su hija quedaba presa”. Añadido de Blancone.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[24]'' “una imagen”. Villegas: “una ofrenda”, Barezzi: “una imagine”. Blancone sigue a Barezzi&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[25]'' Al margen izquierdo: “Imagen de Nuestra Señora de la Caridad y su origen”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[26]'' “Nuestra Señora”: añadido de Blancone.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[27]'' “de varias comarcas y lugares”. Villegas: “de diverss partes”, Barezzi: “da diversi parti”. Interpretación de Blancone.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[28]'' “por la intercesión de la bienaventurada Virgen”. Villegas: “por los méritos y intercesión de la Virgen.”. Barezzi: “per li meritie intercessione della Beata Vergine”. Blancone sigue a Barezzi, omitiendo “méritos”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[29]'' “según memoria transmitida de mano en mano, y tradición de generación en generación, como atestiguan los moradores de la provincia”. Villegas: “es tradición dentro del y en toda la comarca conservada de unos en otros”. Barezzi: “si tiene, e di dentro a quello, e di fora per una memoria conservata di mano en mano, dalli huomini di tutta la Provincia…”. Blancone sigue a Barezzi en su interpretación. El resultado es un sentido confuso y erróneo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[30]'' “de la bienaventurada Virgen María”. Villegas: “de la misma Virgen María”. Barezzi: “della B. Vergine”. Blancone sigue a Barezzi, añadiendo “María” para mejor comprensión.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[31]'' “por donde es muy reverenciada en él”. Villegas se refiere al monasterio: “ por donde es reverenciado y tenido en mucho”. Barezzi también: “di onde viene, che sia onorato”. Error de Blancone.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[32]'' “la ponían encima de la puerta de la clausura”. Villegas: “llevaba la sancta imagen, quitándola de sobre la puerta de la clausura” ; Barezzi: “portava la santa imagine sopre la porta della clausura”. Error de Barezzi que no traduce “quitándola”, reproducido por Blancone.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[33] “la puerta de clausura donde estaban las monjas”. Villegas: “la puerta de la clausura donde estaba” (o sea, donde estaba la imagen). Barezzi: “oue stava”. Error de traducción de Blancone que lee un plural y para más claridad añade el sujeto “las monjas”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[34]'' Añadido de Blancone para que el conjunto resulte más claro, pues es algo confuso al haber sido omitido “quitándola”, ver nota 32.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[35]'' “la cual así como se puede creer es esta”. Villegas: “lo que he podido descubrir es esto”, Barezzi: “la quale per quanto se ha potuto scoprire è questa”. Error de Barezzi. Blancone se ciñe a la estructura de Barezzi pero no lo traduce fielmente (“creer” en lugar de “descubrir”). El resultado es un sinsentido.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[36]'' Al margen derecho: “Sor Juana se apresta a cumplir el voto de su madre.”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[37]'' “y se considera que ha hecho muchos milagros, lo cual es la causa de ser visitada con gran reverencia y devoción de toda España”. Villegas: “y por extremo devota” ; Barezzi: “e in somma, devota, e dicono, ch’a fatto molti miracoli, e è visitata con molta riverenza da tutta la Spagna”. Blancone sigue el añadido de Barezzi.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[38]'' “imagen”. Villegas: “ofrenda”. Barezzi: “l’imagine”. Blancone sigue a Barezzi.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[39]'' Después de “niña” Blancone pone “que”:  probable errata que se enmienda aquí.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[40]'' “Habiendo oído esta niña el voto que había hecho su madre por ella, sintió gran contento y se alegró no sólo por el voto, sino también que tomó una resolución, la de quedarse monja en el monasterio”. Villegas: “Lo cual oído y advertido della, propuso en sí de no solo contentarse con hacer aquella ida, sino de quedarse en el monasterio por religiosa…”. Barezzi: “La qual cosa udita da lei, e ben inteso il voto per lei fatto, si propose nel l’animo, non solo di contentarsi di far quel viaggio per adempire la volontà di sua madre, ma ancore starsi nel Monastero per religiosa”. Añadidos de Blancone.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[41]'' Villegas: “y servir allí a la madre de Dios toda su vida”. Barezzi: “e ivi servire con tutto l’affetto alla Madre di Dio, per tutto il tempo de la sua vita”. Blancone sigue a Barezzi.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[42]'' Al margen derecho: “Las abstinencias que ella hacía.”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[43]'' Al margen derecho: “Ella se hizo un muy áspero cilicio.”. Barezzi: “Portava un aspero cilicio”. Interpretación de Blancone para hacer hincapié en la determinación de la santa.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[44]'' Villegas añade: “y desto, no todo lo que había menester…”. Barezzzi sigue a Villegas: “ne anco ne mangiava tanto quanto haveva bisogno…”. Blancone omite esta precisión.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[45]'' “de lo abstinente que era”. Añadido de Blancone.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[46]'' “Nunca estaba ociosa”. Villegas: “Nunca estaba ociosa, trabajaba de manos”, Barezzi: “Non mai stava ociosa, lavorava con le proprie mani”. Omisión de Blancone.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[47]'' Villegas añade: “y así tenía más que ofrecer a nuestro Señor que por todos fue tan herido y llagado”. Barezzi: “e cosi non haveva, che piu offerire a Nostro Signore che per tutti fu cosi scrito, e impiagato”: Omisión de Blancone.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[48]'' Al margen derecho: “Se va a vivir con sus tíos.”. Falta esta nota en Barezzi.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[49]'' En el siglo XVII “acciones”, traducción literal de “actions” en francés, significaba “expresiones”, “gestos”, “apariencia”, etc., y corresponde al texto de Villegas, “compostura de su rostro”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[50]'' Al margen derecho: “Su tía descubre su santidad.”. Barezzi: “E scoperta dalla zia dell’aspra vita ch’ella faceva”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[51]'' Esto significa que aquella tía lo era en el sentido recto de la palabra, o sea que era hermana de su padre o de su madre, y no simple consorte de su tío.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[52]'' “emplearlo”: hay que entender, “ el tiempo” como reza el texto de Villegas: “Aquí, teniendo mejor oportunidad se empleaba más tiempo en obras santas y penitencias”. Barezzi: “Ora perche qui haveva magior commoditate spendeva più tempo in opere sante, e in penitenze…”. La frase de Blancone cojea a nivel del sentido.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[53]'' “oraciones”: añadido de Blancone.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[54]'' “no se quedaba corta en ello”: añadido de Blancone.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[55]'' “una cadena de hierro”. Villegas  “una cadena”. Barezzi: “una catena di ferro”. Blancone sigue a Barezzi.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[56]'' “…pedía a nuestro Señor por premio que pudiese ser recibida como religiosa en el monasterio de sus esposas y que contase como una de ellas…”. Villegas: “pedía a Nuestro Señor por premio de sus dolores la recibiese en el monasterio de sus esposas, y la hiciese religiosa.”; Barezzi: per premio dei suoi dolori, che la ricevesse nel Monastero delle sue spose, e la facesse religiosa.”. Interpretación de Blancone.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[57]'' Barezzi: “del Signore”: variante de Blancone sin trascendencia. Tal vez debida a que “servante de Dieu” fuera más corriente en francés que “servante du Seigneur”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[58]'' Se restablece la lógica de la numeración. Barezzi: “XIX”, errata.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[59]'' “inspirada por Dios, por lo que se vio más tarde”. Villegas: “inspirada, a lo que se entiende, por Dios”. Barezzi: “spirata de Dio, per quello che si conosce”. Blancone interpreta el pasaje en un sentido más ‘racionalista’. Quiere decir que los hechos posteriores lo probaron, cuando Villegas y Barezzi se refieren a una creencia compartida.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[60]'' Al margen izquierdo: “Se marcha al Monasterio de la Cruz”. Barezzi: “Se ne va al monastero della Croce e quello che segui”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[61]'' “aunque le fue dicho que Dios la favorecería y cumpliría su santo deseo”. Villegas: “ le pareció que la hablaban y decían que se esforzase que Dios la favorecería, por donde saldría con su intento”. Barezzi: “quantunque li fusse parlato e detto, che si sforzasse, che i Dio la favorirebbe, e che ella haverebbe il suo intento.”. Interpretación de Blancone, más escueto.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[62]'' “vio venir a una persona a caballo, a quien conoció y vio que era un mozo rico que la había pedido por esposa y que deseaba grandemente conseguirla en matrimonio”. Villegas: “sintió venir tras sí aunque algo lejos, persona a caballo, y, mirando bien, conoció que era un mancebo hijo de padres ricos que la había pedido por mujer, y deseaba grandemente casar con ella.”. Barezzi: “entí venirsi apresso se bene alquanto lontano persone a caballo, e mirando bene conobbe, ch’era un giovanetto di padre rico, che l’haveva dimandata per moglié, e desiderava grandemente maritarsi con lei.”. Barezzi es más fiel a Villegas. Adaptación del pasaje por Blancone con el fin de aligerarlo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[63]'' En todo este pasaje, Blancone es más escueto, y más prudente que Villegas y que Barezzi. Cabe una explicación natural en su manera de relatar la anécdota, pues, según Blancone, Juana se aparta voluntariamente del camino cuando en Villegas y Barezzi lo hace aconsejada de Dios. Villegas: “en este peligro, la favoreció Nuestro Señor, con cegar al mancebo para que no la conociese y a ella advirtiéndola que se apartase del camino en tanto que pasaba.”. Barezzi: “in questo pericolo, nondimento fu ancora favorita dal Signore, acciecando cosi il giovanetto, che non la conoscesse, e auertendo lei che si apartasse dal camino mentre che egli passava.”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[64]'' “De esta manera caminó con seguridad”. Villegas: “bien cansada” ; Barezzi: “bene e sicuramente”. Blancone sigue a Barezzi.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[65]'' “la regañaron en extremo por haberse ido de su casa sin decirles nada.”. Villegas: “dijéronle palabras de mucha reprensión por lo hecho”. Barezzi: “Le dissero parole di molta riprensione per queste fatto”. Interpretación de Blancone para más claridad.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[66]'' Al margen izquierdo: “Se hace monja con licencia de su prelado en presencia de sus parientes.”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[67]'' “El prelado vino igualmente…”. Villegas: “Vino también a este tiempo el Prelado por cuya orden había de ser recibida en el convento …”. Barezzi: “Venne parimente nel medesimo tempo il Prelato per lo cui ordine doveva essere recevuta nel Convento…”. Blancone sigue a Barezzi omitiendo el desarrollo final del pasaje.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[68]'' “lo que le agradó más que cualquier mandamiento que jamás le hicieron. Pues ella era naturalmente amiga de hablar poco…”. Villegas: “y ella holgó de oírlo, porque de su natural era amiga de hablar poco…”. Barezzi: “la qual cosa fu cosi grata allá sue orecchie, quanto ogni altra cosa che li potesse occorere.”. Añadido de Barezzi. Blancone sigue a Barezzi.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[69]'' Al margen derecho: “Guardó un año el silencio que se le mandó guardar.”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[70]'' “zuecos de madera”. Villegas: “alpargatas en los pies.”. Barezzi: “nei piedi portava zoccoli di legno”. Blancone sige a Barezzi. Por otra parte, no existía traducción exacta de “alpargata” en francés. Oudin: “ Alpargate o Alpargata, une espece de chaussure faite de cordes de laine, ou de chanvre.”. Blancone, siguiendo a Barezzi, establece una equivalencia entre la alpargata y el calzado grosero e hiriente característico de los villanos pobres en Francia y en Italia.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[71]'' “una gruesa tela hecha de estopa o con una gruesa red …”. Villegas: “ una albanega de estopa”. Barezzi: “capo portava una tela di stoppa”. No existía término exacto en francés: Oudin: “Alvanega de red, un filet, une petite rets a pescher , une sorte de coiffure de reseau.”. Sin embargo el término “résille” que es la traducción exacta de “albanega” no se empezó a usar antes de finales del siglo XVIII y sólo para referirse a un tocado español.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[72]'' Al margen derecho: “Hubiese querido sufrir por Dios toda clase de afrentas.”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[73]'' “pues deseaba ser menospreciada, injuriada y ultrajada sin causa”. Villegas: “menospreciada y reprehendida sin culpa, y que fuessen levantados testimonios …”. Barezzi: “perche desirava di essere sprezzata, e ripresa senza colpa, e ingiuriata, e che li fussero levati testimonii..”. Blancone omite el final del pasaje.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[74]'' Al margen derecho: “ Hubiera deseado padecer toda clase de penas por Jesucristo.”. Barezzi: “Per amor del Signor, haveria volute patire ogni sorte di tormenti e d’astinenze.”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[75]'' “hasta tanto como podía”. Villegas: “hasta que le dolían las quijadas”. Barezzi: “ sinche li dolevano le ganasse”. Interpretación de Blancone.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[76]'' “Pues las monjas que ayunan, suelen comer al mediodía, y por la noche hacer una pequeña colación…”. Villegas: “porque así, como el que ayuna come después de mediodía, y a la noche hace una pequeña colación…”. Barezzi: “Perche si come quello che digiuna mangia di mezo giorna, e vicino allá notte fa una picciol collatione…”. Interpretación errónea de Blancone.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[77]'' “al esposo de su alma”. Barezzi: “al Signore Dio”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[78]'' Blancone traduce: “cada una en su cámara”. Añadido de Barezzi: “ciascuna nella sua cella”. Villegas más adelante emplea “cama”. Error de transmisión. Blancone sigue a Barezzi. Este error se repercute más adelante en la comprensión del pasaje. Por lo tanto se ha corregido en “cama” la errata.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[79]'' Al margen derecho: “Dormía muy poco.”. Barezzi: “Dormiva poco e quasi mai”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[80]'' “a que todas se hubiesen recogido”. Villegas: “a que todas se recogiesen en sus camas”. Barezzi: “quanto tutte si ritirassero nella sua camara”. Error de Barezzi dentro de la línea de traducir antes “cama” por “cella”. Blancone al darse cuenta de que cojeaba el sentido ; omitó la traducción de “camara”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[81]'' Al margen derecho: “Era muy aficionada a la Pasión de Jesucristo.”. Barezzi: “Affettionata della Passionedi N. Signor Giesu Christo e com’ella meditasse.”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[82]'' “Su esposo íntimo”. Villegas: “su esposo”. Barezzi: “suo amato sposo”.. Interpretación de Barezzi y de Blancone.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[83]'' “a quien servía de buen grado…”. Villegas: “de quien era esclava”. Barezzi: “di che ella era schiava”. Interpretación de Blancone.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[84]'' “y las losas por pedrería…”. Villegas: “las piedras por tapetes finísimos”. Barezzi: “le pietre per tapetti finissimi” . Interpretación de Blancone.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[85]'' “peana”. Villegas “y estrados del rey de los Cielos”. Barezzi: “e per pavimenti del Rei dei Cielo…”. Interpretación de Blancone. No existía traducción exacta de “estrado” en francés. Oudin: “Estrado, un lieu où on met des couffins pour asseoir les femmes, qui est ordinairement bas.”. Traducción de Blancone: “ le marchepied” traducido por Oudin: “Un marche-pied, peaña, banquillo, rodapies.”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[86]'' “y recogiendo de todo lo que veía, bellas florecitas que daban buen olor, tanto a su alma como a su prójimo, por el buen ejemplo que se podía sacar de todas sus acciones”. Comentario añadido por Blancone.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[87]'' Al margen izquierdo: “Puso mucho celo en el servicio divino al reprehender a un religioso.”. Barezzi: “ Era zelosa del culto divino, è percio ne represe un religioso, e quello che ne segui.”. Una vez más Blancone es más escueto en su nota.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[88]'' “aquella virgen…”. Villegas: “bendita doncella”. Barezzi: “questa benedetta donzella”. Interpretación de Blancone.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[89]'' “era hermosa y de muy buena compostura y de conversación muy agradable, hablaba muy bien y daba muy buenos consejos, y sólo con verla u oírla, uno se sentía movido a devoción.”. Villegas: “era de rostro agraciado y hermoso: junto con esto tenía presencia de mucha gravedad, era amigable y de agradable conversación, hablaba con grande gracia, y daba muy provechosos consejos, verla y oírla procuraba a devoción”. Barezzi: “era di faccia graciosa, e bella, e infieme haveva presenza di molta gravitate, era amichevole, e di grata conversione: parlava con molta gratia e daba molto utili consegli. Il vederla e udirla procurava a grande divotione.” La traducción de Blancone adapta el conjunto, sintetizándolo, pues este pasaje es difícil de traducir literalmente al francés.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[90]'' “u oyendo misa”. Villegas: “desde su choro, oyendo misa”. Barezzi: “overo udendo mesa”. Blancone sigue la traducción errónea de Barezzi.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[91]'' “de pagarle la gabela al Rey”. Villegas: “de pagarle el pecho a su rey y señor”. Barezzi: “è obligato pagare la gabella al suo re e signore”. Tanto Barezzi como Blancone transponen “pecho” a “gabela”, término más usado en francés y en italiano, aunque inexacto desde le punto de vista español.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[92]'' En singular en Villegas y en Barezzi. Extrapolación poco afortunada de Blancone que altera el sentido global pues “el eclesiástico” en Villegas se refiere tanto a los eclesiásticos en general como al eclesiástico particular a quien Juana reprende.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[93]'' “Tanto fue, que aquel religioso se arrepintió de su error y de allí en adelante fue más diligente en el servicio que debemos al que nos hace día y noche tanto bien”. Frase que no está en Villegas. Barezzi: “la onde quel Religiososi enmendó dell èrrore comesso, è ne dimandó perdono al Signore, e su poi piu solecito, e diligente nel servigio di sua Divina Maestà.”. Añadido de Barezzi. Blancone retoma la frase de Barezzi con un comentario final de su propia cosecha.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[94]'' “para agradar a Dios, respondió: hermana, hay que dedicarse continuamente a rezos y oraciones, y a guardar estrechamente silencio”. Villegas: “para agradar mucho a Nuestro Señor dijo: paz, oración, y silencio agradan mucho a su majestad.”. Barezzi: “per far cosa grata a Nostro Signore, le disse fare oratione e osservagli silentio, e cosa molto grata a sua Diuina Maestà.”. Barezzi omite “paz”. Blancone sigue a Barezzi, añadiendo variantes personales.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[95]'' Villegas: “y calla con los que hablan”. Barezzi: “e taci con quelli che taciono”. Barezzi parece restablecer una lógica de frase y en esto le sigue Blancone.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[96]'' Barezzi al margen izquierdo: “Diceva gran cose dell’ Angelo custode e che se gli deve esser molto divoti, e perche”. Nota omitida por Blancone.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[97]'' “haciéndoles saber que aquella persona ha hecho algo que merece que rueguen a Dios por su libranza”.Villegas: “ que él sabe que aquella persona tiene devoción y ha hecho algunos servicios, para que con él rueguen a Dios le favorezca y libre, y que lo hacen ellos de la manera que les es pedido”. Barezzi: “che sappiano che quella persona ha divotione, e ha fatto cosa permezo della quale egli merita, ch’essi infieme con lui preghino Dio che lo favorisca e lo liberi, e che lo faccia salvo, e tale quale li viene da essi dimandato.”. Blancone más escueto y menos enrevesado que Barezzi y que Villegas. Reajuste suyo del pasaje, probablemente para más claridad.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[98]'' “van al Purgatorio a consolar a las almas de quienes ellos eran custodios, las consuelan y les cuentan las buenas obras que hacen por ellos los vivos para que sean tomadas en consideración”. Villegas más escueto: “no desamparan los ágeles a las almas, de los que fueron custodios, sino que si van a Purgatorio, las visitan y consuelan y dan cuenta de las obras santas y meritorias que los vivos hacen por ellas.”. Barezzi: “non si smenticano dell’anime, delle quali furono custodi, perche vanno al Purgatorio e le visitano e le consolano e li danno conto delle opere sante, e meritorie, che i vivi fanno per loro.”. Barezzi sigue a Villegas. Blancone es más escueto y, para más claridad, adapta de manera personal el pasaje.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[99]'' Barezzi, al margen derecho: “Era divota della Croce, e perche ragione.”. Blancone omite esta nota.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[100]'' “Apellido”, en su sentido etimológico de cómo usan llamar a una persona. Blancone traduce “cognome” (Barezzi) por “Surnom”. Oudin: “surnom, sobrenombre, apellido.”. DRAE: Apellido, m. Sobrenombre o mote. Sin.: sobrenombre, alias, apodo, mote, apelativo, remoquete, chapa, seudónimo.”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[101]'' “sobre la cual hacía todos los días dulces pláticas…”. Villegas: “con la cual tenía dulces y sabrosos coloquios, diversos para cada día de la semana”. Barezzi: “con la quale faceva dolci e soavi ragionamenti per ciascun giorno della settimana”. Barezzi sigue a Villegas pero Blancone aligera el texto, para agilizar el pasaje, cambiando ligeramente el sentido.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[102]'' “enviándole grandes regalos de su propia mano, de lo que se holgaba mucho”. Villegas: “enviándole regalos de su mesa de gustos y recreos divinos.”. Barezzi: “mandandogli delicie della sua mana di gusto, e recreamento mirabile…”.  Traducción errónea de “mesa” por Barezzi, retomada por Blancone que adapta el conjunto.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[103]'' “y viendo que ni llamándola, ni tambaleándola, se movía “Villegas: “y viendo que tratando della ni dándole voces no mostraba sentir”. Barezzi: “e vedendo che ne con il moverla, ne co’l chiamarla non mostraba di sentire cosa alcuna, …”. Blancone sigue a Barezzi, interpretándolo ligeramente.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[104]'' Al margen derecho: “Se quedaba muchas veces arrobada.”&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[105]'' Barezzi, al margen derecho: “Essendo in estasi scopriva i pensieri, e secreti altrui a quelli con gran loro stupore.” Blancone omite esta nota.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[106]'' “y a huir de los vicios, reprehendía dulcemente a los presentes, y sus razones eran de tal manera que hablaba con ellos, sin que los demás se diesen cuenta: pero ellos lo entendían muy bien, reconociendo el mal que habían hecho, pedían perdón a Dios con el deseo de enmendarse de allí en adelante”. Villegas: “y se evitasen vicios, tocando en alguno de que algunos de los presentes eran tocados, de modo que les parecía hablar con ellos, y sin que otros entendiesen ellos en semejantes razones lo que habían hecho mal, y era muy secreto, y así les era motivo para tener pesar dello y enmendarse.”. Barezzi: “efuggire i vitii dolcemente riprendendo d’alcuna cosa quelli ch’erano presenti e i suo ragionamenti erano de tanta eficacia, cha pareva parlar con quelli, in guisa tale che gli altri non intendevano, ma essi da simili ragioni scoperti, e vinti conosceva non nel cuor loro il male, c’havevano fatto e cosi li era un motivo di pentirsi delle offese fatte a Nostro Signor Dio chiedendone perdono, con fermezza di emendarsene per l’avenire.”. Blancone se ciñe a Barezzi pero simplificándolo para más claridad.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[107]'' “de la Observancia”. Villegas: “de su orden”. Barezzi: “un certo Provinciale del Ordine de minori Oservanti…”. Blancone sigue a Barezzi. Ambos, frailes observantes, enfatizan la pertenecia de Juana a su misma orden.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[108]'' “que ella no sería capaz para el monasterio ni para la casa en aquel oficio: pues bastante tenía que hacer consigo misma”. Villegas: “que para el monasterio y casa sería provechoso tener ella aquel oficio, aunque para sí penoso.” Barezzi: “che per lo Monastero e casa farebbe utile il tenere lei in quello ufficio quantumque per se stessa sarebbe cosa faticosa e de molta pena”. Blancone sigue a Barezzi aunque adaptándolo y traduciéndolo a contrasentido.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[109]'' Al margen izquierdo: “Hablaba diversas lenguas estando en éxtasis.”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[110]'' “y ellas entendieron muy bien lo que ella les decía”. Villegas: “hablóles en algarabía, y ellas le oyeron de muy buena gana….”. Barezzi: “di buona voglia…”. Barezzi fiel a Villegas. Interpretación errónea de Blancone.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[111]'' “y no acostumbrada entre pocos santos”. Villegas: “y no oída de algún santo”. Barezzi: “e non udita di alcun santo”. Barezzi sigue a Villegas. Interpretación errónea de Blancone, a no ser que se trate de una rectificación voluntaria.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[112]'' “ella quiso que todas las monjas saliesen de la cámara donde estaba su Virgen …”. Villegas: “mandando salir del aposento a las monjas que estaban en él y quedó sola”. Barezzi: “comandó l’Abadessa che uscissero della camera le Monache che vi erano, e cosi restó sola.”.  Error de traducción de Blancone.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[113]'' En el sentido de fingidos, frutos de la imaginación.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[114]'' “que era voluntad de Dios que las monjas oyesen lo que decía en aquel momento, y que prohibían sin embargo a personas dotadas de entendimiento y razón de oírlas”. Villegas: “en lo cual pareció ser voluntad de Dios que oyesen lo que decía en tales tiempos, y que si a personas de entendimiento y razón se les vedaba, vendrían aves que carecen de todo esto a oírla”. Barezzi: “nella qual cosa parue essere volontade di Dio, che udissero quello, che diceva in tale tempo, e che vietavano a persone di intendimento, e di ragione l’udirla vederebbono angelli, che mancando di tutte queste cosi l’udirebonno…”. Error de traducción de Barezzi (“angelli” en lugar de “aves”) pero fiel a Villegas por lo demás. Blancone omite el final del pasaje, tal vez porque le parecería extraño, y refunde el conjunto según lógicamente lo entiende. Al final, el sentido se pierde.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[115]'' Al margen izquierdo: “El Cardenal de Toledo y varias personas fidedignas la vieron arrobada.”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[116]'' “Cardenal y Arcediano”. Villegas: “Cardenal y arzobispo”. Barezzi: “Cardenale e Archidiacono.” Blancone sigue la rectificación de Barezzi.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[117]'' “creyendo verdaderamente que era la verdadera sierva y esposa de Jesucristo quien le daba aquellos arrobos como prendas de su divino amor”. Pasaje añadido por Blancone.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[118]'' Al margen izquierdo: “Nuestro Señor, hace por sus ruegos, un gran milagro.”. Barezzi: “N. S. Dio per mezo della serva sua opera un miracolo.”. Barezzi: “Favorita dal Signore segue un nottabil[e¿ ?] miracolo”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[119]'' “y por mi culpa”: añadido de Blancone.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[120]'' Al margen derecho: “Siendo favorecida de Dios, hace un notable milagro repetido varias veces.”&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[121]'' Blancone: “publié” es decir, “ publicado”. Villegas: “público”. Barezzi: “publico”. Errata de Blancone que déja cojo el sentido. Se corrige la errata.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[122]'' Al margen derecho: “Con sus ruegos obtiene la salud para una niña.”&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[123]'' “estando a punto de morir…”. Villegas: “una niña que murió”. Barezzi: “una giovanetta che moriva”. El cambio de tiempo por Barezzi cambia el sentido. Blancone sigue a Barezzi ahondando en este cambio. Por otra parte la rectificación hace más creíble el milagro.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[124]'' “su padre”. Villegas: “ sus padres”. Barezzi: “suo padre” Blancone sigue a Barezzi.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[125]'' “donde se vio por experiencia que iba a morir.”. Villegas: “la cual por muchas experiencias hechas en ella, se vio que estaba sin vida”. Barezzi: “la quale per molte sperienze, che si fece in quella si vide, ch’era dubbiosa della vita sua…”. Blancone, como Barezzi, sigue dentro de la lógica de la rectificación anterior, es decir que la niña no estaba muerta sino a punto de morir.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[126]'' “en número de setenta”. Villegas: “en número de ochenta”. Barezzi: “al numero di ottanta”. Error de Blancone, a no ser que sea una rectificación suya&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[127]'' “de tanto como agradaban a Jesucristo, su verdadero esposo, los ruegos de su humilde sierva”. Añadido de Blancone.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[128]'' “elevada”. Villegas “electa”, Barezzi: “eletta”. Error de interpretación de Blancone, a no ser que sea una exornación voluntaria para ensalzar la figura de la santa.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[129]'' Al margen derecho: “Es elevada a abadesa en el monasterio.”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[130]'' “tanto mas cuanto que”. Villegas: “en que” Barezzi: “perche”. Traducción errónea de Blancone, que oscurece el sentido.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[131]'' Barezzi: “Con l’oratione ottene gratia della sanità di dòna Anna Manrique”. Blancone omite esta nota de margen.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[132]'' Al margen izquierdo: “Con sus oraciones alcanza la salud para varias personas.”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[133]'' “que agradaban más a Dios que todos los remedios naturales que se había pensado aplicar”: comentario añadido por Blancone.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[134]'' Al margen izquierdo: “Trabajos padecidos con paciencia por esta humilde abadesa.”. Barezzi: “Travagli e persecutioni, che pati la serva del Sig. con molta patienza, e la causa perche.”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[135]'' “uno de los prelados, el más principal …”. Villegas: “uno de los prelados y el principal”. Barezzi: “uno dei Prelatti, e il principale…”. Barezzi sigue a Villegas. Traducción errónea de Blancone.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[136]'' Añadido de Blancone, para más claridad.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[137]'' “muy atenta, como si hubiese estado en el coro, cuando se decía la Santa Pasión”. Villegas: “tornando en sí, fuese al coro al tiempo que se decía la Santa Pasión”. Barezzi: “con attentione in se stessa, come se fusse nel choro quando si dice la santa passione”. Error de Barezzi. Blancone sigue a Barezzi.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[138]'' Al margen derecho: “Contemplando la Pasión de Jesucristo, recibe sus señales en pies y manos, no sin dolor.”. Barezzi: “Contemplando la passione di N. Signore gli rima se i segni nei peidi, che li durarono molti giorni con grandissimo suo tormento.”&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[139]'' “a él” Villegas “a ella”. Barezzi: “e che univa a quello”. Error de Barezzi a quien sigue Blancone.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[140]'' “que alcanzó su petición”. Añadido de Blancone.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[141]'' “agotado y afligido por la gran penitencia que ella hacía cada vez más a menudo.”. Añadido de Blancone. En cambio omite “por muchos días” (Villegas), “per molti giorni” (Barezzi).&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[142]'' Al margen derecho: “Cae tan enferma que ya no se puede mover.”. Barezzi: “S’amala con gravi pene, e tormenti che nulla si poteva movere.”. Blancone más escueto que Barezzi.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[143]'' “sino con el socorro de dos monjas.”. Añadido de Blancone.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[144]'' Al margen izquierdo: “Coloquio que tuvo con Jesucristo y su respuesta.”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[145]'' “dando espanto y compasión al que alcanzaba ese bien de verla, lo cual no era sin padecer en extremo…”. Añadido de Blancone.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[146]'' “daba gracias y alababa al esposo de su alma, Jesucristo, por los dolores que recibía, como otras tantas piedras preciosas venidas de su sagrada mano…”. Añadido de Blancone.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[147]'' A partir de aquí, las supuestas palabras de Jesucristo vienen en estilo indirecto cuando en Villegas y en Barezzi aparecen en estilo directo. Tal vez sea esto por prudencia por parte de Blancone, pues el estilo indirecto abre un poco de distancia con lo referido aquí.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[148]'' “era necesario que ella creyese”. Añadido de Blancone.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[149]'' “un millón”. Villegas: “graves”. Barezzi: “gravi”. Interpretación de Blancone.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[150]'' “Tienen que ser grandes los trabajos, para alcanzar los grandes asientos…”. Villegas: “y porque les cumple padecer trabajos, y que sean grandes para tener allá grande y principal asiento…”. Barezzi: “patir travagli per andar al Cielo, e che siano grandi per havere la grande e principal sedia…”. Blancone omite “principal” para establecer un paralelismo con “que sean grandes los trabajos”. Por esta misma razón pluraliza “asiento”. Tal vez podamos vislumbrar aquí la pasión francesa de la época por la simetría y el equilibrio, cuando, tanto en Villegas como en Barezzi, aflora un gusto por el barroquismo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[151]'' “y tú vendrás.”. Añadido de Blancone.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[152]'' “esta virgen…”. Añadido de Blancone.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[153]'' Al margen izquierdo: “Murió en Dios el 3 de mayo de 1534.”. Barezzi: “Mori nel Sig. a 3. di Maggio del 1534.”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[154]'' Literalmente hablando, Blancone traduce a contrasentido: “habiendo todas las monjas repartido y deparado todos los pequeños y pobres muebles de su celda para morir más pobre.”. Corregimos aquí siguiendo a Villegas y a Barezzi.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[155]'' “según San Juan”. Añadido de Blancone.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[156]'' “con gran modestia”. Villegas “y mostrando en su rostro un sonriso” (¿errata por una sonrisa?). Barezzi: “mostrando nella faccia un sorriso”. Error de Blancone.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[157]'' “en Jesucristo”. Añadido de Blancone.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[158]'' “Después de esta muerte, el olor de su celda, que no era nada grato por el largo tiempo de su gran enfermedad, se mudó en tan buen olor que todos quedararon muy consolados”. Pasaje completamente reescrito por Blancone. Villegas: “junto con que, habiendo antes en el aposento algún mal olor por causa de su larga enfermedad, al proviso se trocó en otro admirable y del Cielo, de que gozaron todos los presentes.”. Barezzi: “Apparsso allá qual cosa havendo mutossi nella camera qualche cattivo odore per la lunga infirmitade, all’improviso si mutó in un’altro admirabile del Cielo del quale si goderono i presenti.”. Tal vez Blancone haya querido corregir, interprétándola, la traducción algo enrevesada de Barezzi.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[159]'' Al margen derecho: “Hace muchos milagros cuando muere.”. Barezzi: “N. S. per li meriti della serva sua rese la sanità a molti.”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[160]'' Al margen derecho: “Su cuerpo es trasladado a un lugar más honroso.”. Barezzi: “Fú trasportato il corpo suo, e riposto in un sepolcro alto e illustre nel choro della sua Chiesa.”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[161]'' “por haber sido virgen esposa de Jesucristo”: añadido de Blancone.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[162]'' “su vida atestigua que su alma goza ahora plenamente del dulce abrazo de su Esposo y que la ha puesto en un asiento principal de su bienaventuranza, desde la cual Dios quiera por su bondad y misericordia y por los méritos de esta bienaventurada Sor Juana, hacernos partícipes”. Pasaje reescrito. Villegas: “por ser cuerpo de persona cuya vida da a entender piadosamente que está su alma de Nuestro Señor en muy principal asiento de su bienaventuranza, de que todos seamos participantes.”. Barezzi: “gozando per essere corpo di persona, la cui vita fa vedere piamente, che l’anima sua se ne stia godendodi nostro Signore in una molto principal sede della sua beatutidine, della quale tutti IDDIO ne faccia partecipi..” Barezzi sigue fielmente a Villegas y Blancone aligera el conjunto adornándolo según sus gustos personales.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
= Vida impresa (12)=&lt;br /&gt;
Ed. de [http://visionarias.es/equipo/maria-gonzalez-diaz/ María González Díaz]; fecha de edición: mayo de 2024.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
== Fuente ==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
* [http://catalogodesantasvivas.visionarias.es/index.php/Categor%C3%ADa:Alonso_Carrillo Carrillo, Alonso], 1663. ''Epítome de la vida de soror Juana de la Cruz, religiosa de la Orden Tercera de Penitencia de san Francisco en el convento de Santa María de la Cruz, diócesis de Toledo. Presentado a la santidad de Alejandro VII, pontífice máximo y señor nuestro, por fray Juan de San Diego y Villalón, religioso de san Francisco y procurador en la curia romana, para la causa de la canonización de la sierva de Dios''. Zaragoza: Bernardo Nogués.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[[Contexto material del impreso Epítome de la vida de soror Juana de la Cruz de Alonso Carrillo]].&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==Criterios de edición==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
La edición presenta una sección de notas donde, por un lado, aparecen las citas que el impreso presenta en los márgenes (recogidas con números romanos) y, por otro lado, las aclaraciones de la editora (apuntadas con números arábigos en cursiva y entre corchetes). Es importante apuntar que las cinco primeras citas que hay en los márgenes aparecen en el impreso como números arábigos en superíndices.&lt;br /&gt;
Se han adoptado los criterios de edición de vidas impresas estipulados en el ''Catálogo de santas vivas'':&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
* Se ha indicado el folio (r-v). &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
* Se han respetado los párrafos que aparecen en el impreso.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
* Se han eliminado las consonantes geminadas y se ha modernizado la ortografía (sibilantes, b/u/v, j/g, chr/cr, qu/cu, empleo de h, etc.) aunque se respeta la morfología de las palabras con interés morfológico o fonológico (seseo, leísmos, laísmos, loísmo, etc.). &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
* Se han ajustado a los criterios actuales del español la unión y separación de palabras (“desta”, “desde”, “dello” etc.), el uso de mayúsculas y minúsculas, y la acentuación y la puntuación. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
* Se han expandido las abreviaturas, primordialmente la expansión de las nasales con la virgulilla encima de la vocal y la abreviación de “que” o “qual”, también con el uso de la virgulilla o la diéresis. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
* Se han introducido las comillas para delimitar las intervenciones dialógicas de los personajes. También en las cartas.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
* Se han desarrollado las siglas.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
* Se ha usado la cursiva para las obras literarias (''El Conorte'').&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
* Los latinismos crudos se escriben en cursiva (''in iure'').&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
* Se han homogeneizado los números (tanto en el caso de las fechas, como en el uso de los números romanos).&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
* Se ha corregido la foliación: El impreso repite el folio 10 dos veces. Por este motivo, se corrige a fol. 11r y fol. 11v. Sin embargo, debe tenerse en cuenta que, a partir del siguiente folio, el impreso presenta la numeración correcta. Posteriormente, el impreso se salta el folio 33 y pasa directamente al 34, por lo que se vuelve a corregir hasta el folio 45, donde la numeración vuelve a ser correcta hasta el final.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==Vida de Juana de la Cruz==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''El autor al que leyere ese epítome'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[fol. [i]r] La vida de soror Juana de la Cruz ha sido asunto de algunas plumas bien doctas en España; pues con sus virtudes, revelaciones y milagros les dio materia esta sierva de Dios para escribir crecidos volúmenes, donde lo accesorio es más que lo principal por la necesidad que tuvieron aquellos escritores de responder a diferentes objeciones que se pusieron a los primeros libros que se publicaron, llenos de algunas maravillas que, con dificultad, hallan aceptación en la credibilidad de los vulgares. Pero tratándose hoy de la canonización de soror Juana es necesario informar al Vicario de Cristo de sus principales acciones con tal brevedad que no se le hurte el tiempo a quien le gasta todo en beneficio del orbe cristiano. No es este de los escritos en que puede ostentar sus primores la elocuencia, ni aquí puede lograr sus sentencias y aforismos la política pues, refiriéndose una vida sin artificio y una verdad desnuda, es preciso faltarle los adornos con que se visten las vidas de los príncipes y de los héroes del siglo que, con el manto de la lisonja y adulación, cubren los defectos; y para estos solamente inventó sus galas el artificio. Por eso, es nuestra relación sencilla y de estilo ordinario, pues nuestro intento solamente pretende informar al Padre Universal, a cuyos oídos han de llegar las cosas como son y no como debieran ser, para que, atendiendo a las súplicas reverentes de tantos devotos ''[1]'' como tiene soror Juana ya de superiores ya de inferiores jerarquías, mande ver el proceso que se hizo a más [fol. [i]v] de cuarenta años sobre verificar por menor lo que por mayor contiene este epítome. Y, contando de los méritos de esta virtuosa virgen, la escriba en el catálogo de los ciudadanos del Imperio con que nuestra España tendrá más este blasón que la ilustre, y la religión de san Francisco logrará las ansias con que propone esta súplica a los pies del sucesor de san Pedro. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[fol. 1r]&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Santísimo Padre'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Aunque la antigua cosmografía puso en España el ocaso del sol y fue tenida por la última de las tierras desde que sus naturales profesan la religión cristiana, ha sido Oriente de muchos soles que resplandecieron y alumbraron el mundo con rayos de virtud y santidad.&lt;br /&gt;
No pueden comprehender fácilmente los martirologios y las dípticas de nuestras iglesias el número de los mártires, de las vírgenes y de los confesores que, o por consentimiento de toda la Iglesia universal y tradición recibida por muchos centenares de años o por declaración de los sumos pontífices vuestros antecesores y por vos mismo, son venerados por ciudadanos de la triunfante Jerusalén.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Pocas provincias del orbe cristiano se igualan con las nuestras en esta excelencia y ninguna las excede; y no ha muchos años que aumentasteis nuestras glorias con escribir en el catálogo celeste a santo Tomás de Villanueva.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Ahora pedimos, sedientos de semejantes favores, declare vuestra beatitud por santa a la singular Juana de la Cruz, hija de la religión de san Francisco y que profesó su tercera regla en el Monasterio de Santa María de la Cruz, diócesis de Toledo. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[fol. 1v] Desde que la santidad de Gregorio XV, pontífice máximo, en el año de 1622 expidió su breve para que los obispos de Troya y Cirene hiciesen en la plenaria la información sobre los milagros y virtudes de esta sierva de Dios y, cumpliendo con la comisión exactamente, remitieron el proceso según el orden e instrucción que contenía el breve, no se ha hecho diligencia para acordar a vuestros gloriosos antecesores los deseos que tienen todas las Españas de oír de la boca del oráculo pontificio que soror Juana es santa y que, como tal, se le puede dar pública veneración.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Esto piden la majestad católica de Felipe IV, nuestro rey, la virtuosísima y esclarecida reina doña Mariana de Austria, su esposa, y el señor don Juan de Austria, príncipe tan famoso en el mundo por sus hazañas que serán el mejor ornamento de las historias de nuestro siglo.  Esto piden los reinos de Castilla, los prelados y antistites de las primeras iglesias, y sus cabildos eclesiásticos; y, singularmente, el cardenal Sandoval, arzobispo de Toledo, en cuya diócesis nació y murió soror Juana y está hoy sepultado su cuerpo incorrupto. Esto solicita la religión de san Francisco, cuya tercera regla profesó, y también la ilustre villa de Madrid, corte de nuestros reyes. Y yo, aunque indigno de parecer ante la majes- [fol. 2r] tad de vuestro trono, hago esta súplica, gobernado de la devoción que generalmente tenemos los españoles a la virgen Juana de la Cruz.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El culto particular con que es venerada no basta a satisfacer la devoción de sus conterráneos que, como hijos obedientes de la Sede Apostólica, aguardan los decretos y determinaciones de Vuestra Santidad para saber el grado de veneración con que la han de estimar e invocar en sus necesidades y aflicciones; pues, hasta ahora, se han experimentado grandes maravillas resucitando muertos, restituyendo los enfermos de achaques incurables a salud vigorosa, y sus granos o cuentas tienen virtudes experimentadas por larga serie de sucesos contra los demonios, contra las tempestades y contra las plagas que suele padecer la naturaleza.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y aunque por las bulas que, en los años 25 y 33 [I], promulgó la santidad de Urbano Octavo, de feliz memoria, se corrigieron los abusos con que el pueblo rudo suele dar veneración y culto a muchas personas sin noticia ni aprobación de la Santa Sede, en las mismas bulas [II] quedan reservados aquellos casos en que, por tiempo inmemorial o por mucho tiempo y con tolerancia de los [fol. 2v] ordinarios [III], han sido venerados algunos con particular culto, dejando a estos en la cuasi posesión en que se hallan y en las dudas que se han ofrecido en esta santa ciudad. Lo han determinado y declarado así las congregaciones que se hicieron sobre tales causas en los pontifi- [fol. 4r] cados de Clemente VIII y Paulo V, de feliz memoria [IV], mandando no se innovase donde in- [fol. 4v] tervenían los requisitos que concurren en culto con que es venerada soror Juana de la Cruz.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
No tiene altar ni es invocado su nombre públicamente, y en todo se guardan los decretos apostólicos, porque el culto es particular y nacido de un afecto interno y de una voz común agradecida a tantos milagros y maravillas.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y cuando los obispos de Troya y de Cirene hicieron la información plenaria hallaron que, por más de noventa años, antecedentemente tenía el mismo culto pues su cuerpo está colocado en parte eminente y con algunas lámparas que arden continuamente en su obsequio y pendientes los votos que, con frecuencia, llevan al templo donde yace el cadáver sus reconocidos. En esta forma le han visitado los arzobispos de Toledo, los prelados de la religión franciscana, los nuncios que en nombre de la Sede Apostólica residen en la corte de España y, en fin, las majestades desde los grandes monarcas Felipe III y Felipe IV su hijo, y la esclarecida reina doña Isabel de Borbón, y los infantes (grandes y títulos de estos reinos). Y antes de emprender la conquista de Portugal en que hoy se halla emplea [fol. 5r] do, el señor don Juan de Austria visitó el templo de Santa María de la Cruz a devoción de soror Juana de la Cruz y, con liberalidad propia de su ingenio, ha dado muy considerables limosnas [V] y, a su imitación otros, con que la devoción a esta virgen es general. Y, no sin providencia superior, se ha reservado a los felices tiempos de vuestro pontificado el ponerla en la lista y número de los santos canonizados. Y, para que pueda vuestra santidad comprehender las acciones principales de la vida de soror Juana de la Cruz, pongo a vuestras plantas ese dibujo o epítome de todas ellas, refiriendo solamente lo que parece más esencial y que conduce a informar vuestra mente sin que por ello pretenda merecer algún crédito más del que damos a una historia profana, remitiendo la verificación y comprobación de este informe al proceso y papeles concernientes a la prueba que se hizo por los obispos de Troya y de Cirene y que se llevaron a esa curia romana, bastándome por suma felicidad llegar por medio de este escrito a vuestras plantas. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Besa los pies de vuestra santidad,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Licenciado don Alfonso Carrillo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[fol. 5v]&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''§. I.'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[VI] Presidiendo en la silla de san Pedro Sixto IV, de feliz memoria, y reinando la mayor parte de las Españas los Católicos Reyes don Fernando y doña Isabel, príncipes gloriosos, nació Juana en tres ''[4]'' de mayo del año de 1482 ''[5]'' en el lugar de Azaña, pueblo del arzobispo de Toledo, cuya situación es en la provincia que llaman Sagra. Sus padres fueron Juan Vázquez y Catalina Gutiérrez, personas virtuosas y ricas.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[VII] [fol. 6r] Reconociese luego que recibió el agua del Bautismo que la niña se abstenía (con admiración de cuantos observaron la maravilla) en el viernes de todas las semanas de tomar el pecho de su madre, si no es una vez al día ayunando en la forma que se refiere de san Nicolás, obispo de Mira, y de san Estéfano, obispo diense.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[VIII] [IX] Sucedió no mamar en tres días y pareció haberla sobrevenido un accidente mortal con suspensión de todos los sentidos. Y creyendo la madre haber fallecido la criatura, pidió a la Virgen santísima intercediese con su Hijo Cristo, Señor Nuestro, la resucitase. Haciendo voto de llevarla al templo nuevamente fundado de Santa María de la Cruz y estar en vigilia allí una noche, volvió la niña del parasismo o desmayo, con que su madre creyó piadosamente había sido resurrección milagrosa la de su hija.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[X] [XI] Antes de cumplir dos años, enfermó de suerte que no podía comer ni aún tomar el pecho, con que su madre, valiéndose por medicina en todos los males de niña de la intercesión de los santos, la llevó a un templo dedicado a san Bartolomé en la villa de Añover. Y a vista de la imagen del apóstol, se alegró Juana, mejorando de suerte que pidió de comer; y contaba en la edad de discreción como había [fol. 6v] tocádola el apóstol san Bartolomé en el rostro, de que procedió cobrar salud. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[XII] [XIII] No la vieron jugar con otros niños, como es natural en la infancia, y a los cuatro años de su edad tuvo un rapto en que juzgó ser llevada a un lugar ameno donde vio una señora de mucha autoridad asistida de vírgenes y niños hermosísimos; y, por haberla enseñado aquellos coros de vírgenes y niños que la señora era la Madre de Dios, la adoró y alabó con la salutación del ángel. Y en aquella oración, vio también al ángel su custodio. Y, cuando volvió del rapto, refirió cuanto en él había observado hasta que la mandaron callar sus padres y obedeció luego.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[XIV] [XV] En aquel mismo año, llevaban por viático a un enfermo el santísimo sacramento de la Eucaristía y, pasando por la puerta de la casa donde vivía Juana, le adoró y vio sobre el cáliz a Cristo, Señor Nuestro, en forma de niño hermoso y resplandeciente. Y en el día que la Iglesia celebra la Purificación de la Virgen, Nuestra Señora, al tiempo que el sacerdote levantó la hostia consagrada, vio en ella distantemente el cuerpo glorioso de Cristo, rodeado de muchos ángeles; y en aquella edad inocente pensaba que a todos eran comunes semejantes favores.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
A los siete años de su edad murió su madre [fol. 7r] [XVI] y, entre sus agonías últimas, encargó a su marido cumpliese por ella el voto de llevar a la niña con una ofrenda de cera al templo de Santa María de la Cruz. Pero la muchacha, adelantando el discurso a más altos fines, deseaba ir ella a cumplir el voto de su madre y, con esta ocasión, quedarse monja en el convento. Comunicó sus pensamientos a una su tía, que al mismo tiempo entró religiosa en el monasterio de Santo Domingo el Real de la ciudad de Toledo, pero su padre y abuelo, entendiendo lo que pretendía, lo embarazaron considerando la tierna edad de Juana, incapaz, a su parecer, de tolerar los rigores y asperezas de una religión. Y aunque la tía procuró siempre atraerla a su convento hasta disponer medios de robarla, no pudo ''[6]'' conseguirlo. Y la niña, más advertida, propuso tomar el hábito en otra parte por que no dependiese su vocación de afecto al parentesco de la tía.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[XVII] [XVIII] Otros sus parientes ricos la llevaron a su casa por tener en ella una joya preciosísima; tales eran las luces que brillaba aquel diamante y tal su capacidad que fiaron el gobierno de su hacienda a la muchacha. Aquí se descubrieron las penitencias con que Juana maceraba su cuerpo en tan tiernos años, ayunando los días de precepto a pan y agua y, tal vez, no comía en dos o tres días; y cual otra Cecilia [fol. 7v] penitente, usaba silicios y se azotaba con cadenas hasta derramar sangre. En las noches frías y dilatas del invierno, después de recogida la gente de su familia, se desnudaba sin dejar sobre si más que el silicio y, en esta forma, pasaba en oración toda la noche. No pudo esto recatarse de la noticia de sus tíos y así vivió con mayor retiro en adelante.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[XIX] Gozaba continuamente de visiones maravillosas que la enseñaban o confirmaban en alguna virtud. Y en un Viernes Santo por la mañana, contemplando la Pasión de Nuestro Salvador, le vio crucificado; y fue tanto su sentimiento con aquella soberana visión percibida con los ojos corporales que, con las lágrimas que derramó e interno dolor que tuvo, quedó desfigurada de suerte que aun sus mismos tíos no la conocían.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[XX] A los catorce años de su edad, pensaron sus tíos en casarla y, a la fama de su honestidad y hermosura, concurrieron muchos pretendientes, señaladamente un mancebo natural de la villa de Illescas. Pero, como Juana quería consagrarse a Dios perpetuamente, le fue revelado un día de la Semana Santa por medio de una visión (en que Cristo, Nuestro Señor, la apareció) sería su Esposa y que entraría en religión. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[XXI] [fol. 8r] Alentada la virtuosa doncella con tal favor, dispuso entre sí misma irse al convento de Santa María de la Cruz de religiosas terceras de san Francisco. Tenía Juana particular devoción a este convento porque su fundación fue prodigiosa y, al parecer, agradable a la soberana Reina de los ángeles, Nuestra Señora. El suceso se cuenta en esta forma. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Cinco leguas de Madrid, villa ilustre y corte hoy de los reyes de España, tiene su asiento la villa de Cubas, de corta población y oscuro nombre. [XXII] [XXIII] Apacentaba una pastorcilla, llamada Inés, en los términos de este pueblo un ganadillo de cerda; y era tan devota de la Virgen Santa María que mereció ser instrumento de las maravillas del Cielo. Aparecióse a la pastora la Virgen santísima a quinientos pasos del lugar de Cubas y, después de varios coloquios y apariciones que se continuaron por algunos días, la dijo que en aquel sitio quería tener templo de su advocación; y, para que los de su pueblo le edificasen, la dio ciertas señales y en particular la cerró la mano, dejando el dedo pulgar sobre el índice en forma de cruz y de fuerte que no podía abrirla ni usar de ella. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
La pastorcilla, instruida de lo que había de decir, publicó el precepto a los habitadores del pueblo y, con vista del prodigio de la [fol. 8v] mano que con sus manos tocaron todos, ordenaron una devota procesión que guiaba Inés llevando arbolada la señal de nuestra redención. En llegando a vista del término donde se había aparecido la Virgen santísima, mandó la pastora se detuviesen todos y, adelantándose con la cruz, la entregó a quien no vieron los circunstantes arrodillados; y, atónitos con el pasmo y la devoción y las manos invisibles, fijaron la cruz en el sitio sobre que hoy está el templo. La sencilla Inés solamente veía y hablaba a la soberana Reina de las jerarquías angélicas; y mostró el lugar que sirvió de trono a aquella majestad, el cual fue venerado recogiendo la tierra donde había puesto sus plantas y con ella sanaron muchos enfermos de dolencias mortales o peligrosas. Después, los padres de Inés la llevaron al templo de Santa María de Guadalupe (también lo había mandado aquella señora) con cierta ofrenda y en presencia de la imagen, que tan aplaudida y venerada es en España, abrió la pastorcilla la mano; y refieren que, en los lugares por donde pasaba a la ida y vuelta de aquel viaje, hizo algunos milagros en los enfermos a quien tocaba. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Edificose el templo con advocación de Santa María de la Cruz y a la fama de los prodigios que en él se obraban, pues resucitaron [fol. 9r] [XXIV] once muertos y sanaron innumerables personas de varias dolencias. Unas mujeres devotas se juntaron a vivir en común y edificaron allí una casa. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Dieron tales muestras de virtud y santidad que les fue entregada la iglesia con la cruz, que Nuestra Señora tomó con sus manos, y ellas hicieron posesión debajo de la tercera regla de san Francisco. Y una de las principales fue la pastorcilla Inés que, pasado algún tiempo, la eligieron las demás por la cabeza y prelada de aquel convento.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[XXV] [XXVI] [XXVII] No guardaban estas mujeres clausura y, con andar vagando y comunicar a personas seculares, se relajaron de suerte que algunas apostataron de la religión y entre ellas Inés (tan poco hay que fiar de nuestra fragilidad e inconstancia). Casose y tuvo hijos, que murieron, y el marido. Arrepentida de su pecado, entró religiosa en un convento de Castilla la Vieja, donde acabó sus días con grandes muestras de penitencia verdadera; y en su muerte hizo señal el Cielo, pues afirman que se tocaron las campanas sin impulso humano. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
La divina providencia para las grandes enfermedades de nuestra naturaleza previene los remedios proporcionados a su curación: la ruina que amenazaba el edificio místico de [fol. 9v] aquellas monjas se aseguró con ingerirle una columna fortísima, en quien vino a cargar todo el peso de la observancia religiosa. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[XXVIII] Esta fue Juana, que, resuelta a entrar en religión en el convento de Santa María de la Cruz (distante dos lenguas de Azaña, su patria), para que su representación tuviese en el teatro del universo algo de vario y deleitable los primeros pasos que dio en su intento fueron festivos y con novedad. [XXIX] [XXX] [XXXI] Vistiose traje varonil, y con espada, sola y a pie, llevando sus vestidos ordinarios debajo del brazo, salió una mañana de su casa antes que el sol pareciese sobre la tierra por el camino que guiaba al convento. Cuando, combatida de varios pensamientos, le representó el espíritu contrario a su resolución todos los inconvenientes que podían resultar por el hábito impropio e indecente en que se hallaba y por el enojo de su padre y tíos, la flaca doncella, rendida a la vehemencia de la aprehensión y amedrentada con la soledad del camino, cayó desmayada y sin aliento, pero una voz la esforzó tres veces a proseguir la obra comenzada. Pasado algún tiempo entendió haber sido aquella voz de su ángel custodio.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Alentada Juana del espíritu auxiliador, prosiguió su intento y, habiendo caminado [fol. 10r] [XXXII] considerable distancia, sintió venir por el camino, siguiendo sus pasos, un hombre a caballo; y, cuando pudo discernir ''[7]'' la vista con distinción el objeto, reconoció era el hidalgo de Illescas, fino pretendiente de sus bodas. Volvió a ocuparla el susto y el miedo pero, con el traje de varón, se disimuló de suerte que la desconoció el mancebo y pasó adelante sin observar el semblante hermoso, los pasos débiles y ademán mujeril de la doncella. Culpable, al parecer, fue vestirse como varón, pero este acaecimiento califica el disfraz por acertado.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[XXXIII] [XXXIV] Viéndose libre de aquel peligro, se postró en la tierra dando gracias a Dios y aquí tuvo otro consuelo y aparición de la Virgen santísima, con que oyó palabras de esfuerzo y seguridad. Pasó adelante hasta llegar a un pueblezuelo cercano al convento llamado Casarrubuelos y, fatigada de sed, pidió de beber en una casa. Diéronla agua y descansó breve tiempo. Y, al irse, se dejó por olvido la espada junto al asiento donde había estado. Y, acordándose de ella en el camino, volvió en su busca a la casa misma de donde había salido. Y con el descuido natural con que obra quien finge, sencillamente dijo: “Oh, peccadora ''[8]'' de mí, que se me había olvidado la espalda”. Esta concordancia, propia del sexo femenil e impropia para quien [fol. 10v] se fingía varón, despertó la atención de una criada que la había ministrado el agua, la cual advirtió a sus amos cómo era mujer el que parecía mancebo. Pero esta curiosa averiguación no fue creída y aquel solecismo en la gramática de la tierra fue consonancia para las armonías del Cielo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[XXXV] Llegó, en fin, Juana al puerto deseado y, entrando en la iglesia, dio gracias a la estrella que la había guiado en aquella corta, aunque peligrosa navegación. Y, apartándose a un ángulo oscuro del templo, se restituyó a sus propios vestidos, despojándose de la máscara y disimulación con que había temido naufragar entre los escollos de varios peligros y pensamientos.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[XXXVI] Impaciente en la dilación de su intento, fue luego a la puerta reglar del convento para hablar a la abadesa y darle noticia de su pretensión. Guardaba la puerta de aquel paraíso una imagen de la Virgen santísima colocada en un nicho y, encontrándola Juana, se postró pidiéndola con una oración fervorosa que, pues era puerta del cielo y en aquel monasterio también era portera, la franquease la entrada disponiendo las voluntades de las monjas para que la admitiesen en su compañía. Es tradición constante que habló la imagen diciendo a Juana: “Bienvenida seáis, hi- [fol. 11r] ja mía. Entre gozoso tu espíritu a tomar posesión de lo que tanto ha deseado que, para reparo de esta casa, te crió Dios en cuyo nombre y en el mío tendrás autoridad para derribar y edificar, destruyendo relajaciones y vicios, y enseñando con doctrina y ejemplo el camino de la perfección”. Es esta imagen por quien Dios obró tal maravilla se ve hoy en el mismo lugar de la puerta reglar del convento, aunque la forma del edificio y lugar de la puerta se ha mudado.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[XXXVII] [XXXVIII] Alentada la doncella con semejante oferta, hizo llamar a la abadesa, a quien dio noticia de su vocación y de los acontecimientos que había tenido hasta llegar al convento y que sería felicísima si era admitida en él por criada de las demás religiosas. La abadesa, gozosa en si misma de ver aquella Virgen hermosa y de corazón tan esforzado en edad de quince años y de entendimiento clarísimo, disimulando el gusto interior, reprehendió primero la temeridad de venir sola y en hábito impropio y, en lo demás, respondió lo comunicaría con las monjas. Juntó la comunidad y, propuesto el caso, se conformaron en recibir por compañera a Juana; y, como era necesario además de su consentimiento el del provincial, dispuso la divina providencia que no faltase este requisito, pues el provincial que era entonces entró [fol. 11v] en aquella sazón fuera de toda esperanza pues había ocho días que había estado en el convento.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Admiradas las monjas con la venida del prelado en ocasión tan oportuna y que la tuvieron por milagrosa, informaron al provincial de la vocación de la doncella, el cual dio licencia para su admisión.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[XXXIX] [XL] [XLI] Caminaban estas cosas con felicidad, y Juana deseaba la hora de su recepción. Pero su padre y parientes, noticiosos de su fuga y del camino que había tomado, fueron al convento, donde procuraron embarazar este santo propósito con palabras descorteses y groseras, persuadiéndola dejase aquel intento con representarla las conveniencias que dejaba en el siglo y los trabajos y desamparo que había de padecer en la religión. Pero la doncella, primero con el silencio y con la modestia, y luego con la perseverancia y resolución que dijo tenía de elegir a Dios por padre, ablandó los corazones de aquellos rústicos que se conformaron en que Juana entrase religiosa ofreciéndola dote competente. Y así, en presencia del padre y parientes, recibió el hábito con devoción y lágrimas en que todos concurrieron, equivocándose los gozos y los sentimientos, los llantos y los parabienes. ¡Oh in- [fol. 12r] comprensibles juicios de Dios! Quien con ojos mortales procura averiguar los rayos y luces con que nos deslumbran queda más ciego e incapaz de observar sus maravillas; lo que vemos solamente es que los mejores medios para conseguir un propósito son los estorbos, y los montes, y riscos; son los llanos y veredas por donde se camina con más seguridad.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[XLII] Las memorias que se conservan de la vida de Juana en los libros y en la tradición refieren por menor sus acciones; y el ánimo con que se iba encaminando el año del noviciado a la perfección del espíritu.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[XLIII] Con un profundo silencio y con una ciega obediencia, echó los cimientos tan firmes que pudo cargarse en ellos un edificio para la eternidad. En la guerra de los sentidos, la única defensa que tuvo fue el retiro de todos los tratos humanos en la estrechez de una celda; y entre los silicios, disciplinas y ayunos (no comiendo más que una vez al día) y con la oración continua de discípula se hizo maestra, de novicia se hizo veterana de la milicia celeste, con que, pasado el año, fue admitida a la posesión, tomando por nombre Juana de la Cruz. Era devotísima de esta señal como instrumento principal de nuestra redención y [fol. 12v] por haber nacido en el día que la Iglesia celebra su milagrosa invención. Y en otro tal día, tomó el hábito e hizo profesión. Y después, en el progreso de su vida, en otros semejantes días, fue electa abadesa y murió, pero la principal razón fue querer seguir la cruz de Cristo, correspondiendo con las obras a la representación de su nombre.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[XLIV] [XLV] El orden que, siendo novicia y después de profesa, tuvo para disimular sus vigilias, oración y penitencia era este: llevaba, al tiempo de recoger las religiosas en el dormitorio común, una rueca; y cuando sentía que dormían las monjas, ocupaba las manos en hilar y los pensamientos en Dios, y en esta forma estaba hasta que tocaban a maitenes. Acudía entonces al coro y, acabadas las divinas alabanzas y recogidas las demás monjas, comenzaba de nuevo la tarea de la oración en que perseveraba hasta el amanecer; y, vencida de la necesidad, se rendía al sueño por dos o tres horas hasta la hora de prima. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[XLVI] En las obras de manos y trabajos corporales en que la ocupaba la obediencia hallaba su mayor regalo y deleitación: cuando fregaba los platos y alhajas de la cocina, los figuraba de oro y llenos de perlas y piedras preciosas en que había de comer su soberano esposo, y así se deleitaba en aquel ejercicio [fol. 13r] de humildad. Lo mismo consideraba cuando barría la casa, pues la escoba le parecía un ramillete de flores y, si hacia oficio de cocina, se acordaba de Marta cuando hospedó en su casa al Redentor del mundo. En esta forma lograba en sus empleos un inmenso tesoro de merecimientos.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[XLVII] Imitó fielmente a su patriarca san Francisco en guardar verdadera pobreza, pues su cuidado en esta parte fue igual al que tuvo el rico avariento en juntar y guardar los tesoros que le llevaron al infierno. De sola su cama y hábitos era poseedora cuanto al uso, sin tener más celda que las oficinas de la comunidad; y los vestidos eran tan pobres que parecía vestirse los que desechaban las demás monjas: el hábito humilde, la túnica interior de sayal, la camisa un asperísimo silicio ceñido todo con una cuerda de cáñamo y los pies sin más adorno ni abrigo que unas viles sandalias.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[XLVIII] Con ser tan espantosa su penitencia y tan singular su modo de vida, la mayor excelencia que se observa de sus virtudes fue la de regular siempre sus acciones con la obediencia y dictamen de su confesor, recibiendo las reglas de vivir sin valerse de su propia voluntad. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
La hermosura de su rostro y perfección [fol. 13v] [XLIX] [L] de su cuerpo fueron admirables, y se adornaban con gravedad y modestia que componían a cuantos la miraban. Su conversación era dulcísima, sus palabras amorosas vivas y penetrantes, y en la dirección misma traía envuelta la salud y reformación de las almas. Nunca hablaba en vano ni superfluamente, pues todos sus discursos se encaminaban a glorificar a Dios y aprovechar los próximos; y, si tal vez ocurría en la conversación materia de gusto y entretenimiento, era con tanta templanza que más provocaba a devoción que a risa y deleite. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[LI] En aconsejar y consolar corazones tuvo don del Cielo, con que venían a consultarla personas gravísimas y de diversos estados y todas las fiaban sus secretos con seguridad de que no serían revelados. Estas calidades eran adornadas de una humildad profundísima y sus virtudes se descubrieron más en los oficios que la encargó la obediencia a sus preladas.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[LII] Asistía a la cocina, como hemos referido, y en ella, por leves causas, era maltratada y reprehendida de sus compañeras. Y luego se arrodillaba y las pedía perdón y, si no podía aplacar su enojo, íbase al coro a pedir a Dios la perdonase la pena y turbación que había ocasionado a sus hermanas. Volvíanla a llamar y [fol. 14r] preguntábanla qué hacía en el coro y, con admirable mansedumbre, respondía: “Suplicaba a la divina clemencia me perdone por haber ocasionado vuestra justa indignación y que os diese gracia para sufrirme”. Quedaban confusas y arrepentidas de haber ofendido a aquella cordera que tan poco lo merecía.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[LIII] En aquel humilde ejercicio, manifestó Dios cuán agradable le era su sierva con algunos milagros. Merezca contarse uno para ejemplo de que Dios cuida de aliviar a los que le sirven, aun en cosas muy menudas, en la estimación de los hombres: llevaba soror Juana un barreño de barro con la carne que había de comer la comunidad para lavarla en el pozo. Encontró con el barreño en una piedra, hízole pedazos y ella, muy triste, se puso en oración, suplicando al Señor reparase aquella falta. Tomó los pedazos y fuelos juntando, y el barreño quedó como estaba antes de romperse; y sirvió después en la cocina por más dos años.&lt;br /&gt;
[LIV] Encargáronla la enfermería, donde halló materia bastante para ejercitar su caridad; no perdonaba ningún género de desvelo y de trabajo por asistir y cuidar de las religiosas enfermas. Sucedió que una monja padecía mucho frío y dolor de estómago y pidió a soror Juana que, pues era enferma, pi- [fol. 14v] [LV] diese para sí un poco de vino diciendo lo había menester y que le diese a ella porque su necesidad era muy grande y no se atrevía a pedirle. Soror Juana ofreció pedir el vino con buena voluntad pero, considerando que si le pedía con pretexto de su necesidad era mentira y dejarle de pedir era falta de caridad, suplicó a Dios le diese por algún tiempo dolor de estómago para que, no faltando a la verdad, pudiese remediar la necesidad de su hermana. El Padre de misericordia, y a quien tan agradables son los actos de caridad con el próximo, concedió lo que pedía a su sierva y, con el propio dolor de estómago, pidió la medicina para el remedio del ajeno. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[LVI] En este mismo oficio de enfermera, por su intercesión, cobraron muchas enfermas salud. Sanó una religiosa de unas tercianas, comiendo con particular devoción un poco de pan que soror Juana estaba también comiendo, y no la volvió más la calentura. Esta misma religiosa, por intercesión de su enfermera, se libró de dos zaratanes que se le criaron en los pechos, poniendo en ellos unos paños mojados en agua bendita de consejo de soror Juana.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[LVII] Del ministerio de la enfermería, pasó a ser tornera y portera y con su agrado y cortesía, sin faltar al rigor de la obligación de su o- [fol. 15r] cio, cumplía con monjas y seglares. Aquí padeció notables mortificaciones de una compañera más anciana que la perseguía con porfía incansable riñéndola y maltratándola por todo cuanto hacía; y a todo callaba la prudentísima criatura o la pedía perdón de las culpas que no había cometido. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[LVIII] [LIX] Como esta sierva de Dios andaba toda transformada en él, cuantas cosas hacía las aplicaba a los más soberanos misterios de nuestra redención. Y así, consideraba el torno por el pesebre en que María santísima reclinó al Niño Jesús recién nacido, y volviendo el torno con esta contemplación halló muchas veces al Niño Jesús que aparecía en forma visible y con dulces palabras la regalaba. En una ocasión, estando gozando la visita soberana del Niño Dios, pretendió abrazarle y regalarse con él pero, al tiempo de extender los brazos, apareció la Virgen santísima que le tomó en los suyos y se levantó en alto, acompañada de coros angélicos; quedó desconsolada soror Juana pensando procedía aquel retiro de su indignidad, pero la Virgen santísima la dijo: “Hija mía, vente a la huerta de casa, hacia la parte donde están las higueras, que allí nos hallarás”. Quedó con esto consolada su alma y, desocupándose del torno, fue apresuradamente al puesto señalado (no así el ciervo de- [fol. 15v] [LX] sea en el verano la frescura de las fuentes, no así la alma ama la visión del hierro como esta sierva de Dios deseaba venir su alma al amor y voluntad de su Esposo Divino). Abrió la puerta de la casilla y viola convertida en alcázar del rey del universo. Estaba en trono de gloria la Virgen María y en sus brazos sostenía al que sostiene el firmamento. Adoró Juana con suma reverencia a aquellas majestades y, con sus alabanzas, hizo compañía a los coros angélicos. Quedó elevada y embebida en aquellos gozos celestiales y, aunque la llamaron con la campana de la portería tres veces, no la ''[10]'' oyó, y la Virgen, Nuestra Señora, la dijo: “Anda, que te han llamado tres veces con la campanilla y no lo has oído, acude a la obediencia”. Dejó luego la dichosa Juana a Dios por Dios, cumplió con la ocupación para que fue llamada y, con las mismas ansias, volvió a la casilla de la huerta. Repararon algunas monjas en sus pasos veloces, en su inquietud extraordinaria, en su rostro encendido, y que arrojaba unos resplandores y luces y el aire por donde pasaba quedaba fragante y oloroso. Siguiéronla hasta la puerta de la casilla, donde oyeron decía: “¡Oh, Reina de los Cielos, cuan bien manifestáis con esta pecadora ser madre de misericordia pues, aunque yo me había ido dejando vuestra compañía, no se ha desdeñado vuestra grandeza y el [fol. 16r] dulcísimo Jesús de esperarme en tan humilde lugar”. Respondió la Virgen santísima: “Hallástenos, Juana, a mi hijo y a mí porque nos dejaste por la santa obediencia”. Y, después de algunas palabras en estimación de lo que merece esta virtud, acabó su Majestad con decir: “Si no hubieras sido obediente, no hubieras gozado de aquestos favores”. Todo esto lo escucharon las religiosas que siguieron a soror Juana, descubriendo Dios por este medio lo que ella con modestia y cuidado les encubría. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[LXI] Otra aparición de la Virgen María con el Niño en los brazos tuvo en la sala de la labor pues, arrebatada soror Juana en espíritu y visión imaginaria, vio a la Emperatriz de los ángeles y a su Hijo preciosísimo. Y, después de varios coloquios, consiguió recibir en su escapulario al Niño alegrándose y gozándose en tan soberano bien, y los efectos de este sabor le duraron en su alma por muchos días.  &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''§. II.'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[LXII] Inexplicable es la devoción que soror Juana tuvo con el inefable Sacramento de la Eucaristía; el deseo de gozar siempre de aquel pan angélico la traía absorta y enajenada de sí. Todas sus oraciones, penitencias y mor- [fol. 16v] [LXIII] [LXIV] tificaciones se dedicaban a disponerse para recibirle dignamente y, juzgándose incapaz de sentarse a la mesa del Rey de los reyes, no se atrevía a recibirle cada día sino cuando su confesor lo ordenaba. Suplía la falta de la comunión sacramental con comulgar espiritualmente en que sentía grandes consuelos, con que se podía decir que toda su vida era una espiritual comunión prolongada. Esta devoción se la pagó Dios con muchos favores que recibió su sierva y milagros que acontecieron. Merece referirse uno, cuyas señales permanecen hoy en los mármoles de su convento: confesábase un día en tanto que se decía la misa mayor. Hicieron señal en la iglesia con la campanilla de que el sacerdote levantaba la hostia consagrada. El confesor mandó a soror Juana fuese por el coro a adorar a Cristo Nuestro Señor sacramentado. Salió con prisa y, reconociendo por los golpes de la campanilla que no podía llegar al coro a tiempo, se arrodilló para adorarle en espíritu. ¡Oh maravillas de Dios! Interponíase entre soror Juana y la iglesia una pared de cantería muy gruesa y, por impulso físico y sobrenatural, se abrió la pared desde la parte superior a la inferior, con que pudo la sierva de Dios ver la hostia, el sacerdote el altar y todo cuanto estaba en la iglesia. Quedó asom- [fol. 17r] [LXV] brada soror Juana con milagro tan grande y estando glorificando a Dios por él, cuando alzaron la segunda hostia, se abrió segunda vez la muralla; y, hecha la adoración, se cerró dejando un monumento a la posteridad pues, siendo todas las piedras del muro de mármol negro, quedó una de ellas blanca y abierta por tres partes en forma de cruz, la cual desde aquel tiempo es tenida en veneración; y este mármol es visitado de los prelados y de los reyes que han entrado en la clausura de aquel monasterio.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[LXVI] Entre los favores extraordinarios que soror Juana recibió de Dios, fue muy singular el permitirla comunicase a su ángel custodio en sus éxtasis y raptos y, algunas veces, fuera de ellos. Y aquel hermoso espíritu se le manifestaba glorioso y resplandeciente. Y, en estas visiones y aparecimientos, gobernaba a la virtuosa monja, respondiendo a sus consultas, satisfaciendo a sus dudas, y enseñándola altísimos misterios que, después explicados por la virgen Juana a sus monjas y a los que venían a oírla, quedaban alumbrados y confusos cuantos bebían de aquel néctar científico y sobrenatural, reconociendo ser sus palabras centellas de incomprensible fuego del Espíritu Santo que la asistía. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[fol. 17v] [LXVII] [LXVIII] Aunque el ver con sus ojos corporales y hablar familiarmente con su santo ángel era muy frecuente en soror Juana, con todo eso gozaba más de su vista, comunicación, y enseñanza en los raptos y elevaciones estáticas que tenía, en las cuales gastaba lo más del tiempo, pues toda su conversación era con el cielo. No había ejercicio ni ocupación, por precisa que fuese, que pudiese apartarla del amor de su dulce Jesús, en quien tenía embebida y transformada el alma. De noche, de día, comiendo, descansando, hablando o rezando, ya hiciese labor, ya estuviese en pie, ya asentada u echada de cualquier suerte que la hallase la visita de su celestial esposo. Luego se enajenaba de sus sentidos y quedaba absorta en profundos raptos que duraban algunas veces cuatro horas, otras doce, otras catorce. Y con el discurso del tiempo y frecuencia de aquel comercio divino, creció tanto esta gracia que perseveraba en el rapto veinticuatro horas, y tal vez pasaron tres ''[11]'' días sin volver del éxtasis.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[LXIX] En su rostro, cuando se elevaba, crecía la hermosura natural de que era dotada, descubriendo con señales exteriores los gozos que interiormente gozaba su espíritu.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Veíanse algunos prodigiosos efectos de los [fol. 18r] raptos, derivándose también con señales exteriores al cuerpo los afectos tristes o alegres del alma; y, particularmente, cuando eran revelados los trabajos y perfecciones que había de padecer o las felicidades o aceptación de las buenas obras de sus próximos en la presencia divina y estado en que estaban sus conciencias o su salud. Y así, daba avisos importantísimos para ajustar conciencias perdidas y para prevenir y evitar grandes daños en las almas y cuerpos. Advirtió a muchos la cercanía de su muerte y sucedía todo como lo decía. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[LXX] [LXXI] Uno de los prodigios que hacen más memorable a esta sierva de Dios es el don de las lenguas que tuvo. Sucedió pues que, volviendo de un rapto dilatado, se halló embarazada la lengua para articular palabras y, aunque entendía y oía, no podía responder sino con señas. Y en esta forma estuvo algunos meses, quedando reducida a tal extremo de bondad y sinceridad que parecía hallaría en él estado de inocencia. Y así las monjas hacían de ella lo que querían, tratándola como a una criatura y paloma mansísima y, aunque para las cosas del mundo vivía con esta enajenación, para las del Cielo tenía las potencias del alma vivas despiertas y perspicaces.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[fol. 18v] [LXXII] Continuaba sus éxtasis y raptos como siempre. Y en uno de ellos, se le apareció el Niño Jesús, a quien suplicó con profunda oración que, si había de ser para su santo servicio, la restituyese a estado de poder hablar. Entonces el Señor, tocando la boca de soror Juana con sus manos divinas, la dijo: “La causa de haberte enmudecido es porque seas instrumento por quien yo quiero hablar y, aunque ahora te sano, guarda de mi secreto y algo di y algo calla de lo que te revele”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[LXXIII] Volvió del rapto y con expedición en la lengua, con alegría y consuelo de las monjas. Y, desde entonces, se manifestó en ella un espíritu de predicación y enseñanza, hablando en los éxtasis cosas muy singulares y declarando profecías y lugares de la Escritura Sagrada. Cuando había de predicar estos sermones y declarar lo que Dios la revelaba, se transfiguraba; y enajenada de los sentidos, las religiosas la llevaban en brazos a su celda (fiel éxtasis la cogía fuera de ella) y poníanla sobre su cama, donde quedaba con los ojos cerrados con el rostro sereno y con las manos sobre el pecho. Así perseveraba por tiempo de hora y media, y luego interrumpía en amorosas exclamaciones a Dios y parecía le hablaba y comunicaba como si le viera personalmente: ya le rogaba se acerca- [fol. 19r] se; ya extendida los brazos como para llamarle; ya se quejaba de su soledad y desamparo si se iba; ya gozaba como si poseyera tanto bien; le daba gracias de los favores que hacía a una indigna pecadora y, entonces, hacía actos de grande reverencia y profunda adoración y, con voz más templada, hacía oración vocal por el estado de la Iglesia, y por los que se hallaban en pecado mortal, y por todas las necesidades de que tenía noticia y, especialmente, por las almas del Purgatorio. Acabada esta deprecación, callaba por algún tiempo y las religiosas la reclinaban en la cama con toda decencia y compostura en tal forma que los oyentes pudiesen ver su semblante y oír distintamente sus palabras. Después de este silencio, levantaba la voz más sutil y delicada y declaraba los misterios y lugares de Escritura que le eran revelados del divino espíritu con suma velocidad y gracia. Su más ordinario asunto era el Evangelio o festividad de aquel día. Estos sermones o pláticas duraban tres o cuatro horas y, cuando acababa, despedía el auditorio echándole bendición.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Toda la gente que concurría a oírla, que era innumerable y entraba dentro del convento porque entonces no se guardaba en [fol. 19v] [LXXIV] él clausura, se arrodillaba y recibía la bendición con devoción y lágrimas. Volvía luego soror Juana del rapto sin poder decir ni saber cosa alguna de lo que había pasado. Esta gracia se manifestó tres años, después que comenzó a elevarse públicamente, y le duró por espacio de trece años. Y en todo este tiempo fue aquel convento cátedra de sabiduría y de doctrina revelada del Cielo. Y aquellos sermones acontecían en días y por términos inciertos y varios según era la divina voluntad, pues pasaban quince días, tal vez ocho, tal vez tres y, finalmente, hubo día en que predicó dos veces.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[LXXV] [LXXVI] Divulgose la fama de esta maravilla por todo el reino, y así concurrieron a la novedad del caso diferentes gentes para ver con sus ojos aquel prodigio: letrados, predicadores, prelados de todas las religiones, arzobispos, obispos, inquisidores, duques, marqueses, condes y sus mujeres. Entre los más señalados fueron el cardenal arzobispo de Toledo don fray Francisco Jiménez de Cisneros, esclarecido varón en aquel siglo; y el insigne y gran capitán don Gonzalo Fernández de Córdoba; y, algunos años después, la cesárea majestad del emperador Carlos V, que dio gracias al altísimo Dios y quedó muy aficionado y devoto a soror Juana.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[fol. 20r] [LXXVII] [LXXVIII] [LXXIX] Con ser tan varias las fuentes y condiciones de personas que la oían, cada uno entendía por si lo que predicaba la sierva de Dios; y para que a todas luces se descubriese la asistencia soberana que la inspiraba, si los oyentes eran personas doctas u eclesiásticas, hacía su sermón en lengua latina; y algunas veces predicó en las lenguas francesa y arábiga, y con un sermón que hizo en esta lengua convirtió dos esclavas africanas obstinadísimas en la secta de Mahoma, las cuales dio al convento un obispo de Ávila y fueron de las cautivas que se trujeron a España de la ciudad de Orán cuando la conquistó el arzobispo don fray Francisco Jiménez. En una oración que fue a oírla el provincial de los religiosos franciscos de aquella provincia, que era vizcaíno, predicó el sermón en lengua vascuence o cantábrica, la cual es muy extraña en el dialecto en las voces y sin conveniencia con otra alguna de las lenguas que se conocen hoy en el mundo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[LXXX] Con el celo que los Reyes Católicos tuvieron de conservar en España la pureza de la fe católica, erigieron el tribunal de la santa Inquisición en la forma que hoy se conserva. Y, por la mayor necesidad que entonces había de atender a los nuevos conversos de indios y moros, este ministerio santísimo [fol. 20v] [LXXXI] [LXXXII] entró a ejercer su ministerio con notable crédito y autoridad, y se componía de varones consumados en letras y acreditados en ''[12]'' virtud. Uno de estos, deseoso de averiguar si tales sermones procedían de ilusión diabólica y la doctrina que contenían era sólida y sin sospecha, fue encubierto y disimulando quién era al convento y se introdujo con la demás turba a ser oyente de soror Juana. Fue tal el sermón de aquel día y tan eficaces los discursos según lo que el inquisidor llevaba reservado en su corazón que, en el progreso de la plática, se arrodilló el buen hombre y, con gran copia de lágrimas, la oyó hasta el fin. Luego rogó a la abadesa le permitiese hablar a la sierva de Dios en el locutorio. Allí la pidió perdón de no haberla tenido en el crédito que merecía y que ya creía ser Dios el autor de aquel prodigio. Respondió la virtuosa virgen con palabras humildes y reconocimiento de su miseria pues, siendo un instrumento vil y desechado, usaba Dios de él en utilidad de los próximos. El inquisidor, después de larga conferencia, se despidió admirado y devoto.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[LXXXIII] Algunos que iban llevados de su curiosidad hacían experiencias indiscretas con soror Juana para conocer si los éxtasis eran verdaderos, y así la hirieron en la cabeza y [fol. 21r] dieron golpes imprudentemente, que no sentía con la inestabilidad en que la dejaban los raptos. Después se condolía de aquellos daños, cuando no los había manifestado antes la sangre que derramaban las heridas.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[LXXXIV] Estas cosas pusieron en cuidado a los prelados de la religión de san Francisco, y más a aquellos que suelen ser espíritus de contradicción: todo lo niegan y lo contradicen todo, fundando en esto hacerse temidos y necesarios.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Para evitar la variedad con que se discurría y que la verdad quedase más apurada, el provincial de Castilla, a quien esta sujetó aquel convento, mandó a la abadesa encerrase en su celda a soror Juana siempre que tuviese los raptos en que solía predicar, sin permitir que persona alguna la oyese. Hízose así y la abadesa la señaló una celda a soror Juana donde pudiese estar en tanto que permanecía en los éxtasis, y mandó a una monja que la acompañase y asistiese. &lt;br /&gt;
[LXXXV] Pasaron algunos días y, deseando la abadesa saber lo que hacía soror Juana, mandó a una religiosa que fuese a su celda y viese si estaba transportada o si predicaba. La monja mensajera, por entre las puertas de la celda, vio que predicaba soror Juana en el tono que [fol. 21v] [LXXXVI] solía y que tenía por auditorio (cual otro Antonio Paduano) innumerables aves y pájaros que, levantados los cuellos en forma de atender, oían la palabra de Dios. Turbada y alegre, la monja dio cuenta a la abadesa y a las ancianas del monasterio, y todas fueron a ver aquel milagro, el cual miraron y reconocieron hasta que acababa la plática. Echó soror Juana su bendición a las aves, que volaron a sus ordinarias mansiones, y en la manga de su túnica se halló un pajarito que se había quedado allí puede ser que para mayor comprobación de aquel prodigio.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[LXXXVII] Averiguado el caso por el provincial tan exactamente como pedía su gravedad, dio licencia para que oyesen a soror Juana cuantos quisiesen sin excepción de personas, grados ni calidades.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[LXXXVIII] Y, porque no se perdiese el tesoro de la doctrina singular que contenían sus sermones, obró Dios otro milagro dando repentinamente gracia de escribir a una monja llamada María Evangelista, no sabiendo si habiéndolo aprendido. Y hoy permanece en el convento un libro escrito por esta monja de todos los sermones que predicó soror Juana en el discurso de un año, incorporado en otro que se titula El Conorte. La letra es clara y legible y el estilo llano y sin artificio, pero [fol. 22r] igual al que usaban en aquel siglo los más versados en la lengua vulgar. Los hombres doctos y espirituales que han leído estos libros no saben cómo encarecer su doctrina llena de teología escolástica y mística y de muchas autoridades de la Sagrada Escritura. Ya tuvo estos libros en su poder la santa Inquisición de Toledo para registrarlos y expurgarlos si lo mereciesen, pero los restituyó al convento intactos y sin corrección alguna.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''§. III'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[LXXXIX] [XC] La mayor señal de cuán adelantada estaba la virgen Juana en la gracia del Altísimo y de su Madre bendita fue haberse desposado en un éxtasis con el Niño Jesús, en preferencia de María Santísima y de muchos coros de ángeles y santos, quedando con este favor enriquecida su alma. Las joyas y preseas con que regaló el Esposo celestial a esta su sierva fueron unos dolores acerbísimos que empezó a sentir en manos y pies desde un día del Viernes Santo inmediato al éxtasis del desposorio. Manifestáronse también unas señales de color de rosa en las mismas partes de pies y manos donde Cristo, Señor Nuestro, tuvo sus llagas y donde las [fol. 22v] [XCI] [XCII] tuvo san Francisco. Despedían de sí aquellas señales suavísimo olor y que excedía al de las flores más fragantes y, como el dolor era intenso y las fuerzas flacas, soror Juana se quejaba con grande amargura y no podía tenerse en los pies. Las monjas, con devoción y lágrimas, la llevaban en brazos al coro y a su celda, y sobre las señales ponían paños mojados en vinagre u agua para que templasen los ardores que sentía en ellas, y que no la dejaban sosegar estas preciosas señales y dolores intensos. Duraron desde aquel Viernes Santo hasta el de la Ascensión pero no continuados, pues solamente se descubrían las señales y sentía los dolores los viernes y sábados hasta el domingo, y a la hora en que Cristo resucitó cesaban.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[XCIII] La fama de este favor corrió luego por los lugares comarcanos, con que los pueblos enteros se conmovían a visitarla y ver con sus ojos lo que habían visto todas las religiosas, sus confesores y muchas personas eclesiásticas y fidedignas; y con el gran concurso causaban inquietud grande en el convento.&lt;br /&gt;
[XCIV] La humildad de soror Juana no pudo tolerar las exclamaciones de los que la visitaban y, como su corazón le tenía rendido y abatido en horror de las honras mundanas, huyendo de toda vanidad, suplicó a Dios la [fol. 23r] [XCV] quitase aquellas señales no permitiendo que tan vil criatura gozase de una merced con que fueron honrados grandísimos santos. La oración fue tan fervorosa que mereció alcanzar lo que pedía y así, en un rapto que tuvo el día de la Ascensión, la dijo el redentor del mundo: “Importúnasme que te quite el precioso don que te he concedido. Yo lo haré mas, pues no quieres mis rosas, yo te daré mis espinas”. Experimentolo así la buena virgen, pues los dolores y tormentos de toda la Pasión de Cristo los padeció en alma y cuerpo con las persecuciones y enfermedades que la siguieron hasta el fin de sus días. El primero regalo que sucedió a esta labor fue ensordecer en tanto grado que no oía ninguna voz ni ruido por grande que fuese. Gustaba mucho esta virgen el canto de las aves; su divertimiento después de la oración y raptos y demás obligaciones de su instituto era salirse a la huerta, donde se divertía con la música de los pajarillos contemplando las alabanzas que dan a Dios todas sus criaturas, retirando su inteligencia de nuestro grosero conocimiento. Quedó con esto soror Juana más recogida entre sí misma y sin atención a cosa exterior por quererla Dios toda para sí. Las monjas se desconsolaron y afligieron notablemente por faltarles maestra que las enseñase y quien [fol. 23v] las consolase en sus trabajos y aflicciones.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[XCVI] Perseveró el impedimento de los oídos desde el día de santa Escolástica, que es en diez de febrero, hasta el día de santa Clara, que se celebra en doce de agosto; pues, en un rapto y sermón que hizo, manifestó ser la voluntad de Dios que oyese por las oraciones e instancias de todas las religiosas; y en volviendo del rapto, oyó perfectamente, con que dio gracias al Autor de tanas mercedes en que la acompañaron las religiosas de su convento hasta en la devoción y lágrimas.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[XCVII] No está vinculada siempre la prudencia para las canas venerables, y no siempre la senectud es madre de las acciones cuerdas; una vida concertada califica el juicio y entendimiento y asegura por buenos los futuros procedimientos. Aquel provincial vizcaíno, a quien soror Juana predicó en lengua vascuence, oyó en aquel idioma retirado notablemente a todas las provincias de España (excepta la Cantabria) que era voluntad de Dios fuese selecta abadesa nuestra virgen; y aunque no tenía más que veintiocho años, las monjas la deseaban por prelada. Hízose elección en la vacante primera de aquel oficio, y todos los votos, sin saltar uno, nombraron a soror Juana. El provincial, que ya estaba prevenido en el prodigio del manda- [fol. 24r] to, confirmó la elección y, al tiempo de publicarla, afirmó a las religiosas que la abadesa había sido escogida por inspiración del Espíritu Santo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[XCVIII] El fruto primero de elección tan acertada fue disponer la nueva abadesa que sus monjas guardasen clausura, venciendo grandes contradicciones que se hicieron al intento, fundadas en que no se podrían recoger las limosnas que las religiosas pedían por los lugares de la comarca y a quien los fieles acudían con particular devoción.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[XCIX] Las limosnas que, ya conseguida la clausura, no se pedían por las religiosas, crecieron en abundancia y el convento se aumentó en edificio y rentas.&lt;br /&gt;
[C] El gran capitán Gonzalo Fernández de Córdoba, devoto de la virgen Juana, dio de una vez quinientos mil maravedíes, limosna en aquel tiempo digna de un corazón tan grande. Y el cardenal arzobispo de Toledo don fray Francisco Jiménez, en virtud de breve apostólico, aplicó al convento la renta del curato de Cubas, y esta piadosa atención del cardenal le costó a la sierva de Dios muchos desconsuelos y perfecciones como se notará en otra parte. Y en diecisiete años continuos que fue abadesa, el convento consiguió tener cuatrocientas fanegas de [fol. 24v] pan y cuarenta mil maravedíes de renta en cada un año; y enriqueció y adornó la sacristía con muchos ornamentos, vasos de plata y otras cosas necesarias al culto divino.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[CI] [CII] El gobierno de un pueblo o de una ciudad es la piedra de toque donde se experimenta la fineza del juicio y de la prudencia. También esta virtud resplandeció en esta virgen con igualdad de luces a las demás de que fue adornada. Sin faltar a la severidad de prelada, era afable con todas las súbditas y, así, mezclaba los halagos y las represiones con tal dulzura y utilidad que corregía los errores y enmendaba los de estos con agradecimiento de las mismas monjas, que recibían la corrección y tanto más se contenían en aquel respeto y veneración cuanto entendían que todo se lo revelaban sus ángeles custodios por algunos casos que sucedieron; pues llamaba a la religiosa que había incurrido en algún descuido y, por secreto que fuese, le decía pidiéndola se enmendase y, con asegurar no se saltaría otra vez, quedaba la prelada satisfecha y la religiosa corregida de su imperfección sin escándalo de sus hermanas. Con esto parecía el convento una porción del Paraíso y un remedo del consorcio de los bienaventurados; tal era la paz, tal la unión y amor en Jesucristo de aquellas religiosas.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[fol. 25r] [CIII] En lo que se halló dudosa la credibilidad de muchos fue en cuanto a los granos o cuentas que por intercesión y ruegos de soror Juana bajaron benditas del Cielo, en las cuales se han experimentado y hoy se experimentan tan notables virtudes. Pero conocido el proceder de esta virgen, su integridad de vida, las frecuentes revelaciones de que era favorecida, su comunicación con el ángel custodio, los éxtasis y raptos profundos y maravillosos en que decía cosas tan altas y, finalmente, los milagros que Dios ha obrado por medio del contacto de estos granos, se podrá creer, con la fe que se debe a una persona reputada por santa, sería cierto aquel favor y prodigio.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[CVI] [CV] Bajar del Cielo reliquias a la tierra por ministerio de los ángeles muchas veces se ha visto. Y de que tenemos ejemplares en la casulla de san Ildefonso y en la ampolla del olio sagrado, con que se ungen los reyes de Francia en el hábito de san Norberto, y otras preseas que guarda la devoción cristiana con suma veneración. Pero subir de la Tierra al Cielo alguna cosa corpórea y elemental para volver a ella, pocos sucesos se hallan escritos.&lt;br /&gt;
[CVI] San Pablo fue llevado al tercero Cielo (que [fol. 25v] [CVII] sería el impireo sin repugnancia a los lugares que da la astronomía a las estrellas ya errantes y fijas, pues todas pueden correr con sus regulados movimientos por un mismo cielo aunque en diversas alturas). También a san Próculo, obispo y mártir, diciendo misa le tomaron los ángeles el cáliz antes de consagrar y, después de dos horas, le volvieron al altar y le dijeron: “Cristo, Señor Nuestro, le consagró; no le vuelvas a consagrar tú si no recibe su preciosa sangre”. Y así lo hizo el santo obispo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[CVIII] [CIX] En Constantinopla, el año de 446, iba en procesión todo el pueblo para aplacar la ira divina que le castigaba con un espantoso terremoto. Y en un campo donde se habían congregado innumerables gentes a vista del emperador Teodoro el Menor y del patriarca Proclo, fue arrebatado un niño por los ángeles y llevado al cielo. Y, después de una hora, le pusieron en el mismo campo, donde refirió cómo había estado en la patria de los bienaventurados y oyó que los ángeles y santos alababan a Dios con aquel santísimo trisagio: ''Sanctus Deus, Sactus fortis, Sanctus inmortalis''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[CX] Sucedió pues que, deseosas las monjas de tener alguna prenda de devoción autorizada de su abadesa y madre, la pidieron con [fol. 26r] humildad que por medio de su ángel custodio alcanzase de Cristo, Señor Nuestro, algunas gracias para sus rosarios. Esta noción parece fue misteriosa, pues al mismo tiempo en Alemania hacía cruel guerra a las cuentas benditas y a los rosarios de Nuestra Señora el perverso Lutero. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[CXI] Como la sierva de Dios anhelaba a conseguir el bien espiritual de sus próximos, prometió a las religiosas que comunicaría sus buenos deseos con su ángel custodio. A la consulta que hizo soror Juana a su santo ángel, se le respondió favorablemente por aquel espíritu celestial. Mandola que, para cierto día, juntase todos los rosarios que pudiese porque el mismo ángel los había de poner en la presencia del Señor en el Cielo para que los bendijese, con que aquellas cuentas se llenarían de gracias y virtudes especialísimas. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[CXII] Fue grande el consuelo y gozo espiritual que recibieron las religiosas con tan alegre nueva; y, no contentas con juntar los rosarios que había en el convento, dieron aviso a la gente de la comarca para que todos enviasen sus rosarios. Y así se juntó una gran suma y tan varia como se ve en las cuentas y granos que unos son pequeños, otros grandes, unos de coral, otros de jaspe o vidrio. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[fol. 26v] [CXIII] Juntos, pues, los rosarios, mandó soror Juana los pusiesen todos en un cofre, y que una religiosa anciana le cerrase y tuviese la llave guardada. Luego se puso en oración, pidiendo a Dios favoreciese los piadosos deseos de aquellas sus siervas, a que sobrevino un éxtasis de los que solía tener: las monjas, con ligereza y curiosidad mujeril, desearon saber si faltaban ya del cofre los rosarios, para cuyo efecto persuadieron a la monja que guardaba la llave le abriese. Consiguiéronlo en fin por ir todas a la parte en la curiosidad y hallaron el cofre vacío, causándoles asombro la experiencia de la vista y el tacto. Y, aunque se habían hallado presentes al encerrar las cuentas y no habían faltado testigos y guardas, volvían una y muchas veces a registrar el mismo cofre. Cerráronle como antes estaba y aguardaron hasta que soror Juana volvió del rapto, y en esta suspensión sintieron en el convento una fragancia y olor celestial que fue el indicio cierto del favor que Dios les hacía. Acudieron todas a su madre abadesa, que las dijo cómo ya el Señor, por su inmensa bondad había querido hacerlas una singular merced pues, según le había dicho su glorioso ángel, los rosarios habían estado en el Cielo, en las manos sacrosantas de Cristo, Señor Nuestro. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[fol. 27r] [CXIV] Abrieron el cofre donde se hallaron todos los rosarios sin faltar un solo grano, los cuales despedían de sí aquel olor profundo y maravilloso que se había esparcido por el convento. Y también dijo la virtuosa virgen que las gracias concedidas a aquellas cuentas no se limitaban en ellas solas porque habían de participar de las gracias mismas cuantos granos y cuentas se tocasen a las originales, pero no a las que se tocasen a las cuentas tocadas.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El crédito que se debe dar a esta maravilla pende de los milagros que han acontecido por medio del contacto de estos granos, y de la estimación que de ellos han hecho varones santos y doctos.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Cuando estuvo en España, antes de ascender al Pontificado, la santidad de Clemente VIII, de feliz memoria, en compañía de un su hermano, auditor de Rota, con ocasión del pleito que siguió sobre el condado de Puñoenrrostro, visitó el cadáver de soror Juana y pidió una cuenta con mucha devoción. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El mayor regalo que reciben en aquel convento los reyes y reinas de España, sus hijos e infantes, cuando le visitan es alguna cuenta de las originales, la cual guardan nuestros príncipes como precioso tesoro [fol. 27v] entre los principales monumentos de la piedad austríaca.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Asunto fuera de un volumen copioso, si se refieren por menor, los milagros que se han comprobado ante los ordinarios, cuyas probanzas e informaciones están en el proceso que se ha hecho sobre la canonización de soror Juana.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Diremos solamente, y con la brevedad que pide este epítome, algunos bienes singulares.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[CXV] En Valladolid, año de 1611, un mozo perdió la vista y, aunque los médicos se la procuraron restituir con varios remedios, no lo consiguieron. Y el mozo, por ser pobre, resolvió pedir limosna por la ciudad. Y un día pidió limosna al portero del convento de san Francisco, el cual tenía una cuenta original y, compadecido del trabajo de aquel hombre, le tocó los ojos con la cuenta y un rosario que traía; y aconsejole que, en la noche siguiente, durmiese con el rosario puesto sobre los ojos y con mucha fe de que Dios usaría con él de misericordia. Hízolo así el hombre y, cuando dispertó a otro día, se halló con vista y, dando gritos de regocijo, fue al convento a dar gracias a Dios de aquel benefició.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En la misma ciudad, una doncella cobró vista con el contacto de aquella misma cuen- [fol. 28r] [CXVI] ta. Y un niño de trece meses acometido de un garrotillo, desahuciado de los médicos, sanó también tocándole con unas cuentas que se habían tocado a la original, que tenía el portero del convento de san Francisco.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[CXVII] En Madrid, doña María de Mata, mujer de Iospeh Suárez de Carabajal, procurador de cortes de la ciudad de Zamora, enfermó el año de 1613 de una grave apoplejía que la puso en estado de espirar; y ayudábala a morir el licenciado Jerónimo de Quintana, rector del hospital de la latina. Y estando la enferma sin habla ni sentido, la tocó con una cuenta original e, instantáneamente, volvió en sí y cobró perfecta salud.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[CXVIII] En la misma villa, año de 1618, Pedro Díaz Morante estuvo a peligro de muerte por habérsele travesado en la vía de la orina una piedra que le impedía la evacuación. Tocáronle con una cuenta original y arrojó la piedra que, naturalmente, no pudiera salir por su grandeza si no interviniera causa sobrenatural.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[CXIX] Un niño de edad de veinte meses encontró en su casa con dos onzas de solimán que su madre había prevenido para hacer un afeite; y, juzgando ser azúcar, se lo comió el niño. Obró luego el veneno, y los accidentes mortales y espumas que arrojaba por la bo- [fol. 28v] ca manifestaron la desgracia. A los lamentos de la madre, entró una mujer llamada Melchora de Alameda que accidentalmente pasaba por la calle, la cual tenía dos cuentas originales. Púsolas en la boca de la criatura que, a vista de todos, volvió el veneno, quedando tan bueno y sin peligro el niño que dentro de una hora andaba jugando por la misma casa.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[CXX] Pedro Pacheco, vecino de Madrid, padeció una apoplejía tan fuerte que por cinco días le privó de todos los sentidos. Tocole con una cuenta original Juan Suárez de Canales sobre el corazón y luego volvió en sí el enfermo, y pudo confesar y recibir todos los Sacramentos.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Soror Luisa de las Llagas, religiosa descalza del convento de Santa clara de la villa de Valdemoro, padeció por espacio de seis una enfermedad de perlesía que la dejó baldada sin poder mover las piernas, y de la cintura arriba temblaba de suerte que no podía comer por su mano. Y otras religiosas la daban de comer y la tenían continuamente porque no se hiriese y maltratase con los temblores. Curábala el doctor Joaquín de Salcedo, médico de aquella villa y, desconfiado de todos los medios científicos [fol. 29r] [CXXI] de su facultad, tocó a la enferma en un brazo con una cuenta original que tenía y cesó en él el temblor; puso la cuenta en el otro brazo y paró el movimiento en la misma forma; tocó luego la cabeza y habló la religiosa. El médico hizo llamar a la abadesa y demás monjas y, siendo todas testigos de aquella maravilla, se levantó la enferma buena y sana; y anduvo con mucha expedición en una profesión muy devota, con que las monjas la llevaron al coro cantando el himno de las gracias al Autor de tan grande maravilla.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[CXXII] [CXXIII] Estos milagros y los demás que en el progreso de muchos años sucedieron, se autorizaron con informaciones auténticas de comisión de los arzobispos de Toledo. Y después, la Universidad de Alcalá hizo junta de los doctores y maestros más insignes en las facultades de teología, jurisprudencia y medicina, los cuales dieron honradísimas y doctas censuras que se presentaron por parte de la orden de san Francisco ante el consejo del cardenal arzobispo de Toledo para que, en su aprobación (según lo dispuesto por el santo Concilio), interpusiese su autoridad.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Compónese aquel consejo de varones muy doctos que los arzobispos de Toledo [fol. 29v] eligen de las mejores universidades de España, sacándolos de las primeras cátedras y colegios mayores para aquel ministerio. Este consejo dio auto de calificación de los milagros referidos y otros de que se hizo información, y mandó se diese traslado auténtico a la religión que está presentado en el proceso original de esta causa de la canonización de soror Juana:&lt;br /&gt;
“En la ciudad de Toledo, a veintiún días del mes de octubre de 1617, los señores del consejo del ilustrísimo cardenal arzobispo de Toledo, mi señor, habiendo visto estas informaciones que tratan en razón de la vida y milagros que Nuestro Señor ha obrado por medio e intercesión de la bienaventurada madre soror Juana de la Cruz y los pareceres y censuras que, con vista de ellas, han dado los doctores y catedráticos de la Universidad de Alcalá de Henares y personas a quien fueron remitidas, dijeron que, en conformidad de las dichas censuras y pareceres, aprobaban y aprobaron las dichas informaciones; de las cuales y de las dichas censuras mandaban y mandaron se dé a la parte de la religión del seráfico padre san Francisco un traslado, dos o más, los que pudiera para el efecto que pretende. A los cuales dijeron que interponían e interpusieron su autoridad y decreto judicial para que valgan y hagan fe en juicio y fuera de él. Y así lo proveyeron y mandaron.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Ante mí, Benito Martínez, secretario.”&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''§. IV'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Volvamos, pues, a proseguir la narración de los empleos y acciones más memorables de la vida de soror Juana.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
La devoción de esta sierva de Dios con las [fol. 30r] [CXXIV] [CXXV] ánimas de Purgatorio fue tan grande que, con fervorosos deseos y continuas penitencias, procuró siempre el alivio y remisión de sus penas; de cuyo rigor y acerbidad estaba muy informada por diferentes éxtasis y visiones en que el Señor la reveló el estado y necesidad de las benditas almas como por la relación que hicieron a soror Juana algunas de ellas, a quienes permitía Dios viniesen a pedir socorro. Y así, no solamente exhortaba a sus monjas a que aplicasen sus buenas obras para satisfacer las penas de las ánimas del Purgatorio, sino que con ternísimo afecto suplicaba a Dios que excusase en ella lo que les restaba de pagar, y que sobre sus hombros cargase el peso de los tormentos y dolores que merecían por sus culpas, y que la diese esfuerzo para subirlas.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[CXXVI] Muy aceptos fueron estos deseos a la Divina Majestad pues, desde entonces, comenzó a sentir vehementísimos dolores y enfermedades; y, muchas veces, con el exceso de lo que sentía daba terribles gritos y quedaba como atónita y fuera de sí.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[CXXVII] Peleaban en su cuerpo extremos contrarios de frío y calor por el tiempo que la divina voluntad quería ejercitarla. Unas veces, en medio del verano, parecía en lo yerto y helado una nieve contra la naturaleza de la [fol. 30v] estación ardiente; y las monjas la cercaban de braseros y estufas que la calentaron. Otras veces, en el rigor del invierno, eran tan crueles los ardores que sentía como si la tuvieran dentro de un horno encendido, y aunque las monjas la ponían lienzos mojados en agua y vinagre, luego se secaban y no le servían de alivio.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[CXXVIII] Sucedió una vez en que soror Juana padecía aquellos incendios internos que pidió a una monja la trujese una cantidad de hielo del estanque de la huerta para tomar con él algún refrigerio. La religiosa, con sinceridad y deseo de agradar a su prelada, la llevó un gran trozo de hielo del estanque que tenía cuatro dedos de grueso. Tomole soror Juana y, por debajo de la túnica, le arrimó al cuerpo; y pidió a la religiosa que de allí a poco tiempo volviese a verla. Pasada media hora, vino la monja, a quien dijo la sierva de Dios: “Hija mía, llevaos el hielo que trujisteis no sepan las religiosas lo que habemos hecho que, como ignoran mi necesidad, lo tendrán a exceso y desorden”. La monja buscó el hielo y solamente halló un paño en que le envolvió al tiempo de aplicársele al cuerpo sin señal de humedad, y la sierva de Dios satisfizo a la admiración de la monja diciendo que, con el gran fuego que padecía [fol. 31r], se había derretido el hielo en un punto y lo mismo aconteciera con todos los hielos del estanque si se los aplicaran.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[CXXIX] [CXXX] No se cifraba su padecer en solos los fríos e incendios que sentía porque, en todas sus coyunturas, padecía dolores gravísimos que la tenían gafa y tullida sin poderse mover en la cama ni comer si no es por manos ajenas. Otras veces tenía los dolores en la cabeza, que duraban ocho días y más, y estos la afligían de suerte que, en todo este tiempo, no comía, tomando solamente unos tragos de agua con que se sustentaba sobrenaturalmente.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[CXXXI] El refrigerio mayor con que aliviaba estos dolores era leer alguna religiosa la Pasión de Cristo, Señor Nuestro, a cuyo ejemplo se alentaba con nuevos deseos de padecer mucho más por los prójimos, viendo lo que padeció nuestro Dios por redimirnos del pecado. Y como en la bondad divina es tan propio seguirse a la herida el remedio, y a la aflicción el consuelo, sacando los justos de sus trabajos la crecida usura de ciento por uno. En aquellos martirios y dolores que padeció soror Juana, consiguió grandes sabores y medras para el alma pues ''[13]'', ordinariamente, su padecer se remataba en un éxtasis profundísimo y su rostro entonces parecía [fol. 31v] de ángel más que de criatura humana. Cuando volvía en sus sentidos, protestaba padecer de nuevo por el descanso de las ánimas de Purgatorio.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[CXXXII] [CXXXIII] [CXXXIV] Por revelación de su ángel custodio entendió la sierva de Dios que para mitigar alguna parte de aquellos ardores que la afligían el invierno sería remedio un guijarro frío arrimado a las carnes; y al contrario, caliente y envuelto en un paño, cuando sintiese helado y encogido el cuerpo en el verano. Usó de este remedio y, una vez que pidió un guijarro caliente contra el gran frío que la atormentaba, la trujeron uno que había estado mucho tiempo a la entrada de una cueva del convento y como se le aplicase al cuerpo oyó unos gemidos y voces lastimosas que la pedían socorro y advirtió que salían del guijarro; y conociendo ser algún espíritu, le exhortó de parte de Dios la dijese quién era y qué quería. La voz dijo ser el alma de un hombre pecador que había partido de este mundo sin haber satisfecho enteramente a la justifica divina por sus culpas, y así tenía asignado su Purgatorio en aquella piedra que, desde la orilla del río Tajo, fue traída con otras para la obra del convento; y que la rogaba le ayudase con sus oraciones y le aplicase algunos dolores de los que padecía pa- [fol. 32r] ra poder salir de aquella cárcel en que había mucho tiempo estaba detenido. La virtuosa virgen, encendida en caridad, prometió hacer y padecer por aquella alma.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[CXXXV] Comunicó luego con su ángel custodio lo que había sucedido, y que ignoraba hubiese otros lugares asignados para purgar las almas. Enseñola el ángel que, aunque era verdad, había un lugar común y ordinario donde las ánimas de los difuntos pagan las deudas de sus culpas. Dispensa Dios a veces con algunos cuyos pecados fueron muy graves y les da el Purgatorio en piedras, hielos o ríos, o en el mismo lugar donde cometieron la culpa según es su voluntad. Dijo también el ángel a la sierva de Dios cómo a la Majestad divina le era agradable que soror Juana fuese refugio y hospital de las ánimas del Purgatorio, y que por esta causa tendría muchos junto a sí. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[CXXXVI] Desde entonces, permitió la divina providencia que muchas ánimas se le apareciesen implorando su socorro, y otras la hablasen desde los guijarros fríos o calientes que se ponía. Y en diversas ocasiones que las religiosas la llevaban al coro en una silla porque los dolores la tenían tullida y sin poder mover, la cual ponían en el lugar que deben tener las preladas, después de compo- [fol. 32v] [CXXXVII] nerla la ropa, pretendían desviarla los guijarros que traía pegados y asidos a las coyunturas y, aunque tiraban de ellos con mucha fuerza, de ninguna manera se los podían quitar y la sierva de Dios decía: “Dejadlos estar, hijas, donde Dios les dio licencia que estuviesen, y no trabajéis en quitarlos que será por demás vuestro cuidado hasta que yo padezca lo que tiene dispuesto la divina voluntad”. De esta maravilla fueron testigos todas las monjas de aquel convento.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[CXXXVIII] En los coloquios que tenía soror Juana con su ángel, le preguntó si sería petición indiscreta suplicar a Dios que las ánimas que venían a valerse de su socorro tuviesen el Purgatorio en las hierbas y flores que las monjas ponían en su celda en unas jarras y ramilleteros, pareciéndole con sinceridad que con la mudanza del lugar se les mitigarías las penas. Respondiola el ángel que el Purgatorio no se mitigaba por mudar lugar, sino con los sufragios y oraciones y demás obras satisfactorias que pueden hacer los vivos por los difuntos pero que, si ella pretendía conseguir aquel consuelo, hiciese oración a la soberana Majestad de nuestro Dios, que era el mejor medio para alcanzar la gracia que pedía. Hízolo así la devota virgen, y la infinita piedad de nuestro Redentor la conce- [fol. 33r] [CXXXIX] [CXL] dió que las ánimas que enviaba a pedirla socorro tuviesen su asiento en las hierbas y flores que la ponían en su celda para que, tiniéndolas presentes, se alentase a padecer más trabajos y dolores por ellas. Desde aquel tiempo tuvo cuidado en pedir a las religiosas la trujesen hierbas y flores de la huerta, y se las pusiesen en los ramilleteros y jarras con color de que con ellas se divertía y alegraba, callando el misterio que en ello había. Estaba un día de verano soror Juana reclinada en su pobre camilla, cercada de las flores y albahacas que la traían para su consuelo, aunque muy debilitada en las fuerzas corporales; y con voz sonora y alentada, entonó el himno ''Magnificat'' de suerte que se oyó en el convento. Las monjas, admiradas de la novedad del canto, acudieron a la celda y, por las quiebras y resquicios de la puerta, acecharon lo que hacía su abadesa. En esta curiosidad estaban y en grande silencio para no ser sentidas cuando, diciendo soror Juana el verso ''Gloria Patri'', todos los ramilleteros se inclinaron profundamente hasta tocar las hierbas y flores en la tierra; y en acabando el verso, se restituyeron a su estado primero. Las monjas, a vista de un milagro tan grande, entraron de tropel en la celda y, bañadas en lágrimas de devoción y [fol. 33v] alegría, la dijeron que no podría negarles con el disimulo de hierbas y flores el misterio que encerraban aquellas profundas inclinaciones que hicieron al cantar el verso del ''Gloria Patri''. Respondiolas soror Juana que, pues Dios había permitido viesen aquella maravilla, sería para su mayor edificación y encenderlas en la devoción de las ánimas de Purgatorio, muchas de las cuales estaban en aquellas flores alabando en su compañía a su Redentor hasta que, purificadas con las penas de daño y de sentido que padecían (en que procuraba ayudarlas, aplicándolas sus oraciones, dolores y tormentos), subiesen a gozarle eternamente.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[CXLI] Admiradas las religiosas de lo que obraba Dios por los méritos de su sierva, y para confirmarse en la fe y devoción que tenían de lo que obran los sufragios en beneficio de los difuntos fieles y de la reverencia que tienen todas las criaturas celestes, terrestres e infernales al inefable nombre de Dios trino y uno, pidieron con muchas lágrimas a su virtuosa madre volviese a cantar el verso mismo; y, aunque rehusó el hacerlo, vencida de los ruegos importunos de sus hijas entonó delante de todas el verso de ''Gloria Patri''. Apenas había empezado la primera palabra cuando las albahacas y flores se inclinaron [fol. 34r] otra vez hasta tocar con sus puntas a la tierra, perseverando en aquella forma hasta que soror Juana acabó de cantar enteramente todo el verso, volviéndose a poner después como estaban antes. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[CXLII] Las religiosas dieron, en compañía de su madre abadesa, repetidas gracias al Autor de la naturaleza que las había favorecido con aquel milagro. Y su devoción con las ánimas creció mucho, y en adelante tenían gran cuidado de renovar las hierbas y flores, y las que quitaban las guardaban como por reliquias; y en ellas se hallaba tanta fragancia y olor tan suave, aunque marchitas y lacias, que excedía con grandes ventajas a las flores y hierbas frescas que ponían de nuevo en los ramilleteros. Esto también despertó la curiosidad de las monjas para preguntar a soror Juana de qué procedía aquel olor. Respondiolas que era un rastro que dejaban en aquellas flores de su asistencia los ángeles custodios de las ánimas que allí habían estado, a las cuales consolaban y visitaban con frecuencia sin desampararlas hasta haberlas puesto en la presencia de Dios. Y como uno de los tormentos que padecen en el Infierno los condenados consiste en el mal olor, así uno de los dotes de que se adornan los espíritus gloriosos es el de los olores fragantes [fol. 34v] [CXLIII] y excelentes de que gozan y que exhalan; lo cual se prueba bien con el don y privilegio que se experimenta en muchos cuerpos de santos, pues la hediondez y corrupción a que estaban sujetos por la condición de su propia naturaleza se truecan en suavísimos y celestiales olores como en señal de los que han de gozar desde el día de la resurrección general.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[CXLIV] No fuera esta sierva de Dios tan perfecta y virtuosa si no se hubiese valido de la intercesión de la Virgen santísima, Nuestra Señora, a quien rindió siempre su corazón con devoción profunda y entrañable reconociendo que, como ventana del impireo, por ella ha de salir la luz con que Dios alumbra el mundo y, como escala celeste, por ella baja Dios a la Tierra y para que por ella merezcan subir los hombres al Cielo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[CXLV] El objeto que tenía soror Juana para ejercitar su devoción era una imagen en que representaba cuando María santísima en su tránsito glorioso subió a los Cielos; delante de esta imagen hacía sus ejercicios de devoción y en su presencia levantaba la consideración a venerar y contemplar la Reina de las jerarquías angélicas que se sienta la diestra del Altísimo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
La imagen era de escultura poco primo- [fol. 35r] [CXLVI] rosa según la ignorancia que en el tiempo en que se hizo (al parecer era antiquísima) había en España de arte tan excelente y aún en la Italia. Habían padecido un naufragio no solo las artes, sino aún las ciencias desde la caída del Imperio Romano hasta que los pontífices sumos restituyeron la sabiduría al universo, desterrando la ignorancia y barbaridad de que llenaron el Orbe cristiano las incultas naciones del septentrión. Todos los siglos venideros deben reconocer a los sucesores de san Pedro por autores de tanto beneficio, entre los cuales se erigió un monumento de eterna alabanza León X, de feliz memoria, en cuyo feliz pontificado florecieron las ciencias y artes con el rocío de su liberalidad y magnificencia.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
La pintura, escultura y arquitectura subieron en su tiempo a la cumbre de la perfección y, desde entonces, estas artes campean con excelencia en beneficio de todo el género humano; y con ellas se ilustran los mayores templos, los palacios magníficos y las más ilustres ciudades de Europa. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[CXLVII] La imagen de la Asunción que veneraba sor Juana era el más precioso tesoro que tenían las monjas de su convento por los muchos milagros que en su presencia había Dios obrado. Y la sacaban en procesión [fol. 35v] [CXLVIII] [CXLIX] a nueve de marzo, que fue el día de aparecimiento de la Virgen santísima a la pastora Inés, por los campos circunvecinos hasta el lugar de Cubas. Sentían las monjas que esta imagen fuese de suma perfección, pues representaba a la criatura más perfecta y hermosa que ha tenido la naturaleza fuera de la humanidad de Cristo, Señor Nuestro. Y es tradición que en un éxtasis se apareció Cristo, Señor Nuestro, a su sierva Juana y, habiendo echado su bendición a la imagen, la tocó en el rostro, con que sus facciones quedaron mejores en la forma que hoy se venera. Y en los tiempos de carestía y falta de aguas, acuden los pueblos comarcanos al templo de Santa María de la Cruz y, las más veces, se ha visto que, llevando en devota rogativa y procesión la imagen santa, se deshace el cielo en lluvias y la tierra acude con abundantes frutos.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[CL] No se olvidaba la providencia divina de autorizar la virtud de su sierva por este tiempo para que el mundo la tuviese en veneración. Sucedió llegar al convento un hombre con su mujer que, con devoción, iban a visitar a soror Juana y llevaban consigo una niña a quien sobrevino repentinamente un accidente mortal de que espiró en breve tiempo. Los padres, con gemidos y lágrimas, ma- [fol. 36r] [CLI] nifestaban su dolor y, acordándose de los remedios del Cielo, acudieron a soror Juana pidiéndola pusiese las manos sobre el cadáver de la niña porque confiaban que por su intercesión había Dios de darla nueva vida, y aunque ella se escusaba con su natural modestia, diciendo que sus oraciones no podían merecer efecto tan prodigioso; pero la instancia y porfía de los circunstantes y los ruegos de los padres la apretaron tanto que, más por darles aquel consuelo que por afectar santidad y méritos, tomó la criatura en sus brazos llena de fe e hizo oración al Autor de la vida para que se la diese a la niña difunta, sobre la cual hizo la señal de la cruz y puso un crucifijo que traía consigo y, en el mismo instante, volvió la niña como el que dispierta de un profundo sueño. Y en brevísimo tiempo se la restituyó a sus padres sana y buena, con que la alegría y pasmo de más de ochenta personas que se hallaron presentes manifestaron bien la grandeza del milagro. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El vicario del convento, herido de mal rabioso por haberle maltratado y llenado de espumas un carnero que se entró en el convento arrebatadamente y por tener el mismo mal, habiéndose dispuesto para morir, desahuciado ya de los médicos, pidió a las mon- [fol. 36v] jas que dispusiesen cómo soror Juana le echase la bendición a su comida. Las religiosas significaron a la piadosa abadesa el estado de la enfermedad de su confesor y el consuelo que recibiría con que le bendijese la comida. Obedeciendo luego con buena voluntad y sobre la comida del enfermo, hizo la señal de la cruz y, luego que la comió, mejoró de suerte que brevísimamente quedó libre el religioso de aquel mal pestilente.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[CLII] No permite la brevedad con que referimos lo más memorable de la vida de soror Juana. Decir por menor los milagros que obró Dios con las monjas por intercesión de su sierva y con otras personas que la tomaron por su abogada, hallándose en acontecimientos muy peligrosos. A una religiosa se le saltó un ojo de un vehemente dolor de cabeza y, tomándole la sierva de Dios en la mano, se le puso en la misma concavidad de donde había faltado e, instantemente, quedó sin el dolor de cabeza y con la vista restituida y clara.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
A este tiempo abrasaban el reino de Castilla las guerras civiles que ocasionó la plebe, desenfrenada con la ausencia del emperador Carlos V. Conocidas tanto con el nombre de comunidades, entendió soror Juana por revelación que los comuneros de la vi- [fol. 37r] [CLIII] [CLIV] lla de Torrejón querían robar y destruir su convento. Juntó luego todas las religiosas y las dijo el peligro en que estaban y que el remedio era la oración. Fuéronse al coro, donde imploraron el auxilio divino y, cuando más fervorosas solicitaban su defensa del Dios de los ejércitos, el capitán de los rebeldes y comuneros llegaba con su gente a las puertas del convento; pero en ellas y sobre las paredes vieron los rebeldes tantos hombres armados y dispuestos para la defensa que creyeron ser prevenidos de algunas tropas del emperador con que, amedrentados, se retiraron apresuradamente. Sabido el suceso, creyeron piadosamente las monjas que sus ángeles custodios las habían defendido.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''§. V'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[14]''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[CLV] En dos clases se dividen los enemigos de los justos y amigos de Dios: pues unos son interiores, que consisten en dolores, enfermedades y pasiones del cuerpo y alma; otros externos y de mayor perjuicio, y estos son los demonios y los hombres cuya persecución obra en el bueno lo que el buril en el bronce, con lo mismo que le quita le ilustra y deja resplandeciente. Ya se ha vis- [fol. 37v] to los enemigos interiores que maltrataron con tan intensos dolores y continuadas enfermedades a esta sierva de Dios. Ahora veremos lo que obraron contra ella los enemigos exteriores de quien toda su vida fue maltratada. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Avergonzados los demonios que una virgen de tan débiles fuerzas los venciese en las luchas ocultas de las tentaciones, convirtieron su odio contra el cuerpo delicado, permitiéndolo así Dios para prueba y recomendación de su paciencia. Unas veces, aquellos ministros infernales, la arrastraban; otras la daban pesadísimos golpes y tan crueles azotes que las señales de algunos le duraban por todo un año. Oíase en toda la casa el ruido que hacían aquellos verdugos y las monjas, conociendo el trabajo con que se hallaba su madre, la ayudaban con oraciones.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[CLVI] Las persecuciones de los hombres tuvieron principio en las mismas religiosas del convento, pues la vicaria y otras religiosas que se conspiraron decían que no se observaba la regla de su patriarca san Francisco; que ya faltaba una de las piedras fundamentales de su religión cuando poseían las rentas del beneficio de la villa de Cubas que les había aplicado el cardenal arzobispo de Toledo don fray Francisco Jiménez, siendo [fol. 38r] [CLVII] [CLVIII] [CLIX] incapaces de poseerlas; que mejor les estaba pender de la limosna y caridad de los fieles en que se debían vincular sus riquezas; además, que el beneficio por tener cargo de almas estaba mal servido y se conocía la ambición de su abadesa en adquirirle, pues el primero sacerdote que fue nombrado en él, por el sumo pontífice y antes por el arzobispo, era su hermano. Y, aunque la súplica del breve se hizo en nombre de todo el convento, contenía siniestra relación y, para conseguirla, se había gastado muchos ducados. Era cura del beneficio de Cubas un hermano de soror Juana, a quien nombró el arzobispo Jiménez y aprobó su consejo. Esto escribieron la vicaria y monjas conspiradas al provincial, encareciendo los excesos de su abadesa; y que en acudir a negocios y de sus parientes consumía la mayor parte de las limosnas del convento. Con estas falsedades y otras imposturas de menor consideración, obligaron al provincial a que fuese a proceder contra la inocente prelada, a quien hizo cargo de lo que decían la vicaria y sus secuaces. Pero la mansísima virgen no respondió cosa alguna en su defensa, solamente presentó con sinceridad el breve que había obtenido declarando que en la solicitud de su despacho había gastado solos siete ducados, y suplicó [fol. 38v] [CLX] [CLXI] [CLXII] al provincial la perdonase si por ignorancia o buen celo había delinquido, y que estaba pronta a dejar el oficio y recibir la penitencia que se le impusiese. Las monjas que formaban la mejor parte de aquella comunidad se deshacían en lágrimas viendo prevalecer la malicia e invidia contra la inocencia y humildad, reconociendo el provincial no buscaba la satisfacción de los cargos que se hacían a la sierva de Dios, sino pretextos para condenarla. Y sin atención a la honra de soror Juana y al escándalo que causaría en cuantos la tenían por virtuosísima en todos los reinos de Castilla (donde la fama de sus acciones y maravillas se había entendido y acreditado notablemente) y como si las culpas lo merecieran, la privó del oficio de abadesa, nombrando por presidente del convento a la misma vicaria, autora de la persecución.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[CLXIII] Bien descubrió aquel provincial en tan injusta y precipitada acción que Dios le había quitado el conocimiento de la razón y de la justicia, permitiendo fuese instrumento de mortificación contra soror Juana que, con su silencio y paciencia, desde la cátedra de la camilla en que la tenían encarcelada sus dolores, enseñaba a todas sus hijas la ciencia sobrenatural con que los justos saben tolerar las persecuciones del siglo. Y las mon- [fol. 39r] jas se quejaban en su presencia de la común desgracia que habían padecido y del escándalo que se había ocasionado. Las consolaba y pretendía persuadir que el provincial había procedido justificadamente por carecer ella de méritos y fuerzas para ejercer el oficio de prelada, y que por sus culpas merecía mayor castigo y represión. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[CLXIV] No hay espectáculo en la tierra que más agradable sea a los ojos de Dios que un varón virtuoso, haciendo rostro a los trabajos y persecuciones sin dejarse vencer ni quebrantar de ellas. Así lo escribió una pluma gentil hablando de Catón Vicente, como si fuera pluma cristiana y Catón fuera alguno de los héroes que con mejor constancia se pusieron en la cruz de Cristo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Cuando santa Isabel de Hungría fue expelida de su palacio por sus criados la misma noche en que murió Filipo Langravió, su marido, se recogió en un establo la santa viuda y pasó la noche sin dormir, haciendo oración por aquellos que la habían arrojado de su propia casa. Apareciose Cristo, Señor Nuestro, visiblemente y la dijo que más se había agradado de la oración de aquella noche que de cuantas había hecho la santa en toda su vida. Mejor parecía soror Juana a los ojos de Dios sufriendo por su amor en aquella cama [fol. 39v] trabajos y afrentas que cuando, arrebataba en espíritu, gozaba de sus regalos y coloquios; y más acepta le sería la oración que allí hacía por la vicaria y monjas, que la habían perseguido, y por el provincial, que la despojó del oficio, que todas las demás oraciones en que se había ocupado por el discurso de su vida; pues orar por los ingratos y que nos persiguen y calumnian es perfección que se halla solamente en los adornados de virtudes sólidas y en los muy favorecidos de Dios.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[CLXV] No se descubriera tanto en soror Juana la inocencia de Abel sino tuviera Caín que la persiguiera, ni hubiera dado tan copiosos frutos de virtudes si las aguas de los trabajos y perfecciones no la hubieran bañado en vez de abnegarla y destruirla. Su caridad, que antes alumbraba y calentaba, brotó llamaradas y rayos de fuego, procurando amar, honrar y reverenciar con todo el afecto de su alma a la que con tanto afecto de ambición e invidia la había perseguido.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Las monjas, reconociendo la injusticia con que se había procedido en la deposición de su abadesa, obedecían impacientísimamente en los preceptos de la nueva prelada y la miraban como a causa del escándalo y ruina que había causado, dentro y fuera del conven- [fol. 40r] to, la acción del provincial. Pero la sierva de Dios, con exhortaciones continuas, obligó a las monjas a que obedeciesen a su prelada y, con su ejemplo, sosegaron sus ánimos.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[CLXVI] [CLXVII] [CLXVIII] No pasaron muchos días cuando una enfermedad muy aguda hirió mortalmente a la abadesa, que luego juzgó era castigada de la mano de Dios. Y así pidió a las monjas la llevasen a la celda de soror Juana y, arrodillada a sus pies con muchas lágrimas y demostraciones de contrición, la pidió perdón de las ofensas que la había hecho y confesó su culpa públicamente. La virtuosa Juana, aunque impedida, se quiso arrojar de la camilla para recibir a su hermana en los brazos y, con amorosas entrañas, la aseguró que antes ella era deudora de muchos beneficios, y que sentía su enfermedad como propia y de su parte rogaría a la Majestad de Dios por su salud y consuelo espiritual. La enfermedad fue en aumento y los médicos desconfiaron de su vida, con que recibió la monja los Sacramentos y pidió a todas las religiosas que, si ella faltaba, volviesen a elegir por su prelada y abadesa a soror Juana, la cual, con noticia del estado y peligro de la enfermedad, fue a visitarla (llevada de las monjas en la silla) a la abadesa a quien consoló y acarició mucho. Re- [fol. 40v] cibió la enferma grande consuelo con los halagos y caricias de la sierva de Dios y, con los consejos que la dio para prevenirse en la jornada que la estaba aguardando, con esto entendió la monja con seguridad que se moría y, precediendo muchos actos de contrición y otras señales de predestinación, dio su espíritu al Criador.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[CLXIX] Otras persecuciones la afligieron en el discurso de su vida, que las más de ellas se fundaban en pretender algunas personas poco afectas a la sierva de Dios desacreditar su virtud, poniendo mala voz en sus éxtasis, en sus milagros y en sus sermones. Pero de todo salió vencedora al paso que no se resistía ni safistacía a las calumnias que la imputaban.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[CLXX] En este estado, las visitas de su ángel custodio y los consuelos que de él recibía eran más frecuentes, prevenciones todas para el fin de su vida que se acercaba; pues el mismo ángel le previno de cómo ya llegaba al tiempo de salir de aquella cárcel de dolores y, en un rapto que tuvo cuatro días antes de su muerte, la aseguró el ángel que ya estaba dada la sentencia. Y ella lo dijo al médico para que no se cansase en aplicar remedios. Y así lo hizo, publicando entre las religiosas que su madre se les moría. Acudieron todas a la celda con sollozos y lágrimas [fol. 41r], pero soror Juana las consoló diciendo que sería señal de quererla y estimarla el desear que Dios la sacase de esta miserable vida como fuese para gozarle en la eterna; y que así todas la ayudasen con oraciones para que el enemigo común no la persiguiese en aquel trance.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
La muerte de los justos corresponde a la vida. Del rico avariento no refiere el Evangelio cómo muriese, ni da más señas de su fin que haber sido sepultado en los Infiernos. Pareció superfluo al Evangelista referir la forma en que acabó sus días aquel precito, habiendo dicho la forma en que había vivido entre deleites y pasatiempos.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[CLXXI] La vida de soror Juana fue regulada con un orden y serie de virtudes admirables. Toda ella pacífica, toda tranquila, pero en estos últimos días temió y tembló de la justicia divina y, aunque había logrado el tiempo, le pareció entonces haberle desaprovechado. Y como puesta en un campo de batalla, unas veces se acusaba, otras pedía favor, otras apelaba del tribunal de la justicia para el de la misericordia y en este conflicto, manifestaba con las angustias agonías y trasudores que padecía su alma y cuerpo que se hallaba en el último combate. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Las religiosas, en el día antes de su muer- [fol. 41v] te, pensando que ya espiraba, llorando su pérdida, la besaron la mano; y la sierva de Dios les echó su bendición.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[CLXXII] Poco después se mesuró y compuso en la cama. Y aquel rostro desfigurado con las continuas penitencias y prolija enfermedad se puso resplandeciente y hermoso, y como solía tenerle en la flor de su juventud o cuando estaba elevaba en los éxtasis. Extendiéndose luego por la celda un olor suavísimo, y el médico advirtió que procedía de su aliento y que ya Dios daba premisas de la gloria que había de gozar aquel cuerpo. Con la enfermedad y corrupción de los humores, se le había corrompido el aliento a la sierva de Dios de suerte que, con dificultad, se podía tolerar la molestia que causaba en acercándosele con demasía. Deseosos los circunstantes de experimentar lo que el médico decía, llegaron todos a recibir el aliento de la boca de aquella virgen y le hallaron tan suave y oloroso que los cortaba y sacaba fuera de sí, y les pareció que ninguno de los aromas orientales podía igualarle.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[CLXXIII] Amaneció otro día, 3 de mayo, en que celebra la Iglesia la invención de la santa cruz, dichoso siempre para soror Juana por las felicidades que en él la acontecieron. Y reconociose de los continuos éxtasis y con- [fol. 42r] [CLXXIV] [CLXXV] versaciones exteriores con Dios, en quien tenía empleadas y embebidas todas las potencias sin atender a cosa externa, que como fue aquel día el primero de su vida también había de ser el último. Las monjas que la asistían con los confesores del convento creyeron piadosamente, oyendo las razones que decía ya llamando ya despidiendo los espíritus celestes con quien al parecer hablaba, que había merecido ser visitada de Cristo, Señor Nuestro, de la Virgen santísima y de muchos ángeles y santos, cuyos nombres repetía soror Juana como si los conociese por los favores que de ellos recibía entonces; hasta que a las seis de la tarde, cercada su cama de las religiosas al tiempo de leer su confesor la Pasión de Cristo y su muerte soberana, soror Juana dio su alma al Redentor del mundo en el año de 1534, a los cincuenta y tres de su edad y los cuarenta de su entrada en la religión.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[CLXXVI] Su rostro quedó hermosísimo y no pálido como el de los otros difuntos, sino blanco y encarnado. Y la boca con un ademán muy gracioso y como de quien se ríe. Los ojos no quebrados, sino resplandecientes y sin turbarse la viveza de luces. El cuerpo despedía de sí maravilloso y suave olor; y llenó [fol. 42v] [CLXXVII] de suerte la celda y todas las cosas que en ella estaban y a las monjas que la visitaron que por algunos días les duró la fragancia. Después de vestido y compuesto el cadáver, le llevaron al coro bajo, y las monjas y religiosos le hicieron su funeral en la forma que dispone el ceremonial y usos piadosos de la religión franciscana. Fenecidas las obsequias, dejaron allí el cuerpo asistido de todas las religiosas que no querían apartarse de él y, aunque pensaron darle sepoltura en el día siguiente, fue preciso dilatarlo por la infinidad de gentes que concurrieron a ver el cadáver de la sierva de Dios. Y muchas personas tituladas y de gran suposición en la corte despacharon correos al monasterio, pidiendo encarecidamente a las monjas no sepultasen a soror Juana hasta que pudiesen verla y satisfacer su devoción. Por esta causa, estuvo el cuerpo cinco días sin sepultar, arrojando de sí suavísimo olor, y cuantos llegaban al templo luego le sentían y reconocían admirados ser aquella fragancia sobrenatural.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[CLXXVIII] El concurso de gentes creció tanto que, no siendo capaz el templo para comprenderle, todos aquellos campos estaban cubiertos de hombres y mujeres de diferentes estados y calidades deseando ver el cuerpo [fol. 43r] [CLXXIX] de la sierva de Dios. Y así los religiosos y confesores del convento resolvieron satisfacer a la común devoción de aquellas gentes: sacaron el cuerpo fuera del convento y le pusieron a vista de la muchedumbre que, con lágrimas y clamores, se encomendaba en las oraciones e intercesión de soror Juana, juzgándose por dichoso el que podía besar su hábito y tocar sus rosarios al cuerpo. Las religiosas, temiendo no le despedazasen por llevarse las reliquias, le volvieron (aunque con dificultad) a poner en el coro bajo dentro de la clausura para que fuese visto de todos y de ninguno tocado.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
También en esta ocasión acreditó Dios a su sierva dando salud a muchas personas mediante su devoción y contacto de aquel cuerpo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[CLXXX] Una religiosa no podía mover una pierna y en el pecho se le hizo un bulto grande, todo ocasionado de una caída. Sentíase muy fatigada de dolor y acudió a la celda de soror Juana cuando la estaban amortajando y, con devoción, se puso la túnica interior con que había expirado sobre la pierna y sobre el pecho e, inmediatamente, se le quitó el dolor y resolvió la hinchazón, con que pudo andar quedando buena y sin lesión.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Una señora de título envió un mensaje- [fol. 43v] ro desde la ciudad de Toledo a saber si era cierta la muerta de la sierva de Dios porque deseaba verla antes que la sepultasen. A este hombre le sobrevino un dolor de muelas que no le dejaba comer ni dormir y llegó al convento cuando sacaban del cuerpo a la campaña; y procuró mezclarse entre la turba y besar el hábito, confiando en los méritos de la sierva de Dios que se le había de quitar la pasión molesta que padecía. Luego que tocó el escapulario con los labios se halló bueno, publicando a todos el beneficio que había recibido.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Otro hombre tullido de Torrejón de Velasco se hizo llevar adonde estaba el cuerpo y, habiéndole tocado y besado, dejó las muletas y quedó tan suelto y alentado como si en ningún tiempo hubiera tenido tan grande impedimento.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[CLXXXI] En un convento de monjas de la Concepción de la ciudad de Almería vivía entonces una religiosa llamada María de San Juan, muy parecida a soror Juana en las virtudes y en la gracia de raptos y revelaciones con que Dios la regalaba. Y aunque no se habían visto, eran muy amigas y se correspondían y comunicaban en espíritu. Esta María de San Juan refirió después a unos prelados de su orden que soror Juana se le había aparecido [fol. 44r] [CLXXXII] cuatro días después de su tránsito. Se apareció a la amiga, cercada de resplandor, y la dijo cómo había cuatro días que había salido de este mundo y que, por haber tenido en él su Purgatorio, la misericordia de Dios era tan grande que la tenía en la bienaventuranza. Esta revelación, por haberla referido persona tan virtuosa y a personas de tanta autoridad, fue bien recibida de los devotos de soror Juana. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[CLXXXIII] Después de los cinco días que estuvo el cuerpo sin enterrar para que le pudiesen ver las innumerables gentes que concurrieron de las ciudades y pueblos circunvecinos, abrieron las religiosas una sepultura en el coro bajo, junto a cratícula de la comunión. Sin encerrar el cadáver en caja o ataúd, vestido con su hábito, le entregaron a la tierra, cubriéndole con ella y con mucha cal y agua que le echaron encima, obrando en esto con desalumbramiento pues, sin afectar desprecio de estimación o vanagloria, pudieran contentarse con la tierra sola y no pasar a extremo tan desproporcionado.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[CLXXXIV] Así estuvo sepultado siete años debajo de tierra sin acordarse las religiosas de descubrirle ni sacarle para ver cómo estaba. Hasta que una niña de seis años, hija de los condes de la Puebla, estando jugando en el [fol. 44v] [CLXXXV] coro, comenzó a excavar con los dedos y a sacar tierra de la sepultura donde yacía soror Juana. Preguntaron las monjas a la niña para qué quería la tierra y las respondió que aquella tierra olía muy bien. Repararon las monjas en lo que decía la niña y, con la experiencia, conocieron ser verdad que la tierra exhalaba un olor suavísimo, con que fácilmente pudieron conocer la causa de aquel efecto milagroso; y, convocada toda la comunidad, resolvieron descubrir el cuerpo, el cual hallaron fresco, entero y hermoso, y como estaba el mismo día en que le sepultaron (hasta el hábito y tocas habían conservado su color y limpieza). No puede explicarse con bastantes hipérboles cuál fue el alegría y consuelo de las monjas. Vistiéronla otro hábito y otras tocas, repartiendo las que antes tenía entre todos los devotos, y el cuerpo le pusieron en una caja debajo del altar del coro alto.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[CLXXXVI] Allí estuvo otros catorce años, conservando su frescura y hermosura sobrenaturalmente, hasta que doña Isabel de Mendoza, señora de la villa de Casarubios, y otras personas graves hicieron infancia para que el cuerpo se mudase a lugar más acomodado, donde las religiosas y el pueblo le pudiesen tener a la vista. Y para este efecto se [fol. 45r] [CLXXXVII] fabricó un arco en la capilla mayor de la iglesia, al lado del Evangelio, que correspondía el vacío al claustro del convento y con dos rejas; y en parte eminente, se dispuso un lugar acomodado para colocar una arca dorada que hizo a su costa aquella señora doña Isabel de Mendoza. Y vistiendo el cuerpo con un hábito de damasco pardo, le trasladaron al nuevo sepulcro con tanto concurso y devoción de los pueblos como merecía su buena memoria.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[CLXXXVIII] Desde esta ocasión, no consta se manifestase el cuerpo a ninguna persona hasta que, en el año de 1600, don fray Francisco de Sosa, que después fue obispo de Osma, siendo ministro general de la orden de san Francisco, visitó el convento en compañía de don fray Pedro González de Mendoza. Y deseando saber el estado que tenía el cuerpo de soror Juana, a instancia de las monjas, hizo bajar el arca; y le hallaron fresco y entero (fuera del rostro que estaba algo seco, pero las facciones muy perfectas), el hábito de damasco pardo y las tocas olorosísimas y fragantes por la comunicación y contacto del cadáver. Y causó admiración que, sin haberle divulgado la intención de los prelados, pues cuando entraron en el con- [fol. 45v] [CLXXXIX] [CXC] [CXCI] vento no la tenían de descubrir el cuerpo, concurrió tanta gente a la iglesia como si mucho tiempo antes se hubiera premeditado esta manifestación, en la cual sucedieron dos cosas bien singulares. La primera fue que, habiendo repartido el ministro general las tocas blancas entre los circunstantes, pidió un velo la madre reformadora que tanto le había deseado y en fin se le puso con sus manos el prelado superior de toda la orden. La segunda que, deseando el ministro general llevar consigo alguna parte del cuerpo de soror Juana, pretendió quitar el dedo menor de un pie y, con la fuerza que hizo para arrancarle, le sacó con todo un nervio fresco y ensangrentando después de sesenta y seis años de su fallecimiento. Caso notable y digno de admiración. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Después de este suceso se ha mostrado el cuerpo en diversas ocasiones de orden de los prelados superiores o por haber ido a visitar- [fol. 46r] [CXCII] [CXCIII] le los reyes de España, sus mujeres, principies e infantes; y con las ofrendas y limosnas que hacían los devotos se hizo un arca de plata riquísima donde le trasladaron y hoy permanece en el mismo arco y lugar eminente cercado de los votos y lámparas que con frecuencia ofrece la devoción de muchas personas beneficiadas en sus enfermedades y peligros, a su parecer, por la intercesión y méritos de esta sierva de Dios; y en esta posesión ha estado soror Juana a vista del celo de la santa y general Inquisición de España, y los arzobispos de Toledo y de los prelados de su religión, creciendo cada día más el crédito de su virtud con los milagrosos que se han experimentado en sus aficionados y devotos; y, aunque luego que murió se atendió poco a escribir y observar otros muchos que acontecieron por el natural desprecio y olvido con que se miran semejantes cosas, después ha permitido Dios que haya mayor atención en observar las maravillas de sus milagros de los cuales referiremos algunos.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En el año de 1612, un provincial mostró al pueblo el cuerpo de soror Juana ,y habiendo ido desde la villa de Torrejón de Velasco doña Agustina Romana para verle, llegó tarde y quedó muy des- [fol. 47v] [CXCIV] [CXCV] consolada. Las monjas, por satisfacer en parte su devoción, le dieron un poco del velo de la sierva de Dios. Dentro de breves días esta doña Agustina cegó de una enfermedad en los ojos y, acordándose de la reliquia que la dieron las monjas, se la puso sobre los ojos y luego quedó sana y vio perfectamente.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[CXCVI] [CXCVII] El doctor Francisco González de Sepúlveda, médico de la Inquisición general en Madrid, padeció una dolencia mortal y, con devoción y fe, se encomendó a la intercesión de soror Juana, pidiendo su socorro. En la noche siguiente, le apareció la sierva de Dios y le aseguró que sanaría de la enfermedad, y así sucedió.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[CXCVIII] En la villa de Parla, cayó en un pozo una niña de cinco años, en el cual estuvo por espacio de tres horas hasta que advirtieron sus padres en que faltaba. La buscaron y la hallaron en el pozo. La madre la encomendó a soror Juana de la Cruz y, entrando un hombre en el pozo para sacarla, afirmó haberla hallado muerta y lo mismo testificó la gente que concurrió a la desgracia por no hallarse en ella señal alguna de vida. Pero la madre, invocando el nombre de soror Juana, tomó a la niña en los brazos y en ellos volvió la niña a cobrar aliento, y hablaba y respondía, diciendo que una monja muy hermosa la había ayu- [fol. 47r] dado para que el agua no la ahogase.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[CXCIX] [CC] En el lugar de Casarrubuelos, el año de 1619, se arruinó una pared cogiendo a dos niños debajo. La madre, vista del peligro, los encomendó a la protección de soror Juana y, acudiendo la gente, se quitó la tierra y ruinas y parecieron los dos niños sin lesión alguna.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[CCI] Un navío que hacía viaje desde las Indias a España padeció una tormenta, con que se rompió y quebrantó por muchas partes, entrando en él tanta agua que se iba a pique conocidamente. Y en este estado, un religioso franciscano hizo voto con todos los navegantes de visitar el cuerpo de soror Juana y, arrojando al mar una cuenta tocada a una original, instantáneamente cesó la tormenta y pudieron cerrarse las aberturas del navío, y los navegantes después cumplieron su voto.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Doña Lucrecia Galbarro, vecina de la ciudad de Sevilla, el año de 1619 hizo voto de visitar el cuerpo de soror Juana de la Cruz por hallarse tullida de ambas piernas. Cumplió el voto, y la entraron en la iglesia dos personas respeto de que ella no podía moverse. Luego que llegó a la presencia del cuerpo e hizo oración a Dios pidiéndole que por los méritos de su sierva la sanase, se levantó y [fol. 47v] anduvo por la iglesia a vista de un su hermano canónigo de Sevilla y de diferentes religiosos que se hallaron presentes.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Pedro del Portal, vecino de Madrid, cobró la vista que había perdido en una enfermedad.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Pedro García, en el año de 1618, sanó de una herida que no se había podido curar en seis meses con tocarle a la pierna una cuenta original en la parte lastimada en término de veinticuatro horas, sin medicamento alguno.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
María Ruiz, vecina de Madrid, estuvo endemoniada. Y su marido la llevó al convento de Santa María de la Cruz y, aunque se hicieron las diligencias ordinarias de los conjuros y exorcismos que se dicen en tales casos, no aprovecharon hasta que la llevaron a la presencia del cuerpo. Y con besar unas cuentas de los originales, se reconoció que el demonio había dejado aquella miserable mujer, que desde entonces quedó libre, reconociendo este beneficio a la intercesión de la sierva de Dios.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Un niño llamado Juan, en el lugar del Almonacid junto a la ciudad de Toledo, cayó en un pozo de donde le sacaron a vista de más de cien personas sin pulsos, ni aliento ni otra señal de vivo. Los padres le encomendaron a soror Juana de la Cruz y el niño empezó a [fol. 48r] mover brazos y pies, y a echar mucha agua por la boca. Luego abrió los ojos y, dentro de dos horas, andaba por la calle entre los demás niños de edad.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Otros casos milagrosos de esta calidad están comprobados en las informaciones que hicieron los obispos de Troya y de Cirene, que se remitieron al proceso de la canonización y se refieren por los escritores que hicieron particular memoria de soror Juana: como fueron don fray Francisco Gonzaga, arzobispo de Mantua, en su crónica; el obispo de Jaén en el ''Libro de la veneración de las reliquias''; el maestro Villegas en el ''Flos Sactorum''; fray Pedro de Salazar en la crónica que escribió de los religiosos de san Francisco de la provincia de Castilla; el maestro Peredo en la ''Historia de Nuestra Señora de Atocha''; fray Antonio Daza en la ''Cuarta parte de las crónicas de la orden de san Francisco'' y en un tratado particular de la vida de soror Juana; y fray Pedro Navarro en su erudito libro intitulado ''Favores del rey del cielo'', ocupando estos escritores sus plumas en alabanza de esta virgen virtuosa con la esperanza de que había de llegar el día en que los pontífices sumos la escribiesen en el ''Catálogo de los santos canonizados'' o lleguen ya para honra y gloria de Dios Omnipotente, Autor y Criador, de todo lo perfecto y santo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
FIN.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
===Citas en los márgenes===&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[I] [fol. 2r] Destas bulas hace mención ''Barb. de offic. &amp;amp; potest. Episcopi, part. 3. alleg 107. Trullen. opus morale tom. I. libr. I cap. 9 dub. 6 n. I0. &amp;amp; seqq''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[II] ''In bulla'' an. 1625. Ibi: Declarans, quod per supra scripta præiudicare in aliquo non vult, neque intenditiis, qui aut per commune Ecclesiæ confensum, vel inmemorabilem temporis cursum, aut per Patrum virorumque sanctorum scripta, vel longissimi temporis scientia, ac tolerantia Sedis Apostolicæ, vel ordinaris coluntur.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[III] [fol. 2v] Han tenido tanto cuidado y atención los ordinarios de Toledo en estar a la mira de la veneración y culto particular que se daba a soror Juana de la Cruz para reconocer el fundamento que tenían los milagros que se publicaban de ella y de sus granos o cuentas que no se puede hacer más segura demostración de este cuidado, según lo dispuesto por el santo Concilio Tridentino, que poniendo a la letra una censura que hizo la Universidad de Alcalá en el año 1617, la cual es como sigue: &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Censura de la muy insigne Universidad de Alcalá ''[2]''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Los doctores Bartolomé de Sosa (canónigo de la santa iglesia colegial de la villa de Alcalá de Henares, catedrático de teología de Durando de esta Universidad de la dicha villa) y Andrés Merino (canónigo o, asimismo, de la dicha iglesia, catedrático de prima de Escoto de la dicha Universidad) y fray Juan González de Albelda de la orden del señor santo Domingo (catedrático de la prima de la dicha Universidad) y fray Pedro de Oviedo (abad del colegio del señor san Bernardo y catedrático de víspera de teología de la dicha universidad), habiendo visto por comisión suya y del claustro ciertos procesos y probanzas hechos por comisión del ilustrísimo cardenal arzobispo de Toledo, en razón de la vida y muerte de la bendita soror Juana de la Cruz (monja en el monasterio de Nuestra Señora de la Cruz, junto a la villa de Cubas), que una de las dichas probanzas fue hecha en el dicho monasterio por el licenciado Luis Galindo (cura propio de la dicha villa) ante Juan Fernández de la Plaza, comenzada a 12 de mayo de 1614 años y acabada en 17 del dicho mes de 1615, y otra fecha en la villa de Torrejón de Velasco por el licenciado Mimbreño (cura propio de la dicha villa) ante Gabriel de Illescas (escribano), empezada a 26 días de abril de 1615 y acabada a 23 de mayo del dicho año, y otra fecha en la villa de Al- [fol. 3r] calá por el señor don Diego Ortiz de Zayas (vicario general) ante Sebastián de Villegas (notario), comenzada en 2 de septiembre del dicho año y acabada a 12 de abril del siguiente 1616, y otra fecha en Toledo por el licenciado Juan Barrentes de Aguilar (capellán de la capilla de la reina) ante Francisco (maestre notario), acabada a 6 de octubre de 1616 años; y habiendo visto juntamente los pareceres de los señores doctores canonistas, en cuanto al artículo de lo probado ''in iure'', y de los señores doctores médicos, en cuanto a la naturaleza de las enfermedades, nos parece que, según lo que de todo referido, resulta son casos milagrosos que, por el consiguiente, exceden toda facultad de naturaleza y se deben tener y calificar por tales, cuales son los siguientes: lo primero, la incorruptibilidad del cuerpo de la bendita soror Juana de la Cruz, cuya preservación de corrupción, vistas las circunstancias del caso y accidentes que le acompañan, le hacen sin duda obra milagrosa; lo segundo, parece haber obrado Dios, Nuestro Señor otros milagros por el contacto y uso de las cuentas de la dicha bendita sor Juana de la Cruz que, según la común tradición de aquel santo convento donde la susodicha murió y de aquella tierra y comarca, fueron llevadas al Cielo, a infancia suya, por el santo ángel de su guarda a la preferencia de Cristo, Nuestro Señor, y les echó su bendición y dio muchas y diferentes virtudes. Y en particular, consta que Juana Manuda (vecina de la villa de Cubas) fue libre y sana de una grave enfermedad, que había siete años padecía, de pesada melancolía y desmayos que le duraban tres o cuatro horas, dejándola sin movimiento ni sentido y de muy continuas tentaciones de desesperación ''[3]'', por ponerse dichas cuentas y traer consigo una de las sobredichas cuentas, lo cual fue efecto milagroso, como también lo fue el librarla Dios muchas veces de ejecutar sus intentos de desesperación por la devoción que tenía a la dicha soror Juana de la Cruz. Lo tercero, por el contacto de una de las dichas cuentas, fue milagrosamente sana Luisa de las Llagas (monja profesa del convento de Descalzas del señor san Francisco de la villa de Valdemoro) porque, habiendo estado más de cinco meses continuos en la cama paralizada de todos sus miembros sin poderse mover por sí y con grandes dolores en todos ellos, habiendo ya cesado los medicamentos porque nada aprovechaban, tocándole una de las dichas cuentas, se le fue quitando el dolor y fue extendiendo sus miembros; de manera que, en breve rato, se levantó del todo buena de la cama y se fue en presencia de las demás monjas al coro a dar gracias a Nuestro Señor, sin que le volviese jamás la dicha enfermedad. Lo cuarto, Catalina de la Purificación (monja del dicho convento), después de otra semejante enfermedad que había año y medio que casi continuamente la tenía trabada la lengua sin poder articular las voces con un género de pasmo en los miembros y, a veces, con movimientos convulsos y parte de gota coral tocándole en la lengua con una de las dichas cuentas, habló mila- [fol. 3v] grosamente de allí delante con expedición y claridad; y, asimismo, tocándole con ella en las demás partes que padecían la dicha enfermedad, se le quitaban de manera que quedaba libre para acudir a todas las obligaciones de la comunidad; y, cuando le volvía a tocar algo de la dicha enfermedad con el contacto de la dicha cuenta, se le quitaba al punto. Lo quinto, doña Francisca de Bustamante de la Tercera Orden de Señor San Francisco (vecina de la ciudad de Toledo) era muy perseguida de un género de alferecía o gota coral que la privaba del sentido y caía en tierra (traspillados los dientes, heridos los pies y manos) con tanta violencia que eran menester tres o cuatro horas personas para tenerla; y, de esta suerte, solía estar tres y cuatro horas; y tocándola una de las dichas cuentas, invocando al santísimo nombre de Jesús y de la bendita soror Juana de la Cruz, al punto hablaba y se le quitaba totalmente por entonces el dicho mal y quedaba sin los accidentes penosos que solía; lo cual sucedía siempre que la acometía el dicho mal, por el contacto con dicha cuenta, el cual impedía los daños y efectos que naturalmente se siguieran y libraba de los que ya había incurrido, que todo era casi milagroso. Demás de lo cual, de las dichas informaciones, resulta ser muy verosímil haber obrado Dios Nuestro Señor otros muchos casos milagrosos por el uso y contacto de las dichas cuentas y por la intercesión de la bendita sor Juana de la Cruz que, aunque en sí son muchos y continuos en esta materia de milagros, no tanto se ha de atender al número de ellos cuanto a la verdad y sustancia de ser obras extraordinarias del poder de Dios, y siéndolo como lo son las sobredichas que se han referido, es cosa del todo cierta e indudable que a las sobredichas cuentas se les debe particularísima reverencia y devoción, y que gozan de muy particular favor y merced de Dios los que las tienen. Lo sexto, yendo la señora condesa de Orgaz, doña María de Figueroa, con dos hijas suyas y otras personas en un coche a visitar el cuerpo de la bendita sor Juana de la Cruz a su casa, junto a la villa de Cubas, habiéndoles anochecido en el camino con mucha oscuridad, sin saberlo alguno de los que allí iban,  cayó el coche de un alto de más de dos estados de distancia en un pantano de agua; y encomendándose a la bendita Juana, se hallaron abajo del pantano sin haberse trastornado el coche y sin daño alguno en las personas ni mulas: efecto sin duda sobrenatural. Lo octavo, habiendo salido la dicha señora condesa con ánimo de un capellán que llevaba le dijese misa en el dicho lugar, no sabiendo el camino, se pasaron adelante y llegaron a un lugar diferente; y, conocido el yerro, hubieron de retroceder para llegar adonde iban; y llegaron a tiempo competente de decir misa como en efecto se dijo, habiendo, desde las nueve o las diez de la mañana, caminado más de diez leguas usuales con el coche, que fue obra milagrosa. [fol. 4r] Lo último, es de gran ponderación la común tradición de los maravillosos y milagrosos éxtasis que, según ella, tuvo la bendita sor Juana en su vida, gozando de coloquios divinos con Cristo, Nuestro Señor, y con su benditísima Madre, ángel de su guarda y otros santos. Y no menos se debe hacer peso de la perfección de todo género de virtudes en que se dice (y es la dicha común tradición) haberse ejercitado desde su tierna edad hasta el fin y remate de su vida, especialmente en obras de penalidad y mortificación del cuerpo, alcanzando perfecto reconocimiento de todas las pasiones justamente con muy profunda humildad; nacida de grandes persecuciones, así del demonio como de los hombres que, según ellos, mereció alcanzar de Dios, Nuestro Señor, la común aceptación y devoción de los fieles a su santidad e incorrupta vida no solo en ella, sino después acudiendo a venerarla a su sepulcro con públicas aclamaciones de su santidad y milagros que solo puede ser efecto del divino espíritu. Por lo cual, según la común doctrina que traen los doctores, así teólogos como canonistas, en el capítulo último de ''Reliquis &amp;amp; veneratione santorum in 6. De los requisitos para la dicha veneración de los santos, nos parece falvo meliori iudicio'' y el de la Santa Sede Apostólica, a quien, como es justo, sometemos el nuestro: la dicha bendita sor Juana de la Cruz, por concurrir en ella en vida y en muerte después hasta ahora, con general continuación los dichos requisitos (en cuanto podemos alcanzar), ser digna de toda veneración de los fieles y merecer se publiquen sus grandezas para edificación de todos ellos y confusión de los herejes. En Alcalá de Henares, a nueves días del mes agosto de 1617 años: &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El doctor Bartolomé Sosa.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El doctor Andrés Merino.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El maestro fray Pedro de Oviedo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El maestro fray Juan González Albelda.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[IV] En cuanto al culto particular que se da a las personas que están por santas, concurriendo en esto la voz común, posesión de tanto tiempo y tolerancia de los ordinarios, aunque no haya precedido licencia del sumo pontífice, lo que se ha visto es que en la curia romana han sido mantenidos en su posesión sin innovar en cosa alguna, como sucedió en tiempo de la santidad Clemente VIII en cuanto a san Carlos y san Felipe Neri antes de sus canonizaciones; y en tiempo de la santidad de Paulo V en cuanto a san Gaetano, como se refiere por Trullench, opus morale lib. I, cap. 9, dub. 6, num 22.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[V] Justo es que la piedad y liberalidad de los grandes príncipes tenga padrón eterno en nuestra memoria, y alabanza para que sus acciones gloriosas sirvan de ejemplo y sean imitadas de los sucesores en sus altos puestos. El serenísimo señor don Juan de Austria, con noticia de los prodigios de soror Juana de la Cruz y del lugar que deben tener sus virtudes en la estimación de sus devotos, por serlo de esta sierva de Dios, visitó su sepulcro antes de emprender la conquista del reino de Portugal y dio quinientos escudos de limosna que se aplicaron para los gastos que ha de hacer en su viaje fray Juan de San Die- [fol. 5v] go Villalón, religioso de San Francisco, y procurador de la causa de canonización en la curia romana. Y después, sabiendo Su Alteza que con efecto se había de despertar esta pretensión, dio otra limosna de cuatro mil escudos sin perder de vista su magnanimidad, el deseo y gusto de hacer nuevos socorros por esta misma causa. Y en manifestación de lo que se debe en ella a este esclarecido príncipe, pondremos a la letra la carta que escribió a fray Juan de San Francisco (que solicita en Madrid, con celo singular, todo lo concerniente a la canonización de soror Juana) y en que hace la gracia y limosna referida: &lt;br /&gt;
“He visto las noticias que me da fray Juan de San Francisco del estado en que se halla la canonización de soror Juana de la Cruz y, continuando los buenos deseos que siempre he tenido de que se concluya brevemente con obra tan justa y piadosa, escribo a Su Majestad con todo aprieto para que mande dar las cartas en la forma  que fray Juan pide; y al secretario Pedro Fernández del Campo, que lo solicite con el fervor posible a quien podrá acudir en las dependencias que se ofrecieron del adelantamiento de esta materia, a que no dejaré de asistir como tan devoto hijo de la religión y de soror Juana, hasta que se llegue a perfección. Y, para ello, puede fray Juan hacer capital de cuatro mil escudos de limosna que estarán pronto en esa corte, siempre que fueren menester.&lt;br /&gt;
Nuestro señor, etc. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Zafra, a primero de enero de 1663,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Don Juan.”&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[VI] Nacimiento y patria de soror Juana de la Cruz. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[VII] Luego que nace, se abstiene de los pechos de su madre por ciertas horas y tiempos.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[VIII] No mama en tres días y padece gravemente. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[IX] La madre la encomienda a la Virgen santísima; vuelve la niña a su primera salud, que a la madre le parece ser milagrosa.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[X] Enferma de edad de dos años y es llevada a un templo de san Bartolomé.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[XI] El santo apóstol se aparece a Juana y, tocándola, cobra perfecta salud.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[XII] En un rapto que tuvo siendo de cuatro años ve a la Virgen santísima en un lugar deleitoso.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[XIII] En esta ocasión ve al ángel su custodio.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[XIV] Ve soror Juana en su edad tierna a Cristo, Nuestro Señor, en cuerpo humano; y en forma de Niño en la Hosita sacramentada. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[XV] Y otra vez al levantar la hostia vio el cuerpo glorioso de Cristo, Señor Nuestro, y piensa que todos ven lo mismo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[XVI] Muere su madre, que encarga lleven a la niña al templo de Santa María de la Cruz con cierto voto.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[XVII] Llevan a Juana unos sus tíos ricos a su casa.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[XVIII] Hace rigurosa penitencia en sus tiernos años.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[XIX] Goza continuamente de visiones maravillosas.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[XX] Intentan sus tíos casarla, pero ella resuelve entrar en religión.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[XXI] Elige ser monja en el convento de Santa María de la Cruz.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[XXII] Dase noticia de la maravillosa fundación de aquel convento por medio de una pastora llamada Inés.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[XXIII] La Virgen santísima se aparece a la pastora.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[XXIV] Fúndase el convento debajo de la Tercera Regla de San Francisco.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[XXV] Las primeras religiosas descaecen del rigor y observancia con que empezaron.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[XXVI] La pastora Inés deja la religión y se casa.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[XXVII] Después muere con señales de verdadera penitencia.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[XXVIII] Soror Juana de la Cruz nació para reformar y restituir aquel convento a su primera observancia.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[XXIX] Desampara su casa en hábito de hombre para ir al convento a pedir el hábito.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[XXX] Turbación de ánimo y temores que padece en el camino.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[XXXI] Aliéntala una voz que, después, supo ser de su ángel custodio.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[XXXII] Nuevo peligro en que se halla.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[XXXIII] Da gracias a Dios de haberse librado de aquel peligro y aparécesela la Virgen santísima que la conforta; asegura de nuevo a su intento. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[XXXIV] Descuido gracioso en que incurre soror Juana.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[XXXV] Llega al convento y se desnuda al convento del traje de varón.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[XXXVI] Una imagen de la Virgen Nuestra Señora, que estaba sobre la puerta reglar, habla a Juana.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[XXXVII] Habla a la abadesa, a quien da noticia de su intento.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[XXXVIII] Viene al convento el provincial inopinadamente ''[9]'' y da licencia para la admisión de Juana.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[XXXIX] El padre y parientes de Juana van en su seguimiento y procuran embarazar el que sea religiosa.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[XL] La doncella los reduce y vienen en lo mismo que ella deseaba. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[XLI] Recibe el hábito de religiosa. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[XLII] En el año del noviciado echa profundas razones de virtud.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[XLIII] Fue devotísima de la señal de la santa cruz y así tomó su advocación cuando hizo profesión.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[XLIV] Modo de vivir de soror Juana después de profesa.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[XLV] Cómo repartía el tiempo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[XLVI] Ocúpase en oficios humildes en servicio de su comunidad.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[XLVII] Imita en la suma pobreza a san Francisco.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[XLVIII] No obraba cosa alguna de su propia voluntad, sino comunicando cuanto hacía con sus confesores y debajo de su consejo y obediencia.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[XLIX] Perfecciones personales de soror Juana.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[L] Su discreción y conversación admirable.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[LI] Buscaban todos sus consejos y doctrina.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[LII] Humildad grande con que asistía a los oficios humildes.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[LIII] Milagro singular en una cosa muy menuda.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[LIV] Hácenla enfermera, en que obra con mucha caridad.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[LV] Manifiesta su ardiente caridad con sus hermanas.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[LVI] Cobran las religiosas enfermas salud por su intercesión. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[LVII] Hácenla tornera y portera.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[LVIII] Aparécesele en el trono el Niño Jesús.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[LIX] Aparición admirable de la Virgen santísima y su Hijo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[LX] Favores que recibe soror Juana de la Virgen santísima por haber sido obediente.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[LXI] Otra aparición de la Virgen santísima.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[LXII] Es muy devota del Santísimo Sacramento de la Eucaristía.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[LXIII] Milagro notable.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[LXIV] Ábrese una pared muy gruesa para que soror Juana viese la hostia consagrada al tiempo de la misa mayor.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[LXV] Permanecen hoy señales de este milagro.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[LXVI] Comunica a su ángel custodio con mucha frecuencia.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[LXVII] Flores que recibe de su ángel custodio.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[LXVIII] Sus raptos y éxtasis son muy continuos.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[LXIX] Señales exteriores que se veían en soror Juana al tiempo de estar en éxtasis.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[LXX] Tuvo don de hablar diversas lenguas.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[LXXI] Enmudece por algún tiempo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[LXXII] Restitúyele el habla.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[LXXIII] Tiene don de predicar y concurren varias gentes a oírla.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[LXXIV] Tiempo que le duró esta gracia.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[LXXV] Personas señaladas que concurren a oír los sermones de soror Juana.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[LXXVI] El emperador Carlos V la visita.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[LXXVII] A los hombres doctos los predica en latín.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[LXXVIII] Convierte a dos esclavas africanas predicándolas en arábigo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[LXXIX] Al provincial de la provincia, que era vizcaíno, le predica en vascuence.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[LXXX] Quieren algunos que la lengua vascuence sea primitiva de los antiguos o primeros pobladores de España. Lo más cierto es que fue lengua pro- [fol. 20v] vincial de los vascones, y que habitaban los Pirineos. Véase a Alderete, Origen de la lengua castellana.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[LXXXI] Un inquisidor va desconocido a soror Juana.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[LXXXII] Reconoce ser obra de Dios.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[LXXXIII] Indiscretas experiencias que hacen algunos en los raptos de soror Juana.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[LXXXIV] Entran en cuidado los prelados y prohíbenla predicar delante de la gente.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[LXXXV] Milagro singular.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[LXXXVI] Predica a las aves que concurren a su celda en gran número.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[LXXXVII] Dan los prelados licencia de que predique a cuantos la quisiesen oír. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[LXXXVIII] Una monja es dotada repentinamente de la gracia de escribir para que escribiese los sermones y el libro de El Conorte.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[LXXXIX] En un éxtasis se desposa soror Juana con el Niño Jesús.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[XC] Siente en manos y pies dolores intensos en la parte donde Cristo, Señor Nuestro, tuvo sus llagas.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[XCI] Manifiéstanse unas señales de color de rosa en las manos y pies de soror Juana.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[XCII] Siente los dolores en los viernes y sábados.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[XCIII] Corre la fama de este favor por los pueblos circunvecinos y concurre mucha gente al convento.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[XCIV] Pide soror Juana a Dios le quite las señales de pies y manos, y lo consigue.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[XCV] Ensordece por algún tiempo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[XCVI] Cobra el sentido del oír el día de santa Clara.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[XCVII] Es elegida abadesa de su convento.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[XCVIII] Su primera acción fue disponer que sus monjas guardasen clausura.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[XCIX] Las limosnas que se pedían por las mismas religiosas se aumentan después que observan clausura.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[C] Liberalidad del gran capitán y del arzobispo de Toledo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[CI] El gobierno de soror Juana es muy prudente.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[CII] Paz entre las religiosas.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[CIII] Prodigio de las cuentas que fueron llevadas al Cielo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[CIV] Muchas reliquias tenemos en la Tierra bajadas del Cielo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[CV] Pocas cosas han subido al Cielo de la Tierra para volver a ella.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[CVI] 2. Ad Corint. 12.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[CVII] Anton. 3. p. tit. 24. c.13. Aquil. lib. I. c15. Sánchez de Regno Dei lib. 7; cap. 4. núm. 34. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[CVIII] Caso maravilloso que sucedió en Constantinopla.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[CIX] San Joan Damascen. lib. 3 de side ortodora cap. 10. lib. de Trinit Félix III Ep. ft. 3. decretali 2 Conc. Menp. Grac. 25. sepe. Nizef. lib. 14. c. 46.&lt;br /&gt;
 &lt;br /&gt;
[CX] Piden las mon- [fol. 26r] jas a soror Juana les alcance algunas gracias y virtudes para sus rosarios. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[CXI]Soror Juana propone los deseos de las religiosas a su ángel custodio y consigue benigna respuesta. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[CXII] Juntan grande cantidad de rosarios y enciérralos en un cofre.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[CXIII] Curiosidad mujeril de las monjas.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[CXVI] Hállanse los rosarios en el cofre como estaban antes.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[CXV] Consta de información hecha en Valladolid ante don Fernando de Valdés, provisor y vicario de aquella diócesis. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[CXVI] Consta de estos milagros por la misma información. Y con este grano en Valladolid sucedieron otros prodigios que se comprobaron por el ordinario de aquella diócesis.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[CXVII] Consta de información hecha en Madrid, año de 1618, ante Lorenzo de Santeherbas, notario por comisión del cardenal arzobispo de Toledo Bernardo de Rojas y Sandoval. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[CXVIII] Consta de la misma información.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[CXIX] Consta de la misma información.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[CXX] Consta de la misma información.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[CXXI] Consta de una información hecha en Valdemoro ante el licenciado Sebastián de Ceballos, cura de aquella villa, por comisión del arzobispo de Toledo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[CXXII] La censura que dio la facultad de teología se puso a la letra en el principio de este epítome, cuando se habla con Su Santidad, fol. 2. B.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[CXXIII] In S. Concilio Trident. ses. 25 ibi: ''adhibitis pys viris et Theologis, in confilium. Episco pus decernat eaque ve itate et pietati consentanea indicaveritt''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[CXXIV] Es muy devota de las ánimas del Purgatorio.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[CXXV] Pide a Dios la permita padecer por las animas y en satisfacción de sus penas.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[CXXVI] Concédela Dios lo que pide y la colma de dolores y enfermedades.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[CXXVII] Padece calores grandes en invierno y intensos fríos en verano.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[CXXVIII] Caso notable de lo que obraba el incendio interior que padecía soror Juana.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[CXXIX] Otros dolores y tormentos que padece en las coyunturas y en la cabeza.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[CXXX] No come en ocho días mientras duran los dolores de la cabeza.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[CXXXI] Oyendo leer la Pasión de Cristo se le aliviaban los tormentos.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[CXXXII] Revelación que tuvo del ángel custodio para aliviar los dolores.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[CXXXIII] Dale por remedio el ángel que se ponga al lado del cuerpo unos guijarros.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[CXXXIV] Habla a soror Juana el espíritu de un hombre que tenía su Purgatorio en una piedra.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[CXXXV] Comunica con su ángel custodio el suceso y da la razón de aquel suceso.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[CXXXVI] Muchas ánimas de fieles difuntos se aparecen a soror Juana para que las ayude con oraciones y sufragios.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[CXXXVII] Suceso notable de que fue testigo todo el convento.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[CXXXVIII] Pide soror Juana a Dios que las ánimas que se le aparecían tengan su Purgatorio en las flores y hierbas que tenía en su celda.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[CXXXIX] Concédesele su pretensión.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[CXL] Las flores y hierbas que tenía en su celda se inclinan al cantar soror Juana el verso del Gloria Patri.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[CXLI] Vuélvese a repetir el milagro en presencia de las religiosas.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[CXLII] Las hierbas y flores marchitas despiden de sí olor celestial; y por qué razón.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[CXLIII] Fue muy devota la sierva de Dios de la Virgen santísima.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[CXLIV] ''Facta est Maria fenestra cæli, quia per ipsam Deus verum fudit seculi lumen, sancta est Maria scala cæelestis quia per ipsam Deus descendit ad terras, ut per ipsam homines ascende mererentur ad cœelos. D. Fulg. ser. de laudib. Mariæ''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[CXLV] Venera sumamente una imagen de Nuestra Señora de la Asunción, de escultura tosca y antigua que había en el convento.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[CXLVI] León X restituye al mundo las ciencias y las artes.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[CXLVII] La imagen de Nuestra Señora es muy venerada de las religiosas.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[CXLVIII] Hay tradición entre las religiosas de que Cristo, Señor Nuestro, mejoró la escultura de aquella Imagen.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[CXLIX] Los pueblos de la comarca acuden en tiempo de esterilidad y falta de agua a valerse de la imagen.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[CL] Milagros que obra Dios por intercesión de soror Juana.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[CLI] Resucita una niña.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[CLII] A una religiosa se le salta un ojo y soror Juana se le restituye, y también la vista. De este milagro y otros muchos consta por una información que hizo el licenciado Luis Galindo, de comisión del arzobispo de Toledo, año de 1615.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[CLIII] Los comuneros de la villa de Torrejón intentan saquear el convento.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[CLIV] Defienden el convento hombres armados que parece fueron los ángeles custodios de las religiosas.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[CLV] Persecuciones que padeció soror Juana.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[CLVI] La vicaria del convento y otras monjas se conspiraron contra soror Juana.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[CLVII] Toman ocasión de la impetración del breve para anexar el breve del beneficio del lugar de Cubas al convento.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[CLVIII] Y de que un su hermano sacerdote fue nombrado cura.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[CLIX] El provincial procede contra la sierva de Dios.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[CLX] No se disculpa ni defiende. Antes pide perdón de sus errores.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[CLXI] Las monjas se lamentan de la desgracia de su madre.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[CLXII] El provincial priva a soror Juana del oficio de abadesa y nombra por presidenta del convento a la vicaria.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[CLXIII] Tolera la sierva de Dios con gran paciencia este golpe y disculpa el provincial.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[CLXIV] Seneca lib. de Providentia: capit. 2. ''Non video, quid habeat in terris Iupiter pulchrius, si convertere animun velit quam ut spectet Cathonem, iam partibus non semel fractis stantem nihilominus inter ruinas publicas erectum. Ecce spectaculum Dignum ad quod respiciet intentus operi suo Deus''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[CLXV] Ama soror Juana a la causadora de su persecución.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[CLXVI] Enferma gravísimamente la abadesa que perjudicó a la sierva de Dios.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[CLXVII] Visita soror Juana en su celdad y pídela perdón.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[CLXVIII] Muere aquella monja con señales de verdadera penitencia.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[CLXIX] Padeció otras persecuciones en el discurso de su vida.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[CLXX] Su ángel custodio la avisa de la cercanía de su muerte.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[CLXXI] Teme soror Juana la muerte, sin embargo de que había sido muy ajustada su vida.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[CLXXII] Su aliento corrompido con la enfermedad exhala suavísimo olor.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[CLXXIII] Día de la invención de la cruz, dichoso siempre para soror Juana.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[CLXXIV] Aparecensele los ángeles y santos de su devoción.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[CLXXV] Muere la sierva de Dios a 3 de mayo de 1534.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[CLXXVI] Su rostro quedó hermosísimo y su cuerpo exhalaba suavísimo olor.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[CLXXVII] Baja el cuerpo al coro y déjanle sin enterrar por cinco días.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[CLXXVIII] Sacan el cuerpo al campo para que pueda verle la muchedumbre de gentes que habían concurrido a la fama de su muerte.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[CLXXIX] Vuélvenle a poner en el coro bajo dentro de la clausura.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[CLXXX] Suceden algunos casos milagrosos en esta ocasión.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[CLXXXI] Aparécese soror Juana a una amiga suya muy virtuosa.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[CLXXXII] Aparécese soror Juana después de muerta a una religiosa su amiga.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[CLXXXIII] Entierran el cuerpo de soror Juana y échanle encima mucha cal y agua para que se consuma con brevedad.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[CLXXXIV] Después de siete años le sacan por un raro accidente.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[CLXXXV] El cuerpo está fresco, entero y hermoso, y los vestidos sin ofensa de la tierra ni humedad.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[CLXXXVI] En el coro alto, debajo de un altar, estuvo el cuerpo otros catorce años.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[CLXXXVII] Traslándale a un arco que se fabricó para este afecto en la capilla mayor de la iglesia.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[CLXXXVIII] Parece el cuerpo tercera vez entero y fresco, y muy oloroso.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[CLXXXIX] Concurre mucha gente a ver el cuerpo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[CXC] Pone el ministro general velo negro a soror Juana después de muerta.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[CXCI] El ministro general arranca del cuerpo un dedo de un pie y sale fresco y ensangrentado después de 66 años de su muerte.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[CXCII] Fabricase una arca de plata muy rica donde se coloca el cuerpo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[CXCIII] Los devotos de soror Juana llevan a su sepulcro diferentes votos y ofrendas.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[CXCIV] Milagros sucedidos después de la muerte de soror Juana por intercesión.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[CXCV] Da vista a un ciego.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[CXCVI] Consta de una información hecha en Torrejón por comisión del consejo del arzobispo de Toledo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[CXCVII] Aparécese a un enfermo y le sana.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[CXCVIII] Resucita una niña que cayó en un pozo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[CXCIX] Libra dos niños de una ruina de una pared que los cogió debajo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[CC] Este milagro se comprobó con mucho número de testigos.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[CCI] Libra un navío de manifiesto peligro de perderse.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
===Notas===&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[1] En el texto impreso aparece el término “votos” y una mano lo corrige posteriormente por “devotos” añadiendo la sílaba “de” a mano.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[2] La letra del título de la censura es del tamaño del texto base, es decir, no es tan pequeña como la letra del resto de las glosas.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[3] Corrijo “desesparación” por “desesperación”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[4] La palabra “tres” aparece escrita sobre un tachón que realiza una mano.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[5] En otros testimonios conservados se dice que Juana de la Cruz nació en 1481.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[6] Corrijo “pndo” por “pudo”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[7] La letra “r” aparece escrita a mano sobre una “l”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[8] Corrijo “peccadora” por “paccadora”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[9] Corrijo “iropinadamente” por “inopinadamente”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[10] Corrijo “la” por “lo”, pues el impreso se refiere a la campana.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[11] En el texto impreso aparece el término “de tres” y una mano tacha posteriormente “de” dejando “tres”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[12] Elimino “vir-” pues aparece esta sílaba repetida antes de la palabra “virtud”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[13] Aparece tachada la palabra “siendo”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[14] En el impreso aparece una tachadura al lado del número “V”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
= Vida impresa (13)=&lt;br /&gt;
Ed. de [http://visionarias.es/equipo/belen-molina-huete/ Belén Molina Huete] y Desiré Armero Benítez; fecha de edición: abril de 2023.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
== Fuente ==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[[Archivo:Portada terceros hijos del humano serafín de Antonio Arbiol.jpg|miniatura|250px|right| Antonio Arbiol, 1697. ''Los Terceros hijos del humano serafín. La venerable y esclarecida Orden Tercera de nuestro seráfico patriarca San Francisco'', Zaragoza: Jaime Magallón. (From the archive of the British Library [Digitalizado por Google]).]]&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
* [http://catalogodesantasvivas.visionarias.es/index.php/Categor%C3%ADa:Antonio_Arbiol Arbiol, Antonio], 1697. «[Juana de la Cruz]», en ''Los Terceros hijos del humano serafín. La venerable y esclarecida Orden Tercera de nuestro seráfico patriarca San Francisco'', Zaragoza: Jaime Magallón, Capítulo XXXIV, p. 550.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[[Contexto material del impreso Los Terceros hijos del humano serafín]]. ''La venerable y esclarecida Orden Tercera de nuestro seráfico patriarca San Francisco''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==Criterios de edición==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Siguiendo los criterios establecidos en el Catálogo para fuentes impresas, se han actualizado generalmente grafías, ortografía y puntuación manteniendo aquellos rasgos de la lengua que implican valor fonológico o que caracterizan su léxico, morfología o sintaxis. Se han conservado, pues, las oscilaciones en grupos consonánticos cultos (-s-/ct…), así como las vocálicas; igualmente, el uso de s en posición implosiva por x. Se han reducido, por otra parte, los grupos consonánticos latinizantes (Iesu Christo&amp;gt;Jesucristo), incluidos la duplicación consonántica y, de modo concreto, grafías antiguas (-x- por -j-, -qu- por -cu-); se han modernizado también la unión y separación de términos, así como las contracciones. En el uso de la mayúscula se ha atendido la singularidad de tratarse de textos religiosos y se ha unificado su empleo. Se han desarrollado las abreviaciones tipográficas sin marca expresa, pero sí se han marcado las léxicas entre corchetes. No se han detectado erratas. En nota al pie se ha ampliado información oportuna.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==Vida de Juana de la Cruz==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Capítulo XXXIV'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Cómo de las hermanas seglares de la Tercera Orden Seráfica se fundaron las religiosas de la misma Tercera Orden en el estado regular, y los grandes frutos de santidad que ha dado a la Iglesia Católica esta religión'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[…]&lt;br /&gt;
La B[eata] Juana de la Cruz fue tan maravillosa desde su nacimiento que más parecía hija de la gracia que de la naturaleza. Se abstenía del pecho de su madre tres días en la semana, perdía el color y el calor, y volvía después tan alegre como si saliese de un éxtasis soberano. El año segundo de su edad feliz, estando gravemente enferma, se le apareció san Bartolomé Apóstol y la dejó repentinamente sana. Siendo de cuatro años tuvo dos visiones divinas admirables, y desde entonces fueron muy frecuentes los dulces coloquios con los ángeles y con la purísima Virgen María. Así comunicaba su ángel de la guarda con esta sierva de Dios como suele hablar un amigo con otro. Sentía los dolores de las llagas de Jesucristo, su amante esposo. La fama de santidad de esta venerable Virgen ha sido tan grande que por toda la cristiandad se ha estendido, y se trata de su canonización solemne en la Curia Romana. Salazar ''in Chron. Provint. Castellae [1]''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
===Notas===&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[1]'' La resunta concluye con remisión a su fuente, probablemente la obra de Fr. Pedro de Salazar, O. F. M., ''Historia Provinciae Castillae Ordinis Minorem'', 1579 (con versión en castellano en 1612 como ''Corónica y Historia de la fundación y progreso de la provincia de Castilla de la Orden del bienaventurado padre San Francisco'', Madrid: Imprenta Real). Dicha obra recoge la biografía de Juana de la Cruz bajo el siguiente epígrafe: «Síguese la vida de la sierva de Dios Juana de la Cruz, que tantas personas tiene aficionadas, religiosas y seglares, que gustan mucho de verla y tenerla consigo, y no es según la impresión de 1610, sino compuesto de nuevo» (véase entrada de Salazar).&lt;/div&gt;</summary>
		<author><name>Anaritasoares</name></author>	</entry>

	<entry>
		<id>http://catalogodesantasvivas.visionarias.es/index.php?title=Juana_de_la_Cruz&amp;diff=712828</id>
		<title>Juana de la Cruz</title>
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				<updated>2026-06-17T06:18:34Z</updated>
		
		<summary type="html">&lt;p&gt;Anaritasoares: /* Vida impresa (10) */&lt;/p&gt;
&lt;hr /&gt;
&lt;div&gt;[[Category:Santas_franciscanas]]&lt;br /&gt;
[[Category:Toledo]]&lt;br /&gt;
[[Category:Pedro_de_Salazar]]&lt;br /&gt;
[[Category:Alonso_de_Villegas]]&lt;br /&gt;
[[Category:Francisco_Gonzaga]]&lt;br /&gt;
[[Category:Antonio_Daza]]&lt;br /&gt;
[[Category:Juan_de_Marieta]]&lt;br /&gt;
[[Category:Antonio_Arbiol]]&lt;br /&gt;
[[Category:Juan_Carrillo]]&lt;br /&gt;
[[Category:Alonso_Carrillo]]&lt;br /&gt;
[[Category:Barezzo_Barezzi]]&lt;br /&gt;
[[Category:Lucas_de_Yanguas]]&lt;br /&gt;
[[Category:Luca_Waddingo]]&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[[Archivo:Santa_Juana_de_la_Cruz-devota_de_la_Santa_Cruz-sombras-M_catalogo.jpg|derecha|Juana de la Cruz|link=]]&lt;br /&gt;
{| class=&amp;quot;wikitable&amp;quot;&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Nombre || Juana de la Cruz Vázquez Gutiérrez&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Orden || [http://catalogodesantasvivas.visionarias.es/index.php/Categor%C3%ADa:Santas_franciscanas Franciscanas]&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Títulos || Abadesa&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Fecha de nacimiento || 3 de mayo de 1481&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Fecha de fallecimiento || 3 de mayo de 1534&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Lugar de nacimiento || Azaña, [http://catalogodesantasvivas.visionarias.es/index.php/Categor%C3%ADa:Toledo Toledo]&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Lugar de fallecimiento || Cubas de la Sagra, antiguo [http://catalogodesantasvivas.visionarias.es/index.php/Categor%C3%ADa:Toledo Toledo], Madrid&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Canonización || 3 de mayo&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Beatificación || Es proclamada como Venerable el 4 de mayo de 1630&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Canonización || En proceso&lt;br /&gt;
|}&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
=Vida manuscrita (1)=&lt;br /&gt;
Ed. de [http://visionarias.es/equipo/maria-luengo-balbas/ María Luengo Balbás] y [http://visionarias.es/equipo/fructuoso-atencia/ Fructuoso Atencia Requena]; fecha de edición: abril de 2019; fecha de modificación: noviembre de 2025.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
== Fuente ==&lt;br /&gt;
[[Archivo:I Juana de la Cruz.jpg|250px|right|Manuscrito|link=]]&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
* El Escorial, K-III-13. fols. 1r-137r. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[[Contexto material del manuscrito de El Escorial, MS K-III-13]]&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==Criterios de edición==&lt;br /&gt;
Los criterios de edición que hemos seguido son conservadores ya que se trata de un testimonio único.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
* Se conserva la oscilación de b/v, y de i/y. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
* Se ha conservado el uso y la oscilación de las sibilantes, así como de las consonantes geminadas.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
* Se han desarrollado las abreviaturas, como N. S. (Nuestro Señor) o primº (primero).&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
* Respetamos el uso o ausencia de la –h, sea o no etimológico. También respetamos el uso de la –s líquida, tal como aparece en el texto (''spíritu'').&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
* Hemos conservado'' dello'' y ''desto''. En el caso del artículo contracto, separamos la preposición del artículo mediante apóstrofe cuando este incluye el pronombre personal masculino singular: ''d’él''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
* Acentuamos las palabras, y unimos o separamos las sílabas de que se conforman, de acuerdo a la norma ortográfica actual.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
* Se utiliza la mayúscula para los nombres propios como Dios y las fórmulas como ''Nuestro Señor'' o ''Divina Majestad''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
* Los diálogos aparecen, en el primer nivel, entre comillas dobles (“). En el caso de que dentro de este diálogo se incluyan palabras de otro personaje, estas irán entre comillas simples (‘).&lt;br /&gt;
  &lt;br /&gt;
* En lo que respecta a las composiciones poéticas, hemos separado y colocado los versos de acuerdo a la escritura habitual de los poemas.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
* La puntuación y separación de párrafos es nuestra.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==Vida de Juana de la Cruz==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Capítulo I'''&lt;br /&gt;
[fol. 1r] '''Comiença la vida y fin de la bienaventurada virgen sancta Juana de la Cruz, monja que fue professa de quatro botos en la orden del señor sant Francisco, en la qual vivió perfeta y sanctamente. Mostró Nuestro Señor Dios en esta bienabenturada muy grandes maravillas y gloriosos milagros, dotándola de su divina graçia y dones de su Sancto Spíritu muy copiosamente. Primero que digamos las gracias y sanctidad desta bienaventurada, diremos cómo fue edificado el monasterio en que ella vivió y hizo su fin glorioso.''' &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Fue mostrada por la voluntad de Dios a una muy santa muger una revelaçión de cómo apareçió Nuestra Señora la Virgen Santa María çerca de un pueblo llamado Cubas a una pastorçica, y cómo rogó a su precioso hijo, Nuestro Señor Jesucristo, con muy gran fervor y humildad y charidad de las ánimas, su Divina Clemençia les diese liçençia con su graçia y poderes para edificar en la Tierra una casa de religiosas donde Él y Élla fuesen servidos y estuviese su culto divino reverençiado y servido y huviese memoria para siempre della y de su bocaçión,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Nuestro Señor le respondió: “Madre mía muy amada, ¿cómo lo havéys vos eso de hazer? Que ya yo no quiero ni es mi voluntad que os vean ya los ojos humanos y de carne después, que ya soys glorificada y ensalçada conmigo porque, como a mí no me puede ver nadie después que fuy subido a estos altíssimos çielos y asentado a la diestra del Padre, assí por semejante a vos, señora, que soys mi amada madre, no es raçón que os vean clara y abiertamente. Que si alguno os á visto hasta agora, no vos á de ver de aquí adelante; no á sido ni será tan clara ni abiertamente que vea la misma manera [fol. 1v] y hermosura y claridad que vos tenéys. Preçiosa señora madre mía, en eso que vos queréys edificar conviene que aya medianera”. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y la Reyna de Misericordia, Señora Nuestra, le respondió con muy profunda humildad y charidad: “Hijo mío muy amado, deme vuestra Altíssima Magestad liçencia para haçer y edificar la casa, que yo, con el ayuda de vuestra divina graçia, buscaré la medianera para ello”. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y entonces, le otorgó la liçençia el poderoso Dios, y vajó la Emperadora de los Çielos a la Tierra por su profunda humildad y soberada charidad, y apareçió a una niña del pueblo de Cubas cuyo nombre era Ynés, la qual guardava puercos y hera de simple y recta yntençión y de limpio y paçífico coraçón. Y después de havella apareçido por tres vezes o más, cada una de su manera, y la habló enseñándola algunas cosas provechosas para su ánima, y mandole que dixese en el dicho lugar cómo la havía visto a ella, o bulto o claridad suya, y cómo hera voluntad de su preçioso hijo y suya le hiciese un monesterio de religiosas, el qual se llamase Sancta María de la Cruz, y porque desto la creyesen dio Nuestra Señora tal señal: y fue pegalle los dos dedos de la mano derecha a manera de cruz, y después de haver tomado la misma Señora la cruz que está en la mesma casa con sus sagradas manos y fincádola en el lugar donde havía de ser edificado el altar principal. Y después de ser fecha la casa y entradas en ella algunas religiosas y con ellas la dicha Ynés, a quien Nuestra Señora apareçió, la qual fue puesta y elegida por madre y perlada della, y las quales hazían vida muy virtuosa y aprovecharían mucho en el serviçio de Dios. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y algunas vezes tenía esta santa Ynés rebelaçiones y consolaçiones espirituales, y apareçiole el Demonio con un azote en la mano, y amenazávala muy cruda y ásperamente, y le dezía a vueltas de otras cosas: “No çesaré de travajar basta que te destruyga”, y hazíale muchos despechos y aun tormentos corporales. Y esta Ynés esforçávase como podía. Y la antigua [fol. 2r] serpiente, con toda su maliçia y astuçia, le causó muy grandes y rezias tentaçiones por algún tiempo. Y faltándole a ella virtud spiritual y fuerça para vençer a su adversario, cayó en algunos peccados y falta de virtud, de manera que ella propia hizo oyo en que ella cayó, y algunas ovejas de la casa que Nuestra Señora le havía dado para que las administrase y ayudase a salvar. Y viendo la muy piadosa Señora la caýda de sus sierbas y perdiçión de su casa donde Ella se havía apareçido −y en especial le dolían las que se salían del santo monasterio− tornó a suplicar a su preçioso hijo Nuestro Señor Jesucristo con muy gran charidad e humildad que quisiese su Divina Magestad haçer de manera que fuese restaurada la honra de su sancto apariçimiento y la virtud de su casa, la qual estaba muy caýda, y hera menester que su poderosa mano criase alguna criatura más perfeta que la primera a quien ella se apareçió, y que fuese esta que criase para restaurar la caýda de las otras y levantar la devoçión de su apareçimiento y virtud en las monjas abitadoras de su casa, y que fuese llamada Juana, que es nombre de graçia, y ella llena de gratitud. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y el poderoso Dios le respondió con mucho amor: “Madre mía, un varón tengo empeçado a hazer en esta ora en el qual querría poner mucha parte de mi graçia para que fuese esto; y por amor de vos, señora, yo le tornase muger para esa obra que vos pedís. Yo vos juro, por mi Passión y por mis llagas, os prometo dar y otorgar por algún tiempo tal graçia y un tal don y misterio que nunca en la Tierra se aya dado ni otorgado a ninguna persona de quantas en ella viven. Y la graçia será de mí mesmo, y de mi parte y virtud yo le participaré y daré graçia en el bientre de su ma [fol. 2v] dre, y entendimiento dentro en él de perfeta hedad. Y comunicaré con ella y con todas las religiosas, si ellas lo fueren, para lo conservar y guardar y tener en lo que es raçón, y conoçerme cómo soy misericordioso”. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y Nuestra Señora la Virgen María, oyendo la charidad tan sin medida y la promessa tan poderosa y larga del altíssimo Dios, fincados sus sagrados ojos, le dio muchas graçias, diziendo: “Yo os adoro y bendigo, Dios mío, hijo mío muy amado, y os doy loores y graçias sin quenta por tan grandes mercedes como vuestra divininal clemençia me a otorgado en querer offreçer tal graçia e don a aquella mi casa que yo edifiqué, o mandé edificar, en aquel campo despoblado, aunque yo, Señor, no pedía a vuestra Divina Magestad tan singular don, sino algún poquito de graçia en alguna de las mismas religiosas para que las otras conoçiesen cómo yo havía edificado la casa e tuviesen por bien de estar en ella”. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y el poderoso Dios le tornó a dezir con ynmensa charidad: “Por solo edificar vos, señora, la casa, y ser fundadora, quiero yo de mi propio grado y voluntad haçer mostrar grande graçia y maravilla, y más: le otorgaré y enfundaré tal graçia que no solamente se eleve y vea visiones angélicas y cosas çelestiales y maravillosas, mas aun que os vea a vos, madre mía, no una ni dos vezes, mas muchas, y aun a mí mesmo en la manera y forma que yo quisiere y fuere mi voluntad”. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y como su Divina Magestad otorgó a su sancta madre la virtud que le mandava, y la bienabenturada Juana de la Cruz estava entonçes en el vientre de su madre enpezada a façer varón, tornola muger, como pudo y puede haçer como todopoderoso. Y no quiso su Divina Magestad deshazerle una nuez que tenía en la garganta, por que fuese testigo del milagro. Y quando la tornó muger aún [3r] no tenía spíritu de vida, y guardándola el poderoso Dios de los peligros que a otras criaturas les suelen acaezer en el vientre de sus madres, nasçió a luz en un lugar llamado Azaña de Sierra y Arçobispado de Toledo, de padres buenos y christianos, y virtuosos y limpios en las costumbres, y de gente de mediana manera. Tuvieron hijos muy nobles y bien acostumbrados, y algunos dellos fueron religiosos, de muy buena y aprovechada vida, entre los quales nasçió esta bienabenturada candela lumbrosa en el año de la Sancta Encarnación de mil y quatrozientos y ochenta y vn año, y pusiéronle nombre de Juana. Fue dotada de mucha graçia y hermosura corporal. Criola su madre a sus pechos, porque en nasçiendo tomó con ella mucho amor. Hera muy graçiosa y mansa, y deçía su madre que no tan solamente no padeçía pena ni travajo en crialla, mas consolaçión y alegría espiritual sentía en sí mesma todas las veçes la tomava en sus brazos, aunque ella estuviese muy triste e angustiada. Y esta bienabenturada, desde las tetas de su madre, tuvo arrobamientos, que muchas vezes la hallava su madre elevada en la cama y en cuna, de lo qual se angustiava mucho su madre pensando que hera dolençia, pues perdía el comer y tomar su refeçión corporal de niñez. En una vez estuvo tres días que no volvió en sí, salvo que tenía pursos y estava caliente. Y su madre, muy angustiada, supplicó muy afincadamente a Nuestra Señora la Virgen María le resucitase a su hija, y que ella le prometía de llevalla con su peso de [fol. 3v] çera a velar una noche a Santa María de la Cruz, que está cave Cubas. Y tornando esta bienaventurada en sus sentidos, consolose mucho su madre, pensando que cobrava salud corporal. Y assí creçía en grandes graçias espirituales y dones de Dios, aunque por entonçes no hera conoçido de sus padres. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Siendo esta bienaventurada de dos años, poco menos, hizo Nuestro Señor con ella un milagro por ynterçesión del señor sant Bartolomé, que estava muy enferma de manera que no podía mamar ni pasar ninguna cosa, y con mucha angustia y devoçión lleváronla a una yglesia del señor sant Bartolomé, que está en otro lugar que se dize Añover, en la qual haze muchos milagros. Y estava esta bienabenturada tan doliente y desbilitada que pareçía que se quería finar cumplida la vela, la qual hiço su madre. Y su madre enseñava a la niña que pusiese las manos y que mirase a sant Bartolomé, que estava en el altar, por que le diese salud. Y la niña, súpitamente, se rió, mirando la ymagen. Y preguntada de qué se havía reýdo o qué havía visto, no respondió ninguna cosa, salvo que luego pidió de comer por señas, y mamó. Y dende adelante tuvo perfeta salud con su niñez y juventud. Y andando algún tiempo, ya que hera más creçida, dezía esta bienabenturada que havía visto al señor sant Bartholomé, y la havía abrazado y besado, y le havía dicho: “Niña, acuérdate de mí, que yo me acordaré de ti”, y la havía sanado y vuelto la color, la qual tenía quitada de la dolençia. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y aquesta sancta bendicta hera de hedad de quatro años; como tuviese tan claro entendimiento y perfecto conoçimiento de Dios, aunque niña de tan poca hedad, siempre andava su pensamiento con ocupaçiones çelestiales y en hazer nuevos serviçios con su desseo y pensamiento a su muy dulçe esposo y amado [fol. 4r] Jesuchristo, Nuestro Señor. Nunca la vían jamás jugar en cosa de banidades, ni desaprovechada, ni hablar palabras banas como otros niños hazen; de manera que sus padres y parientes, y personas que la conoçían, se maravillavan mucho de las grandes virtudes que en ella vían resplandezer, y pensavan haver nasçido sanctificada, pues siendo tan niña vían en ella graçias tan singulares. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Siendo en tiempo de agosto, quando cogen el pan, y esta bienabenturada siendo de tan tierna edad, embiola su madre a las heras, por que se holgase ençima de una bestia, y un mochacho con ella que la llevase. Y el mochacho fuese por otra parte, dexola sola. Yba por una calle por la qual havían llevado el Sanctíssimo Sacramento a un enfermo, y ella acordose de esto: pensó: “Por aquí llevan a mi Señor Jesuchristo”. Y pensando en esto, arrovose, y cayó de la bestia en que yba. Y el cura de aquel lugar açertó a pasar por allí, y vídola caýda en el suelo como muerta, y sola. Y él, pensando de la caýda se havía amorteçido, tomola en brazos, y llevola a casa de su agüela. Y ansí como ella fue privada de sus sentidos, fue arrovada, e se vio yncontinente en un hermoso prado lleno de diversidad de berduras e flores muy hermosas, y frescas y olorosas, y fue puesta a par de un claríssimo e grande río que en aquel deleytoso prado estava. Y estando ella allí mirando, vido muchedumbre de árboles muy floridos e con frutos, e llenos de diversidad de muy hermosas aves, las quales cantavan muy dulçemente. Y también vido otra muchedumbre de niños muy hermosos, los quales cantavan a consonante, y respondíanles las aves. Y este tan dulçe canto dixo hera en otra lengua, que ella no la podía entender, salvo que la armonía hera muy dulçe y deleytosa de oýr. E allende de esto, vido allí, en aquel prado, otra muy hermosa suerte de mugeres muy apuestas [fol. 4v] e adornadas. E unas le pareçían como dueñas e otras como donzellas, e unas muy más lindas y hermosas que otras, que pareçían muy grandes señoras, e otras no tanto, como quier que toda hera gente muy benerable y luzida. Y también vido allí una grande señora, como emperatriz y señora de toda aquella suerte, y el resplandor y hermosura della hera sin comparaçión. E los niños que allí estavan cantando, hablavan a esta bienaventurada Juana de la Cruz, que todas estas cosas estava mirando, e le dezían: “Anda acá, niña, ¿qué hazes aý, por qué no vas a hazer reverençia e humiliaçión a aquella gran señora, que es la Madre de Dios e señora de todos, e a quien todas las personas deven servir e reverençiar?”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y esta bienaventurada le respondió: “Yo no sé cómo tengo de haçer, mas rezarle he el Ave María”. E luego yncó las rodillas, e puso sus manos, y saludó a la Reyna de los Çielos con la salutaçión angelical. Y estando ansí, a desora vido aparçer ý un muy hermoso manzebo (que entonçes, como hera niña, no supo dezir que hera ángel), sino un muy lindo donzel, el qual según ella, después adelante, vido e conoçió en sus revelaçiones. Hera el sancto ángel su guardador, el qual entonçes le habló e dixo: “¿Quien te trujo acá, de dónde heres?”. Ella, como niña, le respondió: “De mi casa soy”. Y él le dixo: “¿Adónde es tu casa?”. Él [¿''sic''?] le respondió: “En casa de mi padre”. Y el sancto ángel le dixo: “¿Pues cómo veniste aquí?”. Ella le respondió: “Embiome mi madre a las heras con un muchacho, y no hallo las heras ni la borrica. Llévame vos, señor, en casa de mi madre”. Y el sancto ángel le respondió: “No estás en casa de tu madre, sino en casa de tu agüela”. Y ella le dixo: “Pues llévame en casa de mi agüela”. Y él le dixo: “Plázeme”. Y la causa por que el sancto ángel le dezía que no estava en casa de su madre hera porque la havía llevado el clérigo, quando se arrovó, en casa de su agüela, madre de su madre. Y acabó de dezir çiertas oraciones. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Tornando [fol. 5r] en sus sentidos, hallándose hechada en una cama, maravillose de verse en casa de su agüela, y empezó como niña a contar las cosas que havía visto a su agüela. Y oyéndola ella, riñola y reprendiola, y amenazándola mucho, porque dezía tales cosas, que no hera sino como havía caýdo de la borrica. Y la bienaventurada tornava a dezir, con juramento de ynoçençia, que hera todo verdad lo que havía dicho, y relatava cada una de las cosas en la manera que lo havía visto. E tornando la prudente agüela a dezille que callase, calló por entonzes. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y en el mismo año, estando esta planta sentuosa asentada a la puerta de la casa de su padre, según acostumbran los niños, pasavan con el Sanctíssimo Sacramento por allí, que le llevavan a un enfermo. Y como la bienaventurada hera dotada de tanta graçia e ympuesta en las cosas de Dios y de su sancta fee chatólica, salió con mucho fervor a mirar y adorar al Señor, que llevava el clérigo en sus manos. Vido que yba sobre el cáliz o custodia a Nuestro Jesuchristo hecho niño vivo, muy resplandeçiente y hermoso, y los pies del mesmo niño Jesuchristo puestos sobre un manojo de albaca que salía del mesmo cáliz, y en su preçiosa caveza llevava una corona o guirnalda de rosas e flores, e un manojo de clavellinas en sus sacratíssimas manos. E quando vido esta revelaçión hera en tiempo de hymbierno, quando la tierra ninguna flor produze. Y por entonzes no dixo esta revelaçión, pensando que todos veýan lo mesmo que ella veýa por Nuestro Señor, que es dador de las graçias y descubridor de los secretos. Tuvo por bien de traer tiempo en que estos e otros muy grandes misterios fuesen en ella vistos e conoçidos, sin ser en su mano podellos encubrir.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Capítulo II'''&lt;br /&gt;
'''Cómo siendo esta bienaventurada de hedad de siete años quedó huérfana de su madre'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Plugo a Nuestro Señor de llevar de esta presente vida a su madre desta [fol. 5v] bienaventurada, la qual llamavan Catalina Gutiérrez, y a su padre, Juan Vázquez. Como esta honrada dueña huviese vivido muy cathólicamente, y assí fue su fin, mirando ella los cargos de su consçiençia, acordose de la promessa que havía hecho a Nuestra Señora de llevar a esta bienaventurada su hija, con su peso de çera, a velar una noche a la casa de la Reyna de los Çielos llamada Sancta María de la Cruz. Rogó a su marido lo cumpliese por ella, y él se lo prometió de lo complir lo más presto que pudiese. Y quando esto pasava entre los dos, estava delante la bienaventurada su hija Juana de la Cruz, y ella, con cuydado, miró la promessa de su madre. Y como su padre quedó obligado de la cumplir y ella tenía muy gran desseo que se cumpliese, e decía entre sí: “Mi padre se descuyda en cumplir esta promessa, bueno será que me vaya yo a aquella sancta casa y me quede en ella para perpetuamente y así se descargará la conçiençia de mi madre”, y esto dezía con conosçimiento que tenía que se an de cumplir las cosas que prometen a Dios y su bendita madre. Y como esta bienaventurada quedó en casa de su padre, creçían en ella muy grandes fervores e ansias de ser religiosa y hazer mucha penitençia por servir y agradar a Dios, a quien ella tan dulçe y perfetamente amava. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y creçiendo en hedad, empezava a poner en obra sus fervorosos desseos. Y tenía una tía, hermana de su madre, donzel[la] y de muy sancta vida, en quien Nuestro Señor mostró muy claro y manifiesto milagros e maravillas, con la qual ella se consolava y comunicava mucho. Y en este tiempo metiose religiosa esta su tía en la Orden de Santo Domingo, en un monasterio que se llama Sancto Domingo el Real de la çiudad de Toledo, en el qual vivió y acavó su vida muy sanctamente. Y la bienaventurada Juana de la Cruz sintió mucha soledad en faltarle tal [fol. 6r] compañía e conversión, y que fuera mucho yrse con ella a ser religiosa. Y rogolo y pidiolo con muchas lágrimas a su padre y agüela, y ellos no se lo quisieron conçeder, diziendo que tenía poca edad y no podría llevar las asperezas de la religión, que serían muy grandes. Y esto dezían ellos porque la amavan mucho y no la querían quitar de su compañía. Hera en gran manera bien acondiçionada y obediente a su padre, y muy hermosa. Y viendo ella que aprovechava poco rogallo, calló por entonçes con prudençia, y pensava entre sí: “Yr yo a ser religiosa a aquel monasterio, por estar allí mi tía, no es perfeçción, mas quiero yr a otro qualquier monasterio por solo Dios y su amor, y serville e aplaçerle”. Y este desseo creçía en ella de cada día. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y la tía desta bienaventurada hera muy sancta y muy amada de Dios, el qual le mostrava muchas revelaçiones. Y le mostró y reveló que su sobrina havía de ser muy gran criatura y de muy singulares graçias y dones spirituales. Y contando esta revelaçión a la priora de su monasterio, fue por ella con grande aýnco, procurada y deseada para su orden y monasterio, y con mucha diligençia y ruego la pedía a su padre y parientes se la diesen para monja. Y como todos la amavan mucho no conçedieron el ruego de la priora. Y viendo la priora y monjas que no la podían alcançar por aquella manera, travajavan de hazella hurtar, y tanpoco pudieron. Y en todo este tiempo no cesavan de suplicar a Nuestro Señor, su Divina Magestad, permitiese de traer a su orden aquel tan preçioso thesoro y criatura tan sancta. Y nunca la pudieron alcançar, por quanto no la havía criado Dios para ellas, sino para el reparo de la casa de la Reyna de los Çielos, por cuyos ruegos fue criada.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y estando esta bienaventurada en la yglesia oyendo missa con muy gran devoçión y atençión un día de la Purificaçión de Nuestra Señora, con una candela ençendida en la mano, al tiempo quel preste quería alzar el Sanctíssimo [fol. 6v] Sacramento, acatándole a ella con mucho fervor para le adorar, vido la hostia en su mismo tamaño y redondez muy clara, buelta como a manera de una redoma de bidro muy hermosa e clara, e dentro della, fecho el bulto del cuerpo de nuestro Señor Jesuchristo en carne viva. Y parezíale a ella que en la mesma redondez de la hostia estavan unas como asas muy delicadas y resplandeçientes, de las quales asas o figuras dellas le pareçían los sanctos ángeles tenían asida la sancta hostia por tres partes, de arriva y de los lados. Y esto vido ella espaçio de quando el saçerdote alçó el Sanctíssimo Sacramento, y de la qual visión tan gloriosa fue muy alegre y conso[la]da; la qual revelaçión no tenía ella por entonçes por cosa muy grande, pensando que todas las personas veýan e goçavan lo mesmo. Y este pensamiento, que todos veýan esta mutaçión del Sanctíssimo Sacramento después de ser consagrado, le duró hasta vino a la sancta religión. Pero Nuestro Señor Dios truxo tiempo en que esta bendita criatura conosçió cómo no hera visto de todos el Sanctíssimo Sacramento como ella le vía y goçava. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Fue llevada esta bienaventurada a casa de un tío suyo, muy prinçipal persona e muy abastado de bienes de este mundo, el qual lo alcanzó con muchos ruegos de su padre. E la amava en tanta manera, y su muger, que también hera su tía, como si verdaderamente fuera su hija, y así le dieron el mando en su casa y bienes. Y ella les hera muy obediente y a sus personas muy piadosa. Hera muy honesta en todas sus obras, y muy caritativa para los servidores de casa y personas que en ella travajavan; cuydadosa y diligente en los travajos corporales y muy administradora en las casa de Dios, e dadora de buenos consejos. Hera muy humilde, e tenía la voluntad muy aparejada para hazer penitençia, y lo tomava sobre sí con mucha alegría, por amor de Dios. Y assí lo ponía por obra, que en sus ayunos fue muy abstinente, que su comer hera pan e agua y no comía más de una [fol. 7r] vez al día, y desto no todo lo que havía menester; y no solamente ayunava con solo pan y agua, mas se estava dos o tres días sin comer ni beber ninguna cosa, y esto hazía ella muy ordinario y muy secreto. Todas las vezes que ella se podía desocupar para reçar y contemplar, lo hazía: oraçión muy fervorosa bañada en lágrimas, salidas de su coraçón y lloradas con compasión de la Passión de Nuestro Señor Jesuchristo, que hecha de otra manera la oracçión la tenía por yndigna de ser resçivida delante del acatamiento divino. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Hera cruel para su cuerpo, que traýa junto con sus carnes un siliçio hecho de unas cardas que buscó ella muy secretamente, y las deshizo, e todas las púas e puntas cosió en una cosa muy áspera. Y aquello traýa junto a sus carnes. Andava de contino dolorosa y toda llagada, y muy alegre y consolada, porque tenía contino dolores que offreçía al Señor en reverençia de los que Él padesçió por nos redimir y salvar. Quando travajava, dávase mucha priesa porque los dolores y heridas fuesen mayores siempre. Esta bienaventurada offreçía tres cosas a Dios: travajo corporal, hecho muy alegremente por amor de Dios e la charidad del Próximo; la segunda, sacrifiçio de sangre y dolores, que le causavan las cosas ásperas y crueles que traýa junto a sus carnes; la terzera, los pensamientos siempre puestos en Dios y en las cosas çelestiales. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Hazía siempre muy ásperas disçiplinas, dándose con muy gruesos cordeles dados en ellos muy grandes [¿nudos?]. Dávase con estos tan cruel y despiadadamente hasta que le salía sangre y se hazía muy lastimossos cardenales y heridas. Tenía tan gran silençio que nunca hablava palabra oçiosa que fuese fuera de Dios o la neçessidad no la pudiese escusar. Andando por casa, o haziendo labor de manos, se dava secretamente en los mureçillos de los brazos y en qualquier parte de su cuerpo que ella podía muy reçios pellizcos, y quando havía de hazer algún travajo al fuego o orno, se destocava y se arremangava mucho los brazos para hazer penitençia e quemar sus carnes e offreçerlas a Dios en sacrifiçio. Y el día que alguna de estas cosas no hazía, no se tenía por [fol. 7v] digna de comer el pan ni de ollar la tierra que Dios havía criado. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y como ella le tenía siempre en su memoria y coraçón, su Divina Magestad le mostrava las revelaçiones que Él hera servido, ansí de mostrársele a ssí mismo como a sus sanctos ángeles, que los veýa esta bienaventurada muchas vezes. Y en espeçial cada vez que estava en un palaçio veýa en un margen que estava puesta de un paramento delante della dos serafines muy hermosos y resplandesçientes, y entre medias de los dos seraphines estava una fuente muy hermosa y muy clara, con caños muy luçidos y corrientes de agua. Y los seraphines tenía cada uno una xarra de oro en la mano, y enchíanlas de agua de la agua de la fuente, y a deshora las baçiavan. Y no veýa ella dónde, porque no se derramava ni pareçía en ningún lugar visible. Y esto hazían los seraphines muchas vezes de llenar las xarras en la fuente y tornarlas a baçiar; la qual fuente, le dixo della su sancto ángel andando el tiempo, hera divina, y el agua, la graçia muy abundosa del Spíritu Sancto, la qual aquellos dos seraphines en figura y persona de Dios derramavan sobre ella y la infundían en su ánima. Aunque oculto por entonçes a sus ojos corporales, dezía esta bienaventurada que hera tan grande la consolaçión que sentía quando lo veýa, que en ninguna manera quisiera de allí ser apartada. Y assí hera, que ella entrava allí muy a menudo y se estava por largos ratos, en tanta manera que hera por ello muchas vezes reprehendida ásperamente. Pero sufríalo con humildad, y no ser por eso dexava de entrar todas las vezes que ella podía, y quando entrava la miravan los sanctos seraphines y se reýan y gozavan con ella, aunque no la hablavan. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y como ella hera tan amiga de la oraçión, y del silençio y recogimiento, buscava tiempos en que ella pudiese, sin estorvo, estar en prolongada oraçión. Y para esto pareçíale que el silençio y reposo de la noche hera tiempo muy convenible. Y quando hera la gente de la casa de su tía recogida y que todos dormían, quedávase ella [fol. 8r] rezando en la cámara donde durmía. Y de que veýa muerta la candela, en el tiempo de las noches frías y largas del himbierno, para hazer mayor penitençia −junto con la ferviente oraçión− desnudávase en carnes delante de unas ymágenes, quedándosele el siliçio muy áspero, que contino traýa. Y assí estava de ynojos en oraçión hasta que veýa que la gente, e unas o dos o tres criadas de casa con quien ella dormía, era ora que se levantasen. Entonçes, por no ser sentida, ýbase acostar. Y como ella hiçiese esto muchas vezes, aconteçió, quiriéndolo Dios por que fuese conoçida, sus compañeras lo sintieron y vieron cómo se yba acostar quando quería amaneçer; y sentían cómo yba muy fría, que solo el fríor de sus carnes las depertava. Y reprehendida muchas vezes dellas, porque no se acostava quando ellas se acostavan, que qué hazía, adónde estava o venía a tales horas, la bienaventurada les respondía con mucha prudençia que alguna neçessidad tenía de venir donde venía. Y como ella no çesase de proseguir en su buena obra y perfeta oraçión, acordó una de aquellas sus compañeras de dezillo a su señora, cómo su sobrina venía tan tarde a la cama, y muy fría, y que ellas no la havían sentido levantar ni visto antes acostar; la qual se angustió mucho quando esto le dixeron. Y mandó a aquella su criada que, con cuydado y en secreto, viese dónde se yba su sobrina aquellas oras, e qué haçía. Luego, la noche siguiente, la moza, viendo que no estava en la cama la bienaventurada, acordó de ponerse a la puerta de la cámara donde dormían con yntençión de çerrarla, pensando la bienaventurada havía salido fuera. Y con este pensamiento llegó a la puerta, y hallola çerrada, y maravillose mucho. Y como estavan ascuras no la veýa, que estava en oraçión delante de las ymágines, y púsose junto a la puerta por verla quando fuese a salir. Y estando allí por algún rato, oyola llorar y gemir. Y la moça, por çertificarse, quitose de la puerta, y fue donde ella estava en oraçión descuydada, que nadie la oýa ni aguardava. Y fue a asir della y sintió cómo estava de rodillas, y desnuda en carnes, y envuelta en áspero siliçio, de lo qual la bienaventurada resçivió gran tribulaçión por ser vista. Y la moza, más maravillada que se podía dezir, disimuló con ella [fol. 8v] por entonçes, y dixo a su señora quán bienaventurada persona hera su sobrina y en quán sanctos y provechosos actos la havía hallado, de manera que su buena vida y obra se divulgó y conoçió por todas las personas de la casa y aun por otras muchas personas, de lo qual ella resçivía muy gran pesar, y [¿?] su pensamiento, donde se podía apartar a haçer sus acostumbradas obras que [¿no?] fuese vista, y acordose de un palomar que estava tapiado y sin texado en un corralejo y corrales en aquella casa de su tía. Y tomó una Berónica en que ella tenía gran devoçión, y púsola en un gran pedaço de terçiopelo y, doblándola, traýala consigo. Y todas las vezes que ella podía yba a aquel palomar y ponía la Berónica que traýa en una parte; y con unas cadenas que ella tenía allá escondidas, dávase muy crueles azotes, hasta que le salía sangre de sus carnes, y andava de ynojos, desnudas las rodillas sobre las grigeras y cantos, hasta que se le ollavan. Y con muchas lágrimas y gemidos andava desta manera con la más priesa que podía, considerando que yba por los lugares sanctos y por donde havían llevado a cruçificar a Nuestro Señor Jesuchristo apasionado, como quando llevava la Cuz a cuestas, y que la mirava con sus ojos de misericordia. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Un día de Viernes Sancto tenía esta bienaventurada gran desseo que la llevasen a la yglesia para ver el sancto monumento y adorar y reverençiar a Nuestro Señor Jesuchristo, que estava en él, y pidiolo a su tía. Y no conçediéndoselo, fuéronse todos a la yglesia, y quedó solo ella en casa, acompañada del dolor y compasión que aquel sancto día representava. Y con esta contemplaçión tan piadosa yncose de ynojos delante un cruçifixo con muchas lágrimas, compadeçiéndose de lo qu’en tal día su Dios y Señor havía padeçido. Y fue tanta el agua que de sus ojos manó que mojó la tierra, y del dolor que sentía en su coraçón cayó en el suelo como muerta. Y estando [fol. 9r] con esta compasión, a deshora vido a Nuestro Señor Jesuchristo, o la ymagen de sancto crucifixo muy apasionado y llagado, y pareçieron allí todas las ynsignias e misterios de la Passión, y las tres Marías, todas muy llorosas y cubiertas de luto. Y tantos fueron los misterios e autos de la Sancta Passión que allí vido y sintió, y lo mucho que lloró e se traspasó su coraçón, que quando ya çesó de ver esta revelaçión, la qual vido e oyó corporalmente estando ella en sus propios sentidos e no estando arrovada, quedó tal que pareçía muerta, e su gesto tan difunto e disgustado que quando sus tías y la gente de casa vinieron se maravillaron mucho de la ver tan demudada, y le preguntavan qué le havía acontesçido o qué sentía, que tan desmayada estava, y apremiáronla que comiese y no ayunase aquel día a pan y agua. Y la bienaventurada suplicoles no la quitasen su devoçión, que muy bien podía ayunar, que bien dispuesta se hallava. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Teniendo el tío de esta bienaventurada unos cavalleros por huéspedes en su casa, acaesçió que, haviendo ya çenado toda la gente, haçía luna e noche serena. Salió la bendita a un corral a buscar soledad para haçer sus acostumbradas oraçiones, la qual se puso de ynojos en tierra y empeçó a reçar y orar mirando el çielo con mucha devoçión y atençión. Y estando assí mirando, a deshora vido cómo el çielo se abría, y vido desçender a Nuestra Señora, la Virgen Sancta María, trayendo en sus brazos al Niño Jesús, y pareçíale que venía haçia ella, y la mirava y acatava. Y muy admirada de esto, la bienaventurada, casi enagenada de sus sentidos, no siendo en su mano ni saviendo de sí, dava muy grandes gemidos y gritos, toda muy temerosa, sintiéndose por muy yndigna que viniese a ella; y encomendávase a Nuestra Señora, diziéndole muy grandes loores y haziéndole muy grandes [fol. 9v] ruegos y suplicaçión, cuya voz tan clamorosa de todos los huéspedes y criados suyos y de sus tíos fue oýda. Y no saviendo lo que hera, ocurrieron todos, y como la vieron yncada de ynojos conoçieron estava en oraçión. Y callaron todos, y estuvieron por algún rato mirando por entre las puertas, y oyeron cómo hablava con Nuestra Señora e le haçía muy grandes ruegos. E después de ser haver çertificado bien y visto la maravilla que por entonçes mostrava Nuestro Señor en ella, entraron todos, y habláronla disimuladamente diziéndole que qué haçía. La bienaventurada tornó en sí, turbose en alguna manera en su spíritu porque la havían visto, e respondió disimuladamente diziendo que entonçes se havía puesto allí a reçar. Y como se fue a levantar, cayósele un manojo de nudos en que rezava, y como la vieron los huéspedes, dieron graçias a Dios. Y el uno de aquellos cavalleros diole entonzes un rosario de cuentas en que rezase, diziéndola que rogase a Dios por él. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
La bienaventurada, sitiendo que no se podía encumbrir, dávale pena y congoja tres cosas: la una, no tener tiempo y livertad para servir a Dios como ella deseava; la segunda, que hera conoçida de todos la graçia que Dios ynfundía en su sancta ánima; la terçera, el gran desseo que tenía de la sancta religión, de manera que muy públicamente y con mucho fervor y lágrimas pedía de ser religiosa a sus padres y a sus tíos, los quales con mucho desabrimiento la deshechavan, y la menospreçiavan con palabras. Y en espeçial su tío, que la havía criado, le dixo como haziendo burla della: “Mi sobrina quiere ser monja por ser sancta”. La bienaventurada le respondió con mucha humildad: “Pues si lo fuere por la graçia de Dios, rogase por vuestra merçed”. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y por entonzes no los ymportunó más, no perdiendo la esperanza que Nuestro Señor se lo havía de otorgar, pues ella se lo suplicava sin çesar. Y con esta esperanza fuese a aquel lugar do estava el palomar, y entrando en él puso la sancta [fol. 10r] Berónica y sacó la cadena que tenía escondida y empeçose a dar con ella muy crudamente, porque todas las vezes que ella yba a aquel lugar primero [¿secrestava?] que se pusiese en oraçión. Y hecha su desçiplina, yncó sus ojos en tierra, y derramando muchas lágrimas empeçó a decir mirando a la sancta Berónica: “O, muy dulçe señor mío Jesuchristo, suplico a la vuestra Divina Magestad por reverençia de los misterios, que tal día como oy, día de Viernes Sancto, Vos mi Señor sufristes, y por los dolores y tomentos muy crudos que por me redimir y salvar padeçistes, que me conçedáys esta miel que muchas vezes con ynportunidad he pedido: que merezca yo ser vuestra esposa y entrar en la sancta religión para que mejor os pueda servir y amar, por que ninguna cosa ni ocupaçión mundana desto me pueda apartar. Y esta merçed, mi Señor, supplico a vuestra Divina Magestad no me sea negada en este sancto día”. Y estando la bienaventurada en tan prolongada oraçión, a deshora vido la sancta Berónica mudada y transformada en el rostro y figura de Nuestro Señor Jesuchristo, como si estuviera allí vivo, en carne apasionado, y llagado y corriente sangre; y hablola y consolola con muy dulçes e amorosas palabras, diziendo que havía oýdo su petiçión y resçivía su buen desseo, y los tomava por obra muy açeptable a Él, y le plazía de la tomar por esposa. Y conçediole la religión con tal condiçión que pusiese ella diligençia en ello, que para alcançarlo havía menester alguna interçesión y soliçitud. Y de que Nuestro Señor la hubo hablado y consolado, tornose la sancta Berónica a deshora en su mesmo ser. Y dende aquella hora, buscava y procurava en su coraçón cómo y de qué manera saldría secretamente, que ninguna persona la viese [fol. 10v] yr al monasterio de Nuestra Señora Sancta María de la Cruz, que allí la alumbrava el Spíritu Sancto fuese.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Capítulo III'''&lt;br /&gt;
'''Cómo esta bienaventurada virgen buscó manera para ser religiosa'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Después de pasada la Pasqua de la Sancta Resurrecçión, como ya fuese cumplida en ella la voluntad del poderoso Dios para que fuese religiosa, acordó con ayuda suya de tomar una mañana de madrugada unos bestidos de un primo suyo que ella tenía en guarda, e calzas, y borçeguíes y çinto, y vistiese de hombre para salir sin ser vista e yrse al monasterio llamado Sancta María de la Cruz. Estava dos leguas del lugar donde ella vivía, y de que estuvo bien adereçeda de ávito de barón, púsose ençima los acostumbrados bestidos de muger que ella sólía traer y toda de la mesma manera que acostumbrava, y llamó a las mozas diziendo que hera tarde, y junto con ellas hizo las haziendas de la casa como acostumbrava otras vezes. Y de que todos los de la casa la huvieron visto que esta hera su yntençión, que la virgen, por que se descuydasen della por algún rato y ella pudiese yrse sin que la siguiesen, entrose aprisa en un aparte y quitose los bestidos de muger y púsose un tocador de hombre en la caveza, y arrevoçose una toca de camino, y hechose una capa en el hombro y una espada en la mano; y un lío que tenía hecho de sus aderezos de muger, tomole debajo del brazo y, santiguándose, empeçó su camino, el qual ella no savía sino por oýdas. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y yendo ella con mucho fervor, el Demonio, que tenía mucho pesar de la tal obra, travajó de le poner tentaçiones y peligros por [fol. 11r] estorvalle tan glorioso viaje, convatiéndola de muy reçios temores y espanto de su padre y parientes, y que no saldría con lo començado. La bienaventurada, como arrepintiéndose de lo que havía puesto en obra, creçiole el temor en tanto grado que le falleçieron las fuerças corporales y le temblava todo el cuerpo, que no podía andar paso, en tanta manera que se huvo de assentar en el mismo camino muy desmayada; y, estando assí, enconmendávase con muchas ansias a Nuestra Señora, suplicándole Su Magestad la quisiese esforçar y ayudar en tan grande neçessidad para que ella pudiese acavar la obra començada. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y estando en esta esclamaçión, oyó una voz que le dixo: “Esfuérçate, esfuérçate, esfuérçate, no desmayes, acava la buena obra que as empezado”. Y no vido por entonzes quién la hablava, mas después supo en revelaçión que hera su sancto ángel, en la qual voz se esforzó mucho y se levantó muy alegre, y anduvo su camino. Y, ya que havía andado buena parte d’él, sintió venir tras sí, aunque algo lejos, una persona cavalgando en un cavallo, la qual hera un hombre muy honrado que tenía muy gran desseo de casar con esta bienaventurada virgen y lo havía procurado y rogado. Como ella alçó los ojos y conoçió que hera el susodicho manzebo, y se vido sola en un campo y que por entonzes no pareçía nadie ni aun siquiera un pastor, turbose su spíritu más de lo que se puede pensar, temiéndose por deshonrada e perdida. E alumbrada y esperida en aquella sazón del Spíritu Sancto, pensó en su coraçón de se apartar disimuladamente antes [fol. 11v] que él llegase çerca, y assí lo hizo, que se apartó del camino, y a él le çegó tanto Dios los ojos del conoçimiento que no solamente no la conoçió mal: aun la color de los bestidos de hombre que llevava la bienaventurada le paresçieron a él de otro, y quando pasó por enfrente donde ella estava, dixo en su corazón: “Mira qué cobardía de hombre; qué le havía yo de hazer que en viéndome se apartó del camino”. Y tornando él a miralla vido el lío que la bienaventurada traýa debaxo del brazo, y dixo: “Algún sastre debe de ser que viene de cortar y coser de alguno de estos lugares”. Y con este pensamiento pasó aquel manzebo su camino sin la conozer. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y de que la sancta virgen se vido librada de aquel tan gran peligro, yncose de hijonos con muy gran fervor y devoçión y empezó con muchas lágrimas a orar y dar graçias al poderoso Dios, que la havía librado. Y suplicando a Nuestra Señora con muy amorosas e dulçes palabras quisiese Su Magestad rogar por ella a su preçioso hijo, y alçando los ojos al çielo, vido a Nuestra Señora la Virgen María yncada de ynojos y puestas las manos a manera que rogava por ella, y díxole: “Esfuérçate, hija mía, que yo rogaré por ti, y te pedía a mi preçioso hijo para mi casa de la Cruz, y él te me crió para eso. E yo te doy las llaves de mi casa para que en ella estés y mandes, y disipes y cortes lo malo, y aumentes el serviçio de mi preçiado hijo y el mío”. Y estas palabras y otras de mucho amor le dixo la Reyna del Çielo, y la bienaventurada, con mucha humildad, dio muchas graçias a Nuestra Señora, y con muy gran consolaçión en su spíritu se levantó a andar su camino.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y anduvo gran parte d’él, y apartó a un lugar qu’es dicho Casarrubielos. Y por la mucha fatyga y cansançio del camino, que todo havía andado a pie, y llegó a una casa en aquel lugar a pedir un jarro de agua y, como se le dieron, asentose a descansar y puso la espada sobre un poyo y olvidosele allí. Y ya que hera salida de la casa, tornó por ella y dixo: “O peccadora de mí, la [fol.12r] espada se me olvida”. Y estas palabras oyó la moza, que salió a dalle de beber, y las dixo a las personas de aquella casa, diziendo: “Muger es aquel paje que pidió el agua”. Y no creyendo a la moza, no la siguieron.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y la bienaventurada, llegando al monasterio, entró luego en la yglesia a hazer oraçión, y offreçió su ánima y su cuerpo a su esposo Jesuchristo. Supplicóle la quisiese resçivir en aquella sancta compañía y congregaçión y, de que huvo orado, como no havía nadie en la iglesia, apartose a un rincón della y quitose los bestidos de hombre, y bestiose sus propios bestidos de muger, que havía traýdo consigo. &lt;br /&gt;
Y de que fue adereçada de muger, fuese al resçivimiento o portería de la cassa, en el qual estava una ymagen de Nuestra Señora, de bulto, de mucha devoçión e milagros. E yncándose de hinojos y puestas las manos con mucho fervor, le dio gracias, porque la havía traýdo a su sancta casa sin peligro de su persona, y dezía con mucha humildad a la sancta ymagen: “¿Qué serviçio podría yo, Señora, hazer a Vuestra Real Magestad por tan gran virtud como esta? Suplícole a mi Señora me dé graçia, que yo perseveraré en serviçio de vuestro preçiosíssimo hijo Nuestro Señor Jesuchristo toda mi vida en esta vuestra sancta casa, y en ella acave mis días”. Entonzes la sancta ymagen la habló, diziéndole: “En nora buena seáys venida, hija, a esta mi casa. Entra en ella alegremente, pues para ella fuysteis criada, y yo te torno a dar la mayoría como te tengo dicho”. Entonçes esta bienaventurada le respondió: “Ay, Señora, que no sé si me querrán abrir la puerta e resçivir estas vuestras siervas”. La sancta ymagen la dixo: “No tengas temor de eso, pues mi preçioso hijo te truxo con su graçia. Él hará de manera que seas resçivida”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y levantándose esta bienaventurada delante la sancta ymagen, fue a llamar a la puerta, rogando que la abriesen, y preguntándole la casera de las monjas quién hera o qué [fol.12v] quería, respondió que hera una donzella que quería ser religiosa. La casera le dixo: “Las que bienen a ser religiosas no vienen solas, que sus padres o parientes las traýan”. La bienaventurada le respondió: “Vine en ábito de hombre ascondidamente, que de otra manera no viniera así, mas por amor de Dios me abrid siquiera para que me caliente, que como esta mañana llovió, tomome el agua en el camino, y vengo cansada y muerta de frío; siquiera para que me caliente y me dé por caridad un poco de pan, que vengo muy neçessitada, que si no queréys no digo yo que me metáys allá para religiosa, que, como vine ascondida, presto me hecharán menos mis parientes y me vernán a buscar, y si no me quisieredes, yrme he con ellos”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y la casera la metió dentro, en la casería, y la dio de comer y la hizo caridad, siempre preguntándola y examinándola, y la bienaventurada le dava muy çierta entera quenta de su deseo y venida. Y quando la serbienta de la casa fue a la yglesia, vido los bestidos de hombre que havía traído. Pensó en su coraçón no fuese varón que venía con alguna burla o engaño, pero ansí en los cavellos largos, como en los pechos y gestos y en otras señales, se çertificó cómo hera muger, y aun virgen y donzella, y de tierna hedad. Entonzes la dicha serbienta llegó al torno del monasterio y dixo a la portera que quería hablar a la abbadesa. Y quando la fue a hablar el abbadesa, la sirvienta le dixo: “Señora, aquí es venida una donzella de hasta quinze años, que dize que es de Hazaña, y vino sola, en ábito de hombre, y pareçe que trae muy gran fervor de ser religiosa”. El abbadesa, oýdas las palabras que la sirbienta la dixo, mandó llamar a la bienaventurada donzella, e informose muy bien della y de su desseo. Y después que la huvo muy bien esaminado, aunque fingidamente, reprehendiola, porque havía venido de tal manera. Y la bienaventurada la respondió con mucha humildad, [fol.13r] diziendo que su venida no havía sido por otra yntençión ni ocasión sino solo de servir a Dios, y vivir y morir en el dicho monasterio y sancta casa en su servicio, y hazer todo lo que la mandasen, y ser toda su vida su sirbienta. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Entonçes el abbadessa, dando graçias a Dios, entró donde las monjas con gozos, diziendoles: “Hermanas mías, una donzella está aquí que dize que quiere ser nuestra hermana. Creo la trae Dios por milagro, porque nunca havía savido este camino ni vístole”. Y ansí les dixo y relató la manera de su venida, y cómo dezía palabras de mucha prudençia. Las religiosas, oýdas las nuevas que el habadessa les dixo, dieron graçias a Dios, y demandaron liçençia para la yr a hablar y ver. Y ordenándolo la Divina Magestad, a todas les pareçió tam bien quando la hablaron que con yntençión de la resçivir en su compañía, y tuvieron por mucho milagro que no havía sino solos ocho días qu’el perlado mayor dellas havia ydo dela casa, sin el qual perlado no la podían resçivir, o sin su liçençia y mandamiento, y vino en aquella saçón. Y habló aquella bienaventurada, y supo su yntençión y sancto deseo, y con mucha voluntad dio la liçençia y merçed al confesor de las monjas le diese el ávito. Y antes que la metiesen dentro d’el monasterio, vinieron algunos de sus parientes a la buscar y, hallándola en la casería, reprehendáronla mucho porque se havía venido sin liçençia, y les havía dado tanta pena y enoxo. La bienaventurada, pidiéndoles perdón con mucha humildad y vergüenza, les respondió que ya savían ellos su deseo y quánto lo havía demandado, y que pues hera venida a tan preçioso y sancto lugar, çierto havía de ser religiosa en él, y no en otro ninguno. Y viendo el abbadesa y monjas su constançia e lágrimas, que derramava con fervor entrar en su compañía, defendíanla a sus parientes, y conçertáronse con ellos en lo que le havían de dar.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y dieron el ávito a la sancta virgen con mucha solenidad e alegría spiritual, en presençia dellas, e dieronle maestra que la administra- [fol.13v] se como es costumbre de dar a los que nuevamente son religiosos. Y administrándola su maestra de las cosas que havía de guardar, según Dios y la regla de su orden, que en la profesión prometen de guardar, díjole que havía de tener silençio todo un año, que no havía de hablar sino con las perladas y con ella, y quando confesase; del qual silençio ella holgó mucho, porque de natural hera muy amiga d’el. Y ansí empezó a hazer vida marabillosa y muy provechosa para los que la savían e oýan. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Su bestido hera muy pobre e humilde, muy más qu’el de las otras religiosas. Traýa túnica de sayal, e una saya muy vieja y remendada, e el ávito lo mesmo, e unos alpargatas en los pies, e lo más del tiempo andava descalza, e la más gruesa cuerda que ella podía haver se çeñía. Y en la caveça una albanega de estopa, y ençima lo más despreçiado que ella tenía y, devajo de esto, que no se lo vía nadie, un muy áspero siliçio, el qual nunca se quitava de noche ni de día. Estas muy graves e ásperas penitençias hazía. Era su paçiençia cosa maravillosa de mirar e oýr, que no solamente holgava de ser menospreçiada y reprehendida sin culpa, e levantados testimonios e ynjuriada de qualquier manera que quisiesen fatigalla: deseava tormentos e llagas, heridas, dolores, frío e cansancio, e todas maneras de penas por amor de Dios. E no solamente en el año del noviçiado tuvo esta manera de vivir e tan perfetas obras, mas todo el tiempo de su vida guardó el silençio tan perfetamente que ninguna palabra la oýan hablar en todo el año, si no hera con su maestra abbadesa e vicaria, y esto siendo preguntada. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Hazía penitençia con la boca trayendo en ella ajenjos amargos por la guarda del silençio, con mérito de penitençia, por el amargor de la yel e vinagre que dieron a Nuestro Señor Jesuchristo. Traýa siempre en su memoria la su muy cruda e amarga passión. De muchas maneras hazía esta bienabenturada penitençia con la boca, algunas vezes trayendo una piedra algo grande que le dava dolor, [fol.14r] e otras vezes tomava en la voca aguas, y teníalo tanto espaçio dentro hasta que del dolor no la podía sufrir. Tomava con los lavios un candelero mediano, y teníale tan largo rato por la parte donde se pone la candela hasta que le dolían las quijadas. Pensava hella que guardar silençio sin penitençia de dolor no sería ante Dios serviçio açeto ni sabroso.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Heran sus ayunos muy perfetos, e mucho assí espiritual como corporalmente, que no solo usava dende su niñez ayunar ordinariamente comiendo una vez al día, mas aun estar tres días con sus noches sin tomar ningún mantenimiento corporal. Y no solamente ayunava de comer, mas aun de dormir. Hazía penitençia e ayunava, e tenía puesta entre sí tal tasa que dezía e considerava en su corazón: “Pues las personas, quando ayunaban, no comen hasta mediodía, e después de haver comido una vez, pueden tomar alguna refeçión de vever entre día, e alguna colaçión a la noche, de esta manera será bien ayunar del sueño hasta medianoche, y después, la comida de la medianoche serán los maytines e offiçio divino; e a la mañana, en lugar de vevida o colaçión, tomar un poco de sueño corporal para sustentar la naturaleza”. Y para bien cumplir e poder hazer perfeto su ayuno del sueño, sin quebrantarle en ninguna cosa, acordó de tener esta manera. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Como todas las religiosas acostumbran dormir juntas en un dormitorio y en medio d’él tienen una lámpara ençendida, como quiera que cada una esté en su cama por sí, llevava esta bienaventurada una rueca a prima noche a su cama, y quando veýa que todas las religiosas heran recogidas e dormidas, tomava su rueca e ylava cave su cama, a vezes en pie e otras de ynojos en tierra, rezando con gran fervor, e otras vezes contemplando en la Passión de su amado Christo hasta que tañían a maytines. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Como hera esta sancta virgen tan cuydadosa de aprovechar en el [fol.14v] spíritu, quando travajava corporalmente endereçava con su pensamiento e limpia intençión todos aquellos serviçios e travajos que hazía por la sancta obediençia a la persona realíssima e divina del poderoso Dios. E contemplando, dezía entre sí mesma que hera su moza y esclava, y los platos que fregava e todas las otras cosas pensava que heran de oro e de piedras preçiosas para en que comiese su Alta Magestad. Y quando barría, contemplava la escoba: hera un manojo de rosas y flores muy olorosas con que alimpiava e adornávalo sus estrados. Y quando guisava de comer, contemplava: heran muy preçiosos y delicados majares para que comiese su Divina Magestad y la Virgen Sancta María, su madre, y todos sus sanctos. E ansí lo offreçía ella, y de esta manera y de otras muchas offreçía esta bienaventurada sus travajos corporales ante la Magestad Divina. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Queriendo Dios darle a conoçer que los misterios que ella veýa en el Sanctíssimo Sacramento le heran mostrados por singular graçia e don que Él le dava e hazía, acaeçió que fue a comulgar siendo noviçia y, comulgando, no vido ni sintió por aquella vez ningún gusto ni mutaçión en el Sanctíssimo Sacramento; de lo qual se angustió mucho en su spíritu, y resçivió tan gran tristeza e afliçión que no se pudo contener sin yr luego a su confesor a dezirle su gran pena. Y con muchas lágrimas se lo contó, diziendo pensava haver comulgado en peccado mortal e muy yndinamente, pues no havía sido dina ni mereçedora de ver ni gustar a Nuestro Señor Jesuchristo, sino assí como se estava la hostia antes que se consagrase. Al qual llanto y loable desconsuelo el confesor la respondió, diziendo: “Consolad vos, hija hermana mía, que no por eso comulgastes vos en peccado ni yndinamente, que eso que vos dezís que no fuysteis dina de ver ni sentir, ninguna persona lo ve, ni es digna dello; como quier que las [fol.15r] mutaçiones del pan en la carne de Jesuchristo sean muy çiertas y verdaderas e artículo de fee, enpero presençialmente no se ve tal cosa, que con la fee sola se á de creer, y por eso es más meritoria”. Entonzes la bienabenturada se consoló, e dio graçias a Dios con nuevo don del Spíritu Sancto de conoçimiento de los señalados dones y merçedes que hasta entonzes su Divina Magestad le havía hecho, y con muy profunda humildad se hallava yndina dello. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Oyendo esta sancta virgen leer una liçión en el libro llamado ''Floreto del glorioso padre sant Françisco'', cómo havía mandado yr a un frayle desnudo en carnes a predicar, pensó entre sí: “Si el padre sant Françisco mandava yr al frayle a predicar desnudo no teniendo peccados, cómo yo no yré a confesarme de los míos e desnudarme dellos, desnuda en carnes e yriéndolas con piedra y palo a cada peccado que dixere. Encomiéndome a Dios y a vos, padre sant Francisco, y sola la cuerda ceñida a mi cuerpo y cuello quiero yr a confesar como malhechora, y por tal me pregonaré ante Dios y mi confesor frayle de vuestra sancta orden”. Y con este pensamiento, llevando a Jesuchristo y a su Passión en su coraçón, y arta contriçión de sus peccados, entró en el confisionario, el qual es de manera que no se puede ver ninguna cosa de una parte a otra, que ay pared en medio e una regeçita de yerro a manera de rallo espeso, y ençima un belo grueso. Y empezó a confesar yncada de ynojos, con muchas lágrimas. Y hera tiempo de mucho frío, y como ella lo sintiese tanto, empezó a dar muy grandes temblores del gran frío que sentía, de manera que no lo podía encubrir; y fue tanto que la habló el confesor, pensando que hera enfermedad, y díxole: “¿Estáys enferma, hermana, tenéys çiçiones, que templáys tanto?”. Respondió la bienaventurada que no, que de frío lo hazía. Y acavada de confesar, [fol.15v] salió del confisionario. Y ella, que se empezava a vestir, y otra religiosa que yba a confesar vídola, y entró en el confisionario, y dixo al confesor que riñese a Juana de la Cruz por tan áspera y estremadas penitençias como hazía, que entró a confesar desnuda como naçió. Y el confesor le respondió: “Verdaderamente yo la sentí temblar muy reçiamente, y pensé estava enferma y preguntele si lo estava, e dixo que no”. Y de allí adelante no solamente en hymbierno, mas aun en verano le preguntava quando yba a confesar si yba cubierta y, si no, no la confesaría. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Todas las vezes que esta bienabenturada yba a confesar, resçivió el confesor singular consolaçión en su ánima y dotrina maravillosa para la enmienda de su vida. Y no solamente este, mas todos los otros padres que la confesaron mientras ella vivió en este mundo dezían que sus peccados se podrían llamar alumbramiento y aviso de conçiençia. Dezía, quando hera muy ymportuna de sus confesores les dixese lo que sentía en su spíritu, que más vergüenza tenía de contar las cosas de virtud y graçia que Dios le havía dado que no de dezir sus peccados, porque esto hera de sí propia y lo otro hera de Dios y de su misericordia.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Siendo coçinera esta bienaventurada, algunas vezes hera reprehendida de su compañera y de la provisora, no contentándose de lo que hazía, y se le mostravan enojadas. Ella, no respondiendo ninguna palabra, con mucha humildad, yncados los inojos, les dezía la culpa. Ellos diziéndole con enojo que se fuese de allí, muy angustiada ýbase al coro, y suplicava al Señor le perdonase la pena que havía dado a su hermana y le quitase la turbaçión que tenía con ella. Estando en esto, tornávala a llamar su compañera y dezíale qué haçía en el coro. La bienaventurada la respondía con mucho amor humildad: “Suplicava a Nuestro Señor, Su Magestad, le perdonase la turbaçión que fue causa, hermana mía, de os dar; e os diese su graçia, me perdonásedes e os quitase [fol.16r] la turbaçión que conmigo teníades”. Oyendo la compañera e la Provisora la respuesta, edificávanse en tanto grado que por algunos días les durava muy gran compunción e lágrimas en lo secreto de su coraçón. Y esta oraçión hazía todos los que la reprehendían e angustiavan.&lt;br /&gt;
Yendo un día al pozo llevava un barreño con carne para lo lavar, y topó con él en una piedra, y quebrose y cayó en el suelo hecho dos o tres partes, y vertiose todo lo que en él llevaba. Y a la sazón encontró con ella una religiosa, y díxole: “Pues eso, hermana, ¿cómo se a quebrado el barreño?”. Ella respondió: “Ay, no sé”. Y diziendo esto, yncó los ynojos en tierra, y tomó en sus manos los pedazos del barreño, e juntolos e alçó los ojos al çielo, e hiço su oraçión. E luego, a deshora, fue el barreño sano y tan perfeto como de primero estava, y levantose muy alegre y hechó dentro la vianda, y fue a hazer su offiçio. La religiosa, que esto veýa muy maravillada, le dixo: “¿Qué es esto, hermana? ¿No estava este barreño en el suelo hecho pedazos, cómo está ya sano?”. Y la bienaventurada le respondió con mucha humildad, diziendo: “Ansí es, señora, mas el Señor a tenido por bien de rremediar por su bondad lo que yo havía hechado a perder por mis peccados”. Y la religiosa tomó el barreño en ausençia della y llevolo a mostrar a las monjas del convento, y contoles el milago que havía visto. Y tornando el barreño en serviçio de la cozina, duró sano por dos o tres años en testimonio.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Hera esta sancta virgen muy prudente, y muy reverenda en sus pensamientos, e de mucha discrepçión y capacidad, y de gesto muy hermoso y de gran gravedad, adornada de mucha humildad y actos honestos y perfectos. Tenía presençia de muy grande autoridad. Hera de amigable conversaçión y de mucha piedad, y admirable consejo e provechoso a las [fol.16v] ánimas y a los cuerpos, y de muy graçiosa habla y de mucha mansedumbre. Hera mesurada en su risa, y provocava a quien la oýa y veýa a más devoçión que a risa bana. Llorava muy sereno y sin mucho clamor, salvo quando se elevava, que salía de sus sentidos en algunos pasos de la Pasión, que entonzes no hera su mano, porque el Spíritu Sancto gemía y llorava en ella e la hazía dar algunos devotos sospiros con algunas palabras del paso o misterio que estava contemplando. Hera de mucha cortesía y muy grande crianza, y humilde en todo, y holgava más de hazer a qualquier persona demasiada reverençia y honra que no de menos. Hera ygual a todos, tratando a cada uno según su estado y manera. Hera de mucha verdad, y no a lo contrario ni aun en burla, e muy secreta y callada en todas y qualesquier cosa que le heran dichas e descubiertas de tribulaçiones e angustias o cosas de otra qualquiera calidad que en secreto le fuesen dichas o descubiertas. Fue remediadora de muchos y graves daños, e libradora de grandes peligros presentes e por venir. Hera de tan gran sanctidad que jamás prejudicava a sus próximos ni los agraviava, aunque fuese en burla. Llegándose a ella las monjas de su convento, como dellas e de todos hera conosçida, rogávanle en secreto les dixese cómo harían la oraçión que agradasen a Dios con ella y aprovechasen en su spírictu. Respondía: “Yo no tengo qué deziros, señoras, mas como peccadora, direos lo que hago quando yo no offrezco al Señor la oraçión bañada en lágrimas muy fervorosas salidas del coraçón, e lloradas por amor divinal y compasión de Nuestro Señor Jesuchristo, o por sus gozos y misterios: la tal oraçión hecha de otra manera no la tengo por digna de ser resçivida ante el acatamiento divino, ni tanpoco me pareçe ser muy fructuosa ni a mi ánima se abasta ni consuela, [fol. 17r] ni tengo por entera oraçión la que es algo tibia y relaxada. Mas doos por consejo, señoras mías, que no offrezcáys a Dios solo un sacrifiçio, mas tres e quatro, e más si pudiérades, porque cada hora podría qualquiera persona offreçer a Dios tres sacrifiçios prinçipales, los quales son estos: el primero, el afiçión y contemplaçión muy viva hecha dentro del coraçón e ánima; el segundo, oraçión vocal e graçias e loores a la Magestad Divina sin çesar; el tercero, alguna penitençia, e golpes e heridas dadas secretamente. Y aun para deshechar la azidia, se puede añadir lavar de manos. Y haviendo soledad e tiempo sufiçiente, es bueno haver lavatorio, e fuentes de lágrimas lloradas de contriçción de los peccados o por compasión de la Passión de Nuestro Señor Jesuchristo. Y entonçes podrá qualquier persona dar çinco sacrifiçios offreçidos en reverençia de las çinco llagas de Nuestro Señor, y quando esto no se pudiese hazer tan secreta y ascondidamente, podrán offreçer tres en reverençia de la Sanctíssima Trinidad, estos sin ser vistos ni sentidos de ninguna persona”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Capítulo IV'''&lt;br /&gt;
'''De cómo esta bienabenturada comulgava spiritualmente'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Procurava esta sancta virgen de, en amanesçiendo asta estuviese en el coro, en los offiçios divinales o en otra qualquier parte, o en ocupaçión y trabajo corporal, de apartarse para comulgar spiritualmente, pues no podía corporal e sacramentalmente cada día e hora como ella deseava, porque hera tan devota del Sacramento del Altar e de le gustar contino que nunca otra cosa quisiera hazer noche y día sino artar y abastar su ánima deste manjar del Çielo. Y por el mesmo [fol. 17v] Dios y Señor fue mostrado y revelado a todas las monjas del convento, por palabras formadas que, por la boca della, estando enajenada de sus sentidos, hablaba e pronunçiava el Spíritu Sancto, que tanto hera el gozo e gusto que esta sancta virgen sentía en el Sancto Sacramento que no solamente comulgava cada hora y momento, mas cada vez que resollava e tornava el resuello, adentro comulgava en spíritu, e reçevía a Dios, e sentía el dulçor y savor del Sanctíssimo Sacramento, e la consolaçión e abastamiento de ánima que sentía las vezes que sacramentalmente comulgava. E dava muchas vozes a Nuestro Señor por tan copioso benefiçio, y dezía: “O, Señor mío y Dios mío, qué buen comulgar es este, sin ser de nadie visto ni sentida, ni dar pesadumbre a los padres de penitençia, y sin resçivir fastidio ni ocupaçión el cuerpo, y sin ser oy reverençia, frequentaros tantas vezes, ni dar cuenta de mi desseo a ninguna criatura humana sino a Vos, mi Criador e mi Señor, que por hazerme a mí tan grandes merçedes, después de me haver criado a vuestra ymagen y semejanza e redimídome por vuestra preçiosa muerte e pasión, me recreáys e artáys a mí, peccadora yndina, de los muy dulçes e sabios majares de vuestro Sanctíssimo Cuerpo y Sangre”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Estando esta sancta virgen en la casa de la lavor, víspera de los sanctos apóstoles San Pedro y San Pablo, vido una figura de todos los doze apóstoles como quando cada uno acava de espirar, e luego, a deshora, vido doze sepulcros muy hermosamente labrados e abiertos, e que salían dellos los doze apóstoles bestidos todos de blanco, e sus personas dellos más alvas que la nieve, e levantávanse, puestas las manos juntas, como que adoravan al Señor, e le davan graçias. Y ella, muy maravillada de ver esta visión, deseava saber por qué pareçían los sanctos apóstoles que salían de los sepulcros [fol. 18r] como difuntos, estando ya en el Çielo todos glorificados, e no haviendo muerto ninguno dellos de su muerte natural, mas de muy crueles martyrios por amor de Dios. Estando con este desseo e pensamiento, a deshora vido todos los sanctos Apóstoles a deshora vestidos, ordenados muy ricamente, y coronados e cubiertos de pedrería e muy alegres y gloriosos, e Nuestro Señor Jesuchristo en medio dellos, dándoles muy grandes premios, e gozos e galardones, por los travajos e buenas obras que por su amor, estando en el mundo, havían hecho. Ansimesmo le fue mostrado que levantarse los sanctos apóstoles de los sepulcros hera significaçión cómo todos havemos de ser muertos y resuçitados quando Dios nos llame el día del juyzio, e cómo Nuestro Señor Jesuchristo haze fiesta e llamamiento en el Çielo a todos los sanctos apóstoles juntos el día que es fiesta de qualquiera dellos, e como la Yglesia militante, los días de las tales fiestas, siempre haze triunphante memoria de los martirios y muerte de los sanctos que pasaron por amor de Dios e de la vida eterna e bienaventuranzas, que por ello les da el Señor e a todas qualesquier órdenes de sanctos y sanctas, quando es fiesta de uno o de una en especial, junto con Él a todos los de aquella orden, les hazen fiesta en general.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Estando en la casa de la lavor esta bienaventurada, trabajando en lavor como todas, pensava en su coraçón qué cosa tan alegre sería, y hermosa de ver y acatar, a Nuestra Señora la Virgen Sancta María con el niño Jesús en los brazos. Y creçiendo en ella estos desseos y fervoroso amor, a deshora vido a la Reyna de los Çielos y Madre de Dios, y con el niño Jesús en brazos. Y la hermosura y dulzura, assí de la madre como [fol. 18v] del hijo, hera cosa ynefable y enposible ‒dezía ella‒ esplicar y dezir con lengua humana. Y quando assí vido a Nuestra Señora, hera grandíssimo gozo. E postrada su ánima delante della, con muchas suplicaçiones le pedía le tuviese por bien de rogar a su preçioso hijo e Señor suyo por ella, e se le dar para ella se consolase. Nuestra Señora la respondió con palabras de reprehensión, diziendo: “Tú no ves que heres peccadora, e que no hazes bien todas las cosas en que mi hijo se aplaze. Por eso no heres digna que yo te le dé; antes te quiero reprehender, porque no heres aún perfeta esposa, ni tal qual mi hijo mereze”. E viendo la reprehensión de la Reyna de los Çielos, muy humillada conoçió sus culpas. No perdiendo la esperança de alcanzar su petiçión, proçedía en sus ruegos, prometiendo con el ayuda suya y de su preçioso hijo la enmienda. Entonzes, la Madre de Misericordia volvió sus hojos al piadoso hijo que en sus brazos tenía, y suplicole que tuviese por bien de se consentir dar aquella persona, que con tanto ahínco le pedía. Y el dulçe Redemptor hizo de señas que le plazía, y luego la Reyna de los Çielos estendió sus brazos y diole el Niño Jesuchristo. E la bienaventurada estendió el escapulario, porque sus manos le pareçían no heran dignas para tomar en ellas el thesoro del Çielo, e resçiviole en sus brazos. E por aquella vez le gozó muy copiosamente a Él y a su bendita madre, la qual le habló muy dulçemente, e le dixo: “Toma, hija, el preçioso fruto de mis entrañas, e gózale, que estos son mis deleytes, darle de muy buena gana a los christianos, y más a los que más me sirven e aman. Y assí te le encomiendo yo agora a ti y a todos sus amigos y míos que me le améys [fol. 19r] y sirváis, e tratéys muy bien, y no me le hiráys y lastiméys por vuestros peccados, porque Él es todo mi consuelo, y gloria y Señor del Çielo, y de la tierra, de todas las cosas. E por los humanos quiso ser niño chiquito e pobre, e padeçió mucha ambre, sed, frío, cansancio, y quiso ser flaco, e llagado e doloroso, e sobre todo muerto. Aved compasión d’Él todos los humanos, pues por Él soys redimidos e hechos salvos”. E mostrava mucho sentimiento de los peccados e yngratitud hecha contra ella e su preçioso hijo, e ansí çesó por entonçes esta revelaçión.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Estando esta bienaventurada en el confesionario a hora de missa, e diziéndola en la yglesia, tañeron las campanillas que querían alçar, y el confesor díxole que saliese a ver e adorar al Señor, y que él también yría a haçer lo mismo. Y como el coro y red estava lejos del confesionario, por presto que ella salió, quando llegó al medio de un portal que está junto a la iglesia, ya alçaban. Y hincose allí de rodillas, con gran desseo y fervor de spíritu, e adorando allí al Señor, pues no podía verle con los ojos corporales, estando assí de hinojos, vio abrir la pared casi toda, a la larga, de manera que vido el Sanctíssimo Sacramento, y le adoró. Y vido al sacerdote, que le tenía en las manos, e toda la yglesia e las personas que en la misa estavan, e las conoció. E assí como huvieron alçado, se juntó la pared. E estando todavía de hinojos, medio enagenada de sus sentidos, quando se tornó a alçar la segunda hostia, se tornó a abrir la pared como la primera vez, la qual tenía en ancho una bara, y el çimiento de piedra e cal hasta una tapia en alto. E quando la pared se abrió, fue por el çimiento. Y quiso el poderoso Dios que este milagro no fuese encubierto, antes quedase muy señalado para mientras el monasterio durase, e fue la señal que, quando se juntó la pared la postrera vez, por donde se acabó de çerrar quedó una piedra muy diferente de las otras, por quanto quedó blanca e partida en tres partes, como a manera de cruz, y las otras piedras del cimiento están todas [fol. 19v] muy morenas. E las monjas del monasterio tenían siempre puesto un belo negro delante esta piedra en señal y reverençia del milagro.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Siendo esta bienaventurada compañera de la portera, tenía muy consolados assí a los de fuera como a los de dentro, así por obras de caridad como por palabras, e consejos consolables y alumbradores de las ánimas, con el qual offiçio no se apartava de la contemplaçión ni cesava de tener en su spíritu mucho gozo y consolaçiones spirituales. Y quando respondía a los que llegavan al torno, pensava que heran ángeles del Çielo o sanctos o sanctas, según se endereçava su contemplaçión. Y el torno considerava que hera cuna o brezo de oro muy resplandeçiente en que meçía al Niño Jesuchristo. Quando volvía el torno para dar o tomar alguna cosa, en muchas vezes le aconteçía, volviendo el dicho torno con este pensamiento, ver al Niño Jesuchristo, con bulto muy claro y gesto muy alegre, y dulçe y amoroso; la hablava y consolava, y abastava de graçia y dones divinales. E otras veçes veýa grandes revelaçiones en la mesma portería hasta perder los sentidos corporales. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Hera tan humilde y paçiente en todas las cosas que le heran mandadas que le acaeçía algunas vezes dezirle la compañera de la portería: “Trae recado para dezir misa”, y como ella hera sacristana, aunque ayudava a la portera, llevava lo mejor que podía. E la compañera, no agradándose del hornamento, se le arrojava con enojo, y sin responder ninguna palabra le tomava, y lleva[va] otro, y tanpoco se contentava, de manera que la haçía yr y venir tres o quatro vezes. Y tan paçiente yba la postrera vez como la primera. Oyendo palabras reprehensibles, e barriendo y adereçando la parte con mucha diligençia y limpieza, e proveyendo todo lo que hera menester, venía la compañera a la sazón y reprehendíala con mucho [fol. 20r] desabrimiento, diziendo: “¿Pensáys ahora vos que todo esto está muy bien hecho? Pues a mí no me pareze assí”. Y con enojo e palabras injuriosas, quitando y puniendo de una parte en otra, deshaçía lo que estava hecho, y pisava con los pies lo que havía regado, y hechávale paja ençima, e haçíalo como lodo, diziendo: “Assí mereçe ello estar, pues vos lo havéys hecho”. Entonzes la bienaventurada, yncada de ynojos, dezíale: “Digo mi culpa, hermana mía. Ruegoos, por amor de Dios, me perdonéys e perdáys el enojo, que yo me enmendaré”. Y en su secreto rogava mucho al Señor por ella, que la consolase su ánima.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Estando esta sancta virgen un día negoçiando al torno, a deshora vido en él al Niño Jesuchristo. Y queriéndole ella tomar para se gozar con Él, tomole Nuestra Señora la Virgen Sancta María en sus braços. Y assímismo pareçió allí a deshora, y voló en alto con Él, y yba acompañada de muchedumbre de Ángeles, e todos yban tañendo y cantando, e haçiéndole muchos géneros de serviçios. E angustiándose mucho esta bienabenturada porque tan en breve se yban la madre y el hijo, hablola la clementíssima Reyna de los Çielos, diziéndola: “Hija mía, vente a la diestra parte de la casa, hazia adonde están las higueras, que allí me hallarás”. Ella, oyendo esto, desocupose lo más presto que pudo, y fuese para allá muy aquejadamente, mirando por todas las partes del corral [¿opuesto?] por ver si vería lo que su ánima desseava. En no viéndola, con mucha congoja se açercó hazia una parte do estava la casa del horno, porque allí le pareçía que oýa sonidos divinales. E habriendo la puerta, vido muy gran claridad, y entró dentro, y halló lo que con mucho fervor buscava, que hera a Nuestro Señor Jesuchristo y a su bendita madre con muche- [fol. 20v] dumbre de ángeles y huestes celestial. E prostándose en tierra, gozó de ynefables gozos e de hablas muy secretas. Y estava tan enagenada de sus sentidos de las cosas terrenales, e tan ocupada en los çelestiales, que la llamavan con la campanilla del convento acostumbrada para llamar a las officialas, e nunca lo oyó. E la humildíssima Madre de Dios la dixo ansí: “Hija, ve a la obediencia, que te an llamado tres vezes con la campanilla, e nunca la as oýdo”. Y esta bienaventurada, obedeçiendo el mandamiento de Nuestra Señora, fue luego adonde hera llamada. E haziéndolo lo más apresuradamente que pudo lo que le mandavan, tornose a yr a la dicha casa del horno, adonde se havía estado con Nuestra Señora. E quando vino al llamamiento de la campanilla, acatándola las religiosas el rostro, viéronsele muy resplandeçiente, e olieron muy suaves olores que traýa consigo. Y como tan apresurosamente se tornó a volver a la dicha casa, siguiéronla, e vieron cómo entrava allí y, escuchando, oyeron cómo hablava con Nuestra Señora, y dezía con muy grande humildad: “O, Señora mía, Madre de Dios, ¿cómo esta vuestra alta Magestad en [sic] tan humilde para conmigo, peccadora, que yéndome yo e dexándoos, mi Señora, qual volví os torné hallar aquí?”. E la Reyna de los Çielos la respondió, diziendo: “Hija mía, hallásteme porque fuiste a cumplir la obediencia, de la qual mi hijo y yo somos tan amigos, que Él por ella desçendió del Çielo, e passó muerte y Passión; e yo también, por la mesma obediencia, mereçí ser Madre de Dios, porque es de gran mereçimiento el fruto de la obediencia, e resçívela Dios por açertable beneffiçio, y son bienabenturados los que a Dios y a sus mandamientos obedeçen”. E assí se supo esta revelaçión, que de ella no pudo ser encubierta.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Estando esta bienaventurada [fol. 21r] en el offiçio de la portería, vino a ella una religiosa, la qual tenía mucha neçessidad de alguna refeçión corporal, con yntençión de pedille alguna cosa de comer para su neçessidad, y hallola hablando con otra religiosa. Y viendo que no havía dispusiçión para la poder hablar, volviose disimuladamente y, pasando un poquito de yntervalo, desocupándose, supo por graçia de Dios la neçessidad que aquella religiosa tenía, y lo que le yba a pedir. Y tomando en su manga lo que que le pareçió havía menester, fue a buscarla al convento, e llegándose a ella diole lo que llevava, e díxole: “Tomad, hermana, lo que me ýbades a pedir denantes”. Y la religiosa, muy maravillada, diole graçias por la caridad que le haçía, e díxole: “Gloria sea a Dios, que os lo reveló, que yo no lo he dijo a ninguna persona”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Estava una religiosa enferma de tercianas, e tenía devoçión e pensamiento que si comía alguna cosa de lo que esta sancta virgen mordiese, se le quitarían las çeçiones. Y estando con el açidente de la çeçión, entró donde estava, e Dios, que lo quiso, havía resçivido alguna refecçión corporal. E tomando la enferma secretamente un poquito de pan de lo que ella havía tomado en su mano e mordido, comiolo con mucha devoçión, e luego a la hora se le quitó esta çeçión y calentura, que no le vino más. A esta misma religiosa le vino una enfermedad muy reçia y peligrosa, y fue que le nasçieron dos caratanes en los pechos. Y encomendose con mucha devoçión a esta bienaventurada que rogase a Dios por ella, y ella le respondió lo haría con mucho cuydado, aunque yndigna, e mandole reçar çierta devoçión e poner ençima unos pañitos de agua bendita. Y assí fue sana y guareçida desta enfermedad, por la misericordia de Dios e ruegos desta bendita sancta.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Viniendo una muger en romería a la sancta yglesia de Nuestra Señora de la Cruz [fol. 21v] traýa vna hijita suya muy enferma de muy gran mal de coraçón, y habló con esta sancta virgen, rogándole que metiese luego en el monasterio a aquella niña e la santiguase, e le pusiese la mano sobre el coraçón. Y ella lo hizo ansí, por la caridad como la muger lo pedía, y santiguándola rogó a Dios por ella. Y plugo a su Divina Magestad que la niña fue sana y guareçida de aquella enfermedad. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Dezía muchas veçes esta bienabenturada que, quando comía o vevía, tomava gusto en aquel manjar corporal, pues savía ella Dios hera todas las cosas, y en todas las cosas le podía hallar. Y con este pensamiento y contemplación que siempre tenía puesto en Dios, en cada bocado que comía o trago que vevía hallava dulçedumbre y gustos divinales; tanto que, estando muchas vezes comiendo corporalmente, se arrovaba en spíritu, hasta ver los secretos çelestiales y la visión de Dios e los spíritus angélicos. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
E creçió tanto en esta graçia de elevarse y perder los sentidos corporales con el gusto spiritual que, donde fuera que aquella graçia le tomava, se quedava como muerta, aunque muy hermosa, aora fuese en el coro o refitorio, o en otro qualquiera lugar de la casa, a qualquier hora del día o de la noche que hera la voluntad de Dios, e muy a menudo, y no a una hora, ni breve el spaçio de tiempo que estava elevada, mas tres horas, y cinco, y siete y doze −esto al prinçipio de sus elevaçiones−. E andando el tiempo, diole Nuestro Señor muy copiosamente esta graçia, que estava un día y una noche, e algunas vezes quarenta oras. Y la primera vez que esta bienabenturada se elevó delante el convento fue a siete años de su bien empleada religión. E todas las religiosas vieron en ella muy grandes mutaçiones, las quales en ninguna de sus elevaciones, que adelante muy continuas tuvo, nunca más en ella fueron vistas. Viéronla propiamente como difunta, assí en el gesto y ojos e labios como en el descoyuntamiento [fol. 22r] de todos sus miembros, lo qual adelante nunca más tuvo cosa de aquella manera; antes en aquellos tiempos e ratos estava muy más hermosa y colorada que quando estava en sus sentidos.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Después que fue tornada, ymportunáronla mucho las religosas les dixese qué hera lo que havía sentido. Y ella, por entonçes, no les dixo ninguna cosa, hasta passados algunos días que, hablando con el sancto ángel su guardador, le dixo quán ymportunada hera de sus hermanas las religiosas les respondiese a tal pregunta que le havían hecho. E dada por el sancto ángel la liçençia de voluntad de Dios, les dixo esta sancta virgen: “Señoras, quiero satisfazer vuestro desseo, pues desseáys saver qué es lo que vi y sentía aquella vez que dezís que acá en el cuerpo estava muy demudada, a manera de muerta. Yo me vi en un lugar escuro, donde huve mucho temor, y apareçió allí un ángel lleno de resplandores, que alumbró aquellas tinieblas, al qual después acá he conoçido que hera el sancto ángel mi guardador. Empero no le osé hablar ni preguntar, mas mirávale, que se gozava e deleytava mi ánima de verle tan hermoso. E conoçiendo él el demasiado temor que yo tenía, hablome, diziendo: ‘No ayáis miedo ni temor’. E dicho esto, acatome, y mirándome, como que lloró. E por entonçes no vi más, sino tornome acá. Pero como otras vezes le he visto y hablado, y perdido el temor, e cobrale entrañable amor, porque es de muy dulçe conversación. E suplicándole, le pregunté me dixese por qué havía llorado aquella primera vez que le vi en la escuridad, que entonçes de temor e reverençia suya no se lo osé preguntar, e respondiome, diziendo: ‘Por compasión que huve de ti, lloré de verte cercada de muchas persecuçiones que has de tener. E te as de ver en ellas así de enemigos spirituales, que son los demonios, como temporales, que son las criaturas de la Tierra, e de muchas enfermedades y maneras de tribulaçiones que as de pasar; e de ver que tu spíritu estava [fol. 22v] fuera de tu cuerpo, y hera voluntad de Dios que tornases a él’. E yo preguntele: ‘¿Pues cómo, señor, dize, si allá en la Tierra que los sanctos ángeles no pueden llorar, y vos, señor, dezís que llorasteis? Y a mí así me pareçió que lo vi’. Respondió: ‘No te maravilles, que assí como el Señor nos da poder e liçençia que tenemos estos cuerpos con que pareçemos los mesmos ángeles como en bulto humano, assí Él nos da liçençia e poder que mostremos algunas veçes sentimientos como de dolor, con vestigios de lágrimas, en tiempos y cosas convenientes, a compasaçión y charidad como es aver compasaçión de la pasión de Nuestro Señor Jesuchristo; o quando vemos que se van las ánimas de los christianos al Infierno, en espeçial aquellas que el poderoso Dios nos da en guarda, e las tenemos en nuestro cargo; o quando vemos la sancta Yglesia e sancta fe cathólica seca, e quando vemos que ay muchos pecados, e las personas christianas del mundo están en ellas olvidando a su Dios de estas tales cosas, havemos muy gran compasión los ángeles, e lloramos por ello quando Dios quiere. E verdaderamente te digo que si el Señor Dios fuera servido, no quisiera yo que más desde aquel día te mandara Su Magestad tornar al cuerpo. Supliquelo a su muy alta grandeza, e respondiome: ‘Déxala, que ansí la quiero yo que vaya y venga. Y quiero ver qué muger será, y cómo peleará hasta que venga su ora’. Yo, vista la voluntad divinal, callé en aquel caso. Y supliquele, pues hera servido, tuvieses toda tu vida esta graçia de elevarte, no fuese con tanto trabajo, como fue la primera vez. Su Divina Magestad me lo otorgó, y que antes sería con demasiado gozo, e otras veçes con amor e compasión suya. E dende aquella hora tuve, e tengo, e terné mucho cuydado de ti, e procuraré de te consolar con mucho cuydado e todas mis posibilidades, e quanto fuere la voluntad de Dios de me dar liçençia’”. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Tuvo esta bienabenturada, al prinçipio de sus elevaçiones e graçia, mucha angustia y tribulaciones. Como heran tan copiosas, algunas personas se escandaliçavan de verla, e la angustiavan e molestavan con palabras. [fol. 23r] E quexándose ella a su sancto ángel, le rogava la ganase de Dios la desatase presto de la carne, que no podía sufrir tantas adversidades e presecuçiones porque, según hera de flaca, tenía temor de perder la paçiençia. Y él la consolava en muchas maneras, dándole muy sanctos consejos e avisos, y diziéndole que por eso la mandava el Señor tornar en sus sentidos a ratos e tiempos, para que pelease e padeçiese penas en el mundo mientras venía su hora. Ella le dixo: “Señor, ¿qué hora es esta que algunas veçes me diçe vuestra hermosura?”. El sancto ángel la respondió: “La hora de que te hablo es la hora de la muerte, que es salir el alma del cuerpo para nunca más tornar a él, hasta el final juyzio”. La sancta virgen le tornó a preguntar, diziendo: “Señor, ¿quando será esta mi hora?”. El sancto ángel, oýda la pregunta, le respondió: “No tengas cuydado de preguntar tales cosas, sino déxate en las manos de Dios, tu criador, e consuélate con su amor, e con sufrir e padeçer por amor d’Él todos los tormentos e angustias que te tuviere por bien de darte”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Ymportunándola las religiosas les dixese de qué manera o dónde estava quando se elevava, ella les dixo, por las consolar, la lleva su sancto ángel por la voluntad de Dios e la ponía en un asentamiento a manera de sepulchro. Y aquel lugar donde la ponía estava como entre términos, e deçía: “Para que mejor lo entendáis, está, señoras, como arrabal o çiudad, salvo que el valor y preçio de los edifiçios que allí son hechos e[s] sin número e sin comparaçión, e la hermosura de toda aquella sancta gente es muy maravillosa, e yncomprehensinble, y en cada una dellas havía mucho que contemplar. E los muros, y paredes y edificios, no embaraçan para no poder ver lo que dentro está y se haçe, porque todo, o mucha parte de lo que en aquella gran çiudad se haze, se puede ver y gozar en aquel lugar donde yo estoy. Quando Dios me lo quiere mostrar por su grande misericordia e bondad, paréçeme que todos los miembros de mi cuerpo, dende la caveça hasta los pies, estoy llena de ylos como de alambre, muy delgados [fol. 23v] y muy resplandeçientes, y no palpables, y no puedo yo comprehender de qué espeçie sean, salvo que veo que desçienden todos haçia bajo, e se asen o nazen de los miembros de mi cuerpo. Y con estos y con los [¿o?] rrayos estoy toda pressa, que no me dexan yr adonde quiero, sino adonde me ponen o mandan estar. Y desta manera de asimiento no veo yo a ninguna persona de aquellos sanctos reynos; antes están todos libres e desatados, e pueden muy bien andar e gozar donde quiera que quieren. Y estos rayos que me tienen asida desde el spíritu hasta el cuerpo, es figura que aunque yo estoy donde Dios quiere poner mi spíritu, no estoy del todo difunta, ni arrancada mi ánima del cuerpo, y por esto no gozo de la livertad que los bienabenturados tienen, que ya son salidos de esta vida. Y esta manera de asimientos y rayos que en mí veo no me dan ninguna pena ni dolor, ni estorvan a menearme holgadamente mis miembros quando quiero y como quiero, ni son para más −aquella señal de aquellos rayos− de estar yo por mandamiento y voluntad de Dios señalada, que vean cómo aún no soy difunta, ni mi ánima arrencada del todo de mi cuerpo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
”El lugar donde el sancto ángel me acostumbra poner es muy hermoso, y luçido e resplandeçiente, e claro, e todo muy bien pintado y entallado, e más valorado y estimable que de oro ni de piedras preçiosas; y este sepulchro tan resplandeçiente, no penoso, sino como asentamiento de gradas, muy apuesto y glorioso y alegre. E cada cosa que veo en aquellos sanctos reynos, todas son labradas y entalladas por maravillosa manera y admirables hornamentos, según su speçie de cada cosa apuestos, de claridad sin comparaçión; tanto que, mejor que en espejos muy claros, se puede cada persona ver a sí mesma en el suelo o en cada uno de los edifiçios que mirase se vería, e todas las cosas çelestiales que deseasen ver. Y desta mesma claridad y resplador son todas las bestiduras de qualesquier colores o matizes que son. E más claros que el sol, en muchos grados, son todos los bultos de las personas que en aquel sancto reyno moran. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
”De las façciones y gesto que me preguntáys os diga de mi sancto ángel, paréçeme que no ay cosa en la Tierra, por hermosa y preçiada que sea, a que se pueda comparar. Es muy hermoso doncel, e muy más resplandeçiente que el sol blanco, e colorado e rubio, [fol. 24r] e muy claríssimo e de muy suaves olores, e de bulto muy preçioso, e de gesto muy sereno, e grave persona de muy gran reverençia y dignidad. Tiene alas de muy gran resplandor e ligereza, e de muchas colores y pinturas, las quales no le nasçen de las vestiduras, mas de su mesma persona, y assí como a todos los otros sanctos ángeles les nasçen las alas de sí mesmos. La bestidura del sancto ángel mi guardador es de ynestimable valor, e de yncomparables colores e labores. Yo le veo bestido de muchas maneras. Mas direos los motes que trae vordados en ellas, con los quales yo mucho me consuelo: tiene en su caveça corona e diadema más preçiosa que de oro, çercada de piedras preçiosas, y en la frente una cruz esmaltada, hecha a manera de joyel con letras a la redonda, que dizen: ‘''confiteantur omnes lingua quoniam Christus est Rex angetor''’. E trae otras letras borradas en la vestidura, ençima del pecho, que dizen: ‘''spiritus sancti illuminet gratia sensus de corda vestra''’. Y en la manga del brazo derecho trae bordada de pedrería la señal de la cruz, con pie e con ramos muy hermosos, que adornan toda la manga y la cubren; y el pie de la cruz haçia la boca de la manga, y la altura della haçia el hombro con letras y en lo alto, en la mesma cruz, que dizen: ‘''ecce cruçem Domini fugite partes adverso''’. Y en la manga del braço siniestro trae bordada la mesma divisa de la sancta cruz, con los clavos y todas las ynsinias de la Passión, con letras que diçen: ‘dulce lignum, dulces clavos, dulce pondus substinet, quo sola fuiste digna portare talentum animas’. Y en el calçado de los pies trae labradas de pedrería letras que dizen: ‘''quam pulchri sunt gressus tui filia prinçipis''’. Y en el calçado de ençima de las rodillas, letras muy hermosas, que diçen: ‘''flectamus genua levare''’. Y ençima de los muslos, otras letras, que diçen: ‘''çelestium terrestium de infernorum''’. Y las mesmas ynsignias de la sancta cruz, y los clavos, e todas las armas de la sagrada Passión trae pintadas e dibujadas por muy rica manera en un lindo pendón. E junto con ello, trae figurada e dibujada la ymagen de Nuestra Señora con el Niño Jesús en los braços, e de otras maneras e misterios, ansí como quando Él y Élla estavan acá en la Tierra, e como después que [fol. 24v] entrambos subieron a los Çielos; en espeçial la trae pintada como ella está en su trono real, sentada y çercada de vírgines, y sanctos e ángeles, que la están sirviendo. Y estos motes y armas tan preçiosas son assí para defensión de las ánimas que él tiene en guarda, como para el provecho de las de Purgatorio. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
”E también los sanctos ángeles apreçian de adornar sus personas e bestiduras de las ynsignias e armas con que su Dios y Criador hizo la obra de la redempçión. Las ánimas que están en Purgatorio se goçan mucho con su visitación, y se recuerdan de su Dios en los tormentos que padeçe. Este mi sancto ángel siempre anda envuelto, e otras vezes de hinojos, y también en buelo véole venir algunas vezes, e desçender de alto haçia el lugar que yo estoy. E quando desçiende, viene assentado en un trono, y en silla, y en buelo por el ayre, y es todo muy rico y resplandeciente, e adornado e de muchas pedrerías, e trae en su mano algunas vezes a manera de çetro muy preçioso, e otras vezes trae un ynstrumento con que tañe de tan admirable espeçie que en solo tocalle haçe qualquier son e armonía que quiere haçer quien le tañe. Dize las palabras como las puede dezir y cantar qualquiera persona humana, pero muy más suaves y deleytosas de oýr. Múdase este laúd en otros instrumentos, los quales todos haçen muy acordado e deleytoso son, según cada uno en su speçie. Este mi sancto ángel no es de los ángeles de dos alas guardador, es de las almas, porque él es de más alto choro: las alas que yo le veo quando él me lleva entre ellas algunas vezes son seys, e ocho, e diez. No se le encomiendan todas ánimas, sino algunas señaladas, porque yo sé tuvo a cargo a señor Sant Jorge, y al rey David, y al señor don Gregorio, e a otros sanctos singulares. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
”A las ánimas de dignidad e sanctidad, dáseles ángel prinçipal, y él tiene muchos privilegios, y assí les he oýdo yo llamar en el Çielo a los sanctos ángeles e sanctos. E si ángel privilegiado, tiene liçençia de Dios de responder a algunas preguntas que le fueren fechas de las personas de la Tierra por interçessión de mí, su yndigna sierva, o por las otras ánimas que a tenido a cargo, y estas respuestas se entienden en quanto fuere la voluntad de Dios. De todos los nueve choros [fol. 25r] de los ángeles, tiene graçia y don singular: el amor e abrasamiento de los seraphines, la sçiençia y conoçimiento de los cherubines y el serviçio y adoraçión de las dominaçiones, e la holgança de los tronos y el mando de los prinçipados, e la pelea de las potestades, e la oraçión e caridad de las Virtudes, e la revelaçión de los archángeles, y el offiçio de los ángeles. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
”Tiene otros muy grandes e singulares dones −los quales no digo− dados de la mano de la muy poderosa Trinidad, la qual le dotó como pudo y quiso, y le inflamó en su divino amor. Tiene offiçio de ayudar a las ánimas de Purgatorio, yéndolas a visitar y consolar. Por los méritos de la muerte y Passión de Nuestro Señor Jesuchristo, e mereçimientos de su sancta Madre, sácalas a fiestas e líbralas de las penas, e defiéndelas de los demonios, e por eso anda bestido e adornado de tan ricas libreas, e guarneçido de tan preçiosas armas. Así como los demonios le sienten venir e le ven alçar el brazo derecho con la señal de la sancta cruz, van todos huyendo e aullando, y dando muy espantosos gritos e gemidos, a manera de canes mordiendo de unos a otros. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
”E muchas vezes sé que va al socorro e ayuda de las ánimas e personas que están en pasamiento, llevando consigo otros muchos ángeles que le ayuden a defender aquella persona que en tan gran batalla está de tentaçiones de los demonios. E algunas veçes le digo yo, quando son difuntos mis devotos y personas que se me an encomendado que tienen conocimiento de mí por oýdas o parentesco de vosotras, señoras, o personas que os conoçen, de las quales si son difuntas algunas dellas o están en tribulación, e le digo yo que se acuerde de tal persona, que es difunta, o de tal, si es viva, que está angustiada, respóndeme: ‘Ya yo he hecho lo que he podido’. Y si es difunta, dize: ‘Yo fuy a su muerte e pasamiento, e llevé conmigo otros sanctos ángeles, e la acompañamos e libramos de peligros hasta que fue juzgada, y tengo cuydado della hasta que esté en descanso’. E yo le digo: ‘Pues nunca, señor, se la havía yo encomendado a vuestra hermosura’. Respondiome: ‘No es menester que tú me la encomendases, que para esto basta la charidad que mora en los ángeles, e saber yo tiene memoria de ti aquella persona, o conoçían a tus hermanas, o tienen deudo con ellas para haçer yo toda imposivilidad’”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Dezía esta bienabenturada: “Yo sé, y aun por vista, que las personas que por mí tienen interçessión tienen devoçión a este mi sancto ángel, de que son passadas de esta vida y están en Purgatorio, y las va él a visitar, aunque va entre otros muchos sanctos [fol. 25v] ángeles, le conoçen y le dizen: ‘Paréçeme, señor, me da en el spíritu, aunque yo no os he visto ni nadie me lo a dicho, que soys el ángel guardador de una persona que vive en la Tierra, que se llama Juana de la Cruz’. Él le responde: ‘Verdad diçes, ánima, que yo soy, y de la mano del poderoso Dios te viene ese conoçimiento’. Ellas, entonçes, yncose[n] de hinojos dándole graçias por los bienes que les ha hecho, y les suplican no las olvide. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
”Quando me lleva mi sancto ángel, veo algunas vezes muchos demonios, e házenme algunos dellos muchos enojos y miedos. Entonçes, mi sancto ángel esgrime con una espada muy rica que traýa, y ellos, viéndole esgrimir la espada, [u]yen todos, y en un muy gran miedo, e tiemblan, porque él pelea con ellos e los yere, e tiene él solo más poder para pelear e vençer que muchos demonios juntos. Trayéndome una vez mi sancto ángel de la mano, vi a deshora muchedumbre de demonios de muy espantables figuras, de diversas maneras, e venían hablando entre sí unos con otros, diziendo: ‘Mirad estos garzones bolanderos e resplandeçientes en qué se andan aquí, quitándonos nuestras almas, que contino andan cargados como alquilados, acarreando ánimas christianas a Dios e buscándoselas de todas las maneras que pueden, en especial este que va aquí delante, que es un rapa almas, que no le basta lo que haçe con la suya que Dios le dio en cargo, mas otras muchas nos quita, assí de personas vivas como difuntas dentre las unas, y las perdemos por los ruegos que él haze a Dios, e por los consejos que él les embía con aquella que allí va con él. Mas nosotros procuraremos de hechar nuestro estiércol en sus ojos quando estén más limpios, y assí les ensuçiaremos sus almas, que son nidos de Dios. Mas este su Jesuchristo a todos sus christianos dexó redimidos, y aun hasta los niños chiquitos dexó redimidos, que no se los pudiésemos quitar, y assí nos los arrebatan todos quantos ellos quieren e pueden’. E diziendo los demonios estas e otras muchas palabras contra Dios e los sanctos ángeles, e contra los buenos christianos, volvió contra ellos mi sancto ángel, esgrimiendo su muy luçida espada, e yriéndolos muy reçiamente, dezía: ‘Anda ahora, demonios malinos, traydores, que vosotros os ys [sic] a reñir lexos, que nosotros los ángeles que tenemos las ánimas en guarda no somos sino ayos de los hijos e hijas del Rey del Çielo, e como fieles siervos y leales amigos procuramos de le acarrear todas las ánimas que son suyas e quitarlas a cuyas no son’. E assí fueron [fol. 26r] los demonios uyendo y dando muchos aullidos”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Capítulo V'''&lt;br /&gt;
'''Cómo esta bienabenturada tenía graçia de ver y oýr las cosas ynvisibles e que muy lejos acahazían'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Dezía esta sancta virgen algunas vezes las cosas que savía por graçia de Dios antes que acaeçiesen, para escusar daños de los próximos e offensa de Dios. E oýa muchas veçes las cosas que hablavan las personas que estavan muy ausentes della, y aun lo que havían hecho, y esto no tan solamente lo savía estando elevada, mas en sus propios sentidos lo savía e sentía. Veýa las cosas que pasavan e se haçían lejos, y para verlo no la estorbavan muchas partes ni edifiçios. Acaesçíale, estando ocupada en cosas de la obediençia, oýr el officio divino que se reçava en él. E hera oýr la missa de la yglesia víspera de la Sancta Rresureçión, estando en su çelda, la qual estava apartada de la yglesia, quando tocaron las campanas que dezía la ''Gloria in exelçis Deo'', hincándose ella de hinojos para dar graçias a Nuestro Señor e adorarle desde allí, oyó los cánticos e çeremonias que se haçían en la sancta Iglesia, e vido a Nuestro Señor Jesuchristo como quando salía del sepulchro, muy hermoso e alegre, e florido e resplandeçiente, e muchedumbre de ángeles çercados de su Real Magestad, que le adoravan e serbían de muchas maneras de servicios, e tañían y cantavan muy dulçemente. Y entre otras muy altas cançiones que deçían en nuestro lenguaje y en otros, los quales deçía ella no entendía, oyó por aquella vez unas palabras a los sanctos ángeles, que deçían en voz de cántico:&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
“Ya sale el Rey y los ángeles con Él, &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
ya sale el Rey del sancto sepulchro, &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
con alegre gesto y hermoso bulto,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
ya sale el Rey de sepulchro sancto,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
con alegre gesto y bulto muy claro,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
con alegre gesto y muy claro bulto,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
“el mundo tiene ençerrado en su puño,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
con alegre gesto y bulto muy claro,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
el mundo tiene en su puño ençerrado”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Estando elevada esta bienabenturada, vido a Nuestra Señora la Virgen Sancta María que venía hazia donde ella estava, y traýa en los sagrados braços el Niño Jesús, hijo de Dios e suyo. Venía acompañada de muchedumbre de ángeles e vírgines. Viéndola tan çercana, assí suplicole con grande humildad [fol. 26v] y soberano desseo rogase a su preçioso hijo la quisiese tomar por esposa, aunque ella no fuese digna de tan gran niño. E la Reyna de los Çielos e Señora Nuestra le dixo le plaçía de rogarlo a su preçioso hijo, y no solamente suplicó a la madre para con el hijo, mas a los sanctos ángeles e vírgines que la ayudasen a suplicar a su Divina Magestad le otorgase el don que le pedía de tomarla por su esposa, e para ello darle su palabra e mano, e todos respondieron les plaçía. Yncontinenti, yncaron los hinojos, y suplicaron a su Divina Clemençia del poderoso Dios otorgase aquella persona la tan loable y desseada petiçión que demandava. Y estando todos en esta esclamaçión, el dulce Niño Jesús volvió sus ojos de misericordia hazia esta bienabenturada, con gesto muy alegre e amoroso, e mirándola, e díxole palabras muy entrañables, hablando a manera de niño muy graçioso, diziendo: “Pláçeme de ser tu esposo, e de tomarte por amiga y esposa”. Y estendió su mano poderosa, e diósela a ella en señal de desposorio, e mostrole señales de amor. E la bienabenturada tornó a su torno a suplicar a la Reyna de los Çielos que, pues su dulçe hijo havía tenido por bien de la tomar por esposa, su clemençia se la quisiese dar para lo tener en sus braços como a señor y a esposo suyo, e se goçar e consolar con él. Nuestra Señora le dixo le plaçía, e se le dio luego a ella en sus braços. E dándosele, habló a su preçioso hijo, diziendo: “Muy dulçe y amado hijo mío, pues havéys tenido por bien de tomar a esta persona por esposa, e os humillastis a haçer tan copiosa virtud, bien será, hijo mío, le déys alguna empresa, en señal del fiel desposorio e amor que le tenéys”. Y el dulçe Jesús hiço de señal a la sagrada madre que le plaçía, e que le diese ella de su mano alguna cosa para aquella su esposa. Nuestra Señora la Virgen María sacó de su preçioso dedo una sortija, e diola al sagrado hijo para que él de su mano la diese a su esposa. Y ansí fue hecho, que el mesmo Niño Jesús se la dio e puso en su mano.&lt;br /&gt;
Acaeçió que, yendo camino un padre compañero del confesor de las monjas del monasterio en que esta bienaventurada morava, por olvido llevose en la cuerda la [fol. 27r] llave de la capilla donde Nuestra Señora se havía apareçido, porque allí está el altar mayor y deçía contino la missa. Las monjas, no pudiendo oýr missa por la falta de la llave, fueron con mucha pena a la sancta virgen que rogase a Dios apareçiese la llave, que no savían si el padre se la avía llevado o si hera perdida, que estavan desconsoladas por la falta de la missa. Ella dixo le plaçía de rogar a Dios la deparase, y estando aquella noche recogida adonde acostumbrava estar, e con ella dos religiosas, a la hora de las nueve o diez, a deshora sonó un golpe de cómo la llave cayó de alto en el suelo, en presençia de aquellas religiosas que con ella estavan, que lo vieron y oyeron. La bienaventurada riose de ver caer la llabe en el suelo, porque veýa muy bien el que la traýa, que hera su sancto ángel, que por los ruegos della e consolaçión de las religiosas la tomó al padre de la cuerda e la traxo, por que no perdiesen de oýr misa. Dixo la bendita sancta a una de aquellas religiosas: “Levantaos, hermana, e toma aquella llave”. Y assí fue visto e savido este milagro. Estando el dicho padre en el camino, vido cómo llevava en la cuerda la llave, e huvo pena de la falta que en el monasterio había. Pero quando vido que la llevaba, hera ya noche, que se fue acostar, y quando a la mañana se levantó mirose acaso la cuerda e vido cómo le faltava la llave. Maravillose dello, y dende a días, quando tornó al monasterio, contó a las monjas lo que havía aconteçido con la llave, y por semejante ellas le contaron cómo a deshora, tal día en la noche, la vieron caer en la çelda de la madre Juana de la Cruz. Y assí dieron graçias a Dios por el milagro.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Perdiose un asno con que traýan las cosas de provisión al monasterio, y havía dos días que hera perdido, e le andavan a buscar e no le podían hallar. E fueron a esta bienabenturada que rogase a Dios que pareçiese, que havía mucha neçessidad de çiertas cosas, y no havía en qué las traer. Y ella respondió lo haría. Y estando en esto, elevose como acostumbrava, e quando tornó en sus sentidos, preguntó si hera pareçido el asno. Respondieron las religiosas que no. Entonçes dixo ella: “Pareçido es, e presto vernán con él”. Y dende a poco espaçio, vinieron los que le havían ydo a buscar e le traxeron bueno [fol. 27v] e sano. Y de esta calidad de saber cosas occultas y depararlas el Señor por sus ruegos acaesçió muchas vezes, no solamente en el monasterio, mas a otras personas que se venían a encommendar a ella. &lt;br /&gt;
Pasados dos años que en esta bienabenturada se vido públicamente la graçia de elebarse, la qual tuvo muy continuamente toda su vida, plugo al muy poderoso Dios dotalla de otra muy copiosa graçia e don maravilloso: que, estando ella así elevada en aquel rato, enagenada de sus sentidos, hablava por su propia lengua el Spíritu Sancto cosas muy maravillosas, e altas e provechosas a las ánimas, assí para las religiosas de la casa como para las personas de todos estados, e condiçiones e offiçios mayores y menores que la venían a oýr, e goçar e aprovecharse dello. Oýanla frayles de algunas órdenes, predicadores e letrados, e abades e canónigos, e obispos e arçobispos, y el cardenal de España don fray Francisco Ximénez, de gloriosa memoria, e los ynquisidores de la Sagrada Ynquisiçión, jueçes della, e condes, e duques e marqueses, e cavalleros muy graçiosos, e señores e todos otros estados, assí de hombres como de mujeres, que este misterio vieron e oyeron, y estuvieron en él presentes. Veýan cómo estava esta bienabenturada bestida e tocada de religiosa como lo hera, y hechada sobre una cama de la manera que las religiosas la ponían, e sus braços puestos a manera de persona recogida, y el cuerpo como muerto y los ojos çerrados, y el gesto muy bien puesto e muy hermoso, resplandeçiente a manera de lleno e redondo. Esto tenía quando la graçia del Spíritu Sancto hablava con ella, que de su natural le tenía aguileño.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
E quando esta graçia le dava el Señor, primero se elevava en el lugar que aquella graçia le tomava, e las monjas la tomavan en los brazos e la ponían sobre una cama. E de aý un poco de interbalo, veýan en ella señales que veýa al Señor. Algunas veçes le veýa como en la humanidad, quando andava por la Tierra, e como después de resuçitado e subido a los Çielos glorificado, e de todas las maneras que Dios hera servido de se le [fol. 28r] mostrar. E oýase cómo le llamava estando elevada, como haçe la persona que la ve otra de lejos quiriendo que se le llegue çerca, e oýrse la voz de esta bienabenturada quando estava elevada, e veýa al Señor e le llamava. E ver los movimientos que haçía con los braços, causava no estar desatada el ánima del cuerpo, que por las cuerdas que bajavan del spíritu al cuerpo veýan los movimientos, e se oýa la voz quando ella llamava al Señor Dios todopoderoso. O quando su Divina Magestad le dava el resuello de su Spíritu, se oýa la voz por la persona della como se oye por una zerbatana quando vna persona habla a otra, la qual hera tan poderosa e de tan gran doctrina para la salvaçión de las ánimas e reprehensible a los pecados que todos quantos lo veýan e oýan, por grandes letrados que fuesen, se maravillavan e quisieran estar tan veçinos y çercanos del monasterio que todas las veçes que el poderoso Dios hablava en ella la pudieran oýr. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Durava el habla del Spíritu Sancto çinco o seys oras, e si Este hera tan dulçe que a todos los que la oýan, que aunque fuesen muy peccadores e yncrédulos desta sancta graçia antes que lo oyesen e viesen, les pareçía estuvieran tres días con sus noches oyéndola sin sentir ningún fastidio, los que eran yncrédulos, ellos mesmos se manifestavan, diziendo: “Yncrédulo hera de esta graçia, y quando vine a ver si podía oýr hablar a esta bienabenturada, muy yncrédulo vine, y aun con yntençión de ponerla en la Ynquisiçión”. Estos eran algunos ynquisidores de la Sancta Ynquisiçión, e otros que allí luego quisieran poner las manos en ella. En espeçial huvo uno, en un sermón, que hera incrédulo, y traýa aparejado un azote para le haçer mal. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y hablando el Spíritu Sancto sin descubrir ni señalar quién hera, dezía: “Az lo que pudieres si tienes poder para ello; si me quieres conjurar, conjúrame, que yo te esperaré como espero al saçerdote en el altar”. Quando çesava el Spíritu Sancto de hablar, dezía cada uno la yntençión con que havía venido.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Quando ella llamava al Señor, dava muy clamorosas he reçias vozes, haziendo muy devotas e humildes suplicaçiones [fol. 28v] e ruegos, para que llegase çerca donde ella estava. E de rato en ratos llamava muy apriesa, con el brazo derecho; e quando çesavan las vozes e llamamientos con el braço, quedava muy sosegada, e no solamente suplicava a Nuestro Señor Jesuchristo tuviese por bien de açercarse a ella, mas aun a los sagrados ángeles haçía muy grandes ruegos y plegarias, diziéndoles: “O, señores, vosotros que traéys el trono muy luçido e aseado de mi Señor; y vosotros, señores, los que traéys los ençensarios de oro e taças de perfumes delante el Rey del Çielo, e los que traéys las hachas ynçendidas y floridas; vosotros, señores, los que traéys los paramientos e las cortinas del pavellón de mi Señor y mi Dios; e vosotros, señores, los que tendéys los doseles muy ricos e paramentos de oro por el suelo, por donde pasa su Real Magestad; e vosotros, señores, los que venís en el ayre volando con los candeleros de oro e velas ençendidas sobre las caveças: suplico a mi Señor que venga por aquí su Divina Magestad. E vosotros, señores, que lleváys los pendones e guiáys las danças, guiad haçia acá, por donde yo estoy; no guiéys por esotras calles, que aquellos señores y señoras contino le ven, e muchas veçes le goçan, mas yo, peccadora, aún no soy digna d’Él ver y goçar sino muy poquito, y contino estoy ambrienta y deseosa d’Él”. Y después volvía su habla con los sanctos apóstoles e mártires, e confesores y vírgenes, e otros muchos sanctos e sanctas. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Señalava algunas veçes por sus propios nombres, diziéndoles y suplicándoles rogasen al Rey del Çielo, su esposo y su [¿señor?], viniese por donde ella estava a la bendeçir y santiguar, como haçía a los otros señores e señoras. E después tornava su habla con Él, Nuestro Señor, suplicándole por muchas maneras de suplicaciones, e dulçes e amorosas palabras, diziendo la quisiese venir a bendeçir y consolar, aunque ella no hera dina de tan gran benefiçio, viniese su Alta Magestad, porque tenía muchas cosas que le offreçer e dezir y suplicar, ansí de oraçiones que a ella le havían dado le offreçiese e suplicaciones que le havían encomendado le hiçiese; e que tenía muchos padres, y madres y hermanos, y se los quería offreçer y dar. Y esto dezía ella por los frayles y monjas, hijas [fol. 29r] y hermanas suyas spirituales, e perlados mayores e menores, e señoras e amigas, e devotas que assí se lo havían mandado y encomendado, e por todas las personas que se encomendavan en sus oraçiones. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
E durávale hazer estas exclamaciones: primero que la graçia del Spíritu Sancto hablava en ella espaçio de hora y media, y pasado este yntervalo vía señales en su cuerpo cómo el Señor, por su clemençia, se açercava adonde ella estava, e tanto que, según acá se mostraba, le podía adorar e besar el estrado de sus sagrados pies, e ver goçar muy çerca. Y entonçes le haçía muchas suplicaçiones públicas, e otras secretas que nadie no las podía oýr, e grandes adoraçiones por sí mesma e por todas las personas de la Tierra, y se las encomendava en general, y algunos en especial, e todo el estado de la sancta Madre Yglesia e religión christiana, e a los que están en peccado mortal, e a las ánimas de Purgatorio. E algunas vezes permitía el poderoso Dios que en la propia bestidura de su Divina Magestad y en su estrado e trono real, viese ella todos los estados del mundo: primeramente el estado del Sancto Padre, e cardenales e obispos, con toda la clereçía e todas las órdenes, e las perfeçiones e ymperfeçiones dellas; e los emperadores e reyes, e todas las maneras de estados, de grandes e cavalleros que havía en los reynos e ymperios e toda la república, e los mereçimientos e desmereçimientos de cada unos. E vía cómo los ángeles se llegavan a las personas mansas e humildes, e castas e pobres, e despreçiadas e de perfetas obras, mas que no a los malos, e ynchados de riquezas e avariçia, e sobervia e simonía. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
E vía también a la sancta Madre Yglesia a manera de muger casi como viuda, e llorando e dando gritos, quexándose al Señor, que estava muy mal casada con los maridos que le havía dado, conviene a saber: los pastores y perlados de la sancta Yglesia, obispos e arçobispos, e toda manera de regidores de ánimas; los quales, dezía la sancta Madre Yglesia, heran sus maridos, e lo haçían muy mal con ella, e le davan mala vida con sus peccados de yproquesía e vanagloria, e codiçias e viçios. Dezía más en su llanto e quejas: “Vos solo, Señor Dios, de los justiçia [sic] e marido [fol. 29v] mío, resplandeçéys en mí, que las otras estrellas algo se escureçen, e sale dellas a las veçes poca claridad con que yo me esclarezca, e poco me favorecen. Si no fuese por vos, Dios mío y marido mío, que vives y permaneçes para siempre en mí, ya del todo sería viuda, según los pocos favores e [¿ánimos?] que de vuestros pastores tengo, que más se acuerdan de las cosas bajas y viles, e del mundo e sus deleytes, e de querer honras y dignidades, que de favoreçerme y ayudarme; e más huelgan de morir por las cosas transitorias que matan el alma que no por Vos, Rey del Çielo, que soys salud perdurable e podéys dar vida eterna”.&lt;br /&gt;
Y estas cosas le heran mostradas a esta bienabenturada en figura, porque aunque ella tenía cuydado de rogar por el estado de la sancta Madre Yglesia, rogase con mayor afínco e diese graçias a Dios por las merçedes que haçe a sus criaturas, e le suplicase por ellas. E hecho esto, ponía las manos, e haçía suplicaçión secreta, que no se la podía nadie oýr, salvo que la veýan haçer humillaçiones con la caveza y que meneava los labios, a manera de persona que habla en secreto. Y estas maneras heran muy humildosas, e algunas veçes le oýan muy devotas palabras en voz de cántico. Ansí mesmo, veýan en ella señales de encogimiento e temor, e soberana reverençia e acatamiento, e goços e consolaçiones. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y estando en este estado, el mesmo Dios la soplava con el soplo de su sagrada boca, e con el ayre de su poderosa mano, e le dava e ynspirava el Spíritu Sancto, como haçía a sus sagrados apóstoles quando los embiava a predicar su sancta palabra. Quedava entonçes en silençio, e postrava sobre su faz las manos puestas. Quando las religiosas veýan estas señales en ella, levantávanla, e poníanla vien en su cama donde ella estava, e nada desto no vía ni sentía, ni oýa ninguna cosa, ni savía las personas que allí estavan. Luego, a deshora, se oýan voçes muy altas que salían por la boca della aprisa e conçertadas. Hablava el Spíritu Sancto, en persona de Nuestro Redemtor Jesuchristo, oýanlo todos los que estavan presentes. Tomava la plática con ella mesma, diziéndole: [fol. 30r] “¿Qué hazes, Juanica? Dios te salve. Dios te salve. ¿Quién eres tú que me llamas? ¿No saves que no es ninguna criatura dina de Dios, en especial los peccadores que viven en la Tierra?”. E luego proseguía por otras muy dulçes palabras, hablando muchos e grandes e divinos secretos, e misterios çelestiales, e declarando los sagrados evangelios y scripturas, según heran las fiestas, e días e solemnidades, e según hera su voluntad de querer hablar. Deçía de rato en rato: “Tú, Juanica, ¿no viste esto y esto, e tal y tal cosa que pasó y se hiço en mi sancto reyno çelestial?”. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Heran todas las palabras muy notables e provechosas, e saludables e consolativas a todos los oidores. Y si entre aquella gente que la estava oyendo havía tentados de qualquiera tentaçión que fuese, o encrédulos o desesperadicos, o de otra qualquier manera que tuviesen neçessidad sus almas, a todos satisfaçía y consolava, e aconsejava y reprehendía, e administrava de qué manera se havían de salvar. Y esto haçía hablando a todos en general, y a cada uno de los oydores le pareçía hablava a su propósito, según lo que tenía en su conçiençia e ánima. Yban muy edificados y consolados. Quando el Señor acavava el habla, dava su sancta bendición, diziendo: “La bendiçión del Padre, y de mí, su Hijo Jesuchristo, y del Spíritu Sancto consolador; que me voy, quedad en paz, mas no del coraçón, que bien me quisiere y me amare, y de mí no se apartare”. A esta sancta bendición toda la gente que allí estava hincava los hinojos, e los hombres, quitados los bonetes y abaxadas las caveças, la resçivían con mucha devoçión. E luego salían todos del monasterio. Y para la entrar a oýr, los prelados davan liçençia. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Duró esta graçia de hablar el Spíritu Sancto en esta bienabenturada treze años, la qual le venía algunas veçes, entre día y noche, dos vezes, y esto no haviendo tornado en sus sentidos entre la una vez e la otra; e otras vezes a terçer día, e otras vezes a quatro días, e a ocho e quinçe, como hera la voluntad de Dios. Mas las elevaçiones e arrobamientos tenía siempre día y noche, e desde su niñez hasta que Dios la llevó desta presente vida. E aunque havía çesado la graçia del habla, no careçía de sus muy altas elevaciones, e gozosas e [fol. 30v] alumbradas revelaçiones, e de ver a Dios, e gozarse con Él y con su sanctíssima madre, e con los ángeles, según en esta Vida se puede ver, y con todos los sanctos e sanctas de la corte celestial. Porque más hera su conversaçión en el Çielo que con la Tierra, que muchas veçes le acaeçía aver acavado de entrar en sus sentidos de muy larga elebaçión, e de oýr nombrar el dulçe nombre de Jesuchristo, tornarse a elevar. E otras vezes de oýr nombrar la sancta Passión, o ver alguna ymagen de Nuestro Señor apasionada, e otras vezes de goço. E quien la quería hablar cosas secretas de su ánima y conçiençia, se guardava de no nombralle cosas de devoçión, en espeçial de la Passión del Señor, por que no se elevase. Acaeçíale muchas veçes estar sin tomar ninguna refeçción corporal hasta terçer día, por estar elevada y no tener dispusiçión de tomar el cuerpo mantenimiento. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Viendo los prelados cómo la graçia del Spíritu Sancto creçía tanto en esta bienabenturada, y hera tan pública a grandes y menores, quisieron probarla bien en sus prinçipios por muchas maneras, que para ello hicieron públicas e secretas, con que se conoçió e afirmó muy bien, e dio testimonio de ser obra de Spíritu Sancto. Mandó el prelado, por sancta obediencia, que no la oyese nadie quando aquella habla le viniese, ni diesen lugar a ningún seglar para que la oyesen. Y assí fue obedeçido por el abbadesa y monjas, que quando le vino la graçia del habla del Señor la dexaron sola en la çelda que el abbadesa e monjas le havían dado para que allí estuviese apartada en sus elevaçiones e contemplaçiones. E le dieron una monja que tuviese cuydados della en aquellos tiempos e la acompañase e sirviese. E dexándola sola, çerraron la çelda, que ninguna ossó entrar dentro ni escucharla por de fuera. E desde a un buen plazo, mandó el abbadesa a una religiosa fuese a ver si havía acavado de fablar, o si hera tornada, [fol. 31r] o qué haçía. E yendo, vido cómo aún el Señor todavía hablaba, y el suelo de la çelda estava lleno de muchas maneras de aves volantías, e todas muy atentas y quietas, escuchando la palabra de Dios, e las más e todas estavan muy çercanas a ella y alrededor de su cama, y assí estuvieron hasta que el Señor huvo acavado de hablar e dado la bendiçión, según otras veçes ascostumbrava haçer. E quando la religiosa entró e vido aquel tan gran milagro de hablar el Señor e la çelda llena ''[1]'' de aves tan quietas oyéndole, maravillose mucho, e con muchas lágrimas fue aprisa al abadesa e le dixo el misterio. Y el abadesa fue a verlo con otras tres o quatro religiosas, las más ançianas de la casa, e todas las vieron el milagro, e se maravillaron mucho, e dieron quenta a los perlados de la gran maravilla que havían visto, e cómo pasado un poco de yntervalo, después que la habla çesó, tornó la bienaventurada en sus sentidos e se halló un paxarico dentro en la manga que se le havía quedado en testimonyo del milagro; en lo qual se vía claramente hera voluntad de Dios la tan grande obra no fuese yncubierta, pues faltando las criaturas raçionales que tienen ánimas vivientes para lo oýr y goçar, permitía Dios viniesen las aves a lo oýr y escuchar. E oyendo esto los perlados, resçivieron con humildad la reprehensión que Nuestro Señor les dava por vía de las aves, e de aý adelante tuvieron por bien que todos la oyesen, assí religiosos como seglares, e dexaron liçençia a la abbadesa para que no estorvase la entrada a todos los que viniesen con devoçión a oýrla. Y assí lo hiçieron todos los perlados que subçedieron todo el tiempo que esta graçia duró, que fue treçe años.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Todos, o los más que venían a oýr esta sancta habla, venían con grande devoçión, e algunos con querer probar esta graçia. Acaeçía que, de que havía yncrédulos, quando [fol. 31v] el Spíritu Sancto reprehendía muy piadosamente en general, e hablava a sus propios pensamientos, diziendo: “Estás tú aora pensando: ‘¿Cómo puede ser esta habla de parte de Dios?’. ¿Por qué pones tú límite a su poder? ¿No saves que lo que quisiere, puede, y que todo lo que haçe es bueno, e por charidad y amor de las ánimas que redimió tiene aora menos poder y charidad que quando vino al mundo a las redimir? ¿Su graçia no la puede dar e poner donde él quisiere, hallando vaso donde la pueda poner e marco para guardarla e conservarla?”. Y estas y otras muchas cosas muy maravillosas dezía.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Acaeçió que vino un ynquisidor, muy arrojado ''[2]'' letrado y juez de la Sancta Ynquisiçión, con yntençión d’especular esta graçia, lo qual no havía dicho a nadie su yntençión. Y entrando a oýr con los otros ''[3]'', fueron tales las cosas que en su ánima sintió que, a la mitad de la habla, se yncó de rodillas, e con muchas lágrimas la acavó de oýr. Y de que esta sancta virgen fue tornada en sus sentidos, rogó a la abbadesa se la diese a hablar por el locutorio. Y assí fue, que la habló y le dixo la yntençión con que havía venido, la qual ninguna persona la havía savido de su boca, sino hera ella en aquella hora, y que heran tales las cosas que le havía oýdo que no podýan ser dichas sino de Dios. E dávase en los pechos con lágrimas, e dezía: “Yo, como malo y peccador, venía a arguyr a Dios, y tal hera mi yntençión. Ruégoos, señora, por la charidad, roguéys a Dios por mí que me perdone”. La bienabenturada le respondió que lo haría, pero de lo que él dezía muy poca quenta le daría, que ella no savía si hablava ni si no, ni dello tenía qué dezir, sino que estava adonde Dios hera servido, y Él podía hazer della e de sus miembros su sancta voluntad. Desta manera acaeçieron muchas cosas estando elevada, e hablando la graçia del Señor, e oyéndolo [fol. 32r] muchos.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Estava una gran señora a su cavezera, e yncole un alfiler gordo, muy cruelmente, por la caveça, y assí la pudiera matar por entonçes, que ella no lo sintiera. Tornada en sus sentidos, quexávase mucho de aquel dolor, e mirándole la caveça, hallaronle el alfiler yncado. Estando otra vez hablando el Spíritu Sancto, en gran fervor, levantose una persona de gran dignidad, eclesiástico, e tomó el braço desta sancta virgen, y arrojosele reçio para ver si la habla haçía algún movimiento con aquel golpe e dolor. E no sintió ninguna cosa, sino proçedió en lo que estava hablando, teniéndose el braço caýdo adonde se le havían avajado, hasta que fue tomado por una religiosa, e puesto como havía de estar. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Dixo el Señor, hablando en esta bienabenturada, reprehendiendo a los incrédulos, que no se aprovechavan de este tan gran bien y doctrina; que por espaçio de una legua a la redonda del monasterio estavan llenos y çercados todos los campos e ayres de ángeles e ánimas que venían a oýr y goçar la palabra de Dios, e dar testimonyo della el día de su juyzio, a confusión de los que, viviendo en la Tierra, la oyeron e menospreçiaron por maliçia o ynvidia. Scrivieron las religiosas de las palabras e misterios e secretos que el poderoso Dios habló por la boca desta sancta virgen un libro, llamado ''Conforte o Luz norte''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Capítulo VI'''&lt;br /&gt;
'''De cómo esta bienabenturada estuvo un tiempo muda antes que le fuese dada la graçia de hablar el Spíritu por su lengua'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Como esta sancta virgen tuviese por dos años la graçia de elevarse −esto se entiende público, antes que tuviese la habla del Señor por su lengua− en este tiempo hera muy importunada de personas spirituales, que le dixese y contase algo de sus revelaçiones y cosas que Dios le mostrava, así de gozos çelestiales como de penas de Purgatorio; de lo qual esta resçivía muy gran pena y fatiga por quanto hera muy severa [fol. 32v] en las cosas que Dios le mostraba, e porque resçivía mucha pesadumbre de ser tan ymportunada y molestada, así de las personas de fuera como de las religiosas de la casa, a causa de la graçia que Dios le dava. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Quiriendo Él mesmo haçer esta misericordia, primero que hablase el Spíritu Sancto en ella en persona del Hijo de Dios, y esto que ella no lo sintiese ni supiese, sino estando en rapto de sus sentidos arrevatado su spíritu, adonde Dios le quería poner, tuvo por bien el mesmo Señor de quitarle súpitamente su habla, e tornarla a deshora muda, que ninguna cosa podía hablar si no hera por señas. E quando el Señor la enmudeçió, primero la habló en spíritu, y le dixo: “Guarda mi secreto, e no hables, que yo hablaré”. En lo qual dio a entender su Divina Magestad que Él mesmo, por su humildad, con el amor que tiene a las ánimas, las quería hablar e revelar algunos secretos e muy grandes maravillas de los que a ella preguntavan, y aun muchos más, como su Divina Magestad lo hiço. Quando las religiosas la vieron tornar de la elevaçión así muda, que ninguna cosa les podía hablar, maravilláronse mucho. E por entonzes no pudo alcançar a saver por qué havía permitido Nuestro Señor aquella penitençia sobre ella. Y en tanto que stuvo muda, la puso Nuestro Señor en estado de tanta ynocençia que no pareçía sino niña; esto en quanto las cosas de esta vida. E desde algunos días y meses, estando elevada en contemplaçión, como solía, vido al Niño Jesús, Señor Dios nuestro, e gozándose ella mucho con él, suplicole la sanase. Y ella habló a manera de niño, según se le havía mostrado, y metiéndole sus sacratíssimos dedos en la boca della, díxole: “Por eso te havía enmudeçido, porque quería yo hablar primero. E aunque te sano, guárdame mi secreto. E algo di, e algo calla de lo que yo te mostrare”. E quando tornó de la elevaçión e rapto, a deshora vino sana con su habla, como de primero. Y dende a pocos días, hablava por la boca della el Spíritu Sancto, y deçía secretos y eselençias [fol. 33r] maravillosas.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Hera esta sancta virgen muy ynclinada a servir e haçer piedad a los enfermos. E havía en el monasterio una enferma que estava en la enfermería, [¿hetría?] e algo penosa, y asquerosa, e serbíala esta bienabenturada quando sus elevaçiones le davan lugar. E llevándole una vez el servidor, olía muy mal. Y ella huvo asco, y empeçó a dar arcadas, y enojándose contra sí mesma e reprehendiéndose con el pensamiento he palabras, metió la caveza dentro en él, e resçivió por la boca e nariz el mal olor. Y andando más adelante con el bazín, llevándole al lugar donde le havía de alimpiar, tornó a haver muy grande asco, e moviéndosele el estómago, dio muchas arcadas como primero las havía dado. Y quiriendo vençer esta tentaçión, esforçose e tomó con la caveza a resçivir del hedor de lo que estava dentro del servidor. Y assí vençió muy poderosamente aquella tentaçión.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Vino a esta bienaventurada una religiosa con mucho frío y dolor de estómago, y díxole: “Señora, por la caridad, que pidáys para vos un trago de vino, diziendo que lo havéys menester por algún dolor que tenéys, y dármelo heys a mí, que traygo gran dolor del estómago, e no lo oso pedir”. Ella dixo que sí haría, e considerando en su coraçón que dezir tenía dolor de estómago por entonçes que no dizía verdad, e dexarlo de pedir hera falta de charidad, supplicó a Nuestro Señor, por que ella pudiese dezir verdad y la religiosa resçiviese refrigerio en su neçessidad, le diese a ella dolor de estómago por algún rato. Y el poderoso Dios le conçedió su petiçión, que le dio dolor en el estómago, y ansí pidió el vino con verdad, e diolo a la religiosa que se lo havía pedido. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El abbadesa y monjas del monasterio en que esta bienaventurada morava tenían desseo le dixese cómo llamavan a su sancto ángel, e preguntádoselo, respondió, diziendo: “Yo tengo el mesmo desseo, e muchas veçes se lo he suplicado, y ame respondido que no ay neçessidad de saver su nombre señalado, mas de quanto se llama ángel de Dios y spíritu çelestial”. Y el abbadesa y monjas la tornaron a ymportunar, que no çesase de suplicar le dixese su nombre, por que le tuviesen en memoria e hiçiesen muy señalados serviçios [fol. 33v] e conmemoraçión. E desque le tornó a ver, suplicole le dixese su nombre, que el abbadesa y monjas se lo suplicavan porque le querían hazer señalado serviçio. Y el sancto ángel se escusó como primero, diziendo se llamava ángel de Dios, y spíritu çelestial y bienaventurado. E de que vido esto esta sancta virgen, supplicó a la Emperadora de los Çielos le alcançase esta virtud que ella supiese el nombre señalado de su sancto ángel. E la Soberana Emperadora se lo otorgó luego. E para esto llamó luego al alto seraphín Sant Gabriel, y díxole: “Ven acá, Gabriel, llámame a Laurel Aureum. E obedesçiendo Sant Gabriel al mandamiento de la Madre de Dios y Señora Nuestra, fue luego, e llamó a este sancto ángel, que estava junto con esta bienaventurada su ánima, y díxole: “Señor sant Laurel Aureum, andad acá, que os llama la Reyna Nuestra Señora”. Y él obedeçió de hinojos, e a deshora voló en alto, e fue a ver lo que le mandava. Y assí conoçió esta bienabenturada que hera su sancto ángel aquel que llamavan aquel nombre. Y quando el sancto ángel bolvió donde ella estava, díxole con mucho gozo: “Señor, ya he savido vuestro nombre. Aunque vuestra hermosura nunca me lo a querido dezir, mi Señora, la Reyna de los Çielos, me a hecho esta virtud, que me encomendé yo a su clemençia y otorgó mi petiçión”. E de que tornó en sus sentidos, dixo con mucho lo que le havía aconteçido, e de qué manera havía savido el nombre de su sancto ángel. E díxosele a las religiosas, y ellas se goçaron mucho e dieron graçias a Dios, e tenían muy gran devoción a este sancto ángel, y encomendávanse a él en todas sus tribulaçiones spirituales, y él las socorría e ayudava e favoreçía e suplicava a la Divina Magestad por sus ánimas e petiçiones. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
E de que tornó a ver a su sancto ángel, díxole: “Señor, allá he dicho a mis hermanas vuestro nombre, y anse goçado mucho con él”. Y él respondió: “Ya lo sé, mas no me saven nombrar, que algunas me llaman Laurel y me haçen árbol, mas no yerran mucho en ello, que la sustançia de mi nombre casi eso quiere dezir, que ansí soy yo por la voluntad del muy alto reverdeçedor de ánimas e amparador  de los que devajo de sus alas e de las mías se pusieren, e de los que mi nombre con devoçión e amor ynvocasen”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Estando esta bien˂abentu˃- [fol. 34r] abenturada arrobada en contemplaçión un día de la bienaventurada sancta Bárbara, entre otras muchas cosas çelestiales que el Señor tuvo por bien de le mostrar, vido que pasavan por donde ella estava a sancta Bárbara. Y viéndola ella, llamola, e suplicole que se llegase a ella. E la sancta Bárbara se llegó, e la habló muy dulçemente. E la sancta Juana de la Cruz la pregunta: “Señora, ¿por qué tray vuestra hermosura tan rico, preçioso e resplandeçiente collar a su garganta?”. Sancta Bárbara le respondió que su esposo Jesuchristo se le havía dado porque la havían degollado por su amor. Ansimesmo le dixo: “O, señora mía, qué hermosa palma es esa que traéys en la mano, e cómo resplandeçen esas letras de oro que están scriptas en las hojas, en las qualas viene scripto vuestro nombre preçioso e vuestra sancta vida y martirio. Y bien savéys vos, mi señora, quánto soys mi señora, e quánto os quiero”. E la señora sancta Bárbara le respondió: “Ya lo sé, y así te tengo yo por devota e amiga, e rogué a Dios que os diese esa graçia que ahora tienes”. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y çesando de hablar con la sancta Bárbara, a deshora llegó a ella un niño, de los chiquitos de teta que se va al Çielo después de su muerte por sola la Passión de Nuestro Señor Jesuchristo e virtud del sancto baptismo, el qual niño la dixo: “Otra vez te he hablado, y te dixe que dixeses a mi madre que castigue a sus hijos dende chicos, y también quando grandes; si no, que lo pagará delante de Dios, e le será demandada estrecha cuenta. E yo doy graçias a Dios que me truxo a este reyno en mi niñez, que si llegara a ser grande, por mis peccados e mal recogimiento de mi madre no me salvara. E por eso te ruego que tú se lo digas”. Entonçes, esta bienaventurada respondió a este niño: “Ni sé quién es tu madre, ni la conozco, ni adónde mora, ni tampoco aunque lo supiese e lo quisiese deçir no me crehería”. El niño le respondió: “Díselo tú, que yo te diré çierta cosa señalada, secreta de su ánima, que no lo save sino Dios y ella, que lo hiço. Y dile tú que se enmiende dello, e con esto te creherá. Y di que su hijo chiquito que se le finó te lo dixo, el amonesto y consejo. E mi madre se llama fulana, y es muger de fulano, e bibe en tal lugar”. E así le señaló y le dixo quién hera su madre y dónde morava. E quando esta sancta virgen tuvo lugar e dipusiçión, mandó llamar a esta muger, y hablola en secreto, y díxole lo que su hijo chiquito, que estava en el Çielo, le avía encomendado. E la muger lo creyó muy bien, por las señas que esta sancta bendita le dio e por las verdaderas palabras que le dixo. E dende adelante fue [fol. 34v] aquella muger muy su amiga, y la visitava muchas vezes, y estava a todo lo que le aconsejava e corregía.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Dezía esta bienabenturada que andan muy enjoyados, e adornados e señalados, los bienabenturados de la corte çelestial, assí los sanctos del testamento nuevo como del viejo, de las armas e ynsignias del Redentor e de su sagrada Passión, e de su sancta madre, Nuestra Señora; que traýan sanctos apóstoles y mártires, junto con estas armas, cada uno su martirio por divisa, bordado en sus bestiduras e pendones y estandartes. E los sanctos de la ley vieja, dezía, andan señalados e bordados en sus bestiduras çiertas figuras que en tiempos les dio el poderoso Dios en figura del Redemptor, y de comienzos havía de venir a los redimir. Dezía que traýan, unos el altar nuevo que Dios les mandó edificar, e otros el carnero que Abraham sacrificó en lugar de Ysac, su hijo; e otros el poço de Jacob; e otros, la çarça de Moysem; e otros, la verga de Harón; e otros, la serpiente que el Señor mandó alçar en el desierto; e otros el arca de la sancta sanctorum; e otros, los tres ángeles que vido Abraham quando dixo que havía visto tres, e adornado uno; e otros la Virgen con el niño en braços, según les fue profetiçado que la Virgen havía de conçebir e parir hijo; e la escalera de Jacob; e otros, otras muchas figuras del tiempo antiguo, según el tribu e generaçión que es cada uno.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Deçía esta bienabenturada que todas aquellas figuras hermosean e adornan a todos los que sobre sí las traen, en memoria de las sagradas maravillas e beneffiçios que el poderoso Dios les hiço. E otras de las ánimas christianas que están en el Çielo muy gloriosas, dezía, traen en sus vestidos por divisa algunas el cáliz con el Sanctíssimo Sacramento, muy ricamente bordado; e otros las llaves del señor Sant Pedro, que significa la perfeta confesión e sancta absolución, e ricos thesoros de la sancta Madre Yglesia; e otros la pila del sancto baptismo; e otros, las crismeras del sancto olio de la crisma e unçión. E assí dezía que vía a todos los cortesanos çelestiales con diversos motes y figuras del poderoso Dios e de la dulçíssima Virgen María, su madre, y que su sancto ángel le declarava e deçía por qué, para qué traýan los bienabenturados cada una de estas figuras o empresas, las quales ella no declarava ni dezía. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Hablando el Señor por la boca de esta bienaventurada, la llamava [fol. 35r] algunas vezes por su nombre, diziéndole “Juanica”, e luego declarava que la llamava este nombre diminutivo porque aún no hera del todo nasçida su ánima de su cuerpo, ni naçida perfetamente a luz, que entonzes es digna la persona de nombre entero. Quando después de passada de esta vida el alma se salva e ba al Çielo, queda que, quando muere, si se va al Infierno, no se puede a tal dezir naçida, sino abortada, e no es dina tampoco entonzes de nombre. Algunas vezes la llamava el Señor mesmo por la mesma habla el nombre entero de “Juana”. Dezía su Divina Magestad que la llamava e dezía este nombre entero de “Juana” porque quería dezir nombre de graçia, e de conoçer e amar a Dios; e otra alguna vez la llamava “Juana”, que deçía el mesmo Señor que quiere deçir graçia, graçiosa, dada de ánima. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Dezía el Señor, quando hablava por la boca de esta sancta virgen, que quando se diçen e tratan los misterios de la sancta misa, son tan ynumerables las yndulgençias e perdones que ganan los que con devoçión y limpieza de conçiençia los oyen que no ay en la Tierra sentido humano que los pueda numerar ni deçir, por estar allí presençialmente la Magestad de Dios. Deçía el mesmo Dios e Señor que, aunque al parezer de los ojos humanos está puesto el Sancto Sacramento en altar de barro o de madera, y en los paños, y lienços e sedas, e plata e oro que acá le ponen, que también le traen los sanctos ángeles del Çielo yglesia nueva e altar nuevo, y entoldaduras nuevas e frontales, e sábanas e corporales, cáliçes e patenas, e todos los aparejos del altar he hornamentos nuevos para el preste; e aun guantes o sandalias para las manos, porque las manos de los sacerdotes, por limpias e sanas que sean, por ser humanas, no son dinas de tomar a Dios en ellas, e todas las cosas que acá se ponen en los altares, por valerosas e ricas que sean, no son para otra cosa perteneçientes sino para [¿foros?] de los celestiales que traen los ángeles para serviçio de Nuestro Señor. Y aun quando sean dinas las cosas e serviçios que los humanos ponen por hornamento en las yglesias y altares de Dios, an de ser muy limpias e valerosas, reverençiales; y si tales no son, pudiéndolas poner, el mesmo Dios lo demandara a cada un ánima que tiene cargo dello, así de lo mandar como de lo haçer alimpiar.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Dezía el Nuestro Señor, quexándose e reprehendiendo a los que diçen que no es bien que se ponga oro ni plata, ni brocados ni cosas valedoras en los altares para honra de culto divino, que el mesmo Spíritu Sancto responde a esto, el qual tiene cuydado de tornar por la [fol. 35v] honrra de Dios, e dize, a quién le perteneçen todas las cosas valerosas limpias e preçiosas, e dulçes ministriles e famosos cantores, e todas cosas que buenas sean, sino a solo Dios, criador e haçedor del Çielo y de la Tierra. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Dezía el Señor, a manera de quexa e reprehensión: “Dizen en la Tierra los humanos que Dios y su madre quisieron andar pobres e menospreçiados. Es verdad, empero hiziéronlo por dar exemplo, y si nos quisimos humillar, tanto más son los humanos obligados a nos ensalçar y servir con las cosas mejores y más preçiadas que tuvieren, honrar y solemnizar sus sanctos templos e altares”. Pues todos los bienes que tenemos los humanos, así spirituales como temporales son suyos, e no nuestros, e los alcançamos por ruego e ynterassión de su preçiosa madre Nuestra Señora. E por tanto, quiere su Divina Magestad e le plaçe que con todos sirvamos a su preçiosa madre junto con Él, pues se lo debemos; e que si no se quisieron tratar quando estavan en la Tierra entre sus criaturas, según su estado e dignidad lo mereçía, que nosotros, que somos sus basallos, so pena de la pena, somos obligados a los servir como siervos a señores, e como basallos a reyes, e como criaturas al Criador y madre suya e, si no lo hiçiéremos, o a lo menos todas nuestras fuerças o posibilidad −dezía el Señor− pagaremos en su juyzio divino.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Dezía hablando por la boca desta bienaventurada, que quando se dize la missa y el sancto evangelio toda persona que presente estava hera obligada a estar muy atenta y en silençio, e de hinojos y en pie, e que así como quiere el preste empezar el sancto evangelio, los ángeles que allí están presentes en la missa, que son muchos, tocan todos juntos las trompetas, hablando con los humanos, diziendo: “Levantaos todos en pie y escuchad atentos con mucha devoçión, y abrid vuestros coraçones, e orejas y sentidos, para oýr al Señor, que quiere hablar; y entended sus maravillas y secretos, que os quiere deçir e descubrir como amigos; e obrad sus exemplos, que os dexó, e tomadlos y enseñadlos vosotros, christianos, e guardadlos en vuestros coraçones. Escuchad, dichoso pueblo christiano, que os habla vuestro Dios, e os declara sus misterios, e os releva sus maravillas, e os descubre su coraçón, e os manifiesta el desseo que tiene de hazeros merçedes, e os convida al Reyno de los Çielos, que os llama [fol. 36r] para que os vengáys a Él, que se desea açercar a vosotros, christianos, que os convida a bodas divinas, e os avisa de lo que os havéys de apartar. Por eso escuchad a vuestro Dios, tan venino que vino a la Tierra por vos redimir, e os dexó en memoria lo que es su sancta voluntad que hagáys para le aplaçer, y lo que es dañoso para vuestras ánimas y conçiençias, por que no lo obréys y os apartéys de lo malo. Por tanto, pueblo christiano, adora y servi, y escucha al Señor Dios tuyo, que tanto le devéys”. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Declaró más el Señor, que havía Él dicho, estando en la Tierra, quando consagró su sancto cuerpo, tornando del pan en carne, y el vino en sangre: “Esto haréys en mi commemoraçión”, que quería tanto deçir como si dixera: “Cada vez que este Sancto Sacramento de mi cuerpo consagráredes, anunçiaréys y declamaréys mi muerte e Passión, e lo offreceréys al Padre mío celestial en memoria mía, y assí renovarés mi sagrada muerte e Passión para remedio e salvaçión de vuestras almas, como si yo estuviese en aquella hora puesto y colgado en la cruz, haziendo nuevamente la obra de vuestra redempçión”. Y esto deçía el Señor havía Él hecho con sobra de amor que tiene al linage humano, de querer venir en el Sancto Sacramento del Altar cada vez que es llamado con las palabras de la sancta consagraçión.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Como el Señor descubría e mostrava a esta bienaventurada algunos de sus secretos, así de los gozos çelestiales como de las penas que las ánimas padeçen por sus pecados, y aun de las ánimas que andavan por los ayres, yendo ella una noche a tañer a maytines, que hera sacristana, oyó gritos muy espantosos como de persona que se quexava muy triste y dolorosamente. Y ella, muy maravillada dello, preguntó a su sancto ángel qué voçes heran aquellas tan espantosas que havía oýdo, si se le havía antojado. El sancto ángel le respondió: “No te se antojó, que gritos heran de ánima neçessitada, que con liçençia de Dios se le venía a encomendar que la hiçieses haçer çiertos bienes. Y no te maravilles que lo oyeses tú, que María de Sant Gabriel, religiosa de tu convento, lo oyó también, aý en tu casa, quando tú la oýste”. Y dende a pocos días, apareçió aquel ánima a esta sancta virgen, la qual ánima hera una gran señora del mesmo reyno de Castilla que havía pocos días hera difunta, e padeçía muy grandes penas, la qual le dixo: “Ruégote, por amor de Dios, que ayas compasión de mí, y scrivas a tal çiudad de este reyno, a tal señora que es mi madre. E yo soy fulana, hija suya. E dile cómo te apareçí y estoy en [fol. 36v] grandes penas, e tengo neçessidad que me hagas tales y tales bienes, y abré muy gran remedio con ellos”. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y con esta ánima desta señora venía otra ánima de un su hermano, con liçençia y voluntad, que en este mundo havía sido muy gran cavallero e havía tenido algunos cargos e viçios por lo qu’él padeçía en el otro mundo. E ansimesmo, aquel ánima habló a esta bienaventurada, e le dixo que embiase a deçir que rogasen a Dios por él, que tenía mucha neçessidad. Ella, movida de compasión y caridad ''[4]'' de aquellas ánimas, scrivió aquella señora, diziéndole que hiçiese hazer por fulana su hija, que estava en mucha neçessidad e penas de Purgatorio, tales bienes; la qual señora no lo quiso creher, ni mandar hazer ningunos bienes por el ánima de su hija. E quando esta sancta virgen vido tal respuesta, congoxose mucho, y dixo: “Pésame por haver scripto aquella señora e descubierto el secreto de aquel alma, pues a sido sin fruto e provecho. Empero, yo sé çierto que esta señora a quien yo agora scrivo no vivirá mucho en este mundo, porque, allende de ser sus días cumplidos, su mesma hija demanda justiçia de Dios della, y ruega que vaya muy presto a sentir las penas que ella siente, pues ni las creyó ni para salir dellas la quiso ayudar”. E así, cumplido por la voluntad de Dios, que luego en muy breve tiempo finó aquella señora tras su hija, e le fue revelado a esta bienaventurada cómo estava en muchas penas. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y el ánima del cavallero, viendo que no la havían creýdo lo que havía dicho de su hermana, y que por eso no embió a dezir a su muger hiziese hazer por él los bienes que él mandava, tornó otra vez a pareçerle e mostrársele muy bravo y enojado contra ella, diziéndole: “Por çierto, tú me as sido muy cruel e sin piedad para mí, porque si mi madre no creyó lo que le embiaste a deçir de mi hermana, mi muger bien creyría lo que le embiaras a dezir. Y si no lo hazes, por çierto yo te tornaré apareçer otra vez, e te espantaré de tal manera que se te acuerde”. Y diziendo estas palabras, asió della, elevola desde el dormitorio donde estava una çelda, y díxole: “Por que veas qué son las penas que padezco, quiero demostrar algo dellas”. E sacó la mano, e tocole tan mala vez e quemole los cavellos [fol. 37r] en señal de sus muy sobradas penas e tormentos; la qual señal de quemarle los cavellos e de llevarla de una parte a otra supieron todas las religiosas, e la causa e secreto dello. E contreñida de charidad, scrivió a su muger deste cavallero, y ella lo creyó muy bien, e hiço lo que esta bienabenturada le dixo; la qual, por la graçia que le hera dada del poderoso Dios, conoçió las cosas secretas de algunas personas, e le hera revelado lo que le querían hablar antes que se lo dixesen. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
E le heran manifiestas algunas neçessidades spirituales de algunas personas e sus de[f]etos antes que ninguna persona de la Tierra se los manifestase. Y savía por revelaçión si heran çiertas las palabras que le deçían, o cautelosas, e respondía a estas tales personas más al propósito del coraçón que no a las palabras. Tenía graçia que si delante della havía alguna persona endemoniada que no se supiese, ella veýa besiblemente a los demonios que venían dentro en ella. Y si algunas personas estavan tentadas de algunas tentaçiones, veýa a los demonios que las tentavan como se les ponía, si a las vezes en los hombros, y en las caveças o en el çelebro, y a las veçes en los ojos, y otras vezes las asía del coraçón. Y esto es según la manera de las tentaçiones que el demonio trae. Vido a una persona esta bienabenturada que la entrava a hablar en su çelda, la qual traýa pensamientos de haçerle mal en una çierta cosa. Y ella, en mirándola, le conoçió el pensamiento, que era ya contra ella, e vídole un demonio hechado en el cuello, que le abraçava e le hablava a los oýdos, el qual hera muy grande. E vido al ángel de esta persona estar muy lejos della, e muy chiquito. E maravillose mucho. E contando a su sancto ángel la revelaçión que havía visto, preguntole por qué causa estará el ángel guardador de aquella persona tan apartado della y tan chiquito, al pareçer, e con semblante triste. Respondiole el sancto ángel: “Eso es porque esa persona a dado lugar a las tentaçiones del demonio, y entonçes le dava entero consentimiento. E por eso se apartava el ángel della, e se mostrava chiquito e de semblante triste, porque nunca havía querido en el aquel caso tomar las espiraçiones suyas”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Fue una religiosa muy desconsolada en el alma, y en su spíritu muy afligida, a se consolar con esta sancta virgen. Y assí como ella la vido entrar por su çelda, mirola e vido alrededor della tres [fol. 37v] demonios muy espantables, e las façes como negros, e por los ojos e boca les salían llamas de fuego, e traýan en las manos unos como garrotes de fierrro, con los quales dava muy grandes golpes de los hombros arriva a aquella persona. Y el sancto ángel su guardador estava muy çercano a ella, y andando a la redonda della dezía a los demonios: “Dad y herid a esta persona, porque es la voluntad de Dios, que lo quiere, y dello se sirve. Aunque vosotros le dáys tan crueles golpes, no sentirá más de lo que Dios quiere”. Y esta bienaventuada, maravillándose mucho de ver la tal visión, preguntó a su sancto ángel por qué hera atormentada la tal religiosa tan cruelmente viviendo en la carne, y más que deçía su sancto ángel que lo quería Dios, y ella dello servido; respondiole: “No te maravilles de las cosas que son secretos de Dios; y esa tal persona mereçe mucho en ello, y a se lo Dios dado por gran misericordia”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Capítulo VII'''&lt;br /&gt;
'''De cómo privó el Señor por algunos tiempos el sentido del oýr, y por qué causa, a esta sancta virgen'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Tenía graçia de entender las aves y animalias, y conoçer sus neçessidades en quanto comer y bever. Y algunas vezes dexava de pensar en pensamientos más subidos e divinales, y ýbase adonde pudiese oýr las aves quando estava en sus sentidos. Y escuchávalas y holgávase, e maravillávase mucho de las cosas que les oýa, tan pronunçiadas e tan claras a su pareçer della, e cómo deçían e tratavan entre sí, unas entre otras, cosas maravillosas que pareçía que conoçían a su criador. E le davan graçias, porque las havía criado e vestido, e adornado de alas y plumas, e les dava los campos, e árboles e frutas para su consolaçión e mantenimiento. E cada género de aves, deçía esta bienaventurada que loava a su hazedor, e le dava graçias de su manera. E toda cosa que tiene spíritu de vida, loa e da graçias a su criador e hazedor. E como ella se ocupava tanto en oýr las aves y holgava de entendellas, hechava mucho tiempo de su pensamiento en ello. &lt;br /&gt;
Nuestro Señor Jesuchristo, como la amava tanto, no quería ni hera servido que se ocupase en otra cosa, sino en el que hera su creador y criador. Y a esta causa, quitole súpitamente el sentido del oýr corporal, que estando en sus sentidos ninguna cosa de esta vida pudiese oýr, aunque las cosas çelestiales bien las sentía, que ni por esta sordedad tan [fol. 38r] estremada no dexava de se elevar tan a menudo, y de estar tan grandes ratos elevadas, ni de açer las predicaçiones e hablar del Señor en ella como antes que ensordase. Y estando sorda, aunque no estuviese elevada, oýa y sentía los cánticos y ynstrumentos celestiales, porque las más vezes que se elevava o ponía en su coraçón o contemplaçión oýa cantos çelestiales que junto con el Spíritu Sancto la ayudavan a inflamar e alçar el spíritu en Dios. Estuvo sorda desde el día de sancta Escholástica, que es a diez de febrero, hasta señora sancta Clara, que es a doze de agosto. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Estavan todas las religiosas de su convento e otras muchas personas muy angustiadas por la neçessidad que tenían de su habla e consolaçión, porque no las oýa, aunque ellas le querían deçir y encomendar sus desseos y cosas tocantes a su consolaçión y conçiençia; por lo qual suplicavan mucho a Nuestro Señor le volviese el sentido del oýr. Y su Divina Magestad tuvo por bien de oýr las plegarias de todos, e tornole el oýr día de la señora sancta Clara. E híçolo desta manera: que estando ella elevada como solía, vido a Nuestro Señor Jesuchristo en spíritu, e la habló e consoló, e le dio el soplo del Spíritu Sancto, e hiço un sermón maravilloso, declarando muy grandes excelençias e maravillas. E hablando, dixo su Divina Magestad que quería dezir por qué la havía ensordeçido, aunque él no tenía neçessidad de dar quenta por qué haçía estas ni otras más cosas: pero que le havía quitado el oýr por tenella más quieta e junta a Él, e recoxidos sus sentidos e pensamientos en Él e no en otra cosa terrena, e tenerla en sancta y simple ynoçençia de niña, y en una puredad de spíritu sin ninguna maliçia, y que no oýa otra cosa sino cosas çélestiales. Mas pues hera tan importunada y rogada de muchas personas, que a Él le plaçía de la sanar. Y en çesando su Divina Magestad de hablar, antes que ella tornase en sus sentidos, vino a ella el apóstol San Pedro, por mandado del poderoso Dios, e metiole los dedos en los oýdos, e bendiciéndola con la señal de la sancta cruz de parte de Dios. Tornando ella en sus sentidos, a deshora se vido sana, e tornado el oýr tan perfetamente como de primero, de lo qual ella y todas las religiosas fueron muy alegres y dieron graçias a su Divina Magestad por la misericordia de ynclinar a su oreja las suplicaçiones que le havían hecho.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Viernes Sancto siguiente, luego que esta bienabenturada ensordeció, estando ella [fol. 38v] elevada e puesta en cruz, assí en la elevaçión tenía tan fijos sus brazos y piernas, e todos sus miembros, como si no fuera de carne sino un crucifixo, de manera que ninguna fuerça bastava para la quitar de así, aunque se provó muchas vezes por las religiosas en otros días que la veýan muchas vezes estar elevada e puesta en cruz. Pero no estava en pie, sino hechada donde las religiosas la ponían. Y en este mesmo ora del Viernes Sancto, estando todas las religiosas en el choro, que hera por la mañana, quando se diçe el sancto offiçio, ella estava en una çelda ençerrada, porque assí hera la voluntad de Dios y de los prelados, que, quando estuviese en rapto, estuviese desta manera. Estando diziendo la sancta Passión, tornó en sí, e fuese al choro, e yba llorando y descalça. Y no pudiendo andar, ponía los pies de lado, que de otra manera no los podía poner, y aun esto con mucha pena. E viéndola las religiosas entrar en el choro, assí fueron a ella, e preguntáronla por señas por qué yba de aquella manera. Respondió que le dolían mucho los pies e no podía andar con ellos. E mirándoselos las religiosas, viéronselos señalados, y ansimesmo las manos, de las señales del Señor: no llagas abiertas ni manantes sangre, sino unas señales redondas, del tamaño de un real, e muy coloradas, de manera que pareçían por las palmas de las manos que estavan ympresas por la parte de ençima, e por semejante pareçía en las plantas de los pies. Tenía también estas preçiosas señales, e muy maravilloso olor, e no de ninguna manera de las flores de la tierra. E quexávase muy reçiamente, e llorava de los dolores que en las partes de las señales tenía. E viéndola las religiosas de aquella manera, llorando e con mucha devoçión, davan muchas graçias a Dios. E tomáronla en sus brazos, e lleváronla a su çelda y hecháronla. Hera tan grande el ardor e fuego que en las manos e pies tenía en el lugar do tenía las señales, que le ponían las religiosas unos pañeçitos de agua fría, y en muy breve espaçio se enjugavan del gran fuego que de allí salía. E muy a menudo le ponían los pañeçitos mojados y ella mesma se soplava las palmas de las [fol. 39r] manos, por mitigarse el gran fuego e dolor que sentía. E las religiosas le preguntavan qué hera aquello o quién le havía dado aquellas señales. Ella, entendiendo, les respondió con muchas lágrimas y dolores que sentía, diziendo: “Vi a Nuestro Señor Jesuchristo cruçificado en aquel lugar donde mi sancto ángel me suele poner, y assí, llagado y cruçificado como venía, se juntó conmigo, e puso sus manos junto con las mías, e sus pies con los míos; y así como esto hiço, sentí en mi spíritu gran dolor e sentimiento en mis manos e pies y, a deshora, me vi tornada acá en mis sentidos, con estas señales que véys, y con muchos dolores en ellas, y tan reçios que casi no los pudo sufrir”. Tuvo estas señales tan maravillosas y creçidos dolores dende el día del Viernes Sancto, hasta el día de la Sancta Asçençión. Y esto no contino, sino los viernes, y sábados y domingos, tres días arreo hasta la hora que fue la Sancta Resurreçión, y dende aquella ora hasta otro viernes no tenía más dolor ni señal. Viendo esta bienaventurada cómo no podía encubrir estas preçiosas señales que no fuesen vistas de personas devotas del monasterio −pues ya se publicava, y su confesor y el compañero se las havían visto junto con las religiosas−, suplicó a Nuestro Señor muy afetuosamente que en ninguna manera permitiese su Divina Magestad que en ella, su yndigna sierva, pareçiesen ni tuviese tal thesoro ni tan ricas joyas, que no hera digna dellas, ni quería tal don, pues no le podía encubrir. E nunca çesó de haçer esta suplicación, derramando muchas lágrimas, hasta que lo alcançó del poderoso Dios. E hablando un día su Divina Magestad por la lengua y boca della, dixo: “Mucho me ruegas e ymportunas que te quite ese don que te he dado. Yo lo haré, y pues no as querido tener mis rosas, yo te daré cosa que más te duela que ellas”. Y assí le fue otorgado del Señor no tener ya más aquellas señales. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Por entonçes, muchas personas heran consoladas spiritualmente e libradas de sus tentaçiones por consejo e lumbre de esta bienaventurada. Y aunque fuesen más de çiento las que juntamente se le encomendasen para que rogase a Dios por ellas y que huviese respuesta de su sancto ángel, dotola Dios de tanta graçia que ninguna se le olvidava; que por todas rogava a Dios a su sancto ángel le dixese qué respondería a cada una de aquellas [fol. 39v] personas.Y el sancto ángel la respondía en cada cosa, según el poderoso Dios le dava liçençia para ello. E havidas ella las respuestas, las dava a las personas que se le havían encomendado, sin trocar ninguna cosa de lo que el sancto ángel le deçía, e savía lo que havía de dezir a cada persona. Y esto, de una vez que se elevase, traýa todo esto en su memoria.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Vino a ella un religioso muy tentado de no querer reçar las horas e offiçio divino ni ninguna cosa que hera obligado, diziendo que Dios no tenía neçessidad de sus oraçiones. Encomendándole esta bienaventurada al Señor, díxole a su sancto ángel la tentaçión y neçessidad de aquel religioso, e suplicole que le dixese alguna cosa que ella le pudiese dezir para el remedio de aquella neçessidad. El sancto ángel le respondió, diziendo: “Dile tú a esa persona que verdad es que Dios no tiene neçessidad de las oraçiones de las criaturas que Él crió, empero todas las criaturas raçionales tienen neçesidad de la ayuda de Dios e de le servir para le aplacar, así como de neçessidad e fuerça es obligado qualquier labrador pechero de pagar a su rey y a su señor el pecho que es obligado e le debe; y si esto de su grado no haçe qualquier basallo, mandarle á dar gran pena su señor y mandarle á prender a sus alguaziles y justiçia, y si mucho fuere revelde, haçerle matar, e assí perderá la persona e los bienes; lo mesmo hará Nuestro Señor Jesuchristo a los christianos religiosos, assí hombres como a mujeres, si no le sirven y le pagan lo que le juraron en el sancto baptismo y en su profesión. A los religiosos, demandárselo á muy reçiamente, por peccado mortal, e si mucho perseverare en su reveldía de no querer amar ni servir a Dios, ni reçar sus oras y lo que es obligado para le aplacar, siquiera con algunos serviçios e buenas obras, mandará a los sus alguaçiles, que son los demonios, le prendan y enfermen, e saquen el alma del cuerpo a muchos tormentos. Y después, en su juyzio, condenarle á el alma a penas eternas, de manera que perderá la persona y el alma, e bienes spirituales que pudiera tener. Por tanto, di tú a aquella persona que desheche la tal tentación, que es de Satanás, y se esfuerçe e reçe, y sirva a Dios, e pague el tributo y pecho que le debe por su [fol. 40r] juramento y vasallaje. Si no, que le será demandado como he dicho”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Vino otra persona a esta bienaventurada a pedirle consejo y doctrina, diziendo qué haría para aplaçer a Dios. Ella preguntolo a su sancto ángel, e suplicole respondiese sobre ello, e díxole: “Dile a esa persona que paz, e oraçión, e silençio son cosas que aplaçen mucho a Dios. Y que trayga belo negro en su coraçón, e ánima de dolor de la sancta Passión de Nuestro Señor Dios, y alguna carga que ponga ençima de su persona. Dé frutos de penitençia, y esto tome por vestido, y el llanto por tocado, y assí estará bestida y adornada su ánima para ser perteneçiente a su Dios”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Otra preguntó a esta bienaventurada qué haría para estar siempre en graçia e aplaçimento de Dios. Ella díxolo a su sancto ángel, e pidiole respuesta para aquella persona. Y él dixo: “Dile que llore con los que lloran, y ría con los que ríen, y calle con los que hablan”. Otro consejo: estava una religiosa enferma de una muy grande enfermedad e fatigada de muchos dolores, y dixo a esta bienabenturada Juana de la Cruz le suplicava dixese a su sancto ángel le embiase alguna palabra de consolaçión. Y él le respondió que qualquier persona enferma que está en la cama, pues no puede reçar ni offreçer otro sacrifiçio sino sus dolores a Dios, ponga en su memoria por çielo de su cama a Nuestro Señor Jesuchristo cruçificado e llagado por los peccadores, e por paramentos e çercadura todas las ynsinias de la Passión e tormentos que el Hijo de Dios padeçió por redimir y salvar sus criaturas. E piense qualquier persona enferma siempre en esto, e offrezca sus dolores a los de Christo, y rescivillos á el mesmo Dios, e serle an meritorios sus dolores y enfermedades. Y aun hasta las mediçinas e cosas neçesarias que tomase en su enfermedad, ofreçiéndolo todo en reverençia de la Passión del Señor y de la hiel y vinagre que le dieron a beber; y aun la flaqueza, y desmayos e sed que padeçiere, le será contado en mereçimiento, si lo ofreçiere en reverençia de la hambre y sed, y ayunos y cansancios, e flaqueças e desmayos que padeçió el Hijo de Dios. E lo mesmo le será contado el frío, y la calentura e sudores, offreçiendo cada cosa de estas a su misterio. Y assí terná cada criatura sus penas y dolores, acordándose [fol. 40v] quánto fueron mayores las que padesçió su Dios, e todas por sanar las llagas y enfermedades de los peccadores. Y aun si perfeçión e conoçimiento de Dios tiene la tal ánima que estas cosas pensare, será bien que diga: ‘En el nuestro Jesuchristo duélanme los dolores, en tal que no me aparten de la caridad de vuestro amor’. Y a Nuestra Señora puede dezir, si la enfermedad le diere lugar: ‘O, Virgen singular, entre todos piadosa, haz a mi ánima ser suelta de sus culpas, y en el cuerpo ser mansa y casta’”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Consejo a otro: una persona suplicava la respondiese el sancto ángel, por ynterçessión de esta bienabenturada, y asý fue, que digo: “Dile a esa persona que se enmiende, e guarde de ofender a Dios, que le hago saver que se demanda por hurto en el juizio de Dios qualquier tiempo e palabras mal dispendidas e habladas, e se pagan con las setenas como hurto, e se an de restituyr como fama qualquier mal exemplo o enseñamiento u ocasión que dé para que otra peque. Por eso, que se avisen hechos e horas e palabras”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Estando aparejadas las monjas para comulgar, e juntas en un lugar que para ello tenían diputado, hallose con ellas esta sancta virgen, la qual no yba a comulgar, sino a ver y adorar este Sanctíssimo Sacramento. Y como estuviese allí, llegáronse las religiosas a ella, y ocupávanse en la hablar, encomendándole algunas cosas de sus ánimas. A deshora fue tomada y arrevatada dentre las religiosas, e de los ojos dellas, e alçada en alto. Todas, muy maravilladas, allegaron a comulgar, cada una como mejor pudo. E de que huvieron comulgado, pasado algún yntervalo, a deshora la vieron entre ellas. Todas, muy espantadas, se hallegaron çerca della, y la rogaron muy afincadamente les dixese dónde havía estado mientras ellas comulgaron, que a deshora se havía desapareçido. Y enportunándola mucho, les respondió, diziendo: “Los ángeles me llevaron por que no os ocupásedes conmigo, sino con solo Dios, e dixéronme: ‘Anda acá, súbete aquí, a la cumbre de la casa con nosotros, por que no se ocupen en ti las religiosas el tiempo del comulgar’. Y allí me tuvieron en el ayre entre ellos, e me cubrieron con sus hermosas alas por que vosotras no me viésedes. E dende allí goçávamos todos del Sanctíssimo Sacramento. E quando me bajaron, dixéronme: ‘Anda acá, que aora no estorvarás nada’. E las monjas dieron [fol. 41r] graçias a Dios por tan gran milagro, e rogaronle mucho les dixese lo que Nuestro Señor le havía mostrado en la comunión de ellas. Ella les dixo: “Las que comulgavan muy devotamente, llegava el sancto ángel su guardador e tomavale del braço, e abraçávala, e besávala e goçávase mucho con ella; e la que no comulgava devotamente, desviávase algo de ella su sancto ángel, e orava al Señor muy devotamente por ella, que la cumpliese de su graçia”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
E no solo esta vez fue esta bienabenturada alçada en cuerpo y en alma dentre las religiosas, mas otras vezes lo vieron y supieron las mismas monjas que los sanctos ángeles le alçavan en contemplaçión, y assí tenía condiçión angelical e sanctas hablas e consejos. Desde a çiertos días que este milagro vieron las religiosas de alçarla en alto los ángeles quando comulgavan, pidiola la provisora una cosa que tenía neçessidad, e deçía no la havía en la casa, y ansí lo creýa de çierto. E oyéndolo esta sancta virgen, dixo a la provisora: “Sí tenéys, hermana, aunque no se os acuerda. Que yo le vi el otro día, quando las religiosas comulgaron en tal zaquizamí, quando los sanctos ángeles me subieron en alto”. E fue la provisora, e halló lo que buscaba. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
E aconsejava muchas veçes esta bienaventurada scriviesen e agradeçiesen mucho a los sanctos ángeles custodios las buenas e caridosas obras que contino hazen a nosotros peccadores. Dezía: “No solamente son nuestros guardadores, mas los podríamos llamar nuestros compañeros. Y esto por el mucho amor que nos tienen, e por ser compañeros de nuestras almas que, allende de ser nuestros ayos y guardadores, son berdaderos e fieles compañeros y amigos para nos defender, así de los demonios e peligros del mundo como para nos ayudar e favoreçer en el amor e serviçio de Nuestro Señor Jesuchristo e provechosa salvaçión de nuestras almas. E por esto −deçía esta bienabenturada− clamo yo a los sanctos ángeles guardadores de ánimas ‘compañeros’, porque nos acompañan día y noche, y en vida y en muerte. Y quando algunos de los fieles christianos están en artículo de muerte, el sancto ángel guardador, como a compañero muy leal e amigo verdadero, haviendo compasión de aquel ánima, va al Çielo, y ruega e convida a algunos sanctos e santas que él save que aquella persona tiene devoçión y a hecho algunos servicios, e dízeles: ‘Señores, tal persona, que es ánima que yo tengo a [fol. 41v] cargo por mandamiento divinal, está en gran neçessidad, que está en artículo de muerte. Por eso, ayúdame a rogar a Dios por ella, e sedle favorables’. E los bienabenturados responden que les plaze, y ansí lo ponen en obra”. Dezía que, aun después de difuntas, las personas christianas e salvas por la misericordia de Dios, los sanctos ángeles sus guardadores no las desamparan en Purgatorio, porque las socorren e visitan, llevándoles las sufragios e oraçiones en que van los mereçimientos de la passión de Nuestro Señor Jesuchristo, e limosnas çelestiales con que las visitan, y consuelan e sanan limpiándoles sus llagas e tormentos muy crueles que padezen las ánimas en Purgatorio; y tales, que ninguna criatura humana las podría creer. Dezía esta sancta virgen que, así como la offensa que la criatura haçe, por chiquita que sea a nuestro pareçer, es infinita porque offende con ella al infinito Dios, así las penas que en el otro mundo dan a las ánimas, por pequeñas que sean, son muy indeseables ''[5]'', e gravíssimas e amargas, e no tienen otra consolaçión sino la que le da y lleva el sancto ángel su guardador.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Hablando el Spíritu Sancto por la boca de esta bienabenturada, dixo que qualquier persona que se desea salvar y alcançar perdón de sus peccados á de ser como paloma que no tiene hyel. Conviene a saver, que no tenga maliçia, ni odio, ni malquerencia, aunque le hagan mal, sino haga como la paloma que, aunque le haçen mal, no se save tornar a quien se le haze, sino gime entre sí y pasa su pena, e va a fazer su llanto çerca de las aguas, porque, si viniesen los caçadores o otras aves contrarias suyas a quererla empeçer, se esconde devajo de las aguas, y allí se guareçe. Lo mesmo debe de façer la persona fiel: yr a hazer el llanto de sus peccados çerca de las aguas de la Passión e llagas de Christo; porque si le vinieren tribulaçiones o persecuçiones de los próximos o del Demonio, el qual como caçador quiere caçar las ánimas e llevarlas al Infierno, entonçes es muy buen remedio a la ánima pensar en la Passión de Dios e meterse con el desseo en las fuentes e guaridas que con sus sanctas llagas. Ansimesmo, dixo su Divina Magestad, tiene la paloma otra propiedad, que todo su canto es gemido, e casi como triste llanto. E lo mesmo debe façer qualquier persona, pues a offendido a Dios, que ninguna es tan justa que no tenga peccados, e toda su vida justa raçón á de ser llanto; o que bien puede dezir la mesma persona que a offendido a Dios si la mandaren reýr o cantar, o alegrarse vanamente: “Ya se quebró mi hórgano e no puedo cantar, [fol. 42r] que el día que offendí yo a mi Dios y Señor, yo mesma que bi el órgano del alegría de mi alma, y no sé si tengo enfado o aplacado a mi Dios, e hasta que vaya a la tierra del alegría, que lo sepa e le vea, no me quiero alegrar ni tornar plazer que sea fuera de Dios, sino vivir en llanto, pidiendo a Dios perdone mis peccados”. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Otro consejo del Spíritu Sancto muy provechoso: dixo el Señor que, para defenderse el ánima del demonio, á de resçivir las buenas espiraçiones del Spíritu Sancto en el coraçón, y haçer lugar para ello, y calçar los pies del ánima de muy buenos pensamientos, y bestirse el arnés de la charidad, e ponerse el capaçete de la fee; y para resçivir los golpes de los adversarios, ponerse á el escudo de la esperança, y esgrimir muy reçiamente con la espada del buen desseo, premiándolo en obras perfetas. E armada qualquier ánima fiel con estas armas, podría muy bien pelear con Satanás, el qual viene desnudo y despojado, que no tiene ninguna de estas virtudes con que se pueda armar. Por ende, si Satanás nos vençe a nosotros, los christianos, es porque nos desarmamos e quitamos de sobre nuestras almas algunas o alguna destas virtudes, e quando el Demonio ve que havemos dexado caer alguna dellas, esfuérçase muy reçiamente a nos convatir, e herir e llagar, y matar con ella, trayéndonos tentaçiones de las cosas en que más flacos nos ve, e de las virtudes de que más nos ve careçer. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
A la saçón que el Señor estava hablando por la boca de esta bienaventurada, estava una religiosa de poca hedad en pasamiento. Y quitada ya la habla, e así como estava, la llevaron las monjas allí, e pusiéronla delante en una cama. E la enferma empeçó a gemir muy reçiamente, e muy apriesa y congoxada. Dixo entonçes el Señor: “Bien haçes, hija, de reconoçer a tu criador y redemptor. Sométete devajo de su poderío, pidiéndole misericordia. Esfuérçate, esfuérçate, que piedad y misericordia hallarás ante Dios”. E buena cosa es que quando alguna persona estuviere en pensamiento diga estas palabras con devoçión, y si la tal persona no las pudiere dezir, dígalas otra por ella, en su presençia. E las palabras son estas: “El Señor que suelta los presos, suelte a esta. El Señor que alumbra los çiegos, alumbre a esta. El Señor que sana los contritos, sane a esta. El Señor que socorre a los neçessitados, socorra a esta. El Señor que alegra los tristes, alegre a esta. El Señor que perdona los peccadores, perdone a esta. [fol. 42v] El Señor que salva los yndignos, salve a esta”.&lt;br /&gt;
Muchas vezes, hablando el Señor, mudava el lenguaje, según havía la neçessidad. Algunas veçes en latín, quando havía letrados, para dezirles algunas cosas secretas a ellos, para aviso de sus sçiencias; otras vezes hablava en vizcaýno, e muy çerrado, haviendo personas que entendiesen aquel lenguaje. Estava una vez un perlado mayor, de la orden del glorioso sant Francisco, el qual tenía en el secreto de su coraçón yntençión de haçer perlada e abbadesa a esta bienabenturada Juana de la Cruz. Lo uno porque vía en ella gran marco, e lo otros porque havía muchos días que se lo pedían las religiosas con muchas lágrimas. E no lo havía hecho porque no tenía tanta hedad como hera menester para semejante cargo. E teniendo esto en su coraçón, hablole el Señor en bascuenço, estando él oyendo esta bendita habla, e díxole que la pusiese sin temor por perlada, que marco tenía para ello e para más. El qual perlado, quando la eligió por abadesa, dixo: “No la hago yo solo abbadesa, que Dios la tiene elegida, e me la mandó poner”. Y contó lo que le havía dicho en bascuenço. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Quando los christianos ganaron a Orán, dio el obispo de Ávila a esta bienabenturada, o al monasterio por su ynterçesión, dos esclavas que traxeron de aquella ciudad. La una hera ançiana, la otra moçuela de treçe o catorçe años, las quales aún no heran christianas. Las monjas, deseando lo fuesen, empeçaronlas a hablar e dezir que se tornasen christianas. Ellas, oyendo esto, hazían tantas bramuras como si las quisieran matar, en espeçial la más ançiana: se arañaba toda, hasta que le corría sangre. Viendo esto, no la apremiavan ni enportunavan mucho. E hablando el Señor un día por la boca desta bienaventurada, las monjas lleváronlas, para que oyesen a el Señor. Aunque yban de mala gana, estuvieron allí presentes, e su Divina Magestad del poderoso Dios las habló en algaravía, y ellas, muy atentas, escuchavan lo que el Señor les deçía, e respondían ellas en su mesma lengua. Y así estuvieron un buen rato en presençia de todos, e convirtiolas el poderoso Dios, y ellas pidieron el sancto baptismo con mucho fervor. E de aý adelante, todas las vezes que el Señor hablava por esta voz, estando estas esclavas oyéndole, aunque algo apartadas, Él mesmo las llamava por sus nombres en algaravía, a cada una por sí, e luego ellas se levantavan e pasavan entre toda la gente, e se ponían çerca hincadas de hinojos, e allí las hablava e consolava en su lenguaje, y ellas le respondían e quedavan muy alegres. E así bivieron y [fol. 43r] murieron christianas, en el serviçio de Dios y del monasterio.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Siendo esta bienaventurada abadesa, vido estando elevada una figura en el Çielo de unas sus monjas, a las quales mandó la bicaria hiçiesen çierta cosa de la obediençia, y ellas, escudándose, dixeron no lo podían hazer. La bicaria, viendo que no obedeçían, mandó a otras lo fuesen a hazer, las quales obedeçieron de buena voluntad, he hizieron lo que havía mandado a las primeras. Y pasando esto, tornó esta sancta perlada en sus sentidos, e sin darle ninguna persona cuenta de lo que havía pasado, mandó le llamasen a la bicaria, e díxole: “Penada havéys estado, madre, que yo lo he savido, e havéys tenido raçón por la desobediençia de aquellas religiosas, pero llámenmelas, que yo las reprehenderé, e daré penitençia, e les diré lo que an perdido por la desobendiençia”. E viniendo las religiosas ante ella, reprehendiolas, e amonestándolas, dixo: “Mirad, hermanas mías, en la negligençia que oy havéys caýdo. No os acontezca más, porque yo he visto en spíritu vuestra figura, que, ansí como desobedeçísteis, a deshora pareçieron los sanctos ángeles vuestros guardadores como henojados contra vosotras, e tomaron los pendones e cubriéronlos de negro, e arrastrávanlos por el suelo diziendo palabras como de dolor. E luego, a deshora, pareçieron allí junto con ellos los sanctos ángeles guardadores de las que hiçieron la obediençia que la vicaria les mandó, muy alegres y goçosos, y traýan los pendones alçados y en cada uno una corona, e llegaron a vuestros sanctos ángeles, e pidiéronles vuestras coronas que ellos traýan en sus pendones, e por permisión divina diéronlas ellos e tomaronlas los ángeles que las pidieron, e pusiéronlas en sus pendones. He llevava cada uno dellos dos coronas, e los vuestros no ninguna. E fueron con voz de cántico, e dulçes sones, a offreçerlas e presentarlas al poderoso Dios. Y esto fue figura de lo que vosotros perdistes e las otras ganaron, e cómo llevaron sus mereçimientos e los de vosotras. Por eso, nunca otra tal cosa acontezca, que mucho se henoja Dios con el revelde de desobediente, e los sanctos ángeles sus guardadores de los tales se yntresteçen de ver que no andan sus súbditos en la carrera de la obediençia. E quieroos también dezir a vosotras e a todas lo que vi desde nuestra çelda, que tañó la vicaria la campanilla de la comunidad para que se juntase todo el convento, e como no vinieron tan presto, tornó a tañer otra vez, e los ángeles guardadores de todas las religiosas fueron en breve juntos todos a par de la campanilla, la qual es llamada voz de Dios e del ángel. E dezían [fol. 43v] ellos: ‘Vengamos todos a cumplir e obedezer el llamamiento divinal por nuestras súbditas, que no vienen’. Y esto no se entiende que vienen a haçer la hazienda, sino a confusión de vosotras. Mirad que enojays a Dios, e days travajo a los sanctos ángeles, vuestros guardadores. Ya béys quán gran peccador es enmendado, e obedeçed por amor de Jesuchristo, que con tanta mansedumbre lo enseñó, obedeçiendo él hasta la muerte de cruz”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Quando esta bienaventurada tenía capítulo, havía estado en rapto, y savía por la graçia de Dios todas las neçessidades que en el monasterio havía, públicas y secretas, en las ánimas y cuerpos de sus súbditas. E muchas veçes tenía al sancto ángel a par de su hombro, hablándola al oýdo, lo que havía de haçer e de ordenar.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Capítulo VIII'''&lt;br /&gt;
'''De una revelaçión que esta sancta virgen contó dando consejos a sus monjas'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Algunas vezes deçía esta bienabenturada algunas cosas de las muchas que el poderoso Dios le mostraba. E decía hera mucho mérito dezir sus culpas claramente, como las hazía al confesor, e también en el capitulorio disculparse, porque más valía publicarse en este mundo por peccadoras que no en el otro, como ella havía visto por la voluntad de Dios en un lugar de Purgatorio. La primera pena que davan a las ánimas que allí yban es qu’ellas mesmas se pregonan, el qual lugar hera muy grande, e havía muchedumbre de ánimas e demonios. Y estava hecha a manera de ciudad con calles, e adarbes y plaças, e por todas aquellas partes y calles á de yr el ánima pregonando todos quantos peccados a hecho en toda su vida, así públicamente delante de todos, para que lo vean e sepan quantos allí están, e los moradores de aquella çiudad lo sepan e oygan. Y esto es a las ánimas muy gran bergüenza y aun pena. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
“Y mirando yo en este lugar de Purgatorio, vi entre otras muchas ánimas una ánima de una muger, la qual me habló y dixo: ‘Di a fula[na], religiosa de tu casa, que digo yo que me pague ella agora lo que su hermana fulana me deve, de tal buena obra que le hiçe en todo lo que yo pude. E que yo soy fulana’. Y dixe yo a aquella ánima: ‘Si le hiçistes buena obra, páguesla ella’. Y el ánima me respondió: ‘No quiero que me lo pague ella, porque es mala pagadora, sino esotra, su hermana’”. Y esto dixo en público [fol. 44r] esta bienaventurada, he llamó en secreto a la religiosa que el ánima se havía señalado, e dixo: “Quiere una muger, que se llama fulana y hera veçina de Toledo, y es ya difunta, la qual es esta que yo he dicho que vi e oý; pide a vos que le paguéys çierto beneffiçio que hiço a vuestra hermana fulana”. E la religiosa, muy maravillada de oýr tal secreto, el qual ninguna persona savía sino ellas tres, y díxole: “Verdad es, señora, que mi hermana y yo fuymos tantos años a casa de la persona con tal y tal neçessidad, y ella nos socorrió, e nos lo guardó en secreto, y nunca más en toda mi vida vi ni hablé aquella muger, y aora pareçe ser que es difunta, e quiere que ruegue a Dios por ella, e hazerlo é yo de buena voluntad”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Dixo esta bienabenturada vido en el susodicho lugar de Purgatorio, donde las ánimas se pregonaban, a una ánima de un perlado, el qual padeçía muchas penas, y dezía: “De lo que más me maravilla es que vi estava aquel ánima hecha como a manera de un gran palomar, con muchos hornillos y nidos y edificios. He de rato en ratto, así como estava, caýa, dando muy grande golpe consigo, e luego, a deshora, se tornava a levantar, e pareçía en su propio ser como ánima. E dende a poco espaçio tornava a pareçer en figura de palomar. E yo, muy espantada de ver aquel ánima en tal manera, pregunté al sancto ángel mi guardador qué hera aquello, e respondiome: ‘No te maravilles, que figura es’. E tornole a preguntar de qué o cómo, e díxome: ‘Esta ánima que ansí ves es de uno que fue perlado en el mundo, e por eso pareçe como palomar, porque tenía devajo de su mano muchas ánimas. E porque las rijió mal tiene ahora la figura de todas ellas dentro sí, ansí como el palomar tiene las palomas. Y a esta ánima dale mucha pena estar assí por sus peccados, e por los que sus súbditos e basallos hiçieron por su negligencia, y aun por su mal exemplo hiço a otros peccar. Aora lo paga e sirve todo junto su ánima con muy grandes penas, e aunque él paga su culpa e la ajena, no dexarán de pagar cada uno de sus súbditos por sí propio todo lo que a Dios offendió’. Dixo mi sancto ángel: “Con justa raçón padeçe este perlado las penas que ves, porque ansí como el palomar çerrado y çercado [fol. 44v] defiende y guarda las palomas e palominos, así qualquier perlado o persona que tiene cargo de ánimas á de poner la vida y persona, si fuere menester, por guareçer y librar de peligro de peccados a qualquier de sus súbditos e feligreses, desde el pequeño hasta el mayor, que no se los lleve el bilano, que es el demonio. E dentro, en sus entrañas, los deve tener metidos, para rogar a Dios se los libre de peccado y de toda ocasión que trae las ánimas en donaçión. E las caýdas que viste que dava aquel ánima −dixo el sancto ángel− son figura de las faltas y negligençias que hiço en su vida en el serviçio de Dios y en los officios divinales, e las que las otras ánimas hiçieron por su causa. Ansí es la justiçia de Dios, que quiere y permite Su Magestad que, de diversas maneras, y aun algunas veçes de muchas figuras, paguen las ánimas mudándolas de su natural, según la calidad y condiçión de los peccados con que offendieron a su Dios en el tiempo que le pudieron agradar y servir’”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Deçía esta bienabenturada: “Llevándome mi sancto ángel dende la ''Dominica yn passione'' a visitar los sanctos lugares e misterios de Jerusalem, vi allí dos cosas de que mucho me maravillé: la una, que vi a los sanctos ángeles meterse todos dentro de la Tierra, e dentro de las paredes e de los edifiçios de aquellos sagrados lugares. E deçían los mesmos ángeles que entravan e se metían por allí adorar la verdadera tierra sancta, porque estava ya tocada, y rebuelta e mezclada, porque las gentes lo havían ya todo mudado, labrando de otras maneras los tales lugares que estavan quando Nuestro Señor Jesuchristo padeçió y anduvo por ellos. Porque, depués que el poderoso Dios subió a los Çielos, muchas mudanças a havido en los lugares desta tierra sancta. E deçían: ‘Como nosotros con ángeles savemos adónde está la tierra más sancta y más perfeta reliquia, metémonos por estas cosas espesas como spíritus sotiles e gloriosos a adorar y reverençiar las reliquias de nuestro Señor y criador’. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
”Lo que más vi fue muchas ánimas que heran ya salidas de esta vida y andavan con los sanctos ángeles por aquellos sanctos lugares, entre los quales vi e hablé a una [fol. 45r] ánima de una muger que yo conoçí en este mundo, estando viva. E maravilleme mucho de verla, porque la vi muy encoxida y pobre, y neçessitada al pareçer, según ella se mostró bestida de una como camisa, toda hecha pedaços; e por muchas partes estava descubierta, y ençima de una como sayuela vieja muy corta, e uno como sayuelo, al pareçer prieto y muy viejo, y en la caveça una como toca muy corta y vieja, y metidos en los pies unos como çapatos muy rotos. E yo le dixe: ‘Soys fulana, que bien os conozco’. Y ella respondió: ‘Sí, soy’. E yo le dixe: ‘¿Dónde estáys, e cómo os fue en vuestro pasamiento? ¿Por qué estáys tan encogida y pobre?’. Respondiome: ‘Bien me fue, gloria sea a Dios, pues me salva’. Díxele: ‘¿Havéys visto a Nuestro Señor Jesuchristo?’. Y el ánima me respondió: ‘Sí, gloria sea a Él. Quando me finé, vi y le adoré a Él y a su preçiosa madre, Nuestra Señora, y me goçé mucho. Lo que me preguntáys, adónde estoy por la voluntad e mandamiento del poderoso Dios, estoy agora en la yglesia de mi lugar, y a vezes en mi casa, y otras vezes en casa de mis veçinos, pagando algunos peccados que en aquellos lugares hiçe’. Preguntele: ‘¿Estáys alegre o triste?’. Respondiome: ‘No estoy muy alegre, porque ya no me hago de estar en mi casa, ni en ninguna parte del mundo, después que dexé el cuerpo; empero, agora, a placer, tengo con liçençia de Dios de andar por estos sanctos lugares, e más goço deste sancto tiempo e sanctos misterios que si allá estuviera en el mundo, porque los puedo ver e andar con el ánima. Y aquí me dan agora, en estos sanctos lugares, goços por todas las misas que en mi vida oý’. E díxele: ‘¿Por qué traes esa camisa tan rota, que pareçe que os la an sacado toda a pedazos?’. ‘Traygola’ −dixo− ‘que en penitençia de mis peccados e de los bocados que di a mis próximos’. Preguntele: ‘¿Pues cómo les dávades bocados?’. Respondiome el ánima: ‘Todas las palabras malas e con yra que les hablava me fueron demandadas en el juyçio de Dios por bocados, como si los mordiera, que assí me pareçe que se quentan e demandan, e pagan acá en este mundo’. E díxele: ‘¿Y esa saya, tan corta y vieja que traes?’. Respondiome: ‘Aun esta que traygo [fol. 45v] me fue dada por gran misericordia, que desnuda del todo havía de andar, con esta camisa aboqueada, e toda de fuera e abergonçada, sino de charidad me vistieron estos señores ángeles, y esto por las oraçiones que yo con charidad hiçe por mis próximos. Y este sayuelo tan viejo y de tan poco valor me fue dado de virtud, que desnudos havía de traer mis braços, mas pusiéronmele para cubrírmelos, e por el tiempo que estuve desnuda, padeçiendo frío y dolores en ellos, en mi larga enfermedad. Y esta tan corta toca que me pusieron por algunas tocas que di de limosnas en ese mundo, que destocada y descubierta havía de andar mi caveça en penitençia de mis peccados. Y estos çapatos, aunque son rotos y viejos, no merezco otro calçado que bueno sea, que quando me los dieron dixéronme que los tuviese en virtud de Dios, que descalça havía de andar, sino por algunos çapatos que havía dado de limosna; por amor de Dios me dieron este pobre calçado con que cubriese mis pies’”. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Dixo esta bienaventurada, contando todas estas cosas: “Mucho me maravillo de la providençia divina, que aun en las penas, y, antes que el ánima sea sanctificada, en la gloria depara, y sola empieça Nuestro Señor a remunerar las buenas obras que en este mundo obró. Que aquellas pobres bestiduras que aquel ánima traýa figurada hera de las muy ricas y nobles que Dios le havía de dar a ella, e otra qualquiera persona, que por amor de suyo padeçiere penas y enfermedades con paçiençia, e hiçiere limosnas e buenas obras. Pregunté a aquella ánima, diziendo: ‘Dezidme, ¿havéys visto a vuestros hijos los difuntos?’. Respondiome: ‘A los que están en el Çielo no los he visto. Mas he visto otros de mis parientes, e otras personas que yo conoçía que son también difuntos, e pensava yo que avía muchos tiempos que estavan ya en el Çielo, e todavía me pareçe están en penas de Purgatorio, de lo qual estoy muy maravillada’”. Y así cesó esta habla y desapareçió a deshora esta ánima estando esta sancta virgen elevada. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Una religiosa que della e de su çelda tenía cargo, buscando çierta cosa, fue a abrir un cofreçito que estava [fol. 46r] en la çelda, e halló dentro unas ojas berdes y muy frescas, a manera de ojas de parra muy preçiosas, una hostia enbuelta en ellas. E la religiosa, muy maravillada y no saviendo lo que hera, estávalo mirando. Y estando ella en esto, a deshora tornó esta bienabenturada Juana de la Cruz de la elevación, y aún no hera casi bien tornada en sus sentidos quando vido que la religiosa andava en el cofre. Y díxole con grande apresuramiento: “Estad hermana, no lleguéys ni toquéys a esa reliquia que aý está, que es el Sanctíssimo Sacramento, mas traedme acá ese cofre yncada de hinojos”. Y con muchas lágrimas, e admirable reverençia y fervor, dixo: “Quiero haçer lo que los ángeles me mandaron, y resçivir a Nuestro Señor, aunque dello no soy digna”. Y tomó la sanctíssima hostia, e consumiola, y comiose las ojas en que estava envuelto el Sanctíssimo Sacramento, sin dexar ninguna cosa. Aunque fue muy rogada de la religiosa que la dexase alguna parteçita de aquellas sanctas ojas para las tener en reliquias o para las comer, respondió: “No me a sido dada liçençia para que diese parte dello a ninguna persona, sino que yo sola la tomase e comiese todo”. E la religiosa le suplicó mucho le dixese este secreto, y esta sancta virgen le dixo: “Los santos ángeles pusieron aý el Sanctíssimo Sacramento envuelto en unas ojas del Paraýso terrenal, según los mesmos sanctos ángeles me dixeron, que un hombre que hera hereje o mal christiano, e tanto que fue al Infierno, e murió agora, e diéronle el Sanctíssimo Sacramento; y así, quando acavó de comulgar, espiró, y no tragó la hostia consagrada, sino quedósela en la boca. E los señores ángeles sacaron al Señor de la boca de aquel hombre malo después de muerto, e truxéronle aquí, y mandaronme, pues yo lo havía visto y savido, lo [fol. 46v] tomase e resçiviese por una de las ánimas de Purgatorio. E traxéronme aprisa de allá, y dixéronme que ellos le havían puesto en cobro, y que ya estava cerrado porque çierta persona, que no savía lo que hera, llegava a ello, e por eso me traxeron tan apriesa. E la religiosa le dixo: “Poquito haçía, señora, que havía llegado a ello; e verdad dizen los sanctos ángeles, que mirándolo estava. Digo mi culpa dello”.Y ansí se supo esta maravilla del Señor. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Ymportunada de las religiosas esta sancta y bienabenturada les dixese por caridad qué hera lo que sentía espiritualmente quando la graçia de la elevaçión le venía, respondioles, como madre a hijas que en el Señor mucho amava, diziendo: “Acaésçeme algunas veçes, quando aquella graçia me viene, que me lleno dentro de mí de una dulçedumbre de licor y blancura como de leche. Y quando deste liquor soy casi llena, aún no salgo de mis sentidos, ni se me despide del todo el spíritu para subir e ver y gozar las cosas çelestiales, empero queda mi ánima alegre. E otras vezes, quando esta graçia me da el Señor, no solamente está mi ánima arta, e llena e abastada a todo mi contento, mas aun me sobra este liquor y blancura, e se vierte hasta mis vestidos; e otras vezes, los bestidos y cama a do estoy hechada; e otras vezes sobrepuja tanto, que cama e çelda está llena, e me pareze que más de una bara en alto está toda nuestra çelda llena. Y estando en esto pierdo el sentido, y me hallo donde Dios tiene por bien. E pero sé os deçir que es lugar muy glorioso, y el ánima que allí se halla no tiene más que desear por entonçes, e por las vezes que Dios por allí la quiere consolar, mostrándole su realíssima preferençia por su ynfinita [fol. 47r] misericordia. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
”E quando yo torno en mis sentidos corporales hallo, en todas aquellas partes que primero vi redamada la graçia en nuestra çelda, nasçidos muchos árboles de muchas maneras, y frutales con hermosas ojas y mucha diversidad de flores, y yervas odoríferas e de muy gran fermosura, las quales me pareçe están nasçidas en la rama y en mi persona e bestidos. Y el suelo todo de la çelda, y las paredes hasta una bara en alto, y en estos árboles y flores ay muchedumbre de aves muy hermosas, cantando de diversas maneras. Y así diera por alguna graçia. E como vosotras, hermanas, sentís que yo soy tornada, y empeçáys a entrar en la çelda, a mí me pesa y tengo compasión en mi secreto, aunque no os lo digo, de ver pisar cosa tan preçiosa e hermosa. E assí, poco a poco, se va desapareciendo, que no lo veo. E yo, maravillándome qué podría ser esto, preguntelo a mi sancto ángel, e respondiome, diziendo: ‘Ay, verás tú cómo se cumple muy bien la palabra del Señor que diçe: ‘¿Quándo mi spíritu vano bolverá a mí bazío?. Pues mira tú que, si en las tierra o ropa, que son cosas ynsensibles, donde cae la graçia del Señor, que es llamada de Spíritu Sancto, como tú ves nasçido e frutificado es que no vuelve a Dios sin dar su fruto, pues quánto más es raçón haga fruto en el alma, que es viviente e ymagen de Dios, la graçia del Spíritu Sancto, y ese mismo Dios que la hiço y crió’. Y muchas vezes la embía esta graçia, y si el alma se ayudase, haría en ella muy dinos frutos, e le daría muy grandes dones de gloria. Y también dize que la medida dará a quien más le amase, llena y colmada, e revertida como tú la ves. E muy gran raçón es, y así lo quiere ese mismo Dios, que en el coraçón que esta graçia es ymbiada no cayga en baçío sin haçer fruto, e frutos como tuviese en la tierra”. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Siendo esta bienaventurada abbadesa, [fol. 47v] hazían en el monasterio un cuarto. E yendo ella a ver la obra que se haçía, acompañada de çiertas religiosas, e mirándolo por un rato, apartose de los que allí estavan, e púsose entre muchas piedras que estavan al pie de la obra. Y estando ella en pie, he se la vino la graçia del Señor, y elevose. Y guardándola Dios por su misericordia, nunca se cayó ni meneó más que si fuera de mármol, porque, si perdiendo los sentidos cayera, se hiçiera pedazos entre las muchas piedras que allí estavan.&lt;br /&gt;
Y allegando a ella un padre, compañero del confesor de las monjas que allí estava, hablar con ella, pensando estava en sus sentidos, e hablola. E como no le respondió, el frayle llegose a ella, e vido cómo estava elavada. E maravillose, e dando graçias a Dios, díxolo a las religiosas que allí estavan. E viéronla los maestros, e todas las personas que allí estavan trabajando en la obra. E corriendo todos a mirar esta maravilla, davan graçias a Dios de verla así, sin sentidos, e tenerse en pie como si por mano la tuvieran, sin caerse ni menearse de allí. La tomaron y llevaron a su çelda e recogimiento acostumbrado, e saliendo [¿el principal?] ya dicho fuera del monasterio, venían unas personas a la casa a hablar a esta bienaventurada. E llegaron al torno, diziendo que por amor de Dios se lo dixesen, ella los quisiese consolar.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El frayle, viendo su ymportunaçión, les dixo: “En verdad ella no tiene agora dispusiçión para hablar, que yo salgo agora del monasterio, e os diré el misterio que vi, que es esta maravilla: que la hallamos elevada, e puesta en pie sin se caer“. E diziendo el padre estas palabras, a deshora vido, [fol. 48r] él y otros con quien hablaba, un niño de hedad de çinco años a par de sí, que les respondió, diziendo: “Teníanla los sanctos ángeles, ¿cómo se havía ella de caer?”. El frayle, espantado de oýr tales cosas y palabras a niño tan pequeño, volviendo la caveça a preguntarle qué hera lo que deçía, quando miró ya hera desapareçido. E todos los que allí heran presentes se maravillaron mucho, e dieron graçias a Dios. Conoçieron no ser criatura terrena, sino celestial, que pareçió allí por permisión de Dios para dar testimonio desta bienabenturada.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Capítulo IX'''&lt;br /&gt;
'''De una revelaçión que le fue mostrada a esta sancta virgen de un hermano'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Dixo esta bienaventurada: “Yo sé que estava un hermano en un desierto haziendo penitençia, el qual hera hombre de muy sancta vida. E Satanás travajava mucho por destruyr su ánima si pudiese. Quando este hermitaño se ponía en oraçión, apareçíale el demonio en figura de Nuestro Señor Jesuchristo cruçificado, y deçíale que le adorase, que hera su Dios a quien él mucho servía y agradava. Y el hermitaño adorávale con mucha devoçión. E permitió la Divina Magestad que este su siervo no fuese más engañado, pues él pensava adorava a Dios, y así le hera contado. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
”E acontesçió que, un día del señor Sant Miguel, fueron todos los ángeles a Nuestro Señor Jesuchristo, y suplicáronle les diese a Nuestra Señora la Virgen María para que le querían ellos haçer muy grandes fiestas como a Reyna y Señora suya. Y el poderoso Dios le respondió, diziendo: ‘Mis amigos, vuestra es agora la fiesta, por tanto no os quiero dar a mi sancta madre, que conmigo [fol. 48v] me la quiero tener en mi trono. Y a nosotros hágannos todos mis sanctas fiestas, e muy grandes obras, pues soys mis siervos, y a mis primos juntos, y todo lo merecéys’. Los sanctos ángeles respondieron, diziendo: ‘Nuestro Dios y criador, pues vuestra Divina Magestad no nos quiere dar nuestra Reyna y Señora, nosotros no queremos otra ninguna fiesta; antes nos yremos a pelear con los demonios’.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
”He hazíendolo assí, fuéronse a Purgatorio a pelear con los demonios y sacar muchas ánimas. En viendo los demonios cómo los sanctos ángeles hazían tan grande espojo ''[6]'', fueron algunos dellos ahullando e dando muy grandes vozes al yermo a llamar aquel prínçipe malaventurado, que se estava entonçes haziendo adorar del hermitaño, en figura del cruçificado Nuestro Señor Jesuchristo. E llegaron los demonios con mucho ruydo, diziendo: ‘Andad acá, prínçipe nuestro malymíssimo, maldito seas tú, que te estás agora adorando e haziéndote Dios, y están los ángeles de Jesuchristo cruçificado destruyendo nuestros purgatorios e rovándonos las ánimas que tenemos presas y cautivas. Anda acá, que no te aprovecha nada todas esas adoraçiones que te hazen aý, que su Jesuchristo assí se lo cuenta por meritorio como si él mesmo lo hiziese. Ya saves tú que no quiere él otra cosa sino la yntençión’. E oyendo aquel demonio estas cosas que los otros sus compañeros le dezían, e que el hermitaño le havía conoçido a él y a los que havía oýdo todo lo que le havían dicho, dio un grande estalido, que pareçía que todo aquel yermo se quería destruyr, y desapareçió él y todos los otros spíritus malinos que le llamavan. Y quedó el hermitaño muy espantado y enagenado de sus sentidos de ver el yerro tan grande en que estava caýdo. [fol. 49r] Empero dava muchas graçias a Dios, por la lumbre e aviso que le havía dado.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
”Mira, hijas y hermanas mías, qué engaño tan grande, y cómo no son dignas de creer todas las cosas, sino fuere las que dieren testimonio de ese mismo Dios. Y estas cosas y otras muchas me muestra el sancto ángel por la voluntad de Dios para mi lumbre y covijo, e por él mismo creo resçiviréys. E os he dicho, señoras, esto que agora me fue mostrado. Ansimismo, llevándome mi sancto ángel en spíritu algunas vezes por la voluntad de Dios, veo muchos demonios tentadores de las ánimas, los quales traen unos libros muy grandes, e cada uno de aquellos demonios scrivía y ponía por memoria todos los peccados e malas obras que haçen las gentes. E los sanctos ángeles, nuestros guardadores, quando ven que sus ánimas que tienen en cargo an confesado y comulgado, y an satisfecho en todo lo que heran en cargo y están con alguna devoçión, van a los demonios, e toman los libros, diziendo: ‘Dad acá, que queremos ver qué peccados son los que nuestras almas tienen aý scriptos’. Y aunque les pesa a los demonios, e reúsan que no los quieren dar, lo sanctos ángeles llegan e les toman por fuerça los libros, e miran los peccados, que ellos saven que su ánima a confessado y están absueltos y perdonados de Dios, he tráenlos de los libros. E de que los an quitado, llaman a los demonios, diziéndoles: ‘Toma vuestros libros, que no los queremos, que ya havemos mirado y visto en ellos lo que queríamos’. He los demonios, no osando llegar, se van huyendo, temiendo, aullando. Entonzes los sanctos ángeles se los arrojan, e los demonios toman los libros, e míranlos, e hallando raýdos los peccados que tenían scriptos, con gran rabia los arrojan muy lejos. Pero cuando los peccadores [fol. 49v] tornan a peccar, luego se tornan a enllenar los libros, que los demonios los scriven.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
”Dízeme mi sancto ángel que es muy buen consejo e cosa muy segura apartarse de las personas de las ocasiones de peccar, e vivir siempre en charidad y amor de Dios. E oý dezir a los sanctos ángeles, en voz de cántico, que hera a Dios muy açeto el bien obrar e vivir en puridad de conçiençia, e qu’el ayuno e las lágrimas, e la penitençia, da alegría a Dios e a los ángeles. Y ansimesmo dezýan que heran obligados los christianos, según buena conciençia, de ayunar la víspera de la sancta Navidad de Nuestro Señor Jesuchristo como el Viernes Sancto, y esto se entiende a pan y agua, o muy pobre comida; e quien con amor y reverençia de Nuestro Señor lo hiciere, ganará muy gran galardón de Dios”. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Hablando el Señor por la bocca e lengua de esta bienaventurada, enseñó cómo y de qué manera havíamos de obrar, e de lo que nos havíamos de guardar e de haçer declaró el verso del psalmista que dize: ‘''Dies diei eructat verbum, et nox noctem indicat scientiam''’. Y es que el día de la presente prosperidad que contra Dios nos gozamos dará vozes contra nosotros, para que el día de la gloria eterna no nos resçiva en sí, e que la noche de la tribulaçión por Dios sufrida en este mundo dará voçes por nosotros, para que la noche de la pena infernal no nos traye, manifestando la sçiençia que tuvimos en sufrir de buena gana la pena corporal por escapar de la eterna.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Todas las más vezes que esta bienabenturada hablava al Señor en spíritu, e quando le da la graçia del soplo, le suplicava con grandes suplicaçiones e ruegos le diese su Divina Magestad penas e dolores, e persecuçiones muy rezias [fol. 50r] que padesçiese por su amor, assí de enfermedades como de ser atormentada de las criaturas de la Tierra, que esto sería su alegría e consolaçión: padesçer siempre pena y tormentos por su amor. Y ansí padesçió esta bienabenturada mientras bibió penas e persecuciones, e tentaçiones espirituales, que algunas vezes fue azotada de los demonios, e tanto, que las señales vieron en su cuerpo las religiosas muy grandes e crueles. E una vez le duraron por más de un año, que no se le quitaron las señales de los azotes que los demonios le dieron, e le quedó una que no se le quitó en un lado de su cuerpo mientras vivió. Diole Nuestro Señor un dolor muy grande de caveça, y tanto, que la tenía como muerta, que no comía ni dormía por tres e quatro días, sino contino en un gemido, que no podía hablar sino por señas. Veníale este mal de caveza ordinariamente de quinçe en quinze días, e otras vezes a tres semanas, según Dios quería.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Estando una religiosa en pasamiento en la enfermería a ora de misa, esta sancta virgen, yendo oýr la del choro, quiso primero visitar la enferma, que estava en estrema neçessidad. E consolándola, hablava con gran charidad e amor. E la religiosa se le encomendó mucho, diziendo fuese amigga e rogase mucho al Señor por ella, e supiese d’Él si hera su voluntad, y si le haría serviçio en resçivilla otra vez, antes que muriese. Y ella le respondió le plazía de voluntad. E fuese a misa, e rogó muy afincadamente al Señor por la enferma. E alçando el Sanctíssimo Sacramento, oyó esta bienabenturada una voz del Señor que la hablava desde el Sancto Sacramento, diziéndole: “Di a essa persona que se me encomienda que yo la resçiviré e ayudaré, e seré con ella, pues me quiere a mí resçivir para su partida, [fol. 50v] en la qual no la desampararé”. En las quales palabras mostró el Señor a esta sancta virgen que savía mentalmente no le resçiviría en esta vida aquella enferma. E con esta respuesta la fue visitar cuando salió de missa, e le dixo se consolase, que del Señor sería ayudada e resçivida, e le sería piadoso consolador. E ansimismo le fue mostrado a esta bienabenturada, después del pasamiento de esta religiosa, cómo el Señor le pareció, quando quiere espirar, y la esperó hasta que le salió el ánima, la qual tomó el Señor con su poderosa mano, e la llevó e pasó por los fuegos, e aguas e vientos de Purgatorio, e ninguna cosa le empeció, porque la llevava el Señor, e la libró. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
E passados algunos días que esta religiosa era difunta, estando esta bienabenturada en su çelda en oraçión un día de la sancta cruz, encomendando a Dios çierto secreto que tenía en su pensamiento, que tocava al monasterio e provecho d’él, e ansimesmo a esta religiosa difunta, a deshora le apareçió la mesma religiosa, a la qual vido venir muy blanca e resplandeciente, e traýa en sus manos una muy hermosa cruz verde. Y le dixo: “De eso que deseáys saber si es conçiençia o no, yo vos çertifico no lo es, que mi padre no hera heredero de mí, porque antes que él muriese, yo tuve hijo, el qual es al monasterio donde yo hize professión, por la qual é alcançado mucha parte en el Çielo”. E replicando muchas vezes esta palabra en el Çielo, desapareçió como bolando e subiendo en alto.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[fol. 51r] Viniendo en romería mucha gente al monasterio en que la sancta virgen Juana de la Cruz estava, que hera Sancta María de la Cruz, entre la dicha gente venían dos personas, marido y muger, e traýan una su hija, niña de teta. E diole, a deshora, súpitamente un mal, e murió la niña. E sus padres, muy angustiados, derramavan muchas lágrimas. Y ellos y otras personas que allí se juntaron hizieron en la niña muchas espiriençias, e ninguna cosa aprovecharon, que así se estava difunta. E sus padres, con otras personas, llegaron al locutorio, que a la saçón estava allí esta bienabenturada, e rogáronle, muy afetuosamente, quisiese mandar meter por el torno aquella niña. E contáronle lo que havía acaesçido, e que estava difunta. E tenían fee, según las maravillas savían Dios hazía por ella, si la santiguava viviría la niña. Y esta bienabenturada escusávase con palabras humildes, diziendo que no hera digna que Dios hiçiese tales milagros por ella, ni la querría oýr. Pero siendo muy importunada de sus padres, con muchas lágrimas e clamores, mandó a las torneras tornasen la niña por el torno, e se la trajesen allí al locutorio. E tomándola ella en sus braços, hiço su oraçión, e santiguándole, púsola ençima una ymagen del sancto cruçifixo, que traýa ella siempre en sus brazos en memoria de la cruz e Passión de Nuestro Señor Jesuchristo. Y en poniéndosele, empeçó la niña a [¿chillar?], tornó en sí e vivió. E diéronsela a sus padres biva y sana, los quales la tomaron con muy gran gozo y alegría. E fue manifiesto este milagro de más de ochenta personas, que primero la bieron [fol. 51v] difunta y meterla por el torno del monasterio, e después la vieron salir viva y sana.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Vino a esta bienabenturada un frayle, el qual estava tentado de muy reçias tentaçiones, y en especial le traýa Satanás al pensamiento que él havía de ser el yncubierto, e havía de remediar todo el mundo. Y en llegando esta sancta virgen a la red del locutorio, le vido cómo traýa al demonio en figura de un grande gato muy fiero, y negro y espantable, sobre su persona. E lo mesmo veýa a todos los que traýan tentaciones, que la hablavan tener los demonios sobre sus personas, e la figura dellos de muchas diferençias, según hera la calidad de las tentaçiones. E muchas vezes le dava gran pena el hedor de los peccados que algunas personas traýan consigo. Vido esta bienaventurada cómo el demonio tenía aquel frayle tomado el cuello e la caveza e sentidos, conviene a saver, los oýdos e ojos e lengua, e con una mano le tenía prendido e travado el corazón, de manera que este religioso estava atónito e como loco. Empero tenía una devoçión que dondequiera que llegava, antes que ninguna cosa hazía, se saludava a Nuestra Señora con el avemaría. E assí como llegó a hablar al locutorio, comenzó la acostumbrada oraçión. Y en empezando el avemaría, se le quitó el demonio de ençima, y fue uyendo. Y en acavando de dezir la salutaçión, luego se tornó el demonio a poner ençima d’él. E todo lo veýa esta bienaventurada, aunque a él no le dixo ninguna cosa desta visión. Pero amonestole e avisole, e díxole no se curase de tales tentaciones, e banos e malos pensamientos, que son peccado e gran ofensa de Dios, e tentaçión de Sathanás, e podía perder el alma. E amonestándole mucho, e dándole sanctos consejos, fue librado este religioso de las uñas de Sathanás por su ruego y consejo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Acaesçiole muchas vezes esta bienaventurada, estando [fol. 52r] orando en su çelda por las personas que se le encomendavan, e por las que ella conoçía, ver sus figuras representadas delante de sí, e las neçessidades que cada una de ellas tenía, y en lo que más estava. Y ella, muy maravillada de la tal visión, preguntolo al sancto ángel su guardador, diçiendo: “Señor, estoy muy espantada de una cosa que he visto estando yo sola, ençerrada en la çelda en oraçión. Que me pareze algunas vezes gozo en spíritu de oýr algunas misas muy solenes, de lo qual mi ánima resçive muy gran consolaçión, e junto con esto me pareçe veo todas las personas que yo conozco que son vivas, y aún artas dellas están muy lejos de casa, e me pareçe las veo en estas, y en estas tribulaçiones e neçessidades, assí de las ánimas como de los cuerpos”. Y el sancto ángel le respondió: “No te maravilles, que la figura de todas esas personas es que permite el Señor veas algunas vezes, y sepas las neçessidades en que están, pues se an encomendado en tus oraçiones para que las ayudes con ellas. Que esa es la verdadera charidad, rogar unos por otros, e socorrer siempre en sus neçessidades”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Capítulo X'''&lt;br /&gt;
'''De una revelaçión que a esta bienaventurada le fue mostrada'''&lt;br /&gt;
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Dixo esta sancta virgen: “Bien supe, por la voluntad de Dios, una cosa ayer: que vino mí una persona, y me dixo rogase a Dios por el ánima de su padre y supiese en qué estado estava. Y yo rogué a mi sancto ángel me lo dixese, y él supplicó a la Divina Magestad le diese liçençia me dixese el estado de esta ánima por quien yo rogava y desseava saver. Respondiome que hera salva por la misericordia y Passión del poderoso Dios, e yo díxelo a una su hija, que el ánima de su padre havía savido que hera salva, pero tenía neçessidad hiçiese bien por él. Y ella se consoló mucho de saberlo, y hiço todo lo que pudo por el ánima de su padre; y entre todos los bienes que por él hizo [fol. 52v] ganó un gran jubileo, e todo lo offreçió a Dios por él. E vino a mí, y díxome lo que havía hecho por aquella ánima de su padre, que rogase yo a Dios le aprovechasen los bienes que por él havía hecho. E yo, en viendo a mi sancto ángel, le encomendé y supliqué tuviese cuydado de aquella ánima, e díxele todo lo que su hijo me havía dicho. E respondiome: ‘Bien hazes de rogar a Dios, que la buena obra nunca se pierde, mas a esa persona difunta no le aprovecha lo que por ella se haze por agora, que la justiçia divina le quita todo lo que por ella haçen agora, e lo da a otra ánima de Purgatorio’. E maravillándome yo, le dixe: ‘¿A qué ánima, señor, le dan los tales bienes?’. ‘Al ánima de su padre de ese por quien ruegas, y es la causa porque él heredó los bienes de su padre, y no tuvo cuydado de haçer bien por él; y si él hiço algo fue poco, y no tanto quanto hera obligado a haçer y su padre tiene neçessidad, que pudiera ser mediante la misericordia de Dios ser salido de Purgatorio, si le huviera ayudado este su hijo con algunos bienes. Y pues fue descuidado, a mandado la justiçia divina le despojasen de todos los bienes que por él se an hecho, e los den a su padre hasta tanto que basten sacalle de penas de Purgatorio. E más te hago saber: que ese jubileo que esa su hija ganó agora en la Tierra, fuera bastante con el ayuda de Dios para salir él de Purgatorio, mas quitáronsele. Y el ángel del ánima de su padre, de ese por quien se hazían los bienes, le fue a llevar las nuevas de este jubileo, y le dixo: ‘Alégrate, ánima, que el poderoso Dios manda salgas de penas, por quanto todos los bienes que se an hecho por el ánima de tu hijo se te an [fol. 53r] dado a ti, porque él fue descuydado en su vida en haçer bien por ti quanto hera obligado, y agora ganó una tu nieta un jubileo para tu hijo, con el qual saliera de penas de Purgatorio, y este se la quita e se da a ti, con el qual sales de Purgatorio’; con las quales nuevas se mucho consoló aquella ánima, e dio graçias al poderoso Dios. Y dixo a su ángel: ‘Señor, mucho querría ver a mi hijo, y hablalle si me diesen liçençia’. Vido a su hijo, y díxole cómo él se yba a tal gloria mediante la misericordia de Dios, ‘y por un jubileo que ganó para ti una hija tuya y nieta mía, con el qual tú salieras de penas, y quítasele la justiçia de Dios y dámele a mí, con el qual voy a la gloria, porque tú te descuydaste en tu vida de haçer bien por mí. Por eso ave paçiençia, y el Señor haga contigo la gran misericordia que conmigo a hecho’. Y su hijo, conoçiendo su culpa y descuydo, respondió: ‘Justo es Dios, e justos son sus juyzios’. Y dixo el sancto ángel, mostrando muy grande compassión: ‘¡Ay de los hijos que heredan los bienes de sus padres, e los gastan y distribuyen sin haçer bien por ellos! Pagarlo an, porque se les será bien demandado. E que no les queden bienes son obligados a rogar por sus padres, e haçer bien por ellos. E lo mesmo digo por los albazeas que façen lo mesmo, que ellos darán estrecha quenta a Dios’”.&lt;br /&gt;
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Y traxeron una niña de teta, chiquita, para que la sanctiguase esta bienabenturada, que traýa una gran enfermedad. Y ansí como se la pusieron delante, la vieron toda cubierta de un belo negro de siliçio, de lo qual se maravilló mucho, e dixo a las religiosas: “Mirad, hermanas mías, las cosas que Nuestro Señor permite en la Tierra por nuestros peccados: que esta niña ynoçente, que no á sino siete meses que nasçió, tiene ya Satanás poder para la atormentar en el cuerpo, que en el alma no [fol. 53v] puede empezer. La que os digo, en verdad, la he visto toda cubierta de un siliçio muy áspero y negro, de lo qual estoy muy maravillada. Ruegoos, amigas, roguéys por ella, que lo mesmo haré yo”. E santiguándola e rogando a Dios por ella, fue guareçida de aquel peligro.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
E otras muchas cosas secretas le mostrava Dios. Algunas vezes vía las personas que conoçía que havían de enfermar muy presto, e si havían de morir de la enfermedad o no, e otras muchas cosas que Dios hera precido de mostrale espiritual y corporalmente. Dezía esta bienabenturada: “Quán temoroso es el juyzio e cuenta que a cada ánima se toma. Esto digo, hermanas mías, porque vosotras y yo nos guardemos de offender a Dios, que algo dello a sido su Divina Magestad servido de mostrarme, porque el lugar donde mi sancto ángel me pone, quando Dios es servido que yo me eleve, es muy çercano al lugar diputado donde el señor Sant Michael, con muchedumbre de ángeles, se pone a juzgar las ánimas buenas e malas, en el qual juyzio veo cosas muy espantosas e maravillosas. Está assentado el príncipe Sant Michael, quando á de juzgar, en un trono muy real, con toda la auctoridad e poderío del Señor Dios Todopoderoso. Tiene corona de oro en la caveza, a manera de Rey, e pareçen ante él qualesquiera ánimas que de este mundo an salido, e junto con las ánimas, los sanctos ángeles que las guardaron mientras vivieron, e también los demonios, sus tentadores e acusadores. E a todos habla y oye, y escucha y demanda señalada cuenta de lo que cada uno hizo en esta vida, e dixo e obró, en la manera siguiente, hablando a cada un ángel guardador de cada un ánima, [fol. 54r] diziéndole: ‘Venid acá, señor fulano, dadme cuenta de esta ánima que por espaçio de tantos años tuvistes cargo, e fuystes su ayo y guardador, porque de todo manda mi señor Jesuchristo tome la cuenta e sentençia para la pena o gloria, según sus obras mereçiesen, como quier que su Divina Magestad, en sus secretos, la tiene juzgada en sola una palabra, en la qual la bendize o maldize. Empero quiere pase por juyzio de ángeles, para que todos vean y sepan con quán justa justiçia salva o condena, o le da pena o gloria’.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
”Y el sancto ángel guardador de aquella ánima responde, diziendo: ‘Señor juez, ya véys que estos demonios vienen aquí a acusarla, e quántos libros traen scriptos della, e los aullidos y gritos que dan diziendo que es suya. E pues tantos peccados a hecho, hablen ellos primero, e digan lo que quisieren, e después yo hablaré, y daré cuenta çierta y verdadera della, pues estamos juramentados en la memoria de Dios y en la su sabiduría todos los ángeles que tenemos ánimas a cargo que, en el último día de su vida o quando nos lo demandasen, la daremos’. E quieren los sanctos ángeles que los demonios hablen primero. Es por mejor, porque los demonios, como son tan maliçiosos e llenos de maldad, quando las personas finan, aora sean buenas o malas, no solamente tienen guardados todos los peccados que fiçieron mortales, mas aun los beniales tienen por mortales, que se los acusan en el juyzio, y acen hasta el más liviano pensamiento que no sea bueno; le acusan por cosa muy creminosa, e ban muy cargados de libros muy grandes, todos scriptos, y el papel de ellos es de yerro. E dan muy grandes vozes, diziendo que les den aquel ánima, que es suya [fol. 54v] y que a ellos perteneçe, por tales y tales obras que fiço. E Sant Michael, oyendo la respuesta del sancto ángel que diçe hablen primero los demonios, llámalos y escúchalos, y escucha lo que diçen de aquel ánima, porque ansí lo quiere Dios. Porque los demonios, quexándose d’él, no digan que oye de justiçia a los otros, e no a ellos. E de que los demonios an dado sus razones e quexas, llama al sancto ángel que dé él su razón, y diga todas las obras buenas y malas de aquel ánima, el qual responde: ‘Señor, tales y tales cosas que esos demonios dizen, hizo esa ánima; verdad es que hera peccado mortal, empero ya lo confesó, y hizo penitençia dello, aunque no tanto que bastase para que del todo se le perdonase sin ninguna pena que por ellos padezca; e tales e tales cosas que le acusaron por peccado mortal, no fue sino venial; e tales e tales obras e pensamientos no fueron de esa manera, sino de esta y desta, e ya lo confesó’. Y assí da el sancto ángel públicamente cuenta y raçón de todas las cosas que aquella ánima hiço en su vida, aora sea bueno, aora sea malo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
”Y en todo esto calla el ánima, que ninguna cosa responden. Se escusa, mas está muy encogida y temerosa, temblando si la an de condenar o no. E oýdas el señor Sant Miguel ambas partes, juzga e sentencia, según la voluntad de Dios e la justiçia, del ánima, y embía cada una dellas al lugar diputado, donde por entonçes á de estar: a la gloria de Paraýso, si tan perfetas obras tiene, o penas de Purgatorio, si desta vida no va perfetamente acavada de purgar, o a penas infernales, si tan mala y peccadora fue que no quiso amar ni servir a Dios o si le tomó la muerte en peccado. Mas [fol. 55r] que en el estado que le tomó la muerte la juzga Dios. Después que Sant Miguel a dado la sentençia a cada ánima según la volutad de Dios, todavía tiene el sancto ángel el ánima a par de sí, la qual tuvo a su cargo, mientras en este mundo vivió. E si la tal ánima por sus peccados es condenada, aunque sea christiana, el sancto ángel, con semblante triste e de mucha compasión, llama a los demonios con çierta señal que ellos tienen. E oýda dellos, van con mucha priesa, como bestias fieras, recogiendo los dientes he hiriendo las colas, e abriendo las bocas para las tragar. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
“Los sanctos ángeles héchanles las ánimas condenadas a manera de quien convida a canes, diziéndole: ‘[¿Çito?], tú, toma, mata tu ambre de lo que as desseado’. Luego los demonios las recogen en las bocas, e con las uñas las van despedazando, e tragándolas, haziéndoles muchos tormentos, las llevan adonde la justizia de Dios quiere que padezcan. E las ánimas que van a pagar a Purgatorio, llévanlas los sanctos ángeles en los braços e manos, e vanlas hablando e consolando, y esforçando quanto pueden. Y ellos, por sus propias manos, las arrojan de presto em Purgatorio, en el lugar de penas que Dios quiere que paguen. Y el sancto ángel vuela en alto, e sube al Çielo, e quedan las ánimas dando muy grandes gritos y alaridos, e padesçiendo muy grandes penas. E nadie por entonçes las bale ni consuela, hasta que nuestro Señor Dios otra cosa manda. Porque así es justa su justiçia, aunque las sufragias y oraçiones hechas por las ánimas de Purgatorio quiere su Divina Magestad les aprovechen.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
”En aquel lugar que juzga Sant Miguel, ay çierto número de sanctos ángeles que tienen un offiçio, por mandamiento del poderoso Dios, que con azotes en las manos açotan las ánimas, e las hechan de allí del Çielo, donde son juzgadas, afrentándolas públicamente, diziéndoles: ‘Anda, sal fuera, e ve para las aguas de Purgatorio, que así lo mereçes por tus peccados yr al lugar de penas, y no de [fol. 55v] gloria. Toma este azote por tal y tal peccado que hiziste contra la Divina Magestad, e toma este por la offensa que hiziste hazer a tu próximo, y este por el mal exemplo que diste’. E desta manera de vituperio e injurias hechan los sanctos ángeles las tales ánimas del Çielo, e las embían a Purgatorio, y ellas resçiven muy grande afrenta en ser heridas e ynjuriadas de los sanctos ángeles. Y estas tribulaçiones e otras muchas padesçen las ánimas que an offendido a Dios, aunque son christianas y se salvan.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
”Ay otra muchedumbre de ángeles, en aquel lugar diputado de juyzio, que todos juntos, en una voz acordada, tañen con trompetas, y en voz de cántico loan la justa justiçia de Dios quando condena a algunas ánimas o las salva, y embía a las penas e fuegos de Purgatorio. Y dizen aquellos sanctos ángeles con aquel gran poderío: ‘O, Señor, qué templada justiçia hazes: a quien mandas dar un infierno mil quentos infiernos mereçe, y a quien mandas dar pena de Purgatorio mereçe ser eternamente condenado. O, Magestad Divina, quán bien hazes e obras tu justiçia, e por ello te loamos e adoramos, e vendeçimos e damos graçias’. E desta manera tienen unos ángeles offiçio de exerçitar la justiçia de Dios con castigo, e otros de loalla con cánticos e alabanzas. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
”Ay otros sanctos ángeles, en aquel lugar de juyzio, diputados para maldezir las ánimas que se condenan, aora sean moros, o judíos o christianos. Assí como Sant Miguel acava de dar la sentençia que sean algunas ánimas condenadas para el Infierno, luego aquellos sanctos ángeles alzan todos la voz en uno de parte de Dios, maldiziendo aquellas tristes ánimas d’espantosa maldiçión, que de solo oýrlo es ynumerable el amargura e temor, e batimiento de dientes; tanto que los mesmos ángeles, que tal officio tienen de maldezir, an muy gran compassión y sentimiento de la eterna pena de aquellas ánimas que maldizen. E cada vez que lo an de haçer, se cubren los mesmos ángeles todos sus preçiosos bultos e fermosas fazes de bestiduras negras, a manera de luto, que traen señal del sentimiento que tienen del perdimento dellas. Porque diçen, con maldiçión, ‘que justamente son malditas e dignas de ser maldeçidas las ánimas que offenden a su Dios y criador. No solamente [fol. 56r] son maldeçidas con justa causa del poderoso Dios que las crió, mas de nosotros, sus ángeles spíritus çelestiales fidelíssimos, deven ser maldeçidas, e por tanto las maldeçimos de aquella maldiçión que Dios hechó a Luçifer, con toda su grey e hueste de enemigos malaventurados, desterrados e despojados de la gloria del Paraýso’. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
“Y entonçes matan las hachas negras que están ençendidas, e cubre la cruz de luto, la qual llora como si Nuestro Señor Dios estuviese en ella, mostrando la mesma tristeza y dolor que los sanctos ángeles muestran por el perdimiento de aquella ánima, diziendo: ‘¿Cómo no aprovechó en ti mi grande y amarga Passión, que por comprarte y librarte y descautibarte del Infierno me puse a padesçer, e no forçado sino de mi grado? O, ánima, mi querida, ¿por qué heres agora perdida tú mesma? Te as dañado. Tú te as perseguido con tus malas obras. No te quexes de nadie, sino de ti mesma, que tú te as condenado, de lo qual a mí me pesa. Vesme aquí: mi justiçia no puede haver piedad de ti. Ángeles, cantad e alavad a Dios por el bien e por el mal’.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
”Luego, los sanctos ángeles alavan a Dios por la condenaçión de aquel ánima, e quitan el luto, diziendo: ‘Justo heres, Señor, e justos son tus juyzios. ''Laudamus te, benediçimus te, gratias agimus tibi''’, tornando todos e alavando a Dios como de primero, e como lo hazen quando alguna ánima se salva, que ençienden candelas blancas, doradas e plateadas, dando gloria a Dios con alegría, demandando muchos perfumes odoríferos en señal que las maldades, damnaçiones, hidiondezes, todas van al Infierno con las ánimas dañadas y spíritus malinos, que son los demonios de quien proçedió la maldad, como se muestra en Eva y en Adam, y en los travajos que por su peccado se recreçieron. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
”Algunas vezes he visto juzgar y condenar ánimas de algunas personas que en esta vida havían sido hipróquitas. Y es tan reçio y espantable su juyzio, que es cosa maravillosa de ver. Después de haverlas juzgado y esaminado, traen allí los sanctos ángeles bestiduras, e coronas e adornamientos muy preçiosos, e adórnanlas con ellos, e pónenles cada cosa por sí, diziéndoles: ‘Por tal y tal obra que hiziste, que al pareçer de las gentes era muy buena, y si verdaderamente lo hiçieras por solo Dios, huvieras mereçido esto y esto, que nosotros agora te ponemos; e por tal e tal penitençia, si la hizieras por amor de Dios, tuvieras galardón de esto, y de esto con que agora [fol. 56v] te adornamos’. E desta manera adornan e coronan los sanctos ángeles aquellas tristes ánimas de todas las maneras de mereçimientos e galardones que tuvieran y poseyeran, si reta e verdaderamente lo hiziera por solo amor de Dios, e de su sagrada Passión e penitençia de sus peccados. Después tornan los sanctos ángeles a descomponer estas desdichadas ánimas, quitándoles cada cosa por sí, a manera de quando desgradúan en este mundo algún saçerdote. Y a cada cosa que les quitan, los sanctos ángeles los maldiçen de muchedumbre de maldiçiones, diziendo: ‘Yd, malditas, al fuego eterno e perdurable, que desto soys vosotras dignas e mereçedoras, que no de esta gloria e bienaventuranzas que aquí os havemos mostrado. E para mayor pena vuestra, e para que siempre lo lloréys, os vestimos e adornamos, pues por la banidad del mundo lo hiçistes. Allá resçivistes vuestro galardón, que así es la justicia de Dios, que, quien por su amor algo haçe, Él se lo bien galardona y paga, e quien por la banidad del siglo, e por su propia honra y banagloria, también se la bien demanda. Por tanto, yd, malditas, de entre la compañía de los ángeles buenos, e sed para siempre en la de los malos, que con una pena y trabajos ganastis otros. Yd adonde ay siempre dolor, e llanto, e batimiento de dientes, donde nunca alegres, ni consolados ni descansados os veréys. Mirad quán derecha es la justiçia de Dios, que por sola aquella buena haz qual fuera mostrávades, os quiso aún dar este breve espacio, e proveheros de nobles bestidos e adornamentos, como quier que por agora, ni en ningún tiempo para vosotras, esto ni ninguna otra cosa os aprovechara’. E desta manera, desnudas e maldeçidas e menospreçiadas, son hechadas estas ánimas del lugar del juyzio, e dadas a los demonios, los quales las arrebatan e llevan en sus dientes e uñas, dándoles muchas maneras de penas. E muy más estrecho es el juyzio de los hypróquitas, e más largo que no de ningunas otras ánimas, e más penado, e más maldeçido cada vno de los miembros de los tales que otros ningunos peccadores, por ser tan engañoso e falso el tal viçio e peccado. Que es cosa de que mucho se offende y enoja Dios: atormentarse a ssí mesmos por banagloria, lo que por él mesmo se les haría muy grave de hazer e se quexaría, diziendo que hera Dios cruel, pues tales cosas les mandava hazer, las [fol. 57r] quales heran insufribles.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
”Haviendo sentençiado vnas ánimas de unos hipróquitas, díxome mi sancto ángel: ‘¿Qué te pareçe de estas cosas, o qué tomas dellas para tu aviso?’. Yo le respondí: ‘Dígame, vuestra hermosura, su alumbrado consejo’. Respondiome: ‘No se te entiende que este fuerte juyzio se da de sentençia sobre los hypróquitas. Son obligados, los juezes de la Tierra o otras personas, a sentençiar y juzgar a sus próximos quando los vean haçer alguna obra justa y sancta, en serviçio de Dios e salvaçión de sus ánimas e buena edificaçión del próximo. Porque no son todos hipróquitas ni falsos christianos. Y pues la cosa es secreta y está solo en la yntençión e condiçión del que la obra, e Dios solo lo save e juzga al tal, según su yntençión e obras buenas o malas, a solo Él se deve dar el juyzio dello, pues es verdadero juez, executor poderoso e galardonador de qualquiera buena obra hecha puramente por su serviçio. E las personas malévolas, que se meten en juzgar e mormurar, peor lo librarán con Dios que los hypróquitas el día del juyzio, e con los ángeles, que no avrá quien abogue ni ruegue por las tales personas, y ternán sobre sí muy cruel sentençia de Dios, porque se atrevieron a robar e tomar el juyzio para sí en cosas. Que a solo Dios pertenece el saber lo çierto de aquello que los hombres o gentes juzgan sobre sospecha, no saviendo la verdad e como Dios, y el buen christiano, que obra las obras de virtud, aunque sean exemplares, públicamente, según el evangelio que dize: ‘Luzga vuestra lumbre delante de los hombres, por que vean vuestras buenas obras e glorifiquen a vuestro Padre, que es en los Çielos’, e en otra parte dize: ‘No arranquéys la çizaña o ballico, mas dexaldo creçer juntamente’, porque a bueltas de la çiçaña no se arranque el trigo bueno y perfeto que perteneçe para mi granero, que el día del juyzio los ángeles harán manojos de lo uno, de lo otro, e la çizaña será hechada en el Infierno por que allí se queme, y el trigo apartado y escogido será puesto en el alholí de Dios’, conviene a saver, que los ángeles apartarán los malos de los buenos [fol. 57v] por mandado de Dios, e será puesta cada ánima en el lugar que mereçieren, Paraýso o en el Infierno, del qual Dios nos libre a bien’. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
”Aquel lugar del juyzio, con el señor san Michael, otro çierto número de ángeles, que heran scrivanos, y otros notarios, e otros vehedores, e otros examinadores, y estos scriven, y notan y examinan todo lo que los sanctos ángeles e los demonios dizen de las ánimas que al presente están en juyzio, en las cosas que les acusan o abogan para ellas, e la sentencia, e causas et raçones, que Sant Miguel dize o da para salvar o condenar las ánimas. Y assí lo toman por testimonio y lo llevan a presentar delante el trono real de la Sanctíssima Trinidad, porque assí lo quiere Su Magestad Divina se haga. E otros sanctos ángeles están en el lugar de juyzio a manera de gente armada de pelea: y estos para defender las ánimas que allí están presentes, assí buenas como malas, de los demonios, que allí van gran multitud dellos deseándolas tragar. Que como las ánimas, por buenas que ayan sido en este mundo, ninguna se halla assí justa, atrévense algunas vezes los demonios a arremeter a ellas, y los sanctos ángeles no consienten que las toquen, ni enpezcan ni lleguen a ellas hasta que el juyzio dellas sea difinido. Y assí están allí los sanctos ángeles, en honor y serviçio del soberano Dios, y en ayuda y favor de san Michael, e reguarda de las ánimas. E quanto mejores obras been en el juyzio los demonios que tienen las ánimas, tanto más gritos e aullidos dan, diziendo se las den, que suyas son; e viendo que no lo pueden alcanzar, travájasen allí donde están, en juyzio, de moderlas e asombrarlas. Todos los sanctos ángeles que en el lugar del juyzio están son de los nueve choros del Çielo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
”Tienen los demonios muy grande enemistad y miedo a Sant Michael dende que peleó con Luçifer y le hechó del Çielo. Tienen gran pesar y enojo de ber que Sant Miguel tiene la sancta Madre Yglesia de los christianos a cargo, y le tiene Dios dado por prínçipe e defensor dellos, e por juez de todas las ánimas, e aún por su abogado e favoreçidor. Pero antes que el ánima vaya a ser juzgada [fol. 58r] de los ángeles, la tiene ya Dios juzgada y sentençiada para condenaçión o salvación. Entre Él y el ánima, por quanto en el tiempo que cada una persona muere, antes que del todo sea acavada de arrancar el ánima del cuerpo, le apareze Nuestro Señor Jesuchristo en la manera que estava en la cruz, padesçiendo la Passión, porque esta es su sancta voluntad: que todos sus redemidos sepan, y vean y conozcan, que tuvieron redemptor que los redimiese, si ellos dello se quisiesen aprovechar. Y este aperçivimiento, que Nuestro Señor Jesuchristo haze a qualquiera de sus criaturas raçionales que Él crió, haze tan general, que moros e judíos e christianos le veen en aquella ora de su pasamiento de esta vida a la eterna, buena o mala, y en solo una palabra que le diçe quando ella le ve, que es: ‘Bendita eres por tus obras, o heres por tus obras maldita’, la sentençia y juzga, e luego vuelve las espaldas e desapareçe, que no le ven más”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Capítulo XI'''&lt;br /&gt;
'''De çiertos avisos que el sancto Miguel dio a esta bienabenturada'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Dezía esta sancta virgen a sus monjas: “He oýdo yo dezir a mi sancto ángel que qualquier christiano, para ser bien agradeçido a Dios, sería dezente cosa que entre día y noche aprovechase con su pensamiento, a lo menos siete horas, de dar graçias a su Dios por los benefiçios que d’Él resçive e a resçivido, que fue crialle e darle ánima semejante a sí, apostada de grandes dones e graçias, e darle libre albedrío para disçernir lo bueno de lo malo; e agradeçerle la misericordiosa redempçión que Él dio, e las graçias e yndulgençias que puso en la sancta Madre Yglesia para el remedio de los peccados; e adorarle muchas vezes, porque quiso estar en el Sancto Sacramento del Altar, e venir todas las vezes a Él, que nuevamente es consagrado, e comunicarse con cada un ánima con tan grande amor y charidad; e darle graçias porque no le condena aun de quando le offende, mas antes le espera con infinita misericordia y le embía muchas inspiraçiones con que se concierta y enmiende. Y en estas cosas y otras semejantes es obligado el buen christiano de ocupar [fol. 58v] su pensamiento, devajo del temor e amor de Dios.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
”Mas oý platicar a los sanctos ángeles de los humanos, no tener raçón de quexarse de que Dios los crió pobres, que al rico y al pobre dio entre día y noche veynte y quatro quentos de renta. Yo, maravillada de oýrles tal plática, díxeles cómo hera aquello que dezían, que muchos pobres conocía yo en la Tierra que no tenían qué comer ni qué beber. Respondiéronme: ‘Los quentos que nosotros dezimos son por las veynte y quatro horas que ay en el día y en la noxe, las quales, si bien las dispenden, cada uno de los que viven en la Tierra se hará muy rico y poderoso en el Reyno de los Çielos, donde son las riquezas valerosas y duran para siempre. Y tales obras puede cada una persona haçer en una ora de estas veynte y quatro, que merezca alcanzar muy grandes dones, e premios y coronas, que son más valerosos que no rentar ''[7]'' quentos en la Tierra. E por esto dezimos que son ricos todos los humanos, pues pueden hazer y obrar con que sirvan e aplazgan a su Dios e criador, e hazerse a ssí propios generosos, e de título y corona e silla y dignidad de sanctos; tanto podrá una persona sentir la Passión de Nuestro Señor Jesuchristo, e llorarla, e haver compassión, que le sea contado como si derramase sangre de martirio’.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
”Hablando yo una vez con mi sancto ángel, vile muy triste, e se le mudaron a deshora las bestiduras resplandeçientes, e claras e fermosas, en manera de un romero pobre de los que demandan por amor de Dios. E preguntele por qué se le havían mudado tan súpitamente las bestiduras, e respondiome: ‘La tristeza que ves que traygo, e la mudanza de mi persona, toda es por ti sola, que a dado Dios Nuestro Señor una gran sentençia sobre ti de muchas penas e travajos, los quales tú sentirás y verás, antes de mucho tiempo. E como yo te quiero tanto, he acordado andar en este ábito, pidiendo limosna a los sanctos y a Nuestra Señora, que todos rueguen por ti a Dios, que lo as mucho menester. E yo también rogaré, e tú ruega por ti, e por las ánimas e personas bienhechoras que tienes a cargo y heres obbligada. E pregunta a tus hermanas las religiosas qué es lo que dixo el Señor la postrera vez [fol. 59r] que habló en ti, pues saven no a hablado después acá en aquella manera que solía estando tú elevada’”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
E preguntando esta bienabenturada a las religiosas lo que el sancto ángel le mandó, respondiéronle diziendo: “Nosotras no savemos si es postrera vez o no la plática que oýmos al Señor pocos días á, que pareçía profetiçava. E las profeçías heran rezias, con palabras de amor, e otras de reguridad. En las de amor, dezía quería hazer vna prueba en su esposa querida e amada. E amostrava a las que la oýan de ninguna cosa se maravillasen ni escandaliçasen, ni pensasen en sus coraçones hazía Dios aquella prueba o castigo en aquella persona por peccados que en ella hiçiese, ni porque Él estuviese enojado con ella por ninguna cosa, mas de quererlo Él haçer, e lo haría porque le plaçía, y hera su voluntad de quebrar aquel órgano o trompeta en qu’ Él hablava. E le quería mudar e trasmudar en otro estado que pareciese muy menospreçiado y enfermo, y muy lastimado, e doloroso e quexoso, que casi no pareçiese el que solía”. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
E hablava con la mesma, diziendo: “Juanica, tú heres este órgano, que digo que quiero que seas despreçiada e abilitada, e gravemente atormentada, por probar tu paçiençia. Yo me ataré de ti por algún tiempo, y çesará mi habla. E convertirse te an los gozos en dolores, y las risas en gemidos e tristeza,  en quanto a lo corporal; que en quanto a lo espiritual, la enfermedad en fortaleza; la fee e la virtud del ánima no está en fuerça de brazos ni de miembros corporales”. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
E todo esto que el Señor dezía e profetiçava no lo entendían las personas que lo oýan, hasta que después, dende a pocos días, veýan a esta bienabenturada tullirse toda en tanto grado que no le quedaron fuerças ningunas, ni miembro sano, ni coyuntura en su cuerpo que no estuviesen desparçidos los huesos unos de otros, hasta los dedos [fol. 59v] de las manos e pies, que no se podía encubrir ni sus dolores sin gemidos. Sufrir tenía muy gran conformidad, e paçiençia en su larga e grande enfermedad e yncreýbles dolores, sugetándose a la voluntad del poderoso Dios con gran desseo de padesçer siempre por su amor. Encogiéronsele las rodillas, que nunca más las estendió, e los brazos e manos, por semejante, teníalas tan tullidas, y los dedos bueltos e quebradas las coyunturas, de manera que no podía comer con sus manos, ni las podía menear si no se las meneaban, ni volviese de ninguna parte si no la volvían, ni comer ni vever si no se lo davan por mano agena. Ningún miembro de su persona podía menear, si no hera la lengua.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Dixo esta sancta virgen a sus monjas: “Supliqué a mi sancto ángel me dixese qué hera este mal tan reçio, que unos dizen uno, e otros otro, en ninguna cosa de quantas manda haçer para remedio mío aprovechan. Respondiome, diziendo: ‘Qué maravilla que sea agora, por amor de las gotas sanguíneas, quien no olgó de tener las mayores perlas e joyas tenga esas. Esto digo por las llagas que rogaste a Dios te quitase. A determinado su Divina ''[8]'' Magestad de ymprimir en sus dolores e sentimiento de su sancta Passión como lo verás’. E ansí se cumple como él me lo dixo, que estando yo elevada un día de viernes, víspera de los diez mil mártires, veýa en espíritu que haçían remembranza de la Passión de Nuestro Señor Jesuchristo, como si fuera Viernes Sancto. Esto hera en un campo, y veýa, ansimismo, allí a los sanctos mártires, cuya fiesta e día hera, e cómo los matavan e cruçificavan, y a Nuestro Señor Jesuchristo con ellas confortándolas, y Él ansimismo cruçificado, e deçíales: ‘Ea, mis amigos, que yo esa muerte morí por vosotros, e justa cosa es vosotros la paséys por mí, que el amor no se pagó con amor, ni la muerte si [¿contra?] muerte: que no tiene ninguno mayor amor que poner la vida por su amigo. Yo soy vida, y resurrección, e gloria. Consolaos conmigo e acompañarme, que abrierto está el Paraýso, y vuestras coronas delante de cada uno la tiene su ángel [fol. 60r] propio’. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
”E yo, muy espantada de estas cosas que veýa, pregunté a mi sancto ángel que estava delante de mí: ‘¿Qué cosa es esta, que Nuestro Señor Jesuchristo está aquí cruçificado, y ansimesmo estos otros muchos que le acompañan?’. Respondiome: ‘Muchos compañeros tiene Dios, después que resçivió la sancta humanidad en el vientre virginal de Sancta María. E tú, que esto vees, aparéjate, que partiçipar tienes de esta cosa, que ansí lo quiere Dios. Que para eso te truxe yo a ver esta remembranza, que se haçía este día en memoria de la Passión de Nuestro Señor y de sus siervos’. Y estando mi sancto ángel diziéndome estas palabras, voló a deshora Nuestro Señor Jesuchristo, y vile delante de mí, y preguntó a mi sancto ángel: ‘¿Qué estás aquí platicando con esta persona?’. Y, él arrodillado en tierra, dixo: ‘Señor, está maravillada de los misterios que aquí pasan’. Entonçes, mirome el Señor, y dixo: ‘¿Quieres tú gustar de esta fruta?’. Yo respondí: ‘Señor, quiera vuestra sancta voluntad, e no más ni menos’. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
”Entonçes, abrazome el Señor, y puso sus pies en mis pies, e sus rodillas en mis rodillas. Todo las alimpió, e sus palmas en las mías, e su caveza e cuerpo todo juntó con el mío. Y quando esto hizo, fue tanto lo que sentí que me parezía entravan en mí muchedumbre de clavos muy agudos e ardientes. E sonava estruendo enrededor, a manera de quando hazen la remembranza de Nuestro Señor dando martilladas, ynchávase con la presençia suya e con el gusto y dulçor de su amor. Aunque heran muy grandes los dolores que padeçí, no heran tan crueles como los que sentí después que fuy tornada en mis sentidos e naturaleza corporal. Parézeme veo todos los miembros, e benas e coyunturas de mi cuerpo hechas como a manera de cuerdas e teclas, o clavijas de vihuela, e a Nuestro Señor tocarlas con sus sacratíssimas manos a tañer con ellas, a manera de ynstrumento o vihuela, e azer muy dulçe e suave son de armonía. E quando su Divina Magestad apresura el son e le haze más alto, entonzes tengo muy grandes e creçidos dolores, e quando [fol. 60v] avaja el son, no solamente los tengo grandes, mas muy menores. Óygole cantar quando tañe palabras formadas, e muy preçiosas, e saludables para las ánimas”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Capítulo XII'''&lt;br /&gt;
'''De una plática que el sancto ángel tuvo con esta bienaventurada açerca de su enfermedad'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Dixo esta sancta virgen: “Diziendo yo a mi sancto ángel lo que siento en mi grande enfermedad, respondiome: ‘La caridad de Dios more en tu ánima. Yo te ruego ayas paçiençia, porque yo sé e te çertifico que çierta persona o personas, que tuvieron la enfermedad que tú agora tienes en ese mundo y la comportaron con mucha paçiençia, están agora acá en el Çielo muy bienaventurados; que demás de la grande gloria que estas ánimas contigo gozan e poseen de Dios, tienen un gran premio e muy señalado, que ellas mismas dan deleyte y consolaçión a otras ánimas. Porque de cada uno de sus miembros, donde fueron doloridas y atormentadas, les nasçen contino muchedumbre de flores muy fermosas e odoríferas, que todos se van tras su olor, e los consuela e abastan; e tanto, que llaman a cada una de estas ánimas huerto florido, e le dizen: ‘Tan preçioso e suave es el tu olor que qualquiera de tus miembros que menees nos abasta de tanto goço, que no querríamos por entonzes más. E si meneas toda tu persona y estamos çercanos a ti, es tan sobrado nuestro goço que nos embriagas’. Y esto porque de cada uno de sus miembros da olor por sí de diversas maneras, e todos juntos abastan quando son meneados para embriagar e dar gozos açidentales a los que están çerca de las tales personas. E quiere Nuestro Señor Dios que su nombre sea huerto florido de diversidad de olores, porque pasaron diversidad de colores, e que tenga diversidad de dones e gozos para sí, e los den a otros; porque sus dolores e males fueron diferençiados de otros, e muy penosos e ynsufribles. Por tanto, ánima, [fol. 61r] esfuérçate a tener paçiençia, que si heres para ello, tu gloria será grande, si por tu culpa no lo pierdes, pues Dios te a dado gran cosa en que merezcas’.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
”Estando un día en mi cama muy atormentada de grandes e ynsufribles dolores, vi a deshora a mi sancto ángel, que venía bestido de una bestidura morada con bandas de oro y de otras muchas colores. Y quiriendo yrme con él, según otras veçes me a llevado, díxome: ‘Espera, no te cures agora de mí, sino oye y escucha al Señor, que te quiere hablar, e lo que te dixere tenlo e guárdalo en tu coraçón’. E yo, muy maravillada, y pensando cómo o de qué manera havía de ser, a deshora vi en el ayre presençialmente a Nuestro Señor Jesuchristo, muy glorioso, e potente e afable, assentado en un trono real çercado de muchedumbre de ángeles, mirando a mí, su sierba, con gesto muy alegre e amoroso, diziendo: ‘¿Qué haçes, ánima e persona, que estás aý?’. Yo, después de haverle adorado, respondí, diziendo: ‘Ay, mi Señor Nuestro, cómo paso yo muy grandes dolores, e no me viene de Vuestra Magestad remedio corporal y spiritual, que ya no gozo de vuestras dulçedumbres como solía, ni poseo sino estos dolores, los quales son tan reçios que no los puedo sufrir’. Respondiome, diziendo: “Amiga, qué maravilla es que vos tengáis. E pues me escogistes a mí, el qual fuy varón leproso e por tal tenido e reputado en el tiempo de la mi Passión por esposo e marido, e hezistes casamiento conmigo, dandoos me toda sin me negar cosa de que yo quisiese haçer de vos, y he tenido tanta parte en vos, quanta he querido, pues donde a havido tal comunicaçión çierto es que se os havía de pegar algo de mis enfermedades. Por eso, quien bien ama, á de sufrir a su amado qualquier cosa que por él se le recresca. E si en las tribulaçiones maldiçe, o es murmuradora de su Señor e amado, que se lo da, mudança se halla en el coraçón de la tal, e no es firme su amor’. Yo le respondí, diziendo: ‘Señor, ¿cómo me hallo yo agora tan seca y sin devoçión, y no me manda vuestra [fol. 61v] Divina Magestad llevar al Çielo tan a menudo como solía?’. Tornome a deçir: ‘No tengáys deso queja, mi amiga, que donde yo estoy, que soy Dios, allí es el Çielo. E no ay otro Çielo ni otro Paraýso sino yo, el qual estoy en todo lugar, e los Çielos e la Tierra son llenos de mi gloria e de mi magestad. E aunque tú estas aquí en esta cama, yo también estoy aquí contigo, en ora y lugar que sea, baçío de mí. Soy testigo de todas las obras de los hijos de los hombres, por ascondidas y secretas que sean’.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
”E ansí çesó por entonzes el habla del Señor, y desapareçió. E yo quedé muy maravillada y consolada, e pensava en mi coraçón si esta revelaçión me havía sido mostrada en el cuerpo o fuera del cuerpo. Empero no me havía visto en aquellas partes altas del Çielo adonde otras veçes me solía ver y gozar la visión divina, que dende mi cama lo vi e gozé agora. Y estando yo tan pensativa e sospechosa, a causa de los muchos e grandes dolores que tengo, que el Señor está enojado conmigo, y que por eso me los da, a deshora le torné a ver en la forma primera, muy triunfamte e glorioso. Y me habló su Divina Magestad con gesto muy amoroso. E sus sagradas palabras heran muchas, y muy notables e ordenadas, a manera de sermón, y entreponiendo en ellas, para exemplo y doctrina, algunas palabras de la sagrada scriptura e sagrados evangelios, las quales palabras me gozava yo mucho de oýr, por ser habladas de la boca de Dios y endereçadas a mi consolaçión e propósito. E no hablava el Señor esta segunda vez conmigo sola, que también hablava con todos los bienaventurados çelestiales que con Él venían. No pude retener en la memoria sino una o dos comparaçiones de las muchas que habló: la una, que si los hombres de la Tierra tienen cuydado y travajan por que sus hijos sean muy prósperos, y el cuydado que aquellos hijos tienen es casi ninguno en comparaçión de lo que [fol. 62r] tiene el padre, que mucho los ama, que por les alcançar prosperidades e bienabenturanzas se pone a muchas afrentas e travajos, que quánto más cuydado y amor a tenido y tiene Dios de sus hijos, que es todo el linaje humano; e quánto mejor se supo poner por él a penas, e tormentos e injurias, e fatigas e neçessidades, tanto que, por subir sus hijos al Çielo, desçendió Él a la Tierra. Y por librarlos de la muerte del Ynfierno, murió Él muerte muy cruel de cruz; e por haçerlos muy ricos en las almas, se hizo Él pobre en el cuerpo; e por haçerlos señores en el Paraýso, e yguales con los ángeles, se hizo Él, en quanto hombre, como sierbo sujeto a muchas neçessidades y a las cosas de la ley.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
‘E por mucho que los mis hijos de los mis redemidos se pueden querer o se quieren ellos mesmos, y desean su bien e su salvaçión, mucho más los quiero yo. Y estoy aparejado para les dar la gloria e grados de bienabenturanças, e hazerlos herederos de mi reyno. E por sus amores dellos, siendo criador, me hize criatura, porque a todos mis fieles e leales hijos christianos me puedan mejor comprehender e gozar. Mas tengo gran queja: que este linaje humano es muy yngrato y asido, y pocos de estos mis hijos quieren pasar, ni sufrir ni haçer, ninguna cosa penosa por mí. Y lo que es peor es que están contino quejosos, lo qual havía yo de estar, porque me ofenden, e no ellos, que lo haçen sin raçón. Empero, ni aun por todo esto, pues lo crié y redemí, no dexaré de los esperar para que se enmienden, e de les offreçer e otorgar graçia de los perdonar, e resçivir cada vez que fielmente a mí se conviertan, e aún de los mantener e dar corporalmente lo que an menester sin ellos mereçerlo. Que yo, su padre Dios, sé mejor lo que cumple a mis [fol. 62v] hijos que ellos lo que me piden. E contino los llamo, e les doy vezes que se vengan para mí, a vezes con halagos, dándomeles yo mesmo, assí en graçia espiritual como en manjar del Sanctíssimo Sacramento, e a vezes con azotes, por que sean buenos e perfetos en la virtud, ansí en la paçiençia como en las otras virtudes, las quales enseña el Spíritu Sancto, junto con la prudençia en las personas discretas’.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
”Y ansí cesó el habla del Señor, y desapareció, y toda la hueste çelestial que con Él havía venido y estado. E yo, su sierva, quedé muy consolada para sufrir mis dolores y penas, e muy satisfecha de las dudas e pensamientos que tenía. E bien supe e conoçí que aquel que me apareçió e habló hera Dios verdadero. Que como yo, en los prinçipios de mi enfermedad me acaezía estar dos o tres días que no me elevava con la reçiura de los grandes dolores que sentía, tenía muy grandes combates en mi corazón, e quexábame a mi sancto ángel, diziéndole cómo ya no gozava de las dulçedumbres e arrovamientos e vista comunicable de Dios, como solía antes que tuviese la enfermedad, respondiome, diziendo: ‘Anímate, no te maravilles de lo que el Señor haze contigo, que assí lo acostumbra su Divina Magestad provar a sus amigos, que a su muy amadora sancta madre Madalena, al prinçipio de su conversión, con muchos alagos, e dulçedumbres et asimientos de sí mesmo, la llevó, e después de tenerla bien confirmada en su amor, quando se quiso subir a los Çielos y asconder su divinal presençia della y de los otros, después de su gloriosa resurecçión, no consintió le tocase, sino apartola de sí. E subiose a los Çielos, y mandole a ella hazer penitençia en el desierto por çierto tiempo, donde no gozava sino algunas veçes de bisiones de ángeles. Empero, después la tornó a abastar de sí mesmo en el Reyno [fol. 63r] de los Çielos para siempre. Por semejante, agora a ti no quiere el Señor le tengas por çierto tiempo, hasta que su divinal sabiduría otra cosa ordene. Y, entre tanto, harás penitençia en la esterilidad de los dolores. E según veo, te a mudado tus miembros, e toda tu persona, e te quiere ansimesmo mudar la sustançia de las cosas spirituales; empero, no te faltarán misterios en que contemples, e alguna obra pía en que spiritualmente aproveches a las ánimas. E la voluntad de Dios es que estés al pie del árbol de la cruz, padesçiendo qualesquier manera de tormentos que tuviere por bien de te dar. Que ansí lo estuvo su sacratíssima madre Nuestra Señora, e su muy amado primo Sant Juan, que tan grande fue el mereçimiento que allí mereçieron e ganaron, e acompañaron a su Dios e conpadeçerse d’Él, que fueron contados por más que mártires. No quiso Dios que para pasar de ese mundo al Çielo derramasen sangre de martirio, pues por la voluntad la derramaron, y quisieran ellos morir más aquella muerte que vérsela morir a Él con tanto dolor como le veýan’. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
”Todas estas cosas, e otras muchas, me dixo mi sancto ángel, para que yo me consolase e conformase con la voluntad de Dios. Quando yo estoy elevada y enajenada de mis sentidos, me llevava mi sancto ángel al lugar donde el Señor a tenido por bien de ponerme de çierta lumbrera del Çielo, por donde yo algunas vezes veýa las casas divinales de lo más alto, con lo qual mucho me solía gozar. Me an ascondido y encubierto, y mostrado y descubierto çiertos secretos que yo antes no havía visto. Y es que junto a los muros del Çielo ymperial, de parte de fuera, a manera de arrabales está edificada la çiudad sancta de Hyerusalem, de tal forma y manera como si tomaran la mesma çiudad de acá juntamente e la trasladaran allí en lo alto. Esto á sinificaçión que assí como Dios es eterno e sin fin, así quiere que todos sus misterios sean sin fin eternalmente çelebrados, engrandeçidos e contemplados e llorados, según la justa raçón lo requiere lo hagan sus basallos cautivos e redimidos por su preçiosa sangre. Y porque las criaturas de la Tierra son tan malas e [fol. 63v] ingratas −que no le pagan el tributo que le deven− den contino serviçio e sacrifiçio e adoraçión, edificó esta çiudad de Jerusalem en lo alto, a figura de la Tierra donde le hagan los serviçios divinos, que su real y divinal Magestad mereçe. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
”Esta çiudad de Jerusalem está edificada y labrada por maravillosa manera, muy resplandeçiente apostada, e adornadas de piedras preçiosas, e hecha como a manera de muy ricas yglesias, e cada una edificada a su misterio. En ellas ay altares y capillas con admirables yndulgençias para quien el poderoso Dios los quiere dar y conçeder. É visto allí otros muy hermosos edifiçios, como a manera de monasterios de frayles, e otros como de monjas, e otros como a manera de hermitorios de personas, que hazen penitençia a solas, e otros a manera de emparedamientos; de manera que de todas las figuras e redondez que ay en el mundo de religión están edificadas en aquella sancta çiudad. E toda ella labrada de templos de Dios, con devotíssimas ymágenes de figuras e ynsinias de la sagrada Passión de Nuestro Señor Jesuchristo, e de todos sus misterios, e de su sagrada Madre, Nuestra Señora, llaman a estos preçiosos edifiçios. Y en aquel preçioso reyno çelestial, las tiendas de graçias muy abastadas e oratorios de los sagrados misterios de Jerusalem; y en cada una de aquellas yglesias y altares ay, en reverençia de cada misterio que allí está, contino cantores que offiçian muy solemnes offiçios, e ángeles y vírgines que cantan de muchas maneras y muy hermoso, y con ynçensarios muy resplandeçientes e odoríferos hechan perfumes, e derraman licores de diversas maneras de preçiosidad; e saçerdotes e diáconos, e subdiáconos e acólitos, revestidos e ordenados a manera de los que acá en la Tierra se revisten e ordenan, e ponen delante de los altares para dezir misas solemnes de pontificat.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
”Y desta manera hazen allí, en aquellas sanctas yglesias, muy solemnes officios a Dios, e muchedumbre de sacrifiçios que le offreçen, [fol. 64r] hechos con muchas çeremonias muy cathólicas y devotas de nuestra sancta fee cathólica. Y estas adoraçiones e sacrifiçios divinales hazen los ángeles, e sanctos e sanctas, e remuneraçión e satisfaçión de las faltas que los eclesiásticos, e gente christiana hazen, en la honra e solemnidad e serviçio del culto divino, e agradeçimiento de la Passión de Nuestro Señor Jesuchristo. Y en los monasterios y hermitorios ay muchedumbre de gente, a manera de religiosos y religiosas, e de hermitaños e de mugeres penitentes, que contino sin çesar hazen oraciones; e otros offreçen sacrifiçios, e otros cantan las alabanzas de Dios, e otros andan como en penitençia, e otra muchedumbre de gentes andan de rodillas, a manera de proçesiones, e otros como disçiplinantes, e otros gimiendo y gritando, e hiriéndose en los pechos. E destas maneras, e otras muchas, visitan aquellos sanctos lugares e misterios con muy gran devoçión y compasión que an de su Dios y de lo que por ellos padesçió, e assí adoran e le agradeçen la obra de su redempçión. Y estas personas y gentes, que andan a manera de penitentes visitando a estas yglesias e misterios, son las ánimas que aún no an del todo acavado de purgar sus peccados, e por gran misericordia del poderoso Dios las traen e mandan venir a estos lugares a que satisfagan lo que heran obligados aver en el mundo con obra e pensamiento, según cathólicos christianos, e resçiven del poderoso Dios en los tales lugares muchas misericordias e merçedes, según su gran misericordia y voluntad. Ninguno de los dones, e benefiçios e misericordias que de su Divina Magestad havemos resçivido, dende la creazión del mundo hasta el último día del final juyzio, no quiere pasen sin que sea servido e agradeçido. Y esto en la Tierra vemos de haçer los humanos, y porque en este mundo no se haçe, quiere que en el otro mundo, que es sin fin, se haga: que los que acá no satisfiçieren e pagaran, que allá satisfagan [fol. 64v] e paguen. Porque como Dios es sin fin, así á de ser sin fin la memoria de sus maravillas e obras.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
”Junto a par de esta sancta çiudad de Jerusalem están otros edifiçios, como a manera de arrabales de la mesma çiudad, por maravillosa manera obrados y edificados, e apuestos, hechos a manera de muy ricos hospitales, los quales llaman los sanctos ángeles los hospitales de la misericordia, porque allí meten a rezar las ánimas, quando algunas fiestas las sacan de Purgatorio, para las limpiar de sus malos olores y curarles las llagas que los demonios les an hecho. Allí las apiadan de todas las maneras de piedades que tienen neçessidad, e las visten y adornan. Y las enseñan los sanctos ángeles cómo an de adorar al Señor y a todos sus misterios, e cómo an de hazer todas las çerimonias y cuentas que los çelestiales bienabenturados van e hazen en honra e alabanza de Dios, e a tañer y cantar con que loen su criador. De allí llevan bestidas e adornadas las ánimas que an acavado de purgar a la sancta çiudad de Jerusalem, que está edificada a manera de oratorio, delante de estos preçiosos hospitales. E allí resçiven, por la voluntad e misericordia de Dios, las ánimas a última yndulgençia e postrimer jubileo, por los mereçimientos de la sagrada Passión de Nuestro Señor Jesuchristo, en cuya reverençia andan estas sanctas estaçiones. Y dende allí las llevan los sanctos ángeles al Çielo, con muy grandes cánticos e alegres fiestas, a gozar e poseer la gloria perdurable para siempre. Las ánimas que están en aquellos sanctos hospitales resçiviendo misericordia y recreaçión de sus penas por algunos días o tiempo, según el Señor ordena, tórnanlas a Purgatorio, para que acaven de purgar e pagar sus peccados junto a los sanctos edifiçios de los misterios de Jerusalem y  en los hospitales de la misericordia. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
”Aunque algo están más baxos los preçiosos oratorios, está muy çercano un campo muy grande en medio de estos sanctos edifiçios, en el qual campo está plantado el árbol de la vida: conviene a saber, un ramo de la sancta cruz de Nuestro Señor Jesuchristo. Es tan grande su grandeza, la redondez a que devajo de su [fol. 65r] sombra se guarezen muchedumbre de ánimas, y tiene en su muy gran frescura e hermosura de ojas más preçiosas y resplandeçiente que de oro, e no ojas de una manera, mas de mucha diversidad de maneras, e rosas e flores, e frutas de diversidad de colores y olores e sabores, confortatibas al gusto de las ánimas, que son dinas de lo gustar. E del tronco y raýz de este sancto árbol nasçen e manan contino caños de muy dulçes y claras aguas. De los ramos de este sancto árbol están colgadas continuamente muchas piezas, como de baxillas de oro y piedras preçiosas, todas por maravillosa manera labradas. De este sancto árbol están contino muchos, e canastillos de oro llenos de muy hermoso pan y diversidad de manjares, muy sabrosos e preçiosos, e frutas de muy gran sabor, a significaçión que del árbol de la sancta cruz proçeden todos los bienes, e se hallan todos los manjares e deleytes, e frescuras e buenos olores. E consiste en sí todo el reposo, e gozo e bienabenturanza que el ánima fiel y amiga de Dios puede desear. Y en aquel sancto árbol está la vida para los buenos, e la muerte para los malos, por quanto Dios escogió este sancto árbol en lo último de su vida. Por su trono en medio de aquel sancto árbol de la vida está hecho e obrado un trono realíssimo, e luçido, resplandeçiente sin comparaçión, en el qual está e se muestra distintamente sin comparaçión la dulçíssima persona del consolador Spíritu Sancto, en figura de muy ençendido e sublimado serafín. E preside y manda allí, en persona de toda la Sanctíssima Trinidad. E ansí le llaman muchedumbre de ángeles que allí están contino sirviendo, e adorando e obedeçiendo a su mandado. E le diçen en voz de cántico: ‘O, preçiossísimo Señor, o muy poderoso, e caritatibo e limosnero en la casa real. O, franco repartidor de las misericordias de Dios en la casa de ese mismo Dios. O, verdadero e poderoso Spíritu Sancto, que heres tú solo y no otro en todos los mereçimientos, de los sanctos que están en el Reyno de los Çielos, para los repartir e haçer limosna dellos a quien te plaçe y ves que tiene neçessidad. O, riquíssimo Spíritu Sancto, Dios en Trinidad, que enriquezes [fol. 65v] los pobres abastados de los ambrientos, confortador de los flacos. O, amorosíssimo e muy leal verdadero amigo, que a tus criaturas cumples de donar de dones de merçedes. O, poderoso en Çielo, e poderoso en la Tierra, poderoso en los Purgatorios, poderoso sobre los buenos e malos, alumbrador, esclarecedor, enseñador de todas las obras de Dios, bienhechor de los que te resçiven’.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
”Todos los ángeles e sanctos que adoravan e dezían estas cosas al señor Spíritu Sancto, loaban a a la sancta cruz con muchos loores, diziendo: ‘O árbol de vida, en el qual nasçen y a cada día nuevas maneras de ojas, e flores e frutos, manjares de dulçedumbres, riquezas, dones, deleytes e consolaçiones, lo qual es figura que heres eterno, Señor Dios todopoderoso, e tus dones e bienabenturanzas son sin fin. O, trono de Dios, en el qual huelga en el Spíritu Sancto. O, reyno de Jesuchristo, en el qual reyno con mucho dolor entró y estuvo porque sus fieles e amigos reynen en el Çielo con gran favor e junto a aquel trono donde está el señor Spíritu Sancto’. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
”En el mesmo árbol de la vera cruz está una muy preçiosa y devota ymagen del sancto crucifixo, de bulto muy acompasionatibo. E junto a par d’él una ymagen de Nuestra Señora la Virgen María, y otra de Sant Juan, y dos de las Marías, e todos los bultos muy devotos, como quando estavan al pie de la cruz. Y de tal espeçie çelestial son hechas que, por la graçia divinal, parezen como si estuviesen vivas, e se mudan a tiempos e vezes de diversidad de maneras, e todas muy devotas. Que a vezes pareçe la ymagen del crucifixo como quando Nuestro Señor Jesuchristo estava en la cruz descoyuntado, y muy llagado y sangriento e difunto, e otras vezes, si le acatan por algún espacio, pareçe que está como vivo y mirando a quien le suplica, con gesto alegre y bulto resplandeçiente e muy claro.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
”E allí sin çesar le están sirviendo e adorando quando le suplican por algunas personas con quien su Divina Magestad está enojado, o le piden algunas petiçiones para ellas. Aunque parezen ser buenas, si la su sabiduría conoçe que no conviene darlas ni otorgarlas, menea la caveza a una parte e a otra haziendo señal como quien se atapa los oýdos, dando a entender que Dios no quiere oýr las tales peticiones, ni las quiere otorgar. Quando le ruegan [fol. 66r] por algunas personas devotas ''[9]'' e amigas de Dios, haze señas que huelga de lo oýr, y que le plaçe de otorgar las petiçiones. Pareçe otras vezes llagado y muy atormentado, e como vivo, que mueve a los que le miran a muy gran compasión; e de otras figuras se muda, todas muy devotas y acompasionatibas. Por semejante, se muda la ymagen de Nuestra Señora y del glorioso Sant Juan, según las maneras que el sancto cruçifixo, horas de muy gran tristeça, e otras de no tanta; y ansimesmo las tres Marías pareçen a vezes como llorosas, e las cavezas cubiertas, e otras veçes con buxetas de ungüentos en las manos, como que quieren ungir al Señor; de otras maneras se mudan todas muy devotas, y conformes a los misterios.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
”Allí delante del árbol de la sancta vera cruz está labrado y hecho por maravillosamente el sancto sepulcro, muy rico, e adornado todo de piedras preçiosas de muy gran resplandor e valor. E cave el sancto sepulcro está Nicodemus e José e Abarimatía, con los aparejos e lienzos e ungüentos que estos bienaventurados llevaron quando desçendieron de la cruz, el sacratíssimo cuerpo de Nuestro Señor Jesuchristo para le poner en el sancto sepulcro. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
”Quiere su Divina Magestad del poderoso Dios que las ánimas que por fiestas sacan los sanctos ángeles las lleven a recrear a los hospitales de la misericordia, e vayan ellos mesmos con ellas adorar la sancta cruz, e a resçivir la bendición del dulçe consolador Espíritu Sancto, e la refeçión que da de abastamiento de manjares a todas las ánimas que allí van. Assí como llegan allí, las ánimas demandan misericordia, e adoran a Dios y a su sancta cruz. Y el sanctíssimo Spíritu Sancto, que está assentado en el trono real de la sancta cruz, señoreando y haçiendo siempre merçedes a los que se las piden y las an menester, menea con muy gran poderío este fructíssimo árbol de la vida, y haçe haçer muchedumbres de preçiosas frutas e manjares. Y manda a las huestes de sanctos ángeles que repartan, e den a las ánimas menesterosas que allí vienen, de comer y de [fol. 66v] vever a las ánimas. E las recrean de muchas maneras de consolaçiones, por tanto espaçio quanto es la voluntad de Dios. Y tan grandes graçias y merçedes resçiven de su Divina Magestad que, aunque tornen a Purgatorio, les son descontados muchos años de lo que an de estar en penas, y a algunas les perdonan los medios peccados, e otras las tres partes, e otras más, e a otras menos, según la voluntad de Dios.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
“Viendo los demonios el gran thesoro e bienabenturanza que las ánimas resçiven en aquel lugar, pésales mucho, quiriéndola quitar y estorvar por todas las maneras que ellos pudiesen. Y atrévense, con gran ossadía y rabia que tienen. Y van en figura de muchas maneras de aves, y muy feas, y de otras figuras muy espantosas, y llegan al lugar donde está la sancta cruz. Y arremeten muy reçiamente para assir las ánimas en las uñas, y llevarlas en los picos y dientes. Y para esto tiene esta providençia divina tan proveýdo aquel sancto lugar que todo el campo alrededor donde está el sancto árbol de la vida está çercado de muchedumbre de compañas de gentes, a manera de huestes, armadas con diversidad de armas y tiros, con que encaran y tiran y hieren a los demonios, que hasta el mesmo árbol de la cruz se atreven e quieren arremeter y tomar las ánimas de aquellas preçiosas ramas, y se asen algunas vezes los demonios por se guareçer de los tiros que aquellas compañas les tiran y hazen guerra. Y caen los malditos amodorridos por çierto espaçio, que no se pueden mover ni levantar, más que muertos. Mas como ellos no se pueden morir, levántanse de que Dios quiere, y tornan en sí, y van uyendo, dando muy grandes ahullidos. E otras vezes, de solo que les encaran los tiros, an tan grande temor, que uyen despaboridos e no osan parar allí. Porque Nuestro Señor Dios, e su preçiosa cruz y las compañas de sus sierbos, que allí Él tiene, defienden las ánimas de sus fieles christianos, [fol. 67r] por peccadores que ayan sido, e los favoreçe, e resçive, e les da de bestidos, e calçar de todas las maneras de arreo, e adornamentos que las ánimas an menester. Porque allende de las misericordia que el dulçe consolador Spíritu Sancto haze cada día con las ánimas, de les dar nuevos manjares y frutos, les haçen todos los domingos muy grandes merçedes. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
“Y el mesmo Spíritu Sancto, dende el trono donde está assentado, haçe caer las joyas que nasçen de la sancta cruz, el árbol, y resplandor de las quales es sin comparaçión. Y manda a los sanctos ángeles que allí están presentes en su serviçio las coxan, y hagan bestiduras dellas, e adornamientos muy preçiosos con que vistan y adornen todas las ánimas pobres que allí vinieren. E assí como el Spíritu Sancto lo manda, es hecho, e como lo dize es criado. Y en tomando los sanctos ángeles las joyas en sus manos, se tornan muy maravillosas bestiduras, con las quales visten y adornan muchedumbre de ánimas pobres, las quales van abastadas e cumplidas de todos los bienes que de ninguna cosa llevan neçessidad. Porque el mesmo Spíritu Sancto, como es poderoso en sí mesmo con el Padre y con el Hijo, en trinidad de personas y en unidad de hesencia, e poderoso en los mereçimientos de Nuestra Señora la Virgen Sancta María, y de todos los sanctos y sanctas de la corte del Çielo, los quales son meritorios mediante Dios y su sancta cruz, de los quales mereçimientos y de cada uno dellos es figura y significaçión cada una de aquellas ojas o rosas, e flores e frutos, e manjares, riquezas y bienabenturanzas que del árbol de la vida continuamente manan e proçeden; que por muchos dones y limosnas que el dulçe Spíritu Sancto, limosnero real, que allí está, da a los pobres y monasterios, luego ymproviso mana y proçede el mesmo árbol de la vida otro tanto, e aun siempre cada día e ora, otras cosas más nuevas. Y esto a significaçión de los dones e mereçimientos e graçias de las sacratíssima divinidad e humanidad del soberano Dios, trino y uno e verdadero, sin prinçipio y sin medio e sin fin, de los galardones e gloria e nuevos [fol. 67v] dones de goços que cada día, e hora y momento, tiene de dar para siempre de cada uno de sus escogidos que con Él mesmo moran y morarán en la triunfante gloria. Quando la madre sancta Yglesia militante ruega en espeçial e haze sufragios por algunas ánimas de Purgatorio, el mesmo Spíritu Sancto ruega e aboga por ellas, como dino obrador e lustrador de todos los bienes. E para que sea hecha alguna misericordia a las ánimas de Purgatorio, permite la Divina Magestad que aquellas ánimas, por quien a hecho algunos bienes la madre sancta Yglesia, a deshora se hallan aquellas ánimas sueltas, aunque muy llagadas e atormentadas de las yntolerables penas que les dan los demonios en Purgatorio por sus peccados; empero puédense salir de Purgatorio, ansí llagadas e despedaçadas por diversidad de caminos. Unas van por devajo de las aguas, e otras por la tierra, e otras por çerros e otras por balles, e otras por cardos y espinas, e otras por riscos muy espesos e montes muy tristes, e desiertos muy desconsolados, e otras por los ayres calidíssimos, e por los çielos e los planetas. E dellas, por diversidad de caminos van tristes y desconsolados, gritando y dando vozes, diziendo: ‘¿Dónde yremos o qué haremos; si hallaremos por ventura quién nos haga caridad e algún bien?’.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
”E yendo assí las ánimas tan afligidas, aparéçenles a cada una dellas el sancto ángel su guardador, e consuela en su neçessidad, e háblala con amor, diziéndole: ‘Dios te consuele, ánima, e te alumbre en tu camino. Llama en tu neçessidad a Dios, e oýrte á. Y si no, no faltará quien te responda. Pide virtud y limosna por amor de la Passión de Nuestro Señor Jesuchristo, e pregunta por el camino de Jerusalem la alta, y que te enseñen yr donde está el árbol de la vida y de la misericordia’. Yendo assí las ánimas por diversos caminos con clamorosas vozes pidiendo a Dios misericordias, van tras ellas los demonios, viendo que se les an salido de las penas. E oyendo que piden a Dios misericordia, danles muy grandes golpes y tormentos, diziendo: ‘¿Cuál Dios o quál misericordia demandéys e buscáys? Que no ay piedad, ni otro [fol. 68r] consuelo os darán sino este que agora nosotros os damos’. E viéndose las tristes ánimas tan afligidas, angústianse, y no saben qué se hazer.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
”Los sanctos ángeles, haviendo compasión dellas, tórnanles a parezer, y esfuérçanlas, diziéndoles: ‘Aunque os ayan atormentado los demonios y os yeran muchas vezes, andad, andad, no os detengáys por tribulaçiones y peligros que en este vuestro camino se os suçeden. No volváys atrás, ni çeséys de llamar, que abriros an. E pedid e resçiviréys, y hallaréys la misericordia’. Y cada uno de los sanctos ángeles dize a cada un ánima que tuvo a cargo: ‘Toma este bordón sobre que te afirmes, aunque vas llagada, que tal buena obra que hiziste; e tú, este que tal viernes que ayunaste; e tú, que tal limosna que diste; e tú, que tal misa oýste con devoçión; e tú este, de tales oraçiones que reçaste en serviçio de Dios e de su gloriosa madre; y este, de tal devoçión que tuviste a tal sancto o a tal sancta, e tales fiestas que hiziste por ellos’. E ansí les dan los sanctos ángeles bordones sobre que se afirmen de algunas buenas obras que en este mundo hiçieron. E ansí van hasta el lugar del árbol de la vida, aunque con mucho trabajo, y llegan y hallan muy cumplida la misericordia de Dios, e los thessoros e consolaciones, e refeçión e sombra del árbol de la vida, e yndulgençia de la Passión del Hijo de Dios e del limosnero Espíritu Sancto. E allí son consoladas de todas las maneras de consolaçiones que a sus neçessidades requieren, e de allí tornan algunas vezes a Purgatorio, e otra no, según es la voluntad de Dios y ellas lo mereçen. Tienen los sanctos ángeles gran desseo, con el amor que tienen a los christianos por peccadores, que sean sus ánimas sean salidas de penas quando están en Purgatorio. E las ayudan con todas sus fuerças e ruegos, e aun no contentos de esto que por ellas hazen, según el grande amor que tienen a nosotros, los humanos, se juntan muchos dellos, e se conçiertan según la voluntad del poderoso Dios, e diçen unos a otros: ‘Andad acá, señores, juntémonos algunos de nosotros e vamos abentureros a los lugares tristes y tenebrosos de Purgatorio, e quizá será tal nuestra ventura; y si la nuestra no fuere, será la de las ánimas, que provándolas a desaraygar e a arancar de aquellas dolorosas penas, pudiésemos sacar algunas. Grande sería nuestro gozo e alegría’. E van en quadrillas a Purgatorio, e aprueban con gran diligençia, [fol. 68v] rogándolo a Dios, a sacar o arrancar algunas ánimas, las más nezesitadas e desamparadas que ven. E traban de unas y asen de otras, diziéndoles a ellas que se ayuden, y hechan anzuelos y redes en los ríos e lagos e pozos donde las tristes ánimas están; e arman lazos e guindaletas para tirar y sacar algunas, si pudiesen; e pelean con los demonios, e despedazan los que están hechos dragones, para sacarles las ánimas que tienen dentro, en sus dientes. E quando Dios quiere, después que an travajado mucho, que aranquen alguna o algunas, tiénenlo a muy gran ventura e dicha, e góçanse, e haçen muy grandes alegrías, dando muchas graçias a Dios, que los hizo vitoriosos, e aquellas ánimas benturosas de salir de tan grandes males. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
”E tómanlas luego, e van con ellas al prado de las flores. E allí las curan de sus llagas, e las visten de algunas bestiduras qu’ ellos traen para ellos. E las llevan con cantares y músicas al árbol de la vida, para que le adoren y sean recreadas de las dulçidumbres divinales que manan de las ánimas bienabenturadas que van al árbol de la vida, y a los hospitales de la misericordia y tiendas de graçia, abastadas de todos los bienes de los misterios de Jerusalem la alta. ¿Qué comen y veven? No es otra cosa sino unas obras muy grandes de las bondades y misericordias de Dios, y de los embriagamientos de las bodegas de la divinidad, de la zelda ordinaria donde la Sanctíssima Trinidad cumple de deleytes a sus amigos, e de los pastos de la sancta humanidad del Hijo de Dios; de la qual ay tan grandes pastos en el Reyno de los Çielos que abastan para artar e apazer todas las ánimas bienabenturadas, y aun muchas más que fuesen. E por semejantes, está la sancta Yglesia militante muy abastada de los pastos muy dulçes del Sanctíssimo Sacramento del Altar, e de todos los otros sacramentos de nuestra sancta fee cathólica que del soberano Dios dependen. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
”Tienen los sanctos aventureros, alcanzando del poderoso Dios tal previlegio, que las ánimas que salen en manera de pesca con anzuelos e redes de penas no tornen más a Purgatorio. E después de haver adorado la sancta cruz, e gozado de sus frutos, las [¿viven?] ellos mesmos andar los misterios de Jerusalem la alta. Y en aquellos sanctos misterios les hazen cumplir lo que en Purgatorio havían de purgar en [fol. 69r] los tiempos que allá havían de estar. Se los reparten por días o por semanas, y en un oratorio las tienen un zentenario de días, y en otra capilla una quarentena, y en una yglesia otros sesenta días, y en otro çentenario treynta tres días. Y assí les hazen por misterios y días, por la voluntad de Dios, acavar de cumplir lo que deven, andando como en penitençia y haçiéndoles su Divina Magestad muchas merçedes, y dende allí las llevan al Çielo. Y ansimesmo llevan los sanctos ángeles algunas de aquellas ánimas a lugar y campo donde estava el árbol de la sancta cruz para que, con tiros y armas que les dan, tiren a los demonios, que allí con gran maliçia van a empezer a las ánimas. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
”Y por semejante, después que el señor Spíritu Sancto dexó de hablar por la lengua de mí, su yndigna sierba, estando yo enajenada de mis sentidos, lo qual yo no sentía si lo hazía su gran Magestad, me mandó que, pues estava enferma en el cuerpo, y por mi yndispusiçión de salud el estrumento no tenía el Spíritu Sancto como solía, tuviese cuydado de ayudar a defender e consolar las ánimas que van a ser recreadas al árbol de la vida. Y esto es quando estoy elevada, que me ponen en çierta esquina de aquel campo con çierta arma y armas que el sancto ángel me da, defiendo con los otros a las ánimas que allí van a ser consoladas del dulçíssimo Spíritu Sancto. E quando estas cosas me son mostradas por mandamiento y ordenaçión divinal, me son encubiertas las más altas; e a vezes, quando es la voluntad de Dios, las más subidas y preçiosas, e no estas; e otras vezes me hazen tan copiosas merçedes como puede hazerlas, que me muestra junto lo uno y lo otro, e gozo de gozos doblados”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Capítulo XIII'''&lt;br /&gt;
'''De los misterios y dulçedumbres que el día sancto del domingo manan de la sancta cruz'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Dezía esta bienabenturada: “Todos deven ser muy devotos de la sancta cruz y de sus misterios, porque son tan grandes las grandezas de la sancta cruz, y los misterios que en ella se puede contemplar, que no se podrían acavar de dezir según lo que el poderoso Dios, por su gran misericordia, algunas vezes me muestra. El día [fol. 69v] del domingo proçede e mana del árbol de la sancta cruz de Nuestro Señor Jesuchristo muchedumbre de flores y frutos, e se mudan de toda diversidad de colores e resplandores, e cada un ramo naçen y proçeden tres nuevas frutas, todas tres en un solo ramo, el dulçor e sabor e olor de las quales era sin comparaçión su preçioso valor: esto a significaçión de la Sanctíssima Trinidad, Padre, Hijo y Spíritu Sancto, tres personas y un solo dios verdadero, cuya fiesta y solemnidad se çelebra el día del sancto domingo. E hallende de estas preçiosas frutas, mana en el tal día el sancto árbol nuevos espeçies de suavíssimos manjares, e olores y sabores, e tales e tales que bastan para dar entera gloria y bienabenturanza, ansí los preciosos manjares como las claríssimas aguas. E todo mana como de mar, muy abastada del soberano Dios, trino y uno. E las ánimas que están en Purgatorio, que fueron servidores e devotos de la Sanctíssima Trinidad, e el día sancto del domingo çelebraron en devotas e obras puras, avtiniéndose en tal día de viçios y peccados por el amor y serviçyo de Dios, allí en Purgatorio donde están son por los ángeles visitadas, e reservadas de las penas, e recreadas e alumbradas en sus escuridades. En tal día salen de Purgatorio los que fueron fieles y verdaderos amigos del poderoso Dios, e son llevados al Çielo, muy acompañados de ángeles, con dulçes cantos y ynstrumentos de muy gran melodía. Y el mesmo Dios les da en tal día ynumerables galardones e gozos de sí mesmo. Los resplandores, e riquezas e bienabenturanzas que el día sancto del domingo mana el árbol de la vida son más sublimados ''[10]'' que otro día de la semana, porque son de los thessoros de la Sanctíssima Trinidad, Padre e Hijo y Spíritu Sancto, tres personas y un solo Dios verdadero, el qual deve ser muy servido, e adorado, y creýdo de todas las criaturas que crió. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
”El día del lunes produçen y nasçen del árbol de la vida nuevamente flores de diversidad de maneras e olores, con rayos e resplandores de mucha claridad, las quales flores tan preçiosas son todas en sí muy candidíssimas e blancas, sobre toda cosa de blancura e preçiosidad. Sinifican la puridad e limpieza, e mereçimientos e sanctidad, hermosura e primor de alteza de los mereçimientos de Nuestra Señora la Virgen Sancta María e todos los nueve coros de los ángeles. E tanta es la claridad de estas sublimadas [fol. 70r] flores de rosas que los sanctos ángeles llevan dellas a las ánimas de Purgatorio, las que Nuestra Señora e de los mesmos ángeles son devotas, e les abastan, e consuelan tanto, que solo el olor dellas les basta por manjar en su hambre y por deleytoso beber. Y les da muy gran claridad y resplandor en su obscuridad, y tinieblas muy profundas, e les es como roçío muy fresco e deleytoso en sus calores e fuegos, tan demasiados, e como candelas hechas delante dellas por mereçimientos de quien ellas significan, e consolaçión para sus devotos, e para otras quelesquier ánimas, que a todos haçen virtudes. Y las ánimas que en tal día mereçieren ser salidas de Purgatorio, embiándoles la soberana Reyna de los Çielos y abogada del género humano su favor y ayuda, las lleven los sanctos ángeles muy triunfantes; y ellos, junto con Nuestra Señora, les dan y alcanzan muy grandes virtudes, dones y gozos, e bienabenturanzas, como son primogénitos hijos de Dios herederos del Reyno de los Çielos.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
”El día del martes se muestra el árbol de la sancta cruz todo produçiente, lleno de ynumerables resplandores, con rayos ylustríssimos y diversidad de rosas coloradas. Y las más dellas sobre colorado matizadas e puestas otras diversidades de colores. Junto con esto, nasçen baras muy pintadas e olorosas, resplandeçientes, e algunas dellas hechas a manera de armas de pelea, hechas de muchas maneras. Y esto significa los triunfadores mártires, y sanctos méritos e sangre derramada, e las historias que dellos está scripto, que labaron en la sangre del cordero sacrificado en la cruz al Padre por nuestros peccados, e la diversidad de tormentos e martirios que con crueles ánimas les dieron. E toman los sanctos ángeles guardadores de ánimas de estas tan odoríferas rosas, e cortan de las baras hechas a manera de armas, e van con ellas a Purgatorio para dar refeçión e consuelo a todas las ánimas que allí están, e las que fueron devotas de los sanctos mártires. E con las preçiosas rosas, e bara e armas que figuran sus preçiosos mereçimientos mediante la sancta cruz, e muerte e Passión de Nuestro Señor Jesuchristo, por quien ellos padesçieron tantos tormentos, resçiven en este día muy gran consolaçión e afloxan sus penas. E las sanctas [fol. 70v] rosas les son manjares esforçosos, e recrean a cada una de las ánimas según su neçessidad. E con las armas les dan resplandor e defendimiento de los demonios, porque en aquel día no las pueden empezer. E las que el día del martes salen de Purgatorio, la muy hermosa hueste de cavalleros triunfadores, assí como grandes capitanes e señores muy valerosos, las favorezen e las acompañan a las que son sus devotas de qualquier dellos e les an hecho en la Tierra alguna memoria e serviçio, e porque su exemplo padeçieron e hiçieron algunas buenas obras e penitençias, e padeçieron penas y tormentos sin contradiçión, la qual puede ser contado por martirio. Y estas tales ánimas no solamente los gloriosos mártires las libran de Purgatorio, mas aun de los escarnios y enojos que los demonios acostumbran hazer a las ánimas quando las pueden enpezer. Y llévanlas al reyno de los Çielos con mucho triunfo, y offréçenlas al mártir de los mártires, Nuestro Señor Jesuchristo. Y Él, con poderosa mano, les haçe copiosas merçedes, e los sanctos mártires les dan muchos galardones por los serviçios que les hiçieron. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
”El sancto día del miércoles se haçe espeçial memoria, en el Reyno de los Çielos, de los sanctos apóstoles, los quales en persona de Nuestro Señor Jesuchristo vendieron a nosotros peccadores el Reyno de los Çielos, e le dan muy barato; en figura de lo qual el sancto árbol de la cruz, en quien ellos tuvieron su honra y gloria, se muestra todo lleno de rosas y flores, e frutas muy hermosas, nuevas y deleytables. Y junto con esto, salen del sancto árbol pendones y estandartes muy ricos, y pintados y enjoyados, e obradas todas sus armas e ynsignias de Nuestro Señor Jesuchristo, e su sagrado y maravilloso nombre por zimera de muy ricas y preçiosas perlas e piedras labrado, más resplandeçiente que el sol, el qual nombre de Jesús ellos predicaron, y en su virtud hiçieron muy grandes milagros e maravillas. Y estos tan preçiosos y enriqueçidos pendones y vanderas representan todos los christianos, y significan los sanctos apóstoles e offiçios que tuvieron de predicación. E toman los sanctos ángeles, que allí están, en serviçio del dulze Spíritu Sancto e reguarda del árbol de la cruz [fol. 71r] y de la vida, y álçanlos en persona de los mesmos sanctos apóstoles, y en su nombre pregonan a muy altas vozes diziendo: ‘Ay, quién venga a comprar el sancto Reyno de los Çielos. Ea, vengan todos los que quisieren venir de su grado, que nosotros no hazemos a ninguno venir por fuerça, empero pregonamos e aconsejamos la fee muy çierta y verdadera, la carrera de vida y de salud. Enseñamos el camino del Paraýso. Vengan los que sin dinero son redimidos, sino por el gran preçio de la sangre del cordero. No teman de venir los pobres neçessitados, que por muy buen barato les venderemos el Reyno de los Çielos que, por el sancto baptismo y la fee de Jesuchristo, por guardar los mandamientos de Dios y hazer algunas buenas obras, por confisión y contrición −si cayeren en peccados−, por satisfaçión e comunión, e por los otros sacramentos de la Yglesia que ordenó el Spíritu Sancto, les venderemos el reyno de los Çielos a todos los que le quisieren comprar. Franco y muy manífico es nuestro muy altíssimo y muy sagrado Rey Jesuchristo, e muy agradeçido. Largo es en misericordias. Espera a sus siervos en penitençia, resçívelos de buena gana quando se vienen a Él. Venid todos, no os detengáys en los viçios y peccados y deleytes pereçederos, y más tardan los peccadores en venir que Dios en resçivillos’.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
”Y los ángeles que esto dizen en persona de los sanctos apóstoles coxen las rosas y flores de sus mereçimientos. Y los ángeles que coxen los frutos del árbol de la vida en el tal día llévanlo a las ánimas de Purgatorio que an sido y son devotas de los sanctos apóstoles, e son muy recreadas y aliviadas sus penas, y consoladas en sus tribulaçiones que allí tienen. Y las ánimas que en este día del miércoles salen que son devotas de los sanctos apóstoles e hiçieron serviçios a cualquiera dellos, son por ellos acompañadas y honradas, e tan favoreçidas que llevan delante dellas un pendón de muy gran valor e preçiosidad y hermosura. Y la honra que a las tales ánimas se les da, es mayor que a otras ningunas, e van pregoneros delante dellas, pregonando a muy altas vozes todas sus buenas obras y virtudes, y cómo son dignas de mucho acatamiento e bien- [fol. 71v] aventurada gloria y corona de justicia, porque justamente obraron en creer y hazer lo que los sanctos apóstoles predicaron y enseñaron, y en tener por firme y verdadera la doctrina que dexaron scripta. Y pregonan los mereçimientos dellas por los quales, y por haver sido ellas sus devotas, y saviéndose aprovechar de su predicación e gozar de sus avisos y frutos de la sagrada Passión de Dios, eterno y sin fin, dizen los pregones les dan aquella honra; de lo qual resçiven las ánimas, que assí son beneradas, ynumerables gozos. E les es a ellas gran honra, y Nuestro Señor Jesuchristo las resçive de muy buena gana en el Reyno de los Çielos. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
”El día del jueves vrota e produze el sancto árbol de la cruz novedad de maneras de muchedumbre de rosas, e lirios e frutas, e junto con esto escaleras muy resplandecientes e ricas, labradas e hermoseadas por maravillosa manera, obradas por la mano divinal del poderoso Dios. Lo qual es todo figurado por los mereçimientos de los sanctos confesores, que ansí como lirios, flores y rosas, dieron suavíssimo olor de exemplos y doctrinas, e muy sanctas vidas e gloriosas, y predicaciones; confesaron a Dios delante de las gentes. Nuestro Redemptor Jesuchristo los confiesa y ensalça delante de su Padre çelestial por fieles y leales e verdaderos amigos. E fueron tan prudentes y sabios que con el marco del offiçio que les dio, ensalçaron e honraron la sancta fee católica, tanto que fueron como escaleras más que de oro, que dende la Tierra asieron hasta el Çielo, subiendo ellos por virtudes, dexando sendero de libres y doctrinas, e penitençias e virtudes, sanctidad e declaraçiones con sanctos avisos y ensaminaçiones, con sanctas verdades, para que todas las nasçiones que quisieren se puedan salvar y subir de virtud en virtud hasta el Çielo por esta escalera que ellos subieron y enseñaron subir. Y las ánimas que están en Purgatorio que fueron sus devotas de alguno dellos e por sus exemplos e sanctas docrtrinas yçieron buenas obras, resçiven dellos espeçiales favores. E los que son devotos e amigos sobre otra devoçión e amor del gran hazedor Jesuchristo son en el día del jueves muy consolados, e resiçionados e descargados de sus penas, e abastados de suavidad de fruta y manjares. E por los sanctos ángeles sus guardadores le son mostradas estas [fol. 72r] tan fermosas e valerosas escaleras, denunçiándoles que, quando de allí salgan, tienen çierta seguridad de subir a gozar el Reyno de los Çielos por los mereçimientos de Nuestro Señor Jesuchristo e por su sagrada muerte e Passión, e mediante los sanctos confesores, los quales ganaron y subieron al Çielo como escaleras derechas donde gozan para siempre. E salidas de Purgatorio las tales ánimas, van los sanctos confesores, algunos o todos, según es la voluntad de Dios, e llevan a sus devotos y amigos muy acompañados, honrados y favoreçidos, y súbenlos por las escaleras de sus mereçimientos hasta la cumbre del Çielo, donde huelga para siempre, porque el dador de la vida los resçive con gesto alegre e cumple todos sus desseos buenos que tuvieron. E son contados e reputados con los hijos de Dios y sanctos del Çielo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
”El día del viernes veo nuevas mutaçiones en el árbol de la vida. Cada semana me pareze se muta de momento a momento de diversidad de colores. E por todo el día entero pareze que tiembla el árbol, y en cada temblor se mudan las flores de diversidad de colores e olores, e las frutas de muchas maneras e sabores, deleytosas, dulçes, muy más sublimadas que otros días. Y en este día del viernes ay en el sancto árbol muchos rayos de claridad, e resplandores, e otra infinidad de maneras tan exçelentes que no havría lengua ni sentido humano que bastase para lo esplicar y dezir; tanto que qualesquier ánimas de Purgatorio que allí son llevadas por la voluntad de Dios que le miran, sanan de qualesquier heridas e llagas que tienen por sus peccados hechas de mano de los demonios, e se les quita la tristeza y angustia que tienen. Y aun se podrían aprovechar de estos sanctos misterios del árbol de la vida espiritualmente, e gozar de estas dulzedumbres dentro en sus ánimas, qualesquier fieles personas, amigas de Dios, bibientes en este mundo, devotas y contemplativas de los misterios de la sagrada Passión de Nuestro Señor Jesuchristo, e qualesquier de los bienabenturados del Çielo que en tal día acatan el árbol de la vida, adorándole y contemplando e apiadándose de lo que el Hijo de Dios en él padesçió. Y en cada un misterio de los que ellos contemplan resçiven ynumerables gozos acçidentales, porque todas las bien- [fol. 72v] abenturanzas juntas que se pueden pensar e dessear están en Dios, y en su sancta cruz, e sagrada muerte e Passión. E de allí manan, como de viva fuente, todos los grados de gloria e çelestiales consolaçiones que su Divina Magestad da a sus criaturas çelestiales e terrenales.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
”Y también salen en este sancto día del árbol de la vida muy resplandeçientes e sonantes trompetas, que significan el poder de Dios, e su juyzio e justicia, e su sancta predicaçión e doctrina que sonó de mar a mar para nuestro enseñamiento e abiso. Y también salen lámparas ençencidas, muy resplandeçientes e consolatorias, muy bien labradas, más ricas que de oro y piedras preçiosas. La luz y claridad que dan es sin comparaçión e muy deleytoso de mirar, las quales significan la divinidad del Hijo de Dios, y el resplandor de sus muy sanctos exemplos que en esta vida dio viviendo entre los peccadores treynta y tres años. Y ansimismo significan la gran caridad con que el mesmo Christo nos vino a redimir, y el olio de la misericordia con que ungió a los peccadores a la sancta fee cathólica muy çierta, y la esperanza que nos dexó con que nos podemos salvar e alcanzar muy cumplida misericordia e perdón de los peccados mediante su sancta Passión. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
”E junto con esto sale este día un muy rico altar, muy adornado de todas las maneras de aposturas que para el altar de Dios perteneçen, y en él muy luçidos y ricos y enjoyados hornamentos con que acostumbran dezir missa los saçerdotes de la Tierra. Y ençima de este sancto altar apareze Nuestro Señor Jesuchristo, Hijo de Dios vivo. Sí, es el sacerdote, y el sacrifiçio y manjar de aquel sancto altar. Y estando allí el mesmo Dios, el qual puede haçer todas las cosas, dase en comer y en vever a sus amigos, y offréçese en sacrifiçio a Dios Padre como en el Sancto Sacramento del Altar, por que perdone los peccados de los christianos, siervos suyos fieles. Y allí se offreçe el Hijo al Padre por el humanal linaje, con muy soberano amor y piadosas plegarias, y su sagrada Passión y sancta cruz. E las ánimas de Purgatorio, aquellas con quien Nuestro Señor quiere comunicallos sus misterios, gozan en este día del viernes dellos, por el mucho [fol. 73r] amor que les tiene. A las ánimas que en este día salen del Purgatorio que fueron devotas de la Passión de Nuestro Señor Jesuchristo, y en esta vida le amaron e sirvieron, mándalas su Divina Magestad llevar muy prósperas e aportadas de riquezas, e acompañadas de cavallería celestial. E vanles delante tañendo las trompetas muy preçiosas que en este día salen del árbol de la sancta cruz, y llévanles ansimesmo delante las lámaparas ençendidas, que las alumbren a cada una dellas en muy mayor grado que el sol, y les dan ynumerables gozos e claridad, e también les llevan delante el altar, tan abastadas de todos los bienes que el mesmo Señor va en él en figura del Sanctíssimo Sacramento. E las ánimas que siguen al cordero sin manzilla no pueden herrar el camino del Paraýso, que muy çiertas y seguras van, y entran, y goçan y poseen a su Dios, por el qual en esta vida lloraron e gimieron con mucho amor; y Él se les da tanto abasto quanto ellas quedan contentas e satisfechas, que no tienen más qué dessear ni querer, porque todos los dones que son dados e las virtudes que son hechas por amor de la Passión de Nuestro Señor son muy más sublimadas sin comparaçión que otras ningunas. E las bienabenturanzas e aguas frías que en este día manan del árbol de la sancta cruz son muy más valerosas e aprovechantes a las ánimas que otras, porque tanta diferençia ay de los frutos de este sancto día de viernes a los otros quanto ay del Señor a los sierbos y del criador a sus criaturas, e de Dios a los sanctos. Porque los mereçimientos del Hijo de Dios y de cada uno de sus misterios no tienen comparaçión, ni ninguna persona ay que los sepa repartir, si no es el consolador Spíritu Sancto, criador con el Padre e Hijo, tres personas y una esençia divina.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
”El día del sávado muestra el árbol de la sancta cruz en sí muchas mutaçiones, e muchas dellas son como el día del viernes. Empero, algunas de sus mutaçiones e muchas dellas son como el día del viernes, empero algunas de sus mutaçiones demuestran gozo e otras sentimiento de llanto, dando a entender que todo este día es de las sanctas y piadosas personas e mugeres. Demás de [fol. 73v] ser llamado sábado de holganza, este día significa a Nuestra Señora y a todas las vírgines, por quanto las mugeres son ynclinadas a compasión, e son de tierno corazón e piadoso. E por eso el sancto árbol de la vida en sus mutaçiones llama e convida que junto con él se entriztezcan o se alegren, según ve en las mutaçiones en él. Porque ansí como el día sancto del viernes es fruto de este sagrado árbol el cordero sin manzilla, Hijo de Dios, el qual en tal día se sacrificó a Dios Padre muryendo muy cruelmente y consangrando esta mesma cruz, para Él tan penosa, e haziéndola de madero seco e nudoso, árbol verde de muy ricos e preçiosos frutos, después de le haver regado con el agua viva, que es la sagrada sangre del mesmo redemtor nuestro Jesuchristo, assí en figura dello, en este día del sávado, el árbol de la cruz, que el día del viernes quedó muy bañado, se trasfigura de diversos colores e resplandores. E junto con esto produze a vezes muchas gotas grandes y espesas de viva sangre, e tan a menudo caen hasta que haze el suelo enrededor todo teñido como viva sangre. E viendo los santos ángeles que allí están la copiosa sangre que está en el suelo e la priesa que el sancto árbol se da a destilar gotas sanguíneas de sí, llaman a muy grandes vozes a las personas devotas, vírgines y no vírgines, que vengan al pie de la cruz muy aprisa a coger de las gotas sanguíneas que produçe de sí el árbol de la vida, ansí lo que está en el árbol como lo que a caýdo en el suelo, e diçen: ‘Vení, no os tardéis, todos los piadosos y piadosas, e aved compasión de vuestro Dios e de su piadosa madre, e acordaos cómo en aquel tiempo que Él padeçió y murió estava tan triste y sola. Y agora, en figura de remembranza de su dolor, coxe estas riquezas que abundosamente el árbol de la vida os da en persona del mesmo Jesuchristo, el qual, en tal día como oy, está su sagrado cuerpo puesto en el sepulchro, muy llagado y descoyuntado he herido, e de sus sanctas llagas destilando sangre. Tomad estas agora, vosotras, en paños muy preçiosos, e cogeldas en valerosos basos, e ponedlos en relicarios, donde estén muy guardados’.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
”E vienen muchas personas bienabenturadas e mugeres sanctas del [fol. 74r] Çielo con gran prisa al llamamiento de los sanctos ángeles, trayendo en sus manos muchas tinajas, cáliçes y basos. E con gran reverençia e muchas adoraçiones que hazen a la sancta cruz, cogen las sagradas gotas e pónenlas en sus juridiçiones, e tiénenlo en soberana reverençia. Y esto es dando a entender a los humanos que lo mesmo havemos de hazer todos los peccadores que vivimos en la Tierra en los tales días, dentro en nuestras ánimas, y estas deven ser nuestras ocupaçiones y obras spirituales: pensar en Dios y en sus misterios, e haverle compasión, pues padeçió por nos redimir con soberano amor.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
”Las ánimas que están en Purgatorio que son devotas de Nuestra Señora la Virgen Sancta María y de las sanctas vírgines, y de todas las sanctas mugeres, en el tal día del sábado gozan de muchas e gloriosas visiones, e oyen las bozes de los sanctos ángeles que las convidan. E por ellos mesmos les son representadas aquellas sanctas reliquias que el árbol de la vida da de sí el día del sávado, por cuyos mereçimientos muchas dellas son libradas, e por los méritos de Nuestra Señora, la Virgen Sancta María, e por las sanctas vírgines e mugeres bienaventuradas son aquellas ánimas llevadas al Çielo con muy gran triunfo e gloria.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
”Produce el árbol de la vida el día del sávado, a ora de las conpletas, muchas coronas adornadas de muy hermosas piedras preçiosas, guarneçidas y enriquezidas sin comparaçión. E junto con las coronas, salen del árbol de la vida sillas muy enriquezidas, pomposas e reales, y enjoyadas. Y con las valerosas sillas, sale como plantado en cada una dellas un árbol, como de palma o cedro, e oliva e çiprés, e otra diversidad de árboles valerosos e suavíssimos en olor e maravillosa hermosura, cuyas ojas y flores son más que de oro, e resplandeçientes más que el sol; en las quales ojas están esculpidas por maravillosa manera unas [fol. 74v] letras que dizen: ‘Con razón son coronadas las vírgines mugeres que de Dios son sanctificadas’. E los sanctos ángeles toman las coronas, e pónenlas ençima de las palmas e árboles qu’ están plantadas sobre las sillas de apostura.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
”E represéntanlo assí todo junto a las ánimas de Purgatorio, en espeçial a los que en este mundo se astubieron de los vizios y peccados e pelearon contra ellos, assí como son las personas religiosas, las quales quando salen de Purgatorio les llevan delante los sanctos ángeles las cosas ya dichas, a significaçión que, aunque todos los estados las gentes christianas se pueden salvar, el estado virginal e penitente, y devoto, casto, y limpieza de la corrupçión de los peccados, ese tal estado se lleva la bentaja para ganar la corona e gran premio en el Reyno de los Çielos, donde el azedor de las merçedes galardona a sus amados de galardones ynnumerables. El qual dixo por su sagrada boca: ‘Daré çiento por uno a qualquier persona que por su amor se avstuviere de quelesquier bienes e consolaçiones de este mundo y tiene sus gozos en solo Él’. Y el muy dulze Spíritu Sancto haze nuestros a estas tales ánimas y a quien a él más le plaze dar sus dones, e de los mereçimientos de los ángeles, e de los sanctos y sanctas. Y ansí enrriqueze los pobres, da de comer a los ambrientos, e de vever a los sedientos, viste los desnudos, suelta los presos, alegra los tristes, consuela los desconsolados, manda alvergar sus pelegrinos, da vida perdurable; a los que a él se encomiendan, enseña carrera muy clara; da enteros descansos a todos los que vienen ynvocando el nombre de Jesús; da gozos muy nuevos y açcidentales a los bienabenturados en cuya remembranza se muestra cada un día de la semana las figuras susodichas de sus merecimientos, para apiadar y haçer grandes merçedes a sus devotos dellos, que en esto resçiven todos los sanctos del Çielo ynnumerable gozo. Que el poderoso Dios se quiere servir y haçer dellos memoria, e repartir sus riquezas con sus amigos, que dellas tienen neçessidad, porque en los Çielos está la perfeta caridad. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
”Síguese una adoraçión de la sancta cruz, de gran virtud para todos aquellos que con devoçión la dixeren, que me la mostró mi sancto ángel; de la qual, señoras, os podéys aprovechar y consolar en la dezir, pues aún no estáys contentas con quanto os he dicho, que todavía queréys saver más de las cosas que Dios es servido [fol. 75r] de me mostrar. Y ansimismo me a dicho mi sancto ángel e su Divina Magestad contento os las diga, porque en vuestro secreto se lo suplicáys me lo mande mi sancto ángel, que él me lo a dicho. Y a esta causa os he dicho las cosas secretas que me an sido mostradas, o parte dellas, y por la mesma voluntad de Dios diré adelante lo que Él me mostrare y diré la respuesta que me fuere dada en lo que me dixéredes diga y pregunte a mi sancto ángel. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Oración ''[11]''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
‘Adórote, cruz preçiosa, adórote sancta cruz, y adórote ''sanctíssimum lignum inter omnia lingua''. Adórote, sancto madero, adórote, trono de Dios, adórote, escaño de los sus pies, con el qual justiçiara y pisara los peccadores y les hera ver y conoçer cómo solo Él es el Señor y criador del Çielo y de la Tierra, y juez de los vivos y de los muertos. Adórote, galardón de los justos, por el qual se salvan y justifican. Adórote, deleyte de los ángeles. Adórote, penitençia de los peccadores. Adórote, tálamo de Dios, en el qual está puesta su corona real. Adoro los clavos y tenazas y martillo y escalera y lanza. Adoro el redemptor en ti puesto. Adoro mi salvador, adoro su sancto bulto, adoro su santa faz. Vendigo y glorifico y adoro sus sanctos miembros, todos dende las uñas de los pies y plantas hasta ençima de la caveza, que son los cavellos. Adórote, árbol sancto de la vera cruz, árbol frondoso, florido y graçioso. Las sus flores eternas sin ser marchitas, olores perfetos de nunca cansar, perfetos e dulçes sin secar, frutas saludables, preçioso manjar muy mantenedor a quien lo supiere gozar y gustar’.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Capítulo XIV'''&lt;br /&gt;
'''De una revelaçión que esta bienabenturada le fue mostrada açerca de un ánima'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Preguntando a esta bienabenturada las religiosas de su convento e monasterio por el ánima de un padre religioso de su misma orden, que fue su vicario y confesor e murió en el dicho monasterio siendo [fol. 75v] vicario, el qual se llamava fray Pedro de Santiago, persona muy notable y de mucha sanctidad e virtudes, si havía savido el estado de su ánima, respondioles, diziendo: “Yo he suplicado a Nuestro Señor, su Divina Magestad, tuviese por bien de revelar al sancto ángel mi guardador el estado de aquella ánima, e le diese liçençia me lo dixese. Y a mi sancto ángel le dixe mi deseo. Y como, señoras, deseáys saver el estado de aquel ánima y lo suplicáys, respondí a vuestra petiçión y mía. Respondiome: ‘Pues tanto rogáys y deseáys ver el ánima de este religioso, anda acá conmigo, y para mientes con atençión lo que verás’. E tomándome por la mano, llevome a un jardín de ynumerable hermosura e frescura, en el qual havía árboles de diversas maneras, llenos de muy hermosas colores, y en ellos muchas aves de mucha hermosura cantando muy dulçemente e grande armonía. Y los muros e adarbes y todos los edifiçios que allí stavan heran labrados de oro, e bariedad de perlas e piedras preçiosas, y todo muy resplandeçiente e de gran hermosura. Y dentro de este deleytoso bergel estava un palaçio muy ricamente labrado e de gran claridad, en el qual estava un trono muy alto, todo de pedrería, y en este estava sentado Nuestro Señor Jesuchristo. Junto, en otra riquíssima silla e trono, estava assentada Nuestra Señora, en presençia de los quales estava, de rodillas e postrada en el suelo, el ánima de este religioso, y pareçiéndome estava bestido de su ábito pardillo, e todo en la forma y manera como quando estava en el cuerpo. E a desora, yncontinenti, estando él así, mirando y contemplando él a tan gloriosa visión de Dios y de su gloriosa madre, a la qual hera él en gran manera devoto y servidor, vinieron allí presentes quatro vírgines: la una, la señora sancta Catalina, e la otra sancta Çiçilia, la otra sancta Bárbara, e la otra la gloriosa sancta Clara. Y entre ellas estava sancta Ana, muy çercana a Nuestra Señora, más que ninguna de las otras. Y estas sanctas vírgines, por mandado del poderoso Dios y de su sacratíssima madre, tenían [fol. 76r] en sus manos bestiduras blancas e muy candidísimas, e resvistieron al dicho padre de aquellas vestiduras, que heran como a manera de ornamentos que se visten los prestes para dezir missa. Y después que le huvieron revestido a manera de saçerdote, llegó la señora sancta Ana, y ençima del alma, que tenía bestida, hechole una almática colorada, como a diácono; e la Reyna de los Çielos, Virgen Sancta María, con sus sacratíssimas manos, le vistió una casulla más blanca y resplandeçiente que el sol, y ençima le puso un manto azul con estrellas de oro, el qual manto hera muy valeroso y de pontifical. Y junto con esto pareció, a deshora, coronado de mitra e abreola muy resplandeçiente, todos junto ençima de su caveça, la qual le hermoseava e auctoriçava mucho. Y en las manos le pusieron una bara muy pintada, como çetro, con una manzana de oro en la çimera, y en ella figurada la ymagen de Nuestra Señora con el Niño Jesús en brazos. E después que assí estuvo bestido e adornado, con alegre gesto empezó a cantar, diziendo: ‘Gloria sea a ti, Señor Dios poderoso, que por tu benignidad visitaste la Tierra y truxiste la gente a tu conoçimiento’. Y la Virgen María dio su glorioso fruto, y esta postrera palabra replicava por tres vezes, diciendo: ‘Dio su glorioso fruto’. Y esto hecho, a deshora desapareçió esta gloriosa visión.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
”E otra vez, estando yo elevada, deseava mucho hablar aquella bendita ánima de aquel glorioso padre. Y estando con este desseo, a deshora vi venir en una muy hermosa y conçertada proçessión, la qual guiava el señor Sant Pablo apóstol, y junto con él yba de la una parte el señor sanct Pedro y de la otra el señor San Juan Evangelista; y en esta solemníssima proçessión yban muchos sanctos mártires y confesores, entre los quales yba el bienaventurado padre fray Pedro de Santiago, [fol. 76v] e mirávame él con atençión. Hablome palabras formadas, diziendo en su acostumbrada habla, que de humildad y menospreçio él solía tener, alçando el cuello y caveza hazia en alto, dezía ansí: ‘Que este es Dios, que save desnudar presto el pellejo al hombre que crió, el qual quedó allá como el de la culebra’. Yo, desseando saver si yo en los pocos días pasados que finó si había ydo o estado en Purgatorio, y no pudiéndoloselo preguntar, luego respondió a mi pensamiento, diziendo: ‘Por allí pasé, y estaban unas simas muy grandes, llenas de ánimas llorando y gritando con gran clamor. Y yo verdaderamente allí pensé quedar, mas la Virgen María no me dexó caer’. Y dicho esto, cesó el bendito religioso de me mirar y hablar, y fuese cantando en la proçessión. Y yo quedé consolada de la tal revelación. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
”E ansimesmo me consolé pocos días, estando otra vez elevada. Y fue que me vinieron allí al lugar donde yo estaba, que es donde mi sancto ángel me pone, nuestro glorioso padre sant Francisco e sancto Domingo. Y gozándome yo con ellos, dixo el señor sancto Domingo a nuestro glorioso padre sant Franscisco, riendo: ‘Ya sabe vuestra sanctidad que esta hija, que vos tanto amas en la caridad de Christo, la qual llamas vuestra gallinita, porque devajo de sus alas cría y ampara muchas ánimas de vuestra orden, y aun también de la mía, parézeme, señor, a mí que es mi hija por derecho, y no vuestra, pues fue primero llamada a mi orden y desseada de mis monjas, y aun también de mis frayles, y buscada con arto cuidado; e quando ella fue a tomar el ábito a vuestra bendita orden, si la mía estuviera tan cerca como la vuestra, señor, le tomara en la mía, porque tenía notiçia della, y por esto deve ser mi hija’. Respondió nuestro glorioso padre sant Francisco, con semblante amoroso y risueño: ‘A eso avrá de perdonar vuestra sanctidad, que no es sino mía, pues tomó el ábito de mi orden, y está en ella de tan buena voluntad’. Tornó el señor sancto Domingo a dezir que no hera sino suya, y de esta manera estuvieron por algún espaçio de tiempo con mucha gloria y perfeta caridad de amor. Y vinieron en [fol. 77r] conçierto que quedase a lo que yo quisiese, diziendo el señor sancto Domingo: ‘Queremos te mostrar nuestros ábitos, a ver de quál te agradas más’. E mostrome el suyo, muy blanco y puro, que significava la sanctidad y limpieza de Nuestra Señora la Virgen María, Madre de Dios. E nuestro bienabenturado padre sant Francisco mostrome el suyo, humilde, y pobre e sangriento, que significa la sagrada Passión e llagas de Nuestro Señor Jesuchristo, las quales havía el mesmo Christo, Señor mío, transformado en Él. Respondí: ‘El que más me agrada y quiero de estos sanctos ábitos es el que está teñido en la Pasión e llagas de mi señor Jesuchristo’. E tomándole en las manos, le abrazé e besé con mucho amor y reverençia. Entonzes, tomando el señor sancto Domingo de la mano a nuestro padre sant Françisco, le dixo con grande amor y dulçedumbre: ‘No os devéys maravillar que tal joya como esta desee yo para mi orden’. Y diziendo esto, se fueron con mucha alegría y gozo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
”Estando yo elevada el día de la Sancta Purificaçión de Nuestra Señora la Virgen Sancta María, gozando de las maravillosas fiestas que este día çelebran en el Reyno de los Çielos, que Dios tuvo por bien de me querer mostrar, díxome mi sancto ángel: ‘Assí como en este tal día profetiçó el justo Simeón a la soberana Virgen y Madre de Dios que su preçioso hijo, redemptor del género humano, havía de ser cuchillo de dolor que traspase las entrañas de su piadoso corazón, assí te digo yo a ti que presto verás los pensamientos de los que mal te quieren e bien te quieren’”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Capítulo XV'''&lt;br /&gt;
'''De cómo quitaron de abbadesa a esta bienaventurada, y qué fue la causa'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Como esta sancta virgen, siendo abadesa, oyó dezir que personas eclesiásticas conduzía de aver para sí un beneffiçio que el monasterio tenía de un lugar muy çercano a él llamado Cubas, y que [fol. 77v] ordenavan de embiar a Roma por bulla para ympetrar el benefiçio al monasterio, diziendo que las mugeres, aunque fuesen religiosas, no heran sufiçientes para ser cura de ánimas de personas seglares ausentes dellas, pesole mucho, por la neçessidad que las religiosas tenían d’él, y desseava saver alguna manera con que pudiese remediar. E fuele dicho por algunas personas eclesiásticas letradas que no havía otro remedio para escusar este peligro, que tan a la mano estava, ni ymbiar por una bulla al Papa, señalando persona sufiçiente para estar en el serviçio curado por el monasterio, y, siendo tal, no le pudiesen evitar las monjas mientras viviese, no haziendo cosa de mal exemplo después de esta persona difunta, el monasterio proveyese otro [¿?] con las condiçiones susodichas. Y de esta manera, le podrán tener muy seguro. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y esta bienabenturada, oyendo el tal consejo, holgó dello, por el remedio que dezían, mas no lo quiso efetuar sin consejarse primero con su santo ángel, al qual dixo lo que le havían consexado, suplicándole su hermosura le dixese si hera peccado haçerlo. El sancto ángel, dixo esta bienabenturada que le respondió: “No es peccado, sino caridad; mas podría ser venirte por ello alguna reprensión o menospreçio a tu persona”. Ella le dixo: “Pues dezís, señor, que no es peccado, e lo demás quiérome atrever por el remedio del monasterio, aunque por ello aya de resçivir reprehensión e menospreçio. Eso desseo, más que ser querida y estimada”. Y satisfecha por el sancto ángel no ser peccado, antes buena obra, hizo llamar a su bicaria con algunas religiosas, y en su presencia, con su consentimiento, ordenó una petiçión para el Papa. Y firmola esta bienabenturada como abbadesa, e su vicario, y otras tres religiosas en nombre del convento. E diola a una persona, que a la saçón yba a Roma, devoto del monasterio, el qual la traxo más por limosna [fol. 78r] pagando él la más parte, y el monasterio solamente dio siete ducados para ella. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y el demonio, el qual pidió liçençia a Nuestro Señor para perseguir a esta bienabenturada, puso en el corazón de esta su vicaria muchos pensamientos y juyzios maliçiosos, la qual de secreto yndinó a otras personas con sus malos consejos, por cuya vía secreta hizo saber a los perlados cómo esta sancta virgen havía traído bulla para dar el serviçio del curado sin liçençia dellos; la qual bulla causava peligro para perder el beneffiçio, el qual peligro remediasen. Y no solamente dañó la yntençión, mas creçió el preçio de la bulla haver dado el monasterio más de los siete ducados. E la persona que al presente que en ella venía señalada para en quanto al servicio hera un hermano de esta sancta virgen, porque de antes de esto residía en el curado, puesto por mano y voluntad de los perlados, porque hera persona sufiçiente y aparejado a toda virtud, y el pueblo estava contento d’él.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y estando todos los perlados y discretos de la orden sabidores de esta bulla, por la informaçión secreta vino una persona de los perseguidores de esta bienabenturada a hablar con ella, diziéndole hiziese quemar la bula que tenía del Papa, y quemada se podría remediar algo de lo que contra ella hera levantado. Y viendo ella no le convenía husar de este consejo, respondiole, diziendo: “Nunca Dios querrá tengan tan poco temor d’Él mesmo que queme las letras apostólicas con tan buena yntençión y líçita causa pedidas. Aquí estoy aparejada a padeçer por amor de mi señor Jesuchristo lo que me viniere”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y viniendo el perlado al monaterio, disimulando que no savía de esta bulla, hablole esta sancta virgen en secreto. Y con mucha humildad le dixo su culpa, manifestando la yntençión con que le havía pedido, y cómo en ella havía señalado a su hermano, porque hera persona fiel al monasterio, y residía en el serviçio de la mano de voluntad de perlados pasados e acontentamiento de todo el [fol. 78v] convento. E diziendo esto, diole la bulla en sus manos para que hiçiese della lo que fuese su volutnad; el qual le respondió que él lo haría lo mejor que pudiese, e lo comunicaría con los discretos de la orden, e todos se la tornarían con condiçión. E llevando consigo la bulla, ayuntó los discretos de ella e letrados religiosos e seglares, en la qual congregaçión fueron hechas grandes acusaçiones contra esta sancta virgen, dañando su yntençión e perfetas obras; las quales acusaçiones plugo a Nuestro Señor mostrárselas a ella en spírictu quando se tratavan, y vio, y vio y conoçió todas las personas que allí heran, e lo que a cada una le acusava.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
E visto todo lo que pasava, díxole su sancto ángel: “¿As entendido por qué te an sido mostradas estas cosas?”. Díxole ella: “Dígamelas vuestra hermosura, y entenderlo he”. El sancto ángel le resplicó: “Esto es para que conozcas estas personas que te son causa de ganar coronas de gloria, y les agradezcas tam buena obra como tú aquí resçives con las cosas que te son levantadas, y ruegues a Dios por ellas, les dé su graçia, con que enmienden sus vidas, e amen a sus próximos con caridad, según Dios lo manda”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Estando esta bienabenturada en su çelda orando una noche delante una ymagen del Señor del Huerto, suplicándole con muchas lágrimas por socorro y ayuda en las presentes tribulaçiones que tenía, fue tan grande su llanto e sollozos que pareçía quería espirar. Y de rato en rato dezía, como entre sí: “Qué triste relación”. Y esto oyó una de las religiosas que la meneavan e rodeavan de noche, por su enfermedad e tullimiento, la qual estava despierta quando la sancta virgen hazía sus esclamaçiones y llanto. Y esta religiosa estava muy angustiada, deseando saber la causa de su tan grande pena. Y çesando esta bienabenturada de llorar, llamó para que la volviesen. E yendo la religiosa que la havía oýdo, suplicole le dixese la causa de su tan grande llanto. La sancta virgen le respondió: “No tengo qué deziros. Llorava porque soy peccadora”. [fol. 79r] E tornándola a importunar diziendo cómo la havía oýdo dezir de rato en rato “O, qué triste revelaçión”, dixo la bienabenturada: “Verdad es que yo dezía esas palabras, y con mucha raçón, porque estando yo en mis esclamaçiones, salió de la ymagen del Señor del Huerto una voz que pareçía a manera de lloro, diziendo: ‘Mançilla tengo de ti, viendo las sentençias que sobre ti están dadas por el mi Padre çelestial. E assí como no fue [¿?] revocada la mía en el tiempo de mi Passión, aunque yo solo rogué y lloré, no quiere la divina clemençia no revocar, ni dexar de executar tus penas, las quales no pasarán por ti sola, pues muchas ánimas se te an encomendado, de cuyos peccados las penas todas de ese mundo son pequeñas para satisfazerse. E otra vez te digo, lloro por ti, y ruego por ti, mas tus alas serán quebradas, no solamente las quatro y las seys que tienes, mas las doze. E todos los miembros e tu cuerpo será como trillado, assí como hazen al pan para sacallo el grano’. Yo respondí: ‘Señor, arto quebradas veo mis alas y triste cuerpo tullido’. Respondió la sancta voz: ‘No es eso nada a lo que se á de quebrar y deshacer, e saber é que creçerán’. Yo le dixe: ‘Señor, pues los sanctos a quien yo me encomiendo en sus fiestas, ¿no ruegan por mí?’. Respondió la voz que salía de la ymagen: ‘Si quieres rogar a los sanctos, no te lo vedo, empero agora no se te escusará creçerte el mal, e las personas antes no podrán darte remedio ninguno para el cuerpo, aunque su oraçión dellas aprovecha para el alma, porque quando tal sentençia es dada, solo Dios la puede revocar. Mas no dexes de clamar a los sanctos rueguen por ti, y más a mi madre Sancta María e a mí, que lloro lágrimas dulzes por ti’. E oyendo tales palabras fue tanto mi llanto que quería espirar, e dezía las palabras que dezís me oýstes”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Estando esta bienabenturada [fol. 79v] en su zelda otro día, viernes a la medianoche, le fue mostrada una visión muy dolorosa, que le pareçía se avría todo el Ynfierno, o veýa los demonios d’él en el monasterio. E havía tantos y tan espesos, que desde el suelo de la casa hasta la cumbre de los texados, y en los ayres, los veýan tan espesos como andan las matas muy espesas en el rayo del sol. Y veýanlos en muchos géneros de figuras, el suelo del monasterio estar lleno dellos, a manera de animalias rastables como culebras, lagartos e sapos, e salamanquesas e de otras muchas maneras de sabandixas ponzoñosas. Ansimismo, veýa dellos como canes, lobos, toros e leones, e osos e todo género de bestias bravas e de carga. Veýalos en el ayre a manera de cuerbos e buytres, y murciégalos y de otras figuras todas muy temerosas y feas. Y todas e cada una, según su espeçie, bramavan, e aullavan, e graznaban, de manera que deçía esta bienabenturada era cosa muy espantosa de oýr. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y estando muy atormentada de ver cosas tan temerosas, empezó con mucho aýnco en lágrimas a rogar e suplicar a Dios de su poderosa mano le ymbiase socorro y quien le hechase aquella tan mala hueste que delante de sí veýa. Y estando por algún espaçio de tiempo sin ser socorrida, e creçiéndole mucho el temor e afliçión en su ánima, plugo a Nuestro Señor oýrla su oraçión en lágrimas y enbialle a su sancto ángel y a otros muchos ángeles que venían con él, para la favoreçer en su tribulaçión, entre los quales vino el archángel Sant Miguel, e otro ángel muy alto, a quien Nuestra Señora la Virgen María tiene encomendada la guarda de su bendita casa. Y estos sanctos ángeles pelearon fuertemente contra la malina hueste. Y como la hueste de los demonios hera mayor en mucha cantidad que los sanctos ángeles, deteníanse a pelear los demonios con ellos, haçiéndoles cara a los ángeles. Viendo su atrevimiento, fueron a la iglesia, por mayor socorro, [fol. 80r] e tomaron con mucha reverençia el Sanctíssimo Sacramento en sus manos, y vinieron con él a la zelda de esta bienabenturada, a la qual dixo su sancto ángel: “Pues heres christiana, adora al Sanctíssimo Sacramento. Y yo te ruego a ti y a tus hermanas os esforçéys a obrar toda virtud, e apartad de vosotras toda cosa en que Dios sea offendiddo”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Dezía esta sancta virgen que le pareçía venía la sancta hostia tan grande como una rueda de molino, y toda hecha carne, con admirables resplandores. Traýla el sancto ángel, su guardador, y Sant Miguel traýa el peso, hecho a manera de arma, con que hería a los demonios; los quales, quando vieron venir a los ángeles con el Sanctíssimo Sacramento, empezaron a uýr. Y los ángeles fueron en pos dellos, yriéndolos y hechándolos del monasterio, y los demonios yban uyendo, diziendo con gran grita: “Aunque nos hechas, no nos tenemos por venzidos, que nosotros volveremos. Que la maliçia que está levantada en algún corazón o corazones nos tornará”. De manera que, aunque hecharon muy gran número dellos, algunos quedaron escondidos en çiertas partes y rincones del monasterio, y muy en espeçial en el confesorio y cozina. Y los sanctos ángeles tornaron el Sanctíssimo Sacramento a la custodia. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y esta bienabenturada hizo luego, otro día, tañer a capítulo. Y llegadas las monjas en el lugar para ello diputado, hablolas con semblante triste e ojos muy llorosos, diziendo: “Señoras y hermanas, mas aunque quiero callar no puedo, y callando doy grandes vozes e gemidos muy dolorosos salidos de lo ynterior de mi corazón con mucho dolor, y para ello tengo gran causa. Otras algunas vezes, señoras, me soléis rogar e ymportunar os diga algunas cosas para vuestra consolaçión de lo que el Señor por su misericordia me muestra, y algunas vezes lo hago por consolaros. Y agora, sin que me lo roguéys, os quiero dezir una muy triste revelaçión [fol. 80v] que me fue mostrada esta noche”. Y contoles la susodicha revelaçión. E dezía con muchas lágrimas: “O, hermanas, mas qué buelta tan dolorosa a venido en esta casa. Solía ver yo este monesterio todo lleno de ángeles, y esta noche me pareçe veýa lo más del Infierno en él. Pienso lo causan mis peccados, y no los vuestros; y si de consuno, los míos y los vuestros. Enmendémonos, hermanas mías, y la que es sobervia, sea humilde; y la que es maliçiosa, travaje de ser buena yntençión; e la que aborreze a su próximo, ámele como a ssí”. Y estas cosas y otras muchas les dixo, de gran doctrina e lumbre, mostrando la gran caridad con que desseava la salvaçión de las almas. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y pasadas todas las cosas ya dichas, tornó el perlado al monasterio muy acompañado de frayles para que él y ellos fuesen en el quitamiento de esta bienabenturada, los quales venían muy indignados por las grandes acusaçiones que les havían dicho della. Trayendo el perlado voluntad de executar en la sancta virgen la bara de su justicia −lo qual puso en obra, que, ayuntadas las monjas a capítulo donde esta bienabenturada estava, hizo su plática reprehendiéndola muy ásperamente, como si por obra huviera hecho todos los levantamientos que contra ella heran dichos−, e por mostrar que ella tenía culpa y él raçón de reprehenderla, diole una disçiplina en el hombro, sobre la ropa de la cama. Viendo las monjas la reprenhensión que el perlado le dava sin ella mereçerla, y cómo se la quitava de abbadessa, lloravan sin poderse sufrir, por lo mucho que la amavan, por la sanctidad que en ella siempre havían visto. Y no queriendo ellas dar votos para elegir otra abbadessa, aunque el perlado se los demandava por semejante, las maltrató con reprehensión e hirimento de palos, él y los frayles que con él venían, en tanta manera que en algunas hizieron sangre e[n] las caras y cavezas, e puso por presidente a la religiosa que havía sido causa del perseguimiento e daños [fol. 81r] que contra esta bienabenturada se hizieron, mandando por obediençia a las monjas la obedeçiesen por su presidente. Y hecho esto, fuese el perlado. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y las monjas quedaron muy angustiadas e llorando, a las quales consolava la sancta virgen, diziendo: “Ruégoos, hermanas mías, que os consoléys y çesen vuestras lágrimas, que me days mucha pena en veros tan fatigadas por cosa que a mí toque. Poneos, señoras, al pie de la cruz con toda paçiençia, y padeçed lo que os viniere por amor de Jesuchristo, cuyas esposas soys, obedeçiendo a vuestros perlados en todo lo que os mandasen, no siendo cosa en que Dios sea offendido. N’os curéys de poneros en pena por mí desculpándome, que si en estas culpas no estoy caýda, podrá ser que aya hecho alguna cosa ante el acatamiento de Dios digna de reprensión. Obedeçed de buena gana e voluntad a la madre presidenta, tenedle mucho amor e reverençia, que yo nunca tanto amor le tuve como aora le tengo, y con los ojos querría haçer lo que su reverençia me mandase. En lo que me dixistes no me olvide de rogar a Dios os consuele, yo me tengo cuydado, que más é sentido vuestras penas que las mías. Y por que veáys si no me olvido, estando un día elevada donde Dios tiene por bien de ponerme, suplicando con mucho ahínco a Nuestra Señora la Virgen María Su Magestad tuviese por bien de consolaros e rogar a su preçioso Hijo por vosotras, pareçiome que veýa un trono muy resplandeçiente, e adornado y enriquezido de admirable hermosura, y en él assentado a Nuestro Señor con muy gran poderío y magestad, y su gloriosa madre y Señora Nuestra assentada a su lado; y rogava por los peccadores como contino haze, y por vosotras, hijas de su amparo. E respondía el Señor a su preçiosa madre como a manera de canto, diziendo: &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
‘Callad, Señora, Señora ýnclita, &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
que a estas [fol. 81v] vuestras siervas yo les tengo amor, &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
porque las penas sufren por amor &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
de mi padeçimiento ellas de buen corazón, &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
e nunca olvidando la mi devoçión, &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
mas antes hablando con mucho fervor, &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
aunque maltratadas con gran desamor, &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
muy atormentadas y afligidas según mi Pasión, &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
e mucho desagradeçidas mereçiendo con el disfavor, &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
padesçiendo penas por amor de mí. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Las penas passadas ya hizieron fin, &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
las aparejadas que an de sufrir: &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
esta es la gran prueba del amor de mí, &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
ansí se gana la gran corona del Çielo alto. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Cada persona con la gran paçiençia se á de salvar. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
No se olviden amores de mí &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
quando acaeçiere venirles tormentos, &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
dévense abrazar a mis merecimientos &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
e a la vuestra, que es madre de mí. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Quando soy rogado y no quiero oýr &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
es por el peccado que no es de sufrir, &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
y quando lo oygo quiçá es por su mal, &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
y no digo por todos aquesta razón, &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
que los que a Dios aman tienen perfeçión &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
viviendo en travajo y en afliçión. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y assí, purgados, son librados por mí, &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
mías son las almas que yo las compré, &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
quien me las maltratase demandárselo he. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y hasta un corderito él me pagaría, &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
pastor de ovejas, que le encomendé. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Muchos se engañaron con su crueldad, &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
creyendo ser çelo de mí. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Los que a mi casa tienen devoçión &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
nunca su alma verán en perdiçión, &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
ni en el gran Infierno de cautibaçión, &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
donde es llamada la perpetuydad. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Yo tengo la llave del gran Paraýso, &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
abro a quien quiero y resçive mi aviso. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Para esto Dios quiso a mí embiar, &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''un y cunde y fili, in plenam amore'' &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''pro te mia peccatore''’”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Capítulo XVI'''&lt;br /&gt;
'''De cómo esta bienabenturada estava muy congojada pensando en sus tribulaçiones'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Temiendo esta sancta virgen si havía caýdo en algún peccado, pues casi por tal estava reprehendida, dixo a su sancto ángel: “Bendito, ¿qué peccados hize yo ante Nuestro Señor y ante vos, por los quales he mereçido que tantos [fol. 82r] males me vengan assí de la mano del Señor, tocada y atribulada de muchas enfermedades, como perseguida y angustiada de las criaturas; e no solamente yo, mas las religiosas de mi convento, que an sido súbditas mías por la graçia del Señor, siendo todas ellas y yo súbditas a la sancta orden del glorioso padre nuestro san Françisco, cuyas hijas somos?”. El sancto ángel dixo a esta bienabenturada, le respondió diziendo: “Criatura de Dios, no te turbes a poder que puedas por cosa alguna ni por eso dexes de tener spíritu suave y gozoso en Dios, que te crió y te redimió, y está aparejado a te dar eternos galardones, por cada tribulaçión y dolor çient gozos en la gloria del Paraýso”. La sancta virgen dixo al ángel: “Señor, pues mis hermanas y compañeras, que conmigo padezen y an padeçido, ¿qué hará el Señor dellas, las quales yo tengo ofreçidas e resçividas para solo su serviçio y por su dulçe amor, a quien yo desseo y he desseado que siempre ellas amen?”. El sancto ángel le respondió: “Raçón tienes de haverlas lástima y aun dolor, más que de ti mesma o tanto, porque esta es la caridad que Dios manda tuviésedes los próximos unos a otros, y nunca siendo crueles y bengativos los unos a los otros, y aprovechándoos de la doctrina christiana e de los consejos de Sant Pablo, doctor de las gentes, baso escoxido de Dios. Y ansimismo los consejos de Sant Pedro, e Santiago, e Sant Juan, e de toda la Yglesia cathólica y verdadera christiana, sin las quales virtudes nadie no se puede salvar. Conforta tú a tus hermanas. Y digo que las confortes, que no las as menester enseñar, pues tienen exemplo de los sanctos y de las sanctas, de quien pueden aprender. [fol. 82v] Lean el ''Flos sanctorum'' y liçiones devotas en que se enseñen, que tú ya poca doctrina les puedes dar: lo uno, por la privaçión del offiçio de mandar sobre ellas y serles regidora, y lo otro, por el menospreçio que a subçedido a tu persona en la opinión y crédito que de ti se tomó. Por aquella simpleza y mal miramiento en que caíste, diste enojo a tus perlados mayores, y comoquier que fuiste digna de ser reprehendida, en más cosas te culparon y juzgaron, estando tú salva, como Dios lo save e yo lo sé. Confórtate, amiga de Dios, e sele leal, y ámale, que no te desamparará. Y a tus hermanas salúdamelas, que están tristes por ti, y tú por ellas. Allegado el convento en uno que es de Dios y de su madre, Sancta María, ese mesmo Dios está y mora en medio, y conforta a cada una según su graçia y misericordia. Amonéstalas, no desfallescas por los falsos testimonios ni por las reprehensiones. Leal es Dios, y verdadero amador de las ánimas; siendo ellas leales y agradezidas a sus benefiçios, padesçer tribulaçiones fielmente por el Señor, acreçentamiento de mérito es, e añidir piedras y perlas de gran valor en la corona, que muchas maneras de méritos ay en los siervos de Dios y siervas, aunque no sean de sangre”. Dixo la sancta virgen al ángel: “Pues, señor, mis hermanas también an redamado sangre, siendo heridas y lastimadas estando ellas sin culpa de mi peccado”. Respondió el ángel: “Todo peccador y peccadora tiene peccados. Y las passiones de esa vida no son dignas ganar la vida eterna, por muchas y reçias e fuertes que sean; digo vida eterna, vida gloriosa en el acatamiento de Dios para siempre jamás, sin fin, como la tienen los sanctos en la gloria del Paraýso”. Dixo esta bienabenturada al ángel: “Señor, para el perdón [fol. 83r] de mis peccados y para resçivir digna penitençia de vuestra mano dada, y de vuestra sancta boca mandada, aprovecharme á a mí deziros las culpas, que allá ya las he dicho a mis confesores y perlados”. Respondió el sancto ángel: “Yo no te fuerzo que me las digas, ni heres obligada si no quieres, si es verdad que las as confesado a tus confesores, y conoçido tu peccado, y hecho penitençia devota y paçíficamente, lo qual se requiere a toda persona christiana”. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Dixo esta sancta virgen que, estando en esto, le vino una ynspiraçión de Dios, con lágrimas de sus ojos, y empeçó de confesar sus peccados con el sancto ángel. Y a bueltas de sus peccados, quejávase de algunos agravios a ella hechos. Y junto con la quexa, preguntava si hera peccado quexarse, y deçir los peccados de aquella manera. El ángel le respondió: “Quando tú dizes la quexa y desabrimiento que te hizo tu próximo, los peccados d’él confiesas, y no á de ser ansí, sino confesar los tuyos propios, y tenerlos bien pensados, y estar muy contrita dellos, y con mucho pesar por las offensas hechas a Dios, y contra su honra y gloria, y acusar tu ánima, porque el enemigo no te la pueda acusar el día del juyzio y el de tu muerte, la qual deves tener siempre en tu pensamiento, y temer el juyzio de Dios, y el ynfierno, el qual mereçes por cada una de tus culpas, si por la misericordia de Dios y por los méritos de su sancta Passión no heres restaurada para la gloria por la su graçia y con tu ayuda de algunas buenas obras que tengas hechas en tu vida. Y muchas havían de ser en cantidad, y no pocas. Mas por quanto la vida de la criatura es corta no [fol. 83v] bastaría todo el tiempo della perfetamente y sin çesar hazer sanctas obras con fructuosos y devotos pensamientos, y religiosas costumbres, y bien ordenada vida sin defeto, para mereçer la gloria, quanto más que mucha parte del tiempo, y la mayor despendida, mala y falsamente, y desfrutada de buenas obras; y la mayor parte de los peccadores, en espeçial en el tiempo de agora, que Dios está maravillado y los ángeles se maravillan, de la abundançia de las maldades que ay en el mundo, en todos estados de personas, eclesiásticas y seglares, lo qual para de raçón no havía de ser ansí en la cristiandad, que es espejo en quien Dios se mira, y havía de ser muy esclareçido y limpio”. La bienabenturada preguntó al ángel, diziendo: “Señor, ¿quál es el mayor peccado que yo tengo en todos los que he confesado?”. El ángel le respondió: “Aquel que nunca se deviera hazer, que fue como el de Eva, que destruyó todo el mundo, e ansimesmo así tú causaste destruçción en ti mesma y en tu fama buena que tenías por las virtudes manifiestas a las gentes que Dios te havía dado sin ser tú mereçedora dellas, pues de la mano de Dios te venían. Y fuiste causa de menoscavo en la honra de Dios y en la consolaçión y honra de tus hermanas, las religiosas de tu compañía, las quales paçífica y ordenadamente servía a Dios, aunque no tan sin defetos que del todo fuesen limpias de peccados o costumbres no bien religiosas; lo qual no es de maravillar, ni yo me maravillo, porque las gentes son caedizas. E como dize la sagrada scriptura, si el justo cae siete vezes, el peccador quántas caerá, o quién podrá contar sus caýdas. Mas dígote que an abundado los peccados, o acreçentándose en esta morada que se dize Sancta María de la Cruz, e andando los tiempos se pareze mejor quando [fol. 84r] las ánimas que de la dicha casa salen se vieren en el juyzio de Dios, que dirán entre sí, gimiendo: ‘Mejor hera nuestra vida, y más limpias y paçíficas nuestras obras, e más fructuosos nuestros pensamientos, quando Juana de la Cruz hera viva y nos regía, con sanctas avisaçiones secretas a nuestras ánimas, con reprehesiones públicas quando menester las havíamos. Y aunque sea castigo, espantava a los malos; los buenos se consolavan con el mesmo castigo, obrando aquella virtud loable, que es dicha ‘ama a tu corrector y no le aborrezcas, porque si le aborreces, malo eres, y si le amas, la virtud de Dios está en ti’. Mas esto que te digo, no lo digo para que te banaglories ni tengas pensamiento que fuiste buena regidora en el offiçio pastoral, ni para que menospreçies el regimiento de otras abadesas, mas dígolo como profeta e ángel que sé algo de lo passado o por venir, y las faltas que subçeden de virtud, o subçederán en el ausençia de tu regimiento”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Dixo esta sancta virgen al ángel: “Ay, dolor, dízese entre los frayles de nuestra sancta religión del bienabenturado padre nuestro sant Francisco, y casi en toda la orden, que yo no tenía buen regimiento ni buenas costumbres en mí mesma ni en mis religiosas. Y dízeme vuestra señoría esas cosas, las quales parezen contrarias, y lo son a los juyzios humanos, en espeçial a los que juzgaron así, religiosos como seglares, y aun mis propias hermanas, algunas pocas y no muchas, ni todas de las quales tuve sospecha me havían juzgado o causado. Y en las tales ocasiones me a faltado la paçiençia, y fáltame contino. Tengo en esto mucho que confesar. Rogá, señor, por mí al Señor”. Respondió el sancto ángel: “Consuélete Dios, hija de Dios, no me maravillo que tengas pena y algunas faltas de perfeçión que mientras estás en la carne caýble tienes. Y Sansón, con quánta graçia Dios le dio desde el vientre de su madre, no le sanctificó Dios en manera que no pudiese peccar si él quisiese errar; y Salomón, comoquier que sus fines [fol. 84v] fueron malos, no por eso dexaron de ser buenos los dones que Dios le dio por la graçia del Spíritu Sancto. Y ansí, tú no temas, aunque seas juzgada, que Dios sabe tu coraçón reconoçe, y los sanctos no pueden conoçerse ni ningún juyzio humano puede dar sentençia sin saver lo que juzga; e si da sentençia sin saber el mal, pecca en dar la tal sentencia. Por eso es bueno dexar el juyzio a Dios de las cosas secretas y no sabidas, y no curar de dar sentencia condenable con sola sospecha, pues Dios es el savedor de las verdades, mejor que los jueçes de la Tierra, y muchas veçes aconteze que testigos falsos matan los cuerpos a los hombres, mas no pueden matar las ánimas que delante Dios son puras e salvas de los delitos que fueron acusadas o sentençiadas”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Dixo esta bienabenturada al ángel: “Ay, señor, que aquel yerro que yo hiçe, o peccado que me havéys dicho, verdad fue que le hize yo no pensando que haçía tanto mal como me havéys dicho que pareçió el de Eva. Y en ser tan malo, diría fuy, y soy, de gran penitençia. Creo que aunque me costase la vida lo mereçía todo, y después en el otro mundo donde las ánimas penan después de muertas”. El sancto ángel respondió: “Ya saves tú qué te dixe yo quando me preguntaste si hera peccado, y te dixe que no, sino caridad, mas que podría ser venirte por ello alguna reprehensión y menospreçio a tu persona. Tú dixiste que si no hera peccado en lo demás, tú te querías atrever, aunque hubieses de resçivir reprehensión y menospreçio, que eso hera lo que deseavas, más que ser preçiada y estimada”. La bienabenturada le preguntó: “Señor, ¿pequé yo más por ser mi hermano aquel que si fuera otra persona para la qual se procurava aquella bula?”. Respondió el ángel, y dixo: “Si para alguno otro los procuraras que no fuera tu hermano, mi deudo, también peccaras, y más, salvo si no ocurriera en el caso alguna buena yntençión, simple y sin [fol. 85r] maliçia, y con codiçia de hazer bien al monasterio y no mal, como pensaste ser al monasterio en lo temporal aquella procuraçión, de la qual te culparon con razón, puesto que él tornó a deçir que la yntençión no fue peccado, mas púdose juzgar por peccado entre las gentes, en espeçial no saviendo enteramente el secreto de tu yntençión, e no se creyendo tus palabras que en su salvaçión de tu culpa dixiste; las quales yo sé que heran verdaderas, y soy testigo que lo hiçiste por dos cosas: la una, porque fuiste consejada, y la otra, por miedo que te ponían que te podía ympetrar aquel benefiçio o pitanza eclesiástica por tiempo. Y puesto que por vía de afiçción te ynclinaras a darlo a persona de tu sangre o parentela, siendo la yntençión recta y sin engaño, hera mérito y no peccado. Esto digo por que te consueles, y resçivas la penitençia fructuosamente y sin desesperaçión, pensando que por aquel peccado heres condenada. Dios te lo perdonó Él, y los otros”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Dixo la sancta virgen al sancto ángel: “Señor, yo os doy muchas graçias por las virtudes de mi Señor Dios, y por esta consolaçión, que muy grande es para mí, y mi ánima a resçivido en ella grande consolaçión sin medida, según estava angustiada e ayrada conmigo mesma, y en tanta manera penada”. Respondió el sancto ángel: “No te deseo penes por ninguna cosa, que mejor es esperando en Dios padeçer que desesperando peccar, que es añidir peccado sobre peccado”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y por aquella vez, la bienabenturada tomó la bendiçión del ángel, después de consolada en lo ya dicho.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Capítulo XVII'''&lt;br /&gt;
'''Cómo estando elevada esta bienabenturada, contó al sancto ángel su guardador que havía reprehendido y angustiado a sus hermanas, las religiosas, por la porfía que tenían de quererla por abbadesa'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Teniendo esta virgen compasión de sus hermanas, suplicava [fol. 85v] al sancto ángel rogase a Dios las consolase de otra manera, el qual la respondió diziendo: “¿Por qué te turbas tanto con tus hermanas, reprehendiéndolas? ¿No saves tú que no es en su mano aquel desearte por la perlada? Yo te digo que ellas mereçieron en tener el tal desseo y no goçar del premio, como ellas quieren. Y bien mirado, dévense consolar porque tú estés consolada, pues te quieren bien. E tú haçes mal en dezirles que te aborrezcan, y ellas bien en amarte, pues lo haçen por Dios y por conoçimiento y crédito que Dios te ama a ti”. La sancta virgen le dixo: “Ay, Señor, ¿cómo creheré yo que el Señor me ama, pues me da muchos dolores y pasiones cada momento, que no lo puedo sufrir, ni mi paçiençia lo puede llevar, siendo pribada de todos los miembros? Y no soy ábil para ninguna cosa, sino para resçivir la muerte, la qual estoy desseando contino. Si al Señor plugiese llevarme de esta vida, pues estoy tan apasionada de dolores que me espanto cómo vivo, suplico a la misericordia de Dios me ayude, y a vos, sancto ángel mío, que me guardéys, para que viva yo vida en serviçio de Dios y muerte con salvaçión de mi alma”. Respondió el sancto ángel: “Estar pribada de los miembros, tullida y con dolores, no es defeto del alma, pues la crió Dios entera y sana, si ella está guardada de peccados y se save guardar dellos. Y conviene se guarde con toda diligençia la caxa, que es el cuerpo en que está puesta el alma, aunque esté quebrada o lisiada o maltratada por enfermedades que Dios da. Neçessario es que assí esté mientras es la voluntad de Dios. Si tú deseas morirte, no te podrás morir hasta que el Señor lo quiera o lo permita. Mientras vivieres, no pienses que te an de faltar penas. Yo siempre soy tu guardador e amparador, mas no tengo más poder de aquel que Dios me quiere dar para valerte ni para sanarte, ni tanpoco a dezirte todo lo que me preguntas: que solo lo que Dios quisiere que te [fol. 85r bis] diga, eso te diré, e lo que no quiere que te diga ni sepas, no te lo diré; antes te reprehenderé si me heres ymportuna enojosa, y dexarte he en tu naturaleza, usando yo de lo que Dios quiere y no de lo que tú quieres”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Preguntó esta sancta virgen al ángel, diziendo: “Señor, ¿qué es la causa porque me entristesco yo tanto en los dolores y enfermedades que el Señor me da como quier? Yo conozco ser digna de mal, travajos e dolores e penas por mis peccados”. Respondió el sancto ángel: “Esa causa te pregunto yo a ti, que diçes entristeçerte por las tales cosas en las quales te havías de consolar, porque esas son las mediçinas que Dios suele dar a sus más amigos. Y los que son fieles y devotos, resçívenlo con conocimiento de graçias, mas los que son ynpaçientes y soberbios, pierden el mérito de la virtuosa paçiençia, y el alegría y gozo que tenían los sanctos quando padeçían por el Señor sus martirios”. Dixo la bienabenturada al sancto ángel: “Si yo fuera sancta, tuviera la virtud que tenían los sanctos, mas como soy peccadora, no siente el fruto de los benefiçios de mi Señor como haçían los sanctos, que con sus sanctas vidas e obras buenas tenían verdadera esperanza de verse en la gloria; mas yo, peccadora, temo perderme, [¿y ansí?] y sano de tantos dolores yrme al Infierno, del qual desseo ser librada, y sanctiguarme”. Dixo el sancto ángel: “Dios te sanctigue y guarde, alma de Dios, que si berdaderamente y con devoto coraçón y pensamientos le sirves y amas, no te perderás, ni te dexará Dios ver las puertas del Infierno, donde moran y están y son atormentados los malos; mas con los ángeles y sanctos de Dios estarás en Paraýso. Y da muchas graçias a ese mesmo Dios y Señor, porque ha mandado gozar y a permitido beas los bienes de Jerusalem la alta, como yo soy testigo que los vees, y me es mandado que te siga y guarde”. Dixo la bienabenturada: “Señor, pues vuestra señoría me reze y guarde, porque soy tan mala [fol. 85v bis] que me espanto de mis maldades y peccados”. Respondió el sancto ángel: “¿Qué peccados son los que tienes?”. Ella dixo: “Señor, no los podría contar, mas acuérdemelos y acusarme he dellos”. Dixo el ángel: “Los que yo te acordare no es el mereçimiento tuyo tanto como si tú te acordases, e humilmente, con dolor y contrición, los confesases, sin ser apremiada ni mucho amonestada por los dezir”. Dixo la virgen: “Señor, ¿las tentaçiones son peccado?”. El ángel: “Sí, quando son consentidas, mas quando no se consienten y pelea el alma con ellas y queda vençedora, el alma es digna de premio y galardón grande, con corona preçiosa, digna de acatamiento reverençial en todos los sanctos de Dios”. Dixo esta bienabenturada: “Señor, yo tengo muchas tentaciones, y en espeçial una, que la tengo por mucho defeto, y es que peno mucho quando me es levantado algún testimonio falso. Y aunque conozco por los peccados verdaderos merezco mucha pena, no puedo sufrir los levantados o sospechados de mí, en espeçial si soy reprehendida de lo que no hize. Y si veo que se da crédito a los que lo diçen, aunque sean mis próximos y hermanas de mi convento, me enojo con ellas, y siento mucho mi infamia y deshonra. Y esto es lo que juzgo de mí á mucho defeto, y pienso si, por mis peccados, es vanagloria, o si yo soy apetitosa de banagloria”. Respondió el sancto ángel: “No es banagloria mientras tú no estimas tu persona, y mientras no te plaçe que te tengan por sancta, pues heres peccadora. Mas en quanto sentir la infamia, dicho es que arto es de cruel quien su fama no guarda; e siquiera por la honra de Dios, el buen religioso o religiosa deve estimar su fama primero, adornándola de buenos exemplos y virtuosa vida. Y esta tal no se deve dexar infamar si escusarlo puede, mas si le viniere sin poderlo escusar, mereçerá con la tribulaçión, y no se deve perder el fruto de paçiençia”. Dixo la bienabenturada: “Ay, señor, ¿qué haré yo que he sentido mucho la infamia, y el pensar que me an aborreçido mis perlados [fol. 86r] viendo yo que en algo me maltratan y reprehenden? Y sé que no es sin tener yo alguna culpa, en epeçial aquella provisión que procuré por vía de Roma y pontifiçe, como artas vezes le he dicho, que me a dado y da pena y congoxa, y me pesa porque lo hize. Y me arrepiento, y no puedo ya remediar mi infamia, porque está tendida por casi toda la orden y mundo. Y sobre todo me da pena pensar que me an cobrado mala querençia los padres perlados y frayles de nuestra sancta orden de mi padre sant Francisco, al qual digo mi culpa de todas las offensas que he hecho a Dios e a él, e a la mesma sancta orden y religión, y de los malos exemplos que he dado”. &lt;br /&gt;
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El sancto ángel respondió: “Bien sé yo que tú no heres codiçiosa de ser mucho amada ni querida de las criaturas, salvo que por la honra de Dios y por el mesmo amor de Dios deseas ser favoreçida y amada de los benerables padres de la orden y de qualesquier otras personas siervas de Dios y christinas. Mas quita de ti ese pensamiento que te aborreçen, que los que son sierbos de Dios verdadera y piadosamente nunca aborreçen a nadie, ni es justa cosa aborrezcan. Tú no deves dar crédito en eso a tu pensamiento, mas piensa que si te reprehenden, tus obras lo mereçen, y si no lo mereçen, en la reprehensión mereçerás y ganarás buena soldada ante Dios”. Dixo la bienabenturada: “Señor, y mis hermanas las religiosas, que an sido reprehendidas conmigo y por mí, y siendo tenidas por defetuosas, no lo siendo tan enteramente como les an puesto la fama, ¿ganarán soldada ante Dios, como dize vuestra señoría, y ansimesmo en las reprehensiones y travajos que les an sucçedido açerca de mi peccado o culpa, que a ellas también alcançó parte la pena sin tener ellas la culpa?”. Dixo el sancto ángel: “Otras vezes te he respondido que ellas y tú podéys mereçer dinos méritos ante Dios con esas tales cosas, mayormente no siendo culpadas. Mas dígote de verdad que me pesa, y tengo lástima, porque no sea honrado y benerado más esa casa de la sancta Virgen María María ''[12]'' de Dios, y porque es [fol. 86v] desfavoreçida, y tanto olvidada y despreçiada tan maravilloso apercivimiento de la mesma señora en esa casa que se diçe de la Cruz. Y pues que es de la cruz”, dixo el sancto ángel, “amad, hijas amadas, la cruz, y si algunas de vosotras no soys perfetas, travajad de serlo, y las que soys flacas, no os plega el peccado ni el daño de vuestras personas y costumbres; no viendo tú nobles, porque Dios se honra en las buenas personas, y las buenas personas se honran en Dios. Y por eso es peccado deshonrar las personas sanctas y las religiosas sanctas, e si no son sanctas no son dinas de llamarse sanctas. Y porque Dios sea en ellas, y ser reverençia, mereçen ellas toda beneraçión. E los yndebotos, que no honran las órdenes en la religión christiana, Dios los castiga; e aunque sean religiosos e religiosas, son obligados a ser afiçionados a las mesmas órdenes, y no para las maltratar ni tener en poco, mas para las apiadar y remediar en sus neçessidades e tribulaçiones”.&lt;br /&gt;
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Dixo la sancta virgen: “Señor, nuestros perlados hizieron bien en angustiar tanto a mis hermanas las religiosas en aquel caso que savéys de ser heridas con palos”. Respondió el sancto ángel, diziendo: “No podían ellos, según Dios, con buena y loable y perfeta conçiençia hazer el agravio que se hizo en las siervas de Dios y de la Yglesia cathólica, aunque vieran culpa; ni tú devieras procurar, sin su liçençia por vía de Roma, cosa alguna, ni aquella bula, la qual, pues que simplemente fue hecho y sin perjuyzio a la orden, dellos simple y sabiamente y con alguna piedad se deviera castigar”. Dixo la bienabenturada: “Señor, peccaron ellos en deshazer lo que el Sancto Padre havía hecho”. Respondió el ángel: “Ese secreto quiero yo dexar a Dios, que save los poderes que dio a su Summo Pontífiçe, los quales poderes deven ser tenidos en todo acatamiento, y estimados sobre las mayores cosas de la Tierra. Mas, ay dolor, ay dolor. Dos vezes digo, y tres: ay dolor. Que oy día los christianos en poco tienen el Summo Pontífiçe, y sus poderes y antiguas y sanctas ordenaçiones perfetamente ordenadas por graçia de Spíritu Sancto. En la Yglesia cathólica romana [fol. 87r] esta es una llaga hecha a la persona de Dios, que ansí como no se le puede olvidar la del costado con la lanza en el corazón, ansí no se olvidará Dios los menospreçios que an tenido a su Yglesia. El día del juyzio lo verán las ánimas, quando aquel peccado y los otros les será demandado por el justo e verdadero juez, que es Jesuchristo, al qual te encomiendo sirvas y ames con todo coraçón, y temas, y honres y adores”. &lt;br /&gt;
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Dixo la bienaventurada: “No plegue a Dios, señor, que yo piense que mis perlados offendieron al Señor en cosa alguna que hiçiesen. Porque ellos son alumbrados de Dios, y no creo yo que hizieron ni an hecho contra la Yglesia apostólica cosa que no devían”. Respondió el sancto ángel, e dixo: “Tú, de persona simple y poco entendida, entiendes que digo yo por tus perlados eso tocante a la Yglesia apostólica offendida. No lo digo sino por todo el mundo, doquier que ay christianos, y aunque sean religiosos, de todo se haze mençión. Tú me preguntas de una cosa çerca de tu peccado, yo respondo açerca de los peccados de todos”. Dixo la sancta virgen: “Yo, señor, no querría saber sino açerca de aquello que preguntava, mas pues vuestra señoría dize lo que es servido e mandado servir, todo ansí lo haré”. Y dixo el ángel: “¿Tus peccados quieres scrivir?”. Respondió ella: “Señor, no tengo otra cosa que dezir ante el acatamiento de Dios y Vuestra Señora sino mis peccados y defetos, y pedir perdón dellos, y rogar por mis próximos e amigos, y encomendados e bienhechores”. Dixo el sancto ángel: “Y aun los agenos dizes también, aunque te he yo amonestado confieses tus culpas y dexes las agenas, e mires la viga de tus ojos y no estimes la paja del ojo ageno de otro qualquier próximo”. Dixo la bienabenturada: “Señor, y si por scrivir esto que [fol. 87v] me manda vuestra señoría a mí biene mal y a las hermanas que lo scrivieran, ¿qué remedio?”. El ángel: “¿Por qué piensas te á de venir mal?”. Ella respondió: “Señor, no sé, mas lo que yo digo a vuestra señoría, y él me dize, es en secreto, y ansí querría se quedase en secreto, pues si se scrive, ¿cómo quedará en secreto?”. Él dixo: “No quiere Dios que estas cosas sean en secreto, pues públicas apareçieron sobre la Tierra”. Ella dixo: ¿Cómo, señor, apareçieron? ¿Por ventura son ángeles que pueden aparecer?”. Él respondió: “Todas las cosas que ligeramente passan por la criatura son apariciones, y el pensamiento bueno es llamado ángel, y el pensamiento malo es llamado adversario, o enemigo de la virtud o del bien. Por eso, guárdate del mal pensamiento y busca el bueno, y quando le hallares, estímale en más que el oro ni plata ni piedras preçiosas. Y con tanta diligençia busca el buen pensamiento y acava de dentro de ti trabajando buscando a Dios, y en sí, y en que parezcas a los que buscan el oro y las perlas, que con la grande codiçia e afinco no sienten el trabajo; mas no les parezcas ni seas cruel contra tus súbditas y hermanas, y compañeras y próximos, como lo son aquellos que maltratan en las Yndias a sus esclavos con crueldad, y sin misericordia y piedad, que pagarlo an ante Dios. Y encomendad a tus hermanas.”&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Dixo la bienabenturada: “Señor, ya no son ellas mis súbditas”. Respondió el sancto ángel: “La religión les otorga liçençia ser humildosas a perladas y no perladas. Y pues en sus coraçones te consideran y tienen en tal grado, no dexando de obedeçer a quien les manda la obediençia y dinidad de sus superiores, bien puede gozar en sus pensamientos de ser tus súbditas, pues no lo hazen fingiendo ni por fuerza. Por tales, las offreçe a Dios, pues las resçiviste en la sancta religión, y recáudales bendiçión de Jesuchristo y de su madre”. Ella dixo: “Recáudasela vos dellas, y a mí”. Entonzes el sancto ángel, alçando la mano, bendixo diziendo: “''In unitate sancti spiritus, benedicat vos pater et filius''”.&lt;br /&gt;
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Y la sancta virgen [fol. 88r] tornó a dezirle: “Señor, mire que no me mande scrivir lo que me dize, y ¡ay lo que está scripto! Todavía tengo temor me á de venir mal por ello”. El ángel dixo: “No scrivas ya más si no quieres, y di a tu hermana que çese la péndola”. Ella dixo: “Señor, lo que está scripto querría romper, si quisiesen las hermanas romperlo”. Respondió el sancto ángel, diziendo: “Haz penitençia de ese recado, que es más gave que por el que padezes. Ya saves tú que te lo mandé con premio, y te amenazé que te daría Dios muchos dolores acreçentados de Passión y permitiría sobre ti tribulaçiones más que puedes pensar si no lo scrives”. Dixo la virgen: “Señor, yo por eso temo y he temido, mas ya se a hecho vuestro mandato, conténtese vuestra señoría. Y dígame de las hermanas algo más, no me lo mande scrivir”. Dixo el sancto ángel: “Si lo as de scrivir ''[13]'' no te quiero dezir nada que digas público, porque te truecan las palabras y las ponen otro estado al como las dizes, y las dan otro entendimiento contrario a la verdad, y a tu yntençión simple y fiel, y que no deseas offender a Dios ni al próximo, ni condenar tu alma, ni dezir cosa que no sea verdad espiritual y temporalmente a lo que yo he conoçido. Si otra cosa te juzgan, respondo que Dios save la verdad”. Tornó la bienabenturada a preguntar, diziendo: “Señor, ¿qué será de mis hermanas, que nunca me lo havéys dicho, aunque os lo he suplicado?”. Respondió el sancto ángel: “El Señor dize por Sant Juan: assí quiero que quede. Yo digo por ellas que s’estén agora ansí, obedeçiendo y honrando a Dios, y a sus perladas presentes y pasadas y por venir, [fol. 88v] y cumpliendo las cosas de su profesión y regla con la ley de Dios y obediençia de la Yglesia cathólica christiana. Y ansí serán salvas si hazen penitençia digna y mueren en el Señor”.&lt;br /&gt;
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Dixo la sancta virgen que se despidió el sancto Ángel esta vez diziendo el responso de ''requiem eternam''. Y ella quedó muy angustiada, llorando por sus hermanas. Y quando tornó en sus sentidos esta bienabenturada no podía tener las lágrimas, diziendo a ymportunaçión que las monjas le hiçieron viéndola llorar: “Suplicando yo a mi sancto ángel me dixese algo de vosotras, hermanas, respondiome unas palabras, las quales yo no bien entendí y por entonzes él no me las declaró, y an me dado mucha pena, que pienso que el sancto ángel os juzga por muertas o savía algunas reçias cosas venideras sobre vosotras, y por esto tengo tan grande pena”.&lt;br /&gt;
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'''Capítulo XVIII'''&lt;br /&gt;
'''De cómo esta bienaventurada hizo una pregunta a su sancto ángel'''&lt;br /&gt;
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Estando elevada esta sancta virgen, tornó a preguntar a su sancto ángel, diziendo: “Señor, pues yo veo que vuestra señoría es servido diga o scriva algunas cosas de las que me a dicho, e dize hazerlo he de una sancta liçençia; y en espeçial, señor, le supplico le plegue oýrme otra cosa que quiero preguntar de mis hermanas, que estoy muy angustiada en ver el despedimiento que, señor, hizistes con el responso de muertos. No plegue a Dios que sus ánimas mueran, ni tanpoco sus cuerpos padezcan muerte con deshonra, sino que quando murieren sea en alabanza de Dios su pasamiento, y en gloriosa salvaçión dellas, y quando padesçieren travajos sean [fol. 89r] por el mesmo serviçio de Dios. Y ansí lo suplican ellas a vuestra señoría, y le besan los pies y las manos”. Respondió el sancto ángel: “Al señor Dios Jesuchristo besen los pies y las manos, y con lágrimas de sus ojos y toda devoçión y reverençia, humildoso y piadoso acatamiento, contemplen y adoren, y acordándose de los clavos y tormentos con que fueron presos los generosos y delicados miembros del mesmo Dios y Señor Jesuchristo en el tiempo de su sagrada Passión. Y quando ellas esto hagan, y tú también, sus ángeles por ellas, y tú también, y yo por ti, offreçeremos aquella buena obra delante de Dios, como fue offreçida la obra de las lágrimas y penitençia de aquella muger sancta que se dize la Madalena”.&lt;br /&gt;
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Replicó la bienabenturada a sus palabras, diziendo: “Señor, dígame açerca de aquello de mis hermanas”. El sancto ángel respondió: “No as de saber todos los secretos. Mas dígote que el responso que yo dixe de ''requiem eternam'' es neçessario a toda persona, siquier sea viva, siquier sea difunta, que dos muertes que ay, una del cuerpo y otra del alma, para qualquier dellas aprovecha la dicha oraçión; y si tú acostumbrares muchas vezes dezirla en fin del pater noster, cuando rogares por los affectos también como por los difuntos o por los que están en peccado mortal, ganarás por ello. E si con mucha devoçión lo hizieres, cumplirás por tus próximos la falta suya y tuya”. Dixo ella: “Señor, no me satisfago enteramente”. Respondió el sancto ángel: “Déveste satisfaçer, que la palabra del sabio es preñada: cuando cogieres almendras e otra fruta que tenga cáscara, trabajo as menester para [fol. 89v] quebrarla, y aun deshollar la mesma fruta para que quede en lo perfeto, ansí puedes aprovecharte de mis palabras. Y aunque no te satisfagas del todo, míralas bien, y entiéndelas para reformaçión de tu conçiençia y para enseñar a quien no save, porque ay muchas personas ygnorantes y no pueden alcanzar la sabiduría verdadera y neçessaria”. Ella dixo: “Señor, ¿qué cosa es sabiduría?”. Respondió el ángel: “La verdadera sabiduría es amar y honrar a Dios, y guardar su ley y sanctos mandamientos, y saber cada un ánima salvar a sí mesma con el ayuda y graçia de Dios. Y si puede ayudar a salvar otras ánimas, buena obra es, y muy maravillosa. Y por eso, con razón, está scripto que mucho haze quien salva su ánima, y más quien la suya y otras, y mucho haze quien salva su ánima también, y guarda los mandamientos de Dios y los cumple; y más, quien cumpliéndolos y enseñándolos, aprovecha. Y muy malo es quien quebranta los mandamientos de Dios, y más malo es quien los enseña a quebrantar, o da favor a que sea quebrantada la ley de Dios o los mesmos mandamientos de Dios y de la Yglesia cathólica y perfeta”. Dixo la bienabenturada: “Señor, ya yo no puedo enseñar, puesto que en mí no ay sçiençia ni abilidad para otra cosa sino para ser enseñada y ordenada”. El sancto ángel respondió: “Dios te dio marco de buena enseñanza, no seas desagradeçida a sus beneficios, puesto que no des, alaba humildad”. Ella dixo: “Señor, ¿cómo puedo yo enseñar la carrera del Señor o otras cosas perteneçientes a ella?”. Respondió el sancto ángel: “Siendo apremiada, y estando como estás, pressa con enfermedades e con la obediençia, no te demandará Dios las faltas de la enseñanza”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Dixo [fol. 90r] la bienabenturada: “Así plegue a Dios que no me lo demande, que las hermanas me ponen temor diziendo que daré puertas a Dios, y que me culpará porque no les digo todas las cosas que quieren”. Respondió el sancto ángel: “No les puedes tú dezir todo lo que ellas quieren, aunque sea hablando spiritualmente cosas de Dios y neçesarias a la buena consçiençia y doctrina, en espeçial estando tan escondida como estás. Que las personas que alguna graçia Dios les da, repartidos sus espeçiales dones, para de raçón havrían de estar en lugar más público que escondido”. Dixo la sancta virgen: “Señor, ¿qué cosa es lugar público?, que en la sancta religión no tenemos por bueno eso”. Dixo el sancto ángel: “Digo lugar público porque las personas que están como tú diviérenles dar alguna libertad o recreaçión para algunos tiempos ser en público lugar, en consolaçión y aviso de sus próximos, aprovechándoles espiritualmente. Y por eso a tus hermanas no les deves culpar, ni a otras personas que desean aprovecaharse de tus palabras o consejos fieles y devotos”.&lt;br /&gt;
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Dixo la bienabenturada: “Señor, las personas religiosas y con boto de ençerramiento, ¿cómo pueden aprovechar a los próximos en más de rogar a Dios por ellos?”. El sancto ángel respondió: “Si guardando su religión y botos pueden de dentro en su monasterio con palabras aprovechar, y fuera con cartas devotas y fieles cathólicas e verdaderas, más frutuosa vida es la de la tal persona que no la vida de quien marco no tiene o graçia de Dios para el tal aprovechamiento espiritual. E si algunos con soberbia y presumpçión e banagloria se levantasen o quisiesen levantar en más estimaçión del marco que Dios les dio, creyendo de sí algún bien lo que en ellos no ay, o reputándose con banagloria por buenos, los tales en su fruto se conocerán, y en sus [fol. 90v] obras; y a los tales no les deven dar livertad en más de lo que su capaçidad abarca”. Dixo la mesma bienabenturada: “Señor, eso yo no lo entiendo, mas como dize vuestra señoría que las palabras del sabio son preñadas, bien creo se ençierran en estas palabras algunas buenas cosas o sentençias”. Dixo el sancto ángel: “Buenas son las palabras del sabio, mas mejores son las del justo”.&lt;br /&gt;
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Dixo la virgen: “Ay, señor, ¿y quién es justo en la Tierra?”. Respondió el sancto ángel: “Pues si no huviese justos en la Tierra, ya abría Dios hundido el mundo, mas dígote que mientras christianos huviere en ella, verdaderos y devotos, no puede pereçer el mundo del todo”. Dixo ella: “¿Y el día del juyzio no abrá christianos?”. Dixo el sancto ángel: “Sí abrá, aunque atormentados de los malos, y assí entrarán en Paraýso con gozo y con gloria, coronados de martirio, a los quales Dios alabará”. Dixo la bienabenturada: “Ay, señor, quién fuese digna que Dios la alavase”. Respondió el sancto ángel: “Sola el alma que Dios alaba es digna de alabanza; mas la que a ssí mesma se alaba sin ser digna que Dios la alabe, ni los sanctos de la gloria, ni los próximos de perfeçción, ella mesma se condena, y el día del juyzio será contada con los malos, arredrada de la compañía de los buenos”. Dixo la bienabenturada al sancto ángel: “Qué haréys, que soy muy desperadiça. De que pienso en mis peccados ya se me a creçentado la desesperaçión, por causa de que mis próximos me juzgan y me an juzgado, y casi dado sentençia sobre mí, por mala, antes que Dios la dé en el temeroso juyzio suyo, que yo espero ya esta causa. Soy muy atormentada en mi spíritu pensando lo muchedumbre de mis pecados, y pensando la poca ayuda que terné con sanctas oraçiones de mis padres los frayles, de los quales yo esperava refrigerio y consuelo de muchas misas que por mi alma dizían con devoçión. Y viendo que la an perdido en mi persona, tanpoco creo la ternán fervorosa y de coraçón para rogar por mí a Dios Nuestro Señor. A triste dicha mía tengo y atribuyo este [fol. 91r] gran daño”. El sancto ángel respondió: “Descansa y huelga, bendita ánima de Dios, y no te atormentes ni te dexes vençer de tan mala batalla como la desesperaçión o poca alegría en las tribulaçiones. Que te digo que más bienabenturada eres por ellas, e más purgada e aluziada, que el oro quando pasa por la fornaz, que queda puríssimo y de gran valor y preçio. Y no pienses que a tus hermanas las religiosas yo las desalabo por la fee y devoçión y amor que tienen contigo; antes las alabo, y no solamente a ellas, mas a qualesquier devotos, hombre o muger, que contigo ayan tenido o tengan lo mesmo por las graçias y dones que de Dios huviste manifiestas, y no ocultamente como las tienes agora, que no se te parezen por la muchedumbre de los dolores y los agravios sobre ti suçedidos. Y aún más te digo, que aun las ánimas y personas difuntas que an passado de la vida mortal a la inmortal, y heran tan devotas y afiçionadas por vía de perfeta devoçión, an havido por ende galardones de Dios y refrigerios en sus neçessidades, estando en el destierro de Purgatorio y cárçeles atormentadoras”. Dixo la bienabenturada: “Ay, señor, muchas graçias doy yo a mi señor Dios y a vos, por tantas virtudes y consolaçión como yo resçivo de vuestra sancta palabra. Mas suplícole me diga de mis parientes, si abrán por mí algún bien”. Respondió el sancto ángel: “Si los estraños lo an, agravio sería no lo haver los tuyos, aunque conviene respondan ellos a Dios con sanctas obras y simpliçidad de ánima”. Dixo la bienabenturada: “Señor, ¿qué cosa es simpliçidad de ánima?”. Respondió el ángel: “Aquello que se dize en el psalmo ‘''qui non accepit in vano animam suam''’, que quiere dezir ‘aquel que no resçivió en vano la su ánima’; e más te digo, que donde mora ynvidia y malquerençia, y desseo y benganza de propia gloria, en las tales cosas se contiene perfeta maliçia, y la tal ánima está despojada de la virtud de la caridad açerca de Dios y del próximo, y ensoberbeada con propia presumpçión”.&lt;br /&gt;
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Dixo la sancta virgen: “Señor, ¿é yo peccado en amar mis parientes o en hazer algo por ellos?”. Respondió [fol. 91v] el sancto ángel: “Dios te demandará la crueldad que con ellos hiziste, pudiséndoles haçer piedad sin perjudicar tu consçiençia y haçer agravio a otro”. Dixo ella: “¿Qué haréys, señor, que he sido juzgada de demasiadas piedades a mis parientes y con agravio del monasterio donde yo soy religiosa?”. Respondió el ángel: “Qué as de hazer si no resçives en paçiençia los dichos, que Dios juez es, que save todas las cosas y nunca da pena a nadie por el peccado que no hizo, ni galardón por la buena obra que dexó de hazer”. Dixo la virgen: “Señor, qué haré, que he juzgado a mis perlados y he tenido juyzio contra ellos, que an querido usar de poderío contra mis hermanas y contra mí; mas que de razón tuviesen para nos hazer los agravios passados, y que no se a mirado la caridad enteramente con nosotras para juzgarse y castigarse nuestras flaquezas justa y piadosamente, y que nos an levantado algunos males que nosotras no havía, y publicados, puesto que somos peccadoras”. El sancto ángel respondió: “Dizes verdad, que algunas cosas an sido puestas en fama desloable más que se devieran poner. E puesto que los perlados son poderosos, ay neçessidad y es razón y justa virtud que reynen con humildad, y usen de sus poderes templadamente, no sobrepujando la yra a la virtud y paçiençia y esperanza de penitençia que hará el religioso o religiosa reprehendidos. E más que te digo: que los que con soberbia y presumpción rigen, Dios no les es deudor de gran graçia para tratar las ánimas, según Dios y buen mereçimiento del propio perlado. Y por eso niega Dios la graçia a los malos perlados, y los amenaza para el día del juyzio que le pagarán las ovejas muertas a su causa, con crueldad lisiadas, sin poner medicina, porque el ymperio de la perlaçía no se da para crueldades desordenadas, mas para creer en sabiduría y sçiençia en la ley de Dios y sacras scripturas eclesiásticas, las quales son por Spíritu Sancto ordenadas, en espeçial las que son dichas. Buena graçia e decreta es en la nueba ley e vieja. Ay mucha declaraçión de las scripturas sagradas ya dichas, aprobadas por Dios y por la sancta Madre Yglesia, y porque en tu entendimiento no pueden caber las cosas que te podría yo dezir de las condiçiones que an de tener los que rigen, y remítome a las dichas sagradas scripturas [fol. 92r] e sanctos libros, hechos e ordenados por el Spíritu Sancto, los quales sin falta son aquellos que hiçieron los quatro doctores que son nombrados reformadores de la Yglesia militante. Y si otras personas algunas se levantaren contradiçiendo lo que aquellos, no debe de ser admitida ni resçivida la contradiçión, porque traería mezclas en sí solapadas, aunque, so color de bien, los tales den consejo llamándose christianos. No ay cristiano fiel si no tiene y cree lo que la madre sancta Yglesia, perfeta y militante, predica y enseña, así de la unidad en grandeza de la alta Trinidad como de los otros estatutos y perfeçiones que se contienen en esta mesma sancta Yglesia católica”. &lt;br /&gt;
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Dixo la bienabenturada al sancto ángel: “Señor, ¿qué virtudes tenéys vos con que señaladamente aprovecháys a las ánimas de Purgatorio, pues tanto me mandáys a mí y encargáys ruegue por ellas?”. El sancto ángel respondió: “Piedad y misericordia me constriñe a mandar que offrezcas por ellas tus trabajos, y algunas devotas oraçiones e ayunos, los quales en lugar de limosna hecha por ellas les aprovecha”. Ella dixo: “Señor, las limosnas que dan por ellas los del siglo, ¿aprovéchanles mucho?”. Respondió el ángel: “Sí aprovechan, y quien haze limosna por las ánimas de los difuntos christianos mata el peccado propio suyo, y quita las penas que en la otra vida atormenta las ánimas por quien es ofreçida la limosna”. Dixo la virgen: “Señor, ¿qué es la causa que me havéys mandado, en el remedio de mis dolores, poner piedras frías o guijarros?”. El ángel respondió: “Probándolo tú, ¿no has hallado refrigerio?”. Dixo ella: “Algunas vezes le hallo, y algunas vezes más dolor”. Respondió el sancto ángel: “Quando tuvieres fe que yo tengo la virtud sobre las piedras y guijarros y que te verná bien; por ende, no dexes de animarlos a tus dolores, que piadosamente abrás refrigerio, y en espeçial, quando huviéredes grandes calores por causa del dolor, avrás refrigerio, que tú mesma conoçerás el benefiçio”. Dixo la bienabenturada: “Señor, ¿aprovecharán las tales piedras en vuestra virtud a otras personas, como hazen a mí?”. Respondió el ángel: “Ya podrá ser, que de aquí adelante aprovechen [fol. 92v] a toda persona, porque Dios me a dado poderío sobre las piedras, que tengan virtud para muchas cosas y que puedan ser possada y hospital de algunas ánimas en que pasen su Purgatorio con más templanza que lo pasarían en los fuegos de Purgatorio ardientes y muy fuertes; las quales penas, si te las dixese, te espantarías, y tu spíritu desfalleçería de dolor y compassión, y tú temerías en toda ora y en todo momento de offender a Dios por no verte en ellas”.&lt;br /&gt;
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Dixo la bienabenturada: “Ay, señor, de las del Infierno me libre Dios por su misericordia, pues que son perpetuas sin fin; que las que an fin, aunque son rezias de oýr, quanto más de padeçer, consolatorias son para el ánima que se desea salvar por peccadora que sea”. El sancto ángel respondió: “Dizes verdad, mas quando se piensan las penas y no se sienten ni la prueba dellas, son yncreíbles a los peccadores, y por eso no se guardan de peccar mientras viven, y después en la otra vida ay las penitençias de las penas y no ay remedio de enmienda; porque allí se pagan los peccados hechos e cometidos atrebidamente, no anteponiendo el temor de Dios con el qual se suelen resistir los peccadores, y por el dulze amor de Dios obrar las virtudes como hazen los verdaderos fieles y sierbos de Dios, que antes determinarán morir que haçer un peccado mortal, porque es Infierno para el alma”. Dixo la bienabenturada: “O, peccadora de mí, Señor. ¡Y qué haré yo, que tantos peccados mortales tengo y he hecho toda mi vida como gran peccadora, y herrada y culpada!”. Dixo el sancto ángel: “Bien haçes de conocerte, y lo mejor es arrepentirte y llorar con devoçión tus peccados haviendo compasión de Dios, a quien offendiste y reverençiaste, y desagradeciste y ayraste con tu mala vida y obras y perversas costumbres”. Dixo la virgen: “Señor mío, ¿pues qué es la causa que siendo yo tan mala os veo a vos, y otras vezes a Nuestra Señora la Virgen María, y a mi Señor Jesuchristo, preçioso hijo, que es más que todo?”. Respondió el sancto ángel: “De tan gran graçia como esa también darás quenta a Dios, porque no la conservaste y agradeçiste e reverençiaste como devías. E puesto que es grande graçia en la manera que tú ves [fol. 93r] esas cosas, mayor graçia es con los ojos del ánima e gusto del spíritu contemplar y amar ese mesmo Dios Jesuchristo sin le ver, y a la Reyna del Çielo su sancta madre. Y por eso dixo Dios a sancto Tomás: ‘Porque me viste, me creýste, mas quien no me viere y me creyere, bienabenturado será’”. Ella dixo: “Pues yo no demandé al Señor me diese visiones ni apariçiones de sí mismo, ni de vos, señor, ni de otras cosas del Çielo, ¿qué es la causa? ¿Por qué se me an dado sin mereçerlo yo?”. Respondió el sancto ángel: “Es graçia que Dios, de su gana y grado, te a dado, abentajada que a otras personas. Como dicho tengo, no seas yngrata ni te ensoberberzcas, que a otras personas sin ver nada son mejores que tú. Y esto ten siempre en tu corazón: nunca te engañe el enemigo con banagloria, que dígote que por guardarte Dios deste peccado, a permitido sobre ti algunos menospreçios en tu vida con que an sido y heres quebrantada, y apremiada, y pisada de las gentes, y en lenguas de las criaturas de Dios; aunque no dexo de culpar a las personas que no an mirado a la graçia que Dios en ti puso provechosa y manifiestamente, porque los tales menospreçios no se haçen contra sierbos y sierbas de Dios, si en alguna culpa, siquiera por la reverençia. Mas tú, duélete del peccado hecho contra Dios más que de tu menospreçio, y piensa que de más heres digna, y ansí salvarás tu ánima, que está en tu palma, como dize el psalmo ‘''anima mea in manibus meis semper''’”. Dixo la bienabenturada: “Ay, señor, no quisiera yo que el Señor dexara en mis manos mi alma, que soy neçia e yndiscreta peccadora, y sin conoçimiento de mi señor Dios y de lo que a mi ánima conviene, y en lugar de salvarla y ponerla en Paraýso, héchola en el Infierno. Ay de mí, que en mi mal cobro las penas no sé para qué la dexó Señor en mis manos. Más me valiera no naçer que perderme, y yrme al Infierno; más me valiera no nasçer que desamparar a mi Señor Dios y criador, y redemptor y salvador, e amigo e esposo verdadero de mi alma, y apartarme d’Él como me a apartado, y olvidarme d’Él como me he olvidado, y faltar de allegarme a Él [fol. 93v] como he faltado. ¡Ay, grandes peccados! ¡Ay, qué grandes males! Perdóneme el Señor por su misericordia y por su sancta Passión. Rogáselo vos, señor sancto ángel bendito. Rogáselo vos, muy preçioso señor mío y guardador mío. Hazé que no se pierda esta triste ánima que os fue dada en cargo, sancto Laurel auram, bendito poderoso sobre las piedras, consolador de las ánimas y reberçedor de las yerbas marchitas que dezís se entiende por las ánimas que están marchitas y secas sin Dios. Rogad por mí al Señor, que soy piedra dura y sin humor de graçia y de virtud de Dios. Si por su misericordia no me la da, préguemela vuestra señoría, sancto ángel bendito. Préguemela, pues tanto alcanza de Dios”. Dixo el sancto ángel: “Levántate, alma, sierva devota a Dios. Levántate de la baxeza de tus peccados, que por muchos que sean Dios te los puede perdonar: aquel que perdonó a Sancta María Madalena quando lloró sus peccados, perdonará a ti; aquel que convidó a Sant Matheo, y le convidó con gran y misericordia, convidará a ti. Ese mesmo Dios a muchos peccadores y peccadoras a perdonado. Para mientes, no desesperes de la misericordia de Dios, no te aflixas demasiado por las persecuçiones y menospreçios a ti hechos, contra las murmuraçiones verdaderas o no verdaderas contra ti, que si todo se te quenta en penitençia de tus peccados, ruega a Dios te lo resçiva. Yo también lo rogaré”.&lt;br /&gt;
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Dixo la sancta virgen: “Señor, mi menospreçio y murmuraçiones contra mí hechas, yo mesma me los ganado con mis peccados y defetos y tachas malas que ay en mí, y a havido, por ser yo tan peccadora, como dicho tengo y me he confesado con vos, señor”. Dixo el sancto ángel: “No digas que tienes malas tachas, que es cosa de animales brutos sin conoçimiento de Dios, que si tú as offendido como peccadora y criatura caýble, tan poco a sido en tanto grado quanto ''[14]'' tú te acusas e pones los defetos, e si otras personas te los an puesto y tales ayudas, no quiero yo favoreçer en eso e tan demasiado grado, que persona que ve a Dios y a mí, que soy ángel y tiene graçia [fol. 94r] de ver los demonios, no es razón desfavoreçerle en tanto grado. Y si las gentes desfavoreçieren, Dios no desampara del todo a sus amigos. Y si en esa vida quedan vençidos o muertos de sus enemigos, visibles delante de Dios, los muertos sin culpas ''[15]'' quedan venzedores, y con gloria triunfadores, y los vivos, aunque victoriosos al parezer visiblemente, quedan muertos y sepultados en el peccado de su omiçidio y malquerençia y crueldad”. Dixo la sancta virgen: “Señor, cosas maravillosas me dize vuestra señoría, que mi entendimiento no basta para entenderlas”. Dixo el sancto ángel: “Capaz está tu entendimiento de entender y sentir bien de Dios y de esas cosas y escondidas sçiençias si quieres usar tú de la virtud y lumbre que Dios te dará, con la qual alumbra su sancta fee cathólica, la qual te consejo reluzga en ti como piedra preçiosa puesta en oro o en plata, o como el luzero planeta del çielo”.&lt;br /&gt;
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La bienabenturada preguntó al sancto ángel, diziendo: “Señor, ¿qué es la causa por que el Señor permitió sobre mí fuese atormentada en vida como Job, que ansí me pareze que estoy cubierta de dolores y ansí me duelen como si fuesen llagas o lepra?”. Respondió el sancto ángel, diziendo: “Da graçias a Dios trino y uno y verdadero por todos los dolores que te dio, secos y sin llagas. Y aunque fueran llagas y lepra, es más ydiondo y feo el peccado que afea el alma que no la lepra y hedor que atormenta el cuerpo. Antes muchas vezes da Dios las tales cosas para purificaçión y hermoseamiento del alma. Y acordarte deves de cuando yo te dixe que havía el demonio demandado liçençia a Dios para perseguirte y tentarte de diversas maneras ansí como lo hizo. Contraxole, comoquier que le fue dado algún poder y liçençia, no fue en tanta cantidad como el mesmo demonio pedía. Tú sanctíguate d’él y no le ayas miedo, que si fee y devoçión tienes en las virtudes de la cruz, valerte an ante Dios, y el demonio no avrá poder sobre ti en grado enpezible a tu ánima, aunque el cuerpo padezca y sea atormentado. Y sé fiel a Dios, enbuélbete en su amor, afórrate en su esperanza, consuélate en su serviçio. Esto haciendo, y siendo Dios contigo, no temerás cosa que los [fol. 94v] hombres te hagan, que, quando te mataren, heres viva; quando te dieren vida los hombres y no Dios, quedas muerta. Ansí están muertos los favoreçidos de los hombres, mas los favoreçidos de Dios, aunque sean muertos, quedan vivos”. La sancta virgen dixo al ángel: “Señor, mucho me consuelo oyendo palabras, sanctas palabras, mas miedo he a los hombres, y asombrada me tienen los sanctos e humildes religiosos e religiosas. ¿Qué haría, y en quánto grado más abría miedo a los crueles seglares, si, a desdicha mía, por sus manos huviese de ser castigada o penitençiada? Que aunque fuese permisión del Señor, y por bien de mi alma, en tales cosas no sé si avría paçiençia y si el tal martirio sería en mí meritorio”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El sancto ángel respondió, diziendo: “Grande es la pequeñez de tu coraçón, pues no estás aparejada para con todo esfuerço e amor de Dios sufrir las fatigas. Esfuérçate, que la sancta religión christiana piadosa es. Y las personas que son christianas y desapiadadas quedan deudoras a Dios en mayor grado que los infieles, en espeçial quando hazen mal a los amigos e sierbos de Dios, pues los religiosos e de orden sacra, ¿cómo te an de hazer a ti mal? No tengas tantos temores, ánima de Dios, que me das congoja y me hazes llorar”. La bienabenturada respondió al sancto ángel, diziendo: “Señor, no puedo más sino sentir en mí este temor, acordándome de las cosas profetizadas sobre mí, como vuestra señoría me a dicho artas; e otras me an contado mis hermanas las religiosas, las quales dizen haver ellas oýdo por sus oýdos profeçías salidas por la palabra dada de graçia del Señor en tiempos passados, las quales profeçías en mí dichas y para mí profetiçadas dizen ellas se cunplen agora y se an cumplido largamente, y aún ay más por cumplirse, y con esto estoy tan temerosa, no sé qué son”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El sancto ángel dixo: “No tengas tantos temores, por que no pierdas el tiempo ni le gastes mal gastado con el demasiado temor, olvidando y dexando de usar el fervoroso amor de Dios, el qual tú solías tener en otro tiempo y te vi yo con más ánimo y fortaleza y cuydado de Dios, y no con el relaxamiento y tibieza que agora está aposentado en tu ánima. Muchas vezes me haçes estar cuydadoso de ti, y maravillado cómo heres tan floxa, enbuelta en esos temores que te an de haçer mal las gentes. Falta el spíritu de obra en la caridad y amor de Dios, y la hambre y sed que los próximos se salven; falta en ti la oraçión devota y penetrativa, la qual es agradable a Dios, quando limpia y sin peccado vuela al Çielo, adonde Dios está assentado en su real trono, y como el [fol. 95r] humo del inzienzo es sin fastidio quando ordenadamente es quemado ante Dios y es dino sacrifiçio, ansí la oraçión es honrrosa a su alta y gran Magestad y sube bolando, no parando hasta los brazos y persona de quien ama el que la haze. Y por eso, si tú amas a Dios cruçificado, que fue en ese mundo y glorificado que está, oyrá en el Çielo tu oraçión, que es el mensagero de tu coraçón. Hasta allá sube, donde ese mesmo Dios está y mora; y ansí la oraçión de qualquier ánima devota, aunque esté en el cuerpo, e mientras más limpia y sancta vida haze, e religiosa, más açeta e sancta al acatamiento de Dios”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Capítulo XIX'''&lt;br /&gt;
'''De otras preguntas que esta bienabenturada hizo a su sancto ángel'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Preguntó esta sancta virgen al ángel su guardador suplicándole respondiese a una cosa que sus hermanas las religiosas le dixeron que le rogase de una angustia que tenían, la qual le contó assí como se lo havían dicho y encomendado. El sancto ángel le respondió, diziendo: “Tus hermanas las religiosas ayan paçiençia, que no es pequeño su mereçimiento delante de Dios. Y ninguno que suplica con humildad está fuera de estado de graçia; siquiera sea rogar a Dios que perdone los peccados, o otras cosas açeptas y neçesarias a las ánimas y a la salud de ellas y a las gentes, pidiendo favor spiritual y temporal, de la mesma manera no es ningún peccado”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Dixo la bienabenturada al sancto ángel: “¿Quáles de mis hermanas peccan más delante de Dios, o ganan más: las que me quieren a mí bien o por amor de Dios me tienen devoçión, o las que me quisieren mal y acordándose de mis defetos la pierden y dan consentimiento a mi persecuçión con benganza?”. Respondió el sancto ángel: “Tu perfeçción a sido y es muy neçessaria para mérito de tu ánima, y Dios la a permitido. E ansí como Jesuchristo, para la redempçión, fue neçessario ser cruçificado y que huviese quien lo hiziese, assí tú havías de ser perseguida, e havía de levantar Dios quien lo hiziese, o el demonio, con liçençia del mesmo Dios. Mas puedes creer que ansí como los que cruçificaron a Dios no ganaron en sus ánimas nada, antes perdieron mucho, ansí los que persiguen a los sierbos de Dios y que conoçidamente son christianos y amigos suyos, peccan en perfeto grado de maldad”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Dixo la sancta virgen al sancto ángel: “Bien dizes, señor, si son sierbos y amigos de Dios, mas yo, peccadora, que soy ymperfeta y tan defetuosa, en lugar [fol. 95v] de ser amiga y sierba del Señor, como hera razón fuese; y yo soy obligada a Dios, mi Señor, más que otro”. Respondió el sancto ángel, diziendo: “¿Por qué dizes que no heres tú amiga de Dios como su Divinal Magestad save? E yo soy testigo que tienes tú amor y afiçión puesta con Dios, y la as tenido. Y son testigos muchos frayles de tu orden e otras personas de algunas señales que exteriormente se conoçían en ti, el ençendimiento y dulçedumbre que tu ánima sentía, o pudiera ser juzgados sentir, las quales dulcedumbres tan dulçíssimas y perfeçionadas y adornadas de hermosura spritual en el divino serviçio de Dios; el qual es más hermoso y rico, y dulçe y codiçioso a los buenos, más que los despojos a los guerreantes, e más que la vitoria e las vatallas de los enemigos”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Preguntó la bienabenturada al sancto ángel, diziendo: “Señor, mis hermanas las religiosas tienen un defeto muy grande, y es que me desean a mí por su perpetua perlada, y esto es contra la voluntad de nuestros perlados. Y algunas veçes no se lo conçeden, y con su ymportunaçión los enojan. Este peccado, ¿perdonársele a Nuestro Señor? Que yo por grave le tengo en ellas”. Respondió el sancto ángel, diziendo: “Otros peccados avrá en el mundo tan graves y más, que no ese, puesto que ellas deven, como sierbas de Dios, obedeçer lo que les mandaren, y esforçarse a cumplir la voluntad de los perlados, en espeçial cuando no les mandan cosa que sea ofensa del señor Dios ni contra sus almas propias y su perfeta y frutuosa conçiençia e aprovechamiento spiritual en el mayor y mejor serviçio de Dios”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Dixo la virgen al sancto ángel: “Señor, el tiempo que yo he sido perlada, ¿é servido a Dios en el tal offiçio?”. Respondió el sancto ángel, diziendo: “Gran soberbia sería la tuya si pensases havías servido a Dios sin offensa e sin defeto. Mas de una cosa te hago çierto, por que te alegres en la virtud y te enmiendes del defeto, e te duelas quando te falta la virtud: que tu ánima siempre a sido por la graçia del Señor ynclinada a buenas obras antes que a malas, y a un zelo que se sirva el Señor de todas las criaturas, y que no se offenda dellas, ni de tu ánima mesma, la qual deseas salvar con fe verdadera christiana, devota a Dios y a su Madre, y a los sanctos ángeles y soberana corte çelestial. Y las offensas que as hecho no an sido de propia voluntad, ni perdiendo la reverençia e amor de Dios, ni a Él temor reverençial e piadoso, comoquier que atrevidamente y con agudez demasiada o pensando no ser peccado algunas cosas as offendido, e por eso mereçes penitençia. Y si la de la vida presente no bastare, en el otro mundo yrás a penar. ¡Sálvete Dios, ánima mía, encomendada! Que te salve Dios del Çielo, yo lo quiero suplicar, y entiendo ganarte graçia. Tú te deves ayudar”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
La bienabenturada, muy consolada de estas piadosas y sanctas palabras, dio graçias al sancto ángel, [fol. 96r] y tornole a preguntar si havía sido servida Nuestra Señora traerla a su sancta casa de la cruz y que morase en ella para siempre. El sancto ángel respondió, diziendo: “¿Por qué hazes pregunta a la cosa que bien saves? Acuérdate de aquel día quando yo te apareçí en casa de una tu tía, estando tú en oraçión delante Sancta María, e yo offreçía tu devoçión y pedías con lágrimas serbir a Dios te otorgó y te llamó para su casa, y a mí me mandó guiarte. Y ansí se hizo. ¿Qué más señales quieres para conoçer que ella fue servida traerte a su sancta casa, la qual estava derribada y arto caýda en quanto a lo temporal, que en lo spiritual su virtud se tenía? Mas fue aumentada la devoçión junto con la graçia, más contigo que sin ti”. La virgen le dixo: “Señor, ¿pues cómo agora a caýdo en mí la graçia?”. Respondió el sancto ángel: “Siempre acostumbró Dios, en el prinçipio, de dar su graçia alterada y fervorosamente, sin poderse encubrir ni meterse la candela devajo del celemín; mas de que se va haziendo ascua creçida y maçiça, puedes encubrir con la ceniça de la discreçión e abituaçión, sin que se parezca descubiertamente la luz que está en el ánima hecha ascua biba sin llama”.&lt;br /&gt;
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Dixo la bienabenturada: “¿En que veré yo, señor, si tengo graçia de Dios?”. Dixo el sancto ángel: “En si estás aparejada toda ora morir de grado por su honra, gloria y fee, y con alegre esperanza del Paraýso que se da a los amigos de Dios por los mereçimientos de Jesuchristo cruçificado, y apasionado y muerto, y sepultado por la salud y vida del mundo”. Dixo la bienabenturada: “Espántanme, señor, vuestras palabras. Si el Señor no me diese nuevo esfuerço y nueva graçia, muy flaca me hallo açerca del gusto de la muerte, comoquier que por dichosa me tengo quando se me offreçen penas por pasarlas por amor del Señor; y ansí querría poder pasar la muerte con gozo y alegría, sin me entristeçer ni desfalleçer al tiempo del martirio”. Respondió el sancto ángel: “Esfuérçate, ánima de Dios, que la muerte no puede ser escusada a ninguna criatura biva puesta en carne, y á se de pasar la muerte por fuerça. Mas bienabenturados son aquellos que mueren conoçiendo a Dios y confesándole en su sancta fee católica, hallándose dichosos haverle resçivido, o conoçiendo tarde o temprano; aunque más vale temprano y luengamente perseverar y morir en ella que en peccar tarde, que es dificultosa de arraygar en el coraçón del ánima perfetamente. Y ansimesmo, las buenas obras esperar hazerlas tarde es gran peligro, que Dios no es [fol. 96v] obligado ni deudor de graçia a las tales personas que con esperanza diciendo ‘enmendar me he, o buenas obras haré antes que muera’, viene presto la muerte, y toma las ánimas en peccado mortal y no irán servir a Dios ni enmendarse de sus peccados, aunque lo tenían en propósito o en desseo, con el defeto de nunca lo poner en obra; no mereçieron a Dios les diese graçia que pudiera darles, y las mesmas ánimas an menester para salvarse”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Dixo la bienabenturada al sancto ángel: “Paréçeme, señor, estar yo siempre o muchas vezes en estado de graçia; según el Señor, por su misericordia, siento que me la da, y por mis peccados yo la pierdo. Y también me pareçe me la hazen perder las criaturas quando me turban a menudo, o me atribulan con razón, y mi inpaçiençia poca virtud no me dexa conocerme, tanto como devría”. Responde el sancto ángel: “Defeto es ese, y ymposible al alma que se á de salvar, si enmienda grande no diese Dios en el tal yerro”. Dixo la virgen: “Ruegue vuestra señoría por mí, pues save mis defetos, que me los perdone el Señor, este y todos los otros que tengo”. Dixo el sancto ángel: “Pláçeme de lo rogar. Y acuérdate que reçiviste muchos bienes y dones del Señor Dios, por la su perfeta y amigable y verdadera graçia, en la qual tú mesma no deves dudar, como te acaeze algunas veçes, que siendo tan altos los dones y tú no te hallando dina dellos, los dudas ser perfetos y verdaderos de Dios poderoso hechos en ti”. Dixo la bienabenturada: “Ay, Señor, es verdad que ese peccado también tengo, que aunque sé que Dios es poderoso para me los dar, considerando que no es justa cosa en mí, estoy en conbate y en batalla. Y no es en mi mano dexarlo de creer, pues lo veo y siento en diversas maneras que no sé decir, ni es en mi mano dexarlo de creer lo de ligero, porque no oso. Y pienso por ventura no sea pecado creer de mí o en mí haver algún bien, aunque sea por la graçia del Señor”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Respondió el sancto ángel: “Esa también es graçia del Señor, que toda su Divinal Magestad por mexor dé tu ánima. Y las penas que te dan las criaturas, y los dolores y enfermedades, harán para tu ánima, y la limpiarán, y las bescosidades que se le pegan por los defetos que confiesas tener y hallarte culpada dellos. Y más perfiçión es acusarte de los peccados y defetos que no confesar virtudes y manifestallas, aunque las huviese y sean verdaderas. Conózcolas Dios, que las save, pues Él las da por su virtud y misericordia, y Él solo [fol. 97r] las alave como lo hará en el otro mundo, si fueren dinas, y en este las otras personas que te conoçiere. Y ese mesmo Dios, si lo permitiere, es bien que te alaben, mas no tú mesma, porque es bana y engañosa la lengua del que se alava a sí mismo sin que Dios le alave, o las criaturas con verdadero testimonio”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Preguntó la bienabenturada al sancto ángel, diziendo: “Señor, ¿qué es la causa porque fuy en mis prinçipios en mucho tenida y alabada de sancta y de sierba de Dios, más que deçía ni mereçía?”. Respondió el sancto ángel: “El Señor lo permitió por que lo pareçieses en la perfecçión y travajos dignos de memoria. E ansí como su Divinal Magestad, después de nasçido en ese mundo de aquella Reyna del Çielo puríssima y sagrada donzella −que no ay vocablos perteneçientes en la Tierra ni lenguas bastantes para alabarla−, dende el prinçipio ese mismo Dios fue conoçido y alavado de muchos justos del Testamento Viejo, y de los ángeles y pastores, y después de muchos mártires y gentes que se convirtieron a su sancta fee, hombres, y mugeres, y vírgines y no vírgines, y antes de su sagrada Passión fue en mucho tenido Jesuchristo, rey de gloria, y conoçido Dios y hombre, como se muestra en la honra que le fiçieron el día de los ramos y el día de los panes y pocos pezes, y en otros muchos milagros que el Salvador hiço en el mundo, en que fue honrado y ensalçado de las gentes, y después se vino el menospreçio, quando le dieron la Passión no por peccados ni defetos suyos, mas por la maliçia de las gentes, porque hera menester su sancta Passión para salvar el mundo, o por mejor decir, las ánimas justas, conviene a saver, creyendo en el mesmo Dios y honrando su sancta fee católica”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Dixo la virgen al sancto ángel: “Señor, preçiosa es vuestra respuesta para mí, y muy consolatoria. Bien parecéys vos sancto ángel y bendito, que tales palabras me dezís, según yo las he menester. Mas suplícoos me dygáys si son provechosas mis penas, y si se sirve el Señor dellas, porque, si ansí es, consolarme he yo sin desfalleçer”. Dixo el sancto ángel: “Bien dizes, dándote el Señor su sancta graçia, porque sin su voluntad y mandamiento e obramiento de ese mesmo Dios no ay virtud alguna, ni se puede nadie salvar sin su querer y poderoso poder y graçia, misericordiosamente usado e obrado. E por eso no se deve engañar nadie ni confiar en sus virtudes propias, ni en su saber ni [fol. 97v] sciençias, que más seguro es siempre dudar no hallándose dino del Paraýso ni de los méritos de la sagrada Passión con que se compró y ganó que no tener por muy çertificada la salvaçión, en espeçial quando no ay méritos delante el acatamiento de Dios. Y quien pensare que los tiene dignos, él mesmo se engaña, si no es por virtud de esa mesma sagrada Pasión”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Capítulo XX'''&lt;br /&gt;
'''De una congoxa que spiritualmente tuvo esta bienabenturada'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Estando elevada preguntó a su sancto ángel, diziendo: “Señor, muy angustiada me hallo quando me acuerdo de una cosa que vuestra señoría me dixo: y es que havía yo sido como Eva, y causado mal para mí y para otras personas. Querría saver cómo se entiende esto, que me da mucha pena pensar que soy tan peccadora qu’é causado males. Y quisiera yo causar bienes, y de esto me hallara más alegre, y creyría que no havía nasçido en valde, pues Dios me havía criado para aprovechar en mi ánima y en otras. Y dezirme que e desaprovechado, estoy por ello muy angustiada y cargada de tentaçiones, creyendo que me tengo de yr al Infierno por mis peccados, los quales me bastavan sin tener agenos”. El sancto ángel respondió, diziendo: “Todo eso es bien que pienses çertificadamente con temor; mas no que te as de yr al Infierno, porque los que allí van, antes que salgan de este mundo llevan perdida la caridad de Dios y del próximo y de sí mesmos, y la esperanza, y por eso se pierden, que de otra manera no se perdería ningún christiano; quánto más que los que soys religiosos y religiosas tenéis causa y remedios mejores, y más subidos, para la perfeçión que es menester para salvar el alma, si queréys usar de las reglas y virtudes que os mostraron los sanctos, los quales fueron exemplares y dotrinables al mundo. Y por eso, con razón los llama el Señor ‘luz del mundo’, y en otra parte los llama ‘sal sabrosa’, que se entiende por la sabiduría y discreçión, y caridad e amor de Dios y del próximo; y en otra parte se dize ‘miel dulze y panar, y valor de piedras preçiosas y thesoros deseables’, que se entiende por el gozo y gusto de los contempladores en Dios Jesuchristo cruçificado, en la lumbre e honra de su sancta fe cathólica, la qual es más espexada y valerosa con rosa que todas quantas [fol. 98r] setas y leyes huvo en la Tierra ni abrá. Y bienabenturados son los que esta alta y sancta fee guardaren, y tuvieren y honraren, que en el día del fuerte y justo juyzio de Dios verán el premio de su galardón”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Dixo la bienabenturada ''[16]''. Respondió el sancto ángel: “En este mundo no se puede ver nada, ni saver ninguno de los secretos que Dios puso en su entendimiento y potençia escondida y prudentíssima”. Dixo la bienabenturada: “Señor, ¿pues cómo pregunto yo a vuestra señoría algunas cosas a las quales me responde algún secreto no savido?”. El sancto ángel respondió: “Si no fuese la voluntad del Señor, ninguna cosa te respondería a tus preguntas, e si alguna vez respondo es por voluntad de Dios, y con palabras encubiertas, que casi tú no las entiendes, y artas dellas; no son profeçías, y no las saves, aunque las dizes. Y bien hazes a no abalanzarte a dar sentençia sobre mis palabras pensando que las entiendes. Que scripto es ‘las palabras del sabio preñadas son’, y por eso mejor es tenerte por neçia y sin saber, que no atreverte a declarar demasiado, no sabiendo; e mejor es dexarse a la doctrina de los sanctos, y a espirimentados y canoniçados por la sancta Yglesia cathólica, que no usar ni establezer novedades, creyendo que todo es Spíritu Sancto. Que el Spíritu Sancto ya está declarado y muy manifestado, y conoçidas sus negoçiaçiones. Todo lo qual el Spíritu Sancto obró en el çentro y cuerpo de la sancta fee cathólica sancto es, e si el demonio se yngiriere por sus frutos y contraridades, del bien será conoçido; y siendo conoçido, deve ser hechado con la señal de la cruz, y con el amor de Jesuchristo, y con la codiçia y esperanza del sancto Paraýso para la otra vida, del qual Paraýso no ay otro Señor sino Jesuchristo. No huyga d’Él nadie, que quien piensa escaparse de su hermosa fee, a manos de ese mesmo juez á de morir el día del juyzio, con la cruel sentençia que el justo juez dará sobre los malos y peccadores, y pareçerse á como solo Él es el Señor”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y ansí çesó por entonzes la plática del sancto ángel y de la bienabenturada, las quales cosas y pláticas tan gloriosas le mandó con [a]premio scrivir, lo qual ella hizo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Capítulo XXI'''&lt;br /&gt;
'''De la gran caridad con que esta bienabenturada rogó al Senor por la salvaçión de la religiosa que havía sido causa de su persiguimiento, a la qual tenía por abbadesa'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Como esta bienabenturada rogó al Señor con mucho fervor su Divina [fol. 98v] Magestad quisiese dar aquella religiosa que havía sido causa de sus travajos, que entonzes hera su perlada, conoçimiento de sus peccados con grande arrepentimiento y dolor por los haver hecho, y fue tan grande este arrepentimiento que mereçiese salvarse, y que assí como su gran misericordia quiso convertir y convirtió a Sant Pablo sin que él solo pidiese, ni se lo rogase, assí suplicava esta bienabenturada, dixo ella mesma a Nuestro Señor, conviertese a esta su madre y hermana, aunque ella no se lo pidiese ni rogase; ni que ella no se consolaría ni alegraría si esta virtud no le otorgase su Divina Magestad.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y haziendo esta oraçión con tanto ferbor y caridad, le otorgó Nuestro Señor su petiçión, haziendo milagro tan público y manifiesto que en muy breves días mudó el corazón, hiriéndola con enfermedad y temor de su justiçia, y herida del mal de la muerte. Y temerosa del poderoso juyzio de Dios, antes que se fuese a la enfermería adonde havía de ser curada, fue a la zelda de la sancta virgen. Díxole llorando: “Señora mía, yo me siento muy mala. Suplícole, por amor de Dios, ruegue por mí a Nuestro Señor con mucho cuydado que me dé salud, si fuere servido, y conocimiento de mis peccados e conformidad con los que quisiere hazer de mí”. Esta bienabenturada le respondió con lágrimas de sus ojos, diziendo: “Señora, madre mía, esfuérçese por la caridad, y tenga paçiençia con la enfermedad, que yo rogaré por ella con muy gran cuydado a Nuestro Señor por su salud y consolaçión espiritual”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
E oýda el abbadesa la respuesta de la bienabenturada, se fue con acreçentamiento de contriçión y de amor con la sancta virgen. E creçiéndole mucho la enfermedad, la qual hera dolor de costado, mandó que llamasen al vicario del monasterio, e confesó con mucha devoçión y contriçión de sus peccados. E trayéndole el Sanctíssimo Sacramento para le resçivir, ansí como le vido venir, hiriéndose en sus pechos con muy gran clamor y lágrimas, se confesava por muy gran peccadora. Y rogó a las monjas la perdonasen los agravios y sinrazones que les havía hecho y a su causa havían resçivido. Y diziendo su culpa a Dios y a las religiosas, comulgó con muy gran devoçión.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y después que huvo comulgado el abadesa, rogó la sancta virgen [fol. 99r] e las religiosas que la llevasen a verla. Y llevada, la habló con grande amor y caridad y compasión, diziéndole las palabras de mucho esfuerço. Y el abadesa se consoló, e le alegró en grande manera con su vista, y entre otras cosas que le dixo, le rogó que le dixese que se havía de morir de aquella enfermedad. La bienabenturada le respondió: “Hasta ahora, madre mía, no le me lo a mostrado Nuestro Señor, mas aparéxese vuestra reverençia a lo que quisiere hazer Su Magestad della”. Y tornola a ymportunar con mucho aýnco lo procurase de saver, y saviéndolo se lo embiase a dezir, diziendo que ya hera tiempo de aparexo, que ella lo entendería porque se lo embiaba a dezir. La sancta virgen la respondió: “Yo, señora, trabajaré en ello, e lo suplicaré a Nuestro Señor con mucho afeto plegue a Él de me lo mostrar: quede así, que si yo le embiare a dezir que es tiempo se apareje, que crea que ay neçessidad dello”. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y la bienabenturada se tornó muy triste a su çelda quan peligrosa estava la enferma, y con mucho cuydado de rogar por ella, y recaudó aquella noche maytines con dos monjas que la acompañavan. Alzó los ojos en alto, e dexó de rezar por algún espacio, e assí estuvo en silençio sin hablar; e tornando en sí, dixo con lágrimas e mucho sentimiento: “Ay, qué dolor tan grande y de sentir mucho”. Las monjas que estavan con ella, ymportunándola, les dixo por qué llorava con tanto sentimiento. Respondioles: “Ay, amigas mías, pienso, según lo que agora he visto, que Nuestro Señor nos quiere llevar a nuestra madre, el abadesa”. Las monjas le dixeron: “¿Eso es, señora, la causa de su llanto e angustia? Haga el Señor d’ ella e de nosotras su sancta voluntad”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Entonzes, la sancta virgen llamó a una religiosa en secreto, y díxole: “Amiga, yd a la madre abadesa, y encomendádmela mucho, y deçilde de mi parte que yo he tenido mucho cuydado de rogar al Señor por ella, y que ya es tiempo que se apareje”. E la enferma, entendiendo lo que le embiava a dezir, hizo en sí una gran mudanza, a manera de mucho sentimiento, y con mucho esfuerço se tornó a confesar, e resçivió el Sancto Sacramento con mucha devoçión, e renunçió el cargo y todas las cosas que poseýa, e según religiosa pobre, pidió por amor de Dios el ábito e cuerda de sepultura a las religiosas. E resçiviendo [fol. 99v] la estrema unçión muy católicamente, espiró.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Quando le hera mostrado a esta sancta virgen, por la voluntad de Dios, algo de las penas que las ánimas por sus peccados padesçen, si le fuera dada liçençia de Dios ella tomara las penas sobre sí, por que ellas tuvieran descanso, aunque son muy insufribles; lo qual hiço esta bienabenturada muchas veçes, dándole Dios para ello liçençia y esfuerço caudoso. Que suplicándole ella a Nuestro Señor huviese piedad de las ánimas que ella havía visto en tan grande pena y tormentos, y le hiçiese a ella tan gran virtud que pudiese ayudarles a padesçer sus penas −aunque fuese acreçentándole a ella sus dolores, aunque los tenía muy grandes y a su pareçer ynsufribles−, todo lo padesçería por la consolaçión y quitamiento de penas de las ánimas de Purgatorio; y si para otorgarle su Divina Magestad esta virtud le quiere dar nuevas enfermedades, que con su graçia e ayuda estava aparejada para todo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y continuando esta bienabenturada en su oraçión, e ayudándole a rogar su sancto ángel, fuele otorgada su petiçión de caridad exerçitada en los próximos, vivos e difuntos; la qual ella exerçitó muy enteramente todos los días de su vida. Y exerçitando esta caridad con las ánimas, le acaesçió una cosa por donde se le descubrió un secreto açerca de las ánimas de Purgatorio. Y fue en esta manera: que teniendo esta sancta virgen a causa de sus enfermedades los miembros fríos, pareçiole a ella que unos guijarros calientes entre la ropa de su cama le darían algún refrigerio en aquella neçessidad que tenía. Rogó que se los buscasen, si los havía en el monasterio; y haviendo traýdo para una obra que haçían en la casa una carretada dellos, muchos tiempos antes de sus enfermedades, y de estos guijarros havía algunos por la casa, y buscándolos a su pedimiento, hallaron uno muy grande a una puerta de una cueva, con el [fol. 100r] qual havían molido muchas vezes pez. Y llevándole a esta bienabenturada, dixo que hera muy bueno, y mandó allí en su presençia le calentasen en un brasero de lumbre. De que fue empeçado a calentar y calentado, empeçó a oýr unos muy dolorosos gemidos, formando manera de palabras, en las quales deçía: “Ay, crueldad tan grande, ay”. Esto no lo oýa ninguna de las monjas que allí estavan, sino la sancta virgen, que dende su cama lo mirava e oýa, e le pareçía ser ánima de Purgatorio. Y mirando con su entendimiento de dónde salían aquellos gemidos e palabras, sintió salían del guixarro que a la lumbre estava. Y no diçiendo por entonçes la causa de ello, mandó aprisa no le calentasen más, y le quitasen luego, y enbuelto en un paño se le pusiesen sobre sus manos. Y de que le tuvo allí, le dixo en silençio: “Ánima, yo te ruego me perdones la pena que he sido causa resçivas. E dime, ¿cómo as venido a estar aquí?”. El ánima le respondió: “Ruégote no mandes calentar más este guijarro, donde estoy por mandato de Dios, que si quisieres calor yo se le daré, y también frío. Y a lo que preguntas, cómo estoy aquí, ya te he dicho que es voluntad de Dios. Mas primero que a este monasterio me truxesen, estava en un río que se llamava Xó, e las bestias con sus pies me sacaron d’él, e los hombres peccadores me truxeron a esta casa”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
La bienabenturada le dixo: “¿En guijarros y en piedras están y penan ánimas?”. Respondiole: “Sí, que muchas están en piedras y en guijarros. Y en aquel río adonde yo estava, havía gran número de ánimas metidas en guijarros, y ellas y yo á muchos años que estamos allí”. Díxole la sancta virgen: “Ruégote, amiga, me digas tu neçessidad y me pidas el ayuda que quisieres”. El ánima le respondió lo que Dios le dio liçençia. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
E de que la bienabenturada vido a su sancto ángel, díxole: “Señor, muy [fol. 100v] maravillada estoy de una cosa: que he savido que las ánimas penan en guijarros y en piedras, y en cosas semejantes”. E diziéndole en qué manera lo havía savido, díxole el sancto ángel: “¿De eso te maravillas, criatura de Dios? Bien puedes crer que muchas son las que de esa manera padesçen y penan porque Nuestro Señor les diputó por hospital cada piedra e lugar donde las ánimas están por voluntad del mesmo Dios. Una cosa te hago saber, que, después que el poderoso Dios te otorgó que pudieses ayudar a pagar a las ánimas de Purgatorio lo que por sus culpas y peccados mereçen, heres estableçida y hecha por la voluntad de Dios hospital de las ánimas que tienen penas; y esto se entiende las que su sancta voluntad quisiere y diere liçençia, o quien yo y tú pidiéremos a su poderosa misericordia. Porque ansí como el hospital se haçe para los pobres e neçessitados, e día y noche resçiven, así tu resçivirás día y noche las ánimas que Dios, por su voluntad, te embiare para que las ayudes e alibies sus travajos con los tuyos. E mira que acaeçe ban los pobres al hospital, unos con sed, otros con ambre, y otros con demasiada calor, e otros con demasiado frío, e otros con muchos géneros de neçessidades causados por las diversas enfermedades que consigo traen. Ansí te digo, criatura de Dios, bendrán a ti muchas ánimas con demasiados calores de fuegos, y fríos entolerables, y con otras diversas penas que por sus peccados mereçen. Y tú, hospital por la voluntad de Dios y por tu consentimiento, las resçivirás con mucha caridad, y los aposentarás sobre tus miembros y coyunturas muy dolorosas y desconconyuntadas de las neçessidades que traen, y ellas serán allí recreadas y consoladas de las neçessidades que traen, en la cantidad y manera que fuere la voluntad de Dios. Y tú, sierba suya, esfuérçate en la paçiençia y [fol. 101r] caridad, que mucho as de partiçipar y sentir las penas de estas ánimas. E sávete estás tan sujeta por la voluntad de Dios a padesçer por las ánimas que, aunque agora te faltase la caridad para padesçer esto de grado, por fuerça lo padeçerías, porque ansí lo quiere el Señor Dios, pues tú lo pediste con tanto afinco”. Respondió la bienabenturada al sancto ángel, diziendo: “Señor, muy gran virtud me a hecho vuestra gran hermosura con su habla e aviso. Yo me tengo por dichosa de cumplir la voluntad de Dios, y supplico a vuestra señoría le ruegue me dé graçia para ello”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y de aý adelante rogava a las religiosas le traxesen los guijarros que por el monasterio hallasen, y ellas con mucho cuydado lo haçían, aunque no savían para qué hera. E quando alguno le traýan, mandavan que se le pusiesen en la cama, y teniéndole allí, conoçía si tenía dentro algunas ánimas. E las más tenían una y muchas, y las que no tenían ninguna mandávalos sacar de su çelda. Y no contenta ni satisfecha su caridad con los que en el monasterio estavan, rogó que le hiziesen traer algunas de un río que ella señaló, del qual truxeron muchos. Y todos venían con muchas ánimas de dentro de sí, de manera que siempre tenían en el hospital de sus caridosos miembros bastamiento de ánimas, e por la voluntad de Dios, y con su poder, siempre venían ánimas, y vinieron a esta sancta virgen hasta en fin de sus días a ser ayudadas por su oraçión y méritos. Quando ella las vía venir, dezíales que tomasen por lugar en que estuviesen los guijarros, donde estavan las otras que antes que ellas havían venido por la voluntad de Dios. Y aunque en cada una de aquellas piedras estavan muchas ánimas, cada una tenía la pena en sí propia que por sus peccados mereçía, diferentes unas de otras.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y como esta bienabenturada no tenía manos con que poner sobre sus miembros las piedras de neçessidad, preguntándoselo las religiosas, les descubrió el secreto, e les rogó que todas las vezes que ellas los pidiese se los diesen [fol. 101v] e pusiesen donde ella les dixese. Las religiosas, mucho maravilladas de saver tal secreto, le dixeron que lo harían de voluntad. Y dende entonzes, empezó esta bienabenturada a poner sobre su persona y miembros aquellas piedras, e por su desseo y voluntad ayudarles a padesçer sus penas, offreçiendo sus dolores y pidiendo a Nuestro Señor se le acrecentasen, por que aquellas ánimas, que consigo tenía, fuesen recreadas y alibiadas sus penas, y por su piadosa misericordia y sancta Passión fuesen libres de todas ellas. Aunque havían sido peccadoras, hera mayor su piedad para las perdonar y haçer virtudes, y que allí estava su cuerpo doloroso y tullido para pagar por ellos lo que su Divina Magestad mandase.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y puniéndose esta sancta virgen estas piedras alrededor de su cuerpo y miembros, sentían mucha consolaçión e alibiamiento de penas las ánimas que dentro dellas estavan. Y acaesçía elevarse, y esto muy contino, teniendo contino mucha de esta compañía. Y aunque los guijarros heran grandes, y sus miembros muy delicados, no se los osaban quitar las monjas hasta que Nuestro Señor la volvía en sus sentidos. Hera muy grande admiraçión y causa de mucha devoçión verla estar ansí de esta manera. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Quando unas ánimas havían acavado de purgar sus peccados mediante la sancta Passión de Nuestro Señor e ayuda de la sancta Madre Yglesia, y de todas las otras cosas que su divinal clemençia tiene otogadas para estos remedios y por los méritos de esta bienabenturada, ýbanse estas ánimas libres de penas, y venían otras con la misma liçençia de Dios. La cantidad de las ánimas que yban y venían heran muchas, según dezía la sancta virgen. Cada vez que venían mucho número de ánimas juntas, no heran todas dellas aún libres, porque unas estavan más tiempo que otras, según tenían la neçesidad. Muchas cosas veýan manifiestamente todas las religiosas del monasterio açerca de este secreto e caridad que Nuestro Señor haçía mediante la oraçión y méritos de esta bienabenturada. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y como las ánimas viniesen tan llenas de penas y fuegos y fríos, todo muy ensufrible e con otros muchos tormentos, luego las tomava ella e las juntava con sus dolorosos miembros, a cuya causa partiçipava en mucho grado de las penas que ellas traýan, quedándole sus miembros [fol. 102r] con muy acreçentados y grandes dolores, y con tan reçios fuegos, que le pareçía estar ella metida en los mesmos fuegos de Purgatorio; tanto que, de neçessidad, muchas vezes le haçían ayre, e otras le ponían paños mojados en agua fría sobre sus quebradas coyunturas. Y en tiempo de calores le heran tan rezios de sufrir estos dolores y fuegos que le hazían dar muy grandes gemidos y gritos, pidiendo ayuda a la Magestad Divina para poder llevar tan ynsufribles y reçios tormentos. Y en este trabajo estava muchos días, junto sin tener alivio día ni noche ni tomando cosa con que se pudiese substener.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Estando muy fatigada con estos demasiados fuegos en el mes de henero, no osando ella pedir a las religiosas algunas cosas frías, que por lo ser el tiempo se las defendían, pensando que le heran dañosas para la salud corporal, embió a llamar secretamente una religiosa de pequeña hedad, y díxole el secreto: “Ruégoos vos vays al alberca de la huerta y me trayáys un pedazo del yelo que en ella está envuelto en ''[17]'' un paño de lienzo, y no le vea nadie”. Y la religiosa, yendo con voluntad amorosa, tomó una piedra y quebró con fuerça el yelo, el qual estava grueso, ansí de ser mucha el agua como de haver muchos días y algunos que estava detenida y haver quaxado muchas noches. Y tomando un gran pedaço, envolviole en un paño, y llevole a la zelda de la sancta virgen, y díxole en secreto cómo le traýa, mas que hera tan grueso como dos dedos. Ella respondió: “Bueno es, alzá la ropa de la cama y ponedle junto a mi lado, y de aquí a un poco tened cuydado de volver acá”. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y dende a media hora volvió. Díxole la bienabenturada: “Buscad, amiga, el paño que truxistes con el yelo, y llevadle, y no digáys esto a nadie que havemos hecho yo y bos”. Y buscándole, hallole junto con las carnes de la sancta virgen. Y el yelo no halló, ni ninguna cosa, ni tenía mojada la ropa de la cama, ni la túnica que tenía vestida, ni sus carnes. El paño en que estava enbuelto el yelo estava un poco liento, de lo qual la religiosa se mucho maravilló. Y no le osó preguntar qué se havía hecho el yelo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y saviéndolo las religiosas dende algunos días, se lo preguntaron, y la bienabenturada [fol. 102v] les respondió que él se havía gastado y se gastará otro que fuera mayor en los grandes fuegos que las ánimas tenían, de los quales ella partiçipaba teniéndolas sobre sus miembros e coyunturas; y ellas, y ella juntamente, de lo sano penavan. E ansí como las ánimas traýan pena de crueles fuegos, ansí otras vezes traýan de frío muy insufrible, y le davan tanta fatiga y travaxo de padesçerlo como en la pena del calor. Porque ninguna cosa le dava calor ni descanso, aunque acaeszía tenerle puesto alrededor de su cuerpo tres o quatro cosas, llenas de brasas muy ençendidas. Y con los demasiados fríos que las ánimas partiçipaban, le creçían todos sus dolores en mucho grado, y le causaron enfermedad en las hijadas y estómago, de muy creçidos dolores, y en toda la oquedad de su cuerpo. Y tanto hera el trabajo y dolores que padeçía, que dava dolorosos gritos e gemidos. Y estos travajos y tormentos acesçía algunas vezes durarle un mes, y otras vezes quinze días, y más y menos, según hera la voluntad de Dios. Tenía ansimismo muy gran dolor de caveza, que le durava el dolor sin ningún alivio algunas vezes seys y siete días, e otras veçes más y menos, según hera la voluntad de Dios y la neçessidad de las ánimas por quien padesçía havía menester. Y quando este dolor tenía, no hablava palabra, porque el dolor no la dexava, ni comía ninguna cosa, sino hera de vever un poco de agua. Y assí como ponía los guijarros sobre los miembros de su persona e junto a su lado, por semejante hazía que se los pusiesen sobre las almoadas, junto a su dolorosa caveza.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Quando assí estava, leýan algunos ratos en su çelda −porque ella lo tenía dicho para esfuerzo de sus travajos− liçión spiritual y en la Passión de Nuestro Redemptor Jesuchristo. Y quando ya sus travajos se le aliviavan, aunque quedava muy enflaquezida, permitía Nuestro Señor se elevase para dalle consolaçión y mostrarle el fruto de sus dolores. Y supieron esto las religiosas, a causa que, tornando ella en sus sentidos, traýa gran hermosura y alegría, que pareçiera no haver padesçido ningún mal. Y inportunándola les dixese de qué tornava tan alegre, díxoles con mucho amor e agradeçimiento [fol. 103r] de lo que por ella hazían: “Señoras, no podría yo dezir con mi lengua las grandes virtudes que la Magestad Divina resçivió, por las quales se muda mi rostro y esfuerça mi gran flaqueza para vivir y padesçer otra vez y vezes los dolores que Dios me mandase. Mi alegría es que en el secreto y gloria me fueron mostradas aquellas ánimas, que yo vi muy atormentadas y padesçer conmigo, las quales havía muchos años que padesçían en penas, y tantos que algunas de ellas havía quinientos años, e otras tresçientos, e otras menos; y todas heran tan solas que no havían quién dellas se acordase para les hazer bien, sino el que la sancta Madre Yglesia haze en general por todos los difuntos. Y viendo yo estas ánimas en la gloria y descanso que Dios, por su misericordia, les a querido dar mediante su sancta Passión, es tan grande el alegría y gozo espiritual que mi ánima resçive que no lo podría comparar”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Quando esta bienabenturada quería que la llevasen al coro o a otra parte de la casa, quando las religiosas la sentavan en el lugar donde havía de estar, poniéndole bien la ropa que llevava bestida, topavan con los guijarros que llevava pegados a sus coyunturas, los quales no havían visto hasta entonçes, y bien asidos, unos devajo de las corbas y otros de los pies. Ellas, muy maravilladas de ver el milagro, probavan a quitarlos, y nunca podían despegarlos, aunque ponían fuerça. La sancta virgen, socorriéndose, les dezía: “Dexadlas estar donde Dios les dio liçençia que estuviesen, que con su poder están esas ánimas que aý haçen”. Y esto se vido muchas vezes de la más parte del convento, e algunas de todo. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Estando esta bienabenturada confesando en su cama, el confesor mirando hazia ella vido uno de aquestos guijarros hazia las almoadas de su cavezera. Y muy maravillado de ver tal cosa en cama de persona tan dolorosa y tullida, con piadad por que no se hiriese tomole y arroxole en el fuego, de manera que dio un gran golpe con él. Y la sancta virgen, en su secreto, huvo gran pesar de lo que el padre hizo. Y después que fue ydo, llamó ella a una religiosa, y dixo: “Dadme ese guijarro que arrojó el padre, que tan angustiada he estado por el golpe que con él dio que no he savido lo que he confesado”. La religiosa le dixo: “No tenga, señora, pena, que no se les daña nada a las ánimas”. La bienabenturada le respondió, diziendo: “Por que [fol. 103v] os guardéys vos de hazer otro tanto, saved que quando el padre las arrojó, gimieron las ánimas, diziendo: ‘¡Ay dolor, estos son los benefiçios e sacrifiçios que de los saçerdotes resçivimos!’”. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y mirando la sancta virgen que otras vezes podría acaeszer lo mesmo, buscava con su pensamiento cómo lo pudiese mudar. Y de que vido a su sancto ángel, contole su pena, diziendo: “Señor, querría suplicar a Nuestro Señor, su poderosa Magestad, quisiese mudar esto de estos guijarros en otra cosa en que las ánimas pudiesen estar, por evitar algunas ocasiones que con estas piedras se pueden recreçer”. El sancto ángel le respondió: “Bien será que lo ruegues, y yo te ayudaré a suplicar te sea conçedida la graçia”. Y rogándolo entrambos se lo otorgó Dios lo trocase ella en lo que más consolada fuese. En manera que de aý adelante siempre tenía unas jarras con rosas e flores o yerbas frescas, según con el año las había, y las jarras heran de vidro, o como las podía haver. Y teniéndolas consigo, a su lado y par de sus almoadas, por la voluntad de Dios todas las ánimas se pasaron en ellas y se asentaron sobre las yerbas y flores. Y ansimismo lo haçían las que nuevamente venían, y dezían a la sancta virgen: “Mucha consolaçión havemos resçivido con esta estanzia que Dios nos a dado, que como los guijarros sean tan duros e espesos no nos consolava más en estar en ellos”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
E aunque a las ánimas les fuese consolaçión mudarlas en las yerbas y flores, no por eso dexava la bienabenturada de padesçer tantos dolores y tormentos para ayudarlas como antes. Y aún más, según su gran neçessidad lo havía menester. Y viendo y saviendo cómo las ánimas se consolavan en estar en las flores y yerbas, rogava ella a las religiosas que tuviesen cuydado de traer las rosas y flores frescas, y ponerlas en los jarros. Y haçiéndolo ellas como se lo encomendava, cuando traýan algunas flores frescas olían las que de antes estavan puestas. Y paresçiéndoles tener muy más subido y lindo olor que quando las havían puesto, rogavan a la sancta virgen les dixese qué hera la causa. E ella les respondió, diziendo: “Todos los secretos queréys saber, por qué y cómo se hazen y son las cosas. Porque hazéys lo que os tengo rogado, y os lo dixe, en cada una de estas flores ay muchos ángeles, los quales fueron [fol. 104r] guardadores de estas ánimas quando vivían en sus cuerpos. Nunca las dexan ni desamparan hasta que, salidas de penas, las llevan a la gloria, y las preguntan ante la Magestad de Dios. Agora vienen aquí a visitarlas, y por darles consolaçión tañen ynstrumentos de diversas maneras y cantan muy dulzemente. Ellas también cantan con ellos. Traen los sanctos ángeles consigo muy suave olor, y permite Nuestro Señor que se pegue a estas flores algún poquito de lo mucho que ellos en sí tienen, por que las ánimas que en estas flores y verduras están sean consoladas”. Dixeron las religiosas a la bienabenturada: “También será ella consolada con tal música y cantos tan dulçes”. Respondió: “Sí soy. Y muchas vezes cantamos todos juntos, y me consuelo de que veo a las ánimas que se les van aliviando las penas y están assentadas en estas flores, y verdes flores y yerbas, en figura de paxaritos de diversas maneras, cantando y loando a Dios, que las crió y redimió, y dándole graçias porque no las condenó por sus peccados, y porque les dio lugar limitado de penitençia donde pagasen sus culpas. De que yo las veo en este estado resçive mi ánima gran consolaçión, porque primero que a él vienen an padesçido muy grandes penas, e yo, peccadora, muchos dolores”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Preguntada esta sancta virgen de las religiosas si las ánimas que nuevamente venían de voluntad de Dios para ser della ayudadas, si venían feas o qué figuras traýan, respondió: “Çierto, no vienen hermosas, ni blancas, ni traen buenos olores, que más vienen para dar temor y espanto que no consolaçión. La semejanza dellas es de mucha diversidad de maneras, según la calidad de los peccados que an caýdo. Mas estas cosas no se pueden explicar, ni menos conviene dezirlas”. Preguntada de qué calidad heran las ánimas por quien rogava y padesçía, respondió que heran ánimas que havían muerto muertes desastradas y por justiçia, y en batallas y en la mar, y las que más desamparadas estavan de quien les hiziese bien, y ánimas de sus amigos y enemigos, y de religiosos y seglares, según hera la voluntad de Dios. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Estando esta bienabenturada un día de verano a la puerta de su çelda, hechada en una camilla rodeada de jarras muy llenas de albaaca muy fresca y creçida, cantando la ''magnificat'', oyéronla las religiosas y fueron a verla e a oýrla con mucha alegría. Y proçediendo ella en su [fol. 104v] canto, quando acavava la ''manifica'' que dixo: “''Gloria Patri''”, abaxáronse las ramas del albahaca, tanto que también se abaxavan las jarras en que estavan. Y estavan ansí abajadas hasta que acavava la gloria, y luego se alçavan muy despaçio. Viéndolo las religiosas, dieron muchas graçias a Dios por tan gran maravilla como sus ojos veýan.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Entonçes, díxoles la sancta virgen: “¿Para qué entrastis aquí, hermanas, que estávamos cantando yo y mis compañeras, yo en esta cama y ellas entre las yerbas verdes?”. Ymportunada que tornase a cantar ''Gloria Patri'', dixo: “Podrá ser no querrán delante de vosotras tornar a hazer la benia”. Y ansí como empezó a dezir ''Gloria Patri'', se abajaron las ramas del albaaca e jarras con ellas, como la primera vez. Y esto fue hecho todas las vezes que lo tornava a deçir, lo qual fue causa de mucha admiraçión a todas las religiosas. E la sancta virgen les dixo con gesto alegre: “Plázeme, amigas, aya el Señor querido ayáys visto esto, por que veáys por espiriençia que esto que está entre estas verduras son ánimas cristianas, y obedientes a su Dios, y creyentes en su sancta fee cathólica, pues hazen humiliaçión y reverençia quando se nombra la muy alta Trinidad. Y no es esta la primera vez que estas cathólicas ánimas reverençian a su Dios y criador estando en estas yerbas como havéys visto; mas otras muchas vezes lo han hecho por dar plazer a esta bienabenturada”. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Trúxole una religiosa un gran pie de albahaca, el qual venía granado y no abiertas las flores. Ella, viéndole, mandole poner en una jarra de las que ella tenía para aquello. Otro día, trayendo otra rama más fresca, sin dezirle ninguna cosa, quitaron aquella mata grande y hecháronla a un rincón de la mesma çelda, y pusieron la fresca. Y dende a dos días, pidió la jarra que tenía el gran pie de albahaca, que como tenía muchas unas tomava una vez, y otras otras. Y trayéndosela, conoçió que no hera aquella el albahaca que ella havía mandado poner allí, y pidió que se lo diesen. Díxole una religiosa: “Ya está seca”. Ella, pidiendo que se la traxesen, aunque estuviese como dezían, y traýda, mandó quitar la fresca y poner aquella, diziendo: “Sé que poderoso es Dios, y la virtud de mis ánimas bendita, y para tornar esta albahaca en su berdor y frescor”. Y mandó que le pusiesen aquella jarra ençima de sus miembros, y túvola un gran rato. Y antes [fol. 105r] que se la quitasen, ya empeçava aquella rama a tener un poco de vigor, y continuándola a a tomar más a menudo que las otras jarras, a cavo de dos días estava tan berde como si entonzes se huviera cortado de donde estava nasçido, y abrieron las floreçitas, y ansí estuvo por artos días, sin perder su verdor ni olor. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Acaesçíale algunas vezes estar apartada de donde estavan las jarras, y haver gran rato que no las havía tornado consigo, e oýr los gemidos de las ánimas y palabras que dezían en que mostravan el desseo y neçessidad que tenían de ser recreadas dellas. La sancta virgen entonzes les deçía: “Venid, venid, ánimas cristianas y cathólicas, con el poder que Nuestro Señor Jesuchristo os a dado, que os aprovechéys de mí, su yndigna sierva”. Al qual clamamiento todas quantas ánimas que en las yerbas de las jarras yban e se le ponían ençima de los miembros, desde los pies hasta la caveza. Y ella les preguntava, diziendo: “¿Havéys os consolado, amigas?”. Las ánimas dezían: “Sí, criatura de Dios e ayudadora nuestra. Muchos más havemos consolado, pues nuestras penas y tormentos se an aliviado y alivian todas las vezes que contigo nos tienes. Muchas graçias sean dadas al poderoso Dios [por] esta misericordia, y por todas las que de su alta magestad havemos resçivido”. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Bolviendo un día esta bienabenturada muy alegre de la elevaçión, preguntáronle las religiosas que les dixese la causa de su alegría, si hera de libramiento de ánimas de Purgatorio, que en ella conoçían que havía ydo al lugar de las penas. Muy ymportunada, respondió: “Sí, que como el poderoso Dios a otorgado a mi sancto ángel custodio muy grandes previlegios, entre los quales le otorgó fuese a Purgatorio çiertos días de la semana, en espeçial miércoles y viernes en reverençia de la sancta Passión, y el sávado por lo masmo y por los mereçimientos de la Virgen Sancta María, su madre, y llévame consigo para que le guarde el pescado que jara de los lagos del Purgatorio. Y como él lleva el poder de Nuestro Señor, no le vedan los demonios la entrada, ni podrían, aunque mucho les pesa dello, y hazen muy grandes ruydos, y estruendos espantosos de oýr. Mas mi señor sancto ángel pásase de largo, llevándome a mí guardada dellos entre sus muy hermosas alas, y vamos a unos muy espantosos lagos y ríos, los quales son negros como la pez, y muy pesados, y de horrible hedor. E toma mi sancto ángel una grande viga llena de anzuelos muy grandes, y hechados en aquellos lagos y ríos, en el [fol. 105v] nombre de Dios y de su sancta Passión, y tiénelos allí un poco. Entre tanto, ruega al Señor y a Nuestra Señora, y yo también. Dende a un poco, tira aquella viga hazia fuera, y saca asida algún ánima o ánimas de aquellos anzuelos, e quítalas, y dámelas a mí que se las guarde de los demonios. Y torna a hechar los anzuelos, y entre tanto que él saca, más meto yo aquellas ánimas en una estançia que allí tenemos para esto, la qual llena cada vez que va a haçer esta obra de caridad. Y de esta manera saca muchas ánimas cada vez, y estas son las que la voluntad de Dios permite, y las que an sido más devotas de su sagrada Passión, y en que en semejantes, viviendo en la carne, hizieron alguna buena obra por su amor e murieron en día de viernes.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
”Otras vezes va más a los fuegos de Purgatorio, los quales son muy terribles y de muy espantosas llamas, e muy altas y grandes, y son muy coloradas e escuras. Y andan las ánimas entre estas llamas a manera de çentellas de fuego vivo, como quando entre una gran llama saltan zentellas. Y mi señor sancto ángel lánzase en aquellas llamas, y travaja por asir de aquellas çentellas que entre las llamas andan, las quales son muchas, y ase la que es voluntad de Dios, y viene a dármela a mí, en el lugar que he dicho, para que la guarde. Y qué tales ellas salen bien se os pueden figurar. Y luego torna el sancto a lanzarse en las llamas, y assí saca las que Dios es servido que salgan cada vez. E algunas vezes me pareze a mí que le ha hecho ympresión el grande y espeso humo donde tantas vezes se a metido, como que le a escureçido algo de los resplandores que salen de su hermoso bulto. Y díçeme él entonzes: ‘Mucho estás maravillada de ver que siendo yo ángel, te pareçe me an hecho ympresión estos fuegos espesos: pues mira cómo no me an hecho ynpresión estos fuegos espesos, pues mira cómo no me an tocado’. E menea sus muy hermosas alas, e queda muy más resplandeçiente que antes estava. Y estas ánimas que sacamos con el poder de Dios, entrégalas mi sancto ángel a los ángeles, sus guardadoras dellas, que tengan cuydado dellas y de las presentar al poderoso Dios, porque estas ánimas que mi sancto ángel saca no vuelven más a ellas, de las quales [fol. 106r] nos guarde Dios”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Tornando esta bienabenturada de su elevaçión con gesto alegre, dixéronle unas religiosas enfermas que a la sazón se yban a consolar con ella: “Señora, pues viene del Çielo, díganos alguna cosa”. Respondió: “Porque estáys enfermas os quiero consolar, pues es obra caridosa apiadar a las enfermas, lo que el Señor me mostró agora, estando yo en aquel lugar, que es voluntad de Dios. Es que vi estar de hinojos al señor Sant Juan evangelista, e a sant Lázaro, el que resuçitó Nuestro Señor, e a sancta María Magdalena, e a sancta Marta, e a sancta Marzela, delante la Divina Magestad, a los quales tiene otorgado un privilegio: que por este tiempo de la Semana Sancta puedan yr a Purgatorio con su poder a sacar ánimas de Purgatorio, las que fuesen su sancta voluntad. Y quando yo las vi de hinojos, dezíanle que les diese liçençia que querían yr a Purgatorio, y su poderosa bendiçión. E respondió el Señor, diziendo: ‘Yd en buen ora, mis amigos, y sacad las que pudiéredes e yo quisiere. Pues vosotras, quando yo estava en la Tierra, me hospedastis e acompañastis, yo hospedaré e resçiviré por amor de vosotros a las ánimas que sacáredes por estos tiempos, para siempre jamás, en mi sancto reyno’.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
”Y los sanctos le dieron muchas graçias, y suplicaron a su preçiosa madre, que a su lado estava, quisiese yr con ellos, la qual se volvió hazia Nuestro Señor Dios, y le dixo: “Hijo mío muy amado, estas sanctas benditas me ruegan vaya con ellos a Purgatorio. Si me dáys, hijo mío, liçençia, yré de buena voluntad”. Y Nuestro Señor le respondió: “Madre mía, si vos queréys, yd en buena ora, que ellos ganarán en llamaros, que solos vuestros mereçimientos son bastantes para robar todo el Purgatorio y traerle con vos a los Çielos”. Y luego la muy poderosa Reyna del Çielo, puesta en muy grande trono, y estos gloriosos sanctos con ella, y muchos millares de ángeles de la hierarchía elegida para su poderosa guarda, y mandó llevar muchas trompetas e atabales, e otros muchos ynstrumentos de dulze melodía. Y ansí desçendieron al lugar del Purgatorio, y dende camnino pasaron por donde yo estava.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
”Y díxome la muy piadosa madre de Dios, mirándome con sus ojos de misericordia: ‘Anda acá, amiga, vete con [fol. 106v] nosotros’. E yo holgué mucho de oýrlo, y tomándome de la mano mi sancto ángel, fuymos todos. Y a la entrada de Purgatorio, mandó su Real Magestad tocar todos los ynstrumentos, lo qual hera muy admirable cosa de oýr, por que las ánimas sintiesen el socorro que les yba, y se esforçasen con el sonido de las trompetas, y con la melodía de la dulze música se consolasen. Y entrando con este gran poder, los demonios empezaron a aparejarse como de guerra, con muchos tiros y armas, haziendo muy grande ruydo, y poniendo las ánimas en gran cobro, dando muy grandes alaridos. Nuestra Señora mandó empezar la pelea, y que no çesasen de tañer. Y Su Magestad los estava mirando, y los sanctos y sanctas susodichas con ella, y los ángeles de su reguarda, unos tañendo, e otros con espadas muy luçidas peleavan muy reziamente con los demonios. Pareçíame que los ángeles con las espadas partían los demonios por medio, e caýan en el suelo. Y de verlos yo assí caýdos y partidos por medio havía yo muy gran plazer. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
”Y mientras que estos ángeles peleavan con los demonios, otros ángeles yban a los lugares donde estavan penando las ánimas, y traýan muchos brazados dellas, y poníanlas delante de Nuestra Señora, y volvían por más. Y otras venían huyendo adonde estava Nuestra Señora, y ellas las resçivía con ymmensa caridad, hablándoles palabra con mucho amor, y caridad y piedad. Y ansí llegaron alrededor de Nuestra Señora trezientas mill ánimas. Y conoçiendo la Reyna del Çielo que hera cumplida la voluntad de Dios para no salir ya más ánimas por entonzes, mandó çesar la pelea, y a los sanctos ángeles que tomasen las ánimas. Y ansí salimos del lugar del Purgatorio con muy grande alegría. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
”Nuestra Señora mandó venir ante sí los ángeles guardadores de aquellas ánimas, e dixo a los ángeles: ‘Benditos, tomad cada uno de vosotros el ánima de estas que tuvistes a cargo y levaldas a Jerusalem, y tenedlas esta Semana Sancta en aquellos preçiosos lugares. Y las que estuvieren para yr al Çielo, yo terné cyudado dellas que no estuvieren. Para ello, llévamelas a Paraýso terrenal, que, con los méritos de la Passión de mi preçioso hijo, y mis ruegos e los de estos benditos sanctos que conmigo están, ellas subirán al Çielo para la asçensión del poderoso Dios’. Y Nuestra Señora, con toda su hueste, se subieron a los Çielos, e las ánimas lleváranlas los sanctos ángeles a Jerusalem, e a mí, peccadora, tornáronme a este cuerpo apadesçido dolores por mis peccados”. [fol. 107r]&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Capítulo XXII'''&lt;br /&gt;
'''De una revelaçión que esta bienabenturada vido estando enferma'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Estando esta bienabenturada en su cama enferma de calenturas de más de todas las enfermedades que tenía, vino a ella el padre nuestro, el glorioso sant Françisco, muy glorioso y acompañado de muchos sanctos bienabenturados. E saludola y convidola, diziéndole que se fuese con él al Paraýso, si pudiese y tiene esfuerzo para ello; y si no podía, por su mucha enfermedad, se tuviese en su cama, la qual le havía dado el Señor por nido como a páxara o gallina que está empollando sus huebos, por que dellos nazcan páxaron vivos o pollicos, de dolores salidos de los sus huebos, los quales se crían pasçiendo en las yerbas buenas. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y diziéndole esto, le hechó con sus benditas manos en la cama tres dozenas de huevos, unos tan grandes como de abestruz, e otros medianos, e otros más pequiñitos, los quales huevos heran muy blancos, y claros y limpios, que pareçían de nácar o aljófar. Y la sancta virgen les resçivió de muy buena voluntad, y la bendiçión que el glorioso sant Françisco le dio, e le rogó por toda su orden de frayles e monjes, en espeçial por sus hermanas y compañeras, le diese su bendición. Y bendiciendo a las religiosas, despidiose el glorioso padre, y la bienabenturada, en el despedimiento, besole sus sanctos pies, y él a ella en la caveça, diziendo: “Quiero yo besas los dolores de mi Señor Jesuchristo en ti, ''filia mea'', por su misericordia transformados”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Dixo esta bienabenturada que le dio a entender el glorioso sant Françisco que los pajaritos vivos, y las pollitas de colores salidas de los huevos que se crían pasçiendo en los buenas yervas, eran las ánimas que, mediante la Passión de Nuestro Señor Dios y los dolores que ella padesçía, heran ayudadas y remediadas. Y los huevos que le dio eran las ánimas que le traýa por la voluntad de Dios, para ser ayudadas della, de personas que viviendo en los cuerpos havían sido devotas del glorioso sant Françisco. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Rogando esta bienabenturada al Señor por unas ánimas, y muy en espeçial por una, por la qual le encomendaron travajase de saber el estado en que estava, y perseverando en su coraçón, suplicava a la Magestad Divina le quisiese mostrar el estado de aquella ánima o ánimas por quien suplicava, las quales ella conoçía viviendo las tales personas en la carne. Y continuando en su demanda, fue Nuestro Señor servido que, estando ella elevada, la llevase su sancto ángel a un lugar de Purgatorio muy terrible y espantoso, en el qual lugar vido y conoçió las ánimas por [fol. 107v] quien suplicava, las quales estavan en muy terrible y espantosas penas, entre las quales ánimas conoçió una de un hombre ella muchas veçes havía visto e hablado, la qual ánima tenía los demonios atada de los pies, y la despedaçavan con artillería de muchas maneras de tormentos e armas que tenían con que atormentavan las ánimas, con las quales armas le despedazaban todos sus miembros uno por uno, y le haçían taxadas menudas como sal. Y en cada pedazo de aquellos, estava bullendo el ánima como si en cada pedazo estuviera entera. Assí gemía, y llorava, y gritava. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y la sancta virgen, muy admirada de ver ansí aquella ánima tan despedazada, y que todos los pedazos gemían y gritaban, dixo a su sancto ángel: “Señor, muy maravillada estoy de ver cómo un ánima pereze en muchas, porque en cada pedazo pareze estar un ánima, y en él llora, como quando estava en el vigor del padesçer entera antes que la partiesen”. Respondió el sancto ángel: “No te maravilles de oýr gemir y llorar cada taxada por sí, que como el ánima es hecha a semejanza de Dios, en el qual está todo entero en Su Magestad, aunque está en muchos pedazos de hostias en todo el mundo, en todos los pedazos está entero; assí el ánima está enteramente dondequier que está su presençia y potençia y sentimiento. Y como en cada pedazo de estos están estas tres cosas, presençia y potençia y sentimiento, por chico que sea el pedazo, tiene sentimiento de entera ánima”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y estando en esta plática, vino un gran dragón muy espantable, que con sus crueles manos e uñas la agarró, y todos los pedazos y migajas, los quales bullen todos como gusanos, con mucha rabia y crueldad, los apretó y trujó, y se los comía. Y teniéndolos assí en la boca, mazcando reçiamente, se tornava entera aquella ánima, como antes estava, y el cruel dragón la hechava fuera de la boca algo della. Y otros muy espantosos dragones se la yban a tomar, y todos asían de aquella triste ánima, unas de una parte y otras de otra, hasta que la tornavan a despedazar muy crudamente, y tragaban y mazcaban della, y después la vi entera como de primero. Y venían otros demonios, como negros como hollín, y muy crueles, y tomábanla. Poníanla en tormento de bergas de yerro, a manera de sogas, y liábanla toda, y apretávanla tanto que le hazían sobrepujar el vulto entre soga y soga un palmo [fol. 108r] más, y apretaban tanto que la partían y cortaban como con sierra. Y de que los unos estavan cansados de atormentar aquella triste ánima, tomávanla otros. Y ella dava tan espantosos gritos y gemidos que no se podrían dezir, y se maldecía, y no la valía nadie, y se desesperava, y no la aprovechava ni la consolava nadie, ni sus penas çesaban, ni se le aliviaban, sino de esta manera susodicha, y muy más cruelmente hera contino atormentada aquella triste ánima hasta que se cumplió la voluntad de Dios de sacarla dellas.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Héranle mostradas muchas vezes a esta bienabenturada penas de Purgatorio por su sancto ángel, porque yendo él a visitar las ánimas y llevarles refeçción, la llevava consigo, en espeçial los lunes. Y le mostrava en Purgatorio los lugares muy tristes y escuros, y feos y muy espantables, en los quales vía padesçer las ánimas de muchas maneras, y cómo los demonios les demandavan los peccados que hizieron. Y las penas que les davan por ellos a las ánimas que havían peccado en el peccado de la soberbia, por quantas vezes cayeron en este peccado, aunque le havían confesado viviendo en la carne, si no tuvieron gran contriçión no se escusa de pagado en Purgatorio, porque la contriçión destruye el peccado; empero, si no ay grande arrepentimiento, por fuerças á de estar la tal ánima siete años en penas, por cada vez que cae en este peccado de la soberbia, la caveça ayuso colgada de los pies, dándole muy reçios tormentos y diziéndole muchos vituperios e ynjurias y menospreçios los demonios. Y ansimismo por cada peccado le dan pena de su manera. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Por el peccado de la avariçia, dan muy crueles y fuertes penas. Y están las ánimas que las padezen desnudas algunas dellas, y otras bestidas de tristes y muy amargas vestiduras, rotas y agujereadas. Y por los agujeros salen llamas de fuego y muy grande fedor, e muchos gusanos mordedores con dos bocas, y con ambas duermen y bullen, e yerben tantos dellos que no caven en la estatura o bulto del ánima del hombre o muger que los tiene. Y de esta manera padesçen allí dentro de sí mismos tantas penas que no se podría dezir. E más son las penas y tormentos que dentro de sí tienen y padesçen, las que los demonios les dan por cada uno de sus miembros. Padezen pena según pecó e se deleytó y offendió con ellos a su criador. Assí, hombres como mugeres [fol. 108v] son muy atormentados en las partes vergonçosas, que las tienen muy hinchadas, y de parte de dentro llenas de gusanos mordedores: yeren mucho aquellas partes y todos los otros miembros del cuerpo, porque también con ellos offendieron a Dios. Las tales ánimas dan muchos gritos y voçes, diziendo: “¡Ay, ay de nosotras, que tuvimos tiempo de servir a Dios, y no lo hicimos! Y ahora somos tristes y atormentadas, e no nos vale contriçión e arrepentimiento. ¡Ay, dolor de nosotras, quánto mejor fuera no hazer peccados que hazer por ellos penitençia después de la muerte! ¡O, quién huviera hecho penitençia entera en su vida! Çierto más nos valiera que no padesçer tan crueles tormentos y penas como padesçemos”. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
E rogando esta bienaventurada a Dios por un ánima, de la qual deseava saver en qué estado estava, y preguntándolo a su sancto ángel, respondiole diziendo: “Criatura de Dios, no se puede hazer aora eso que pides de mostrarte esa ánima por quien ruegas, que no es voluntad de Dios lo sepas por agora. Yo no te bedo que ruegues por ella, ni tanpoco te digo lo hagas. Haz según quisieres, que la oraçión perfeta nunca es perdida en la presençia de la Divina Magestad”. De la qual respuesta se angustió mucho, porque no pudo conoçer por ella el estado de aquel ánima. Mas por eso, no çesó de suplicar a Nuestro Señor por ella, y offrecelle los dolores que ella padecía, y pedir otros mayores para el medio de la dicha ánima. Y no osando preguntar más a su sancto ángel por ella, pasó algún tiempo. Esta ánima havía sido persona valerosa, viviendo en la carne, y tenía mandos sobre otras personas, con las quales hizo algunas cosas con passión y no con justicia, ny caridad, ni çelo de la honra de Dios. Hera persona eclesiástica, la qual vino a esta bienabenturada una noche, estando ella en su çelda y çiertas religiosas que la acompañavan. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y fue en esta manera: que primero que la viese, oyó muy gran ruydo y espantosos estruendos, en muy gran cantidad. Y estando la sancta virgen muy espantada de oýr tales cosas, a deshora vido entrar por la çelda un hombre muy espantable y grande, y los pies y manos heran muy terribles y feos, y el gesto como de león muy feroz, y los ojos muy espantosos y encarniçados, y en la boca traýa unos gruesos garrotes, y traýa por bestidura un sayuelo como de sayal muy [fol. 109r] corto, que no le llegava más de hasta la çintura y las partes vergonçosas de fuera. Y a esta causa venía más espantosso y feo que si viniera en otra figura. Andava con pies y manos, a manera de bestia, y traýa sobre sí muchos demonios, y todos los agravios y sinrazones que havía hecho en su vida a las personas que tenía a cargo, las quales offendieron a Dios a su causa. Y las que heran difuntas, traýalas sobre sí, penando por los peccados que a su causa havían hecho. Y esta ánima padezía juntamente con ellas las ocasiones que les havía dado. Y las que heran vivas, traýan sus figuras con las mismas penas que las otras traýan. Y traýa todas las ánimas que por su consejo havían offendido a Dios y hecho agravio a sus próximos, de manera que traýa sobre sí ynnumerables penas y tormentos. Y los demonios le dezían muchos vituperios, pregonando todos sus yerros y peccados para más atormentarle, y luego allegavan y desquixábanle la boca en tal manera que le partían por medio hasta los pies, diziendo: “Quien tal haze, que tal pague”. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y conoçiendo la bienabenturada aquella ánima ser la por quien ella mucho rogava a Dios, deseava oýrla hablar alguna palabra, por conoçer si estava salva, porque la veýa tan espantable y tan grandes penas que no podía conoçer si lo hera. Y viéndola çerca de sí, mirola con muy grande compasión. Y el ánima miró a la sancta virgen con ojos muy espantables, y bramava como toro hazia ella; y lo mesmo hazía quando le davan los palos, porque no tenía lengua para poderse quejar ni hablar, sino hera bramar como animalía. Y quitáronle los garrotes de la boca, y pusiéronle una voçina, por la qual salía muy espantosa voz, que dezía: “Esta, esta es de mi herençia”. Y sonava a manera de trompeta muy espantable. Y no pudiendo conoçer si aquella ánima hera salva, quedó muy angustiada. Y quando vido a su sancto ángel, contole [fol. 109v] cómo havía visto aquella ánima, y que no havía podido entender por qué causa havía sonado por bozina: “Esta es de mi herenzia”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Respondiole el sancto ángel, diziendo: “Algunas vezes permite Dios que las mesmas ánimas que padezen, y los demonios que las atormentan, manifiesten la justiçia de Dios. E dezir esa ánima que la vozina o trompeta que le pusieron en la boca hera de su herençia, díxolo porque con el sonido de su voz, y palabra de su lengua, hizo muchas offensas a Dios, y con sus mandamientos y consejos agravió a sus próximos. Y llamar herençia a las graves penas que con sus malas obras merezió, eso, aunque no quisiese, se lo haría dezir la justiçia de Dios”. La sancta virgen le preguntó: “Señor, ¿es salva esta ánima de quien hablamos?”. El sancto ángel le respondió: “Ya te he dicho no me lo preguntes, que Dios te lo alumbrará quando Él sea servido”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y por entonçes no le ymportunó más la bienabenturada. Pero, continuando en su oraçión, suplicava a Nuestro Señor, su Divina Magestad se acordase de alguna buena obra que aquella ánima huviese hecho en su servicio, o de sus sanctos, que ella savía havía hecho estando en el mundo aquella persona una buena obra: y hera que havía hecho pintar una ymagen de un sancto muy preçioso, y le hera mucho devoto; y más, que le havía oýdo algunas palabras devotas en loor de su Divina Magestad. Y sobre todo esto que aquella ánima havía hecho, y los dolores que ella padesçía, lo qual todo hera poco, ponía los méritos de su sagrada Passión y los de su preçiosa Madre, y de todos los sanctos y sanctas de la corte del Çielo, y durándole algunos días haçer esta suplicaçión a Nuestro Señor, ynvocaba a otros muchos sanctos, para que la ayudasen a rrogar a su Divina Magestad por aquella ánima, a la qual vido una noche estando en su çelda. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y primero que la viese, oyó [fol. 110r] unos grandes bramidos, como de toro, y escuchándolos, vido entrar un toro muy feroz, grande y fuerte para ella. Y alzando la sancta virgen los ojos a mirarle, vídole entre los cuernos una ymagen, y tras la mesma ymagen, vido un bulto como un ánima, la qual la dixo: “Conóçesme, yo soy fulano, por quien tú mucho ruegas. Doy muchas graçias a Dios e a ti. Por tus ruegos se me an hecho muchas virtudes, y me dieron esta sancta ymagen para mi consuelo y defendimiento, que es por la que yo hize pintar aquel sancto mi devoto, el qual mucho me a ayudado”. La bienabenturada le dixo: “Mucho me he consolado, ánima, en te haver visto, porque he deseado mucho saver si fueres salva, que la otra vez que te vi no lo pude determinar, tan atormentada vienes”. Respondió el ánima: “Tan grandes an sido mis penas y tormentos, y son, que no puedo enteramente conoçer si soy salva, aunque algunas cosas he visto para creerlo, porque traygo tan grande desconsolaçión y penas de muchas maneras que no me da lugar a tener esperanza de mi salvaçión. Que aunque los demonios no me atormentasen, este buey en que yo ando metido trae tanto fuego y frío, quando Dios quiere, y hedores, y hambre y sed atormentable, que me bastaría, aunque por esto no me dexan ellos de dar crueles tormentos”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
E otras muchas cosas secretas le dixo de su conçiençia, y le pidió perdón de las cosas que en su perjuyzio havía hecho. Y le dixo le havía aprovechado la devoçión que en algún tiempo le havía tenido, conoçiendo la graçia de Dios que en ella morava. Y assí desapareçió. Y de aý adelante, vido muchas vezes esta ánima en su çelda, y en Purgatorio, y la hablava, y la veýa yr mejorando por la misericordia de Dios. [fol. 110v]&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Capítulo XXIII'''&lt;br /&gt;
'''De cómo esta bienabenturada vido a Nuestra Señora y a su preçioso hijo Niño Jesuchristo en spíritu, día de la Epifanía'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Tornando esta sancta virgen en sus sentdidos, la qual havía estado por todo el día y fiesta de los Sanctos Reyes arrobada, fueron todas las religiosas ha verla por se consolar con ella, que la amava mucho, y dixéronle que les diese aguinaldo spiritual, diziéndoles alguna cosa de lo que havía visto en su elevaçión. Respondioles, diziendo: “Ya savéys, señoras, que muchas vezes os he dicho que las cosas spirituales y revelaçiones çelestiales no se pueden esplicar ni dezir por lengua humana, y a esta causa muchas vezes çeso de deziros lo que me rogáys que os diga. Mas por vuestra consolaçión, deziros he algo de lo que en esta sancta fiesta he visto, mostrándome Nuestro Señor por su misericordia alguna cosa de las grandes fiestas que oy se haçen en el Çielo. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
”Pareçiome vi a Nuestra Señora y Madre de Dios assentada en un estrado de joyas y thesoros de grandes riquezas, y muy resplandeçiente, a manera de quando esperan algún hospedaje de algunos grandes señores. Y estava allí el pesebre del Niño Jhesús, adornado de hermosas joyas, ricas y muy valerosas, y los bestidos del Niño Jhesús, por semejante, muy ricos e luçidos, y muchos ángeles alrededor, cantando cantillanas tan dulçes que solo Dios la podía entender; y yo, su yndigna sierva, entendí algunas, en que deçían:&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
‘Dios de los Dioses,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
señor de las huestes, &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
rey de los reyes,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
aora vendrán los que Tú quieres.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Los reyes te adoran,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
y después dellos muchos te hallarán, &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
no perderás los que te amaron&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
y de coraçón te dessearon’.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
”Estando en estos coloquios, con más gozo que se puede pensar, hizo la Reyna del Çielo señal para silençio, y llamó a mí, su yndigna sierva, que lo estava mirando. Y fuy postrada de hinojos delante las gradas, donde la poderosa Reyna estava, y díxome su Real Magestad: ‘¿Viste cómo mi hijo está aora niño chiquito?’. Respondí: ‘Sí, Señora’. ‘¿Pareçete bien mi hijo?’. Yo le dixe: ‘Sí, Señora’. ‘¿Quiéresle mucho?’. Tornele a dezir: ‘Él, señora, lo save’. Dixo ella: ‘Yo no lo savré’. ‘Pienso sí savrá Vuestra Magestad, y también las faltas más’. [fol. 111r] Y diziendo esto, huve un gran temor y vergüenza acordándome de mis faltas y defetos, viéndome en tan alto lugar no siendo yo digna. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
”Díxome la Reyna del Çielo: ‘No temas, ¿por qué temes? Yo te digo Dios te pone ese temor por que le ayas de mí, que tengo aora sus vezes de juzgar mientras Él está en figura de niño chiquito. E ansí como delante de un alcalde mayor y otra justiçia es devida reverençia e miedo, assí a mí este tiempo del naçimiento de mi hijo, nasçido de mis entrañas enxendrado por Spíritu Sancto, algunas vezes, e todas las que yo quiero, me da auctoridad que juzgue y reprehenda si quisiere a las ánimas vivas, y a los que an salido del mundo, y que mande a los ángeles malos y buenos y los castigue si yo quisiere. Por eso, hija, con raçón temes tú, y aun tus hermanas también, las quales quiero yo que parezcan aquí ante mí’. Y diziendo esto, a deshora pareçieron allí unas ymágines o estatuas, las quales estavan en figura de las mismas personas, e pareçiome conoçía cada una. E la Reyna del Çielo no hablava ante ninguna dellas por entonzes sino a mí, su sierba, diziendo: ‘Dime, hija, los agravios que te an hecho tus hermanas o quejas que tienes dellas’. Yo le respondí: ‘Señora, a mi pensar no me an hecho ningún agravio, ni tengo ninguna queja, ni raçón para ello’. Y dixo la Reyna y Señora Nuestra: ‘Todas se aparten allá y quede aquí sola una contigo’. Y apartadas, dixo: ‘De esta, ¿qué quexa tienes?’. Respondí como de primero, no tenía ninguna. Y mandó se apartase aquella, y viniese otra. Y vino luego, y preguntome qué quexa tenía de aquella. Por semejante, respondí que ninguna tenía. Y assí vinieron todas, una a una, y me preguntó la Señora las palabras ya dichas de cada una, y respondí como a las primeras, no acusando a ninguna. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
”Entonzes, Nuestra Señora replicó, diziendo: ‘No acuses a ninguna de ninguna cosa, ni de alguna cosa te quexas, pues razón tienes de quexarte, y bien hazes de dexar a Dios la venganza y el juyçio. Y yo te digo que tienes previlegio de Dios todopoderoso y glorioso, hijo mío, que las ánimas que tú bendixeres serán bendeçidas, y las que maldixeres, serán maldezidas. Y tú no tienes condiçión para maldezir, y por eso no maldizirás sino lo que [fol. 111v] Dios quisiere, ni bendizirás sino lo que le pluguiere. Y las que maldixeres, serán maldeçidas. Y las que amaren y apiadaren, serán d’Él amadas e apiadadas; y las que te aborreçieren, ternán juyzio delante d’Él quando tú no las dieres causas justas para odio, porque su maliçia las condenará más que tu culpa. Por eso tú, agora, bendízelas, y no pienses que las bendizes tú sola, que yo contigo las estaré bendiçiendo. Y esta se entiende a las que tuvieren verdadera devoçión e fee, y limpieza de coraçón. Y a mi hijo rogaré por ellas y por ti, que heres llave de mi casa, y tú la tienes dada de parte de mi hijo y mía. Y bien saven tus hermanas la caýda de la primera muger a quien yo me apareçí para fundar esa mi casa, llamada Ynés, en cuyo reparo pedí yo a Dios, mi hijo, a ti, en quien se renovase mi apareçimiento y se descubriese y honrase mejor que antes estava, y tomase comienzo para yr de bien en mejor. Y por tanto, hija, como a segunda fundadora de morada, y en lugar de la primera, reestableçí, como hiço el Spíritu Sancto a sancto Mathía en lugar de Judas, y como Sant Michael en lugar de Luçifer’. Yo dixe a Nuestra Señora: ‘Suplico a vuestra Magestad las bendiga, pues las tiene aquí, y las hable’. Respondiome: ‘Hija, no se dan estos dones y graçias generalmente a todas personas, sino particular a algunas; y pues tú heres una dellas, da graçias a Dios por ello, y no seas yngrata a sus misericordias y benefiçios’.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
”Y luego, mandó a mi sancto ángel me volviese a mis sentidos y naturaleza corporal, y assí no vi la adoraçión de los reyes, ni su venida ni entrada por entonzes, lo qual yo deseava y esperaba, según las señales veýa y las palabras que oýa en las cançiones de los gloriosos ángeles. Muchas veçes en el año he visto a Nuestra Señora venir a visitar a esta sancta casa, de la qual muestra tener espeçial cuydado y deseo. Y su santo apareçimiento se a estimado y venerado, porque no fue una vez sola la que Su Magestad se apareçió en este lugar, mas nueve días arreo, me ha dicho mi sancto ángel, fueron los que se apareçió. Y el primero se empieza, y fue el primero día del mes de marzo hasta el noveno, que es el postrero, y más preçiado, porque en este día puso la cruz por señal, diziendo que quiere que le hiziesen allí su yglesia cada año. En este día, en el qual se çelebra su sancto apareçimiento, la he visto venir a ora de la medianoche en una proçessión muy admirablemente hordenada, solemníssima y enriqueçida, apos- [fol. 112r] tada de muchos resplandores y riquezas de gloria, acompañada de muchedumbre de ángeles y de sanctos y sanctas. Y también vienen con Su Magestad las religiosas difuntas hijas del monasterio, salvas por la misericordia de Dios, y ansimismo vienen todas las ánimas que en vida fueron devotas del sancto apareçimiento de Nuestra Señora, y las ánimas de los bienhechores del monasterio. Y estas ánimas, algunas dellas son libradas de penas, y otras no. Tráelas Nuestra Señora con liçençia de su preçioso hijo para darles descanso en esta su fiesta. Y esta preçiosa proçessión viene al monasterio con muy grandes cánticos, y músicas çelestiales, y ynstrumentos de diversas maneras de melodía. Y antes que entre en la yglesia y casa, da una buelta alrededor, y vendize Nuestra Señora los campos, e tierras y frutas en ellas apareçidas media legua a la redonda del monasterio; y después entra dentro y va al dormitorio, y vendize las religiosas con grande amor, y diçe: &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
‘Esta casa es mía, mía es esta casa, &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
y yo no la tengo olvidada. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Mío es este lugar, &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
yo no le entiendo olvidar;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
y pues no le entiendo olvidar, &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
no quiero dexarle de visitar’. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
’Estad constantes en los travajos y penas presentes y advenideras, que ansí se ganan las coronas, las quales yo tengo en depósito si os contentáys, siervas mías, con mi depósito; si no, dadlas a quien os las guarde. Y guardadlas vosotras, por que déys buena quenta a Dios, mi hijo, el día del juyzio, y merezcáys reynar y goçar con Él para siempre’. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
”E manda algunas vezes a los sanctos ángeles guardadores de las mesmas religiosas les pongan guirnaldas en las cabezas, de rosas blancas e coloradas. Y de estas cosas ellas no ven ni sienten ninguna cosa. Y desde el dormitorio va la sancta proçessión al coro, y allí está hasta que se dizen los maytines. Y ansimismo está Nuestra Señora, con toda la preçiosa compaña en toda la misa y sermón, y bendize los pueblos que vienen en proçessiones a çelebrar su sancto apareçimiento, y a todos los demás; y ruega a su preçioso hijo, estando en el Sancto Sacramento del Altar, por las religiosas que avitan y moran en su casa, e por todos sus devotos, y muy en espeçial por los que allí presentes [fol. 112v] están les otorguen los perdones de su sancta Yglesia. Y dize Nuestra Señora: &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
‘Norabuena venga Dios, trino y uno, &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
verdadero hombre çelestial, &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
a estar con el sancto Sacramento del Altar. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y en él la corte çelestial &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
vendiga Dios a la compaña humanal. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Yo soy la bienabenturada Madre de Dios &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
y vosotras, bienabenturadas hijas mías’.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
”Y quando se quieren yr las proçesiones despidiéndose del altar, alça Nuestra Señora su preçiosa mano, y santigua los pueblos, dándoles su sancta bendiçión. E luego desapareze, y toda la compaña celestial, e a mí tórname mi sancto ángel en mis sentidos corporales. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
”Y quando estas cosas veo y oygo que este día Nuestra Señora dize y haze, ando en la proçesión que viene con Su Magestad. Y quando no estoy elevada quando viene a visitar su yglesia y casa, plaze a Dios que lo vea estando en mis sentidos, y que a la despedida me lleve consigo, aunque no lo merezco. Son tantos los perdones e graçias que Nuestra Señora tiene alcançadas del poderoso Dios, hijo suyo, para esta santa Yglesia donde ella se apareció que, si las gentes lo supiesen, vendrían de muchas partes de rodillas, por ganar tanto bien para sus ánimas. Que como Nuestra Señora se apareçió aquí, con tan gran desseo y caridad que las ánimas se aprovechasen, pedía una muy sublimada virtud a su preçioso hijo: y es le otorgase tantos perdones en esta su sancta yglesia como hebras de yerbas y de cosas de flores e ojas estuvieren nasçidas en la tierra media legua alrededor del lugar donde ella yncó la cruz con sus preçiosas manos. Y Nuestro Señor Jesuchristo, hijo suyo, se lo otorgó, y esto dende que se edificó esta sancta yglesia y casa.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
”Y más me a dicho mi sancto ángel: que están conçedidas en esta iglesia, sin ninguna condición, los perdones de Sancta María de los Ángeles. En Assís, entiéndese, aunque no vengan confesados ni rezen cosa señalada, sino viniendo con devoçión a visitarla. Ansimesmo, me dixo que quien rezare nueve Avemarías, o nueve hymnos, o otras qualesquier oraçiones de Nuestra Señora, en tal que no sean menos de nueve offreçidas a los nueve apareçimientos que se apareçió a Ynés, ganará muchas graçias y le [fol. 113r] será otorgada la petiçión que justamente pidiere a Dios. Esto en qualquier día del año que lo rezaren. Y muy más lo ganaran rezándolo los propios días, que es el primo día del mes de marzo hasta el noveno del mesmo mes, todos nueve arreo, y quien hiziere dezir nueve misas a Nuestra Señora, en reverençia de estos apareçimientos, será socorrida en su tribulaçión y aprovechará mucho a los difuntos. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
”La manera en que se mostrava Su Magestad cada día de estos apareçimientos: fue el primero de pequeñito bulto, como quando fue conçepta; el segundo, como quando hera niña reçién nasçida; el terçero, como de tres años, que la offreçieron al templo; el quarto, como de la hedad que fue a visitar a sancta Iasabel; el sesto, como quando parió al Hijo de Dios −en este día, quien rezare, es bien tenga memoria de la fiesta dela−; el séptimo, como quando le presentó en el templo; el octavo, como quando fue uyendo a Egipto −en este día, quien rezare, tenga memoria del la fiesta de Nuestra Señora de las Nieves−; el noveno y último, como quando estava al pie de la cruz, y a este misterio sirvió la sancta cruz, y quien rezare, tenga memoria de su muy gloriosa asumpçión, porque estos sanctos apareçimientos hizo Nuestra Señora con memoria de sus nueve fiestas”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Capítulo XXIV'''&lt;br /&gt;
'''De la ayuda que sentían las personas ausentes de esta sancta virgen viviendo ella en la carne'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Permitía Nuestro Señor, por la virtud y sanctidad de esta bienabenturada, que las personas que le heran muy devotas y se le encomendavan en su ausençia a ella y a su sancto ángel, fuesen rogadores ante la Magestad Divina, la viesen algunas vezes en su tribulación; en espeçial algunas religiosas estando en sus monasterios, no haviéndola visto en su vida, mas del conoçimiento que tenían de su sanctidad, por la qual la comunicavan espiritualmente por cartas, encomendándose a su sancto ángel. E a ella le pareçía la vían delante de sí, y en ese ynstante se les desa- [fol. 113v] pareçía, y dezían la figura de su gesto y cuerpo, las quales señas serán verdad assí como lo dezían. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Acaesçió que enfermó una gran señora en el palaçio del emperador, estando la corte en Madrid, que se llamava Doña Ana Manrique, la qual tenía gran devoçión y crédito con las graçias que conoçía que Dios havía puesto en esta bienabenturada, a causa la amava mucho, e la tenía por su madre espiritual, y se comunicava con ella assí con cartas como por visitaçión con su propia persona. Y estando enferma de un peligroso dolor de costado, hizo ella luego mensagero a esta sancta virgen, diziendo quán mala estava, de las quales nuevas la bienaventurada se compadesçió, y con entero cuydado rogó por su salud. Y llegada esta señora al punto de morir, resçividos los sacramentos de la sancta Madre Yglesia, teniéndola ya por muerta, plugo a Dios por su misericordia y ruegos de esta sancta virgen dalle mexoría. Y de que estuvo algo aliviada de su enfermedad, embió mensajero con carta a esta sancta virgen, que por madre tenía, diziendo por su letra que estava mejor de su enfermedad, lo qual creýa y savía también como ella, que la havía ydo ha ver en espíritu y la havía dado salud con el poder de Dios; y esto no le negase, pues savía dezía verdad, que la havía visto y conoçido el día seteno de su dolor de costado. Haviendo resçivido la sancta unçión, desauçiada de los físicos, estando muy congojada haçia la noche, ençendida ya candela, assentada en la cama, le pareçió por la delantera de la cama haverla visto, con su ábito y escapulario e tocas, subir sobre su cama, pasando por ençima de su persona, y la tomó por las espaldas, y la apretó en espeçial en el lado, donde tenía el dolor; y con gran plazer, havía dicho ante todos, lo más alto que pudo: “Havéys visto a mi madre Juana de la Cruz, verdaderamente ella es, que yo he sentido me a tocado por las espaldas, y súpitamente se me a quitado el dolor. Y desde aquella hora estoy mejor, y puedo comer, y voy cobrando salud. A Nuestro Señor muchas graçias por ello. Y vos, madre mía, no me neguéys esta verdad que digo y por tal la tengo pública”. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y la bienabenturada se maravilló de lo que esta señora le scrivía, y dixo no creyese en tal cosa [fol. 114r] como aquella. Y enportunada de las religiosas les dixese cómo havía sido, pues en la corte estava público, respondioles: “No penséys, amigas, salió de mí esta caridad de yr a ver aquella señora, sino de mi sancto ángel, porque estándole yo suplicando rogase a Dios por su salud, dixo: ‘Bien será que la vamos a ver, pues es tan tu devota, y está agora en tan estrema necçessidad, que para el tiempo de las neçessidades es el socorro de las buenas amigas’. Y assí fuymos a verla. Y quería anocheçer quando fuymos, que en su cámara ya tenían ençendidas candelas, y mandome mi sancto ángel subiese sobre su cama y la tomase por las espaldas, y la sanctiguase en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Spíritu sancto, y también la sanctiguó mi sancto ángel. Y si ella sanó, fue porque ella sanctiguó. Y estoy maravillada permitir Nuestro Señor me viese ella a mí, y no a mi sancto ángel, que yo creýdo tenía no me havía visto. Ya que veníamos de ver a esa señora, mostrome en la misma villa de Madrid un hombre que estava espirando. Y en acabando de espirar, vi cómo vinieron los clérigos con la sancta cruz, y entraron en la casa del difunto a encomendarle el cuerpo. Y yo pregunté a mi sancto ángel quién hera aquella persona difunta. Respondiome: ‘Persona es que te pesará arto dello’. E no me dixo más. Y tornando yo en mis sentidos, conoçí era nuestro devoto Gonçalo de Durango, y por eso dixe entonçes hera difunto”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Estando una religiosa en pasamiento, la qual hera del monasterio y compañía de esta bienabenturada y havíanla sacado a fundar otra casa y murió allá; y estando ya çerca del fin de su vida, tenía muy gran desseo de ver a esta bienabenturada, porque la amava mucho, por la graçia de Dios que morava en ella. Y estando con este desseo, dixo como a manera de alegría: “Ela, ela allí, a mi madre Juana de la Cruz”. Y diziéndole que no lo creyese, que antojo hera, respondió: “Por çierto no se me antoja, que muy bien la conozco, y conozco ser verdad en lo mucho que mi ánima se a consolado con su vista”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Acaesçió por el mes de julio que, estando al torno el padre confesor del monasterio donde morava esta bienabenturada, vino por el campo un carnero dañado de rabia, [fol. 114v] y entró hasta donde él estava, y con mucha ansia le hirió con los cuernos, hechándole mucho bafo y espumajos. Y como estava solo, no se podía defender d’él. E ydo el carnero huyendo, que no pudo pareçer más, el padre, por entonçes, no hizo caso de lo que havía pasado. Y estando después assentado a la mesa para comer, vínole un gran temblor y miedo de la rabia que traýa el carnero, y desmayósele el coraçón. Y assí le llevaron a la cama, muy fatigado. Y saviendo la sancta virgen en la dispusiçión del padre y la causa de que le havía venido, pesole mucho, y embiole a dezir que se esforçase, que no sería nada, que ella ternía cuydado de rogar por su salud; el qual se consoló con estas palabras, y dixo, lo que le huviesen de dar de comer lo llevasen a esta bienabenturada y lo santiguase. Y assí lo hizieron quatro o çinco días, y él siempre yba empeorando, hasta tanto que confesó, pensando que se havía de morir, y ella siempre le dava esperança de salud, teniendo cuydado de rogar a Dios por él. Y assí fue como ella dezía: estuvo bueno. Y recobrada la salud el padre confesor, dixo la sancta virgen: “Dios alumbró al padre de embiar a que sanctiguase yo lo que él havía de comer, que el Señor, por su misericordia, me a dado graçia sera compañera con sancta Quiteria para el mal de rabia”. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Una religiosa tenía un zaratán en el pecho, tan grande como el puño, muy peligroso. Y esta bienabenturada rogó mucho a Dios y a su bendita Madre por ella, y al cabo de un mes, se halló sana como si nunca le huviera tenido, lo qual se tuvo por milagro. Y a otra religiosa se le hizo una muy mala, nasçida en el brazo. Y abriéndosele un phísico para sacársela, ya que hera sacada y la llaga yba çerrando, la qual no estava sana, porque le havía caýdo fuego de sant Marzal en la llaga, lo qual el físico que la curava no havía conoçido, ni otra ninguna persona lo savía, sino esta bienabenturada, que rogando por esta enferma a su sancto ángel, le dixo él: “Más mal tiene, ¿qué piensas tú? Ruegas solamente por la llaga, y ale caýdo en ella fuego de sant Marzal, y es tan reçio, que si Dios no lo sana por milagro, morirá en treynta días”. Y oyendo esto la sancta virgen, se angustió mucho. A algunas religiosas del monasterio, y en el braço de la enferma, pareçía tener aquel mal, porque se le haçían empollas ençima de la señal de la llaga. Y esta [fol. 115r] bienabenturada, rogando mucho por ella a su sancto ángel e a otros sanctos de la corte çelestial, que rogó la ayudasen a rogar a Nuestro Señor, Su Magestad sanase la tal persona de tan cruel enfermedad, plugo a su divinal clemençia oýr los ruegos de esta sancta virgen, por los quales fue librada la enferma de aquella enfermedad.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Otra religiosa tenía muy malas las ençías de la boca y gran dolor en las raýzes de los dientes y muelas. E fue muy angustiada a esta bienaventurada, la qual savía mejor su enfermedad que ella, que la tiene. Y en viéndola, le dixo: “Ven acá, amiga, ¿cómo nunca me havéys dicho que estáys mala de la boca? Arta pena tengo yo dello, e rogado por vos a mi sancto ángel, y él también ruega a Dios por vos os dé salud”. La religiosa, agradeçiéndole el cuydado que de su salud que tenía, diole quenta de su mal, y rogole la sanctiguase y mandase hazerle alguna mediçina, que ella tenía esperanza en Nuestro Señor que por sus ruegos sería sana. La sancta virgen le respondió: “Ya es algo tarde para curaros, porque os a caýdo cançer en las enzías y raýzes de los dientes. Mas no os entristezcáys, que poderoso es Dios para daros salud, y vuestra fee, devoçión lo mereçiera”. Y mandole haçer una muy liviana cosa, y en muy breves días cobró muy entera salud.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Otra religiosa tuvo muy gran dolor de una espalda e lado por çiertos meses, y le dava muy grande pena. Y mexorando de este dolor, entró en el offiçio de la coçina, y con el trabajo, tornole el dolor muy más reçio, y con tan grande ardor que pareçía se le quemava el lado y, con ello, muy gran dolor de caveça, en manera que con mucho trabajo hizo aquel día el offiçio de la coçina. Y de que huvieron comido las monjas, fuese a la çelda de esta bienabenturada, e díxole quán mala yba. Y haviendo mucha compasión della, [fol. 115v] preguntole si havía comido. Respondiole la religiosa: “No, no he comido, que los dolores no me dexan”. La sancta virgen le mandó, con mucha caridad, que se asentase a par de su cama y hechase la caveça ençima, y travajase por dormirse. La religiosa lo hizo ansí, y de que despertó, vido que estava elevada la bienabenturada, y hallose ansí sin ningún dolor en el lado e caveza, e con tan buena dispusiçión y salud que fue muy alegre a hazer el trabajo de la coçina.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Yendo otra religiosa cargada, llevando çierta cosa, cayó entre unas piedras y desconçertose un hombro muy malamente. Y doliéndole mucho, fuese a esta bienabenturada y díxole cómo se le havía desconçertado un hombro y no podía menear el braço del gran dolor que tenía en él. Díxole la sancta virgen: “Amiga, traygan quien os le adobe”. Y no quiriendo la religiosa que viniese ninguna persona, respondió, diziendo: “Solamente quiero le sanctigue ella el hombro, y le tocase en él con sus manos”. La bienabenturada le dixo: “Por cumplir con vuestra devoçión, yo lo haré, aunque sea con trabajo mío”. Y llegándose la religiosa a ella, descubrió el hombro: tocola en él con sus manos muy tullidas dos o tres veçes, nombrando el nombre de Jesús; díxole: “Tened esperanza en este sancto nombre que aquí havemos nombrado, que sanar es en su virtud”. Y assí fue, que luego otro día pudo mandar el braço sin ningún dolor ni lisión. Y de esta manera y de otras muchas hizo Dios, por esta sancta virgen, muchos milagros.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Capítulo XXV'''&lt;br /&gt;
'''De una pregunta que esta bienabenturada hizo a su sancto ángel tocante a los ángeles'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Estando elevada esta sancta virgen, hizo una pregunta a su sancto ángel, diziendo: “Señor, ¿cómo quedastis vosotros los ángeles [fol. 116r] tan hermosos, poseyendo cada uno la bienabenturanza de no poder peccar, y el claro resplandor y fineza de colores que, a mi parezer, en espaçio de çierra ojo e abre se mudan y difieren los colores en diversas maneras, que se admira el entendimiento y transforma sin saverse entender? ¿Y cómo los demonios infernales, espíritus malignos, quedaron tan abominables y feos, y suçios e hidiondos y peccadores, los quales ellos, dañados, procuran dañar a todo el mundo y humanal linaje”. Respondió el sancto ángel, diziendo: “Cosas son esas que para te las declarar hera menester mucho espaçio, y tú alcanzar alto entendimiento. Porque las cosas que en el Çielo pasaron y se contrataron entre Dios y los ángeles, buenas y malas, antes que cayesen los dañados en el hondón del Infierno y quedasen las buenas, piadosas y justas limpias con su Dios y Criador −el qual entonçes los sanctificó en galardón de no haver consentido con Luçifer en el menospreçio de Dios, criador dellos y de todas las cosas çelestiales e terrenales, e ynfernales−, no se podían scrivir por vía humana, ni bastaría papel ni tinta, ni abría péndola que lo sufriese”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Replicó la bienabenturada, diziendo: “Dígame, señor, siquiera alguna parteçita por me hazer virtud”. Respondió el sancto ángel: “Algo te diré en declaraçión de lo que preguntas. Quando el señor Dios, trino y uno, estava en el abismo de su deydad y magestad yncomprehensible, holgávase en sí mesmo y deleytávase en su muy alta divinidad y hermosura, y grandeza e ynumerable potençia, y contemplando en sí mesmo, y gozándose de su propio conoçimiento, y balor y dinidad, sin tener neçessidad de ninguna criatura çelestial ni terrenal para su servicio; porque Él, a ssí mesmo, con su alto poder se sabe goçar e amar e contemplar, y considerar todo lo que es menester para su alabanza y ensalçamento de honra. Y cada una de las tres personas divinales se holgaban, y se amaban y se querían la una a la otra, y con toda la alteza [fol. 116v] yncomprehensible con el poderoso, y [¿?] conoçimiento que Dios en sí mismo tiene, sin le faltar cosa alguna. Y conçertándose el Padre y el Hijo y el Spíritu Sancto, movidos de misericordia, esta muy alta Trinidad acordó de dar parte de aquellos sus gozos a quien supiese gozar dellas, e usar de justiçia e verdad y bondad. Quiso el poderoso mostrar su potencia, sapiençia y magnifiçençia, largo e yncomprehensible poderío, summa clara y altíssima bondad, justiçia, verdad, piedad, libre alvedrío, discreçión, capaçidad secreta, justo juez comprehendedor y esaminador de las cosas secretas, rico, largo, franco, poderoso en toda virtud y grandeza y saver. Plúgole, primeramente, criar el Paraýso glorioso de su reyno, por arte admiravilíssima. Y esto hizo, como buen Padre codiçioso, que sus hijos hereden [¿en ser?], aunque los enjendre y dessea para ellos muchas riquezas perpetuas sin fin, prosperidad, lindeza, hermosura, proveymiento eterno de todo lo neçessario. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
”Assí Dios, antes que criase los ángeles, crió el Paraýso, real, triunfal, claro, próspero, ancho, luengo, fuerte, bien labrado, más que mill maravillas compuesto, adornado, rico, valeroso, digno de ser deseado a toda criatura çelestial y terrenal, pues crió a nos, los ángeles, por muy alta manera y artifiçio, e sabidos grados y premios, púsonos mandamiento que nos conoçiésemos a nos mesmos, pues nos dio entendimiento, memoria, voluntad, libre alvedrío, discreçión, saber, libertad, juyzio, conoçimiento, raçón para saver distinguir el bien y el mal, y el mal del bien, y disçernir, y mirar, y tantear, y escoger cada uno para sí lo bueno. Y por tanto, nos mandó Dios conoçiésemos a Él y le adorásemos, y obedeciésemos y honrrásemos, pues savíamos hera nuestro Dios y criador, y bienhechor y poderoso, e nosotros y en todas las cosas criadas y por criar, visibles y ynvesibles. Y amonestonos mirásemos nuestra hermosura y claridad, y ansimesmo delas sillas [fol. 117r] y aposentos que nos havía dado, y edifiçios no hechos de mano, criados y hechos por muy alta sçiençia, por la qual conoçiésemos que el sol es Dios, y otro no ay; que Él nos crió, y nosotros no nos criamos, ni podríamos ni savríamos haçer nada; y que le devíamos serviçio, adoraçión, obediençia, reverençia.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
”Y pues assí es, que hera su sancta y perfeta voluntad que nosotros consintiésemos y tuviésemos por bueno de resçivir y que fuese resçivido un hombre de la Tierra o de qualquier parte, calidad, dignidad, ygualdad menor o mayor, qualquier o semejante, verbigraçia, en semejante, según a la Divinina Magestad pluguiese que ninguno, por ninguna vía, ni causa ni raçón contra ello, no fuese ni presumiese de tachar o juzgar o empedir lo que Dios ''[17]'' haçe y quiere haçer. Que justa cosa es los sierbos ayan por bien lo que haçe su señor, en espeçial tal señor como es Dios, y sabidor de todas las cosas, el qual todo que haze es bueno, y save lo que haçe, que es para buen fin. Él, que nunca tuvo fin ni prinçipio ni medio, todo es perpetuo, y sus criaturas perpetuas, las que son para su perpetuo serviçio. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
”Estas cosas dichas, tornó a preguntar el mesmo Dios si héramos contentos aquel dicho hombre entrase en nuestra compañía, el qual hombre él tenía escogido e ungido de sí mesmo para ser nuestro prínçipe y Señor: y esto dezía el Señor Dios por Jesuchristo salvador, cuya sancta encarnaçión fue consentida primeramente en los Çielos y determinada de Dios Padre muchos años primero que en la Tierra fuese hecho, al qual hombre, Verbo encarnado, por entonzes Dios no declaró sus secretos, juyçios, sentençias, maravillas, que entendía hazer salvo. Tornó a preguntar si héramos contentos entrase el dicho hombre en la Yglesia consagrada, triunfante, palaçio real, a señorear, mandar y vedar, al qual Prínçipe havíamos de adorar como al mismo Dios. Y comenzó con gran tronado, sin ser [fol. 117v] vista de nosotros, la Magestad Divina, la qual estava esperando a los que serían dignos de ver a Dios para mostrárseles y santificarlos.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
”Comenzó a dezir: ‘Mi voluntad es que aquel prínçipe que dicho tengo, hombre que á de subir de la Tierra hecho Dios, le adoréys vos y todas las nasçiones: que a su nombre toda rodilla se yncline, ansí de los çelestiales como de los terrenales e infernales’. Esto dicho, luego comenzó Lucifer, que él hera prínçipe mayor en hermosura y valor: ‘No consintáys que entre aquí otro prínçipe ninguno sino yo, que a mí perteneçen estas dignidades y reverençias que Dios manda que hagan a otro. Y vosotros, respondelde que ya tenéys prínçipe, pues tenéys a mí, que yo responderé lo mesmo. Que a mí conviene ser ensalçado y puesto a la diestra de Dios, y no a otro ninguno’. Entonçes híçose tinieblas todo aquel reyno y corte, en que assí los buenos como los malos perdimos la claridad, empero no la sanctidad, en los que la quisieron; que no estávamos en más de ser obedientes a la voluntad de Dios y dezir que les plaçía entrase Jesuchristo o otro hombre qualquier que ordenase la divina potençia. E los que esto diximos, quedamos salvos y dignos de ver a Dios y goçarle para siempre. Luçifer, que estuvo soberbio, con todos los que con él consintieron, cayeron al Infierno, derrivándolos Dios”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Dixo el sancto ángel: “Y tú, sírvele y ámale, e témele. Vive sin offenderle, que no abrás miedo a su yra, pues es piadoso y justíssimo”. Tornando la bienabenturada a preguntar a su sancto ángel: “¿Pues cómo, señor, se le tornó la claridad a los que ansí escuros estavan, según dize vuestra señoría?”. Respondió el sancto ángel, diziendo: “En la hora que el Señor se nos mostró en su esençia y exçelençia, y claridad y hermosura, luego nos vimos todos claros, y a nos mesmos se nos tornó la claridad en viendo la de Dios. Y partiçipose con nosotros, y bendíxonos, y llenonos de la graçia del Spíritu Sancto repar- [fol. 118r] tiendo sus dones, según convenía a nuestra alta capaçidad. Que por ser spíritus çelestiales, héramos muy altos, aunque unos más que otros. Empero, los menores de los ángeles son mayores que los hombres, aunque tienen el premio y señorío grande para en este mundo, y para el otro los que son buenos y cathólicos christianos, los quales gozan en la gloria de Dios con Él mesmo y con los sanctos ángeles. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
”De los demonios te quiero dezir que, luego que acavaron de perseverar en su reveldía y soberbia, los tornó Dios tan disformes y feos y abominables, y suçios y asombradiços como tú saves, si los as visto. Y si los as visto, Dios te libre que no los veas, que la Virgen María, siendo tan sancta sobre toda criatura y teniendo a Dios más contento y agradado que a otra ninguna, temió ver su visión, y le huvo miedo. Y antes que le derrivase el Señor, y le hechase en los Infiernos profundos, le maldixo y le condenó perpetuamente por su peccado y maldad, diziendo: ‘Vete, maldito, por justa maldiçión mía, que no heres digno de mí ni de mi reyno’. Y luego se hizo grande estruendo estando todo en tinieblas, y con fuerte estallido cayeron de súpito más espesos al Infierno que la nieve ni el granizo, ni la lluvia ni el hollín quando apreisa cae y el biento le trae alrededor, no embargando su pesadumbre. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
”Hecho esto y bendiçida esta batalla, mostrósenos el Señor, y descansó y holgó en sí mismo con nosotros, sus siervos, y tornonos a bendezir, y dixo: ‘Adentraos, mis hijos, en las sillas reales del glorioso reyno mío, triunfal y çelestial, que vosotros soys dignos de mý y me perteneçéys, y yo a vosotros’. Entonçes dixeron algunos de los altos serafines: ‘Señor, ¿quién serán señores y se sentarán en estas reales sillas, [fol. 118v] pues quédanse vaçías y los desdichados spíritus que en ellas moravan se perdieron?’. Respondió el Señor, diziendo: ‘No queráys saber los secretos de Dios y tan divinos, que agora no es tiempo de saber. Empero, tiempo verná que se savrá, y será manifiesto a toda criatura divina y humana, la qual se sentará en las reales sillas. Y vosotros lo veréys y gozaréys, y cantaréys de plazer en su ensalçamiento, y honraréys sus entradas e salidas; las entradas son quando merezcan entrar en la gloria, y las salidas son quando las ánimas justas salen de los cuerpos, bultoso y pesadoso, quando salen de penas de Purgatorio y son y serán resçividas en el Çielo con gozo de Dios y de los ángeles, conviene a saver, las buenas ánimas y católicas siquier sean hombres, siquier mugeres”. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Esto platicó el sancto ángel, dando quenta de lo que havía pasado en el Çielo, y añidió, diziendo: “No pienses, amiga de Dios, en mí, encargado para tu guarda, que en dezir lo que he dicho y contado lo medio que pasó, ni la declaraçión de cada cosa tan por estenso, pero el buen enmendimiento deboto y simple, ynoçente de maliçia, sano y salvo y sabio, prudente, justo, piadoso, sobre estas pocas palabras le alumbrará el Señor y le enseñará, más que muchas e arduas scripturas y consejos sanctos. Y mientras más letrado fuere el que esto leyere, más entenderá el çentro dello, porque todo es buena cosa con la sancta fee cathólica, aunque son estas cosas más secretas y de lo alto que Dios no lo a querido revelar tan por estenso hasta agora. Empero, quiero te deçir otra cosa, y es que aun nosotros, los ángeles, no entendíamos todo lo que el Señor nos dezía, porque quando dezía que havía de yr al Çielo la humana criatura y assentarse en las sillas reales, y que nos havíamos de gozar los ángeles sanctos con ellas, no savíamos entender cómo havían de ser hechas las tales cosas, [fol. 119r] ni por qué vía, ni quándo. E ninguno osava preguntar a nuestro Dios, por la mucha reverençia que le teníamos, salvo lo poníamos todo en sus manos y en su sancta voluntad, y que havíamos por bien todo lo que le pluguiese hazer en nosotros y en otras criaturas, pues Él hera, y es y será el criador de todas las cosas, y el governador, y el rey soberaníssimo, y el emperador, y el patriarca y monarca, sancto Padre poderoso spiritual y temporalmente.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
”Y assí es bueno, dixo el sancto ángel, hagan todas las gentes para vivir y entrar en paz con su Dios y recriador, redemptor, salvador, contino hazedor de virtudes, las quales sean conoçidas de sus criaturas, que es mucha razón, pues tienen entendimiento animal, razional, viviente, perdurable, eterna. Que ansí hizimos nosotros, los ángeles: fuymos agradeçidos, reverentes, humildes, prudentes, amorosos de Nuestro Señor Dios, serbiçiales, corteses, bien criados, paçientes, justos, dando la honra al otro, cada uno despreçiando a ssí mesmo, teniéndose en poco, y tiniendo a su Dios en mucho, y a sus próximos, no despreçiando a nadie, ni diziéndole lástimas, ni ynjuriándole por sus faltas. Mexor es dexar el juyzio a Dios de todas las cosas, salvo aquellas que tienen perlaturas o cargos de justiçia, dignidades, poderíos, lo qual todo con prudençia se a de regir y ordenar, hazer a serviçio de Dios y bien y provecho de las ánimas católicas, y convertir los infieles y los peccadores a verdadera penitençia; animarlos, enseñarlas en la virtud y fee de Nuestro Señor Jesuchristo, hazerles saver los exemplos de los sanctos, provocarlos a todo bien, apartarlos de todo mal. Estas son las obras de misericordia spirituales. Las que les hizieren bien, abrán; las que no las hizieren para sí, harán gran daño, y las otras ánimas ayudarán a perder. Mírense bien, mírense bien las gentes, que quien solo peccare solo dará cuenta a Dios; empero, quien a otros hiziere peccar, llevará su peccado y su culpa, y la agena. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
”Dizes que te diga sobre el evangelio de Sant Juan: ‘''in principio erat verbum''’, y sobre las sanctas liçiones de ‘''in principio creavit Deus celum &amp;amp; terram''’. Pues en la sagrada scriptura esto todo se contiene largamente; y en la sancta ley nueva y vieja, concordantes en una perfeçión, allí se hallarán abundosos pastos; y en la piedra, que es Jesuchristo, se hallarán fuentes de agua dulce, y su [fol. 119v] sanctíssimo cuerpo sacratíssimo, e tierra que mana leche y miel, tierra sancta, tierra prometida que Dios prometió a sus escogidos, lo qual todo se cumplió en el misterio de la sancta encarnaçión y alçavose el día de la Sancta Asunçión del Señor, y perseverará agora y para siempre jamás”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Capítulo XXVI'''&lt;br /&gt;
'''De una revelaçión que vido esta bienabenturada tocante a una ymagen'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Tienen e[n] tal monasterio de Sancta María de la Cruz una ymagen de Nuestra Señora, la qual hera de bulto muy antigua. Y las monjas, saviendo que la havía bendeçido un obispo, tiénenla mucha devoçión, porque algunas vezes la havían visto hazer milagros, y sacábanla en proçesión los días del sancto apareçimiento. Y por ser tan antigua, renováronle el gesto por un entallador, cortándole de la garganta arriba, y pusiéronle otro gesto y pecho. Y trayéndola al monasterio, fueron las monjas a la ver e saludar. Y algunas les pareçió muy bien, y se consolaron con ella, y a otras les pareçió mexor el gesto que antes tenía, y desconsoláronse mucho, de manera que vinieron en alguna diferençia de palabras.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y saviéndolo esta bienabenturada, mandolas llamar, y díxoles: “Muy maravillada estoy, hermanas mías, de la desconsolaçión que tenéys del renovamiento de esta sancta ymagen, dado caso aya razón por la falta de la ymperfeçión de la pintura no ser tan aplaçiente a nuestros ojos. Pero aunque sean feas las imágenes, es cargo de conçiençia no tenerlas en mucha reverençia y estima, en espeçial si son las tales ymágenes de Dios y de Nuestra Señora, que estas tales, feas o hermosas, son dignas de muy grande acatamiento. E ruegoos, señoras, hagáys aquí un altar en esta nuestra çelda, y traed aquí la sancta ymagen, aunque yo sea indigna dello; que si yo pudiere, ya avría ydo al coro de rodillas a saludar a su Alta Magestad”. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y traýda la ymagen a la çelda de la sancta virgen, y puesta en el altar, rogolas que la dexasen allí dos días. Y estando ella aquella noche en contemplaçión, vido Nuestra Señora en visión muy hermosíssima, y poníase enzima de la ymagen suya, y dezía: “Yo me contento de esta ymagen, y la escogo y açeto para mi morada y aposento, y como en trono mío resplandezco en ella y en mi spíritu se [fol. 120r] goza, porque los peccadores conmigo abrán refugio y consolaçión, y yo les ganaré del mi Hijo perpetuo gozo en la gloria perdurable”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y esta bienabenturada que lo veýa, suplicava a Nuestra Señora que entrase dentro de la ymagen su spíritu, pues hera tan hermosa, y dende allí escuchase las oraçiones que le hazían, y en espeçial las suyas, por que ella viese que no caýa en vaçío hechos delante su preçiosa ymagen, como algunas vezes tienen las gentes crédito, que no está allí donde la llaman. A los quales pensamientos y  suplicaçiones, respondió Nuestra Señora, y dixo: “Por estar nuevamente puesto este madero en esta ymagen mía, no quiere Dios, ni a mí plaze, entrar dentro en ella hasta que se consagre o vendiga, de manera que se haga digna e perteneçiente de mí por virtud de la consagraçión justa que devidamente deven tener las ymágines, e yglesias enteras, y altares aparejados y limpios al culto divino”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y la noche siguiente vido la bienabenturada, a ora de los maytines, una visión muy gloriosa. Y es que vido venir a Nuestro Señor Dios en un trono muy rico, en bestiduras pontificales, çercado y acompañado de muchedumbre de ángeles, y sanctos y sanctas. Y estava junto a la dicha ymagen de Nuestra Señora, a la qual bendeçía con palabras muy devotas e reverençiales, y cantares y dulçes sones que hazían los ángeles con diversos ynstrumentos, de las quales palabras y cançiones no pudo colegir esta bienabenturada sino pocas palabras. Y el día que vido esta revelaçión, hera octava de la dedicaçión de la yglesia, y las çeremonias que Nuestro Señor hizo en la consagraçión de esta sancta ymagen fueron muchas. Estava bestido como obispo, y la ymagen, que estava bestida de sedas, según es uso adereçar las ymágines, a deshora pareçió toda desnuda y alçada en alto, teniéndose con el poder de Dios. Esto hera antes que el Señor la bendixese, el qual día hizo llamamiento a los sanctos ángeles para que viesen lo que hazía en aquella ymagen, y assimismo los demonios, para que huviesen miedo y viesen la virtud que Dios ponía en su sancta Yglesia e ymágines y altares. E por fuerça se lo hazían mirar y reverençiar, que dava poderío a la sancta Madre Yglesia que vençiese ella al demonio, e deshechase con baldón, y resçiviese a Dios Jesuchristo y a su sancta Madre con reverençia e honor. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
E para esto bendeçía y deçía a altas vozes el mesmo Señor, desde su alto trono: “''Ego sum quis me et ecce nova facio omnia''”, que quiere dezir: “Yo [fol. 120v] só Yabé, que todas las cosas hago nuevas. En lo alto del Çielo moro, soy rey eterno que rixo los coraçones cathólicos y devotos. El mi adversario los perturba, empero yo soy el que los agosiego; él los derrama, yo los allego; y él los disipa, yo los proqueo; él los destruye, yo los edifico; él los ensuçia, yo los alimpio; él los enturbia y revuelve y haze oler mal, yo los purifico y hago bien oler suavíssimo. Sé de lo malo hazer bueno. Y de lo no lympio, hazer limpio. Y de lo ymperfeto, hazer perfeto, e loable y agradable”. Y volvía sus preçiosos ojos a la ymagen de Nuestra Señora, e dezía: “¿Quién te deçía madre mía?”. E poníale muchas cruzes hechas joyeles. Estando ella ansí desnuda, la çercava toda, espeçialmente la caveça, frente y gesto, y los pechos y espaldas, e hombros y braços y manos, con todo el cuerpo hasta los pies, que significavan los çimientos de la sancta Madre Yglesia. Y después de muchas bendiçiones que el Señor deçía, dixo cantando aquella antíphona que dize: “''Hanc quam tu des picies, Maniche, &amp;amp; mater mea est, &amp;amp; de manu mea fabricata''”. Y respondían los ángeles con muy claras vozes, diziendo: “''Fons hortorum, redundans gratia mundum, replens celi  numeribus, mater Dei fecundans, omnia nos instarams, supernis sedibus flores hortum, mox ab infantia admirandus fulsit virtutibus, eam dian candens flos multiplicat virgule decorem, conceptus glorificat Maria pudorem''”. Y mientras estas antíphonas y cançiones se deçían, pareçió a deshora la ymagen de Nuestra Señora, bestida de las mesmas bestiduras de muger, y puesta en su altar como primero estava. Y los demonios quedáronse mesando y arañando, y dando gritos e aullidos, y la visión de Nuestro Señor desapareçió, roçiando la casa con agua bendita, y la bienabenturada quedó muy consolada. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y pasados los dos días que la sancta ymagen estava en su çelda, ayuntáronse allí el abbadesa y monjas, diziendo a la sancta virgen que yban por la ymagen, ymportunándola el abbadesa que, pues estavan allí todas, les dixese alguna cosa de las que Dios les mostrava. Respondió, diziendo: “Lo que ay que deçir es que Nuestro Señor Dios tiene en tanto las ymágenes, y se sirve que las aya en la sancta Madre Yglesia, y que sean honradas y beneradas por nosotros peccadores, pues el mesmo Dios de los Çielos vino a la [fol. 121r] vendecir y a enseñarnos cómo son cosa por donde se alcança virtud y devoçión quando se tiene en el coraçón; y bien se pareze, según yo vi en una revelaçión que el Señor fue servido de me mostrar, quánto Él ama y honra la sancta Madre Yglesia y a sus sanctas ymágines por amor della”. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y dixo la revelaçión susodicha, y añidió, diziendo: “Me dixo mi sancto ángel, después que desapareçió el Señor: ‘Mira qué son las maravillas de Dios, que si en un madero alla Dios bescosidad y no quiere que su sancta madre le quiera y tenga por su ymagen, hasta le haver alimpiado y puesto en él dignidad de bendiçión suya, como la tiene la sancta Yglesia, ¿qué tales estarán las ánimas, que llenas de pecados, están ensuçiadas y asquerosas?, ¿cómo serán dignas aquellas tales que venga Dios en ellas, ni su sancta Madre con graçia y piadosa caridad, si primero no son alimpiadas las tales ánimas peccadoras por espeçial graçia de Spíritu Sancto, sin el qual ninguna cosa es buena, ni justa ni sancta, ni digna ni açepta a Dios? Y por semejante, con los dones del Sancto Spíritu, las cosas que son d’él preçiadas e baxas, Dios las ensalça y tiene en ellos thesoros muy grandes, aunque ascondidos a los ojos de las personas de la Tierra. Bendito sea Dios en sus dones, e los sanctos en sus obras, y las ymágines en sus altares, y los altares en sus yglesias, y las yglesias en sus sacramentos, y los sacramentos en la cruz y Passión de Nuestro Señor Jesuchristo, y en el sancto baptismo y remisión de los peccados’”. Y acavado esto, dixo la bienabenturada: “Bien se pueden llevar la sancta ymagen”; la qual llevaron el abbadesa y monjas con mucha devoçión y reverençia con candelas ençendidas, cantando el ‘''Te Deum laudamus''’, al coro, y la pusieron en el altar acostumbrado. Y de aý adelante, se consolaron mucho las monjas con esta ymagen. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Deçía el sancto ángel de su guarda a esta sancta virgen: “Yo te amonesto que las graçias que resçives del poderoso Dios las guardes con humildad y las hagas creçer con agradeçimiento, porque todo lo que tienes es suyo. Mira cómo negoçias con ello, que muchas vezes estoy admirado de las cosas que la clemençia de Dios haze contigo, entre las quales te quiero dezir una, y más por que no seas yngrata ante su Real Magestad, mas singularmente le des graçias por ello: y es que muchas vezes [fol. 121v] te veo en tu cama hechada, padesçiendo muchos dolores, y que en tu entendimiento y voluntad estás gozando y viendo cosas muy grandes, çelestiales, y que las ánimas de Purgatorio te llaman y piden que las ayudes en sus neçessidades, y las gentes de la Tierra están hablando contigo, contándote las cosas secretas de sus ánimas y consçiençias, pidiéndote consejo y ayuda con tus ruegos e consuelos. Con tus palabras veo la graçia de Dios puesta en ti, que con todo cumples enteramente. No es esta pequeña graçia, avísote no seas yngrata a tan grandes benefiçios hechos en ti por la voluntad de Dios”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
E tornando en sus sentidos, esta bienabenturada llorava con muy grande humildad y contriçión, y con muchos gemidos se llamava peccadora y yngrata a los dones que de Dios tenía resçividos. Y con palabras muy amorosas y dulces, haçía grandes esclamaçiones al Señor, supplicando a su Alta Magestad le perdonase las faltas que havía tenido en no serle tan agradeçida como hera obligada a los benefiçios d’Él resçividos, y le diese graçia se encomendase, que tal propósito tenía con su ayuda. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Dixo a las religiosas esta sancta virgen: “Quiéroos contar una cosa que el Señor fue servido de mostrarme, de lo qual mucho me maravillé. Un día de la señora sancta María Magdalena, llevándome mi sancto Ángel, estando yo elevada al lugar donde está su cuerpo por que yo ganase los perdones que están otorgados en aquella yglesia, y pasando por una çiudad que está en este reyno de Castilla, llevándome entre sus alas, vi en un campo, çerca de la mesma çiudad, unas muy grandes llamas. Vi salir un ánima más clara que el sol, y dos ángeles que la llevavan de los braços, y otro ángel yba delante della con una muy resplandeçiente cruz en las manos, y todas subían tan apriesa a los altos Çielos como un rayo. Y viendo yo esto, muy maravillada, dixe a mi sancto ángel: ‘Señor, ¿qué es esto?’. Respondió: ‘¿Qué te pareçe a ti dello?’. Y yo supliquele me declarase qué hera. Dixo: ‘Sí haré, por que veas quánto aprovecha la gran contriçión, aunque sea en breve tiempo. Esta ánima, que as visto tan [fol. 122r] resplandeçiente e clara subir ahora a los Çielos tan apriesa −no se deterná hasta ser puesta ante el poderoso Dios− hera de un hombre muy peccador, y aquella gente que viste çerca del gran fuego donde ella salió le havían muerto por mando de la justiçia. Y la muerte que le dieron fue quemalle porque havía hecho un peccado lo más de su vida muy creminoso, por el qual mereçió muerte spiritual y corporal, y ya en la vejez fue acusado d’él por sus próximos a la justiçia, la qual le mandó prender. Y traýdo ante el juez con muchas prisiones en sus pies y manos, díxole: ‘Aquí heres acusado de un gran crimen que as hecho, niégalo o confiésalo’. Respondió el dicho hombre: ‘No quiera Dios que yo niegue la verdad, que para confesar mi delito no he menester testigos, mas de confesar yo la verdad ante Dios y ante vos. Yo he hecho ese peccado dende que me acuerdo ser hombre hasta la hora que me prendieron. Y dende entonçes propuse en mi coraçón de nunca más hazerle, aunque pudiese y para ello tuviese salud y libertad, y esto por amor de solo Dios. Y mucho me pesa por le haver cometido, no por la pena que merezco por ello, sino por la offensa que he cometido contra Dios’. Y oyendo el juez la confisión, que haçía tan clara y sin temor, maravillose mucho, y díxole: ‘Mira lo que diçes, no sea eso con desesperaçión’. Respondió: ‘No, sino con verdad y dolor de mi peccado’. Díxole el juez: ‘¿Qué quieres que hagamos de ti?’. Respondió: ‘Pagar mi delito según lo merezco’. Y oyendo esto el juez, mandole meter en la cárçel, y dende a çiertos días, requiriole con la misma pregunta. Y él respondió lo mesmo que havía dicho, y ansí lo hizo por tres vezes. Y la postrera vez dixo al juez que le rogava mucho no le hiçiese más preguntas, sino darle la pena que mereçía por su peccado. Y assí fue sentençiado a la pena que as visto, que le quemasen, mas no vivo, sino primero ahogado. Y dígote que si este hombre quisiera, no muriera, porque el juez le diera la vida con alguna pena corporal. Mas no quiso sino morir pagando su peccado con [fol. 122v] mucha contriçión, por la qual esta bienabenturada ánima será sentada en la juridiçción de la sancta María Magdalena e del sancto ladrón, porque todas las personas que an sido grandes peccadores y se salvan mediante la Passión de Dios e por vía de gran contrición en breve tiempo y hora venida, como fue la del ladrón y de otras semejantes, quiere Dios estén en la dicha juridiçción. Y en esto que te he contado, podías conoçer quánto vale la contriçcón que es de coraçón con propósito de enmendarse. Tómalo para tu aviso y de tus hermanas las religiosas, y a quien más te pareçiere deves dar el tal consejo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
”Preguntasme qué penitençia y penas padesçidas en la vida serían bastantes para después no yr a Purgatorio ni sentir sus penas. Los peccados son tan grandes que no son bastantes las penitençias y penas del mundo para quitar el Purgatorio, mas son bastantes las virtudes para salvar el ánima sin Purgatorio. Y juntadas las penas y enfermedades con las virtudes, son bastantes para no sentir el Purgatorio. Y las virtudes que an de tener son tres: la primera, grande amor de Dios para obrar por Él con fe e amor muchas cosas; la segunda, caridad con Dios y con sus próximos, no turbándolas y teniendo tanta caridad con los difuntos que, si estuviese un ánima en mucho fuego penando, dixese la tal persona: ‘Quítese esta alta alma de esta pena, que yo la padesçeré por ella’; la terçera virtud es tener tan grande esperança, que ni por muchas penas ni tribulaçiones, de cualquier manera y condiçión que sean, no quite a la persona la esperança de Dios. Es tan malo el peccado, que las gentes del mundo deven tener gran cuydado de guardar sus ánimas de no caer en peccado, y si cayeren en él, antes que salga el sol trabájese el que cayere en peccado de salir d’él antes que se ponga el sol. Los religiosos se deven guardar de la murmuración, por liviana que sea, que es muy peligrosa para la salvaçión del alma, y en espeçial quando es contra los perlados, [fol. 123r] porque el mayor peccado que los religiosos tienen es este, y tener en poco sus mandamientos; porque es semejante a la offensa de Dios, aunque no en la substançia. Y así sería, en los peccados de los religiosos, muy livianos, sino por este que los agravia. El lugar apartado ay de pena en el Infierno y en el Purgatorio, donde señaladamente ay senos de grandes penas por sí, donde padeçen muy crueles tormentos las ánimas que en este peccado cayeron, porque dellos se salvan y otros se condenan. Y para la satisfaçión de esta culpa, es menester el perdón de la Yglesia, ansí de la triunfante como de la militante: porque la Yglesia es con Dios, y Dios con la Yglesia; y quando la Yglesia perdona, perdona Dios; y quando Dios se enoja, y está ayrada la Yglesia, y quando la Yglesia se aplaca, Dios. Y para esto, es menester el ruego de los sanctos, y la confisión de la boca y contriçión del coraçón, y la satisfaçión de la obra, la qual es haçer bien a quien les haze mal, no murmurando de quien los injuria, perdonar qualquier mal que les sea hecho, y rogar por quien los persigue, aunque les parezca y conozcan tienen razón y justiçia en las quejas que dan de las contrariedades hechas a ellos por las criaturas. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
”Es muy gran mérito sufrirlas en paçiençia, por amor de Dios. Y las personas que lo tal hiçieren, estarán como clavellinas sobre las caveças de sus persiguidores, y las obras como carbones ençendidos devajo de sus pies. Y aun podría ser, y ansí acaeçe, por el ruego de los tales y buen exemplo, convertirse sus persiguidores, aunque fuesen de muy duros coraçones, venir en conoçimiento. Y para poder haçer todas estas cosas, es menester una maestra y administradora que ande con la disçiplina en la mano castigando, la qual maestra es llamada penitençia virtuosa, hecha de todo género de tribulaçiones, e persecuçiones y enfermedades; y todas estas cosas, aunque en sí son muchas y en el padesçer diferentes, todas juntas es llamada penitençia. Y junto con esta maestra, dando lugar a las esperaçiones del Spíritu Sancto, el qual alumbra y espira en las ánimas, es llamada penitençia virtuosa si es padeçida alegremente, a lo menos con la mayor conformidad que pudieren por amor de Dios; e [fol. 123v] padesçiéndola de otra manera, es llamada sin virtud, y sin mérito. Y qualquier persona que tuviere perdido el amor y temor de Dios e esperança, ¡ay, la tal!, que hará qualquier mal y peccado en offensa de su Dios. Y para remedio de este tal peccado, es menester las tales personas travajen con todas sus fuerças por el negamiento de sí mismas, y con el olvido de todas las criaturas y de todas las otras cosas transitorias, poniendo su esperança en solo Dios; el qual á de ser amado por sí mesmo, y no porque de el Paraýso acordando, del Infierno y de sus penas, las quales mereçe por sus peccados, y pidiendo contiçción y dolor, y perdón y penitençia de las ofensas y faltas hechas en el serviçio de Dios. Y resçivan en paçiençia e remisión de sus peccados los travajos y perseveraçiones que se le offreçieren, y los de la sancta religión. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
”Si la tal persona fuese religiosa, el miércoles, y viernes y sábado, los quales son días açetables ante la magestad de Dios, y también el lunes, si quisiese, travaje de sufrir con paçiençia todas las cosas que en estos días tales se le offreçieren en remisión de sus peccados e faltas que a hecho en la sancta religión, y diziendo nueve o quinze vezes en los semejantes días estas sanctas palabras: ‘Jesuchristo es mi amado, Jesuchristo es mi gloria, Jesuchristo es mi dulçedumbre’. Y quien con fervor e afiçión y devoçión del coraçón dixese estas sanctas palabras, no quedará baçía su ánima de alguna graçia spiritual. Y guay del religioso o religiosa que dize: ‘Sierbo soy de Dios’ y no quiere resçivir los açotes de sus próximos. Que Jonás propheta, uyendo por no resçivir el azote del próximo, diole Dios otro mayor que el próximo le diera, que fue caer en manos de otros mayores y más crueles; por lo qual es mejor con paçiençia sufrir lo que el Señor permita que les venga, así de su poderosa mano como de las próximas.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
”La oraçión perfeta ante la magestad de Dios es muy çierto men- [fol. 124r] sajero y muy grande amigo ante ese mismo Dios. Para ser perfeta y paçífica es menester coraçón muy limpio, y la consçiençia, y en silençio, y sin ruydo de palabras, y con lágrimas, apartados de todas las criaturas, en espeçial de los amigos. Y en este apartamiento en la mayor parte de ser en el pensamiento y cuydado dellos, y no ay sospiros ni gemidos que del coraçón devoto sean salidos que ante Dios no sean oýdos. Si alguna persona, de qualquier estado que sea, desea de morirse, y la tal es muy peccadora, ya qu’el desseo de morir fuese causado por vía de alguna tentaçión de falta de virtud spiritual, de no tener fuerças para sufrir las adversidades y no causado por virtud de amor de Dios, a esta tal persona esle buen consejo deshaga sus peccados con lágrimas, y gemidos y penitençia, e después muérase, si Dios lo quisiere. Porque la alma peccadora assí es como la bíbora preñada, que sus mesmos hijos le comen las entrañas, y como la perra preñada, que pare muchos perros y todos bibos, y los cría con su leche hasta hazerlos canes grandes, y después estos, perdiendo el conoçimiento de hijos, muerden y maltratan a su madre; y si esta los mordiera, en conçibiéndolos, no la mataran después de ser criados: assí toda ánima deve, en viviéndole algún mal pensamiento, moverle y hecharle de sí antes que crezca, porque perserverando en el mal pensamiento se haze peccado mortal. Y creyendo los tales pensamientos, pare y cría el ánima canes contra sí mesma que le comen las entrañas, que son las virtudes, y el temor y amor de Dios, y la traen tan devajo de los pies que ella no se puede librar dellos, porque está ya [fol. 124v] vençida, y muerta y condenada; y esta tal no tiene otro remedio sino dar vozes y llamar los fuertes del Çielo, y que la valgan y bengan a matar los canes. Y estos fuertes que á de llamar es la gran misericordia de Dios, y su poder, y el ayuda de los grandes sanctos del Çielo. Y para mereçer la tal ayuda y socorro, es menester que esté el alma muy contrita y humillada, para que Dios la ayude y valga. Por semejante es el alma que está en peccado mortal comparada a tres cosas. La primera, a la sepoltura de muertos, que yede y está llena de gusanos; assí el alma que está en peccado mortal está muerta y hidionda, en el qual hedor conoçen los ángeles que está en peccado mortal, el qual hedor es mayor y más malo que el que sale del cuerpo. Y este hedor sale de dentro del alma, y es tan terrible que, si las gentes no tuviesen quotidianamente peccados, conoçerían algunas vezes quándo están en peccado mortal. La segunda es que pareze cueba escura y llena de serpientes, porque en cayendo el alma en peccado mortal se le quita la lumbre, y quédale tal alma deshecha y tan escura como una cueba. Y luego está allí el Demonio poniendo los malos pensamientos y cogitaçiones; y tomándolos y ocupándose en ellos, temiéndolos en su coraçón, dándoles consentimiento, esta tal alma está hecha cueba escura y llena de serpientes, que son las frutas del Demonio. Lo terçero, que pareçe monte lleno de serpientes brabas y sin raçón, conviene a saber, quando es soberbia, la qual soberbia es monte, y las serpientes que en él están son los demonios, los quales son bravos y sin raçón, porque después que pecaron la perdieron. Y por muchas maneras de prensumpçión, sube el alma a este monte, presumiendo de abilidad y saber, [fol. 125r] y hermosura y linaje, y buena voz, y cantar y leer, e otras cosas semejantes. Y subida el alma al monte entre las bestias brabas, que son los demonios, los quales, viéndola estas soberbias y presumpçiones, la haçen caer muy avajo, que es en peccados mortales; e no travajándose de salir, devoren su vida, que dura para siempre con las bestias bravas en el Infierno”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Capítulo XXVII'''&lt;br /&gt;
'''De una habla que esta bienabenturada tuvo con Nuestro Señor estando en oraçión'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Estando esta sancta virgen en su çelda en una ferbiente oraçión ante una ymagen del Señor y de su bendita madre, offreçiole sus dolores y enfermedades, y las oraçiones y penitençias que hazían las religiosas de su monasterio, y las de todas las personas que a ella se havían encomendado. Y ansimismo, suplicava a su Divina Magestad resçiviese de todos ellos los serviçios e buenas obras, y limosnas que por su sancto amor hazían, y le pluguiese responderla si huviese resçivido los serviçios de sus hermanas, las religiosas, y de sus devotos a ella encomendados.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
A la qual suplicaçión respondió el poderoso Dios, diziendo: “Sí, he resçivido, y bien me an sabido, y muy mejor me sabrán las mesmas personas, que son las oraçiones y ánimas. Y las ánimas que yo como an de estar tiernas, como novillo y ternera que tienen la carne sabrosa, y no dura como las terneras viejas, que estas tienen la carne dura y desabrida. Y entonçes está el ánima tierna e sabrosa, como ternera, quando está tierna en el coraçón, e obrar la palabra de Dios y sufrir por amor d’Él todas las penas y tribulaçiones que se le offreçieren; y la carne dura y desabrida, de la bacca vieja, se entiende por el ánima endureçida en peccados y malas costumbres, la qual, aunque oye la palabra de [fol. 125v] Dios, no tiene el coraçón tierno para resçivirla y obrarla, mas antes está endureçida, y en su dureça y penitençia y desaprovechamiento de toda buena obra”. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
La sancta virgen, oýda la respuesta del Señor, suplicó, diziendo: “Mi Señor, la alma endureçida, ¿qué remedio o penitençia podría hazer para alcanzar la graçia y perdón de vuestra gran clemençia?”. Respondió su Divina Magestad: “La tal alma á menester desollar el pellejo y apartarlo de sí, assí como se aparta el jabón del paño de que está jabonado, y como se aparta la mano de la masa de que está amasada, y como se aparta el suero de la quajada de que es bien apretada”. La bienabenturada tornó a preguntrar al Señor, diziendo: “Señor mío y Dios mío, ¿de qué manera se á de desollar la misma persona el pellejo?”. Respondió el Señor: “Con apartar y deshechar de sí la vieja y mala costumbre del peccado, porque yo estoy mirando y contemplando toda ánima devota, y veo todos sus buenos desseos, y pensamientos y cogitaçiones, y me deleyto y goço con ellos. Y por semejante, miro el ánima endureçida en mal obrar, y la contemplo, y ayrado le estoy diziendo: ‘Conviértete, ánima, a mí, mira que soy tu Dios, y tu criador y redemptor. Conviértete a mí’. E aunque me aýro contra la tal ánima viviendo en la carne, no me aýro del todo hasta que sale del cuerpo. Y quando estoy ayrado contra las tales ánimas que no se enmiendan ninguna vez, alço mi poderoso brazo en mano, con yra, para castigar mis offendedores. Mas los abogados çelestiales, en espeçial mi madre Sancta María, con sus muy humildes ruegos, me haze abajar la mano; y algunas vezes me escondo a mi piadosa madre, por que no me ruegue ni pida virtudes para las ánimas injustas. E asta ora la veo cave mí, de rodillas, rogando por todo el humanal linaje”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y dixo la bienabenturada: “Mi Señor, ¿con qué castigará vuestra Divina Magestad?”. Respondió su gran clemençia: “Con una bara que yo tengo de yerro para castigar a quien yo quiero”. Y dixo la sancta virgen: [fol. 126r] “¿Cómo, mi Dios y Señor, vara tiene de yerro, y no de oro?”. Respondió el poderoso Dios: “Quando quiero, la torno de oro, y de azero u de plomo, y de otros metales, según la manera de castigar; porque algunas personas castigo con bara de oro, y a otras con bara de yerro, o de azero o plomo. Esto es para las personas muy reveldes y duras en la enmienda de sus peccados, y en esto no te quiero más declarar. Quando yo estava subido y enclavado en la cruz, tuve capítulo general a todo el mundo, assí çelestiales como terrenales e infernales, y púseme en medio de todo el mundo en aquella cruz muy alta para que me viesen y conoçiesen todos cómo hera yo, su redemptor. Porque assí como el perlado se asienta a tener capítulo en lugar donde todos sus súbditos le vean y conozcan, assí, por semejante, estuve yo en la cruz, diziendo a los ángeles y a las criaturas, y a las aves y a las piedras: ‘Ansí que muero, ¿quién me á compasión?’. Y por cada una de mis llagas y heridas salían sermones y palabras, las quales embiava el Padre mío çelestial, como ruydo de muchas aguas, las quales palabras oyen los ángeles. Y por las unas llagas, salían palabras pidiendo al Padre mío misericordia para mis atormentadores, y por las otras llagas salían palabras pidiendo justiçia, y no para que se condenasen, mas para que en esta vida les diese a sentir mi Padre çelestial qué cosa heran llagas y conoçiesen y sintiesen qué cosa heran dolores, los quales yo padesçía por ellos, y por que se mereçiesen salvar. Y por la boca me salieron siete palabras, que cada una hera un sermón, que nunca se olvidó ni olvidará, hasta la fin del mundo. Y assí estava puesto en la cruz, rogando por todas las penas nasçidas y por nasçer”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Dixo la bienabenturada: [fol. 126v] “O, Señor mío, ¿quién supiese quándo está el alma en estado de graçia?”. Respondió: “Ese secreto guardo yo para mí, que no le he revelado a ninguno, ni aun a sant Françisco, con quantos secretos se le mostraron. Mas puede tener esperança el alma que está en estado de graçia cuando se viere que tiene fee y amor de Dios, y devoçión”. Dixo la sancta virgen: “Mucho supplico a vuesa Divina Magestad, mientras yo viviere no me dexe sin dolores, y enfermedades y persecuçiones que padezca por vuestro sancto amor, por que cada día y hora tenga muchas cosas sufridas y padesçidas con paçiençia para le offreçer. En mucho le encomiendo, Señor, a mis hermanas las religiosas, las quales le aman mucho, y por su amor se dan muchos azotes y le hazen otros serviçios”. Respondió el Señor, diziendo: “Los azotes que tus hermanas se dan poco les duelen, que no las hazen llorar; mas las que sus próximos les dieren las harán llorar”. Y volviéndose a su bendita madre, dixo: “Por esta preçiosa muger y madre mía tan amada, soy amigo del femíneo linage de las mujeres, y huelgo de estar con ellas y a par de ellas”. Dixo la bienabenturada: “¿Y a los hombres, mi Señor, no los quiere Vuestra Magestad también?”. Respondió: “El coraçón del hombre téngole yo en mi mano, y métole yo en el mío, y hágole una cosa con él”. Dixo la sancta virgen: “Señor, y los nuestros de las mugeres, ¿no los mete también en su real coraçón?”. Respondió: “Sí, porque todo coraçón de hombre o muger se entiende por el afiçción y voluntad devota, que el coraçón de carne los gusanos se le comen; y los que son malos, assí de hombre como de muger, tan apartados están de mí como el Çielo de la Tierra. Y pues diçes que tus hermanas las religiosas me quieren tanto, diles que, pues yo soy Rey y Señor, en este [fol. 127r] sancto tiempo de Quaresma me adereçen dentro en sus coraçones aposento limpio y enparamentado, con paramientos limpios y afinados y pintados, y la casa de la consçiençia barrida, con la confisión devota, y regadas con aguas olorosas de lágrimas amorosas y piadosas; y los paramentos an de ser virtudes, las quales son penitençia, humildad y ayuno, silençio y oraçión; y ponerle muchos ramos y rosas en la casa, assí adereçada, los quales an de ser buenos pensamientos y desseos. Y acordaos, tú y ellas, que escogí çenáculo emparamentado, en el qual se justificaron y sanctificaron los Apóstoles, los que lo mereçieron −aunque algunos dellos estavan ya sanctificados, se sanctificaron más−. Y también quiero me den sepultura limpia y virgen dentro de sí, que no haya nadie entrado en ella, como hizo aquel mi amigo que me dio sepultura virgen: esto se entiende por el coraçón y voluntad, que no aya amado otra criatura más que a mí”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y diziendo esto, volvía a mirar los pechos de su sacratíssima Madre. Y la bienabenturada, con mucha humildad, suplicó a su Divina Magestad le diese a sentir la dulçedumbre de la leche de su preçiosa madre, y también a las religiosas, a la qual respondió el Señor: “La dulçe leche de mi amada madre es muy buena mediçina para las llagas ynteriores del alma, las quales algunas están tan afistoladas y arraygadas que no bastan contriçión ni arrepentimiento, ni propósito ni lágrimas, porque están tan arraygadas que luego se les olvida la devoçión y propósito y contriçión que an tenido, y tornan a usar sus mismos peccados. Y para el remedio de esto no basta otra cosa sino la verdadera emendaçión con perseverançia [fol. 127v] en el bien obrar. Y yo oygo −dize el Señor− en Purgatorio ahullidos y gemidos de ánimas, las quales están devajo de los altares de Purgatorio rogando y suplicando a la poderosa Trinidad las perdone los pecados de la tivieça y flogedad con que lloraron sus peccados viviendo en la carne, y nunca se enmendaron dellos hasta el fin de sus días, y assí murieron. Y por estas tales almas huelgo de rogar a mi Padre çelestial las perdone”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Deseando la bienabenturada saver de qué genero de peccados están las llagas afistoladas y arraygadas, supplicó al Señor que Su Magestad se lo dixese, y respondiole: “De los siete peccados mortales, y de sus ramos y çircunstançias, y porque soy esposo vergonçoso, y la calidad de los peccados es vergonçosa y suçia, no quiero hablar en la maliçia dellos y qualquier alma peccadora y suçia, y deshonesta y desvergonçada. Y en esto puedes ver quánta cosa es el peccado. Y ese mundo en que vivís los humanos es dicho monte: es, a saber, cada alma buena se puede deçir monte sancto del Señor, porque así como el árbol tiene raýçes y frescor, y está verde y hecha flores y ojas, assí el alma que tiene sus raýçes en Dios hecha buenos desseos y pensamientos y obras, y a esta tal tómola yo para mí”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Dixo la sancta virgen: “Mi Señor, ¿pues yo y mis hermanas no somos monte de Vuestra Magestad?”. Respondió el Señor: “Monte soys, aunque pequeño, en el qual ay árboles frondosos. Y árbol frondoso quiere deçir árbol ancho y de grandes ramas, los quales árboles no se pueden quejar no les he hecho grandes merçedes y espeçiales en sus ánimas”. Dixo la bienabenturada: [fol. 128r] “Supplico a vuestra Divina Magestad dé a este monte de mis hermanas, las religiosas, graçia con que retengan en su memoria los sus consejos y mandamientos”. Respondió el Señor: “Doyte, doyte por respuesta lo que dixese en la Tierra a la muger que me dixo: ‘Bendito sea el vientre en que anduviste y las tetas que mamaste, y todo lo demás que te dio refeçión’. Assimismo, sea bendito el que mis palabras oye, y las guarda en su coraçón. Y assí digo a tus hermanas las guarden en sus coraçones hasta la fin de sus días, y las pongan por obra, por que merezcan la vida eterna”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Estando esta bienabenturada virgen elevada, vio un saçerdote, el qual perdió los sentidos corporales diziendo misa, a manera de elevaçión. Y estando assí por un breve espaçio, tornó en sí, y hallose a la otra parte del altar, y dixo al Señor: “Señor mío, ¿qué es esto que a pasado por mí, que no lo entiendo?”. Y respondiole el poderoso Dios: “Como tú me havías de comer a mí, he te yo comido a ti primero. Y dígote que ansí me he deleytado, y tanto gusto he tomado en comerte como un buen panar de miel, esto a quanto comparaçión de gusto. Agora cómeme e gústame tú a mí, y deléytate conmigo”. Y assí acavó este saçerdote su misa con mucha consolaçión espiritual.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Assimismo, vido esta sancta virgen cómo los sanctos ángeles resçiven las palabras doctrinales y fructuosas para las almas, e salen por la boca del predicador en paniçuelos muy blancos, labrados de letras cordiales. Y cada uno de los ángeles [fol. 128v] envolvía el coraçón del alma que tenía a su cargo, y le recogía los sentidos para oýr las palabras de Dios; otrosí ponía en una tovaja grande y ancha, a manera de quando quieren comulgar, la qual tenía una cruz de oro en medio muy resplandeçiente, en la qual tovaja caýan todas las sanctas palabras, que salían de la boca del predicador. Algunas pareçían sacramentos, y otras rosas y flores, y otras como nieve llena de maná o roçío. Y tornávanse confites sabrosos y olorosos, e otras como manera de oro, e como joyeles hechos relicarios. E viendo la bienabenturada cómo las sanctas palabras pareçían de tantas maneras, preguntó al sancto ángel qué figura hera aquella, el qual respondió: ‘Que assí se an de aparejar las almas justas y devotas para resçivir las palabras de Dios en sus coraçones como en relicario, y tenerlas en tanto y favoreçerse con ellas contra toda la adversidad que a la alma puede empeçer, y para tener muy çierta salvaçión. Y hágote saver que la palabra de Dios, resçivida con devoçión, fructifica y haçe raíz sembrada en el coraçón. Y qualquier persona que menospreçia la palabra de Dios, offende mucho en ello a ese mismo Dios; y por semejante quien la tiene en mucho y la guarda, le agrada y sirve en ello”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Tenía esta virgen graçia de entender las aves e los animales, e de oýrlas se consolava mucho y loava al Señor, que las crió. Havía gran compasión de los animales, en espeçial de los que trabajan, y deçía: “Más lástima y compasión tengo de los [fol. 129r] animales que de mí, que, aunque estoy tullida, tengo lengua con que pido lo que he menester, y estoy entre personas piadosas; y los animales no tienen lengua con que se quejen, ni piden su neçessidad, y con mucha ambre y sed y cansançio les hechan ençima grandes cargas, y los dan reçios palos cuando no lo pueden llevar. E no se deven engañar en esto las gentes, que porque en el juyçio de Dios toda crueldad se demanda, aunque sea hecha a las bestias, porque el Señor no las crió para que las traten y maten cruelmente, sino para que se aprovechen y sirvan dellas”. A muchos sanctos ymitaba en graçia esta sancta virgen.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Capítulo XXVIII'''&lt;br /&gt;
'''Cómo fue servido Nuestro Señor de llevar a esta bienabenturada a su sancta gloria'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Siendo esta sancta virgen de hedad de çinquenta y tres años, los quales havía vivido muy bienabenturadamente a gloria y honra de Dios, y salvaçión y mérito de su sancta alma, y aprovechamiento de sus próximos vivos y difuntos −como su historia da testimonio dello−, quiso el poderoso Dios que después de la Dominica del Buen Pastor, año de mill quinientos treynta y quatro, se le agravasen a esta bienabenturada sus enfermedades, sobreviniéndole otra nuevamente, la qual fue que estuvo sin orinar catorçe días. Y aunque ella en sus enfermedades no quería ser curada de los médicos, sino dexarse a la voluntad de Dios para que hiziese della su sancta voluntad, en esta postrera, por los ruegos que con muchas lágrimas las [fol. 129v] religiosas le haçían se quisiese curar por consejo de médico, por consolarlas consintió hiçiesen en ella lo que quisiesen. Y assí la empeçaron a curar con un buen médico, y sanándose su enfermedad, entre algunas personas generosas y devotas suyas fue luego proveýda con mucha devoçión y desseo de su salud físicos, y de las cosas neçessarias para su cura. Y todos los físicos, juntos y conçertados, le hiçieron muchas grandes espiriençias, y la sancta virgen tomava por la consolaçión de las monjas, que se lo rogavan todo lo que los físicos le demandavan, aunque hera contra su voluntad. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y algunas vezes, con gesto de ángel y semblante muy graçioso, se reýa con las religiosas, y deçíales palabras de muy grande amor y doctrina, y también a los físicos se les mostrava muy graçiosa, y agradeçida a su trabajo. Y viendo ellos cómo su mal yba empeorando y que hera mortal, dixéronlo a las religiosas, las quales, con muchas ansias, començaron a ynvocar la misericordia de Dios, haziendo oraçiones y derramando muchas lágrimas y sangre de sus personas, e haziendo proçesiones con grandes disçiplinas, y gemidos y sollozos, que pareçía que querían espirar, suplicando a Nuestro Señor que no quisiese su Alta Magestad quitarles tan grande amparo y consolaçión y ayuda para su salvaçión como tienen en la bienabenturada Juana de la Cruz; la qual, con muy grande fervor, mandó que le traxesen su confesor, que se quería confessar o aparejarse para morir. Y ansí lo hizo, que confesó y [fol. 130r] comulgó con admirable devoçión, y se despojó como muy pobre y perfeta religiosa, y demandó la sancta unçión. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y todos los días que estuvo enferma de la enfermedad que murió, no pasó noche que no se elevase y hablase con su sancto ángel, el qual no le deçía ni descubría el secreto de su muerte hasta tres días antes de su bienabenturado fin. Antes le vía todos aquellos días muy alegre y resplandeçiente, con adornamientos y bestidura de gran fiesta, y deçíale al sancto ángel quando le hablava en esta su postrera enfermedad: “Muy gran compasión te tengo, criatura de Dios, de ver los grandes dolores y enfermedad que padesçes. Mucho ruego por ti al poderoso Dios te esfuerçe y dé paçiençia, y no querría que atormentasen los físicos con espiriençias, sino déxente a la voluntad de Dios, que Él hará de ti lo que fuere más servido. Y lástima tengo de tus hermanas las religiosas, porque están muy angustiadas, y yo offrezco al Señor sus piadosas lágrimas y devotas oraçiones y caridosa penitençia, y yo tendré cuydado de rogar por ellas al Señor y a la sancta Virgen”. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Aunque con mucha flaqueza, no faltando la charidad y compasión de sus hermanas, contoles estas palabras que su sancto ángel le havía dicho, por que con ellas se consolasen. Y açercándose el día de su glorioso pasamiento, tuvo una revelaçión, jueves en la anoche, vigilia de los gloriosos apóstoles Sant Phelipe y Sanctiago, en la qual conoçió que hera la voluntad de Dios llevarla de esta vida. Y súpolo en spíritu, por quanto aquella misma noche estuvo elevada desde las onze hasta la una. Y vido en esta [fol. 130v] elevaçión a los gloriosos apóstoles, Sant Phelipe y Santiago, y a su propio ángel della, al qual dixo que viese quál estava, y le suplicava rogase al Señor por ella y por los religiosos de su casa, y por sus hermanos, y parientes y amigos, y por todas las personas que a ella se encomendavan. Y el sancto ángel le respondió: “Bienabenturados son los que viven y mueren en Dios, y malabenturados se pueden llamar los que viven fuera de Dios. Tú, criatura de Dios, esfuérçate y ten paçiençia, y encomiéndate a Dios y confórmate con su sancta voluntad, y arrepiéntete de tus peccados y de las cosas que pudieres haver hecho en serviçio de Dios y no las has hecho”. La bienabenturada dixo entonçes al sancto ángel: “Pues, ¿cómo, señor, tan tarde me lo diçes?”. Y respondió él: “No es tarde, que tiempo tienes para que lo puedas haçer. E yo haré lo que me diçes, ruegue por las religiosas, y por tus hermanos, y parientes y amigos, y personas que a ti se encomendaren. Tú, amiga de Dios, confórmate con todo lo que Nuestro Señor quisiere haçer de ti, y suplica a su Divina Magestad se cumpla en ti, en bien y salvaçión tuya, la sentençia que está dada, la qual sentençia puede revocar el poderoso Dios; mas creo no lo hará, porque Él aya sobre [¿tres?], que tiempo es, amiga de Dios, de goçar de las cosas prometidas y a Dios pedidas y demandadas y por él otorgadas”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Dixo la sancta virgen a los gloriosos apóstoles que rogasen al Señor por ella, que ella no deseava la muerte por vía de su desesperaçión, ni por muerte viçiosa, sino por muerte de penitençia y de contrición, y de arrepentimiento y sus peccados, que fuese la voluntad de Dios cumplida en ella. Los sanctos apóstoles le respondieron: “Así á de ser para ser la muerte sagrada, e ynoçente y sin peccado. Y agora es tiempo de padesçer los penitentes y [fol. 131r] amigos, y bien querientes y bien hazientes, y gozen los que son floridos de los mayos floridos e goços del Çielo; y las verdes flores son las ánimas sanctas y bienabenturadas”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y tornando esta bienabenturada en sus sentidos, llamó a una religiosa parienta suya, que dende niña se havía criado en la orden, y ella le tenía mucho amor, y díxole: “Hágoos saver, hermana, que según me an dicho por una revelaçión que he visto, es la voluntad de mi Señor Jesuchristo yo muera de esta enfermedad, de lo qual yo mucho me he consolado”. Y contole la susodicha revelaçión, y díxole muchas cosas de gran doctrina, aconsejándola tuviese paçiençia y se conformase con la voluntad de Dios.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y luego, viernes por la mañana, día de los sanctos apóstoles, entrado el médico a visitarla, dixo que le quería hablar en secreto. Y llegándose çerca de su cama, díxole: “Señor, ruégoos por amor de Nuestro Señor, no me curéys ya más, ni me hagáys ningún benefiçio, porque raçón es que se cumpla en mí la voluntad de Dios, que yo sé que tengo de morir de esta enfermedad, y todo aprovechará poco, si no es darme más tormento. Paréçeme que todo mi cuerpo le meten en un grano de mostaza, y allí le aprietan, según lo que yo siento”. Y assí estuvo todo aquel día, con alguna fatiga causada por la enfermedad. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y como se sonase mucho que esta bienabenturada estava tan al cavo de su fin, muchas señoras generosas deseavan estar presentes a su glorioso tránsito, y assí lo pusieron por obra, y vinieron con liçençia de sus prelados. Y no todos llegaron a tiempo a causa que algunas venían de lejos, si no fue una muy cathólica, sancta, y devota de esta sancta virgen, que se llamava doña Ysabel de Mendoça, hija del [fol. 131v] conde de Monteagudo, muger de don Gonçalo Chacón, señor de Casarrubios de el Monte, que se apresuró y llegó a tiempo, y estuvo presente a todas las cosas y maravillas que acaesçieron en su bienabenturado fin, y tuvo muchas lágrimas y devoçión, como persona tan cathólica. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El mesmo día de los apóstoles, antes de vísperas, estando en sus sentidos, vido algunas revelaçiones, las quales ella no dixo claramente, aunque mucho la ymportunaron y rogaron este mismo día. Ya que quería anocheçer, le dieron la sancta unçión, la qual resçivió con muy gran devoçión. Y dende a un rato, dixo con gran gemido y contriçción: “Ay, ay de mí, cómo me he descuydado”. Pasada una ora de yntervalo después de haver resçivido la sancta unçión, le subçedió una yndispusiçión, que pensaron hera desmayo. Y viéndola el médico, dixo que no tenía pulsos, que verdaderamente se muría. Y estuvo ansí un rato. Y tornando sobre sí, empeçó de hablar con buen semblante, en lo qual conoçieron havía sido arrobamiento, y de estos tuvo muchos aquella noche. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y empeçó a hablar, diziendo lo que havía visto, como quien responde a lo que le deçían. Y pareçía a todos los que la veýan lo que hablava eran respuestas que dava a quien la hablava, y dixo como persona muy admirada: “O, qué cruel espada. Ténemele, ténemele, no me mate con ella”. Y assí estuvo sosegada un rato en silençio, como persona que veýa grandes cosas. Y después dixo, con gran sosiego y manera paçífica: “Tené ese cuchillo, tenedle”. Y alçando un poquito la voz, deçía: “Llámenmela, llámenmela, que se va”. Y preguntándole a quién le havían de llamar, respondió: “A la sancta Magdalena” −dixo−, “la que estuvo al pie de la cruz, que viene del sepulcro”. Y deçía: “Ay, ay, amiga mía de mi alma”. Preguntándole si estava allí la Magdalena, respondió: “Sí”. Y de rato en rato deçía, a manera de mucho deseo: “Pues vamos, Madre de Dios, vamos”. Y esto deçía [fol. 132r] muchas vezes, y algunas añadía: “Vamos a casa, Madre de Dios, que es tarde”, y con manera de afinco y esfuerço fervoroso, dezía: “Hechalde de aý, hechalde de aý. Ay, por qué me dexáys, por qué me dexáys, por qué me dexáys”. Y pareçía que estava angustiada, y que peleava con el Demonio. Y para esta pelea la dexaron sola, la qual vençió valerosamente, según pareçió en la plática que ella tenía con el Demonio. Que ansí como el poderoso Dios le dio graçia y fortaleza que en su vida la vençiese, por semejante en la hora de la muerte, que es en la mayor neçessidad, no la desamparó, que maravillosamente salió vençedora, lo qual muy claramente se conoçió, porque estando en la pelea se deçía entre sí misma: “O, a qué mal tiempo me havéys dexado”. Y esto dixo algunas vezes, y callando un rato, tornó a hablar con el que la havía dexado, diziendo assí: “Señor, me dexastes sola, hechad de aý ese demonio que no tiene parte aquí, mal año para él”. Y volviendo la plática a las religiosas, les dixo con admirable fervor: “Señoras y hermanas mías, levantadme de aquí, daré mi alma a Dios en sacrifiçio”. Y dende a un poco, empeçó a deçir apriesa, como quien hablava con otras personas: “Búscamele, búscamele a mi Señor. Buscarele, buscarele, y yo, hálleme Él a mí, y hallarlo he yo a Él. ¿Por qué me le llevastis? Déxame, yrle he yo a buscar, aunque estoy descoyuntada”. Y preguntándole las religiosas a quién le havían de buscar, dixo: “A mi Señor”. Y tornándole a deçir dónde le hallarían, respondió: “En el huerto le hallaréys”. Y deçía: “Ay, Madre de Dios, Jesuchristo, qué crueldad”. Y con gran fervor otra vez deçía: “Mi Señor, sobre la misericordia a la justiçia, Jesuchristo, y qué angustia”. Y muy fatigada, volvió el rostro a las [fol. 132v] religiosas, y díxoles: “Amigas, ayudadme a rogar”. Dixéronle: “¿Qué quieres, señora, que roguemos y pidamos?”. Respondió: “Misericordia y piedad, y que sobre la misericordia a la justiçia”. Y deçía muchas vezes: “Vamos, vamos; o, qué punto; o, qué punto”. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Estando una religiosa lavándole la boca, díxole: “Sancta Virgen, quitá de aý, que mi Señor me la labará y besará”. Y desde aý a un poquito, con mucha graçiosidad y mesura, sacó la lengua a manera de persona que comulga. Y preguntándole las religiosas si havía comulgado, respondió con hermoso semblante: “Sí”. Dixéronla si havía comulgado por todos los que allí havían, estaban: dixo que sí. El médico, que la curava, viendo todas estas cosas, dixo con gran devoçión y lágrimas: “Bienabenturado [¿colesio?], que tal ánima como esta embía al Çielo. Por çierto, señoras, que creo yo serán mayores los favores que de esta señora resçivirán desde el Çielo que los que an resçivido en la Tierra, aunque an sido muchos”. Respondió la bienabenturada: “Podrá ser”. Que todo esto pasaba quando estava sin pulsos en ninguna parte de su cuerpo. Estando todos mirándola, empeçó a mazcar, como persona que comía con mucho savor, y durole porquito espaçio. Y de que huvo çesado, preguntole un médico, diziendo: “Señora, pareze que come, ¿es verdad?”. Respondió la sancta virgen: “Sí”. Tornándola a ymporturar que dixese quién le havía dado, y qué hera: “El ángel me dió el fruto de la sancta vera cruz”. Dixéronle: “Con tal manjar, muy esforçada estará”. Respondió: “Sí, estoy”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y tomándole el médico el pulso, dixo que se le havía tornado muy esforçado y grande, que pareçía ''[19]'' que de nuevo le havían dado vida, porque havía más de quatro horas que estava sin él, y dende el día [fol. 133r] de los Sanctos Apóstoles no havía pasado ninguna sustançia. Y después de esto, empezó deçir con muy hermoso gesto: “Amigas mías y señoras mías, llevadme, llevadme, ca pues avía presto”. Preguntándole con quién hablava, dixo: “Con las sanctas vírgines”. Y ymportunada dixese con quién havía de yr y adónde la havían de llevar, respondió: “Con mi verdadero esposo y marido Jesuchristo”. Y deçía: “¿Por qué me escondéys a mi Señora y mi Reyna, por qué me la escondéys?”. Oyendo estas las religiosas, pusiéronla delante una ymagen de Nuestra Señora, y de que la vido, ynclinole la caveça y dixo: “No es esa, vuélvemela, vuélvemela a mi Reyna y mi Señora”. Y preguntada si estava allí Nuestra Señora, respondió con mucha alegría y prudençia: “Sí, y mis ángeles, y mis sanctos”. Y tornando a dezir de rato a rato: “Pues vamos, señora mía, vamos”, dixo con grande alegría: “Ea cavallero, ea cavallero, hazedle lugar aquí, aquí a mi lado”. Y dende a poquito dixo, a manera de reverente: “O, padre mío”. Y en este deçir padre mío, pensaron las religiosas que lo deçía por el glorioso padre sant Françisco. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y quando esto pasava ya venía el día, y hera sávado. De todos los que havían estado allí aquella noche, assí a las religiosas, como a las personas, de otra manera no se les hiço, pareçió ser aquella noche dos horas. Estando ansí esta bienabenturada, dixo: “Ea, pues, ea, pues, Jesuchristo, vamos de aquí, vamos presto, Señora, Señora mía; vamos, vamos, mi redemptor”. Entonçes, las religiosas se levantaron con muchas lágrimas y grandes sollozos, que pareçía querían espirar, y la besaron la mano con mucha devoçión. Y ella las bendixo, a presentes y ausentes, y a sus amigos y conoçientes, y tornó a deçir: “Vamos, vamos, rector mío, vamos de aquí”. Y preguntándole si estava allí el Señor, dixo: “Sí, y Nuestra Señora, y los ángeles, [fol. 133v] y toda la corte çelestial”. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y empezó a mazcar un poquito, y esto hizo por dos vezes, por yntervalo de tiempo. Y los que allí estavan, dixeron: “Pareze que torna a comer del fruto de la cruz”. Respondió la sancta virgen: “Ayer lo comí otra vez”. Y llegando a ella el médico, otro día sábado por la mañana, preguntole con gran devoçión: “Señora, ¿va al Çielo? ¿Quién va con ella y la acompaña en ese camino?”. Dixo: “Mi Señora, la Virgen María, y mi ángel, y mis ángeles y mis sanctos”. Y callando por un rato, tenía mucha hermosura y lustramiento de gesto, como quando estava elevada. Y pasado poco yntervalo, tornó a decir, con manera alegre: “Dadme albriçias”. Y pareçía lo deçía a las personas que con ella estavan. Y con admiraçión y alegría dixo: “Hasta çapatos”. Y esto replicó por dos o tres veçes, y los que esto veýan: “Según pareze, ya le embía su esposo a esta dichosa alma los adornamientos”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y el médico que estava más çercano a esta bienabenturada, hablándola, conoçió y resçivió el aliento que de la boca le salía. Y dixo a los que allí estvan: “No pude conoçer ni alcançar qué olor fuese, salvo que olía muy bien, y suavemente”. De lo qual estava admirado, porque hasta aquella hora havía tenido mal olor en el aliento, que le proçedía de la podriçión y corrupçión de los humores, y entonçes le tenía bueno. Y todos los que allí estavan, oyendo lo que el médico deçía, se hallegaron a la sancta virgen con mucha devoçión, y resçivieron su huelgo, y conoçieron no ser de los olores de este mundo por buenos y finos que sean. Y toda su persona estava con muy grande olor y hermosura.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y dende el sávado en la tarde hasta el día siguiente domingo, después de la víspera día de la Ynvençión de la Sancta Cruz de Mayo, no habló esta bienabenturada. E antes que entrasen por la puerta de su çelda, se olían las [fol. 134r] maravillosos olores que de ella salían, y algunas partes les pareçía, entrando donde ella estava, olía como vergel de muchas flores. Y siendo la hora de las seys, depués de mediodía domingo, día de la sancta Cruz, que fue a tres de mayo de mill y quinientos treynyta y quatro años, acompañada su sancta ánima de muy buenas y sanctas obras, y ansimismo su cuerpo, acompañado de frayles de su horden, y de todas las religiosas de la casa, las quales con candelas ençendidas en sus manos, y leyendo la Passión los padres que allí estavan, dio esta bienabenturada el alma en manos del poderoso Dios que la crió y redimió, quedando su gesto con hermosura y compostura admirable, quedándole la boca muy bien puesta, a manera de sonrisa. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y muy admirados los padres que allí estavan, con gran reverençia llegaron a mirarle los ojos. Y alçando los párpagos, vieron que no los tenía quebrados, sino con aquella hermosura y graçiosidad que los tenía quando estava viva. Que assí como aplaçió mucho a Dios con ellos y con los juyçios suyos, assí permitió su Divina Magestad que en la hora de su muerte no fuesen quebrados, en el tiempo de las buenas obras que con ellos havía hecho, del qual milagro todos se maravillaron mucho y dieron graçias a Nuestro Señor, por las grandes maravillas y virtudes que con sus fieles amadores haze. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Salió de esta vida esta bienabenturada el año de mill y quinientos y treyta y quatro años, hora, día y mes arriva dichos. Como esta sancta virgen espirase, hallegáronse con muy grande ansia todas las religiosas, llorando lágrimas muy dolorosas, a ver y besar el sancto cuerpo. Y como se açercaron a él, [fol. 134v] heran tan grandes los olores que d’él salían, y tan subidos, que no se podían comparar con cosa desta vida. Y a las religiosas que estuvieron y vistieron el sancto cuerpo, las quedó por más de tres días muy admirable olor en sus personas y manos. Y en qualquiera cosa que le ponían ençima quedava el mesmo olor, y assí le tuvo en su persona y hábito que estuvo por sepultar, que fueron çinco días.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y yendo una religiosa con gran fervor a besarle los pies quando la estavan vistiendo el ábito, cayó en la tarima de su propia cama, de manera que se lisió muy malamente en el vientre, y luego se le hizo un bulto tan grueso como el puño y con muy gran dolor. Y estando tan fatigada, cresçiéndole los dolores, pusiéronle ençima la camisa con que havía espirado la bienabenturada, y luego se le aliviaron los dolores, y pudo estender la pierna, la qual no podía menear, y se pudo levantar y andar sin pena. Y otro día tenía desenconada la herida, y casi deshecho el bulto. Y assí fue sana por la bondad de Dios y méritos de la sancta virgen.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y adereçado el sancto cuerpo, el abbadesa y todo el convento de las monjas, con candelas ençendidas y rezando como es costumbre, le llevaron al coro, y allí le fue dicho el offiçio por las monjas muy solemnemente. Y estuvieron aquella noche con él, acompañándole con mucho dolor y lágrimas. Y con ella, la dicha señora y generosa de la orden y devota de esta bienabenturada, que con mucha devoçión estuvo en su tránsito, y consolándose cómo hera pasada de esta vida a la gloria y bienabenturança.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Ocurrió mucha [fol. 135r] gente de todos los rededores, y venían con gran devoçión de ver el sancto cuerpo. Assimismo, vinieron muchos padres de la orden a hazer sus obsequias y enterramiento. Y como la gente hera tanta, davan liçençia a los más prinçipales que entrasen en el monasterio, los quales, quando veýan el cuerpo y olían los olores que tenía, davan muchas graçias a Nuestro Señor, derramando lágrimas de mucha devoçión; entre las quales personas, entró un mensajero que dende Toledo embió una gran señora, que hera Virreyna de las Yndias, a saber de la salud de esta bienabenturada, el qual traýa gran dolor de muelas, en manera que no podía comer, ni vever ni dormir. Y en llegando a besalle los pies y ábito a esta sancta virgen, se le quitó. Y con gran devoçión dixo el benefiçio y milagro que havía resçivido, y salud que en su persona havía sentido.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y como el día siguiente lunes fuese, casi hora de vísperas, y los campos estuviesen llenos de gente clamando les mostrasen el sancto cuerpo y se le dexasen tocar, los reverendos padres, por satisfaçer su devoto desseo, tomaron el sancto cuerpo y sacáronle fuera, con mucha reverençia, donde todos le pudiesen ver. Y viniendo la gente como los frayles le sacaron, eran tan grandes los clamores y gemidos que todos davan con muchas lágrimas que muy lejos se podía oýr. Y llegando todos apriesa, los [fol. 135v] frayles, que guardavan el sancto cuerpo, no consentían llegar sino al ábito. Y sintiendo el muy suave olor que del cuerpo salía, con mucho maravillamiento davan graçias a Dios, y ponían ençima cuentas y cosas que traýan, en las quales se pegava el mesmo olor. Y entre los que llegaron a tocar el sancto cuerpo, llegó un hombre que havía venido sobre dos muletas, con mucho trabajo, de Torrejón de Velasco. Y en vesando el ábito de la virgen, dixo que havía sentido tan grande aliviamiento en sus dolores y tulliçión que le pareçía que pudiera andar tres leguas sin ningún cansançio ni dolor. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y consolada la gente, tornaron el sancto cuerpo al monasterio, y a ora de conpletas, a la qual hora llegaron çiertos mensageros rogando que detuviesen el sancto cuerpo, hasta que ellas le viesen. Y assí se hiço. Y hecho el offiçio de los padres, fueron a sus monasterios, y dexaron el cuerpo sin enterrar. Y assí estuvo por cinco días, no perdiendo los buenos olores que tenía. Y venidas las señoras por cuyo ruego el sancto cuerpo estava detenido, con el qual mucho se consolaron de ver las maravillas que Dios mostrava en él, pareçioles hera bien, por que las gentes goçasen de esta sancta reliquia, se enterrase en la yglesia y capilla del Sanctíssimo Sacramento. Pero las religiosas, no consintiendo sacar el sancto cuerpo de entre ellas, huvieron de entender en ello los prelados. Y se hiço lo que las [fol. 136r] monjas quisieron, porque hera más justo. Y pusiéronle en una parte donde las religiosas comulgavan, en un hoyo pequeño, quanto cupo el ataúd, y ençima cubierto con yeso de altura de dos dedos, en el qual lugar manifiesta el Señor la sanctidad de esta bienabenturada, sintiendo muy buenos y suaves olores.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En la çiudad de Almería havía una sancta muger que tenía revelaçiones muy verdaderas y comunicava Nuestro Señor con ella muchos secretos, la qual se llamava María de Sant Juan. Hera religiosa de la Orden de la Sancta Conçepçión, y natural de Casarrubios del Monte. Y como esta sancta muger tenía graçia de arrobarse también, como la bienabenturada Juana de la Cruz, comunicávanse ambas, y estando elevadas en spíritu en el lugar que Dios hera, quiso de ponerlas, y hiziéronse hermanas spirituales. Y yendo todos padres de la orden del glorioso padre sant Françisco, y el uno dellos havía sido perlado mayor de la provinçia de Castilla, persona de mucha auctoridad y letras, a negoçiar con esta sancta muger, María de Sant Juan, a un mes que havía pasado de esta vida la bienabenturada Juana de la Cruz, y preguntándole el dicho prelado le dixese del estado del ánima de la madre Juana de la Cruz, respondiole con mucha alegría que: “Tenía mucha gloria, tanta y tan grande como el [fol. 136v] poderoso Dios la da a sus escogidos y los méritos de la bienabenturada Juana de la Cruz mereçieron. Y luego que esta sancta ánima salió de las carnes, voló derecha al Paraýso, y tiene tanta gloria que exçede a muchos sanctos y sanctas, e yguala con los ángeles. Y más os quiero deçir, que por la bondad de Dios yo la he visto estando elevada el día del señor Sant Juan evangelista de mayo, que aora hiço quatro días, después de la Ynvençión de la Sancta Cruz de mayo, quando esta bienabenturada salió de las carnes. Y yo la vi en la gloria, tan sublimada que tiene en muy mayores grados que la solía ver. Y maravillándome mucho, pregunté a mi sancto ángel cómo havía tan grande diferençia en la gloria que aora veo a la Juana de la Cruz, que otras vezes no la solía yo ver en gloria tan sublimada. Respondió el sancto ángel que ‘está ya desatada de las carnes, y está en la gloria para siempre’. Oyendo esto, vínome gran desseo de hablarla. Y estando en este desseo, vi a deshora abajada esta bendita ánima donde yo estava, y con mucha alegría me abraçó, e yo ansimismo a ella, y la dixe: ‘¿Cómo, hermana mía, y esto sin mí?’. Respondiome: ‘Sí, hermana mía, que se cumplió la voluntad del poderoso Dios’. Y dixo havía quatro días hera pasada de esta vida, y en ella havía tenido su Purgatorio, [fol. 137r] y assimismo havía sido juzgada en la carne antes que della saliese. Y dos días antes que espirase, havía empeçado a goçar su ánima de la gloria del Çielo, aunque al pareçer de quien la veýa tenía pena en el cuerpo, porque hera la voluntad de Dios que estuviese detenida aquellos dos días. Y quisiera ella mucho dezir lo que goçava, sino que no podía, ni le es dada liçençia”. &lt;br /&gt;
E otras muchas maravillas y milagros se podrían deçir que Nuestro Señor mostró en este tránsito del cuerpo de esta bienabenturada, y después d’él. Por evitar prolixidad,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''Laus deo.''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
=== Notas ===&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[1]'' Repetido en escritura al margen.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[2]'' Este adjetivo aparece en una nota al margen.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[3]'' Anotado arriba.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[4]'' Anotada arriba.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[5]'' Repetido en nota al margen.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[6]'' Por “gran despojo”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[7]'' Apuntado en nota al margen.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[8]'' Corregido al margen: ''Divina''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[9]'' Por error aparece en el manuscrito &amp;quot;dedovatas&amp;quot;.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[10]'' Secuencia repetida: “''que otro día de la fe mana el árbol de la vida son más subblimadas''”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[11]'' La palabra oración aparece anotada al margen.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[12]'' Palabra repetida.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[13]'' Secuencia repetida: “''dixo el sancto ángel: si lo as de scrivir''”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[14]'' Escrito en el margen.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[15]'' Palabra escrita encima de las otras.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[16]'' Falta lo que dijo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[17]'' En está escrito encima de me trayáys, que aparece tachado por un lapsus del copista, que copió el trayáys precedenete. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[18]'' Secuencia repetida: “''lo que Dios''”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[19]'' Secuencia repetida: “''que parecía''”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
= Vida manuscrita (2)=&lt;br /&gt;
Ed. de [http://visionarias.es/equipo/maria-victoria-curto/ María Victoria Curto]; fecha de edición: marzo de 2018; fecha de modificación: septiembre de 2023.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
== Fuente ==&lt;br /&gt;
[[Archivo:LibrodeCasa.jpg|300px|right|Manuscrito|link=]]&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
* BNE MSS-9661&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[[Contexto material del manuscrito de la Biblioteca Nacional de España, MSS-9661]].&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
== Criterios de edición ==&lt;br /&gt;
El ''Libro de la Casa y Monasterio de Nuestra Señora de la Cruz'' contiene fragmentos de la vida de Juana de la Cruz, motivo por el que es incluido en el catálogo de santas vivas. Esta es la primera vez que se edita. El ''Libro de la Casa y Monasterio de Nuestra Señora de la Cruz'' (mss. 9661 de la Biblioteca Nacional de España) es un manuscrito posterior a la muerte de Juana de la Cruz (1534) y que refleja las características fonéticas y gráficas propias de la segunda mitad del siglo XVI, por lo cual los criterios que se han adoptado para realizar su transcripción son conservadores. La lengua que refleja el manuscrito no parece presentar rasgos dialectales, ya que vocalismos en formas como ''sepoltura'' o ''monesterio'' eran muy habituales.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Se ha decidido mantener los grupos consonánticos cultos, como el grupo -mpt- en ''redemptor'', el grupo -th- en ''thesoro'' o el grupo -nct- en ''sancto'', ya que son una muestra de la importante presencia e influencia del lenguaje eclesiástico y de la fuerte carga semántica de ciertos términos religiosos. Asimismo, se conserva el uso que se hace de la b y la v (''juebes''), el empleo o la ausencia de la h- inicial (''omenaje'') –así como su oscilación (''había/avía'')– y se preserva la utilización de las distintas sibilantes que presenta el texto original, es decir se respeta en todo momento la oscilación entre ss/s (''dixessen/dixesen, santíssima/santísima'') y entre z/ç (''vezes/veçes''), incluso en los casos donde esta oscilación está mal empleada etimológicamente. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Es importante apuntar que la autora del manuscrito fue una monja del convento de Nuestra Señora de la Cruz de Cubas de la Sagra, quizá compañera de Juana mientras esta vivía, que tal vez escribía al dictado de otras monjas y cuya alfabetización debía de ser muy básica. Por último, también se han mantenido las consonantes geminadas (''officio, abbadesa''), la oscilación entre b/v (''tubo/tuvo''), entre h/g (''huerta/guerta''), entre c/qu (''cuentas/quentas''), entre j/x (''dejan/dexan''), entre y/i (''yglesia/iglesia'') y entre h/f a inicio de palabra (''hijo/fijo''), y las elisiones en las formas del tipo d’esto, d’ella, señaladas con apóstrofo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Para que la lectura del texto resulte más clara y sencilla al lector, se han juntado o separado palabras de acuerdo al criterio actual, se han desarrollado las abreviaturas, las palabras se han tildado siguiendo las normas ortográficas actuales, se ha corregido la capitalización de determinados términos, reservando la mayúscula para vocablos abstractos referidos a la divinidad, y se ha puntuado modernamente el texto, intentando en todo momento respectar lo máximo posible su particular ritmo interno, muy cercano al lenguaje oral. Para facilitar la lectura, también se ha acentuado la ''á'' verbal, para distinguirla de la preposicional, se ha añadido la virgulilla a la grafía ''ñ'' y se ha unificado la oscilación entre u/v, otorgando a la -u- función exclusivamente vocal y a la -v- consonántica. Con la intención de orientar al lector, se han introducido breves epígrafes que dividen el cuerpo del texto en función de la temática que se aborda en cada momento, así como notas a pie de página que se han circunscrito a aclaraciones sobre la presentación del manuscrito. Por último, se ha empleado el paréntesis para las acotaciones teatrales y las explicaciones del texto, se ha hecho uso de la letra cursiva para indicar frases latinas, y se han utilizado las comillas para señalar las nomenclaturas y los diálogos que aparecen en el cuerpo del texto.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==Vida de Juana de la Cruz: ''Libro de la Casa y Monasterio de Nuestra Señora de la Cruz''==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[1]'' '''[fol. 1r] Este libro es de la casa y monasterio de Nuestra Señora de la Cruz. Tiene los autos que se hacen el día de la asumpción y el de la sepoltura, y gracias que Nuestro Señor concedió a esta sancta casa, y mercedes que en ella hizo por yntercessión de nuestra madre sancta Juana a las monjas y bien hechores d’ella, y esto para siempre.'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[PRIMER AUTO DE LA ASUNCIÓN DE LA VIRGEN]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[fol. 2r] Este auto es el que hazen en la casa de la labor el día de la sepoltura de Nuestra Señora.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
(Entra el ángel y anuncia a Nuestra Señora su muerte gloriosa.)&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Ángel – Thesoro rica del Cielo,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	a cuya real persona&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	quiere Dios dar la corona,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	honrando con vos su Cielo,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	la suprema Trinidad&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	para anunciaros me embía,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	que se os ha llegado el día&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	de gozar la eternidad.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	Y para señal y muestra&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	que triunfáys en cuerpo y alma,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	aquesta preciosa palma&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	os presento, Reina nuestra.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Nuestra Señora – Señor de la Magestad,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	mi Dios y amado hijo,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	que de un destierro prolijo&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	me llamas a tu ciudad,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	gracias te den inmortales,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	los ángeles en la altura,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	honras con favores tales.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	Y pues ya, Señor, previenes&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	a la muerte los despojos&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	para que gozen mis ojos&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	el sumo bien de los bienes,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	solo me falta que sea &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	de tu amor favorecida&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	en que antes de mi partida&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	a tus apóstoles vea.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Ángel – Vuestros ruegos son oýdos,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	Reina, y por que os consoléys&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	los apóstoles veréys,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	por virtud de Dios traýdos.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[fol. 2v] Todos aquí se han juntado&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	de varias partes del mundo,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	y Juan, vuestro hijo segundo,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	ya por las puertas ha entrado.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
San Juan – Sálvete Dios, Virgen pura,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	madre de Dios y hombre,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	a cuyo bendito nombre&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	se humilla la criatura.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	En Éfeso predicaba&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	y súbitamente vine,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	tu Magestad determine&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	de dezir lo que mandaba.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Nuestra Señora – Hijo y apóstol amado,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	cuya dulce compañía &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	divide el último día,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	por averme Dios llamado,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	yo os encargo que miréis,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	después de muerta, por mí&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	y luego en Getsemani&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	sepulcro a mi cuerpo deis.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	Esta palma, Juan, se llebe&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	quando mi cuerpo enterréys,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	y es justo vos la llevéys&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	porque de todo se os debe.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
San Juan – ¡O, si todos mis hermanos,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	los apóstoles ausentes,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	fuessen agora presentes,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	quánto seríamos ufanos!&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Tus obsequias gloriosas&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	todos juntos con gran gloria&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	las haríamos sumptuosas&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	y dignas de gran memoria.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
(Entra San Pedro.)&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
San Pedro – ¿Por qué causa tan de presto&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	nos ha el Señor aiuntado?&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	Que cierto estoy espantado&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	pensar que pueda ser esto...&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	Por esso todos lleguemos&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	juntamente en este día,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	y de la Virgen María&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	todos bien nos informemos. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[fol. 3r] San Juan – O, compañía preciosa,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	a todos hago saber&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	que ya quiere fallecer&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	nuestra Madre gloriosa.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	Y pues que resurreción &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	todos juntos predicáys,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	no parezca que mostráis&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	por la muerte compasión.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
(Dizen los apóstoles de rodillas...) &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	Señora de lo criado,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	donde todo el bien se encierra,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	de los fines de la tierra&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	el Señor nos ha juntado,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	y viéndonos aiuntados&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	estando en tierras estrañas&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	estamos maravillados.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	Dinos, Señora, qué mandas.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Nuestra Señora – Para mi consolación&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	ha sido vuestra venida&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	y para que en mi partida&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	recibáis mi bendición.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	Ayudadme a bendecir&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	la suprema Trinidad,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	cuya sancta voluntad&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	me manda al Cielo subir.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Los apóstoles – Guérfanos solos y tristes&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	nos dexáis, muy gran Señora.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	Por aquel Dios que paristes,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	nos tengas en tu memoria.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Nuestra Señora – Siempre en el Cielo seré&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	madre y abogada vuestra,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	quando de su mano diestra&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	mi hijo su lado me dé.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	¡A Dios, colegio sagrado!&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	Y tú, eterno y sumo Padre,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	que me escogiste por madre&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	del hijo de ti engendrado,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	recibe en tus santas manos&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	mi espíritu en la partida,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	para vivir nueva vida&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	en los gozos soberanos.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[fol. 3v] Los apóstoles – ¿Dónde vas, Madre de Dios?&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	¿Dónde vas que ansí nos dexas?&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	¿Dónde, Señora, te alejas?&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	¿Qué será sin ti de nos?&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
(San Juan da la palma a San Pedro.)&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
San Juan – Pues eres guarda y pastor&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	de la Yglesia militante,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	esta palma triunfante&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	llevarás como mayor,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	que es símbolo del madero&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	con que fuimos remediados&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	y havemos de ser juzgados&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	en el día postrimero.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
(San Pedro buelve la palma a San Juan.)&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
San Pedro – La palma te pertenece&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	por tu santa puridad,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	tu ferbiente charidad&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	acatamiento merece.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	Quando Christo padecía&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	la Virgen al virgen dio,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	y pues él la mereció&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	lleve delante la guía. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
(Va la processión al coro bajo y llevan los apóstoles a Nuestra Señora en hombros, y delante de las andas va San Juan con la palma y San Pedro y el ángel.)&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[SEGUNDO AUTO DE LA ASUNCIÓN DE LA VIRGEN]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[fol. 4r] Este auto es el que se haze el día de la asumpción de Nuestra Señora en la tarde. Gánase mucho haziéndola.	&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El Padre – Ángeles que sois criados&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	a la imagen de Dios,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	conoced vuestro Señor,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	adoralde, que os ha criado.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	Adorad su gran poder,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	adorad su gran bondad,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	adorad su gran saber&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	con que os quiso criar.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	Mirad vuestra hermosura&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	y de quién la recibistes,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	conoced que sois criaturas&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	y criaros no podistes.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	Adorad al que os crió&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	con tan grande poder,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	adoralde porque os dio&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	libre y franco alvedrío,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	adoralde porque es digno&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	ser de todos adorado.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	Adoralde, hijos míos,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	y seréis santificados.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Lucifer – ¿Quién eres tú que nos hablas&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	con tan grande magestad?&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	¿Quién eres tú que nos mandas&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	que te vamos adorar?&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	Muéstranos la tu figura,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	pues oýmos la tu voz,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	tú, que estás en las alturas&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	y dizes que eres Dios.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El Padre – Hijos, yo soy el que soy,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	sin principio y sin fin,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	yo soy vuestro Criador,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	yo soy el que siempre fui.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[fol. 4v] Yo soy el que os crié&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	con charidad infinita,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	para que de mí gozéis&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	y d’esta Gloria bendita.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	Conoced que es toda mía,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	que de vos no tenéis nada.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	A la Magestad sagrada&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	adoralda, que es muy digna.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Lucifer – Di, ¿qué cosa es adorar,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	pues mandas que te adoremos?&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	Aunque primero veremos&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	quién se merece adorar...&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El Padre – Adorar es humillaros&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	so la mano poderosa&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	de vuestro Dios soberano,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	que hizo todas las cosas.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	A Él solo pertenece&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	adoralle de hinojos&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	con la boca y con los ojos,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	porque solo Él lo merece.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	También es mi voluntad&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	de ensalzar a un varón,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	al qual havéis de adorar&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	y tenerle por Señor. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	Ha de subir de la tierra&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	a ser conmigo una cosa,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	y quiero que desde agora&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	le prometáis obediencia.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Lucifer – Vosotros no consintáys&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	en esto que avéis oýdo,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	si alguno se ha de adorar&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	yo solo soy el más digno.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	No ay aquí otro poderoso&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	que pueda ser adorado,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	en este reyno precioso&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	yo devo ser ensalzado.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El Padre – Mirad bien lo que hazéis,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	catad que os amonesto,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	contra Dios no os levantéis,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	que caerá vuestro cimiento.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[fol. 5r] Humillaos y someteos,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	no queráis ansí ensalzaros,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	por que no seáis derribados&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	donde no halléis remedio. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Lucifer – ¡Baja, baja de lo alto&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	tú, que ansí nos amenazas,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	y veremos en lo bajo&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	quién tiene maiores alas!&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	Yo tengo alas tan lindas&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	que si empieço de bolar&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	tengo de poner mi silla&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	delante la Magestad.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
(Aquí toma Lucifer la silla y la arroja en alto y dize...)&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	A mí tenéis de adorar&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	todos quantos sois criados,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	y si otra cosa pensáis&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	¡ayámoslo a las manos!&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
(Aquí se levanta San Miguel y dize...)&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
San Miguel – ¿Quién es el que se levanta&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	contra la gran Magestad?&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	¿Quién es el que siendo nada&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	con Dios se quiere igualar?&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	Güelgue tu divinidad,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	nuestro Dios, y ten descanso,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	que para por ti tornar&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	yo quiero tomar la mano.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	Tú solo seas adorado,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	poderoso, uno y trino,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	Tú solo seas ensalzado,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	pues que Tú solo eres digno.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	Salga luego a pelear&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	el que se toma con Dios,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	que lo quiero yo vengar.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	¡Muramos aquí los dos!&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	Los que deseáis su honra&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	salid luego aquí conmigo,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	tomemos por nuestro Dios&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	contra este enemigo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[fol. 5v] Con ayuda del Divino&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	y sin temor ni flaqueza,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	mas con esfuerço de amigos,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	¡empiécese la pelea!&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
(Ahora se matan las luzes y queda escuro, y comiençan a hazer ruydo como de pelea. Y habla el Padre y dize tres vezes que cese la pelea, y a cada vez cesa, y la postrera vez habla el Padre maldiziendo a los malos y, en cayendo los ángeles malos, encienden las luzes.)&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El Padre – Yd, malditos, al Ynfierno,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	donde está la mala andança,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	que yo os juro por mí mesmo&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	que no entréis en mi holgança.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	En esa perseverancia&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	de sobervia que tenéis,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	en esa malicia tanta,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	endurecidos seréis.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	Para siempre quedaréis&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	sin tener conocimiento,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	y sin fin os estaréis&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	en vuestro endurecimiento.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
(Este dicho ha de ser a escuras.)&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Los ángeles – Adorámoste, Señor,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	porque criarnos quisiste,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	adoramos el favor&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	con que vencernos hiziste,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	adoramos la vengança &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	que hiziste con justicia&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	a los que con gran malicia&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	despreciaron tu alabança.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
(Agora sacan las luzes.)&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El Padre – Gozad ya de mi presencia&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	los que me avéis conocido,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	yo os prometo, como amigo,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	que nunca tengáis mi ausencia.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	En mi vista y gran poder&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	oy seréis santificados,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[fol. 6r] para nunca poder ser&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	de vuestro Dios apartados.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Los ángeles – Hazedor de maravillas,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	Señor Dios que nos criaste,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	mira las sillas vazías&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	de aquellos que derribaste.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El Padre – Entre vosotros está&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	por quien han de ser pobladas:&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	es la Virgen singular,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	digna de ser ensalzada.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	Traédmela, mis amigos,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	ella es la merecedora&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	de ser junta aquí conmigo,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	como de todos Señora.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	Venid, mi hija amada,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	venid, paloma querida,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	venid, esposa escogida,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	ven para ser ensalzada.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	Ven de Líbano, mi amada,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	ven de Líbano, hermosa,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	''rubicunda plusquam rosa'',&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	ven y serás coronada.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
(Agora van los ángeles por Nuestra Señora, y se hincan de rodillas delante d’ella y dizen lo que se sigue...)&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Los ángeles – Ven, Señora la más digna,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	que te llama el alto Padre&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	para ponerte en su silla,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	como de su hijo madre.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	Ven, nuestra Reyna admirable,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	por quien el Cielo se abrió,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	que el Señor que te crió&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	te espera con gozo grande.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
(Estando los ángeles de rodillas delante de Nuestra Señora, habla esto sentada...)&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Nuestra Señora – ''Sicut cipres'' levantada &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	soy en el monte Sión,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	''sicut cedrus'' ensalzada&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	in Líbano sola soy.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[fol. 6v] ''In plateis'' di olor&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	de bálsamo y de canela&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	y quasi mirra, electa&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	di muy suave olor.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
(Agora llevan los ángeles a Nuestra Señora hasta donde esté el Padre, cantando ‘O gloriosa Domina’. Híncase Nuestra Señora de rodillas y habla con el Padre lo siguiente...)&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Nuestra Señora – La mi ánima engrandece&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	y alaba con gran firmeza&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	a ti, Dios, y a tu grandeza,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	que toda gloria merece.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	Alabo tu grandeza&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	y la tu suma bondad,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	porque quisiste acatar&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	la humildad de la tu sierba.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
(Aquí toma de la mano el Padre a Nuestra Señora y la asienta a su lado.)&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El Padre – Esta es vuestra Señora,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	vuestra Emperatriz y Madre.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	Mis amigos, desde agora&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	le ofreced el omenaje&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	como a mi propia persona.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	Quiero sea obedecida,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	pues de todos es Señora&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	y no hay otra tan digna.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
(Los ángeles de rodillas.)&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Los ángeles – Como siervos y vassallos&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	te damos el omenaje,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	cada uno suplicando &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	nos recibas por tu paje.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Nuestra Señora – Por hijos y por amigos&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	os recibo, y por hermanos.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	Ayudadme, hijos míos,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	a rogar por los humanos,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	sientan ya los pecadores&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	que, pues ya soy ensalzada,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[fol. 7r] que para los sus dolores&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	en mí tienen abogada.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
(Aquí se hinca de rodillas Nuestra Señora y habla con el Padre lo siguiente...)&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Nuestra Señora – Padre mío perdurable,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	pues que yo estoy en el Cielo,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	sientan que en mí tienen madre&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	los que quedan en el suelo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	También pido, Padre eterno,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	por este gozo inefable,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	que nunca vea el Infierno&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	el que mi nombre llamare. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El Padre – Hija mía muy amada,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	razón es seáis oýda&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	y que sea socorrida&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	por vos la natura humana.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
(Agora asienta el Padre a Nuestra Señora y habla con San Michael.)&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El Padre – Michael, mi grande amigo,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	ven acá, pues lo has ganado,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	con los más juntos conmigo&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	quiero que seas asentado.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	Mi poder pongo en tus manos&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	para que todas las almas,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	desde aquí lo ordeno y mando,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	por ti sean juzgadas.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	La vara de mi justicia&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	desde oy te la encomiendo,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	pues venciste la malicia&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	del que mereció el Infierno. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
San Michael – Señor, ¿quándo merecí &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	por tan pequeño servicio&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	que te acordases de mí&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	con tan grande beneficio?&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	Yo te ofrezco en sacrificio&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	mi espíritu y todo yo,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	para todo tu servicio,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	como siervo a su señor.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
(Acábase cantando ‘Laudate Dominum omnes gentes’.)&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[ORACIÓN DE JUANA]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[fol. 7v] Dixo el Señor, hablando por la voca de nuestra madre sancta Juana, que dixessen estas palabras a la hora de la muerte, que les serían grande ayuda, las quales son las que se siguen:&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El Señor, que suelta los presos,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
suelte a esta. Jesús, María. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El Señor, que alumbra a los ciegos,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
alumbre a esta. Jesús, María. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El Señor, que sana a los contritos,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
sane a esta. Jesús, María.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El Señor, que socorre a los necessitados,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
socorra a esta. Jesús, María.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El Señor, que alegra a los tristes,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
alegre a esta. Jesús, María.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El Señor, que perdona a los pecadores,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
perdone a esta. Jesús, María. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El Señor, que salva a los indignos,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
salve a esta. Jesús, María.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
O, tú, Rey de los sanctos, confórtala.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Jesuchristo la defienda. Amén.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[COLOQUIO DE JUANA CON EL SEÑOR]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[fol. 8r] Estas palabras son un coloquio de nuestra madre santa Juana que tuvo con Nuestro Señor, y respuesta suya. Cántanse el día de la Cruz de mayo, que fue quando murió.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[Esposa] – Esposo, ¿si avéis oýdo&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	quién me robó mi sentido?&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[Esposo] – Esposa mía, en verdad&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	no vos devéis maravillar,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	que mi dulçura es tal &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	d’esto se havía recrecido ''[2]''. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	Esposa, yo os lo diré:&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	vos tenedes muy gran fe&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	y a bueltas queréisme bien,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	y a esta causa abrá sido.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	Y no ayades d’esto pena,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	que antes es dicha muy buena&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	que tengáis gracia tan llena,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	pues que d’ello es Dios servido.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	No seáis desagradecida,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	ni estéis entristezida,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	porque gracia tan crecida&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	publico vos ha venido.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	Otras personas abría&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	que d’esto abrían alegría,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	y de verse cada día&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	donde vos os avéis vido.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	¡Y tenéis poca constancia,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	y casi desesperança,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	de posseer la folgança&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	que vos ha aparecido!&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	En Dios devéis esperar&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	y no vos debéis turbar,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	que Él os puede salvar&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	porque es de bondad cumplido.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	Y si ansí lo hazéis&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	cierto muy bien libraréis,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[fol. 8v] y si en virtudes crecéys&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	Dios oyrá vuestro gemido.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	En las cosas celestiales&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	debe ser vuestro deleyte,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	porque todas las terrenales&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	muy presto han fenecido.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	Amiga mía muy serena,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	vos sois ansí como abeja&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	que haze la miel muy nueva&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	y la labra de contino.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	Y digo que en toda la tierra,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	ni el val de la Çirolera,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	no ay quien ventaja os lleva&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	en amar a Dios divino.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	Y por aquesta razón&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	y porque os duele mi Pasión&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	y de pura compasión&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	se vos ha quitado el sentido,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	y ansí perseveráis, &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	y si siempre ansí boláis&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	y atrás nunca tornáis,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	hallaréis muy buen camino.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	Essas vuestras compañeras,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	mis amigas entrañables, &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	deben ser muy singulares,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	no me echen en olvido.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	Y pues yo las amé ''[2]''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	a ellas y las llamé&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	y del mundo las libré,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	por d’ellas ser bien servido.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	Ellas y tú de consuno, &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	sin ninguna dilación,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	debéis servir a Dios uno&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	con amor mucho crecido.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	Pues que sois ya dedicadas&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	en honor a Dios del Cielo,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	trabajad por ser sagradas&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	a Dios bueno, uno y trino, &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	al qual siempre con amor&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	tened en el coraçón,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[fol. 9r] dándole vuestra afición&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	al que es poderoso Dios vivo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	Esposa, catad que miréis&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	que ni por eso no penséis&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	que algunas virtudes tenéis,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	pues de Dios han recrecido.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	Y si os he dicho algún loor&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	no es por vuestro valor,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	sino por el del Señor,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	de quien el bien ha salido,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	porque en toda criatura&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	no ay sino malaventura&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	y es peor que basura&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	y contino está en peligro.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	No penséis que he de dejar &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	de dezir y amonestar&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	lo que os he de enseñar,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	pues soy maestro sabido;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	y pues que sois vos mi esposa&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	avéis os de hallar dichosa,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	pues que no es cosa penosa&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	mi aviso y mi castigo,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	pues si vos a mí me amáis&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	más os he yo amado a vos,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	y si por mí trabajáis&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	más he yo por vos sufrido.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	Esposa, saber os hago&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	que yo os amo en tanto grado&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	que no ay tal enamorado&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	en este mundo nacido;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	y antes que el mundo criase &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	yo de vos me acordé,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	y aun antes que le ordenase&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	yo vos ube escogido,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	que en mi voluntad crié&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	las cosas antes que fuesen,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	y lo que yo más amé&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	ánimas buenas an sido.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[fol. 9v] Los ángeles, con primores &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	criados en mayor grado,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	a Dios an mucho alabado&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	en el Cielo muy subido;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	son más claros que candelas&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	y rayos del sol que salen,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	son más mucho que estrellas&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	y de gesto muy luzido.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	Esposa mía, ya es tarde&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	y hora de recogimiento,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	todo esto se bien guarde&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	en el coraçón metido,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	y holgad en hora buena.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	Y algún día por estrena&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	bolveré después de cena,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	o antes del gallo primo,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	y entonces me contaréis &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	las congojas que tenéis&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	y también las que después&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	de mi vista habéis tenido.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[Esposa] – Esposo, ¿si havéis oýdo&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	quién me robó mi sentido?&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[SEGUNDO COLOQUIO DE JUANA CON EL SEÑOR]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Estas palabras dixo el Señor por su sanctíssima voca estando en el dormitorio de esta santa casa de la Cruz. Dichas el día de la comunión, ganan lo que ganó el buen ladrón en la Cruz, y la Madalena. Cántanse en el refitorio la octaba del Santísimo Sacramento.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Almas esposas amadas,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
acordaos de aqueste día,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
porque con mucha alegría&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
de Dios seáis consoladas.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Ya sabéis que Jesuchristo&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
en forma de pan es visto,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Dios y hombre Jesucristo&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
en la ostia consagrada.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[fol. 10r] Almas que vivís en regla&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
en la sancta Madre Iglesia,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
pues tenéis tan rica impresa&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
no estéis desconfiadas. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Quando tomastes baptismo&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
esposo fue Dios mismo,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Él quitó vuestro abismo&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
infernal de almas perdidas.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y después de encarnado,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Dios vivo se ha presentado&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
por todos crucificado;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
las almas son redimidas.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Muéstrase con afición&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
a quien tiene devoción, &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
y a las vezes da perdón&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
de palabras bien sentidas.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y por eso, esposas mías,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
las que me adoráis agora&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
por estas estrechas vías&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
por buenas seréis avidas&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
en el Juiçio Final,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
estando en mi tribunal,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
en el qual me he de sentar&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
a juzgar gentes nacidas. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Pensando en este Juiçio&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
debéis, hijas, contemplar;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
hallarse á muy repissa&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
la que siguió malas vías.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Dios mostrará su deidad&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
en potente magestad,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
allí no hay negar verdad,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
¡guay de las almas perdidas!&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Justos no se hallarán&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
los santos, y temblarán&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
quando a Dios vivo verán&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
con llagas aparecidas.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
¿Qué harán los pecadores&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
que están tan llenos de errores?&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En el fuego abrán dolores&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
de llagas muy desmedidas.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Esposas, sed inocentes&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
sin pecado entre las gentes,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
lavad vuestra cara y frente&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
con lágrimas bien crecidas;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
mejor es este deleyte&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
de pensar en mi Pasión&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
que otro ningún afeite,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
solimán y aguas coçidas.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[fol. 10v] Ansí os hermosead&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
las almas todas, mirad&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
que mi alta Magestad&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
digna es de desposar luzidas.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Con vosotras hago pacto&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
en este día y rato&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
que nunca os seré ingrato,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
pues estáis arrepentidas.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Lloraréis vuestros pecados,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
dignos de ser despreciados&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
y del todo desechados,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
a Dios siendo prometidas.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Acordaos cómo os dixe&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
en el vuestro consistorio&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
que os daría mi desposorio&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
como a esposas queridas.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Yo mismo quise rogaros,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
por mayor cargo echaros&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
y por mucho más amaros&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
quando fuéssedes bendecidas.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Acordaos que os amé &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
y os di mi coraçón&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
quando en la Cruz pené,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
sintiendo las mis heridas.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Acordaos que consentistes&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Esposo tan soberano,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
y acordaos que luego distes&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
la mano con alegrías.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Yo ansí mesmo os la di&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
por que fuéssedes benditas,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
y de grado os di mi “sí”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Sed preciosas margaritas,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
las quales ando a buscar,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
como buen negociador,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
por la tierra y por la mar.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Almas son hijas queridas.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Acordaos que os compré &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
padeciendo cruel Pasión;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
vosotras tenéis la fe&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
y yo sufrí las heridas.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Acordaos de mi gemido &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
y de todos mis tormentos,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
mirad que os ube servido&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
prometiéndoos cien mil vidas.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Muy dignos servicios fueron&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
la vida que yo pasé&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
y la Passión que me dieron&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
con penas muy doloridas.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[fol. 11r] Y los mis prometimientos&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
debieron ser estimados,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
guardando mis mandamientos&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
y las mis leyes luzidas,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
las quales cosas guardadas&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
con gozo y con diligencia,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
si por vos no quebrantadas,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
prudentes sois y sabidas.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Algunos os dan esfuerço&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
diziendo de mí buenas nuevas,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
cómo perdono yo presto&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
las ofensas cometidas.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Hijas, no confiéis tanto&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
en lo que oýs hablar,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
rogad al Spíritu Sancto&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
que de sí os haga dignas,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
para mientes, hijas mías,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
que el mundo no vos engañe&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
con sus vanas alegrías,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
ante mí aborrecidas.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
No consiento ni me place &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
que de otro seáis amigas,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
¡guay de quien pecados haze,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
siendo vosotras tan mías!&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Ansí que dizen verdad&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
que yo soy perdonador,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
mas quitad toda maldad &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
ante vuestro Criador.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Si no os hallastes allí&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
quando mi desposamiento,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
agora vedesme aquí&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
a vuestro contentamiento.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
No estéis entristezidas&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
siendo en cantidad muchas&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
(alma, si bien me scuchas,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
muchas más son redimidas),&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
porque las almas esposas&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
en el sancto baptismo&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
se me aiuntaron todas;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
yo recebí a quien me quiso.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Entonces, como sabéis,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
doy las joyas y anillos,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
(como quenta santa Ynés,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
que supo muy bien sentillos),&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
porque entonces las almas&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
renuncian a Satanás&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
y se le dexan atrás,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
por ser a mí allegadas.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[fol. 11v] Esto digo a quanto faze&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
a lo de mi desposorio,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
al qual digo que me plaze&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
cumplir lo que es notorio.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Dios mi Padre es contento&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
de vuestro convertimiento,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
y aunque seáis más de ciento&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
todas sois establecidas.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Quando aquella palabra,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
hijas mías, yo vos di,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
el Cielo conmigo estaba&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
allí en rededor de mí.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Ángeles muy soberanos&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
estaban allí conmigo,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
y todos mis cortesanos&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
de la Gloria por testigos.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y si los angeles que os guardan&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
estubieron allí presentes&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
y me dieron los anillos&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
por vosotras las ausentes,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
pues tales testigos ay&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
de vuestro querer y el mío,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
y no queráis más pecar,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
pues tenéis libre alvedrío, &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
oigame quien me oyere,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
entiéndame aora alguien,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
esto digo para quien&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
ama a Dios y le sirviere.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Quien ansí esto no haze&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
no está en gracia de Dios&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
y no merece salvarse.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Hijas mías, salvaos vos.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Esposas mías, si os plaze&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
las mis palabras oír,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
harto provecho vos hazen&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
si lo queréis bien sentir.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Devéis llorar y gemir&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
las que en algo avéis errado,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Dios quiso redimir&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
y quitar vuestro pecado.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Arrepentirse del mal&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
es bueno a toda persona&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
y a Dios gracia demandar,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
porque Él con esto perdona.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Con deseo de enmendar&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
la su vida venidera,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
su alma pueda descansar&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
en la Gloria verdadera.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[fol. 12r] Y yo no tengo olvidado&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
vuestro servicio y fervor,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
mas mayor es mi amor&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
con que yo os ube amado.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En mí, hijas, esperad&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
como en padre, señor y esposo,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
y en mí os consolad,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
pues que soi Dios poderoso.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En la Cruz me desposé&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
tiniendo grandes amores,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
y mi sangre derramé&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
por todos los pecadores.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Debéis os satisfazer, &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
pues mi sangre nos juntó&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
para una cosa ser&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
almas vosotras y yo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y esto, hijas, creeréis&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
por que no os halléis en vano,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
y si aun aora queréis&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
luego os daré la mi mano.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Allí está una imagen mía,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
que tiene la virgen madre&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
delante Sancta María.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Podréis vuestra mano darme&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
y allí podréis jurarme&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
que vos queréis enmendar&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
de vuestros yerros pasados&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
con propósito, y rogarme, &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
que aunque al parecer,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
es muy pequeño mi bulto,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
soy maior que el Cielo junto, &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
como lo devéis saber.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Sentildo con esperiencia&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
de mis grandes obras tantas,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
como son muchas y altas&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
por mi imperial potencia,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
y por haverme encerrado,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
no cabiendo en mil mundos,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
en aquel vientre sagrado&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
en el qual hize estos nudos,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
que cierto allí estuvo Dios&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
en aquel bulto del Cielo,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
que vino a sanar a vos&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
y daros dulce consuelo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Dios, mi padre celestial,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
es el que da vida y gracia&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
para le amar y honrar,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Él es digno de alabança.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[fol. 12v] Nuestra noble Deidad,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
el Hijo y el Spírito Santo&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
todo es una Magestad,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Trinidad y un Dios muy alto.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y si el cuerpo se tomó&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
de la Virgen de prudencia,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
aquel se organizó &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
para poner Dios su esencia,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
y la esencia de Dios vivo&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
es la alta Trinidad.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
No la puede hombre nacido&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
comprehender ni palpar,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
y para esto remediar&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
ordenó el alto Poder&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Dios vivo hazerse hombre,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
para la comprehender. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y por eso, hijas mías,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
devéis os mucho esforçar,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
no seáis flojas ni tibias,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
por que de Él podáis gozar.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y aunque a vosotras, hijas, &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
aora esto he hablado,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
a otras no he desemparado,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
doiles joyas y sortijas.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Aora quiero fablar&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
con ellas y con vosotras;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
no queráis d’ello penar,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
pues que sois hermanas todas.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Ya sabéis que soi Esposo&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
de la Iglesia universal,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
obligueme a dar reposo&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
al linaje humanal.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Los que salvarse desean &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
con fermoso fervor&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
es razón mi gloria vean,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
y yo les muestre mi amor.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En toda la christiandad&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
hago que suene mi voz,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
santa Iglesia de bondad.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Almas, entendeldo vos.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Ansí hombres como mugeres &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
deseo gozéis la Gloria. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Alma, tú mira si quieres&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
tener a Dios en memoria.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En el Paraíso ay bienes.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Alma, tú no seas floja,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
aunque grandes penas tienes&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
en la tierra de congoja. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[fol. 13r] Mas para alcançar la corona&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
en la Gloria por venir,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
hija mía, tu persona&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
lo debe todo sufrir,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
y debes muy bien vivir&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
a Dios amando y sirviendo,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
y lo malo despedir,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
tu fe en solo Dios poniendo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Almas, hijas paramientes,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
a todas he yo hablado,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
y entre devotas gentes&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
esto será bien empleado,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
y las ánimas cristianas&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
que tubieren la mi fe&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
hallarse an muy hufanas,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
porque yo las salvaré.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Yo soy el que vivo siempre.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Almas, convertíos a mí,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
pues que sois todas vivientes;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
la paciençia yo os la di,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
yo, el Dios muy honesto,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Jesucristo combidando. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Trabaja por subir presto,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
pues Dios os anda llamando.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Corred, hijas, sin tardar,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
no queráis venir despacio,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
porque en mi alto palaçio&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
vos deseo aposentar.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Ámoos como esposas,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
heredaisme como hijas,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
seréis blancas y hermosas,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
¡con razón te regozijas!&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En el Cielo, generosas&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
muchas son las almas buenas.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Hijas mías religiosas,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
sufrid en paciencia las penas;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
ángeles os servirán&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
porque a mí mucho me amastes,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
y ellos vos ensalçarán&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
en la Gloria que ganastes. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Ganad, hijas, tan gran gloria,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
ganalda y no la perdáis, &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
porque si la desecháys&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
vana fue vuestra victoria.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Tener buenos pensamientos,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
hazed fuerça a vuestras almas,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
sufrí en paçiençia tormentos,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
por que ansí las hagáis salvas.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[fol. 13v] No os espantéis de las penas&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
que en el mundo padecéis,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
que sigún vuestras ofensas&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
maiores las merecéis.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Hijas mías, gozaos contino&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
en la esperança de mí,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
y en papel de pergamino&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
mis palabras escribid, &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
por que si alguien las pidiere&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
para las trasladar,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
y si deboción tubieren,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
se las podades prestar,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
que para entre los hermanos&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
buena es la charidad.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Amaos unos a otros,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
que esta es la ley de verdad,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
amaos con afición,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
onesta y prudentemente,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
y no con alteración&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
desonesta y neciamente.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Amad vuestra salvación&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
y unos por otros rogad,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
por que ayáis consolación&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
en el reyno celestial.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Aveos siempre piedad, &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
socorredvos cada día,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
por que en el reyno celestial&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Dios vos dé toda alegría.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Hijas mías, paramientes&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
fe y amor es lo que os pido,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
porque está el mundo perdido&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
siendo muy malas las gentes,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
que no les basta su mal&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
que contino ellos hazen,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
mas quieren os engañar&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
diziéndoos lo que les plaze.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Esto digo, hijas mías,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
porque ay algunas personas&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
que en pecados y blasones&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
despenden todas sus vidas,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
que infinito es malmirado&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
tan grande abominación.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
No ay temor ni devoción&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
con que sea remediado,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Dios casi está ya olvidado.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Mira, almas, qué gran mal,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
cómo ha de ser amansado&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Dios eterno divinal.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[fol. 14r] Siempre busca coraçones&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
y con muchas obras buenas,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
¿cómo ha de dar perdones&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
pues tú buscas siempre penas?  &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
La clemencia de Dios vivo&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
es muy grande en cantidad,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Él te da a gustar su cibo&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
y cuerpo de magestad.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
De grado es perdonador&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
quando halla humildad&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
y contrición del error,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
con deseo de bondad.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Mirad quán largo que os ablo,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
hijas, si bien lo sentís,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
mi gracia tuvo san Pablo&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
y bueno es esto que oís.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Trabajad por vivir bien&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
en este mundo de guerras,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
que al Cielo podéis subir&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
aunque el demonio os dé guerra;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
porque su officio es&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
de aquel mal guerreador,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
siempre le renunciaréis&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
con virtud de gran vigor.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Su crueldad no vos enoje,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
pues no os podrá empecer&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
a alma que se recoge&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
a Dios por se guarecer.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Él es lleno de tinieblas&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
y en su lengua ay gran dolor,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
y con amargas tristezas&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
os quieren quitar mi amor,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
y con vanas alegrías&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
desean recrear vuestras almas.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Dejalde, hijas, en calma,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
que mejores son las mías;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
desechalde, hijas mías,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
y armaos con la mi luz,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
que no son nada sus vidas&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
quando parece mi Cruz.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Hazed mucha penitencia&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
por servir a Dios muy alto,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
porque la mucha pereza&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
no vos cause algún gran llanto.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Pues que havéis pecado harto&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
devéis ya de os enmendar,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
por que en la otra eternal&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
no lo ayades de pagar.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[fol. 14v] Ya sabéis, esposas mías,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
que vienen buenos y malos:&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
los buenos con alegrías&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
y condenados los malos.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y pues otra vida ay &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
y también resureción,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
quien oy haze algún mal&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Dios haze la vengación.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Bien es andar sobreaviso&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
los que en la tierra moráis,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
porque ganáis Paraíso&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
todos los que a Dios amáis.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El Cielo, reyno precioso,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
con él tened afición,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
desealde más que tesoro,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
y a mí por su gualardón.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Tened, hijas, devoción &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
y daos a Dios contino,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
no ayáis participación&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
en ese mundo mezquino,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
y pues ya le avéis dexado&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
con desdén y con denuedo,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
y que es malo avéis hallado,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
no sigáis mal pensamiento.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y si en él ay algún bien&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
que parece deleitoso,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
más deleites tiene el rey&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Jesú en su reyno precioso.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y siendo Él muy dulce Esposo&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
y de preciar y estimar,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
el alma, su dulce esposa,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
consigo desea aiuntar.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Él la ama como esposa&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
y con ella se deleita,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
llámala ‘amiga’ y ‘ermosa’&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
y le dize que le abra la puerta.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Contino está Él esperando&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
que ella le codicie abrir,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
no debe de estar tardado&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
la que le ha de recibir.   &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Aquestas cosas he dicho&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
a las mis hijas de luz,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
a las amigas de la Cruz,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
no las pongan entredicho. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
No se ha puesto entredicho&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
para no las dibulgar,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
porque son buenas razones&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
y podrán aprovechar,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[fol. 15r] y aun para suspirar &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
qualquiera alma devota,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
si no es tan simple y mortal&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
que a Dios esté remota.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y en esto acabo, amigas,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
suplicad por bendición.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Padre mío, tú las bendigas,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
pues me tienen deboçión.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Recibí aora perdón&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
de los pecados passados,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
si d’ellos ay contrición&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
y estuvieren confessados.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Aved, hijas, alegría&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
y encomendaos a mi Madre;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
llamad a Santa María,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
ella os ofrecerá a mi Padre,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
ella es buena abogada&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
y quita la confusión,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
si el alma está turbada&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
y no alcança confesión.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Pedilde la bendición,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
ella bien la puede dar&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
y por vosotras rogar&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
que hagáis satisfación.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El ángel de vuestra guarda,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
cada uno a cada una,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
llamalde, que nunca tarda,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
por vosotras siempre pugna&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
y es buen negociador,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
ante Dios procura bienes.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Alma, pues aquí me tienes,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
goza de todo mi amor,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
¡a mi secreto dulçor!,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
pues soi Dios tu Criador,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
contino perdonador&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
de qualquier culpa y error.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''Deo gracias''. Fin.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[RELATOS DE SUCESOS EXTRAORDINARIOS OCURRIDOS EN VIDA DE JUANA]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[fol. 16r] En el tiempo de nuestra madre santa Juana, resplandecía en esta santa casa de la Cruz tanto la santidad de las religiosas d’ella, que todas sus pláticas eran celestiales, enamoradas de Dios y de su santa Madre y de los ángeles y santos, de suerte que dixo el santo ángel san Laruel a nuestra madre santa Juana: “Tanto pueden tus hermanas ablar de nosotros, los ángeles, que se tornen en condición angelinas”. Juntábanse las religiosas en quadrillas para hazer penitencias y pedir a Dios mercedes y a su santa madre santa Juana, diziéndole las religiosas: “Señora, pida Vuestra Reverencia al Señor nos otorgue mercedes, ordenando cofradías”, pidiendo fuesse su santa Madre la patrona d’ellas. Y el Señor, como tan poderoso y amigo de que le pidamos, repondía a nuestra madre que le placía. Y ansí dezían las religiosas en las mercedes que pedían en las cofradías: “Suplicamos a la Señora Patrona que nos sea concedido esto que pedimos, para ayuda agradar a Dios, y a la hora de la muerte, amparo y socorro”. Respondía Nuestra Señora que le placía de alcançar lo que le pedían y de ser su patrona. Otorgoles el Señor en las cofradías grandísimas gracias, y llamaban las monjas a Nuestra Señora [fol. 16v] la Señora Patrona, y otorgolas el Señor allá en el Cielo cosas tan grandes que se quedan para las que las gozaren, y no para entendimientos humanos. Las cofradías están escritas en este libro y concedidas al Señor para ellas y las por venir. Tenían tanta comunicación las religiosas con los celestiales por yntercessión de nuestra madre santa Juana, que una monja, estando en contemplación de la Passión del Señor, escrivió una carta a Nuestra Señora, y el santo ángel san Laruel se la cogió y la llevó al Cielo. Y nuestra madre santa Juana, estando arrobada, la vio en manos de Nuestra Señora, que con grande demostración de amor la leyó, y se le cayeron encima de la carta unas preciosas perlas de sus ojos y dixo: “Juana, dile a Fulana que estas bastan por respuesta”. Y, bolviendo de la arrobación, dixo a la monja lo que avía visto en el Cielo, y el ángel la tornó al lugar de donde la tomó. Y las religiosas la tubieron y tienen en mucha veneración, porque oy día ay en esta santa casa pedaços d’ella.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Estando una religiosa d’esta casa fuera d’ella por la [fol. 17r] obediencia, estando en oración, hizo una copla a Nuestro Señor, y al cabo de algún tiempo bolvió a este convento. Y estando el Señor hablando con nuestra madre santa Juana le dixo: “Dile a Fulana que se acuerde de tal copla que me hizo, estando puesta en la cruz del claustro del monasterio de donde vino”. Y entonces el Señor la respondió a ella en metro. Nuestra madre santa Juana las hizo escribir, que ansí se lo dixo el santo ángel lo hiziese. Y en este modo de responder el Señor en metro a las monjas ubo mucho. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Deçía la santa Juana: “Por que veáis, hijas mías, lo que el Señor quiere esta santa casa de su Madre y con la reverencia que avíades de andar en ella, os quiero deçir que muchas veçes veo al Señor Esposo pasearse por el claustro en trage de galán, cantando muy dulcemente, tañendo una vigüela de oro; y dezía el Señor: &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Esta casa, Padre, &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
es de mi santa Madre. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Esta casa y este lugar &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
no le entiendo olvidar.”    &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[fol. 17v] Una monja era sacristana y acabava nuestra madre santa Juana, que era abbadesa entonces, de darle cantidad de ynçienso para el officio, y arrobose nuestra madre. Y en este tiempo fue la sacristana a calentar el horno, y enfaldose los braços para quemárselos por penitencia, y con actos de amor echaba los puñados de la paja, offreciéndolo al Señor por incienso. Recibió Dios su yntención y vio nuestra madre el Cielo lleno de humo de yncienso; preguntó a su santo ángel qué humo era aquel, respondiola diziendo: “Allá es de tu casa, tu sacristana”. Y bolviendo de la arrobación llamó a la sacristana y díxole: “Amiga, ¿cómo avéis gastado todo el yncienso que os di, que he visto el Cielo lleno de humo?”; y ella entonces la dixo: “Ay, señora, que no he llegado a ello, sino que calenté el horno con esta yntención. ¡Bendito sea el Señor, que lo ha recebido!”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Hablando Nuestra Señora con nuestra madre santa Juana la dixo: “Di a tus hermanas que se traten con crianza, porque es parte de paz”.&lt;br /&gt;
[fol. 18r] Hazían tantas penitencias aquellas bienaventuradas religiosas, rebolcándose desnudas en los cardos, entrándose en el agua elada, quebrantando los yelos y entrando debajo d’ellos. Y nueve días antes de la natividad del Señor se aparejaban tiniendo cada noche una hora el yelo desnudas, y algunas vezes tres horas, tanto que se quitaban cantidad de escarcha de las cabezas; y esto en reverencia de Él y en lo que padeció el Niño recién nacido.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Otras se metían en el horno abrasando, otras se echaban calderos de agua por ençima de los hombros en memoria de la desnudez que tubo el Señor en la Cruz y en el Jordán; y con esto muchas disciplinas de sangre y ásperos silicios y continua oración y los maytines a media noche.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Preveníanse para las fiestas de Dios y de su santa Madre en echar suertes para vestirlos. Y estos vestidos los hazían de penitencias, ayunos y oración, fabricándolos en su imaginación, y el santo ángel san Laruel, por medio de nuestra madre santa Juana, les daba la industria [fol. 18v] y significación de las colores, y dezía: “Diles a tus hermanas que lo que hizieren de color blanca apliquen ‘Avemarías’ y el himno de ‘O Gloriosa’ y la ‘Magnífica’; y para lo carmesí, el ‘Anima Christi’ y el rezo de la Passión; para lo verde la ‘Salve’; y lo morado el ‘Miserere’; y para oro ‘Paternostres’; y el ‘Salterio’ todas colores”. Y dixo más el santo ángel: que para la pedrería el ‘Credo’, que es piedra preciosa, y que el ‘''quiqunque vult''’ es carbunco y jacinto, “y que d’esta manera harán y guarnecerán los vestidos. Y diles que el ámbar significa el officio de nosotros, los ángeles, para hazer lo que quisieren”. Y con estas cosas andaban absortas en Dios. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Una monja, estando rezando en una imagen de la oración del güerto, llegó a besar el pie al señor San Juan Evangelista, y habló el santo en su imagen y dixo: “Igual havías de hazerme unos çapatos...”. Y la santa Juana oyolo y sonriose, y la monja importunola le dixese de qué se havía reýdo, y al fin se lo dixo; y la monja, llena de espíritu, ordenolos en su imaginación de oración [fol. 19r] y penitencias, que no durmió en toda aquella noche. Y al amanecer entró el santo por la cámara donde estaba la santa y sonaban mucho los çapatos, y díxole la santa: “¿Cómo viene Vuestra Hermosura con esos çapatos?”. Dixo el santo: “Ansí me los hizieron”. Y d’esta suerte supo la religiosa cómo su oración avía sido oýda; y como andaban en espíritu, eran sus entretenimientos estas pláticas. Y vínolo a saber una religiosa y hízole otros çapatos para su fiesta, procurando grande pureza en su alma. Apareciósele el santo a la santa Juana con ellos muy pulidos, y ansí tornó con ellos a visitar a la santa. Y esta imagen está oy día en la capilla de la güerta, que era su oratorio de la santa Juana. Está vestido el santo de blanco y la capa colorada, y los pies descalços en una tabla. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Veýa la santa Juana, quando yban las monjas a fregar, cómo yban con tanta presencia de Dios que los santos ángeles les ponían sortijas en las manos, y lo mismo hazían quando hazían otras cosas de humildad y charidad. Y quando acudían puntualmente a la obediencia les ponían guirnaldas [fol. 19v] en las cabeças, y a las que eran rebeldes a la obediencia veýa la santa que les davan un bofetón el ángel de su guarda. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Criábase una niña en esta casa que se llamaba Bernarda, y asomose a un poço o noria, y estaba entretenida mirando su sombra abajo, y el santo ángel Laruel dixo: “Juana, imbía por aquella niña a la noria, que está el demonio abajo del agua llamándola con modo de niña, diziéndole “Anda acá conmigo”, con intención de ahogarla por que no llegue a grande, que tiene barruntos que ha de ser sierva de Dios”. Y fueron las monjas que tenían quenta con la santa y hallaron que se quería echar, y llebáronsela a la cama donde estaba tullida. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Entró un día el ángel que se llama san Potens por la cámara donde estaba la santa, diziendo: “Juana, por el camino viene una donzellita que traen a concertar para monja, yo la quiero para mí, que me he enamorado d’ella por señas que es morenita; y yo la he venido escudereando y haziéndole sombreritos con las nubes, por que no la queme el sol”. Y desde a poco llegaron con ella, la qual fue después [fol. 20r] devota d’este santo ángel, el qual dixo a la santa Juana que el Señor le avía dado cargo de regir las nubes. Y las monjas, como sabían esto, quando venían tiempos secos cogían a la devota y echávanla una soga a la garganta, y llevávanla en processión del agua, diziendo al santo ángel que no soltarían a su devota hasta que lloviesse; y con tal fe lo hazían que llovía. Y ansí havía y ay particular devoción con este santo ángel, y es de costumbre en las processiones del agua nombrar en la letanía a san Potens.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Una religiosa que se llamava María de la Madre de Dios tenía gracia de arrobarse. Vio una vez entrar por la puerta de la iglesia a María Evangelista, que era ya difunta, con el libro que escrivió, que se llama ''Santo Conorte de los sermones que el Señor predicó por la voca de nuestra madre santa Juana'', la qual dixo que era de oro; y en la otra mano, una cruz verde. Y esta señora María Evangelista no sabía escrivir, y el Señor le dio gracia para que escriviesse el santo libro, y dixo a esta religiosa que la vio cómo el Señor le avía dado mucha gloria porque le havía escrito. Treze años predicó el Señor y de solos los dos postreros se escribió este santo libro. [fol. 20v] A persuasión del sancto ángel Laruel, púsole el Señor este título de ''Conorte'' y concediole el Señor muchas bendiciones y virtudes contra los demonios y tempestades, que mandó el santo ángel que quando alguna estubiesse en pasamiento le pusiessen algo de la lectura d’este libro para defensa del demonio. Y en las tempestades manda la prelada saquen el santo libro o sus traslados, y se ha visto cesar la tempestad muchas vezes. Y las quentas que llaman del santo Conorte, que son unas pardas gordas, dixo el santo ángel, quando las truxo del Cielo: “Estas traen las gracias del santo Conorte”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Una religiosa havía alcançado don de lágrimas y con grande humildad conocía que no eran dignas que el Señor las recibiese, y viendo el Señor su humildad embiola a consolar con nuestra madre santa Juana, que diziéndole ella “Señor, supplico a Vuestra Magestad se acuerde d’esta religiosa”, le respondió: “Dila de mi parte que se vaya para otra Magdalena”. Esta misma religiosa lloró quando se fue su padre spiritual, que era muy religioso, y fue reprehendida del sancto ángel por nuestra madre santa Juana, y dixo: “Di a Fulana que no se ha de llorar sino por compassión de la Passión del Señor o por havelle ofendido”. Y ella, viendo aquello, propuso de no [fol. 21r] llorar más en semejante causa. Y llegando el tiempo de yrse otro no lloró, y díxole el Señor a la santa Juana: “Dile a María de los Ángeles que las lágrimas lloradas se perdonan por las no lloradas”. &lt;br /&gt;
 &lt;br /&gt;
Esta misma fue enfermera y, hallándose algo cansada, queríalo dejar, y perseverando en este pensamiento dixo el santo ángel a nuestra madre santa Juana: “Dile a María de los Ángeles que no dexe el officio, que si le dexa la traeré arrastrando por la enfermería de los cabellos”. Y tomando la religiosa esta reprehensión por grande favor, perseveró en el officio casi veynte años.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Esta bienaventurada tenía otra hermana en esta casa religiosa, y el padre d’ellas se llamaba el Licenciado de la Cámara, al qual vio nuestra madre santa Juana en el Cielo, y la habló y dixo: “¿Cómo están mis frutos de bendición? Encomiéndamelas, y yo ando suplicando me traiga la chica a estos santos reynos”. Buelta la santa de la arrobación, díxoselo a María de los Ángeles, que era la mayor, y ella no se conformó con que su hermana se muriesse; suplicó al Señor se la dexasse, y viendo el Señor la flaqueza de su ánima [fol. 21v] le embió a dezir que escogiesse una de dos: o que se la diesse luego o que si se la dexava avía de ser con pensión de vivir con grandes enfermedades. Y ansí fue que las tuvo las mayores que se an oído. Y ansí dixo el santo ángel a María de los Ángeles: “Pues has suplicado por la vida de tu hermana, el poderoso Dios te embía a dezir que padecerá tanto tu hermana que passará de esta vida con méritos de mártir, y que la pondrá entre los mártires”. Duró algunos años cortando de su cuerpo cada día carne y jamás se quejaba, y ansí acabó santamente. Llamávase Isabel de Jesús. Y María de los Ángeles era muy temerosa de la muerte, y embiola a dezir el Señor con el santo ángel Laruel, con el qual tenía grandes colloquios, que Él le prometía quitarla el temor de la muerte y que no la sentiría. Y la madre de Dios la embió otro recaudo con el mismo ángel, prometiéndola que se hallaría a su muerte y recibiría su alma en sus manos, en una toalla de los méritos de su hijo, y la presentaría al Padre eterno; y que tres horas avía de estar en Purgatorio y estas serían en el valle de Josafad, con tal que perseverase en lo començado. Y desde entonces fue más adelante en la perfeción, y acabó en ella. [fol. 22r] Y después de muerta, quedaron con su cuerpo tres frayles y se durmieron junto a él, y sobrevino tan gran fragancia de olor que los despertó a todos. Y esto es una tilde de lo que d’esta religiosa se podía dezir, y de otras muchas de las compañeras de la santa.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Veýa santa Juana a sus monjas en el Cielo en diferentes figuras, conforme el espíritu de cada una, y admiraba de ver a una en la de tigre (preguntolo a su santo ángel qué quería ser aquello, y díxole que porque era aquella religiosa tigre para el demonio, y le vencía) y otra de paloma y ansí en differencias.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Una religiosa estava haziendo un bolsillo y su pensamiento en el Cielo, ofreciéndoselo a Nuestra Señora. Y este tiempo estaba nuestra madre santa Juana arrobada y vido a Nuestra Señora con el bolsillo al lado, como lo consideraba la monja, y preguntó al santo ángel qué bolsillo era aquel, y díxola: “Allá es de tu casa, que Fulana se le ha imbiado”. Y la santa, de licencia de Dios, se lo dixo a la religiosa, la qual dio gracias a Dios, que avía recebido tan pequeña obra. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Una religiosa andaba en su coraçón con actos de amor a San Juan Baptista, diziendo: “Señor, tanto como yo bien abrá [fol. 22v] quien os quiera, pero más es imposible”. Y el glorioso santo la imbió un recaudo con la santa Juana, diziendo: “Dile a Beatriz del Espíritu Santo que yo recibo sus servicios, y que sepa que ay quien más me quiera que ella, que es una romera que pide de puerta en puerta, que con las blanquillas que le dan me haze la fiesta”. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Hablando la santa Juana con el glorioso San Juan Baptista sobre su niñez, al fin de muchos coloquios que pasaron entre los dos, le preguntó la santa cómo le avía ido en el desierto. Como era tan chico y tierno, díxola cómo a la hora de tomar un poquito de sueño venía una sierpe “y se hazía rosca para que yo me echase y con su calor passaba, y alrededor de mí se cercaban el león y la onça y el lobo y el tigre y los demás animales feroçes, y con su bao me calentaban. Y quando mi corpeçito estaba traspassado de necessidad, venía el santo Cordero a mis braços y con su tacto quedaba harto y confortado. Y d’esta manera pasé hasta que el Señor me mandó salir a predicar ''[4]''. Y yo te digo, Juana, que salí de los grandes trabajos del yelo y sol con tal figura que no parecía persona humana”. &lt;br /&gt;
 &lt;br /&gt;
Era de costumbre en esta casa dar al pueblo de Cubas, [fol. 23r] la mañana de San Juan Baptista, una imagen de bulto del mismo santo que está en una caxa en coro alto, que es de penitencia antiguo, hombre barbado, por que no se entienda que es la del niño. Y viniendo por él, estándole adereçando en sus andas la santa y las monjas, hablolas el santo en su imagen y dixo: “Juana, di a las monjas que se den prissa, y acaba ya de adereçarme y ponerme la albahaca, que soy muy amigo d’ella, que vienen ya los moços con su dança de espadas por mí”. Y asomáronse las monjas y viéronlos que ya venían. Y esta es la imagen que vio la santa que el cordero que tiene en la mano le lamía el rostro, y que era contra las tempestades.       &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Hablando san Santiago el Mayor con nuestra madre santa Juana, entre otras pláticas y coloquios que tubieron, le dixo: “Tan chico se está este pueblecito, Cassarrubuelos, como quando yo estaba en España y prediqué en él”. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Hablando nuestro padre Adán con la santa Juana le dixo, en modo de queja, que no se acordaban d’él los humanos, si no era para murmuralle, y que estaba siempre rogando a Dios que se salvassen todos sus hijos. Y nuestra madre Eva habló a la santa muchas veçes, y dixo nuestra madre [fol. 23v] que era hermosísima y que la veýa como de edad de treynta y tres años, y que parecía mucho en las faciones a Nuestra Señora, y en el habla. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Quando estaba tullida nuestra madre santa Juana tenía muchas visitas de los santos y santas, entre las quales la visitava nuestro padre san Francisco, y dezía la santa que quando hablava de las monjas las llamava ‘mis filias’; y san Antonio de Padua le traýa al Niño Jesús; y san Acacio con sus diez mill compañeros. Y díxole el santo ángel a nuestra madre que, passado el Juiçio Final, abía de aver una escala desde Jerusalem al Cielo, para que los celestiales bajassen a adorar los lugares sanctos donde andubo nuestro Redemptor, y que ni más ni menos avía de aver otra escala desde la cámara donde estaba nuestra madre santa Juana al Cielo, y más le dixo: “y esta escala ha de ser desde este lugar donde tú estás, porque a esta cámara la llaman en el Cielo la cámara de los ángeles, por los muchos que bajan y suben a este santo lugar, que habló el Señor en él”. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Veýa la santa Juana que entraban los ángeles por entre la tierra y edificios a adorar las arenitas donde Nuestra Señora puso sus pies, quando apareció tantas vezes en esta santa casa y lugar. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[fol. 24r] Dixo Nuestra Señora a nuestra madre cómo escogía desde el vientre de su madre a las religiosas que traýa a su santa casa; más dixo Nuestra Señora a nuestra madre: que tenía alcançado de su precioso hijo muchas misericordias a todos los que mirassen por su santa casa, hasta quien cogiesse oja para la lumbre. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Siendo nuestra madre santa Juana tornera, llamó al torno señor san Andrés Apóstol y ella fue a responder, y como le conoció díxole nuestra madre: “¿A qué buena Vuestra Hermosura por acá?”. Respondió el apóstol: “Vamos yo y mi compañero san Nathanael en hábito de pelegrinos a Cubas”. Y en esto tañeron a vísperas en la iglesia del mismo lugar, que es vocación de san Andrés, y díxole el santo: “Quédate con Dios, que tañen a vísperas en mi yglesia y voy a hallarme en ellas”. Y las monjas supiéronlo y fueron al zaquizami a verlos. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Otra vez llamó el santo ángel san Laruel al torno, la santa respondió y el ángel bolvió el torno y dixo: “Juana, toma allá essas quentas, que se le cayeron a un pelegrino camino de Santiago, y te las traigo”. La santa las recibió, dándole muchas gracias por las [fol. 24v] mercedes que siempre la hazía. Y estas quentas son dos açules grandes, y la una está en el coro alto oi día, en la ventana de las quentas. Y no solamente el ángel y santos llegaban al torno, mas la misma Reyna del Cielo y su hijo precioso, como más largo está escrito en la vida de esta santa, puniéndole la Reyna del Cielo el Niño Jesús en el torno, llegando la santa con pensamiento que el torno era cuna para mecerle.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Estando la santa Juana arrobada en el Cielo llegó a ella un niño y díxole: “Yo soy de tal reyno, donde se me haze fiesta, que subí a este reyno de los Cielos por corona de martirio, siendo de edad de cinco años, y llámome san Andrés. Diles a tus monjas que se acuerden de mí, que yo me acordaré d’ellas, y en particular a Fulana, que la quiero para mi amiga. Mi día es a diez y siete de junio”. Y esta devoción dura en esta santa casa con este santo oy día, y dixo este santo que quería tanto a sus devotas que, si fuera menester tornar a este mundo a padecer por ellas, lo hiziera de muy buena gana.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Entre los muchos ángeles que en particular hablavan a la santa Juana en el Cielo y la pedían los ayudase a rogar por las provincias que tenían a cargo, son ochenta y quatro, y [fol. 25r] supiéronlo las monjas de esta manera, que en bolviendo de los raptos, la importunaban les dixiesse algo para su consolación, y la santa les dezía: “Encomendá a Dios, hijas mías, a tal provincia o tal reyno, que yo os digo que el ángel su custodio, a quien Dios se la dio a cargo, me ha dicho que está dada sentencia del poderoso Dios de destruilla, y me ha pedido le ayude a rogar por ella; hazeldo vosotras también para que se enmienden y alce Dios su yra”. Y estando con ella hablando, llegaban otros y nombrávanse unos a otros, y algunos le pedían lo mismo, y ansí sabía sus nombres y los hizo escrivir; y estos ángeles dezía que eran de los muy altos. Y dixo la santa que el ángel que se llamava san Zupiel es el del güerto, quando el Señor estaba orando en él; y que señor san Laruel fue ángel de guarda del rey David y de san Gregorio y de san Jorge, “el mismo ángel san Laruel, mi guardador, me lo ha dicho, y díxome más: 'Yo he pedido al poderoso Dios que tú seas la postrera alma que guarde, y he suplicado al poderoso Dios me haga general del Purgatorio y hámelo concedido'. Y muchas vezes me lleva consigo al Purgatorio y le veo entrar por las llamas, [fol. 25v] y saca muchas y me las da a mí que las guarde mientras entra por otras ánimas, y llevamos muchíssimas. Y los demonios dan muchos ahullidos y dizen: 'Este rapa almas, que no basta lo que haze con la que trae consigo, sino que viene a despojar el Purgatorio'. Y véole esgrimir con ellos con una espada, otras vezes le veo echar anzuelos y pescar almas, y dízeme más mi santo ángel: que de todas las personas que os tocan tiene cuydado”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[JUANA DESCRIBE A SU ÁNGEL]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Hablando la santa con sus monjas del lugar donde el ángel la ponía quando se arrobava, y fiestas de la ciudad de Dios y la ermosura de los edificios y moradores d’ella, dize: “¿Decísme, amigas, que os diga de mi santo ángel? Paréceme que no ay cosa en la tierra, por hermosa y preciada que sea, a que se pueda comparar. Es muy hermoso donzel y muy más resplandeciente que el sol, blanco y colorado, rubio y muy claríssimo, y de muy suavíssimos olores, e de bulto muy precioso, e de gesto muy sereno, e grabe persona de muy gran reverencia e dignidad. Tiene alas de colores e pinturas, las quales no le nacen de las vestiduras, mas de su mesma persona, y assí como los otros santos ángeles les nacen alas de sí mesmos. La vestidura del santo ángel [fol. 26r] mi guardador es de ynestimable valor e de incomparables colores. Yo le veo vestido de muchas maneras, mas direos los motes que trae bordados en ellas, con los quales yo mucho me consuelo: trae en su cabeça corona e diadema preciosa más que el oro, cercada de piedras preciosas, y en la frente una cruz esmaltada, hecha a manera de joyel, con letras a la redonda que dize ''confiteantur omnes lingue quoniam Christus est Rex Angelorum''; e trae otras letras bordadas en la vestidura encima del pecho, que dize ''Spiritus Sancti gratia iluminet sensus et corda vestra''; y en la manga del braço derecho trae bordada de pedrería la señal de la Cruz, con pie y con ramos muy hermosos que adornan toda la manga y la cubren, y el pie de la cruz hazia la boca de la manga y lo alto d’ella hazia el hombro, con letras en la misma cruz que dizen ''ecce erucem Domini fugite partes aduerse''; y en la manga del braço siniestro trae bordada la misma divisa de la santa Cruz, con los clavos y todas las insignias de la Passión, y letras que dizen ''dulce lignum dulces clavos dulce pondus sustinct que sola fuisti digna portare pretium suius seculi''; y en el calçado de los pies [fol. 26v] trae labradas de pedrería letras que dizen ''quam pulcri sunt gressus tui filia Principis''; y en el calçado de encima de las rodillas, letras muy ermosas que dizen ''flectamus genua levata'', encima de las muchas otras letras que dizen ''celestium torrestium et Ingernorum''. E las mismas insignias de la santa Cruz y los clavos y todas las armas de la sagrada Pasión trae pintadas e dibujadas, por muy rica manera, en un lindo pendón. E junto con ello trae figurada e dibujada la imagen de Nuestra Señora con el Niño Jesús en los braços, e de otras maneras e misterios, ansí como quando Él y ella estaban acá en la tierra, e como después entrambos subieron a los Cielos; en especial la trae pintada como ella está en su trono real, sentada e cercada de vírgines e santos ángeles, que la están sirviendo. Y estos motes y armas tan preciosas son ansí para defensión de las ánimas que él tiene en guarda, como para provecho de las del Purgatorio. E también los santos ángeles se arrean e precian de adornar sus personas e vestiduras de las insignias e armas con que su Dios y Señor hizo la obra de la redempción. Las ánimas del Purgatorio se gozan mucho con su visitación, que se recuerdan [fol. 27r] de su Dios en los tormentos que padecen. Este mi santo ángel siempre anda en buelo, e otras vezes de hinojos, e también en buelo véole venir algunas vezes e descender de lo alto hazia el lugar que yo estoy; deciende y viene asentado en un trono e silla, y en buelo por el ayre. Y es todo muy rico e resplandeciente e adornado de muchas pedrerías, e trae en su mano algunas vezes a manera de cetro muy precioso, e otras vezes trae un instrumento con que tañe de tan admirable especie que, en solo tocarle, haze qualquier son e armonía que quiere hazer quien lo tañe; dize las palabras como las puede dezir e cantar qualquiera persona humana, pero muy más suaves e deleytosas de oír. Múdase este laúd en otros instrumentos, los quales todos hazen muy acordado y deleytoso son, según cada uno en su especie. Este mismo santo ángel no es de los ángeles que da Dios guardadores de almas, porque es de más alto coro; las alas que yo le veo quando me lleva entre ellas algunas vezes son seis e ocho e diez. No se le encomiendan todas las almas, sino algunas señaladas, porque yo sé tubo en cargo al señor san Jorge y al rey David, y al señor san Gregorio y a otros santos singulares. A las ánimas de dignidad [fol. 27v] e santidad dáseles ángel principal, y él tiene muchos privilegios, e ansí le he oýdo yo llamar en el Cielo a los santos ángeles e santos ‘el ángel privilegiado’. Tiene licencia de Dios de responder algunas preguntas que le fueron fechas de las personas de la tierra, por intercessión de mí, su indigna sierva, o por las otras almas que ha tenido a cargo, y esta respuesta se entiende en quanto fuere la voluntad de Dios. De todos los nueve coros de los ángeles tiene gracia singular e don: el abrasamiento de Serafines, la çiençia e conocimiento de los Cherubines, y el servicio y adoración de las Dominaciones, e la holgança de los Tronos, y el mando de los Principados, y la pelea de las Potestades, e la adoración e charidad de las Virtudes, e la revelación de los Arcángeles, y el oficio de los Ángeles. Tiene otros e muy grandes e singulares dones, los quales dados de la mano de la muy poderosa Trinidad, la qual le dotó como puede e quiso y le inflamó en su divino amor. Tiene officio de ayudar a las ánimas de Purgatorio, yéndolas a visitar e consolar por los méritos de la muerte e Passión de Nuestro Señor Jesucristo, e merecimientos [fol. 28r] de su santa Madre; sácalas a fiestas e líbralas de las penas e defiéndelas de los demonios, e por eso anda vestido e adornado de tan ricas libreas e guarnecido de tan preciosas armas. Ansí como los demonios le sienten venir e le ven alçar el braço derecho con la señal de la santa Cruz, van todos huyendo e ahullando e dando muy espantosos gritos e gemidos, a manera de canes mordiéndose unos a otros. E muchas vezes va al socorro e ayuda de las ánimas e personas que están en pasamiento, llevando consigo a otros muchos ángeles que le ayuden a defender aquella persona que en tan gran batalla está de tentaciones de los demonios. E algunas veçes le digo yo, quando son difuntos mis devotos e personas que se me an encomendado, que tienen conocimiento de mí por oýdas o parientes de vosotras, señoras, o personas que os conocen, de las quales si son difuntas algunas d’ellas o están en tribulación, que le digo yo que se acuerde de tal persona que es difunta o de tal, si es viva, que está angustiada. Respondiome: “‘Ya yo he hecho lo que he podido y, si es difunta, yo fui a su muerte e passamiento, e llevé conmigo otros santos ángeles, e la acompañamos e libramos [fol. 28v] de peligros hasta que fue juzgada, e tengo cuydado d’ella hasta que está en descanso’. E yo le digo: ‘Pues nunca, Señor, se la havía encomendado a vuestra ermosura’. Respondiome: ‘No es menester que tú me la encomiendes, que para esto basta la charidad que mora en los ángeles e saber yo que tiene memoria de ti aquella persona, o conocen a tus hermanas o tienen deudo con ellas, para hazer yo toda mi posibilidad’. Dezía esta Bienaventurada: ‘Yo sé, y aun por vista, que las personas que por mi intercessión tienen devoción en este mi santo ángel, de que son passadas d’esta vida y están en Purgatorio y las va él a visitar, aunque va entre otros muchos santos ángeles, le conocen e le dizen: ‘Paréceme, Señor, me da el espíritu, aunque yo no os conozco ni he visto ni nadie me lo ha dicho, que sois el ángel guardador de una persona que vive en la tierra, que se llama Juana de la Cruz’. E las respondió: ‘Verdad es, ánima, que yo soy, y de la mano del poderoso Dios tienes ese conocimiento’. Ellas entonces híncanse de hinojos e danle gracias por los bienes que les ha hecho, e le suplican no las olvide. Quando me lleva mi santo ángel [fol. 29r] veo algunas vezes muchos demonios, y házenme algunos d’ellos enojos y miedos; entonces mi santo ángel esgrime una espada muy rica que trae y ellos, viéndole esgrimir la espada, huyen todos y han muy gran miedo e tiemblan, porque él pelea con ellos e los hiere, e tiene él solo más poder para pelear e vencer que muchos demonios juntos. Trayéndome mi santo ángel una vez de la mano, vi a deshora muchedumbre de demonios muy espantables e figuras en diversas maneras, e venían hablando entre sí unos con otros: ‘Estos garçones boladores e resplandecientes, ¿en qué se andan aquí, quitándonos nuestras almas, los açemileros? Que contino andan cargados de insignias del Crucificado, acarreando ánimas christianas a Dios e buscándoselas de todas maneras que pueden, en especial este que va aquí delante, que es un rapa almas que no le basta lo que haze con la suya que Dios le dio en cargo, mas otras muchas nos quita, ansí de personas vivas como difuntas, d’entre las uñas, y las perdemos por los ruegos que él haze a Dios e por los consejos que Él le imbía con aquella que allí va con él. Mas nosotros procuraremos de echar nuestro estiércol en sus oýdos quando estén más limpios y ansí [fol. 29v] les ensuciaremos sus almas, que son nidos de Dios. Mas este Jesucristo a todos sus christianos dexó redimidos, y aun hasta los niños chiquitos; dexó remedios que no se los pudiessen quitar, y ansí nos arrebatan todos quantos ellos pueden’. E diziendo los demonios estas y otras muchas palabras contra Dios y los santos ángeles y contra los buenos christianos, bolvió contra ellos mi santo ángel esgrimiendo su muy luzida espada e, hiriéndolos muy reziamente, dezía: ‘¡Andad agora, demonios malignos e traidores, que vosotros soys açemileros!, que nosotros los ángeles tenemos las ánimas en guarda; no somos sino ayos de los hijos e hijas del Rey del Cielo, e como fieles siervos e leales amigos procuramos de le acarrear todas las ánimas que son suyas, e quitarlas a cuyas no son’. Y ansí fueron los demonios huyendo y dando muchos ahullidos”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[TABLA DE CORRESPONDENCIAS ENTRE MONJAS Y ÁNGELES]'''&lt;br /&gt;
[fol. 30r] [fol. 30r] Son tantos los favores y mercedes que Nuestra Señora hizo a esta su santa casa que, después de haver aparecido en ella nueve vezes y ser su fundadora, dezía a nuestra madre santa Juana que era abbadesa d’ella. Y viendo los ángeles y santos que la Reyna del Cielo nos hazía tantas mercedes de querer ser nuestra abbadesa, pedíanle liçençia algunos para ser officiales, nombrándose cada uno official del officio que tenía la monja que le tenía devoción; y otros tomando parentesco con nosotras, otros pidiendo les rezassen en sus fiestas las devociones que ellos dezían, y que a quien lo rezare les alcançarán muchos favores de Dios.  &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Comiença la Tabla:&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
* La Madre de Dios, abbadesa. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
* Vicaria, señora santa Ana.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
* Tornera, señora santa María Magdalena (y dixo que quería ser nuestra tía).&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
* Sacristán del coro bajo, señor san Alexo (y dixo que, quando fuessen las religiosas a confessar, le rezassen un ‘Pater Noster’ y una ‘Ave María’, y que les acordaría los pecados).&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
* Sacristán del coro alto, señor san Jorge.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
* Refitolero, señor San Juan Baptista.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
* [fol. 30v] Guarda del ganado, señor San Juan Evangelista y la monja que guardava este ganado (se llamava la Loçana, que este nombre le pusieron los ángeles por la pureça de su alma).&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
* Provisora, señora santa Marcela.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
* Enfermera, señora santa Marta.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
* Laborera, señora santa Ynés (y dixo a nuestra madre santa Juana que, si ella fuera monja, que guardara mucho silençio).&lt;br /&gt;
 &lt;br /&gt;
* Señor san Acaçio y sus compañeros, guarda de la casa con un santo ángel de los muy altos, a quien Dios tiene dado para guarda d’ella, lo qual se vio por experiencia quando los comuneros venían a robar la casa y vieron, antes que llegassen, muchos cavalleros armados alrededor d’ella, hasta encima de los tejados, y como esto vieron se fueron huyendo, diziendo: “¡Qué poderosa debe de ser esta casa, que tanta guarda tiene!”. Y nuestra madre santa Juana dixo cómo aquella cavallería era celestial, que Nuestra Señora avía imbiado para la defensa de su santa casa. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
* El ángel san Laruel es provincial, y nuestra madre santa Juana le llamava, hablando d’él, algunas vezes [fol. 31r] ‘Su Hermosura’ y otras ‘el Señor Duque’. Y quando venía del Cielo a traer las quentas, lo echaban de ver las religiosas en la fragancia de olor que avía en la casa, y dezía: “El Señor Duque ha venido”. Y entonces iban a la cámara adonde estaba nuestra madre santa Juana y miraban el cofrecito, y hallaban cómo las avía ya traýdo. Y también echavan de ver quándo venía el Señor Duque por ellas, y iban las religiosas a ver el cofrecito y no las hallaban allí. El bendeçir el Señor las quentas a nuestra madre santa Juana duró muchos años por orden de su santo ángel. La santa estaba tullida y sobre un altar que ella tenía en su celda estaba un cofrecido, y deçíales a las monjas que truxessen quantas quentas quisiessen y las metiessen en él y le cerrasen con llave. Hazíanlo assí y llevábansela, y passado algún tiempo, quando era la voluntad de Dios, olían los olores ya dichos, aunque estubiessen en differentes officinas las religiosas, y venían corriendo adonde estava la santa tullida y dezíanle: “O, señora, ya ha venido el Señor Duque, no es posible menos porque hemos olido sus olores”. Y la santa sonrreýase y dezía: “Sí, mis amigas, [fol. 31v] abrí el cofrecito y veréis las grandezas de Dios”. Y las monjas entonces abrían el cofrecito y no hallaban las quentas, y dando muchas gracias a Dios, tornávanle a cerrar vaçío y llevávanse la llave, porque lo quería ansí la santa. Y quando el Señor era servido, passados algunos días o horas, tornaban las religiosas a oler los olores celestiales, y todas venían con mucha devoción y abrían el cofrecito, y hallaban las quentas y, alabando a Dios, poníansele a la santa sobre la cama, y ella iba repartiendo las artas de quentas a cada una, y traýan muy grande fragancia de olor. Junto con las quentas ponían ‘Agnus Deies’ y crucifixos y otras imágenes, y junto con las quentas lo llevava el ángel. También ponía la santa, por mandado del ángel, unos torçales de hilo, y bolvían anudados, hechos nudos a modo de cordón de nuestro padre san Francisco; unos venían más gordos y otros más delgados y algunos más flojos, y dezía el ángel: “Juana, toma allá estos nudos, y estos más floxillos te digo cierto son hechos por mano de los más altos serafines, y los demás han anudado los ángeles y an estado en manos del mismo Dios, y los ha bendecido con las quentas y te los imbía para bien de las almas. Y yo te digo que todas [fol. 32r] las personas que con fe viva las truxeren serán favorecidos de Dios en esta vida, y en el Purgatorio experimentarán sus virtudes, y en el Cielo serán señalados con particulares resplandores, y sus cuerpos, en el día del Juicio, ternán gozos accidentales, por haver estado estas preciosas quentas en el Cielo y en manos de Dios y de los ángeles y de la misma Madre de Dios”. Las primeras quentas que llevó el ángel al Cielo fue el rosario de la santa, y luego las monjas que lo supieron pidieron a la santa Juana intercediesse ubiesse aquella misericordia para sus rosarios. La santa, llena de charidad, pidió a su querido Esposo para todas. Y ansí mercaban rosarios de muchos colores, unos blancos, otros negros y pardos, y de açabache y palo e de differencias de colores. Y d’esta suerte ay quentas de muchas differencias, todas bendecidas del poderoso Dios, el qual dixo a la santa Juana y al ángel san Laruel que las que tocaren a ellas tendrán las mismas bendiciones que las originales (que echarán demonios de los cuerpos de los hombres y librarán de sus açechanças, darán salud corporal y espiritual), y que las truxessen con devoción, y que [fol. 32v] rezando en ellas por los que están en peccado mortal su Magestad yrá disponiendo aquellas almas, para que salgan d’él por la virtud que ha puesto en estas quentas.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[SUCESO OCURRIDO A LA RELIGIOSA GERMANA DE LA ASCENSIÓN CON UNA IMAGEN]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[fol. 33r] Y tiénese en tanta veneración esta santa ymagen quanto es notorio. Es la que sale el día de su aparecimiento. Y como esta santa immagen sea de bulto, una religiosa ''[5]'' fue con mucha devoción a quitarle una raxita. Y hechas muchas reverencias, pidiéndole licencia y perdón, llegó con un cuchillito a quitarla, y a desora se halló arrojada en mitad del coro y, como quien dispierta de un sueño, dixo: “¡Váleme Dios! ¿Yo no estaba subida en el altar? ¿Cómo estoy aquí, tan lejos d’él?”. Y toda turbada y temblando, y la cabeça encajada en una ventanita del mismo facistor, qu’está en mitad del coro alto. Y esto contó a algunas religiosas con grande humildad y temor de Dios y de su Madre, la qual religiosa era gran devota de esta santa imagen, la qual es difunta y fue de vida muy exemplar y de mucho crédito y perfeción de vida.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[GRACIAS QUE EL SEÑOR HIZO A LA CASA]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Las gracias que Nuestro Señor concedió en esta santa casa en imágenes y fiestas y cofradías, por intercesión de nuestra madre santa Juana de la Cruz, son las siguientes:&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
* Pidió Nuestra Señora, en esta santa casa, que para el día del nascimiento de su precioso hijo rezasen al benditíssimo [fol. 33v] Niño nueve aguinaldos, cada uno de a trecientos versos de lo que quisieren''[6]''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
* El día de la circuncisión del Señor, rezando al Niño Jesús que tiene la imagen grande de Nuestra Señora, la que consagró el Señor, cinco ‘Paternostes’ y ‘Avemarías’ concedió el Señor una ánima de Purgatorio. Y a este niño oyó hablar nuestra madre santa Juana de la Cruz con el niño de Nuestra Señora la de Torrejón, quando vino en processión.&lt;br /&gt;
 &lt;br /&gt;
* Desde el día de los santos reyes, rezando cinco ‘Paternostes’ y ‘Avemarías’ se gana lo que se sabe que concedió Nuestro Señor. En esta santa casa hase de rezar hasta el día del Baptismo y offrecerse al del Señor. Y lo mismo se gana diziendo el psalmo de ‘Miserere mei Deus’ y, llegando al verso de ‘Aspergesme’, echarse con el isopo un poco de agua bendita en el hombro.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
* Desde el día de los santos reyes hasta el día de San Valentín, que es quando el Señor ayunó, rezando cada día quarenta ‘Credos’ y quarenta vezes la oración de ‘Ave Jesús’, que es la que se sigue, concedió el Señor a quien [fol. 34r] lo rezare como si lo ayunare.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Ave Jesús, santo salvador.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Ave Jesús, dulce redemptor.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Ave Jesús, deleyte y alegría de los desiertos.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Ave Jesús, flor de los campos y lirio de los valles.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Ave Jesús, santificador de las aguas y de los baptismos.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Ave Jesús, consolación y alegría de los baptizados,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
resureción de los muertos, vida de los vivos, gloria y bienaventurança de los que en ti esperan. ''Miserere mei''. Amén. Amén. ''Domine, miserere mei''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
* Para la dominica del perdimiento se han de rezar tres ‘A te levavis’ y tres ‘Magnificas’ y tres ‘Salves’, començando desde el juebes hasta el domingo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
* El día de la santa purificación vio nuestra madre santa Juana en una revelación cómo se da sentencia en el Cielo a todos los que avían de morir aquel año, y los santos ángeles guardadores de aquellas personas yban a pedir a los demás ángeles, diziéndoles: “Señores, ayudadnos a rogar por nuestros súbditos que tenemos a cargo, que les es dada sentencia de muerte”. Y también se da sentencia aquel día a todos los que han [fol. 34v] de tener trabajos y enfermedades. Y este día es día de yncienso; hase de tomar un grano en la boca y rezar cinco ‘Paternostes’ y ‘Avemarías’ en cruz, con una candela en la mano, y en acabando de rezarlo, echar el incienso con la boca en la lumbre. Otorgó el Señor, por intercessión de nuestra madre santa Juana, perdón de las faltas de los votos.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[RELATO DE LOS APARECIMIENTOS DE LA VIRGEN]'''&lt;br /&gt;
''Revelación del aparecimiento de la Madre de Dios de la Cruz''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Dixo nuestra madre santa Juana: “Muchas vezes he visto en el año a Nuestra Señora venir a visitar a esta su santa casa, de la qual muestra tener especial cuydado y deseo que su santo aparecimiento sea estimado, porque no fue una vez sola la que su Magestad se apareció en este lugar, mas nueve días arreo me dixo mi santo ángel fueron los que se apareció. Y el primero fue el primer día del mes de março, hasta el noveno, que es el postrero aparecimiento y más público, porque en este día puso la cruz por señal, diziendo que quería le hiziessen allí su iglesia. E cada año, en este día en el qual se celebra su santo aparecimiento, la he visto [fol. 35r] venir a hora de la media noche en una processión muy admirablemente ordenada, soleníssima e apostada de muchas riquezas y resplandores de gloria, acompañada de muchedumbre de ángeles y santos y santas, e también vienen con su Magestad las religiosas difuntas hijas del monasterio y, ansimismo, vienen todas las ánimas que en vida fueron devotas del santo aparecimiento de Nuestra Señora, y las ánimas de los bienhechores del monasterio. Y estas ánimas de los bienhechores, algunas d’ellas, son libradas de penas, e a otras las trae Nuestra Señora con licencia de su precioso hijo para darles descanso en esta su fiesta. Y esta preciosa processión viene al monasterio con muy grandes cánticos e músicas celestiales e instrumentos de diversas maneras de melodía, y antes que entre en la iglesia y casa, da una buelta e bendize Nuestra Señora los campos e tierras e frutos en ella aparecidos media legua a la redonda del monasterio; y después entra dentro y va al dormitorio y bendize las religiosas con grande amor, y dize:&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
‘Esta casa es mía&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
y no [fol. 35v] la tengo de olvidar.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Mío es este lugar, yo no lo entiendo a olvidar,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
y pues no lo entiendo olvidar no quiero dejarle de visitar.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
‘Estad constantes en los trabajos e penas presentes e por venir, que ansí se ganan las coronas, las quales yo tengo en depósito, si os contentáis, siervas mías, con mi depósito; si no, daldas a quien os las guarde y guardaldas vosotras, por que deis buena quenta a Dios, mi hijo, el día del Juicio e merezcáis reynar con Él para siempre’. E manda algunas vezes a los santos ángeles guardadores de las mesmas religiosas les pongan guirnaldas en las cabeças de rosas blancas y coloradas, y d’estas cosas ellas no ven ni sienten ninguna cosa. Y desde el dormitorio va la santa processión al coro y allí está hasta que se dizen los maytines ''[7]'' y ansimismo está Nuestra Señora con toda la compañía en la missa e sermón, e bendize los pueblos que vienen a celebrar su santo aparecimiento y ruega a su precioso hijo, estando en el sacro sacramento del altar, por las religiosas que habitan e moran en su casa e por todos sus devotos, e muy en especial por los que allí presentes están, les otorga los perdones [fol. 36r] de su santa Iglesia. Y dize Nuestra Señora: ‘Norabuena venga Dios trino y uno, verdadero hombre celestial, a estar en el santo sacramento del altar, y con Él la corte celestial. Bendiga Dios a la compañía humanal. Soy la bienaventurada Madre de Dios e vosotras, bienaventuradas’. Y quando se quiere yr la processión, despidiéndose del altar alça Nuestra Señora su preciosa mano e, santiguando los pueblos dándoles su santa bendición, luego desapareció y toda la compañía celestial, y a mí tornome mi santo ángel en mis sentidos corporales. Y quando estas cosas veo e oygo, que es este día de Nuestra Señora, dize e haze algo en la processión que viene su Magestad. Y quando no estoy elevada quando viene a visitar su iglesia e casa, plaçe a Dios lo vea estando en mis sentidos y que, a la despedida, me lleve consigo, aunque no lo merezco. Son tantos los perdones e gracias que Nuestra Señora tiene alcançados del poderoso Dios, hijo suyo, para esta santa iglesia donde ella se apareció, que si las gentes lo supiessen vendrían de muchas partes de rodillas por ganar tanto bien para sus ánimas; que como Nuestra Señora, con tan gran deseo y caridad que tiene que las ánimas se aprovechen, [fol. 36v] pidió una sublimada merced a su precioso hijo, y es que le otorgasse tantos perdones en esta su santa casa y yglesia como ebras de yervas e de cosas de flores e ojas estuvieren nacidas en la tierra, media legua a la redonda del lugar donde ella puso la cruz con sus preciosas manos. Y Nuestro Señor Jesuchristo, hijo suyo, se lo otorgó, y esto desde que se edificó esta santa iglesia y casa. Y más me dixo mi santo ángel: que están concedidas en esta iglesia, sin ninguna condición, los perdones de Santa María de los Ángeles. Y ansí se entiende que, aunque no vengan confessados ni rezen cosa señalada, sino viniendo contritos a visitarla, y ansimesmo quien rezare nueve ‘Avemarías’ o otras qualesquiera oraciones (en tal que no sean menos de nueve y sean de Nuestra Señora, offrecidas a los nueve aparecimientos que se apareció a Inés), ganarán muchas gracias y les será otorgada la petición que justamente pidieren a Dios. Esto en qualquier día del año que lo rezaren, y muy más lo ganarán rezándolo los propios días, que es el primero día del mes de março hasta el noveno del mesmo mes, todos nueve arreo. Y quien hiziere dezir [fol. 37r] nueve missas a Nuestra Señora, en reverencia d’estos nueve aparecimientos, será socorrido en su tribulación y aprovechará mucho a los difuntos.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
”La manera en que se mostrava Su Magestad cada un día de los aparecimientos: fue primero de poquito bulto; el segundo como quando era niña recién nacida; el tercero como de tres años, que la offrecieron al templo; el quarto como de la edad que fue desposada con el santíssimo Joseph y el Hijo de Dios encarnó en ella; el quinto de la edad que fue a visitar a santa Isabel; el sexto como quando parió al Hijo de Dios (y en este día quien rezare es bien tenga memoria de la fiesta de la santa O); el séptimo como quando le presentó en el templo; el octavo como quando fue huyendo a Egipto (y en este día quien rezare tenga memoria de la fiesta de las nieves); y el noveno como quando estava al pie de la Cruz. Y quien rezare tenga memoria de su muy gloriosa asumpción, porque otros santos aparecimientos hizo Nuestra Señora con memoria de sus nueve fiestas”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[CELEBRACIONES DE LOS SANTOS Y ÁNGELES]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[fol. 37v] El día de señor San Gabriel es nueve días antes de la Santa Encarnación, y pidió que le rezasen estos nueve días cada día nueve ‘Maristellas’, porque se quería enjoyar para la fiesta de Nuestra Señora. Y ansí es costumbre rezárselas desde el tiempo de nuestra madre santa Juana, y dezirle unas vísperas y missa su día.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El juebes santo, desde que se encierra el santíssimo sacramento hasta la mañana de la resureción, se rezan las vidas, que es cada una de treynta y tres versos de lo que quisieren, con la oración que dize: “''Respice qui transis quia tu es mihi causa doloris et vivas moriar sed non desunam te amavi si de sieris ainpeccari''”. Y quince ‘Paternostes’ y ‘Avemarías’ en cada vida se gana doblado. Perdona el Señor por ello las faltas de nuestras obligaciones. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El viernes santo se ha de rezar en un crucifixo pequeño del Cielo treynta y tres ‘Animas Cristis’ y treynta y tres adoraciones de la santa Cruz, que es la que se sigue ''[8]''“Adórote, Cruz bienaventurada, que de los delicados y venerables miembros de mi Señor Jesucristo fuiste guarnecida, y de su preciosa sangre toda cubierta y toda [fol. 38r] teñida”. Concedió Nuestro Señor treynta y tres ánimas de Purgatorio. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Más: en este proprio día han de rezar quarenta ‘Credos’ en la quenta cristalina.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Más: en el crucifixo de bulto que está en el coro alto, junto a la custodia, han de rezar dos ‘Credos’. Este mismo día concedió el Señor muchas indulgencias.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El sábado santo, antes que amanezca, han de rezar ducientas ‘Avemarías’ a la fe que tuvo la Madre de Dios de que había de resuscitar su santíssimo hijo. Concedió Nuestro Señor de darles fe a la hora de la muerte.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Más: el domingo de la resureción, antes que amanezca, an de rezar docientas ‘Reginas celi’, pidiendo albricias a Nuestra Señora. &lt;br /&gt;
El día en que cae la fiesta de san Laruel, ángel de nuestra madre santa Juana, es a veynte y nueve de abril. Súpose d’esta manera: deseando las religiosas hazelle algún serviçio a este santo ángel, suplicaron a nuestra madre santa Juana supiesse d’él en qué día quería que se le hiziesse fiesta; preguntóselo [fol. 38v] y respondiola: “Dile a tus hermanas que en veynte y nueve de ábril, este día me hazen fiesta en el Cielo”. Y ansí, desde entonces, es costumbre dezirle unas vísperas y missa solemne.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Día de la Cruz de mayo nació nuestra madre santa Juana de la Cruz y tomó el hábito y murió; y en este día es costumbre en esta santa casa, en acabando de comer, yr a dar gracias adonde está su santo cuerpo, y allí dizen una corona de himnos y antífonas de las letras de su nombre. Y a la tarde cantan las coplas que dizen “Esposo, ¿si avéis oýdo quién me robó mi sentido?”, las quales están escritas al principio d’este libro, y leen allí su tránsito, y antes le solían dezir vísperas de virgen delante del arco donde está.  &lt;br /&gt;
Para el día de señor Santiago el Mayor an de tener rezados mil ‘Paternostes’ y ‘Avemarías’ con requiem. Otorgó el Señor, por intercessión de nuestra madre santa Juana, de sacar una ánima de Purgatorio para siempre aquel día.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Para la fiesta de Nuestra Señora de las Nieves [fol. 39r] han de rezar cinquenta psalmos del psalterio, con requiem, y el ‘Canticum grado’.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y para la santa transfiguración ha de rezar cinquenta vezes el psalmo de ‘Miserere mei Deis secundum’ con ‘Gloria Patri’ y cinquenta ‘Credos’ y cinquenta ‘Salves’, y an de rezar este día el officio de las vírgines y, en una missa, han de rezar el evangelio de los mártires, que dize: “Dejen padre y madre y parientes y amigos por Dios”. Y para las que esto hizieren y rezaren, vio nuestra madre santa Juana cómo en el Cielo havía un monasterio como esta santa casa y que allí havía un cofre en que el Señor depositava estas oraciones, para enjoyar a las que fuesen allá. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El ayuno de la santa asumpción de Nuestra Señora comiença desde la Santa Visitación hasta la víspera de la misma fiesta de la santa asumpción; han de rezar las que le ayunan quinientos ‘Paternostes’ y ‘Avemarías’. Prometió Nuestra Señora a las que esto hizieren de que sacaría de Purgatorio (y yría su Magestad misma por ellas) tantas ánimas como días vivió la [fol. 39v] misma Reyna del Cielo. Y viendo que por la flaqueça de las gentes vendría tiempo que no se ayunasse, dixo su Magestad concedería lo mismo a quien rezase mill y quinientos ‘Paternostres’ y ‘Avemarías’ con requiem.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
La oración de ‘Ave sanctissima Maria’, quantas vezes la rezaren en el tiempo que dura dezir una missa tantas ánimas de Purgatorio saca Nuestra Señora este mismo día de la asumpción; y la oración es esta: “''Ave sanctissima Maria, mater dei Regina Celi Porta paradisi Domina Mundi, pura singularis tu es virgo tu concepta es sine macula, tu peperisti Creatorem et Salvatorem mundi inquo no dubito, liberame ab omini malo, et ora pro peccato meo. Amen''”. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Las quentas que se ponen el día de la sepoltura de la fiesta de la asumpción en las andas, adonde llevan a Nuestra Señora, las llevan los ángeles al valle de Josafad, al sepulcro de Nuestra Señora, y concédeles Nuestro Señor muchas indulgencias. Todo esto veýa la santa. Las vidas se comiençan desde este día hasta las laudes de la víspera de la fiesta, que sacan a Nuestra Señora [fol. 40r] de las andas en el auto que se haze este mismo día en la casa de la labor; concedió el Señor muchas gracias. Y en el que hazen el día de la Sancta Asumpción, en el refitorio, concedió el Señor grandes gracias, y dixo el mismo Señor, en un sermón que hizo en el santo ''Conorte'' de la sancta asumpción, que gustaba se hiziesse, y dio la industria para ello. Y no tan solamente concedió el Señor gracias en el auto, sino también a quien dixere que se haga y ayudare a poner el tablado.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El desposorio de Nuestra Señora con el santíssimo Joseph es a seis días de setiembre, y pidió la Reyna del Cielo que holgassen aquel día, que recibiría servicio en ello, y dixo a la santa Juana: “Díselo a las monjas de mi parte, y que se ocupen si quieren en colgar ubas”.&lt;br /&gt;
Pidió nuestro padre san Francisco que, desde el día de sus llagas hasta la fiesta suya de octubre, le rezassen cada día los salmos penitenciales, y prometió de bajar al Purgatorio a hazer mercedes y sacar de penas de Purgatorio las ánimas por quien se rezan.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[COFRADÍAS]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[fol. 40v] &amp;lt;u&amp;gt;Comiençan las cofradías del Cielo que el Señor otorgó&amp;lt;/u&amp;gt;.''[9][10]''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
* En la sancta cofradía de la Concepción son obligadas, para ganar las gracias que Nuestro Señor otorgó en esta santa casa, de yr con la bendición y, después del ‘Conceptio’, guardar silencio hasta la mañana. Y la víspera d’esta fiesta han de yr con la processión que se haze aquella noche; con Nuestra Señora puesta en la luna cantan las coplas que dizen “Mírala cómo sale”, y otras que dizen “Qué linda sois, Virgen”. Y el mismo día de la fiesta pidió la Madre de Dios le offreciessen tres roscas, cada una de a tres libras, y hanlas de poner delante de la imagen de Nuestra Señora que consagró el Señor, y an de estar allí entre tanto que dizen la missa, y dixo Nuestra Señora que les echaría su bendición. Y a la tarde van con esta santa imagen en processión al dormitorio, y allí, de rodillas, rezan la corona de las letras de su nombre. Y acabada la corona se han de confessar delante d’esta santa imagen los pecados que estubieren confesados, y por penitencia rezar nueve ‘Salves’. Y quando buelve la processión al coro rezan allí nueve ‘Conceptios’. Y esto se tiene por costumbre de hazer desde el tiempo de nuestra madre santa Juana, [fol. 41r] porque, representando un coloquio las religiosas delante de Nuestra Señora, la habló la Madre de Dios en esta santa imagen, diziéndole cómo se havía holgado de ver representar a una religiosa que hazía la figura de su padre, señor san Joachin. Las roscas las reparte la sacristana a todo el convento. Quiso ser Nuestra Señora la patrona d’esta santa cofradía y concedió en ella Nuestro Señor muchas gracias por nuestra madre santa Juana.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
* En la cofradía de la Santa Encarnaçión an de entrar en ella el mismo día de la fiesta las cofradas d’ella. Pueden entrar en la cofradía nueve personas vivas y nueve difuntas; an de nombrar nueve santos por abogados. Están obligadas las cofradas a rezar el officio de Nuestra Señora en el día que cae, y quien no tubiere disposición de rezarlo reze la corona del sábado, y si no supiere leer diga la corona real. Y an de ayunar el día en que cae la encarnaçión, y si no pudiere, ayunar con carne. Concedió Nuestra Señora a nuestra madre santa Juana de ser su Magestad la patrona d’ella, y venirlas a visitar a la hora de la muerte con los nueve [fol. 41v] santos, sus abogados, y lo mismo quando estubieren en Purgatorio; y dixo su Magestad que entonces sería fiesta de nueve copas.&lt;br /&gt;
 &lt;br /&gt;
* La cofradía del juebes santo están obligadas, como es costumbre, deçir después de tinieblas, en processión al dormitorio, açotándose en las espaldas (y si no pueden llevar la disciplina, en el hombro). Súpose de nuestra madre santa Juana que aquella hora se hazía otra processión en el Cielo, llevando delante un estandarte, y que los santos llevavan candelas coloradas y verdes por las monjas d’esta santa casa. Es Nuestra Señora la señora patrona d’ella. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
* La cofradía que el Señor concedió en esta santa casa para quince religiosas. Las que quisieren entrar en esta están obligadas de rezar la corona real un año desde el día que entran, y quando muere una cofrada an de tener diciplina por ella quince días arreo, diziendo el ‘Canticum grado’. Concedió el Señor [fol. 42r] en ella grandes indulgencias por intercessión de nuestra madre santa Juana, y sale el ánima de Purgatorio a los quince días. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
* Esta cofradía ordenó nuestra madre santa Juana y se la otorgó el Señor por orden de su santo ángel san Laruel.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
* En la cofradía que concedió el Señor para siete religiosas, de las que le cabe la suerte dichosa, a lo que son obligadas es a rezar el día de la Cruz de mayo, la de setiembre y el viernes santo cinquenta ‘Paternostres’ y ‘Avemarías’. Son tan grandes las gracias que se ganan e indulgencias que nuestro santo concedió, que causa admiración oýrlas, y esto a petición de nuestra madre santa Juana de la Cruz.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
* Y el día de la santísima Trinidad y del Santísimo Sacramento, cada día d’estos que rezan los cinquenta ‘Paternostres’ y ‘Avemarías’ sacan treynta y dos ánimas.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
* Ay otra cofradía en el crucifixo del coro bajo, el de bulto, que se estendió en la Cruz, y esta cofradía concedió el Señor a sola una religiosa, y muerta aquella la hereda otra, nombrándola la que muere; [fol. 42v] y si no puede nombrarla la ha de nombrar la abbadesa, pidiéndoselo la que quisiere estar obligada a rezar cada día quince ‘Paternostres’ y ‘Avemarías’. Y rezando esto concedió el Señor quince ánimas de Purgatorio. Y este santo crucifixo es del tiempo de nuestra madre santa Juana, y la habló y veýa ella cómo tenía quince ángeles de reguarda, y tiene muchas indulgencias.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
* En la imagen de la Cruz a cuestas, que está encima de la primera reja del coro bajo, an de rezar siete ‘Paternostres’ y ‘Avemarías’.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
* Una tabla que está encima de la segunda reja del coro bajo, que está pintado un santo crucifixo en ella y unos caballos, habló el santo crucifixo. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
* Una imagen de Nuestra Señora que está en el coro bajo, sobre la ventanita de comulgar, que está en una caxa mirándola, concedió el Señor indulgencia.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
* En el crucifixo más alto del coro alto, que tiene a Nuestra Señora y a San Juan Evangelista, rezando cinco ‘Paternostres’ y ‘Avemarías’ sacan siete ánimas.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
* [fol. 43r] En la imagen de la coluna que está en el mismo coro an de rezar cinco ‘Paternostres’ y ‘Avemarías’.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
* En la imagen de la venida del Spíritu Santo an de rezar siete ‘Credos’ a los siete dones del Spíritu Santo, y todas las figuras que en esta santa imagen están pintadas hablaron, que son Nuestra Señora y San Juan Evangelista y los demás. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
* Más: en un quadrito pequeño del Niño dormido, que está en el mismo retablo, desde el juebes hasta el domingo se ha de rezar cada día tres ‘Paternostres’ y ‘Avemarías’ y tres ‘Magnificas’; y el domingo, en lugar de las ‘Magnificas’, tres ‘Regina celos’. Concedió el Señor muchas gracias. Y por amor de Dios no lo dexen de ganar, que perderán mucho en ello si no lo rezan. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
* En una imagen pequeña del Padre eterno, que está en el mismo retablo, quantas vezes rezaren tres ‘Paternostres’ y tres ‘Avemarías’ y tres vezes ‘Sancta trinitas unus Deus miserere nobis’ y un ‘Credo’ el día de la santísima Trinidad, tantos jubileos ganan por vivos y difuntos, y más ganan todos los domingos jubileo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[GRACIAS QUE OTORGA LA IMAGEN DE LA VIRGEN]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[fol. 43v] Las gracias que se ganan en la imagen grande de Nuestra Señora, la que consagró Nuestro Señor Jesucristo, son las siguientes.&lt;br /&gt;
Primeramente, los días de sus fiestas con sus octabas, y todos los sábados del año con cada hora de su officio o con cada oración suya o con ‘Avemaría’, se gana indulgencia o ánima de Purgatorio, y tantas quantas vezes lo rezaren tantas indulgencias ganan por vivos y difuntos. Más que confessándose delante d’esta misma imagen los pecados confessados, rezando en penitencia tres ‘Sub tuum presidium’ y tres ‘Magnificas’ y una ‘Ave Maristella’ y la oración que dize:&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Dios te salve, Virgen muy gloriosa,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
estrella más clara que la luz,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Madre de Dios muy graciosa,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
más dulce que el panal de miel,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
colorada más que la rosa,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
blanca más que el lirio,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
toda virtud te hermosea,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
todo santo te honra,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Dios Padre todopoderoso te corona&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
en lo más alto del Cielo. Amén.   	&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
 &lt;br /&gt;
[fol. 44r] Y diziendo esta oración a la propia imagen con un ‘Paternostrer’ y una ‘Ave María’ ganan indulgencia plena; más, rezando cada sábado siete ‘Paternostes’ y ‘Avemarías’ en esta santa imagen, otorgó el Señor el jubileo de la Porciúncula; más, que, tocando las quentas a las faldas d’esta santa imagen, todas sus fiestas quedan con las mismas gracias que las que fueron al Cielo, y esto durava para siempre. Y esta santa imagen habló a nuestra madre santa Juana, y el Niño Jesús que tiene en los braços, que tiene un poquito del pie quebrado, también la habló. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y esta gracia de las quentas para siempre alcançó la Madre de Dios para esta santa imagen, por intercesión de nuestra madre santa Juana.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[REVELACIÓN QUE ESTA IMAGEN DE LA VIRGEN HIZO A JUANA]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''Capítulo de una revelación que vio nuestra madre santa Juana tocante a esta imagen de Nuestra Señora, la que consagró el Señor, y fue d’esta manera.''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Tiniendo el monasterio de Santa María de la Cruz una imagen de Nuestra Señora, la qual era de bulto muy antigua, y las monjas, sabiendo que la avía bendecido [fol. 44v] un obispo, tiniéndola mucha devoción porque algunas veçes la avían visto hazer milagros, y sacándola en processión los días del santo Aparecimiento y por ser tan antigua, renováronle el gesto por un entallador, cortándola de la garganta arriba y pusiéronle otro gesto. Y trayéndola al monasterio fueron las monjas a la ver e saludar, e a algunas les pareció mejor el gesto y a otras que no, y desconsoláronse mucho de manera que vinieron en alguna diferencia de palabras, e sabiéndolo esta bienaventurada mandolas llamar y díxolas: “Muy maravillada estoy, hermanas mías, de la desconsolación que tenéis del renovamiento de la santa imagen. Dado caso que aya razón, por la falta de la imperfeción de la pintura no ser tan aplaciente a vuestros ojos, pero aunque sean feas las imágenes, es cargo de conciencia no tenerlas en mucha reverencia y estima, en especial si las tales imágenes son de Dios y de Nuestra Señora, que estas tales, feas o hermosas, son dignas de muy grande acatamiento. Y ruégoos, señoras, que hagáis aquí un [fol. 45r] altar en esta nuestra celda y traed aquí la santa imagen, aunque yo sea indigna d’ella, que si pudiesse ya abría ido al coro de rodillas a adorar y saludar a su alta Magestad”. Y traýda la imagen a la celda de la santa virgen y puesta en el altar, rogolas que la dexassen allí dos días. Y estando ella aquella noche en contemplación, vido a Nuestra Señora en visión muy hermosíssima, y poníasele encima de la imagen suya y deçía: “Yo me contento d’esta imagen y la escojo y acepto para mi morada y aposento, e como en trono mío resplandezca en ella; mi spíritu se goça porque los pecadores conmigo abrán refrigerio y consolación e yo les ganaré de mi hijo perpetuo gozo en la gloria perdurable”. Y esta bienaventurada, que lo veýa, suplicaba a Nuestra Señora entrase dentro en la imagen su espíritu, y pues era tan hermosa dejole allí escuchasse las oraciones que le hazían, en especial las suyas, por que ella viese no caýa en vacío hechas delante de su preciosa imagen, como algunas veçes tienen las gentes crédito no está allí donde la llaman; a los quales pensamientos y suplicaciones [fol. 45v] respondió Nuestra Señora e dixo: “Por estar nuevamente puesto este madero en esta santa imagen mía, no quiere Dios ni a mí place entrar dentro en ella hasta que se consagre o bendiga, en manera que se haga digna y perteneciente de mí por virtud de la consagración justa, que debidamente pueden tener las imágenes e iglesias e altares aparejados e limpios al culto divino”. E la noche siguiente vido la bienaventurada a hora de los maytines una visión muy gloriosa, y es que vido venir a Nuestro Señor Dios en un trono muy rico con vestiduras pontificales, cercado e acompañado de muchedumbre de ángeles e santos e santas, y estaban junto a la imagen de Nuestra Señora, a la qual bendecía con palabras muy devotas e reverenciales, e cantares e dulces sones que hazían los ángeles con diversos instrumentos, de las quales palabras e canciones no pudo colegir esta bienaventurada sino pocas palabras. Y el día que vido esta revelación era octavo de la dedicación de la Iglesia, e las ceremonias que Nuestro Señor hizo [fol. 46r] en la consagración d’esta santa imagen fueron muchas. Estaba vestido como obispo y la imagen, que estaba vestida sigún es costumbre adereçar las imágenes, a desora pareció toda desnuda e alçada en alto, tiniéndose con el poder de Dios. Esto era antes que el Señor la bendixesse, el qual hizo llamamiento a los santos ángeles para que viessen lo que hazía en aquella imagen y ansimesmo a los demonios, para que hubiessen miedo y viessen la virtud que Dios ponía en su santa Iglesia e imagen y altares, e por fuerça se lo hazían mirar e reberenciar, y que daba poderío a la santa Madre Iglesia que venciesse al demonio e le desechasse con baldón e recibiesse a Dios Jesucristo y a su santa Madre con reverencia e honor, e para esto bendecía e dezía en altas vozes el mesmo Señor desde su alto trono: “''Sum qui sum et ecce nova facio omnia''”, que quiere dezir “Yo soy el que soy, que todas las cosas hago nuevas. En lo alto del Cielo moro, soy rey eterno que rijo los coraçones católicos e devotos, que mi adversario los perturba, empero [fol. 46v] yo soy el que los sosiego; él los derrama, yo los allego; él los discipa, yo los recreo; él los destruye, yo los edifico; él los ensucia, yo los limpio; él los enturbia y rebuelve y haze oler mal, yo los purifico e hago oler suavíssimo. Si de lo malo &amp;lt;malo&amp;gt; hazen bueno, e de lo no limpio hazen limpio, e de lo imperfecto hazen perfecto e loable e agradable...”, e bolvía sus preciosos ojos a la imagen de Nuestra Señora e dezíale “¿Quién te desprecia, Madre mía?”. Y poníale muchas cruces hechas joyeles; estando ella ansí desnuda la cercaba toda, especialmente la cabeça, frente y gesto y los pechos y espaldas e ombros e braços e manos, todo el cuerpo hasta los pies, que significaban los cimientos de la santa Madre Yglesia. E después de muchas bendiciones que el Señor dezía, dixo cantando la antífona que dize: “''Fons hortum, redundans gratia mundum, replens superni edibus florens hortus mox'' [fol. 47r] ''ab infantia, admirandis fulsi virtutibus e anadian eandes flos multiplicant virgule decorent, conceptus glorificat Maria pudorem. Amen''”. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Tras estas santificaciones e cançiones que se deçían, pareció a desora la imagen de Nuestra Señora vestida de las mesmas vestiduras de antes y puesta en el altar como primero estaba, e los demonios quedáronse mesando e arañando e dando gritos e ahullidos, e la visión de Nuestro Señor desapareció roziando la casa con agua bendita, e la bienaventurada quedó muy consolada. Y passados dos días que la santa imagen estaba en su celda, ayuntáronse allí la abbadesa y las monjas, diziendo a la santa virgen que iban por la imagen e, importunándola la abbadesa, pues estaban allí todas, les dixesse alguna cosa de las que Dios le mostrava; respondió diziendo: “Lo que ay que deçir es que Nuestro Señor Dios tiene en tanto las imágenes que se sirve que las aya en su santa Madre Iglesia, y que sean honradas y veneradas por nosotros pecadores, pues el mismo Dios de los Cielos vino a la bendeçir [fol. 47v] e a enseñarnos cómo son cosa por donde se alcança virtud e devoción quando se tiene en el coraçón. E bien se parece, según yo vi en una revelación que Nuestro Señor fue servido de mostrar, quánto Él ama e honra la santa Madre Iglesia y a sus santas imágenes por amor d’ella”, e dixo la revelación susodicha, ”y díxome mi santo ángel después que desapareció el Señor: ‘Mira qué son las maravillas de Dios que si en un madero halla Dios voscosidad y no quiere que su santa Madre le tenga por su imagen, hasta le haver limpiado e puesto en él dignidad de bendición suya, como la tiene la santa Madre Iglesia, ¿qué tales estarán las ánimas que llenas de pecados están ensuciadas e asquerosas, cómo serán dignas aquellas tales que venga Dios en ellas ni su santa Madre con gracia e piadosa charidad, si primero no son alimpiadas las tales ánimas por especial gracia del Spíritu Santo? Las cosas que son despreciadas e bajas Dios las ensalça e tiene en ellas thesoros muy grandes, aunque escondidos a los ojos de las personas [fol. 48r] de la tierra. Bendito sea Dios en sus dones, e los santos en sus obras, e las imágenes en sus altares, e los altares en sus iglesias con sus sacramentos, e los sacramentos en la Cruz y Passión de Nuestro Señor Jesuscrito y en el santo baptismo y remissión de los pecados’”. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
E acabado esto, dixo la bienaventurada madre nuestra: “Bien se pueden llevar la santa imagen”, la qual llevaron la abbadesa y monjas con mucha reverencia e devoción e con candelas encendidas, cantando el “Te Deum laudamus” al coro, e la pusieron en el altar acostumbrado y de aquí adelante se consolaron las monjas con esta santa imagen; y dixo el Señor a la santa Juana, al tiempo de consagrar la imagen: “Diles a las monjas que traigan cuentas y se las pongan a mi Madre”. Y ansí se hizo y estas son las quentas que llamamos de la Consagración. Tenía esta santa imagen la boca abierta y el Señor con su mano se la cerró, y dexó señal en la barbilla y labio alto; y los ojos que tenía muy en alto le puso el Señor sus dedos y se los abajó como aora los tiene. Y esto todo lo veýa la santa Juana y lo dixo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[MÁS RELACIONES DE SUCESOS EXTRAORDINARIOS CON LAS IMÁGENES]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[fol. 48v] En una imagen de señor San Gerónimo, que está vestido entre colorado y blanco, con una ‘Ave María’ y un ‘Paternoster’ concedió el Señor perdón de los pecados y gracia para manifestarlos; y con una ‘Ave María’ sacan una ánima de Purgatorio. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
La imagen de Nuestra Señora de yesso que tiene el reboço, que está sobre el retablo de señor San Juan Evangelista, habló a nuestra madre santa Juana. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
La imagen que está en el coro alto, sobre la puerta dentro del coro, del decendimiento de la Cruz, abló a la misma santa.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Las fazes de Dios y de su santa Madre la hablaron, las que están en el coro alto encima de la cabeça de Nuestra Señora la Grande.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
La imagen de nuestro padre san Francisco, la que está en el retablo del coro alto, que está vestido con un hábito descolorido, habló a la santa. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Una imagen de señor San Juan Baptista, la de la caxa que tiene puertas, habló, y el corderito que tiene, vio cómo Nuestra Señora estaba en él nuestra madre santa Juana.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[fol. 49r] Una imagen de los reyes, que está en el mismo retablo, habló a la santa.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El día de señora santa Ana, en una imagen suya rezando quince ‘Paternostres’ y ‘Avemarías’ (los cinco al Niño Jesús y los cinco a Nuestra Señora y los cinco a señora santa Ana), concedió el Señor jubileo. Esta santa imagen está en una tabla en el coro alto.  &lt;br /&gt;
 &lt;br /&gt;
El día de señor Santiago el Maior, en una imagen suya con cinco ‘Paternostres’ y ‘Avemarías’, concedió el Señor jubileo, y lo mismo se gana todos los domingos del año. Esta santa imagen está en una tabla en el coro alto.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Una imagen pequeña de la Santa Encarnación, que tiene el ángel una capa, habló a la santa.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Un santo crucifixo que está pintado en una tabla, que tiene la llaga hecha fuentes, habló a la santa. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Dixo señor San Gabriel a nuestra madre santa Juana que quería ser nuestro agüelo, y en una imagen de la Santa Encarnación, donde está pintado, habló y dixo que le pusiessen su imagen camino del coro, para quando pasasen las religiosas le hiziessen reverencia [fol. 49v] y dixessen: “Agüelo mío, valedme”, y que él las oyría en la propia imagen. Y ansí está siempre camino del coro, y su día hazen allí un altar y le llamamos agüelo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Una imagen del güerto de bulto, que está en un altar de la enfermería, habló.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Otra imagen de la Santa Encarnación de bulto, que está en la propria enfermería en el altar, habló la Madre de Dios y el ángel.&lt;br /&gt;
En una imagen del santo crucifixo, que está en el dormitorio, con cinco ‘Paternostres’ y ‘Avemarías’ sacan cinco ánimas, digo siete.&lt;br /&gt;
Y en otra del Padre eterno, que está en el mismo dormito[rio], rezando tres ‘Padrenuestros’ y ‘Avemarías’ ganan jubileo, y habló. &lt;br /&gt;
La imagen de Nuestra Señora de la Asumpción, que está en una caxa en el mismo dormitorio, habló y dixo que cada vez que pasassen delante d’ella le dixesen: “''Exaltata es sancta Dei genitrix''”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y este dormitorio hizo el Gran Capitán, y habló en él [fol. 50r] el Señor a nuestra madre santa Juana las coplas de “Almas, esposas amadas”, y le bendixo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Una imagen de Nuestra Señora antigua, que está dando de mamar al Niño, habló.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En la capilla de la huerta, todas las vezes que entraron en ella de día y de noche, rezando un ‘De profundis’ o la oración que dize ‘Ave Virgo gloriosa’, ganan muchas gracias, y esto se gana también un passo desviado d’ella. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Ay jubileo en esta capilla el día del glorioso San Pedro y el día de la natividad del señor San Juan Baptista, y este día ay remissión de los peccados. Y el día del glorioso San Juan Evangelista, y el día de la tina y el día de la degollación, an de rezar el salmo del ‘Miserere mei Deus’ andando alrededor de la capilla, y en acabándole an de rezar cinco ‘Padresnuestros’ y ‘Avemarías’ en cruz. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En esta capilla ay siete jubileos cada año, que son las tres fiestas de San Pedro y las quatro fiestas de los señores San Juanes. &lt;br /&gt;
[fol. 50v] En el crucifixo de acofar, que es el que traýa consigo nuestra madre santa Juana, con siete ‘Padresnuestros’ y ‘Avemarías’ y un ‘Credo’ se ganan siete estaciones por vivos y difuntos del santíssimo sacramento. Con este santo crucifixo resuscitó nuestra madre santa Juana una niña. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
La estación de la santa Cruz es cinco ‘Padresnuestros’ y cinco ‘Avemarías’ y cinco vezes el verso que dice ‘Dulce signum dulces clavos’, con cinco estaciones. Y dixo el santo ángel san Laruel que son grandíssimas las gracias que se ganan con cada una d’ellas, y que ansí no se dexasen de dar una a sí mismas y las otras las repartiessen, por que todos goçasen de tanto bien, y dixo a nuestra madre santa Juana que eran para librar de peligros espirituales y corporales. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Más: otra estación an de rezar cinco ‘Padresnuestros’ y ‘Avemarías’ y cinco vezes el verso de çibanitillos; son muy grandes las gracias que se ganan.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Dixo el Señor a nuestra madre santa Juana que quien adorare la santa Cruz con la adoración que se sigue [fol. 51r] no se apartará d’ella sin que le dé una gracia en su alma; la qual es esta: “Adórote, Cruz bienaventurada, que de los delicados y venerables miembros de mi Señor Jesucristo fuiste guarnecida, y de su preciosa sangre toda cubierta y toda teñida”. Hase de rezar considerando que el Señor murió en ella.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Una imagen de señor San Juan Evangelista que está en una tabla del güerto, que está vestido de blanco y el manto colorado, habló. Está en la capilla de la güerta. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En una imagen de Nuestra Señora, de plata, pequeña, que llevan a las religiosas quando mueren, prometió Nuestra Señora por intercesión de nuestra madre santa Juana de venir en la misma imagen a favorecer a las que mueren. Y esta santa imagen es la que se apareció en la mar a un hombre que libró de un peligro, y vino él aca y le hizo una capilla. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Viniendo este hombre a hazer la capilla que Nuestra Señora le mandó, quiso ver la imagen que le avía aparecido, [fol. 51v] y truxéronle muchas y a todas dezía: “No es esta”, hasta que le sacaron la que está dicho y dixo: “Esta es la Señora que yo vi en el mar y me imbió acá”. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El día de la sanctíssima Natividad del Señor y de Nuestra Señora, y de San Juan Baptista y su degollación, an de rezar quatro ‘Padresnuestros’ y ‘Avemarías’; anse de offrecer los tres al Cordero y el uno a señor San Juan. Concedió el Señor, por intercessión de nuestra madre santa Juana, jubileo todas las vezes que lo rezaren por vivos y difuntos. Esto se gana en un quadrito donde está pintada la cabeça del señor San Juan Baptista.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Ablando el Espíritu Santo por la boca de nuestra madre santa Juana, dixo que qualquiera persona que se deseaba salvar y alcançar de sus pecados perdón ha de ser como paloma que no tiene hiel, conviene a saber que no tenga maliçia, ni odio, ni mala querencia, aunque le hagan mal, sino haga como la paloma, que, aunque le hazen mal, no se sabe tornar a quien se le haze, sino gime entre sí e pasa su pena e va a hazer [fol. 52r] su llanto cerca de las aguas, porque si vinieren los caçadores o otras aves sus contrarias a quererlas empecer, se asconden debajo de las aguas e allí se guarecen. Lo mismo deve hazer la persona que yrá hazer el llanto de sus pecados cerca de las aguas de la Passión e llagas de Cristo, porque si le vinieren tribulaciones o persecuciones de los próximos o del demonio (el qual como caçador quiere caçar las ánimas y llevarlas al Infierno), entonces es muy buen remedio el ánima pensar en la Passión del Señor e ponerse con el deseo en las aguas e guaridas, que son las llagas. “Ansimismo”, dixo su divina Magestad, “tiene la paloma otra propiedad: que todo su canto es gemido e casi como triste llanto. E lo mesmo debe hazer qualquiera persona, pues ha offendido a Dios, que ninguna es tan justa que no tenga pecados, e toda su vida de justa razón ha de ser llanto; que bien puede decir la misma persona que ha ofendido a Dios, si la mandaren reír o cantar o alegrarse llanamente: “Ya se quebró mi órgano [fol. 52v] y no puedo cantar, que el día que yo ofendí a mi Señor yo mesmo me quebré el órgano de la alegría de mi alma, y no sé si tengo enojado o aplaçido a mi Señor Dios; e hasta que vaya a la tierra de la Gloria, que lo sepa e lo vea, no me quiero alegrar ni tomar plaçer que sea fuera de Dios, sino vivir en llanto pidiendo al Señor perdón de mis pecados”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Una persona suplicava la reprehendiesse el santo ángel por intercessión de nuestra madre santa Juana, y ansí fue y dixo: “Dile a esa persona que se enmiende e guarde de offender a Dios, que la hago saber que demanda por hurto en el Juiçio de Dios. Qualquier tiempo e palabras mal dispendidas e abladas se pagan con las setenas como hurto, e se han de restituir como fama qualquier mal exemplo o enseñamiento o ocasión que dé para que otra peque, por eso que se avise en hechos e palabras”. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Estaba una persona religiosa enferma de una muy grande enfermedad e fatigada de muchos [fol. 53r] dolores, e dixeron a nuestra madre santa Juana la suplicaba dixesse a su santo ángel le imbiasse alguna palabra de consolación, y él la respondió que qualquiera persona enferma que está en la cama, pues no puede rezar ni offrecer otro sacrificio a Dios sino sus dolores, ponga en su memoria a Dios Nuestro Señor, crucificado e llagado, por Cielo de su cama, por paramentos y colgaduras, todas las insignias de la Passión e tormentos que el Hijo de Dios padeció por redemir e salvar sus criaturas. E piense qualquiera persona enferma siempre en Este e ofrezca sus dolores a los de Cristo, e recibillos ha el mismo Dios e serle an meritorios sus dolores y enfermedades, y aun hasta las medicinas y cosas necessarias para su enfermedad, offreciéndolo todo en reverencia de la Passión del Señor e de la hiel y vinagre que le dieron a beber. Y en la flaqueça e desmayos e sed que padeciere le será contado en merecimiento, si lo offreciere en [fol. 53v] reverencia de la sed, hambre, ayunos, cansancios, flaquezas e desmayos que padeció el Hijo de Dios; e lo mesmo le será contado el frío, calentura e sudores, offreciendo cada cosa d’estas a su misterio. Y ansí tendrá cada criatura sus penas e dolores, acordándose quánto fueron mayores las que padeció su Dios, e todas por sanar llagas y enfermedades de los pecados. Y aun la tal ánima que estas cosas pensare será bien que diga: “Señor mío Jesuchristo, duélanme los dolores en tal que no me aparte de la caridad de vuestro amor”. Y a Nuestra Señora pueden dezir, si la enfermedad les diere lugar: “O, Virgen singular, entre todas piadosa, haz a mi alma ser suelta de sus culpas y en el cuerpo ser mansa e casta”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[REVELACIONES DE LOS ÁNGELES Y SANTOS A JUANA DE LA CRUZ]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''Capítulo ciento y noventa y dos de una revelación que esta bienaventurada Juana de la Cruz vido, en que se mostrava la gran misericordia de Dios y de su sanctíssima Madre la Virgen [fol. 54r] María, la qual es esta acerca de los nudos benditos.''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Estando elevada esta bienaventurada Juana de la Cruz, aparecíale Nuestro Señor Dios trayendo consigo a su santíssima Madre la Virgen María, Nuestra Señora, y al glorioso padre nuestro san Francisco, delante de los quales la dicha sierva de Dios estaba postrada, la qual oýa palabras que passaban entre los tres, en que Nuestra Señora la Virgen María dezía a su hijo precioso: “Hijo mío, encomiéndoos a aquella casa mía, donde esta sierva que está aquí delante de vos, que lo oie, mora, en la qual faltan los alimentos temporales y edificios para la conservación y perseverancia de la dicha casa”. Y díxole Nuestro Señor: “Pues ¿qué queréis vos, Madre mía?”. La Señora le respondió: “Hijo mío, ruégoos me deis una impresa en la qual confirméis los perdones que están otorgados por vuestros vicarios apostólicos de la romana Iglesia, assí a la dicha casa como a la orden de este bienaventurado que con nosotros viene, y todas [fol. 54v] las más indulgencias que de aquí adelante se alcançaren para la dicha casa, que los que fueren devotos d’ella lo ganen copiosamente”. Dixo el Señor: “A mí me plaçe de buena voluntad, con la mesma condición que sean devotos de la dicha casa, y he placer que se otorguen y se ganen otros quales que perdones e indulgencias para qualesquier personas que algún bien hizieren a la dicha casa o monjas que en ella vivieren, para aora y para siempre jamás”. Díxole Nuestra Señora: “Pues ¿qué impresa, hijo mío, me dais que sea dada en señal a los que an de ganar las dichas gracias e indulgencias?”. El Señor dixo: “Una vuestra imagen de las que suelen apropriaros, por que se junten y gozen con la devoción y codicia de ganar las dichas indulgencias”. Y respondió la Señora: “Hijo mío, hartas imágenes mías andan por la cristiandad, mas si os plubiesse que fuesse la señal de vuestra santa Cruz, ansí por lo mucho que más vale como porque la casa tiene tal apellido”. [fol. 55r] Respondió Nuestro Señor: “También ay muchas cruzes mías por el mundo, las quales se dan por señal de las indulgencias y bullas apostólicas”. Díxole Nuestra Señora: “Pues ¿qué ordenáis, hijo mío, que sea?”. Nuestro Señor miró a san Francisco y dixo: “Sea la señal de este mi siervo, el qual l’es dicho ‘menor’ por la humildad y es grande en los merecimientos, que a sí y a otros codició salvar; y siguiome en la penitencia tomando el hábito por la Cruz en que yo padecí muerte y Pasión, y la cuerda nudosa, que significa los crueles açotes con que yo fui herido y açotado. Y por esto es mi voluntad que estas dos señales sean la impresa: la una la dicha cuerda, la qual tenga nudos, y la otra unos nudos por sí hechos, a manera de manojo de açotes. Y porque las dichas religiosas por quien, madre, me rogáis son de su orden d’este mi siervo, es bien que ellas tengan esta impresa en su casa y que las puedan presentar en pago de la limosna que reciban. Los quales nudos y figura [fol. 55v] de cuerda serán llamados ‘nudos bendecidos’, y que en la virtud d’ellos se bendecirán las personas que con fe los truxeron consigo, en espacio de un año cumplido si están cerca, y si están lexos por cinco años; y cumplidos estos años, que los renueven tomando en sí otros, hechos en la mesma casa por mano de las religiosas d’ella”. Y en estas pláticas pareciole a la bienaventurada santa Juana de la Cruz que Nuestra Señora se conformava con la voluntad de Dios Nuestro Señor, y nuestro padre san Francisco dava gracias al Señor. Y ansí desapareció esta visión.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
La qual dicha sierva de Dios quería callar y no se curaba de lo dezir, y fuere mandado por ciertas vezes que escribiesse la dicha revelación por el santo ángel, y las palabras que en ella avía oýdo, y que mandase hazer las dichas figuras. Y diole la forma y manera como se havían de hazer y de qué, y díxole que aprovecharían mucho a los que consigo las truxessen y que an de ser de lana, algodón o lino, y si fuessen de seda [fol. 56r] o oro o plata, en tal que no sea en cantidad, porque es por devoción y no por vanidad. Y la dicha sierva de Dios, que esto escrivió, dixo que ella se ponía en manos de sus prelados y de Dios, primeramente, y de las personas doctas que deven conocer las cosas espirituales, porque ella no se sentía digna de saber examinar la tal revelación. Después d’esto díxole el santo ángel que no dudase en aquella revelación, que sin duda era hecha por voluntad de Dios, y que los dichos nudos ternían mucha virtud y no solamente serán bendecidos ellos, en los quales se dará la gracia y perdones, mas aun serán bendecidos los materiales: si fuesse lana, por la vestidura del Señor que truxo en la tierra, y si fuesse lino, por la sábana en que fue embuelto el precioso cuerpo de Nuestro Señor Jesuchristo quando fue descendido de la Cruz y puesto en el santo Sepulcro (porque todo esto aprovecha por la penitencia de los pecados y perdón d’ellos), y si [fol. 56v] fueren de seda, por razón de la su puridad y luzimiento y olor. Las personas que los truxeren con devoción y reverencia alcançarán firmeza y perfeción por razón de la sacratíssima Passión de Nuestro Señor Jesucristo, que fue teñida la su sacratíssima carne en muy finíssima sangre, y su muy lindo y delicado cuerpo fue hecho todo matizado de colores, conviene a saber: blanco por razón de la humanidad, azul por los açotes, verde por los cardenales y heridas tan crueles que le daban, negro por los muchos tormentos, colorado por las llagas; de manera que el cuerpo precioso de Nuestro Señor Jesucristo estaba en el tiempo de su Passión todo matizado de colores. Y si fuere oro, serán las ánimas luzidas por razón de la divinidad y excelencia de Nuestro Señor Dios todopoderoso, que es figurado por el oro, que es preciado y generoso, &amp;lt;o&amp;gt; y significa las cosas celestiales y el Paraíso adonde no ay ninguna fealdad ni defecto, mas toda gloria y Bienaventurança. [Fol. 57r] Y dixo más el santo ángel: que estas eran cosas muy excelentes, aunque encubiertas. Y no quiso dezir más por entonces el santo ángel, sino que si fuessen tenidas en reverencia y acatamiento y devoción serán provechosas para la salvación de las ánimas y provecho de los cuerpos, porque cierto el Señor puso en los dichos nudos mucha virtud, porque ansí como imbía del Cielo su virtud para consagrar el santo sacramento en las manos y ánima y entendimiento del sacerdote, por pecador que sea, ansí en su manera imbiará su bendición sobre los dichos nudos hechos por qualquiera religiosa de la dicha casa, por pecadora que sea, como desuso es ya dicho. Y qualquier que truxere sobre sí las dichas señales o las tubieren en su casa con devoción, ganará tanto como si se açotasse cada día todo un año (esto por la figura de los açotes tenidos en deboción) y, por la figura de la cuerda, gana tanto como si ayunasse todos los advientos y quaresmas y como si truxesse el hábito de san Francisco todo un año por penitencia [fol. 57v] de sus pecados. Y esto todo allende de las gracias susodichas de la orden y d’esta santa casa. Y dixo más el santo ángel: que acá los hombres de la tierra y personas entendidas entendiessen en tassar la limosna por cada una de las señales, para los que ansí quisiesen ser cofrades y tomar la dicha hermandad, pagando todo un año la limosna impuesta o todo junto los que lo tomaren por cinco años. Y dixo más el santo ángel: que si la dicha cofradía no procurassen, que a su culpa fuesse, pues que la voluntad de Dios está tan largamente aparejada, ansí para la salvación de las almas como para el provecho de la dicha casa, en la qual era su santa voluntad de Nuestra Señora la Virgen María, que se á aumentado el culto divino antes que menguado. Y dixo más el santo ángel: que permaneciendo la dicha casa, siempre pondrá en ella Nuestro Señor algunos espíritus aprovechados para su santo servicio y de su santa Madre.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Otra vez ablando a la dicha sierva de Dios Juana de la Cruz, el santo ángel la dixo la [fol. 58r] manera del bendezir los cordones con sus nudos, y dixo que en la dicha casa, como ya está dicho arriba, se haga la bendición de los nudos de la manera siguiente: después de hechas las insignias, hanlas de poner en una caxa o en cosa limpia sobre un altar, mientras se dize la missa encima, la qual dicha en la tierra, dixo el santo ángel que Nuestro Señor les daría la bendición en el Cielo, que ansí se lo prometió Nuestro Señor a su bendita Madre y a nuestro padre san Francisco en presencia de los santos ángeles. Y dixo más el santo ángel: que los dichos nudos aprovecharían para muchas cosas allende de las gracias de la ánima, que aprovecharán para mujeres de parto como para morir bien los que están en pasamiento, y también aprovecharán para otras algunas enfermedades espirituales y corporales en las personas que tubieren fe con los dichos nudos, hechos por manos de las religiosas de la casa. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[fol. 58v] Y más dixo el santo ángel a la santa Juana de la Cruz otra vez hablándola: “No pienses que estas cosas son sin misterio divinal, porque te hago saber que, después que se acabó la era del año de mill y quinientos, acá el Señor, por ruegos de Nuestra Señora la Virgen María y de muchos santos, determinó de alargar algún tiempo más el curso del mundo; lo uno por que se acabassen de inchir las sillas del Cielo y lo otro por esperar las gentes a penitencia y conversión. Y quando esto otorgó a la Virgen María, como dicho es, díxole: ‘Madre mía muy amada, yo quiero mucho a mis cristianos, que son hijos de mi sangre, y por eso este pueblo christiano, que es amado de mí y de mi Padre, son herederos de mi reyno; mas no les han de faltar tribulaciones aun a los perfectos y buenos, quánto y más a los que fueren malos, y aun más tribulaciones passarán los buenos que no los malos en tiempos y en vezes, mas yo ruego contino a mi Padre por ellos, [fol. 59r] mostrándole mis cinco llagas en medio de mis pies y manos y costado’. Y el Padre me dixo: ‘Hijo mío muy amado, querría que me dexases levantar en mi fortaleza y dexame oír a la tierra, que clama y anda quexándose que no puede sufrir tan largos tiempos servir a los hombres y a sus generaciones, porque ya sienten cansancio los cielos y estrellas, sol y luna de andar, y aguas y vientos y tierra de dar sus frutos, y las raýces de los árboles y yervas y semillas no tienen fuerças para producir, si de nuevo yo no se las doy. Pues ¿con qué justicia se lo tengo de dar, siendo las gentes tan malas en el mundo? Porque no solamente no sirven bien a la nuestra Magestad, mas aun trabájanse de despreciar y amenguar nuestro serviçio persiguiendo la Iglesia, la qual era razón de aumentar ya los nuestros siervos y siervas cathólicas, mormurándolos y tratándolos mal, tomándoles sus mantenimientos, los quales les avían de dar por que no defalleciessen en nuestro serviçio ni fuesen [fol. 59v] las órdenes y religiones santas disipadas. Que por cierto si esto no se guarda, que me levantaré’, dixo el Padre, ‘y disiparé la gente y la destruiré y mandaré a los vientos y planetas, agua y tierra y sequedad y truenos y tempestades que los persigan y hieran de llagas y tormentos y temores y temblores, hambres y guerras y pestilencias. Serán açotados porque no guardan mi ley y mi fe y mandamientos. Y cada una de las personas pagarán por sí solo sus pecados, aunque las dichas tempestades y tormentos vengan en general’”. Y la dicha revelación traýa el santo ángel escrita en un libro, y mandó a esta bienaventurada Juana de la Cruz que la escribiesse o hiziesse escrivir.   &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Otra vez le hizo otra habla el santo ángel, diziendo: “Ya te dixe que, después que anda el mundo fuera de era, vienen tiempos muy rezios, y ansí lo es aora en este tiempo que se dan estos nudos bendeçidos por el provecho espiritual de las almas y peligros de [fol. 60r] los cuerpos, y también tendrán virtud para las animalias. Y por esso es bien que algunas se hagan en lana o lino o algodón o estopa, para las bestias, por que las demás lleven las personas, pues Dios no hizo en la tierra criatura más noble como es el ánima racional, que ha entendimiento de ángel. Y por eso toda persona es criatura noble, y muy más noble si es cristiana y devota y en virtudes acabada”. Y assí feneció el habla del santo ángel por esta vez, bendiçiendo él mismo las figuras y insignias ya dichas. Añadió diziendo: “La confirmación de todo esto da el Príncipe de la Paz, que es dicho santo Padre, Christo nuestro Redemptor, a quien tubiere fe y devoción en lo ya dicho”. Y todo esto suso escrito fue dicho y demostrado a la bienaventurada santa Juana de la Cruz en el año de mill y quinientos y veynte. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Nuestra madre santa Juana tenía muy grandes coloquios con señor San Gabriel, y hablando de la Santa Encarnación le dixo que, en tocando la campana del Ave María, en aquel instante visita él todas las [fol. 60v] imágenes d’este misterio que ay en todo el mundo, y que Dios otorgaba a ella y a todas sus hijas, presentes y por venir, todas las estaciones que ay desde esta casa de la Cruz hasta el postrer lugar donde comiença el linage de cada una, de suerte que si la monja fuesse del cabo del mundo todas estas estaciones gana él por ellas. Y díxole: “Diles que no sean perezosas en ofrecerlas, que con esta condición se las da el Señor, y que las offrezcan por sí y por sus próximos vivos y difuntos, y que por la flaqueça de las memorias las ofrezcan de tiempos a tiempos”. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Una imagen de Nuestra Señora de bulto, que está en una caxa encima de la portería de partes de fuera, habló con nuestra madre santa Juana.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Dixo Nuestra Señora a nuestra madre santa Juana: “Hija, di a tus hermanas que se traten con criança, que es parte de paz, y que lo que no piensan que es pecado, es pecado, que en el otro mundo se demanda hasta la torcida gorda del candil”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
También le dixo Nuestra Señora que estaban obligadas a rezar el officio divino las enfermas, en pudiendo [fol. 61r] alçar la cabeça de la almohada.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Díxole a nuestra madre santa Juana su santo ángel que se contaba en el Cielo por ayuno de pan y agua no comer cosa de sangre, como es pescado y güebos, que todo lo demás lo era. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Hablando con nuestra madre santa Juana señor san Vicente y Anastasio, le dixeron: “Di a tus hermanas que se acuerden de nosotros y que en nuestra fiesta nos pongan luz, que aunque sea un candil lo recibiremos”. Y estos gloriosos santos cayen a veynte y dos de enero. El ayuno de la Santa Visitación se comiença desde el día de san Bernabé hasta el mismo día, y las que no pudieren ayunar han de rezar cada día veynte y quatro ‘Magnificas’, y ganan lo mismo que si le ayunassen. Gánase en el adviento lo que Dios concedió a petición de nuestra madre santa Juana en lo demás que concedió en esta santa casa.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Estando mala una monja mandola el médico tomar una purga, y apareciole señor San Lucas a nuestra madre santa Juana [fol. 61v] y díxole: “No le den esa purga a la enferma, que le hará mucho mal, sino escriban al boticario que le imbíe unas píldoras agregas, y estará buena”. Y fue ansí que con las dichas píldoras sanó.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Díxole su santo ángel a nuestra madre santa Juana que paz, oración y silencio agradaba mucho a Nuestro Señor.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[SERMÓN DE SAN JUAN BAUTISTA]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''Principio del sermón de San Juan Baptista de su natividad, sacado de su original.'' &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Fablando el Señor día de la natividad de San Juan Baptista, dixo su divina Magestad quería deçir a los humanos algo de las fiestas e solenidades que se hazían en el Cielo, e las grandes alegrías e grandes cosas e gozos acidentales que esta santa natividad causa en este día a los bienaventurados, por quanto Él dixo se alegraría toda criatura en su nacimiento. “E pues que se cumplen las palabras de los profetas”, dixo el Señor, “haviéndome algunas vezes ofendido aunque son santos, más razones que se cumplan las de los ángeles, los quales nunca me offendieron e siempre hizieron mi voluntad, e esta fue anunciar al mundo por San Gabriel las grandeças del día de mi alférez, al qual dio mi Padre título de ángel. E por quanto este día [fol. 62r] es célebre en el universo por haver sido albriçiador de mi Santa Encarnación, tan deseada e pedida de tantas generaciones, ansí es goço en el mi santo reyno. En este día fue fecha una solene processión de todos los bienaventurados, con muchas danças e pendones ricamente adereçados más que de oro, en la qual iba el glorioso niño con un pendón más rico e resplandeciente que todos, guiando la procesión; el qual pendón llevava en la cimera un muy rico joyel muy resplandeciente, fecho a manera de bolsa, todo cercado de borlas e botones de oro muy claro e fermoso, en el qual joyel están escritas con letras de oro unas palabras, las quales decían: “En mi natividad la Madre de Dios fue mi ama”. Y estas palabras iba el glorioso San Juan cantando e tañendo muy dulcemente, e llegó hasta el trono real de Nuestra Señora”. Y dixo más el Señor que decía el dulce niño Juan: “Gózome con la Madre de mi Señor e mi ama”. E dixo el Señor que como el niño San Juan fuesse tañendo e cantando a ofrecer su pendón al Padre celestial, el qual dixo que son estas palabras que vienen escritas, e mostrávaselas al Señor e, fincado de hinojos con mucha reverencia, decía: “Suplico a tu divina Magestad vea lo que aquí viene”. El Señor le dixo: “¿Qué es esto, Juan? ¿Que mi Madre, [fol. 62v] tu ama?”. E bolviendo el Señor a su gloriosa Madre díxole: “¿Cómo, Señora Madre? ¿Es verdad esto que se dice aquí?”. Ella respondió con mucha humildad e goço: “Sí, fijo mío muy amado, verdad es, y que era muy bonito por quanto vos le visitastes, siendo en su vientre le santificastes antes que naciesse”. E luego le miró Nuestro Señor muy dulcemente, e buelto a los bienaventurados les decía que fiziessen grandes fiestas por todo su reyno. E llevándole la Madre de Dios en sus muy preciosos braços, hecho ansí niño chiquito, llegó la gloriosa santa Isabel y se le pidió, y ella se le daba, pero el chiquito, con grande amor e reverencia, no quería sino estar en los braços de la Reyna, e decía la santa vieja: “Ay, mi Señora, que ese niño yo le parí”. Yendo assí Nuestra Señora y Nuestro Señor por su santo reyno con el niño, decía: “¡Alégrese mi Iglesia con el amigo! De la esposa yo soy el Esposo, y él el que como amigo me truxo la esposa fasta la cama, quando por el sacramento del baptismo ayuntó e desposó todas las almas cristianas con el que es verdadero Esposo”. E después que el poderoso Dios obo dicho todos estos loores del glorioso San Juan, vistiole y adornole de dos muy ricas e preciosas vestiduras: la una era muy blanca e con las mangas muy [fol. 63r] anchas, que llegaban fasta el suelo, e ciñole una cinta de oro muy resplandeciente con muchas piedras preciosas, e púsole encima una muy rica capa toda llena de muchas joyas e la falda muy larga, e esta capa era muy pintada e de muchas colores e olores. E púsole en un muy rico trono e coronole con tres coronas muy preciosas: la una por su grande humildad, y esta era de clavellinas muy finas (a significación de su sagrada virginidad), e la segunda corona era de rosas muy coloradas más que rubíes e corales (e esta significaba el martirio que él padeciera), e la tercera corona era de joyeles e piedras preciosas (que significaba la penitencia e méritos que el gran baptista tuvo). E después que el Señor le ubo adornado e coronado, tomole por la mano e decendiose con él por su santo reyno e alcáceres, faciendo todos los ángeles e santos muchos goços e alegrías, loando e magnificando su santo nombre, porque tan alta e perfecta criatura avía tenido por bien de criar. E dixo más el Señor: que como ansí viniesse San Juan con Él, que [fol. 63v] se fincó de finojos e le fabló diziendo: “Suplico a tu gran poder e clemencia tenga por bien de recibir los clamores que me facen en la tierra los mis devotos e amigos, e me demandan favor para sus almas e me hazen fiesta e comemoraçión”. E, estando assí fecho niño chiquito, gozábanse con él sus padres e parientes e todos los santos, e el Redemptor le tomó en sus preciosos braços y le tornó a su trono real, ofreciéndole al Padre celestial por todos sus devotos, diziendo: “Esta es la saeta con que yo tiré a muchos e herí a muchos malos. Ofrézcotele, Padre mío, e ruégote que otorgues por ambos las peticiones justas que oy me an demandado”. Y el Padre celestial le respondió a su fijo y salvador nuestro diziendo: “Fijo mío muy amado, yo recibo este niño e las peticiones que me pides que otorgue por él, porque ese niño es el que yo llamé ‘ángel’, e por eso quise e fue mi santa voluntad que naciesse más limpio y puro que otro ninguno, e más bermejo, porque havía de ser más santo e limpio que otro ningún santo”. E dixo el Señor que fue tanto el amor que cobró a Nuestra Señora la Virgen [fol. 64r] María este bendito niño Juan, que en tres días nunca quiso mamar ni tomar ninguna teta sino estarse contino en sus braços, e si ella le dexaba alguna vez de los braços para yr a alguna parte de la casa, e aunque el niño era chiquito e casi recién nacido, se salía de la cuna o cama donde le tenía echado y se iba a gatas donde quiera que la Señora iba; e ella, viendo el conocimiento y amor que el niño Juan le tenía, recogíale en sus braços e, reverenciando a Dios, en su vientre ponía sus manecitas y adoraba a su Redentor. Y otras veces íbase a los pechos de la Madre de Dios e quería mamar, e decía la Madre de Dios: “Dexad las tetas, hijo mío Juan, que están guardadas para otro mayor e mejor que vos”. E quando avía el glorioso San Juan de tomar la teta de su madre, Nuestra Señora la Virgen María le tomava en sus preciosos braços e metíase con él en una cámara obscura e apuesta, e por semejante la gloriosa santa Isabel, fablando e alagando al precioso niño, e siendo llegada la hora e voluntad de Dios que él mamase, tomó la teta de su madre pensando que era la de la Madre de Dios. E dende allí [fol. 64v] adelante, cada vez que avía de mamar, el Señor le quitava el entendimiento que tenía de hombre de perfeta edad e quedávase en ynocencia de niño, como lo era, para mantenerse e poder vivir e criarse. Y en tanto que Nuestra Señora estuvo en casa de Zacarías, cada vez que el niño Juan avía de mamar le tomaba ella en sus braços, para que callasse e pensasse que era su madre. Esto facía por el grande amor y sin medida que con ella avía concebido, porque viendo la gran fermosura más se fartaba e deleytaba de la mirar e acatar y estar en sus braços que de mamar las tetas de su madre. E después que la gloriosa Virgen María fue tornada a Nazared, por algún espacio de tiempo no le podían acallar ni façer mamar, acordándose de su dulcedumbre e acatamiento e del fruto tan maravilloso de su sagrado vientre, el qual el santo niño Juan muchas veces adorava quando la Madre de Dios le tenía a él en sus braços. E no solamente truxo Nuestra Señora en sus braços muchas veçes al niño Juan en el tiempo que él nació en este mundo, mas aun en esta misma [fol. 65r] otaba no quiere andar sino en sus braços por el reyno celestial, hecho niño chiquito y de la mano de Nuestra Señora, e yendo ella sentada y metida en un trono muy rico y adornado. E quando Nuestra Señora le llevava assí consigo iba fablando con unas bienaventuradas muy dulçes, diziendo a todos los bienaventurados de la corte del Cielo: “Amigos e amigas, mirad al niño Juan quán bonito e precioso e fermoso es”. E como todos los ángeles e los santos le miraban e acataban, gozábanse e alegrábanse todos de ver su fermosura. E a desora le vestía e adornava Nuestra Señora de tanta diversidad de maneras e colores e pinturas e joyas, que los que una vez le miravan e después le tornavan a ver no le conocían quando la Madre de Dios se le mostrava, e dezíanle muy maravillados: “O, Señora y Reyna de los Cielos, no es este el niño que tú nos enseñabas, que este es más lindo e más precioso”. E la gloriosa Virgen María respondía: “Por cierto, mis amigos, el mismo es”. E acatándole todos conocíanle en solo los pies, porque quanto traýa las plantas d’ellos llenas de flores [fol. 65v] e rosas e verduras, ansí como matas de albahacas muy olorosas e finas, las quales verduras e flores traýa él en los pies en remenbrança e figura de las yervas e verduras por gloria y honra suya echan en el suelo acá en el mundo el día de su santa natividad. E allende de las vestiduras que el glorioso niño Juan tenía vestidas este día, también traía sobre su cabeça una diadema de oro muy resplandeciente e iba todo escrita con letras de oro muy lindas, que dezían las mismas alabanças que primero llevaba en el pendón, que decían: “La Madre de Dios es mi ama”. E por semejante llevava en la mano derecha un jarrito de oro muy resplandeciente y escritas letras de oro en él que dezían lo mismo: “La Madre de Dios es mi ama”. E fablava el niño Juan con voz muy dulce e decía: “Yo soy el dichoso y el consolado, que la Madre de Dios me tiene en sus braços”. Y como Nuestra Señora iba ansí por todo el reyno de los Cielos e por todos los alcáçeres muy acompañada de ángeles y en su trono muy poderosamente, llevando [fol. 66r] en sus braços al niño Juan, mostrávasele a todos e gozábanse mucho con él. E deseávale su santa madre Isabel y Zacarías, su padre, e todos sus parientes. Aunque santa Isabel se gozava e se tenía por dichosa que Nuestra Señora llevase a su fijo, ella le deseava e deçía dentro de su coraçón: “O, si la Señora me diesse mi fijo para que me goçe un poco con él, antes que pase la octava en la qual está fecho niño, que después estará fecho hombre como de primero e no podré jugar e goçarme con él”. E Nuestra Señora, conociendo sus pensamientos e deseos, mostrávale de su trono alto al precioso niño Juan e deçíale: “Por cierto que no os le dé... Si le queredes ver, ele aquí”. E santa Isabel le tomava e le besava e se goçava con él, e la Señora decía al niño: “Fijo, ¿quieres yr con tu madre?”. Y el niño se asía a la garganta de la Madre de Dios e decía: “No, Señora, que con vos me quiero estar”. Y esto facía la Madre de Dios por dar [fol. 66v] al niño Juan más honra e gloria e quererle ella traer por todo el reyno del Cielo ansí. E dixo más el Señor: que allende d’estos favores e previlegios y dones que el glorioso San Juan Baptista recibió d’Él, fue muy grande aquel don tan especial de la santificación, que Él le santificó estando él encerrado en el vientre de su madre y yendo también encerrado Él en el sacratíssimo vientre virginal de Nuestra Señora; porque desde que la Virgen entró por la casa de santa Isabel, su prima, santificó el mismo Salvador a San Juan, e le dio luego entendimiento de hombre de perfecta edad de treynta y tres años e de hombre angélico e celestial. E tan grandes fueron sus dones e merecimientos e previlegios e gracias, que de toda la santíssima Trinidad es muy amado e loado e querido y ensalçado e honrado, por lo qual alcança mucha gracia para todos los que le aman e sirven delante el acatamiento divinal.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Fin del santo sermón, el qual acabó el Señor [fol. 67r] dando su bendición, diziendo: “La bendición del Padre e de mí, su fijo, y del Spíritu Santo, que me voy, y no del coraçón que me ama”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[VERSOS LAUDATORIOS A LA VIRGEN]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Mírala cómo sale&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
la rosa fresca y florida,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
mírala cómo sale &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
de entre las espinas.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Sale qual aurora&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
esparciendo flores&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
y con sus primores&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
al Çielo enamora,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
y en fe que la adora&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
la da clavellinas.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Mírala &amp;amp;ª ''[11]''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Su rica corona &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
texida de estrellas,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
la ermosura en ellas&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
más se perfeciona.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Con voces pregona&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
sus gracias divinas.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Mírala &amp;amp;ª&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El cedro hermoso&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
del Líbano santo&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
es quien pone espanto&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
al lobo rabioso,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
es rosal hermoso&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
que da rosas finas.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Palma de victoria&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
plantada en Cades,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
compuesto ciprés&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
del Sion de gloria,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
ciudad de memoria&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
que al Cielo encaminas.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Espejo agraciado&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
en quien Dios se mira,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
cuya luz retira&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
la culpa y pecado,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[fol. 67v] plátano plantado&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
entre aguas divinas.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Flor de los jardines&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
del rey Salomón,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
güerto y recreación&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
de los seraphines,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
oy de entre jazmines&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
dulce olor aspiras.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
La blança açuçena&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
de los frescos valles&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
sale por las calles&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
de virtudes llena,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
destierra la pena&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
y esparce alegrías.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En la tierra y Cielo&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
se lleva la gala,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
porque ella es la escala&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
de nuestro consuelo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Jacob con desvelo&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
a subir se anima.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Es fuente sellada &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
con sello del Rey,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
que en qualquiera ley&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
es privilegiada.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
¡O, fuente sagrada&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
de aguas cristalinas!&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Oliva especiosa&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
en campo florido,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
tus ramas son nido&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
do el Verbo reposa.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
¡O, viña dichosa &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
de ubas peregrinas!&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Su Esposo la viste &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
con rayos del sol,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
su claro arrébol&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
tinieblas resiste,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
a la tierra enviste&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
la luz de alegrías.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
La luna a los pies&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
la sirve de estrado&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
y el Cielo estrellado&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
oy su trono es.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Cielo y tierra, pues,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
miren a porfía. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Mira sus cabellos&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
su Esposo querido&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[fol. 68r] y baja herido&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
por cada uno d’ellos&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
para darnos vida.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Sus hermosos ojos&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
y esparcida frente&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
quando está presente&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
quita mil enojos,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
ríndenla despojos&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
quien la ve y la mira.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Arcos son de amor&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
sus cejas graciosas,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
largas y espaciosas,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
llenas de primor&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
dan a su Açedor&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
alabanças dignas.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Mira que es la puerta&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
que vio Acequiel&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
por do entraba un Rey&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
sin dejarla abierta,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
mira que es la güerta&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
do se á de plantar la vida.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Mira cómo sale&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
la rosa temprana,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
sin ser maculada&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
de culpa culpable,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
mira qu’es la llave&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
con que el Cielo se abriría.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Mírala cómo sale&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
la rosa fresca y florida,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
mírala cómo sale &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
de entre las espinas.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Fin.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[fol. 68v] A la puríssima concepción de Nuestra Señora.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Qué linda sois, Virgen,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
qué linda que sois,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Cielo y tierra lo dicen así,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
y en verdad que lo sois.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
De vos se decía,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
allá en los cantares,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
que sois escogida&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
entre los millares.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Todos los mortales&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
predican de vos&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
que sois virgen y madre,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
y en verdad que lo sois.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Sois toda hermosa&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
sin mancha ninguna,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
entre estrellas, luna,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
y entre espinas, rosa.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Por ser tan graciosa&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
os preservó Dios.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Cielo y tierra lo dicen ansí,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
y en verdad que lo sois.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Sois de Dios echura&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
echa en su crisol,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
clara más que el sol,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
toda limpia y pura,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
tan noble criatura&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
que sola sois vos&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
la exempta de culpa,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
y en verdad que lo sois.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
¿Qué mayor nobleça &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
que ser por gracia vos&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
lo mesmo que Dios&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
por naturaleça?&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Por vuestra limpieça&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Gabriel os llamó&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
‘Ave gracia plena’,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
y en verdad que lo sois.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Virgen singular,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
escala del Cielo,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
por quien Dios al suelo&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
propuso bajar.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Estrella del mar,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[fol. 69r ] ¿quién ay como vos,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
toda bella y pura?&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y en verdad que lo sois.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El Dios que os crió&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
sola y sin exemplo,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
nuestro casto templo&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
hecho hombre abitó.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Tal sois que se honró&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
con tal madre Dios,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
por ser sin mançilla,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
y en verdad que lo sois.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Si Dios con su aviso &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
y sumo poder&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
limpia os pudo hacer,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
sin duda que quiso.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Sois el Paraíso&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
do se recreó&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
el nuevo Adán Cristo,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
y en verdad que lo sois.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Oy por libre os dan,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
que si de las leyes&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
se exemptan los reyes&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
las reynas lo están&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
de la ley de Adán.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Os eximió Dios&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
por ser limpia y pura,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
y en verdad que lo sois.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En el Cielo os vio&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Juan profeta santo&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
con el sol por manto,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
según lo escrivió,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
porque os concibió&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Ana en luz de Dios,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
sin noche de culpa,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
y en verdad que lo sois.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Del mundo el consuelo&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
sois, Virgen María,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
norte que nos guía&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
al puerto del Cielo,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
milagro del suelo&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
en quien puso Dios&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
grandeça infinita,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
y en verdad que lo sois.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Casa que fundó &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
el sol de justicia, &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
hecha sin malicia&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
donde Él habitó.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[fol. 69v] Solo os reservó&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
del tributo a vos&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
que Adán nos impuso,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
y en verdad que lo sois.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Con divina gracia&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
se llamó dichoso&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
vuestro vientre hermoso,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
que al Inmenso abraça,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
que es paño sin raça&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
el que vistió Dios.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Cielo y tierra lo dicen ansí,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
y en verdad que lo sois.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Paloma sin hiel,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
virgen sin mancilla,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
sacro trono y silla&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
del Dios de Isrrael,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
¿qué rosa o clavel&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
brotó como vos,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
más qu’el cielo pura?&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y en verdad que lo sois.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Esta vuestra casa,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
de quien sois defensa,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
os dé gloria inmensa&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
y loores sin tassa,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
pues de nuestra masa&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
sola fuistes vos&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
la limpia de culpa,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
y en verdad que lo sois.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Fin.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[VERSOS A LA CIRCUNCISIÓN DEL NIÑO]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Coplas a la circuncisión del Niño.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Ved aora los pecadores&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
lo que mi hijo ha pasado,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
que desde oy está llagado.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
¿A quién le encomendaré&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
demandándole favores?&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
¿Qué pensaré o qué haré,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
que ya crece mi dolor?&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Entre el goço y el temor&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
mi espíritu está turbado,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
que desde oy está llagado.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[fol. 70r] Quien le llagó fue el amor,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
y es tanto el que tiene al hombre&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
que es justo el Cielo se asombre,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
pues parece pecador,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
en sí con tanto rigor&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
cumple la ley del culpado,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
que desde oy está llagado.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Sin dever ningún tributo,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
siendo poderoso rey,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
oy se sujetó a la ley&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
y da su sangre por fruto.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Destierre ya el mundo el luto,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
pues Dios tan presto ha pagado,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
que desde oy está llagado.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Esposo de sangre es&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
y en Él su amor tanto crece&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
que oy por primicias ofrece&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
lo que ha de verter después.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Tan grande es el interés&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
que por las almas ha dado&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
que desde oy está llagado.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Amor que le hace la guerra&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
y le obligó en un instante&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
al qu’es del Cielo gigante&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
hazerse niño en la tierra.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Tal fuego en su pecho encierra&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
de pagar por el pecado&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
que desde oy está llagado.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
¡O, exceso raro de amor!&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Pues Él solo cubrir pudo&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
al que es de culpa desnudo&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
con capa de pecador.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Alma, a pagar tu valor&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
viene tan apresurado,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
que desde oy está llagado.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Con amor no ay que espantar&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
del precio que nos ofrece,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
que a dar su sangre empieçe&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
quien carne y sangre ha de dar.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Hombre, comiença a goçar&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
del remedio deseado,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
que desde oy está llagado.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Con esta muestra declara&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
el contento que recibe&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
en que ya tu alma vive&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
y su sangre la repara.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Al fin le cuesta tan cara&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
y tan grande precio á dado,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
que desde oy está llagado.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[fol. 70v] O, supremo Criador,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
hijo mío y niño Dios,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
¿quién pudiera sino vos&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
dar tales muestras de amor,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
anticipando el dolor&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
vuestro cuerpo delicado,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
que desde oy está llagado?&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Mucho, Niño, el alma amáys,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
pues que por abrirla el Cielo&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
apenas bajáis al suelo&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
quando culpado os mostráis,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
y tan presto el cuerpo dais&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
por fiador del pecado,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
que desde oy está llagado.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Mas si por librar al hombre&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
su sangre tierna derrama,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Jesús el Cielo le llama,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
nombre sobre todo nombre,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
cuyas letras por que asombre&lt;br /&gt;
con tanta sangre an entrado,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
que desde oy está llagado.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Oy al alma, que en su trato&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
captiva y esclava ha sido,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
compra en precio tan subido&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
por darla el Cielo barato.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Mira, pecador ingrato,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
lo que tu culpa ha costado,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
que desde oy está llagado.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Si Dios tanto al alma estima&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
que se ha hecho tierno infante,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
y el apresurado amante&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
oy por ella se lastima, &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
¿cómo a servir no se anima&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
un Dios tan enamorado,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
que desde oy está llagado?&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Ea, Niño, empeçad ya &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
a esforçar vuestra flaqueça,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
que quien dando sangre empieça&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
dando sangre acabará,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
y tanta que quedará&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
vuestro cuerpo desangrado,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
que desde oy está llagado.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Curar quiere nuestros daños,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
pues que la sangre que cría&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
nos la da al octavo día&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
para darnos buenos años.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Efectos de amor estraños&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
en Él se an manifestado,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
que desde oy está llagado.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[fol. 71r] Vayan tristeças afuera,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
¡alegría, pecadores!,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
que ya comiençan las flores&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
de la fértil primavera.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Copioso fruto se espera,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
pues Jesús tal muestra ha dado,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
que desde oy está llagado.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Para que no desconfíes&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
por lo que culpas merecen,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
por los sus ojos te ofrecen&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
su tierna sangre rubíes,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
y para que más confíes&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
pagan tan anticipado,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
que desde oy está llagado.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Mi Dios de amor verdadero,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
¿qué coraçón de diamante&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
no se ablandara al instante&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
con sangre de tal cordero?&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Redempción copiosa espero&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
de un Dios tan enamorado,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
que desde oy está llagado.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Oy viene en sangre cubierto&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
el que en éxtasis profundo,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
desde el principio del mundo, &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
llamó Juan ‘cordero muerto’.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Con sangre firma el concierto&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
que tiene tan deseado, &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
que desde oy está llagado.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Como al alma tanto amáys&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
y es pasión de amor, aquestas&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
lágrimas de sangre os cuesta&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
que oy por ella derramáys.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Caro es el precio que days&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
de vuestro cuerpo sagrado,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
que desde oy está llagado.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Sangre en la circuncisión&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
dais de valor infinito,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
que sin ella mi delito&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
no alcançará remissión.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Salid, hijas de Sion,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
a ver el Rey coronado,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
que desde oy está llagado.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Agua y sangre de Dios vierte&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
su caridad encendida,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[fol. 71v] una al entrar en la vida,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
otra después de la muerte;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
una y otra, alma, te advierte&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
quánto su amor te ha obligado,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
que desde oy está llagado.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Ved aora, los pecadores,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
lo que mi hijo ha pasado,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
que desde oy está llagado.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Fin.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
=== Notas ===&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[1]'' El folio 1 está precedido por otro folio no numerado y que muestra una caligrafía diferente, lo que sugiere que fue añadido al manuscrito posteriormente. En este folio se puede leer lo siguiente: “Para mayor honra y gloria, fíen mando y pago a los señores de la casa. Y mando y nombre: Diego Lucas ¿Gómez?”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[2]'' En esta cuarteta y las dos siguientes, a pesar de la indicación en el manuscrito original, no parece intervenir Juana, la Esposa.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[3]'' En el manuscrito aparece “llame”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[4]'' Este pasaje está subrayado en el manuscrito, en cuyo margen se aprecia una pequeña nota que parece decir “Ojo, alabanza”, aunque no se entiende del todo bien.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[5]'' Nota al margen: “Llamávase Germana de la Asçensión”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[6]'' Nota al margen medio cortada, en la que parece indicarse lo siguiente: “También se reça para este mismo con nueve mil ‘Avemarías’”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[7]'' Nota al margen: “Los maytines eran entonces a media noche”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[8]'' Nota al margen no legible.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[9]'' Subrayado en el manuscrito.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[10]'' Nota al margen: “Estas cofradías otorgó el Señor por intercesión de nuestra madre santa Juana de esta santa casa de la Cruz”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[11]'' Este símbolo posiblemente indique que entre las estrofas debe repetirse el estribillo: “Mírala cómo sale / la rosa fresca y florida, / mírala cómo sale / de entre las espinas”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
= Vida manuscrita (3)=&lt;br /&gt;
Ed. de [https://visionarias.es/equipo/veronica-torres-martin// Verónica Torres Martín]; fecha de edición: febrero de 2025; fecha de modificación: enero de 2026.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
== Fuente ==&lt;br /&gt;
* [http://catalogodesantasvivas.visionarias.es/index.php/Categor%C3%ADa:Lucas_de_Yanguas Yanguas, Lucas de], 1684. ''Breve catálogo de los siervos de Dios así religiosos como religiosas de la Tercera Orden que han fallecido con singular opinión y fama de muy virtuosos en la santa Provincia de Castilla''. Ms. C/12 del Archivio Generale dell’Ordine dei Frati Minori AGOFM, Roma, fols. 17v-24r.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[[Contexto material del manuscrito Breve catálogo de los siervos de Dios]] ''así religiosos como religiosas de la Tercera Orden que han fallecido con singular opinión y fama de muy virtuosos en la santa Provincia de Castilla''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
== Criterios de edición ==&lt;br /&gt;
El texto se ha actualizado a las normas de ortografía vigentes. Esto conlleva la normalización de las grafías h, b/v, j/g, i/y; los cambios de qu a cu. Sin embargo, se han conservado los casos de laísmo presentes y los pocos ejemplos de leísmo hallados en el manuscrito. En cuanto al grupo de sibilantes, se han normalizado tanto las -ç- como las -sc- y -ss-. Tanto la puntuación como la acentuación han sido normalizadas, si bien se mantiene el uso del paréntesis para indicar observaciones digresivas según el original. También lo ha sido el uso de las mayúsculas y la separación o unión de palabras. La -u- intervocálica y la v han sido unificadas como “v”, así como las diferentes grafías de la s.  Los nombres propios de personajes y lugares han sido modernizados para facilitar su reconocimiento.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==Vida de Juana de la Cruz==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[Fol. 17v] ''[1]'' La venerable madre sierva de Dios sor Juana de la Cruz nació en primero de mayo de 1482 ''[2]'' en el lugar de Azaña en la Sagra de Toledo. Sus padres se llamaron Juan Vázquez y Catalina Gutiérrez, personas virtuosas y ricas. Recibió el santo baptismo en la iglesia parroquial de dicho lugar y el nombre Juana y, tan temprano madrugó en ella la luz de la divina gracia, que, habiendo diferencia de los viernes, entre los otros días, no tomaba en ellos el sustento del pecho de su madre más de una vez al día, comenzando en ella con la vida la devoción a la Pasión de Christo y la virtud de la abstinencia. Sucedió durante su infancia no tomar el pecho en tres días y, creyendo su madre ser algún accidente mortal, valiéndose de la intercesión de Nuestra Señora, hizo voto de llevarla al templo recién edificado de Santa María de la Cruz, señalando la Virgen Santísima el sitio y poniendo en él una cruz por su misma mano, habiéndose aparecido a una niña del lugar de Cubas llamada Inés, a la cual tomó por medio Su Majestad para que se lo intimase a la gente del lugar, y como era voluntad suya que en aquel sitio se le edificase un templo donde fuese venerada y es el que hoy persevera en el convento que se edificó después para religiosas de la Tercera Orden. Y, asimismo, prometió su madre velar una noche en la otra iglesia, a cuyo voto se siguió la salud de la niña Juana, teniéndola todos por milagrosa. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Semejante caso sucedió de edad de dos años que, habiendo enfermado de muerte al juicio de su madre, la llevó a visitar la ermita del glorioso apóstol San Bartolomé en la villa de Añover. En ella mejoró súbitamente y, llegada a los años de discreción, contaba la sierva de Dios se la había aparecido y tocádola en el rostro, con cuyo tacto recuperó milagrosamente la salud. A los cuatro años de su [fol. 18r] edad tuvo un rapto en que fue llevada a un lugar muy ameno donde vio una señora de grande hermosura y autoridad asistida de niños y doncellas hermosísimas, de las cuales informada que aquella señora era la Madre de Dios, la adoró como a tal y saludó con la avemaría. Y entre aquellos ángeles en forma de niños vio la primera vez a su Santo Ángel Custodio. En este mismo año, llevando el Santísimo Sacramento a un enfermo, adorándole la niña Juana a la puerta de la casa de sus padres, vio sobre el cáliz un niño hermosísimo cercado de resplandores, y otras muchas mercedes recibió del Señor.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
A los siete años de su edad murió su madre dejando encargado a su marido llevase la niña Juana a visitar el templo de Santa María de la Cruz en cumplimiento de la promesa que tenía hecha, lo cual deseaba mucho la niña, poniendo la mira en quedarse en aquel convento por religiosa y, reconocido su deseo por su padre y deudos, procuraron estorbarlo juzgando su poca edad incapaz para llevar los rigores de la vida religiosa. Y, como la niña iba creciendo, aumentaba sus piadosos ejercicios: los días de ayuno, que eran de precepto, ayunaba a pan y agua; otras veces no se desayunaba en dos ni en tres días; poníase ásperos silicios; azotábase con ramales de cadenas de yerro hasta derramar sangre; en los más recios yelos del invierno se desnudaba y, con solo el silicio, pasaba las noches enteras en oración. Favorecíala Nuestro Señor con particulares visiones y, entre ellas, un día de Viernes Santo la apareció Christo crucificado, cuya visión la dejó tan vehemente lastimada que la pena del corazón se le llegó a conocer en lo pálido que se le puso el rostro. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
A los catorce años de su edad unos tíos suyos, en cuya casa estaba, la trataron de casar aspirando muchos a pretender esta ventura, singularmente un noble y principal mancebo natural de la villa de Illescas. Muy diferentes eran los deseos de Juana, que solo codiciaba dedicarse al servicio de Nuestro Señor, el cual, un día de la Semana Santa le apareció y aseguró sería su esposa en el estado de la religión y, alentada con esta visión y palabra, resolvió irse al Convento de Religiosas de la Tercera Orden de Santa María de la Cruz, cuya fundación [fol. 18v] creía había sido milagrosa de especial servicio del Señor y culto de su gloriosa Madre. Reconociendo que no había de poder alcanzar el beneplácito de su padre y tíos, se resolvió a valerse de su industria sin temer disgustarlos por obrar lo que creía ser del gusto de Nuestro Señor. Para esto, dejando el hábito de mujer en traje de hombre y con espada para más disimulo, sola y a pie salió de noche de su casa, camino del convento. Apenas dio principio a su camino cuando comenzó a discurrir los inconvenientes que podían seguirse de aquella jornada en aquel traje, el sentimiento de su padre y tíos, y la novedad que causaría a las religiosas. Todo lo cual la amedrentó de manera, junto con la soledad y obscuridad de la noche, que cayó en la tierra como desmayada hasta que una voz la esforzó tres veces a proseguir su camino y, después, entendió haber sido de su Ángel Custodio. Comenzó con este aliento a caminar y, a breve espacio, sintió venir en su seguimiento un hombre a caballo que, según reconoció, era aquel joven hidalgo de Illescas que tan solícito la pretendía por esposa. Asustose Juana con su vista, mas el mancebo, engañado con el traje varonil, pasó adelante sin haberla conocido de que dio Juana a Nuestro Señor muchas gracias, y en aquel lugar se le apareció Nuestra Señora y alentó a sus buenos propósitos. Llegó Juana a un pueblo que dicen Casarrubuelos, pidió en una casa la diesen un poco de agua, descansó un breve rato y levantándose a proseguir su viaje, como practicó en su uso, se dejó allí la espada por olvido. Habiéndola echado [de] menos volvió a buscarla a la misma casa y, sin reparar en el fingido traje, dijo: “¡Oh, pecadora de mí, que se me olvidaba la espada!”. Ocasionó reparo en el estilo, que no decía con el hábito, mas como llevaba superior seguridad, no le fue estorbo que la impidió su camino. Llegó Juana al puerto deseado del Convento de Nuestra Señora de la Cruz, buscó la portería para hablar a la prelada, y había punto a la puerta una imagen de Nuestra Señora, postrose a pedirla su amparo y, es tradición constante, que la santa imagen la habló diciendo: “Bienvenida seas hija mía, entre gozoso su espíritu a tomar posesión de lo que tanto ha deseado, que para reparo de esta casa te crio Dios. En cuyo nombre y en el mío tendrás autoridad para derribar y edificar, destruyendo relajaciones y enseñando con tu doctrina y ejemplo el camino de la perfección”. Esta santa imagen de [fol. 19r] Nuestra Señora, de quien esto se cuenta, se venera hasta hoy en la portería del convento, aunque mudado el sitio. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Confortada interiormente Juana con este favor, llamó a la prelada y, habiéndola informado de sus deseos y resolución, fácilmente consiguió su consentimiento y de las religiosas que, junto con el del Vicario Provincial, que, según el cómputo, era el muy reverendo padre fray Juan de Tolosa, la tercera vez, inopinadamente había llegado al convento a esta sazón, fue Juana admitida para religiosa. Luego ocurrieron sus padres y deudos y, con palabras ásperas, solicitaron reducirla a desistir de sus intentos, mas, ablandando el Señor sus corazones, no pasaron adelante viendo su perseverancia y la dieron sus consentimientos ofreciendo la dote necesaria y, en presencia de todos, con mucho gusto suyo y de las monjas, recibió sor Juana el hábito de la religión de edad de quince años. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Luego que se vio en aquel lugar y hábito que había deseado con tantas ansias, comenzó a mostrarse agradecida a Nuestro Señor procurando servirle con todas sus fuerzas: aumentó los silicios y disciplinas; diose toda al ejercicio de la oración; y, pasado el año del noviciado con raro ejemplo de sus virtudes, hizo su profesión muy alegre. Tomó en ella el nombre de Juana de la Cruz, de quien fue devotísima en consideración de haber sido el instrumento de nuestra redención. Después que profesó, continuó más sus virtudes y, en particular, el trato interior con Dios, de tal suerte que apenas dormía y lo más que descansaba era tomando dos horas de sueño. Vestía el hábito más pobre, una túnica de paño grosero y debajo un áspero silicio; comúnmente andaba con los pies descalzos y, aunque fueron muchas sus penitencias, nunca se gobernó en ellas por su dictamen, sino por el de sus confesores. En los oficios de caridad era muy puntual, especialmente con las enfermas, y mostrose bien en el caso siguiente: padecía una religiosa un grave dolor de estómago y pidió a sor Juana que pidiese, como que era para sí, un poco de vino con que esperaba alguna mejoría. Reparó sor Juana iría contra la verdad si lo pidiese para sí siendo para la enferma, y resolvió a pedir a Nuestro Señor la diese a ella [fol. 19v] el dolor de estómago que padecía la religiosa por el tiempo que fuese su voluntad y, habiéndosele dado, a título de estar con dolor de estómago, pidió el vino y, pedido a título de necesidad suya, le dio alivio de su hermana enferma. En este ministerio de la enfermería hizo Nuestro Señor por sus merecimientos maravillosos beneficios a las religiosas: una sanó de unas tercianas comiendo un poco de pan de lo que sor Juana comía; otra se libró de dos zaratanes que tenía en los pechos poniéndose sobre ellos unos pañicos mojados en agua bendita por consejo de la caritativa enfermera. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Conocido su caudal, la ocupó la obediencia en oficios de más importancia. Mandola el torno y la puerta, donde mostró su prudencia grande en mirar por la religión sin faltar al agrado. De aquella ocupación tomaba motivo para sus meditaciones santas: en el torno consideraba el pesebre de Belén, donde muchas veces hallaba en él al Niño Jesús recién nacido y, una de ellas, queriendo llegarle a abrazar, se apareció Nuestra Señora y, tomándole en sus brazos, le levantó en alto. Triste la sierva de Dios, temiendo en sí algún demérito, Nuestra Señora la consoló diciéndole fuese a la huerta que allí la hallaría. Obedeció puntual y, abriendo la puerta de una pobre casilla que había en ella, en que se guardaban los instrumentos rústicos para labrarla, halló a la Madre y al Niño asistidos de muchos ángeles, a quien adoró con profundísima humildad dándole gracias porque así favorecía a una tan vil criatura, en cuya dulce conversación se enajenó sor Juana del uso de los sentidos de manera que no oyó la campanilla de su oficio con que la habían llamado tres veces hasta que la Reina de los Ángeles se lo dijo. Y, cuidadora de la obediencia, fue a responder y, habiendo concluido su ministerio, volvió al mismo lugar y halló en él a aquellas majestades soberanas y, dándoles muchas gracias porque la habían aguardado, la Madre de Dios la dijo que los había hallado allí por haberlos dejado por la obediencia y que no hubiese gozado aquellos favores si hubiera faltado a ella. En otra ocasión, estando en la casa de la labor, la apareció la Virgen santísima con el Niño Dios en sus brazos y mereció, entre otras mercedes, que la Virgen se le diese y sor Juana le recibió en su escapulario, durando en su alma por muchos días los efectos soberanos de este favor. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Tuvo sor Juana especialísima devoción con el Santísimo Sacramento [fol. 20r] de la eucaristía y, cuánto hacía de penitencias y mortificaciones, todo lo dirigía a disponerse para la comunión. Asistía con fervorosa devoción al santo sacrificio de la Misa, siendo su mayor pena, aunque fuera sin culpa, no asistir a cuantas misas se decían. En el confesionario se estaba confesando un día mientras se decía la misa conventual por no haber tenido oportunidad antes, ocupada en cosas de la obediencia. Sonó la campanilla que hace señal al levantar la sacrosanta ostia consagrada y mandó el confesor a sor Juana que fuese al coro a adorar al Santísimo Sacramento, partió con la priesa posible y, por los golpes de la campanilla, reconoció no podría llegar al coro con tiempo y, así, se arrodilló en el claustro para adorarle en espíritu. Mediaba entre sor Juana y la iglesia una recia pared de cantería, la cual milagrosamente se abrió desde lo alto a lo bajo dando lugar por donde la sierva de Dios pudiese ver el altar, sacerdote y al Santísimo Sacramento y, quedando sor Juana atónita y dando a Dios muchas gracias por tan nuevo y singular favor, al tiempo de levantar la sagrada ostia la segunda vez &amp;lt;segunda vez&amp;gt; ''[3]'', se abrió la muralla, dándola lugar para verla y adorarla, quedando hasta estos siglos un testimonio de este milagro en la misma pared, porque, siendo todas las piedras de ella de mármol negro, quedó una de ellas blanca y abierta por tres partes en forma de cruz, la cual es visitada de los prelados y príncipes cuando se ofrece entrar a la clausura de este convento. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Favoreció mucho Nuestro Señor a la bendita sor Juana concediéndole trato benigno y familiar con su Santo Ángel Custodio que, así en sus éxtasis como fuera de ellos, se le manifestaba resplandeciente, glorioso y la instruía y gobernaba en las materias de espíritu y en las respuestas que había de dar a los que venían a pedir consejo. Era visitada del Señor frecuentemente favoreciéndole con éxtasis continuos, durando estos raptos unas veces cuatro horas, otras doce, otras catorce y llegaron a veinte y cuatro y, alguna vez, duró sin volver del rapto por espacio de tres días, de los cuales eran los efectos diversos, porque unos eran de pena y otros de alegría, cuyas señales se conocían en su rostro y, a veces, [fol. 20v] le era revelado el estado de las conciencias de algunas personas por quien pedía, siguiéndose la enmienda de muchas. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En uno de sus raptos apareció a sor Juana el Niño Jesús en compañía de su Madre santísima y de muchos ángeles y santos y, en presencia de todos, se desposó con ella, sacando por joyas de estos desposorios unos acerbísimos dolores en las manos y pies que comenzaron un día de Viernes Santo inmediato a los desposorios, y en las manos y pies unas señales de color de rosa que exhalaban maravillosa fragancia; y era tal la vehemencia de estos dolores que la impedían el movimiento y era necesario que las religiosas la llevasen en brazos al coro. No eran estos dolores continuos, sino los viernes y sábados hasta la medianoche y la duraron hasta el día de la Asunción, desde el Viernes Santo. A la fama de estas maravillosas señales acudían muchas personas a verla y visitarla y, reconociendo sor Juana ser causa de inquietud al convento, pidió a Nuestro Señor la quitase aquellas señales y, condescendiendo a sus humildes ruegos, se las quitó diciéndole: “Importunarme que te quite el precioso don que te he concedido. Yo lo haré, mas pues no quieres mis rosas, yo te daré mis espinas”. Y así lo experimentó sor Juana, padeciendo de allí adelante los dolores de la santísima Pasión en alma y cuerpo, en persecuciones y enfermedades. Comenzó su padecer sin oír voz alguna ni ruido por grande que fuese. Durola este trabajo desde diez de febrero hasta doce de agosto, que en un rapto entendió volverla Nuestro Señor el oído por los ruegos de sus religiosas, que la acompañaron a dar gracias a Nuestro Señor por este beneficio en que eran todas interesadas. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Tuvo esta sierva de Dios el don de lenguas, al cual precedió que, volviendo un día de uno de sus frecuentes raptos, se halló muda sin poder pronunciar palabra alguna, aunque entendía lo que la hablaban, hallándose obligada a responder por señas. Durole este impedimento algunos meses, hasta que en un rapto le apareció el Niño Jesús a quien suplicó le restituyese el uso de su lengua si había de ser para su santo servicio. Y el Señor la respondió, tocándola la boca: “La causa de haberte enmudecido es porque seas instrumento por quien yo quie- [fol. 21r] ro hablar y, aunque ahora te sano, guarda mis secretos, algo di y algo calla de lo que te revelaré”. Volviendo del rapto, se halló sin aquel impedimento y, desde entonces, se descubrió en ella el espíritu de la predicación y doctrina, hablando en los éxtasis cosas singulares y declarando las sagradas profecías y otros lugares de las divinas letras. &lt;br /&gt;
Esto sucedió en esta forma: cuando había de predicar y declarar lo que Nuestro Señor la revelaba se privaba de los sentidos y, recogida a su celda, quedaba con los ojos cerrados, el rostro sereno y sobre el pecho las manos, y estaba en su quietud como hora y media y, luego, comenzaba a hablar con Dios con ademanes y demostraciones de tratarle como que estaba presente, variando las pláticas, unas de agradecimiento, otras de ruegos, en especial, orando por la Santa Iglesia, por los que estaban en pecado mortal y por las ánimas del Purgatorio. Acabada la oración, pasaba en su quietud algún espacio y, luego, comenzaba con voz más inteligible a declarar misterios sagrados con particular gracia, siendo su asunto más común el Evangelio o festividad de aquel día. Solían durar estos sermones tres y cuatro horas, concurría innumerable gente a oírla a título de no profesarse clausura entonces en aquel convento y, acabado el sermón, volvían consoladísimos y admirados, habiendo recibido su bendición. Durole esta gracia como tres años y, en cuanto a los días, no hubo cosa fija, sino cuando la voluntad divina lo disponía. Concurrieron personas de todas clases y de mucha suposición a oírla, unos por curiosidad, otros por devoción, señores, títulos, obispos, inquisidores… Entre ellos fueron el venerable padre y señor don fray Francisco Ximénez de Cisneros, arzobispo de Toledo y el Gran Capitán y, finalmente, la Cesárea Majestad del Señor Carlos Quinto. Y lo más digno de ponderación es que, si los oyentes eran doctos, predicaba en lengua latina y, según convenía, algunas veces predicó en lengua francesa y otras en la arábiga y, en uno de estos sermones, convirtió a la fe de la Iglesia dos esclavas africanas obstinadas antes en la maldita secta de Mahoma. Fue a oírla con algún escrúpulo el vicario provincial de Castilla, que era vizcaíno de nación, y predicó aquel día en lengua cantábrica que dicen vazquense, que es de las más dificultosas del mundo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Tuvo noticia el Santo Oficio de la Inquisición y [fol. 21v] uno de sus ministros, noticioso de este prodigio, fue personalmente, aunque disimulado, a oírla, y el sermón de aquel día fue tan alto y tan al corazón del inquisidor que, acabado el sermón, la llamó a la red y la pidió perdón de haberla tenido en menos crédito, y la sierva de Dios se humilló significando la bondad del Altísimo que se servía de mostrar su poder por medio tan inútil. Escrupuloso, asimismo, el provincial de Castilla del concurso y ruido que hacía sor Juana con estos sus sermones, dio orden a la prelada para que la encerrase al tiempo de estos raptos y, habiéndolo hecho así, dispuso la prelada que la acechasen para ver lo que hacía, y fue hallada predicando como otras veces y que diversos pájaros la estaban oyendo en la celda, muy quietos, hasta que, acabado el sermón, echándoles la bendición, se iban, de los cuales se quedó un pajarillo dentro de la manga de su hábito, acaso para testimonio de esta maravilla. De lo cual, muy informado el provincial, volvió a darla licencia para que predicase sin embarazo, como solía. Y, para mayor demostración de ser celestial su doctrina, dio Nuestro Señor gracia a una religiosa llama María Evangelista para que escribiese los sermones como los oía, siendo así que antes no sabía escribir. Y los sermones que escribió se guardan en este convento incorporados en otro libro que llaman el Conorte. Hízolos ver el Santo Oficio de la Inquisición y, sin hallar en ellos alguna cosa que corregir, los restituyó al convento. &lt;br /&gt;
A este tiempo, siendo la sierva de Dios de solas veinte y ocho años de edad, el padre provincial vizcaíno que la había oído el sermón en su lengua (que según el cómputo fue el venerable padre fray Juan de Marquina, de quien se hace mención el año de 1528), reconociendo interiormente ser voluntad de Nuestro Señor que sor Juana fuese abadesa, lo puso en ejecución, concurriendo con sus votos todas las religiosas. En viéndose la sierva de Dios en el puesto de prelada, fue su primer cuidado introducir en el convento la clausura y, habiendo muchas contradicciones, todas las venció la sierva de Dios. A este tiempo ardía España en guerra civiles, que vulgarmente llaman las Comunidades, ocasionadas de la ausencia del señor emperador Carlos Quinto, y una noche tuvo sor Juana revelación que los comuneros de cierto lugar comarcano [fol. 22r] tenían sacrílega determinación de robar su convento. Por lo cual, convocó a las religiosas al coro y juntas pidieron a Nuestro Señor las librase de aquel riesgo. Y así fue que, venidos los comuneros, vieron que le asistían y cercaban para su defensa tantos soldados armados que, creyendo ser el ejército contrario, se volvieron sin hacer daño alguno. Lo cual, entendido después por las religiosas, conocieron haber sido defendidas por los ángeles, atribuyéndolo a las oraciones y merecimientos de su bendita prelada.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
No bastaron los muchos créditos que con tan repetidas evidencias tenían las religiosas de las virtudes de sor Juana para que, invitadas del Demonio (permitiéndolo Dios para crisol de su paciencia), no conspirasen algunas contra ella hasta conseguir que el padre provincial, mal informado, la privase de la prelacía. Llevolo la sierva de Dios con mucho sufrimiento y sus émulas, arrepentidas reconociendo su yerro, la pidieron perdón. &lt;br /&gt;
La caridad encendida que la sierva de Dios sor Juana tenía con los prójimos, no solo fue para los vivos, sino también para los difuntos, solicitando con notables ansias el alivio de las almas del Purgatorio, aplicando por ellas sus mortificaciones y penitencias pidiendo a las religiosas la cuidasen en aquella santa obra y, a Nuestro Señor, que cayese en ella el rigor que padecían de los tormentos, para que a ellas se les mitigasen y sus oraciones fuera oídas de Dios, comenzando desde entonces sor Juana vehementísimos dolores y graves enfermedades. A veces padecía intolerable frío, aunque fuese en lo recio del verano, hallándose necesitadas las religiosas a cercarla de braseros para que cobrase algún poco de calor. Otras veces, en el rigor del invierno padecía intensísimo fuego, como si estuviera metida en un horno muy encendido. Estos dolores solían acabar en dulcísimos éxtasis que se manifestaban en su rostro y de ellos salía con nuevos deseos de padecer más. A petición de sor Juana daba licencia Dios Nuestro Señor para que las almas que venían a pedirla estos socorros asistiesen en su celda en las albahacas y otras yerbas y flores que las religiosas la ponían en diferentes macetas a la sierva de Dios para alivio de sus dolores. No tenían las benditas ánimas alivio [fol. 22v] alguno por pasar de estar en las yerbas y en las flores, sino que de las oraciones de la sierva de Dios les venía el alivio, moviéndose a pedírsele a su Majestad por verlas tan afligidas y por ese medio conseguían su descanso. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Era la sierva de Dios especialísimamente devota de María Señora Nuestra, con cuya protección había conseguido todo el logro de sus deseos en el estado de la religión y, reconociendo que aquel convento era dedicado al culto de Su Majestad y consagrado con sus soberanas plantas, estaba en él contentísima. Y de cuánto agrado fuere la devoción de sor Juana para la Reina de los Ángeles se conoce bien en los favores celestiales que la hizo. Uno de ellos fue que, ejercitando su devoción de Nuestra Señora con una imagen suya de su gloriosa Asunción a los cielos, pareciéndola que la imagen de escultura estaba fabricada con poco primor y que las religiosas sentían mucho no fuese hermosísima, como imagen de la más perfecta de todas las puras criaturas, y porque era la que salía todos los años en procesión, el día nueve de marzo, que fue el del aparecimiento de Nuestra Señora la pastorcilla Inés, como ya se ha referido, suplicó a Nuestra Señora la hiciese hermosa como artífice soberano y de divino primor. Y es sentada tradición del convento que Jesucristo Señor Nuestro, en uno de los raptos, se le apareció a sor Juana y, a su ruego, bendijo Su Majestad a aquella santa imagen de su Madre, que la tocó con sus divinas manos en el rostro con que quedaron hermosísimas sus facciones, en particular la boca, cerca de la cual se divisa un hoyo pequeño que la da mucha gracia, y toda la que la imagen tiene se dice haberse originado del tacto de la mano del mejor artífice, que como hizo con tantos primores el original se los comunicó al retrato, de donde nace la continua devoción conque esta santa imagen es venerada de los pueblos comarcanos, sacándola en procesión en sus aprietos y necesidades y se han visto repetidas maravillas. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Una de las cosas que más se ha introducido en estos reinos, y aun en los extraños, la devoción a esta sierva de Dios sor Juana de la Cruz, son los granos o cuentas que se dice haberlas llevado su Santo Ángel al Cielo donde Christo Redentor Nuestro las echó su bendición [fol. 23r], concediéndolas singulares gracias y favores, como cada día experimentan los que tuvieron la dicha de haber conseguido alguna de ellas, que fuera muy largo referirlas por menudo. &lt;br /&gt;
Hallábase sor Juana muy favorecida con las visitas continuas de su Santo Ángel Custodio y, en una de ellas, la significó acercarse ya el fin dichoso de su vida y, más claramente, se lo manifestó en un rapto cuatro días antes que muriese. Asegurada de lo cual, dijo al médico que la visitaba no se cansase en aplicarla medicinas, porque no habían de hacer efecto. Divulgose esta noticia entre las religiosas, que amargamente comenzaron luego a llorar la pérdida de tal madre, a quienes la sierva de Dios consolaba significándolas no deben sentir con lágrimas su jornada, en que interesaba tantas conveniencias celestiales, pidiéndolas con humildad la asistiesen con sus oraciones y, aunque su conciencia estaba con mucho sosiego interior, temblaba el rigor de la justicia divina y, de este tribunal apelaba al de su clemencia. Como se iba acercando a su fin, se iba manifestando en su rostro una extraordinaria hermosura y su aliento despedía un suavísimo olor que fácilmente se dejaba percebir de las religiosas que la asistían y, llegado el día de la Sagrada Invención de la Cruz, tres de mayo, para sor Juana día siempre muy propicio, abstraída de todas las criaturas, daba a entender en sus palabras ser visitada y asistida de Christo Nuestro Señor y de su benditísima Madre y santos ángeles. Y, llegadas las seis de la tarde, estando su confesor leyéndola la Pasión del Señor, y asistiéndola las religiosas, dio su bendita alma a su Criador, año de 1534 a los 52 de su edad y cuarenta de su entrada en la religión. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Quedó su cuerpo tratable, su rostro hermoso, sus ojos claros y despedía de sí olor tan suave y copioso que a las religiosas que le compusieron las quedó maravillosa fragancia en las manos por algunos días. Hiciéronse las exequias ordinarias según el estilo y no la sepultaron aquel día por no consentirlo el mucho amor de sus hijas, y a otro fue tan innumerable el concurso de todos estados ansiosos de ver el cuerpo de la sierva de Dios, que se hubo de dilatar su sepultura por otros cinco días, en los cuales creció el número de la gente de manera que aquellos campos [fol. 23v] estaban poblados sin querer irse sin ver el cuerpo. Por lo cual, resolvieron los religiosos sacarle de la clausura y ponerle donde viéndole todos satisficiesen su devoción. Al paso de la cual y número de gentes crecían los clamores encomendándose a la sierva de Dios, atropellándose unos a otros por besarla los pies y tocar al cuerpo los rosarios, lo cual visto por los religiosos, temerosos de que no se le despedazasen por las ansias que tenían de sus reliquias, le volvieron a la clausura y pusieron en el coro bajo donde pudiese ser visto y, después, le sepultaron en sepultura de tierra, sin ataúd o caja, y sin saber con qué motivo echaron sobre el cuerpo mucha cal y agua. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Así estuvo siete años, hasta que una niña de seis años, hija de los condes de la Puebla, estando dentro del coro jugando, comenzó a escarbar y sacar tierra de una sepultura y, preguntada qué hacía, respondió que aquella tierra olía muy bien. Tomaron de ella las religiosas y, reconociendo ser verdad y ser aquella la sepultura de la sierva de Dios, hicieron descubrir el cuerpo y le hallaron fresco, entero y hermoso, con su hábito y tocas como el día que fue enterrado y, puesto en una caja, le guardaron debajo del altar del coro alto, donde estuvo otros catorce años hasta que, a instancias de personas muy devotas, fue puesto en un arco de la iglesia, al lado del evangelio con rejas, de manera que le gozasen las monjas por la parte del claustro y los fieles por la iglesia. Así se conservó hasta el año de 1600, que el reverendísimo padre fray Francisco de Sosa, general de toda la orden, hizo bajar el cuerpo para reconocer el estado en que estaba, y se halló con la misma fragancia, entereza e incorrupción, fuera del rostro, que estaba algo seco, pero las facciones muy perfectas; el hábito de damasco pardo y las tocas muy olorosas y fragrantes por la comunicación y contacto del cadáver. Causó admiración que, sin haberse divulgado la intención de los prelados, que aún no la tenían cuando entraron en el convento de descubrir el cuerpo, concurrió gran número de gente a verle. Todo lo cual, conocido por la religión, habiendo precedido las informaciones hechas por autoridad ordinaria, en abono y confirmación de ellas, dieron su censura y aprobación los catedráticos de la Universidad de Alcalá por comisión de su claustro de sus vir- [fol. 24r] tudes y milagros y que, según esto, ser digna de toda veneración de los fieles, y que se publiquen sus grandezas para edificación de ellos y confusión de los herejes, su fecha en Alcalá, en 9 días del mes de agosto de 1615. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y, habiendo visto estas informaciones el consejo del señor arzobispo de Toledo, 21 de octubre del dicho año por ante su secretario, Benito Martínez y, así concluido el proceso ordinario, la religión recurrió a la alteza de la silla apostólica, y el santísimo Gregorio 15 de feliz memoria mandó despachar el rótulo en virtud del cual los señores obispos de Troya y Cirene hicieron plenaria información de las virtudes, vida y milagros de esta sierva de Dios y la remitieron, según estilo, a la Sagrada Congregación de Ritos y, con ella, diferentes cartas de súplicas a su santidad que con instancia piden prosiga hasta su conclusión esta causa del Rey Católico don Felipe IV, de la reina doña Mariana de Austria, del serenísimo señor don Juan de Austria, hijo del referido rey; las iglesias, los prelados y, entre ellos, el de Toledo, en cuya diócesis nació y está sepultada esta sierva de Dios; el senado y villa de Madrid; la religión de san Francisco y, generalmente, todo el Reino de España en que se mira tan introducida la devoción de esta sierva de Nuestro Señor, la virgen madre sor Juana de la Cruz. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Escriben de ella el ilustrísimo Gonzaga, arzobispo de Mantua, en su ''Chrónica''; el obispo de Jaén en el ''Libro de la veneración de las reliquias''; el maestro Villegas en el ''Flos Sanctorum''; Salazar en la ''Chrónica de la Provincia de Castilla''; el maestro Peredo en la ''Historia de Nuestra Señora de Atocha''; fray Antonio Daza en la 4ª parte de las ''Chrónicas de la Orden'' y en un tratado particular de la vida de sor Juana; el padre fray Pedro Navarro en su libro de la vida de esta sierva de Dios, intitulado ''Favores del Rey del Cielo''. Y, últimamente, el licenciado don Alonso Carrillo, abogado de los reales consejos en la corte de España, en un tratado breve que escribió de las virtudes y milagros de esta bendita virgen, impreso en Zaragoza por Bernardo Nogués, año 1663. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
===Notas===&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[1]'' Al margen izquierdo: Año 1539. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[2]'' Sabemos que nació el 3 de mayo de 1481, con lo que la fecha que aporta Yanguas es errónea. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[3]'' Se repite “segunda vez” debido a un error y, por ello, se subsana.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
= Vida impresa (1)=&lt;br /&gt;
Ed. de [https://visionarias.es/equipo/aitor-boada-benito/ Aitor Boada Benito]; fecha de edición: julio de 2025.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==Fuente==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
* [http://catalogodesantasvivas.visionarias.es/index.php/Categor%C3%ADa:Francisco_Gonzaga Gonzaga, Francisco]  [Francisci Gonzagae], 1587. ''De origine Seraphicae Religionis Franciscanae eiusque progressibus, de Regularis Observanciae institutione, forma administrationis ac legibus admirabilique eius propagatione …. Opus in quatuor parte divisum'', Romae, ex typographia Dominici Basae, pp. 644- 646&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Vida en latín disponible en: [[De origine Seraphicae Religionis Franciscanae eiusque progressibus, de Regularis Observanciae institutione, forma administrationis ac legibus admirabilique eius propagatione …. Opus in quatuor parte divisum]]&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[[Contexto material del impreso De origine Seraphicae Religionis Franciscanae eiusque progressibus, de Regularis Observanciae institutione, forma administrationis ac legibus admirabilique eius propagatione …. Opus in quatuor parte divisum]].&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==Criterios de traducción==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
La traducción ha seguido los siguientes criterios:&lt;br /&gt;
* Los nombres propios y topónimos se presentan en forma moderna (p. e. Teresa de Cárdenas [646], etc.)&lt;br /&gt;
* El manuscrito original no presenta separación de párrafos. Por lo tanto, se ha optado por mantener una separación que facilite la lectura sin ser demasiado invasiva. &lt;br /&gt;
* Aparecen entre corchetes los números de página.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==Vida de Juana de la Cruz==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[644] Sobre el monasterio de Terciarias de Santa María de la Cruz. Monasterio 11.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Hasta aquí hemos hablado de los monasterios de las clarisas, es decir, de la Segunda Orden del Seráfico Padre San Francisco en esta Provincia. Son diez en número y albergan a más de quinientas hermanas profesas. No nos corresponde hablar sobre las novicias, puesto que tienen libertad para regresar a la casa materna durante el año de prueba o para permanecer, según deseen, sino que nos corresponde tratar los conventos de hermanas terciarias, es decir, de la Tercera Orden del mismo beato Padre San Francisco, que suman trece. Me he preguntado por qué esta tercera y última de las tres Órdenes fundadas por el Seráfico Padre Francisco floreció en otros tiempos con tanto vigor, al menos en número de hermanas, tanto en Alemania septentrional y meridional, como en Italia, Cantabria y, sobre todo, en esta Provincia, y por qué hoy no goza de tanta extensión. Lo que he llegado a entender es lo siguiente: como esta institución comenzó con un espíritu elevado y con desprecio del mundo, sin clausura y sin obligación de vida comunitaria, y como para acceder a ella no se requerían las condiciones necesarias para llevar adecuadamente la vida de otras monjas —a saber: [645] edificios amplios, talleres bien provistos, ingresos anuales fijos, iglesias para escuchar el Oficio Divino y la celebración de las horas canónicas con la dignidad debida, y otros elementos semejantes que por brevedad no se mencionan—, las hermanas de esta clase, vestidas con humilde hábito y participando en los oficios sagrados en iglesias de frailes, podían obtener su sustento y vestido mediante el trabajo, la portería o la limosna, y podían, en una casa modesta y común, cumplir su profesión. Todas las vírgenes, e incluso viudas pobres, que desearan consagrar su castidad al Dios todo poderoso ''[1]'' bajo un hábito honesto y con cierta libertad, se incorporaban a esta Orden. Sin embargo, cuando a causa de esta misma libertad comenzaron a correr peligro su castidad y su fama, y el nombre de las monjas recluidas —colocadas diametralmente en otra condición— comenzó a ser escuchado cada vez más, la mayor parte de aquellas trató de darle a sus casas forma de monasterio bajo voto solemne de clausura. Con el tiempo, tomando el velo de las clarisas, pasaron a su regla o ingresaron directamente en sus comunidades.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En España, tras aquella reforma general de todas las órdenes eclesiásticas llevada a cabo con gran piedad por los Reyes Católicos Fernando e Isabel —reforma que ejecutó con diligencia el reverendísimo padre fray Francisco Jiménez, arzobispo de Toledo, cardenal de la Santa Iglesia Romana ''[2]'' y también inquisidor general— muchas de estas religiosas se unieron a las clarisas o a las hermanas concepcionistas, cuya orden comenzaba entonces a crecer. No obstante, este convento dedicado a la santísima María de la Cruz permaneció fiel a su antigua vocación, situado a quinientos pasos ''[3]'' del pueblo de Cubas, en la diócesis de Toledo, y habitado por 38 religiosas de la mencionada Tercera Orden del beato Padre San Francisco.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Este convento es de aquellos que antes fueron casas comunes para mujeres honestas y luego fueron convertidas en monasterios. Algunas mujeres temerosas de Dios, al extenderse la fama de cierto milagro (sobre el que hablaremos más adelante), acudieron a Cubas desde diversas aldeas vecinas. Viviendo juntas, perseveraron en tal modo de vida hasta que, con limosnas recibidas y con bienes puestos en común, lograron construir un pequeño convento contiguo a la iglesia del lugar. Finalmente, en el año del Señor 1459, llegaron a habitarlo de manera estable. Como no contaban con sustento monetario alguno, iban por aldeas y pueblos mendigando lo necesario para su sustento. Mantuvieron ese estilo de vida hasta que, gracias a la intervención de cierta hermana —cuyo nombre era Juana de la Cruz—, aceptaron la clausura estricta, permaneciendo, no obstante, fieles al Instituto de la Tercera Orden de San Francisco, al que se obligaron mediante voto solemne.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Para hablar, pues, de la fundación de este lugar —que fue enteramente milagrosa—, conviene saber que la gloriosa Virgen, en el año 1449 desde su parto virginal, se apareció a una jovencita de 13 años llamada Inés, hija de un tal Alfonso Martínez y de su esposa María Sánchez, vecinos del pueblo de Cubas, mientras [la niña] cuidaba un rebaño de cerdos. [La Virgen] le ordenó que avisara a los habitantes de Cubas de que, si querían quedar inmunes del inminente castigo divino, se convirtieran a Dios por la penitencia de sus pecados. Como la niña obedeció el mandato y los otros la ignoraron [''4''], la bienaventurada Virgen se le apareció por segunda y tercera vez, repitiendo el mismo mensaje. Pero, igual que en la primera ocasión, tampoco entonces fue escuchada. Así que, según el relato, la santísima Madre de Dios se le apareció por cuarta vez y contrajo el dedo pulgar de la joven hasta la parte superior del brazo de esta. De nuevo, le encargó trasladar aquel mensaje. Cuando los habitantes de Cubas vieron la mano de la niña así contraída, comenzaron a conmoverse por la importancia del suceso. Llamaron al párroco —que de casualidad se encontraba ese día rociándolos con agua bendita al acabar el santo sacrificio, según la costumbre— y, vestidos con saco como penitentes y descalzos, salieron en procesión con gran devoción derramando muchas lágrimas, y siguieron a la niña hasta el lugar donde la santísima madre de Dios se le había aparecido. Después de detenerse un poco, Inés se adelantó con prisa. Al preguntarle hacia dónde se dirigía —pues uno de los encargados de la procesión llevaba la cruz que debía señalar el lugar de la aparición—, respondió que iba hacia la bienaventurada Virgen (la muy piadosa Madre de Dios la había llamado por su nombre desde el Cielo, aunque nadie lo comprendió). Entonces, el portador de la cruz se la entregó y la dejó marchar [con ella]. La Reina del Cielo, recibiéndola con su propia mano, le ordenó decir a los habitantes de Cubas que se ocuparan de construir una iglesia en ese mismo lugar bajo el nombre de Santa María de la Cruz. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[646] Cuando llegaron al lugar, apareció la cruz clavada en el suelo y las huellas de los dos pies de la bienaventurada Virgen impresas en la arena. Al venerarlas con gran humildad, muchos enfermos de distintas dolencias fueron curados milagrosamente al contacto con la arena recogida de allí, y se prepararon para edificar la iglesia. En aquel tiempo era arzobispo de Toledo el reverendísimo Alfonso Carrillo, a quien, por oficio, correspondía otorgar la autoridad para fundar dicha iglesia. Cuando los de Cubas fueron a suplicárselo, envió al arcipreste de Illescas y al vicario de Madrid para que se desplazaran al lugar e investigaran con todo rigor si lo que aquellas personas afirmaban era cierto. Obedeciendo al mandato, y examinando con la máxima diligencia todas las cosas conforme a lo exigido por el derecho y el voto, descubrieron que no se había apartado en lo más mínimo de la purísima verdad. Por eso, el piadoso sacerdote concedió el permiso para construir la iglesia. Con fondos propios y con las numerosas limosnas que empezaron a llegar —tal era la devoción del pueblo, su generosidad y la afluencia de personas, además de la frecuencia de los milagros, que no hubo dificultad alguna ni para conseguir dinero ni para lo necesario en la construcción—, en menos de un año edificaron con éxito aquel templo sagrado. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Construida entonces la iglesia, aquellas mujeres —mencionadas antes— hicieron levantar un pequeño convento contiguo. Después de vivir allí durante treinta años consecutivos, llegó inesperadamente una joven honesta llamada Juana, a quien la bienaventurada Virgen había sugerido que sirviera a Dios en este monasterio. Con lágrimas, rogó a las hermanas que la admitieran en su comunidad. Una vez aceptada, se convirtió en ejemplo de completa santidad para todas y progresó tanto en todas las virtudes que fácilmente demostró ser poseedora de su propia vocación , y fue elegida para gobernar la casa. En cuanto recibió el cargo, aconsejó inmediatamente a las hermanas que pusieran toda la gestión doméstica en manos del Señor y confiaran en Él del todo, que renunciaran con voto solemne a la libertad de salir que hasta entonces habían tenido para poder dedicarse plenamente a la contemplación de los misterios divinos. Gracias a su intervención, desde entonces las religiosas de este lugar comenzaron a emitir también un cuarto voto. Dios todopoderoso ''[5]'' no decepcionó a sus siervas: de hecho, enseguida inspiró al reverendo padre fray ''[6]'' Francisco Jiménez, arzobispo de Toledo, quien, al conocer la virtud de aquellas mujeres, anexionó el beneficio parroquial del pueblo de Cubas a su monasterio por autoridad apostólica, y les concedió abundantes limosnas.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En ese tiempo, el nombre de esta santísima hermana Juana era celebérrimo en toda España. Desde distintas regiones, incluso nobles caballeros acudían a verla y le confiaban a Dios, por su mediación, sus asuntos más importantes. Entre ellos, el invicto emperador Carlos V de Alemania y el gran capitán Gonzalo Fernández de Córdoba, que por sus medios enriquecieron el convento con preciosísimos regalos y rentas. Pero entre todos brilló especialmente la piedad de los ilustres señores Pedro Zapata Osorio y su esposa Teresa de Cárdenas, que en vida fueron grandes benefactores de toda la comunidad. Además, la misma Teresa, viuda tras la muerte de su esposo, quiso unirse [a las hermanas]. Pidió que, al morir, fuera enterrada en el lado izquierdo del altar mayor. Construyó una capilla con sillar, y fue tal la perfección con la que ejecutó su legado que dejó un fondo suficiente de sus bienes para que esta santa casa recibiera cada año fácilmente 300 escudos de oro. También el poderosísimo y católico rey Felipe II de España quiso participar de las oraciones de sus habitantes y envió una generosa limosna para mejorar el convento. Como existe un libro en el que todos los milagros de este lugar —obrados tanto por la gloriosísima Virgen María como por la beata Juana— están recogidos con veracidad, he optado por omitirlos aquí.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
===Notas===&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[1]'' En latín: ''Deo Opt. Max.''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[2]'' En latín: ''S. R. E.''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[3]'' El paso es una medida que equivale a cinco pies romanos, es decir, un total de 4,8m. Por lo tanto, según el texto, el monasterio se encuentra a 2,4 km del pueblo. Efectivamente, la Iglesia de Santa María de las Cruz está a aproximadamente 2 km del pueblo de Cubas de la Sagra.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[4]'' Traducción libre. Literalmente “no obtuvo nada por su parte”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[5]'' En latín: ''S. R. E.''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[6]'' En latín: R. P. F.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
= Vida impresa (2)=&lt;br /&gt;
Ed. de [http://visionarias.es/equipo/maria-del-mar-cortes-timoner/ Mar Cortés Timoner]; fecha de edición: octubre de 2020.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
== Fuente ==&lt;br /&gt;
* [http://catalogodesantasvivas.visionarias.es/index.php/Categor%C3%ADa:Alonso_de_Villegas Villegas, Alonso de], 1588. ''Addicion a la Tercera Parte del Flos sanctorum: en que se ponen vidas de varones illustres, los quales, aunque no estan canonizados, mas piadosamente se cree dellos que gozan de Dios por auer sido sus vidas famosas en virtudes...'', Huesca: Iuan Perez de Valdiuielso, fols. 63r col. a - 65v col. b.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[[Contexto material del impreso Addicion a la Tercera Parte del Flos sanctorum]] ''en que se ponen vidas de varones illustres, los quales, aunque no estan canonizados, mas piadosamente se cree dellos que gozan de Dios por auer sido sus vidas famosas en virtudes...''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
== Criterios de edición ==&lt;br /&gt;
El relato aparece en el apartado 206 de la Adición de la Tercera Parte del ''Flos Sanctorum'' de Alonso de Villegas.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Se han seguido los criterios establecidos en el catálogo para fuentes impresas y, por ello, han sido eliminadas las duplicaciones de consonantes: cc/c, ss/s, ff/f. En cambio, se respetan los grupos consonánticos: -nt (sant), -nc- (sancta), -pt- (baptismo) y -bj- (subjeto), también las contracciones ‒aunque se ha añadido el apóstrofo clarificador en “del” para escribir “d’él”‒. Además, se ha mantenido la conjunción copulativa “y” ante palabras iniciadas con el sonido vocálico “i”. Asimismo, se indican en pie de página las erratas subsanadas y, para facilitar la localización de los textos, se citan el folio (r-v) y la columna correspondiente (a-b). &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Se ofrecen datos en torno al texto editado y su fuente en: M. Mar Cortés Timoner, “La autoridad espiritual femenina en la Castilla bajomedieval y su reflejo en el ''Flos sanctorum'' de Alonso de Villegas”, ''Dicenda. Cuadernos de Filología Hispánica'', vol. 39, pp. 25-35.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==Vida de Juana de la Cruz==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[Fol. 63r col. a] '''Vida de Sor Juana de la Cruz, abadesa del Orden de los Menores'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Al tiempo que el soberbio Holofernes ''[1]'', capitán de Nabucodonosor, Rey de Asiria, tenía puesto cerco sobre la ciudad de Betulia, dice la Divina Escritura, en el libro de Judit, que una mañana los hebreos cercados salieron de su ciudad, las banderas tendidas, las lanzas y espadas en sus manos, amenazando de muerte a sus contrarios. Los cuales, teniéndolos en poco, burlaban dellos, diciendo que los ratones tenían atrevimiento de salir de sus cuevas en daño de sus vidas. Estaba la tienda del capitán cerrada y en ella había todo silencio. Entró Bagao, camarero suyo, creyendo que dormía, a despertarle para que se diese orden en la defensa; y estando en su aposento vido el cuerpo de Holofernes sin cabeza, tendido en el suelo, revolcado en su sangre. Quedó confuso y, por entender que había sido esta obra de la valerosa matrona Judit, salió dando voces y diciendo: “Una mujer ha puesto en confusión la casa de Nabucodonosor”. Y fue así porque, viendo los asirios muerto a su capitán, sobrevínoles tan grande temor que, puestos en huida, dejaron en manos de sus enemigos la victoria y despojos. Esta razón que dijo Bagao, camarero de Holofernes, de que una mujer había puesto en confusión la casa de Nabucodonosor, viene a cuenta de una bendita mujer llamada Juana de la Cruz, monja de la Orden de los Menores, la cual es confusión de la casa de Nabucodonosor, por la cual se entienden los malos, sean del estado que fueren, que a todos los confunde; y aun de algunos religiosos y eclesiásticos, por muy levantados que estén en el servicio de Dios, es confusión ver lo que esta religiosa hizo. También a gente ilustre nacidos de esclarecida sangre y criados en la policía de corte y casa real confunde esta mujer, nacida de labradores en una pobre aldea. Y de toda suerte de hombres es confusión pues una mujer les hace ventaja como parecerá en su vida colegi- [fol. 63r col. b] da de memoriales antiguos que están en su monasterio de la Cruz, dos leguas de la villa de Illescas ''[2]'', y es en esta manera.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En un lugar llamado Azaña, cerca de Toledo, nació Juana de la Cruz, de padres cristianos y virtuosos llamados Juan Vázquez y Catalina Gutiérrez, en el año de la Encarnación de mil y cuatrocientos y ochenta y uno ''[3]''. Fue dotada de mucha gracia y hermosura. Criola su madre a sus pechos sin que le fuese molesta ni enojosa, antes le era consuelo y recreo porque solo tomarla en sus brazos, aunque estuviese triste y afligida, le era medio para se alegrase y desechase de sí toda pena y tristeza. Siendo de cuatro años mostraba tener entero juicio y entendimiento así en las palabras que hablaba como en las obras que hacía, que todo era con mucho seso y cordura. Nunca se vido ocupada en juegos y vanidades en que se ejercitan los de su edad, ni hablaba palabras vanas y sin provecho, sino sus pensamientos y propósitos eran Jesucristo, a quien llamaba su Esposo y con quien comunicaba sus deseos. Era esto, algunas veces, con tanta fuerza y aprehensión de sus potencias interiores que los exteriores sentidos quedaban del todo faltos por donde creyendo su madre que fuese enfermedad, y aun juzgándola alguna vez por muerta, hizo promesa de llevarla con cierta ofrenda de cera a una casa y monasterio de Nuestra Señora llamado de la Cruz, que está junto a un pueblo que se dice Cubas, dos leguas de Illescas, villa de la diócesi de Toledo, distante de la ciudad por seis leguas, ilustrada con una imagen de la Madre de Dios llamada de la Caridad donde ocurre gente de diversas partes y, particularmente, enfermos que son favorecidos y remediados por los méritos y intercesión de la Virgen. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El monasterio y casa de la Cruz, en que hay monjas del Orden de Sant Francisco, es tradición dentro d'él, y en toda la comarca, conservada de unos en otros, que se edificó por orden de la misma Virgen, que se apareció en aquel [fol. 63v col. a] lugar, por donde es reverenciado y tenido en mucho de los pueblos de la comarca. Y aun, por relación de monjas ancianas de la misma casa y monasterio, se sabe que fue della imagen que en Illescas es tan reverenciada. La cual, una devota mujer que servía a las monjas, juntándose con otras mujeres y con música de panderos, llevaba la sancta imagen quitándola de sobre la puerta de la clausura de las monjas donde estaba y la traía por los pueblos de la comarca pidiendo para vestirla, y con lo que le daban, la tenía muy lucida y aseada y, desta manera, una vez la dejó en Illescas, y perdiéndola el monasterio, la ganó la villa, y quedó con ella el origen de aquella sancta imagen que he podido descubrir es este. La cual es de pequeña estatura, algo morena y por extremo devota. Estando, pues, otras dos leguas esta casa de donde la niña Juana estaba, su madre la ofreció a la Virgen y prometió de la llevar al monasterio con la ofrenda de cera, como se ha dicho. Y porque a la madre se llegó la hora de su muerte sin haber cumplido este voto, pidió con grande instancia a su marido, y padre de la niña, que él le cumpliese. Lo cual oído y advertido della, propuso en sí de no solo contentarse con hacer aquella ida sino de quedarse en el monasterio por religiosa y servir allí a la Madre de Dios toda su vida. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Murió la madre y quedó de siete años la niña Juana. La cual, con el intento que tenía de ser monja, quiso acompañarse de obras y ejercitarse ''[4]'' en el siglo de lo que es proprio de la religión. Guardaba grande abstinencia, ayunaba, comiendo sola una vez al día, pan y agua, y desto no todo lo que había menester, y aun, a veces, se estaba dos o tres días sin comer cosa alguna. Tejió un cilicio de cerdas asperísimo y púsosele junto a sus carnes, por lo cual andaba siempre llagada aunque muy consolada. Nunca estaba ociosa, trabajaba de manos y, en el trabajo, se daba grande prisa para más lastimar su cuerpo con el cilicio y así tenía más que ofrecer a Nuestro Señor, que por todos fue tan herido y llagado. Sin esto, hacía ásperas disciplinas dándose tan sin piedad que su cuerpo quedaba hecho un lago de sangre. Mostraba grande humildad en la compostura de su rostro, hablaba pocas palabras y ninguna ociosa de modo que, saliendo de su boca, o era alabando a Dios o aprovechando a su prójimo. Llevola a su casa un tío suyo, hombre rico, alcanzándolo con muchos ruegos de su padre; y su mujer, que también era su tía, la amaba tiernamente. Aquí, teniendo mejor oportunidad, se empleaba más tiempo en obras sanctas y en penitencias. Y porque dio un tiempo en estarse puesta en oración la mayor parte de la noche, vino a que su tía entendió la vida que hacía y la estimó y tuvo en mucho. Por verse ella descubierta, andaba buscando los lugares más aparta- [fol. 63v col. b] dos y escondidos de casa, donde tenía sus disciplinas, dándose con una cadena crueles golpes y, cuando más llagada y atormentada se veía, pedía a Nuestro Señor por premio de sus dolores la recibiese en el monasterio de sus esposas y la hiciese religiosa. Lo cual Su Majestad le concedió porque, siendo de edad de quince años, inspirada a lo que se entiende por Dios, visto que no podía de otra suerte porque sus parientes lo contradecían deseando tenerla siempre consigo y casarla, vistiose una mañana hábitos de hombre y, haciendo un lío de sus proprios vestidos, salió de su casa con intento de ir al monasterio de la Cruz, que estaba dos leguas de allí, como se ha dicho. Comenzando el camino, deseó el demonio estorbarlo y púsole algunos temores de que su padre y parientes sentirían mal de aquella ida, y de peligros que en el camino le podían suceder. Lo cual hizo en ella grande impresión, tanto que se desmayó y cayó en el suelo, aunque le pareció que la hablaban y decían que se esforzase que Dios la favorecería por donde saldría con su intento. Tornó a proseguir su camino y, habiendo andado buena parte d'él sintió venir tras sí, aunque algo lejos, persona a caballo y, mirando bien, conoció que era un mancebo hijo de padres ricos que la había pedido por mujer y deseaba grandemente casar con ella. Fuele mucha turbación verle viéndose sola y en lugar tan solo, mas también en este peligro la favoreció Nuestro Señor con cegar al mancebo para que no la conociese y a ella advirtiéndola que se apartase del camino en tanto que pasaba, y así pudo llegar bien cansada a la casa de la Madre de Dios donde iba y, entrando en la iglesia, no vido persona alguna. Y así, habiendo hecho oración y, en particular, reverenciando la imagen de la Madre de Dios, llegose a una parte y desnudose el vestido de hombre que traía y vistiose el proprio suyo de mujer con que llegó y habló a las monjas dando cuenta de quién era y el deseo que traía, rogándoles la admitiesen en su clausura. Y aunque ellas lo dificultaban, sucedió que, a la misma sazón, llegaron parientes suyos que venían en su seguimiento y, hallada, dijeron palabras de mucha reprehensión por lo hecho y querían volverla consigo. Ella, con mucha paciencia, pidiéndoles perdón del enojo que habían recebido por su causa, díjoles que su intento era de servir a Dios en aquella casa y que solo Él podría sacarla de allí. Vino también a este tiempo el perlado por cuya ''[5]'' orden había de ser recebida en el convento. El cual, visto el deseo y constancia de aquella doncella, dio licencia para que fuese admitida a la religión y todas las monjas la recibieron con grande contento. Lo cual visto de sus parientes tuviéronlo por bien y señaláronle la dote y así recibió el hábito y quedó en la casa.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
La maestra de novicias [fol. 64r col. a] la encargó que un año guardase silencio y ella holgó de oírlo porque de su natural era amiga de hablar poco. Y así comenzó a hacer una vida maravillosa aun antes de la profesión. La cual hizo cumplido el año y fue de cuatro votos: los tres ordinarios y otro de clausura. Su vestido era muy pobre y humilde más que el de las otras monjas. Traía túnica de sayal y una saya vieja y remendada; el hábito lo mismo, alpargates en los pies y lo más del tiempo andaba descalza. Ceñía una gruesa cuerda, en su cabeza una albanega de estopa y, sobre ella, gruesas tocas. Y, sin que persona alguna lo entendiese, junto a sus carnes usaba un áspero cilicio, el cual nunca se quitaba día y noche y, sin esto, hacía otras ásperas penitencias. Su paciencia era maravillosa porque holgaba de ser menospreciada y reprehendida sin culpa, y injuriada y que le fuesen levantados ''[6]'' testimonios. Y, de cualquiera manera que fuese, deseaba tormentos, llagas, heridas, dolores, fríos, cansancios y todas maneras de penas, sufriéndolo alegremente por amor de Dios. No hablaba sino con su maestra o con la abadesa o vicaria, y esto siendo preguntada. Algunas veces traía en la boca una hierba amarga como ajenjo ''[7]'' en memoria de la hiel que fue dada a Jesucristo en su Pasión. Otras se ponía en ella una piedra algo grande que le causaba dolor. Y otras tomaba con la boca agua y teníala tanto espacio dentro hasta que de dolor no la podía sufrir. Levantaba así mismo un candelero con la boca y sustentábale en alto hasta que le dolían las quijadas. Pensaba ella que guardar silencio sin penitencia y dolor sería a Dios poco acepto y meritorio. Los ayunos eran los mismos que antes que fuese monja, añadiendo a ellos ayunar también en dormir, porque, así como el que ayuna come después de mediodía y a la noche hace una pequeña colación, ella, en lugar de la comida de mediodía, rezaba a medianoche maitines, y la colación breve trocaba en un breve sueño al cabo de la noche cerca del amanecer. Y porque era costumbre dormir todas las monjas en un dormitorio estando una lámpara encendida en medio d’él, ella aguardaba a que todas se recogiesen en sus camas y durmiesen, y tomaba una rueca y hilaba junto a su cama, ya en pie, ya de rodillas, y siempre rezando o meditando en la Pasión de Jesucristo, su Esposo. Ocupábase muy de ordinario en el servicio del convento y, para hacerlo alegremente y con gusto, consideraba que era todo para servicio de Jesucristo, de quien ella era esclava. Cuando fregaba los platos juzgaba que eran de oro y perlas para en que comiese su alta Majestad. La escoba con que barría tenía por ramillete de rosas y flores, las piedras por tapetes finísimos y estrado del Rey de los Cielos, y a esta traza se había con lo demás. Siendo co- [fol. 64r col. b] cinera esta bendita, reprehendíanla su compañera y la provisora, no contentándose de lo que hacía. Ella, sin mostrarse turbada, derribándose en el suelo, decía su culpa; no la aceptaban ellas, antes le decían que se fuese de allí. Íbase al coro muy triste y suplicaba al Señor le perdonase la pena que había dado a sus hermanas y les quitase la turbación que tenían con ella. Estando en esto tornaba la compañera a llamarla y preguntábale qué hacía en el coro. Respondía con mucha humildad: “Suplicaba a Nuestro Señor me perdonase la turbación que fue causa, hermana mía, que tuviésedes y que os la quitase para que me perdonéis y estéis bien conmigo”. Oyendo esta respuesta la compañera y provisora, edificábanse en tanto grado que, por algunos días, les duraba muy gran compunción y lágrimas en lo secreto de su corazón. Y este modo tenía, con todos los que la reprehendían y afligían, de hacer por ellos particular oración.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Ya se ha dicho cómo esta bendita doncella era de rostro agraciado y hermoso; junto con esto tenía presencia de mucha gravedad, era amigable y de agradable conversación. Hablaba con grande gracia y daba muy provechosos consejos: verla y oírla provocaba a devoción. Frecuentaba los sacramentos de confesión y comunión y, no siéndole concedido por sus perlados comulgar cada día sacramentalmente, comulgaba espiritualmente desde su coro oyendo misa y, para esto, se aparejaba muy temprano. Supo de un religioso que era tentado de no rezar las horas y oficio divino y que decía que Dios no tenía necesidad de sus oraciones. Hablole y díjole que verdad era que Dios no tenía necesidad d’él, ni de criatura alguna, mas junto con esto todas las criaturas tenían necesidad de Dios. Y que así como el villano pechero está obligado a pagar el pecho a su rey y señor, y si no le paga, sino que se muestra rebelde, le hace castigar, así Dios quiere que sus criaturas le paguen servicio y, en particular, el eclesiástico con el oficio divino; y si faltare en esto, le castigará con rigor. A una monja que le preguntó qué haría para agradar mucho a Nuestro Señor, dijo: “Paz, oración y silencio agradan mucho a Su Majestad”. A otra que le pidió consejo para estar en gracia de Dios y permanecer en ella, diósele diciendo: “Llora con los que lloran, ríe con los que ríen y calla con los que hablan”. Aconsejaba a todos que tuviesen grande devoción con el ángel de su guarda porque no solo (decía ella) nos guardan, sino nos acompañan y, cuando alguno está en trabajo cercano a la muerte, su ángel va al Cielo y ruega y convida a los sanctos y sanctas que él sabe que aquella persona tiene devoción y ha hecho algunos servicios para que, con él, rueguen a Dios le favorezca y libre, y que lo hacen ellos de la manera que les es pedido. Añadía más, que aun [fol. 64v col. a] después de difunctos, no desamparan los ángeles las almas de los que fueron custodios sino que, si van al Purgatorio, las visitan y consuelan y dan cuenta de las obras sanctas y meritorias que los vivos hacen por ellas. También era esta bendita monja muy devota de la Cruz y había mil razones para serlo: así por tener apellido y llamarse Juana de la Cruz, ser monja del monasterio de Sancta María de la Cruz y haber alcanzado grandes misericordias de Dios por medio de su Sanctísima Cruz, con la cual tenía dulces y sabrosos coloquios, diversos para cada día de la semana, de que se sacaba grandes aprovechamientos espirituales. Favoreciola Nuestro Señor enviándole regalos de su mesa, de gustos y recreos divinos. Particularmente, estando en oración, en la cual muchas veces se transportaba y arrobaba en éxtasi quedando sin sentido alguno; y, para prueba desto, hallándose presente una vez cierta señora seglar que vino a visitarla, y viendo que trabando della ni dándole veces no mostraba sentir, con un agudo hierro la hirió en la cabeza de manera que le sacó sangre y, aunque a la sazón no lo sintió, después se quejó bien de la herida. Sucedió algunas veces que, estando en éxtasi y arrobada, hablaba y lo que decía eran razones muy levantadas y subidas y de que se edificaban los que las oían. Porque, con ser doctrina muy conforme a los que nuestra fe sancta enseña y predica, ya descubría secretos maravillosos de Dios y de la Escriptura Divina, ya exhortaba ''[8]'' a que se amasen virtudes y se evitasen vicios, tocando en alguno de que algunos de los presentes eran tocados, de modo que les parecía hablar con ellos y sin que otros entendiesen ellos en semejantes razones lo que habían hecho mal, y era muy secreto, y así era motivo para tener pesar dello y enmendarse. Y para mayor testimonio que era este negocio del Cielo, no pocas veces se oyó hablar en diversas lenguas de que ella nunca tuvo noticia. Y así, a cierto provincial de su orden que deseaba hacerla abadesa de aquel su monasterio, como al fin lo hizo, le dijo en lengua de Vizcaya, siendo él vizcaíno, que para el monasterio y casa sería provecho tener ella aquel oficio, aunque para sí penoso. Otra vez, habiendo dado, para el servicio del convento, el obispo de Ávila dos esclavas moras traídas de Orán, que se ganó en aquella sazón, las cuales, si les decían que se hiciesen cristianas, lloraban y se arañaban el rostro hasta derramar sangre, en particular la una que era de más edad, estando esta bendita en éxtasi habloles en algarabía y ellas la oyeron de buena gana y respondieron. Sucediendo deste coloquio que las dos de su voluntad se baptizaron, y, baptizadas, otras veces les habló en la misma lengua estando arrobada y ellas iban luego y se ponían junto con ella y quedaban muy con- [fol. 64v col. b] soladas de haberla oído. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Con todas estas experiencias, por ser cosa nueva y no oída de algún sancto, los perlados mandaron a la abadesa que era a la sazón que, siempre que hablase estando transportada, la dejasen sola. Obedeció la abadesa y, la primera vez que la vido en éxtasi y que hablaba, mandó salir del aposento a las monjas que estaban en él y quedó sola. Después, pasado algún tiempo, envió a ver si cesaba de hablar. Y la monja que fue con este recaudo vido en el aposento grande número de aves de diversas hechuras, todas levantados los cuellos como que oían a la bendita mujer lo que hablaba. Y volviendo a decir lo que había visto, fueron con ella la abadesa y muchas otras monjas que vieron lo mismo, aunque las aves, a su llegada, se fueron. Y para que se viese que eran verdaderas y no fantásticas, una de ellas voló a la parte donde estaba la bendita Juana, y en su manga fue asida estando ya en su sentido, en lo cual pareció ser voluntad de Dios que oyesen lo que decía en tales tiempos y que, si a personas de entendimiento y a razón se les vedaba, vendrían aves que carecen de todo esto a oírla. Y así fue vista y oída diversas veces del cardenal y arzobispo de Toledo Francisco Jiménez, que fue fraile de su orden; de muchos obispos, inquisidores, predicadores, duques, condes y marqueses; y de personas que burlaban della oyéndolo contar y, visto después por sus ojos, quedaban confundidos y no poco le eran en adelante aficionados. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
También obró Nuestro Señor por ella algunas maravillas y fue una que, llevando en sus manos un vaso grande de barro para servicio del convento, quebrósele tocando a una piedra de que ella quedó muy desconsolada, derribose en tierra, hizo oración a Nuestro Señor y, juntando los pedazos del vaso, quedó perfectamente sano. Vido todo esto otra religiosa y díjole: “¿Qué es esto hermana? ¿No estaba este vaso en el suelo hecho pedazos? ¿Cómo está sano?”. Respondió con mucha humildad: “Así es, hermana, mas el Señor ha tenido por bien de remediar por su bondad lo que yo había echado a perder por mis pecados”. También era obra maravillosa y le acaeció diversas veces, que, estando ocupada en cosas de la obediencia, oía, hallándose bien distante, el oficio divino que se rezaba en el coro y veía el Sanctísimo Sacramento, teniendo una pared gruesa de por medio, la cual, al tiempo que alzaban en la misa, apareció romperse de modo que vido la sagrada Hostia y Cáliz y tornose a juntar aunque, para evidencia del milagro, quedó señal de una piedra no bien encajada por muchos años. Fue así mismo público de una niña que murió, habiéndola traído sus padres al monasterio de la Cruz, la cual, por muchas experiencias hechas en ella, se vido que estaba sin vida y, a ruego de sus padres, [fol. 65r col. a] y de otras personas en número de ochenta que estaban presentes, puso un crucifijo sobre ella, hizo oración y luego se levantó con vida y salud. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Por estas obras y por su mucha virtud y discreción, vino a ser electa abadesa, cuyo oficio rigió maravillosamente porque las súbditas no solo eran favorecidas y alentadas en el servicio de Dios con su ejemplo y amonestación, sino con su muy fervorosa oración alcanzando de la Majestad de Dios que se empleasen muy de veras en su servicio. Y fue prueba evidente que, puesta en el oficio de abadesa, no hubiese disminuido sino augmentado su virtud que hizo Dios por ella nuevas y muy extraordinarias maravillas. Como pareció en que, estando enferma en el palacio del Emperador Carlos Quinto, cuya corte residía en Madrid, una señora que se llamaba Ana Manrique, siendo la enfermedad dolor de costado, que la puso en lo último, por tener devoción con la madre Juana de la Cruz y estar cierta que Nuestro Señor oía y otorgaba lo que por ella era pedido, hizo mensajero significándole el peligro que estaba. La bendita madre con entrañas de caridad hizo oración fervorosa por ella y pareció el efecto en que, estando la enferma dada la unción y sin humano remedio al parecer de los médicos, siendo de noche vido que estaba con ella la misma madre abadesa Juana de la Cruz y que le llegaba con sus manos y apretaba el lugar donde tenía el dolor, y así lo dijo en voz alta: “Veis a mi madre que ha venido a visitarme y curarme”. Muchos que estaban presentes oyeron estas voces, aunque no la vieron sino el efecto que fue poder comer y recuperar luego entera salud. Divulgose esto en el mismo monasterio de la Cruz y, pidiendo las monjas a la madre les declarase cómo aquello había sido, ella dijo: “Obras son estas hijas mías del ángel sancto de mi guarda”. También fue cosa cierta haber sanado por su oración el padre confesor del convento de una enfermedad bien peligrosa de rabia, y lo mismo una monja de un zaratán ''[9]'' y otra de cierta nacencia; y así, algunas otras de males gravísimos en los cuales iban siempre empeorando hasta que la madre Juana de la Cruz hacía por ellos oración, pidiéndolo los tales enfermos, y luego mejoraban y quedaban en breve sanos. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y porque la fama de tales obras y de su vida sancta, que volaba por todas partes, era ocasión que de muchos fuese tenida y reverenciada por Sancta, para que esto no le fuese ocasión de ensoberbecerse y para más mérito suyo, permitió Dios que fuese gravemente afligida por causa de una persecución que se levantó contra ella. Y fue que, teniendo costumbre la abadesa y monjas de poner un sacerdote en el lugar de Cubas que administrase los sacramentos, por ser aquel beneficio del convento, trataban algunas personas e- [fol. 65r col. b] clesiásticas de impetrarle por Roma, diciendo que mujeres, aunque religiosas, eran incapaces para cargo de almas. Aconsejose la bendita madre qué haría en este caso y fuele dicho que convenía, para el bien de su monasterio, que enviase bula al Papa y, anticipándose, ganase aquella gracia y asegurase su daño. Hízolo así aunque sin dar cuenta a sus perlados por el peligro que había en la tardanza. De aquí sucedió que una monja del mismo convento, que no estaba bien con ella, acriminó este caso diciendo a los perlados que lo había hecho sin su licencia gastando de los proprios del convento por dar aquel beneficio a un hermano suyo, el cual venía nombrado para él. Y la verdad era que, en sacar la bula, se gastaron siete ducados y trújosela un su devoto graciosamente sin otra costa; y a su hermano, por ser letrado y de buena vida, el pueblo le había pedido para aquel cargo. Con todo esto, uno de los perlados y el principal, muy indignado, fue al monasterio de la Cruz y, juntando capítulo, reprehendió ásperamente a la madre Juana y, quitándola el cargo de abadesa, públicamente le mandó dar una disciplina. Todo lo cual sufrió con singular paciencia diciendo que mucho más merecían sus pecados y que el cargo de abadesa se lo había tenido sin merecerle por obediencia. Las monjas sintieron mucho este agravio y, aunque el perlado les mandó elegir abadesa, no pudo acabarse con ellas diciendo que la tenían, y así les puso por presidente a la misma que le había dado semejante aviso; aunque así el perlado como la monja murieron en breve tiempo con gran dolor por lo hecho y pidiendo perdón a la misma Juana de la Cruz, la cual no poco importunó a Nuestro Señor, así estando vivos por la salud de sus cuerpos como después de muertos por el bien de sus almas. &lt;br /&gt;
Ni pararon en esto los trabajos desta bienaventurada mujer. Antes, estando un Viernes de la Cruz dentro de su celda elevada en contemplación, levantados los brazos en forma de cruz, tornando en sí fuese al coro al tiempo que se decía la Sancta Pasión. Iba llorando y descalza y no podía andar, y así ponía de lado los pies con grave pena. Las religiosas, viéndola desta manera, fueron a ella y preguntándola qué había, respondió que le dolían mucho los pies. Miráronlos y viéronselos señalados y lo mismo las manos de las señales del Señor, no llagas abiertas ni que manasen sangre, sino unas señales redondas del tamaño de un real y muy coloradas. Las monjas preguntaron la ocasión desto; y díjoles haber sido no otra sino que, estando contemplando en la Pasión de Jesucristo, le pareció verle puesto en la cruz y que se juntaba a ella y que la dejó con estas señales. Lo cual fue causa de que las religiosas y dos frailes confesores de casa que las vieron derramasen lágrimas de [fol. 65v col. a] ternura y regalo viéndolas, aunque la bendita madre, así porque se tenía por ''[10]'' indigna de semejante favor de Dios, como por ser el dolor intolerable, pidió a su Divina Majestad la librase d'él. Y tanto le importunó que, el día de la Ascensión adelante, quedó libre del dolor y sin semejantes señales, aunque no por eso cesaron sus penas, antes, permitiéndolo Dios, los demonios la atormentaban y azotaban, y era tan crudamente que, alguna vez, le duraron por muchos días las señales de los azores que los demonios le dieron. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Pasaron adelante sus penas y diola Dios una terrible enfermedad, y fue tullirse en tanto grado que no le quedaron fuerzas algunas ni miembro sano, ni coyuntura ''[11]'' en su cuerpo que no le causase dolor gravísimo. Los huesos se apartaron unos de otros, hasta de las manos y pies, que no se podían encubrir, ni sus dolores y ansias sufrir. Encogiéronsele las rodillas que nunca más las extendió, los brazos y manos por el semejante, los dedos tan vueltos y quebrantados que no podía comer con sus manos, ni menearlas; ni ella toda podía volverse de alguna parte sino la volvían; ni comer, ni beber si no se lo daban. Ningún miembro de su cuerpo podía menear sino era la lengua, con la cual mostraba gran conformidad con Dios, con quien, razonando una vez, tiernamente, dijo: “Señor, ¿cómo es posible que cuerpo tan quebrado viva? O me dad paciencia o me quitad tanto mal como padezco o la vida siendo vuestra voluntad”. Pareció que le hablaba el Señor y que le decía: “Qué maravilla es que padezcas lo que padeces pues me escogiste a Mí por Esposo, que fui muy tenido en el mundo por leproso y lleno de dolores; pues siendo tú mi esposa y comunicando conmigo ''[12]'' como con esposo, aunque espiritualmente, cierto es que se te habían de pegar algunas de mis enfermedades, y quien ama razón es que sufra y padezca por su amado. Cuanto más que todo esto es procurado por Mí para provecho tuyo, siendo también tu Padre, y los que son padres en la tierra procuran que sus hijos tengan bienes y riquezas, y por este fin se ponen a muchas afrentas y trabajos, y así Yo, por hacer ricos a mis hijos, padecí trabajos, injurias y dolores. Por subirlos al Cielo bajé a la tierra, por librarlos de la muerte del Infierno padecí muerte cruel en una cruz, por hacerlos ricos en las almas me hice pobre en el cuerpo, y por hacerles señores en el Cielo y iguales a los ángeles me hice, en cuanto hombre, siervo y subjeto a graves necesidades. Y pues yo hice tanto por ellos, pueden entender que los amo y quiero mucho, y que es mayor el amor que les tengo que el que ellos se tienen a sí mismos. Y sé mejor que ellos lo que les cumple; y porque les cumple padecer trabajos para ir al Cielo, y que sean grandes para tener allá grande y principal asiento, por eso se los doy. No porque me huelgue de [fol. 65v col. b] verlos padecer y penar, sino porque es esto lo que les conviene. Y así tú, hija mía, no te aflijas ni desconsueles si padeces muchos, porque mereces mucho y, por lo mismo, será mucho tu Cielo. Está cierta que, cuando Yo vea que llegas al punto señalado de gloria para ti en mi Eternidad, Yo te llamaré luego”. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y así fue que, habiendo padecido esta enfermedad algunos años, sucediole otra de suerte que, visitada por algunos médicos, todos afirmaron que se moría. Y fue causa de grande desconsuelo en su convento porque, enferma y tullida en una cama, les era muy provechosa, teniendo libre su lengua y entendimiento con que les daba consejos y documentos muy provechosos. Donde, venido el día de la Sancta Cruz, que es a tres de mayo, domingo a las seis después mediodía del año de mil y quinientos y treinta y cuatro ''[13]'', siendo de edad de cincuenta y tres años, estando en su celda algunos religiosos de su orden y todas las monjas del convento con velas encendidas en sus manos, habiendo recibido los sacramentos de confesión, comunión y extremaunción, con grande reverencia y piadosas lágrimas, y hecho el desaproprio de sus pobres alhajas para morir del todo pobre, leyéndole la Pasión, dio su alma a Dios Nuestro Señor, quedando muy bien compuesta y mostrando en su rostro un sonriso de que no poco se admiraron los presentes, junto con que, habiendo antes en el aposento un mal olor por causa de su larga enfermedad, al proviso se trocó con otro admirable y del Cielo, de que gozaron todos los presentes. Llegaron con grande ansia y derramando tiernas lágrimas las religiosas a besar el bendito cuerpo, y, acercándose, echaron de ver que salía de aquel suave olor y fragancia, y era de suerte que no se le podía comparar cosa desta vida. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El cuerpo estuvo cinco días por sepultar por ocasión de gentes que venían de la comarca a verle y, en este tiempo, hizo Dios por su sierva algunas maravillas; y fue de personas que sanaron de diversas enfermedades llegando a tocar su cuerpo con devoción grande. El cual estaba en la iglesia, fuera de la clausura de las monjas, para que todos le viesen y tocasen. Pasados los cinco días fue sepultado dentro de la misma clausura, junto al comulgatorio de las monjas, donde estuvo algunos años. Después, creciendo la devoción desta sierva de Dios en muchas personas de linaje, fue trasladado el cuerpo y puesto en el coro junto al altar mayor, al lado del Evangelio, elevado de tierra en un ilustre sepulcro. Y allí es tenido en grande reverencia y con justa causa, pues, aunque no se le deban honores como a sancta por no estar canonizada, débesele mucho respecto por ser cuerpo de persona cuya vida da a entender piadosamente que está su alma gozando de Nuestro Señor en muy principal asiento de su bienaventuranza, de que todos seamos participantes. Amén.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
===Notas===&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[1]'' En el margen izquierdo del folio se puede leer: “En 3. de Mayo Iudith.I 4”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[2]'' En el margen derecho de la columna se lee “Authores”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[3]'' En el margen derecho aparece “Año 1481”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[4]'' Escrito: “ejercitase”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[5]'' Escrito: “cuyo”. Posible errata que se ha corregido.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[6]'' Está escrito: “levantodos”. Errata subsanada.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[7]'' En el texto: “ajenjos”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[8]'' Se ha añadido la -h- intercalada.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[9]'' Cáncer de mama. DRAE y CORDE.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[10]'' En el texto: “par”. Se ha subsanado la errata.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[11]'' En el texto: “cojuntura”. Se ha modernizado la grafía.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[12]'' En el texto “comigo”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[13]'' En el margen derecho de la columna leemos: “Año de 1534.”&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
= Vida impresa (3)=&lt;br /&gt;
Ed. de [http://visionarias.es/equipo/belen-molina-huete/ Belén Molina Huete] y Desiré Armero Benítez; fecha de edición: abril de 2023.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
== Fuente ==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[[Archivo:Portada historia eclesiástica de todos los santos de españa de juan de marieta.jpg|miniatura|250px|right| Juan de Marieta, 1596. Historia eclesiástica de todos los santos de España. Cuenca: Pedro del Valle (From the archive of the British Library [Digitalizado por Google]).]]&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
* [http://catalogodesantasvivas.visionarias.es/index.php/Categor%C3%ADa:Juan_de_Marieta Marieta, Juan de], 1596. «[Santa Juana de la Cruz]», en ''Historia eclesiástica de todos los santos de España'', Cuenca: Impr. de Pedro del Valle. Tercera Parte, Libro XIX, Capítulo XX, fols. 85rv.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[[Contexto material del impreso Historia eclesiástica de todos los santos de España]]''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==Criterios de edición==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Conforme a los criterios establecidos en el Catálogo para fuentes impresas, se han actualizado generalmente grafías, ortografía y puntuación manteniendo aquellos rasgos de la lengua que implican valor fonológico o que caracterizan su léxico, morfología o sintaxis. Se han conservado, pues, las oscilaciones en grupos consonánticos cultos (-t-/ct…), así como las vocálicas. Igualmente, se ha respetado el uso de “y” ante palabras que comienzan con sonido vocálico /i/. Se han reducido, por otra parte, los grupos consonánticos latinizantes, incluidos la duplicación vocálica y consonántica y, de modo concreto, grafías antiguas (-x- por -j-, -z- por -c-, -ç- por -z-); se ha modernizado también la unión y separación de términos, así como las contracciones (desta&amp;gt; de esta). En los topónimos, se ha optado por la ortografía actual (Hazaña&amp;gt;Azaña). En el uso de la mayúscula se ha atendido la singularidad de tratarse de textos religiosos y se ha unificado su empleo. Se han desarrollado las abreviaciones tipográficas sin marca expresa. No se han registrado erratas. En nota al pie se han reproducido los apuntes marginales presentes en la edición que sirve de referencia y se ha ampliado información oportuna.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==Vida de Juana de la Cruz==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Capítulo XX'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[fol. 85r, col. a] '''De Santa Juana de la Cruz, monja de la Orden de San Francisco'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[1]'' El maestro Alonso de Villegas ''[2]'', tan curioso en escrituras de vidas de santos, en su tercera parte escribe largamente la vida de esta santa religiosa, y dice fue natural de un pueblo cerca de Toledo llamado Azaña. En su tierna edad todo fue dar indicios y rastros de lo que después fue: muy dada a la oración y contemplación y servicio de Dios, continuando estos santos ejercicios con muchas abstinencias, asperezas, y mortificaciones, sintiendo siempre de sí bajamente en todas sus cosas. Tuvo siempre grande deseo de servir a Dios en religión y, porque sus padres y parientes se lo estorbaban, determinó un día por la mañana huir de su casa y acogerse al monasterio de Nuestra Señora de la Cruz, de la religión y hábito de san Francisco, que estaba dos leguas de su pueblo. Aquí fue admitida por religiosa, donde se perficionó en sus santos [fol. 85r, col. b] deseos, siendo muy observante de los establecimientos de su Orden, ocupándose juntamente en los oficios más humildes del monasterio. Era muy devota del ángel de la guarda, y aconsejaba también a los demás que podía que lo fuesen, porque solía decir que no solamente nos guarda, sino que también nos acompaña en nuestros trabajos. A quien tanta solicitud como esta santa Juana de la Cruz ponía en el servicio de Dios, él la quiso ilustrar con sus maravillas, hizo yendo por su medio algunos milagros. Llevaba un día un vaso de barro en sus manos y, tocando en una piedra, se le quebró. Ella se puso en oración y, juntando los pedazos del vaso, quedó perfetamente sano. Vio todo esto otra religiosa y díjole: “Hermana, ¿no estaba este vaso en el suelo hecho pedazos? ¿Cómo está ya sano?”. Respondió con mucha humildad: “Así es hermana, mas el Señor ha tenido por bien de remediar por su bondad lo que yo había echado a perder por mis pecados”. Una niña muerta trajeron sus padres al monasterio de Santa María de la Cruz, a que la santa religiosa Juana hiciese oración por ella y, por ruegos de sus padres y de otras ochenta personas que estaban presentes, puso un crucifijo sobre ella, y hizo oración y luego se levantó con vida y salud entera. Otros muchos milagros hizo Nuestro Señor por su sierva, que sería largo de contar y, sin otros grandes trabajos que la santa religiosa tomaba de su voluntad por la de Dios, era atormentada de los mismos demonios para más aumento de méritos suyos.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Capítulo XXI'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''De la última enfermedad y muerte bienaventurada de santa Juana de la Cruz'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[fol. 85v, col. a] ''[3]'' Para llevarla Nuestra Señora a gozar de sí a esta su sierva quiso que pasase por una grave enfermedad, que fue tullirla de pies y manos, y de todos los demás miembros y huesos de su cuerpo, como si no fuera persona. Sola la lengua le quedó sana y libre, con la cual mostraba gran conformidad con Dios en sus enfermedades, con quien razonando una vez dijo: “Señor, ¿cómo es posible que un cuerpo tan quebrantado como este mío viva? O me dad paciencia, o me quitad tanto mal como padezco, o la vida siendo vuestra voluntad”. Pareciole que le respondía el Señor y le decía: “¿Qué maravilla es que padezcas lo que padeces, pues me escogiste por esposo, que fui tenido en el mundo por leproso y lleno de dolores? Pues siendo tú mi esposa, cierto es que se te habían de pegar algunas de mis enfermedades, y quien ama, razón es que padezca algo por su amado, cuanto más que todo es procurado por mí para provecho tuyo. Así tú, hija mía, más no te aflija, ni te desconsueles si padeces mucho, porque merecerás mucho. Está cierta que cuando yo vea que llegas al punto señalado de gloria para ti, yo te llamaré luego”. Así fue que, habiendo padecido esta enfermedad algunos años, llegado el día de la invención de la Santa Cruz, que es a los tres días del mes de mayo, año de mil y quinientos y treinta y cuatro, habiendo recebidos todos los santos Sacramentos, siendo de edad de cincuenta y tres años, dio su alma a Nuestro Señor. Luego se sintió una fragancia y olor suave como de cuerpo santo, al cual tuvieron cinco días por sepultar por razón de las gentes que venían de las comarcas a reverenciarle. En este tiempo hizo nuestro Señor algunos milagros en diversos enfermos, que venían a valerle de los méritos de santa Juana. Está su cuerpo [fol. 85v, col. b] al presente sepultado junto al altar mayor al lado del evangelio, puesto en alto, en el mismo convento de monjas donde es venerado.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
===Notas===&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[1]'' Al margen: “En 3 de mayo”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[2]'' Remite a la ''Adición a la Tercera Parte del Flos sanctorum'' de Alonso de Villegas de 1588 (Huesca Juan Pérez de Valdivielso, fols. 63r-65v).&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[3]'' Al margen: “En 3 de mayo”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
=Vida impresa (4)=&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Ed. de [https://visionarias.es/equipo/veronica-torres-martin/ Verónica Torres Martín]; fecha de edición: febrero de 2025. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
== Fuente ==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[[Archivo:portada_barezzo_barezzi.jpg|250px|right|Barezzo Barezzi, 1608. ''Delle croniche dell’ordine de frati minori instituito dal seráfico P. S. Francesco'', Venecia: Barezzo Barezzi. (Fuente: Biblioteca Universitaria Alessandrina, sig. LA 001013539/ 1v. [Digitalizado por Google]). |link=]]&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
* [http://catalogodesantasvivas.visionarias.es/index.php/Categor%C3%ADa:Barezzo_Barezzi Barezzi, Barezzo], 1608. “Libro secondo”, ''Delle croniche dell’ordine de frati minori instituito dal seráfico P. S. Francesco. Parte Quarta'', Venecia: Barezzo Barezzi, 156-169.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Vida en italiano disponible en: [[Vita della religiosa, et essemplare serva de Dio, la Beata Suor Giovanna dalla Croce Abbadessa]]&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[[Contexto material del impreso Delle croniche dell’ordine de frati minori instituito dal seráfico P. S. Francesco de Barezzo Barezzi]].&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==Criterios de traducción==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El relato aparece en el “Libro secondo” de ''Delle croniche dell’ordine de frati minori instituito dal seráfico P. S. Francesco. Parte Quarta'' de Barezzo Barezzi, impreso en 1608. En lo que se refiere al texto, se ha llevado a cabo una traducción al castellano del texto original italiano, en la que se han aplicado las normas de ortografía y puntuación actuales.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==Vida de Juana de la Cruz==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[156] '''Vida de la religiosa y ejemplar sierva de Dios la beata sor Juana de la Cruz, abadesa en el Monasterio dedicado a Santa María de la Cruz de Cubas, en la provincia de Castilla'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[1]'' En la época en que el soberbio Holofernes, capitán de Nabucodonosor, rey de Asiria, sitiaba la ciudad de Betulia, la escritura del Libro de Judith dice que, una mañana, los hebreos sitiados salieron de su ciudad con estandartes desplegados y con lanzas y espadas en las manos amenazando de muerte a sus enemigos, a los cuales infravaloraron burlándose de ellos diciendo que las ratas se habían atrevido a salir de sus nidos en detrimento de sus vidas. En ese momento el pabellón del capitán estaba cerrado y en él reinaba un silencio supremo. Vagao, su ayuda de cámara, entró creyendo que dormía para despertarlo a fin de que diera alguna orden a la defensa, pero en cuanto entró y vio el cuerpo sin cabeza de Holofernes tendido en el suelo y cubierto de su propia sangre, se quedó confuso al darse cuenta de que eso lo había hecho la matrona Judith. Salió dando voces y diciendo que una mujer había sembrado el caos en la casa de Nabucodonosor, y esto fue muy cierto. Los asirios, al ver muerto a su capitán, tuvieron tanto miedo que huyeron y dejaron la victoria y todo lo que allí tenían en manos de sus enemigos. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Lo dicho por Vagao, ayuda de cámara de Holofernes, sobre que una mujer había sembrado el caos en la casa de Nabucodonosor, se adapta bien a una bendita mujer llamada Juana de la Cruz, monja de la Orden de los Frailes Menores. La cual es confusión de la casa de Nabucodonosor en tanto que por ella son conocidos los impíos, y desean saber en qué estado se encuentran, que todos están confundidos, incluso algunas personas religiosas y gente de Iglesia, por muy honrados que sean en el ejercicio de Dios, están confundidos en relación con lo que ha hecho esta religiosa, aunque hayan nacido de sangre ilustre y noble, y se hayan criado en la política de la corte y de la casa real, están confundidos por esta mujer que nació en estado de labradora y en tierra pobre. Y es confusión de toda clase de hombres, porque una mujer los supera, como se verá en su vida, recogida en los antiguos memoriales que hay en el Monasterio de la Cruz, que está a dos leguas de la ciudad de Illescas y que dice así. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[157] '''De su patria, de quién era hija y del nacimiento de la sierva de Dios sor Juana de la Cruz, y de los ejercicios espirituales que hacía en su infancia con gran rigidez de su cuerpo, y de la santa imagen de la Santísima Virgen, llamada de la Caridad de Cubas, y su origen'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Capítulo XXVIII'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[2] En un lugar cercano a Toledo, llamado Azaña, nació Juana de la Cruz de un virtuoso padre cristiano llamado Juan Vázquez y de Catalina Gutiérrez, en el año de la Encarnación 1481. Esta fue bendecida con mucha gracia y singular belleza. Su madre la amamantó en su seno sin molestia ni aburrimiento alguno, es más, le sirvió de mucho consuelo y recreación, porque solo con cogerla en brazos, aunque se encontrara melancólica y afligida, era suficiente para animarla y desterrar de ella toda pena y dolor. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Con cuatro años mostraba un juicio perfecto, tanto en las palabras que decía como en las cosas que hacía, porque todo lo hacía con mucho sentido y mucho corazón. Nunca se la vio ocupada en juegos u otras cosas vanas en las que se ocupaban los demás de su edad, ni hablaba palabras vanas o inútiles, sino que sus pensamientos e intenciones eran solo para Jesucristo, a quien llamaba su Esposo y con quien compartía sus pensamientos. A veces tenía tanta fuerza y aprehensión en sus potencias interiores que sus sentidos permanecían completamente ausentes, por lo que su madre, creyéndola enferma y a veces hasta muerta, hizo voto de llevarla con una imagen de cera a una casa y monasterio de Nuestra Señora llamada de la Cruz, que está cerca de un lugar llamado Cubas, distante dos leguas de Illescas, ciudad de la diócesis de Toledo, distante seis leguas de la ciudad, ilustrada con una imagen de la Madre de Dios llamada de la Caridad ''[3]'', donde acuden personas de diversas partes, especialmente enfermos, que son favorecidos y curados por los méritos e intercesión de la Santísima Virgen. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El Monasterio y Casa de la Cruz, en que son monjas de la Orden del Padre San Francisco, se considera, tanto en su interior como en su exterior, por memoria conservada de mano en mano por los hombres de toda la provincia, que fue edificado por orden de la santísima Virgen María, que se apareció en aquel lugar de donde procede, que es honrado y tenido en gran estima por la gente de la provincia y también por relación de monjas ancianas de la misma casa y monasterio. Se sabe de qué era la imagen que es tan honrada en Illescas que una mujer devota que servía a las monjas, acompañada de otras mujeres y con música de címbalos, llevó la santa imagen por encima de la puerta del claustro de las monjas, donde estaba, y la llevó entre la gente de la provincia pidiendo limosna para vestirla y, con lo que les daban, la mantenían muy lustrosa y adornada. Y, de esta manera, la dejó un día en Illescas y, perdiéndola el monasterio, la adquirió la [158] ciudad, y quedó con ello el origen de esta santa imagen, que, por lo que hemos podido descubrir, es esta, que es de pequeña estatura y algo morena y, en suma, devota, y dicen que ha hecho muchos milagros y es visitada con gran reverencia por toda España. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y estando a dos leguas de donde estaba su joven hija Juana, su madre la ofreció a la Virgen y permitió que la llevasen al monasterio con la imagen de cera, como hemos dicho. Y, como a su madre le había llegado la hora de la muerte antes de cumplir este voto, rogó a su marido, el padre de la niña, con gran insistencia que lo cumpliera ''[4]''. Habiendo oído esto y comprendido el voto hecho por ella, resolvió en su alma no solo contentarse con hacer aquel viaje para cumplir la voluntad de su madre, sino también permanecer en el monasterio como religiosa y allí servir a la Madre de Dios con todo su afecto durante toda su vida. Muerta su madre, quedó la niña de siete años y, con la intención de ser monja, deseaba acompañarse de obras y ejercitarse en el siglo en aquellas cosas que son propias de la religión: exigía gran abstinencia ayunando, comiendo pan y agua solo una vez al día ''[5]''. Tampoco comía todo lo que necesitaba y a veces se quedaba dos o tres días sin comer nada. Se hizo un cilicio de ásperas cerdas con sus propias manos y se lo puso sobre la carne, por lo cual siempre andaba llagada, pero muy consolada. Nunca estaba ociosa, trabajaba con sus propias manos y en el trabajo estaba muy ocupada atormentando más su cuerpo con el cilicio, de modo que no tenía más que ofrecer a Nuestro Señor, herido y llagado por todos, sino infligirse duras disciplinas, entregándose tan sin piedad que su cuerpo quedaba hecho un lago de sangre. Mostró gran humildad en su rostro. Dijo pocas palabras y ni una ociosa, de manera que todo lo que salía de su boca o era razonamiento hecho a Dios o en beneficio del prójimo. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Uno de sus tíos, un hombre rico, la llevó a su casa, implorando esto a su padre con muchas oraciones, y su esposa, que también era su tía, la amaba tiernamente. Ahora bien, como tenía más comodidad aquí, pasó más tiempo en obras santas y en penitencias, y pasaba la mayor parte de la noche en oración, pero llegó a tal extremo que su tía llegó a codiciar la vida que hacía ''[6]'', la cual estimaba mucho y apreciaba. Con lo cual, viéndose descubierta, buscó los lugares más recónditos y escondidos de la casa, donde guardaba sus disciplinas, dándose crueles golpes con una cadena de hierro y, cuando más llagada se vio y más atormentada, pidió a Nuestro Señor la recompensa de sus dolores: que la recibiera en el monasterio de sus esposas y la hiciera monja. Lo cual le fue concedido por su Divina Majestad.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[159] '''Cómo la sierva del Señor, para cumplir su voto de ser monja, huyó de su familia con hábito de hombre y se fue al Monasterio de la Cruz de Cubas, donde fue aceptada, y de la dureza de su vida, y de otras virtudes ejemplares'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Capítulo XXIX'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[7]''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Con quince años, e inspirada por Dios, como sabemos, viendo que no podía hacer otra cosa porque sus parientes se resistían y deseaban tenerla siempre consigo y casarla ''[8]'', una mañana se vistió con hábito de hombre y, haciendo un pequeño bulto con sus propias ropas, salió de su casa con intención de ir al Monasterio de las Monjas de la Cruz, que (como hemos dicho) distaba dos leguas. Y, cuando comenzó su viaje, el Diablo quiso impedírselo y puso en su mente algunos pensamientos: que su padre y sus parientes recibirían desfavorablemente su viaje y que muchos peligros podrían sobrevenirle en él. Esto causó tal impresión en su alma que se sintió perdida y cayó al suelo a pesar de que le hablaron y le dijeron que debía esforzarse para que Dios la favoreciera y pudiera lograr su objetivo. Volvió a continuar con su viaje y, habiendo recorrido buena parte del camino, oyó que venían hacia ella personas a caballo, aunque bastante lejos, y, cuando miró bien, supo que era un joven de padre rico que le había pedido por esposa y deseaba casarse con ella. Fue una gran perturbación para ella verlo, viéndose sola y en un lugar tan solitario en tal peligro sin embargo, ella fue otra vez favorecida por el Señor cegando tanto al joven muchacho que no la reconoció y le advirtió de que se saliera del camino mientras él pasaba. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y así pudo ir bien y con seguridad hasta la casa de la Madre de Dios, adonde se dirigió, y, entrando en la iglesia, no vio a nadie y, habiendo hecho oración y, en particular, habiendo hecho reverencia a la imagen de la Madre de Dios, se retiró a un lado, donde, despojándose de sus vestiduras varoniles, se puso las de mujer, con las cuales se fue. Habló con las monjas y les dijo quién era y cuál era su deseo, rogándoles que la aceptaran en su clausura, pero, al mismo tiempo que hablaba con las monjas, sus parientes, que la seguían, vinieron a buscarla y le dijeron palabras muy reprochadoras por este hecho y que querían llevársela con ellos. Ella pacientemente les pidió perdón por los problemas que habían recibido por su causa y les dijo que [160] su intención era servir a Dios en esa casa, y que solo Él podía sacarla de ese lugar. Asimismo, al mismo tiempo vino el prelado por cuya orden había de ser recibida en el convento, el cual, visto el deseo y constancia de la joven ''[9]'', dio licencia para que fuese recibida en religión, y todas las monjas la recibieron con gran alegría. Lo cual, cuando sus familiares lo vieron, lo tomaron como una buena señal y le dieron la dote, y ella recibió el hábito y permaneció en la casa. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
La maestra de novicias le encomendó esta tarea: que guardara silencio durante un año. Lo cual fue tan agradable a sus oídos como cualquier otra cosa que le pudiera ocurrir, porque por naturaleza era aficionada a hablar poco. Y, así, comenzó a vivir una vida maravillosa incluso antes de la profesión ''[10]'', que hizo en un año, y que constaba de cuatro votos: tres ordinarios y uno de clausura. Su vestido era muy pobre y humilde, más que el de las otras monjas: vestía una túnica de sarga vieja y remendada, su hábito era de lo mismo; en los pies llevaba zuecos de madera y la mayor parte del tiempo iba descalza; se ceñía con una cuerda gruesa y vestía un paño de estopa en su cabeza sobre el grueso velo; y, sobre su carne, vestía un áspero cilicio que nadie conocía, el cual no se quitaba nunca, ni de día ni de noche. Y, además, hacía otras duras penitencias: su paciencia era maravillosa, porque deseaba ser despreciada y reprehendida sin culpa e insultada, y que le fuera levantado testimonio, deseando saber de qué suerte sería ''[11]''. Deseaba tormentos, llagas, heridas, dolores, frío, cansancio y todo tipo de castigos, sufriéndolos alegremente por amor de Dios. No hablaba más que con su maestra, o con la abadesa o la vicaria, y esto cuando se le preguntaba. A veces llevaba en la boca una hierba amarga parecida al ajenjo, en recuerdo de la hiel que fue dada a Jesucristo en su Pasión; otras veces se ponía una piedra bastante grande, lo cual le causaba mucho dolor; otras veces tomaba agua en la boca y la retenía tanto tiempo que no podía soportar el dolor que le causaba; también levantaba un candelero con la boca y lo sostenía en alto hasta que le dolieran las mandíbulas. Ella pensaba que guardar silencio sin penitencia y sin dolor era poco agradable a Dios y de poco mérito. Y hacía los mismos ayunos que antes de ser monja, añadiendo a estos el ayuno de dormir: así como el que ayuna come al mediodía y toma una breve refección por la noche, ella, en lugar de comer al mediodía, recitaba también maitines por la noche, y en lugar de una breve refección, lo cambiaba por un breve sueño al final de la noche, cuando aparecía el alba. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[161] '''Del amor sin límites que profesaba a Dios Nuestro Señor, de los ejercicios en que se ocupaba con gran humildad y cuán celosa era del culto divino, y lo que dijo de su ángel de la guarda'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Capítulo XXX'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Era costumbre que todas las monjas durmieran en un dormitorio, cada una en su celda, pero con una lámpara encendida en medio del dormitorio ''[12]''. La sierva del Señor permanecía atenta cuando todas se retiraban a sus habitaciones y dormían entonces, en el mayor silencio, tomaba una piedra y se dirigía a su habitación, ora de pie, ora de rodillas, siempre recitando o meditando en la Pasión de Jesucristo, su amado Esposo ''[13]''. Se ocupaba mucho en el servicio de su convento y lo realizaba con fruición, y consideraba alegremente que todo era para el servicio de Jesucristo, de quien era esclava: cuando lavaba los platos se persuadía de que eran de oro y de perlas, para que en ellos comiera su Divina Majestad; la escoba con que barría la tenía por rosas y flores; las piedras por tapices muy finos y para suelos del Rey del Cielo, y de esta manera se comportaba en todas las demás cosas.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Siendo cocinera esta bendita monja, fue reprehendida por su compañera y por la procuradora, quienes no estaban conformes con lo que hacía, y ella, sin molestarse en absoluto, se arrojó al suelo y dijo que era culpa suya. No solo no aceptaron sus disculpas, sino que le dijeron que se fuera de su presencia. La sierva de Dios fue al coro muy afligida y pidió al Señor con gran afecto que le perdonase el dolor que había ocasionado a su hermana, y que acabase el mal que tenía con ella. Y, mientras estaba en ello, volvió su compañera a llamarla, y le preguntó: “¿Qué haces en el coro?”. Y ella respondió con gran humildad: “Rogando a Nuestro Señor que me perdonase por la molestia y gran aflicción que os he causado, hermana mía, y que hiciese las paces con vos, para que me perdonaseis y estuvieseis bien y en paz conmigo”. Oyendo esta respuesta, su compañera y su procuradora quedaron tan edificadas que durante muchos días sintieron gran contrición, con muchas lágrimas en lo secreto de sus corazones. Y de esta manera se portaba con todos los que la reprehendían y la afligían, que consistía en hacer una oración especial por ellos. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Ya se ha dicho que esta bendita doncella tenía un rostro agraciado y hermoso y, al mismo tiempo, tenía una presencia de gran gravedad, era amistosa y de conversación ''[14]'' agradable, pues hablaba con mucha gratitud y daba muchos consejos útiles. Verla y oírla, por tanto, provocaba una gran devoción. Asistía a los sacramentos de la confesión y de la comunión y, como sus prelados no le permitían comulgar todos los días, comulgaba espiritualmente en su corazón o escuchando misa y, para ello, se preparaba con mucha antelación.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[162] ''[15]'' Oyó hablar de un religioso que tuvo la tentación de no rezar sus horas canónicas y el oficio divino y que decía que Dios no tenía necesidad de sus oraciones. Habló con este religioso y le dijo que Dios no tenía necesidad de él, ni de ninguna criatura, sino que todas las criaturas juntamente con él tenían necesidad de Dios. Y que, así como el gabelero está obligado a pagar el impuesto a su rey y señor y, si no lo paga, se muestra rebelde a su rey y por tal falta le castiga severamente, así Dios quiere que sus criaturas le paguen por el servicio y gracia recibida y, en particular, el hombre eclesiástico con el oficio divino y, si falla en esto, lo castigará con severidad. Oído lo cual, aquel religioso enmendó el error que había cometido y pidió perdón al Señor, siendo entonces más solícito y diligente en el servicio de su Divina Majestad. Luego, a una monja que le preguntó qué debía hacer para agradar a Nuestro Señor, le dijo que orase y guardase silencio, que es cosa muy agradable a su Divina Majestad. Luego, a otra que le pidió consejo para estar en gracia de Dios y perseverar en ello, le dijo: “Llora con los que lloran, ríe con los que ríen, y calla con los que callan”. ''[16]'' Ella aconsejaba a todos tener gran devoción a su ángel guardián, porque decía que ellos no solo nos guardan, sino que nos acompañan y, cuando alguien está en la agonía de la muerte, su ángel va al Cielo y reza e invita a los santos y las santas, que saben que esa persona les tiene devoción y ha hecho algo por lo cual se lo merece, para que junto con él oren a Dios para que le favorezca y le libere, y que lo haga en la forma que le pidan. Añadió también que, aun después de la muerte, no se olvidan de las almas de las que fueron guardianes, porque van al purgatorio y las visitan, y las consuelan, y les dan cuenta de las obras santas y meritorias que los vivos hacen por ellos.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Cuánto le gustaba la cruz y por qué, los notables favores que recibió de Nuestro Señor Jesucristo, y de los razonamientos que hizo estando en éxtasis varias veces'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Capítulo XXXI'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[17]'' Así que esta bienaventurada monja era devota de la cruz y tenía mil razones para ello, no solo por tener el apellido y llamarse Juana de la Cruz, sino también por ser monja del Monasterio de Santa María de la Cruz y por haber obtenido gran misericordia de Dios por medio de su santísima cruz, a la que dedicaba dulces y suaves discursos para cada día de la semana, de los cuales sacaba gran provecho y consuelo espiritual. Fue favorecida de Nuestro Señor enviándole manjares de [163] su mano de admirable gusto y recreación, especialmente cuando estaba en oración, en la cual muchas veces estaba arrobada en éxtasis, permaneciendo sin sentido alguno; y para prueba de esto, estaba presente una dama secular que vino a visitarla y, viendo que ni moviéndola ni llamándola demostraba que sintiese nada, la golpeó con un hierro agudo en la cabeza, de tal manera que la hizo sangrar y, aunque no lo sintió en ese momento, después, sin embargo, sufrió mucho dolor por la herida. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
A veces sucedía que, estando en estado de arrobamiento, hablaba y decía razones muy elevadas, de modo que los que las oían se edificaban grandemente. Porque como su doctrina era muy semejante a la que nuestra santa fe enseña y predica, ora revelaba los maravillosos secretos de Dios ''[18]'', ora exhortaba a amar las virtudes y a corregir los vicios, reprehendiendo suavemente por alguna cosa a los que estaban presentes. Y sus razonamientos eran tan eficaces que parecía hablarles de tal manera que los demás no entendían, pero eran conscientes en sus corazones del mal que habían hecho, y así era motivo para que se arrepintieran de la ofensa que habían hecho a Dios Nuestro Señor, pidiéndole perdón y firmemente resueltos a enmendar sus caminos en el futuro. Y, como mayor prueba de que se trataba de un negocio celestial, no pocas veces se la oyó hablar en diferentes lenguas, de las que nunca tuvo conocimiento y, así, a cierto provincial de la Orden de los Frailes Menores Observantes que deseaba hacerla abadesa de aquel monasterio, como al fin lo hizo ''[19]'', le dijo en lengua vizcaína, por ser de Vizcaya, que sería útil para el monasterio y casa mantenerla en aquel oficio, aunque sería cosa fastidiosa para ella y un gran dolor. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En otra ocasión, el obispo de Ávila dio dos esclavas moras al convento para que las monjas se sirviesen de ellas, las cuales habían sido traídas de Orán (que entonces se compraban), y las monjas les dijeron que se hiciesen cristianas, y lloraron amargamente y se rascaron sus rostros de tal manera que les manaba sangre y, en particular, una que era mayor. Mientras esta bendita doncella estaba en éxtasis habló en lengua arábiga y ellas la oyeron de buena gana y le respondieron; tras lo cual las dos se bautizaron por su propia voluntad y, después de bautizadas, la oyeron hablar en la misma lengua mientras estaba arrebatada e, inmediatamente, fueron a ella y se consolaron mucho de haberla oído.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[164] '''Cómo personas ilustres la oyeron hablar mientras estaba en éxtasis y de un milagro que ella imploró al Señor Dios mediante la oración'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Capítulo XXXII'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Siendo todas estas experiencias algo nuevo e inaudito para cualquier santo, los prelados ordenaron a la abadesa que estaba allí en ese momento que siempre que hablase tan embelesada la dejasen sola. Y la primera vez que la vieron en éxtasis y que habló, mandó la abadesa a las monjas que allí estaban que saliesen de la cámara y, así, se quedó sola y, pasado algún tiempo, mandó ver si hablaba más, y la monja que entró con esta orden vio en la cámara gran número de pájaros de diferentes naturalezas, todos con el cuello levantado en alto como si oyesen hablar a la bienaventurada. Y, volviendo a contarle lo que había visto, volvió con ella la abadesa y otras muchas monjas que vieron lo mismo, aunque los pájaros huyeron a su venida y, para que se viese que eran verdaderos y no fantasía, uno de ellos voló al lado donde estaba la bienaventurada joven y se paró en su manga. Habiendo vuelto a su sentir ''[20]'', en que parecía ser voluntad de Dios que oyesen lo que dijo a tal hora y que prohibieran a las personas de entendimiento y de razón que la oyeran, vieron ángeles que, careciendo de todas estas cosas, lo oyeron, y así fue visto y oído varias veces del cardenal y archidiácono de Toledo, fray Francisco Ximénez, que era fraile de la orden; mencionado por muchos obispos, inquisidores, predicadores, duques, marqueses, condes y gentes que se burlaban de ella. Al oírle contar la historia y viéndolo luego con sus propios ojos quedaron confundidos y, en lo futuro, sintieron no poco cariño por ella. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[21]'' Nuestro Señor obró algunos milagros en ella, uno de los cuales fue que, cuando llevaba un gran jarrón de barro para el servicio del convento, se rompió en pedazos al tocar una piedra, y ella, muy desconsolada, se arrojó al suelo y rezó a Nuestro Señor y, cuando juntó los pedazos, quedó perfectamente sano y entero. Otra monja vio todo esto y le dijo: “¿Qué es esto, hermana? ¿No estaba este jarrón en el suelo hecho pedazos? ¿Cómo está ahora completo?”. Ella respondió con gran humildad: “Así es, hermana mía, el Señor en su bondad ha podido remediar lo que yo había perdido por mis pecados”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[165] '''De ciertos milagros y gracias que la sierva de Dios obtuvo de Nuestro Señor por medio de la oración'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Capítulo XXXIII'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Un milagro igualmente grande fue el que le ocurrió varias veces: que, estando ocupada en cosas de su obediencia ''[22]'' y estando muy lejos del oficio divino, que se rezaba en el coro, mereció ver el Santísimo Sacramento, aunque había una gruesa pared en medio, la cual, en el momento en que alzaban a Nuestro Señor en la misa, pareció romperse de tal manera que vio la sagrada hostia y el cáliz, y luego la pared volvió a juntarse. Y, como prueba del milagro, permaneció la señal en la piedra mal incrustada durante muchos años.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[23]'' También era público que una joven que se estaba muriendo había sido conducida por su padre a ese Monasterio de la Cruz y que, por muchas experiencias que allí se hicieron, se vio que ella estaba en duda por su vida. Tras muchas oraciones de su padre y de otras personas presentes en la octava, colocó un crucifijo sobre aquella y oró, e, inmediatamente, ella se levantó sana y con certeza de vida.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[24]'' Por estas obras, y por su gran virtud y discreción, fue elegida abadesa, cuyo cargo desempeñó maravillosamente. Por eso sus súbditos no solo se veían favorecidos y animados en el servicio de Dios por su ejemplo y sus dones, sino también por su ferviente oración, implorando a la Majestad de Dios que se dedicara mucho a su servicio. Y hubo clara prueba de ello, pues, cuando fue colocada en el oficio de abadesa, no encontró disminuida su virtud, sino más bien aumentada, pues Dios había obrado en ella nuevas y muy extraordinarias maravillas, como puede verse en esto, que estando enferma una señora en el palacio del emperador Carlos V, cuya corte residía a la sazón en Madrid y cuyo nombre era doña Ana Manrique, habiéndola puesto la dolencia del costado en último peligro de muerte, ahora esta señora, por tener devoción a la madre Juana de la Cruz y por estar segura de que Nuestro Señor la oía, le hizo saber el peligro en que se hallaba. ''[25]'' La bienaventurada madre, con caridad interior, hizo por ella fervientes oraciones, que se vio que fueron eficaces, pues mientras la enferma estaba sin remedio humano a juicio de los médicos, habiendo recibido la extremaunción y siendo devota, vio que la misma madre abadesa Juana de la Cruz estaba junto a ella tocando y apretando con las manos la fuente donde estaba el dolor y, así, dijo con voz alta: [166] “Mirad a mi madre, que ha venido a visitarme y a sanarme”. Muchos de los presentes oyeron estas voces, aunque no la vieron, excepto en el efecto, que fue que esta señora pudo comer y beber y recobrar toda su salud. Esto se supo en el mismo Monasterio de la Cruz y, preguntando las monjas a la madre Juana cómo y de qué manera había obrado esto, ella les dijo: “Estas son las obras, hijas mías, de mi santo ángel custodio”. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[26]'' También fue cierto que, por sus oraciones, el padre confesor del convento se curó de una enfermedad muy peligrosa de rabia; y, asimismo, una monja de un cancro; y otra de cierta enfermedad naciente; y así algunas otras de ciertos males muy grandes en los que siempre iban empeorando, hasta que la madre Juana de la Cruz hizo oraciones por ellas, que fueron pedidas con gran devoción y a petición de las mismas enfermas e, inmediatamente, mejoraron y en poco tiempo permanecieron sanas.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''De algunas persecuciones que sufrió con mucha ejemplaridad y paciencia la sierva del Señor Sor Juana de la Cruz y cómo fue favorecida por Nuestro Señor Jesucristo con las señales de sus santísimas llagas'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Capítulo XXXIIII''' ''[27]''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y porque la fama de estas obras y de su santa vida, que se extendió por todas partes del mundo, fue causa de que muchos la consideraran y veneraran como santa, para que esto no fuese ocasión de enaltecerla y para su mayor mérito, permitió Dios que fuese gravemente afligida ''[28]'' a causa de una persecución que se levantó contra ella. Y era costumbre que la abadesa y las monjas pusiesen un sacerdote en el lugar de Cubas para administrar los sacramentos, porque ese era el beneficio del convento. Algunas personas eclesiásticas trataron de imponerlo a través de Roma diciendo que las mujeres, aunque religiosas, eran incapaces de encargarse de las almas. A la bendita madre se le aconsejó lo que debía hacer en tal caso y se le dijo que, para beneficio del convento, debía enviar al papa una bula para que, anticipándose a ella, ganara esa gracia y asegurara su daño, lo cual hizo, aunque sin dar cuenta de ello a su prelado por el peligro que había en la demora. Y así sucedió que una monja del mismo convento, que no era muy amiga suya, puso este caso en conocimiento de los prelados diciendo que se había hecho sin su permiso y gastando lo que es propio del convento para dar aquel beneficio a uno de sus hermanos, que por ellos había sido designado. Y la verdad era que en conseguir la bula se habían gastado siete ducados, que pagó uno de sus devotos sin perjuicio del convento y su hermano, pues, siendo hombre de letras y de buena vida, había sido solicitado por el pueblo para esa tarea. Con todo [167] esto, uno de los prelados, y el principal, muy indignado, fue al Monasterio de la Cruz y, reduciendo el capítulo, reprehendió duramente a la madre Juana y le quitó el cargo de abadesa imponiéndole públicamente una disciplina, que ella soportó con gran paciencia, diciendo que sus pecados merecían mucho más y que había recibido el oficio de abadesa sin mérito alguno, sino solo por obediencia. Oyeron las monjas esta grave molestia y, aunque el prelado les mandó elegir abadesa, no se pudo llegar a un acuerdo con ellas, diciendo que ya la tenían y así les dio por presidenta a la misma monja que les había dado esta información. Sucedió que tanto el prelado como la monja murieron en poco tiempo a causa de la gran pena que sintieron por este suceso y, por ello, pidieron perdón a la misma madre Juana de la Cruz, la cual no poco importunó a Nuestro Señor mientras vivían para la salvación de los cuerpos, así como después de muertos para la salvación de sus almas.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
No se acabaron aquí los trabajos de esta bienaventurada mujer, pues un Viernes de la Cruz estaba en su celda elevada en contemplación con ambos brazos en alto en forma de cruz, con la atención puesta en ella como si estuviera en el coro cuando se dice la santa Pasión ''[29]'' y, al mismo tiempo que lloraba, estaba descalza y no podía andar y así sufría mucho en los pies con gran dolor. Las monjas, oyéndola llorar así, fueron a ella y le preguntaron: “¿Qué tienes, madre?”. Y ella respondió que le dolían mucho los pies y, mirándolos, vieron que estaban marcados, y también las manos, de las señales del Señor, aunque no tenía llagas abiertas ni salía sangre de ellas, sino ciertas marcas redondas del tamaño de un real y muy coloridas. Las monjas le preguntaron la causa de esto, a lo que ella respondió que no sabía más, sino que mientras contemplaba la Pasión de Jesucristo le parecía que lo veía puesto en la cruz y que se unía con Él y que por ello le quedaron estos signos. Lo cual fue la causa por la cual las monjas y los dos frailes que eran confesores de la casa derramaron lágrimas de ternura y de gran alegría al verlos, aunque la bendita madre se consideraba indigna de tales favores de Dios y, a causa de sus intolerables dolores, pidió a su Divina Majestad que la librase de ellos y, tanto lo importunó, que el día de su Ascensión quedó del todo libre de dolor y sin señales semejantes, aunque sus dolores no cesaron por esto, sino por permiso de Dios era atormentada por los demonios y azotada y, tan cruelmente, que, a veces, las marcas de los golpes que los demonios le daban duraban muchos días.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[168] '''Cómo la santa monja, con mucha paciencia, sufrió una extraña enfermedad y de una razón que hizo al Señor, con su respuesta, y de su muerte y dónde está sepultada'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Capítulo XXXV'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[30]'' Sus sufrimientos continuaron y plugo a Dios Nuestro Señor darle una terrible enfermedad que la dejó lisiada de tal manera que quedó sin fuerzas y no había miembro sano de su cuerpo ni parte alguna que no le causase gran dolor. Los huesos estaban separados unos de otros, incluso los de las manos y los pies y, de esta manera, sus dolores y angustias no podían ocultarse ni tolerarse. Sus rodillas estaban tan apretadas que nunca podía estirarlas, sus brazos y manos hacían lo mismo; sus dedos estaban tan torcidos y enroscados que no podía comer con las manos, ni manipularlos, ni volverse a ninguna parte; ni podía comer ni beber, a menos que se le diese. En fin, no podía mover ninguna parte de su cuerpo, sino la lengua, con lo cual mostraba gran conformidad con Dios ''[31]'', con quien un día, hablando tiernamente, dijo: “Señor, ¿cómo es posible que un cuerpo tan desfigurado pueda vivir? Dame paciencia o quita de mí el gran mal que sufro y mi vida, si esta es tu voluntad”. Parecía que el Señor le hablaba y le decía: “Qué maravilla es que padezcas lo que padeciste, habiéndome elegido por Esposo a mí, que en el mundo era considerado leproso y lleno de dolor; pues si ya que eres mi esposa y te comunicas conmigo como con tu esposo, aunque espiritualmente, es cierto que algunas de mis dolencias debían aplicarse en ti, ya que el que ama conviene que sufra por su amado. Tanto más, cuanto que yo he procurado esto para vuestro beneficio, puesto que también soy vuestro padre, y los que son padres en la Tierra buscan que sus hijos tengan bienes y riquezas y, para ello, se exponen a muchos peligros y aflicciones. Para hacer ricos a mis hijos, sufrí trabajos, injurias y dolores; para elevarlos al Cielo, me rebajé a la Tierra; para librarlos de la muerte en el infierno, sufrí cruel muerte de cruz; para hacerlos ricos de almas, me hice pobre de cuerpo; para hacerlos señores en el Cielo, iguales a los ángeles, me hice siervo humano, sujeto a graves necesidades; y, porque he hecho tanto por ellos, pueden comprender que los amo, y los deseo mucho, y que el amor que les profeso es mayor que el que ellos mismos se profesan. Y será mejor que lo cumpla y, para que tenga su efecto, sufran penalidades para ir al Cielo, y que sean grandes, para tener la grande y principal silla para este propósito, no porque me complazca verlos sufrir y penar, sino porque esto es lo que se requiere. Así que, hija mía, no te aflijas ni te desconsueles, si mu- [169] cho sufres para merecer mucho y, por esto mismo, el Cielo será muy tuyo y ten por seguro que, cuando vea venir el punto marcado de vuestra gloria en mi eternidad, lo sostendré inmediatamente”. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Así fue como, habiendo padecido esta enfermedad durante algunos años, se produjo un cambio de destino: fue visitada por varios médicos, todos los cuales afirmaron que se estaba muriendo, lo que fue causa de gran melancolía y tristeza en su convento porque, aunque estaba enferma y retorcida en una cama, les fue de gran utilidad y consuelo por tener la lengua libre y el intelecto sano, con el que les daba consejos y documentos muy útiles. Llegó, pues, el día de la Santa Cruz, que es el día tres de mayo, domingo, a las seis ''[32]'' después del mediodía, del año mil quinientos treinta y cuatro, siendo de edad de cincuenta y tres años y, estando en su celda algunos religiosos de su orden y todas las monjas del convento, con velas encendidas en sus manos, habiendo recibido el sacramento de la confesión, y comunión, y de la última cena con mucha reverencia y piadosas lágrimas, y hecha la distribución de sus pobres restos, para morir en toda pobreza, y leyendo la Pasión, entregó su alma a Dios Nuestro Señor manteniéndose muy bien compuesta y mostrando una sonrisa en su rostro, que admiró mucho a los presentes. Después de lo cual, un mal olor se extendió por la habitación debido a la larga enfermedad y, de repente, se transformó en otro maravilloso olor del Cielo, que los presentes disfrutaron. Las monjas fueron con gran prisa a abrazar el bendito cuerpo derramando tiernas lágrimas y, dando vueltas alrededor de él, procuraban ver de dónde venía aquel suave olor, con una fragancia tan fuerte que no se podía comparar con nada de esta vida. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El cuerpo permaneció insepulto cinco días debido a la multitud de gente de toda la provincia que acudió a verlo, tiempo durante el cual Dios realizó ''[33]'' algunos milagros por los méritos de su sierva: se trata de algunas personas que fueron sanadas de diversas enfermedades yendo a tocar su cuerpo con gran devoción, el cual estaba en la iglesia, fuera del claustro de las monjas, para que todos pudieran verlo y tocarlo. Después de cinco días fue enterrada en el mismo claustro, cerca del comunicatorio de las monjas, donde permaneció durante varios años. Luego, como la devoción a esta sierva de Dios creció entre muchas personas nobles, su cuerpo fue trasladado y colocado en el coro, cerca del altar mayor, de la parte del evangelio, sacada de la tierra a un sepulcro ilustre ''[34]'', y allí se la tiene con gran reverencia y con justa causa. Aunque no se la debe honrar como santa porque no está canonizada, se le debe mostrar, sin embargo, un gran respeto, como el cuerpo de una persona cuya vida muestra piadosamente que su alma está disfrutando de Nuestro Señor en un asiento muy especial de su bienaventuranza, de la que Dios hace partícipe a todo el mundo. Amén.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
===Notas===&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[1]'' Al margen izquierdo: Véase Gonz. par. 3. Alfonso de Villegas en la ''Adición a la tercera parte del Flos Sanct''. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[2]'' Al margen derecho: Juana de la Cruz, de qué patria era, quiénes eran sus padres y cuándo nació. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[3]'' Al margen derecho: Imagen de la Santísima Virgen de la Caridad, de gran concurrencia y devoción, y dónde se encuentra y su origen.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[4]'' Al margen izquierdo: Se dispone a cumplir el voto hecho por su madre. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[5]'' Al margen izquierdo: Grandes abstinencias que hacía la joven Juana. Vestía un áspero cilicio. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[6]'' Al margen izquierdo: Es descubierta por su tía la dura vida que llevaba. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[7]'' Se ha subsanado la errata, pues aparecía como capítulo XIX. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[8]'' Al margen derecho: Partió hacia el Monasterio de la Cruz y lo que siguió.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[9]'' Al margen izquierdo: Se hace monja con licencia del prelado.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[10]'' Al margen izquierdo: Guardó el silencio durante todo un año por obediencia.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[11]'' Al margen izquierdo: Por amor del Señor quiso sufrir todos los grandes tormentos y abstinencia.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[12]'' Al margen derecho: Dormía poco o nunca.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[13]'' Al margen derecho: Aficionada a la Pasión de Nuestro Señor Jesucristo y cómo meditaba.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[14]'' En el original aparece “conversione”, pero por el contexto se deduce que debería ser “conversatione”. Se subsana la errata.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[15]'' Al margen izquierdo: Ella era celosa del culto divino, por lo que reprehendió a un religioso y lo que siguió.  &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[16]'' Al margen izquierdo: Dijo grandes cosas del ángel de la guarda, y que se debía ser muy devoto y por qué.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[17]'' Al margen izquierdo: Era devota de la cruz y por qué razones. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[18]'' Al margen derecho: En éxtasis descubría los pensamientos y secretos de los demás, para asombro de estos. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[19]'' Al margen derecho: Habló en diferentes idiomas estando en éxtasis. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[20]'' Al margen izquierdo: La santa monja fue vista por cardenales y otras personas ilustres estando en éxtasis. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[21]'' Al margen izquierdo: Nuestro Señor Dios obra un milagro a través de su sierva. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[22]'' Al margen derecho: Favorecida por el Señor, sigue un milagro notable. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[23]'' Al margen derecho: Con la oración imploró al Señor Dios por la salud de una joven. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[24]'' Al margen derecho: Fue elegida abadesa de su convento.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[25]'' Al margen derecho: Con la oración obtuvo la gracia de la salud de doña Anna Manrique.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[26]'' Al margen izquierdo: Con su oración imploró al Señor Dios que concediera la salud a muchos.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[27]'' Se ha subsanado la errata, ya que aparecía como capítulo XXIIII. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[28]'' Al margen izquierdo: Las pruebas y persecuciones que soportó con gran paciencia la sierva del Señor, y la causa por qué. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[29]'' Al margen derecho: Contemplando la Pasión de Nuestro Señor quedaron en sus pies marcas que duraron muchos días, para su gran tormento.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[30]'' Al margen izquierdo: Cayó enferma con graves dolores y tormentos, tanto que no se podía mover. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[31]'' Al margen izquierdo: Razonamiento que hace al Señor y su respuesta.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[32]'' Al margen derecho: Murió en el Señor el 3 de mayo de 1534.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[33]'' Al margen derecho: Por los méritos de su sierva Nuestro Señor devolvió la salud a muchos.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[34]'' Al margen derecho: Su cuerpo fue transportado y colocado en un alto e ilustre sepulcro en el coro de su iglesia.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
=Vida impresa (5)=&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Ed. de [https://visionarias.es/equipo/marta-amoros-tenorio/ Marta Amorós Tenorio]; fecha de edición: julio de 2025; fecha de modificación: enero de 2026.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
== Fuente ==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[[Archivo:Portada1610.jpg|250px|right|link=]]&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[http://catalogodesantasvivas.visionarias.es/index.php/Categor%C3%ADa:Antonio_Daza Daza, Antonio], 1610. ''Historia, vida y milagros, éxtasis y revelaciones de la bienaventurada virgen santa Juana de la Cruz, de la T'ercera Orden de nuestro seráfico padre San Francisco''. Madrid: Luis Sánchez.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[[Contexto material del impreso Historia, vida y milagros, éxtasis y revelaciones de la bienaventurada virgen santa Juana de la Cruz, de la Tercera Orden de nuestro seráfico padre San Francisco]].&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
== Criterios de edición ==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Se unifican estilo, efecto y tamaño de letra para títulos de los distintos preliminares y otros paratextos, así como de los capítulos del texto central. Se aplican reglas ortográficas en relación con títulos, términos en latín y destacado de palabras conforme a las normas actuales de la Ortografía de la RAE.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Indico la foliación y/o signatura tipográfica expresada en el texto base o reconstruida atendiendo a su continuación lógica, añadiendo, cuando se trate de folios y no de páginas, si se trata del recto o del vuelto. Para una mejor comprensión de esta cuestión, véase la ficha bibliográfica de la obra.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Después de la biografía y los paratextos finales, conforme a los criterios generales de edición del Catálogo, se añaden las aclaraciones necesarias, junto con la edición de las notas marginales del texto referidas a fuentes y las que sirven de guía. En la presente edición, sin embargo, aquellas notas que glosen el contenido del cuerpo del texto base, aportando otro tipo de aclaraciones (por ejemplo, de carácter doctrinal o teológico), se indicarán entre paréntesis y en cursiva en el cuerpo del texto; al final se explicitará su ubicación original. Así pues, las notas propias se distinguirán de las del texto editado porque las primeras resaltarán siempre en negrita la parte del texto que se anota.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==Vida de Juana de la Cruz==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Vida disponible en: [[Historia, vida y milagros, éxtasis y revelaciones de la bienaventurada virgen sor Juana de la Cruz, de 1610]]&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
=Vida impresa (6)=&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Ed. de [http://visionarias.es/equipo/borja-gama-de-cossio/ Borja Gama de Cossío]; fecha de edición: noviembre de 2022. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
== Fuente ==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
* [http://catalogodesantasvivas.visionarias.es/index.php/Categor%C3%ADa:Antonio_Daza Daza, Antonio], 1611. ''Quarta parte de la Chrónica general de Nuestro padre Francisco y su apostólica orden/compuesta por Fray Antonio Daça de su Orden''. San Francisco de Valladolid: Juan Godines de Millis y Diego de Córdoba, 121.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[[Contexto material del impreso Quarta parte de la Chrónica general de Nuestro padre Francisco]] ''y su apostólica orden/compuesta por Fray Antonio Daça de su Orden''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==Criterios de edición==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Este texto está extraído de un impreso de la crónica de la Orden de San Francisco de 1611, dividido en diferentes partes y que ahonda en su origen y su historia desde sus inicios hasta la fecha de publicación del impreso. En el texto se habla de los numerosos eventos de la orden franciscana teniendo en cuenta el origen, la historia y los diferentes religiosos y religiosas que fueron importantes dentro de ella, de ahí que su extensión sea de 1180 páginas.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Para este catálogo se edita únicamente el capítulo LXXVII de la cuarta parte de la crónica, que es el único capítulo que incluye la vida de mujeres, se editan 18 vidas. Esta cuarta parte incluye religiosos y fundaciones desde el principio de la orden hasta 1572, como se especifica en el capítulo anterior al editado, LXXVI, en que se habla de religiosos de la orden hasta 1573. El capítulo que se edita no incluye ninguna fecha, pero se podría decir que estas mujeres tienen su foco de actuación desde el principio de la orden hasta ese año 1573, ya que no se va más allá de esta fecha en esta cuarta parte. Cada hoja está dividida en dos columnas y al margen, derecho o izquierdo, dependiendo de la columna, se introduce el nombre de la monja de la que se va a hablar en cuestión. Asimismo, también se hacen aclaraciones, al margen, sobre información que el texto provee, ya sea histórica, bíblica o biográfica.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Se adoptan los criterios de edición de vidas impresas estipulados en el catálogo, es decir, se moderniza la ortografía (b/u/v, j/g, chr/cr, qu/cu, empleo de h, etc.) y se eliminan las consonantes geminadas. Además, se expanden las abreviaturas, primordialmente la expansión de las nasales con la virgulilla encima de la vocal y la abreviación de “que” o “qual” también con el uso de la virgulilla o la diéresis. De todos modos, algunas abreviaturas como N. S. (Nuestro Señor) o N. P. S. (Nuestro Padre Santo) se respetan en el texto. Asimismo, las abreviaturas presentadas en las notas al pie también serán respetadas. El uso de mayúsculas y minúsculas se moderniza, y se adaptan las normas acentuales a sus usos actuales. Además, se moderniza también la puntuación teniendo en cuenta el orden de la oración, pero el uso de la puntuación a día de hoy. Del mismo modo, se moderniza el uso de aglomerados, se separan algunos (della, destas) y se unen los que hoy en día se representan como una palabra (del, al).&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==Vida de Juana de la Cruz==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Capítulo LXXVII'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[121] '''De algunas Religiosas de santa vida y de sus grandes penitencias'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
La vida y milagros, éxtasis y revelaciones de la bienaventurada madre Juana de la Cruz de la Tercera Orden de N.P.S. Francisco tenía aquí su lugar, con quien alargó tanto Dios la mano de sus misericordias que, por ser tan singulares, pide muy particular consideración el escribirlas. Y así, se deja para otra ocasión y lugar cuando, siendo Nuestro Señor servido (que los obró en ella), halla nadas algunas dificultades que por ser tan admirables tienen; ni por decir menos de su prodigiosa vida, de lo que fue se agravie, ni por decir todo lo que fue, los flacos y aquellos a quien no ha descubierto Dios cuán admirable es en sus santos, se escandalicen. Y lo cierto es, en breve suma, que su nacimiento fue por orden del Cielo, escogiéndola Dios desde su niñez para manifestar sus misericordias en ella. Su vida, toda rara en virtudes y excelencias, y su muerte, milagrosa, y tanto cuanto testifica la incorruptibilidad de su cuerpo, al cabo de más de setenta años que ha que murió, la cual consta por testimonios tan fidedignos que no es lícito dudar de la verdad. Está su cuerpo en el Convento de la Cruz, que es de religiosas de la Tercera Orden de nuestro padre San Francisco, cinco leguas de Madrid, media de la villa de Cubas. En este convento tomó el hábito, profesó, vivió y murió en el año de mil y quinientos y treinta y cuatro, a los cincuenta y tres de su edad, día de la Invención de la Cruz, que fue el mismo en que nació, tomó el hábito y profesó. Fue sepultado su santo cuerpo y, habiendo estado siete años debajo de tierra, se halló entero, sin corrupción alguna, antes con un olor celestial, indicio claro de la santidad extraordinaria de la bienaventurada madre. Trasladado el santo cuerpo, con mucha solemnidad, y colocado en un lugar alto y eminente, dos varas del suelo, en una caja dorada, en el hueco de la pared de la capilla mayor, al lado del Evangelio, ha sido y es tan venerado que solo acude allí la gente de la comarca. Mas con la experiencia que todos tienen del socorro de sus necesidades, así corporales como espirituales, que invocando esta santa hallan de muy lejos, vienen a visitar el [s]anto cuerpo y tienen allí sus novenas.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El día que murió la bienaventurada santa celebra con particular devoción la villa de Cubas; va al convento en procesión, donde también acuden otros lugares de la comarca y, diciendo la misa mayor, delante de su santo cuerpo, en un altar portátil, y predicando sus excelencias, con gozo de los que allí acuden, es alabado Dios en su santa en estos últimos años, tan recibida de todos, con tanto aplauso y con tan notable experiencia de sus socorros que, pues no se ha de decir aquí más, lo que resta es dar gracias a Dios, que así se manifiesta en vasos tan frágiles, cuando quiere esforzarlos con su gracia ''[1]''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
===Notas===&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[1]'' Hay una nota al pie en el mismo folio que dice: “El número 121 se continua al número 4 y abajo en el registro de la letra A que le sigue la letra H y al capítulo primero de este libro le sigue el Capítulo XXIII y así no falta ninguna hoja ni capítulo de la historia”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
= Vida impresa (7)=&lt;br /&gt;
Ed. de [http://visionarias.es/equipo/pedro-garcia-suarez/ Pedro García Suárez]; fecha de edición: diciembre de 2016; fecha de modificación: septiembre de 2020.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
== Fuente ==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
* [http://catalogodesantasvivas.visionarias.es/index.php/Categor%C3%ADa:Pedro_de_Salazar Salazar, Pedro de], 1612. ''Crónica y historia de la fundación y progreso de la provincia de Castilla de la Orden del bienaventurado Padre San Francisco'', Madrid: Imprenta Real, 511-546.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[[Contexto material del impreso Crónica y historia de la fundación y progreso de la provincia de Castilla]] ''de la Orden del bienaventurado Padre San Francisco''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==Criterios de edición==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
La vida impresa escrita por Pedro de Salazar de Juana de la Cruz (1481-1534) se encuentra recogida en la ''Crónica y historia de la fundación y progreso de la provincia de Castilla de la Orden del bienaventurado Padre San Francisco'', de 1612. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Para su edición, se han adoptado los criterios de vidas impresas estipulados en el Catálogo. Se moderniza la ortografía (b/u/v, j/g, chr/cr, qu/cu, empleo de h, etc.), las sibilantes y se eliminan las consonantes geminadas. El uso de mayúsculas y minúsculas se moderniza, así como la acentuación y puntuación, que se adapta a la actual. No obstante, se ha mantenido la escritura de “monesterio” y la no separación en “deste”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==Vida de Juana de la Cruz==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[511] '''SÍGUESE LA VIDA DE LA sierva de Dios Juana de la Cruz, que tantas personas tiene aficionadas, religiosas y seglares, que gustan mucho de verla y tenerla consigo y no es según la impresión de 1610, sino compuesto de nuevo'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Capítulo I'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Del nacimiento de la madre Juana de la Cruz'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En el Monasterio de Nuestra Señora de la Cruz está el cuerpo de la madre Juana de la Cruz, abadesa que fue del dicho convento y muy gran sierva de Nuestro Señor, la cual fue natural de un pueblo que se llama Azana, tierra del arzobispado de  Toledo, cerca de la dicha ciudad, en la tierra que llaman la Sagra de Toledo. Nació en el año de la Encarnación de 1481 años y en el bautismo le pusieron por nombre Juana. Sus padres fueron muy buenos cristianos y virtuosos y de gente muy honrada; su padre se llamaba Juan Vázquez y su madre Catalina Gutiérrez y tuvieron otros hijos muy virtuosos y algunos dellos fueron religiosos de muy aprobada vida. La bendita madre Juana de la Cruz fue dotada de mucha gracia y hermosura corporal; criola su madre a sus pechos, porque en naciendo tomó con ella mucho amor; era muy graciosa y mansa y decía su madre que no tan solamente no padecía pena ni trabajo en criarla, mas sentía consolación y notable alegría en sí todas las veces que la tomaba en sus brazos, aunque estuviese muy triste y angustiada. Tenía muy claro entendimiento y tan grande conocimiento de Dios que, aunque de poca edad, siempre tenía su pensamiento y ocupaciones en cosas celestiales y en hacer nuevos servicios a su esposo Jesucristo, a quien se consagró desde niña. Nunca la vían jugar ni ocupada en cosas de vanidad ni desaprovechada ni hablar palabras vanas, de manera que sus padres y parientes y personas que la conocían [512] se maravillaban mucho de las grandes virtudes que veían en ella resplandecer. Estando un día asentada a la puerta de la casa de su padre pasaba el Santísimo Sacramento por allí, que le llevaban a un enfermo, y como sus padres la tenían tan bien impuesta en las cosas de Dios y de su santa fe católica, se levantó con mucho fervor a mirar y adorar al Señor, que llevaba el clérigo en sus manos, y vido que iba sobre la custodia Nuestro Señor Jesucristo en forma de niño vivo y muy resplandeciente y por entonces no dijo nada, pensando que todos veían lo que ella veía; pero Nuestro Señor, que es dador de las gracias y descubridor de los secretos que Él se sirve de manifestar, tuvo por bien de traer tiempo en que estas y otras maravillas y grandes misterios que en su sierva había obrado desde su niñez fuesen vistos y conocidos, sin ser en su mano podellos encubrir.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Capítulo II'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Cómo siendo esta sierva de Dios de siete años quedó huérfana de su madre''' &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Llegado el tiempo en que había pasar desta vida la madre de la bendita niña Juana de la Cruz, acordándose de una promesa que tenía hecha en una enfermedad suya, de llevar a su hija con su pelo de cera a velar al Monasterio de Nuestra Señora de la Cruz, rogó a su marido que lo cumpliese por ella y él le prometió de cumplirlo lo más presto que pudiese; y cuando esto se trataba entre los dos estaba presente la sierva de Dios Juana de la Cruz, la cual deseaba mucho que se cumpliese aquella promesa; y como quedase en casa de su padre, con la edad crecían en ella muy grandes fervores y ansias de ser religiosa por más servir a Dios, y creciendo en edad empezaba a poner por obra sus fervorosos deseos del servicio del Señor. Tenía una tía, hermana de su madre, doncella y de muy santa vida, en quien Nuestro Señor mostró muy claros y manifiestos milagros y maravillas, con la cual se consolaba y comunicaba mucho. En este tiempo su tía se metió a monja en Toledo en el Monasterio de Santo Domingo el Real, en el cual vivió y acabó su vida muy santamente. La bendita Juana de la Cruz sintió mucha soledad en faltarle tal compañía y quisiera [513] mucho irse con ella a ser religiosa, pero su padre y abuela no se lo quisieron conceder, diciéndole que tenía poca edad y no podía llevar las asperezas de la religión. Viendo ella que aprovechaba poco el rogarlo, calló por entonces y pensaba entre sí: “Ir yo a ser religiosa a aquel monasterio porque estaba allí mi tía no es perfección, más quiero ir a cualquiera otro monasterio por solo Dios y su amor, y servirle y aplacerle”. Y este deseo crecía en ella cada día y la tía desta bienaventurada era muy santa y muy regalada de Dios y tenía muchas revelaciones, y en una le dijo Dios que su sobrina había de ser muy gran persona y de muy singulares gracias y dones espirituales; y contó esta revelación a la priora de su monasterio, la cual con mucho cuidado y diligencia procuraba y deseaba que viniese a ser monja a su casa y pedía con muchos ruegos a sus padres y parientes se la diesen para monja, en lo cual jamás quisieron los padres consentir. Lo cual visto por la priora y monjas del dicho monasterio, procuraron por otras vías haberla y en todo este tiempo no cesaban las monjas de suplicar a Nuestro Señor trujese a su casa aquel precioso tesoro, lo cual no se hizo porque Dios tenía determinado otra cosa. En este tiempo esta bendita doncella fue llevada a casa de unos tíos suyos, que la amaban y querían como hija natural, y le dieron el gobierno de toda su casa y bienes y ella les era muy obediente. Era muy honesta y prudente en todas sus obras y muy caritativa para los criados de la casa y personas que en ella trabajaban, y cuidadosa y diligente en los trabajos corporales y administradora en las cosas de Dios. Daba muy buenos consejos: era muy humilde y tenía la voluntad muy aparejada para hacer penitencia y la tomaba sobre sí con mucha alegría y la ponía por obra; y en sus ayunos fue muy abstinente, que su comer era pan y agua y no comía más de una vez al día y esta no todo lo que había menester; y no solamente ayunaba con solo pan y agua, mas se estaba dos y tres días sin comer ni beber alguna cosa, y esto hacía ella muy de ordinario y con muy gran secreto. Todas las veces que ella se podía desocupar para rezar y contemplar, hacía oración muy fervorosa, bañada en lágrimas salidas de su corazón y lloradas con compasión a la Pasión [514] de Jesucristo Nuestro Señor, y, hecha de otra manera, la tenía no por tan acepta para ser recebida delante del acatamiento divino. Era rigorosa para su cuerpo porque traía junto a sus carnes un cilicio, hecho de unas cardas que buscó ella muy secretamente y las deshizo, y todas las púas y puntas cosió en una cosa muy áspera y aquello traía junto a sus carnes. Andaba de continuo dolorosa y toda llagada y muy alegre y consolada, porque tenía de continuo dolores que ofrecer al Señor en reverencia de los que padeció por nos redemir y salvar. Cuando trabajaba dábase mucha prisa porque los dolores y heridas fuesen mayores. Siempre esta sierva de Dios ofrecía tres cosas a Dios: trabajo corporal, hecho muy alegremente con la caridad del prójimo; la segunda, sacrificio de sangre y dolores, que le causaban las cosas ásperas y crueles que traía junto a sus carnes; la tercera, los pensamientos siempre puestos en Dios y en las cosas celestiales. Hacía también siempre muy ásperas disciplinas, dándose con muy gruesos cordeles; dados en ellos muy grandes nudos, dábase con estos tan cruel y despiadadamente hasta que salía sangre y se hacía muy lastimosos cardenales y heridas. Tenía tan gran silencio que nunca hablaba palabra que no fuese de Dios o que no la pudiese excusar. Andando por casa o haciendo labor de manos, dábase secretamente en los merecillos de los brazos, y en cualquier parte de su cuerpo que ella podía, muy recios pellizcos. Y cuando había de hacer algún trabajo al fuego o al horno, se destocaba y arremangaba mucho los brazos por hacer penitencia y quemar sus carnes y ofrecerlas a Dios en sacrificio; y el día que no hacía alguna cosa destas, no se tenía por digna de comer el pan ni de hollar la tierra que Dios había criado. Era tan amiga de oración, silencio y recogimiento, que buscaba siempre como estar en larga y fervorosa oración y para esto parecíale que el silencio y reposo de la noche era tiempo muy convenible, y cuando la gente estaba recorrida y dormiendo, quedábase ella en la cámara donde dormía, rezando. De que veía muerta la candela en el tiempo de las noches frías y largas del invierno, para hacer mayor penitencia se desnudaba delante de unas imágenes, quedándose en el silicio muy áspero [515] que continuo traía, y ansí estaba de rodillas en oración hasta que sentía que la gente de unas dos o tres criadas de casa con quien ella dormía era ora que se levantasen: entonces por no ser sentida íbase a acostar. Y una vez aconteció, queriéndolo Dios ansí porque fuese conocida, que sus compañeras lo sintieron que se iba a acostar cuando quería amanecer, y sentían cómo iba muy fría, que solo el frío que llevaba en sus carnes las despertaba; y ellas le dijeron muchas veces que por qué no se acostaba cuando ellas, que qué hacía o dónde venía a tales horas. La bienaventurada respondió que alguna necesidad tenía de venir donde venía. Como ella continuase este ejercicio, díjolo una de ellas a su ama, la cual se angustió mucho y mandó a aquella criada que con cuidado y secreto viese dónde iba su sobrina a aquellas horas y qué hacía. Luego la noche siguiente, la criada, viendo que la sierva de Dios no estaba en la cama, acordó de ponerse a la puerta de la cámara donde dormían con intención de cerrarla, pensando que la bendita Juana de la Cruz había salido fuera. Y con este pensamiento llegó a la puerta y hallola cerrada, y como estaban a escuras no la vía y estaba en oración delante de las imágenes y pusose junto a la puerta por verla cuando fuese a salir; y estando allí por algún rato, oyola llorar y gemir, y la moza, por certificarse, quitose de la puerta y fuese adonde ella estaba en oración, descuidada que nadie la oía ni aguardaba, y fue a asir della y sintió cómo estaba de rodillas desnuda y envuelta en un áspero silicio. De lo cual la bienaventurada sintió gran tribulación por ser vista; y la criada, maravillada, disimuló por entonces y dijo a su señora cuán bienaventurada criatura era su sobrina y en cuán santos y provechosos actos la había hallado. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Desta manera su buena vida fue divulgada y se conoció por todas las personas de la casa y aun por otras muchas, de lo cual ella recebía muy gran pesar y buscaba en su pensamiento dónde se podría apartar a poder hacer sus ejercicios sin ser vista; y acordose que en aquella casa de su tía en unos corrales había un palomar tapiado y sin tejado y tomó una Verónica en que ella tenía muy grande devoción y pusola en un pedazo de terciopelo, y doblada [516] traíala consigo, y todas las veces que podía se iba a aquel palomar y ponía la Verónica en una parte y con unas cadenas que ella tenía allá escondidas hacía muy ásperas disciplinas y andaba de rodillas, desnudas las rodillas sobre las guijas y cantos hasta que se le desollaban; y con muchas lágrimas y gemidos andaba desta manera con la más prisa que podía, considerando que iba por los lugares santos y por donde habían llevado a crucificar a Nuestro Señor Jesucristo. Y andando ella con esta contemplación, se le apareció Jesucristo Nuestro Señor apasionado como cuando llevaba la cruz a cuestas y la miraba sus ojos de misericordia. Un viernes santo quisiera ir a la iglesia y ver el monumento, y su tía no le dio licencia porque en aquellos tiempos no se acostumbraba salir las doncellas de casa, sino en los días de fiesta a oír misa. Y ida la tía y la demás gente a la iglesia, quedose ella en casa acompañada del dolor y compasión que aquel santo día representa y hincose de rodillas delante de un crucifijo con muchas lágrimas, compadeciéndose de lo que en tal día su Dios y Señor había padecido; y fue tanta el agua que de sus ojos manó, que mojó la tierra, y del dolor que sintía en su corazón cayó en el suelo como muerta; y estando con esta compasión vido la imagen del santo crucificado muy apasionado y llagado y aparecieron allí todas las insignias y misterios de la Pasión y las tres Marías muy llorosas, cubiertas de luto; y tantos fueron los misterios que allí vido y sintió y lo mucho que lloró y se traspasó su corazón, que quedó tal que parecía muerta, y su gesto tan difunto y desmejado que, cuando sus tíos y la gente de casa vinieron, se maravillaron mucho de verla tan demudada y le preguntaron qué le había acontecido y apremiaronla que comiese y no ayunase aquel día a pan y agua, y ella les suplicó no le quitasen su devoción, que muy bien podía ayunar y muy bien dispuesta se hallaba. Y viendo la humilde doncella cómo no se podía encubrir su virtud, dábanle pena tres cosas: la una, no tener tiempo y libertad para servir a Dios, como ella deseaba; la segunda, que era conocida de todos la gracia y mercedes que Dios le hacía; la tercera, el gran deseo que tenía de ser religiosa, no verle cumplido. De manera [517] que ya públicamente con muchas lágrimas y fervor lo pedía a su padre y tíos, los cuales nunca condencendían con su petición, y su tío que la había criado, como haciendo burla, le dijo: “Mi sobrina quiere ser monja por ser santa”. Y ella respondió con mucha humildad: “Pues si lo fuere por la gracia de Dios, rogare a Dios por v. merced”. Y por entonces no les importunó más, no perdiendo la esperanza que Nuestro Señor se lo había de otorgar, pues ella se lo suplicaba sin cesar; y con esta esperanza un viernes santo fuese al palomar y, entrando en él, puso la santa Verónica y sacó la cadena que tenía escondida y hizo una áspera disciplina, porque todas las veces que ella iba allí, primero se disciplinaba que hiciese oración; y hecha esta disciplina, hincose de rodillas y derramando muchas lágrimas empezó a decir mirando la santa Verónica: “O muy dulce Señor mío, suplico a Vuestra Majestad por reverencia de los misterios que hoy día viernes santo vos, mi Señor, hicistes y por los dolores y tormentos muy crudos que por me redemir y salvar padecistes, que me concedáis esta merced que muchas veces con importunidad he pedido: que merezca yo ser vuestra sierva en la religión y que esta merced no se me niegue en este santo día”. Y estando en esta oración la sierva de Dios, le fue revelado que había Dios oído su petición y recibido su buen deseo, y lo tomaba por obra muy aceptada y le placía de la recibir por esposa y concederle la religión, con condición que ella pusiese la diligencia que para alcanzarlo viese que había menester; y desde aquella hora buscaba y procuraba en su corazón cómo y de qué manera saldría secretamente, que ninguna persona la viese ir al Monasterio de Nuestra Señora de la Cruz, que allí la alumbraba el Espíritu Santo fuese. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Capítulo III'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Cómo esta bendita madre buscó manera para ir a ser religiosa'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Después de pasada la Pascua de Resurrección, como ya fuese cumplida en ella la voluntad del Señor para que fuese religiosa, acordó con su ayuda de tomar una mañana de madrugada unos vestidos de un primo [518] suyo, que ella tenía a guardar, y vistiose de hombre para salir sin ser conocida y irse al Monasterio de Nuestra Señora de la Cruz, que es dos leguas de donde ella vivía, y de que estuvo bien aderezada de hábito de hombre, pusose encima los acostumbrados vestidos de mujer que ella solía traer y tocado que acostumbraba, y llamó a las mozas diciendo que era tarde y con ellas hizo los haciendas que otros días solían hacer. Y de que todos los de la casa le hubieron visto que su intento era este, porque descuidasen della por algún rato y ella pudiese irse sin que la siguiesen entrose aprisa en cierta parte y quitose los vestidos de mujer, y pusose un tocador de hombre en la cabeza y echose una capa en el hombro y una espada en la mano, y un lío que tenía hecho de sus aderezos de mujer tomole debajo del brazo y santiguándose comenzó su camino, el cual ella no sabía sino por oídas y caminando con mucho fervor. El demonio, que tenía mucho pesar desta obra, trabajó de la poner tentaciones y peligros por estorbarla, combatiéndola de muy recios temores de su padre y parientes y que no saldría con lo comenzado. La bienaventurada, como arrepintiéndose de lo que había comenzado, creciole el temor con tanto grado que le faltaron las fuerzas humanas y le temblaba todo el cuerpo, que no podía andar paso, de suerte que se hubo de asentar en el mismo camino muy desmayada, y estando ansí encomendándose con muchas veras a Nuestro Señor, suplicándole la quisiese ayudar y esforzar en tan grande necesidad para que ella pudiese acabar la obra comenzada, oyó una voz que le dijo tres veces: “Esfuérzate, no desmayes y acaba la buena obra que has empezado”; y no vido por entonces quién le hablaba, mas después supo por revelación que era su ángel custodio, con la cual voz se alegró y regocijó mucho y anduvo su camino. Ya que había andado buena parte d’él, sintió venir tras sí, aunque algo lejos, a una persona en un caballo, la cual era un hombre muy honrado, que tenía mucha gana de casar con ella y la había procurado y rogado; y como ella alzó los ojos y conoció que era el sobredicho mancebo, y viéndose sola en un campo y que por entonces no aparecía nadie, turbose su espíritu más de lo que se puede pensar, teniéndose por deshonrada y perdida; y alumbrada en aquella [519] sazón del Espíritu Santo, disimuladamente se apartó del camino antes que llegase cerca, y a él le cegó Dios de manera que no solamente no la conoció, ni aun el color de los vestidos de hombre que llevaba le parecieron a él de otra color, y cuando pasó por enfrente donde ella estaba, dijo en su corazón: “Mirad qué cobardía de hombre, qué le había yo de hacer, que en viéndome se apartó del camino”. Y tornando a mirarla, vido el lío que traía debajo del brazo y dijo: “Algún sastre debe de ser, que viene de cortar o de coser de algunos destos lugares”. Y con este pensamiento se pasó el mancebo sin la conocer. La bendita virgen, viéndose libre de aquel tan gran peligro, hincose de rodillas y dio gracias a Nuestro Señor, y suplicó a Nuestra Señora la favoreciese en aquella su obra, y en esta oración fue muy consolada de Nuestro Señor y pasó adelante con su camino. Y aportó a un lugar que se llama Casarrubuelos, y por la mucha fatiga y cansancio del camino pidió en una casa un jarro de agua, y diéronsele y asentose a descansar, y puso la espada sobre un poyo y olvidosele allí; ya que era salida de la casa, tornó por ella y dijo: “O pecadora de mí, que se me olvidaba la espada”. Y estas palabras oyó la moza que salió a darle de beber y las dijo a las personas de aquella casa, diciendo: “Mujer es aquel que pidió el agua”; y no creyendo a la moza, no la siguieron. Y llegando al Monasterio de Nuestra Señora de la Cruz, entró luego en la iglesia a hacer oración y ofreció su ánima y su cuerpo a Jesucristo, suplicándole la quisiese recebir en aquella santa compañía y congregación. Y de que hubo orado, como no había nadie en la iglesia apartose a un rincón della y quitose los vestidos de hombre y vistiose sus propios vestidos de mujer que había traído consigo, y de que fue aderezada de mujer fuese a la portería y recibimiento de la casa, en la cual estaba una imagen de Nuestra Señora de bulto, de mucha devoción y milagros, y hincándose de rodillas le dio gracias porque la había traído a su casa sin peligro de su persona y decía con mucha humildad a la santa imagen: “¿Qué servicio podré yo hacer por tan gran merced como esta? Suplicote, mi Señora, me des gracia que yo persevere en esta casa y viva en ella todos mis días”; de lo cual le certificó la imagen, y de allí fue a llamar a la puerta, rogando que la abriesen. Y [520] preguntole la casera de las monjas quién era o qué quería.  Respondió que era una doncella que quería ser religiosa. La casera le respondió: “Las que vienen a ser religiosas no vienen solas, que sus padres o parientes las traen”. La sierva de Dios le dijo: “Vine en hábito de hombre escondidamente, que de otra manera no viniera ansí, mas por amor de Dios me abrid para que me caliente, que como esta mañana llovió, tomome el agua en el camino y vengo cansada y muerta de frío; y por caridad me dé un poco de pan, que vengo muy necesitada, que si no queréis, no diré yo que me metáis allá para religiosa, que como vine ascondida, presto me hallarán menos mis parientes y me vendrán a buscar”. Y la casera la metió dentro en los aposentos y le dio de comer, siempre preguntándole y examinándole. Yendo la criada del monasterio a la iglesia y viendo los vestidos de hombre que había traído, pensó en su corazón no fuese varón que venía con alguna burla o engaño; pero ansí en los cabellos largos como en los pechos y gesto y en otras señales se certificó cómo era mujer; y luego la criada llegó al torno del monasterio y dijo que quería hablar a la abadesa, la cual le dijo: “Señora, aquí ha venido una doncella de hasta quince años y dice que es de Azana, y vino sola en hábito de hombre y parece que trae muy gran fervor de ser religiosa”. Y luego la mandó llamar y informose muy bien della y de su deseo, y después, aunque fingidamente, la reprendió porque había venido en tal hábito y de tal manera. Y la madre Juana de la Cruz le respondió con mucha humildad: “Señora, mi venida no ha sido sino con sola intención de servir a Dios y vivir y morir en esta santa casa y hacer todo lo que me mandaren y ser toda mi vida su criada”. Y la religiosa se despidió della y entró a las monjas y les dijo: “Hermanas, una doncella está aquí, que quiere ser nuestra hermana, creo que la trae Dios por milagro porque no sabía este camino ni vístole”; y les dijo y relató la manera de su venida y cómo decía palabras de mucha prudencia. Las monjas, oído lo que les dijo, dieron gracias a Dios y pidiéronle licencia para ir a verla y hablarla y ordenándolo la divina Majestad a todas les pareció tan bien cuando la hablaron, que se determinaron [521] de recebirla en su compañía, y antes que le diesen el hábito vinieron algunos de sus parientes muy sentidos y enojados de lo que había hecho, y ella les satisfizo diciendo que muchas veces les había dicho y pedido que había de ser religiosa y que Dios la había traído a aquella casa y que lo había de ser. Concertadas todas las cosas, dieron el hábito a la virgen con mucha solenidad y espiritual alegría en presencia de sus parientes. Comenzó a hacer vida maravillosa y muy provechosa para los que la veían y oían; su vestido era muy pobre y humilde, mucho más que el de las demás religiosas. Traía túnica de sayal y una saya muy vieja y remendada y el hábito lo mismo. Calzaba unos alpargates, y lo más del tiempo andaba descalza y ceñida con la más gruesa cuerda que podía haber, y en la cabeza una albanega de estopa y encima lo más despreciado que ella podía haber, y debajo de todo esto traía de secreto un muy áspero silicio, el cual nunca se quitaba día ni noche y otras muy ásperas penitencias que hacía. Deseaba tormentos y dolores, llagas y heridas, frío y cansancio y todas maneras de penas por amor de Dios. Y no solamente en el año del noviciado tuvo esta manera de vida, mas todo el tiempo que vivió guardó el silencio, que en todo el año del noviciado no le oyeron hablar palabra, sino era con la prelada o maestra, y esto siendo preguntada. Hacía penitencia con la boca, trayendo en ella ajenjos amargos por el amargor de la hiel y vinagre que dieron a Nuestro Señor; traía siempre en su memoria su Pasión de muchas maneras y también hacía otras penitencias con la boca, trayendo una piedra algo grande que le daba dolor. Otras veces tomaba en la boca agua y teníala tanto espacio dentro hasta que del dolor no la podía sufrir. Tomaba con los labios un candelero mediano, y teníale tanto rato por la parte donde se pone la candela hasta que le dolían las quijadas; pensaba ella que guardar silencio sin dolor no era grande servicio ante Dios. Eran sus ayunos muy perfetos y muchos, porque no solo acostumbraba desde su niñez a ayunar ordinariamente, comiendo una vez al día, más aun estar tres días con sus noches sin comer algún mantenimiento corporal, y no solamente ayunaba de comer, más ayunaba de sueño y tenía puesta [522] entre sí tal traza, y decía: “Pues las personas cuando ayunan no comen hasta medio día, y después de haber comido, una vez pueden tomar alguna refección de beber entre día y alguna colación a la noche, desta manera será bien ayunar del sueño hasta la medianoche y después la comida de medianoche serán los Maitines, y en la mañana en lugar de la bebida o colación tomar un poco de sueño corporal para sustentar la naturaleza”. Y para hacer esto bien tenía este orden. Como todas las religiosas acostumbraban dormir juntas en un dormitorio y en medio d’él tienen una lámpara encendida y cada una está por sí en su cama, llevaba también la bienaventurada una rueca a prima noche a su cama, y cuando veía que todas las religiosas estaban dormiendo, tomaba su rueca y hilaba cabe su cama a veces en pie y a veces de rodillas en tierra, hasta que tañían a Maitines. Como esta virgen era tan cuidadosa de aprovechar en el espíritu, cuando trabajaba corporalmente enderezaba todos aquellos servicios o trabajos que hacía por la santa obediencia a Dios, y, contemplando decía entre sí que era su moza y esclava, que los platos que fregaba y todas las otras cosas pensaba que eran de oro y de piedras preciosas en que comía su Majestad. Cuando barría contemplaba que la escoba era un manojo de rosas y flores muy olorosas con que alimpiaba y adornaba sus estrados; y cuando guisaba de comer, contemplaba eran muy delicados y preciosos manjares para que comiese su divina Majestad y sus santos; y ansí lo ofrecía ella y desta manera y de otras muchas ofrecía sus trabajos corporales ante la Majestad Divina. Oyendo esta sierva de Dios leer en un libro llamado Floreto de santo Francisco, y oyendo cómo había mandado una vez a un fraile que fuese a predicar, sin capilla y desnudo, pensó entre sí: “Si el Padre San Francisco mandaba ir al fraile a predicar desnudo, no teniendo pecados, ¿cómo no iré yo a confesarme de los míos y desnudarme dellos, desnuda en carnes y hiriéndolas con piedra o palo a cada pecado que dijere? Encomiéndome a Dios y, a vos Padre S. Francisco, y sola la cuerda ceñida a mi cuerpo y cuello quiero ir a confesar como malhechora, y por tal me pregonaré ante Dios y mi confesor”. Y con mucha contrición [523] de sus pecados, entró en el confesionario y comenzose a confesar, hincada de rodilla con muchas lágrimas, y era tiempo de mucho frío y comenzó a dar grandes temblores del gran frío que sentía, de manera que no lo podía encubrir, y fue tanto que el confesor le preguntó que si estaba enferma, que de qué temblaba; respondió la bienaventurada que no estaba enferma, que temblaba de frío. Y acabada la confesión, salió del confesionario, y ella, que se empezaba a vestir y otra religiosa que iba a confesar, y vídola, y entró en el confesionario y dijo al confesor que riñese a Juana de la Cruz por tan ásperas penitencias como hacía, que había entrado a confesar desnuda con solo un silicio. Y el confesor le respondió: “Verdaderamente yo le sentí temblar y pensé estaba enferma y preguntéselo y díjome que no”. Y de allí adelante no solamente en invierno, más aun en verano le preguntaba cuando iba a confesar si iba cubierta, porque, si no, no la confesaría. Todas las veces que esta bienaventurada iba a confesar recibía el confesor singular consuelo en su ánima y dotrina maravillosa para enmienda de su vida, y no solamente él, mas todos los otros padres que la confesaron mientras vivió decían que de sus confesiones no solo salían ellos muy confusos, mas sacaban mucho aprovechamiento para sus almas. Decía, cuando era muy importunada de sus confesores les dijese lo que sentía en su espíritu, que más vergüenza tenía de contar las cosas de virtud y gracia que Dios le había dado que no de decir sus pecados, porque esto era de sí propria y lo otro era de Dios y de su misericordia. Era esta virgen muy prudente y de mucha discreción y capacidad y de mucha gravedad, tenía presencia de mucha autoridad, tenía piedad y admirable consejo y provechoso en las ánimas y a los cuerpos, de muy graciosa habla, de mucha mansedumbre; era mesurada en su risa y provocaba, a quien la oía y veía, a devoción: lloraba muy sereno y sin mucho clamor, salvo cuando se elevaba, que salía de sus sentidos, de algunos pasos de la Pasión, que entonces no era en su mano porque el Espíritu Santo, como dice San Pablo, pide por nosotros con gemidos, que no se pueden contar, siendo esto efecto del Espíritu Santo en nosotros. Ansí obraba [524] grandes maravillas en esta religiosa y le hacía dar algunos devotos suspiros o decir algunas palabras del paso y misterio que estaba contemplando. Era de mucha cortesía y muy grande crianza y muy humilde en todo, y holgaba más de hacer a cualquier persona demasiada reverencia y honra que no de menos: era igual a todos, tratando a cada uno según su estado y manera; era de mucha verdad, y lo contrario ni aun en burla no lo decía; era muy secreta y callada en todas y cualesquier cosas que le eran dichas y descubiertas en secreto: de tribulaciones, tentaciones y angustias y cosas de cualquiera otra calidad. Fue remediadora de muchos grandes males y daños, y libradora de grandes peligros presentes y por venir; era de tan gran santidad que jamás perjudicaba sus prójimos ni los agraviaba, aunque fuese de burla. Llegándose a ella las monjas de su convento, rogáronle que les dijese cómo harían oración que fuese agradable a Dios. La cual dijo: “Doy os por consejo, señoras, que no ofrezcáis solo a Dios un sacrificio, más tres, o cuatro, o más, si pudiéredes, porque cada hora podría cualquier persona ofrecer a Dios tres sacrificios principales, que son estos: el primero, la afección y contemplación muy viva, hecha dentro en el corazón y alma; el segundo, oración vocal y gracias y loores a la Divina Majestad; el tercero, alguna penitencia, golpes y heridas dadas secretamente; y aún para desechar la acidia se puede añadir la labor de manos, y habiendo soledad y tiempo suficiente es bueno haber lavatorio y fuente de lágrimas lloradas de contrición de los pecados o por compasión de la muerte de Nuestro Señor, y entonces podrá cualquier persona dar cinco sacrificios ofrecidos en reverencia de las cinco llagas, y cuando esto no se pudiese hacer tan secreto, podrá ofrecer tres en reverencia de la Santísima Trinidad sin ser visto ni sentido de ninguna persona”. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Capítulo IV'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''De cómo esta bendita virgen comulgaba espiritualmente'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Procuraba esta madre de, en amaneciendo, ahora estuviese en el coro, en los oficios divinos o en otra cualquier parte o en ocupación [525] o trabajo corporal, de aparejarse para comulgar espiritualmente, pues no podía recebir el Santísimo Sacramento cada día y hora como ella deseaba; porque era tan devota del Santísimo Sacramento del altar y de le gustar continuo que nunca otra cosa quisiera hacer día y noche, sino hartar su alma deste manjar del Cielo. Y por el mesmo Señor fue revelado a todas las monjas del convento por palabras que la oyeron estando elevada, enajenada de sus sentidos: que tanto era el gozo y gusto que esta bendita sentía en el Sacramento que comulgaba y recebía a Dios espiritualmente y sentía gran favor del Señor y consolación de su alma, y daba las gracias a Nuestro Señor por tan copioso beneficio. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Estando esta bendita en la casa de la labor, víspera de los apóstoles S. Pedro y S. Pablo, vido una visión de todos los doce apóstoles, como cuando uno acaba de espirar, y luego vido doce sepulcros abiertos y muy hermosos y que salían dellos los doce apóstoles vestidos de blanco y ellos más albos que la nieve, y levantábanse puestas las manos como que adoraban al Señor y le daban gracias; y ella muy maravillada desta visión deseaba saber por qué parecía que salían los santos apóstoles de los sepulcros como difuntos, estando ya todos en el Cielo glorificados y no habiendo muerto ninguno dellos de su muerte natural, mas de muy crueles martirios por amor de Dios. Estando en este pensamiento y deseo, vido todos los apóstoles vestidos muy ricamente, coronados y cubiertos todos de pedrería y muy alegres y gloriosos, y Nuestro Señor en medio de ellos, dándoles muy grandes premios y gozos y galardones por los trabajos y buenas obras que por su amor estando en el mundo habían hecho. Ansimismo le fue mostrado cómo levantarse los santos apóstoles de los sepulcros era significación que todos habemos de ser muertos y resucitados cuando Dios nos llamare a juicio; y cómo Nuestro Señor Jesucristo hace fiesta y llamamiento en el Cielo de todos los santos apóstoles juntos el día que es fiesta de cualquiera de ellos; y cómo la Iglesia militante, ansí como la triunfante, los días de las tales fiestas siempre hacen memoria de los martirios y muerte de los santos que padecieron por amor de Dios y de la vida eterna y bienaventuranza [526] que por ello les da el Señor, y a todos y cualesquier órdenes de santos y santas, cuando es fiesta de uno o de una en especial, junto con él a todos los de aquella Orden les hace fiesta en general. Decía muchas veces que, cuando comía o bebía, tomaba gusto en aquel manjar corporal porque sabía ella Dios era todas las cosas y en todas ellas le podía hallar, y con este pensamiento en contemplación que siempre tenía puesta en Dios, en cada bocado que comía y trago que bebía hallaba dulzura y gustos divinales. Muchas veces, estando comiendo se arrobaba en espíritu; y esto de arrobarse creció en ella tanto la gracia que adonde quiera que aquella gracia le tomaba se quedaba como muerta, aunque muy hermosa, ora fuese en el coro o en el refitorio o en otro lugar de la casa, a cualquier hora del día o de la noche que era la voluntad de Dios, y muy a menudo; y no estaba elevada poco tiempo, mas tres horas, cinco y siete y doce, y esto al principio de sus elevaciones. Y andado el tiempo diole Dios muy copiosa esta gracia, porque estaba elevada un día y una noche y algunas veces cuarenta horas. La primera vez que el convento vido elevada a esta religiosa, había siete años que estaba en el monasterio y todas las religiosas vieron en ella muy nuevas mudanzas porque la vieron propiamente como difunta, ansí en el gesto, ojos y labios, como en el descoyuntamiento de todos sus miembros, lo cual nunca más tuvo en semejantes raptos, antes en ellos estaba muy hermosa y colorada. Después que volvió en sus sentidos, importunáronla mucho las religiosas les dijese qué había sentido o visto en aquel rapto y ella por entonces no les dijo nada hasta saber la voluntad de Dios; pero pasados algunos días, de voluntad de Dios les dijo: “Señoras, quiero satisfacer a vuestro deseo, pues deseáis saber qué es lo que vi y sentí aquella vez que decís que estaba en el cuerpo muy demudada, a manera de muerta. Yo me vi en un lugar oscuro, donde hube mucho temor, y apareció allí un ángel que alumbró aquellas tinieblas y me dijo: ‘No temas’. Y me fueron reveladas muchas cosas, especial el favor que los ángeles hacían a los que están en el purgatorio hasta que, saliendo de allí, gozan de Dios. Este ángel tiene oficio de ayudar a las ánimas de purgatorio, yéndolas a visitar y consolar [527] por los merecimientos y Pasión de Jesucristo y méritos de su Santa Madre. Y muchas veces va a la ayuda y socorro de las ánimas y personas que están en pasamiento, llevando consigo otros muchos ángeles que le ayuden a defender aquella persona que en tan gran batalla está de tentaciones de los demonios, y las acompaña hasta que son juzgadas y tiene cuidado dellas hasta que estén en descanso y este mesmo oficio tienen otros muchos ángeles”. Estas y otras muchas cosas decía esta bendita a las monjas, importunada de ellas y con licencia de Dios notificadas por su ángel.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Capítulo V'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''De cómo esta bendita estando elevada hablaba''' &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Esta bendita virgen tuvo gracia de elevación, como queda dicho; el Señor la dotó de otra muy grande gracia y es que, estando ella ansí elevada en aquel rapto, enajenada de sus sentidos, hablaba divinas cosas, altísimas y de notable admiración, sobre lo cual se hicieron grandes experiencias para ver si cuando hablaba estaba en éxtasis o fuera de sus sentidos o de otra manera. La cual experiencia hicieron inquisidores que fueron de intento a esto al monasterio y los prelados de la Orden, monjas de su casa, y otras personas graves; las cuales todas conocieron y vieron que estaba alienada de sus sentidos cuando hablaba, también por las cosas que decía tan maravillosas y provechosas para las almas, ansí para las religiosas de su casa como para las personas de todos estados y condiciones y oficios mayores y menores que la venían a oír y gozar y aprovecharse de lo que decía. Oíanla frailes de todas órdenes, predicadores y letrados, canónigos, obispos y arzobispos, el cardenal de España don fray Francisco Ximénez y condes, duques, marqueses, y caballeros muy generosos y señoras, y de todos estados, ansí de hombres como mujeres que este misterio vieron y oyeron, y estuvieron presentes, y veían cómo esta bendita estaba vestida y tocada de religiosa, echada sobre una cama y sus brazos puestos a manera de persona recogida y el cuerpo como muerto (porque estuvo mucho tiempo tullida) y los ojos cerrados y el gesto [528] muy bien puesto, y muy hermoso y resplandeciente. Su habla era tan poderosa y de tan gran dotrina para la salvación de las almas, y reprehensible a los pecadores, que cuantos la veían y oían, por grandes letrados que fuesen, se maravillaban y quisieran estar tan vecinos y cercanos al monasterio que todas las veces que había estas pláticas la pudieran oír. La cual algunas veces duraba cinco, seis y siete horas. Era tan dulce a todos los que la oían que, aunque fuesen muy pecadores e incrédulos desta santa gracia antes que la viesen y oyesen, les parecía estuvieran tres días con sus noches oyéndola con mucho gusto. Los que eran incrédulos, ellos mesmos se manifestaban diciendo: “Incrédulo era de lo que decían desta bendita”; y cuando vino a ver si podía verla hablar tan bien y cuando acababa de hablar decía a cada uno la intención con que había venido. Y cuando parecía que hablaba con Dios, hacía grandes suplicaciones públicas y otras secretas, que nadie las podía ir; y hacía oración por sí misma y por todas las personas de la tierra y por todo el estado de la Santa Madre Iglesia, por los que están en pecado mortal y por los que están en penas de purgatorio. En estos raptos, que le duraron espacio de trece años, fueron tantos y tan altos los misterios que dijo y declaró que las monjas escribieron un libro que llaman el Luznorte.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Capítulo VI'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''De cómo esta bendita tenía cuidado de las enfermas y de algunos casos maravillosos que le acontecieron''' &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Había en el monasterio una monja enferma, que estaba ética y algo penosa y asquerosa, a la cual servía esta bendita venciendo con mucha alegría todas las cosas que se le ofrecían en el tal ejercicio de caridad, con el espíritu de su mortificación, por muy graves y repugnantes que fuesen. Vino a ella una religiosa, con mucho frío y dolor de estómago, y díjole: “Señora, por caridad que pidáis para vos un trago de vino, diciendo que lo habéis menester para algún dolor que tenéis y dármele heis a mí, que traigo un gran dolor de estómago y no lo oso pedir” (en aquel tiempo no sabían las mujeres qué cosa era vino) y ella dijo que lo [529] haría y, considerando que decir tenía dolor de estómago por entonces que no diría verdad, y dejarlo de pedir era falta de caridad, suplicó a Nuestro Señor por qué ella pudiese decir verdad y la religiosa recibiese refrigerio en su necesidad: Nuestro Señor lo proveyó de manera que esta bendita no mintiese. En la vida del Padre fray Pascual Bailón, cuyo cuerpo está en San Francisco de Villareal de Valencia, se cuenta d’él las grandes diligencias y trabajos que pasó por no decir una mentira ligera, que no pasaba de pecado venial, lo cual es contra tanto como en estos tiempos se miente porque no se sabe decir verdad. Y ansí sucede a los mentirosos lo que dice Aristóteles, que cuando digan verdad no los crean, aunque hay quien nunca la diga. Muchas veces aparecieron ánimas de difuntos a esta bienaventurada, pidiéndole hiciese diligencias con deudos suyos para que hiciesen obras satisfatorias y cumpliesen obligaciones que tenían para por estos medios ser libres del purgatorio, lo cual ella siempre hacía. Las cuales ánimas le tornaban a aparecer y le decían cómo eran libres de las penas de purgatorio y le daban gracias por haberlas ayudado. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Vino a esta bendita un religioso muy tentado de que no rezaba las horas canónicas ni ninguna cosa de las que tenía obligación, diciendo que Dios no tenía necesidad de sus rogaciones; la cual hizo oración por él y le respondió: “Padre, verdad es que Dios no tiene necesidad de las oraciones de las criaturas que Él crió; empero, que todas las criaturas racionales que Él crió tienen necesidad de la ayuda de Dios y de le servir para agradarle: ansí como de necesidad y fuerza es obligado cualquier labrador pechero de pagar a su rey y señor el pecho que es obligado y le debe y si esto de su grado no lo hiciere, será castigado, ansí el religioso, si no pagare a Dios lo que le debe rezando las horas canónicas y lo que es obligado, será castigado de la mano de Dios”. Deseaba padecer muchos trabajos por Dios y suplicábalo a Nuestro Señor y ansí permitió que los demonios la azotasen muy crudamente y las señales le duraron mucho tiempo y la de uno le duró toda su vida. Y lo mesmo se cuenta haber sucedido al glorioso S. Gerónimo. También le dio Dios de ordinario un dolor [530] de cabeza que la atormentaba en gran manera y todo lo llevaba con gran paciencia. Era devotísima de la santa Cruz y enseñó a las monjas una adoración en esta manera: “Adórote, cruz preciosa; adórote, santa Cruz de Dios; adórote, santo madero; adórote, trono de Dios; adórote, escaño de sus pies con el cual justiciará y pisará los pecadores y les hará ver y conocer cómo solo Él es el Señor y Criador del Cielo y de la tierra y juez de los vivos y de los muertos; adórote, galardón de los justos por el cual se salvan y justifican; adórote, deleite de los ángeles; adórote, penitencia de los pecadores; adórote, tálamo de Dios, en el cual está puesta su corona real; adoro los clavos, tenazas, martillo, escalera y lanza; adoro al Redentor en ti puesto; adoro a mi Salvador; adoro su santo rostro; bendigo, glorifico y adoro sus santos miembros todos, desde las uñas de los pies y plantas hasta encima de la cabeza, que son los cabellos: adórote, árbol santo de la vera cruz”. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Capítulo VII'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''De la enfermedad que tuvo esta bendita madre''' &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Siendo súbdita y abadesa en el dicho Monasterio de la Cruz, habiendo adquirido al monasterio muchos bienes y posesiones de personas que tenían devoción a esta bendita madre, por cuyo respeto las daban, y habiendo tenido la sierva de Dios muchos trabajos, contrariedades y aflicciones, ordenándolo Dios ansí para que fuese probada su paciencia y virtud, últimamente tuvo grandes enfermedades, sin poderse levantar en mucho tiempo de la cama, donde siempre trabajó, exhortando con palabras a las que la veían al temor y amor de Dios; y para los ausentes tenía una monja que escribía muchas cosas, concernientes y ordenadas todas al bien de los prójimos. Y estando en la cama enferma tuvo grandes consuelos espirituales y revelaciones misteriosas, secretos grandes del estado de la Iglesia, de los que están en purgatorio y otros muchos secretos, los cuales Dios le revelaba. Apareciole muchas veces Nuestra Señora y consolola. Su santo ángel custodio le hablaba muy de ordinario y fue cosa maravillosa la gran familiaridad que con él y otros ángeles, de quien era muy devota, [531] tenía, y las admirables revelaciones que tenía del Señor. Siendo esta virgen ya muy labrada como piedra para ser puesta en el edificio de la ciudad santa de Jerusalén, llegose el tiempo de su glorioso tránsito. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Capítulo VIII'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''De un caso prodigioso que sucedió a esta sierva de Dios''' &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Un viernes santo, habiendo estado toda la mañana en un rapto, volvió en sí estando diciendo la Pasión, y fuese al coro e iba llorando y descalza; y porque no podía andar ponía los pies de lado, que de otra manera no los podía poner, y aun esto con mucha pena y dolor. Y viéndola las religiosas entrar en el coro, fuéronse para ella, preguntáronle cómo iba de aquella suerte. Respondió que le dolían mucho y los pies y no podía andar con ellos; y mirándoselos las religiosas, viéronselos señalados, y ansimesmo las manos, no con llagas abiertas, sino unas señales redondas del tamaño de un real y muy coloradas, de manera que parecían por las palmas de las manos que estaban impresas. Tenían estas señales muy suave olor y la bendita lloraba de los dolores que tenía en aquellas señales. Y también las religiosas lloraban y tomáronla en sus brazos y lleváronla a su celda; y era tan grande el fuego que tenía aquellas señales que las religiosas le ponían paños mojados en agua fría y en muy breve espacio se enjugaban del gran fuego que de allí salía, y muy a menudo se los tornaban a poner mojados. Ella mesma se soplaba las palmas de las manos por mitigar el gran fuego y dolor que padecía. Y preguntándole las religiosas qué era aquello, respondió con muchas lágrimas y dolores que sentía que había visto a Jesucristo Nuestro Señor crucificado, que llegándose a ella había juntado sus manos con las suyas y puesto sus pies con los suyos; y que luego había sentido gran dolor en su espíritu y gran sentimiento en sus manos y pies, que eran tan recios que no los podía sufrir. Tuvo estas señales tan maravillosas y crecidos dolores desde el día del Viernes Santo hasta el día de la Santa Ascensión. Y esto no continuo, sino los viernes, sábados y [532] domingos, tres días arreo, hasta la hora que Cristo Nuestro Señor resucitó; y desde aquella hora hasta otro viernes no tenía más dolor ni señal. Viendo esta santa cómo no podía encubrir estas preciosas señales que no fuesen vistas de personas devotas del monasterio, pues ya se publicaba, y el confesor del monasterio y las religiosas d’él las habían visto, suplicó a Nuestro Señor muy afectuosamente que en ninguna manera su Divina Majestad permitiese que en ella su indigna sierva pareciese ni tuviese tal tesoro ni tan ricas joyas, que no era digna de ellas ni quería tal don, pues no le podía encubrir, y nunca cesó de hacer esta súplica, derramando muchas lágrimas, hasta que lo alcanzó del Señor. Y en la oración oyó una voz del Señor que le dijo: “Mucho me ruegas e importunas que te quite ese don que te he dado, yo lo haré; y pues no has querido tener mis rosas, yo te daré cosa que más te duela que ellas”. Y ansí le fue otorgado del Señor no tener más aquellas señales, pero en su lugar le dio Dios muchas enfermedades y trabajos. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Capítulo IX'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''De cómo esta bendita pasó de esta vida'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Siendo esta bendita de edad de cincuenta y tres años, los cuales había vivido muy bien y muy ejemplarmente a honra y gloria de Dios y salvación y mérito de su alma y aprovechamiento de sus prójimos, vivos y difuntos, como su historia da testimonio dello, quiso el poderoso Dios que después de la Dominica del Pastor, año de 1534, se le agravasen a esta sierva de Dios sus enfermedades, sobreviniéndole otra de nuevo, la cual fue que no pudo orinar en catorce días, y publicándose su enfermedad entre algunas personas muy generosas, devotas suyas, fue luego proveída con mucho deseo de su salud de médicos y de las cosas necesarias para su cura. Y los médicos juntos y concentrados le hicieron muchas y grandes experiencias, y ella, tomando por la consolación de las monjas que se lo rogaban todo lo que los médicos le mandaban, aunque era contra su voluntad, y algunas veces con rostro como de ángel y semblante muy gracioso [533] que reía con las monjas y les decía palabras de muy grande amor y también a los médicos, se mostraba muy agradecida a su trabajo. Y viendo ellos que su mal iba empeorando y que era mortal, dijéronlo a las religiosas, las cuales con muchas ansias comenzaron a invocar la misericordia de Dios haciendo oraciones y derramando muchas lágrimas y sangre, haciendo procesiones con gemidos y sollozos, que parece querían expirar, suplicando a Nuestro Señor no quisiese su Majestad quitarles tan grande amparo, consolación y ayuda para su salvación como tenían en la madre Juana de la Cruz. La cual con muy grande fervor pidió le trujesen su confesor, que se quería confesar y aparejarse para morir, y ansí lo hizo, que confesó y comulgó con admirable devoción y se despojó como muy pobre y perfecta religiosa, y pidió la extremaunción; y todos los días que estuvo enferma de la enfermedad que murió, no pasó noche que no se arrobase, pero no le fue descubierto el secreto de su muerte hasta tres días antes de su bienaventurado fin. Y aunque con mucha flaqueza, no faltándole caridad y compasión de sus hermanas, contoles algunas cosas de consolación que en sus raptos había visto. Y acercándose el día de su glorioso fin tuvo una revelación jueves en la noche, vigilia de los apóstoles San Felipe y Santiago, en la cual conoció que era la voluntad de Dios llevarla desta vida; y súpolo en espíritu, por cuanto aquella mesma noche estuvo elevada desde las once hasta la una, y en esta elevación vido a los gloriosos apóstoles San Felipe y Santiago. Y hablando con su santo ángel le dijo viese cuál estaba y le suplicaba rogase al Señor por ella y por las religiosas de su casa y por sus hermanos y parientes y amigos y por todas las personas que a ella se encomendaban; y la respuesta fue: “Bienaventurados son los que viven y mueren en Dios y malaventurados se pueden llamar los que viven fuera de Dios; esfuérzate y ten paciencia, y encomiéndate a Dios y confórmate con su santa voluntad, y arrepiéntete de tus pecados y de las cosas que pudieras haber hecho en su servicio y no las has hecho”; la cual dijo: “Tan tarde me lo decís”. Y respondió: “No es tarde, que tiempo tienes para lo poder hacer; tú, amiga de Dios, confórtate [534] con todo lo que Nuestro Señor quisiere hacer de ti y suplica a su Divina Majestad se cumpla en bien y salvación tuya la sentencia que está dada, y tiempo es ya, amiga de Dios, de gozar de las cosas prometidas y a Dios pedidas y por Él otorgadas”. Y suplicó esta madre a los gloriosos apóstoles San Felipe y Santiago rogasen a Dios por ella, que no deseaba la muerte por impaciencia, sino muerte con penitencia, contrición y arrepentimiento de sus pecados, y que fuese en ella cumplida la voluntad de Dios. Los santos apóstoles le dijeron: “Ansí tiene de ser para ser la muerte buena y inocente y sin pecado, y ahora es tiempo de padecer los penitentes y amigos de Dios para que después gocen de los gozos del Cielo”. Todo esto pasó estando esta sierva de Dios elevada, y tornando en sus sentidos llamó a una religiosa parienta suya, que desde niña se había criado en el monasterio y ella le tenía mucho amor, y díjole: “Hágoos saber, hermana, que según me ha sido revelado he visto que es la voluntad de mi Señor Jesucristo que muera desta enfemerdad, de lo cual yo mucho me he consolado”. Y contole la sobredicha revelación y díjole muchas cosas de gran dotrina, aconsejándola tuviese paciencia y se conformase con la voluntad de Dios. Y luego, viernes por la mañana, día de los apóstoles San Felipe y Santiago, entrando el médico a visitarla, dijo que le quería hablar en secreto y, llegándose cerca de su cama, le dijo: “Señor, ruégoos por amor de Nuestro Señor que no me curéis ya más ni hagáis algún beneficio, porque yo sé que tengo de morir desta enfermedad y todo aprovechará poco, sino es darme más tormento; y paréceme que todo mi cuerpo le meten en un grano de mostaza y allí le aprietan según que yo siento”. Y ansí estuvo todo aquel día con alguna fatiga causada por la enfermedad. Y como se divulgase mucho que estaba tan al cabo de su fin, muchas señoras generosas deseaban estar presentes a su glorioso tránsito y ansí lo pusieron por obra; y no todas llegaron a tiempo, a causa que algunas venían de lejos, sino fue una muy ilustre señora muy devota suya que se llamaba doña Isabel de Mendoza, hija del conde de Monteagudo, mujer de don Gonzalo Chacón, señor de Casarrubios, que llegó a tiempo [535] y estuvo presente a todas las cosas y maravillas que pasaron en su bienaventurado tránsito y tuvo muchas lágrimas de devoción. Y esta señora, después de viuda, fue monja en el Monasterio de la Concepción de la Puebla de Montalván.&lt;br /&gt;
 &lt;br /&gt;
El mesmo día de los apóstoles, antes de vísperas, estando en sus sentidos, vido algunas cosas, las cuales ella no dijo claramente, aunque mucho se lo importunaron y rogaron. Este mesmo día, ya que quería anochecer, le dieron la santa unción, la cual recibió con muy gran devoción, y desde a un rato dijo con gran gemido y contrición: “Ay, ay de mí, cómo me he descuidado”. Pasada una hora, después de recebida la santa unción, le sucedió una indisposición, que pensaron era desmayo, y viéndolo el médico dijo que no tenía pulsos, que verdaderamente se moría, y estuvo ansí un rato; y tornando sobre sí, comenzó a hablar con buen semblante, en lo cual conocieron había sido arrobamiento. Y destos tuvo muchos aquella noche y empezó a hablar, diciendo lo que había visto, como quien responde a lo que le decían, y parecía a todos los que la veían que lo que hablaba eran respuestas que daba a quien hablaba, e dijo como persona muy admirada: “O, qué cruel espada, tenédmele, tenédmele, no me mate con ella”. Y ansí estuvo sosegada un gran rato en silencio, como persona que veía grandes cosas. Y después dijo con gran sosiego y manera pacífica: “Tened ese cuchillo, tenedle”; y alzando un poquito la voz, decía: “Llamádmela, llamádmela que se va”. Y preguntándole a quién habían de llamar, respondió: “A la santa Madalena”; y diciéndole qué Madalena, dijo: “La que estuvo al pie de la cruz, que viene del sepulcro”; y decía: “Ay, ay, amiga de mi alma”. Preguntándole si estaba allí la Madalena, respondió que sí; y de rato en rato decía, a manera de mucho deseo: “Pues vamos, Madre de Dios, vamos”, y esto decía muchas veces; y algunas veces añadió: “Vamos a casa, vamos, Madre de Dios, que es tarde”. Y con manera de ahínco y esfuerzo fervoroso decía: “Echalde de ahí, echalde de ahí, ¿por qué me dejáis?”; y parecía que estaba angustiada y que peleaba con el demonio y para esta pelea la dejaron sola; la cual venció poderosamente, según pareció la plática que ella tenía con el demonio, [536] que ansí como Dios le dio gracia de fortaleza que en su vida le venciese, ni más ni menos en la hora de la muerte no la desamparó, que maravillosamente quedó vencedora. Y volviendo la plática a las religiosas, dijo: “Señoras y hermanas mías, levantadme de aquí, daré mi alma a Dios en sacrificio”. Dende a poco comenzó a decir apriesa, como quien habla con otras personas: “Buscádmele, buscádmele a mi Señor, ¿por qué me le llevastes?, dejádmele ir a buscar, aunque estoy descoyuntada”; y con gran fervor decía: “Mi Señor, la misericordia sobre la justicia: Jesús, y qué angustia”. Y muy fatigada, volvió el rostro a las religiosas, e díjoles: “Amigas, ayudadme a rogar”; y dijeron: “Señora, ¿qué quiere que roguemos y pidamos?”. Respondió que misericordia y piedad, que la misericordia era sobre la justicia. El médico que la curaba, viendo todas estas cosas, dijo con gran devoción y lágrimas: “Bienaventurado colegio que tal alma como esta envía el Cielo; por cierto, señoras, creo yo que serán mayores los favores que desta bendita recebirán desde el Cielo que los que han recebido en la tierra, aunque han sido muchos”; y respondió la bienaventurada: “Podrá ser”. Y todo esto pasaba estando sin pulsos en ninguna parte de su cuerpo, y estándola todos mirando empezó a mascar, como persona que comía con mucho favor, y cesando le dijo el médico: “Señora, parece que come”. “Es verdad”, dijo ella, “sí”. Tornándole a preguntar  que quién se lo había dado y qué era, respondió que cierto manjar, y dijeronle: “con tal manjar muy esforzada estará”, y dijo: “Sí, estoy”. Y tomándole el médico el pulso dijo que se le había tornado muy esforzado y grande, que parecía de nuevo le habían dado vida porque había más de cuatro horas que estaba sin él y desde el día de los santos apóstoles no había pasado ninguna sustancia. Y después de todo esto comenzó a decir con muy alegre gesto: “Amigas mías y señoras mías, llevadme, llevadme”; y entendieron que hablaba con santas vírgines; y de a poco rato dijo con gran reverencia: “O, Padre mío”, y las religiosas pensaron que lo decía por el glorioso Padre San Francisco. Y cuando esto pasaba, ya venía el día y era sábado, y todos los que allí habían estado aquella noche, ansí a las religiosas como a las personas de otra manera, no se les hizo o pareció ser aquella [537] noche una hora. Estando ansí esta sierva de Dios, dijo: “Ea, pues, Jesús, vamos de aquí”; “vamos presto, Señora mía”; “vamos, vamos mi Redentor”. Entonces las religiosas se levantaron con muchas lágrimas y grandes sollozos y le besaron las manos con mucha devoción y ella las bendijo presentes y ausentes. Y tornó a decir: “Vamos, vamos, Redentor mío, vamos de aquí”. Y llegándose el médico a esta bienaventurada y hablándola, recibió el aliento que de la boca le salía y dijo a los que allí estaban no podía conocer ni alcanzar qué olor fuese, salvo que olía muy bien, de lo cual estaba admirado porque hasta aquella hora había tenido mal olor en el aliento, que le procedía de la corrupción de los humores, y entonces le tenía bueno. Y todos los que estaban allí que oyeron esto al médico se allegaron con mucha devoción y, recibiendo el huelgo, conocieron no ser de los olores deste mundo, y toda su persona estaba con grande olor y hermosura. Y desde el sábado a la tarde hasta el día siguiente domingo después de vísperas, día de la Invención de la Santa Cruz, no habló; y antes que entrasen por la puerta de su celda se olía los maravillosos olores que de ella salían.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Capítulo X'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Del tránsito'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Siendo la hora de las seis, después de mediodía, domingo día de la Santa Cruz, año de 1534, día en que la sierva de Dios nació y entró en la religión, acompañada su ánima de muy buenas y perfetas obras, y ansimismo su cuerpo acompañado de religiosos de su Orden y de todas las monjas de su casa, las cuales con candelas encendidas en las manos, y los padres leyendo la Pasión, dio esta sierva de Dios el alma en manos del poderoso Dios que la crió y redimió, quedando su gesto con hermosura y compostura admirable, quedándole la boca muy buen puesta, a manera de quien se ríe. Y admirados los padres que allí estaban, con gran reverencia llegaron a mirarle los ojos, y alzando los párpados vieron que no los tenía quebrados, sino con aquella hermosura que los tenía cuando era viva, y ansí como agradó con ellos mucho a Dios, permitió en la hora de su muerte que no se le quebrasen, en testimonio de las buenas obras que con [538] ellos había hecho; de lo cual todos se maravillaron mucho y dieron gracias a Nuestro Señor por las grandes maravillas y mercedes que con sus fieles amadores hace. Como acabó de expirar, allegáronse con grande ansia todas las religiosas, llorando lágrimas muy dolorosas a ver y besar el cuerpo, y como se cercaron a él, eran tan grandes los olores que d’él salían y tan subidos que no se podían comparar  con cosa desta vida, y las religiosas que tocaron el cuerpo les quedó por muchos días muy admirable olor en sus personas y manos y en cualquier cosa que se le ponía encima, y le tuvo en su persona y hábito todo el tiempo que estuvo por sepultar, que fueron cinco días. Y aderezado el cuerpo, la abadesa y monjas del convento, con candelas encendidas y rezando, le llevaron al coro y allí le fue dicho el oficio muy solenemente, y estuvieron aquella noche con él acompañándole con mucho dolor de lágrimas, y con ellas la dicha señora doña Isabel de Mendoza, que con mucha devoción se halló a su tránsito. Y divulgándose cómo ya era pasada desta vida esta sierva de Dios Juana de la Cruz, concurría mucha gente de toda la comarca con gran deseo de ver su cuerpo. Ansimismo vinieron muchos padres de la Orden a hacer sus exequias y enterramiento, y como la gente era tanta, daban licencia a algunos que entrasen en el monasterio; los cuales, cuando veía el cuerpo y olían los olores que d’él salían, daban muchas gracias a Nuestro Señor, derramando lágrimas de devoción. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Capítulo XI'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Cómo sacaron el cuerpo desta sierva de Dios para que la gente le viese'''   &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El día siguiente lunes, como fuese casi hora de vísperas y todos los campos estuviesen llenos de gente, clamando que les mostrasen el cuerpo que se le dejasen tocar, los padres que allí se hallaron, por satisfacer a su devoción, tomaron el cuerpo y sacáronle fuera con mucha reverencia, donde todos le pudiesen ver; y viendo la gente cómo le sacaban, eran tan grande los clamores y gemidos que todos daban con muchas lágrimas que se oían muy lejos de allí; y llegando todos a prisa, los religiosos que guardaban el cuerpo no consentían [539] tocasen sino en el hábito; y sintiendo el muy suave olor que del cuerpo salía, con mucha admiración daban gracias a Dios y ponían encima rosarios y otras cosas que traían, en las cuales se pegaba el mesmo olor. Y consolada la gente, tornaron el cuerpo al monasterio a hora de Completas; a la cual hora llegaron correos de grandes señoras rogando que detuviesen el cuerpo hasta que ellas le viesen y ansí se hizo. Y hecho el oficio, los religiosos se fueron a sus monasterios y dejaron el cuerpo por enterrar y ansí estuvo por cinco días, no perdiendo el buen olor que d’él salía. Y venidas las señoras, a cuya instancia el cuerpo estaba detenido, viéronle y tocáronle y se consolaron mucho de ver las maravillosas que Dios mostraba en él. Pareció era bien porque la gente gozase desta reliquia, se enterrase en la Iglesia y capilla del Santísimo Sacramento, pero las religiosas no consintieron sacar el cuerpo del monasterio y hubieron de entender en ello los prelados, y húbose de hacer lo que las monjas querían porque era más justo, y pusiéronle en una parte donde las religiosas comulgaban, en un hoyo pequeño, cuanto cupo el ataúd, encima cubierto con yeso; en el cual lugar el tiempo que allí estuvo manifestó Nuestro Señor la santidad desta su sierva, sintiendo muy suaves olores. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En la ciudad de  Almería había una grande religiosa, que tenía revelaciones muy verdaderas y el Señor le comunicaba muchos secretos: llamábase María de San Juan, natural de la villa de Casarrubios del Monte, la cual con otras había ido al Monasterio de Torrijos a fundar al Monasterio de la Concepción de Almería, en tiempo de doña Teresa Enríquez, señora de Torrijos. Y esta religiosa María de San Juan tenía gracia de arrobarse, y las dos se habían hecho hermanas espirituales y se comunicaban mucho. Y yendo dos padres de la Orden de S. Francisco, que el uno de ellos había sido provincial de la provincia de Castilla, persona de mucha autoridad y letras, a tratar y negociar con la madre María de San Juan, a un mes que había pasado desta vida la madre Juana de la Cruz, y preguntándole el dicho prelado, que le dijese del estado del ánima de la madre Juana de la Cruz, respondiole con mucha alegría: “Tiene tanta y tan grande gloria como el poderoso Dios les da a sus escogidos y los méritos [540] de la madre Juana de la Cruz merecían”. Y contó cómo el día de San Juan Evangelista, a seis de mayo, tres días después de la Invención de la Cruz, día en que la madre Juana de la Cruz pasó desta vida, se la mostró Dios muy diferente de cómo la solía ver y que, admirada de aquello, le fue respondido que ya estaba desatada de las cadenas de la carne y en gloria para siempre, y que Dios dio lugar que la hablase y le dijo que había tres días que había pasado desta vida y en ella había tenido su purgatorio, y que no le dieron lugar para que le dijese más y quedó ella muy consolada.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Algunos años después, se hizo un arco muy bien labrado en una pared que divide la capilla mayor del claustro del monasterio por la parte del evangelio, y se puso una reja muy bien labrada, toda dorada muy fuerte y recia, que cae a la parte de la capilla, y por la parte del monasterio se pusieron unas puertas muy fuertes y allí trasladaron el cuerpo de esta sierva de Dios, el cual pusieron en una caja muy bien guarnecida por de dentro y por de fuera; y esta caja pusieron en una área muy grande, muy cerrada con diversas llaves y barreteada muy fuertemente; y ansí por la parte de la iglesia gozan della todos los que entran en la dicha iglesia y por parte de dentro la gozan las religiosas. Setenta años después que la pusieron en este lugar, dos reverendísimos generales de la Orden de San Francisco en diversos tiempos quisieron ver el cuerpo porque habían de ir a Roma y tratar con Su Santidad de su canonización, para lo cual se hacen diligencias; y, aunque con trabajo, la abrieron el arca, por estar muy barreteada por todas partes. Abrieron la dicha arca y el cuerpo fue hallado como si acabara de morir, sin tener ninguna parte resuelta; y estaba vestida de damasco pardo porque ciertas señoras que se hallaron a esta traslación la pusieron en aquella forma. Y por secreto que esto se trató, fue tanta la gente que acudió que, por condescender con la devoción de todos, mostraron el cuerpo por la reja de donde está tan entero como cuando murió. Repartidas algunas reliquias suyas, como de sus tocados y sobretocas, para repartir a señoras en la Corte y en otras partes, se tornó a poner con la mesma decencia y seguridad que antes; y siempre Nuestro Señor hace muchos [541] milagros y maravillas en aquella santa casa de Nuestra Señora de la Cruz.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Hase de advertir, que se dice en esta historia, que muchas personas seglares entraban en la clausura del monasterio a negociar con esta sierva de Dios, como es cuando estaba enferma, que no podía salir a los locutorios cuando se arrobaba; y también cuando, estando elevada y fuera de sus sentidos, entraban a oírla por las cosas grandes y maravillosas que de su boca salían y en la última enfermedad de que murió y después de muerta y en su entierro y en semejantes ocasiones. Digo que se ha de advertir que antes del Concilio de Trento los prelados podían dar licencia con causa que para ello ocurriese para entrar en los monasterios de monjas; y en especial las que por su estado no hacían voto de clausura, como son las monjas terceras, que, aunque guardaban clausura, era por vía de precepto, como se dice en el tratado de los terciarios; y ansí los prelados daban las sobredichas licencias.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Capítulo XII'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''De otras monjas que ha habido en este convento''' &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Desta sierva de Dios Juana de la Cruz se hace memoria en el catálogo general que la Orden tiene de frailes religiosísimos y monjas a quien tiene gran reverencia y veneración, esta parte de su historia impresa en la tercera parte de la Crónica general de la Orden que compuso el reverendísimo Gonzaga siendo general della, remitiendo muchos milagros y otras cosas a que se vean en un libro, en el cual está todo autenticado. Y en la historia del Convento de Nuestra Señora de la Cruz se dice las personas insignes que con ella trataban y comunicaban sus negocios, las personas reales de grande autoridad que se encomendaban en sus oraciones, las gruesas limosnas que por su respeto hicieron al dicho monasterio; y desde entonces hasta ahora ha proveído Dios que en aquel monasterio haya habido monjas de grande espíritu y celo de la virtud, siguiendo los ejemplos y dotrina desta sierva del Señor. Ansí, todo el convento haciendo procesiones de ledanías que ella ordenó, y en particular la imitan monjas, guardando ayunos de pan y agua, no durmiendo en cama ni trayendo lienzo en el cuerpo y teniendo mucha [542] oración, entre las cuales hubo una muy noble, que se llamaba sor Ana de la Cruz, de la cual se cuenta que en más de cuarenta años no faltó de Maitines a medianoche, y después dellos se quedaba en oración hasta que venía el día y era hora de irse a su oficio, que era tornera, en el cual dio grande ejemplo. Otra, sor María de Sonseca hubo, que tiene mucho nombre de grande penitente y recogimiento. Y con esto es Nuestro Señor servido que esta casa sea de mucha devoción y acudan a ella tantas doncellas a querer ser monjas que, guardando el número que, conforme sus rentas, y haciendas pueden conservar, como lo manda el Concilio de Trento, muchas no se pueden recebir; y es mucho considerar que personas que pueden ser monjas en monasterios de grandes villas y ciudades, y de Corte, escogen más este para ser monjas estando en un desierto, trayéndolas Dios por la devoción que a esta bendita madre tiene. Y por la mesma razón, habiendo la Provincia muchas veces tratado y querido trasladar esta santa casa a algún gran pueblo, después que esto se ordenó en el Concilio de Trento, ha sido tan grande la instancia y tantas las súplicas y ruegos e intercesiones que las religiosas han hecho para que no las saquen de la casa donde vivió y murió la madre Juana de la Cruz, y adonde tienen su cuerpo, que no ha sido posible hacerse. Y esta devoción del lugar y monasterio es tan grande en toda la tierra que jamás faltan velas, enfermos y tullidos y de otras muchas enfermedades que velan y asisten donde está su bendito cuerpo; y muchos reciben grandes mercedes y beneficios de Dios Nuestro Señor, como parece por los ataúdes, mortajas, muletas, hierros de cristianos esclavos, los cuales han dicho que por la devoción que han tenido a esta casa milagrosamente han sido libres de cautiverio. Muchos cirios de cera y bultos de personas y otras cosas que allí llevan en señal y reconocimiento de los beneficios recebidos, de lo cual todo se toma fe y testimonio verdadero, y las paredes de la capilla mayor y iglesia deste monasterio están llenas de estas insignias y testimonios. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Capítulo XIII'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''En que se concluye esta historia''' &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En materia de milagros se debe advertir cómo se hacen, porque unas veces los [543] hace Dios súbita e instantáneamente y otras más de espacio y en tiempo, como consta de lo que San Marcos cuenta en el cap. 8., que, trayendo a Cristo un ciego, suplicándole que le diese vista, poniéndole las manos le preguntó que qué vía, y dijo que vía unos hombres como árboles que andaban, dando a entender que no vía  perfetamente. Donde Erasmo sobre el mesmo lugar dice que aquella palabra, ambulantes, tiene de ir con los hombres y no con los árboles, porque el árbol en el griego es neutro y no puede convenir con el ambulantes, que es como si dijera: “Veo andar los hombres como árboles”. Y segunda vez le tocó Cristo y vido perfetamente y con más perfección que si viera por naturaleza. Pues las obras de milagro, según todos, más perfetas son que no las naturales. Y ansí en este milagro se ve cómo Cristo no le hizo en un punto, como cuando Cristo entró en casa de San Pedro y su suegra estaba enferma de grandes calenturas y los discípulos le rogaron que la sanase, y mandó a la calentura que la dejase y en un punto fue sana: que son milagros que los teólogos llaman por otros términos, milagro en el modo, porque muchos sanan de calenturas, pero no en un punto. La razón desta diversidad de sanar Dios en un punto, o en tiempo, dicen algunos que es conforme la disposición que cada uno tiene para recebir aquel beneficio; y ansí unos le reciben en poco tiempo, otros en mucho. Y aunque esta razón es buena para que todos se dispongan para que Dios los sane en el alma, pues es dotrina cierta que a quien Dios sana en el cuerpo también sana en el alma, lo cual de ley común no se hace sin disposición, la razón de la diversidad de milagros es porque Dios es autor de la naturaleza, y el modo con que obra ese le dio Dios, la cual obra por movimiento, que no puede ser sino es en tiempo, sucediendo uno a otro, como se ve en la producción y obras de la naturaleza, como un hombre que nace niño y poco a poco con el tiempo se hace hombre, lo mesmo es en un árbol y en cualquiera otra cosa. Y para darnos a entender en los milagros, que es autor de la naturaleza, hace algunos poco a poco, procediendo como la naturaleza. Y también para dar a entender que es sobre naturaleza y no está atado a las leyes della, hace milagros en un punto, como es la resurrección de Lázaro y otros semejantes, la cual la naturaleza [546] no puede hacer. Lo mesmo pasa en las cosas espirituales porque, como dice el maestro de las sentencias, no ató Dios su virtud a los sacramentos de tal manera que no pueda justificar sin ellos, pues es sobre los sacramentos, aunque autor dellos. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
De lo dicho se entenderá la razón de estar algunas personas en los santuarios teniendo novenas, y otros treintanarios y otros más y menos, como acontece en este santuario de Nuestra Señora de la Cruz, que unos sanan de sus enfermedades a tres días, otros a cuatro, otros a nueve, y otros a más, y otros a menos y otros en llegando; lo cual todo resulta en honra y gloria de Dios, de quien son las maravillas y milagros. Si es según la diversidad de disposición de cada uno, de Dios es la disposición; y ansí a Él se debe la gloria; si es porque se quiere mostrar hacedor de la naturaleza y sobre ella todas las criaturas, cada uno en su modo le alabe y glorifique. Y también acontece que algunos no alcanzan el beneficio que desean y esto porque les conviene mejor la indisposición que tienen, que no su pretensión, como se cuenta del glorioso apóstol S. Pedro: que santa Petronilla su hija estaba tullida en una cama, yendo S. Pedro con unos discípulos suyos a comer le dijo que se levantase y les aderezase la comida, y acabado de comer dijo que se volviese a la cama tullida, y los circunstantes dijeron a S. Pedro que quien daba salud a tantos y libraba de tantas enfermedades por qué consentía que su hija estuviese de aquella manera, y respondió S. Pedro: “Todo lo que decís es verdad, pero a Petronilla le conviene más la enfermedad, que la salud”. Y ansí porque a muchos necesitados y enfermos no les conviene tener salud, no se la da Dios; y, pues lo hace por más bien suyo, deben de estar muy contentos y consolados, tanto como aquellos a quien Dios se la concede, pues lo uno y lo otro es lo que les conviene; y los que van sanos procuren no ofender a Dios porque no les acontezca lo que Cristo dijo al paralítico, que pues iba sano, no pecase, no le aconteciese otra cosa peor que la enfermedad que había pasado. Todos procuren ser devotos de la madre Juana de la Cruz, pues, a los que lo son, hace Dios muchas mercedes en esta vida y en el siglo que esperamos. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Otros muchos milagros y grandezas hay desta sierva de Dios, referirse han en libros que desto se harán en particular.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
= Vida impresa (8)=&lt;br /&gt;
Ed. de [http://visionarias.es/equipo/ana-morte-acin/ Ana Morte Acín]; fecha de edición: febrero de 2024.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
== Fuente ==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[[Archivo:Historia de la tercera orden de Juan Carrillo (1).jpg|miniatura|250px|right| “Vida y milagros de la bienaventurada virgen sor Iuana de la Cruz, de la Tercera Orden del Glorioso Padre San Francisco” en Juan Carrillo, 1613, ''Segunda parte de la Historia de los santos y personas en virtud y santidad ilustres de la Tercera Orden del glorioso Padre San Francisco'', Zaragoza: Juan de Lanaja. (Fuente: München, Bayerische Staatsbibliothek). ]]&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
* [http://catalogodesantasvivas.visionarias.es/index.php/Categor%C3%ADa:Juan_Carrillo Carrillo, Juan], 1613. ''Segunda parte de la Historia de los santos y personas en virtud y santidad ilustres de la Tercera Orden del glorioso Padre San Francisco'', Zaragoza: Juan Lanaja, pp. 258-325.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[[Contexto material del impreso Segunda parte de la Historia de los santos y personas en virtud y santidad ilustres de la Tercera Orden del glorioso Padre San Francisco]]&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==Criterios de edición==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Conforme a los criterios establecidos en el Catálogo para fuentes impresas, se han actualizado generalmente grafías (las sibilantes, el uso de b/v y h), ortografía y puntuación manteniendo aquellos rasgos de la lengua que implican valor fonológico o que caracterizan su léxico, morfología o sintaxis. En las notas se han reproducido los apuntes marginales presentes en la edición que sirve de referencia, y se ha ampliado la información oportuna.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==Vida de Juana de la Cruz==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[258]&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Vida y milagros de la bienaventurada virgen Sor Juana de la Cruz, de la Tercera Orden del Glorioso Padre San Francisco'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
===Prohemio del autor===&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Así como en las entradas de las famosas ciudades y lugares muy populosos suele haber humilladeros, casas de campo y edificios sumptuosos, los cuales sirven así para la hermosura y adorno de los mismos caminos como para mostrar la magnificencia de las ciudades y pueblos que están cerca, de la misma manera entre las vidas de los santos y personas de santidad y virtud eminentes hay algunas en que se resplandeció tanto la grandeza de Dios, en que se descubrieron tan altamente los tesoros de su bondad infinita, que es menester antes de llegar a ellas señalar algunos como humilladeros donde los entendimientos humanos, que no están hechos a ver cosas tales, se humillen y adoren la omnipotencia de Dios y el admirable artificio suyo en saber y querer enriquecer sus santos. De esto sirven los prohemios que suelen hacer los historiadores que escriben vidas de santos. Pues considerando con la debida atención la que ahora tengo de escribir, de esta milagrosa virgen y santa religiosa, viendo los maravillosos y extraordinarios primores de la divina gracia que se descubren en ella, me pareció necesario para no poner al lector de improviso en tan soberana luz, como verá que procede de los muy resplandecientes rayos de sus heroicas virtudes y de los singulares beneficios y tesoros de su divina gracia que puso el Señor en ella, prevenirle para que se disponga dignamente, con mirar a [259] la fuente original de donde procedieron aquellos resplandores, que es la bondad infinita del muy alto Señor, el cual se precia y tiene por honroso blasón ser maravilloso en sus santos. Sirve también esta humilde y discreta prevención para que los entendimientos de los hombres, que suelen turbarse y deslumbrarse con pequeña luz y se les hace dificultoso de entender todo aquello que sale de la vía común y del ordinario modo de proceder, entiendan que si algunos de los santos salieron de ahí e hicieron cosas tales que ponen en admiración nuestros cortos entendimientos, que no nacieron dellos las tales cosas, sino de la fuente original de todo cuanto hay bueno y santo en el Cielo y en la Tierra a quien se debe la honra y gloria de todo ello, que es Dios Nuestro Señor. Pues la vida de esta gran sierva de Dios es de tal manera prodigiosa que ha causado asombro y admiración a todo el mundo. De mí verdaderamente confieso que cuando la iba escribiendo y notando muchas veces me hacía reparar en si era de carne como los demás hombres mortales, porque siendo así parecía imposible que sobre tan flaco fundamento pudiese subir tan alto y eminente edificio.&lt;br /&gt;
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Mas luego echaba de ver que el fundamento de todo aquello ni era carne ni tampoco era espíritu humano ni angélico, sino divino y soberano, que es el artífice de todas las cosas grandiosas y el que sabe poner peso en el aire (esto es), que las cosas que son tan flacas como la carne y tan ligeras como el viento, asentadas por la mano de Dios y tocadas con la virtud de su espíritu permanecen firmes y constantes para poder fundar sobre ellas tan eminente alteza de santidad como veremos en esta Iglesia Santa. Finalmente, todo será fácil de entender si, como dije al principio, pusiéramos los ojos en el poder infinito de Dios y en la singular providencia que siempre ha mostrado en querer enriquecer y honrar a sus santos.&lt;br /&gt;
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La vida de esta santa salió escrita en un libro que sacó de ella el venerable padre fray Antonio Daza, coronista de nuestra sagrada religión, y pareció tan bien en todos estos reinos de España, así por la devoción que comunmente se tenía a la santa como por elegancia y buen espíritu con que salían escritas cosas tan admirables, como eran las que de su santa vida se decían, en breves días se hicieron muchas impresiones de él y andaba ya en manos de todos los que se preciaban de tener alguna centella [260] de devoción y buen espíritu. Mas en breves días también (permitiéndolo así el Señor, para más honra de su sierva) se mandaron recoger todos los dichos libros por la Santa Inquisición. No porque se dudase de la santidad del sujeto, sino por ser cosas tan extraordinarias y raras las que en él se decían, especialmente en materia de revelaciones y éxtasis, que pareció convenía que se notificasen y declarasen algo más para quitar escrúpulos y algunos inconvenientes que pudiera haber para los ignorantes. Estando esto así, el Católico y Cristianísimo rey de España don Felipe III mandó que revisto el dicho libro por personas de toda satisfacción tornase a salir a la luz. ''[1]'' Cometiose la revista al señor Obispo don fray Francisco de Sosa, del Supremo Consejo de la Santa Inquisición y con su aprobación y censura salió de nuevo ilustrado con tan ingeniosas y admirables advertencias y prevenciones que con ellas es ahora doblada estimación y preciosidad de lo que antes era. Y aunque ni para la honra de la santa, ni para la verdad de la historia importaba mucho que yo emprendiera de nuevo el referir su vida (pues personas tales, y por sí misma está tan autorizada y calificada) pero para el adorno de esta historia y para singular decoro y hermosura de esta santa orden tercera (cuya profesora fue) era de grandísima importancia. Y así me pareció ponerla entre las demás, fundando la verdad y autoridad de lo que dijere en el dicho libro que salió a luz el año de mil seiscientos y trece impreso en Madrid y en la aprobación y censura de que dije y también en el libro original de la vida y milagros de esta sierva de Dios escrito de mano de una religiosa discípula suya llamada sor María Evangelista, el cual está originalmente guardado en el archivo del convento de Santa Cruz del lugar de Cubas, donde vivió y murió santísimamente esta sierva de Dios. Y aunque algunas cosas pienso referir con más brevedad por no alargar demasiado esta historia, pero no dejaré de decir lo que me pareciere más importante, referiéndome en lo demás al dicho libro y al original del guardado en aquel convento. Las cosas que en esta segunda revista del libro se han advertido o quitado irán ya anotadas en sus propios lugares, o del todo dejadas, de manera que podrá el lector sin algún escrúpulo proceder en esta lectura.&lt;br /&gt;
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'''Cap. I. Del nacimiento, niñez y muestras primeras de santidad de esta sierva de Dios'''&lt;br /&gt;
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En el año del Señor de mil cuatrocientos ochenta y uno, en la Sagra de Toledo, en un lugar llamado Azaña, lugar de la Santa Iglesia de Toledo, llamada Santa María, y en el día de Santa Cruz de mayo fue el muy felice y dichoso nacimiento de la bendita sor Juana. No faltaron en él señales y pronósticos de santidad admirables, porque primeramente ella vino al mundo por petición de la Reina del Cielo María Sacratísima, ''[2]'', que la pidió a su benditísimo hijo para reformación y reparo de una santa casa de religiosas de la Tercera Orden de nuestro padre San Francisco, que está cerca de la villa de Cubas a quinientos pasos de ella, que se llama Santa María de la Cruz. Esta iglesia fue edificada milagrosamente por mandamiento de la Virgen Santísima, la cual para este efecto apareció a una pastorcica de trece años llamada Inés guardando un ganadillo de cerda, muy devota de la Santísima Virgen: porque con ser tan niña rezaba su rosario cada día, ayunaba sus fiestas y la metad [sic] de la Cuaresma, desde que tuvo siete años. Y cuando era de más edad, comulgaba a menudo, y frecuentaba mucho la Iglesia. Pues a esta pastorcica se apareció Nuestra Señora nueve veces, en diferentes días, según lo reveló a la bienaventurada sor Juana el ángel de su guarda y se tiene por común tradición en toda aquella tierra y convento, donde se celebra cada año la fiesta de estos nueve aparecimientos, con grande solemnidad y concurso de muchos pueblos. ''[3]'' Y en el mismo lugar donde se apareció la Madre de Dios y puso de su mano una cruz de madera (que hoy día se muestra en dicho convento) se edificó la iglesia con título de Santa María de la Cruz. ''[4]'' Y después de algunos años se ajuntaron algunas devotas mujeres y a su costa edificaron un convento junto a la dicha iglesia donde tomó el mismo hábito la patrona Inés. Y andando el tiempo, las otras religiosas la eligieron por su prelada y cabeza. La cual, favorecida de la Virgen Santísima, acabó sus días santamente y con demostración de milagros, de los cuales fue uno [262] tañerse por sí solas las campanas a la hora de su dichosa muerte. Mas andando el tiempo este convento, con estar fundado en tanta santidad, vino muy a menos en razón de esto. Y la Virgen Santísima (so cuya protección estaba) pidió a su benditísimo Hijo Jesucristo enviase al mundo persona tal cual convenía para restaurar aquella quiebra. Y el Señor se lo concedió, prometiendo enviaría persona de singular perfección para este efecto. Y en cumplimiento de esta promesa nació esta sierva del Señor el sobredicho día, mes y año, habiendo pasado ya cuarenta años que acaeció el dicho aparecimiento de la Virgen Santísima. Pues aunque todo lo dicho fue milagroso pronóstico de la santidad a que había de llegar la dicha niña con el discurso del tiempo, también lo fueron otras cosas que en su nacimiento concurrieron, como fue nacer en el lugar de la santa Iglesia de Toledo, llamada Santa María, porque la que había de vivir y morir en la casa de la Santísima Virgen naciese en el lugar de su jurisdicción y señorío y que este se llamase Azaña, pues había Dios de obrar en él por intercesión de su Madre Santísima una hazaña en materia de santidad tan admirable que causase asombro y pasmo en todo el mundo, como lo vemos hoy día.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Sus padres naturales de este pueblo se llamaron Juan Vázquez y Catalina Gutiérrez, cristianos viejos y virtuosos abastecidos de temporales bienes y de muchas virtudes. Apenas hubo nacido (como dicen) cuando ya comenzó a declararse por ella la divina gracia. Porque recién nacida ayunaba los viernes, mamando sola una vez al día y significando ya con aquella tan temprana abstinencia los crecidos ayunos que después haría siendo grande. ''[5]'' Y no solo hacía eso, sino que acaecía pasar sin llegar a tomar el pecho por tres días enteros, y aun sin volver en sí. Por lo cual afligida su madre y creyendo que su hija era muerta, suplicó a Nuestra Señora se la resucitase, prometiendo de llevarla con su peso de cera al convento de Santa María de la Cruz. Hecho eso luego, volvió en sí y estuvo buena. Iba creciendo con la edad en gracias y dones espirituales de que el Señor la iba dotando y enjoyando bien como a la que había de ser esposa suya. Siendo de edad de dos años andaba tan descolorida y enferma que llegó a no poder tomar el pecho ni pasar cosa, por lo cual la llevaron a una romería muy devota de san Bartolomé, en el lugar de Añover, y [263] estando en la iglesia mirando a la imagen del glorioso apóstol que estaba en el altar, se rio la niña y pidió luego que le diesen de comer. Desde este punto se halló sana y contaba después, cuando supo hablar, que había visto al apóstol san Bartolomé, que tocándola con su mano la sanó y quitó el mal color de el rostro. Nunca la vieron jugar con los niños de su edad porque, aunque niña en los años, todo lo demás era seso, cordura y discreta ancianidad. Siendo de cuatro años le acaeció que, imbiándola su madre a holgar a las eras por ser tiempo de verano, pasando por una calle se acordó que poco antes había pasado por allí el Santísimo Sacramento a un enfermo, y de tal manera se arrobó con esta consideración que cayó de una jumentilla en que iba sentada. Viola el cura del lugar y, levantándola del suelo sin sentido, la llevó en sus brazos a casa de su agüela, donde estuvo largo rato sin tornar en sí. Y, según dijo ella misma vuelta después en sí, fue llevada en espíritu a un hermosísimo lugar, donde vio muchas señoras a maravilla hermosas y entre ellas una que a su parecer era la Reina de todas, según su resplandor y hermosura.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
También vio muchos niños de grande belleza que le dijeron: “¿Qué haces así? Vente con nosotros y adora aquella Señora que es la Madre de Dios”. La bienaventurada niña respondió: “Yo no sé qué tengo de hacer, mas rezaré la Ave María”, y puestas en tierra las rodillas, la rezó. Y luego vio a su lado al ángel de su guarda, que la enseñó muchas cosas. ''[6]'' Y al fin de una larga plática que con él tuvo, le rogó la llevase a casa de su agüela. Y cuando volvió del rapto, contó por orden todas las cosas que había visto. En este mismo año, estando la bendita niña a la puerta de la casa de su padre, pasando por allí el Santísimo Sacramento para un enfermo le adoró y vio sobre el cáliz a Nuestro Señor Jesús Cristo en forma de niño muy resplandeciente y hermoso. [7] Otro día de la Purificación de Nuestro Señor, oyendo misa, al tiempo que el sacerdote acabó de consagrar la hostia, la vio muy clara y resplandeciente y en medio della a Nuestro Señor Jesuchristo, y alrededor de él muchos ángeles, de lo cual la humilde virgen no hizo mucho caso por entonces, creyendo que el ver aquello era común a todos, ni podía caber en su pensamiento que tales cosas se obrasen por ella, hasta que el Señor se lo declaró (como se verá adelante). En este tiempo y siendo de edad de 7 años, sucedió la muerte de su madre, hallándose presente su bianeventurada hija, que no poco la ayudó para [264] ser dichosa su muerte. Diole su bendición y con mucho amor se despidió de ella.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Cap. II. De los deseos que tenía de ser religiosa y de las penitencias que en la tierna edad hacía'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Era tan inclinada la graciosa niña a todo lo que con apariencia de más santidad se le representaba que, cual suele llevar el próspero viento a la navecilla que está en el mar tendidas las velas, así era ligerísimamente llevada y, como se le asentaban los pies, de los afectos de su voluntad, en cosa alguna de la Tierra, de aquí es que corría con increíble presteza a las cosas del Cielo: entre las cuales muy particularmente la incitaba el divino espíritu a la religión de aquel santo convento de Santa María de la Cruz de Cubas (del cual quería la Virgen Santísima que fuese reformadora). Había dejado su madre cuando murió muy encargado que la llevasen a aquella santa casa con otro tanto peso de cera en cumplimiento de una promesa que había hecho. Y acordándose de esto la bendita niña, decía entre sí misma: “Qué necesidad hay de que me lleven a aquella santa casa, mejor será que yo me vaya y me quedé allí religiosa”. Comunicaba sus deseos con una tía suya que en este mismo tiempo tomó el hábito en un convento que se llama Santo Domingo el Real de Toledo, la cual después de profesa creció tanto en santidad que tuvo muchas revelaciones del Cielo. ''[8]'' Y entre otras tuvo una de que aquella sobrina suya había de ser grande santa. Por lo cual deseaba tenerla en su convento religiosa y lo trató con la priora y monjas de él, las cuales ofrecieron recibirla sin dote, por la buena noticia que tenían de ella. Mas su padre y parientes no vinieron en ello, por lo mucho que la amaban. La tía, muy deseosa de que tuviese efecto, dio orden con la agüela de la niña, en cuya casa se criaba, de hurtarla y traerla a su monasterio. Mas como Dios la crió para el de Santa María de la Cruz, deshizo todas sus diligencias y la niña determinó de no tomar el hábito donde tuviese parienta, por parecerla que era poca perfección y llevaba algo de carne y sangre. ''[9]'' Tan discretos eran [265] ya sus pensamientos (aunque niña), y tan enamorada como esto estaba ya de Dios su alma y tan deseosa de servirle y amarle.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Poco después pareció a su padre llevarla (para que estuviese más guardada) a la casa de otros parientes suyos, que la pedían y deseaban en el mismo lugar de Azaña. Y puesta allí le dieron el cuidado y gobierno de toda la casa, para divertirla con aquello (si pudieran) de los pensamientos que tenía de ser monja.&lt;br /&gt;
Aquí comenzó el Señor a descubrir sus virtudes y ella, como precioso nardo, dar de sí maravillosa fragancia. Porque todos los días de precepto ayunaba a pan y agua y aun pasaba algunas veces sin comer los dos y tres días enteros. ''[10]'' Llevaba cilicios junto a las carnes, azotábase con cadenas de hierro hasta derramar sangre y lo más de todo esto es que nunca la oyeron palabra ociosa. Cuando andaba por la casa o hacía labor se pellizcaba los brazos por sentir dolor y se repelaba los cabellos para el mismo efecto. Y en medio de todo esto, sentía de sí tan bajamente que se tenía por indigna del pan que comía y de la tierra que pisaba. ''[11]'' Fuera de aquel cilicio de cerdas que le lastimaba el cuerpo por mil partes, traía cadenas a raíz de las carnes y, aunque fuese en tiempo de invierno cuando las noches son frías y largas después de acostadas las criadas, se levantaba ella y desnuda se quedaba con el cilicio. Y de esta manera pasaba toda la noche en oración hasta que al amanecer, con mucho silencio, y como si tal no hubiera hecho, se volvía a la cama. Mas una vez, viendo las criadas que faltaba de la cama, dieron aviso a su tía. La cual, angustiada y deseosa de saber lo que hacía, mandó a una criada que secretamente la siguiese cuando se levantaba y viese lo que hacía. Y la noche siguiente la siguió y vio que se quedaba dentro del mismo aposento y, puesta de rodillas cubierta con una estera o cilicio, la oyó sollozar delante de una imagen con muchas lágrimas. ''[12]'' Disimuló la dicha criada por entonces y a la mañana dijo a su señora cuán santa era su sobrina y los pasos en que andaba. Esto sintió mucho la santa doncella. Y viendo que sus trazas eran descubiertas, buscó otras para poder hacer sus ejercicios, sin ser vista ni entendida. Luego como entró la virgen en casa de sus tíos, entrando en un aposento vio junto a una imagen de Nuestra Señora una muy hermosa fuente y dos serafines con sendas jarras en las manos, que no hacían otro sino sacar agua de la fuente [266] y muy apriesa hinchir y verter las jarras, los cuales miraban con atención a sor Juana y mirándola se reían y mostraban contento aunque no la hablaban. Ella muy gozosa con tan alegre vista deseaba mucho saber qué se hacía tanta agua como sacaban de aquella fuente, porque nunca vio donde la echaban, ni lo supo hasta que muchos años después el ángel de su guarda la dijo que aquella fuente era milagrosa y el agua que los serafines sacaban representaba la gracia del Espíritu Santo que copiosa y abundantemente infundía en su alma. Un viernes santo por la mañana, habiendo gastado buena parte de ella y de la noche (como otra Magdalena en sus lágrimas) a los pies de Christo, contemplando su Pasión, se le apareció crucificado con todas las insignias de su Pasión sagrada y las tres Marías muy angustiadas y tristes, y la santa doncella lo estuvo tanto con el sentimiento de esta visión (de la cual gozó no estando arrobada, sino en sus propios sentidos) que de lo mucho que lloró dejó regado el lugar donde estaba, y su rostro quedó tan desfigurado que, cuando lo vieron sus tíos, espantados de la súbita mudanza que vieron en ella procuraron que comiese alguna cosa. Mas, como su mal no era de eso, ella misma los consoló diciéndoles que no la obligasen a quebrantar el ayuno en aquel día, que les aseguraba que muy presto estaría buena. Otra noche, estando en casa de sus tíos unos caballeros huéspedes, después de haberles dado de cenar y dejando ordenadas todas las cosas de casa, se salió sola a un corral buscando soledad para orar. Y puesta de rodillas en muy profunda oración, vio que se abría el Cielo y bajaba d’él la reina de los ángeles con su dulcísimo hijo en los brazos. ''[13]'' La cual, acercándose a ella, la miraba con ojos muy amorosos y mansos, y considerando cuán cerca de sí tenía a Dios y a su sacratísima madre, con muy devotas palabras pedía la favoreciese con su precioso hijo en lo que tanto deseaba como era ser religiosa. Y esto decía con tal afecto de espíritu que, a las voces que daba, sin poderlas detener salieron los de casa a ver lo que era. Y hallaron a la sierva de Dios puestas las manos y de rodillas en tierra hablando con Nuestra Señora. Y después de bien certificados de ello y acabada la visión, echó de ver la santa que le habían visto y de ello recibió mucha pena, temiendo ser descubierta en lo que tanto deseaba ser secreto. En estos tan dichosos y acertados empleos ocupaba [267] su vida, y creciendo en la virtud más que en los años llegó a los catorce de su edad. Sus parientes deseaban que se tratase de la casar y animábales a ello el ver su mucha discreción y hermosura con otras muy buenas partes de que Dios la había dotado, las cuales les parecían muy a propósito para que muchos hombres principales deseasen tenerla por mujer (como de hecho la pedían y deseaban). Mas la santa virgen, que guardaba para solo Dios cuanto bueno tenía y para entregársele a sí misma toda entera, no podía esperar que la hablasen en esa materia, y cuanto más diligencias veía hacer a sus parientes para eso, mayores y con mayor instancia de oraciones y lágrimas las hacía ella suplicando a Dios que no la permitiese enredar con los lazos del mundo, sino que la llevase adonde pudiese cumplir su deseo de ser toda suya. Mereció ser oída del Señor y su petición fue tan bien despachada como ahora se verá.&lt;br /&gt;
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'''Cap. III. De como la santa doncella se fue en hábito de hombre al convento de Santa María de la Cruz para ser religiosa'''&lt;br /&gt;
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Considerando con la debida atención la inclinación santa y fervientes deseos de ser religiosa que Dios había plantado en su tierno pecho, los cuales, si consultara con el mundo y con la carne y sangre, se los había de estorbar y poner a pleito, estando muy asegurada la bendita doncella de que el estado más seguro y el que a Dios era agradable sería el ser religiosa, determinó de romper con todo los estorbos que podía haber para eso. Y para asegurarse más de que era acertado su deseo, había hecho un oratorio en un lugar muy apartado y solo, que era un palomar antiguo y despoblado, donde sin ser vista sino de solo Dios se daba toda a la oración multiplicando gemidos y derramando lágrimas para que diese cumplimiento a sus santos deseos. Un día de la Semana Santa, después de haberse azotado con cadenas de hierro como solía, estando postrada en tierra delante una Verónica dijo: “Oh mi dulce Jesús, suplicoos Señor que por los méritos de vuestra Pasión merezca ser vuestra [268] esposa y entrar para eso en religión, para entregarme toda a vos, único deseo de mi corazón y amor dulcísimo de mi alma”.&lt;br /&gt;
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Diciendo esto se mudó la santa Verónica y transformó en el rostro hermosísimo de Nuestro Señor Jesús Cristo tan vivo, a su parecer, como si estuviera en carne pasible y mortal, y ella, viendo a su Redentor, tales fueron sus lágrimas, tales sus ansias y congojas nacidas de inefable amor, que el mismo Señor la consoló prometiendo la traería a la religión y recibiría por su esposa. ''[14]'' Mas que de su parte se ayudase ella, haciendo lo que para ello convenía. Dichas estas palabras la santa Verónica se tornó a su ser y la bendita doncella quedó con este favor tan alentada que luego buscó trazas para irse al monasterio de Santa María de la Cruz, adonde el divino espíritu interiormente la llamaba. Y porque en estas cosas no aprovechan los tibios y flacos propósitos sin una buena determinación eficaz que rompa los estorbos, determinó luego en pasar la Pascua de Resurrección irse al dicho monasterio que está dos lenguas de su lugar, y porque para eso convenía ir en hábito de hombre varonil y fuerte, vistiose d’él y, tomando para más disimular una espada debajo de su brazo, salió secretamente de casa de sus tíos y tomó la vía para allá. ''[15]'' Bien se puede creer que en esta ocasión el demonio sacaría todo su poder para estorbar esta jornada. Así lo hizo representándole muchos espantos y temores, y la indignación de su padre y parientes, y la indecencia del hábito en que iba para la virtud que profesaba. Esto hizo tal impresión en ella que, combatida de la natural flaqueza y temor, comenzó a temblar con todo el cuerpo de tal manera que cayó en tierra desmayada. Y estando así, oyó por tres veces una voz que la dijo: “Ten esfuerzo, no desmayes, acaba la obra comenzada que Dios te favorecerá”. No vio entonces quién la hablaba hasta que después supo por revelación que había sido el ángel de su guarda. ''[16]''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Con este favor quedó muy alentada, y levantándose de la tierra, prosiguió su camino, y, habiendo andado buena parte d’él, sintió que venía tras sí (aunque algo lejos) un hombre de a caballo. Y llegando más cerca, conoció que era un hidalgo que la pretendía por mujer y sus deudos querían que casara con ella. Turbose mucho cuando le vio, considerándose sola y en aquel lugar, pero el Señor, que la quiso [269] guardar, permitió que no la conociese. Y ella, viéndose libre de aquel peligro, puesta de rodillas en tierra, dio luego allí muchas gracias a Dios y a su santísima Madre la cual se le apareció y le dijo: “Esfuérzate, hija mía, que yo ruego por ti y te pedí a mi hijo para que restaures mi casa de la Cruz”. Quedó con esto la sierva de Dios muy consolada y, prosiguiendo su camino, llegó al santo monasterio donde, habiendo hecho oración en hábito de hombre como iba y adorado la santísima imagen de la Madre de Dios, se apartó a un rincón de la iglesia, y desnudándose aquel vestido, se puso el de mujer que llevaba en un lío. Y levantando los ojos a una imagen de Nuestra Señora de mucha devoción que estaba sobre la puerta seglar del convento (que según se dice es la misma que está ahora), arrollidándose a ella, le dio de nuevo las gracias por haberla librado de tantos peligros y traído a su santa casa. Esta imagen la habló y dijo: “Hija mía, en buena hora seas venida a esta mi casa, entra alegre que bien puedes, pues para ello te crió Dios e yo te torno a dar la superioridad de ella y autoridad para que edifiques y plantes las virtudes y arranques y destruyas los vicios y pecados”. A esto replicó la sencilla doncella diciendo: “Ay señora, que como vengo sola y de esta suerte, temo que no me querrán recibir vuestras siervas”. “Ninguna cosa temas”, dijo la santa imagen, “que mi precioso Hijo que te trajo hará que te reciban”. Con esto la bendita virgen, confortada en el Señor, habló a la abadesa, y dándole cuenta de quién era y de lo que pidía, rogaba la recibiesen en su compañía, pues por gozar de ella dejaba la de su padre y parientes y había venido en hábito tan diferente por no ser conocida. ''[17]'' Reprehendiola la abadesa por haberse puesto en tan manifiesto peligro, aunque interiormente estaba admirada y daba al Señor mil gracias porque tal fortaleza y espíritu había puesto en una tierna doncella. Aficionósele tanto, viéndola tan hermosa, tan bien hablada y discreta en las razones que decía, tan compuesta, tan graciosa, que mandó llamar a todas las religiosas para que la viesen y echasen de ver cómo, sin duda, se la traía Dios a su casa para algún grande bien y secreto de su divina providencia. La cual, para que pareciese bien a todas y no dudasen de recibirla, es de creer que la añadiría particular donaire y gracia como lo hizo con Daniel para que pareciese bien a los ojos del rey Baltasar, y con [270] la santa Judith para que de su vista quedase vencido el ánimo de Holofernes. Pues así todas las religiosas de aquel convento quedaron tan admiradas de ver su buena gracia que la preguntaban mil cosas, y ella con tanta discreción respondía a todas, que la tuvieron muy largo rato en sus preguntas. Y aunque con harta vergüenza suya, hubo de tornar a referir sus historias, y lo que le había acaecido en el camino. Tanto la detuvieron en esto que llegó su padre con otros parientes en busca de ella. Y tales palabras le dijo (con la cólera que traía), tan descompuestas y feas que no lo pudieran ser más cuando la hallara en un crimen de mujer perdida. A todo se hacía la sierva de Dios sorda, a las injurias muda, y a las bravezas de su padre, una oveja. Mas cuando oyó que la quería tornar a su casa, con mucha humildad convertida en lágrimas y postrada a sus pies le decía que no la molestase más ni cansasen en persuadirla otra cosa, porque más fácil sería mover los montes y ablandar las peñas que contrastar la firmeza de su propósito. Porque ella estaba ya debajo del amparo de la Virgen Santísima, de cuya casa no pensaba salir en toda su vida. Y cuando intentasen sacarla por fuerza, esperaba en el Señor que la había traído que la defendería. A este mismo tiempo y sazón llegó aquel mancebo que la había encontrado en el camino y prentendía casar con ella, hizo grandes extremos cuando supo su ausencia buscándola por muchas partes, y pidió licencia a su padre y parientes para llevarla consigo a Illescas, donde vivía, y tenerla con su madre muy regalada y servida mientras se componían sus cosas. La sierva de Dios con mucha humildad y entereza satisfizo a estas palabras y alcanzó de sus parientes la dejasen en aquel monasterio de Nuestra Señora, para donde la misma Virgen Santísima con el divino espíritu interiormente la llamaba. Viendo todas estas cosas las religiosas, y la gran fortaleza y perseverancia de la humilde y devotísima doncella, se enternecieron de suerte que, con ser por extremo pobres, dijeron no querían más riqueza que tener aquella perla del Cielo en su casa. Y que la recibirían con poco o mucho, como su padre quisiese. El cual, aplacado y tocado interiormente del poder divino, dijo: “Líbreme Dios, hija mía, de ir contra la voluntad divina; yo te doy mi bendición, da muchas gracias a Dios y él te guíe y te haga toda suya”.&lt;br /&gt;
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'''Cap. IIII. De cómo recibió el hábito y de muchas cosas notables que sucedieron siendo novicia'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Habida la bendición y licencia de su padre, y deseando ya las monjas admitirla, llegó a deshora luego el Ministro Provincial, sin cuya licencia no podía ser admitida. Y fue cosa notable que llegase el perlado en aquella sazón y pareció orden del Cielo, porque había muy poco que salió de allí y no le esperaban en muchos días. Supo el caso de lo que pasaba y dio su licencia para que fuese recibida. Vistiéronla el hábito de la religión a tres de mayo, día de la Invención de la Cruz, ''[18]'' en el mismo que cumplió los quince años y en el de 1496, hallándose presentes y con muchas lágrimas de devoción su padre con toda la parentela.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Puesta la nueva planta del Cielo en aquel jardín de flores olorosas y plantadas a la corriente de las divinas aguas, comenzó a señalarse entre todas las religiosas así como el sol entre las estrellas. En toda la observancia regular era extremada y señaladamente en la guarda del silencio, pues solo con su maestra y con la prelada lo que precisamente era necesario hablaba. Deseaba tanto agradar a Dios que no solo guardó las cosas que la enseñaban, pero cualquier otra virtud que oyese de otra persona luego sin dilación la ponía por obra. Y así como abeja artificiosa componía su panal de vida espiritual de las mejores y más olorosas flores que en el jardín del Cielo hallaba.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
La primera vez que la sierva de Dios comulgó entre las otras monjas le acaeció una cosa que la tuvo muy desconsolada y fue que (permitiéndolo el Señor) no vio aquella vez en la hostia consagrada lo que siempre solía ver en ella, que era a Christo Nuestro Señor, de lo cual quedó tan afligida que se fue luego resuelta en lágrimas a los pies del confesor diciendo su desconsuelo. El cual, con muchas razones, procuró de aconsolarla diciendo que no creyese que por no haber visto al Señor en la hostia consagrada, como solía, había comulgado en pecado mortal, que le aseguraba haber sido particular merced que Dios la había [272] hecho cuando le veía y también lo fue entonces el no mostrársele para mayor aumento del mérito de la fe. Y que él, con haber recibido la sagrada comunión y dicho misa muchísimas veces, en toda su vida había visto con los ojos del cuerpo al Señor en la hostia consagrada, sino solo con los ojos de la fe y con eso estaba muy satisfecho, ni deseaba verle de otra manera hasta estar en la gloria. Con estas y otras razones quedó la simple paloma consolada y dio muchas gracias a Dios, así por haberle visto con los ojos corporales en la hostia consagrada como por habérsele escondido aquella vez para que solo le viese con los del alma. Acabado el año de la probación y admitida con mucha conformidad y contento de todo el convento para la profesión, hízola devotísimamente en el mismo día que el año pasado recibió el hábito, que fue día de Santa Cruz de mayo. Por lo cual y por la devoción entrañable que tenía a la Santa Cruz se llamó desde aquel día sor Juana de la Cruz. Y así su vida en adelante fue una cruz tan espantosa al demonio que, no pudiendo sufrir que una mujer niña y flaca le venciese, así cada día la persiguió de cuantas maneras podía. Algunas veces la azotaba tan rigurosa y cruelmente que las señales de los azotes y golpes que la daban le duraban muchos días con heridas crueles, que unas a otras se alcanzaban. ''[19]'' Sucedió una vez que, rogando a Dios por una alma, la azotaron tan cruelemente los demonios y derramaron de su cuerpo tanta sangre que la dejaron por muerta. Llegó a este tiempo el ángel de su guarda, al cual dijo querellándose amorosamente: “Oh, ángel bendito, ¿qué os habéis hecho? ¿Cómo me habéis desamparado? Mirad cual me han tratado los ministros de la divina justicia”. A lo cual respondió el ángel: “No te he dejado yo ni mi Señor Jesuchristo te deja, antes de su parte te digo que ganaste en estas peleas una corona muy esclarecida y yo vengo con la virtud de su nombre a curarte esas llagas”. ''[20]'' Hizo sobre ella la señal de la cruz y la sanó. Y el Señor la concedió lo que por aquella alma pedía. ¿Quién podrá declarar lo mucho que padeció de los demonios y la paciencia que tenía en los tormentos? ¿Las penitencias tan extraordinarias que ella hacía y la profundidad y alteza de su humildad con que tan altamente sentía de Dios y tan baja de sí misma? Hallábase tan obligada a hacer a Dios particulares servicios que desde el día que profesó se [273] determinó a padecer por su amor cualquier género de tormento hasta dar la vida por quien dio la suya por ella. Y muchas veces, con el excesivo fervor, decía: “No deseo otra cosa sino verme por el amor del dulcísimo Señor mío degollada, abrasada, hecha polvos y quemada”. Y vuelta a su dulce Jesús, decía: “Señor, dadme penas, tormentos, trabajos y dolores. Mandad a los ángeles del Cielo, a los demonios del Infierno y a todas las criaturas de la Tierra que ejecuten en mí todo su poder, pues todo será corto, para lo que por vos, Dios mío, deseo y debo padecer”. No paraba esto en solos deseos porque comenzó a hacer nueva vida, añadiendo a las acostumbradas penitencias otras nuevas y espantosos rigores. Acaecíale no desayunarse en tres días y hartas veces se pasaban ocho enteros sin comer bocado. En vigilias era muy larga, y en el sueño tan corta que no dormía hasta hora de amanecer y entonces solo lo que para aliviar la cabeza bastaba. Su vestido fue siempre humilde, pobre y remendado, pero sin ningún extremo ni singularidad, aunque en lo interior usaba cilicios de cardas y cadenas junto a las carnes. Para mortificar el gusto, traía muchas veces ajenjos amargos en la boca, en recuerdo de la hiel que gustó el Señor. En la oración empleaba la mayor parte de la noche y del día. Y decía que cuando no era muy fervorosa y acompañada de lágrimas no era merecedora de que Dios la aceptase. Los ratos desocupados gastaba en cosas humildes y del servicio del convento. Cuando lavaba las ollas y platos de la cocina consideraba que eran para que comiesen las siervas de Dios en ellos, y en estos humildes empleos recibía del Señor muy particulares regalos y de su santísima Madre, y así con entrañable gusto servía a las religiosas enfermas, desvelándose en su regalo y servicio. En lo cual la acaecieron cosas muy notables y milagrosas. Un día, siendo cocinera y sacando agua del pozo, quebró un grande barreñón de barro que llevaba en las manos, de lo cual quedó muy confusa y, atribuyéndolo a su flojedad y descuido, derribada en tierra hizo oración a Nuestro Señor. Fue cosa maravillosa que luego los tiestos apartados se ajuntaron, y quedando la pieza sana y entera, sirvió despues dos o tres años en la cocina.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Una religiosa que se halló presente a todo vio por sus ojos el milagro. Y como la sierva de Dios iba creciendo en virtudes cada día, también las religiosas iban conociendo su mucho valor [274] y talento, y así la ocuparon en oficio de sacristana, después de muy probada en la cocina, del cual dio tan buena cuenta que, sin sacarla d’él, la hicieron juntamente tornera y luego, después, portera. Todo lo cual hacía con tanto fervor de espíritu y con tanto celo del servicio de Dios, del decoro de la religión, que padeció en razón de eso muchos trabajos, porque como la veían de poca edad y nueva en la religión, y por otra parte tan cuidadosa de la observancia della, muchas se le atrevían. Mas la mansísima cordera a todas se humillaba y a las que la reñían decía su culpa, rogando al Señor por quien la ultrajaba y perseguía. Parecíale estar en su gloria cuando en los ejercicios más humildes se ocupaba, y en ellos llevaba siempre a su dulcísimo Jesús presente. Y cuando volvía el torno para dar o recibir algun recaudo, le contemplaba como cuna en que al Niño Jesús mecía. Y tal vez aconteció volver el torno con este pensamiento, que vio en él a Dios niño, el cual con alegre y risueño rostro la hablaba y miraba. Otra vez, siendo portera, la apareció el santísimo Niño Jesús. Y así como le vio, extendió sus brazos para recibirle en ellos, pero luego apareció su santisíma Madre y, tomándole en los suyos, se levantó en alto con él acompañada de infinitos ángeles, que con muy dulce armonía le daban música. Mas como la sierva de Dios viese que se iba Madre e Hijo y la dejaban sola, juzgándose por indigna de tan santa compañía, quedó muy triste. Mas consolola luego la Madre del consuelo, y dijo: “No te aflijas, hija, sino vente hacia las higueras de la güerta, que allí nos hallarás”. Contentísima con este favor, y mirando a todas partes, ansiosa de ver lo que su alma deseaba, llegó a la casa del horno cerca de las higueras y vio a Nuestro Señor Jesucristo con su bendita Madre y con muchedumbre de ángeles que la esperaban, y postrada pecho por tierra, adoró a Dios y a su Madre Santísima. Y estuvo grande rato gozando de aquella visión, tan absorta que, aunque la llamaron con la campana, no lo oyó, hasta que la Madre de Dios la dijo: “Anda, hija, haz la obediencia que te han llamado tres veces, y tú nunca lo oíste”. Fuese corriendo a ver quién la buscaba y, habiendo negociado, se volvió derecha a la casilla del horno, donde dejaba su corazón y descanso. Pero como algunas monjas la vieron y notaron la solicitud que llevaba y que el rostro tenía encendido [275] y resplandeciente (del qual salía suavísimo olor), siguiéronla, deseando saber en qué andaba, y sospechando alguna grande cosa, viéronla entrar en la casilla del horno y oyéronla que decía: “Oh, soberana Madre de Dios, ¿tan grande es vuestra misericordia para con esta indigna pecadora?, pues habiéndome yo ido, dejando vuestra santa compañía en tan humilde y pobre lugar, hallo ahora que os estáis en él aguardándome”. Oyeron también las monjas cómo la Virgen respondió: “Hija mía, hallásteme porque me dejaste por la obediencia, que agrada mucho a mi Hijo”.&lt;br /&gt;
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'''Cap. V. De un maravilloso rapto de la sierva de Dios, y de sus grandes penitencias'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Estaba tan adelgazada y apurada la carne desta santa doncella, y el espíritu tan elevado de todo lo que es pesadumbre y Tierra, que con mucha facilidad gozaba de raptos y éxtasis maravillosos, de los cuales fue muy notable el que diré agora. Siendo de veinte y cuatro años, la vieron las monjas en un rapto tal que ni antes ni después vieron en ella otro semejante. Porque otras veces cuando se elevaba, quedaba con muy grande resplandor en el rostro, pero esta vez quedó como muerta. Los ojos quebrados y hundidos, los labios cárdenos, arpillados los dientes y todos los miembros de su cuerpo descoyuntados y yertos, el rostro tan pálido como si fuera difunta. Las monjas, admiradas con la novedad del caso, deseosas de saber la causa, rogáronla que se las dijese. Mas ella rehusó de hacerlo hasta que, pasado algunos días, se lo mandó el ángel de su guarda. Y así las dijo: “La causa, madres, de haber visto en mí tal novedad, fue que estando mi espíritu en el lugar donde el Señor se suele poner otras veces, vi con apariencia triste al ángel de mi guarda y, preguntándole yo la causa, me dijo que le había el Señor mostrado las grandes persecuciones, fatigas y enfermedades que sobre mí habían de venir y que, habiéndole rogado por mí, le respondió su Divina Majestad que convenía llevarme por este camino y ver lo que en mí tenía. Entonces le tornó a suplicar que por su clemencia me concediese esta gracia de elevarme, y que no fuese con el trabajo que entonces había sido”. Y el Señor se lo otorgó, y así desde entonces todos los raptos fueron muy suaves, y por [276] ser tantos y tan largos, que lo más del día y de la noche estaba elevada, no podía ya hacer oficio, ni seguir el peso de la comunidad como solía. Por lo cual la dieron celda aparte y una religiosa que cuidase della. Pareciole buena ocasión esta para alargarse en ejercicios de penitencias y así lo hizo. Muchas veces la acaeció en la contemplación de los crueles azotes que el Señor padeció en la columna, deseando ella imitarle algo, pidiendo licencia a su Divina Majestad para ello y habida primero para semejantes mortificaciones de la prelada, se cerraba en un aposentillo y desnuda se amarraba a un madero (como columna) que allí tenía, y atándose ella misma con unos cordeles primero los pies y después el cuerpo, dejando libres los brazos, se azotava por todo él con una cadena de hierro. Y por que la cadena mejor la hiriese tenía en el uno extremo della un hierro grueso, tan largo como una tercia. Y tomándole en la mano, se daba con los extremos de la cadena hasta derramar sangre. Estando en este ejercicio, contemplando los azotes del Señor y abriendo sus carnes con aquellos, la apareció el bendito ángel de la guarda, y mandaba cesar diciendo: “Basta, que hasta aquí llegó la voluntad de mi Señor Jesuchristo”. Y el mismo ángel la desató a veces de la columna en que estaba. Otras veces, en aquel mismo lugar, tomaba un guijarro que pesaba siete libras, y de tal manera se daba con él que a los primeros golpes saltaba la sangre, hasta manchar las paredes. Duraba este ejercicio mientras daba de rodillas quince vueltas por aquel aposentillo, en memoria de las quince más principales llagas de Nuestro Señor Jesuchristo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Una noche hallándose la santa muy afligida y maltratada de los demonios, que con horrendas figuras y deshonestas pretendían inducirla a deseos sensuales, se salió a la güerta y, juntando muchas zarzas (a imitación de nuestro padre san Francisco), desnuda se acostaba sobre ellas. Y luego se entró en una laguna diciendo: “Por que conozcas que eres barro, en este cieno te has de lavar”. Allí estuvo grande rato y antes de volverse a vestir, se azotó con una cadena, que para este efecto tenía. Desde entonces quedó el enemigo tan desengañado de lo poco que podía con ella que nunca más la tentó en aquella materia. Otras mil invenciones sacaba de penitencias, una veces se ceñía por los brazos y por el cuerpo con sogas y esparto, en memoria de las que [277] ataron al Señor en la columna. Otras se ceñía las mismas cadenas con que se azotaba, y por la mayor parte andaba siempre vestida de hierro, como lo prueban los espantosos cilicios de que usó toda su vida: de cerdas, de cardas de hierro y uno de malla con medias mangas hecho a modo de sayo, tan largo que le llegaba a las rodillas. Otro de planchas de hierro, en forma de corazón, que por todas partes la ceñía al cuerpo, y le traía sembrado de cruces y de los pasos de la Pasión, hechos de clavillos muy agudos, aunque de este usaba pocas veces porque con él sin mucha dificultad no podía doblar el cuerpo. Y cuando se inclinaba, se le hincaban las puntas de los clavillos por el cuerpo, lo cual ofrecía a Dios con mucha paciencia. Otras veces se solía arrastrar por el suelo, tirando de una soga que llevaba a la garganta, y azotándose con la cadena decía: “Quien tal hace que tal pague. ¿De qué te quejas cuerpo ruin y miserable, pues tienes a Dios tan ofendido?”. Otras veces, puesta en cruz, andaba con las rodillas desnudas sobre la tierra, hasta derramar sangre dellas. Otras para más dolor ataba en las mismas rodillas unas pedrecitas o tejas. Otras se ponía en cruz, arrimándose a la pared donde tenía hincados unos clavos, y ponía tan fuertemente las manos ensortijadas en ellos que se estaba en cruz una hora sin llegar los pies al suelo. En cierta ocasión, acabando de hacer una grande disciplina, sobre las llagas hechas con las cadenas se puso aquel cilicio de malla (que era el ordinario). Y apenas se vistió el hábito cuando se quedó elevada por seis horas, hasta que, echándola menos las monjas, la hallaron de aquella manera, y que decía cosas maravillosas, en orden al modo con que habían de servir y agradar a Nuestro Señor. Y eran tan llenas de devoción, que encendían y abrasaban en amor de Dios a las que las oían.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Cap. VI. De cómo se desposó la santa con el niño Jesús y de su devoción al Santísimo Sacramento'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Han sido tales y tantas las misericordias de Dios hechas a esta sierva suya que en algunos no solo han causado admiración, que es el efecto que deberían hacer en todos, sino también alguna dificultad, y no pequeña, para [278] creerlas. La admiración es muy justa y está en su lugar, porque de ella sale luz para conocer las obras de Dios, según lo dijo David: ''Mirabilia opera tua &amp;amp; anima mea congnoscet nimis''.''[21]'' “Por ser Señor tan admirables tus obras, mi ánima crece en el conocimiento tuyo”; y de ellas, porque la Fe se confirma, la Caridad se enciende para más amar a tan liberal Señor, y la Esperanza se alienta de muchas maneras, esperando que obrará Dios en él lo que obró ya en su prójimo; pero sacar de la grandeza de las mercedes de Dios tibieza para creerlas (por ser grandes) es sentir bajamente de la infinita liberalidad y bondad de Dios, y medirla por la cortedad de su ánimo, triste y escaso. De manera que las mercedes hechas a santa Juana no son menos creíbles por ser grandes, porque si se leen los libros de los santos están llenos de casos maravillosos, donde se muestra haber hecho Dios Nuestro Señor mercedes grandiosas a ladrones y salteadores y a todo género de personas facinerosas (cuando parece que menos lo merecían) por sus secretos juicios y para muestra de su infinita misericordia. ¿Pues qué mucho que haya hecho lo mismo por una sierva suya, escogida desde el vientre de su madre para ser santa? Ni puedo persuadirme yo que los que ahora se espantan sea por la grandeza, porque si della se espantan es señal que no la conocen, sino de la novedad y casos extraordinarios. Y en las cosas humanas tiene esto algún fundamento, pero en las divinas es muy de hombres tibios no advertir en cosas muy grandes que hace Dios muy de ordinario, y admirarse mucho de las extraordinarias, como lo pondera san Agustín: ''Ut non maiora sed insolita videndo, stuperent, quibus quotidiana vilueruns''. ''[22]'' “Y caerán sin duda los sobredichos en la cuenta si hicieren esta consideración”. Y es que suelten las riendas al entendimiento y añadan a las mercedes que Dios hizo a esta sierva suya otras mayores, más estupendas y raras, y porque el entendimiento del hombre es corto, haga esto el más subido serafín, y todo junto esto con aquello no llegará ni en grandeza de obra, ni en firmeza de amor, ni en novedad de maravilla a lo que es solo comulgar una vez. Porque esta merced ni puede tener igual, ni el misterio semejanza. Todo esto, y mucho más a este propósito, advierte el señor Obispo Sosa. Y lo he querido referir porque, llegando a tratar de las soberanas misericordias hechas a esta bendita doncella, vaya el lector con esta prevención. [279] Y, aunque es bien que se admire dellas, por grandes e inusitadas, no por eso deje de creerlas, antes de aquello sacará luz para esto.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Pues cuando el liberalísimo Señor quiso dar a su sierva más vivas prendas de su amor, determinó visitarla, no ya por solo ministerio de ángeles (como otras veces) sino por sí mismo, y desposarse con ella, con asistencia de su santísima Madre y muchos ángeles y santas vírgenes, que acompañaban a su celestial Rey y Señor. Pues como la sierva de Dios viese a su dulcísimo esposo (en visión imaginaria y verdadera) al lado de su Madre santísima, puso los ojos en él, y favorecida para ello de la Reina del Cielo, pidiole amorosamente la palabra que en otra sazón le tenía dada de desposarse con ella, lo cual pedía también la Virgen Santísima. ''[23]'' Y perseverando con profundísima humildad en esta petición, el clementísimo Señor, movido de los ruegos de su santísima Madre y de los ángeles y vírgenes, que postrados ante su presencia divina rogaban lo mismo, puso Su Majestad en su sierva los ojos de misericordia. Y mirándola con apacible rostro la dijo: “Pláceme de desposarme contigo”. Y extendiendo su poderosa mano, se la dio en señal de desposorio. Con lo cual quedó la bienaventurada virgen tan contenta y consolada (cuanto era razón) de verse del clementísimo Señor tan favorecida.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
La devoción que tuvo al Santísimo Sacramento fue superior a todo lo que se puede decir. Porque cuanto hacía antes de comulgar lo guiaba en orden a la santa comunión ''[24]'' y lo que después, todo era hacimiento de gracias. Y mientras más gustaba de este divino manjar, más hambre le quedaba d’él, y así todas las veces que podía le recibía.  Y cuando por la debida reverencia se detenía, espiritualmente comulgaba. Y esto tan a menudo que toda su vida era una comunión espiritual continuada. Y tanto que, estando una vez arrobada, le dijo el Señor hablando con ella que le agradaban muchos las comuniones espirituales que hacía. ''[25]'' Y muy consolada con esto, solía decir muchas veces: “Oh, Señor, qué buena manera de comulgar es esta, sin ser vista ni registrada, sin haber de dar cuenta dello a ninguna criatura humana sino solo a vos, Criador y Señor mío, que me hacéis tanto regalo a mí, la [280] más vil y desechada de cuantas criaturas hay en el mundo. Oh, Pan de Ángeles, oh maravilloso manjar lleno de toda suavidad y dulzura, ¿qué piedad es esta, mi dulce Jesús?”. Esto decía agradeciendo al Señor el comulgarla espiritualmente cada día y cada hora que ella quería.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Pues de las cosas milagrosas que le acaecieron en respecto del Santísimo Sacramento, ¿quién podrá dar razón entera? Confesándose un día mientras se decía la misa conventual, mandola el confesor que fuese a adorar al Santísimo Sacramento. ''[26]'' Y llegando a un portal cerca de la iglesia, oyendo tocar a alzar, se hincó de rodillas para adorar desde allí con los ojos del alma al que no podía ver con los del cuerpo. Mas su dulcísimo esposo, que quería ser visto della, ordenó que se abriese la pared a la larga del portal que dividía el convento de la iglesia. ''[27]'' Y vio a la hostia consagrada en el altar, y al sacerdote que decía la misa y todas las personas que estaban en la iglesia. Y habiendo adorado con suma devoción, se tornó a ajuntar la pared, quedándose ella de rodillas hasta que cuando el sacerdote alzó la hostia postrera se volvió a abrir otra vez la pared. Y para perpetua memoria deste milagro, quiso el Señor que la última piedra en que se remató la juntura de la pared quedase más blanca que las otras y hendida en tres partes a manera de cruz (como se muestra hoy en día), y cuando se deshizo después aquella pared para hacer la de la iglesia, en la forma que hoy está, la mayor parte desta piedra como reliquia preciosa se puso en el claustro alto como ahora está, cubierta con una rejita de hierro dorada, y allí van las monjas a rezar y tocar sus rosarios.&lt;br /&gt;
Otra vez siendo cocinera oyó tañer a alzar, y puesta de rodillas de entre los tizones y ollas que estaba, vio el Santísimo Sacramento con haber por medio cuatro o cinco paredes y otros tantos aposentos, y esto le acaeció muchas veces.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Una vez la habló Christo Nuestro Señor en la hostia consagrada prometiéndole la salvación de una monja de su convento, por la cual rogaba. Y estaba ya en la agonía de la muerte.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Un sábado santo estando en su celda, oyó tañer a gloria, y no pudiendo ir a la misa por estar enferma, arrodillándose en la cama para dar gracias a Dios, vio desde allí todo lo que el preste decía en el altar y lo que las monjas decían en el coro, [281] y lo que más es: vio a Christo resucitado y resplandeciente que salía del sepulcro, con muchos ángeles que le daban músicas y cantaban muchos motetes y letras. Otras muchas veces oía de muy lejos del coro todo el oficio divino que se cantaba y daba razón de todo cuanto pasaba, como si estuviera presente a ello.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Una religiosa, buscando otra cosa en la celda de esta santa virgen, vio dentro de un cofrecillo una hostia. Y a este punto volvió ella del rapto en que estaba. Y con mucha agonía, se fue derecha al cofrecillo en que andaba la religiosa y dijo: “Hermana, no toque a esa santa reliquia, porque es el Santísimo Sacramento, que le han traído ahí los ángeles”. Y declarando cómo era, dijo: “Un hombre que por sus pecados se fue al infierno murió con el Santísimo Sacramento en la boca, de la cual se le sacaron los ángeles y le trajeron aquí, mandándome que, pues yo lo había visto, comulgase con la santa hostia y la recibiese por una de las ánimas de purgatorio. [28] Y estando en oración supe que andaba cierta persona en mi cofre, y así quiero luego hacer lo que los ángeles me mandaron”, lo cual hizo con mucha devoción y lágrimas.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Cap. VII. De la familiaridad que tenía con los ángeles y en especial con el de su guarda, y cuán devota era de san Antonio de Padua'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Era tan ordinario el trato que esta sierva de Dios tenía con los santos ángeles que conversaba con ellos con la misma llaneza cual suele un amigo con otro. ''[29]'' Y desto se le pegó la condición angélica y tal olor a las cosas que tocaba y hábitos que vestía que con ninguno de la Tierra se podía comparar: porque era del Cielo, y así toda sabía a Cielo. Los ángeles que guardaban particulares provincias y reinos la visitaban a menudo y le rogaban alcanzase del Señor que templase tal y tal tempestad que quería enviar sobre la tierra de piedra, granizo o rayos. Decíanla sus nombres y oficios y algunas veces las cosas que sucedían en los reinos y provincias que [282] guardaban, así presentes como las que estaban por venir. Una vez estando con las monjas que querían comulgar, se la arrebataron los ángeles y no la vieron hasta que después de haber comulgado apareció en medio de ellas. Las cuales admiradas y deseosas de saber, la rogaron se las dijese. Y ella para su edificación las dijo: “Hermanas, porque os ocupáis conmigo cuando se ha de tratar solamente con Dios, quiso Su Majestad que los ángeles me llevasen a lo alto, de donde ellos y yo adoramos el Santísimo Sacramento. De allí os vi comulgar a todas y lo mucho que los ángeles de vuestra guarda se alegran con las que comulgan santa y puramente, y lo que mostraban apartarse y querellarse los que veían lo contrario en las que ellos guardaban”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Por tanto, persuadíalas a que fuesen muy devotas de los ángeles que las guardaban: “Porque no solo nos guardan siempre y acompañan, sino que cuando caemos nos levantan si estamos tibias, en la devoción nos inflaman, en nuestras dudas nos enseñan, en los peligros defienden y en los trabajos nos sustentan y a la hora de nuestra muerte asisten y acompañan nuestras almas y las presentan a Dios, las visitan y consuelan en el purgatorio. Y porque sepáis cuán cierto es esto (dixo la santa) el otro día vi que tañendo la madre vicaria la campanilla de comunidad a que se juntasen todas las religiosas, como no acudieron luego todas, vinieron los ángeles de las que faltaron a hacer la obediencia por ellas”. Otra vez siendo abadesa esta santa virgen, reprehendiendo a dos religiosas mozas en presencia de otras, dijo: “Estando yo poco ha en oración, me mostró el Señor vuestra obediencia y que no quisieses barrer lo que la madre vicaria os mandó, por lo cual perdistes dos coronas que os traían los ángeles de vuestra guarda y, mandándoselo Dios, las dieron a los ángeles custodios de las otras dos que obedecieron mejor que vosotras. Esto me mostró Dios, hijas, y yo lo digo para más confusión y enmienda vuestra y para enseñaros que la campanilla y qualquier otro señal de obediencia es voz de Dios, a quien debemos obedecer si le queremos agradar y servir”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Con estos ejemplos y otros que contaba a sus monjas, las hacía muy devotas de los ángeles custodios. Y del suyo propio decía grandezas. Decía que era más resplandeciente que el sol y sus vestiduras más blancas que la nieve y que traía alas de singular hermosura y en su sagrada cabeza [283] una diadema preciosísima, sembrada de ricas piedras, y en la frente la señal de la cruz, con esta letra: ''Confiteantur omnes Angeli, quoniam Christus est Rex Angelorum. En los pechos esta: Spiritus Sancti gratia illuminet sensus, et corda nostra''. Y en la manga del brazo derecho la señal de la santa cruz de piedras preciosas, con el siguiente letrero: ''Ecce Crucens Domini fugite partes adversa''. En la del brazo siniestro la misma devisa de la cruz, con los clavos y las demás insignias de la pasión y con esta letra: ''Dulce lignum'', “dulces clavos”. Y en los pies de piedras preciosas este mote: ''Quam pulchri sunt gresus tui''. En las rodillas otro que dice: ''In nomine Iesu omne genuflectatur''. Y más arriba esta letra: ''Celestium terrestium, et infernorum''. Y en las manos suele traer un muy hermoso pendón con las insignias de la Pasión. A este modo publicaba de su ángel tantas cosas esta sierva de Dios que despertó en las monjas gran deseo de saber su nombre, para encomendarse a él. Y así la rogaron supiese cuál era su nombre. Supo que se llamaba Laruel Áureo y se les dijo. [30] Las cuales no solo le tuvieron desde entonces por abogado y patrón, sino que, dejando los apellidos a su linaje y parentela, muchas tomaron por sobrenombre el del ángel san Laruel. Y esta devoción dura hasta hoy en el convento. Mas hase de advertir que no por esto que aquí se dice se ha de entender que los ángeles de su naturaleza sean corpóreos, ''[31]'' sino que algunas veces toman cuerpos formados del aire para que puedan ser vistos de los hombres, como lo dice san Thomas. ''[32]'' Decía también la santa que este bendito ángel era de los muy privados de Dios y que fue custodio sucesivamente de las almas de algunos santos muy señalados, y que consuela y visita las ánimas del purgatorio y a las personas que están en peligro de muerte.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Preguntó una vez a su santo ángel: “¿Cómo quedaron los buenos ángeles tan hermosos y los malos tan obstinados y feos y con tanta sed de hacer pecar a los hombres?”. “Muchas cosas has preguntado”, dijo el ángel, “mas a todas te responderé, porque lo quiere Dios”. Y así declaró a la santa tan altos y profundos misterios y la resolución de casi todas las cuestiones y subtilezas que tratan los teólogos en la materia ''de Angelis''. Las cuales no me detengo en contar, por no alargar la historia. También la dijo el ángel que nueve veces arreo se había aparecido la Virgen nuestra Señora en aquella santa casa, los primeros días [284] de marzo. Y que en el último de estos aparecimientos puso con su mano la cruz, señalando con ella el sitio donde quería le edificasen la iglesia, que es en medio de la capilla mayor, en el mismo lugar donde está ahora puesta una cruz, en memoria de la que puso por su mano la Reina del Cielo. El mismo ángel consoló a la santa en muchas persecuciones y enfermedades que padeció, que fueron increíbles, hasta llegar a confesarse con él, no sacramentalmente, sino por vía de consulta y de consuelo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y una vez entre otras le dijo: “Un escrúpulo me atormenta grandemente y es saber si las tentaciones son pecados”. “Sí, respondió el ángel, cuando son consentidas: mas las que no, antes son meritorias”. A esto replicó: “Señor, entre las que me combaten más, tengo por gran tentación parecerme que siento demasiado los testimonios que me levantan”. “No hay que temer en eso”, dijo el ángel, “antes es justo que sientas la pérdida de tu fama, siquiera por la de Dios, a quien ofenden los que te infaman”. “Ay Señor”, dijo ella, “que pienso llegar a ser extremo el que tengo en sentir mis afrentas, porque estoy tal viendo cual me han tratado que, aunque nunca lo digo sino a tu hermosura (que así llamaba a su ángel por la extremada hermosura que tenía), no puedo desechar la pena que me causa y el pensar si por ello estoy aborrecida de los perlados de mi orden, y si por esta causa perderé después de muerte las misas y sufragios que esperaba dellos”. ''[33]'' Diciendo esto derramaba muchas lágrimas, y deseándola consolar la dijo el ángel: “Sosiégate, alma bendita, no pienses que por ser reprehendida de tus perlados eres aborrecida dellos, antes por este camino se labra tu corona y es purificada tu alma, la cual está siempre como la santa escriptura dice, en tus manos”. “No quisiera yo (replicó ella) que mi alma estuviera en tan ruines manos como son las mías, sino en las de Dios, que como soy tan mala y pecadora temo mucho el perderla. Ay, ángel santo, cuán grandes son mis pecados, ¿qué será de mí si Dios por su misericordia no hace como quien es? Rogádselo vos, guardador mío, no se pierda esta alma que está por vuestra cuenta. Dalda buena desta ovejuela vuestra, no se la llevo el lobo. Salvador bendito, consolador de almas, consolad la mía, que estoy muy desconsolada y afligida, aunque mi mayor aflicción es pensar, que por ser tan pecadora padezco estas persecuciones y trabajos, y por eso el Señor permite que me [285] fatigue tanto el Demonio”. “No seas ingrata al Señor”, dijo el ángel, que las persecuciones que padeces mercedes son que Dios te hace: y bien sabes tú que ha mucho tiempo que te dije que Satanás había pedido licencia para perseguirte y tentarte, como hizo el santo Job. Confía en Jesúchristo y en la virtud de su cruz, que, aunque el cuerpo padezca, el alma se salvará”. Estas y otras muy familiares y espirituales razones pasó la sierva de Dios con su santo ángel. Después de las cuales le dijo: “Gracias doy a mi Dios y a vos, santo ángel mío, que así me habéis consolado con vuestras santas razones, pero deseo ahora me digáis: ¿cómo siendo yo tan gran pecadora os veo tantas veces y gozo tan amenudo de la dulce presencia de mi Señor Jesúchristo y de su Santísima Madre?”. Es gracia suya”, dijo el ángel, “que la comunica Dios a quien quiere, de la cual le darás estrecha cuenta”. “Bien sabe su divina Majestad (dijo ella) que nunca se la pedí, ni visiones, ni aparecimientos: porque como tan miserable pecadora no lo merezco. Y así conozco que solo por ser quien es me hace estas mercedes”. “Agradéceselas mucho”, dijo el ángel, “y mira que otras personas sin gozar de este favor son mejores que tú, y esto ten siempre en tu memoria. Y que para mayor bien tuyo y librarte de la vanagloria ha permitido Dios que seas perseguida y atropellada de las gentes y andes en lenguas de tantos”. A la fama de estas cosas acudían a ella tantas gentes necesitadas de consuelo que muchas veces se hallaban a la puerta del convento cien personas juntas y a todas oía y trataba sus necesidades con el santo ángel. Y aprendía tan bien las respuestas que la daba que, con ser muchas y de muchas maneras, ninguna se la olvidaba. A una persona que la rogó supiese de su ángel qué haría para agradar al Señor, respondió: “Paz, oración y silencio son tres cosas que agradan mucho a Dios”. A otra persona que deseaba saber lo mismo, respondió: “Llora con los que lloran, ríe con los que ríen y calla con los que hablan”. Otra persona necesitada de salud y de consuelo, y aun de consejo, se lo vino a pedir para que de su ángel lo alcanzase. El cual la dio esta respuesta: “Di a esa persona afligida que ponga por cielo en su cama a Christo crucificado y por cortinas las insignias de la pasión y ofrezca a Dios sus dolores”. Otras muchas y muy notables respuestas la dio el ángel, de las cuales dejo algunas por no alargarme.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[286] Tuvo también especial devoción y familiaridad con san Antonio de Padua, del cual fue siempre muy favorecida y regalada. ''[34]'' Una vez estando en oración, pidiendo para sí y para otras almas la misericordia del Muy Alto, la apareció el santo y dijo: “Hija, quien tanto agrada a su dulcísimo esposo, como tú, mucho le ha de pedir”. Y la santa contemplando aquel dulcísimo niño Jesús que san Antonio traía en su mano, le comenzó a decir tales dulzuras que se detuvo en ello gran rato, hasta que el mismo santo la dijo: “Vuelve, hija mía, la cara y duélete de tus hermanas y de sus necesidades”. Y volviendo el rostro vio cabe sí dos almas muy necesitadas y rogó al dulcísimo niño Jesús por ellas diciendo: “Señor mío, de estos santísimos pies no me levantaré hasta que las hagas la merced”. La cual otorgó luego el piadosísimo Señor y, dándole gracias por haberlas perdonado, extendió san Antonio sobre ella la mano; dándola su bendición dijo: “Aquí descansa en su esposa este divino Jesús, verdadero esposo de las almas”. Duró este rapto largo tiempo y volvió la bienaventurada santa d’él con tanta alegría y resplandor en su rostro, que causó admiración a las religiosas que la vieron. Otra vez, acabando de hacer cierta obra de caridad en una religiosa de su casa quedó con algún desconsuelo, por verla con otras necesidades del alma. Y creciendo en ella esta fatiga, porque la necesidad crecía también, con un gran sospiro llamó a san Antonio de Padua, diciendo: “Oh, mi padre san Antonio, ayudadme ahora con Dios para que libre a esta mi hermana”. Luego al punto se le apareció el glorioso santo y dijo: “Esposa amada de mi Señor Jesuchristo ¿qué me pides? Que sin duda lo alcanzarás”. Ella respondió con humildad profunda: “Yo me hallo tan indigna que no me atrevo a parecer ante mi dulcísimo Jesús, menos que tal intercesión como la vuestra”. Entonces el santo le echó su bendición con su bendita mano y el niño Jesús, que tenía en la otra, con amoroso semblante la dijo: “Yo te ayudaré en tus necesidades y lo que ahora me pides para tu hermana, ya te es concedido, la cual dentro de un mes pasará de esta vida a la eterna, perdonándola muchos años del purgatorio por tu intercesión”. Dadas al soberano Señor muchas gracias por tan inefable merced como la hacía se fue a la religiosa y la dijo lo que había pasado y ella con grande aparejo [287] esperó la hora de su muerte, que puntualmente sucedió cuando le fue revelado.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Cap. VIII. De cómo la sierva de Dios fue electa abadesa y de un muerto que resucitó'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Como las religiosas sabían la rara santidad de sor Juana y junto con eso su buen talento y singular prudencia, deseaban tenerla por perlada. Mas los prelados, atendiendo a que era muy moza, pues tenía poco más de veinte y cinco años, rehusaban el admitirla para perlada. Mas ya que en esta ocasión no pudieron las monjas hacer lo que deseaban, en otra siguiente en que vacaba el oficio de abadesa y tenía ya cumplidos veinte y ocho años suplicaron a Dios con instancia pusiese en aquel oficio a su sierva. Oyolas el Señor y, llegando el provincial a hacer elección y considerando la mucha santidad de sor Juana, tuvo escrúpulo de haberla estorbado otra vez, cuando las monjas la quisieron elegir. Solo reparaba en que no podía cumplir con las obligaciones de su oficio porque lo más de el tiempo estaba elevada. Estando dudoso el provincial y combatido destos pensamientos, fue hecha la mano del Señor sobre su sierva y, estando elevada, dijo tales razones que dellas echó de ver el provincial que era la voluntad de Dios que fuese abadesa. Luego entró en la elección y todas las monjas dieron sus votos a sor Juana, sin faltar alguno. Y confirmándola el perlado dijo: “Yo, señoras, no la hago abadesa, sino la voluntad de Dios, que quiere que lo sea”. Ellas no cabían de contento por verse súbditas de tan bendita perlada, la cual en diez y siete años continuos que lo fue hizo cosas importantísimas en el servicio de Dios y aumento del monasterio, el cual estaba tan pobre y necesitado cuando le comenzó a gobernar que solo tenía unas terrecillas donde sembraban una miseria de trigo y nueve reales de renta cada año. ''[35]'' Mas luego quiso Dios, por los méritos de su sierva, que creciese y se aumentase el convento, así en lo temporal como en lo espiritual y que se echase de ver que no contradice, antes se concierta muy bien, la rara santidad con el buen acierto en el gobierno. Muchas [288] personas principales y grandes del reino la dieron gruesas limosnas. El cardenal don fray Francisco Ximénez, su gran devoto, se señaló mucho en esto. Y el Gran Capitán Gonzalo Fernández de Córdoba la dio quinientos mil maravedís de una vez, con que la sierva de Dios hizo un cuarto y dormitorio, el mejor que tiene el convento. Para el culto divino hizo muchos ornamentos, vasos de oro y plata, y aumentó en la casa cincuenta fanegas de pan de renta y otros tantos mil maravedís en cada un año, señalándose sobre todo en la santidad y buen gobierno del convento. Cuando tuvo la casa reparada, cuanto al edificio y rentas, hizo que las monjas guardasen clausura, que hasta allí no la guardaban ni prometían, sino que salían como otros pobres a pedir limosna por los lugares de la comarca. Con todo esto era tan amada de todas que se tenían por muy dichosas en tener tal perlada. Junto con este amor la tenían tal reverencia y temor, que acaecía cuando enviaba a llamar alguna religiosa venir luego temblando, de suerte que era necesario que la bendita perlada le quitase aquel temor para poder responder. A todos sus capítulos precedían siempre raptos y muy grandes elevaciones, y allí sabía todas las necesidades del convento y de las monjas, públicas y secretas, temporales y espirituales y todas las remediaba y proveía y el ángel de su guarda la decía lo que había de hacer y ordenar.''[36]'' Exhortábala todo lo bueno y reprehendía lo que no era tal. Castigaba con mucha caridad y prudencia, sin disimular culpa alguna, por muy pequeña que fuese. Y para animarlas al servicio del Señor y observancia de su regla, decía muchas cosas de las que el Señor por su misericordia le mostraba. ''[37]''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Estando una religiosa muy enferma en el artículo de la muerte, con grandes ansias por el temor de las penas del purgatorio y del infierno, daba grandísimos gritos y hacía notables extremos. Viéndola así la bendita abadesa, llena de caridad y confianza dijo: “Hija, no temas, confía en mi Señor Jesuchristo que te crió y redimió, y yo de su parte te aseguro que no irás al infierno, ni purgatorio, antes te concederá plenaria remisión de tus pecados”. Dicho esto se fue a comulgar la bendita abadesa y, estando arrobada, expiró la enferma y vio que llevaban a juicio su alma y le tomaban estrechísima cuenta. Viendo [289] esto la santa virgen daba voces a los ángeles diciendo: “Señores, no llevéis esa alma a purgatorio porque he suplicado a mi Señor Jesuchristo que vaya derecha al Cielo”. Luego a los ángeles fue notificado aquello de parte del Soberano Juez, y así se hizo. Donde se ve lo mucho que pueden con Dios las oraciones de los justos.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
La rara virtud y celo de la honra de Dios y vida tan excelente muy justo era que el Señor la confirmara con milagros, que suelen ser el sello destas cosas. ''[38]'' Entre los cuales merece el primero lugar la resurrección de una niña que, habiéndola traído sus padres por devoción al convento de Santa Cruz, murió allí, siendo abadesa sor Juana de la Cruz, de cuya santidad tuvieron tal confianza sus padres, que creyeron si la daba su bendición, cobraría la vida. Rehusolo, excusándose con palabras y pensamientos de humildad, mas al fin, vencida de la piedad humana, de las lágrimas y ruegos de sus padres, mandó que le trujesen la niña muerta, y tomándola en sus brazos, la puso un crucifixo que traía consigo y, hecha sobre ella la señal de la cruz, la resucitó y volvió a sus padres sana y buena en presencia de ochenta personas que fueron testigos deste milagro. Estaba en Madrid una gran señora, llamada doña Ana Manrique, enferma de dolor de costado y, avisándola del peligro de su vida, ''[39]'' cuando este fue mayor, se le apareció la bendita Juana, como constó por el dicho de la enferma y por una carta suya que dice de esta manera: “Yo estoy mucho mejor como vos, madre, sabéis, como la que ha estado conmigo y me ha sanado; bien os vi y conocí cuando me visitasteis al seteno día de mi enfermedad, estando yo desahuciada y con muy grandes congojas; yo os vi subir en mi cama y tocándome las espaldas y el lado donde tenía el dolor, se me quitó luego y, con el gran placer que tuve, porque me alegró mucho vuestra visita, lo dije: ‘No me neguéis madre esta verdad, pues sabéis vos que lo es’”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Las monjas, entendiendo esto, se lo fueron a preguntar a la humilde abadesa y ella, deseando encubrir el caso, dijo: “No crean, hermanas, todo lo que se dice”. Mas viendo ellas que era público en la corte y que le publicaba la enferma, instaron en que para gloria de Dios contase cómo había sido. Entonces dijo: “No piensen, hermanas, que esa caridad de ir a visitar a nuestra hermana salió de mí, sino de mi santo ángel, que, rogándole yo pidiese a Dios le diese salud, dijo: ‘Mejor será que la [290] vamos a visitar, pues es tu amiga (que para las necesidades son los amigos)’; y, entrando en su aposento, me mandó la tocase en las espaldas y que hiciese sobre ella la señal de la cruz, y el ángel también la dio su bendición, por la cual sanó. Y yo me maravillo mucho que me permitiese Dios me viese a mí y no al ángel”. ''[40]'' Dos religiosas enfermas, que la una tenía dos zaratanes y la otra uno en un pecho tan grande como un puño, sanaron encomendándose a su santa abadesa. Y una religiosa muy enferma de calenturas pidió un poco de pan del que había sobrado a la madre y, así como lo metió en la boca, se le quitó la calentura y quedó sana.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Otra religiosa tenía un brazo muy peligroso con una gran llaga y, rogando al ángel de su guarda alcanzase de Nuestro Señor salud para aquella enferma, repondió: “Más mal tiene esa monja del que tú piensas, porque es fuego de san Marcial y tal que no sanará, sino fuere por milagro”; el fuego se comenzó a manifestar en el brazo, ella prosiguió tan de veras su oración que alcanzó de Dios salud para la enferma. A una niña enferma de mal de corazón dio salud haciendo sobre ella la señal de la cruz. Y al confesor del convento, estando enfermo de rabia, sanó santiguándole la comida. Otros muchos milagros hizo semejantes a estos en la cura de los enfermos y en parecer muchas cosas perdidas que se le encomendaron.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Cap. VIIII. De las milagrosas cuentas que nuestro Señor bendijo en el Cielo, a instancia de su sierva'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Todas las dificultades que puede haber habido, cerca de estas cuentas de que se tratará ahora, se allanan con advertir al lector de algunas cosas. La primera es que no se pretende aquí, ni el autor de quien arriba dijimos que escribió la vida desta santa quiso dar a entender, que las dichas cuentas, por haber estado en el Cielo, viniesen de allá con especiales indulgencias. Porque, aunque las pudo conceder el Señor que nos las ganó y de quien tiene autoridad el Sumo Pontífice para concederlas, pero llana cosa es que esa autoridad se la tiene dada [291] a él, como a cabeza visible de la Iglesia, y por ese medio quiere Su Majestad que se concedan todas.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Lo segundo se ha de advertir que la razón porque las dichas cuentas son en todo el mundo tan estimadas, y es razón que lo sean, ''[41]'' no es por las dichas indulgencias, que cuanto a eso muchas hay concedidas por los Sumos Pontífices, y cada día se conceden en las cuales hallamos todo lo que se puede desear para en razón de indulgencias. La causa, pues, porque deben preciarse como muy preciosas las dichas cuentas es por haber sido llevadas al divino consistorio de la gloria celestial por ministerio de el ángel de guarda de la bendita sor Juana de la Cruz y haber el mismo Dios en el trono de su gloria echado su bendición sobre ellas, de cuya bendición y contacto salieron tan maravillosamente dotadas de tantas virtudes y gracias cuanto se echa de ver en los efectos milagrosos que proceden dellas. Ni debe parecer esto ser cosa inaudita y nunca vista, como algunos han querido afirmar, que es el haber llevado el ángel y bajado de allá benditas las dichas cuentas (como consta por testimonio de un convento de religiosas entero, y por tantos milagros como en confirmación desta verdad consta haber Dios hecho), porque no es caso sin ejemplo, antes hay muchas cosas que se veneran entre los christianos por haber descendido del Cielo y por ministerio de ángeles. ''[42]'' Y dejadas aparte algunas de que se trata la Sagrada Escritura, como el manná, el alfanje o cuchillo santo, que trajo Jeremías a Judas Machabeo,hay otras muchas, que el pueblo christiano venera: ''[43]'' como la cruz de los ángeles que se conserva en la santa iglesia de Oviedo y la de Caravaca, y la casulla de san Ildefonso, el pedazo de velo que el mismo santo cortó de la santa Leocadia, la ampolla christalina, donde pareció incluso el milagro de la Eucharistía, que se conserva en Santarén, el hábito que la Virgen Nuestra Señora trajo a san Norberto, de que le vistió cuando había de instituir su religión, y lo mismo acaeció a otros fundadores de religiones. Y celebrando misa el obispo Próculo Mártir Santísimo, levantaron los ángeles el cáliz y le subieron al Cielo y después de dos horas se la bajaron y dijeron: “El Espíritu Santo le consagró, no le tornes tú a consagrar, sino recíbele”, y así lo hizo, admirándose todos los que presentes estaban. Y Nizeforo Calixto escribe en su historia Ecclesiastica lib.19 cap.20 las excelencias del glorioso Amsiloloquio de Itriana y, [292] entre otras cosas, refiere cómo le consagraron los ángeles. Y muy grandes son las historias que afirman haber descendido del Cielo los tres lirios de oro, llamados Flor de Lis, que traen los reyes de Francia por armas, inviándoselos Dios con un ángel por gran favor al rey Clodoveo cuando se convirtió a la fe y de gentil se hizo christiano. ''[44]'' Y cuando san Remigio, obispo de Remes, [sic] quiso baptizar al rey, faltando acaso la chrisma la bajó del Cielo una paloma en una redomita o ampolla que traía en el pico, ''[45]'' poniéndosela delante de muchas gentes al santo obispo en las manos; desapareció, y ungió luego al rey con la maravillosa chrisma que Dios le enviaba, la cual se guarda en la misma ampolla y se ungen con ella los reyes de Francia el día de su coronación y ha mil y cien años que conserva Dios allí aquel santo liquor. Ni hay mucho que espantarse de estas semejantes maravillas, porque es Dios grande honrador de sus siervos. Todo lo dicho, y mucho más a este propósito, se colige de lo que maravillosamente escribe el doctísimo señor obispo Sola en la aprobación del dicho libro que sale ahora revisto por el Tribunal del Santo Oficio.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Volviendo, pues, al propósito deste capítulo, como las religiosas de aquel santo convento, súbditas de la sierva de Dios sor Juana, la vieron tan favorecida del Cielo, quisieron valerse de la intercesión de su santa madre para que alcanzase del Señor, por medio del ángel de su guarda, que bendijese sus rosarios y les concediese algunas gracias para ellos. ''[46]'' La sierva de Dios con su gran caridad (que nunca supo negar cosa de cuantas por Dios le pedían) ofreció procurarlo, y habiéndolo comunicado con el ángel de su guarda, y alcanzado de Dios lo que pedían, dijo a las monjas que para cierto día ajuntasen todas las cuentas y rosarios que tuviesen porque el Señor por su bondad los quería bendecir y mandaba que el ángel los subiese al Cielo, de donde se los traería benditos. No lo dijo a las sordas porque, oyéndolo las monjas, buscaron en su casa y lugares de la comarca, todos los rosarios que pudieron ajuntar, y para el día señalado se los llevaron todos. Y como eran tantos y tan diferentes las cuentas, de aquí nace haber tanta diferencia dellas. La bendita sor Juana, cuando vio juntas las cuentas, mandolas poner todas en una arquilla, que está guardada en el convento con gran veneración, y a una de las monjas más ancianas [293] que la cerrase con llave y la guardase consigo. Hecho esto se puso en oración y, viéndola arrobada, las monjas tuvieron por cierto ser aquella la hora y punto en el que el ángel había subido a bendecir los rosarios al Cielo. ''[47]'' Y así llevadas de curiosidad, acudieron a la religiosa que tenía la llave de la arquilla y, abriéndola, vieron que estaba vacía, por donde tuvieron por cierto lo que habían imaginado, y volviéndola a cerrar como estaba se fueron de allí, porque volviendo del rapto no las viese. Y quedaron con gran consuelo aguardando las gracias del Cielo que el ángel les había de traer cuando tornase la sierva de Dios de aquel rapto. ''[48]'' Y como volviese d’él, se sintió por todo el convento tan grande fragancia y suavidad de olor que, atraídas d’él, vinieron a preguntar a la santa abadesa la causa de aquella novedad. Presto (dixo): “Hermanas, lo sabréis, y la merced que Dios os ha hecho. Vengan aquí todas y en especial la que tiene la llave de la arquilla”. Fue cosa maravillosa que, con haber poco rato que la habían abierto y hallada vacía, tornándola a abrir ahora la hallaron con los mismos rosarios y cuentas que habían puesto en ella, sin faltar una sola. Porque el ángel que los llevó al Cielo los había ya vuelto benditos y puesto en la misma arquita y, cuando ahora la abrió la monja que guardó la llave, creció tanto el olor que salía della, que se admiraron todas. Y ella dijo que aquella suavidad era la que se había apegado a sus rosarios de haber estado en las sacratísimas manos de Nuestro Señor Jesuchristo, y que no solo les había dado su bendición, sino concedido muchas gracias y virtudes, las cuales iba diciendo y juntamente dando a cada religiosa sus cuentas. Y a estas unas llamaba de los Agnus, porque las había concedido el Señor las gracias que tienen lo Agnus, a otras llamaba contra los demonios por la virtud que tienen de alanzarlos, a otras contra tentaciones y enfermedades, y otras contra otros peligros, conforme a las virtudes que el Señor puso en ellas. Esta grande maravilla sucedió el año de mil quinientos veinte y tres. Quedaron muy consoladas las religiosas y obligadísimas a su bendita Madre, por la misericordia del Cielo que las había alcanzado. Pero, deseando cada una gozar más copiosamente de aquel bien que con sus cuentas tenía y de todas las gracias y virtudes que tenían las otras, rogaron a la abadesa alcanzase de Nuestro Señor que las gracias que estaban repartidas entre todas las concediese [294] generalmente todas a cada una de sus cuentas. La sierva de Dios lo suplicó a Su Majestad y se lo otorgó, advirtiéndolas que por las gracias de aquellas cuentas no despreciasen las que los Sumos Pontífices concediesen en la Tierra.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Las virtudes de estas cuentas son muchas y por experiencia se conoce que la tienen contra demonios, porque los lanzan de los obsesos y confiesan que salen por virtud de estas cuentas y huyen de los que las traen consigo. ''[49]'' Tiénenlas también contra el fuego, contra los truenos y rayos, tempestades y tormentas del mar, y contra muchas enfermedades del cuerpo y del alma. Valen contra escrúpulos, tentaciones y espantos de demonios, y esto sacaron de la virtud que les dio el Señor, como consta por los milagros que están comprobados. Todo esto se ha colegido de lo que, debajo juramento, dijeron las monjas ancianas que conocieron y trataron a las compañeras de la misma sierva de Dios, que en sus deposiciones juran habérselo oído contar muchas veces y es pública tradición desde aquellos tiempos hasta estos, que estas cuentas estuvieron en el Cielo y todo lo demás que queda dicho dellas. Y muchas personas de cuenta y grandes perlados de Castilla las tienen en mucha veneración, y las han procurado y tenido en mucho. Una tuvo el rey Filipo Segundo de buena memoria; y Filipo Tercero, legítimo heredero de la fe y la devoción de su padre, y la christianísima reina doña Margarita, mujer suya, las han tenido consigo. ''[50]'' Y el Papa Clemente Octavo de gloriosa memoria, antes de ser Pontífice vino a España, con un hermano suyo, auditor de Rota, sobre los negocios del Condado de Puñoenrrostro ''[51]'' y fue desde Torrejón de Velasco al convento de la Cruz, donde está el cuerpo de la beata Juana e, informado de la sancta vida y milagros desta virgen y de la verdad de estas cuentas, después de haber dicho misa en la capilla donde está su cuerpo, pidió a sor Juana Evangelista, abadesa que era del convento, una de las dichas cuentas y con mucha devoción la recibió y llevó consigo. Los benditos fray Francisco de Torres y fray Julián de San Agustín, varones apostólicos de tan aprobadas y santas vidas que después de sus muertes hizo Dios por ellos muchos milagros, ''[52]'' afirman en sus testimonios que dieron que habían subido al Cielo estas cuentas y que Christo Nuestro Señor las bendijo y concedió [295] muchas virtudes y perdones, y persuadían a los pueblos donde llegaban que tocasen los fieles sus rosarios en las cuentas que llevaban ellos. Y cuando de esta verdad no hubiera tantos y tan calificados testimonios, bastaba el de esta sierva de Dios, y el haberlo ella dicho y aseverado, para persuadirnos que no había de engañar a la Iglesia, publicando virtudes y gracias falsas. Mas lo que bastantemente prueba esta verdad son los milagros que Dios ha hecho en su confirmación, de los cuales diremos algunos en el siguiente capítulo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Cap. X. De los milagros hechos en virtud de estas cuentas y de las tocadas a ellas'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Para que nadie pueda dudar con razón de estas santas cuentas, diré aquí para gloria de Dios algunos de los muchos milagros que el Señor ha obrado por ellas, pues es cosa cierta y llana que nunca Dios hace milagros verdaderos en confirmación de cosas falsas, y los que hace en confirmación de alguna verdad la hacen evidentemente creíble. Y porque los milagros hechos en nuestros días mueven más que los antiguos, serán tan nuevos los que aquí dijere que los testigos, jueces y escribanos ante quien pasaron las informaciones están aun hoy vivos, y las mismas informaciones originales o sus traslados aunténticos, en los archivos del convento de la Cruz.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Doña María Pérez, vecina de Madrid, prestó una cuenta que tenía a Manuel Vázquez, clérigo del mismo lugar, para conjurar con ella una endemoniada y, así como se la pusieron, dijo el demonio que no le echaría de aquel cuerpo la cuenta de Juana. ''[53]'' Mas oyendo el clérigo, dijo: “Por la virtud que Dios puso en esta cuenta de la bendita Juana, te mando, demonio, que salgas luego del cuerpo desta mujer”. Y al punto salió y quedó libre la mujer, de lo cual se hizo acto público.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Fray Francisco Castañoso, siendo guardián de Pinto, oyó decir que un clérigo estaba conjurando una endemoniada en la iglesia del mismo lugar, fuese allá y así como le vio la mujer dio un salto de más de treinta pies, huyendo d’él y, preguntada por [296] él de qué se espantaba, respondió: “Porque traes una cuenta”. Y él, dismulándolo, mostró las manos vacías y dijo: “¿No ves que no traigo nada?”. Mas el demonio, dando voces, decía: “Cuenta traes, cuenta traes de aquella Juana de la Cruz”. “¿Qué virtud tienen, que huyes dellas?”, dijo el guardián, y el demonio respondió: “No te lo quiero decir”. Y nunca consintió la mujer le pusiesen esta cuenta, con lo cual se experimentó lo mucho que los demonios las temen.&lt;br /&gt;
Lo mismo acaeció otra vez a una endemoniada que llevaron al convento de Santa Cruz.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Isabel del Cerro, vecina de la villa de Torrejón de Velasco, tenía tres cuentas destas y, saliendo de oír misa de los Niños de la Doctrina en Madrid, encontró con una endemoniada y, poniéndola sus cuentas, comenzzó luego a trasudar, dando voces y balidos como cabra y salió della el demonio, pero, así como se las quitaron, se tornó luego a endemoniar. Y poniéndola otra vez otra cuenta de un religioso de san Francisco tornó a salir della y, por qué no la volviese más, se la dejó para siempre el religioso.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
La dicha Isabel del Cerro, estando en Torrejón, oyó decir que un mancebo que llegó a su casa estaba endemoniado y le llevaban a conjurar a Santo Toribio y, movida de caridad, le puso sus cuentas, y haciendo el demonio grandes extremos, dijo: “Si supieses el tormento que me das tú, me dejarías”. Diciendo esto se fue huyendo del lugar tan apriesa que no le pudieron alcanzar muchos que fueron tras él.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Otra mujer endemoniada llegó a la casa de la dicha Isabel del Cerro tan maltratada que era lástima el verla, pero, tocándola con las cuentas en la boca, cayó como muerta, y se quedó cárdena y cubierta de un gran sudor y el demonio salió della.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El padre fray Pedro de Salazar declaró y depuso con juramento que sabía las dichas cuentas tener virtud contra el fuego, tempestades y rayos y contra las tormentas del mar, por ser esto cosa muy sabida en Castilla y confirmada con muchas experiencias y milagros. Y dijo en su deposición Christóbal del Cerro, vecino de Torrejón, de otro caso.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Contra diversas enfermedades de perlesía, peste, mal de corazzón y otras, hay muchas informaciones hechas en el dicho convento; [297] contra los escrúpulos y tentaciones de la fe, contra desesperaciones y tentaciones de el demonio y contra visiones y espantos de la misma manera. Y de estas informaciones, unas están hechas por comisión del Ilustrísimo de Toledo, otras del Ministro General de nuestra orden. Pues de que no solas las cuentas que subió el ángel al Cielo tengan las dichas virtudes, sino también las tocadas a ellas (como la bendita sor Juana lo dijo a sus monjas), se ve claro, por lo que ahora veremos.&lt;br /&gt;
El siervo de Dios fray Julián de san Agustín, por quien ha hecho el Señor tantos milagros que pasan de seiscientos los que están comprobados jurídicamente, en noventa y dos informaciones auténticas, hechas con mil y cuatrocientos testigos, primero por autoridad del ordinario y después por especial comisión de su santidad. ''[54]'' Este siervo de Dios tenía una cuenta de las originales y tanta devoción con ella que exortaba a todos tocasen sus rosarios a ella, y en esta obra de caridad le sucedieron casos extraordinarios con los demonios, que se lo procuraban estorbar, como lo comprueban los milagros siguientes.&lt;br /&gt;
Estando el beato padre en las eras del lugar de Villanueva, vino a él una mujer llamada Mari Sanz, rogándole tocase su rosario con la cuenta que tenía en el suyo. Y él dijo: “Levanta primero esa piedra que está ahí cerca”. Probó la mujer por dos veces, mas no pudo porque abrasaba como fuego y se quemaba. Y viendo esto fray Julián, dijo: “No te canses, hija, que no es piedra esa aunque lo parece, sino un demonio, que pretende impedir que se toquen tus cuentas a la de la beata Juana por que no goces de la virtud que Dios puso en ellas”. Otros muchos casos semejantes le sucedieron en el dicho lugar de Villanueva y en el de Camarma, y las piedras desaparecían, en descubriendo el dicho santo lo que eran. Todo lo cual consta de una información hecha por el Ilustrísimo de Toledo.&lt;br /&gt;
Madalena Escrivano, vecina de Torrejón de Velasco, fue tentada del demonio, que se la aparecía muchas veces y, ofreciéndole una soga, la decía que se ahorcase con ella. Fue Nuestro Señor servido que, poniéndola una cuenta tocada, nunca más el demonio la apareció y quedó libre de aquella tentación. Cierto doctor estaba muy apretado de escrúpulos y pensamientos contra la fe, con que el demonio le acosaba. Y procurando [298] haber una cuenta de las tocadas de la santa, solo con traerla consigo quedó libre y con la misma cuenta lanzó al demonio de un hombre.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Carrillo, clérigo y cantor de la santa Iglesia de Toledo, tenía una cuenta de las tocadas y pensaba él ser de las originales (porque por tal se le habían dado) y, llegando adonde estaba un endemoniado, le dijo el demonio que se apartase d’él porque llevaba una cuenta de sor Juana, que, aunque era de las tocadas, tenía la misma virtud que las otras y le atormentaba mucho con ella. Y con esto el dicho clérigo salió del engaño en que estaba, que, aunque el demonio sea padre de mentiras, no permite el Señor que en tales casos nos engañe. Otros muchos milagrosos acaecimientos están tomados por acto público, de que las dichas cuentas tocadas eran de singular virtud contra los demonios. Allende destos, un ciego cobró vista con el toque de las dichas cuentas y un niño de mal de garrotillo. Y una doncella de cataratas de ambos ojos. Y un hombre desahuciado ya con dolor de costado y calenturas terribles. Y una mujer muy enferma y apasionada de mal de corazón. Y otra de los mismos con desmayos y gota coral. Todos estos, con solo el toque de las dichas cuentas que eran de las tocadas a las originales, cobraban salud. Y lo que más es de notar, que muchos de estos milagros acaecieron en el tiempo que las dichas cuentas eran traídas a cuestión de probanzas y cuando muchos dudaban de la virtud de ellas, que fue desde el año de mil seiscientos y once hasta el de mil seiscientos y trece.&lt;br /&gt;
Y no solo eran estos milagros en España, sino en otras naciones muy lejos della, como se vio el año de mil seiscientos y doce por la Pascua de Resurrección en la ciudad de Aix en Francia, donde, por permisión divina, había un convento de monjas, de las cuales las veinte y cuatro estaban endemoniadas. ''[55]'' Y pasando por allí muchos religiosos graves de España que iban a la celebración del capítulo general de toda la Orden de Nuestro Padre San Francisco, que se había de tener en el convento de Araceli en Roma, algunos de los dichos padres llevaban consigo de las cuentas de la beata Juana de la Cruz y, compadeciéndose de aquella tan grande lástima, el primero día de la santa Pascua de Resurrección fueron adonde las dichas monjas estaban, y con una de [299] las dichas cuentas, puesta primero a la que más furiosa estaba y después sucesivamente a las demás, en presencia de mucha gente que se halló presente a aquel caso, salieron los demonios de los cuerpos de las dichas religiosas, a parecer de los que presentes estaban porque, al punto que las dejaban los demonios, quedaban cansadas y sudando notablemente y hacían la señal de la cruz y se santiguaban. Y las que poco antes huían de la cuenta, la besaban dando muestras de devoción y de estar libres del demonio. Y la que primero estaba libre d’él, ayudaba luego a las otras, para que les pusiesen la cuenta. A lo cual se hallaron presentes muchos padres, y dieron verdadero testimonio dello y juraron ser verdad, como más largamente se refiere en el dicho libro de la santa. Lo sobredicho se confirma con una carta escrita de la propia mano del ilustrísimo cardenal Diestrichstain, arzobispo de Nichillpurg en Alemania, para la señora marquesa de Mondéjar, su hermana, donde con mucha instancia la pide que le envíe una cuenta de la beata sor Juana de la Cruz porque con una dellas que tienen allá en Alemania hace el Señor muchos milagros, de los cuales cuenta algunos. Y la dicha señora marquesa envió la misma carta original en Madrid al Señor obispo de Canaria, don fray Francisco de Sosa, para que se tomase testimonio auténtico de ella, (como se hizo), y está en el convento de santa María de la Cruz.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Cap. XI. De algunas revelaciones que el Señor reveló a su sierva y de la devoción singular que tuvo a la Virgen Santísima'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Atendiendo a que el comunicar tan altas revelaciones el Señor a esta sierva suya era en orden al aprovechamiento de muchos, como se lo dijo el ángel de su guarda mandándoselas escribir, me pareció escribir este capítulo de algunas revelaciones suyas, para que, leyéndolas, el pecador se consuele considerando las divinas misericordias que resplandecen en ellas, como se verá en esta que contó a sus monjas de esta manera. “Llevándome mi santo ángel un día de santa Magdalena a visitar [300] la iglesia donde está su santo cuerpo para ganar los perdones allí concedidos, y pasando por cierta ciudad de Castilla, vi en un campo mucha gente alrededor de una hoguera, de entre las llamas de la cual salía una alma más resplandeciente que el sol, con dos ángeles que la llevaban en medio y otro que iba delante con una cruz en la mano, todos caminando muy apriesa para el Cielo. Y díjome mi santo ángel: “Por que veas lo que puede la misericordia de Dios y la gran contrición en un hombre, aquella alma es de un hombre viejo, grandísimo pecador, que estuvo de asiento en un pecado mortal, tan abominable y feo que no solo merecía las llamas de aquella hoguera, sino ser quemado en el infierno. Prendiole la justicia y confesó llanamente su pecado, pidiendo a Dios misericordia y al juez rigurosa justicia, diciendo quería pagar su delito en esta vida. Y aunque la salvara si quisiera, escogió morir y padecer esta pena y afrenta en satisfación de sus culpas. Y así, después de haberle dado el garrote, le quemaron en aquella hoguera, de la cual sale su alma derecha al Cielo, porque sepas que mientras el alma está en el cuerpo, ha lugar la misericordia de Dios, que cabe entre la soga y la garganta del hombre”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Estando en oración un día, la mostró el Señor que a un ermitaño de santa vida que hacía penitencia en un desierto le pareció el demonio en figura de Christo crucificado y le dijo: ''[56]'' “Adórame que soy tu Dios, que por ti me puse en esta cruz y me agrada mucho tu oración y penitencia”. Hízolo el ermitaño y, estándole adorando, arrodillado a los pies de aquel falso crucifijo, llegaron otros muchos demonios diciendo: “Príncipe de tinieblas, vuelve a tu reino infernal, que nos le destruyen los ángeles del crucificado y, pues sabes que se paga de voluntades y que recibe la deste ermitaño, como si adorara al mismo Dios del Cielo, déjate de esas vanas adoraciones y vuelve allá, que es lo que más te importa”. “Quiso Nuestro Señor que oyese esto el ermitaño para alumbrarse por este camino” (dijo la santa) “y que yo os las dijese a vosotras, para que conozcáis las cautelas del enemigo y os guardéis de sus engaños, que son más de los que los hombres piensan”. Sucedió otra vez a esta sierva de Dios, día de santa Lucía, que estando elevada en oración y su espíritu en aquel celestial lugar donde Dios le solía poner, vio (cual otro Esaías) ''[57]'' al Señor de los ejércitos sentado [301] en un trono de grandísima majestad y gloria, cercado de infinitos ángeles y santos, que daba premios y mandaba se hiciesen fiestas a la gloriosa santa Lucía, por haber padecido en tal día. Considerando estas cosas y cuán bien premiaba los trabajos padecidos por su amor, la parecía decirle el mismo Señor con voz sonora y fuerte como el ruido de muchas aguas: “No os despidáis vos, hija mía, de recibir otro tanto como ahora doy a esta mi sierva”. Ella con mucha humildad y confianza, después de haberle adorado, dijo: “Inmensas gracias te doy, Señor mío, por tan soberana merced, mas no me hartan, Señor, estos dones, ni satisfacen esas joyas, regocijos, ni fiestas, porque la hambre de mi alma no se puede satisfacer menos que bebiendo de esa fuente de vida; y hasta conseguir eso, no dejaré de importunar a Vuestra Majestad”. Otra vez estando en profundísimo rapto, la vino a visitar su muy particular devota santa Bárbara y, razonando con ella, dijo: “Bien sabéis vos, señora, lo mucho que os desea servir esta indigna sierva vuestra”. ''[58]'' “Sí sé, hermana”, respondió santa Bárbara, “y querría también que tú supieses que te amo en el Señor y te tengo por mi singular devota y amiga”. Con esto pusieron fin a su plática las santas vírgines, y apenas fue acabada que le apareció el ánima de un niño que acababa de expirar, rogándola que dijese a su madre que castigase a sus hijos, porque daría rigurosa cuenta al Señor de lo mal que los criaba. ''[59]'' “Y yo” (dixo el alma) “doy mil gracias a Su Majestad, por haberme traído a este santo reino en tan tierna edad, que si llegara a ser grande, me condenara por la mala crianza de mi madre. Ella se llama fulana y vive en tal lugar y es mujer de fulano”. Con esto la sierva de Dios la envió a llamar y contó todo lo que pasaba, con tales señas que no lo pudo poner en duda y hizo lo que tan santamente la aconsejaba.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Todos los años desde el día que se fundó el convento de la Cruz, se celebra en él el aparecimiento de la Reina de los ángeles los primeros nueve días de marzo, en los cuales apareció la Santísima Virgen (como queda dicho), y cada año, en estos nueve días a la hora de maitines, veía la sierva de Dios una solemnísima procesión en que venía la Madre de Dios con muchos ángeles y santos y las almas de muchas monjas de aquella casa y de otras personas difuntas que estaban en la gloria y habían sido devotas del Santo Aparecimiento, y también las que estaban [302] en purgatorio, que las sacaba la Virgen de penas en esta santa fiesta. Y antes de entrar en el convento daba una vuelta alrededor, echando su bendición a los campos en contorno del convento, en el cual entraba luego e iba derecha al dormitorio de las monjas, donde estaban recogidas, unas en oración y otras durmiendo, y a todas las bendecía con palabras de grandísima caridad y hablaba con sus ángeles custodios y ellos la representaban las oraciones y buenos deseos con que se habían de aparejar para celebrar la fiesta de su Santo Aparecimiento. ''[60]'' Y decía nuestra Señora: “Estad constantes en los trabajos, que así se ganan las coronas”. Otras veces mandaba a sus ángeles custodios que las pusiesen guirnaldas de rosas en sus cabezas, aunque ellas no lo veían ni entendían, y otras veces las reprehendía con palabras dulcísimas. Desde aquí se iba al coro con todo aquel acompañamiento celestial y asistía a los maitines, y la bienaventurada sor Juana, en espíritu, se hallaba presente a todo y andaba la procesión. A la mañana, a la hora de misa mayor, que volvía en sus sentidos, se iba al coro, donde oía los oficios divinos y sermón y veía la procesión y, a este punto, se solía elevar y en la elevación veía lo que está dicho. Y después, vuelta en sí, lo contaba a sus monjas.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Había en este santo monasterio una imagen muy antigua de milagros, en quien las monjas tenían mucha devoción, y la traían en procesión el día del Santo Aparecimiento. Mas porque ya estaba muy vieja y deslustrada, la hicieron el rostro y cabeza de nuevo. Y porque la sierva de Dios la viese, que estaba enferma en la cama, se la llevaron a la celda, donde por su consuelo se la dejaron sobre un altar. Y aquella misma noche, estando la santa en oración, vio en visión imaginaria a la Reina de los ángeles, que estaba junto a la imagen, a quien la sierva de Dios suplicó concediese algún favor a su imagen. Y la noche siguiente a hora de maitines, vio cómo Christo Nuestro Señor se apareció y bendijo la dicha imagen, la cual desde entonces es muy venerada por la tradición de este milagro. Lo cual hizo el Señor en confirmación de la verdad de el uso antiguo de las santas imágenes y en confusión de los herejes que las contradicen.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Hallose en esta sierva de Dios lo que todos los santos enseñan ser singular medio para la perfección, esto es, la devoción de [303] la sacratísima Virgen Nuestra Señora. Fuela tan devota esta humilde sierva suya que, desde muy niña, la rezaba el rosario y, por no tenerle de cuentas, lo hacía de cordel, con ñudos por pater nostres y avemarías, y así como crecía en edad, iba creciendo en devoción. Y cuando llegaban las fiestas de la Madre de Dios, a los ejercicios de penitencias ordinarias añadía otros extraordinarios, con que se disponía a celebrarlas dignamente. Por lo cual fueron grandes las mercedes que Dios la hizo en tales días y admirables los raptos, en los cuales publicaba y decía maravillosas alabanzas de su reina. Estando en contemplación un día de la Anunciación de mil quinientos y ocho, contemplando aquella maravillosa obra de la Encarnación que aquel día representaba la Iglesia y aquella tan profunda humildad de la purísima Virgen cuando dio su consentimiento, dijo que le fueron en aquella hora revelados muchos misterios y que mereció más en aquella hora obedeciendo la voluntad de Dios y dando crédito a las palabras del ángel que merecieron todos los ángeles cuando dieron a Dios la obediencia, y más que todos los mártires en sus martirios y que todos los confesores y vírgines, en cuantas penitencias hicieron y en la virginal limpieza que guardaron. Otro día de la Presentación de Nuestro Señor del siguiente año, estando en un rapto que la duró muchas horas dijo otra verdad certísima, ''[61]'' y es que desde el punto que fue concebida la Reina del Cielo en el vientre de santa Ana, tuvo perfecto uso de razón y muy grande amor y conocimiento de Dios, en que fue siempre creciendo y en todas las virtudes, hasta llegar a ser entre las criaturas la más perfecta y santa de cuantas hubo ni habrá jamás en el Cielo ni en la Tierra. En otro rapto dijo que, cuando Nuestro Señor salió del sepulcro, apareció primero que a nadie a su Madre Santísima, por ser ella la que más había sentido su muerte y Pasión, y en quien más viva estaba la esperanza de la resurrección. En el día de la Purísima Concepción de la Virgen Santísima era inefable la devoción que mostraba, y después de muy largos raptos, hacía dulcísimas pláticas a las monjas en alabanzas de su Señora y declaraba profundamente lugares de la Sagrada Escriptura que trataban della. ''[62]'' Trujéronla un día una niña de teta muy enferma, para que la diese su bendición, y viéndola, supo por revelación que estaba endemoniada. Y dijo la santa a las monjas [304] con gran sentimiento: “Grande es la alteza de los secretos de Dios. ¿Que sea posible que el demonio tenga poder para atormentar esta niña, que no ha más de siete meses que nació? Ruégoos hermanas, que la encomendemos a Dios”. ''[63]'' Hizo sobre ella la señal de la cruz, y quedó libre de aquel espíritu malo, que la atormentaba. Sucediola muchas veces estando en oración, que veía presentes todas aquellas personas por quien rogaba, aunque estuviesen muy lejos y todas sus necesidades. Y su ángel custodio la dijo un día que con tanto afecto de amor podía una persona sentir y llorar la Pasión del Señor, que le fuese tan acepto sacrificio como si derramase toda su sangre y padeciese grandes tormentos por su amor. Tanto como esto agrada a Dios la memoria de su sagrada Pasión. “Estas cosas y otras muchas” (decía la sierva de Dios a sus monjas) “me muestra mi santo ángel, para mi aprovechamiento, y para el vuestro os las digo. Y que me ha hecho el Señor tanta merced, que ha dado tanta luz y claridad en ellas, que certerísimamente conozco ser suyas y, por tan verdaderas y ciertas, que así lo juraría si me obligasen a ello. Aunque por no haber tenido mi alma tanta claridad y certeza al principio, no recibía tanto consuelo como ahora, por lo cual da esta miserable pecadora infinitas gracias a su Dios”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Cap. XII. De las maravillosas cosas que dijo la sierva de Dios estando elevada y del don de lenguas que el Señor la comunicó'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Como toda la virtud desta bendita virgen estaba sobre el fundamento firme de la santa humildad, fundado de aquí es que todo lo que era dar muestras exteriores de los beneficios que el Señor la hacía grandemente la atormentaba. Y si algunas veces las daba, diciendo lo que en las elevaciones y raptos le acaecía, era compelida de la caridad, y por saber que era la voluntad del Señor que lo hiciese. El cual ordenó que estuviese muchos días y meses muda privada de la habla, de tal manera que, si no era el rato que estaba en éxtasis (cuando se vio cumplida la palabra del Señor en el Evangelio, ''[64]'' que no era ella la que [305] hablaba, sino el espíritu de su Padre Celestial que hablaba por ella), fuera de eso, ni hablaba ni aun podía hablar palabra. En todo este tiempo de su mudez predicaba diciendo altísimas cosas y declaraba lugares difíciles de la Escritura, no sin grande admiración de los que la oían. Y esta gracia la duró no solo el tiempo que estuvo muda, sino también mucho después, hasta trece años enteros: hablando unas veces de ocho en ocho días, otras de quince en quince, otras veces de cuatro en cuatro, otras al tercero día, otras un día tras otro, como el Señor era servido. Divulgose por el reino de Castilla esta grande maravilla, venían a verla muchas gentes (aunque muchos venían con intención dañada.) Y para confusión destos y de otros incrédulos, estaba arrobada y hablaba con ellos, mostrando que la recelaba Dios lo que tenían en el corazón y así, reprehendiéndoles, decía: “¿Quién eres tú, que quieres limitar el poder de Dios? ¿No tiene ahora el mismo que tuvo siempre? ¿No puede poner su gracia en quien quiere? ¿No puede hacer vaso en que quepa?”. A este propósito sucedió que una persona muy grave, con celo de las cosas de la fe, no podía sufrir que se dijese que el Espíritu Santo hablaba por boca de aquella mujer; vino a oírla, con ánimo de examinar sus palabras y fueron tales las que le dijo en una plática espiritual que hizo que a la mitad della se hincase de rodillas, derramando muchas lágrimas, hasta que la sierva de Dios acabó de predicar y, vuelta en sus sentidos, rogó con instancia que se le dejase ver. Y puesto delante della, dijo: “Venía yo a examinar las palabras de Dios, pero ya conozco ser suyas todas las que a esta bendita mujer he oído”. Y después de haberla hablado a solas y encomendádose en sus oraciones, se volvió muy edificado de la humildad que conoció en ella y muy devoto a su doctrina. Cumpliose en ella lo que dijo el Señor en el Evangelio a sus siervos: “Daros he boca y sabiduría, a la cual no podrán contradecir todos los adversarios vuestros”. [65] Y para mayor testimonio de que este negocio era del Cielo, no pocas veces la oyeron hablar en diversas lenguas, las cuales nunca había aprendido, como eran latina, griega, arábiga y otras. ''[66]''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El obispo de Ávila don fray Francisco Ruiz fue devotísimo desta santa, y por ella dio a su convento dos esclavas moras, de las que trajo de la conquista de Orán (en que estuvo en compañía [306] del cardenal don fray Francisco Ximénez). Estaban estas tan obstinadas en la ley de Mahoma que no podían oír nombrar a Christo. Lleváronselas una vez a la santa, con ocasión de que predicaba en la forma dicha, y convirtiendo a ellas su plática, las habló en algaravía y ellas también respondieron en el mismo lenguaje. Y tales cosas las dijo que se convirtieron a la fe y se bautizaron. Y después estando arrobada, las habló otra vez en arábigo. También hablaba en latín con algunos letrados que la venían a oír, advirtiéndoles de defectos particulares suyos. Los perlados de la orden, por obviar lo que algunos mal intecionados decían, mandaron a la abadesa que, cuando hablase de aquella manera la sierva de Dios, la encerrasen donde no la oyesen los de fuera de casa, ni aun las mismas monjas. Y esto se guardó algún tiempo, hasta que más enterado el provincial de que no había inconviniente, antes era voluntad de Dios que fuese oída, dio licencia para que hablase ante las monjas y ante algunas personas principales y devotas que lo deseaban. Con esta licencia llegaron muchas personas eclesiásticas y seglares, predicadores, letrados, canónigos, inquisidores, obispos y arzobispos. El Gran Capitán Gonzalo Fernández, el cardenal don fray Francisco Ximénez, y otros muchos que fueron testigos deste milagro. Y entre ellos quiso ver esta maravilla por sus ojos el Emperador Carlos V, de buena memoria, y quedó muy aficionado a la sierva de Dios. Cuando hablaba estas cosas, siempre era estando en rapto y muchas veces se echaba de ver que hablaba con los ángeles, con los apóstoles y santos, como que tenía al Señor presente ante quien hacía sus peticiones, rogando por todos en general, y por algunas personas en particular. Hecho esto, juntaba sus manos viéndolo todos, muy humildes y profundas. Oraba tan en secreto que solo se la veían mover los labios, y después, puestas las manos, se quedaba con grandísimo silencio. Después, comenzando en voces altas y concertadas, en muy apacible y suave tono (que todos los que allí estaban oían) hablaba cosas maravillosas. Finalmente eran los dichos sermones y pláticas espirituales de mucha edificación y provecho, declarando la Sagrada Escritura y Evangelios del año, conforme a las fiestas que ocurrían. Durábanla los sermones cuatro, cinco, seis y siete horas, sin descansar ni menear más que la lengua, que en lo demás estaba como muerta, o como quien está en rapto. Y [307] hablaba con tanta gracia, suavidad y dulzura que con ser tan largos los sermones ninguno se cansó jamás dellos. Cuando acababa y volvía en sí, quedaba hermosísima, el rostro muy resplandeciente y su persona y vestidos y cosas que a ella tocaban llenas de un olor celestial. Y de la fuerza con que había hablado quedaba con un sudor copioso, y así la mudaban las monjas el hábito y la tocas cuando tornaba en sus sentidos. Era cosa notable que no sentía cosa de cuantas por ella habían pasado si después no se lo decían. ''[67]'' Y porque en los siglos venideros hubiese noticia de tan grandes maravillas, dio el Señor sabiduría y gracia a una religiosa que no sabía leer ni escribir, llamada sor María Evangelista, para escribir un grande libro intitulado del Conorte, que contiene los sermones que predicó en un año la bendita sor Juana, ayudándola otras dos religiosas llamadas sor Catalina de San Francisco y sor Catalina de los Mártires. De lo cual hay tradición y pública fama en el dicho convento de la Cruz, y algunas monjas ancianas que hoy viven conocieron a la dicha sor María Evangelista y juran que conocen su letra y se lo oyeron decir públicamente. Este libro del Conorte tiene setenta y un sermones, en otros tantos capítulos divididos, escritos en setecientas y treinta y tres hojas de folio, el cual se guarda en el convento como reliquia grande y con razón por ser milagroso todo cuanto hay en él, como lo es haberle escrito una mujer sin saber leer ni escribir, y que percibiese de memoria todo lo que la bendita predicadora decía, de suerte que, acabando de oír su sermón, le escribía, con ser algunos de doce y de veinte pliegos de papel, llenos de theología y de autoridades de la Sagrada Escritura.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Cap. XIII. Cómo nuestro Señor dio el sentimiento de sus llagas a su sierva, y el apóstol san Pedro la sanó estando sorda'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Queriendo el Señor de más de lo dicho enriquecer y honrar a su bendita esposa, la dio por joyas preciosas los dolores y señales de su sagrada Pasión, lo cual acaeció desta manera: un año después del acaecimiento milagroso de las cuentas, [308] siendo la virgen de cuarenta y tres años de edad, sucedió que un Viernes Santo por la mañana, estando en oración puesta en cruz, se quedó arrobada tan extendidos y yertos los brazos y todos los miembros de su cuerpo como si fuera un crucifixo de piedra, de suerte que ninguna fuerza humana la pudo quitar de aquella santa postura, aunque se probó algunas veces. ''[68]'' Viéndola las monjas así, y que el rapto iba muy adelante, la llevaron a la celda y se fueron todas al coro, por ser hora ya de entrar en los oficios divinos. Estando en él, mientras se decía la Pasión, la vieron entrar por el coro, derramando muchas lágrimas, y vieron cómo entraba arrimándose a las paredes, que no podía andar ni tenerse sobre los pies. Traíalos descalzos como solía y, porque no los podía asentar en el suelo, estribaba solamente en los talones y puntas, con tanta dificultad como si pusiera los ojos donde se asentaba los pies. Viendo esto las monjas, la preguntaron por señas (porque estaba también sorda) cómo venía de aquella manera; respondió que no podía andar, porque la dolían mucho los pies. “Mirámoselos” (dice la monja que escribió esta historia) “y vimos que tenía en los pies y manos las señales del crucificado, redondas de el tamaño de un real de plata, de color de rosas muy frescas y coloradas, y de la propia figura y color correspondían igualmente en los pies y plantas de los pies y de las manos, por arriba y por abaxo, y salía de ellas tanta fragancia de olor que con ninguna cosa criada se podía comparar”. Quexábase de los graves dolores que la causaban estos señales, y las religiosas, cuando la vieron así, lloraban y daban gracias a Dios por lo que veían y palpaban con sus ojos y manos en ella. Y tomándola en brazos (porque no podía andar, ni sustentarse en los pies) la llevaron a la celda y, preguntándola por señas (porque estaba sorda) qué señales eran aquellas, quién se las había dado y cómo, respondió que, estando en aquel preciosísimo lugar, donde por mandato de Dios la llevaba el ángel de su guarda, vio a Nuestro Señor Jesuchristo crucificado, que con el toque de sus sacratísimas llagas la dexó con gravísimos dolores en pies y manos, y acabada aquella soberana visión, se halló en su celda y en sus sentidos con aquellas señales, que la duraron desde el Viernes Santo hasta el día de la Ascensión. Aunque no las tenía todos los días, sino solo los [309] viernes y sábados; y el domingo a la hora que el Señor resucitó se le quitaban los dolores y las señales.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y como era tan humilde, con muchas humildad, lágrimas y devoción, suplicaba a su Santísimo Esposo no permitiese que tan preciosas y ricas joyas se empleasen en tal vil criatura como era ella y también porque le parecía cosa poco segura tener a vista de los ojos humanos tan singulares mercedes como eran aquellas. Esto pedía con tales afectos y lágrimas que alcanzó lo que quiso, de manera que el mismo día de la fiesta de la Ascensión del Señor a los Cielos se las quitó el Señor, habiéndola dicho primero: “Importúnasme que te quite el precioso don que te di, yo lo haré, mas pues no quieres mis rosas, yo te daré mis espinas y cosa que más te duela”. Y cumpliendo esta palabra la quitó estas señales y dio a sentir el Señor los dolores de su sagrada Pasión en todo su cuerpo, mucho más que antes, porque aunque desde los siete o ocho años de su edad se los había dado el Señor a sentir, no habían sido tan rigurosos como fueron desde este día, como se verá en las revelaciones siguientes.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Estando elevada un día y su espíritu en aquel lugar donde el Señor la solía poner (era viernes a los veinte y dos de junio antes de amanecer) se le presentaron todos los misterios de la sagrada Pasión, tan vivos a su parecer como si los viera al pie de la cruz del Calvario, cuando Christo padeció. ''[69'' También la mostró el Señor en un gran campo el martirio de san Acacio y sus diez mil compañeros, cómo los crucificaban y que Christo Nuestro Señor desde su cruz los animaba y decía: “Tened ánimo, amigos míos, miradme a mí crucificado y muerto por vosotros”. Viendo ella todo esto, preguntó al ángel de su guarda, qué significaba estar Christo crucificado y tantos crucificados con el. “Después que Dios se hizo hombre” (dijo el ángel) “tiene muchos compañeros de su cruz y tú también has de ser participante de sus dolores; porque así lo quiere, y porque vieses su sagrada Pasión y la de tantos siervos suyos, te traje a este lugar”. Y mirándola Nuestro Señor dijo: “¿Quieres hija de esta fruta?”, “Señor” (respondió ella), “quiero lo que Vuestra Majestad quisiere”. “Pues pláceme que gustes de ella” (dijo el Señor) y desde aquel punto la dejó los dolores de su sagrada Pasión y tan vivo sentimiento de todos ellos que (según decía ella) le parecía que le habían fixado clavos ardientes por todo el cuerpo y que [310] oía gran ruido, como si con martillos de hierro se los clavaran.&lt;br /&gt;
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Otra vez estando muy enferma en la cama, se la apareció nuestro padre san Francisco (día de su propia fiesta) glorioso y resplandeciente, acompañado de muchos santos y le vio y habló. El santo padre la dio su bendición y ella con mucha humildad le rogó por todos los frailes y monjas de su orden y en especial por las de aquel convento, suplicando las echase su bendición. Lo cual hizo, y al despedirse della, que estaba postrada a sus santísimos pies, se los besó, y él a ella la cabeza, diciendo: “Quiero, hija mía, adorar los dolores de mi Señor Jesuchristo, que por su gran misericordia ha puesto en ti”.&lt;br /&gt;
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Al principio de sus graves enfermedades, como sus dolores eran grandísimos, acaecíale con la fuerza dellos estar dos y tres días sin arrobarse (cosa muy nueva para ella), y atribuyéndola a sus pecados, pensaba que por ellos la trataba Dios como a enemiga. A este punto la apareció el ángel de su guarda, y la dijo: “Escucha y oye al Señor que te quiere hablar y mira lo que dijere”. Apareció luego Nuestro Señor Jesuchristo en un trono de majestad acompañado de muchos ángeles, y hablándola con palabras dulcísimas dijo: “¿Qué haces hija en esa cama?”. ''[70]'' Ella respondió después de haberle adorado: “Señor mío, ¿cómo padezco tantos dolores y no me remedia Vuestra Majestad ni goza mi alma de vuestros regalos como solía?”. Respondió el Señor: “No es mucho que padezcas esos dolores y enfermedades; pues eres esposa mía y me escogiste por esposo a mí, que en el tiempo de mi Pasión fui varón de dolores, justo es que quien bien ama, participe los dolores de su amado”. “Gran favor y merced es esta para mí” (replicó la santa), “pero ¿cómo, Señor, me hallo tan tibia en vuestro amor y no mandáis a mi santo ángel que me consuele tan a menudo como solías?”. “Amiga” (dijo el Señor), “donde yo estoy, está el consuelo y bienaventuranza, así aunque estés en esa cama, ese es tu cielo, pues estoy contigo en la tribulación y trabajo”. Dicho esto desapareció el Señor, dejándola muy consolada, aunque algo confusa, por no saber si había visto esta visión con los ojos del alma o con los del cuerpo. Y para quitarla esta duda, se la apareció segunda vez (según ella lo dijo) y entonces no solo quedó satisfecha, sino esforzadísima y con nuevo ánimo para llevar todos los trabajos del mundo por su [311] amor. Y como después de todo esto estuviese aún sorda, cosa que sentían muchísimo todas las religiosas por el trabajo que tenían de declararle lo que querían, y así suplicaron al Señor la restituyese el oír, oyó la Divina Majestad sus oraciones y aparaciéndose a su esposa día de santa Clara (después de seis meses que la tenía sorda) hizo un maravilloso sermón en presencia de muchas gentes, y declarando grandes secretos, dijo que la había ensordecido por que tuviese más recogidos los sentidos y pensamientos en Su Majestad y que ya al Señor placía de sanarla. Y acabando el sermón, antes que la santa tornase en sus sentidos, se le apareció el gran san Pedro, y poniéndola los dedos en los oídos y haciendo sobre ella la señal de la cruz, la restituyó el oír, y quedó sana, y ella con las religiosas dando muchas gracias a Dios por tan señalada merced.''[71]''&lt;br /&gt;
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'''Cap. XIIII. De la gran devoción que la santa tenía con las ánimas del purgatorio y lo mucho que rogaba por ellas'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
La caridad de esta sierva de Dios era tan ancha que todo el mundo entero cabía en su pecho, en razón de querer y desear el bien de todos, y era tan profunda que hasta el purgatorio llegaba, con estar muy cerca del infierno, y si allí hubiera sujetos capaces della, también entrara por aquellas eternas cárceles, para beneficiar si pudiera aquellas desdichadas almas que padecen sin remedio. Siendo abadesa, con deseo de que sus monjas se fundasen de veras en el temor de Dios, las contaba muchas cosas de las que la eran reveladas cerca del riguroso juicio de las almas y de las penas de purgatorio y del infierno, de las cuales diré algunas, con el mismo deseo e intento que ella las decía. Lo primero, que en la hora de la muerte de cada uno, oye su sentencia de condenación o libertad, referida por san Miguel, porque esta constituído por príncipe de todas las almas, y así, que fuesen muy devotas deste santo, porque ella en espíritu le había visto juzgar las almas. Y que cuando condenaba alguna al infierno, cantaban otros ángeles: “¡Oh, Señor, cuán misericordiosa es vuestra justicia! Por ella os bendecimos y adoramos”. Y que maldecían a las [312] almas condenadas al infierno y que otros eran ejecutores de la divina justicia, en las que iban al purgatorio. Decía también, que los ángeles de la guarda llevan las ánimas al purgatorio y las consuelan, como lo afirman doctores santos. Y que a muchos dellos permitió Nuestro Señor que les apareciesen ánimas que penaban, para que rogasen por ellas, y que otros viesen en espíritu al purgatorio y las rigurosas penas que de tantas maneras allí padecen las almas, para que lo contasen a los vivos y, compadeciéndose dellos, escarmentasen en cabeza ajena. Esto acaeció a esta bendita virgen muchas veces y ella lo contaba. Y decía que, siendo sacristana, tañendo una noche a maitines, oyó gritos muy dolorosos, como de persona que se quejaba; y preguntando al ángel de su guarda qué voces eran aquellas, dijo: “Son de un ánima muy necesitada, que con licencia de Dios viene a encomendarse en tus oraciones”. Era esta ánima […] ''[72]'' gran señora de Castilla, que poco antes había muerto; la […] ''[73]'' la beata Juana, que por quanto sus penas eran graves ''[74]'' encomendase a Nuestro Señor y dijese a su madre la ayudase con ciertas limosnas y misas.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
De estos casos le sucedieron muchos. Y decía que veía en el purgatorio muchos lugares tristes y oscuros, muy espantosos y feos, y a los demonios, que muy crudamente atormentaban las almas, a las cuales por cada culpa daban diferentes penas y ellas muchos gritos diciendo: “¡Ay de nosotras, que tuvimos tiempo para servir a Dios y no lo hicimos, ahora somos atormentadas y no nos vale contrición, ni arrepentimiento”. ''[75]'' “Yo vi por la voluntad de Dios” (dijo una vez a sus monjas) el ánima de cierto prelado en purgatorio, que padecía muchas penas, y preguntando yo la causa de ello a mi santo ángel, me dijo que aquella alma era de un perlado que, por haber sido descuidado con las ánimas de sus súbditos, padecía grandes penas por las faltas que hizo en servicio de Dios y por las que sus súbditos hicieron por su causa y mal ejemplo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Supo la bendita perlada que cierta persona eclesiástica de mucha autoridad, de quien ella había recibido particulares agravios, había muerto. ''[76]'' Y como era tanta su caridad en dar bien por mal, no cesaba de rogar al Señor por ella. Estando en esto, se le apareció una noche en figura formidable y fea, traía una mordaza en la boca y una vestidura muy miserable. Andaba [313] con los pies y manos como bestia, y como no se podía quejar, bramaba como toro y traía sobre sí todos los pecados que contra Dios había hecho, y algunas ánimas que por su respecto se condenaron penaban encima d’él. Traía sobre sí también un gran tropel de demonios a caballo, que le daban en rostro con sus pecados y muchos palos y golpes. Y quitándole la mordaza de la boca, le pusieron una trompeta, por donde salía una voz espantosa, que de solo oírla la santa quedó muy lastimada, aunque mucho más por no entender si sus penas eran de purgatorio y de el infierno. Y deseándolo saber, se lo preguntó al ángel de su guarda, el cual la respondió: “Dios te lo revelará a su tiempo”. Y perseverando en esta oración, alegaba algunas buenas obras que había hecho aquella alma en esta vida, y especial esta: “Señor, yo sé que este hombre fue tan devoto de cierto santo que le hizo pintar su imagen, y le tuvo gran devoción, por tanto os suplico hayáis piedad de su alma y libréis de las penas que padece”. Tanto perseveró rogando por esta alma que, pasados algunos días, vio entrar por la puerta de su celda un ferocísimo toro, que traía entre los cuernos la imagen del santo que había hecho pintar aquel hombre, y él venía junto a ella, como favoreciéndose de la imagen, y mirando a la sierva del Señor dijo: “Yo soy fulano, por quien tú tanto has rogado, y por tus merecimientos me ha hecho Dios grandes misericordias y me dio esta imagen para mi consuelo y defensa, la cual me ayuda mucho en este trabajo”. ''[77]'' “Alivie el Señor tus penas, alma christiana” (dijo la santa), “que harto me has consolado por lo mucho que deseaba saber si estabas en vía de salvación, porque la otra vez que te vi venías con tales tormentos que no lo podía conocer”. “No te espantes” (respondió el alma), “que han sido mis penas muy grandes y, cuando no hubiera otras sino las de este buey en que ando, son gravísimas, porque las padezco en él de sed, hambre, fuego y frío”. Y dicho esto pidió perdón a la santa de muchos agravios que la hizo en esta vida, y dijo que la devoción que algún tiempo la tuvo le había valido mucho y con esto desapareció. Y ella nunca dejó de rogar a Dios por él, hasta que el Señor por sus oraciones le sacó de aquellas penas.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Volvió la santa de un rapto muy triste, y derramando tantas lágrimas que las monjas compadecidas della, la rogaron las contase la causa de su tristeza. Mas ella dando un grito muy [314] lastimoso dijo: “¡Ay, si supiesen las gentes lo que padecen las almas en la otra vida no ofenderían a Dios con tantos pecados, porque son aquellas penasmayores que cuantas en este mundo padecer se pueden”. Y entonces contó de un alma que había visto padecer y nunca dejó de rogar a Dios por ella, hasta que la sacó de penas de purgatorio. Un día de cuaresma, estando con sus graves dolores y enfermedades, se fueron a consolar con ella otras religiosas enfermas que andaban convalecientes, y, hablando con ellas, se arrobó, y tornó deste rapto tan alegre que las monjas preguntaron la causa de su extraordinaria alegría. Y ella por el gusto de las enfermas dijo: “Vi a la Reina del Cielo que, con grande gloria y majestad, acompañada de muchos ángeles y del glorioso san Juan Evangelista y de san Lázaro y de sus santas hermanas Martha y María, bajaba al purgatorio, y, pasando por donde yo estaba, mirándome la clementísima Señora dijo: ‘Amiga, vente con nosotros’. ''[78]'' Y fue el Señor servido por su gran misericordia que de esta vez sacase Nuestra Señora gran número de almas de purgatorio, con las cuales se volvió al Cielo y yo quedé tan consolada de esto porque todos mis dolores se me convierten en particular gozo y descanso cuando veo salir alguna ánima de purgatorio, y de esto es tan grande mi alegría que ni lo sé decir, ni está en mi mano poderlo disimular”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Cap. XV. De los trabajos y enfermedades con que probó Dios a su sierva y de su grande paciencia'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Revelación tenía esta sierva de Dios (desde muy al principio de su santa vida) que la tenía el Señor escogida para hacerla muy semejante así en sus trabajos y afrentas; estasjoyas deseaba extremadamente tener en su alma y nada pedía con tanta humildad y lágrimas como verse con ellos. ''[79]'' Oyó Dios su oración, y dióselos tan a la medida de sus deseos que parecían bien de su poderosa mano. En la cabeza, padeció tan excesivos dolores que ni podía comer, ni reposar los días que los tenía, ni aun abrir la boca para quexarse, siquiera para algun alivio, ni había médico que los entendiese, y duráronle catorce [315] años a temporadas, que continuos fuera imposible vivir con ellos. Dábale este mal de repente y así se le quitaba. A estos dolores sobrevinieron otros de estómago, de hijada, con tales congojas y trasudores que la habían de mudar hábito y túnica y toda la ropa de cama, cuatro o cinco veces al día. Eran estos sudores heladísimos y fríos y duraban veinte y treinta días continuos, y sobre todo esto, se le encogieron los brazos, las piernas, las rodillas, los pies, las manos, de suerte que nunca más los pudo abrir ni extender y con la gran fuerza de los dolores se le desconyuntaron todos sus miembros, de suerte que quedaron muchos dellos no solo tullidos y mancos, sino torcidos, contrahechos y desencasados de sus lugares, y desta misma suerte está hoy su cuerpo, como se dirá después.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Un día, siendo abadesa y hallándose muy fatigada del tropel de los trabajos que ya la amenazaban y con mucha flaqueza corporal por las graves enfermedades, levantó los ojos a una imagen de la Oración del Huerto que tenía cabe sí en la cabecera y con muchas lágrimas suplicó al Señor la ayudase en las persecuciones y trabajos que esperaba. Y estando en esta oración, oyó una voz que la dijo: “El Señor es contigo y quiere que padezcas grandes angustias y dolores y que los miembros de tu cuerpo sean tullidos y quebrantados, así como el pan en la era cuando le sacan el grano”. Y así estaba en sus enfermedades hecha un mar de dolores y un abismo de revelaciones, y queriendo el Señor regalarla más de veras y manifestar al mundo su gran paciencia, permitió viniese sobre ella una persecución que el demonio urdió, tomando por instrumento a alguna de sus mismas monjas. ''[80]'' Gran paciencia fue menester para pasar por esto, señaladamente atravesándose en ello muchas ofensas de Dios e ingratitudes a los grandes beneficios, así temporales como espirituales, que todo el convento había recibido por ella. Fue la ocasión que, habiendo el cardenal don fray Francisco Ximénez hecho gracia al convento del beneficio de Cubas, una persona que le pretendía procuró impetrarle en Roma, por muerte del que le poseía. Y aconsejaron a la sierva de Dios que procurase de Su Santidad confirmación perpetua de lo que el cardenal había concedido. Esto se hizo por medio de una persona devota del dicho convento y se impetró la bula, en virtud de la cual hoy poseen dicho beneficio, y en la [316] impetración desta bula se gastó alguna cantidad de dineros.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El hecho fue este, y las circunstancias que pudo haber en ello de tan poca advertencia que apenas se alcanzaban: ahora, fuese por haber sido sin consultar al perlado o por gastar aquel dinero sin su licencia o por haberles parecido a algunas que tanta santidad y tan rara como era la de aquella bendita perlada no era para sufrirle mucho tiempo, lo cierto es que la acusación e instancia que se hizo contra ella fue de manera que (permitiéndolo Dios para manifestar su paciencia) el prelado procedió a suspenderla y después a la privación de su oficio, en el cual puso a la vicaria que la había acusado. Y como la sierva de Dios estaba tan acreditada, diose con esto ocasión a que muchos hablasen del caso de muchas maneras poniendo duda en las grandes maravillas que de ella se decían. Pero como quiera que ello fuese, sacó Dios de ahí muy grandes provechos para gloria suya y alabanza de su sierva, porque no solo nos constó de su paciencia, sino de la gran quietud y serenidad de su conciencia en la gran quietud y alegría con que llevó este trabajo, juzgándose no solo digna d’él, sino de otros muchos mayores. Mostró también su ferviente caridad en lo mucho que rogaba a Dios por los que la perseguían, pues para la que más se señalaba en eso impetró perdón de su culpa por sus fervientes oraciones. ''[81]'' Porque, castigándola el Señor con pena temporal, murió poco despues de haber conseguido su pretensión en el oficio de perlada que había deseado, ordenándolo así el Señor, para que se vea cuán poco hay que anhelar por honras ni dignidades en esta vida, pues alcanzadas no pueden asegurarnos la vida, ni librar a sus poseedores de la muerte, que suele venir muchas veces codiciosa de honrarse con las personas que ve más honradas en la tierra. Pues a esta persona luego la salteó la muerte y, siendo fatigada de la última enfermedad, que fue dolor de costado muy fuerte, la sierva de Dios, sor Juana de la Cruz, rogó al Señor con mucha instancia por ella, con que le dio íntimo conocimiento de su culpa y así públicamente pidió della perdón con grandes lágrimas, y murió habiendo recibido los sacramentos y con grandes muestras de contrición y consuelo de las religiosas. ''[82]'' Poco antes que esto sucediese, mostró el Señor a esta su sierva el Infierno abierto y que salían d’él [317] para su convento infinitos demonios, en figuras de diversas bestias. Entonces con muchas lágrimas pidió a Nuestro Señor socorro y que echase de su casa aquella infernal canalla. Y oyéndola Su Majestad, envió ángeles que expeliesen los demonios, de lo cual, quedando la sierva de Dios por una parte consolada y por otra muy temerosa, juntó a sus monjas a capítulo y con muchas lágrimas las dijo: “Oh, hermanas, y qué trocado veo este palacio de la Virgen Nuestra Señora, que le solía ver lleno de ángeles y ahora le veo lleno de demonios. Mis pecados lo deben hacer y no los vuestros, emendemos nuestras vidas y procuremos ejercitarnos de veras en las virtudes y en especial en la caridad y humildad, que son las que más temen los demonios”. En este mismo tiempo, estando la sierva de Dios cercada de enfermedades y trabajos, se puso en oración delante de una imagen de la Oración del Huerto, pidiendo al Señor la ayudase, mirando su flaqueza y el tropel de los trabajos que la cercaban. Oyó el Señor su oración y quiso, para más consuelo de su sierva, hablarla en la misma imagen con voz dolorosa y triste diciendo: “Mi padre celestial, que no quiso revocar la sentencia de mi muerte aunque oré y lloré, no quiere que se revoque la que se ha dado contra ti, sino que se ejecute rigurosamente, para que, fatigada de todas maneras, goces el fruto de la paciencia”. Con esto la sierva de Dios quedó tan confortada que no solo rehusaba los trabajos, sino antes los pedía y anhelaba tras ellos.&lt;br /&gt;
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'''Cap. XVI. De cómo el ángel de su guarda mandó a la sierva de Dios que escribiese las cosas que el Señor le revelaba y de su gloriosa muerte'''&lt;br /&gt;
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Es la misericordia y caridad de Dios tanta que si hace a algunos siervos suyos tan especiales mercedes (como las vemos en esta sierva suya) no las hace para ellos solos, sino para que por medio dellos se aprovechen otros. Así lo afirmaba el apóstol san Pablo cuando decía: “Por eso [318] alcancé yo de mi Dios tan grandes misericordias, para que en mí primeramente mostrase toda paciencia, para información de aquellos que han de creer en él para la vida eterna”. ''[83]'' Pues las mercedes que Dios hizo a esta santa, a ese mismo fin iban encaminadas, y por eso el santo ángel de su guarda le mandó que escribiese las misericordias que Dios le hacía. ''[84]'' Mas ella por su grande humildad se encogía, para escribirlas y allegaba para no hacerlo, ya la poca salud, ya el estar tan gafa de las manos que apenas podía echar una firma. Y así le mandó el ángel que no escribiese más por su mano, sino que lo hiciese escribir por la de otra religiosa (que fue para ella no pequeño tormento), y rehusándolo, dijo a su ángel: “Señor, las mercedes que Dios me ha hecho (y las cosas que su hermosura me ha dicho) han sido todas en secreto, y escribiéndolas por mano ajena, no podrán dexar de publicarse”. Y así con este temor y del juicio de los hombres, como se había visto tan perseguida, dijo al ángel: “Señor, si por esto nos viniese algún mal a mis hermanas y a mí, ¿qué será de nosotras?”. “Dios cuida de ellas y de ti” (dijo el ángel), “no temas, sino haz lo que te mando, porque el Señor que obra estas maravillas en ti, las hace para bien de otros muchos y quiere se escriban y haya memoria dellas, donde no cesarán las mercedes que te hace y tus dolores y persecuciones se aumentarán más de lo que puedes pensar”. Ella, oyendo esto con humildad y temor, obedeció al ángel y comenzó a escribir por mano de otra religiosa, llamada sor María Evangelista, que, según es tradición del convento y consta por información hecha con testigos, no supo leer ni escribir hasta que milagrosamente le concedio el Señor esta gracia para escribir el libro del Conorte, como queda dicho. ''[85]'' Así escribió con mucho acierto la vida y milagros desta bendita virgen. Estos dos libros se han tenido y tienen en el convento como reliquias de mucha estima, valiéndose dellos contra tempestades y truenos y para muchas enfermedades. Viven aún hoy tres religiosas que conocieron a la que los escribió, y se lo oyeron decir muchas veces, y afirman que fue monja de santa vida muy penitente y de mucha oración y que, después de muerta, apareció a otra religiosa en la iglesia con mucho resplandor y con un libro de oro abierto en las manos que fue el que escribió de la beata Juana. Sentía mucho [319] la sierva de Dios ver que nunca se acababa lo que la monja escribía y cuán de asiento se procedía en su escritura. Por lo cual, poco antes que le diese la enfermedad de que murió, rogó al ángel de su guarda que se acontentase con lo escrito y no la obligase a más. Concedióselo y dijo: “Di a tu hermana que cese ya la pluma y no escriba más”. Consolose tanto con esta licencia que la tomó para decirle: “Señor, si las hermanas quisiesen, mucho consuelo sería para mí que se rompiese”. “Haz penitencia de ese atrevimiento” (dijo el ángel), “porque ofendiste a Dios con él”. Con esto se despidió el ángel y cesó la escritura. ''[86]''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Sobre muchas enfermedades que tenía, le envió Dios la última, que fue un muy recio mal de orina, de que estuvo apretada con gravísimos dolores y quince continuos días con esa pena. Tuvo en esta grave enfermedad singular paciencia y grandísimos raptos y familiares coloquios con su ángel. Habló de Dios altísimamente, cual el cisne cercano a la muerte suele cantar muy dulcemente. Y aunque en otras enfermedades no consintió que la curasen los médicos, en esta lo consintió instada por algunas señoras devotas que se lo rogaron. Ellos, viendo que crecía mucho la enfermedad y su flaqueza, la desahuciaron en las primeras visitas, mas ella, como virgen prudentísima, primero que se lo dixesen recibió el viático y la extrema unción y, tres días antes de su muerte, estando en un rapto que le duró dos horas, vio a los apóstoles san Felipe y Santiago y al ángel de su guarda que le dio la deseada nueva de su cercana muerte, la cual estaba ya por el altísimo Señor decretada. ''[87]'' Entonces la bendita virgen con excesivo gozo aceptó aquella sentencia, y rogó a los santos apóstoles que estaban presentes que la ayudasen a dar gracias al Señor por ella y le rogasen que no le revocase, sino que fuese aquella la definitiva sentencia. El día siguiente, cuando la vino a ver el médico, le rogó que no la hiciese más beneficios, porque la voluntad del Señor era llevarla ya desta vida. Esto se supo luego en Madrid y Toledo y muchas señoras (con licencia que tenían de entrar en el convento), deseando hallarse presentes a tan felice muerte, vinieron de muchas partes; y en especial la señora doña Isabel de Mendoza, señora de la villa de Casarrubios, esta fue de las primeras y se halló presente a las misericordias [320] y maravillas que Dios hizo a su sierva en aquella hora, que fueron para echar el sello a las muchas que la había hecho en su vida. Primeramente, viernes primero día de mayo, día de los apóstoles san Filipe y Santiago, estando la sierva de Dios en sus sentidos, vio con los ojos del cuerpo algunas visiones, de las cuales no quiso decir alguna a las monjas, aunque se lo rogaron muchas. La misma noche deste día dio una gran voz diciendo: “¡Ay de mí, ay de mí! ¡Cómo me he descuidado!”. Aquella noche se arrobó muchas veces y entrando en la agonía de la muerte, entró en la última batalla con el enemigo del género humano (como otro san Hilarión), según que lo echaron de ver los que se hallaron presentes, y se apareció en las cosas que decía. Porque unas veces callaba, otras respondía como si hablara con otra persona diciendo: “¡Oh, qué cruel espada! Téngale, téngale, no me mate con ella”. Y de allí a poco rato dijo: “llámenmela, llámenmela que se va”. Y preguntándola a quién quería que llamasen, dijo que a la bendita Madalena. [88] Sosegose un poco y volvió a decir con mucho afecto: “Vamos, madre de Dios, vamos, que es tarde”. Después de todo esto, dijo con notable ánimo y afecto: “Echadle de ahí, echadle de ahí”. Y fue que en este conflicto la desampararon los santos, permitiéndolo el Señor, para que a solas venciese en la muerte, al que había vencido tantas veces en vida. Todo el tiempo que duró este combate (que fue gran rato) se lamentaba mucho diciendo: “Oh, a qué mal tiempo mehabéis dejado”. Y después dijo: “Señor, ¿sola me dejaste?, pues echad de ahí a ese demonio, que no tiene parte en mí. Mal año para él”. Y vuelta a las religiosas dijo: “Hermanas, levántenme de aquí, daré a mi criador el alma”. Y de ahí a poco, como hablando con otras personas decía: “Búsquenmele, búsquenmele, a mi Señor Jesuchristo. Hálleme él a mí, y yo le hallaré a él. ¿Por qué me le habéis llevado? Dejadme, le iré yo a buscar, aunque estoy desconyuntada”. Preguntáronla las religiosas, a quién quería que le buscasen. Y dijo: “A mi Señor Jesuchristo”. “¿Pues dónde le hallaremos madre?” “En el huerto” (dijo ella) y como aquejada de mucho dolor, con gran sospiro dijo: “Oh, madre de Dios, Iesús qué crueldad, qué crueldad, sobrepuje Señor mío la misericordia a la justicia. ¡Jesús, y qué angustia!”. Y volviendo el rostro a las religiosas dijo muy congojada: “Ayudadme a rogar”. Y paró con [321] la palabra en la boca. Y las monjas muy afligidas dijeron: “¿Qué quiere madre que la ayudemos a rogar?”; respondió: “Que sobrepuje la misericordia a la justicia”. Tras lo cual, muy alegre, comenzó a decir: “Vamos, vamos”, “¡Oh, a qué punto!”, “¡oh, a qué punto!”. Y esto repetía muchas veces. El médico que asistía a su cabecera, viendo estas maravillas dijo: “Dichoso monasterio, que tal alma envías al Cielo, de donde te hará más favores que teniéndola en Tierra”, y respondió la santa: “Podría ser”. A todo esto había cuatro horas que estaba sin habla y tres días sin comer: entonces levantando la voz, volvió a decir: “Amigas mías, llevadme, llevadme luego”. Preguntáronla con quién hablaba y respondió que con las santas y vírgenes. Dijéronla: “Pues, ¿con quién ha de ir, madre?”, “Con Jesuchristo, mi esposo” (respondió). Y decía: “¿Por qué me escondéis a mi Señor y a mi Reina?”, oyendo esto las religiosas, le mostraron una imagen de Nuestra Señora, y adorándola dijo: “No es ella, volvedme, volvedme a mi reina y señora”. Y preguntándola si estaba allí la madre Dios, dijo: “Sí, y mis ángeles y mis santos”. Y dijo: “Vamos Señora mía, vamos”. Y tornó luego a decir con grande alegría: “Hacedle lugar aquí a mi lado, junto a mí”. Y de allí a poco dijo: “Oh, padre mío”, y pensaron las religiosas que hablaba con el padre san Francisco. Y aunque habían estado con la enferma velando toda la noche del sábado, no se les hizo un momento.&lt;br /&gt;
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Llegada la mañana del día de santo Domingo, dijo: “Ea pues, dulce Jesús, vamos de aquí, Señor mío, vamos presto, mi redentor”. Entonces las religiosas, viendo que su consuelo se les acababa y su sol se les ponía, hicieron procesiones, oraciones y disciplinas, rogando al Señor no las privase de tanto bien y diese salud a su bendita madre. Besáronla todas la mano, y ella bendijo a las presentes y absentes y a todos sus devotos. Tornó luego a decir: “Vamos Señor, redentor mío, vamos de aquí”. Preguntáronla si estaba allí el Señor; dijo que sí, y también su santísima madre. Domingo de mañana llegó el médico a la enferma, diciendo: “Paréceme, madre, que se nos va; díganos ¿quién la acompaña en ese camino?”, “Mi Señora la Virgen María” (dijo ella) “y el ángel de mi guarda y mis ángeles y mis santos”. Púsose luego su rostro resplandeciente y hermoso, como cuando solía estar en los raptos, y habiendo tenido hasta aquel punto muy mal olor de boca, ''[89]'' causado de su [322] enfermedad, desde entonces salía della tal suavidad y fragancia que parecía cosa del Cielo, y de allí a un rato con nuevo fervor, como si hablara con otras personas, dijo: “Albricias, dadme albricias”. Esto hacía con tanta alegría, que juzgaron los que allí estaban que su celestial esposo adornaba ya aquella santa alma con las joyas de su desposorio. Quedó la bendita virgen llena de aquel suave olory su rostro muy resplandeciente y los labios encarnados como un coral, con una quietud y alegría admirable, y así estuvo sin hablar palabra, desde el sábado hasta el domingo después de vísperas, día de la Invención de la Cruz, en el mismo que nació, tomó hábito y profesó. Pues este dichoso día a las tres de la tarde, leyendo la Pasión, con un regocijo extraño dio su alma a su celestial esposo, año de 1534, a los cincuenta y tres de su edad, y los cuarenta de su conversión a la orden.&lt;br /&gt;
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Quedaron los circunstantes admirados de la quietud y apacibilidad con que había acabado, habiéndole cesado para la hora de la muerte todos los dolores (que suelen en aquella hora apretar más los cordeles) y esto fue muchas horas antes de su dichoso tránsito. Una gran sierva de Dios llamada María de San Juan, que al mismo tiempo era religiosa en el convento de la Concepción de la ciudad de Almería, muy semejante en virtud y santidad a la santa Juana, y tan amigas las dos que con estar tan lejos se comunicaban en espíritu muchas veces, dijo que, cuatro días después de su muerte, la apareció la bendita sor Juana de la Cruz. ''[90]'' Cercada de algunos santos y ángeles, y admirada, preguntó al de su guarda cómo la aparecía tan mejorada y en tan diferente figura que otras veces, colocada en tan altos grados de gloria; respondió el ángel que estaba ya desatada de las ataduras del cuerpo. Y bajando aquella bendita alma, se abrazaron las dos y le dijo esta sierva del Señor: “¿Cómo, hermana, esto sin mí?”, “Sí, hermana” (respondió), “que se cumplió la voluntad del poderoso Señor y ha cuatro días que salí de la vida mortal, donde tuve mi purgatorio, y dos días antes que expirase, comenzó mi ánima a sentir el gozo de la bienaventuranza y a tener prendas de la gloria”. Cuando se tuvo noticia de esta revelación, se entendió mejor la causa de la mudanza de la sierva del Señor dos horas antes de su muerte.&lt;br /&gt;
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'''Cap. XVII. De algunos milagros que acaecieron después de su dichosa muerte y de la incorruptibilidad y entereza de su cuerpo'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Luego como esta gran sierva de Dios pasó desta vida, fue tan grande el concurso de la gente que venían para ver y venerar sus santos cuerpos, que pareció (a los religiosos que trataban de su sepultura) convenía que se sacase en procesión fuera del convento, para satisfacer a la devoción de todos. Y un tullido del todo llegando a tocar el santo cuerpo y a besar el hábito, quedó luego sano y dejó allí dos muletas con que andaba. ''[91]'' También una religiosa enferma que tenía una hinchazón muy grande y muchos dolores, tocando el cuerpo difunto, sanó. Lo mismo acaeció a otro hombre, que padecía gran dolor de muelas. Tornando la procesión al convento, hallaron mensajeros de grandes personas con cartas que pedían se dilatase el entierro hasta que llegasen, que ya venían, y así le tuvieron cinco días sin enterrar, saliendo siempre del cuerpo aquel suavísimo olor que dijimos. Fue la gente que vino de Madrid y Toledo y de otras partes tanta que cubría los caminos, los campos, por lo cual, y porque la inquietud era grande y determinaron que se entregase a la tierra aquel precioso tesoro, enterráronle sin ataud, ni otra defensa que pudiese conservarle entero; antes después de cubierto de tierra, echaron sobre él cantidad de agua para allanar la tierra, y fue cosa notable que depués de haber estado debajo de la tierra siete años aquel santo cuerpo, y después (a instancia grande de personas muchas y muy principales) transladándole (para lo cual se fabricó un arco al lado derecho de la capilla mayor, en el altar que divide la capilla mayor del claustro) preparado todo lo necesario, se abrió la sepultura, creyendo estaría el cuerpo ya resuelto, y se halló tan entero, tan fresco y con tan lindo olor como cuando fue sepultado. ''[92]'' Espantados desto, creció la devoción, y el hábito con que fue enterrada, se partieron pedazos, y le vistieron otro de damasco pardo, y colocándola con mucha veneración en la dicha sepultura, se le puso [324] con dos rejas de hierro fuertes y doradas y una lámpara de plata que arde delante del santo cuerpo, donde está muy venerado de todos los que de muy lejanas tierras vienen a visitarle, y tienen allí sus novenas. Y el día que murió, celebra con gran devoción fiesta la villa de Cubas y vienen en procesión al dicho convento, con otros lugares de la comarca, ''[93]'' y dicen la misa mayor delante del mismo cuerpo, en un altar portátil que se pone para este efecto, y se predican las excelencias desta gran sierva de Dios, y da la villa caridad de pan y vino y queso a innumerable gente que allí se llega. Y creciendo la devoción, por particulares beneficios que por la sierva de Dios muchos han recibido, le han ofrecido nueve lámparas de plata que arden de día y de noche delante de su cuerpo, con que está muy venerado. Después de la dicha translación, no consta que la dicha caja se haya abierto, hasta el año de 1552, cuando ajuntándose mucha gente principal en procesión, se abrió, y fue hallado entero con tan buen olor como la primera vez, de lo cual se hizo acto público y está guardado en dicho convento, y lo mismo se ve en el día de hoy y, en diferentes visuras que se han hecho, se ha hallado estar de la misma manera.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
La primera vez que en este tiempo le descubrieron sucedieron algunas cosas bien dignas de memoria. El año de 1602 vino a Madrid el reverendísimo padre fray Francisco de Sosa, Ministro General de toda nuestra sagrada religión, y después de haber estado allí algunos días, partió a Toledo, y en el camino acordó de entrar en el convento de Santa Cruz de Cubas, donde fue recibido con la solemnidad que se acostumbran recibir los Generales, y entrando en el monasterio, y hecha plática espiritual a las religiosas en el coro, fue a la enfermería, donde había una religiosa muy anciana, la cual se había hallado a la última translación que se hizo del cuerpo de la beata sor Juana, y relatando al Padre General las cosas que habían acaecido en ella, le dio deseo de ver el santo cuerpo, lo cual se puso en obra con toda la diligencia posible, y abierto el ataúd, hallaron el santo cuerpo tan entero y fresco como las otras veces que le habían descubierto. ''[94]'' Estaba la sierva de Dios vestida de un hábito de damasco pardo, con dos tocas muy blancas en la cabeza, porque cuando murió no llevaban velo negro las monjas. Tenía una cruz en las [325] manos, y una sarta pequeña de naranjillas al cuello y todos con gran consolación y muchas lágrimas veneraron el santo cuerpo y le llegaron a la reja, para que la gente que allí estaba le viese, que no fue poca maravilla ajuntarse tanta gente en pocas horas que estuvo la iglesia llena, como si se hubiera publicado muchos días antes en toda la comarca. El Padre General quitó la toca de sierva de Dios y las naranjillas que tenía al cuello y lo repartió entre los frayles y monjas, y tomando de una de las circunstantes su velo y otra sarta de cuentas, se lo puso a la beata Juana. Y sucedió otra cosa el mismo día también maravillosa, y fue que quitando el Padre General al dicho cuerpo el dedo meñique de un pie, constó después que había salido sangre d’él, como se vio en la ropa que tenía vestida, aunque entonces no se advirtió en ello, ''[95]'' porque el dicho Padre General quitó el dedo con secreto tirando d’él con la mano. Después acá se ha tornado a abrir el arca varias veces, continuando el testimonio de la incorruptibilidad del dicho cuerpo, el cual se guarda en dicho monasterio, para la gloria de Dios y honra de su santa.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
===Notas===&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[1]'' Al margen izquierdo: “El rey Felipo Tercero mandó que dicho libro revisto saliese otra vez”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[2]'' Al margen derecho: “Vino al mundo por petición de la santísima Virgen nuestra Señora.”&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[3]'' Al margen derecho: “Cuéntase el aparecimiento de nuestra Señora a la pastorcica Inés”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[4]'' Al margen derecho: “Edificose convento de monjas de la 3ª orden donde tomó el hábito y fue abadesa Inés.”&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[5]'' Al margen izquierdo: “Luego en naciendo dio muestras de santidad.”&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[6]'' Al margen derecho: “Aparécesele el ángel de su guarda.”&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[7]'' Al margen derecho: “Veía en la hostia a Christo nuestro Señor.”&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[8]'' Al margen izquierdo: “Tuvo revelación de la santidad de sor Juana”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[9]'' Al margen izquierdo: “No quiso ser monja donde tuviese parienta”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[10]'' Al margen derecho: “Las asperezas que hacía”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[11]'' Al margen derecho: “Los cilicios que traía”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[12]'' Al margen derecho: “En qué ejercicios pasaba las noches”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[13]'' Al margen izquierdo: “Aparécese la Virgen santísima con su hijo”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[14]'' Al margen izquierdo: “Aparece el Señor y le promete de traerla a la religión”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[15]'' Al margen izquierdo: “Vase al convento de santa Cruz en hábito de varón”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[16]'' Al margen izquierdo: “Háblale el ángel de su guarda”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[17]''  Al margen derecho: “Pide el hábito a la abadesa”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[18]'' Al margen derecho: “Vístenla el hábito a 3 de mayo”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[19]'' Al margen izquierdo: “Perseguían y azotábanla los demonios”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[20]'' Al margen izquierdo: “Cúrala el ángel de su guarda”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[21]'' Al margen izquierdo: “Psal. 138”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[22]'' Al margen izquierdo: “Tract. 24 in Ioan”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[23]'' Al margen derecho: “El modo como se desposó Christo con la santa”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[24]'' Al margen derecho: “Cómo se había con la santa comunión”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[25]'' Al margen derecho: “Cómo comulgaba espiritualmente”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[26]'' Al margen izquierdo: “De las maravillas que le acaecieron comulgando”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[27]'' Al margen izquierdo: “Abriose la pared para que viese el Santísimo Sacramento”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[28]'' Al margen derecho: “Los ángeles le trajeron una hostia consagrada”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[29]'' Al margen derecho: “Trataba con los ángeles como un amigo con otro”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[30]'' Al margen derecho: “Como se llamaba su ángel custodio”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[31]'' Al margen derecho: “Nota que los ángeles no son corpóreos”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[32]'' Al margen derecho: “S. Tho. 1. p. quart. 50, art. 1”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[33]'' Al margen izquierdo: “Trata sus desconsuelos con el ángel”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[34]'' Al margen izquierdo: “Fue devotísima de san Antonio de Padua y se la apareció”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[35]'' Al margen derecho: “Lo que se alegraron las monjas de verla abadesa”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[36]'' Al margen izquierdo: “El ángel de su guarda la enseñaba lo que había de hacer”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[37]'' Al margen izquierdo: “Por su intercesión fue una alma librada del purgatorio”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[38]'' Al margen derecho: “Resucita a una niña muerta”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[39]'' Al margen derecho: “Sanó a una enferma de dolor de costado”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[40]'' Al margen izquierdo: “Sanó a otros enfermos”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[41]'' Al margen derecho: “La razón por que son tan estimadas sus cuentas”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[42]'' Al margen derecho: “Exo. 16.2. Maca. 15”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[43]'' Al margen derecho: “Surio tom. 3. S. Ant. 3, p. hist. tit. 24, c. 13. Aquilino lib. 1.c.25. Pedro Sánchez li.del Reybo de Dios ca. 4. nu 34. Tritemio in Compen. Anna li. 1p.2”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[44]'' Al margen izquierdo: “Ludovicus Viu ildus lib. de laudibus tri Liriorum Francia”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[45]'' Al margen izquierdo: “Monarch. Ecclesiast. 2. p. li. 26. ca. 7. S. 4”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[46]'' Al margen izquierdo: “Piden las monjas que alcance de Dios algunas gracias para sus rosarios”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[47]'' Al margen derecho: “Son llevadas las cuentas al Cielo por el Ángel”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[48]'' Al margen derecho: “El Ángel vuelve las cuentas benditas”&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[49]'' Al margen izquierdo: “Virtudes de las cuentas”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[50]'' Al margen izquierdo: “Estimaron estas cuentas Philipo II y III y la reina su mujer. Clemente octavo llevó consigo una cuenta”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[51]'' Puñonrostro en su forma actual.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[52]'' Al margen izquierdo: “Testimonio de dos santos religiosos acerca de las cuentas”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[53]'' Al margen derecho: “Contra demonios”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[54]'' Al margen derecho: “Las cuentas tocadas a las originales, tienen la misma virtud que ellas”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[55]'' Al margen izquierdo: “Notable milagro de las cuentas tocadas contra demonios”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[56]'' Al margen izquierdo: “Aparece el demonio en figura de Christo crucificado”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[57]'' Al margen izquierdo: “Isaía 6”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[58]'' Al margen derecho: “Visitola S. Bárbara”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[59]'' Al margen derecho: “ Apareces el alma de un niño”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[60]'' Al margen izquierdo: “Vee a Christo y a su madre y alcanza favores para una imagen suya”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[61]'' Al margen derecho: “Revelación de la Resurrección”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[62]'' Al margen derecho: “Declaraba lugares de Escrituras”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[63]'' Al margen izquierdo: “Libra del demonio una niña de siete meses”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[64]'' Al margen izquierdo: “Math. 10”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[65]'' Al margen derecho: “Luca 21”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[66]'' Al margen derecho: “Hablaba diferentes lenguas”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[67]'' Al margen derecho: “Una monja que no sabía leer, ni escribir, escribió sus sermones”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[68]'' Al margen izquierdo: “Llagola el Señor en los pies y las manos, con las señales de su Pasión”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[69]'' Al margen derecho: “Fuele mostrado el martirio de san Acacio y sus compañeros”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[70]'' Al margen izquierdo: “Aparece Christo y habla con ella”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[71]'' Al margen derecho: “Sanola el apostol san Pedro de la sordez”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[72]'' Ilegible. Este fragmento es ilegible en este ejemplar. El mismo pasaje lo recoge el P. Daza en su biografía y reza lo siguiente: “era esta ánima de una gran señora de Castilla (que poco antes avía muerto) la qual dixo a la beata Juana, que por quanto sus penas eran grandísimas, le rogava la encomendase a Dios”. Daza, A., ''Historia, vida y milagros, éxtasis y revelaciones de la bienaventurada santa Juana de la Cruz, de la Tercera orden de nuestro Seráfico Padre san Francisco'' (Lérida, Luis Marescal, 1613, fols. 174v-175r).&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[73]'' Ilegible. Mancha en el documento.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[74]'' Ilegible. Mancha en el documento.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[75]'' Al margen izquierdo: “Vio padecer el alma de un prelado”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[76]'' Al margen izquierdo: “Aparécesele una alma en figura muy formidable”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[77]'' Al margen derecho: “Por su intercesión es librada un alma de purgatorio”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[78]'' Al margen izquierdo: “Vee a la reina del Cielo acompañada de muchos santos que van al purgatorio”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[79]'' Al margen izquierdo: “Padecía excesivos dolores en todo el cuerpo”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[80]'' Al margen derecho: “Mostró su grande paciencia en una persecución”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[81]'' Al margen izquierdo: “Mostró su ferviente charidad, rogando por quien la perseguía”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[82]'' Al margen izquierdo: “Vio el infierno abierto”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[83]'' Al margen derecho: “I. ad Timot. 1”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[84]'' Al margen izquierdo: “Mándale el Ángel que escriba las misericordias que Dios le hacía”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[85]'' Al margen derecho: “Escribió su vida una religiosa que no sabía leer ni escribir”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[86]'' Al margen derecho: “Pide al Ángel que se rompa la escritura de su vida”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[87]'' Al margen derecho: “Aparécele antes de su muerte san Felipe y Santiago y el Ángel le anuncia la muerte”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[88]'' Al margen izquierdo: “Vio a la madre de Dios y a la Madalena”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[89]'' Al margen derecho: “El mal olor de la boca se le convierte en bueno”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[90]'' Al margen izquierdo: “Aparece cuatro días después de su muerte a una religiosa”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[91]'' Al margen derecho: “Un tullido sana tocando su cuerpo y otros enfermos”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[92]'' Al margen derecho: “Es hallado su cuerpo incorrupto después de 7 años”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[93]'' Al margen izquierdo: “Celebra fiesta la villa de Cubas el día que murió”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[94]'' Al margen izquierdo: “El reverendísimo fray Francisco de Sola, ministro General, abrió el arca y halló el cuerpo incorrupto”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[95]'' Al margen derecho: “Sale sangre cortándole un dedo del pie”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
= Vida impresa (9)=&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Ed. de [https://visionarias.es/equipo/marta-amoros-tenorio/ Marta Amorós Tenório]; fecha de edición: enero de 2026.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
== Fuente ==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[[Archivo:Portada1613.jpg|250px|right|link=]]&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[http://catalogodesantasvivas.visionarias.es/index.php/Categor%C3%ADa:Antonio_Daza Daza, Antonio], 1613.'' Historia, vida y milagros, éxtasis y revelaciones de la bienaventurada virgen sor Juana de la Cruz, de la Tercera Orden de nuestro seráfico padre San Francisco''. Madrid: Luis Sánchez.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[[Contexto material del impreso Historia, vida y milagros, éxtasis y revelaciones de la bienaventurada virgen santa Juana de la Cruz, de la Tercera Orden de nuestro seráfico padre San Francisco, de 1613]].&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==Criterios de edición==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Se unifican estilo, efecto y tamaño de letra para títulos de los distintos preliminares y otros paratextos, así como de los capítulos del texto central. Se aplican reglas ortográficas en relación con títulos, términos en latín y destacado de palabras conforme a las normas actuales de la Ortografía de la RAE.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Indico la foliación y/o signatura tipográfica expresada en el texto base o reconstruida atendiendo a su continuación lógica, añadiendo, cuando se trate de folios y no de páginas, si se trata del recto o del vuelto. Para una mejor comprensión de esta cuestión, véase la ficha bibliográfica de la obra.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Después de la biografía y los paratextos finales, conforme a los criterios generales de edición del Catálogo, se añaden las aclaraciones necesarias, junto con la edición de las notas marginales del texto referidas a fuentes y las que sirven de guía. En la presente edición, sin embargo, aquellas notas que glosen el contenido del cuerpo del texto base, aportando otro tipo de aclaraciones (por ejemplo, de carácter doctrinal o teológico), se indicarán entre paréntesis y en cursiva en el cuerpo del texto; al final se explicitará su ubicación original. Así pues, las notas propias se distinguirán de las del texto editado porque las primeras resaltarán siempre en negrita la parte del texto que se anota.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==Vida de Juana de la Cruz==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Vida en disponible en: ''[[Historia, vida y milagros, éxtasis y revelaciones de la bienaventurada virgen sor Juana de la Cruz]], de la Tercera Orden de nuestro seráfico padre San Francisco''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
= Vida impresa (10)=&lt;br /&gt;
Edición y traducción de [https://visionarias.es/equipo/aitor-boada-benito/ Aitor Boada Benito]; fecha de edición: abril de 2025.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
== Fuente ==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
* [http://catalogodesantasvivas.visionarias.es/index.php/Categor%C3%ADa:Luca_Waddingo Waddingo, Fr. Luca], 1654. ''Annales minorum in quibus res omnes trium ordinem a S. Francisco institorum ex fide ponderosius afferuntur, calumniae refelluntur…'', tomo VIII, Romae, Ex Typographia Joannis Petri Collinii, pp. 568-579.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Vida en latín disponible en: [[Annales minorum in quibus res omnes trium ordinem a S. Francisco institorum ex fide ponderosius afferuntur, calumniae refelluntur…]]&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[[Contexto material del impreso Annales minorum in quibus res omnes trium ordinem a S. Francisco institorum ex fide ponderosius afferuntur, calumniae refelluntur…]].&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==Criterios de traducción==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
La traducción ha seguido los siguientes criterios:&lt;br /&gt;
* Los nombres propios y topónimos se presentan en su forma moderna (p. e. “arzobispo Cramner” [568], “Almería” [577], etc.).&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
* La numeración de los capítulos y la separación de párrafos siguen las del manuscrito.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==Vida de Juana de la Cruz==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[568] Año de Cristo 1534. Año 16 del emperador Carlos V. Año 11 de Clemente VII. Año 327 de la Reelección de Minerva.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''XXXIX'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Ese mismo año falleció la religiosa Juana de la Cruz, española, en el monasterio de Santa María de la Cruz, cerca del pueblo de Cubas, en la diócesis de Toledo, de cuya fundación hemos hablado antes. Prometimos narrar la vida y hazañas de esta virgen, célebre entre los españoles y extranjeros. El monasterio había caído en una profunda crisis debido a la desafortunada gestión de Inés, su fundadora y primera abadesa, aunque con el tiempo se arrepintió por gracia de Dios. La Virgen María quiso que Juana fuera la restauradora de esta casa. Nació en una humilde aldea de la ya mencionada diócesis, en el hogar de Juan Vázquez y Catalina Gutiérrez, devotos campesinos. Desde su concepción, Dios la llenó de dones y gracias, pues parecía haber sido llamada desde el vientre materno para su servicio [69] divino. De hecho, no había nacido aún cuando ya comenzaba a abundar en dones celestiales. Antes del uso de razón, no buscaba el pecho materno en los días de viernes, tenía visiones celestiales y era liberada de males y enfermedades, a veces por el favor de la bienaventurada Virgen María, a veces por san Bartolomé. A los cuatro años, vio la gloria del Paraíso, a Cristo niño bajo las especies sacramentales y al ángel que le había sido destinado como custodio. Al hacerse mayor, no se dedicaba a juegos propios de niñas, no hacía nada indecoroso, no pronunciaba palabra ociosa, sino que, siempre entregada a la oración, mantenía conversaciones sobre lo divino. A los siete años, tras la reciente muerte de su madre, decidió, junto con su piadosa tía aún joven, ingresar en el monasterio real de Santo Domingo en Toledo. Pero Dios, que la quería como restauradora de Cubas, lo impidió dos y tres veces, y frustró las artimañas de las monjas que querían capturarla con engaños. Trasladada a la casa de los tíos, administraba los asuntos domésticos con suma prudencia y castigaba su cuerpo con admirable penitencia. Se cubría con un áspero cilicio tejido por ella misma, se flagelaba con dureza, debilitaba su cuerpo con continuos ayunos a pan y agua, a veces sin comer nada durante tres días. En las noches más frías, salía de su lecho y, cubierta solo con un cilicio, prolongaba su oración ante la imagen de Cristo hasta el amanecer.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''XL'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Acostumbrada a las visiones divinas, vio a los serafines vertiendo, en vasos de oro, las aguas de los beneficios celestiales; a Cristo en distintos momentos sufriendo diversos tormentos de la Pasión; a la Virgen María llevando en sus brazos al Niño Jesús y mirándolo con ojos de amor. Estos favores celestiales encendían aún más en ella el deseo de la vida monástica, que anhelaba ardientemente para poder recibir más libremente las misiones divinas, libre de las preocupaciones del mundo. Con el mayor afecto que le era posible, suplicaba ante la imagen de Cristo, que llaman la Verónica y que siempre llevaba consigo, para que finalmente le concediera esta gracia. Entonces, Cristo, apareciéndosele bajo esa misma imagen, le dijo que la tomaría como esposa. Aunque muchas veces intentó alcanzar lo que con tanto empeño deseaba, su padre y sus tíos se lo impidieron. Finalmente, con ánimo viril, decidió eliminar todos los obstáculos y, despreciando la autoridad de quienes se oponían, se cubrió con vestiduras de varón, se armó con una espada y salió cautelosamente de su casa, emprendiendo el camino hacia el monasterio de Cubas, que distaba dos leguas. Satanás se presentó de inmediato para interrumpir su camino y, mostrándole muchos peligros y dificultades, la llenó de temor y la hizo desfallecer de ánimo. Cayendo a tierra, escuchó tres veces una voz del cielo que le decía: “Sé valiente, continúa el camino emprendido, Dios será tu ayuda”. Aunque en ese momento no vio a nadie, más tarde supo que aquel que la había animado era su Ángel Custodio, que la fortalecía en su debilidad. Poco después de avanzar, vio que la seguía un joven de Illescas montado a caballo, que con frecuencia había pedido a su padre que se la concediera por esposa. Aterrorizada por tal peligro, invocó la ayuda de Dios y se desvió un poco del camino hasta que el pretendiente pasó de largo. Arrodillada, dio gracias por el favor recibido y rogó a la Madre de Dios que le fuera propicia en su viaje hacia la casa de su Señor. [Entonces] se le apareció la Santísima Virgen, animándola a tener buen ánimo y asegurándole que sería la restauradora de aquella casa. Cuando llegó al templo del monasterio, retomó sus vestiduras femeninas, que llevaba consigo envueltas en un fardo. Luego, acercándose a la puerta del convento, al ver la imagen de la bienaventurada Virgen colocada en lo alto, oró para que hiciera próspero su deseo. Recibió la respuesta de que todo le iría bien. La Virgen se alegraba de su llegada y le concedió el poder de renovar aquella casa, subsanando errores, eliminando abusos, estableciendo leyes justas y cultivando virtudes. Animada por estos favores, con gran confianza se dirigió a la abadesa, le relató el curso de su vida y de su viaje, y le pidió ser admitida en la comunidad de las hermanas. Tras consultar con ellas y con el ministro provincial –que, habiéndose ido de allí [es decir, Cubas], ya estaba de vuelta desde hace poco por disposición de Dios–, fue aceptada con la aprobación de todos, aunque con gran oposición de su padre y de sus tíos, que se presentaron [allí] antes de que ella ingresara en el monasterio.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''XLI'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Una vez alcanzado su deseo, abrazó con el máximo fervor la vida monástica. Se impuso a sí misma un silencio perpetuo, la máxima abstinencia posible, admirables formas de penitencia, un sueño brevísimo, vestiduras humildes, el desprecio de sí misma, y hallaba consuelo en los trabajos y en las labores manuales. En todo consideraba por [579] quién y para quiénes trabajaba. No obstante, siempre siguió la vida común, sin emprender nada singular que no fuera aprobado por el juicio de la priora o del confesor.  Una vez, se acercó a este último, consumida por el dolor y las lágrimas porque, estando acostumbrada desde la infancia a ver a Cristo en la comunión sacramental, en la última ocasión no lo había visto. Con una asombrosa simplicidad, creía que todos los que recibían el sacramento de la Eucaristía veían a Cristo corporalmente y que, por lo tanto, se le había negado esta gracia, bien por alguna culpa suya, bien por algún defecto del sacerdote en la consagración. El confesor, actuando como padre y consolador, le explicó que debía considerar aquello como un beneficio, pues el Señor a veces se oculta y retira sus favores para que sean buscados con mayor ardor y para que quienes los reciben en tal abundancia se humillen ante Dios. Pues, así como a Pablo le fue dado un aguijón en la carne y un ángel de Satanás que lo golpeara, para que la grandeza de sus revelaciones no lo enalteciera, de la misma manera Dios priva a sus elegidos de ciertos dones para fortalecerlos en la humildad.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''XLII'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Justo después de emitir solemnemente su profesión —en la que quiso llamarse “de la santa Cruz”, tanto porque el monasterio se llamaba Santa María de la Cruz como porque había nacido el día de la Invención de la Santa Cruz—, comenzó a florecer con una virtud aún más robusta y a brillar con una santidad más evidente. Dios confirmó esto con muchas y grandes señales. Un vaso de alfarero, roto por descuido, fue completamente restaurado por sus oraciones. Una monja fue sanada, primero de una fiebre terciana y luego de un peligroso tumor en el pecho gracias a sus méritos. Una joven, afligida por una dolencia en el corazón, fue liberada cuando ella le impuso las manos. Siendo encargada del hospital, atendía a las enfermas con una caridad increíble. En ocasiones, pedía a Dios que le transfiriera sus enfermedades, y era escuchada. Por más vil o impuro que fuera, en este ejercicio de amor religioso no rechazaba nada. Más tarde, al ser trasladada al oficio de portera y encargada de la rueda del torno, ejercitó con frecuencia la virtud de la paciencia, tanto por la dureza de aquel tipo de servicio como por la autoridad de su compañera mayor, que le daba órdenes con un modo de proceder poco prudente. Pero ella, en todo muy obediente, jamás se resistió a los mandatos ni respondió con impaciencia, sino que, con la mayor humildad, terminaba todo rápidamente. Por ello, mereció tener a Cristo como su alentador con frecuencia y verlo bajo la apariencia de un niño. En una ocasión, la bienaventurada Virgen María lo tomó de sus brazos y la invitó a un jardín, donde, disfrutando de la conversación de la Madre y el Hijo, fue llamada por el repique de una campana a la puerta. Tras cumplir su deber, regresó y los encontró todavía esperándola, alabando su virtud de obediencia, y enseñándole así que a veces es necesario dejar a Dios por Dios. Por el resplandor del amor divino se iluminaba su rostro, y sus hermanas comprendieron que había tenido visiones celestiales. En otra ocasión, mientras trabajaba en la sala común, fue arrebatada en éxtasis y mereció recibir a Cristo de las manos de su Madre. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''XLIII'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Ardía de tal deseo que deseaba recibir todos los días el santísimo Sacramento de la Eucaristía, pero, por la debida reverencia y humildad, se abstuvo, contentándose con aquellos que su confesor le indicaba. Los otros [días] lo [el sacramento] recibía espiritualmente con su afecto interno, y al hacer voto de comer ese pan celestial, sentía el fruto y la utilidad de este, a través de una fe viva que obra por el amor. Al oír la campanilla anunciando la hostia para la adoración, a la que el sacerdote se disponía a elevar, acudió rápidamente para venerarla. Pero, cuando intentó llegar al altar desde donde poder contemplarla, no pudo llegar a tiempo. Entonces, inclinándose en el suelo con el deseo de adorar lo que no podía ver con los ojos, de repente, por una gran grieta en la pared, le fue permitido ver claramente lo que deseaba venerar con devoción; aún permanecen señales de esa grieta. Como un milagro aún mayor, desde las dependencias del monasterio, a través de tres o cuatro paredes, veía y adoraba el mismo objeto divino que Dios, accediendo a los votos de su esposa, le mostraba. A un hombre que moría en pecado, sin saberlo el párroco, administró la santa comida para el viático, pero rápidamente falleció. Los ángeles, llevándolo por su boca impura, lo acercaron a la habitación de Juana y lo colocaron en un lugar adecuado. El ángel custodio reveló este asunto a Juana. Ella, al regresar de un largo éxtasis, recibió la santa comunión de manera piadosa y reverente, tal como el ángel le había ordenado. Este hecho lo relata con mayor detalle Pedro Navarro haciendo uso de notables testimonios.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[571]&lt;br /&gt;
'''XLIV'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Es un gran beneficio de Dios hacia la virgen el que haya designado para su custodia a uno de los supremos espíritus. Este, como protector de grandes y eminentes santos, cuidaba de ella con tanto esmero, tanto amor y prontitud, apartando el daño tanto del cuerpo como del alma, asistiendo a quien lo invocaba, renovando con consuelos celestiales, de tal modo que en las necesidades se mostraba como un padre, en las tribulaciones como refugio, en las dudas como maestro, en la tristeza como lenitivo, y finalmente, en todo, parecía estar dispuesto a cumplir con su deseo. A menudo se le aparecía bajo diversas y preciosísimas formas, y revelaba secretos celestiales; cuidaba de los asuntos del monasterio de sus amigas y hermanas de tal modo que los beneficios que le proporcionaba a ella eran evidentes para sus compañeras, quienes se le entregaban completamente y se encomendaban a su custodio y a sí mismas [redactar mejor, no sé si esto tiene sentido]. También tuvo conversaciones familiares con otros ángeles, especialmente con los custodios de sus hermanas del monasterio. A través de sus apariciones, y de los rostros tristes o alegres, podía reconocer en qué aspectos algunas fallaban y en cuáles otras progresaban. De ellos aprendió muchas enseñanzas santas y salutíferas, con las cuales instruía a las monjas del monasterio mientras las dirigía. A menudo era transportada en el aire, disfrutando de los deleites celestiales, de los cuales recibía además conocimiento sobre lo que ocurría entre las hermanas del monasterio. Su Custodio le reveló lo que más deseaba: la causa y la secuencia de la batalla de los ángeles, la victoria de los buenos, la caída de los malvados, y su castigo final a través de diversas regiones sublunares.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''XLV'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Frecuentemente, se le veía arrebatada y elevada por encima de sí misma, y en tales momentos de alienación sensorial veía glorias y triunfos celestiales, experimentaba los más dulces afectos del corazón y resplandecía con el rostro más hermoso. Una vez, ocurrió que en un éxtasis muy fuerte fue arrebatada de forma violenta: su rostro palideció, los ojos se apagaron, los labios se oscurecieron, los dientes rechinaban, los brazos caían, y no se veía nada en su cuerpo sin sufrimiento. Cuando volvió en sí, y al ser interpelada varias veces para que explicara la causa de tan dolorosa transformación, dijo que entonces le fue revelado cuántos y qué tipos de penas, tribulaciones y persecuciones debían sufrir tanto los espíritus impuros como los hombres malvados; que, al recordar tales tormentos, se sintió tan aterrada que perdió el juicio y su cuerpo entero fue arrebatado por el dolor.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''XLVI'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Daba respuestas muy prudentes y consejos muy saludables a todos los que pedían remedios para males tanto espirituales como corporales. Desde todas partes acudían a ella como si fuera un oráculo celestial, pero ella nunca los pronunciaba sin consultar primero a su custodio y maestro. De él aprendía las necesidades, cualidades y disposiciones del cuerpo y del alma de todos los que acudían a ella. Él, al revelarle los pensamientos de las personas, le permitía saber lo que sucedía con aquellos que, desde lejos, se encomendaban a ella. Cuando él la llevaba, se aparecía a los enfermos y a los que estaban en peligro y los liberaba de las adversidades. Con su ayuda, superaba las constricciones de las tinieblas, ya fuera para ella o para otros que se oponían. Trece años después de que quedara muda durante varios meses, hablaba en éxtasis en diversas lenguas, explicaba pasajes difíciles de las Escrituras y revelaba muchos misterios, pronunciando sermones muy instruidos –cuyo volumen completo aún existe– que duraban hasta la segunda o tercera hora. Para escuchar esos sermones, acudía una gran multitud de personas de toda clase, y entre ellas muchos héroes, príncipes, prelados, obispos, el cardenal Francisco Jiménez, el gran duque Gonzalo Fernández de Córdoba, y el mismo Carlos &amp;lt;César Augusto&amp;gt; ''[1]''. Todos eran admitidos a la presencia de la extática (pues aún no se había introducido el régimen de las monjas recluidas), y a cada uno de ellos, aunque no los viera, les decía lo que era apropiado para su condición y los males que padecían. Sus palabras penetraban en lo más íntimo del corazón, y no hubo nadie que no se sintiera apelado a cambiar sus costumbres.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''XLVII'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Muchos quisieron poner a prueba si estos éxtasis y sermones venían de Dios. Fue enviado un Inquisidor de la fe a Toledo, disfrazado, y escuchó a la predicadora en éxtasis. Habló de tal manera que conmovió al hombre y este, a mitad del sermón, se arrodilló. Con ese gesto, envuelto en lágrimas, escuchó el resto. Después, al regresar en sí, habló con ella [572] sobre asuntos concernientes al alma, y se despidió de ella recomendando con fervor sus oraciones. Otros, deseando saber imprudentemente si realmente se estaba transformando o si tales éxtasis eran falsificados, realizaron investigaciones que ofendieron a la virgen. Cierta heroína, estando cerca de la cama, mientras Juana predicaba en éxtasis, le clavó una gran aguja en la nuca, que le atravesó el cráneo. La virgen, inmóvil y sin sentir nada, continuó predicando. Al regresar en sí, entonces comenzó a sentir dolor, y pareció que la sangre se derramaba por su cuello. En otro sermón, un eclesiástico de gran renombre la agarró violentamente por el brazo para sacarla del éxtasis. Sin embargo, no sirvió de nada, pues ella permaneció inmóvil y continuó su discurso. Ante tal multitud y las investigaciones indiscretas de algunos, el provincial de la provincia de Castilla, cuyo monasterio dependía [de esa región], ordenó que no fuera aceptado que nadie viera a la predicadora. Así se hizo. Pero, mientras una de las hermanas se acercaba a la puerta de la celda para escuchar lo que decía y miraba por las rendijas, vio muchas aves con los picos alzados, como si escucharan lo que decía. Cuando llamaron a otras que vieron lo mismo, se concluyó que Dios quería que escucharan las personas cuya ausencia las aves suplían. Tras probarse ante la superiora, se permitió escuchar.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''XLVIII'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El provincial, originario de Cantabria, quedó sorprendido cuando Juana le habló con fluidez en su dialecto cántabro, intentando disuadirlo de un pensamiento que mantenía en secreto: asignarle la dirección del monasterio. Este hecho fortaleció aún más la convicción sobre su santidad, y finalmente la instituyó como abadesa.  Cuando estaban presentes hombres doctos o personas que ignoraban la lengua española, explicaba los misterios de la Sagrada Escritura en latín y transmitía lo que era oportuno. Francisco Ruiz, fraile menor y obispo de Ávila, compañero del cardenal Jiménez en la célebre expedición que conquistó Orán, había donado al monasterio dos esclavas traídas de allí: una mujer mayor y una joven, ambas árabes. Se intentó en varias ocasiones convertirlas a la fe cristiana, pero ellas se aferraban obstinadamente al islam ''[2]''. Un día, estando presentes en una de las predicaciones extáticas de la virgen, escucharon cómo el sermón se dirigía directamente a ellas en lengua árabe fluida. Sus corazones se sintieron conmovidos y experimentaron un impulso tan fuerte hacia la verdadera religión que al finalizar la reunión pidieron inmediatamente ser bautizadas. En otras ocasiones, solía llamarlas y hablarles en árabe. Ellas respondían en la misma lengua, y Juana les instruía sobre muchos asuntos. Permanecieron en el monasterio hasta su muerte, sirviendo a las hermanas con humildad y devoción. Durante un año, [Juana] pronunció setenta y un sermones de este tipo: algunos sobre la vida de Cristo y su Madre, otros centrados en los elogios a los Apóstoles, otros sobre los Evangelios de Adviento y los domingos. En ellos se encuentran numerosas parábolas y muchas enseñanzas claras para el cambio de las costumbres. Sor María Evangelista, alumna del monasterio, registró estos sermones con gran precisión. Dios le concedió la gracia de escribir de manera clara e íntegra todo lo que esta pronunciaba en sus predicaciones, a pesar de que antes ni sabía escribir ni leer. El padre Francisco de Torres, fraile menor de gran celo apostólico, tenía estos sermones en alta estima y los recopiló en un volumen extenso, afirmando que contenían profundos misterios, no accesibles a todos ni adecuados para ser divulgados indiscriminadamente. Este mismo juicio fue confirmado por el Tribunal del Santo Oficio de la Inquisición española, que, tras un examen riguroso, ordenó su lectura.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''XLIX'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Todavía mayores signos de predilección mostró Cristo por esta Virgen. En presencia de la bienaventurada Virgen y una multitud de ángeles, la tomó como su amadísima esposa, colocándole un anillo precioso como símbolo de su unión. Además, un Viernes Santo, mientras meditaba con extrema intensidad en la Pasión de Cristo, recibió en sus manos, pies y costado las cinco llagas, que se imprimieron en su piel como marcas rojizas. Bajo estas, [ardía] un intenso fuego y el dolor era muy profundo. Estas aparecían visiblemente cada viernes y sábado hasta la festividad de la Ascensión. Finalmente, debido a la insoportable insistencia de quienes deseaban verlas, rogó fervientemente para que fueran suprimidas del todo. Así [573] Cristo, escuchando su petición, accedió. Aunque le anunció que, en lugar de las rosas purpúreas de las llagas que deseaba que desaparecieran, sentiría las punzantes espinas de su corona. En efecto, experimentó tormentos acompañados de numerosos dolores y sufrimientos.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''L'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Disfrutaba con el canto de los pájaros, y en ocasiones junto a ellos entonaba alabanzas y glorificaba a Dios. Pero se distraía mucho por las numerosas súplicas de quienes acudían a ella y por escuchar las penas de los afligidos. Para prepararla mejor para la recepción única de los misterios celestiales, el Señor la afligió con sordera desde el 10 de febrero hasta el 12 de agosto, festividad de Santa Clara. En esta fecha, las hermanas rogaron vehementemente que le fuera restituido el oído, puesto que era indispensable para la dirección del monasterio y para aliviar con mayor facilidad las aflicciones del prójimo. Los ruegos de la virgen fueron escuchados y fue enviado San Pedro Apóstol, que tocó sus oídos mientras se hallaba en éxtasis y le devolvió el sentido. El día de Santa Bárbara, absorta en un éxtasis, se le apareció la santa Virgen, le reveló muchas cosas y le manifestó haber sido mediadora ante Dios para que le fueran concedidas abundantes gracias. En esa misma ocasión, [Juana] vio el alma de un niño ascendiendo al cielo. Este le pidió que advirtiera a su madre —indicándole su nombre— para que tuviera mayor diligencia en la educación de sus hijos, pues sus hermanos eran tales que Dios no los aprobaría, y Él le pediría razonamientos estrictos sobre esto. En otros estados parecidos de elevación de la mente contempló en diversas ocasiones a distintos santos: Francisco, Domingo, Antonio, Lucía y Acacio, junto a sus compañeros mártires. Así parecía habitar constantemente en los cielos, acostumbrada a tantas visiones de Dios, de la Virgen María, de los ángeles y de los santos.  &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''LI'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Con veintiocho años de edad y al decimotercer año de su ingreso en la religión, fue elegida abadesa por decisión unánime de todas las hermanas, bajo la supervisión del provincial cántabro que mencionamos. Durante diecisiete años llevó el monasterio con suma tranquilidad y admirable prudencia, ampliándolo con las edificaciones y rentas necesarias, puesto que se encontraba en un estado paupérrimo antes de que ella asumiera el cargo. Entre sus muchos y principales benefactores se encontraban los ya mencionados Gonzalo y Jiménez, que hicieron grandes aportaciones. Su mayor contribución a la vida monástica fue el establecimiento de la observancia regular, y la prevención de los escándalos que podrían haber surgido, con la introducción de la clausura monástica, pues antes las hermanas solían salir libremente a pedir limosna y los laicos tenían acceso al interior del convento. Desempeñó su oficio con facilidad, bajo la asistencia de su ángel custodio que le ayudaba en todo y le desvelaba lo que fuera necesario cuando era oportuno, además de con la protección de la Virgen María, que se constituyó a sí misma como abadesa perpetua de la casa y designó a Juana como su vicaria o sustituta. En el ejercicio de este cargo recibió muchos favores del Señor y revelaciones únicas. [Entre estas,] vio el alma de su confesor, Pedro de Santiago, vicario del monasterio y varón de vida excelsa, conocida virtud y santidad, coronado con gran gloria en los cielos.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''LII'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Por petición insistente de las hermanas, oró al Señor para que bendijera y otorgara virtudes a los numerosos rosarios que habían reunido con fervor y que se encontraban guardados en un cofrecillo cerrado bajo la custodia y llave de otra. En éxtasis sagrado permaneció largo tiempo sin sentido. En ese tiempo las hermanas, ansiosas por averiguar lo que sucedía con los rosarios, abrieron la caja y la encontraron vacía. Pero al volver del éxtasis y revisar de nuevo, los hallaron repuestos e impregnados de una fragancia maravillosa y se sorprendieron al ver de nuevo aquello que poco antes creían desaparecido. Al preguntarle sobre esto, Juana respondió: “Fueron bendecidos por Dios, tocados por su mano, y de allí proviene el perfume impreso y la virtud infundida para rechazar múltiples males y curar enfermedades”. Que decía la verdad lo demostraron los eventos prodigiosos que siguieron, debidamente verificados ante diversos jueces en distintas localidades, y recogidos en documentos públicos legítimos. Esto, sin embargo, lo exageraron algunos por exceso de devoción, y le atribuyeron —sin fundamento alguno— numerosas gracias e indulgencias. Esto fue justamente reprobado por quien escribió por último la vida de la virgen y añadió además documentos muy fiables que corroboran la veracidad del caso.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''LIII'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Contemplando en visión las durísimas penas que padecen las almas fieles en el purgatorio, Juana las compadecía con suma piedad, y [574] procuraba por todos los medios, tanto personalmente como a través de otros, brindarles alivio: ofrecía sufragios de oraciones, sacrificios de misas, aflicciones corporales, obras piadosas y ejercicios religiosos en su favor siempre que le era posible, y se esforzaba además en que otros los ofrecieran. Rogó a Dios que le permitiera asumir en su propio cuerpo penas en satisfacción por las almas purgantes, y que les aliviara a ellas lo que a ella infligiera. En efecto, sufrió tormentos terribles conforme a su deseo, pero cada vez con más certeza —revelada por su custodio— de que sus penas beneficiaban a aquellas almas afligidas. Muchas almas, por tanto, se le aparecían, rogándole que también las acogiera con su caridad. Esto lo hacía de inmediato, sin negar su ayuda a ninguna, por pequeña que fuese. Por esta piedad y caridad singular alcanzó gran favor ante Dios, y se ganó el afecto de las almas. Así, liberadas por sus méritos, intercedían más eficazmente por ella en el cielo. Bien podía contarse entre aquellos de quienes el ángel dijo a santa Brígida: “Benditos sean quienes en el mundo ayudan a las almas con oraciones, buenas obras y el esfuerzo de su cuerpo” ''[3]''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''LIV'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Con un afecto indescriptible veneraba la santísima cruz de Cristo, y con razón, pues en la festividad de la Invención de la Cruz recibió de Dios innumerables favores. En este día —como dijimos— nació en el siglo, renació en la vida religiosa y se consagró a Dios con voto solemne. En ese día también, por mandato divino, asumió el mandato del monasterio que debía reformar. Finalmente, ese [mismo día] partió de este valle de lágrimas a la patria celestial para recibir el premio de una vida santísima. Cada día de la semana dedicaba meditaciones únicas a los misterios de la cruz, distribuyendo así los frutos de la cruz a lo largo de toda la semana. Así, su alma, purificada en abundancia y entregada a la contemplación de las realidades divinas, siempre encontraba asuntos suficientes para meditar.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''LV'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
A la gloriosísima Virgen María honraba con la ternura entera de su corazón, con el afecto más íntimo de sus entrañas y con todos sus votos, sabiendo muy bien que así lo quiere Aquel que ha querido dársenos por entero a través de María; [sabiendo] que ella ha hecho la escalera celeste por la que Dios descendió a la tierra, para que merezcamos ascender al cielo por ella. En el monasterio había una antigua imagen de madera de la santísima Virgen. Ciertamente, no estaba esculpida con mucha belleza ni con arte refinado, pero gozaba de gran veneración entre las hermanas y los forasteros. Para que fuera aún mayor su veneración, consiguió de Dios que la bendijera y le concediera el poder de que quienes orasen ante ella alcanzasen lo que pedían, y que en tiempos de necesidad pública en ella pudiera encontrarse remedio. Y así ocurre: con frecuencia se obran frecuentemente grandes milagros en torno a esa imagen. Cuando acechan males colectivos, se lleva en procesión —sea para alejar la peste, para obtener lluvia o para pedir quietud— y el pueblo siempre está seguro de que puede obtener alivio en sus calamidades.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''LVI'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Estos y muchos otros prodigios similares demuestran cuán grande fue la gracia que Juana halló ante Dios. Cuán grande fue la gracia de sanaciones que Dios le concedió lo testimoniaron con certeza las hermanas. A una extinguió el ardor de la fiebre mortal que llaman de San Marcial; a otra la curó de un cáncer; a otra del dolor de costado; y a otra le enderezó los hombros dislocados. Por la violencia del dolor, a una hermana se le salió un ojo y cayó al suelo; Juana lo recogió con su mano, lo limpió con un paño y lo colocó de nuevo en su lugar. De inmediato, la que antes era tuerta recobró perfectamente la visión y fue liberada de todo mal. Salvó de morir ahogado al criado del monasterio, Juan de la Fuente, cuando [este] precipitadamente intentó cruzar el río Jarama crecido por la corriente desbordada. Protegió a la sirvienta Antonia Rodríguez de morir embestida por un toro; y defendió el monasterio del asalto de los rebeldes, que bajo el título de “Comunidad” y bajo la apariencia del bien común ocuparon gran parte de España ''[4]''. Un carnero infecto de rabia embistió al confesor de Juana y de las hermanas con sus cuernos y lo infectó con su enfermedad. La Virgen oró intensamente por él y se sanó. A una niña muerta la tomó en brazos y, al colocarle sobre el pecho la cruz que llevaba colgada del cuello, le devolvió la vida.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''LVII'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Iluminada por tantos dones celestiales y colmada de resplandor divino, empezó a pensar que, pese a haber recibido de Dios tantas gracias, no había correspondido en nada; que había tenido muchísimas y grandísimas consolaciones, pero pocas y sutiles aflicciones; ingentes recompensas, [575] y apenas méritos. Anhelaba hacer algo por Dios de igual valor e, igual que había participado de sus consuelos, deseaba también hacerse partícipe de sus tormentos. Sabía muy bien que es verdad lo que dice la Escritura: “La leve amargura del momento presente produce un peso eterno de gloria en nosotros, cada vez superior” ''[5]'', Por eso, entendía por qué el profeta, iluminado por esta verdad, exclamaba: “Que se pudran mis huesos y me devore el gusano rápidamente, con tal de que pueda hallar descanso en el día de la tribulación” ''[6]''. Así, rogaba insistentemente que su cuerpo fuera quebrado por trabajos, dolores, enfermedades y angustias, y que fuera probado como oro en horno de la tribulación. Su ángel custodio, con rostro triste, le reveló que su súplica sería escuchada, advirtiéndole que la paciencia sería indispensable para alcanzar las promesas, y que necesitaría también del auxilio y oraciones de otros para no desfallecer en la prueba. “Tu cuerpo” —le dijo— “será quebrantado por enfermedades gravísimas, y tu espíritu será afligido por persecuciones, envidias, calumnias e injurias contra tu buen nombre”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''LVIII'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Poco después de oír esto y comunicarlo a las hermanas, quedó paralizada de cuerpo entero, sin que quedara parte alguna libre de tal lesión. Con tal intensidad sufría que a menudo clamaba y gritaba, pidiendo a Dios ayuda y paciencia. Le dolían todos sus miembros, articulaciones y nervios, y no podía usar ninguna parte del cuerpo para nada. De todos, el más intenso era el de cabeza; tan agudo era que a veces parecía estar muerta. Sufría del estómago y de los intestinos con tal punzada que todo su cuerpo se enfriaba y se empapaba de un sudor helado. Soportó todos estos males durante catorce años con increíble fortaleza e invencible paciencia. A esto se añadían los tormentos demoníacos: golpes, latigazos y, en ocasiones, heridas que requerían días de cuidados, sin que una de ellas pudiera jamás ser curada con medicina a lo largo de su vida. No obstante, en medio de estos intensísimos dolores, en dos ocasiones recibió el consuelo de Cristo, que la reconfortó suavemente con su presencia y palabra.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''LIX'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
La otra parte de su tormento y dolor procedía del entorno doméstico. El anuncio lo dieron los espíritus malignos, que en innumerable multitud y en forma de repugnantes animales inmundos, [como] serpientes, cuadrúpedos y tristes aves nocturnas, llenaron la casa entera, ocuparon el techo y rodearon los muros. Al contemplar esto en una visión, Juana se estremeció y pidió auxilio a los espíritus celestiales. Acudieron su ángel custodio, el Arcángel Miguel y otros muchos soldados de la corte celestial, que inmediatamente expulsaron a aquellos despreciables monstruos infernales, aunque estos se resistían con fiereza. Preguntó entonces Juana cuál era la intención de aquellos demonios y esa tétrica multitud. Su ángel custodio le respondió que venían a perturbar y destruir por completo aquella casa, y que ya se les había abierto el acceso a causa de los resentimientos y discordias recientes entre las monjas, cuyo amargo fruto iba a degustar próximamente. Así ocurrió: la vicaria, con otras hermanas, conspiró contra la abadesa Juana, acusándola de haber malgastado los bienes del monasterio —que aún era paupérrimo— para obtener una bula que confirmara la unión de un beneficio parroquial que el cardenal Jiménez había asignado al monasterio y que ella había concedido a su propio hermano. Se convocó entonces al provincial para juzgar la situación, y, creyendo demasiado pronto las acusaciones de las rivales de la abadesa, la destituyó y puso en su lugar a la vicaria, que había ambicionado el cargo valiéndose de medios indignos. Juana soportó todo esto con suma paciencia, habiendo sido advertida en múltiples ocasiones por su ángel custodio de que Dios había permitido esto para purificar aún más a su sierva, como oro en el horno del sufrimiento. [También] para evitar que, rodeada por tantos favores y revelaciones divinas, cayera en la vana gloria, dulce ladrona de las riquezas espirituales y astuta aliada del enemigo de las almas. Otros vicios también se encuentran entre los siervos del demonio; la gloria vana se encuentra incluso entre los siervos de Cristo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''LX'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Consolada por estas palabras, animaba por todos los medios posibles a las hermanas, que llevaban con gran pesar la sustitución de su cargo decretada por el provincial. Las exhortaba a todas a obedecer prontamente a la nueva abadesa, y ella misma, la primera entre todas, le rendía a la abadesa fidelísimos servicios, venerando con todo su afecto como si hubiese sido nombrada [576] por el propio Señor. Pero el Señor no tardó en castigar la injusticia cometida contra Juana: a la falsa acusadora, que había usurpado el cargo confiado por Dios, la golpeó de repente con una grave enfermedad, infundiéndole además un gran temor y temblor por el crimen cometido. Castigada así, la desdichada mujer comenzó a confesar sus culpas y a revelar lo que había hecho contra Juana. Luego le pidió humildemente perdón, que obtuvo con facilidad, rogándole además que intercediese ante Dios para alcanzar el perdón de tantos pecados. Oró por ella Juana y obtuvo indulgencia, y le advirtió de la muerte prematura que se avecinaba, para que no la atrapara desprevenida. La mujer, en efecto, se preparó para la muerte, recibió los sacramentos y, arrepentida, falleció. Encargó a las hermanas que volvieran a elegir a Juana como abadesa y que le restituyeran por medio del sufragio lo que ella le había arrebatado injustamente. Se comprobó que Juana había sido injustamente apartada de su cargo al demostrarse, tras una investigación más precisa, que sólo se habían pagado siete escudos de oro por el diploma romano, y que su hermano había aceptado la carga del ministerio sacerdotal, [con la condición] de aportar los beneficios [obtenidos] al monasterio.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''LXI'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Cuando se acercaba el momento en que el Señor iba a llamar a su sierva, ya purificada por tantas presiones y pruebas, esculpida como una piedra viva para la edificación celestial, se le apareció un ángel. Dijo que a Dios le complacía que, para su mayor gloria y para la edificación e instrucción de sus siervos, se diesen a conocer los beneficios que le había concedido, tanto las consolaciones espirituales y revelaciones como las aflicciones y dolores corporales; estos debían considerarse también como un don. Por ello, debía dejar todo detalladamente por escrito. Ella, con la humildad de que fue capaz, se excusó de divulgar públicamente los dones que se le habían confiado en secreto. Pero el mensajero celestial, con argumentos razonables, con autoridad y hasta con amenazas, la convenció finalmente de que lo hiciera, y le asignó como escriba a quien hemos mencionado antes, María Evangelista, que no sabía escribir, para que resultara más evidente que esta orden procedía de Dios. Entonces escribió los dos libros que hemos mencionado más arriba, sobre los discursos y sobre la vida y hechos de Juana, con tal claridad y discreción que se concluye que contó con una ayuda superior a lo humano.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''LXII'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Finalmente, cuando el Señor decidió llamar a su sierva desde la prisión del cuerpo para darle la recompensa de tantos méritos, quiso anunciarlo previamente por medio del ángel custodio, en la vigilia de los apóstoles Felipe y Santiago, que también se le aparecieron y le felicitaron por la corona preparada tras su largo combate. Ella, llena de alegría y exultante, se preparó enseguida para el tránsito, deseando desaparecer y estar con Cristo. Tras recibir los sacramentos, rogó a las hermanas que la ayudasen con sus oraciones en su viaje a una tierra lejana. Luego volvió enteramente a la contemplación de los misterios divinos y de los beneficios que desde su infancia había recibido abundantemente de la misericordia divina. Durante los tres días previos al que está dedicado a la Invención de la Santa Cruz, tuvo muchas revelaciones y visiones de Cristo Señor, de la Virgen María, de María Magdalena, de su ángel custodio y de otros santos, así como terribles apariciones de demonios, que no cesaban de acechar y hostigarla en los últimos momentos de su vida. Finalmente, tras un éxtasis continuo y bellísimo que duró todo un día y comenzó con las palabras: “Alegraos conmigo, alegraos conmigo”, con el rostro resplandeciente, exhalando de su boca un suavísimo aroma, los ojos fijos en el cielo, y tras pronunciar muchísimas palabras santísimas y mantener piadosas conversaciones con las diversas personas que se le aparecieron, se durmió en el Señor el día de la mencionada Invención de la Santa Cruz, siempre para ella feliz y propicio, como hemos dicho, en el año cincuenta y tres de su edad y cuarenta desde su entrada en el monasterio.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''LXIIIV'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Tras su muerte, aquel rostro exangüe, aquel semblante pálido, aquel cuerpo contraído, compuesto solo de huesos y nervios, se tornó bello y agraciado, tal como había aparecido en su juventud, cuando gozaba del consuelo del discurso divino. Permaneció sin sepultar durante cinco días, exhalando un suavísimo aroma, mientras concurría una innumerable multitud de toda clase de personas, tanto de lugares cercanos como lejanos. Para que todos pudieran satisfacer su piedad con mayor comodidad, los frailes menores, muchos de los cuales habían acudido, llevaron el cuerpo en hombros y lo expusieron fuera [577] del monasterio, ya que los espectadores deseosos no pudieron acceder al interior. Una religiosa del monasterio de la Concepción de Almería, mujer muy devota y de virtud como la de Juana, íntimamente unida a ella en espíritu, refirió que la vio en visión ascendiendo a los cielos, completamente purificada en esta vida por tantas penas. Inmediatamente después de su fallecimiento comenzaron a manifestarse milagros: curó milagrosamente a una hermana gravemente herida en la tibia y en el pecho por una caída, a un hombre con fuertes dolores en los dientes, y a otro con las piernas contraídas que caminaba con andadores. Finalmente, fue sepultada en la parte inferior del coro, sin ataúd, solo sobre la tierra desnuda, cubierta con abundante cal viva y agua. Sin embargo, permaneció incorrupta durante siete años. Ocurrió que una niña, hija del conde de Puebla, que estaba siendo educada piadosamente en el monasterio, mientras jugaba en aquel lugar percibió un grato olor y empezó a escarbar la tierra con los dedos. Al acercarse las hermanas, también fascinadas por aquel olor, decidieron averiguar la causa y comprobar en qué estado se hallaba el cuerpo de Juana. Al cavar profundamente, lo hallaron incorrupto tanto en cuerpo como en vestiduras, sin ningún daño. Lo adornaron entonces con decencia y lo trasladaron al coro superior, donde lo colocaron en una arca bajo el altar.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''LXIV'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Allí permaneció durante catorce años, frecuentemente manipulado por las hermanas, despojado de sus antiguos hábitos y revestido con nuevos, hasta que una noble dama, Isabel Mendoza, esposa de Gonzalo Chacón, señor de Casarrubios, se encargó de trasladarlo a la principal capilla del templo. Allí lo colocaron, en el lado del Evangelio, dentro de un túmulo arqueado, desde el que tanto las hermanas por el interior como los seglares por el exterior podían contemplar y tocar la noble arqueta reforzada con anillos de hierro en la que reposa el sagrado cuerpo. La traslación tuvo lugar el 14 de septiembre de 1552, festividad de la Exaltación de la Santa Cruz, con la presencia de numerosos nobles y damas. En el año 1600, Francisco de Sosa, general de la orden y luego obispo de Canarias, Osma y Segovia, junto con Pedro González de Mendoza, provincial de la provincia de Castilla, más tarde comisario general de la familia ultramontana, arzobispo de Granada y luego de Zaragoza, y finalmente obispo de Sigüenza, al acudir al monasterio ordenó abrir la arca. Todos los presentes vieron el cuerpo íntegro, salvo por el rostro y las manos, ligeramente oscurecidos. El resto del cuerpo permanecía intacto, fresco y firmemente unido. Le quitaron el antiguo hábito y le pusieron uno nuevo. En lugar de los dos velos blancos de la cabeza, el provincial general restituyó uno blanco y añadió otro negro, dignándola con este honor póstumo a quien en vida tanto había anhelado esa distinción para todas sus hermanas. Sin embargo, al cortar un dedito del pie izquierdo para colocarlo en otro monasterio, quedó sobrecogido al ver que, tras sesenta y seis años, brotaba sangre de la herida.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''LXV'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Sería difícil expresar cuánta es la devoción que se dice que sienten hacia la santa virgen todos los pueblos de los alrededores, y cuántos dones adornan su sepulcro. Así fue fácil para las hermanas, por medio del procurador del monasterio Alfonso de Espinosa, adquirir una nobilísima arca de plata, profusamente elaborada con magníficos relieves, por un valor de cinco mil ducados de oro, donde el cuerpo fue depositado el día de Todos los Santos del año 1614. Estuvieron presentes Antonio de Trejo, vicario general de toda la Orden (más tarde orador ante la Santa Sede y obispo de Cartagena), y Francisco de Ocaña, ministro provincial, junto con una inmensa multitud de fieles procedentes de la corte del rey católico y de los pueblos vecinos. Para satisfacer la devoción de todos, el cuerpo fue expuesto durante dos días en un lugar elevado del presbiterio del templo, a plena vista de todos. Finalmente, se colocó en la mencionada arca, con dos cerraduras: una llave se entregó al provincial y otra a la abadesa. Al año siguiente, el rey Felipe III, con la familia real al completo, el cardenal de Lerma y los principales nobles de la corte, acudieron a venerar el sagrado depósito. El cuerpo fue expuesto para veneración durante todo el día, reposando en un lecho adornado noblemente, en el coro, salvo durante la hora del almuerzo, que tomaron en el atrio del monasterio. Finalmente, en el año 1622, la dignísima reina Isabel de Borbón, esposa de Felipe IV, acompañada del infante Carlos, el cardenal Fernando de Toledo (hermanos del rey) y los principales dignatarios de la corte, quiso contemplar ese precioso tesoro y honrarlo con sus dones.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''LXVI'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Por último, los obispos de Troya y de Cirene, comisarios apostólicos delegados para examinar los hechos relativos a la santa virgen, al abrir el arca declararon haber visto el cuerpo incorrupto y de bello aspecto, y lo expusieron durante tres días a la vista de más de cuarenta mil personas llegadas de todas partes. En Roma se está tratando ahora su inclusión en el catálogo de los santos; en su momento, Gabriel, cardenal de Trejo —hermano del mencionado Antonio—, cubría los gastos para promover la causa, y las Cortes Generales del Reino de Castilla decretaron destinar a este fin cuatro mil escudos de oro. La veneración y el culto en ese lugar son sumamente fervorosos, y su fama está muy extendida por todos los reinos de España. Su glorioso sepulcro se encuentra rodeado de muchas lámparas de plata encendidas, colmado de preciosas ofrendas, y se ha depositado junto a la sacristía un ajuar valioso.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''LXVII'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Los documentos relativos a la santidad y al proceso, enviados a Roma, contienen innumerables y grandes milagros, con toda clase de curaciones e incluso resurrecciones. De los más notables y atestiguados con firmeza da cuenta Pedro Navarro. Este fue el último en redactar los hechos de la santa virgen, haciéndolo con sabiduría y prudencia, tras haber consultado cuidadosamente los escritos de María Evangelista, a quien ya dijimos que se considera la primera en haber escrito sobre su maestra. Antonio Daza, además de lo que publicó en sus ''Crónicas'', realizó un peculiar librito que recoge su vida, aunque más con devoción que con rigor. Esto ha provocado que algunos hombres importantes formularan objeciones y emitieran juicios inexorables, en gran ofensa de tal virgen. A esto respondió con una docta apología Francisco de Sosa —que mencionamos arriba— junto con otros hombres sabios. Pero el más preciso de todos fue el mencionado Navarro. La obra de Daza, con notas añadidas de Sosa, fue traducida al italiano e incorporada por Bartolomé Cimarella como cuarta parte de sus ''Crónicas''. Francisco Gonzaga, Pedro Salazar y muchos otros autores recientes hacen mención destacada a esta virgen.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
===Notas===&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[1]'' ''Codd. ipse Carolus Caesar Augustus'', es decir, Carlos I.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[2]'' ''Codd. Adhaerentibus Mahometanae''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[3]'' Referencia confusa. En las vitae en latín de Santa Brígida (BHL 1458-1459) no aparece esta referencia. La primera vita sobre esta santa se atribuye a Donato, obispo de Fiesole (ca. 829-877) y es una composición métrica escrita en latín. Para la edición más reciente del texto, véase Kissane (1977, 78-143). Para un estudio de otras ediciones y un análisis de la autoría y producción de este texto, véase también Kissane (1977, 57-77; 144-192). Referencia: Kissane, Noel. (1977) “''Uita metrica sanctae Brigidae'': a critical edition with introduction, commentary and indexes”, ''Proceedings of the Royal Irish Academy'' 77 C, 57–192.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[4]'' La guerra de las Comunidades de Castilla (1520-1522), a comienzos del reinado de Carlos I.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[5]'' 2 Cor 4, 17.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[6]'' Abac 3, 16.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
= Vida impresa (11)=&lt;br /&gt;
Ed. de [https://visionarias.es/equipo/isabel-ibanez/ Isabel Ibáñez]; fecha de edición: marzo de 2025.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
== Fuente ==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
* [http://catalogodesantasvivas.visionarias.es/index.php/Categor%C3%ADa:Barezzo_Barezzi Barezzi, Barezzo], 1663. ''Quatriesme partie des Chroniques des Frères Mineurs divisée en dix livres en laquelle sont descrittes les vies admirables, les cruels martyres, les merveilleux miracles, et les saints exercices de plus de huit cens Religieux et Religieuses, vrays serviteurs de Dieu, de la Religions de St François, avec un récit de le nouvelle réforme, et de la continuelle observance en l’ordre, avec le grand accroissement de la Foy Catholique fait par eux tant en France, Italie, Espaigne, qu’aux Isles Orientales et Occidenles .depuis l’an 1500 jusques à l’année présente 1609  composée par Barezzo Barezzi Cremon'', et nouvellement  traduicte en françois par R. P. F. J. Blancone, Relig. du grand Couvent de l’Obser’’ de Tolose et Gardien de l’Obser’’ de Mirepoix, A Paris, chez Robert Fouet, Rue ST Jacques à l’enseigne du temps et de l’Occasion, 1627 avec Privilège du Roy.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En línea, en Gallica, Bibliothèque Nationale de France, [https://catalogue.bnf.fr/search.do?mots0=NRI;-1;1;Barezzi%2C+Barezzo&amp;amp;mots1=ALL;0;0;&amp;amp;&amp;amp;pageRech=rav URL].&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==Bibliografía==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
* Barezzi, Barezzo, “Libro secondo” ''Delle croniche dell’ordine de frati minori instituito dal seráfico P. S. Francesco. Parte Quarta'',  Venecia: 1608, pp. 156-169.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
* Gonzaga, Francisco (O. F. M., obispo de Mantua, P.), ''De Origine seraphicae religionis franciscanae ejusque progressibus, de regularis observanciae institutione, forma administrationis et legibus...'' F. Francisci Gonzagae,... opus....1587, Parte III, pp. 644-646.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
* ''Diccionario de la Real Academia Española''. En línea: &amp;lt; https://dle.rae.es/&amp;gt; &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
* Oudin, César, ''Tesoro de las dos lenguas francés y española. Thresor des deux langues françoise et espagnole'', Paris: Marc Ory, 1607.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
* Villegas Selvago, Alonso de, ''Flos sanctorum, Tercera parte [...]'', Barcelona:  en casa de D. Bages, 1588, Addenda, Vida 206, fols. 75v-79r.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==Criterios de traducción==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El relato aparece en el ''Livre second. Des frères mineurs p. 159-171 en Quatrième Partiedes Chroniques …'', Paris, 1627, traducción por Blancone de ''Delle croniche dell’ordine de frati minori instituito dal seráfico P. S. Francesco. Parte Quarta'' de Barezzo Barezzi, en Venecia, 1608.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Se ha cotejado con el texto italiano de Barezzi y con el texto de Villegas de 1588 traducido en 1608 por Barezzi. También se ha manejado el diccionario de la Real Academia en línea así como el diccionario de Oudin, para controlar arcaísmos franceses. Se referirá a estas obras respectivamente mediante Blancone, Barezzi, DRAE, Villegas, Oudin. Se han comentado en nota de fin, las diferencias significativas con la fuente original, o sea, el texto de Villegas. &lt;br /&gt;
En lo que se refiere al texto propuesto aquí, se ha llevado a cabo una traducción al castellano del texto original francés, en la que se han modernizado las grafías cuando podían ser un obstáculo a la pronunciación actual, y se han aplicado las normas de ortografía y puntuación actuales. Las citas en italiano de Barezzi son una transcripción diplomática.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
De manera general las diferencias con Villegas se explican por errores o extrapolaciones de Barezzi, seguidas por su traductor francés Blancone. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Sin embargo se observan casos en los que Bancone se da cuenta, por la ruptura de lógica del texto, de los errores ocasionales de Barezzi, e intenta subsanarlos, bien corrigiéndolos, bien reescribiendo el pasaje.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
También se observan añadidos propios de Blancone, sea para darle más claridad al texto, sea por insistencia doctrinal, o sea por deseo de exornarlo. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Por fin otras pequeñas diferencias de detalle se explican por una mejor adecuación al uso del francés que una  traducción fiel (por ejemplo, en el caso de “matrona” , nunca traducido por “matrone” que, en puridad, sería aceptable).&lt;br /&gt;
Finalmente, no hay que descartar que, tanto Barezzi como Blancone, echaran mano de otra fuente, citada en la primera nota junto con Villegas (el “Obispo Gonz.”) que debe referirse a la vida escrita por Francco de Gonzaga. Esto podría explicar ciertas diferencias que parecen errores pero difíciles de comprender como por ejemplo el hecho de traducir “ottenta” (ochenta) por “setenta”. Esto significaría que algunas erratas o modificaciones e interpretaciones de Blancone se deberían a esa fuente secundaria sin identificar aún.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==Vida de Juana de la Cruz==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[159] '''De los Hermanos Menores. Libro II'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''La vida de la bienaventurada ''[1]'' sor Juana de la Cruz, abadesa del monasterio de Santa María de la Cruz de Cuba(s) en Castilla ''[2]'''''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Capítulo XXVIII'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[3]''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Cuando el soberbio Holofernes, capitán de Nabucodonosor ''[4]'', Rey de los Asirios, estaba sitiando Betulia, salieron los hebreos una mañana de la ciudad con los estandartes desplegados, y las lanzas y espadas y otras armas en mano, amenazando dar muerte a sus enemigos, los cuales, burlándose ''[5]'' de ellos, decían que las ratas se habían atrevido a salir de sus nidos para causarles daño ''[6]''. ''[7]'' Entonces el camarero ''[8]'' fue a despertar a Holofernes creyendo que dormía en su pabellón ''[9]'', para que se levantara a ordenar la defensa: pero apenas hubo entrado, vio el cuerpo de aquel soberbio ''[10]'' sin cabeza, tendido a todo lo largo por tierra y bañado en su propia sangre. Se quedó muy confuso, conociendo ser aquello obra de la mano de Judith ''[11]'', por lo que salió dando voces y gritando en voz alta: “¡Una mujer ha puesto en confusión a la Casa de Nabucodonosor!”. Aquello fue más que verdadero, pues, oyendo ''[12]'' los asirios que su capitán había muerto, se les heló tanto el alma, presa de un frío terror ''[13]'', que echaron luego a huir y dejaron la victoria en manos de sus enemigos, y todo el saqueo y los despojos que habían juntado ''[14]''. Las razones de aquel criado de Holofernes, que una mujer había puesto en confusión a la Casa de Nabucodonosor, le cuadra y puede adaptarse muy bien a una bienaventurada dama, ''[15]'' llamada sor Juana de la Cruz, monja de la Orden de los Hermanos Menores. Pues ella es la confusión de la Casa de Nabucodonosor, por ahí se entiende que los malos, cualquiera que sea su estado, son puestos todos en confusión, junto con algunos religiosos y personas de Iglesia, que, por muy honrados que sean en el oficio de servir a Dios, son, digo yo, puestos en confusión, respecto a lo que aquella monja hizo ; aunque hayan nacido de personas ilustres y de noble sangre, y hayan sido sustentados con la buena crianza de la corte y casa real, los deja en confusión aquella dama nacida entre labradores y en la pobreza ''[16]''. Ella es, pues, la confusión de toda clase de hombres, pues los ha superado así como veremos en su vida, recogida de antiguos memoriales que están en el monasterio de la Cruz, situado a dos leguas de la villa de Illescas ''[17]'', que atestiguan las extraordinarias virtudes y las grandes perfecciones que el Cielo le otorgó a aquella bienaventurada monja, cuya vida queremos describir y dejar para la posteridad sus bellas acciones para que nos sirvan de modelo '[18]''. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[160] '''De la patria , de los padres y del nacimiento de esta sierva de Dios, sor Juana de la Cruz, de los ejercicios espirituales que hacía en la infancia, tratando su cuerpo con gran austeridad. De la santa imagen de la gloriosa Virgen María, llamada de la Caridad de Cubas y de su origen'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Capítulo XXVIII'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[19]''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[20]'' La bienaventurada Juana de la Cruz nació en un lugar vecino de Toledo, llamado Azaña, de un padre cristiano y virtuoso, llamado Juan Vázquez y de su mujer Catalina Gutiérrez el año de gracia de mil cuatrocientos ochenta y uno. Fue dotada de extremada belleza, contribuyendo el Cielo con algo particular de la suya ''[21]'': su madre la crió a sus propios pechos, sin que le doliera ni pesase, antes le era de gran recreo y consuelo. Pues cuando se encontraba presa de alguna tristeza, en tomándola en brazos, ella le servía para recobrar toda su alegría. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Habiendo llegado esta niña a la edad de cuatro años, mostraba tener perfecto juicio, tanto en sus palabras como en sus hechos, y jamás la vieron con otras mozas jugando a los juegos con los que las de su corta edad suelen entretenerse, ni decir palabra alguna vana  ni sin provecho: sino que sus pensamientos los ponía sólo en Nuestro Señor Jesucristo, a quien llamaba su caro esposo y con quien comunicaba sus pensamientos ''[22]''. Algunas veces tenía tanta fuerza y aprensión en sus potencias internas que sus sentidos estaban como ausentes de todo, viendo lo cual su madre, desconociendo la virtud de aquellos santos arrobos o éxtasis de los que su hija quedaba presa ''[23]'', creyó que estaba enferma y, teniéndola algunas veces por muerta, hizo voto de llevarla con una imagen ''[24]'' de cera a una casa o monasterio llamado de nuestra Señora de la Cruz, cerca de un lugar llamado Cubas, a dos leguas ''[25]'' de Illescas, villa de la diócesis de Toledo y alejada de esta de seis leguas, ilustrada por una imagen de la madre de Dios, llamada Nuestra Señora ''[26]'' de la Caridad, adonde algunas personas acuden de varias comarcas y lugares ''[27]'' y principalmente los enfermos que son favorecidos y sanados por la intercesión de la bienaventurada Virgen ''[28]''. Este monasterio de la Cruz, donde hay monjas de la Orden de San Francisco, ha sido edificado, según memoria transmitida de mano en mano, y tradición de generación en generación, como atestiguan los moradores de la provincia ''[29]'', por mandato de la bienaventurada Virgen María ''[30]'', quien se apareció en aquel lugar, por donde es muy reverenciada en él ''[31]''. Y es más, según relación de las monjas antiguas, se sabe de quién era la imagen tan reverenciada en Illescas: la cual una devota mujer que servía a las monjas, acompañada por otras buenas mujeres con música y pandero, la ponían ''[32]'' encima de la puerta de la clausura donde estaban las monjas ''[33]'' y la llevaban también ''[34]'' por los pueblos de la provincia pidiendo limosna para vestirla, y, con lo que le daban, la tenían lucida y aseada. [161] Y así, la dejó un día en Illescas, y a medida que el monasterio la fue perdiendo, la villa la adquirió, quedándose en la ciudad el origen de la santa imagen, la cual así como se puede creer es esta ''[35]'': de pequeña estatura, y en alguna manera negruzca, y se considera que ha hecho muchos milagros, lo cual es la causa de ser visitada con gran reverencia ''[36]'' y devoción de toda España ''[37]''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Pues quedando la morada de aquella niña a dos leguas de esta imagen, su madre la consagró a la Virgen María, y prometió llevarla al monasterio con una imagen ''[38]'' de cera, como ya dijimos, y como la muerte la cogió a esta mujer antes de que pudiera cumplir su voto, ella le rogó a su marido, padre de la niña, que lo cumpliese. Habiendo oído esta niña ''[39]'' el voto que había hecho su madre por ella, sintió gran contento y se alegró no sólo por el voto, sino también de que tomó una resolución, la de quedarse monja en el monasterio ''[40]'' para servir con gran afición ''[41]'' a la Madre de Dios todo el tiempo de su vida. La madre murió, ''[42]'' y esta niña quedó de siete años de edad y con el deseo de cumplir su deseo de ser monja, y así empezó a dedicarse a los santos ejercicios propios de la religión, haciendo ''[43]'' muy grandes abstinencias y comiendo sólo una vez al día ''[44]'', y sobre todo cuando ayunaba, conformándose con pan y agua, y a veces se quedaba dos o tres días sin comer cosa alguna, de lo abstinente que era ''[45]''. Con sus propias manos, ella tejió un cilicio asperísimo, y se lo puso sobre sus mismas carnes, con lo cual siempre andaba llagada, aunque ello le daba muy gran consuelo. Nunca estaba ociosa, ''[46]'' antes se esforzaba en lo que hacía, para atormentar más aún su débil cuerpo y que el cilicio la lastimara más ''[47]''. Así es como, no teniendo otra cosa que ofrecer a Jesucristo, ella le ''[48]'' ofrecía sus abstinencias, infligiéndose a veces muy ásperas disciplinas hasta derramársele la sangre que corría por todos los lados de su cuerpo, mostrando siempre en todas sus acciones ''[49]'' muy gran humildad. Hablaba muy poco, y lo que decía era para alabar a Dios o para provecho o buen ejemplo de su prójimo. Un tío suyo y su mujer que también era ''[50]'' su tía ''[51]'', la pidieron con muchos ruegos a su padre para tenerla en su casa, pues ambos la amaban muy tiernamente y eran muy ricos. De manera que, teniendo en ese lugar mucha más oportunidad de emplearlo ''[52]'' en oraciones ''[53]'' u obras santas y en penitencias, no se quedaba corta en ello ''[54]''; su tía se dio cuenta de la vida que llevaba, porque ella se quedaba la mayor parte de la noche puesta en oración, razón por la cual la amó mucho más aún. Viéndose descubierta, buscaba los lugares más recónditos de la casa donde se daba la disciplina, y de resultas se la daba con una cadena de hierro ''[55]'', y así cuando quedaba muy herida, pedía a Nuestro Señor por premio que pudiese ser recibida como religiosa en el monasterio de sus esposas y que contase como una de ellas ''[56]'', lo cual le fue otorgado por la Majestad Divina.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[162] '''Como la sierva de Dios ''[57]'' para cumplir su voto de ser Monja, huyó de casa de sus parientes vestida de hombre y se fue al monasterio de la Santa Cruz de Cubas donde fue recibida, de la aspereza de la vida que hacía y de otras virtudes suyas ejemplares'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Capítulo XXIX'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[58]''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Habiendo llegado a la edad de quince años, inspirada por Dios por lo que se vio más tarde ''[59]'', viendo que no podía salir de casa de sus parientes, que la guardaban consigo y que deseaban casarla, una mañana se vistió con hábitos de hombre, y habiendo hecho un hatillo de sus propios hábitos, salió de esta guisa con intento ''[60]'' de ir al monasterio de las monjas de Santa Cruz, que distaba de dos leguas, como se ha dicho. Cuando emprendía el camino, el demonio le quiso impedir el paso, poniéndole a la vista el disgusto que su padre y sus parientes recibirían de ello, y los peligros en los que podría incurrir en aquel viaje. Y así, aquello le llenó el alma con tal aprensión que cayó a tierra muy desalentada, aunque le fue dicho que Dios la favorecería y cumpliría su santo deseo ''[61]''. Así pues, tornó a proseguir su viaje, y habiendo caminado buena parte del camino, vio venir a una persona a caballo, a quien conoció y vio que era un mozo rico ''[62]'' que la había pedido por esposa y que deseaba grandemente conseguirla en matrimonio. Aquello le infundió gran temor, viéndose sola en un lugar solitario, pero fue favorecida de Dios, pues cegó al mozo, que no la conoció, habiéndose apartado ella un poco del camino cuando pasaba ''[63]''. De esta manera caminó con seguridad ''[64]'' a la casa de la Madre de Dios, a cuya iglesia antes de entrar quiso primero ir, y no vio a nadie en ella, y así fue a hacer oración y a reverenciar a Nuestra Señora. Luego se apartó a un rincón y quitándose el vestido de hombre, se vistió con el de mujer y se fue a hablar a las monjas, dando cuenta de quién era y del deseo que tenía de guardar clausura, rogándolas que la recibiesen, a pesar de los impedimentos que le ponían. Sucedió que en ese mismo tiempo llegasen sus parientes que la habían seguido pisando los talones y la regañaron en extremo por haberse ido de su casa sin decirles nada ''[65]'' y se la quisieron llevar consigo. Les pidió perdón por el disgusto causado, con mucha humildad, y les dijo que su intento era servir a Dios en esa casa y que sólo Él podría sacarla de ella. El ''[66]'' prelado vino igualmente ''[67]'', el cual habiendo visto el deseo y la constancia de aquella virgen, mandó que la recibiesen a la religión, lo que las monjas hicieron con gran contento. Visto todo esto por sus parientes, ellos empezaron a tener muy buena opinión de ello.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Le señalaron su dote y la moza pudo quedarse en aquella casa y con el hábito. La Maestra de novicias le mandó guardar silencio durante un año, lo que le agradó más que cualquier mandamiento que jamás le hicieron. Pues ella era naturalmente amiga de hablar poco ''[68]'' y [163] así empezó a hacer vida maravillosa, incluso antes de la profesión ''[69]'', la cual hizo cumplido el año y fue de cuatro votos, los tres ordinarios y el otro de clausura. Su vestido fue pobre y humilde, más que el de las otras monjas. Traía una túnica de jerga vieja y remendada, y de lo mismo era el hábito: en los pies zuecos de madera ''[70]'' y la mayor parte del tiempo iba descalza; ceñía una gruesa cuerda y en la cabeza llevaba una gruesa tela hecha de estopa o con una gruesa red ''[71]'', y por encima gruesas tocas. Sobre sus carnes llevaba un áspero cilicio, de lo cual nadie se percataba, y el cual ella nunca dejaba, ni de día, ni de noche ; además de aquello, ella hacía muy ásperas penitencias. Era maravillosa su paciencia ''[72]'' pues deseaba ser menospreciada, injuriada y ultrajada sin causa ''[73]'', sufrir toda clase de tormentos, heridas, golpes, dolores, frío y otros trabajos por amor a Dios ; no hablaba nunca sino con su maestra o con la abadesa o madre vicaria, y esto cuando ellas le preguntaban algo. Algunas veces se llevaba a la boca alguna hierba amarga como el ajenjo en memoria de la hiel que fue dada a Nuestro Señor Jesucristo en su Pasión. Otras veces se metía en ella una piedra algo grande que le causaba grandes dolores, otras veces tomaba agua en la boca y la guardaba hasta que no podía más del dolor que le ''[74]'' causaba, otras veces asía un candelero con la boca y lo tenía en alto hasta tanto como podía ''[75]''. Creía que guardar silencio sin dolor y sin penitencia era poco mérito para Dios. Por eso hacía los mismos ayunos que hacía antes de ser monja, añadiéndoles aún el poco dormir. Pues las monjas que ayunan suelen comer al mediodía y por la noche hacer una pequeña colación, ''[76]'' ella, en lugar de comer al mediodía rezaba los maitines de la noche, y en lugar de la colación, la cambiaba por un breve sueño sobre el final de la noche, al salir el sol. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Del gran amor que le tenía al esposo de su alma ''[77]'', de los ejercicios a los que se dedicaba con gran humildad, del mucho celo que ponía en el servicio de Dios, y de lo que decía de su ángel custodio'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Capítulo XXX'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Era costumbre de las monjas dormir en un dormitorio, cada una en su cama ''[78]'', con una luz encendida en medio, pero esta ''[79]'' sierva esperaba a que todas se hubiesen recogido ''[80]'', y entonces ella, en el silencio más profundo, cogía una rueca e hilaba al lado de su cama, unas veces de pie, otras de rodillas, y siempre meditando sobre la Pasión de Nuestro Señor Jesucristo ''[81]', su esposo íntimo ''[82]''. Se ocupaba mucho en el servicio del monasterio, y para holgarse de ello se figuraba que era por el amor de Jesucristo, a quien servía de buen grado ''[83]''. Cuando fregaba los platos, lo hacía como si fueran de oro o de perlas preciosas donde su [164] Majestad hubiese comido. Las escobas con las que barría la casa las tenía por flores, y las losas por pedrería ''[84]'' y por la peana ''[85]'' del Rey de los Cielos: y así hacía con las demás cosas, interpretando cada cosa en buena parte, y recogiendo de todo lo que veía, bellas florecitas que daban buen olor, tanto a su alma como a su prójimo, por el buen ejemplo que se podía sacar de todas sus acciones ''[86]''. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Siendo cocinera fue reprehendida por su compañera y por la provisora al no satisfacerse ellas de lo que hacía. Ella se tiraba a tierra y confesaba ''[87]'' su culpa, pero ellas no le perdonaban, antes le decían que se quitase de su presencia. La sierva de Dios se iba al coro a rogar a Dios que le perdonase su culpa y el enfado que había causado a sus hermanas, y que aplacase el disgusto que tenían con ella. Su compañera la tornaba a llamar y le preguntaba lo que hacía en el coro, ella respondía que rogaba a Nuestro Señor que le perdonara su yerro y el enojo que le había causado, y que la aviniera con ella. Su compañera y la Provisora al ver aquello se edificaron tanto que durante varios días quedaron edificadas , y derramaron muchas lágrimas en lo secreto de su corazón. De este modo se portaba con los que la afligían, haciendo por ellos oración. Ya se ha dicho que aquella virgen ''[88]'' era hermosa y de muy buena compostura ''[89]'' y de conversación muy agradable, hablaba muy bien y daba muy buenos consejos, y sólo con verla u oírla uno se sentía movido a devoción. Frecuentaba los santos sacramentos de confesión y de comunión, y si su prelado no le había concedido comulgar cada día, ella comulgaba espiritualmente en su alma, u oyendo misa ''[90]'', preparándose con antelación en esa ocasión. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Le informaron de un religioso que había sido tentado de no rezar las horas canónicas y el oficio divino diciendo que Dios no necesitaba de sus oraciones. Ella le habló a este religioso y le dijo que Dios no necesitaba de él ni de ninguna criatura, pero que, por lo contrario, todas las criaturas necesitaban de Dios, pues como el villano tiene obligación de pagarle la gabela al rey ''[91]'', que, si no lo hace, es castigado con severidad, así los hombres deben pagar el servicio que le deben a Dios, principalmente los eclesiásticos ''[92]'' rezando el servicio divino, que si no lo hace será castigado con gran rigor, como rebelde. Tanto fue, que aquel religioso se arrepintió de su error y de allí en adelante fue más diligente en el servicio que debemos al que nos hace día y noche tanto bien ''[93]''. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
A una monja que le preguntaba lo que podía hacer para agradar a Dios, respondió: “Hermana, hay que dedicarse continuamente a rezos y oraciones, y a guardar estrechamente silencio” ''[94]''. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
A otra que también le preguntaba como podría ella permanecer en gracia de Dios, le respondió: “Llorad con los que lloran, reíd con los que ríen, y callad con los que guardan silencio” ''[95]''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	''[96]'' Aconsejaba a todos que tuviesen gran devoción a su ángel custodio, pues no sólo él nos guarda, sino también que nos acompaña [165] y, cuando alguien está en las ansias de la muerte, el ángel va al Cielo y mueve a los santos y a las santas, haciéndoles saber que aquella persona ha hecho algo que merece que rueguen a Dios por su libranza ''[97]''. Añadía además que después de la muerte van al Purgatorio a consolar a las almas de quienes ellos eran custodios, las consuelan y les cuentan las buenas obras que hacen por ellos los vivos para que sean tomadas en consideración ''[98]''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Del mucho amor que le tuvo a la santa cruz, y por qué razones y circunstancias. De los notorios favores que recibió de Nuestro Señor, y de los discursos que hacía estando arrobada'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Capítulo XXXI'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[99]'' Aquella bienaventurada monja era muy devota de la santa cruz, y tenía muchas razones de serlo, tanto por su apellido ''[100]'' como por el monasterio, que se llamaba de la Cruz, y también por haber recibido grandes dones de Dios por medio de la santa cruz, sobre la cual hacía todos los días dulces pláticas ''[101]'' y de la que sacaba gran consuelo para su alma. Nuestro Señor la favorecía mucho, enviándole grandes regalos de su propia mano, de lo que se holgaba mucho ''[102]''. Especialmente cuando estaba en oración, durante la cual estaba a menudo arrobada y en éxtasis, donde se quedaba sin sentido, como se vio en presencia de una señora seglar, quien, habiéndola venido a visitar, y viendo que ni llamándola, ni tambaleándola, se movía ''[103]'', la hirió con un agudo hierro en la cabeza de donde salió al instante sangre, y aunque ella no lo sintió en el momento, no dejó de sentir ese dolor habiendo salido de su arrobo. Ocurrió que, estando a veces en aquellos santos ''[104]'' arrobos y en éxtasis, hablaba y decía cosas muy levantadas, de tal manera que los que la oían resultaban muy edificados. Ahora bien, si bien era una doctrina que nuestra santa fe nos enseña, en esos momentos descubría secretos maravillosos de Dios ''[105]'', y exhortaba a amar las virtudes y a huir de los vicios, reprehendía dulcemente a los presentes, y sus razones eran de tal manera que hablaba con ellos, sin que los demás se diesen cuenta ; pero ellos lo entendían muy bien, reconociendo el mal que habían hecho, pedían perdón a Dios con el deseo de enmendarse de allí en adelante ''[106]''. Y para testimonio de que hablaba como inspirada divinamente, la oyeron varias veces hablar en diversas lenguas, de las que ella nunca había tenido noticia, y así, a cierto provincial de la Orden Franciscana de la Observancia ''[107]'' que deseaba hacerla abadesa del monasterio, como al fin lo hizo, le dijo en lengua vizcaína, pues el padre era de Vizcaya, que ella no sería capaz para el monasterio ni para la casa en aquel oficio: pues bastante tenía que hacer consigo misma ''[108]''. Otra vez, el Obispo de Ávila había mandado al convento a dos esclavas moras para que sirviensen en el monasterio. Aquellas esclavas habían sido traídas de Orán, que había sido conquistada en aquel tiempo, y cuando las [166] monjas las querían persuadir de hacerse cristianas, ellas se estropeaban todo el rostro con las uñas, y especialmente la mayor ''[109]''. Pues bien, aquella santa monja, estando en éxtasis, les habló en su lengua, y ellas entendieron muy bien lo que ella les decía ''[110]'', y le contestaron siguiendo su coloquio, de tal manera que aquellas esclavas moras se bautizaron. Después de que fueron bautizadas, la oyeron una vez más hablar su misma lengua, y se pusieron luego a su lado quedando muy consoladas de oírla hablar, y de entender lo que les decía. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Como algunas personas ilustres la oyeron hablar estando arrobada en éxtasis, y de un milagro que con la santa oración alcanzó de Dios'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Capítulo XXXII'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Con todas esa experiencias, por ser aquellos arrobos cosa nueva y no acostumbrada entre pocos santos ''[111]'', los prelados mandaron a la abadesa de aquel tiempo que, cuando hablara de ese modo en sus arrobos, la dejasen sola. La abadesa obedeció la orden, de tal modo que, la primera vez que habló de este modo, ella quiso que todas las monjas saliesen de la cámara donde estaba su Virgen ''[112]''. Pasado algún tiempo, la abadesa mandó ir a ver si seguía hablando, y la monja que fue allá vio alrededor de ella muchos pájaros de diversas clases, con la cabeza levantada en alto, en actitud de escuchar lo que decía. Se fue al instante a avisar a la abadesa, que fue allá con las otras monjas y vio la verdad de esto, aunque con su llegada los pájaros huyeron; y, para mostrar que no eran fantásticos, ''[113]'' uno de ellos voló y se posó sobre la manga de la bienaventurada hermana, habiendo vuelto esta en su primer sentido. Pareció que era voluntad de Dios que las monjas oyesen lo que decía en aquel momento, y que prohibían sin embargo a personas dotadas de entendimiento y razón de oírlas ''[114]''. Así pues, la vieron y oyeron varias veces el ''[115]'' Cardenal y Arcediano ''[116]'' de Toledo, Fray Francisco Jiménez de Cisneros, que fue padre y religioso de la Orden ; varios obispos, inquisidores, predicadores, duques, marqueses, condes y personas que se reían de ella cuando les contaban aquellas maravillas, pero habiéndola visto con sus propios ojos, se asombraban mucho, y de allí en adelante le eran muy aficionados, creyendo verdaderamente que era la verdadera sierva y esposa de Jesucristo quien le daba aquellos arrobos como prendas de su divino amor ''[117]''. Nuestro Señor hizo también por ella algunos milagros más, y uno de ellos ''[118]'' fue que, trayendo aquella humilde virgen entre sus manos un gran vaso para el servicio del convento, este se hizo pedazos sobre una piedra, tanto que ella quedó muy desconsolada, habiendo considerado lo cual ella se echó a tierra e hizo oración a Dios, y juntando ella los trozos, el vaso resultó en el acto completamente rehecho y de una sola pieza. Todo esto lo vio otra monja que le dijo: “¿Qué es esto, hermana? ¿No estaba roto este vaso, [167] hecho pedazos en tierra? ¿Cómo está ahora entero?”, Ella le respondió con gran humildad: “Así era hermana, pero Dios quiso remediar por su bondad lo que yo había echado a perder por mis pecados, y por mi culpa ''[119]''”,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''De algunos milagros y gracias que aquella sierva de Dios obtuvo por medio de la santa oración'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Capítulo XXIII'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
También fue testimonio de ello un gran milagro que ''[120]'' le acaeció varias veces, y es que, estando alejada del servicio divino que se rezaba en el coro, mereció ver el santísimo sacramento del altar, aunque hubiera una muy gruesa pared entre ambos, en el momento en el que el sacerdote alzaba a Nuestro Señor durante la santa misa, y parecía que se partía de tal manera que ella veía la santa hostia y el cáliz, y después la pared se volvía a juntar. Y como testimonio verdadero de aquel milagro, la señal fue vista varios años sobre las piedras, las cuales parecieron no estar bien unidas durante algún tiempo.&lt;br /&gt;
El milagro siguiente fue público ''[121]'', esto es, que había una niña, la cual, ''[122]'' estando a punto de morir ''[123]'', su padre ''[124]'' la trajo al monasterio de la Cruz, donde se vio por experiencia que iba a morir ''[125]''. A ruego de aquel hombre y de otras personas que le acompañaban en número de setenta ''[126]'', ella le puso encima una cruz, y de repente se levantó la niña, con testimonio muy seguro de que estaba sana y fuera de cualquier peligro, de tanto como agradaban a Jesucristo, su verdadero esposo, los ruegos de su humilde sierva ''[127]''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Por estas obras y por sus raras virtudes, fue elevada ''[128]'' a abadesa ''[129]'', oficio que ejerció con mucha virtud. Porque no sólo las monjas, con su ejemplo, quedaban muy edificadas y obedientes en lo que tocaba al servicio divino, sino que también con sus fervorosas oraciones alcanzaba de Dios que fuesen como exigía su estado. Cuando fue elevada al cargo de abadesa, no ocurrió que disminuyesen sus virtudes, sino más bien que aumentasen. Dios hizo por amor a ella varias maravillas dignas de publicarse como esta. Estando enferma una señora en el Palacio del Emperador Carlos V en Madrid, llamada Doña Ana Manrique, atormentada por un mal de costado que la dejó en las últimas, ella, que era devota de la abadesa y que sabía que Dios oía las oraciones que ella le hacía y se las otorgaba, le mandó a un mensajero que le dio a entender el peligro en el que se encontraba. Esta buena monja se puso enseguida en oración por ella, y así fue el efecto que siguió, tanto más cuanto que, ''[130]'' estando la enferma desahuciada ''[131]'' y habiendo recibido la extremaunción, se le apareció sobre la medianoche a la abadesa junto a ella que le tocaba con las manos, apretándolo el ardor de su mal de costado, donde más le dolía. Pues estando así, aquella enferma dijo en voz alta: “¿No ven a mi madre que ha venido a verme y a curarme?”. Muchos que estaban presentes oyeron esas palabras aunque no vieron a nadie, sino el efecto de estas que fue recobrar el comer, el beber y su entera curación. Se enteraron de esto las monjas del Monasterio, de manera que [168] le preguntaron a su abadesa cómo lo había hecho. Ella les dijo: “Hijas mías, son obras estas de mi ángel custodio ''[132]''”. Se averiguó también haber sanado al Padre confesor del Convento de una enfermedad muy peligrosa, una rabia que se había apoderado de él, como también a una monja de un zaratán, y a varias personas más, libradas de varios males que siempre iban aumentando hasta que los enfermos la rogaban con gran devoción que los curase, lo que alcanzaba con sus oraciones y ruegos, que agradaban más a Dios que todos los remedios naturales que se había pensado aplicar ''[133]''. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''De algunas persecuciones que esta monja sufrió con gran paciencia y como fue favorecida por Nuestro Señor Jesucristo, al recibir sus santas llagas'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Capítulo XXXIV'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
La fama que volaba por el mundo en razón de las obras y de la perfección admirable de esta santa abadesa hacía que la tenían por santa, y para que aquello no le fuera materia a presunción ''[134]'', Dios permitió que fuera grandemente afligida a causa de una persecución que se levantó contra ella ; y fue que la costumbre era que la abadesa y sus monjas tenían facultad de nombrar sacerdote en Cubas para administrar los sacramentos, pues era beneficio que dependía de aquella abadía. Hubo algunos sacerdotes que quisieron impetrarlo, diciendo que las mujeres, aunque monjas o abadesas, eran incapaces para cura de almas. La abadesa tomó consejo sobre esto y le dijeron que debía, por el bien del convento, mandar a alguien al Papa para obtener la bula, y, por su diligencia, adelantarse a los que habían impetrado el beneficio, y asegurarse así contra este daño. Siguió este consejo sin dar cuenta al prelado de la orden, para más diligencia y evitar la tardanza. Una monja del convento que la quería mal, avisó de esto a los prelados de la religión, dándoles a entender que gastaba la hacienda del monasterio para dar ese beneficio a un hermano suyo que había nombrado. La verdad era esta: para sacar la bula se habían gastado siete ducados, pero habían sido pagados por un amigo suyo que le era devoto, sin ningún daño para el convento, y su hermano, que era hombre honrado y de ciencia, había sido requerido para este cargo por el pueblo. Con todo eso, uno de los prelados, y el más principal ''[135]'', mal informado, enojado al extremo, fue al monasterio, y habiéndolas reunido en capítulo, públicamente reprehendió a la abadesa con ásperas palabras, le quitó el cargo de abadesa y le impuso una disciplina que sufrió de buen grado, diciendo que sus pecados merecían mucho más, y que había tenido este cargo sin merecerlo, antes que lo había aceptado por obediencia. Las monjas se disgustaron mucho de esta orden, y aunque el Prelado les mandase eligieran de nuevo una abadesa, no quisieron escucharlo, diciendo que ya tenían a una, tanto que él les dio por presidenta a la que [169] le había dado este mal aviso. Pero al poco tiempo, el prelado y la monja vinieron a morir del dolor que tuvieron de haber actuado injustamente en contra de esta santa abadesa, por lo cual le pidieron perdón: la cual, a cambio, hizo muchas oraciones, mientras estuvieron en vida por su salud y prosperidad, como después de muertos por el reposo de sus almas, si estuvieran en pena, habiendo sido repuesta ella en su primera dignidad ''[136]''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Con esto, los trabajos de esta bienaventurada abadesa no tuvieron fin aún:  pues estando en contemplación en su celda el Viernes de la Cruz, con los dos brazos tendidos en forma de cruz, muy atenta, como si hubiese estado en el coro, cuando se decía la Santa Pasión ''[137]'', llorando y lamentándose y descalza, no podía andar, por el gran dolor que sentía en los pies. Las monjas, viéndola quejarse así, fueron a preguntarle la razón de tal llanto: ella les contestó que los pies le dolían mucho. Entonces las monjas se los miraron y los vieron con señales, y también las manos, como las de Jesucristo, y la señal era redonda, y sin que le manara sangre ''[138]'', del tamaño de un real y muy coloradas. Las monjas le preguntaron la causa de esto: ella les contestó que no sabía más sino que estando en contemplación de la Pasión de Nuestro Señor Jesucristo, le parecía estar viéndolo en la cruz, y que, uniéndose a él ''[139]'', las señales admirables llenas de dolor se le habían pegado. Esto fue ocasión para que las monjas y dos padres confesores de la casa vertiesen lágrimas en testimonio de tal contento, aunque la bienaventurada se juzgaba indigna de tales favores. Por ser además tan intolerable ese dolor, rogó a Nuestro Señor que le librase de él, y tanto le importunó que alcanzó su petición ''[140]'', y el día de la Ascensión ya no tuvo dolor, ni señal de sus llagas. Pero no por eso cesaron sus penas pues con permiso de Dios, era atormentada y azotada por los demonios tan cruelmente que varias veces las señales de los azotes se veían en su cuerpo, agotado y afligido por la gran penitencia que ella hacía cada vez más a menudo ''[141]''. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Como la santa monja sufrió una grave enfermedad con mucha paciencia, y de un coloquio que tuvo con Jesucristo, con la contestación que le hizo sobre su muerte y su sepultura'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Capítulo XXXV'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Los trabajos aumentaron aún más: pues plugo a Dios ''[142]'' enviarle una gran y larga enfermedad, de tal suerte que quedó paralítica y con los miembros tullidos, sin tener ninguno en el cuerpo que no le causase muy grandes dolores. Sus huesos se descoyuntaban, hasta los de manos y pies, de tal manera que sus trabajos eran muy grandes, sin poder ocultarlos. Sus nervios se retraían tanto que las rodillas, los brazos y los dedos se le doblaban y ya no pudo extenderlos en adelante: de suerte que no podía [170] beber ni comer con las manos, ni moverse de cualquier manera, sino con el socorro de dos monjas ''[143]''. Resumiendo, que no tenía ninguna parte de su cuerpo que pudiera mover (causando espanto y compasión al que ''[144]'' alcanzaba ese bien de verla), lo cual no era sin padecer en extremo ''[145]'') fuera de la lengua, con la cual daba gracias y alababa al esposo de su alma, Jesucristo, por los dolores que recibía, como otras tantas piedras preciosas venidas de su sagrada mano ''[146]'', y un día ella le habló así: “Señor, ¿cómo es posible que un cuerpo tan quebrantado pueda vivir ? Deme, por favor, paciencia, o quíteme el mal que padece, o la vida, si tal es su voluntad”. Pareció como que el Hijo de Dios le habló y que le decía ''[147]'' que no era maravilla que padeciese lo que sufría, habiéndole elegido por su esposo, a él que había sido tenido en el mundo por leproso, y lleno de dolores: por fuerza, siendo su esposa, y comunicándose con él como su esposo, aunque espiritualmente, ella debía recibir sus males y participar de ellos, no siendo extraordinario que el que ama mucho aguante penas y trabajos por su amado. Pero era necesario que ella creyese ''[148]'' que él le había dado esos males y esas enfermedades por bien suyo. Pues siendo no sólo su esposo, sino también su padre, había procurado darle de sus bienes, como hacen los padres terrenales a sus hijos, los cuales para este fin se meten en muchos trabajos y disgustos, y que, cuando él había hecho lo mismo, teniendo en cuenta que para hacer ricos a sus hijos había padecido muchos males y dolores, para elevarlos al Cielo él se había abajado a la tierra, para librarlos de la muerte y del infierno había padecido una muerte cruel en el madero de una cruz. Para hacer ricas a sus almas, se había hecho pobre en el cuerpo, para hacerlos señores del Cielo e iguales a los ángeles, él se había hecho, en tanto que hombre, servidor y expuesto a un millón ''[149]'' de necesidades. Y que de tanto como hizo por todos, bien pueden comprender por ahí cuánto nos ama y quiere, y que el amor que nos tiene es mayor que el que nos tenemos a nosotros mismos. Tienen que ser grandes los trabajos, para alcanzar los grandes ''[150]'' asientos del Cielo: y esa era la causa por la que mandaba los males, para ese fin, no por complacerse viéndoles padecer, sino porque es una cosa que les conviene hacer para aumentar su gloria y su mérito. “Así pues, hija mía, no tienes que afligirte si padeces mucho para merecer una gran recompensa en el Cielo, ten seguridad que cuando vea que ha llegado el punto señalado de tu gloria en mi eternidad, te llamaré en el acto y tú vendrás» ''[151]''. Así fue, pues habiendo padecido esta virgen ''[152]'' esta enfermedad algunos años, fue afectada por otra enfermedad mucho más áspera. Tanto que, siendo visitada por los médicos, ellos aseguraron que se iba morir, lo cual entristeció mucho a las monjas del convento, porque, aunque estaba así enferma en cama, tenía la mente y la lengua libres, dándoles buenos consejos y santos avisos ''[153]''. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Pues habiendo llegado el día de la Santa Cruz, que es el tercer día de mayo, el año 1534, a las seis de la tarde, un día de domingo, siendo de cincuenta y tres años de edad, estando presentes algunos religiosos en su celda y todas las monjas del monasterio con velas encendidas [171] en las manos, habiendo recibido ella los santos sacramentos, tanto el de confesión, como el de la santa eucaristía, como el de extremaunción, con mucha reverencia y derramando muchas lágrimas, habiendo repartido entre todas las monjas y deparádolas todos los pequeños y pobres muebles de su celda para morir más pobre ''[154]'', leyendo la Pasión de Jesucristo según San Juan ''[155]'', entregó su alma a Dios, quedando su cuerpo muy bien compuesto y con gran modestia ''[156]'', y mostrando un rostro sereno y risueño, murió en Jesucristo ''[157]'', con gran admiración de todos los presentes. Después de esta muerte, el olor de su celda, que no era nada grato por el largo tiempo de su gran enfermedad, se mudó en tan buen olor que todos quedaron muy consolados ''[158]''. Las monjas fueron a besar aquel santo cuerpo enseguida, con muchas lágrimas, y se pusieron a buscar de dónde podía manar aquel buen olor, siendo verdad que no se pudiera oler fragancia más suave ni que se pudiera comparar con esta. Su cuerpo permaneció cinco días sin sepultarse, por la gran multitud de gentes que venían a verla de todas partes de la provincia, durante los cuales Nuestro Señor hizo mucho milagros por los méritos de su sierva: a saber, en beneficio de algunas personas, las cuales yendo a tocar aquel cuerpo con devoción fueron sanadas de sus enfermedades. Ahora bien, para que todos pudieran ver y tocar tan raro tesoro, las monjas lo habían mandado poner fuera del claustro. A los cinco días de expirar, su santo cuerpo fue sepultado en el claustro ''[159]'', al lado del lugar en donde las monjas recibían el Santo Sacramento del altar, donde permaneció unos años. Pero después, creciendo la devoción en el corazón de varias personas nobles, esta reliquia fue quitada de aquel lugar, y sepultada en el coro, cerca del altar mayor, del lado del evangelio, en un sepulcro ilustre y elevado por encima del suelo, donde es ahora tenida en gran reverencia: y si no la debemos honrar como a santa, por ''[160]'' no estar canonizada, debemos honrarla mucho, por haber sido virgen esposa de Jesucristo ''[161]''. Su vida atestigua que su alma goza ahora plenamente del dulce abrazo de su Esposo y que la ha puesto en un asiento principal de su bienaventuranza, desde la cual Dios quiera, por su bondad y misericordia y por los méritos de esta bienaventurada Sor Juana, hacernos partícipes ''[162]''. Amen.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
===Notas===&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[1]'' Barezzi: “Vitta della religiosa, e essemplare serva de Dios, la Beata Suor Giovanna…”. Opción estilística de Blancone.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[2]'' Villegas: Cuatro folios sin división interna dedicados a “ Vida 206. De Juana de la Cruz, abadesa del orden de los menores”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[3]'' Barezzi no numera esta introducción.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[4]'' Al margen derecho: “el Obispo Gonz. p: 3. Alonso de Villegas en el suplemento de la 3ª parte de ''Flos sanctorum''”.La primera fuente es la obra del Obispo de Mantua Francisco de Gonzaga que publicó en 1587 una crónica en latín sobre el origen de las distintas religiones franciscanas. “P: 3” se refiere a la tercera parte dedicada a las fundaciones y monasterios ilustres ultramontanos, o sea desde el punto de vista de Gonzaga, fuera de Italia. En esa parte aparece una nota de 3 páginas sobre el convento de Cubas y Juana de la Cruz (véase bibliografía). La segunda fuente es el conocido ''Flos Sanctorum'' de Villegas, fuente primera del texto de Barezzi e indirectamente del de Blancone (véase bibliografía). &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[5]'' Villegas: “teniéndolos en poco” Barezzi: “dei quali non se ne facendo egli conto li burlava”. Interpretación de Blancone que se apoya en Barezzi.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[6]'' “para causarles daño”. Villegas “en daño de sus vidas”. Barezzi: “in danno delle sue vite”. Mala interpretación de Blancone que confunde a quien se refiere “sue vite”&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[7]'' Villegas: “Estaba la tienda del Capitán cerrada, y en ella había todo silencio,…”. Barezzi: “All’ora il padiglione del Capitano era chiuso e in quello era sommo silentio”. Pasaje omitido por Blancone.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[8]'' Villegas: “entró Vagao, camarero”. Barezzi: “Vagao suo camariero”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[9]'' “en su pabellón”. Añadido de Blancone.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[10]'' Interpretación de Blancone. Barezzi fiel a Villegas: “el cuerpo de Holofernes”, “il corpo di Holoferne”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[11]'' Villegas, Barezzi: “la matrona Judith”. Blancone nunca traduce “matrona” por “matrone” que tiene el mismo sentido que “matrona”. Probablemente porque “matrone” en Francia , o tiene una connotación romana, o una connotación despectiva. Véase Oudin: “Matrona, matrone, femme honorable et d'honneur” y “matrone, femme d'honneur, matrona”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[12]'' “oyendo”. Villegas: “viendo”, Barezzi: “vedendo”. Interpretación de Blancone&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[13]'' “se les heló tanto el alma, presa de un frío terror”. Villegas: “sobrevínoles tan grande temor”. Barezzi: “li sopravene un timor cosi grande”. Interpretación de Blancone.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[14]'' Villegas “ que puestos en huida dejaron en manos de sus enemigos la victoria y despojos”. Barezzi: “lasciareno nolte (/ molte¿ ?) mani dei suoi nemici la vittoria”. Blancone interpreta para más claridad.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[15]'' “dama”. Villegas: “mujer”. Barezzi: “ donna” . Interpretaciónde Blancone. Tanto en francés como en español, ”dame”, término empleado por Blancone, significa mujer de cierto rango social. Blancone emplea intencionalmente este término para encarecer el elevado rango moral de Juana, superior al rango social de las “personas ilustres y de noble sangre” a quienes es comparada.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[16]'' Villegas: “nacida de labradores en pobre aldea”. Barezzi: “nata era lavoratori e in povera terra”. Interpretación de Blancone.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[17]'' Villegas: “Illescas”. Barezzi “Illesca”. Blancone sigue aquí y seguirá de ahora en adelante a Barezzi. Corregimos el error, restituyendo “Illescas”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[18]'' “que atestiguan las extraordinarias virtudes y las grandes perfecciones que el Cielo le otorgó a aquella bienaventurada Monja, cuya vida queremos describir y dejar para la posteridad sus bellas acciones para que nos sirvan de modelo”: añadido de Blancone. Villegas: “y es en esta manera” ; Barezzi, fiel a Villegas: “la quale sta en esta guisa”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[19]'' Sigue la numeración de Barezzi, aunque repite su propia numeración en lo que corresponde al prólogo no numerado de Barezzi que encabeza su texto.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[20]'' Al margen izquierdo: “S. Juana de la Cruz, su patria y sus padres”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[21]'' “Fue dotada de extremada belleza, contribuyendo el Cielo con algo particular de la suya”. Villegas “dotada de mucha gracia y hermosura”, Barezzi: “Questa fu dottata di molta gratia e di singolar belleza”. Blancone desarrolla a Barezzi.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[22]'' Villegas: “deseos”. Barezzi: “suoi pensieri” Blancone sigue a Barezzi.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[23]'' “desconociendo la virtud de aquellos santos arrobos o éxtasis , de los que su hija quedaba presa”. Añadido de Blancone.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[24]'' “una imagen”. Villegas: “una ofrenda”, Barezzi: “una imagine”. Blancone sigue a Barezzi&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[25]'' Al margen izquierdo: “Imagen de Nuestra Señora de la Caridad y su origen”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[26]'' “Nuestra Señora”: añadido de Blancone.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[27]'' “de varias comarcas y lugares”. Villegas: “de diverss partes”, Barezzi: “da diversi parti”. Interpretación de Blancone.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[28]'' “por la intercesión de la bienaventurada Virgen”. Villegas: “por los méritos y intercesión de la Virgen.”. Barezzi: “per li meritie intercessione della Beata Vergine”. Blancone sigue a Barezzi, omitiendo “méritos”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[29]'' “según memoria transmitida de mano en mano, y tradición de generación en generación, como atestiguan los moradores de la provincia”. Villegas: “es tradición dentro del y en toda la comarca conservada de unos en otros”. Barezzi: “si tiene, e di dentro a quello, e di fora per una memoria conservata di mano en mano, dalli huomini di tutta la Provincia…”. Blancone sigue a Barezzi en su interpretación. El resultado es un sentido confuso y erróneo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[30]'' “de la bienaventurada Virgen María”. Villegas: “de la misma Virgen María”. Barezzi: “della B. Vergine”. Blancone sigue a Barezzi, añadiendo “María” para mejor comprensión.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[31]'' “por donde es muy reverenciada en él”. Villegas se refiere al monasterio: “ por donde es reverenciado y tenido en mucho”. Barezzi también: “di onde viene, che sia onorato”. Error de Blancone.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[32]'' “la ponían encima de la puerta de la clausura”. Villegas: “llevaba la sancta imagen, quitándola de sobre la puerta de la clausura” ; Barezzi: “portava la santa imagine sopre la porta della clausura”. Error de Barezzi que no traduce “quitándola”, reproducido por Blancone.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[33] “la puerta de clausura donde estaban las monjas”. Villegas: “la puerta de la clausura donde estaba” (o sea, donde estaba la imagen). Barezzi: “oue stava”. Error de traducción de Blancone que lee un plural y para más claridad añade el sujeto “las monjas”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[34]'' Añadido de Blancone para que el conjunto resulte más claro, pues es algo confuso al haber sido omitido “quitándola”, ver nota 32.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[35]'' “la cual así como se puede creer es esta”. Villegas: “lo que he podido descubrir es esto”, Barezzi: “la quale per quanto se ha potuto scoprire è questa”. Error de Barezzi. Blancone se ciñe a la estructura de Barezzi pero no lo traduce fielmente (“creer” en lugar de “descubrir”). El resultado es un sinsentido.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[36]'' Al margen derecho: “Sor Juana se apresta a cumplir el voto de su madre.”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[37]'' “y se considera que ha hecho muchos milagros, lo cual es la causa de ser visitada con gran reverencia y devoción de toda España”. Villegas: “y por extremo devota” ; Barezzi: “e in somma, devota, e dicono, ch’a fatto molti miracoli, e è visitata con molta riverenza da tutta la Spagna”. Blancone sigue el añadido de Barezzi.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[38]'' “imagen”. Villegas: “ofrenda”. Barezzi: “l’imagine”. Blancone sigue a Barezzi.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[39]'' Después de “niña” Blancone pone “que”:  probable errata que se enmienda aquí.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[40]'' “Habiendo oído esta niña el voto que había hecho su madre por ella, sintió gran contento y se alegró no sólo por el voto, sino también que tomó una resolución, la de quedarse monja en el monasterio”. Villegas: “Lo cual oído y advertido della, propuso en sí de no solo contentarse con hacer aquella ida, sino de quedarse en el monasterio por religiosa…”. Barezzi: “La qual cosa udita da lei, e ben inteso il voto per lei fatto, si propose nel l’animo, non solo di contentarsi di far quel viaggio per adempire la volontà di sua madre, ma ancore starsi nel Monastero per religiosa”. Añadidos de Blancone.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[41]'' Villegas: “y servir allí a la madre de Dios toda su vida”. Barezzi: “e ivi servire con tutto l’affetto alla Madre di Dio, per tutto il tempo de la sua vita”. Blancone sigue a Barezzi.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[42]'' Al margen derecho: “Las abstinencias que ella hacía.”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[43]'' Al margen derecho: “Ella se hizo un muy áspero cilicio.”. Barezzi: “Portava un aspero cilicio”. Interpretación de Blancone para hacer hincapié en la determinación de la santa.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[44]'' Villegas añade: “y desto, no todo lo que había menester…”. Barezzzi sigue a Villegas: “ne anco ne mangiava tanto quanto haveva bisogno…”. Blancone omite esta precisión.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[45]'' “de lo abstinente que era”. Añadido de Blancone.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[46]'' “Nunca estaba ociosa”. Villegas: “Nunca estaba ociosa, trabajaba de manos”, Barezzi: “Non mai stava ociosa, lavorava con le proprie mani”. Omisión de Blancone.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[47]'' Villegas añade: “y así tenía más que ofrecer a nuestro Señor que por todos fue tan herido y llagado”. Barezzi: “e cosi non haveva, che piu offerire a Nostro Signore che per tutti fu cosi scrito, e impiagato”: Omisión de Blancone.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[48]'' Al margen derecho: “Se va a vivir con sus tíos.”. Falta esta nota en Barezzi.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[49]'' En el siglo XVII “acciones”, traducción literal de “actions” en francés, significaba “expresiones”, “gestos”, “apariencia”, etc., y corresponde al texto de Villegas, “compostura de su rostro”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[50]'' Al margen derecho: “Su tía descubre su santidad.”. Barezzi: “E scoperta dalla zia dell’aspra vita ch’ella faceva”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[51]'' Esto significa que aquella tía lo era en el sentido recto de la palabra, o sea que era hermana de su padre o de su madre, y no simple consorte de su tío.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[52]'' “emplearlo”: hay que entender, “ el tiempo” como reza el texto de Villegas: “Aquí, teniendo mejor oportunidad se empleaba más tiempo en obras santas y penitencias”. Barezzi: “Ora perche qui haveva magior commoditate spendeva più tempo in opere sante, e in penitenze…”. La frase de Blancone cojea a nivel del sentido.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[53]'' “oraciones”: añadido de Blancone.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[54]'' “no se quedaba corta en ello”: añadido de Blancone.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[55]'' “una cadena de hierro”. Villegas  “una cadena”. Barezzi: “una catena di ferro”. Blancone sigue a Barezzi.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[56]'' “…pedía a nuestro Señor por premio que pudiese ser recibida como religiosa en el monasterio de sus esposas y que contase como una de ellas…”. Villegas: “pedía a Nuestro Señor por premio de sus dolores la recibiese en el monasterio de sus esposas, y la hiciese religiosa.”; Barezzi: per premio dei suoi dolori, che la ricevesse nel Monastero delle sue spose, e la facesse religiosa.”. Interpretación de Blancone.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[57]'' Barezzi: “del Signore”: variante de Blancone sin trascendencia. Tal vez debida a que “servante de Dieu” fuera más corriente en francés que “servante du Seigneur”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[58]'' Se restablece la lógica de la numeración. Barezzi: “XIX”, errata.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[59]'' “inspirada por Dios, por lo que se vio más tarde”. Villegas: “inspirada, a lo que se entiende, por Dios”. Barezzi: “spirata de Dio, per quello che si conosce”. Blancone interpreta el pasaje en un sentido más ‘racionalista’. Quiere decir que los hechos posteriores lo probaron, cuando Villegas y Barezzi se refieren a una creencia compartida.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[60]'' Al margen izquierdo: “Se marcha al Monasterio de la Cruz”. Barezzi: “Se ne va al monastero della Croce e quello che segui”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[61]'' “aunque le fue dicho que Dios la favorecería y cumpliría su santo deseo”. Villegas: “ le pareció que la hablaban y decían que se esforzase que Dios la favorecería, por donde saldría con su intento”. Barezzi: “quantunque li fusse parlato e detto, che si sforzasse, che i Dio la favorirebbe, e che ella haverebbe il suo intento.”. Interpretación de Blancone, más escueto.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[62]'' “vio venir a una persona a caballo, a quien conoció y vio que era un mozo rico que la había pedido por esposa y que deseaba grandemente conseguirla en matrimonio”. Villegas: “sintió venir tras sí aunque algo lejos, persona a caballo, y, mirando bien, conoció que era un mancebo hijo de padres ricos que la había pedido por mujer, y deseaba grandemente casar con ella.”. Barezzi: “entí venirsi apresso se bene alquanto lontano persone a caballo, e mirando bene conobbe, ch’era un giovanetto di padre rico, che l’haveva dimandata per moglié, e desiderava grandemente maritarsi con lei.”. Barezzi es más fiel a Villegas. Adaptación del pasaje por Blancone con el fin de aligerarlo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[63]'' En todo este pasaje, Blancone es más escueto, y más prudente que Villegas y que Barezzi. Cabe una explicación natural en su manera de relatar la anécdota, pues, según Blancone, Juana se aparta voluntariamente del camino cuando en Villegas y Barezzi lo hace aconsejada de Dios. Villegas: “en este peligro, la favoreció Nuestro Señor, con cegar al mancebo para que no la conociese y a ella advirtiéndola que se apartase del camino en tanto que pasaba.”. Barezzi: “in questo pericolo, nondimento fu ancora favorita dal Signore, acciecando cosi il giovanetto, che non la conoscesse, e auertendo lei che si apartasse dal camino mentre che egli passava.”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[64]'' “De esta manera caminó con seguridad”. Villegas: “bien cansada” ; Barezzi: “bene e sicuramente”. Blancone sigue a Barezzi.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[65]'' “la regañaron en extremo por haberse ido de su casa sin decirles nada.”. Villegas: “dijéronle palabras de mucha reprensión por lo hecho”. Barezzi: “Le dissero parole di molta riprensione per queste fatto”. Interpretación de Blancone para más claridad.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[66]'' Al margen izquierdo: “Se hace monja con licencia de su prelado en presencia de sus parientes.”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[67]'' “El prelado vino igualmente…”. Villegas: “Vino también a este tiempo el Prelado por cuya orden había de ser recibida en el convento …”. Barezzi: “Venne parimente nel medesimo tempo il Prelato per lo cui ordine doveva essere recevuta nel Convento…”. Blancone sigue a Barezzi omitiendo el desarrollo final del pasaje.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[68]'' “lo que le agradó más que cualquier mandamiento que jamás le hicieron. Pues ella era naturalmente amiga de hablar poco…”. Villegas: “y ella holgó de oírlo, porque de su natural era amiga de hablar poco…”. Barezzi: “la qual cosa fu cosi grata allá sue orecchie, quanto ogni altra cosa che li potesse occorere.”. Añadido de Barezzi. Blancone sigue a Barezzi.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[69]'' Al margen derecho: “Guardó un año el silencio que se le mandó guardar.”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[70]'' “zuecos de madera”. Villegas: “alpargatas en los pies.”. Barezzi: “nei piedi portava zoccoli di legno”. Blancone sige a Barezzi. Por otra parte, no existía traducción exacta de “alpargata” en francés. Oudin: “ Alpargate o Alpargata, une espece de chaussure faite de cordes de laine, ou de chanvre.”. Blancone, siguiendo a Barezzi, establece una equivalencia entre la alpargata y el calzado grosero e hiriente característico de los villanos pobres en Francia y en Italia.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[71]'' “una gruesa tela hecha de estopa o con una gruesa red …”. Villegas: “ una albanega de estopa”. Barezzi: “capo portava una tela di stoppa”. No existía término exacto en francés: Oudin: “Alvanega de red, un filet, une petite rets a pescher , une sorte de coiffure de reseau.”. Sin embargo el término “résille” que es la traducción exacta de “albanega” no se empezó a usar antes de finales del siglo XVIII y sólo para referirse a un tocado español.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[72]'' Al margen derecho: “Hubiese querido sufrir por Dios toda clase de afrentas.”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[73]'' “pues deseaba ser menospreciada, injuriada y ultrajada sin causa”. Villegas: “menospreciada y reprehendida sin culpa, y que fuessen levantados testimonios …”. Barezzi: “perche desirava di essere sprezzata, e ripresa senza colpa, e ingiuriata, e che li fussero levati testimonii..”. Blancone omite el final del pasaje.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[74]'' Al margen derecho: “ Hubiera deseado padecer toda clase de penas por Jesucristo.”. Barezzi: “Per amor del Signor, haveria volute patire ogni sorte di tormenti e d’astinenze.”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[75]'' “hasta tanto como podía”. Villegas: “hasta que le dolían las quijadas”. Barezzi: “ sinche li dolevano le ganasse”. Interpretación de Blancone.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[76]'' “Pues las monjas que ayunan, suelen comer al mediodía, y por la noche hacer una pequeña colación…”. Villegas: “porque así, como el que ayuna come después de mediodía, y a la noche hace una pequeña colación…”. Barezzi: “Perche si come quello che digiuna mangia di mezo giorna, e vicino allá notte fa una picciol collatione…”. Interpretación errónea de Blancone.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[77]'' “al esposo de su alma”. Barezzi: “al Signore Dio”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[78]'' Blancone traduce: “cada una en su cámara”. Añadido de Barezzi: “ciascuna nella sua cella”. Villegas más adelante emplea “cama”. Error de transmisión. Blancone sigue a Barezzi. Este error se repercute más adelante en la comprensión del pasaje. Por lo tanto se ha corregido en “cama” la errata.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[79]'' Al margen derecho: “Dormía muy poco.”. Barezzi: “Dormiva poco e quasi mai”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[80]'' “a que todas se hubiesen recogido”. Villegas: “a que todas se recogiesen en sus camas”. Barezzi: “quanto tutte si ritirassero nella sua camara”. Error de Barezzi dentro de la línea de traducir antes “cama” por “cella”. Blancone al darse cuenta de que cojeaba el sentido ; omitó la traducción de “camara”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[81]'' Al margen derecho: “Era muy aficionada a la Pasión de Jesucristo.”. Barezzi: “Affettionata della Passionedi N. Signor Giesu Christo e com’ella meditasse.”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[82]'' “Su esposo íntimo”. Villegas: “su esposo”. Barezzi: “suo amato sposo”.. Interpretación de Barezzi y de Blancone.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[83]'' “a quien servía de buen grado…”. Villegas: “de quien era esclava”. Barezzi: “di che ella era schiava”. Interpretación de Blancone.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[84]'' “y las losas por pedrería…”. Villegas: “las piedras por tapetes finísimos”. Barezzi: “le pietre per tapetti finissimi” . Interpretación de Blancone.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[85]'' “peana”. Villegas “y estrados del rey de los Cielos”. Barezzi: “e per pavimenti del Rei dei Cielo…”. Interpretación de Blancone. No existía traducción exacta de “estrado” en francés. Oudin: “Estrado, un lieu où on met des couffins pour asseoir les femmes, qui est ordinairement bas.”. Traducción de Blancone: “ le marchepied” traducido por Oudin: “Un marche-pied, peaña, banquillo, rodapies.”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[86]'' “y recogiendo de todo lo que veía, bellas florecitas que daban buen olor, tanto a su alma como a su prójimo, por el buen ejemplo que se podía sacar de todas sus acciones”. Comentario añadido por Blancone.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[87]'' Al margen izquierdo: “Puso mucho celo en el servicio divino al reprehender a un religioso.”. Barezzi: “ Era zelosa del culto divino, è percio ne represe un religioso, e quello che ne segui.”. Una vez más Blancone es más escueto en su nota.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[88]'' “aquella virgen…”. Villegas: “bendita doncella”. Barezzi: “questa benedetta donzella”. Interpretación de Blancone.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[89]'' “era hermosa y de muy buena compostura y de conversación muy agradable, hablaba muy bien y daba muy buenos consejos, y sólo con verla u oírla, uno se sentía movido a devoción.”. Villegas: “era de rostro agraciado y hermoso: junto con esto tenía presencia de mucha gravedad, era amigable y de agradable conversación, hablaba con grande gracia, y daba muy provechosos consejos, verla y oírla procuraba a devoción”. Barezzi: “era di faccia graciosa, e bella, e infieme haveva presenza di molta gravitate, era amichevole, e di grata conversione: parlava con molta gratia e daba molto utili consegli. Il vederla e udirla procurava a grande divotione.” La traducción de Blancone adapta el conjunto, sintetizándolo, pues este pasaje es difícil de traducir literalmente al francés.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[90]'' “u oyendo misa”. Villegas: “desde su choro, oyendo misa”. Barezzi: “overo udendo mesa”. Blancone sigue la traducción errónea de Barezzi.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[91]'' “de pagarle la gabela al Rey”. Villegas: “de pagarle el pecho a su rey y señor”. Barezzi: “è obligato pagare la gabella al suo re e signore”. Tanto Barezzi como Blancone transponen “pecho” a “gabela”, término más usado en francés y en italiano, aunque inexacto desde le punto de vista español.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[92]'' En singular en Villegas y en Barezzi. Extrapolación poco afortunada de Blancone que altera el sentido global pues “el eclesiástico” en Villegas se refiere tanto a los eclesiásticos en general como al eclesiástico particular a quien Juana reprende.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[93]'' “Tanto fue, que aquel religioso se arrepintió de su error y de allí en adelante fue más diligente en el servicio que debemos al que nos hace día y noche tanto bien”. Frase que no está en Villegas. Barezzi: “la onde quel Religiososi enmendó dell èrrore comesso, è ne dimandó perdono al Signore, e su poi piu solecito, e diligente nel servigio di sua Divina Maestà.”. Añadido de Barezzi. Blancone retoma la frase de Barezzi con un comentario final de su propia cosecha.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[94]'' “para agradar a Dios, respondió: hermana, hay que dedicarse continuamente a rezos y oraciones, y a guardar estrechamente silencio”. Villegas: “para agradar mucho a Nuestro Señor dijo: paz, oración, y silencio agradan mucho a su majestad.”. Barezzi: “per far cosa grata a Nostro Signore, le disse fare oratione e osservagli silentio, e cosa molto grata a sua Diuina Maestà.”. Barezzi omite “paz”. Blancone sigue a Barezzi, añadiendo variantes personales.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[95]'' Villegas: “y calla con los que hablan”. Barezzi: “e taci con quelli che taciono”. Barezzi parece restablecer una lógica de frase y en esto le sigue Blancone.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[96]'' Barezzi al margen izquierdo: “Diceva gran cose dell’ Angelo custode e che se gli deve esser molto divoti, e perche”. Nota omitida por Blancone.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[97]'' “haciéndoles saber que aquella persona ha hecho algo que merece que rueguen a Dios por su libranza”.Villegas: “ que él sabe que aquella persona tiene devoción y ha hecho algunos servicios, para que con él rueguen a Dios le favorezca y libre, y que lo hacen ellos de la manera que les es pedido”. Barezzi: “che sappiano che quella persona ha divotione, e ha fatto cosa permezo della quale egli merita, ch’essi infieme con lui preghino Dio che lo favorisca e lo liberi, e che lo faccia salvo, e tale quale li viene da essi dimandato.”. Blancone más escueto y menos enrevesado que Barezzi y que Villegas. Reajuste suyo del pasaje, probablemente para más claridad.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[98]'' “van al Purgatorio a consolar a las almas de quienes ellos eran custodios, las consuelan y les cuentan las buenas obras que hacen por ellos los vivos para que sean tomadas en consideración”. Villegas más escueto: “no desamparan los ágeles a las almas, de los que fueron custodios, sino que si van a Purgatorio, las visitan y consuelan y dan cuenta de las obras santas y meritorias que los vivos hacen por ellas.”. Barezzi: “non si smenticano dell’anime, delle quali furono custodi, perche vanno al Purgatorio e le visitano e le consolano e li danno conto delle opere sante, e meritorie, che i vivi fanno per loro.”. Barezzi sigue a Villegas. Blancone es más escueto y, para más claridad, adapta de manera personal el pasaje.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[99]'' Barezzi, al margen derecho: “Era divota della Croce, e perche ragione.”. Blancone omite esta nota.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[100]'' “Apellido”, en su sentido etimológico de cómo usan llamar a una persona. Blancone traduce “cognome” (Barezzi) por “Surnom”. Oudin: “surnom, sobrenombre, apellido.”. DRAE: Apellido, m. Sobrenombre o mote. Sin.: sobrenombre, alias, apodo, mote, apelativo, remoquete, chapa, seudónimo.”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[101]'' “sobre la cual hacía todos los días dulces pláticas…”. Villegas: “con la cual tenía dulces y sabrosos coloquios, diversos para cada día de la semana”. Barezzi: “con la quale faceva dolci e soavi ragionamenti per ciascun giorno della settimana”. Barezzi sigue a Villegas pero Blancone aligera el texto, para agilizar el pasaje, cambiando ligeramente el sentido.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[102]'' “enviándole grandes regalos de su propia mano, de lo que se holgaba mucho”. Villegas: “enviándole regalos de su mesa de gustos y recreos divinos.”. Barezzi: “mandandogli delicie della sua mana di gusto, e recreamento mirabile…”.  Traducción errónea de “mesa” por Barezzi, retomada por Blancone que adapta el conjunto.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[103]'' “y viendo que ni llamándola, ni tambaleándola, se movía “Villegas: “y viendo que tratando della ni dándole voces no mostraba sentir”. Barezzi: “e vedendo che ne con il moverla, ne co’l chiamarla non mostraba di sentire cosa alcuna, …”. Blancone sigue a Barezzi, interpretándolo ligeramente.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[104]'' Al margen derecho: “Se quedaba muchas veces arrobada.”&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[105]'' Barezzi, al margen derecho: “Essendo in estasi scopriva i pensieri, e secreti altrui a quelli con gran loro stupore.” Blancone omite esta nota.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[106]'' “y a huir de los vicios, reprehendía dulcemente a los presentes, y sus razones eran de tal manera que hablaba con ellos, sin que los demás se diesen cuenta: pero ellos lo entendían muy bien, reconociendo el mal que habían hecho, pedían perdón a Dios con el deseo de enmendarse de allí en adelante”. Villegas: “y se evitasen vicios, tocando en alguno de que algunos de los presentes eran tocados, de modo que les parecía hablar con ellos, y sin que otros entendiesen ellos en semejantes razones lo que habían hecho mal, y era muy secreto, y así les era motivo para tener pesar dello y enmendarse.”. Barezzi: “efuggire i vitii dolcemente riprendendo d’alcuna cosa quelli ch’erano presenti e i suo ragionamenti erano de tanta eficacia, cha pareva parlar con quelli, in guisa tale che gli altri non intendevano, ma essi da simili ragioni scoperti, e vinti conosceva non nel cuor loro il male, c’havevano fatto e cosi li era un motivo di pentirsi delle offese fatte a Nostro Signor Dio chiedendone perdono, con fermezza di emendarsene per l’avenire.”. Blancone se ciñe a Barezzi pero simplificándolo para más claridad.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[107]'' “de la Observancia”. Villegas: “de su orden”. Barezzi: “un certo Provinciale del Ordine de minori Oservanti…”. Blancone sigue a Barezzi. Ambos, frailes observantes, enfatizan la pertenecia de Juana a su misma orden.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[108]'' “que ella no sería capaz para el monasterio ni para la casa en aquel oficio: pues bastante tenía que hacer consigo misma”. Villegas: “que para el monasterio y casa sería provechoso tener ella aquel oficio, aunque para sí penoso.” Barezzi: “che per lo Monastero e casa farebbe utile il tenere lei in quello ufficio quantumque per se stessa sarebbe cosa faticosa e de molta pena”. Blancone sigue a Barezzi aunque adaptándolo y traduciéndolo a contrasentido.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[109]'' Al margen izquierdo: “Hablaba diversas lenguas estando en éxtasis.”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[110]'' “y ellas entendieron muy bien lo que ella les decía”. Villegas: “hablóles en algarabía, y ellas le oyeron de muy buena gana….”. Barezzi: “di buona voglia…”. Barezzi fiel a Villegas. Interpretación errónea de Blancone.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[111]'' “y no acostumbrada entre pocos santos”. Villegas: “y no oída de algún santo”. Barezzi: “e non udita di alcun santo”. Barezzi sigue a Villegas. Interpretación errónea de Blancone, a no ser que se trate de una rectificación voluntaria.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[112]'' “ella quiso que todas las monjas saliesen de la cámara donde estaba su Virgen …”. Villegas: “mandando salir del aposento a las monjas que estaban en él y quedó sola”. Barezzi: “comandó l’Abadessa che uscissero della camera le Monache che vi erano, e cosi restó sola.”.  Error de traducción de Blancone.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[113]'' En el sentido de fingidos, frutos de la imaginación.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[114]'' “que era voluntad de Dios que las monjas oyesen lo que decía en aquel momento, y que prohibían sin embargo a personas dotadas de entendimiento y razón de oírlas”. Villegas: “en lo cual pareció ser voluntad de Dios que oyesen lo que decía en tales tiempos, y que si a personas de entendimiento y razón se les vedaba, vendrían aves que carecen de todo esto a oírla”. Barezzi: “nella qual cosa parue essere volontade di Dio, che udissero quello, che diceva in tale tempo, e che vietavano a persone di intendimento, e di ragione l’udirla vederebbono angelli, che mancando di tutte queste cosi l’udirebonno…”. Error de traducción de Barezzi (“angelli” en lugar de “aves”) pero fiel a Villegas por lo demás. Blancone omite el final del pasaje, tal vez porque le parecería extraño, y refunde el conjunto según lógicamente lo entiende. Al final, el sentido se pierde.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[115]'' Al margen izquierdo: “El Cardenal de Toledo y varias personas fidedignas la vieron arrobada.”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[116]'' “Cardenal y Arcediano”. Villegas: “Cardenal y arzobispo”. Barezzi: “Cardenale e Archidiacono.” Blancone sigue la rectificación de Barezzi.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[117]'' “creyendo verdaderamente que era la verdadera sierva y esposa de Jesucristo quien le daba aquellos arrobos como prendas de su divino amor”. Pasaje añadido por Blancone.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[118]'' Al margen izquierdo: “Nuestro Señor, hace por sus ruegos, un gran milagro.”. Barezzi: “N. S. Dio per mezo della serva sua opera un miracolo.”. Barezzi: “Favorita dal Signore segue un nottabil[e¿ ?] miracolo”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[119]'' “y por mi culpa”: añadido de Blancone.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[120]'' Al margen derecho: “Siendo favorecida de Dios, hace un notable milagro repetido varias veces.”&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[121]'' Blancone: “publié” es decir, “ publicado”. Villegas: “público”. Barezzi: “publico”. Errata de Blancone que déja cojo el sentido. Se corrige la errata.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[122]'' Al margen derecho: “Con sus ruegos obtiene la salud para una niña.”&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[123]'' “estando a punto de morir…”. Villegas: “una niña que murió”. Barezzi: “una giovanetta che moriva”. El cambio de tiempo por Barezzi cambia el sentido. Blancone sigue a Barezzi ahondando en este cambio. Por otra parte la rectificación hace más creíble el milagro.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[124]'' “su padre”. Villegas: “ sus padres”. Barezzi: “suo padre” Blancone sigue a Barezzi.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[125]'' “donde se vio por experiencia que iba a morir.”. Villegas: “la cual por muchas experiencias hechas en ella, se vio que estaba sin vida”. Barezzi: “la quale per molte sperienze, che si fece in quella si vide, ch’era dubbiosa della vita sua…”. Blancone, como Barezzi, sigue dentro de la lógica de la rectificación anterior, es decir que la niña no estaba muerta sino a punto de morir.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[126]'' “en número de setenta”. Villegas: “en número de ochenta”. Barezzi: “al numero di ottanta”. Error de Blancone, a no ser que sea una rectificación suya&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[127]'' “de tanto como agradaban a Jesucristo, su verdadero esposo, los ruegos de su humilde sierva”. Añadido de Blancone.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[128]'' “elevada”. Villegas “electa”, Barezzi: “eletta”. Error de interpretación de Blancone, a no ser que sea una exornación voluntaria para ensalzar la figura de la santa.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[129]'' Al margen derecho: “Es elevada a abadesa en el monasterio.”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[130]'' “tanto mas cuanto que”. Villegas: “en que” Barezzi: “perche”. Traducción errónea de Blancone, que oscurece el sentido.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[131]'' Barezzi: “Con l’oratione ottene gratia della sanità di dòna Anna Manrique”. Blancone omite esta nota de margen.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[132]'' Al margen izquierdo: “Con sus oraciones alcanza la salud para varias personas.”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[133]'' “que agradaban más a Dios que todos los remedios naturales que se había pensado aplicar”: comentario añadido por Blancone.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[134]'' Al margen izquierdo: “Trabajos padecidos con paciencia por esta humilde abadesa.”. Barezzi: “Travagli e persecutioni, che pati la serva del Sig. con molta patienza, e la causa perche.”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[135]'' “uno de los prelados, el más principal …”. Villegas: “uno de los prelados y el principal”. Barezzi: “uno dei Prelatti, e il principale…”. Barezzi sigue a Villegas. Traducción errónea de Blancone.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[136]'' Añadido de Blancone, para más claridad.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[137]'' “muy atenta, como si hubiese estado en el coro, cuando se decía la Santa Pasión”. Villegas: “tornando en sí, fuese al coro al tiempo que se decía la Santa Pasión”. Barezzi: “con attentione in se stessa, come se fusse nel choro quando si dice la santa passione”. Error de Barezzi. Blancone sigue a Barezzi.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[138]'' Al margen derecho: “Contemplando la Pasión de Jesucristo, recibe sus señales en pies y manos, no sin dolor.”. Barezzi: “Contemplando la passione di N. Signore gli rima se i segni nei peidi, che li durarono molti giorni con grandissimo suo tormento.”&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[139]'' “a él” Villegas “a ella”. Barezzi: “e che univa a quello”. Error de Barezzi a quien sigue Blancone.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[140]'' “que alcanzó su petición”. Añadido de Blancone.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[141]'' “agotado y afligido por la gran penitencia que ella hacía cada vez más a menudo.”. Añadido de Blancone. En cambio omite “por muchos días” (Villegas), “per molti giorni” (Barezzi).&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[142]'' Al margen derecho: “Cae tan enferma que ya no se puede mover.”. Barezzi: “S’amala con gravi pene, e tormenti che nulla si poteva movere.”. Blancone más escueto que Barezzi.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[143]'' “sino con el socorro de dos monjas.”. Añadido de Blancone.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[144]'' Al margen izquierdo: “Coloquio que tuvo con Jesucristo y su respuesta.”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[145]'' “dando espanto y compasión al que alcanzaba ese bien de verla, lo cual no era sin padecer en extremo…”. Añadido de Blancone.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[146]'' “daba gracias y alababa al esposo de su alma, Jesucristo, por los dolores que recibía, como otras tantas piedras preciosas venidas de su sagrada mano…”. Añadido de Blancone.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[147]'' A partir de aquí, las supuestas palabras de Jesucristo vienen en estilo indirecto cuando en Villegas y en Barezzi aparecen en estilo directo. Tal vez sea esto por prudencia por parte de Blancone, pues el estilo indirecto abre un poco de distancia con lo referido aquí.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[148]'' “era necesario que ella creyese”. Añadido de Blancone.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[149]'' “un millón”. Villegas: “graves”. Barezzi: “gravi”. Interpretación de Blancone.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[150]'' “Tienen que ser grandes los trabajos, para alcanzar los grandes asientos…”. Villegas: “y porque les cumple padecer trabajos, y que sean grandes para tener allá grande y principal asiento…”. Barezzi: “patir travagli per andar al Cielo, e che siano grandi per havere la grande e principal sedia…”. Blancone omite “principal” para establecer un paralelismo con “que sean grandes los trabajos”. Por esta misma razón pluraliza “asiento”. Tal vez podamos vislumbrar aquí la pasión francesa de la época por la simetría y el equilibrio, cuando, tanto en Villegas como en Barezzi, aflora un gusto por el barroquismo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[151]'' “y tú vendrás.”. Añadido de Blancone.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[152]'' “esta virgen…”. Añadido de Blancone.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[153]'' Al margen izquierdo: “Murió en Dios el 3 de mayo de 1534.”. Barezzi: “Mori nel Sig. a 3. di Maggio del 1534.”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[154]'' Literalmente hablando, Blancone traduce a contrasentido: “habiendo todas las monjas repartido y deparado todos los pequeños y pobres muebles de su celda para morir más pobre.”. Corregimos aquí siguiendo a Villegas y a Barezzi.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[155]'' “según San Juan”. Añadido de Blancone.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[156]'' “con gran modestia”. Villegas “y mostrando en su rostro un sonriso” (¿errata por una sonrisa?). Barezzi: “mostrando nella faccia un sorriso”. Error de Blancone.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[157]'' “en Jesucristo”. Añadido de Blancone.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[158]'' “Después de esta muerte, el olor de su celda, que no era nada grato por el largo tiempo de su gran enfermedad, se mudó en tan buen olor que todos quedararon muy consolados”. Pasaje completamente reescrito por Blancone. Villegas: “junto con que, habiendo antes en el aposento algún mal olor por causa de su larga enfermedad, al proviso se trocó en otro admirable y del Cielo, de que gozaron todos los presentes.”. Barezzi: “Apparsso allá qual cosa havendo mutossi nella camera qualche cattivo odore per la lunga infirmitade, all’improviso si mutó in un’altro admirabile del Cielo del quale si goderono i presenti.”. Tal vez Blancone haya querido corregir, interprétándola, la traducción algo enrevesada de Barezzi.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[159]'' Al margen derecho: “Hace muchos milagros cuando muere.”. Barezzi: “N. S. per li meriti della serva sua rese la sanità a molti.”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[160]'' Al margen derecho: “Su cuerpo es trasladado a un lugar más honroso.”. Barezzi: “Fú trasportato il corpo suo, e riposto in un sepolcro alto e illustre nel choro della sua Chiesa.”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[161]'' “por haber sido virgen esposa de Jesucristo”: añadido de Blancone.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[162]'' “su vida atestigua que su alma goza ahora plenamente del dulce abrazo de su Esposo y que la ha puesto en un asiento principal de su bienaventuranza, desde la cual Dios quiera por su bondad y misericordia y por los méritos de esta bienaventurada Sor Juana, hacernos partícipes”. Pasaje reescrito. Villegas: “por ser cuerpo de persona cuya vida da a entender piadosamente que está su alma de Nuestro Señor en muy principal asiento de su bienaventuranza, de que todos seamos participantes.”. Barezzi: “gozando per essere corpo di persona, la cui vita fa vedere piamente, che l’anima sua se ne stia godendodi nostro Signore in una molto principal sede della sua beatutidine, della quale tutti IDDIO ne faccia partecipi..” Barezzi sigue fielmente a Villegas y Blancone aligera el conjunto adornándolo según sus gustos personales.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
= Vida impresa (12)=&lt;br /&gt;
Ed. de [http://visionarias.es/equipo/maria-gonzalez-diaz/ María González Díaz]; fecha de edición: mayo de 2024.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
== Fuente ==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
* [http://catalogodesantasvivas.visionarias.es/index.php/Categor%C3%ADa:Alonso_Carrillo Carrillo, Alonso], 1663. ''Epítome de la vida de soror Juana de la Cruz, religiosa de la Orden Tercera de Penitencia de san Francisco en el convento de Santa María de la Cruz, diócesis de Toledo. Presentado a la santidad de Alejandro VII, pontífice máximo y señor nuestro, por fray Juan de San Diego y Villalón, religioso de san Francisco y procurador en la curia romana, para la causa de la canonización de la sierva de Dios''. Zaragoza: Bernardo Nogués.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[[Contexto material del impreso Epítome de la vida de soror Juana de la Cruz de Alonso Carrillo]].&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==Criterios de edición==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
La edición presenta una sección de notas donde, por un lado, aparecen las citas que el impreso presenta en los márgenes (recogidas con números romanos) y, por otro lado, las aclaraciones de la editora (apuntadas con números arábigos en cursiva y entre corchetes). Es importante apuntar que las cinco primeras citas que hay en los márgenes aparecen en el impreso como números arábigos en superíndices.&lt;br /&gt;
Se han adoptado los criterios de edición de vidas impresas estipulados en el ''Catálogo de santas vivas'':&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
* Se ha indicado el folio (r-v). &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
* Se han respetado los párrafos que aparecen en el impreso.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
* Se han eliminado las consonantes geminadas y se ha modernizado la ortografía (sibilantes, b/u/v, j/g, chr/cr, qu/cu, empleo de h, etc.) aunque se respeta la morfología de las palabras con interés morfológico o fonológico (seseo, leísmos, laísmos, loísmo, etc.). &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
* Se han ajustado a los criterios actuales del español la unión y separación de palabras (“desta”, “desde”, “dello” etc.), el uso de mayúsculas y minúsculas, y la acentuación y la puntuación. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
* Se han expandido las abreviaturas, primordialmente la expansión de las nasales con la virgulilla encima de la vocal y la abreviación de “que” o “qual”, también con el uso de la virgulilla o la diéresis. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
* Se han introducido las comillas para delimitar las intervenciones dialógicas de los personajes. También en las cartas.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
* Se han desarrollado las siglas.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
* Se ha usado la cursiva para las obras literarias (''El Conorte'').&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
* Los latinismos crudos se escriben en cursiva (''in iure'').&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
* Se han homogeneizado los números (tanto en el caso de las fechas, como en el uso de los números romanos).&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
* Se ha corregido la foliación: El impreso repite el folio 10 dos veces. Por este motivo, se corrige a fol. 11r y fol. 11v. Sin embargo, debe tenerse en cuenta que, a partir del siguiente folio, el impreso presenta la numeración correcta. Posteriormente, el impreso se salta el folio 33 y pasa directamente al 34, por lo que se vuelve a corregir hasta el folio 45, donde la numeración vuelve a ser correcta hasta el final.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==Vida de Juana de la Cruz==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''El autor al que leyere ese epítome'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[fol. [i]r] La vida de soror Juana de la Cruz ha sido asunto de algunas plumas bien doctas en España; pues con sus virtudes, revelaciones y milagros les dio materia esta sierva de Dios para escribir crecidos volúmenes, donde lo accesorio es más que lo principal por la necesidad que tuvieron aquellos escritores de responder a diferentes objeciones que se pusieron a los primeros libros que se publicaron, llenos de algunas maravillas que, con dificultad, hallan aceptación en la credibilidad de los vulgares. Pero tratándose hoy de la canonización de soror Juana es necesario informar al Vicario de Cristo de sus principales acciones con tal brevedad que no se le hurte el tiempo a quien le gasta todo en beneficio del orbe cristiano. No es este de los escritos en que puede ostentar sus primores la elocuencia, ni aquí puede lograr sus sentencias y aforismos la política pues, refiriéndose una vida sin artificio y una verdad desnuda, es preciso faltarle los adornos con que se visten las vidas de los príncipes y de los héroes del siglo que, con el manto de la lisonja y adulación, cubren los defectos; y para estos solamente inventó sus galas el artificio. Por eso, es nuestra relación sencilla y de estilo ordinario, pues nuestro intento solamente pretende informar al Padre Universal, a cuyos oídos han de llegar las cosas como son y no como debieran ser, para que, atendiendo a las súplicas reverentes de tantos devotos ''[1]'' como tiene soror Juana ya de superiores ya de inferiores jerarquías, mande ver el proceso que se hizo a más [fol. [i]v] de cuarenta años sobre verificar por menor lo que por mayor contiene este epítome. Y, contando de los méritos de esta virtuosa virgen, la escriba en el catálogo de los ciudadanos del Imperio con que nuestra España tendrá más este blasón que la ilustre, y la religión de san Francisco logrará las ansias con que propone esta súplica a los pies del sucesor de san Pedro. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[fol. 1r]&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Santísimo Padre'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Aunque la antigua cosmografía puso en España el ocaso del sol y fue tenida por la última de las tierras desde que sus naturales profesan la religión cristiana, ha sido Oriente de muchos soles que resplandecieron y alumbraron el mundo con rayos de virtud y santidad.&lt;br /&gt;
No pueden comprehender fácilmente los martirologios y las dípticas de nuestras iglesias el número de los mártires, de las vírgenes y de los confesores que, o por consentimiento de toda la Iglesia universal y tradición recibida por muchos centenares de años o por declaración de los sumos pontífices vuestros antecesores y por vos mismo, son venerados por ciudadanos de la triunfante Jerusalén.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Pocas provincias del orbe cristiano se igualan con las nuestras en esta excelencia y ninguna las excede; y no ha muchos años que aumentasteis nuestras glorias con escribir en el catálogo celeste a santo Tomás de Villanueva.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Ahora pedimos, sedientos de semejantes favores, declare vuestra beatitud por santa a la singular Juana de la Cruz, hija de la religión de san Francisco y que profesó su tercera regla en el Monasterio de Santa María de la Cruz, diócesis de Toledo. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[fol. 1v] Desde que la santidad de Gregorio XV, pontífice máximo, en el año de 1622 expidió su breve para que los obispos de Troya y Cirene hiciesen en la plenaria la información sobre los milagros y virtudes de esta sierva de Dios y, cumpliendo con la comisión exactamente, remitieron el proceso según el orden e instrucción que contenía el breve, no se ha hecho diligencia para acordar a vuestros gloriosos antecesores los deseos que tienen todas las Españas de oír de la boca del oráculo pontificio que soror Juana es santa y que, como tal, se le puede dar pública veneración.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Esto piden la majestad católica de Felipe IV, nuestro rey, la virtuosísima y esclarecida reina doña Mariana de Austria, su esposa, y el señor don Juan de Austria, príncipe tan famoso en el mundo por sus hazañas que serán el mejor ornamento de las historias de nuestro siglo.  Esto piden los reinos de Castilla, los prelados y antistites de las primeras iglesias, y sus cabildos eclesiásticos; y, singularmente, el cardenal Sandoval, arzobispo de Toledo, en cuya diócesis nació y murió soror Juana y está hoy sepultado su cuerpo incorrupto. Esto solicita la religión de san Francisco, cuya tercera regla profesó, y también la ilustre villa de Madrid, corte de nuestros reyes. Y yo, aunque indigno de parecer ante la majes- [fol. 2r] tad de vuestro trono, hago esta súplica, gobernado de la devoción que generalmente tenemos los españoles a la virgen Juana de la Cruz.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El culto particular con que es venerada no basta a satisfacer la devoción de sus conterráneos que, como hijos obedientes de la Sede Apostólica, aguardan los decretos y determinaciones de Vuestra Santidad para saber el grado de veneración con que la han de estimar e invocar en sus necesidades y aflicciones; pues, hasta ahora, se han experimentado grandes maravillas resucitando muertos, restituyendo los enfermos de achaques incurables a salud vigorosa, y sus granos o cuentas tienen virtudes experimentadas por larga serie de sucesos contra los demonios, contra las tempestades y contra las plagas que suele padecer la naturaleza.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y aunque por las bulas que, en los años 25 y 33 [I], promulgó la santidad de Urbano Octavo, de feliz memoria, se corrigieron los abusos con que el pueblo rudo suele dar veneración y culto a muchas personas sin noticia ni aprobación de la Santa Sede, en las mismas bulas [II] quedan reservados aquellos casos en que, por tiempo inmemorial o por mucho tiempo y con tolerancia de los [fol. 2v] ordinarios [III], han sido venerados algunos con particular culto, dejando a estos en la cuasi posesión en que se hallan y en las dudas que se han ofrecido en esta santa ciudad. Lo han determinado y declarado así las congregaciones que se hicieron sobre tales causas en los pontifi- [fol. 4r] cados de Clemente VIII y Paulo V, de feliz memoria [IV], mandando no se innovase donde in- [fol. 4v] tervenían los requisitos que concurren en culto con que es venerada soror Juana de la Cruz.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
No tiene altar ni es invocado su nombre públicamente, y en todo se guardan los decretos apostólicos, porque el culto es particular y nacido de un afecto interno y de una voz común agradecida a tantos milagros y maravillas.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y cuando los obispos de Troya y de Cirene hicieron la información plenaria hallaron que, por más de noventa años, antecedentemente tenía el mismo culto pues su cuerpo está colocado en parte eminente y con algunas lámparas que arden continuamente en su obsequio y pendientes los votos que, con frecuencia, llevan al templo donde yace el cadáver sus reconocidos. En esta forma le han visitado los arzobispos de Toledo, los prelados de la religión franciscana, los nuncios que en nombre de la Sede Apostólica residen en la corte de España y, en fin, las majestades desde los grandes monarcas Felipe III y Felipe IV su hijo, y la esclarecida reina doña Isabel de Borbón, y los infantes (grandes y títulos de estos reinos). Y antes de emprender la conquista de Portugal en que hoy se halla emplea [fol. 5r] do, el señor don Juan de Austria visitó el templo de Santa María de la Cruz a devoción de soror Juana de la Cruz y, con liberalidad propia de su ingenio, ha dado muy considerables limosnas [V] y, a su imitación otros, con que la devoción a esta virgen es general. Y, no sin providencia superior, se ha reservado a los felices tiempos de vuestro pontificado el ponerla en la lista y número de los santos canonizados. Y, para que pueda vuestra santidad comprehender las acciones principales de la vida de soror Juana de la Cruz, pongo a vuestras plantas ese dibujo o epítome de todas ellas, refiriendo solamente lo que parece más esencial y que conduce a informar vuestra mente sin que por ello pretenda merecer algún crédito más del que damos a una historia profana, remitiendo la verificación y comprobación de este informe al proceso y papeles concernientes a la prueba que se hizo por los obispos de Troya y de Cirene y que se llevaron a esa curia romana, bastándome por suma felicidad llegar por medio de este escrito a vuestras plantas. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Besa los pies de vuestra santidad,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Licenciado don Alfonso Carrillo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[fol. 5v]&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''§. I.'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[VI] Presidiendo en la silla de san Pedro Sixto IV, de feliz memoria, y reinando la mayor parte de las Españas los Católicos Reyes don Fernando y doña Isabel, príncipes gloriosos, nació Juana en tres ''[4]'' de mayo del año de 1482 ''[5]'' en el lugar de Azaña, pueblo del arzobispo de Toledo, cuya situación es en la provincia que llaman Sagra. Sus padres fueron Juan Vázquez y Catalina Gutiérrez, personas virtuosas y ricas.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[VII] [fol. 6r] Reconociese luego que recibió el agua del Bautismo que la niña se abstenía (con admiración de cuantos observaron la maravilla) en el viernes de todas las semanas de tomar el pecho de su madre, si no es una vez al día ayunando en la forma que se refiere de san Nicolás, obispo de Mira, y de san Estéfano, obispo diense.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[VIII] [IX] Sucedió no mamar en tres días y pareció haberla sobrevenido un accidente mortal con suspensión de todos los sentidos. Y creyendo la madre haber fallecido la criatura, pidió a la Virgen santísima intercediese con su Hijo Cristo, Señor Nuestro, la resucitase. Haciendo voto de llevarla al templo nuevamente fundado de Santa María de la Cruz y estar en vigilia allí una noche, volvió la niña del parasismo o desmayo, con que su madre creyó piadosamente había sido resurrección milagrosa la de su hija.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[X] [XI] Antes de cumplir dos años, enfermó de suerte que no podía comer ni aún tomar el pecho, con que su madre, valiéndose por medicina en todos los males de niña de la intercesión de los santos, la llevó a un templo dedicado a san Bartolomé en la villa de Añover. Y a vista de la imagen del apóstol, se alegró Juana, mejorando de suerte que pidió de comer; y contaba en la edad de discreción como había [fol. 6v] tocádola el apóstol san Bartolomé en el rostro, de que procedió cobrar salud. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[XII] [XIII] No la vieron jugar con otros niños, como es natural en la infancia, y a los cuatro años de su edad tuvo un rapto en que juzgó ser llevada a un lugar ameno donde vio una señora de mucha autoridad asistida de vírgenes y niños hermosísimos; y, por haberla enseñado aquellos coros de vírgenes y niños que la señora era la Madre de Dios, la adoró y alabó con la salutación del ángel. Y en aquella oración, vio también al ángel su custodio. Y, cuando volvió del rapto, refirió cuanto en él había observado hasta que la mandaron callar sus padres y obedeció luego.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[XIV] [XV] En aquel mismo año, llevaban por viático a un enfermo el santísimo sacramento de la Eucaristía y, pasando por la puerta de la casa donde vivía Juana, le adoró y vio sobre el cáliz a Cristo, Señor Nuestro, en forma de niño hermoso y resplandeciente. Y en el día que la Iglesia celebra la Purificación de la Virgen, Nuestra Señora, al tiempo que el sacerdote levantó la hostia consagrada, vio en ella distantemente el cuerpo glorioso de Cristo, rodeado de muchos ángeles; y en aquella edad inocente pensaba que a todos eran comunes semejantes favores.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
A los siete años de su edad murió su madre [fol. 7r] [XVI] y, entre sus agonías últimas, encargó a su marido cumpliese por ella el voto de llevar a la niña con una ofrenda de cera al templo de Santa María de la Cruz. Pero la muchacha, adelantando el discurso a más altos fines, deseaba ir ella a cumplir el voto de su madre y, con esta ocasión, quedarse monja en el convento. Comunicó sus pensamientos a una su tía, que al mismo tiempo entró religiosa en el monasterio de Santo Domingo el Real de la ciudad de Toledo, pero su padre y abuelo, entendiendo lo que pretendía, lo embarazaron considerando la tierna edad de Juana, incapaz, a su parecer, de tolerar los rigores y asperezas de una religión. Y aunque la tía procuró siempre atraerla a su convento hasta disponer medios de robarla, no pudo ''[6]'' conseguirlo. Y la niña, más advertida, propuso tomar el hábito en otra parte por que no dependiese su vocación de afecto al parentesco de la tía.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[XVII] [XVIII] Otros sus parientes ricos la llevaron a su casa por tener en ella una joya preciosísima; tales eran las luces que brillaba aquel diamante y tal su capacidad que fiaron el gobierno de su hacienda a la muchacha. Aquí se descubrieron las penitencias con que Juana maceraba su cuerpo en tan tiernos años, ayunando los días de precepto a pan y agua y, tal vez, no comía en dos o tres días; y cual otra Cecilia [fol. 7v] penitente, usaba silicios y se azotaba con cadenas hasta derramar sangre. En las noches frías y dilatas del invierno, después de recogida la gente de su familia, se desnudaba sin dejar sobre si más que el silicio y, en esta forma, pasaba en oración toda la noche. No pudo esto recatarse de la noticia de sus tíos y así vivió con mayor retiro en adelante.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[XIX] Gozaba continuamente de visiones maravillosas que la enseñaban o confirmaban en alguna virtud. Y en un Viernes Santo por la mañana, contemplando la Pasión de Nuestro Salvador, le vio crucificado; y fue tanto su sentimiento con aquella soberana visión percibida con los ojos corporales que, con las lágrimas que derramó e interno dolor que tuvo, quedó desfigurada de suerte que aun sus mismos tíos no la conocían.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[XX] A los catorce años de su edad, pensaron sus tíos en casarla y, a la fama de su honestidad y hermosura, concurrieron muchos pretendientes, señaladamente un mancebo natural de la villa de Illescas. Pero, como Juana quería consagrarse a Dios perpetuamente, le fue revelado un día de la Semana Santa por medio de una visión (en que Cristo, Nuestro Señor, la apareció) sería su Esposa y que entraría en religión. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[XXI] [fol. 8r] Alentada la virtuosa doncella con tal favor, dispuso entre sí misma irse al convento de Santa María de la Cruz de religiosas terceras de san Francisco. Tenía Juana particular devoción a este convento porque su fundación fue prodigiosa y, al parecer, agradable a la soberana Reina de los ángeles, Nuestra Señora. El suceso se cuenta en esta forma. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Cinco leguas de Madrid, villa ilustre y corte hoy de los reyes de España, tiene su asiento la villa de Cubas, de corta población y oscuro nombre. [XXII] [XXIII] Apacentaba una pastorcilla, llamada Inés, en los términos de este pueblo un ganadillo de cerda; y era tan devota de la Virgen Santa María que mereció ser instrumento de las maravillas del Cielo. Aparecióse a la pastora la Virgen santísima a quinientos pasos del lugar de Cubas y, después de varios coloquios y apariciones que se continuaron por algunos días, la dijo que en aquel sitio quería tener templo de su advocación; y, para que los de su pueblo le edificasen, la dio ciertas señales y en particular la cerró la mano, dejando el dedo pulgar sobre el índice en forma de cruz y de fuerte que no podía abrirla ni usar de ella. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
La pastorcilla, instruida de lo que había de decir, publicó el precepto a los habitadores del pueblo y, con vista del prodigio de la [fol. 8v] mano que con sus manos tocaron todos, ordenaron una devota procesión que guiaba Inés llevando arbolada la señal de nuestra redención. En llegando a vista del término donde se había aparecido la Virgen santísima, mandó la pastora se detuviesen todos y, adelantándose con la cruz, la entregó a quien no vieron los circunstantes arrodillados; y, atónitos con el pasmo y la devoción y las manos invisibles, fijaron la cruz en el sitio sobre que hoy está el templo. La sencilla Inés solamente veía y hablaba a la soberana Reina de las jerarquías angélicas; y mostró el lugar que sirvió de trono a aquella majestad, el cual fue venerado recogiendo la tierra donde había puesto sus plantas y con ella sanaron muchos enfermos de dolencias mortales o peligrosas. Después, los padres de Inés la llevaron al templo de Santa María de Guadalupe (también lo había mandado aquella señora) con cierta ofrenda y en presencia de la imagen, que tan aplaudida y venerada es en España, abrió la pastorcilla la mano; y refieren que, en los lugares por donde pasaba a la ida y vuelta de aquel viaje, hizo algunos milagros en los enfermos a quien tocaba. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Edificose el templo con advocación de Santa María de la Cruz y a la fama de los prodigios que en él se obraban, pues resucitaron [fol. 9r] [XXIV] once muertos y sanaron innumerables personas de varias dolencias. Unas mujeres devotas se juntaron a vivir en común y edificaron allí una casa. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Dieron tales muestras de virtud y santidad que les fue entregada la iglesia con la cruz, que Nuestra Señora tomó con sus manos, y ellas hicieron posesión debajo de la tercera regla de san Francisco. Y una de las principales fue la pastorcilla Inés que, pasado algún tiempo, la eligieron las demás por la cabeza y prelada de aquel convento.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[XXV] [XXVI] [XXVII] No guardaban estas mujeres clausura y, con andar vagando y comunicar a personas seculares, se relajaron de suerte que algunas apostataron de la religión y entre ellas Inés (tan poco hay que fiar de nuestra fragilidad e inconstancia). Casose y tuvo hijos, que murieron, y el marido. Arrepentida de su pecado, entró religiosa en un convento de Castilla la Vieja, donde acabó sus días con grandes muestras de penitencia verdadera; y en su muerte hizo señal el Cielo, pues afirman que se tocaron las campanas sin impulso humano. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
La divina providencia para las grandes enfermedades de nuestra naturaleza previene los remedios proporcionados a su curación: la ruina que amenazaba el edificio místico de [fol. 9v] aquellas monjas se aseguró con ingerirle una columna fortísima, en quien vino a cargar todo el peso de la observancia religiosa. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[XXVIII] Esta fue Juana, que, resuelta a entrar en religión en el convento de Santa María de la Cruz (distante dos lenguas de Azaña, su patria), para que su representación tuviese en el teatro del universo algo de vario y deleitable los primeros pasos que dio en su intento fueron festivos y con novedad. [XXIX] [XXX] [XXXI] Vistiose traje varonil, y con espada, sola y a pie, llevando sus vestidos ordinarios debajo del brazo, salió una mañana de su casa antes que el sol pareciese sobre la tierra por el camino que guiaba al convento. Cuando, combatida de varios pensamientos, le representó el espíritu contrario a su resolución todos los inconvenientes que podían resultar por el hábito impropio e indecente en que se hallaba y por el enojo de su padre y tíos, la flaca doncella, rendida a la vehemencia de la aprehensión y amedrentada con la soledad del camino, cayó desmayada y sin aliento, pero una voz la esforzó tres veces a proseguir la obra comenzada. Pasado algún tiempo entendió haber sido aquella voz de su ángel custodio.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Alentada Juana del espíritu auxiliador, prosiguió su intento y, habiendo caminado [fol. 10r] [XXXII] considerable distancia, sintió venir por el camino, siguiendo sus pasos, un hombre a caballo; y, cuando pudo discernir ''[7]'' la vista con distinción el objeto, reconoció era el hidalgo de Illescas, fino pretendiente de sus bodas. Volvió a ocuparla el susto y el miedo pero, con el traje de varón, se disimuló de suerte que la desconoció el mancebo y pasó adelante sin observar el semblante hermoso, los pasos débiles y ademán mujeril de la doncella. Culpable, al parecer, fue vestirse como varón, pero este acaecimiento califica el disfraz por acertado.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[XXXIII] [XXXIV] Viéndose libre de aquel peligro, se postró en la tierra dando gracias a Dios y aquí tuvo otro consuelo y aparición de la Virgen santísima, con que oyó palabras de esfuerzo y seguridad. Pasó adelante hasta llegar a un pueblezuelo cercano al convento llamado Casarrubuelos y, fatigada de sed, pidió de beber en una casa. Diéronla agua y descansó breve tiempo. Y, al irse, se dejó por olvido la espada junto al asiento donde había estado. Y, acordándose de ella en el camino, volvió en su busca a la casa misma de donde había salido. Y con el descuido natural con que obra quien finge, sencillamente dijo: “Oh, peccadora ''[8]'' de mí, que se me había olvidado la espalda”. Esta concordancia, propia del sexo femenil e impropia para quien [fol. 10v] se fingía varón, despertó la atención de una criada que la había ministrado el agua, la cual advirtió a sus amos cómo era mujer el que parecía mancebo. Pero esta curiosa averiguación no fue creída y aquel solecismo en la gramática de la tierra fue consonancia para las armonías del Cielo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[XXXV] Llegó, en fin, Juana al puerto deseado y, entrando en la iglesia, dio gracias a la estrella que la había guiado en aquella corta, aunque peligrosa navegación. Y, apartándose a un ángulo oscuro del templo, se restituyó a sus propios vestidos, despojándose de la máscara y disimulación con que había temido naufragar entre los escollos de varios peligros y pensamientos.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[XXXVI] Impaciente en la dilación de su intento, fue luego a la puerta reglar del convento para hablar a la abadesa y darle noticia de su pretensión. Guardaba la puerta de aquel paraíso una imagen de la Virgen santísima colocada en un nicho y, encontrándola Juana, se postró pidiéndola con una oración fervorosa que, pues era puerta del cielo y en aquel monasterio también era portera, la franquease la entrada disponiendo las voluntades de las monjas para que la admitiesen en su compañía. Es tradición constante que habló la imagen diciendo a Juana: “Bienvenida seáis, hi- [fol. 11r] ja mía. Entre gozoso tu espíritu a tomar posesión de lo que tanto ha deseado que, para reparo de esta casa, te crió Dios en cuyo nombre y en el mío tendrás autoridad para derribar y edificar, destruyendo relajaciones y vicios, y enseñando con doctrina y ejemplo el camino de la perfección”. Es esta imagen por quien Dios obró tal maravilla se ve hoy en el mismo lugar de la puerta reglar del convento, aunque la forma del edificio y lugar de la puerta se ha mudado.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[XXXVII] [XXXVIII] Alentada la doncella con semejante oferta, hizo llamar a la abadesa, a quien dio noticia de su vocación y de los acontecimientos que había tenido hasta llegar al convento y que sería felicísima si era admitida en él por criada de las demás religiosas. La abadesa, gozosa en si misma de ver aquella Virgen hermosa y de corazón tan esforzado en edad de quince años y de entendimiento clarísimo, disimulando el gusto interior, reprehendió primero la temeridad de venir sola y en hábito impropio y, en lo demás, respondió lo comunicaría con las monjas. Juntó la comunidad y, propuesto el caso, se conformaron en recibir por compañera a Juana; y, como era necesario además de su consentimiento el del provincial, dispuso la divina providencia que no faltase este requisito, pues el provincial que era entonces entró [fol. 11v] en aquella sazón fuera de toda esperanza pues había ocho días que había estado en el convento.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Admiradas las monjas con la venida del prelado en ocasión tan oportuna y que la tuvieron por milagrosa, informaron al provincial de la vocación de la doncella, el cual dio licencia para su admisión.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[XXXIX] [XL] [XLI] Caminaban estas cosas con felicidad, y Juana deseaba la hora de su recepción. Pero su padre y parientes, noticiosos de su fuga y del camino que había tomado, fueron al convento, donde procuraron embarazar este santo propósito con palabras descorteses y groseras, persuadiéndola dejase aquel intento con representarla las conveniencias que dejaba en el siglo y los trabajos y desamparo que había de padecer en la religión. Pero la doncella, primero con el silencio y con la modestia, y luego con la perseverancia y resolución que dijo tenía de elegir a Dios por padre, ablandó los corazones de aquellos rústicos que se conformaron en que Juana entrase religiosa ofreciéndola dote competente. Y así, en presencia del padre y parientes, recibió el hábito con devoción y lágrimas en que todos concurrieron, equivocándose los gozos y los sentimientos, los llantos y los parabienes. ¡Oh in- [fol. 12r] comprensibles juicios de Dios! Quien con ojos mortales procura averiguar los rayos y luces con que nos deslumbran queda más ciego e incapaz de observar sus maravillas; lo que vemos solamente es que los mejores medios para conseguir un propósito son los estorbos, y los montes, y riscos; son los llanos y veredas por donde se camina con más seguridad.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[XLII] Las memorias que se conservan de la vida de Juana en los libros y en la tradición refieren por menor sus acciones; y el ánimo con que se iba encaminando el año del noviciado a la perfección del espíritu.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[XLIII] Con un profundo silencio y con una ciega obediencia, echó los cimientos tan firmes que pudo cargarse en ellos un edificio para la eternidad. En la guerra de los sentidos, la única defensa que tuvo fue el retiro de todos los tratos humanos en la estrechez de una celda; y entre los silicios, disciplinas y ayunos (no comiendo más que una vez al día) y con la oración continua de discípula se hizo maestra, de novicia se hizo veterana de la milicia celeste, con que, pasado el año, fue admitida a la posesión, tomando por nombre Juana de la Cruz. Era devotísima de esta señal como instrumento principal de nuestra redención y [fol. 12v] por haber nacido en el día que la Iglesia celebra su milagrosa invención. Y en otro tal día, tomó el hábito e hizo profesión. Y después, en el progreso de su vida, en otros semejantes días, fue electa abadesa y murió, pero la principal razón fue querer seguir la cruz de Cristo, correspondiendo con las obras a la representación de su nombre.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[XLIV] [XLV] El orden que, siendo novicia y después de profesa, tuvo para disimular sus vigilias, oración y penitencia era este: llevaba, al tiempo de recoger las religiosas en el dormitorio común, una rueca; y cuando sentía que dormían las monjas, ocupaba las manos en hilar y los pensamientos en Dios, y en esta forma estaba hasta que tocaban a maitenes. Acudía entonces al coro y, acabadas las divinas alabanzas y recogidas las demás monjas, comenzaba de nuevo la tarea de la oración en que perseveraba hasta el amanecer; y, vencida de la necesidad, se rendía al sueño por dos o tres horas hasta la hora de prima. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[XLVI] En las obras de manos y trabajos corporales en que la ocupaba la obediencia hallaba su mayor regalo y deleitación: cuando fregaba los platos y alhajas de la cocina, los figuraba de oro y llenos de perlas y piedras preciosas en que había de comer su soberano esposo, y así se deleitaba en aquel ejercicio [fol. 13r] de humildad. Lo mismo consideraba cuando barría la casa, pues la escoba le parecía un ramillete de flores y, si hacia oficio de cocina, se acordaba de Marta cuando hospedó en su casa al Redentor del mundo. En esta forma lograba en sus empleos un inmenso tesoro de merecimientos.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[XLVII] Imitó fielmente a su patriarca san Francisco en guardar verdadera pobreza, pues su cuidado en esta parte fue igual al que tuvo el rico avariento en juntar y guardar los tesoros que le llevaron al infierno. De sola su cama y hábitos era poseedora cuanto al uso, sin tener más celda que las oficinas de la comunidad; y los vestidos eran tan pobres que parecía vestirse los que desechaban las demás monjas: el hábito humilde, la túnica interior de sayal, la camisa un asperísimo silicio ceñido todo con una cuerda de cáñamo y los pies sin más adorno ni abrigo que unas viles sandalias.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[XLVIII] Con ser tan espantosa su penitencia y tan singular su modo de vida, la mayor excelencia que se observa de sus virtudes fue la de regular siempre sus acciones con la obediencia y dictamen de su confesor, recibiendo las reglas de vivir sin valerse de su propia voluntad. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
La hermosura de su rostro y perfección [fol. 13v] [XLIX] [L] de su cuerpo fueron admirables, y se adornaban con gravedad y modestia que componían a cuantos la miraban. Su conversación era dulcísima, sus palabras amorosas vivas y penetrantes, y en la dirección misma traía envuelta la salud y reformación de las almas. Nunca hablaba en vano ni superfluamente, pues todos sus discursos se encaminaban a glorificar a Dios y aprovechar los próximos; y, si tal vez ocurría en la conversación materia de gusto y entretenimiento, era con tanta templanza que más provocaba a devoción que a risa y deleite. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[LI] En aconsejar y consolar corazones tuvo don del Cielo, con que venían a consultarla personas gravísimas y de diversos estados y todas las fiaban sus secretos con seguridad de que no serían revelados. Estas calidades eran adornadas de una humildad profundísima y sus virtudes se descubrieron más en los oficios que la encargó la obediencia a sus preladas.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[LII] Asistía a la cocina, como hemos referido, y en ella, por leves causas, era maltratada y reprehendida de sus compañeras. Y luego se arrodillaba y las pedía perdón y, si no podía aplacar su enojo, íbase al coro a pedir a Dios la perdonase la pena y turbación que había ocasionado a sus hermanas. Volvíanla a llamar y [fol. 14r] preguntábanla qué hacía en el coro y, con admirable mansedumbre, respondía: “Suplicaba a la divina clemencia me perdone por haber ocasionado vuestra justa indignación y que os diese gracia para sufrirme”. Quedaban confusas y arrepentidas de haber ofendido a aquella cordera que tan poco lo merecía.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[LIII] En aquel humilde ejercicio, manifestó Dios cuán agradable le era su sierva con algunos milagros. Merezca contarse uno para ejemplo de que Dios cuida de aliviar a los que le sirven, aun en cosas muy menudas, en la estimación de los hombres: llevaba soror Juana un barreño de barro con la carne que había de comer la comunidad para lavarla en el pozo. Encontró con el barreño en una piedra, hízole pedazos y ella, muy triste, se puso en oración, suplicando al Señor reparase aquella falta. Tomó los pedazos y fuelos juntando, y el barreño quedó como estaba antes de romperse; y sirvió después en la cocina por más dos años.&lt;br /&gt;
[LIV] Encargáronla la enfermería, donde halló materia bastante para ejercitar su caridad; no perdonaba ningún género de desvelo y de trabajo por asistir y cuidar de las religiosas enfermas. Sucedió que una monja padecía mucho frío y dolor de estómago y pidió a soror Juana que, pues era enferma, pi- [fol. 14v] [LV] diese para sí un poco de vino diciendo lo había menester y que le diese a ella porque su necesidad era muy grande y no se atrevía a pedirle. Soror Juana ofreció pedir el vino con buena voluntad pero, considerando que si le pedía con pretexto de su necesidad era mentira y dejarle de pedir era falta de caridad, suplicó a Dios le diese por algún tiempo dolor de estómago para que, no faltando a la verdad, pudiese remediar la necesidad de su hermana. El Padre de misericordia, y a quien tan agradables son los actos de caridad con el próximo, concedió lo que pedía a su sierva y, con el propio dolor de estómago, pidió la medicina para el remedio del ajeno. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[LVI] En este mismo oficio de enfermera, por su intercesión, cobraron muchas enfermas salud. Sanó una religiosa de unas tercianas, comiendo con particular devoción un poco de pan que soror Juana estaba también comiendo, y no la volvió más la calentura. Esta misma religiosa, por intercesión de su enfermera, se libró de dos zaratanes que se le criaron en los pechos, poniendo en ellos unos paños mojados en agua bendita de consejo de soror Juana.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[LVII] Del ministerio de la enfermería, pasó a ser tornera y portera y con su agrado y cortesía, sin faltar al rigor de la obligación de su o- [fol. 15r] cio, cumplía con monjas y seglares. Aquí padeció notables mortificaciones de una compañera más anciana que la perseguía con porfía incansable riñéndola y maltratándola por todo cuanto hacía; y a todo callaba la prudentísima criatura o la pedía perdón de las culpas que no había cometido. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[LVIII] [LIX] Como esta sierva de Dios andaba toda transformada en él, cuantas cosas hacía las aplicaba a los más soberanos misterios de nuestra redención. Y así, consideraba el torno por el pesebre en que María santísima reclinó al Niño Jesús recién nacido, y volviendo el torno con esta contemplación halló muchas veces al Niño Jesús que aparecía en forma visible y con dulces palabras la regalaba. En una ocasión, estando gozando la visita soberana del Niño Dios, pretendió abrazarle y regalarse con él pero, al tiempo de extender los brazos, apareció la Virgen santísima que le tomó en los suyos y se levantó en alto, acompañada de coros angélicos; quedó desconsolada soror Juana pensando procedía aquel retiro de su indignidad, pero la Virgen santísima la dijo: “Hija mía, vente a la huerta de casa, hacia la parte donde están las higueras, que allí nos hallarás”. Quedó con esto consolada su alma y, desocupándose del torno, fue apresuradamente al puesto señalado (no así el ciervo de- [fol. 15v] [LX] sea en el verano la frescura de las fuentes, no así la alma ama la visión del hierro como esta sierva de Dios deseaba venir su alma al amor y voluntad de su Esposo Divino). Abrió la puerta de la casilla y viola convertida en alcázar del rey del universo. Estaba en trono de gloria la Virgen María y en sus brazos sostenía al que sostiene el firmamento. Adoró Juana con suma reverencia a aquellas majestades y, con sus alabanzas, hizo compañía a los coros angélicos. Quedó elevada y embebida en aquellos gozos celestiales y, aunque la llamaron con la campana de la portería tres veces, no la ''[10]'' oyó, y la Virgen, Nuestra Señora, la dijo: “Anda, que te han llamado tres veces con la campanilla y no lo has oído, acude a la obediencia”. Dejó luego la dichosa Juana a Dios por Dios, cumplió con la ocupación para que fue llamada y, con las mismas ansias, volvió a la casilla de la huerta. Repararon algunas monjas en sus pasos veloces, en su inquietud extraordinaria, en su rostro encendido, y que arrojaba unos resplandores y luces y el aire por donde pasaba quedaba fragante y oloroso. Siguiéronla hasta la puerta de la casilla, donde oyeron decía: “¡Oh, Reina de los Cielos, cuan bien manifestáis con esta pecadora ser madre de misericordia pues, aunque yo me había ido dejando vuestra compañía, no se ha desdeñado vuestra grandeza y el [fol. 16r] dulcísimo Jesús de esperarme en tan humilde lugar”. Respondió la Virgen santísima: “Hallástenos, Juana, a mi hijo y a mí porque nos dejaste por la santa obediencia”. Y, después de algunas palabras en estimación de lo que merece esta virtud, acabó su Majestad con decir: “Si no hubieras sido obediente, no hubieras gozado de aquestos favores”. Todo esto lo escucharon las religiosas que siguieron a soror Juana, descubriendo Dios por este medio lo que ella con modestia y cuidado les encubría. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[LXI] Otra aparición de la Virgen María con el Niño en los brazos tuvo en la sala de la labor pues, arrebatada soror Juana en espíritu y visión imaginaria, vio a la Emperatriz de los ángeles y a su Hijo preciosísimo. Y, después de varios coloquios, consiguió recibir en su escapulario al Niño alegrándose y gozándose en tan soberano bien, y los efectos de este sabor le duraron en su alma por muchos días.  &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''§. II.'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[LXII] Inexplicable es la devoción que soror Juana tuvo con el inefable Sacramento de la Eucaristía; el deseo de gozar siempre de aquel pan angélico la traía absorta y enajenada de sí. Todas sus oraciones, penitencias y mor- [fol. 16v] [LXIII] [LXIV] tificaciones se dedicaban a disponerse para recibirle dignamente y, juzgándose incapaz de sentarse a la mesa del Rey de los reyes, no se atrevía a recibirle cada día sino cuando su confesor lo ordenaba. Suplía la falta de la comunión sacramental con comulgar espiritualmente en que sentía grandes consuelos, con que se podía decir que toda su vida era una espiritual comunión prolongada. Esta devoción se la pagó Dios con muchos favores que recibió su sierva y milagros que acontecieron. Merece referirse uno, cuyas señales permanecen hoy en los mármoles de su convento: confesábase un día en tanto que se decía la misa mayor. Hicieron señal en la iglesia con la campanilla de que el sacerdote levantaba la hostia consagrada. El confesor mandó a soror Juana fuese por el coro a adorar a Cristo Nuestro Señor sacramentado. Salió con prisa y, reconociendo por los golpes de la campanilla que no podía llegar al coro a tiempo, se arrodilló para adorarle en espíritu. ¡Oh maravillas de Dios! Interponíase entre soror Juana y la iglesia una pared de cantería muy gruesa y, por impulso físico y sobrenatural, se abrió la pared desde la parte superior a la inferior, con que pudo la sierva de Dios ver la hostia, el sacerdote el altar y todo cuanto estaba en la iglesia. Quedó asom- [fol. 17r] [LXV] brada soror Juana con milagro tan grande y estando glorificando a Dios por él, cuando alzaron la segunda hostia, se abrió segunda vez la muralla; y, hecha la adoración, se cerró dejando un monumento a la posteridad pues, siendo todas las piedras del muro de mármol negro, quedó una de ellas blanca y abierta por tres partes en forma de cruz, la cual desde aquel tiempo es tenida en veneración; y este mármol es visitado de los prelados y de los reyes que han entrado en la clausura de aquel monasterio.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[LXVI] Entre los favores extraordinarios que soror Juana recibió de Dios, fue muy singular el permitirla comunicase a su ángel custodio en sus éxtasis y raptos y, algunas veces, fuera de ellos. Y aquel hermoso espíritu se le manifestaba glorioso y resplandeciente. Y, en estas visiones y aparecimientos, gobernaba a la virtuosa monja, respondiendo a sus consultas, satisfaciendo a sus dudas, y enseñándola altísimos misterios que, después explicados por la virgen Juana a sus monjas y a los que venían a oírla, quedaban alumbrados y confusos cuantos bebían de aquel néctar científico y sobrenatural, reconociendo ser sus palabras centellas de incomprensible fuego del Espíritu Santo que la asistía. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[fol. 17v] [LXVII] [LXVIII] Aunque el ver con sus ojos corporales y hablar familiarmente con su santo ángel era muy frecuente en soror Juana, con todo eso gozaba más de su vista, comunicación, y enseñanza en los raptos y elevaciones estáticas que tenía, en las cuales gastaba lo más del tiempo, pues toda su conversación era con el cielo. No había ejercicio ni ocupación, por precisa que fuese, que pudiese apartarla del amor de su dulce Jesús, en quien tenía embebida y transformada el alma. De noche, de día, comiendo, descansando, hablando o rezando, ya hiciese labor, ya estuviese en pie, ya asentada u echada de cualquier suerte que la hallase la visita de su celestial esposo. Luego se enajenaba de sus sentidos y quedaba absorta en profundos raptos que duraban algunas veces cuatro horas, otras doce, otras catorce. Y con el discurso del tiempo y frecuencia de aquel comercio divino, creció tanto esta gracia que perseveraba en el rapto veinticuatro horas, y tal vez pasaron tres ''[11]'' días sin volver del éxtasis.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[LXIX] En su rostro, cuando se elevaba, crecía la hermosura natural de que era dotada, descubriendo con señales exteriores los gozos que interiormente gozaba su espíritu.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Veíanse algunos prodigiosos efectos de los [fol. 18r] raptos, derivándose también con señales exteriores al cuerpo los afectos tristes o alegres del alma; y, particularmente, cuando eran revelados los trabajos y perfecciones que había de padecer o las felicidades o aceptación de las buenas obras de sus próximos en la presencia divina y estado en que estaban sus conciencias o su salud. Y así, daba avisos importantísimos para ajustar conciencias perdidas y para prevenir y evitar grandes daños en las almas y cuerpos. Advirtió a muchos la cercanía de su muerte y sucedía todo como lo decía. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[LXX] [LXXI] Uno de los prodigios que hacen más memorable a esta sierva de Dios es el don de las lenguas que tuvo. Sucedió pues que, volviendo de un rapto dilatado, se halló embarazada la lengua para articular palabras y, aunque entendía y oía, no podía responder sino con señas. Y en esta forma estuvo algunos meses, quedando reducida a tal extremo de bondad y sinceridad que parecía hallaría en él estado de inocencia. Y así las monjas hacían de ella lo que querían, tratándola como a una criatura y paloma mansísima y, aunque para las cosas del mundo vivía con esta enajenación, para las del Cielo tenía las potencias del alma vivas despiertas y perspicaces.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[fol. 18v] [LXXII] Continuaba sus éxtasis y raptos como siempre. Y en uno de ellos, se le apareció el Niño Jesús, a quien suplicó con profunda oración que, si había de ser para su santo servicio, la restituyese a estado de poder hablar. Entonces el Señor, tocando la boca de soror Juana con sus manos divinas, la dijo: “La causa de haberte enmudecido es porque seas instrumento por quien yo quiero hablar y, aunque ahora te sano, guarda de mi secreto y algo di y algo calla de lo que te revele”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[LXXIII] Volvió del rapto y con expedición en la lengua, con alegría y consuelo de las monjas. Y, desde entonces, se manifestó en ella un espíritu de predicación y enseñanza, hablando en los éxtasis cosas muy singulares y declarando profecías y lugares de la Escritura Sagrada. Cuando había de predicar estos sermones y declarar lo que Dios la revelaba, se transfiguraba; y enajenada de los sentidos, las religiosas la llevaban en brazos a su celda (fiel éxtasis la cogía fuera de ella) y poníanla sobre su cama, donde quedaba con los ojos cerrados con el rostro sereno y con las manos sobre el pecho. Así perseveraba por tiempo de hora y media, y luego interrumpía en amorosas exclamaciones a Dios y parecía le hablaba y comunicaba como si le viera personalmente: ya le rogaba se acerca- [fol. 19r] se; ya extendida los brazos como para llamarle; ya se quejaba de su soledad y desamparo si se iba; ya gozaba como si poseyera tanto bien; le daba gracias de los favores que hacía a una indigna pecadora y, entonces, hacía actos de grande reverencia y profunda adoración y, con voz más templada, hacía oración vocal por el estado de la Iglesia, y por los que se hallaban en pecado mortal, y por todas las necesidades de que tenía noticia y, especialmente, por las almas del Purgatorio. Acabada esta deprecación, callaba por algún tiempo y las religiosas la reclinaban en la cama con toda decencia y compostura en tal forma que los oyentes pudiesen ver su semblante y oír distintamente sus palabras. Después de este silencio, levantaba la voz más sutil y delicada y declaraba los misterios y lugares de Escritura que le eran revelados del divino espíritu con suma velocidad y gracia. Su más ordinario asunto era el Evangelio o festividad de aquel día. Estos sermones o pláticas duraban tres o cuatro horas y, cuando acababa, despedía el auditorio echándole bendición.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Toda la gente que concurría a oírla, que era innumerable y entraba dentro del convento porque entonces no se guardaba en [fol. 19v] [LXXIV] él clausura, se arrodillaba y recibía la bendición con devoción y lágrimas. Volvía luego soror Juana del rapto sin poder decir ni saber cosa alguna de lo que había pasado. Esta gracia se manifestó tres años, después que comenzó a elevarse públicamente, y le duró por espacio de trece años. Y en todo este tiempo fue aquel convento cátedra de sabiduría y de doctrina revelada del Cielo. Y aquellos sermones acontecían en días y por términos inciertos y varios según era la divina voluntad, pues pasaban quince días, tal vez ocho, tal vez tres y, finalmente, hubo día en que predicó dos veces.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[LXXV] [LXXVI] Divulgose la fama de esta maravilla por todo el reino, y así concurrieron a la novedad del caso diferentes gentes para ver con sus ojos aquel prodigio: letrados, predicadores, prelados de todas las religiones, arzobispos, obispos, inquisidores, duques, marqueses, condes y sus mujeres. Entre los más señalados fueron el cardenal arzobispo de Toledo don fray Francisco Jiménez de Cisneros, esclarecido varón en aquel siglo; y el insigne y gran capitán don Gonzalo Fernández de Córdoba; y, algunos años después, la cesárea majestad del emperador Carlos V, que dio gracias al altísimo Dios y quedó muy aficionado y devoto a soror Juana.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[fol. 20r] [LXXVII] [LXXVIII] [LXXIX] Con ser tan varias las fuentes y condiciones de personas que la oían, cada uno entendía por si lo que predicaba la sierva de Dios; y para que a todas luces se descubriese la asistencia soberana que la inspiraba, si los oyentes eran personas doctas u eclesiásticas, hacía su sermón en lengua latina; y algunas veces predicó en las lenguas francesa y arábiga, y con un sermón que hizo en esta lengua convirtió dos esclavas africanas obstinadísimas en la secta de Mahoma, las cuales dio al convento un obispo de Ávila y fueron de las cautivas que se trujeron a España de la ciudad de Orán cuando la conquistó el arzobispo don fray Francisco Jiménez. En una oración que fue a oírla el provincial de los religiosos franciscos de aquella provincia, que era vizcaíno, predicó el sermón en lengua vascuence o cantábrica, la cual es muy extraña en el dialecto en las voces y sin conveniencia con otra alguna de las lenguas que se conocen hoy en el mundo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[LXXX] Con el celo que los Reyes Católicos tuvieron de conservar en España la pureza de la fe católica, erigieron el tribunal de la santa Inquisición en la forma que hoy se conserva. Y, por la mayor necesidad que entonces había de atender a los nuevos conversos de indios y moros, este ministerio santísimo [fol. 20v] [LXXXI] [LXXXII] entró a ejercer su ministerio con notable crédito y autoridad, y se componía de varones consumados en letras y acreditados en ''[12]'' virtud. Uno de estos, deseoso de averiguar si tales sermones procedían de ilusión diabólica y la doctrina que contenían era sólida y sin sospecha, fue encubierto y disimulando quién era al convento y se introdujo con la demás turba a ser oyente de soror Juana. Fue tal el sermón de aquel día y tan eficaces los discursos según lo que el inquisidor llevaba reservado en su corazón que, en el progreso de la plática, se arrodilló el buen hombre y, con gran copia de lágrimas, la oyó hasta el fin. Luego rogó a la abadesa le permitiese hablar a la sierva de Dios en el locutorio. Allí la pidió perdón de no haberla tenido en el crédito que merecía y que ya creía ser Dios el autor de aquel prodigio. Respondió la virtuosa virgen con palabras humildes y reconocimiento de su miseria pues, siendo un instrumento vil y desechado, usaba Dios de él en utilidad de los próximos. El inquisidor, después de larga conferencia, se despidió admirado y devoto.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[LXXXIII] Algunos que iban llevados de su curiosidad hacían experiencias indiscretas con soror Juana para conocer si los éxtasis eran verdaderos, y así la hirieron en la cabeza y [fol. 21r] dieron golpes imprudentemente, que no sentía con la inestabilidad en que la dejaban los raptos. Después se condolía de aquellos daños, cuando no los había manifestado antes la sangre que derramaban las heridas.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[LXXXIV] Estas cosas pusieron en cuidado a los prelados de la religión de san Francisco, y más a aquellos que suelen ser espíritus de contradicción: todo lo niegan y lo contradicen todo, fundando en esto hacerse temidos y necesarios.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Para evitar la variedad con que se discurría y que la verdad quedase más apurada, el provincial de Castilla, a quien esta sujetó aquel convento, mandó a la abadesa encerrase en su celda a soror Juana siempre que tuviese los raptos en que solía predicar, sin permitir que persona alguna la oyese. Hízose así y la abadesa la señaló una celda a soror Juana donde pudiese estar en tanto que permanecía en los éxtasis, y mandó a una monja que la acompañase y asistiese. &lt;br /&gt;
[LXXXV] Pasaron algunos días y, deseando la abadesa saber lo que hacía soror Juana, mandó a una religiosa que fuese a su celda y viese si estaba transportada o si predicaba. La monja mensajera, por entre las puertas de la celda, vio que predicaba soror Juana en el tono que [fol. 21v] [LXXXVI] solía y que tenía por auditorio (cual otro Antonio Paduano) innumerables aves y pájaros que, levantados los cuellos en forma de atender, oían la palabra de Dios. Turbada y alegre, la monja dio cuenta a la abadesa y a las ancianas del monasterio, y todas fueron a ver aquel milagro, el cual miraron y reconocieron hasta que acababa la plática. Echó soror Juana su bendición a las aves, que volaron a sus ordinarias mansiones, y en la manga de su túnica se halló un pajarito que se había quedado allí puede ser que para mayor comprobación de aquel prodigio.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[LXXXVII] Averiguado el caso por el provincial tan exactamente como pedía su gravedad, dio licencia para que oyesen a soror Juana cuantos quisiesen sin excepción de personas, grados ni calidades.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[LXXXVIII] Y, porque no se perdiese el tesoro de la doctrina singular que contenían sus sermones, obró Dios otro milagro dando repentinamente gracia de escribir a una monja llamada María Evangelista, no sabiendo si habiéndolo aprendido. Y hoy permanece en el convento un libro escrito por esta monja de todos los sermones que predicó soror Juana en el discurso de un año, incorporado en otro que se titula El Conorte. La letra es clara y legible y el estilo llano y sin artificio, pero [fol. 22r] igual al que usaban en aquel siglo los más versados en la lengua vulgar. Los hombres doctos y espirituales que han leído estos libros no saben cómo encarecer su doctrina llena de teología escolástica y mística y de muchas autoridades de la Sagrada Escritura. Ya tuvo estos libros en su poder la santa Inquisición de Toledo para registrarlos y expurgarlos si lo mereciesen, pero los restituyó al convento intactos y sin corrección alguna.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''§. III'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[LXXXIX] [XC] La mayor señal de cuán adelantada estaba la virgen Juana en la gracia del Altísimo y de su Madre bendita fue haberse desposado en un éxtasis con el Niño Jesús, en preferencia de María Santísima y de muchos coros de ángeles y santos, quedando con este favor enriquecida su alma. Las joyas y preseas con que regaló el Esposo celestial a esta su sierva fueron unos dolores acerbísimos que empezó a sentir en manos y pies desde un día del Viernes Santo inmediato al éxtasis del desposorio. Manifestáronse también unas señales de color de rosa en las mismas partes de pies y manos donde Cristo, Señor Nuestro, tuvo sus llagas y donde las [fol. 22v] [XCI] [XCII] tuvo san Francisco. Despedían de sí aquellas señales suavísimo olor y que excedía al de las flores más fragantes y, como el dolor era intenso y las fuerzas flacas, soror Juana se quejaba con grande amargura y no podía tenerse en los pies. Las monjas, con devoción y lágrimas, la llevaban en brazos al coro y a su celda, y sobre las señales ponían paños mojados en vinagre u agua para que templasen los ardores que sentía en ellas, y que no la dejaban sosegar estas preciosas señales y dolores intensos. Duraron desde aquel Viernes Santo hasta el de la Ascensión pero no continuados, pues solamente se descubrían las señales y sentía los dolores los viernes y sábados hasta el domingo, y a la hora en que Cristo resucitó cesaban.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[XCIII] La fama de este favor corrió luego por los lugares comarcanos, con que los pueblos enteros se conmovían a visitarla y ver con sus ojos lo que habían visto todas las religiosas, sus confesores y muchas personas eclesiásticas y fidedignas; y con el gran concurso causaban inquietud grande en el convento.&lt;br /&gt;
[XCIV] La humildad de soror Juana no pudo tolerar las exclamaciones de los que la visitaban y, como su corazón le tenía rendido y abatido en horror de las honras mundanas, huyendo de toda vanidad, suplicó a Dios la [fol. 23r] [XCV] quitase aquellas señales no permitiendo que tan vil criatura gozase de una merced con que fueron honrados grandísimos santos. La oración fue tan fervorosa que mereció alcanzar lo que pedía y así, en un rapto que tuvo el día de la Ascensión, la dijo el redentor del mundo: “Importúnasme que te quite el precioso don que te he concedido. Yo lo haré mas, pues no quieres mis rosas, yo te daré mis espinas”. Experimentolo así la buena virgen, pues los dolores y tormentos de toda la Pasión de Cristo los padeció en alma y cuerpo con las persecuciones y enfermedades que la siguieron hasta el fin de sus días. El primero regalo que sucedió a esta labor fue ensordecer en tanto grado que no oía ninguna voz ni ruido por grande que fuese. Gustaba mucho esta virgen el canto de las aves; su divertimiento después de la oración y raptos y demás obligaciones de su instituto era salirse a la huerta, donde se divertía con la música de los pajarillos contemplando las alabanzas que dan a Dios todas sus criaturas, retirando su inteligencia de nuestro grosero conocimiento. Quedó con esto soror Juana más recogida entre sí misma y sin atención a cosa exterior por quererla Dios toda para sí. Las monjas se desconsolaron y afligieron notablemente por faltarles maestra que las enseñase y quien [fol. 23v] las consolase en sus trabajos y aflicciones.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[XCVI] Perseveró el impedimento de los oídos desde el día de santa Escolástica, que es en diez de febrero, hasta el día de santa Clara, que se celebra en doce de agosto; pues, en un rapto y sermón que hizo, manifestó ser la voluntad de Dios que oyese por las oraciones e instancias de todas las religiosas; y en volviendo del rapto, oyó perfectamente, con que dio gracias al Autor de tanas mercedes en que la acompañaron las religiosas de su convento hasta en la devoción y lágrimas.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[XCVII] No está vinculada siempre la prudencia para las canas venerables, y no siempre la senectud es madre de las acciones cuerdas; una vida concertada califica el juicio y entendimiento y asegura por buenos los futuros procedimientos. Aquel provincial vizcaíno, a quien soror Juana predicó en lengua vascuence, oyó en aquel idioma retirado notablemente a todas las provincias de España (excepta la Cantabria) que era voluntad de Dios fuese selecta abadesa nuestra virgen; y aunque no tenía más que veintiocho años, las monjas la deseaban por prelada. Hízose elección en la vacante primera de aquel oficio, y todos los votos, sin saltar uno, nombraron a soror Juana. El provincial, que ya estaba prevenido en el prodigio del manda- [fol. 24r] to, confirmó la elección y, al tiempo de publicarla, afirmó a las religiosas que la abadesa había sido escogida por inspiración del Espíritu Santo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[XCVIII] El fruto primero de elección tan acertada fue disponer la nueva abadesa que sus monjas guardasen clausura, venciendo grandes contradicciones que se hicieron al intento, fundadas en que no se podrían recoger las limosnas que las religiosas pedían por los lugares de la comarca y a quien los fieles acudían con particular devoción.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[XCIX] Las limosnas que, ya conseguida la clausura, no se pedían por las religiosas, crecieron en abundancia y el convento se aumentó en edificio y rentas.&lt;br /&gt;
[C] El gran capitán Gonzalo Fernández de Córdoba, devoto de la virgen Juana, dio de una vez quinientos mil maravedíes, limosna en aquel tiempo digna de un corazón tan grande. Y el cardenal arzobispo de Toledo don fray Francisco Jiménez, en virtud de breve apostólico, aplicó al convento la renta del curato de Cubas, y esta piadosa atención del cardenal le costó a la sierva de Dios muchos desconsuelos y perfecciones como se notará en otra parte. Y en diecisiete años continuos que fue abadesa, el convento consiguió tener cuatrocientas fanegas de [fol. 24v] pan y cuarenta mil maravedíes de renta en cada un año; y enriqueció y adornó la sacristía con muchos ornamentos, vasos de plata y otras cosas necesarias al culto divino.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[CI] [CII] El gobierno de un pueblo o de una ciudad es la piedra de toque donde se experimenta la fineza del juicio y de la prudencia. También esta virtud resplandeció en esta virgen con igualdad de luces a las demás de que fue adornada. Sin faltar a la severidad de prelada, era afable con todas las súbditas y, así, mezclaba los halagos y las represiones con tal dulzura y utilidad que corregía los errores y enmendaba los de estos con agradecimiento de las mismas monjas, que recibían la corrección y tanto más se contenían en aquel respeto y veneración cuanto entendían que todo se lo revelaban sus ángeles custodios por algunos casos que sucedieron; pues llamaba a la religiosa que había incurrido en algún descuido y, por secreto que fuese, le decía pidiéndola se enmendase y, con asegurar no se saltaría otra vez, quedaba la prelada satisfecha y la religiosa corregida de su imperfección sin escándalo de sus hermanas. Con esto parecía el convento una porción del Paraíso y un remedo del consorcio de los bienaventurados; tal era la paz, tal la unión y amor en Jesucristo de aquellas religiosas.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[fol. 25r] [CIII] En lo que se halló dudosa la credibilidad de muchos fue en cuanto a los granos o cuentas que por intercesión y ruegos de soror Juana bajaron benditas del Cielo, en las cuales se han experimentado y hoy se experimentan tan notables virtudes. Pero conocido el proceder de esta virgen, su integridad de vida, las frecuentes revelaciones de que era favorecida, su comunicación con el ángel custodio, los éxtasis y raptos profundos y maravillosos en que decía cosas tan altas y, finalmente, los milagros que Dios ha obrado por medio del contacto de estos granos, se podrá creer, con la fe que se debe a una persona reputada por santa, sería cierto aquel favor y prodigio.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[CVI] [CV] Bajar del Cielo reliquias a la tierra por ministerio de los ángeles muchas veces se ha visto. Y de que tenemos ejemplares en la casulla de san Ildefonso y en la ampolla del olio sagrado, con que se ungen los reyes de Francia en el hábito de san Norberto, y otras preseas que guarda la devoción cristiana con suma veneración. Pero subir de la Tierra al Cielo alguna cosa corpórea y elemental para volver a ella, pocos sucesos se hallan escritos.&lt;br /&gt;
[CVI] San Pablo fue llevado al tercero Cielo (que [fol. 25v] [CVII] sería el impireo sin repugnancia a los lugares que da la astronomía a las estrellas ya errantes y fijas, pues todas pueden correr con sus regulados movimientos por un mismo cielo aunque en diversas alturas). También a san Próculo, obispo y mártir, diciendo misa le tomaron los ángeles el cáliz antes de consagrar y, después de dos horas, le volvieron al altar y le dijeron: “Cristo, Señor Nuestro, le consagró; no le vuelvas a consagrar tú si no recibe su preciosa sangre”. Y así lo hizo el santo obispo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[CVIII] [CIX] En Constantinopla, el año de 446, iba en procesión todo el pueblo para aplacar la ira divina que le castigaba con un espantoso terremoto. Y en un campo donde se habían congregado innumerables gentes a vista del emperador Teodoro el Menor y del patriarca Proclo, fue arrebatado un niño por los ángeles y llevado al cielo. Y, después de una hora, le pusieron en el mismo campo, donde refirió cómo había estado en la patria de los bienaventurados y oyó que los ángeles y santos alababan a Dios con aquel santísimo trisagio: ''Sanctus Deus, Sactus fortis, Sanctus inmortalis''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[CX] Sucedió pues que, deseosas las monjas de tener alguna prenda de devoción autorizada de su abadesa y madre, la pidieron con [fol. 26r] humildad que por medio de su ángel custodio alcanzase de Cristo, Señor Nuestro, algunas gracias para sus rosarios. Esta noción parece fue misteriosa, pues al mismo tiempo en Alemania hacía cruel guerra a las cuentas benditas y a los rosarios de Nuestra Señora el perverso Lutero. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[CXI] Como la sierva de Dios anhelaba a conseguir el bien espiritual de sus próximos, prometió a las religiosas que comunicaría sus buenos deseos con su ángel custodio. A la consulta que hizo soror Juana a su santo ángel, se le respondió favorablemente por aquel espíritu celestial. Mandola que, para cierto día, juntase todos los rosarios que pudiese porque el mismo ángel los había de poner en la presencia del Señor en el Cielo para que los bendijese, con que aquellas cuentas se llenarían de gracias y virtudes especialísimas. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[CXII] Fue grande el consuelo y gozo espiritual que recibieron las religiosas con tan alegre nueva; y, no contentas con juntar los rosarios que había en el convento, dieron aviso a la gente de la comarca para que todos enviasen sus rosarios. Y así se juntó una gran suma y tan varia como se ve en las cuentas y granos que unos son pequeños, otros grandes, unos de coral, otros de jaspe o vidrio. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[fol. 26v] [CXIII] Juntos, pues, los rosarios, mandó soror Juana los pusiesen todos en un cofre, y que una religiosa anciana le cerrase y tuviese la llave guardada. Luego se puso en oración, pidiendo a Dios favoreciese los piadosos deseos de aquellas sus siervas, a que sobrevino un éxtasis de los que solía tener: las monjas, con ligereza y curiosidad mujeril, desearon saber si faltaban ya del cofre los rosarios, para cuyo efecto persuadieron a la monja que guardaba la llave le abriese. Consiguiéronlo en fin por ir todas a la parte en la curiosidad y hallaron el cofre vacío, causándoles asombro la experiencia de la vista y el tacto. Y, aunque se habían hallado presentes al encerrar las cuentas y no habían faltado testigos y guardas, volvían una y muchas veces a registrar el mismo cofre. Cerráronle como antes estaba y aguardaron hasta que soror Juana volvió del rapto, y en esta suspensión sintieron en el convento una fragancia y olor celestial que fue el indicio cierto del favor que Dios les hacía. Acudieron todas a su madre abadesa, que las dijo cómo ya el Señor, por su inmensa bondad había querido hacerlas una singular merced pues, según le había dicho su glorioso ángel, los rosarios habían estado en el Cielo, en las manos sacrosantas de Cristo, Señor Nuestro. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[fol. 27r] [CXIV] Abrieron el cofre donde se hallaron todos los rosarios sin faltar un solo grano, los cuales despedían de sí aquel olor profundo y maravilloso que se había esparcido por el convento. Y también dijo la virtuosa virgen que las gracias concedidas a aquellas cuentas no se limitaban en ellas solas porque habían de participar de las gracias mismas cuantos granos y cuentas se tocasen a las originales, pero no a las que se tocasen a las cuentas tocadas.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El crédito que se debe dar a esta maravilla pende de los milagros que han acontecido por medio del contacto de estos granos, y de la estimación que de ellos han hecho varones santos y doctos.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Cuando estuvo en España, antes de ascender al Pontificado, la santidad de Clemente VIII, de feliz memoria, en compañía de un su hermano, auditor de Rota, con ocasión del pleito que siguió sobre el condado de Puñoenrrostro, visitó el cadáver de soror Juana y pidió una cuenta con mucha devoción. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El mayor regalo que reciben en aquel convento los reyes y reinas de España, sus hijos e infantes, cuando le visitan es alguna cuenta de las originales, la cual guardan nuestros príncipes como precioso tesoro [fol. 27v] entre los principales monumentos de la piedad austríaca.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Asunto fuera de un volumen copioso, si se refieren por menor, los milagros que se han comprobado ante los ordinarios, cuyas probanzas e informaciones están en el proceso que se ha hecho sobre la canonización de soror Juana.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Diremos solamente, y con la brevedad que pide este epítome, algunos bienes singulares.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[CXV] En Valladolid, año de 1611, un mozo perdió la vista y, aunque los médicos se la procuraron restituir con varios remedios, no lo consiguieron. Y el mozo, por ser pobre, resolvió pedir limosna por la ciudad. Y un día pidió limosna al portero del convento de san Francisco, el cual tenía una cuenta original y, compadecido del trabajo de aquel hombre, le tocó los ojos con la cuenta y un rosario que traía; y aconsejole que, en la noche siguiente, durmiese con el rosario puesto sobre los ojos y con mucha fe de que Dios usaría con él de misericordia. Hízolo así el hombre y, cuando dispertó a otro día, se halló con vista y, dando gritos de regocijo, fue al convento a dar gracias a Dios de aquel benefició.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En la misma ciudad, una doncella cobró vista con el contacto de aquella misma cuen- [fol. 28r] [CXVI] ta. Y un niño de trece meses acometido de un garrotillo, desahuciado de los médicos, sanó también tocándole con unas cuentas que se habían tocado a la original, que tenía el portero del convento de san Francisco.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[CXVII] En Madrid, doña María de Mata, mujer de Iospeh Suárez de Carabajal, procurador de cortes de la ciudad de Zamora, enfermó el año de 1613 de una grave apoplejía que la puso en estado de espirar; y ayudábala a morir el licenciado Jerónimo de Quintana, rector del hospital de la latina. Y estando la enferma sin habla ni sentido, la tocó con una cuenta original e, instantáneamente, volvió en sí y cobró perfecta salud.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[CXVIII] En la misma villa, año de 1618, Pedro Díaz Morante estuvo a peligro de muerte por habérsele travesado en la vía de la orina una piedra que le impedía la evacuación. Tocáronle con una cuenta original y arrojó la piedra que, naturalmente, no pudiera salir por su grandeza si no interviniera causa sobrenatural.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[CXIX] Un niño de edad de veinte meses encontró en su casa con dos onzas de solimán que su madre había prevenido para hacer un afeite; y, juzgando ser azúcar, se lo comió el niño. Obró luego el veneno, y los accidentes mortales y espumas que arrojaba por la bo- [fol. 28v] ca manifestaron la desgracia. A los lamentos de la madre, entró una mujer llamada Melchora de Alameda que accidentalmente pasaba por la calle, la cual tenía dos cuentas originales. Púsolas en la boca de la criatura que, a vista de todos, volvió el veneno, quedando tan bueno y sin peligro el niño que dentro de una hora andaba jugando por la misma casa.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[CXX] Pedro Pacheco, vecino de Madrid, padeció una apoplejía tan fuerte que por cinco días le privó de todos los sentidos. Tocole con una cuenta original Juan Suárez de Canales sobre el corazón y luego volvió en sí el enfermo, y pudo confesar y recibir todos los Sacramentos.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Soror Luisa de las Llagas, religiosa descalza del convento de Santa clara de la villa de Valdemoro, padeció por espacio de seis una enfermedad de perlesía que la dejó baldada sin poder mover las piernas, y de la cintura arriba temblaba de suerte que no podía comer por su mano. Y otras religiosas la daban de comer y la tenían continuamente porque no se hiriese y maltratase con los temblores. Curábala el doctor Joaquín de Salcedo, médico de aquella villa y, desconfiado de todos los medios científicos [fol. 29r] [CXXI] de su facultad, tocó a la enferma en un brazo con una cuenta original que tenía y cesó en él el temblor; puso la cuenta en el otro brazo y paró el movimiento en la misma forma; tocó luego la cabeza y habló la religiosa. El médico hizo llamar a la abadesa y demás monjas y, siendo todas testigos de aquella maravilla, se levantó la enferma buena y sana; y anduvo con mucha expedición en una profesión muy devota, con que las monjas la llevaron al coro cantando el himno de las gracias al Autor de tan grande maravilla.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[CXXII] [CXXIII] Estos milagros y los demás que en el progreso de muchos años sucedieron, se autorizaron con informaciones auténticas de comisión de los arzobispos de Toledo. Y después, la Universidad de Alcalá hizo junta de los doctores y maestros más insignes en las facultades de teología, jurisprudencia y medicina, los cuales dieron honradísimas y doctas censuras que se presentaron por parte de la orden de san Francisco ante el consejo del cardenal arzobispo de Toledo para que, en su aprobación (según lo dispuesto por el santo Concilio), interpusiese su autoridad.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Compónese aquel consejo de varones muy doctos que los arzobispos de Toledo [fol. 29v] eligen de las mejores universidades de España, sacándolos de las primeras cátedras y colegios mayores para aquel ministerio. Este consejo dio auto de calificación de los milagros referidos y otros de que se hizo información, y mandó se diese traslado auténtico a la religión que está presentado en el proceso original de esta causa de la canonización de soror Juana:&lt;br /&gt;
“En la ciudad de Toledo, a veintiún días del mes de octubre de 1617, los señores del consejo del ilustrísimo cardenal arzobispo de Toledo, mi señor, habiendo visto estas informaciones que tratan en razón de la vida y milagros que Nuestro Señor ha obrado por medio e intercesión de la bienaventurada madre soror Juana de la Cruz y los pareceres y censuras que, con vista de ellas, han dado los doctores y catedráticos de la Universidad de Alcalá de Henares y personas a quien fueron remitidas, dijeron que, en conformidad de las dichas censuras y pareceres, aprobaban y aprobaron las dichas informaciones; de las cuales y de las dichas censuras mandaban y mandaron se dé a la parte de la religión del seráfico padre san Francisco un traslado, dos o más, los que pudiera para el efecto que pretende. A los cuales dijeron que interponían e interpusieron su autoridad y decreto judicial para que valgan y hagan fe en juicio y fuera de él. Y así lo proveyeron y mandaron.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Ante mí, Benito Martínez, secretario.”&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''§. IV'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Volvamos, pues, a proseguir la narración de los empleos y acciones más memorables de la vida de soror Juana.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
La devoción de esta sierva de Dios con las [fol. 30r] [CXXIV] [CXXV] ánimas de Purgatorio fue tan grande que, con fervorosos deseos y continuas penitencias, procuró siempre el alivio y remisión de sus penas; de cuyo rigor y acerbidad estaba muy informada por diferentes éxtasis y visiones en que el Señor la reveló el estado y necesidad de las benditas almas como por la relación que hicieron a soror Juana algunas de ellas, a quienes permitía Dios viniesen a pedir socorro. Y así, no solamente exhortaba a sus monjas a que aplicasen sus buenas obras para satisfacer las penas de las ánimas del Purgatorio, sino que con ternísimo afecto suplicaba a Dios que excusase en ella lo que les restaba de pagar, y que sobre sus hombros cargase el peso de los tormentos y dolores que merecían por sus culpas, y que la diese esfuerzo para subirlas.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[CXXVI] Muy aceptos fueron estos deseos a la Divina Majestad pues, desde entonces, comenzó a sentir vehementísimos dolores y enfermedades; y, muchas veces, con el exceso de lo que sentía daba terribles gritos y quedaba como atónita y fuera de sí.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[CXXVII] Peleaban en su cuerpo extremos contrarios de frío y calor por el tiempo que la divina voluntad quería ejercitarla. Unas veces, en medio del verano, parecía en lo yerto y helado una nieve contra la naturaleza de la [fol. 30v] estación ardiente; y las monjas la cercaban de braseros y estufas que la calentaron. Otras veces, en el rigor del invierno, eran tan crueles los ardores que sentía como si la tuvieran dentro de un horno encendido, y aunque las monjas la ponían lienzos mojados en agua y vinagre, luego se secaban y no le servían de alivio.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[CXXVIII] Sucedió una vez en que soror Juana padecía aquellos incendios internos que pidió a una monja la trujese una cantidad de hielo del estanque de la huerta para tomar con él algún refrigerio. La religiosa, con sinceridad y deseo de agradar a su prelada, la llevó un gran trozo de hielo del estanque que tenía cuatro dedos de grueso. Tomole soror Juana y, por debajo de la túnica, le arrimó al cuerpo; y pidió a la religiosa que de allí a poco tiempo volviese a verla. Pasada media hora, vino la monja, a quien dijo la sierva de Dios: “Hija mía, llevaos el hielo que trujisteis no sepan las religiosas lo que habemos hecho que, como ignoran mi necesidad, lo tendrán a exceso y desorden”. La monja buscó el hielo y solamente halló un paño en que le envolvió al tiempo de aplicársele al cuerpo sin señal de humedad, y la sierva de Dios satisfizo a la admiración de la monja diciendo que, con el gran fuego que padecía [fol. 31r], se había derretido el hielo en un punto y lo mismo aconteciera con todos los hielos del estanque si se los aplicaran.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[CXXIX] [CXXX] No se cifraba su padecer en solos los fríos e incendios que sentía porque, en todas sus coyunturas, padecía dolores gravísimos que la tenían gafa y tullida sin poderse mover en la cama ni comer si no es por manos ajenas. Otras veces tenía los dolores en la cabeza, que duraban ocho días y más, y estos la afligían de suerte que, en todo este tiempo, no comía, tomando solamente unos tragos de agua con que se sustentaba sobrenaturalmente.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[CXXXI] El refrigerio mayor con que aliviaba estos dolores era leer alguna religiosa la Pasión de Cristo, Señor Nuestro, a cuyo ejemplo se alentaba con nuevos deseos de padecer mucho más por los prójimos, viendo lo que padeció nuestro Dios por redimirnos del pecado. Y como en la bondad divina es tan propio seguirse a la herida el remedio, y a la aflicción el consuelo, sacando los justos de sus trabajos la crecida usura de ciento por uno. En aquellos martirios y dolores que padeció soror Juana, consiguió grandes sabores y medras para el alma pues ''[13]'', ordinariamente, su padecer se remataba en un éxtasis profundísimo y su rostro entonces parecía [fol. 31v] de ángel más que de criatura humana. Cuando volvía en sus sentidos, protestaba padecer de nuevo por el descanso de las ánimas de Purgatorio.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[CXXXII] [CXXXIII] [CXXXIV] Por revelación de su ángel custodio entendió la sierva de Dios que para mitigar alguna parte de aquellos ardores que la afligían el invierno sería remedio un guijarro frío arrimado a las carnes; y al contrario, caliente y envuelto en un paño, cuando sintiese helado y encogido el cuerpo en el verano. Usó de este remedio y, una vez que pidió un guijarro caliente contra el gran frío que la atormentaba, la trujeron uno que había estado mucho tiempo a la entrada de una cueva del convento y como se le aplicase al cuerpo oyó unos gemidos y voces lastimosas que la pedían socorro y advirtió que salían del guijarro; y conociendo ser algún espíritu, le exhortó de parte de Dios la dijese quién era y qué quería. La voz dijo ser el alma de un hombre pecador que había partido de este mundo sin haber satisfecho enteramente a la justifica divina por sus culpas, y así tenía asignado su Purgatorio en aquella piedra que, desde la orilla del río Tajo, fue traída con otras para la obra del convento; y que la rogaba le ayudase con sus oraciones y le aplicase algunos dolores de los que padecía pa- [fol. 32r] ra poder salir de aquella cárcel en que había mucho tiempo estaba detenido. La virtuosa virgen, encendida en caridad, prometió hacer y padecer por aquella alma.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[CXXXV] Comunicó luego con su ángel custodio lo que había sucedido, y que ignoraba hubiese otros lugares asignados para purgar las almas. Enseñola el ángel que, aunque era verdad, había un lugar común y ordinario donde las ánimas de los difuntos pagan las deudas de sus culpas. Dispensa Dios a veces con algunos cuyos pecados fueron muy graves y les da el Purgatorio en piedras, hielos o ríos, o en el mismo lugar donde cometieron la culpa según es su voluntad. Dijo también el ángel a la sierva de Dios cómo a la Majestad divina le era agradable que soror Juana fuese refugio y hospital de las ánimas del Purgatorio, y que por esta causa tendría muchos junto a sí. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[CXXXVI] Desde entonces, permitió la divina providencia que muchas ánimas se le apareciesen implorando su socorro, y otras la hablasen desde los guijarros fríos o calientes que se ponía. Y en diversas ocasiones que las religiosas la llevaban al coro en una silla porque los dolores la tenían tullida y sin poder mover, la cual ponían en el lugar que deben tener las preladas, después de compo- [fol. 32v] [CXXXVII] nerla la ropa, pretendían desviarla los guijarros que traía pegados y asidos a las coyunturas y, aunque tiraban de ellos con mucha fuerza, de ninguna manera se los podían quitar y la sierva de Dios decía: “Dejadlos estar, hijas, donde Dios les dio licencia que estuviesen, y no trabajéis en quitarlos que será por demás vuestro cuidado hasta que yo padezca lo que tiene dispuesto la divina voluntad”. De esta maravilla fueron testigos todas las monjas de aquel convento.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[CXXXVIII] En los coloquios que tenía soror Juana con su ángel, le preguntó si sería petición indiscreta suplicar a Dios que las ánimas que venían a valerse de su socorro tuviesen el Purgatorio en las hierbas y flores que las monjas ponían en su celda en unas jarras y ramilleteros, pareciéndole con sinceridad que con la mudanza del lugar se les mitigarías las penas. Respondiola el ángel que el Purgatorio no se mitigaba por mudar lugar, sino con los sufragios y oraciones y demás obras satisfactorias que pueden hacer los vivos por los difuntos pero que, si ella pretendía conseguir aquel consuelo, hiciese oración a la soberana Majestad de nuestro Dios, que era el mejor medio para alcanzar la gracia que pedía. Hízolo así la devota virgen, y la infinita piedad de nuestro Redentor la conce- [fol. 33r] [CXXXIX] [CXL] dió que las ánimas que enviaba a pedirla socorro tuviesen su asiento en las hierbas y flores que la ponían en su celda para que, tiniéndolas presentes, se alentase a padecer más trabajos y dolores por ellas. Desde aquel tiempo tuvo cuidado en pedir a las religiosas la trujesen hierbas y flores de la huerta, y se las pusiesen en los ramilleteros y jarras con color de que con ellas se divertía y alegraba, callando el misterio que en ello había. Estaba un día de verano soror Juana reclinada en su pobre camilla, cercada de las flores y albahacas que la traían para su consuelo, aunque muy debilitada en las fuerzas corporales; y con voz sonora y alentada, entonó el himno ''Magnificat'' de suerte que se oyó en el convento. Las monjas, admiradas de la novedad del canto, acudieron a la celda y, por las quiebras y resquicios de la puerta, acecharon lo que hacía su abadesa. En esta curiosidad estaban y en grande silencio para no ser sentidas cuando, diciendo soror Juana el verso ''Gloria Patri'', todos los ramilleteros se inclinaron profundamente hasta tocar las hierbas y flores en la tierra; y en acabando el verso, se restituyeron a su estado primero. Las monjas, a vista de un milagro tan grande, entraron de tropel en la celda y, bañadas en lágrimas de devoción y [fol. 33v] alegría, la dijeron que no podría negarles con el disimulo de hierbas y flores el misterio que encerraban aquellas profundas inclinaciones que hicieron al cantar el verso del ''Gloria Patri''. Respondiolas soror Juana que, pues Dios había permitido viesen aquella maravilla, sería para su mayor edificación y encenderlas en la devoción de las ánimas de Purgatorio, muchas de las cuales estaban en aquellas flores alabando en su compañía a su Redentor hasta que, purificadas con las penas de daño y de sentido que padecían (en que procuraba ayudarlas, aplicándolas sus oraciones, dolores y tormentos), subiesen a gozarle eternamente.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[CXLI] Admiradas las religiosas de lo que obraba Dios por los méritos de su sierva, y para confirmarse en la fe y devoción que tenían de lo que obran los sufragios en beneficio de los difuntos fieles y de la reverencia que tienen todas las criaturas celestes, terrestres e infernales al inefable nombre de Dios trino y uno, pidieron con muchas lágrimas a su virtuosa madre volviese a cantar el verso mismo; y, aunque rehusó el hacerlo, vencida de los ruegos importunos de sus hijas entonó delante de todas el verso de ''Gloria Patri''. Apenas había empezado la primera palabra cuando las albahacas y flores se inclinaron [fol. 34r] otra vez hasta tocar con sus puntas a la tierra, perseverando en aquella forma hasta que soror Juana acabó de cantar enteramente todo el verso, volviéndose a poner después como estaban antes. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[CXLII] Las religiosas dieron, en compañía de su madre abadesa, repetidas gracias al Autor de la naturaleza que las había favorecido con aquel milagro. Y su devoción con las ánimas creció mucho, y en adelante tenían gran cuidado de renovar las hierbas y flores, y las que quitaban las guardaban como por reliquias; y en ellas se hallaba tanta fragancia y olor tan suave, aunque marchitas y lacias, que excedía con grandes ventajas a las flores y hierbas frescas que ponían de nuevo en los ramilleteros. Esto también despertó la curiosidad de las monjas para preguntar a soror Juana de qué procedía aquel olor. Respondiolas que era un rastro que dejaban en aquellas flores de su asistencia los ángeles custodios de las ánimas que allí habían estado, a las cuales consolaban y visitaban con frecuencia sin desampararlas hasta haberlas puesto en la presencia de Dios. Y como uno de los tormentos que padecen en el Infierno los condenados consiste en el mal olor, así uno de los dotes de que se adornan los espíritus gloriosos es el de los olores fragantes [fol. 34v] [CXLIII] y excelentes de que gozan y que exhalan; lo cual se prueba bien con el don y privilegio que se experimenta en muchos cuerpos de santos, pues la hediondez y corrupción a que estaban sujetos por la condición de su propia naturaleza se truecan en suavísimos y celestiales olores como en señal de los que han de gozar desde el día de la resurrección general.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[CXLIV] No fuera esta sierva de Dios tan perfecta y virtuosa si no se hubiese valido de la intercesión de la Virgen santísima, Nuestra Señora, a quien rindió siempre su corazón con devoción profunda y entrañable reconociendo que, como ventana del impireo, por ella ha de salir la luz con que Dios alumbra el mundo y, como escala celeste, por ella baja Dios a la Tierra y para que por ella merezcan subir los hombres al Cielo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[CXLV] El objeto que tenía soror Juana para ejercitar su devoción era una imagen en que representaba cuando María santísima en su tránsito glorioso subió a los Cielos; delante de esta imagen hacía sus ejercicios de devoción y en su presencia levantaba la consideración a venerar y contemplar la Reina de las jerarquías angélicas que se sienta la diestra del Altísimo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
La imagen era de escultura poco primo- [fol. 35r] [CXLVI] rosa según la ignorancia que en el tiempo en que se hizo (al parecer era antiquísima) había en España de arte tan excelente y aún en la Italia. Habían padecido un naufragio no solo las artes, sino aún las ciencias desde la caída del Imperio Romano hasta que los pontífices sumos restituyeron la sabiduría al universo, desterrando la ignorancia y barbaridad de que llenaron el Orbe cristiano las incultas naciones del septentrión. Todos los siglos venideros deben reconocer a los sucesores de san Pedro por autores de tanto beneficio, entre los cuales se erigió un monumento de eterna alabanza León X, de feliz memoria, en cuyo feliz pontificado florecieron las ciencias y artes con el rocío de su liberalidad y magnificencia.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
La pintura, escultura y arquitectura subieron en su tiempo a la cumbre de la perfección y, desde entonces, estas artes campean con excelencia en beneficio de todo el género humano; y con ellas se ilustran los mayores templos, los palacios magníficos y las más ilustres ciudades de Europa. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[CXLVII] La imagen de la Asunción que veneraba sor Juana era el más precioso tesoro que tenían las monjas de su convento por los muchos milagros que en su presencia había Dios obrado. Y la sacaban en procesión [fol. 35v] [CXLVIII] [CXLIX] a nueve de marzo, que fue el día de aparecimiento de la Virgen santísima a la pastora Inés, por los campos circunvecinos hasta el lugar de Cubas. Sentían las monjas que esta imagen fuese de suma perfección, pues representaba a la criatura más perfecta y hermosa que ha tenido la naturaleza fuera de la humanidad de Cristo, Señor Nuestro. Y es tradición que en un éxtasis se apareció Cristo, Señor Nuestro, a su sierva Juana y, habiendo echado su bendición a la imagen, la tocó en el rostro, con que sus facciones quedaron mejores en la forma que hoy se venera. Y en los tiempos de carestía y falta de aguas, acuden los pueblos comarcanos al templo de Santa María de la Cruz y, las más veces, se ha visto que, llevando en devota rogativa y procesión la imagen santa, se deshace el cielo en lluvias y la tierra acude con abundantes frutos.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[CL] No se olvidaba la providencia divina de autorizar la virtud de su sierva por este tiempo para que el mundo la tuviese en veneración. Sucedió llegar al convento un hombre con su mujer que, con devoción, iban a visitar a soror Juana y llevaban consigo una niña a quien sobrevino repentinamente un accidente mortal de que espiró en breve tiempo. Los padres, con gemidos y lágrimas, ma- [fol. 36r] [CLI] nifestaban su dolor y, acordándose de los remedios del Cielo, acudieron a soror Juana pidiéndola pusiese las manos sobre el cadáver de la niña porque confiaban que por su intercesión había Dios de darla nueva vida, y aunque ella se escusaba con su natural modestia, diciendo que sus oraciones no podían merecer efecto tan prodigioso; pero la instancia y porfía de los circunstantes y los ruegos de los padres la apretaron tanto que, más por darles aquel consuelo que por afectar santidad y méritos, tomó la criatura en sus brazos llena de fe e hizo oración al Autor de la vida para que se la diese a la niña difunta, sobre la cual hizo la señal de la cruz y puso un crucifijo que traía consigo y, en el mismo instante, volvió la niña como el que dispierta de un profundo sueño. Y en brevísimo tiempo se la restituyó a sus padres sana y buena, con que la alegría y pasmo de más de ochenta personas que se hallaron presentes manifestaron bien la grandeza del milagro. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El vicario del convento, herido de mal rabioso por haberle maltratado y llenado de espumas un carnero que se entró en el convento arrebatadamente y por tener el mismo mal, habiéndose dispuesto para morir, desahuciado ya de los médicos, pidió a las mon- [fol. 36v] jas que dispusiesen cómo soror Juana le echase la bendición a su comida. Las religiosas significaron a la piadosa abadesa el estado de la enfermedad de su confesor y el consuelo que recibiría con que le bendijese la comida. Obedeciendo luego con buena voluntad y sobre la comida del enfermo, hizo la señal de la cruz y, luego que la comió, mejoró de suerte que brevísimamente quedó libre el religioso de aquel mal pestilente.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[CLII] No permite la brevedad con que referimos lo más memorable de la vida de soror Juana. Decir por menor los milagros que obró Dios con las monjas por intercesión de su sierva y con otras personas que la tomaron por su abogada, hallándose en acontecimientos muy peligrosos. A una religiosa se le saltó un ojo de un vehemente dolor de cabeza y, tomándole la sierva de Dios en la mano, se le puso en la misma concavidad de donde había faltado e, instantemente, quedó sin el dolor de cabeza y con la vista restituida y clara.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
A este tiempo abrasaban el reino de Castilla las guerras civiles que ocasionó la plebe, desenfrenada con la ausencia del emperador Carlos V. Conocidas tanto con el nombre de comunidades, entendió soror Juana por revelación que los comuneros de la vi- [fol. 37r] [CLIII] [CLIV] lla de Torrejón querían robar y destruir su convento. Juntó luego todas las religiosas y las dijo el peligro en que estaban y que el remedio era la oración. Fuéronse al coro, donde imploraron el auxilio divino y, cuando más fervorosas solicitaban su defensa del Dios de los ejércitos, el capitán de los rebeldes y comuneros llegaba con su gente a las puertas del convento; pero en ellas y sobre las paredes vieron los rebeldes tantos hombres armados y dispuestos para la defensa que creyeron ser prevenidos de algunas tropas del emperador con que, amedrentados, se retiraron apresuradamente. Sabido el suceso, creyeron piadosamente las monjas que sus ángeles custodios las habían defendido.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''§. V'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[14]''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[CLV] En dos clases se dividen los enemigos de los justos y amigos de Dios: pues unos son interiores, que consisten en dolores, enfermedades y pasiones del cuerpo y alma; otros externos y de mayor perjuicio, y estos son los demonios y los hombres cuya persecución obra en el bueno lo que el buril en el bronce, con lo mismo que le quita le ilustra y deja resplandeciente. Ya se ha vis- [fol. 37v] to los enemigos interiores que maltrataron con tan intensos dolores y continuadas enfermedades a esta sierva de Dios. Ahora veremos lo que obraron contra ella los enemigos exteriores de quien toda su vida fue maltratada. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Avergonzados los demonios que una virgen de tan débiles fuerzas los venciese en las luchas ocultas de las tentaciones, convirtieron su odio contra el cuerpo delicado, permitiéndolo así Dios para prueba y recomendación de su paciencia. Unas veces, aquellos ministros infernales, la arrastraban; otras la daban pesadísimos golpes y tan crueles azotes que las señales de algunos le duraban por todo un año. Oíase en toda la casa el ruido que hacían aquellos verdugos y las monjas, conociendo el trabajo con que se hallaba su madre, la ayudaban con oraciones.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[CLVI] Las persecuciones de los hombres tuvieron principio en las mismas religiosas del convento, pues la vicaria y otras religiosas que se conspiraron decían que no se observaba la regla de su patriarca san Francisco; que ya faltaba una de las piedras fundamentales de su religión cuando poseían las rentas del beneficio de la villa de Cubas que les había aplicado el cardenal arzobispo de Toledo don fray Francisco Jiménez, siendo [fol. 38r] [CLVII] [CLVIII] [CLIX] incapaces de poseerlas; que mejor les estaba pender de la limosna y caridad de los fieles en que se debían vincular sus riquezas; además, que el beneficio por tener cargo de almas estaba mal servido y se conocía la ambición de su abadesa en adquirirle, pues el primero sacerdote que fue nombrado en él, por el sumo pontífice y antes por el arzobispo, era su hermano. Y, aunque la súplica del breve se hizo en nombre de todo el convento, contenía siniestra relación y, para conseguirla, se había gastado muchos ducados. Era cura del beneficio de Cubas un hermano de soror Juana, a quien nombró el arzobispo Jiménez y aprobó su consejo. Esto escribieron la vicaria y monjas conspiradas al provincial, encareciendo los excesos de su abadesa; y que en acudir a negocios y de sus parientes consumía la mayor parte de las limosnas del convento. Con estas falsedades y otras imposturas de menor consideración, obligaron al provincial a que fuese a proceder contra la inocente prelada, a quien hizo cargo de lo que decían la vicaria y sus secuaces. Pero la mansísima virgen no respondió cosa alguna en su defensa, solamente presentó con sinceridad el breve que había obtenido declarando que en la solicitud de su despacho había gastado solos siete ducados, y suplicó [fol. 38v] [CLX] [CLXI] [CLXII] al provincial la perdonase si por ignorancia o buen celo había delinquido, y que estaba pronta a dejar el oficio y recibir la penitencia que se le impusiese. Las monjas que formaban la mejor parte de aquella comunidad se deshacían en lágrimas viendo prevalecer la malicia e invidia contra la inocencia y humildad, reconociendo el provincial no buscaba la satisfacción de los cargos que se hacían a la sierva de Dios, sino pretextos para condenarla. Y sin atención a la honra de soror Juana y al escándalo que causaría en cuantos la tenían por virtuosísima en todos los reinos de Castilla (donde la fama de sus acciones y maravillas se había entendido y acreditado notablemente) y como si las culpas lo merecieran, la privó del oficio de abadesa, nombrando por presidente del convento a la misma vicaria, autora de la persecución.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[CLXIII] Bien descubrió aquel provincial en tan injusta y precipitada acción que Dios le había quitado el conocimiento de la razón y de la justicia, permitiendo fuese instrumento de mortificación contra soror Juana que, con su silencio y paciencia, desde la cátedra de la camilla en que la tenían encarcelada sus dolores, enseñaba a todas sus hijas la ciencia sobrenatural con que los justos saben tolerar las persecuciones del siglo. Y las mon- [fol. 39r] jas se quejaban en su presencia de la común desgracia que habían padecido y del escándalo que se había ocasionado. Las consolaba y pretendía persuadir que el provincial había procedido justificadamente por carecer ella de méritos y fuerzas para ejercer el oficio de prelada, y que por sus culpas merecía mayor castigo y represión. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[CLXIV] No hay espectáculo en la tierra que más agradable sea a los ojos de Dios que un varón virtuoso, haciendo rostro a los trabajos y persecuciones sin dejarse vencer ni quebrantar de ellas. Así lo escribió una pluma gentil hablando de Catón Vicente, como si fuera pluma cristiana y Catón fuera alguno de los héroes que con mejor constancia se pusieron en la cruz de Cristo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Cuando santa Isabel de Hungría fue expelida de su palacio por sus criados la misma noche en que murió Filipo Langravió, su marido, se recogió en un establo la santa viuda y pasó la noche sin dormir, haciendo oración por aquellos que la habían arrojado de su propia casa. Apareciose Cristo, Señor Nuestro, visiblemente y la dijo que más se había agradado de la oración de aquella noche que de cuantas había hecho la santa en toda su vida. Mejor parecía soror Juana a los ojos de Dios sufriendo por su amor en aquella cama [fol. 39v] trabajos y afrentas que cuando, arrebataba en espíritu, gozaba de sus regalos y coloquios; y más acepta le sería la oración que allí hacía por la vicaria y monjas, que la habían perseguido, y por el provincial, que la despojó del oficio, que todas las demás oraciones en que se había ocupado por el discurso de su vida; pues orar por los ingratos y que nos persiguen y calumnian es perfección que se halla solamente en los adornados de virtudes sólidas y en los muy favorecidos de Dios.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[CLXV] No se descubriera tanto en soror Juana la inocencia de Abel sino tuviera Caín que la persiguiera, ni hubiera dado tan copiosos frutos de virtudes si las aguas de los trabajos y perfecciones no la hubieran bañado en vez de abnegarla y destruirla. Su caridad, que antes alumbraba y calentaba, brotó llamaradas y rayos de fuego, procurando amar, honrar y reverenciar con todo el afecto de su alma a la que con tanto afecto de ambición e invidia la había perseguido.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Las monjas, reconociendo la injusticia con que se había procedido en la deposición de su abadesa, obedecían impacientísimamente en los preceptos de la nueva prelada y la miraban como a causa del escándalo y ruina que había causado, dentro y fuera del conven- [fol. 40r] to, la acción del provincial. Pero la sierva de Dios, con exhortaciones continuas, obligó a las monjas a que obedeciesen a su prelada y, con su ejemplo, sosegaron sus ánimos.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[CLXVI] [CLXVII] [CLXVIII] No pasaron muchos días cuando una enfermedad muy aguda hirió mortalmente a la abadesa, que luego juzgó era castigada de la mano de Dios. Y así pidió a las monjas la llevasen a la celda de soror Juana y, arrodillada a sus pies con muchas lágrimas y demostraciones de contrición, la pidió perdón de las ofensas que la había hecho y confesó su culpa públicamente. La virtuosa Juana, aunque impedida, se quiso arrojar de la camilla para recibir a su hermana en los brazos y, con amorosas entrañas, la aseguró que antes ella era deudora de muchos beneficios, y que sentía su enfermedad como propia y de su parte rogaría a la Majestad de Dios por su salud y consuelo espiritual. La enfermedad fue en aumento y los médicos desconfiaron de su vida, con que recibió la monja los Sacramentos y pidió a todas las religiosas que, si ella faltaba, volviesen a elegir por su prelada y abadesa a soror Juana, la cual, con noticia del estado y peligro de la enfermedad, fue a visitarla (llevada de las monjas en la silla) a la abadesa a quien consoló y acarició mucho. Re- [fol. 40v] cibió la enferma grande consuelo con los halagos y caricias de la sierva de Dios y, con los consejos que la dio para prevenirse en la jornada que la estaba aguardando, con esto entendió la monja con seguridad que se moría y, precediendo muchos actos de contrición y otras señales de predestinación, dio su espíritu al Criador.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[CLXIX] Otras persecuciones la afligieron en el discurso de su vida, que las más de ellas se fundaban en pretender algunas personas poco afectas a la sierva de Dios desacreditar su virtud, poniendo mala voz en sus éxtasis, en sus milagros y en sus sermones. Pero de todo salió vencedora al paso que no se resistía ni safistacía a las calumnias que la imputaban.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[CLXX] En este estado, las visitas de su ángel custodio y los consuelos que de él recibía eran más frecuentes, prevenciones todas para el fin de su vida que se acercaba; pues el mismo ángel le previno de cómo ya llegaba al tiempo de salir de aquella cárcel de dolores y, en un rapto que tuvo cuatro días antes de su muerte, la aseguró el ángel que ya estaba dada la sentencia. Y ella lo dijo al médico para que no se cansase en aplicar remedios. Y así lo hizo, publicando entre las religiosas que su madre se les moría. Acudieron todas a la celda con sollozos y lágrimas [fol. 41r], pero soror Juana las consoló diciendo que sería señal de quererla y estimarla el desear que Dios la sacase de esta miserable vida como fuese para gozarle en la eterna; y que así todas la ayudasen con oraciones para que el enemigo común no la persiguiese en aquel trance.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
La muerte de los justos corresponde a la vida. Del rico avariento no refiere el Evangelio cómo muriese, ni da más señas de su fin que haber sido sepultado en los Infiernos. Pareció superfluo al Evangelista referir la forma en que acabó sus días aquel precito, habiendo dicho la forma en que había vivido entre deleites y pasatiempos.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[CLXXI] La vida de soror Juana fue regulada con un orden y serie de virtudes admirables. Toda ella pacífica, toda tranquila, pero en estos últimos días temió y tembló de la justicia divina y, aunque había logrado el tiempo, le pareció entonces haberle desaprovechado. Y como puesta en un campo de batalla, unas veces se acusaba, otras pedía favor, otras apelaba del tribunal de la justicia para el de la misericordia y en este conflicto, manifestaba con las angustias agonías y trasudores que padecía su alma y cuerpo que se hallaba en el último combate. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Las religiosas, en el día antes de su muer- [fol. 41v] te, pensando que ya espiraba, llorando su pérdida, la besaron la mano; y la sierva de Dios les echó su bendición.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[CLXXII] Poco después se mesuró y compuso en la cama. Y aquel rostro desfigurado con las continuas penitencias y prolija enfermedad se puso resplandeciente y hermoso, y como solía tenerle en la flor de su juventud o cuando estaba elevaba en los éxtasis. Extendiéndose luego por la celda un olor suavísimo, y el médico advirtió que procedía de su aliento y que ya Dios daba premisas de la gloria que había de gozar aquel cuerpo. Con la enfermedad y corrupción de los humores, se le había corrompido el aliento a la sierva de Dios de suerte que, con dificultad, se podía tolerar la molestia que causaba en acercándosele con demasía. Deseosos los circunstantes de experimentar lo que el médico decía, llegaron todos a recibir el aliento de la boca de aquella virgen y le hallaron tan suave y oloroso que los cortaba y sacaba fuera de sí, y les pareció que ninguno de los aromas orientales podía igualarle.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[CLXXIII] Amaneció otro día, 3 de mayo, en que celebra la Iglesia la invención de la santa cruz, dichoso siempre para soror Juana por las felicidades que en él la acontecieron. Y reconociose de los continuos éxtasis y con- [fol. 42r] [CLXXIV] [CLXXV] versaciones exteriores con Dios, en quien tenía empleadas y embebidas todas las potencias sin atender a cosa externa, que como fue aquel día el primero de su vida también había de ser el último. Las monjas que la asistían con los confesores del convento creyeron piadosamente, oyendo las razones que decía ya llamando ya despidiendo los espíritus celestes con quien al parecer hablaba, que había merecido ser visitada de Cristo, Señor Nuestro, de la Virgen santísima y de muchos ángeles y santos, cuyos nombres repetía soror Juana como si los conociese por los favores que de ellos recibía entonces; hasta que a las seis de la tarde, cercada su cama de las religiosas al tiempo de leer su confesor la Pasión de Cristo y su muerte soberana, soror Juana dio su alma al Redentor del mundo en el año de 1534, a los cincuenta y tres de su edad y los cuarenta de su entrada en la religión.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[CLXXVI] Su rostro quedó hermosísimo y no pálido como el de los otros difuntos, sino blanco y encarnado. Y la boca con un ademán muy gracioso y como de quien se ríe. Los ojos no quebrados, sino resplandecientes y sin turbarse la viveza de luces. El cuerpo despedía de sí maravilloso y suave olor; y llenó [fol. 42v] [CLXXVII] de suerte la celda y todas las cosas que en ella estaban y a las monjas que la visitaron que por algunos días les duró la fragancia. Después de vestido y compuesto el cadáver, le llevaron al coro bajo, y las monjas y religiosos le hicieron su funeral en la forma que dispone el ceremonial y usos piadosos de la religión franciscana. Fenecidas las obsequias, dejaron allí el cuerpo asistido de todas las religiosas que no querían apartarse de él y, aunque pensaron darle sepoltura en el día siguiente, fue preciso dilatarlo por la infinidad de gentes que concurrieron a ver el cadáver de la sierva de Dios. Y muchas personas tituladas y de gran suposición en la corte despacharon correos al monasterio, pidiendo encarecidamente a las monjas no sepultasen a soror Juana hasta que pudiesen verla y satisfacer su devoción. Por esta causa, estuvo el cuerpo cinco días sin sepultar, arrojando de sí suavísimo olor, y cuantos llegaban al templo luego le sentían y reconocían admirados ser aquella fragancia sobrenatural.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[CLXXVIII] El concurso de gentes creció tanto que, no siendo capaz el templo para comprenderle, todos aquellos campos estaban cubiertos de hombres y mujeres de diferentes estados y calidades deseando ver el cuerpo [fol. 43r] [CLXXIX] de la sierva de Dios. Y así los religiosos y confesores del convento resolvieron satisfacer a la común devoción de aquellas gentes: sacaron el cuerpo fuera del convento y le pusieron a vista de la muchedumbre que, con lágrimas y clamores, se encomendaba en las oraciones e intercesión de soror Juana, juzgándose por dichoso el que podía besar su hábito y tocar sus rosarios al cuerpo. Las religiosas, temiendo no le despedazasen por llevarse las reliquias, le volvieron (aunque con dificultad) a poner en el coro bajo dentro de la clausura para que fuese visto de todos y de ninguno tocado.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
También en esta ocasión acreditó Dios a su sierva dando salud a muchas personas mediante su devoción y contacto de aquel cuerpo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[CLXXX] Una religiosa no podía mover una pierna y en el pecho se le hizo un bulto grande, todo ocasionado de una caída. Sentíase muy fatigada de dolor y acudió a la celda de soror Juana cuando la estaban amortajando y, con devoción, se puso la túnica interior con que había expirado sobre la pierna y sobre el pecho e, inmediatamente, se le quitó el dolor y resolvió la hinchazón, con que pudo andar quedando buena y sin lesión.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Una señora de título envió un mensaje- [fol. 43v] ro desde la ciudad de Toledo a saber si era cierta la muerta de la sierva de Dios porque deseaba verla antes que la sepultasen. A este hombre le sobrevino un dolor de muelas que no le dejaba comer ni dormir y llegó al convento cuando sacaban del cuerpo a la campaña; y procuró mezclarse entre la turba y besar el hábito, confiando en los méritos de la sierva de Dios que se le había de quitar la pasión molesta que padecía. Luego que tocó el escapulario con los labios se halló bueno, publicando a todos el beneficio que había recibido.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Otro hombre tullido de Torrejón de Velasco se hizo llevar adonde estaba el cuerpo y, habiéndole tocado y besado, dejó las muletas y quedó tan suelto y alentado como si en ningún tiempo hubiera tenido tan grande impedimento.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[CLXXXI] En un convento de monjas de la Concepción de la ciudad de Almería vivía entonces una religiosa llamada María de San Juan, muy parecida a soror Juana en las virtudes y en la gracia de raptos y revelaciones con que Dios la regalaba. Y aunque no se habían visto, eran muy amigas y se correspondían y comunicaban en espíritu. Esta María de San Juan refirió después a unos prelados de su orden que soror Juana se le había aparecido [fol. 44r] [CLXXXII] cuatro días después de su tránsito. Se apareció a la amiga, cercada de resplandor, y la dijo cómo había cuatro días que había salido de este mundo y que, por haber tenido en él su Purgatorio, la misericordia de Dios era tan grande que la tenía en la bienaventuranza. Esta revelación, por haberla referido persona tan virtuosa y a personas de tanta autoridad, fue bien recibida de los devotos de soror Juana. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[CLXXXIII] Después de los cinco días que estuvo el cuerpo sin enterrar para que le pudiesen ver las innumerables gentes que concurrieron de las ciudades y pueblos circunvecinos, abrieron las religiosas una sepultura en el coro bajo, junto a cratícula de la comunión. Sin encerrar el cadáver en caja o ataúd, vestido con su hábito, le entregaron a la tierra, cubriéndole con ella y con mucha cal y agua que le echaron encima, obrando en esto con desalumbramiento pues, sin afectar desprecio de estimación o vanagloria, pudieran contentarse con la tierra sola y no pasar a extremo tan desproporcionado.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[CLXXXIV] Así estuvo sepultado siete años debajo de tierra sin acordarse las religiosas de descubrirle ni sacarle para ver cómo estaba. Hasta que una niña de seis años, hija de los condes de la Puebla, estando jugando en el [fol. 44v] [CLXXXV] coro, comenzó a excavar con los dedos y a sacar tierra de la sepultura donde yacía soror Juana. Preguntaron las monjas a la niña para qué quería la tierra y las respondió que aquella tierra olía muy bien. Repararon las monjas en lo que decía la niña y, con la experiencia, conocieron ser verdad que la tierra exhalaba un olor suavísimo, con que fácilmente pudieron conocer la causa de aquel efecto milagroso; y, convocada toda la comunidad, resolvieron descubrir el cuerpo, el cual hallaron fresco, entero y hermoso, y como estaba el mismo día en que le sepultaron (hasta el hábito y tocas habían conservado su color y limpieza). No puede explicarse con bastantes hipérboles cuál fue el alegría y consuelo de las monjas. Vistiéronla otro hábito y otras tocas, repartiendo las que antes tenía entre todos los devotos, y el cuerpo le pusieron en una caja debajo del altar del coro alto.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[CLXXXVI] Allí estuvo otros catorce años, conservando su frescura y hermosura sobrenaturalmente, hasta que doña Isabel de Mendoza, señora de la villa de Casarubios, y otras personas graves hicieron infancia para que el cuerpo se mudase a lugar más acomodado, donde las religiosas y el pueblo le pudiesen tener a la vista. Y para este efecto se [fol. 45r] [CLXXXVII] fabricó un arco en la capilla mayor de la iglesia, al lado del Evangelio, que correspondía el vacío al claustro del convento y con dos rejas; y en parte eminente, se dispuso un lugar acomodado para colocar una arca dorada que hizo a su costa aquella señora doña Isabel de Mendoza. Y vistiendo el cuerpo con un hábito de damasco pardo, le trasladaron al nuevo sepulcro con tanto concurso y devoción de los pueblos como merecía su buena memoria.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[CLXXXVIII] Desde esta ocasión, no consta se manifestase el cuerpo a ninguna persona hasta que, en el año de 1600, don fray Francisco de Sosa, que después fue obispo de Osma, siendo ministro general de la orden de san Francisco, visitó el convento en compañía de don fray Pedro González de Mendoza. Y deseando saber el estado que tenía el cuerpo de soror Juana, a instancia de las monjas, hizo bajar el arca; y le hallaron fresco y entero (fuera del rostro que estaba algo seco, pero las facciones muy perfectas), el hábito de damasco pardo y las tocas olorosísimas y fragantes por la comunicación y contacto del cadáver. Y causó admiración que, sin haberle divulgado la intención de los prelados, pues cuando entraron en el con- [fol. 45v] [CLXXXIX] [CXC] [CXCI] vento no la tenían de descubrir el cuerpo, concurrió tanta gente a la iglesia como si mucho tiempo antes se hubiera premeditado esta manifestación, en la cual sucedieron dos cosas bien singulares. La primera fue que, habiendo repartido el ministro general las tocas blancas entre los circunstantes, pidió un velo la madre reformadora que tanto le había deseado y en fin se le puso con sus manos el prelado superior de toda la orden. La segunda que, deseando el ministro general llevar consigo alguna parte del cuerpo de soror Juana, pretendió quitar el dedo menor de un pie y, con la fuerza que hizo para arrancarle, le sacó con todo un nervio fresco y ensangrentando después de sesenta y seis años de su fallecimiento. Caso notable y digno de admiración. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Después de este suceso se ha mostrado el cuerpo en diversas ocasiones de orden de los prelados superiores o por haber ido a visitar- [fol. 46r] [CXCII] [CXCIII] le los reyes de España, sus mujeres, principies e infantes; y con las ofrendas y limosnas que hacían los devotos se hizo un arca de plata riquísima donde le trasladaron y hoy permanece en el mismo arco y lugar eminente cercado de los votos y lámparas que con frecuencia ofrece la devoción de muchas personas beneficiadas en sus enfermedades y peligros, a su parecer, por la intercesión y méritos de esta sierva de Dios; y en esta posesión ha estado soror Juana a vista del celo de la santa y general Inquisición de España, y los arzobispos de Toledo y de los prelados de su religión, creciendo cada día más el crédito de su virtud con los milagrosos que se han experimentado en sus aficionados y devotos; y, aunque luego que murió se atendió poco a escribir y observar otros muchos que acontecieron por el natural desprecio y olvido con que se miran semejantes cosas, después ha permitido Dios que haya mayor atención en observar las maravillas de sus milagros de los cuales referiremos algunos.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En el año de 1612, un provincial mostró al pueblo el cuerpo de soror Juana ,y habiendo ido desde la villa de Torrejón de Velasco doña Agustina Romana para verle, llegó tarde y quedó muy des- [fol. 47v] [CXCIV] [CXCV] consolada. Las monjas, por satisfacer en parte su devoción, le dieron un poco del velo de la sierva de Dios. Dentro de breves días esta doña Agustina cegó de una enfermedad en los ojos y, acordándose de la reliquia que la dieron las monjas, se la puso sobre los ojos y luego quedó sana y vio perfectamente.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[CXCVI] [CXCVII] El doctor Francisco González de Sepúlveda, médico de la Inquisición general en Madrid, padeció una dolencia mortal y, con devoción y fe, se encomendó a la intercesión de soror Juana, pidiendo su socorro. En la noche siguiente, le apareció la sierva de Dios y le aseguró que sanaría de la enfermedad, y así sucedió.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[CXCVIII] En la villa de Parla, cayó en un pozo una niña de cinco años, en el cual estuvo por espacio de tres horas hasta que advirtieron sus padres en que faltaba. La buscaron y la hallaron en el pozo. La madre la encomendó a soror Juana de la Cruz y, entrando un hombre en el pozo para sacarla, afirmó haberla hallado muerta y lo mismo testificó la gente que concurrió a la desgracia por no hallarse en ella señal alguna de vida. Pero la madre, invocando el nombre de soror Juana, tomó a la niña en los brazos y en ellos volvió la niña a cobrar aliento, y hablaba y respondía, diciendo que una monja muy hermosa la había ayu- [fol. 47r] dado para que el agua no la ahogase.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[CXCIX] [CC] En el lugar de Casarrubuelos, el año de 1619, se arruinó una pared cogiendo a dos niños debajo. La madre, vista del peligro, los encomendó a la protección de soror Juana y, acudiendo la gente, se quitó la tierra y ruinas y parecieron los dos niños sin lesión alguna.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[CCI] Un navío que hacía viaje desde las Indias a España padeció una tormenta, con que se rompió y quebrantó por muchas partes, entrando en él tanta agua que se iba a pique conocidamente. Y en este estado, un religioso franciscano hizo voto con todos los navegantes de visitar el cuerpo de soror Juana y, arrojando al mar una cuenta tocada a una original, instantáneamente cesó la tormenta y pudieron cerrarse las aberturas del navío, y los navegantes después cumplieron su voto.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Doña Lucrecia Galbarro, vecina de la ciudad de Sevilla, el año de 1619 hizo voto de visitar el cuerpo de soror Juana de la Cruz por hallarse tullida de ambas piernas. Cumplió el voto, y la entraron en la iglesia dos personas respeto de que ella no podía moverse. Luego que llegó a la presencia del cuerpo e hizo oración a Dios pidiéndole que por los méritos de su sierva la sanase, se levantó y [fol. 47v] anduvo por la iglesia a vista de un su hermano canónigo de Sevilla y de diferentes religiosos que se hallaron presentes.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Pedro del Portal, vecino de Madrid, cobró la vista que había perdido en una enfermedad.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Pedro García, en el año de 1618, sanó de una herida que no se había podido curar en seis meses con tocarle a la pierna una cuenta original en la parte lastimada en término de veinticuatro horas, sin medicamento alguno.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
María Ruiz, vecina de Madrid, estuvo endemoniada. Y su marido la llevó al convento de Santa María de la Cruz y, aunque se hicieron las diligencias ordinarias de los conjuros y exorcismos que se dicen en tales casos, no aprovecharon hasta que la llevaron a la presencia del cuerpo. Y con besar unas cuentas de los originales, se reconoció que el demonio había dejado aquella miserable mujer, que desde entonces quedó libre, reconociendo este beneficio a la intercesión de la sierva de Dios.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Un niño llamado Juan, en el lugar del Almonacid junto a la ciudad de Toledo, cayó en un pozo de donde le sacaron a vista de más de cien personas sin pulsos, ni aliento ni otra señal de vivo. Los padres le encomendaron a soror Juana de la Cruz y el niño empezó a [fol. 48r] mover brazos y pies, y a echar mucha agua por la boca. Luego abrió los ojos y, dentro de dos horas, andaba por la calle entre los demás niños de edad.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Otros casos milagrosos de esta calidad están comprobados en las informaciones que hicieron los obispos de Troya y de Cirene, que se remitieron al proceso de la canonización y se refieren por los escritores que hicieron particular memoria de soror Juana: como fueron don fray Francisco Gonzaga, arzobispo de Mantua, en su crónica; el obispo de Jaén en el ''Libro de la veneración de las reliquias''; el maestro Villegas en el ''Flos Sactorum''; fray Pedro de Salazar en la crónica que escribió de los religiosos de san Francisco de la provincia de Castilla; el maestro Peredo en la ''Historia de Nuestra Señora de Atocha''; fray Antonio Daza en la ''Cuarta parte de las crónicas de la orden de san Francisco'' y en un tratado particular de la vida de soror Juana; y fray Pedro Navarro en su erudito libro intitulado ''Favores del rey del cielo'', ocupando estos escritores sus plumas en alabanza de esta virgen virtuosa con la esperanza de que había de llegar el día en que los pontífices sumos la escribiesen en el ''Catálogo de los santos canonizados'' o lleguen ya para honra y gloria de Dios Omnipotente, Autor y Criador, de todo lo perfecto y santo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
FIN.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
===Citas en los márgenes===&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[I] [fol. 2r] Destas bulas hace mención ''Barb. de offic. &amp;amp; potest. Episcopi, part. 3. alleg 107. Trullen. opus morale tom. I. libr. I cap. 9 dub. 6 n. I0. &amp;amp; seqq''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[II] ''In bulla'' an. 1625. Ibi: Declarans, quod per supra scripta præiudicare in aliquo non vult, neque intenditiis, qui aut per commune Ecclesiæ confensum, vel inmemorabilem temporis cursum, aut per Patrum virorumque sanctorum scripta, vel longissimi temporis scientia, ac tolerantia Sedis Apostolicæ, vel ordinaris coluntur.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[III] [fol. 2v] Han tenido tanto cuidado y atención los ordinarios de Toledo en estar a la mira de la veneración y culto particular que se daba a soror Juana de la Cruz para reconocer el fundamento que tenían los milagros que se publicaban de ella y de sus granos o cuentas que no se puede hacer más segura demostración de este cuidado, según lo dispuesto por el santo Concilio Tridentino, que poniendo a la letra una censura que hizo la Universidad de Alcalá en el año 1617, la cual es como sigue: &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Censura de la muy insigne Universidad de Alcalá ''[2]''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Los doctores Bartolomé de Sosa (canónigo de la santa iglesia colegial de la villa de Alcalá de Henares, catedrático de teología de Durando de esta Universidad de la dicha villa) y Andrés Merino (canónigo o, asimismo, de la dicha iglesia, catedrático de prima de Escoto de la dicha Universidad) y fray Juan González de Albelda de la orden del señor santo Domingo (catedrático de la prima de la dicha Universidad) y fray Pedro de Oviedo (abad del colegio del señor san Bernardo y catedrático de víspera de teología de la dicha universidad), habiendo visto por comisión suya y del claustro ciertos procesos y probanzas hechos por comisión del ilustrísimo cardenal arzobispo de Toledo, en razón de la vida y muerte de la bendita soror Juana de la Cruz (monja en el monasterio de Nuestra Señora de la Cruz, junto a la villa de Cubas), que una de las dichas probanzas fue hecha en el dicho monasterio por el licenciado Luis Galindo (cura propio de la dicha villa) ante Juan Fernández de la Plaza, comenzada a 12 de mayo de 1614 años y acabada en 17 del dicho mes de 1615, y otra fecha en la villa de Torrejón de Velasco por el licenciado Mimbreño (cura propio de la dicha villa) ante Gabriel de Illescas (escribano), empezada a 26 días de abril de 1615 y acabada a 23 de mayo del dicho año, y otra fecha en la villa de Al- [fol. 3r] calá por el señor don Diego Ortiz de Zayas (vicario general) ante Sebastián de Villegas (notario), comenzada en 2 de septiembre del dicho año y acabada a 12 de abril del siguiente 1616, y otra fecha en Toledo por el licenciado Juan Barrentes de Aguilar (capellán de la capilla de la reina) ante Francisco (maestre notario), acabada a 6 de octubre de 1616 años; y habiendo visto juntamente los pareceres de los señores doctores canonistas, en cuanto al artículo de lo probado ''in iure'', y de los señores doctores médicos, en cuanto a la naturaleza de las enfermedades, nos parece que, según lo que de todo referido, resulta son casos milagrosos que, por el consiguiente, exceden toda facultad de naturaleza y se deben tener y calificar por tales, cuales son los siguientes: lo primero, la incorruptibilidad del cuerpo de la bendita soror Juana de la Cruz, cuya preservación de corrupción, vistas las circunstancias del caso y accidentes que le acompañan, le hacen sin duda obra milagrosa; lo segundo, parece haber obrado Dios, Nuestro Señor otros milagros por el contacto y uso de las cuentas de la dicha bendita sor Juana de la Cruz que, según la común tradición de aquel santo convento donde la susodicha murió y de aquella tierra y comarca, fueron llevadas al Cielo, a infancia suya, por el santo ángel de su guarda a la preferencia de Cristo, Nuestro Señor, y les echó su bendición y dio muchas y diferentes virtudes. Y en particular, consta que Juana Manuda (vecina de la villa de Cubas) fue libre y sana de una grave enfermedad, que había siete años padecía, de pesada melancolía y desmayos que le duraban tres o cuatro horas, dejándola sin movimiento ni sentido y de muy continuas tentaciones de desesperación ''[3]'', por ponerse dichas cuentas y traer consigo una de las sobredichas cuentas, lo cual fue efecto milagroso, como también lo fue el librarla Dios muchas veces de ejecutar sus intentos de desesperación por la devoción que tenía a la dicha soror Juana de la Cruz. Lo tercero, por el contacto de una de las dichas cuentas, fue milagrosamente sana Luisa de las Llagas (monja profesa del convento de Descalzas del señor san Francisco de la villa de Valdemoro) porque, habiendo estado más de cinco meses continuos en la cama paralizada de todos sus miembros sin poderse mover por sí y con grandes dolores en todos ellos, habiendo ya cesado los medicamentos porque nada aprovechaban, tocándole una de las dichas cuentas, se le fue quitando el dolor y fue extendiendo sus miembros; de manera que, en breve rato, se levantó del todo buena de la cama y se fue en presencia de las demás monjas al coro a dar gracias a Nuestro Señor, sin que le volviese jamás la dicha enfermedad. Lo cuarto, Catalina de la Purificación (monja del dicho convento), después de otra semejante enfermedad que había año y medio que casi continuamente la tenía trabada la lengua sin poder articular las voces con un género de pasmo en los miembros y, a veces, con movimientos convulsos y parte de gota coral tocándole en la lengua con una de las dichas cuentas, habló mila- [fol. 3v] grosamente de allí delante con expedición y claridad; y, asimismo, tocándole con ella en las demás partes que padecían la dicha enfermedad, se le quitaban de manera que quedaba libre para acudir a todas las obligaciones de la comunidad; y, cuando le volvía a tocar algo de la dicha enfermedad con el contacto de la dicha cuenta, se le quitaba al punto. Lo quinto, doña Francisca de Bustamante de la Tercera Orden de Señor San Francisco (vecina de la ciudad de Toledo) era muy perseguida de un género de alferecía o gota coral que la privaba del sentido y caía en tierra (traspillados los dientes, heridos los pies y manos) con tanta violencia que eran menester tres o cuatro horas personas para tenerla; y, de esta suerte, solía estar tres y cuatro horas; y tocándola una de las dichas cuentas, invocando al santísimo nombre de Jesús y de la bendita soror Juana de la Cruz, al punto hablaba y se le quitaba totalmente por entonces el dicho mal y quedaba sin los accidentes penosos que solía; lo cual sucedía siempre que la acometía el dicho mal, por el contacto con dicha cuenta, el cual impedía los daños y efectos que naturalmente se siguieran y libraba de los que ya había incurrido, que todo era casi milagroso. Demás de lo cual, de las dichas informaciones, resulta ser muy verosímil haber obrado Dios Nuestro Señor otros muchos casos milagrosos por el uso y contacto de las dichas cuentas y por la intercesión de la bendita sor Juana de la Cruz que, aunque en sí son muchos y continuos en esta materia de milagros, no tanto se ha de atender al número de ellos cuanto a la verdad y sustancia de ser obras extraordinarias del poder de Dios, y siéndolo como lo son las sobredichas que se han referido, es cosa del todo cierta e indudable que a las sobredichas cuentas se les debe particularísima reverencia y devoción, y que gozan de muy particular favor y merced de Dios los que las tienen. Lo sexto, yendo la señora condesa de Orgaz, doña María de Figueroa, con dos hijas suyas y otras personas en un coche a visitar el cuerpo de la bendita sor Juana de la Cruz a su casa, junto a la villa de Cubas, habiéndoles anochecido en el camino con mucha oscuridad, sin saberlo alguno de los que allí iban,  cayó el coche de un alto de más de dos estados de distancia en un pantano de agua; y encomendándose a la bendita Juana, se hallaron abajo del pantano sin haberse trastornado el coche y sin daño alguno en las personas ni mulas: efecto sin duda sobrenatural. Lo octavo, habiendo salido la dicha señora condesa con ánimo de un capellán que llevaba le dijese misa en el dicho lugar, no sabiendo el camino, se pasaron adelante y llegaron a un lugar diferente; y, conocido el yerro, hubieron de retroceder para llegar adonde iban; y llegaron a tiempo competente de decir misa como en efecto se dijo, habiendo, desde las nueve o las diez de la mañana, caminado más de diez leguas usuales con el coche, que fue obra milagrosa. [fol. 4r] Lo último, es de gran ponderación la común tradición de los maravillosos y milagrosos éxtasis que, según ella, tuvo la bendita sor Juana en su vida, gozando de coloquios divinos con Cristo, Nuestro Señor, y con su benditísima Madre, ángel de su guarda y otros santos. Y no menos se debe hacer peso de la perfección de todo género de virtudes en que se dice (y es la dicha común tradición) haberse ejercitado desde su tierna edad hasta el fin y remate de su vida, especialmente en obras de penalidad y mortificación del cuerpo, alcanzando perfecto reconocimiento de todas las pasiones justamente con muy profunda humildad; nacida de grandes persecuciones, así del demonio como de los hombres que, según ellos, mereció alcanzar de Dios, Nuestro Señor, la común aceptación y devoción de los fieles a su santidad e incorrupta vida no solo en ella, sino después acudiendo a venerarla a su sepulcro con públicas aclamaciones de su santidad y milagros que solo puede ser efecto del divino espíritu. Por lo cual, según la común doctrina que traen los doctores, así teólogos como canonistas, en el capítulo último de ''Reliquis &amp;amp; veneratione santorum in 6. De los requisitos para la dicha veneración de los santos, nos parece falvo meliori iudicio'' y el de la Santa Sede Apostólica, a quien, como es justo, sometemos el nuestro: la dicha bendita sor Juana de la Cruz, por concurrir en ella en vida y en muerte después hasta ahora, con general continuación los dichos requisitos (en cuanto podemos alcanzar), ser digna de toda veneración de los fieles y merecer se publiquen sus grandezas para edificación de todos ellos y confusión de los herejes. En Alcalá de Henares, a nueves días del mes agosto de 1617 años: &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El doctor Bartolomé Sosa.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El doctor Andrés Merino.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El maestro fray Pedro de Oviedo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El maestro fray Juan González Albelda.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[IV] En cuanto al culto particular que se da a las personas que están por santas, concurriendo en esto la voz común, posesión de tanto tiempo y tolerancia de los ordinarios, aunque no haya precedido licencia del sumo pontífice, lo que se ha visto es que en la curia romana han sido mantenidos en su posesión sin innovar en cosa alguna, como sucedió en tiempo de la santidad Clemente VIII en cuanto a san Carlos y san Felipe Neri antes de sus canonizaciones; y en tiempo de la santidad de Paulo V en cuanto a san Gaetano, como se refiere por Trullench, opus morale lib. I, cap. 9, dub. 6, num 22.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[V] Justo es que la piedad y liberalidad de los grandes príncipes tenga padrón eterno en nuestra memoria, y alabanza para que sus acciones gloriosas sirvan de ejemplo y sean imitadas de los sucesores en sus altos puestos. El serenísimo señor don Juan de Austria, con noticia de los prodigios de soror Juana de la Cruz y del lugar que deben tener sus virtudes en la estimación de sus devotos, por serlo de esta sierva de Dios, visitó su sepulcro antes de emprender la conquista del reino de Portugal y dio quinientos escudos de limosna que se aplicaron para los gastos que ha de hacer en su viaje fray Juan de San Die- [fol. 5v] go Villalón, religioso de San Francisco, y procurador de la causa de canonización en la curia romana. Y después, sabiendo Su Alteza que con efecto se había de despertar esta pretensión, dio otra limosna de cuatro mil escudos sin perder de vista su magnanimidad, el deseo y gusto de hacer nuevos socorros por esta misma causa. Y en manifestación de lo que se debe en ella a este esclarecido príncipe, pondremos a la letra la carta que escribió a fray Juan de San Francisco (que solicita en Madrid, con celo singular, todo lo concerniente a la canonización de soror Juana) y en que hace la gracia y limosna referida: &lt;br /&gt;
“He visto las noticias que me da fray Juan de San Francisco del estado en que se halla la canonización de soror Juana de la Cruz y, continuando los buenos deseos que siempre he tenido de que se concluya brevemente con obra tan justa y piadosa, escribo a Su Majestad con todo aprieto para que mande dar las cartas en la forma  que fray Juan pide; y al secretario Pedro Fernández del Campo, que lo solicite con el fervor posible a quien podrá acudir en las dependencias que se ofrecieron del adelantamiento de esta materia, a que no dejaré de asistir como tan devoto hijo de la religión y de soror Juana, hasta que se llegue a perfección. Y, para ello, puede fray Juan hacer capital de cuatro mil escudos de limosna que estarán pronto en esa corte, siempre que fueren menester.&lt;br /&gt;
Nuestro señor, etc. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Zafra, a primero de enero de 1663,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Don Juan.”&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[VI] Nacimiento y patria de soror Juana de la Cruz. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[VII] Luego que nace, se abstiene de los pechos de su madre por ciertas horas y tiempos.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[VIII] No mama en tres días y padece gravemente. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[IX] La madre la encomienda a la Virgen santísima; vuelve la niña a su primera salud, que a la madre le parece ser milagrosa.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[X] Enferma de edad de dos años y es llevada a un templo de san Bartolomé.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[XI] El santo apóstol se aparece a Juana y, tocándola, cobra perfecta salud.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[XII] En un rapto que tuvo siendo de cuatro años ve a la Virgen santísima en un lugar deleitoso.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[XIII] En esta ocasión ve al ángel su custodio.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[XIV] Ve soror Juana en su edad tierna a Cristo, Nuestro Señor, en cuerpo humano; y en forma de Niño en la Hosita sacramentada. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[XV] Y otra vez al levantar la hostia vio el cuerpo glorioso de Cristo, Señor Nuestro, y piensa que todos ven lo mismo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[XVI] Muere su madre, que encarga lleven a la niña al templo de Santa María de la Cruz con cierto voto.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[XVII] Llevan a Juana unos sus tíos ricos a su casa.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[XVIII] Hace rigurosa penitencia en sus tiernos años.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[XIX] Goza continuamente de visiones maravillosas.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[XX] Intentan sus tíos casarla, pero ella resuelve entrar en religión.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[XXI] Elige ser monja en el convento de Santa María de la Cruz.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[XXII] Dase noticia de la maravillosa fundación de aquel convento por medio de una pastora llamada Inés.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[XXIII] La Virgen santísima se aparece a la pastora.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[XXIV] Fúndase el convento debajo de la Tercera Regla de San Francisco.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[XXV] Las primeras religiosas descaecen del rigor y observancia con que empezaron.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[XXVI] La pastora Inés deja la religión y se casa.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[XXVII] Después muere con señales de verdadera penitencia.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[XXVIII] Soror Juana de la Cruz nació para reformar y restituir aquel convento a su primera observancia.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[XXIX] Desampara su casa en hábito de hombre para ir al convento a pedir el hábito.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[XXX] Turbación de ánimo y temores que padece en el camino.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[XXXI] Aliéntala una voz que, después, supo ser de su ángel custodio.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[XXXII] Nuevo peligro en que se halla.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[XXXIII] Da gracias a Dios de haberse librado de aquel peligro y aparécesela la Virgen santísima que la conforta; asegura de nuevo a su intento. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[XXXIV] Descuido gracioso en que incurre soror Juana.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[XXXV] Llega al convento y se desnuda al convento del traje de varón.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[XXXVI] Una imagen de la Virgen Nuestra Señora, que estaba sobre la puerta reglar, habla a Juana.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[XXXVII] Habla a la abadesa, a quien da noticia de su intento.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[XXXVIII] Viene al convento el provincial inopinadamente ''[9]'' y da licencia para la admisión de Juana.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[XXXIX] El padre y parientes de Juana van en su seguimiento y procuran embarazar el que sea religiosa.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[XL] La doncella los reduce y vienen en lo mismo que ella deseaba. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[XLI] Recibe el hábito de religiosa. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[XLII] En el año del noviciado echa profundas razones de virtud.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[XLIII] Fue devotísima de la señal de la santa cruz y así tomó su advocación cuando hizo profesión.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[XLIV] Modo de vivir de soror Juana después de profesa.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[XLV] Cómo repartía el tiempo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[XLVI] Ocúpase en oficios humildes en servicio de su comunidad.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[XLVII] Imita en la suma pobreza a san Francisco.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[XLVIII] No obraba cosa alguna de su propia voluntad, sino comunicando cuanto hacía con sus confesores y debajo de su consejo y obediencia.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[XLIX] Perfecciones personales de soror Juana.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[L] Su discreción y conversación admirable.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[LI] Buscaban todos sus consejos y doctrina.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[LII] Humildad grande con que asistía a los oficios humildes.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[LIII] Milagro singular en una cosa muy menuda.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[LIV] Hácenla enfermera, en que obra con mucha caridad.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[LV] Manifiesta su ardiente caridad con sus hermanas.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[LVI] Cobran las religiosas enfermas salud por su intercesión. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[LVII] Hácenla tornera y portera.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[LVIII] Aparécesele en el trono el Niño Jesús.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[LIX] Aparición admirable de la Virgen santísima y su Hijo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[LX] Favores que recibe soror Juana de la Virgen santísima por haber sido obediente.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[LXI] Otra aparición de la Virgen santísima.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[LXII] Es muy devota del Santísimo Sacramento de la Eucaristía.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[LXIII] Milagro notable.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[LXIV] Ábrese una pared muy gruesa para que soror Juana viese la hostia consagrada al tiempo de la misa mayor.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[LXV] Permanecen hoy señales de este milagro.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[LXVI] Comunica a su ángel custodio con mucha frecuencia.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[LXVII] Flores que recibe de su ángel custodio.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[LXVIII] Sus raptos y éxtasis son muy continuos.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[LXIX] Señales exteriores que se veían en soror Juana al tiempo de estar en éxtasis.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[LXX] Tuvo don de hablar diversas lenguas.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[LXXI] Enmudece por algún tiempo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[LXXII] Restitúyele el habla.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[LXXIII] Tiene don de predicar y concurren varias gentes a oírla.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[LXXIV] Tiempo que le duró esta gracia.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[LXXV] Personas señaladas que concurren a oír los sermones de soror Juana.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[LXXVI] El emperador Carlos V la visita.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[LXXVII] A los hombres doctos los predica en latín.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[LXXVIII] Convierte a dos esclavas africanas predicándolas en arábigo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[LXXIX] Al provincial de la provincia, que era vizcaíno, le predica en vascuence.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[LXXX] Quieren algunos que la lengua vascuence sea primitiva de los antiguos o primeros pobladores de España. Lo más cierto es que fue lengua pro- [fol. 20v] vincial de los vascones, y que habitaban los Pirineos. Véase a Alderete, Origen de la lengua castellana.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[LXXXI] Un inquisidor va desconocido a soror Juana.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[LXXXII] Reconoce ser obra de Dios.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[LXXXIII] Indiscretas experiencias que hacen algunos en los raptos de soror Juana.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[LXXXIV] Entran en cuidado los prelados y prohíbenla predicar delante de la gente.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[LXXXV] Milagro singular.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[LXXXVI] Predica a las aves que concurren a su celda en gran número.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[LXXXVII] Dan los prelados licencia de que predique a cuantos la quisiesen oír. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[LXXXVIII] Una monja es dotada repentinamente de la gracia de escribir para que escribiese los sermones y el libro de El Conorte.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[LXXXIX] En un éxtasis se desposa soror Juana con el Niño Jesús.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[XC] Siente en manos y pies dolores intensos en la parte donde Cristo, Señor Nuestro, tuvo sus llagas.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[XCI] Manifiéstanse unas señales de color de rosa en las manos y pies de soror Juana.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[XCII] Siente los dolores en los viernes y sábados.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[XCIII] Corre la fama de este favor por los pueblos circunvecinos y concurre mucha gente al convento.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[XCIV] Pide soror Juana a Dios le quite las señales de pies y manos, y lo consigue.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[XCV] Ensordece por algún tiempo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[XCVI] Cobra el sentido del oír el día de santa Clara.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[XCVII] Es elegida abadesa de su convento.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[XCVIII] Su primera acción fue disponer que sus monjas guardasen clausura.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[XCIX] Las limosnas que se pedían por las mismas religiosas se aumentan después que observan clausura.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[C] Liberalidad del gran capitán y del arzobispo de Toledo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[CI] El gobierno de soror Juana es muy prudente.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[CII] Paz entre las religiosas.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[CIII] Prodigio de las cuentas que fueron llevadas al Cielo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[CIV] Muchas reliquias tenemos en la Tierra bajadas del Cielo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[CV] Pocas cosas han subido al Cielo de la Tierra para volver a ella.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[CVI] 2. Ad Corint. 12.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[CVII] Anton. 3. p. tit. 24. c.13. Aquil. lib. I. c15. Sánchez de Regno Dei lib. 7; cap. 4. núm. 34. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[CVIII] Caso maravilloso que sucedió en Constantinopla.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[CIX] San Joan Damascen. lib. 3 de side ortodora cap. 10. lib. de Trinit Félix III Ep. ft. 3. decretali 2 Conc. Menp. Grac. 25. sepe. Nizef. lib. 14. c. 46.&lt;br /&gt;
 &lt;br /&gt;
[CX] Piden las mon- [fol. 26r] jas a soror Juana les alcance algunas gracias y virtudes para sus rosarios. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[CXI]Soror Juana propone los deseos de las religiosas a su ángel custodio y consigue benigna respuesta. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[CXII] Juntan grande cantidad de rosarios y enciérralos en un cofre.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[CXIII] Curiosidad mujeril de las monjas.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[CXVI] Hállanse los rosarios en el cofre como estaban antes.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[CXV] Consta de información hecha en Valladolid ante don Fernando de Valdés, provisor y vicario de aquella diócesis. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[CXVI] Consta de estos milagros por la misma información. Y con este grano en Valladolid sucedieron otros prodigios que se comprobaron por el ordinario de aquella diócesis.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[CXVII] Consta de información hecha en Madrid, año de 1618, ante Lorenzo de Santeherbas, notario por comisión del cardenal arzobispo de Toledo Bernardo de Rojas y Sandoval. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[CXVIII] Consta de la misma información.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[CXIX] Consta de la misma información.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[CXX] Consta de la misma información.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[CXXI] Consta de una información hecha en Valdemoro ante el licenciado Sebastián de Ceballos, cura de aquella villa, por comisión del arzobispo de Toledo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[CXXII] La censura que dio la facultad de teología se puso a la letra en el principio de este epítome, cuando se habla con Su Santidad, fol. 2. B.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[CXXIII] In S. Concilio Trident. ses. 25 ibi: ''adhibitis pys viris et Theologis, in confilium. Episco pus decernat eaque ve itate et pietati consentanea indicaveritt''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[CXXIV] Es muy devota de las ánimas del Purgatorio.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[CXXV] Pide a Dios la permita padecer por las animas y en satisfacción de sus penas.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[CXXVI] Concédela Dios lo que pide y la colma de dolores y enfermedades.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[CXXVII] Padece calores grandes en invierno y intensos fríos en verano.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[CXXVIII] Caso notable de lo que obraba el incendio interior que padecía soror Juana.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[CXXIX] Otros dolores y tormentos que padece en las coyunturas y en la cabeza.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[CXXX] No come en ocho días mientras duran los dolores de la cabeza.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[CXXXI] Oyendo leer la Pasión de Cristo se le aliviaban los tormentos.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[CXXXII] Revelación que tuvo del ángel custodio para aliviar los dolores.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[CXXXIII] Dale por remedio el ángel que se ponga al lado del cuerpo unos guijarros.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[CXXXIV] Habla a soror Juana el espíritu de un hombre que tenía su Purgatorio en una piedra.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[CXXXV] Comunica con su ángel custodio el suceso y da la razón de aquel suceso.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[CXXXVI] Muchas ánimas de fieles difuntos se aparecen a soror Juana para que las ayude con oraciones y sufragios.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[CXXXVII] Suceso notable de que fue testigo todo el convento.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[CXXXVIII] Pide soror Juana a Dios que las ánimas que se le aparecían tengan su Purgatorio en las flores y hierbas que tenía en su celda.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[CXXXIX] Concédesele su pretensión.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[CXL] Las flores y hierbas que tenía en su celda se inclinan al cantar soror Juana el verso del Gloria Patri.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[CXLI] Vuélvese a repetir el milagro en presencia de las religiosas.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[CXLII] Las hierbas y flores marchitas despiden de sí olor celestial; y por qué razón.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[CXLIII] Fue muy devota la sierva de Dios de la Virgen santísima.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[CXLIV] ''Facta est Maria fenestra cæli, quia per ipsam Deus verum fudit seculi lumen, sancta est Maria scala cæelestis quia per ipsam Deus descendit ad terras, ut per ipsam homines ascende mererentur ad cœelos. D. Fulg. ser. de laudib. Mariæ''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[CXLV] Venera sumamente una imagen de Nuestra Señora de la Asunción, de escultura tosca y antigua que había en el convento.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[CXLVI] León X restituye al mundo las ciencias y las artes.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[CXLVII] La imagen de Nuestra Señora es muy venerada de las religiosas.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[CXLVIII] Hay tradición entre las religiosas de que Cristo, Señor Nuestro, mejoró la escultura de aquella Imagen.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[CXLIX] Los pueblos de la comarca acuden en tiempo de esterilidad y falta de agua a valerse de la imagen.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[CL] Milagros que obra Dios por intercesión de soror Juana.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[CLI] Resucita una niña.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[CLII] A una religiosa se le salta un ojo y soror Juana se le restituye, y también la vista. De este milagro y otros muchos consta por una información que hizo el licenciado Luis Galindo, de comisión del arzobispo de Toledo, año de 1615.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[CLIII] Los comuneros de la villa de Torrejón intentan saquear el convento.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[CLIV] Defienden el convento hombres armados que parece fueron los ángeles custodios de las religiosas.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[CLV] Persecuciones que padeció soror Juana.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[CLVI] La vicaria del convento y otras monjas se conspiraron contra soror Juana.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[CLVII] Toman ocasión de la impetración del breve para anexar el breve del beneficio del lugar de Cubas al convento.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[CLVIII] Y de que un su hermano sacerdote fue nombrado cura.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[CLIX] El provincial procede contra la sierva de Dios.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[CLX] No se disculpa ni defiende. Antes pide perdón de sus errores.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[CLXI] Las monjas se lamentan de la desgracia de su madre.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[CLXII] El provincial priva a soror Juana del oficio de abadesa y nombra por presidenta del convento a la vicaria.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[CLXIII] Tolera la sierva de Dios con gran paciencia este golpe y disculpa el provincial.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[CLXIV] Seneca lib. de Providentia: capit. 2. ''Non video, quid habeat in terris Iupiter pulchrius, si convertere animun velit quam ut spectet Cathonem, iam partibus non semel fractis stantem nihilominus inter ruinas publicas erectum. Ecce spectaculum Dignum ad quod respiciet intentus operi suo Deus''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[CLXV] Ama soror Juana a la causadora de su persecución.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[CLXVI] Enferma gravísimamente la abadesa que perjudicó a la sierva de Dios.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[CLXVII] Visita soror Juana en su celdad y pídela perdón.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[CLXVIII] Muere aquella monja con señales de verdadera penitencia.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[CLXIX] Padeció otras persecuciones en el discurso de su vida.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[CLXX] Su ángel custodio la avisa de la cercanía de su muerte.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[CLXXI] Teme soror Juana la muerte, sin embargo de que había sido muy ajustada su vida.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[CLXXII] Su aliento corrompido con la enfermedad exhala suavísimo olor.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[CLXXIII] Día de la invención de la cruz, dichoso siempre para soror Juana.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[CLXXIV] Aparecensele los ángeles y santos de su devoción.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[CLXXV] Muere la sierva de Dios a 3 de mayo de 1534.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[CLXXVI] Su rostro quedó hermosísimo y su cuerpo exhalaba suavísimo olor.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[CLXXVII] Baja el cuerpo al coro y déjanle sin enterrar por cinco días.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[CLXXVIII] Sacan el cuerpo al campo para que pueda verle la muchedumbre de gentes que habían concurrido a la fama de su muerte.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[CLXXIX] Vuélvenle a poner en el coro bajo dentro de la clausura.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[CLXXX] Suceden algunos casos milagrosos en esta ocasión.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[CLXXXI] Aparécese soror Juana a una amiga suya muy virtuosa.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[CLXXXII] Aparécese soror Juana después de muerta a una religiosa su amiga.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[CLXXXIII] Entierran el cuerpo de soror Juana y échanle encima mucha cal y agua para que se consuma con brevedad.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[CLXXXIV] Después de siete años le sacan por un raro accidente.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[CLXXXV] El cuerpo está fresco, entero y hermoso, y los vestidos sin ofensa de la tierra ni humedad.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[CLXXXVI] En el coro alto, debajo de un altar, estuvo el cuerpo otros catorce años.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[CLXXXVII] Traslándale a un arco que se fabricó para este afecto en la capilla mayor de la iglesia.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[CLXXXVIII] Parece el cuerpo tercera vez entero y fresco, y muy oloroso.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[CLXXXIX] Concurre mucha gente a ver el cuerpo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[CXC] Pone el ministro general velo negro a soror Juana después de muerta.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[CXCI] El ministro general arranca del cuerpo un dedo de un pie y sale fresco y ensangrentado después de 66 años de su muerte.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[CXCII] Fabricase una arca de plata muy rica donde se coloca el cuerpo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[CXCIII] Los devotos de soror Juana llevan a su sepulcro diferentes votos y ofrendas.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[CXCIV] Milagros sucedidos después de la muerte de soror Juana por intercesión.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[CXCV] Da vista a un ciego.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[CXCVI] Consta de una información hecha en Torrejón por comisión del consejo del arzobispo de Toledo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[CXCVII] Aparécese a un enfermo y le sana.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[CXCVIII] Resucita una niña que cayó en un pozo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[CXCIX] Libra dos niños de una ruina de una pared que los cogió debajo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[CC] Este milagro se comprobó con mucho número de testigos.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[CCI] Libra un navío de manifiesto peligro de perderse.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
===Notas===&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[1] En el texto impreso aparece el término “votos” y una mano lo corrige posteriormente por “devotos” añadiendo la sílaba “de” a mano.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[2] La letra del título de la censura es del tamaño del texto base, es decir, no es tan pequeña como la letra del resto de las glosas.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[3] Corrijo “desesparación” por “desesperación”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[4] La palabra “tres” aparece escrita sobre un tachón que realiza una mano.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[5] En otros testimonios conservados se dice que Juana de la Cruz nació en 1481.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[6] Corrijo “pndo” por “pudo”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[7] La letra “r” aparece escrita a mano sobre una “l”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[8] Corrijo “peccadora” por “paccadora”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[9] Corrijo “iropinadamente” por “inopinadamente”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[10] Corrijo “la” por “lo”, pues el impreso se refiere a la campana.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[11] En el texto impreso aparece el término “de tres” y una mano tacha posteriormente “de” dejando “tres”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[12] Elimino “vir-” pues aparece esta sílaba repetida antes de la palabra “virtud”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[13] Aparece tachada la palabra “siendo”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[14] En el impreso aparece una tachadura al lado del número “V”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
= Vida impresa (13)=&lt;br /&gt;
Ed. de [http://visionarias.es/equipo/belen-molina-huete/ Belén Molina Huete] y Desiré Armero Benítez; fecha de edición: abril de 2023.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
== Fuente ==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[[Archivo:Portada terceros hijos del humano serafín de Antonio Arbiol.jpg|miniatura|250px|right| Antonio Arbiol, 1697. ''Los Terceros hijos del humano serafín. La venerable y esclarecida Orden Tercera de nuestro seráfico patriarca San Francisco'', Zaragoza: Jaime Magallón. (From the archive of the British Library [Digitalizado por Google]).]]&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
* [http://catalogodesantasvivas.visionarias.es/index.php/Categor%C3%ADa:Antonio_Arbiol Arbiol, Antonio], 1697. «[Juana de la Cruz]», en ''Los Terceros hijos del humano serafín. La venerable y esclarecida Orden Tercera de nuestro seráfico patriarca San Francisco'', Zaragoza: Jaime Magallón, Capítulo XXXIV, p. 550.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[[Contexto material del impreso Los Terceros hijos del humano serafín]]. ''La venerable y esclarecida Orden Tercera de nuestro seráfico patriarca San Francisco''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==Criterios de edición==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Siguiendo los criterios establecidos en el Catálogo para fuentes impresas, se han actualizado generalmente grafías, ortografía y puntuación manteniendo aquellos rasgos de la lengua que implican valor fonológico o que caracterizan su léxico, morfología o sintaxis. Se han conservado, pues, las oscilaciones en grupos consonánticos cultos (-s-/ct…), así como las vocálicas; igualmente, el uso de s en posición implosiva por x. Se han reducido, por otra parte, los grupos consonánticos latinizantes (Iesu Christo&amp;gt;Jesucristo), incluidos la duplicación consonántica y, de modo concreto, grafías antiguas (-x- por -j-, -qu- por -cu-); se han modernizado también la unión y separación de términos, así como las contracciones. En el uso de la mayúscula se ha atendido la singularidad de tratarse de textos religiosos y se ha unificado su empleo. Se han desarrollado las abreviaciones tipográficas sin marca expresa, pero sí se han marcado las léxicas entre corchetes. No se han detectado erratas. En nota al pie se ha ampliado información oportuna.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==Vida de Juana de la Cruz==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Capítulo XXXIV'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Cómo de las hermanas seglares de la Tercera Orden Seráfica se fundaron las religiosas de la misma Tercera Orden en el estado regular, y los grandes frutos de santidad que ha dado a la Iglesia Católica esta religión'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[…]&lt;br /&gt;
La B[eata] Juana de la Cruz fue tan maravillosa desde su nacimiento que más parecía hija de la gracia que de la naturaleza. Se abstenía del pecho de su madre tres días en la semana, perdía el color y el calor, y volvía después tan alegre como si saliese de un éxtasis soberano. El año segundo de su edad feliz, estando gravemente enferma, se le apareció san Bartolomé Apóstol y la dejó repentinamente sana. Siendo de cuatro años tuvo dos visiones divinas admirables, y desde entonces fueron muy frecuentes los dulces coloquios con los ángeles y con la purísima Virgen María. Así comunicaba su ángel de la guarda con esta sierva de Dios como suele hablar un amigo con otro. Sentía los dolores de las llagas de Jesucristo, su amante esposo. La fama de santidad de esta venerable Virgen ha sido tan grande que por toda la cristiandad se ha estendido, y se trata de su canonización solemne en la Curia Romana. Salazar ''in Chron. Provint. Castellae [1]''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
===Notas===&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[1]'' La resunta concluye con remisión a su fuente, probablemente la obra de Fr. Pedro de Salazar, O. F. M., ''Historia Provinciae Castillae Ordinis Minorem'', 1579 (con versión en castellano en 1612 como ''Corónica y Historia de la fundación y progreso de la provincia de Castilla de la Orden del bienaventurado padre San Francisco, Madrid: Imprenta Real). Dicha obra recoge la biografía de Juana de la Cruz bajo el siguiente epígrafe: «Síguese la vida de la sierva de Dios Juana de la Cruz'', que tantas personas tiene aficionadas, religiosas y seglares, que gustan mucho de verla y tenerla consigo, y no es según la impresión de 1610, sino compuesto de nuevo» (véase entrada de Salazar).&lt;/div&gt;</summary>
		<author><name>Anaritasoares</name></author>	</entry>

	<entry>
		<id>http://catalogodesantasvivas.visionarias.es/index.php?title=Mar%C3%ADa_de_Ajofr%C3%ADn&amp;diff=712827</id>
		<title>María de Ajofrín</title>
		<link rel="alternate" type="text/html" href="http://catalogodesantasvivas.visionarias.es/index.php?title=Mar%C3%ADa_de_Ajofr%C3%ADn&amp;diff=712827"/>
				<updated>2026-06-16T13:31:07Z</updated>
		
		<summary type="html">&lt;p&gt;Anaritasoares: &lt;/p&gt;
&lt;hr /&gt;
&lt;div&gt;[[Category:Santas_Jerónimas]]&lt;br /&gt;
[[Category:Toledo]]&lt;br /&gt;
[[Category:Francisco_de_Pisa]]&lt;br /&gt;
[[Category:Fray_José_de_Sigüenza]]&lt;br /&gt;
[[Category:Juan_de_la_Cruz]]&lt;br /&gt;
[[Category:Blas_Franco_Fernández]]&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[[Archivo:Maria de Ajofrin-sombras-Final-D-Yellow-L(1).jpg|derecha|María de Ajofrín|link=]]&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
{| class=&amp;quot;wikitable&amp;quot;&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Nombre || María de Ajofrín&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Orden || [http://catalogodesantasvivas.visionarias.es/index.php/Categor%C3%ADa:Santas_Jerónimas Jerónimas]&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Títulos || Beata del Convento de San Pablo de Toledo&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Fecha de nacimiento || Hacia 1455&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Fecha de fallecimiento || 1489&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Lugar de nacimiento || Ajofrín, [http://catalogodesantasvivas.visionarias.es/index.php/Categor%C3%ADa:Toledo Toledo]&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Lugar de fallecimiento || [http://catalogodesantasvivas.visionarias.es/index.php/Categor%C3%ADa:Toledo Toledo]&lt;br /&gt;
|}&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
=Vida manuscrita (1)=&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Ed. de [http://visionarias.es/equipo/celia-redondo-blasco/ Celia Redondo Blasco]; fecha de edición: julio de 2018; fecha de modificación: febrero de 2025.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==Fuente==&lt;br /&gt;
[[Archivo:I María de Ajofrín.jpg|250px|right|Manuscrito|link=]]&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
* Escorial. C-III-3. fols. 192r – 231v.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[[Contexto material del manuscrito de El Escorial, MS c-III-3]]&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==Criterios de edición==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Se trata de una copia manuscrita del siglo XVI. Al tratarse de un testimonio único se ha optado por unos criterios de edición conservadores. &lt;br /&gt;
* Se puntúa y acentúa siguiendo las normas establecidas por la RAE.&lt;br /&gt;
* Se conserva la -l- geminada en ''humilldad'' y la s líquida solo en ''Spíritu Sancto'', así como la alternancia entre v y b en su valor consonántico; también se mantiene la h- aunque sea anti-etimológica en ''hedad''.&lt;br /&gt;
* Se han respetado los latinismos como ''oratión''. &lt;br /&gt;
* Se han repuesto vocablos o grafías con corchetes ([ ]) cuando resultaba patente que no aparecían por un descuido del copista (en caso de duda, se ha respetado su ausencia).&lt;br /&gt;
* Se conserva ''dello'', ''desto'', pero se separa mediante apóstrofo cuando la forma aglutinada incluye el pronombre personal masculino singular: ''d’él''. &lt;br /&gt;
* Se ha conservado el uso de qu por ''cu'' (qual) y la grafía de la nasal n antes de la bilabial (grupos -np- y -nb-: ''honbre''). &lt;br /&gt;
* En cuanto al grupo de sibilantes, se mantiene ç ante a, o, y también ante e, i. Se respetan, también, los grafemas z, s/ss ante las distintas vocales. &lt;br /&gt;
* Cuando la ''n'' se encuentra acompañada por vírgula se ha reproducido como ''ñ''.&lt;br /&gt;
* Se ha mantenido la oscilación i/y.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==Vida de María de Ajofrín==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[Fol. 192r] Sigue la vida de la bienabenturada virgen María de Ajofrín, la qual fue una bendita muger, según paresçe en las revelationes y secretos ocultos que Nuestro Señor le quiso revelar. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''Per homnia que feneçiste para ser amaes Deum'' ''[1]''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[Fol. 192v] ''Non omnia posumus homnes''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Aquí ay tres historias: la primera, la de María de Ajofrín; la segunda, la del Santo Niño de La Guardia; la tercera, de doña [[María García]], fundadora de Santo Pablo ''qaes questio prima homo natus de mulier'' ''[2]''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[Fol. 193r] Aquí comiençan las revelaçiones y vida, así secretas como manifiestas, que Nuestro Señor por la su acostunbrada clementia muchas vezes obró e mostró en las sus siervos. De las quales por la su gran virtud, muchas no acostumbradas, quiso poner y dar en la su sierva y bienabenturada María de Ajofrín según el suçeso que adelante se seguirá, la qual vibió y murió en el monasterio de la casa de doña Mari García en la cibdad de Toledo. E fallesció en la dicha cibdad, año del nacimiento del Salvador de mil y cuatrocientos ochenta y nueve años, sábado, a diezsiete días del mes de julio ''[3]'', quando andava la pestilentia en la dicha cibdad, a las tres de medianoche, e fue sentido en su fallecimiento un olor celestial, lo qual fue dicho por la hermana maior, e fue enterrada en el Monasterio de la Sisla a las vísperas en el capítulo. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Como por la voz de Nuestro Redentor es escrito en el Evangelio que la nuestra luz alunbre delante los hombres por que ellos viendo en nós las santas obras glorifiquen a Dios y sea glorificado el Padre Celestial, que es en los Çielos, no para que seamos vistos e alabados delante del Señor, quias son las maravillas e poder, el qual es maravilloso en los sus santos e inspira en las sus Escripturas espíritu de vida según la Divina Providentia, quando quiere e como quiere, porque todas las cosas que tenemos las recibimos dˈÉl según el Apóstol dize «todos somos dˈÉl llamados para ser obreros en la su viña», que es en la su santa Yglesia, la qual á de ser luz a todos los cristianos, según el partimiento de las sus graçias e dones a que cada [fol. 193v] uno dio, para que, con ello, fielmente trabajando, doblados y con usuras en fin de la vida, gloria suya y provecho nuestro, de nós los reciba. E por temor de no ser condenados con el siervo malo e sin provecho, que ascondió en la tierra el marco de su Señor, por el qual fue condenado con el gran derecho del ensalçamiento de la honra del Rei Soberano, e a provecho e enmienda de nuestras vidas, yo, el mui indigno siervo de los siervos de Dios, fray Juan de Corrales, prior de la Sisla de Toledo, recontaré e diré a honra y gloria de su Soberano Rei Dios, Nuestro Señor, las maravillas y secretos ocultos y manifiestos que por mis ojos vi y con mis manos traté y a personas dignas de fe y dignas de gran memoria oí, las quales Nuestro Señor quiso poner y demostrar en una pobreçilla sierva suia, virgen santa llamada María de Ajofrín en el monasterio y casa de doña Mari Garçía en la cibdad de Toledo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Capítulo 1'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''De cómo fue llamada desde su niñez al serviçio de Dios'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En la villa de Ajofrín, villa de la cibdad de Toledo, fue un varón que llamavan Pedro Martín Maestro y a su mujer Marina Garçía, los quales sienpre temieron mucho al Señor, andando sienpre en sus mandamientos. Y estos ubieron abundançia de los bienes temporales, de los quales naçió esta santa virgen, la qual el Señor, dende su niñez, para sí quiso y por destino llamola dándole grandes honras de amor con su santa ynspiración. E como sus padres e parientes la quixeron casar, e de muchos [fol. 194r] fuese pedida para casarse con ella, nunca ella consintió en ello, antes baronilmente resistió al mundo y a los parientes.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
E porque no pudiese ser quitada del amor divino, siendo chica y de tierna hedad, sin consejo ni ayuda humanal ''[4]'' hizo al Señor voto de entrar en relixión. E tanta fue la fuerça que a los padres y hermanos hizo, que de todos fue aborrezida, e sobre aquesto lo hizieron la madre y hermanos mui gran sentimiento. E siendo de quinze años, su padre, con gran dolor, la sacó de su casa e la traxo a la cibdad de Toledo. E como entrase en la iglesia maior de la dicha çibdad, e no sabiendo qué se hazer, mandose llevar por inspiración divina al monasterio de doña [[María García]], en el qual sienpre conversó con mucha humildad e santidad, menospreciando mucho a sí mesma, e fue humillde con los humilldes, haciendo al Señor sienpre de sí continuo sacrifiçio. Sin querer ella su deleite e afiçión fue sienpre en la horación muy ferviente en el amor del Señor, derramando sienpre muchedumbre de lágrimas de sus ojos, con muchos suspiros, teniéndose por la más pecadora e indigna de las mugeres.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Capítulo 2'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''De una visión que le fue demostrada cuando con devotión quiso confesar'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Viviendo como dicho es en esta santa conversatión algún tienpo, pasados más de diez años de su conversión, fue puesta sobre ella la mano del Señor. [fol. 194v] El qual quiso en ella e por ella demostrar los sus secretos e maravillas, algunos de los quales fueron vistos e manifiestos a muchas personas. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
La qual, alunbrada del padre de las lunbres, con grandezas de ser tenplo verdadero de Dios, deseó mucho hazer confessión general de sus pecados; e como por esto se afligiose con lágrimas continuas e rogativas, deseando saber si sus pecados eran perdonados, aceptó el día de la confessión. E como entrase en el confesionario, a do todas se suelen confesar, estaba allí fuera la imagen de Nuestra Señora con el Niño en sus braços e derrubándose delante della, con muchas lágrimas y devotión, rogávale mucho la quisiese oír e ganasse perdón de todos sus pecados. E como con atentión estubiesse orando, súbitamente vio una gran claridad que alunbró la imagen y parte de la carilla, y en la claridad de la lunbre vio cómo Nuestro Señor, estando en los braços de la madre, alçó la mano contra ella como quando el saçerdote absuelve a la penitente. De la qual visión fue mui espantada e turbada y con mui gran fatiga i trabaxo hizo su confessión lo mexor que pudo, la qual hecha, como tornose a hazer oratión a la imagen susodicha, vio la misma claridad que vio al principio e la mano del niño que primero avía visto, de lo qual quedó mui consolada e confortada. E esto sienpre lo tuvo en el coraçón çelado, que a ninguno lo dixo sino a mí e me certificó que desde entonçes le quedó tan gran movimiento en el corazón que se le quería salir del cuerpo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
E como esta santa mujer rogase muchas vezes por el estado [fol. 195r] desta santa madre Yglesia, una noche quedó sola en el coro de la iglesia orando al Señor, e como rezase con atención, vio la arca en que está el corpus cristi ençendida en llama de fuego con gran claridad. E ardió por el espaçio de una hora, la qual, como acabase la oraçión, luego se amató y ella quedó mui espantada y atemorizada.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Capítulo 3'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Cómo el día de la resurretión comulgó un cordero vivo, tamaño como una abexita, en semejanza de pan'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Sábado Santo, víspera de la resurretión del Señor. Como desease mui mucho recibir el sacramento de la santa eucaristía, toda la noche de la fiesta no durmió ninguna cosa, antes se anduvo por toda la casa de lugar en lugar llorando y orando al Señor, demandándole limpieza y aparexo para reçebir tan alto sacramento. E como vinise el tienpo de la santa comunión y fuesse ayuntada con las otras hermanas delante del altar, recibió el santíssimo sacramento en semexanza de un cordero vivo en speçie de pan. E como lo recibiesse en la boca, sintió luego bullir e que andava de un cabo a otro como cosa viba, e ovo mui gran pavor, e tragolo con temor, e luego sintió cómo se le puso encima de las telas del coraçón y tanta fue el alegría y consolaçión que ovo, que diez días con sus noches no durmió, llorando y orando, y luego fue robada en espíritu.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y dende entonçes se quedó [fol. 195v] que cada y quando que recibié el santíssimo sacramento se traspasaba y era rrobada en spíritu sin ningún sentimiento, quando más y quando menos, según adelante se dirá. E desde aquel día que comulgó el cordero, según dicho es, le dio el Señor este don y graçia, que cada y quando que comulgava le quedava un dulçor en el coraçón y en la garganta y en la boca. Según me dixo muchas vezes que no se le quitaba aquel dulçor por quarenta horas e me dixo que podía vibir en ese tienpo sin comer, e que muchas vezes lo hiziera si no fuera por cuitar la singularidad de los que lo viesen y entendiesen.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Capítulo 4'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''De cómo fue robada en spíritu e cómo Nuestra Señora le puso el niño en las manos sobre un paño de seda'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El día octavo de la Resurretión fue robada en spíritu y vio cómo vino a ella un barón mui recto reverendo y honesto en hedad, vestido de una capa de seda colorada y díxole: «Ven, que te llama la reina»; y ella, pensando que la llamava la reina terrenal, no quiso yr con él. Él díxole otra vez: «Ven, que te llama la reina del Çielo». E fue con él e fallose en una iglesia fuera de la çibdad, a do estaba Nuestra Señora, la Virgen María, con su hijo en los braços. E como la vio, hincóse de rodillas delante della y aquel honbre que la llamó, de la capa colorada, púsole un paño de seda en las manos. E Nuestra Señora puso el niño encima del dicho paño e diole Nuestra Señora a otro honbre de menos hedad que fuese con ella e la acompañase, e díxole a ella la reina del Çielo: «Ve con estos varones a donde quiera [fol. 196r] que fueren». &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
E aquel varón de la capa colorada iva delante un poco, como que iva a buscar posada, e entrando a la çibdad llamava a las puertas que estaban çerradas y dava tres golpes a cada puerta e deçía estas palabras: «Abrí, que viene el Señor a posar en vuestra casa». E ninguno le abría e los que tenían las puertas abiertas corriendo las iban a çerrar, y deçían que no podían entrar allí porque estaban mui negociados con muchos libramientos, e otros decían que estaban mui depriessa e que no los podían reçebir. E desta manera anduvieron toda la çibdad que en ninguna casa hallaron posada. E bueltos por do fueron toparon con dos mugeres que iban caballeras en dos asnos e dos clérigos con ellas, e dixeron los dos clérigos a la muger que llevaba el niño en los braços: «Nosotros os acoxiéramos, mas vamos mui depriessa, mas mientra que venimos entraos en este establo». Y así le tomaron a Nuestra Señora el Niño de las manos de la dicha su sierva y con muchas lágrimas deçían así aquestas palabras: «Venido es el tienpo en el qual tan gran deshonra es venida al ''[5]'' Hijo de Dios, mas ia tienpo es que enbíe el Señor su ángel con azotes y aún que fiera a unos ''[6]'' y a otros con espada, e a otros con pena de fuego». E dize más esta santa mujer: que vio treçientas ánimas salidas de los querpos e no fueron más de tres al purgatorio de todas ellas, y las demás todas fueron al infierno. ¡Mas ay de aquellas que son pribadas de tan gran hermosura [fol. 196v] como es la magestad del Señor, e los sacerdotes que son dignos de maior reverencia que los ángeles, e por sus vicios son metidos en las honduras de las penas perdurables por su gran desconocimiento y vicios malos!&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Capítulo 5'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''De çinco procesiones que vio salir a una yglesia en la qual solamente fue celebrada una missa'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El día de la Açensión del Señor, después de dicho el oficio de los maitines e ido el convento a reposar, esta sierva de Dios se quedó sola en la iglesia, como sienpre solía hazer. E como se llegase cerca del altar maior codiciando de hartarse de las migaxas que caían de la mesa de los ángeles en tan santa solenidad, con coraçón limpio e boluntad mui atenta, estando rezando fue robada en spíritu.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
E fue llevada en un campo mui spacioso, hermoso e deleitable. La qual sierva de Dios toda estaba en sí misma admirada mirando qué era lo que avía, y vido un gran claustro de mui altas paredes fecho de piedras mui labradas e polidas, y era de tan gran altura quanto los ojos humanos podían mirar; y dentro en él no vio nada entonces, pero después, mirando, vio que tenía çinco puertas de bidrio de colores moradas. En cada puerta era pintada la encarnaçión del Señor y la salutaçión del ángel. En cada una de las dichas puertas salía la muy maravillosa proçesión de mui reverendos sacerdotes, [de] sobrehumana natura, e cada una de las procesiones [fol.197r] llevava una cruz colorada como de oro, con candeleros de oro, y los ministros llevavan capas como convenía a la procesión.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y estaba en medio del campo una casa mui hermosa, ansí como hecha materialmente, mui blanca, e de ninguno de aquellos era conocido aquel lugar. Al qual lugar todas aquellas procesiones fueron mui hordenadamente, y entraron dentro, y mirando al altar todos se inclinaron e se echaron en tierra cantando gloria in excelsis deo. El qual canto acabado, todos estuvieron en silençio, tanto que no se mirava uno a otro. Y en el altar estava Nuestra Señora, la Virgen María, en cuerpo y en ánima, teniendo en sus manos el su Santo Hijo vibo, ansí como lo parió. E Nuestra Señora deçía a altas vozes con lágrimas, y demostrava el su santo hijo al pueblo, y deçía: «He aquí el fruto de mi vientre, tomaldo e comeldo, que en çinco maneras es cada día cruçificado en las manos de los malos sacerdotes; la una es por la mengua de la fe; la otra es por la cobdiçia; la otra por la luxuria; la quarta por la ignoratia de sinples y necios sacerdotes que no saben discerner inter lepran &amp;amp; lepran ''[7]''; lo quinto por la poca reverentia que façen al Señor después que le an reçebido». E dixo más Nuestra Señora: «Más sin reverentia es comida la carne de mi hijo de los indignos sacerdotes que el pan que es dado a los perros». &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y estas cosas de todos oídas, vino un sacerdote honrado por canas y hedad, mucho más que los otros, e vistiose para dezir missa, e como hordenadamente procediesse llegando al lugar para tomar la hostia para consagrar, Nuestra Señora le dio el su Hijo que [fol. 197v] tenía en los sus brazos, el qual se tornó en ostia. Como el saçerdote lo levantase en alto, fue visto como el rraio de sol y poco a poco se deshizo la ostia y se subió al Çielo. E recibiola el padre en su seno, e fueron hechos una mesma cosa e fue dicha una box del padre: «Aqueste es mi Hijo mui amado». Entonces, un saçerdote difunto, que fue cura de aquella casa de doña [[María García]], conocido desta sierba de Dios, llegose a ella y díxole: «Esto que as visto hazer de la santa ostia significa aquellos que tan solamente reciben la forma del sacramento, e no la virtud y mérito del sacramento». E díxole más el saçerdote a esta santa virgen: «Ve y di por horden todo lo que viste a tu confesor para que lo diga al deán  y al capellán maior para que de todos sea sabido, por que no carezcan estas cosas de mui grandes méritos». Y así desaparecieron todos.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Capítulo 6'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Del gran temor que quedó en su corazón y las dudas que le acaezieron'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Como aquesta santa virgen tornase en sí, [pensó] cómo aquesto podía ser, e que por ventura no fuese engaño del Enemigo que se transfigurava en ángel de luz. E sufría mui grandes angustias de todas partes: de la una parte, sentíase mui indigna para ver y dezir tan grandes cosas; e de la otra parte, afirmava ''[8]'' y dezía que en cosas tan maravillosas en ninguna manera podía pensar que el Enemigo pudiese poner asechanzas.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[Fol. 198r] Y afligida qué haría acordó, y pareciole más seguro no decírselo a ninguno. E como fuese a confesar, dixo a su confesor todo lo que avía visto, e como el confesor lo oió no le dio crédito, antes la menospreçió, que fue cosa de mucha admiratión, e prudentemente lo disimuló como que no entendía por no creer de ligeras fantasías de mugeres, con esperança que avría fin este negoçio para ser de ello más certificado.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Capítulo 7'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''De cómo vio a Nuestro Señor correr sangre de sus piernas'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Después desto susodicho, en el día del vencimiento de la cruz, acabados de dezir los maitines, ya que rompía el alva, según aquella me dixo, quedose sola esta santa virgen en la iglesia echada de brazos delante del altar. Y como fuese robada en spíritu, apareciole Nuestro Señor en figura de hombre e tenía la cara mui espantosa, e tenía vestida una sobrepelliz y una estola al cuello, y corríale mucha sangre de las piernas. Y el Señor allegose a ella, que estava de brazos delante el altar, e fízola alzar la cabeza y díxole así: «Como me ves corriendo sangre, ansí ando por las iglesias desde esta hora hasta que tañen a la plegaria». Y acabando de dezir esto, desapareçió.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Capítulo 8'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''De cómo se vido puesta en una tormenta''' ''[9]''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El día de San Agustín, con mucha atención rogava al Señor esta santa virgen por todos. [Fol. 198v] Después de algunos días, fue otra vez traspasada en sueño y viose puesta en alto y colgada de las manos en un madero, en una gran altura, quanto la vista humana podía alcançar, e fuele dicho divinamente: «Aquí estarás, hasta que prometas de dezir y recontar todas las cosas que viste y oíste». De lo qual ella no curó. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Capítulo 9'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''De cómo vido carne y sangre en la boca de la Verónica que tenía pintada'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El día de San Agustín, con mucha atención rogava al Señor por todos los sacerdotes. Y como estuviese rezando y mirase a una Verónica que tenía en un libro pintada, por el espaçio de una hora vido en ella y sobre ella gran resplandor, y vio carne y sangre. Y desde que vio esta vissión tan maravillosa, ansí se le cerró el estómago que desde aquel día en sanidad ni enfermedad nunca jamás quiso comer carne, ni se la quería tener el estómago; su manxar era pasas y cosa de dieta. La qual Verónica le tomó su confesor e la sierva de Dios fue mui maravillada desto, e puesta como fuera de sí. E aflixiose mucho por todas maneras de penas por que el Señor más manifiestamente le descubriese esta palabra e le mostrase quál era su voluntad.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Capítulo 10'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Cómo Nuestra Señora le mandó que rebelase las cosas que avía visto'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En fin del mes de setienbre caió esta santa virgen en una mui gran enfermedad y no aviendo esperança de vibir, ni menos de salud, salvo para ir a la güesa. [Fol. 199r] Y fue traspuesta ansí, como muerta, por espacio de tres horas, e las hermanas de la casa que estaban presentes dávanle tormentos por que despertase, y echávanle agua hirviendo sobre los pies, que casi los quemaron. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
La qual, estando ansí, sin ningún recordamiento, fue robada en spíritu al capítulo primero, adonde vio el claustro e proçessiones. Y como fuese por el camino, vio cómo encontró con el Enemigo, e quísose llegar a ella; y ella vio luego a Nuestra Señora que enpuxó e increpó al Enemigo con su mano propia. Y la Señora tomola por la mano y metiola en el dicho claustro, dentro del qual vio salir las primeras dichas proçesiones, y díxole Nuestra Señora: «Este es el lugar a do te fue mandado que dixeses aquellas cosas que avías visto, pero, otra vez de parte de Dios, tomando que lo que entonzes y agora as visto lo digas  y requentes a tu confessor y no se lo ascondas, y él se lo diga a los otros varones católicos suso nombrados, y ellos lo digan al arçobispo y sea sabido por todas las partes de la santa Yglesia, y sea sonado y divulgado». Y díxole más Nuestra Señora: «Ya el hijo de Dios no puede sufrir las injurias y escarnios que le son hechos en la Iglesia por los malos sacerdotes». Estas e otras cosas muchas que esta sierva de Dios vido y hoió ella misma las siente, y otro ninguno no lo puede dezir ni sentir.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Capítulo 11'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Cómo dixo todas estas cosas a su confesor Juan Velma'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Como dixese todas estas cosas a su confessor, [fol. 199v] él se demostró con prudentia, madureza de corazón, y dixole: «Ya é mirado todas las cosas que me avéis dicho y todo el proçeso, y esto a basta a mí para lo creer, mas enpero para que io lo aia de dezir y revelar como vos dezís a aquellos venerables barones, y que para ellos y otros sea manifiesto y dibulgado, para que de ello venga remedio y reparo, y para que estas cosas no sean vistas ni juzgadas como cosas locas y vanas, como se deçía de las Marías que anunçiaron la resurrectión del Señor, mui manifiesto es ser neçesario que vos deis señal para ser creída que venga de la mano de Dios». Que, así como los judíos pidieron señal a Jesús excelentísimo Señor Nuestro del Çielo para creer bien, así dixo el saçerdote: «Pido yo a vos señal del Çielo para conozer la verdad de aqueste hecho y para que mexor sea creído lo que puede ser dubdoso; por ende, concertad vos esto con el Señor». &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y como la sierva del Señor oiese estas cosas, fue mui turbada y dio muchos suspiros y gemidos, y propuso en su corazón de responderle por carta, lo que después así cunplió.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Capítulo 12'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''De las cosas que divinamente halló escritas en su regazo'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Como de las cosas susodichas su corazón estuviese mui turbado, sentíase muy afligida y quebrantada, y andava de lugar en lugar por toda la casa. Y no pudiendo hallar lugar de consolatión, como pasase por un lugar a do estava una ventana, según ella me dixo, vio estar en ella un [fol. 200r] pliego de papel blanco, no sabiendo quién lo avía puesto. Y tomolo y metiose en un sótano do algunas vezes poníen la leña, y asentose mui afligida, y arrimose a una pared, y vio súbitamente una claridad que resplandezía y daba el resplandor en el papel, y ella me dixo que no sabe quién le tomó su mano y escribió dos cosas: la una, para el qura; y la otra, para los venerables a quienes tal cosas se avían de dezir, siendo muy clara verdad y cosa mui cierta y manifiesta que ella nunca supo escribir, ni ai en todo Toledo quien tal letra hiciese. Y esta es manifiesta verdad, y como las cartas fuesen escritas, hallolas ella cabe sí y desapareçió la claridad.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y dobladas las cartas, metióselas en las mangas, y como fuese a sacar una caldera de agua de una tinaxa, una carta caió dentro y detúbose en el ayre y no llegó al agua. Y una destas cartas ubo y tiene el capellán maior con mucha veneratión y onra, según el qual me dixo que, poniéndola sobre tres enfermos de diversas enfermedades, luego fueron sanos. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
E como ella diese estas cartas al dicho su confesor, él fue muy maravillado, ''[10]'' maiormente porque sabía que ella no sabía escrebir, ni avía persona en la casa que tal letra hiziese, de lo qual se podría afirmar ser escritas divinamente y no humanal. Y hovo mui gran espanto en su coraçón, e vio en su carta cosas que otro no las sabía sino él, mas ni por esso no tubo osadía para lo divulgar porque no avía llegado el tienpo que el Señor avía puesto y dudava como Santo Tomás. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Por poder [fol. 200v] quitar la dubda a todos, y como el dicho confesor no tuviesse lugar para la hablar, escribiole a ella diziendo que no podía creer que ella escribiese aquellas cartas, con intentión de sacarla a público e a manifiesto. De lo qual, ella uvo gran sentimiento y dolor, y tuvo esto por mui malo y áspero, y quexose de ello al Rei del Çielo. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y así como ella era mui inocente, y como después se hablasen ella y su confesor, la sierva del Señor, fuerte así como león, lo increpó mui duramente de tal dureza e incredulidad de su coraçón, mostrándole por razones mui claras que creiese sin dubda que ninguno escribió las cartas sino ella por su mano con el ángel. Y desde allí propuso ella en su corazón de rogar al Señor que por su misericordia tuviesse por bien de la librar de tan grandes afrentas, y propuso en su voluntad de no hablar más destas cosas; y así lo hizo. Y suplicaba al Señor con gran firmeza y afinco que pusiese al dicho su confesor alguna evidente señal por que creiese, si fuese capaz de la ver, y si no fuese digno, le diesse duro azote por que creiesse. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y la dicha santa virgen calló por nueve meses, mas su coraçón dava de sí mui claras llamas, lágrimas y lloros, suspiros y gemidos sin quento, a los quales no faltó la divinal clementia ¡O, quánto es el Señor piadoso! A los santos, y a los que presumen de sí abaxa, y a los humildes levanta. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Vençido el Señor por su plegarias y llenas su orexas de las sus [fol. 201r] rogativas, plúgole de la visitar en muchas maneras. Quiso que fuese parçionera e mediadora de los tormentos y passión que su hijo, Jesucristo Nuestro Señor, recibió e pasó en la su santa pasión con señales mui manifiestas, las quales no fueron vistas en nuestros tienpos ni en muchos de los santos, según que adelante se dirán.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Capítulo 13'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''De cómo se propuso de no dar aquellas cartas a ninguna persona'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Como ella viose aquella maravilla de la una carta que caiera en la tinaxa y no se moxara, pensó de no la dar a nadie. Y una noche tornose a aquel sótano con intención de la trasladar como ella supiese, y llevó papel y una ollita con lunbre para encender una candela que llevava muerta, y luego súbitamente se encendió sin llegar a la lunbre. Y así como enpezó a escrevir la carta, vínose tanta sangre de nariçes que no se pudo restañar por espacio de una hora, y puso la carta en las sienes y luego cesó la sangre. Y el día de la Conceptión de Nuestra Señora, estaba una niña muerta más avía de siete horas, y ella enbió aquella carta con mucha fe para que se la pusiesen, y luego que se la pusieron resuçitó y enpezó a bostezar, y bibió después por luengo tienpo. Y una mujer, tenía el pecho abierto, e como se la pusiesen enzima, luego fue sana. Y un clérigo iva a Santiago y llevava consigo la dicha carta con mui grande devozión, y caió en un brazo de mar e toda la ropa se mojó, mas la carta nunca se moxó.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Capítulo 14'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''De la comunión que hizo el día de los Santos y de las penas que le fueron dadas'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[Fol. 201v] El día antes de la Fiesta de todos los Santos rogó a la hermana maior que ansí como comulgasse la pusiese en una casa adonde no oviese ninguno, conoçiendo por spíritu lo que le avía de venir. Y como recibiesse la santa comunión antes que sestias ''[11]'' pusiesse, tan grande fueron los sus lloros y suspiros y golpes del coraçón que en sí mesma sintió que ninguna criatura humana lo podría sentir. Y hizo tan grande fuerça en sí misma por que las cosas que sentía de dentro no fuesen sabidas ni oídas, ansí como la cuba hierbe sin respiradero que mui de ligero rebienta, ansí ésta rebentó por encima de la cabeza, y lo que no pudo salir por la boca salió por las llagas que encima de la cabeza le fueron hechas. Y en la frente le apareció una tan cuchillada que pareçía ser abierta con navaja, la qual estubo muchos días abierta, y de muchos fue vista, y nunca recibió benefiçio ninguno de medicina humana. Y abriósele el celebro por parte de detrás, y partiósele el cafeo por medio quedando el quero de ençima sano (lo qual yo i otras persona emos tratado e conoçido), lo qual nunca se le çerró. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y sintió dello tan gran dolor y pena que le llegó a par de muerte, lo qual vieron los testigos que adelante se dirán, y notario. Y como esto fue hecho, acabada la comunión, luego fue traspuesta fuera de sí y pribada de todos los sesos humanales y estuvo allí por espaçio de quarenta horas. Y en este tienpo que estubo ansí, aviendo las hermanas conpasión della, probaron de dalle algunos tormentos, metiéndole plumas en las narizes hasta arriba, que le hizieron llagas de dentro, y en las manos, y en los pies, y en todos los otros mien- [fol. 202r] bros le daban pena por la hazer tragar alguna cosa de comer, y tanta fue la fuerza que le hizieron que le quebraron una muela. La qual, estando en este tan gran tormento, la noche de los Finados dio muy grandes gemidos, por tres vezes u quatro, e hizo mui grande estremecimiento en el cuerpo. La qual, estando ansí, fue llevada al trono del Rei Celestial a do vido cosas de gran espanto, que lengua humana no puede dezir, e vido un rei mui espantable estar en un mui gran trono, ante el qual estaban muy grandes gentes de diversas calidades e de maravillosa hermosura, y el rei tenía atravesado en la boca un cuchillo agudo de entreanbas partes, y fue dicho a ésta: «Pobreçilla, ¿ves el quchillo que está de anbas partes agudo, que está en la boca del rei? Sepas que significa la grande yra que tiene sobre la Iglesia y sobre los prelados y rexidores della». Y fuele dicho: «Ve y di aquellos varones lo que te à sido mandado, que porque echan en olvido y son negligentes en qumplir lo que les es dicho y demostrado, no curando de la vox divinal, como si fuesse cosa de los honbres amenázolos una vez y dos, so pena de la divinal sentencia, que dexadas todas las cosas, luego tomen camino e lo digan al arçobispo de la iglesia. E venga por sí mesmo e ponga gran remedio en aquellos çinco pecados suso escritos, conviene a saber: en la mengua de la santa fe, y en la cobdiçia de la luxuria, y en la ignorancia y mengua de reverentia, en los quales pecados cada día es blasfemado y crucificado Nuestro Señor Jesucristo, hijo de Dios y que destruyga [fol. 202v] ''[12]'' las herexías desta cibdad y de los clérigos, y haga çerrar las misas que dizen en casa de los legos porque es gran deshonra y escarnio al qulto divino. Y esta señal del Cielo te da porque seas creída en estas cosas que has visto y en las pasadas, y este quchillo que es en la boca de Dios poderoso traspasará tu coraçón y ará en él llaga, y saldrá sangre biba que será verdadero testimonio a todos, y tú serás remediadora y parçionera en la passión del hijo de Dios».&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y así fue luego hecho. Y luego halló ençima del coraçón tan gran dolor que dezir no se puede, e de tan gran abertura y grandeza era la llaga que pudiera caber por ella la cabeza del dedo pulgar de un honbre. Y duró abierta esta llaga veinte días enteros y los viernes corría mucha más sangre que todos estos días. Y con paños puestos en la llaga, corría sangre hasta la pierna, en la qual llaga nunca apareçió gota de materia, ni tampoco se puso medicina humana, sino los paños linpios, unos ensangrentados y otros puestos. Y la sangre era tan limpia y viba y tan colorada, que no podía ser más, como lo demuestran los paños que tenía en la llaga, los más de los quales están en mi poder. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
La qual llaga quiso absconder la santa virgen, y callolo todo lo que pudo y fuese dicho divinamente que lo dixesse y demostrase a las señoras matronas, la hermana maior y doña Teresa, a las quales mostró los paños sangrientos. Y como desto fuessen maravilladas, llamaron en secreto al confesor, el qual puso silencio en la casa quanto pudo y ninguno de fuera lo supo. Y abiendo reçelo en dicho clérigo, no fuesse alguna cosa [fol. 203r] fingida, por quitar toda dubda mucho trabaxó por saber la pureza de la verdad y vió la dicha llaga y creió y fue lleno de mui gran maravilla y en quanto él pudo lo tuvo secreto, mas revelolo a testigos mui honrrados y dignos de toda fe, que dello fielmente diessen testimonio. El uno era el deán de Toledo, y el otro, el capellán maior de Villaminaia ''[13]'', y el dicho cura y las dos matronas de la cassa y con ellas un notario público de la cibdad, para que con todos diesse testimonio verdadero. Las quales seis personas por sus ojos lo vieron y con sus manos la llaga palparon, la qual estaba reçiente y sangrienta, y los paños sangrientos, como ellos lo manifiestan. Y el propio capellán maior sacó de la llaga con sus propias manos gran copia de hilas en biba sangre vañadas, las quales están en mi poder.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y todos miraron con gran diligentia que aquella llaga era divinal y no humanal, la qual sierba de Dios sufrió con gran tormento e pena, así de dentro como de fuera. Y estando ella en su cama, tan honestíssima que cosa de su cuerpo no se bio más que la llaga por una sábana abierta, la qual llaga vieron todas las personas susodichas; y estuvo abierta, como dicho es, por el espaçio de veinte días, y ella se çerró sin medicina humana. Y quedó la señal de la abertura en el lugar a do estaba la llaga, a la qual duró el dolor muchos días.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Capítulo 15'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Del dolor que sintió en los pies y en las manos, como si por ellas se fueran metidos grandes clavos semejantes a los de Nuestro Señor'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Como la sierva del Señor estuviesse mui afligida de las cosas susodichas, estando echada en la su cama con muy gran dolor maiormente del costado, me dixo cómo sintió [fol. 203v] que alçaban el cuerpo del Señor en el altar por el son de las canpanillas, y hizo fuerza a la flaqueza y levantose de la cama y hincó las rodillas a un ymagen de un cruçifixo que tenía allí pintado en un papel, horando con gran fervor de corazón. Y fue tan grande el dolor que sintió en las manos y en los pies y amortiguamiento en los braços y piernas que dezir no se puede, como si se fueran con grandes clavos traspasadas las palmas. Y como estuviesse con aquella angustia, pareçiole que le transpasaban la mano izquierda, y tan grande fue el dolor que sintió que puso el dedo pulgar de la mano derecha en la palma de la mano izquierda y mui sabiamente la ascondió que nadie lo viesse, traiendo la mano cubierta con un paño de lino, sin ninguna medicina humanal, la qual llaga tuvo por el espaçio de quarenta días y quedó la señal en la mano, la qual ella me mostró y io la vi con mis ojos.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Capítulo 16'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''De la corona de dolores que sintió en su cabeza en remenbranza de la corona de Nuestro Señor'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Por que suçesivamente sintiese en su cuerpo las insignias y dolores de la passión del Señor, allende de los tormentos que en la cabeza tenía súpitamente sintió un mui grande y n[u]ebo dolor, y manifiestamente fue visto de gruessas gotillas en manera de tachones le çercaron la cabeza en derredor; y por cada una de ellas sentía que le metían un clabo de fuego que le duró muchos días, como quiera que le traían e ponían por la dicha cabeza e llagas mediçinas de diversas maneras, mas nunca ninguna le aprovechó porque no era razón que las cosas [fol. 204r] hechas por la mano de Dios recibiessen sanidad con yndustria humana.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Capítulo 17'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''De cómo divinalmente fue robada en espíritu y cómo fue azotada'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Como de estos tomentos susodichos el cuerpo estuviesse mui flaco y atormentado, no contento el Señor del trabajo susodicho, diole otro tormento grave para que remediasse al Señor y fuese mandado divinalmente que todas las cosas que avía visto revelase a las personas susodichas. El primero día del año, que es el día de la çircunçissión, y ella conoçiendo ser tan indigna y ser nada delante del Señor, respondió que tal cosa no haría y que antes consentiría la muerte que façerlo, y decía que quién era ella para facerlo ni dezir tales cosas, que más pareçía escarnio que no verdadero testimonio. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y ese dicho día hizo voto en la iglesia y prometió de no lo dezir a ninguna persona, e la noche siguiente fue robada en espíritu y fue llevada delante de un gran juez, de cara mui espantable, delante del qual estaban muchos, y de un braço la tomó el ángel San Miguel y del otro la tomó San Juan Evangelista, a los quales ella sentía gran devoçión. Y como el juez gravemente la reprehendiesse de su dureza y desobediençia, mandó a un ángel que le açotase; la qual fue tan duramente açotada por las manos y espaldas y los demás mienbros del cuerpo que apenas cabía ninguna cosa entre uno y otro mienbro del cuerpo y no parecieron llagas ningunas ni ronchas, mas todo el cuerpo estaba maçerado, lo qual todo le duró en el cuerpo quince meses, poco más o menos, lo qual no leemos de santo ninguno que tal pasase. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Esto nunca le dixo a ninguna persona, y como la hermana maior le metiesse la mano para endereçarle una toca, halló con [fol. 204v] la mano las dichas señales y fue maravillada, y reprehendiéndola mucho pensando que ella se matava con cruel penitençia, por la qual ella le ubo de confesar la verdad de todo lo que acaeçiera. Y ansí fue conpulsa a lo revelar según arriba es dicho.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Capítulo 18'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''De cómo fue llevada a purgatorio y de las cosas que en él vio'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En el transpasamiento que estuvo traspasada de las quarenta horas, quando le fue dada la llaga del costado, dixo esta santa virgen que la llevaron por las penas del purgatorio, en el qual vio tan orribles penas y tormentos que ninguna lengua humana las puede dezir ni esplicar, que tan grandes penas y tormentos sufrían los que allí estaban de mui dolorosos gritos y gemidos, bozes y llantos, y muchas figuras de diversos animales mui fieras y espantosas y abominables, que no ai hombre que las pueda ver que no muera luego de espanto, y antes fallecerían las lengua y tienpo que materia de dezir. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y de las penas que aí dize que vio muchos gusanos, mui grandes, de diversas maneras, los quales corrían la tierra, que apenas cabía entre ellos la planta del pie. En los quales vio uno de largo de un palmo de un honbre y de anchura de tres dedos, y este tenía ronchas de fuego por el cuerpo y traía unas uñas mui grandes. Y deste gusano tan solamente preguntó al ángel que estas cosas le mostrava, y respondiole: «Este es el gusano que roe la conçiençia, que quando el hombre vibe y comete algún mal, entonçes pónesele la conçiençia entre el seso, y la conçiencia remuerde e quita que no se haga el mal que dize el alma a la razón. Y dízele: «Malo es esto que quieres hacer». Y muchas veces es cegada [fol. 205r] y vencida la rrazón por la cobdiçia del pecado. Y esse es aquel gusano que roe la conciençia y roe las entranas y aqusa el ánima, ''[14]'' y esta es una de las maiores penas que sienten los danados, porque pudieran hazer bien como ficieron mal, y por sus culpas merecieron tan gran pena». Y uno de aquellos gusanos allegávase a ella abierta la boca, y quisola morder en el pie, mas los que estaban con ella no le consintieron morder, mas tan solamente permitieron que el gusano mordiesse tan solamente debaxo del dedo meñique, y sacó con la uña un pedazo de la carne del pie. Y ansí lo tiene mordido y hecho un hoio en el pie.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Capítulo 19'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''De cómo en las dichas penas del purgatorio vio un clérigo penar'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Andando esta virgen por el purgatorio vio un clérigo, que era vibo y era cura de ánimas, en una pena de gran afliçión y vio que una grande serpiente mui espantosa que tenía dos cabezas lo tenía atado y ''[15]'' cercado alrrededor, y ponía la una boca en el espinazo y la otra apegada en el estómago. Y cerca del clérigo estaba un gran dragón mui orrible y espantable, el qual tenía encima de el espinazo una esportilla en la qual estava un niño que dava mui grandes clamores y gritos, demandando justiçia al Señor de la pena que sufría y esperaba sufrir por la culpa de aquel clérigo. Y como esta santa virgen preguntase qué pena era aquella, fuele respondido: «Aquel es un niño que por culpa de aquel [fol. 205v] sacerdote murió sin baptismo siendo él su cura y demanda d´él a Dios justicia». Ella, estando mui espantada, hizo horaçión por aquel clérigo y dende a ocho días, otro día, estando diciendo missa aquel saçerdote, en acabando de alzar, fue traspuesta y vio aquel sacerdote que tenía ceñida al cuerpo una mui grande serpiente con tres cabezas: la una se comía el corazón, la otra, la lengua y la otra las espaldas. Y aquel niño clamava ante él y dezía: «Por tu causa no veo al Señor y por ti morí yo sin baptismo y soi apartado de tan gran bien y deste gran cargo no alcanzarás perdón».&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y desde a tres días, esta sierba de Dios llamó al saçerdote y díxole lo que vio, y él se espantó tanto que se le quitó la habla por espaçio de media hora. Y ella, de que le vio tan sin esfuerzo, esforçole, y él díxole que estaba mui espantado coómo aquel secreto le avía mostrado Dios, y conoçió ser verdad esto, así como otras cosas muchas que ella le dixo en que ofendía mucho a Dios. Y confesó este sacerdote a esta santa muger que otro día, quando volvió la hoja del misal, vio en el santo crucifixo çinco gotas de sangre. Y dende çinco años murió el sacerdote, día de San Miguel y encomendole ella mucho al Señor; y dos días antes de San Francisco hovo ella un gran miedo, que le pareçía que estava cerca della un mui gran bulto. Y el día de San Francisco, a la mañana antes que fuesse el día, viole mui espantable y díxole cosas mui señaladas que estaban entre él y otra persona en secreto, las quales supieron ser verdad.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Capítulo 20'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[Fol. 206r] '''De cómo vio que llevavan el cuerpo de Nuestro Señor a un herexe'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Entre otras cosas que la santa contó que escribir no se podían, me dixo lo siguiente: En el día de San Marçial Apostol, acabados los maitines, fue llevada en espíritu, e viose con otra su hermana que llevava por compañía, que pasavan por la iglesia maior, e vio toda la clereçía con gran solenidad que llevavan el sacramento a un enfermo, y saliendo por la puerta que va a un mercado apareçió a esta santa muger un mançebo mui fuerte vestido con unas vestiduras blancas, cavallero en un cavallo blanco, y díxole con palabra mui acelerada: «Corre, ve y di a los señores clérigos que tornen con la eucaristía a la iglesia porque aquel enfermo a quien la llevan es herexe». Y fue ella corriendo, y como buscase alguno de los que ella conoçía para se lo dezir, no halló a ninguno, y encontró con un reverendo señor, al qual dixo esto, y díxole aquel señor: «Calla y no oses decir tal esa, por ventura no nos maten a todos». Y díxole aquel que estava en el cavallo, mui feroz: «No sea en vos ninguna dubda ni temor y en todas maneras se torne el corpus cristi porque aquel honbre es herexe», y dixo a la santa virgen: «Y aquesto te será en señal que te digo la verdad: que verás hoi en la misa destilar sangre de la ostia». Y ansí se tornaron para la iglesia.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y después de esto, en este día, vio esta santa virgen en la missa con los ojos abiertos la ostia llena de sangre [fol. 206v] en las manos del sacerdote, quando levantava la ostia al pueblo para que la adoren con devotión los cristianos.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Capítulo 21'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''De otra revelaçión que vio estando delante de Nuestra Señora en la iglesia maior'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El día de la concepción de Nuestra Señora, estando esta virgen del Señor esa noche mui ahincadamente rogando por la clereçía de la Santa Iglesia, fue robada en espíritu y puesta en los amortiguamientos que suele; y pareciole que estava en la iglesia maior y veía a Nuestra Señora viva en carne, puesta en mui gran altura, y ella estaba cerca de Nuestra Señora, acompañada de San Miguel y San Juan Evangelista. Y desde aquella altura hasta abaxo avía gran profundidad y decendían cinco cordeles y atrechos ''[16]'', puestas penas de fuego mui espantables, y debaxo un poço negro y hondo.Y aquel pozo tenía una boca de la qual salía un río, en el qual río estaban tres animales mui crueles. Y por aquellos cordeles venían muchos clérigos, entre aquellas penas, dando muchas vozes a Nuestra Señora, y desque caían en pozo perdían la forma de hombres, y los que pasan en el río luego son tragados de las animalias. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y viendo esta virgen estas cosas, suplicava a Nuestra Señora que uviesse misericordia dellos; y como quiera que avía mançilla de todos, pero en particular la avía de un gran prelado que veía ir en las penas con los otros, con maior pena i tormento se afligía delante de Nuestra Señora, que, por reverentia de aquella hora [fol. 207r] en que fue hecha arca y silla de la Santa Trinidad, que le plega de sacar a aquel prelado de las penas en que va. Y ella, hoídas estas cosas con muchas lágrimas y devoción, rogó a Nuestra Señora por él y repondiole Nuestra Señora que ansí como San Gregorio forçó la voluntad de Dios sacando a Traxano del infierno, por esta causa quedó con el dolor del estómago. Y ansí quedara esta virgen, por las plegarias que hizo por aquel prelado, abierto el çelebro de la cabeza en testimonio para que lo viese el pueblo que avía forçado la voluntad de Dios. Y preguntó la santa virgen a los señores sobredichos que por qué le aconsegavan a ella que rogase a Nuestra Señora por el salvamiento de aquel prelado, e por qué no se lo rogavan ellos, y respondieron ellos que más poder tenía ella o qualquier que con firmeza y devotión rogase al Señor para forçar su voluntad que ninguno de los que estavan con Él en el Cielo, porque los que estavan en la gloria saben la su voluntad del Señor y no irán contra ella.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Capítulo 22'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''De cómo le apareció Nuestro Señor en figura de niño visiblemente'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Como esta sierva de Dios estuviesse enferma en la cama en la Quaresma, deseava mucho recibir al Señor, y no lo pudiendo aver por no ser singular, afligiosse mucho, y rogaba al Señor con lágrimas, deseando poderse levantar a oír missa. Y a la hora del alva, sintió cabe sí un niño mui hermoso, y como lo vio turbose y no osó llegar a él. Y tan maravilloso lo vio, que se le turbó la habla, y como pudo demandole [fol. 207v] si era San Miguel, y el niño meneó la cabeza y no la respondió; y preguntole si era San Francisco y él sonriyose. Y preguntole quatro vezes que le dixese su nombre y Él dixo: «Yo soi mui poderoso y el mi nombre es mui maravilloso». Y allegose a ella el santo niño i diole paz en su boca y púsole la mano en la cabeza y díxole: «Sana eres de todas tus enfermedades, levántate e irás a missa». Y desapareció; y ella, quedando llena de gran consolaçión y alegría espiritual, levantose y hallose sana de todas sus enfermedades, maiormente de las calenturas que tenía y del dolor de la cabeza que padezía y de postillas que tenía dentro de las narizes. Y más me dixo esta santa virgen, que sintió el dolor en los pies y en las manos como si fueran clavos.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y desde aquel día, particularmente los viernes, sintie gran dolor en los dichos mienbros, desde la mañana hasta después de vísperas, que no pudíe hazer nada con las manos, ni comer ningún mangar hasta después de vísperas, que se le avía quitado el dolor. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Capítulo 23'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''De cómo recibiendo el cuerpo del Señor fue llena de resplandor visiblemente y fue sana de sus enfermedades'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En el año de ochenta y çinco enfermó esta santa virgen, en el mes de agosto, de ericiaones ''[17]'' y calenturas, y pasada la octava de nuestro Señor San Xerónimo, caió en la cama con dolor de costado, y echaba sangre por la boca, y aborreciendo todo consejo de médicos, atreviosse a tomar çinco píldoras y sintiose puesta en [fol. 208r] la hora de la muerte. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y en aquellos días pareció arrincársele el ánima, y púsose sobre la llaga del corazón e apareciose la mano de San Miguel que se la tenía allí apretada. Y ella estava mui desfallecida porque avía muchos días que no comía y avía tenido muchas cámaras de sangre, y la mano del ángel que tenía encima del coraçón le dio esfuerço para hablar y confessar y recebir los santos sacramentos, y rogó a la hermana mayor enviase por mí para que la pudiese remediar y dar los sacramentos. Esto fue un sábado, en el qual, pensando ella cómo yo le avía de ir a dar los sacramentos, que deseava ella mucho ya ser salida de aquesta vida y del tormento de la carne, y con mucho ahínco encomendava al Señor de la casa de la Sisla y de doña María Garçía, y vio en visión a un religioso de la dicha casa, que iba a decir misa en el dicho monesterio. Y cuando llegó a las palabras de la sacra diçe que vio en aquel traspasamiento que tenía cómo Nuestra Señora dava a aquel relixioso con mucha alegría el niño que tenía en los braços, y vio cómo el sacerdote lo partió en tres partes, y era el Santo Niño vivo y alegre en cada parte, y de ambos braços le sustentavan los ángeles con mucho resplandor en el altar, y veía a Santa Caterina y a Santa Bárbara que le dezían: «Mañana, lunes, a las nueve horas recibirás el Señor en este resplandor que aquí ves y serás sana». &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y ansí fue, y como yo la fuese a confesar [fol. 208v] fui della mui rogado que no me partiesse de la cibdad hasta otro día, porque si el Señor la llevase fuesse presente a su muerte e que si aquella noche no muriese del todo quedaría sana. Lo qual todo ansí fue hecho, y como recibiesse de mi mano la santa comunión y me bolviese con el santo sacramento para se lo dar, vio en mis braços y en mis pies un mui gran resplandor; y, como una niña de quatro años que apenas pudié hablar, estaba allí con su madre, vio con sus ojos aquel resplandor, lo qual dixo a su madre, con mui gran ahínco, cómo viera en mis manos y en mí y en la santa muger mui gran resplandor, ansí como el sol que está en el cielo. Lo qual, como su madre viesse, lloró muchas lágrimas con devotión y no fue mui gran maravilla que la inocencia de tan tierna hedad viesse con ojos corporales, los que nosotros pecadores así ver ni comprehender podemos, lo qual dixo la niña muchas vezes todo lo que viera.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y como recibió el cuerpo del Señor con grandes lloros, luego fue robada en espíritu y perdió todo el sentido, y estuvo nueve horas sin ningún sentido. Y como fuesse despertada como por fuerça y abriese los ojos, empezó aquel verso: «Benedic anima mea domino», y todos los dolores y enfermedades que antes tenía, de todos se halló sana y libre, así de dentro como de fuera, pesándole mucho, porque tornaba a esta vida. Y como io la importunase que tomase algún mantenimiento para dar vida a la vida humana, ella me respondió que no avía voluntad de tomar ningún manjar, [fol. 209r] porque por el espacio de quarenta días desde que recibía el santíssimo sacramento, con la suavidad y dulçor que sentía, vivía sin manjar humano. Y más me certificó, que vio un sacerdote que avía dicho missa en su capilla, y quando salió del vestuario para el altar, le ponía Nuestra Señora, la Virgen María, encima de su cabeza muchas guirnaldas de flores y de rosas y clavelinas, de lo qual ella recibió gran consolación.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Capítulo 24'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''De cómo con su mano sanó una herida de la qual corría mucha sangre'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Estando una de las hermanas de la casa puniendo una sarga en una pared, subió en una escalera a poner un clabo con un medio ladrillo para lo hincar, y calló el ladrillo y dio a una de las hermanas en la cabeza, que estaba cabe de la escalera, el qual se hizo tan gran golpe y llaga que la corrió mucha sangre. Lo qual, como esta sierba de Dios lo viesse, fuese para ella y puso su mano derecha encima de la llaga diciendo tres vezes el nombre de  Jesús, y hinchósele la mano y dedos de sangre y cessó de correr y no salió más y juntósele quero con cuero sin otra medicina.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Capítulo 25'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''De cómo sanó a su madre de una gran enfermedad'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En el lugar de Axofrín, como un hermano de esta sierba de Dios corriese un cavallo, caió el caballo con él y ansí el cavallo como el caballero quedaron [fol. 209v] mui atormentados de la caída, y tanto fue, según él me dixo, que la silla se hizo pedazos. Y el dicho su hermano uvo gran pasión en los ojos, y como su madre estuviese mui triste por la muerte de otro su hijo, que poco avía que era muerto, y supiese lo que había acaecido, al segundo doblole el dolor y tan grande fue que se le torcieron los ojos y boca en gran grado. Y como dende algunos días, esta sierva de Dios supiese lo que a su madre avía acaecido, uvo de ello mucho pesar y fuese para el altar de Nuestra Señora, lo qual mandó hacer la dicha su madre, y suplicole con muchas lágrimas por la salud de su madre. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
E inspirada divinalmente, respondió a quien le traxo estas nuebas que el domingo siguiente sería sana por la virtud divinal. Y ansí fue hecho.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Capítulo 26'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''De la claridad divinal que le fue mostrada en el mes de noviembre, año ochenta y çinco'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Como estuviese esta santa muger de contino mui fatigada de muchas y mui continuas enfermedades, acostada en su cama, fue forçada y robada en espíritu el día de Santa Cecilia. Como contemplase en aquel tan gran milagro que Nuestro Señor hizo a Santa Çeçilia, que les truxo dos coronas, una a ella y otra a Valeriano, el santo ángel del Çielo,  y como estuviera hablando con ellos, levantose esta santa muger ençima de la cama y pusose a horar con devotión  [fol. 210r] a una imagen de Nuestra Señora que está frontero en la pared, y como con atención hiziese oratión, las manos levantadas súbitamente, vio una gran claridad en la imagen a quien orava, en sí misma i en las manos que tenía alçadas. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y como estuviese algún espacio ansí, transpúsose y estuvo ansí hasta que vinieron algunas hermanas que la hallaron, y disimuló con ellas, que a ninguna lo dixo hasta que conmigo habló con deseo mui grande de que ninguno lo supiese.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Capítulo 27'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''De las cosas que vido y le fueron mostradas la vigilia de la Santa Natividad de Nuestro Señor'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Después de lo susodicho, açercose la fiesta del Nacimiento del Señor y ella, estando acostada en su cama y mui afligida y con grandes dolores en el cuerpo, según sus pocas fuerzas pensó de se aparejar para recibir el Santísimo Sacramento. Y el jueves de la fiesta vínose tan gran dolor al celebro y tan grandes golpes de coraçón que según me dixo parecía ''[18]'' que se le salía el ánima del cuerpo. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y aquel día y el viernes siguiente no comió sino unas pocas de pasas, y el sábado reconciliose para comulgar. Y este día vio la imagen de Nuestra Señora, que está en el altar, por tres veces sudar gotas de agua y fue llena de maravilla, y llegose a la imagen y limpió el sudor, y con ello labó su rostro. Y como fuese a comulgar y la comulgase el capellán maior de la santa iglesia, como se volviese con el santo sacramento para se lo dar y ella no pu- [fol. 210v] -diese tener los llatidos ''[sic]'' del corazón, dio un gran resuello y vio levantadas en la patena las formas, y aparecieron luego tres ángeles visiblemente que pusieron las formas que no volaron fuera, que cierto caerían en el suelo si por ellos no fuera, y lo mexor que pudo recibió en santo sacramento con mui gran divinidad, como otras vezes. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y ansí se fue a la cama con su fatiga y dolores mezclados con gran suavidad de la dulcedumbre del Señor y suavidad de las cosas celestiales que avía visto y gustado. Y ansí estuvo hasta las diez de la noche.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Capítulo 28'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''De los secretos celestiales que visiblemente le fueron mostrados en la santa noche de Navidad'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Como tañesen a maitines en todas las iglesias, no se pudo sufrir a quedar en la cama y, cobradas nuevas fuerzas, enferma y flaca, con el çelo de tal fiesta del nascimiento del Salvador levantose mui alegre de la cama y fuese para el coro, a do se avía de hazer el ofiçio, y contemplando en el glorioso nascimiento de Nuestro Salvador, estuvo mui atenta para conoçer la medianoche, porque avía oído que en aquella hora avía nacido el Redentor. Y el altar de Nuestra Señora, a donde está su imagen de bulto, estaba mui compuesto de çirios y candelas, y una cama mui adereçada con mui ricos paños y almohadas, y un niño mui chicito de vulto mui conpuesto. Y estava en una cuna delante de la dicha Señora, y como fue la medianoche y esta sierva de Dios estuviesse de rodillas, con lágrimas y gemidos sin quento, [fol. 211r] vio con los ojos corporales decendir mui gran resplandor delante del altar, y alderedor d’él vio a Nuestro Señor vivo y en carne, la más vella criatura que en el mundo fue vista, y con gran resplandor, que excedía a la lunbre del sol; y vinieron tantos ángeles a lo adorar y servir y a le dar cantos de gloria mui suave, que decir no se puede ni escribir. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En la qual adoración pasó más de media hora y luego vio con sus ojos cómo los pastores, ençendidos de amor, le vinieron a adorar y estuvieron ansí mui gran espacio. Y estos partidos, vio venir los tres reies magos con muchas y diversas conpañas e instrumentos y traían muchas tronpas que deçir no se puede. Y venían con ellos tres soles mui resplandecientes y, llegando al altar todos tres, se hizo uno, y con gran acatamiento y reverençia, con sus dones en las manos, llegáronselos a ofrecer y a adoralle, el qual dicho niño era ya maior que cuando lo vido la primera vez. Vio cómo la imagen de Nuestra Señora, que estava en el dicho altar, se rio tres vezes contra el Niño.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y hecha la adoración, con gran reverençia y acatamiento, amonestados por un ángel, se bolvieron por otro camino a su tierra. Y estos partidos, vio cómo Herodes mandava buscar al niño para lo matar, y luego vio cómo Nuestra Señora, con el infante en brazos y el santo Joseph, se ivan huyendo a Exito. Y luego tras esto, vio cómo la gente de Herodes andava matando los inocentes y cómo las madres los escondían en quebas acallándoles [fol. 211v] y dándoles de mamar por que callasen; y los niños daban tan grandes gritos que parecía llamavan a los enemigos que los fuesen a sacar y matar, a los quales matavan de diversas muertes y mui cruelmente. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y duraron estas maravillas y secretos celestiales en los ojos de aquesta sierva de Dios desde las doze de medianoche hasta las tres horas siguientes, de la qual visión ella quedó tan espantada y fatigada, y tan consolada en el coraçón, con gemidos y suspiros continuos que deçir no se puede, y apretávase mucho consigo, por que ninguna hermana supiesse, salvo la hermana maior, que estava con ella y la consolava quanto podía y le deçíe que no se afligiesse tanto.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y ansí no nunca lo supo ninguna de las hermanas, y ansí es su voluntad que ninguna lo sepa. Y muchas vezes me dixo que quería más la muerte que esto fuesse sabido.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Capítulo 29'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''De lo que vio en la missa del gallo este mismo día'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Como estas cosas fuesen acabadas, vino el capellán maior de la santa iglesia con deseo de hazer al Señor serviçio y dar consolaçión a aquellas siervas de Dios que esperaban su venida, el qual avía reconciliado muchas hermanas y las comulgó en esta santa misa. Y traxo consigo cantores que se oficiassen la misa, y como saliesse revestido al altar, luego aquella sierva de Dios vio claramente dos hachas de fuego de resplandor ençima del altar, y de cada una de ellas salían çinco raios que iban derechos a do estaba esta sierva de Dios [fol. 212r] hincada de rodillas, y no le impedían nada para ver las cosas que se hazían en el altar. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y como celebrase la misa con gran solenidad y los santos se empezasen, vio esta sierva de Dios tanta multidud de ángeles que descendían al altar que cubrían al sacerdote desde los pies hasta la cabeza, y subían y descendían con gran gozo y alegría. Y quando uvo de alçar al Señor, los ángeles le levantavan los brazos y le aiudavan a decir el Pater Noster, y al tiempo que se dezíe esta sierva de Dios fue mui fatigada y dio consigo de brazos en el suelo. Y duró en aquel gozo, mezclado con muchas lágrimas, hasta las doze de mediodía, de manera que estuvo catorze horas, después de las diez que tañeron a maitines, de rodillas, que de allí no se movió en tan clara y maravillosa visión para glorificar y ensalçar el nombre del Señor y acrecientamiento de nuestra fe, que nunca oí ni leí que con los ojos corporales ninguna persona tales cosas viesse y le fuesen demostradas, en lo qual es mucho Nuestro Señor de loar y glorificar en las sus grandes maravillas, las quales haze y hizo a do quiere y como quiere.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y pasadas las doze horas después de mediodía, mui fatigada, algunas hermanas ansí la llevaron a su cama, y a la tarde, por satisfacer a los ruegos que le fueron hechos, comió un poco de carne de membrillo. Y ansí estuvo lunes y martes hasta el miércoles, que comió un güebo, en lo qual parece que la fuerça del manjar celestial le dava vida contra natura; [fol. 212v] y para dezir estas cosas se hizo mui gran fuerza porque le avía yo mandado por obediençia que a ninguno las dixese salvo a mí, que ninguna cosa me encubría de las que el Señor le mostraba, y rogome con grande ahínco que ninguna persona del mundo de mí lo supiese, deseando mucho la muerte y verse ya fuera de la vida.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Capítulo 30'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''De las cosas que esta santa virgen vio con sus ojos çinco días antes de la Natividad'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Como toda la gente estuviesse afligida por la hambre, que no avía harina ninguna por la muchedumbre de las aguas que los ríos traían, esta virgen, según me dixo, fue mui afligida y estuvo una noche que no durmió. Y estando todas durmiendo se levantó, que ninguna lo sintió, y subiose a un terrado desde donde se parecía el río, y estando el cielo estrellado bendixo el río, y después metiose en un retraimiento, que es un lugar mui espantado, en el qual ay unas imágenes del tiempo antiguo, y púsose a horar a la medianoche en aquella oscuridad, en manera de cruz de braços en el suelo, y estuvo ansí mui gran rato, haciendo de sí gran sacrifiçio al Señor de mui atenta oraçión, con lágrimas rogando a la Madre de Dios que amansase su ira. Y sintiose esta sierva de Dios estar en el aire levantada de la tierra. Y a cabo de rato vio venir un poco claridad, con la qual vio [fol. 213r] todas las imágenes que estavan pintadas mui claramente. Y como oviesse gran pavor, ofreció al Señor muchas plegarias, y como estuviesse en aquesta pena, súbitamente vio otro mui gran resplandor que resplandecía sobremanera, y apareciose Nuestra Señora descabellada de sus cabellos, con ojos mui llorosos y mui triste, y le dixo: «Sepas que todas las aguas que son venidas por tan largos días avían de caer en tres días y la maior parte dellas sobre esta cibdad, en que muchas gentes perecierán por los sus grandes pecados que en ella se cometen cada día y Dios es mui ofendido dello. Y por las plegarias que as hecho por este pueblo, al Señor y a mí me as rogado que por la gran piedad y dementia que ubo en enbiar su hijo Nuestro Redentor a nos redimir y salvar, quisiesse aún piedad de todos y yo supliqué al Señor que tu petición fuese oída y Él la oió y su ira se aplacó, y io, por piedad que tengo al pueblo cristiano, vengo a ti qual ves». &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y como la dicha virgen estuviesse con los ojos abiertos y manos alzadas, y coraçón muy espantoso d'él gozo, y estuvio, apareció la vissión y ella caió de bucos en el suelo, y ciertas horas estuvo sin sentido y amortiguada y devantose mui esforçada del cuerpo y del ánima de tan espantosa visión. Y de tan gran admiración quedó mui consolada y ninguna de las hermanas lo sintió.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Capítulo 31'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''De cómo fue mostrada una gran señal del Çielo en esto'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[Fol. 213v] La fama desta santa mujer, como ella quisiese que fuese tan oculta, no se pudo enpero que algunas personas devotas no uviesen de saber la fama de su santa vivienda, una de las quales fue el señor obispo de Badaxoz que a la saçón era deán de Toledo. El qual con ella habló muchas veces y fue testigo de la llaga en el costado; el qual le rogó que rogase al Señor por una discordia que avía en la corte, a do estaban los señores reies y el cardenal de España. La qual, obedeciendo lo mandado, se echó en oratión con gran ahínco y voluntad.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y en las otavas de la pascua florida, que fue en el mes de marzo de ochenta y seis, ella se levantó de mañana y se subió en un terrado en la casa a do morava Doña Mari Garçía, e rompiendo el alva se puso allí en oratión y vio unas nuves mui coloradas que corrían por el cielo hazia Oriente, y antes que el sol saliese vio un gran resplandor en el cielo a do el sol avía de naçer. Y salió el sol, i ella le miró con ojos claros e sin enpacho de la claridad, lo qual es contra natura humana, que hombre ninguno no puede ver. Y dentro en el sol, vio un grande agujero que entrava al cielo, del qual salían grandes raios de claridad hazia muchas partes, y dentro del aguxero vio con ojos claros una cruz de oro mui resplandeciente, la qual cruz y raios estuvieron en el sol desde que salió hasta que hizieron clamores para tañer a terçio y luego desaparecieron; i vio en el aire, no mui lexos de sí, una persona que se pareció como la luna que peleava con otras [fol. 214r] y otros con ella, y pasándose algún rato volviéronse las espaldas el uno a otro. Y como viese una de las hermanas, quitose luego de allí y no pudo más conocer la dicha vissión. La qual dicha sierva de Dios tiene miedo de hablar, y me certificó que mirando muchas veces una Verónica, que está en el altar, vio salir raios de claridad y continuamente ve un resplandor a do está el corpus cristi, y muchas vezes ve visiblemente el santo sacramento no le estorbando las plantas ni las otras cosas en que está encerrado y enbuelto. Y una vez, alçando el sacerdote el sacramento, vio un dedo de carne puesto en la ostia, y otra vez vio en el sacramento un escudo blanco con las çinco plagas de Nuestro Señor, de lo qual tuvo miedo y gran temor. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y en esto parece ser mui grande la virtud del Señor y la pureza de su ánima, que con los ojos corporales pueda ver cosas tan palpables y celestiales para honra y gloria de su santo nonbre.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Capítulo 32'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''De las cosas que esta virgen vio y le fueron mostradas en el santo sacramento'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Jueves, día de la octava de la Ascensión del Señor del sobredicho año. Como no uviese quién díxole missa aquel día en la casa, ella fuese al oratorio, y como estuviesse orando con atençión, vio con ojos claros el santo sacramento, que estava encerrado dentro del arca, levantado dentro del arca con gran [fol. 214v] resplandor, la qual lo adoró con mui gran gozo, y estuvo reçando allí por algún espacio de tiempo, y esto le á acaecido otras vezes quando no avíe misa, lo qual le puso mui grande espanto y transes ''[19]''. Y luego, el día de San Juan ''[20]'' como el capellán díxole misa mayor y uviese[n] de comulgar muchas hermanas, y como se volviese con el sacramento para dárselo, vio en la manga del dicho saçerdote media ostia de las que comulgavan, y resplandecía como una estrella, de lo qual fue mui maravillada. Y como comulgasen las dos primeras hermanas, desapareció la estrella y el resplandor que pareçiera en la manga. Y luego le caió gran sospecha de lo que fue, y pensó que se le avía caído al saçerdote, y como se quitasen las que comulgavan, ella, con aviso, fuese a poner en aquel lugar a do desapareçiera la visión. Y como hincase las rodillas, vio estar en la grada del altar la dicha partícula del sacramento tan resplandeciente como una estrella, y estando el saçerdote vuelto al altar, y como se volbiese otra vez con el sacramento a comulgar a las segundas y llegase a ella para dalle el sacramento, ella le hizo señal para que se apartase y él, no lo entendiendo, pisó el sacramento y ella tornole a hazer señal con la mano más reciamente, y como él mirase abaxo y viese la parte de la ostia, abaxose y tomola con reverentia y desque esto vio esta santa muger fue tan atribulada y angustiada [fol. 215r] del coraçón que por algunos días no se levantó ni quería hablar ni comer.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y en aquel día de la comunión envió a rogar a la hermana maior que no quitase aquella alhonbra do caiera el sacramento. Y estando las hermanas recogidas, ella se levantó como pudo y fue a las gradas de dicho altar, y en aquel lugar do ella comulgara vio dos reliquias que se avían quebrado de la dicha partícula, resplandeçiendo así como estrellas, de lo qual uvo mui gran pavor, y derramando muchas lágrimas y suspiros, fue tan grande la angustia que pasó en su coraçón, por no saber qué hazerse y por no ser descubierta, que no tuvo más remedio sino, con la maior devotión que ella pudo, abaxarse y tomarlas con la lengua. Y ansí las comulgó y sintió tan grande dulçor y suavidad que no se puede decir ni escrevir. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y ençendida con el amor y çelo del Señor subió al altar y desenbolvió los corporales y lixula ''[21]'' y palia por ver si podría hallar la partícula que el saçerdote alçó del suelo, y no la pudiendo hallar tornó a coger los corporales y tornose mui triste y desconsolada. Y echada en su cama, su consolación era gemir y llorar con grandes llatidos que el coraçón le dava, sintiendo mui gran dolor en él y en el lugar adonde se le abrió la llaga. Fue tan grande le dolor que se le hinchó la carne y el pecho hasta la garganta.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y ansí estuvo algunos días, mui desconsolada, no pudiendo dormir, ni quería que le hablasen, lo qual ninguna de la casa lo supo, ni la hermana mayor, [fol. 215v] salvo que la casa penava con su pena. Y duró esto hasta que yo estuve con ella, y con grandes gemidos y miedo me lo dixo, y tomó algunas fuerças para comer deseando con gran ahínco ser fuera de aquesta vida.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Capítulo 33'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''De cómo apareció a esta santa mujer el ánima de su capellán finado y de las cosas que le dixo'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El día de San Francisco, año de ochenta y seis, esta santa muger sentía cabe sí un bulto y sonbra que estava adonde ella estava, y con el gran miedo que tuvo conjurolo que ni hablase ni la viesse. Y a la postrera noche sintiole a par de la cama, y ella no durmió con el miedo que tenía, y dos horas después de la medianoche, estando sin ningún sueño, abraçada con un libro que tenía de devotiones y con el gran pavor que tenía, estava puesta hazia la pared y el espíritu llegó a ella y meneola como quien quiere despertar a quien duerme, y ella con el temor que tenía no lo quería hablar, y haziéndole señales con gemidos. Esto por dos vezes duró hasta las quatro después de la medianoche, y entonçes ella volviose del otro lado para se levantar e ir a su capilla a orar, y luego el espíritu le habló y dixo ansí: «Esforçaos y no os vais de aquí, que también se sirve de vos Dios aquí. Y por la caridad del Señor vos plega de me oír, porque seis noches ha que ando aquí penando y por sentiros con tan grandes fallecimientos; y por [fol. 216r] daros fatiga demándoos mucho perdón de muchos enojos que vos é hecho y de una carta que vos escribí, la qual fue causa de daros mui grande trabaxo y turbaçión. Y por muchas buenas amonestaçiones y consejos que me distes acerça del buen regimiento que yo debía tener en la gobernación de aquesta casa, los quales dichos consejos con gran osadía y menospreçio no creía y menospreciava, no temiendo que érades sierva de Dios y de su manos. Y muchas veces os demandé con gran sobervia que demandásedes señales a Dios del Cielo, y puso el Señor en mis manos lo que no eran mis ojos dignos de ver, y por esto vos digo que os esforcéys mucho y que lo que os fue mandado que manifestásedes al señor cardenal no lo dexéis por ninguna pena temporal ni por no ser vista ni conocida, y si esto no cumplís antes de un año seréis azotada del Señor mui gravemente; y por que no penséis que soi vissión engañosa ni fantasma, yo soi vuestro padre cura y capellán desta casa, que poco á que falleçí, y vos digo que digáis al prior de la Sisla y a la hermana maior desta casa que por la caridad del Señor me perdonen en qualquiera manera que los aia enojado, y otrosí me quieran perdonar sis mil maravedís que doi en cargo a esta casa de un libro que vendí, lo qual todo demando en limosna me lo quieran perdonar y todo lo otro que les tengo a cargo. Y yo vos ruego, por la caridad de Dios, que me hagáis decir [fol. 216v] cinquenta misas por que el Señor me saque de pena».&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y esto dicho, desapareció, y la dicha sierva de Dios, quitada la habla, quedó amorteçida por espaçio de quatro horas, y lo primero que le dixo este espíritu fue esto: «Y vos roga a Dios por mí». Y desde a pocos días viniendo de oír missa del coro, sintió que uno la travava del braço mui recio y le puso la otra mano en la espalda, como persona que la quería aiudar, y ella dexose caer diciendo tres veces Jhesús, y sintió el cuerpo mui desconcertado y ansí la llevaron luego a la cama, y hizo luego dezir las misas e no sintió más entonces.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Me dixo esta santa muger lo que arriba es escrito, que muchas vezes cuando ora al altar, ve visiblemente el sacramento como si no tuviose cobertura alguna, y siente muchas vezes gran dulçor por grande espaçio de rosas y lilios y flores, que decir no se puede, lo que la recibe gran fuerça y consolación, ansí spiritual como corporal. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Capítulo 34'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''De la claridad que vio dos vezes en la iglesia maior día de Santa Caterina'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El año de ochenta y seis, estando esta bendita virgen en el oratorio rezando sus orationes en la noche de la fiesta de Santa Caterina, en la qual tiene mui grande amor, y como con atención estuviesse de rodillas delante de la su imagen y la capilla estuviose oscura, súvitamente apareció gran claridad y alunbró a la virgen Caterina [fol. 217r] y al Niño Jesucristo, que estaba pintado cómo ponía el anillo de su dedo a la virgen Santa Caterina, de lo qual esta santa virgen fue llena de grande gozo; la qual claridad estuvo allí por algún espaçio y luego tornose a escurezer como estava de antes. Y la noche siguiente, como se levantasse después de maitines a orar en el coro, halló la lánpara muerta y no sabiendo qué hazerse, fue a llamar a una de las hermanas que estava acostada y díxole que la fuese a ençender. Y tornose al coro como de primero y estando la iglesia mui escura, súpitamente vio una centella de fuego que salía del arca del corpus cristi, y fue encendida la lámpara con tan gran claridad que resplandeçió toda la capilla, y como vino la hermana que de ella fue llamada y viesse tan gran claridad, fue mui espantada y comenzó a decir: «Milagro es este y no se puede encubrir». Y ansí quedó esta santa virgen en el oratorio llena de mucha consolaçión.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Capítulo 35'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''De lo que acaeció en la imagen del Niño Jesús'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Como otro día adelante estuviose rezando en el oratorio y tuviese consigo dos libros en donde tenía sus orationes, demandó a una hermana que le truxese la imagen del Niño Jhesús, que estava en el altar de Nuestra Señora, el qual estava vestido de una ropilla que le abían hecho hasta los pies. Y como el dicho Niño le fuese entregado, tomolo con devotión y púsolo de pie encima [fol. 217v] de un libro. Y como por algún espaçio con alegría y devotión le hiziese oratión con artas lágrimas, alçó la ropilla por besalle los pies, y vio como uno de los pies se bullía y meneava como si estuviera en carne, y alçóse un poco el pie para que se le pudiese besar. Y como le besase con devotión quedose el pie levantado y no se baxó jamás. Y como pusiese el pie del Niño en una gran hinchazón que tenía en el ojo, luego fue abierta, la qual cosa luego fue divulgada en la casa, y el niño quedose con el pie levantado. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Capítulo 36'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''De cómo fue robada en espíritu y vio un ánima cómo fue llevada a juicio'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En la santa iglesia de Toledo uvo un canónigo honrado y discreto y barón de mui noble condición, y de todos mui amado y querido y limosnero, que quanto tenía gastava en casar uérfanas con deseo de hazer tesoro en el Cielo, adonde son las verdaderas riquezas. El qual se llamava Don Diego de Villaminaia, que era capellán maior de la iglesia maior, y como Nuestro Señor le quisiese galardonar de sus trabaxos, en fin del mes de março, año de ochenta y siete, enfermó de calenturas y a los treinta días del dicho mes fallesçió, en quio fallescimiento casi toda la cristiandad uvo sentimiento, del qual cupo gran parte a la casa de Doña [[María García]], por las grandes limosnas y bienes que les hazía, ansí corporales como espirituales, y era tenido como padre de toda la casa. [fol. 218r] Y todas las hermanas estaban en el coro, con ellas María de Axofrín, y como doblasen las canpanas en su fasllecimiento, luego la dicha María de Axofrín fue robada en espíritu y vio cómo San Juan Batista y nuestro padre San Xerónimo y Santa Caterina llevaban el ánima del dicho capellán maior a juicio delante de la Magestad divinal, en un gran canpo mui deleitoso, en el qual estaban muchas ánimas loando al Señor. Y fue acusada delante del Señor cómo tenía cargo de un finado, el qual le avía dexado por albaçea de su testamento y no lo avía hecho hazer cumplir, y como quiera que el capellán maior en su testamento dexó mandado que se cumpliese aquel cargo, mas como Nuestro Señor sea justiciero, mandó que el ánima del dicho capellán estuviese detenida en aquel lugar y no entrase en la gloria del Çielo hasta que fuese satisfecha la demanda del dicho defunto.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y como la dicha María de Axofrín vio esto, quedó fuera de sí con mui gran pena mezclada con grande alegría de lo que viera, que aunque su ánima no estava en la gloria çelestial, estava enpero en un lugar seguro. Y caió luego en la cama con mui grande amortecimiento, que muchas vezes pensaron que se muriera. Y ninguna de la casa supo esto sino io.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Capítulo 37'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''De cómo Nuestro Señor mostró a esta santa mujer el principal de los testigos a quien le plaza que sea revelado lo que avía visto'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Un día del Corpus Cristi, recibiendo esta santa mujer al Señor, fue puesta en aquel traspasamiento que solía [fol. 218v], y, pareciole estar en la iglesia maior y veía en la proçessión de la clereçía al Señor en unas andas vibo, con muchedumbre de ángeles y muchos santos que cantavan cantos mui dulces al Señor. Y el Señor señaló a uno y nonbrole por su nonbre y díxole estas palabras: «A este le señalo para que manifiestes todo lo que te mandé». Y luego el día de Nuestra Señora de agosto, recibiendo el Señor esta devota mujer, fue puesta en traspasamineto y pareciose que estava en la dicha yglesia, y vio a Nuestra Señora viva, y en toda la iglesia cantavan ''O gloriosa domina''. Y este sobredicho prelado estava hincado de rodillas, y la gloriosa Señora le ponía una corona de oro en la cabeza y un báculo de oro en la mano y decíanle estas palabras: «Por la limpieza de tu vida a mí eres mui agradable para que seas pastor mui escogido y io seré sienpre contigo».&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Capítulo 38'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''De cómo por sus orationes sanó a la hermana maior del mal del costado'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Tres días antes de la fiesta de San Lorenço, estando enferma la hermana maior de dolor de costado, desahuziada de los físicos, con el sarrillo levantado que se finava esta santa mujer, de que la vio en la agonía de la muerte, fuese a la capilla a una hora de la noche y estuvo ante el altar de Nuestra Señora hasta las doze con muchas lágrimas, rogando mui afincadamente a Nuestra Señora que no quedase ella güérfana [fol. 219r] de tan gran bien, y que se la quisiese dar sana y viba. Y desde a poco viole sudar el rostro y pensando que se le antojava, atreviose a llegar a su rostro, y a limpiarlo con su toca tres veces el sudor, y lavose los ojos y la cara con ello, y de placer que uvo tornole a mandar la salud de su hermana y oió una boz que dixo: «Otorgada es la vida para consolaçión y remedio tuio». Y luego fue puesta en transpasamiento por dos horas y vio a San Lorenço como mozuelo de quinze años, vestido con vestiduras resplandecientes, y llevava en la mano una buxta de oro y poníasela en la cabeza y en el costado a la enferma, y santiguávala con su mano.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y desque tornó esta santa mujer de aquel transportamiento, con mucho placer fuela a ver y hallola durmiendo, de reposo. Y desque despertó sintió grande alivio de la enfermedad.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Capítulo 39'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''De cómo por sus orationes fue librado un hermano suio de las prisiones en que estava'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Estando en prisiones un hermano de esta santa mujer, orava ella a Nuestra Señora en su altar con grande ahínco. Y apareciole al preso la imagen de Nuestra Señora y sacole los hierros de los pies y díxole que por el ahínco y la fe desta santa mujer, y de otras que por él en aquella casa rogaban, sería libre de aquella prisión. Y entonces durmiose [fol. 219v] y veníanse delante de aquella imagen y esta su hermana y otras tres hermanas haciendo oratión por él y, como Nuestra Señora, presentava al niño velas y flores y una candela encendida. Y esto era sábado otavario de la Asumptión de Nuestra Señora, y él hallose libre de las prisiones y de grande hichazón que tenía en los pies de los hierros. Y luego otro día, vínose a la casa adonde estava esta santa mujer a ver la imagen  y contar este miragro.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y aquella hora que él señaló se halló que ella y otras hermanas hazían oratión señalada por él, y de que vio la imagen, con muchas lágrimas prometió de traer cera que ardiese ante ella todos los sábados mientras viviese. Y acaeció que un sábado, mientras maitines, estaba la candela en un candelero y llegose esta santa mujer y otras al altar para dezir ''el antífona de benedita'', y salía del pie del candelero humo, como de incensario, y violo primero ella y dixo a las otras, y a la una le dio olor de encienso, y a la otra de flores, y a la otra un olor mui suave, y a otra, que estava en el sicoro, olor de pan tostado.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y dende a nueve años la víspera de Nuestra Señora de agosto, traiendo este su hermano çera para alunbrar la imagen, como avía prometido, plugo al Señor que en el camino súpitamente fallesçió. Y estando esta sierva de Dios mui angustiada de la muerte, rogó a Nuestra Señora que ella mostrase a algún saçerdote de los que dieron misa por él si estava en carrera de su salvatión.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y el día octavo en que fallesçió, a las dos horas después de medianoche, [fol. 220r] estando ''[22]'' esta santa con muchas lágrimas delante la imagen de Nuestra Señora rogándole que, pues ella le avía salvado de la prisión, que ella le plugiose demostrarle si estava en carrera de salvatión. Y vio el rostro de la imagen alegre, como de persona viba, y pareçía que quería hablar, y ella del gran gozo que tuvo enpezó a llorar y dos hermanas que lo sintieron llevánronla a la cama, y arrimada la cabeza a las almohadas, estando allí las hermanas con candelas ençendidas, sintió a sus espaldas un huego como de persona, y como estava hablando con ellas, no curava de mirar a aquel lugar donde aquello sentía. Y dende a poco uvo gran miedo y parávasele la lengua y sentía tan grande angustia que quería amortecer, y volvió la cabeza y vio un pedazo, tan grande como de una almohada, como de nuves quando haze nublado. Y allí dentro, el rostro de su hermano mui alegre y díxole que a la ora de la muerte se viera en gran peligro, mas que Nuestra Señora fue allí con él y dixo cosas señaladas que tenía de cargo e que estava en purgatorio.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Capítulo 40'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''De una visión que vido Jueves de la Cena en el arca del monumento'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Juebes de la cena, acabado de cenar, el Señor paresciole a esta santa mujer que sentía en el monumento una paloma que reboloteava. Después de tinieblas estando todas en la disciplina, y ella estava entre ellas puesta en cruz, porque estava enferma y avíanle man- [fol. 220v] dado por obediencia que no se diciplinase, y cantaba con ella el salmo de miserere mei con mucho plazer de verse entre aquellas sus hermanas, y vio salir de el arca del monumento ansí como estrella resplandeçiente que veía por encima dellas hasta adonde ella estava. Y tan cerca estava de la santa que paresçía que podía llegar a ella con la mano, y mirava ella con mucho plazer y devotión esto, y quando hizieron señal para que las disciplina çesase, tornose la estrella al monumento y metiose dentro en él.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Capítulo 41'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''De otra vissión que vio en el Viernes Santo'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El Viernes Santo siguiente, estando diçiendo la Pasión, fue puesta en traspasamiento hasta el sábado a la misa, en la ora que el viernes adoraban la cuz, y pareçióle que estava en un campo y veía al Señor cómo le descendía de la cruz, y de cada una de las manos, cuando le desclavaban, salía un resplandor mui claro, más que el sol, y de todas la heridas del cuerpo y de la llaga del costado, a manera de un baso de oro que estava lleno de agua y revertía en manera de caños y dava en las faldas de Nuestra Señora. Y veía cómo le ponían en el monumento y cómo Nuestra Señora se partía con San Juan y la Madalena y los otros que la acompañavan, y entravan en el cenáculo donde el Señor cenó con sus discípulos. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y después de esto, el día de Pascua, y otros días señalados, vio ese mesmo resplandor en la ostia, y en la víspera de Nuestra Señora de março, [fol. 221r] cuando tañían a vísperas, vio ençima del altar súpitamente el bulto de Nuestra Señora a un cabo y, del otro, el ángel de la custodia, donde estava el santo sacramento, y salía un gran resplandor que cubría todo el altar y sintieron muchos olores de rosas. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Capítulo 42'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''De otra vissión que vio en el Cielo el día que los reies se partieron para la guerra''' ''[23]''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Rogando esta sierva de Dios por sus altezas y por todos los que con ellos iban que fuesen sus intenciones en su serviçio y les diese victoria a las doze del día, vio en el Çielo una abertura que salían della muchas llamas de fuego. Y conoció en el espíritu que muchos de los que allí iban yban en pecado mortal y que con mucho trabaxo a[l]cançarían el real ''[24]''. Y ansí fue.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Capítulo 43'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''De cómo le apareçió la calavera'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En el mes de julio de ochenta y nueve, quando entró la pestilencia en Toledo, fue herida una de las hermanas que llamavan Sancha Díaz, sobrina del vicario de la Sisla. Estando mui fatigada, una de las hermanas, movida a compasión, rogó a esta santa mujer, que estava rezando en un libro, que rogase por la enferma. Y ella estuvo un poco, y súpitamente fue hecha en el libro donde estava rezando una calavera de muerto, y bolviose a las hermanas que la rogaban y díxoles: “No qures della, que vedes aquí [fol. 221v] que esta es su calavera”. La qual calavera estuvo allí algunos días hasta que la enferma fallesçió.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Capítulo 44'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''De cómo sanó un canónigo de Toledo de una grande enfermedad'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Un canónigo de Toledo estava enfermo y súpolo esta santa mujer, y movida a conpasión enbiósele secretamente una granada con una mujer devota de la casa, la qual el canónigo resçibió con mucha devotión y la comió, y en comiéndola, luego tuvo salud y se levantó y fue luego a dar graçias a la dicha casa de Doña Mari García.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Capítulo 45'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Esto que se sigue acaesçió en tiempo del padre Fray Diego de Santo Domingo, siendo prior de la Sisla'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En el año de 1488, después de Pascua de Resuretión, me dijo esta santa mujer que estando un día en su capilla orando, contemplando en la encarnación de Jesucristo y pensando cómo la umanidad era unida con la divinidad en una persona, vio visiblemente cómo vino una luz mui clara que encendió el çirio pascual, y le pareçía que su ánima rescibía mucha consolatión en esta visión, y que çesó de pensar en la sobredicha visión. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Ansímesmo ese mesmo año, después de la fiesta de Nuestro Señor, le acaeció que como quedase el corpus christi en el altar para que lo adorasen, como es de costumbre en muchas casas [fol. 222r] de nuestra orden, y ella, movida con gran devotión al santo sacramento, estando las hermanas comiendo, quedose orando en su capilla, y como sintiese que la buscavan para darla de comer, fuese al bistuario, que está cerca del altar, adonde acostumbran a bestirse los sacerdotes para celebrar, y comenzó a orar con gran fe y devotión. Y estando mui grande espaçio de tiempo casi absorta en este deseo y devotión, vidose alcada de tierra casi dos codos, y que salían de la ostia unos raios mui claros a manera de cordones y se ponían en los lugares que Nuestro Señor fue crucificado en el costado, y en las manos y en los pies.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y de allí en adelante se le fue acrecentando más y más de recebir al santo sacramento y tan crecido fue el deseo que deçía que se le quería salir el corazón del cuerpo. Y como yo estuviese en la examinación en los procesos de la Inquisitión de Toledo, rogome que la confesase y comulgase, porque no podía sufrir el dolor del corazón. Y io, movido a conpasión, dexé todos los negocios y fuila a confesar, y como se empeçase a confesar fue robada en espíritu, de manera que padescía el cuerpo sin el alma.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y este robamiento le acaeçió quatro o çinco vezes, y rogé a una hermana que llamase a la hermana maior para que viese cómo estava traspasada. Y como la dicha hermana maior viniese dijo: «Mandalde en virtud de santa obedientia que requerde y os hable, que luego lo hará». Y yo hize ansí, y díxome: «Perdoneos Dios padre». Y a la postrimera vez [fol. 222v] de su traspasamiento sentí como resollo que suele salir de los costados de hombres feridos con lanza, y recordela en la forma sobredicha y pregúntele si tenía el costado abierto como solía. Y después de muchas importunidades díxome que sí tenía y que la comulgase, que luego se le cerraría. Y hízelo ansí, y antes que la comulgase díjome que la maldición de Dios y de sus santos fuese sobre mí si en su vida yo descubriese lo susodicho.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y esta sierva de Dios comulgó antes de las nueve, y luego fue robada en espíritu y estuvo traspuesta hasta las seis después de mediodía, que cierto estuviera más si no le mandara por obedientia que recordase. Y recordando tenía tan gran gozo que paresçía que venía de algún lugar grande. Y como otro día deseose yo saber qué era lo que sentía en aquellos robamientos, sentía ella mui gran pena en que la inportunaba, que me lo dijese por el mérito de la santa obedientia, y díjome que cada vez que era robada que la llevavan a una güerta muy hermosa en que estava un altar, y allí veía a Nuestro Señor con muchedumbre de santos y ángeles y que allí conocía las maldades grandes que en el mundo se hazían y sabía grandes secretos de concientia, maiormente de los viçios y pecados que en la cibdad eran cometidos.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y estando con esta sierva de Dios, entre otras cosas que me dixo para mi consolación fue una que me dixo que estuviose fuerte en las batallas del Señor porque avía de pasar muchos trabajos [fol. 223r] por el su amor.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y dende a pocos días en la noche de la vigilia de los gloriosos apóstoles, San Pedro y San Pablo, sentime mui fatigado de manera que paresçía que quería reventar, y como fuese a decir missa a las dichas beatas, sentime luego mejor. Y dije misa, y víneme a comer, y como me asentase a la mesa, comiendo el primero bocado, diome dolor de costado en la parte derecha, y por no contristar a los güéspedes que estaban a la mesa sufrí el dolor hasta que acabaron, y luego tomé algún reparo para el dolor y fuime a la cama, y estando en ella acordome que esta sierva de Dios me avía dicho que avía de pasar muchos trabaxos. Y luego, a la ora me levanté con mucha pena diçiendo en mí mesmo: «Los buenos cavalleros no suelen morir en la cama». Y ansí, con mi dolor fuime con compañía onesta a donde estava la sierva de Dios, y ella començóme a consolar; y ella hízome la señal de la cruz en las espaldas, sobre el manto, y no lo viendo yo, la segunda vez, hizo otra señal de la cruz y comencé a juzgarla en mí mesmo y notarla de liviana, que nunca le avía visto hazer otro tanto, que apenas avía visto la boca, tanto andava de cubierta con su mantillo, y tornó otra tercera vez a hazer la señal de la cruz y díjome: «Sano sois, pero no en vuestra fe, porque vos no creístes que os avía de sanar y burlastes de mí en vuestro coraçón. Verdad es que yo no os sané, mas la virtud de la cruz obró en mi fe y no por la vuestra causa, que sois mui incrédulo, y no os pese dello porque creer de ligero es cosa mui peligrosa». &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[Fol. 223v] Y dichas estas cosas, sentí gran alivio del dolor del costado, salvo que me quedó en la espalda derecha por algunos pocos días el amortiguamiento de la carne en do estava el dolor. Y ansí fui sano por los méritos y orationes de esta santa. Y en este tiempo me dixo esta sierva de Dios que viniese a este monasterio y pusiesse recabdo en la casa porque andavan dos personas por cometer un pecado, y io hízelo ansí y puse guardas diligentes. Y dende a pocos días hallaron dos mozos que querían cometer el pecado de la manera y forma que ella me lo avía dicho. Y fueron despedidos de la casa, y cierto ella sabía mui grandes secretos de las conçiençias que sobrepujavan el juicio y poder humanal.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y en el mes de julio deste dicho año, después de Santiago, me dixo esta sierva de Dios algunos negotios de la Inquisitión, diciéndome que Nuestro Señor le avía aparecido de forma humanal, como cuando estava atado a la columna, y que le avía mostrado las espaldas cómo le corría la sangre y que le dijo: «Hija mía, mira quál me ponen los herejes cada día, y di esto al deán de Toledo y al prior de la Sisla, que están en la Inquisitión». Y ansí fue hecho, que estas más palabras, con otras muchas, dixo al dicho deán en mi presentia. Y en este dicho año me escrivió una carta en que me dijo que avía avido mucha conpasión de la fatiga que pasé en el camino cuando yba a la Inquisitión a tierra de Burgos, maiormente el martes que ella dijo. [Fol. 224r] Y ansí fue cierto que aquel martes que ella dixo, yo pasé los puertos llenos de nieve, y nevava y llovía mucho, y después desto me dijo que ella iba conmigo entonçes, aunque no la veía en medio de León e levé ''[25]'' adonde estava exsaminando los procesos de los herejes de Toledo. Otros muchos milagros à] hecho Dios Nuestro Señor por los merecimientos de esta sierva y io no é mereçido de los ver; quien los a visto da testimonio dellos.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Capítulo 46'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''De cómo vio una gran claridad en día de la Natividad de Nuestra Señora por setiembre'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Como un día este dicho religioso hablase con ella mui familiarmente, dijo ella por le consolar algo de lo que Nuestro Señor hazía por ella, y como estuviese mala y hinchada de la garganta en la cama, vino la fiesta de Nuestra Señora de setiembre y como viose que no podía comulgar con las hermanas que avían de comulgar, aquel día mesmo levantose de la cama para oír missa, y otro día estava con mucho dolor en su coraçón. Y como las hermanas se levantasen a maitines y lo viese ella, dixo con mucho dolor de su coraçón: «Señora Gloriosa Virgen María, Madre de Dios y de los que te llaman y an en ti esperança, yo no soi digna que esté en los tus maitines, ni menos que pueda oi comulgar con las hermanas». Y como dijese estas palabras, vio una claridad sobre ella y sanola del todo, y fuese con las hermanas a maitines y comulgó con ellas el día siguiente. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Capítulo 47'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[Fol. 224v] '''De cómo sanó a un enfermo de una enfermedad que se dize modorra'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En el año de Nuestro Señor de mil y quatrocientos y noventa en Jarahiz, lugar de la Vera de Plasentia, en el mes de noviembre, día de San Martín, vino una enfermedad a Francisco Díaz, natural de dicho lugar, de la qual enfermedad vino tanta flaqueza que recibió los sacramentos con estrema unción. Y puesto en tan estrecha necesidad y teniendo ya la candela encendida que se finava, yo Martínez Díaz, clérigo y capellán perpetuo de la iglesia de la Virgen María, siendo presente y sintiendo muchas angustias en el su fallesçer, porque era primo mío, a la saçón vino Juana Martínez, mujer de Antón Cervote que Dios perdone, y viéndome afligido díxome: «Conpadre, ya sabéis la enfermedad que yo tengo y tenía en esta mi pierna y este dicho año, quando vino aquí mi hijo Fray Gabriel, profeso de San Xerónimo de Madrid, que es dicho el Paso, y me informé d’él de una santa religiosa que falleció en Toledo, en el monasterio que fundó Doña Mari Garçía, y está sepultada en el monasterio que dicen de la Sisla y á mostrado el Señor por ella maravillosas cosas. Y como fue mui gran servidora de Dios y me prometiese con gran devotión y mui verdadera fe de ir a visitar su santo cuerpo y estuviese sin dubda que por sus santos méritos, abría salud —loores sean dados a Dios y a su Bendita Madre—, yo fui sana, prometeldo vos a esta santa y plaçerá a Dios de libralo». Y luego [fol. 225r] respondió: «Soi pecador para ello, mas confiando en la clementia de Nuestro Señor, y en la piedad de Nuestra Señora, la Virgen María, madre suia, yo le prometo, si escapare de esta enfermedad, de llevarle a ver y visitar el su santo cuerpo de la dicha santa, y llevarle una libra de cera para le ofrecer». El qual voto hecho —sean dadas gracias a Dios y a Nuestra Señora— luego fue mejorando y tuvo mucha salud.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El qual enfermo y io vinimos a visitar esta Santa María de Ajofrín con mucha salud y cunplimos nuestro voto. Y porque esto es verdad, yo el dicho Martín Díaz, clérigo, estoi presente oi sábado, a siete del mes de maio dentro del dicho monasterio, manifestando este tan gran milagro, alcançado por méritos de la bienaventurada María de Ajofrín. Y escrebí de mi mano todo lo sobredicho por más lo corroborar, y confirmé de mi nombre, oi sábado del sobredicho año de 1490, Martínez Díaz, clérigo capellán de dicho lugar ''[26]''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Capítulo 48'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''De las cosas que Nuestro Señor á demostrado por esta su sierva después que fallesçió, y muchas por negligentia no se han escrito, más las que se han escrito son las siguientes:'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''De cómo sanó a un enfermo por su orationes'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En la cibdad de Toledo estava un canónigo enfermo de calenturas y tan fatigado que le avían dado muchas purgas, y estando esperando el pasamiento de la vida enbiava a los monesterios a se encomendar y ia no avía remedio. Y estando ya oleado, envió a este [fol. 225v] monesterio de la Sisla a encomendarse a la bienaventurada virgen María de Ajofrín con mucha devotión. Y estando durmiendo de noche el dicho canónigo, avía de tomar a la mañana una purga, y apareciose la dicha María de Ajofrín, y despertando, sintiose aliviado. Viniéndole a dar la purga dijo que no la quería recebir, sino que le diesen de comer. Y luego se levantó y enbió a este monesterio para que colgasen a do estava enterrada la dicha María de Ajofrín una candela y una cabeza de cera, y después vino él, dado gratias a Dios, y dijo missa.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Capítulo 49'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''De cómo sanó a Don Alonso, hijo de la Condesa de Paredes'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En el mes de setiembre, año de mil y quatrocientos y ochenta y nueve, enfermó Don Alonso, canónigo, hijo de la Condesa de Paredes, de calenturas continuas y fiebre mui grande en la cabeza. Y estando ya oleado y muy propinquo a la muerte, envió a este Monesterio de la Sisla a se encomendar a esta bienaventurada virgen María de Ajofrín, y fuele llevada una almohada en que avía fallesçido la dicha virgen, y luego fue sano y vino a este monesterio y tuvo novenas, y ofreçió una imagen de cera y una casulla.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Capítulo 50'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''De cómo sanó una mula de un fraile de Guadalupe'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En este mesmo tiempo, dos frailes de Guadalupe yban camino y caió una mula y lisiose mui mal, [fol. 226r] en tal manera que no podía moverse, y encomendáronla a esta bienaventurada Santa María de Ajofrín. Y luego fue sana de todo punto y ellos con mucho placer hizieron hazer una imagen de çera y enbiaron a este monesterio.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Capítulo 51'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''De cómo sanó a un tollido'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
A nueve días del mes de setienbre año de 1499 años, vino a este monesterio un hombre que avía por nombre Juan de Pastrana y su mujer, y truxeron un niño, su hijo, que avía nonbre Nucho Sebastiano, los quales moran en Toledo. Y el niño avía grandes días que estava malo y tullido, y su padre avía gastado en físicos lo que tenía y no lo avían podido sanar; y encomendáronlo el padre y la madre a María de Ajofrín y velaron una noche en la iglesia y ubo salud a gloria de Nuestro Señor. Y fue dicha una missa.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Capítulo 52'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''De cómo sanó a una mujer que estava mala de un çaratán en la teta'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En este tiempo, una mujer que se llamava Juana de San Migel, beata de la tercera regla de San Francisco, moradora en Toledo, estava mui mala de un çaratán que tenía en una teta, y avían çinco años que se le curavan físicos y todos ellos no avían podido sanalle. Y ya desahuizada dellos, algunas personas le aconsejaban que por que no muriese le fuese cortada la teta con consejo de los médicos. Y con esto tenía calenturas con- [fol. 226v] -tinuas seis meses avía y ella viéndose en esta angustia, oída la fama desta santa mujer, fue a visitar su cuerpo al Monesterio de la Sisla y, entrando do estava enterrada, sintió un olor celestial que salía de la sepultura, y ella con mucha devotión y lágrimas echóse sobre la sepultura rogándole la quisiere aiudar, y por su ruego sanar. Y luego fue sobre ella la mano de Dios y fue sana.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Capítulo 53'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''De cómo sanó a una niña que tenía tiña'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Esta sobredicha beata tenía una niña enferma de tiña y encomendola con devotión a la dicha María de Ajofrín. Y luego fue sana por los sus ruegos. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Capítulo 54'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''De cómo sanó a una mujer que estava enferma de los pechos'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
A dicho monesterio vino una mujer a bisitar el cuerpo de María de Ajofrín y hazer oratión a él, la qual mujer se llamava Marina Álvarez, y dijo que ella estava enferma de los pechos de tal manera que ya estava oleada y los físicos le avían dado dos captiverios de fuego y estava mui fatigada. Y fuela a visitar García Sánchez de Pastrana y le dijo que se encomendase a María de Ajofrín, el qual le llevó su Vida y se la leió, y ella con mucha devotión fue a la casa de Doña Mari Garçía y allí le fueron puestos sobre los pechos unos paños que fueron de la sobredicha virgen, y luego reventó la inchazón y fue sana de la dicha enfermedad sin ninguna física, ni menos mediçina.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Capítulo 55'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[Fol. 227r] '''De cómo sanó a un relixioso que tenía una enfermedad en un ojo'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
A ocho días del mes de otubre del dicho año, vino a este menesterio un fraile professo del Monesterio del Paso, que es San Xerónimo de Madrid, que avía por nonbre Fray Gabriel de Coacos de la Vera de Plasentia, y dijo que estando enfermo de una hinchazón que tenía en un ojo, el qual le tenía mui malo, y aviéndoselo de abrir con botones de fuego, un día antes se encomendó a esta santa mujer, y ovo remedio y se le abrió la hinchazón y luego estuvo bueno.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Capítulo 56'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''De cómo sanó una mujer tullida'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Este dicho fraile fue a su tierra y halló una su hermana tullida y él díjole y contole lo que le avía acaeçido de la dicha enfermedad que avía tenido. Y tomando su hermana mui gran devotión a la dicha María de Ajofrín, hincose de rodillas en su casa y enpeçó a orar, rogando a Nuestro Señor que por méritos de aquella su sierva, que ansí abía acorrido a su hermano, la quissiese a ella acorrer y sanar, que estava tullida. Y aiudándola a esto una niña que tenía chiquita, a la qual mandó que orase con ella, y acabada la oratión, cosa de mui grande maravilla, fue sana del todo y enbió al Monesterio de la Sisla unas piernas y un rollo de çera, dando muchas gratias a Nuestro Señor dador de todos los bienes.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Capítulo 57'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''De cómo sanó un hombre que estaba hinchado'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En el mes de otubre dese mesmo año, un mozo que estava en la cozina, que se llamava Rodrigo, estava hinchado [fol. 227v] de una enfermedad que avía pasado, y fue con devotión al sepulcro donde estava enterrada esta sierva de Dios. Y fuéronle puestos unos paños que fueron de la dicha santa y súpitamente fue sano y no sintió más fatiga de la dicha hinchazón.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Capítulo 58'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''De cómo sanó a una niña'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En el mes de noviembre del dicho año estava una niña mui fatigada de calenturas y su madre encomendola a esta dicha santa, y luego fue sana y hizo a Dios muchas gracias traiendo la dicha niña al sepulcro.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Capítulo 59'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''De cómo sanó un escudero'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El día de San Martín de dicho mes, vino aquí un escudero burgalés, el qual estando de calenturas y mui gran dolor de cabeza, en Toledo oió decir de la fama desta santa mujer y encomendose a ella con mucha devotión y uvo salud. Y vino con alegría a hazer oratión, el qual ofreció una cabeza de çera. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Capítulo 60'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''De cómo sanó un niño'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Un hijo de Garci Sánchez de Pastrana, estava a la muerte de calenturas, y el padre encomendolo con mucha devotión y vino a velar a este monesterio, y uvo salud por ruegos desta santa mujer. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Capítulo 61'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''De cómo sanó a una mujer'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El mes de diciembre dese mesmo año enfermó una mujer de Toledo y estava mui fatigada, y vino a este monesterio a hazer oratión y fue sana. Y traxo una ymagen de çera dando muchas gratias a Dios.  &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Capítulo 62'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''De cómo sanó un niño'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Un niño estava mui fatigado de calenturas [fol. 228r] y su madre encomendole a esta santa mujer y uvo salud. Y trúxole a su sepultura y ofreció un bulto de çera.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Capítulo 63'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''De cómo sanó un enfermo'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Martín de Rojas estava enfermo de muy grandes calenturas y encomendose con devotión a esta santa virgen. Y veló una noche y diole Nuestro Señor salud y puso una candela de çera en su sepultura.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Capítulo 64'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''De cómo sanó un hombre que traía hinchada la cara'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Víspera de Nuestra Señora de la Candelaria, vino un hombre que avía por nombre Miguel Hornero y traía hinchada la cara y un ojo, y vino con intención de encomendarse a esta santa virgen. Y llegando al sepulcro fue luego sano, que no le pareçió ninguna cosa de hinchazón.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Capítulo 65'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''De cómo sanó a un mozo que traía hinchada una pierna'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Un mozo de los frailes de Guadalupe, hinchósele una pierna y fue llevado a su sepulcro y hecha oratión, luego fue sano del todo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Capítulo 66'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''De cómo libró una mujer preñada'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Una muger de Pedro de Toledo Pedrero estava preñada, y llegada a la ora del parto atravesosele la criatura en el cuerpo y estava, según natura, para fallesçer, y fue encomendada a esta santa, y pusieronle unos paños desta dicha santa y luego echó la criatura.  &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Capítulo 67'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''De cómo sanó un niño'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Aquí vino Alonso del Ágila y truxo un su hijo, el qual venía con calenturas, y puesto al sepulcro, luego se enfrió y se le quitaron a gloria de Dios.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Capítulo 68'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[Fol. 228v] '''De cómo una carta quemada, fue sana por su orationes'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Una vez estava la bienaventurada María de Ajofrín escribiendo una carta para el cardenal de España Don Pedro de Mendoza, y ella la notava y otra hermana la escribía, la qual avía por nonbre Inés de San Nicolás. Y como ya la uviesen escrito y no tuviesen salvado pare le echar, llegáronla al fuego para la enjuagar, y tanto la llegaron que se quemó, en la manera que la avía de tornar a trasladar. Y sintiendo desto enojó la escribana por quanto era mui gran carta. Díxole esta santa mujer: «Ydos vos agora y no aiades turbation». Y tomó la carta y echola en un arca, y otro día fue la dicha escribana para trasladar la dicha carta, y al tiempo que la fueron a sacar halláronla sana. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y en diez y seis de abril de 1490 años fue sacado de la sepultura en que estava el cuerpo desta santa mujer, a ruego de la Condesa de Fuensalida y el clavero de Calatrava y Don Alonso de Silva, y fueron hallados sus güesos parecer manar un licor a manera de aceite y dieron suaves olores, lo qual sintió el prior Fray Juan de Corrales y otros muchos religiosos y seglares. Y mandó el prior llamar al convento y tañer los órganos y las canpanas, y el dicho Don Alonso de Silva traxo una arca guarneçida de seda por dentro y candelas para todos los frailes. Y mui honradamente con cruz, y cirios y ministros, los sacerdotes la llevaron con mucha alegría cantando ''te deum laudamus''. Y fue pedida agua, y luego llovió después tan abundantemente que claramente paresció a todos que por sus méritos el Señor lo hazía. Y fueron remediados los panes, al qual sea gloria, amén.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[Fol. 229r] Esta santa mujer estuvo en la iglesia para la mostrar a los que venían treçe días, y fue después sepultada en la sepultura que edificó la dicha condesa a la mano derecha de la iglesia. Y Santos Fernández dexara hijo ollero estando a la muerte, y oleado fue prometido a esta santa virgen por Juana Martínez, la de Antón Sánchez, y alcançó salud. Y el dicho con su mujer vino a cunplir el voto, que fue esto martes a cinco de maio del dicho año; afirmose ansí ser verdad, estando presentes Antón Nejas y su hermano Martín de Cálix, y Fra Migel de Ocaña, y Fra Alonso de San Migel, y el dicho prior. Y el conde de Oropesa enbió aquí un su hijo y una su hija a visitar y a velar a esta santa mujer. Y dixeron los que venían con ellos que los susodichos hijos del conde avían estando mui enfermos y que la hija avía estado en el artículo de la muerte, y que más la tenían por muerta que por biba; y que la encomendaron sus padres a la dicha María de Ajofrín, y que avía tenido salud, amos a dos, los quales ofrecieron una imagen de platea y una palia y una cruz de oro broslada y tres imágines de cera, a veinte días del mes de novienbre del año de 95.  &lt;br /&gt;
 &lt;br /&gt;
Y Pedro de San Pedro, vezino deToledo, truxo aquí un bragero de un niño, el qual estava quebrado, el qual avía sanado. La maior Catalina de San Lorenço dixo que, entre muchas virtudes que tenía esta santa virgen, era una la humilldad, que como estuviese con su regimiento [fol. 229v] los viernes que tiníen culpas, las hermanas venían a ella, la dicha María de Ajofrín, y le rogaba que la mandasen comer en tierra y pasasen sobre ella las hermanas.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Capítulo 69'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Hablando de una carta que enbió el Cardenal a la dicha María de Ajofrín'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
«Devota y mui amada hermana, con vuestra carta y con lo que el padre prior de la Sisla me dijo, uve gran consolación. Nuestro Señor Dios, que os puso en tal estado, os deje acabar en su serviçio, y a mí dé graçia que pueda hazer su voluntad y poner en obra lo que vos me aconsejáis. Y ansí os pido que lo demandéis a Nuestro Señor y a la Bienaventurada Madre suia, y en vuestras orationes me enconmiendo, y porque yo hablé al padre prior, no digo aquí más. Primero de enero. Cardenal».&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Después de la muerte de María de Ajofrín, murió dicho cardenal, el qual estuvo enfermo muchos días, en los quales hizo por su ánima muchas obras pías, y mandó después de su muerte se hiziesen aquí, en Toledo. Y murió el padre en estos tienpos santamente. Y se cumplió lo que dixo María de Ajofrín en la revelatión quando le puso Nuestra Señora el niño en las manos sobre un paño de seda, y le dijo que vería gran mortandad en todos estos reinos. Y aquí se cunplió lo que dijo, que feriría el ángel a unos con açote y a otros con espada, y los otros con pena de fuego; a los que firió el ángel con azotes cunpliose: que se entiende de las hanbres [fol. 230r] que uvo en todos estos reinos; a los que fería el ángel con espada, cunpliose: que uvo en todos estos reinos mui gran mortandad; a los que firió el ángel con pena de fuego, cunpliose: porque vinieron muchas bubas sobre muchos honbres y mugeres, los quales no podían ser sanos por los físicos.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Fin de los mirragros que hizo la bienabenturada María de Ajofrín a honra y gloria de Dios Nuestro Señor, por quien se hacen todas las cosas'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Traslado de una carta del cardenal Don Pedro González de Mendoza, Arçobispo de Toledo, para el prior de la Sisla sobre la visión que vio María de Ajofrín, en el capítulo que habla quando vio a Nuestra Señora en la iglesia maior, lo qual está a diez hojas de este libro. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
«Venerable padre y especial amigo, esta noche pasada, a  las dos de medianoche, tomé letura que me dexastes, y nunca la partí de mis ojos hasta que capítulo por capítulo la leí toda. Que magis admiror, si cordi meo a desil ut niquit in his Revelationibus exercendis tardius duo dubitarum ultimum vidi fillud celesti nisi nimum nota vii confirmatur de tales testigos, varones y mugeres, a quien toda fe se deve dar; y a qualquiera dellos yo la daría aunque solo fuese, quánto más a todos juntos, excepto a la hermana maior que por tener el cargo que tiene [fol. 230v] está aprobada de suio. Y también conozco al prior que es hombre de bien y digno de fe. Y maravillome de tantas visiones yn spirítu y corpore, y principalmente me maravillo en mujer hallarse tanta dureza y no querer decir lo que tantas vezes sintió, maiormente siendo mandada por quien todo lo manda. Los quales señal de su gran humilldad, y del menospreçio que tenía de la gloria mundana. Allende desto, venerable prior, por mi parte para lo que me toca, dalde las gracias; y Dios, Nuestro Señor se las dé, y la pena que pasó le sea en doblada gloria, y siendo alguna cosa que io pueda hazer por su consolación, ofrécesela vos de mi parte mui enteramente y recomendadme a ella rogándole que me aia por encomendado, rogando a Nuestro Señor me deje acabar en su santo serviçio, y encomendalde ansimesmo ruege por el estado de la Santa Yglesia y destos reinos, reies y príncipe, y por la reina, nuestra señora, que es sostenimiento y justiçia y paz dellos, que les dé vida y esfuerço para llevar adelante los trabajos que pasan sobre ellos y conservarlos. &lt;br /&gt;
El quaderno os enbío, el qual será secreto y ansí va atado que persona sino io no sea visto ni sabrá, ni se vos permite. Válete en Jhesucristo. Fecha: oi martes a çinco de dizienbre. Cardenal».&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Hablado del testimonio que da el notario que se halló presente a ver la llaga del costado de la bienaventurada María de Ajofrín, el qual está signado y firmado de su nonbre.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[Fol. 231r] «Deçente y cosa conveniente es escrevir por memoria las buenas obras y vidas de las personas que nos precedieron, parte que podamos por los buenos ejemplos de aquellos obrar sienpre bien e nos esforçemos sienpre a apartarnos del mal. Cosa cierta es que, si lo preçioso no fuese apartado de[l]lo, no falsa cuncupiscencia loca, no bastante deste temperar sería demergida por discurso mui ligero en un escuro hundimiento. Por tanto, yo, Garçía de Borlanja, capellán de la serenísima reina Doña Isabel, notario y arçobispal, afirmo y doi fe que en el año de la Natividad del Señor de 1484, a diezinueve de noviembre, casi seis horas después de mediodía, por ruego y instançia de Juan de Biezma, que entonces era rector de la casa de Doña Mari Garçía, entré en la dicha casa para que notase lo que viese, y ansí notado lo guardase. Después pasados algunos días, aunque no muchos, quise demostrar lo que avía visto al reverendo prior de la Sisla, Fray Juan de Corrales, considerando aquel dicho del eclesiástico en el cap. XI, que provecho ai en el tesoro abscondido. Por el qual dicho, por muchas vezes me mandó que aquello que avía visto se lo diese por escrito, mas yo por entonces no pude satisfazer a su voluntad por muchas ocupaciones que tenía aunque, allende de lo tener escrito en el coraçón, lo tenía en mi protocolo hasta diez días de noviembre del año de Nuestro Señor de 1496, y es que el dicho Juan de Biezma me metió en un palaçio de la dicha casa, en el qual estaban los reverendos señores, Don Pedro de Préxamo, deán de Toledo, y don Diego de Vidaminaia, capellán maior en el coro de [fol. 231v] la santa iglesia de Toledo, y dos o tres religiosas de la dicha casa. Y vi una cama en aquel palaçio que estava una donzella que verdaderamente parecía bulto de ángel y tenía una llaga en el costado, donde Nuestro Redentor fue herido, tan grande como un real, y no tenía hinchazón y careçía de toda putrefaçión, y tenía un color mui fino ansí como grana. Y después que todos lo vimos y uvimos mirado, a poco de rato habló aquella doncella estas palabras: “Dios, Nuestro Señor, vos lo demande si no pusiéredes aquello en executión”. Y ansí espantado me aparté dende y me torné a salir, en fe de lo qual lo signé y firmé de mi nonbre, que fue hecho en Toledo, año mes y día».&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''Quibus supra graciamus aff notarial por terceras nonas augusti.''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''Per labor inprobus homnia vincit''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''Fray Bonifacio de Chinchón'' ''[28]''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''Per hec est que nesçivit  torf in delicto'' ''[29]''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
=== Notas ===&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[1]'' Frase latina de difícil lectura.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[2]'' Folio escrito por otra mano.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[3]'' Subrayado: ‹fallesció en la dicha cibdad, año del nacimiento del Salvador de mil y cuatrocientos  ochenta y nueve años, sábado, a diezsiete días del mes de julio›.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[4]'' Tachado: ‹aiuda›.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[5]'' Tachado: ‹mundo›. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[6]'' Tachado: ‹azotes›. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[7]'' La versión correcta sería ''inter lepram &amp;amp; lepram''. Esto es una referencia a Deuteronomio 17:8 en la traducción de la Vulgata: ''Si difficile et ambiguum apud te iudicium esse perspexeris inter sanguinem et sanguinem, causam et causam, lepram et lepram''… ‘si te fuera difícil discernir entre un homicidio y otro, un litigio u otro, una herida u otra…’.&lt;br /&gt;
 &lt;br /&gt;
''[8]'' Tachado: ‹herexía›. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[9]'' Tachado todo el capítulo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[10]'' Tachado: ‹en demás›.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[11]'' Puede referirse a la hora de sextas, una de las horas canónicas en los monasterios, alrededor de las 12:00.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[12]'' Repetición de: ‹truyga›.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[13]'' Se refiere a la población llamada Villaminaya en la provincia de Toledo. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[14]'' Tachado: ‹y esta›.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[15]'' Tachado: ‹cerrado alderredor›.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[16]'' Palabra no clara.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[17]'' Palabra no clara, seguramente ‹erupciones›.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[18]'' Repetición: ‹parecía›.&lt;br /&gt;
 &lt;br /&gt;
''[19]'' Palabra no clara.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[20]'' Palabra no clara.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[21]'' Palabra no clara.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[22]'' Repetición: ‹estando›.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[23]'' Tachado: ‹De cómo le apareció la calavera›.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[24]'' Palabra no clara.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[25]'' Palabra no clara.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[26]'' Rúbrica.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[27]'' Tachado: ‹dicha›.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[28]'' Rúbrica.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[29]'' Mancha de tinta; frase latina de difícil lectura.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
=Vida manuscrita (2)=&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Ed. de [http://visionarias.es/equipo/celia-redondo-blasco/ Celia Redondo Blasco] y [http://visionarias.es/equipo/rebeca-sanmartin-bastida-investigadora-principal/ Rebeca Sanmartín Bastida]; fecha de edición: septiembre de 2017; fecha de modificación: septiembre de 2020.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==Fuente==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[[Archivo:II María de Ajofrín.jpg|250px|right|Manuscrito|link=]]&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
* [http://catalogodesantasvivas.visionarias.es/index.php/Categor%C3%ADa:Juan_de_la_Cruz Cruz, Juan de la], 1591. ''Historia de la Orden de S. Hierónimo, Doctor de la Yglesia, y de su fundaçión en los Reynos de España''. Esc. &amp;amp;-II-19 fols. 258v-267v.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[[Contexto material del manuscrito de El Escorial, MS &amp;amp;-II-19]]&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==Criterios de edición==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Dado que se trata de una copia manuscrita de la segunda mitad del siglo XVI que bebe de fuentes más primitivas, los criterios de edición son conservadores.&lt;br /&gt;
Se mantienen los grupos cultos, que podrían mostrar el uso eclesiástico o de las fuentes consultadas: &lt;br /&gt;
* s líquida en spirituales&lt;br /&gt;
* formas cultas como –mpt- en Redemptor, -th- en tesoro, -ct- en sancta&lt;br /&gt;
* consonantes geminadas, ll, ff&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Se respetan las oscilaciones y variantes de las sibilantes.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Se mantiene la oscilación i/y y v/b y se regularizan las alternancias gráficas sin valor fonético: i/j, u/v.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Se conserva ''dello'', ''desto'', pero se separa mediante apóstrofe cuando la forma aglutinada incluye el pronombre personal masculino singular: ''d’él''. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
La puntuación y la capitalización han sido modernizadas, si bien se mantiene el uso del paréntesis para indicar observaciones digresivas según el original.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==Vida de María de Ajofrín==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Capítulo undécimo'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[fol. 258v] '''De la vida sancta y maravillosa de María de Ajofrín, religiosa en el Monasterio de Sant Pablo de Toledo'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
La hystoria desta bienaventurada María de Ajofrín se halla escripta en algunas partes, tomado de lo que fray Joan de Corrales, prior del Monasterio de la Sisla de Toledo, recogió, vió, tractó y entendió de personas de autoridad y credo, [fol. 259r] que por ser tantas y tan largas las maravillas que se hallan, y milagros que Nuestro Señor obró por esta su sierva, los que las han puesto antes de agora en hystoria han procurado abreviarlas, tomando lo más essençial y verdadero. Y ansí se hará aquí, aunque la manera de la scriptura de los unos no parezca conformar en el dezir y hablar con la de los otros, que no será de inconveniente trocar los lugares y dezirlo por otros términos, no saliendo de la verdad que ello tiene y se le debe dar. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Fue natural María de Ajofrín de un lugar çerca de la çiudad de Toledo que se llamava Ajofrín, hija de padres onrrados, temerosos y siervos de Dios que se llamaban Pedro Martín y Mariana Garçía, ricos y prosperados de bienes temporales. Desde su niñez se le vio grandíssima inclinaçión a las cosas del serviçio de Dios y una prudençia y agudeza de spíritu que ponía admiraçión. Muchos la miravan y muchos la querían y amavan por sus inclinaçiones tan virtuosas y endereçadas al Çielo, y la demandavan y pedían a sus padres en casamiento, y la sancta donzella, que lo entendía, resistía con ánimo varonil a todos los que hablavan en esta materia, porque en ninguna cosa sentía gusto sino en oýr cosas graves y spirituales. En estos pensamientos se ocupava mucho, y con ellos renovava mill deseos, mill propósitos de juntarse con Dios y mejorarse cada día más en su amor y serviçio. Para excusar la inquietud que para esto le causavan las pláticas de los casamientos, sin consejo ni pareçer humano (aun siendo pequeña) hizo voto de guardar su limpieza y entrar en religión, de lo qual tuvieron gran sentimiento sus padres (que es offiçio de la carne y sangre por el apartamiento de los hijos que en vida se entregan a la muerte de la religión), mas como la vieron con tanta entereza en este propósito, que no la podían apartar d’él padres, ni hermanos, ni parientes, ni halagos y regalos con grande desgraçia y aborreçimiento de todos, la llevó su padre a la çiudad de Toledo, por importunaçión [fol. 259v] suya, siendo ya de quinze años. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Entraron en la iglesia mayor, sin saber dónde yr otra parte, y por orden del spíritu sancto, tuvieron allí noticia del monasterio de las beatas de la Orden de Sant Hierónymo que se dize de Sant Pablo, que, aunque no tenían estrecho ençerramiento de monjas religiosas, tenían la de mucha observançia y guarda de religión. Inspirada la sancta donzella que aquella era su vocaçión y lo que buscava para su deseo de servir a Nuestro Señor, fuesse luego al monasterio, y las religiosas d’él la reçibieron con grande alegría y voluntad, admitiéndola a su compañía y al hábito. Puesta en este estado tan deseado y pedido a Nuestro Señor, todo su cuydado, deleite y regalo ponía en ocuparse en los exerçiçios sanctos y en la oraçión y meditación, derramando multitud de lágrimas de los ojos, con grandes sospiros y gemidos, tiniéndose por la más vil peccadora y indigna de todas las mugeres. Quien labra una gran casa o torre abre los çimientos conforme a la grandeza del edifiçio, y sin ellos no se haze nada, y ansí es menester sacarlos para la perfectión de la vida christiana, que es la mayor y más alta fábrica de quantas acá se entienden. Esto hace la humildad, y desta gran virtud hazía provissión María de Ajofrín, de manera que, en su reputaçión y estima, no hallava en el monasterio persona más baja ni menos ser ni más nada que ella, y lo mostrava en su persona, vestido y pensamiento, y en los exerçicios humildes y bajos y en los demás exerciçios que havía desta manera en el monasterio. Lo que en su alma hazía grande impressión eran las palabras divinas, donde quiera y como quiera que las oyese, y todo era muestra que quanto tratava y pensava era cómo más amar a Dios y sentir de sí misma ser nada, y estimar y preçiar a todos mucho y amarlos en Dios y por Dios. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Pasados más de diez años de su recogimiento en el monasterio, quiso hazer una confessión general de toda la vida pasada, y tomó tan de veras y con tantas lágrimas de congoja y afflictión quererse asegurar si avía hecho lo que devía en aquella preparación para que Nuestro Señor le perdonase sus peccados que, [fol. 260r] entrando el día de su confessión en el confessionario, se derribó en el suelo delante de una ymagen de Nuestra Señora, que estava allí con su hijo benditissímo en los braços, al qual pedía por su intercessión de su santíssima madre le declarase si quedaría con seguridad de la vida pasada con aquella confessión y se le perdonarían todos sus peccados. Súbitamente, estando en esta oraçión con mucha ternura y lágrimas, vio una gran claridad que çercava la imagen, y que el sacratíssimo niño levantava la mano a la manera que el sacerdote la pone quando absuelve. Espantada de ver esta maravilla, y muy turbada en su spíritu, se puso a hazer confessión lo mejor que pudo, y, acabada, volvió a hazer oraçión a la imagen, y vió la misma claridad y la mano del niño alçada, con que quedó bien esforçada en el fervor y amor de Dios y guardó el secreto de la visión, que no lo descubrió sino a solo el prior fray Joan de Corrales, çertificándole que desde aquella hora le quedó tan gran movimiento en el coraçón que, de los golpes que sentía que le dava, a tiempos le pareçía que se le quería salir del cuerpo.  &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Muchos regalos tuvo de aý adelante de Nuestro Señor, y no muchos días después, quedándose una noche sola en el coro orando por el estado de la Yglesia, vio que de la custodia donde está reservado el sanctíssimo sacramento salía grandíssimo resplandor, que duró por el spaçio de una hora, mientras ella estava con fervor en la oraçión, y, acabada, no apareçió más aquella celestial claridad. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Estos son los regalos que Dios haze a los que de veras le buscan con amor divino que les sale del alma, y les manifiesta cosas maravillosas de su gloria, certificándoles con ellas quán agradables le son sus intercessiones y oraçiones y quán poderosos para alcançar quanto se pide y desea, que son dardos o saetas, como los doctores las llaman. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Haviendo de reçibir el día de la Resurrectión el santíssimo sacramento, hizo tanta preparaçión el sábado sancto antes que en toda la noche no durmió ni descansó, velando, orando y llorando, y por toda la casa buscava los rincones para hallarlos como los hallaba buenos para su oración, demandando limpieza a Nuestro Señor para llegarse a recebir [fol. 260v] tan gran bien y thesoro inestimable del alma. Venida la hora de la comunión, llegó con las otras hermanas a comulgar y reçibió el sanctíssimo sacramento ''[1]''; causole tanta devoçión, contento y alegría este admirable y divino sacramento ''[2]'' que luego se elevó, y quedó como absorta y muerta, y por quinze días continuos con las noches no durmió, pasando todo este tiempo en llorar y orar. Quedole desde este día que cada vez que se llegava a recebir el santíssimo sacramento se quedava elevada y enagenada de los sentidos exteriores, y con un ''[3]'' grande dulçor maravilloso en el coraçón, en la garganta y en la boca que le durava por quarenta días. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Aunque todo su quydado era encubrirse, que no lo supiessen ni entendiesen las hermanas, era trabajo escusado querer cubrir el sol quando está más claro en medio del día, y así lo veýan y entendían todas, y que todo el resto de la noche velava, oraba y llorava, si no era algún pequeño espaçio que tomava para repararse el sueño. Al mismo prior manifestó estas maravillas del santíssimo sacramento, y que los días que sentía el divino y celestial dulçor los pudiera pasar sin comer ni tomar cosa alguna de mandamiento, si no fuera por huyr de la singularidad y juizios que suelen tener los hombres. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Capítulo duodécimo'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''De otras cosas maravillosas que acaescieron a esta sierva de Dios y la manifestación de la llaga en el costado'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Creçía tanto esta sancta donzella en el amor de Dios, verdadero esposo suyo, que cada día le comunicava grandes dones y hazía muchos favores y mercedes, y entre otras conoçió por spíritu lo que en una fiesta de Todos los Santos le había de succeder después que huviese reçebido el santíssimo sacramento y previsto [fol. 261r] que se pusiese cuydado en llevarla luego a una parte secreta y escondida (pero nunca tan escondida y secreta que no viniessen a descubrirla, porque muchas vezes el Çielo tenía este cuydado de mostrarla con luz visible), rogando a la madre del monasterio que diesse cargo a quien la llevase antes que se arrobase y transportasse reçibiendo el santíssimo sacramento. No fue menester esta diligençia porque fueron tantos los lloros y gemidos de los grandes dolores que sintió en el coraçón en reçibiendo el santísssimo sacramento y antes que se traspusiesse, que no pudo excusar que no se entendiesse con quánta fuerça se hazía a pasar aquellos dolores y tormentos. Aquí se enagenó como solía y le fueron descubiertos algunos secretos de descuydos de personas particulares que ella procuró se emendasen con avisos y amonestaçiones que hizo a quien tocava, como negoçio que era de Dios, que es el que sabe, penetra y conoçe los coraçones.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Tenía ya esta sancta muger tanta privança con Nuestro Señor, y era tan ençendida su charidad y amor en servirle con perseverançia, que le fue parte para declararse en su favor más particularmente su Magestad Divina con asombro de todos y en don y señal de su passión y llaga en el costado, que a pocos se a concedido. Hallose un día en el costado una abertura que cupiera por ella el dedo pulgar de un hombre, que le causó grandes dolores por veinte días con la llaga abierta, de la qual los viernes corría más sangre que los otros días (aunque en todos corría alguna) y nunca pareçió en ella materia ni se applicó mediçina ninguna mas de paños limpios, quitando unos y puniendo otros, y estos quedavan tan roxos como un carmesí, que mostravan bien quán viva sangre era la que salía y sin corrompimiento alguno. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Con los grandes dolores que la sancta donzella padeçía, le faltavan las fuerças para llevar tanto trabajo y no cessava de pedir a Nuestro Señor su ayuda y favor en ello, y divinalmente le fue revelado que aquella maravilla la descubriese a la priora del monasterio y a otra religiosa que se dezía Theresa, a las quales, quando vieron la llaga y los paños vañados en [fol. 261v] sangre les causó admiraçión, y ellas lo dixeron al confessor de la casa, que estuvo bien incrédulo y duro en creerlo. Y quisieralo deshacer dando a entender que era imaginaçión y engaño de mugeres, mas quando lo vio con los ojos quedó espantado y maravillado, y no fue en su mano dejarlo en secreto, sino dezirlo y revelarlo a personas principales, como fueron don Pedro Préxano, deán de Toledo, y a Diego de Villaminaya, capellán mayor del coro de la santa yglesia, que dieron dello fee y testimonio habiéndolo visto. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Entraron, pues, estos dos eclesiásticos en el monasterio, y el confesor de las religiosas, Juan de Viezma, llevó a Graçián de Berlanga, capellán de la Reyna Doña Ysabel y capellán apostólico y de la audiençia Arçobispal, y todos juntos, con la priora y religiosa Theresa, vieron la llaga y la tocaron, y el capellán mayor tomó un paño vañado en sangre y, mirándole todos con cuidado, les pareçió que la llaga de donde salía era causada divinalmente y no con occasión de arte humana. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El notario escribió el testimonio que aquí va ynserto, sacado letra por letra del original, que yo he visto en el archivo del Monasterio de la Sisla de Toledo, firmado y sellado del mismo notario, que es el que se sigue:&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
“Deçente e cosa convenible es escribir por memoria las buenas obras e vidas de las personas que nos preçedieron, por que podamos por los buenos exemplos de aquellos obrar siempre bien e nos esforçemos apartar siempre del mal. Cosa çierta es que, si lo preçioso no fuesse apartado de lo no tal, la concupisçiençia loca non bastante desetemperar, sería demergida por curso muy ligero en un escuro tragamiento. Por tanto, yo Graçián de Berlanga, capellán de la sereníssima reyna Doña Ysabel, nuestra señora, notario apostólico e arçobispal, affirmo y doy fee que en el año de la Natividad de Nuestro Redemptor e Salvador Jesuchristo de mill e quatroçientos e ochenta y quatro, diez y nuebe de noviembre, quasi seis horas después de mediodía, por ruego e a instançia de Juan de Biezma, que entonçes era rector de la casa de Doña Mari Garçía, entré en la dicha casa para que notasse lo que viese, e así notado lo guardase. Después, pasados algunos días (aunque non muchos), quise demostrar lo que avía visto [fol. 262r] al reverendo padre prior de la Sisla fray Juan de Corrales, considerando aquel dicho eclesiástico en el capítulo quarenta y uno: que provecho ay en el thesoro escondido, etc., el qual dicho señor muchas bezes me mandó que aquello que avía visto que ge lo diesse por scripto, mas yo por entonçes no pude satisfaçer a su voluntad por muchos negocios que me çercavan, ca ello non me davan lugar, aunque allende de lo tener scripto en el coraçón lo tenía en mi protocolo, fasta diez días de noviembre del año del Señor de mill e quatroçientos e ochenta y seis, y es que el dicho Joan de Biezma me metió en un palaçio de la dicha casa, en el qual estavan los reverendos señores don Pedro de Préxano, deán de Toledo, e don Diego de Villaminaya, capellán mayor del coro de la sancta iglesia de Toledo, e dos o tres religiosas de la dicha casa. E viendo en una cama que en aquel palaçio estava una donzella, que verdaderamente pareçia bulto de ángel, y tenía una llaga en el costado donde Nuestro Redemptor Jesuchristo fue ferido, tan grande como un real, e non tenía finchazón y careçía de toda putrefaçión, tenía un color muy fino, ansí como grana, e después que todos lo uvimos mirado, a poco de rato fabló aquella donzella estas palabras: ‘Dios Nuestro Señor vos lo demande si no pusiéredes aquello en execuçión’. Y ansí espantado me aparté dende y me torné a salir, en fee de lo qual lo firme y signé de mi nombre, que fue hecho en Toledo, año, mes, día, quibus supra. Graçianus notarius apostólicus”.  &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Padeçía la sierva de Dios grandes dolores de la llaga, y no solo la atormentava esto sino el mostrarla, estando en la cama cubierto su cuerpo, rostro y manos honestíssimamente, y sólo se veýa la llaga por una sábana abierta a la parte del lado. Pasados los veinte días se le çerró la llaga sin benefiçio ni mediçina alguna corporal, y quedó la señal de la abertura con algún dolor en aquel proprio lugar, y como tenía impresso en su coraçón [fol. 262v] el nombre dulçíssimo de Jesús, y no se le caýa de la boca, favoreçíasse mucho d’él en estos trabajos, y regalábase en estremo con él, mas mucho más la regalaba su Magestad Divina con tan estremados dones y benefiçios de las llagas de su passión, que no la quiso decorar con sola la del costado, sino que, levantándose con la mucha flaqueza que tenía para ponerse en el suelo de rodillas o ençima de la cama, por devoçión de adorar un crucifixo al tiempo que oyó la rueda de las campanillas de la yglesia quando alçavan el santíssimo sacramento en una missa, sintió tan gran dolor en los pies y en las manos que le pareçía que en aquellos lugares le ponían rezios y gruesos clavos. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Como estuviese en esta pena y en la consideraçión de aquellos altíssimos misterios, pareçiole que le traspasaban la mano yzquierda, y fue el dolor tan vehemente que se puso el dedo pulgar de la mano derecha en la palma de la yzquierda, y apretando con el gran dolor que sentía rebentó la sangre, de que ella quedó bien admirada. Procuró encubrirlo con estremado gozo de regalo tan singular de Dios, y traýa la mano cubierta con un lienço sin poner otra medicina, y durole quarenta días, y después de pasados que sanó le quedó señal en la mano izquierda, que fue la que rompió en sangre. Y porque sucessivamente sintiesse en su cuerpo las insignias y dolores de la passión de Nuestro Señor Jesuchristo, sin los tormentos que de ordinario tenía en la cabeça, sintió en ella súbitamente un nuebo y gravíssimo dolor, que le pareçía que le ponían una guirnalda o corona que le çercava la cabeça alrededor y le entraban por ella puntas de clabos con tormento suyo exçesivo, cayéndole gotas de sangre. Aplicábanle diversas medicinas, y ninguna le era de provecho ni era razón que lo fuese, ni que las llagas hechas por la mano del Señor se curasen con la industria humana, y quando su Magestad fue servido y tuvo por bien, le alçó los dolores a su sierva y quedó con entera sanidad de las llagas de la cabeça y costado. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Capítulo décimo tercio'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[Fol. 263r] '''De muchas mercedes y fabores que alcançó de Nuestro Señor esta su sierva'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Christo Nuestro Señor tiene prometido en su evangelio que se nos hará merced de todo quanto pidiéremos orando, con que esto sea pidiéndolo en su nombre al Padre. A esta sancta le acaesçió así muchas vezes quando se hazía como deseaba, porque lo que pedía en sus oraçiones yva en camino al serviçio que se debe a Dios y a la manifestaçión de su grandeza y gloria (y esto era pedir en nombre de Jesuchristo). Sería cosa muy larga dezir todo lo que a este propósito se halla en lo que el prior de la Sisla escrivió, vio, y entendió desta sierva de Dios, y lo que en sus oraçiones, ruegos y interçessiones alcançó de Nuestro Señor a muchos, para provecho y remedio de sus almas y salud de los cuerpos: alguna parte se dize en la crónica que escribió Pedro de la Vega, y por aquello se podían entender las grandes maravillas que Dios obró con ella y las que de él alcançó, y las muchas y grandes revelaciones que tuvo de cosas particulares y el bien que se siguió dellas. Mucho engrandeçe Nuestro Señor a los justos, y está tan atento a las oraçiones y peticiones que muestra lo mucho que pueden con él y quán grandes effectos hacen, como se vio en las de su esposa María de Ajofrín, que no le salieron en vano. Eran tan fervorosas y vehementes que se arrebatava y quedaba sin sentido, como muerta, por grande espaçio, y algunas vezes le acaesçía esto estando presente el prior que escrivió su vida, y una vez le dixo al prior la hermana maior o priora que le mandase por obediençia que despertase y vería la fuerça y virtud que tiene el precepto de la sancta obediençia en tiempos semejantes. El prior siguió el pareçer de la priora, y fue cosa maravillosa que, mandándola con precepto despertar, volvió luego a su sentido y mostró sentimiento grande, como que la uviesen quitado de su contento y regalo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[Fol. 263v] De grandes effectos eran las oraciones desta sancta virgen, y ellas eran las armas con que se valía y en ellas buscava el remedio en todas las cosas. Una vez se vio muy affligida por la grande hambre que havía en la ciudad a causa de las muchas aguas y mucha creciente del río, que no dava lugar a las moliendas. Çinco días antes de la solemníssima fiesta de la Natividad de Nuestro Redemptor, no durmió en toda una noche entera, y viendo que la hazía clara y serena, se subió a un terrado donde veýa el río, y haziendo sobre él la señal de la cruz y bendiçiéndole, se bajó luego a un secreto oratorio y derribó en el suelo a orar, puestos los brazos en cruz. Detuvose grande espaçio en esta manera de oraçión y penitencia, supplicando a la sacratíssima Virgen María, Nuestra Señora (en quien tenía singular devoçión y la tenía por particularíssima señora y abogada), pusiesse su intercesión y pidiesse a su hijo benditíssimo que no mirase a los peccados de aquel pueblo, sino a su misericordia, y súbitamente vio en el oratorio un gran resplandor, apareçiéndole la madre de Dios que le dixo: “Las aguas que en tantos días as visto avían de caer en muy pocos; y la mayor parte en esta çiudad por los pecados que en ella se cometen, mas por tu interçessión y supplicaçión mía, ha alçado Nuestro Señor la mano de su yra”. A todo esto, estava la sierva de Dios María de Ajofrín atenta, los ojos abiertos y las manos alçadas, viendo a la Sacratíssima Virgen María y oyendo sus palabras divinas y regaladas, hasta que se desapareçió, y en ese punto cayó en el suelo la bendita donzella y estuvo algunas horas sin sentido. Quando bolvió en sí, se levantó con un maravilloso esfuerço del cuerpo y del alma, y ninguna de las hermanas entendió este acaesçimiento, ni le descubrió sino al prior de la Sisla.  &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El deán de la santa yglesia de Toledo, que vio la llaga en el costado, con la fe y confiança que tenía en las oraçiones desta bienaventurada, le pidió hiziese oraçión por la paz de çientos de personas discordes de la corte, y la sierva de Dios se subió al mismo terrado una mañana antes del día, en las octavas de la Resurrectión el año mill y quatrocientos y ochenta y quatro, y mirando [fol. 264r] el çielo y suplicando a Nuestro Señor por la paz de aquellos cavalleros cortesanos vio un gran resplandor en el lugar donde naçía el sol, y estúvole mirando hasta que fue hora que saliese el sol, y mirávale sin ningún impedimento tiniendo los ojos fixos en él. Vio ansimesmo el sol que tenía una abertura y ventana, que pareçía más adentro el çielo y salían d’él mayores rayos de claridad y una cruz de oro resplandeçiente, y vio uno en el ayre muy lexos de sí (que le pareçía como la luna) que peleava con otro, y pasado algún espaçio bolviéronse las espaldas el uno al otro. Esta vissión vio hasta aquí, y no pasó delante porque subió al terrado a aquella hora una de las hermanas religiosas, mas puédese creer que por su oraçión se allanó aquella discordia de los cavalleros cortesanos, pues al cabo se hizieron las pazes.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Estando, otra vez, el día del triumpho de la cruz cerca del alva rezando y mirando al çielo y pensando en las grandezas d’él, vio unas llamas, de aý a una hora abierto el çielo, y que por allí salía el sol y se conoçían todas las hermosuras del Çielo. Y luego, otro día, a la hora de terçia, estando en una ventana rezando en un libro, vio cerca de sí un rostro como el de la luna, con muy gran resplandor, y dentro d’el como dos formas de hombres que peleaban el uno contra el otro, y que caýa mucha gente muerta. Dize el prior, que escrivió su historia, que este día prendieron los moros al Conde de Çifuentes. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Una noche de la Natividad de Nuestro Redemptor anduvo con grande consideraçión, atençión y cuydado de saber el tiempo y hora de la medianoche quando Jesuchristo, Nuestro Señor, naçió. Tuvo gran confiança de recebir aquel regalo y merced y púsose a orar delante del altar de Nuestra Señora, que estava muy adereçada y compuesta sobre él su ymagen y una cuna con un niño pequeño adornado con algunas riquezas, y estando en este su deseo, con lágrimas y gemidos vio con los ojos corporales baxar sobre el altar gran resplandor y a Nuestro Señor en figura de niño que naçía de la Virgen María, y cómo le adoraron los ángeles y pastores, y desde algún espaçio llegaron los tres Reyes con tres soles de gran resplandor delante, que, llegando al altar todos tres,  [fol. 264v], pareçieron uno. Pareçiole que esta vissión se detuvo desde las doze hasta las tres, y a esta hora començó la primera missa el capellán mayor de la yglesia y vio, quando salía vestido, que sobre el altar estavan dos antorchas de fuego con gran resplandor, y que los Reyes llegavan a donde ella estava, y no se impedían ninguna cosa para ver los misterios de la missa.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Vio también que cubrieron al sacerdote gran multitud de ángeles, al tiempo que dezía los sanctus, y que quando alçava el santíssimo sacramento le ayudavan a sustentar los braços, y quando llegó el pater noster esta sierva de Dios cayó en el suelo por no poder ya sufrir estar de rodillas, y estuvo de aquella manera hasta las doze del día, gozando de aquellos misterios divinos. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
La santa María de Ajofrín (como la voluntad agena era la suya) declaró al prior de la Sisla todas estas particularidades por tenérselo mandado por obediençia, y esta la forçava y compelía a manifestar lo que ella no quisiera. Son tantos los secretos celestiales que se hallan que le fueron mostrados que sería cosa prolixo ponerlos todos, pues querer hablar en su trato, conversaçión, charidad y menospreçio sería lo mismo. Ella era humildíssima, que en el vestido y trato de su persona lo mostrava bien, y se conoçía en las obediençias y en todas las otras occupaciones y exerciçios humildes, y entre todas era la que con mayor llaneza se mostrava humilde, sirviendo y obedeciendo. Si acaso en el monasterio havía entre ellas differencias (que entre las religiosas ordinariamente son todas niñerías y cosas de poco momento), María de Ajofrín era la que las concordava, porque de aquellas cosas pocas no viniessen a mayores pesadumbres y se abrasase un monte con una çentella. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Buenas prendas tiene de ser hija de Dios la que tiene el alma tan pacífica como esto, que como el mismo Dios dize en el evangelio, naçe todo esto de la charidad, reyna y señora de todas las virtudes. Esta sancta la tenía bien raygada en su coraçón y aposentada con mucha riqueza de adereços de adorno y serviçio, como a madre de todas las otras sanctas virtudes.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Capítulo décimo quarto'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[Fol. 265r] '''De algunas cosas que tuvo spíritu de prophezía María de Ajofrín, y de su bienaventurada muerte'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Entre otros muchos dones que del Çielo tuvo esta sancta virgen, fue uno el spíritu de prophezía y de hazer milagros, que aunque ni lo uno ni lo otro son señales çiertas de tener a Dios en el alma como esposo y como amigo, pero a quien lo es (y tan de veras le amare como esta sancta le amava) suélense hazer muy de ordinario estos favores y merçedes. Començávase a poner y plantar en la ciudad de Toledo la Sancta Inquisición en aquellos días, y esta bienaventurada muger dixo al prior de la Sisla algunos secretos tocantes al Santo Officio de que se maravilló mucho, y como le preguntase que cómo savía aquello, que se le hazía grave y difficultoso creerlo, respondiole que Nuestro Señor le avía aparecido atado a la columna muy llagado y açotado y le dixo que aquello le causavan cada día los herejes, que lo dixese al prior de la Sisla, que es uno de los que entienden en la Inquisiçión, y pusiesen remedio en ello. El prior le dio crédito y lo comunicó con el deán de la sancta yglesia de Toledo, y en presencia de los dos lo bolvió la sancta donzella a dezir, y añadió otras muchas cosas que eran tocantes al Santo Offiçio, amonestándoles de parte de Dios que proveyesen en lo que era su serviçio y dearraygasen las heregías. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Otra vez vio en spíritu que llevavan de la yglesia mayor el sanctíssimo sacramento con gran solemnidad para darle a un enfermo herege, y divinalmente le fue mandado que diesse luego aviso a los clérigos que se bolviessen, y ansí lo hizo con toda diligençia. El ángel que le mandó esto le dixo después, para certificar la visión, que en aquel día vería en la missa distilar gotas de sangre de la hostia consagrada, y así acaesçió, que con los ojos claros y abiertos vio en las manos del saçerdote la hostia consagrada llena de sangre [fol. 265v] al tiempo que la alçó al pueblo para que la viesse y adorasse.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Dos moços livianos tractavan de hazer algún desconçierto en el monasterio, y por spíritu del Çielo lo entendió la sierva de Dios y embió a llamar al prior de la Sisla, y díxole que pusiese con tiempo remedio en el desconçierto que tratavan aquellos moços desasosegados, y el prior lo hizo, y halló ser verdad todo lo que la sierva de Dios le havía dicho. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Reçebía gran pesadumbre esta religiosa quando se offreçía salir a hablar con personas de fuera de la casa (aunque fuessen religiosos), y quando la importunaban y no se podía excusar abreviava las pláticas y las palabras con todos, personas graves y de auctoridad, y que no lo fuessen. Un religioso deseava mucho hablar con ella por solo oýa de su virtud y sanctidad, y anduvo en esto muchos días y tiempo sin poderlo alcançar, y la sierva de Dios, que ya lo sabía, le dio un día audiencia y le dixo en las primeras palabras: “Bien sabía que ha días que me queríades hablar y la causa también, y que tal día començastes tal escriptura y no la acabastes con quanta priessa os distes hasta la noche, quando tuvistes más lugar”. El religioso, espantado de las verdades que le dezía, pidiole encaraçidamente le dixese cómo lo sabía. Díxole que lo vio en spiritu, y más le dixo, que avisase a otros religiosos que él conocía que mirase en el desasosiego que traýa en su conçiençia, y que si avía hecho alguna offensa pidiese perdón de ella porque de otra manera ni saldría del trabajo ni satisfaría a Dios ni a los próximos. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
No fueron estas solas la que por spíritu de prophezía entendió y manifestó María de Ajofrín, sino otras muchas, las que por sus oraçiones hizo Nuestro Señor cosas maravillosas. Sanó a la madre priora de una grave enfermedad, y a su misma madre sanó y libró de otra por sus sanctas oraçiones, y a un hermano libró también de la cárcel, puniendo en todo por intercesora a la Sacratíssima Virgen María, Nuestra Señora, a quien ella acudía con gran confiança. Sería la hystoria desta sierva de Dios muy larga si en particular nos detuviésemos [fol. 266r] a decir todas las cosas que se hallan de sus maravillas, revelaçiones y milagros, que apenas comulgó vez que no fuesse alçada y arrabatada en spíritu y viesse y entendiesse grandes secretos. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Llegole la hora de la muerte (bien deseada por ella) y enfermó el año mill y quatroçientos ochenta y nueve, aviendo pestilençia en la çiudad de Toledo, y a los diez y ocho días del mes de julio, que fue sábbado, murió muy sanctamente a las tres horas de la medianoche, habiendo reçebido los divinos sacramentos con grandíssima devoçión. El mismo día, a la hora de las vísperas, la enterraron en el capítulo de la Sisla de Toledo, adonde en aquellos días se enterravan las religiosas de Sant Pablo. Sintiose en su muerte un olor suavíssimo y çelestial, como lo testificaron todas las hermanas religiosas que se hallaron presentes. Hizo Dios por ella algunos milagros, y entre otros fue que en el mes de septiembre siguiente del mismo año, estando muy enfermo (y aun dada la extrema unctión) Don Alonso, hijo de la condesa de Paredes y canónigo de la sancta yglesia de Toledo, se encomendó a la bienaventurada María de Ajofrín, y trayéndole una de las almohadas que tenía en la cama al tiempo que murió, se sintió (en puniéndosela sobre sí) con grande mejoría y fuera de peligro. No fue desagradeçido el canónigo Don Alonso a este beneficio, que, en levantándose de la enfermedad, fue a la Sisla de Toledo a visitar la sepultura desta sierva de Dios, y le offreçió de sus dones, y estuvo allí nueve días continuos en hazimiento de graçias. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En el mismo mes y año fueron a la Sisla de Toledo un hombre que se dezía Joan de Pastrana y su muger con un niño tullido, que, después de aver gastado en su cura con médicos y en medicinas la hazienda que tenían, no se veýa en él mejoría alguna. Encomendaron los padres con mucha devoçión a esta virgen la salud de su hijo velando una noche su sepultura, y el niño tuvo entera salud, y hizieron los padres graçias a Nuestro Señor por este benefiçio que les vino por la intercesión de aquella su sierva. &lt;br /&gt;
En este mismo tiempo [fol. 266v] Joana de Sant Miguel, beata de la tercera regla de Sant Françisco que vivía en la çiudad de Toledo, tenía un çaratán en la teta, y como en çinco años no sentía mejoría con quantos beneficios le avían hecho los médicos y çirujanos y le aconsejaban que les dejase cauterizarla y cortarla quando no ubiese otro mejor remedio, ella, temiendo el tormento y peligro que le podría succeder, acordó de irse a la Sisla de Toledo y visitar la sepultura de María de Ajofrín, creyendo que por su intercessión alcançaría la salud que deseava.  En entrando en el capítulo donde estava la sepultura, sintió un olor çelestial, y luego se derribó sobre ella con muchas lágrimas y devoçión, rogando le quisiese alcançar de Nuestro Señor se sirviese darle salud de aquella tan penosa enfermedad que padecía. No pasó mucho tiempo quando fue oýda y sintió cumplida sanidad.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Otro canónigo de la sancta yglesia de Toledo estava muy enfermo y casi para morir, y mientras más benefíçios le hazían los médicos se hallava peor; encomendose con mucha devoçión a la sancta María de Ajofrín, y mandó yr a visitar su sepultura en su nombre, y que le traxesen un poco de la tierra della. Traýda, se la puso al cuello, y aquella noche, estando durmiendo, le appareçió la sierva de Dios, y quando despertó se halló sano. A la mañana le daban una purga, que estava ordenada de médicos, y él dixo que no la avía ya menester, sino que le diessen de comer, que estava sano y bueno. En levantándose, fue a la Sisla a visitar el sepulcro desta virgen y a hazer gracias a Nuestro Señor, y offrecer sus offrendas.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En el año de mill y quatro çientos y noventa Francisco Díaz, vezino de Xaraiz, estava bien al cabo de la vida y reçebido el sacramento de la extrema unctión, de que tenía mucha pena un clérigo tío suyo, y acordándose que avía oýdo los milagros que hazía la sancta María de Ajofrín, luego le encomendó con mucha fee y devotión la salud del enfermo su sobrino, prometiendo que si la tuviesse lo llevaría a visitar su sepultura. El enfermo tuvo luego salud, y los dos, tío y sobrino, fueron a la Sisla de Toledo a hazer graçias a Nuestro Señor y a esta sancta por su intercesión, y el clérigo escrivió por su mano este [fol. 267r] milagro en el mismo Monasterio de la Sisla el año de mill y quatro çientos y noventa y uno, a siete días del mes de mayo, certificando ser verdadero y que como lo dezía avía succedido.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Otros muchos milagros hizo Nuestro Señor por mereçimientos desta su sierva con personas que visitavan su sepulcro o se encomendavan a ella en diversas partes, por lo qual se acordó que su cuerpo fuesse trasladado del capítulo a la yglesia del monasterio, a un sepulcro que le hizo una señora devota y prinçipal que era Condesa de Fuensalida. Hízose la traslaçión el año de mill y quatroçientos y noventa y çinco, en veinte y çinco días de abril, hallándose presentes, con el prior del monasterio fray Juan de Morales y los religiosos, el clavero de Alcántara y Don Alonso de Silva con otras personas, donde luego que abrieron la sepultura sintieron todos tanta suavidad de olor que salía de la huessa como si se abriera una arca llena de todas las flores olorosas que naturaleza produze, y sus huessos pareçía que estavan vañados en un liquor a manera de óleo. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Mandó el prior que la translaçión se hiziese con la mayor solemnidad que pudiesen, y se tañesen los órganos y las campanas y fuesen todos con velas ençendidas en las manos y en una processión bien conçertada y ordenada. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Levantaron el cuerpo, que estava en una arca aforrada en seda que dio Don Alonso de Silva, y llegaron con él a la capilla mayor de la yglesia, donde, después de haver dicho allí algunas oraciones, le dexaron a un lado del altar mayor, descubierto por espaçio de treze días. En este tiempo pidieron a Nuestro Señor muchas veces que se sirviese embiar agua a la tierra por intercessión de su sierva, que havía gran necessidad. Y llovió en grande abundançia con que se remediaron los temporales que estavan a punto de perderse, y todos entendieron que les avía Dios hecho esta misericordia por honrrar aquella bendita sierva suya. &lt;br /&gt;
Pasados los treze días, pusieron el cuerpo en el sepulcro [fol. 267v] nuebo que para esto se avía aparejado, baxo del altar colateral de Nuestro Padre Sant Hierónymo, que está a la mano derecha del altar maior, y dentro de la rexa, y allí es visitado y honrrado de muchos, y fue premio mereçido a su humildad, porque, como dio testimonio Chatalina de Sant Lorençio, priora y hermana maior del monasterio de San Pablo, era esta bienaventurada María de Ajofrín de tanta humildad y menospreçio de sí misma que la importunava y pedía muchas vezes que la reprehendiesse y penitençiase delante de todas, mayormente en los capítulos que se tienen en los viernes, mandándola comer en el suelo y hazer otras penitençias humildes que las religiosas suelen hazer en público para exerçitarlas, que en esto la ocupase y exerçitasse y en la guarda de la perfecttión de los padres antiguos que tenían en amar a Dios y despreciarse a sí mesmos. Con ser tan humilde era honestíssima, tanto que pocas personas (aun de las que conversaban con ella) podían dar testimonio de su rostro, que le traýa de ordinario y casi siempre cubierto con un velo que dejava caer hasta los pechos. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Conclúyese la historia con esto: que la sancta María de Ajofrín se subió derechamente al Çielo con el vestido de oro recamado que el psalmo quarenta y quatro dize, donde está gozando de la perfectión de las virtudes, y del Señor de las virtudes, criador y salvador nuestro, Jesuchristo. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
=== Notas ===&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[1]'' Tachadas tres líneas a continuación hasta la siguiente palabra transcrita.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[2]'' Palabras tachadas a continuación. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[3]'' Palabra tachada a continuación.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
=Vida manuscrita (3)=&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Ed. de [http://visionarias.es/equipo/veronica-torres-martin/ Verónica Torres Martín]; fecha de edición: diciembre de 2022; fecha de modificación: junio de 2026. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==Fuente==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[[Archivo:Historia de la villa de Ajofrín Manuscrito.jpg|miniatura|250px|right| Francisco de Ajofrín, 1770. ''Historia sacro-profana de la ilustre y noble villa de Ajofrín, y aparición milagrosa de la imagen de Nuestra Señora de Gracia, venerada a siete leguas de dicha villa, en el Convento de Reverendos Padres Agustinos Calzados del lugar de San Pablo de los montes de Toledo'', Madrid, BNE, MSS/2169, vol. 1. (Fuente: Biblioteca Digital Hispánica. Imagen procedente de los fondos de la Biblioteca Nacional de España). ]]&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
* [http://catalogodesantasvivas.visionarias.es/index.php/Categor%C3%ADa:Francisco_de_Ajofrín Ajofrín, Francisco de], ''Historia sacro-profana de la ilustre y noble villa de Ajofrín, y aparición milagrosa de la imagen de Nuestra Señora de Gracia, venerada a siete leguas de dicha villa, en el Convento de Reverendos Padres Agustinos Calzados del lugar de San Pablo de los montes de Toledo'', 1770, volumen 1 (ms. 2169, BNE), fols. 87r- 145r.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[[Contexto material del manuscrito Historia sacro-profana de la ilustre y noble villa de Ajofrín]], ''y aparición milagrosa de la imagen de Nuestra Señora de Gracia, venerada a siete leguas de dicha villa, en el Convento de Reverendos Padres Agustinos Calzados del lugar de San Pablo de los montes de Toledo''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==Criterios de edición==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Se trata de una obra manuscrita del siglo XVIII, que recogemos excepcionalmente aquí por añadirse datos nuevos a los proporcionados en las fuentes de los siglos XV, XVI y XVII, sobre esta figura. Por su escritura manuscrita, aunque tardía, se ha optado por una edición conservadora en la que los cambios han sido leves. La edición sigue el manuscrito de Francisco de Ajofrín; en concreto los capítulos cinco, seis y siete, correspondientes a la ''Vida'' de María de Ajofrín. Este ejemplar, parece ser una copia en sucio que habría podido realizarse para una posterior copia en limpio o para ser llevada a la imprenta, pues tiene notas escritas por el propio autor con indicaciones sobre los añadidos o el orden a seguir en esa posible copia o impresión posterior, además de numerosos tachones y añadidos al texto. Se ha utilizado la edición de 1999: Francisco de Ajofrín, ''Historia sacro-profana de la ilustre y noble villa de Ajofrín y aparición milagrosa de la imagen de Nuestra Señora de Gracia, venerada a siete leguas de dicha villa, en el Convento de Reverendos Padres Agustinos Calzados del lugar de San Pablo de los montes de Toledo'' (José María Rodríguez Martín, trans.), Toledo: Diputación Provincial de Toledo, 1999, pp. 99-148, que se basa en el mismo manuscrito del siglo XVIII, a modo de cotejo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Se ha decidido respetar la morfología de las palabras con interés morfológico o fonológico con la intención de no perder los valores fonéticos, léxicos y sintácticos de la época. Asimismo, se mantienen las contracciones “deste”, “della”, “del”, aunque se ha añadido el apóstrofo clarificador den “del” para escribir “d’él”. Por otro lado, se han corregido algunos casos de laísmo, leísmo y loísmo, así como se han señalado algunos errores de transcripción que se han podido observar en el cotejo que se ha llevado a cabo con la obra de 1999. Por otro lado, se ha modernizado la puntuación y acentuación según las normas actuales. Además, para facilitar la localización del texto, se indica el folio (r-v). En cuanto a la foliación, se ha de indicar que en el ejemplar existe una foliación realizada por la misma mano del autor y otra realizada a lápiz que, suponemos, podría ser más moderna. Esta foliación moderna realizada a lápiz corrige la foliación original del autor, pues, como Francisco de Ajofrín añade folios o apéndices a posteriori, termina siendo errónea.  En lo que respecta al apartado de notas, se ha de indicar que existe una doble anotación, una de A a Z que se corresponde con las notas al pie de página realizadas por el propio autor, y otras numeradas que se corresponden con las anotaciones llevadas a cabo por la presente editora. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==Vida de María de Ajofrín==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Capítulo 5. Personas que han floxeado en santidad y milagros naturales de Ajofrín'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[87r]&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Vida de la sierva de Dios María de Ajofrín, llamada Santa María de Ajofrín, religiosa jerónima en el convento de San Pablo de Toledo'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
1.- Siendo todo este pueblo dichoso de Ajofrín tan proprio y peculiar de María Santísima, como dibujó en otro lienzo la pluma, se sigue por legítima convergencia que ha de haber mucha santidad en él y que toda santidad ha de venir de María ''[1]'', pues el fruto desta Señora es de honor y honestidad (A). Yo (dice por el eclesiástico) (B) estendí como terebinto ''[2]'' mis ramos, y mis ramos son de honor y de gracia. Parece no puede estar más literal el texto. María Santísima, con el gloriosísimo y dulce títu [87v] -lo de Gracia, es el objeto principal de la presente historia y, siendo esta señora terebinto hermoso, ha de ser abundante su fruto, participando d’él con mayor plenitud los que vivimos por gran fortuna nuestra bajo de sus frondosos ramos. Estos ramos, dice, que son de honor y de gracia, si a mi rudeza se permitiera una literal exposición, diría que en el honor se entiende todo lo que puede comprehenderse bajo deste título de beneficios temporales, y en la gracia de beneficios espirituales. Y, sobre lo primero, ha corrido la pluma felismente por el dilatado campo de varios capítulos (C), donde hemos visto los beneficios grandes que esta señora ha hecho a este pueblo, distinguiéndole entre millares, con el nunca bien ponderado título de vasallos suyos, haciéndole insigne en [88r] lo benigno de su temperamento, en lo saludable del terreno, en lo fértil de sus campos, en la bella índole de sus naturales, en lo alegre de su cielo, en la opulencia de sus tratos, en la hermosura de sus casas y, en una palabra, cuantos beneficios temporales goza esta villa y gozamos todos sus naturales, todo es honor, que nos hace nuestra gran Reina, todos son ramos y frutos de aquel hermoso místico terebinto, bajo de cuya sombra dispuso el Altísimo naciésemos. En los ramos, o frutos de gracia (D), se deben entender, como ya dije, los beneficios espirituales y, entre estos, señaladamente el haber florecido en [88v] esta villa insignísimos sujetos en santidad y milagros a esfuerzos de la Divina Gracia, y destos trataremos en este capítulo. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
2.- Quien primero se ofrece a la historia, y con razón debe tener el primer lugar, es aquella gran mujer, ornamento de la Iglesia, gloria de la religión jeronimiana y honor grande de su patria, la venerable sierva de Dios, María de Ajofrín, a quien el pueblo por muchos siglos ha dado el decoroso y bien merecido renombre de “santa”. La historia grande de los Bolandos, al día 17 de julio, hace della el siguiente elogio: “''Mariam de Ajofrín a Hyeronimitissam S. Pauli venerabilem Toleti anno 1489 defunctam annuntiat castellanus''”. La vida desta sierva de Dios la tomaremos de la tercera parte del ''Flos Sanctorum'' de Villegas, que la pone el día 18 de julio; de la 3ª parte de la ''Crónica del Sagrado Orden de San Jerónimo'', escrita por el reverendo padre fray José de que, con mucha extensión, la tratan en el libro 2 desde el capítulo 44 hasta el 49; de Pedro de Alcocer al lib. 2 cap. 25 de su Historia de Toledo; del doctor don Blas Franco en la ''Vida de la venerable María de Jesús'', en la elucidación [89r] del cap. 19. 5. 2; y de otros autores así antiguos como modernos, advirtiendo antes que, aunque se le dé el título de “santa”, es solo siguiendo la voz del pueblo, al modo que se le da a santa Juana de la Cruz, sin que ni una ni otra estén por la Iglesia canonizadas, ni mi ánimo, como propuse a la frente desta historia, es prevenir el juicio de nuestra madre la Iglesia, sino que se le dé solo el asenso que merece el dicho falible de los hombres. Dio, pues, ilustre cuna la villa de Ajofrín a la sierva de Dios, María, llamada también de Ajofrín. Escogió el Cielo por padres desta agigantada heroína a Pedro Martín Maestro y María García, personas nobles, ricas y exemplares. Nació, según tradición constante, en las casas que hoy son de Tomás Díaz, a la puerta de Toledo. El padre de nuestra santa fue uno de aquellos valerosos capitanes que socorrieron a la ciudad de Toledo cuando se hallaba tan afligida, como vimos en otro lugar (E). Dieron sus padres a esta feliz alma la educación propria a su nobleza, infundi [89v] -endo en ella, insensiblemente desde los primeros crepúsculos de la vida, espíritus, exemplos y virtudes. Imbuida altamente esta inocente niña en las más saludables cristianas máximas, no es mucho se descollase en santidades sublimes en tan tierna edad. Muy temprano empezó a dar muestras admirables de extremado desprecio de las vanidades del mundo, principalmente de aquellas que son más del genio de las de su femenil sexo. Miraba con aversión, y aun con enfado, todo género de galas y compostura, pereciéndola (y con razón) que la más preciosa gala que debe vestir un alma destinada al Cielo es la gracia adquirida con el continuo exercicio de las más heroicas virtudes y, advirtiendo que las más hermosas se adornaban más, le pareció que era agraviar la alta [90r] providencia del Supremo Hacedor que, como infinitamente sabio, viste a cada criatura con aquellas joyas que le parece conducen a los fines altísimos de su incomprehensible saber. Penetraba aún en aquella edad tierna que el vestido en los de uno y otro sexo no debe tener más objeto que la decencia y honestidad debida y, todo lo que de aquí pasaba, pasaba a ser exceso. Severa reprehensión la desta niña y confusión vergonzosa para lo que en el día estamos viendo con el mayor escándalo en hombres y mujeres, ni me persuado, les falte a los adultos las luces que el Cielo concedió a esta tierna criatura con que serán más culpados en el tribunal supremo. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
3.- Estos eran los sentimientos que [90v] formaba en su inocencia aquella grande alma en todo grande, aunque en la apariencia chica, siendo estos como anuncios de la excelsa santidad a que el Señor elevó después su espíritu. De niña no tuvo María más que la candidez y la inocencia; cuando estaba su edad en la primera flor se hallaba ya su alma rica de sazonados y abundantes frutos. Embargó en esta ocasión la gracia las operaciones de la naturaleza, despojando a esta criatura de sus comunes leyes y marcándola con vistosos caracteres de virtudes. Lo que en otras niñas son gracejo y juguetes de la edad primera, fueron en ella primores y seriedades de perfección cristiana. En esta tan tierna edad, inflamada del Espíritu Santo, hizo a Dios un sacrificio de los más altos y meritorios que puede hacer una pura criatura. Estando un día en oración, propuso con la mayor firmeza consagrarse al Señor en una religión para servirla perpetuamente, acción sin duda de las más heroicas que se leen en la historia. La obediencia a sus padres, el respeto a los mayores, la atención a las cosas divinas, la honestidad y recato, el silen- [91r] cio y retiro, se admiraban en esta niña desde su primera infancia. Con estos y otros prodigios, iba creciendo María en días y en virtudes, pero muy sin proporción en los aumentos, porque corría con tan ventajosos excesos la gracia, que dejaba muy atrás a la naturaleza. No anduvo esta escasa en adornar a la niña con todos aquellos primores que deposita el Señor en sus ocultos senos. Dotola, pues, de relevantes prendas de discreción, donaire y hermosura con que era el imán dulce de las voluntades y objeto común de los cariños. Pintar aquí la hermosura de un serafín humano sería, sin duda, empleo digno de la pluma, pero esta la debía manejar un ángel para que saliese la copia [91v] parecida a su original, pues solo un ángel pudiera hallar colores, vivacidad y espíritu para formar una idea que a él en todo se le pareciese. De que tuviese el rostro como un ángel nuestra María da testimonio un gran hombre citado por el doctor Villegas en su ''Flos Sanctorum'', con que, no pudiendo dudarse desta verdad, queda abierto campo a la más traviesa fantasía para que finja Dianas, dibuje Ninfas, forme Lucrecias y pinte Florindas. A tanto lleno de hermosura se unía la blandura de su genio siempre amable y cariñoso, con que dulcemente robaba los corazones de todos. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
4.- Ya había cumplido los 15 años cuando, tan bellas prendas, junto con la calidad de su heredada nobleza, la riqueza de sus padres no podía ocultarse [92r] de los jóvenes que a porfía la solicitaban por esposa. No desagradaban a los padres de la bendita doncella semejantes pretensiones, deseando colocarla ventajosamente en el estado santo del matrimonio. A esto la inclinaban con ruegos, súplicas y halagos, pero firme la castísima doncella en el propósito que, aun siendo niña, había hecho de entrarse en religión, resistía varonilmente a estos importunos asaltos. Les era muy sensible a los padres y aun a sus hermanos tan fuerte resistencia y propusieron amenazarla para ablandar su pecho y aun tratarla con el mayor rigor, si fuese necesario. Cuanto padeció la inocente virgen por cumplir a su esposo lo ofrecido se deja discurrir del gran de- [92v] seo que los suyos tenían de casarla, pero ni la ablandaron los suspiros y lágrimas de sus padres, ni la movieron los halagos y caricias de sus parientes, ni la asustaron las perseveraciones y malos tratamientos de sus hermanos y, así, siempre firme, siempre constante en servir a Dios, se oponía como incontrastable muro a los designios del siglo, anhelando ansiosa por consagrar a Dios su virginidad, sus haberes y albedrío, no reservándose para sí aun la más leve respiración, siendo ya de 16 años. Viendo los padres su firmeza, la llevaron a Toledo para divertirla y, con este fin, ablandarla. Entre las diversiones, vanidad, fausto y grandeza que ofrece el embeleso desta populosa ciudad, no hallaba quietud su espíritu anhelando, con más fervor, buscar a su amado en el retiro. Los paseos, las visitas, los regalos, el luxo, y cuanto precioso y deleitable le ofrecía oficioso su padre para divertirla, eran otros [93r] tantos estímulos que la llevaban a Dios y la apartaban del siglo. No faltaba entre los caballeros jóvenes de la ciudad quien la observase y sirviese, pues como tenía las relevantes prendas de hermosa, noble y bizarra, se arrastraba dulcemente las voluntades de todos y en nada hallaba consuelo quien solo lo buscaba en Dios. De suerte que, leyendo desengaños la bendita doncella en todos los gustos con que la pretendía lisonjear el mundo, acariciar la carne y tentar al demonio, vivía cada día más ansiosa de dejar las vanidades y abrazarse con Jesús. Y, así, los mismos medios que ponía su padre para apartarla de su propósito, estos mismos la conducían fuerte y suavemente a conseguirlo.&lt;br /&gt;
 &lt;br /&gt;
5.- Un día, estando en la Santa Iglesia y Catedral haciendo oración delante de Nuestra Señora del Sagrario, como vasalla fiel de tan gran Reina, sintió en su interior una ''[3]'' moción singular que, dulcemente, la inclinaba a retirarse al religiosísimo monasterio de San Pablo del sagrado Orden [93v] de San Jerónimo, que acababa de fundar en Toledo la venerable e ilustre señora doña María García. Luego que tuvo oportunidad, dejando a sus padres, hermanos y parientes, abandonando riquezas, honra y estimación, renunciando al mundo y sus vanidades, se retiró al dicho monasterio para consagrarse a Dios. No se observaba clausura entonces en este exemplarísimo convento, ni se observó hasta el año de 1508 en que, voluntariamente, se obligaron las religiosas a guardarla, pero siempre ha florecido y florece ''[4]'' con gran fama de santidad y, si se hubiera de hacer relación de las mujeres famosas que han vivido en él, daría mucha materia a la admiración juiciosa y prolijo afán a la historia, léase al reverendísimo Sigüenza en su ''Crónica de San Jerónimo'' (F). Recibieron aquellas religiosas a la inocente virgen con singular gus- [94r] to y complacencia, juzgando por su angelical rostro recibían en ella una gran santa. La hermosura de su cara, la honestidad de sus costumbres, la gravedad de su trato, la humildad de su genio, la circunspección y medida en sus palabras, fueron ciertos presagios de la futura santidad a que la había de elevar la divina gracia, como luego se fue mostrando. Halló nuestra santa virgen en aquellos sagrados claustros no pocas virtudes que imitar y, como solícita abeja, iba copiando de cada una de sus compañeras lo más precioso y aquilatado ''[5]'' que veía en ellas. En brevísimo tiempo llegó a tocar en lo más sublime de la perfección cristiana, siendo común asombro de toda aquella sagrada comunidad. Era entre todas la más humilde, rendida y obediente, llegando a tanto su reputación que decía muchas [94v] veces (sintiéndolo en su interior) que no merecía besar el suelo que pisaban sus hermanas. Su oración era continua y tan fervorosa que, saliendo fuera de sus sentidos, se arrebataba en el aire por largo espacio de tiempo. Vertíanse en ella tan copiosas las influencias celestiales que, siendo estrecho cauce el corazón, sobresalían a la exterioridad en ríos de lágrimas y en ardientes suspiros. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
6.- Habiéndose ya despedido del mundo la que tan desprendida vivió siempre de sus vanidades, soltó el océano de su fogoso corazón la presa a los caudalosos diques de la mortificación y penitencia. Ninguna estuvo allí ociosa, todas sí practicadas de la fervorosa virgen que, con celo de enflaquecer los verdores de la carne, no quería tasar las [95r] austeridades que le dictaba su espíritu. Discreta acción crecer para no desmedrar, que en la carrera de las medras espirituales hay poca distancia (si hay alguna) de la tibieza a la relaxación ''[6]''. Huía con el mayor cuidado del trato y conversación de las criaturas, buscando a su esposo en la soledad y reino: aquí le hablaba dulcemente, aquí lograba de sus caricias y aquí en místicos deliquios ''[7]'' se deshacía su amante corazón en afectos tiernos a su amado. Una virtud noble, entre otras, resplandeció en esta sierva de Dios y fue la invicta paciencia en los trabajos. Disimulaba con una modestia tan agradable los sentimientos interiores que tal vez padeció, que ningún acaso turbó la serenidad de su rostro ni descompuso la armonía de su espíri- [95v] tu, regulado siempre con los compases de su santa conformidad. La sencillez nunca artificiosa y el candor desta alma pura, desnuda de la simulación del engaño y de lisonja, era amable hechizo de quien la trataba. Vestía su ánimo de obras, como su lengua de palabras, estas y aquellas eran de una misma librea. Torpe monstruosidad en los que visten de un color los labios y de otro la intención, monstruo de dos corazones (G) y que jamás le ha sufrido la naturaleza cuando los aborta a cada paso la hipocresía. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
7.- Con este lleno de virtudes pasó en la religión diez años, siendo tan universal la fama que sus bien fundados méritos la habían adquirido que [96r] todas las religiosas la tenían por santa, viviendo edificadas de su inculpable vida. No obstante, la sierva de Dios, como tan humilde, reputándose por más pecadora y mala, determinó hacer una confesión general en que pudiese lavar sus culpas pasa servir al Señor con más pureza. Dispuso su inocente alma con tan abundancia de lágrimas, tan fervorosa compunción y ternura, que bastaría a lavar las mayores culpas siendo así que era inculpable su vida. Al entrar en el confesonario, se postró en tierra delante de una devota imagen de María Santísima que tenía su Hijo en los brazos y, con fervientes lágrimas, pidió al Señor le perdonase sus culpas, y a la Madre que fuese su patrona y abogada. Luego, inmediatamente, se vistió de soberana luz aquella sagrada imagen, y el Niño, con halagüeño rostro, levantando su delicada mano, le echó la absolución del modo que lo executan los confesores. Aunque esta visión había [96v] sido tan clara y manifiesta, era tanta su humildad que nunca se persuadió fuese así. Levantose llena de temor y se fue a los pies de su padre espiritual y, habiéndose confesado con el más vivo dolor y abundantes lágrimas, aunque con singular consuelo de su alma, al salir del confesonario repitió la oración a la misma sagrada imagen y, segunda vez, se vistió de hermosos resplandores. y el Niño, mostrándose cariñoso, levantó la mano y le echó la bendición. Quedó su alma con tan celestial favor, tan abrasada en el amor divino, que no podía contener las avenidas de su espíritu, siendo tan dulcemente violenta la llama que ardía en su pecho que el corazón sensiblemente le latía queriendo salirse a buscar mayor esfera. Pocos días después de haber recibido este favor, habiéndose quedado una noche sola en el coro, enardecida toda en caridad, pedía al Señor Sacramentado por el estado fe- [97r] liz de la Iglesia santa. Estando en lo más fervoroso de su oración, vio una gran llama de fuego que, saliendo de la Custodia, y dejándose registrar de sus virgíneos ojos, llenaba de hermosura todo el templo y de consuelo su alma. Duró esta visión por espacio de una hora, quedando la santa abrasada en amor y reverencia al Señor Sacramentado. &lt;br /&gt;
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8.- Siempre que había de comulgar se disponía con el mayor fervor y reverencia, derramando afectuosa muchas lágrimas y pidiendo al Señor adornase su alma con el lleno de virtudes necesarias para recibirle. Como la santa fielmente se disponía, así el Señor dulcemente le regalaba. Un día de Pascua de Resurrección comulgó con las demás religiosas y vio en la forma consagrada un corderito vivo, hermoso y agraciado. Recibiole en su pecho y quedó tan suavemente trasportada y llena de consuelo espiritual que, en diez días [97v] con sus noches, ni durmió, ni comió, ni bebió, ni hizo acción alguna vital, sino suspirar por su amado Jesús, derramando de sus virginales ojos dulcísimas y tiernas lágrimas. Desde esta ocasión, siempre que comulgaba (que en aquellos tiempos era de tarde en tarde, por no estar introducida la frecuencia de sacramentos), se enajenaba de todos sus sentidos, quedando extática y fuera de sí, comunicándose también a su hermoso rostro estos divinos efectos, pues parecía entonces tan agraciada y bella que pudiera equivocarse con los más altos serafines. Duraban en la sierva de Dios estas dulzuras y deliquios por espacio de cuarenta días, de suerte que, a no intervenir la obediencia de su confesor, no comiera ni durmiera en este tiempo, pues aseguraba no tenía necesidad ni sentía desfallecimiento alguno en el cuerpo. “Hácensenos a nosotros estas cosas como imposibles”, dice aquí el historiador jeronimiano (H) “porque estamos muy lejos dellas”, y [98r] no hay duda que, si nos llegásemos con simplicidad de corazón a aquel Señor que todo es espíritu, nos espiritualizaríamos participando de sus celestiales dones, pero dejándonos arrastrar de la miseria, nos vamos tras las cosas terrenas, donde se pega nuestro corazón y, así, vivimos no vida espiritual, sino terrena. Estando en cierta ocasión orando la santa, se llegó a ella un varón anciano y venerable y le dijo: “Ven conmigo, que te llama la Reina”. Se hallaba entonces en Toledo la Reina Católica, doña Isabel, y pensando la sierva de Dios que la llamaba la Reina (pues entonces podían salir del convento por no tener clausura), se turbó toda y se escusó diciendo no podía ir a ver a Su Majestad. El venerable anciano le volvió a decir: “Ven, hija, conmigo, que no es la Reina de la tierra la que te llama, sino la Reina del cielo”. Al oír esto, se turbó mucho más, pues su humildad y conocimiento proprio la hacían indigna de cualquier favor. Conformada con la divina gracia, siguió a aquel anciano y, sacándola de la ciudad, se halló de repente en una [98v] iglesia donde vio una hermosísima imagen de Nuestra Señora con su Hijo en los brazos, postrose a sus pies y dijo: “Señora, aquí tenéis a esta esclava vuestra”. Entonces, aquel varón le puso en sus manos un delicado y rico paño de seda, y la Reina del Cielo le dio a su dulcísimo Hijo y, mandando a un hermoso mancebo que le acompañase con el anciano, le dijo estas palabras: “Ve con mi Hijo donde fuesen estos dos varones”. Quedó la sierva de Dios con tan rica joya llena de celestial júbilo y, haciendo reverencia a la Señora, se partió con sus dos compañeros que, sin duda, serían San Joseph y San Juan Evangelista, de quien era muy devota. El venerable anciano caminaba delante, como guía desta jornada, y el mancebo la acompañaba dándole la derecha. Llegaron breve a un pueblo grande y famoso lleno de palacios y ricas casas y, llamando a las puertas el venerable anciano, decía en voz alta y grave: “Abrid, que viene Dios a vuestra casa y os quiere visitar”. A estas voces se hacían sordos y ninguno quería abrirles y, si algunos tenían las puertas abiertas, luego que los veían, las cerraban al instante [99r] respondiendo todos que pasasen adelante, que no había posada. ¡Oh, grosera ingratitud de los mortales! Así anduvieron cuasi todo aquel dilatado pueblo sin hallar quien los acogiese. Volvíanse desconsolados y afligidos y, en el camino, encontraron a unos que iban de viaje y dijeron: “Nosotros os acogiéramos si no fuéramos deprisa, pero, mientras volvemos, os podéis recoger en ese establo”. Esta fue la mejor posada que entre los hombres halló el Criador del mundo. Volvieron a la iglesia donde estaba la Virgen y, recibiendo a su bendito Hijo de las manos de la santa, refirieron los compañeros cuanto había pasado y Nuestra Señora, hablando con la sierva de Dios, dijo: “Ya has visto cuántos esfuerzos ha hecho mi Hijo para que los hombres le reciban y cuánta ingratitud ha hallado en ellos, por eso vendrá sobre ellos su ira y serán castigados, unos con duros azotes, otros con espadas agudas y otros [con] ardientes llamas”. Desapareció la visión y, quedando [99v] afligida la santa, lo refirió a su confesor y, de a poco, se verificó puntualmente, pues no llovió en mucho tiempo, que fue un azote cruel, ni se cogieron los frutos, que fue una penetrante espada que quitó la vida a muchos; y se siguió una peste contagiosa, a cuyas voraces llamas rindieron la vida cuasi infinitos, con otros trabajos que se siguieron en toda España, pidiendo incesantemente la bendita santa al Señor mitigase su ira. &lt;br /&gt;
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9.- Un día de la Ascensión, quedándose la santa en el coro después de maitines, como acostumbraba, llevada del afecto y amor a Jesús, se llegó cerca del altar mayor y allí fue arrebatada en éxtasis y le mostró el Señor una visión maravillosa: pareciole que se hallaba en un campo espacioso y dilatado, lleno de flores y plantas exquisitas. En medio [100r] deste campo vio que había una magnífica iglesia y que a ella se dirigían cinco solemnísimas procesiones de sacerdotes venerables ricamente vestidos de majestad y gloria. Conforme iban entrando en aquel templo, se postraban todos delante del altar mayor, donde estaba María Santísima con su bendito Hijo en los brazos y le parecía a la santa que esto no era en visión, sino en realidad, como si estuviera en el mismo Cielo. Después cantaron todos el ''Gloria in excelsis Deo'' con mucha solemnidad y, acabado, se quedaron con gran silencio y compostura, como si estuvieran en oración sin mirarse unos a otros. Pasado un rato, les mostró la Virgen a su Santísimo Hijo, diciendo: “Veis aquí el fruto bendito de mi vientre, tomadlo y comedlo”. Entonces, se levantó un sacerdote, que parecía de más autoridad que los otros, y se vistió para celebrar el santo sacrificio de la misa y, al ir a consagrar, le puso Nuestra Señora en sus manos a su Santísimo Hijo, y luego quedó en forma de hostia. Hizo la elevación para que [100v] todos la adorasen y apareció como un rayo de sol que la bañaba y, poco a poco, se fue subiendo al Cielo hasta que el Padre Eterno la recibió en su seno y se oyó luego una voz que dijo: “Este es mi hijo muy amado, oídle a Él”. Entonces, uno de los sacerdotes que estaban presentes y era conocido de la sierva de Dios por haber sido capellán del convento y que había muerto poco antes, se llegó a la santa y le dijo: “En lo que has visto conocerás la verdad del misterio eucarístico y la reverencia con que se debe celebrar. Advierte que es la voluntad de Dios que tú lo digas a otros”. Desapareció la visión y quedó la sierva de Jesús entre mil temores, pensando fuese alguna ilusión o engaño de Satanás, pues se tenía por indigna de cosas tan altas. Díjolo a su confesor, que lo era entonces don Juan de Biezma, capellán del monasterio y varón de suma integridad y pureza, y este, como prudente, aunque conoció eran verdades aquellas revelaciones, pues se dirigían al provecho y utilidad de las almas, le dijo que no hiciese caso de semejantes fantasías, que todo procedía de la debilidad de la cabeza. En otra ocasión, le apareció [101r] la Virgen María rodeada de luces y le dijo: “Cinco pecados aborrece mi Hijo en los sacerdotes y le ofenden en gran manera: el primero, la falta de fe en los misterios que tratan; el segundo, la codicia y apego a las cosas de la tierra; el tercero, el vicio horrendo de la luxuria; el cuarto, la ignorancia de sus obligaciones y, el quinto, la poca reverencia con que tratan las cosas divinas. Estas cosas irritan el justo enojo de mi Hijo. Publícalo así para que se enmienden”. Con el mismo temor se lo dijo a su confesor y este le respondió como antes, aunque observaba con cuidado para hacer el uso debido destas revelaciones a su tiempo, como con efecto se hizo con no poca utilidad de las almas. Estos fueron los primeros vuelos desta águila generosa que, remontada sobre todo lo criado, no paraba hasta tocar lo más alto y sublime de los cielos. &lt;br /&gt;
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10.- Y, continuando con esta misma materia, tan fecunda de luz en la vida de nuestra santa que apenas se hallara igual en la historia, estaba una noche en oración después de maitines, cuan- [101v] do, al rayar el alba del festivo día del triunfo de la Santa Cruz, se le apareció la Majestad de Cristo, vida nuestra, con semblante grave y severo. Venía vestido de una tunicela morada, con sobrepelliz y estola al cuello, pero corriendo gotas de sangre por su divino rostro y aun por todo el cuerpo. No pudiendo contener la sierva de Dios el dolor que le causaba ver al Señor maltratado, derramando sangre, dijo: “¿Qué es esto, mi Dios? ¿Quién os tiene así?”. Y el Señor respondió: “Desta suerte me maltratan los que no me reciben en la comunión con la disposición debida. ¡Ay de los sacerdotes! Pues a estos les espera mayor tormento”. Quedó fuera de sí y, desde esa ocasión, pidió fervorosísimamente ''[8]'' a Su Majestad por los que comulgaban y, muy en particular, por los sacerdotes y ministros del altísimo. Repetidas veces orando delante de una Santa Verónica, o cara de Dios, con quien tenía singular devoción, la veía llena de resplandores y recibía mucho consuelo su alma. Un día de San Agustín, estando haciendo oración delante desta santa imagen, después que se iluminó, [102r] con vistosos rayos, apareció toda convertida en sangre. Afligiose mucho la sierva de Dios, temiendo no fuese algún engaño, pues su humildad la hacía recelar de todo pedía al Señor le diese a entender lo que quería en esto, y la significó que quería aumentase en sí la penitencia y mortificación, pues la deseaba cada día más perfecta y santa. Púsolo en execución y en esta virtud hizo progresos admirables. Desde este día no comió jamás carne ni cosa caliente y su corto alimento era un poco de pan con alguna fruta, de suerte que todas sus revelaciones eran para multiplicar en sus sienes brillantes coronas de méritos y virtudes, prueba, la más eficaz, de que eran verdaderas y no fingidas. En cierta ocasión, tuvo un rapto tan profundo que, por muchas horas, estuvo sin movimiento alguno vital. Pensaron todos que había muerto y los médicos hicieron las últimas experiencias de darle garrotes y ligaduras, a que resistió inmoble. Usaron también del fuego y del cuchillo, y la hallaron insensible, y no es mucho, pues su espíritu vivía ausente del cuerpo en regiones muy remotas y dis- [102v] tantes. Ya la lloraban muerta a la que a la verdad estaba extática, y acaso hubieran pasado a darle sepultura, si el Señor no lo hubiera impedido. En este tiempo fue arrobada en un éxtasis profundísimo y llevada por los ángeles a aquel campo espacioso y dilatado en que había visto antes las cinco procesiones que entraban en la iglesia, y volviose a repetir lo mismo que había visto. Y la Reina del Cielo le dijo con rostro severo y grave: “Mucho ha desagradado a mi Hijo que tu confesor no haya publicado lo que se te ha revelado. Vuelve a decírselo para que lo comunique con [el] deán de la iglesia y otros sacerdotes, y todos avisen al arzobispo para que ponga de su parte el remedio, haciéndole saber cómo el Señor está indignado contra los cinco vicios que te manifesté aborrece en gran manera, es a saber: falta de fe, codicia, luxuria, ignorancia y poca reverencia. También le dirás que avisen al arzobispo para que cele con rigor sobre los moros y judíos (se permitían entonces en Toledo), pues van sembrando muchos errores en la ciudad”. Desapareció [103r] la visión y volvió del rapto hallándose buena y sana, aunque con los temores que su humildad le causaban, pero fortalecida con las superiores luces que el Señor le daba. Llamó a su confesor y, con esforzado espíritu, le dijo lo que había oído de la boca de la Virgen, pero el confesor, que con madura reflexión miraba estas cosas, aunque inclinado al asenso, no se determinaba a publicarlo y le dijo: “Hermana, para que en materia tan grave no nos tengan por livianos, era menester alguna prueba o señal, porque si no se reirán y burlarán de nosotros. ¿Qué seña me das para que me crean?”&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
11.- Afligiose la Santa Virgen con su respuesta y, pensativa de lo que había de hacer, se despidió del confesor y, pasando por junto a una ventana, vio dos pliegos de papel y luego se le ofreció el escribir dos cartas: una para su confesor y otra para el deán. Tomó el papel y, guiada de superior impulso, se encerró en un sótano obscuro [103v] para que no la viesen. Empezó luego el papel a iluminarse, dando claridad suficiente para ver, y sintió que le ponían una pluma en la mano y, moviéndosela, sin saber quién, escribió en poco tiempo las dos cartas, pero con letra tan primorosa y limpia que claramente daba a entender la había formado mano de ángel. Pero aún mucho más admiraba el contexto de las cartas, pues iban tan llenas de doctrina, eficacia y persuasiva que, en cada cláusula o periodo se leía un arcano ''[9]'' de la más alta teología y así, por todas sus circunstancias, se conocía era obra milagrosa y de superior jerarquía. Remitió las cartas a su confesor, el que las recibió apenas llegó a su casa y, maravillado de aquella letra tan peregrina, pasó a leer la que para él venía y quedó pasmado y como fuera de sí al ver doctrina tan elevada, y mucho más cuando leyó en ella no pocas cosas de que solo Dios y él eran sabidores. No obstante estas muestras tan claras, no le dejaba obrar con libertad su timidez y poca resolución, y así determinó ocultar las cartas, sin manifestarlas al [104r] deán, ni dar parte al arzobispo. Fue a ver el confesor a la santa y, sabiendo esta su determinación, se le reprehendió con la mayor severidad y, aunque siempre humilde, en esta ocasión revestida del celo santo que la animaba, le habló con tal eficacia y libertad que bien conocía era cosa de Dios, pero no le pudo convencer por su gran pusilanimidad, aunque como veremos después, el Señor le castigó en el Purgatorio por este defecto. Quedó la santa muy acongojada y pedía al Señor eficazmente se valiese de otra persona que tuviese más autoridad o que moviese el corazón de su confesor para publicarlo. Vivía la santa muy desconfiada de su ineptitud para cosas tan grandes, efecto proprio de los humildes, aunque pudieran saber que por lo mismo se vale el Señor de los medios más despreciables para hacer cosas sublimes, pues no ellos, sino la gracia de Dios en ellos, obra estos prodigios. Y antes de pasar adelante, no podemos omitir, en elogio de nuestra santa, los muchos prodigios que obraban sus milagrosas cartas y hacen no pequeño honor a nuestra historia: a una niña, después de mucho tiempo muerta, le aplicaron una carta y luego al punto resucitó. Tenía una mu- [104v] jer encarcerado un pecho sin hallar remedio en la medicina toda, aplícase la carta y sanó instantáneamente. Caminaba en romería desde Toledo a Santiago de Galicia un venerable sacerdote y, para seguridad y alivio de viaje tan penoso, pudo conseguir una destas ''[10]'' cartas. Llevábala con la mayor veneración en el pecho, pareciéndole que libraba en ella toda la felicidad. Al pasar un río caudaloso, cayó entre sus rápidas corrientes y, sin duda, le hubieran arrebatado a no haber acudido a esta insigne reliquia. Salió milagrosamente y, habiéndose mojado todo cuanto traía puesto hasta la camisa, solo la carta se halló seca y enjuta. En cierta ocasión, al ir a caerse por casualidad una destas cartas en una tinaja de agua, se detuvo milagrosamente en el aire. A una persona que padecía un incorregible fluxo de sangre, se detuvo luego que le aplicaron una carta. El doctor don Diego de Villaminaya, dignidad de capellán mayor de la santa iglesia de Toledo, pudo conseguir una carta destas con que dio salud a muchísimos enfermos. Estos y otros prodigios ha obrado el Señor en crédito de su sierva. &lt;br /&gt;
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12.- Continuaba esta en sus santos exercicios de oración, retiro y penitencia, estimada de Dios, venerada de los hombres y favorecida de los ánge- [105r] les, pidiendo siempre a Su Majestad con fervorosas lágrimas por el estado feliz de la Iglesia y salvación de las almas redimidas con su preciosa sangre. Este era el objeto común de sus oraciones y, como fundado en caridad, le era a Dios muy agradable y por eso le regalaba con frecuentes apariciones, manifestándola sus más escondidos tesoros. En cierta ocasión, fue llevada por un ángel al Purgatorio, donde vio penas y tormentos tan terribles que no hay lengua que los pueda explicar. Oyó allí gemidos, gritos y aullidos formidables, vio también figuras de animales tan estraños y peregrinos que jamás había visto en la tierra, y tan fieros y espantosos que bastaba solo su vista para quitar la vida al hombre más animoso y valiente. Vio, igualmente, gran multitud y variedad de gusanos que roían y atormentaban a aquellas pobres almas. Examinó uno la sierva de Dios con cuidado y dice tendría [105v] como un cuarto de largo y tres o cuatro dedos de ancho, cubierto por encima de unas conchas menudas, pero encendidas de un fuego muy activo. Reparó también que tenía unas uñas sumamente fuertes y aguzadas. Preguntó al ángel qué significaban aquellos gusanos y respondió: “Estos son los gusanos de la conciencia, que están royendo las almas de los que ves aquí detenidos, y esto les mortifica más que ninguna otra pena. ¡Que no fuese yo mejor! Exclaman noche y día. ¡Que no fuese yo más solícito en ganar indulgencias! ¡Que anduviese tan descuidado! ¡Que pude haber evitado estas penas y no lo hice! Este es el gusano roedor que más los atormenta. ¡Que pude y no lo hice! Y este también – prosiguió el ángel- es el que más aflige y desconsuela a los míseros condenados: ver que pudieron salvarse y no lo hicieron, que pudieran estar en el Cielo para siempre y se ven en el infierno por toda una eternidad. Este roedor nunca se acaba, siempre vive [106r] y nunca muere”. Vio allí la santa a varias personas, entre ellas a un sacerdote que aún vivía y era cura de una parroquia de Toledo y muy conocido de la santa. Tenía enroscada por el cuerpo una grande y espantosa culebra de dos cabezas, que con la una le roía el espinazo y, con la otra, el estómago, y junto a él un dragón horrible y espantoso que llevaba sobre su lomo un niño que a grandes gritos pedía a Dios justicia contra aquel párroco. Quedó espantada la santa y preguntó al ángel qué significaba aquella visión, y el ángel le respondió: “Sábete que este niño se queja contra el párroco porque no recibió el bautismo por descuido suyo, y así pide a Dios le castigue tan gran pecado”. Desapareció la visión y, vuelta en sí, hizo oración fervorosa por él, y sucedió que, pasados algunos días, diciendo misa este párroco y oyéndola la santa, después que se acabó, fue arrebatada en éxtasis y le vio [106v] que aquel miserable sacerdote tenía rodeada al cuerpo una espantosa culebra, pero con tres cabezas: con la una le mordía la lengua, la otra el corazón y, con la tercera, las espaldas. Vio también al niño, que daba gritos delante d’él y decía: “Por tu causa no recibí el bautismo, por ti me veo desterrado del Cielo, por ti no veré a Dios jamás. Venga, pues, sobre ti el castigo de tan gran culpa”. Pasados tres días, llamó la santa a este párroco y le dijo cuánto había visto, y otras muchas cosas secretas que nadie las sabía, y le amonestó de enmendarse de tales y tales pecados graves que había cometido, y porque tenía al Señor muy ofendido. Al oír descubierto su interior, quedó desmayado aquel sacerdote y cayó como muerto en tierra; animole la sierva de Dios exhortándole a hacer penitencia y que confiase en [que] el Señor [107r] le perdonaría sus culpas, si de corazón se arrepintiese dellas. Estando otro día diciendo misa, aparecieron en la hoja del canon cinco gotas de sangre fresca y reciente, y refiriéndolo a la santa le dijo, vestido de luz su pensamiento, que en ello le daba el Señor a entender le quedaban de vida solo cinco años, como se verificó. Murió pasado este tiempo, día de San Miguel, y, haciendo oración por él la sierva de Dios, se le apareció en una figura horrible y lastimera en que daba a entender se había condenado. Adoremos los juicios de Dios siempre inescrutables mientras damos principio al capítulo siguiente.&lt;br /&gt;
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'''Capítulo 6. Recibe la sierva de Dios, María de Ajofrín, por admirable modo las llagas de Jesús, con otros favores extraordinarios'''&lt;br /&gt;
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1.- Siempre ha sido y será célebre en la Iglesia el favor sin segundo que la Majestad [107v] de Cristo hizo a mi seráfico padre san Francisco en la impresión de sus sagradas llagas. Este prodigio, a todas luces grande, que se ha merecido por todas sus circunstancias la admiración de los siglos, en nada deroga la omnipotencia del Altísimo para que, con sus siervos, se muestre el Señor liberal derramando, a manos llenas, favores y beneficios. Así lo hizo con nuestra santa virgen, la sierva de Dios María de Ajofrín. Habíala escogido el Señor no solo para fiel dechado de virtudes y perfecciones, sino para que fuera instrumento idóneo que arrancase del campo de su Iglesia la cizaña que el enemigo cautelosamente iba sembrando. La había escogido entre millares para que fuese vivo oráculo de su voluntad eterna y por eso la quiso sellar con el sello de su amor más puro, para que le diesen fe y creyesen su testimonio. &lt;br /&gt;
Estando, pues, un día en oración nuestra santa virgen en la octava del Corpus, patente el Santísimo Sacramento como se acostumbra en la orden, fue levantada en el aire más de una vara, en fuerza de la elevada y sublime meditación, cuando sintió de repente dentro de [108r] su alma una grande antorcha que, ilustrando su razón, inflamaba al mismo tiempo la voluntad en el amor de su dulce esposo. Vio que desde la custodia salían cinco hilos de oro finísimo a manera de cinco vistosos rayos de luz y se terminaban a sus pies, manos y costado. Conoció la santa el misterio y, no pudiendo su humildad sufrir tanto favor, quedó anegada en su misma miseria, absorta y fuera de sí. Los dulces efectos que causó esta visión en el pecho amoroso de la humilde sierva fueron admirables y, más para contemplarlos que para referirlos, diola el Señor a entender que quería honrarla con las señales de su pasión sacrosanta, pero que esto sería sucesivamente, y en diversos tiempos así se verificó, como iremos viendo. Un día, meditando en la corona de espinas y los acerbísimos dolores que el Señor padeció en este paso, sintió en su cabeza tan recias punzadas, como si la traspasaran con agudas y penetrantes espinas. Ni fue solo repre- [108v] sentación, sino realidad, pues luego brotaron con violencia por todo alrededor muchas gotas de sangre viva y fresca. Duró esto por muchos días, de suerte que lo vieron y notaron las demás religiosas pues, aunque ponía el mayor cuidado para ocultarlo, no podía, manifestándolo el Señor por medio de la sangre que le corría, no pocas veces, hilo a hilo por la cara, con admiración y pasmo de cuantos lo veían. Y sucedía estar sereno su rostro, sin novedad alguna y, de repente, brotar la sangre de sus sienes, frente, y demás partes de la circunferencia, y bañarse su angelical rostro con este precioso rosicler, que la hacía aún más hermosa y agraciada. Desde que recibió estas señales de la corona de Jesús (de que hay pocos ejemplos en la historia), fueron vivísimas y penetrantes las punzadas que sintió causándole acerbísimos dolores en tanto grado que, en una ocasión, llegó a separarse en la cabeza el casco superior del inferior, como si le hubieran dividido con un cuchillo; pero acompañó a este prodigio otro aún mayor, y es que por fuera nada se conocía, pues ni rompió el pellejo, ni hizo llaga alguna y solo por el tacto se percibía la separación [109r] de uno y otro casco y, con ser esta rotura claramente mortal y sin remedio, no le quitó la vida, aunque le causó tan fuertes dolores que estuvo fuera de sí por más de cuarenta horas, y después de algunos días, se volvieron a unir y solidar, sin medicina, aquellos cascos, quedando como antes. Deste raro portento hubo muchos testigos y algunos dellos físicos famosos que, contestes ''[11]'', depusieron ser obra sobrenatural y divina. &lt;br /&gt;
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2.- Entregada toda a Dios y puesta en contemplación altísima se hallaba un día la santa virgen cuando, de repente, sintió acerbísimos dolores en las manos y en los pies y aun en todo su cuerpo, quedando como descoyuntado. Parecíale que las manos se las atravesaban con gruesos y penetrantes clavos; acudió pronta, llevada más del temor humilde que del dolor vehemente y halló las llagas, que pasaban de parte a parte una y otra mano. Después que volvió en sí y pudo valerse, se puso unas vendas con algunos paños para que las demás no lo pudiesen conocer. Y fue así, pues solo su con- [109v] fesor (que lo era entonces el ilustrado varón y religiosísimo padre fray Juan de Corrales, prior del convento de la Sisla) lo supo y él solo las vio con sus ojos y depone desta verdad y no se puede dudar della, pues demás de ser varón a todas luces respetable por su conocida santidad y literatura, se hace acreedor a esta justicia el hallarse condecorado con la prelacía de su orden y, lo que hace más al caso, por ser del tribunal de la Santa Inquisición, como veremos después. Duraron estas llagas abiertas más de 40 días sintiendo la bendita virgen recios dolores y muy en particular los viernes. Después, se cerraron sin medicina alguna, pero quedaron las señales hasta que murió, y procuraba ocultarlas. Y, aun después de cerradas, sentía no pocas veces vehementísimos dolores. No nos dice la historia si recibió también las llagas en los pies, aunque es de creer las recibió y las ocultaría por la honestidad, y solo dice que sintió en esta ocasión acerbísimos dolores en los pies. Pero aún más misteriosa es la llaga del costado: abrasada en amor divino, medita- [110r] ba un día la Pasión y muerte de Jesús (que este era por lo común el objeto de su oración), se le apareció el Señor vestido de resplandores y le previno que el día siguiente, que era la festividad de todos santos, año de 1484, le había de comunicar altísimos secretos y transformar en sí por temor haciéndola participante de los dolores de su Pasión sacrosanta. La humilde sierva se lo dijo a su prelada con el mayor secreto, suplicándole encarecidamente que, a otro día luego que comulgase, la llevase a algún sitio retirado de la casa donde nadie le viese ni notase. Prometiolo así la prelada para su consuelo, aunque no lo pudo cumplir, pues a otro día, apenas comulgó, fueron tan excesivos los gemidos y sollozos y tan violentos los golpes de corazón, que fue milagro no espirar luego al instante. Tal era el fuego que abrasaba interiormente el corazón de la santa que, encendida toda en amor, salió a buscar el exterior ambiente. Su virginal rostro arrojaba un [110v] tan vistoso carmín que, hermoseándole sobremanera, causaba admiración y respeto. Siguiose a esto un prodigioso rocío de su sangre que, sin hacer herida, salió de sus delicadas sienes y por toda la circunferencia de la cabeza. Quedose después privada de todos sus sentidos y en un profundísimo éxtasis en que perseveró por más de 40 horas sin verse en ella más acción vital que algunos lastimosos quejidos con que, tal vez, se desahogaba. Las religiosas, temiendo muriese la santa en aquel dilatado desmayo, usaron aun con sobrada violencia de cuantos remedios les dictaba su congojosa aflicción en aquel crítico lance: le dieron garrotes y ligaduras y, para que tomase alguna sustancia, hicieron tal fuerza que le quebraron una muela, pero a todo estaba la santa inmoble e insensible. Y, aunque notaron alguna sangre en el hábito, no hicieron alto sobre ello hasta que se descubrió el misterio. Volvió al fin de aquel profundo rapto y, después, dijo a su confesor que había sido llevada a la presencia de Cristo y que había visto al Señor sentado en un trono de grande majestad y grandeza, donde le fueron reveladas muchas cosas tan altas y divinas que ni podía ni sabía explicarlas. Dijo también que le había mandado el Señor, de nuevo, publicase lo que [111r] le tenía dicho en otras ocasiones: “Y para que seas creída -añadió el Señor- se te dará esta señal del cielo, que este cuchillo traspasará tu corazón y hará en él una llaga de donde saldrá sangre viva, que será verdadero testimonio a todos, tú serás participante y como un transunto en quien verán mis llagas y lo que padecí por los hombres”. &lt;br /&gt;
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3.- Después que dijo esto el Señor, se sintió herida en el costado y con tan gran dolor que faltó poco para espirar. Mostrose la llaga abierta por espacio de 20 días y, aunque siempre corría sangre, los viernes era con más abundancia, de suerte que no bastaban los paños que se ponía y corría hasta el suelo. Para que se conociese que esta llaga era misteriosa y sobrenatural, nunca se enconó ''[12]'' ni salió materia ni otro género de corrupción. La sangre que salió era tan limpia como de un tierno corderillo. Quiso al principio la humilde sierva del Señor ocultar este prodigio, pero el Señor le mandó lo dijese a sus preladas y prelados, lo que le fue aún más sensible que todos los dolores que había padecido. Obedeció; aunque [111v] muy a costa de su humildad, mostró los paños ensangrentados, que ellos mismos estaban publicando el prodigio, pues no parecía sangre humana, sino un carmín finísimo. Vio la llaga el confesor y algunas religiosas y todos quedaron atónitos y asombrados, aunque mandó seriamente a las religiosas no lo dijesen a nadie. Quiso el confesor dar parte al deán de la Santa Iglesia, pero se detuvo para obrar con más reflexión en materia tan importante; pero confirmado más en el prodigio buscó al deán y le refirió cuanto pasaba. El deán, que era don Pedro de Préxano, sujeto de no vulgar literatura, de vida muy ajustada y que sus prendas le elevaron después a la mitra de Badajoz, determinó se hiciese la averiguación con toda solemnidad, para que constase auténticamente, por lo que llamó al capellán mayor, dignidad de la misma Santa Iglesia, junto con un notario apostólico y, en compañía del confesor, entraron en el convento el día 19 de noviembre y, delante de la prelada y otras dos religiosas, vieron con la mayor decencia la llaga del costado y su circunferencia; y la tocaron con sus manos estando la llaga tan viva y fresca como si se acabara de hacer, no obstante que habían pasado 19 días, y salía sangre pu- [112r] -rísima, sin mal olor, ni putrefacción alguna; y el mismo capellán mayor tomó unas hilas y las sacó llenas de sangre, confesando todos era cosa sobrenatural y mandaron al notario lo diese por testimonio. Y porque este se guarda original en el Convento de Padres Jerónimos de la Sisla de Toledo, queremos poner aquí lo que hace al caso y pertenece a la historia, y es lo siguiente: &lt;br /&gt;
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‹‹Yo, Gracián de Berlanga, capellán de la serenísima reina doña Isabel, Nuestra Señora, notario apostólico y arzobispo, doy fe que el año de la Natividad de Nuestro Redentor y Salvador Jesucristo de 1484, en 10 de noviembre, casi 6 horas después de medio día, por ruego e instancia de don Juan de Biezma, rector de la casa de doña María García, entré en la dicha casa, en un aposento en el cual estaban los reverendos señores don Pedro de Préxano, deán de Toledo, y don Diego de Villaminaya, capellán mayor en el coro de la Santa Iglesia de Toledo, y dos o tres religiosas de la dicha casa, y vide una doncella, que verdaderamente parecía bulto de ángel, y tenía una llaga en el costado donde Nuestro Señor Jesús fue herido, tan grande como un real y no tenía hinchazón y carecía de toda putrefacción [112v]. Tenía un color muy fino, así como grana y, después que todos lo hubimos mirado, a poco rato habló aquella doncella estas palabras: “Dios Nuestro Señor vos lo demande, si non pusiéredes aquello en execución”. Y así espantado me aparté dende y me torné a salir. En fe de lo cual lo signé y firmé de mi nombre, que fue fecha en Toledo, año, mes, día de ''quibus supra. Gratianus notarius apostolicus''››. &lt;br /&gt;
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En aquellas palabras que dijo la santa, “Dios Nuestro Señor vos lo demande”, da a entender que ya los había hablado antes y sería, sin duda, lo que el Señor le había revelado que publicase. Parece no esperaba el Señor otra cosa para cerrar la prodigiosa llaga que el que se tomase testimonio della y así, a otro día, que fue el 20 de noviembre, ya se había desaparecido esta llaga, cerrándose ella misma sin medicina alguna, quedando solo una hermosa y vistosísima señal y no menos prodigiosa que la llaga misma, pues, sin verse cicatriz ni callosidad alguna, solo quedó como un hermosísimo y brillante rubí. De donde se infiere claramente que esta llaga [113r] fue milagrosa en su principio, en sus progresos y en su fin. Pero, aunque faltó la llaga, no faltaron a la santa los dolores, pues estos los padeció con mucha frecuencia y aun también se renovó no pocas veces en los cinco años que vivió después, como lo declaró a su confesor, a quien nada reservaba para no errar. &lt;br /&gt;
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4.- Adornada nuestra santa con las preciosas llagas de Jesús, no vivía ya en la Tierra este serafín humano, su conversación, su trato y su espíritu todo era del Cielo y en el Cielo. Su alimento era cortísimo y levísimo, y aun esto lo hacía no por necesidad, sino por humildad, para quitar cualquier nota y que no la tuviesen por buena. Decía a su confesor que no tenía necesidad de manjar terreno cuando recibía a Su Majestad Sacramentado, pues este le mantenía no solo el alma, sino también el cuerpo. Por eso en este tiempo eran más frecuentes los éxtasis y raptos desta feliz alma, pues, como tan desprendida de la Tierra, era fácil ser elevada hasta el Cielo. Aumentáronse las revelaciones y favores del Señor [113v] y, como la había escogido por instrumento para declarar lo irritado que estaba contra los pecadores, volvió una y otra vez a mandarla manifestase su voluntad. &lt;br /&gt;
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En una ocasión, le apareció Su Majestad muy airado y, de nuevo, le dijo era su voluntad se avisase al arzobispo para que, por lo que a él le tocaba, pusiese pronto remedio en aquellos cinco vicios que, en otro lugar (I), dijimos aborrecía tanto el Señor y, también, que velase en destruir y extirpar los horrores que en Toledo iban sembrando los moros y judíos y que quitase el intolerable abuso que se había introducido de celebrar misas en casas particulares y que no lo permitiese, sino en algún caso raro o grave necesidad, pues así iba decayendo el culto divino y la asistencia de los fieles a los templos y funciones eclesiásticas. Ha querido siempre Dios a esta ciudad santa, ejemplar y edificativa, esmerándose en arrancar de su campo cualquier cizaña que el enemigo común ha instado sembrar y, por eso, ahora insta tanto en purificarla por medio de su prelado [114r] para que, a su ejemplo, otros prelados hagan también lo mismo. Con este fin, y para que le diesen crédito, adornó el Señor con sus llagas a nuestra santa virgen, pero como tan humilde no sabía cómo hacerlo, contentándose con decirle a su confesor, el cual tampoco tenía resolución para ello, permitiéndolo el Señor para escarmiento de otros. Una voluntad de Dios tan expresa y clara, tantas veces repetida y encomendada, ya se ve que el resistir a ella será culpable en los divinos ojos, ni puede escusarse con el pretexto de humildad, pues en realidad no lo es. Mandó Dios a Jonás fuese a predicar a Nínive, pero por humildad huye y se embarca para Tarsis (J). Irritado el Señor contra el desobediente profeta, le castiga mandando a una ballena se lo trague. No se han de persuadir fácilmente las almas contemplativas que el Señor las toma por instrumento para cosas grandes, pero tampoco se han de resistir con nimia tenacidad cuando una y otra vez las llama. [114v] Escarmienten las almas dedicadas a Dios en lo que sucedió a esta santa y a su confesor: murió este (que, como queda dicho, lo fue muchos años y se llamaba don Juan de Biezma) el año de 1486 cerca de la festividad de Nuestro Padre San Francisco y, en este día del Santo Patriarca, se le apareció a la sierva de Dios y le dijo, entre otras cosas, estaba penando en el Purgatorio por no haber hecho lo que la santa le dijo varias veces, que diese parte al arzobispo para que pusiese remedio oportuno en aquellas culpas y que, ahora, le exhortaba que, deponiendo todo temor, lo manifeste al arzobispo porque, si no, sería azotado rigurosamente del Señor. Pidiola le encomendase a Dios y ayudase a salir de aquellas penas y, con esto, desapareció. Quedó la santa admirada, pero aún no sabía cómo hacerlo, pues le parecía que harían burla de su dicho, despreciando como consejo de mujer lo que era oráculo divino. Estando una noche en oración, fue llevada a un tribunal, donde presidía un juez [115r] severo y, pidiéndole cuenta del cumplimiento de sus órdenes, mandó a un ángel azotarla por desobediente. Fueron tales los azotes que se alcanzaban unos a otros y, así, sus delicadas espaldas quedaron todas molidas y quebrantadas, aunque por de fuera no quedó señal alguna de llaga ni cardenal. Este solo tormento le faltaba para imitar a Jesús en su Pasión sacrosanta. Tuvo grandes dolores la santa y le duraron cerca de año y medio sufriendo por el Señor estos azotes de su mano. Tenía una vez la toca mal puesta y la prelada, para componérsela, metió la mano en la espalda, pero notó que, como si no tuviera huesos o los tuviera molidos, no tocaba sino carne, pero sin llaga ni cardenal alguno. Maravillada desto y pensando que se había puesto así por las disciplinas, le reprehendió agriamente el exceso, pero la sierva de Dios le descubrió todo lo que había pasado y se conocía ser cosa sobrenatural por no verse señal alguna exterior. &lt;br /&gt;
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5.- Con este aviso del Cielo conoció [115v] la sierva de Dios su descuido y, habiendo quedado por su confesor el venerable padre fray Juan de Corrales, prior que era de la Sisla, comunicó con él cuanto había pasado y, como docto y experimentado, determinó dar parte de todo al arzobispo, que lo era entonces el gran Cardenal de España, don Pedro González de Mendoza, y habiendo hablado largamente con su eminencia sobre el asunto, le dejó una copia del testimonio, que se había formado de la llaga del costado y otros papeles autorizados de varios prodigios y maravillas que Dios había obrado, y estaba obrando entonces con su humilde sierva. Oyole benignamente su eminencia y, a otro día, le respondió en carta lo que sigue: &lt;br /&gt;
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‹‹Venerable padre, esta noche pasada a las dos, después de medianoche, tomé esta lectura que me dejastes y nunca la aparté de mis ojos hasta que, capítulo por capítulo, la pasé y leí toda, que en ella no quedó letra que no la leyese, y lo que más me maravilla es que, ansí, se me pegó al corazón, que no dudé de [116r] ella cosa alguna. Como quiera que soy tardío en dar crédito a estas revelaciones y, al cabo, vi el testimonio del notario y la confirmación de los testigos, varones y mujeres, a quien toda fe se debe dar y a cualquiera dellos yo lo daría, aunque fuese solo cuanto más a todos juntos, a los cuales yo conozco, excepto a la hermana mayor (era la prelada), que por tener el cargo que tiene está aprobada debajo. Conozco bien al notario, que es hombre de verdad y digno de fe. Maravillome mucho más hallarse en mujer tanta dureza en no querer decir lo que tantas veces vio y sintió, mayormente siéndole mandado por quien todo lo manda y rige, lo que es señal de su grandísima humildad y del menosprecio que tiene de la gloria mundana. Por lo que a mí me toca, le dad, vos Padre, por mí las gracias, y Dios Nuestro Señor se las dé, y la pena que padece le será en doblada gloria y, si hay alguna cosa que yo pueda hacer para consolación suya, ofrécesela vos de mi parte muy enteramente, y recomendadme a ella rogándole que me tenga presente en la oración, rogando a Nuestro Señor me deje acabar en su servicio y hacer en esta vida su voluntad››. &lt;br /&gt;
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Después que recibió esta carta el [116v] confesor, le mandó a la sierva de Dios escribiese al arzobispo informándole ella misma de cuanto el Señor le había revelado sobre el particular. Llamó a una religiosa de confianza para que le escribiese y, habiéndola acabado, al quererla secar a la lumbre, se quemó gran parte y, afligiéndose la compañera por tenerla que trasladar y ser larga, le dijo que no tuviera pena, que a otro día lo harían. Pusieron la carta en un arca y, al ir a trasladarla al día siguiente, la hallaron sana y sin lesión alguna, de lo que quedó admirada su compañera, que se llamaba Inés de San Nicolás. Cerró la carta y la envió con su confesor y la llevó a su eminencia, con quien habló largamente sobre el contenido, y su eminencia respondió lo siguiente: &lt;br /&gt;
‹‹Devota y muy amada hermana, con vuestra carta y con lo que el Padre Prior de la Sisla me dijo, hube gran consolación. Nuestro Señor Dios, que os puso en tal estado, os deje acabar en su servicio y a mí me dé gracias, que pueda hacer su voluntad y poner en obra lo que vos me aconsejáis, y ansí, os pido que le demandéis a Nuestro Señor y a su buen- [117r] aventurada Madre y en vuestras oraciones me encomiendo. Y porque al Padre Prior de la Sisla hablé largo no digo aquí más, sino que Nuestro Señor os conserve en su gracia divina››. &lt;br /&gt;
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Otras muchas cartas escribió la santa al cardenal en que trataba con toda eficacia del remedio de los errores que los judíos y moros iban sembrando en Toledo, y su eminencia, conociendo la santidad desta gran mujer y el espíritu que la animaba, determinó a sus ruegos establecer en Toledo el Santo Tribunal de la Inquisición. Ni paró aquí el fervor desta heroína, pues a sus eficaces instancias se movió el cardenal a tratar con los Reyes Católicos, don Fernando y doña Isabel, la expulsión de los judíos y, después, se executó el año de 1492, saliendo de toda España seiscientos y veinte y cuatro mil desta mala raza. De suerte que podemos decir que nuestra España es deudora a esta sagrada virgen destas dos cosas grandes: del establecimiento del Santo Tribunal de la Inquisición y de la expulsión de los judíos, de donde tanto bien se ha seguido a [117v] toda la monarquía española. &lt;br /&gt;
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6.- Prosiguiendo el Cielo en favores a esta dichosa alma, eran ya por este tiempo frecuentísimas las dulzuras que recibía en repetidas apariciones de los espíritus angélicos y dulcísimas visiones de los santos, sus devotos, recreándola espiritual y corporalmente, sanándola de sus enfermedades y dirigiéndola en lo que había de hacer. Y si todas se hubieran de referir, sería necesario formar abultadísimos volúmenes y en esto convienen todos los historiadores de su admirable vida, por lo que ponemos solo algunas. Abrasada en amor de Dios, deseaba la santa comulgar en ocasión que los recios dolores que padecía en los lugares de las llagas, junto con la suma debilidad, la tenían postrada en una cama; no se atrevía la santa a pedir le trajesen a Su Majestad por evitar la singularidad. Apareciósele en esto un bello y gracioso niño, tan peregrino y hermoso que, turbada toda, no [118r] se atrevía a hablarle ni menos a llegarse a él, no obstante que se mostraba afable y cariñoso aquel soberano infante, recobrose un poco y díjole con humildad: “¿Quién eres, hermoso niño?”. Y el Señor le respondió con mucha gracia y donaire: “Yo soy tu esposo, no te turbes. ¿Por qué temes? Llégate a mí”. Y llegándose la casta virgen, le dio el Divino Infante paz en el rostro y, poniéndole la mano en la cabeza dijo: “Ea, esposa mía, ya estás sana, levántate y ve a la iglesia”. Desapareció la visión y quedó la santa tan llena de dulzura y suavidad que le parecía había estado en la gloria, levantándose de la cama buena y sana; y desde este día jamás sintió dolores en la cabeza en la parte de la corona, que fue donde la tocó el soberano Niño, pero se aumentaron considerablemente en los pies, manos, costado y espaldas, en particular los viernes desde por la mañana hasta después de vísperas, en que parecía le renovaban las llagas, cada una con el instrumento respectivo. &lt;br /&gt;
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En una ocasión la tenía postrada en la cama un agudo dolor de costado a que se llegaba el dolor grande que entonces la afligía también de la llaga del costado, que, aunque no se mostraba para lo exterior, como se ha dicho, siempre en lo interior [118v] estaba abierta. Pensaba, según su debilidad y dolores, que era llegada su hora y solo la afligió el no poder hablar bien para confesarse. En este aprieto, se le apareció el arcángel San Miguel, de quien era muy devota y, poniéndole la mano en la llaga del costado, se la apretó y fortaleció tan bien que pudo hablar y, llamando a su prelada, le suplicó avisase a su confesor para que la oyese de penitencia y administrase el viático. Mientras fueron al convento de la Sisla a avisar al prior, que era su confesor, tuvo la visión siguiente: arrobada en un profundo éxtasis, vio en espíritu al mismo confesor que, estando diciendo misa, al llegar a las palabras de la consagración, una imagen de Nuestra Señora que estaba en el altar le dio el Niño que tenía en sus brazos. Vio también en el altar un grande resplandor y muchos ángeles que sostenían al sacerdote de sus brazos, hallándose presentes las gloriosas vírgenes Santa Catalina y Santa Bárbara. Luego estas dos santas se llegaron a María y le dijeron: “Mañana a las nueve recibirás a Nuestro Señor en este resplandor que ahora ves y luego, al punto, quedarás sana”. Así fue, pues a otro día vino el prior, se confesó y, celebrando misa, al tiempo [119r] que se volvió a la sierva de Dios con la forma consagrada para comulgarla, vio en el pecho y manos del prior un resplandor muy hermoso, con tanta claridad como si fuera un sol. Esto mismo vio también una inocente niña como de tres años que estaba presente con su madre, la cual prorrumpió con aquel desahogo natural que causa la admiración en aquella inculpable edad: “¡Ay! ¡Ay! ¡Qué hermoso!”. Y preguntada dijo que había visto un sol entre el sacerdote y la enferma. Luego que esta recibió al Señor, perdió todos sus sentidos, quedando en un profundo y soberano éxtasis que le duró nueve horas. Las demás religiosas procuraban por todos modos dispertarla, pensando desfallecía, pues no había tomado alimento alguno en muchos días. Ignoraban que estaba trasportada en Dios y que este, como esposo amante, tiene mandado en la escritura (K) que no inquieten a su esposa ni la hagan velar hasta que ella quiera, con que fueron en vano todas las diligencias hasta que ella volvió en sí y, abriendo los ojos, dijo aque- [119v] llas palabras del psalmista (L): “Alaba, ánima mía, al Señor y todas las cosas que están dentro de mí a su santo nombre”. Y luego se halló sana y sin dolor alguno. Instaron las religiosas que tomase algún alimento, pero la sierva de Dios se escusó diciendo que no tenía necesidad, pues habiendo comulgado podía pasar sin alimento alguno, aunque fuese cuarenta días. &lt;br /&gt;
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7.- Como era tan agradable a los ojos del Señor esta su querida esposa, le regalaba dulcemente revelándola sus más ocultos misterios. Un año, en la noche de Navidad, le reveló su santo nacimiento con la adoración de los pastores. Después vio a los Reyes Magos y los ricos dones que le ofrecieron, con todos los demás misterios desta sagrada festividad. Celebrando el santo sacrificio de la misa en el Convento de San Pablo, el señor don Diego de Villaminaya, capellán mayor del coro de la Santa Iglesia, muy devoto de la santa, iba a darle la comunión y, al recibirla, dio un tan fervoroso suspiro que levantó las sagradas formas de la patena y hubieran caído en el suelo si los ángeles no las [120r] hubieran detenido prontamente. Un día de Navidad, celebrando también misa este mismo sacerdote en el referido convento, vio cómo, al salir revestido al altar, iban delante de él dos refulgentes antorchas de una luz vistosísima y extraordinaria, colocáronse sobre el altar y luego salieron cinco rayos de cada una y terminaban en la sierva de Dios, llenándola de gozo abundantísimo. Al llegar a ''sanctus'', vio descender del Cielo al altar tanta multitud de ángeles que cubrían al sacerdote desde los pies a la cabeza, subiendo unos y bajando otros con muestras de singular alegría. Al llegar a la consagración, todos los ángeles se postraron con la mayor reverencia y, a la elevación, los mismos ángeles le levantaban los brazos. No pudo aquel fogoso espíritu de santa sufrir más y, así, antes del ''Pater noster'' le dio un deliquio amoroso, y no pudiendo mantenerse de rodillas, cayó en el suelo desmayada, y estuvo así hasta las doce del día sin movimiento alguno y, a esta hora, la llevaron a su recinto juzgándola muy fatigada, pues había estado allí desde las diez de la noche sin apartarse.&lt;br /&gt;
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El año de 1486 fueron tales las crecientes del soberbio río Tajo por las continuas lluvias [120v] que, demás del daño que hacía en los campos, imposibilitó los molinos, de suerte que no se hallaba harina, causando mucha necesidad en el pueblo y perecían los pobres. Lastimado el corazón compasivo de la santa al ver tanta miseria, se subió una noche a un terrado desde donde se descubre [el] Tajo y, levantando los ojos y el corazón al cielo, echó al río su bendición y, después, se retiró a orar, puestos los brazos en forma de cruz, tendida en el suelo y pegado el rostro con la tierra. Así hacía ferviente y humilde oración pidiendo a el Señor y a su purísima Madre se doliesen de los pecadores y contuviesen el rigor de su justicia. Sintió luego que la levantaban en el aire y vino un rayo hermoso de claridad que, desterrando las tinieblas y lobregueces de la obscura noche, parecía el día más claro y refulgente. Vino después María santísima en un trono de mucha gloria y majestad y le dijo: “Has de saber, hija mía, que todas las aguas que han caído en el discurso de tantos días habían de haber caído en tres, y la mayor parte dellas sobre la ciudad, de que se hubieran seguido muchos estragos y muertes, pero las oraciones que has hecho por la ciudad, yo que siempre he sido y seré su pro- [121r] tectora y madre compasiva, las presenté a mi Hijo y se ha dignado contener su ira”. Y así se verificó, pues luego cesaron las aguas y el río volvió a sus antiguas corrientes. A este beneficio y a otros muchos es deudora la ciudad de Toledo a esta santa y venerable virgen, lo que debe tener presente para la gratitud y reconocimiento. &lt;br /&gt;
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El deán de la santa iglesia de Toledo, de quien en varios pasajes desta historia hemos hecho honorífica mención, formando el concepto que se merecían las virtudes de la santa (como testigo ocular del singular prodigio de la milagrosa llaga del costado), la veneraba, fiando mucho en sus oraciones. Tenía gran consuelo en tratarla, comunicando los negocios más graves que se le ofrecían, sacando siempre luz y acierto en el consejo de María. En el citado año de 86, rogó encarecidamente a la santa pidiese al Señor por la paz entre dos grandes personajes muy inmediatos al solio ''[13]'', cuya discordia ocasionaba en el reino funestas consecuencias e irreparables males. Obedeció la santa y, estando un día en oración en un sitio donde se veía salir el sol, vio a este fogoso planeta en su primer oriente, pero tan benigno en su aspecto que, como si fuera una estrella, se dejaba registrar sin ofensa de la vista. [121v] Advirtió que dentro del sol había una cruz de oro finísimo y, allí inmediato, dos hombres que estaban peleando uno con otro, pero luego se volvieron las espaldas y apartaron. Conoció por esta visión que cesarían presto aquellas discordias y así lo dijo al deán, lo que se verificó, pues aquellos personajes desistieron de su enemistad y se apartaron de la demanda, quedando todo en suma tranquilidad. En otra ocasión, estando orando a la hora de tercia, vio un cerco grande de luna y dentro d’él dos capitanes que, cada uno con su escuadrón, peleaban varonilmente, pero el uno fue vencido habiendo muerto mucha gente de una y otra parte. No conoció la santa lo que contenía esta revelación, pero de allí pocos días llegó la triste tristeza de la prisión del conde de Cifuentes por los moros en las entradas del Reino de Granada. &lt;br /&gt;
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8.- Toda alabanza será corta para lo que se mereció don Diego de Villaminaya, capellán mayor del coro de la santa iglesia de Toledo, y de quien la pluma ha hecho comemoración repetidas veces en esta historia. Era este grande héroe sujeto de no vulgar santidad adornada de bellas prendas, piadoso, liberal, afable y, sobre todo, [122r] gran limosnero y bienhechor de las huérfanas, de los pobres, de los encarcelados y desvalidos. Amaba todo lo bueno y, como lo era tanto, la sierva de Dios, María de Ajofrín, le tenía una santa inclinación y, juntamente a todas aquellas exemplares religiosas, socorriendo largamente sus necesidades, siendo como padre y fundador de aquella casa. Murió este edificativo prebendo con universal sentimiento de toda la ciudad entre diez y once de la mañana, en ocasión que la santa estaba con las demás religiosas oyendo misa. Luego que espiró, fue arrebatada la sierva de Dios en un profundísimo éxtasis y vio cómo San Juan Bautista, San Jerónimo y Santa Catalina llevaron su alma al tribunal de Dios, y oyó que le acusaron delante de aquel severo juez de no haber cumplido un testamento que quedó a su cargo, pero a esta acusación respondió que ya lo dejaba el declarado en su testamento, mandando se cumpliese luego. Entonces, el juez dio la sentencia que fuese al Purgatorio hasta que se cumpliese lo que dejaba ordenado. Dieron de allí a poco el clamor en la Catedral y las religiosas conocieron que a la gloriosa virgen se le había revelado el estado del alma de aquel su bienhechor, aunque no se atrevieron a preguntarlo. Con [122v] esta revelación, quedó la santa muy consolada por estar aquella alma en carrera de salvación, aunque afligida de que no fuese luego a ver a Dios por aquel descuido. Llamó a su confesor y le refirió lo que había visto, y el confesor luego a informarse de los testamentarios si era cierta aquella declaración, pues nadie hasta entonces lo sabía, y halló ser así y puso gran diligencia para que inmediatamente se cumpliese, para dar alivio aquella alma y fuese a gozar de Dios. Así lo hicieron los testamentarios, dando entero crédito a la sierva del Señor por la gran fama de santidad que para con todos tenía y a vista del claro testimonio que tenían presente de la revelación divina. Eran tan fogosos los incendios de la caridad que ardían en el pecho de nuestra santa que no le permitían ver padecer a alguno y no intentase eficazmente su remedio. Enfermó de muerte (al parecer de todos los facultativos) la prelada del convento, que entonces llamaban hermana mayor y, afligida la santa por la pérdida de mujer tan exemplar, pues a la verdad lo era, se fue a la iglesia a pedir a el Señor por la salud de su prelada. Estuvo en oración desde las nueve de la noche hasta las doce delante del altar de Nuestra Señora, derramando tier- [123r] nas lágrimas por su prelada. Eran fervorosas sus súplicas a su dulcísima madre como nacidas de un corazón todo mariano. Ofrecía su vida por la de su prelada, pedía, lloraba, esperaba y se afligía. Oyó en fin sus ardientes votos la que es consuelo de afligidos y salud de los enfermos, María, Señora Nuestra, y le dijo: “He oído tus ruegos y le es concedida la salud que pides”. Al oír este favor de la boca de su dulcísima reina quedó toda absorta y enajenada y, continuando los favores del Señor con esta su fiel sierva, vio al glorioso mártir San Lorenzo que, vestido de diácono y adornado de resplandores, llegó a la enferma y le puso en la cabeza una cinta de oro y, echándole su bendición, desapareció. Volvió en sí la sierva de Dios y luego fue a visitar a la enferma y la vio trasportada en dulce sueño, dispertó de allí a poco y se halló buena y sana de repente. &lt;br /&gt;
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''[14]'' [125r] Cayó por casualidad un ladrillo sobre la cabeza de una religiosa y, habiéndola herido gravemente, se llegó a ella la sierva de Dios, María, y lastimada de ver a su hermana padecer, le puso la mano sobre la herida con mucha blandura y suavidad pronunciando tres veces el dulcísimo nombre de Jesús, con que se detuvo la sangre, se cerró la herida y sanó perfectamente. Como era mujer poderosa y rica la madre de nuestra santa, labró en el convento un precioso altar y colocó para él una hermosísima imagen de Nuestra Señora, para desahogo piadoso de su afecto, y que su santa hija tuviese donde emplear el objeto noble de sus cariños que, como nacida en pueblo tan proprio de la Virgen, no podía ser otro más de su agrado. Era esta soberana imagen el imán de sus potencias, el asilo en sus necesidades y la obradora de infinitas maravillas y prodigios. Y si hubiéramos de historiar los beneficios que alcanzó desta sagrada imagen, [125v] los milagros que obró por su intercesión y portentos que se vieron en su tiempo, sería necesario alargarnos mucho contra el deseo que tenemos de no molestar y, así, pondremos uno u otro caso para inferir otros muchos. Un hermano de la santa, joven bizarro y de alientos, corriendo en Ajofrín un fogoso caballo, tropezó en la carrera y arrojó al jinete a una distancia desmedida con el mayor furor y violencia. Quedó el infeliz muy maltratado y casi sin sentidos. Voló a su madre esta infausta noticia en alas de la desgracia y, luego que oyó la fatalidad, le sorprendió un tan violento accidente que, torcida la boca, turbados los ojos, trémulos y lisiados los demás sentidos, causaba compasión a cuantos la veían. Dieron parte a la santa y, lleno su corazón de fe, acudió a María Santísima y, haciendo oración delante desta milagrosa imagen, mereció la respuesta que se sigue: “Hija, para el domingo estarán ya buenos tu madre y tu hermano”. Enviolo a decir a los enfermos y que tuviesen fe, que así se cumpliría. El suceso se acreditó, pues llegado este día, sanaron de repente sin medicina alguna. ''[15]'' [123r] Gemía en duras prisiones el referido hermano de la santa, tan triste y afligido que faltaba el esfuerzo y la paciencia, noticiosa su santa hermana acudió a su universal remedio, María Santísima, Nuestra Madre y, haciendo oración [123v] delante de una sagrada imagen, a quien tiernamente amaba y era todo su consuelo, se le apareció esta misma imagen al preso y, quitándole los grillos y cadenas, le dijo que saliese de la cárcel, que ya estaba suelto y libre por las oraciones de su santa hermana. Estaba entonces dormido y, al dispertar, se halló fuera de la cárcel, sin prisiones, añadiéndose a este otro prodigio que fue verse también sano de una grande inflamación que tenía en un pie a causa del mucho peso de las prisiones. Fue luego a ver a su hermana, refirió el milagro y, viendo la imagen de Nuestra Señora, conoció era la misma que le había quitado las prisiones y librado de la cárcel. Con este justo motivo, ofreció a la Virgen venir todos los sábados desde Ajofrín a Toledo, que dista tres leguas, a visitarla y traer cera para su culto. Cumpliolo puntualmente por el espacio de 9 años y, viniendo un sábado a traer la cera y visitar a Su Majestad, se cayó muerto en el camino de repente. Mucho sintió este accidente su santa hermana afligiéndose por haber muerto de repente y sin sacramentos. Pedía fervorosa a la Sagrada Virgen que, pues vivo le había librado de la cárcel del cuerpo, le librase muerto de la cárcel eterna. Pasados ocho días, se le apareció su hermano y, dándole gracias por sus oraciones, le dijo cómo a la hora de su muerte se había visto en grande riesgo, pero que invocan- ''[16]'' [125r] do en su ayuda a Madre Santísima le libró esta Señora y que se hallaba por su patrocinio en carrera de salvación. Pidiola que cumpliese ciertas obligaciones que tenía y que solo esperaba eso para irse a gozar de Dios para siempre ''[17]''. [124r] Esta sagrada imagen que, como hemos dicho, era el imán de los cariños de la sierva de Dios y por cuya intercesión obró infinitos milagros, se intitula “Nuestra Señora de la Encarnación” y la dejó muy encomendada a las religiosas. Hoy se venera con el mayor culto y decencia en el coro deste religiosísimo convento, siendo el asilo común de todas las necesidades y aflicciones, continuando en los prodigios y milagros como antes. Es de talla muy hermosa y en el pecho tiene un óvalo cerrado con un cristal, por el cual se registra un niño pequeño, pero hermosísimo, que tiene dentro. Está vestida de tela de variedad de colores, por habérselo pedido así a una sierva de Dios deste mismo convento. Después que murió la santa, diciéndola quería que la adornasen como a Reina, según la pinta David (M) con vestido de oro, y de hermosa variedad, or el mes de agosto le mudan ''[18]'' vestido y concurre toda la comunidad a este acto [124v] [19] devoto y tierno y, con este motivo la adoran, y al niño que tiene en el pecho. Todos los sábados cantan las letanías y, todos los días, el santo rosario y otras devociones. &lt;br /&gt;
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9.- ''[20]'' [126r] Descollaba cada día más y más nuestra santa en religiosas perfecciones y, aunque su corazón era un precioso relicario en el cual descansaban, como en su centro, los esmaltes de todas las virtudes, se aventajó con especialidad en la de ser ternísima devota de la Virgen María, como su fiel vasalla, esperando de su patrocinio aun el mayor imposible. &lt;br /&gt;
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Llegábase la fiesta de Nuestra Señora de septiembre del año 1486 y, estando postrada en una cama con vehementes dolores y un tumor grande en la garganta, consideraba que las demás religiosas se levantarían a los maitines, asistirían al coro, oirían misa y comulgarían en tan gran festividad. De todo lo que se veía privada por sus dolores y achaques, afligíase sobremanera y esto le era más doloroso que todos sus dolores. Tocaban ya a maitines de la fiesta y, no pudiendo contener en su virginal pecho sus afectuosos deseos, hablando con María Santísima, se quejaba tiernamente en estas dulces y cordialísimas expresiones: “Reina gloriosa de mi alma, amparo de los que te invocan, consuelo de afligidos, alegría de los tristes, salud de los enfermos. ¿Es posible Señora y Madre mía que me tengo de privar de [126v] asistir a tus divinas alabanzas? ¿Que no pueda cantar con mis hermanas tus maitines? Bien conozco, Reina de los cielos, que no merezco alabaros ni estar en compañía de tan santas hermanas. Pero, Señora, ¿para cuándo son las gracias? ¿Para cuándo tus piedades y clemencias? Ahora las habéis de derramar liberal en esta indigna esclava vuestra”. Al decir esto, bajó del Cielo una gran claridad sobre la santa y luego se sintió sin dolores, sana y buena. Se levantó al punto y, llena de alegría y gozo, fue a maitines, comulgó y oyó misa a otro día. Admirándose todas las religiosas de lo que veían, pues estaba fuerte y sin aquel gran tumor que había tenido en la garganta, que todo estaba publicando un conjunto raro de prodigios. Enamora&amp;lt;da&amp;gt; salamandra de su Divino Esposo, se hallaba un día leyendo un libro devoto para divertir sus amorosas ansias y, no pudiendo por sus dolores ir a visitar a Su Majestad en la iglesia, pidió a una religiosa [127r] le trajese el Niño de la Virgen para adorarle. Recibiole con suma reverencia y le puso encima del libro, en cuyas hermosas hojas se puso a contemplar por un rato, derramando dulces y tiernas lágrimas. Llevada de tan fervoroso impulso, fue a besar el pie del divino infante y, anticipando este los favores, levantó él mismo su piececito ofreciéndoselo a su sierva con estremada caricia. Diole el ósculo llena de consuelo y el Niño se quedó con el pie levantado para eterna memoria de tan gran fineza. Notaron esto todas las religiosas y empezó aquella sagrada efigie a obrar mil prodigios y milagros. Uno solo historiaremos brevemente por haberlo obrado con la santa: tenía una peligrosísima apostema la bendita virgen, que la afligía no poco, pero luego que la tocó el pie divino del Niño se abrió y quedó sana a vista cuasi de toda la comunidad. Este Niño se mantiene en el convento con el mayor culto y devoción, es el Esposo que sirve para las profesiones de las religiosas y obra mil prodigios con los enfermos, se llama “El Niño de la Paz”.&lt;br /&gt;
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'''Capit. VII. Continúan los favores del Cielo con que dispone el Señor a su sierva, María de Ajofrín, para su dichosa muerte, y se refieren algunos prodigios que ha obrado después de su feliz tránsito'''&lt;br /&gt;
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1.- No se ciñen los caminos que guían a la virtud a una sola senda. Muchas previno la divina Providencia a los viadores correspondientes a las diversas moradas de los bienaventurados en la gloria. No todos los bajeles siguen en las dilatadas playas del océano un mismo rumbo, por distintos se navega a un mismo puerto. A muchos santos ha llevado el Señor al puerto deseado de la gloria por el suave camino de la oración y la contemplación; a otros por el áspero y trabajoso de la mortificación y penitencia. A unos les ha preparado lo ardiente de la caridad para su mérito; a otros ha exercitado en las valerosas campañas de la fe, derramando la sangre por Jesucristo. A unos los ha puesto en el desierto, a otros los ha [128r] traído a los poblados. A unos los ha salvado en los palacios, a otros en las chozas, guiando aquella altísima Providencia a cada uno por el rumbo proporcionado a sus inescrutables fines. A nuestra gloriosa virgen llevó el Señor por un camino extraordinario: le regalaba con dulcísimos favores revelándole los más ocultos misterios y sanándola en sus dolencias y enfermedades, pero por otra parte la visitaba con trabajos, llagas y dolores y, no contento con eso, añadía un cúmulo admirable de austeridad y penitencias. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Ni le faltaba el mérito de la caridad ardiente, pues trabajaba con un celo verdaderamente apostólico para evitar las ofensas de Dios, destruir las herejías y aniquilar los errores; perseguía con oraciones, escritos y diligencias las infames razas de moros y judíos, para lo que el Cielo le avisó repetidas veces. Igual era la paciencia, pues ni por infortunios ni enfermedades jamás se la vio enfadada. Era para con sus hermanas afable y cariñosa, ayudándoles en todo lo que podía, pero la humildad era la basa donde se fundaban todas las virtudes. Aunque tan favorecida del Cielo, siempre estaba pegada contra el suelo, se reputaba por la más ingrata de las criaturas, buscando medios para que la despreciasen. Pedía a la prelada que la reprehendiese en público as- [128v] perísimamente, mandándola postrar a la puerta del capítulo para que las demás la pisasen. Afirmaba su prelada (que lo era entonces la venerable Catalina de San Lorenzo, religiosa de no vulgar santidad y mucho mérito) que, entre todas, ninguna había más humilde que María de Ajofrín, no obstante las grandes religiosas que florecían entonces en aquella santa casa y refieren las crónicas de la orden. En premio destas y otras excelentes virtudes, fueron sin número los favores que recibió del Cielo siempre que comulgaba, o se elevaba en el aire, o quedaba en un éxtasis profundísimo que le duraba mucho tiempo. Por entonces, se fundó el Santo Tribunal de la Inquisición en Toledo con gran consuelo de nuestra santa virgen, pues veía cumplidos ya sus deseos. Uno de los nombrados para conocer de los procesos y causas del Santo Oficio era su confesor, el venerable padre fray Juan de Corrales, cuyas recomendables prendas le hicieron acreedor a tanto mérito y, como la sierva de Dios era el archivo y depósito de misterios tan re- [129r] cónditos, le ilustraba a su confesor de cuanto convenía hacer, a honra y gloria de Dios y exaltación de la santa fe católica. Le avisaba clara y distintamente (según le era revelado) los insultos que cometían los judíos, dando todas las señas de personas, caras y cuanto era necesario para la dirección de los asuntos. Le decía lo que maquinaban contra los cristianos, le descubría sus antes, le instruía en cuanto había de hacer para el mejor éxito de los negocios y, como el confesor hallaba por la experiencia ser cierto cuanto le decía, adquirió gran crédito por sus aciertos y bien fundados dictámenes y así le fiaron los negocios más arduos que ocurrían, no solo en Toledo, sino en otras provincias de España, los que desempeñó con la mayor satisfacción ayudando no poco a ello nuestra santa con sus oraciones y consejos. Nombrole el Santo Oficio para que fuese a tierra de Burgos a comisiones graves del tribunal, urgían en el día, y fue preciso tomar el camino en tiempo de invierno entre nieves y lluvias con mucha incomodidad y trabajo. La santa le animó a llevarlo con paciencia y le dijo cuánto había de padecer en el camino, señalando los días y lugares, [129v] pero le aseguró que el Señor le sacaría bien de todos los peligros y, así, puntualmente se verificó. &lt;br /&gt;
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Cuando le dieron el cargo de la Inquisición, le pronosticó que había de padecer muchos trabajos y una grave enfermedad pero que, armado con el fuerte escudo de la constancia, lo vencería todo y, como lo dijo, se cumplió. Adoleció de un agudo dolor de costado muy a los principios de su oficio estando ocupado en materias muy graves del tribunal. Asaltole la enfermedad en el convento de San Pablo donde la santa estaba y, lastimada la sierva de Dios de que se atrasasen asuntos tan importantes al servicio del Señor, hizo sobre el enfermo la señal de la cruz y quedó sano, pero con mucha gracia dijo al enfermo: “Padre, ya estáis sano, aunque no por virtud de vuestra fe, pues no solo no creistes que os había de sanar, sino que os burlastes de mí en vuestro corazón y, en castigo desta poca fe, sentiréis por algunos días ciertas [130r] punzadas en el costado, pero no os impedirán las ocupaciones”. Todo pasó puntualísimamente como lo dijo la santa, pues el confesor se burlaba della sin esperar beneficio en la salud y, después, le quedó en el costado un pequeño dolor que no le impidió el trabajar. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
2.- El año de 1488, después de haber comulgado un día de Pascua de Resurrección, fue arrebatada en espíritu delante de toda la comunidad y de su confesor, que se halló presente. Así estuvo extática hasta las 6 de la tarde, y aun hubiera estado más tiempo si la voz del confesor, a esfuerzos de la obediencia, no la hubiera llamado. Volvió en sí luego que oyó la voz de su prelado, la que antes estaba inmoble como una estatua. Mandola el confesor, después que todas se retiraron, le dijese lo que se le había revelado, y ella, compelida por la obediencia, dijo que había sido llevada delante del Señor, el cual estaba rodeado de ángeles y serafines, y que, allí, se le mostraron las muchas maldades que los judíos y moros executaban en Toledo. Exortó al confesor [130v] a la constancia esforzándole a trabajar varonilmente sin desmayar en lo comenzado. Presumiendo el confesor algún otro misterio, le preguntó si tenía abierta la llaga del costado y la santa, aunque con mucho rubor, respondió que sí. En otra ocasión fue también arrebatada en un profundo éxtasis y vio a Cristo, vida nuestra, atado a la columna y que cruelmente le azotaban los judíos. Toda llena de compasión y pena lloraba la santa lo que padecía el Señor y, volviéndose a ella, Su Majestad le dijo estas palabras: “Hija mía, desta suerte me azotaron todos los días los judíos, herejes y moros. Díselo al deán y a tu confesor, que entienden en los negocios de la Inquisición, para que no cesen en lo comenzado y que me agradan mucho en lo que trabajan”. Dio cuenta a su confesor (como lo hacía siempre por mandato suyo) de lo que el Señor le había revelado y, concurriendo con el deán, les refirió lo que había oído de la boca de Jesucristo. Demás desto, dijo a su confesor privadamente otras muchas cosas que el Señor le reveló para su gobierno y, no solo ilustraba a su venerable confesor nuestra santa en lo que pertenecía a su empleo de la Inquisición, sino también en lo que [131r] trataba a su oficio peculiar de prior de la Sisla. Viniendo en cierta [ocasión] a confesar a la santa, le dijo volviese pronto a su monasterio para remediar un daño grande que amenazaba a su comunidad, diciéndole con claridad el delito, los cómplices, con todas sus circunstancias. Hízolo y halló ser cierto cuanto le había dicho la sierva de Dios. &lt;br /&gt;
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A otros muchos reveló las cosas más recónditas y ocultas de su interior. Un religioso de la orden, varón muy espiritual, llevado de la fama de santidad con que florecía la sierva del Señor, la buscó para tratar con ella varias cosas pertenecientes al alma. Luego que le vio la venerable virgen, le dijo: “Padre, bien sé que ha días que deseabas verme y la causa de donde nacen tus deseos. También sé que tal día empezaste a escribir cierta materia y, aunque os diste mucha prisa, no pudiste acabarla hasta la noche”. Al oír esto, se quedó admirado el religioso, pues solo Dios y él eran testigos de aquellas cosas. Después que trataron los negocios del alma con no poco consuelo suyo, al despedirse, dijo la santa: “Padre, decid a tal monje -nombrándole- que examine bien su conciencia y pida a Su Majestad perdón ''[21]'' de lo que halle, pues de aquí nace la aflicción que padece y, mientras eso no haga, no tendrá quietud su [131v] espíritu”. En otra ocasión, estando hablando cosas místicas y espirituales con un religioso también de la orden, le dijo a la sierva de Dios cómo había en el Monasterio de la Sisla cierto religioso (sin nombrarle) a que Su Majestad hacía muchos favores en la oración por la gran pureza de su alma. Entonces, la santa dijo: “Ese es padre fray Fulano -nombrándole por su nombre y apellido- y es cierto que tiene un alma muy pura, agrada mucho a Dios y el Señor le llena de bendiciones”. Refiriole algunos favores que había recibido del Cielo, y quedó maravillado, pues solo él los sabía por ser su confesor y padre espiritual. &lt;br /&gt;
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Afligió a la ciudad de Toledo una gran peste el año de 1489. Eran lastimosamente funestos los estragos que en todas partes causaba. Adoleció en el convento, herida del contagio, una religiosa llamada Sancha Díez, muy estimada de toda la comunidad por su virtud y bellas prendas. Pedían por ella al Señor con la mayor eficacia, pero a la santa le fue revelado que le convenía morir entonces. Díjolo a las demás, previniéndolas para la conformidad y paciencia, y, de allí a poco, murió. &lt;br /&gt;
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Un canónigo de la Santa Iglesia, varón espiritual y devoto, enfermó tan gravemente que, en pocos días, cerró todos los pasos aun a la más remota esperanza. Agotáronse los esfuerzos todos del arte y de la medicina, pero sin fruto alguno. Súpolo [132r] la santa y, haciendo oración por él, le reveló el Señor no moriría. Enviole una granada y, con ella, la alegre noticia de su salud, que tanto deseaba. Recibió el enfermo con mucha devoción y fe el regalo de la granada y, luego que comió della, se puso instantáneamente bueno, se levantó y fue a dar las gracias a su bienhechora por haber alcanzado del Señor la salud o, por mejor decir, la vida. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
3.- Ya es razón que pongamos fin a las revelaciones, profecías, éxtasis y otro favores que recibió del Señor esta asombrosa mujer, nacida más para el Cielo que para la Tierra, pues su vida, si así se puede llamar, fue siempre extática y divina, su trato más con los ángeles que con los hombres, su espíritu siempre inflamado, su caridad siempre ardiente tan apartado de todo lo terreno, que solo vivía a Dios y por Dios, de suerte que pudiéramos dudar si vivía en la tierra o en el cielo, pues los ángeles o la llevaban desde su celda al Cielo, o el Cielo se bajaba con [132v] los ángeles a su celda. Sus éxtasis profundos y visiones misteriosas fatigan con el número la memoria y la admiración con la grandeza. Todos los historiadores de su pasmosa vida dicen que omiten muchas revelaciones y nosotros hemos omitido no pocas de las que ellos escribieron, con que de aquí podrá inferir el curioso cuán habrán sido. El historiador de la orden (N) dice estas palabras: “Ya que me determiné a escribir la vida desta santa, acordé de decir las más notables cosas que Nuestro Señor le mostró y las obras milagrosas que por ella hizo, aunque omita algunas por no molestar”. Lo mismo dice Villegas en el ''Flos Sanctorum''. Una cosa debemos advertir en crédito de la santa, que es que en las vidas que corren de la sierva de Dios, particularmente manuscritas, se han introducido por error de los escribientes o mala inteligencia de los autores, algunas inversiones en los pasajes que hacen la historia fastidiosa y poco deleitable. También hemos notado no pocas equivocaciones o adiciones nada conducentes a la historia y que pudieran servir de algún tropiezo, por eso hemos puesto gran cuidado en referir los hechos desnu- [133r] dos de todo follaje y circunstancias impertinentes, mirando solo la verdad de la sustancia y despreciando los accidentes inútiles. Las revelaciones (como en otro lugar quedó insinuado) tienen todo cuanto puede pedir la crítica más escrupulosa para acreditarlas verdaderas, pues están fundadas sobre las basas ''[sic]'' firmes de la humildad y penitencia, y se dirigen al bien y utilidad de las almas. De los milagros que obró en vida la santa, podemos decir lo mismo que de las revelaciones, fueron muchos, admirables y estupendos, pues su gran virtud abría los Cielos a milagros en favor de los enfermos y desvalidos, pero también los omitimos en gran parte haciendo este sacrificio a favor de la brevedad que profesamos, aunque quedaran quejosos los devotos de la santa. En estos últimos años de su vida, iba disponiendo su alma con mayor fervor para lograr la dulce vista de su amado Esposo. Vivió siempre tan honesta y recatada que rarísima vez se le vio el rostro, trayéndolo siempre cubierto con un velo, de suerte que su confesor no se lo vio jamás [133v] y, así, apartando su vista y consideración de lo terreno, pensaba en las cosas celestiales. Rarísima vez hablaba ni aun con las mismas religiosas, andando siempre extática y como fuera de sí. Aunque en aquel tiempo salían las religiosas del convento con decente compañía, por no tener clausura, no se dice saliese la santa alguna vez. Vivía tan ''[22]'' retirada por huir los peligros del aplauso y la lisonja. ¿Cuántas generosas virtudes se vician ''[23]'' al alhago de quien las mira o alaba? ¡Con cuánta facilidad se marchita la flor a los rayos de los ojos que lo aclaman! Padece, también, sus epidemias la virtud, como la sangre. La santidad de María, tan recatada como discreta, se teme y se retira, no solo de los aplausos, sino aun de las conversaciones. Con esta prudente cautela de vivir separada de los contagios del siglo, crecieron en asombrosa proceridad sus virtudes. &lt;br /&gt;
 &lt;br /&gt;
4.- Ya era tiempo que esta bendita alma subiese a gozar de la dulce presencia de su amado Esposo y, así, se lo dio a entender repetidas veces por medio de angélicas embajadas. Gusto- [134r] sa noticia para quien vivió siempre suspirando por la presencia de su Dueño. Crecía el gozo de su espíritu cuando se apresuraba el desatarse aquel lazo con que le aprisionó Dios en la cárcel de su cuerpo. Sea horroroso el año de la muerte a quien vivió tan olvidado de su memoria como medroso de su cercanía. Sea desapacible su semblante al que, habiendo vivido desbocado en la carrera de los vicios, muere despeñado en el principio del infierno. Pero a nuestra santa, que había atesorado tanto caudal de virtudes en el discurso todo de su vida, ¿cómo había de ser desapacible la muerte? Cuanto su vida se iba acercando al ocaso iba esforzando sus agitaciones el amor en aquel pecho, no teniendo sus potencias otro estudio ni los sentidos otro empleo que el amar solo, reduciendo a esta todas las operaciones del alma. Andaba tan absorta en su dulcísimo amado objeto que, el desasirse de entre sus brazos, se le arrancaba el corazón de su sitio. Así vivía extáticamente enajenada robando el amor todos los demás afectos, pudiendo cantar entonces la fama que María ni miraba, ni oía, ni sentía, sino que solo amaba. [134v] Eran, en este tiempo, más frecuentes los favores que recibía del Cielo, pero también era más profunda su humildad, confesando su miseria y viviendo recelosa de sí misma, por eso ahora más que nunca suplicaba a los santos, sus devotos, la ayudasen con sus ruegos. Quien primero ocupaba altar en su alma para la veneración y culto era María Santísima, a esta Señora acudía en sus necesidades con la mayor confianza, amándola como fiel vasalla. Después veneraba con singular devoción al glorioso San Miguel Arcángel, príncipe de las milicias del Cielo y al santo ángel de la guarda. Tenía otros muchos santos y santas a quien se encomendaba muy de veras, diremos algunos, omitiendo otros: San Pedro y San Pablo, San Juan Evangelista, San Lorenzo, San Jerónimo, San Ildefonso, Nuestro Padre San Francisco, Santa Catalina mártir, Santa Bárbara, Santa Leocadia y Santa Casilda. Esto, y aún más larga, era la letanía de sus santos, con quien tenía dulces coloquios, gozando de su presencia muchas veces, como si fuera cortesana del Cielo. Enfermó últimamente para serlo y, habiendo dado singulares muestras de tolerancia y resignación, recibió los santos sacramentos [135r] bañada su bendita alma de un extraordinario gozo que, comunicándose también al cuerpo, la transformó en un bello serafín. Abrazose después con una imagen de Cristo crucificado (cuyo sangriento retrato tenía esculpido en su virginal cuerpo) y, aplicándole a sus labios con ternísimos ósculos, le decía tan dulces palabras que causaba a todas las religiosas sentimiento y gozo. Encomendaba muy de veras al Señor los dos conventos de la Sisla y de San Pablo, pidiendo afectuosísimamente los conservase en observancia, virtud y religión, como vemos que hoy florecen acaso por las oraciones y ruegos de nuestra santa. Abrazada así con Jesucristo y con señales de crucificada, exaló su espíritu, entregándole en manos de su querido Esposo, sábado 17 de julio a las tres de la mañana del año de 1489. Su muerte más pareció dulce sueño que congojosa agonía, ni se vio gesto alguno que mirase con desagrado a la parca, pues a la verdad ella estaba bien con la muerte y, así, observaron las demás religiosas algún rato dudosas de si estaba muerta o vivía extática, como no pocas veces había sucedido y tenían repetidos exemplares. Pero de allí a poco depusieron toda la duda, pues salió su última respiración tan olorosa que se conocía en la fragrancia haberse quebrado el alabastro desta María, como en otro tiempo el de la Magdalena, y haber derramado el [135v] nardo su preciosa vida. Percibiose en todo el convento un olor suavísimo que excedía sobremanera a los bálsamos más puros, a los jazmines más blancos, en cuya comparación los aromas, flores, tomillos, ámbares, cantuesos, y cuanta fragancia exalan los mejores jardines de la Acaya, sería ofensa del olfato. Quedó tan hermoso y tratable su virginal cuerpo que más parecía bulto de quien duerme que cadáver exánime y frío. Aun agostada la vida desta mística planta, no decayó su hermosura ni su olorosa fragrancia. Verdad es que murió, pero no tuvieron en ella jurisdicción los horrores de la muerte, pues indultada de la común deformidad que ocasiona en un cadáver, era la agradable hermosura del suyo devoto asombro de quien le miraba. Finalmente, conservándose hermosa y odorífera entre los ultrajes de la muerte, manifestaba bien en los privilegios del cuerpo haberse trasplantado su alma a ser vistoso recreo del celestial paraíso. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[136r] 5.- Temiendo las religiosas que, divulgándose la muerte de su santa hermana por Toledo, sería crecidísimo el concurso del pueblo que viniese a venerar su venerable cadáver y que, pasando a devoción indiscreta, cometerían no pocos excesos. La llevaron luego al Monasterio de la Sisla, situado entre unos ásperos montes a media legua de distancia de Toledo. Aquí le dieron honorífica sepultura los religiosos en la sala que llaman de capítulo y, aquí también, se enterraron por muchos años todas las religiosas que morían en el Convento de San Pablo. Pero no se enterró con su cuerpo su fama, pues ni la muerte ni el sepulcro pudieron borrar el crédito de la vida asombrosa y portentos ilustres de María. La tierra en que se depositaba difunta pudo usurpar a la vista su cadáver, pero no estrechar la fragrancia de sus milagros, ni la fama de sus virtudes. Pudiéramos decir que no se enterró su cuerpo, sino que se sembró su memoria para que, multiplicada, exalase aún mayor suavidad de portentos y milagros. [136v] No pusieron lápida a su sepulcro, sirviendo de más decoroso epitafio las maravillas que el Señor empezó a obrar en su túmulo, que las majestuosas vanidades que esculpe la soberbia en las losas frías de sus tristes panteones. Apenas la enterraron cuando en repetidos prodigios y milagros empezó a gritar la fama desde la cima de aquellos montes, haciéndola a todos espectables. Consumido y cuasi exánime se hallaba un canónigo de Toledo a fuerza de unas calenturas ardientes y malignas sin hallar alivio en la medicina. Amor dio confiado a la santa por las muchas noticias que tenía de su gran virtud y prodigios estupendos que había obrado en vida. Envió un criado a la Sisla suplicando a los padres que le encomendasen muy de veras a la sierva de Dios, María de Ajofrín. Hiciéronlo los religiosos y, aquella noche, le apareció la santa al enfermo rodeada de vistosos resplandores y le dijo: “Ya estás sano, pero de aquí adelante procura arreglar tu vida emendándote de tales [137r] y tales defectos”, señalándolos distintamente. Quedose dulcemente dormido y, por la mañana, entrando los criados y dispertándole, se halló con fuerzas, conoció había faltado la calentura y que estaba bueno. Pidió a los criados le traxesen de comer, asombrados estos y temiendo no fuese algún letargo, lo suspendían, pero viendo guardaba consecuencia en lo que hablaba y oyendo que aquella santa se le había aparecido, le trajeron de comer, comió con gusto, levantose luego y, aquel mismo día, envió a la Sisla, en reconocimiento de tan singular beneficio, un cirio grande para que ardiese en el sepulcro de la santa y una cabeza de cera para que la colgasen por voto y, a otro día, fue él mismo a dar las gracias a la sierva de Dios, María de Ajofrín, y postrándose en su sepultura, la regaba con muchas lágrimas sin saber apartarse della. Dijo misa y quedó tan agradecido a su bienhechora que, a boca llena, la llamaba santa. Fue tan público y tan patente este milagro que no solo en Toledo, sino en otras muchas partes se estendió [137v] la fama de la sierva de Dios. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Cuasi al mismo tiempo se hallaba a los umbrales de la muerte otro canónigo de la misma Santa Iglesia, hijo de la condesa de Paredes. Era muy edificativo y exemplar este prevendo y, sintiendo la madre perder tal hijo, así él como ella, sabiendo los prodigios que obraba la santa en su sepulcro, enviaron a rogar a los padres pidiesen a la sierva de Dios, María de Ajofrín, los socorriese en aquel conflicto. Hiciéronlo así y, no contentos con eso, enviaron al enfermo una almohada que había servido a la santa mientras estuvo en el féretro, y, apenas se la aplicaron, instantáneamente se puso bueno, con admiración y asombro de todos los presentes. Levantose al punto de la cama y fue sin detenerse a la Sisla, donde hizo devotas novenas a la santa, ofreciendo en su sepulcro muchos y ricos dones de votos y presentallas. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Estos dos casos tan portentosos en [138r] personas tan ilustres y de carácter tan distinguido dieron mucho vuelo a la fama de nuestra sierva de Dios, María de Ajofrín, hablando todos con el mayor respeto y aumentándose cada día más y más su devoción y culto, aun en las provincias más remotas. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
6.- Juana Martínez, vecina de Cuacos, obispado de Palencia, se hallaba tullida de una pierna y, oyendo los muchos milagros que obraba Dios en su sierva, un día que más afligida estaba, llenando su pecho de fe, se encomendó a ella muy de veras y, hablando con una niña que tenía como de seis años, la mandó la ayudase también con sus oraciones. Hincose de rodillas el angelito y, poniendo sus manecitas, empezó a rezar y, de allí a poco, se sintió sana la doliente, se levantó de la cama y empezó a an- [138v] dar sin impedimento alguno, alabando a Dios en sus santos todos los presentes. Después, envió a la Sisla una pierna de cera, para que colgase ante su sepulcro y un rollo grande, que ardiese en memoria y agradecimiento del beneficio recibido. No lejos del dicho pueblo, en otro que llaman Jaraíz, se hallaba agonizando con la candela en la mano Francisco Díaz. Asistíale un primo suyo sacerdote y, viéndole ya agonizar y sin remedio, sabiendo las maravillas que obraba la sierva de Dios, María de Ajofrín, hizo voto de visitar su sepulcro si daba salud al enfermo. Apenas lo había hecho cuando mejoró y, de allí a poco tiempo, se puso sano y, uno y otro, fueron a cumplir la promesa, llevando mucha cera al sepulcro de la santa y dejaron testimonio auténtico, firmado de su mano, de todo lo sucedido. Juana de San Miguel, tercera de Nuestro Padre [139r] San Francisco y vecina de Toledo, tenía un zaratán en un pecho y, después de cinco años de medicina, se le vino a encancerar, a que se llegaba una ardiente calentura que del todo cerraba los pasos a la esperanza. Afligida y sin remedio, puso toda su esperanza en la sierva de Dios, María. Hízose llevar a la Sisla, aunque con trabajo y, entrando en el capítulo, percibió luego un olor suavísimo que, sin otra guía ni noticia alguna, la llevó derecha a la sepultura de la santa. Postrose en tierra, besó las losas que ocultaban el sagrado cadáver, derramó tiernas y devotas lágrimas y, luego, instantáneamente se sintió libre de todos sus males y, después de dar afectuosas gracias, se volvió ella sola a su casa, dejando llenos de admiración a cuantos fueron testigos [139v] de tan rara maravilla. Otra mujer, vecina también de Toledo, padecía igual accidente en los pechos y, después de haber pasado por el tormento del fuego y la crueldad del cuchillo, llegó por su desgracia al último vale de su vida. Ya en este tiempo se habían escrito varias copias de la admirable vida de nuestra santa y, habiendo oído leer parte desta sagrada historia, concibió gran fe en sus méritos y, habiéndole aplicado una reliquia de la santa, quedó buena instantáneamente sin otra medicina y fue a la Sisla a dar gracias por el beneficio. Un religioso lego de la orden, morador del Monasterio de San Jerónimo de Madrid, se hallaba sumamente afligido por un tenaz y peligroso tumor que le había salido en un ojo. Iban ya a darle [140r] un botón de fuego con no pequeño peligro de perder la vista, estando ya en su presencia el brasero encendido y los instrumentos prevenidos para la operación, aterrado por una parte del martirio cruel que le esperaba y, por otra, inflamado del afecto y devoción a la sierva de Dios, exclamó diciendo: “Santa mía, pues eres tan liberal para con todos, sedlo también con este indigno hermano vuestro. Dadme salud, santa mía, y libradme destos tormentos”. Apenas hubo dicho esto, quedó de repente a vista de los cirujanos, y otros muchos que habían concurrido a la operación, se desvaneció el tumor y quedó sano y bueno sin lesión alguna, y los circunstantes llenos de admiración y espanto. Otros infinitos prodigios y estupendas maravillas obró Dios por esta su sierva, que sería nunca acabar como dice el historiador Sigüenza (O) si todas se hubieran [140v] de referir. No había enfermedad que no sanase, a todos socorría, a todos remediaba, a todos consolaba y a todos atendía, siendo tan raros y esquisitos los milagros que cada día obraba que, por tan frecuentes, ya no eran admirados. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
7.- Al eco glorioso de tantas maravillas, concurrían de todo el reino en crecidas tropas los devotos a venerar el sepulcro de la santa, siendo en tanto exceso que ya perturbaban el retiro y silencio de los claustros. Para evitar este inconveniente y que el sagrado cadáver tuviese más decente lugar, determinaron trasladarlo a la iglesia del monasterio desde la sala del capítulo donde estaba. Quien más promovió esta traslación fue la condesa de Fuensalida por el grande afecto que tenía a la santa. Mandó labrar al lado del evangelio, en la pared del cuerpo de la iglesia, un magnífico sepulcro de piedra con el retrato de la santa. Llegado el día de la traslación, que fue el 25 de abril del año del Señor de 1495, [141r] cuasi 6 años después de su glorioso tránsito, aunque se procuró ocultar, concurrieron al monasterio el Clavero Mayor de Calatrava, Juan Antonio de Silva, muchos prevendos, caballeros ilustres y un sin número de gente que, llevados de su afición, quisieron hallarse presentes a este sagrado acto. Descubrieron el sagrado cadáver a vista de toda la comunidad y caballeros nobles y, luego, se percibió un olor suavísimo que excedía en fragrancia a todos los aromas de por acá y llenó de consuelo a los circunstantes. Manaba del sagrado cadáver un licor como bálsamo, que también exalaba una fragrancia suavísima. Colocáronle con mucha reverencia en una rica caja, guarnecida de seda y, formándose una solemne y devota procesión con luces en las manos, y al sonido alegre de campanas y concertada música de órganos, le llevaron a la iglesia cantando el ''Te Deum Laudamus'', no como quien lleva un cadáver en un féretro, sino unas sagradas reliquias en un trono. Pusiéronle en la iglesia al público por espacio de 13 días para satisfacer la devoción de los concurrentes, que eran infinitos. Aquí obró el Señor muchos prodigios por su sierva, pero omi- [141v] tiéndolos todos, solo diremos el que obró en beneficio de toda la provincia. Estaban los campos áridos y secos y los panes cuasi perdidos por la gran falta de agua. Crecían las necesidades y cada día era mayor la aflicción y angustia de los pueblos. Determinaron los religiosos hacer una rogativa a su santa hermana, María de Ajofrín, pidiéndole el remedio con aquel conflicto. Oyó el Señor sus votos por intercesión de la gloriosa Virgen y, luego, empezó a llover con abundancia y se remediaron las necesidades. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Fueron muchas las personas que, por haber recibido algún beneficio, venían a velar a la santa, entre ellas, fueron dos hijos del conde de Oropesa, a quienes la sierva de Dios dio salud milagrosamente y, después de haber velado sus sagradas reliquias, dejaron una imagen de plata de mucho valor, una palia muy rica, una cruz bordada muy singular y dos imágenes de cera con otros dones preciosos. También, vino un hombre de Jerez, llamado Santos Fernández, el que, hallándose ya olea- [142r] do y en las últimas agonías, invocó del modo que pudo el patrocinio de la santa y, de repente, se levantó de la cama bueno y sano, dejando admirados a todos los presentes. Pasados los trece días, fueron colocadas, solemnemente, las sagradas reliquias en el sepulcro que tenía labrado la condesa de Fuensalida y aquí permanecen hasta el día de hoy, visitadas frecuentemente por los raros prodigios que ha obrado y obra cada día a favor de sus devotos, pero de ninguno se ha tomado testimonio y consta por deposición de aquellos religiosísimos padres, que sí se hubieran notado todos los milagros que ha obrado, no cupieran en muchos libros, pero su singular retiro y abstracción del mundo les impide tratar negocios desta naturaleza. Y, aunque nuestra santa se ha mostrado prodigiosa en todo género de enfermedades, parece se ha señalado más en sanar de quebraduras a los niños y, así, son muchos los que llevan las criaturas y, poniéndolas en el sepulcro de la santa, luego sanan. De suerte, que no hay dolencia, trabajo ni necesidad que no remedia esta sierva de Dios. Bastará referir un solo caso por vivir el sujeto con quien obró la santa el prodigio: el reverendo padre fray Joseph Moraleda, presentador del número de sus provincias de Padres Mercedarios Calzados de Castilla, siendo de edad de dos meses [142v] cayó en el suelo de los brazos de su madre yendo en una caballería. Como era tan tierno y el golpe fue grande quedó muerto y sin sentido, pasaron siete horas y, no viendo en el niño señal alguna de vida, crecían las aflicciones y angustias de la madre pero, inspirada del cielo, poniendo toda su esperanza en Dios por los méritos de su sierva María de Ajofrín, de quien era muy devota, tomó el niño en sus brazos y dijo: “Santa mía, dad vida a mi hijo, que yo os lo ofrezco de buena gana”. Apenas pronunció estas palabras cuando el niño abrió los ojos y, como si volviera de un dulce sueño, empezó a moverse sin haberle quedado lesión alguna ni señal de la caída. Vive hoy este religioso, sujeto bien distinguido en su provincia por sus méritos, y a quien hemos oído este caso, y vive sumamente agradecido a la santa, a quien confiesa deber la vida y en este favor otros infinitos. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
8.- Esta es la vida prodigiosa de la sierva de Dios, María de Ajofrín, natural deste afortunado pueblo, dichosa a la verdad una y mil veces por haber dado cuna a tan asombrosa mujer. Será siempre famoso en las historias por haber sido nido deste maravilloso fénix, botón desta peregrina fragracia, y esta sola gloria bastaba para eternizar su memoria en los futuros siglos. La [143r] vida, pues, de nuestra santa fue toda sembrada de luces que dirigieron a infinitos por el camino del acierto, derramó tan celestial fragrancia que, corriendo muchas almas tras el ungüento oloroso de sus virtudes, se pobló su Convento de San Pablo (y aún otros muchos) de santas y exemplares religiosas, cuyas admirables vidas pueden leerse en el ya citado Sigüenza. Desde entonces ha sido este sagrado convento vergel hermoso de las más acendradas virtudes y bastaba una sola María de Ajofrín para hacerse ilustre. Su ardiente celo de la exaltación de la fe católica y extirpación de las herejías abrazó también el fogoso pecho del Gran Cardenal de España, don Pedro González de Mendoza, para que solicitase con los Reyes Católicos el establecimiento del Tribunal de la Santa Inquisición, que vio la sierva de Dios en su tiempo y, aun dicen, le mostró el Señor las admirables leyes sobre que se fundó esta gran fábrica. Y dejó también sembrado mucho fuego para expeler después todo el judaísmo, como se verificó tras años después de su feliz tránsito. La bien merecida estimación que hicieron desta heroína cardenales, arzobispos, obispos, prevendos, títulos y otros grandes sujetos, no es fácil explicar. Una cosa confiesa nuestra ingenuidad, y es que la pluma ha corrido ligera por [143v] el dilatado campo de sus virtudes y méritos, delineando en esta pequeña tabla su dedo para que, derramando la vista por el dibujo, se pueda formar algún concepto de su agigantada estatura. Pero lo que más acredita su virtud es que, por tantos siglos, se ha merecido el elogio de “santa” entre todos los escritores, que es prueba de lo bien fundada que está su opinión. Y me admiró no poco el que la sagrada reliquia jeronimiana no haya procurado su culto público y universal con la corte romana, colocándola en los altares, lo que no fuera difícil en las circunstancias en que se halla. Esta misma queja dejó estampada en su historia el padre Sigüenza (P) por estas palabras: &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
‹‹Comenzó luego Nuestro Señor a sellar con infinidad de maravillas la santidad de su sierva (María de Ajofrín) para que, con ellas, se entendiese los avisos que, por medio della, había dado al pueblo y tuviesen reverencia y devoción a la santa. De muchas diré [144r] algunas en este capítulo, por si pudiese dispensar la tibieza desta religión a que tuviese en más sus cosas y procurase levantar la memoria desta santa y la de otros muchos que se han criado en el encerramiento de sus claustros que, con tanta razón, pudieran ponerse en los calendarios de toda la iglesia››.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
¡Raro desinterés de religiosos que, pudiendo para crédito de su santo hábito tener muchos santos manifiestos en los altares, se contenten con tenerlos ocultos en los claustros! Aún dura la parentela desta santa en Ajofrín en las familias de los Maestros y Garcías y el reverendísimo padre Comisario General de Jerusalén, fray Antonio Martín Maestro, del sagrado Orden de la Observancia de Nuestro Seráfico Padre San Francisco, es pariente muy inmediato. Ni podemos negar (para confusión de nuestra tibieza) que también nos toca muy de cerca esta santa por línea materna, sagrada vanidad pudiéramos fundar en este blasón tan ilustre, si nuestra vida se conformara con la vida de la santa. Pero será cargo terrible en el tribunal de Dios descender de santos y no imitarlos, tener estos y otros exemplos que se referirán en la historia y no arreglar la vida [144v] a ellos pero, no obstante, esperamos en su poderoso patrocinio nos alcanzarán de Su Majestad el fervor y espíritu que nos falta y que, pues han sido liberales aun con los estraños, lo serán también con los que nos preciamos de parientes. Últimamente concluimos la vida admirable de nuestra santa con las mismas palabras con que la empieza el historiador della, el padre Sigüenza (Q), y son las siguientes:&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
‹‹Si no estuviera la vida desta santa tantos años ha escrita y predicada por otros y Nuestro Señor en vida y en muerte no hubiera calificado y, como si dijésemos, sellada su santidad con tantas maravillas, no me atreviera a poner la mano en ella y pasara en silencio cosas tan maravillosas››. &lt;br /&gt;
Hasta aquí el citado historiador y, a la verdad, es tan prodigioso y admirable que excede los límites [145r] de lo humano y, solamente sostenida con la divina gracia, pudo llegar a proceridad tan desmedida. Alabemos al Señor que la hizo tan ilustre y famosa en su iglesia santa y, ahora, pasaremos a referir la vida de otro insigne hijo de Ajofrín en el capítulo siguiente.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
===Notas de Francisco de Ajofrín===&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''(A)'' Fructus honoris et honestatis. Ecclesiatt. 24. 23&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''(B)'' Ego quasi terebinthus extendi ramos meos, et rami mei honoris, et gratie. Ibi v. 22. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''(C)'' Cap. 1, 2 y 3&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''(D) Rami mei honoris, et Gratiae, Eccli. ut supra. 8.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''(E)'' Cap. 4 núm. 13&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''(F)'' Fray José de Sigüenza, Crónica de San Jerónimo, 3ª parte, lib. 2, cap. 49 y sig.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''(G)''  Monstruosum est quod homo habeat duo corda, quod numquam est auditum, nec posibile per naturam. S. Anton de Padua, Serm. 2. Quinquag. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''(H)'' Fray José de Sigüenza, tom. 3, lib. 2, cap. 43. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''(I)'' Cap. 5, n. 9 y 10. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''(J)'' Surge, et vade in Ninivem civitatem grandem, et praedica in ea; quia ascendit malitia ejus coram me. Et surrexit jonas, ut fugeret in Tharsis. Jon. 1 v. 2 y 3. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''(K)'' Ne suscitetis neque evigilare faciatis dilectam, quod usque ipsa velit. Cantis. 2.7.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''(L)'' Benedic anima mea Dominum et omnia quae intra me sunt nomini sancto ejus. Psalm. 102. 1. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''(M)'' Regina a dextris tuis in vestitu deaurato, circundata varietate. Ps. 44. 10. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''(N)''  Sigüenza. Hist. de la orden de S. Jer. Parte 3. lib. 2. c. 46. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''(O)''  Fray José de Sigüenza, historia del Orden de S. Jerónimo. 3 parte, lib. 2, c. 48. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''(P)''  Fray José de Sigüenza, parte 3, lib. 2, cap. 48. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''(Q)''  Fray José de Sigüenza, parte 3, lib. 2, c. 44.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
===Notas===&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[1]'' El transcriptor parece no haber visto el añadido posterior de Francisco de Ajofrín en el que señala “de María”, es por ello por lo que no aparece en su edición. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[2]'' “Arbolillo de la familia de las anacardiáceas” (DLE).  &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[3]'' Aparece tachada la palabra “gran”. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[4]'' Aparece tachado “en el día”. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[5]'' “Examinar y apreciar con rigor el mérito de alguien o el mérito o verdad de algo” (DLE). &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[6]'' El transcriptor señala aquí “relación”, se trata de un error y por ello se ha subsanado. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[7]'' “Éxtasis, arrobamiento” (DLE).&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[8]'' El transcriptor señala “fervorísimamente”, se trata de un error y por ello se ha subsanado.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[9]'' “Misterio, cosa oculta y muy difícil de conocer” (DLE).&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[10]'' Aparece “desta” en singular, pero se ha cambiado al plural para mantener la concordancia. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[11]'' “El testigo que declara, sin discrepar en nada, lo mismo que ha declarado otro, sin variar en el hecho ni en sus circunstancias” (Aut.)&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[12]'' “Inflamar, empeorar una llaga o parte lastimada del cuerpo” (DLE).&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[13]'' “Trono” (DLE).&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[14]'' El autor deja la siguiente nota: “Pasa a la hoja siguiente” y señala de qué fragmento se trata mediante un signo. Al ir a la 125r nos encontramos con el signo y otra nota, que indica: “Pondrás lo que se sigue en la hoja antecedente”. Se prosigue entonces a editar este fragmento añadido por el autor. Se ha de indicar que el transcriptor de la obra, José María Rodríguez, no deja constancia de estas anotaciones de Francisco de Ajofrín en su edición, simplemente se limita a seguir sus indicaciones. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[15]'' Volvemos a encontrar una nota del autor que señala el fin del fragmento añadido y nos redirige al folio 123r. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[16]'' La continuación no aparece en el folio 124r, sino en el 125r, pues el folio 124 parece ser un añadido y es de tamaño más reducido que el resto de los folios.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[17]'' Volvemos a encontrar una nota del autor tras un asterisco que indica: “ve al papelito”. Haciendo referencia al folio 124 del que hablábamos en la nota anterior. Así, se sigue la edición del folio 124, en el que encontramos, a su vez, otra nota del autor en la que indica: “Mi querido Elías, acabado el n.8 escribe lo siguiente”.  &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[18]'' En la edición de 1999 no aparece transcrito lo correspondiente al folio 124v. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[19]'' En la edición de 1999 aparece “ponen” en lugar de “mudan”, evidente error. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[20]'' Volvemos al curso natural de la narración en el folio 126r. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[21]'' El transcriptor parece no haber visto el añadido posterior de Francisco de Ajofrín en el que señala “perdón”, es por ello por lo que no aparece en su edición. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[22]'' En la edición de 1999 aparece “con” en lugar de “tan”, se trata de un error. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[23]'' En la edición de 1999 aparece “veían” en lugar de “vician”, se trata de un error.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
=Vida impresa (1)=&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Ed. de [https://www.upf.edu/web/poder-espiritualidad-genero/entry/-/-/1003/adscripcion/mar%C3%ADa-morr%C3%A1s María Morrás]; fecha de edición: octubre de 2020; fecha de modificación: febrero de 2025.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==Fuente==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[[Archivo:Vega Chronicorum.jpeg|miniatura|250px|right|Petrus de la Vega, ''Chronicorum fratrum Hieronymitani ordinis libri tres''. Compluti, Ioannes Brocarius, 26 Octobris 1539, fols. 78va-86rb (Lib. iii Chs 40bis[=41]–50).]]&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
* [http://catalogodesantasvivas.visionarias.es/index.php/Categor%C3%ADa:Petrus_de_la_Vega Vega, Petrus de la], ''Chronicorum fratrum Hieronymitani ordinis libri tres''. Compluti, Ioannes Brocarius, 26 Octobris 1539, fols. 78va-86rb (Lib. iii Chs 40bis[=41]–50).&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[[Contexto material del impreso Chronicorum fratrum Hieronymitani ordinis libri tres]].&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
== Criterios de edición ==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Se trata de una transcripción fiel de la impresión latina, que conserva las grafías (exceptuando la v vocálica como en ''vt'' que se transcribe ''ut'') y desarrolla abreviaturas. Se señalan las columnas dentro del folio. Es esta la primera edición latina del Catálogo, y la primera vida impresa de María de Ajofrín: la versión castellana, ligeramente modificada, de este texto latino, del mismo autor, se ofrece en la segunda versión impresa de esta vida.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Para esta transcripción usamos el ejemplar latino de la Universidad Complutense de Madrid, sig. BH FLL 18849, digitalizado en &amp;lt;https://biblioteca.ucm.es/hathitrust&amp;gt; y, para complementar la lectura de fols. 86r y 86v: https://books.google.co.uk/books?id=BtiDgpwiKNIC.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Añadido del latinista Aitor Boada Benito: A un nivel comparativo, la versión latina no difiere en cuanto a la narración de su posterior versión en castellano escrita por el mismo autor. Las únicas variaciones que muestra son pequeños cambios en cuanto a la estructura sintáctica con respecto al latín –por ejemplo, Capítulo 43: latín: ''et humiles in oculis suis exaltans''; castellano: &amp;quot;y a los humildes y que esperan en Él levanta del polvo&amp;quot;–. En este caso, el autor omite el latín ''in oculis suis'' o parece sustituirlo por la expresión &amp;quot;esperan en Él&amp;quot;. Si ese fuera el caso, esta sería una traducción libre, pues lo más habitual sería traducirlo como &amp;quot;ante sus ojos&amp;quot; o &amp;quot;a su parecer&amp;quot;. Estas variaciones, que nunca afectan al desarrollo del relato ni omiten información, no son muy recurrentes y solo operan a nivel sintáctico. Por ello, se ha considerado oportuno conservar ambas versiones debido a que es la primera vida impresa de María de Ajofrín. Además, es relevante conservarla como testimonio de la relevancia social del personaje, que motiva la publicación de esta en otra lengua.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==Vida de María de Ajofrín==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
*[Fol. a6va] &amp;quot;Tabula alphabetica eorum quę pręcipue in his Chronicis annotantur&amp;quot;: ⸿Marię de Ajofrin laudes &amp;amp; vita. li. iii. a cap. 40. usque ad finem libri, folio. lxxviii.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[Capítulo 41]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[Fol. 78va] DE BEATA MARIA DE AIO- / frin magnę religionis magnarumque/ revelationum fœmina / CAPUT XL[I].&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Praesentis operis alienum non est, si in calce huius tertii libri res admirabiles beatę Marię de Ajofrin, &amp;amp; reuelationes quas vidit, et miracula que fecit summatim annotemus.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[Fol. 78vb] Recte enim huius sanctę virginis opera, que hac ętate fuit admirabilis, operibus beati Ferdinandi archiepiscopi coniunguntur, qui &amp;amp; ipse (ut superius constat) hac floruit ætate. Huius sanctissimæ fœminę vitam, &amp;amp; reuelationes sibi diuinitus factas venerabilis frater Ioannes de Corrales prior Sislanus descripsit: partim ut oculis vidit manibusque contractauit: partim ut a fidei dignis accepit. Verum ego ob breuitatis causam, &amp;amp; ad lectorum molestiam euitandam ex multis pauca hoc loco annotare curaui.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Fuit igitur hæc virgo ex territorio Toletano loco qui Ajofrin appellatur oriunda, ex parentibus honorabilibus ac deum timentibus orta. Pater eius Petrus Martinus vocabatur: mater vero Marina Garsias. Qui cum hanc filiam locare vellent: &amp;amp; a multis ob coniugii gratiam peteretur: puella constanter renuit. &amp;amp; ne a tam alto proposito ab aliquo inpediretur: cum adhuc teneræ esset ætatis sine humano consilio religionis ingressum vouit. Et cum ob id quotidie molesta esset parentibus: tandem cum quindecim esset annorum, &amp;amp; nullo modo ad coniugium eam parentes inclinare valerent: illam pater cum magno cordis dolore e domo subtraxit, &amp;amp; ad ciuitatem Toletanam adduxit. Cumque ecclesiam maiorem christi ancilla ingrederetur ignorans quo iret, diuina disponente clementia ad monasterium ordinis nostri quod in eadem ciuitate a nobili Maria Garsia est constructum deducta fuit. Quo ingressa in omnibus excercitiis spiritualibus religionis multum breui profecit. Conuersabatur sancte , humiliter &amp;amp; sine quærela in domo domini. Sanctæ orationis meditationisque exercitium voluptas sibi erat; lachrymis abundans omnium fœminarum se vilissimam: ac super ipsas peccatricem reputabat. Decem annis a suæ religionis ingressu transactis, cum ei dominus sua secreta pandere vellet: illa generalem confessionem facere decernens se nimis affligebat, ac multis lachrymis deum omnium peccato- [fol. 79ra] rum suorum remissionem postulabat. Cum igitur tali proposito staret: optans scire an sua peccata sibi dimissa essent, dies suæ confessionis aduenit. ingressaque domunculam in qua cæteræ sorores confiteri solent: coram imagine beatissimę dei genitricis filium in brachiis habente, ibi in tabula depicta se deiecit: eamque innumeris lachrymis deprecari cœpit ut sibi veniam a suo filio impetraret. Cumque attente per hoc virginem rogaret: subito claritatem magnam imaginem &amp;amp; partem domunculę illius illuminantem aspexit: &amp;amp; claritate imaginis vidit filium quem mater tenebat in brachiis manum contra se eleuantem, sicuti a sacerdote cum pœnitentem absoluit eleuari solet. Ex huiuscemodi visione nimis territa confessionem cum magno labore fecit. qua peracta, cum iterum coram imagine oraret: claritatem priorem &amp;amp; filii manum eleuatam ut prius vidit: ex cuius visione robore animi recuperato valde lęta remansit, quod semper celauit: &amp;amp; nulli nisi priori qui hęc in literas misit patefecit. Ex hac enim hora ut prędicto priori ipsa manifestauit, motus magnus in corde illius relictus est: ac sæpius tales cordis ictus sentiebat. veluti si a corpore vellet exire. Cum iterum nocte quadam pro statu ecclesię oraret attente: ipsa sola cęteris recedentibus in choro orans remansit: &amp;amp; in sacrario ubi sacratissimum domini nostri Iesu christi corpus stabat flammam ignis accensam vidit: quę dimidię horę spacio ardens extincta est: ex qua visione nimis pauida remansit.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[Capítulo 42]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
QUOMODO IN DIE RESUR- / rectionis ad communionem accedens / agnum viuum in similitudine panis /  (ut sibi videbatur) accepit: &amp;amp; post / hac quoties communicabat alie- / nabatur a sensibus. CAPUT. XLII.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
CUM IN SABBATO sancto ad communionem sequentis resurrectionis dominicæ diei se prępararet: totam [fol. 79rb] illam noctem huc ac illuc per domum discurrens duxit insomnis: instanterque a domino cordis puritatem ad digne dominici corporis sacramentum recipiendum cum lachrymis postulabat. Tandem cum communionis hora aduenisset, cum cæteris sororibus ad communionem accessit: &amp;amp; sacrosanctam eucharistiam in similitudine agni viui sub specie panis recipiens, statim bullire eum in ore sensit: illumque cum magno timore deglutiuit. post cuius sumptionem illum super ipsius pręcordia insedere pręsensit: &amp;amp; adeo tanto gaudio cordisque lęticia fuit repleta, ut per quindecim dies orationem cum fletu miscens absque somno transierit, statimque rapta in spiritu fuit: &amp;amp; ex tunc ei accidit ut quoties christi corpus recipiebat: spiritu rapiebatur: ac alienabatur a sensibus quandoque magis quandoque minus ut in sequentibus apparebit. Ab hac igitur die hoc donum a domino in communicando promeruit: ut quoties sacramentum recepit, toties quidam admirabilis dulcor in corde, gutture, atque ore remansit: qui quadraginta dierum spacio perdurabat. &amp;amp; his quidem diebus absque corporali cibo transire poterat: ut ipsa prædicto priori dixit: propter singularitatem tamen euitandam: hominumque iudicia fugienda hoc facere renuit. In octauo vero die resurrectionis dominicę rapta spiritu fuit: &amp;amp; virum ætate vultuque reuerendum capa serica rubri coloris indutum ad se venire vidit: cui &amp;amp; dixit: Veni, a regina vocaris. Cæterum illa se a regina terrestri vocari existimans, cum illo ire recusabat: sed postquam cognouit quod a regina cœli vocabatur, cum illo libentissime abiit: ac se in quadam ecclesia extra ciuitatem inuenit: ubi sanctissima virgo aderat in brachiis filium suum tenens; quam cum illa vidit genua coram illa flexit. Et cum genibus flexis staret, vir qui eam vocauerat ad illam accessit: &amp;amp; pannum sericum in manibus eius posuit. quo facto statim dei genitrix super pannum filium suum collocauit: alioque viro iuniore sibi dato qui eam cum priore [fol. 79va] sociaret, dixit illi. Cum filio meo quo isti duo viri ibunt, perge. Vir autem qui capa rubra erat indutus paululum veluti hospitium quærens pręcedebat, &amp;amp; ingressus ciuitatem ad ianuas clausas clamabat: ac ter portas omnes percutiebat dicens. Aperite: ecce enim dominus venit ad hospitandum vobiscum. Et vidit neminem domus suæ portas reserantem: quinimo si qui eas apertas tenebant, eas velociter obturabant: dicentes, multis negociis impliciti hospitium vobis dare non possumus. Et ita (ut sibi videbatur) totam perambulauerunt urbem diuersorium in ea non inuenientes. Et cum illac qua ierant reuerterentur: mulieribus duabus in singulis asinis sedentibus obuiauerunt: quas duo clerici sociabant: &amp;amp; illis clerici dixerunt. Vos quidem recepissemus, sed nunc properamus: interea tamen quo reuertimur in stabulum hoc intrate. Sic itaque ubi gloriosa dei genitrix remanserat reuersi sunt: quæ filium suum de manu ancillæ suæ accipiens dixit. Ecce tempus aduenit in quo sic despicitur dei filius. iam nunc tempus est ut dominus angelum suum mittat: ad quosdam flagellis, quosdam gladio, alios igne percutiendos. sed ne prælatis, quos dominus sui gregis pastores fecit, ipsi vero in vestibus ouium lupi rapaces inueniuntur. dignitates cupiunt: easque summa solicitudine procurant, non ut christo seruiant: sed ut splendide viuant. Hac denique visione transacta, christi mater discessit. &amp;amp; illa in se reuersa ea quæ viderat cogitabat: &amp;amp; non post multos dies omnia hæc mala completa sunt: nam venit pestis, famis &amp;amp; scabies quædam quæ alio nomine morbus gallicus appellatur in viros ac fœminas quæ nullo medicorum adiutorio curari poterat. A peste quidem infecti: hi sunt quos angelus gladio percussit. qui vero fame peribant: quos flagellis cecidit: a scabie autem tacti quos igne combussit. nam (ut diximus) nullo penitus medicorum iuuamine poterat hæc scabies mederi. Iterum hæc christi famula in die ascensìonis domini rapitur: &amp;amp; beatissimam [fol. 79vb] virginem filium suum in brachiis tenentem vidit, magnisque vocibus clamantem, Videte filium meum, videte inquam fructum ventris mei. accipite illum &amp;amp; comedite: quinque enim modis quotidie per malos sacerdotes crucifigitur: videlicet defectu fidei, cupiditate, luxuria, ignorantia, &amp;amp; irreuerentia quasacerdotes ad altare accedunt, Cum iterum hæc domini ancilla attente pro omnibus sacerdotibus deum oraret: &amp;amp; ad saluatoris faciem quam depiêtam in quodam libro tenebat, aspiceret: super illam magnum fulgorem vidit: qui unius horæ durauit spacio: ac in ea carnem &amp;amp; sanguinem aspexit. &amp;amp; ab hac die adeo carnem abhorruit: ut eam deinceps etiam cum infirmaretur comedere nullatenus potuerit: &amp;amp; si sororii importunitate deuiôta aliquando carnem manducabat: statim stomachus illam reiiciebat. Fuit postea eius cibus uua, passa &amp;amp; cæterę res dictę. Hanc saluatoris faciem abstulit postea ab  ea confessor eius: &amp;amp; ipsa ex hac visione stupefacta: &amp;amp; quasi extra se posita remansit. Multis se afflixit pœnis ut apertius factum hoc ei dominus indicaret. Postea tandem in diebus ultimis mensis Septembris in grauem valitudinem cordis incidit. &amp;amp; cum de sua salute desperaretur: correpta spiritu velut mortua per tres horas stetit: quam adhęrentes sorores multis suppliciis spergiscere interim nitebantur. &amp;amp; stas sicin extasi posita dominam nostramvidit: quę pręcepit eiutomnia quę viderat suo confessori narraret: ut ipse manifestaretea duobusviris catholicis Toletanę ecclesię; videlicet decano &amp;amp; capellano maiori, quos suis nominib”designauit: ut &amp;amp; ipsi cuncta archiepiscopo apperirent: &amp;amp; sic prędicta clericorum mala corrigerent. Verum cum illa suo confessori cuncta narras set: prudenter ille incredulum se ostendens dixit. Licet mihi hoc quod ais certum sit: quo pacto illis erit: quibus per me ut dicis reuelandum venit. Eapropter signo ad veritatem huius rei cognoscendam indigentis: ut sic credatur id de quo potest dubitari. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[Capítulo 43]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[Fol. 80ra] DE DUABUS EPISTOLIS / quas diuinitus reperit scriptas./ CAPUT XLIII.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
IGITUR CUM DEI ANcilla responsum hoc audiuit valde turbata est: &amp;amp; suspirans ac gemens suo confessori per epistolam respondere in corde suo proposuit, ut ipsa facto conplemit. Et cum sic afflicta collapsaque animo staret: huc ac illuc p domum discurrebat requiem non inueniens: &amp;amp; cum casu per quendam locum transisset ubi fenestra aderat una: in ea papyraceam chartam duplicem in qua nihil erat descriptumvidit: &amp;amp; ignorans aquo ibi positafuerat eam accepit: &amp;amp; quoddam anæ trum ingreditur: ubi aliquando lignorum strues ponebantur: ibi parieti innixa resedit. Et cum sicstaret, subito claritatem in papyracea charta fulgentem aspexit: &amp;amp; sicut ipsa prædicto priori patefecit, quis manu eius accipiens duas epistolas in charta prędicta scripserit, ignorabat, quarum una suo confessori: altera venerabilibus patribus quibus hæc manifestanda erant dirigebatur: cum luce clarius sit nec ipsam scribere, nec literas per artem pingeredidicis se: nec in monasterio erat qui tales formaret apices. Epistolis tandem eo quo diximus modo descriptis, claritas disparuit, &amp;amp; iuxtase prędictas chartas inuenit: quas accipiens in manicasua posuit. Et cum ad hauriendam aquam ex dolio aheno iret: una de epistolis in dolium cecidit: quę supra aquam stetit in ære: mittensque manu, illam sine madefactione ex dolio subtraxit. Ex epistolis istis una ad capellani maioris Toletanę ecclesię (viri profecto magni meriti) manus peruenit: qui supradictum priorem certiorem fecit quod cum epistolam hanc super tres posuisset ęgrotos: a diuersis langoribus curati sunt. Cum itaque christi ancilla litteras has suo confessori dedisset, valde admiratus est: tum quia ipsa scribere nesciebat: tum etiam quia non erat aliquis in monasterio cuius notæ illæ fuisset: [fol. 80rb] ex quo coniectabat epistolas diuinitus fuisse descriptas, &amp;amp; ex hoc nimium admiratus est: cum in charta quæ ad ipsum dirigebatur nonnulla reperit scripta sibi sòli comperta, nec tamen ob id hoc factum diuulgare ausus est: quia nondum venerat hora in qua dominus manifestari disposuerat. Dubitabat enim ut alter Thomas: ad omnium dubitationem postea effugandam. Cum prædictus denique confessor pro tunc ad ei confabulandum oportunitate careret: ei literas misit. &amp;amp; inter cætera demonstrabat se nullatenus posse credere: quod illa epistolas has scripsisset ut in publicum egrederentur. De qua re valde turbata in corde suo domino quęrebatur. Postea confessoris pręsentia habita, grauiter eum de cordis eius duritia increpauit; ostendens ei per euidentes rationes neminem pręter illam angeli tamen adminiculo epistolas scripsisse. Ex hac hora misericordiam domini in corde suo deprecari proposuit: ut de tantis discriminibus eam liberare dignaretur, &amp;amp; sìlentium in talibus deinceps tenere voluntate firmauit; quod &amp;amp; fecit. Orabat autem dominum ut prędicto confessori suo aliquod signum ad credendum si tali capax fuisset daret; sin autem dure eum flagellaret, ut sic credere posset propter incredulitatem suam hoc sibi euenisse. Cęterum christi famula [n]ouem mensibus tacuit: coram domino tamen gemitibus &amp;amp; suspiriis non tacebat. O quam suauis &amp;amp; mitis est dominus sanctis suis, de se presumentes humilians: &amp;amp; humiles in oculis suis exaltans. Orationibus tandem suis dominus victus eam multis modis visitare dignatus est: passionis suę participem illam faciens euidentibus signis, qualia nostris diebus, nec in multis sanctis pręteritis visa non sünt: ut in suo loco dicetur. Considerans igitur hęc religiosa fœmina signum in epistola illa factum, quę in dolio cadens madefacta non fuerit; eam secum retinere cogitauit: &amp;amp; nocte quadam prędictum antrum ingrediens, supradictam epistolam transcribere ut potuisset cupiebat: nam ut diximus [fol. 80va] ipsa notas arte nesciebat formare, &amp;amp; cum ignem in ollula portaret ad candelam quam extinctam manu gerebat accendendam: subito candela sine applicatione ad ignem accensa est. Et statim ut epistolam transcribere voluit: sanguis ex eius naribus distilare cœpit: quem unius horę spacio stringere non potuit. Quo ab caviso epistolam illam temporibus suisapplicans: mox sanguinis emanatio cessauit. Post hęc cum in die conceptionis dei genitricis Mariæ quædam puella paruula per septem horas mortuaiaceret: &amp;amp; christi famulæ in monasterio hoc nunciatum fuisset: magna fide prædictam misit epistolam quam super mortuam imponi iussit: &amp;amp; eo ipso oscitauit resurrexitque sana. Et cum mulier quædam pectus haberetapertum: mox ut hæc chartasuper illud posita fuit curata remansit. Clericus itidem ad diuum Iacobum pergens hancepistolam secum magna deuotione ferebat: &amp;amp; cum infortunio in flumen cecidisset: vestibus omnibus madefactis epistola supradicta illęsa permansit,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[Capítulo 44]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
DE LATERIS VULNERE, AC / aliis pœnis eius. / CAPUT. XLIIII.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
POSTEA PRAESAGIens sibi ventura, cum omnium sanctorum dies aduenisset: matrem monasterii deprecauit ut communione illius diei per acta: eam in aliquo loco domus recluderet, ubi a nemine videretur. Dominici tandem corporis sacramento percepto: adeo fletus illius magni fuerunt antequam raperetur, &amp;amp; cordis ictus quos intrinsice sentiebat: ut nullus effari possit: fecitque sìbi tantam vim ne audiretur exterius quod intus patiebatur: ut sicut cuppę musto plenę quę citius sine spiraculo rumpitur ei acciderit: nam sic illa in capitis apice crepuit apertura ipsa usque ad frontem apparente : ac tam grandis cæsa in capite visa est, veluti si nouacula facta fuisset: quæ multis aperta stetit diebus / pluribus eam videntibus: &amp;amp; non est humano beneficio medicata. sensitque tam grandem dolorem [fol. 80vb] atque cruciatum ex vulnere: ut sibi velut mors fuerit. Visum est postea hoc vulnus a testibus fide dignis: &amp;amp; a notario ut infra dicetur. Postea itaque priuatur a sensibus: &amp;amp; quadraginta horarum spacio in extasi mansit, &amp;amp; in hoc tempore sorores (multis suppliciis in naribus, pedibus, manibusque eius factis) eam reuocare procurabant: ut nonnihil cibi posset recipere. Et usque adeo ad aperiendum os eius vim fecere: ut ei molarem dentem frangerent. Et cum sic in extasi posita esset, defunctorum nocte ter vel quater magnasuspiria magnosque gemitus dedit cum grandi sui corporis motu. &amp;amp; ex hoc raptu ante cœleists regis thronum deducta fuit: viditque ibi res magni pauoris, quæ humana lingua bene explicari non possunt. vidit enim dominum nostrum Iesum christum in throno magno sedentem: magnamque turbam in conspectu eius stantem: habentem gladium transuersum ex utraque parte acutum in ore: diuinoque oraculo intellexit quod gladius ille designabat iram magnam quam rex super ecclesiam eiusque pręlatos tenebat. Et illi hęc cernenti imperatum est, ut viris quibus antea secundum præceptum sibi factum res sunt patefactę diceret, qua de causa sibi dicta obliuioni tradebant: erantque negligentes in præceptis diuinis adimplendis: &amp;amp; quod si diuinum iudicium euadere cupiebant: statim ad archiepiscopum irent: ut ipse ad ciuitatem ad quinque peccata supradicta corrigenda personaliter accederet: quę secundum annotationem superius factam sunt defectus fidei, cupiditas, luxuria, ignorantia sacerdotum: &amp;amp; illorum in sacerdotali ministerio irreuerentia: quibus peccatis quotidie dominus noster Iesus christus blasphemabatur: destrueretque hęreses quę in illa ciuitate vigebant. Dictumque est illi postea, hoc signum e cælo ut credaris tibi dominus dat: videlicet ut gladius ille quem in ore regis transuersum vides scindet cor tuum atque illud pertransiet: facietque in eo uulnus ex quo sanguis viuus exibit: quod cunctis testimonium verum erit: &amp;amp; tu passionis filii dei imitatrix atque particeps eris. Sic igitur factum est, [fol. 81ra] nam mox dolore indicibili latus sinistrum super cor apertum reperit. Tantę crat magnitudinis hoc vulnus, ut pollicis caput bene in vulnere intromitti poterat. statimque ex eo ita sanguinem decurrere sensit: ut vix rem potuerit celare. Huius autem vulneris apertio viginti diebus durauit: &amp;amp; in sextis feriis sanguinis emanatio cæteris maior erat: nam his diebus sine impedimento pannorum in vulnere positorum sanguis usque ad crura decurrebat. Nunquam putredinis signum in hoc vulnere apparuit: nec medicamen humanum in illo positum est: sed pannis mundis impositis cum priores cruentabantur, alii de nouo ponebantur in vulnere, Sanguis hic mundus &amp;amp; purus erat: ut apparet in pannis qui in vulnere illo positi fuerunt. Et licet hæc christi ancilla ad celandum hoc vulnus, &amp;amp; dolores magnos quos patiebatur pro viribus quandiu potuit operam dederit: decem tamen diebus transactis deficientibus iam viribus diuinitus sibi reuelatum est, ut quod habebat monasterii matri &amp;amp; alteri ex sororibus quę Teresa vocabatur, ostenderet: his enim pannos sanguinolentos patefecit: ex quorum visione nimis illę territę, confessore secrete accersito, rem ei pandunt, Verum confessor ne hoc factum extra domum diuulgaretur omni studio egit: timebat enim ne aliqua illusio esset vel fictio: ideo ad omnem dubietatem abigendam, rei veritatem omni solicitudine inuestigare curauit. Tandem suis propriis oculis vulnus considerans admiratione repletus, et rei fidem adhibtiit: &amp;amp; eam fidelibus testibus reuelatuit: ut fideliter de illa testimonium omnibus perhiberent. Fuerunt enim eiusmodi rei testes ecclesię maioris Decanus, ac eiusdem ecclesię Capellanus maior: cui Didacus de Villaminaya nomen erat: qui, pręsentibus notario &amp;amp; confessore prędicto &amp;amp; monasterii matre aliaque ex sororibus (de qua supra diximus) uulnus viderunt per lintei aperturam, christi ancilla in lectulo iacente nulla alia corporis sui parte discooperta. Hi sex testes quatuor viri &amp;amp; duæ fœminę vulnus recens &amp;amp; cruentum suis oculis viderunt, &amp;amp; manibus contrectarunt: videtes etiam pannos qui [Fol. 81rb] nouiter in vulnere positi sunt, &amp;amp; capellanus maior filorum copiam sanguinolentorum manu sua ex vulnere subtraxit. Omnes itaque hi testes magna cum diligentia vulnus considerantes: non humanitus nec casu sed diuinitus esse factum apertissime cognouerunt: &amp;amp; sic (ut diximus) aliquo medicamine humano curatum non est: tametsi ex ipso dei famula magnum cruciatum interius exteriusque sustinuerit. Stetit hoc vulnus supradicto modo viginti diebus apertum: quibus transactis se absque aliquo beneficio clausit, cicatrice tantum in loco vulneris remanente: &amp;amp; dolore continuo quem in parte illa sentiebat: qui quidem multis diebus durauit. His quoque diebus in capite manibus &amp;amp; pedibus cruciatur. cum enim valde debilis &amp;amp; afflicta ex pręteritis in lectulo iaceret: surrexit in eo: &amp;amp; coram crucifixi signo quod ibi depictum tenebat genua flectens, statim dolorem grandem in pedibus manibusque pręsensit ac si illę partes quibusdam clauis perforarentur. Et cum in hoc esset cruciatu: &amp;amp; eius manus sinistra (ut sibi videbatur) transigeretur: tam grandi cruciabatur dolore: ut, pollice manus dexterę in palma sinistræ posito, adeo palmam ob doloris magnitudinem compressit, quod sanguis super manum crepuerit. et sapienter hoc vulnus abscondit tenens manum panno coopertam: quod diebus quadraginta durauit: et sine humano denique remedio signo tantum in manu remanente, curatum est. Et ut omnium pœnarum passionis dominicæ particeps esset: ultra supplicia que antea in capite passa est, subito tunc in eo nouum &amp;amp; magnum dolorem sensit: ac si caput illius spinarum circumdaretur corona. &amp;amp; licet diuersa remedia capiti fuissent imposita, nullum tamen penitus profuit: iustum enim erat ut diuinitus facta humana industria non sanarentur. Cum igitur ex supradictis pœnis corpus eius satis debile staret. non his contentus dominus aliam grauiorem pœnam et dare disposuit: nam in circuncisionis domini nocte in spiritu rapitur: &amp;amp; ante quendam magnum iudicem vultu terribilem ducitur: ubi quia in reuelandis rebus visis his quibus manifestandę erant obedire contempsit, dure a iudice increpatur, &amp;amp; Mi- [fol. 81va] chaële suo iudicio ex uno brachio, ac ex altero beato Ioanne euangelista eam tenente: quos singulari obsequio venerabatur; flagellis iussit iudicis a quodam angelo cęditur. Tam dure itaque flagellata est, ut totum eius corpus (facie, manibus pedibusque exceptis) fuerit plenum verberibus, non tamen vibices nec vulnera in corpore eius apparuerunt: sed quidam scobriculi tantum: erantque ita coniuncti, ut vix inter eos aliquid poterat apponi: &amp;amp; ex hac punitione grauissìmum dolorem sensit in corpore. Hęc quidem flagellorum signa quindecim mensibus vel quasi in corpore eius durarunt. Ipsa autem hoc factum tacuit nemini illud referens quousque. monasterii mater quadam die mittendo manum recontinuationis velaminis causa super scapulam eius signa prædicta inuenit: qua de re nimis territa eam durius increpauit, credens ipsam se crudeli pœnitentia mactauisse: propter quod tunc christi ancilla ei rei veritatem (sicut scriptum est supra) aperuit. Omnia hæc ad notitiam pontificis Toletani Petri a Mendoça cardinalis postea peruenere: ut ex epistola ipsius ad Priorem Sislanum missa patet, cuius verba hæc erant. Venerabilis pater: hac pręcedenti nocte hora post eiusdem noctis medium secunda / libellum quem mihi dimisistis accepi, &amp;amp; nunquam illum ab oculis separaui, donec omnia eius capita integre perlegi. &amp;amp; quod magis admiror sic cordi meo adhęsit: ut nihil, &amp;amp;si in his reuelationibus credendis tardus, de eo dubitauerim. In fine notarii testimonium vidi: &amp;amp; testium confirmationem: quibus utique omnis fides adhibenda est: ego nanque eorum cuilibet equidem fidem pręberem: quanto magis omnibus illis iunctis. Omnes testes mihi noti sunt: monasterii matre excepta, quæ propter officium merito approbanda venit. Notarium esse virum bonum &amp;amp; fidei dignum non me latet. Tantarum quippe visionum in spiritu &amp;amp; corpore admiror: sed quam maxime tantam duritiam in fœmina inueniri in celando quæ sępissime viderat: pręsertim cum de reuelandis mysteriis sibi ostensis [fol. 81vb] ab eo qui omnia imperat &amp;amp; gubernat mandatum acceperit: quod profecto suæ profundissìmæ humilitatis atque inanis gloriæ contemptus indicium est. Cęterum pater venerabilis pro mea parte &amp;amp; p hoc quod ad me attinet date illi gratias: quas dominus noster sibi largiatur abunde: &amp;amp; pœna quam patitur sìt ei centuplum ad gloriam: &amp;amp; si quid pro eius consolatione ego facere possim, vos ex parte mea illi omnia integre offerte. meque illi recommendate ut in orationibus suis mei sit memor: ut in domini nostri seruitio hanc vitam consummare valeam, in omnibus eius voluntatem adimplendo. Post hac vero cardinalis memoratus epistolam de manu huius sanctissimæ fœminę suscepit: &amp;amp; per hunc modum eidem rescripsit. Deuota ac in christo dilectissima soror: epistola tua &amp;amp; his quę prior Sislanus mihi retulit magnam suscepi consolationem. at dominus noster qui te in talem posuit statum in eo te usque ad finem feliciter conseruare dignetur: &amp;amp; mihi gratiam prestet ut eius voluntatem facere possim: &amp;amp; quę mihi consulis adimplere valeam: quod pro te a domino eiusque genitrice impetrare cupio: &amp;amp; ob id tuis orationibus me multum recommendo: &amp;amp; quia priori Sislano latius sum locutus, plura non dicam. Vale in domino. Obiit autem hic memoratus antistes post mortem huius sanctissimę fœminæ, langore prolixo multis diebus laborans: in quibus plurima pia opera executioni mandauit.&lt;br /&gt;
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'''[Capítulo 45]'''&lt;br /&gt;
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DE OMNIUM LANGORUM / eius curatione: deque his quæ in sacratissima natiuitatis nocte vidit. CAP. XLV.&lt;br /&gt;
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CUM IGITUR HÆC christi ancilla continuis ęgrotationibus vexaretur: octavo die solemnitatis diui patris nostri Hieronymi peracto lateris dolore in lectum decidit, sanguinem per os euomens. &amp;amp; cum omne medicorum consilium abhorreret: suo iudicio quinque pillulas sumere ausa est: quibus sumptis ad mortem peruenit. At cum sic staret, anima (ut sibi videbatur) a corpore eius euulsa super vulnus cordis insedit: quam archangelus Michael (ut si- [fol. 82ra] bi videbatur) manu sua illic tenebat compressam: &amp;amp; sic viuebat: &amp;amp; virtus ad sacramenta sancta suscipienda sibi non defuit. Matrem autem monasterii deprecabatur ut priorem qui hæc in literas misit vocaret: ut eius confessione audita cętera ministraret sacramenta. Contigit hoc in mense Octobris. anno octuagesimo quinto supra millesimum ac quadringentesimum. eratque dies ille sabbatum: in cuius nocte sanctam communionem quam receptura erat meditans: cupiensque a corpore absolui magna deuotione suum monasterium, &amp;amp; Sislanum domino commendabat. Ei quidem sic stanti monachus a quo in ipsa dominica die res diuina in monasterio erat agenda in visione demonstratus est. cui domina nostra cum ad consecrationis verba peruenit, filium suum quem tenebat in brachiis dedit: qui a sacerdote in tres partes diuisus in qualibet ipsarum puer viuus &amp;amp; lætus remanebat. Vidit etiam splendorem super altare: &amp;amp; angelos ex utroque brachio sacerdotem sustentantes: aliosque plures circa altare ambulantes: &amp;amp; diuam Caterinam &amp;amp; Barbaram sibi dicentes. Cras feria secunda hora nona ante meridiem in splendore quem hic cernis dominum recipies: statimque sanaberis: quod sic factum est. Cum igitur prior ad confessionem eius audiendam peruenisset, ne illa die ad monasterium reiterteretur eum humiliter rogauit: ut si forsan eam mori contingeret sua non careret presentia: sin autem ipsa nocte non migraret a sęculo: pro certo sciret: se perfectam sanitatem adepturam. Quod sic euenit ut ipsa prędixerat: nam cum in die lunæ communionem de manu prioris vellet accipere: prioreque ad eam cum corpore domini conuerso, in ipsius pectore &amp;amp; manibus ingentem vidit splendorem: quem etiam in illa hora paruula quædam quatuor annorum vix fari sciens conspexit, quę ibi cum matre sua aderat: splendoremque magnum tanquam solis quem in manibus prioris &amp;amp; in christi famula cernebat matri indicauit: sed mater videre non valuit quod filia videbat. Corpore domini itaque suscepto satim rapta est spiritu: omnibusque sensibus per- [fol. 82rb] ditis sic per nouem horas stetit, &amp;amp; cum quæ si violenter expergisceretur: oculosque aperuisset: psalmistę versum recitauit dicens. Benedic anima mea dominum: &amp;amp; omnia quę intra me fiunt nomini sancto eius, qui propiciatur omnibus iniquitatibus tuis, qui sanat omnes infirmitates tuas. &amp;amp; mox se sanam reperit: &amp;amp; reuersionis ad pręsentem vitam eam pœnituit. Alia complurima secreta cœlestia hęc christi famula vidit quæ quidem sibi visibiliter ostensa sunt, pręsertim in sacratissimę natiuitatis dominicæ nocte: de quibus tantum sequentia annotabimus. Cum semel itaque in ipsa natiuitatis domini nocte, noctis medium summa cum attentione expectaret: eo quod illam esse horam, in qua redemptor noster in carne visibiliter apparuit, non ignorabat. &amp;amp; genibus flexis in oratione insisteret coram sacratissimę christi matris altari, in quo eiusdem virginis effigies astabat: ac etiam altare ipsum mire compositum, candelisque accensis plenum esset: &amp;amp; cuna opulenter adornata cum pannis ceruicalibus in eo posita: faceretque in cuna coram matre sua puer paruulus vestibus pręciosis indutus ecce noctis medium aduenit. &amp;amp; cum sìc multis suspiriis ac lachrymis dominicæ natiuitatis sacramentum contemplarci: oculis corporeis magnam claritatem super altare descendentem vidit: &amp;amp; dominum nostrum in paruuli speciem nimis fulgentem, quem angelorum multitudo reuerenter adorabat. Angelorum itaque adoratione, quæ per dimidiæ horæ spacium durauit, finita: pastores festiuantes ad infantem adorandum venire prospexit: illisque recedentibus, mox tres orientales reges magna cum societate ingressi sit: quos tres soles nimis fulgentes comitabantur, qui cum ad altare accessìssent: statim ex tribus unus sol effectus est. Reges vero procidentes puerum adorauerunt: eique sua munera obtulere. &amp;amp; in hac regum adoratione dei genitricis imago que in altari erat, ter contra puerum arrisit. Post regum angeli admonitione recessum, Herodem sęuissimum puerum ad perdendam quęrentem vidit: vidit etiam quomodo [fol. 82va] beata Maria filium brachiis tenens Ioseph comitata tristes in Ægytum fugiebant. Huiusmodi autem visio a noctis medio usque tres subsequentes horas in oculis eius perdurauit. Quibus finitis, cathedralis ecclesię capellanus maior desiderio seruiendi christo attractus ad monasterium venit. ad primam missam galli cantus vocabulo appellatam celebrandam: &amp;amp; ut sorores communicarent in ea: cantores itidem qui solemniter rem diuinam agerent secum adducens. Et cum ipse sacris indutus ad altare exiret: statim hęc christi ancilla oculis apertis duos cereos magnos super altare vidit: &amp;amp; ab uno quoque illorum quinque radii usque ad ipsam directi procedebant: nullumque impedimentum cortinę quę ante chorum erant extensæ ei prestabant ad videndum omnia que in altari erant facienda. Cum itaque magna solemnitate res sacra inchoaretur: &amp;amp; suo ordine perueniretur ad sanctus: magnam angelorum cateruam ad altare descendere vidit: qui quidem sacerdotem ipsum a pedibus usque ad caput cooperuere: &amp;amp; ipsi ascendentes ac descendentes cum magno gaudio sacrificio assistebant. &amp;amp; cum sacerdos hostiam consecratam eleuaret: prędictos angelos brachia eius attollere vidit. Ad pater noster tandem peruento, non valuit ultra super genua sua stare: nimisque spiritu defatigata cecidit super faciem suam: &amp;amp; sic in eodem loco usque ad horam diei duodecimam iacuit: qua transacta ex sororibus quędam eam ad lectulum suum deportauere; (nam ab hora noctis decima: in qua ad matutinum pulsatum est usque ad hanc quam pdiximus horam, semp genibus flexis in supradicto loco stetit immobilis). In sero autem illius diei ob sororum deprecationem parum conditaneæ cidoneę comedit: &amp;amp; sic sine alio cibo feria secunda &amp;amp; tertia permansit. Feria vero quarta uno tantum ouo contenta aperte demonstrauit quod spirituali alimonia ei vitam contra conditionem humane naturę prestabat. Iterum die quinta ante natiuitatis dominicę solemnitatem ob famem, quę propter farinæ defectum ex fluuiorum incrementis tunc vigebat: nimis esset afflicta absque dormitione noctem illam tran- [fol. 82vb] segit, &amp;amp; cęteris sororibus dormientibus, surtexit ipsa: &amp;amp; in pauimentum subdiale ex quo fluuius conspici poterat, ascendit: &amp;amp; cœlo nut dosignum crucis contra amnem faciens, mox ad orandum in quodam cubiculo se recepit: &amp;amp; brachiis ad modum crucis extensis super terram procidens per magnum interuallum in orationem pdurauit. dei enim genitricem deprecabatur attente: ut filium suum exorans eum placabilem faceret populo. Et cum in hac pœna posita christi matrem exoraret deuote: subito quendam magnum splendorem vidit totam domunculam illam in qua erat illuminantem. aspexitque in claritate dominam nostram: quę lachrymosis oculis voceque tristi illi dixit. Omnes has pręteritas aquas per tot dies diuisas in tribus diebus per alluuionem emittendas esse scito filia; ac earum maiorem partem super istam ciuitatem perfluendam propter maximapeccata quę in ea quotidie perpetrantur: ego tamen tuis precibus inclinata: &amp;amp; propter orationes quas pro populo effudisti: filium meum exoraui, ut petitio tua acceptabilis coram eo esset: &amp;amp; exaudiri pmerui: &amp;amp; sic ira eius placata est. Stabat hęc famula christi ocfis apertis manibusque eleuatis cum dei genitricem videbat: que attamen recedente in terram cecidit: &amp;amp; absque sensu aliquot horis pdurauit. Postea in se reuersa, corpore &amp;amp; spiritu roborataad dormitorium reucrtitur: nulla ex sororibus hoc sentiente. Cum igitur fama eius non usque adeo tegi potuisset, quin ad aliquorum piorum hominum notitiam deuenisset: inter alios apud quos latere non potuit, episcopus Pacensis fuit: qui tunc erat ecclesię Toletanæ Decanus: q &amp;amp; cum illa sępe locutus est: &amp;amp; fuit testis vulneris lateris. Huic ergo semel eam deprecanti pro cuiusdam discordię sedatione quę erat in curia ipsa libentissime obediens: ante solis ortum orationis causa superiora domus ascendit: &amp;amp; magnum splendorem in cœlo ubi sol oriturus erat aspexit. soleque orto, oculis claris eum sine claritatis obstaculo intuebatur: viditque intra ipsum solem foramen grande quod in cœlum intrabat: ex quo magni claritatis radii ad diuersas partes exierunt. crux etiam aurea magni quidem fulgoris intra foramen apparebat: quę tam- [fol. 83ra] diu demonstrata est donec ad primam factum estsignüm. In ære etiam quendam haud procul a se distantem aspexit: qui suo iudicio erat ut luna, cum ali[o] pugnantem: &amp;amp; interuallo modici téporis transacto: scapulis adinuicem auersis recessere. Et cum quedam ex sororibus illuc ascendisset: statim illa a loco discessit: &amp;amp; sic visionis pdictæ finem videre non valuit. Verum credi potest pręcibus illius discordiam postea sedatam fuisse quæ inter nonnullos viros illustres vigebat in curia: pro cuius sedatione cum supradicta vidit, orabat. Contigit hoc infra octauas resurrectionis dominicę; anno octuagesimo sexto supra millesimum ac quadringentesimum, Cum iterum in mense Iulii in aurora illius dici quo sanctę crucis triumphum colit ecclesia, oculis sursum eleuatis oraret: vidit quasdam flammas in cælo. &amp;amp; interuallo horę unius consumpto: ipsum cælum aptum notauit: &amp;amp; solem itidem per aperturam quamviderat egredientem: ac in illo om nesicgli pulchritudines cognoscebantur: &amp;amp; statim insubsequenti die in quodam libro hora tertia orans attente: iuxta fenestramex qua cælum poterat intueri: tertie hilem cuiuspiam vultum veluti lunę apud se vidit duasque hominum effigies deintus stantes unum contra alium gerentes bellum: &amp;amp; ibi etiam occisorum aderat multitudo. Hac nempe die comes Cifontanus captus fuit a Mauris.&lt;br /&gt;
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'''[Capítulo 46]'''&lt;br /&gt;
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DE ANIMA SACERDOTIS / defuncti qui eidem apparuit: &amp;amp; de  aliis visionibus eiusdem. / CAPUT. XLVI.&lt;br /&gt;
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CUM HÆC CHRISTI ancilla in supradicto anno quadam nocte in stratu suo faceret: noctisque medio finito nondum esset pręoccupata somno: sacerdos monasterii nuper defunctus ei apparuit: qui Ioannes Hulmensis vocabatur de quo supra mentionem fecimus (nam Hic fuit ille confessor eius qui vulnus lateris vidit) &amp;amp; propter molestias quas sibi intulerat veniam ab ea humiliter postulauit ob epistolam pręsertim quam ad eam [fol. 83rb] rescripserat: quæ magnæ perturbationis causa extitit ei: ac etiam quia illius verbis fidem non præbens, eius consilia temerarius spreuerat. Supradictis etiam sequentia adiecit. Dicito quęso priori Sislano: &amp;amp; huius monasterii matri: ut omnium molestiarum quas illis feci veniam mihi concedere dignentur: ac etiam sex milia dipondia quæ huic monasterio debeo mihi indulgeant: pariterque librum quem vendidi remittant: &amp;amp; eleemosynę gratia quinquagies altaris sacrificium pro me faciant celebrare: ut sic eruar ab hac pœna quam modo sustineo: &amp;amp; tu christi famula pro me ora. Et his dictis disparuit. Cęterum illa cum ex hac visione nimis terreretur: semianimis &amp;amp; sine loquela quatuor horis remansit: &amp;amp; in se r[e]uersa magna deuotione cuncta quę defunctus ab ea petiit adimplere curauit. Nec est hoc loco tacendum visionem quam vidit eo die quo capellanus maior in humanis agere desiit. Hic enim Didacus de Villaminaya appellabatur vir sane religiosus &amp;amp; prudens, charitatisque operibus plenus: de quo nuper multis in locis mentionem fecimus. Cum igitur hic vir venerabilis esset pro suis laboribus a deo remunerandus: in fine mensis Martii anni octuagesimi septimi egrotauit: &amp;amp; tandem ingrauescente langore ex hac vita migrauit, cuius mortem quasi ciuitas tota deplanxit: sed doloris huius maxima pars Marię Garsię monasterium occupauit: propter beneficia magna tum spiritualia tum temporalia quæ sororibus veluti earum pater quotidie faciebat. Et cum vitę eius finis parum post decimam diei horam euenisset: stabant in ecclesia sorores &amp;amp; cum illis hæc christi famula rem sacram audientes: &amp;amp; campanarum pulsatione propter illius obitum in ecclesia maiori facta: statim illa rapta spiritu fuit: &amp;amp; vidit defuncti animam a Ioanne baptista, &amp;amp; diuo Hieronymo sanctaque Caterina ad iudicium coram diuina magestate in quendam magnum nimisque deliciosum campum deferri, animabus plurimis ibi astantibus laudantibus deum. Accusatus est itaque propter obmisionem quam fecerat in adim- [fol. 83va] pletione cuiusdam defuncti voluntátem qui illum sui testamenti reliquerat executorem. etiam licet predictus capellanus hoc ante mortem suo testamento emendare curauerat: tamen a domino nostro Iesu christo iusto iudice iudicatum est ut eius anima in loco illo detineretur donec compleretur legatum: quo soluto mox ad gternam beatitudinem perueniret. Cęterum illa hęc omnia in ipsa ritu videns, statim ut ad se est reuersa: multospacio quasi extra se mansit: inagna pœna gaudioque adinixta ob prędictam visionem poccupata. Et ita magnis exanimationibus in lectulum cecidit: ut de eius desperaretur vita. &amp;amp; nemini hanc rem dempto priori prędicto patefecit: qui eam obedientię pręcepto ad reuelationem omnium quæ sibi dominus ostendisset constrinxerat. Huius igitur visìonis certitudo ex supradicti patris testamento liquet: cuius ordinationem hæc christi famula ante hanc visionem penitus ignorabat. In raptu quadraginta horarum cum vulnus lateris suscepit (de quo nuper diximus) se purgatorias pœnas vidisse asseruit: ubi tormenta horribilia (que dici non possunt) aspexit. &amp;amp; cum circumquaque respiceret quendam sacerdotem adhuc viuentem aiarum curionem in magno cruciatu inuenit positum: serpens nanque horribilis cui duo capita duoque ora erant eum pręcinctum ac ligatum in circuitu tenebat. viditque etiam iuxta illum drachonem ingentem: qui super spinam cuiusdam infantis aiam in sportula habebat: que quidem magnis quærellis ob pœnam quam patiebatur iudiciuma deo fieri instantissime postulabat propter culpam solummodo sacerdotis illius. Cumque famula christi quęnam pœna esset illa angelum qui eihęc omnia ostendebat interrogaret: ei angelus dixitque infans ille propter sacerdotis illius culpam nondum. regeneratus baptismo obierat: ac ob id quęrebundus iusticiam a deo postulabat de illo. Postquam vero ad se rediit valde territa, p sacerdote illo quotidic dum orabat: &amp;amp; dierum octo interuallo transa &amp;amp; o hic sacerdos rem sacram in monasterio agebat: corporeque domini iam eleuato iterum illa rapta fuit spiritu: &amp;amp; vidit sacerdotem hunc [fol. 83vb] serpente præcinctum tria habente capita, quorum primum cor, secundum linguam, tertium vero scapulas sacerdotis comedebat. Viditque ctiam infantem coram eo clamantem &amp;amp; dicentem. A dei visione tua negligentia priuor: tua culpa sine baptismo mortuus sum: tanti peccati veniam a deo non consequeris. Tertio itaque die post hanc visionem sacerdotem istum vocari fecit: &amp;amp; omnia quæ viderat secreto eidem aperuit. Quod cum ille audisset adeo territus est, ut loquelam medię horæ spacio perdiderit. quem christi famula sic afflictum pusillanimemque videns: in domino confortauit. Tandem ad se rediens quomodo hoc secretum dominus sibi reuelauerat vehementer admirari cœpit. &amp;amp; ita in veritate fuisse sicut illa dicebat aperte confessus est: tam de puero qui sine baptismo sua obierat culpa: quam de cæteris rebus quibus hactenus deum se offendisse cognouerat: prout ab illa eidem sunt enarrata. Post hęc dei famula dixit illi. Ne de his valeas quiquam dubitare: cras dum in altari fueris dominum ostendere tibi signum pro certo tibi sit. Quod sic euenit: nam hic sacerdos confessus est postea, quod dum sequenti die sacrificium christianum ageret: &amp;amp; rerum diuinarum codicis verteret folium, ubi effigies crucifixi erat depicta: quinque guttas sanguinis inuenit in illo: et post annos quinque in diui Michæelis archangeli festo hic sacerdos ex hac luce recessit: quem dei ancilla suis orationibus iuuit. Postea denique in aurora diei sancti Francisci in figura horribili eidem apparuit: plurima quæ inter ipsum &amp;amp; alia personam secreto transierant, ei aperiens: quę quidem ita in veritate comperta sunt.&lt;br /&gt;
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'''[Capítulo 47]'''&lt;br /&gt;
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QUOD SPIRITU PROPHE / tię multa arcana reuelauit. / CAPUT. XLVII.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
MULTA OCCULTA hæc christi ancilla spiritu prophetię repleta indicauit: ut ex supradictis faciliter agnoscitur: &amp;amp; per alia quæ de ea scripta reperiuntur, gratiam quam ei dominus in cognoscendis secretis dederit, aperte in- [fol. 84ra] telligimus. Cum igitur illis diebus iam inquisitionis negocium contra hęreticam prauitatem in Toletana ciuitate ageretur: nonnulla archana huic sancto officio attinentia priori Sislano aperuit: &amp;amp; ipsi quonammodo ista sciebat interroganti respondit. Dominus noster Iesus christus ea forma qua ad columnam ligatus stetit mihi apparuit: scapulas habens sanguinolentas: &amp;amp; mihi dixit. Aspice filia qualis ab hęreticis contrector quotidie: idcirco dic ecclesię huius Decano, &amp;amp; Sislano priori, qui inquisitionis rem tractant, omnia quę nunc oculis cernis. Quod sic adiplere curauit. nam hęc eadem verba (supradicto priore presente) ecclesię decano dixit; aperiens utrisque quędam occulta ad sanctum inquisitionis officium ptinentia. Cum alia vice staret mente eleuata, sacrosanctam eucharistiam magna cum solemnitate a clericis de maiori ecclesia depromi vidit: &amp;amp; cuidam egro hęretico deferri: iussumque est ei ut omni velocitate ad clericos iret: ac eis diceret. Ad ecclesiam cum sacramento reuertimini: hæreticus namque est ad que illum defertis. Et sic factum est. verum angelus qui hęc sibi imperabat sequentia postea adiecit dicens. Ut quę tibi dico vera esse comperias: hodie cum res diuina celebrabitur sanguinis guttas ab hostia distillare videbis. In hac itaque die hęc christi famula hostiam cruentatam oculis claris aspexit, cum post consecrationem fuit eleuata. Semel etiam futura cognoscens priori Sislano dixit. Curam pater adhibe in domo: duo enim in ea sitnt qui tale peccatum perpetrare procurant. Quod postmodum rei euentus eam vera dixisse comprobauit. nam post paucos dies duo famuli deprefensisunt: qui malum grande eodem modo eademque forma ut ipsa prędixerat perpetrare volebant: &amp;amp; mox a monasterio. fucrunt expulsi. Monachus quidam eam proptereius famam videre &amp;amp; alloqui cupiens: pro hacre impetranda magnopere laborabat: tandem quod desiderabat obtinuit. &amp;amp; cum ad colloquium illius fuisset admissus: hęc ipsa inter cętera illi dixit. Iamdiu pater est q te meum colloquium. expetere scio: &amp;amp; causam cur hoc deside- [fol. 84rb] rio laboras: scio etiam quod tali die scriptionem faciebas: quam ea die optabas perficere: &amp;amp; non potuisti: &amp;amp; consummasti eam nocte sequenti. His auditis stupefactus monachus quomodo secreti huius notitiam potuit habere eam interrogauit: cui ipsa respondit se omnia hęc in spiritu vidisse. Et postea sequentia adiecit. Dic pater tali monacho (illum nomine suo designans) quod multum tristatur spiritu: videat vias suas: &amp;amp; si aliquid fecit punitione dignum, indulgentiam petat: alias magno subiacebit periculo. Et cum huic monacho &amp;amp; cęteris domus hoc esset experimento cognitum: valde admiratus est: intellexitque eam spiritu dei esse repletam. Contigit hoc cum ordinis nostri primarius in Sislano monasterio inquisitionis causa erat. Cum isdem etiam monachus iterum illam alloquens, alterius monachi cuius nomen tacebat vitam multum commendaret: christi ancilla eum deprecari cœpit, ut fratris illius nomen vellet sibi aperire: sed cum monachus hoc negaret: tunc illa dixit. Monachus de quo pater dicis sic appellatur, vir quidem religiosus est: partem habens cum deo. Quod monachus audiens nimis territus est: videns quomodo spiritu dei sciebat, quod ille ei noluérat indicare. Dificiliter &amp;amp; non sine magno tędio cum exteris loquebatur licet viri religiosi fuissent. &amp;amp; cum talium colloquium vitare non poterat: breuis in sermone erat.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[Capítulo 48]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
DE EO QUOD SUIS ORA / tionibus salutem multis impetrauit. / CAPUT. XLVIII.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
PLURIMUM HÆC christi ancilla orationibus valuit: erat enim feruidę orationis, ut ex prędictis coniectari potest: idcirco multis suis pręcibus obtinuit salutem. Unde cum semel monasterii mater tertia mensis Augusti ante diui Laurentii festum pleuritidis morbo laboraret: essetque a medicis iam derelicta: valde hęc sancta de matris morte tam propinqua affligebatur: &amp;amp; nocte adue- [fol. 84va] niente sacellum ingreditur: &amp;amp; cum multis lachrymis coram deiparę virginis effigie pro matris salute cœpit orare. Oratione tandem finita, vultum virginis quam candela explorabat, veluti viuentis inflammatum: &amp;amp; post paululum sudantem aspexit. Cæterum illa oculis se falli opinans: ad virginis faciem pręsumpsit accedere: at rei veritate comperta, ter capitis sui velamine sudorem imaginis abstergens: oculos suos ac faciem cum sudore lauit. Et magno gaudio repleta iterum obnixius pro matris vita dei genitricem cœpit orare: &amp;amp; facta est ad eam vox, dicens. Propter consolationem tuam &amp;amp; remedium vita illi conceditur. &amp;amp; statim in excessum mentis eleuata est: &amp;amp; vidit diuum Laurentium in forma pueri quindecim annorum splendida veste indutum pyxidem auream in manu ferentem: quam supra caput &amp;amp; latus posuit ęgrotę: signans eam manu sua signaculo crucis: quo facto discessit. Statimque illa ad se rediens intellexit dei parę virginis meritis quod petebat impetrasse. Et confestim ad infirmam pergens, illam quieto somno dormientem inuenit, quę quidem expergiscens a dolore subleuatam se sensit: &amp;amp; post modicum perfecte conualuit. Cum iterum importune in ecesfa dei genitricem oraret pro quodam fratre suo in vinculis existente: fratri dormienti sanctissimavirgo apparuit in effigie ut in monasterii sacello habetur depicta: &amp;amp; a compedibus eum absoluens dixit. Propter sororis tuę &amp;amp; aliorum monialium præces quas ob tuam liberationem feruenter apud me fundunt a carcere erueris. Et ipse expergiscens liberum a compedibus, &amp;amp; tumore quem in pedibus ob vincula ferrea fabebat: se reperit. &amp;amp; diesequenti ad monasterium veniens, liberationis suę mos dum sorori cæterisque religiosis enarrauit: &amp;amp; pro certo compertum est quod hora qua ille se dixit per dei genitricem a vinculis fuisse absolutum: eadem hęc christi ancilla &amp;amp; aliæ sorores pro eo specialem orationem faciebant. Ipse itaque virginis Mariæ effigiem in altari monasterii positam cernens: simili figura ipsamsibi apparuisse [fol. 84vb] asseruit. ob idque deinceps ceram, ut omnibus sabbatis coram prædicta imagine arderet, per totum vitę suæ tempus se daturum repromisit. Verum post hac annis nouem transactis, cum in vigilia assumptionis eiusdem sacratissimę virginis hic virsui promissi non obliuiosus factus, ceram ad prędictam imaginem illuminanæ dam portaret: in via morte subitanea pręoccupatus defecit. Quod christi ancilla audiens magna tristitia affecta est: pręsertim ob mortis casum: &amp;amp; multis lachrymis multaque instantiaprofratresicdefunctocoram dei genitricis imagine orabat: hoc inter cętera scire cupiens: an in via salutis esset. Et tandem cum pro hac refm portune deprecaretur: octauo post fratris obitum die hora secunda post noctis medium vultum supradictę imaginis aspexit: &amp;amp; illum lætum veluti personæ viuentis &amp;amp; loqui volentis vidit: &amp;amp; ex hac visione magno gaudio repleta flere cœpit. Quod duæ ex sororibus cernentes eam ad lectulum deduxerunt: &amp;amp; sororibus illic iuxta eam cum candelis accensis stantibus, cuiuspiam flatum frigidissimum post scapulas sensit: sed propter sorores quę cum illa colloquebantur, ad locum illum respicere non curabat. sed post paululum magno timore concussa caput illic conuertit: &amp;amp; frustrum nubis obscurę aspiciens: intus fratrem suum faciem nimis lętam habentem vidit: qui dixit ei. In magno nempe periculo fui cum spiritu exhalaui: sed affuit mihi dulcissima virgo Maria auxilium pręstans: ac propter eius merita euasi: sumque ad purgatorias pœnas transmissus. &amp;amp; his dictis, de cæteris rebus ad quarum soltationem erat astri &amp;amp; us mentionem faciens: ab oculis sororis eius euanuit. Et cum alius eiusdem sanctę virginis ff in loco suo equi currentis lapsu valdetorsus, grauique oculorîi passioneremansisset: ob idque eius mater (quę propter mortem alterius filii nuper defuncti satis erat afflicta) hoc factum audiens adeo amaritudine atque tristitia repleta est: ut os &amp;amp; oculi eius fucrint obuarati. Post aliquot itaque dies huicsanctæ fœminæ hoc in monasterionunciato, ad altare [fol. 85ra] dei genitricis a cessit pro matris salute oratura: inspirataque diuinitus nuncio qui casum ei narrauerat respondit. In dominica sequenti sanabitur mater mea: quod sic factum est ut ipsa prædixit. Accidit quoque semel ut hæc sancta graui langore correpta in stratu iaceret. &amp;amp; sacratissimæ virginis natiuitatis die superueniente, videns quod nec cum cęteris sororibus communicare hac solemnitate, nec diuinis interesse poterat: dolore magno percussa est. Cum igitur ea nocte sorores ad matutinum exurgerent: &amp;amp; ipsa que non procul a choro iacebat eas cantare inuitatorium audisset: sic cum grandi sui cordis dolore orauit. O gloriosa domina dei genitrix virgo Maria peccatorum spes: ego peccatrix tuis matutinis hac nocte ut indigna priuor: &amp;amp; ctiam in crastinuin sacratissimi filii tui corpus participatione: tu pietatis mater ct desiderium meum: &amp;amp; pœnam quam pro his patior non ignoras. Tandem super ipsam hęc dicentem claritas magna descendit. &amp;amp; claritate recedente se sanam reperies: mox surrexit: &amp;amp; ad horas matutinas pergens, cum cęteris etiam sororibus ipsa die sacrosanctum christi corpus in ecclesia recepit: dei genitrice cordis sui desiderium ex audiente.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[Capítulo 49]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
DE OBITU EIUSDEM: ET / quam statim cœpit fulgere miraculis. / CAPUT. XLIX.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
SI CUNCTA QUÆ de hac sanctissima fœmina in literas missa sunt: &amp;amp; reuelationes quas vidit hoc loco annotarentur: grandis quidem liber exurgeret: cum pene nulla fuerit dies in qua dominici corporis sacramentum susceperit: quinspiritu raperetur: in raptuque illo mirabilia dei videret: idcirco omnibus his ob breuitatis causam, ac lectorum fastidium dimissis: ad obitum illius transiens nonnulla etiam miracula ex multis quæ post mortem eius facta sunt, annotabo. Igitur cum hæc christi ancilla tam magnifice in hac vita signis &amp;amp; reuelationibus adeo (ut supra est anno- [fol. 85rb] tatum) sublimaretur: eam de corporis carcere eruere diuinę pietati placuit: quod quidem desiderio suo consonum erat: cupiebat enim multis iam antea diebus dissolui &amp;amp; esse cum christo: &amp;amp; illa beata ęternaque beatitudine frui/quam sanctis &amp;amp; dilectis suis se daturum repromisit. Obiit itaque hęc sanctissima fœmina septima die Iulii sabbato tunc cadente: anno octuagesimo nono supra millesimum ac quadringentesimum, tempore quo Toleti pestis vigebat: ad horam tertiam post noctis medium. Fuit autem eius obitus cœlesti odore honoratus, ut sorores quę ibi aderant testatę sunt: dicentes mirabilem odoris fragrantiam se eadem hora sensisse. Sepulta fuit in illius diei vespera in monasterii Sislani capitulo: tunc enim sorores illius cœnobii ibi sepeliebantur. quam statim signis dominus magnificare cœpit: de quibus hęc quę sequuntur pauca (cęteris ob breuitatem dimissis) referam. Contigit in die sancti Martini, anno nonagesimo supra millesimum ac quadringentesimum in mense Nouębri ut quidam Franciscus Diaz nomine de Xarahiz incola grauiter egrotaret: factusque morio cum iam in extremis sacro oleo perunctus esset: &amp;amp; quidam sacerdos qui Martinus Diaz appellabatur, eiusdem egroti patruelis qui &amp;amp; ipsum a primis nutrierat cunabulis, atque uxorem ducere fecerat: magnum de eius morte dolorem haberet: quedam vidua Ioanna Martina nomine quę visitationis causa illuc venerat: sacerdoti afflicto sic ait. Non vos latet compater langor quem ego in crure cum coxendice habui. &amp;amp; hoc anno cum Gabriel frater meus Hieronymitani ordinis monachus ex cœnobio de Madrid profectus ''[1]'' huc venit: &amp;amp; me inueniret egrot[a]m: hoc mihi dedit consilium: ut cuidam religiosę magnę sanctitatis fœminę quæ Toleti in Marię Garsię monasterio obierat: &amp;amp; in Sislano iacebat humata: quę quidem magnis fulgebat miraculis: me commendarem ex corde: peregrinationem ad eius tumulum vouens: &amp;amp; sine dubio sanitatem propter eius merita recuperarem integram. acquieui equidem fratris consilio: et per dei mise- [fol. 85va] ricordiam sanitati perfectę restituta sum. Sic vos infirmum hunc isti sanctę religiosę vouete: &amp;amp; propter eius merita domino placebit sanum &amp;amp; incolumen vobis illum restituere. Quod sacerdos audiens votum statim emisit: ut si eger ille huius sanctę meritis pristinę restitueretur sanitati: ambo pariter illius visitarent sepulchrum. Cuius petitionem dominus exaudiens sanitatem integerrimam donauit infirmo: &amp;amp; postea ambo votum suum compleuere. Huius itaque miraculi prędictus sacerdos testimonium dedit, cum esset in monasterio ubi huius sanctę corpus requiescit: ibique illud sua descripsit manu sabbato septima die Maii anni nonagesimii primi supra millesimum ac quadringentesimum. In Toletana quoque ciuitate canonicus quidam grauiter egrotabat: &amp;amp; omnibus beneficiis humanis factis semp virtus deficiebat in illo: quo cognito huic sanctę virgini se deuote commendans: eius sepulchrum visitare fecit. &amp;amp; cum nonnihil terrę illius sepulturæ sibi fuisset allatum: collo illam suspendit. Et in nocte sequenti hęc virgo beata visibiliter ei apparuit: qui postea euigilans sanum se reperit. &amp;amp; cum Inane illo potionem sumere debuisset: accipere eam renuit: sed cibum co quem se sentiebat incolumem postulauit: &amp;amp; statim surrexit: &amp;amp; sepulchrum huius sanctę debita religione visitans. gfas de sua salute deo egit: offerens ibidem oblationes suas. In mense Septembri, eodem anno quo hęc christi virgo humanę naturę debitum soluit, Alphonsus comitis de Paredes filius Toletanęque ecclesię canonicus eadem in ciuitate gratiissime egrotauit: &amp;amp; cum iam in extremis sacro esset oleo unctus, huic virgini se deuote cômendauit: &amp;amp; ceruicali in quo hęc sancta obierat sibi allato: mox ut illud super se posuit perfecte conualuit. Suscepti beneficii memor ad monasterium Sislanum postea venit: &amp;amp; nouem diebus ibidem deuote pmanens: ceream effigiem &amp;amp; vestem sacram ibidem obtulit. Is (ut opinor) fuit Alphonsus Manricus Hispalensis antistes: qui superiori anno in humanis agere desiit. In supradicto anno nona Septembris die, ad monasterium ubi hec sancta condita iacet quidam vir Ioannes de [fol. 85vb] Pastrana vocatus cum uxore sua venit: filium paruulum paralysis morbo laborantem secum afferens: qui nullo medicorij remedio curari potuit: tametsi propter huiuscemodi causam non modicam substantię partem in physicis impenderat. Et cum parentes in ecclesia deuotius pernoctarent, filium suum huic virgini commendantes: mox pręcum suarum obtinere fructum meruerunt: quandoquidem puerum quem membris debilem ad sepulchrum huius virginis attulerant: sanum in domum suam reduxere. His quoque diebus quędam mulier Ioanna de sancto Michaele nomine tertii ordinis diui Francisci religiosa Toleti cohabitans carcinomatis siue cancri morbo in mammilla periclitabatur sua, &amp;amp; cum quinque annorum spacio a physicis mederi nequaquam potuerit: tandem ab illis relinquitur. eratque quorundam consilium ut abscideretur mammilla in qua cancrum habebat ne moreretur. Cęterum illa (huius sanctę virginis fama audita) magna cum deuotione sepulchrum eius visitare properauit: &amp;amp; cum locum in quo condita iacet ingrederetur, cęlestem odorem a sepultura procedere sensit, seque super illam inclinans, magna pietate ac multis lachrymis sanctam pro salute deprecari cœpit: moxque super illam manus domini facta est: &amp;amp; perfectę restituta est sanitati. Alia multa signa diuinitus per eam facta statim post mortem scripta reperi: quę breuitatis (ut dixi) causa prętermittuntur: sequens tamen miraculum quod in vita eius factum est prędictis subnectam. Cum dei famula semel dictaret epistolam quam cardinali Petro Mendocio destinare erat illi in animo: &amp;amp; chartam notis exciperet quędam ex sororibus cui Agnes sancti Nicolai nomen erat, &amp;amp; exsiccationis causa ad ignem post descriptionem illam applicuisset: adeo igni coniuncta est, &amp;amp; combusta: ut a nemine postea legi potuerit. Et cum iterum scribenda esset epistola: &amp;amp; de hac re Agnes prędicta nimis affligeretur ob longitudinem eius: epistolam christi ancilla accipiens, in quadam arca eam iniecit. Altera die prędicta soror chartam voluit scribere: &amp;amp; aperiente virgine archam epistolam sanam inuenerunt.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[Capítulo 50]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[Fol. 86ra] DE TRANSLATIONE EIUS / dem: &amp;amp; odore cœlesti quem astantes sen/ sere: deque pluuia diuinitus propter / eius merita data. / CAPUT. L.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
CUM FAMA MIraculorum quę deus propter sanctæ suæ merita operabatur in dies cresceret: iamque glorificationis illius rumor in omnes peruenisset: multorum virorum honorabilium deuotioni placuit operam dare: ut huius sanctę virginis corpus de capitulo in quo prius sepultum fuerat ad ecclesiæ monasterii locum honorabilem transferretur. Hac autem in re illustris comes de Fuensalida fœmina religiosavalde obnixius supra cæteros laborauit: ob cuius deprecationes sanctæ virginis corpus de loco illo ubi statim postmortem conditum fuerat translatum est: &amp;amp; collocatum in sepulchro quod ipsa comes ad dexteram partem ecclesię ędificari fecerat. Factaque est translatio hæc vicesima quinta die mensis Aprilis: anno nonagesimo quinto supra millesimum ac quadringentesimum, ab obitu eiusdem sanctę anne sexto. Aderant itaque huic translationi venerabilis prior eiusdem monasterii frater Ioannes de Morales appellatus: ac alii multi eiusdem cœnobii monachi: clauicularius Calatrauę militię, illustris Alphonsus a Silua: cæterique religiosi viri. Inuenta sunt autem eius ossa multum odorifera: oleoque peruncta: &amp;amp; odor qui fragabat ex ossibus suauissimus ac cœlestis erat: qui ab omnibus pręsentibus tum religiosis, tum sęcularibus sensibilis fuit. Verum cum prior monasterii hęc cerneret omnia: quod hactenus quasi in occulto, &amp;amp; non monachis omnibus pręsentibus facere disposuerat: omnes vocari iussit: &amp;amp; organis campanisque pulsatis, corpus cum magna solennitate ad ecclesiam transferri ordinauit. Ossibus itaque in quadam arca intus adornata serico positis, quam Alphonsus a Silua secum attulerat: &amp;amp; cereos [fol. 86rb] accensos quos et Alphonsus prędictus ad hoc traxerat omnibus tenentibus sacrisque ministri induti arcam in qua huius sanctæ virginis ossa posita fuere: ad ecclesiam magna cum deuotione perduxerunt: monachis, Hec dies quam fecit dominus, &amp;amp; Te deum laudamus cantantibus. Et cum omnis illa regio magna siccitate tunc laboraret: omnesque pro pluuia deum deprecarentur: huius sanctę meritis mox pluuia grandis super terram descendit. adeo ut nullus fuerit qui dubitare posset: quin ob merita eius pluuię beneficium patria illa susceperat: qua panes cęterique fructus ad maturitatem deuenere perfectam. Stetit corpus eius in ecclesia in arca (de qua supra diximus) tredecim dies: propter fideles qui deuotionis causa ad ossa eius visenda veniebant quotidie: sepultumque est postea ad dexteram ecclesię partem in supradicto sepulchro. Gratia quam dominus huic sanctę virgini hac ætate dederit dignissimæ consideranda venit: ut omni tempore erga famulos suos mirabilia dominum operari cognoscamus: et quomodo diligentes se &amp;amp; in eum sperantes in suisque oculis humiles exaltat: qualis hęc sanctissìma fœmina fuit: mirabiliter nanque humilitatis virtute resplenduit. quod quidem omnium sororum fuit testimonio comprobatum: sed quam maxime monasterii matris, cuius nomen Caterina de sancto Laurentio erat: hęc enim multa secreta eiusdem sanctę post eius obitum aperuit: dicens illam tantæ fuisse humilitatis, ut sæpe magna instantia eam deprecaretur ut in sextis feriis cum capitulum culparum tenebat, durius illam increparet: ac pœnitudinis causa tempore refectionis in terra cibum sumere: &amp;amp; refectione finita, ad chori ostium prostratam iacere præciperet: ut cęterę sorores super eam intrarent &amp;amp; exirent. Omnium igitur quę de vita, reuelationibus &amp;amp; miraculis huius sanctissimæ fœminę scripta reperi hic finis erit: non enim ad longum (ut in principio testatus sum) omnia quę de illa in literas sunt missa scribere proposui. Et sic explicitus est liber tertius.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
===Notas===&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[1]'' “professus”, corrección de una mano posterior en el ejemplar impreso señalado de la Biblioteca de la Universidad Complutense.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
= Vida impresa (2) =&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Ed. de [https://www.upf.edu/web/poder-espiritualidad-genero/entry/-/-/1003/adscripcion/mar%C3%ADa-morr%C3%A1s María Morrás]; fecha de edición: octubre de 2020; fecha de modificación: junio de 2025.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
== Fuente ==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
* [http://catalogodesantasvivas.visionarias.es/index.php/Categor%C3%ADa:Pedro_de_la_Vega Vega, Pedro de la], ''Cronica de los frayles de la orden del bienaventurado sant Hieronymo''. Universidad de Alcala de Henares: Juan de Brocar, 12 Octubre 1539, fols. 94v–103v (Lib. iii Chs 41–50).&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[[Contexto material del impreso Cronica de los frayles de la orden del bienaventurado sant Hieronymo]].&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
== Criterios de edición ==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En el texto castellano de Pedro de la Vega (con variantes respecto a su anterior vida latina), el criterio de edición que se ha seguido ha sido muy conservador para poder cotejarlo con el latino. Se conservan las grafías, pero se separan o juntan palabras y se puntúa de acuerdo a criterios actuales. Las versiones latina y castellana difieren ligeramente entre ellas. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En la tabla índice del texto latino, la rúbrica referente a la beata de Ajofrín lee “Marię de Ajofrin laudes &amp;amp; vita li. Iii. a cap 40 usq ad finē libri folio lxxxviii”; en cambio la rúbrica del capítulo resalta su carisma visionario: ''De beata Maria de Aiofrin magne religionis magnarumque reuelationum foemina''. Es significativo que ambas rúbricas se modifiquen en el texto en castellano, pues tanto en la tabla como en la rúbrica que inicia el capítulo se omite la mención a las revelaciones “De la vida y obras marauillosas de la sancta y bienauenturada María de Ajofrín, religiosa del monesterio de Sant Pablo de Toledo”. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Para esta edición, usamos la versión castellana digitalizada de la Biblioteca de Castilla-La Mancha, en &amp;lt;http://bidicam.castillalamancha.es/bibdigital/bidicam/i18n/consulta/resultados_ocr.cmd?id=475&amp;amp;materia_numcontrol=&amp;amp;autor_numcontrol=&amp;amp;posicion=1&amp;amp;tipoResultados=BIB&amp;amp;forma=ficha&amp;gt;.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==Vida de María de Ajofrín==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[Fol. †4va] ‘Tabla de los capítulos’: ⸿Cap. xli. de la vida y obras maravillosas de la sancta y bienaventurada María de Ajofrín religiosa del monesterio de sant Pablo de Toledo. folio. xciiii. [Transcripción con acentuación].&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[Fol. 94va]&lt;br /&gt;
'''Capítulo 41'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''De la vida y obras maravillosas de la sancta y bienaventurada María de Ajofrín, religiosa del monesterio de sant Pablo de Toledo'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
No será fuera de propósito escrevir en fin deste tercero libro así como en suma la sanctidad y obras maravillosas de la bienaventurada María de Ajofrín, y las revelaciones que vido y los miraglos que Nuestro Señor hizo por ella, y ayuntar los hechos desta sancta virgen que fue maravillosa [fol. 94vb] en esta nuestra edad a las obras del sancto arçobispo que floreció en este mismo tiempo según de suso son escriptas. La vida desta sanctíssima muger que vino a mis manos, y las grandes revelaciones que vido y obras que hizo, escrivió el venerable fray Juan de Corrales, prior del monesterio de la Sisla de Toledo, parte como las vido y trató con sus manos, parte según las oyó a personas dignas de fe, mas yo no escriviré aquí sino pocas de muchas por abreviar y quitar el enojo a los lectores que les suele causar la prolixidad. Fue pues esta sancta virgen natural de un lugar que se dize Ajofrín, de tierra de Toledo; hija de padres honrrados y temerosos de Dios: su padre se llamava Pedro Martín y su madre, Mariana García. Y como ellos tuviessen tuviessen voluntad de casarla, y muchos la demandassen, nunca la santa donzella consentió en ello, mas antes varonilmente resistió a sus padres y a todos los otros que hablavan del casamiento. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y por que no pudiesse por alguno ser estorvado este su tan alto propósito, siendo aún de pequeña edad, sin consejo ni ayuda humanal hizo voto de virginidad y de entrar en religión. Y tanto importunó sobre esto a sus padres y hermanos que de todos fue aborrecida. Y al cabo, siendo ya de edad de quinze años, no la pudiendo los padres inclinar a su voluntad, sacola el padre con gran dolor de su casa y trúxola a la ciudad de Toledo. Y como entrasse en la yglesia mayor no sabiendo ónde yr, ordenándolo la divina providencia fue traýda al monesterio de nuestra orden que está en la dicha ciudad que edificó la noble y religiosa señora doña Mari García, que agora se llama Sant Pablo. Y recebida en él, diose toda a los exercicios santos de la religión conversando santamente, y con grande humildad menospreciando a sí misma, haziendo al Señor de sí contino sacrificio sin querella. Sus deleytes fueron siempre la santa oración y meditación, derramando de sus ojos muchedumbre de lágrimas, teniéndose por la más [fol. 95ra] peccadora e indigna de todas las mugeres. Y passados ya los diez años después que entró en el monesterio, queriendo Nuestro Señor demostrarle sus secretos y maravillas, estando ella con propósito de se confessar generalmente, affligiose mucho y con lágrimas continuas rogava a Dios que le perdonasse sus peccados. Estando pues ella con este propósito y desseando saber si sus peccados le eran perdonados, vino el día de su confessión; y entrando en el confessionario onde todas las religiosas se suelen confessar, derribose en tierra delante la imagen de Nuestra Señora que allí estava en una tabla pintada con el Niño en los braços, y començóle a rogar con muchas lágrimas que la quisiesse oýr y ganar perdón de su hijo. Y como estuviesse con atención orando, súbitamente vido una gran claridad que alunbró la imagen y parte de la casilla. Y en la claridad de la imagen vio cómo Nuestro Señor, estando en los braços de la madre, alçó la mano contra ella como la suele alçar el sacerdote quando asuelve al penitente. Y espantada desta visión y muy turbada en su espíritu, hizo con mucho trabajo lo mejor que pudo su confessión; la qual acabada, como tornasse a hazer oración a la imagen ya dicha, vido la claridad primera y la mano alçada del Niño como primero la avía visto y quedó muy consolada y esforçada en su coraçón. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y siempre guardó el secreto desta visión, que nunca lo dixo a ninguno, sino al prior suso dicho que escrivió estas cosas. Y desde esta hora certificó al suso dicho prior que le avía quedado tan gran movimiento en el coraçón, que muchas vezes le dava golpes que parecía que le quería salir del cuerpo. Y como en estos días orasse una noche con mucha atención por el estado de la Sancta Yglesia, quedose sola en el choro rezando y vido en el sagrario, onde estava el cuerpo de Nuestro Señor Jesu Christo, una llama de fuego encendida con gran resplandor; y ardió por espacio de una hora, la qual acabada se mató y quedó muy espantada desto.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[Fol. 95rb]&lt;br /&gt;
'''Capítulo 42'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''De cómo comulgando el día de la Resurrectión le pareció que rescibió un cordero bivo so las especies del pan; y cómo desde este día cada vez que comulgava se trasportava en espíritu, y de la visión que vido el día octavo de la Resurrectión'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Como esta sierva de Dios se aparejasse un Sábado Sancto antes para comulgar el día siguiente, no dormió toda aquella sancta noche de Pascua, mas andava de lugar en lugar por la casa llorando, y orando al Señor, y demandando limpieza y aparejo para rescebir el sancto sacramento. Y venida la hora de la communión, fue con las otras hermanas a comulgar y recebió el sanctíssimo sacramento en semejança de un cordero bivo en especie de pan. Y como lo rescibió en la boca, sintiólo luego bullir y andar de un cabo a otro como cosa biva; y tragolo con gran pavor y mucho temor y sintió cómo se le puso sobre las telas del coraçón. Y tanta fue la alegría y consolación que entonces rescibió que en quinze días con sus noches no dormió llorando y orando continuamente; y luego fue arrebatada en espíritu, y dende entonces le quedó que cada vez que rescebía el sanctíssimo sacramento se transportava en espíritu y se enajenava de los sentidos exteriores, quando más, quando menos, como adelante se dirá. Y desde este día le dio el Señor este don y gracia que cada vez que comulgava le quedava un dulçor maravilloso en el coracón y garganta y en la boca que no se le quitava por espacio de quarenta días. Y dixo al prior suso dicho que bien podía bivir y passar todo este tiempo sin comer cosa alguna, mas por evitar la singularidad y juyzio de los hombres no lo hazía. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y fue el día octavo de la Resurrectión arrebatada en espíritu: y vido cómo vino a ella un varón [fol. 95va] muy reverendo por gesto y edad vestido de una capa de seda colorada, y díxole: “Ven, que te llama la reyna”. Y ella pensando que la llamava la reyna terrenal no quiso yr con él. Entonces aquel varón díxole otra vez: “Ven que te llama la reyna del Cielo”. Y ella entonces fue con él, y hallose en una yglesia fuera de la ciudad, onde estava Nuestra Señora con su Hijo en los braços. Y como la vido, púsose de rodillas delante della, y el varón que la llamó púsole en las manos un paño de seda, y la Sanctíssima Virgen puso su Hijo encima del dicho paño, e dándole a otro honbre de menor edad para que la acompañasse junto con el que la avía llamado, díxole: “Ve con mi Hijo onde fueren estos dos varones”. Y el que llevava la capa colorada yva un poco delante como a buscar posada. Y entrando por la ciudad llamava a las puertas que estavan cerradas: y dava tres golpes a cada puerta, diziendo: “Abrid que viene el Señor a posar en vuestra casa”. Y vido cómo ninguno las abría, mas antes los que las tenían abiertas corriendo las cerravan diziendo que no avía allí posada porque estavan allí negociados. Y desta manera le pareció que anduvieron toda la ciudad sin hallar posada. Y tornándose después por donde fueron, encontraron con dos mugeres que yvan cavalleras en dos asnos y dos clérigos que las acompañavan. Y los clérigos dixeron: “Nosotros os acogiéramos si no fuérmos de priessa, mas entre tanto que venimos entraos en esse establo”. Y así se tornaron onde la gloriosa Virgen, madre de Nuestro Señor, estava, y ella tomando su Hijo de las manos de su sierva, dixo: “Venido es el tienpo en que es tan menospreciado el Hijo de Dios, mas tienpo es que embíe el Señor su ángel para que a unos hiera con açotes, y a otros con espada y a otros con fuego. Mas, ¡ay de los perlados de la yglesia que hizo el Señor pastores de su grey y de las ánimas, y ellos traen vestiduras de corderos y coraçones de lobos robadores! Procuran dignidades y honrras y no para ser- [fol. 95vb] vir con ellas a Jesu christo, mas para se dar a muchos plazeres”. Y después de toda esta visión passada, desapareció la Nuestra Señora, y ella tornando en sí pensava en lo que viera. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y cumpliéronse dende a poco estas plagas que Nuestra Señora dixo que avía de embiar el Señor, porque vino gran hambre y pestilencia, y el mal de las buvas sobre muchos hombres y mugeres, de manera que los que el ángel hirió con la espada fueron los heridos de la pestilencia, y los que con açotes los que murían de hambre, y los que con fuego los que fueron tocados de las bubas, las quales no podían ser curadas por los físicos.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y vido después el día de la Ascensión cómo Nuestra Señora tenía en el altar a su Hijo en los braços así bivo como lo parió y que llamava a altas bozes con lágrimas, y dezía: “Mirad el mi Hijo, mirad el fructo de mi vientre: tomaldo y comeldo, porque en cinco maneras es cada día crucificado en las manos de los malos sacerdotes. La primera por mengua de fe, la segunda por cobdicia, la tercera por luxuria, la quarta por ignorancia y no saber lo que conviene al estado sacerdotal, la quinta por la poca reverencia con que se llegan a celebrar”. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y como otra vez esta sierva de Jesu Christo rogasse con mucha atención por todos los sacerdotes y mirasse a una Verónica que tenía en un libro pintada, vido en ella y sobre ella por espacio de una hora gran resplandor, y vido carne y sangre. Y desde este día así se le cerró el estómago, que ni sana ni enferma pudo dende adelante jamás comer carne y si la comía por importunación de las religiosas, el estómago no la quería retener; y así fue después su comer passas y cosas de dieta. Esta Verónica le tomó después su confessor. Y quedó ella muy espantada desta visión, y affligiose por muchas maneras de penas, porque el Señor más claramente descubriesse este hecho y mostrasse su voluntad. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y después en fin del mes de setiembre cayó en una gran enfermedad del coraçón: y no avien- [fol. 96ra] do esperança de su salud fue arrebatada en espíritu y estuvo como muerta espacio de tres horas, y las hermanas que estavan presentes dávanle muchos tormentos por la retornar. Y estando así transpuesta vido a Nuestra Señora, la qual le mandó que dixesse a su confessor todas las cosas que avía visto para que él las dixesse a dos varones católicos de la sancta yglesia de Toledo que le nombró —conviene saber, el deán y el capellán mayor— para que estos las dixessen al arçobispo y desta manera se remediassen los males suso dichos de la clerezía. Y como ella dixesse estas cosas a su confessor, él demostró con prudencia dureza de coraçón en las creer, y díxole: “Aunque a mí sea esto cierto, ¿cómo lo será a aquellos a quien vos dezís que se aya de revelar? Por ende, menester es alguna señal para conoscer la verdad deste hecho y para que sea creýdo lo que puede ser dubdoso”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Capítulo 43'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''De las cartas que divinalmente halló escriptas cerca de sí no sabiendo escrevir'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Como la sierva de Dios oyó la respuesta de su confessor fue muy turbada y dio muchos sospiros y affligiose mucho y propuso en su coraçon de le responder por carta como lo hizo. Y estando así affligida y muy quebrantada andava en lugar por la casa no podiendo reposar su espíritu. Y como pasasse por un lugar donde estava una ventana, vio estar en ella un pliego de papel blanco. Y no sabiendo quién lo avía allí puesto y tomolo y llevolo en las manos. Y como se metiesse en un sótano onde algunas vezes ponían la leña, y asentasse muy affligida y se arrimase a una pared, vio súbitamente una claridad que resplandecía y daba el resplandor en el papel, y según ella dixo al prior suso dicho, [fol. 96rb] no supo quién le tomó su mano y escrivió dos cosas: la una para el su confessor y la otra para los venerables padres a quienes tal cosas se avían de dezir, siendo muy clara verdad y a todos los que la conocían manifiesta que ella nunca sabía escrivir, ni lo supo jamás, y que no avía en monesterio quién  hiciesse tal letra. Y como las cartas fuesen escriptas por la manera suso dicha, desapareçió la claridad. Y hallando las cartas cerca de sí, tomolas y metiolas en la manga. Y como fuesse a sacar una caldera de agua de una tinaxa, cayó una de las cartas dentro; y detúvose en el ayre y no llegó al agua, y metió la mano y sacola no llegando la mano al agua. Y una destas cartas ovo después el capellán mayor de la yglesia de Toledo, que era varón de gran merescimiento. El qual dixo al prior que escrivió estas cosas que poniéndola sobre tres enfermos fueron sanos de diversas enfermedades.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y como ella diesse estas cartas a su confessor, maravillose en demasía, mayormente porque sabía que ella no sabía escrevir, ni avía persona en la casa que tal letra pudiesse hazer, de lo qual fue muy espantado, mayormente quanto vido y leyó en su carta cosas que otro no las sabía sino él. Y como quiera que conoscía que divinalmente las cartas fueron escriptas no tuvo por esso osadía para lo divulgar porque aún no avía llegado el tienpo que el Señor avía puesto y dudava como otro Sancto Tomás. Por poder quitar la dubda a todos, y como el confessor no tuviesse lugar para la hablar, entonces escrivióle que no podía él creer que escriviera ella aquellas cartas con intención de las sacar y manifestar en público. De lo qual ella tuvo gran sentimiento y pena, y quexóse mucho desto a Nuestro Señor. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y como después se hablassen los dos, reprehendiolo ella mucho de la gran incredulidad y dureza de su coraçón, demostrándole por razones muy claras que ninguno avía escripto las cartas sino ella con el favor del Señor que avía embiado [fol. 96va] su ángel que las escriviera. Y desde esta hora propuso ella en su corazón de rogar al Señor que por su misericordia tuviesse por bien de la librar de tan grandes affrentas, y puso en su voluntad de no hablar más en las cosas; y así lo hizo. Y rogaba al Nuestro Señor que diesse a su confessor alguna señal evidente por que creyesse, si fuesse capaz, y si no fuesse digno, le diesse duro azote por que pudiesse creer que le venía por esto.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y calló la sierva de Dios nueve meses que no habló palabra destas cosas, mas su coraçón con gemidos y sospiros no callava delante del Señor. ¡O quánto es el Señor piadoso a los santos! ¡Y a los que presumen de sí abaxa y a los humildes y que esperan en Él levanta del polvo! Pues vençido el Señor por sus plegarias, plúgole de la visitar en muchas maneras y demostrar en ella tales señales que todos creyessen que era por Él visitada, haziéndola parçionera e remedadora de los tormentos y Passión que su Hijo, Nuestro Señor Jesu Christo, passó en la su Sancta Passión con señales tan manifiestas que no fueron vistas tales en nuestros tienpos y aun en pocos de los sanctos passados, según parecerá adelante.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Viendo, pues, esta sierva de Dios de la maravilla de la una carta que cayera en el agua y no se mojara, pensó de no la dar a nadie. Y una noche tornose a aquel sótano con intención de la trasladar como supiesse porque, como diximos, ella no sabia escrevuir ni formar las letras por arte. Y como llevasse en una ollica un poco de fuego para encender una candela que llevava muerta, luego súbitamente se encendió sin llegar a la lunbre. Y así como quiso començar de escrevir la carta, le començó a salir sangre por las narizes; y duró tanto el salir de la sangre que por espacio de una hora que no la pudo restañar. Y ella viendo esto, puso la carta en las sienes y luego cessó de salir la sangre. Y fueron después hechos los miraglos siguientes. Como el día de la Concepción de Nuestra Señora, estuviesse una niña muerta siete ho- [fol. 96vb] ras avía, y esta sierva de Dios lo supiesse en el monesterio, embió aquella carta con mucha fe para que se la pusiessen, y luego que se la pusieron bostezó y resusçitó y sanó perfectamente. Y como una mujer tuviesse el pecho abierto, luego que le pusieron encima esta cara se le cerró y sanó. Y un clérigo yva a Santiago y llevava consigo con gran devoción aquella carta, y cayó en un braço de mar y mojándosele toda la ropa, la carta no se le mojó.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Capítulo 44'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''De la llaga del costado y de las otras penas que divinalmente le fueron dadas'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Teniendo después de la Fiesta de todos los Santos, rogó a la madre de monesterio que como oviesse comulgado la pusiese en un lugar de la casa donde no oviesse ninguno, conosciendo por Espíritu lo que le avía de venir. Y así rescebida la sancta comunión, antes que se traspusiesse, tan grande fueron los sus lloros y suspiros y golpes del coraçón, que dentro de sí sentía que ninguna criatura humana lo podría dezirr. Y hízose tan gran fuerça para que las cosas que sentía de dentro no fuessen oýdas, que le acaesció como a la cuba que está lleña de mosto sin respiradero que muy presto rebient; y así ella rebentó por encima de la cabeça, que se le abrió hasta encima de la frente. Y pareció en ella una tan gran cuchillada como si fuera hecha con navaja, la qual estuvo muchos días abierta y fue vista de muchos, y nunca recibió benefiçio humano ni melezina alguna en ella. Y sintió dello tan gran dolor y pena que le llegó a par de muerte. Y viéronla testigos y notario, como se dirá adelante. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Rescebida pues la sancta comunión y hecho esto [fol. 97ra] que diximos, luego fue robada en espíritu y privada de todos los sentidos y estuvo así por espaçio de quarenta horas. Y en este tienpo que estuvo fuera de sí provaron a le dar algunos tormentos en las narizes, y en las manos y pies por hazer tragar alguna cosa de comer, y tanta fue la fuerça que le hizieron por le abrir la boca que le quebraron una muela. Y estando así la noche de los Finados por tres o quatro vezes dio muy grandes gemidos y sospiros con grande estremecimiento del cuerpo. Y deste arrobatamiento fue levada al throno del Rey Celestial, onde vido cosas de gran espanto, que lengua humana no puede bien explicar:  vido a Nuestro Señor Jesu Christo estar assentado en un grande throno; y estava delante d’ Él gran multitud de gente y tenía atravessado en su boca un cuchillo agudo de entrambas partes. Y fuele dicho que aquel cuchillo que el Rey tenía atravessado en su boca era la grande yra que tenía sobre la Yglesia y sobre los perlados y regidores della. Y le fue mandado que dixesse a aquellos varones a quien antes le fuera dicho que manifestasse estas cosas: que porque echavan en olvido y eran negligentes en cumplir lo que les era dicho no curando de la boz divinal; y que los amenazasse so pena de la divina sentencia si no lo pusiessen luego en obra y fuessen al arçobispo y le dixessen que viniesse por sí mismo a poner remedio en los çinco peccados suso escriptos, conviene a saber: mengua de la fe, cobdiçia, luxuria, ignorancia y mengua de reverencia, por los quales peccados cada día era blasphemado y crucificado Nuestro Señor Jesu Cristo, y que destruyesse las heregías que avía en la cibdad. Y fuele después dicho: “Esta señal del Cielo te da el Señor porque seas creýda, y es que este cuchillo que vees en la boca del Rey que está assentado en el throno traspassará y cortará tu coraçón y hará en él llaga, y saldrá sangre bi- [fol. 97rb] va que será verdadero testimonio a todos, y tú serás remedadora y parcionera en la Passión del Hijo de Dios”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y así fue luego hecho, porque en el punto que le fue dicho esto halló en sí el lado siniestro abierto encima del coraçón, con tan gran dolor que no se pued dezir; y de tan gran abertura y grandeza era esta llaga que pudiera caber por ella la cabeça del dedo pulgar de un honbre. Y luego sintió correr la sangre que apenas la pudo encobrir. Y duró esta llaga abierta veinte días enteros y los viernes corría mucha más sangre que los otros días. Y nunca en esta llaga pareçió señal de materia, y nunca se puso en ella melizina humana, sino los paños limpios, unos ensangrentados y otros puestos. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y como quiera que esta sierva de Dios trabajó sobre todas sus fuerças de esconder esta llaga y los grandes dolores que passava, a cabo de diez días desfalleciéndole ya todas las fuerças, fuele revelado divinalmente que demostrasse lo que tenía a la priora y madre del monesterio y a otra religiosa que se llamava Teresa, a las quales mostró los paños sangrientos. Y como ellas fuessen muy espantadas desto, llamaron en secreto al confessor, el qual puso en casa el mayor silencio que pudo por que ninguno de fuera lo supiesse porque se recelava que no fuesse alguna cosa fingida. Así, por quitar toda dubda, puso gran diligencia en saber la verdad. Y al cabo con sus ojos vido la llaga y creyó, y fue lleno de grande espanto y revelolo a testigos muy fieles y dignos de fe, que dello fielmente diessen testimonio. Y fueron el deán de Toledo y el capellán mayor de la dicha yglesia, que se dezía Don Diego de Villa Minaya. A los quales, en presencia de un notario, estando presente el confessor y la madre del monesterio con la otra religiosa que diximos, vieron la llaga susodi- [fol. 97va] cha estando en la cama por la abertura de una sábana, que otra cosa de su cuerpo [no] pudo ser vista. Las quales seis personas, quatro varones y dos mugeres, vieron con sus ojos la llaga y la tocaron con sus manos; la qual estaba reziente y sangrienta, y los paños sangrientos que de nuevo le fueron puestos. Y el propio capellán mayor por su propia mano sacó de la llaga una copia de hila de paño, todas bañadas en biva sangre.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y todos miraron con diligencia cómo aquella llaga era divinal y no humana, ni hecha por alguna occasión ni se curó por alguna melezina humana. Y suffrió esta llaga la sierva de Dios con gran tormento y pena, de dentro y de fuera. Y estuvo abierta de la manera suso dicha por espacio de veynte días; y los veynte días passados, ella se cerró sin melezina humana. Y quedó la señal de la abertura en el lugar de la llaga y el dolor contino que sentía en aquell parte, lo qual duró muchos días.  &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y también fue en este tiempo atormentada en los pies y en las manos y en la cabeça, porque como estuviesse muy flaca y affligida de las cosas passadas acostada en su cama, levantose una vez en la cama para orar y poniendo las rodillas delante una imagen del crucifixo que tenía allí pintada en un papel, sintió luego gran dolor en los pies y en las manos que parecía que le ponían en aquellas partes unos clavos gruessos. Y como estuviesse en esta pena, parecíale que le transpassavan la mano izquierda, y tan grande fue el dolor que sintió, que puso el dedo pulgar de la mano derecha en la palma de la mano izquierda y apretó quanto pudo con el gran dolor que sentía y rebentó la sangre por encima de la mano siniestra y espantose mucho dello. Y muy sabiamente lo ascondió que nadie lo vido, trayendo la mano cubierta con un paño de lino, sin otra melezina humanal. Y durole por espacio de quarenta días, y después que [fol. 97vb] sanó le quedó la señal en la mano, y porque successivamente sintiesse en su cuerpo las insignias y dolores de la Passión de Nuestro Señor Jesu Christo, allende de los tormentos que en la cabeça tenía, súbitamente sintió en ella un grande y nuevo dolor, que le pareció que le pusieron sobre ella una guirnalda o coro que le cercó la cabeça en derredor, y por toda ella sentia sentía que le metían un clavo que le duró muchos días. Y como quiera que le ponían en la cabeça diversas medicinas, nunca ninguna le aprovechó porque no era razón que las cosas hechas por la mano del Señor recibiessen sanidad por industria humana.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y como de las penas suso dichas estuviesse su cuerpo estuviesse flaco, muy atormentado, no (no) se contentó el Señor del trabajo suso dicho y diole otro tormento grave para que más cumplidamente imitasse su Passión. Y fue que el día de la circuncisión fue robada en espíritu. Y fue llevada delante de un gran juez de cara muy espantable; porque no havía querido obedecer en manifestar las cosas que avía visto a las personas que le era mandado, reprehendiola el juez gravemente de su desobediençia. Y teniéndola de un braço según le parecía el archángel sant Miguel y del otro Sant Juan Evangelista, en los quales ella tenía gran devocón, mandó el Señor a un ángel que le açotase. Y tan duramente fue açotada sacadas las manos y los pies, que todo su cuerpo quedó lleno de açotes. Y no parecieron llagas ni ronchas, sino unos hoyos que apenas cabía cosa entre uno y otro y grandíssimos dolores en el cuerpo. Y duraronle estas señales en el cuerpo quinze meses poco más o menos. Y ella calló todo esto, que nunca dixo a persona biva hasta que un día la madre del monesterio, metiendo la mano por le endereçarle una toca encima de la espalda, halló y tocó con la mano las dichas señales y fue muy espantada, y reprehendiola mucho creyendo [fol. 98ra] que ella se matava con cruel penitençia, y ella le dixo entonces la verdad de todo lo que avía acaesçido según es arriba escripto. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Todas estas cosas vinieron despues a noticia del arçobispo de Toledo que era el cardenal Don Pero Gonçález de Mendoça según parece por una carta suya embiada al prior de la Sisla del tenor siguiente:&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
“Venerable padre esta noche passada a las dos después de media noche tomé esta lectura que me dexastes y nunca la partí de mis ojos hasta que capítulo por capítulo la leý y passé toda, que en ella no quedó letra que no la leyesse. Y lo que más me maravilló es que así se me pegó al coraçón que no dubdé della cosa alguna. Como quiera que soy tardío en dar crédito a estas revelaciones y al cabo vi el testimonio del notario y la confirmación de tales testigos varones y mugeres a quien toda fe se debe dar. Y a cualquiera dellos yo la daría aunque fuesse solo, quánto más a todos juntos, a los quales yo conozco, excepto a la hermana mayor, que por tener el cargo que tiene está aprovada de suyo; conozco al notario que es hombre de bien y digno de fe. Maravíllome de tantas visiones en cuerpo y en espíritu y maravíllome mucho más hallarse en muger tanta dureza en no querer dezir lo que tantas vezes vio y sintió, mayormente siéndole mandado por quien todo manda y rige, lo qual es señal de su grandíssima humildad y del menosprecio que tiene de la gloria mundana. Por lo que a mí toca, le dad vos padre por mí las gracias y Dios Nuestro Deñor se las dé y la pena que padece le será en ciento doblada gloria. Y si ay alguna cosa que yo pueda hazer por consolación suya, ofreced gela vos de mi parte muy enteramente y recomendadme a ella rogando a Nuestro Señor me dexe acabar en su servicio y hazer en esta vida su voluntad”. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y después el suso dicho cardenal recibió [fol. 98rb] una carta desta sierva de Dios y le respondió la siguiente:&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
“Devota y muy amada hermana, con vuestra carta y con lo que el padre prior de la Sisla me dixo, ove gran consolación: Nuestro Señor Dios que os puso en tal estado os dexe acabar en su servicio y a mí dé gracia que pueda hazer Su Voluntad y poner en obra lo que vos me aconsejáis, y así os pido que lo demandéis a Nuestro Señor y a Su Bienaventurada Madre. Y en vuestras oraciones y a vos me encomiendo, y porque al padre prior de la Sisla hablé largo, no digo aquí más sino que Nuestro Señor os conserve en su gracia”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y murió el cardenal suso dicho después de la muerte desta sancta muger en la ciudad de Guadalajara. Y estuvo enfermo primero muchos días, en los quales hizo por su ánima muchas obras pías.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Capítulo 45'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''De cómo rescibiendo una vez una vez el cuerpo de Nuestro Señor fue llena de fe e un resplandor visible y quedó sana de todas las enfermedades que entonces tenía. Y de las cosas que vido la noche sancta de la Natividad y de otras maravillassí que divinalmente le fueron mostradas'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Como está sierva de Dios estuviesse de contino enferma, acaesció en el año del señor de mil y quatrocientos y ochenta y cinco del mes de octubre, passada la octava del bienaventurado nuestro señor padre Sant Hierónymo, que le sobrevino dolor del costado y lançava sangre por la boca. Y aborresciendo todo consejo de físicos, atreviose a tomar cinco píldoras y llegó casi a la muerte. Y pareciole que se le arrincava el ánima del cuerpo y que se puso sobre la llaga del coraçón, y que el bien- [fol. 98vb] aventurado Archángel Sant Miguel por su mano se la tenía allí apretada, y que desta manera tenía aun vida y esfuerço para rescebir los santos sacramentos. Y rogó a la madre del monesterio que embiasse al prior de la Sisla para que la viniesse a confessar y dar los sacramentos. Y esto fue un sábado, en el qual pensando ella en la sancta comunión que avía de de rescibir y desseando ser libre del cuerpo, encomendava con mucha devoción a Nuestro Señor el monesterio suyo y el de la Sisla.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y estando así, vido en visión al religioso que aquel domingo vino a decir missa en el monesterio y cómo, quando llegó a las palabras de la consagración, Nuestra Señora le dava el Niño que tenía en los braços y cómo el sacerdote lo partía en tres partes. Y era el Niño vivo y alegre en cada parte, y vido un gran resplandor en el altar y cómo los ángeles de entrambos brazos me sustentavan al sacerdotre y otros muchos ángeles que andaban por el altar. Vio así mismo a Sancta Catalina y a Sancta Bárbara que le dezían: “Mañana lunes a las nueve horas recibirás a Nuestro Señor en este resplandor que aquí vees y serás sana”. Y así fue cómo estas sanctas le dixeron en la visión. Pues como el prior suso dicho de la Sisla la viniesse a confesar, rogole mucho que no se tornasse al monesterio hasta otro día por si Nuestro Señor la llevasse, se hallase él presente a su muerte y si aquella noche no muriesse, que del todo quedaría sana. Y así acaesció como ella lo dixo, porque queriendo recibir la Santa Comunión el lunes por la mañana de mano del prior suso dicho, en la hora que el prior se bolvió a ella con el santo sacramento para se lo dar, vio ella en los pechos y mano del prior  un muy grande resplandor;  el cual resplandor vido en aquella hora una niña de hasta cuatro años que apenas sabía hablar y  estaba allí con su madre; la qual dijo a la [fol. 98vb] madre cómo veía una gran claridad en las manos del prior y en la sierva de Dios muy gran resplandor, así como el sol. Mas lo que la niña vido, la edad mayor no lo pudo ver. Y luego que recibió el sacratíssimo cuerpo de Nuestro Señor Jesu Christo fue robada en espíritu y perdió todo el sentido, y estuvo nueve horas sin ningún sentimiento, Y como casi por fuerça fuesse despertada y abriesse los ojos, dijo aquel verso del psalmista que dize “Benedic anima mea Dominum, et omnia que intra me sunt nomini Santo eius”. Y luego se halló sana de todos los dolores y enfemedades que de antes tenía, y pesóle mucho porque tornara a esta vida, porque todo su desseo era, según dijimos, verse libre de la cárcel del cuerpo. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Otros muchos secretos celestiales fueron visiblemente demostrados a esta sierva de Dios, mayormente en la sancta noche de la Natividad de Nuestro Señor Jesu Christo, onde como una noche de esta sancta fiesta estuviesse muy atenta para conoscer la media noche —porque avía oýdo y sabido que en aquella hora avía nascido Nuestro Redemptor—, y el altar de Nuestra Señora en que estava una su imagen de bulto estuviesse compuesto y lleno de cirios y candelas, y estuviesse en él una cuna muy adereçada con sus ricos paños y almohadas y un Niño muy chiquito, vestido reciamente, puesto en la cuna delante la dicha imagen de Nuestra Señora, estaba ella orando con mucha devoción, esperando la media noche. Pues como la media noche viniesse y ella estuviesse de rodillas, y con muchos sospiros y lágrimas pensasse en el sancto nacimiento, vio con los ojos corporales descender muy grande resplandor sobre el altar y a Nuestro Señor en figura de Niño muy resplandeciente cómo nascía de la Virgen Sancta María y cómo vinieron los Ángeles a adorar y servir y a le dar gloria. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y duró esta adoración media hora, y la adoración de los ángeles acaba- [fol. 99ra] da, vido venir los pastores. E ydos después que adoraron y estuvieron allí un buen espacio, luego entraron los Reyes de Oriente con mucha compaña. Y venían con ellos tres soles resplandecientes, y llegando al altar de todos tres se hizo uno. Y los Reyes con profunda reverencia adoraron al Niño y le ofrecieron sus dones. Y vido cómo la imagen de Nuestra Señora que estaba en el altar se rió contra el Niño; y después los Reyes, amonestados por un ángel, se bolvieron a sus tierras.  &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y partidos los Reyes, vido cómo Herodes se encrueleció y mandava buscar el Niñoo para lo matar y cómo Nuestra Señora con su Hijo en los braços y con el sancto Joseph se ivan muy tristes huyendo a Egipto. Y duró esa visión en los ojos desta sierva de Dios desde las doze de la media noche hasta las tres. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y a las tres horas vino el capellán mayor de la yglesia al monesterio con desseo de hazer al Señor servicio a les dezir la missa del gallo y las comulgar. Y truxo consigo cantores que le oficiassen la missa. Y como saliesse revestido al altar, luego esta sierva de Dios vido con sus ojos claramente dos antorchas de fuego de resplandor maravilloso encima del altar. Y de cada una salían cinco rayos y venían derechos hasta el lugar donde ella estava de rodillas; y no le impedía nada para ver las cosas que se avían de hazer en el altar las cortinas que estavan delante el choro. Y como se celebrasse la missa con gran solemnidad y se començassen los sanctus, vido tanta multitud de ángeles que descendían al altar, que cubrieron al sacerdote desde los pies hasta la cabeça, y subían y descendían con gran gozo; y quando ovo de alçar la Hostia consagrada, los ángeles le levantaron los braços. Y llegando al Pater Noster no se pudo sostener más de rodillas y muy fatigada del espíritu, cayó hasta las doze horas de medio día, que no se movió de aquel [fol. 99rb] lugar. Y passadas las doze, como estuviesse muy fatigada porque desde las diez que tañeron a amitines avía estado allí de rodiillas sin se mover, tomaronla algunas de las hermanas y lleváronla a su cama. Y a la tarde pro satisfazer los ruegos dellas, comió un poco de carne de membrillos. Y así estuvo sin comer otra cosa alguna lunes y martes, hasta el miércoles, que comió un huevo, en lo qual se mostrava claro que el manjar celestial le dava vida contra la condición humana. Estas cosas manifestó ella solamente al prior suso dicho en secreto porque le tenía mandado por obediencia que ninguna cosa le encobriesse de lo que el Señor le mostrasse.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y aun como otra vez, cinco días antes de la Natividad del Señor, estuviesse muy affligida de la hambre que avía en la tierra por falta de harina por las grandes aguas y crecimientos de ríos, no durmió toda aquella noche. Y dormiendo las otras religiosas, levantose ella y subiose a un terrado de donde se parecía el río. Y estando el cielo estrellado hizo la señal de la cruz contra el río y bendíxole, y metióse después en un retrete a orar y derribose en tierra los braços tendidos a manera de cruz. Y estuvo así muy gran rato, haziendo de sí sacrificio al Señor. Y rogava con grande atención a la Sanctíssima Virgren María, Madre de Nuestro Señor, que tuviesse por bien de rogar a su Hijo que amansasse su ira. Y como estuviesse así orando puesta en aquella pena, súbitamente vio un gran resplandor que sobremanera esclareció aquella casilla que estava, y apareciole Nuestro Señor a la Virgen María con ojos muy llorosos, y díxole con boz triste: “Sabe, hija, que todas las aguas que son venidas en tan largos días avían de caer en tres, y la mayor parte sobre esta ciudad por los grandes peccados que en ella se cometen cada día, mas por las plegarias que me has hecho por este pueblo, yo suppliqué al Señor que tu petición [fol. 99va] fuesse oýda, y oyome. Y así la ira del Señor es ya aplacada”. Y estava esta sancta virgen con ojos abiertos y las manos alçadas quando Nuestro Señor le dezía esto. Y desapareciendo la Madre de Dios, cayó en el suelo, y estuvo ciertas horas sin sentido, y después se levantó muy esforçada del cuerpo y del ánima. Y ninguna de las hermanas lo sientió, ni supo della en ningún tiempo este hecho. Y como su fama no se pudiesse tanto encobrir que muchos de su sanctidad y merescimientos no tuviesen alguna noticia, fue uno entre los otros el señor obispo de Badajoz, que a la sazón era deán de Toledo, el qual habló muchas vezes con ella y fue testigo de la llaga del costado como fue dicho de suso. Pues como este muy reverendo padre tuviesse mucha fe en sus oraciones, rogole una vez que orasse por la pacificación de cierta discordia que avía en la corte. Y como ella, obedeciendo a sus ruegos, se pusiesse en oración antes que saliesse el sol en un terrado de la casa en las octavas de la Resurrectión el año de ochenta y seis, vio un gran resplandor en el cielo en el lugar donde el sol avía de nascer. Y salido el sol, ella lo acató con ojos claros sin embargo de su claridad, y dentro del sol vio un gran agujero que entrava al cielo, del qual salieron grandes rayos de claridad hazia muchas partes; y dentro del agujero, una cruz de oro muy resplandeçiente, la qual pareció hasta que tañeron a prima. Y vido en el ayre, no muy lexos de sí, uno que le pareçió como la luna que peleava con otro, y el otro con él, y pasado algún espaçio bolviéronse las espaldas el uno a otro. Y como subiesse allí una de las hermanas, quitose ella luego de allí y así no pudo más ver en qué parava la dicha visión. Puédese creer que por sus oraçiones pacificó aquella discordia que era entonces entre ciertos cavalleros de la corte, pues al cabo se hizieron las pazes.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y aun como otra vez esta sancta virgen en el día [fol. 99vb] del Triumpho de la Cruz cerca del alva estuviesse rezando hazia el cielo, vio así como unas llamas en él. Y dende a una hora vido el cierlo abierto y que salía el sol por aquella abertura; y en aquel sol se conosçían todas las hermosuras del cielo. Y luego otro día, estando rezando en un libro a una ventana que salía al cielo, a hora de tercia vido cerca de sí un rostro como el de la luna, muy espantable, y dentro como dos formas de hombres y peleaban el uno contra el otro; y cayó mucha gente muerta. Y en este este día prendieron los moros al Conde de Cifuentes.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Capítulo 46'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''De cómo le apareció desspués de finado el capellán del monesterio, y de cóm vido en espírituo ser lleva a juyzio el anima del capellán mayor de la yglesia de Toledo en la hora que murió y de la visión que vido de otro clérigo bivo'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Como esta sierva de Dios estuviese una noche acostada en su cama, y passada la medianoche no dormiesse, apareciole el ánima del capellán del monesterio, que se llamava Joan de Huelma, con quien ella se avía confessdo algún tiempo, que avía pocos días que finara. Y demandole perdón de muchos enojos que le avía hecho, mayormente por la carta que le escriviera que le fuera causa de mucha turbación y porque avía despreciado con osadía sus consejos y no avía creýdo las cosas que le avía dicho. Y después díxole: “Yo os ruego hermana que digáis al prior de la Sisla y a la [fol. 100ra] hermana mayor desta casa que por la caridad de Dios me perdonen todos los enojos que aya hecho, y seis mil maravedís que soy en cargo a esta casa y un libro que vendí, y que me hagan por limosna dezir cinquenta missas. Y vos rogad por mí, por que el Señor me saque desta pena”. Y estas cosas dichas, desapareciole y ella quedó amortecida sin habla; y estuvo así quatro horas. &lt;br /&gt;
Y tornando en sí puso luego diligencia en hacer dezir las misas y en cumplir lo que más le pidió: rogó con mucha devoción a Nuestro Señor por él.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y no es de callar en este lugar lo que vido el día que murió el capellán mayor de la yglesia de Toledo, que se llamava Don Diego de Villa Minaya, de quien de suso en muchos lugares se haze mención. Este era varón muy honrado y discreto y muy limosnero y caritativo, porque quanto tenía gastava en casar huérfanos y en hazer otras obras pías con desseo de hazer thesoro en el Cielo. Pues venida la hora en que Nuestro Señor le quiso dar le pago de sus buenas obras, enfermó en fin del mes de março del año ochenta y siete y passó desta vida, de cuya muerte casi toda la ciudad de Toledo ovo sentimiento y dolor. Y cupo gran parte desta pena al monesterio de doña Mari García por la grandes limosnas y bienes que les hazía, así espirituales como corporales; y era tenido como padre de toda la casa. Y como su fallecimiento fuesse entre las diez y onze del día, estavan en el dicho monesterio en esta hora y todas las religiosas estavan en el choro. Y començando a tañer en la yglesia mayor por su muerte, luego esta sierva de Dios fue robada en espíritu y vido cómo Sant Juan Bautista y Sant Hierónymo y Sancta Catalina llevavan el ánima del dicho capellán a juyzio delante la Divina Magestad en un gran campo muy deleytoso, en el qual estavan muchas ánimas loando a Dios. Y fue acusado delante el juez de un cargo que tenía de un finado que lo avía dexado por albacea en su testamen- [fol. 100rb] to y no lo avía complido. Y como quiera que el dicho capellán mayor mandó en su testamento que aquel cargo se cumpliesse, luego Nuestro Señor, justo juez, mandó que su ánima estuviesse detenida en aquel lugar y no entrasse en la Gloria hasta que fuesse satisfecha la manda. Y como esta Sierva de Dios vido esto, quedó fuera de sí con muy gran pena mezclada con grande alegría de lo que viera. Y cayó luego en la cama con muy grandes amortecimientos, que muchas vezes pensaron que se muriera. Y ninguno de la casa supo eso sino el prior suso dicho, que le tenía mandado por obediencia que le dixesse todo lo que Nuestro Señor le mostrasse. Y fue hallado ser verdad por el testamento del dicho capellán mayor, onde mandó cumplir la falta dicha, de lo qual ella no tenía antes noticia.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y en el traspassasamiento de las quarenta horas, quando le fue dada la llaga del costado, dixo esta sancta muger que la llevaron por las penas del purgatorio, onde vido tormentos tan espantosos que no se puede dezir. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y andando por el purgatorio, vido un clérigo que era bivo y tenía cura de ánimas en una pena muy grande, que una grande serpiente muy espantosa que tenía dos cabeças y dos bocas le tenía atado y cercado alrededor. Y vido un dragón horrible que estava cerca del clérigo, el qual tenía encima del espinazo una esportilla en que estava el ánima de un niño chiquillo que dava quexas, demandando justicia de la pena que suffría por culpa de aquel clérigo. Y como ella preguntasse al ángel que le mostrava estas cosas qué pena era aquella, respondióle que aquel niño que por culpa de aquel sacerdote muriera sin baptismo y demandava justicia al Señor. Y ella, espantada desto, desque tornó en sí hazía oraçión especial por aquel sacerdote. Y a cabo de ocho días, diziendo aquel clérigo mismo missa en la iglesa del monesterio, acabando de alçar, fue otra vez esta Sierva de Dios levantada en espíritu y vio cómo aquel sacer- [fol. 100va] dote tenía ceñida al cuerpo serpiente con tres cabeças: y la primera se comía el corazón, la segunda la lengua y la terçera cabeça le comía  las espaldas; Y al niño que dava bozes ante él y dezía: “Por tu causa no veo a Dios, porque por ti morí sin baptismo y no alcançarás perdón deste grande cargo”. Y dende a tres días, esta sancta muger llamó a este saçerdote y díxole en secreto lo que viera. El qual se espantó tanto que se le quitó la habla por espacio de media hora. Y ella, desque lo vido tan pusillánime y sin esfuerzo, esforçolo mucho. Y tornado en sí, le dixo que estaba muy maravilado cómo Nuestro Señor le avía revelado aquel secreto. Y conosció que era verdad así esto del niño que murió por su culpa sin baptismo como otras cosas muchas que le dixo, en que ofendía mucho a Dios. Y díxole despues la sancta muger: “Tened por cierto, padre, que esto lo mostrará el Señor por señal otro día”. Y este sacerdote confessó después que otro día diziendo missa, quando bolvió la hoja del missal onde estava la imagen del crucifixo vido en él cinco gotas de sangre. Y dende çinco años murió el sacerdote, día de Sant Miguel, y ella encomendolo mucho a Nuestro Señor; y apareciole después el día de Sant Francisco, por la mañana, muy espantable, y díxole cosas muy señaladas que passaran en secreto entre él y otra persona, las quales hallaron ser así en verdad.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Capítulo 47'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''De cómo resplandeció por espíritu de profecía y dixo por la gracia de Nuestro Señor muchas cosas secretas'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Resplandeció también esta sancta virgen por espíritu de profecía, como se puede conoscer por algunas de las cosas que [fol. 100vb] ya son de suso escriptas, y por otras muchas que reveló y manifestó seyendo ocultas. Onde como en aquel tiempo se començasse la Inquisición en la ciudad de Toledo, dixo ella muchos secretos al prior de la Sisla tocantes al Santo Officio. Y preguntándole el prior cómo sabía aquellas cosas que le dezía, respondiole y le dixo: “Nuestro Señor Jesu Christo se a aparecido en la manera que fue atado a la coluna, y tenía las espaldas sangrientas, y díxome: ‘Verás, hija, quán me paran cada día los hereges. Por ende di todo esto que has visto al deán de Toledo y al prior de la Sisla, que entienden en las cosas de la Inquisiçión para que pongan remedio en ello’”. Y así lo hizo, porque estas mismas palabras con otras cosas secretas tocantes al Santo Offiçio dixo después al dean suso dicho en presencia del prior que escrivió estas cosas. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y vido otra vez levantada en espíritu cómo sacavan con gran solemnidad de la yglesia mayor el sanctíssimo sacramento para comulgar a un herege que estava enfermo, y fuele divinalmente mandado que fuesse apriessa a dezir a los clérigos que se tornassen a la yglesia con el cuerpo de Nuestro Señor porque era herege aquel hombre a quien lo llevavan; y así se hizo. Y díxole después el ángel que esto le mandava, “porque creas que es verdad lo que digo, hoy en la missa verás destellar de la Hostia gotas de sangre”. Y así acaesció, que en aquel mismo día vido esta bienaventurada muger con ojos claros la hostia llena de sangre en las manos del sacerdote quando después de la consagración la levantó en alto para el que pueblo adorasse.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y aun otra vez dixo ella al prior de la Sisla que viniesse a poner recaudo en el monesterio porque andavan dos personas por hazer un desconçierto. Puso diligencia en saber la cosa de que la sancta muger le avía avisado y dende a pocos días fueron hallados dos moços que querían hazer un mal recaudo de la manera y for- [fol. 101ra] ma que ella lo avía dicho, y fueron despedidos y echados de casa.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y como un religioso deseava mucho hablar con ella por las cosas que oýa de su virtud y sanctidad, y no pudiesse, al cabo tanto trabajó por ello que lo alcançó y como un día la hablasse, díxole ella: “Bien sabía yo, padre, que ha muchos días que deseávades hablar conmigo y la causa por qué, y sé que tal día (nombrándolo) escrevistes una escriptura y no la acabastes por más priessa que os distes, y la acabastes después en la noche”. Y como el religioso se espantasse desto y le preguntasse cómo lo sabía, díxole cómo lo avía visto en espíritu. Y después díxole: “Dezid padre a tal religioso (nombrándoselo por su nombre), que vea cómo anda, que está mucho atribulado en su espíritu. Y si alguna cosa ha hecho que no deva demandar della perdón porque si esto no haze, no podrá salir del trabajo en que está”. Y como este religioso a quien ella dezía esto conosciesse por experiencia la pena y congoxa que aquel fraile de quien hablava tenía, y poco menos los supiessen todos los de la casa, maravillose mucho cómo estando ella encerrada en el monesterio sabía el trabajo que tenía este religioso en su espírito; y conosció claro que tenía espíritu de profecía.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y acaesció esto en los días que estava el general de nuestra orden en el monasterio de la Sisla entendiendo en las cosas de la Inquisición. Y aun, como otra vez este religioso hablasse con ella y le alabasse mucho a otro religioso que era de sancta vida y le rogasse ella que le dixesse quién era y cómo se llamava, y él no se lo quisiesse dezir, díxolo entonces ella: “A esse religioso que vos, padre, dezís, llaman así, y sé yo que es persona religiosa y devota y que tiene parte con Nuestro Señor”. Y espantado desto el religios con quien ella hablava, viendo cómo sabía lo que él no le avía querido manifestar, díxole ella que en aquella hora misma Nuestro Señor se lo avía revelado.&lt;br /&gt;
 &lt;br /&gt;
Rescebía esta Sierva de Dios gran [fol. 101rb] pena en salir a hablar con las personas que venían a ella aunque fuessen religiosas. Y trabajava de abreviar las tales hablas lo más que podía, y hablava con pocas personas por más graves y honestas que fuessen.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Capítulo 48'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''De cómo alcançó por sus oraciones salud a la madre del monesterio y libró a un su hermano de las prisiones y a su madre de la enfermedad que tenía'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Era esta bienaventurada virgen muy ferviente en la oración y alcançó a muchos salud y remedios de sus males biviendo en la vida presente rogando a Nuestro Señor por ellos. Onde como una vez la madre del monesterio enfermasse en el mes de agosto del dolor del costado, y tres días antes de la fiesta de Sant Lorencio llegasse a la muerte y los físicos la tuviessen ya desamparada, viéndola esta sierva de Dios estar tan cercana a la muerte, fuesse a la yglesia siendo ya de noche y púsose a orar con muchas lágrimas ante el altar de Nuestra Señora, rogándole affincadamente que no quedasse ella huérfana de tan bienaventurada madre y que tuviesse por bien de se la dar sana y biva. Y ende a un rato mirando ella con una candela en el rostro de la imagen de Nuestra Señora, viole encendido y como de persona biva. Y dende a poco vídole sudar, y pensando que se le antojava, atreviose allegar a su rostro y con su toca alimpió el sudor tres vezes, y lavose los ojos y cara con ello. Y del plazer que ovo tornó a le demandar con importunidad la salud de su madre espiritual, y oyó una boz que le dixo: “Otorgada le es la vida para consolación y remedio tuyo”. Y luego fue levantada en espíritu y [fol. 101va] vido a Sant Lorencio en semejança de moço de quinze años vestido de vestidura muy esplandeciente. Y levava en la mano una buxeta de oro y púsola sobre la cabeça y costado de la enferma, y santiguóla con su mano. Y después que tornó en sí, entendió que avía alcançado lo que a Nuestro Señor pidiera por intercessión de su gloriosa madre. Y vino luego con mucho plazer a visitar la enferma y hallola dormiendo con reposo. Y desque despertó sintiose muy aliviada de la enfermedad y dende a poco sanó perfectamente.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y como otra vez esta sancta muger rogasse con mucho affinco a Nuestra Señora delante su altar por el libramiento de un su hermano que estava preso, apareció al preso estando dormiendo Nuestra Señora en semejança de la imagen suya de vulto que tenían en el monesterio, y sacole los hierros de los pies y díxole que por la importunación de su hermana y de las otras religosas que por él en aquella casa rogavan sería libre de aquella prisión. Y despertando, hallose libre de las prisiones y de la hinchazón que tenía en los pies de los hierros. Y luego otro día vino al monesterio y contó este miraglo, y hallose por cierto que en aquella hora que él dixo que Nuestra Señora le avía librado, esta sancta muger y otras hermanas de la casa hazían oración especial por él. Y viendo la imagen en cuya semejança Nuestra Señora le apareciera, prometió de le traer toda su vida cera que ardiesse todos los sábados delante aquella su imagen. Y como dende a nueve años víspera de Nuestro Señora de agosto truxesse este su hermano cera para alumbrar esta imagen como lo tenía prometido, falleció súbitametne en el camino. Y como ella lo supo, angustiose mucho, mayormente por aver sido su muerte de tal manera, y rogava por él con muchas lágrimas y gran affinca delante la imagen suso dicha de Nuestra Señora, que pues en esta vida lo avía librado de las prisiones, tuviesse por bien [fol. 101vb] de lo librar de las penas de la otra y mostrarle si estava en carrera de salvación. Y como estuviesse haziendo oración por el día octavo después de su mierte, a las dos horas después de media noche, miró el rostro de la imagen y vidolo alegre, como de persona biva que quería hablar. Y ella con el grande gozo que rescibió desto començó mucho a llorar, y dos de las hermanas que lo sintieron llevaronla a la cama. Y estando allí las dos religiosas con candelas encendidas, sintió a sus espaldas un huelgo de persona my frío, y como estava hablando con las dos hermanas, no curava de mirar a aquel lugar y dende a poco ovo gran miedo. Y bolviendo la cabeça vio un pedaço como de nuve escura y allí dentro el rostro de su hermano muy alegre. Y díxole que a la hora de la muerte se viera en gran peligo, mas que Nuestra Señora a fuera allí con él y le ayudara. Y después díxole ciertas cosas que tenía de cargo y que estava en el purgatorio; y esto dicho, desapareció la nuve.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y como otro hermano suyo en el lugar de Ajoffrín corriesse un cavallo y cayesse con él, quedó muy atormentado y con gran passión de los ojos. Y como lo oyó la madre desta sierva de Dios, que estava muy triste y dolorida por la muerte del otro hijo que avía poco que falleciera, doblósele el dolor. Y tan grande fue su pena que se le torcieron los ojos y la boca. Y sabiéndolo ella, después de algunos días, rescibió dello mucha pena y se fue para el altar de Nuestra Señora y supplicole por la salud de su madre. Y acabada la oración, respondió inspirada divinalmente al mensajero que le truxo estas nuevas, que el domingo siguiente sanaría su madre. Y así fue cumplido porque en aquel domingo que ella dixo, sanó perfectamente su madre por la virtud de Nuestro Señor.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y acaesció otra vez que estando esta bienaventurada virgen muy mala en la cama, vino la fiesta de Nuestra Señora de setiembre y co- [fol. 102ra] mo viesse que no podía comulgar con las otras hermanas de aquel sancto día ni estar presente con ellas al officio, rescibió gran dolor en su coraçón. Y como las otras religiosas se levantassen a los maytines y ella estuviesse tan cerca del choro que las pudiesse oýr, luego que començaron el Invitatiorio, dixo con gran dolor de su coraçón orando a Nuestra Señora: “¡O[h] gloriosa madre de Dios, esperança de los peccadores! Yo no soy digna de estar en tus maytines, ni menos de poder comulgar con las otras; tú, Señora mía sabes la pena que en esto rescibo”. Y como acabó de dezir estas palabras vino una claridad sobre ella. Y sintiose luego sana del todo. Y levantándose de la cama fuese a los maytines, y comulgó esse día con mucho gozo con las otras hermanas.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Capítulo 49'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''De la muerte de la bienaventurada María de Ajoffrín y cómo luego començó a resplandecer por miraglos'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Luengo tratado el libro se haría si particularmente quisiesse aquí hazer memoria de todas las cosas que hallé escriptas desta sancta muger, y así no quiero más detenerme en relatar sus virtudes y las otras revelaciones que vido, porque apenas comulgó vez que no fuesse luego arrebatada y alçada en espíritu y le fuessen demostrados muy grandes secretos; mas escribiré agora brevemente cómo murió y cómo después de su muerte començó luego a resplandecer por miraglos.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Pues como esta santíssima vir- [fol. 102rb] gen fuesse por Nuestro Señor tan altamente visitada en esta vida presente, según ya es dicho, plugo a Su Magestad de la hazer gloriosa y bienaventurada en el Cielo y darle el galardón que a sus sanctos y amigos antes de los siglos tiene prometido. Venido pues el tiempo de su muerte, por ella tan desseado, enfermó en el mes de julio, año mill y quatrocientos ochenta y nueve, quando andava la pestilençia en la ciudad de Toledo. Y falleció con mucha devoción sábado a las tres horas despues de la media noche; y fue enterrada a las vísperas de aquel día en el capítulo del monesterio de la Sisla porque entonces en este monesterio se enterravan las religiosas de Sant Pablo. Y fue sentido a su fallecimiento un olor celestial, según dieron dello testimonio las hermanas que se hallaron presentes a su muerte.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y luego Nuestro Señor la magnifició por muchas señales y miraglos, de los quales se notarán aquí los siguientes.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En el año de mill y quatro çientos y noventa, en el mes de noviembre, día de Sant Martín, a la noche enfermó de modorra un hombre que se llamava Francisco Díaz, vezino de Xarabiz de la Vera. Y como llegasse la hora postrimera, rescebida ya la extrema unción, un clérigo que se dezía Martín Diaz, su primo, que lo avía criado y casado, sentía gran dolor de su muerte, y como a caso veniesse allí una muger que se dezía Juana Martínez, biuda, y viesse al clérigo tan affligido, díxole: “Compadre, ya sabéis la enfermedad que tenía yo de mi pierna con la cadera y este año quando vino aquí mi hermano fray Gabriel, professo del monesterio de Sant Hierónymo de Madrid, me dixo de una sancta religiosa que falleció en Toledo en el monesterio de doña Mari García y está enterrada en el de la Sisla, por la qual el Nuestro Señor hazía grandes maravillas y que si me encomendasse a ella con devoción y prometiesse de yr a visitar el lugar de su sepultura, creyesse sin dubda que [fol. 102va] por sus merescimientos avría salud. Yo me encomendé a a esta sancta y sané por la misericorida de Nuestro Señor, y así prometeldo vos a ella y plazerá a Dios de os oýr y dar vida a este vuestro primo que al presente véys que se os muere”. El clérigo, oyendo esto, hizo luego voto y prometió que si Nuestro Señor dava salud a su primo enfermo de lo traer al monesterio de la Sisla a visitar el sancto cuerpo desta virgen. Y Nuestro Señor oyó sus ruegos por los merescimientos de su sierva, y dio salud perfecta a aquel enfermo. Y vinieron los dos juntos a cumplir el voto. Y el clérigo dio testimonio de la verdad deste hecho y lo escrivió de su mano, sábado a siete días del mes de mayo, año de mil y quatrocientos y noventa y uno, estando presente en el suso dicho monesterio.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En la ciudad de Toledo estava un canónigo para morir, y obrados en él ya todos los remedios humanos, como siempre perdiesse, encomendose con mucha devoción a esta bienaventurada virgen, y embió a visitar su sepultura y que le truxessen un poco de tierra della. Y luego la primera noche que se la puso al cuello, estando dormiendo, le apareció la dicha sancta entre sueños y despertando se halló sano. Y como le oviessen de dar aquella mañana una purga, no la quiso rescebir, mas dixo que le diessen de comer porque él se sentía bueno. Y levantándose de la cama, fue luego al monesterio de la Sisla a visitar el cuerpo desta virgen y dio allí muchas gracias a Nuestro Señor, y offreció sus offrendas. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y en el mes de setiembre del mismo del mismo año que esta bienaventurada María de Ajofrín finó, enfermó muy gravemente en la ciudad de Toledo Don Alonso, hijo de la condesa de Paredes, canónigo de la yglesia mayor. Y estando ya oleado y muy cercano a la muerte, encomendose a esta sancta. Y fuele traýda una almohada en que la dicha sancta virgen finara y luego que la puso sobre sí sanó. Y fue después al monesterio de la Sisla a tener no- [fol. 102vb] venas y offreçió una imagen de cera y una casulla de seda.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En el suso dicho año a nueve días del dicho mes de setiembre, vinieron a visitar el lugar onde esta sancta muger fue enterrada un hombre que se dezía Joan de Pastrana y su muger, y truxeron un niño, que era su hijo, tollido. Y avía el padre gastado con los físicos lo que tenía y no le avían podido curar. Y encomendáronlo el padre y la madre con mucha devoción a esta sancta y velaron una noche en la yglesia, y sanó el niño a gloria de Nuestro Señor. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En este tiempo una muger que se llamava Joana de Sant Miguel, beata de la tercera regla de Sant Françisco, que morava en la ciudad de Toledo, estava muy mala de un çaratán que tenía en la teta, y avía cinco años que la curavan los físicos y todos ellos no la avían podido remediar. Y desamparada dellos, aconsejavan algunos que por que no muriesse le fuesse cortada la teta. Mas ella, viendose en esta angustia, acordó, oýda la fama de los miraglos que esta sancta hazía, de se encomendar con mucha devoción a ella. Y así, con este propósito, vino al monesterio de la Sisla. Y luego que entró al lugar onde el cuerpo de la bienaventurada María de Ajoffrín estava enterrado, sintió un olor celestial que salía de la sepultura. Y ella, con mucha devoción y lágrimas, derribose sobre ella rogando a esta sancta que la quisiesse ayudar y alcançar de Nuestro Señor sanidad; y luego fue sobre ella la mano de Dos y fue sana perfectamente. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Otros muchos miraglos hizo Nuestro Señor por los merescimientos desta su sierva luego después de su muerte, como se hallan escriptos en el libro de su vida. Y aun hasta tiempo presente no cessa Nuestro Señor de la mangnificar por señales maravillosas, mas yo no quiero escrevir más en este lugar y sólo diré aquí un miraglo que acaesció en su vida acerca de una carta quemada que por sus oraciones fue hallada sana y restituyda en su primero ser. Como una vez esta [fol. 103ra] sierva de Dios notasse una carta para el cardenal Don Pero González de Mendoça, y la escriviesse otra religiosa que se llamava Ynés de Sant Nicolás. Y acabada la carta de escrevir, por no tener allí polvos para la enxugar, la llegassen al fuego. Tanto la allegaron, que se quemó en tal manera que era necessario tornarla a escrevir otra vez. Y como desto rescibiesse mucha pena la religiosa que la escriviera, porque la carta era muy grande, díxole ella: “Ýos agora, hermana, y no rescibáys pena, porque después se podrá escrevir”. Y tomó ella la carta quemada y echóla en un arca. Y como otro día viniesse la otra religiosa para la tornar a escrevir, abrió la sierva de Dios el arca y hallaron la carta sana.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Capítulo 50'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''De cómo fue trasladado el cuerpo de la bienaventurada María de Ajoffrín y puesto en una sepultura muy honrrada que le fue hecha en la yglesia, y del olor maravilloso que sintieron todos los que se hallaron presentes y de cómo llovió luego y se remedió la tierra'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Como la fama de los mirgalos que Nuestro Señor hazía para glorificar a esta sancta virgen cresciesse de cada día, muchos devotos, movidos con zelo de la honrra de Dios, trabajavan que fuesse su cuerpo trasladado del capítulo onde estava enterrado y pasado a la yglesia del monesterio. Y en- [fol. 103rb] tre las otras personas que en esto más diligencia pusieron fue la condesa de Fuensalida, por cuyo ruego, a veynte y cinco días del mes de abril del año de mil y quatrocientos y noventa y cinco, aún no seys años cumplidos después de su muerte, fue sacada de la sepultura en que estava en el capítulo y passada a la sepultura que avía edificado la dicha condesa a la mano derecha de la yglesia. Y estuvieron presentes a esta translación el prior del monesterio fray Juan de Morales y otros religiosos, y el clavero de Calatrava y Don Alonso de Silva, y otras algunas personas devotas. Y luego que abrieron la sepultura, sintieron todos un olor celestial y fueron hallados los huessos desta bienaventurada sancta muy olorosos, de los quales parecía que manava un licor a manera de azeyte. Y el olor suavíssimo que salía de los huessos fue sentido de todos los que estavan presentes, así religosos como seglares. Y viendo esta maravilla, el prior mandó llamar al convento —el qual hasta aquella hora no avía parte desta translaçión— a todos, y tañer los órganos y campanas.Y puestos los huessos en un arca que truxo Don Alonso de Silva enforrada de seda por partes de dentro, y teniendo todos en las manos cirios encendidos, que el dicho Don Alonso avía traýdo para todos los frayles, y vestidos el sacerdote y ministros de las vestiduras sagradas, llevaronla en provessión con mucha alegria a la yglesia cantando ''Hec dies quam fecit Dominus'' y el ''Te Deum laudamus''. Y fue pedida agua, que estava la tierra en gran necessidad, y Nuestro Señor, por magnificar su sancto nombre en su sierva, llovió luego en grande abundançia, de manera que todos pudieron claramente conoscer que aquella agua les era dada por los merescimientos desta sancta virgen. Y así fueron remediados los panes, que estavan ya para se perder todos. Y estuvo su cuerpo en la yglesia en el ar- [fol. 103va] ca suso dicha treze días para lo mostar a los que lo venían a ver. Y fue después sepultado en la sepultura que la condesa hiziera a la mano derecha de la yglesia, como es ya dicho. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Cosa es por cierto de contemplar la aarcia que Nuestro Señor dio a esta su sierva en los tiempos presentes. Y así podremos bien conoscer que en todas las edades obra Dios cosas maravillosas en favor de los que verdaderamente lo aman y sirven. Y cómo levanta del polvo y ensalça a los que son humildes de coraçón como lo fue esta bienaventurada María de Ajofrín la qual, entre todas sus virtudes, resplandeció singularmente por humildad, de lo qual dieron testimonio todas las religiosas que la conoscieron, mayormente la madre del monesterio que se llamava Catalina de Sant Lorençio, diziendo que era tan humilde que muchas vezes le importunava que la reprehendiesse y castigasse delante todas, mayormente los viernes en el capítulo, y le mandasse comer en tierra y prostarse a la puerta de la yglesia para que las otras hermanas pasassen sobre ella quando entravan al choro. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En las cosas dichas se da fin a las obras maravillosas de la bienaventurada María de Ajofrín y a las revelaciones que vido estando en la vida mortal, porque no fue mi intención de las escrevir aquí todas, como lo dixe al principio desta historia y después en otros lugares. Y por consiguiente se acaba el tercero libro de la presente crónica, a honrra y gloria de Nuestro Señor Jesu Christo, y alabança de sus santos y siervos, y para provecho de todos los religiosos presentes y advenideros. Amén.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
=Vida impresa (3)=&lt;br /&gt;
Ed. [http://visionarias.es/equipo/maria-del-mar-cortes-timoner/ M. Mar Cortés Timoner]; fecha de edición: noviembre de 2020; fecha de modificación: diciembre de 2022.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==Fuente==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
* [http://catalogodesantasvivas.visionarias.es/index.php/Categor%C3%ADa:Alonso_de_Villegas Villegas, Alonso de], 1588. ''Addicion a la Tercera Parte del Flos sanctorum: en que se ponen vidas de varones illustres, los quales, aunque no estan canonizados, mas piadosamente se cree dellos que gozan de Dios por auer sido sus vidas famosas en virtudes...'' Huesca: Iuan Perez de Valdiuielso. Fols. 45v col. a – 47r col. b.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[[Contexto material del impreso Addicion a la Tercera Parte del Flos sanctorum]] ''en que se ponen vidas de varones illustres, los quales, aunque no estan canonizados, mas piadosamente se cree dellos que gozan de Dios por auer sido sus vidas famosas en virtudes...''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
== Criterios de edición ==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El relato aparece en el apartado 193 de la Adición de la Tercera Parte del Flos Sanctorum de Alonso de Villegas, a continuación de la vida de María García [fols. 44r col. a ‒ 45v col. a]. Para esta edición se maneja el ejemplar de la Biblioteca de Catalunya: Res 740/2-4º. Se indica, entre corchetes, el fragmento que fue eliminado en la edición censurada del año siguiente (1589) siguiendo el ejemplar conservado en la Biblioteca Nacional de España: &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Villegas, Alonso de. 1589. ''Addicion a la Tercera Parte del Flos sanctorum: en que se ponen vidas de varones illustres, los quales, aunque no estan canonizados, mas piadosamente se cree dellos que gozan de Dios por auer sido sus vidas famosas en virtudes...'', Toledo: Iuan y Pedro Rodriguez, Biblioteca Nacional de España, sig. R/32084. En línea: http://bdh.bne.es/bnesearch/CompleteSearch.do?field=todos&amp;amp;text=alonso+de+villegas&amp;amp;showYearItems=&amp;amp;exact=on&amp;amp;textH=&amp;amp;advanced=false&amp;amp;completeText=&amp;amp;pageSize=1&amp;amp;pageSizeAbrv=30&amp;amp;pageNumber=8. Se han seguido los criterios establecidos en el catálogo para fuentes impresas y, por ello, han sido eliminadas las duplicaciones de consonantes: cc/c, ss/s, ff/f. En cambio, se respetan los grupos consonánticos: -nt- (sant), -nc- (sancta) y -pt- (captivo), también las contracciones ‒aunque se ha añadido el apóstrofo clarificador en “del” para escribir “d’él”‒. Además, se ha mantenido la conjunción copulativa “y” ante palabras iniciadas con el sonido vocálico “i”. Asimismo, se indican en pie de página las erratas subsanadas y, para facilitar la localización de los textos, se citan el folio (r-v) y la columna correspondiente (a-b).&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El texto editado ha sido estudiado en:&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
* M.Mar Cortés Timoner, “Censuras, silencios y magisterio femenino en la Adición a la tercera parte del Flos Sanctorum de Alonso de Villegas”, ''Specula. Revista de Humanidades y Espiritualidad'', vol. 1 (mayo 2021), pp. 183-210: https://revistas.ucv.es/specula/index.php/specula/article/view/896&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
* M. Mar Cortés Timoner, “La autoridad espiritual femenina en la Castilla bajomedieval y su reflejo en el Flos sanctorum de Alonso de Villegas”, ''Dicenda. Cuadernos de Filología Hispánica'', vol. 39 (2021), pp.:  25-35 DOI: https://revistas.ucm.es/index.php/DICE/article/view/76403&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==Vida de María de Ajofrín==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[Fol. 45v col. a] '''Vida de María de Ajofrín monja de Sant Pablo de Toledo'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
María de Ajofrín ''[1]'' fue natural de un pueblo que tiene este mismo nombre, cercano a Toledo. Nació de padres honrados y temerosos de Dios, llamábanse Pero Martín y Marina García. Eran ricos de bienes temporales. Desde niña se inclinó al servicio de Dios. Quisieron sus padres casarla, pidiéndosela muchos, mas la bendita doncella nunca consintió, sino que, varonilmente, resistió a todos los que la hablaban de casamiento. Y por que no pudiese ser impedido su deseo, que era de emplearse toda en el servicio de Dios, aun siendo muy pequeña, sin consejo ni ayuda humana, hizo voto de entrar en religión. Lo cual, sabido de sus padres y visto que ponía fuerza para cumplirlo, fue causa de grande sentimiento y lloros y aun de que sus hermanos la aborreciesen y persiguiesen. Siendo de quince años, y no pudiendo inclinarla a otro modo de vivir, su padre la sacó de su casa y trujo a Toledo. Entró en la iglesia mayor a hacer oración, donde tuvo noticia del monasterio fundado por doña Mari García, del Orden de Sant Jerónimo, que era a la sazón de beatas sin encerramiento o clausura y después fue de monjas profesas y se llamó Sant Pablo. Fue llevada a él María de Ajofrín y recebida con grande voluntad de las religiosas, donde luego se ejercitó en obras sanctas, mostrándose muy humilde, menospreciando a sí y haciendo al Señor sacrificio de sí misma. Su ejercicio ordinario era la oración y meditación, derramando sus ojos multitud de lágrimas con grandes sospiros, teniéndose por la más pecadora y indigna de todas las mujeres. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
A los diez años de su recogimiento quiso hacer una confesión general de toda la vida y, hecha con grande sentimiento y lágrimas, pusose de rodillas delante una imagen de la Madre de Dios que tenía en sus brazos a su Benditísimo Hijo. Y pidiéndole al Hijo, por intercesión de su Sagrada Madre, que le declarase si había hecho lo que debía en esta confesión y podía asegurarse de la vida pasada, como esto fuese con muchas lágrimas y ternura, vido una claridad grande que rodeaba [fol. 45v col.b] la imagen y pareciole que el Bendito Niño levantaba la mano, a la manera que la pone el sacerdote cuando absuelve, de lo cual recibió grande temor, mas siguiose luego un celestial consuelo. Y el secreto desta visión descubrió solamente al prior Juan de Corrales, certificándole que, desde esta hora, le quedó tan grande movimiento en el corazón que, a tiempos, le daba golpes que parecía quererle salir del cuerpo. Muchos regalos tuvo de Nuestro Señor, siéndole medio no de ensoberbecerse sino de más humillarse. Fuéronle descubiertos algunos secretos acerca de pecados de personas particulares; y ella daba avisos por donde venían a remediarse, enmendándose aquellos a quien tocaba porque era aquel negocio de Dios, que es el que penetra y conoce los corazones. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
La privanza que tenía con Su Majestad, su encendida caridad y la perseverancia en le servir y volver por su honra, fue parte a que la regalase, y con regalo que a pocos se le ha concedido; y fue que la señaló con la señal de su Pasión y llaga del costado. Hallose un día en él una abertura que cupiera por ella la cabeza del dedo pulgar de un hombre. Y durole abierta esta llaga veinte días, de la cual los viernes corría más sangre que los otros días, aunque siempre corría alguna. Nunca pareció en ella materia ni la aplicó medicina alguna, sino paños limpios, quitando unos y poniendo otros. La sangre era muy viva, como daban muestra los paños que se quitaba, los cuales quedaban rojos como un carmesí. Padecía graves dolores, y fueron causa para que la bendita doncella lo descubriese, aunque disimuló primero y lo encubrió cuanto le fue posible. Descubriose a la hermana mayor y a otra noble matrona llamada doña Teresa, y estas, con admiración grande, lo descubrieron al confesor de la casa. El cual estuvo duro en creerlo, y quisiera deshacerlo, mas visto por sus ojos quedó lleno de admiración. Y él reveló a testigos dignos de fe que dello dieron testimonio: el uno fue don Pedro de Prejano, deán de Toledo, y el otro don Diego de Villaminaya, capellán mayor del coro de la sancta iglesia; llamábase el confesor Juan de Biezma ''[2]''. En presencia de los cuales entró Gracián de Berlanga, capellán de la reina doña Isabel, notario apostólico y de la audiencia arzobispal, y, estando la bendita doncella María de Ajofrín en su cama, le fue descubierta la llaga que tenía en el costado de la manera que se ha dicho, y dello dio testimonio: en el cual señala día en diez y nueve de noviembre, casi a las seis horas de la tarde, en el año del nascimiento de Cristo de mil y cuatrocientos y ochenta y cuatro. Y dice que la llaga era como un real, y que no tenía hinchazón y que carecía de toda putrefacción. Dice que la tenía una doncella echada en una cama dentro de un palacio, en las casas [fol. 46r col. a] de doña Mari García, y que tenía rostro de ángel. Y dice que, habiendo visto, se tornó a salir muy espantado y que, a pedimiento del mismo Juan de Biezma, lo dio por testimonio firmado de su nombre y sellado con su sello. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
No solo padecía la bendita doncella tormento gravísimo de la llaga, sino otro bien grande en mostrarla estando en su cama, cubierto su cuerpo, rostro y manos honestísimamente al tiempo de mostrarla, que solo se veía por una sábana abierta. Pasados los veinte días, ella por sí se cerró sin medicina humana y quedó la señal de la abertura, con algún dolor, en aquel proprio lugar. Ni quiso el Hijo de Dios decorarla con sola la llaga del costado; antes, como se levantaba de su cama para orar delante un crucifijo, al tiempo que entendió, por el sonido de las campanillas, que alzaban en una misa, sintió tan gran dolor en los pies y en las manos que parecía que le ponían en aquellos lugares clavos gruesos. Y como estuviese en esta pena, parecíale que le traspasaban la mano izquierda. Y fue tan vehemente el dolor que puso el dedo pulgar de la mano derecha en la palma de la izquierda y apretó cuando pudo con el gran dolor que tenía, y reventó la sangre, de que ella quedó admirada. Aunque, teniéndolo por regalo de Nuestro Señor, procuró de encubrirlo trayendo la mano cubierta con un lienzo sin poner otra medicina. Y durole por cuarenta días. Y, después que sanó, le quedó la señal en la mano izquierda que fue la que rompió en sangre. Y por que, sucesivamente, sintiese en su cuerpo las insignias y dolores de la Pasión de Nuestro Señor Jesucristo, allende de los tormentos que en la cabeza tenía de ordinario, súbitamente sintió un grande y nuevo dolor que le pareció que, poniéndole sobre ella una guirnalda o corona que le cercó la cabeza enderredor, le entraban por ella puntas de clavos con tormento suyo excesivo, cayéndole gotas de sangre. Y aunque le aplicaban diversas medicinas, nunca alguna ''[3]'' le aprovechó porque no era razón que llagas hechas por la mano del Señor recibiesen sanidad por industria humana hasta que, pasado algún tiempo, por sí mismo cesó el dolor y quedó sana la cabeza como la mano y ''[4]'' costado. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Grandes fueron los regalos que recibió de Nuestro Señor. Arrobábase y quedaba sin sentido, y como le aconteciese esto estando presente el mismo que escribió su vida, el cual la solía confesar, la hermana mayor dijo: “Mandadla, padre, en virtud de sancta obediencia que recuerde y os hable, que luego lo hará”. Hízolo él así, y volvió en su sentido y mostró sentimiento grande como de que la hubiesen quitado de cosa que le daba grande contento. Descubríale Nuestro Señor algunos secretos para bien y provecho de almas particulares, como se ha dicho. Y diole gracia de sanar enfermos, [fol. 46r col. b] porque, con hacer la señal de la cruz y orar por algunos, fueron sanos. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Llegose la hora de su muerte bien deseada por ella, y cayó enferma en el año de mil y cuatrocientos y ochenta y nueve ''[5]'', habiendo pestilencia en Toledo. Y murió sanctamente, sábado, diez y ocho de julio, a las tres horas después de medianoche. Y fue sepultada en el monasterio de Sisla, en el capítulo. Sintiose en su fallecimiento un olor celestial, según dieron testimonio las hermanas que se hallaron presentes a su muerte. Hizo Dios por ella algunos milagros de personas que visitaban su sepulcro o se encomendaban a ella en diversas partes, por lo cual se acordó que su cuerpo fuese trasladado del capítulo a la iglesia del mismo monasterio, en un sepulcro que le hizo una señora ilustre que era condesa de Fuensalida. Hízose la traslación en veinte y cinco de abril, del año de mil y cuatrocientos y noventa y cinco. Halláronse presentes con el prior del monasterio, que se llamaba fray Juan de Morales, el clavero de Alcántara y don Alonso de Silva y otras personas, donde, luego que abrieron la sepultura, sintieron todos un olor celestial y parecía que salía de sus huesos y que estaban bañados de un licor a manera de óleo. Mandó el prior tañer los órganos y las campanas, y en una bien ordenada procesión, llevando todos velas encendidas, levantaron el cuerpo puesto en una arca aforrada de seda y llegaron con él al coro de la iglesia donde estuvo por trece días descubierto. Y en este tiempo pidieron a Nuestro Señor por intercesión de su sierva ''[6]'' que enviase agua a la tierra, de que había grande necesidad, y llovió en grande abundancia y entendieron todos haberles hecho Dios esta misericordia por honra de aquella bendita alma. Y así fueron remediados los panes que estaban a punto de perderse. Pasados los trece días fue puesto el cuerpo en el nuevo sepulcro, a la mano derecha, y allí es visitada y honrada de muchos. Y fue premio merecido a su humildad porque, como dio testimonio Catalina de Sant Lorenzo, hermana mayor de su monasterio, era esta bendita mujer tan humilde que, muchas veces, la importunaba que la reprehendiese y penitenciase delante de todas, mayormente los viernes en el capítulo, y le mandase comer en tierra y postrarse a la puerta del coro cuando las hermanas entraban a rezar en él, para que la pisasen. Y junto con ser humilde era honestísima tanto que pocas personas, ni de las que conversaban con ella, podían dar testimonio de su rostro trayéndole de ordinario cubierto con una toca que dejaba caer hasta la boca. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Anda la vida desta sierva de Dios escripta de mano por un religioso confesor suyo y en ella se pone muchas revelaciones que tuvo. Yo he querido pasarlas en silencio como también lo hizo el que escribió la crónica de los jeró- [fol. 46v col. a] nimos, donde está la vida desta bendita monja, aunque con la limitación que digo. Del testimonio que dio de la llaga de su costado Gracián de Berlanga, notario, tengo yo un traslado por donde parece que fue certísimo ''[7]''. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[Acerca de lo cual digo que algunas personas, atrevidamente en mi tiempo, han contradicho (y aun algunos predicándolo públicamente) semejantes llagas en alguna persona después que el Hijo de Dios las padeció, sino es el bienaventurado sant Francisco. Y, pareciéndoles que en esto hacen servicio, quieren atar las manos a Dios. A estos digo que, cuando no creyeren a los auctores tan graves y fidedignos que lo escriben de algunas sanctas, como de sancta Catarina de Sena y de otras, y que, en particular en Roma, se pinta y estampa la misma sancta Caterina ''[8]'' con las llagas, en ciencia y paciencia de los sumos pontífices que lo ven ''[9]''  y lo permiten y aun, por lo mismo, por ser negocio tan grave parece que lo aprueban, si esto no basta, pueden, por vista de ojos y tocándolo con sus manos, certificarse en este caso con lo que de presente (creo que para confusión de estos) ha permitido Nuestro Señor. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y es que, en este año de mil y quinientos y ochenta y seis en que esto escribo ''[10]'', está viva una bendita mujer, señora de ilustre linaje, priora en el monasterio de la Anunciada de Lisboa, en Portugal, llamada María de la Anunciación ''[11]'', doncella de edad de treinta y dos años. La cual está decorada con las llagas de Cristo de cabeza, manos, pies y costado. Tiene en su cabeza treinta y dos agujeros a la redonda como corona, abiertos y patentes; en las manos, por las palmas, una como rosa y, en medio della, una abertura triangular de clavo y, por detrás, la misma señal aunque algo menor. Estas han visto y ven cada día diversas personas. Tiene otras semejantes en los pies. También tiene abierto el costado y todos los viernes, poniéndose allí un lienzo pequeño, salen señaladas cinco gotas de sangre a manera de cruz, y la ''[12]'' de en medio es mayor. Y destos pañitos he yo visto dos en Toledo en poder de personas religiosas que los recibieron de la misma sierva de Dios. Y ella los da compelida por obediencia, como también por ella, y no en otra manera, muestra las llagas de las manos. La del costado vieron, por orden del sumo pontífice Gregorio décimo tercio, algunas personas, y fueron: oficiales del Sancto Oficio de la Inquisición y el padre fray Luis de Granada y otros perlados de su orden. Y sobre ello dio breve el mismo pontífice Gregorio, y yo le vi impreso y le leí, en que alaba a Nuestro Señor y persuade a su sierva a que siempre vaya en augmento en su servicio. También por cartas del mismo padre ''[13]'' fray Luis de Granada que, para mí, son de grande auctoridad, y de otros perlados de su orden, se sabe de su vida que, desde niña, ha vivido sancta- [fol. 64v col. b] mente y no se halla que, en cosa alguna, se haya desmandado en ofensa de Dios. Nunca se agravió por cosas de pena que le sucediesen ni se quejó por ocasiones que le diesen. Siempre conservó paz y humildad en su alma. Su caridad es grandísima con pobres necesitados de cuerpo y de alma remediando todo lo que puede. Siempre muestra el rostro alegre y devoto. En hablándole de sus llagas, se aflige y entristece grandemente. Duerme abrazada con una cruz de madera de su estatura. Hase visto mucha claridad de noche en una pequeña celda que tiene y levantada del suelo con su cruz orando. Vinieron a Lisboa un turco y un moro que dijeron habérseles aparecido estando en una galera y persuadiéndoles a que se hicieses cristianos; y la conocieron sin haberla visto más de aquella vez y recibieron el baptismo. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Della se dicen muchas otras cosas y todas ellas al talle de los sanctos. Y el padre fray Luis de Granada tiene escripto muy a la larga todo lo que pertenece a la vida desta sierva de Dios, y así él pondrá finos colores sobre el dibujo mal bosquejado de mi mano. Yo lo he referido aquí por dos razones: una, para prueba de que suele Nuestro Señor regalar con sus llagas a algunas personas siervas suyas, y contradecirlo es ir contra la verdad; y lo segundo, que, por haber escripto tres libros de vidas de sanctos de los que pasaron muchos años ha, hiciera agravio a cosa tan digna de ser sabida en los siglos venideros como es lo de mi tiempo desta sierva de Dios, si no lo pusiera en memoria. Y lo mismo hicieron sant Jerónimo escribiendo la vida de Malco, monje captivo que se le dejó vivo. Y sant Teodorito comenzó a escrebir la vida de sant Simeón Estilita ''[14]'' y no la acabó diciendo en ella que la dejaba vivo y que, con tan alto principio, era bien de creer que el fin no sería menor. Así yo digo desta sierva de Dios, que su fin no será menor que el principio y, cuando sea de otra suerte, lo de hasta aquí es mucho de estimar y loar a Dios, que no tiene la mano abreviada, sino que siempre hace mercedes a los que de veras le sirven. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y en lo que toca a las llagas del seráfico padre sant Francisco, yo confieso que, de la manera que a él, no le ha sido concedido a otro, porque o fue por algún breve tiempo o no todas cumplidas o con menos sentimiento de dolor o, a lo menos, que cesasen con la muerte y no que, aun después de muerto, permanece el cuerpo del seráfico padre sant Francisco con ellas tan frescas y recientes como las tuvo en vida. Y este fue favor particular suyo y, como dice el doctísimo y muy religioso maestro ''[15]'' fray Vicente Justiniano Antist, del Orden de Predicadores, en una apología que hizo en defensa de las llagas de sancta Catarina de Sena, esto sería lo que quiso decir el papa Sixto cuarto en un breve que dicen haber dado en [fol. 47r col. a] favor de las llagas de S. Francisco. Verdad es que, como el mismo maestro dice, nunca este breve pareció en el mundo, ni nadie habrá, con verdad, que diga haberle visto. Y es prueba desto que, en un volumen grande, donde semejantes breves y ''motus'' proprios andan impresos, que se intitula ''Collectio Bullarum'', y es de Laercio Querubino jurisconsulto, impreso en Roma, año de mil y quinientos y ochenta y seis, donde están todos los divulgados desde Gregorio séptimo hasta Sixto quinto, y hallándose entre las demás todas las bulas y ''motus'' proprios del mismo Sixto cuarto que son doce en número, no aparece entre ellos semejante breve; porque yo los [fol. 47r col. b] pasé uno por uno buscando este y así es cierto que no le hubo. Mas en caso que le hubiese habido, lo que pretendería en él el pontífice sería, dice este auctor, señalar las ventajas que el seráfico padre sant Francisco hace en este misterio de las llagas a todos los sanctos a quien Dios ha decorado con ellas, que cierto son muchas y muy particulares.] &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
De la primera ''[16]'' destas dos religiosas (de las cuales ninguna está canonizada) se vea la historia de Toledo de Pedro de Alcocer, libro. 2. cap. 27; y de la segunda, María de Ajofrín, la crónica del Orden de Sant Jerónimo, desde el capítulo cuarenta y uno hasta el fin della, donde la sanctidad de ambas es grandemente encarecida. ''[17]''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
===Notas===&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[1]'' En el margen izquierdo leemos: “En 18. de Iulio.”&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[2]'' En el texto leemos: “Diezma”. Se ha subsanado la errata.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[3]'' Entiéndase: “alguna de las diversas medicinas”. Ejemplo de la tendencia a la elipsis que muestra la prosa del autor.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[4]'' Como la mano y el costado.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[5]'' En el margen derecho leemos: “Año de 1489.”&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[6]'' En el ejemplar manejado impreso en 1589 aparecen tachadas las sílabas y palabras siguientes:  “-cubierto y en este tiem […] intercesión de su”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[7]'' Como se ha indicado, se reproduce entre corchetes el fragmento eliminado en la impresión de 1589. Cabe precisar que las palabras: “por donde parece que fue certísimo” se hallan tachadas con tinta negra en el ejemplar manejado de la BNE.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[8]'' Se mantiene la oscilación vocálica al escribir el nombre de la santa dominica.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[9]'' Se elimina la duplicación de la vocal en la escritura de esta palabra.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[10]'' En el colofón del ejemplar se indica que el libro fue terminado “último de septiembre del año de 1586”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[11]'' Se refiere a la lisboeta María de la Visitación, quien vivió en la segunda mitad del siglo XVI.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[12]'' Entiéndase: “la gota de en medio”&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[13]'' Se subsana la errata: “podre”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[14]'' En el texto leemos: Stilita.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[15]'' En el texto figura: “relignoso maastro”. Se han subsanado las erratas.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[16]'' Alude a las dos religiosas que centralizan el apartado 193 de la Adición a la ''Tercera parte del Flos Sanctorum'': María García y María de Ajofrín.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[17]'' A continuación, en el ejemplar mencionado de la BNE ‒en el mismo apartado 193‒ leemos: “Antes de poner fin en las vidas destas dos siervas de Dios, Marías religiosas de Sant Pablo de Toledo, quiero hacer mención de algunas otras monjas del mismo convento, dignas de que, en los siglos por venir, se tenga honorífica memoria y su propria casa y la ciudad de Toledo reciban honra y les sea de importante provecho el tener y gozar de sus benditos cuerpos. Lo que dijere se ha sacado de un libro que recopiló de memoriales y relaciones antiguas y modernas de aquel convento doña Ana de Zúñiga, de cuyas virtudes pudiera yo escribir mucho si llegara mi atrevimiento adonde llega el deseo y la verdad.”&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y se añaden diez vidas breves que se hallan editadas en el Catálogo: Aldonza Carrillo, condesa de Fuensalida; su madre Teresa de Guevara; Inés de Cebreros; Inés de Santa Catarina, sobrina de María de Ajofrín; Lucía de los Ángeles; Catalina San Juan; María de San Ildefonso; María de la Visitación; Paula de los Ángeles y, por último, Quiteria de San Francisco.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
A doña Ana de Zúñiga, Alonso de Villegas dedicará una reseña hagiográfica en impresiones posteriores a la de 1589, como evidencia el ejemplar de 1595 guardado en la Biblioteca de la Universidad de Barcelona con la signatura B-50/5/11.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
=Vida impresa (4)=&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Ed. [http://visionarias.es/equipo/lara-marchante-fuente/ Lara Marchante Fuente]; fecha de edición: septiembre de 2017; fecha de modificación: mayo de 2026.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==Fuente==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
* [http://catalogodesantasvivas.visionarias.es/index.php/Categor%C3%ADa:Fray_José_de_Sigüenza Sigüenza, Fray José de], 1605. “Libro II de la Historia de la Orden de San Jerónimo”, ''Tercera Parte de la Historia de la Orden de San Jerónimo, dirigida al Rey, Nuestro Señor, Don Felipe III'' Madrid: Imprenta Real, 465-497.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[[Contexto material del impreso Tercera Parte de la Historia de la Orden de San Jerónimo]]'', doctor de la Iglesia, dirigida al Rey, Nuestro Señor, Don Felipe III''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
== Criterios de edición ==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Para facilitar su lectura, esta edición moderniza el texto en aquellos puntos que no suponen una pérdida de los valores fonéticos, léxicos y sintácticos del periodo y conserva la morfología de las palabras con interés morfológico o fonológico o por tratarse de cultismos (como ''agora'', ''ansí'', ''monesterio'', ''recebir'', ''redemptor'' u ''obscuro'').&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Se adaptan, por tanto, las grafías a las normas de ortografía vigentes (sibilantes, b/u/v, j/g, chr/cr, qu/cu, empleo de h, etc.) y a la acentuación y puntuación de las normas gramaticales actuales. Igualmente, el uso de las mayúsculas y minúsculas respeta los criterios presentes del español, si bien se mantienen las mayúsculas como signos de respeto o de diferenciación con la palabra escrita en minúscula (''Cielo'', ''Esposo'', ''Señor'', ''Profeta'', ''Reina del Cielo''). &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
También se introducen las comillas para delimitar las intervenciones dialógicas de los personajes y se subsanan las erratas evidentes. En este sentido, conviene apuntar que, dentro de esta edición y en base a sus particularidades, se han incluido notas al pie en las que se especifican y desarrollan algunas ideas o palabras del texto impreso original. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==Vida de María de Ajofrín==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''CAPÍTULO XLIV'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[465] '''La vida de la sierva de Dios María de Ajofrín, religiosa de San Pablo de Toledo'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Si no estuviera la vida desta santa, tantos años ha, escrita y predicada por otros, y Nuestro Señor en vida y en muerte no hubiera calificado y, como si dijésemos, sellado su santidad con tantas maravillas, no me atreviera a poner la mano en ella y pasara en silencio casos tan maravillosos, porque, aunque no soy de los muy incrédulos ni de aquellos que se ríen de todas estas visiones y revelaciones, especialmente en mujeres, que por su flaqueza están tan sujetas a recebir engaños, no soy tampoco de los que lo creen todo y se les antoja milagro cualquier cosilla. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Estos extremos, sin duda, son dañosos y aun peligrosos, y no sé cuál más, porque el uno parece temerario y poco pío, y el otro da ocasión con su facilidad que pierda el crédito y reverencia aun lo más verdadero y calificado. Confieso que en aquellos primeros tiempos de la Iglesia, y en aquellas primicias del espíritu, se halla poco o nada destas cosas, y la santidad y milagros con que Dios confirmaba su fe y la autoridad de sus ministros (estas son las dos principales razones o fines de los milagros) eran muy diferentes en aquella feliz era, y que algunos centenares de años después, cuando florecieron tantos mártires y, tras ellos, tantos y tan ilustres confesores, y Dios tenía poblados los desiertos de tan admirables hombres, tampoco se hallaba nada desto, y si se ha escrito algo (no faltaron entonces algunos hombres varones que sembraron muchas niñerías) tuvo siempre poco crédito.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
De doscientos años poco más a esta parte, ha habido algunas mujeres santas con quien parece que [466] Nuestro Señor ha querido (digámoslo ansí, aunque con miedo y reverencia) mudar estilo, facilitarse tanto con ellas y allanar el trato de suerte que no haya sino encoger los hombros y dejar el juicio y determinación dello a la Iglesia que, como a su esposa querida, no le encubre los secretos de su pecho. Junto con esto (que también aprieta mucho), parece que ha querido hacer excepción de la regla de su Apóstol, que no permite que las mujeres enseñen en la iglesia, y ha permitido (como algunos dicen) que dejen estas santas muchas epístolas y libros grandes de revelaciones y doctrinas para enseñamiento de los fieles, cosa que en ninguna de aquellas santísimas hembras que florecieron de mil años arriba, nunca la vimos ni tenemos, sino es de alguna cosa de ingenio, qué ya saben los que algo han leído que son. Todas estas razones hemos de tragar y atravesar por todo con sumisión de la regla que he dicho, y decir que no se ha abreviado la mano del Señor. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Esto he dicho antes de entrar en la vida desta santa, que sin duda me hace gran admiración. Diré con la mayor fidelidad que pudiere lo que ya otros han publicado, y lo que en un cuaderno antiguo de mano he hallado, que en sustancia todo es uno. El original de todo, o la mayor parte, fue el padre fray Juan de Corrales, religioso desta Orden, profeso y prior de la Sisla de Toledo, hombre docto y gran fraile, y que confesó a esta santa casi todo el tiempo en que Nuestro Señor la hacía las mercedes que diremos; y ansí dice en la última cláusula del Prólogo que hizo en la relación de su vida desta suerte: “Yo, el muy indigno siervo de los siervos de Dios, fray Juan de Corrales, prior de la Sisla de Toledo, recontaré a honra y gloria del soberano Rey Dios, Nuestro Señor, las maravillas y secretos que por mis ojos vi, y por mis manos traté, y oí a personas dignas de fe y de gran memoria, las cuales Nuestro Señor quiso poner y demostrar en una pobrecilla sierva suya, llamada María de Ajofrín, virgen y santa, en el Monasterio y Casa de doña [[María García]], en la ciudad de Toledo”. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Ajofrín es una villa junto a Toledo; vivía allí un varón honrado, llamado Pero Martín Maestro, con su mujer, Marina García, temerosos de Dios, de vida honesta, abundantes de bienes temporales. Entre otros hijos, tuvieron una hija que llamaron María, de gran hermosura en el cuerpo, y tanto mayor en el alma que luego, desde sus primeros años, se le conoció la quería Dios para su esposa. Apenas sabía hablar, ni decir las cosas por su nombre, ya sabía rezar y poner las manos delante de las imágines, y hacer otras santas niñerías, regalo entonces singular de sus devotos padres, que se regocijaban en las almas, viendo los tempranos y santos ensayos de aquel angelico. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Como fue creciendo, comenzaron muchos a amarla y desearla, y ansí se levantaba muchas veces plática, entre sus padres y otros del pueblo, de su casamiento. Como la santa estaba prevenida de otro más divino amante y tenía puesto en su voluntad, entendiendo los rumores y tratos tan anticipados de sus casamientos, con un impulso divino la doncella santa hizo, siendo de trece años, voto de virginidad y de entrar en religión, que ya este principio y acto tan heroico descubre y promete mucho. Tratábanse los casamientos de cada día con más calor; los padres y hermanos la daban prisa, [467] y los parientes, todos la importunaban. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Resistió a todos varonilmente, declarando sus votos y sus deseos, cosa que lastimó mucho a sus padres, y sobre esto padeció y sufrió por el amor de tal Esposo, grandes encuentros, palabras y aun obras pesadas, porque todos eran contra ella. Al fin pudo tanto que su padre, aburrido, enojado y lastimado en el alma, importunado della, la sacó de su casa, siendo ya de quince años, vínose a Toledo con ella, sin saber adónde había de parar, ni donde había de sacrificar una hija tan querida. Entró en la iglesia mayor, rezaron allí entrambos. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Rogó ella a su Señor y Esposo la llevase adonde Él fuese servido. Púsole en el corazón que se fuese a la compañía de aquellas religiosas que se llamaban jerónimas, en el Monasterio de doña [[María García]]. Díjoselo a su padre, llevola allá, entregola allí y volviose a su casa lleno de tristeza, viendo que dejaba como sepultada la prenda que más en sus entrañas tenía. Puesta la sierva de Dios donde tanto deseaba, no cabía de gozo, viendo el ejercicio de aquellas santas, y procuró imitar todo cuanto excelente de virtud y perfección consideraba en cada una. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Señalose siempre en humildad y obediencia: parecíale que, en comparación con sus hermanas, no merecía besar el suelo donde pisaban. No tenía otro gusto sino cuando se ofrecía ocasión, y ella se las buscaba, de emplearse toda en su servicio. En pudiendo retirarse a algún rincón, allí levantaba el alma y los ojos al Esposo de su alma, y le importunaba con lágrimas y suspiros pusiese en ella sus ojos de misericordia; su deleite y sus regalos eran la oración y meditación. Ansí pasó una vida santísima, callada y humilde de diez años de religión, teniéndola todas, las otras hermanas, en nombre de religiosa perfecta, y que caminaba por un camino muy seguro, aunque con grandes ventajas de otras compañeras, porque en todo este tiempo no se vio en ella cosa digna de reprehensión, sino de grande y conocida virtud, principios legítimos para las mercedes que Dios había de hacerle. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Pasados estos diez años como temerosa de Dios, cuidadosa de su salud, determinose a hacer una confesión general, como si quisiera comenzar una vida nueva (propio de los santos imaginar que cada día comienza), y el Señor, que también quería comenzar a señalarse en el amor que tenía a su sierva, puso en ella tanta compunción y lágrimas, que bastaban a lavar otra alma por grandes manchas que tuviera.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Al punto de entrar en el confesionario, derribose en tierra delante una imagen de nuestra Señora, que tenía su hijo en los brazos, y allí, con grandes ansias y suspiros, suplicó al Señor le perdonase sus pecados, y a la madre, de clemencia, que le alcanzase el perdón de su hijo. Estando ansí orando, con este vivo afecto, vio que súbitamente la imagen se llenó de luz divina, que alumbraba también parte de aquel aposentillo; y en la claridad de la imagen vio cómo el niño, desde los brazos de su madre, levantaba la mano hacia ella, de la forma que el sacerdote la extiende cuando absuelve al penitente. Espantase desto la santa doncella, que es propio de vírgenes prudentes temer visiones extraordinarias. Quitose de allí y fuese a los pies del confesor, no imaginando mas de que podía ser antojo o gran flaqueza. Hizo su confesión lo mejor que pudo. Al salir, tornó a hacer oración a la imagen y súbito tornó [468] a esclarecerse, y el niño, sacerdote eterno, tornó a levantar la mano como en forma de absolución. Y esto puso alegría y consuelo grande en el alma de la sierva de Dios, que entendió, con mucha certidumbre, Nuestro Señor le perdonaba sus pecados. Tuvo esto en secreto mucho tiempo, que jamás lo reveló a nadie, sino solo a su confesor, fray Juan de Corrales, a quien manifestó que, desde aquel día, le quedó en el corazón un movimiento tan grande que le parecía le quería algunas veces saltar del pecho. De allí a pocos días, quedándose sola en el coro una noche, haciendo oración por el estado de la Iglesia con grande afecto y devoción, vio encenderse una llama de fuego grande en la Custodia del Santo Sacramento, y ardió por espacio de una hora poco menos, de que quedó en extremo maravillada.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Había de comulgar el día de la Resurrección del Señor con las otras hermanas, y la noche antes andaba nerviosísima, con aquel deseo de recebir al Esposo, orando y llorando sin enjugar las lágrimas, suplicándole le diese digna disposición para recebir tan alta Majestad, y sentir los frutos de su gloriosa venida. Fue, pues, con las otras hermanas a comulgar, y recebió el Santo Sacramento, a su parecer en forma de un corderito vivo: cuando lo tenía en la boca, se bullía y meneaba. Tragolo con el mayor temor y reverencia que pudo, y sentía luego que se le puso sobre las telas del corazón. Allí, sintió tanta alegría, reposo, dulzura y consuelo que en diez días con sus noches no durmió ni pegó los ojos, destilando dellos continuas lágrimas de alegría. Desde entonces, las veces todas que comulgaba, se trasportaba o enajenaba de los sentidos como se entraba allá, dentro el alma, con todas sus potencias, a hacer estado a la Majestad de su Rey y Esposo, y junto con esto le quedaba un dulzor extraordinario, y de otra quintaesencia en la boca, garganta y corazón, que le duraba un espacio de cuarenta días, que del supremo gusto del alma quería Dios le alcanzasen aún en esta vida tales relieves al cuerpo. Certificaba la santa al prior que si no fuera por evitar la singularidad, no comiera en todo este tiempo, ni a su parecer tenía necesidad dello. Hácesenos a nosotros estas cosas como imposibles porque estamos muy lejos dellas. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El día octavo de la Resurrección, estando orando, vio cómo vino a ella un varón anciano, de aspecto venerable, cubierto de una capa de seda colorada y le dijo:&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
“Ven conmigo, que te envía a llamar la Reina”. Estaba a aquella sazón la Reina, doña Isabel, en Toledo, y como entonces salían estas religiosas de casa, con compañía honesta, entendió que la Reina la enviaba a llamar, y rehusaba de ir a allá. El varón le tornó a decir: “Ven hija, que te llama la Reina del Cielo”. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Entonces, se fue con él, y hallose en una iglesia, fuera de la ciudad, donde vio a Nuestra Señora con su hijo en los brazos. Púsose de rodillas, delante della, y aquel hombre anciano que la había llevado llegó y púsole un paño de seda en las manos, y la santa Reina le puso luego a su hijo encima, y mandando a otro hombre, de menos edad, que la acompañase junto con el otro que la había llevado allí, le dijo la Señora del Cielo: “Ve con mi Hijo donde fueren estos dos varones”. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El que llevaba el vestido colorado iba como por guía, delante, como buscando posada. Entraron por la ciudad, y llamaban a las puertas que estaban cerradas, diciendo: [469] “Abrid, que viene el Señor a vuestra casa”, y ninguno quería abrirles. Y si algunos tenían las puertas abiertas, acudían de prisa a cerrarlas, respondiendo unos y otros que pasasen de largo, porque estaban embarazados y no había posada. Anduvieron desta suerte poco menos toda la ciudad, sin hallar donde los acogiesen. Tornáronse por donde habían ido, encontraron en el camino con dos mujeres caballeras en dos asnillos ''[1]'', que las acompañaban dos clérigos, y estos les dijeron: “Nosotros os acogiéramos si no fuéramos deprisa, mas en tanto que volvemos, recogeos en ese establo”. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Ansí, se tornaron al templo donde la Virgen estaba, y tornando a recebir a su hijo de la mano de su sierva, le dijo: “Llegado es el tiempo en que es tan menospreciado el Hijo de Dios, y ansí también se ha llegado el tiempo en que Él herirá por su ángel: a unos, con duros azotes, a otros, con espada aguda, y a otros, con fuego. Mas, ¡ay de los perlados de la iglesia, a quien el Señor hizo pastores de su grey, y de las almas que compró tan caras, que traen vestidos de ovejas y corderos y son dentro lobos rabiosos robadores, que no tratan sino de beber la sangre de los súbditos! Procuran con toda su ansia honras y dignidades, no para servir con ellas a Jesucristo, mas para sus gustos y deleites”. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Con esto, le desapareció aquella visión. Tornó la santa en sí y estuvo pensando en lo que había visto, lastimada en el corazón de lo que oyera a la Reina del Cielo. No tardó mucho tiempo el castigo amenazado y merecido. Vino luego una gran carestía de hambre, cerrose el Cielo y no llovió para que se pudiesen coger los frutos. De allí se siguió luego una gran pestilencia. Entró en España aquella enfermedad tan asquerosa y fea de las bubas, que con el tiempo se le ha perdido el miedo, y ansí se vieron el cuchillo, el fuego y el azote que se le reveló a la santa puestos en ejecución, para que se entienda que no fue antojo la visión, pues es esta la verdadera prueba y señal por donde Dios nos manda que las examinemos. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El día de la Ascensión de aquel mismo año, quedándose en el coro, como tenía de costumbre después de Maitines, llevada del afecto y amor de Jesucristo, se llegó a cerca del altar mayor, y allí fue levantada en espíritu y la mostró Nuestro Señor una visión maravillosa:&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Pareciole que la habían llevado a un campo espacioso, lleno de verduras y deleites; en medio d’él estaba un claustro grande, de paredes muy altas y de ricas piedras labrado. Vio que tenía cinco puertas como de vidrio o cristal, y en cada una estaba entallada la encarnación de Nuestro Señor, la Salutación del Ángel a la Virgen. Vio luego que salía, por cada una de las puertas, una procesión solemnísima de sacerdotes, vestidos de majestad y gloria, y caminaban a una casa hermosamente labrada, que estaba en aquel mismo campo. Entraron todas las procesiones dentro y se postraron delante del altar, cantando el himno Gloria in excelsis Deo. Acabado, estuvieron todos en gran silencio, y con tanta compostura y reverencia que no se miraban unos a otros. En el altar estaba la Santísima Virgen, con su Hijo en los brazos, y estas no eran figuras pintadas, sino vivas en cuerpo y alma, como si fuera en el mismo Cielo donde reinan. Comenzó la señora Soberana a decir en voz alta y lastimera, mostrando su Hijo al pueblo que allí estaba junto: “Veis aquí, hombres, el fruto [470] de mi vientre, tomadlo y comedlo. En cinco diferentes maneras es cada día crucificado por las manos de los malos sacerdotes: la primera, por mengua de fe; la segunda, por la codicia de los bienes de la tierra; la tercera, por el vicio torpe de la lujuria; la cuarta, por ignorancia, que ni saben lo que a sus ministerios conviene ni los misterios que tratan, ni procuran entender sus obligaciones; y la quinta, por la poca reverencia que tienen a su Dios y mi hijo, después que le han recebido. Ansí le tratan, como si fuese el pan que echan a los perros”. Habiendo dicho esto, llegó un sacerdote que parecía de mayor autoridad y reverencia que los otros, y vistiose para decir la Misa. Cuando llegó al punto de consagrar la Hostia, nuestra Señora le puso en las manos su Hijo, y luego quedó como en forma de Hostia. Levantolo en alto para que lo adorasen todos, y parecía como un rayo de Sol, y poco a poco se fue subiendo al Cielo, hasta que el Padre Celestial lo recebió en su seno, y sonó una voz que decía: “Este es mi hijo muy amado”. Entonces, un sacerdote de los que allí estaban, que había sido capellán de aquella Casa de doña [[María García]], y había fallecido algunos días había, se llegó a ella y le dijo: “Esto que aquí has visto tiene gran misterio, y significa a los que celebran este santo Sacramento de tal suerte que, aunque receben la verdad y la forma del Sacramento, no participan el fruto. Mira que cuentes todo lo que aquí has oído”. Y en estas últimas palabras, desapareció la visión. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Vuelta en sí, la santa comenzó a pensar en lo que había visto, y púsole mucho miedo, pensando no fuese alguna ilusión del enemigo que le había puesto aquello en la imaginación, porque de todo punto se tenía por indigna de cosas tan altas; por otra parte, dentro de sí misma, le parecía que tenía aquello una certeza tan grande que no pudiera el demonio entremeterse en cosa tan admirable. Ni sabía si lo diría o callaría. Al fin, se determinó de no decirlo a nadie sino a su confesor, debajo del sello de aquel Sacramento, pensando que se comprendía en él. El confesor quedó admirado cuando lo oyó, y aunque entendió que aquella visión venía de buenos principios, porque tocaba en lo fino, y declaraba la raíz de la corrupción de las costumbres del pueblo y de las faltas de los que habían de ser espejo de la iglesia, cosas que el demonio no había de procurar se enmendasen, con todo eso, mostró no hacer caso dello y la reprendió, diciendo que eran burlerías, antojos y fantasías de cabezas flacas de mujeres, quedando a la mira y ver en qué paraba el caso. Estas fueron las primeras cosas que pasaron por esta santa Virgen, que las refieren otros cortamente, y yo las relato con la fidelidad que las escribió su confesor, fray Juan de Corrales. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''CAPÍTULO XLV'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[2]'' '''Prosíguese la vida de la santa virgen María de Ajofrín, y las cosas admirables que Nuestro Señor obró en ella'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El mismo año luego adelante, día que se celebra en Toledo, y agora en toda España, el Vencimiento de la Cruz, quedándose en oración después de Maitines, cuando ya quería romper el alba, estando postrada delante del altar y roba- [471] da en espíritu, le apareció Nuestro Señor, llegose a ella y la mandó levantar; vio que venía cubierto con una alba o sobrepelliz y una estola al cuello, y por las piernas abajo le corría mucha sangre, y díjole ansí: “Como me ves, corriendo sangre, ando por las iglesias desta ciudad, desde esta hora hasta que tañen a la plegaria de a medio día”, y dicho esto, desapareció. Considerando la santa estas cosas, hacía con ardientes suspiros oración a Nuestro Señor por el estado de los sacerdotes, entendiendo cuánto le ofendía el descuido de sus vidas. &lt;br /&gt;
Entre otras veces, el día de San Agustín, estando rezando en una imagen de Nuestro Señor, que llamamos Verónica (teníala en un libro), se llenó la imagen de una claridad grande, y  luego la vio convertida en sangre. Diole esto gran dolor y turbación, no sabiendo qué hacerse, ni qué quería el Señor darle a entender en esto, teniendo siempre algún recelo de si esto era algún engaño del enemigo. Sucediole de aquí que, desde aquel día, jamás pudo comer bocado de carne ni entró hasta que murió cosa della en su estómago, y su manjar fue pasas o alguna otra fruta con el pan. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En fin de Setiembre de aquel año cayó muy enferma: llegó a punto de muerte al parecer de los médicos. Estando ansí, en el extremo de la vida, fue arrebatada en espíritu y quedó como muerta espacio de tres horas. Mandó el médico que le diesen algunos garrotes y le hiciesen mal para volverla de aquel paroxismo. Hiciéronle llagas en los pies, y en las piernas y en otras partes, pretendiendo despertarla o ponerla en acuerdo. En este tiempo fue llevada a aquel claustro donde vio primero salir las procesiones. Caminando para él, le salió el demonio al encuentro y quiso llegarse a ella para que no pasase. Llegó nuestra Señora y reheprendió al enemigo, rempujándole con su mano propia; y tomola luego por la mano y llevola al claustro, donde vio salir otra vez las mismas procesiones, y díjole la Reina del Cielo: “Este es el lugar donde te fue mandado que dijeses lo que habías oído y visto, y ansí otra vez te mando que lo que entonces y agora ves lo digas a tu confesor, y él lo diga a otras personas fieles, al deán y capellán mayor de la iglesia desta ciudad, y ellos lo digan al arzobispo, y se divulgue en toda la la Iglesia, que mi hijo está muy indignado por las injurias y escarnios que le hacen los que indignamente tratan sus misterios y Sacramentos”. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Desaparecida la visión y vuelta en sí, hallose sana. Díjolo todo a su confesor, y como hombre prudente se detuvo, y, aunque no se mostró tan duro ni tan incrédulo como la primera vez, le dijo: “Cuando yo diese entero crédito a esas cosas, ¿cómo lo creerán, (decidme, hermana) esas personas a quien queréis que se diga? Menester es, a mi parecer, alguna seña o alguna manera de certeza, para que ni se rían de vos ni de mí, teniéndonos por livianos”. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Como oyó esto la santa, afligiose mucho y por entonces no le respondió nada, pensando de responderle en una carta y buscar quién se la escribiese. Pasando acaso por un lugar de la casa donde estaba una ventanilla, vio en ella un pliego de papel y tomolo. Metiose en un sotanillo obscuro donde algunas veces ponían leña. Sentose ''[3]'' allí con harto deseo de hallar quién la escribiese su carta, porque ella no sabía, ni en su vida tomó pluma en la mano. Estando desta suerte, sin saber qué hacerse, vio que súbitamente resplandecía el papel y, sin saber quién ni cómo, [472] sintía que le tomaron la mano y se la meneaban como para escribir; y escribió dos cartas: la  una para su confesor, que a esta sazón era el cura o capellán de aquella casa, que se llamaba Juan de Velma ''[4]'', y la otra para el deán y para el capellán mayor de la iglesia. Escritas las cartas, desapareció la claridad, plegolas y púsoselas en la manga. Fue luego a hacer los oficios y ministerios en que andaba siempre como monja humilde ocupada, barrer, fregar y otras haciendas semejantes. Sacando agua de una tinaja para llenar una caldera, cayósele la una de las cartas dentro y detúvose en el aire antes de llegar al agua. También parecerá esto menudencia y cosa de aire a los censores rígidos, sin acordarse que también fue menudencia que la cuchilla del hacha que se le cayó al discípulo de Eliseo en el agua vino nadando a enastarse en el palo que tenía en la mano el Profeta. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Vino una destas cartas a manos del capellán mayor de Toledo y probó muchas veces la virtud que tenía dentro, porque la puso sobre algunos enfermos harto lastimados y tuvieron luego salud. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Cuando el cura vio las cartas, quedó maravillado, porque sabía muy cierto que la santa en toda su vida había escrito letra, ni tomado péñola en la mano, ni en aquel convento había quien hiciese tal letra, y tras esto leyó cosas en la carta que para él venía de que tenía evidencia, que solo Dios y él la sabían, y ansí estaba espantado y temeroso, entendiendo que habían escrito por modo más que humano. Con todo, no osaba dar parte dello a ninguno, sospechando siempre que le habían de tener por hombre demasiado crédulo y vano. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Determinose por entonces de callar, y respondiole por escrito, que él había recebido las cartas, aunque entendía que no tenía ella intento que se manifestasen ni saliesen a público, y ansí determinaba de guardarlas. La santa se afligió con esta respuesta; viendo la dureza y incredulidad de su confesor, querellose a Nuestro Señor dello. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Vinieron después los dos a hablarse y, aunque ella era como una cordera mansa y humilde, entonces se mostró enojada, y le reprendió duramente, llamándole pertinaz y cabezudo, pues a tan evidentes cosas no asentía. Hízole algunas razones harto perentorias, con que le convencía y mostraba que aquellas cartas habían sido escritas divinalmente. Desde aquel día, rogó la santa a Nuestro Señor que le hiciese merced librarle de aquellos negocios y encomendase su causa a otra persona que tuviese más autoridad y le diesen más crédito: pleito y petición muy ordinaria en los ministros humildes que el Señor ha escogido para remediar cosas graves, como si fuesen ellos los que lo han de hacer, y no la virtud divina que entonces resplandece más, cuando no hay de qué poderse gloriar la carne. Con esta determinación estuvo nueve meses, que, aunque tuvo algunas visiones y revelaciones, no descubrió jamás ninguna. Pasaba con el discurso de su vida humilde adelante, ejercitándose en el servicio de las hermanas, velando en continua oración y lágrimas, rogando a Nuestro Señor se apiadase de los que tan a su costa había redemido, y también rogaba a Nuestro Señor quitase la dureza de su confesor, para que le diese crédito o le diese alguna seña tan cierta que no pudiese dudar. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Guardó la santa la carta que se detuvo en el aire sin llegar al agua, teniendo gana de quedarse con ella, y enviar un traslado. No osaba darla a nadie que la trasladase, y pensó que sería bien [473] trasladarla ella, mal o bien, como pudiese, enseñándose a escribir con tan buena materia. Para esto, se encerró en un aposentillo y llevaba una ollilla con lumbre, para encender allí dentro una candela; en entrando, se encendió la candela por sí misma, sin llegar a las ascuas. Comenzó a probar y querer trasladarla, y sobrevínola un flujo de sangre a las narices que, en mucho rato, no la podía restañar. Púsose la carta en las sienes, pareciéndonle que cuanto más iba, más se iba abriendo la vena, y al punto se le restañó. Ansí se salió de allí, sin probar el traslado de la carta, y hizo Nuestro Señor con ella notables maravillas.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Estaba una niña de una mujer vecina allí muy mala: muriose el día de la Concepción de Nuestra Señora, y la santa, cuando lo supo, condolida de su madre, que la quería mucho, envió que pusiesen aquella carta encima del cuerpo de la niña. Pusiéronla y resucitó después de haber pasado siete horas que era muerta. Otra mujer tenía un pecho abierto y muy lastimado, que se le iba cancerando; pusiéronle en el la carta, y al punto fue sana.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Un clérigo principal de Toledo, a cuyas manos vino después la carta, fue a Santiago de Galicia en romería: llevábala con mucha fe y devoción en su pecho. Pasando cierto brazo de mar, cayó del barco en el agua, mojose cuanto llevaba hasta la camisa. Escapó con la vida y la carta salió enjuta, porque debía de estar escrita al olio de la caridad de Dios. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Ya la santa, entre sus hermanas, era conocida por cosa muy excelente, y con las muchas veces que la habían visto fuera y enajenada de sus sentidos conocían, aunque ella lo disimulaba y encubría, que Nuestro Señor le hacía grandes mercedes, y el discurso de su vida daba buen testimonio de todo. Prevínola Nuestro Señor y diole aviso que el día de Todos Santos quería comunicarle sus secretos y misterios, y hacerla particionera de los dolores de su Pasión. Parece ser esto ansí, porque ella misma le dijo a la priora, que entonces no llamaba más de hermana mayor, que en el punto que acabase de comulgar el día de Todos Santos, e llevase antes que fuese arrobada en espíritu y pusiese en algún aposento de la casa, donde no la viese nadie. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Fue el caso que en el punto que recebió el cuerpo de Nuestro Señor, antes de padecer el arrobamiento de lo que allí se le reveló, luego fueron tantos los gemidos y sollozos, y tan fuertes los golpes del corazón que dentro sentía que, que sin duda, fue milagro no espirar en aquel instante. Puso tanta fuerza y estribo tan fuertemente para callar y no dar gritos, diciendo lo que sentía, y aquel fuego y hervor del alma encendió y subió la sangre con tanto calor y ímpetu a la cabeza que vino a reventar por la frente y por las sienes, y se le vio una cuchillada en ella, como si se la cruzaran y abrieran con una navaja. Estuvo ansí muchos días abierta y la vieron muchas personas, y lo que de todo punto excede a cuanto podemos imaginar es que por el resto y cerco del celebro se le cortó el casco de tal suerte que, quedando por defuera sano el pellejo, se sentía la división con los dedos, y lo tentaron diversas personas; la cuchillada que era más visible se estuvo ansí muchos días, sin recebir beneficio ni medicina ninguna. Sintió desto tan extremado dolor que fue milagro no morir y, de hecho, de suyo la llaga y rotura era mortal, sino que el mismo que la heriría la sustentaba, para mostrar en ella la grandeza de sus maravillas. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Después de haber comulgado fue luego robada en espíritu y tan ajena de [474] todos los sentidos que, en cuarenta horas, no sentía cosa criada, aunque las hermanas hicieron demasiadas pruebas en ella, porque, temiendo no se les quedase ansí, porfiaron de tornarla en acuerdo, dándole muchos tormentos en las manos, pies y narices, y hicieron tanta fuerza por abrirle la boca que le quebraron una muela. Estuvo toda la noche de los Finados desta suerte; por tres o cuatro veces dio algunos aquejados gemidos, con notable estremecimiento del cuerpo. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Reveló después a su confesor que el tiempo que estuvo ansí vio cosas espantables que no las puede ni sabe decir la lengua. Vio a Nuestro Señor Jesucristo sentado en un trono de gran majestad y delante d’Él, gran multitud de gentes. En la boca tenía un cuchillo de dos filos muy agudo, y oyó que le decían que aquel cuchillo que el Señor tenía en la boca era la ira contra los malos ministros y pastores de su iglesia. Mandáronle que dijese esto a los varones que le habían señalado y los reprendiese, porque le echaban en olvido y eran negligentes en cumplir lo que se les había mandado, y hacían poco caso de la voz divina; que los amenazase con pena de la sentencia del Cielo, sino lo pusiesen luego por obra; que avisasen también al arzobispo y le dijesen viniese por sí mismo a poner remedio en aquellos cinco pecados de que Nuestro Señor tan gravemente estaba ofendido: falta de fe, codicia de las cosas del mundo, lujurias y sensualidades, ignorancia de las cosas divinas, y poca reverencia en ellas. Maldades y culpas en que cada día era como de nuevo Jesucristo crucificado, y que pusiese eficaz remedio en destruir y extirpar las herejías que en aquella ciudad iban sembrándose, y que no permitiese que se dijese misa en casa de personas seglares, porque había tanto exceso en esto que ya cualquier hombre particular quería que le dijesen misa junto a su cama, cosa de gran escarnio y menosprecio de las cosas sagradas. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
“Y para que seas creída, se te dará esta señal del Cielo, que este cuchillo que está en la boca de Dios traspasará a tu corazón, y hará en él una llaga de donde saldrá sangre viva, que será verdadero testimonio a todos, y tú serás participante y como un trasunto en quien se verán las llagas y los tormentos que el Hijo de Dios padeció en su Pasión”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Acabando de decir esto, se sintió luego herida y con tan gran dolor en el corazón que no se puede explicar, y en él una llaga tan grande que a lo que se veía por de fuera podía caber por la cuchillada la cabeza de un grande dedo pulgar. Mostrase abierta esta llaga veinte días enteros, y los viernes corría sangre en más cantidad que los otros días; y aunque le ponía algunos paños para restañarla no bastaba, porque corría hasta los pies. Viose ser hecha esta herida sobrenaturalmente, porque ni nunca se enconó, ni se mudó la carne circunstante, ni hizo materia, ni mostro género de corrupción alguna, aunque estuvo tantos días abierta, ni se le hizo género de remedio, ni aplicó alguna medicina. La sangre era tan limpia que parecía como de un palomino. Poníanle cantidad de paños, remudándolos; todos quedaban hechos sangre. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Quiso al principio la sierva de Dios esconderla, y hizo las diligencias que pudo, mas fuele dicho que la manifestase a sus superioras, a la patrona, y a la que llamaban hermana mayor. Mostró los paños sangrientos aunque con harta vergüenza; maravilláronse de caso tan [475] extraño. Espantadas ello y de la llaga, enviaron a llamar luego al confesor. Él, como prudente, puso todo el silencio que pudo a todas las hermanas, y recelándose no fuese esto alguna ilusión diabólica o otro fruncimiento humano, procuró informarse de todo el suceso. Vio la llaga, y quedó suspenso y como atónito; fuese a dar parte del caso al deán de Toledo, hombre de letras y prudencia, y al capellán mayor, don Diego de Villaminaya ''[5]''. Parecioles que no se divulgase el caso hasta que se diese bastante testimonio y se averiguase con la mayor certeza que fuese posible. Acordaron los tres, el deán y el capellán mayor y el cura o capellán, de llevar consigo un notario, persona de confianza, y fueron todos cuatro al monasterio. Hablaron con la hermana mayor, diciendo era menester que certificarse del caso, y que se hiciese aquello de manera que constase con mucha firmeza. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Mandáronla a la santa que se acostase y, cubierta honestamente con una sábana, abrieron por la parte del costado cuanto fue bastante para ver la circunferencia de la llaga y buena parte del pecho. Halláronse presentes estos cuatro varones, y la hermana mayor con la patrona de la casa, y todas seis personas vieron atentamente el costado herido y abierto, y lo tocaron con sus manos, estando la llaga tan viva y tan reciente que salía della sangre purísima, y el propio capellán mayor sacó con sus mismos dedos gran copia de hilas llenas de sangre. Advirtieron que aquella herida no se había podido hacer humanamente. Acordaron que el notario diese testimonio dello. Y porque este se guarda original en el archivo del Convento de la Sisla, de Toledo, me pareció ponerle aquí ad verbum, por ser tan notable el caso. Dice desta manera:&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
“Decente e cosa convenible es escribir por memoria las buenas obras e vidas de las personas que nos precedieron, porque podamos por los buenos ejemplos de aquellos obrar siempre bien, e nos esforcemos a apartar siempre del mal. Cosa cierta es que si lo precioso no fuese apartado de lo no tal, la concupiscencia local, no bastante de se temperar, sería demergida por curso muy ligero en un oscuro tragamiento. Por tanto, yo, Gracián de Berlanga, capellán de la serenísima Reina doña Isabel, nuestra señora, notario apostólico e arzobispal, afirmo e doy fe, que el año de la Natividad de Nuestro Redemptor e Salvador Jesucristo, de mil cuatrocientos y ochenta y cuatro, en diecinueve de noviembre, casi seis horas después de mediodía, por ruego e instancia de Juan de Biezma, rector de la Casa de doña [[María García]], entré en la dicha casa, para que notase lo que viese, y ansí notado lo guardase. Después pasados algunos días, aunque no muchos, quise demostrar lo que había visto al Reverendo, padre prior de la Sisla, fray Juan de Corrales, considerando aquel dicho del Eclesiástico, en el capítulo 41: ‘Que provecho hay en el tesoro escondido, etc.’ El cual dicho señor muchas veces me mandó que aquello que había visto que se lo diese por escrito; mas yo, por entonces, no pude satisfacer a su voluntad por muchos negocios que me cercaban e a ello no me daban lugar; aunque allende de lo tener escrito en el corazón lo tenía en mi protocolo hasta diez días de noviembre del año del Señor de mil cuatrocientos ochenta y seis. Y es, que, el dicho Juan de Biezma me metió en un palacio de la dicha casa, en el cual estaban los reverendos señores don [476] Pedro de Prejano, deán de Toledo, e don Diego de Villaminaya, capellán mayor en el coro de la santa iglesia de Toledo, e dos o tres religiosas de la dicha casa, e viendo en una cama que en aquel palacio estaba una doncella que verdaderamente parecía bulto de ángel, y tenía una llaga en el costado donde Nuestro Señor Jesucristo fue herido tan grande como un real, e no tenía hinchazón y carecía de toda putrefacción: tenía un color muy fino, ansí como grana, e después que todos lo hubimos mirado, a poco de rato habló aquella doncella estas palabras: ‘Dios Nuestro Señor os lo demande si no pusiereis aquello en ejecución’. Y ansí, espantado, me aparté de allí, e me torné a salir; en fe de lo cual lo signé y firmé de mi nombre que fue fecha en Toledo, año, mes, día quibus supra. Gratianus, notarius apostolicus”. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Cosas son estas ocultas y divinas; yo confieso que no sé qué decirme a ellas, aunque no faltan ejemplos harto parecidos a este en los Profetas del Viejo Testamento a quien Dios de hecho mandó profetizar y decir con sus mismas penas las cosas que quería reprender a su pueblo, y los castigos que por sus culpas quería darles. Mas esto es para otro lugar, que excede los lindes de historiador.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''CAPÍTULO XLVI'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Padece la sierva de Dios María de Ajofrín mucha parte de los dolores y tormentos que Nuestro Señor sufrió en su Pasión, y otras visiones admirables'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Pasados veinte días que bastaron para dar firme testimonio, en que sentía la sierva de Dios intensísimos dolores en el corazón, se cerró la llaga por sí misma, sin haberse puesto en ella ningún género de medicina, quedando allí una señal harto clara y visible de la herida, no en forma de cicatriz, sino como un rubí hermosísimo. No le cesaron por esto los dolores, hasta que después de muchos días Nuestro Señor la sanó del todo. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Estando así en la cama, porque la graveza del dolor no la dejaba fuerzas para levantarse, oyó un día las ruedas de las campanillas que tañían en la iglesia al tiempo que alzaban. Esforzose como pudo para levantarse y ponerse de rodillas delante de una imagen de nuestra Señora que tenía allí pintada en un papel, orando con hervoroso espíritu, y fue tan grande el dolor que sentía en las manos y en los pies, y tanto amortiguamiento de brazos y piernas, que hizo mucho en no dar dolorosos gritos; puesta en esta recia angustia, le pareció que le traspasaban la mano izquierda, y el dolor fue tan penetrante como si le atravesaran un clavo por ella. Puso luego el dedo pulgar en ella, porque las hermanas que allí estaban no le viesen la herida que de hecho Nuestro Señor le mandó dar, disimulándola después con revolverse un paño en la mano, y trajo esta llaga con harto intensos dolores más de cuarenta días, y quedó después la señal. Esta llaga no la mostró a nadie sino a su confesor fray Juan de Corrales, que afirma la vio por sus ojos; y porque Nuestro Señor sucesivamente regalando a su sierva quería sufriese los dolores que Él en su Pasión había sufrido, fuera del dolor gravísimo que siempre sentía en la cabeza desde el rompimiento primero, sintió un día súbitamente un dolor nuevo, tan vivo y tan agudo como si por el contorno della la metieran clavos [477] agudos ardiendo, y saltaron luego por todo el cerco gotas vivas de sangre. Duró esto muchos días, y poníanle las hermanas algunas cosas medicinales para mitigar la fuerza del dolor, aunque no servían de nada, porque heridas del Cielo no se curan con socorros de la Tierra. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Estaba el cuerpo de la tierna y santa doncella con todas estas tan amorosas y santas heridas y con la fuerza de los dolores muy consumida, y con todo eso, queriendo el Esposo Soberano hacerle mayores favores, y que el discurso de sus penas se fuesen retratando en ella, el primero día del año siguiente, que es su santa Circuncisión, le fue dicho que revelase y dijese lo que se le había  mandado a las personas que le habían señalado. Respondió la sierva de Dios que ella no podía hacer aquello porque era una criatura vil y desechada, y antes parecía burla y escarnio que testimonio de Dios, y que no lo haría. Acerca deste rehusar y escusarse desta santa, y de otros muchos que en la Santa Escritura hallamos haber hecho esto mismo, se ofrecía una excelente consideración; si las leyes de la historia nos dieran licencia para divertirnos a ella, no faltara ocasión donde decirla. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Luego a la noche, estando en oración fue arrobada en espíritu, y lleváronla delante del tribunal de un juez, que se mostraba con rostro y semblante airado y espantoso. Reprendióla duramente porque no quería obedecer a sus mandamientos, y mandola azotar a un ángel por inobediente; los azotes fueron tantos y tan duros, que le quedó todo el cuerpo magullado; alcanzábanse los unos a los otros, sin haber cosa que no estuviese como molida, aunque por de fuera ni se vían ronchas ni cardenales, porque la mano sutil del ministro desta justicia sabía lastimar lo de dentro, dejando la corteza santa. Este dolor y quebrantamiento le duró poco menos año y medio, callándolo la santa, sufriendo por el amor grande de su Esposo y Señor las heridas y azotes de su mano. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Acertó una vez que tenía la toca mal puesta y la hermana mayor quiso aderezársela; metió la mano por el cuello y las espaldas, hallola tan lastimada y magullada la carne, que, entendiendo ella se había puesto así disciplinándose, la reprendió mucho por hacer aquello con tanto exceso; la sierva de Dios confesó la verdad del caso, de que quedó maravillada, confirmándose ser así, porque sin mostrarse por de fuera señal alguna, tenía todo el cuerpo parejo de la misma suerte magullado, cosa que no se podía hacer con azotes de manos humanas. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Cuando estuvo la primera vez transportada por espacio de cuarenta horas, y recibió la llaga del costado, dijo la sierva de Dios que la llevaron por el purgatorio, donde vio penas y tormentos terribles, que no se pueden explicar con nuestra lengua, donde no se oían sino lloros, gemidos, gritos y alaridos temerosos, y figuras de animales extraños, fieros, espantosos, jamás vistos ni imaginados en la Tierra, y que con sola su vista bastaría a quitar la vida al más valiente. Dijo que vio muchas diferencias y maneras extrañas de gusanos, y estaba todo el suelo tan lleno de1los que apenas había dónde asentar el pie. Entre otros, vio uno del tamaño de una cuarta de vara, y de anchura de tres o cuatro dedos, cubierto de unas conchas de fuego y unas uñas fuertes y agudas;  deste gusano preguntó la santa al ángel que la iba guiando qué era, y la respondió que aquel gusano era el que llaman de la concien- [478] cia, que está oyendo el alma del cuitado pecador antes y después que acometa el mal, y después que el hombre muere es lo que más le atormenta, viéndose sin remedio y que estuvo tan en su mano no hacer el mal que la conciencia decía que no hiciese. Llegábase uno de aquellos gusanos, abierta la boca, y quiso morderla en el pie, si no se lo estorbara el ángel, y solo permitió que le tocase en lo bajo del dedo meñique: llegole con una uña y sacole un pedazo de la carne con excesivo dolor. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Pasando más adelante por aquel lugar del purgatorio, vio un clérigo que aún era vivo, cura de una iglesia a quien ella conocía, en una pena de gran aflicción. Tenía ceñida por el cuerpo una fiera serpiente de dos cabezas: con la una boca le roía el espinazo y con la otra el estómago; y junto d’él, un dragón espantoso, que tenía encima del lomo una esportilla, y en ella un niño que daba grandes gritos, demandando justicia al Señor de la pena que sufría y había de sufrir para siempre de no ver a Dios, por la culpa de aquel clérigo. Preguntó esta santa al que la guiaba qué era aquello, y respondiole que aquel niño no fue bautizado por culpa de aquel clérigo, que era su cura, y demanda a Dios justicia de un mal tan irreparable. Espantase mucho la sierva de Dios desto, y hizo oración por él, y sucedió que, estando él diciendo misa de allí a ocho días, en acabando de alzar, fue esta virgen robada en espíritu, y vio que aquel cuitado cura tenía ceñida al cuerpo una serpiente con tres cabezas: una le comía el corazón, la otra la lengua y la otra las espaldas, y el niño daba gritos delante d’él, y decía: “Por su causa no veo a Dios; por ti no recebí el agua del bautismo; por ti me quedé hijo de Adam y no llegué a tan gran bien como ser hijo de Dios, y no alcanzarás jamás perdón de tan grande cargo”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
De allí a poco más de a tres días, esta santa llamó al cura y le dijo todo lo que había visto, de que quedó el pobre hombre tan espantado que perdió el habla por más de media hora. Cuando ella le vio tan derribado, esforzole lo mejor que pudo, animándole a que hiciese penitencia. Él le dijo que se maravillaba mucho cómo había entendido cosas tan secretas, porque junto con aquello le había amonestado se enmendase de otros pecados muy graves en que ofendía mucho a Nuestro Señor. Conociolo él todo, entendiendo que Dios le había revelado a su sierva el estado de su alma. Después descubrió este sacerdote a la santa que, estando otro día diciendo misa, cuando volvió la hoja del canon vio en ella cinco gotas de sangre, y fue caso cierto que él murió de allí a cinco años, día de San Miguel. Rogó ella al Señor con gran afecto por el ánima de aquel clérigo y dos días antes de la fiesta de San Francisco, estando sola la santa, tuvo grande miedo, pareciéndole que estaba junto a ella un bulto grande y no sabía qué era, y el día del mismo santo, antes de amanecer, se le representó muy espantable y le dijo cosas extrañas, que habían pasado entre él y otra persona en secreto. Todo esto parece que eran tristes señales de su salvación y que hubo falta de verdadera penitencia: negocios secretos que se quedan para Dios. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Como el padre fray Juan de Corrales viese tantas y tan claras señales que estas cosas eran divinas y que no podía ya padecerse engaño en ellas, pues se habían hecho tantas pruebas y confirmaciones, y la causa era tan grave y importante, y tan para el servicio de Nuestro Señor,  como la enmienda de los vicios, pecados y herejías que en [479] aquella ciudad entonces se sembraban por los judíos y moros, cosas tan dignas de remedio, asegurose no podía ser que el demonio, adversario de Jesucristo, pretendiese por este ni por otro medio, el remedio dellas, pues según la sentencia del Señor no querrá dividir ni destruir su Reino. Ansí determinó de dar larga noticia y relación destos sucesos al arzobispo de Toledo, que a la sazón era el cardenal don Pero González de Mendoza. Díjole todo lo que había entendido hasta aquel punto de palabra, y dejole una relación que había escrito de todo ello. El arzobispo tornó atentamente a leer todo el discurso, y respondiole con esta carta: &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
“Venerable padre: &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Esta noche pasada, a las dos después de medianoche, tomé esta lectura que me dejastes y nunca la partí de mis ojos, hasta que capítulo por capítulo la pasé y leí toda, que en ella no quedó letra que no la leyese, y lo que más me maravilla es que ansí se me pegó al corazón que no dude della cosa alguna. Como quiera que soy tardío en dar crédito a estas revelaciones, y al cabo vi el testimonio del notario y la confirmación de los testigos, varones y mujeres, a quien toda fe debe dar y a cualquiera dellos yo la daría, aunque fuese solo, cuanto más a todos juntos, a los cuales yo conozco, excepto a la hermana mayor, que por tener el cargo que tiene está aprobada de suyo. Conozco bien al notario, que es hombre de bien, y digno de fe. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Maravíllome de tantas visiones en el cuerpo y en el espíritu, y maravíllome mucho más hallarse en mujer tanta dureza, en no querer decir lo que tantas veces vio y sintió, mayormente siéndole mandado por quien todo lo manda y rige, lo cual es señal de su grandísima humildad y del menosprecio que tiene de la gloria mundana. Por lo que a mí me toca, le dad vos padre por mí las gracias, y Dios Nuestro Señor se las dé, y la pena que padece le será en ciento doblada gloria; y si hay alguna cosa que yo pueda hacer por consolación suya, ofrécesela vos de mi parte muy enteramente, y recomendadme a ella, rogándole que me tenga encomendado en su oración, rogando a Nuestro Señor me deje acabar en su servicio y hacer en esta vida su voluntad”. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Recibió la sierva de Dios este recado del arzobispo y escribiole ella una carta; y sucedió que después de habérsela escrito una hermana, y notándola ella, queriéndola enjugar, porque no tenían salvados que echarle, llegáronla demasiado a la lumbre. Quemose parte della, de suerte que era necesario tornarla a escribir; la secretaria, que se llamaba Inés de San Nicolás, se afligió, porque la carta era larga. Díjole María de Ajofrín: “No se aflija hermana, vamos, que otro día se hará”. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Echó la carta en una arquilla que tenía. Volvió la escribana otro día para trasladarla, y al tiempo que la sacaron del arca, la hallaron sana, y la envió con el mismo padre fray Juan de Corrales. Recibió esta carta el Cardenal, aunque no supo lo que con ella había pasado, y respondiole desta manera:&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
“Devota y muy amada hermana: &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Con vuestra carta y con lo que el padre prior de la Sisla me dijo, hube gran consolación Nuestro Señor Dios, que os puso en tal estado, os deje acabar en su servicio, y a mí me dé gracia que pueda hacer su voluntad, y poner en obra lo que vos me aconsejáis, y ansí os pido que lo demandéis a Nuestro Señor  y a su bienaventurada Madre, y en vuestras oracio- [480] nes, y a vos me encomiendo, y porque al padre prior de la Sisla hablé largo, no digo aquí más, sino que Nuestro Señor os conserve en su gracia”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Como esta santa se trataba tan mal y hacía tantas penitencias, allende de los dolores que en si sentía de las llagas con que probaba los que el Señor había padecido por ella, caía enferma muchas veces. Estaba una cuaresma mala en la cama y deseaba entrañablemente comulgar. No osaba pedir le trajesen el Cuerpo del Señor, por no parecer singular. Con esto estaba grandemente afligida, y rogaba a Nuestro Señor,  con muchas lágrimas, se apiadase della y le diese salud para levantarse a oír misa y comulgar. A la hora del alba vio junto a sí un niño muy hermoso. Turbose la santa y no osaba llegarse hacia él, porque era de tan gran belleza que le ponía admiración, y se le turbó el habla. De allí a un poco, algo más esforzada y vuelta en sí, le preguntó con mucho temor si era señor San Miguel, de quien la santa era muy devota. El niño, con singular donaire y gracia, meneó la cabeza, como diciendo que no, sin hablarle palabra. Tornole a preguntar si era señor San Francisco y sonriose el niño, haciendo también semblante que no era. Preguntole algunas veces, con mucha reverencia, que le dijese su nombre, entonces le respondió: “Yo soy muy poderoso y mi nombre es de grande majestad”, y diciendo esto, llegose a ella, diole paz en el rostro, y púsole la mano en la cabeza y díjole: “Sana eres de tu enfermedad, levántate y irás a misa”. En diciendo esto desapareció, quedando la santa tan llena de alegría y de consuelo en el alma, que le pareció estaba como en gloria. Levantose y hallose sana de la enfermedad que entonces padecía y de un intenso dolor de cabeza, que estas eran enfermedades suyas, porque de los dolores que sentía en pies y manos, y en los otros lugares de las llagas, antes de allí adelante sintió más intenso dolor que nunca, porque la parecía que la lanzaban clavos por ellas, y, desde aquel día, sentía los viernes mayor dolor en todas estas partes, desde la mañana hasta después de vísperas. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El año de ochenta y cinco padeció otra enfermedad grave. Diéronle primero unas recias calenturas, y después en las octavas de la fiesta de nuestro padre San Jerónimo le sobrevino un dolor de costado muy agudo, echando por la boca cantidad de sangre, y ella, sin consejo de médicas, se atrevió a tomar unas píldoras con que llegó a punto de muerte. Y pareciole que se le arrancaba el alma de todos los miembros, y solo hacía asiento en el principio vital, que es en el corazón, donde siempre perseveraba la llaga, aunque por de fuera no había quedado sino la señal. Estando ansí, apareciole una mano que conocía en visión era del arcángel San Miguel, apretándole con ella el corazón y la llaga. Con el esfuerzo que con ella sintió pudo hablar, confesarse y recebir el Santo Sacramento, porque, como no había comido en muchos días y las evacuaciones de cámaras y sangre habían sido tantas, estaba de todo punto consumida. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Rogó a la hermana mayor que la llamasen al padre prior de la Sisla para que la confesase y diese los sacramentos. Era esto sábado. Venida la noche, estaba la santa pensando cómo había de recebir a Nuestro Señor muy alegre, porque entendía que había de partir de este mundo, y encomendaba con mucho hervor al Señor los dos monasterios, el de la Sisla y el [481] de doña [[María García]]. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Estando ansí, fue arrebatada en espíritu, y vio al religioso que le había de venir a comulgar que le decía misa, y cuando llegó a las palabras de la consagración, Nuestra Señora, que estaba en el altar, le daba el Niño que tenía en los brazos, y el sacerdote le dividía en tres partes, quedando en cada una alegre, vivo y entero. Había en el altar grande resplandor y los ángeles sustentaban al sacerdote por los brazos. Vio allí a las dos santas vírgenes: Santa Catalina y Santa Bárbara, llegáronse a ella y le dijeron: “Mañana, lunes, a las nueve horas, recebirás a Nuestro Señor en este resplandor que aquí ves y serás sana”. Ansí fue como las santas se lo dijeron. Vino el prior de la Sisla a confesarla y rogole mucho que no se tornase al monasterio hasta otro día, porque, si Nuestro Señor la llevase, se hallase presente a su muerte; y si aquella noche no moría, quedaría sana del todo, y ansí sucedió. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Queriendo recebir el Santo Sacramento el lunes de mañana de mano del prior, al punto que se volvió a ella con la Hostia en la mano para comulgarla, vio en el pecho y manos del prior un resplandor muy crecido y permitió el Señor que también lo viese una niña de hasta tres años, poco menos, que apenas hablaba y estaba allí con su madre, y dijo con palabras claras que vía en las manos del sacerdote y en la enferma una gran claridad que parecía el sol.  Y no la vio ninguna otra persona de las que allí estaban. En recibiendo el santísimo cuerpo de Nuestro Señor Jesucristo, fue robada en espíritu, perdió el sentido y quedó en un éxtasi soberano por espacio de nueve horas. Procuraron despertarla las compañeras contra el mandamiento del Esposo, que veda no quiten a su querida esposa deste sueño hasta que ella quiera despertar. Y vuelta en sí, abrió los ojos y dijo aquel verso y principio del salmo: “Benedicat anima mea Dominum, &amp;amp; omnia quoe intra me sunt nomini santo eius”. Y luego se halló sana de todos los dolores y enfermedades que antes padecía. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Pesole mucho de tornar a esta vida, porque tenía ardientes deseos de salir de la cárcel deste cuerpo. Importunábanle mucho que tomase algún mantenimiento, porque estaba muy flaca y había días que no comía cosa ninguna. No quiso, diciendo que no tenía necesidad, porque habiendo comulgado no le era cosa difícil sustentarse cuarenta días con sola la suavidad que aún corporalmente sentía. La vigilia de Navidad estaba esta santa enferma en la cama, porque casi nunca traía salud. Padecía a esta sazón grandes dolores en el cuerpo, y con todo se esforzó lo más que pudo, y aparejábase para comulgar. Sobrevínola tan gran dolor de cabeza, y padecía tan fuertes latidos y golpes en el corazón le parecía querérsele despedir el alma. Reconciliose, y fue a comulgar: decía la misa el capellán mayor de la Iglesia de Toledo, y cuando se volvió con el Santo Sacramento para dárselo, ella, con el fuerte deseo, lanzó un aquejoso suspiro y levantó las formas, de suerte que sin duda cayeran en el suelo, sino que vio cómo llegaron con gran presteza tres ángeles, y las detuvieron en la patena. Desde allí se tornó a la cama con tan intensos dolores en cuerpo como llena de suavidad en el alma. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Vino la noche, y cuando [482] oyó tañer a Maitines en las iglesias, ardía de devoción y deseo de hallarse en ellos, y esforzose como mejor pudo, no sufriéndole la devoción estar en tan santa noche del nacimiento del Señor en la cama. Levantose y fuese a la iglesia: estábase allí, puesta de rodillas, derramando lágrimas de sus ojos, contemplando aquel divino nacimiento. Vio cerca de la medianoche, con ojos corporales, de[s]cender un resplandor soberano en el altar, y a Nuestro Señor,  en figura y talle de niño más resplandeciente que el Sol, cómo nacía de la Virgen Madre, y cómo se derribó luego gran multitud de ángeles a adorarle y cantarle himnos de gloria. Duró esta adoración media hora; acabada, vio entrar los pastores muy alegres. Estuviéronse allí algún espacio y fuéronse, y de allí a un poco entraron los Magos de Oriente, y venían con ellos tres soles de grandísima claridad, y llegando al altar, le pareció que todos tres se hacía uno. Los reyes y todos los que con ellos venían adoraron con profunda reverencia al niño y le ofrecieron sus dones, y por este mismo orden vio los demás misterios que en el nacimiento de Nuestro Señor pasaron, porque duró la visión desde las doce de la noche hasta las tres de la mañana. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
A las tres vino el capellán mayor de la Iglesia de Toledo, con deseo de hacer algún servicio a aquellas siervas de Dios, y decir la misa primera de aquella santa noche y comulgarlas. Trajo consigo músicos de la iglesia para que la oficiasen. Al punto que salía vestido al altar, vio luego esta sierva de Dios dos antorchas de un fuego y resplandor extraordinario encima del altar, y de cada una salían cinco rayos que venían hasta ella. Celebrose la misa con grande solemnidad, y cuando comenzó Los Santos, vio descender sobre el altar tanta multitud de ángeles que cubrían al sacerdote desde los pies a la cabeza. Subían unos y bajaban otros con grandes muestras de extremada alegría y, cuando hubo de alzar, los mismos ángeles le levantaban los brazos; cuando llegó al Pater Noster, ya la sierva de Dios no se pudo sostener sobre las rodillas, y con el ansia y vehemencia del espíritu, cayó postrada en el suelo, aunque tenía el alma llena de un gozo divino. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Estuvo desta manera postrada hasta las doce del día, sin moverse de aquel lugar; dadas las doce estaba muy fatigada, porque había estado allí desde la diez de la noche. Levantáronla algunas de aquellas hermanas, y lleváronla a la cama, y a la tarde, por satisfacer a los ruegos dellas, comió un poco de carne de membrillo, y sin tomar otra cosa alguna pasó lunes y martes, y el miércoles comió solamente un huevo, donde se vía harto claro que el manjar divino la sustentaba contra toda la condición de la carne. De todo esto no descubrió cosa alguna a persona viviente jamás sino solo a su confesor, que era el prior de la Sisla, que le tenía mandado, por obediencia, no le encubriese cosa alguna de cuanto el Señor le mostrase. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''CAPITULO XLVII'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Prosiguen se las revelaciones y visiones grandes que mostró el Señor a su sierva María de Ajofrín, y las cosas señaladas que por ella hizo'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[483] Ya que me determiné a escribir la vida desta santa, acuerdo de decir las más notables cosas que Nuestro Señor le mostró, y las obras milagrosas que por ella hizo, aunque atrancaré algunas por no parecer menudo. El año de mil cuatrocientos y ochenta y seis, creció por el mes de diciembre con las continuas aguas el río Tajo en tanta pujanza que, en muchos días, no pudieron moler los molinos. Padecíase grande hambre por la falta de las moliendas Sintió la santa mucho la aflicción del pueblo. Estuvo una noche con gran desasosiego, que no podía dormir con la pena que esta falta de pan para los pobres le daba. Levantose de la cama, sin que alguna de las hermanas la sintiese; subiose a un terrado de donde se descubría el río, alzó sus ojos al cielo y echole su bendición, y tornose a un aposentillo secreto y apartado, donde estaban unas imágenes viejas, y púsose a orar extendiendo los brazos en forma de cruz, tendida en el suelo, pegando el rostro con la tierra. Era cerca de la medianoche, y oró al Señor y a su Santa Madre tuviesen por bien apiadarse de los pecadores y amansar el rigor de su ira. Sintió luego que estaba levantada en el aire, y de allí a un poco, vino una claridad que alumbró el aposentillo, y vio las imágines que allí estaban pintadas, tuvo miedo y comenzó a llamar al Señor en su ayuda. De allí un poco, vio otra más excelente claridad, y vio luego a la Virgen santísima, Nuestra Señora, con el semblante triste y el cabello revuelto y los ojos llorosos, y díjole a la sierva de Dios: “Sepas, hija, que todas las aguas que han caído por el discurso de tantos días habían de haber caído en tres, y la mayor parte dellas sobre esta ciudad, donde pereciera mucha gente por los grandes pecados que en ella hay, con que es mi hijo gravemente ofendido; y por las oraciones que has hecho por este pueblo al Señor y a mí, yo le presenté tus ruegos; por ellos se ha movido su clemencia y amansado su saña, y yo, por la piedad que tengo al pueblo cristiano, vengo a ti cual me ves”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Dicho esto, desapareció la visión, y la santa quedó como atónita, caída de rostro en el suelo, donde estuvo como amortecida y sin sentido algún rato. Levantose luego llena su alma de gran admiración y consuelo, alegre y confortada en el espíritu. No descubrió esto jamás a ninguna de sus hermanas. Comenzó luego a serenarse el suelo y a enjugar el aire. Cesaron los nublados y el río se tornó a sus canales, y hubo luego pan por las oraciones de la santa, aunque no sabía aquel pueblo de dónde le venía tanto bien, que ansí acontece muchas veces, y nosotros, como gente de poca fe, lo echamos a las conjunciones de la luna y a otros astros, habiéndonos dicho Dios que no temamos de las señales y estrellas del cielo, sino a los pecados que son la causa de los castigos que de allá nos vienen, y de aquí se había de tomar la razón de los reportorios y pronósticos que tan vanamente se han multiplicado estos años en España, quiera Dios no sepa a paganismo. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Uno de los que tenían mucha noticia de la santidad de María de Ajofrín era el deán de Toledo, que después fue obispo de Badajoz, y uno de los testigos de la llaga de su costado. Habló muchas veces con esta santa doncella, y entre otras le rogó una vez suplicase a Nuestro Señor pacifi- [484] case la discordia que había entre ciertos personajes de la Corte, porque de sus discordias se seguían grandes daños en el Reino y podían cada día ser mayores. Obedeció la santa a sus ruegos y púsose en oración una mañana en el terrado de aquella casa, antes que saliese el sol (era en las octavas de la Resurrección el año de ochenta y seis); estando allí, vía hacia aquella parte donde rehía el alba un resplandor extraordinario; cuando comenzó a despuntar el sol le estuvo mirando tan sin embargo de la fuerza de sus rayos, como si fuera otra estrella. Dentro del cuerpo solar, le pareció vía un agujero por donde se parecía lo de más adentro del Cielo, y de allí salieron grandes rayos de claridad a diversas partes, y dentro, una cruz de oro muy resplandeciente, que se la estuvo mirando hasta que tañeron a prima. Vido también en el aire, no muy apartado della, uno que le parecía del color de la luna, que peleaba contra otro. Pasado algún espacio, volviéronse los dos las espaldas y cesó la pelea. Subió a esta sazón una de las hermanas, y ella se levantó de donde estaba, y así no vio el fin desta visión, mas viose el efecto, porque aquellos personajes discordes desistieron de su enemistad y contienda, y vinieron a ser amigos. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Otra vez, estando rezando en un libro a una ventana que salía al aire claro, a hora de tercia, vio muy cerca de sí un rostro como de luna espantable y temeroso, y dentro de su cerco, dos que peleaban fuertemente, el uno contra el otro, y cayó mucha gente de sus escuadrones muerta. No pudo entender lo que aquello significaba, hasta que después vino la triste nueva de la prisión del Conde de Cifuentes, cuando le cautivaron los moros en las entradas del Reino de Granada, como se ve en la Historia de los Reyes Católicos. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Estaba una vez una de las hermanas de la misma casa poniendo a enjugar una saya en una pared donde alcanzaba el sol, subió en una escalera para clavar un clavo que llevaba para colgarla; llevaba un ladrillo para esto, cayósele de la mano y dio de canto en otra religiosa que tenía la escalera, y hízole una mala herida en la cabeza, de donde le corrió mucha sangre. Hallose cerca esta sierva de Dios y, condolida della, acudió luego, y con piedad y devoción púsole la mano en la herida, diciendo tres veces “Jesús”: hinchole la mano y los dedos de sangre, y apretándole un poco, bendíjola, y luego cesó la sangre, y sanó la llaga en breve espacio, sin ningún otro remedio ni medicina.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En el mismo pueblo de Ajofrín, corría un caballo, el hermano desta santa trabucó en la carrera, y dieron él y el caballero una peligrosa caída: con la fuerza del golpe se hizo la silla pedazos y el mozo quedó atormentado, de donde le sucedió un grande corrimiento y pasión de ojos. La madre d'él y desta santa estaba muy triste, porque había pocos días que había enterrado otro hijo; cuando le dieron la triste nueva de lo que a estotro le había acaecido, fue tan grande el dolor y la turbación que se le torció la boca y los ojos: era grande lástima verla. Dieron noticia a la santa de lo que había sucedido a su madre, y lastimase mucho de la desgracia. Fuese luego a un altar de Nuestra Señora, que su misma madre había mandado hacer, y rogó allí a la santisíma Reina fuese servida de darle salud. Tuvo respuesta dentro de su corazón de que su pe- [485] tición era oída, y díjoles a los que le trajeron la nueva dijesen a su madre que tuviese esperanza en Nuestro Señor, y le hiciese gracias por todo, que el domingo siguiente sería sana por merced de Dios. Ansí fue que, sin otra medicina, el domingo mismo quedó tan sana como antes estaba. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El mismo año de mil y cuatrocientos y ochenta y seis,  murió el cura o capellán de aquella casa, que se llamaba Juan de Viedma que, como dijimos, había confesado muchas veces a esta santa. El día de San Francisco sintió que estaba junto della un bulto que le ponía gran temor; quiso levantarse de donde estaba acostada y la sombra le habló y dijo: “Esforzad y no hayáis temor, ni os vais de aquí; y por la caridad del Señor os plega de oírme, porque seis noches ha que ando aquí penando, y por sentiros con tan grande desfallecimiento y no daros pena no me he osado descubrir. Pídoos perdón de muchos enojos que os di, y de aquella carta que os escribí, que fue causa de daros mucha pena y turbación en pago de las santas amonestaciones que me hicisteis, y de los buenos consejos que no supe recebir para el gobierno desta casa, y yo los despreciaba con altivez y atrevimiento, sin mirar que, como sierva de Dios, me decíades de parte d'Él lo que tanto me importaba; y también os pedí algunas veces, con gran soberbia, que mandásedes señales a Dios, y puso el Señor en mis manos lo que no eran dignos de ver mis ojos. Por esto, os digo que os esforcéis mucho y no dejéis de manifestar al Cardenal lo que os fue mandado que le dijeses, ni temáis trabajos temporales, ni el ser conocida, porque si no lo hiciéredes, seréis azotada del Señor rigurosamente, y porque no penséis que soy alguna ilusión o fantasma engañoso, sabed que yo soy el cura y capellán desta casa, que sabéis cuán poco ha que pasé desta vida, y os ruego digáis al padre prior de la Sisla, y a la hermana mayor que, por amor del Señor, me perdonen en cualquier suerte que los haya ofendido, y también tengan por bien perdonarme seis mil maravedís, que soy en cargo a esta casa, y un libro que vendí, y que me hagan decir cincuenta misas de limosna, y vos, rogad por mí, porque el Señor me saque desta pena. Dicho esto desapareció, y la santa quedó suspensa, y casi sin habla. Estuvo ansí cuatro horas poco menos, y después puso diligencia en que se cumpliese todo lo que le pidió, rogando a Nuestro Señor por su alma con ferviente corazón.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El día que murió el capellán mayor de la Iglesia de Toledo, don Diego de Villamiñaya, de quien he hecho memoria por veces, estaba toda la ciudad de Toledo muy triste por la falta que les hacía un hombre tan pío y limosnero, padre de todos. Gastaba cuanto tenía con pobres y huérfanas, y favorecía todas las casas de piedad y religión; y a la Casa de doña [[María García]] le cabía desta pérdida mucha parte por las continuas buenas obras espirituales y corporales que d'él recebían, porque era como un patrón y protector de toda aquella santa congregación. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Murió entre las diez y las once del día, al punto que estas siervas de Dios y la santa, María de Ajofrín, estaban en la misa. Cuando comenzaron a hacer clamor en la iglesia mayor, fue arrobada en espíritu la santa, y vio cómo San Juan Bautista y el sagrado dotor, nuestro padre [486] San Jerónimo, y Santa Catalina, llevaron el ánima del capellán mayor a juicio delante de la Divina Majestad, donde tenía su trono en un hermoso campo, lleno de frescura y gloria, donde había infinitas almas, dando loores al mismo Señor. Allí vio cómo fue acusado delante del juez de un cargo que tenía a un difunto que le había dejado por su testamentario, y no había cumplido su testamento. Respondió al cargo que él dejaba ordenado en su testamento que aquella obligación se cumpliese, y luego el juez soberano dio por sentencia que su ánima fuese detenida en aquel mismo lugar, y no entrase en la Gloria hasta que fuese cumplida y satisfecha la manda. Como la santa oyese esto, quedó como fuera de sí, llena de dolor mezclado con alegría porque, aunque estaba detenida aquel alma de no ver a Dios, estaba al fin con tanta seguridad de su bienaventuranza. No osó descubrir a ninguno esto, sino solo al prior, que le tenía mandado no le encubriese nada. Informose él mismo si quedaba esta manda en el testamento, halló ser ansí, y puso gran diligencia en que se cumpliese con presteza, cosa de que esta santa ninguna noticia tenía, sino que el Señor fue servido manifestárselo para el bien de aquel alma.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Cayó mala la hermana mayor del convento el día de San Lorenzo ''[6]'' de un dolor de costado que la puso en lo último, tanto, que los médicos la desampararon: levantósele el pecho y daban ya todos por concluida su vida. Sentía mucho nuestra santa la pérdida de su superiora, que era mujer santa y de prudencia y gobierno. Cuando la vio ansí, fuese a la iglesia a las ocho o a las nueve de la noche, y púsose a orar delante el altar de Nuestra Señora; y estuvo allí hasta las doce, rogando con muchas lágrimas a la santísima Reina fuese servida darle salud, porque no quedase ella desamparada de tan buena madre. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Estando ansí, en su importuna petición y lágrimas, vio que el rostro de la imagen se cubría de sudor; pensó que se le antojaba y que las lágrimas que ella tenía en los ojos le parecía que estaban en el rostro de la Virgen; para ver si era ansí, atreviose a llegar con su toca y limpiarle el sudor, y por tres veces hizo esto, de tal suerte que quedando la toca humedecida se lavó los ojos y la cara con ella; del placer que tomó, tornó con más confianza y alegría a rogar por la salud de la hermana mayor. Oyó luego una voz que le dijo: “Otorgada le es la vida, por tu consuelo y remedio”. En oyendo esto, quedó robada en espíritu y vio, estando ansí, al glorioso mártir San Lorenzo, en semblante de mancebo hermosísimo, vestido como diácono, con grande claridad y resplandor: llevaba en la mano una bujeta de oro, y llegose a la cama donde estaba la enferma y púsosela en la cabeza y en el costado, santiguola con su mano y luego se fue.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Cuando volvió en sí la sierva de Dios de aquel trasportamiento, fuese muy alegre a ver la enferma y halló que dormía reposadamente; cuando despertó se sentía tan aliviada de su aprieto, que le pareció no tenía mal ninguno, y ansí fue porque luego estuvo buena. Y claro está que dirían los médicos que la enfermedad se había terminado bien y que, por la ayuda de los medicamentos que la habían aplicado, la naturaleza había vencido al mal, y no les iría a la mano la que con sus lágrimas le había alcanzado la salud, porque, como virgen prudente, callaba, que es de locas ir a buscar el olio de los loores vanos del mundo.  Solo lo reveló a su [487] confesor, por la obediencia que le tenía puesta, de que hago muchas veces memoria, porque, si no fuera por ella, todo esto quedara sin saberse.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Estaba un hermano desta santa preso, harto apretadamente, con muchas prisiones.  Rogaba a Dios por él y encomendó otras hermanas que le ayudasen también con sus oraciones, pidiendo a la Virgen santísima, delante de su imagen, que le librase de aquel aprieto. Apareció al preso la imagen misma de la Reina soberana, y quitole las cadenas y grillos de los pies, y díjole que, por las continuas oraciones de su hermana y de otras siervas de Dios de aquel monasterio, sería libre de aquella cárcel. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Adurmiose el preso y, cuando despertó, hallose fuera de la cárcel y sin prisiones, y sanó de la hinchazón que tenía en un pie, por hierros apretados que había tenido. Vino al monasterio donde estaba su hermana, y contó el milagro, y en viendo la imagen la conoció, y dijo que aquella era la imagen que le había libertado; según el tiempo que señaló, se verificó que era al mismo punto que su hermana y las otras religiosas estaban orando por él delante de aquella imagen. Viendo tan extraña maravilla, se ofreció con promesa de traer cera para que ardiese todos los sábados delante della, en tanto que viviese. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
De allí a ocho o nueve años, viniendo un sábado a cumplir su voto, trayendo la cera a la imagen, súbitamente en el camino cayó muerto. Cuando su hermana lo supo, recibió notable tristeza y pena, por ser la muerte subitánea y sin recebir los Santos Sacramentos. Rogaba por él con muchas lágrimas a Nuestro Señor, y hízole decir las misas que pudo. Suplicábale a la santísima Virgen delante de aquella, su imagen, que pues vivo le había librado de aquella prisión y cárcel del cuerpo, muerto le librase de la cárcel eterna, y le mostrase si estaba en lugar de salud. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Estando una vez entre otras haciendo oración delante la misma imagen, el día octavo después que murió, a las dos horas de la noche, vio el rostro de la imagen más alegre que otras veces, y que le parecía como vivo, y como con semblante de quererle hablar. La santa, con el alegría que recibió desto, comenzó a derramar muchas lágrimas y comenzose a trasportar. Estaban allí con ella dos hermanas, y como sintieron esto lleváronla a la cama. Estándose allí con ella, con dos candelas encendidas, vuelta en sí, razonando con las compañeras, sintió a sus espaldas como un huelgo de persona, aunque muy fría. Como hablaba con las hermanas, no curó de volver a mirar qué era. Diole luego un espeluzamiento grande, y volviendo la cabeza, vio como un pedazo de nube obscura, y dentro, el rostro de su hermano con semblante alegre. Hablole y díjole cómo a la hora de su muerte se vio en grande aprieto, mas que Nuestra Señora vino y le ayudó a salir d’él. Declarole ciertas obligaciones que tenía, rogándole pusiese cuidado para que saliese dellas, y que estaba en penas de purgatorio detenido; diciendo esto, desapareció. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''CAPÍTULO XLVIII'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Otras muchas visiones y revelaciones de esta sierva de Dios, en que se mostró claro tener espíritu profético'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Fueron sinnúmero las visiones y revelaciones que esta sierva de Dios tuvo, y sin duda que se echa de ver [488] era de gran pureza y virtud, porque ninguna cosa destas la altivecía, ni se estimaba por eso en más, antes andaba siempre puesta en un continuo menosprecio de sí misma. Afirmaba la hermana mayor, que se llamaba Catalina de San Lorenzo, mujer de gran valor y prudencia, que ninguna religiosa igualaba a esta santa en cosas de humildad, y cuanto más el Señor la levantaba con sus favores y visiones maravillosas, tanto más se derribaba ella a los pies de todas. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Excelente prueba de todo esto tenía seguros y buenos fundamentos; decía también esta superiora que le pedía muchas veces esta santa que la reprendiese en capítulo los viernes y la mandase postrar a la puerta d’él, por que todas las hermanas la pisasen cuando entraban o salían. Era, junto con esto, pacientísima en las enfermedades continuas que padecía, caritativa y amorosa con las otras. Y lo que es más fina prueba de su santidad es tener por tan suyos los males ajenos, condolerse tanto de los otros, y sentir tan en el alma los daños comunes porque los altivos, soberbios y hipócritas todo lo hacen, y todo lo convierten en su gloria vana y en sus particulares intereses, que quien les mirare un poco a las manos presto les conocerá en palabras y en obras que se buscan a sí mismos, frutos por donde nos enseñó el Señor a conocer tan malas plantas, pues de las espinas y cambrones no se cogen uvas ni higos. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Hase visto también en este discurso, con mil ejemplos, que tuvo esta sierva de Dios espíritu de profecía y, para confirmación desto, pondré aquí algunos de los muchos que se escriben en la relación del padre fray Juan de Corrales, prior que también afirma que no los escribe todos. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Comenzose en aquel tiempo la Inquisición en la ciudad de Toledo, y descubrió esta sierva de Dios al mismo prior, que era uno de los que estaban señalados para el examen de los procesos de los herejes y judíos, grandes y extraños insultos que cometían, y otros particulares avisos y secretos que no era posible saberse sino por revelación divina. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El año de mil y cuatrocientos y ochenta y ocho, después de Pascua de Resurrección, estando un día orando en la capilla de su monasterio y pensando cómo se había hecho aquella tan admirable unión de la divinidad y humanidad en una persona del verbo eterno, vio bajar una luz muy clara y encendió el cirio pascual. Daba una luz tan excelente que recibía su alma notable consuelo, que fue mostrarle con aquel símbolo alguna cosa de lo que en su pecho trataba, como otro tiempo a Moisén el fuego que vio arder en la zarza. Estando aquel mismo año el Santo Sacramento en el altar en las octavas de la fiesta del Corpus, como se acostumbra en muchas casas de la Orden, estando las hermanas comiendo, quedose ella allí orando; buscábanla para que comiese, y retirose en un aposentillo que servía de vestirse allí los sacerdotes para decir misa, y orando con intensísimo afecto, sintiose levantada del suelo como una vara, y pareciole que salían de la custodia unos hilos de oro y llegaban hasta ella, y se remataban en sus manos, pies y costado, y desde aquel punto fue tan grande el deseo que tuvo de recibir a Nuestro Señor que le parecía se reventaba del pecho el corazón, y envió a rogar al prior, que estaba en la Inquisición, ocupado en las causas de aquel tribunal, que en todo caso viniese a confesarla y comulgarla, porque no tenía otro remedio el mal de su corazón, de que si se tardaba moriría. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El [489] prior se desembarazó lo más presto que pudo, fue allá y, en comenzando a confesarse, fue arrobada en espíritu. Mandole por obediencia que despertase y volviese en sí, y al punto tornó. Preguntole si tenía abierta la llaga del costado, como otras veces, y después de muchas importunaciones le confesó que sí, rogándole que no descubriese esto en tanto que viviese, y la maldición de Dios le viniese si no lo guardase. Acabose al fin de confesar y comulgó a las nueve de la mañana, y luego fue arrebatada en espíritu, y estuvo ansí hasta las seis de la tarde, y estuviera más si no le mandaran, por obediencia, recordar. Cuando volvió en sí, mostró el rostro alegre, como si viniera de algunos particulares gustos y recreos. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El prior tuvo gana de entender lo que había visto en aquel rapto; preguntóselo, y sintió grande pena en que la apretase para que se lo descubriese. Dijo al fin, compelida por obediencia, que la habían llevado a un campo fertilísimo, donde estaba un altar, y allí vio a Nuestro Señor cercado de muchedumbre de santos ángeles, y que allí vio la multitud de maldades y pecados que se cometían contra la bondad divina, y muy particularmente los que se hacían en la ciudad de Toledo. Y díjole también al mismo prior que tuviese buen ánimo y no desmayase en el servicio de Dios, porque había de padecer muchos trabajos y dolencias. De allí a pocos días que fue, en la Vigilia de los apóstoles San Pedro y San Pablo, se sintió malo y, en acabando de decir misa a aquellas hermanas, se fue a comer. Luego le dio dolor de costado y por no entristecerlas no quiso quejarse, ni decirles nada. Acabó de comer, y fuese luego a echar en la cama. Estando allí, se acordó de lo que la santa le había dicho, que había de padecer trabajos y dolencias, que tuviese buen ánimo, y corrido de haberse rendido tan presto, dijo entre sí mismo: “Los valientes soldados no han de morir en la cama”; diciendo esto, levantose y fuese a donde estaba la sierva de Dios. Comenzole ella a consolar y, sin que él lo viese, disimuladamente, le hizo una cruz con su dedo en las espaldas sobre el mismo manto que tenía cubierto, aunque sintió que le había tocado. Hízole luego otra vez la señal de la cruz en la misma parte; aquí ya sintió lo que había hecho, y como el prior era hombre entero y lleno de severidad, tuvo aquello por liviandad y alguna manera de atrevimiento, particularmente porque jamás le había visto hacer cosa semejante, porque certifica que nunca la había visto el rostro, por andar siempre muy cubierta con un mantillo. Llegó la tercera vez la santa, y hízole otra cruz y díjole: “Andad padre, que ya sois sano, aunque no por la virtud de vuestra fe, pues no solo no creísteis que os había de sanar, antes os reísteis y burlasteis de mí en vuestro corazón, y aunque es bueno y seguro y de hombres enteros no creer fácilmente, no es cordura burlar de la fe ajena”. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Sintiose luego aliviado del dolor, aunque para memoria le quedó por muchos días el amortiguamiento de la carne en el mismo lado. Díjole también a vueltas de aquellos días, estando allí con ella, que fuese presto a su convento, y remediase cierto daño que querían hacer unos mozos. Fue el prior, y con el aviso de la santa procuró hacer Inquisición de lo que había, con el mayor secreto y recato que pudo, y halló ser así, que querían cometer una travesura muy escandalosa. Despidiolos del convento, y ansí quedó remediado sin llegar al efecto. Tanta noticia le daba Dios de las almas ajenas. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[490] Luego, el mes de julio siguiente, le dijo al mismo prior otras muchas cosas de gran secreto. Entre otras, que Nuestro Señor Jesucristo se le mostró de la manera que le pusieron cuando le ataron y azotaron en la columna, en casa de Pilatos, y le dijo: “Mira, hija, cuál me ponen cada día los herejes, díselo al deán de la iglesia de Toledo y al prior de la Sisla, que entienden en los negocios de la Inquisición, porque pongan remedio en ello”. Ansí lo hizo, porque estas mismas palabras les dijo a entrambos juntos. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Mandáronle al Padre fray Juan de Corrales, prior de la Sisla, que fuese a hacer ciertos negocios de la Inquisición a tierra de Burgos. Era invierno y pasó en los puertos y en los caminos muchas aguas y nieves, viéndose algunas veces en peligro. Escribiole la santa una carta, consolándole y contándole por tan menudo los pasos malos, los peligros y los días más trabajosos, condoliéndose d'él con tanta puntualidad como si se hallara allí presente. &lt;br /&gt;
Un religioso de nuestra Orden, varón espiritual, tuvo gran deseo de hablar con esta santa por las muchas cosas que de su virtud y santidad había entendido; pidió licencia y, al fin, a cabo de algunos días, se la dieron. Vino a hablarla y a las primeras palabras le dijo la santa: “Bien sé, padre, que ha muchos días que trabajáis por hablar conmigo y la causa también de donde os nace, y sé también que tal día (señalándolo), escribisteis cierta escritura y no la acabastes, aunque os distes mucha prisa y la venistes a acabar a la noche”. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Maravillose el religioso de oír cosas tan secretas suyas, que entendía no las podía saber sino Dios y él. Preguntole cómo las sabía. Respondiole que todo lo había visto en espíritu. Estuvieron después platicando en cosas espirituales. Acabada la plática, cuando ya se quería partir, le dijo: “Padre, decid a tal religioso de vuestra casa (nombrándoselo por su nombre) que mire cómo anda, porque está muy atribulado y afligido en su espíritu, y si ha hecho cosa que no deba, pida perdón della, porque si esto no hace, jamás podrá salir deste trabajo en que está”. Sabía bien este religioso a quién ella decía esto, el trabajo y la aflicción en que el otro estaba, y aun a otros era harto manifiesta, y maravillose mucho cómo podía tener ella noticia de esto, y vio que, si no era por espíritu profético, no podía alcanzarlo. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Estaba a esta sazón el general de la Orden haciendo Inquisición contra unos religiosos del linaje de los judíos que habían recebido allí el hábito, hombres perversos y que pretendían más dañar y engañar a otros que hacer ellos la vida que profesaban de fuera, siendo perniciosísimos judaizantes enemigos de Jesucristo y que burlaban desvergonzadamente de los sacramentos, en especial de la Eucaristía y la Penitencia. Y entre otros testigos que fueron preguntados en la causa, fue esta sierva de Dios uno, y leí yo en el proceso un dicho suyo en que descubrió cómo, estándose confesando una vez con uno destos, no permitió el Señor que fuese engañada y le descubrió la burla y el escarnio que aquel fraile judío estaba haciendo de su confesión, poniéndose a oírla de confesión en una postura tan deshonesta que sola ella bastara para quemarle mil veces.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Estaba esta sierva de Dios otra vez comunicando con otro religioso de esta Orden, de gran ejemplo (aunque estas hablas eran muy raras y las más breves que ella podía, y solo con personas graves), y vino a decirle cómo conocía él un religioso de santísima vida, a quien Nuestro Señor hacía muchas mercedes, por la gran pu- [491] -reza de su alma. Preguntole ella quién era y cómo se llamaba, el religioso no se lo quiso decir porque el otro le había rogado que, en tanto que él viviese, ni descubriese cosa suya a hijo de hombre. Entonces ella le dijo: “Pues, padre, bien se yo cómo se llama y quién es: lllamase ansí (y nombrole), tiene mucha parte con el Señor, por ser verdadero religioso, y tiene un alma muy puesta en lo que toca al servicio de Dios y de los hermanos”. Maravillose de oírle esto, preguntole cómo lo sabía, y díjole que Nuestro Señor se lo había revelado allí, porque él no se lo quiso decir. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Estando otra vez elevada en espíritu, vio cómo sacaban el Santo Sacramento de la iglesia mayor, con grande acompañamiento, para comulgar a un enfermo, y llegose a ella un mancebo vestido de ropas blancas y en un caballo blanco, y díjole con palabras airadas: “Corre, ve y di a los clérigos que se tornen con el Sacramento a la iglesia, porque aquel enfermo a quien se le llevan es hereje”. Fue ella y díjolo a uno de aquellos que ella conocía, y respondiole él: “Calla, no oses decir tal cosa que nos matarán a todos”. El del caballo blanco se llegó y le dijo: “No tengas miedo y di en todo caso se torne el Santo Sacramento a la iglesia, porque aquel hombre es un pernicioso hereje”; y vuelto a la santa le dijo: “En señal que lo que te digo es verdad, verás hoy en la misa destilar sangre de la Hostia”; y los que llevaban el Santo Sacramento se tornaron a la iglesia, y ella vio después, estando oyendo misa, la Hostia llena de sangre cuando la levantaba el sacerdote, para que la adorase el pueblo; esto pasó todo en espíritu.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Estaba esta santa una vez rezando en el oratorio y tenía allí dos librillos por donde leía algunas devociones, y rogole a una hermana que le trajese la imagen de un niño Jesús que estaba en el altar de Nuestra Señora. Tenía el niño una ropita larga que le habían hecho las religiosas. Trajósele y tomole ella con grandísima devoción; púsole encima del libro, y allí le estaba adorando con grandísima ternura, derramando gran copia de lágrimas a sus pies. Fue la santa a cabo de un grande rato a alcanzar la ropilla para besarle los pies y el Niño alzó el pie como si fuera vivo, para que pudiese besárselo; besósele ella con grandísima ternura y quedose el pie ansí alto, que jamás se tornó a bajar, cosa que la vieron todas las religiosas con grande admiración, aunque como prudentes jamás quisieron mostrarlo a nadie, porque no las juzgasen por vanas y fáciles en estas cosas. Tenía esta sierva de Dios una postema en uno de los ojos, que le daba notable pena. Puso el pie que levantó el Niño encima d’él y, al punto, se abrió y fue sana a vista de todo aquel convento de religiosas. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El mes de julio de mil y cuatrocientos y ochenta y nueve entró la peste en la ciudad de Toledo. Fue herida una de las hermanas de aquel convento, que se llamaba Sancha Díez, sobrina del vicario de la Sisla de Toledo. Queríanla mucho las otras, y rogáronle a esta sierva de Dios que hiciese oración por ella a Nuestro Señor. Estaba a la sazón rezando en un libro, púsose luego en oración por ella, ansí como estaba sentada, y vio súbitamente una calavera de difunto encima del libro. Volviose a las hermanas y díjoles: “No os fatiguéis por su salud, el Señor quiere llevársela, veis aquí su calavera”. Y ansí fue, que de allí a muy poco murió.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Un canónigo de la Santa Iglesia, hombre espiritual y devoto, enfer- [492] mó gravemente; súpolo la santa y, entendiendo que era persona espiritual, hizo oración por él a Nuestro Señor,  y enviole de secreto una granada con una mujer de la misma casa. Recibiola el canónigo con devoción, sabiendo quién se la enviaba comió della y, al punto, estuvo sano y bueno. Levantose y fue a hacer muchas gracias a Nuestro Señor,  porque había oído las oraciones de su sierva y dándole salud.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Estaba otra vez esta santa, en la fiesta de Nuestra Señora de septiembre, enferma y padeciendo con larga paciencia sus continuas dolencias; tenía entonces una esquinencia o angina peligrosa en la garganta y, como vio que las otras hermanas iban al oficio divino, y se levantaban a Maitines y habían de comulgar a la misa, afligiose, viéndose privada de tantos bienes espirituales y que no podía acompañarlas en tan santas estaciones. Estando ansí con estas ansias en la cama, un poco antes que tañesen a Maitines sintió gran dolor y ansia en su corazón. Tañeron luego y ella, no pudiendo sufrirse, comenzó a hablar con la Santísima Virgen Madre, y díjole: “Virgen gloriosa, madre de mi Señor, amparo de los que te llaman y en ti esperan, no soy digna de estar en la compañía de mis hermanas, ni gozar de los Maitines, ni de comulgar con ellas, mas tú por tu misericordia usa conmigo de tus continuas misericordias”. En diciendo esto vino una claridad del Cielo sobre ella y, al punto, se sintió sana. Levantose y fuese a Maitines con las otras siervas de Dios, y comulgó otro día con ellas, con grande admiración de todas, sabiendo la hinchazón grande que tenía en la garganta.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
No acabaría si menudease en la infinidad de visiones y revelaciones que esta sierva de Dios tuvo, pues apenas comulgó vez que no fuese elevada sobre sí y le demostraba Dios grandes secretos. Bien veo que es una extraña manera de proceder y fuera del curso ordinario que ni lo alcanzan nuestras reglas ni discreciones; y que nunca se allanó tanto Dios con sus mayores profetas según lo que hallamos escrito en el texto sagrado, mas yo refiero, como dije al principio, lo que otros han dicho, y aun no tanto, porque son infinitas las cosas deste jaez. Estas que he referido fueron las más públicas y que palpablemente vieron muchos. Aunque algunas se refieren aquí, y otras he callado que, o no las entendieron bien o no las escribieron como ella las reveló, y ansí parece que tienen algunos inconvenientes, especialmente en las visiones imaginarias, que las relaciones no se aciertan a hacer como ello se demostró en lo secreto del alma, y muchas cosas no se sabe cómo fueron, y ansí padecen muchas dudas y dificultades que se salen mal dellas, y la mejor solución es decir que no se entendían bien o se refirieron mal. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''CAPÍTULO XLIX'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''La muerte de la santa María de Ajofrín. Y algunos de los muchos milagros que Nuestro Señor obró por ella después de su muerte'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Llegó el tiempo deseado para esta santa en que Nuestro Señor quiso sacarla deste mundo y llevarla al descanso de su gloria porque, aunque recebía por una parte singulares y altos consuelos de [493] ''[7]'' la mano del Señor, por otra la afligía y labraba con muchas angustias y enfermedades, principalmente con el ansia de verle y gozarle sin enigmas y sin velo, que es la cosa que más aflige el alma de los que, en esta vida, han comenzado a gustar la suavidad de aquel siglo bienaventurado, como lo deseaba el Apóstol, porque el peso y la carga deste cuerpo es gran estorbo para aquellos puros y divinos sentimientos y alborozos del alma. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Cayó, pues, enferma el mes de julio, el año de mil y cuatrocientos y ochenta y nueve, cuando andaba en lo más vivo la peste en la ciudad de Toledo, aunque no le tocó a la santa, sino de otra enfermedad ordinaria se la llevó Dios, el sábado diecisiete del mismo mes, a las tres de la mañana, habiendo estado con la misma quietud que si estuviera durmiendo. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Enterráronla aquel mismo día, a hora de Vísperas, en el capítulo del Monasterio de la Sisla, porque, como dije en otra parte, se enterraron mucho tiempo las religiosas de San Pablo en el Monasterio de la Sisla. Al tiempo que falleció, se sintió en todo el convento un olor de gloria, y todas las hermanas afirmaron que era cosa tan extraordinaria que parecía estaban gozando las flores del Paraíso. Comenzó luego Nuestro Señor a sellar con infinidad de maravillas la santidad de su sierva, para que con ellas se entendiese que los avisos que, por medio della, había dado al pueblo y principalmente a los sacerdotes descuidados, eran verdaderos, de autoridad y importancia, y que para siempre se estimasen en mucho y tuviesen reverencia y devoción a la santa.&lt;br /&gt;
 &lt;br /&gt;
De muchos diré algunos en este capítulo, si pudiese con ellos despertar la tibieza desta religión a que tuviese en más sus cosas y procurase levantar la memoria desta santa y la de otros muchos que se han criado en el encerramiento de sus claustros, que con tanta razón pudieran ponerse en los calendarios de toda la iglesia. &lt;br /&gt;
Luego como pasó desta vida a la eterna esta santa, adolecía un canónigo de Toledo con unas fiebres continuas, que poco a poco le iban consumiendo; los médicos hacían sus diligencias (que muchas veces valdría más que no las hiciesen): sangráronle y diéronle una y otra purga. Vino al fin a términos que le querían dar la Extremaunción, porque no se terminaba la dolencia, ni daba señal alguna de salud. Él, viéndose en este extremo y deseando guardarse para otra vez, deseando más tiempo para hacer penitencia, envió por todos los monasterios que le dijesen misas y le encomendasen a Dios. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Tenía noticia de la santidad y vida de María de Ajofrín, cómo Nuestro Señor había hecho por ella, aún viviendo, muchos milagros. Envió a la Sisla de Toledo a los religiosos que le encomendasen muy de veras a aquella sierva de Dios que tenían en su compañía. Hiciéronlo y aquella noche le apareció la santa, prometiéndole sanidad y amonestándole que de allí adelante pusiese mucho cuidado en mejorar la vida. Cuando despertó, pareciole que se sentía muy aliviado, entendió que aquello no había sido sueño, sino veras. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Entraron a la mañana los médicos y los de su casa para darle cierta bebida con que descargase algo la malicia de la fiebre. No quiso tomarla, diciendo que él se sentía sin necesidad y que le diesen de comer, porque no era día de los que los médicos llaman críticos para tan notable mudanza. Comió con buen semblante y gana: levantose luego y envió a la Sisla, en reconocimiento de la me- [494] dicina que de allí le había venido, un cirio grande y una cabeza de cera, para que la colgasen delante la sepultura de la santa, y luego, de allí a poco, vino él y dijo misa en hacimiento de gracias. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El mismo año le dio una grave enfermedad de fiebres continuas a don Alonso, hijo de la Condesa de Paredes, que también era canónigo de Toledo, y tan recio dolor de cabeza que se le saltaban los ojos. Apretábale de tal suerte el mal que se tuvo por cierta su muerte. Andaba la fama de los milagros de la santa ya por toda la ciudad y crecía la devoción en ella. El canónigo y la condesa, su madre, enviaron a pedir a los religiosos afectuosamente rogasen por él a la santa. Hiciéronlo ansí, y junto con esto le enviaron una almohada que llevaba puesta debajo de la cabeza cuando la llevaron a enterrar. Pusiéronsela encima y luego se sintió sano, con gran admiración y aplauso de todos. Levantose de la cama y fue a la Sisla. Tuvo allí novenas, haciendo infinitas gracias a Nuestro Señor. Ofreció una figura de cera y una casulla para que dijesen misa. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Estaba en San Jerónimo de Madrid, que entonces se llamaba del Paso, un fraile lego que se llamaba fray Gabriel, de Cuacos, junto a Plasencia; hízosele una hinchazón en un ojo muy peligrosa, tanto que trataban de abrírsele con un botón de fuego con harta duda que le había de perder. Temiendo el fraile lo uno y lo otro, y teniendo noticia de las maravillas que Nuestro Señor obraba por su sierva María de Ajofrín, encomendose a ella, rogándole con mucha devoción, pues socorría a tantos, le ayudase en aquel aprieto, porque estaban ya para darle el botón de fuego. Sintió luego el socorro de la santa. Resolviose la hinchazón milagrosamente sin ninguna medicina, con una presteza milagrosa, quedando el ojo sano y claro. Sucedió luego que este religioso fue a su tierra, y halló a una su hermana tullida de una pierna. Contole lo que a él le había acontecido encomendándose a esta santa y, dándole noticia de los muchos milagros que hacía, refirió el que habría obrado con él. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
La hermana concibió luego grande fe y esperanza que había de sanar por los méritos de esta santa, pues había ansí acurrido a su hermano. Rogole con muchas lágrimas se apiadase della y le sanase su pierna. Tenía allí una niña de seis a siete años, y díjole: “Niña, tú también me ayuda, ruega a esta santa que me sane”. Hincose la niña de rodillas y puso sus manecitas rogando lo que le decían que hiciese; caso de extraña maravilla, que antes que se acabase la oración, fue sana de todo punto con grandísimo regocijo de todos cuantos estaban presentes; viendo milagro tan palpable, rompieron en voces de alabanzas divinas. Envió luego al monasterio dos piernas de cera y otro rollo grande della, en testimonio desta maravilla y de su agradecimiento.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Sucedió luego, tras esto, que llegó esta mujer a un pueblo que se llama Jarayz, que está allí junto; y fue a visitar a un hombre honrado del pueblo que se llamaba Francisco Díaz, primo hermano del capellán del mismo pueblo, que se llamaba Martín Díaz. Estaba el hombre muy enfermo, y tanto que le habían oleado. Tenía la candela en la mano, poco menos muerto. El capellán estaba muy angustiado porque quería mucho a su primo; díjole la Juana Martínez, que ansí se llamaba la hermana del fraile: “Señor capellán, bien sabéis cuán mala y cuán perdida estaba yo desta pierna”. Contole los milagros que la santa había hecho con [495] ella y con su hermano la sierva de Dios, María de Ajofrín, y otras muchas maravillas que Dios había obrado por ella, conforme se las había referido su hermano, y persuadiole al enfermo y al capellán hiciesen voto que, si Nuestro Señor por intercesión de aquella santa le diese sanidad, que irían a visitar su santo cuerpo. El clérigo respondió: “Yo soy pecador y no merezco que Nuestro Señor me haga tan señalada merced, mas yo prometo, si le da salud, de llevarle a visitar su santo sepulcro en estando para ello”. Caso admirable: apenas había acabado de hacer el voto cuando el enfermo cobró evidente mejoría y luego, en breve, fue sano, y vinieron entrambos a cumplir su voto, ofreciendo cierta cantidad de cera, y el capellán dejó en el Monasterio de la Sisla un testimonio firmado de su nombre, en que refiere todo el discurso destos tres milagros. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Una beata de la tercera regla de San Francisco, llamábase Juana de San Miguel, estaba afligida de un zaratán que se le había hecho en una teta; había cinco años que andaba en manos de físicos y no la habían dado remedio alguno; el último que querían intentar, porque se le canceraba y corría riesgo de la vida, era cortársela; venían en ello los médicos, no sabiendo qué hacerse. Juntábase con esto una calentura que le había sobrevenido del dolor y de la corrupción del pecho, al fin estaba ya como hética y sin ninguna esperanza de remedio humano. Llegó a su noticia la fama destas maravillas que la santa hacía, y cobró alguna esperanza de sanar por su intercesión: fuese a la Sisla y, al punto que entró en el capítulo donde estaba enterrada la sierva de Dios, sintió un olor celestial que salía, a su parecer, de aquella parte donde estaba la sepultura. Llegose con mucha devoción y lágrimas, y postrose sobre la misma sepultura, rogando a la santa la socorriese en tan gran necesidad: oyó la santa su ruego, y fue de tal manera, que antes que de allí se levantase se sintió sana de todos sus males. Maravilla evidentísima que provocó a muchos a hacer a Nuestro Señor infinitas gracias. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Otra cuitada mujer natural, también de Toledo, padecía el mismo mal de pechos, y había llegado tan adelante su trabajo que le habían dado en ellos algunos botones de fuego y puéstola en el artículo postrero de la vida; llegola a visitar un hombre honrado, contole los milagros desta santa y leyole parte de su vida, que ya se publicaba por toda la ciudad; concibió la afligida mujer grandes esperanzas de salud; hízose llevar a la casa de doña [[María García]], donde la santa había vivido, porque a la Sisla era imposible llegar, que muriera en el camino. Llegada allí, encomendose a ella, sacáronle las hermanas unos paños que habían sido de la santa, pusiéronselos en los pechos y, al punto, reventaron las postemas, y luego del todo sanó sin otra medicina. Y desta manera hay infinidad de maravillas que nunca acabaría si las quisiese referir por menudo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Como se multiplicaban los milagros tanto, y la fama crecía por todo el Reino, pareció a muchas personas devotas era cosa justa que el cuerpo de la santa fuese trasladado del capítulo donde le habían puesto a la iglesia del monasterio, donde tuviese lugar más decente y el pueblo pudiese gozar más cómodamente de llegar a su sepultura; los que más [496] de veras trataron esto fueron la Condesa de Fuensalida, y el clavero de Calatrava y don Alonso de Silva. Hablaron al prior, fray Juan de Morales, y propúsose al convento, y vinieron todos en ello con mucha voluntad; viendo cuán manifiestamente el Señor se señalaba en engrandecer a su sierva, don Alonso de Silva trajo una arca guarnecida por de dentro de seda, en que fuese puesto el cuerpo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El año de 1495, a veinte y cinco de abril, poco menos seis años después de su muerte, abrieron la sepultura, estando presentes todos estos señores y otras muchas personas principales, y gente devota, y los religiosos del convento. En descubriendo el santo cuerpo, salió un olor celestial que puso alegría, admiración y consuelo en todos.  Manaba dellos un licor, como de aceite, que también despedía de sí una fragrancia suavísima. Viendo esto el prior, mandó tañer las campanas; pusiéronlos en el arca, y con mucha lumbre de hachas y cirios llevaron en el arca el santo cuerpo, cantando el himno Te Deum Laudamus, y otras antífonas alegres; la Condesa de Fuensalida había hecho labrar un sepulcro a su costa en el cuerpo de la iglesia a la mano derecha. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Estaba la tierra muy necesitada de agua, pidieron a Nuestro Señor,  por la intercesión de su sierva, tuviese por bien socorrerlos, porque los panes se iban ya a perder, y luego llovió en gran abundancia, entendiendo todos que, por los méritos desta santa, Nuestro Señor se apiadaba dellos. Tuvieron el cuerpo sin enterrar en la iglesia trece días, porque era tanto el concurso de la gente y los que venían atraídos de la devoción que pareció así justo para cumplir con ella. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Obró también allí el Señor muchas maravillas por su santa. El Conde de Oropesa envió a su hija y a su hijo para que velasen en la iglesia al sepulcro desta santa, y los criados que venían con ellos afirmaron que entrambos habían estado muy enfermos, que la hija había llegado al punto de la muerte; teniéndola ya sus padres por muerta, la encomendaron con mucha devoción a esta santa, y a entrambos les dio salud. Ofrecieron una imagen de plata, y una palia rica para el altar, una cruz bordada muy rica, y tres imágenes de cera, en testimonio y gratitud del beneficio recebido.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Llegó también luego un hombre de Jarayz, que se llamaba Santos Fernández, que estando a la muerte y oleado se encomendó como pudo, dentro de su corazón, a esta santa, y recibió luego salud repentina y de todo punto milagrosa. Vinieron él y su mujer luego a cumplir el voto, y dieron testimonio dello delante de muchas personas. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
No quiero alargarme más en referir milagros; una cosa diré que me parece lo confirma todo, por ser la única prueba que Dios nos dejó para conocer los verdaderos profetas y distinguirlos de los falsos, que ninguna cosa dijo esta santa haber de acaecer que no viniese como lo dijo y profetizó.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Sucedió luego la peste que hemos dicho; hubo también notable carestía de pan, que morían las gentes de hambre, y viose en España en aquellos tiempos, la primera vez, aquel afrentoso y endiablado mal de las bubas, que entonces y muchos años después (hasta que ya le hemos domesticado) fue muy temido y con razón. Donde se cumplió el amenaza que Dios hizo a su pueblo por esta su sierva, y los cuchillos que vio en la boca de Dios y el ángel que hería con azote y con espada [497] y con cuchillo. En el mismo estado nos vemos ahora, en este año de 1599, poco más de cien años después de la muerte desta santa, pues casi no hay pueblo en Castilla que no esté herido de peste, y el hambre alcanza ya a todos, y no nos despiertan de nuestras culpas los continuos azotes del Señor, señal que ha llegado nuestra dolencia a poco menos que insensibilidad y dureza, plegue a Él que no sea señal de reprobación. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
=== Notas ===&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[1]'' En el texto original figura como “ansillos”, lo corrijo como errata probable.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[2]'' Se repite el capítulo XLIV en el texto, por lo que todos los capítulos que editamos de la vida de esta santa, desde el presente, cuentan con un número más que en la edición de Sigüenza empleada, corrigiendo la errata. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[3]'' Figura en el texto original como “sentase”, corregimos la posible errata.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[4]'' El apellido del capellán o cura de la casa, Juan de Velma, varía a lo largo de la narración de la vida de María de Ajofrín, ya que este figura como Biezma en este mismo capítulo, página 475, y como Viedma, en el capítulo XLVII , página 485.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[5]'' El apellido de Diego de Villaminaya es modificado en la narración de la vida de esta santa más adelante, pues aparece como Diego de Villamiñaya en el capítulo XLVII, página 485. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[6]'' En la edición aparece como San Lorencio.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[7]'' Figura como la página 494.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
= Vida impresa (5)=&lt;br /&gt;
Ed. de [http://visionarias.es/equipo/maria-aboal-lopez/ María Aboal López]; fecha de edición: octubre de 2020; fecha de modificación: junio de 2021.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
== Fuente ==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
* [http://catalogodesantasvivas.visionarias.es/index.php/Categor%C3%ADa:Francisco_de_Pisa Pisa, Francisco de], 1605. ''Descripción de la Imperial Ciudad de Toledo e Historia de sus antigüedades y grandeza y cosas memorables que en ella han acontecido, de los Reyes que la han señoreado y gobernado en sucesión de tiempo, y de los arzobispos de Toledo, principalmente de los más celebrados''. Toledo: Pedro Rodríguez, Imprenta Real, fols. 275r, 276v.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[[Contexto material del impreso Descripción de la Imperial Ciudad de Toledo e Historia de sus antigüedades]] ''y grandeza y cosas memorables que en ella han acontecido, de los Reyes que la han señoreado y gobernado en sucesión de tiempo, y de los arzobispos de Toledo, principalmente de los más celebrados''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
== Criterios de edición==&lt;br /&gt;
Aunque esta vida forma parte de una enumeración de santos y, por tanto, no es propiamente una hagiografía, la recogemos aquí para que quede constancia de su inclusión en esta obra del siglo XVII.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Se adoptan los criterios de edición de vidas impresas estipulados en el Catálogo, es decir, se moderniza la ortografía (b/u/v, j/g, chr/cr, qu/cu, empleo de h, etc.), las sibilantes y se eliminan las consonantes geminadas. El uso de mayúsculas y minúsculas se moderniza, así como la acentuación y la puntuación, que se adaptan a las actuales. No obstante, se ha mantenido la escritura de “monesterio”. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==Vida de María de Ajofrín==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Capítulo XXXVI'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[Libro Quinto] &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[Fol. 275r] '''Catálogo o lista de santos propios de esta ciudad de Toledo'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[…]&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[Fol. 276v] […] María de Ajofrín, monja del monesterio de San Pablo de Toledo, y su cuerpo está enterrado en el de la Sisla, a la mano derecha del altar mayor, donde es visitado y venerado por muchos, y ha Dios obrado por ella milagros y dado sanidades: falleció año de mil y cuatrocientos y ochenta y nueve.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
= Vida impresa (6)=&lt;br /&gt;
Ed. de [https://visionarias.es/equipo/maria-gonzalez-diaz/ María González-Díaz]; fecha de edición: septiembre de 2025.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
== Fuente ==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
* [http://catalogodesantasvivas.visionarias.es/index.php/Categor%C3%ADa:Blas_Franco_Fernández Franco Fernández, Blas], 1675. ''Vida de la Venerable Sierva de Dios María de Jesús, natural de Villa-Robledo, de la Tercera Orden del Seráfico Padre S. Francisco, virgen extática, prodigiosa, admirable, en favores que Nuestro Señor la hizo''. […] Tomo primero. Madrid: por Ioseph Fernández Buendía, pp. 454-455.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
== Criterios de edición==&lt;br /&gt;
El fragmento sobre María de Ajofrín aparece en el capítulo diecinueve de la vida sobre la religiosa María de Jesús (1625-1653), que elabora el escrito murciano Blas Franco Fernández en 1675. Este fragmento es mencionado en la vida que escribe sobre la jerónima Francisco de Ajofrín en el siglo XVIII, la cual también está editada en el ''Catálogo de Santas Vivas'' (vida manuscrita 3).&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Se adoptan los criterios de edición de vidas impresas estipulados en el ''Catálogo'', es decir, se moderniza la ortografía (b/u/v, j/g, chr/cr, qu/cu, empleo de h, etc.), las sibilantes y se eliminan las consonantes geminadas. El uso de mayúsculas y minúsculas se moderniza, así como la acentuación y la puntuación, que se adaptan a las actuales.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==Vida de María de Ajofrín==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Capítulo XIX'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[449] […] '''Refiérense algunos ejemplos de donde consta haber concedido Nuestro Señor a algunas siervas suyas el singular favor de la impresión de sus llagas'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[454] […] No es razón que pasemos silencio haber concedido Nuestro Señor este especialísimo don a la gloriosa virgen María de Ajofrín, natural de dicha villa, religiosa del glorioso Padre San Jerónimo en el antiguo convento de San Pablo de la ciudad de Toledo, [455] que por ser esta santa nuestra paisana y estar tan cerca su cuerpo, como es en el muy religioso y observanto monasterio de la Sisla, fuera ingratitud el dejar de hacer memoria de este prodigioso caso. Habíasele aparecido Nuestro Señor a esta bendita virgen y mandole dijese de su parte al arzobispo de Toledo viniese por sí mismo a poner remedio en cinco pecados públicos que había en dicha ciudad, por los cuales era este divino Señor gravemente ofendido. Y los pecados eran: falta de fe, demasiada codicia de las cosas del mundo, lujurias y sensualidades, ignorancia de las cosas divinas y poca reverencia en ellas, y que no permitiese dicho arzobispo se dijese misa en casa de personas seglares porque había tanto exceso que ya cualquier hombre particular quería le dijesen misa junto a su cama, cosa de grande escarnio y menosprecio de las cosas sagradas. Hizo esta santa virgen de la manera que pudo esta diligencia, pero no fue creída. Y así apareciéndosele Cristo Nuestro Señor, le dijo: ‘Para que seas creída, se te dará esta señal del Cielo: que este cuchillo que está en la boca de Dios traspasará tu corazón y hará en él una llaga de donde saldrá sangre viva, que será verdadero testimonio a todos, y tú serás participante y como un trasunto en quien se vean las llagas y los tormentos que el Hijo de Dios padeció en su Pasión’.&lt;/div&gt;</summary>
		<author><name>Anaritasoares</name></author>	</entry>

	<entry>
		<id>http://catalogodesantasvivas.visionarias.es/index.php?title=Juana_de_la_Cruz&amp;diff=712826</id>
		<title>Juana de la Cruz</title>
		<link rel="alternate" type="text/html" href="http://catalogodesantasvivas.visionarias.es/index.php?title=Juana_de_la_Cruz&amp;diff=712826"/>
				<updated>2026-06-16T13:29:43Z</updated>
		
		<summary type="html">&lt;p&gt;Anaritasoares: /* Vida impresa (10) */&lt;/p&gt;
&lt;hr /&gt;
&lt;div&gt;[[Category:Santas_franciscanas]]&lt;br /&gt;
[[Category:Toledo]]&lt;br /&gt;
[[Category:Pedro_de_Salazar]]&lt;br /&gt;
[[Category:Alonso_de_Villegas]]&lt;br /&gt;
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[[Category:Lucas_de_Yanguas]]&lt;br /&gt;
[[Category:Luca_Waddingo]]&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[[Archivo:Santa_Juana_de_la_Cruz-devota_de_la_Santa_Cruz-sombras-M_catalogo.jpg|derecha|Juana de la Cruz|link=]]&lt;br /&gt;
{| class=&amp;quot;wikitable&amp;quot;&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Nombre || Juana de la Cruz Vázquez Gutiérrez&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Orden || [http://catalogodesantasvivas.visionarias.es/index.php/Categor%C3%ADa:Santas_franciscanas Franciscanas]&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Títulos || Abadesa&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Fecha de nacimiento || 3 de mayo de 1481&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Fecha de fallecimiento || 3 de mayo de 1534&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Lugar de nacimiento || Azaña, [http://catalogodesantasvivas.visionarias.es/index.php/Categor%C3%ADa:Toledo Toledo]&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Lugar de fallecimiento || Cubas de la Sagra, antiguo [http://catalogodesantasvivas.visionarias.es/index.php/Categor%C3%ADa:Toledo Toledo], Madrid&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Canonización || 3 de mayo&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Beatificación || Es proclamada como Venerable el 4 de mayo de 1630&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Canonización || En proceso&lt;br /&gt;
|}&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
=Vida manuscrita (1)=&lt;br /&gt;
Ed. de [http://visionarias.es/equipo/maria-luengo-balbas/ María Luengo Balbás] y [http://visionarias.es/equipo/fructuoso-atencia/ Fructuoso Atencia Requena]; fecha de edición: abril de 2019; fecha de modificación: noviembre de 2025.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
== Fuente ==&lt;br /&gt;
[[Archivo:I Juana de la Cruz.jpg|250px|right|Manuscrito|link=]]&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
* El Escorial, K-III-13. fols. 1r-137r. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[[Contexto material del manuscrito de El Escorial, MS K-III-13]]&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==Criterios de edición==&lt;br /&gt;
Los criterios de edición que hemos seguido son conservadores ya que se trata de un testimonio único.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
* Se conserva la oscilación de b/v, y de i/y. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
* Se ha conservado el uso y la oscilación de las sibilantes, así como de las consonantes geminadas.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
* Se han desarrollado las abreviaturas, como N. S. (Nuestro Señor) o primº (primero).&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
* Respetamos el uso o ausencia de la –h, sea o no etimológico. También respetamos el uso de la –s líquida, tal como aparece en el texto (''spíritu'').&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
* Hemos conservado'' dello'' y ''desto''. En el caso del artículo contracto, separamos la preposición del artículo mediante apóstrofe cuando este incluye el pronombre personal masculino singular: ''d’él''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
* Acentuamos las palabras, y unimos o separamos las sílabas de que se conforman, de acuerdo a la norma ortográfica actual.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
* Se utiliza la mayúscula para los nombres propios como Dios y las fórmulas como ''Nuestro Señor'' o ''Divina Majestad''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
* Los diálogos aparecen, en el primer nivel, entre comillas dobles (“). En el caso de que dentro de este diálogo se incluyan palabras de otro personaje, estas irán entre comillas simples (‘).&lt;br /&gt;
  &lt;br /&gt;
* En lo que respecta a las composiciones poéticas, hemos separado y colocado los versos de acuerdo a la escritura habitual de los poemas.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
* La puntuación y separación de párrafos es nuestra.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==Vida de Juana de la Cruz==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Capítulo I'''&lt;br /&gt;
[fol. 1r] '''Comiença la vida y fin de la bienaventurada virgen sancta Juana de la Cruz, monja que fue professa de quatro botos en la orden del señor sant Francisco, en la qual vivió perfeta y sanctamente. Mostró Nuestro Señor Dios en esta bienabenturada muy grandes maravillas y gloriosos milagros, dotándola de su divina graçia y dones de su Sancto Spíritu muy copiosamente. Primero que digamos las gracias y sanctidad desta bienaventurada, diremos cómo fue edificado el monasterio en que ella vivió y hizo su fin glorioso.''' &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Fue mostrada por la voluntad de Dios a una muy santa muger una revelaçión de cómo apareçió Nuestra Señora la Virgen Santa María çerca de un pueblo llamado Cubas a una pastorçica, y cómo rogó a su precioso hijo, Nuestro Señor Jesucristo, con muy gran fervor y humildad y charidad de las ánimas, su Divina Clemençia les diese liçençia con su graçia y poderes para edificar en la Tierra una casa de religiosas donde Él y Élla fuesen servidos y estuviese su culto divino reverençiado y servido y huviese memoria para siempre della y de su bocaçión,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Nuestro Señor le respondió: “Madre mía muy amada, ¿cómo lo havéys vos eso de hazer? Que ya yo no quiero ni es mi voluntad que os vean ya los ojos humanos y de carne después, que ya soys glorificada y ensalçada conmigo porque, como a mí no me puede ver nadie después que fuy subido a estos altíssimos çielos y asentado a la diestra del Padre, assí por semejante a vos, señora, que soys mi amada madre, no es raçón que os vean clara y abiertamente. Que si alguno os á visto hasta agora, no vos á de ver de aquí adelante; no á sido ni será tan clara ni abiertamente que vea la misma manera [fol. 1v] y hermosura y claridad que vos tenéys. Preçiosa señora madre mía, en eso que vos queréys edificar conviene que aya medianera”. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y la Reyna de Misericordia, Señora Nuestra, le respondió con muy profunda humildad y charidad: “Hijo mío muy amado, deme vuestra Altíssima Magestad liçencia para haçer y edificar la casa, que yo, con el ayuda de vuestra divina graçia, buscaré la medianera para ello”. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y entonces, le otorgó la liçençia el poderoso Dios, y vajó la Emperadora de los Çielos a la Tierra por su profunda humildad y soberada charidad, y apareçió a una niña del pueblo de Cubas cuyo nombre era Ynés, la qual guardava puercos y hera de simple y recta yntençión y de limpio y paçífico coraçón. Y después de havella apareçido por tres vezes o más, cada una de su manera, y la habló enseñándola algunas cosas provechosas para su ánima, y mandole que dixese en el dicho lugar cómo la havía visto a ella, o bulto o claridad suya, y cómo hera voluntad de su preçioso hijo y suya le hiciese un monesterio de religiosas, el qual se llamase Sancta María de la Cruz, y porque desto la creyesen dio Nuestra Señora tal señal: y fue pegalle los dos dedos de la mano derecha a manera de cruz, y después de haver tomado la misma Señora la cruz que está en la mesma casa con sus sagradas manos y fincádola en el lugar donde havía de ser edificado el altar principal. Y después de ser fecha la casa y entradas en ella algunas religiosas y con ellas la dicha Ynés, a quien Nuestra Señora apareçió, la qual fue puesta y elegida por madre y perlada della, y las quales hazían vida muy virtuosa y aprovecharían mucho en el serviçio de Dios. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y algunas vezes tenía esta santa Ynés rebelaçiones y consolaçiones espirituales, y apareçiole el Demonio con un azote en la mano, y amenazávala muy cruda y ásperamente, y le dezía a vueltas de otras cosas: “No çesaré de travajar basta que te destruyga”, y hazíale muchos despechos y aun tormentos corporales. Y esta Ynés esforçávase como podía. Y la antigua [fol. 2r] serpiente, con toda su maliçia y astuçia, le causó muy grandes y rezias tentaçiones por algún tiempo. Y faltándole a ella virtud spiritual y fuerça para vençer a su adversario, cayó en algunos peccados y falta de virtud, de manera que ella propia hizo oyo en que ella cayó, y algunas ovejas de la casa que Nuestra Señora le havía dado para que las administrase y ayudase a salvar. Y viendo la muy piadosa Señora la caýda de sus sierbas y perdiçión de su casa donde Ella se havía apareçido −y en especial le dolían las que se salían del santo monasterio− tornó a suplicar a su preçioso hijo Nuestro Señor Jesucristo con muy gran charidad e humildad que quisiese su Divina Magestad haçer de manera que fuese restaurada la honra de su sancto apariçimiento y la virtud de su casa, la qual estaba muy caýda, y hera menester que su poderosa mano criase alguna criatura más perfeta que la primera a quien ella se apareçió, y que fuese esta que criase para restaurar la caýda de las otras y levantar la devoçión de su apareçimiento y virtud en las monjas abitadoras de su casa, y que fuese llamada Juana, que es nombre de graçia, y ella llena de gratitud. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y el poderoso Dios le respondió con mucho amor: “Madre mía, un varón tengo empeçado a hazer en esta ora en el qual querría poner mucha parte de mi graçia para que fuese esto; y por amor de vos, señora, yo le tornase muger para esa obra que vos pedís. Yo vos juro, por mi Passión y por mis llagas, os prometo dar y otorgar por algún tiempo tal graçia y un tal don y misterio que nunca en la Tierra se aya dado ni otorgado a ninguna persona de quantas en ella viven. Y la graçia será de mí mesmo, y de mi parte y virtud yo le participaré y daré graçia en el bientre de su ma [fol. 2v] dre, y entendimiento dentro en él de perfeta hedad. Y comunicaré con ella y con todas las religiosas, si ellas lo fueren, para lo conservar y guardar y tener en lo que es raçón, y conoçerme cómo soy misericordioso”. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y Nuestra Señora la Virgen María, oyendo la charidad tan sin medida y la promessa tan poderosa y larga del altíssimo Dios, fincados sus sagrados ojos, le dio muchas graçias, diziendo: “Yo os adoro y bendigo, Dios mío, hijo mío muy amado, y os doy loores y graçias sin quenta por tan grandes mercedes como vuestra divininal clemençia me a otorgado en querer offreçer tal graçia e don a aquella mi casa que yo edifiqué, o mandé edificar, en aquel campo despoblado, aunque yo, Señor, no pedía a vuestra Divina Magestad tan singular don, sino algún poquito de graçia en alguna de las mismas religiosas para que las otras conoçiesen cómo yo havía edificado la casa e tuviesen por bien de estar en ella”. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y el poderoso Dios le tornó a dezir con ynmensa charidad: “Por solo edificar vos, señora, la casa, y ser fundadora, quiero yo de mi propio grado y voluntad haçer mostrar grande graçia y maravilla, y más: le otorgaré y enfundaré tal graçia que no solamente se eleve y vea visiones angélicas y cosas çelestiales y maravillosas, mas aun que os vea a vos, madre mía, no una ni dos vezes, mas muchas, y aun a mí mesmo en la manera y forma que yo quisiere y fuere mi voluntad”. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y como su Divina Magestad otorgó a su sancta madre la virtud que le mandava, y la bienabenturada Juana de la Cruz estava entonçes en el vientre de su madre enpezada a façer varón, tornola muger, como pudo y puede haçer como todopoderoso. Y no quiso su Divina Magestad deshazerle una nuez que tenía en la garganta, por que fuese testigo del milagro. Y quando la tornó muger aún [3r] no tenía spíritu de vida, y guardándola el poderoso Dios de los peligros que a otras criaturas les suelen acaezer en el vientre de sus madres, nasçió a luz en un lugar llamado Azaña de Sierra y Arçobispado de Toledo, de padres buenos y christianos, y virtuosos y limpios en las costumbres, y de gente de mediana manera. Tuvieron hijos muy nobles y bien acostumbrados, y algunos dellos fueron religiosos, de muy buena y aprovechada vida, entre los quales nasçió esta bienabenturada candela lumbrosa en el año de la Sancta Encarnación de mil y quatrozientos y ochenta y vn año, y pusiéronle nombre de Juana. Fue dotada de mucha graçia y hermosura corporal. Criola su madre a sus pechos, porque en nasçiendo tomó con ella mucho amor. Hera muy graçiosa y mansa, y deçía su madre que no tan solamente no padeçía pena ni travajo en crialla, mas consolaçión y alegría espiritual sentía en sí mesma todas las veçes la tomava en sus brazos, aunque ella estuviese muy triste e angustiada. Y esta bienabenturada, desde las tetas de su madre, tuvo arrobamientos, que muchas vezes la hallava su madre elevada en la cama y en cuna, de lo qual se angustiava mucho su madre pensando que hera dolençia, pues perdía el comer y tomar su refeçión corporal de niñez. En una vez estuvo tres días que no volvió en sí, salvo que tenía pursos y estava caliente. Y su madre, muy angustiada, supplicó muy afincadamente a Nuestra Señora la Virgen María le resucitase a su hija, y que ella le prometía de llevalla con su peso de [fol. 3v] çera a velar una noche a Santa María de la Cruz, que está cave Cubas. Y tornando esta bienaventurada en sus sentidos, consolose mucho su madre, pensando que cobrava salud corporal. Y assí creçía en grandes graçias espirituales y dones de Dios, aunque por entonçes no hera conoçido de sus padres. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Siendo esta bienaventurada de dos años, poco menos, hizo Nuestro Señor con ella un milagro por ynterçesión del señor sant Bartolomé, que estava muy enferma de manera que no podía mamar ni pasar ninguna cosa, y con mucha angustia y devoçión lleváronla a una yglesia del señor sant Bartolomé, que está en otro lugar que se dize Añover, en la qual haze muchos milagros. Y estava esta bienabenturada tan doliente y desbilitada que pareçía que se quería finar cumplida la vela, la qual hiço su madre. Y su madre enseñava a la niña que pusiese las manos y que mirase a sant Bartolomé, que estava en el altar, por que le diese salud. Y la niña, súpitamente, se rió, mirando la ymagen. Y preguntada de qué se havía reýdo o qué havía visto, no respondió ninguna cosa, salvo que luego pidió de comer por señas, y mamó. Y dende adelante tuvo perfeta salud con su niñez y juventud. Y andando algún tiempo, ya que hera más creçida, dezía esta bienabenturada que havía visto al señor sant Bartholomé, y la havía abrazado y besado, y le havía dicho: “Niña, acuérdate de mí, que yo me acordaré de ti”, y la havía sanado y vuelto la color, la qual tenía quitada de la dolençia. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y aquesta sancta bendicta hera de hedad de quatro años; como tuviese tan claro entendimiento y perfecto conoçimiento de Dios, aunque niña de tan poca hedad, siempre andava su pensamiento con ocupaçiones çelestiales y en hazer nuevos serviçios con su desseo y pensamiento a su muy dulçe esposo y amado [fol. 4r] Jesuchristo, Nuestro Señor. Nunca la vían jamás jugar en cosa de banidades, ni desaprovechada, ni hablar palabras banas como otros niños hazen; de manera que sus padres y parientes, y personas que la conoçían, se maravillavan mucho de las grandes virtudes que en ella vían resplandezer, y pensavan haver nasçido sanctificada, pues siendo tan niña vían en ella graçias tan singulares. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Siendo en tiempo de agosto, quando cogen el pan, y esta bienabenturada siendo de tan tierna edad, embiola su madre a las heras, por que se holgase ençima de una bestia, y un mochacho con ella que la llevase. Y el mochacho fuese por otra parte, dexola sola. Yba por una calle por la qual havían llevado el Sanctíssimo Sacramento a un enfermo, y ella acordose de esto: pensó: “Por aquí llevan a mi Señor Jesuchristo”. Y pensando en esto, arrovose, y cayó de la bestia en que yba. Y el cura de aquel lugar açertó a pasar por allí, y vídola caýda en el suelo como muerta, y sola. Y él, pensando de la caýda se havía amorteçido, tomola en brazos, y llevola a casa de su agüela. Y ansí como ella fue privada de sus sentidos, fue arrovada, e se vio yncontinente en un hermoso prado lleno de diversidad de berduras e flores muy hermosas, y frescas y olorosas, y fue puesta a par de un claríssimo e grande río que en aquel deleytoso prado estava. Y estando ella allí mirando, vido muchedumbre de árboles muy floridos e con frutos, e llenos de diversidad de muy hermosas aves, las quales cantavan muy dulçemente. Y también vido otra muchedumbre de niños muy hermosos, los quales cantavan a consonante, y respondíanles las aves. Y este tan dulçe canto dixo hera en otra lengua, que ella no la podía entender, salvo que la armonía hera muy dulçe y deleytosa de oýr. E allende de esto, vido allí, en aquel prado, otra muy hermosa suerte de mugeres muy apuestas [fol. 4v] e adornadas. E unas le pareçían como dueñas e otras como donzellas, e unas muy más lindas y hermosas que otras, que pareçían muy grandes señoras, e otras no tanto, como quier que toda hera gente muy benerable y luzida. Y también vido allí una grande señora, como emperatriz y señora de toda aquella suerte, y el resplandor y hermosura della hera sin comparaçión. E los niños que allí estavan cantando, hablavan a esta bienaventurada Juana de la Cruz, que todas estas cosas estava mirando, e le dezían: “Anda acá, niña, ¿qué hazes aý, por qué no vas a hazer reverençia e humiliaçión a aquella gran señora, que es la Madre de Dios e señora de todos, e a quien todas las personas deven servir e reverençiar?”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y esta bienaventurada le respondió: “Yo no sé cómo tengo de haçer, mas rezarle he el Ave María”. E luego yncó las rodillas, e puso sus manos, y saludó a la Reyna de los Çielos con la salutaçión angelical. Y estando ansí, a desora vido aparçer ý un muy hermoso manzebo (que entonçes, como hera niña, no supo dezir que hera ángel), sino un muy lindo donzel, el qual según ella, después adelante, vido e conoçió en sus revelaçiones. Hera el sancto ángel su guardador, el qual entonçes le habló e dixo: “¿Quien te trujo acá, de dónde heres?”. Ella, como niña, le respondió: “De mi casa soy”. Y él le dixo: “¿Adónde es tu casa?”. Él [¿''sic''?] le respondió: “En casa de mi padre”. Y el sancto ángel le dixo: “¿Pues cómo veniste aquí?”. Ella le respondió: “Embiome mi madre a las heras con un muchacho, y no hallo las heras ni la borrica. Llévame vos, señor, en casa de mi madre”. Y el sancto ángel le respondió: “No estás en casa de tu madre, sino en casa de tu agüela”. Y ella le dixo: “Pues llévame en casa de mi agüela”. Y él le dixo: “Plázeme”. Y la causa por que el sancto ángel le dezía que no estava en casa de su madre hera porque la havía llevado el clérigo, quando se arrovó, en casa de su agüela, madre de su madre. Y acabó de dezir çiertas oraciones. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Tornando [fol. 5r] en sus sentidos, hallándose hechada en una cama, maravillose de verse en casa de su agüela, y empezó como niña a contar las cosas que havía visto a su agüela. Y oyéndola ella, riñola y reprendiola, y amenazándola mucho, porque dezía tales cosas, que no hera sino como havía caýdo de la borrica. Y la bienaventurada tornava a dezir, con juramento de ynoçençia, que hera todo verdad lo que havía dicho, y relatava cada una de las cosas en la manera que lo havía visto. E tornando la prudente agüela a dezille que callase, calló por entonzes. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y en el mismo año, estando esta planta sentuosa asentada a la puerta de la casa de su padre, según acostumbran los niños, pasavan con el Sanctíssimo Sacramento por allí, que le llevavan a un enfermo. Y como la bienaventurada hera dotada de tanta graçia e ympuesta en las cosas de Dios y de su sancta fee chatólica, salió con mucho fervor a mirar y adorar al Señor, que llevava el clérigo en sus manos. Vido que yba sobre el cáliz o custodia a Nuestro Jesuchristo hecho niño vivo, muy resplandeçiente y hermoso, y los pies del mesmo niño Jesuchristo puestos sobre un manojo de albaca que salía del mesmo cáliz, y en su preçiosa caveza llevava una corona o guirnalda de rosas e flores, e un manojo de clavellinas en sus sacratíssimas manos. E quando vido esta revelaçión hera en tiempo de hymbierno, quando la tierra ninguna flor produze. Y por entonzes no dixo esta revelaçión, pensando que todos veýan lo mesmo que ella veýa por Nuestro Señor, que es dador de las graçias y descubridor de los secretos. Tuvo por bien de traer tiempo en que estos e otros muy grandes misterios fuesen en ella vistos e conoçidos, sin ser en su mano podellos encubrir.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Capítulo II'''&lt;br /&gt;
'''Cómo siendo esta bienaventurada de hedad de siete años quedó huérfana de su madre'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Plugo a Nuestro Señor de llevar de esta presente vida a su madre desta [fol. 5v] bienaventurada, la qual llamavan Catalina Gutiérrez, y a su padre, Juan Vázquez. Como esta honrada dueña huviese vivido muy cathólicamente, y assí fue su fin, mirando ella los cargos de su consçiençia, acordose de la promessa que havía hecho a Nuestra Señora de llevar a esta bienaventurada su hija, con su peso de çera, a velar una noche a la casa de la Reyna de los Çielos llamada Sancta María de la Cruz. Rogó a su marido lo cumpliese por ella, y él se lo prometió de lo complir lo más presto que pudiese. Y quando esto pasava entre los dos, estava delante la bienaventurada su hija Juana de la Cruz, y ella, con cuydado, miró la promessa de su madre. Y como su padre quedó obligado de la cumplir y ella tenía muy gran desseo que se cumpliese, e decía entre sí: “Mi padre se descuyda en cumplir esta promessa, bueno será que me vaya yo a aquella sancta casa y me quede en ella para perpetuamente y así se descargará la conçiençia de mi madre”, y esto dezía con conosçimiento que tenía que se an de cumplir las cosas que prometen a Dios y su bendita madre. Y como esta bienaventurada quedó en casa de su padre, creçían en ella muy grandes fervores e ansias de ser religiosa y hazer mucha penitençia por servir y agradar a Dios, a quien ella tan dulçe y perfetamente amava. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y creçiendo en hedad, empezava a poner en obra sus fervorosos desseos. Y tenía una tía, hermana de su madre, donzel[la] y de muy sancta vida, en quien Nuestro Señor mostró muy claro y manifiesto milagros e maravillas, con la qual ella se consolava y comunicava mucho. Y en este tiempo metiose religiosa esta su tía en la Orden de Santo Domingo, en un monasterio que se llama Sancto Domingo el Real de la çiudad de Toledo, en el qual vivió y acavó su vida muy sanctamente. Y la bienaventurada Juana de la Cruz sintió mucha soledad en faltarle tal [fol. 6r] compañía e conversión, y que fuera mucho yrse con ella a ser religiosa. Y rogolo y pidiolo con muchas lágrimas a su padre y agüela, y ellos no se lo quisieron conçeder, diziendo que tenía poca edad y no podría llevar las asperezas de la religión, que serían muy grandes. Y esto dezían ellos porque la amavan mucho y no la querían quitar de su compañía. Hera en gran manera bien acondiçionada y obediente a su padre, y muy hermosa. Y viendo ella que aprovechava poco rogallo, calló por entonçes con prudençia, y pensava entre sí: “Yr yo a ser religiosa a aquel monasterio, por estar allí mi tía, no es perfeçción, mas quiero yr a otro qualquier monasterio por solo Dios y su amor, y serville e aplaçerle”. Y este desseo creçía en ella de cada día. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y la tía desta bienaventurada hera muy sancta y muy amada de Dios, el qual le mostrava muchas revelaçiones. Y le mostró y reveló que su sobrina havía de ser muy gran criatura y de muy singulares graçias y dones spirituales. Y contando esta revelaçión a la priora de su monasterio, fue por ella con grande aýnco, procurada y deseada para su orden y monasterio, y con mucha diligençia y ruego la pedía a su padre y parientes se la diesen para monja. Y como todos la amavan mucho no conçedieron el ruego de la priora. Y viendo la priora y monjas que no la podían alcançar por aquella manera, travajavan de hazella hurtar, y tanpoco pudieron. Y en todo este tiempo no cesavan de suplicar a Nuestro Señor, su Divina Magestad, permitiese de traer a su orden aquel tan preçioso thesoro y criatura tan sancta. Y nunca la pudieron alcançar, por quanto no la havía criado Dios para ellas, sino para el reparo de la casa de la Reyna de los Çielos, por cuyos ruegos fue criada.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y estando esta bienaventurada en la yglesia oyendo missa con muy gran devoçión y atençión un día de la Purificaçión de Nuestra Señora, con una candela ençendida en la mano, al tiempo quel preste quería alzar el Sanctíssimo [fol. 6v] Sacramento, acatándole a ella con mucho fervor para le adorar, vido la hostia en su mismo tamaño y redondez muy clara, buelta como a manera de una redoma de bidro muy hermosa e clara, e dentro della, fecho el bulto del cuerpo de nuestro Señor Jesuchristo en carne viva. Y parezíale a ella que en la mesma redondez de la hostia estavan unas como asas muy delicadas y resplandeçientes, de las quales asas o figuras dellas le pareçían los sanctos ángeles tenían asida la sancta hostia por tres partes, de arriva y de los lados. Y esto vido ella espaçio de quando el saçerdote alçó el Sanctíssimo Sacramento, y de la qual visión tan gloriosa fue muy alegre y conso[la]da; la qual revelaçión no tenía ella por entonçes por cosa muy grande, pensando que todas las personas veýan e goçavan lo mesmo. Y este pensamiento, que todos veýan esta mutaçión del Sanctíssimo Sacramento después de ser consagrado, le duró hasta vino a la sancta religión. Pero Nuestro Señor Dios truxo tiempo en que esta bendita criatura conosçió cómo no hera visto de todos el Sanctíssimo Sacramento como ella le vía y goçava. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Fue llevada esta bienaventurada a casa de un tío suyo, muy prinçipal persona e muy abastado de bienes de este mundo, el qual lo alcanzó con muchos ruegos de su padre. E la amava en tanta manera, y su muger, que también hera su tía, como si verdaderamente fuera su hija, y así le dieron el mando en su casa y bienes. Y ella les hera muy obediente y a sus personas muy piadosa. Hera muy honesta en todas sus obras, y muy caritativa para los servidores de casa y personas que en ella travajavan; cuydadosa y diligente en los travajos corporales y muy administradora en las casa de Dios, e dadora de buenos consejos. Hera muy humilde, e tenía la voluntad muy aparejada para hazer penitençia, y lo tomava sobre sí con mucha alegría, por amor de Dios. Y assí lo ponía por obra, que en sus ayunos fue muy abstinente, que su comer hera pan e agua y no comía más de una [fol. 7r] vez al día, y desto no todo lo que havía menester; y no solamente ayunava con solo pan y agua, mas se estava dos o tres días sin comer ni beber ninguna cosa, y esto hazía ella muy ordinario y muy secreto. Todas las vezes que ella se podía desocupar para reçar y contemplar, lo hazía: oraçión muy fervorosa bañada en lágrimas, salidas de su coraçón y lloradas con compasión de la Passión de Nuestro Señor Jesuchristo, que hecha de otra manera la oracçión la tenía por yndigna de ser resçivida delante del acatamiento divino. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Hera cruel para su cuerpo, que traýa junto con sus carnes un siliçio hecho de unas cardas que buscó ella muy secretamente, y las deshizo, e todas las púas e puntas cosió en una cosa muy áspera. Y aquello traýa junto a sus carnes. Andava de contino dolorosa y toda llagada, y muy alegre y consolada, porque tenía contino dolores que offreçía al Señor en reverençia de los que Él padesçió por nos redimir y salvar. Quando travajava, dávase mucha priesa porque los dolores y heridas fuesen mayores siempre. Esta bienaventurada offreçía tres cosas a Dios: travajo corporal, hecho muy alegremente por amor de Dios e la charidad del Próximo; la segunda, sacrifiçio de sangre y dolores, que le causavan las cosas ásperas y crueles que traýa junto a sus carnes; la terzera, los pensamientos siempre puestos en Dios y en las cosas çelestiales. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Hazía siempre muy ásperas disçiplinas, dándose con muy gruesos cordeles dados en ellos muy grandes [¿nudos?]. Dávase con estos tan cruel y despiadadamente hasta que le salía sangre y se hazía muy lastimossos cardenales y heridas. Tenía tan gran silençio que nunca hablava palabra oçiosa que fuese fuera de Dios o la neçessidad no la pudiese escusar. Andando por casa, o haziendo labor de manos, se dava secretamente en los mureçillos de los brazos y en qualquier parte de su cuerpo que ella podía muy reçios pellizcos, y quando havía de hazer algún travajo al fuego o orno, se destocava y se arremangava mucho los brazos para hazer penitençia e quemar sus carnes e offreçerlas a Dios en sacrifiçio. Y el día que alguna de estas cosas no hazía, no se tenía por [fol. 7v] digna de comer el pan ni de ollar la tierra que Dios havía criado. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y como ella le tenía siempre en su memoria y coraçón, su Divina Magestad le mostrava las revelaçiones que Él hera servido, ansí de mostrársele a ssí mismo como a sus sanctos ángeles, que los veýa esta bienaventurada muchas vezes. Y en espeçial cada vez que estava en un palaçio veýa en un margen que estava puesta de un paramento delante della dos serafines muy hermosos y resplandesçientes, y entre medias de los dos seraphines estava una fuente muy hermosa y muy clara, con caños muy luçidos y corrientes de agua. Y los seraphines tenía cada uno una xarra de oro en la mano, y enchíanlas de agua de la agua de la fuente, y a deshora las baçiavan. Y no veýa ella dónde, porque no se derramava ni pareçía en ningún lugar visible. Y esto hazían los seraphines muchas vezes de llenar las xarras en la fuente y tornarlas a baçiar; la qual fuente, le dixo della su sancto ángel andando el tiempo, hera divina, y el agua, la graçia muy abundosa del Spíritu Sancto, la qual aquellos dos seraphines en figura y persona de Dios derramavan sobre ella y la infundían en su ánima. Aunque oculto por entonçes a sus ojos corporales, dezía esta bienaventurada que hera tan grande la consolaçión que sentía quando lo veýa, que en ninguna manera quisiera de allí ser apartada. Y assí hera, que ella entrava allí muy a menudo y se estava por largos ratos, en tanta manera que hera por ello muchas vezes reprehendida ásperamente. Pero sufríalo con humildad, y no ser por eso dexava de entrar todas las vezes que ella podía, y quando entrava la miravan los sanctos seraphines y se reýan y gozavan con ella, aunque no la hablavan. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y como ella hera tan amiga de la oraçión, y del silençio y recogimiento, buscava tiempos en que ella pudiese, sin estorvo, estar en prolongada oraçión. Y para esto pareçíale que el silençio y reposo de la noche hera tiempo muy convenible. Y quando hera la gente de la casa de su tía recogida y que todos dormían, quedávase ella [fol. 8r] rezando en la cámara donde durmía. Y de que veýa muerta la candela, en el tiempo de las noches frías y largas del himbierno, para hazer mayor penitençia −junto con la ferviente oraçión− desnudávase en carnes delante de unas ymágenes, quedándosele el siliçio muy áspero, que contino traýa. Y assí estava de ynojos en oraçión hasta que veýa que la gente, e unas o dos o tres criadas de casa con quien ella dormía, era ora que se levantasen. Entonçes, por no ser sentida, ýbase acostar. Y como ella hiçiese esto muchas vezes, aconteçió, quiriéndolo Dios por que fuese conoçida, sus compañeras lo sintieron y vieron cómo se yba acostar quando quería amaneçer; y sentían cómo yba muy fría, que solo el fríor de sus carnes las depertava. Y reprehendida muchas vezes dellas, porque no se acostava quando ellas se acostavan, que qué hazía, adónde estava o venía a tales horas, la bienaventurada les respondía con mucha prudençia que alguna neçessidad tenía de venir donde venía. Y como ella no çesase de proseguir en su buena obra y perfeta oraçión, acordó una de aquellas sus compañeras de dezillo a su señora, cómo su sobrina venía tan tarde a la cama, y muy fría, y que ellas no la havían sentido levantar ni visto antes acostar; la qual se angustió mucho quando esto le dixeron. Y mandó a aquella su criada que, con cuydado y en secreto, viese dónde se yba su sobrina aquellas oras, e qué haçía. Luego, la noche siguiente, la moza, viendo que no estava en la cama la bienaventurada, acordó de ponerse a la puerta de la cámara donde dormían con yntençión de çerrarla, pensando la bienaventurada havía salido fuera. Y con este pensamiento llegó a la puerta, y hallola çerrada, y maravillose mucho. Y como estavan ascuras no la veýa, que estava en oraçión delante de las ymágines, y púsose junto a la puerta por verla quando fuese a salir. Y estando allí por algún rato, oyola llorar y gemir. Y la moça, por çertificarse, quitose de la puerta, y fue donde ella estava en oraçión descuydada, que nadie la oýa ni aguardava. Y fue a asir della y sintió cómo estava de rodillas, y desnuda en carnes, y envuelta en áspero siliçio, de lo qual la bienaventurada resçivió gran tribulaçión por ser vista. Y la moza, más maravillada que se podía dezir, disimuló con ella [fol. 8v] por entonçes, y dixo a su señora quán bienaventurada persona hera su sobrina y en quán sanctos y provechosos actos la havía hallado, de manera que su buena vida y obra se divulgó y conoçió por todas las personas de la casa y aun por otras muchas personas, de lo qual ella resçivía muy gran pesar, y [¿?] su pensamiento, donde se podía apartar a haçer sus acostumbradas obras que [¿no?] fuese vista, y acordose de un palomar que estava tapiado y sin texado en un corralejo y corrales en aquella casa de su tía. Y tomó una Berónica en que ella tenía gran devoçión, y púsola en un gran pedaço de terçiopelo y, doblándola, traýala consigo. Y todas las vezes que ella podía yba a aquel palomar y ponía la Berónica que traýa en una parte; y con unas cadenas que ella tenía allá escondidas, dávase muy crueles azotes, hasta que le salía sangre de sus carnes, y andava de ynojos, desnudas las rodillas sobre las grigeras y cantos, hasta que se le ollavan. Y con muchas lágrimas y gemidos andava desta manera con la más priesa que podía, considerando que yba por los lugares sanctos y por donde havían llevado a cruçificar a Nuestro Señor Jesuchristo apasionado, como quando llevava la Cuz a cuestas, y que la mirava con sus ojos de misericordia. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Un día de Viernes Sancto tenía esta bienaventurada gran desseo que la llevasen a la yglesia para ver el sancto monumento y adorar y reverençiar a Nuestro Señor Jesuchristo, que estava en él, y pidiolo a su tía. Y no conçediéndoselo, fuéronse todos a la yglesia, y quedó solo ella en casa, acompañada del dolor y compasión que aquel sancto día representava. Y con esta contemplaçión tan piadosa yncose de ynojos delante un cruçifixo con muchas lágrimas, compadeçiéndose de lo qu’en tal día su Dios y Señor havía padeçido. Y fue tanta el agua que de sus ojos manó que mojó la tierra, y del dolor que sentía en su coraçón cayó en el suelo como muerta. Y estando [fol. 9r] con esta compasión, a deshora vido a Nuestro Señor Jesuchristo, o la ymagen de sancto crucifixo muy apasionado y llagado, y pareçieron allí todas las ynsignias e misterios de la Passión, y las tres Marías, todas muy llorosas y cubiertas de luto. Y tantos fueron los misterios e autos de la Sancta Passión que allí vido y sintió, y lo mucho que lloró e se traspasó su coraçón, que quando ya çesó de ver esta revelaçión, la qual vido e oyó corporalmente estando ella en sus propios sentidos e no estando arrovada, quedó tal que pareçía muerta, e su gesto tan difunto e disgustado que quando sus tías y la gente de casa vinieron se maravillaron mucho de la ver tan demudada, y le preguntavan qué le havía acontesçido o qué sentía, que tan desmayada estava, y apremiáronla que comiese y no ayunase aquel día a pan y agua. Y la bienaventurada suplicoles no la quitasen su devoçión, que muy bien podía ayunar, que bien dispuesta se hallava. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Teniendo el tío de esta bienaventurada unos cavalleros por huéspedes en su casa, acaesçió que, haviendo ya çenado toda la gente, haçía luna e noche serena. Salió la bendita a un corral a buscar soledad para haçer sus acostumbradas oraçiones, la qual se puso de ynojos en tierra y empeçó a reçar y orar mirando el çielo con mucha devoçión y atençión. Y estando assí mirando, a deshora vido cómo el çielo se abría, y vido desçender a Nuestra Señora, la Virgen Sancta María, trayendo en sus brazos al Niño Jesús, y pareçíale que venía haçia ella, y la mirava y acatava. Y muy admirada de esto, la bienaventurada, casi enagenada de sus sentidos, no siendo en su mano ni saviendo de sí, dava muy grandes gemidos y gritos, toda muy temerosa, sintiéndose por muy yndigna que viniese a ella; y encomendávase a Nuestra Señora, diziéndole muy grandes loores y haziéndole muy grandes [fol. 9v] ruegos y suplicaçión, cuya voz tan clamorosa de todos los huéspedes y criados suyos y de sus tíos fue oýda. Y no saviendo lo que hera, ocurrieron todos, y como la vieron yncada de ynojos conoçieron estava en oraçión. Y callaron todos, y estuvieron por algún rato mirando por entre las puertas, y oyeron cómo hablava con Nuestra Señora e le haçía muy grandes ruegos. E después de ser haver çertificado bien y visto la maravilla que por entonçes mostrava Nuestro Señor en ella, entraron todos, y habláronla disimuladamente diziéndole que qué haçía. La bienaventurada tornó en sí, turbose en alguna manera en su spíritu porque la havían visto, e respondió disimuladamente diziendo que entonçes se havía puesto allí a reçar. Y como se fue a levantar, cayósele un manojo de nudos en que rezava, y como la vieron los huéspedes, dieron graçias a Dios. Y el uno de aquellos cavalleros diole entonzes un rosario de cuentas en que rezase, diziéndola que rogase a Dios por él. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
La bienaventurada, sitiendo que no se podía encumbrir, dávale pena y congoja tres cosas: la una, no tener tiempo y livertad para servir a Dios como ella deseava; la segunda, que hera conoçida de todos la graçia que Dios ynfundía en su sancta ánima; la terçera, el gran desseo que tenía de la sancta religión, de manera que muy públicamente y con mucho fervor y lágrimas pedía de ser religiosa a sus padres y a sus tíos, los quales con mucho desabrimiento la deshechavan, y la menospreçiavan con palabras. Y en espeçial su tío, que la havía criado, le dixo como haziendo burla della: “Mi sobrina quiere ser monja por ser sancta”. La bienaventurada le respondió con mucha humildad: “Pues si lo fuere por la graçia de Dios, rogase por vuestra merçed”. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y por entonzes no los ymportunó más, no perdiendo la esperanza que Nuestro Señor se lo havía de otorgar, pues ella se lo suplicava sin çesar. Y con esta esperanza fuese a aquel lugar do estava el palomar, y entrando en él puso la sancta [fol. 10r] Berónica y sacó la cadena que tenía escondida y empeçose a dar con ella muy crudamente, porque todas las vezes que ella yba a aquel lugar primero [¿secrestava?] que se pusiese en oraçión. Y hecha su desçiplina, yncó sus ojos en tierra, y derramando muchas lágrimas empeçó a decir mirando a la sancta Berónica: “O, muy dulçe señor mío Jesuchristo, suplico a la vuestra Divina Magestad por reverençia de los misterios, que tal día como oy, día de Viernes Sancto, Vos mi Señor sufristes, y por los dolores y tomentos muy crudos que por me redimir y salvar padeçistes, que me conçedáys esta miel que muchas vezes con ynportunidad he pedido: que merezca yo ser vuestra esposa y entrar en la sancta religión para que mejor os pueda servir y amar, por que ninguna cosa ni ocupaçión mundana desto me pueda apartar. Y esta merçed, mi Señor, supplico a vuestra Divina Magestad no me sea negada en este sancto día”. Y estando la bienaventurada en tan prolongada oraçión, a deshora vido la sancta Berónica mudada y transformada en el rostro y figura de Nuestro Señor Jesuchristo, como si estuviera allí vivo, en carne apasionado, y llagado y corriente sangre; y hablola y consolola con muy dulçes e amorosas palabras, diziendo que havía oýdo su petiçión y resçivía su buen desseo, y los tomava por obra muy açeptable a Él, y le plazía de la tomar por esposa. Y conçediole la religión con tal condiçión que pusiese ella diligençia en ello, que para alcançarlo havía menester alguna interçesión y soliçitud. Y de que Nuestro Señor la hubo hablado y consolado, tornose la sancta Berónica a deshora en su mesmo ser. Y dende aquella hora, buscava y procurava en su coraçón cómo y de qué manera saldría secretamente, que ninguna persona la viese [fol. 10v] yr al monasterio de Nuestra Señora Sancta María de la Cruz, que allí la alumbrava el Spíritu Sancto fuese.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Capítulo III'''&lt;br /&gt;
'''Cómo esta bienaventurada virgen buscó manera para ser religiosa'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Después de pasada la Pasqua de la Sancta Resurrecçión, como ya fuese cumplida en ella la voluntad del poderoso Dios para que fuese religiosa, acordó con ayuda suya de tomar una mañana de madrugada unos bestidos de un primo suyo que ella tenía en guarda, e calzas, y borçeguíes y çinto, y vistiese de hombre para salir sin ser vista e yrse al monasterio llamado Sancta María de la Cruz. Estava dos leguas del lugar donde ella vivía, y de que estuvo bien adereçeda de ávito de barón, púsose ençima los acostumbrados bestidos de muger que ella sólía traer y toda de la mesma manera que acostumbrava, y llamó a las mozas diziendo que hera tarde, y junto con ellas hizo las haziendas de la casa como acostumbrava otras vezes. Y de que todos los de la casa la huvieron visto que esta hera su yntençión, que la virgen, por que se descuydasen della por algún rato y ella pudiese yrse sin que la siguiesen, entrose aprisa en un aparte y quitose los bestidos de muger y púsose un tocador de hombre en la caveza, y arrevoçose una toca de camino, y hechose una capa en el hombro y una espada en la mano; y un lío que tenía hecho de sus aderezos de muger, tomole debajo del brazo y, santiguándose, empeçó su camino, el qual ella no savía sino por oýdas. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y yendo ella con mucho fervor, el Demonio, que tenía mucho pesar de la tal obra, travajó de le poner tentaçiones y peligros por [fol. 11r] estorvalle tan glorioso viaje, convatiéndola de muy reçios temores y espanto de su padre y parientes, y que no saldría con lo començado. La bienaventurada, como arrepintiéndose de lo que havía puesto en obra, creçiole el temor en tanto grado que le falleçieron las fuerças corporales y le temblava todo el cuerpo, que no podía andar paso, en tanta manera que se huvo de assentar en el mismo camino muy desmayada; y, estando assí, enconmendávase con muchas ansias a Nuestra Señora, suplicándole Su Magestad la quisiese esforçar y ayudar en tan grande neçessidad para que ella pudiese acavar la obra començada. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y estando en esta esclamaçión, oyó una voz que le dixo: “Esfuérçate, esfuérçate, esfuérçate, no desmayes, acava la buena obra que as empezado”. Y no vido por entonzes quién la hablava, mas después supo en revelaçión que hera su sancto ángel, en la qual voz se esforzó mucho y se levantó muy alegre, y anduvo su camino. Y, ya que havía andado buena parte d’él, sintió venir tras sí, aunque algo lejos, una persona cavalgando en un cavallo, la qual hera un hombre muy honrado que tenía muy gran desseo de casar con esta bienaventurada virgen y lo havía procurado y rogado. Como ella alçó los ojos y conoçió que hera el susodicho manzebo, y se vido sola en un campo y que por entonzes no pareçía nadie ni aun siquiera un pastor, turbose su spíritu más de lo que se puede pensar, temiéndose por deshonrada e perdida. E alumbrada y esperida en aquella sazón del Spíritu Sancto, pensó en su coraçón de se apartar disimuladamente antes [fol. 11v] que él llegase çerca, y assí lo hizo, que se apartó del camino, y a él le çegó tanto Dios los ojos del conoçimiento que no solamente no la conoçió mal: aun la color de los bestidos de hombre que llevava la bienaventurada le paresçieron a él de otro, y quando pasó por enfrente donde ella estava, dixo en su corazón: “Mira qué cobardía de hombre; qué le havía yo de hazer que en viéndome se apartó del camino”. Y tornando él a miralla vido el lío que la bienaventurada traýa debaxo del brazo, y dixo: “Algún sastre debe de ser que viene de cortar y coser de alguno de estos lugares”. Y con este pensamiento pasó aquel manzebo su camino sin la conozer. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y de que la sancta virgen se vido librada de aquel tan gran peligro, yncose de hijonos con muy gran fervor y devoçión y empezó con muchas lágrimas a orar y dar graçias al poderoso Dios, que la havía librado. Y suplicando a Nuestra Señora con muy amorosas e dulçes palabras quisiese Su Magestad rogar por ella a su preçioso hijo, y alçando los ojos al çielo, vido a Nuestra Señora la Virgen María yncada de ynojos y puestas las manos a manera que rogava por ella, y díxole: “Esfuérçate, hija mía, que yo rogaré por ti, y te pedía a mi preçioso hijo para mi casa de la Cruz, y él te me crió para eso. E yo te doy las llaves de mi casa para que en ella estés y mandes, y disipes y cortes lo malo, y aumentes el serviçio de mi preçiado hijo y el mío”. Y estas palabras y otras de mucho amor le dixo la Reyna del Çielo, y la bienaventurada, con mucha humildad, dio muchas graçias a Nuestra Señora, y con muy gran consolaçión en su spíritu se levantó a andar su camino.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y anduvo gran parte d’él, y apartó a un lugar qu’es dicho Casarrubielos. Y por la mucha fatyga y cansançio del camino, que todo havía andado a pie, y llegó a una casa en aquel lugar a pedir un jarro de agua y, como se le dieron, asentose a descansar y puso la espada sobre un poyo y olvidosele allí. Y ya que hera salida de la casa, tornó por ella y dixo: “O peccadora de mí, la [fol.12r] espada se me olvida”. Y estas palabras oyó la moza, que salió a dalle de beber, y las dixo a las personas de aquella casa, diziendo: “Muger es aquel paje que pidió el agua”. Y no creyendo a la moza, no la siguieron.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y la bienaventurada, llegando al monasterio, entró luego en la yglesia a hazer oraçión, y offreçió su ánima y su cuerpo a su esposo Jesuchristo. Supplicóle la quisiese resçivir en aquella sancta compañía y congregaçión y, de que huvo orado, como no havía nadie en la iglesia, apartose a un rincón della y quitose los bestidos de hombre, y bestiose sus propios bestidos de muger, que havía traýdo consigo. &lt;br /&gt;
Y de que fue adereçada de muger, fuese al resçivimiento o portería de la cassa, en el qual estava una ymagen de Nuestra Señora, de bulto, de mucha devoçión e milagros. E yncándose de hinojos y puestas las manos con mucho fervor, le dio gracias, porque la havía traýdo a su sancta casa sin peligro de su persona, y dezía con mucha humildad a la sancta ymagen: “¿Qué serviçio podría yo, Señora, hazer a Vuestra Real Magestad por tan gran virtud como esta? Suplícole a mi Señora me dé graçia, que yo perseveraré en serviçio de vuestro preçiosíssimo hijo Nuestro Señor Jesuchristo toda mi vida en esta vuestra sancta casa, y en ella acave mis días”. Entonzes la sancta ymagen la habló, diziéndole: “En nora buena seáys venida, hija, a esta mi casa. Entra en ella alegremente, pues para ella fuysteis criada, y yo te torno a dar la mayoría como te tengo dicho”. Entonçes esta bienaventurada le respondió: “Ay, Señora, que no sé si me querrán abrir la puerta e resçivir estas vuestras siervas”. La sancta ymagen la dixo: “No tengas temor de eso, pues mi preçioso hijo te truxo con su graçia. Él hará de manera que seas resçivida”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y levantándose esta bienaventurada delante la sancta ymagen, fue a llamar a la puerta, rogando que la abriesen, y preguntándole la casera de las monjas quién hera o qué [fol.12v] quería, respondió que hera una donzella que quería ser religiosa. La casera le dixo: “Las que bienen a ser religiosas no vienen solas, que sus padres o parientes las traýan”. La bienaventurada le respondió: “Vine en ábito de hombre ascondidamente, que de otra manera no viniera así, mas por amor de Dios me abrid siquiera para que me caliente, que como esta mañana llovió, tomome el agua en el camino, y vengo cansada y muerta de frío; siquiera para que me caliente y me dé por caridad un poco de pan, que vengo muy neçessitada, que si no queréys no digo yo que me metáys allá para religiosa, que, como vine ascondida, presto me hecharán menos mis parientes y me vernán a buscar, y si no me quisieredes, yrme he con ellos”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y la casera la metió dentro, en la casería, y la dio de comer y la hizo caridad, siempre preguntándola y examinándola, y la bienaventurada le dava muy çierta entera quenta de su deseo y venida. Y quando la serbienta de la casa fue a la yglesia, vido los bestidos de hombre que havía traído. Pensó en su coraçón no fuese varón que venía con alguna burla o engaño, pero ansí en los cavellos largos, como en los pechos y gestos y en otras señales, se çertificó cómo hera muger, y aun virgen y donzella, y de tierna hedad. Entonzes la dicha serbienta llegó al torno del monasterio y dixo a la portera que quería hablar a la abbadesa. Y quando la fue a hablar el abbadesa, la sirvienta le dixo: “Señora, aquí es venida una donzella de hasta quinze años, que dize que es de Hazaña, y vino sola, en ábito de hombre, y pareçe que trae muy gran fervor de ser religiosa”. El abbadesa, oýdas las palabras que la sirbienta la dixo, mandó llamar a la bienaventurada donzella, e informose muy bien della y de su desseo. Y después que la huvo muy bien esaminado, aunque fingidamente, reprehendiola, porque havía venido de tal manera. Y la bienaventurada la respondió con mucha humildad, [fol.13r] diziendo que su venida no havía sido por otra yntençión ni ocasión sino solo de servir a Dios, y vivir y morir en el dicho monasterio y sancta casa en su servicio, y hazer todo lo que la mandasen, y ser toda su vida su sirbienta. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Entonçes el abbadessa, dando graçias a Dios, entró donde las monjas con gozos, diziendoles: “Hermanas mías, una donzella está aquí que dize que quiere ser nuestra hermana. Creo la trae Dios por milagro, porque nunca havía savido este camino ni vístole”. Y ansí les dixo y relató la manera de su venida, y cómo dezía palabras de mucha prudençia. Las religiosas, oýdas las nuevas que el habadessa les dixo, dieron graçias a Dios, y demandaron liçençia para la yr a hablar y ver. Y ordenándolo la Divina Magestad, a todas les pareçió tam bien quando la hablaron que con yntençión de la resçivir en su compañía, y tuvieron por mucho milagro que no havía sino solos ocho días qu’el perlado mayor dellas havia ydo dela casa, sin el qual perlado no la podían resçivir, o sin su liçençia y mandamiento, y vino en aquella saçón. Y habló aquella bienaventurada, y supo su yntençión y sancto deseo, y con mucha voluntad dio la liçençia y merçed al confesor de las monjas le diese el ávito. Y antes que la metiesen dentro d’el monasterio, vinieron algunos de sus parientes a la buscar y, hallándola en la casería, reprehendáronla mucho porque se havía venido sin liçençia, y les havía dado tanta pena y enoxo. La bienaventurada, pidiéndoles perdón con mucha humildad y vergüenza, les respondió que ya savían ellos su deseo y quánto lo havía demandado, y que pues hera venida a tan preçioso y sancto lugar, çierto havía de ser religiosa en él, y no en otro ninguno. Y viendo el abbadesa y monjas su constançia e lágrimas, que derramava con fervor entrar en su compañía, defendíanla a sus parientes, y conçertáronse con ellos en lo que le havían de dar.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y dieron el ávito a la sancta virgen con mucha solenidad e alegría spiritual, en presençia dellas, e dieronle maestra que la administra- [fol.13v] se como es costumbre de dar a los que nuevamente son religiosos. Y administrándola su maestra de las cosas que havía de guardar, según Dios y la regla de su orden, que en la profesión prometen de guardar, díjole que havía de tener silençio todo un año, que no havía de hablar sino con las perladas y con ella, y quando confesase; del qual silençio ella holgó mucho, porque de natural hera muy amiga d’el. Y ansí empezó a hazer vida marabillosa y muy provechosa para los que la savían e oýan. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Su bestido hera muy pobre e humilde, muy más qu’el de las otras religiosas. Traýa túnica de sayal, e una saya muy vieja y remendada, e el ávito lo mesmo, e unos alpargatas en los pies, e lo más del tiempo andava descalza, e la más gruesa cuerda que ella podía haver se çeñía. Y en la caveça una albanega de estopa, y ençima lo más despreçiado que ella tenía y, devajo de esto, que no se lo vía nadie, un muy áspero siliçio, el qual nunca se quitava de noche ni de día. Estas muy graves e ásperas penitençias hazía. Era su paçiençia cosa maravillosa de mirar e oýr, que no solamente holgava de ser menospreçiada y reprehendida sin culpa, e levantados testimonios e ynjuriada de qualquier manera que quisiesen fatigalla: deseava tormentos e llagas, heridas, dolores, frío e cansancio, e todas maneras de penas por amor de Dios. E no solamente en el año del noviçiado tuvo esta manera de vivir e tan perfetas obras, mas todo el tiempo de su vida guardó el silençio tan perfetamente que ninguna palabra la oýan hablar en todo el año, si no hera con su maestra abbadesa e vicaria, y esto siendo preguntada. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Hazía penitençia con la boca trayendo en ella ajenjos amargos por la guarda del silençio, con mérito de penitençia, por el amargor de la yel e vinagre que dieron a Nuestro Señor Jesuchristo. Traýa siempre en su memoria la su muy cruda e amarga passión. De muchas maneras hazía esta bienabenturada penitençia con la boca, algunas vezes trayendo una piedra algo grande que le dava dolor, [fol.14r] e otras vezes tomava en la voca aguas, y teníalo tanto espaçio dentro hasta que del dolor no la podía sufrir. Tomava con los lavios un candelero mediano, y teníale tan largo rato por la parte donde se pone la candela hasta que le dolían las quijadas. Pensava hella que guardar silençio sin penitençia de dolor no sería ante Dios serviçio açeto ni sabroso.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Heran sus ayunos muy perfetos, e mucho assí espiritual como corporalmente, que no solo usava dende su niñez ayunar ordinariamente comiendo una vez al día, mas aun estar tres días con sus noches sin tomar ningún mantenimiento corporal. Y no solamente ayunava de comer, mas aun de dormir. Hazía penitençia e ayunava, e tenía puesta entre sí tal tasa que dezía e considerava en su corazón: “Pues las personas, quando ayunaban, no comen hasta mediodía, e después de haver comido una vez, pueden tomar alguna refeçión de vever entre día, e alguna colaçión a la noche, de esta manera será bien ayunar del sueño hasta medianoche, y después, la comida de la medianoche serán los maytines e offiçio divino; e a la mañana, en lugar de vevida o colaçión, tomar un poco de sueño corporal para sustentar la naturaleza”. Y para bien cumplir e poder hazer perfeto su ayuno del sueño, sin quebrantarle en ninguna cosa, acordó de tener esta manera. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Como todas las religiosas acostumbran dormir juntas en un dormitorio y en medio d’él tienen una lámpara ençendida, como quiera que cada una esté en su cama por sí, llevava esta bienaventurada una rueca a prima noche a su cama, y quando veýa que todas las religiosas heran recogidas e dormidas, tomava su rueca e ylava cave su cama, a vezes en pie e otras de ynojos en tierra, rezando con gran fervor, e otras vezes contemplando en la Passión de su amado Christo hasta que tañían a maytines. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Como hera esta sancta virgen tan cuydadosa de aprovechar en el [fol.14v] spíritu, quando travajava corporalmente endereçava con su pensamiento e limpia intençión todos aquellos serviçios e travajos que hazía por la sancta obediençia a la persona realíssima e divina del poderoso Dios. E contemplando, dezía entre sí mesma que hera su moza y esclava, y los platos que fregava e todas las otras cosas pensava que heran de oro e de piedras preçiosas para en que comiese su Alta Magestad. Y quando barría, contemplava la escoba: hera un manojo de rosas y flores muy olorosas con que alimpiava e adornávalo sus estrados. Y quando guisava de comer, contemplava: heran muy preçiosos y delicados majares para que comiese su Divina Magestad y la Virgen Sancta María, su madre, y todos sus sanctos. E ansí lo offreçía ella, y de esta manera y de otras muchas offreçía esta bienaventurada sus travajos corporales ante la Magestad Divina. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Queriendo Dios darle a conoçer que los misterios que ella veýa en el Sanctíssimo Sacramento le heran mostrados por singular graçia e don que Él le dava e hazía, acaeçió que fue a comulgar siendo noviçia y, comulgando, no vido ni sintió por aquella vez ningún gusto ni mutaçión en el Sanctíssimo Sacramento; de lo qual se angustió mucho en su spíritu, y resçivió tan gran tristeza e afliçión que no se pudo contener sin yr luego a su confesor a dezirle su gran pena. Y con muchas lágrimas se lo contó, diziendo pensava haver comulgado en peccado mortal e muy yndinamente, pues no havía sido dina ni mereçedora de ver ni gustar a Nuestro Señor Jesuchristo, sino assí como se estava la hostia antes que se consagrase. Al qual llanto y loable desconsuelo el confesor la respondió, diziendo: “Consolad vos, hija hermana mía, que no por eso comulgastes vos en peccado ni yndinamente, que eso que vos dezís que no fuysteis dina de ver ni sentir, ninguna persona lo ve, ni es digna dello; como quier que las [fol.15r] mutaçiones del pan en la carne de Jesuchristo sean muy çiertas y verdaderas e artículo de fee, enpero presençialmente no se ve tal cosa, que con la fee sola se á de creer, y por eso es más meritoria”. Entonzes la bienabenturada se consoló, e dio graçias a Dios con nuevo don del Spíritu Sancto de conoçimiento de los señalados dones y merçedes que hasta entonzes su Divina Magestad le havía hecho, y con muy profunda humildad se hallava yndina dello. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Oyendo esta sancta virgen leer una liçión en el libro llamado ''Floreto del glorioso padre sant Françisco'', cómo havía mandado yr a un frayle desnudo en carnes a predicar, pensó entre sí: “Si el padre sant Françisco mandava yr al frayle a predicar desnudo no teniendo peccados, cómo yo no yré a confesarme de los míos e desnudarme dellos, desnuda en carnes e yriéndolas con piedra y palo a cada peccado que dixere. Encomiéndome a Dios y a vos, padre sant Francisco, y sola la cuerda ceñida a mi cuerpo y cuello quiero yr a confesar como malhechora, y por tal me pregonaré ante Dios y mi confesor frayle de vuestra sancta orden”. Y con este pensamiento, llevando a Jesuchristo y a su Passión en su coraçón, y arta contriçión de sus peccados, entró en el confisionario, el qual es de manera que no se puede ver ninguna cosa de una parte a otra, que ay pared en medio e una regeçita de yerro a manera de rallo espeso, y ençima un belo grueso. Y empezó a confesar yncada de ynojos, con muchas lágrimas. Y hera tiempo de mucho frío, y como ella lo sintiese tanto, empezó a dar muy grandes temblores del gran frío que sentía, de manera que no lo podía encubrir; y fue tanto que la habló el confesor, pensando que hera enfermedad, y díxole: “¿Estáys enferma, hermana, tenéys çiçiones, que templáys tanto?”. Respondió la bienaventurada que no, que de frío lo hazía. Y acavada de confesar, [fol.15v] salió del confisionario. Y ella, que se empezava a vestir, y otra religiosa que yba a confesar vídola, y entró en el confisionario, y dixo al confesor que riñese a Juana de la Cruz por tan áspera y estremadas penitençias como hazía, que entró a confesar desnuda como naçió. Y el confesor le respondió: “Verdaderamente yo la sentí temblar muy reçiamente, y pensé estava enferma y preguntele si lo estava, e dixo que no”. Y de allí adelante no solamente en hymbierno, mas aun en verano le preguntava quando yba a confesar si yba cubierta y, si no, no la confesaría. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Todas las vezes que esta bienabenturada yba a confesar, resçivió el confesor singular consolaçión en su ánima y dotrina maravillosa para la enmienda de su vida. Y no solamente este, mas todos los otros padres que la confesaron mientras ella vivió en este mundo dezían que sus peccados se podrían llamar alumbramiento y aviso de conçiençia. Dezía, quando hera muy ymportuna de sus confesores les dixese lo que sentía en su spíritu, que más vergüenza tenía de contar las cosas de virtud y graçia que Dios le havía dado que no de dezir sus peccados, porque esto hera de sí propia y lo otro hera de Dios y de su misericordia.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Siendo coçinera esta bienaventurada, algunas vezes hera reprehendida de su compañera y de la provisora, no contentándose de lo que hazía, y se le mostravan enojadas. Ella, no respondiendo ninguna palabra, con mucha humildad, yncados los inojos, les dezía la culpa. Ellos diziéndole con enojo que se fuese de allí, muy angustiada ýbase al coro, y suplicava al Señor le perdonase la pena que havía dado a su hermana y le quitase la turbaçión que tenía con ella. Estando en esto, tornávala a llamar su compañera y dezíale qué haçía en el coro. La bienaventurada la respondía con mucho amor humildad: “Suplicava a Nuestro Señor, Su Magestad, le perdonase la turbaçión que fue causa, hermana mía, de os dar; e os diese su graçia, me perdonásedes e os quitase [fol.16r] la turbaçión que conmigo teníades”. Oyendo la compañera e la Provisora la respuesta, edificávanse en tanto grado que por algunos días les durava muy gran compunción e lágrimas en lo secreto de su coraçón. Y esta oraçión hazía todos los que la reprehendían e angustiavan.&lt;br /&gt;
Yendo un día al pozo llevava un barreño con carne para lo lavar, y topó con él en una piedra, y quebrose y cayó en el suelo hecho dos o tres partes, y vertiose todo lo que en él llevaba. Y a la sazón encontró con ella una religiosa, y díxole: “Pues eso, hermana, ¿cómo se a quebrado el barreño?”. Ella respondió: “Ay, no sé”. Y diziendo esto, yncó los ynojos en tierra, y tomó en sus manos los pedazos del barreño, e juntolos e alçó los ojos al çielo, e hiço su oraçión. E luego, a deshora, fue el barreño sano y tan perfeto como de primero estava, y levantose muy alegre y hechó dentro la vianda, y fue a hazer su offiçio. La religiosa, que esto veýa muy maravillada, le dixo: “¿Qué es esto, hermana? ¿No estava este barreño en el suelo hecho pedazos, cómo está ya sano?”. Y la bienaventurada le respondió con mucha humildad, diziendo: “Ansí es, señora, mas el Señor a tenido por bien de rremediar por su bondad lo que yo havía hechado a perder por mis peccados”. Y la religiosa tomó el barreño en ausençia della y llevolo a mostrar a las monjas del convento, y contoles el milago que havía visto. Y tornando el barreño en serviçio de la cozina, duró sano por dos o tres años en testimonio.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Hera esta sancta virgen muy prudente, y muy reverenda en sus pensamientos, e de mucha discrepçión y capacidad, y de gesto muy hermoso y de gran gravedad, adornada de mucha humildad y actos honestos y perfectos. Tenía presençia de muy grande autoridad. Hera de amigable conversaçión y de mucha piedad, y admirable consejo e provechoso a las [fol.16v] ánimas y a los cuerpos, y de muy graçiosa habla y de mucha mansedumbre. Hera mesurada en su risa, y provocava a quien la oýa y veýa a más devoçión que a risa bana. Llorava muy sereno y sin mucho clamor, salvo quando se elevava, que salía de sus sentidos en algunos pasos de la Pasión, que entonzes no hera su mano, porque el Spíritu Sancto gemía y llorava en ella e la hazía dar algunos devotos sospiros con algunas palabras del paso o misterio que estava contemplando. Hera de mucha cortesía y muy grande crianza, y humilde en todo, y holgava más de hazer a qualquier persona demasiada reverençia y honra que no de menos. Hera ygual a todos, tratando a cada uno según su estado y manera. Hera de mucha verdad, y no a lo contrario ni aun en burla, e muy secreta y callada en todas y qualesquier cosa que le heran dichas e descubiertas de tribulaçiones e angustias o cosas de otra qualquiera calidad que en secreto le fuesen dichas o descubiertas. Fue remediadora de muchos y graves daños, e libradora de grandes peligros presentes e por venir. Hera de tan gran sanctidad que jamás prejudicava a sus próximos ni los agraviava, aunque fuese en burla. Llegándose a ella las monjas de su convento, como dellas e de todos hera conosçida, rogávanle en secreto les dixese cómo harían la oraçión que agradasen a Dios con ella y aprovechasen en su spírictu. Respondía: “Yo no tengo qué deziros, señoras, mas como peccadora, direos lo que hago quando yo no offrezco al Señor la oraçión bañada en lágrimas muy fervorosas salidas del coraçón, e lloradas por amor divinal y compasión de Nuestro Señor Jesuchristo, o por sus gozos y misterios: la tal oraçión hecha de otra manera no la tengo por digna de ser resçivida ante el acatamiento divino, ni tanpoco me pareçe ser muy fructuosa ni a mi ánima se abasta ni consuela, [fol. 17r] ni tengo por entera oraçión la que es algo tibia y relaxada. Mas doos por consejo, señoras mías, que no offrezcáys a Dios solo un sacrifiçio, mas tres e quatro, e más si pudiérades, porque cada hora podría qualquiera persona offreçer a Dios tres sacrifiçios prinçipales, los quales son estos: el primero, el afiçión y contemplaçión muy viva hecha dentro del coraçón e ánima; el segundo, oraçión vocal e graçias e loores a la Magestad Divina sin çesar; el tercero, alguna penitençia, e golpes e heridas dadas secretamente. Y aun para deshechar la azidia, se puede añadir lavar de manos. Y haviendo soledad e tiempo sufiçiente, es bueno haver lavatorio, e fuentes de lágrimas lloradas de contriçción de los peccados o por compasión de la Passión de Nuestro Señor Jesuchristo. Y entonçes podrá qualquier persona dar çinco sacrifiçios offreçidos en reverençia de las çinco llagas de Nuestro Señor, y quando esto no se pudiese hazer tan secreta y ascondidamente, podrán offreçer tres en reverençia de la Sanctíssima Trinidad, estos sin ser vistos ni sentidos de ninguna persona”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Capítulo IV'''&lt;br /&gt;
'''De cómo esta bienabenturada comulgava spiritualmente'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Procurava esta sancta virgen de, en amanesçiendo asta estuviese en el coro, en los offiçios divinales o en otra qualquier parte, o en ocupaçión y trabajo corporal, de apartarse para comulgar spiritualmente, pues no podía corporal e sacramentalmente cada día e hora como ella deseava, porque hera tan devota del Sacramento del Altar e de le gustar contino que nunca otra cosa quisiera hazer noche y día sino artar y abastar su ánima deste manjar del Çielo. Y por el mesmo [fol. 17v] Dios y Señor fue mostrado y revelado a todas las monjas del convento, por palabras formadas que, por la boca della, estando enajenada de sus sentidos, hablaba e pronunçiava el Spíritu Sancto, que tanto hera el gozo e gusto que esta sancta virgen sentía en el Sancto Sacramento que no solamente comulgava cada hora y momento, mas cada vez que resollava e tornava el resuello, adentro comulgava en spíritu, e reçevía a Dios, e sentía el dulçor y savor del Sanctíssimo Sacramento, e la consolaçión e abastamiento de ánima que sentía las vezes que sacramentalmente comulgava. E dava muchas vozes a Nuestro Señor por tan copioso benefiçio, y dezía: “O, Señor mío y Dios mío, qué buen comulgar es este, sin ser de nadie visto ni sentida, ni dar pesadumbre a los padres de penitençia, y sin resçivir fastidio ni ocupaçión el cuerpo, y sin ser oy reverençia, frequentaros tantas vezes, ni dar cuenta de mi desseo a ninguna criatura humana sino a Vos, mi Criador e mi Señor, que por hazerme a mí tan grandes merçedes, después de me haver criado a vuestra ymagen y semejanza e redimídome por vuestra preçiosa muerte e pasión, me recreáys e artáys a mí, peccadora yndina, de los muy dulçes e sabios majares de vuestro Sanctíssimo Cuerpo y Sangre”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Estando esta sancta virgen en la casa de la lavor, víspera de los sanctos apóstoles San Pedro y San Pablo, vido una figura de todos los doze apóstoles como quando cada uno acava de espirar, e luego, a deshora, vido doze sepulcros muy hermosamente labrados e abiertos, e que salían dellos los doze apóstoles bestidos todos de blanco, e sus personas dellos más alvas que la nieve, e levantávanse, puestas las manos juntas, como que adoravan al Señor, e le davan graçias. Y ella, muy maravillada de ver esta visión, deseava saber por qué pareçían los sanctos apóstoles que salían de los sepulcros [fol. 18r] como difuntos, estando ya en el Çielo todos glorificados, e no haviendo muerto ninguno dellos de su muerte natural, mas de muy crueles martyrios por amor de Dios. Estando con este desseo e pensamiento, a deshora vido todos los sanctos Apóstoles a deshora vestidos, ordenados muy ricamente, y coronados e cubiertos de pedrería e muy alegres y gloriosos, e Nuestro Señor Jesuchristo en medio dellos, dándoles muy grandes premios, e gozos e galardones, por los travajos e buenas obras que por su amor, estando en el mundo, havían hecho. Ansimesmo le fue mostrado que levantarse los sanctos apóstoles de los sepulcros hera significaçión cómo todos havemos de ser muertos y resuçitados quando Dios nos llame el día del juyzio, e cómo Nuestro Señor Jesuchristo haze fiesta e llamamiento en el Çielo a todos los sanctos apóstoles juntos el día que es fiesta de qualquiera dellos, e como la Yglesia militante, los días de las tales fiestas, siempre haze triunphante memoria de los martirios y muerte de los sanctos que pasaron por amor de Dios e de la vida eterna e bienaventuranzas, que por ello les da el Señor e a todas qualesquier órdenes de sanctos y sanctas, quando es fiesta de uno o de una en especial, junto con Él a todos los de aquella orden, les hazen fiesta en general.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Estando en la casa de la lavor esta bienaventurada, trabajando en lavor como todas, pensava en su coraçón qué cosa tan alegre sería, y hermosa de ver y acatar, a Nuestra Señora la Virgen Sancta María con el niño Jesús en los brazos. Y creçiendo en ella estos desseos y fervoroso amor, a deshora vido a la Reyna de los Çielos y Madre de Dios, y con el niño Jesús en brazos. Y la hermosura y dulzura, assí de la madre como [fol. 18v] del hijo, hera cosa ynefable y enposible ‒dezía ella‒ esplicar y dezir con lengua humana. Y quando assí vido a Nuestra Señora, hera grandíssimo gozo. E postrada su ánima delante della, con muchas suplicaçiones le pedía le tuviese por bien de rogar a su preçioso hijo e Señor suyo por ella, e se le dar para ella se consolase. Nuestra Señora la respondió con palabras de reprehensión, diziendo: “Tú no ves que heres peccadora, e que no hazes bien todas las cosas en que mi hijo se aplaze. Por eso no heres digna que yo te le dé; antes te quiero reprehender, porque no heres aún perfeta esposa, ni tal qual mi hijo mereze”. E viendo la reprehensión de la Reyna de los Çielos, muy humillada conoçió sus culpas. No perdiendo la esperança de alcanzar su petiçión, proçedía en sus ruegos, prometiendo con el ayuda suya y de su preçioso hijo la enmienda. Entonzes, la Madre de Misericordia volvió sus hojos al piadoso hijo que en sus brazos tenía, y suplicole que tuviese por bien de se consentir dar aquella persona, que con tanto ahínco le pedía. Y el dulçe Redemptor hizo de señas que le plazía, y luego la Reyna de los Çielos estendió sus brazos y diole el Niño Jesuchristo. E la bienaventurada estendió el escapulario, porque sus manos le pareçían no heran dignas para tomar en ellas el thesoro del Çielo, e resçiviole en sus brazos. E por aquella vez le gozó muy copiosamente a Él y a su bendita madre, la qual le habló muy dulçemente, e le dixo: “Toma, hija, el preçioso fruto de mis entrañas, e gózale, que estos son mis deleytes, darle de muy buena gana a los christianos, y más a los que más me sirven e aman. Y assí te le encomiendo yo agora a ti y a todos sus amigos y míos que me le améys [fol. 19r] y sirváis, e tratéys muy bien, y no me le hiráys y lastiméys por vuestros peccados, porque Él es todo mi consuelo, y gloria y Señor del Çielo, y de la tierra, de todas las cosas. E por los humanos quiso ser niño chiquito e pobre, e padeçió mucha ambre, sed, frío, cansancio, y quiso ser flaco, e llagado e doloroso, e sobre todo muerto. Aved compasión d’Él todos los humanos, pues por Él soys redimidos e hechos salvos”. E mostrava mucho sentimiento de los peccados e yngratitud hecha contra ella e su preçioso hijo, e ansí çesó por entonçes esta revelaçión.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Estando esta bienaventurada en el confesionario a hora de missa, e diziéndola en la yglesia, tañeron las campanillas que querían alçar, y el confesor díxole que saliese a ver e adorar al Señor, y que él también yría a haçer lo mismo. Y como el coro y red estava lejos del confesionario, por presto que ella salió, quando llegó al medio de un portal que está junto a la iglesia, ya alçaban. Y hincose allí de rodillas, con gran desseo y fervor de spíritu, e adorando allí al Señor, pues no podía verle con los ojos corporales, estando assí de hinojos, vio abrir la pared casi toda, a la larga, de manera que vido el Sanctíssimo Sacramento, y le adoró. Y vido al sacerdote, que le tenía en las manos, e toda la yglesia e las personas que en la misa estavan, e las conoció. E assí como huvieron alçado, se juntó la pared. E estando todavía de hinojos, medio enagenada de sus sentidos, quando se tornó a alçar la segunda hostia, se tornó a abrir la pared como la primera vez, la qual tenía en ancho una bara, y el çimiento de piedra e cal hasta una tapia en alto. E quando la pared se abrió, fue por el çimiento. Y quiso el poderoso Dios que este milagro no fuese encubierto, antes quedase muy señalado para mientras el monasterio durase, e fue la señal que, quando se juntó la pared la postrera vez, por donde se acabó de çerrar quedó una piedra muy diferente de las otras, por quanto quedó blanca e partida en tres partes, como a manera de cruz, y las otras piedras del cimiento están todas [fol. 19v] muy morenas. E las monjas del monasterio tenían siempre puesto un belo negro delante esta piedra en señal y reverençia del milagro.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Siendo esta bienaventurada compañera de la portera, tenía muy consolados assí a los de fuera como a los de dentro, así por obras de caridad como por palabras, e consejos consolables y alumbradores de las ánimas, con el qual offiçio no se apartava de la contemplaçión ni cesava de tener en su spíritu mucho gozo y consolaçiones spirituales. Y quando respondía a los que llegavan al torno, pensava que heran ángeles del Çielo o sanctos o sanctas, según se endereçava su contemplaçión. Y el torno considerava que hera cuna o brezo de oro muy resplandeçiente en que meçía al Niño Jesuchristo. Quando volvía el torno para dar o tomar alguna cosa, en muchas vezes le aconteçía, volviendo el dicho torno con este pensamiento, ver al Niño Jesuchristo, con bulto muy claro y gesto muy alegre, y dulçe y amoroso; la hablava y consolava, y abastava de graçia y dones divinales. E otras veçes veýa grandes revelaçiones en la mesma portería hasta perder los sentidos corporales. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Hera tan humilde y paçiente en todas las cosas que le heran mandadas que le acaeçía algunas vezes dezirle la compañera de la portería: “Trae recado para dezir misa”, y como ella hera sacristana, aunque ayudava a la portera, llevava lo mejor que podía. E la compañera, no agradándose del hornamento, se le arrojava con enojo, y sin responder ninguna palabra le tomava, y lleva[va] otro, y tanpoco se contentava, de manera que la haçía yr y venir tres o quatro vezes. Y tan paçiente yba la postrera vez como la primera. Oyendo palabras reprehensibles, e barriendo y adereçando la parte con mucha diligençia y limpieza, e proveyendo todo lo que hera menester, venía la compañera a la sazón y reprehendíala con mucho [fol. 20r] desabrimiento, diziendo: “¿Pensáys ahora vos que todo esto está muy bien hecho? Pues a mí no me pareze assí”. Y con enojo e palabras injuriosas, quitando y puniendo de una parte en otra, deshaçía lo que estava hecho, y pisava con los pies lo que havía regado, y hechávale paja ençima, e haçíalo como lodo, diziendo: “Assí mereçe ello estar, pues vos lo havéys hecho”. Entonzes la bienaventurada, yncada de ynojos, dezíale: “Digo mi culpa, hermana mía. Ruegoos, por amor de Dios, me perdonéys e perdáys el enojo, que yo me enmendaré”. Y en su secreto rogava mucho al Señor por ella, que la consolase su ánima.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Estando esta sancta virgen un día negoçiando al torno, a deshora vido en él al Niño Jesuchristo. Y queriéndole ella tomar para se gozar con Él, tomole Nuestra Señora la Virgen Sancta María en sus braços. Y assímismo pareçió allí a deshora, y voló en alto con Él, y yba acompañada de muchedumbre de Ángeles, e todos yban tañendo y cantando, e haçiéndole muchos géneros de serviçios. E angustiándose mucho esta bienabenturada porque tan en breve se yban la madre y el hijo, hablola la clementíssima Reyna de los Çielos, diziéndola: “Hija mía, vente a la diestra parte de la casa, hazia adonde están las higueras, que allí me hallarás”. Ella, oyendo esto, desocupose lo más presto que pudo, y fuese para allá muy aquejadamente, mirando por todas las partes del corral [¿opuesto?] por ver si vería lo que su ánima desseava. En no viéndola, con mucha congoja se açercó hazia una parte do estava la casa del horno, porque allí le pareçía que oýa sonidos divinales. E habriendo la puerta, vido muy gran claridad, y entró dentro, y halló lo que con mucho fervor buscava, que hera a Nuestro Señor Jesuchristo y a su bendita madre con muche- [fol. 20v] dumbre de ángeles y huestes celestial. E prostándose en tierra, gozó de ynefables gozos e de hablas muy secretas. Y estava tan enagenada de sus sentidos de las cosas terrenales, e tan ocupada en los çelestiales, que la llamavan con la campanilla del convento acostumbrada para llamar a las officialas, e nunca lo oyó. E la humildíssima Madre de Dios la dixo ansí: “Hija, ve a la obediencia, que te an llamado tres vezes con la campanilla, e nunca la as oýdo”. Y esta bienaventurada, obedeçiendo el mandamiento de Nuestra Señora, fue luego adonde hera llamada. E haziéndolo lo más apresuradamente que pudo lo que le mandavan, tornose a yr a la dicha casa del horno, adonde se havía estado con Nuestra Señora. E quando vino al llamamiento de la campanilla, acatándola las religiosas el rostro, viéronsele muy resplandeçiente, e olieron muy suaves olores que traýa consigo. Y como tan apresurosamente se tornó a volver a la dicha casa, siguiéronla, e vieron cómo entrava allí y, escuchando, oyeron cómo hablava con Nuestra Señora, y dezía con muy grande humildad: “O, Señora mía, Madre de Dios, ¿cómo esta vuestra alta Magestad en [sic] tan humilde para conmigo, peccadora, que yéndome yo e dexándoos, mi Señora, qual volví os torné hallar aquí?”. E la Reyna de los Çielos la respondió, diziendo: “Hija mía, hallásteme porque fuiste a cumplir la obediencia, de la qual mi hijo y yo somos tan amigos, que Él por ella desçendió del Çielo, e passó muerte y Passión; e yo también, por la mesma obediencia, mereçí ser Madre de Dios, porque es de gran mereçimiento el fruto de la obediencia, e resçívela Dios por açertable beneffiçio, y son bienabenturados los que a Dios y a sus mandamientos obedeçen”. E assí se supo esta revelaçión, que de ella no pudo ser encubierta.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Estando esta bienaventurada [fol. 21r] en el offiçio de la portería, vino a ella una religiosa, la qual tenía mucha neçessidad de alguna refeçión corporal, con yntençión de pedille alguna cosa de comer para su neçessidad, y hallola hablando con otra religiosa. Y viendo que no havía dispusiçión para la poder hablar, volviose disimuladamente y, pasando un poquito de yntervalo, desocupándose, supo por graçia de Dios la neçessidad que aquella religiosa tenía, y lo que le yba a pedir. Y tomando en su manga lo que que le pareçió havía menester, fue a buscarla al convento, e llegándose a ella diole lo que llevava, e díxole: “Tomad, hermana, lo que me ýbades a pedir denantes”. Y la religiosa, muy maravillada, diole graçias por la caridad que le haçía, e díxole: “Gloria sea a Dios, que os lo reveló, que yo no lo he dijo a ninguna persona”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Estava una religiosa enferma de tercianas, e tenía devoçión e pensamiento que si comía alguna cosa de lo que esta sancta virgen mordiese, se le quitarían las çeçiones. Y estando con el açidente de la çeçión, entró donde estava, e Dios, que lo quiso, havía resçivido alguna refecçión corporal. E tomando la enferma secretamente un poquito de pan de lo que ella havía tomado en su mano e mordido, comiolo con mucha devoçión, e luego a la hora se le quitó esta çeçión y calentura, que no le vino más. A esta misma religiosa le vino una enfermedad muy reçia y peligrosa, y fue que le nasçieron dos caratanes en los pechos. Y encomendose con mucha devoçión a esta bienaventurada que rogase a Dios por ella, y ella le respondió lo haría con mucho cuydado, aunque yndigna, e mandole reçar çierta devoçión e poner ençima unos pañitos de agua bendita. Y assí fue sana y guareçida desta enfermedad, por la misericordia de Dios e ruegos desta bendita sancta.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Viniendo una muger en romería a la sancta yglesia de Nuestra Señora de la Cruz [fol. 21v] traýa vna hijita suya muy enferma de muy gran mal de coraçón, y habló con esta sancta virgen, rogándole que metiese luego en el monasterio a aquella niña e la santiguase, e le pusiese la mano sobre el coraçón. Y ella lo hizo ansí, por la caridad como la muger lo pedía, y santiguándola rogó a Dios por ella. Y plugo a su Divina Magestad que la niña fue sana y guareçida de aquella enfermedad. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Dezía muchas veçes esta bienabenturada que, quando comía o vevía, tomava gusto en aquel manjar corporal, pues savía ella Dios hera todas las cosas, y en todas las cosas le podía hallar. Y con este pensamiento y contemplación que siempre tenía puesto en Dios, en cada bocado que comía o trago que vevía hallava dulçedumbre y gustos divinales; tanto que, estando muchas vezes comiendo corporalmente, se arrovaba en spíritu, hasta ver los secretos çelestiales y la visión de Dios e los spíritus angélicos. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
E creçió tanto en esta graçia de elevarse y perder los sentidos corporales con el gusto spiritual que, donde fuera que aquella graçia le tomava, se quedava como muerta, aunque muy hermosa, aora fuese en el coro o refitorio, o en otro qualquiera lugar de la casa, a qualquier hora del día o de la noche que hera la voluntad de Dios, e muy a menudo, y no a una hora, ni breve el spaçio de tiempo que estava elevada, mas tres horas, y cinco, y siete y doze −esto al prinçipio de sus elevaçiones−. E andando el tiempo, diole Nuestro Señor muy copiosamente esta graçia, que estava un día y una noche, e algunas vezes quarenta oras. Y la primera vez que esta bienabenturada se elevó delante el convento fue a siete años de su bien empleada religión. E todas las religiosas vieron en ella muy grandes mutaçiones, las quales en ninguna de sus elevaciones, que adelante muy continuas tuvo, nunca más en ella fueron vistas. Viéronla propiamente como difunta, assí en el gesto y ojos e labios como en el descoyuntamiento [fol. 22r] de todos sus miembros, lo qual adelante nunca más tuvo cosa de aquella manera; antes en aquellos tiempos e ratos estava muy más hermosa y colorada que quando estava en sus sentidos.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Después que fue tornada, ymportunáronla mucho las religosas les dixese qué hera lo que havía sentido. Y ella, por entonçes, no les dixo ninguna cosa, hasta passados algunos días que, hablando con el sancto ángel su guardador, le dixo quán ymportunada hera de sus hermanas las religiosas les respondiese a tal pregunta que le havían hecho. E dada por el sancto ángel la liçençia de voluntad de Dios, les dixo esta sancta virgen: “Señoras, quiero satisfazer vuestro desseo, pues desseáys saver qué es lo que vi y sentía aquella vez que dezís que acá en el cuerpo estava muy demudada, a manera de muerta. Yo me vi en un lugar escuro, donde huve mucho temor, y apareçió allí un ángel lleno de resplandores, que alumbró aquellas tinieblas, al qual después acá he conoçido que hera el sancto ángel mi guardador. Empero no le osé hablar ni preguntar, mas mirávale, que se gozava e deleytava mi ánima de verle tan hermoso. E conoçiendo él el demasiado temor que yo tenía, hablome, diziendo: ‘No ayáis miedo ni temor’. E dicho esto, acatome, y mirándome, como que lloró. E por entonçes no vi más, sino tornome acá. Pero como otras vezes le he visto y hablado, y perdido el temor, e cobrale entrañable amor, porque es de muy dulçe conversación. E suplicándole, le pregunté me dixese por qué havía llorado aquella primera vez que le vi en la escuridad, que entonçes de temor e reverençia suya no se lo osé preguntar, e respondiome, diziendo: ‘Por compasión que huve de ti, lloré de verte cercada de muchas persecuçiones que has de tener. E te as de ver en ellas así de enemigos spirituales, que son los demonios, como temporales, que son las criaturas de la Tierra, e de muchas enfermedades y maneras de tribulaçiones que as de pasar; e de ver que tu spíritu estava [fol. 22v] fuera de tu cuerpo, y hera voluntad de Dios que tornases a él’. E yo preguntele: ‘¿Pues cómo, señor, dize, si allá en la Tierra que los sanctos ángeles no pueden llorar, y vos, señor, dezís que llorasteis? Y a mí así me pareçió que lo vi’. Respondió: ‘No te maravilles, que assí como el Señor nos da poder e liçençia que tenemos estos cuerpos con que pareçemos los mesmos ángeles como en bulto humano, assí Él nos da liçençia e poder que mostremos algunas veçes sentimientos como de dolor, con vestigios de lágrimas, en tiempos y cosas convenientes, a compasaçión y charidad como es aver compasaçión de la pasión de Nuestro Señor Jesuchristo; o quando vemos que se van las ánimas de los christianos al Infierno, en espeçial aquellas que el poderoso Dios nos da en guarda, e las tenemos en nuestro cargo; o quando vemos la sancta Yglesia e sancta fe cathólica seca, e quando vemos que ay muchos pecados, e las personas christianas del mundo están en ellas olvidando a su Dios de estas tales cosas, havemos muy gran compasión los ángeles, e lloramos por ello quando Dios quiere. E verdaderamente te digo que si el Señor Dios fuera servido, no quisiera yo que más desde aquel día te mandara Su Magestad tornar al cuerpo. Supliquelo a su muy alta grandeza, e respondiome: ‘Déxala, que ansí la quiero yo que vaya y venga. Y quiero ver qué muger será, y cómo peleará hasta que venga su ora’. Yo, vista la voluntad divinal, callé en aquel caso. Y supliquele, pues hera servido, tuvieses toda tu vida esta graçia de elevarte, no fuese con tanto trabajo, como fue la primera vez. Su Divina Magestad me lo otorgó, y que antes sería con demasiado gozo, e otras veçes con amor e compasión suya. E dende aquella hora tuve, e tengo, e terné mucho cuydado de ti, e procuraré de te consolar con mucho cuydado e todas mis posibilidades, e quanto fuere la voluntad de Dios de me dar liçençia’”. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Tuvo esta bienabenturada, al prinçipio de sus elevaçiones e graçia, mucha angustia y tribulaciones. Como heran tan copiosas, algunas personas se escandaliçavan de verla, e la angustiavan e molestavan con palabras. [fol. 23r] E quexándose ella a su sancto ángel, le rogava la ganase de Dios la desatase presto de la carne, que no podía sufrir tantas adversidades e presecuçiones porque, según hera de flaca, tenía temor de perder la paçiençia. Y él la consolava en muchas maneras, dándole muy sanctos consejos e avisos, y diziéndole que por eso la mandava el Señor tornar en sus sentidos a ratos e tiempos, para que pelease e padeçiese penas en el mundo mientras venía su hora. Ella le dixo: “Señor, ¿qué hora es esta que algunas veçes me diçe vuestra hermosura?”. El sancto ángel la respondió: “La hora de que te hablo es la hora de la muerte, que es salir el alma del cuerpo para nunca más tornar a él, hasta el final juyzio”. La sancta virgen le tornó a preguntar, diziendo: “Señor, ¿quando será esta mi hora?”. El sancto ángel, oýda la pregunta, le respondió: “No tengas cuydado de preguntar tales cosas, sino déxate en las manos de Dios, tu criador, e consuélate con su amor, e con sufrir e padeçer por amor d’Él todos los tormentos e angustias que te tuviere por bien de darte”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Ymportunándola las religiosas les dixese de qué manera o dónde estava quando se elevava, ella les dixo, por las consolar, la lleva su sancto ángel por la voluntad de Dios e la ponía en un asentamiento a manera de sepulchro. Y aquel lugar donde la ponía estava como entre términos, e deçía: “Para que mejor lo entendáis, está, señoras, como arrabal o çiudad, salvo que el valor y preçio de los edifiçios que allí son hechos e[s] sin número e sin comparaçión, e la hermosura de toda aquella sancta gente es muy maravillosa, e yncomprehensinble, y en cada una dellas havía mucho que contemplar. E los muros, y paredes y edificios, no embaraçan para no poder ver lo que dentro está y se haçe, porque todo, o mucha parte de lo que en aquella gran çiudad se haze, se puede ver y gozar en aquel lugar donde yo estoy. Quando Dios me lo quiere mostrar por su grande misericordia e bondad, paréçeme que todos los miembros de mi cuerpo, dende la caveça hasta los pies, estoy llena de ylos como de alambre, muy delgados [fol. 23v] y muy resplandeçientes, y no palpables, y no puedo yo comprehender de qué espeçie sean, salvo que veo que desçienden todos haçia bajo, e se asen o nazen de los miembros de mi cuerpo. Y con estos y con los [¿o?] rrayos estoy toda pressa, que no me dexan yr adonde quiero, sino adonde me ponen o mandan estar. Y desta manera de asimiento no veo yo a ninguna persona de aquellos sanctos reynos; antes están todos libres e desatados, e pueden muy bien andar e gozar donde quiera que quieren. Y estos rayos que me tienen asida desde el spíritu hasta el cuerpo, es figura que aunque yo estoy donde Dios quiere poner mi spíritu, no estoy del todo difunta, ni arrancada mi ánima del cuerpo, y por esto no gozo de la livertad que los bienabenturados tienen, que ya son salidos de esta vida. Y esta manera de asimientos y rayos que en mí veo no me dan ninguna pena ni dolor, ni estorvan a menearme holgadamente mis miembros quando quiero y como quiero, ni son para más −aquella señal de aquellos rayos− de estar yo por mandamiento y voluntad de Dios señalada, que vean cómo aún no soy difunta, ni mi ánima arrencada del todo de mi cuerpo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
”El lugar donde el sancto ángel me acostumbra poner es muy hermoso, y luçido e resplandeçiente, e claro, e todo muy bien pintado y entallado, e más valorado y estimable que de oro ni de piedras preçiosas; y este sepulchro tan resplandeçiente, no penoso, sino como asentamiento de gradas, muy apuesto y glorioso y alegre. E cada cosa que veo en aquellos sanctos reynos, todas son labradas y entalladas por maravillosa manera y admirables hornamentos, según su speçie de cada cosa apuestos, de claridad sin comparaçión; tanto que, mejor que en espejos muy claros, se puede cada persona ver a sí mesma en el suelo o en cada uno de los edifiçios que mirase se vería, e todas las cosas çelestiales que deseasen ver. Y desta mesma claridad y resplador son todas las bestiduras de qualesquier colores o matizes que son. E más claros que el sol, en muchos grados, son todos los bultos de las personas que en aquel sancto reyno moran. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
”De las façciones y gesto que me preguntáys os diga de mi sancto ángel, paréçeme que no ay cosa en la Tierra, por hermosa y preçiada que sea, a que se pueda comparar. Es muy hermoso doncel, e muy más resplandeçiente que el sol blanco, e colorado e rubio, [fol. 24r] e muy claríssimo e de muy suaves olores, e de bulto muy preçioso, e de gesto muy sereno, e grave persona de muy gran reverençia y dignidad. Tiene alas de muy gran resplandor e ligereza, e de muchas colores y pinturas, las quales no le nasçen de las vestiduras, mas de su mesma persona, y assí como a todos los otros sanctos ángeles les nasçen las alas de sí mesmos. La bestidura del sancto ángel mi guardador es de ynestimable valor, e de yncomparables colores e labores. Yo le veo bestido de muchas maneras. Mas direos los motes que trae vordados en ellas, con los quales yo mucho me consuelo: tiene en su caveça corona e diadema más preçiosa que de oro, çercada de piedras preçiosas, y en la frente una cruz esmaltada, hecha a manera de joyel con letras a la redonda, que dizen: ‘''confiteantur omnes lingua quoniam Christus est Rex angetor''’. E trae otras letras borradas en la vestidura, ençima del pecho, que dizen: ‘''spiritus sancti illuminet gratia sensus de corda vestra''’. Y en la manga del brazo derecho trae bordada de pedrería la señal de la cruz, con pie e con ramos muy hermosos, que adornan toda la manga y la cubren; y el pie de la cruz haçia la boca de la manga, y la altura della haçia el hombro con letras y en lo alto, en la mesma cruz, que dizen: ‘''ecce cruçem Domini fugite partes adverso''’. Y en la manga del braço siniestro trae bordada la mesma divisa de la sancta cruz, con los clavos y todas las ynsinias de la Passión, con letras que diçen: ‘dulce lignum, dulces clavos, dulce pondus substinet, quo sola fuiste digna portare talentum animas’. Y en el calçado de los pies trae labradas de pedrería letras que dizen: ‘''quam pulchri sunt gressus tui filia prinçipis''’. Y en el calçado de ençima de las rodillas, letras muy hermosas, que diçen: ‘''flectamus genua levare''’. Y ençima de los muslos, otras letras, que diçen: ‘''çelestium terrestium de infernorum''’. Y las mesmas ynsignias de la sancta cruz, y los clavos, e todas las armas de la sagrada Passión trae pintadas e dibujadas por muy rica manera en un lindo pendón. E junto con ello, trae figurada e dibujada la ymagen de Nuestra Señora con el Niño Jesús en los braços, e de otras maneras e misterios, ansí como quando Él y Élla estavan acá en la Tierra, e como después que [fol. 24v] entrambos subieron a los Çielos; en espeçial la trae pintada como ella está en su trono real, sentada y çercada de vírgines, y sanctos e ángeles, que la están sirviendo. Y estos motes y armas tan preçiosas son assí para defensión de las ánimas que él tiene en guarda, como para el provecho de las de Purgatorio. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
”E también los sanctos ángeles apreçian de adornar sus personas e bestiduras de las ynsignias e armas con que su Dios y Criador hizo la obra de la redempçión. Las ánimas que están en Purgatorio se goçan mucho con su visitación, y se recuerdan de su Dios en los tormentos que padeçe. Este mi sancto ángel siempre anda envuelto, e otras vezes de hinojos, y también en buelo véole venir algunas vezes, e desçender de alto haçia el lugar que yo estoy. E quando desçiende, viene assentado en un trono, y en silla, y en buelo por el ayre, y es todo muy rico y resplandeciente, e adornado e de muchas pedrerías, e trae en su mano algunas vezes a manera de çetro muy preçioso, e otras vezes trae un ynstrumento con que tañe de tan admirable espeçie que en solo tocalle haçe qualquier son e armonía que quiere haçer quien le tañe. Dize las palabras como las puede dezir y cantar qualquiera persona humana, pero muy más suaves y deleytosas de oýr. Múdase este laúd en otros instrumentos, los quales todos haçen muy acordado e deleytoso son, según cada uno en su speçie. Este mi sancto ángel no es de los ángeles de dos alas guardador, es de las almas, porque él es de más alto choro: las alas que yo le veo quando él me lleva entre ellas algunas vezes son seys, e ocho, e diez. No se le encomiendan todas ánimas, sino algunas señaladas, porque yo sé tuvo a cargo a señor Sant Jorge, y al rey David, y al señor don Gregorio, e a otros sanctos singulares. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
”A las ánimas de dignidad e sanctidad, dáseles ángel prinçipal, y él tiene muchos privilegios, y assí les he oýdo yo llamar en el Çielo a los sanctos ángeles e sanctos. E si ángel privilegiado, tiene liçençia de Dios de responder a algunas preguntas que le fueren fechas de las personas de la Tierra por interçessión de mí, su yndigna sierva, o por las otras ánimas que a tenido a cargo, y estas respuestas se entienden en quanto fuere la voluntad de Dios. De todos los nueve choros [fol. 25r] de los ángeles, tiene graçia y don singular: el amor e abrasamiento de los seraphines, la sçiençia y conoçimiento de los cherubines y el serviçio y adoraçión de las dominaçiones, e la holgança de los tronos y el mando de los prinçipados, e la pelea de las potestades, e la oraçión e caridad de las Virtudes, e la revelaçión de los archángeles, y el offiçio de los ángeles. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
”Tiene otros muy grandes e singulares dones −los quales no digo− dados de la mano de la muy poderosa Trinidad, la qual le dotó como pudo y quiso, y le inflamó en su divino amor. Tiene offiçio de ayudar a las ánimas de Purgatorio, yéndolas a visitar y consolar. Por los méritos de la muerte y Passión de Nuestro Señor Jesuchristo, e mereçimientos de su sancta Madre, sácalas a fiestas e líbralas de las penas, e defiéndelas de los demonios, e por eso anda bestido e adornado de tan ricas libreas, e guarneçido de tan preçiosas armas. Así como los demonios le sienten venir e le ven alçar el brazo derecho con la señal de la sancta cruz, van todos huyendo e aullando, y dando muy espantosos gritos e gemidos, a manera de canes mordiendo de unos a otros. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
”E muchas vezes sé que va al socorro e ayuda de las ánimas e personas que están en pasamiento, llevando consigo otros muchos ángeles que le ayuden a defender aquella persona que en tan gran batalla está de tentaçiones de los demonios. E algunas veçes le digo yo, quando son difuntos mis devotos y personas que se me an encomendado que tienen conocimiento de mí por oýdas o parentesco de vosotras, señoras, o personas que os conoçen, de las quales si son difuntas algunas dellas o están en tribulación, e le digo yo que se acuerde de tal persona, que es difunta, o de tal, si es viva, que está angustiada, respóndeme: ‘Ya yo he hecho lo que he podido’. Y si es difunta, dize: ‘Yo fuy a su muerte e pasamiento, e llevé conmigo otros sanctos ángeles, e la acompañamos e libramos de peligros hasta que fue juzgada, y tengo cuydado della hasta que esté en descanso’. E yo le digo: ‘Pues nunca, señor, se la havía yo encomendado a vuestra hermosura’. Respondiome: ‘No es menester que tú me la encomendases, que para esto basta la charidad que mora en los ángeles, e saber yo tiene memoria de ti aquella persona, o conoçían a tus hermanas, o tienen deudo con ellas para haçer yo toda imposivilidad’”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Dezía esta bienabenturada: “Yo sé, y aun por vista, que las personas que por mí tienen interçessión tienen devoçión a este mi sancto ángel, de que son passadas de esta vida y están en Purgatorio, y las va él a visitar, aunque va entre otros muchos sanctos [fol. 25v] ángeles, le conoçen y le dizen: ‘Paréçeme, señor, me da en el spíritu, aunque yo no os he visto ni nadie me lo a dicho, que soys el ángel guardador de una persona que vive en la Tierra, que se llama Juana de la Cruz’. Él le responde: ‘Verdad diçes, ánima, que yo soy, y de la mano del poderoso Dios te viene ese conoçimiento’. Ellas, entonçes, yncose[n] de hinojos dándole graçias por los bienes que les ha hecho, y les suplican no las olvide. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
”Quando me lleva mi sancto ángel, veo algunas vezes muchos demonios, e házenme algunos dellos muchos enojos y miedos. Entonçes, mi sancto ángel esgrime con una espada muy rica que traýa, y ellos, viéndole esgrimir la espada, [u]yen todos, y en un muy gran miedo, e tiemblan, porque él pelea con ellos e los yere, e tiene él solo más poder para pelear e vençer que muchos demonios juntos. Trayéndome una vez mi sancto ángel de la mano, vi a deshora muchedumbre de demonios de muy espantables figuras, de diversas maneras, e venían hablando entre sí unos con otros, diziendo: ‘Mirad estos garzones bolanderos e resplandeçientes en qué se andan aquí, quitándonos nuestras almas, que contino andan cargados como alquilados, acarreando ánimas christianas a Dios e buscándoselas de todas las maneras que pueden, en especial este que va aquí delante, que es un rapa almas, que no le basta lo que haçe con la suya que Dios le dio en cargo, mas otras muchas nos quita, assí de personas vivas como difuntas dentre las unas, y las perdemos por los ruegos que él haze a Dios, e por los consejos que él les embía con aquella que allí va con él. Mas nosotros procuraremos de hechar nuestro estiércol en sus ojos quando estén más limpios, y assí les ensuçiaremos sus almas, que son nidos de Dios. Mas este su Jesuchristo a todos sus christianos dexó redimidos, y aun hasta los niños chiquitos dexó redimidos, que no se los pudiésemos quitar, y assí nos los arrebatan todos quantos ellos quieren e pueden’. E diziendo los demonios estas e otras muchas palabras contra Dios e los sanctos ángeles, e contra los buenos christianos, volvió contra ellos mi sancto ángel, esgrimiendo su muy luçida espada, e yriéndolos muy reçiamente, dezía: ‘Anda ahora, demonios malinos, traydores, que vosotros os ys [sic] a reñir lexos, que nosotros los ángeles que tenemos las ánimas en guarda no somos sino ayos de los hijos e hijas del Rey del Çielo, e como fieles siervos y leales amigos procuramos de le acarrear todas las ánimas que son suyas e quitarlas a cuyas no son’. E assí fueron [fol. 26r] los demonios uyendo y dando muchos aullidos”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Capítulo V'''&lt;br /&gt;
'''Cómo esta bienabenturada tenía graçia de ver y oýr las cosas ynvisibles e que muy lejos acahazían'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Dezía esta sancta virgen algunas vezes las cosas que savía por graçia de Dios antes que acaeçiesen, para escusar daños de los próximos e offensa de Dios. E oýa muchas veçes las cosas que hablavan las personas que estavan muy ausentes della, y aun lo que havían hecho, y esto no tan solamente lo savía estando elevada, mas en sus propios sentidos lo savía e sentía. Veýa las cosas que pasavan e se haçían lejos, y para verlo no la estorbavan muchas partes ni edifiçios. Acaesçíale, estando ocupada en cosas de la obediençia, oýr el officio divino que se reçava en él. E hera oýr la missa de la yglesia víspera de la Sancta Rresureçión, estando en su çelda, la qual estava apartada de la yglesia, quando tocaron las campanas que dezía la ''Gloria in exelçis Deo'', hincándose ella de hinojos para dar graçias a Nuestro Señor e adorarle desde allí, oyó los cánticos e çeremonias que se haçían en la sancta Iglesia, e vido a Nuestro Señor Jesuchristo como quando salía del sepulchro, muy hermoso e alegre, e florido e resplandeçiente, e muchedumbre de ángeles çercados de su Real Magestad, que le adoravan e serbían de muchas maneras de servicios, e tañían y cantavan muy dulçemente. Y entre otras muy altas cançiones que deçían en nuestro lenguaje y en otros, los quales deçía ella no entendía, oyó por aquella vez unas palabras a los sanctos ángeles, que deçían en voz de cántico:&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
“Ya sale el Rey y los ángeles con Él, &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
ya sale el Rey del sancto sepulchro, &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
con alegre gesto y hermoso bulto,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
ya sale el Rey de sepulchro sancto,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
con alegre gesto y bulto muy claro,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
con alegre gesto y muy claro bulto,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
“el mundo tiene ençerrado en su puño,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
con alegre gesto y bulto muy claro,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
el mundo tiene en su puño ençerrado”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Estando elevada esta bienabenturada, vido a Nuestra Señora la Virgen Sancta María que venía hazia donde ella estava, y traýa en los sagrados braços el Niño Jesús, hijo de Dios e suyo. Venía acompañada de muchedumbre de ángeles e vírgines. Viéndola tan çercana, assí suplicole con grande humildad [fol. 26v] y soberano desseo rogase a su preçioso hijo la quisiese tomar por esposa, aunque ella no fuese digna de tan gran niño. E la Reyna de los Çielos e Señora Nuestra le dixo le plaçía de rogarlo a su preçioso hijo, y no solamente suplicó a la madre para con el hijo, mas a los sanctos ángeles e vírgines que la ayudasen a suplicar a su Divina Magestad le otorgase el don que le pedía de tomarla por su esposa, e para ello darle su palabra e mano, e todos respondieron les plaçía. Yncontinenti, yncaron los hinojos, y suplicaron a su Divina Clemençia del poderoso Dios otorgase aquella persona la tan loable y desseada petiçión que demandava. Y estando todos en esta esclamaçión, el dulce Niño Jesús volvió sus ojos de misericordia hazia esta bienabenturada, con gesto muy alegre e amoroso, e mirándola, e díxole palabras muy entrañables, hablando a manera de niño muy graçioso, diziendo: “Pláçeme de ser tu esposo, e de tomarte por amiga y esposa”. Y estendió su mano poderosa, e diósela a ella en señal de desposorio, e mostrole señales de amor. E la bienabenturada tornó a su torno a suplicar a la Reyna de los Çielos que, pues su dulçe hijo havía tenido por bien de la tomar por esposa, su clemençia se la quisiese dar para lo tener en sus braços como a señor y a esposo suyo, e se goçar e consolar con él. Nuestra Señora le dixo le plaçía, e se le dio luego a ella en sus braços. E dándosele, habló a su preçioso hijo, diziendo: “Muy dulçe y amado hijo mío, pues havéys tenido por bien de tomar a esta persona por esposa, e os humillastis a haçer tan copiosa virtud, bien será, hijo mío, le déys alguna empresa, en señal del fiel desposorio e amor que le tenéys”. Y el dulçe Jesús hiço de señal a la sagrada madre que le plaçía, e que le diese ella de su mano alguna cosa para aquella su esposa. Nuestra Señora la Virgen María sacó de su preçioso dedo una sortija, e diola al sagrado hijo para que él de su mano la diese a su esposa. Y ansí fue hecho, que el mesmo Niño Jesús se la dio e puso en su mano.&lt;br /&gt;
Acaeçió que, yendo camino un padre compañero del confesor de las monjas del monasterio en que esta bienaventurada morava, por olvido llevose en la cuerda la [fol. 27r] llave de la capilla donde Nuestra Señora se havía apareçido, porque allí está el altar mayor y deçía contino la missa. Las monjas, no pudiendo oýr missa por la falta de la llave, fueron con mucha pena a la sancta virgen que rogase a Dios apareçiese la llave, que no savían si el padre se la avía llevado o si hera perdida, que estavan desconsoladas por la falta de la missa. Ella dixo le plaçía de rogar a Dios la deparase, y estando aquella noche recogida adonde acostumbrava estar, e con ella dos religiosas, a la hora de las nueve o diez, a deshora sonó un golpe de cómo la llave cayó de alto en el suelo, en presençia de aquellas religiosas que con ella estavan, que lo vieron y oyeron. La bienaventurada riose de ver caer la llabe en el suelo, porque veýa muy bien el que la traýa, que hera su sancto ángel, que por los ruegos della e consolaçión de las religiosas la tomó al padre de la cuerda e la traxo, por que no perdiesen de oýr misa. Dixo la bendita sancta a una de aquellas religiosas: “Levantaos, hermana, e toma aquella llave”. Y assí fue visto e savido este milagro. Estando el dicho padre en el camino, vido cómo llevava en la cuerda la llave, e huvo pena de la falta que en el monasterio había. Pero quando vido que la llevaba, hera ya noche, que se fue acostar, y quando a la mañana se levantó mirose acaso la cuerda e vido cómo le faltava la llave. Maravillose dello, y dende a días, quando tornó al monasterio, contó a las monjas lo que havía aconteçido con la llave, y por semejante ellas le contaron cómo a deshora, tal día en la noche, la vieron caer en la çelda de la madre Juana de la Cruz. Y assí dieron graçias a Dios por el milagro.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Perdiose un asno con que traýan las cosas de provisión al monasterio, y havía dos días que hera perdido, e le andavan a buscar e no le podían hallar. E fueron a esta bienabenturada que rogase a Dios que pareçiese, que havía mucha neçessidad de çiertas cosas, y no havía en qué las traer. Y ella respondió lo haría. Y estando en esto, elevose como acostumbrava, e quando tornó en sus sentidos, preguntó si hera pareçido el asno. Respondieron las religiosas que no. Entonçes dixo ella: “Pareçido es, e presto vernán con él”. Y dende a poco espaçio, vinieron los que le havían ydo a buscar e le traxeron bueno [fol. 27v] e sano. Y de esta calidad de saber cosas occultas y depararlas el Señor por sus ruegos acaesçió muchas vezes, no solamente en el monasterio, mas a otras personas que se venían a encommendar a ella. &lt;br /&gt;
Pasados dos años que en esta bienabenturada se vido públicamente la graçia de elebarse, la qual tuvo muy continuamente toda su vida, plugo al muy poderoso Dios dotalla de otra muy copiosa graçia e don maravilloso: que, estando ella así elevada en aquel rato, enagenada de sus sentidos, hablava por su propia lengua el Spíritu Sancto cosas muy maravillosas, e altas e provechosas a las ánimas, assí para las religiosas de la casa como para las personas de todos estados, e condiçiones e offiçios mayores y menores que la venían a oýr, e goçar e aprovecharse dello. Oýanla frayles de algunas órdenes, predicadores e letrados, e abades e canónigos, e obispos e arçobispos, y el cardenal de España don fray Francisco Ximénez, de gloriosa memoria, e los ynquisidores de la Sagrada Ynquisiçión, jueçes della, e condes, e duques e marqueses, e cavalleros muy graçiosos, e señores e todos otros estados, assí de hombres como de mujeres, que este misterio vieron e oyeron, y estuvieron en él presentes. Veýan cómo estava esta bienabenturada bestida e tocada de religiosa como lo hera, y hechada sobre una cama de la manera que las religiosas la ponían, e sus braços puestos a manera de persona recogida, y el cuerpo como muerto y los ojos çerrados, y el gesto muy bien puesto e muy hermoso, resplandeçiente a manera de lleno e redondo. Esto tenía quando la graçia del Spíritu Sancto hablava con ella, que de su natural le tenía aguileño.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
E quando esta graçia le dava el Señor, primero se elevava en el lugar que aquella graçia le tomava, e las monjas la tomavan en los brazos e la ponían sobre una cama. E de aý un poco de interbalo, veýan en ella señales que veýa al Señor. Algunas veçes le veýa como en la humanidad, quando andava por la Tierra, e como después de resuçitado e subido a los Çielos glorificado, e de todas las maneras que Dios hera servido de se le [fol. 28r] mostrar. E oýase cómo le llamava estando elevada, como haçe la persona que la ve otra de lejos quiriendo que se le llegue çerca, e oýrse la voz de esta bienabenturada quando estava elevada, e veýa al Señor e le llamava. E ver los movimientos que haçía con los braços, causava no estar desatada el ánima del cuerpo, que por las cuerdas que bajavan del spíritu al cuerpo veýan los movimientos, e se oýa la voz quando ella llamava al Señor Dios todopoderoso. O quando su Divina Magestad le dava el resuello de su Spíritu, se oýa la voz por la persona della como se oye por una zerbatana quando vna persona habla a otra, la qual hera tan poderosa e de tan gran doctrina para la salvaçión de las ánimas e reprehensible a los pecados que todos quantos lo veýan e oýan, por grandes letrados que fuesen, se maravillavan e quisieran estar tan veçinos y çercanos del monasterio que todas las veçes que el poderoso Dios hablava en ella la pudieran oýr. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Durava el habla del Spíritu Sancto çinco o seys oras, e si Este hera tan dulçe que a todos los que la oýan, que aunque fuesen muy peccadores e yncrédulos desta sancta graçia antes que lo oyesen e viesen, les pareçía estuvieran tres días con sus noches oyéndola sin sentir ningún fastidio, los que eran yncrédulos, ellos mesmos se manifestavan, diziendo: “Yncrédulo hera de esta graçia, y quando vine a ver si podía oýr hablar a esta bienabenturada, muy yncrédulo vine, y aun con yntençión de ponerla en la Ynquisiçión”. Estos eran algunos ynquisidores de la Sancta Ynquisiçión, e otros que allí luego quisieran poner las manos en ella. En espeçial huvo uno, en un sermón, que hera incrédulo, y traýa aparejado un azote para le haçer mal. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y hablando el Spíritu Sancto sin descubrir ni señalar quién hera, dezía: “Az lo que pudieres si tienes poder para ello; si me quieres conjurar, conjúrame, que yo te esperaré como espero al saçerdote en el altar”. Quando çesava el Spíritu Sancto de hablar, dezía cada uno la yntençión con que havía venido.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Quando ella llamava al Señor, dava muy clamorosas he reçias vozes, haziendo muy devotas e humildes suplicaçiones [fol. 28v] e ruegos, para que llegase çerca donde ella estava. E de rato en ratos llamava muy apriesa, con el brazo derecho; e quando çesavan las vozes e llamamientos con el braço, quedava muy sosegada, e no solamente suplicava a Nuestro Señor Jesuchristo tuviese por bien de açercarse a ella, mas aun a los sagrados ángeles haçía muy grandes ruegos y plegarias, diziéndoles: “O, señores, vosotros que traéys el trono muy luçido e aseado de mi Señor; y vosotros, señores, los que traéys los ençensarios de oro e taças de perfumes delante el Rey del Çielo, e los que traéys las hachas ynçendidas y floridas; vosotros, señores, los que traéys los paramientos e las cortinas del pavellón de mi Señor y mi Dios; e vosotros, señores, los que tendéys los doseles muy ricos e paramentos de oro por el suelo, por donde pasa su Real Magestad; e vosotros, señores, los que venís en el ayre volando con los candeleros de oro e velas ençendidas sobre las caveças: suplico a mi Señor que venga por aquí su Divina Magestad. E vosotros, señores, que lleváys los pendones e guiáys las danças, guiad haçia acá, por donde yo estoy; no guiéys por esotras calles, que aquellos señores y señoras contino le ven, e muchas veçes le goçan, mas yo, peccadora, aún no soy digna d’Él ver y goçar sino muy poquito, y contino estoy ambrienta y deseosa d’Él”. Y después volvía su habla con los sanctos apóstoles e mártires, e confesores y vírgenes, e otros muchos sanctos e sanctas. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Señalava algunas veçes por sus propios nombres, diziéndoles y suplicándoles rogasen al Rey del Çielo, su esposo y su [¿señor?], viniese por donde ella estava a la bendeçir y santiguar, como haçía a los otros señores e señoras. E después tornava su habla con Él, Nuestro Señor, suplicándole por muchas maneras de suplicaciones, e dulçes e amorosas palabras, diziendo la quisiese venir a bendeçir y consolar, aunque ella no hera dina de tan gran benefiçio, viniese su Alta Magestad, porque tenía muchas cosas que le offreçer e dezir y suplicar, ansí de oraçiones que a ella le havían dado le offreçiese e suplicaciones que le havían encomendado le hiçiese; e que tenía muchos padres, y madres y hermanos, y se los quería offreçer y dar. Y esto dezía ella por los frayles y monjas, hijas [fol. 29r] y hermanas suyas spirituales, e perlados mayores e menores, e señoras e amigas, e devotas que assí se lo havían mandado y encomendado, e por todas las personas que se encomendavan en sus oraçiones. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
E durávale hazer estas exclamaciones: primero que la graçia del Spíritu Sancto hablava en ella espaçio de hora y media, y pasado este yntervalo vía señales en su cuerpo cómo el Señor, por su clemençia, se açercava adonde ella estava, e tanto que, según acá se mostraba, le podía adorar e besar el estrado de sus sagrados pies, e ver goçar muy çerca. Y entonçes le haçía muchas suplicaçiones públicas, e otras secretas que nadie no las podía oýr, e grandes adoraçiones por sí mesma e por todas las personas de la Tierra, y se las encomendava en general, y algunos en especial, e todo el estado de la sancta Madre Yglesia e religión christiana, e a los que están en peccado mortal, e a las ánimas de Purgatorio. E algunas vezes permitía el poderoso Dios que en la propia bestidura de su Divina Magestad y en su estrado e trono real, viese ella todos los estados del mundo: primeramente el estado del Sancto Padre, e cardenales e obispos, con toda la clereçía e todas las órdenes, e las perfeçiones e ymperfeçiones dellas; e los emperadores e reyes, e todas las maneras de estados, de grandes e cavalleros que havía en los reynos e ymperios e toda la república, e los mereçimientos e desmereçimientos de cada unos. E vía cómo los ángeles se llegavan a las personas mansas e humildes, e castas e pobres, e despreçiadas e de perfetas obras, mas que no a los malos, e ynchados de riquezas e avariçia, e sobervia e simonía. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
E vía también a la sancta Madre Yglesia a manera de muger casi como viuda, e llorando e dando gritos, quexándose al Señor, que estava muy mal casada con los maridos que le havía dado, conviene a saber: los pastores y perlados de la sancta Yglesia, obispos e arçobispos, e toda manera de regidores de ánimas; los quales, dezía la sancta Madre Yglesia, heran sus maridos, e lo haçían muy mal con ella, e le davan mala vida con sus peccados de yproquesía e vanagloria, e codiçias e viçios. Dezía más en su llanto e quejas: “Vos solo, Señor Dios, de los justiçia [sic] e marido [fol. 29v] mío, resplandeçéys en mí, que las otras estrellas algo se escureçen, e sale dellas a las veçes poca claridad con que yo me esclarezca, e poco me favorecen. Si no fuese por vos, Dios mío y marido mío, que vives y permaneçes para siempre en mí, ya del todo sería viuda, según los pocos favores e [¿ánimos?] que de vuestros pastores tengo, que más se acuerdan de las cosas bajas y viles, e del mundo e sus deleytes, e de querer honras y dignidades, que de favoreçerme y ayudarme; e más huelgan de morir por las cosas transitorias que matan el alma que no por Vos, Rey del Çielo, que soys salud perdurable e podéys dar vida eterna”.&lt;br /&gt;
Y estas cosas le heran mostradas a esta bienabenturada en figura, porque aunque ella tenía cuydado de rogar por el estado de la sancta Madre Yglesia, rogase con mayor afínco e diese graçias a Dios por las merçedes que haçe a sus criaturas, e le suplicase por ellas. E hecho esto, ponía las manos, e haçía suplicaçión secreta, que no se la podía nadie oýr, salvo que la veýan haçer humillaçiones con la caveza y que meneava los labios, a manera de persona que habla en secreto. Y estas maneras heran muy humildosas, e algunas veçes le oýan muy devotas palabras en voz de cántico. Ansí mesmo, veýan en ella señales de encogimiento e temor, e soberana reverençia e acatamiento, e goços e consolaçiones. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y estando en este estado, el mesmo Dios la soplava con el soplo de su sagrada boca, e con el ayre de su poderosa mano, e le dava e ynspirava el Spíritu Sancto, como haçía a sus sagrados apóstoles quando los embiava a predicar su sancta palabra. Quedava entonçes en silençio, e postrava sobre su faz las manos puestas. Quando las religiosas veýan estas señales en ella, levantávanla, e poníanla vien en su cama donde ella estava, e nada desto no vía ni sentía, ni oýa ninguna cosa, ni savía las personas que allí estavan. Luego, a deshora, se oýan voçes muy altas que salían por la boca della aprisa e conçertadas. Hablava el Spíritu Sancto, en persona de Nuestro Redemtor Jesuchristo, oýanlo todos los que estavan presentes. Tomava la plática con ella mesma, diziéndole: [fol. 30r] “¿Qué hazes, Juanica? Dios te salve. Dios te salve. ¿Quién eres tú que me llamas? ¿No saves que no es ninguna criatura dina de Dios, en especial los peccadores que viven en la Tierra?”. E luego proseguía por otras muy dulçes palabras, hablando muchos e grandes e divinos secretos, e misterios çelestiales, e declarando los sagrados evangelios y scripturas, según heran las fiestas, e días e solemnidades, e según hera su voluntad de querer hablar. Deçía de rato en rato: “Tú, Juanica, ¿no viste esto y esto, e tal y tal cosa que pasó y se hiço en mi sancto reyno çelestial?”. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Heran todas las palabras muy notables e provechosas, e saludables e consolativas a todos los oidores. Y si entre aquella gente que la estava oyendo havía tentados de qualquiera tentaçión que fuese, o encrédulos o desesperadicos, o de otra qualquier manera que tuviesen neçessidad sus almas, a todos satisfaçía y consolava, e aconsejava y reprehendía, e administrava de qué manera se havían de salvar. Y esto haçía hablando a todos en general, y a cada uno de los oydores le pareçía hablava a su propósito, según lo que tenía en su conçiençia e ánima. Yban muy edificados y consolados. Quando el Señor acavava el habla, dava su sancta bendición, diziendo: “La bendiçión del Padre, y de mí, su Hijo Jesuchristo, y del Spíritu Sancto consolador; que me voy, quedad en paz, mas no del coraçón, que bien me quisiere y me amare, y de mí no se apartare”. A esta sancta bendición toda la gente que allí estava hincava los hinojos, e los hombres, quitados los bonetes y abaxadas las caveças, la resçivían con mucha devoçión. E luego salían todos del monasterio. Y para la entrar a oýr, los prelados davan liçençia. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Duró esta graçia de hablar el Spíritu Sancto en esta bienabenturada treze años, la qual le venía algunas veçes, entre día y noche, dos vezes, y esto no haviendo tornado en sus sentidos entre la una vez e la otra; e otras vezes a terçer día, e otras vezes a quatro días, e a ocho e quinçe, como hera la voluntad de Dios. Mas las elevaçiones e arrobamientos tenía siempre día y noche, e desde su niñez hasta que Dios la llevó desta presente vida. E aunque havía çesado la graçia del habla, no careçía de sus muy altas elevaciones, e gozosas e [fol. 30v] alumbradas revelaçiones, e de ver a Dios, e gozarse con Él y con su sanctíssima madre, e con los ángeles, según en esta Vida se puede ver, y con todos los sanctos e sanctas de la corte celestial. Porque más hera su conversaçión en el Çielo que con la Tierra, que muchas veçes le acaeçía aver acavado de entrar en sus sentidos de muy larga elebaçión, e de oýr nombrar el dulçe nombre de Jesuchristo, tornarse a elevar. E otras vezes de oýr nombrar la sancta Passión, o ver alguna ymagen de Nuestro Señor apasionada, e otras vezes de goço. E quien la quería hablar cosas secretas de su ánima y conçiençia, se guardava de no nombralle cosas de devoçión, en espeçial de la Passión del Señor, por que no se elevase. Acaeçíale muchas veçes estar sin tomar ninguna refeçción corporal hasta terçer día, por estar elevada y no tener dispusiçión de tomar el cuerpo mantenimiento. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Viendo los prelados cómo la graçia del Spíritu Sancto creçía tanto en esta bienabenturada, y hera tan pública a grandes y menores, quisieron probarla bien en sus prinçipios por muchas maneras, que para ello hicieron públicas e secretas, con que se conoçió e afirmó muy bien, e dio testimonio de ser obra de Spíritu Sancto. Mandó el prelado, por sancta obediencia, que no la oyese nadie quando aquella habla le viniese, ni diesen lugar a ningún seglar para que la oyesen. Y assí fue obedeçido por el abbadesa y monjas, que quando le vino la graçia del habla del Señor la dexaron sola en la çelda que el abbadesa e monjas le havían dado para que allí estuviese apartada en sus elevaçiones e contemplaçiones. E le dieron una monja que tuviese cuydados della en aquellos tiempos e la acompañase e sirviese. E dexándola sola, çerraron la çelda, que ninguna ossó entrar dentro ni escucharla por de fuera. E desde a un buen plazo, mandó el abbadesa a una religiosa fuese a ver si havía acavado de fablar, o si hera tornada, [fol. 31r] o qué haçía. E yendo, vido cómo aún el Señor todavía hablaba, y el suelo de la çelda estava lleno de muchas maneras de aves volantías, e todas muy atentas y quietas, escuchando la palabra de Dios, e las más e todas estavan muy çercanas a ella y alrededor de su cama, y assí estuvieron hasta que el Señor huvo acavado de hablar e dado la bendiçión, según otras veçes ascostumbrava haçer. E quando la religiosa entró e vido aquel tan gran milagro de hablar el Señor e la çelda llena ''[1]'' de aves tan quietas oyéndole, maravillose mucho, e con muchas lágrimas fue aprisa al abadesa e le dixo el misterio. Y el abadesa fue a verlo con otras tres o quatro religiosas, las más ançianas de la casa, e todas las vieron el milagro, e se maravillaron mucho, e dieron quenta a los perlados de la gran maravilla que havían visto, e cómo pasado un poco de yntervalo, después que la habla çesó, tornó la bienaventurada en sus sentidos e se halló un paxarico dentro en la manga que se le havía quedado en testimonyo del milagro; en lo qual se vía claramente hera voluntad de Dios la tan grande obra no fuese yncubierta, pues faltando las criaturas raçionales que tienen ánimas vivientes para lo oýr y goçar, permitía Dios viniesen las aves a lo oýr y escuchar. E oyendo esto los perlados, resçivieron con humildad la reprehensión que Nuestro Señor les dava por vía de las aves, e de aý adelante tuvieron por bien que todos la oyesen, assí religiosos como seglares, e dexaron liçençia a la abbadesa para que no estorvase la entrada a todos los que viniesen con devoçión a oýrla. Y assí lo hiçieron todos los perlados que subçedieron todo el tiempo que esta graçia duró, que fue treçe años.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Todos, o los más que venían a oýr esta sancta habla, venían con grande devoçión, e algunos con querer probar esta graçia. Acaeçía que, de que havía yncrédulos, quando [fol. 31v] el Spíritu Sancto reprehendía muy piadosamente en general, e hablava a sus propios pensamientos, diziendo: “Estás tú aora pensando: ‘¿Cómo puede ser esta habla de parte de Dios?’. ¿Por qué pones tú límite a su poder? ¿No saves que lo que quisiere, puede, y que todo lo que haçe es bueno, e por charidad y amor de las ánimas que redimió tiene aora menos poder y charidad que quando vino al mundo a las redimir? ¿Su graçia no la puede dar e poner donde él quisiere, hallando vaso donde la pueda poner e marco para guardarla e conservarla?”. Y estas y otras muchas cosas muy maravillosas dezía.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Acaeçió que vino un ynquisidor, muy arrojado ''[2]'' letrado y juez de la Sancta Ynquisiçión, con yntençión d’especular esta graçia, lo qual no havía dicho a nadie su yntençión. Y entrando a oýr con los otros ''[3]'', fueron tales las cosas que en su ánima sintió que, a la mitad de la habla, se yncó de rodillas, e con muchas lágrimas la acavó de oýr. Y de que esta sancta virgen fue tornada en sus sentidos, rogó a la abbadesa se la diese a hablar por el locutorio. Y assí fue, que la habló y le dixo la yntençión con que havía venido, la qual ninguna persona la havía savido de su boca, sino hera ella en aquella hora, y que heran tales las cosas que le havía oýdo que no podýan ser dichas sino de Dios. E dávase en los pechos con lágrimas, e dezía: “Yo, como malo y peccador, venía a arguyr a Dios, y tal hera mi yntençión. Ruégoos, señora, por la charidad, roguéys a Dios por mí que me perdone”. La bienabenturada le respondió que lo haría, pero de lo que él dezía muy poca quenta le daría, que ella no savía si hablava ni si no, ni dello tenía qué dezir, sino que estava adonde Dios hera servido, y Él podía hazer della e de sus miembros su sancta voluntad. Desta manera acaeçieron muchas cosas estando elevada, e hablando la graçia del Señor, e oyéndolo [fol. 32r] muchos.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Estava una gran señora a su cavezera, e yncole un alfiler gordo, muy cruelmente, por la caveça, y assí la pudiera matar por entonçes, que ella no lo sintiera. Tornada en sus sentidos, quexávase mucho de aquel dolor, e mirándole la caveça, hallaronle el alfiler yncado. Estando otra vez hablando el Spíritu Sancto, en gran fervor, levantose una persona de gran dignidad, eclesiástico, e tomó el braço desta sancta virgen, y arrojosele reçio para ver si la habla haçía algún movimiento con aquel golpe e dolor. E no sintió ninguna cosa, sino proçedió en lo que estava hablando, teniéndose el braço caýdo adonde se le havían avajado, hasta que fue tomado por una religiosa, e puesto como havía de estar. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Dixo el Señor, hablando en esta bienabenturada, reprehendiendo a los incrédulos, que no se aprovechavan de este tan gran bien y doctrina; que por espaçio de una legua a la redonda del monasterio estavan llenos y çercados todos los campos e ayres de ángeles e ánimas que venían a oýr y goçar la palabra de Dios, e dar testimonyo della el día de su juyzio, a confusión de los que, viviendo en la Tierra, la oyeron e menospreçiaron por maliçia o ynvidia. Scrivieron las religiosas de las palabras e misterios e secretos que el poderoso Dios habló por la boca desta sancta virgen un libro, llamado ''Conforte o Luz norte''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Capítulo VI'''&lt;br /&gt;
'''De cómo esta bienabenturada estuvo un tiempo muda antes que le fuese dada la graçia de hablar el Spíritu por su lengua'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Como esta sancta virgen tuviese por dos años la graçia de elevarse −esto se entiende público, antes que tuviese la habla del Señor por su lengua− en este tiempo hera muy importunada de personas spirituales, que le dixese y contase algo de sus revelaçiones y cosas que Dios le mostrava, así de gozos çelestiales como de penas de Purgatorio; de lo qual esta resçivía muy gran pena y fatiga por quanto hera muy severa [fol. 32v] en las cosas que Dios le mostraba, e porque resçivía mucha pesadumbre de ser tan ymportunada y molestada, así de las personas de fuera como de las religiosas de la casa, a causa de la graçia que Dios le dava. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Quiriendo Él mesmo haçer esta misericordia, primero que hablase el Spíritu Sancto en ella en persona del Hijo de Dios, y esto que ella no lo sintiese ni supiese, sino estando en rapto de sus sentidos arrevatado su spíritu, adonde Dios le quería poner, tuvo por bien el mesmo Señor de quitarle súpitamente su habla, e tornarla a deshora muda, que ninguna cosa podía hablar si no hera por señas. E quando el Señor la enmudeçió, primero la habló en spíritu, y le dixo: “Guarda mi secreto, e no hables, que yo hablaré”. En lo qual dio a entender su Divina Magestad que Él mesmo, por su humildad, con el amor que tiene a las ánimas, las quería hablar e revelar algunos secretos e muy grandes maravillas de los que a ella preguntavan, y aun muchos más, como su Divina Magestad lo hiço. Quando las religiosas la vieron tornar de la elevaçión así muda, que ninguna cosa les podía hablar, maravilláronse mucho. E por entonzes no pudo alcançar a saver por qué havía permitido Nuestro Señor aquella penitençia sobre ella. Y en tanto que stuvo muda, la puso Nuestro Señor en estado de tanta ynocençia que no pareçía sino niña; esto en quanto las cosas de esta vida. E desde algunos días y meses, estando elevada en contemplaçión, como solía, vido al Niño Jesús, Señor Dios nuestro, e gozándose ella mucho con él, suplicole la sanase. Y ella habló a manera de niño, según se le havía mostrado, y metiéndole sus sacratíssimos dedos en la boca della, díxole: “Por eso te havía enmudeçido, porque quería yo hablar primero. E aunque te sano, guárdame mi secreto. E algo di, e algo calla de lo que yo te mostrare”. E quando tornó de la elevaçión e rapto, a deshora vino sana con su habla, como de primero. Y dende a pocos días, hablava por la boca della el Spíritu Sancto, y deçía secretos y eselençias [fol. 33r] maravillosas.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Hera esta sancta virgen muy ynclinada a servir e haçer piedad a los enfermos. E havía en el monasterio una enferma que estava en la enfermería, [¿hetría?] e algo penosa, y asquerosa, e serbíala esta bienabenturada quando sus elevaçiones le davan lugar. E llevándole una vez el servidor, olía muy mal. Y ella huvo asco, y empeçó a dar arcadas, y enojándose contra sí mesma e reprehendiéndose con el pensamiento he palabras, metió la caveza dentro en él, e resçivió por la boca e nariz el mal olor. Y andando más adelante con el bazín, llevándole al lugar donde le havía de alimpiar, tornó a haver muy grande asco, e moviéndosele el estómago, dio muchas arcadas como primero las havía dado. Y quiriendo vençer esta tentaçión, esforçose e tomó con la caveza a resçivir del hedor de lo que estava dentro del servidor. Y assí vençió muy poderosamente aquella tentaçión.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Vino a esta bienaventurada una religiosa con mucho frío y dolor de estómago, y díxole: “Señora, por la caridad, que pidáys para vos un trago de vino, diziendo que lo havéys menester por algún dolor que tenéys, y dármelo heys a mí, que traygo gran dolor del estómago, e no lo oso pedir”. Ella dixo que sí haría, e considerando en su coraçón que dezir tenía dolor de estómago por entonçes que no dizía verdad, e dexarlo de pedir hera falta de charidad, supplicó a Nuestro Señor, por que ella pudiese dezir verdad y la religiosa resçiviese refrigerio en su neçessidad, le diese a ella dolor de estómago por algún rato. Y el poderoso Dios le conçedió su petiçión, que le dio dolor en el estómago, y ansí pidió el vino con verdad, e diolo a la religiosa que se lo havía pedido. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El abbadesa y monjas del monasterio en que esta bienaventurada morava tenían desseo le dixese cómo llamavan a su sancto ángel, e preguntádoselo, respondió, diziendo: “Yo tengo el mesmo desseo, e muchas veçes se lo he suplicado, y ame respondido que no ay neçessidad de saver su nombre señalado, mas de quanto se llama ángel de Dios y spíritu çelestial”. Y el abbadesa y monjas la tornaron a ymportunar, que no çesase de suplicar le dixese su nombre, por que le tuviesen en memoria e hiçiesen muy señalados serviçios [fol. 33v] e conmemoraçión. E desque le tornó a ver, suplicole le dixese su nombre, que el abbadesa y monjas se lo suplicavan porque le querían hazer señalado serviçio. Y el sancto ángel se escusó como primero, diziendo se llamava ángel de Dios, y spíritu çelestial y bienaventurado. E de que vido esto esta sancta virgen, supplicó a la Emperadora de los Çielos le alcançase esta virtud que ella supiese el nombre señalado de su sancto ángel. E la Soberana Emperadora se lo otorgó luego. E para esto llamó luego al alto seraphín Sant Gabriel, y díxole: “Ven acá, Gabriel, llámame a Laurel Aureum. E obedesçiendo Sant Gabriel al mandamiento de la Madre de Dios y Señora Nuestra, fue luego, e llamó a este sancto ángel, que estava junto con esta bienaventurada su ánima, y díxole: “Señor sant Laurel Aureum, andad acá, que os llama la Reyna Nuestra Señora”. Y él obedeçió de hinojos, e a deshora voló en alto, e fue a ver lo que le mandava. Y assí conoçió esta bienabenturada que hera su sancto ángel aquel que llamavan aquel nombre. Y quando el sancto ángel bolvió donde ella estava, díxole con mucho gozo: “Señor, ya he savido vuestro nombre. Aunque vuestra hermosura nunca me lo a querido dezir, mi Señora, la Reyna de los Çielos, me a hecho esta virtud, que me encomendé yo a su clemençia y otorgó mi petiçión”. E de que tornó en sus sentidos, dixo con mucho lo que le havía aconteçido, e de qué manera havía savido el nombre de su sancto ángel. E díxosele a las religiosas, y ellas se goçaron mucho e dieron graçias a Dios, e tenían muy gran devoción a este sancto ángel, y encomendávanse a él en todas sus tribulaçiones spirituales, y él las socorría e ayudava e favoreçía e suplicava a la Divina Magestad por sus ánimas e petiçiones. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
E de que tornó a ver a su sancto ángel, díxole: “Señor, allá he dicho a mis hermanas vuestro nombre, y anse goçado mucho con él”. Y él respondió: “Ya lo sé, mas no me saven nombrar, que algunas me llaman Laurel y me haçen árbol, mas no yerran mucho en ello, que la sustançia de mi nombre casi eso quiere dezir, que ansí soy yo por la voluntad del muy alto reverdeçedor de ánimas e amparador  de los que devajo de sus alas e de las mías se pusieren, e de los que mi nombre con devoçión e amor ynvocasen”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Estando esta bien˂abentu˃- [fol. 34r] abenturada arrobada en contemplaçión un día de la bienaventurada sancta Bárbara, entre otras muchas cosas çelestiales que el Señor tuvo por bien de le mostrar, vido que pasavan por donde ella estava a sancta Bárbara. Y viéndola ella, llamola, e suplicole que se llegase a ella. E la sancta Bárbara se llegó, e la habló muy dulçemente. E la sancta Juana de la Cruz la pregunta: “Señora, ¿por qué tray vuestra hermosura tan rico, preçioso e resplandeçiente collar a su garganta?”. Sancta Bárbara le respondió que su esposo Jesuchristo se le havía dado porque la havían degollado por su amor. Ansimesmo le dixo: “O, señora mía, qué hermosa palma es esa que traéys en la mano, e cómo resplandeçen esas letras de oro que están scriptas en las hojas, en las qualas viene scripto vuestro nombre preçioso e vuestra sancta vida y martirio. Y bien savéys vos, mi señora, quánto soys mi señora, e quánto os quiero”. E la señora sancta Bárbara le respondió: “Ya lo sé, y así te tengo yo por devota e amiga, e rogué a Dios que os diese esa graçia que ahora tienes”. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y çesando de hablar con la sancta Bárbara, a deshora llegó a ella un niño, de los chiquitos de teta que se va al Çielo después de su muerte por sola la Passión de Nuestro Señor Jesuchristo e virtud del sancto baptismo, el qual niño la dixo: “Otra vez te he hablado, y te dixe que dixeses a mi madre que castigue a sus hijos dende chicos, y también quando grandes; si no, que lo pagará delante de Dios, e le será demandada estrecha cuenta. E yo doy graçias a Dios que me truxo a este reyno en mi niñez, que si llegara a ser grande, por mis peccados e mal recogimiento de mi madre no me salvara. E por eso te ruego que tú se lo digas”. Entonçes, esta bienaventurada respondió a este niño: “Ni sé quién es tu madre, ni la conozco, ni adónde mora, ni tampoco aunque lo supiese e lo quisiese deçir no me crehería”. El niño le respondió: “Díselo tú, que yo te diré çierta cosa señalada, secreta de su ánima, que no lo save sino Dios y ella, que lo hiço. Y dile tú que se enmiende dello, e con esto te creherá. Y di que su hijo chiquito que se le finó te lo dixo, el amonesto y consejo. E mi madre se llama fulana, y es muger de fulano, e bibe en tal lugar”. E así le señaló y le dixo quién hera su madre y dónde morava. E quando esta sancta virgen tuvo lugar e dipusiçión, mandó llamar a esta muger, y hablola en secreto, y díxole lo que su hijo chiquito, que estava en el Çielo, le avía encomendado. E la muger lo creyó muy bien, por las señas que esta sancta bendita le dio e por las verdaderas palabras que le dixo. E dende adelante fue [fol. 34v] aquella muger muy su amiga, y la visitava muchas vezes, y estava a todo lo que le aconsejava e corregía.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Dezía esta bienabenturada que andan muy enjoyados, e adornados e señalados, los bienabenturados de la corte çelestial, assí los sanctos del testamento nuevo como del viejo, de las armas e ynsignias del Redentor e de su sagrada Passión, e de su sancta madre, Nuestra Señora; que traýan sanctos apóstoles y mártires, junto con estas armas, cada uno su martirio por divisa, bordado en sus bestiduras e pendones y estandartes. E los sanctos de la ley vieja, dezía, andan señalados e bordados en sus bestiduras çiertas figuras que en tiempos les dio el poderoso Dios en figura del Redemptor, y de comienzos havía de venir a los redimir. Dezía que traýan, unos el altar nuevo que Dios les mandó edificar, e otros el carnero que Abraham sacrificó en lugar de Ysac, su hijo; e otros el poço de Jacob; e otros, la çarça de Moysem; e otros, la verga de Harón; e otros, la serpiente que el Señor mandó alçar en el desierto; e otros el arca de la sancta sanctorum; e otros, los tres ángeles que vido Abraham quando dixo que havía visto tres, e adornado uno; e otros la Virgen con el niño en braços, según les fue profetiçado que la Virgen havía de conçebir e parir hijo; e la escalera de Jacob; e otros, otras muchas figuras del tiempo antiguo, según el tribu e generaçión que es cada uno.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Deçía esta bienabenturada que todas aquellas figuras hermosean e adornan a todos los que sobre sí las traen, en memoria de las sagradas maravillas e beneffiçios que el poderoso Dios les hiço. E otras de las ánimas christianas que están en el Çielo muy gloriosas, dezía, traen en sus vestidos por divisa algunas el cáliz con el Sanctíssimo Sacramento, muy ricamente bordado; e otros las llaves del señor Sant Pedro, que significa la perfeta confesión e sancta absolución, e ricos thesoros de la sancta Madre Yglesia; e otros la pila del sancto baptismo; e otros, las crismeras del sancto olio de la crisma e unçión. E assí dezía que vía a todos los cortesanos çelestiales con diversos motes y figuras del poderoso Dios e de la dulçíssima Virgen María, su madre, y que su sancto ángel le declarava e deçía por qué, para qué traýan los bienabenturados cada una de estas figuras o empresas, las quales ella no declarava ni dezía. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Hablando el Señor por la boca de esta bienaventurada, la llamava [fol. 35r] algunas vezes por su nombre, diziéndole “Juanica”, e luego declarava que la llamava este nombre diminutivo porque aún no hera del todo nasçida su ánima de su cuerpo, ni naçida perfetamente a luz, que entonzes es digna la persona de nombre entero. Quando después de passada de esta vida el alma se salva e ba al Çielo, queda que, quando muere, si se va al Infierno, no se puede a tal dezir naçida, sino abortada, e no es dina tampoco entonzes de nombre. Algunas vezes la llamava el Señor mesmo por la mesma habla el nombre entero de “Juana”. Dezía su Divina Magestad que la llamava e dezía este nombre entero de “Juana” porque quería dezir nombre de graçia, e de conoçer e amar a Dios; e otra alguna vez la llamava “Juana”, que deçía el mesmo Señor que quiere deçir graçia, graçiosa, dada de ánima. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Dezía el Señor, quando hablava por la boca de esta sancta virgen, que quando se diçen e tratan los misterios de la sancta misa, son tan ynumerables las yndulgençias e perdones que ganan los que con devoçión y limpieza de conçiençia los oyen que no ay en la Tierra sentido humano que los pueda numerar ni deçir, por estar allí presençialmente la Magestad de Dios. Deçía el mesmo Dios e Señor que, aunque al parezer de los ojos humanos está puesto el Sancto Sacramento en altar de barro o de madera, y en los paños, y lienços e sedas, e plata e oro que acá le ponen, que también le traen los sanctos ángeles del Çielo yglesia nueva e altar nuevo, y entoldaduras nuevas e frontales, e sábanas e corporales, cáliçes e patenas, e todos los aparejos del altar he hornamentos nuevos para el preste; e aun guantes o sandalias para las manos, porque las manos de los sacerdotes, por limpias e sanas que sean, por ser humanas, no son dinas de tomar a Dios en ellas, e todas las cosas que acá se ponen en los altares, por valerosas e ricas que sean, no son para otra cosa perteneçientes sino para [¿foros?] de los celestiales que traen los ángeles para serviçio de Nuestro Señor. Y aun quando sean dinas las cosas e serviçios que los humanos ponen por hornamento en las yglesias y altares de Dios, an de ser muy limpias e valerosas, reverençiales; y si tales no son, pudiéndolas poner, el mesmo Dios lo demandara a cada un ánima que tiene cargo dello, así de lo mandar como de lo haçer alimpiar.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Dezía el Nuestro Señor, quexándose e reprehendiendo a los que diçen que no es bien que se ponga oro ni plata, ni brocados ni cosas valedoras en los altares para honra de culto divino, que el mesmo Spíritu Sancto responde a esto, el qual tiene cuydado de tornar por la [fol. 35v] honrra de Dios, e dize, a quién le perteneçen todas las cosas valerosas limpias e preçiosas, e dulçes ministriles e famosos cantores, e todas cosas que buenas sean, sino a solo Dios, criador e haçedor del Çielo y de la Tierra. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Dezía el Señor, a manera de quexa e reprehensión: “Dizen en la Tierra los humanos que Dios y su madre quisieron andar pobres e menospreçiados. Es verdad, empero hiziéronlo por dar exemplo, y si nos quisimos humillar, tanto más son los humanos obligados a nos ensalçar y servir con las cosas mejores y más preçiadas que tuvieren, honrar y solemnizar sus sanctos templos e altares”. Pues todos los bienes que tenemos los humanos, así spirituales como temporales son suyos, e no nuestros, e los alcançamos por ruego e ynterassión de su preçiosa madre Nuestra Señora. E por tanto, quiere su Divina Magestad e le plaçe que con todos sirvamos a su preçiosa madre junto con Él, pues se lo debemos; e que si no se quisieron tratar quando estavan en la Tierra entre sus criaturas, según su estado e dignidad lo mereçía, que nosotros, que somos sus basallos, so pena de la pena, somos obligados a los servir como siervos a señores, e como basallos a reyes, e como criaturas al Criador y madre suya e, si no lo hiçiéremos, o a lo menos todas nuestras fuerças o posibilidad −dezía el Señor− pagaremos en su juyzio divino.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Dezía hablando por la boca desta bienaventurada, que quando se dize la missa y el sancto evangelio toda persona que presente estava hera obligada a estar muy atenta y en silençio, e de hinojos y en pie, e que así como quiere el preste empezar el sancto evangelio, los ángeles que allí están presentes en la missa, que son muchos, tocan todos juntos las trompetas, hablando con los humanos, diziendo: “Levantaos todos en pie y escuchad atentos con mucha devoçión, y abrid vuestros coraçones, e orejas y sentidos, para oýr al Señor, que quiere hablar; y entended sus maravillas y secretos, que os quiere deçir e descubrir como amigos; e obrad sus exemplos, que os dexó, e tomadlos y enseñadlos vosotros, christianos, e guardadlos en vuestros coraçones. Escuchad, dichoso pueblo christiano, que os habla vuestro Dios, e os declara sus misterios, e os releva sus maravillas, e os descubre su coraçón, e os manifiesta el desseo que tiene de hazeros merçedes, e os convida al Reyno de los Çielos, que os llama [fol. 36r] para que os vengáys a Él, que se desea açercar a vosotros, christianos, que os convida a bodas divinas, e os avisa de lo que os havéys de apartar. Por eso escuchad a vuestro Dios, tan venino que vino a la Tierra por vos redimir, e os dexó en memoria lo que es su sancta voluntad que hagáys para le aplaçer, y lo que es dañoso para vuestras ánimas y conçiençias, por que no lo obréys y os apartéys de lo malo. Por tanto, pueblo christiano, adora y servi, y escucha al Señor Dios tuyo, que tanto le devéys”. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Declaró más el Señor, que havía Él dicho, estando en la Tierra, quando consagró su sancto cuerpo, tornando del pan en carne, y el vino en sangre: “Esto haréys en mi commemoraçión”, que quería tanto deçir como si dixera: “Cada vez que este Sancto Sacramento de mi cuerpo consagráredes, anunçiaréys y declamaréys mi muerte e Passión, e lo offreceréys al Padre mío celestial en memoria mía, y assí renovarés mi sagrada muerte e Passión para remedio e salvaçión de vuestras almas, como si yo estuviese en aquella hora puesto y colgado en la cruz, haziendo nuevamente la obra de vuestra redempçión”. Y esto deçía el Señor havía Él hecho con sobra de amor que tiene al linage humano, de querer venir en el Sancto Sacramento del Altar cada vez que es llamado con las palabras de la sancta consagraçión.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Como el Señor descubría e mostrava a esta bienaventurada algunos de sus secretos, así de los gozos çelestiales como de las penas que las ánimas padeçen por sus pecados, y aun de las ánimas que andavan por los ayres, yendo ella una noche a tañer a maytines, que hera sacristana, oyó gritos muy espantosos como de persona que se quexava muy triste y dolorosamente. Y ella, muy maravillada dello, preguntó a su sancto ángel qué voçes heran aquellas tan espantosas que havía oýdo, si se le havía antojado. El sancto ángel le respondió: “No te se antojó, que gritos heran de ánima neçessitada, que con liçençia de Dios se le venía a encomendar que la hiçieses haçer çiertos bienes. Y no te maravilles que lo oyeses tú, que María de Sant Gabriel, religiosa de tu convento, lo oyó también, aý en tu casa, quando tú la oýste”. Y dende a pocos días, apareçió aquel ánima a esta sancta virgen, la qual ánima hera una gran señora del mesmo reyno de Castilla que havía pocos días hera difunta, e padeçía muy grandes penas, la qual le dixo: “Ruégote, por amor de Dios, que ayas compasión de mí, y scrivas a tal çiudad de este reyno, a tal señora que es mi madre. E yo soy fulana, hija suya. E dile cómo te apareçí y estoy en [fol. 36v] grandes penas, e tengo neçessidad que me hagas tales y tales bienes, y abré muy gran remedio con ellos”. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y con esta ánima desta señora venía otra ánima de un su hermano, con liçençia y voluntad, que en este mundo havía sido muy gran cavallero e havía tenido algunos cargos e viçios por lo qu’él padeçía en el otro mundo. E ansimesmo, aquel ánima habló a esta bienaventurada, e le dixo que embiase a deçir que rogasen a Dios por él, que tenía mucha neçessidad. Ella, movida de compasión y caridad ''[4]'' de aquellas ánimas, scrivió aquella señora, diziéndole que hiçiese hazer por fulana su hija, que estava en mucha neçessidad e penas de Purgatorio, tales bienes; la qual señora no lo quiso creher, ni mandar hazer ningunos bienes por el ánima de su hija. E quando esta sancta virgen vido tal respuesta, congoxose mucho, y dixo: “Pésame por haver scripto aquella señora e descubierto el secreto de aquel alma, pues a sido sin fruto e provecho. Empero, yo sé çierto que esta señora a quien yo agora scrivo no vivirá mucho en este mundo, porque, allende de ser sus días cumplidos, su mesma hija demanda justiçia de Dios della, y ruega que vaya muy presto a sentir las penas que ella siente, pues ni las creyó ni para salir dellas la quiso ayudar”. E así, cumplido por la voluntad de Dios, que luego en muy breve tiempo finó aquella señora tras su hija, e le fue revelado a esta bienaventurada cómo estava en muchas penas. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y el ánima del cavallero, viendo que no la havían creýdo lo que havía dicho de su hermana, y que por eso no embió a dezir a su muger hiziese hazer por él los bienes que él mandava, tornó otra vez a pareçerle e mostrársele muy bravo y enojado contra ella, diziéndole: “Por çierto, tú me as sido muy cruel e sin piedad para mí, porque si mi madre no creyó lo que le embiaste a deçir de mi hermana, mi muger bien creyría lo que le embiaras a dezir. Y si no lo hazes, por çierto yo te tornaré apareçer otra vez, e te espantaré de tal manera que se te acuerde”. Y diziendo estas palabras, asió della, elevola desde el dormitorio donde estava una çelda, y díxole: “Por que veas qué son las penas que padezco, quiero demostrar algo dellas”. E sacó la mano, e tocole tan mala vez e quemole los cavellos [fol. 37r] en señal de sus muy sobradas penas e tormentos; la qual señal de quemarle los cavellos e de llevarla de una parte a otra supieron todas las religiosas, e la causa e secreto dello. E contreñida de charidad, scrivió a su muger deste cavallero, y ella lo creyó muy bien, e hiço lo que esta bienabenturada le dixo; la qual, por la graçia que le hera dada del poderoso Dios, conoçió las cosas secretas de algunas personas, e le hera revelado lo que le querían hablar antes que se lo dixesen. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
E le heran manifiestas algunas neçessidades spirituales de algunas personas e sus de[f]etos antes que ninguna persona de la Tierra se los manifestase. Y savía por revelaçión si heran çiertas las palabras que le deçían, o cautelosas, e respondía a estas tales personas más al propósito del coraçón que no a las palabras. Tenía graçia que si delante della havía alguna persona endemoniada que no se supiese, ella veýa besiblemente a los demonios que venían dentro en ella. Y si algunas personas estavan tentadas de algunas tentaçiones, veýa a los demonios que las tentavan como se les ponía, si a las vezes en los hombros, y en las caveças o en el çelebro, y a las veçes en los ojos, y otras vezes las asía del coraçón. Y esto es según la manera de las tentaçiones que el demonio trae. Vido a una persona esta bienabenturada que la entrava a hablar en su çelda, la qual traýa pensamientos de haçerle mal en una çierta cosa. Y ella, en mirándola, le conoçió el pensamiento, que era ya contra ella, e vídole un demonio hechado en el cuello, que le abraçava e le hablava a los oýdos, el qual hera muy grande. E vido al ángel de esta persona estar muy lejos della, e muy chiquito. E maravillose mucho. E contando a su sancto ángel la revelaçión que havía visto, preguntole por qué causa estará el ángel guardador de aquella persona tan apartado della y tan chiquito, al pareçer, e con semblante triste. Respondiole el sancto ángel: “Eso es porque esa persona a dado lugar a las tentaçiones del demonio, y entonçes le dava entero consentimiento. E por eso se apartava el ángel della, e se mostrava chiquito e de semblante triste, porque nunca havía querido en el aquel caso tomar las espiraçiones suyas”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Fue una religiosa muy desconsolada en el alma, y en su spíritu muy afligida, a se consolar con esta sancta virgen. Y assí como ella la vido entrar por su çelda, mirola e vido alrededor della tres [fol. 37v] demonios muy espantables, e las façes como negros, e por los ojos e boca les salían llamas de fuego, e traýan en las manos unos como garrotes de fierrro, con los quales dava muy grandes golpes de los hombros arriva a aquella persona. Y el sancto ángel su guardador estava muy çercano a ella, y andando a la redonda della dezía a los demonios: “Dad y herid a esta persona, porque es la voluntad de Dios, que lo quiere, y dello se sirve. Aunque vosotros le dáys tan crueles golpes, no sentirá más de lo que Dios quiere”. Y esta bienaventuada, maravillándose mucho de ver la tal visión, preguntó a su sancto ángel por qué hera atormentada la tal religiosa tan cruelmente viviendo en la carne, y más que deçía su sancto ángel que lo quería Dios, y ella dello servido; respondiole: “No te maravilles de las cosas que son secretos de Dios; y esa tal persona mereçe mucho en ello, y a se lo Dios dado por gran misericordia”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Capítulo VII'''&lt;br /&gt;
'''De cómo privó el Señor por algunos tiempos el sentido del oýr, y por qué causa, a esta sancta virgen'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Tenía graçia de entender las aves y animalias, y conoçer sus neçessidades en quanto comer y bever. Y algunas vezes dexava de pensar en pensamientos más subidos e divinales, y ýbase adonde pudiese oýr las aves quando estava en sus sentidos. Y escuchávalas y holgávase, e maravillávase mucho de las cosas que les oýa, tan pronunçiadas e tan claras a su pareçer della, e cómo deçían e tratavan entre sí, unas entre otras, cosas maravillosas que pareçía que conoçían a su criador. E le davan graçias, porque las havía criado e vestido, e adornado de alas y plumas, e les dava los campos, e árboles e frutas para su consolaçión e mantenimiento. E cada género de aves, deçía esta bienaventurada que loava a su hazedor, e le dava graçias de su manera. E toda cosa que tiene spíritu de vida, loa e da graçias a su criador e hazedor. E como ella se ocupava tanto en oýr las aves y holgava de entendellas, hechava mucho tiempo de su pensamiento en ello. &lt;br /&gt;
Nuestro Señor Jesuchristo, como la amava tanto, no quería ni hera servido que se ocupase en otra cosa, sino en el que hera su creador y criador. Y a esta causa, quitole súpitamente el sentido del oýr corporal, que estando en sus sentidos ninguna cosa de esta vida pudiese oýr, aunque las cosas çelestiales bien las sentía, que ni por esta sordedad tan [fol. 38r] estremada no dexava de se elevar tan a menudo, y de estar tan grandes ratos elevadas, ni de açer las predicaçiones e hablar del Señor en ella como antes que ensordase. Y estando sorda, aunque no estuviese elevada, oýa y sentía los cánticos y ynstrumentos celestiales, porque las más vezes que se elevava o ponía en su coraçón o contemplaçión oýa cantos çelestiales que junto con el Spíritu Sancto la ayudavan a inflamar e alçar el spíritu en Dios. Estuvo sorda desde el día de sancta Escholástica, que es a diez de febrero, hasta señora sancta Clara, que es a doze de agosto. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Estavan todas las religiosas de su convento e otras muchas personas muy angustiadas por la neçessidad que tenían de su habla e consolaçión, porque no las oýa, aunque ellas le querían deçir y encomendar sus desseos y cosas tocantes a su consolaçión y conçiençia; por lo qual suplicavan mucho a Nuestro Señor le volviese el sentido del oýr. Y su Divina Magestad tuvo por bien de oýr las plegarias de todos, e tornole el oýr día de la señora sancta Clara. E híçolo desta manera: que estando ella elevada como solía, vido a Nuestro Señor Jesuchristo en spíritu, e la habló e consoló, e le dio el soplo del Spíritu Sancto, e hiço un sermón maravilloso, declarando muy grandes excelençias e maravillas. E hablando, dixo su Divina Magestad que quería dezir por qué la havía ensordeçido, aunque él no tenía neçessidad de dar quenta por qué haçía estas ni otras más cosas: pero que le havía quitado el oýr por tenella más quieta e junta a Él, e recoxidos sus sentidos e pensamientos en Él e no en otra cosa terrena, e tenerla en sancta y simple ynoçençia de niña, y en una puredad de spíritu sin ninguna maliçia, y que no oýa otra cosa sino cosas çélestiales. Mas pues hera tan importunada y rogada de muchas personas, que a Él le plaçía de la sanar. Y en çesando su Divina Magestad de hablar, antes que ella tornase en sus sentidos, vino a ella el apóstol San Pedro, por mandado del poderoso Dios, e metiole los dedos en los oýdos, e bendiciéndola con la señal de la sancta cruz de parte de Dios. Tornando ella en sus sentidos, a deshora se vido sana, e tornado el oýr tan perfetamente como de primero, de lo qual ella y todas las religiosas fueron muy alegres y dieron graçias a su Divina Magestad por la misericordia de ynclinar a su oreja las suplicaçiones que le havían hecho.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Viernes Sancto siguiente, luego que esta bienabenturada ensordeció, estando ella [fol. 38v] elevada e puesta en cruz, assí en la elevaçión tenía tan fijos sus brazos y piernas, e todos sus miembros, como si no fuera de carne sino un crucifixo, de manera que ninguna fuerça bastava para la quitar de así, aunque se provó muchas vezes por las religiosas en otros días que la veýan muchas vezes estar elevada e puesta en cruz. Pero no estava en pie, sino hechada donde las religiosas la ponían. Y en este mesmo ora del Viernes Sancto, estando todas las religiosas en el choro, que hera por la mañana, quando se diçe el sancto offiçio, ella estava en una çelda ençerrada, porque assí hera la voluntad de Dios y de los prelados, que, quando estuviese en rapto, estuviese desta manera. Estando diziendo la sancta Passión, tornó en sí, e fuese al choro, e yba llorando y descalça. Y no pudiendo andar, ponía los pies de lado, que de otra manera no los podía poner, y aun esto con mucha pena. E viéndola las religiosas entrar en el choro, assí fueron a ella, e preguntáronla por señas por qué yba de aquella manera. Respondió que le dolían mucho los pies e no podía andar con ellos. E mirándoselos las religiosas, viéronselos señalados, y ansimesmo las manos, de las señales del Señor: no llagas abiertas ni manantes sangre, sino unas señales redondas, del tamaño de un real, e muy coloradas, de manera que pareçían por las palmas de las manos que estavan ympresas por la parte de ençima, e por semejante pareçía en las plantas de los pies. Tenía también estas preçiosas señales, e muy maravilloso olor, e no de ninguna manera de las flores de la tierra. E quexávase muy reçiamente, e llorava de los dolores que en las partes de las señales tenía. E viéndola las religiosas de aquella manera, llorando e con mucha devoçión, davan muchas graçias a Dios. E tomáronla en sus brazos, e lleváronla a su çelda y hecháronla. Hera tan grande el ardor e fuego que en las manos e pies tenía en el lugar do tenía las señales, que le ponían las religiosas unos pañeçitos de agua fría, y en muy breve espaçio se enjugavan del gran fuego que de allí salía. E muy a menudo le ponían los pañeçitos mojados y ella mesma se soplava las palmas de las [fol. 39r] manos, por mitigarse el gran fuego e dolor que sentía. E las religiosas le preguntavan qué hera aquello o quién le havía dado aquellas señales. Ella, entendiendo, les respondió con muchas lágrimas y dolores que sentía, diziendo: “Vi a Nuestro Señor Jesuchristo cruçificado en aquel lugar donde mi sancto ángel me suele poner, y assí, llagado y cruçificado como venía, se juntó conmigo, e puso sus manos junto con las mías, e sus pies con los míos; y así como esto hiço, sentí en mi spíritu gran dolor e sentimiento en mis manos e pies y, a deshora, me vi tornada acá en mis sentidos, con estas señales que véys, y con muchos dolores en ellas, y tan reçios que casi no los pudo sufrir”. Tuvo estas señales tan maravillosas y creçidos dolores dende el día del Viernes Sancto, hasta el día de la Sancta Asçençión. Y esto no contino, sino los viernes, y sábados y domingos, tres días arreo hasta la hora que fue la Sancta Resurreçión, y dende aquella ora hasta otro viernes no tenía más dolor ni señal. Viendo esta bienaventurada cómo no podía encubrir estas preçiosas señales que no fuesen vistas de personas devotas del monasterio −pues ya se publicava, y su confesor y el compañero se las havían visto junto con las religiosas−, suplicó a Nuestro Señor muy afetuosamente que en ninguna manera permitiese su Divina Magestad que en ella, su yndigna sierva, pareçiesen ni tuviese tal thesoro ni tan ricas joyas, que no hera digna dellas, ni quería tal don, pues no le podía encubrir. E nunca çesó de haçer esta suplicación, derramando muchas lágrimas, hasta que lo alcançó del poderoso Dios. E hablando un día su Divina Magestad por la lengua y boca della, dixo: “Mucho me ruegas e ymportunas que te quite ese don que te he dado. Yo lo haré, y pues no as querido tener mis rosas, yo te daré cosa que más te duela que ellas”. Y assí le fue otorgado del Señor no tener ya más aquellas señales. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Por entonçes, muchas personas heran consoladas spiritualmente e libradas de sus tentaçiones por consejo e lumbre de esta bienaventurada. Y aunque fuesen más de çiento las que juntamente se le encomendasen para que rogase a Dios por ellas y que huviese respuesta de su sancto ángel, dotola Dios de tanta graçia que ninguna se le olvidava; que por todas rogava a Dios a su sancto ángel le dixese qué respondería a cada una de aquellas [fol. 39v] personas.Y el sancto ángel la respondía en cada cosa, según el poderoso Dios le dava liçençia para ello. E havidas ella las respuestas, las dava a las personas que se le havían encomendado, sin trocar ninguna cosa de lo que el sancto ángel le deçía, e savía lo que havía de dezir a cada persona. Y esto, de una vez que se elevase, traýa todo esto en su memoria.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Vino a ella un religioso muy tentado de no querer reçar las horas e offiçio divino ni ninguna cosa que hera obligado, diziendo que Dios no tenía neçessidad de sus oraçiones. Encomendándole esta bienaventurada al Señor, díxole a su sancto ángel la tentaçión y neçessidad de aquel religioso, e suplicole que le dixese alguna cosa que ella le pudiese dezir para el remedio de aquella neçessidad. El sancto ángel le respondió, diziendo: “Dile tú a esa persona que verdad es que Dios no tiene neçessidad de las oraçiones de las criaturas que Él crió, empero todas las criaturas raçionales tienen neçesidad de la ayuda de Dios e de le servir para le aplacar, así como de neçessidad e fuerça es obligado qualquier labrador pechero de pagar a su rey y a su señor el pecho que es obligado e le debe; y si esto de su grado no haçe qualquier basallo, mandarle á dar gran pena su señor y mandarle á prender a sus alguaziles y justiçia, y si mucho fuere revelde, haçerle matar, e assí perderá la persona e los bienes; lo mesmo hará Nuestro Señor Jesuchristo a los christianos religiosos, assí hombres como a mujeres, si no le sirven y le pagan lo que le juraron en el sancto baptismo y en su profesión. A los religiosos, demandárselo á muy reçiamente, por peccado mortal, e si mucho perseverare en su reveldía de no querer amar ni servir a Dios, ni reçar sus oras y lo que es obligado para le aplacar, siquiera con algunos serviçios e buenas obras, mandará a los sus alguaçiles, que son los demonios, le prendan y enfermen, e saquen el alma del cuerpo a muchos tormentos. Y después, en su juyzio, condenarle á el alma a penas eternas, de manera que perderá la persona y el alma, e bienes spirituales que pudiera tener. Por tanto, di tú a aquella persona que desheche la tal tentación, que es de Satanás, y se esfuerçe e reçe, y sirva a Dios, e pague el tributo y pecho que le debe por su [fol. 40r] juramento y vasallaje. Si no, que le será demandado como he dicho”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Vino otra persona a esta bienaventurada a pedirle consejo y doctrina, diziendo qué haría para aplaçer a Dios. Ella preguntolo a su sancto ángel, e suplicole respondiese sobre ello, e díxole: “Dile a esa persona que paz, e oraçión, e silençio son cosas que aplaçen mucho a Dios. Y que trayga belo negro en su coraçón, e ánima de dolor de la sancta Passión de Nuestro Señor Dios, y alguna carga que ponga ençima de su persona. Dé frutos de penitençia, y esto tome por vestido, y el llanto por tocado, y assí estará bestida y adornada su ánima para ser perteneçiente a su Dios”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Otra preguntó a esta bienaventurada qué haría para estar siempre en graçia e aplaçimento de Dios. Ella díxolo a su sancto ángel, e pidiole respuesta para aquella persona. Y él dixo: “Dile que llore con los que lloran, y ría con los que ríen, y calle con los que hablan”. Otro consejo: estava una religiosa enferma de una muy grande enfermedad e fatigada de muchos dolores, y dixo a esta bienabenturada Juana de la Cruz le suplicava dixese a su sancto ángel le embiase alguna palabra de consolaçión. Y él le respondió que qualquier persona enferma que está en la cama, pues no puede reçar ni offreçer otro sacrifiçio sino sus dolores a Dios, ponga en su memoria por çielo de su cama a Nuestro Señor Jesuchristo cruçificado e llagado por los peccadores, e por paramentos e çercadura todas las ynsinias de la Passión e tormentos que el Hijo de Dios padeçió por redimir y salvar sus criaturas. E piense qualquier persona enferma siempre en esto, e offrezca sus dolores a los de Christo, y rescivillos á el mesmo Dios, e serle an meritorios sus dolores y enfermedades. Y aun hasta las mediçinas e cosas neçesarias que tomase en su enfermedad, ofreçiéndolo todo en reverençia de la Passión del Señor y de la hiel y vinagre que le dieron a beber; y aun la flaqueza, y desmayos e sed que padeçiere, le será contado en mereçimiento, si lo ofreçiere en reverençia de la hambre y sed, y ayunos y cansancios, e flaqueças e desmayos que padeçió el Hijo de Dios. E lo mesmo le será contado el frío, y la calentura e sudores, offreçiendo cada cosa de estas a su misterio. Y assí terná cada criatura sus penas y dolores, acordándose [fol. 40v] quánto fueron mayores las que padesçió su Dios, e todas por sanar las llagas y enfermedades de los peccadores. Y aun si perfeçión e conoçimiento de Dios tiene la tal ánima que estas cosas pensare, será bien que diga: ‘En el nuestro Jesuchristo duélanme los dolores, en tal que no me aparten de la caridad de vuestro amor’. Y a Nuestra Señora puede dezir, si la enfermedad le diere lugar: ‘O, Virgen singular, entre todos piadosa, haz a mi ánima ser suelta de sus culpas, y en el cuerpo ser mansa y casta’”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Consejo a otro: una persona suplicava la respondiese el sancto ángel, por ynterçessión de esta bienabenturada, y asý fue, que digo: “Dile a esa persona que se enmiende, e guarde de ofender a Dios, que le hago saver que se demanda por hurto en el juizio de Dios qualquier tiempo e palabras mal dispendidas e habladas, e se pagan con las setenas como hurto, e se an de restituyr como fama qualquier mal exemplo o enseñamiento u ocasión que dé para que otra peque. Por eso, que se avisen hechos e horas e palabras”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Estando aparejadas las monjas para comulgar, e juntas en un lugar que para ello tenían diputado, hallose con ellas esta sancta virgen, la qual no yba a comulgar, sino a ver y adorar este Sanctíssimo Sacramento. Y como estuviese allí, llegáronse las religiosas a ella, y ocupávanse en la hablar, encomendándole algunas cosas de sus ánimas. A deshora fue tomada y arrevatada dentre las religiosas, e de los ojos dellas, e alçada en alto. Todas, muy maravilladas, allegaron a comulgar, cada una como mejor pudo. E de que huvieron comulgado, pasado algún yntervalo, a deshora la vieron entre ellas. Todas, muy espantadas, se hallegaron çerca della, y la rogaron muy afincadamente les dixese dónde havía estado mientras ellas comulgaron, que a deshora se havía desapareçido. Y enportunándola mucho, les respondió, diziendo: “Los ángeles me llevaron por que no os ocupásedes conmigo, sino con solo Dios, e dixéronme: ‘Anda acá, súbete aquí, a la cumbre de la casa con nosotros, por que no se ocupen en ti las religiosas el tiempo del comulgar’. Y allí me tuvieron en el ayre entre ellos, e me cubrieron con sus hermosas alas por que vosotras no me viésedes. E dende allí goçávamos todos del Sanctíssimo Sacramento. E quando me bajaron, dixéronme: ‘Anda acá, que aora no estorvarás nada’. E las monjas dieron [fol. 41r] graçias a Dios por tan gran milagro, e rogaronle mucho les dixese lo que Nuestro Señor le havía mostrado en la comunión de ellas. Ella les dixo: “Las que comulgavan muy devotamente, llegava el sancto ángel su guardador e tomavale del braço, e abraçávala, e besávala e goçávase mucho con ella; e la que no comulgava devotamente, desviávase algo de ella su sancto ángel, e orava al Señor muy devotamente por ella, que la cumpliese de su graçia”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
E no solo esta vez fue esta bienabenturada alçada en cuerpo y en alma dentre las religiosas, mas otras vezes lo vieron y supieron las mismas monjas que los sanctos ángeles le alçavan en contemplaçión, y assí tenía condiçión angelical e sanctas hablas e consejos. Desde a çiertos días que este milagro vieron las religiosas de alçarla en alto los ángeles quando comulgavan, pidiola la provisora una cosa que tenía neçessidad, e deçía no la havía en la casa, y ansí lo creýa de çierto. E oyéndolo esta sancta virgen, dixo a la provisora: “Sí tenéys, hermana, aunque no se os acuerda. Que yo le vi el otro día, quando las religiosas comulgaron en tal zaquizamí, quando los sanctos ángeles me subieron en alto”. E fue la provisora, e halló lo que buscaba. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
E aconsejava muchas veçes esta bienaventurada scriviesen e agradeçiesen mucho a los sanctos ángeles custodios las buenas e caridosas obras que contino hazen a nosotros peccadores. Dezía: “No solamente son nuestros guardadores, mas los podríamos llamar nuestros compañeros. Y esto por el mucho amor que nos tienen, e por ser compañeros de nuestras almas que, allende de ser nuestros ayos y guardadores, son berdaderos e fieles compañeros y amigos para nos defender, así de los demonios e peligros del mundo como para nos ayudar e favoreçer en el amor e serviçio de Nuestro Señor Jesuchristo e provechosa salvaçión de nuestras almas. E por esto −deçía esta bienabenturada− clamo yo a los sanctos ángeles guardadores de ánimas ‘compañeros’, porque nos acompañan día y noche, y en vida y en muerte. Y quando algunos de los fieles christianos están en artículo de muerte, el sancto ángel guardador, como a compañero muy leal e amigo verdadero, haviendo compasión de aquel ánima, va al Çielo, y ruega e convida a algunos sanctos e santas que él save que aquella persona tiene devoçión y a hecho algunos servicios, e dízeles: ‘Señores, tal persona, que es ánima que yo tengo a [fol. 41v] cargo por mandamiento divinal, está en gran neçessidad, que está en artículo de muerte. Por eso, ayúdame a rogar a Dios por ella, e sedle favorables’. E los bienabenturados responden que les plaze, y ansí lo ponen en obra”. Dezía que, aun después de difuntas, las personas christianas e salvas por la misericordia de Dios, los sanctos ángeles sus guardadores no las desamparan en Purgatorio, porque las socorren e visitan, llevándoles las sufragios e oraçiones en que van los mereçimientos de la passión de Nuestro Señor Jesuchristo, e limosnas çelestiales con que las visitan, y consuelan e sanan limpiándoles sus llagas e tormentos muy crueles que padezen las ánimas en Purgatorio; y tales, que ninguna criatura humana las podría creer. Dezía esta sancta virgen que, así como la offensa que la criatura haçe, por chiquita que sea a nuestro pareçer, es infinita porque offende con ella al infinito Dios, así las penas que en el otro mundo dan a las ánimas, por pequeñas que sean, son muy indeseables ''[5]'', e gravíssimas e amargas, e no tienen otra consolaçión sino la que le da y lleva el sancto ángel su guardador.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Hablando el Spíritu Sancto por la boca de esta bienabenturada, dixo que qualquier persona que se desea salvar y alcançar perdón de sus peccados á de ser como paloma que no tiene hyel. Conviene a saver, que no tenga maliçia, ni odio, ni malquerencia, aunque le hagan mal, sino haga como la paloma que, aunque le haçen mal, no se save tornar a quien se le haze, sino gime entre sí y pasa su pena, e va a fazer su llanto çerca de las aguas, porque, si viniesen los caçadores o otras aves contrarias suyas a quererla empeçer, se esconde devajo de las aguas, y allí se guareçe. Lo mesmo debe de façer la persona fiel: yr a hazer el llanto de sus peccados çerca de las aguas de la Passión e llagas de Christo; porque si le vinieren tribulaçiones o persecuçiones de los próximos o del Demonio, el qual como caçador quiere caçar las ánimas e llevarlas al Infierno, entonçes es muy buen remedio a la ánima pensar en la Passión de Dios e meterse con el desseo en las fuentes e guaridas que con sus sanctas llagas. Ansimesmo, dixo su Divina Magestad, tiene la paloma otra propiedad, que todo su canto es gemido, e casi como triste llanto. E lo mesmo debe façer qualquier persona, pues a offendido a Dios, que ninguna es tan justa que no tenga peccados, e toda su vida justa raçón á de ser llanto; o que bien puede dezir la mesma persona que a offendido a Dios si la mandaren reýr o cantar, o alegrarse vanamente: “Ya se quebró mi hórgano e no puedo cantar, [fol. 42r] que el día que offendí yo a mi Dios y Señor, yo mesma que bi el órgano del alegría de mi alma, y no sé si tengo enfado o aplacado a mi Dios, e hasta que vaya a la tierra del alegría, que lo sepa e le vea, no me quiero alegrar ni tornar plazer que sea fuera de Dios, sino vivir en llanto, pidiendo a Dios perdone mis peccados”. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Otro consejo del Spíritu Sancto muy provechoso: dixo el Señor que, para defenderse el ánima del demonio, á de resçivir las buenas espiraçiones del Spíritu Sancto en el coraçón, y haçer lugar para ello, y calçar los pies del ánima de muy buenos pensamientos, y bestirse el arnés de la charidad, e ponerse el capaçete de la fee; y para resçivir los golpes de los adversarios, ponerse á el escudo de la esperança, y esgrimir muy reçiamente con la espada del buen desseo, premiándolo en obras perfetas. E armada qualquier ánima fiel con estas armas, podría muy bien pelear con Satanás, el qual viene desnudo y despojado, que no tiene ninguna de estas virtudes con que se pueda armar. Por ende, si Satanás nos vençe a nosotros, los christianos, es porque nos desarmamos e quitamos de sobre nuestras almas algunas o alguna destas virtudes, e quando el Demonio ve que havemos dexado caer alguna dellas, esfuérçase muy reçiamente a nos convatir, e herir e llagar, y matar con ella, trayéndonos tentaçiones de las cosas en que más flacos nos ve, e de las virtudes de que más nos ve careçer. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
A la saçón que el Señor estava hablando por la boca de esta bienaventurada, estava una religiosa de poca hedad en pasamiento. Y quitada ya la habla, e así como estava, la llevaron las monjas allí, e pusiéronla delante en una cama. E la enferma empeçó a gemir muy reçiamente, e muy apriesa y congoxada. Dixo entonçes el Señor: “Bien haçes, hija, de reconoçer a tu criador y redemptor. Sométete devajo de su poderío, pidiéndole misericordia. Esfuérçate, esfuérçate, que piedad y misericordia hallarás ante Dios”. E buena cosa es que quando alguna persona estuviere en pensamiento diga estas palabras con devoçión, y si la tal persona no las pudiere dezir, dígalas otra por ella, en su presençia. E las palabras son estas: “El Señor que suelta los presos, suelte a esta. El Señor que alumbra los çiegos, alumbre a esta. El Señor que sana los contritos, sane a esta. El Señor que socorre a los neçessitados, socorra a esta. El Señor que alegra los tristes, alegre a esta. El Señor que perdona los peccadores, perdone a esta. [fol. 42v] El Señor que salva los yndignos, salve a esta”.&lt;br /&gt;
Muchas vezes, hablando el Señor, mudava el lenguaje, según havía la neçessidad. Algunas veçes en latín, quando havía letrados, para dezirles algunas cosas secretas a ellos, para aviso de sus sçiencias; otras vezes hablava en vizcaýno, e muy çerrado, haviendo personas que entendiesen aquel lenguaje. Estava una vez un perlado mayor, de la orden del glorioso sant Francisco, el qual tenía en el secreto de su coraçón yntençión de haçer perlada e abbadesa a esta bienabenturada Juana de la Cruz. Lo uno porque vía en ella gran marco, e lo otros porque havía muchos días que se lo pedían las religiosas con muchas lágrimas. E no lo havía hecho porque no tenía tanta hedad como hera menester para semejante cargo. E teniendo esto en su coraçón, hablole el Señor en bascuenço, estando él oyendo esta bendita habla, e díxole que la pusiese sin temor por perlada, que marco tenía para ello e para más. El qual perlado, quando la eligió por abadesa, dixo: “No la hago yo solo abbadesa, que Dios la tiene elegida, e me la mandó poner”. Y contó lo que le havía dicho en bascuenço. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Quando los christianos ganaron a Orán, dio el obispo de Ávila a esta bienabenturada, o al monasterio por su ynterçesión, dos esclavas que traxeron de aquella ciudad. La una hera ançiana, la otra moçuela de treçe o catorçe años, las quales aún no heran christianas. Las monjas, deseando lo fuesen, empeçaronlas a hablar e dezir que se tornasen christianas. Ellas, oyendo esto, hazían tantas bramuras como si las quisieran matar, en espeçial la más ançiana: se arañaba toda, hasta que le corría sangre. Viendo esto, no la apremiavan ni enportunavan mucho. E hablando el Señor un día por la boca desta bienaventurada, las monjas lleváronlas, para que oyesen a el Señor. Aunque yban de mala gana, estuvieron allí presentes, e su Divina Magestad del poderoso Dios las habló en algaravía, y ellas, muy atentas, escuchavan lo que el Señor les deçía, e respondían ellas en su mesma lengua. Y así estuvieron un buen rato en presençia de todos, e convirtiolas el poderoso Dios, y ellas pidieron el sancto baptismo con mucho fervor. E de aý adelante, todas las vezes que el Señor hablava por esta voz, estando estas esclavas oyéndole, aunque algo apartadas, Él mesmo las llamava por sus nombres en algaravía, a cada una por sí, e luego ellas se levantavan e pasavan entre toda la gente, e se ponían çerca hincadas de hinojos, e allí las hablava e consolava en su lenguaje, y ellas le respondían e quedavan muy alegres. E así bivieron y [fol. 43r] murieron christianas, en el serviçio de Dios y del monasterio.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Siendo esta bienaventurada abadesa, vido estando elevada una figura en el Çielo de unas sus monjas, a las quales mandó la bicaria hiçiesen çierta cosa de la obediençia, y ellas, escudándose, dixeron no lo podían hazer. La bicaria, viendo que no obedeçían, mandó a otras lo fuesen a hazer, las quales obedeçieron de buena voluntad, he hizieron lo que havía mandado a las primeras. Y pasando esto, tornó esta sancta perlada en sus sentidos, e sin darle ninguna persona cuenta de lo que havía pasado, mandó le llamasen a la bicaria, e díxole: “Penada havéys estado, madre, que yo lo he savido, e havéys tenido raçón por la desobediençia de aquellas religiosas, pero llámenmelas, que yo las reprehenderé, e daré penitençia, e les diré lo que an perdido por la desobendiençia”. E viniendo las religiosas ante ella, reprehendiolas, e amonestándolas, dixo: “Mirad, hermanas mías, en la negligençia que oy havéys caýdo. No os acontezca más, porque yo he visto en spíritu vuestra figura, que, ansí como desobedeçísteis, a deshora pareçieron los sanctos ángeles vuestros guardadores como henojados contra vosotras, e tomaron los pendones e cubriéronlos de negro, e arrastrávanlos por el suelo diziendo palabras como de dolor. E luego, a deshora, pareçieron allí junto con ellos los sanctos ángeles guardadores de las que hiçieron la obediençia que la vicaria les mandó, muy alegres y goçosos, y traýan los pendones alçados y en cada uno una corona, e llegaron a vuestros sanctos ángeles, e pidiéronles vuestras coronas que ellos traýan en sus pendones, e por permisión divina diéronlas ellos e tomaronlas los ángeles que las pidieron, e pusiéronlas en sus pendones. He llevava cada uno dellos dos coronas, e los vuestros no ninguna. E fueron con voz de cántico, e dulçes sones, a offreçerlas e presentarlas al poderoso Dios. Y esto fue figura de lo que vosotros perdistes e las otras ganaron, e cómo llevaron sus mereçimientos e los de vosotras. Por eso, nunca otra tal cosa acontezca, que mucho se henoja Dios con el revelde de desobediente, e los sanctos ángeles sus guardadores de los tales se yntresteçen de ver que no andan sus súbditos en la carrera de la obediençia. E quieroos también dezir a vosotras e a todas lo que vi desde nuestra çelda, que tañó la vicaria la campanilla de la comunidad para que se juntase todo el convento, e como no vinieron tan presto, tornó a tañer otra vez, e los ángeles guardadores de todas las religiosas fueron en breve juntos todos a par de la campanilla, la qual es llamada voz de Dios e del ángel. E dezían [fol. 43v] ellos: ‘Vengamos todos a cumplir e obedezer el llamamiento divinal por nuestras súbditas, que no vienen’. Y esto no se entiende que vienen a haçer la hazienda, sino a confusión de vosotras. Mirad que enojays a Dios, e days travajo a los sanctos ángeles, vuestros guardadores. Ya béys quán gran peccador es enmendado, e obedeçed por amor de Jesuchristo, que con tanta mansedumbre lo enseñó, obedeçiendo él hasta la muerte de cruz”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Quando esta bienaventurada tenía capítulo, havía estado en rapto, y savía por la graçia de Dios todas las neçessidades que en el monasterio havía, públicas y secretas, en las ánimas y cuerpos de sus súbditas. E muchas veçes tenía al sancto ángel a par de su hombro, hablándola al oýdo, lo que havía de haçer e de ordenar.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Capítulo VIII'''&lt;br /&gt;
'''De una revelaçión que esta sancta virgen contó dando consejos a sus monjas'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Algunas vezes deçía esta bienabenturada algunas cosas de las muchas que el poderoso Dios le mostraba. E decía hera mucho mérito dezir sus culpas claramente, como las hazía al confesor, e también en el capitulorio disculparse, porque más valía publicarse en este mundo por peccadoras que no en el otro, como ella havía visto por la voluntad de Dios en un lugar de Purgatorio. La primera pena que davan a las ánimas que allí yban es qu’ellas mesmas se pregonan, el qual lugar hera muy grande, e havía muchedumbre de ánimas e demonios. Y estava hecha a manera de ciudad con calles, e adarbes y plaças, e por todas aquellas partes y calles á de yr el ánima pregonando todos quantos peccados a hecho en toda su vida, así públicamente delante de todos, para que lo vean e sepan quantos allí están, e los moradores de aquella çiudad lo sepan e oygan. Y esto es a las ánimas muy gran bergüenza y aun pena. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
“Y mirando yo en este lugar de Purgatorio, vi entre otras muchas ánimas una ánima de una muger, la qual me habló y dixo: ‘Di a fula[na], religiosa de tu casa, que digo yo que me pague ella agora lo que su hermana fulana me deve, de tal buena obra que le hiçe en todo lo que yo pude. E que yo soy fulana’. Y dixe yo a aquella ánima: ‘Si le hiçistes buena obra, páguesla ella’. Y el ánima me respondió: ‘No quiero que me lo pague ella, porque es mala pagadora, sino esotra, su hermana’”. Y esto dixo en público [fol. 44r] esta bienaventurada, he llamó en secreto a la religiosa que el ánima se havía señalado, e dixo: “Quiere una muger, que se llama fulana y hera veçina de Toledo, y es ya difunta, la qual es esta que yo he dicho que vi e oý; pide a vos que le paguéys çierto beneffiçio que hiço a vuestra hermana fulana”. E la religiosa, muy maravillada de oýr tal secreto, el qual ninguna persona savía sino ellas tres, y díxole: “Verdad es, señora, que mi hermana y yo fuymos tantos años a casa de la persona con tal y tal neçessidad, y ella nos socorrió, e nos lo guardó en secreto, y nunca más en toda mi vida vi ni hablé aquella muger, y aora pareçe ser que es difunta, e quiere que ruegue a Dios por ella, e hazerlo é yo de buena voluntad”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Dixo esta bienabenturada vido en el susodicho lugar de Purgatorio, donde las ánimas se pregonaban, a una ánima de un perlado, el qual padeçía muchas penas, y dezía: “De lo que más me maravilla es que vi estava aquel ánima hecha como a manera de un gran palomar, con muchos hornillos y nidos y edificios. He de rato en ratto, así como estava, caýa, dando muy grande golpe consigo, e luego, a deshora, se tornava a levantar, e pareçía en su propio ser como ánima. E dende a poco espaçio tornava a pareçer en figura de palomar. E yo, muy espantada de ver aquel ánima en tal manera, pregunté al sancto ángel mi guardador qué hera aquello, e respondiome: ‘No te maravilles, que figura es’. E tornole a preguntar de qué o cómo, e díxome: ‘Esta ánima que ansí ves es de uno que fue perlado en el mundo, e por eso pareçe como palomar, porque tenía devajo de su mano muchas ánimas. E porque las rijió mal tiene ahora la figura de todas ellas dentro sí, ansí como el palomar tiene las palomas. Y a esta ánima dale mucha pena estar assí por sus peccados, e por los que sus súbditos e basallos hiçieron por su negligencia, y aun por su mal exemplo hiço a otros peccar. Aora lo paga e sirve todo junto su ánima con muy grandes penas, e aunque él paga su culpa e la ajena, no dexarán de pagar cada uno de sus súbditos por sí propio todo lo que a Dios offendió’. Dixo mi sancto ángel: “Con justa raçón padeçe este perlado las penas que ves, porque ansí como el palomar çerrado y çercado [fol. 44v] defiende y guarda las palomas e palominos, así qualquier perlado o persona que tiene cargo de ánimas á de poner la vida y persona, si fuere menester, por guareçer y librar de peligro de peccados a qualquier de sus súbditos e feligreses, desde el pequeño hasta el mayor, que no se los lleve el bilano, que es el demonio. E dentro, en sus entrañas, los deve tener metidos, para rogar a Dios se los libre de peccado y de toda ocasión que trae las ánimas en donaçión. E las caýdas que viste que dava aquel ánima −dixo el sancto ángel− son figura de las faltas y negligençias que hiço en su vida en el serviçio de Dios y en los officios divinales, e las que las otras ánimas hiçieron por su causa. Ansí es la justiçia de Dios, que quiere y permite Su Magestad que, de diversas maneras, y aun algunas veçes de muchas figuras, paguen las ánimas mudándolas de su natural, según la calidad y condiçión de los peccados con que offendieron a su Dios en el tiempo que le pudieron agradar y servir’”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Deçía esta bienabenturada: “Llevándome mi sancto ángel dende la ''Dominica yn passione'' a visitar los sanctos lugares e misterios de Jerusalem, vi allí dos cosas de que mucho me maravillé: la una, que vi a los sanctos ángeles meterse todos dentro de la Tierra, e dentro de las paredes e de los edifiçios de aquellos sagrados lugares. E deçían los mesmos ángeles que entravan e se metían por allí adorar la verdadera tierra sancta, porque estava ya tocada, y rebuelta e mezclada, porque las gentes lo havían ya todo mudado, labrando de otras maneras los tales lugares que estavan quando Nuestro Señor Jesuchristo padeçió y anduvo por ellos. Porque, depués que el poderoso Dios subió a los Çielos, muchas mudanças a havido en los lugares desta tierra sancta. E deçían: ‘Como nosotros con ángeles savemos adónde está la tierra más sancta y más perfeta reliquia, metémonos por estas cosas espesas como spíritus sotiles e gloriosos a adorar y reverençiar las reliquias de nuestro Señor y criador’. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
”Lo que más vi fue muchas ánimas que heran ya salidas de esta vida y andavan con los sanctos ángeles por aquellos sanctos lugares, entre los quales vi e hablé a una [fol. 45r] ánima de una muger que yo conoçí en este mundo, estando viva. E maravilleme mucho de verla, porque la vi muy encoxida y pobre, y neçessitada al pareçer, según ella se mostró bestida de una como camisa, toda hecha pedaços; e por muchas partes estava descubierta, y ençima de una como sayuela vieja muy corta, e uno como sayuelo, al pareçer prieto y muy viejo, y en la caveça una como toca muy corta y vieja, y metidos en los pies unos como çapatos muy rotos. E yo le dixe: ‘Soys fulana, que bien os conozco’. Y ella respondió: ‘Sí, soy’. E yo le dixe: ‘¿Dónde estáys, e cómo os fue en vuestro pasamiento? ¿Por qué estáys tan encogida y pobre?’. Respondiome: ‘Bien me fue, gloria sea a Dios, pues me salva’. Díxele: ‘¿Havéys visto a Nuestro Señor Jesuchristo?’. Y el ánima me respondió: ‘Sí, gloria sea a Él. Quando me finé, vi y le adoré a Él y a su preçiosa madre, Nuestra Señora, y me goçé mucho. Lo que me preguntáys, adónde estoy por la voluntad e mandamiento del poderoso Dios, estoy agora en la yglesia de mi lugar, y a vezes en mi casa, y otras vezes en casa de mis veçinos, pagando algunos peccados que en aquellos lugares hiçe’. Preguntele: ‘¿Estáys alegre o triste?’. Respondiome: ‘No estoy muy alegre, porque ya no me hago de estar en mi casa, ni en ninguna parte del mundo, después que dexé el cuerpo; empero, agora, a placer, tengo con liçençia de Dios de andar por estos sanctos lugares, e más goço deste sancto tiempo e sanctos misterios que si allá estuviera en el mundo, porque los puedo ver e andar con el ánima. Y aquí me dan agora, en estos sanctos lugares, goços por todas las misas que en mi vida oý’. E díxele: ‘¿Por qué traes esa camisa tan rota, que pareçe que os la an sacado toda a pedazos?’. ‘Traygola’ −dixo− ‘que en penitençia de mis peccados e de los bocados que di a mis próximos’. Preguntele: ‘¿Pues cómo les dávades bocados?’. Respondiome el ánima: ‘Todas las palabras malas e con yra que les hablava me fueron demandadas en el juyçio de Dios por bocados, como si los mordiera, que assí me pareçe que se quentan e demandan, e pagan acá en este mundo’. E díxele: ‘¿Y esa saya, tan corta y vieja que traes?’. Respondiome: ‘Aun esta que traygo [fol. 45v] me fue dada por gran misericordia, que desnuda del todo havía de andar, con esta camisa aboqueada, e toda de fuera e abergonçada, sino de charidad me vistieron estos señores ángeles, y esto por las oraçiones que yo con charidad hiçe por mis próximos. Y este sayuelo tan viejo y de tan poco valor me fue dado de virtud, que desnudos havía de traer mis braços, mas pusiéronmele para cubrírmelos, e por el tiempo que estuve desnuda, padeçiendo frío y dolores en ellos, en mi larga enfermedad. Y esta tan corta toca que me pusieron por algunas tocas que di de limosnas en ese mundo, que destocada y descubierta havía de andar mi caveça en penitençia de mis peccados. Y estos çapatos, aunque son rotos y viejos, no merezco otro calçado que bueno sea, que quando me los dieron dixéronme que los tuviese en virtud de Dios, que descalça havía de andar, sino por algunos çapatos que havía dado de limosna; por amor de Dios me dieron este pobre calçado con que cubriese mis pies’”. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Dixo esta bienaventurada, contando todas estas cosas: “Mucho me maravillo de la providençia divina, que aun en las penas, y, antes que el ánima sea sanctificada, en la gloria depara, y sola empieça Nuestro Señor a remunerar las buenas obras que en este mundo obró. Que aquellas pobres bestiduras que aquel ánima traýa figurada hera de las muy ricas y nobles que Dios le havía de dar a ella, e otra qualquiera persona, que por amor de suyo padeçiere penas y enfermedades con paçiençia, e hiçiere limosnas e buenas obras. Pregunté a aquella ánima, diziendo: ‘Dezidme, ¿havéys visto a vuestros hijos los difuntos?’. Respondiome: ‘A los que están en el Çielo no los he visto. Mas he visto otros de mis parientes, e otras personas que yo conoçía que son también difuntos, e pensava yo que avía muchos tiempos que estavan ya en el Çielo, e todavía me pareçe están en penas de Purgatorio, de lo qual estoy muy maravillada’”. Y así cesó esta habla y desapareçió a deshora esta ánima estando esta sancta virgen elevada. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Una religiosa que della e de su çelda tenía cargo, buscando çierta cosa, fue a abrir un cofreçito que estava [fol. 46r] en la çelda, e halló dentro unas ojas berdes y muy frescas, a manera de ojas de parra muy preçiosas, una hostia enbuelta en ellas. E la religiosa, muy maravillada y no saviendo lo que hera, estávalo mirando. Y estando ella en esto, a deshora tornó esta bienabenturada Juana de la Cruz de la elevación, y aún no hera casi bien tornada en sus sentidos quando vido que la religiosa andava en el cofre. Y díxole con grande apresuramiento: “Estad hermana, no lleguéys ni toquéys a esa reliquia que aý está, que es el Sanctíssimo Sacramento, mas traedme acá ese cofre yncada de hinojos”. Y con muchas lágrimas, e admirable reverençia y fervor, dixo: “Quiero haçer lo que los ángeles me mandaron, y resçivir a Nuestro Señor, aunque dello no soy digna”. Y tomó la sanctíssima hostia, e consumiola, y comiose las ojas en que estava envuelto el Sanctíssimo Sacramento, sin dexar ninguna cosa. Aunque fue muy rogada de la religiosa que la dexase alguna parteçita de aquellas sanctas ojas para las tener en reliquias o para las comer, respondió: “No me a sido dada liçençia para que diese parte dello a ninguna persona, sino que yo sola la tomase e comiese todo”. E la religiosa le suplicó mucho le dixese este secreto, y esta sancta virgen le dixo: “Los santos ángeles pusieron aý el Sanctíssimo Sacramento envuelto en unas ojas del Paraýso terrenal, según los mesmos sanctos ángeles me dixeron, que un hombre que hera hereje o mal christiano, e tanto que fue al Infierno, e murió agora, e diéronle el Sanctíssimo Sacramento; y así, quando acavó de comulgar, espiró, y no tragó la hostia consagrada, sino quedósela en la boca. E los señores ángeles sacaron al Señor de la boca de aquel hombre malo después de muerto, e truxéronle aquí, y mandaronme, pues yo lo havía visto y savido, lo [fol. 46v] tomase e resçiviese por una de las ánimas de Purgatorio. E traxéronme aprisa de allá, y dixéronme que ellos le havían puesto en cobro, y que ya estava cerrado porque çierta persona, que no savía lo que hera, llegava a ello, e por eso me traxeron tan apriesa. E la religiosa le dixo: “Poquito haçía, señora, que havía llegado a ello; e verdad dizen los sanctos ángeles, que mirándolo estava. Digo mi culpa dello”.Y ansí se supo esta maravilla del Señor. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Ymportunada de las religiosas esta sancta y bienabenturada les dixese por caridad qué hera lo que sentía espiritualmente quando la graçia de la elevaçión le venía, respondioles, como madre a hijas que en el Señor mucho amava, diziendo: “Acaésçeme algunas veçes, quando aquella graçia me viene, que me lleno dentro de mí de una dulçedumbre de licor y blancura como de leche. Y quando deste liquor soy casi llena, aún no salgo de mis sentidos, ni se me despide del todo el spíritu para subir e ver y gozar las cosas çelestiales, empero queda mi ánima alegre. E otras vezes, quando esta graçia me da el Señor, no solamente está mi ánima arta, e llena e abastada a todo mi contento, mas aun me sobra este liquor y blancura, e se vierte hasta mis vestidos; e otras vezes, los bestidos y cama a do estoy hechada; e otras vezes sobrepuja tanto, que cama e çelda está llena, e me pareze que más de una bara en alto está toda nuestra çelda llena. Y estando en esto pierdo el sentido, y me hallo donde Dios tiene por bien. E pero sé os deçir que es lugar muy glorioso, y el ánima que allí se halla no tiene más que desear por entonçes, e por las vezes que Dios por allí la quiere consolar, mostrándole su realíssima preferençia por su ynfinita [fol. 47r] misericordia. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
”E quando yo torno en mis sentidos corporales hallo, en todas aquellas partes que primero vi redamada la graçia en nuestra çelda, nasçidos muchos árboles de muchas maneras, y frutales con hermosas ojas y mucha diversidad de flores, y yervas odoríferas e de muy gran fermosura, las quales me pareçe están nasçidas en la rama y en mi persona e bestidos. Y el suelo todo de la çelda, y las paredes hasta una bara en alto, y en estos árboles y flores ay muchedumbre de aves muy hermosas, cantando de diversas maneras. Y así diera por alguna graçia. E como vosotras, hermanas, sentís que yo soy tornada, y empeçáys a entrar en la çelda, a mí me pesa y tengo compasión en mi secreto, aunque no os lo digo, de ver pisar cosa tan preçiosa e hermosa. E assí, poco a poco, se va desapareciendo, que no lo veo. E yo, maravillándome qué podría ser esto, preguntelo a mi sancto ángel, e respondiome, diziendo: ‘Ay, verás tú cómo se cumple muy bien la palabra del Señor que diçe: ‘¿Quándo mi spíritu vano bolverá a mí bazío?. Pues mira tú que, si en las tierra o ropa, que son cosas ynsensibles, donde cae la graçia del Señor, que es llamada de Spíritu Sancto, como tú ves nasçido e frutificado es que no vuelve a Dios sin dar su fruto, pues quánto más es raçón haga fruto en el alma, que es viviente e ymagen de Dios, la graçia del Spíritu Sancto, y ese mismo Dios que la hiço y crió’. Y muchas vezes la embía esta graçia, y si el alma se ayudase, haría en ella muy dinos frutos, e le daría muy grandes dones de gloria. Y también dize que la medida dará a quien más le amase, llena y colmada, e revertida como tú la ves. E muy gran raçón es, y así lo quiere ese mismo Dios, que en el coraçón que esta graçia es ymbiada no cayga en baçío sin haçer fruto, e frutos como tuviese en la tierra”. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Siendo esta bienaventurada abbadesa, [fol. 47v] hazían en el monasterio un cuarto. E yendo ella a ver la obra que se haçía, acompañada de çiertas religiosas, e mirándolo por un rato, apartose de los que allí estavan, e púsose entre muchas piedras que estavan al pie de la obra. Y estando ella en pie, he se la vino la graçia del Señor, y elevose. Y guardándola Dios por su misericordia, nunca se cayó ni meneó más que si fuera de mármol, porque, si perdiendo los sentidos cayera, se hiçiera pedazos entre las muchas piedras que allí estavan.&lt;br /&gt;
Y allegando a ella un padre, compañero del confesor de las monjas que allí estava, hablar con ella, pensando estava en sus sentidos, e hablola. E como no le respondió, el frayle llegose a ella, e vido cómo estava elavada. E maravillose, e dando graçias a Dios, díxolo a las religiosas que allí estavan. E viéronla los maestros, e todas las personas que allí estavan trabajando en la obra. E corriendo todos a mirar esta maravilla, davan graçias a Dios de verla así, sin sentidos, e tenerse en pie como si por mano la tuvieran, sin caerse ni menearse de allí. La tomaron y llevaron a su çelda e recogimiento acostumbrado, e saliendo [¿el principal?] ya dicho fuera del monasterio, venían unas personas a la casa a hablar a esta bienaventurada. E llegaron al torno, diziendo que por amor de Dios se lo dixesen, ella los quisiese consolar.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El frayle, viendo su ymportunaçión, les dixo: “En verdad ella no tiene agora dispusiçión para hablar, que yo salgo agora del monasterio, e os diré el misterio que vi, que es esta maravilla: que la hallamos elevada, e puesta en pie sin se caer“. E diziendo el padre estas palabras, a deshora vido, [fol. 48r] él y otros con quien hablaba, un niño de hedad de çinco años a par de sí, que les respondió, diziendo: “Teníanla los sanctos ángeles, ¿cómo se havía ella de caer?”. El frayle, espantado de oýr tales cosas y palabras a niño tan pequeño, volviendo la caveça a preguntarle qué hera lo que deçía, quando miró ya hera desapareçido. E todos los que allí heran presentes se maravillaron mucho, e dieron graçias a Dios. Conoçieron no ser criatura terrena, sino celestial, que pareçió allí por permisión de Dios para dar testimonio desta bienabenturada.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Capítulo IX'''&lt;br /&gt;
'''De una revelaçión que le fue mostrada a esta sancta virgen de un hermano'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Dixo esta bienaventurada: “Yo sé que estava un hermano en un desierto haziendo penitençia, el qual hera hombre de muy sancta vida. E Satanás travajava mucho por destruyr su ánima si pudiese. Quando este hermitaño se ponía en oraçión, apareçíale el demonio en figura de Nuestro Señor Jesuchristo cruçificado, y deçíale que le adorase, que hera su Dios a quien él mucho servía y agradava. Y el hermitaño adorávale con mucha devoçión. E permitió la Divina Magestad que este su siervo no fuese más engañado, pues él pensava adorava a Dios, y así le hera contado. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
”E acontesçió que, un día del señor Sant Miguel, fueron todos los ángeles a Nuestro Señor Jesuchristo, y suplicáronle les diese a Nuestra Señora la Virgen María para que le querían ellos haçer muy grandes fiestas como a Reyna y Señora suya. Y el poderoso Dios le respondió, diziendo: ‘Mis amigos, vuestra es agora la fiesta, por tanto no os quiero dar a mi sancta madre, que conmigo [fol. 48v] me la quiero tener en mi trono. Y a nosotros hágannos todos mis sanctas fiestas, e muy grandes obras, pues soys mis siervos, y a mis primos juntos, y todo lo merecéys’. Los sanctos ángeles respondieron, diziendo: ‘Nuestro Dios y criador, pues vuestra Divina Magestad no nos quiere dar nuestra Reyna y Señora, nosotros no queremos otra ninguna fiesta; antes nos yremos a pelear con los demonios’.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
”He hazíendolo assí, fuéronse a Purgatorio a pelear con los demonios y sacar muchas ánimas. En viendo los demonios cómo los sanctos ángeles hazían tan grande espojo ''[6]'', fueron algunos dellos ahullando e dando muy grandes vozes al yermo a llamar aquel prínçipe malaventurado, que se estava entonçes haziendo adorar del hermitaño, en figura del cruçificado Nuestro Señor Jesuchristo. E llegaron los demonios con mucho ruydo, diziendo: ‘Andad acá, prínçipe nuestro malymíssimo, maldito seas tú, que te estás agora adorando e haziéndote Dios, y están los ángeles de Jesuchristo cruçificado destruyendo nuestros purgatorios e rovándonos las ánimas que tenemos presas y cautivas. Anda acá, que no te aprovecha nada todas esas adoraçiones que te hazen aý, que su Jesuchristo assí se lo cuenta por meritorio como si él mesmo lo hiziese. Ya saves tú que no quiere él otra cosa sino la yntençión’. E oyendo aquel demonio estas cosas que los otros sus compañeros le dezían, e que el hermitaño le havía conoçido a él y a los que havía oýdo todo lo que le havían dicho, dio un grande estalido, que pareçía que todo aquel yermo se quería destruyr, y desapareçió él y todos los otros spíritus malinos que le llamavan. Y quedó el hermitaño muy espantado y enagenado de sus sentidos de ver el yerro tan grande en que estava caýdo. [fol. 49r] Empero dava muchas graçias a Dios, por la lumbre e aviso que le havía dado.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
”Mira, hijas y hermanas mías, qué engaño tan grande, y cómo no son dignas de creer todas las cosas, sino fuere las que dieren testimonio de ese mismo Dios. Y estas cosas y otras muchas me muestra el sancto ángel por la voluntad de Dios para mi lumbre y covijo, e por él mismo creo resçiviréys. E os he dicho, señoras, esto que agora me fue mostrado. Ansimismo, llevándome mi sancto ángel en spíritu algunas vezes por la voluntad de Dios, veo muchos demonios tentadores de las ánimas, los quales traen unos libros muy grandes, e cada uno de aquellos demonios scrivía y ponía por memoria todos los peccados e malas obras que haçen las gentes. E los sanctos ángeles, nuestros guardadores, quando ven que sus ánimas que tienen en cargo an confesado y comulgado, y an satisfecho en todo lo que heran en cargo y están con alguna devoçión, van a los demonios, e toman los libros, diziendo: ‘Dad acá, que queremos ver qué peccados son los que nuestras almas tienen aý scriptos’. Y aunque les pesa a los demonios, e reúsan que no los quieren dar, lo sanctos ángeles llegan e les toman por fuerça los libros, e miran los peccados, que ellos saven que su ánima a confessado y están absueltos y perdonados de Dios, he tráenlos de los libros. E de que los an quitado, llaman a los demonios, diziéndoles: ‘Toma vuestros libros, que no los queremos, que ya havemos mirado y visto en ellos lo que queríamos’. He los demonios, no osando llegar, se van huyendo, temiendo, aullando. Entonzes los sanctos ángeles se los arrojan, e los demonios toman los libros, e míranlos, e hallando raýdos los peccados que tenían scriptos, con gran rabia los arrojan muy lejos. Pero cuando los peccadores [fol. 49v] tornan a peccar, luego se tornan a enllenar los libros, que los demonios los scriven.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
”Dízeme mi sancto ángel que es muy buen consejo e cosa muy segura apartarse de las personas de las ocasiones de peccar, e vivir siempre en charidad y amor de Dios. E oý dezir a los sanctos ángeles, en voz de cántico, que hera a Dios muy açeto el bien obrar e vivir en puridad de conçiençia, e qu’el ayuno e las lágrimas, e la penitençia, da alegría a Dios e a los ángeles. Y ansimesmo dezýan que heran obligados los christianos, según buena conciençia, de ayunar la víspera de la sancta Navidad de Nuestro Señor Jesuchristo como el Viernes Sancto, y esto se entiende a pan y agua, o muy pobre comida; e quien con amor y reverençia de Nuestro Señor lo hiciere, ganará muy gran galardón de Dios”. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Hablando el Señor por la bocca e lengua de esta bienaventurada, enseñó cómo y de qué manera havíamos de obrar, e de lo que nos havíamos de guardar e de haçer declaró el verso del psalmista que dize: ‘''Dies diei eructat verbum, et nox noctem indicat scientiam''’. Y es que el día de la presente prosperidad que contra Dios nos gozamos dará vozes contra nosotros, para que el día de la gloria eterna no nos resçiva en sí, e que la noche de la tribulaçión por Dios sufrida en este mundo dará voçes por nosotros, para que la noche de la pena infernal no nos traye, manifestando la sçiençia que tuvimos en sufrir de buena gana la pena corporal por escapar de la eterna.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Todas las más vezes que esta bienabenturada hablava al Señor en spíritu, e quando le da la graçia del soplo, le suplicava con grandes suplicaçiones e ruegos le diese su Divina Magestad penas e dolores, e persecuçiones muy rezias [fol. 50r] que padesçiese por su amor, assí de enfermedades como de ser atormentada de las criaturas de la Tierra, que esto sería su alegría e consolaçión: padesçer siempre pena y tormentos por su amor. Y ansí padesçió esta bienabenturada mientras bibió penas e persecuciones, e tentaçiones espirituales, que algunas vezes fue azotada de los demonios, e tanto, que las señales vieron en su cuerpo las religiosas muy grandes e crueles. E una vez le duraron por más de un año, que no se le quitaron las señales de los azotes que los demonios le dieron, e le quedó una que no se le quitó en un lado de su cuerpo mientras vivió. Diole Nuestro Señor un dolor muy grande de caveça, y tanto, que la tenía como muerta, que no comía ni dormía por tres e quatro días, sino contino en un gemido, que no podía hablar sino por señas. Veníale este mal de caveza ordinariamente de quinçe en quinze días, e otras vezes a tres semanas, según Dios quería.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Estando una religiosa en pasamiento en la enfermería a ora de misa, esta sancta virgen, yendo oýr la del choro, quiso primero visitar la enferma, que estava en estrema neçessidad. E consolándola, hablava con gran charidad e amor. E la religiosa se le encomendó mucho, diziendo fuese amigga e rogase mucho al Señor por ella, e supiese d’Él si hera su voluntad, y si le haría serviçio en resçivilla otra vez, antes que muriese. Y ella le respondió le plazía de voluntad. E fuese a misa, e rogó muy afincadamente al Señor por la enferma. E alçando el Sanctíssimo Sacramento, oyó esta bienabenturada una voz del Señor que la hablava desde el Sancto Sacramento, diziéndole: “Di a essa persona que se me encomienda que yo la resçiviré e ayudaré, e seré con ella, pues me quiere a mí resçivir para su partida, [fol. 50v] en la qual no la desampararé”. En las quales palabras mostró el Señor a esta sancta virgen que savía mentalmente no le resçiviría en esta vida aquella enferma. E con esta respuesta la fue visitar cuando salió de missa, e le dixo se consolase, que del Señor sería ayudada e resçivida, e le sería piadoso consolador. E ansimismo le fue mostrado a esta bienabenturada, después del pasamiento de esta religiosa, cómo el Señor le pareció, quando quiere espirar, y la esperó hasta que le salió el ánima, la qual tomó el Señor con su poderosa mano, e la llevó e pasó por los fuegos, e aguas e vientos de Purgatorio, e ninguna cosa le empeció, porque la llevava el Señor, e la libró. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
E passados algunos días que esta religiosa era difunta, estando esta bienabenturada en su çelda en oraçión un día de la sancta cruz, encomendando a Dios çierto secreto que tenía en su pensamiento, que tocava al monasterio e provecho d’él, e ansimesmo a esta religiosa difunta, a deshora le apareçió la mesma religiosa, a la qual vido venir muy blanca e resplandeciente, e traýa en sus manos una muy hermosa cruz verde. Y le dixo: “De eso que deseáys saber si es conçiençia o no, yo vos çertifico no lo es, que mi padre no hera heredero de mí, porque antes que él muriese, yo tuve hijo, el qual es al monasterio donde yo hize professión, por la qual é alcançado mucha parte en el Çielo”. E replicando muchas vezes esta palabra en el Çielo, desapareçió como bolando e subiendo en alto.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[fol. 51r] Viniendo en romería mucha gente al monasterio en que la sancta virgen Juana de la Cruz estava, que hera Sancta María de la Cruz, entre la dicha gente venían dos personas, marido y muger, e traýan una su hija, niña de teta. E diole, a deshora, súpitamente un mal, e murió la niña. E sus padres, muy angustiados, derramavan muchas lágrimas. Y ellos y otras personas que allí se juntaron hizieron en la niña muchas espiriençias, e ninguna cosa aprovecharon, que así se estava difunta. E sus padres, con otras personas, llegaron al locutorio, que a la saçón estava allí esta bienabenturada, e rogáronle, muy afetuosamente, quisiese mandar meter por el torno aquella niña. E contáronle lo que havía acaesçido, e que estava difunta. E tenían fee, según las maravillas savían Dios hazía por ella, si la santiguava viviría la niña. Y esta bienabenturada escusávase con palabras humildes, diziendo que no hera digna que Dios hiçiese tales milagros por ella, ni la querría oýr. Pero siendo muy importunada de sus padres, con muchas lágrimas e clamores, mandó a las torneras tornasen la niña por el torno, e se la trajesen allí al locutorio. E tomándola ella en sus braços, hiço su oraçión, e santiguándole, púsola ençima una ymagen del sancto cruçifixo, que traýa ella siempre en sus brazos en memoria de la cruz e Passión de Nuestro Señor Jesuchristo. Y en poniéndosele, empeçó la niña a [¿chillar?], tornó en sí e vivió. E diéronsela a sus padres biva y sana, los quales la tomaron con muy gran gozo y alegría. E fue manifiesto este milagro de más de ochenta personas, que primero la bieron [fol. 51v] difunta y meterla por el torno del monasterio, e después la vieron salir viva y sana.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Vino a esta bienabenturada un frayle, el qual estava tentado de muy reçias tentaçiones, y en especial le traýa Satanás al pensamiento que él havía de ser el yncubierto, e havía de remediar todo el mundo. Y en llegando esta sancta virgen a la red del locutorio, le vido cómo traýa al demonio en figura de un grande gato muy fiero, y negro y espantable, sobre su persona. E lo mesmo veýa a todos los que traýan tentaciones, que la hablavan tener los demonios sobre sus personas, e la figura dellos de muchas diferençias, según hera la calidad de las tentaçiones. E muchas vezes le dava gran pena el hedor de los peccados que algunas personas traýan consigo. Vido esta bienaventurada cómo el demonio tenía aquel frayle tomado el cuello e la caveza e sentidos, conviene a saver, los oýdos e ojos e lengua, e con una mano le tenía prendido e travado el corazón, de manera que este religioso estava atónito e como loco. Empero tenía una devoçión que dondequiera que llegava, antes que ninguna cosa hazía, se saludava a Nuestra Señora con el avemaría. E assí como llegó a hablar al locutorio, comenzó la acostumbrada oraçión. Y en empezando el avemaría, se le quitó el demonio de ençima, y fue uyendo. Y en acavando de dezir la salutaçión, luego se tornó el demonio a poner ençima d’él. E todo lo veýa esta bienaventurada, aunque a él no le dixo ninguna cosa desta visión. Pero amonestole e avisole, e díxole no se curase de tales tentaciones, e banos e malos pensamientos, que son peccado e gran ofensa de Dios, e tentaçión de Sathanás, e podía perder el alma. E amonestándole mucho, e dándole sanctos consejos, fue librado este religioso de las uñas de Sathanás por su ruego y consejo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Acaesçiole muchas vezes esta bienaventurada, estando [fol. 52r] orando en su çelda por las personas que se le encomendavan, e por las que ella conoçía, ver sus figuras representadas delante de sí, e las neçessidades que cada una de ellas tenía, y en lo que más estava. Y ella, muy maravillada de la tal visión, preguntolo al sancto ángel su guardador, diçiendo: “Señor, estoy muy espantada de una cosa que he visto estando yo sola, ençerrada en la çelda en oraçión. Que me pareze algunas vezes gozo en spíritu de oýr algunas misas muy solenes, de lo qual mi ánima resçive muy gran consolaçión, e junto con esto me pareçe veo todas las personas que yo conozco que son vivas, y aún artas dellas están muy lejos de casa, e me pareçe las veo en estas, y en estas tribulaçiones e neçessidades, assí de las ánimas como de los cuerpos”. Y el sancto ángel le respondió: “No te maravilles, que la figura de todas esas personas es que permite el Señor veas algunas vezes, y sepas las neçessidades en que están, pues se an encomendado en tus oraçiones para que las ayudes con ellas. Que esa es la verdadera charidad, rogar unos por otros, e socorrer siempre en sus neçessidades”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Capítulo X'''&lt;br /&gt;
'''De una revelaçión que a esta bienaventurada le fue mostrada'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Dixo esta sancta virgen: “Bien supe, por la voluntad de Dios, una cosa ayer: que vino mí una persona, y me dixo rogase a Dios por el ánima de su padre y supiese en qué estado estava. Y yo rogué a mi sancto ángel me lo dixese, y él supplicó a la Divina Magestad le diese liçençia me dixese el estado de esta ánima por quien yo rogava y desseava saver. Respondiome que hera salva por la misericordia y Passión del poderoso Dios, e yo díxelo a una su hija, que el ánima de su padre havía savido que hera salva, pero tenía neçessidad hiçiese bien por él. Y ella se consoló mucho de saberlo, y hiço todo lo que pudo por el ánima de su padre; y entre todos los bienes que por él hizo [fol. 52v] ganó un gran jubileo, e todo lo offreçió a Dios por él. E vino a mí, y díxome lo que havía hecho por aquella ánima de su padre, que rogase yo a Dios le aprovechasen los bienes que por él havía hecho. E yo, en viendo a mi sancto ángel, le encomendé y supliqué tuviese cuydado de aquella ánima, e díxele todo lo que su hijo me havía dicho. E respondiome: ‘Bien hazes de rogar a Dios, que la buena obra nunca se pierde, mas a esa persona difunta no le aprovecha lo que por ella se haze por agora, que la justiçia divina le quita todo lo que por ella haçen agora, e lo da a otra ánima de Purgatorio’. E maravillándome yo, le dixe: ‘¿A qué ánima, señor, le dan los tales bienes?’. ‘Al ánima de su padre de ese por quien ruegas, y es la causa porque él heredó los bienes de su padre, y no tuvo cuydado de haçer bien por él; y si él hiço algo fue poco, y no tanto quanto hera obligado a haçer y su padre tiene neçessidad, que pudiera ser mediante la misericordia de Dios ser salido de Purgatorio, si le huviera ayudado este su hijo con algunos bienes. Y pues fue descuidado, a mandado la justiçia divina le despojasen de todos los bienes que por él se an hecho, e los den a su padre hasta tanto que basten sacalle de penas de Purgatorio. E más te hago saber: que ese jubileo que esa su hija ganó agora en la Tierra, fuera bastante con el ayuda de Dios para salir él de Purgatorio, mas quitáronsele. Y el ángel del ánima de su padre, de ese por quien se hazían los bienes, le fue a llevar las nuevas de este jubileo, y le dixo: ‘Alégrate, ánima, que el poderoso Dios manda salgas de penas, por quanto todos los bienes que se an hecho por el ánima de tu hijo se te an [fol. 53r] dado a ti, porque él fue descuydado en su vida en haçer bien por ti quanto hera obligado, y agora ganó una tu nieta un jubileo para tu hijo, con el qual saliera de penas de Purgatorio, y este se la quita e se da a ti, con el qual sales de Purgatorio’; con las quales nuevas se mucho consoló aquella ánima, e dio graçias al poderoso Dios. Y dixo a su ángel: ‘Señor, mucho querría ver a mi hijo, y hablalle si me diesen liçençia’. Vido a su hijo, y díxole cómo él se yba a tal gloria mediante la misericordia de Dios, ‘y por un jubileo que ganó para ti una hija tuya y nieta mía, con el qual tú salieras de penas, y quítasele la justiçia de Dios y dámele a mí, con el qual voy a la gloria, porque tú te descuydaste en tu vida de haçer bien por mí. Por eso ave paçiençia, y el Señor haga contigo la gran misericordia que conmigo a hecho’. Y su hijo, conoçiendo su culpa y descuydo, respondió: ‘Justo es Dios, e justos son sus juyzios’. Y dixo el sancto ángel, mostrando muy grande compassión: ‘¡Ay de los hijos que heredan los bienes de sus padres, e los gastan y distribuyen sin haçer bien por ellos! Pagarlo an, porque se les será bien demandado. E que no les queden bienes son obligados a rogar por sus padres, e haçer bien por ellos. E lo mesmo digo por los albazeas que façen lo mesmo, que ellos darán estrecha quenta a Dios’”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y traxeron una niña de teta, chiquita, para que la sanctiguase esta bienabenturada, que traýa una gran enfermedad. Y ansí como se la pusieron delante, la vieron toda cubierta de un belo negro de siliçio, de lo qual se maravilló mucho, e dixo a las religiosas: “Mirad, hermanas mías, las cosas que Nuestro Señor permite en la Tierra por nuestros peccados: que esta niña ynoçente, que no á sino siete meses que nasçió, tiene ya Satanás poder para la atormentar en el cuerpo, que en el alma no [fol. 53v] puede empezer. La que os digo, en verdad, la he visto toda cubierta de un siliçio muy áspero y negro, de lo qual estoy muy maravillada. Ruegoos, amigas, roguéys por ella, que lo mesmo haré yo”. E santiguándola e rogando a Dios por ella, fue guareçida de aquel peligro.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
E otras muchas cosas secretas le mostrava Dios. Algunas vezes vía las personas que conoçía que havían de enfermar muy presto, e si havían de morir de la enfermedad o no, e otras muchas cosas que Dios hera precido de mostrale espiritual y corporalmente. Dezía esta bienabenturada: “Quán temoroso es el juyzio e cuenta que a cada ánima se toma. Esto digo, hermanas mías, porque vosotras y yo nos guardemos de offender a Dios, que algo dello a sido su Divina Magestad servido de mostrarme, porque el lugar donde mi sancto ángel me pone, quando Dios es servido que yo me eleve, es muy çercano al lugar diputado donde el señor Sant Michael, con muchedumbre de ángeles, se pone a juzgar las ánimas buenas e malas, en el qual juyzio veo cosas muy espantosas e maravillosas. Está assentado el príncipe Sant Michael, quando á de juzgar, en un trono muy real, con toda la auctoridad e poderío del Señor Dios Todopoderoso. Tiene corona de oro en la caveza, a manera de Rey, e pareçen ante él qualesquiera ánimas que de este mundo an salido, e junto con las ánimas, los sanctos ángeles que las guardaron mientras vivieron, e también los demonios, sus tentadores e acusadores. E a todos habla y oye, y escucha y demanda señalada cuenta de lo que cada uno hizo en esta vida, e dixo e obró, en la manera siguiente, hablando a cada un ángel guardador de cada un ánima, [fol. 54r] diziéndole: ‘Venid acá, señor fulano, dadme cuenta de esta ánima que por espaçio de tantos años tuvistes cargo, e fuystes su ayo y guardador, porque de todo manda mi señor Jesuchristo tome la cuenta e sentençia para la pena o gloria, según sus obras mereçiesen, como quier que su Divina Magestad, en sus secretos, la tiene juzgada en sola una palabra, en la qual la bendize o maldize. Empero quiere pase por juyzio de ángeles, para que todos vean y sepan con quán justa justiçia salva o condena, o le da pena o gloria’.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
”Y el sancto ángel guardador de aquella ánima responde, diziendo: ‘Señor juez, ya véys que estos demonios vienen aquí a acusarla, e quántos libros traen scriptos della, e los aullidos y gritos que dan diziendo que es suya. E pues tantos peccados a hecho, hablen ellos primero, e digan lo que quisieren, e después yo hablaré, y daré cuenta çierta y verdadera della, pues estamos juramentados en la memoria de Dios y en la su sabiduría todos los ángeles que tenemos ánimas a cargo que, en el último día de su vida o quando nos lo demandasen, la daremos’. E quieren los sanctos ángeles que los demonios hablen primero. Es por mejor, porque los demonios, como son tan maliçiosos e llenos de maldad, quando las personas finan, aora sean buenas o malas, no solamente tienen guardados todos los peccados que fiçieron mortales, mas aun los beniales tienen por mortales, que se los acusan en el juyzio, y acen hasta el más liviano pensamiento que no sea bueno; le acusan por cosa muy creminosa, e ban muy cargados de libros muy grandes, todos scriptos, y el papel de ellos es de yerro. E dan muy grandes vozes, diziendo que les den aquel ánima, que es suya [fol. 54v] y que a ellos perteneçe, por tales y tales obras que fiço. E Sant Michael, oyendo la respuesta del sancto ángel que diçe hablen primero los demonios, llámalos y escúchalos, y escucha lo que diçen de aquel ánima, porque ansí lo quiere Dios. Porque los demonios, quexándose d’él, no digan que oye de justiçia a los otros, e no a ellos. E de que los demonios an dado sus razones e quexas, llama al sancto ángel que dé él su razón, y diga todas las obras buenas y malas de aquel ánima, el qual responde: ‘Señor, tales y tales cosas que esos demonios dizen, hizo esa ánima; verdad es que hera peccado mortal, empero ya lo confesó, y hizo penitençia dello, aunque no tanto que bastase para que del todo se le perdonase sin ninguna pena que por ellos padezca; e tales e tales cosas que le acusaron por peccado mortal, no fue sino venial; e tales e tales obras e pensamientos no fueron de esa manera, sino de esta y desta, e ya lo confesó’. Y assí da el sancto ángel públicamente cuenta y raçón de todas las cosas que aquella ánima hiço en su vida, aora sea bueno, aora sea malo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
”Y en todo esto calla el ánima, que ninguna cosa responden. Se escusa, mas está muy encogida y temerosa, temblando si la an de condenar o no. E oýdas el señor Sant Miguel ambas partes, juzga e sentencia, según la voluntad de Dios e la justiçia, del ánima, y embía cada una dellas al lugar diputado, donde por entonçes á de estar: a la gloria de Paraýso, si tan perfetas obras tiene, o penas de Purgatorio, si desta vida no va perfetamente acavada de purgar, o a penas infernales, si tan mala y peccadora fue que no quiso amar ni servir a Dios o si le tomó la muerte en peccado. Mas [fol. 55r] que en el estado que le tomó la muerte la juzga Dios. Después que Sant Miguel a dado la sentençia a cada ánima según la volutad de Dios, todavía tiene el sancto ángel el ánima a par de sí, la qual tuvo a su cargo, mientras en este mundo vivió. E si la tal ánima por sus peccados es condenada, aunque sea christiana, el sancto ángel, con semblante triste e de mucha compasión, llama a los demonios con çierta señal que ellos tienen. E oýda dellos, van con mucha priesa, como bestias fieras, recogiendo los dientes he hiriendo las colas, e abriendo las bocas para las tragar. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
“Los sanctos ángeles héchanles las ánimas condenadas a manera de quien convida a canes, diziéndole: ‘[¿Çito?], tú, toma, mata tu ambre de lo que as desseado’. Luego los demonios las recogen en las bocas, e con las uñas las van despedazando, e tragándolas, haziéndoles muchos tormentos, las llevan adonde la justizia de Dios quiere que padezcan. E las ánimas que van a pagar a Purgatorio, llévanlas los sanctos ángeles en los braços e manos, e vanlas hablando e consolando, y esforçando quanto pueden. Y ellos, por sus propias manos, las arrojan de presto em Purgatorio, en el lugar de penas que Dios quiere que paguen. Y el sancto ángel vuela en alto, e sube al Çielo, e quedan las ánimas dando muy grandes gritos y alaridos, e padesçiendo muy grandes penas. E nadie por entonçes las bale ni consuela, hasta que nuestro Señor Dios otra cosa manda. Porque así es justa su justiçia, aunque las sufragias y oraçiones hechas por las ánimas de Purgatorio quiere su Divina Magestad les aprovechen.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
”En aquel lugar que juzga Sant Miguel, ay çierto número de sanctos ángeles que tienen un offiçio, por mandamiento del poderoso Dios, que con azotes en las manos açotan las ánimas, e las hechan de allí del Çielo, donde son juzgadas, afrentándolas públicamente, diziéndoles: ‘Anda, sal fuera, e ve para las aguas de Purgatorio, que así lo mereçes por tus peccados yr al lugar de penas, y no de [fol. 55v] gloria. Toma este azote por tal y tal peccado que hiziste contra la Divina Magestad, e toma este por la offensa que hiziste hazer a tu próximo, y este por el mal exemplo que diste’. E desta manera de vituperio e injurias hechan los sanctos ángeles las tales ánimas del Çielo, e las embían a Purgatorio, y ellas resçiven muy grande afrenta en ser heridas e ynjuriadas de los sanctos ángeles. Y estas tribulaçiones e otras muchas padesçen las ánimas que an offendido a Dios, aunque son christianas y se salvan.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
”Ay otra muchedumbre de ángeles, en aquel lugar diputado de juyzio, que todos juntos, en una voz acordada, tañen con trompetas, y en voz de cántico loan la justa justiçia de Dios quando condena a algunas ánimas o las salva, y embía a las penas e fuegos de Purgatorio. Y dizen aquellos sanctos ángeles con aquel gran poderío: ‘O, Señor, qué templada justiçia hazes: a quien mandas dar un infierno mil quentos infiernos mereçe, y a quien mandas dar pena de Purgatorio mereçe ser eternamente condenado. O, Magestad Divina, quán bien hazes e obras tu justiçia, e por ello te loamos e adoramos, e vendeçimos e damos graçias’. E desta manera tienen unos ángeles offiçio de exerçitar la justiçia de Dios con castigo, e otros de loalla con cánticos e alabanzas. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
”Ay otros sanctos ángeles, en aquel lugar de juyzio, diputados para maldezir las ánimas que se condenan, aora sean moros, o judíos o christianos. Assí como Sant Miguel acava de dar la sentençia que sean algunas ánimas condenadas para el Infierno, luego aquellos sanctos ángeles alzan todos la voz en uno de parte de Dios, maldiziendo aquellas tristes ánimas d’espantosa maldiçión, que de solo oýrlo es ynumerable el amargura e temor, e batimiento de dientes; tanto que los mesmos ángeles, que tal officio tienen de maldezir, an muy gran compassión y sentimiento de la eterna pena de aquellas ánimas que maldizen. E cada vez que lo an de haçer, se cubren los mesmos ángeles todos sus preçiosos bultos e fermosas fazes de bestiduras negras, a manera de luto, que traen señal del sentimiento que tienen del perdimento dellas. Porque diçen, con maldiçión, ‘que justamente son malditas e dignas de ser maldeçidas las ánimas que offenden a su Dios y criador. No solamente [fol. 56r] son maldeçidas con justa causa del poderoso Dios que las crió, mas de nosotros, sus ángeles spíritus çelestiales fidelíssimos, deven ser maldeçidas, e por tanto las maldeçimos de aquella maldiçión que Dios hechó a Luçifer, con toda su grey e hueste de enemigos malaventurados, desterrados e despojados de la gloria del Paraýso’. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
“Y entonçes matan las hachas negras que están ençendidas, e cubre la cruz de luto, la qual llora como si Nuestro Señor Dios estuviese en ella, mostrando la mesma tristeza y dolor que los sanctos ángeles muestran por el perdimiento de aquella ánima, diziendo: ‘¿Cómo no aprovechó en ti mi grande y amarga Passión, que por comprarte y librarte y descautibarte del Infierno me puse a padesçer, e no forçado sino de mi grado? O, ánima, mi querida, ¿por qué heres agora perdida tú mesma? Te as dañado. Tú te as perseguido con tus malas obras. No te quexes de nadie, sino de ti mesma, que tú te as condenado, de lo qual a mí me pesa. Vesme aquí: mi justiçia no puede haver piedad de ti. Ángeles, cantad e alavad a Dios por el bien e por el mal’.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
”Luego, los sanctos ángeles alavan a Dios por la condenaçión de aquel ánima, e quitan el luto, diziendo: ‘Justo heres, Señor, e justos son tus juyzios. ''Laudamus te, benediçimus te, gratias agimus tibi''’, tornando todos e alavando a Dios como de primero, e como lo hazen quando alguna ánima se salva, que ençienden candelas blancas, doradas e plateadas, dando gloria a Dios con alegría, demandando muchos perfumes odoríferos en señal que las maldades, damnaçiones, hidiondezes, todas van al Infierno con las ánimas dañadas y spíritus malinos, que son los demonios de quien proçedió la maldad, como se muestra en Eva y en Adam, y en los travajos que por su peccado se recreçieron. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
”Algunas vezes he visto juzgar y condenar ánimas de algunas personas que en esta vida havían sido hipróquitas. Y es tan reçio y espantable su juyzio, que es cosa maravillosa de ver. Después de haverlas juzgado y esaminado, traen allí los sanctos ángeles bestiduras, e coronas e adornamientos muy preçiosos, e adórnanlas con ellos, e pónenles cada cosa por sí, diziéndoles: ‘Por tal y tal obra que hiziste, que al pareçer de las gentes era muy buena, y si verdaderamente lo hiçieras por solo Dios, huvieras mereçido esto y esto, que nosotros agora te ponemos; e por tal e tal penitençia, si la hizieras por amor de Dios, tuvieras galardón de esto, y de esto con que agora [fol. 56v] te adornamos’. E desta manera adornan e coronan los sanctos ángeles aquellas tristes ánimas de todas las maneras de mereçimientos e galardones que tuvieran y poseyeran, si reta e verdaderamente lo hiziera por solo amor de Dios, e de su sagrada Passión e penitençia de sus peccados. Después tornan los sanctos ángeles a descomponer estas desdichadas ánimas, quitándoles cada cosa por sí, a manera de quando desgradúan en este mundo algún saçerdote. Y a cada cosa que les quitan, los sanctos ángeles los maldiçen de muchedumbre de maldiçiones, diziendo: ‘Yd, malditas, al fuego eterno e perdurable, que desto soys vosotras dignas e mereçedoras, que no de esta gloria e bienaventuranzas que aquí os havemos mostrado. E para mayor pena vuestra, e para que siempre lo lloréys, os vestimos e adornamos, pues por la banidad del mundo lo hiçistes. Allá resçivistes vuestro galardón, que así es la justicia de Dios, que, quien por su amor algo haçe, Él se lo bien galardona y paga, e quien por la banidad del siglo, e por su propia honra y banagloria, también se la bien demanda. Por tanto, yd, malditas, de entre la compañía de los ángeles buenos, e sed para siempre en la de los malos, que con una pena y trabajos ganastis otros. Yd adonde ay siempre dolor, e llanto, e batimiento de dientes, donde nunca alegres, ni consolados ni descansados os veréys. Mirad quán derecha es la justiçia de Dios, que por sola aquella buena haz qual fuera mostrávades, os quiso aún dar este breve espacio, e proveheros de nobles bestidos e adornamentos, como quier que por agora, ni en ningún tiempo para vosotras, esto ni ninguna otra cosa os aprovechara’. E desta manera, desnudas e maldeçidas e menospreçiadas, son hechadas estas ánimas del lugar del juyzio, e dadas a los demonios, los quales las arrebatan e llevan en sus dientes e uñas, dándoles muchas maneras de penas. E muy más estrecho es el juyzio de los hypróquitas, e más largo que no de ningunas otras ánimas, e más penado, e más maldeçido cada vno de los miembros de los tales que otros ningunos peccadores, por ser tan engañoso e falso el tal viçio e peccado. Que es cosa de que mucho se offende y enoja Dios: atormentarse a ssí mesmos por banagloria, lo que por él mesmo se les haría muy grave de hazer e se quexaría, diziendo que hera Dios cruel, pues tales cosas les mandava hazer, las [fol. 57r] quales heran insufribles.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
”Haviendo sentençiado vnas ánimas de unos hipróquitas, díxome mi sancto ángel: ‘¿Qué te pareçe de estas cosas, o qué tomas dellas para tu aviso?’. Yo le respondí: ‘Dígame, vuestra hermosura, su alumbrado consejo’. Respondiome: ‘No se te entiende que este fuerte juyzio se da de sentençia sobre los hypróquitas. Son obligados, los juezes de la Tierra o otras personas, a sentençiar y juzgar a sus próximos quando los vean haçer alguna obra justa y sancta, en serviçio de Dios e salvaçión de sus ánimas e buena edificaçión del próximo. Porque no son todos hipróquitas ni falsos christianos. Y pues la cosa es secreta y está solo en la yntençión e condiçión del que la obra, e Dios solo lo save e juzga al tal, según su yntençión e obras buenas o malas, a solo Él se deve dar el juyzio dello, pues es verdadero juez, executor poderoso e galardonador de qualquiera buena obra hecha puramente por su serviçio. E las personas malévolas, que se meten en juzgar e mormurar, peor lo librarán con Dios que los hypróquitas el día del juyzio, e con los ángeles, que no avrá quien abogue ni ruegue por las tales personas, y ternán sobre sí muy cruel sentençia de Dios, porque se atrevieron a robar e tomar el juyzio para sí en cosas. Que a solo Dios pertenece el saber lo çierto de aquello que los hombres o gentes juzgan sobre sospecha, no saviendo la verdad e como Dios, y el buen christiano, que obra las obras de virtud, aunque sean exemplares, públicamente, según el evangelio que dize: ‘Luzga vuestra lumbre delante de los hombres, por que vean vuestras buenas obras e glorifiquen a vuestro Padre, que es en los Çielos’, e en otra parte dize: ‘No arranquéys la çizaña o ballico, mas dexaldo creçer juntamente’, porque a bueltas de la çiçaña no se arranque el trigo bueno y perfeto que perteneçe para mi granero, que el día del juyzio los ángeles harán manojos de lo uno, de lo otro, e la çizaña será hechada en el Infierno por que allí se queme, y el trigo apartado y escogido será puesto en el alholí de Dios’, conviene a saver, que los ángeles apartarán los malos de los buenos [fol. 57v] por mandado de Dios, e será puesta cada ánima en el lugar que mereçieren, Paraýso o en el Infierno, del qual Dios nos libre a bien’. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
”Aquel lugar del juyzio, con el señor san Michael, otro çierto número de ángeles, que heran scrivanos, y otros notarios, e otros vehedores, e otros examinadores, y estos scriven, y notan y examinan todo lo que los sanctos ángeles e los demonios dizen de las ánimas que al presente están en juyzio, en las cosas que les acusan o abogan para ellas, e la sentencia, e causas et raçones, que Sant Miguel dize o da para salvar o condenar las ánimas. Y assí lo toman por testimonio y lo llevan a presentar delante el trono real de la Sanctíssima Trinidad, porque assí lo quiere Su Magestad Divina se haga. E otros sanctos ángeles están en el lugar de juyzio a manera de gente armada de pelea: y estos para defender las ánimas que allí están presentes, assí buenas como malas, de los demonios, que allí van gran multitud dellos deseándolas tragar. Que como las ánimas, por buenas que ayan sido en este mundo, ninguna se halla assí justa, atrévense algunas vezes los demonios a arremeter a ellas, y los sanctos ángeles no consienten que las toquen, ni enpezcan ni lleguen a ellas hasta que el juyzio dellas sea difinido. Y assí están allí los sanctos ángeles, en honor y serviçio del soberano Dios, y en ayuda y favor de san Michael, e reguarda de las ánimas. E quanto mejores obras been en el juyzio los demonios que tienen las ánimas, tanto más gritos e aullidos dan, diziendo se las den, que suyas son; e viendo que no lo pueden alcanzar, travájasen allí donde están, en juyzio, de moderlas e asombrarlas. Todos los sanctos ángeles que en el lugar del juyzio están son de los nueve choros del Çielo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
”Tienen los demonios muy grande enemistad y miedo a Sant Michael dende que peleó con Luçifer y le hechó del Çielo. Tienen gran pesar y enojo de ber que Sant Miguel tiene la sancta Madre Yglesia de los christianos a cargo, y le tiene Dios dado por prínçipe e defensor dellos, e por juez de todas las ánimas, e aún por su abogado e favoreçidor. Pero antes que el ánima vaya a ser juzgada [fol. 58r] de los ángeles, la tiene ya Dios juzgada y sentençiada para condenaçión o salvación. Entre Él y el ánima, por quanto en el tiempo que cada una persona muere, antes que del todo sea acavada de arrancar el ánima del cuerpo, le apareze Nuestro Señor Jesuchristo en la manera que estava en la cruz, padesçiendo la Passión, porque esta es su sancta voluntad: que todos sus redemidos sepan, y vean y conozcan, que tuvieron redemptor que los redimiese, si ellos dello se quisiesen aprovechar. Y este aperçivimiento, que Nuestro Señor Jesuchristo haze a qualquiera de sus criaturas raçionales que Él crió, haze tan general, que moros e judíos e christianos le veen en aquella ora de su pasamiento de esta vida a la eterna, buena o mala, y en solo una palabra que le diçe quando ella le ve, que es: ‘Bendita eres por tus obras, o heres por tus obras maldita’, la sentençia y juzga, e luego vuelve las espaldas e desapareçe, que no le ven más”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Capítulo XI'''&lt;br /&gt;
'''De çiertos avisos que el sancto Miguel dio a esta bienabenturada'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Dezía esta sancta virgen a sus monjas: “He oýdo yo dezir a mi sancto ángel que qualquier christiano, para ser bien agradeçido a Dios, sería dezente cosa que entre día y noche aprovechase con su pensamiento, a lo menos siete horas, de dar graçias a su Dios por los benefiçios que d’Él resçive e a resçivido, que fue crialle e darle ánima semejante a sí, apostada de grandes dones e graçias, e darle libre albedrío para disçernir lo bueno de lo malo; e agradeçerle la misericordiosa redempçión que Él dio, e las graçias e yndulgençias que puso en la sancta Madre Yglesia para el remedio de los peccados; e adorarle muchas vezes, porque quiso estar en el Sancto Sacramento del Altar, e venir todas las vezes a Él, que nuevamente es consagrado, e comunicarse con cada un ánima con tan grande amor y charidad; e darle graçias porque no le condena aun de quando le offende, mas antes le espera con infinita misericordia y le embía muchas inspiraçiones con que se concierta y enmiende. Y en estas cosas y otras semejantes es obligado el buen christiano de ocupar [fol. 58v] su pensamiento, devajo del temor e amor de Dios.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
”Mas oý platicar a los sanctos ángeles de los humanos, no tener raçón de quexarse de que Dios los crió pobres, que al rico y al pobre dio entre día y noche veynte y quatro quentos de renta. Yo, maravillada de oýrles tal plática, díxeles cómo hera aquello que dezían, que muchos pobres conocía yo en la Tierra que no tenían qué comer ni qué beber. Respondiéronme: ‘Los quentos que nosotros dezimos son por las veynte y quatro horas que ay en el día y en la noxe, las quales, si bien las dispenden, cada uno de los que viven en la Tierra se hará muy rico y poderoso en el Reyno de los Çielos, donde son las riquezas valerosas y duran para siempre. Y tales obras puede cada una persona haçer en una ora de estas veynte y quatro, que merezca alcanzar muy grandes dones, e premios y coronas, que son más valerosos que no rentar ''[7]'' quentos en la Tierra. E por esto dezimos que son ricos todos los humanos, pues pueden hazer y obrar con que sirvan e aplazgan a su Dios e criador, e hazerse a ssí propios generosos, e de título y corona e silla y dignidad de sanctos; tanto podrá una persona sentir la Passión de Nuestro Señor Jesuchristo, e llorarla, e haver compassión, que le sea contado como si derramase sangre de martirio’.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
”Hablando yo una vez con mi sancto ángel, vile muy triste, e se le mudaron a deshora las bestiduras resplandeçientes, e claras e fermosas, en manera de un romero pobre de los que demandan por amor de Dios. E preguntele por qué se le havían mudado tan súpitamente las bestiduras, e respondiome: ‘La tristeza que ves que traygo, e la mudanza de mi persona, toda es por ti sola, que a dado Dios Nuestro Señor una gran sentençia sobre ti de muchas penas e travajos, los quales tú sentirás y verás, antes de mucho tiempo. E como yo te quiero tanto, he acordado andar en este ábito, pidiendo limosna a los sanctos y a Nuestra Señora, que todos rueguen por ti a Dios, que lo as mucho menester. E yo también rogaré, e tú ruega por ti, e por las ánimas e personas bienhechoras que tienes a cargo y heres obbligada. E pregunta a tus hermanas las religiosas qué es lo que dixo el Señor la postrera vez [fol. 59r] que habló en ti, pues saven no a hablado después acá en aquella manera que solía estando tú elevada’”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
E preguntando esta bienabenturada a las religiosas lo que el sancto ángel le mandó, respondiéronle diziendo: “Nosotras no savemos si es postrera vez o no la plática que oýmos al Señor pocos días á, que pareçía profetiçava. E las profeçías heran rezias, con palabras de amor, e otras de reguridad. En las de amor, dezía quería hazer vna prueba en su esposa querida e amada. E amostrava a las que la oýan de ninguna cosa se maravillasen ni escandaliçasen, ni pensasen en sus coraçones hazía Dios aquella prueba o castigo en aquella persona por peccados que en ella hiçiese, ni porque Él estuviese enojado con ella por ninguna cosa, mas de quererlo Él haçer, e lo haría porque le plaçía, y hera su voluntad de quebrar aquel órgano o trompeta en qu’ Él hablava. E le quería mudar e trasmudar en otro estado que pareciese muy menospreçiado y enfermo, y muy lastimado, e doloroso e quexoso, que casi no pareçiese el que solía”. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
E hablava con la mesma, diziendo: “Juanica, tú heres este órgano, que digo que quiero que seas despreçiada e abilitada, e gravemente atormentada, por probar tu paçiençia. Yo me ataré de ti por algún tiempo, y çesará mi habla. E convertirse te an los gozos en dolores, y las risas en gemidos e tristeza,  en quanto a lo corporal; que en quanto a lo espiritual, la enfermedad en fortaleza; la fee e la virtud del ánima no está en fuerça de brazos ni de miembros corporales”. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
E todo esto que el Señor dezía e profetiçava no lo entendían las personas que lo oýan, hasta que después, dende a pocos días, veýan a esta bienabenturada tullirse toda en tanto grado que no le quedaron fuerças ningunas, ni miembro sano, ni coyuntura en su cuerpo que no estuviesen desparçidos los huesos unos de otros, hasta los dedos [fol. 59v] de las manos e pies, que no se podía encubrir ni sus dolores sin gemidos. Sufrir tenía muy gran conformidad, e paçiençia en su larga e grande enfermedad e yncreýbles dolores, sugetándose a la voluntad del poderoso Dios con gran desseo de padesçer siempre por su amor. Encogiéronsele las rodillas, que nunca más las estendió, e los brazos e manos, por semejante, teníalas tan tullidas, y los dedos bueltos e quebradas las coyunturas, de manera que no podía comer con sus manos, ni las podía menear si no se las meneaban, ni volviese de ninguna parte si no la volvían, ni comer ni vever si no se lo davan por mano agena. Ningún miembro de su persona podía menear, si no hera la lengua.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Dixo esta sancta virgen a sus monjas: “Supliqué a mi sancto ángel me dixese qué hera este mal tan reçio, que unos dizen uno, e otros otro, en ninguna cosa de quantas manda haçer para remedio mío aprovechan. Respondiome, diziendo: ‘Qué maravilla que sea agora, por amor de las gotas sanguíneas, quien no olgó de tener las mayores perlas e joyas tenga esas. Esto digo por las llagas que rogaste a Dios te quitase. A determinado su Divina ''[8]'' Magestad de ymprimir en sus dolores e sentimiento de su sancta Passión como lo verás’. E ansí se cumple como él me lo dixo, que estando yo elevada un día de viernes, víspera de los diez mil mártires, veýa en espíritu que haçían remembranza de la Passión de Nuestro Señor Jesuchristo, como si fuera Viernes Sancto. Esto hera en un campo, y veýa, ansimismo, allí a los sanctos mártires, cuya fiesta e día hera, e cómo los matavan e cruçificavan, y a Nuestro Señor Jesuchristo con ellas confortándolas, y Él ansimismo cruçificado, e deçíales: ‘Ea, mis amigos, que yo esa muerte morí por vosotros, e justa cosa es vosotros la paséys por mí, que el amor no se pagó con amor, ni la muerte si [¿contra?] muerte: que no tiene ninguno mayor amor que poner la vida por su amigo. Yo soy vida, y resurrección, e gloria. Consolaos conmigo e acompañarme, que abrierto está el Paraýso, y vuestras coronas delante de cada uno la tiene su ángel [fol. 60r] propio’. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
”E yo, muy espantada de estas cosas que veýa, pregunté a mi sancto ángel que estava delante de mí: ‘¿Qué cosa es esta, que Nuestro Señor Jesuchristo está aquí cruçificado, y ansimesmo estos otros muchos que le acompañan?’. Respondiome: ‘Muchos compañeros tiene Dios, después que resçivió la sancta humanidad en el vientre virginal de Sancta María. E tú, que esto vees, aparéjate, que partiçipar tienes de esta cosa, que ansí lo quiere Dios. Que para eso te truxe yo a ver esta remembranza, que se haçía este día en memoria de la Passión de Nuestro Señor y de sus siervos’. Y estando mi sancto ángel diziéndome estas palabras, voló a deshora Nuestro Señor Jesuchristo, y vile delante de mí, y preguntó a mi sancto ángel: ‘¿Qué estás aquí platicando con esta persona?’. Y, él arrodillado en tierra, dixo: ‘Señor, está maravillada de los misterios que aquí pasan’. Entonçes, mirome el Señor, y dixo: ‘¿Quieres tú gustar de esta fruta?’. Yo respondí: ‘Señor, quiera vuestra sancta voluntad, e no más ni menos’. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
”Entonçes, abrazome el Señor, y puso sus pies en mis pies, e sus rodillas en mis rodillas. Todo las alimpió, e sus palmas en las mías, e su caveza e cuerpo todo juntó con el mío. Y quando esto hizo, fue tanto lo que sentí que me parezía entravan en mí muchedumbre de clavos muy agudos e ardientes. E sonava estruendo enrededor, a manera de quando hazen la remembranza de Nuestro Señor dando martilladas, ynchávase con la presençia suya e con el gusto y dulçor de su amor. Aunque heran muy grandes los dolores que padeçí, no heran tan crueles como los que sentí después que fuy tornada en mis sentidos e naturaleza corporal. Parézeme veo todos los miembros, e benas e coyunturas de mi cuerpo hechas como a manera de cuerdas e teclas, o clavijas de vihuela, e a Nuestro Señor tocarlas con sus sacratíssimas manos a tañer con ellas, a manera de ynstrumento o vihuela, e azer muy dulçe e suave son de armonía. E quando su Divina Magestad apresura el son e le haze más alto, entonzes tengo muy grandes e creçidos dolores, e quando [fol. 60v] avaja el son, no solamente los tengo grandes, mas muy menores. Óygole cantar quando tañe palabras formadas, e muy preçiosas, e saludables para las ánimas”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Capítulo XII'''&lt;br /&gt;
'''De una plática que el sancto ángel tuvo con esta bienaventurada açerca de su enfermedad'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Dixo esta sancta virgen: “Diziendo yo a mi sancto ángel lo que siento en mi grande enfermedad, respondiome: ‘La caridad de Dios more en tu ánima. Yo te ruego ayas paçiençia, porque yo sé e te çertifico que çierta persona o personas, que tuvieron la enfermedad que tú agora tienes en ese mundo y la comportaron con mucha paçiençia, están agora acá en el Çielo muy bienaventurados; que demás de la grande gloria que estas ánimas contigo gozan e poseen de Dios, tienen un gran premio e muy señalado, que ellas mismas dan deleyte y consolaçión a otras ánimas. Porque de cada uno de sus miembros, donde fueron doloridas y atormentadas, les nasçen contino muchedumbre de flores muy fermosas e odoríferas, que todos se van tras su olor, e los consuela e abastan; e tanto, que llaman a cada una de estas ánimas huerto florido, e le dizen: ‘Tan preçioso e suave es el tu olor que qualquiera de tus miembros que menees nos abasta de tanto goço, que no querríamos por entonzes más. E si meneas toda tu persona y estamos çercanos a ti, es tan sobrado nuestro goço que nos embriagas’. Y esto porque de cada uno de sus miembros da olor por sí de diversas maneras, e todos juntos abastan quando son meneados para embriagar e dar gozos açidentales a los que están çerca de las tales personas. E quiere Nuestro Señor Dios que su nombre sea huerto florido de diversidad de olores, porque pasaron diversidad de colores, e que tenga diversidad de dones e gozos para sí, e los den a otros; porque sus dolores e males fueron diferençiados de otros, e muy penosos e ynsufribles. Por tanto, ánima, [fol. 61r] esfuérçate a tener paçiençia, que si heres para ello, tu gloria será grande, si por tu culpa no lo pierdes, pues Dios te a dado gran cosa en que merezcas’.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
”Estando un día en mi cama muy atormentada de grandes e ynsufribles dolores, vi a deshora a mi sancto ángel, que venía bestido de una bestidura morada con bandas de oro y de otras muchas colores. Y quiriendo yrme con él, según otras veçes me a llevado, díxome: ‘Espera, no te cures agora de mí, sino oye y escucha al Señor, que te quiere hablar, e lo que te dixere tenlo e guárdalo en tu coraçón’. E yo, muy maravillada, y pensando cómo o de qué manera havía de ser, a deshora vi en el ayre presençialmente a Nuestro Señor Jesuchristo, muy glorioso, e potente e afable, assentado en un trono real çercado de muchedumbre de ángeles, mirando a mí, su sierba, con gesto muy alegre e amoroso, diziendo: ‘¿Qué haçes, ánima e persona, que estás aý?’. Yo, después de haverle adorado, respondí, diziendo: ‘Ay, mi Señor Nuestro, cómo paso yo muy grandes dolores, e no me viene de Vuestra Magestad remedio corporal y spiritual, que ya no gozo de vuestras dulçedumbres como solía, ni poseo sino estos dolores, los quales son tan reçios que no los puedo sufrir’. Respondiome, diziendo: “Amiga, qué maravilla es que vos tengáis. E pues me escogistes a mí, el qual fuy varón leproso e por tal tenido e reputado en el tiempo de la mi Passión por esposo e marido, e hezistes casamiento conmigo, dandoos me toda sin me negar cosa de que yo quisiese haçer de vos, y he tenido tanta parte en vos, quanta he querido, pues donde a havido tal comunicaçión çierto es que se os havía de pegar algo de mis enfermedades. Por eso, quien bien ama, á de sufrir a su amado qualquier cosa que por él se le recresca. E si en las tribulaçiones maldiçe, o es murmuradora de su Señor e amado, que se lo da, mudança se halla en el coraçón de la tal, e no es firme su amor’. Yo le respondí, diziendo: ‘Señor, ¿cómo me hallo yo agora tan seca y sin devoçión, y no me manda vuestra [fol. 61v] Divina Magestad llevar al Çielo tan a menudo como solía?’. Tornome a deçir: ‘No tengáys deso queja, mi amiga, que donde yo estoy, que soy Dios, allí es el Çielo. E no ay otro Çielo ni otro Paraýso sino yo, el qual estoy en todo lugar, e los Çielos e la Tierra son llenos de mi gloria e de mi magestad. E aunque tú estas aquí en esta cama, yo también estoy aquí contigo, en ora y lugar que sea, baçío de mí. Soy testigo de todas las obras de los hijos de los hombres, por ascondidas y secretas que sean’.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
”E ansí çesó por entonzes el habla del Señor, y desapareçió. E yo quedé muy maravillada y consolada, e pensava en mi coraçón si esta revelaçión me havía sido mostrada en el cuerpo o fuera del cuerpo. Empero no me havía visto en aquellas partes altas del Çielo adonde otras veçes me solía ver y gozar la visión divina, que dende mi cama lo vi e gozé agora. Y estando yo tan pensativa e sospechosa, a causa de los muchos e grandes dolores que tengo, que el Señor está enojado conmigo, y que por eso me los da, a deshora le torné a ver en la forma primera, muy triunfamte e glorioso. Y me habló su Divina Magestad con gesto muy amoroso. E sus sagradas palabras heran muchas, y muy notables e ordenadas, a manera de sermón, y entreponiendo en ellas, para exemplo y doctrina, algunas palabras de la sagrada scriptura e sagrados evangelios, las quales palabras me gozava yo mucho de oýr, por ser habladas de la boca de Dios y endereçadas a mi consolaçión e propósito. E no hablava el Señor esta segunda vez conmigo sola, que también hablava con todos los bienaventurados çelestiales que con Él venían. No pude retener en la memoria sino una o dos comparaçiones de las muchas que habló: la una, que si los hombres de la Tierra tienen cuydado y travajan por que sus hijos sean muy prósperos, y el cuydado que aquellos hijos tienen es casi ninguno en comparaçión de lo que [fol. 62r] tiene el padre, que mucho los ama, que por les alcançar prosperidades e bienabenturanzas se pone a muchas afrentas e travajos, que quánto más cuydado y amor a tenido y tiene Dios de sus hijos, que es todo el linaje humano; e quánto mejor se supo poner por él a penas, e tormentos e injurias, e fatigas e neçessidades, tanto que, por subir sus hijos al Çielo, desçendió Él a la Tierra. Y por librarlos de la muerte del Ynfierno, murió Él muerte muy cruel de cruz; e por haçerlos muy ricos en las almas, se hizo Él pobre en el cuerpo; e por haçerlos señores en el Paraýso, e yguales con los ángeles, se hizo Él, en quanto hombre, como sierbo sujeto a muchas neçessidades y a las cosas de la ley.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
‘E por mucho que los mis hijos de los mis redemidos se pueden querer o se quieren ellos mesmos, y desean su bien e su salvaçión, mucho más los quiero yo. Y estoy aparejado para les dar la gloria e grados de bienabenturanças, e hazerlos herederos de mi reyno. E por sus amores dellos, siendo criador, me hize criatura, porque a todos mis fieles e leales hijos christianos me puedan mejor comprehender e gozar. Mas tengo gran queja: que este linaje humano es muy yngrato y asido, y pocos de estos mis hijos quieren pasar, ni sufrir ni haçer, ninguna cosa penosa por mí. Y lo que es peor es que están contino quejosos, lo qual havía yo de estar, porque me ofenden, e no ellos, que lo haçen sin raçón. Empero, ni aun por todo esto, pues lo crié y redemí, no dexaré de los esperar para que se enmienden, e de les offreçer e otorgar graçia de los perdonar, e resçivir cada vez que fielmente a mí se conviertan, e aún de los mantener e dar corporalmente lo que an menester sin ellos mereçerlo. Que yo, su padre Dios, sé mejor lo que cumple a mis [fol. 62v] hijos que ellos lo que me piden. E contino los llamo, e les doy vezes que se vengan para mí, a vezes con halagos, dándomeles yo mesmo, assí en graçia espiritual como en manjar del Sanctíssimo Sacramento, e a vezes con azotes, por que sean buenos e perfetos en la virtud, ansí en la paçiençia como en las otras virtudes, las quales enseña el Spíritu Sancto, junto con la prudençia en las personas discretas’.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
”Y ansí cesó el habla del Señor, y desapareció, y toda la hueste çelestial que con Él havía venido y estado. E yo, su sierva, quedé muy consolada para sufrir mis dolores y penas, e muy satisfecha de las dudas e pensamientos que tenía. E bien supe e conoçí que aquel que me apareçió e habló hera Dios verdadero. Que como yo, en los prinçipios de mi enfermedad me acaezía estar dos o tres días que no me elevava con la reçiura de los grandes dolores que sentía, tenía muy grandes combates en mi corazón, e quexábame a mi sancto ángel, diziéndole cómo ya no gozava de las dulçedumbres e arrovamientos e vista comunicable de Dios, como solía antes que tuviese la enfermedad, respondiome, diziendo: ‘Anímate, no te maravilles de lo que el Señor haze contigo, que assí lo acostumbra su Divina Magestad provar a sus amigos, que a su muy amadora sancta madre Madalena, al prinçipio de su conversión, con muchos alagos, e dulçedumbres et asimientos de sí mesmo, la llevó, e después de tenerla bien confirmada en su amor, quando se quiso subir a los Çielos y asconder su divinal presençia della y de los otros, después de su gloriosa resurecçión, no consintió le tocase, sino apartola de sí. E subiose a los Çielos, y mandole a ella hazer penitençia en el desierto por çierto tiempo, donde no gozava sino algunas veçes de bisiones de ángeles. Empero, después la tornó a abastar de sí mesmo en el Reyno [fol. 63r] de los Çielos para siempre. Por semejante, agora a ti no quiere el Señor le tengas por çierto tiempo, hasta que su divinal sabiduría otra cosa ordene. Y, entre tanto, harás penitençia en la esterilidad de los dolores. E según veo, te a mudado tus miembros, e toda tu persona, e te quiere ansimesmo mudar la sustançia de las cosas spirituales; empero, no te faltarán misterios en que contemples, e alguna obra pía en que spiritualmente aproveches a las ánimas. E la voluntad de Dios es que estés al pie del árbol de la cruz, padesçiendo qualesquier manera de tormentos que tuviere por bien de te dar. Que ansí lo estuvo su sacratíssima madre Nuestra Señora, e su muy amado primo Sant Juan, que tan grande fue el mereçimiento que allí mereçieron e ganaron, e acompañaron a su Dios e conpadeçerse d’Él, que fueron contados por más que mártires. No quiso Dios que para pasar de ese mundo al Çielo derramasen sangre de martirio, pues por la voluntad la derramaron, y quisieran ellos morir más aquella muerte que vérsela morir a Él con tanto dolor como le veýan’. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
”Todas estas cosas, e otras muchas, me dixo mi sancto ángel, para que yo me consolase e conformase con la voluntad de Dios. Quando yo estoy elevada y enajenada de mis sentidos, me llevava mi sancto ángel al lugar donde el Señor a tenido por bien de ponerme de çierta lumbrera del Çielo, por donde yo algunas vezes veýa las casas divinales de lo más alto, con lo qual mucho me solía gozar. Me an ascondido y encubierto, y mostrado y descubierto çiertos secretos que yo antes no havía visto. Y es que junto a los muros del Çielo ymperial, de parte de fuera, a manera de arrabales está edificada la çiudad sancta de Hyerusalem, de tal forma y manera como si tomaran la mesma çiudad de acá juntamente e la trasladaran allí en lo alto. Esto á sinificaçión que assí como Dios es eterno e sin fin, así quiere que todos sus misterios sean sin fin eternalmente çelebrados, engrandeçidos e contemplados e llorados, según la justa raçón lo requiere lo hagan sus basallos cautivos e redimidos por su preçiosa sangre. Y porque las criaturas de la Tierra son tan malas e [fol. 63v] ingratas −que no le pagan el tributo que le deven− den contino serviçio e sacrifiçio e adoraçión, edificó esta çiudad de Jerusalem en lo alto, a figura de la Tierra donde le hagan los serviçios divinos, que su real y divinal Magestad mereçe. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
”Esta çiudad de Jerusalem está edificada y labrada por maravillosa manera, muy resplandeçiente apostada, e adornadas de piedras preçiosas, e hecha como a manera de muy ricas yglesias, e cada una edificada a su misterio. En ellas ay altares y capillas con admirables yndulgençias para quien el poderoso Dios los quiere dar y conçeder. É visto allí otros muy hermosos edifiçios, como a manera de monasterios de frayles, e otros como de monjas, e otros como a manera de hermitorios de personas, que hazen penitençia a solas, e otros a manera de emparedamientos; de manera que de todas las figuras e redondez que ay en el mundo de religión están edificadas en aquella sancta çiudad. E toda ella labrada de templos de Dios, con devotíssimas ymágenes de figuras e ynsinias de la sagrada Passión de Nuestro Señor Jesuchristo, e de todos sus misterios, e de su sagrada Madre, Nuestra Señora, llaman a estos preçiosos edifiçios. Y en aquel preçioso reyno çelestial, las tiendas de graçias muy abastadas e oratorios de los sagrados misterios de Jerusalem; y en cada una de aquellas yglesias y altares ay, en reverençia de cada misterio que allí está, contino cantores que offiçian muy solemnes offiçios, e ángeles y vírgines que cantan de muchas maneras y muy hermoso, y con ynçensarios muy resplandeçientes e odoríferos hechan perfumes, e derraman licores de diversas maneras de preçiosidad; e saçerdotes e diáconos, e subdiáconos e acólitos, revestidos e ordenados a manera de los que acá en la Tierra se revisten e ordenan, e ponen delante de los altares para dezir misas solemnes de pontificat.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
”Y desta manera hazen allí, en aquellas sanctas yglesias, muy solemnes officios a Dios, e muchedumbre de sacrifiçios que le offreçen, [fol. 64r] hechos con muchas çeremonias muy cathólicas y devotas de nuestra sancta fee cathólica. Y estas adoraçiones e sacrifiçios divinales hazen los ángeles, e sanctos e sanctas, e remuneraçión e satisfaçión de las faltas que los eclesiásticos, e gente christiana hazen, en la honra e solemnidad e serviçio del culto divino, e agradeçimiento de la Passión de Nuestro Señor Jesuchristo. Y en los monasterios y hermitorios ay muchedumbre de gente, a manera de religiosos y religiosas, e de hermitaños e de mugeres penitentes, que contino sin çesar hazen oraciones; e otros offreçen sacrifiçios, e otros cantan las alabanzas de Dios, e otros andan como en penitençia, e otra muchedumbre de gentes andan de rodillas, a manera de proçesiones, e otros como disçiplinantes, e otros gimiendo y gritando, e hiriéndose en los pechos. E destas maneras, e otras muchas, visitan aquellos sanctos lugares e misterios con muy gran devoçión y compasión que an de su Dios y de lo que por ellos padesçió, e assí adoran e le agradeçen la obra de su redempçión. Y estas personas y gentes, que andan a manera de penitentes visitando a estas yglesias e misterios, son las ánimas que aún no an del todo acavado de purgar sus peccados, e por gran misericordia del poderoso Dios las traen e mandan venir a estos lugares a que satisfagan lo que heran obligados aver en el mundo con obra e pensamiento, según cathólicos christianos, e resçiven del poderoso Dios en los tales lugares muchas misericordias e merçedes, según su gran misericordia y voluntad. Ninguno de los dones, e benefiçios e misericordias que de su Divina Magestad havemos resçivido, dende la creazión del mundo hasta el último día del final juyzio, no quiere pasen sin que sea servido e agradeçido. Y esto en la Tierra vemos de haçer los humanos, y porque en este mundo no se haçe, quiere que en el otro mundo, que es sin fin, se haga: que los que acá no satisfiçieren e pagaran, que allá satisfagan [fol. 64v] e paguen. Porque como Dios es sin fin, así á de ser sin fin la memoria de sus maravillas e obras.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
”Junto a par de esta sancta çiudad de Jerusalem están otros edifiçios, como a manera de arrabales de la mesma çiudad, por maravillosa manera obrados y edificados, e apuestos, hechos a manera de muy ricos hospitales, los quales llaman los sanctos ángeles los hospitales de la misericordia, porque allí meten a rezar las ánimas, quando algunas fiestas las sacan de Purgatorio, para las limpiar de sus malos olores y curarles las llagas que los demonios les an hecho. Allí las apiadan de todas las maneras de piedades que tienen neçessidad, e las visten y adornan. Y las enseñan los sanctos ángeles cómo an de adorar al Señor y a todos sus misterios, e cómo an de hazer todas las çerimonias y cuentas que los çelestiales bienabenturados van e hazen en honra e alabanza de Dios, e a tañer y cantar con que loen su criador. De allí llevan bestidas e adornadas las ánimas que an acavado de purgar a la sancta çiudad de Jerusalem, que está edificada a manera de oratorio, delante de estos preçiosos hospitales. E allí resçiven, por la voluntad e misericordia de Dios, las ánimas a última yndulgençia e postrimer jubileo, por los mereçimientos de la sagrada Passión de Nuestro Señor Jesuchristo, en cuya reverençia andan estas sanctas estaçiones. Y dende allí las llevan los sanctos ángeles al Çielo, con muy grandes cánticos e alegres fiestas, a gozar e poseer la gloria perdurable para siempre. Las ánimas que están en aquellos sanctos hospitales resçiviendo misericordia y recreaçión de sus penas por algunos días o tiempo, según el Señor ordena, tórnanlas a Purgatorio, para que acaven de purgar e pagar sus peccados junto a los sanctos edifiçios de los misterios de Jerusalem y  en los hospitales de la misericordia. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
”Aunque algo están más baxos los preçiosos oratorios, está muy çercano un campo muy grande en medio de estos sanctos edifiçios, en el qual campo está plantado el árbol de la vida: conviene a saber, un ramo de la sancta cruz de Nuestro Señor Jesuchristo. Es tan grande su grandeza, la redondez a que devajo de su [fol. 65r] sombra se guarezen muchedumbre de ánimas, y tiene en su muy gran frescura e hermosura de ojas más preçiosas y resplandeçiente que de oro, e no ojas de una manera, mas de mucha diversidad de maneras, e rosas e flores, e frutas de diversidad de colores y olores e sabores, confortatibas al gusto de las ánimas, que son dinas de lo gustar. E del tronco y raýz de este sancto árbol nasçen e manan contino caños de muy dulçes y claras aguas. De los ramos de este sancto árbol están colgadas continuamente muchas piezas, como de baxillas de oro y piedras preçiosas, todas por maravillosa manera labradas. De este sancto árbol están contino muchos, e canastillos de oro llenos de muy hermoso pan y diversidad de manjares, muy sabrosos e preçiosos, e frutas de muy gran sabor, a significaçión que del árbol de la sancta cruz proçeden todos los bienes, e se hallan todos los manjares e deleytes, e frescuras e buenos olores. E consiste en sí todo el reposo, e gozo e bienabenturanza que el ánima fiel y amiga de Dios puede desear. Y en aquel sancto árbol está la vida para los buenos, e la muerte para los malos, por quanto Dios escogió este sancto árbol en lo último de su vida. Por su trono en medio de aquel sancto árbol de la vida está hecho e obrado un trono realíssimo, e luçido, resplandeçiente sin comparaçión, en el qual está e se muestra distintamente sin comparaçión la dulçíssima persona del consolador Spíritu Sancto, en figura de muy ençendido e sublimado serafín. E preside y manda allí, en persona de toda la Sanctíssima Trinidad. E ansí le llaman muchedumbre de ángeles que allí están contino sirviendo, e adorando e obedeçiendo a su mandado. E le diçen en voz de cántico: ‘O, preçiossísimo Señor, o muy poderoso, e caritatibo e limosnero en la casa real. O, franco repartidor de las misericordias de Dios en la casa de ese mismo Dios. O, verdadero e poderoso Spíritu Sancto, que heres tú solo y no otro en todos los mereçimientos, de los sanctos que están en el Reyno de los Çielos, para los repartir e haçer limosna dellos a quien te plaçe y ves que tiene neçessidad. O, riquíssimo Spíritu Sancto, Dios en Trinidad, que enriquezes [fol. 65v] los pobres abastados de los ambrientos, confortador de los flacos. O, amorosíssimo e muy leal verdadero amigo, que a tus criaturas cumples de donar de dones de merçedes. O, poderoso en Çielo, e poderoso en la Tierra, poderoso en los Purgatorios, poderoso sobre los buenos e malos, alumbrador, esclarecedor, enseñador de todas las obras de Dios, bienhechor de los que te resçiven’.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
”Todos los ángeles e sanctos que adoravan e dezían estas cosas al señor Spíritu Sancto, loaban a a la sancta cruz con muchos loores, diziendo: ‘O árbol de vida, en el qual nasçen y a cada día nuevas maneras de ojas, e flores e frutos, manjares de dulçedumbres, riquezas, dones, deleytes e consolaçiones, lo qual es figura que heres eterno, Señor Dios todopoderoso, e tus dones e bienabenturanzas son sin fin. O, trono de Dios, en el qual huelga en el Spíritu Sancto. O, reyno de Jesuchristo, en el qual reyno con mucho dolor entró y estuvo porque sus fieles e amigos reynen en el Çielo con gran favor e junto a aquel trono donde está el señor Spíritu Sancto’. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
”En el mesmo árbol de la vera cruz está una muy preçiosa y devota ymagen del sancto crucifixo, de bulto muy acompasionatibo. E junto a par d’él una ymagen de Nuestra Señora la Virgen María, y otra de Sant Juan, y dos de las Marías, e todos los bultos muy devotos, como quando estavan al pie de la cruz. Y de tal espeçie çelestial son hechas que, por la graçia divinal, parezen como si estuviesen vivas, e se mudan a tiempos e vezes de diversidad de maneras, e todas muy devotas. Que a vezes pareçe la ymagen del crucifixo como quando Nuestro Señor Jesuchristo estava en la cruz descoyuntado, y muy llagado y sangriento e difunto, e otras vezes, si le acatan por algún espacio, pareçe que está como vivo y mirando a quien le suplica, con gesto alegre y bulto resplandeçiente e muy claro.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
”E allí sin çesar le están sirviendo e adorando quando le suplican por algunas personas con quien su Divina Magestad está enojado, o le piden algunas petiçiones para ellas. Aunque parezen ser buenas, si la su sabiduría conoçe que no conviene darlas ni otorgarlas, menea la caveza a una parte e a otra haziendo señal como quien se atapa los oýdos, dando a entender que Dios no quiere oýr las tales peticiones, ni las quiere otorgar. Quando le ruegan [fol. 66r] por algunas personas devotas ''[9]'' e amigas de Dios, haze señas que huelga de lo oýr, y que le plaçe de otorgar las petiçiones. Pareçe otras vezes llagado y muy atormentado, e como vivo, que mueve a los que le miran a muy gran compasión; e de otras figuras se muda, todas muy devotas y acompasionatibas. Por semejante, se muda la ymagen de Nuestra Señora y del glorioso Sant Juan, según las maneras que el sancto cruçifixo, horas de muy gran tristeça, e otras de no tanta; y ansimesmo las tres Marías pareçen a vezes como llorosas, e las cavezas cubiertas, e otras veçes con buxetas de ungüentos en las manos, como que quieren ungir al Señor; de otras maneras se mudan todas muy devotas, y conformes a los misterios.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
”Allí delante del árbol de la sancta vera cruz está labrado y hecho por maravillosamente el sancto sepulcro, muy rico, e adornado todo de piedras preçiosas de muy gran resplandor e valor. E cave el sancto sepulcro está Nicodemus e José e Abarimatía, con los aparejos e lienzos e ungüentos que estos bienaventurados llevaron quando desçendieron de la cruz, el sacratíssimo cuerpo de Nuestro Señor Jesuchristo para le poner en el sancto sepulcro. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
”Quiere su Divina Magestad del poderoso Dios que las ánimas que por fiestas sacan los sanctos ángeles las lleven a recrear a los hospitales de la misericordia, e vayan ellos mesmos con ellas adorar la sancta cruz, e a resçivir la bendición del dulçe consolador Espíritu Sancto, e la refeçión que da de abastamiento de manjares a todas las ánimas que allí van. Assí como llegan allí, las ánimas demandan misericordia, e adoran a Dios y a su sancta cruz. Y el sanctíssimo Spíritu Sancto, que está assentado en el trono real de la sancta cruz, señoreando y haçiendo siempre merçedes a los que se las piden y las an menester, menea con muy gran poderío este fructíssimo árbol de la vida, y haçe haçer muchedumbres de preçiosas frutas e manjares. Y manda a las huestes de sanctos ángeles que repartan, e den a las ánimas menesterosas que allí vienen, de comer y de [fol. 66v] vever a las ánimas. E las recrean de muchas maneras de consolaçiones, por tanto espaçio quanto es la voluntad de Dios. Y tan grandes graçias y merçedes resçiven de su Divina Magestad que, aunque tornen a Purgatorio, les son descontados muchos años de lo que an de estar en penas, y a algunas les perdonan los medios peccados, e otras las tres partes, e otras más, e a otras menos, según la voluntad de Dios.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
“Viendo los demonios el gran thesoro e bienabenturanza que las ánimas resçiven en aquel lugar, pésales mucho, quiriéndola quitar y estorvar por todas las maneras que ellos pudiesen. Y atrévense, con gran ossadía y rabia que tienen. Y van en figura de muchas maneras de aves, y muy feas, y de otras figuras muy espantosas, y llegan al lugar donde está la sancta cruz. Y arremeten muy reçiamente para assir las ánimas en las uñas, y llevarlas en los picos y dientes. Y para esto tiene esta providençia divina tan proveýdo aquel sancto lugar que todo el campo alrededor donde está el sancto árbol de la vida está çercado de muchedumbre de compañas de gentes, a manera de huestes, armadas con diversidad de armas y tiros, con que encaran y tiran y hieren a los demonios, que hasta el mesmo árbol de la cruz se atreven e quieren arremeter y tomar las ánimas de aquellas preçiosas ramas, y se asen algunas vezes los demonios por se guareçer de los tiros que aquellas compañas les tiran y hazen guerra. Y caen los malditos amodorridos por çierto espaçio, que no se pueden mover ni levantar, más que muertos. Mas como ellos no se pueden morir, levántanse de que Dios quiere, y tornan en sí, y van uyendo, dando muy grandes ahullidos. E otras vezes, de solo que les encaran los tiros, an tan grande temor, que uyen despaboridos e no osan parar allí. Porque Nuestro Señor Dios, e su preçiosa cruz y las compañas de sus sierbos, que allí Él tiene, defienden las ánimas de sus fieles christianos, [fol. 67r] por peccadores que ayan sido, e los favoreçe, e resçive, e les da de bestidos, e calçar de todas las maneras de arreo, e adornamentos que las ánimas an menester. Porque allende de las misericordia que el dulçe consolador Spíritu Sancto haze cada día con las ánimas, de les dar nuevos manjares y frutos, les haçen todos los domingos muy grandes merçedes. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
“Y el mesmo Spíritu Sancto, dende el trono donde está assentado, haçe caer las joyas que nasçen de la sancta cruz, el árbol, y resplandor de las quales es sin comparaçión. Y manda a los sanctos ángeles que allí están presentes en su serviçio las coxan, y hagan bestiduras dellas, e adornamientos muy preçiosos con que vistan y adornen todas las ánimas pobres que allí vinieren. E assí como el Spíritu Sancto lo manda, es hecho, e como lo dize es criado. Y en tomando los sanctos ángeles las joyas en sus manos, se tornan muy maravillosas bestiduras, con las quales visten y adornan muchedumbre de ánimas pobres, las quales van abastadas e cumplidas de todos los bienes que de ninguna cosa llevan neçessidad. Porque el mesmo Spíritu Sancto, como es poderoso en sí mesmo con el Padre y con el Hijo, en trinidad de personas y en unidad de hesencia, e poderoso en los mereçimientos de Nuestra Señora la Virgen Sancta María, y de todos los sanctos y sanctas de la corte del Çielo, los quales son meritorios mediante Dios y su sancta cruz, de los quales mereçimientos y de cada uno dellos es figura y significaçión cada una de aquellas ojas o rosas, e flores e frutos, e manjares, riquezas y bienabenturanzas que del árbol de la vida continuamente manan e proçeden; que por muchos dones y limosnas que el dulçe Spíritu Sancto, limosnero real, que allí está, da a los pobres y monasterios, luego ymproviso mana y proçede el mesmo árbol de la vida otro tanto, e aun siempre cada día e ora, otras cosas más nuevas. Y esto a significaçión de los dones e mereçimientos e graçias de las sacratíssima divinidad e humanidad del soberano Dios, trino y uno e verdadero, sin prinçipio y sin medio e sin fin, de los galardones e gloria e nuevos [fol. 67v] dones de goços que cada día, e hora y momento, tiene de dar para siempre de cada uno de sus escogidos que con Él mesmo moran y morarán en la triunfante gloria. Quando la madre sancta Yglesia militante ruega en espeçial e haze sufragios por algunas ánimas de Purgatorio, el mesmo Spíritu Sancto ruega e aboga por ellas, como dino obrador e lustrador de todos los bienes. E para que sea hecha alguna misericordia a las ánimas de Purgatorio, permite la Divina Magestad que aquellas ánimas, por quien a hecho algunos bienes la madre sancta Yglesia, a deshora se hallan aquellas ánimas sueltas, aunque muy llagadas e atormentadas de las yntolerables penas que les dan los demonios en Purgatorio por sus peccados; empero puédense salir de Purgatorio, ansí llagadas e despedaçadas por diversidad de caminos. Unas van por devajo de las aguas, e otras por la tierra, e otras por çerros e otras por balles, e otras por cardos y espinas, e otras por riscos muy espesos e montes muy tristes, e desiertos muy desconsolados, e otras por los ayres calidíssimos, e por los çielos e los planetas. E dellas, por diversidad de caminos van tristes y desconsolados, gritando y dando vozes, diziendo: ‘¿Dónde yremos o qué haremos; si hallaremos por ventura quién nos haga caridad e algún bien?’.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
”E yendo assí las ánimas tan afligidas, aparéçenles a cada una dellas el sancto ángel su guardador, e consuela en su neçessidad, e háblala con amor, diziéndole: ‘Dios te consuele, ánima, e te alumbre en tu camino. Llama en tu neçessidad a Dios, e oýrte á. Y si no, no faltará quien te responda. Pide virtud y limosna por amor de la Passión de Nuestro Señor Jesuchristo, e pregunta por el camino de Jerusalem la alta, y que te enseñen yr donde está el árbol de la vida y de la misericordia’. Yendo assí las ánimas por diversos caminos con clamorosas vozes pidiendo a Dios misericordias, van tras ellas los demonios, viendo que se les an salido de las penas. E oyendo que piden a Dios misericordia, danles muy grandes golpes y tormentos, diziendo: ‘¿Cuál Dios o quál misericordia demandéys e buscáys? Que no ay piedad, ni otro [fol. 68r] consuelo os darán sino este que agora nosotros os damos’. E viéndose las tristes ánimas tan afligidas, angústianse, y no saben qué se hazer.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
”Los sanctos ángeles, haviendo compasión dellas, tórnanles a parezer, y esfuérçanlas, diziéndoles: ‘Aunque os ayan atormentado los demonios y os yeran muchas vezes, andad, andad, no os detengáys por tribulaçiones y peligros que en este vuestro camino se os suçeden. No volváys atrás, ni çeséys de llamar, que abriros an. E pedid e resçiviréys, y hallaréys la misericordia’. Y cada uno de los sanctos ángeles dize a cada un ánima que tuvo a cargo: ‘Toma este bordón sobre que te afirmes, aunque vas llagada, que tal buena obra que hiziste; e tú, este que tal viernes que ayunaste; e tú, que tal limosna que diste; e tú, que tal misa oýste con devoçión; e tú este, de tales oraçiones que reçaste en serviçio de Dios e de su gloriosa madre; y este, de tal devoçión que tuviste a tal sancto o a tal sancta, e tales fiestas que hiziste por ellos’. E ansí les dan los sanctos ángeles bordones sobre que se afirmen de algunas buenas obras que en este mundo hiçieron. E ansí van hasta el lugar del árbol de la vida, aunque con mucho trabajo, y llegan y hallan muy cumplida la misericordia de Dios, e los thessoros e consolaciones, e refeçión e sombra del árbol de la vida, e yndulgençia de la Passión del Hijo de Dios e del limosnero Espíritu Sancto. E allí son consoladas de todas las maneras de consolaçiones que a sus neçessidades requieren, e de allí tornan algunas vezes a Purgatorio, e otra no, según es la voluntad de Dios y ellas lo mereçen. Tienen los sanctos ángeles gran desseo, con el amor que tienen a los christianos por peccadores, que sean sus ánimas sean salidas de penas quando están en Purgatorio. E las ayudan con todas sus fuerças e ruegos, e aun no contentos de esto que por ellas hazen, según el grande amor que tienen a nosotros, los humanos, se juntan muchos dellos, e se conçiertan según la voluntad del poderoso Dios, e diçen unos a otros: ‘Andad acá, señores, juntémonos algunos de nosotros e vamos abentureros a los lugares tristes y tenebrosos de Purgatorio, e quizá será tal nuestra ventura; y si la nuestra no fuere, será la de las ánimas, que provándolas a desaraygar e a arancar de aquellas dolorosas penas, pudiésemos sacar algunas. Grande sería nuestro gozo e alegría’. E van en quadrillas a Purgatorio, e aprueban con gran diligençia, [fol. 68v] rogándolo a Dios, a sacar o arrancar algunas ánimas, las más nezesitadas e desamparadas que ven. E traban de unas y asen de otras, diziéndoles a ellas que se ayuden, y hechan anzuelos y redes en los ríos e lagos e pozos donde las tristes ánimas están; e arman lazos e guindaletas para tirar y sacar algunas, si pudiesen; e pelean con los demonios, e despedazan los que están hechos dragones, para sacarles las ánimas que tienen dentro, en sus dientes. E quando Dios quiere, después que an travajado mucho, que aranquen alguna o algunas, tiénenlo a muy gran ventura e dicha, e góçanse, e haçen muy grandes alegrías, dando muchas graçias a Dios, que los hizo vitoriosos, e aquellas ánimas benturosas de salir de tan grandes males. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
”E tómanlas luego, e van con ellas al prado de las flores. E allí las curan de sus llagas, e las visten de algunas bestiduras qu’ ellos traen para ellos. E las llevan con cantares y músicas al árbol de la vida, para que le adoren y sean recreadas de las dulçidumbres divinales que manan de las ánimas bienabenturadas que van al árbol de la vida, y a los hospitales de la misericordia y tiendas de graçia, abastadas de todos los bienes de los misterios de Jerusalem la alta. ¿Qué comen y veven? No es otra cosa sino unas obras muy grandes de las bondades y misericordias de Dios, y de los embriagamientos de las bodegas de la divinidad, de la zelda ordinaria donde la Sanctíssima Trinidad cumple de deleytes a sus amigos, e de los pastos de la sancta humanidad del Hijo de Dios; de la qual ay tan grandes pastos en el Reyno de los Çielos que abastan para artar e apazer todas las ánimas bienabenturadas, y aun muchas más que fuesen. E por semejantes, está la sancta Yglesia militante muy abastada de los pastos muy dulçes del Sanctíssimo Sacramento del Altar, e de todos los otros sacramentos de nuestra sancta fee cathólica que del soberano Dios dependen. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
”Tienen los sanctos aventureros, alcanzando del poderoso Dios tal previlegio, que las ánimas que salen en manera de pesca con anzuelos e redes de penas no tornen más a Purgatorio. E después de haver adorado la sancta cruz, e gozado de sus frutos, las [¿viven?] ellos mesmos andar los misterios de Jerusalem la alta. Y en aquellos sanctos misterios les hazen cumplir lo que en Purgatorio havían de purgar en [fol. 69r] los tiempos que allá havían de estar. Se los reparten por días o por semanas, y en un oratorio las tienen un zentenario de días, y en otra capilla una quarentena, y en una yglesia otros sesenta días, y en otro çentenario treynta tres días. Y assí les hazen por misterios y días, por la voluntad de Dios, acavar de cumplir lo que deven, andando como en penitençia y haçiéndoles su Divina Magestad muchas merçedes, y dende allí las llevan al Çielo. Y ansimesmo llevan los sanctos ángeles algunas de aquellas ánimas a lugar y campo donde estava el árbol de la sancta cruz para que, con tiros y armas que les dan, tiren a los demonios, que allí con gran maliçia van a empezer a las ánimas. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
”Y por semejante, después que el señor Spíritu Sancto dexó de hablar por la lengua de mí, su yndigna sierba, estando yo enajenada de mis sentidos, lo qual yo no sentía si lo hazía su gran Magestad, me mandó que, pues estava enferma en el cuerpo, y por mi yndispusiçión de salud el estrumento no tenía el Spíritu Sancto como solía, tuviese cuydado de ayudar a defender e consolar las ánimas que van a ser recreadas al árbol de la vida. Y esto es quando estoy elevada, que me ponen en çierta esquina de aquel campo con çierta arma y armas que el sancto ángel me da, defiendo con los otros a las ánimas que allí van a ser consoladas del dulçíssimo Spíritu Sancto. E quando estas cosas me son mostradas por mandamiento y ordenaçión divinal, me son encubiertas las más altas; e a vezes, quando es la voluntad de Dios, las más subidas y preçiosas, e no estas; e otras vezes me hazen tan copiosas merçedes como puede hazerlas, que me muestra junto lo uno y lo otro, e gozo de gozos doblados”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Capítulo XIII'''&lt;br /&gt;
'''De los misterios y dulçedumbres que el día sancto del domingo manan de la sancta cruz'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Dezía esta bienabenturada: “Todos deven ser muy devotos de la sancta cruz y de sus misterios, porque son tan grandes las grandezas de la sancta cruz, y los misterios que en ella se puede contemplar, que no se podrían acavar de dezir según lo que el poderoso Dios, por su gran misericordia, algunas vezes me muestra. El día [fol. 69v] del domingo proçede e mana del árbol de la sancta cruz de Nuestro Señor Jesuchristo muchedumbre de flores y frutos, e se mudan de toda diversidad de colores e resplandores, e cada un ramo naçen y proçeden tres nuevas frutas, todas tres en un solo ramo, el dulçor e sabor e olor de las quales era sin comparaçión su preçioso valor: esto a significaçión de la Sanctíssima Trinidad, Padre, Hijo y Spíritu Sancto, tres personas y un solo dios verdadero, cuya fiesta y solemnidad se çelebra el día del sancto domingo. E hallende de estas preçiosas frutas, mana en el tal día el sancto árbol nuevos espeçies de suavíssimos manjares, e olores y sabores, e tales e tales que bastan para dar entera gloria y bienabenturanza, ansí los preciosos manjares como las claríssimas aguas. E todo mana como de mar, muy abastada del soberano Dios, trino y uno. E las ánimas que están en Purgatorio, que fueron servidores e devotos de la Sanctíssima Trinidad, e el día sancto del domingo çelebraron en devotas e obras puras, avtiniéndose en tal día de viçios y peccados por el amor y serviçyo de Dios, allí en Purgatorio donde están son por los ángeles visitadas, e reservadas de las penas, e recreadas e alumbradas en sus escuridades. En tal día salen de Purgatorio los que fueron fieles y verdaderos amigos del poderoso Dios, e son llevados al Çielo, muy acompañados de ángeles, con dulçes cantos y ynstrumentos de muy gran melodía. Y el mesmo Dios les da en tal día ynumerables galardones e gozos de sí mesmo. Los resplandores, e riquezas e bienabenturanzas que el día sancto del domingo mana el árbol de la vida son más sublimados ''[10]'' que otro día de la semana, porque son de los thessoros de la Sanctíssima Trinidad, Padre e Hijo y Spíritu Sancto, tres personas y un solo Dios verdadero, el qual deve ser muy servido, e adorado, y creýdo de todas las criaturas que crió. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
”El día del lunes produçen y nasçen del árbol de la vida nuevamente flores de diversidad de maneras e olores, con rayos e resplandores de mucha claridad, las quales flores tan preçiosas son todas en sí muy candidíssimas e blancas, sobre toda cosa de blancura e preçiosidad. Sinifican la puridad e limpieza, e mereçimientos e sanctidad, hermosura e primor de alteza de los mereçimientos de Nuestra Señora la Virgen Sancta María e todos los nueve coros de los ángeles. E tanta es la claridad de estas sublimadas [fol. 70r] flores de rosas que los sanctos ángeles llevan dellas a las ánimas de Purgatorio, las que Nuestra Señora e de los mesmos ángeles son devotas, e les abastan, e consuelan tanto, que solo el olor dellas les basta por manjar en su hambre y por deleytoso beber. Y les da muy gran claridad y resplandor en su obscuridad, y tinieblas muy profundas, e les es como roçío muy fresco e deleytoso en sus calores e fuegos, tan demasiados, e como candelas hechas delante dellas por mereçimientos de quien ellas significan, e consolaçión para sus devotos, e para otras quelesquier ánimas, que a todos haçen virtudes. Y las ánimas que en tal día mereçieren ser salidas de Purgatorio, embiándoles la soberana Reyna de los Çielos y abogada del género humano su favor y ayuda, las lleven los sanctos ángeles muy triunfantes; y ellos, junto con Nuestra Señora, les dan y alcanzan muy grandes virtudes, dones y gozos, e bienabenturanzas, como son primogénitos hijos de Dios herederos del Reyno de los Çielos.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
”El día del martes se muestra el árbol de la sancta cruz todo produçiente, lleno de ynumerables resplandores, con rayos ylustríssimos y diversidad de rosas coloradas. Y las más dellas sobre colorado matizadas e puestas otras diversidades de colores. Junto con esto, nasçen baras muy pintadas e olorosas, resplandeçientes, e algunas dellas hechas a manera de armas de pelea, hechas de muchas maneras. Y esto significa los triunfadores mártires, y sanctos méritos e sangre derramada, e las historias que dellos está scripto, que labaron en la sangre del cordero sacrificado en la cruz al Padre por nuestros peccados, e la diversidad de tormentos e martirios que con crueles ánimas les dieron. E toman los sanctos ángeles guardadores de ánimas de estas tan odoríferas rosas, e cortan de las baras hechas a manera de armas, e van con ellas a Purgatorio para dar refeçión e consuelo a todas las ánimas que allí están, e las que fueron devotas de los sanctos mártires. E con las preçiosas rosas, e bara e armas que figuran sus preçiosos mereçimientos mediante la sancta cruz, e muerte e Passión de Nuestro Señor Jesuchristo, por quien ellos padesçieron tantos tormentos, resçiven en este día muy gran consolaçión e afloxan sus penas. E las sanctas [fol. 70v] rosas les son manjares esforçosos, e recrean a cada una de las ánimas según su neçessidad. E con las armas les dan resplandor e defendimiento de los demonios, porque en aquel día no las pueden empezer. E las que el día del martes salen de Purgatorio, la muy hermosa hueste de cavalleros triunfadores, assí como grandes capitanes e señores muy valerosos, las favorezen e las acompañan a las que son sus devotas de qualquier dellos e les an hecho en la Tierra alguna memoria e serviçio, e porque su exemplo padeçieron e hiçieron algunas buenas obras e penitençias, e padeçieron penas y tormentos sin contradiçión, la qual puede ser contado por martirio. Y estas tales ánimas no solamente los gloriosos mártires las libran de Purgatorio, mas aun de los escarnios y enojos que los demonios acostumbran hazer a las ánimas quando las pueden enpezer. Y llévanlas al reyno de los Çielos con mucho triunfo, y offréçenlas al mártir de los mártires, Nuestro Señor Jesuchristo. Y Él, con poderosa mano, les haçe copiosas merçedes, e los sanctos mártires les dan muchos galardones por los serviçios que les hiçieron. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
”El sancto día del miércoles se haçe espeçial memoria, en el Reyno de los Çielos, de los sanctos apóstoles, los quales en persona de Nuestro Señor Jesuchristo vendieron a nosotros peccadores el Reyno de los Çielos, e le dan muy barato; en figura de lo qual el sancto árbol de la cruz, en quien ellos tuvieron su honra y gloria, se muestra todo lleno de rosas y flores, e frutas muy hermosas, nuevas y deleytables. Y junto con esto, salen del sancto árbol pendones y estandartes muy ricos, y pintados y enjoyados, e obradas todas sus armas e ynsignias de Nuestro Señor Jesuchristo, e su sagrado y maravilloso nombre por zimera de muy ricas y preçiosas perlas e piedras labrado, más resplandeçiente que el sol, el qual nombre de Jesús ellos predicaron, y en su virtud hiçieron muy grandes milagros e maravillas. Y estos tan preçiosos y enriqueçidos pendones y vanderas representan todos los christianos, y significan los sanctos apóstoles e offiçios que tuvieron de predicación. E toman los sanctos ángeles, que allí están, en serviçio del dulze Spíritu Sancto e reguarda del árbol de la cruz [fol. 71r] y de la vida, y álçanlos en persona de los mesmos sanctos apóstoles, y en su nombre pregonan a muy altas vozes diziendo: ‘Ay, quién venga a comprar el sancto Reyno de los Çielos. Ea, vengan todos los que quisieren venir de su grado, que nosotros no hazemos a ninguno venir por fuerça, empero pregonamos e aconsejamos la fee muy çierta y verdadera, la carrera de vida y de salud. Enseñamos el camino del Paraýso. Vengan los que sin dinero son redimidos, sino por el gran preçio de la sangre del cordero. No teman de venir los pobres neçessitados, que por muy buen barato les venderemos el Reyno de los Çielos que, por el sancto baptismo y la fee de Jesuchristo, por guardar los mandamientos de Dios y hazer algunas buenas obras, por confisión y contrición −si cayeren en peccados−, por satisfaçión e comunión, e por los otros sacramentos de la Yglesia que ordenó el Spíritu Sancto, les venderemos el reyno de los Çielos a todos los que le quisieren comprar. Franco y muy manífico es nuestro muy altíssimo y muy sagrado Rey Jesuchristo, e muy agradeçido. Largo es en misericordias. Espera a sus siervos en penitençia, resçívelos de buena gana quando se vienen a Él. Venid todos, no os detengáys en los viçios y peccados y deleytes pereçederos, y más tardan los peccadores en venir que Dios en resçivillos’.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
”Y los ángeles que esto dizen en persona de los sanctos apóstoles coxen las rosas y flores de sus mereçimientos. Y los ángeles que coxen los frutos del árbol de la vida en el tal día llévanlo a las ánimas de Purgatorio que an sido y son devotas de los sanctos apóstoles, e son muy recreadas y aliviadas sus penas, y consoladas en sus tribulaçiones que allí tienen. Y las ánimas que en este día del miércoles salen que son devotas de los sanctos apóstoles e hiçieron serviçios a cualquiera dellos, son por ellos acompañadas y honradas, e tan favoreçidas que llevan delante dellas un pendón de muy gran valor e preçiosidad y hermosura. Y la honra que a las tales ánimas se les da, es mayor que a otras ningunas, e van pregoneros delante dellas, pregonando a muy altas vozes todas sus buenas obras y virtudes, y cómo son dignas de mucho acatamiento e bien- [fol. 71v] aventurada gloria y corona de justicia, porque justamente obraron en creer y hazer lo que los sanctos apóstoles predicaron y enseñaron, y en tener por firme y verdadera la doctrina que dexaron scripta. Y pregonan los mereçimientos dellas por los quales, y por haver sido ellas sus devotas, y saviéndose aprovechar de su predicación e gozar de sus avisos y frutos de la sagrada Passión de Dios, eterno y sin fin, dizen los pregones les dan aquella honra; de lo qual resçiven las ánimas, que assí son beneradas, ynumerables gozos. E les es a ellas gran honra, y Nuestro Señor Jesuchristo las resçive de muy buena gana en el Reyno de los Çielos. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
”El día del jueves vrota e produze el sancto árbol de la cruz novedad de maneras de muchedumbre de rosas, e lirios e frutas, e junto con esto escaleras muy resplandecientes e ricas, labradas e hermoseadas por maravillosa manera, obradas por la mano divinal del poderoso Dios. Lo qual es todo figurado por los mereçimientos de los sanctos confesores, que ansí como lirios, flores y rosas, dieron suavíssimo olor de exemplos y doctrinas, e muy sanctas vidas e gloriosas, y predicaciones; confesaron a Dios delante de las gentes. Nuestro Redemptor Jesuchristo los confiesa y ensalça delante de su Padre çelestial por fieles y leales e verdaderos amigos. E fueron tan prudentes y sabios que con el marco del offiçio que les dio, ensalçaron e honraron la sancta fee católica, tanto que fueron como escaleras más que de oro, que dende la Tierra asieron hasta el Çielo, subiendo ellos por virtudes, dexando sendero de libres y doctrinas, e penitençias e virtudes, sanctidad e declaraçiones con sanctos avisos y ensaminaçiones, con sanctas verdades, para que todas las nasçiones que quisieren se puedan salvar y subir de virtud en virtud hasta el Çielo por esta escalera que ellos subieron y enseñaron subir. Y las ánimas que están en Purgatorio que fueron sus devotas de alguno dellos e por sus exemplos e sanctas docrtrinas yçieron buenas obras, resçiven dellos espeçiales favores. E los que son devotos e amigos sobre otra devoçión e amor del gran hazedor Jesuchristo son en el día del jueves muy consolados, e resiçionados e descargados de sus penas, e abastados de suavidad de fruta y manjares. E por los sanctos ángeles sus guardadores le son mostradas estas [fol. 72r] tan fermosas e valerosas escaleras, denunçiándoles que, quando de allí salgan, tienen çierta seguridad de subir a gozar el Reyno de los Çielos por los mereçimientos de Nuestro Señor Jesuchristo e por su sagrada muerte e Passión, e mediante los sanctos confesores, los quales ganaron y subieron al Çielo como escaleras derechas donde gozan para siempre. E salidas de Purgatorio las tales ánimas, van los sanctos confesores, algunos o todos, según es la voluntad de Dios, e llevan a sus devotos y amigos muy acompañados, honrados y favoreçidos, y súbenlos por las escaleras de sus mereçimientos hasta la cumbre del Çielo, donde huelga para siempre, porque el dador de la vida los resçive con gesto alegre e cumple todos sus desseos buenos que tuvieron. E son contados e reputados con los hijos de Dios y sanctos del Çielo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
”El día del viernes veo nuevas mutaçiones en el árbol de la vida. Cada semana me pareze se muta de momento a momento de diversidad de colores. E por todo el día entero pareze que tiembla el árbol, y en cada temblor se mudan las flores de diversidad de colores e olores, e las frutas de muchas maneras e sabores, deleytosas, dulçes, muy más sublimadas que otros días. Y en este día del viernes ay en el sancto árbol muchos rayos de claridad, e resplandores, e otra infinidad de maneras tan exçelentes que no havría lengua ni sentido humano que bastase para lo esplicar y dezir; tanto que qualesquier ánimas de Purgatorio que allí son llevadas por la voluntad de Dios que le miran, sanan de qualesquier heridas e llagas que tienen por sus peccados hechas de mano de los demonios, e se les quita la tristeza y angustia que tienen. Y aun se podrían aprovechar de estos sanctos misterios del árbol de la vida espiritualmente, e gozar de estas dulzedumbres dentro en sus ánimas, qualesquier fieles personas, amigas de Dios, bibientes en este mundo, devotas y contemplativas de los misterios de la sagrada Passión de Nuestro Señor Jesuchristo, e qualesquier de los bienabenturados del Çielo que en tal día acatan el árbol de la vida, adorándole y contemplando e apiadándose de lo que el Hijo de Dios en él padesçió. Y en cada un misterio de los que ellos contemplan resçiven ynumerables gozos acçidentales, porque todas las bien- [fol. 72v] abenturanzas juntas que se pueden pensar e dessear están en Dios, y en su sancta cruz, e sagrada muerte e Passión. E de allí manan, como de viva fuente, todos los grados de gloria e çelestiales consolaçiones que su Divina Magestad da a sus criaturas çelestiales e terrenales.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
”Y también salen en este sancto día del árbol de la vida muy resplandeçientes e sonantes trompetas, que significan el poder de Dios, e su juyzio e justicia, e su sancta predicaçión e doctrina que sonó de mar a mar para nuestro enseñamiento e abiso. Y también salen lámparas ençencidas, muy resplandeçientes e consolatorias, muy bien labradas, más ricas que de oro y piedras preçiosas. La luz y claridad que dan es sin comparaçión e muy deleytoso de mirar, las quales significan la divinidad del Hijo de Dios, y el resplandor de sus muy sanctos exemplos que en esta vida dio viviendo entre los peccadores treynta y tres años. Y ansimismo significan la gran caridad con que el mesmo Christo nos vino a redimir, y el olio de la misericordia con que ungió a los peccadores a la sancta fee cathólica muy çierta, y la esperanza que nos dexó con que nos podemos salvar e alcanzar muy cumplida misericordia e perdón de los peccados mediante su sancta Passión. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
”E junto con esto sale este día un muy rico altar, muy adornado de todas las maneras de aposturas que para el altar de Dios perteneçen, y en él muy luçidos y ricos y enjoyados hornamentos con que acostumbran dezir missa los saçerdotes de la Tierra. Y ençima de este sancto altar apareze Nuestro Señor Jesuchristo, Hijo de Dios vivo. Sí, es el sacerdote, y el sacrifiçio y manjar de aquel sancto altar. Y estando allí el mesmo Dios, el qual puede haçer todas las cosas, dase en comer y en vever a sus amigos, y offréçese en sacrifiçio a Dios Padre como en el Sancto Sacramento del Altar, por que perdone los peccados de los christianos, siervos suyos fieles. Y allí se offreçe el Hijo al Padre por el humanal linaje, con muy soberano amor y piadosas plegarias, y su sagrada Passión y sancta cruz. E las ánimas de Purgatorio, aquellas con quien Nuestro Señor quiere comunicallos sus misterios, gozan en este día del viernes dellos, por el mucho [fol. 73r] amor que les tiene. A las ánimas que en este día salen del Purgatorio que fueron devotas de la Passión de Nuestro Señor Jesuchristo, y en esta vida le amaron e sirvieron, mándalas su Divina Magestad llevar muy prósperas e aportadas de riquezas, e acompañadas de cavallería celestial. E vanles delante tañendo las trompetas muy preçiosas que en este día salen del árbol de la sancta cruz, y llévanles ansimesmo delante las lámaparas ençendidas, que las alumbren a cada una dellas en muy mayor grado que el sol, y les dan ynumerables gozos e claridad, e también les llevan delante el altar, tan abastadas de todos los bienes que el mesmo Señor va en él en figura del Sanctíssimo Sacramento. E las ánimas que siguen al cordero sin manzilla no pueden herrar el camino del Paraýso, que muy çiertas y seguras van, y entran, y goçan y poseen a su Dios, por el qual en esta vida lloraron e gimieron con mucho amor; y Él se les da tanto abasto quanto ellas quedan contentas e satisfechas, que no tienen más qué dessear ni querer, porque todos los dones que son dados e las virtudes que son hechas por amor de la Passión de Nuestro Señor son muy más sublimadas sin comparaçión que otras ningunas. E las bienabenturanzas e aguas frías que en este día manan del árbol de la sancta cruz son muy más valerosas e aprovechantes a las ánimas que otras, porque tanta diferençia ay de los frutos de este sancto día de viernes a los otros quanto ay del Señor a los sierbos y del criador a sus criaturas, e de Dios a los sanctos. Porque los mereçimientos del Hijo de Dios y de cada uno de sus misterios no tienen comparaçión, ni ninguna persona ay que los sepa repartir, si no es el consolador Spíritu Sancto, criador con el Padre e Hijo, tres personas y una esençia divina.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
”El día del sávado muestra el árbol de la sancta cruz en sí muchas mutaçiones, e muchas dellas son como el día del viernes. Empero, algunas de sus mutaçiones e muchas dellas son como el día del viernes, empero algunas de sus mutaçiones demuestran gozo e otras sentimiento de llanto, dando a entender que todo este día es de las sanctas y piadosas personas e mugeres. Demás de [fol. 73v] ser llamado sábado de holganza, este día significa a Nuestra Señora y a todas las vírgines, por quanto las mugeres son ynclinadas a compasión, e son de tierno corazón e piadoso. E por eso el sancto árbol de la vida en sus mutaçiones llama e convida que junto con él se entriztezcan o se alegren, según ve en las mutaçiones en él. Porque ansí como el día sancto del viernes es fruto de este sagrado árbol el cordero sin manzilla, Hijo de Dios, el qual en tal día se sacrificó a Dios Padre muryendo muy cruelmente y consangrando esta mesma cruz, para Él tan penosa, e haziéndola de madero seco e nudoso, árbol verde de muy ricos e preçiosos frutos, después de le haver regado con el agua viva, que es la sagrada sangre del mesmo redemtor nuestro Jesuchristo, assí en figura dello, en este día del sávado, el árbol de la cruz, que el día del viernes quedó muy bañado, se trasfigura de diversos colores e resplandores. E junto con esto produze a vezes muchas gotas grandes y espesas de viva sangre, e tan a menudo caen hasta que haze el suelo enrededor todo teñido como viva sangre. E viendo los santos ángeles que allí están la copiosa sangre que está en el suelo e la priesa que el sancto árbol se da a destilar gotas sanguíneas de sí, llaman a muy grandes vozes a las personas devotas, vírgines y no vírgines, que vengan al pie de la cruz muy aprisa a coger de las gotas sanguíneas que produçe de sí el árbol de la vida, ansí lo que está en el árbol como lo que a caýdo en el suelo, e diçen: ‘Vení, no os tardéis, todos los piadosos y piadosas, e aved compasión de vuestro Dios e de su piadosa madre, e acordaos cómo en aquel tiempo que Él padeçió y murió estava tan triste y sola. Y agora, en figura de remembranza de su dolor, coxe estas riquezas que abundosamente el árbol de la vida os da en persona del mesmo Jesuchristo, el qual, en tal día como oy, está su sagrado cuerpo puesto en el sepulchro, muy llagado y descoyuntado he herido, e de sus sanctas llagas destilando sangre. Tomad estas agora, vosotras, en paños muy preçiosos, e cogeldas en valerosos basos, e ponedlos en relicarios, donde estén muy guardados’.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
”E vienen muchas personas bienabenturadas e mugeres sanctas del [fol. 74r] Çielo con gran prisa al llamamiento de los sanctos ángeles, trayendo en sus manos muchas tinajas, cáliçes y basos. E con gran reverençia e muchas adoraçiones que hazen a la sancta cruz, cogen las sagradas gotas e pónenlas en sus juridiçiones, e tiénenlo en soberana reverençia. Y esto es dando a entender a los humanos que lo mesmo havemos de hazer todos los peccadores que vivimos en la Tierra en los tales días, dentro en nuestras ánimas, y estas deven ser nuestras ocupaçiones y obras spirituales: pensar en Dios y en sus misterios, e haverle compasión, pues padeçió por nos redimir con soberano amor.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
”Las ánimas que están en Purgatorio que son devotas de Nuestra Señora la Virgen Sancta María y de las sanctas vírgines, y de todas las sanctas mugeres, en el tal día del sábado gozan de muchas e gloriosas visiones, e oyen las bozes de los sanctos ángeles que las convidan. E por ellos mesmos les son representadas aquellas sanctas reliquias que el árbol de la vida da de sí el día del sávado, por cuyos mereçimientos muchas dellas son libradas, e por los méritos de Nuestra Señora, la Virgen Sancta María, e por las sanctas vírgines e mugeres bienaventuradas son aquellas ánimas llevadas al Çielo con muy gran triunfo e gloria.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
”Produce el árbol de la vida el día del sávado, a ora de las conpletas, muchas coronas adornadas de muy hermosas piedras preçiosas, guarneçidas y enriquezidas sin comparaçión. E junto con las coronas, salen del árbol de la vida sillas muy enriquezidas, pomposas e reales, y enjoyadas. Y con las valerosas sillas, sale como plantado en cada una dellas un árbol, como de palma o cedro, e oliva e çiprés, e otra diversidad de árboles valerosos e suavíssimos en olor e maravillosa hermosura, cuyas ojas y flores son más que de oro, e resplandeçientes más que el sol; en las quales ojas están esculpidas por maravillosa manera unas [fol. 74v] letras que dizen: ‘Con razón son coronadas las vírgines mugeres que de Dios son sanctificadas’. E los sanctos ángeles toman las coronas, e pónenlas ençima de las palmas e árboles qu’ están plantadas sobre las sillas de apostura.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
”E represéntanlo assí todo junto a las ánimas de Purgatorio, en espeçial a los que en este mundo se astubieron de los vizios y peccados e pelearon contra ellos, assí como son las personas religiosas, las quales quando salen de Purgatorio les llevan delante los sanctos ángeles las cosas ya dichas, a significaçión que, aunque todos los estados las gentes christianas se pueden salvar, el estado virginal e penitente, y devoto, casto, y limpieza de la corrupçión de los peccados, ese tal estado se lleva la bentaja para ganar la corona e gran premio en el Reyno de los Çielos, donde el azedor de las merçedes galardona a sus amados de galardones ynnumerables. El qual dixo por su sagrada boca: ‘Daré çiento por uno a qualquier persona que por su amor se avstuviere de quelesquier bienes e consolaçiones de este mundo y tiene sus gozos en solo Él’. Y el muy dulze Spíritu Sancto haze nuestros a estas tales ánimas y a quien a él más le plaze dar sus dones, e de los mereçimientos de los ángeles, e de los sanctos y sanctas. Y ansí enrriqueze los pobres, da de comer a los ambrientos, e de vever a los sedientos, viste los desnudos, suelta los presos, alegra los tristes, consuela los desconsolados, manda alvergar sus pelegrinos, da vida perdurable; a los que a él se encomiendan, enseña carrera muy clara; da enteros descansos a todos los que vienen ynvocando el nombre de Jesús; da gozos muy nuevos y açcidentales a los bienabenturados en cuya remembranza se muestra cada un día de la semana las figuras susodichas de sus merecimientos, para apiadar y haçer grandes merçedes a sus devotos dellos, que en esto resçiven todos los sanctos del Çielo ynnumerable gozo. Que el poderoso Dios se quiere servir y haçer dellos memoria, e repartir sus riquezas con sus amigos, que dellas tienen neçessidad, porque en los Çielos está la perfeta caridad. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
”Síguese una adoraçión de la sancta cruz, de gran virtud para todos aquellos que con devoçión la dixeren, que me la mostró mi sancto ángel; de la qual, señoras, os podéys aprovechar y consolar en la dezir, pues aún no estáys contentas con quanto os he dicho, que todavía queréys saver más de las cosas que Dios es servido [fol. 75r] de me mostrar. Y ansimismo me a dicho mi sancto ángel e su Divina Magestad contento os las diga, porque en vuestro secreto se lo suplicáys me lo mande mi sancto ángel, que él me lo a dicho. Y a esta causa os he dicho las cosas secretas que me an sido mostradas, o parte dellas, y por la mesma voluntad de Dios diré adelante lo que Él me mostrare y diré la respuesta que me fuere dada en lo que me dixéredes diga y pregunte a mi sancto ángel. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Oración ''[11]''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
‘Adórote, cruz preçiosa, adórote sancta cruz, y adórote ''sanctíssimum lignum inter omnia lingua''. Adórote, sancto madero, adórote, trono de Dios, adórote, escaño de los sus pies, con el qual justiçiara y pisara los peccadores y les hera ver y conoçer cómo solo Él es el Señor y criador del Çielo y de la Tierra, y juez de los vivos y de los muertos. Adórote, galardón de los justos, por el qual se salvan y justifican. Adórote, deleyte de los ángeles. Adórote, penitençia de los peccadores. Adórote, tálamo de Dios, en el qual está puesta su corona real. Adoro los clavos y tenazas y martillo y escalera y lanza. Adoro el redemptor en ti puesto. Adoro mi salvador, adoro su sancto bulto, adoro su santa faz. Vendigo y glorifico y adoro sus sanctos miembros, todos dende las uñas de los pies y plantas hasta ençima de la caveza, que son los cavellos. Adórote, árbol sancto de la vera cruz, árbol frondoso, florido y graçioso. Las sus flores eternas sin ser marchitas, olores perfetos de nunca cansar, perfetos e dulçes sin secar, frutas saludables, preçioso manjar muy mantenedor a quien lo supiere gozar y gustar’.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Capítulo XIV'''&lt;br /&gt;
'''De una revelaçión que esta bienabenturada le fue mostrada açerca de un ánima'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Preguntando a esta bienabenturada las religiosas de su convento e monasterio por el ánima de un padre religioso de su misma orden, que fue su vicario y confesor e murió en el dicho monasterio siendo [fol. 75v] vicario, el qual se llamava fray Pedro de Santiago, persona muy notable y de mucha sanctidad e virtudes, si havía savido el estado de su ánima, respondioles, diziendo: “Yo he suplicado a Nuestro Señor, su Divina Magestad, tuviese por bien de revelar al sancto ángel mi guardador el estado de aquella ánima, e le diese liçençia me lo dixese. Y a mi sancto ángel le dixe mi deseo. Y como, señoras, deseáys saver el estado de aquel ánima y lo suplicáys, respondí a vuestra petiçión y mía. Respondiome: ‘Pues tanto rogáys y deseáys ver el ánima de este religioso, anda acá conmigo, y para mientes con atençión lo que verás’. E tomándome por la mano, llevome a un jardín de ynumerable hermosura e frescura, en el qual havía árboles de diversas maneras, llenos de muy hermosas colores, y en ellos muchas aves de mucha hermosura cantando muy dulçemente e grande armonía. Y los muros e adarbes y todos los edifiçios que allí stavan heran labrados de oro, e bariedad de perlas e piedras preçiosas, y todo muy resplandeçiente e de gran hermosura. Y dentro de este deleytoso bergel estava un palaçio muy ricamente labrado e de gran claridad, en el qual estava un trono muy alto, todo de pedrería, y en este estava sentado Nuestro Señor Jesuchristo. Junto, en otra riquíssima silla e trono, estava assentada Nuestra Señora, en presençia de los quales estava, de rodillas e postrada en el suelo, el ánima de este religioso, y pareçiéndome estava bestido de su ábito pardillo, e todo en la forma y manera como quando estava en el cuerpo. E a desora, yncontinenti, estando él así, mirando y contemplando él a tan gloriosa visión de Dios y de su gloriosa madre, a la qual hera él en gran manera devoto y servidor, vinieron allí presentes quatro vírgines: la una, la señora sancta Catalina, e la otra sancta Çiçilia, la otra sancta Bárbara, e la otra la gloriosa sancta Clara. Y entre ellas estava sancta Ana, muy çercana a Nuestra Señora, más que ninguna de las otras. Y estas sanctas vírgines, por mandado del poderoso Dios y de su sacratíssima madre, tenían [fol. 76r] en sus manos bestiduras blancas e muy candidísimas, e resvistieron al dicho padre de aquellas vestiduras, que heran como a manera de ornamentos que se visten los prestes para dezir missa. Y después que le huvieron revestido a manera de saçerdote, llegó la señora sancta Ana, y ençima del alma, que tenía bestida, hechole una almática colorada, como a diácono; e la Reyna de los Çielos, Virgen Sancta María, con sus sacratíssimas manos, le vistió una casulla más blanca y resplandeçiente que el sol, y ençima le puso un manto azul con estrellas de oro, el qual manto hera muy valeroso y de pontifical. Y junto con esto pareció, a deshora, coronado de mitra e abreola muy resplandeçiente, todos junto ençima de su caveça, la qual le hermoseava e auctoriçava mucho. Y en las manos le pusieron una bara muy pintada, como çetro, con una manzana de oro en la çimera, y en ella figurada la ymagen de Nuestra Señora con el Niño Jesús en brazos. E después que assí estuvo bestido e adornado, con alegre gesto empezó a cantar, diziendo: ‘Gloria sea a ti, Señor Dios poderoso, que por tu benignidad visitaste la Tierra y truxiste la gente a tu conoçimiento’. Y la Virgen María dio su glorioso fruto, y esta postrera palabra replicava por tres vezes, diciendo: ‘Dio su glorioso fruto’. Y esto hecho, a deshora desapareçió esta gloriosa visión.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
”E otra vez, estando yo elevada, deseava mucho hablar aquella bendita ánima de aquel glorioso padre. Y estando con este desseo, a deshora vi venir en una muy hermosa y conçertada proçessión, la qual guiava el señor Sant Pablo apóstol, y junto con él yba de la una parte el señor sanct Pedro y de la otra el señor San Juan Evangelista; y en esta solemníssima proçessión yban muchos sanctos mártires y confesores, entre los quales yba el bienaventurado padre fray Pedro de Santiago, [fol. 76v] e mirávame él con atençión. Hablome palabras formadas, diziendo en su acostumbrada habla, que de humildad y menospreçio él solía tener, alçando el cuello y caveza hazia en alto, dezía ansí: ‘Que este es Dios, que save desnudar presto el pellejo al hombre que crió, el qual quedó allá como el de la culebra’. Yo, desseando saver si yo en los pocos días pasados que finó si había ydo o estado en Purgatorio, y no pudiéndoloselo preguntar, luego respondió a mi pensamiento, diziendo: ‘Por allí pasé, y estaban unas simas muy grandes, llenas de ánimas llorando y gritando con gran clamor. Y yo verdaderamente allí pensé quedar, mas la Virgen María no me dexó caer’. Y dicho esto, cesó el bendito religioso de me mirar y hablar, y fuese cantando en la proçessión. Y yo quedé consolada de la tal revelación. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
”E ansimesmo me consolé pocos días, estando otra vez elevada. Y fue que me vinieron allí al lugar donde yo estaba, que es donde mi sancto ángel me pone, nuestro glorioso padre sant Francisco e sancto Domingo. Y gozándome yo con ellos, dixo el señor sancto Domingo a nuestro glorioso padre sant Franscisco, riendo: ‘Ya sabe vuestra sanctidad que esta hija, que vos tanto amas en la caridad de Christo, la qual llamas vuestra gallinita, porque devajo de sus alas cría y ampara muchas ánimas de vuestra orden, y aun también de la mía, parézeme, señor, a mí que es mi hija por derecho, y no vuestra, pues fue primero llamada a mi orden y desseada de mis monjas, y aun también de mis frayles, y buscada con arto cuidado; e quando ella fue a tomar el ábito a vuestra bendita orden, si la mía estuviera tan cerca como la vuestra, señor, le tomara en la mía, porque tenía notiçia della, y por esto deve ser mi hija’. Respondió nuestro glorioso padre sant Francisco, con semblante amoroso y risueño: ‘A eso avrá de perdonar vuestra sanctidad, que no es sino mía, pues tomó el ábito de mi orden, y está en ella de tan buena voluntad’. Tornó el señor sancto Domingo a dezir que no hera sino suya, y de esta manera estuvieron por algún espaçio de tiempo con mucha gloria y perfeta caridad de amor. Y vinieron en [fol. 77r] conçierto que quedase a lo que yo quisiese, diziendo el señor sancto Domingo: ‘Queremos te mostrar nuestros ábitos, a ver de quál te agradas más’. E mostrome el suyo, muy blanco y puro, que significava la sanctidad y limpieza de Nuestra Señora la Virgen María, Madre de Dios. E nuestro bienabenturado padre sant Francisco mostrome el suyo, humilde, y pobre e sangriento, que significa la sagrada Passión e llagas de Nuestro Señor Jesuchristo, las quales havía el mesmo Christo, Señor mío, transformado en Él. Respondí: ‘El que más me agrada y quiero de estos sanctos ábitos es el que está teñido en la Pasión e llagas de mi señor Jesuchristo’. E tomándole en las manos, le abrazé e besé con mucho amor y reverençia. Entonzes, tomando el señor sancto Domingo de la mano a nuestro padre sant Françisco, le dixo con grande amor y dulçedumbre: ‘No os devéys maravillar que tal joya como esta desee yo para mi orden’. Y diziendo esto, se fueron con mucha alegría y gozo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
”Estando yo elevada el día de la Sancta Purificaçión de Nuestra Señora la Virgen Sancta María, gozando de las maravillosas fiestas que este día çelebran en el Reyno de los Çielos, que Dios tuvo por bien de me querer mostrar, díxome mi sancto ángel: ‘Assí como en este tal día profetiçó el justo Simeón a la soberana Virgen y Madre de Dios que su preçioso hijo, redemptor del género humano, havía de ser cuchillo de dolor que traspase las entrañas de su piadoso corazón, assí te digo yo a ti que presto verás los pensamientos de los que mal te quieren e bien te quieren’”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Capítulo XV'''&lt;br /&gt;
'''De cómo quitaron de abbadesa a esta bienaventurada, y qué fue la causa'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Como esta sancta virgen, siendo abadesa, oyó dezir que personas eclesiásticas conduzía de aver para sí un beneffiçio que el monasterio tenía de un lugar muy çercano a él llamado Cubas, y que [fol. 77v] ordenavan de embiar a Roma por bulla para ympetrar el benefiçio al monasterio, diziendo que las mugeres, aunque fuesen religiosas, no heran sufiçientes para ser cura de ánimas de personas seglares ausentes dellas, pesole mucho, por la neçessidad que las religiosas tenían d’él, y desseava saver alguna manera con que pudiese remediar. E fuele dicho por algunas personas eclesiásticas letradas que no havía otro remedio para escusar este peligro, que tan a la mano estava, ni ymbiar por una bulla al Papa, señalando persona sufiçiente para estar en el serviçio curado por el monasterio, y, siendo tal, no le pudiesen evitar las monjas mientras viviese, no haziendo cosa de mal exemplo después de esta persona difunta, el monasterio proveyese otro [¿?] con las condiçiones susodichas. Y de esta manera, le podrán tener muy seguro. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y esta bienabenturada, oyendo el tal consejo, holgó dello, por el remedio que dezían, mas no lo quiso efetuar sin consejarse primero con su santo ángel, al qual dixo lo que le havían consexado, suplicándole su hermosura le dixese si hera peccado haçerlo. El sancto ángel, dixo esta bienabenturada que le respondió: “No es peccado, sino caridad; mas podría ser venirte por ello alguna reprensión o menospreçio a tu persona”. Ella le dixo: “Pues dezís, señor, que no es peccado, e lo demás quiérome atrever por el remedio del monasterio, aunque por ello aya de resçivir reprehensión e menospreçio. Eso desseo, más que ser querida y estimada”. Y satisfecha por el sancto ángel no ser peccado, antes buena obra, hizo llamar a su bicaria con algunas religiosas, y en su presencia, con su consentimiento, ordenó una petiçión para el Papa. Y firmola esta bienabenturada como abbadesa, e su vicario, y otras tres religiosas en nombre del convento. E diola a una persona, que a la saçón yba a Roma, devoto del monasterio, el qual la traxo más por limosna [fol. 78r] pagando él la más parte, y el monasterio solamente dio siete ducados para ella. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y el demonio, el qual pidió liçençia a Nuestro Señor para perseguir a esta bienabenturada, puso en el corazón de esta su vicaria muchos pensamientos y juyzios maliçiosos, la qual de secreto yndinó a otras personas con sus malos consejos, por cuya vía secreta hizo saber a los perlados cómo esta sancta virgen havía traído bulla para dar el serviçio del curado sin liçençia dellos; la qual bulla causava peligro para perder el beneffiçio, el qual peligro remediasen. Y no solamente dañó la yntençión, mas creçió el preçio de la bulla haver dado el monasterio más de los siete ducados. E la persona que al presente que en ella venía señalada para en quanto al servicio hera un hermano de esta sancta virgen, porque de antes de esto residía en el curado, puesto por mano y voluntad de los perlados, porque hera persona sufiçiente y aparejado a toda virtud, y el pueblo estava contento d’él.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y estando todos los perlados y discretos de la orden sabidores de esta bulla, por la informaçión secreta vino una persona de los perseguidores de esta bienabenturada a hablar con ella, diziéndole hiziese quemar la bula que tenía del Papa, y quemada se podría remediar algo de lo que contra ella hera levantado. Y viendo ella no le convenía husar de este consejo, respondiole, diziendo: “Nunca Dios querrá tengan tan poco temor d’Él mesmo que queme las letras apostólicas con tan buena yntençión y líçita causa pedidas. Aquí estoy aparejada a padeçer por amor de mi señor Jesuchristo lo que me viniere”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y viniendo el perlado al monaterio, disimulando que no savía de esta bulla, hablole esta sancta virgen en secreto. Y con mucha humildad le dixo su culpa, manifestando la yntençión con que le havía pedido, y cómo en ella havía señalado a su hermano, porque hera persona fiel al monasterio, y residía en el serviçio de la mano de voluntad de perlados pasados e acontentamiento de todo el [fol. 78v] convento. E diziendo esto, diole la bulla en sus manos para que hiçiese della lo que fuese su volutnad; el qual le respondió que él lo haría lo mejor que pudiese, e lo comunicaría con los discretos de la orden, e todos se la tornarían con condiçión. E llevando consigo la bulla, ayuntó los discretos de ella e letrados religiosos e seglares, en la qual congregaçión fueron hechas grandes acusaçiones contra esta sancta virgen, dañando su yntençión e perfetas obras; las quales acusaçiones plugo a Nuestro Señor mostrárselas a ella en spírictu quando se tratavan, y vio, y vio y conoçió todas las personas que allí heran, e lo que a cada una le acusava.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
E visto todo lo que pasava, díxole su sancto ángel: “¿As entendido por qué te an sido mostradas estas cosas?”. Díxole ella: “Dígamelas vuestra hermosura, y entenderlo he”. El sancto ángel le resplicó: “Esto es para que conozcas estas personas que te son causa de ganar coronas de gloria, y les agradezcas tam buena obra como tú aquí resçives con las cosas que te son levantadas, y ruegues a Dios por ellas, les dé su graçia, con que enmienden sus vidas, e amen a sus próximos con caridad, según Dios lo manda”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Estando esta bienabenturada en su çelda orando una noche delante una ymagen del Señor del Huerto, suplicándole con muchas lágrimas por socorro y ayuda en las presentes tribulaçiones que tenía, fue tan grande su llanto e sollozos que pareçía quería espirar. Y de rato en rato dezía, como entre sí: “Qué triste relación”. Y esto oyó una de las religiosas que la meneavan e rodeavan de noche, por su enfermedad e tullimiento, la qual estava despierta quando la sancta virgen hazía sus esclamaçiones y llanto. Y esta religiosa estava muy angustiada, deseando saber la causa de su tan grande pena. Y çesando esta bienabenturada de llorar, llamó para que la volviesen. E yendo la religiosa que la havía oýdo, suplicole le dixese la causa de su tan grande llanto. La sancta virgen le respondió: “No tengo qué deziros. Llorava porque soy peccadora”. [fol. 79r] E tornándola a importunar diziendo cómo la havía oýdo dezir de rato en rato “O, qué triste revelaçión”, dixo la bienabenturada: “Verdad es que yo dezía esas palabras, y con mucha raçón, porque estando yo en mis esclamaçiones, salió de la ymagen del Señor del Huerto una voz que pareçía a manera de lloro, diziendo: ‘Mançilla tengo de ti, viendo las sentençias que sobre ti están dadas por el mi Padre çelestial. E assí como no fue [¿?] revocada la mía en el tiempo de mi Passión, aunque yo solo rogué y lloré, no quiere la divina clemençia no revocar, ni dexar de executar tus penas, las quales no pasarán por ti sola, pues muchas ánimas se te an encomendado, de cuyos peccados las penas todas de ese mundo son pequeñas para satisfazerse. E otra vez te digo, lloro por ti, y ruego por ti, mas tus alas serán quebradas, no solamente las quatro y las seys que tienes, mas las doze. E todos los miembros e tu cuerpo será como trillado, assí como hazen al pan para sacallo el grano’. Yo respondí: ‘Señor, arto quebradas veo mis alas y triste cuerpo tullido’. Respondió la sancta voz: ‘No es eso nada a lo que se á de quebrar y deshacer, e saber é que creçerán’. Yo le dixe: ‘Señor, pues los sanctos a quien yo me encomiendo en sus fiestas, ¿no ruegan por mí?’. Respondió la voz que salía de la ymagen: ‘Si quieres rogar a los sanctos, no te lo vedo, empero agora no se te escusará creçerte el mal, e las personas antes no podrán darte remedio ninguno para el cuerpo, aunque su oraçión dellas aprovecha para el alma, porque quando tal sentençia es dada, solo Dios la puede revocar. Mas no dexes de clamar a los sanctos rueguen por ti, y más a mi madre Sancta María e a mí, que lloro lágrimas dulzes por ti’. E oyendo tales palabras fue tanto mi llanto que quería espirar, e dezía las palabras que dezís me oýstes”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Estando esta bienabenturada [fol. 79v] en su zelda otro día, viernes a la medianoche, le fue mostrada una visión muy dolorosa, que le pareçía se avría todo el Ynfierno, o veýa los demonios d’él en el monasterio. E havía tantos y tan espesos, que desde el suelo de la casa hasta la cumbre de los texados, y en los ayres, los veýan tan espesos como andan las matas muy espesas en el rayo del sol. Y veýanlos en muchos géneros de figuras, el suelo del monasterio estar lleno dellos, a manera de animalias rastables como culebras, lagartos e sapos, e salamanquesas e de otras muchas maneras de sabandixas ponzoñosas. Ansimismo, veýa dellos como canes, lobos, toros e leones, e osos e todo género de bestias bravas e de carga. Veýalos en el ayre a manera de cuerbos e buytres, y murciégalos y de otras figuras todas muy temerosas y feas. Y todas e cada una, según su espeçie, bramavan, e aullavan, e graznaban, de manera que deçía esta bienabenturada era cosa muy espantosa de oýr. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y estando muy atormentada de ver cosas tan temerosas, empezó con mucho aýnco en lágrimas a rogar e suplicar a Dios de su poderosa mano le ymbiase socorro y quien le hechase aquella tan mala hueste que delante de sí veýa. Y estando por algún espaçio de tiempo sin ser socorrida, e creçiéndole mucho el temor e afliçión en su ánima, plugo a Nuestro Señor oýrla su oraçión en lágrimas y enbialle a su sancto ángel y a otros muchos ángeles que venían con él, para la favoreçer en su tribulaçión, entre los quales vino el archángel Sant Miguel, e otro ángel muy alto, a quien Nuestra Señora la Virgen María tiene encomendada la guarda de su bendita casa. Y estos sanctos ángeles pelearon fuertemente contra la malina hueste. Y como la hueste de los demonios hera mayor en mucha cantidad que los sanctos ángeles, deteníanse a pelear los demonios con ellos, haçiéndoles cara a los ángeles. Viendo su atrevimiento, fueron a la iglesia, por mayor socorro, [fol. 80r] e tomaron con mucha reverençia el Sanctíssimo Sacramento en sus manos, y vinieron con él a la zelda de esta bienabenturada, a la qual dixo su sancto ángel: “Pues heres christiana, adora al Sanctíssimo Sacramento. Y yo te ruego a ti y a tus hermanas os esforçéys a obrar toda virtud, e apartad de vosotras toda cosa en que Dios sea offendiddo”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Dezía esta sancta virgen que le pareçía venía la sancta hostia tan grande como una rueda de molino, y toda hecha carne, con admirables resplandores. Traýla el sancto ángel, su guardador, y Sant Miguel traýa el peso, hecho a manera de arma, con que hería a los demonios; los quales, quando vieron venir a los ángeles con el Sanctíssimo Sacramento, empezaron a uýr. Y los ángeles fueron en pos dellos, yriéndolos y hechándolos del monasterio, y los demonios yban uyendo, diziendo con gran grita: “Aunque nos hechas, no nos tenemos por venzidos, que nosotros volveremos. Que la maliçia que está levantada en algún corazón o corazones nos tornará”. De manera que, aunque hecharon muy gran número dellos, algunos quedaron escondidos en çiertas partes y rincones del monasterio, y muy en espeçial en el confesorio y cozina. Y los sanctos ángeles tornaron el Sanctíssimo Sacramento a la custodia. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y esta bienabenturada hizo luego, otro día, tañer a capítulo. Y llegadas las monjas en el lugar para ello diputado, hablolas con semblante triste e ojos muy llorosos, diziendo: “Señoras y hermanas, mas aunque quiero callar no puedo, y callando doy grandes vozes e gemidos muy dolorosos salidos de lo ynterior de mi corazón con mucho dolor, y para ello tengo gran causa. Otras algunas vezes, señoras, me soléis rogar e ymportunar os diga algunas cosas para vuestra consolaçión de lo que el Señor por su misericordia me muestra, y algunas vezes lo hago por consolaros. Y agora, sin que me lo roguéys, os quiero dezir una muy triste revelaçión [fol. 80v] que me fue mostrada esta noche”. Y contoles la susodicha revelaçión. E dezía con muchas lágrimas: “O, hermanas, mas qué buelta tan dolorosa a venido en esta casa. Solía ver yo este monesterio todo lleno de ángeles, y esta noche me pareçe veýa lo más del Infierno en él. Pienso lo causan mis peccados, y no los vuestros; y si de consuno, los míos y los vuestros. Enmendémonos, hermanas mías, y la que es sobervia, sea humilde; y la que es maliçiosa, travaje de ser buena yntençión; e la que aborreze a su próximo, ámele como a ssí”. Y estas cosas y otras muchas les dixo, de gran doctrina e lumbre, mostrando la gran caridad con que desseava la salvaçión de las almas. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y pasadas todas las cosas ya dichas, tornó el perlado al monasterio muy acompañado de frayles para que él y ellos fuesen en el quitamiento de esta bienabenturada, los quales venían muy indignados por las grandes acusaçiones que les havían dicho della. Trayendo el perlado voluntad de executar en la sancta virgen la bara de su justicia −lo qual puso en obra, que, ayuntadas las monjas a capítulo donde esta bienabenturada estava, hizo su plática reprehendiéndola muy ásperamente, como si por obra huviera hecho todos los levantamientos que contra ella heran dichos−, e por mostrar que ella tenía culpa y él raçón de reprehenderla, diole una disçiplina en el hombro, sobre la ropa de la cama. Viendo las monjas la reprenhensión que el perlado le dava sin ella mereçerla, y cómo se la quitava de abbadessa, lloravan sin poderse sufrir, por lo mucho que la amavan, por la sanctidad que en ella siempre havían visto. Y no queriendo ellas dar votos para elegir otra abbadessa, aunque el perlado se los demandava por semejante, las maltrató con reprehensión e hirimento de palos, él y los frayles que con él venían, en tanta manera que en algunas hizieron sangre e[n] las caras y cavezas, e puso por presidente a la religiosa que havía sido causa del perseguimiento e daños [fol. 81r] que contra esta bienabenturada se hizieron, mandando por obediençia a las monjas la obedeçiesen por su presidente. Y hecho esto, fuese el perlado. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y las monjas quedaron muy angustiadas e llorando, a las quales consolava la sancta virgen, diziendo: “Ruégoos, hermanas mías, que os consoléys y çesen vuestras lágrimas, que me days mucha pena en veros tan fatigadas por cosa que a mí toque. Poneos, señoras, al pie de la cruz con toda paçiençia, y padeçed lo que os viniere por amor de Jesuchristo, cuyas esposas soys, obedeçiendo a vuestros perlados en todo lo que os mandasen, no siendo cosa en que Dios sea offendido. N’os curéys de poneros en pena por mí desculpándome, que si en estas culpas no estoy caýda, podrá ser que aya hecho alguna cosa ante el acatamiento de Dios digna de reprensión. Obedeçed de buena gana e voluntad a la madre presidenta, tenedle mucho amor e reverençia, que yo nunca tanto amor le tuve como aora le tengo, y con los ojos querría haçer lo que su reverençia me mandase. En lo que me dixistes no me olvide de rogar a Dios os consuele, yo me tengo cuydado, que más é sentido vuestras penas que las mías. Y por que veáys si no me olvido, estando un día elevada donde Dios tiene por bien de ponerme, suplicando con mucho ahínco a Nuestra Señora la Virgen María Su Magestad tuviese por bien de consolaros e rogar a su preçioso Hijo por vosotras, pareçiome que veýa un trono muy resplandeçiente, e adornado y enriquezido de admirable hermosura, y en él assentado a Nuestro Señor con muy gran poderío y magestad, y su gloriosa madre y Señora Nuestra assentada a su lado; y rogava por los peccadores como contino haze, y por vosotras, hijas de su amparo. E respondía el Señor a su preçiosa madre como a manera de canto, diziendo: &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
‘Callad, Señora, Señora ýnclita, &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
que a estas [fol. 81v] vuestras siervas yo les tengo amor, &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
porque las penas sufren por amor &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
de mi padeçimiento ellas de buen corazón, &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
e nunca olvidando la mi devoçión, &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
mas antes hablando con mucho fervor, &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
aunque maltratadas con gran desamor, &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
muy atormentadas y afligidas según mi Pasión, &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
e mucho desagradeçidas mereçiendo con el disfavor, &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
padesçiendo penas por amor de mí. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Las penas passadas ya hizieron fin, &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
las aparejadas que an de sufrir: &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
esta es la gran prueba del amor de mí, &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
ansí se gana la gran corona del Çielo alto. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Cada persona con la gran paçiençia se á de salvar. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
No se olviden amores de mí &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
quando acaeçiere venirles tormentos, &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
dévense abrazar a mis merecimientos &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
e a la vuestra, que es madre de mí. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Quando soy rogado y no quiero oýr &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
es por el peccado que no es de sufrir, &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
y quando lo oygo quiçá es por su mal, &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
y no digo por todos aquesta razón, &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
que los que a Dios aman tienen perfeçión &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
viviendo en travajo y en afliçión. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y assí, purgados, son librados por mí, &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
mías son las almas que yo las compré, &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
quien me las maltratase demandárselo he. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y hasta un corderito él me pagaría, &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
pastor de ovejas, que le encomendé. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Muchos se engañaron con su crueldad, &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
creyendo ser çelo de mí. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Los que a mi casa tienen devoçión &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
nunca su alma verán en perdiçión, &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
ni en el gran Infierno de cautibaçión, &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
donde es llamada la perpetuydad. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Yo tengo la llave del gran Paraýso, &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
abro a quien quiero y resçive mi aviso. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Para esto Dios quiso a mí embiar, &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''un y cunde y fili, in plenam amore'' &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''pro te mia peccatore''’”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Capítulo XVI'''&lt;br /&gt;
'''De cómo esta bienabenturada estava muy congojada pensando en sus tribulaçiones'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Temiendo esta sancta virgen si havía caýdo en algún peccado, pues casi por tal estava reprehendida, dixo a su sancto ángel: “Bendito, ¿qué peccados hize yo ante Nuestro Señor y ante vos, por los quales he mereçido que tantos [fol. 82r] males me vengan assí de la mano del Señor, tocada y atribulada de muchas enfermedades, como perseguida y angustiada de las criaturas; e no solamente yo, mas las religiosas de mi convento, que an sido súbditas mías por la graçia del Señor, siendo todas ellas y yo súbditas a la sancta orden del glorioso padre nuestro san Françisco, cuyas hijas somos?”. El sancto ángel dixo a esta bienabenturada, le respondió diziendo: “Criatura de Dios, no te turbes a poder que puedas por cosa alguna ni por eso dexes de tener spíritu suave y gozoso en Dios, que te crió y te redimió, y está aparejado a te dar eternos galardones, por cada tribulaçión y dolor çient gozos en la gloria del Paraýso”. La sancta virgen dixo al ángel: “Señor, pues mis hermanas y compañeras, que conmigo padezen y an padeçido, ¿qué hará el Señor dellas, las quales yo tengo ofreçidas e resçividas para solo su serviçio y por su dulçe amor, a quien yo desseo y he desseado que siempre ellas amen?”. El sancto ángel le respondió: “Raçón tienes de haverlas lástima y aun dolor, más que de ti mesma o tanto, porque esta es la caridad que Dios manda tuviésedes los próximos unos a otros, y nunca siendo crueles y bengativos los unos a los otros, y aprovechándoos de la doctrina christiana e de los consejos de Sant Pablo, doctor de las gentes, baso escoxido de Dios. Y ansimismo los consejos de Sant Pedro, e Santiago, e Sant Juan, e de toda la Yglesia cathólica y verdadera christiana, sin las quales virtudes nadie no se puede salvar. Conforta tú a tus hermanas. Y digo que las confortes, que no las as menester enseñar, pues tienen exemplo de los sanctos y de las sanctas, de quien pueden aprender. [fol. 82v] Lean el ''Flos sanctorum'' y liçiones devotas en que se enseñen, que tú ya poca doctrina les puedes dar: lo uno, por la privaçión del offiçio de mandar sobre ellas y serles regidora, y lo otro, por el menospreçio que a subçedido a tu persona en la opinión y crédito que de ti se tomó. Por aquella simpleza y mal miramiento en que caíste, diste enojo a tus perlados mayores, y comoquier que fuiste digna de ser reprehendida, en más cosas te culparon y juzgaron, estando tú salva, como Dios lo save e yo lo sé. Confórtate, amiga de Dios, e sele leal, y ámale, que no te desamparará. Y a tus hermanas salúdamelas, que están tristes por ti, y tú por ellas. Allegado el convento en uno que es de Dios y de su madre, Sancta María, ese mesmo Dios está y mora en medio, y conforta a cada una según su graçia y misericordia. Amonéstalas, no desfallescas por los falsos testimonios ni por las reprehensiones. Leal es Dios, y verdadero amador de las ánimas; siendo ellas leales y agradezidas a sus benefiçios, padesçer tribulaçiones fielmente por el Señor, acreçentamiento de mérito es, e añidir piedras y perlas de gran valor en la corona, que muchas maneras de méritos ay en los siervos de Dios y siervas, aunque no sean de sangre”. Dixo la sancta virgen al ángel: “Pues, señor, mis hermanas también an redamado sangre, siendo heridas y lastimadas estando ellas sin culpa de mi peccado”. Respondió el ángel: “Todo peccador y peccadora tiene peccados. Y las passiones de esa vida no son dignas ganar la vida eterna, por muchas y reçias e fuertes que sean; digo vida eterna, vida gloriosa en el acatamiento de Dios para siempre jamás, sin fin, como la tienen los sanctos en la gloria del Paraýso”. Dixo esta bienabenturada al ángel: “Señor, para el perdón [fol. 83r] de mis peccados y para resçivir digna penitençia de vuestra mano dada, y de vuestra sancta boca mandada, aprovecharme á a mí deziros las culpas, que allá ya las he dicho a mis confesores y perlados”. Respondió el sancto ángel: “Yo no te fuerzo que me las digas, ni heres obligada si no quieres, si es verdad que las as confesado a tus confesores, y conoçido tu peccado, y hecho penitençia devota y paçíficamente, lo qual se requiere a toda persona christiana”. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Dixo esta sancta virgen que, estando en esto, le vino una ynspiraçión de Dios, con lágrimas de sus ojos, y empeçó de confesar sus peccados con el sancto ángel. Y a bueltas de sus peccados, quejávase de algunos agravios a ella hechos. Y junto con la quexa, preguntava si hera peccado quexarse, y deçir los peccados de aquella manera. El ángel le respondió: “Quando tú dizes la quexa y desabrimiento que te hizo tu próximo, los peccados d’él confiesas, y no á de ser ansí, sino confesar los tuyos propios, y tenerlos bien pensados, y estar muy contrita dellos, y con mucho pesar por las offensas hechas a Dios, y contra su honra y gloria, y acusar tu ánima, porque el enemigo no te la pueda acusar el día del juyzio y el de tu muerte, la qual deves tener siempre en tu pensamiento, y temer el juyzio de Dios, y el ynfierno, el qual mereçes por cada una de tus culpas, si por la misericordia de Dios y por los méritos de su sancta Passión no heres restaurada para la gloria por la su graçia y con tu ayuda de algunas buenas obras que tengas hechas en tu vida. Y muchas havían de ser en cantidad, y no pocas. Mas por quanto la vida de la criatura es corta no [fol. 83v] bastaría todo el tiempo della perfetamente y sin çesar hazer sanctas obras con fructuosos y devotos pensamientos, y religiosas costumbres, y bien ordenada vida sin defeto, para mereçer la gloria, quanto más que mucha parte del tiempo, y la mayor despendida, mala y falsamente, y desfrutada de buenas obras; y la mayor parte de los peccadores, en espeçial en el tiempo de agora, que Dios está maravillado y los ángeles se maravillan, de la abundançia de las maldades que ay en el mundo, en todos estados de personas, eclesiásticas y seglares, lo qual para de raçón no havía de ser ansí en la cristiandad, que es espejo en quien Dios se mira, y havía de ser muy esclareçido y limpio”. La bienabenturada preguntó al ángel, diziendo: “Señor, ¿quál es el mayor peccado que yo tengo en todos los que he confesado?”. El ángel le respondió: “Aquel que nunca se deviera hazer, que fue como el de Eva, que destruyó todo el mundo, e ansimesmo así tú causaste destruçción en ti mesma y en tu fama buena que tenías por las virtudes manifiestas a las gentes que Dios te havía dado sin ser tú mereçedora dellas, pues de la mano de Dios te venían. Y fuiste causa de menoscavo en la honra de Dios y en la consolaçión y honra de tus hermanas, las religiosas de tu compañía, las quales paçífica y ordenadamente servía a Dios, aunque no tan sin defetos que del todo fuesen limpias de peccados o costumbres no bien religiosas; lo qual no es de maravillar, ni yo me maravillo, porque las gentes son caedizas. E como dize la sagrada scriptura, si el justo cae siete vezes, el peccador quántas caerá, o quién podrá contar sus caýdas. Mas dígote que an abundado los peccados, o acreçentándose en esta morada que se dize Sancta María de la Cruz, e andando los tiempos se pareze mejor quando [fol. 84r] las ánimas que de la dicha casa salen se vieren en el juyzio de Dios, que dirán entre sí, gimiendo: ‘Mejor hera nuestra vida, y más limpias y paçíficas nuestras obras, e más fructuosos nuestros pensamientos, quando Juana de la Cruz hera viva y nos regía, con sanctas avisaçiones secretas a nuestras ánimas, con reprehesiones públicas quando menester las havíamos. Y aunque sea castigo, espantava a los malos; los buenos se consolavan con el mesmo castigo, obrando aquella virtud loable, que es dicha ‘ama a tu corrector y no le aborrezcas, porque si le aborreces, malo eres, y si le amas, la virtud de Dios está en ti’. Mas esto que te digo, no lo digo para que te banaglories ni tengas pensamiento que fuiste buena regidora en el offiçio pastoral, ni para que menospreçies el regimiento de otras abadesas, mas dígolo como profeta e ángel que sé algo de lo passado o por venir, y las faltas que subçeden de virtud, o subçederán en el ausençia de tu regimiento”.&lt;br /&gt;
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Dixo esta sancta virgen al ángel: “Ay, dolor, dízese entre los frayles de nuestra sancta religión del bienabenturado padre nuestro sant Francisco, y casi en toda la orden, que yo no tenía buen regimiento ni buenas costumbres en mí mesma ni en mis religiosas. Y dízeme vuestra señoría esas cosas, las quales parezen contrarias, y lo son a los juyzios humanos, en espeçial a los que juzgaron así, religiosos como seglares, y aun mis propias hermanas, algunas pocas y no muchas, ni todas de las quales tuve sospecha me havían juzgado o causado. Y en las tales ocasiones me a faltado la paçiençia, y fáltame contino. Tengo en esto mucho que confesar. Rogá, señor, por mí al Señor”. Respondió el sancto ángel: “Consuélete Dios, hija de Dios, no me maravillo que tengas pena y algunas faltas de perfeçión que mientras estás en la carne caýble tienes. Y Sansón, con quánta graçia Dios le dio desde el vientre de su madre, no le sanctificó Dios en manera que no pudiese peccar si él quisiese errar; y Salomón, comoquier que sus fines [fol. 84v] fueron malos, no por eso dexaron de ser buenos los dones que Dios le dio por la graçia del Spíritu Sancto. Y ansí, tú no temas, aunque seas juzgada, que Dios sabe tu coraçón reconoçe, y los sanctos no pueden conoçerse ni ningún juyzio humano puede dar sentençia sin saver lo que juzga; e si da sentençia sin saber el mal, pecca en dar la tal sentencia. Por eso es bueno dexar el juyzio a Dios de las cosas secretas y no sabidas, y no curar de dar sentencia condenable con sola sospecha, pues Dios es el savedor de las verdades, mejor que los jueçes de la Tierra, y muchas veçes aconteze que testigos falsos matan los cuerpos a los hombres, mas no pueden matar las ánimas que delante Dios son puras e salvas de los delitos que fueron acusadas o sentençiadas”.&lt;br /&gt;
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Dixo esta bienabenturada al ángel: “Ay, señor, que aquel yerro que yo hiçe, o peccado que me havéys dicho, verdad fue que le hize yo no pensando que haçía tanto mal como me havéys dicho que pareçió el de Eva. Y en ser tan malo, diría fuy, y soy, de gran penitençia. Creo que aunque me costase la vida lo mereçía todo, y después en el otro mundo donde las ánimas penan después de muertas”. El sancto ángel respondió: “Ya saves tú qué te dixe yo quando me preguntaste si hera peccado, y te dixe que no, sino caridad, mas que podría ser venirte por ello alguna reprehensión y menospreçio a tu persona. Tú dixiste que si no hera peccado en lo demás, tú te querías atrever, aunque hubieses de resçivir reprehensión y menospreçio, que eso hera lo que deseavas, más que ser preçiada y estimada”. La bienabenturada le preguntó: “Señor, ¿pequé yo más por ser mi hermano aquel que si fuera otra persona para la qual se procurava aquella bula?”. Respondió el ángel, y dixo: “Si para alguno otro los procuraras que no fuera tu hermano, mi deudo, también peccaras, y más, salvo si no ocurriera en el caso alguna buena yntençión, simple y sin [fol. 85r] maliçia, y con codiçia de hazer bien al monasterio y no mal, como pensaste ser al monasterio en lo temporal aquella procuraçión, de la qual te culparon con razón, puesto que él tornó a deçir que la yntençión no fue peccado, mas púdose juzgar por peccado entre las gentes, en espeçial no saviendo enteramente el secreto de tu yntençión, e no se creyendo tus palabras que en su salvaçión de tu culpa dixiste; las quales yo sé que heran verdaderas, y soy testigo que lo hiçiste por dos cosas: la una, porque fuiste consejada, y la otra, por miedo que te ponían que te podía ympetrar aquel benefiçio o pitanza eclesiástica por tiempo. Y puesto que por vía de afiçción te ynclinaras a darlo a persona de tu sangre o parentela, siendo la yntençión recta y sin engaño, hera mérito y no peccado. Esto digo por que te consueles, y resçivas la penitençia fructuosamente y sin desesperaçión, pensando que por aquel peccado heres condenada. Dios te lo perdonó Él, y los otros”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Dixo la sancta virgen al sancto ángel: “Señor, yo os doy muchas graçias por las virtudes de mi Señor Dios, y por esta consolaçión, que muy grande es para mí, y mi ánima a resçivido en ella grande consolaçión sin medida, según estava angustiada e ayrada conmigo mesma, y en tanta manera penada”. Respondió el sancto ángel: “No te deseo penes por ninguna cosa, que mejor es esperando en Dios padeçer que desesperando peccar, que es añidir peccado sobre peccado”.&lt;br /&gt;
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Y por aquella vez, la bienabenturada tomó la bendiçión del ángel, después de consolada en lo ya dicho.&lt;br /&gt;
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'''Capítulo XVII'''&lt;br /&gt;
'''Cómo estando elevada esta bienabenturada, contó al sancto ángel su guardador que havía reprehendido y angustiado a sus hermanas, las religiosas, por la porfía que tenían de quererla por abbadesa'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Teniendo esta virgen compasión de sus hermanas, suplicava [fol. 85v] al sancto ángel rogase a Dios las consolase de otra manera, el qual la respondió diziendo: “¿Por qué te turbas tanto con tus hermanas, reprehendiéndolas? ¿No saves tú que no es en su mano aquel desearte por la perlada? Yo te digo que ellas mereçieron en tener el tal desseo y no goçar del premio, como ellas quieren. Y bien mirado, dévense consolar porque tú estés consolada, pues te quieren bien. E tú haçes mal en dezirles que te aborrezcan, y ellas bien en amarte, pues lo haçen por Dios y por conoçimiento y crédito que Dios te ama a ti”. La sancta virgen le dixo: “Ay, Señor, ¿cómo creheré yo que el Señor me ama, pues me da muchos dolores y pasiones cada momento, que no lo puedo sufrir, ni mi paçiençia lo puede llevar, siendo pribada de todos los miembros? Y no soy ábil para ninguna cosa, sino para resçivir la muerte, la qual estoy desseando contino. Si al Señor plugiese llevarme de esta vida, pues estoy tan apasionada de dolores que me espanto cómo vivo, suplico a la misericordia de Dios me ayude, y a vos, sancto ángel mío, que me guardéys, para que viva yo vida en serviçio de Dios y muerte con salvaçión de mi alma”. Respondió el sancto ángel: “Estar pribada de los miembros, tullida y con dolores, no es defeto del alma, pues la crió Dios entera y sana, si ella está guardada de peccados y se save guardar dellos. Y conviene se guarde con toda diligençia la caxa, que es el cuerpo en que está puesta el alma, aunque esté quebrada o lisiada o maltratada por enfermedades que Dios da. Neçessario es que assí esté mientras es la voluntad de Dios. Si tú deseas morirte, no te podrás morir hasta que el Señor lo quiera o lo permita. Mientras vivieres, no pienses que te an de faltar penas. Yo siempre soy tu guardador e amparador, mas no tengo más poder de aquel que Dios me quiere dar para valerte ni para sanarte, ni tanpoco a dezirte todo lo que me preguntas: que solo lo que Dios quisiere que te [fol. 85r bis] diga, eso te diré, e lo que no quiere que te diga ni sepas, no te lo diré; antes te reprehenderé si me heres ymportuna enojosa, y dexarte he en tu naturaleza, usando yo de lo que Dios quiere y no de lo que tú quieres”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Preguntó esta sancta virgen al ángel, diziendo: “Señor, ¿qué es la causa porque me entristesco yo tanto en los dolores y enfermedades que el Señor me da como quier? Yo conozco ser digna de mal, travajos e dolores e penas por mis peccados”. Respondió el sancto ángel: “Esa causa te pregunto yo a ti, que diçes entristeçerte por las tales cosas en las quales te havías de consolar, porque esas son las mediçinas que Dios suele dar a sus más amigos. Y los que son fieles y devotos, resçívenlo con conocimiento de graçias, mas los que son ynpaçientes y soberbios, pierden el mérito de la virtuosa paçiençia, y el alegría y gozo que tenían los sanctos quando padeçían por el Señor sus martirios”. Dixo la bienabenturada al sancto ángel: “Si yo fuera sancta, tuviera la virtud que tenían los sanctos, mas como soy peccadora, no siente el fruto de los benefiçios de mi Señor como haçían los sanctos, que con sus sanctas vidas e obras buenas tenían verdadera esperanza de verse en la gloria; mas yo, peccadora, temo perderme, [¿y ansí?] y sano de tantos dolores yrme al Infierno, del qual desseo ser librada, y sanctiguarme”. Dixo el sancto ángel: “Dios te sanctigue y guarde, alma de Dios, que si berdaderamente y con devoto coraçón y pensamientos le sirves y amas, no te perderás, ni te dexará Dios ver las puertas del Infierno, donde moran y están y son atormentados los malos; mas con los ángeles y sanctos de Dios estarás en Paraýso. Y da muchas graçias a ese mesmo Dios y Señor, porque ha mandado gozar y a permitido beas los bienes de Jerusalem la alta, como yo soy testigo que los vees, y me es mandado que te siga y guarde”. Dixo la bienabenturada: “Señor, pues vuestra señoría me reze y guarde, porque soy tan mala [fol. 85v bis] que me espanto de mis maldades y peccados”. Respondió el sancto ángel: “¿Qué peccados son los que tienes?”. Ella dixo: “Señor, no los podría contar, mas acuérdemelos y acusarme he dellos”. Dixo el ángel: “Los que yo te acordare no es el mereçimiento tuyo tanto como si tú te acordases, e humilmente, con dolor y contrición, los confesases, sin ser apremiada ni mucho amonestada por los dezir”. Dixo la virgen: “Señor, ¿las tentaçiones son peccado?”. El ángel: “Sí, quando son consentidas, mas quando no se consienten y pelea el alma con ellas y queda vençedora, el alma es digna de premio y galardón grande, con corona preçiosa, digna de acatamiento reverençial en todos los sanctos de Dios”. Dixo esta bienabenturada: “Señor, yo tengo muchas tentaciones, y en espeçial una, que la tengo por mucho defeto, y es que peno mucho quando me es levantado algún testimonio falso. Y aunque conozco por los peccados verdaderos merezco mucha pena, no puedo sufrir los levantados o sospechados de mí, en espeçial si soy reprehendida de lo que no hize. Y si veo que se da crédito a los que lo diçen, aunque sean mis próximos y hermanas de mi convento, me enojo con ellas, y siento mucho mi infamia y deshonra. Y esto es lo que juzgo de mí á mucho defeto, y pienso si, por mis peccados, es vanagloria, o si yo soy apetitosa de banagloria”. Respondió el sancto ángel: “No es banagloria mientras tú no estimas tu persona, y mientras no te plaçe que te tengan por sancta, pues heres peccadora. Mas en quanto sentir la infamia, dicho es que arto es de cruel quien su fama no guarda; e siquiera por la honra de Dios, el buen religioso o religiosa deve estimar su fama primero, adornándola de buenos exemplos y virtuosa vida. Y esta tal no se deve dexar infamar si escusarlo puede, mas si le viniere sin poderlo escusar, mereçerá con la tribulaçión, y no se deve perder el fruto de paçiençia”. Dixo la bienabenturada: “Ay, señor, ¿qué haré yo que he sentido mucho la infamia, y el pensar que me an aborreçido mis perlados [fol. 86r] viendo yo que en algo me maltratan y reprehenden? Y sé que no es sin tener yo alguna culpa, en epeçial aquella provisión que procuré por vía de Roma y pontifiçe, como artas vezes le he dicho, que me a dado y da pena y congoxa, y me pesa porque lo hize. Y me arrepiento, y no puedo ya remediar mi infamia, porque está tendida por casi toda la orden y mundo. Y sobre todo me da pena pensar que me an cobrado mala querençia los padres perlados y frayles de nuestra sancta orden de mi padre sant Francisco, al qual digo mi culpa de todas las offensas que he hecho a Dios e a él, e a la mesma sancta orden y religión, y de los malos exemplos que he dado”. &lt;br /&gt;
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El sancto ángel respondió: “Bien sé yo que tú no heres codiçiosa de ser mucho amada ni querida de las criaturas, salvo que por la honra de Dios y por el mesmo amor de Dios deseas ser favoreçida y amada de los benerables padres de la orden y de qualesquier otras personas siervas de Dios y christinas. Mas quita de ti ese pensamiento que te aborreçen, que los que son sierbos de Dios verdadera y piadosamente nunca aborreçen a nadie, ni es justa cosa aborrezcan. Tú no deves dar crédito en eso a tu pensamiento, mas piensa que si te reprehenden, tus obras lo mereçen, y si no lo mereçen, en la reprehensión mereçerás y ganarás buena soldada ante Dios”. Dixo la bienabenturada: “Señor, y mis hermanas las religiosas, que an sido reprehendidas conmigo y por mí, y siendo tenidas por defetuosas, no lo siendo tan enteramente como les an puesto la fama, ¿ganarán soldada ante Dios, como dize vuestra señoría, y ansimesmo en las reprehensiones y travajos que les an sucçedido açerca de mi peccado o culpa, que a ellas también alcançó parte la pena sin tener ellas la culpa?”. Dixo el sancto ángel: “Otras vezes te he respondido que ellas y tú podéys mereçer dinos méritos ante Dios con esas tales cosas, mayormente no siendo culpadas. Mas dígote de verdad que me pesa, y tengo lástima, porque no sea honrado y benerado más esa casa de la sancta Virgen María María ''[12]'' de Dios, y porque es [fol. 86v] desfavoreçida, y tanto olvidada y despreçiada tan maravilloso apercivimiento de la mesma señora en esa casa que se diçe de la Cruz. Y pues que es de la cruz”, dixo el sancto ángel, “amad, hijas amadas, la cruz, y si algunas de vosotras no soys perfetas, travajad de serlo, y las que soys flacas, no os plega el peccado ni el daño de vuestras personas y costumbres; no viendo tú nobles, porque Dios se honra en las buenas personas, y las buenas personas se honran en Dios. Y por eso es peccado deshonrar las personas sanctas y las religiosas sanctas, e si no son sanctas no son dinas de llamarse sanctas. Y porque Dios sea en ellas, y ser reverençia, mereçen ellas toda beneraçión. E los yndebotos, que no honran las órdenes en la religión christiana, Dios los castiga; e aunque sean religiosos e religiosas, son obligados a ser afiçionados a las mesmas órdenes, y no para las maltratar ni tener en poco, mas para las apiadar y remediar en sus neçessidades e tribulaçiones”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Dixo la sancta virgen: “Señor, nuestros perlados hizieron bien en angustiar tanto a mis hermanas las religiosas en aquel caso que savéys de ser heridas con palos”. Respondió el sancto ángel, diziendo: “No podían ellos, según Dios, con buena y loable y perfeta conçiençia hazer el agravio que se hizo en las siervas de Dios y de la Yglesia cathólica, aunque vieran culpa; ni tú devieras procurar, sin su liçençia por vía de Roma, cosa alguna, ni aquella bula, la qual, pues que simplemente fue hecho y sin perjuyzio a la orden, dellos simple y sabiamente y con alguna piedad se deviera castigar”. Dixo la bienabenturada: “Señor, peccaron ellos en deshazer lo que el Sancto Padre havía hecho”. Respondió el ángel: “Ese secreto quiero yo dexar a Dios, que save los poderes que dio a su Summo Pontífiçe, los quales poderes deven ser tenidos en todo acatamiento, y estimados sobre las mayores cosas de la Tierra. Mas, ay dolor, ay dolor. Dos vezes digo, y tres: ay dolor. Que oy día los christianos en poco tienen el Summo Pontífiçe, y sus poderes y antiguas y sanctas ordenaçiones perfetamente ordenadas por graçia de Spíritu Sancto. En la Yglesia cathólica romana [fol. 87r] esta es una llaga hecha a la persona de Dios, que ansí como no se le puede olvidar la del costado con la lanza en el corazón, ansí no se olvidará Dios los menospreçios que an tenido a su Yglesia. El día del juyzio lo verán las ánimas, quando aquel peccado y los otros les será demandado por el justo e verdadero juez, que es Jesuchristo, al qual te encomiendo sirvas y ames con todo coraçón, y temas, y honres y adores”. &lt;br /&gt;
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Dixo la bienaventurada: “No plegue a Dios, señor, que yo piense que mis perlados offendieron al Señor en cosa alguna que hiçiesen. Porque ellos son alumbrados de Dios, y no creo yo que hizieron ni an hecho contra la Yglesia apostólica cosa que no devían”. Respondió el sancto ángel, e dixo: “Tú, de persona simple y poco entendida, entiendes que digo yo por tus perlados eso tocante a la Yglesia apostólica offendida. No lo digo sino por todo el mundo, doquier que ay christianos, y aunque sean religiosos, de todo se haze mençión. Tú me preguntas de una cosa çerca de tu peccado, yo respondo açerca de los peccados de todos”. Dixo la sancta virgen: “Yo, señor, no querría saber sino açerca de aquello que preguntava, mas pues vuestra señoría dize lo que es servido e mandado servir, todo ansí lo haré”. Y dixo el ángel: “¿Tus peccados quieres scrivir?”. Respondió ella: “Señor, no tengo otra cosa que dezir ante el acatamiento de Dios y Vuestra Señora sino mis peccados y defetos, y pedir perdón dellos, y rogar por mis próximos e amigos, y encomendados e bienhechores”. Dixo el sancto ángel: “Y aun los agenos dizes también, aunque te he yo amonestado confieses tus culpas y dexes las agenas, e mires la viga de tus ojos y no estimes la paja del ojo ageno de otro qualquier próximo”. Dixo la bienabenturada: “Señor, y si por scrivir esto que [fol. 87v] me manda vuestra señoría a mí biene mal y a las hermanas que lo scrivieran, ¿qué remedio?”. El ángel: “¿Por qué piensas te á de venir mal?”. Ella respondió: “Señor, no sé, mas lo que yo digo a vuestra señoría, y él me dize, es en secreto, y ansí querría se quedase en secreto, pues si se scrive, ¿cómo quedará en secreto?”. Él dixo: “No quiere Dios que estas cosas sean en secreto, pues públicas apareçieron sobre la Tierra”. Ella dixo: ¿Cómo, señor, apareçieron? ¿Por ventura son ángeles que pueden aparecer?”. Él respondió: “Todas las cosas que ligeramente passan por la criatura son apariciones, y el pensamiento bueno es llamado ángel, y el pensamiento malo es llamado adversario, o enemigo de la virtud o del bien. Por eso, guárdate del mal pensamiento y busca el bueno, y quando le hallares, estímale en más que el oro ni plata ni piedras preçiosas. Y con tanta diligençia busca el buen pensamiento y acava de dentro de ti trabajando buscando a Dios, y en sí, y en que parezcas a los que buscan el oro y las perlas, que con la grande codiçia e afinco no sienten el trabajo; mas no les parezcas ni seas cruel contra tus súbditas y hermanas, y compañeras y próximos, como lo son aquellos que maltratan en las Yndias a sus esclavos con crueldad, y sin misericordia y piedad, que pagarlo an ante Dios. Y encomendad a tus hermanas.”&lt;br /&gt;
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Dixo la bienabenturada: “Señor, ya no son ellas mis súbditas”. Respondió el sancto ángel: “La religión les otorga liçençia ser humildosas a perladas y no perladas. Y pues en sus coraçones te consideran y tienen en tal grado, no dexando de obedeçer a quien les manda la obediençia y dinidad de sus superiores, bien puede gozar en sus pensamientos de ser tus súbditas, pues no lo hazen fingiendo ni por fuerza. Por tales, las offreçe a Dios, pues las resçiviste en la sancta religión, y recáudales bendiçión de Jesuchristo y de su madre”. Ella dixo: “Recáudasela vos dellas, y a mí”. Entonzes el sancto ángel, alçando la mano, bendixo diziendo: “''In unitate sancti spiritus, benedicat vos pater et filius''”.&lt;br /&gt;
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Y la sancta virgen [fol. 88r] tornó a dezirle: “Señor, mire que no me mande scrivir lo que me dize, y ¡ay lo que está scripto! Todavía tengo temor me á de venir mal por ello”. El ángel dixo: “No scrivas ya más si no quieres, y di a tu hermana que çese la péndola”. Ella dixo: “Señor, lo que está scripto querría romper, si quisiesen las hermanas romperlo”. Respondió el sancto ángel, diziendo: “Haz penitençia de ese recado, que es más gave que por el que padezes. Ya saves tú que te lo mandé con premio, y te amenazé que te daría Dios muchos dolores acreçentados de Passión y permitiría sobre ti tribulaçiones más que puedes pensar si no lo scrives”. Dixo la virgen: “Señor, yo por eso temo y he temido, mas ya se a hecho vuestro mandato, conténtese vuestra señoría. Y dígame de las hermanas algo más, no me lo mande scrivir”. Dixo el sancto ángel: “Si lo as de scrivir ''[13]'' no te quiero dezir nada que digas público, porque te truecan las palabras y las ponen otro estado al como las dizes, y las dan otro entendimiento contrario a la verdad, y a tu yntençión simple y fiel, y que no deseas offender a Dios ni al próximo, ni condenar tu alma, ni dezir cosa que no sea verdad espiritual y temporalmente a lo que yo he conoçido. Si otra cosa te juzgan, respondo que Dios save la verdad”. Tornó la bienabenturada a preguntar, diziendo: “Señor, ¿qué será de mis hermanas, que nunca me lo havéys dicho, aunque os lo he suplicado?”. Respondió el sancto ángel: “El Señor dize por Sant Juan: assí quiero que quede. Yo digo por ellas que s’estén agora ansí, obedeçiendo y honrando a Dios, y a sus perladas presentes y pasadas y por venir, [fol. 88v] y cumpliendo las cosas de su profesión y regla con la ley de Dios y obediençia de la Yglesia cathólica christiana. Y ansí serán salvas si hazen penitençia digna y mueren en el Señor”.&lt;br /&gt;
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Dixo la sancta virgen que se despidió el sancto Ángel esta vez diziendo el responso de ''requiem eternam''. Y ella quedó muy angustiada, llorando por sus hermanas. Y quando tornó en sus sentidos esta bienabenturada no podía tener las lágrimas, diziendo a ymportunaçión que las monjas le hiçieron viéndola llorar: “Suplicando yo a mi sancto ángel me dixese algo de vosotras, hermanas, respondiome unas palabras, las quales yo no bien entendí y por entonzes él no me las declaró, y an me dado mucha pena, que pienso que el sancto ángel os juzga por muertas o savía algunas reçias cosas venideras sobre vosotras, y por esto tengo tan grande pena”.&lt;br /&gt;
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'''Capítulo XVIII'''&lt;br /&gt;
'''De cómo esta bienaventurada hizo una pregunta a su sancto ángel'''&lt;br /&gt;
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Estando elevada esta sancta virgen, tornó a preguntar a su sancto ángel, diziendo: “Señor, pues yo veo que vuestra señoría es servido diga o scriva algunas cosas de las que me a dicho, e dize hazerlo he de una sancta liçençia; y en espeçial, señor, le supplico le plegue oýrme otra cosa que quiero preguntar de mis hermanas, que estoy muy angustiada en ver el despedimiento que, señor, hizistes con el responso de muertos. No plegue a Dios que sus ánimas mueran, ni tanpoco sus cuerpos padezcan muerte con deshonra, sino que quando murieren sea en alabanza de Dios su pasamiento, y en gloriosa salvaçión dellas, y quando padesçieren travajos sean [fol. 89r] por el mesmo serviçio de Dios. Y ansí lo suplican ellas a vuestra señoría, y le besan los pies y las manos”. Respondió el sancto ángel: “Al señor Dios Jesuchristo besen los pies y las manos, y con lágrimas de sus ojos y toda devoçión y reverençia, humildoso y piadoso acatamiento, contemplen y adoren, y acordándose de los clavos y tormentos con que fueron presos los generosos y delicados miembros del mesmo Dios y Señor Jesuchristo en el tiempo de su sagrada Passión. Y quando ellas esto hagan, y tú también, sus ángeles por ellas, y tú también, y yo por ti, offreçeremos aquella buena obra delante de Dios, como fue offreçida la obra de las lágrimas y penitençia de aquella muger sancta que se dize la Madalena”.&lt;br /&gt;
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Replicó la bienabenturada a sus palabras, diziendo: “Señor, dígame açerca de aquello de mis hermanas”. El sancto ángel respondió: “No as de saber todos los secretos. Mas dígote que el responso que yo dixe de ''requiem eternam'' es neçessario a toda persona, siquier sea viva, siquier sea difunta, que dos muertes que ay, una del cuerpo y otra del alma, para qualquier dellas aprovecha la dicha oraçión; y si tú acostumbrares muchas vezes dezirla en fin del pater noster, cuando rogares por los affectos también como por los difuntos o por los que están en peccado mortal, ganarás por ello. E si con mucha devoçión lo hizieres, cumplirás por tus próximos la falta suya y tuya”. Dixo ella: “Señor, no me satisfago enteramente”. Respondió el sancto ángel: “Déveste satisfaçer, que la palabra del sabio es preñada: cuando cogieres almendras e otra fruta que tenga cáscara, trabajo as menester para [fol. 89v] quebrarla, y aun deshollar la mesma fruta para que quede en lo perfeto, ansí puedes aprovecharte de mis palabras. Y aunque no te satisfagas del todo, míralas bien, y entiéndelas para reformaçión de tu conçiençia y para enseñar a quien no save, porque ay muchas personas ygnorantes y no pueden alcanzar la sabiduría verdadera y neçessaria”. Ella dixo: “Señor, ¿qué cosa es sabiduría?”. Respondió el ángel: “La verdadera sabiduría es amar y honrar a Dios, y guardar su ley y sanctos mandamientos, y saber cada un ánima salvar a sí mesma con el ayuda y graçia de Dios. Y si puede ayudar a salvar otras ánimas, buena obra es, y muy maravillosa. Y por eso, con razón, está scripto que mucho haze quien salva su ánima, y más quien la suya y otras, y mucho haze quien salva su ánima también, y guarda los mandamientos de Dios y los cumple; y más, quien cumpliéndolos y enseñándolos, aprovecha. Y muy malo es quien quebranta los mandamientos de Dios, y más malo es quien los enseña a quebrantar, o da favor a que sea quebrantada la ley de Dios o los mesmos mandamientos de Dios y de la Yglesia cathólica y perfeta”. Dixo la bienabenturada: “Señor, ya yo no puedo enseñar, puesto que en mí no ay sçiençia ni abilidad para otra cosa sino para ser enseñada y ordenada”. El sancto ángel respondió: “Dios te dio marco de buena enseñanza, no seas desagradeçida a sus beneficios, puesto que no des, alaba humildad”. Ella dixo: “Señor, ¿cómo puedo yo enseñar la carrera del Señor o otras cosas perteneçientes a ella?”. Respondió el sancto ángel: “Siendo apremiada, y estando como estás, pressa con enfermedades e con la obediençia, no te demandará Dios las faltas de la enseñanza”.&lt;br /&gt;
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Dixo [fol. 90r] la bienabenturada: “Así plegue a Dios que no me lo demande, que las hermanas me ponen temor diziendo que daré puertas a Dios, y que me culpará porque no les digo todas las cosas que quieren”. Respondió el sancto ángel: “No les puedes tú dezir todo lo que ellas quieren, aunque sea hablando spiritualmente cosas de Dios y neçesarias a la buena consçiençia y doctrina, en espeçial estando tan escondida como estás. Que las personas que alguna graçia Dios les da, repartidos sus espeçiales dones, para de raçón havrían de estar en lugar más público que escondido”. Dixo la sancta virgen: “Señor, ¿qué cosa es lugar público?, que en la sancta religión no tenemos por bueno eso”. Dixo el sancto ángel: “Digo lugar público porque las personas que están como tú diviérenles dar alguna libertad o recreaçión para algunos tiempos ser en público lugar, en consolaçión y aviso de sus próximos, aprovechándoles espiritualmente. Y por eso a tus hermanas no les deves culpar, ni a otras personas que desean aprovecaharse de tus palabras o consejos fieles y devotos”.&lt;br /&gt;
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Dixo la bienabenturada: “Señor, las personas religiosas y con boto de ençerramiento, ¿cómo pueden aprovechar a los próximos en más de rogar a Dios por ellos?”. El sancto ángel respondió: “Si guardando su religión y botos pueden de dentro en su monasterio con palabras aprovechar, y fuera con cartas devotas y fieles cathólicas e verdaderas, más frutuosa vida es la de la tal persona que no la vida de quien marco no tiene o graçia de Dios para el tal aprovechamiento espiritual. E si algunos con soberbia y presumpçión e banagloria se levantasen o quisiesen levantar en más estimaçión del marco que Dios les dio, creyendo de sí algún bien lo que en ellos no ay, o reputándose con banagloria por buenos, los tales en su fruto se conocerán, y en sus [fol. 90v] obras; y a los tales no les deven dar livertad en más de lo que su capaçidad abarca”. Dixo la mesma bienabenturada: “Señor, eso yo no lo entiendo, mas como dize vuestra señoría que las palabras del sabio son preñadas, bien creo se ençierran en estas palabras algunas buenas cosas o sentençias”. Dixo el sancto ángel: “Buenas son las palabras del sabio, mas mejores son las del justo”.&lt;br /&gt;
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Dixo la virgen: “Ay, señor, ¿y quién es justo en la Tierra?”. Respondió el sancto ángel: “Pues si no huviese justos en la Tierra, ya abría Dios hundido el mundo, mas dígote que mientras christianos huviere en ella, verdaderos y devotos, no puede pereçer el mundo del todo”. Dixo ella: “¿Y el día del juyzio no abrá christianos?”. Dixo el sancto ángel: “Sí abrá, aunque atormentados de los malos, y assí entrarán en Paraýso con gozo y con gloria, coronados de martirio, a los quales Dios alabará”. Dixo la bienabenturada: “Ay, señor, quién fuese digna que Dios la alavase”. Respondió el sancto ángel: “Sola el alma que Dios alaba es digna de alabanza; mas la que a ssí mesma se alaba sin ser digna que Dios la alabe, ni los sanctos de la gloria, ni los próximos de perfeçción, ella mesma se condena, y el día del juyzio será contada con los malos, arredrada de la compañía de los buenos”. Dixo la bienabenturada al sancto ángel: “Qué haréys, que soy muy desperadiça. De que pienso en mis peccados ya se me a creçentado la desesperaçión, por causa de que mis próximos me juzgan y me an juzgado, y casi dado sentençia sobre mí, por mala, antes que Dios la dé en el temeroso juyzio suyo, que yo espero ya esta causa. Soy muy atormentada en mi spíritu pensando lo muchedumbre de mis pecados, y pensando la poca ayuda que terné con sanctas oraçiones de mis padres los frayles, de los quales yo esperava refrigerio y consuelo de muchas misas que por mi alma dizían con devoçión. Y viendo que la an perdido en mi persona, tanpoco creo la ternán fervorosa y de coraçón para rogar por mí a Dios Nuestro Señor. A triste dicha mía tengo y atribuyo este [fol. 91r] gran daño”. El sancto ángel respondió: “Descansa y huelga, bendita ánima de Dios, y no te atormentes ni te dexes vençer de tan mala batalla como la desesperaçión o poca alegría en las tribulaçiones. Que te digo que más bienabenturada eres por ellas, e más purgada e aluziada, que el oro quando pasa por la fornaz, que queda puríssimo y de gran valor y preçio. Y no pienses que a tus hermanas las religiosas yo las desalabo por la fee y devoçión y amor que tienen contigo; antes las alabo, y no solamente a ellas, mas a qualesquier devotos, hombre o muger, que contigo ayan tenido o tengan lo mesmo por las graçias y dones que de Dios huviste manifiestas, y no ocultamente como las tienes agora, que no se te parezen por la muchedumbre de los dolores y los agravios sobre ti suçedidos. Y aún más te digo, que aun las ánimas y personas difuntas que an passado de la vida mortal a la inmortal, y heran tan devotas y afiçionadas por vía de perfeta devoçión, an havido por ende galardones de Dios y refrigerios en sus neçessidades, estando en el destierro de Purgatorio y cárçeles atormentadoras”. Dixo la bienabenturada: “Ay, señor, muchas graçias doy yo a mi señor Dios y a vos, por tantas virtudes y consolaçión como yo resçivo de vuestra sancta palabra. Mas suplícole me diga de mis parientes, si abrán por mí algún bien”. Respondió el sancto ángel: “Si los estraños lo an, agravio sería no lo haver los tuyos, aunque conviene respondan ellos a Dios con sanctas obras y simpliçidad de ánima”. Dixo la bienabenturada: “Señor, ¿qué cosa es simpliçidad de ánima?”. Respondió el ángel: “Aquello que se dize en el psalmo ‘''qui non accepit in vano animam suam''’, que quiere dezir ‘aquel que no resçivió en vano la su ánima’; e más te digo, que donde mora ynvidia y malquerençia, y desseo y benganza de propia gloria, en las tales cosas se contiene perfeta maliçia, y la tal ánima está despojada de la virtud de la caridad açerca de Dios y del próximo, y ensoberbeada con propia presumpçión”.&lt;br /&gt;
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Dixo la sancta virgen: “Señor, ¿é yo peccado en amar mis parientes o en hazer algo por ellos?”. Respondió [fol. 91v] el sancto ángel: “Dios te demandará la crueldad que con ellos hiziste, pudiséndoles haçer piedad sin perjudicar tu consçiençia y haçer agravio a otro”. Dixo ella: “¿Qué haréys, señor, que he sido juzgada de demasiadas piedades a mis parientes y con agravio del monasterio donde yo soy religiosa?”. Respondió el ángel: “Qué as de hazer si no resçives en paçiençia los dichos, que Dios juez es, que save todas las cosas y nunca da pena a nadie por el peccado que no hizo, ni galardón por la buena obra que dexó de hazer”. Dixo la virgen: “Señor, qué haré, que he juzgado a mis perlados y he tenido juyzio contra ellos, que an querido usar de poderío contra mis hermanas y contra mí; mas que de razón tuviesen para nos hazer los agravios passados, y que no se a mirado la caridad enteramente con nosotras para juzgarse y castigarse nuestras flaquezas justa y piadosamente, y que nos an levantado algunos males que nosotras no havía, y publicados, puesto que somos peccadoras”. El sancto ángel respondió: “Dizes verdad, que algunas cosas an sido puestas en fama desloable más que se devieran poner. E puesto que los perlados son poderosos, ay neçessidad y es razón y justa virtud que reynen con humildad, y usen de sus poderes templadamente, no sobrepujando la yra a la virtud y paçiençia y esperanza de penitençia que hará el religioso o religiosa reprehendidos. E más que te digo: que los que con soberbia y presumpción rigen, Dios no les es deudor de gran graçia para tratar las ánimas, según Dios y buen mereçimiento del propio perlado. Y por eso niega Dios la graçia a los malos perlados, y los amenaza para el día del juyzio que le pagarán las ovejas muertas a su causa, con crueldad lisiadas, sin poner medicina, porque el ymperio de la perlaçía no se da para crueldades desordenadas, mas para creer en sabiduría y sçiençia en la ley de Dios y sacras scripturas eclesiásticas, las quales son por Spíritu Sancto ordenadas, en espeçial las que son dichas. Buena graçia e decreta es en la nueba ley e vieja. Ay mucha declaraçión de las scripturas sagradas ya dichas, aprobadas por Dios y por la sancta Madre Yglesia, y porque en tu entendimiento no pueden caber las cosas que te podría yo dezir de las condiçiones que an de tener los que rigen, y remítome a las dichas sagradas scripturas [fol. 92r] e sanctos libros, hechos e ordenados por el Spíritu Sancto, los quales sin falta son aquellos que hiçieron los quatro doctores que son nombrados reformadores de la Yglesia militante. Y si otras personas algunas se levantaren contradiçiendo lo que aquellos, no debe de ser admitida ni resçivida la contradiçión, porque traería mezclas en sí solapadas, aunque, so color de bien, los tales den consejo llamándose christianos. No ay cristiano fiel si no tiene y cree lo que la madre sancta Yglesia, perfeta y militante, predica y enseña, así de la unidad en grandeza de la alta Trinidad como de los otros estatutos y perfeçiones que se contienen en esta mesma sancta Yglesia católica”. &lt;br /&gt;
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Dixo la bienabenturada al sancto ángel: “Señor, ¿qué virtudes tenéys vos con que señaladamente aprovecháys a las ánimas de Purgatorio, pues tanto me mandáys a mí y encargáys ruegue por ellas?”. El sancto ángel respondió: “Piedad y misericordia me constriñe a mandar que offrezcas por ellas tus trabajos, y algunas devotas oraçiones e ayunos, los quales en lugar de limosna hecha por ellas les aprovecha”. Ella dixo: “Señor, las limosnas que dan por ellas los del siglo, ¿aprovéchanles mucho?”. Respondió el ángel: “Sí aprovechan, y quien haze limosna por las ánimas de los difuntos christianos mata el peccado propio suyo, y quita las penas que en la otra vida atormenta las ánimas por quien es ofreçida la limosna”. Dixo la virgen: “Señor, ¿qué es la causa que me havéys mandado, en el remedio de mis dolores, poner piedras frías o guijarros?”. El ángel respondió: “Probándolo tú, ¿no has hallado refrigerio?”. Dixo ella: “Algunas vezes le hallo, y algunas vezes más dolor”. Respondió el sancto ángel: “Quando tuvieres fe que yo tengo la virtud sobre las piedras y guijarros y que te verná bien; por ende, no dexes de animarlos a tus dolores, que piadosamente abrás refrigerio, y en espeçial, quando huviéredes grandes calores por causa del dolor, avrás refrigerio, que tú mesma conoçerás el benefiçio”. Dixo la bienabenturada: “Señor, ¿aprovecharán las tales piedras en vuestra virtud a otras personas, como hazen a mí?”. Respondió el ángel: “Ya podrá ser, que de aquí adelante aprovechen [fol. 92v] a toda persona, porque Dios me a dado poderío sobre las piedras, que tengan virtud para muchas cosas y que puedan ser possada y hospital de algunas ánimas en que pasen su Purgatorio con más templanza que lo pasarían en los fuegos de Purgatorio ardientes y muy fuertes; las quales penas, si te las dixese, te espantarías, y tu spíritu desfalleçería de dolor y compassión, y tú temerías en toda ora y en todo momento de offender a Dios por no verte en ellas”.&lt;br /&gt;
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Dixo la bienabenturada: “Ay, señor, de las del Infierno me libre Dios por su misericordia, pues que son perpetuas sin fin; que las que an fin, aunque son rezias de oýr, quanto más de padeçer, consolatorias son para el ánima que se desea salvar por peccadora que sea”. El sancto ángel respondió: “Dizes verdad, mas quando se piensan las penas y no se sienten ni la prueba dellas, son yncreíbles a los peccadores, y por eso no se guardan de peccar mientras viven, y después en la otra vida ay las penitençias de las penas y no ay remedio de enmienda; porque allí se pagan los peccados hechos e cometidos atrebidamente, no anteponiendo el temor de Dios con el qual se suelen resistir los peccadores, y por el dulze amor de Dios obrar las virtudes como hazen los verdaderos fieles y sierbos de Dios, que antes determinarán morir que haçer un peccado mortal, porque es Infierno para el alma”. Dixo la bienabenturada: “O, peccadora de mí, Señor. ¡Y qué haré yo, que tantos peccados mortales tengo y he hecho toda mi vida como gran peccadora, y herrada y culpada!”. Dixo el sancto ángel: “Bien haçes de conocerte, y lo mejor es arrepentirte y llorar con devoçión tus peccados haviendo compasión de Dios, a quien offendiste y reverençiaste, y desagradeciste y ayraste con tu mala vida y obras y perversas costumbres”. Dixo la virgen: “Señor mío, ¿pues qué es la causa que siendo yo tan mala os veo a vos, y otras vezes a Nuestra Señora la Virgen María, y a mi Señor Jesuchristo, preçioso hijo, que es más que todo?”. Respondió el sancto ángel: “De tan gran graçia como esa también darás quenta a Dios, porque no la conservaste y agradeçiste e reverençiaste como devías. E puesto que es grande graçia en la manera que tú ves [fol. 93r] esas cosas, mayor graçia es con los ojos del ánima e gusto del spíritu contemplar y amar ese mesmo Dios Jesuchristo sin le ver, y a la Reyna del Çielo su sancta madre. Y por eso dixo Dios a sancto Tomás: ‘Porque me viste, me creýste, mas quien no me viere y me creyere, bienabenturado será’”. Ella dixo: “Pues yo no demandé al Señor me diese visiones ni apariçiones de sí mismo, ni de vos, señor, ni de otras cosas del Çielo, ¿qué es la causa? ¿Por qué se me an dado sin mereçerlo yo?”. Respondió el sancto ángel: “Es graçia que Dios, de su gana y grado, te a dado, abentajada que a otras personas. Como dicho tengo, no seas yngrata ni te ensoberberzcas, que a otras personas sin ver nada son mejores que tú. Y esto ten siempre en tu corazón: nunca te engañe el enemigo con banagloria, que dígote que por guardarte Dios deste peccado, a permitido sobre ti algunos menospreçios en tu vida con que an sido y heres quebrantada, y apremiada, y pisada de las gentes, y en lenguas de las criaturas de Dios; aunque no dexo de culpar a las personas que no an mirado a la graçia que Dios en ti puso provechosa y manifiestamente, porque los tales menospreçios no se haçen contra sierbos y sierbas de Dios, si en alguna culpa, siquiera por la reverençia. Mas tú, duélete del peccado hecho contra Dios más que de tu menospreçio, y piensa que de más heres digna, y ansí salvarás tu ánima, que está en tu palma, como dize el psalmo ‘''anima mea in manibus meis semper''’”. Dixo la bienabenturada: “Ay, señor, no quisiera yo que el Señor dexara en mis manos mi alma, que soy neçia e yndiscreta peccadora, y sin conoçimiento de mi señor Dios y de lo que a mi ánima conviene, y en lugar de salvarla y ponerla en Paraýso, héchola en el Infierno. Ay de mí, que en mi mal cobro las penas no sé para qué la dexó Señor en mis manos. Más me valiera no naçer que perderme, y yrme al Infierno; más me valiera no nasçer que desamparar a mi Señor Dios y criador, y redemptor y salvador, e amigo e esposo verdadero de mi alma, y apartarme d’Él como me a apartado, y olvidarme d’Él como me he olvidado, y faltar de allegarme a Él [fol. 93v] como he faltado. ¡Ay, grandes peccados! ¡Ay, qué grandes males! Perdóneme el Señor por su misericordia y por su sancta Passión. Rogáselo vos, señor sancto ángel bendito. Rogáselo vos, muy preçioso señor mío y guardador mío. Hazé que no se pierda esta triste ánima que os fue dada en cargo, sancto Laurel auram, bendito poderoso sobre las piedras, consolador de las ánimas y reberçedor de las yerbas marchitas que dezís se entiende por las ánimas que están marchitas y secas sin Dios. Rogad por mí al Señor, que soy piedra dura y sin humor de graçia y de virtud de Dios. Si por su misericordia no me la da, préguemela vuestra señoría, sancto ángel bendito. Préguemela, pues tanto alcanza de Dios”. Dixo el sancto ángel: “Levántate, alma, sierva devota a Dios. Levántate de la baxeza de tus peccados, que por muchos que sean Dios te los puede perdonar: aquel que perdonó a Sancta María Madalena quando lloró sus peccados, perdonará a ti; aquel que convidó a Sant Matheo, y le convidó con gran y misericordia, convidará a ti. Ese mesmo Dios a muchos peccadores y peccadoras a perdonado. Para mientes, no desesperes de la misericordia de Dios, no te aflixas demasiado por las persecuçiones y menospreçios a ti hechos, contra las murmuraçiones verdaderas o no verdaderas contra ti, que si todo se te quenta en penitençia de tus peccados, ruega a Dios te lo resçiva. Yo también lo rogaré”.&lt;br /&gt;
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Dixo la sancta virgen: “Señor, mi menospreçio y murmuraçiones contra mí hechas, yo mesma me los ganado con mis peccados y defetos y tachas malas que ay en mí, y a havido, por ser yo tan peccadora, como dicho tengo y me he confesado con vos, señor”. Dixo el sancto ángel: “No digas que tienes malas tachas, que es cosa de animales brutos sin conoçimiento de Dios, que si tú as offendido como peccadora y criatura caýble, tan poco a sido en tanto grado quanto ''[14]'' tú te acusas e pones los defetos, e si otras personas te los an puesto y tales ayudas, no quiero yo favoreçer en eso e tan demasiado grado, que persona que ve a Dios y a mí, que soy ángel y tiene graçia [fol. 94r] de ver los demonios, no es razón desfavoreçerle en tanto grado. Y si las gentes desfavoreçieren, Dios no desampara del todo a sus amigos. Y si en esa vida quedan vençidos o muertos de sus enemigos, visibles delante de Dios, los muertos sin culpas ''[15]'' quedan venzedores, y con gloria triunfadores, y los vivos, aunque victoriosos al parezer visiblemente, quedan muertos y sepultados en el peccado de su omiçidio y malquerençia y crueldad”. Dixo la sancta virgen: “Señor, cosas maravillosas me dize vuestra señoría, que mi entendimiento no basta para entenderlas”. Dixo el sancto ángel: “Capaz está tu entendimiento de entender y sentir bien de Dios y de esas cosas y escondidas sçiençias si quieres usar tú de la virtud y lumbre que Dios te dará, con la qual alumbra su sancta fee cathólica, la qual te consejo reluzga en ti como piedra preçiosa puesta en oro o en plata, o como el luzero planeta del çielo”.&lt;br /&gt;
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La bienabenturada preguntó al sancto ángel, diziendo: “Señor, ¿qué es la causa por que el Señor permitió sobre mí fuese atormentada en vida como Job, que ansí me pareze que estoy cubierta de dolores y ansí me duelen como si fuesen llagas o lepra?”. Respondió el sancto ángel, diziendo: “Da graçias a Dios trino y uno y verdadero por todos los dolores que te dio, secos y sin llagas. Y aunque fueran llagas y lepra, es más ydiondo y feo el peccado que afea el alma que no la lepra y hedor que atormenta el cuerpo. Antes muchas vezes da Dios las tales cosas para purificaçión y hermoseamiento del alma. Y acordarte deves de cuando yo te dixe que havía el demonio demandado liçençia a Dios para perseguirte y tentarte de diversas maneras ansí como lo hizo. Contraxole, comoquier que le fue dado algún poder y liçençia, no fue en tanta cantidad como el mesmo demonio pedía. Tú sanctíguate d’él y no le ayas miedo, que si fee y devoçión tienes en las virtudes de la cruz, valerte an ante Dios, y el demonio no avrá poder sobre ti en grado enpezible a tu ánima, aunque el cuerpo padezca y sea atormentado. Y sé fiel a Dios, enbuélbete en su amor, afórrate en su esperanza, consuélate en su serviçio. Esto haciendo, y siendo Dios contigo, no temerás cosa que los [fol. 94v] hombres te hagan, que, quando te mataren, heres viva; quando te dieren vida los hombres y no Dios, quedas muerta. Ansí están muertos los favoreçidos de los hombres, mas los favoreçidos de Dios, aunque sean muertos, quedan vivos”. La sancta virgen dixo al ángel: “Señor, mucho me consuelo oyendo palabras, sanctas palabras, mas miedo he a los hombres, y asombrada me tienen los sanctos e humildes religiosos e religiosas. ¿Qué haría, y en quánto grado más abría miedo a los crueles seglares, si, a desdicha mía, por sus manos huviese de ser castigada o penitençiada? Que aunque fuese permisión del Señor, y por bien de mi alma, en tales cosas no sé si avría paçiençia y si el tal martirio sería en mí meritorio”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El sancto ángel respondió, diziendo: “Grande es la pequeñez de tu coraçón, pues no estás aparejada para con todo esfuerço e amor de Dios sufrir las fatigas. Esfuérçate, que la sancta religión christiana piadosa es. Y las personas que son christianas y desapiadadas quedan deudoras a Dios en mayor grado que los infieles, en espeçial quando hazen mal a los amigos e sierbos de Dios, pues los religiosos e de orden sacra, ¿cómo te an de hazer a ti mal? No tengas tantos temores, ánima de Dios, que me das congoja y me hazes llorar”. La bienabenturada respondió al sancto ángel, diziendo: “Señor, no puedo más sino sentir en mí este temor, acordándome de las cosas profetizadas sobre mí, como vuestra señoría me a dicho artas; e otras me an contado mis hermanas las religiosas, las quales dizen haver ellas oýdo por sus oýdos profeçías salidas por la palabra dada de graçia del Señor en tiempos passados, las quales profeçías en mí dichas y para mí profetiçadas dizen ellas se cunplen agora y se an cumplido largamente, y aún ay más por cumplirse, y con esto estoy tan temerosa, no sé qué son”.&lt;br /&gt;
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El sancto ángel dixo: “No tengas tantos temores, por que no pierdas el tiempo ni le gastes mal gastado con el demasiado temor, olvidando y dexando de usar el fervoroso amor de Dios, el qual tú solías tener en otro tiempo y te vi yo con más ánimo y fortaleza y cuydado de Dios, y no con el relaxamiento y tibieza que agora está aposentado en tu ánima. Muchas vezes me haçes estar cuydadoso de ti, y maravillado cómo heres tan floxa, enbuelta en esos temores que te an de haçer mal las gentes. Falta el spíritu de obra en la caridad y amor de Dios, y la hambre y sed que los próximos se salven; falta en ti la oraçión devota y penetrativa, la qual es agradable a Dios, quando limpia y sin peccado vuela al Çielo, adonde Dios está assentado en su real trono, y como el [fol. 95r] humo del inzienzo es sin fastidio quando ordenadamente es quemado ante Dios y es dino sacrifiçio, ansí la oraçión es honrrosa a su alta y gran Magestad y sube bolando, no parando hasta los brazos y persona de quien ama el que la haze. Y por eso, si tú amas a Dios cruçificado, que fue en ese mundo y glorificado que está, oyrá en el Çielo tu oraçión, que es el mensagero de tu coraçón. Hasta allá sube, donde ese mesmo Dios está y mora; y ansí la oraçión de qualquier ánima devota, aunque esté en el cuerpo, e mientras más limpia y sancta vida haze, e religiosa, más açeta e sancta al acatamiento de Dios”.&lt;br /&gt;
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'''Capítulo XIX'''&lt;br /&gt;
'''De otras preguntas que esta bienabenturada hizo a su sancto ángel'''&lt;br /&gt;
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Preguntó esta sancta virgen al ángel su guardador suplicándole respondiese a una cosa que sus hermanas las religiosas le dixeron que le rogase de una angustia que tenían, la qual le contó assí como se lo havían dicho y encomendado. El sancto ángel le respondió, diziendo: “Tus hermanas las religiosas ayan paçiençia, que no es pequeño su mereçimiento delante de Dios. Y ninguno que suplica con humildad está fuera de estado de graçia; siquiera sea rogar a Dios que perdone los peccados, o otras cosas açeptas y neçesarias a las ánimas y a la salud de ellas y a las gentes, pidiendo favor spiritual y temporal, de la mesma manera no es ningún peccado”.&lt;br /&gt;
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Dixo la bienabenturada al sancto ángel: “¿Quáles de mis hermanas peccan más delante de Dios, o ganan más: las que me quieren a mí bien o por amor de Dios me tienen devoçión, o las que me quisieren mal y acordándose de mis defetos la pierden y dan consentimiento a mi persecuçión con benganza?”. Respondió el sancto ángel: “Tu perfeçción a sido y es muy neçessaria para mérito de tu ánima, y Dios la a permitido. E ansí como Jesuchristo, para la redempçión, fue neçessario ser cruçificado y que huviese quien lo hiziese, assí tú havías de ser perseguida, e havía de levantar Dios quien lo hiziese, o el demonio, con liçençia del mesmo Dios. Mas puedes creer que ansí como los que cruçificaron a Dios no ganaron en sus ánimas nada, antes perdieron mucho, ansí los que persiguen a los sierbos de Dios y que conoçidamente son christianos y amigos suyos, peccan en perfeto grado de maldad”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Dixo la sancta virgen al sancto ángel: “Bien dizes, señor, si son sierbos y amigos de Dios, mas yo, peccadora, que soy ymperfeta y tan defetuosa, en lugar [fol. 95v] de ser amiga y sierba del Señor, como hera razón fuese; y yo soy obligada a Dios, mi Señor, más que otro”. Respondió el sancto ángel, diziendo: “¿Por qué dizes que no heres tú amiga de Dios como su Divinal Magestad save? E yo soy testigo que tienes tú amor y afiçión puesta con Dios, y la as tenido. Y son testigos muchos frayles de tu orden e otras personas de algunas señales que exteriormente se conoçían en ti, el ençendimiento y dulçedumbre que tu ánima sentía, o pudiera ser juzgados sentir, las quales dulcedumbres tan dulçíssimas y perfeçionadas y adornadas de hermosura spritual en el divino serviçio de Dios; el qual es más hermoso y rico, y dulçe y codiçioso a los buenos, más que los despojos a los guerreantes, e más que la vitoria e las vatallas de los enemigos”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Preguntó la bienabenturada al sancto ángel, diziendo: “Señor, mis hermanas las religiosas tienen un defeto muy grande, y es que me desean a mí por su perpetua perlada, y esto es contra la voluntad de nuestros perlados. Y algunas veçes no se lo conçeden, y con su ymportunaçión los enojan. Este peccado, ¿perdonársele a Nuestro Señor? Que yo por grave le tengo en ellas”. Respondió el sancto ángel, diziendo: “Otros peccados avrá en el mundo tan graves y más, que no ese, puesto que ellas deven, como sierbas de Dios, obedeçer lo que les mandaren, y esforçarse a cumplir la voluntad de los perlados, en espeçial cuando no les mandan cosa que sea ofensa del señor Dios ni contra sus almas propias y su perfeta y frutuosa conçiençia e aprovechamiento spiritual en el mayor y mejor serviçio de Dios”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Dixo la virgen al sancto ángel: “Señor, el tiempo que yo he sido perlada, ¿é servido a Dios en el tal offiçio?”. Respondió el sancto ángel, diziendo: “Gran soberbia sería la tuya si pensases havías servido a Dios sin offensa e sin defeto. Mas de una cosa te hago çierto, por que te alegres en la virtud y te enmiendes del defeto, e te duelas quando te falta la virtud: que tu ánima siempre a sido por la graçia del Señor ynclinada a buenas obras antes que a malas, y a un zelo que se sirva el Señor de todas las criaturas, y que no se offenda dellas, ni de tu ánima mesma, la qual deseas salvar con fe verdadera christiana, devota a Dios y a su Madre, y a los sanctos ángeles y soberana corte çelestial. Y las offensas que as hecho no an sido de propia voluntad, ni perdiendo la reverençia e amor de Dios, ni a Él temor reverençial e piadoso, comoquier que atrevidamente y con agudez demasiada o pensando no ser peccado algunas cosas as offendido, e por eso mereçes penitençia. Y si la de la vida presente no bastare, en el otro mundo yrás a penar. ¡Sálvete Dios, ánima mía, encomendada! Que te salve Dios del Çielo, yo lo quiero suplicar, y entiendo ganarte graçia. Tú te deves ayudar”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
La bienabenturada, muy consolada de estas piadosas y sanctas palabras, dio graçias al sancto ángel, [fol. 96r] y tornole a preguntar si havía sido servida Nuestra Señora traerla a su sancta casa de la cruz y que morase en ella para siempre. El sancto ángel respondió, diziendo: “¿Por qué hazes pregunta a la cosa que bien saves? Acuérdate de aquel día quando yo te apareçí en casa de una tu tía, estando tú en oraçión delante Sancta María, e yo offreçía tu devoçión y pedías con lágrimas serbir a Dios te otorgó y te llamó para su casa, y a mí me mandó guiarte. Y ansí se hizo. ¿Qué más señales quieres para conoçer que ella fue servida traerte a su sancta casa, la qual estava derribada y arto caýda en quanto a lo temporal, que en lo spiritual su virtud se tenía? Mas fue aumentada la devoçión junto con la graçia, más contigo que sin ti”. La virgen le dixo: “Señor, ¿pues cómo agora a caýdo en mí la graçia?”. Respondió el sancto ángel: “Siempre acostumbró Dios, en el prinçipio, de dar su graçia alterada y fervorosamente, sin poderse encubrir ni meterse la candela devajo del celemín; mas de que se va haziendo ascua creçida y maçiça, puedes encubrir con la ceniça de la discreçión e abituaçión, sin que se parezca descubiertamente la luz que está en el ánima hecha ascua biba sin llama”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Dixo la bienabenturada: “¿En que veré yo, señor, si tengo graçia de Dios?”. Dixo el sancto ángel: “En si estás aparejada toda ora morir de grado por su honra, gloria y fee, y con alegre esperanza del Paraýso que se da a los amigos de Dios por los mereçimientos de Jesuchristo cruçificado, y apasionado y muerto, y sepultado por la salud y vida del mundo”. Dixo la bienabenturada: “Espántanme, señor, vuestras palabras. Si el Señor no me diese nuevo esfuerço y nueva graçia, muy flaca me hallo açerca del gusto de la muerte, comoquier que por dichosa me tengo quando se me offreçen penas por pasarlas por amor del Señor; y ansí querría poder pasar la muerte con gozo y alegría, sin me entristeçer ni desfalleçer al tiempo del martirio”. Respondió el sancto ángel: “Esfuérçate, ánima de Dios, que la muerte no puede ser escusada a ninguna criatura biva puesta en carne, y á se de pasar la muerte por fuerça. Mas bienabenturados son aquellos que mueren conoçiendo a Dios y confesándole en su sancta fee católica, hallándose dichosos haverle resçivido, o conoçiendo tarde o temprano; aunque más vale temprano y luengamente perseverar y morir en ella que en peccar tarde, que es dificultosa de arraygar en el coraçón del ánima perfetamente. Y ansimesmo, las buenas obras esperar hazerlas tarde es gran peligro, que Dios no es [fol. 96v] obligado ni deudor de graçia a las tales personas que con esperanza diciendo ‘enmendar me he, o buenas obras haré antes que muera’, viene presto la muerte, y toma las ánimas en peccado mortal y no irán servir a Dios ni enmendarse de sus peccados, aunque lo tenían en propósito o en desseo, con el defeto de nunca lo poner en obra; no mereçieron a Dios les diese graçia que pudiera darles, y las mesmas ánimas an menester para salvarse”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Dixo la bienabenturada al sancto ángel: “Paréçeme, señor, estar yo siempre o muchas vezes en estado de graçia; según el Señor, por su misericordia, siento que me la da, y por mis peccados yo la pierdo. Y también me pareçe me la hazen perder las criaturas quando me turban a menudo, o me atribulan con razón, y mi inpaçiençia poca virtud no me dexa conocerme, tanto como devría”. Responde el sancto ángel: “Defeto es ese, y ymposible al alma que se á de salvar, si enmienda grande no diese Dios en el tal yerro”. Dixo la virgen: “Ruegue vuestra señoría por mí, pues save mis defetos, que me los perdone el Señor, este y todos los otros que tengo”. Dixo el sancto ángel: “Pláçeme de lo rogar. Y acuérdate que reçiviste muchos bienes y dones del Señor Dios, por la su perfeta y amigable y verdadera graçia, en la qual tú mesma no deves dudar, como te acaeze algunas veçes, que siendo tan altos los dones y tú no te hallando dina dellos, los dudas ser perfetos y verdaderos de Dios poderoso hechos en ti”. Dixo la bienabenturada: “Ay, Señor, es verdad que ese peccado también tengo, que aunque sé que Dios es poderoso para me los dar, considerando que no es justa cosa en mí, estoy en conbate y en batalla. Y no es en mi mano dexarlo de creer, pues lo veo y siento en diversas maneras que no sé decir, ni es en mi mano dexarlo de creer lo de ligero, porque no oso. Y pienso por ventura no sea pecado creer de mí o en mí haver algún bien, aunque sea por la graçia del Señor”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Respondió el sancto ángel: “Esa también es graçia del Señor, que toda su Divinal Magestad por mexor dé tu ánima. Y las penas que te dan las criaturas, y los dolores y enfermedades, harán para tu ánima, y la limpiarán, y las bescosidades que se le pegan por los defetos que confiesas tener y hallarte culpada dellos. Y más perfiçión es acusarte de los peccados y defetos que no confesar virtudes y manifestallas, aunque las huviese y sean verdaderas. Conózcolas Dios, que las save, pues Él las da por su virtud y misericordia, y Él solo [fol. 97r] las alave como lo hará en el otro mundo, si fueren dinas, y en este las otras personas que te conoçiere. Y ese mesmo Dios, si lo permitiere, es bien que te alaben, mas no tú mesma, porque es bana y engañosa la lengua del que se alava a sí mismo sin que Dios le alave, o las criaturas con verdadero testimonio”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Preguntó la bienabenturada al sancto ángel, diziendo: “Señor, ¿qué es la causa porque fuy en mis prinçipios en mucho tenida y alabada de sancta y de sierba de Dios, más que deçía ni mereçía?”. Respondió el sancto ángel: “El Señor lo permitió por que lo pareçieses en la perfecçión y travajos dignos de memoria. E ansí como su Divinal Magestad, después de nasçido en ese mundo de aquella Reyna del Çielo puríssima y sagrada donzella −que no ay vocablos perteneçientes en la Tierra ni lenguas bastantes para alabarla−, dende el prinçipio ese mismo Dios fue conoçido y alavado de muchos justos del Testamento Viejo, y de los ángeles y pastores, y después de muchos mártires y gentes que se convirtieron a su sancta fee, hombres, y mugeres, y vírgines y no vírgines, y antes de su sagrada Passión fue en mucho tenido Jesuchristo, rey de gloria, y conoçido Dios y hombre, como se muestra en la honra que le fiçieron el día de los ramos y el día de los panes y pocos pezes, y en otros muchos milagros que el Salvador hiço en el mundo, en que fue honrado y ensalçado de las gentes, y después se vino el menospreçio, quando le dieron la Passión no por peccados ni defetos suyos, mas por la maliçia de las gentes, porque hera menester su sancta Passión para salvar el mundo, o por mejor decir, las ánimas justas, conviene a saver, creyendo en el mesmo Dios y honrando su sancta fee católica”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Dixo la virgen al sancto ángel: “Señor, preçiosa es vuestra respuesta para mí, y muy consolatoria. Bien parecéys vos sancto ángel y bendito, que tales palabras me dezís, según yo las he menester. Mas suplícoos me dygáys si son provechosas mis penas, y si se sirve el Señor dellas, porque, si ansí es, consolarme he yo sin desfalleçer”. Dixo el sancto ángel: “Bien dizes, dándote el Señor su sancta graçia, porque sin su voluntad y mandamiento e obramiento de ese mesmo Dios no ay virtud alguna, ni se puede nadie salvar sin su querer y poderoso poder y graçia, misericordiosamente usado e obrado. E por eso no se deve engañar nadie ni confiar en sus virtudes propias, ni en su saber ni [fol. 97v] sciençias, que más seguro es siempre dudar no hallándose dino del Paraýso ni de los méritos de la sagrada Passión con que se compró y ganó que no tener por muy çertificada la salvaçión, en espeçial quando no ay méritos delante el acatamiento de Dios. Y quien pensare que los tiene dignos, él mesmo se engaña, si no es por virtud de esa mesma sagrada Pasión”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Capítulo XX'''&lt;br /&gt;
'''De una congoxa que spiritualmente tuvo esta bienabenturada'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Estando elevada preguntó a su sancto ángel, diziendo: “Señor, muy angustiada me hallo quando me acuerdo de una cosa que vuestra señoría me dixo: y es que havía yo sido como Eva, y causado mal para mí y para otras personas. Querría saver cómo se entiende esto, que me da mucha pena pensar que soy tan peccadora qu’é causado males. Y quisiera yo causar bienes, y de esto me hallara más alegre, y creyría que no havía nasçido en valde, pues Dios me havía criado para aprovechar en mi ánima y en otras. Y dezirme que e desaprovechado, estoy por ello muy angustiada y cargada de tentaçiones, creyendo que me tengo de yr al Infierno por mis peccados, los quales me bastavan sin tener agenos”. El sancto ángel respondió, diziendo: “Todo eso es bien que pienses çertificadamente con temor; mas no que te as de yr al Infierno, porque los que allí van, antes que salgan de este mundo llevan perdida la caridad de Dios y del próximo y de sí mesmos, y la esperanza, y por eso se pierden, que de otra manera no se perdería ningún christiano; quánto más que los que soys religiosos y religiosas tenéis causa y remedios mejores, y más subidos, para la perfeçión que es menester para salvar el alma, si queréys usar de las reglas y virtudes que os mostraron los sanctos, los quales fueron exemplares y dotrinables al mundo. Y por eso, con razón los llama el Señor ‘luz del mundo’, y en otra parte los llama ‘sal sabrosa’, que se entiende por la sabiduría y discreçión, y caridad e amor de Dios y del próximo; y en otra parte se dize ‘miel dulze y panar, y valor de piedras preçiosas y thesoros deseables’, que se entiende por el gozo y gusto de los contempladores en Dios Jesuchristo cruçificado, en la lumbre e honra de su sancta fe cathólica, la qual es más espexada y valerosa con rosa que todas quantas [fol. 98r] setas y leyes huvo en la Tierra ni abrá. Y bienabenturados son los que esta alta y sancta fee guardaren, y tuvieren y honraren, que en el día del fuerte y justo juyzio de Dios verán el premio de su galardón”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Dixo la bienabenturada ''[16]''. Respondió el sancto ángel: “En este mundo no se puede ver nada, ni saver ninguno de los secretos que Dios puso en su entendimiento y potençia escondida y prudentíssima”. Dixo la bienabenturada: “Señor, ¿pues cómo pregunto yo a vuestra señoría algunas cosas a las quales me responde algún secreto no savido?”. El sancto ángel respondió: “Si no fuese la voluntad del Señor, ninguna cosa te respondería a tus preguntas, e si alguna vez respondo es por voluntad de Dios, y con palabras encubiertas, que casi tú no las entiendes, y artas dellas; no son profeçías, y no las saves, aunque las dizes. Y bien hazes a no abalanzarte a dar sentençia sobre mis palabras pensando que las entiendes. Que scripto es ‘las palabras del sabio preñadas son’, y por eso mejor es tenerte por neçia y sin saber, que no atreverte a declarar demasiado, no sabiendo; e mejor es dexarse a la doctrina de los sanctos, y a espirimentados y canoniçados por la sancta Yglesia cathólica, que no usar ni establezer novedades, creyendo que todo es Spíritu Sancto. Que el Spíritu Sancto ya está declarado y muy manifestado, y conoçidas sus negoçiaçiones. Todo lo qual el Spíritu Sancto obró en el çentro y cuerpo de la sancta fee cathólica sancto es, e si el demonio se yngiriere por sus frutos y contraridades, del bien será conoçido; y siendo conoçido, deve ser hechado con la señal de la cruz, y con el amor de Jesuchristo, y con la codiçia y esperanza del sancto Paraýso para la otra vida, del qual Paraýso no ay otro Señor sino Jesuchristo. No huyga d’Él nadie, que quien piensa escaparse de su hermosa fee, a manos de ese mesmo juez á de morir el día del juyzio, con la cruel sentençia que el justo juez dará sobre los malos y peccadores, y pareçerse á como solo Él es el Señor”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y ansí çesó por entonzes la plática del sancto ángel y de la bienabenturada, las quales cosas y pláticas tan gloriosas le mandó con [a]premio scrivir, lo qual ella hizo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Capítulo XXI'''&lt;br /&gt;
'''De la gran caridad con que esta bienabenturada rogó al Senor por la salvaçión de la religiosa que havía sido causa de su persiguimiento, a la qual tenía por abbadesa'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Como esta bienabenturada rogó al Señor con mucho fervor su Divina [fol. 98v] Magestad quisiese dar aquella religiosa que havía sido causa de sus travajos, que entonzes hera su perlada, conoçimiento de sus peccados con grande arrepentimiento y dolor por los haver hecho, y fue tan grande este arrepentimiento que mereçiese salvarse, y que assí como su gran misericordia quiso convertir y convirtió a Sant Pablo sin que él solo pidiese, ni se lo rogase, assí suplicava esta bienabenturada, dixo ella mesma a Nuestro Señor, conviertese a esta su madre y hermana, aunque ella no se lo pidiese ni rogase; ni que ella no se consolaría ni alegraría si esta virtud no le otorgase su Divina Magestad.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y haziendo esta oraçión con tanto ferbor y caridad, le otorgó Nuestro Señor su petiçión, haziendo milagro tan público y manifiesto que en muy breves días mudó el corazón, hiriéndola con enfermedad y temor de su justiçia, y herida del mal de la muerte. Y temerosa del poderoso juyzio de Dios, antes que se fuese a la enfermería adonde havía de ser curada, fue a la zelda de la sancta virgen. Díxole llorando: “Señora mía, yo me siento muy mala. Suplícole, por amor de Dios, ruegue por mí a Nuestro Señor con mucho cuydado que me dé salud, si fuere servido, y conocimiento de mis peccados e conformidad con los que quisiere hazer de mí”. Esta bienabenturada le respondió con lágrimas de sus ojos, diziendo: “Señora, madre mía, esfuérçese por la caridad, y tenga paçiençia con la enfermedad, que yo rogaré por ella con muy gran cuydado a Nuestro Señor por su salud y consolaçión espiritual”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
E oýda el abbadesa la respuesta de la bienabenturada, se fue con acreçentamiento de contriçión y de amor con la sancta virgen. E creçiéndole mucho la enfermedad, la qual hera dolor de costado, mandó que llamasen al vicario del monasterio, e confesó con mucha devoçión y contriçión de sus peccados. E trayéndole el Sanctíssimo Sacramento para le resçivir, ansí como le vido venir, hiriéndose en sus pechos con muy gran clamor y lágrimas, se confesava por muy gran peccadora. Y rogó a las monjas la perdonasen los agravios y sinrazones que les havía hecho y a su causa havían resçivido. Y diziendo su culpa a Dios y a las religiosas, comulgó con muy gran devoçión.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y después que huvo comulgado el abadesa, rogó la sancta virgen [fol. 99r] e las religiosas que la llevasen a verla. Y llevada, la habló con grande amor y caridad y compasión, diziéndole las palabras de mucho esfuerço. Y el abadesa se consoló, e le alegró en grande manera con su vista, y entre otras cosas que le dixo, le rogó que le dixese que se havía de morir de aquella enfermedad. La bienabenturada le respondió: “Hasta ahora, madre mía, no le me lo a mostrado Nuestro Señor, mas aparéxese vuestra reverençia a lo que quisiere hazer Su Magestad della”. Y tornola a ymportunar con mucho aýnco lo procurase de saver, y saviéndolo se lo embiase a dezir, diziendo que ya hera tiempo de aparexo, que ella lo entendería porque se lo embiaba a dezir. La sancta virgen la respondió: “Yo, señora, trabajaré en ello, e lo suplicaré a Nuestro Señor con mucho afeto plegue a Él de me lo mostrar: quede así, que si yo le embiare a dezir que es tiempo se apareje, que crea que ay neçessidad dello”. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y la bienabenturada se tornó muy triste a su çelda quan peligrosa estava la enferma, y con mucho cuydado de rogar por ella, y recaudó aquella noche maytines con dos monjas que la acompañavan. Alzó los ojos en alto, e dexó de rezar por algún espacio, e assí estuvo en silençio sin hablar; e tornando en sí, dixo con lágrimas e mucho sentimiento: “Ay, qué dolor tan grande y de sentir mucho”. Las monjas que estavan con ella, ymportunándola, les dixo por qué llorava con tanto sentimiento. Respondioles: “Ay, amigas mías, pienso, según lo que agora he visto, que Nuestro Señor nos quiere llevar a nuestra madre, el abadesa”. Las monjas le dixeron: “¿Eso es, señora, la causa de su llanto e angustia? Haga el Señor d’ ella e de nosotras su sancta voluntad”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Entonzes, la sancta virgen llamó a una religiosa en secreto, y díxole: “Amiga, yd a la madre abadesa, y encomendádmela mucho, y deçilde de mi parte que yo he tenido mucho cuydado de rogar al Señor por ella, y que ya es tiempo que se apareje”. E la enferma, entendiendo lo que le embiava a dezir, hizo en sí una gran mudanza, a manera de mucho sentimiento, y con mucho esfuerço se tornó a confesar, e resçivió el Sancto Sacramento con mucha devoçión, e renunçió el cargo y todas las cosas que poseýa, e según religiosa pobre, pidió por amor de Dios el ábito e cuerda de sepultura a las religiosas. E resçiviendo [fol. 99v] la estrema unçión muy católicamente, espiró.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Quando le hera mostrado a esta sancta virgen, por la voluntad de Dios, algo de las penas que las ánimas por sus peccados padesçen, si le fuera dada liçençia de Dios ella tomara las penas sobre sí, por que ellas tuvieran descanso, aunque son muy insufribles; lo qual hiço esta bienabenturada muchas veçes, dándole Dios para ello liçençia y esfuerço caudoso. Que suplicándole ella a Nuestro Señor huviese piedad de las ánimas que ella havía visto en tan grande pena y tormentos, y le hiçiese a ella tan gran virtud que pudiese ayudarles a padesçer sus penas −aunque fuese acreçentándole a ella sus dolores, aunque los tenía muy grandes y a su pareçer ynsufribles−, todo lo padesçería por la consolaçión y quitamiento de penas de las ánimas de Purgatorio; y si para otorgarle su Divina Magestad esta virtud le quiere dar nuevas enfermedades, que con su graçia e ayuda estava aparejada para todo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y continuando esta bienabenturada en su oraçión, e ayudándole a rogar su sancto ángel, fuele otorgada su petiçión de caridad exerçitada en los próximos, vivos e difuntos; la qual ella exerçitó muy enteramente todos los días de su vida. Y exerçitando esta caridad con las ánimas, le acaesçió una cosa por donde se le descubrió un secreto açerca de las ánimas de Purgatorio. Y fue en esta manera: que teniendo esta sancta virgen a causa de sus enfermedades los miembros fríos, pareçiole a ella que unos guijarros calientes entre la ropa de su cama le darían algún refrigerio en aquella neçessidad que tenía. Rogó que se los buscasen, si los havía en el monasterio; y haviendo traýdo para una obra que haçían en la casa una carretada dellos, muchos tiempos antes de sus enfermedades, y de estos guijarros havía algunos por la casa, y buscándolos a su pedimiento, hallaron uno muy grande a una puerta de una cueva, con el [fol. 100r] qual havían molido muchas vezes pez. Y llevándole a esta bienabenturada, dixo que hera muy bueno, y mandó allí en su presençia le calentasen en un brasero de lumbre. De que fue empeçado a calentar y calentado, empeçó a oýr unos muy dolorosos gemidos, formando manera de palabras, en las quales deçía: “Ay, crueldad tan grande, ay”. Esto no lo oýa ninguna de las monjas que allí estavan, sino la sancta virgen, que dende su cama lo mirava e oýa, e le pareçía ser ánima de Purgatorio. Y mirando con su entendimiento de dónde salían aquellos gemidos e palabras, sintió salían del guixarro que a la lumbre estava. Y no diçiendo por entonçes la causa de ello, mandó aprisa no le calentasen más, y le quitasen luego, y enbuelto en un paño se le pusiesen sobre sus manos. Y de que le tuvo allí, le dixo en silençio: “Ánima, yo te ruego me perdones la pena que he sido causa resçivas. E dime, ¿cómo as venido a estar aquí?”. El ánima le respondió: “Ruégote no mandes calentar más este guijarro, donde estoy por mandato de Dios, que si quisieres calor yo se le daré, y también frío. Y a lo que preguntas, cómo estoy aquí, ya te he dicho que es voluntad de Dios. Mas primero que a este monasterio me truxesen, estava en un río que se llamava Xó, e las bestias con sus pies me sacaron d’él, e los hombres peccadores me truxeron a esta casa”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
La bienabenturada le dixo: “¿En guijarros y en piedras están y penan ánimas?”. Respondiole: “Sí, que muchas están en piedras y en guijarros. Y en aquel río adonde yo estava, havía gran número de ánimas metidas en guijarros, y ellas y yo á muchos años que estamos allí”. Díxole la sancta virgen: “Ruégote, amiga, me digas tu neçessidad y me pidas el ayuda que quisieres”. El ánima le respondió lo que Dios le dio liçençia. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
E de que la bienabenturada vido a su sancto ángel, díxole: “Señor, muy [fol. 100v] maravillada estoy de una cosa: que he savido que las ánimas penan en guijarros y en piedras, y en cosas semejantes”. E diziéndole en qué manera lo havía savido, díxole el sancto ángel: “¿De eso te maravillas, criatura de Dios? Bien puedes crer que muchas son las que de esa manera padesçen y penan porque Nuestro Señor les diputó por hospital cada piedra e lugar donde las ánimas están por voluntad del mesmo Dios. Una cosa te hago saber, que, después que el poderoso Dios te otorgó que pudieses ayudar a pagar a las ánimas de Purgatorio lo que por sus culpas y peccados mereçen, heres estableçida y hecha por la voluntad de Dios hospital de las ánimas que tienen penas; y esto se entiende las que su sancta voluntad quisiere y diere liçençia, o quien yo y tú pidiéremos a su poderosa misericordia. Porque ansí como el hospital se haçe para los pobres e neçessitados, e día y noche resçiven, así tu resçivirás día y noche las ánimas que Dios, por su voluntad, te embiare para que las ayudes e alibies sus travajos con los tuyos. E mira que acaeçe ban los pobres al hospital, unos con sed, otros con ambre, y otros con demasiada calor, e otros con demasiado frío, e otros con muchos géneros de neçessidades causados por las diversas enfermedades que consigo traen. Ansí te digo, criatura de Dios, bendrán a ti muchas ánimas con demasiados calores de fuegos, y fríos entolerables, y con otras diversas penas que por sus peccados mereçen. Y tú, hospital por la voluntad de Dios y por tu consentimiento, las resçivirás con mucha caridad, y los aposentarás sobre tus miembros y coyunturas muy dolorosas y desconconyuntadas de las neçessidades que traen, y ellas serán allí recreadas y consoladas de las neçessidades que traen, en la cantidad y manera que fuere la voluntad de Dios. Y tú, sierba suya, esfuérçate en la paçiençia y [fol. 101r] caridad, que mucho as de partiçipar y sentir las penas de estas ánimas. E sávete estás tan sujeta por la voluntad de Dios a padesçer por las ánimas que, aunque agora te faltase la caridad para padesçer esto de grado, por fuerça lo padeçerías, porque ansí lo quiere el Señor Dios, pues tú lo pediste con tanto afinco”. Respondió la bienabenturada al sancto ángel, diziendo: “Señor, muy gran virtud me a hecho vuestra gran hermosura con su habla e aviso. Yo me tengo por dichosa de cumplir la voluntad de Dios, y supplico a vuestra señoría le ruegue me dé graçia para ello”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y de aý adelante rogava a las religiosas le traxesen los guijarros que por el monasterio hallasen, y ellas con mucho cuydado lo haçían, aunque no savían para qué hera. E quando alguno le traýan, mandavan que se le pusiesen en la cama, y teniéndole allí, conoçía si tenía dentro algunas ánimas. E las más tenían una y muchas, y las que no tenían ninguna mandávalos sacar de su çelda. Y no contenta ni satisfecha su caridad con los que en el monasterio estavan, rogó que le hiziesen traer algunas de un río que ella señaló, del qual truxeron muchos. Y todos venían con muchas ánimas de dentro de sí, de manera que siempre tenían en el hospital de sus caridosos miembros bastamiento de ánimas, e por la voluntad de Dios, y con su poder, siempre venían ánimas, y vinieron a esta sancta virgen hasta en fin de sus días a ser ayudadas por su oraçión y méritos. Quando ella las vía venir, dezíales que tomasen por lugar en que estuviesen los guijarros, donde estavan las otras que antes que ellas havían venido por la voluntad de Dios. Y aunque en cada una de aquellas piedras estavan muchas ánimas, cada una tenía la pena en sí propia que por sus peccados mereçía, diferentes unas de otras.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y como esta bienabenturada no tenía manos con que poner sobre sus miembros las piedras de neçessidad, preguntándoselo las religiosas, les descubrió el secreto, e les rogó que todas las vezes que ellas los pidiese se los diesen [fol. 101v] e pusiesen donde ella les dixese. Las religiosas, mucho maravilladas de saver tal secreto, le dixeron que lo harían de voluntad. Y dende entonzes, empezó esta bienabenturada a poner sobre su persona y miembros aquellas piedras, e por su desseo y voluntad ayudarles a padesçer sus penas, offreçiendo sus dolores y pidiendo a Nuestro Señor se le acrecentasen, por que aquellas ánimas, que consigo tenía, fuesen recreadas y alibiadas sus penas, y por su piadosa misericordia y sancta Passión fuesen libres de todas ellas. Aunque havían sido peccadoras, hera mayor su piedad para las perdonar y haçer virtudes, y que allí estava su cuerpo doloroso y tullido para pagar por ellos lo que su Divina Magestad mandase.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y puniéndose esta sancta virgen estas piedras alrededor de su cuerpo y miembros, sentían mucha consolaçión e alibiamiento de penas las ánimas que dentro dellas estavan. Y acaesçía elevarse, y esto muy contino, teniendo contino mucha de esta compañía. Y aunque los guijarros heran grandes, y sus miembros muy delicados, no se los osaban quitar las monjas hasta que Nuestro Señor la volvía en sus sentidos. Hera muy grande admiraçión y causa de mucha devoçión verla estar ansí de esta manera. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Quando unas ánimas havían acavado de purgar sus peccados mediante la sancta Passión de Nuestro Señor e ayuda de la sancta Madre Yglesia, y de todas las otras cosas que su divinal clemençia tiene otogadas para estos remedios y por los méritos de esta bienabenturada, ýbanse estas ánimas libres de penas, y venían otras con la misma liçençia de Dios. La cantidad de las ánimas que yban y venían heran muchas, según dezía la sancta virgen. Cada vez que venían mucho número de ánimas juntas, no heran todas dellas aún libres, porque unas estavan más tiempo que otras, según tenían la neçesidad. Muchas cosas veýan manifiestamente todas las religiosas del monasterio açerca de este secreto e caridad que Nuestro Señor haçía mediante la oraçión y méritos de esta bienabenturada. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y como las ánimas viniesen tan llenas de penas y fuegos y fríos, todo muy ensufrible e con otros muchos tormentos, luego las tomava ella e las juntava con sus dolorosos miembros, a cuya causa partiçipava en mucho grado de las penas que ellas traýan, quedándole sus miembros [fol. 102r] con muy acreçentados y grandes dolores, y con tan reçios fuegos, que le pareçía estar ella metida en los mesmos fuegos de Purgatorio; tanto que, de neçessidad, muchas vezes le haçían ayre, e otras le ponían paños mojados en agua fría sobre sus quebradas coyunturas. Y en tiempo de calores le heran tan rezios de sufrir estos dolores y fuegos que le hazían dar muy grandes gemidos y gritos, pidiendo ayuda a la Magestad Divina para poder llevar tan ynsufribles y reçios tormentos. Y en este trabajo estava muchos días, junto sin tener alivio día ni noche ni tomando cosa con que se pudiese substener.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Estando muy fatigada con estos demasiados fuegos en el mes de henero, no osando ella pedir a las religiosas algunas cosas frías, que por lo ser el tiempo se las defendían, pensando que le heran dañosas para la salud corporal, embió a llamar secretamente una religiosa de pequeña hedad, y díxole el secreto: “Ruégoos vos vays al alberca de la huerta y me trayáys un pedazo del yelo que en ella está envuelto en ''[17]'' un paño de lienzo, y no le vea nadie”. Y la religiosa, yendo con voluntad amorosa, tomó una piedra y quebró con fuerça el yelo, el qual estava grueso, ansí de ser mucha el agua como de haver muchos días y algunos que estava detenida y haver quaxado muchas noches. Y tomando un gran pedaço, envolviole en un paño, y llevole a la zelda de la sancta virgen, y díxole en secreto cómo le traýa, mas que hera tan grueso como dos dedos. Ella respondió: “Bueno es, alzá la ropa de la cama y ponedle junto a mi lado, y de aquí a un poco tened cuydado de volver acá”. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y dende a media hora volvió. Díxole la bienabenturada: “Buscad, amiga, el paño que truxistes con el yelo, y llevadle, y no digáys esto a nadie que havemos hecho yo y bos”. Y buscándole, hallole junto con las carnes de la sancta virgen. Y el yelo no halló, ni ninguna cosa, ni tenía mojada la ropa de la cama, ni la túnica que tenía vestida, ni sus carnes. El paño en que estava enbuelto el yelo estava un poco liento, de lo qual la religiosa se mucho maravilló. Y no le osó preguntar qué se havía hecho el yelo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y saviéndolo las religiosas dende algunos días, se lo preguntaron, y la bienabenturada [fol. 102v] les respondió que él se havía gastado y se gastará otro que fuera mayor en los grandes fuegos que las ánimas tenían, de los quales ella partiçipaba teniéndolas sobre sus miembros e coyunturas; y ellas, y ella juntamente, de lo sano penavan. E ansí como las ánimas traýan pena de crueles fuegos, ansí otras vezes traýan de frío muy insufrible, y le davan tanta fatiga y travaxo de padesçerlo como en la pena del calor. Porque ninguna cosa le dava calor ni descanso, aunque acaeszía tenerle puesto alrededor de su cuerpo tres o quatro cosas, llenas de brasas muy ençendidas. Y con los demasiados fríos que las ánimas partiçipaban, le creçían todos sus dolores en mucho grado, y le causaron enfermedad en las hijadas y estómago, de muy creçidos dolores, y en toda la oquedad de su cuerpo. Y tanto hera el trabajo y dolores que padeçía, que dava dolorosos gritos e gemidos. Y estos travajos y tormentos acesçía algunas vezes durarle un mes, y otras vezes quinze días, y más y menos, según hera la voluntad de Dios. Tenía ansimismo muy gran dolor de caveza, que le durava el dolor sin ningún alivio algunas vezes seys y siete días, e otras veçes más y menos, según hera la voluntad de Dios y la neçessidad de las ánimas por quien padesçía havía menester. Y quando este dolor tenía, no hablava palabra, porque el dolor no la dexava, ni comía ninguna cosa, sino hera de vever un poco de agua. Y assí como ponía los guijarros sobre los miembros de su persona e junto a su lado, por semejante hazía que se los pusiesen sobre las almoadas, junto a su dolorosa caveza.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Quando assí estava, leýan algunos ratos en su çelda −porque ella lo tenía dicho para esfuerzo de sus travajos− liçión spiritual y en la Passión de Nuestro Redemptor Jesuchristo. Y quando ya sus travajos se le aliviavan, aunque quedava muy enflaquezida, permitía Nuestro Señor se elevase para dalle consolaçión y mostrarle el fruto de sus dolores. Y supieron esto las religiosas, a causa que, tornando ella en sus sentidos, traýa gran hermosura y alegría, que pareçiera no haver padesçido ningún mal. Y inportunándola les dixese de qué tornava tan alegre, díxoles con mucho amor e agradeçimiento [fol. 103r] de lo que por ella hazían: “Señoras, no podría yo dezir con mi lengua las grandes virtudes que la Magestad Divina resçivió, por las quales se muda mi rostro y esfuerça mi gran flaqueza para vivir y padesçer otra vez y vezes los dolores que Dios me mandase. Mi alegría es que en el secreto y gloria me fueron mostradas aquellas ánimas, que yo vi muy atormentadas y padesçer conmigo, las quales havía muchos años que padesçían en penas, y tantos que algunas de ellas havía quinientos años, e otras tresçientos, e otras menos; y todas heran tan solas que no havían quién dellas se acordase para les hazer bien, sino el que la sancta Madre Yglesia haze en general por todos los difuntos. Y viendo yo estas ánimas en la gloria y descanso que Dios, por su misericordia, les a querido dar mediante su sancta Passión, es tan grande el alegría y gozo espiritual que mi ánima resçive que no lo podría comparar”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Quando esta bienabenturada quería que la llevasen al coro o a otra parte de la casa, quando las religiosas la sentavan en el lugar donde havía de estar, poniéndole bien la ropa que llevava bestida, topavan con los guijarros que llevava pegados a sus coyunturas, los quales no havían visto hasta entonçes, y bien asidos, unos devajo de las corbas y otros de los pies. Ellas, muy maravilladas de ver el milagro, probavan a quitarlos, y nunca podían despegarlos, aunque ponían fuerça. La sancta virgen, socorriéndose, les dezía: “Dexadlas estar donde Dios les dio liçençia que estuviesen, que con su poder están esas ánimas que aý haçen”. Y esto se vido muchas vezes de la más parte del convento, e algunas de todo. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Estando esta bienabenturada confesando en su cama, el confesor mirando hazia ella vido uno de aquestos guijarros hazia las almoadas de su cavezera. Y muy maravillado de ver tal cosa en cama de persona tan dolorosa y tullida, con piadad por que no se hiriese tomole y arroxole en el fuego, de manera que dio un gran golpe con él. Y la sancta virgen, en su secreto, huvo gran pesar de lo que el padre hizo. Y después que fue ydo, llamó ella a una religiosa, y dixo: “Dadme ese guijarro que arrojó el padre, que tan angustiada he estado por el golpe que con él dio que no he savido lo que he confesado”. La religiosa le dixo: “No tenga, señora, pena, que no se les daña nada a las ánimas”. La bienabenturada le respondió, diziendo: “Por que [fol. 103v] os guardéys vos de hazer otro tanto, saved que quando el padre las arrojó, gimieron las ánimas, diziendo: ‘¡Ay dolor, estos son los benefiçios e sacrifiçios que de los saçerdotes resçivimos!’”. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y mirando la sancta virgen que otras vezes podría acaeszer lo mesmo, buscava con su pensamiento cómo lo pudiese mudar. Y de que vido a su sancto ángel, contole su pena, diziendo: “Señor, querría suplicar a Nuestro Señor, su poderosa Magestad, quisiese mudar esto de estos guijarros en otra cosa en que las ánimas pudiesen estar, por evitar algunas ocasiones que con estas piedras se pueden recreçer”. El sancto ángel le respondió: “Bien será que lo ruegues, y yo te ayudaré a suplicar te sea conçedida la graçia”. Y rogándolo entrambos se lo otorgó Dios lo trocase ella en lo que más consolada fuese. En manera que de aý adelante siempre tenía unas jarras con rosas e flores o yerbas frescas, según con el año las había, y las jarras heran de vidro, o como las podía haver. Y teniéndolas consigo, a su lado y par de sus almoadas, por la voluntad de Dios todas las ánimas se pasaron en ellas y se asentaron sobre las yerbas y flores. Y ansimismo lo haçían las que nuevamente venían, y dezían a la sancta virgen: “Mucha consolaçión havemos resçivido con esta estanzia que Dios nos a dado, que como los guijarros sean tan duros e espesos no nos consolava más en estar en ellos”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
E aunque a las ánimas les fuese consolaçión mudarlas en las yerbas y flores, no por eso dexava la bienabenturada de padesçer tantos dolores y tormentos para ayudarlas como antes. Y aún más, según su gran neçessidad lo havía menester. Y viendo y saviendo cómo las ánimas se consolavan en estar en las flores y yerbas, rogava ella a las religiosas que tuviesen cuydado de traer las rosas y flores frescas, y ponerlas en los jarros. Y haçiéndolo ellas como se lo encomendava, cuando traýan algunas flores frescas olían las que de antes estavan puestas. Y paresçiéndoles tener muy más subido y lindo olor que quando las havían puesto, rogavan a la sancta virgen les dixese qué hera la causa. E ella les respondió, diziendo: “Todos los secretos queréys saber, por qué y cómo se hazen y son las cosas. Porque hazéys lo que os tengo rogado, y os lo dixe, en cada una de estas flores ay muchos ángeles, los quales fueron [fol. 104r] guardadores de estas ánimas quando vivían en sus cuerpos. Nunca las dexan ni desamparan hasta que, salidas de penas, las llevan a la gloria, y las preguntan ante la Magestad de Dios. Agora vienen aquí a visitarlas, y por darles consolaçión tañen ynstrumentos de diversas maneras y cantan muy dulzemente. Ellas también cantan con ellos. Traen los sanctos ángeles consigo muy suave olor, y permite Nuestro Señor que se pegue a estas flores algún poquito de lo mucho que ellos en sí tienen, por que las ánimas que en estas flores y verduras están sean consoladas”. Dixeron las religiosas a la bienabenturada: “También será ella consolada con tal música y cantos tan dulçes”. Respondió: “Sí soy. Y muchas vezes cantamos todos juntos, y me consuelo de que veo a las ánimas que se les van aliviando las penas y están assentadas en estas flores, y verdes flores y yerbas, en figura de paxaritos de diversas maneras, cantando y loando a Dios, que las crió y redimió, y dándole graçias porque no las condenó por sus peccados, y porque les dio lugar limitado de penitençia donde pagasen sus culpas. De que yo las veo en este estado resçive mi ánima gran consolaçión, porque primero que a él vienen an padesçido muy grandes penas, e yo, peccadora, muchos dolores”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Preguntada esta sancta virgen de las religiosas si las ánimas que nuevamente venían de voluntad de Dios para ser della ayudadas, si venían feas o qué figuras traýan, respondió: “Çierto, no vienen hermosas, ni blancas, ni traen buenos olores, que más vienen para dar temor y espanto que no consolaçión. La semejanza dellas es de mucha diversidad de maneras, según la calidad de los peccados que an caýdo. Mas estas cosas no se pueden explicar, ni menos conviene dezirlas”. Preguntada de qué calidad heran las ánimas por quien rogava y padesçía, respondió que heran ánimas que havían muerto muertes desastradas y por justiçia, y en batallas y en la mar, y las que más desamparadas estavan de quien les hiziese bien, y ánimas de sus amigos y enemigos, y de religiosos y seglares, según hera la voluntad de Dios. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Estando esta bienabenturada un día de verano a la puerta de su çelda, hechada en una camilla rodeada de jarras muy llenas de albaaca muy fresca y creçida, cantando la ''magnificat'', oyéronla las religiosas y fueron a verla e a oýrla con mucha alegría. Y proçediendo ella en su [fol. 104v] canto, quando acavava la ''manifica'' que dixo: “''Gloria Patri''”, abaxáronse las ramas del albahaca, tanto que también se abaxavan las jarras en que estavan. Y estavan ansí abajadas hasta que acavava la gloria, y luego se alçavan muy despaçio. Viéndolo las religiosas, dieron muchas graçias a Dios por tan gran maravilla como sus ojos veýan.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Entonçes, díxoles la sancta virgen: “¿Para qué entrastis aquí, hermanas, que estávamos cantando yo y mis compañeras, yo en esta cama y ellas entre las yerbas verdes?”. Ymportunada que tornase a cantar ''Gloria Patri'', dixo: “Podrá ser no querrán delante de vosotras tornar a hazer la benia”. Y ansí como empezó a dezir ''Gloria Patri'', se abajaron las ramas del albaaca e jarras con ellas, como la primera vez. Y esto fue hecho todas las vezes que lo tornava a deçir, lo qual fue causa de mucha admiraçión a todas las religiosas. E la sancta virgen les dixo con gesto alegre: “Plázeme, amigas, aya el Señor querido ayáys visto esto, por que veáys por espiriençia que esto que está entre estas verduras son ánimas cristianas, y obedientes a su Dios, y creyentes en su sancta fee cathólica, pues hazen humiliaçión y reverençia quando se nombra la muy alta Trinidad. Y no es esta la primera vez que estas cathólicas ánimas reverençian a su Dios y criador estando en estas yerbas como havéys visto; mas otras muchas vezes lo han hecho por dar plazer a esta bienabenturada”. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Trúxole una religiosa un gran pie de albahaca, el qual venía granado y no abiertas las flores. Ella, viéndole, mandole poner en una jarra de las que ella tenía para aquello. Otro día, trayendo otra rama más fresca, sin dezirle ninguna cosa, quitaron aquella mata grande y hecháronla a un rincón de la mesma çelda, y pusieron la fresca. Y dende a dos días, pidió la jarra que tenía el gran pie de albahaca, que como tenía muchas unas tomava una vez, y otras otras. Y trayéndosela, conoçió que no hera aquella el albahaca que ella havía mandado poner allí, y pidió que se lo diesen. Díxole una religiosa: “Ya está seca”. Ella, pidiendo que se la traxesen, aunque estuviese como dezían, y traýda, mandó quitar la fresca y poner aquella, diziendo: “Sé que poderoso es Dios, y la virtud de mis ánimas bendita, y para tornar esta albahaca en su berdor y frescor”. Y mandó que le pusiesen aquella jarra ençima de sus miembros, y túvola un gran rato. Y antes [fol. 105r] que se la quitasen, ya empeçava aquella rama a tener un poco de vigor, y continuándola a a tomar más a menudo que las otras jarras, a cavo de dos días estava tan berde como si entonzes se huviera cortado de donde estava nasçido, y abrieron las floreçitas, y ansí estuvo por artos días, sin perder su verdor ni olor. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Acaesçíale algunas vezes estar apartada de donde estavan las jarras, y haver gran rato que no las havía tornado consigo, e oýr los gemidos de las ánimas y palabras que dezían en que mostravan el desseo y neçessidad que tenían de ser recreadas dellas. La sancta virgen entonzes les deçía: “Venid, venid, ánimas cristianas y cathólicas, con el poder que Nuestro Señor Jesuchristo os a dado, que os aprovechéys de mí, su yndigna sierva”. Al qual clamamiento todas quantas ánimas que en las yerbas de las jarras yban e se le ponían ençima de los miembros, desde los pies hasta la caveza. Y ella les preguntava, diziendo: “¿Havéys os consolado, amigas?”. Las ánimas dezían: “Sí, criatura de Dios e ayudadora nuestra. Muchos más havemos consolado, pues nuestras penas y tormentos se an aliviado y alivian todas las vezes que contigo nos tienes. Muchas graçias sean dadas al poderoso Dios [por] esta misericordia, y por todas las que de su alta magestad havemos resçivido”. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Bolviendo un día esta bienabenturada muy alegre de la elevaçión, preguntáronle las religiosas que les dixese la causa de su alegría, si hera de libramiento de ánimas de Purgatorio, que en ella conoçían que havía ydo al lugar de las penas. Muy ymportunada, respondió: “Sí, que como el poderoso Dios a otorgado a mi sancto ángel custodio muy grandes previlegios, entre los quales le otorgó fuese a Purgatorio çiertos días de la semana, en espeçial miércoles y viernes en reverençia de la sancta Passión, y el sávado por lo masmo y por los mereçimientos de la Virgen Sancta María, su madre, y llévame consigo para que le guarde el pescado que jara de los lagos del Purgatorio. Y como él lleva el poder de Nuestro Señor, no le vedan los demonios la entrada, ni podrían, aunque mucho les pesa dello, y hazen muy grandes ruydos, y estruendos espantosos de oýr. Mas mi señor sancto ángel pásase de largo, llevándome a mí guardada dellos entre sus muy hermosas alas, y vamos a unos muy espantosos lagos y ríos, los quales son negros como la pez, y muy pesados, y de horrible hedor. E toma mi sancto ángel una grande viga llena de anzuelos muy grandes, y hechados en aquellos lagos y ríos, en el [fol. 105v] nombre de Dios y de su sancta Passión, y tiénelos allí un poco. Entre tanto, ruega al Señor y a Nuestra Señora, y yo también. Dende a un poco, tira aquella viga hazia fuera, y saca asida algún ánima o ánimas de aquellos anzuelos, e quítalas, y dámelas a mí que se las guarde de los demonios. Y torna a hechar los anzuelos, y entre tanto que él saca, más meto yo aquellas ánimas en una estançia que allí tenemos para esto, la qual llena cada vez que va a haçer esta obra de caridad. Y de esta manera saca muchas ánimas cada vez, y estas son las que la voluntad de Dios permite, y las que an sido más devotas de su sagrada Passión, y en que en semejantes, viviendo en la carne, hizieron alguna buena obra por su amor e murieron en día de viernes.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
”Otras vezes va más a los fuegos de Purgatorio, los quales son muy terribles y de muy espantosas llamas, e muy altas y grandes, y son muy coloradas e escuras. Y andan las ánimas entre estas llamas a manera de çentellas de fuego vivo, como quando entre una gran llama saltan zentellas. Y mi señor sancto ángel lánzase en aquellas llamas, y travaja por asir de aquellas çentellas que entre las llamas andan, las quales son muchas, y ase la que es voluntad de Dios, y viene a dármela a mí, en el lugar que he dicho, para que la guarde. Y qué tales ellas salen bien se os pueden figurar. Y luego torna el sancto a lanzarse en las llamas, y assí saca las que Dios es servido que salgan cada vez. E algunas vezes me pareze a mí que le ha hecho ympresión el grande y espeso humo donde tantas vezes se a metido, como que le a escureçido algo de los resplandores que salen de su hermoso bulto. Y díçeme él entonzes: ‘Mucho estás maravillada de ver que siendo yo ángel, te pareçe me an hecho ympresión estos fuegos espesos: pues mira cómo no me an hecho ynpresión estos fuegos espesos, pues mira cómo no me an tocado’. E menea sus muy hermosas alas, e queda muy más resplandeçiente que antes estava. Y estas ánimas que sacamos con el poder de Dios, entrégalas mi sancto ángel a los ángeles, sus guardadoras dellas, que tengan cuydado dellas y de las presentar al poderoso Dios, porque estas ánimas que mi sancto ángel saca no vuelven más a ellas, de las quales [fol. 106r] nos guarde Dios”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Tornando esta bienabenturada de su elevaçión con gesto alegre, dixéronle unas religiosas enfermas que a la sazón se yban a consolar con ella: “Señora, pues viene del Çielo, díganos alguna cosa”. Respondió: “Porque estáys enfermas os quiero consolar, pues es obra caridosa apiadar a las enfermas, lo que el Señor me mostró agora, estando yo en aquel lugar, que es voluntad de Dios. Es que vi estar de hinojos al señor Sant Juan evangelista, e a sant Lázaro, el que resuçitó Nuestro Señor, e a sancta María Magdalena, e a sancta Marta, e a sancta Marzela, delante la Divina Magestad, a los quales tiene otorgado un privilegio: que por este tiempo de la Semana Sancta puedan yr a Purgatorio con su poder a sacar ánimas de Purgatorio, las que fuesen su sancta voluntad. Y quando yo las vi de hinojos, dezíanle que les diese liçençia que querían yr a Purgatorio, y su poderosa bendiçión. E respondió el Señor, diziendo: ‘Yd en buen ora, mis amigos, y sacad las que pudiéredes e yo quisiere. Pues vosotras, quando yo estava en la Tierra, me hospedastis e acompañastis, yo hospedaré e resçiviré por amor de vosotros a las ánimas que sacáredes por estos tiempos, para siempre jamás, en mi sancto reyno’.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
”Y los sanctos le dieron muchas graçias, y suplicaron a su preçiosa madre, que a su lado estava, quisiese yr con ellos, la qual se volvió hazia Nuestro Señor Dios, y le dixo: “Hijo mío muy amado, estas sanctas benditas me ruegan vaya con ellos a Purgatorio. Si me dáys, hijo mío, liçençia, yré de buena voluntad”. Y Nuestro Señor le respondió: “Madre mía, si vos queréys, yd en buena ora, que ellos ganarán en llamaros, que solos vuestros mereçimientos son bastantes para robar todo el Purgatorio y traerle con vos a los Çielos”. Y luego la muy poderosa Reyna del Çielo, puesta en muy grande trono, y estos gloriosos sanctos con ella, y muchos millares de ángeles de la hierarchía elegida para su poderosa guarda, y mandó llevar muchas trompetas e atabales, e otros muchos ynstrumentos de dulze melodía. Y ansí desçendieron al lugar del Purgatorio, y dende camnino pasaron por donde yo estava.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
”Y díxome la muy piadosa madre de Dios, mirándome con sus ojos de misericordia: ‘Anda acá, amiga, vete con [fol. 106v] nosotros’. E yo holgué mucho de oýrlo, y tomándome de la mano mi sancto ángel, fuymos todos. Y a la entrada de Purgatorio, mandó su Real Magestad tocar todos los ynstrumentos, lo qual hera muy admirable cosa de oýr, por que las ánimas sintiesen el socorro que les yba, y se esforçasen con el sonido de las trompetas, y con la melodía de la dulze música se consolasen. Y entrando con este gran poder, los demonios empezaron a aparejarse como de guerra, con muchos tiros y armas, haziendo muy grande ruydo, y poniendo las ánimas en gran cobro, dando muy grandes alaridos. Nuestra Señora mandó empezar la pelea, y que no çesasen de tañer. Y Su Magestad los estava mirando, y los sanctos y sanctas susodichas con ella, y los ángeles de su reguarda, unos tañendo, e otros con espadas muy luçidas peleavan muy reziamente con los demonios. Pareçíame que los ángeles con las espadas partían los demonios por medio, e caýan en el suelo. Y de verlos yo assí caýdos y partidos por medio havía yo muy gran plazer. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
”Y mientras que estos ángeles peleavan con los demonios, otros ángeles yban a los lugares donde estavan penando las ánimas, y traýan muchos brazados dellas, y poníanlas delante de Nuestra Señora, y volvían por más. Y otras venían huyendo adonde estava Nuestra Señora, y ellas las resçivía con ymmensa caridad, hablándoles palabra con mucho amor, y caridad y piedad. Y ansí llegaron alrededor de Nuestra Señora trezientas mill ánimas. Y conoçiendo la Reyna del Çielo que hera cumplida la voluntad de Dios para no salir ya más ánimas por entonzes, mandó çesar la pelea, y a los sanctos ángeles que tomasen las ánimas. Y ansí salimos del lugar del Purgatorio con muy grande alegría. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
”Nuestra Señora mandó venir ante sí los ángeles guardadores de aquellas ánimas, e dixo a los ángeles: ‘Benditos, tomad cada uno de vosotros el ánima de estas que tuvistes a cargo y levaldas a Jerusalem, y tenedlas esta Semana Sancta en aquellos preçiosos lugares. Y las que estuvieren para yr al Çielo, yo terné cyudado dellas que no estuvieren. Para ello, llévamelas a Paraýso terrenal, que, con los méritos de la Passión de mi preçioso hijo, y mis ruegos e los de estos benditos sanctos que conmigo están, ellas subirán al Çielo para la asçensión del poderoso Dios’. Y Nuestra Señora, con toda su hueste, se subieron a los Çielos, e las ánimas lleváranlas los sanctos ángeles a Jerusalem, e a mí, peccadora, tornáronme a este cuerpo apadesçido dolores por mis peccados”. [fol. 107r]&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Capítulo XXII'''&lt;br /&gt;
'''De una revelaçión que esta bienabenturada vido estando enferma'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Estando esta bienabenturada en su cama enferma de calenturas de más de todas las enfermedades que tenía, vino a ella el padre nuestro, el glorioso sant Françisco, muy glorioso y acompañado de muchos sanctos bienabenturados. E saludola y convidola, diziéndole que se fuese con él al Paraýso, si pudiese y tiene esfuerzo para ello; y si no podía, por su mucha enfermedad, se tuviese en su cama, la qual le havía dado el Señor por nido como a páxara o gallina que está empollando sus huebos, por que dellos nazcan páxaron vivos o pollicos, de dolores salidos de los sus huebos, los quales se crían pasçiendo en las yerbas buenas. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y diziéndole esto, le hechó con sus benditas manos en la cama tres dozenas de huevos, unos tan grandes como de abestruz, e otros medianos, e otros más pequiñitos, los quales huevos heran muy blancos, y claros y limpios, que pareçían de nácar o aljófar. Y la sancta virgen les resçivió de muy buena voluntad, y la bendiçión que el glorioso sant Françisco le dio, e le rogó por toda su orden de frayles e monjes, en espeçial por sus hermanas y compañeras, le diese su bendición. Y bendiciendo a las religiosas, despidiose el glorioso padre, y la bienabenturada, en el despedimiento, besole sus sanctos pies, y él a ella en la caveça, diziendo: “Quiero yo besas los dolores de mi Señor Jesuchristo en ti, ''filia mea'', por su misericordia transformados”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Dixo esta bienabenturada que le dio a entender el glorioso sant Françisco que los pajaritos vivos, y las pollitas de colores salidas de los huevos que se crían pasçiendo en los buenas yervas, eran las ánimas que, mediante la Passión de Nuestro Señor Dios y los dolores que ella padesçía, heran ayudadas y remediadas. Y los huevos que le dio eran las ánimas que le traýa por la voluntad de Dios, para ser ayudadas della, de personas que viviendo en los cuerpos havían sido devotas del glorioso sant Françisco. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Rogando esta bienabenturada al Señor por unas ánimas, y muy en espeçial por una, por la qual le encomendaron travajase de saber el estado en que estava, y perseverando en su coraçón, suplicava a la Magestad Divina le quisiese mostrar el estado de aquella ánima o ánimas por quien suplicava, las quales ella conoçía viviendo las tales personas en la carne. Y continuando en su demanda, fue Nuestro Señor servido que, estando ella elevada, la llevase su sancto ángel a un lugar de Purgatorio muy terrible y espantoso, en el qual lugar vido y conoçió las ánimas por [fol. 107v] quien suplicava, las quales estavan en muy terrible y espantosas penas, entre las quales ánimas conoçió una de un hombre ella muchas veçes havía visto e hablado, la qual ánima tenía los demonios atada de los pies, y la despedaçavan con artillería de muchas maneras de tormentos e armas que tenían con que atormentavan las ánimas, con las quales armas le despedazaban todos sus miembros uno por uno, y le haçían taxadas menudas como sal. Y en cada pedazo de aquellos, estava bullendo el ánima como si en cada pedazo estuviera entera. Assí gemía, y llorava, y gritava. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y la sancta virgen, muy admirada de ver ansí aquella ánima tan despedazada, y que todos los pedazos gemían y gritaban, dixo a su sancto ángel: “Señor, muy maravillada estoy de ver cómo un ánima pereze en muchas, porque en cada pedazo pareze estar un ánima, y en él llora, como quando estava en el vigor del padesçer entera antes que la partiesen”. Respondió el sancto ángel: “No te maravilles de oýr gemir y llorar cada taxada por sí, que como el ánima es hecha a semejanza de Dios, en el qual está todo entero en Su Magestad, aunque está en muchos pedazos de hostias en todo el mundo, en todos los pedazos está entero; assí el ánima está enteramente dondequier que está su presençia y potençia y sentimiento. Y como en cada pedazo de estos están estas tres cosas, presençia y potençia y sentimiento, por chico que sea el pedazo, tiene sentimiento de entera ánima”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y estando en esta plática, vino un gran dragón muy espantable, que con sus crueles manos e uñas la agarró, y todos los pedazos y migajas, los quales bullen todos como gusanos, con mucha rabia y crueldad, los apretó y trujó, y se los comía. Y teniéndolos assí en la boca, mazcando reçiamente, se tornava entera aquella ánima, como antes estava, y el cruel dragón la hechava fuera de la boca algo della. Y otros muy espantosos dragones se la yban a tomar, y todos asían de aquella triste ánima, unas de una parte y otras de otra, hasta que la tornavan a despedazar muy crudamente, y tragaban y mazcaban della, y después la vi entera como de primero. Y venían otros demonios, como negros como hollín, y muy crueles, y tomábanla. Poníanla en tormento de bergas de yerro, a manera de sogas, y liábanla toda, y apretávanla tanto que le hazían sobrepujar el vulto entre soga y soga un palmo [fol. 108r] más, y apretaban tanto que la partían y cortaban como con sierra. Y de que los unos estavan cansados de atormentar aquella triste ánima, tomávanla otros. Y ella dava tan espantosos gritos y gemidos que no se podrían dezir, y se maldecía, y no la valía nadie, y se desesperava, y no la aprovechava ni la consolava nadie, ni sus penas çesaban, ni se le aliviaban, sino de esta manera susodicha, y muy más cruelmente hera contino atormentada aquella triste ánima hasta que se cumplió la voluntad de Dios de sacarla dellas.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Héranle mostradas muchas vezes a esta bienabenturada penas de Purgatorio por su sancto ángel, porque yendo él a visitar las ánimas y llevarles refeçción, la llevava consigo, en espeçial los lunes. Y le mostrava en Purgatorio los lugares muy tristes y escuros, y feos y muy espantables, en los quales vía padesçer las ánimas de muchas maneras, y cómo los demonios les demandavan los peccados que hizieron. Y las penas que les davan por ellos a las ánimas que havían peccado en el peccado de la soberbia, por quantas vezes cayeron en este peccado, aunque le havían confesado viviendo en la carne, si no tuvieron gran contriçión no se escusa de pagado en Purgatorio, porque la contriçión destruye el peccado; empero, si no ay grande arrepentimiento, por fuerças á de estar la tal ánima siete años en penas, por cada vez que cae en este peccado de la soberbia, la caveça ayuso colgada de los pies, dándole muy reçios tormentos y diziéndole muchos vituperios e ynjurias y menospreçios los demonios. Y ansimismo por cada peccado le dan pena de su manera. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Por el peccado de la avariçia, dan muy crueles y fuertes penas. Y están las ánimas que las padezen desnudas algunas dellas, y otras bestidas de tristes y muy amargas vestiduras, rotas y agujereadas. Y por los agujeros salen llamas de fuego y muy grande fedor, e muchos gusanos mordedores con dos bocas, y con ambas duermen y bullen, e yerben tantos dellos que no caven en la estatura o bulto del ánima del hombre o muger que los tiene. Y de esta manera padesçen allí dentro de sí mismos tantas penas que no se podría dezir. E más son las penas y tormentos que dentro de sí tienen y padesçen, las que los demonios les dan por cada uno de sus miembros. Padezen pena según pecó e se deleytó y offendió con ellos a su criador. Assí, hombres como mugeres [fol. 108v] son muy atormentados en las partes vergonçosas, que las tienen muy hinchadas, y de parte de dentro llenas de gusanos mordedores: yeren mucho aquellas partes y todos los otros miembros del cuerpo, porque también con ellos offendieron a Dios. Las tales ánimas dan muchos gritos y voçes, diziendo: “¡Ay, ay de nosotras, que tuvimos tiempo de servir a Dios, y no lo hicimos! Y ahora somos tristes y atormentadas, e no nos vale contriçión e arrepentimiento. ¡Ay, dolor de nosotras, quánto mejor fuera no hazer peccados que hazer por ellos penitençia después de la muerte! ¡O, quién huviera hecho penitençia entera en su vida! Çierto más nos valiera que no padesçer tan crueles tormentos y penas como padesçemos”. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
E rogando esta bienaventurada a Dios por un ánima, de la qual deseava saver en qué estado estava, y preguntándolo a su sancto ángel, respondiole diziendo: “Criatura de Dios, no se puede hazer aora eso que pides de mostrarte esa ánima por quien ruegas, que no es voluntad de Dios lo sepas por agora. Yo no te bedo que ruegues por ella, ni tanpoco te digo lo hagas. Haz según quisieres, que la oraçión perfeta nunca es perdida en la presençia de la Divina Magestad”. De la qual respuesta se angustió mucho, porque no pudo conoçer por ella el estado de aquel ánima. Mas por eso, no çesó de suplicar a Nuestro Señor por ella, y offrecelle los dolores que ella padecía, y pedir otros mayores para el medio de la dicha ánima. Y no osando preguntar más a su sancto ángel por ella, pasó algún tiempo. Esta ánima havía sido persona valerosa, viviendo en la carne, y tenía mandos sobre otras personas, con las quales hizo algunas cosas con passión y no con justicia, ny caridad, ni çelo de la honra de Dios. Hera persona eclesiástica, la qual vino a esta bienabenturada una noche, estando ella en su çelda y çiertas religiosas que la acompañavan. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y fue en esta manera: que primero que la viese, oyó muy gran ruydo y espantosos estruendos, en muy gran cantidad. Y estando la sancta virgen muy espantada de oýr tales cosas, a deshora vido entrar por la çelda un hombre muy espantable y grande, y los pies y manos heran muy terribles y feos, y el gesto como de león muy feroz, y los ojos muy espantosos y encarniçados, y en la boca traýa unos gruesos garrotes, y traýa por bestidura un sayuelo como de sayal muy [fol. 109r] corto, que no le llegava más de hasta la çintura y las partes vergonçosas de fuera. Y a esta causa venía más espantosso y feo que si viniera en otra figura. Andava con pies y manos, a manera de bestia, y traýa sobre sí muchos demonios, y todos los agravios y sinrazones que havía hecho en su vida a las personas que tenía a cargo, las quales offendieron a Dios a su causa. Y las que heran difuntas, traýalas sobre sí, penando por los peccados que a su causa havían hecho. Y esta ánima padezía juntamente con ellas las ocasiones que les havía dado. Y las que heran vivas, traýan sus figuras con las mismas penas que las otras traýan. Y traýa todas las ánimas que por su consejo havían offendido a Dios y hecho agravio a sus próximos, de manera que traýa sobre sí ynnumerables penas y tormentos. Y los demonios le dezían muchos vituperios, pregonando todos sus yerros y peccados para más atormentarle, y luego allegavan y desquixábanle la boca en tal manera que le partían por medio hasta los pies, diziendo: “Quien tal haze, que tal pague”. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y conoçiendo la bienabenturada aquella ánima ser la por quien ella mucho rogava a Dios, deseava oýrla hablar alguna palabra, por conoçer si estava salva, porque la veýa tan espantable y tan grandes penas que no podía conoçer si lo hera. Y viéndola çerca de sí, mirola con muy grande compasión. Y el ánima miró a la sancta virgen con ojos muy espantables, y bramava como toro hazia ella; y lo mesmo hazía quando le davan los palos, porque no tenía lengua para poderse quejar ni hablar, sino hera bramar como animalía. Y quitáronle los garrotes de la boca, y pusiéronle una voçina, por la qual salía muy espantosa voz, que dezía: “Esta, esta es de mi herençia”. Y sonava a manera de trompeta muy espantable. Y no pudiendo conoçer si aquella ánima hera salva, quedó muy angustiada. Y quando vido a su sancto ángel, contole [fol. 109v] cómo havía visto aquella ánima, y que no havía podido entender por qué causa havía sonado por bozina: “Esta es de mi herenzia”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Respondiole el sancto ángel, diziendo: “Algunas vezes permite Dios que las mesmas ánimas que padezen, y los demonios que las atormentan, manifiesten la justiçia de Dios. E dezir esa ánima que la vozina o trompeta que le pusieron en la boca hera de su herençia, díxolo porque con el sonido de su voz, y palabra de su lengua, hizo muchas offensas a Dios, y con sus mandamientos y consejos agravió a sus próximos. Y llamar herençia a las graves penas que con sus malas obras merezió, eso, aunque no quisiese, se lo haría dezir la justiçia de Dios”. La sancta virgen le preguntó: “Señor, ¿es salva esta ánima de quien hablamos?”. El sancto ángel le respondió: “Ya te he dicho no me lo preguntes, que Dios te lo alumbrará quando Él sea servido”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y por entonçes no le ymportunó más la bienabenturada. Pero, continuando en su oraçión, suplicava a Nuestro Señor, su Divina Magestad se acordase de alguna buena obra que aquella ánima huviese hecho en su servicio, o de sus sanctos, que ella savía havía hecho estando en el mundo aquella persona una buena obra: y hera que havía hecho pintar una ymagen de un sancto muy preçioso, y le hera mucho devoto; y más, que le havía oýdo algunas palabras devotas en loor de su Divina Magestad. Y sobre todo esto que aquella ánima havía hecho, y los dolores que ella padesçía, lo qual todo hera poco, ponía los méritos de su sagrada Passión y los de su preçiosa Madre, y de todos los sanctos y sanctas de la corte del Çielo, y durándole algunos días haçer esta suplicaçión a Nuestro Señor, ynvocaba a otros muchos sanctos, para que la ayudasen a rrogar a su Divina Magestad por aquella ánima, a la qual vido una noche estando en su çelda. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y primero que la viese, oyó [fol. 110r] unos grandes bramidos, como de toro, y escuchándolos, vido entrar un toro muy feroz, grande y fuerte para ella. Y alzando la sancta virgen los ojos a mirarle, vídole entre los cuernos una ymagen, y tras la mesma ymagen, vido un bulto como un ánima, la qual la dixo: “Conóçesme, yo soy fulano, por quien tú mucho ruegas. Doy muchas graçias a Dios e a ti. Por tus ruegos se me an hecho muchas virtudes, y me dieron esta sancta ymagen para mi consuelo y defendimiento, que es por la que yo hize pintar aquel sancto mi devoto, el qual mucho me a ayudado”. La bienabenturada le dixo: “Mucho me he consolado, ánima, en te haver visto, porque he deseado mucho saver si fueres salva, que la otra vez que te vi no lo pude determinar, tan atormentada vienes”. Respondió el ánima: “Tan grandes an sido mis penas y tormentos, y son, que no puedo enteramente conoçer si soy salva, aunque algunas cosas he visto para creerlo, porque traygo tan grande desconsolaçión y penas de muchas maneras que no me da lugar a tener esperanza de mi salvaçión. Que aunque los demonios no me atormentasen, este buey en que yo ando metido trae tanto fuego y frío, quando Dios quiere, y hedores, y hambre y sed atormentable, que me bastaría, aunque por esto no me dexan ellos de dar crueles tormentos”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
E otras muchas cosas secretas le dixo de su conçiençia, y le pidió perdón de las cosas que en su perjuyzio havía hecho. Y le dixo le havía aprovechado la devoçión que en algún tiempo le havía tenido, conoçiendo la graçia de Dios que en ella morava. Y assí desapareçió. Y de aý adelante, vido muchas vezes esta ánima en su çelda, y en Purgatorio, y la hablava, y la veýa yr mejorando por la misericordia de Dios. [fol. 110v]&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Capítulo XXIII'''&lt;br /&gt;
'''De cómo esta bienabenturada vido a Nuestra Señora y a su preçioso hijo Niño Jesuchristo en spíritu, día de la Epifanía'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Tornando esta sancta virgen en sus sentdidos, la qual havía estado por todo el día y fiesta de los Sanctos Reyes arrobada, fueron todas las religiosas ha verla por se consolar con ella, que la amava mucho, y dixéronle que les diese aguinaldo spiritual, diziéndoles alguna cosa de lo que havía visto en su elevaçión. Respondioles, diziendo: “Ya savéys, señoras, que muchas vezes os he dicho que las cosas spirituales y revelaçiones çelestiales no se pueden esplicar ni dezir por lengua humana, y a esta causa muchas vezes çeso de deziros lo que me rogáys que os diga. Mas por vuestra consolaçión, deziros he algo de lo que en esta sancta fiesta he visto, mostrándome Nuestro Señor por su misericordia alguna cosa de las grandes fiestas que oy se haçen en el Çielo. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
”Pareçiome vi a Nuestra Señora y Madre de Dios assentada en un estrado de joyas y thesoros de grandes riquezas, y muy resplandeçiente, a manera de quando esperan algún hospedaje de algunos grandes señores. Y estava allí el pesebre del Niño Jhesús, adornado de hermosas joyas, ricas y muy valerosas, y los bestidos del Niño Jhesús, por semejante, muy ricos e luçidos, y muchos ángeles alrededor, cantando cantillanas tan dulçes que solo Dios la podía entender; y yo, su yndigna sierva, entendí algunas, en que deçían:&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
‘Dios de los Dioses,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
señor de las huestes, &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
rey de los reyes,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
aora vendrán los que Tú quieres.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Los reyes te adoran,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
y después dellos muchos te hallarán, &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
no perderás los que te amaron&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
y de coraçón te dessearon’.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
”Estando en estos coloquios, con más gozo que se puede pensar, hizo la Reyna del Çielo señal para silençio, y llamó a mí, su yndigna sierva, que lo estava mirando. Y fuy postrada de hinojos delante las gradas, donde la poderosa Reyna estava, y díxome su Real Magestad: ‘¿Viste cómo mi hijo está aora niño chiquito?’. Respondí: ‘Sí, Señora’. ‘¿Pareçete bien mi hijo?’. Yo le dixe: ‘Sí, Señora’. ‘¿Quiéresle mucho?’. Tornele a dezir: ‘Él, señora, lo save’. Dixo ella: ‘Yo no lo savré’. ‘Pienso sí savrá Vuestra Magestad, y también las faltas más’. [fol. 111r] Y diziendo esto, huve un gran temor y vergüenza acordándome de mis faltas y defetos, viéndome en tan alto lugar no siendo yo digna. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
”Díxome la Reyna del Çielo: ‘No temas, ¿por qué temes? Yo te digo Dios te pone ese temor por que le ayas de mí, que tengo aora sus vezes de juzgar mientras Él está en figura de niño chiquito. E ansí como delante de un alcalde mayor y otra justiçia es devida reverençia e miedo, assí a mí este tiempo del naçimiento de mi hijo, nasçido de mis entrañas enxendrado por Spíritu Sancto, algunas vezes, e todas las que yo quiero, me da auctoridad que juzgue y reprehenda si quisiere a las ánimas vivas, y a los que an salido del mundo, y que mande a los ángeles malos y buenos y los castigue si yo quisiere. Por eso, hija, con raçón temes tú, y aun tus hermanas también, las quales quiero yo que parezcan aquí ante mí’. Y diziendo esto, a deshora pareçieron allí unas ymágines o estatuas, las quales estavan en figura de las mismas personas, e pareçiome conoçía cada una. E la Reyna del Çielo no hablava ante ninguna dellas por entonzes sino a mí, su sierba, diziendo: ‘Dime, hija, los agravios que te an hecho tus hermanas o quejas que tienes dellas’. Yo le respondí: ‘Señora, a mi pensar no me an hecho ningún agravio, ni tengo ninguna queja, ni raçón para ello’. Y dixo la Reyna y Señora Nuestra: ‘Todas se aparten allá y quede aquí sola una contigo’. Y apartadas, dixo: ‘De esta, ¿qué quexa tienes?’. Respondí como de primero, no tenía ninguna. Y mandó se apartase aquella, y viniese otra. Y vino luego, y preguntome qué quexa tenía de aquella. Por semejante, respondí que ninguna tenía. Y assí vinieron todas, una a una, y me preguntó la Señora las palabras ya dichas de cada una, y respondí como a las primeras, no acusando a ninguna. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
”Entonzes, Nuestra Señora replicó, diziendo: ‘No acuses a ninguna de ninguna cosa, ni de alguna cosa te quexas, pues razón tienes de quexarte, y bien hazes de dexar a Dios la venganza y el juyçio. Y yo te digo que tienes previlegio de Dios todopoderoso y glorioso, hijo mío, que las ánimas que tú bendixeres serán bendeçidas, y las que maldixeres, serán maldezidas. Y tú no tienes condiçión para maldezir, y por eso no maldizirás sino lo que [fol. 111v] Dios quisiere, ni bendizirás sino lo que le pluguiere. Y las que maldixeres, serán maldeçidas. Y las que amaren y apiadaren, serán d’Él amadas e apiadadas; y las que te aborreçieren, ternán juyzio delante d’Él quando tú no las dieres causas justas para odio, porque su maliçia las condenará más que tu culpa. Por eso tú, agora, bendízelas, y no pienses que las bendizes tú sola, que yo contigo las estaré bendiçiendo. Y esta se entiende a las que tuvieren verdadera devoçión e fee, y limpieza de coraçón. Y a mi hijo rogaré por ellas y por ti, que heres llave de mi casa, y tú la tienes dada de parte de mi hijo y mía. Y bien saven tus hermanas la caýda de la primera muger a quien yo me apareçí para fundar esa mi casa, llamada Ynés, en cuyo reparo pedí yo a Dios, mi hijo, a ti, en quien se renovase mi apareçimiento y se descubriese y honrase mejor que antes estava, y tomase comienzo para yr de bien en mejor. Y por tanto, hija, como a segunda fundadora de morada, y en lugar de la primera, reestableçí, como hiço el Spíritu Sancto a sancto Mathía en lugar de Judas, y como Sant Michael en lugar de Luçifer’. Yo dixe a Nuestra Señora: ‘Suplico a vuestra Magestad las bendiga, pues las tiene aquí, y las hable’. Respondiome: ‘Hija, no se dan estos dones y graçias generalmente a todas personas, sino particular a algunas; y pues tú heres una dellas, da graçias a Dios por ello, y no seas yngrata a sus misericordias y benefiçios’.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
”Y luego, mandó a mi sancto ángel me volviese a mis sentidos y naturaleza corporal, y assí no vi la adoraçión de los reyes, ni su venida ni entrada por entonzes, lo qual yo deseava y esperaba, según las señales veýa y las palabras que oýa en las cançiones de los gloriosos ángeles. Muchas veçes en el año he visto a Nuestra Señora venir a visitar a esta sancta casa, de la qual muestra tener espeçial cuydado y deseo. Y su santo apareçimiento se a estimado y venerado, porque no fue una vez sola la que Su Magestad se apareçió en este lugar, mas nueve días arreo, me ha dicho mi sancto ángel, fueron los que se apareçió. Y el primero se empieza, y fue el primero día del mes de marzo hasta el noveno, que es el postrero, y más preçiado, porque en este día puso la cruz por señal, diziendo que quiere que le hiziesen allí su yglesia cada año. En este día, en el qual se çelebra su sancto apareçimiento, la he visto venir a ora de la medianoche en una proçessión muy admirablemente hordenada, solemníssima y enriqueçida, apos- [fol. 112r] tada de muchos resplandores y riquezas de gloria, acompañada de muchedumbre de ángeles y de sanctos y sanctas. Y también vienen con Su Magestad las religiosas difuntas hijas del monasterio, salvas por la misericordia de Dios, y ansimismo vienen todas las ánimas que en vida fueron devotas del sancto apareçimiento de Nuestra Señora, y las ánimas de los bienhechores del monasterio. Y estas ánimas, algunas dellas son libradas de penas, y otras no. Tráelas Nuestra Señora con liçençia de su preçioso hijo para darles descanso en esta su fiesta. Y esta preçiosa proçessión viene al monasterio con muy grandes cánticos, y músicas çelestiales, y ynstrumentos de diversas maneras de melodía. Y antes que entre en la yglesia y casa, da una buelta alrededor, y vendize Nuestra Señora los campos, e tierras y frutas en ellas apareçidas media legua a la redonda del monasterio; y después entra dentro y va al dormitorio, y vendize las religiosas con grande amor, y diçe: &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
‘Esta casa es mía, mía es esta casa, &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
y yo no la tengo olvidada. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Mío es este lugar, &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
yo no le entiendo olvidar;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
y pues no le entiendo olvidar, &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
no quiero dexarle de visitar’. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
’Estad constantes en los travajos y penas presentes y advenideras, que ansí se ganan las coronas, las quales yo tengo en depósito si os contentáys, siervas mías, con mi depósito; si no, dadlas a quien os las guarde. Y guardadlas vosotras, por que déys buena quenta a Dios, mi hijo, el día del juyzio, y merezcáys reynar y goçar con Él para siempre’. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
”E manda algunas vezes a los sanctos ángeles guardadores de las mesmas religiosas les pongan guirnaldas en las cabezas, de rosas blancas e coloradas. Y de estas cosas ellas no ven ni sienten ninguna cosa. Y desde el dormitorio va la sancta proçessión al coro, y allí está hasta que se dizen los maytines. Y ansimismo está Nuestra Señora, con toda la preçiosa compaña en toda la misa y sermón, y bendize los pueblos que vienen en proçessiones a çelebrar su sancto apareçimiento, y a todos los demás; y ruega a su preçioso hijo, estando en el Sancto Sacramento del Altar, por las religiosas que avitan y moran en su casa, e por todos sus devotos, y muy en espeçial por los que allí presentes [fol. 112v] están les otorguen los perdones de su sancta Yglesia. Y dize Nuestra Señora: &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
‘Norabuena venga Dios, trino y uno, &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
verdadero hombre çelestial, &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
a estar con el sancto Sacramento del Altar. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y en él la corte çelestial &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
vendiga Dios a la compaña humanal. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Yo soy la bienabenturada Madre de Dios &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
y vosotras, bienabenturadas hijas mías’.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
”Y quando se quieren yr las proçesiones despidiéndose del altar, alça Nuestra Señora su preçiosa mano, y santigua los pueblos, dándoles su sancta bendiçión. E luego desapareze, y toda la compaña celestial, e a mí tórname mi sancto ángel en mis sentidos corporales. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
”Y quando estas cosas veo y oygo que este día Nuestra Señora dize y haze, ando en la proçesión que viene con Su Magestad. Y quando no estoy elevada quando viene a visitar su yglesia y casa, plaze a Dios que lo vea estando en mis sentidos, y que a la despedida me lleve consigo, aunque no lo merezco. Son tantos los perdones e graçias que Nuestra Señora tiene alcançadas del poderoso Dios, hijo suyo, para esta santa Yglesia donde ella se apareció que, si las gentes lo supiesen, vendrían de muchas partes de rodillas, por ganar tanto bien para sus ánimas. Que como Nuestra Señora se apareçió aquí, con tan gran desseo y caridad que las ánimas se aprovechasen, pedía una muy sublimada virtud a su preçioso hijo: y es le otorgase tantos perdones en esta su sancta yglesia como hebras de yerbas y de cosas de flores e ojas estuvieren nasçidas en la tierra media legua alrededor del lugar donde ella yncó la cruz con sus preçiosas manos. Y Nuestro Señor Jesuchristo, hijo suyo, se lo otorgó, y esto dende que se edificó esta sancta yglesia y casa.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
”Y más me a dicho mi sancto ángel: que están conçedidas en esta iglesia, sin ninguna condición, los perdones de Sancta María de los Ángeles. En Assís, entiéndese, aunque no vengan confesados ni rezen cosa señalada, sino viniendo con devoçión a visitarla. Ansimesmo, me dixo que quien rezare nueve Avemarías, o nueve hymnos, o otras qualesquier oraçiones de Nuestra Señora, en tal que no sean menos de nueve offreçidas a los nueve apareçimientos que se apareçió a Ynés, ganará muchas graçias y le [fol. 113r] será otorgada la petiçión que justamente pidiere a Dios. Esto en qualquier día del año que lo rezaren. Y muy más lo ganaran rezándolo los propios días, que es el primo día del mes de marzo hasta el noveno del mesmo mes, todos nueve arreo, y quien hiziere dezir nueve misas a Nuestra Señora, en reverençia de estos apareçimientos, será socorrida en su tribulaçión y aprovechará mucho a los difuntos. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
”La manera en que se mostrava Su Magestad cada día de estos apareçimientos: fue el primero de pequeñito bulto, como quando fue conçepta; el segundo, como quando hera niña reçién nasçida; el terçero, como de tres años, que la offreçieron al templo; el quarto, como de la hedad que fue a visitar a sancta Iasabel; el sesto, como quando parió al Hijo de Dios −en este día, quien rezare, es bien tenga memoria de la fiesta dela−; el séptimo, como quando le presentó en el templo; el octavo, como quando fue uyendo a Egipto −en este día, quien rezare, tenga memoria del la fiesta de Nuestra Señora de las Nieves−; el noveno y último, como quando estava al pie de la cruz, y a este misterio sirvió la sancta cruz, y quien rezare, tenga memoria de su muy gloriosa asumpçión, porque estos sanctos apareçimientos hizo Nuestra Señora con memoria de sus nueve fiestas”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Capítulo XXIV'''&lt;br /&gt;
'''De la ayuda que sentían las personas ausentes de esta sancta virgen viviendo ella en la carne'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Permitía Nuestro Señor, por la virtud y sanctidad de esta bienabenturada, que las personas que le heran muy devotas y se le encomendavan en su ausençia a ella y a su sancto ángel, fuesen rogadores ante la Magestad Divina, la viesen algunas vezes en su tribulación; en espeçial algunas religiosas estando en sus monasterios, no haviéndola visto en su vida, mas del conoçimiento que tenían de su sanctidad, por la qual la comunicavan espiritualmente por cartas, encomendándose a su sancto ángel. E a ella le pareçía la vían delante de sí, y en ese ynstante se les desa- [fol. 113v] pareçía, y dezían la figura de su gesto y cuerpo, las quales señas serán verdad assí como lo dezían. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Acaesçió que enfermó una gran señora en el palaçio del emperador, estando la corte en Madrid, que se llamava Doña Ana Manrique, la qual tenía gran devoçión y crédito con las graçias que conoçía que Dios havía puesto en esta bienabenturada, a causa la amava mucho, e la tenía por su madre espiritual, y se comunicava con ella assí con cartas como por visitaçión con su propia persona. Y estando enferma de un peligroso dolor de costado, hizo ella luego mensagero a esta sancta virgen, diziendo quán mala estava, de las quales nuevas la bienaventurada se compadesçió, y con entero cuydado rogó por su salud. Y llegada esta señora al punto de morir, resçividos los sacramentos de la sancta Madre Yglesia, teniéndola ya por muerta, plugo a Dios por su misericordia y ruegos de esta sancta virgen dalle mexoría. Y de que estuvo algo aliviada de su enfermedad, embió mensajero con carta a esta sancta virgen, que por madre tenía, diziendo por su letra que estava mejor de su enfermedad, lo qual creýa y savía también como ella, que la havía ydo ha ver en espíritu y la havía dado salud con el poder de Dios; y esto no le negase, pues savía dezía verdad, que la havía visto y conoçido el día seteno de su dolor de costado. Haviendo resçivido la sancta unçión, desauçiada de los físicos, estando muy congojada haçia la noche, ençendida ya candela, assentada en la cama, le pareçió por la delantera de la cama haverla visto, con su ábito y escapulario e tocas, subir sobre su cama, pasando por ençima de su persona, y la tomó por las espaldas, y la apretó en espeçial en el lado, donde tenía el dolor; y con gran plazer, havía dicho ante todos, lo más alto que pudo: “Havéys visto a mi madre Juana de la Cruz, verdaderamente ella es, que yo he sentido me a tocado por las espaldas, y súpitamente se me a quitado el dolor. Y desde aquella hora estoy mejor, y puedo comer, y voy cobrando salud. A Nuestro Señor muchas graçias por ello. Y vos, madre mía, no me neguéys esta verdad que digo y por tal la tengo pública”. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y la bienabenturada se maravilló de lo que esta señora le scrivía, y dixo no creyese en tal cosa [fol. 114r] como aquella. Y enportunada de las religiosas les dixese cómo havía sido, pues en la corte estava público, respondioles: “No penséys, amigas, salió de mí esta caridad de yr a ver aquella señora, sino de mi sancto ángel, porque estándole yo suplicando rogase a Dios por su salud, dixo: ‘Bien será que la vamos a ver, pues es tan tu devota, y está agora en tan estrema necçessidad, que para el tiempo de las neçessidades es el socorro de las buenas amigas’. Y assí fuymos a verla. Y quería anocheçer quando fuymos, que en su cámara ya tenían ençendidas candelas, y mandome mi sancto ángel subiese sobre su cama y la tomase por las espaldas, y la sanctiguase en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Spíritu sancto, y también la sanctiguó mi sancto ángel. Y si ella sanó, fue porque ella sanctiguó. Y estoy maravillada permitir Nuestro Señor me viese ella a mí, y no a mi sancto ángel, que yo creýdo tenía no me havía visto. Ya que veníamos de ver a esa señora, mostrome en la misma villa de Madrid un hombre que estava espirando. Y en acabando de espirar, vi cómo vinieron los clérigos con la sancta cruz, y entraron en la casa del difunto a encomendarle el cuerpo. Y yo pregunté a mi sancto ángel quién hera aquella persona difunta. Respondiome: ‘Persona es que te pesará arto dello’. E no me dixo más. Y tornando yo en mis sentidos, conoçí era nuestro devoto Gonçalo de Durango, y por eso dixe entonçes hera difunto”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Estando una religiosa en pasamiento, la qual hera del monasterio y compañía de esta bienabenturada y havíanla sacado a fundar otra casa y murió allá; y estando ya çerca del fin de su vida, tenía muy gran desseo de ver a esta bienabenturada, porque la amava mucho, por la graçia de Dios que morava en ella. Y estando con este desseo, dixo como a manera de alegría: “Ela, ela allí, a mi madre Juana de la Cruz”. Y diziéndole que no lo creyese, que antojo hera, respondió: “Por çierto no se me antoja, que muy bien la conozco, y conozco ser verdad en lo mucho que mi ánima se a consolado con su vista”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Acaesçió por el mes de julio que, estando al torno el padre confesor del monasterio donde morava esta bienabenturada, vino por el campo un carnero dañado de rabia, [fol. 114v] y entró hasta donde él estava, y con mucha ansia le hirió con los cuernos, hechándole mucho bafo y espumajos. Y como estava solo, no se podía defender d’él. E ydo el carnero huyendo, que no pudo pareçer más, el padre, por entonçes, no hizo caso de lo que havía pasado. Y estando después assentado a la mesa para comer, vínole un gran temblor y miedo de la rabia que traýa el carnero, y desmayósele el coraçón. Y assí le llevaron a la cama, muy fatigado. Y saviendo la sancta virgen en la dispusiçión del padre y la causa de que le havía venido, pesole mucho, y embiole a dezir que se esforçase, que no sería nada, que ella ternía cuydado de rogar por su salud; el qual se consoló con estas palabras, y dixo, lo que le huviesen de dar de comer lo llevasen a esta bienabenturada y lo santiguase. Y assí lo hizieron quatro o çinco días, y él siempre yba empeorando, hasta tanto que confesó, pensando que se havía de morir, y ella siempre le dava esperança de salud, teniendo cuydado de rogar a Dios por él. Y assí fue como ella dezía: estuvo bueno. Y recobrada la salud el padre confesor, dixo la sancta virgen: “Dios alumbró al padre de embiar a que sanctiguase yo lo que él havía de comer, que el Señor, por su misericordia, me a dado graçia sera compañera con sancta Quiteria para el mal de rabia”. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Una religiosa tenía un zaratán en el pecho, tan grande como el puño, muy peligroso. Y esta bienabenturada rogó mucho a Dios y a su bendita Madre por ella, y al cabo de un mes, se halló sana como si nunca le huviera tenido, lo qual se tuvo por milagro. Y a otra religiosa se le hizo una muy mala, nasçida en el brazo. Y abriéndosele un phísico para sacársela, ya que hera sacada y la llaga yba çerrando, la qual no estava sana, porque le havía caýdo fuego de sant Marzal en la llaga, lo qual el físico que la curava no havía conoçido, ni otra ninguna persona lo savía, sino esta bienabenturada, que rogando por esta enferma a su sancto ángel, le dixo él: “Más mal tiene, ¿qué piensas tú? Ruegas solamente por la llaga, y ale caýdo en ella fuego de sant Marzal, y es tan reçio, que si Dios no lo sana por milagro, morirá en treynta días”. Y oyendo esto la sancta virgen, se angustió mucho. A algunas religiosas del monasterio, y en el braço de la enferma, pareçía tener aquel mal, porque se le haçían empollas ençima de la señal de la llaga. Y esta [fol. 115r] bienabenturada, rogando mucho por ella a su sancto ángel e a otros sanctos de la corte çelestial, que rogó la ayudasen a rogar a Nuestro Señor, Su Magestad sanase la tal persona de tan cruel enfermedad, plugo a su divinal clemençia oýr los ruegos de esta sancta virgen, por los quales fue librada la enferma de aquella enfermedad.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Otra religiosa tenía muy malas las ençías de la boca y gran dolor en las raýzes de los dientes y muelas. E fue muy angustiada a esta bienaventurada, la qual savía mejor su enfermedad que ella, que la tiene. Y en viéndola, le dixo: “Ven acá, amiga, ¿cómo nunca me havéys dicho que estáys mala de la boca? Arta pena tengo yo dello, e rogado por vos a mi sancto ángel, y él también ruega a Dios por vos os dé salud”. La religiosa, agradeçiéndole el cuydado que de su salud que tenía, diole quenta de su mal, y rogole la sanctiguase y mandase hazerle alguna mediçina, que ella tenía esperanza en Nuestro Señor que por sus ruegos sería sana. La sancta virgen le respondió: “Ya es algo tarde para curaros, porque os a caýdo cançer en las enzías y raýzes de los dientes. Mas no os entristezcáys, que poderoso es Dios para daros salud, y vuestra fee, devoçión lo mereçiera”. Y mandole haçer una muy liviana cosa, y en muy breves días cobró muy entera salud.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Otra religiosa tuvo muy gran dolor de una espalda e lado por çiertos meses, y le dava muy grande pena. Y mexorando de este dolor, entró en el offiçio de la coçina, y con el trabajo, tornole el dolor muy más reçio, y con tan grande ardor que pareçía se le quemava el lado y, con ello, muy gran dolor de caveça, en manera que con mucho trabajo hizo aquel día el offiçio de la coçina. Y de que huvieron comido las monjas, fuese a la çelda de esta bienabenturada, e díxole quán mala yba. Y haviendo mucha compasión della, [fol. 115v] preguntole si havía comido. Respondiole la religiosa: “No, no he comido, que los dolores no me dexan”. La sancta virgen le mandó, con mucha caridad, que se asentase a par de su cama y hechase la caveça ençima, y travajase por dormirse. La religiosa lo hizo ansí, y de que despertó, vido que estava elevada la bienabenturada, y hallose ansí sin ningún dolor en el lado e caveza, e con tan buena dispusiçión y salud que fue muy alegre a hazer el trabajo de la coçina.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Yendo otra religiosa cargada, llevando çierta cosa, cayó entre unas piedras y desconçertose un hombro muy malamente. Y doliéndole mucho, fuese a esta bienabenturada y díxole cómo se le havía desconçertado un hombro y no podía menear el braço del gran dolor que tenía en él. Díxole la sancta virgen: “Amiga, traygan quien os le adobe”. Y no quiriendo la religiosa que viniese ninguna persona, respondió, diziendo: “Solamente quiero le sanctigue ella el hombro, y le tocase en él con sus manos”. La bienabenturada le dixo: “Por cumplir con vuestra devoçión, yo lo haré, aunque sea con trabajo mío”. Y llegándose la religiosa a ella, descubrió el hombro: tocola en él con sus manos muy tullidas dos o tres veçes, nombrando el nombre de Jesús; díxole: “Tened esperanza en este sancto nombre que aquí havemos nombrado, que sanar es en su virtud”. Y assí fue, que luego otro día pudo mandar el braço sin ningún dolor ni lisión. Y de esta manera y de otras muchas hizo Dios, por esta sancta virgen, muchos milagros.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Capítulo XXV'''&lt;br /&gt;
'''De una pregunta que esta bienabenturada hizo a su sancto ángel tocante a los ángeles'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Estando elevada esta sancta virgen, hizo una pregunta a su sancto ángel, diziendo: “Señor, ¿cómo quedastis vosotros los ángeles [fol. 116r] tan hermosos, poseyendo cada uno la bienabenturanza de no poder peccar, y el claro resplandor y fineza de colores que, a mi parezer, en espaçio de çierra ojo e abre se mudan y difieren los colores en diversas maneras, que se admira el entendimiento y transforma sin saverse entender? ¿Y cómo los demonios infernales, espíritus malignos, quedaron tan abominables y feos, y suçios e hidiondos y peccadores, los quales ellos, dañados, procuran dañar a todo el mundo y humanal linaje”. Respondió el sancto ángel, diziendo: “Cosas son esas que para te las declarar hera menester mucho espaçio, y tú alcanzar alto entendimiento. Porque las cosas que en el Çielo pasaron y se contrataron entre Dios y los ángeles, buenas y malas, antes que cayesen los dañados en el hondón del Infierno y quedasen las buenas, piadosas y justas limpias con su Dios y Criador −el qual entonçes los sanctificó en galardón de no haver consentido con Luçifer en el menospreçio de Dios, criador dellos y de todas las cosas çelestiales e terrenales, e ynfernales−, no se podían scrivir por vía humana, ni bastaría papel ni tinta, ni abría péndola que lo sufriese”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Replicó la bienabenturada, diziendo: “Dígame, señor, siquiera alguna parteçita por me hazer virtud”. Respondió el sancto ángel: “Algo te diré en declaraçión de lo que preguntas. Quando el señor Dios, trino y uno, estava en el abismo de su deydad y magestad yncomprehensible, holgávase en sí mesmo y deleytávase en su muy alta divinidad y hermosura, y grandeza e ynumerable potençia, y contemplando en sí mesmo, y gozándose de su propio conoçimiento, y balor y dinidad, sin tener neçessidad de ninguna criatura çelestial ni terrenal para su servicio; porque Él, a ssí mesmo, con su alto poder se sabe goçar e amar e contemplar, y considerar todo lo que es menester para su alabanza y ensalçamento de honra. Y cada una de las tres personas divinales se holgaban, y se amaban y se querían la una a la otra, y con toda la alteza [fol. 116v] yncomprehensible con el poderoso, y [¿?] conoçimiento que Dios en sí mismo tiene, sin le faltar cosa alguna. Y conçertándose el Padre y el Hijo y el Spíritu Sancto, movidos de misericordia, esta muy alta Trinidad acordó de dar parte de aquellos sus gozos a quien supiese gozar dellas, e usar de justiçia e verdad y bondad. Quiso el poderoso mostrar su potencia, sapiençia y magnifiçençia, largo e yncomprehensible poderío, summa clara y altíssima bondad, justiçia, verdad, piedad, libre alvedrío, discreçión, capaçidad secreta, justo juez comprehendedor y esaminador de las cosas secretas, rico, largo, franco, poderoso en toda virtud y grandeza y saver. Plúgole, primeramente, criar el Paraýso glorioso de su reyno, por arte admiravilíssima. Y esto hizo, como buen Padre codiçioso, que sus hijos hereden [¿en ser?], aunque los enjendre y dessea para ellos muchas riquezas perpetuas sin fin, prosperidad, lindeza, hermosura, proveymiento eterno de todo lo neçessario. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
”Assí Dios, antes que criase los ángeles, crió el Paraýso, real, triunfal, claro, próspero, ancho, luengo, fuerte, bien labrado, más que mill maravillas compuesto, adornado, rico, valeroso, digno de ser deseado a toda criatura çelestial y terrenal, pues crió a nos, los ángeles, por muy alta manera y artifiçio, e sabidos grados y premios, púsonos mandamiento que nos conoçiésemos a nos mesmos, pues nos dio entendimiento, memoria, voluntad, libre alvedrío, discreçión, saber, libertad, juyzio, conoçimiento, raçón para saver distinguir el bien y el mal, y el mal del bien, y disçernir, y mirar, y tantear, y escoger cada uno para sí lo bueno. Y por tanto, nos mandó Dios conoçiésemos a Él y le adorásemos, y obedeciésemos y honrrásemos, pues savíamos hera nuestro Dios y criador, y bienhechor y poderoso, e nosotros y en todas las cosas criadas y por criar, visibles y ynvesibles. Y amonestonos mirásemos nuestra hermosura y claridad, y ansimesmo delas sillas [fol. 117r] y aposentos que nos havía dado, y edifiçios no hechos de mano, criados y hechos por muy alta sçiençia, por la qual conoçiésemos que el sol es Dios, y otro no ay; que Él nos crió, y nosotros no nos criamos, ni podríamos ni savríamos haçer nada; y que le devíamos serviçio, adoraçión, obediençia, reverençia.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
”Y pues assí es, que hera su sancta y perfeta voluntad que nosotros consintiésemos y tuviésemos por bueno de resçivir y que fuese resçivido un hombre de la Tierra o de qualquier parte, calidad, dignidad, ygualdad menor o mayor, qualquier o semejante, verbigraçia, en semejante, según a la Divinina Magestad pluguiese que ninguno, por ninguna vía, ni causa ni raçón contra ello, no fuese ni presumiese de tachar o juzgar o empedir lo que Dios ''[17]'' haçe y quiere haçer. Que justa cosa es los sierbos ayan por bien lo que haçe su señor, en espeçial tal señor como es Dios, y sabidor de todas las cosas, el qual todo que haze es bueno, y save lo que haçe, que es para buen fin. Él, que nunca tuvo fin ni prinçipio ni medio, todo es perpetuo, y sus criaturas perpetuas, las que son para su perpetuo serviçio. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
”Estas cosas dichas, tornó a preguntar el mesmo Dios si héramos contentos aquel dicho hombre entrase en nuestra compañía, el qual hombre él tenía escogido e ungido de sí mesmo para ser nuestro prínçipe y Señor: y esto dezía el Señor Dios por Jesuchristo salvador, cuya sancta encarnaçión fue consentida primeramente en los Çielos y determinada de Dios Padre muchos años primero que en la Tierra fuese hecho, al qual hombre, Verbo encarnado, por entonzes Dios no declaró sus secretos, juyçios, sentençias, maravillas, que entendía hazer salvo. Tornó a preguntar si héramos contentos entrase el dicho hombre en la Yglesia consagrada, triunfante, palaçio real, a señorear, mandar y vedar, al qual Prínçipe havíamos de adorar como al mismo Dios. Y comenzó con gran tronado, sin ser [fol. 117v] vista de nosotros, la Magestad Divina, la qual estava esperando a los que serían dignos de ver a Dios para mostrárseles y santificarlos.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
”Comenzó a dezir: ‘Mi voluntad es que aquel prínçipe que dicho tengo, hombre que á de subir de la Tierra hecho Dios, le adoréys vos y todas las nasçiones: que a su nombre toda rodilla se yncline, ansí de los çelestiales como de los terrenales e infernales’. Esto dicho, luego comenzó Lucifer, que él hera prínçipe mayor en hermosura y valor: ‘No consintáys que entre aquí otro prínçipe ninguno sino yo, que a mí perteneçen estas dignidades y reverençias que Dios manda que hagan a otro. Y vosotros, respondelde que ya tenéys prínçipe, pues tenéys a mí, que yo responderé lo mesmo. Que a mí conviene ser ensalçado y puesto a la diestra de Dios, y no a otro ninguno’. Entonçes híçose tinieblas todo aquel reyno y corte, en que assí los buenos como los malos perdimos la claridad, empero no la sanctidad, en los que la quisieron; que no estávamos en más de ser obedientes a la voluntad de Dios y dezir que les plaçía entrase Jesuchristo o otro hombre qualquier que ordenase la divina potençia. E los que esto diximos, quedamos salvos y dignos de ver a Dios y goçarle para siempre. Luçifer, que estuvo soberbio, con todos los que con él consintieron, cayeron al Infierno, derrivándolos Dios”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Dixo el sancto ángel: “Y tú, sírvele y ámale, e témele. Vive sin offenderle, que no abrás miedo a su yra, pues es piadoso y justíssimo”. Tornando la bienabenturada a preguntar a su sancto ángel: “¿Pues cómo, señor, se le tornó la claridad a los que ansí escuros estavan, según dize vuestra señoría?”. Respondió el sancto ángel, diziendo: “En la hora que el Señor se nos mostró en su esençia y exçelençia, y claridad y hermosura, luego nos vimos todos claros, y a nos mesmos se nos tornó la claridad en viendo la de Dios. Y partiçipose con nosotros, y bendíxonos, y llenonos de la graçia del Spíritu Sancto repar- [fol. 118r] tiendo sus dones, según convenía a nuestra alta capaçidad. Que por ser spíritus çelestiales, héramos muy altos, aunque unos más que otros. Empero, los menores de los ángeles son mayores que los hombres, aunque tienen el premio y señorío grande para en este mundo, y para el otro los que son buenos y cathólicos christianos, los quales gozan en la gloria de Dios con Él mesmo y con los sanctos ángeles. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
”De los demonios te quiero dezir que, luego que acavaron de perseverar en su reveldía y soberbia, los tornó Dios tan disformes y feos y abominables, y suçios y asombradiços como tú saves, si los as visto. Y si los as visto, Dios te libre que no los veas, que la Virgen María, siendo tan sancta sobre toda criatura y teniendo a Dios más contento y agradado que a otra ninguna, temió ver su visión, y le huvo miedo. Y antes que le derrivase el Señor, y le hechase en los Infiernos profundos, le maldixo y le condenó perpetuamente por su peccado y maldad, diziendo: ‘Vete, maldito, por justa maldiçión mía, que no heres digno de mí ni de mi reyno’. Y luego se hizo grande estruendo estando todo en tinieblas, y con fuerte estallido cayeron de súpito más espesos al Infierno que la nieve ni el granizo, ni la lluvia ni el hollín quando apreisa cae y el biento le trae alrededor, no embargando su pesadumbre. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
”Hecho esto y bendiçida esta batalla, mostrósenos el Señor, y descansó y holgó en sí mismo con nosotros, sus siervos, y tornonos a bendezir, y dixo: ‘Adentraos, mis hijos, en las sillas reales del glorioso reyno mío, triunfal y çelestial, que vosotros soys dignos de mý y me perteneçéys, y yo a vosotros’. Entonçes dixeron algunos de los altos serafines: ‘Señor, ¿quién serán señores y se sentarán en estas reales sillas, [fol. 118v] pues quédanse vaçías y los desdichados spíritus que en ellas moravan se perdieron?’. Respondió el Señor, diziendo: ‘No queráys saber los secretos de Dios y tan divinos, que agora no es tiempo de saber. Empero, tiempo verná que se savrá, y será manifiesto a toda criatura divina y humana, la qual se sentará en las reales sillas. Y vosotros lo veréys y gozaréys, y cantaréys de plazer en su ensalçamiento, y honraréys sus entradas e salidas; las entradas son quando merezcan entrar en la gloria, y las salidas son quando las ánimas justas salen de los cuerpos, bultoso y pesadoso, quando salen de penas de Purgatorio y son y serán resçividas en el Çielo con gozo de Dios y de los ángeles, conviene a saver, las buenas ánimas y católicas siquier sean hombres, siquier mugeres”. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Esto platicó el sancto ángel, dando quenta de lo que havía pasado en el Çielo, y añidió, diziendo: “No pienses, amiga de Dios, en mí, encargado para tu guarda, que en dezir lo que he dicho y contado lo medio que pasó, ni la declaraçión de cada cosa tan por estenso, pero el buen enmendimiento deboto y simple, ynoçente de maliçia, sano y salvo y sabio, prudente, justo, piadoso, sobre estas pocas palabras le alumbrará el Señor y le enseñará, más que muchas e arduas scripturas y consejos sanctos. Y mientras más letrado fuere el que esto leyere, más entenderá el çentro dello, porque todo es buena cosa con la sancta fee cathólica, aunque son estas cosas más secretas y de lo alto que Dios no lo a querido revelar tan por estenso hasta agora. Empero, quiero te deçir otra cosa, y es que aun nosotros, los ángeles, no entendíamos todo lo que el Señor nos dezía, porque quando dezía que havía de yr al Çielo la humana criatura y assentarse en las sillas reales, y que nos havíamos de gozar los ángeles sanctos con ellas, no savíamos entender cómo havían de ser hechas las tales cosas, [fol. 119r] ni por qué vía, ni quándo. E ninguno osava preguntar a nuestro Dios, por la mucha reverençia que le teníamos, salvo lo poníamos todo en sus manos y en su sancta voluntad, y que havíamos por bien todo lo que le pluguiese hazer en nosotros y en otras criaturas, pues Él hera, y es y será el criador de todas las cosas, y el governador, y el rey soberaníssimo, y el emperador, y el patriarca y monarca, sancto Padre poderoso spiritual y temporalmente.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
”Y assí es bueno, dixo el sancto ángel, hagan todas las gentes para vivir y entrar en paz con su Dios y recriador, redemptor, salvador, contino hazedor de virtudes, las quales sean conoçidas de sus criaturas, que es mucha razón, pues tienen entendimiento animal, razional, viviente, perdurable, eterna. Que ansí hizimos nosotros, los ángeles: fuymos agradeçidos, reverentes, humildes, prudentes, amorosos de Nuestro Señor Dios, serbiçiales, corteses, bien criados, paçientes, justos, dando la honra al otro, cada uno despreçiando a ssí mesmo, teniéndose en poco, y tiniendo a su Dios en mucho, y a sus próximos, no despreçiando a nadie, ni diziéndole lástimas, ni ynjuriándole por sus faltas. Mexor es dexar el juyzio a Dios de todas las cosas, salvo aquellas que tienen perlaturas o cargos de justiçia, dignidades, poderíos, lo qual todo con prudençia se a de regir y ordenar, hazer a serviçio de Dios y bien y provecho de las ánimas católicas, y convertir los infieles y los peccadores a verdadera penitençia; animarlos, enseñarlas en la virtud y fee de Nuestro Señor Jesuchristo, hazerles saver los exemplos de los sanctos, provocarlos a todo bien, apartarlos de todo mal. Estas son las obras de misericordia spirituales. Las que les hizieren bien, abrán; las que no las hizieren para sí, harán gran daño, y las otras ánimas ayudarán a perder. Mírense bien, mírense bien las gentes, que quien solo peccare solo dará cuenta a Dios; empero, quien a otros hiziere peccar, llevará su peccado y su culpa, y la agena. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
”Dizes que te diga sobre el evangelio de Sant Juan: ‘''in principio erat verbum''’, y sobre las sanctas liçiones de ‘''in principio creavit Deus celum &amp;amp; terram''’. Pues en la sagrada scriptura esto todo se contiene largamente; y en la sancta ley nueva y vieja, concordantes en una perfeçión, allí se hallarán abundosos pastos; y en la piedra, que es Jesuchristo, se hallarán fuentes de agua dulce, y su [fol. 119v] sanctíssimo cuerpo sacratíssimo, e tierra que mana leche y miel, tierra sancta, tierra prometida que Dios prometió a sus escogidos, lo qual todo se cumplió en el misterio de la sancta encarnaçión y alçavose el día de la Sancta Asunçión del Señor, y perseverará agora y para siempre jamás”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Capítulo XXVI'''&lt;br /&gt;
'''De una revelaçión que vido esta bienabenturada tocante a una ymagen'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Tienen e[n] tal monasterio de Sancta María de la Cruz una ymagen de Nuestra Señora, la qual hera de bulto muy antigua. Y las monjas, saviendo que la havía bendeçido un obispo, tiénenla mucha devoçión, porque algunas vezes la havían visto hazer milagros, y sacábanla en proçesión los días del sancto apareçimiento. Y por ser tan antigua, renováronle el gesto por un entallador, cortándole de la garganta arriba, y pusiéronle otro gesto y pecho. Y trayéndola al monasterio, fueron las monjas a la ver e saludar. Y algunas les pareçió muy bien, y se consolaron con ella, y a otras les pareçió mexor el gesto que antes tenía, y desconsoláronse mucho, de manera que vinieron en alguna diferençia de palabras.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y saviéndolo esta bienabenturada, mandolas llamar, y díxoles: “Muy maravillada estoy, hermanas mías, de la desconsolaçión que tenéys del renovamiento de esta sancta ymagen, dado caso aya razón por la falta de la ymperfeçión de la pintura no ser tan aplaçiente a nuestros ojos. Pero aunque sean feas las imágenes, es cargo de conçiençia no tenerlas en mucha reverençia y estima, en espeçial si son las tales ymágenes de Dios y de Nuestra Señora, que estas tales, feas o hermosas, son dignas de muy grande acatamiento. E ruegoos, señoras, hagáys aquí un altar en esta nuestra çelda, y traed aquí la sancta ymagen, aunque yo sea indigna dello; que si yo pudiere, ya avría ydo al coro de rodillas a saludar a su Alta Magestad”. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y traýda la ymagen a la çelda de la sancta virgen, y puesta en el altar, rogolas que la dexasen allí dos días. Y estando ella aquella noche en contemplaçión, vido Nuestra Señora en visión muy hermosíssima, y poníase enzima de la ymagen suya, y dezía: “Yo me contento de esta ymagen, y la escogo y açeto para mi morada y aposento, y como en trono mío resplandezco en ella y en mi spíritu se [fol. 120r] goza, porque los peccadores conmigo abrán refugio y consolaçión, y yo les ganaré del mi Hijo perpetuo gozo en la gloria perdurable”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y esta bienabenturada que lo veýa, suplicava a Nuestra Señora que entrase dentro de la ymagen su spíritu, pues hera tan hermosa, y dende allí escuchase las oraçiones que le hazían, y en espeçial las suyas, por que ella viese que no caýa en vaçío hechos delante su preçiosa ymagen, como algunas vezes tienen las gentes crédito, que no está allí donde la llaman. A los quales pensamientos y  suplicaçiones, respondió Nuestra Señora, y dixo: “Por estar nuevamente puesto este madero en esta ymagen mía, no quiere Dios, ni a mí plaze, entrar dentro en ella hasta que se consagre o vendiga, de manera que se haga digna e perteneçiente de mí por virtud de la consagraçión justa que devidamente deven tener las ymágines, e yglesias enteras, y altares aparejados y limpios al culto divino”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y la noche siguiente vido la bienabenturada, a ora de los maytines, una visión muy gloriosa. Y es que vido venir a Nuestro Señor Dios en un trono muy rico, en bestiduras pontificales, çercado y acompañado de muchedumbre de ángeles, y sanctos y sanctas. Y estava junto a la dicha ymagen de Nuestra Señora, a la qual bendeçía con palabras muy devotas e reverençiales, y cantares y dulçes sones que hazían los ángeles con diversos ynstrumentos, de las quales palabras y cançiones no pudo colegir esta bienabenturada sino pocas palabras. Y el día que vido esta revelaçión, hera octava de la dedicaçión de la yglesia, y las çeremonias que Nuestro Señor hizo en la consagraçión de esta sancta ymagen fueron muchas. Estava bestido como obispo, y la ymagen, que estava bestida de sedas, según es uso adereçar las ymágines, a deshora pareçió toda desnuda y alçada en alto, teniéndose con el poder de Dios. Esto hera antes que el Señor la bendixese, el qual día hizo llamamiento a los sanctos ángeles para que viesen lo que hazía en aquella ymagen, y assimismo los demonios, para que huviesen miedo y viesen la virtud que Dios ponía en su sancta Yglesia e ymágines y altares. E por fuerça se lo hazían mirar y reverençiar, que dava poderío a la sancta Madre Yglesia que vençiese ella al demonio, e deshechase con baldón, y resçiviese a Dios Jesuchristo y a su sancta Madre con reverençia e honor. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
E para esto bendeçía y deçía a altas vozes el mesmo Señor, desde su alto trono: “''Ego sum quis me et ecce nova facio omnia''”, que quiere dezir: “Yo [fol. 120v] só Yabé, que todas las cosas hago nuevas. En lo alto del Çielo moro, soy rey eterno que rixo los coraçones cathólicos y devotos. El mi adversario los perturba, empero yo soy el que los agosiego; él los derrama, yo los allego; y él los disipa, yo los proqueo; él los destruye, yo los edifico; él los ensuçia, yo los alimpio; él los enturbia y revuelve y haze oler mal, yo los purifico y hago bien oler suavíssimo. Sé de lo malo hazer bueno. Y de lo no lympio, hazer limpio. Y de lo ymperfeto, hazer perfeto, e loable y agradable”. Y volvía sus preçiosos ojos a la ymagen de Nuestra Señora, e dezía: “¿Quién te deçía madre mía?”. E poníale muchas cruzes hechas joyeles. Estando ella ansí desnuda, la çercava toda, espeçialmente la caveça, frente y gesto, y los pechos y espaldas, e hombros y braços y manos, con todo el cuerpo hasta los pies, que significavan los çimientos de la sancta Madre Yglesia. Y después de muchas bendiçiones que el Señor deçía, dixo cantando aquella antíphona que dize: “''Hanc quam tu des picies, Maniche, &amp;amp; mater mea est, &amp;amp; de manu mea fabricata''”. Y respondían los ángeles con muy claras vozes, diziendo: “''Fons hortorum, redundans gratia mundum, replens celi  numeribus, mater Dei fecundans, omnia nos instarams, supernis sedibus flores hortum, mox ab infantia admirandus fulsit virtutibus, eam dian candens flos multiplicat virgule decorem, conceptus glorificat Maria pudorem''”. Y mientras estas antíphonas y cançiones se deçían, pareçió a deshora la ymagen de Nuestra Señora, bestida de las mesmas bestiduras de muger, y puesta en su altar como primero estava. Y los demonios quedáronse mesando y arañando, y dando gritos e aullidos, y la visión de Nuestro Señor desapareçió, roçiando la casa con agua bendita, y la bienabenturada quedó muy consolada. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y pasados los dos días que la sancta ymagen estava en su çelda, ayuntáronse allí el abbadesa y monjas, diziendo a la sancta virgen que yban por la ymagen, ymportunándola el abbadesa que, pues estavan allí todas, les dixese alguna cosa de las que Dios les mostrava. Respondió, diziendo: “Lo que ay que deçir es que Nuestro Señor Dios tiene en tanto las ymágenes, y se sirve que las aya en la sancta Madre Yglesia, y que sean honradas y beneradas por nosotros peccadores, pues el mesmo Dios de los Çielos vino a la [fol. 121r] vendecir y a enseñarnos cómo son cosa por donde se alcança virtud y devoçión quando se tiene en el coraçón; y bien se pareze, según yo vi en una revelaçión que el Señor fue servido de me mostrar, quánto Él ama y honra la sancta Madre Yglesia y a sus sanctas ymágines por amor della”. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y dixo la revelaçión susodicha, y añidió, diziendo: “Me dixo mi sancto ángel, después que desapareçió el Señor: ‘Mira qué son las maravillas de Dios, que si en un madero alla Dios bescosidad y no quiere que su sancta madre le quiera y tenga por su ymagen, hasta le haver alimpiado y puesto en él dignidad de bendiçión suya, como la tiene la sancta Yglesia, ¿qué tales estarán las ánimas, que llenas de pecados, están ensuçiadas y asquerosas?, ¿cómo serán dignas aquellas tales que venga Dios en ellas, ni su sancta Madre con graçia y piadosa caridad, si primero no son alimpiadas las tales ánimas peccadoras por espeçial graçia de Spíritu Sancto, sin el qual ninguna cosa es buena, ni justa ni sancta, ni digna ni açepta a Dios? Y por semejante, con los dones del Sancto Spíritu, las cosas que son d’él preçiadas e baxas, Dios las ensalça y tiene en ellos thesoros muy grandes, aunque ascondidos a los ojos de las personas de la Tierra. Bendito sea Dios en sus dones, e los sanctos en sus obras, y las ymágines en sus altares, y los altares en sus yglesias, y las yglesias en sus sacramentos, y los sacramentos en la cruz y Passión de Nuestro Señor Jesuchristo, y en el sancto baptismo y remisión de los peccados’”. Y acavado esto, dixo la bienabenturada: “Bien se pueden llevar la sancta ymagen”; la qual llevaron el abbadesa y monjas con mucha devoçión y reverençia con candelas ençendidas, cantando el ‘''Te Deum laudamus''’, al coro, y la pusieron en el altar acostumbrado. Y de aý adelante, se consolaron mucho las monjas con esta ymagen. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Deçía el sancto ángel de su guarda a esta sancta virgen: “Yo te amonesto que las graçias que resçives del poderoso Dios las guardes con humildad y las hagas creçer con agradeçimiento, porque todo lo que tienes es suyo. Mira cómo negoçias con ello, que muchas vezes estoy admirado de las cosas que la clemençia de Dios haze contigo, entre las quales te quiero dezir una, y más por que no seas yngrata ante su Real Magestad, mas singularmente le des graçias por ello: y es que muchas vezes [fol. 121v] te veo en tu cama hechada, padesçiendo muchos dolores, y que en tu entendimiento y voluntad estás gozando y viendo cosas muy grandes, çelestiales, y que las ánimas de Purgatorio te llaman y piden que las ayudes en sus neçessidades, y las gentes de la Tierra están hablando contigo, contándote las cosas secretas de sus ánimas y consçiençias, pidiéndote consejo y ayuda con tus ruegos e consuelos. Con tus palabras veo la graçia de Dios puesta en ti, que con todo cumples enteramente. No es esta pequeña graçia, avísote no seas yngrata a tan grandes benefiçios hechos en ti por la voluntad de Dios”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
E tornando en sus sentidos, esta bienabenturada llorava con muy grande humildad y contriçión, y con muchos gemidos se llamava peccadora y yngrata a los dones que de Dios tenía resçividos. Y con palabras muy amorosas y dulces, haçía grandes esclamaçiones al Señor, supplicando a su Alta Magestad le perdonase las faltas que havía tenido en no serle tan agradeçida como hera obligada a los benefiçios d’Él resçividos, y le diese graçia se encomendase, que tal propósito tenía con su ayuda. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Dixo a las religiosas esta sancta virgen: “Quiéroos contar una cosa que el Señor fue servido de mostrarme, de lo qual mucho me maravillé. Un día de la señora sancta María Magdalena, llevándome mi sancto Ángel, estando yo elevada al lugar donde está su cuerpo por que yo ganase los perdones que están otorgados en aquella yglesia, y pasando por una çiudad que está en este reyno de Castilla, llevándome entre sus alas, vi en un campo, çerca de la mesma çiudad, unas muy grandes llamas. Vi salir un ánima más clara que el sol, y dos ángeles que la llevavan de los braços, y otro ángel yba delante della con una muy resplandeçiente cruz en las manos, y todas subían tan apriesa a los altos Çielos como un rayo. Y viendo yo esto, muy maravillada, dixe a mi sancto ángel: ‘Señor, ¿qué es esto?’. Respondió: ‘¿Qué te pareçe a ti dello?’. Y yo supliquele me declarase qué hera. Dixo: ‘Sí haré, por que veas quánto aprovecha la gran contriçión, aunque sea en breve tiempo. Esta ánima, que as visto tan [fol. 122r] resplandeçiente e clara subir ahora a los Çielos tan apriesa −no se deterná hasta ser puesta ante el poderoso Dios− hera de un hombre muy peccador, y aquella gente que viste çerca del gran fuego donde ella salió le havían muerto por mando de la justiçia. Y la muerte que le dieron fue quemalle porque havía hecho un peccado lo más de su vida muy creminoso, por el qual mereçió muerte spiritual y corporal, y ya en la vejez fue acusado d’él por sus próximos a la justiçia, la qual le mandó prender. Y traýdo ante el juez con muchas prisiones en sus pies y manos, díxole: ‘Aquí heres acusado de un gran crimen que as hecho, niégalo o confiésalo’. Respondió el dicho hombre: ‘No quiera Dios que yo niegue la verdad, que para confesar mi delito no he menester testigos, mas de confesar yo la verdad ante Dios y ante vos. Yo he hecho ese peccado dende que me acuerdo ser hombre hasta la hora que me prendieron. Y dende entonçes propuse en mi coraçón de nunca más hazerle, aunque pudiese y para ello tuviese salud y libertad, y esto por amor de solo Dios. Y mucho me pesa por le haver cometido, no por la pena que merezco por ello, sino por la offensa que he cometido contra Dios’. Y oyendo el juez la confisión, que haçía tan clara y sin temor, maravillose mucho, y díxole: ‘Mira lo que diçes, no sea eso con desesperaçión’. Respondió: ‘No, sino con verdad y dolor de mi peccado’. Díxole el juez: ‘¿Qué quieres que hagamos de ti?’. Respondió: ‘Pagar mi delito según lo merezco’. Y oyendo esto el juez, mandole meter en la cárçel, y dende a çiertos días, requiriole con la misma pregunta. Y él respondió lo mesmo que havía dicho, y ansí lo hizo por tres vezes. Y la postrera vez dixo al juez que le rogava mucho no le hiçiese más preguntas, sino darle la pena que mereçía por su peccado. Y assí fue sentençiado a la pena que as visto, que le quemasen, mas no vivo, sino primero ahogado. Y dígote que si este hombre quisiera, no muriera, porque el juez le diera la vida con alguna pena corporal. Mas no quiso sino morir pagando su peccado con [fol. 122v] mucha contriçión, por la qual esta bienabenturada ánima será sentada en la juridiçción de la sancta María Magdalena e del sancto ladrón, porque todas las personas que an sido grandes peccadores y se salvan mediante la Passión de Dios e por vía de gran contrición en breve tiempo y hora venida, como fue la del ladrón y de otras semejantes, quiere Dios estén en la dicha juridiçción. Y en esto que te he contado, podías conoçer quánto vale la contriçcón que es de coraçón con propósito de enmendarse. Tómalo para tu aviso y de tus hermanas las religiosas, y a quien más te pareçiere deves dar el tal consejo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
”Preguntasme qué penitençia y penas padesçidas en la vida serían bastantes para después no yr a Purgatorio ni sentir sus penas. Los peccados son tan grandes que no son bastantes las penitençias y penas del mundo para quitar el Purgatorio, mas son bastantes las virtudes para salvar el ánima sin Purgatorio. Y juntadas las penas y enfermedades con las virtudes, son bastantes para no sentir el Purgatorio. Y las virtudes que an de tener son tres: la primera, grande amor de Dios para obrar por Él con fe e amor muchas cosas; la segunda, caridad con Dios y con sus próximos, no turbándolas y teniendo tanta caridad con los difuntos que, si estuviese un ánima en mucho fuego penando, dixese la tal persona: ‘Quítese esta alta alma de esta pena, que yo la padesçeré por ella’; la terçera virtud es tener tan grande esperança, que ni por muchas penas ni tribulaçiones, de cualquier manera y condiçión que sean, no quite a la persona la esperança de Dios. Es tan malo el peccado, que las gentes del mundo deven tener gran cuydado de guardar sus ánimas de no caer en peccado, y si cayeren en él, antes que salga el sol trabájese el que cayere en peccado de salir d’él antes que se ponga el sol. Los religiosos se deven guardar de la murmuración, por liviana que sea, que es muy peligrosa para la salvaçión del alma, y en espeçial quando es contra los perlados, [fol. 123r] porque el mayor peccado que los religiosos tienen es este, y tener en poco sus mandamientos; porque es semejante a la offensa de Dios, aunque no en la substançia. Y así sería, en los peccados de los religiosos, muy livianos, sino por este que los agravia. El lugar apartado ay de pena en el Infierno y en el Purgatorio, donde señaladamente ay senos de grandes penas por sí, donde padeçen muy crueles tormentos las ánimas que en este peccado cayeron, porque dellos se salvan y otros se condenan. Y para la satisfaçión de esta culpa, es menester el perdón de la Yglesia, ansí de la triunfante como de la militante: porque la Yglesia es con Dios, y Dios con la Yglesia; y quando la Yglesia perdona, perdona Dios; y quando Dios se enoja, y está ayrada la Yglesia, y quando la Yglesia se aplaca, Dios. Y para esto, es menester el ruego de los sanctos, y la confisión de la boca y contriçión del coraçón, y la satisfaçión de la obra, la qual es haçer bien a quien les haze mal, no murmurando de quien los injuria, perdonar qualquier mal que les sea hecho, y rogar por quien los persigue, aunque les parezca y conozcan tienen razón y justiçia en las quejas que dan de las contrariedades hechas a ellos por las criaturas. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
”Es muy gran mérito sufrirlas en paçiençia, por amor de Dios. Y las personas que lo tal hiçieren, estarán como clavellinas sobre las caveças de sus persiguidores, y las obras como carbones ençendidos devajo de sus pies. Y aun podría ser, y ansí acaeçe, por el ruego de los tales y buen exemplo, convertirse sus persiguidores, aunque fuesen de muy duros coraçones, venir en conoçimiento. Y para poder haçer todas estas cosas, es menester una maestra y administradora que ande con la disçiplina en la mano castigando, la qual maestra es llamada penitençia virtuosa, hecha de todo género de tribulaçiones, e persecuçiones y enfermedades; y todas estas cosas, aunque en sí son muchas y en el padesçer diferentes, todas juntas es llamada penitençia. Y junto con esta maestra, dando lugar a las esperaçiones del Spíritu Sancto, el qual alumbra y espira en las ánimas, es llamada penitençia virtuosa si es padeçida alegremente, a lo menos con la mayor conformidad que pudieren por amor de Dios; e [fol. 123v] padesçiéndola de otra manera, es llamada sin virtud, y sin mérito. Y qualquier persona que tuviere perdido el amor y temor de Dios e esperança, ¡ay, la tal!, que hará qualquier mal y peccado en offensa de su Dios. Y para remedio de este tal peccado, es menester las tales personas travajen con todas sus fuerças por el negamiento de sí mismas, y con el olvido de todas las criaturas y de todas las otras cosas transitorias, poniendo su esperança en solo Dios; el qual á de ser amado por sí mesmo, y no porque de el Paraýso acordando, del Infierno y de sus penas, las quales mereçe por sus peccados, y pidiendo contiçción y dolor, y perdón y penitençia de las ofensas y faltas hechas en el serviçio de Dios. Y resçivan en paçiençia e remisión de sus peccados los travajos y perseveraçiones que se le offreçieren, y los de la sancta religión. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
”Si la tal persona fuese religiosa, el miércoles, y viernes y sábado, los quales son días açetables ante la magestad de Dios, y también el lunes, si quisiese, travaje de sufrir con paçiençia todas las cosas que en estos días tales se le offreçieren en remisión de sus peccados e faltas que a hecho en la sancta religión, y diziendo nueve o quinze vezes en los semejantes días estas sanctas palabras: ‘Jesuchristo es mi amado, Jesuchristo es mi gloria, Jesuchristo es mi dulçedumbre’. Y quien con fervor e afiçión y devoçión del coraçón dixese estas sanctas palabras, no quedará baçía su ánima de alguna graçia spiritual. Y guay del religioso o religiosa que dize: ‘Sierbo soy de Dios’ y no quiere resçivir los açotes de sus próximos. Que Jonás propheta, uyendo por no resçivir el azote del próximo, diole Dios otro mayor que el próximo le diera, que fue caer en manos de otros mayores y más crueles; por lo qual es mejor con paçiençia sufrir lo que el Señor permita que les venga, así de su poderosa mano como de las próximas.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
”La oraçión perfeta ante la magestad de Dios es muy çierto men- [fol. 124r] sajero y muy grande amigo ante ese mismo Dios. Para ser perfeta y paçífica es menester coraçón muy limpio, y la consçiençia, y en silençio, y sin ruydo de palabras, y con lágrimas, apartados de todas las criaturas, en espeçial de los amigos. Y en este apartamiento en la mayor parte de ser en el pensamiento y cuydado dellos, y no ay sospiros ni gemidos que del coraçón devoto sean salidos que ante Dios no sean oýdos. Si alguna persona, de qualquier estado que sea, desea de morirse, y la tal es muy peccadora, ya qu’el desseo de morir fuese causado por vía de alguna tentaçión de falta de virtud spiritual, de no tener fuerças para sufrir las adversidades y no causado por virtud de amor de Dios, a esta tal persona esle buen consejo deshaga sus peccados con lágrimas, y gemidos y penitençia, e después muérase, si Dios lo quisiere. Porque la alma peccadora assí es como la bíbora preñada, que sus mesmos hijos le comen las entrañas, y como la perra preñada, que pare muchos perros y todos bibos, y los cría con su leche hasta hazerlos canes grandes, y después estos, perdiendo el conoçimiento de hijos, muerden y maltratan a su madre; y si esta los mordiera, en conçibiéndolos, no la mataran después de ser criados: assí toda ánima deve, en viviéndole algún mal pensamiento, moverle y hecharle de sí antes que crezca, porque perserverando en el mal pensamiento se haze peccado mortal. Y creyendo los tales pensamientos, pare y cría el ánima canes contra sí mesma que le comen las entrañas, que son las virtudes, y el temor y amor de Dios, y la traen tan devajo de los pies que ella no se puede librar dellos, porque está ya [fol. 124v] vençida, y muerta y condenada; y esta tal no tiene otro remedio sino dar vozes y llamar los fuertes del Çielo, y que la valgan y bengan a matar los canes. Y estos fuertes que á de llamar es la gran misericordia de Dios, y su poder, y el ayuda de los grandes sanctos del Çielo. Y para mereçer la tal ayuda y socorro, es menester que esté el alma muy contrita y humillada, para que Dios la ayude y valga. Por semejante es el alma que está en peccado mortal comparada a tres cosas. La primera, a la sepoltura de muertos, que yede y está llena de gusanos; assí el alma que está en peccado mortal está muerta y hidionda, en el qual hedor conoçen los ángeles que está en peccado mortal, el qual hedor es mayor y más malo que el que sale del cuerpo. Y este hedor sale de dentro del alma, y es tan terrible que, si las gentes no tuviesen quotidianamente peccados, conoçerían algunas vezes quándo están en peccado mortal. La segunda es que pareze cueba escura y llena de serpientes, porque en cayendo el alma en peccado mortal se le quita la lumbre, y quédale tal alma deshecha y tan escura como una cueba. Y luego está allí el Demonio poniendo los malos pensamientos y cogitaçiones; y tomándolos y ocupándose en ellos, temiéndolos en su coraçón, dándoles consentimiento, esta tal alma está hecha cueba escura y llena de serpientes, que son las frutas del Demonio. Lo terçero, que pareçe monte lleno de serpientes brabas y sin raçón, conviene a saber, quando es soberbia, la qual soberbia es monte, y las serpientes que en él están son los demonios, los quales son bravos y sin raçón, porque después que pecaron la perdieron. Y por muchas maneras de prensumpçión, sube el alma a este monte, presumiendo de abilidad y saber, [fol. 125r] y hermosura y linaje, y buena voz, y cantar y leer, e otras cosas semejantes. Y subida el alma al monte entre las bestias brabas, que son los demonios, los quales, viéndola estas soberbias y presumpçiones, la haçen caer muy avajo, que es en peccados mortales; e no travajándose de salir, devoren su vida, que dura para siempre con las bestias bravas en el Infierno”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Capítulo XXVII'''&lt;br /&gt;
'''De una habla que esta bienabenturada tuvo con Nuestro Señor estando en oraçión'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Estando esta sancta virgen en su çelda en una ferbiente oraçión ante una ymagen del Señor y de su bendita madre, offreçiole sus dolores y enfermedades, y las oraçiones y penitençias que hazían las religiosas de su monasterio, y las de todas las personas que a ella se havían encomendado. Y ansimismo, suplicava a su Divina Magestad resçiviese de todos ellos los serviçios e buenas obras, y limosnas que por su sancto amor hazían, y le pluguiese responderla si huviese resçivido los serviçios de sus hermanas, las religiosas, y de sus devotos a ella encomendados.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
A la qual suplicaçión respondió el poderoso Dios, diziendo: “Sí, he resçivido, y bien me an sabido, y muy mejor me sabrán las mesmas personas, que son las oraçiones y ánimas. Y las ánimas que yo como an de estar tiernas, como novillo y ternera que tienen la carne sabrosa, y no dura como las terneras viejas, que estas tienen la carne dura y desabrida. Y entonçes está el ánima tierna e sabrosa, como ternera, quando está tierna en el coraçón, e obrar la palabra de Dios y sufrir por amor d’Él todas las penas y tribulaçiones que se le offreçieren; y la carne dura y desabrida, de la bacca vieja, se entiende por el ánima endureçida en peccados y malas costumbres, la qual, aunque oye la palabra de [fol. 125v] Dios, no tiene el coraçón tierno para resçivirla y obrarla, mas antes está endureçida, y en su dureça y penitençia y desaprovechamiento de toda buena obra”. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
La sancta virgen, oýda la respuesta del Señor, suplicó, diziendo: “Mi Señor, la alma endureçida, ¿qué remedio o penitençia podría hazer para alcanzar la graçia y perdón de vuestra gran clemençia?”. Respondió su Divina Magestad: “La tal alma á menester desollar el pellejo y apartarlo de sí, assí como se aparta el jabón del paño de que está jabonado, y como se aparta la mano de la masa de que está amasada, y como se aparta el suero de la quajada de que es bien apretada”. La bienabenturada tornó a preguntrar al Señor, diziendo: “Señor mío y Dios mío, ¿de qué manera se á de desollar la misma persona el pellejo?”. Respondió el Señor: “Con apartar y deshechar de sí la vieja y mala costumbre del peccado, porque yo estoy mirando y contemplando toda ánima devota, y veo todos sus buenos desseos, y pensamientos y cogitaçiones, y me deleyto y goço con ellos. Y por semejante, miro el ánima endureçida en mal obrar, y la contemplo, y ayrado le estoy diziendo: ‘Conviértete, ánima, a mí, mira que soy tu Dios, y tu criador y redemptor. Conviértete a mí’. E aunque me aýro contra la tal ánima viviendo en la carne, no me aýro del todo hasta que sale del cuerpo. Y quando estoy ayrado contra las tales ánimas que no se enmiendan ninguna vez, alço mi poderoso brazo en mano, con yra, para castigar mis offendedores. Mas los abogados çelestiales, en espeçial mi madre Sancta María, con sus muy humildes ruegos, me haze abajar la mano; y algunas vezes me escondo a mi piadosa madre, por que no me ruegue ni pida virtudes para las ánimas injustas. E asta ora la veo cave mí, de rodillas, rogando por todo el humanal linaje”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y dixo la bienabenturada: “Mi Señor, ¿con qué castigará vuestra Divina Magestad?”. Respondió su gran clemençia: “Con una bara que yo tengo de yerro para castigar a quien yo quiero”. Y dixo la sancta virgen: [fol. 126r] “¿Cómo, mi Dios y Señor, vara tiene de yerro, y no de oro?”. Respondió el poderoso Dios: “Quando quiero, la torno de oro, y de azero u de plomo, y de otros metales, según la manera de castigar; porque algunas personas castigo con bara de oro, y a otras con bara de yerro, o de azero o plomo. Esto es para las personas muy reveldes y duras en la enmienda de sus peccados, y en esto no te quiero más declarar. Quando yo estava subido y enclavado en la cruz, tuve capítulo general a todo el mundo, assí çelestiales como terrenales e infernales, y púseme en medio de todo el mundo en aquella cruz muy alta para que me viesen y conoçiesen todos cómo hera yo, su redemptor. Porque assí como el perlado se asienta a tener capítulo en lugar donde todos sus súbditos le vean y conozcan, assí, por semejante, estuve yo en la cruz, diziendo a los ángeles y a las criaturas, y a las aves y a las piedras: ‘Ansí que muero, ¿quién me á compasión?’. Y por cada una de mis llagas y heridas salían sermones y palabras, las quales embiava el Padre mío çelestial, como ruydo de muchas aguas, las quales palabras oyen los ángeles. Y por las unas llagas, salían palabras pidiendo al Padre mío misericordia para mis atormentadores, y por las otras llagas salían palabras pidiendo justiçia, y no para que se condenasen, mas para que en esta vida les diese a sentir mi Padre çelestial qué cosa heran llagas y conoçiesen y sintiesen qué cosa heran dolores, los quales yo padesçía por ellos, y por que se mereçiesen salvar. Y por la boca me salieron siete palabras, que cada una hera un sermón, que nunca se olvidó ni olvidará, hasta la fin del mundo. Y assí estava puesto en la cruz, rogando por todas las penas nasçidas y por nasçer”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Dixo la bienabenturada: [fol. 126v] “O, Señor mío, ¿quién supiese quándo está el alma en estado de graçia?”. Respondió: “Ese secreto guardo yo para mí, que no le he revelado a ninguno, ni aun a sant Françisco, con quantos secretos se le mostraron. Mas puede tener esperança el alma que está en estado de graçia cuando se viere que tiene fee y amor de Dios, y devoçión”. Dixo la sancta virgen: “Mucho supplico a vuesa Divina Magestad, mientras yo viviere no me dexe sin dolores, y enfermedades y persecuçiones que padezca por vuestro sancto amor, por que cada día y hora tenga muchas cosas sufridas y padesçidas con paçiençia para le offreçer. En mucho le encomiendo, Señor, a mis hermanas las religiosas, las quales le aman mucho, y por su amor se dan muchos azotes y le hazen otros serviçios”. Respondió el Señor, diziendo: “Los azotes que tus hermanas se dan poco les duelen, que no las hazen llorar; mas las que sus próximos les dieren las harán llorar”. Y volviéndose a su bendita madre, dixo: “Por esta preçiosa muger y madre mía tan amada, soy amigo del femíneo linage de las mujeres, y huelgo de estar con ellas y a par de ellas”. Dixo la bienabenturada: “¿Y a los hombres, mi Señor, no los quiere Vuestra Magestad también?”. Respondió: “El coraçón del hombre téngole yo en mi mano, y métole yo en el mío, y hágole una cosa con él”. Dixo la sancta virgen: “Señor, y los nuestros de las mugeres, ¿no los mete también en su real coraçón?”. Respondió: “Sí, porque todo coraçón de hombre o muger se entiende por el afiçción y voluntad devota, que el coraçón de carne los gusanos se le comen; y los que son malos, assí de hombre como de muger, tan apartados están de mí como el Çielo de la Tierra. Y pues diçes que tus hermanas las religiosas me quieren tanto, diles que, pues yo soy Rey y Señor, en este [fol. 127r] sancto tiempo de Quaresma me adereçen dentro en sus coraçones aposento limpio y enparamentado, con paramientos limpios y afinados y pintados, y la casa de la consçiençia barrida, con la confisión devota, y regadas con aguas olorosas de lágrimas amorosas y piadosas; y los paramentos an de ser virtudes, las quales son penitençia, humildad y ayuno, silençio y oraçión; y ponerle muchos ramos y rosas en la casa, assí adereçada, los quales an de ser buenos pensamientos y desseos. Y acordaos, tú y ellas, que escogí çenáculo emparamentado, en el qual se justificaron y sanctificaron los Apóstoles, los que lo mereçieron −aunque algunos dellos estavan ya sanctificados, se sanctificaron más−. Y también quiero me den sepultura limpia y virgen dentro de sí, que no haya nadie entrado en ella, como hizo aquel mi amigo que me dio sepultura virgen: esto se entiende por el coraçón y voluntad, que no aya amado otra criatura más que a mí”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y diziendo esto, volvía a mirar los pechos de su sacratíssima Madre. Y la bienabenturada, con mucha humildad, suplicó a su Divina Magestad le diese a sentir la dulçedumbre de la leche de su preçiosa madre, y también a las religiosas, a la qual respondió el Señor: “La dulçe leche de mi amada madre es muy buena mediçina para las llagas ynteriores del alma, las quales algunas están tan afistoladas y arraygadas que no bastan contriçión ni arrepentimiento, ni propósito ni lágrimas, porque están tan arraygadas que luego se les olvida la devoçión y propósito y contriçión que an tenido, y tornan a usar sus mismos peccados. Y para el remedio de esto no basta otra cosa sino la verdadera emendaçión con perseverançia [fol. 127v] en el bien obrar. Y yo oygo −dize el Señor− en Purgatorio ahullidos y gemidos de ánimas, las quales están devajo de los altares de Purgatorio rogando y suplicando a la poderosa Trinidad las perdone los pecados de la tivieça y flogedad con que lloraron sus peccados viviendo en la carne, y nunca se enmendaron dellos hasta el fin de sus días, y assí murieron. Y por estas tales almas huelgo de rogar a mi Padre çelestial las perdone”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Deseando la bienabenturada saver de qué genero de peccados están las llagas afistoladas y arraygadas, supplicó al Señor que Su Magestad se lo dixese, y respondiole: “De los siete peccados mortales, y de sus ramos y çircunstançias, y porque soy esposo vergonçoso, y la calidad de los peccados es vergonçosa y suçia, no quiero hablar en la maliçia dellos y qualquier alma peccadora y suçia, y deshonesta y desvergonçada. Y en esto puedes ver quánta cosa es el peccado. Y ese mundo en que vivís los humanos es dicho monte: es, a saber, cada alma buena se puede deçir monte sancto del Señor, porque así como el árbol tiene raýçes y frescor, y está verde y hecha flores y ojas, assí el alma que tiene sus raýçes en Dios hecha buenos desseos y pensamientos y obras, y a esta tal tómola yo para mí”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Dixo la sancta virgen: “Mi Señor, ¿pues yo y mis hermanas no somos monte de Vuestra Magestad?”. Respondió el Señor: “Monte soys, aunque pequeño, en el qual ay árboles frondosos. Y árbol frondoso quiere deçir árbol ancho y de grandes ramas, los quales árboles no se pueden quejar no les he hecho grandes merçedes y espeçiales en sus ánimas”. Dixo la bienabenturada: [fol. 128r] “Supplico a vuestra Divina Magestad dé a este monte de mis hermanas, las religiosas, graçia con que retengan en su memoria los sus consejos y mandamientos”. Respondió el Señor: “Doyte, doyte por respuesta lo que dixese en la Tierra a la muger que me dixo: ‘Bendito sea el vientre en que anduviste y las tetas que mamaste, y todo lo demás que te dio refeçión’. Assimismo, sea bendito el que mis palabras oye, y las guarda en su coraçón. Y assí digo a tus hermanas las guarden en sus coraçones hasta la fin de sus días, y las pongan por obra, por que merezcan la vida eterna”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Estando esta bienabenturada virgen elevada, vio un saçerdote, el qual perdió los sentidos corporales diziendo misa, a manera de elevaçión. Y estando assí por un breve espaçio, tornó en sí, y hallose a la otra parte del altar, y dixo al Señor: “Señor mío, ¿qué es esto que a pasado por mí, que no lo entiendo?”. Y respondiole el poderoso Dios: “Como tú me havías de comer a mí, he te yo comido a ti primero. Y dígote que ansí me he deleytado, y tanto gusto he tomado en comerte como un buen panar de miel, esto a quanto comparaçión de gusto. Agora cómeme e gústame tú a mí, y deléytate conmigo”. Y assí acavó este saçerdote su misa con mucha consolaçión espiritual.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Assimismo, vido esta sancta virgen cómo los sanctos ángeles resçiven las palabras doctrinales y fructuosas para las almas, e salen por la boca del predicador en paniçuelos muy blancos, labrados de letras cordiales. Y cada uno de los ángeles [fol. 128v] envolvía el coraçón del alma que tenía a su cargo, y le recogía los sentidos para oýr las palabras de Dios; otrosí ponía en una tovaja grande y ancha, a manera de quando quieren comulgar, la qual tenía una cruz de oro en medio muy resplandeçiente, en la qual tovaja caýan todas las sanctas palabras, que salían de la boca del predicador. Algunas pareçían sacramentos, y otras rosas y flores, y otras como nieve llena de maná o roçío. Y tornávanse confites sabrosos y olorosos, e otras como manera de oro, e como joyeles hechos relicarios. E viendo la bienabenturada cómo las sanctas palabras pareçían de tantas maneras, preguntó al sancto ángel qué figura hera aquella, el qual respondió: ‘Que assí se an de aparejar las almas justas y devotas para resçivir las palabras de Dios en sus coraçones como en relicario, y tenerlas en tanto y favoreçerse con ellas contra toda la adversidad que a la alma puede empeçer, y para tener muy çierta salvaçión. Y hágote saver que la palabra de Dios, resçivida con devoçión, fructifica y haçe raíz sembrada en el coraçón. Y qualquier persona que menospreçia la palabra de Dios, offende mucho en ello a ese mismo Dios; y por semejante quien la tiene en mucho y la guarda, le agrada y sirve en ello”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Tenía esta virgen graçia de entender las aves e los animales, e de oýrlas se consolava mucho y loava al Señor, que las crió. Havía gran compasión de los animales, en espeçial de los que trabajan, y deçía: “Más lástima y compasión tengo de los [fol. 129r] animales que de mí, que, aunque estoy tullida, tengo lengua con que pido lo que he menester, y estoy entre personas piadosas; y los animales no tienen lengua con que se quejen, ni piden su neçessidad, y con mucha ambre y sed y cansançio les hechan ençima grandes cargas, y los dan reçios palos cuando no lo pueden llevar. E no se deven engañar en esto las gentes, que porque en el juyçio de Dios toda crueldad se demanda, aunque sea hecha a las bestias, porque el Señor no las crió para que las traten y maten cruelmente, sino para que se aprovechen y sirvan dellas”. A muchos sanctos ymitaba en graçia esta sancta virgen.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Capítulo XXVIII'''&lt;br /&gt;
'''Cómo fue servido Nuestro Señor de llevar a esta bienabenturada a su sancta gloria'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Siendo esta sancta virgen de hedad de çinquenta y tres años, los quales havía vivido muy bienabenturadamente a gloria y honra de Dios, y salvaçión y mérito de su sancta alma, y aprovechamiento de sus próximos vivos y difuntos −como su historia da testimonio dello−, quiso el poderoso Dios que después de la Dominica del Buen Pastor, año de mill quinientos treynta y quatro, se le agravasen a esta bienabenturada sus enfermedades, sobreviniéndole otra nuevamente, la qual fue que estuvo sin orinar catorçe días. Y aunque ella en sus enfermedades no quería ser curada de los médicos, sino dexarse a la voluntad de Dios para que hiziese della su sancta voluntad, en esta postrera, por los ruegos que con muchas lágrimas las [fol. 129v] religiosas le haçían se quisiese curar por consejo de médico, por consolarlas consintió hiçiesen en ella lo que quisiesen. Y assí la empeçaron a curar con un buen médico, y sanándose su enfermedad, entre algunas personas generosas y devotas suyas fue luego proveýda con mucha devoçión y desseo de su salud físicos, y de las cosas neçessarias para su cura. Y todos los físicos, juntos y conçertados, le hiçieron muchas grandes espiriençias, y la sancta virgen tomava por la consolaçión de las monjas, que se lo rogavan todo lo que los físicos le demandavan, aunque hera contra su voluntad. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y algunas vezes, con gesto de ángel y semblante muy graçioso, se reýa con las religiosas, y deçíales palabras de muy grande amor y doctrina, y también a los físicos se les mostrava muy graçiosa, y agradeçida a su trabajo. Y viendo ellos cómo su mal yba empeorando y que hera mortal, dixéronlo a las religiosas, las quales, con muchas ansias, començaron a ynvocar la misericordia de Dios, haziendo oraçiones y derramando muchas lágrimas y sangre de sus personas, e haziendo proçesiones con grandes disçiplinas, y gemidos y sollozos, que pareçía que querían espirar, suplicando a Nuestro Señor que no quisiese su Alta Magestad quitarles tan grande amparo y consolaçión y ayuda para su salvaçión como tienen en la bienabenturada Juana de la Cruz; la qual, con muy grande fervor, mandó que le traxesen su confesor, que se quería confessar o aparejarse para morir. Y ansí lo hizo, que confesó y [fol. 130r] comulgó con admirable devoçión, y se despojó como muy pobre y perfeta religiosa, y demandó la sancta unçión. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y todos los días que estuvo enferma de la enfermedad que murió, no pasó noche que no se elevase y hablase con su sancto ángel, el qual no le deçía ni descubría el secreto de su muerte hasta tres días antes de su bienabenturado fin. Antes le vía todos aquellos días muy alegre y resplandeçiente, con adornamientos y bestidura de gran fiesta, y deçíale al sancto ángel quando le hablava en esta su postrera enfermedad: “Muy gran compasión te tengo, criatura de Dios, de ver los grandes dolores y enfermedad que padesçes. Mucho ruego por ti al poderoso Dios te esfuerçe y dé paçiençia, y no querría que atormentasen los físicos con espiriençias, sino déxente a la voluntad de Dios, que Él hará de ti lo que fuere más servido. Y lástima tengo de tus hermanas las religiosas, porque están muy angustiadas, y yo offrezco al Señor sus piadosas lágrimas y devotas oraçiones y caridosa penitençia, y yo tendré cuydado de rogar por ellas al Señor y a la sancta Virgen”. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Aunque con mucha flaqueza, no faltando la charidad y compasión de sus hermanas, contoles estas palabras que su sancto ángel le havía dicho, por que con ellas se consolasen. Y açercándose el día de su glorioso pasamiento, tuvo una revelaçión, jueves en la anoche, vigilia de los gloriosos apóstoles Sant Phelipe y Sanctiago, en la qual conoçió que hera la voluntad de Dios llevarla de esta vida. Y súpolo en spíritu, por quanto aquella misma noche estuvo elevada desde las onze hasta la una. Y vido en esta [fol. 130v] elevaçión a los gloriosos apóstoles, Sant Phelipe y Santiago, y a su propio ángel della, al qual dixo que viese quál estava, y le suplicava rogase al Señor por ella y por los religiosos de su casa, y por sus hermanos, y parientes y amigos, y por todas las personas que a ella se encomendavan. Y el sancto ángel le respondió: “Bienabenturados son los que viven y mueren en Dios, y malabenturados se pueden llamar los que viven fuera de Dios. Tú, criatura de Dios, esfuérçate y ten paçiençia, y encomiéndate a Dios y confórmate con su sancta voluntad, y arrepiéntete de tus peccados y de las cosas que pudieres haver hecho en serviçio de Dios y no las has hecho”. La bienabenturada dixo entonçes al sancto ángel: “Pues, ¿cómo, señor, tan tarde me lo diçes?”. Y respondió él: “No es tarde, que tiempo tienes para que lo puedas haçer. E yo haré lo que me diçes, ruegue por las religiosas, y por tus hermanos, y parientes y amigos, y personas que a ti se encomendaren. Tú, amiga de Dios, confórmate con todo lo que Nuestro Señor quisiere haçer de ti, y suplica a su Divina Magestad se cumpla en ti, en bien y salvaçión tuya, la sentençia que está dada, la qual sentençia puede revocar el poderoso Dios; mas creo no lo hará, porque Él aya sobre [¿tres?], que tiempo es, amiga de Dios, de goçar de las cosas prometidas y a Dios pedidas y demandadas y por él otorgadas”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Dixo la sancta virgen a los gloriosos apóstoles que rogasen al Señor por ella, que ella no deseava la muerte por vía de su desesperaçión, ni por muerte viçiosa, sino por muerte de penitençia y de contrición, y de arrepentimiento y sus peccados, que fuese la voluntad de Dios cumplida en ella. Los sanctos apóstoles le respondieron: “Así á de ser para ser la muerte sagrada, e ynoçente y sin peccado. Y agora es tiempo de padesçer los penitentes y [fol. 131r] amigos, y bien querientes y bien hazientes, y gozen los que son floridos de los mayos floridos e goços del Çielo; y las verdes flores son las ánimas sanctas y bienabenturadas”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y tornando esta bienabenturada en sus sentidos, llamó a una religiosa parienta suya, que dende niña se havía criado en la orden, y ella le tenía mucho amor, y díxole: “Hágoos saver, hermana, que según me an dicho por una revelaçión que he visto, es la voluntad de mi Señor Jesuchristo yo muera de esta enfermedad, de lo qual yo mucho me he consolado”. Y contole la susodicha revelaçión, y díxole muchas cosas de gran doctrina, aconsejándola tuviese paçiençia y se conformase con la voluntad de Dios.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y luego, viernes por la mañana, día de los sanctos apóstoles, entrado el médico a visitarla, dixo que le quería hablar en secreto. Y llegándose çerca de su cama, díxole: “Señor, ruégoos por amor de Nuestro Señor, no me curéys ya más, ni me hagáys ningún benefiçio, porque raçón es que se cumpla en mí la voluntad de Dios, que yo sé que tengo de morir de esta enfermedad, y todo aprovechará poco, si no es darme más tormento. Paréçeme que todo mi cuerpo le meten en un grano de mostaza, y allí le aprietan, según lo que yo siento”. Y assí estuvo todo aquel día, con alguna fatiga causada por la enfermedad. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y como se sonase mucho que esta bienabenturada estava tan al cavo de su fin, muchas señoras generosas deseavan estar presentes a su glorioso tránsito, y assí lo pusieron por obra, y vinieron con liçençia de sus prelados. Y no todos llegaron a tiempo a causa que algunas venían de lejos, si no fue una muy cathólica, sancta, y devota de esta sancta virgen, que se llamava doña Ysabel de Mendoça, hija del [fol. 131v] conde de Monteagudo, muger de don Gonçalo Chacón, señor de Casarrubios de el Monte, que se apresuró y llegó a tiempo, y estuvo presente a todas las cosas y maravillas que acaesçieron en su bienabenturado fin, y tuvo muchas lágrimas y devoçión, como persona tan cathólica. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El mesmo día de los apóstoles, antes de vísperas, estando en sus sentidos, vido algunas revelaçiones, las quales ella no dixo claramente, aunque mucho la ymportunaron y rogaron este mismo día. Ya que quería anocheçer, le dieron la sancta unçión, la qual resçivió con muy gran devoçión. Y dende a un rato, dixo con gran gemido y contriçción: “Ay, ay de mí, cómo me he descuydado”. Pasada una ora de yntervalo después de haver resçivido la sancta unçión, le subçedió una yndispusiçión, que pensaron hera desmayo. Y viéndola el médico, dixo que no tenía pulsos, que verdaderamente se muría. Y estuvo ansí un rato. Y tornando sobre sí, empeçó de hablar con buen semblante, en lo qual conoçieron havía sido arrobamiento, y de estos tuvo muchos aquella noche. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y empeçó a hablar, diziendo lo que havía visto, como quien responde a lo que le deçían. Y pareçía a todos los que la veýan lo que hablava eran respuestas que dava a quien la hablava, y dixo como persona muy admirada: “O, qué cruel espada. Ténemele, ténemele, no me mate con ella”. Y assí estuvo sosegada un rato en silençio, como persona que veýa grandes cosas. Y después dixo, con gran sosiego y manera paçífica: “Tené ese cuchillo, tenedle”. Y alçando un poquito la voz, deçía: “Llámenmela, llámenmela, que se va”. Y preguntándole a quién le havían de llamar, respondió: “A la sancta Magdalena” −dixo−, “la que estuvo al pie de la cruz, que viene del sepulcro”. Y deçía: “Ay, ay, amiga mía de mi alma”. Preguntándole si estava allí la Magdalena, respondió: “Sí”. Y de rato en rato deçía, a manera de mucho deseo: “Pues vamos, Madre de Dios, vamos”. Y esto deçía [fol. 132r] muchas vezes, y algunas añadía: “Vamos a casa, Madre de Dios, que es tarde”, y con manera de afinco y esfuerço fervoroso, dezía: “Hechalde de aý, hechalde de aý. Ay, por qué me dexáys, por qué me dexáys, por qué me dexáys”. Y pareçía que estava angustiada, y que peleava con el Demonio. Y para esta pelea la dexaron sola, la qual vençió valerosamente, según pareçió en la plática que ella tenía con el Demonio. Que ansí como el poderoso Dios le dio graçia y fortaleza que en su vida la vençiese, por semejante en la hora de la muerte, que es en la mayor neçessidad, no la desamparó, que maravillosamente salió vençedora, lo qual muy claramente se conoçió, porque estando en la pelea se deçía entre sí misma: “O, a qué mal tiempo me havéys dexado”. Y esto dixo algunas vezes, y callando un rato, tornó a hablar con el que la havía dexado, diziendo assí: “Señor, me dexastes sola, hechad de aý ese demonio que no tiene parte aquí, mal año para él”. Y volviendo la plática a las religiosas, les dixo con admirable fervor: “Señoras y hermanas mías, levantadme de aquí, daré mi alma a Dios en sacrifiçio”. Y dende a un poco, empeçó a deçir apriesa, como quien hablava con otras personas: “Búscamele, búscamele a mi Señor. Buscarele, buscarele, y yo, hálleme Él a mí, y hallarlo he yo a Él. ¿Por qué me le llevastis? Déxame, yrle he yo a buscar, aunque estoy descoyuntada”. Y preguntándole las religiosas a quién le havían de buscar, dixo: “A mi Señor”. Y tornándole a deçir dónde le hallarían, respondió: “En el huerto le hallaréys”. Y deçía: “Ay, Madre de Dios, Jesuchristo, qué crueldad”. Y con gran fervor otra vez deçía: “Mi Señor, sobre la misericordia a la justiçia, Jesuchristo, y qué angustia”. Y muy fatigada, volvió el rostro a las [fol. 132v] religiosas, y díxoles: “Amigas, ayudadme a rogar”. Dixéronle: “¿Qué quieres, señora, que roguemos y pidamos?”. Respondió: “Misericordia y piedad, y que sobre la misericordia a la justiçia”. Y deçía muchas vezes: “Vamos, vamos; o, qué punto; o, qué punto”. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Estando una religiosa lavándole la boca, díxole: “Sancta Virgen, quitá de aý, que mi Señor me la labará y besará”. Y desde aý a un poquito, con mucha graçiosidad y mesura, sacó la lengua a manera de persona que comulga. Y preguntándole las religiosas si havía comulgado, respondió con hermoso semblante: “Sí”. Dixéronla si havía comulgado por todos los que allí havían, estaban: dixo que sí. El médico, que la curava, viendo todas estas cosas, dixo con gran devoçión y lágrimas: “Bienabenturado [¿colesio?], que tal ánima como esta embía al Çielo. Por çierto, señoras, que creo yo serán mayores los favores que de esta señora resçivirán desde el Çielo que los que an resçivido en la Tierra, aunque an sido muchos”. Respondió la bienabenturada: “Podrá ser”. Que todo esto pasaba quando estava sin pulsos en ninguna parte de su cuerpo. Estando todos mirándola, empeçó a mazcar, como persona que comía con mucho savor, y durole porquito espaçio. Y de que huvo çesado, preguntole un médico, diziendo: “Señora, pareze que come, ¿es verdad?”. Respondió la sancta virgen: “Sí”. Tornándola a ymporturar que dixese quién le havía dado, y qué hera: “El ángel me dió el fruto de la sancta vera cruz”. Dixéronle: “Con tal manjar, muy esforçada estará”. Respondió: “Sí, estoy”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y tomándole el médico el pulso, dixo que se le havía tornado muy esforçado y grande, que pareçía ''[19]'' que de nuevo le havían dado vida, porque havía más de quatro horas que estava sin él, y dende el día [fol. 133r] de los Sanctos Apóstoles no havía pasado ninguna sustançia. Y después de esto, empezó deçir con muy hermoso gesto: “Amigas mías y señoras mías, llevadme, llevadme, ca pues avía presto”. Preguntándole con quién hablava, dixo: “Con las sanctas vírgines”. Y ymportunada dixese con quién havía de yr y adónde la havían de llevar, respondió: “Con mi verdadero esposo y marido Jesuchristo”. Y deçía: “¿Por qué me escondéys a mi Señora y mi Reyna, por qué me la escondéys?”. Oyendo estas las religiosas, pusiéronla delante una ymagen de Nuestra Señora, y de que la vido, ynclinole la caveça y dixo: “No es esa, vuélvemela, vuélvemela a mi Reyna y mi Señora”. Y preguntada si estava allí Nuestra Señora, respondió con mucha alegría y prudençia: “Sí, y mis ángeles, y mis sanctos”. Y tornando a dezir de rato a rato: “Pues vamos, señora mía, vamos”, dixo con grande alegría: “Ea cavallero, ea cavallero, hazedle lugar aquí, aquí a mi lado”. Y dende a poquito dixo, a manera de reverente: “O, padre mío”. Y en este deçir padre mío, pensaron las religiosas que lo deçía por el glorioso padre sant Françisco. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y quando esto pasava ya venía el día, y hera sávado. De todos los que havían estado allí aquella noche, assí a las religiosas, como a las personas, de otra manera no se les hiço, pareçió ser aquella noche dos horas. Estando ansí esta bienabenturada, dixo: “Ea, pues, ea, pues, Jesuchristo, vamos de aquí, vamos presto, Señora, Señora mía; vamos, vamos, mi redemptor”. Entonçes, las religiosas se levantaron con muchas lágrimas y grandes sollozos, que pareçía querían espirar, y la besaron la mano con mucha devoçión. Y ella las bendixo, a presentes y ausentes, y a sus amigos y conoçientes, y tornó a deçir: “Vamos, vamos, rector mío, vamos de aquí”. Y preguntándole si estava allí el Señor, dixo: “Sí, y Nuestra Señora, y los ángeles, [fol. 133v] y toda la corte çelestial”. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y empezó a mazcar un poquito, y esto hizo por dos vezes, por yntervalo de tiempo. Y los que allí estavan, dixeron: “Pareze que torna a comer del fruto de la cruz”. Respondió la sancta virgen: “Ayer lo comí otra vez”. Y llegando a ella el médico, otro día sábado por la mañana, preguntole con gran devoçión: “Señora, ¿va al Çielo? ¿Quién va con ella y la acompaña en ese camino?”. Dixo: “Mi Señora, la Virgen María, y mi ángel, y mis ángeles y mis sanctos”. Y callando por un rato, tenía mucha hermosura y lustramiento de gesto, como quando estava elevada. Y pasado poco yntervalo, tornó a decir, con manera alegre: “Dadme albriçias”. Y pareçía lo deçía a las personas que con ella estavan. Y con admiraçión y alegría dixo: “Hasta çapatos”. Y esto replicó por dos o tres veçes, y los que esto veýan: “Según pareze, ya le embía su esposo a esta dichosa alma los adornamientos”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y el médico que estava más çercano a esta bienabenturada, hablándola, conoçió y resçivió el aliento que de la boca le salía. Y dixo a los que allí estvan: “No pude conoçer ni alcançar qué olor fuese, salvo que olía muy bien, y suavemente”. De lo qual estava admirado, porque hasta aquella hora havía tenido mal olor en el aliento, que le proçedía de la podriçión y corrupçión de los humores, y entonçes le tenía bueno. Y todos los que allí estavan, oyendo lo que el médico deçía, se hallegaron a la sancta virgen con mucha devoçión, y resçivieron su huelgo, y conoçieron no ser de los olores de este mundo por buenos y finos que sean. Y toda su persona estava con muy grande olor y hermosura.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y dende el sávado en la tarde hasta el día siguiente domingo, después de la víspera día de la Ynvençión de la Sancta Cruz de Mayo, no habló esta bienabenturada. E antes que entrasen por la puerta de su çelda, se olían las [fol. 134r] maravillosos olores que de ella salían, y algunas partes les pareçía, entrando donde ella estava, olía como vergel de muchas flores. Y siendo la hora de las seys, depués de mediodía domingo, día de la sancta Cruz, que fue a tres de mayo de mill y quinientos treynyta y quatro años, acompañada su sancta ánima de muy buenas y sanctas obras, y ansimismo su cuerpo, acompañado de frayles de su horden, y de todas las religiosas de la casa, las quales con candelas ençendidas en sus manos, y leyendo la Passión los padres que allí estavan, dio esta bienabenturada el alma en manos del poderoso Dios que la crió y redimió, quedando su gesto con hermosura y compostura admirable, quedándole la boca muy bien puesta, a manera de sonrisa. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y muy admirados los padres que allí estavan, con gran reverençia llegaron a mirarle los ojos. Y alçando los párpagos, vieron que no los tenía quebrados, sino con aquella hermosura y graçiosidad que los tenía quando estava viva. Que assí como aplaçió mucho a Dios con ellos y con los juyçios suyos, assí permitió su Divina Magestad que en la hora de su muerte no fuesen quebrados, en el tiempo de las buenas obras que con ellos havía hecho, del qual milagro todos se maravillaron mucho y dieron graçias a Nuestro Señor, por las grandes maravillas y virtudes que con sus fieles amadores haze. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Salió de esta vida esta bienabenturada el año de mill y quinientos y treyta y quatro años, hora, día y mes arriva dichos. Como esta sancta virgen espirase, hallegáronse con muy grande ansia todas las religiosas, llorando lágrimas muy dolorosas, a ver y besar el sancto cuerpo. Y como se açercaron a él, [fol. 134v] heran tan grandes los olores que d’él salían, y tan subidos, que no se podían comparar con cosa desta vida. Y a las religiosas que estuvieron y vistieron el sancto cuerpo, las quedó por más de tres días muy admirable olor en sus personas y manos. Y en qualquiera cosa que le ponían ençima quedava el mesmo olor, y assí le tuvo en su persona y hábito que estuvo por sepultar, que fueron çinco días.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y yendo una religiosa con gran fervor a besarle los pies quando la estavan vistiendo el ábito, cayó en la tarima de su propia cama, de manera que se lisió muy malamente en el vientre, y luego se le hizo un bulto tan grueso como el puño y con muy gran dolor. Y estando tan fatigada, cresçiéndole los dolores, pusiéronle ençima la camisa con que havía espirado la bienabenturada, y luego se le aliviaron los dolores, y pudo estender la pierna, la qual no podía menear, y se pudo levantar y andar sin pena. Y otro día tenía desenconada la herida, y casi deshecho el bulto. Y assí fue sana por la bondad de Dios y méritos de la sancta virgen.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y adereçado el sancto cuerpo, el abbadesa y todo el convento de las monjas, con candelas ençendidas y rezando como es costumbre, le llevaron al coro, y allí le fue dicho el offiçio por las monjas muy solemnemente. Y estuvieron aquella noche con él, acompañándole con mucho dolor y lágrimas. Y con ella, la dicha señora y generosa de la orden y devota de esta bienabenturada, que con mucha devoçión estuvo en su tránsito, y consolándose cómo hera pasada de esta vida a la gloria y bienabenturança.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Ocurrió mucha [fol. 135r] gente de todos los rededores, y venían con gran devoçión de ver el sancto cuerpo. Assimismo, vinieron muchos padres de la orden a hazer sus obsequias y enterramiento. Y como la gente hera tanta, davan liçençia a los más prinçipales que entrasen en el monasterio, los quales, quando veýan el cuerpo y olían los olores que tenía, davan muchas graçias a Nuestro Señor, derramando lágrimas de mucha devoçión; entre las quales personas, entró un mensajero que dende Toledo embió una gran señora, que hera Virreyna de las Yndias, a saber de la salud de esta bienabenturada, el qual traýa gran dolor de muelas, en manera que no podía comer, ni vever ni dormir. Y en llegando a besalle los pies y ábito a esta sancta virgen, se le quitó. Y con gran devoçión dixo el benefiçio y milagro que havía resçivido, y salud que en su persona havía sentido.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y como el día siguiente lunes fuese, casi hora de vísperas, y los campos estuviesen llenos de gente clamando les mostrasen el sancto cuerpo y se le dexasen tocar, los reverendos padres, por satisfaçer su devoto desseo, tomaron el sancto cuerpo y sacáronle fuera, con mucha reverençia, donde todos le pudiesen ver. Y viniendo la gente como los frayles le sacaron, eran tan grandes los clamores y gemidos que todos davan con muchas lágrimas que muy lejos se podía oýr. Y llegando todos apriesa, los [fol. 135v] frayles, que guardavan el sancto cuerpo, no consentían llegar sino al ábito. Y sintiendo el muy suave olor que del cuerpo salía, con mucho maravillamiento davan graçias a Dios, y ponían ençima cuentas y cosas que traýan, en las quales se pegava el mesmo olor. Y entre los que llegaron a tocar el sancto cuerpo, llegó un hombre que havía venido sobre dos muletas, con mucho trabajo, de Torrejón de Velasco. Y en vesando el ábito de la virgen, dixo que havía sentido tan grande aliviamiento en sus dolores y tulliçión que le pareçía que pudiera andar tres leguas sin ningún cansançio ni dolor. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y consolada la gente, tornaron el sancto cuerpo al monasterio, y a ora de conpletas, a la qual hora llegaron çiertos mensageros rogando que detuviesen el sancto cuerpo, hasta que ellas le viesen. Y assí se hiço. Y hecho el offiçio de los padres, fueron a sus monasterios, y dexaron el cuerpo sin enterrar. Y assí estuvo por cinco días, no perdiendo los buenos olores que tenía. Y venidas las señoras por cuyo ruego el sancto cuerpo estava detenido, con el qual mucho se consolaron de ver las maravillas que Dios mostrava en él, pareçioles hera bien, por que las gentes goçasen de esta sancta reliquia, se enterrase en la yglesia y capilla del Sanctíssimo Sacramento. Pero las religiosas, no consintiendo sacar el sancto cuerpo de entre ellas, huvieron de entender en ello los prelados. Y se hiço lo que las [fol. 136r] monjas quisieron, porque hera más justo. Y pusiéronle en una parte donde las religiosas comulgavan, en un hoyo pequeño, quanto cupo el ataúd, y ençima cubierto con yeso de altura de dos dedos, en el qual lugar manifiesta el Señor la sanctidad de esta bienabenturada, sintiendo muy buenos y suaves olores.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En la çiudad de Almería havía una sancta muger que tenía revelaçiones muy verdaderas y comunicava Nuestro Señor con ella muchos secretos, la qual se llamava María de Sant Juan. Hera religiosa de la Orden de la Sancta Conçepçión, y natural de Casarrubios del Monte. Y como esta sancta muger tenía graçia de arrobarse también, como la bienabenturada Juana de la Cruz, comunicávanse ambas, y estando elevadas en spíritu en el lugar que Dios hera, quiso de ponerlas, y hiziéronse hermanas spirituales. Y yendo todos padres de la orden del glorioso padre sant Françisco, y el uno dellos havía sido perlado mayor de la provinçia de Castilla, persona de mucha auctoridad y letras, a negoçiar con esta sancta muger, María de Sant Juan, a un mes que havía pasado de esta vida la bienabenturada Juana de la Cruz, y preguntándole el dicho prelado le dixese del estado del ánima de la madre Juana de la Cruz, respondiole con mucha alegría que: “Tenía mucha gloria, tanta y tan grande como el [fol. 136v] poderoso Dios la da a sus escogidos y los méritos de la bienabenturada Juana de la Cruz mereçieron. Y luego que esta sancta ánima salió de las carnes, voló derecha al Paraýso, y tiene tanta gloria que exçede a muchos sanctos y sanctas, e yguala con los ángeles. Y más os quiero deçir, que por la bondad de Dios yo la he visto estando elevada el día del señor Sant Juan evangelista de mayo, que aora hiço quatro días, después de la Ynvençión de la Sancta Cruz de mayo, quando esta bienabenturada salió de las carnes. Y yo la vi en la gloria, tan sublimada que tiene en muy mayores grados que la solía ver. Y maravillándome mucho, pregunté a mi sancto ángel cómo havía tan grande diferençia en la gloria que aora veo a la Juana de la Cruz, que otras vezes no la solía yo ver en gloria tan sublimada. Respondió el sancto ángel que ‘está ya desatada de las carnes, y está en la gloria para siempre’. Oyendo esto, vínome gran desseo de hablarla. Y estando en este desseo, vi a deshora abajada esta bendita ánima donde yo estava, y con mucha alegría me abraçó, e yo ansimismo a ella, y la dixe: ‘¿Cómo, hermana mía, y esto sin mí?’. Respondiome: ‘Sí, hermana mía, que se cumplió la voluntad del poderoso Dios’. Y dixo havía quatro días hera pasada de esta vida, y en ella havía tenido su Purgatorio, [fol. 137r] y assimismo havía sido juzgada en la carne antes que della saliese. Y dos días antes que espirase, havía empeçado a goçar su ánima de la gloria del Çielo, aunque al pareçer de quien la veýa tenía pena en el cuerpo, porque hera la voluntad de Dios que estuviese detenida aquellos dos días. Y quisiera ella mucho dezir lo que goçava, sino que no podía, ni le es dada liçençia”. &lt;br /&gt;
E otras muchas maravillas y milagros se podrían deçir que Nuestro Señor mostró en este tránsito del cuerpo de esta bienabenturada, y después d’él. Por evitar prolixidad,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''Laus deo.''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
=== Notas ===&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[1]'' Repetido en escritura al margen.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[2]'' Este adjetivo aparece en una nota al margen.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[3]'' Anotado arriba.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[4]'' Anotada arriba.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[5]'' Repetido en nota al margen.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[6]'' Por “gran despojo”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[7]'' Apuntado en nota al margen.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[8]'' Corregido al margen: ''Divina''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[9]'' Por error aparece en el manuscrito &amp;quot;dedovatas&amp;quot;.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[10]'' Secuencia repetida: “''que otro día de la fe mana el árbol de la vida son más subblimadas''”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[11]'' La palabra oración aparece anotada al margen.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[12]'' Palabra repetida.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[13]'' Secuencia repetida: “''dixo el sancto ángel: si lo as de scrivir''”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[14]'' Escrito en el margen.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[15]'' Palabra escrita encima de las otras.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[16]'' Falta lo que dijo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[17]'' En está escrito encima de me trayáys, que aparece tachado por un lapsus del copista, que copió el trayáys precedenete. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[18]'' Secuencia repetida: “''lo que Dios''”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[19]'' Secuencia repetida: “''que parecía''”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
= Vida manuscrita (2)=&lt;br /&gt;
Ed. de [http://visionarias.es/equipo/maria-victoria-curto/ María Victoria Curto]; fecha de edición: marzo de 2018; fecha de modificación: septiembre de 2023.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
== Fuente ==&lt;br /&gt;
[[Archivo:LibrodeCasa.jpg|300px|right|Manuscrito|link=]]&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
* BNE MSS-9661&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[[Contexto material del manuscrito de la Biblioteca Nacional de España, MSS-9661]].&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
== Criterios de edición ==&lt;br /&gt;
El ''Libro de la Casa y Monasterio de Nuestra Señora de la Cruz'' contiene fragmentos de la vida de Juana de la Cruz, motivo por el que es incluido en el catálogo de santas vivas. Esta es la primera vez que se edita. El ''Libro de la Casa y Monasterio de Nuestra Señora de la Cruz'' (mss. 9661 de la Biblioteca Nacional de España) es un manuscrito posterior a la muerte de Juana de la Cruz (1534) y que refleja las características fonéticas y gráficas propias de la segunda mitad del siglo XVI, por lo cual los criterios que se han adoptado para realizar su transcripción son conservadores. La lengua que refleja el manuscrito no parece presentar rasgos dialectales, ya que vocalismos en formas como ''sepoltura'' o ''monesterio'' eran muy habituales.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Se ha decidido mantener los grupos consonánticos cultos, como el grupo -mpt- en ''redemptor'', el grupo -th- en ''thesoro'' o el grupo -nct- en ''sancto'', ya que son una muestra de la importante presencia e influencia del lenguaje eclesiástico y de la fuerte carga semántica de ciertos términos religiosos. Asimismo, se conserva el uso que se hace de la b y la v (''juebes''), el empleo o la ausencia de la h- inicial (''omenaje'') –así como su oscilación (''había/avía'')– y se preserva la utilización de las distintas sibilantes que presenta el texto original, es decir se respeta en todo momento la oscilación entre ss/s (''dixessen/dixesen, santíssima/santísima'') y entre z/ç (''vezes/veçes''), incluso en los casos donde esta oscilación está mal empleada etimológicamente. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Es importante apuntar que la autora del manuscrito fue una monja del convento de Nuestra Señora de la Cruz de Cubas de la Sagra, quizá compañera de Juana mientras esta vivía, que tal vez escribía al dictado de otras monjas y cuya alfabetización debía de ser muy básica. Por último, también se han mantenido las consonantes geminadas (''officio, abbadesa''), la oscilación entre b/v (''tubo/tuvo''), entre h/g (''huerta/guerta''), entre c/qu (''cuentas/quentas''), entre j/x (''dejan/dexan''), entre y/i (''yglesia/iglesia'') y entre h/f a inicio de palabra (''hijo/fijo''), y las elisiones en las formas del tipo d’esto, d’ella, señaladas con apóstrofo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Para que la lectura del texto resulte más clara y sencilla al lector, se han juntado o separado palabras de acuerdo al criterio actual, se han desarrollado las abreviaturas, las palabras se han tildado siguiendo las normas ortográficas actuales, se ha corregido la capitalización de determinados términos, reservando la mayúscula para vocablos abstractos referidos a la divinidad, y se ha puntuado modernamente el texto, intentando en todo momento respectar lo máximo posible su particular ritmo interno, muy cercano al lenguaje oral. Para facilitar la lectura, también se ha acentuado la ''á'' verbal, para distinguirla de la preposicional, se ha añadido la virgulilla a la grafía ''ñ'' y se ha unificado la oscilación entre u/v, otorgando a la -u- función exclusivamente vocal y a la -v- consonántica. Con la intención de orientar al lector, se han introducido breves epígrafes que dividen el cuerpo del texto en función de la temática que se aborda en cada momento, así como notas a pie de página que se han circunscrito a aclaraciones sobre la presentación del manuscrito. Por último, se ha empleado el paréntesis para las acotaciones teatrales y las explicaciones del texto, se ha hecho uso de la letra cursiva para indicar frases latinas, y se han utilizado las comillas para señalar las nomenclaturas y los diálogos que aparecen en el cuerpo del texto.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==Vida de Juana de la Cruz: ''Libro de la Casa y Monasterio de Nuestra Señora de la Cruz''==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[1]'' '''[fol. 1r] Este libro es de la casa y monasterio de Nuestra Señora de la Cruz. Tiene los autos que se hacen el día de la asumpción y el de la sepoltura, y gracias que Nuestro Señor concedió a esta sancta casa, y mercedes que en ella hizo por yntercessión de nuestra madre sancta Juana a las monjas y bien hechores d’ella, y esto para siempre.'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[PRIMER AUTO DE LA ASUNCIÓN DE LA VIRGEN]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[fol. 2r] Este auto es el que hazen en la casa de la labor el día de la sepoltura de Nuestra Señora.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
(Entra el ángel y anuncia a Nuestra Señora su muerte gloriosa.)&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Ángel – Thesoro rica del Cielo,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	a cuya real persona&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	quiere Dios dar la corona,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	honrando con vos su Cielo,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	la suprema Trinidad&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	para anunciaros me embía,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	que se os ha llegado el día&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	de gozar la eternidad.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	Y para señal y muestra&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	que triunfáys en cuerpo y alma,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	aquesta preciosa palma&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	os presento, Reina nuestra.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Nuestra Señora – Señor de la Magestad,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	mi Dios y amado hijo,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	que de un destierro prolijo&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	me llamas a tu ciudad,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	gracias te den inmortales,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	los ángeles en la altura,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	honras con favores tales.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	Y pues ya, Señor, previenes&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	a la muerte los despojos&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	para que gozen mis ojos&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	el sumo bien de los bienes,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	solo me falta que sea &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	de tu amor favorecida&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	en que antes de mi partida&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	a tus apóstoles vea.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Ángel – Vuestros ruegos son oýdos,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	Reina, y por que os consoléys&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	los apóstoles veréys,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	por virtud de Dios traýdos.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[fol. 2v] Todos aquí se han juntado&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	de varias partes del mundo,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	y Juan, vuestro hijo segundo,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	ya por las puertas ha entrado.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
San Juan – Sálvete Dios, Virgen pura,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	madre de Dios y hombre,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	a cuyo bendito nombre&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	se humilla la criatura.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	En Éfeso predicaba&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	y súbitamente vine,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	tu Magestad determine&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	de dezir lo que mandaba.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Nuestra Señora – Hijo y apóstol amado,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	cuya dulce compañía &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	divide el último día,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	por averme Dios llamado,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	yo os encargo que miréis,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	después de muerta, por mí&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	y luego en Getsemani&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	sepulcro a mi cuerpo deis.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	Esta palma, Juan, se llebe&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	quando mi cuerpo enterréys,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	y es justo vos la llevéys&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	porque de todo se os debe.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
San Juan – ¡O, si todos mis hermanos,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	los apóstoles ausentes,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	fuessen agora presentes,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	quánto seríamos ufanos!&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Tus obsequias gloriosas&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	todos juntos con gran gloria&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	las haríamos sumptuosas&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	y dignas de gran memoria.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
(Entra San Pedro.)&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
San Pedro – ¿Por qué causa tan de presto&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	nos ha el Señor aiuntado?&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	Que cierto estoy espantado&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	pensar que pueda ser esto...&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	Por esso todos lleguemos&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	juntamente en este día,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	y de la Virgen María&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	todos bien nos informemos. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[fol. 3r] San Juan – O, compañía preciosa,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	a todos hago saber&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	que ya quiere fallecer&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	nuestra Madre gloriosa.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	Y pues que resurreción &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	todos juntos predicáys,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	no parezca que mostráis&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	por la muerte compasión.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
(Dizen los apóstoles de rodillas...) &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	Señora de lo criado,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	donde todo el bien se encierra,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	de los fines de la tierra&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	el Señor nos ha juntado,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	y viéndonos aiuntados&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	estando en tierras estrañas&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	estamos maravillados.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	Dinos, Señora, qué mandas.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Nuestra Señora – Para mi consolación&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	ha sido vuestra venida&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	y para que en mi partida&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	recibáis mi bendición.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	Ayudadme a bendecir&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	la suprema Trinidad,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	cuya sancta voluntad&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	me manda al Cielo subir.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Los apóstoles – Guérfanos solos y tristes&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	nos dexáis, muy gran Señora.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	Por aquel Dios que paristes,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	nos tengas en tu memoria.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Nuestra Señora – Siempre en el Cielo seré&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	madre y abogada vuestra,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	quando de su mano diestra&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	mi hijo su lado me dé.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	¡A Dios, colegio sagrado!&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	Y tú, eterno y sumo Padre,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	que me escogiste por madre&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	del hijo de ti engendrado,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	recibe en tus santas manos&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	mi espíritu en la partida,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	para vivir nueva vida&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	en los gozos soberanos.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[fol. 3v] Los apóstoles – ¿Dónde vas, Madre de Dios?&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	¿Dónde vas que ansí nos dexas?&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	¿Dónde, Señora, te alejas?&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	¿Qué será sin ti de nos?&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
(San Juan da la palma a San Pedro.)&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
San Juan – Pues eres guarda y pastor&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	de la Yglesia militante,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	esta palma triunfante&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	llevarás como mayor,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	que es símbolo del madero&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	con que fuimos remediados&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	y havemos de ser juzgados&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	en el día postrimero.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
(San Pedro buelve la palma a San Juan.)&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
San Pedro – La palma te pertenece&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	por tu santa puridad,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	tu ferbiente charidad&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	acatamiento merece.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	Quando Christo padecía&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	la Virgen al virgen dio,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	y pues él la mereció&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	lleve delante la guía. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
(Va la processión al coro bajo y llevan los apóstoles a Nuestra Señora en hombros, y delante de las andas va San Juan con la palma y San Pedro y el ángel.)&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[SEGUNDO AUTO DE LA ASUNCIÓN DE LA VIRGEN]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[fol. 4r] Este auto es el que se haze el día de la asumpción de Nuestra Señora en la tarde. Gánase mucho haziéndola.	&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El Padre – Ángeles que sois criados&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	a la imagen de Dios,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	conoced vuestro Señor,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	adoralde, que os ha criado.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	Adorad su gran poder,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	adorad su gran bondad,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	adorad su gran saber&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	con que os quiso criar.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	Mirad vuestra hermosura&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	y de quién la recibistes,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	conoced que sois criaturas&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	y criaros no podistes.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	Adorad al que os crió&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	con tan grande poder,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	adoralde porque os dio&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	libre y franco alvedrío,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	adoralde porque es digno&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	ser de todos adorado.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	Adoralde, hijos míos,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	y seréis santificados.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Lucifer – ¿Quién eres tú que nos hablas&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	con tan grande magestad?&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	¿Quién eres tú que nos mandas&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	que te vamos adorar?&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	Muéstranos la tu figura,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	pues oýmos la tu voz,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	tú, que estás en las alturas&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	y dizes que eres Dios.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El Padre – Hijos, yo soy el que soy,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	sin principio y sin fin,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	yo soy vuestro Criador,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	yo soy el que siempre fui.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[fol. 4v] Yo soy el que os crié&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	con charidad infinita,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	para que de mí gozéis&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	y d’esta Gloria bendita.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	Conoced que es toda mía,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	que de vos no tenéis nada.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	A la Magestad sagrada&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	adoralda, que es muy digna.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Lucifer – Di, ¿qué cosa es adorar,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	pues mandas que te adoremos?&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	Aunque primero veremos&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	quién se merece adorar...&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El Padre – Adorar es humillaros&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	so la mano poderosa&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	de vuestro Dios soberano,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	que hizo todas las cosas.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	A Él solo pertenece&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	adoralle de hinojos&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	con la boca y con los ojos,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	porque solo Él lo merece.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	También es mi voluntad&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	de ensalzar a un varón,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	al qual havéis de adorar&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	y tenerle por Señor. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	Ha de subir de la tierra&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	a ser conmigo una cosa,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	y quiero que desde agora&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	le prometáis obediencia.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Lucifer – Vosotros no consintáys&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	en esto que avéis oýdo,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	si alguno se ha de adorar&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	yo solo soy el más digno.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	No ay aquí otro poderoso&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	que pueda ser adorado,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	en este reyno precioso&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	yo devo ser ensalzado.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El Padre – Mirad bien lo que hazéis,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	catad que os amonesto,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	contra Dios no os levantéis,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	que caerá vuestro cimiento.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[fol. 5r] Humillaos y someteos,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	no queráis ansí ensalzaros,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	por que no seáis derribados&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	donde no halléis remedio. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Lucifer – ¡Baja, baja de lo alto&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	tú, que ansí nos amenazas,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	y veremos en lo bajo&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	quién tiene maiores alas!&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	Yo tengo alas tan lindas&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	que si empieço de bolar&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	tengo de poner mi silla&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	delante la Magestad.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
(Aquí toma Lucifer la silla y la arroja en alto y dize...)&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	A mí tenéis de adorar&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	todos quantos sois criados,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	y si otra cosa pensáis&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	¡ayámoslo a las manos!&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
(Aquí se levanta San Miguel y dize...)&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
San Miguel – ¿Quién es el que se levanta&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	contra la gran Magestad?&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	¿Quién es el que siendo nada&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	con Dios se quiere igualar?&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	Güelgue tu divinidad,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	nuestro Dios, y ten descanso,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	que para por ti tornar&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	yo quiero tomar la mano.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	Tú solo seas adorado,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	poderoso, uno y trino,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	Tú solo seas ensalzado,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	pues que Tú solo eres digno.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	Salga luego a pelear&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	el que se toma con Dios,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	que lo quiero yo vengar.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	¡Muramos aquí los dos!&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	Los que deseáis su honra&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	salid luego aquí conmigo,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	tomemos por nuestro Dios&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	contra este enemigo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[fol. 5v] Con ayuda del Divino&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	y sin temor ni flaqueza,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	mas con esfuerço de amigos,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	¡empiécese la pelea!&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
(Ahora se matan las luzes y queda escuro, y comiençan a hazer ruydo como de pelea. Y habla el Padre y dize tres vezes que cese la pelea, y a cada vez cesa, y la postrera vez habla el Padre maldiziendo a los malos y, en cayendo los ángeles malos, encienden las luzes.)&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El Padre – Yd, malditos, al Ynfierno,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	donde está la mala andança,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	que yo os juro por mí mesmo&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	que no entréis en mi holgança.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	En esa perseverancia&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	de sobervia que tenéis,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	en esa malicia tanta,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	endurecidos seréis.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	Para siempre quedaréis&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	sin tener conocimiento,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	y sin fin os estaréis&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	en vuestro endurecimiento.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
(Este dicho ha de ser a escuras.)&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Los ángeles – Adorámoste, Señor,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	porque criarnos quisiste,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	adoramos el favor&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	con que vencernos hiziste,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	adoramos la vengança &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	que hiziste con justicia&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	a los que con gran malicia&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	despreciaron tu alabança.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
(Agora sacan las luzes.)&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El Padre – Gozad ya de mi presencia&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	los que me avéis conocido,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	yo os prometo, como amigo,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	que nunca tengáis mi ausencia.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	En mi vista y gran poder&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	oy seréis santificados,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[fol. 6r] para nunca poder ser&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	de vuestro Dios apartados.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Los ángeles – Hazedor de maravillas,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	Señor Dios que nos criaste,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	mira las sillas vazías&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	de aquellos que derribaste.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El Padre – Entre vosotros está&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	por quien han de ser pobladas:&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	es la Virgen singular,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	digna de ser ensalzada.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	Traédmela, mis amigos,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	ella es la merecedora&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	de ser junta aquí conmigo,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	como de todos Señora.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	Venid, mi hija amada,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	venid, paloma querida,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	venid, esposa escogida,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	ven para ser ensalzada.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	Ven de Líbano, mi amada,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	ven de Líbano, hermosa,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	''rubicunda plusquam rosa'',&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	ven y serás coronada.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
(Agora van los ángeles por Nuestra Señora, y se hincan de rodillas delante d’ella y dizen lo que se sigue...)&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Los ángeles – Ven, Señora la más digna,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	que te llama el alto Padre&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	para ponerte en su silla,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	como de su hijo madre.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	Ven, nuestra Reyna admirable,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	por quien el Cielo se abrió,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	que el Señor que te crió&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	te espera con gozo grande.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
(Estando los ángeles de rodillas delante de Nuestra Señora, habla esto sentada...)&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Nuestra Señora – ''Sicut cipres'' levantada &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	soy en el monte Sión,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	''sicut cedrus'' ensalzada&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	in Líbano sola soy.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[fol. 6v] ''In plateis'' di olor&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	de bálsamo y de canela&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	y quasi mirra, electa&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	di muy suave olor.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
(Agora llevan los ángeles a Nuestra Señora hasta donde esté el Padre, cantando ‘O gloriosa Domina’. Híncase Nuestra Señora de rodillas y habla con el Padre lo siguiente...)&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Nuestra Señora – La mi ánima engrandece&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	y alaba con gran firmeza&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	a ti, Dios, y a tu grandeza,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	que toda gloria merece.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	Alabo tu grandeza&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	y la tu suma bondad,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	porque quisiste acatar&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	la humildad de la tu sierba.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
(Aquí toma de la mano el Padre a Nuestra Señora y la asienta a su lado.)&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El Padre – Esta es vuestra Señora,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	vuestra Emperatriz y Madre.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	Mis amigos, desde agora&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	le ofreced el omenaje&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	como a mi propia persona.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	Quiero sea obedecida,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	pues de todos es Señora&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	y no hay otra tan digna.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
(Los ángeles de rodillas.)&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Los ángeles – Como siervos y vassallos&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	te damos el omenaje,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	cada uno suplicando &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	nos recibas por tu paje.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Nuestra Señora – Por hijos y por amigos&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	os recibo, y por hermanos.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	Ayudadme, hijos míos,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	a rogar por los humanos,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	sientan ya los pecadores&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	que, pues ya soy ensalzada,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[fol. 7r] que para los sus dolores&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	en mí tienen abogada.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
(Aquí se hinca de rodillas Nuestra Señora y habla con el Padre lo siguiente...)&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Nuestra Señora – Padre mío perdurable,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	pues que yo estoy en el Cielo,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	sientan que en mí tienen madre&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	los que quedan en el suelo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	También pido, Padre eterno,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	por este gozo inefable,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	que nunca vea el Infierno&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	el que mi nombre llamare. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El Padre – Hija mía muy amada,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	razón es seáis oýda&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	y que sea socorrida&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	por vos la natura humana.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
(Agora asienta el Padre a Nuestra Señora y habla con San Michael.)&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El Padre – Michael, mi grande amigo,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	ven acá, pues lo has ganado,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	con los más juntos conmigo&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	quiero que seas asentado.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	Mi poder pongo en tus manos&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	para que todas las almas,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	desde aquí lo ordeno y mando,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	por ti sean juzgadas.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	La vara de mi justicia&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	desde oy te la encomiendo,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	pues venciste la malicia&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	del que mereció el Infierno. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
San Michael – Señor, ¿quándo merecí &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	por tan pequeño servicio&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	que te acordases de mí&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	con tan grande beneficio?&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	Yo te ofrezco en sacrificio&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	mi espíritu y todo yo,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	para todo tu servicio,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	como siervo a su señor.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
(Acábase cantando ‘Laudate Dominum omnes gentes’.)&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[ORACIÓN DE JUANA]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[fol. 7v] Dixo el Señor, hablando por la voca de nuestra madre sancta Juana, que dixessen estas palabras a la hora de la muerte, que les serían grande ayuda, las quales son las que se siguen:&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El Señor, que suelta los presos,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
suelte a esta. Jesús, María. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El Señor, que alumbra a los ciegos,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
alumbre a esta. Jesús, María. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El Señor, que sana a los contritos,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
sane a esta. Jesús, María.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El Señor, que socorre a los necessitados,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
socorra a esta. Jesús, María.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El Señor, que alegra a los tristes,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
alegre a esta. Jesús, María.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El Señor, que perdona a los pecadores,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
perdone a esta. Jesús, María. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El Señor, que salva a los indignos,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
salve a esta. Jesús, María.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
O, tú, Rey de los sanctos, confórtala.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Jesuchristo la defienda. Amén.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[COLOQUIO DE JUANA CON EL SEÑOR]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[fol. 8r] Estas palabras son un coloquio de nuestra madre santa Juana que tuvo con Nuestro Señor, y respuesta suya. Cántanse el día de la Cruz de mayo, que fue quando murió.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[Esposa] – Esposo, ¿si avéis oýdo&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	quién me robó mi sentido?&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[Esposo] – Esposa mía, en verdad&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	no vos devéis maravillar,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	que mi dulçura es tal &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	d’esto se havía recrecido ''[2]''. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	Esposa, yo os lo diré:&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	vos tenedes muy gran fe&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	y a bueltas queréisme bien,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	y a esta causa abrá sido.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	Y no ayades d’esto pena,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	que antes es dicha muy buena&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	que tengáis gracia tan llena,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	pues que d’ello es Dios servido.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	No seáis desagradecida,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	ni estéis entristezida,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	porque gracia tan crecida&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	publico vos ha venido.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	Otras personas abría&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	que d’esto abrían alegría,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	y de verse cada día&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	donde vos os avéis vido.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	¡Y tenéis poca constancia,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	y casi desesperança,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	de posseer la folgança&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	que vos ha aparecido!&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	En Dios devéis esperar&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	y no vos debéis turbar,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	que Él os puede salvar&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	porque es de bondad cumplido.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	Y si ansí lo hazéis&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	cierto muy bien libraréis,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[fol. 8v] y si en virtudes crecéys&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	Dios oyrá vuestro gemido.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	En las cosas celestiales&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	debe ser vuestro deleyte,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	porque todas las terrenales&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	muy presto han fenecido.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	Amiga mía muy serena,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	vos sois ansí como abeja&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	que haze la miel muy nueva&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	y la labra de contino.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	Y digo que en toda la tierra,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	ni el val de la Çirolera,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	no ay quien ventaja os lleva&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	en amar a Dios divino.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	Y por aquesta razón&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	y porque os duele mi Pasión&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	y de pura compasión&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	se vos ha quitado el sentido,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	y ansí perseveráis, &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	y si siempre ansí boláis&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	y atrás nunca tornáis,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	hallaréis muy buen camino.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	Essas vuestras compañeras,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	mis amigas entrañables, &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	deben ser muy singulares,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	no me echen en olvido.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	Y pues yo las amé ''[2]''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	a ellas y las llamé&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	y del mundo las libré,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	por d’ellas ser bien servido.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	Ellas y tú de consuno, &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	sin ninguna dilación,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	debéis servir a Dios uno&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	con amor mucho crecido.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	Pues que sois ya dedicadas&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	en honor a Dios del Cielo,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	trabajad por ser sagradas&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	a Dios bueno, uno y trino, &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	al qual siempre con amor&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	tened en el coraçón,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[fol. 9r] dándole vuestra afición&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	al que es poderoso Dios vivo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	Esposa, catad que miréis&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	que ni por eso no penséis&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	que algunas virtudes tenéis,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	pues de Dios han recrecido.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	Y si os he dicho algún loor&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	no es por vuestro valor,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	sino por el del Señor,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	de quien el bien ha salido,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	porque en toda criatura&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	no ay sino malaventura&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	y es peor que basura&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	y contino está en peligro.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	No penséis que he de dejar &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	de dezir y amonestar&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	lo que os he de enseñar,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	pues soy maestro sabido;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	y pues que sois vos mi esposa&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	avéis os de hallar dichosa,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	pues que no es cosa penosa&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	mi aviso y mi castigo,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	pues si vos a mí me amáis&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	más os he yo amado a vos,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	y si por mí trabajáis&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	más he yo por vos sufrido.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	Esposa, saber os hago&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	que yo os amo en tanto grado&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	que no ay tal enamorado&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	en este mundo nacido;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	y antes que el mundo criase &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	yo de vos me acordé,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	y aun antes que le ordenase&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	yo vos ube escogido,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	que en mi voluntad crié&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	las cosas antes que fuesen,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	y lo que yo más amé&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	ánimas buenas an sido.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[fol. 9v] Los ángeles, con primores &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	criados en mayor grado,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	a Dios an mucho alabado&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	en el Cielo muy subido;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	son más claros que candelas&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	y rayos del sol que salen,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	son más mucho que estrellas&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	y de gesto muy luzido.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	Esposa mía, ya es tarde&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	y hora de recogimiento,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	todo esto se bien guarde&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	en el coraçón metido,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	y holgad en hora buena.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	Y algún día por estrena&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	bolveré después de cena,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	o antes del gallo primo,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	y entonces me contaréis &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	las congojas que tenéis&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	y también las que después&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	de mi vista habéis tenido.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[Esposa] – Esposo, ¿si havéis oýdo&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	quién me robó mi sentido?&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[SEGUNDO COLOQUIO DE JUANA CON EL SEÑOR]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Estas palabras dixo el Señor por su sanctíssima voca estando en el dormitorio de esta santa casa de la Cruz. Dichas el día de la comunión, ganan lo que ganó el buen ladrón en la Cruz, y la Madalena. Cántanse en el refitorio la octaba del Santísimo Sacramento.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Almas esposas amadas,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
acordaos de aqueste día,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
porque con mucha alegría&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
de Dios seáis consoladas.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Ya sabéis que Jesuchristo&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
en forma de pan es visto,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Dios y hombre Jesucristo&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
en la ostia consagrada.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[fol. 10r] Almas que vivís en regla&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
en la sancta Madre Iglesia,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
pues tenéis tan rica impresa&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
no estéis desconfiadas. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Quando tomastes baptismo&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
esposo fue Dios mismo,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Él quitó vuestro abismo&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
infernal de almas perdidas.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y después de encarnado,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Dios vivo se ha presentado&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
por todos crucificado;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
las almas son redimidas.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Muéstrase con afición&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
a quien tiene devoción, &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
y a las vezes da perdón&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
de palabras bien sentidas.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y por eso, esposas mías,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
las que me adoráis agora&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
por estas estrechas vías&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
por buenas seréis avidas&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
en el Juiçio Final,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
estando en mi tribunal,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
en el qual me he de sentar&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
a juzgar gentes nacidas. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Pensando en este Juiçio&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
debéis, hijas, contemplar;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
hallarse á muy repissa&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
la que siguió malas vías.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Dios mostrará su deidad&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
en potente magestad,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
allí no hay negar verdad,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
¡guay de las almas perdidas!&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Justos no se hallarán&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
los santos, y temblarán&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
quando a Dios vivo verán&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
con llagas aparecidas.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
¿Qué harán los pecadores&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
que están tan llenos de errores?&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En el fuego abrán dolores&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
de llagas muy desmedidas.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Esposas, sed inocentes&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
sin pecado entre las gentes,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
lavad vuestra cara y frente&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
con lágrimas bien crecidas;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
mejor es este deleyte&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
de pensar en mi Pasión&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
que otro ningún afeite,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
solimán y aguas coçidas.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[fol. 10v] Ansí os hermosead&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
las almas todas, mirad&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
que mi alta Magestad&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
digna es de desposar luzidas.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Con vosotras hago pacto&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
en este día y rato&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
que nunca os seré ingrato,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
pues estáis arrepentidas.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Lloraréis vuestros pecados,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
dignos de ser despreciados&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
y del todo desechados,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
a Dios siendo prometidas.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Acordaos cómo os dixe&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
en el vuestro consistorio&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
que os daría mi desposorio&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
como a esposas queridas.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Yo mismo quise rogaros,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
por mayor cargo echaros&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
y por mucho más amaros&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
quando fuéssedes bendecidas.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Acordaos que os amé &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
y os di mi coraçón&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
quando en la Cruz pené,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
sintiendo las mis heridas.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Acordaos que consentistes&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Esposo tan soberano,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
y acordaos que luego distes&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
la mano con alegrías.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Yo ansí mesmo os la di&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
por que fuéssedes benditas,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
y de grado os di mi “sí”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Sed preciosas margaritas,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
las quales ando a buscar,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
como buen negociador,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
por la tierra y por la mar.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Almas son hijas queridas.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Acordaos que os compré &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
padeciendo cruel Pasión;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
vosotras tenéis la fe&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
y yo sufrí las heridas.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Acordaos de mi gemido &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
y de todos mis tormentos,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
mirad que os ube servido&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
prometiéndoos cien mil vidas.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Muy dignos servicios fueron&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
la vida que yo pasé&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
y la Passión que me dieron&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
con penas muy doloridas.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[fol. 11r] Y los mis prometimientos&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
debieron ser estimados,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
guardando mis mandamientos&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
y las mis leyes luzidas,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
las quales cosas guardadas&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
con gozo y con diligencia,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
si por vos no quebrantadas,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
prudentes sois y sabidas.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Algunos os dan esfuerço&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
diziendo de mí buenas nuevas,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
cómo perdono yo presto&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
las ofensas cometidas.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Hijas, no confiéis tanto&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
en lo que oýs hablar,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
rogad al Spíritu Sancto&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
que de sí os haga dignas,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
para mientes, hijas mías,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
que el mundo no vos engañe&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
con sus vanas alegrías,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
ante mí aborrecidas.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
No consiento ni me place &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
que de otro seáis amigas,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
¡guay de quien pecados haze,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
siendo vosotras tan mías!&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Ansí que dizen verdad&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
que yo soy perdonador,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
mas quitad toda maldad &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
ante vuestro Criador.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Si no os hallastes allí&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
quando mi desposamiento,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
agora vedesme aquí&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
a vuestro contentamiento.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
No estéis entristezidas&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
siendo en cantidad muchas&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
(alma, si bien me scuchas,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
muchas más son redimidas),&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
porque las almas esposas&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
en el sancto baptismo&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
se me aiuntaron todas;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
yo recebí a quien me quiso.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Entonces, como sabéis,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
doy las joyas y anillos,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
(como quenta santa Ynés,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
que supo muy bien sentillos),&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
porque entonces las almas&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
renuncian a Satanás&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
y se le dexan atrás,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
por ser a mí allegadas.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[fol. 11v] Esto digo a quanto faze&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
a lo de mi desposorio,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
al qual digo que me plaze&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
cumplir lo que es notorio.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Dios mi Padre es contento&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
de vuestro convertimiento,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
y aunque seáis más de ciento&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
todas sois establecidas.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Quando aquella palabra,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
hijas mías, yo vos di,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
el Cielo conmigo estaba&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
allí en rededor de mí.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Ángeles muy soberanos&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
estaban allí conmigo,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
y todos mis cortesanos&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
de la Gloria por testigos.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y si los angeles que os guardan&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
estubieron allí presentes&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
y me dieron los anillos&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
por vosotras las ausentes,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
pues tales testigos ay&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
de vuestro querer y el mío,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
y no queráis más pecar,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
pues tenéis libre alvedrío, &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
oigame quien me oyere,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
entiéndame aora alguien,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
esto digo para quien&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
ama a Dios y le sirviere.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Quien ansí esto no haze&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
no está en gracia de Dios&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
y no merece salvarse.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Hijas mías, salvaos vos.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Esposas mías, si os plaze&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
las mis palabras oír,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
harto provecho vos hazen&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
si lo queréis bien sentir.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Devéis llorar y gemir&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
las que en algo avéis errado,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Dios quiso redimir&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
y quitar vuestro pecado.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Arrepentirse del mal&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
es bueno a toda persona&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
y a Dios gracia demandar,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
porque Él con esto perdona.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Con deseo de enmendar&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
la su vida venidera,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
su alma pueda descansar&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
en la Gloria verdadera.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[fol. 12r] Y yo no tengo olvidado&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
vuestro servicio y fervor,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
mas mayor es mi amor&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
con que yo os ube amado.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En mí, hijas, esperad&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
como en padre, señor y esposo,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
y en mí os consolad,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
pues que soi Dios poderoso.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En la Cruz me desposé&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
tiniendo grandes amores,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
y mi sangre derramé&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
por todos los pecadores.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Debéis os satisfazer, &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
pues mi sangre nos juntó&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
para una cosa ser&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
almas vosotras y yo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y esto, hijas, creeréis&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
por que no os halléis en vano,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
y si aun aora queréis&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
luego os daré la mi mano.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Allí está una imagen mía,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
que tiene la virgen madre&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
delante Sancta María.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Podréis vuestra mano darme&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
y allí podréis jurarme&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
que vos queréis enmendar&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
de vuestros yerros pasados&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
con propósito, y rogarme, &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
que aunque al parecer,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
es muy pequeño mi bulto,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
soy maior que el Cielo junto, &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
como lo devéis saber.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Sentildo con esperiencia&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
de mis grandes obras tantas,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
como son muchas y altas&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
por mi imperial potencia,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
y por haverme encerrado,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
no cabiendo en mil mundos,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
en aquel vientre sagrado&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
en el qual hize estos nudos,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
que cierto allí estuvo Dios&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
en aquel bulto del Cielo,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
que vino a sanar a vos&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
y daros dulce consuelo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Dios, mi padre celestial,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
es el que da vida y gracia&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
para le amar y honrar,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Él es digno de alabança.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[fol. 12v] Nuestra noble Deidad,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
el Hijo y el Spírito Santo&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
todo es una Magestad,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Trinidad y un Dios muy alto.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y si el cuerpo se tomó&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
de la Virgen de prudencia,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
aquel se organizó &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
para poner Dios su esencia,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
y la esencia de Dios vivo&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
es la alta Trinidad.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
No la puede hombre nacido&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
comprehender ni palpar,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
y para esto remediar&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
ordenó el alto Poder&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Dios vivo hazerse hombre,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
para la comprehender. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y por eso, hijas mías,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
devéis os mucho esforçar,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
no seáis flojas ni tibias,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
por que de Él podáis gozar.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y aunque a vosotras, hijas, &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
aora esto he hablado,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
a otras no he desemparado,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
doiles joyas y sortijas.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Aora quiero fablar&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
con ellas y con vosotras;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
no queráis d’ello penar,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
pues que sois hermanas todas.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Ya sabéis que soi Esposo&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
de la Iglesia universal,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
obligueme a dar reposo&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
al linaje humanal.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Los que salvarse desean &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
con fermoso fervor&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
es razón mi gloria vean,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
y yo les muestre mi amor.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En toda la christiandad&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
hago que suene mi voz,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
santa Iglesia de bondad.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Almas, entendeldo vos.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Ansí hombres como mugeres &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
deseo gozéis la Gloria. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Alma, tú mira si quieres&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
tener a Dios en memoria.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En el Paraíso ay bienes.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Alma, tú no seas floja,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
aunque grandes penas tienes&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
en la tierra de congoja. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[fol. 13r] Mas para alcançar la corona&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
en la Gloria por venir,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
hija mía, tu persona&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
lo debe todo sufrir,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
y debes muy bien vivir&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
a Dios amando y sirviendo,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
y lo malo despedir,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
tu fe en solo Dios poniendo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Almas, hijas paramientes,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
a todas he yo hablado,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
y entre devotas gentes&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
esto será bien empleado,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
y las ánimas cristianas&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
que tubieren la mi fe&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
hallarse an muy hufanas,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
porque yo las salvaré.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Yo soy el que vivo siempre.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Almas, convertíos a mí,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
pues que sois todas vivientes;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
la paciençia yo os la di,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
yo, el Dios muy honesto,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Jesucristo combidando. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Trabaja por subir presto,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
pues Dios os anda llamando.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Corred, hijas, sin tardar,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
no queráis venir despacio,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
porque en mi alto palaçio&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
vos deseo aposentar.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Ámoos como esposas,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
heredaisme como hijas,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
seréis blancas y hermosas,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
¡con razón te regozijas!&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En el Cielo, generosas&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
muchas son las almas buenas.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Hijas mías religiosas,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
sufrid en paciencia las penas;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
ángeles os servirán&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
porque a mí mucho me amastes,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
y ellos vos ensalçarán&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
en la Gloria que ganastes. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Ganad, hijas, tan gran gloria,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
ganalda y no la perdáis, &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
porque si la desecháys&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
vana fue vuestra victoria.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Tener buenos pensamientos,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
hazed fuerça a vuestras almas,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
sufrí en paçiençia tormentos,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
por que ansí las hagáis salvas.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[fol. 13v] No os espantéis de las penas&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
que en el mundo padecéis,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
que sigún vuestras ofensas&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
maiores las merecéis.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Hijas mías, gozaos contino&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
en la esperança de mí,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
y en papel de pergamino&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
mis palabras escribid, &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
por que si alguien las pidiere&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
para las trasladar,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
y si deboción tubieren,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
se las podades prestar,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
que para entre los hermanos&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
buena es la charidad.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Amaos unos a otros,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
que esta es la ley de verdad,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
amaos con afición,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
onesta y prudentemente,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
y no con alteración&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
desonesta y neciamente.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Amad vuestra salvación&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
y unos por otros rogad,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
por que ayáis consolación&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
en el reyno celestial.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Aveos siempre piedad, &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
socorredvos cada día,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
por que en el reyno celestial&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Dios vos dé toda alegría.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Hijas mías, paramientes&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
fe y amor es lo que os pido,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
porque está el mundo perdido&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
siendo muy malas las gentes,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
que no les basta su mal&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
que contino ellos hazen,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
mas quieren os engañar&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
diziéndoos lo que les plaze.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Esto digo, hijas mías,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
porque ay algunas personas&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
que en pecados y blasones&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
despenden todas sus vidas,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
que infinito es malmirado&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
tan grande abominación.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
No ay temor ni devoción&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
con que sea remediado,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Dios casi está ya olvidado.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Mira, almas, qué gran mal,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
cómo ha de ser amansado&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Dios eterno divinal.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[fol. 14r] Siempre busca coraçones&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
y con muchas obras buenas,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
¿cómo ha de dar perdones&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
pues tú buscas siempre penas?  &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
La clemencia de Dios vivo&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
es muy grande en cantidad,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Él te da a gustar su cibo&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
y cuerpo de magestad.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
De grado es perdonador&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
quando halla humildad&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
y contrición del error,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
con deseo de bondad.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Mirad quán largo que os ablo,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
hijas, si bien lo sentís,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
mi gracia tuvo san Pablo&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
y bueno es esto que oís.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Trabajad por vivir bien&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
en este mundo de guerras,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
que al Cielo podéis subir&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
aunque el demonio os dé guerra;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
porque su officio es&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
de aquel mal guerreador,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
siempre le renunciaréis&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
con virtud de gran vigor.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Su crueldad no vos enoje,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
pues no os podrá empecer&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
a alma que se recoge&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
a Dios por se guarecer.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Él es lleno de tinieblas&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
y en su lengua ay gran dolor,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
y con amargas tristezas&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
os quieren quitar mi amor,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
y con vanas alegrías&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
desean recrear vuestras almas.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Dejalde, hijas, en calma,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
que mejores son las mías;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
desechalde, hijas mías,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
y armaos con la mi luz,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
que no son nada sus vidas&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
quando parece mi Cruz.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Hazed mucha penitencia&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
por servir a Dios muy alto,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
porque la mucha pereza&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
no vos cause algún gran llanto.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Pues que havéis pecado harto&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
devéis ya de os enmendar,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
por que en la otra eternal&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
no lo ayades de pagar.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[fol. 14v] Ya sabéis, esposas mías,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
que vienen buenos y malos:&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
los buenos con alegrías&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
y condenados los malos.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y pues otra vida ay &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
y también resureción,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
quien oy haze algún mal&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Dios haze la vengación.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Bien es andar sobreaviso&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
los que en la tierra moráis,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
porque ganáis Paraíso&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
todos los que a Dios amáis.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El Cielo, reyno precioso,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
con él tened afición,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
desealde más que tesoro,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
y a mí por su gualardón.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Tened, hijas, devoción &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
y daos a Dios contino,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
no ayáis participación&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
en ese mundo mezquino,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
y pues ya le avéis dexado&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
con desdén y con denuedo,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
y que es malo avéis hallado,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
no sigáis mal pensamiento.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y si en él ay algún bien&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
que parece deleitoso,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
más deleites tiene el rey&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Jesú en su reyno precioso.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y siendo Él muy dulce Esposo&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
y de preciar y estimar,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
el alma, su dulce esposa,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
consigo desea aiuntar.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Él la ama como esposa&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
y con ella se deleita,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
llámala ‘amiga’ y ‘ermosa’&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
y le dize que le abra la puerta.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Contino está Él esperando&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
que ella le codicie abrir,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
no debe de estar tardado&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
la que le ha de recibir.   &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Aquestas cosas he dicho&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
a las mis hijas de luz,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
a las amigas de la Cruz,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
no las pongan entredicho. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
No se ha puesto entredicho&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
para no las dibulgar,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
porque son buenas razones&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
y podrán aprovechar,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[fol. 15r] y aun para suspirar &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
qualquiera alma devota,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
si no es tan simple y mortal&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
que a Dios esté remota.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y en esto acabo, amigas,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
suplicad por bendición.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Padre mío, tú las bendigas,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
pues me tienen deboçión.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Recibí aora perdón&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
de los pecados passados,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
si d’ellos ay contrición&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
y estuvieren confessados.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Aved, hijas, alegría&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
y encomendaos a mi Madre;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
llamad a Santa María,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
ella os ofrecerá a mi Padre,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
ella es buena abogada&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
y quita la confusión,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
si el alma está turbada&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
y no alcança confesión.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Pedilde la bendición,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
ella bien la puede dar&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
y por vosotras rogar&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
que hagáis satisfación.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El ángel de vuestra guarda,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
cada uno a cada una,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
llamalde, que nunca tarda,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
por vosotras siempre pugna&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
y es buen negociador,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
ante Dios procura bienes.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Alma, pues aquí me tienes,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
goza de todo mi amor,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
¡a mi secreto dulçor!,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
pues soi Dios tu Criador,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
contino perdonador&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
de qualquier culpa y error.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''Deo gracias''. Fin.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[RELATOS DE SUCESOS EXTRAORDINARIOS OCURRIDOS EN VIDA DE JUANA]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[fol. 16r] En el tiempo de nuestra madre santa Juana, resplandecía en esta santa casa de la Cruz tanto la santidad de las religiosas d’ella, que todas sus pláticas eran celestiales, enamoradas de Dios y de su santa Madre y de los ángeles y santos, de suerte que dixo el santo ángel san Laruel a nuestra madre santa Juana: “Tanto pueden tus hermanas ablar de nosotros, los ángeles, que se tornen en condición angelinas”. Juntábanse las religiosas en quadrillas para hazer penitencias y pedir a Dios mercedes y a su santa madre santa Juana, diziéndole las religiosas: “Señora, pida Vuestra Reverencia al Señor nos otorgue mercedes, ordenando cofradías”, pidiendo fuesse su santa Madre la patrona d’ellas. Y el Señor, como tan poderoso y amigo de que le pidamos, repondía a nuestra madre que le placía. Y ansí dezían las religiosas en las mercedes que pedían en las cofradías: “Suplicamos a la Señora Patrona que nos sea concedido esto que pedimos, para ayuda agradar a Dios, y a la hora de la muerte, amparo y socorro”. Respondía Nuestra Señora que le placía de alcançar lo que le pedían y de ser su patrona. Otorgoles el Señor en las cofradías grandísimas gracias, y llamaban las monjas a Nuestra Señora [fol. 16v] la Señora Patrona, y otorgolas el Señor allá en el Cielo cosas tan grandes que se quedan para las que las gozaren, y no para entendimientos humanos. Las cofradías están escritas en este libro y concedidas al Señor para ellas y las por venir. Tenían tanta comunicación las religiosas con los celestiales por yntercessión de nuestra madre santa Juana, que una monja, estando en contemplación de la Passión del Señor, escrivió una carta a Nuestra Señora, y el santo ángel san Laruel se la cogió y la llevó al Cielo. Y nuestra madre santa Juana, estando arrobada, la vio en manos de Nuestra Señora, que con grande demostración de amor la leyó, y se le cayeron encima de la carta unas preciosas perlas de sus ojos y dixo: “Juana, dile a Fulana que estas bastan por respuesta”. Y, bolviendo de la arrobación, dixo a la monja lo que avía visto en el Cielo, y el ángel la tornó al lugar de donde la tomó. Y las religiosas la tubieron y tienen en mucha veneración, porque oy día ay en esta santa casa pedaços d’ella.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Estando una religiosa d’esta casa fuera d’ella por la [fol. 17r] obediencia, estando en oración, hizo una copla a Nuestro Señor, y al cabo de algún tiempo bolvió a este convento. Y estando el Señor hablando con nuestra madre santa Juana le dixo: “Dile a Fulana que se acuerde de tal copla que me hizo, estando puesta en la cruz del claustro del monasterio de donde vino”. Y entonces el Señor la respondió a ella en metro. Nuestra madre santa Juana las hizo escribir, que ansí se lo dixo el santo ángel lo hiziese. Y en este modo de responder el Señor en metro a las monjas ubo mucho. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Deçía la santa Juana: “Por que veáis, hijas mías, lo que el Señor quiere esta santa casa de su Madre y con la reverencia que avíades de andar en ella, os quiero deçir que muchas veçes veo al Señor Esposo pasearse por el claustro en trage de galán, cantando muy dulcemente, tañendo una vigüela de oro; y dezía el Señor: &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Esta casa, Padre, &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
es de mi santa Madre. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Esta casa y este lugar &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
no le entiendo olvidar.”    &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[fol. 17v] Una monja era sacristana y acabava nuestra madre santa Juana, que era abbadesa entonces, de darle cantidad de ynçienso para el officio, y arrobose nuestra madre. Y en este tiempo fue la sacristana a calentar el horno, y enfaldose los braços para quemárselos por penitencia, y con actos de amor echaba los puñados de la paja, offreciéndolo al Señor por incienso. Recibió Dios su yntención y vio nuestra madre el Cielo lleno de humo de yncienso; preguntó a su santo ángel qué humo era aquel, respondiola diziendo: “Allá es de tu casa, tu sacristana”. Y bolviendo de la arrobación llamó a la sacristana y díxole: “Amiga, ¿cómo avéis gastado todo el yncienso que os di, que he visto el Cielo lleno de humo?”; y ella entonces la dixo: “Ay, señora, que no he llegado a ello, sino que calenté el horno con esta yntención. ¡Bendito sea el Señor, que lo ha recebido!”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Hablando Nuestra Señora con nuestra madre santa Juana la dixo: “Di a tus hermanas que se traten con crianza, porque es parte de paz”.&lt;br /&gt;
[fol. 18r] Hazían tantas penitencias aquellas bienaventuradas religiosas, rebolcándose desnudas en los cardos, entrándose en el agua elada, quebrantando los yelos y entrando debajo d’ellos. Y nueve días antes de la natividad del Señor se aparejaban tiniendo cada noche una hora el yelo desnudas, y algunas vezes tres horas, tanto que se quitaban cantidad de escarcha de las cabezas; y esto en reverencia de Él y en lo que padeció el Niño recién nacido.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Otras se metían en el horno abrasando, otras se echaban calderos de agua por ençima de los hombros en memoria de la desnudez que tubo el Señor en la Cruz y en el Jordán; y con esto muchas disciplinas de sangre y ásperos silicios y continua oración y los maytines a media noche.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Preveníanse para las fiestas de Dios y de su santa Madre en echar suertes para vestirlos. Y estos vestidos los hazían de penitencias, ayunos y oración, fabricándolos en su imaginación, y el santo ángel san Laruel, por medio de nuestra madre santa Juana, les daba la industria [fol. 18v] y significación de las colores, y dezía: “Diles a tus hermanas que lo que hizieren de color blanca apliquen ‘Avemarías’ y el himno de ‘O Gloriosa’ y la ‘Magnífica’; y para lo carmesí, el ‘Anima Christi’ y el rezo de la Passión; para lo verde la ‘Salve’; y lo morado el ‘Miserere’; y para oro ‘Paternostres’; y el ‘Salterio’ todas colores”. Y dixo más el santo ángel: que para la pedrería el ‘Credo’, que es piedra preciosa, y que el ‘''quiqunque vult''’ es carbunco y jacinto, “y que d’esta manera harán y guarnecerán los vestidos. Y diles que el ámbar significa el officio de nosotros, los ángeles, para hazer lo que quisieren”. Y con estas cosas andaban absortas en Dios. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Una monja, estando rezando en una imagen de la oración del güerto, llegó a besar el pie al señor San Juan Evangelista, y habló el santo en su imagen y dixo: “Igual havías de hazerme unos çapatos...”. Y la santa Juana oyolo y sonriose, y la monja importunola le dixese de qué se havía reýdo, y al fin se lo dixo; y la monja, llena de espíritu, ordenolos en su imaginación de oración [fol. 19r] y penitencias, que no durmió en toda aquella noche. Y al amanecer entró el santo por la cámara donde estaba la santa y sonaban mucho los çapatos, y díxole la santa: “¿Cómo viene Vuestra Hermosura con esos çapatos?”. Dixo el santo: “Ansí me los hizieron”. Y d’esta suerte supo la religiosa cómo su oración avía sido oýda; y como andaban en espíritu, eran sus entretenimientos estas pláticas. Y vínolo a saber una religiosa y hízole otros çapatos para su fiesta, procurando grande pureza en su alma. Apareciósele el santo a la santa Juana con ellos muy pulidos, y ansí tornó con ellos a visitar a la santa. Y esta imagen está oy día en la capilla de la güerta, que era su oratorio de la santa Juana. Está vestido el santo de blanco y la capa colorada, y los pies descalços en una tabla. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Veýa la santa Juana, quando yban las monjas a fregar, cómo yban con tanta presencia de Dios que los santos ángeles les ponían sortijas en las manos, y lo mismo hazían quando hazían otras cosas de humildad y charidad. Y quando acudían puntualmente a la obediencia les ponían guirnaldas [fol. 19v] en las cabeças, y a las que eran rebeldes a la obediencia veýa la santa que les davan un bofetón el ángel de su guarda. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Criábase una niña en esta casa que se llamaba Bernarda, y asomose a un poço o noria, y estaba entretenida mirando su sombra abajo, y el santo ángel Laruel dixo: “Juana, imbía por aquella niña a la noria, que está el demonio abajo del agua llamándola con modo de niña, diziéndole “Anda acá conmigo”, con intención de ahogarla por que no llegue a grande, que tiene barruntos que ha de ser sierva de Dios”. Y fueron las monjas que tenían quenta con la santa y hallaron que se quería echar, y llebáronsela a la cama donde estaba tullida. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Entró un día el ángel que se llama san Potens por la cámara donde estaba la santa, diziendo: “Juana, por el camino viene una donzellita que traen a concertar para monja, yo la quiero para mí, que me he enamorado d’ella por señas que es morenita; y yo la he venido escudereando y haziéndole sombreritos con las nubes, por que no la queme el sol”. Y desde a poco llegaron con ella, la qual fue después [fol. 20r] devota d’este santo ángel, el qual dixo a la santa Juana que el Señor le avía dado cargo de regir las nubes. Y las monjas, como sabían esto, quando venían tiempos secos cogían a la devota y echávanla una soga a la garganta, y llevávanla en processión del agua, diziendo al santo ángel que no soltarían a su devota hasta que lloviesse; y con tal fe lo hazían que llovía. Y ansí havía y ay particular devoción con este santo ángel, y es de costumbre en las processiones del agua nombrar en la letanía a san Potens.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Una religiosa que se llamava María de la Madre de Dios tenía gracia de arrobarse. Vio una vez entrar por la puerta de la iglesia a María Evangelista, que era ya difunta, con el libro que escrivió, que se llama ''Santo Conorte de los sermones que el Señor predicó por la voca de nuestra madre santa Juana'', la qual dixo que era de oro; y en la otra mano, una cruz verde. Y esta señora María Evangelista no sabía escrivir, y el Señor le dio gracia para que escriviesse el santo libro, y dixo a esta religiosa que la vio cómo el Señor le avía dado mucha gloria porque le havía escrito. Treze años predicó el Señor y de solos los dos postreros se escribió este santo libro. [fol. 20v] A persuasión del sancto ángel Laruel, púsole el Señor este título de ''Conorte'' y concediole el Señor muchas bendiciones y virtudes contra los demonios y tempestades, que mandó el santo ángel que quando alguna estubiesse en pasamiento le pusiessen algo de la lectura d’este libro para defensa del demonio. Y en las tempestades manda la prelada saquen el santo libro o sus traslados, y se ha visto cesar la tempestad muchas vezes. Y las quentas que llaman del santo Conorte, que son unas pardas gordas, dixo el santo ángel, quando las truxo del Cielo: “Estas traen las gracias del santo Conorte”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Una religiosa havía alcançado don de lágrimas y con grande humildad conocía que no eran dignas que el Señor las recibiese, y viendo el Señor su humildad embiola a consolar con nuestra madre santa Juana, que diziéndole ella “Señor, supplico a Vuestra Magestad se acuerde d’esta religiosa”, le respondió: “Dila de mi parte que se vaya para otra Magdalena”. Esta misma religiosa lloró quando se fue su padre spiritual, que era muy religioso, y fue reprehendida del sancto ángel por nuestra madre santa Juana, y dixo: “Di a Fulana que no se ha de llorar sino por compassión de la Passión del Señor o por havelle ofendido”. Y ella, viendo aquello, propuso de no [fol. 21r] llorar más en semejante causa. Y llegando el tiempo de yrse otro no lloró, y díxole el Señor a la santa Juana: “Dile a María de los Ángeles que las lágrimas lloradas se perdonan por las no lloradas”. &lt;br /&gt;
 &lt;br /&gt;
Esta misma fue enfermera y, hallándose algo cansada, queríalo dejar, y perseverando en este pensamiento dixo el santo ángel a nuestra madre santa Juana: “Dile a María de los Ángeles que no dexe el officio, que si le dexa la traeré arrastrando por la enfermería de los cabellos”. Y tomando la religiosa esta reprehensión por grande favor, perseveró en el officio casi veynte años.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Esta bienaventurada tenía otra hermana en esta casa religiosa, y el padre d’ellas se llamaba el Licenciado de la Cámara, al qual vio nuestra madre santa Juana en el Cielo, y la habló y dixo: “¿Cómo están mis frutos de bendición? Encomiéndamelas, y yo ando suplicando me traiga la chica a estos santos reynos”. Buelta la santa de la arrobación, díxoselo a María de los Ángeles, que era la mayor, y ella no se conformó con que su hermana se muriesse; suplicó al Señor se la dexasse, y viendo el Señor la flaqueza de su ánima [fol. 21v] le embió a dezir que escogiesse una de dos: o que se la diesse luego o que si se la dexava avía de ser con pensión de vivir con grandes enfermedades. Y ansí fue que las tuvo las mayores que se an oído. Y ansí dixo el santo ángel a María de los Ángeles: “Pues has suplicado por la vida de tu hermana, el poderoso Dios te embía a dezir que padecerá tanto tu hermana que passará de esta vida con méritos de mártir, y que la pondrá entre los mártires”. Duró algunos años cortando de su cuerpo cada día carne y jamás se quejaba, y ansí acabó santamente. Llamávase Isabel de Jesús. Y María de los Ángeles era muy temerosa de la muerte, y embiola a dezir el Señor con el santo ángel Laruel, con el qual tenía grandes colloquios, que Él le prometía quitarla el temor de la muerte y que no la sentiría. Y la madre de Dios la embió otro recaudo con el mismo ángel, prometiéndola que se hallaría a su muerte y recibiría su alma en sus manos, en una toalla de los méritos de su hijo, y la presentaría al Padre eterno; y que tres horas avía de estar en Purgatorio y estas serían en el valle de Josafad, con tal que perseverase en lo començado. Y desde entonces fue más adelante en la perfeción, y acabó en ella. [fol. 22r] Y después de muerta, quedaron con su cuerpo tres frayles y se durmieron junto a él, y sobrevino tan gran fragancia de olor que los despertó a todos. Y esto es una tilde de lo que d’esta religiosa se podía dezir, y de otras muchas de las compañeras de la santa.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Veýa santa Juana a sus monjas en el Cielo en diferentes figuras, conforme el espíritu de cada una, y admiraba de ver a una en la de tigre (preguntolo a su santo ángel qué quería ser aquello, y díxole que porque era aquella religiosa tigre para el demonio, y le vencía) y otra de paloma y ansí en differencias.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Una religiosa estava haziendo un bolsillo y su pensamiento en el Cielo, ofreciéndoselo a Nuestra Señora. Y este tiempo estaba nuestra madre santa Juana arrobada y vido a Nuestra Señora con el bolsillo al lado, como lo consideraba la monja, y preguntó al santo ángel qué bolsillo era aquel, y díxola: “Allá es de tu casa, que Fulana se le ha imbiado”. Y la santa, de licencia de Dios, se lo dixo a la religiosa, la qual dio gracias a Dios, que avía recebido tan pequeña obra. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Una religiosa andaba en su coraçón con actos de amor a San Juan Baptista, diziendo: “Señor, tanto como yo bien abrá [fol. 22v] quien os quiera, pero más es imposible”. Y el glorioso santo la imbió un recaudo con la santa Juana, diziendo: “Dile a Beatriz del Espíritu Santo que yo recibo sus servicios, y que sepa que ay quien más me quiera que ella, que es una romera que pide de puerta en puerta, que con las blanquillas que le dan me haze la fiesta”. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Hablando la santa Juana con el glorioso San Juan Baptista sobre su niñez, al fin de muchos coloquios que pasaron entre los dos, le preguntó la santa cómo le avía ido en el desierto. Como era tan chico y tierno, díxola cómo a la hora de tomar un poquito de sueño venía una sierpe “y se hazía rosca para que yo me echase y con su calor passaba, y alrededor de mí se cercaban el león y la onça y el lobo y el tigre y los demás animales feroçes, y con su bao me calentaban. Y quando mi corpeçito estaba traspassado de necessidad, venía el santo Cordero a mis braços y con su tacto quedaba harto y confortado. Y d’esta manera pasé hasta que el Señor me mandó salir a predicar ''[4]''. Y yo te digo, Juana, que salí de los grandes trabajos del yelo y sol con tal figura que no parecía persona humana”. &lt;br /&gt;
 &lt;br /&gt;
Era de costumbre en esta casa dar al pueblo de Cubas, [fol. 23r] la mañana de San Juan Baptista, una imagen de bulto del mismo santo que está en una caxa en coro alto, que es de penitencia antiguo, hombre barbado, por que no se entienda que es la del niño. Y viniendo por él, estándole adereçando en sus andas la santa y las monjas, hablolas el santo en su imagen y dixo: “Juana, di a las monjas que se den prissa, y acaba ya de adereçarme y ponerme la albahaca, que soy muy amigo d’ella, que vienen ya los moços con su dança de espadas por mí”. Y asomáronse las monjas y viéronlos que ya venían. Y esta es la imagen que vio la santa que el cordero que tiene en la mano le lamía el rostro, y que era contra las tempestades.       &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Hablando san Santiago el Mayor con nuestra madre santa Juana, entre otras pláticas y coloquios que tubieron, le dixo: “Tan chico se está este pueblecito, Cassarrubuelos, como quando yo estaba en España y prediqué en él”. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Hablando nuestro padre Adán con la santa Juana le dixo, en modo de queja, que no se acordaban d’él los humanos, si no era para murmuralle, y que estaba siempre rogando a Dios que se salvassen todos sus hijos. Y nuestra madre Eva habló a la santa muchas veçes, y dixo nuestra madre [fol. 23v] que era hermosísima y que la veýa como de edad de treynta y tres años, y que parecía mucho en las faciones a Nuestra Señora, y en el habla. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Quando estaba tullida nuestra madre santa Juana tenía muchas visitas de los santos y santas, entre las quales la visitava nuestro padre san Francisco, y dezía la santa que quando hablava de las monjas las llamava ‘mis filias’; y san Antonio de Padua le traýa al Niño Jesús; y san Acacio con sus diez mill compañeros. Y díxole el santo ángel a nuestra madre que, passado el Juiçio Final, abía de aver una escala desde Jerusalem al Cielo, para que los celestiales bajassen a adorar los lugares sanctos donde andubo nuestro Redemptor, y que ni más ni menos avía de aver otra escala desde la cámara donde estaba nuestra madre santa Juana al Cielo, y más le dixo: “y esta escala ha de ser desde este lugar donde tú estás, porque a esta cámara la llaman en el Cielo la cámara de los ángeles, por los muchos que bajan y suben a este santo lugar, que habló el Señor en él”. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Veýa la santa Juana que entraban los ángeles por entre la tierra y edificios a adorar las arenitas donde Nuestra Señora puso sus pies, quando apareció tantas vezes en esta santa casa y lugar. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[fol. 24r] Dixo Nuestra Señora a nuestra madre cómo escogía desde el vientre de su madre a las religiosas que traýa a su santa casa; más dixo Nuestra Señora a nuestra madre: que tenía alcançado de su precioso hijo muchas misericordias a todos los que mirassen por su santa casa, hasta quien cogiesse oja para la lumbre. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Siendo nuestra madre santa Juana tornera, llamó al torno señor san Andrés Apóstol y ella fue a responder, y como le conoció díxole nuestra madre: “¿A qué buena Vuestra Hermosura por acá?”. Respondió el apóstol: “Vamos yo y mi compañero san Nathanael en hábito de pelegrinos a Cubas”. Y en esto tañeron a vísperas en la iglesia del mismo lugar, que es vocación de san Andrés, y díxole el santo: “Quédate con Dios, que tañen a vísperas en mi yglesia y voy a hallarme en ellas”. Y las monjas supiéronlo y fueron al zaquizami a verlos. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Otra vez llamó el santo ángel san Laruel al torno, la santa respondió y el ángel bolvió el torno y dixo: “Juana, toma allá essas quentas, que se le cayeron a un pelegrino camino de Santiago, y te las traigo”. La santa las recibió, dándole muchas gracias por las [fol. 24v] mercedes que siempre la hazía. Y estas quentas son dos açules grandes, y la una está en el coro alto oi día, en la ventana de las quentas. Y no solamente el ángel y santos llegaban al torno, mas la misma Reyna del Cielo y su hijo precioso, como más largo está escrito en la vida de esta santa, puniéndole la Reyna del Cielo el Niño Jesús en el torno, llegando la santa con pensamiento que el torno era cuna para mecerle.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Estando la santa Juana arrobada en el Cielo llegó a ella un niño y díxole: “Yo soy de tal reyno, donde se me haze fiesta, que subí a este reyno de los Cielos por corona de martirio, siendo de edad de cinco años, y llámome san Andrés. Diles a tus monjas que se acuerden de mí, que yo me acordaré d’ellas, y en particular a Fulana, que la quiero para mi amiga. Mi día es a diez y siete de junio”. Y esta devoción dura en esta santa casa con este santo oy día, y dixo este santo que quería tanto a sus devotas que, si fuera menester tornar a este mundo a padecer por ellas, lo hiziera de muy buena gana.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Entre los muchos ángeles que en particular hablavan a la santa Juana en el Cielo y la pedían los ayudase a rogar por las provincias que tenían a cargo, son ochenta y quatro, y [fol. 25r] supiéronlo las monjas de esta manera, que en bolviendo de los raptos, la importunaban les dixiesse algo para su consolación, y la santa les dezía: “Encomendá a Dios, hijas mías, a tal provincia o tal reyno, que yo os digo que el ángel su custodio, a quien Dios se la dio a cargo, me ha dicho que está dada sentencia del poderoso Dios de destruilla, y me ha pedido le ayude a rogar por ella; hazeldo vosotras también para que se enmienden y alce Dios su yra”. Y estando con ella hablando, llegaban otros y nombrávanse unos a otros, y algunos le pedían lo mismo, y ansí sabía sus nombres y los hizo escrivir; y estos ángeles dezía que eran de los muy altos. Y dixo la santa que el ángel que se llamava san Zupiel es el del güerto, quando el Señor estaba orando en él; y que señor san Laruel fue ángel de guarda del rey David y de san Gregorio y de san Jorge, “el mismo ángel san Laruel, mi guardador, me lo ha dicho, y díxome más: 'Yo he pedido al poderoso Dios que tú seas la postrera alma que guarde, y he suplicado al poderoso Dios me haga general del Purgatorio y hámelo concedido'. Y muchas vezes me lleva consigo al Purgatorio y le veo entrar por las llamas, [fol. 25v] y saca muchas y me las da a mí que las guarde mientras entra por otras ánimas, y llevamos muchíssimas. Y los demonios dan muchos ahullidos y dizen: 'Este rapa almas, que no basta lo que haze con la que trae consigo, sino que viene a despojar el Purgatorio'. Y véole esgrimir con ellos con una espada, otras vezes le veo echar anzuelos y pescar almas, y dízeme más mi santo ángel: que de todas las personas que os tocan tiene cuydado”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[JUANA DESCRIBE A SU ÁNGEL]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Hablando la santa con sus monjas del lugar donde el ángel la ponía quando se arrobava, y fiestas de la ciudad de Dios y la ermosura de los edificios y moradores d’ella, dize: “¿Decísme, amigas, que os diga de mi santo ángel? Paréceme que no ay cosa en la tierra, por hermosa y preciada que sea, a que se pueda comparar. Es muy hermoso donzel y muy más resplandeciente que el sol, blanco y colorado, rubio y muy claríssimo, y de muy suavíssimos olores, e de bulto muy precioso, e de gesto muy sereno, e grabe persona de muy gran reverencia e dignidad. Tiene alas de colores e pinturas, las quales no le nacen de las vestiduras, mas de su mesma persona, y assí como los otros santos ángeles les nacen alas de sí mesmos. La vestidura del santo ángel [fol. 26r] mi guardador es de ynestimable valor e de incomparables colores. Yo le veo vestido de muchas maneras, mas direos los motes que trae bordados en ellas, con los quales yo mucho me consuelo: trae en su cabeça corona e diadema preciosa más que el oro, cercada de piedras preciosas, y en la frente una cruz esmaltada, hecha a manera de joyel, con letras a la redonda que dize ''confiteantur omnes lingue quoniam Christus est Rex Angelorum''; e trae otras letras bordadas en la vestidura encima del pecho, que dize ''Spiritus Sancti gratia iluminet sensus et corda vestra''; y en la manga del braço derecho trae bordada de pedrería la señal de la Cruz, con pie y con ramos muy hermosos que adornan toda la manga y la cubren, y el pie de la cruz hazia la boca de la manga y lo alto d’ella hazia el hombro, con letras en la misma cruz que dizen ''ecce erucem Domini fugite partes aduerse''; y en la manga del braço siniestro trae bordada la misma divisa de la santa Cruz, con los clavos y todas las insignias de la Passión, y letras que dizen ''dulce lignum dulces clavos dulce pondus sustinct que sola fuisti digna portare pretium suius seculi''; y en el calçado de los pies [fol. 26v] trae labradas de pedrería letras que dizen ''quam pulcri sunt gressus tui filia Principis''; y en el calçado de encima de las rodillas, letras muy ermosas que dizen ''flectamus genua levata'', encima de las muchas otras letras que dizen ''celestium torrestium et Ingernorum''. E las mismas insignias de la santa Cruz y los clavos y todas las armas de la sagrada Pasión trae pintadas e dibujadas, por muy rica manera, en un lindo pendón. E junto con ello trae figurada e dibujada la imagen de Nuestra Señora con el Niño Jesús en los braços, e de otras maneras e misterios, ansí como quando Él y ella estaban acá en la tierra, e como después entrambos subieron a los Cielos; en especial la trae pintada como ella está en su trono real, sentada e cercada de vírgines e santos ángeles, que la están sirviendo. Y estos motes y armas tan preciosas son ansí para defensión de las ánimas que él tiene en guarda, como para provecho de las del Purgatorio. E también los santos ángeles se arrean e precian de adornar sus personas e vestiduras de las insignias e armas con que su Dios y Señor hizo la obra de la redempción. Las ánimas del Purgatorio se gozan mucho con su visitación, que se recuerdan [fol. 27r] de su Dios en los tormentos que padecen. Este mi santo ángel siempre anda en buelo, e otras vezes de hinojos, e también en buelo véole venir algunas vezes e descender de lo alto hazia el lugar que yo estoy; deciende y viene asentado en un trono e silla, y en buelo por el ayre. Y es todo muy rico e resplandeciente e adornado de muchas pedrerías, e trae en su mano algunas vezes a manera de cetro muy precioso, e otras vezes trae un instrumento con que tañe de tan admirable especie que, en solo tocarle, haze qualquier son e armonía que quiere hazer quien lo tañe; dize las palabras como las puede dezir e cantar qualquiera persona humana, pero muy más suaves e deleytosas de oír. Múdase este laúd en otros instrumentos, los quales todos hazen muy acordado y deleytoso son, según cada uno en su especie. Este mismo santo ángel no es de los ángeles que da Dios guardadores de almas, porque es de más alto coro; las alas que yo le veo quando me lleva entre ellas algunas vezes son seis e ocho e diez. No se le encomiendan todas las almas, sino algunas señaladas, porque yo sé tubo en cargo al señor san Jorge y al rey David, y al señor san Gregorio y a otros santos singulares. A las ánimas de dignidad [fol. 27v] e santidad dáseles ángel principal, y él tiene muchos privilegios, e ansí le he oýdo yo llamar en el Cielo a los santos ángeles e santos ‘el ángel privilegiado’. Tiene licencia de Dios de responder algunas preguntas que le fueron fechas de las personas de la tierra, por intercessión de mí, su indigna sierva, o por las otras almas que ha tenido a cargo, y esta respuesta se entiende en quanto fuere la voluntad de Dios. De todos los nueve coros de los ángeles tiene gracia singular e don: el abrasamiento de Serafines, la çiençia e conocimiento de los Cherubines, y el servicio y adoración de las Dominaciones, e la holgança de los Tronos, y el mando de los Principados, y la pelea de las Potestades, e la adoración e charidad de las Virtudes, e la revelación de los Arcángeles, y el oficio de los Ángeles. Tiene otros e muy grandes e singulares dones, los quales dados de la mano de la muy poderosa Trinidad, la qual le dotó como puede e quiso y le inflamó en su divino amor. Tiene officio de ayudar a las ánimas de Purgatorio, yéndolas a visitar e consolar por los méritos de la muerte e Passión de Nuestro Señor Jesucristo, e merecimientos [fol. 28r] de su santa Madre; sácalas a fiestas e líbralas de las penas e defiéndelas de los demonios, e por eso anda vestido e adornado de tan ricas libreas e guarnecido de tan preciosas armas. Ansí como los demonios le sienten venir e le ven alçar el braço derecho con la señal de la santa Cruz, van todos huyendo e ahullando e dando muy espantosos gritos e gemidos, a manera de canes mordiéndose unos a otros. E muchas vezes va al socorro e ayuda de las ánimas e personas que están en pasamiento, llevando consigo a otros muchos ángeles que le ayuden a defender aquella persona que en tan gran batalla está de tentaciones de los demonios. E algunas veçes le digo yo, quando son difuntos mis devotos e personas que se me an encomendado, que tienen conocimiento de mí por oýdas o parientes de vosotras, señoras, o personas que os conocen, de las quales si son difuntas algunas d’ellas o están en tribulación, que le digo yo que se acuerde de tal persona que es difunta o de tal, si es viva, que está angustiada. Respondiome: “‘Ya yo he hecho lo que he podido y, si es difunta, yo fui a su muerte e passamiento, e llevé conmigo otros santos ángeles, e la acompañamos e libramos [fol. 28v] de peligros hasta que fue juzgada, e tengo cuydado d’ella hasta que está en descanso’. E yo le digo: ‘Pues nunca, Señor, se la havía encomendado a vuestra ermosura’. Respondiome: ‘No es menester que tú me la encomiendes, que para esto basta la charidad que mora en los ángeles e saber yo que tiene memoria de ti aquella persona, o conocen a tus hermanas o tienen deudo con ellas, para hazer yo toda mi posibilidad’. Dezía esta Bienaventurada: ‘Yo sé, y aun por vista, que las personas que por mi intercessión tienen devoción en este mi santo ángel, de que son passadas d’esta vida y están en Purgatorio y las va él a visitar, aunque va entre otros muchos santos ángeles, le conocen e le dizen: ‘Paréceme, Señor, me da el espíritu, aunque yo no os conozco ni he visto ni nadie me lo ha dicho, que sois el ángel guardador de una persona que vive en la tierra, que se llama Juana de la Cruz’. E las respondió: ‘Verdad es, ánima, que yo soy, y de la mano del poderoso Dios tienes ese conocimiento’. Ellas entonces híncanse de hinojos e danle gracias por los bienes que les ha hecho, e le suplican no las olvide. Quando me lleva mi santo ángel [fol. 29r] veo algunas vezes muchos demonios, y házenme algunos d’ellos enojos y miedos; entonces mi santo ángel esgrime una espada muy rica que trae y ellos, viéndole esgrimir la espada, huyen todos y han muy gran miedo e tiemblan, porque él pelea con ellos e los hiere, e tiene él solo más poder para pelear e vencer que muchos demonios juntos. Trayéndome mi santo ángel una vez de la mano, vi a deshora muchedumbre de demonios muy espantables e figuras en diversas maneras, e venían hablando entre sí unos con otros: ‘Estos garçones boladores e resplandecientes, ¿en qué se andan aquí, quitándonos nuestras almas, los açemileros? Que contino andan cargados de insignias del Crucificado, acarreando ánimas christianas a Dios e buscándoselas de todas maneras que pueden, en especial este que va aquí delante, que es un rapa almas que no le basta lo que haze con la suya que Dios le dio en cargo, mas otras muchas nos quita, ansí de personas vivas como difuntas, d’entre las uñas, y las perdemos por los ruegos que él haze a Dios e por los consejos que Él le imbía con aquella que allí va con él. Mas nosotros procuraremos de echar nuestro estiércol en sus oýdos quando estén más limpios y ansí [fol. 29v] les ensuciaremos sus almas, que son nidos de Dios. Mas este Jesucristo a todos sus christianos dexó redimidos, y aun hasta los niños chiquitos; dexó remedios que no se los pudiessen quitar, y ansí nos arrebatan todos quantos ellos pueden’. E diziendo los demonios estas y otras muchas palabras contra Dios y los santos ángeles y contra los buenos christianos, bolvió contra ellos mi santo ángel esgrimiendo su muy luzida espada e, hiriéndolos muy reziamente, dezía: ‘¡Andad agora, demonios malignos e traidores, que vosotros soys açemileros!, que nosotros los ángeles tenemos las ánimas en guarda; no somos sino ayos de los hijos e hijas del Rey del Cielo, e como fieles siervos e leales amigos procuramos de le acarrear todas las ánimas que son suyas, e quitarlas a cuyas no son’. Y ansí fueron los demonios huyendo y dando muchos ahullidos”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[TABLA DE CORRESPONDENCIAS ENTRE MONJAS Y ÁNGELES]'''&lt;br /&gt;
[fol. 30r] [fol. 30r] Son tantos los favores y mercedes que Nuestra Señora hizo a esta su santa casa que, después de haver aparecido en ella nueve vezes y ser su fundadora, dezía a nuestra madre santa Juana que era abbadesa d’ella. Y viendo los ángeles y santos que la Reyna del Cielo nos hazía tantas mercedes de querer ser nuestra abbadesa, pedíanle liçençia algunos para ser officiales, nombrándose cada uno official del officio que tenía la monja que le tenía devoción; y otros tomando parentesco con nosotras, otros pidiendo les rezassen en sus fiestas las devociones que ellos dezían, y que a quien lo rezare les alcançarán muchos favores de Dios.  &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Comiença la Tabla:&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
* La Madre de Dios, abbadesa. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
* Vicaria, señora santa Ana.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
* Tornera, señora santa María Magdalena (y dixo que quería ser nuestra tía).&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
* Sacristán del coro bajo, señor san Alexo (y dixo que, quando fuessen las religiosas a confessar, le rezassen un ‘Pater Noster’ y una ‘Ave María’, y que les acordaría los pecados).&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
* Sacristán del coro alto, señor san Jorge.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
* Refitolero, señor San Juan Baptista.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
* [fol. 30v] Guarda del ganado, señor San Juan Evangelista y la monja que guardava este ganado (se llamava la Loçana, que este nombre le pusieron los ángeles por la pureça de su alma).&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
* Provisora, señora santa Marcela.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
* Enfermera, señora santa Marta.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
* Laborera, señora santa Ynés (y dixo a nuestra madre santa Juana que, si ella fuera monja, que guardara mucho silençio).&lt;br /&gt;
 &lt;br /&gt;
* Señor san Acaçio y sus compañeros, guarda de la casa con un santo ángel de los muy altos, a quien Dios tiene dado para guarda d’ella, lo qual se vio por experiencia quando los comuneros venían a robar la casa y vieron, antes que llegassen, muchos cavalleros armados alrededor d’ella, hasta encima de los tejados, y como esto vieron se fueron huyendo, diziendo: “¡Qué poderosa debe de ser esta casa, que tanta guarda tiene!”. Y nuestra madre santa Juana dixo cómo aquella cavallería era celestial, que Nuestra Señora avía imbiado para la defensa de su santa casa. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
* El ángel san Laruel es provincial, y nuestra madre santa Juana le llamava, hablando d’él, algunas vezes [fol. 31r] ‘Su Hermosura’ y otras ‘el Señor Duque’. Y quando venía del Cielo a traer las quentas, lo echaban de ver las religiosas en la fragancia de olor que avía en la casa, y dezía: “El Señor Duque ha venido”. Y entonces iban a la cámara adonde estaba nuestra madre santa Juana y miraban el cofrecito, y hallaban cómo las avía ya traýdo. Y también echavan de ver quándo venía el Señor Duque por ellas, y iban las religiosas a ver el cofrecito y no las hallaban allí. El bendeçir el Señor las quentas a nuestra madre santa Juana duró muchos años por orden de su santo ángel. La santa estaba tullida y sobre un altar que ella tenía en su celda estaba un cofrecido, y deçíales a las monjas que truxessen quantas quentas quisiessen y las metiessen en él y le cerrasen con llave. Hazíanlo assí y llevábansela, y passado algún tiempo, quando era la voluntad de Dios, olían los olores ya dichos, aunque estubiessen en differentes officinas las religiosas, y venían corriendo adonde estava la santa tullida y dezíanle: “O, señora, ya ha venido el Señor Duque, no es posible menos porque hemos olido sus olores”. Y la santa sonrreýase y dezía: “Sí, mis amigas, [fol. 31v] abrí el cofrecito y veréis las grandezas de Dios”. Y las monjas entonces abrían el cofrecito y no hallaban las quentas, y dando muchas gracias a Dios, tornávanle a cerrar vaçío y llevávanse la llave, porque lo quería ansí la santa. Y quando el Señor era servido, passados algunos días o horas, tornaban las religiosas a oler los olores celestiales, y todas venían con mucha devoción y abrían el cofrecito, y hallaban las quentas y, alabando a Dios, poníansele a la santa sobre la cama, y ella iba repartiendo las artas de quentas a cada una, y traýan muy grande fragancia de olor. Junto con las quentas ponían ‘Agnus Deies’ y crucifixos y otras imágenes, y junto con las quentas lo llevava el ángel. También ponía la santa, por mandado del ángel, unos torçales de hilo, y bolvían anudados, hechos nudos a modo de cordón de nuestro padre san Francisco; unos venían más gordos y otros más delgados y algunos más flojos, y dezía el ángel: “Juana, toma allá estos nudos, y estos más floxillos te digo cierto son hechos por mano de los más altos serafines, y los demás han anudado los ángeles y an estado en manos del mismo Dios, y los ha bendecido con las quentas y te los imbía para bien de las almas. Y yo te digo que todas [fol. 32r] las personas que con fe viva las truxeren serán favorecidos de Dios en esta vida, y en el Purgatorio experimentarán sus virtudes, y en el Cielo serán señalados con particulares resplandores, y sus cuerpos, en el día del Juicio, ternán gozos accidentales, por haver estado estas preciosas quentas en el Cielo y en manos de Dios y de los ángeles y de la misma Madre de Dios”. Las primeras quentas que llevó el ángel al Cielo fue el rosario de la santa, y luego las monjas que lo supieron pidieron a la santa Juana intercediesse ubiesse aquella misericordia para sus rosarios. La santa, llena de charidad, pidió a su querido Esposo para todas. Y ansí mercaban rosarios de muchos colores, unos blancos, otros negros y pardos, y de açabache y palo e de differencias de colores. Y d’esta suerte ay quentas de muchas differencias, todas bendecidas del poderoso Dios, el qual dixo a la santa Juana y al ángel san Laruel que las que tocaren a ellas tendrán las mismas bendiciones que las originales (que echarán demonios de los cuerpos de los hombres y librarán de sus açechanças, darán salud corporal y espiritual), y que las truxessen con devoción, y que [fol. 32v] rezando en ellas por los que están en peccado mortal su Magestad yrá disponiendo aquellas almas, para que salgan d’él por la virtud que ha puesto en estas quentas.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[SUCESO OCURRIDO A LA RELIGIOSA GERMANA DE LA ASCENSIÓN CON UNA IMAGEN]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[fol. 33r] Y tiénese en tanta veneración esta santa ymagen quanto es notorio. Es la que sale el día de su aparecimiento. Y como esta santa immagen sea de bulto, una religiosa ''[5]'' fue con mucha devoción a quitarle una raxita. Y hechas muchas reverencias, pidiéndole licencia y perdón, llegó con un cuchillito a quitarla, y a desora se halló arrojada en mitad del coro y, como quien dispierta de un sueño, dixo: “¡Váleme Dios! ¿Yo no estaba subida en el altar? ¿Cómo estoy aquí, tan lejos d’él?”. Y toda turbada y temblando, y la cabeça encajada en una ventanita del mismo facistor, qu’está en mitad del coro alto. Y esto contó a algunas religiosas con grande humildad y temor de Dios y de su Madre, la qual religiosa era gran devota de esta santa imagen, la qual es difunta y fue de vida muy exemplar y de mucho crédito y perfeción de vida.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[GRACIAS QUE EL SEÑOR HIZO A LA CASA]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Las gracias que Nuestro Señor concedió en esta santa casa en imágenes y fiestas y cofradías, por intercesión de nuestra madre santa Juana de la Cruz, son las siguientes:&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
* Pidió Nuestra Señora, en esta santa casa, que para el día del nascimiento de su precioso hijo rezasen al benditíssimo [fol. 33v] Niño nueve aguinaldos, cada uno de a trecientos versos de lo que quisieren''[6]''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
* El día de la circuncisión del Señor, rezando al Niño Jesús que tiene la imagen grande de Nuestra Señora, la que consagró el Señor, cinco ‘Paternostes’ y ‘Avemarías’ concedió el Señor una ánima de Purgatorio. Y a este niño oyó hablar nuestra madre santa Juana de la Cruz con el niño de Nuestra Señora la de Torrejón, quando vino en processión.&lt;br /&gt;
 &lt;br /&gt;
* Desde el día de los santos reyes, rezando cinco ‘Paternostes’ y ‘Avemarías’ se gana lo que se sabe que concedió Nuestro Señor. En esta santa casa hase de rezar hasta el día del Baptismo y offrecerse al del Señor. Y lo mismo se gana diziendo el psalmo de ‘Miserere mei Deus’ y, llegando al verso de ‘Aspergesme’, echarse con el isopo un poco de agua bendita en el hombro.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
* Desde el día de los santos reyes hasta el día de San Valentín, que es quando el Señor ayunó, rezando cada día quarenta ‘Credos’ y quarenta vezes la oración de ‘Ave Jesús’, que es la que se sigue, concedió el Señor a quien [fol. 34r] lo rezare como si lo ayunare.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Ave Jesús, santo salvador.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Ave Jesús, dulce redemptor.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Ave Jesús, deleyte y alegría de los desiertos.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Ave Jesús, flor de los campos y lirio de los valles.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Ave Jesús, santificador de las aguas y de los baptismos.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Ave Jesús, consolación y alegría de los baptizados,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
resureción de los muertos, vida de los vivos, gloria y bienaventurança de los que en ti esperan. ''Miserere mei''. Amén. Amén. ''Domine, miserere mei''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
* Para la dominica del perdimiento se han de rezar tres ‘A te levavis’ y tres ‘Magnificas’ y tres ‘Salves’, començando desde el juebes hasta el domingo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
* El día de la santa purificación vio nuestra madre santa Juana en una revelación cómo se da sentencia en el Cielo a todos los que avían de morir aquel año, y los santos ángeles guardadores de aquellas personas yban a pedir a los demás ángeles, diziéndoles: “Señores, ayudadnos a rogar por nuestros súbditos que tenemos a cargo, que les es dada sentencia de muerte”. Y también se da sentencia aquel día a todos los que han [fol. 34v] de tener trabajos y enfermedades. Y este día es día de yncienso; hase de tomar un grano en la boca y rezar cinco ‘Paternostes’ y ‘Avemarías’ en cruz, con una candela en la mano, y en acabando de rezarlo, echar el incienso con la boca en la lumbre. Otorgó el Señor, por intercessión de nuestra madre santa Juana, perdón de las faltas de los votos.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[RELATO DE LOS APARECIMIENTOS DE LA VIRGEN]'''&lt;br /&gt;
''Revelación del aparecimiento de la Madre de Dios de la Cruz''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Dixo nuestra madre santa Juana: “Muchas vezes he visto en el año a Nuestra Señora venir a visitar a esta su santa casa, de la qual muestra tener especial cuydado y deseo que su santo aparecimiento sea estimado, porque no fue una vez sola la que su Magestad se apareció en este lugar, mas nueve días arreo me dixo mi santo ángel fueron los que se apareció. Y el primero fue el primer día del mes de março, hasta el noveno, que es el postrero aparecimiento y más público, porque en este día puso la cruz por señal, diziendo que quería le hiziessen allí su iglesia. E cada año, en este día en el qual se celebra su santo aparecimiento, la he visto [fol. 35r] venir a hora de la media noche en una processión muy admirablemente ordenada, soleníssima e apostada de muchas riquezas y resplandores de gloria, acompañada de muchedumbre de ángeles y santos y santas, e también vienen con su Magestad las religiosas difuntas hijas del monasterio y, ansimismo, vienen todas las ánimas que en vida fueron devotas del santo aparecimiento de Nuestra Señora, y las ánimas de los bienhechores del monasterio. Y estas ánimas de los bienhechores, algunas d’ellas, son libradas de penas, e a otras las trae Nuestra Señora con licencia de su precioso hijo para darles descanso en esta su fiesta. Y esta preciosa processión viene al monasterio con muy grandes cánticos e músicas celestiales e instrumentos de diversas maneras de melodía, y antes que entre en la iglesia y casa, da una buelta e bendize Nuestra Señora los campos e tierras e frutos en ella aparecidos media legua a la redonda del monasterio; y después entra dentro y va al dormitorio y bendize las religiosas con grande amor, y dize:&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
‘Esta casa es mía&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
y no [fol. 35v] la tengo de olvidar.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Mío es este lugar, yo no lo entiendo a olvidar,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
y pues no lo entiendo olvidar no quiero dejarle de visitar.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
‘Estad constantes en los trabajos e penas presentes e por venir, que ansí se ganan las coronas, las quales yo tengo en depósito, si os contentáis, siervas mías, con mi depósito; si no, daldas a quien os las guarde y guardaldas vosotras, por que deis buena quenta a Dios, mi hijo, el día del Juicio e merezcáis reynar con Él para siempre’. E manda algunas vezes a los santos ángeles guardadores de las mesmas religiosas les pongan guirnaldas en las cabeças de rosas blancas y coloradas, y d’estas cosas ellas no ven ni sienten ninguna cosa. Y desde el dormitorio va la santa processión al coro y allí está hasta que se dizen los maytines ''[7]'' y ansimismo está Nuestra Señora con toda la compañía en la missa e sermón, e bendize los pueblos que vienen a celebrar su santo aparecimiento y ruega a su precioso hijo, estando en el sacro sacramento del altar, por las religiosas que habitan e moran en su casa e por todos sus devotos, e muy en especial por los que allí presentes están, les otorga los perdones [fol. 36r] de su santa Iglesia. Y dize Nuestra Señora: ‘Norabuena venga Dios trino y uno, verdadero hombre celestial, a estar en el santo sacramento del altar, y con Él la corte celestial. Bendiga Dios a la compañía humanal. Soy la bienaventurada Madre de Dios e vosotras, bienaventuradas’. Y quando se quiere yr la processión, despidiéndose del altar alça Nuestra Señora su preciosa mano e, santiguando los pueblos dándoles su santa bendición, luego desapareció y toda la compañía celestial, y a mí tornome mi santo ángel en mis sentidos corporales. Y quando estas cosas veo e oygo, que es este día de Nuestra Señora, dize e haze algo en la processión que viene su Magestad. Y quando no estoy elevada quando viene a visitar su iglesia e casa, plaçe a Dios lo vea estando en mis sentidos y que, a la despedida, me lleve consigo, aunque no lo merezco. Son tantos los perdones e gracias que Nuestra Señora tiene alcançados del poderoso Dios, hijo suyo, para esta santa iglesia donde ella se apareció, que si las gentes lo supiessen vendrían de muchas partes de rodillas por ganar tanto bien para sus ánimas; que como Nuestra Señora, con tan gran deseo y caridad que tiene que las ánimas se aprovechen, [fol. 36v] pidió una sublimada merced a su precioso hijo, y es que le otorgasse tantos perdones en esta su santa casa y yglesia como ebras de yervas e de cosas de flores e ojas estuvieren nacidas en la tierra, media legua a la redonda del lugar donde ella puso la cruz con sus preciosas manos. Y Nuestro Señor Jesuchristo, hijo suyo, se lo otorgó, y esto desde que se edificó esta santa iglesia y casa. Y más me dixo mi santo ángel: que están concedidas en esta iglesia, sin ninguna condición, los perdones de Santa María de los Ángeles. Y ansí se entiende que, aunque no vengan confessados ni rezen cosa señalada, sino viniendo contritos a visitarla, y ansimesmo quien rezare nueve ‘Avemarías’ o otras qualesquiera oraciones (en tal que no sean menos de nueve y sean de Nuestra Señora, offrecidas a los nueve aparecimientos que se apareció a Inés), ganarán muchas gracias y les será otorgada la petición que justamente pidieren a Dios. Esto en qualquier día del año que lo rezaren, y muy más lo ganarán rezándolo los propios días, que es el primero día del mes de março hasta el noveno del mesmo mes, todos nueve arreo. Y quien hiziere dezir [fol. 37r] nueve missas a Nuestra Señora, en reverencia d’estos nueve aparecimientos, será socorrido en su tribulación y aprovechará mucho a los difuntos.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
”La manera en que se mostrava Su Magestad cada un día de los aparecimientos: fue primero de poquito bulto; el segundo como quando era niña recién nacida; el tercero como de tres años, que la offrecieron al templo; el quarto como de la edad que fue desposada con el santíssimo Joseph y el Hijo de Dios encarnó en ella; el quinto de la edad que fue a visitar a santa Isabel; el sexto como quando parió al Hijo de Dios (y en este día quien rezare es bien tenga memoria de la fiesta de la santa O); el séptimo como quando le presentó en el templo; el octavo como quando fue huyendo a Egipto (y en este día quien rezare tenga memoria de la fiesta de las nieves); y el noveno como quando estava al pie de la Cruz. Y quien rezare tenga memoria de su muy gloriosa asumpción, porque otros santos aparecimientos hizo Nuestra Señora con memoria de sus nueve fiestas”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[CELEBRACIONES DE LOS SANTOS Y ÁNGELES]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[fol. 37v] El día de señor San Gabriel es nueve días antes de la Santa Encarnación, y pidió que le rezasen estos nueve días cada día nueve ‘Maristellas’, porque se quería enjoyar para la fiesta de Nuestra Señora. Y ansí es costumbre rezárselas desde el tiempo de nuestra madre santa Juana, y dezirle unas vísperas y missa su día.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El juebes santo, desde que se encierra el santíssimo sacramento hasta la mañana de la resureción, se rezan las vidas, que es cada una de treynta y tres versos de lo que quisieren, con la oración que dize: “''Respice qui transis quia tu es mihi causa doloris et vivas moriar sed non desunam te amavi si de sieris ainpeccari''”. Y quince ‘Paternostes’ y ‘Avemarías’ en cada vida se gana doblado. Perdona el Señor por ello las faltas de nuestras obligaciones. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El viernes santo se ha de rezar en un crucifixo pequeño del Cielo treynta y tres ‘Animas Cristis’ y treynta y tres adoraciones de la santa Cruz, que es la que se sigue ''[8]''“Adórote, Cruz bienaventurada, que de los delicados y venerables miembros de mi Señor Jesucristo fuiste guarnecida, y de su preciosa sangre toda cubierta y toda [fol. 38r] teñida”. Concedió Nuestro Señor treynta y tres ánimas de Purgatorio. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Más: en este proprio día han de rezar quarenta ‘Credos’ en la quenta cristalina.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Más: en el crucifixo de bulto que está en el coro alto, junto a la custodia, han de rezar dos ‘Credos’. Este mismo día concedió el Señor muchas indulgencias.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El sábado santo, antes que amanezca, han de rezar ducientas ‘Avemarías’ a la fe que tuvo la Madre de Dios de que había de resuscitar su santíssimo hijo. Concedió Nuestro Señor de darles fe a la hora de la muerte.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Más: el domingo de la resureción, antes que amanezca, an de rezar docientas ‘Reginas celi’, pidiendo albricias a Nuestra Señora. &lt;br /&gt;
El día en que cae la fiesta de san Laruel, ángel de nuestra madre santa Juana, es a veynte y nueve de abril. Súpose d’esta manera: deseando las religiosas hazelle algún serviçio a este santo ángel, suplicaron a nuestra madre santa Juana supiesse d’él en qué día quería que se le hiziesse fiesta; preguntóselo [fol. 38v] y respondiola: “Dile a tus hermanas que en veynte y nueve de ábril, este día me hazen fiesta en el Cielo”. Y ansí, desde entonces, es costumbre dezirle unas vísperas y missa solemne.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Día de la Cruz de mayo nació nuestra madre santa Juana de la Cruz y tomó el hábito y murió; y en este día es costumbre en esta santa casa, en acabando de comer, yr a dar gracias adonde está su santo cuerpo, y allí dizen una corona de himnos y antífonas de las letras de su nombre. Y a la tarde cantan las coplas que dizen “Esposo, ¿si avéis oýdo quién me robó mi sentido?”, las quales están escritas al principio d’este libro, y leen allí su tránsito, y antes le solían dezir vísperas de virgen delante del arco donde está.  &lt;br /&gt;
Para el día de señor Santiago el Mayor an de tener rezados mil ‘Paternostes’ y ‘Avemarías’ con requiem. Otorgó el Señor, por intercessión de nuestra madre santa Juana, de sacar una ánima de Purgatorio para siempre aquel día.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Para la fiesta de Nuestra Señora de las Nieves [fol. 39r] han de rezar cinquenta psalmos del psalterio, con requiem, y el ‘Canticum grado’.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y para la santa transfiguración ha de rezar cinquenta vezes el psalmo de ‘Miserere mei Deis secundum’ con ‘Gloria Patri’ y cinquenta ‘Credos’ y cinquenta ‘Salves’, y an de rezar este día el officio de las vírgines y, en una missa, han de rezar el evangelio de los mártires, que dize: “Dejen padre y madre y parientes y amigos por Dios”. Y para las que esto hizieren y rezaren, vio nuestra madre santa Juana cómo en el Cielo havía un monasterio como esta santa casa y que allí havía un cofre en que el Señor depositava estas oraciones, para enjoyar a las que fuesen allá. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El ayuno de la santa asumpción de Nuestra Señora comiença desde la Santa Visitación hasta la víspera de la misma fiesta de la santa asumpción; han de rezar las que le ayunan quinientos ‘Paternostes’ y ‘Avemarías’. Prometió Nuestra Señora a las que esto hizieren de que sacaría de Purgatorio (y yría su Magestad misma por ellas) tantas ánimas como días vivió la [fol. 39v] misma Reyna del Cielo. Y viendo que por la flaqueça de las gentes vendría tiempo que no se ayunasse, dixo su Magestad concedería lo mismo a quien rezase mill y quinientos ‘Paternostres’ y ‘Avemarías’ con requiem.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
La oración de ‘Ave sanctissima Maria’, quantas vezes la rezaren en el tiempo que dura dezir una missa tantas ánimas de Purgatorio saca Nuestra Señora este mismo día de la asumpción; y la oración es esta: “''Ave sanctissima Maria, mater dei Regina Celi Porta paradisi Domina Mundi, pura singularis tu es virgo tu concepta es sine macula, tu peperisti Creatorem et Salvatorem mundi inquo no dubito, liberame ab omini malo, et ora pro peccato meo. Amen''”. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Las quentas que se ponen el día de la sepoltura de la fiesta de la asumpción en las andas, adonde llevan a Nuestra Señora, las llevan los ángeles al valle de Josafad, al sepulcro de Nuestra Señora, y concédeles Nuestro Señor muchas indulgencias. Todo esto veýa la santa. Las vidas se comiençan desde este día hasta las laudes de la víspera de la fiesta, que sacan a Nuestra Señora [fol. 40r] de las andas en el auto que se haze este mismo día en la casa de la labor; concedió el Señor muchas gracias. Y en el que hazen el día de la Sancta Asumpción, en el refitorio, concedió el Señor grandes gracias, y dixo el mismo Señor, en un sermón que hizo en el santo ''Conorte'' de la sancta asumpción, que gustaba se hiziesse, y dio la industria para ello. Y no tan solamente concedió el Señor gracias en el auto, sino también a quien dixere que se haga y ayudare a poner el tablado.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El desposorio de Nuestra Señora con el santíssimo Joseph es a seis días de setiembre, y pidió la Reyna del Cielo que holgassen aquel día, que recibiría servicio en ello, y dixo a la santa Juana: “Díselo a las monjas de mi parte, y que se ocupen si quieren en colgar ubas”.&lt;br /&gt;
Pidió nuestro padre san Francisco que, desde el día de sus llagas hasta la fiesta suya de octubre, le rezassen cada día los salmos penitenciales, y prometió de bajar al Purgatorio a hazer mercedes y sacar de penas de Purgatorio las ánimas por quien se rezan.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[COFRADÍAS]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[fol. 40v] &amp;lt;u&amp;gt;Comiençan las cofradías del Cielo que el Señor otorgó&amp;lt;/u&amp;gt;.''[9][10]''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
* En la sancta cofradía de la Concepción son obligadas, para ganar las gracias que Nuestro Señor otorgó en esta santa casa, de yr con la bendición y, después del ‘Conceptio’, guardar silencio hasta la mañana. Y la víspera d’esta fiesta han de yr con la processión que se haze aquella noche; con Nuestra Señora puesta en la luna cantan las coplas que dizen “Mírala cómo sale”, y otras que dizen “Qué linda sois, Virgen”. Y el mismo día de la fiesta pidió la Madre de Dios le offreciessen tres roscas, cada una de a tres libras, y hanlas de poner delante de la imagen de Nuestra Señora que consagró el Señor, y an de estar allí entre tanto que dizen la missa, y dixo Nuestra Señora que les echaría su bendición. Y a la tarde van con esta santa imagen en processión al dormitorio, y allí, de rodillas, rezan la corona de las letras de su nombre. Y acabada la corona se han de confessar delante d’esta santa imagen los pecados que estubieren confesados, y por penitencia rezar nueve ‘Salves’. Y quando buelve la processión al coro rezan allí nueve ‘Conceptios’. Y esto se tiene por costumbre de hazer desde el tiempo de nuestra madre santa Juana, [fol. 41r] porque, representando un coloquio las religiosas delante de Nuestra Señora, la habló la Madre de Dios en esta santa imagen, diziéndole cómo se havía holgado de ver representar a una religiosa que hazía la figura de su padre, señor san Joachin. Las roscas las reparte la sacristana a todo el convento. Quiso ser Nuestra Señora la patrona d’esta santa cofradía y concedió en ella Nuestro Señor muchas gracias por nuestra madre santa Juana.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
* En la cofradía de la Santa Encarnaçión an de entrar en ella el mismo día de la fiesta las cofradas d’ella. Pueden entrar en la cofradía nueve personas vivas y nueve difuntas; an de nombrar nueve santos por abogados. Están obligadas las cofradas a rezar el officio de Nuestra Señora en el día que cae, y quien no tubiere disposición de rezarlo reze la corona del sábado, y si no supiere leer diga la corona real. Y an de ayunar el día en que cae la encarnaçión, y si no pudiere, ayunar con carne. Concedió Nuestra Señora a nuestra madre santa Juana de ser su Magestad la patrona d’ella, y venirlas a visitar a la hora de la muerte con los nueve [fol. 41v] santos, sus abogados, y lo mismo quando estubieren en Purgatorio; y dixo su Magestad que entonces sería fiesta de nueve copas.&lt;br /&gt;
 &lt;br /&gt;
* La cofradía del juebes santo están obligadas, como es costumbre, deçir después de tinieblas, en processión al dormitorio, açotándose en las espaldas (y si no pueden llevar la disciplina, en el hombro). Súpose de nuestra madre santa Juana que aquella hora se hazía otra processión en el Cielo, llevando delante un estandarte, y que los santos llevavan candelas coloradas y verdes por las monjas d’esta santa casa. Es Nuestra Señora la señora patrona d’ella. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
* La cofradía que el Señor concedió en esta santa casa para quince religiosas. Las que quisieren entrar en esta están obligadas de rezar la corona real un año desde el día que entran, y quando muere una cofrada an de tener diciplina por ella quince días arreo, diziendo el ‘Canticum grado’. Concedió el Señor [fol. 42r] en ella grandes indulgencias por intercessión de nuestra madre santa Juana, y sale el ánima de Purgatorio a los quince días. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
* Esta cofradía ordenó nuestra madre santa Juana y se la otorgó el Señor por orden de su santo ángel san Laruel.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
* En la cofradía que concedió el Señor para siete religiosas, de las que le cabe la suerte dichosa, a lo que son obligadas es a rezar el día de la Cruz de mayo, la de setiembre y el viernes santo cinquenta ‘Paternostres’ y ‘Avemarías’. Son tan grandes las gracias que se ganan e indulgencias que nuestro santo concedió, que causa admiración oýrlas, y esto a petición de nuestra madre santa Juana de la Cruz.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
* Y el día de la santísima Trinidad y del Santísimo Sacramento, cada día d’estos que rezan los cinquenta ‘Paternostres’ y ‘Avemarías’ sacan treynta y dos ánimas.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
* Ay otra cofradía en el crucifixo del coro bajo, el de bulto, que se estendió en la Cruz, y esta cofradía concedió el Señor a sola una religiosa, y muerta aquella la hereda otra, nombrándola la que muere; [fol. 42v] y si no puede nombrarla la ha de nombrar la abbadesa, pidiéndoselo la que quisiere estar obligada a rezar cada día quince ‘Paternostres’ y ‘Avemarías’. Y rezando esto concedió el Señor quince ánimas de Purgatorio. Y este santo crucifixo es del tiempo de nuestra madre santa Juana, y la habló y veýa ella cómo tenía quince ángeles de reguarda, y tiene muchas indulgencias.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
* En la imagen de la Cruz a cuestas, que está encima de la primera reja del coro bajo, an de rezar siete ‘Paternostres’ y ‘Avemarías’.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
* Una tabla que está encima de la segunda reja del coro bajo, que está pintado un santo crucifixo en ella y unos caballos, habló el santo crucifixo. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
* Una imagen de Nuestra Señora que está en el coro bajo, sobre la ventanita de comulgar, que está en una caxa mirándola, concedió el Señor indulgencia.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
* En el crucifixo más alto del coro alto, que tiene a Nuestra Señora y a San Juan Evangelista, rezando cinco ‘Paternostres’ y ‘Avemarías’ sacan siete ánimas.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
* [fol. 43r] En la imagen de la coluna que está en el mismo coro an de rezar cinco ‘Paternostres’ y ‘Avemarías’.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
* En la imagen de la venida del Spíritu Santo an de rezar siete ‘Credos’ a los siete dones del Spíritu Santo, y todas las figuras que en esta santa imagen están pintadas hablaron, que son Nuestra Señora y San Juan Evangelista y los demás. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
* Más: en un quadrito pequeño del Niño dormido, que está en el mismo retablo, desde el juebes hasta el domingo se ha de rezar cada día tres ‘Paternostres’ y ‘Avemarías’ y tres ‘Magnificas’; y el domingo, en lugar de las ‘Magnificas’, tres ‘Regina celos’. Concedió el Señor muchas gracias. Y por amor de Dios no lo dexen de ganar, que perderán mucho en ello si no lo rezan. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
* En una imagen pequeña del Padre eterno, que está en el mismo retablo, quantas vezes rezaren tres ‘Paternostres’ y tres ‘Avemarías’ y tres vezes ‘Sancta trinitas unus Deus miserere nobis’ y un ‘Credo’ el día de la santísima Trinidad, tantos jubileos ganan por vivos y difuntos, y más ganan todos los domingos jubileo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[GRACIAS QUE OTORGA LA IMAGEN DE LA VIRGEN]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[fol. 43v] Las gracias que se ganan en la imagen grande de Nuestra Señora, la que consagró Nuestro Señor Jesucristo, son las siguientes.&lt;br /&gt;
Primeramente, los días de sus fiestas con sus octabas, y todos los sábados del año con cada hora de su officio o con cada oración suya o con ‘Avemaría’, se gana indulgencia o ánima de Purgatorio, y tantas quantas vezes lo rezaren tantas indulgencias ganan por vivos y difuntos. Más que confessándose delante d’esta misma imagen los pecados confessados, rezando en penitencia tres ‘Sub tuum presidium’ y tres ‘Magnificas’ y una ‘Ave Maristella’ y la oración que dize:&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Dios te salve, Virgen muy gloriosa,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
estrella más clara que la luz,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Madre de Dios muy graciosa,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
más dulce que el panal de miel,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
colorada más que la rosa,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
blanca más que el lirio,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
toda virtud te hermosea,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
todo santo te honra,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Dios Padre todopoderoso te corona&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
en lo más alto del Cielo. Amén.   	&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
 &lt;br /&gt;
[fol. 44r] Y diziendo esta oración a la propia imagen con un ‘Paternostrer’ y una ‘Ave María’ ganan indulgencia plena; más, rezando cada sábado siete ‘Paternostes’ y ‘Avemarías’ en esta santa imagen, otorgó el Señor el jubileo de la Porciúncula; más, que, tocando las quentas a las faldas d’esta santa imagen, todas sus fiestas quedan con las mismas gracias que las que fueron al Cielo, y esto durava para siempre. Y esta santa imagen habló a nuestra madre santa Juana, y el Niño Jesús que tiene en los braços, que tiene un poquito del pie quebrado, también la habló. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y esta gracia de las quentas para siempre alcançó la Madre de Dios para esta santa imagen, por intercesión de nuestra madre santa Juana.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[REVELACIÓN QUE ESTA IMAGEN DE LA VIRGEN HIZO A JUANA]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''Capítulo de una revelación que vio nuestra madre santa Juana tocante a esta imagen de Nuestra Señora, la que consagró el Señor, y fue d’esta manera.''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Tiniendo el monasterio de Santa María de la Cruz una imagen de Nuestra Señora, la qual era de bulto muy antigua, y las monjas, sabiendo que la avía bendecido [fol. 44v] un obispo, tiniéndola mucha devoción porque algunas veçes la avían visto hazer milagros, y sacándola en processión los días del santo Aparecimiento y por ser tan antigua, renováronle el gesto por un entallador, cortándola de la garganta arriba y pusiéronle otro gesto. Y trayéndola al monasterio fueron las monjas a la ver e saludar, e a algunas les pareció mejor el gesto y a otras que no, y desconsoláronse mucho de manera que vinieron en alguna diferencia de palabras, e sabiéndolo esta bienaventurada mandolas llamar y díxolas: “Muy maravillada estoy, hermanas mías, de la desconsolación que tenéis del renovamiento de la santa imagen. Dado caso que aya razón, por la falta de la imperfeción de la pintura no ser tan aplaciente a vuestros ojos, pero aunque sean feas las imágenes, es cargo de conciencia no tenerlas en mucha reverencia y estima, en especial si las tales imágenes son de Dios y de Nuestra Señora, que estas tales, feas o hermosas, son dignas de muy grande acatamiento. Y ruégoos, señoras, que hagáis aquí un [fol. 45r] altar en esta nuestra celda y traed aquí la santa imagen, aunque yo sea indigna d’ella, que si pudiesse ya abría ido al coro de rodillas a adorar y saludar a su alta Magestad”. Y traýda la imagen a la celda de la santa virgen y puesta en el altar, rogolas que la dexassen allí dos días. Y estando ella aquella noche en contemplación, vido a Nuestra Señora en visión muy hermosíssima, y poníasele encima de la imagen suya y deçía: “Yo me contento d’esta imagen y la escojo y acepto para mi morada y aposento, e como en trono mío resplandezca en ella; mi spíritu se goça porque los pecadores conmigo abrán refrigerio y consolación e yo les ganaré de mi hijo perpetuo gozo en la gloria perdurable”. Y esta bienaventurada, que lo veýa, suplicaba a Nuestra Señora entrase dentro en la imagen su espíritu, y pues era tan hermosa dejole allí escuchasse las oraciones que le hazían, en especial las suyas, por que ella viese no caýa en vacío hechas delante de su preciosa imagen, como algunas veçes tienen las gentes crédito no está allí donde la llaman; a los quales pensamientos y suplicaciones [fol. 45v] respondió Nuestra Señora e dixo: “Por estar nuevamente puesto este madero en esta santa imagen mía, no quiere Dios ni a mí place entrar dentro en ella hasta que se consagre o bendiga, en manera que se haga digna y perteneciente de mí por virtud de la consagración justa, que debidamente pueden tener las imágenes e iglesias e altares aparejados e limpios al culto divino”. E la noche siguiente vido la bienaventurada a hora de los maytines una visión muy gloriosa, y es que vido venir a Nuestro Señor Dios en un trono muy rico con vestiduras pontificales, cercado e acompañado de muchedumbre de ángeles e santos e santas, y estaban junto a la imagen de Nuestra Señora, a la qual bendecía con palabras muy devotas e reverenciales, e cantares e dulces sones que hazían los ángeles con diversos instrumentos, de las quales palabras e canciones no pudo colegir esta bienaventurada sino pocas palabras. Y el día que vido esta revelación era octavo de la dedicación de la Iglesia, e las ceremonias que Nuestro Señor hizo [fol. 46r] en la consagración d’esta santa imagen fueron muchas. Estaba vestido como obispo y la imagen, que estaba vestida sigún es costumbre adereçar las imágenes, a desora pareció toda desnuda e alçada en alto, tiniéndose con el poder de Dios. Esto era antes que el Señor la bendixesse, el qual hizo llamamiento a los santos ángeles para que viessen lo que hazía en aquella imagen y ansimesmo a los demonios, para que hubiessen miedo y viessen la virtud que Dios ponía en su santa Iglesia e imagen y altares, e por fuerça se lo hazían mirar e reberenciar, y que daba poderío a la santa Madre Iglesia que venciesse al demonio e le desechasse con baldón e recibiesse a Dios Jesucristo y a su santa Madre con reverencia e honor, e para esto bendecía e dezía en altas vozes el mesmo Señor desde su alto trono: “''Sum qui sum et ecce nova facio omnia''”, que quiere dezir “Yo soy el que soy, que todas las cosas hago nuevas. En lo alto del Cielo moro, soy rey eterno que rijo los coraçones católicos e devotos, que mi adversario los perturba, empero [fol. 46v] yo soy el que los sosiego; él los derrama, yo los allego; él los discipa, yo los recreo; él los destruye, yo los edifico; él los ensucia, yo los limpio; él los enturbia y rebuelve y haze oler mal, yo los purifico e hago oler suavíssimo. Si de lo malo &amp;lt;malo&amp;gt; hazen bueno, e de lo no limpio hazen limpio, e de lo imperfecto hazen perfecto e loable e agradable...”, e bolvía sus preciosos ojos a la imagen de Nuestra Señora e dezíale “¿Quién te desprecia, Madre mía?”. Y poníale muchas cruces hechas joyeles; estando ella ansí desnuda la cercaba toda, especialmente la cabeça, frente y gesto y los pechos y espaldas e ombros e braços e manos, todo el cuerpo hasta los pies, que significaban los cimientos de la santa Madre Yglesia. E después de muchas bendiciones que el Señor dezía, dixo cantando la antífona que dize: “''Fons hortum, redundans gratia mundum, replens superni edibus florens hortus mox'' [fol. 47r] ''ab infantia, admirandis fulsi virtutibus e anadian eandes flos multiplicant virgule decorent, conceptus glorificat Maria pudorem. Amen''”. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Tras estas santificaciones e cançiones que se deçían, pareció a desora la imagen de Nuestra Señora vestida de las mesmas vestiduras de antes y puesta en el altar como primero estaba, e los demonios quedáronse mesando e arañando e dando gritos e ahullidos, e la visión de Nuestro Señor desapareció roziando la casa con agua bendita, e la bienaventurada quedó muy consolada. Y passados dos días que la santa imagen estaba en su celda, ayuntáronse allí la abbadesa y las monjas, diziendo a la santa virgen que iban por la imagen e, importunándola la abbadesa, pues estaban allí todas, les dixesse alguna cosa de las que Dios le mostrava; respondió diziendo: “Lo que ay que deçir es que Nuestro Señor Dios tiene en tanto las imágenes que se sirve que las aya en su santa Madre Iglesia, y que sean honradas y veneradas por nosotros pecadores, pues el mismo Dios de los Cielos vino a la bendeçir [fol. 47v] e a enseñarnos cómo son cosa por donde se alcança virtud e devoción quando se tiene en el coraçón. E bien se parece, según yo vi en una revelación que Nuestro Señor fue servido de mostrar, quánto Él ama e honra la santa Madre Iglesia y a sus santas imágenes por amor d’ella”, e dixo la revelación susodicha, ”y díxome mi santo ángel después que desapareció el Señor: ‘Mira qué son las maravillas de Dios que si en un madero halla Dios voscosidad y no quiere que su santa Madre le tenga por su imagen, hasta le haver limpiado e puesto en él dignidad de bendición suya, como la tiene la santa Madre Iglesia, ¿qué tales estarán las ánimas que llenas de pecados están ensuciadas e asquerosas, cómo serán dignas aquellas tales que venga Dios en ellas ni su santa Madre con gracia e piadosa charidad, si primero no son alimpiadas las tales ánimas por especial gracia del Spíritu Santo? Las cosas que son despreciadas e bajas Dios las ensalça e tiene en ellas thesoros muy grandes, aunque escondidos a los ojos de las personas [fol. 48r] de la tierra. Bendito sea Dios en sus dones, e los santos en sus obras, e las imágenes en sus altares, e los altares en sus iglesias con sus sacramentos, e los sacramentos en la Cruz y Passión de Nuestro Señor Jesuscrito y en el santo baptismo y remissión de los pecados’”. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
E acabado esto, dixo la bienaventurada madre nuestra: “Bien se pueden llevar la santa imagen”, la qual llevaron la abbadesa y monjas con mucha reverencia e devoción e con candelas encendidas, cantando el “Te Deum laudamus” al coro, e la pusieron en el altar acostumbrado y de aquí adelante se consolaron las monjas con esta santa imagen; y dixo el Señor a la santa Juana, al tiempo de consagrar la imagen: “Diles a las monjas que traigan cuentas y se las pongan a mi Madre”. Y ansí se hizo y estas son las quentas que llamamos de la Consagración. Tenía esta santa imagen la boca abierta y el Señor con su mano se la cerró, y dexó señal en la barbilla y labio alto; y los ojos que tenía muy en alto le puso el Señor sus dedos y se los abajó como aora los tiene. Y esto todo lo veýa la santa Juana y lo dixo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[MÁS RELACIONES DE SUCESOS EXTRAORDINARIOS CON LAS IMÁGENES]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[fol. 48v] En una imagen de señor San Gerónimo, que está vestido entre colorado y blanco, con una ‘Ave María’ y un ‘Paternoster’ concedió el Señor perdón de los pecados y gracia para manifestarlos; y con una ‘Ave María’ sacan una ánima de Purgatorio. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
La imagen de Nuestra Señora de yesso que tiene el reboço, que está sobre el retablo de señor San Juan Evangelista, habló a nuestra madre santa Juana. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
La imagen que está en el coro alto, sobre la puerta dentro del coro, del decendimiento de la Cruz, abló a la misma santa.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Las fazes de Dios y de su santa Madre la hablaron, las que están en el coro alto encima de la cabeça de Nuestra Señora la Grande.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
La imagen de nuestro padre san Francisco, la que está en el retablo del coro alto, que está vestido con un hábito descolorido, habló a la santa. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Una imagen de señor San Juan Baptista, la de la caxa que tiene puertas, habló, y el corderito que tiene, vio cómo Nuestra Señora estaba en él nuestra madre santa Juana.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[fol. 49r] Una imagen de los reyes, que está en el mismo retablo, habló a la santa.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El día de señora santa Ana, en una imagen suya rezando quince ‘Paternostres’ y ‘Avemarías’ (los cinco al Niño Jesús y los cinco a Nuestra Señora y los cinco a señora santa Ana), concedió el Señor jubileo. Esta santa imagen está en una tabla en el coro alto.  &lt;br /&gt;
 &lt;br /&gt;
El día de señor Santiago el Maior, en una imagen suya con cinco ‘Paternostres’ y ‘Avemarías’, concedió el Señor jubileo, y lo mismo se gana todos los domingos del año. Esta santa imagen está en una tabla en el coro alto.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Una imagen pequeña de la Santa Encarnación, que tiene el ángel una capa, habló a la santa.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Un santo crucifixo que está pintado en una tabla, que tiene la llaga hecha fuentes, habló a la santa. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Dixo señor San Gabriel a nuestra madre santa Juana que quería ser nuestro agüelo, y en una imagen de la Santa Encarnación, donde está pintado, habló y dixo que le pusiessen su imagen camino del coro, para quando pasasen las religiosas le hiziessen reverencia [fol. 49v] y dixessen: “Agüelo mío, valedme”, y que él las oyría en la propia imagen. Y ansí está siempre camino del coro, y su día hazen allí un altar y le llamamos agüelo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Una imagen del güerto de bulto, que está en un altar de la enfermería, habló.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Otra imagen de la Santa Encarnación de bulto, que está en la propria enfermería en el altar, habló la Madre de Dios y el ángel.&lt;br /&gt;
En una imagen del santo crucifixo, que está en el dormitorio, con cinco ‘Paternostres’ y ‘Avemarías’ sacan cinco ánimas, digo siete.&lt;br /&gt;
Y en otra del Padre eterno, que está en el mismo dormito[rio], rezando tres ‘Padrenuestros’ y ‘Avemarías’ ganan jubileo, y habló. &lt;br /&gt;
La imagen de Nuestra Señora de la Asumpción, que está en una caxa en el mismo dormitorio, habló y dixo que cada vez que pasassen delante d’ella le dixesen: “''Exaltata es sancta Dei genitrix''”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y este dormitorio hizo el Gran Capitán, y habló en él [fol. 50r] el Señor a nuestra madre santa Juana las coplas de “Almas, esposas amadas”, y le bendixo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Una imagen de Nuestra Señora antigua, que está dando de mamar al Niño, habló.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En la capilla de la huerta, todas las vezes que entraron en ella de día y de noche, rezando un ‘De profundis’ o la oración que dize ‘Ave Virgo gloriosa’, ganan muchas gracias, y esto se gana también un passo desviado d’ella. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Ay jubileo en esta capilla el día del glorioso San Pedro y el día de la natividad del señor San Juan Baptista, y este día ay remissión de los peccados. Y el día del glorioso San Juan Evangelista, y el día de la tina y el día de la degollación, an de rezar el salmo del ‘Miserere mei Deus’ andando alrededor de la capilla, y en acabándole an de rezar cinco ‘Padresnuestros’ y ‘Avemarías’ en cruz. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En esta capilla ay siete jubileos cada año, que son las tres fiestas de San Pedro y las quatro fiestas de los señores San Juanes. &lt;br /&gt;
[fol. 50v] En el crucifixo de acofar, que es el que traýa consigo nuestra madre santa Juana, con siete ‘Padresnuestros’ y ‘Avemarías’ y un ‘Credo’ se ganan siete estaciones por vivos y difuntos del santíssimo sacramento. Con este santo crucifixo resuscitó nuestra madre santa Juana una niña. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
La estación de la santa Cruz es cinco ‘Padresnuestros’ y cinco ‘Avemarías’ y cinco vezes el verso que dice ‘Dulce signum dulces clavos’, con cinco estaciones. Y dixo el santo ángel san Laruel que son grandíssimas las gracias que se ganan con cada una d’ellas, y que ansí no se dexasen de dar una a sí mismas y las otras las repartiessen, por que todos goçasen de tanto bien, y dixo a nuestra madre santa Juana que eran para librar de peligros espirituales y corporales. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Más: otra estación an de rezar cinco ‘Padresnuestros’ y ‘Avemarías’ y cinco vezes el verso de çibanitillos; son muy grandes las gracias que se ganan.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Dixo el Señor a nuestra madre santa Juana que quien adorare la santa Cruz con la adoración que se sigue [fol. 51r] no se apartará d’ella sin que le dé una gracia en su alma; la qual es esta: “Adórote, Cruz bienaventurada, que de los delicados y venerables miembros de mi Señor Jesucristo fuiste guarnecida, y de su preciosa sangre toda cubierta y toda teñida”. Hase de rezar considerando que el Señor murió en ella.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Una imagen de señor San Juan Evangelista que está en una tabla del güerto, que está vestido de blanco y el manto colorado, habló. Está en la capilla de la güerta. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En una imagen de Nuestra Señora, de plata, pequeña, que llevan a las religiosas quando mueren, prometió Nuestra Señora por intercesión de nuestra madre santa Juana de venir en la misma imagen a favorecer a las que mueren. Y esta santa imagen es la que se apareció en la mar a un hombre que libró de un peligro, y vino él aca y le hizo una capilla. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Viniendo este hombre a hazer la capilla que Nuestra Señora le mandó, quiso ver la imagen que le avía aparecido, [fol. 51v] y truxéronle muchas y a todas dezía: “No es esta”, hasta que le sacaron la que está dicho y dixo: “Esta es la Señora que yo vi en el mar y me imbió acá”. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El día de la sanctíssima Natividad del Señor y de Nuestra Señora, y de San Juan Baptista y su degollación, an de rezar quatro ‘Padresnuestros’ y ‘Avemarías’; anse de offrecer los tres al Cordero y el uno a señor San Juan. Concedió el Señor, por intercessión de nuestra madre santa Juana, jubileo todas las vezes que lo rezaren por vivos y difuntos. Esto se gana en un quadrito donde está pintada la cabeça del señor San Juan Baptista.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Ablando el Espíritu Santo por la boca de nuestra madre santa Juana, dixo que qualquiera persona que se deseaba salvar y alcançar de sus pecados perdón ha de ser como paloma que no tiene hiel, conviene a saber que no tenga maliçia, ni odio, ni mala querencia, aunque le hagan mal, sino haga como la paloma, que, aunque le hazen mal, no se sabe tornar a quien se le haze, sino gime entre sí e pasa su pena e va a hazer [fol. 52r] su llanto cerca de las aguas, porque si vinieren los caçadores o otras aves sus contrarias a quererlas empecer, se asconden debajo de las aguas e allí se guarecen. Lo mismo deve hazer la persona que yrá hazer el llanto de sus pecados cerca de las aguas de la Passión e llagas de Cristo, porque si le vinieren tribulaciones o persecuciones de los próximos o del demonio (el qual como caçador quiere caçar las ánimas y llevarlas al Infierno), entonces es muy buen remedio el ánima pensar en la Passión del Señor e ponerse con el deseo en las aguas e guaridas, que son las llagas. “Ansimismo”, dixo su divina Magestad, “tiene la paloma otra propiedad: que todo su canto es gemido e casi como triste llanto. E lo mesmo debe hazer qualquiera persona, pues ha offendido a Dios, que ninguna es tan justa que no tenga pecados, e toda su vida de justa razón ha de ser llanto; que bien puede decir la misma persona que ha ofendido a Dios, si la mandaren reír o cantar o alegrarse llanamente: “Ya se quebró mi órgano [fol. 52v] y no puedo cantar, que el día que yo ofendí a mi Señor yo mesmo me quebré el órgano de la alegría de mi alma, y no sé si tengo enojado o aplaçido a mi Señor Dios; e hasta que vaya a la tierra de la Gloria, que lo sepa e lo vea, no me quiero alegrar ni tomar plaçer que sea fuera de Dios, sino vivir en llanto pidiendo al Señor perdón de mis pecados”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Una persona suplicava la reprehendiesse el santo ángel por intercessión de nuestra madre santa Juana, y ansí fue y dixo: “Dile a esa persona que se enmiende e guarde de offender a Dios, que la hago saber que demanda por hurto en el Juiçio de Dios. Qualquier tiempo e palabras mal dispendidas e abladas se pagan con las setenas como hurto, e se han de restituir como fama qualquier mal exemplo o enseñamiento o ocasión que dé para que otra peque, por eso que se avise en hechos e palabras”. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Estaba una persona religiosa enferma de una muy grande enfermedad e fatigada de muchos [fol. 53r] dolores, e dixeron a nuestra madre santa Juana la suplicaba dixesse a su santo ángel le imbiasse alguna palabra de consolación, y él la respondió que qualquiera persona enferma que está en la cama, pues no puede rezar ni offrecer otro sacrificio a Dios sino sus dolores, ponga en su memoria a Dios Nuestro Señor, crucificado e llagado, por Cielo de su cama, por paramentos y colgaduras, todas las insignias de la Passión e tormentos que el Hijo de Dios padeció por redemir e salvar sus criaturas. E piense qualquiera persona enferma siempre en Este e ofrezca sus dolores a los de Cristo, e recibillos ha el mismo Dios e serle an meritorios sus dolores y enfermedades, y aun hasta las medicinas y cosas necessarias para su enfermedad, offreciéndolo todo en reverencia de la Passión del Señor e de la hiel y vinagre que le dieron a beber. Y en la flaqueça e desmayos e sed que padeciere le será contado en merecimiento, si lo offreciere en [fol. 53v] reverencia de la sed, hambre, ayunos, cansancios, flaquezas e desmayos que padeció el Hijo de Dios; e lo mesmo le será contado el frío, calentura e sudores, offreciendo cada cosa d’estas a su misterio. Y ansí tendrá cada criatura sus penas e dolores, acordándose quánto fueron mayores las que padeció su Dios, e todas por sanar llagas y enfermedades de los pecados. Y aun la tal ánima que estas cosas pensare será bien que diga: “Señor mío Jesuchristo, duélanme los dolores en tal que no me aparte de la caridad de vuestro amor”. Y a Nuestra Señora pueden dezir, si la enfermedad les diere lugar: “O, Virgen singular, entre todas piadosa, haz a mi alma ser suelta de sus culpas y en el cuerpo ser mansa e casta”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[REVELACIONES DE LOS ÁNGELES Y SANTOS A JUANA DE LA CRUZ]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''Capítulo ciento y noventa y dos de una revelación que esta bienaventurada Juana de la Cruz vido, en que se mostrava la gran misericordia de Dios y de su sanctíssima Madre la Virgen [fol. 54r] María, la qual es esta acerca de los nudos benditos.''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Estando elevada esta bienaventurada Juana de la Cruz, aparecíale Nuestro Señor Dios trayendo consigo a su santíssima Madre la Virgen María, Nuestra Señora, y al glorioso padre nuestro san Francisco, delante de los quales la dicha sierva de Dios estaba postrada, la qual oýa palabras que passaban entre los tres, en que Nuestra Señora la Virgen María dezía a su hijo precioso: “Hijo mío, encomiéndoos a aquella casa mía, donde esta sierva que está aquí delante de vos, que lo oie, mora, en la qual faltan los alimentos temporales y edificios para la conservación y perseverancia de la dicha casa”. Y díxole Nuestro Señor: “Pues ¿qué queréis vos, Madre mía?”. La Señora le respondió: “Hijo mío, ruégoos me deis una impresa en la qual confirméis los perdones que están otorgados por vuestros vicarios apostólicos de la romana Iglesia, assí a la dicha casa como a la orden de este bienaventurado que con nosotros viene, y todas [fol. 54v] las más indulgencias que de aquí adelante se alcançaren para la dicha casa, que los que fueren devotos d’ella lo ganen copiosamente”. Dixo el Señor: “A mí me plaçe de buena voluntad, con la mesma condición que sean devotos de la dicha casa, y he placer que se otorguen y se ganen otros quales que perdones e indulgencias para qualesquier personas que algún bien hizieren a la dicha casa o monjas que en ella vivieren, para aora y para siempre jamás”. Díxole Nuestra Señora: “Pues ¿qué impresa, hijo mío, me dais que sea dada en señal a los que an de ganar las dichas gracias e indulgencias?”. El Señor dixo: “Una vuestra imagen de las que suelen apropriaros, por que se junten y gozen con la devoción y codicia de ganar las dichas indulgencias”. Y respondió la Señora: “Hijo mío, hartas imágenes mías andan por la cristiandad, mas si os plubiesse que fuesse la señal de vuestra santa Cruz, ansí por lo mucho que más vale como porque la casa tiene tal apellido”. [fol. 55r] Respondió Nuestro Señor: “También ay muchas cruzes mías por el mundo, las quales se dan por señal de las indulgencias y bullas apostólicas”. Díxole Nuestra Señora: “Pues ¿qué ordenáis, hijo mío, que sea?”. Nuestro Señor miró a san Francisco y dixo: “Sea la señal de este mi siervo, el qual l’es dicho ‘menor’ por la humildad y es grande en los merecimientos, que a sí y a otros codició salvar; y siguiome en la penitencia tomando el hábito por la Cruz en que yo padecí muerte y Pasión, y la cuerda nudosa, que significa los crueles açotes con que yo fui herido y açotado. Y por esto es mi voluntad que estas dos señales sean la impresa: la una la dicha cuerda, la qual tenga nudos, y la otra unos nudos por sí hechos, a manera de manojo de açotes. Y porque las dichas religiosas por quien, madre, me rogáis son de su orden d’este mi siervo, es bien que ellas tengan esta impresa en su casa y que las puedan presentar en pago de la limosna que reciban. Los quales nudos y figura [fol. 55v] de cuerda serán llamados ‘nudos bendecidos’, y que en la virtud d’ellos se bendecirán las personas que con fe los truxeron consigo, en espacio de un año cumplido si están cerca, y si están lexos por cinco años; y cumplidos estos años, que los renueven tomando en sí otros, hechos en la mesma casa por mano de las religiosas d’ella”. Y en estas pláticas pareciole a la bienaventurada santa Juana de la Cruz que Nuestra Señora se conformava con la voluntad de Dios Nuestro Señor, y nuestro padre san Francisco dava gracias al Señor. Y ansí desapareció esta visión.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
La qual dicha sierva de Dios quería callar y no se curaba de lo dezir, y fuere mandado por ciertas vezes que escribiesse la dicha revelación por el santo ángel, y las palabras que en ella avía oýdo, y que mandase hazer las dichas figuras. Y diole la forma y manera como se havían de hazer y de qué, y díxole que aprovecharían mucho a los que consigo las truxessen y que an de ser de lana, algodón o lino, y si fuessen de seda [fol. 56r] o oro o plata, en tal que no sea en cantidad, porque es por devoción y no por vanidad. Y la dicha sierva de Dios, que esto escrivió, dixo que ella se ponía en manos de sus prelados y de Dios, primeramente, y de las personas doctas que deven conocer las cosas espirituales, porque ella no se sentía digna de saber examinar la tal revelación. Después d’esto díxole el santo ángel que no dudase en aquella revelación, que sin duda era hecha por voluntad de Dios, y que los dichos nudos ternían mucha virtud y no solamente serán bendecidos ellos, en los quales se dará la gracia y perdones, mas aun serán bendecidos los materiales: si fuesse lana, por la vestidura del Señor que truxo en la tierra, y si fuesse lino, por la sábana en que fue embuelto el precioso cuerpo de Nuestro Señor Jesuchristo quando fue descendido de la Cruz y puesto en el santo Sepulcro (porque todo esto aprovecha por la penitencia de los pecados y perdón d’ellos), y si [fol. 56v] fueren de seda, por razón de la su puridad y luzimiento y olor. Las personas que los truxeren con devoción y reverencia alcançarán firmeza y perfeción por razón de la sacratíssima Passión de Nuestro Señor Jesucristo, que fue teñida la su sacratíssima carne en muy finíssima sangre, y su muy lindo y delicado cuerpo fue hecho todo matizado de colores, conviene a saber: blanco por razón de la humanidad, azul por los açotes, verde por los cardenales y heridas tan crueles que le daban, negro por los muchos tormentos, colorado por las llagas; de manera que el cuerpo precioso de Nuestro Señor Jesucristo estaba en el tiempo de su Passión todo matizado de colores. Y si fuere oro, serán las ánimas luzidas por razón de la divinidad y excelencia de Nuestro Señor Dios todopoderoso, que es figurado por el oro, que es preciado y generoso, &amp;lt;o&amp;gt; y significa las cosas celestiales y el Paraíso adonde no ay ninguna fealdad ni defecto, mas toda gloria y Bienaventurança. [Fol. 57r] Y dixo más el santo ángel: que estas eran cosas muy excelentes, aunque encubiertas. Y no quiso dezir más por entonces el santo ángel, sino que si fuessen tenidas en reverencia y acatamiento y devoción serán provechosas para la salvación de las ánimas y provecho de los cuerpos, porque cierto el Señor puso en los dichos nudos mucha virtud, porque ansí como imbía del Cielo su virtud para consagrar el santo sacramento en las manos y ánima y entendimiento del sacerdote, por pecador que sea, ansí en su manera imbiará su bendición sobre los dichos nudos hechos por qualquiera religiosa de la dicha casa, por pecadora que sea, como desuso es ya dicho. Y qualquier que truxere sobre sí las dichas señales o las tubieren en su casa con devoción, ganará tanto como si se açotasse cada día todo un año (esto por la figura de los açotes tenidos en deboción) y, por la figura de la cuerda, gana tanto como si ayunasse todos los advientos y quaresmas y como si truxesse el hábito de san Francisco todo un año por penitencia [fol. 57v] de sus pecados. Y esto todo allende de las gracias susodichas de la orden y d’esta santa casa. Y dixo más el santo ángel: que acá los hombres de la tierra y personas entendidas entendiessen en tassar la limosna por cada una de las señales, para los que ansí quisiesen ser cofrades y tomar la dicha hermandad, pagando todo un año la limosna impuesta o todo junto los que lo tomaren por cinco años. Y dixo más el santo ángel: que si la dicha cofradía no procurassen, que a su culpa fuesse, pues que la voluntad de Dios está tan largamente aparejada, ansí para la salvación de las almas como para el provecho de la dicha casa, en la qual era su santa voluntad de Nuestra Señora la Virgen María, que se á aumentado el culto divino antes que menguado. Y dixo más el santo ángel: que permaneciendo la dicha casa, siempre pondrá en ella Nuestro Señor algunos espíritus aprovechados para su santo servicio y de su santa Madre.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Otra vez ablando a la dicha sierva de Dios Juana de la Cruz, el santo ángel la dixo la [fol. 58r] manera del bendezir los cordones con sus nudos, y dixo que en la dicha casa, como ya está dicho arriba, se haga la bendición de los nudos de la manera siguiente: después de hechas las insignias, hanlas de poner en una caxa o en cosa limpia sobre un altar, mientras se dize la missa encima, la qual dicha en la tierra, dixo el santo ángel que Nuestro Señor les daría la bendición en el Cielo, que ansí se lo prometió Nuestro Señor a su bendita Madre y a nuestro padre san Francisco en presencia de los santos ángeles. Y dixo más el santo ángel: que los dichos nudos aprovecharían para muchas cosas allende de las gracias de la ánima, que aprovecharán para mujeres de parto como para morir bien los que están en pasamiento, y también aprovecharán para otras algunas enfermedades espirituales y corporales en las personas que tubieren fe con los dichos nudos, hechos por manos de las religiosas de la casa. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[fol. 58v] Y más dixo el santo ángel a la santa Juana de la Cruz otra vez hablándola: “No pienses que estas cosas son sin misterio divinal, porque te hago saber que, después que se acabó la era del año de mill y quinientos, acá el Señor, por ruegos de Nuestra Señora la Virgen María y de muchos santos, determinó de alargar algún tiempo más el curso del mundo; lo uno por que se acabassen de inchir las sillas del Cielo y lo otro por esperar las gentes a penitencia y conversión. Y quando esto otorgó a la Virgen María, como dicho es, díxole: ‘Madre mía muy amada, yo quiero mucho a mis cristianos, que son hijos de mi sangre, y por eso este pueblo christiano, que es amado de mí y de mi Padre, son herederos de mi reyno; mas no les han de faltar tribulaciones aun a los perfectos y buenos, quánto y más a los que fueren malos, y aun más tribulaciones passarán los buenos que no los malos en tiempos y en vezes, mas yo ruego contino a mi Padre por ellos, [fol. 59r] mostrándole mis cinco llagas en medio de mis pies y manos y costado’. Y el Padre me dixo: ‘Hijo mío muy amado, querría que me dexases levantar en mi fortaleza y dexame oír a la tierra, que clama y anda quexándose que no puede sufrir tan largos tiempos servir a los hombres y a sus generaciones, porque ya sienten cansancio los cielos y estrellas, sol y luna de andar, y aguas y vientos y tierra de dar sus frutos, y las raýces de los árboles y yervas y semillas no tienen fuerças para producir, si de nuevo yo no se las doy. Pues ¿con qué justicia se lo tengo de dar, siendo las gentes tan malas en el mundo? Porque no solamente no sirven bien a la nuestra Magestad, mas aun trabájanse de despreciar y amenguar nuestro serviçio persiguiendo la Iglesia, la qual era razón de aumentar ya los nuestros siervos y siervas cathólicas, mormurándolos y tratándolos mal, tomándoles sus mantenimientos, los quales les avían de dar por que no defalleciessen en nuestro serviçio ni fuesen [fol. 59v] las órdenes y religiones santas disipadas. Que por cierto si esto no se guarda, que me levantaré’, dixo el Padre, ‘y disiparé la gente y la destruiré y mandaré a los vientos y planetas, agua y tierra y sequedad y truenos y tempestades que los persigan y hieran de llagas y tormentos y temores y temblores, hambres y guerras y pestilencias. Serán açotados porque no guardan mi ley y mi fe y mandamientos. Y cada una de las personas pagarán por sí solo sus pecados, aunque las dichas tempestades y tormentos vengan en general’”. Y la dicha revelación traýa el santo ángel escrita en un libro, y mandó a esta bienaventurada Juana de la Cruz que la escribiesse o hiziesse escrivir.   &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Otra vez le hizo otra habla el santo ángel, diziendo: “Ya te dixe que, después que anda el mundo fuera de era, vienen tiempos muy rezios, y ansí lo es aora en este tiempo que se dan estos nudos bendeçidos por el provecho espiritual de las almas y peligros de [fol. 60r] los cuerpos, y también tendrán virtud para las animalias. Y por esso es bien que algunas se hagan en lana o lino o algodón o estopa, para las bestias, por que las demás lleven las personas, pues Dios no hizo en la tierra criatura más noble como es el ánima racional, que ha entendimiento de ángel. Y por eso toda persona es criatura noble, y muy más noble si es cristiana y devota y en virtudes acabada”. Y assí feneció el habla del santo ángel por esta vez, bendiçiendo él mismo las figuras y insignias ya dichas. Añadió diziendo: “La confirmación de todo esto da el Príncipe de la Paz, que es dicho santo Padre, Christo nuestro Redemptor, a quien tubiere fe y devoción en lo ya dicho”. Y todo esto suso escrito fue dicho y demostrado a la bienaventurada santa Juana de la Cruz en el año de mill y quinientos y veynte. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Nuestra madre santa Juana tenía muy grandes coloquios con señor San Gabriel, y hablando de la Santa Encarnación le dixo que, en tocando la campana del Ave María, en aquel instante visita él todas las [fol. 60v] imágenes d’este misterio que ay en todo el mundo, y que Dios otorgaba a ella y a todas sus hijas, presentes y por venir, todas las estaciones que ay desde esta casa de la Cruz hasta el postrer lugar donde comiença el linage de cada una, de suerte que si la monja fuesse del cabo del mundo todas estas estaciones gana él por ellas. Y díxole: “Diles que no sean perezosas en ofrecerlas, que con esta condición se las da el Señor, y que las offrezcan por sí y por sus próximos vivos y difuntos, y que por la flaqueça de las memorias las ofrezcan de tiempos a tiempos”. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Una imagen de Nuestra Señora de bulto, que está en una caxa encima de la portería de partes de fuera, habló con nuestra madre santa Juana.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Dixo Nuestra Señora a nuestra madre santa Juana: “Hija, di a tus hermanas que se traten con criança, que es parte de paz, y que lo que no piensan que es pecado, es pecado, que en el otro mundo se demanda hasta la torcida gorda del candil”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
También le dixo Nuestra Señora que estaban obligadas a rezar el officio divino las enfermas, en pudiendo [fol. 61r] alçar la cabeça de la almohada.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Díxole a nuestra madre santa Juana su santo ángel que se contaba en el Cielo por ayuno de pan y agua no comer cosa de sangre, como es pescado y güebos, que todo lo demás lo era. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Hablando con nuestra madre santa Juana señor san Vicente y Anastasio, le dixeron: “Di a tus hermanas que se acuerden de nosotros y que en nuestra fiesta nos pongan luz, que aunque sea un candil lo recibiremos”. Y estos gloriosos santos cayen a veynte y dos de enero. El ayuno de la Santa Visitación se comiença desde el día de san Bernabé hasta el mismo día, y las que no pudieren ayunar han de rezar cada día veynte y quatro ‘Magnificas’, y ganan lo mismo que si le ayunassen. Gánase en el adviento lo que Dios concedió a petición de nuestra madre santa Juana en lo demás que concedió en esta santa casa.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Estando mala una monja mandola el médico tomar una purga, y apareciole señor San Lucas a nuestra madre santa Juana [fol. 61v] y díxole: “No le den esa purga a la enferma, que le hará mucho mal, sino escriban al boticario que le imbíe unas píldoras agregas, y estará buena”. Y fue ansí que con las dichas píldoras sanó.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Díxole su santo ángel a nuestra madre santa Juana que paz, oración y silencio agradaba mucho a Nuestro Señor.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[SERMÓN DE SAN JUAN BAUTISTA]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''Principio del sermón de San Juan Baptista de su natividad, sacado de su original.'' &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Fablando el Señor día de la natividad de San Juan Baptista, dixo su divina Magestad quería deçir a los humanos algo de las fiestas e solenidades que se hazían en el Cielo, e las grandes alegrías e grandes cosas e gozos acidentales que esta santa natividad causa en este día a los bienaventurados, por quanto Él dixo se alegraría toda criatura en su nacimiento. “E pues que se cumplen las palabras de los profetas”, dixo el Señor, “haviéndome algunas vezes ofendido aunque son santos, más razones que se cumplan las de los ángeles, los quales nunca me offendieron e siempre hizieron mi voluntad, e esta fue anunciar al mundo por San Gabriel las grandeças del día de mi alférez, al qual dio mi Padre título de ángel. E por quanto este día [fol. 62r] es célebre en el universo por haver sido albriçiador de mi Santa Encarnación, tan deseada e pedida de tantas generaciones, ansí es goço en el mi santo reyno. En este día fue fecha una solene processión de todos los bienaventurados, con muchas danças e pendones ricamente adereçados más que de oro, en la qual iba el glorioso niño con un pendón más rico e resplandeciente que todos, guiando la procesión; el qual pendón llevava en la cimera un muy rico joyel muy resplandeciente, fecho a manera de bolsa, todo cercado de borlas e botones de oro muy claro e fermoso, en el qual joyel están escritas con letras de oro unas palabras, las quales decían: “En mi natividad la Madre de Dios fue mi ama”. Y estas palabras iba el glorioso San Juan cantando e tañendo muy dulcemente, e llegó hasta el trono real de Nuestra Señora”. Y dixo más el Señor que decía el dulce niño Juan: “Gózome con la Madre de mi Señor e mi ama”. E dixo el Señor que como el niño San Juan fuesse tañendo e cantando a ofrecer su pendón al Padre celestial, el qual dixo que son estas palabras que vienen escritas, e mostrávaselas al Señor e, fincado de hinojos con mucha reverencia, decía: “Suplico a tu divina Magestad vea lo que aquí viene”. El Señor le dixo: “¿Qué es esto, Juan? ¿Que mi Madre, [fol. 62v] tu ama?”. E bolviendo el Señor a su gloriosa Madre díxole: “¿Cómo, Señora Madre? ¿Es verdad esto que se dice aquí?”. Ella respondió con mucha humildad e goço: “Sí, fijo mío muy amado, verdad es, y que era muy bonito por quanto vos le visitastes, siendo en su vientre le santificastes antes que naciesse”. E luego le miró Nuestro Señor muy dulcemente, e buelto a los bienaventurados les decía que fiziessen grandes fiestas por todo su reyno. E llevándole la Madre de Dios en sus muy preciosos braços, hecho ansí niño chiquito, llegó la gloriosa santa Isabel y se le pidió, y ella se le daba, pero el chiquito, con grande amor e reverencia, no quería sino estar en los braços de la Reyna, e decía la santa vieja: “Ay, mi Señora, que ese niño yo le parí”. Yendo assí Nuestra Señora y Nuestro Señor por su santo reyno con el niño, decía: “¡Alégrese mi Iglesia con el amigo! De la esposa yo soy el Esposo, y él el que como amigo me truxo la esposa fasta la cama, quando por el sacramento del baptismo ayuntó e desposó todas las almas cristianas con el que es verdadero Esposo”. E después que el poderoso Dios obo dicho todos estos loores del glorioso San Juan, vistiole y adornole de dos muy ricas e preciosas vestiduras: la una era muy blanca e con las mangas muy [fol. 63r] anchas, que llegaban fasta el suelo, e ciñole una cinta de oro muy resplandeciente con muchas piedras preciosas, e púsole encima una muy rica capa toda llena de muchas joyas e la falda muy larga, e esta capa era muy pintada e de muchas colores e olores. E púsole en un muy rico trono e coronole con tres coronas muy preciosas: la una por su grande humildad, y esta era de clavellinas muy finas (a significación de su sagrada virginidad), e la segunda corona era de rosas muy coloradas más que rubíes e corales (e esta significaba el martirio que él padeciera), e la tercera corona era de joyeles e piedras preciosas (que significaba la penitencia e méritos que el gran baptista tuvo). E después que el Señor le ubo adornado e coronado, tomole por la mano e decendiose con él por su santo reyno e alcáceres, faciendo todos los ángeles e santos muchos goços e alegrías, loando e magnificando su santo nombre, porque tan alta e perfecta criatura avía tenido por bien de criar. E dixo más el Señor: que como ansí viniesse San Juan con Él, que [fol. 63v] se fincó de finojos e le fabló diziendo: “Suplico a tu gran poder e clemencia tenga por bien de recibir los clamores que me facen en la tierra los mis devotos e amigos, e me demandan favor para sus almas e me hazen fiesta e comemoraçión”. E, estando assí fecho niño chiquito, gozábanse con él sus padres e parientes e todos los santos, e el Redemptor le tomó en sus preciosos braços y le tornó a su trono real, ofreciéndole al Padre celestial por todos sus devotos, diziendo: “Esta es la saeta con que yo tiré a muchos e herí a muchos malos. Ofrézcotele, Padre mío, e ruégote que otorgues por ambos las peticiones justas que oy me an demandado”. Y el Padre celestial le respondió a su fijo y salvador nuestro diziendo: “Fijo mío muy amado, yo recibo este niño e las peticiones que me pides que otorgue por él, porque ese niño es el que yo llamé ‘ángel’, e por eso quise e fue mi santa voluntad que naciesse más limpio y puro que otro ninguno, e más bermejo, porque havía de ser más santo e limpio que otro ningún santo”. E dixo el Señor que fue tanto el amor que cobró a Nuestra Señora la Virgen [fol. 64r] María este bendito niño Juan, que en tres días nunca quiso mamar ni tomar ninguna teta sino estarse contino en sus braços, e si ella le dexaba alguna vez de los braços para yr a alguna parte de la casa, e aunque el niño era chiquito e casi recién nacido, se salía de la cuna o cama donde le tenía echado y se iba a gatas donde quiera que la Señora iba; e ella, viendo el conocimiento y amor que el niño Juan le tenía, recogíale en sus braços e, reverenciando a Dios, en su vientre ponía sus manecitas y adoraba a su Redentor. Y otras veces íbase a los pechos de la Madre de Dios e quería mamar, e decía la Madre de Dios: “Dexad las tetas, hijo mío Juan, que están guardadas para otro mayor e mejor que vos”. E quando avía el glorioso San Juan de tomar la teta de su madre, Nuestra Señora la Virgen María le tomava en sus preciosos braços e metíase con él en una cámara obscura e apuesta, e por semejante la gloriosa santa Isabel, fablando e alagando al precioso niño, e siendo llegada la hora e voluntad de Dios que él mamase, tomó la teta de su madre pensando que era la de la Madre de Dios. E dende allí [fol. 64v] adelante, cada vez que avía de mamar, el Señor le quitava el entendimiento que tenía de hombre de perfeta edad e quedávase en ynocencia de niño, como lo era, para mantenerse e poder vivir e criarse. Y en tanto que Nuestra Señora estuvo en casa de Zacarías, cada vez que el niño Juan avía de mamar le tomaba ella en sus braços, para que callasse e pensasse que era su madre. Esto facía por el grande amor y sin medida que con ella avía concebido, porque viendo la gran fermosura más se fartaba e deleytaba de la mirar e acatar y estar en sus braços que de mamar las tetas de su madre. E después que la gloriosa Virgen María fue tornada a Nazared, por algún espacio de tiempo no le podían acallar ni façer mamar, acordándose de su dulcedumbre e acatamiento e del fruto tan maravilloso de su sagrado vientre, el qual el santo niño Juan muchas veces adorava quando la Madre de Dios le tenía a él en sus braços. E no solamente truxo Nuestra Señora en sus braços muchas veçes al niño Juan en el tiempo que él nació en este mundo, mas aun en esta misma [fol. 65r] otaba no quiere andar sino en sus braços por el reyno celestial, hecho niño chiquito y de la mano de Nuestra Señora, e yendo ella sentada y metida en un trono muy rico y adornado. E quando Nuestra Señora le llevava assí consigo iba fablando con unas bienaventuradas muy dulçes, diziendo a todos los bienaventurados de la corte del Cielo: “Amigos e amigas, mirad al niño Juan quán bonito e precioso e fermoso es”. E como todos los ángeles e los santos le miraban e acataban, gozábanse e alegrábanse todos de ver su fermosura. E a desora le vestía e adornava Nuestra Señora de tanta diversidad de maneras e colores e pinturas e joyas, que los que una vez le miravan e después le tornavan a ver no le conocían quando la Madre de Dios se le mostrava, e dezíanle muy maravillados: “O, Señora y Reyna de los Cielos, no es este el niño que tú nos enseñabas, que este es más lindo e más precioso”. E la gloriosa Virgen María respondía: “Por cierto, mis amigos, el mismo es”. E acatándole todos conocíanle en solo los pies, porque quanto traýa las plantas d’ellos llenas de flores [fol. 65v] e rosas e verduras, ansí como matas de albahacas muy olorosas e finas, las quales verduras e flores traýa él en los pies en remenbrança e figura de las yervas e verduras por gloria y honra suya echan en el suelo acá en el mundo el día de su santa natividad. E allende de las vestiduras que el glorioso niño Juan tenía vestidas este día, también traía sobre su cabeça una diadema de oro muy resplandeciente e iba todo escrita con letras de oro muy lindas, que dezían las mismas alabanças que primero llevaba en el pendón, que decían: “La Madre de Dios es mi ama”. E por semejante llevava en la mano derecha un jarrito de oro muy resplandeciente y escritas letras de oro en él que dezían lo mismo: “La Madre de Dios es mi ama”. E fablava el niño Juan con voz muy dulce e decía: “Yo soy el dichoso y el consolado, que la Madre de Dios me tiene en sus braços”. Y como Nuestra Señora iba ansí por todo el reyno de los Cielos e por todos los alcáçeres muy acompañada de ángeles y en su trono muy poderosamente, llevando [fol. 66r] en sus braços al niño Juan, mostrávasele a todos e gozábanse mucho con él. E deseávale su santa madre Isabel y Zacarías, su padre, e todos sus parientes. Aunque santa Isabel se gozava e se tenía por dichosa que Nuestra Señora llevase a su fijo, ella le deseava e deçía dentro de su coraçón: “O, si la Señora me diesse mi fijo para que me goçe un poco con él, antes que pase la octava en la qual está fecho niño, que después estará fecho hombre como de primero e no podré jugar e goçarme con él”. E Nuestra Señora, conociendo sus pensamientos e deseos, mostrávale de su trono alto al precioso niño Juan e deçíale: “Por cierto que no os le dé... Si le queredes ver, ele aquí”. E santa Isabel le tomava e le besava e se goçava con él, e la Señora decía al niño: “Fijo, ¿quieres yr con tu madre?”. Y el niño se asía a la garganta de la Madre de Dios e decía: “No, Señora, que con vos me quiero estar”. Y esto facía la Madre de Dios por dar [fol. 66v] al niño Juan más honra e gloria e quererle ella traer por todo el reyno del Cielo ansí. E dixo más el Señor: que allende d’estos favores e previlegios y dones que el glorioso San Juan Baptista recibió d’Él, fue muy grande aquel don tan especial de la santificación, que Él le santificó estando él encerrado en el vientre de su madre y yendo también encerrado Él en el sacratíssimo vientre virginal de Nuestra Señora; porque desde que la Virgen entró por la casa de santa Isabel, su prima, santificó el mismo Salvador a San Juan, e le dio luego entendimiento de hombre de perfecta edad de treynta y tres años e de hombre angélico e celestial. E tan grandes fueron sus dones e merecimientos e previlegios e gracias, que de toda la santíssima Trinidad es muy amado e loado e querido y ensalçado e honrado, por lo qual alcança mucha gracia para todos los que le aman e sirven delante el acatamiento divinal.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Fin del santo sermón, el qual acabó el Señor [fol. 67r] dando su bendición, diziendo: “La bendición del Padre e de mí, su fijo, y del Spíritu Santo, que me voy, y no del coraçón que me ama”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[VERSOS LAUDATORIOS A LA VIRGEN]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Mírala cómo sale&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
la rosa fresca y florida,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
mírala cómo sale &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
de entre las espinas.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Sale qual aurora&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
esparciendo flores&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
y con sus primores&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
al Çielo enamora,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
y en fe que la adora&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
la da clavellinas.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Mírala &amp;amp;ª ''[11]''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Su rica corona &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
texida de estrellas,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
la ermosura en ellas&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
más se perfeciona.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Con voces pregona&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
sus gracias divinas.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Mírala &amp;amp;ª&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El cedro hermoso&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
del Líbano santo&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
es quien pone espanto&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
al lobo rabioso,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
es rosal hermoso&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
que da rosas finas.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Palma de victoria&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
plantada en Cades,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
compuesto ciprés&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
del Sion de gloria,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
ciudad de memoria&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
que al Cielo encaminas.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Espejo agraciado&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
en quien Dios se mira,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
cuya luz retira&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
la culpa y pecado,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[fol. 67v] plátano plantado&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
entre aguas divinas.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Flor de los jardines&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
del rey Salomón,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
güerto y recreación&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
de los seraphines,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
oy de entre jazmines&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
dulce olor aspiras.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
La blança açuçena&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
de los frescos valles&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
sale por las calles&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
de virtudes llena,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
destierra la pena&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
y esparce alegrías.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En la tierra y Cielo&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
se lleva la gala,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
porque ella es la escala&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
de nuestro consuelo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Jacob con desvelo&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
a subir se anima.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Es fuente sellada &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
con sello del Rey,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
que en qualquiera ley&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
es privilegiada.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
¡O, fuente sagrada&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
de aguas cristalinas!&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Oliva especiosa&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
en campo florido,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
tus ramas son nido&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
do el Verbo reposa.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
¡O, viña dichosa &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
de ubas peregrinas!&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Su Esposo la viste &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
con rayos del sol,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
su claro arrébol&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
tinieblas resiste,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
a la tierra enviste&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
la luz de alegrías.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
La luna a los pies&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
la sirve de estrado&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
y el Cielo estrellado&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
oy su trono es.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Cielo y tierra, pues,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
miren a porfía. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Mira sus cabellos&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
su Esposo querido&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[fol. 68r] y baja herido&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
por cada uno d’ellos&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
para darnos vida.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Sus hermosos ojos&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
y esparcida frente&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
quando está presente&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
quita mil enojos,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
ríndenla despojos&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
quien la ve y la mira.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Arcos son de amor&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
sus cejas graciosas,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
largas y espaciosas,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
llenas de primor&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
dan a su Açedor&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
alabanças dignas.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Mira que es la puerta&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
que vio Acequiel&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
por do entraba un Rey&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
sin dejarla abierta,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
mira que es la güerta&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
do se á de plantar la vida.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Mira cómo sale&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
la rosa temprana,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
sin ser maculada&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
de culpa culpable,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
mira qu’es la llave&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
con que el Cielo se abriría.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Mírala cómo sale&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
la rosa fresca y florida,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
mírala cómo sale &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
de entre las espinas.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Fin.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[fol. 68v] A la puríssima concepción de Nuestra Señora.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Qué linda sois, Virgen,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
qué linda que sois,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Cielo y tierra lo dicen así,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
y en verdad que lo sois.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
De vos se decía,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
allá en los cantares,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
que sois escogida&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
entre los millares.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Todos los mortales&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
predican de vos&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
que sois virgen y madre,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
y en verdad que lo sois.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Sois toda hermosa&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
sin mancha ninguna,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
entre estrellas, luna,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
y entre espinas, rosa.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Por ser tan graciosa&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
os preservó Dios.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Cielo y tierra lo dicen ansí,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
y en verdad que lo sois.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Sois de Dios echura&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
echa en su crisol,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
clara más que el sol,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
toda limpia y pura,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
tan noble criatura&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
que sola sois vos&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
la exempta de culpa,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
y en verdad que lo sois.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
¿Qué mayor nobleça &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
que ser por gracia vos&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
lo mesmo que Dios&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
por naturaleça?&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Por vuestra limpieça&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Gabriel os llamó&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
‘Ave gracia plena’,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
y en verdad que lo sois.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Virgen singular,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
escala del Cielo,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
por quien Dios al suelo&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
propuso bajar.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Estrella del mar,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[fol. 69r ] ¿quién ay como vos,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
toda bella y pura?&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y en verdad que lo sois.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El Dios que os crió&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
sola y sin exemplo,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
nuestro casto templo&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
hecho hombre abitó.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Tal sois que se honró&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
con tal madre Dios,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
por ser sin mançilla,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
y en verdad que lo sois.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Si Dios con su aviso &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
y sumo poder&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
limpia os pudo hacer,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
sin duda que quiso.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Sois el Paraíso&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
do se recreó&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
el nuevo Adán Cristo,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
y en verdad que lo sois.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Oy por libre os dan,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
que si de las leyes&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
se exemptan los reyes&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
las reynas lo están&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
de la ley de Adán.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Os eximió Dios&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
por ser limpia y pura,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
y en verdad que lo sois.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En el Cielo os vio&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Juan profeta santo&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
con el sol por manto,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
según lo escrivió,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
porque os concibió&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Ana en luz de Dios,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
sin noche de culpa,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
y en verdad que lo sois.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Del mundo el consuelo&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
sois, Virgen María,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
norte que nos guía&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
al puerto del Cielo,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
milagro del suelo&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
en quien puso Dios&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
grandeça infinita,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
y en verdad que lo sois.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Casa que fundó &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
el sol de justicia, &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
hecha sin malicia&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
donde Él habitó.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[fol. 69v] Solo os reservó&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
del tributo a vos&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
que Adán nos impuso,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
y en verdad que lo sois.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Con divina gracia&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
se llamó dichoso&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
vuestro vientre hermoso,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
que al Inmenso abraça,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
que es paño sin raça&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
el que vistió Dios.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Cielo y tierra lo dicen ansí,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
y en verdad que lo sois.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Paloma sin hiel,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
virgen sin mancilla,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
sacro trono y silla&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
del Dios de Isrrael,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
¿qué rosa o clavel&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
brotó como vos,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
más qu’el cielo pura?&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y en verdad que lo sois.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Esta vuestra casa,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
de quien sois defensa,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
os dé gloria inmensa&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
y loores sin tassa,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
pues de nuestra masa&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
sola fuistes vos&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
la limpia de culpa,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
y en verdad que lo sois.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Fin.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[VERSOS A LA CIRCUNCISIÓN DEL NIÑO]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Coplas a la circuncisión del Niño.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Ved aora los pecadores&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
lo que mi hijo ha pasado,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
que desde oy está llagado.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
¿A quién le encomendaré&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
demandándole favores?&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
¿Qué pensaré o qué haré,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
que ya crece mi dolor?&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Entre el goço y el temor&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
mi espíritu está turbado,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
que desde oy está llagado.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[fol. 70r] Quien le llagó fue el amor,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
y es tanto el que tiene al hombre&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
que es justo el Cielo se asombre,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
pues parece pecador,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
en sí con tanto rigor&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
cumple la ley del culpado,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
que desde oy está llagado.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Sin dever ningún tributo,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
siendo poderoso rey,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
oy se sujetó a la ley&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
y da su sangre por fruto.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Destierre ya el mundo el luto,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
pues Dios tan presto ha pagado,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
que desde oy está llagado.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Esposo de sangre es&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
y en Él su amor tanto crece&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
que oy por primicias ofrece&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
lo que ha de verter después.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Tan grande es el interés&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
que por las almas ha dado&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
que desde oy está llagado.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Amor que le hace la guerra&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
y le obligó en un instante&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
al qu’es del Cielo gigante&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
hazerse niño en la tierra.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Tal fuego en su pecho encierra&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
de pagar por el pecado&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
que desde oy está llagado.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
¡O, exceso raro de amor!&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Pues Él solo cubrir pudo&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
al que es de culpa desnudo&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
con capa de pecador.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Alma, a pagar tu valor&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
viene tan apresurado,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
que desde oy está llagado.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Con amor no ay que espantar&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
del precio que nos ofrece,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
que a dar su sangre empieçe&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
quien carne y sangre ha de dar.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Hombre, comiença a goçar&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
del remedio deseado,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
que desde oy está llagado.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Con esta muestra declara&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
el contento que recibe&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
en que ya tu alma vive&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
y su sangre la repara.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Al fin le cuesta tan cara&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
y tan grande precio á dado,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
que desde oy está llagado.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[fol. 70v] O, supremo Criador,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
hijo mío y niño Dios,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
¿quién pudiera sino vos&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
dar tales muestras de amor,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
anticipando el dolor&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
vuestro cuerpo delicado,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
que desde oy está llagado?&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Mucho, Niño, el alma amáys,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
pues que por abrirla el Cielo&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
apenas bajáis al suelo&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
quando culpado os mostráis,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
y tan presto el cuerpo dais&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
por fiador del pecado,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
que desde oy está llagado.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Mas si por librar al hombre&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
su sangre tierna derrama,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Jesús el Cielo le llama,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
nombre sobre todo nombre,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
cuyas letras por que asombre&lt;br /&gt;
con tanta sangre an entrado,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
que desde oy está llagado.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Oy al alma, que en su trato&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
captiva y esclava ha sido,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
compra en precio tan subido&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
por darla el Cielo barato.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Mira, pecador ingrato,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
lo que tu culpa ha costado,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
que desde oy está llagado.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Si Dios tanto al alma estima&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
que se ha hecho tierno infante,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
y el apresurado amante&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
oy por ella se lastima, &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
¿cómo a servir no se anima&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
un Dios tan enamorado,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
que desde oy está llagado?&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Ea, Niño, empeçad ya &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
a esforçar vuestra flaqueça,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
que quien dando sangre empieça&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
dando sangre acabará,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
y tanta que quedará&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
vuestro cuerpo desangrado,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
que desde oy está llagado.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Curar quiere nuestros daños,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
pues que la sangre que cría&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
nos la da al octavo día&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
para darnos buenos años.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Efectos de amor estraños&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
en Él se an manifestado,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
que desde oy está llagado.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[fol. 71r] Vayan tristeças afuera,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
¡alegría, pecadores!,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
que ya comiençan las flores&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
de la fértil primavera.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Copioso fruto se espera,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
pues Jesús tal muestra ha dado,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
que desde oy está llagado.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Para que no desconfíes&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
por lo que culpas merecen,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
por los sus ojos te ofrecen&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
su tierna sangre rubíes,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
y para que más confíes&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
pagan tan anticipado,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
que desde oy está llagado.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Mi Dios de amor verdadero,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
¿qué coraçón de diamante&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
no se ablandara al instante&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
con sangre de tal cordero?&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Redempción copiosa espero&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
de un Dios tan enamorado,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
que desde oy está llagado.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Oy viene en sangre cubierto&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
el que en éxtasis profundo,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
desde el principio del mundo, &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
llamó Juan ‘cordero muerto’.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Con sangre firma el concierto&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
que tiene tan deseado, &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
que desde oy está llagado.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Como al alma tanto amáys&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
y es pasión de amor, aquestas&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
lágrimas de sangre os cuesta&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
que oy por ella derramáys.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Caro es el precio que days&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
de vuestro cuerpo sagrado,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
que desde oy está llagado.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Sangre en la circuncisión&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
dais de valor infinito,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
que sin ella mi delito&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
no alcançará remissión.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Salid, hijas de Sion,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
a ver el Rey coronado,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
que desde oy está llagado.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Agua y sangre de Dios vierte&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
su caridad encendida,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[fol. 71v] una al entrar en la vida,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
otra después de la muerte;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
una y otra, alma, te advierte&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
quánto su amor te ha obligado,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
que desde oy está llagado.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Ved aora, los pecadores,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
lo que mi hijo ha pasado,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
que desde oy está llagado.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Fin.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
=== Notas ===&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[1]'' El folio 1 está precedido por otro folio no numerado y que muestra una caligrafía diferente, lo que sugiere que fue añadido al manuscrito posteriormente. En este folio se puede leer lo siguiente: “Para mayor honra y gloria, fíen mando y pago a los señores de la casa. Y mando y nombre: Diego Lucas ¿Gómez?”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[2]'' En esta cuarteta y las dos siguientes, a pesar de la indicación en el manuscrito original, no parece intervenir Juana, la Esposa.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[3]'' En el manuscrito aparece “llame”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[4]'' Este pasaje está subrayado en el manuscrito, en cuyo margen se aprecia una pequeña nota que parece decir “Ojo, alabanza”, aunque no se entiende del todo bien.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[5]'' Nota al margen: “Llamávase Germana de la Asçensión”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[6]'' Nota al margen medio cortada, en la que parece indicarse lo siguiente: “También se reça para este mismo con nueve mil ‘Avemarías’”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[7]'' Nota al margen: “Los maytines eran entonces a media noche”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[8]'' Nota al margen no legible.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[9]'' Subrayado en el manuscrito.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[10]'' Nota al margen: “Estas cofradías otorgó el Señor por intercesión de nuestra madre santa Juana de esta santa casa de la Cruz”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[11]'' Este símbolo posiblemente indique que entre las estrofas debe repetirse el estribillo: “Mírala cómo sale / la rosa fresca y florida, / mírala cómo sale / de entre las espinas”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
= Vida manuscrita (3)=&lt;br /&gt;
Ed. de [https://visionarias.es/equipo/veronica-torres-martin// Verónica Torres Martín]; fecha de edición: febrero de 2025; fecha de modificación: enero de 2026.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
== Fuente ==&lt;br /&gt;
* [http://catalogodesantasvivas.visionarias.es/index.php/Categor%C3%ADa:Lucas_de_Yanguas Yanguas, Lucas de], 1684. ''Breve catálogo de los siervos de Dios así religiosos como religiosas de la Tercera Orden que han fallecido con singular opinión y fama de muy virtuosos en la santa Provincia de Castilla''. Ms. C/12 del Archivio Generale dell’Ordine dei Frati Minori AGOFM, Roma, fols. 17v-24r.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[[Contexto material del manuscrito Breve catálogo de los siervos de Dios]] ''así religiosos como religiosas de la Tercera Orden que han fallecido con singular opinión y fama de muy virtuosos en la santa Provincia de Castilla''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
== Criterios de edición ==&lt;br /&gt;
El texto se ha actualizado a las normas de ortografía vigentes. Esto conlleva la normalización de las grafías h, b/v, j/g, i/y; los cambios de qu a cu. Sin embargo, se han conservado los casos de laísmo presentes y los pocos ejemplos de leísmo hallados en el manuscrito. En cuanto al grupo de sibilantes, se han normalizado tanto las -ç- como las -sc- y -ss-. Tanto la puntuación como la acentuación han sido normalizadas, si bien se mantiene el uso del paréntesis para indicar observaciones digresivas según el original. También lo ha sido el uso de las mayúsculas y la separación o unión de palabras. La -u- intervocálica y la v han sido unificadas como “v”, así como las diferentes grafías de la s.  Los nombres propios de personajes y lugares han sido modernizados para facilitar su reconocimiento.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==Vida de Juana de la Cruz==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[Fol. 17v] ''[1]'' La venerable madre sierva de Dios sor Juana de la Cruz nació en primero de mayo de 1482 ''[2]'' en el lugar de Azaña en la Sagra de Toledo. Sus padres se llamaron Juan Vázquez y Catalina Gutiérrez, personas virtuosas y ricas. Recibió el santo baptismo en la iglesia parroquial de dicho lugar y el nombre Juana y, tan temprano madrugó en ella la luz de la divina gracia, que, habiendo diferencia de los viernes, entre los otros días, no tomaba en ellos el sustento del pecho de su madre más de una vez al día, comenzando en ella con la vida la devoción a la Pasión de Christo y la virtud de la abstinencia. Sucedió durante su infancia no tomar el pecho en tres días y, creyendo su madre ser algún accidente mortal, valiéndose de la intercesión de Nuestra Señora, hizo voto de llevarla al templo recién edificado de Santa María de la Cruz, señalando la Virgen Santísima el sitio y poniendo en él una cruz por su misma mano, habiéndose aparecido a una niña del lugar de Cubas llamada Inés, a la cual tomó por medio Su Majestad para que se lo intimase a la gente del lugar, y como era voluntad suya que en aquel sitio se le edificase un templo donde fuese venerada y es el que hoy persevera en el convento que se edificó después para religiosas de la Tercera Orden. Y, asimismo, prometió su madre velar una noche en la otra iglesia, a cuyo voto se siguió la salud de la niña Juana, teniéndola todos por milagrosa. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Semejante caso sucedió de edad de dos años que, habiendo enfermado de muerte al juicio de su madre, la llevó a visitar la ermita del glorioso apóstol San Bartolomé en la villa de Añover. En ella mejoró súbitamente y, llegada a los años de discreción, contaba la sierva de Dios se la había aparecido y tocádola en el rostro, con cuyo tacto recuperó milagrosamente la salud. A los cuatro años de su [fol. 18r] edad tuvo un rapto en que fue llevada a un lugar muy ameno donde vio una señora de grande hermosura y autoridad asistida de niños y doncellas hermosísimas, de las cuales informada que aquella señora era la Madre de Dios, la adoró como a tal y saludó con la avemaría. Y entre aquellos ángeles en forma de niños vio la primera vez a su Santo Ángel Custodio. En este mismo año, llevando el Santísimo Sacramento a un enfermo, adorándole la niña Juana a la puerta de la casa de sus padres, vio sobre el cáliz un niño hermosísimo cercado de resplandores, y otras muchas mercedes recibió del Señor.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
A los siete años de su edad murió su madre dejando encargado a su marido llevase la niña Juana a visitar el templo de Santa María de la Cruz en cumplimiento de la promesa que tenía hecha, lo cual deseaba mucho la niña, poniendo la mira en quedarse en aquel convento por religiosa y, reconocido su deseo por su padre y deudos, procuraron estorbarlo juzgando su poca edad incapaz para llevar los rigores de la vida religiosa. Y, como la niña iba creciendo, aumentaba sus piadosos ejercicios: los días de ayuno, que eran de precepto, ayunaba a pan y agua; otras veces no se desayunaba en dos ni en tres días; poníase ásperos silicios; azotábase con ramales de cadenas de yerro hasta derramar sangre; en los más recios yelos del invierno se desnudaba y, con solo el silicio, pasaba las noches enteras en oración. Favorecíala Nuestro Señor con particulares visiones y, entre ellas, un día de Viernes Santo la apareció Christo crucificado, cuya visión la dejó tan vehemente lastimada que la pena del corazón se le llegó a conocer en lo pálido que se le puso el rostro. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
A los catorce años de su edad unos tíos suyos, en cuya casa estaba, la trataron de casar aspirando muchos a pretender esta ventura, singularmente un noble y principal mancebo natural de la villa de Illescas. Muy diferentes eran los deseos de Juana, que solo codiciaba dedicarse al servicio de Nuestro Señor, el cual, un día de la Semana Santa le apareció y aseguró sería su esposa en el estado de la religión y, alentada con esta visión y palabra, resolvió irse al Convento de Religiosas de la Tercera Orden de Santa María de la Cruz, cuya fundación [fol. 18v] creía había sido milagrosa de especial servicio del Señor y culto de su gloriosa Madre. Reconociendo que no había de poder alcanzar el beneplácito de su padre y tíos, se resolvió a valerse de su industria sin temer disgustarlos por obrar lo que creía ser del gusto de Nuestro Señor. Para esto, dejando el hábito de mujer en traje de hombre y con espada para más disimulo, sola y a pie salió de noche de su casa, camino del convento. Apenas dio principio a su camino cuando comenzó a discurrir los inconvenientes que podían seguirse de aquella jornada en aquel traje, el sentimiento de su padre y tíos, y la novedad que causaría a las religiosas. Todo lo cual la amedrentó de manera, junto con la soledad y obscuridad de la noche, que cayó en la tierra como desmayada hasta que una voz la esforzó tres veces a proseguir su camino y, después, entendió haber sido de su Ángel Custodio. Comenzó con este aliento a caminar y, a breve espacio, sintió venir en su seguimiento un hombre a caballo que, según reconoció, era aquel joven hidalgo de Illescas que tan solícito la pretendía por esposa. Asustose Juana con su vista, mas el mancebo, engañado con el traje varonil, pasó adelante sin haberla conocido de que dio Juana a Nuestro Señor muchas gracias, y en aquel lugar se le apareció Nuestra Señora y alentó a sus buenos propósitos. Llegó Juana a un pueblo que dicen Casarrubuelos, pidió en una casa la diesen un poco de agua, descansó un breve rato y levantándose a proseguir su viaje, como practicó en su uso, se dejó allí la espada por olvido. Habiéndola echado [de] menos volvió a buscarla a la misma casa y, sin reparar en el fingido traje, dijo: “¡Oh, pecadora de mí, que se me olvidaba la espada!”. Ocasionó reparo en el estilo, que no decía con el hábito, mas como llevaba superior seguridad, no le fue estorbo que la impidió su camino. Llegó Juana al puerto deseado del Convento de Nuestra Señora de la Cruz, buscó la portería para hablar a la prelada, y había punto a la puerta una imagen de Nuestra Señora, postrose a pedirla su amparo y, es tradición constante, que la santa imagen la habló diciendo: “Bienvenida seas hija mía, entre gozoso su espíritu a tomar posesión de lo que tanto ha deseado, que para reparo de esta casa te crio Dios. En cuyo nombre y en el mío tendrás autoridad para derribar y edificar, destruyendo relajaciones y enseñando con tu doctrina y ejemplo el camino de la perfección”. Esta santa imagen de [fol. 19r] Nuestra Señora, de quien esto se cuenta, se venera hasta hoy en la portería del convento, aunque mudado el sitio. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Confortada interiormente Juana con este favor, llamó a la prelada y, habiéndola informado de sus deseos y resolución, fácilmente consiguió su consentimiento y de las religiosas que, junto con el del Vicario Provincial, que, según el cómputo, era el muy reverendo padre fray Juan de Tolosa, la tercera vez, inopinadamente había llegado al convento a esta sazón, fue Juana admitida para religiosa. Luego ocurrieron sus padres y deudos y, con palabras ásperas, solicitaron reducirla a desistir de sus intentos, mas, ablandando el Señor sus corazones, no pasaron adelante viendo su perseverancia y la dieron sus consentimientos ofreciendo la dote necesaria y, en presencia de todos, con mucho gusto suyo y de las monjas, recibió sor Juana el hábito de la religión de edad de quince años. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Luego que se vio en aquel lugar y hábito que había deseado con tantas ansias, comenzó a mostrarse agradecida a Nuestro Señor procurando servirle con todas sus fuerzas: aumentó los silicios y disciplinas; diose toda al ejercicio de la oración; y, pasado el año del noviciado con raro ejemplo de sus virtudes, hizo su profesión muy alegre. Tomó en ella el nombre de Juana de la Cruz, de quien fue devotísima en consideración de haber sido el instrumento de nuestra redención. Después que profesó, continuó más sus virtudes y, en particular, el trato interior con Dios, de tal suerte que apenas dormía y lo más que descansaba era tomando dos horas de sueño. Vestía el hábito más pobre, una túnica de paño grosero y debajo un áspero silicio; comúnmente andaba con los pies descalzos y, aunque fueron muchas sus penitencias, nunca se gobernó en ellas por su dictamen, sino por el de sus confesores. En los oficios de caridad era muy puntual, especialmente con las enfermas, y mostrose bien en el caso siguiente: padecía una religiosa un grave dolor de estómago y pidió a sor Juana que pidiese, como que era para sí, un poco de vino con que esperaba alguna mejoría. Reparó sor Juana iría contra la verdad si lo pidiese para sí siendo para la enferma, y resolvió a pedir a Nuestro Señor la diese a ella [fol. 19v] el dolor de estómago que padecía la religiosa por el tiempo que fuese su voluntad y, habiéndosele dado, a título de estar con dolor de estómago, pidió el vino y, pedido a título de necesidad suya, le dio alivio de su hermana enferma. En este ministerio de la enfermería hizo Nuestro Señor por sus merecimientos maravillosos beneficios a las religiosas: una sanó de unas tercianas comiendo un poco de pan de lo que sor Juana comía; otra se libró de dos zaratanes que tenía en los pechos poniéndose sobre ellos unos pañicos mojados en agua bendita por consejo de la caritativa enfermera. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Conocido su caudal, la ocupó la obediencia en oficios de más importancia. Mandola el torno y la puerta, donde mostró su prudencia grande en mirar por la religión sin faltar al agrado. De aquella ocupación tomaba motivo para sus meditaciones santas: en el torno consideraba el pesebre de Belén, donde muchas veces hallaba en él al Niño Jesús recién nacido y, una de ellas, queriendo llegarle a abrazar, se apareció Nuestra Señora y, tomándole en sus brazos, le levantó en alto. Triste la sierva de Dios, temiendo en sí algún demérito, Nuestra Señora la consoló diciéndole fuese a la huerta que allí la hallaría. Obedeció puntual y, abriendo la puerta de una pobre casilla que había en ella, en que se guardaban los instrumentos rústicos para labrarla, halló a la Madre y al Niño asistidos de muchos ángeles, a quien adoró con profundísima humildad dándole gracias porque así favorecía a una tan vil criatura, en cuya dulce conversación se enajenó sor Juana del uso de los sentidos de manera que no oyó la campanilla de su oficio con que la habían llamado tres veces hasta que la Reina de los Ángeles se lo dijo. Y, cuidadora de la obediencia, fue a responder y, habiendo concluido su ministerio, volvió al mismo lugar y halló en él a aquellas majestades soberanas y, dándoles muchas gracias porque la habían aguardado, la Madre de Dios la dijo que los había hallado allí por haberlos dejado por la obediencia y que no hubiese gozado aquellos favores si hubiera faltado a ella. En otra ocasión, estando en la casa de la labor, la apareció la Virgen santísima con el Niño Dios en sus brazos y mereció, entre otras mercedes, que la Virgen se le diese y sor Juana le recibió en su escapulario, durando en su alma por muchos días los efectos soberanos de este favor. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Tuvo sor Juana especialísima devoción con el Santísimo Sacramento [fol. 20r] de la eucaristía y, cuánto hacía de penitencias y mortificaciones, todo lo dirigía a disponerse para la comunión. Asistía con fervorosa devoción al santo sacrificio de la Misa, siendo su mayor pena, aunque fuera sin culpa, no asistir a cuantas misas se decían. En el confesionario se estaba confesando un día mientras se decía la misa conventual por no haber tenido oportunidad antes, ocupada en cosas de la obediencia. Sonó la campanilla que hace señal al levantar la sacrosanta ostia consagrada y mandó el confesor a sor Juana que fuese al coro a adorar al Santísimo Sacramento, partió con la priesa posible y, por los golpes de la campanilla, reconoció no podría llegar al coro con tiempo y, así, se arrodilló en el claustro para adorarle en espíritu. Mediaba entre sor Juana y la iglesia una recia pared de cantería, la cual milagrosamente se abrió desde lo alto a lo bajo dando lugar por donde la sierva de Dios pudiese ver el altar, sacerdote y al Santísimo Sacramento y, quedando sor Juana atónita y dando a Dios muchas gracias por tan nuevo y singular favor, al tiempo de levantar la sagrada ostia la segunda vez &amp;lt;segunda vez&amp;gt; ''[3]'', se abrió la muralla, dándola lugar para verla y adorarla, quedando hasta estos siglos un testimonio de este milagro en la misma pared, porque, siendo todas las piedras de ella de mármol negro, quedó una de ellas blanca y abierta por tres partes en forma de cruz, la cual es visitada de los prelados y príncipes cuando se ofrece entrar a la clausura de este convento. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Favoreció mucho Nuestro Señor a la bendita sor Juana concediéndole trato benigno y familiar con su Santo Ángel Custodio que, así en sus éxtasis como fuera de ellos, se le manifestaba resplandeciente, glorioso y la instruía y gobernaba en las materias de espíritu y en las respuestas que había de dar a los que venían a pedir consejo. Era visitada del Señor frecuentemente favoreciéndole con éxtasis continuos, durando estos raptos unas veces cuatro horas, otras doce, otras catorce y llegaron a veinte y cuatro y, alguna vez, duró sin volver del rapto por espacio de tres días, de los cuales eran los efectos diversos, porque unos eran de pena y otros de alegría, cuyas señales se conocían en su rostro y, a veces, [fol. 20v] le era revelado el estado de las conciencias de algunas personas por quien pedía, siguiéndose la enmienda de muchas. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En uno de sus raptos apareció a sor Juana el Niño Jesús en compañía de su Madre santísima y de muchos ángeles y santos y, en presencia de todos, se desposó con ella, sacando por joyas de estos desposorios unos acerbísimos dolores en las manos y pies que comenzaron un día de Viernes Santo inmediato a los desposorios, y en las manos y pies unas señales de color de rosa que exhalaban maravillosa fragancia; y era tal la vehemencia de estos dolores que la impedían el movimiento y era necesario que las religiosas la llevasen en brazos al coro. No eran estos dolores continuos, sino los viernes y sábados hasta la medianoche y la duraron hasta el día de la Asunción, desde el Viernes Santo. A la fama de estas maravillosas señales acudían muchas personas a verla y visitarla y, reconociendo sor Juana ser causa de inquietud al convento, pidió a Nuestro Señor la quitase aquellas señales y, condescendiendo a sus humildes ruegos, se las quitó diciéndole: “Importunarme que te quite el precioso don que te he concedido. Yo lo haré, mas pues no quieres mis rosas, yo te daré mis espinas”. Y así lo experimentó sor Juana, padeciendo de allí adelante los dolores de la santísima Pasión en alma y cuerpo, en persecuciones y enfermedades. Comenzó su padecer sin oír voz alguna ni ruido por grande que fuese. Durola este trabajo desde diez de febrero hasta doce de agosto, que en un rapto entendió volverla Nuestro Señor el oído por los ruegos de sus religiosas, que la acompañaron a dar gracias a Nuestro Señor por este beneficio en que eran todas interesadas. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Tuvo esta sierva de Dios el don de lenguas, al cual precedió que, volviendo un día de uno de sus frecuentes raptos, se halló muda sin poder pronunciar palabra alguna, aunque entendía lo que la hablaban, hallándose obligada a responder por señas. Durole este impedimento algunos meses, hasta que en un rapto le apareció el Niño Jesús a quien suplicó le restituyese el uso de su lengua si había de ser para su santo servicio. Y el Señor la respondió, tocándola la boca: “La causa de haberte enmudecido es porque seas instrumento por quien yo quie- [fol. 21r] ro hablar y, aunque ahora te sano, guarda mis secretos, algo di y algo calla de lo que te revelaré”. Volviendo del rapto, se halló sin aquel impedimento y, desde entonces, se descubrió en ella el espíritu de la predicación y doctrina, hablando en los éxtasis cosas singulares y declarando las sagradas profecías y otros lugares de las divinas letras. &lt;br /&gt;
Esto sucedió en esta forma: cuando había de predicar y declarar lo que Nuestro Señor la revelaba se privaba de los sentidos y, recogida a su celda, quedaba con los ojos cerrados, el rostro sereno y sobre el pecho las manos, y estaba en su quietud como hora y media y, luego, comenzaba a hablar con Dios con ademanes y demostraciones de tratarle como que estaba presente, variando las pláticas, unas de agradecimiento, otras de ruegos, en especial, orando por la Santa Iglesia, por los que estaban en pecado mortal y por las ánimas del Purgatorio. Acabada la oración, pasaba en su quietud algún espacio y, luego, comenzaba con voz más inteligible a declarar misterios sagrados con particular gracia, siendo su asunto más común el Evangelio o festividad de aquel día. Solían durar estos sermones tres y cuatro horas, concurría innumerable gente a oírla a título de no profesarse clausura entonces en aquel convento y, acabado el sermón, volvían consoladísimos y admirados, habiendo recibido su bendición. Durole esta gracia como tres años y, en cuanto a los días, no hubo cosa fija, sino cuando la voluntad divina lo disponía. Concurrieron personas de todas clases y de mucha suposición a oírla, unos por curiosidad, otros por devoción, señores, títulos, obispos, inquisidores… Entre ellos fueron el venerable padre y señor don fray Francisco Ximénez de Cisneros, arzobispo de Toledo y el Gran Capitán y, finalmente, la Cesárea Majestad del Señor Carlos Quinto. Y lo más digno de ponderación es que, si los oyentes eran doctos, predicaba en lengua latina y, según convenía, algunas veces predicó en lengua francesa y otras en la arábiga y, en uno de estos sermones, convirtió a la fe de la Iglesia dos esclavas africanas obstinadas antes en la maldita secta de Mahoma. Fue a oírla con algún escrúpulo el vicario provincial de Castilla, que era vizcaíno de nación, y predicó aquel día en lengua cantábrica que dicen vazquense, que es de las más dificultosas del mundo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Tuvo noticia el Santo Oficio de la Inquisición y [fol. 21v] uno de sus ministros, noticioso de este prodigio, fue personalmente, aunque disimulado, a oírla, y el sermón de aquel día fue tan alto y tan al corazón del inquisidor que, acabado el sermón, la llamó a la red y la pidió perdón de haberla tenido en menos crédito, y la sierva de Dios se humilló significando la bondad del Altísimo que se servía de mostrar su poder por medio tan inútil. Escrupuloso, asimismo, el provincial de Castilla del concurso y ruido que hacía sor Juana con estos sus sermones, dio orden a la prelada para que la encerrase al tiempo de estos raptos y, habiéndolo hecho así, dispuso la prelada que la acechasen para ver lo que hacía, y fue hallada predicando como otras veces y que diversos pájaros la estaban oyendo en la celda, muy quietos, hasta que, acabado el sermón, echándoles la bendición, se iban, de los cuales se quedó un pajarillo dentro de la manga de su hábito, acaso para testimonio de esta maravilla. De lo cual, muy informado el provincial, volvió a darla licencia para que predicase sin embarazo, como solía. Y, para mayor demostración de ser celestial su doctrina, dio Nuestro Señor gracia a una religiosa llama María Evangelista para que escribiese los sermones como los oía, siendo así que antes no sabía escribir. Y los sermones que escribió se guardan en este convento incorporados en otro libro que llaman el Conorte. Hízolos ver el Santo Oficio de la Inquisición y, sin hallar en ellos alguna cosa que corregir, los restituyó al convento. &lt;br /&gt;
A este tiempo, siendo la sierva de Dios de solas veinte y ocho años de edad, el padre provincial vizcaíno que la había oído el sermón en su lengua (que según el cómputo fue el venerable padre fray Juan de Marquina, de quien se hace mención el año de 1528), reconociendo interiormente ser voluntad de Nuestro Señor que sor Juana fuese abadesa, lo puso en ejecución, concurriendo con sus votos todas las religiosas. En viéndose la sierva de Dios en el puesto de prelada, fue su primer cuidado introducir en el convento la clausura y, habiendo muchas contradicciones, todas las venció la sierva de Dios. A este tiempo ardía España en guerra civiles, que vulgarmente llaman las Comunidades, ocasionadas de la ausencia del señor emperador Carlos Quinto, y una noche tuvo sor Juana revelación que los comuneros de cierto lugar comarcano [fol. 22r] tenían sacrílega determinación de robar su convento. Por lo cual, convocó a las religiosas al coro y juntas pidieron a Nuestro Señor las librase de aquel riesgo. Y así fue que, venidos los comuneros, vieron que le asistían y cercaban para su defensa tantos soldados armados que, creyendo ser el ejército contrario, se volvieron sin hacer daño alguno. Lo cual, entendido después por las religiosas, conocieron haber sido defendidas por los ángeles, atribuyéndolo a las oraciones y merecimientos de su bendita prelada.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
No bastaron los muchos créditos que con tan repetidas evidencias tenían las religiosas de las virtudes de sor Juana para que, invitadas del Demonio (permitiéndolo Dios para crisol de su paciencia), no conspirasen algunas contra ella hasta conseguir que el padre provincial, mal informado, la privase de la prelacía. Llevolo la sierva de Dios con mucho sufrimiento y sus émulas, arrepentidas reconociendo su yerro, la pidieron perdón. &lt;br /&gt;
La caridad encendida que la sierva de Dios sor Juana tenía con los prójimos, no solo fue para los vivos, sino también para los difuntos, solicitando con notables ansias el alivio de las almas del Purgatorio, aplicando por ellas sus mortificaciones y penitencias pidiendo a las religiosas la cuidasen en aquella santa obra y, a Nuestro Señor, que cayese en ella el rigor que padecían de los tormentos, para que a ellas se les mitigasen y sus oraciones fuera oídas de Dios, comenzando desde entonces sor Juana vehementísimos dolores y graves enfermedades. A veces padecía intolerable frío, aunque fuese en lo recio del verano, hallándose necesitadas las religiosas a cercarla de braseros para que cobrase algún poco de calor. Otras veces, en el rigor del invierno padecía intensísimo fuego, como si estuviera metida en un horno muy encendido. Estos dolores solían acabar en dulcísimos éxtasis que se manifestaban en su rostro y de ellos salía con nuevos deseos de padecer más. A petición de sor Juana daba licencia Dios Nuestro Señor para que las almas que venían a pedirla estos socorros asistiesen en su celda en las albahacas y otras yerbas y flores que las religiosas la ponían en diferentes macetas a la sierva de Dios para alivio de sus dolores. No tenían las benditas ánimas alivio [fol. 22v] alguno por pasar de estar en las yerbas y en las flores, sino que de las oraciones de la sierva de Dios les venía el alivio, moviéndose a pedírsele a su Majestad por verlas tan afligidas y por ese medio conseguían su descanso. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Era la sierva de Dios especialísimamente devota de María Señora Nuestra, con cuya protección había conseguido todo el logro de sus deseos en el estado de la religión y, reconociendo que aquel convento era dedicado al culto de Su Majestad y consagrado con sus soberanas plantas, estaba en él contentísima. Y de cuánto agrado fuere la devoción de sor Juana para la Reina de los Ángeles se conoce bien en los favores celestiales que la hizo. Uno de ellos fue que, ejercitando su devoción de Nuestra Señora con una imagen suya de su gloriosa Asunción a los cielos, pareciéndola que la imagen de escultura estaba fabricada con poco primor y que las religiosas sentían mucho no fuese hermosísima, como imagen de la más perfecta de todas las puras criaturas, y porque era la que salía todos los años en procesión, el día nueve de marzo, que fue el del aparecimiento de Nuestra Señora la pastorcilla Inés, como ya se ha referido, suplicó a Nuestra Señora la hiciese hermosa como artífice soberano y de divino primor. Y es sentada tradición del convento que Jesucristo Señor Nuestro, en uno de los raptos, se le apareció a sor Juana y, a su ruego, bendijo Su Majestad a aquella santa imagen de su Madre, que la tocó con sus divinas manos en el rostro con que quedaron hermosísimas sus facciones, en particular la boca, cerca de la cual se divisa un hoyo pequeño que la da mucha gracia, y toda la que la imagen tiene se dice haberse originado del tacto de la mano del mejor artífice, que como hizo con tantos primores el original se los comunicó al retrato, de donde nace la continua devoción conque esta santa imagen es venerada de los pueblos comarcanos, sacándola en procesión en sus aprietos y necesidades y se han visto repetidas maravillas. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Una de las cosas que más se ha introducido en estos reinos, y aun en los extraños, la devoción a esta sierva de Dios sor Juana de la Cruz, son los granos o cuentas que se dice haberlas llevado su Santo Ángel al Cielo donde Christo Redentor Nuestro las echó su bendición [fol. 23r], concediéndolas singulares gracias y favores, como cada día experimentan los que tuvieron la dicha de haber conseguido alguna de ellas, que fuera muy largo referirlas por menudo. &lt;br /&gt;
Hallábase sor Juana muy favorecida con las visitas continuas de su Santo Ángel Custodio y, en una de ellas, la significó acercarse ya el fin dichoso de su vida y, más claramente, se lo manifestó en un rapto cuatro días antes que muriese. Asegurada de lo cual, dijo al médico que la visitaba no se cansase en aplicarla medicinas, porque no habían de hacer efecto. Divulgose esta noticia entre las religiosas, que amargamente comenzaron luego a llorar la pérdida de tal madre, a quienes la sierva de Dios consolaba significándolas no deben sentir con lágrimas su jornada, en que interesaba tantas conveniencias celestiales, pidiéndolas con humildad la asistiesen con sus oraciones y, aunque su conciencia estaba con mucho sosiego interior, temblaba el rigor de la justicia divina y, de este tribunal apelaba al de su clemencia. Como se iba acercando a su fin, se iba manifestando en su rostro una extraordinaria hermosura y su aliento despedía un suavísimo olor que fácilmente se dejaba percebir de las religiosas que la asistían y, llegado el día de la Sagrada Invención de la Cruz, tres de mayo, para sor Juana día siempre muy propicio, abstraída de todas las criaturas, daba a entender en sus palabras ser visitada y asistida de Christo Nuestro Señor y de su benditísima Madre y santos ángeles. Y, llegadas las seis de la tarde, estando su confesor leyéndola la Pasión del Señor, y asistiéndola las religiosas, dio su bendita alma a su Criador, año de 1534 a los 52 de su edad y cuarenta de su entrada en la religión. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Quedó su cuerpo tratable, su rostro hermoso, sus ojos claros y despedía de sí olor tan suave y copioso que a las religiosas que le compusieron las quedó maravillosa fragancia en las manos por algunos días. Hiciéronse las exequias ordinarias según el estilo y no la sepultaron aquel día por no consentirlo el mucho amor de sus hijas, y a otro fue tan innumerable el concurso de todos estados ansiosos de ver el cuerpo de la sierva de Dios, que se hubo de dilatar su sepultura por otros cinco días, en los cuales creció el número de la gente de manera que aquellos campos [fol. 23v] estaban poblados sin querer irse sin ver el cuerpo. Por lo cual, resolvieron los religiosos sacarle de la clausura y ponerle donde viéndole todos satisficiesen su devoción. Al paso de la cual y número de gentes crecían los clamores encomendándose a la sierva de Dios, atropellándose unos a otros por besarla los pies y tocar al cuerpo los rosarios, lo cual visto por los religiosos, temerosos de que no se le despedazasen por las ansias que tenían de sus reliquias, le volvieron a la clausura y pusieron en el coro bajo donde pudiese ser visto y, después, le sepultaron en sepultura de tierra, sin ataúd o caja, y sin saber con qué motivo echaron sobre el cuerpo mucha cal y agua. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Así estuvo siete años, hasta que una niña de seis años, hija de los condes de la Puebla, estando dentro del coro jugando, comenzó a escarbar y sacar tierra de una sepultura y, preguntada qué hacía, respondió que aquella tierra olía muy bien. Tomaron de ella las religiosas y, reconociendo ser verdad y ser aquella la sepultura de la sierva de Dios, hicieron descubrir el cuerpo y le hallaron fresco, entero y hermoso, con su hábito y tocas como el día que fue enterrado y, puesto en una caja, le guardaron debajo del altar del coro alto, donde estuvo otros catorce años hasta que, a instancias de personas muy devotas, fue puesto en un arco de la iglesia, al lado del evangelio con rejas, de manera que le gozasen las monjas por la parte del claustro y los fieles por la iglesia. Así se conservó hasta el año de 1600, que el reverendísimo padre fray Francisco de Sosa, general de toda la orden, hizo bajar el cuerpo para reconocer el estado en que estaba, y se halló con la misma fragancia, entereza e incorrupción, fuera del rostro, que estaba algo seco, pero las facciones muy perfectas; el hábito de damasco pardo y las tocas muy olorosas y fragrantes por la comunicación y contacto del cadáver. Causó admiración que, sin haberse divulgado la intención de los prelados, que aún no la tenían cuando entraron en el convento de descubrir el cuerpo, concurrió gran número de gente a verle. Todo lo cual, conocido por la religión, habiendo precedido las informaciones hechas por autoridad ordinaria, en abono y confirmación de ellas, dieron su censura y aprobación los catedráticos de la Universidad de Alcalá por comisión de su claustro de sus vir- [fol. 24r] tudes y milagros y que, según esto, ser digna de toda veneración de los fieles, y que se publiquen sus grandezas para edificación de ellos y confusión de los herejes, su fecha en Alcalá, en 9 días del mes de agosto de 1615. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y, habiendo visto estas informaciones el consejo del señor arzobispo de Toledo, 21 de octubre del dicho año por ante su secretario, Benito Martínez y, así concluido el proceso ordinario, la religión recurrió a la alteza de la silla apostólica, y el santísimo Gregorio 15 de feliz memoria mandó despachar el rótulo en virtud del cual los señores obispos de Troya y Cirene hicieron plenaria información de las virtudes, vida y milagros de esta sierva de Dios y la remitieron, según estilo, a la Sagrada Congregación de Ritos y, con ella, diferentes cartas de súplicas a su santidad que con instancia piden prosiga hasta su conclusión esta causa del Rey Católico don Felipe IV, de la reina doña Mariana de Austria, del serenísimo señor don Juan de Austria, hijo del referido rey; las iglesias, los prelados y, entre ellos, el de Toledo, en cuya diócesis nació y está sepultada esta sierva de Dios; el senado y villa de Madrid; la religión de san Francisco y, generalmente, todo el Reino de España en que se mira tan introducida la devoción de esta sierva de Nuestro Señor, la virgen madre sor Juana de la Cruz. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Escriben de ella el ilustrísimo Gonzaga, arzobispo de Mantua, en su ''Chrónica''; el obispo de Jaén en el ''Libro de la veneración de las reliquias''; el maestro Villegas en el ''Flos Sanctorum''; Salazar en la ''Chrónica de la Provincia de Castilla''; el maestro Peredo en la ''Historia de Nuestra Señora de Atocha''; fray Antonio Daza en la 4ª parte de las ''Chrónicas de la Orden'' y en un tratado particular de la vida de sor Juana; el padre fray Pedro Navarro en su libro de la vida de esta sierva de Dios, intitulado ''Favores del Rey del Cielo''. Y, últimamente, el licenciado don Alonso Carrillo, abogado de los reales consejos en la corte de España, en un tratado breve que escribió de las virtudes y milagros de esta bendita virgen, impreso en Zaragoza por Bernardo Nogués, año 1663. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
===Notas===&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[1]'' Al margen izquierdo: Año 1539. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[2]'' Sabemos que nació el 3 de mayo de 1481, con lo que la fecha que aporta Yanguas es errónea. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[3]'' Se repite “segunda vez” debido a un error y, por ello, se subsana.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
= Vida impresa (1)=&lt;br /&gt;
Ed. de [https://visionarias.es/equipo/aitor-boada-benito/ Aitor Boada Benito]; fecha de edición: julio de 2025.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==Fuente==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
* [http://catalogodesantasvivas.visionarias.es/index.php/Categor%C3%ADa:Francisco_Gonzaga Gonzaga, Francisco]  [Francisci Gonzagae], 1587. ''De origine Seraphicae Religionis Franciscanae eiusque progressibus, de Regularis Observanciae institutione, forma administrationis ac legibus admirabilique eius propagatione …. Opus in quatuor parte divisum'', Romae, ex typographia Dominici Basae, pp. 644- 646&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Vida en latín disponible en: [[De origine Seraphicae Religionis Franciscanae eiusque progressibus, de Regularis Observanciae institutione, forma administrationis ac legibus admirabilique eius propagatione …. Opus in quatuor parte divisum]]&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[[Contexto material del impreso De origine Seraphicae Religionis Franciscanae eiusque progressibus, de Regularis Observanciae institutione, forma administrationis ac legibus admirabilique eius propagatione …. Opus in quatuor parte divisum]].&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==Criterios de traducción==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
La traducción ha seguido los siguientes criterios:&lt;br /&gt;
* Los nombres propios y topónimos se presentan en forma moderna (p. e. Teresa de Cárdenas [646], etc.)&lt;br /&gt;
* El manuscrito original no presenta separación de párrafos. Por lo tanto, se ha optado por mantener una separación que facilite la lectura sin ser demasiado invasiva. &lt;br /&gt;
* Aparecen entre corchetes los números de página.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==Vida de Juana de la Cruz==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[644] Sobre el monasterio de Terciarias de Santa María de la Cruz. Monasterio 11.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Hasta aquí hemos hablado de los monasterios de las clarisas, es decir, de la Segunda Orden del Seráfico Padre San Francisco en esta Provincia. Son diez en número y albergan a más de quinientas hermanas profesas. No nos corresponde hablar sobre las novicias, puesto que tienen libertad para regresar a la casa materna durante el año de prueba o para permanecer, según deseen, sino que nos corresponde tratar los conventos de hermanas terciarias, es decir, de la Tercera Orden del mismo beato Padre San Francisco, que suman trece. Me he preguntado por qué esta tercera y última de las tres Órdenes fundadas por el Seráfico Padre Francisco floreció en otros tiempos con tanto vigor, al menos en número de hermanas, tanto en Alemania septentrional y meridional, como en Italia, Cantabria y, sobre todo, en esta Provincia, y por qué hoy no goza de tanta extensión. Lo que he llegado a entender es lo siguiente: como esta institución comenzó con un espíritu elevado y con desprecio del mundo, sin clausura y sin obligación de vida comunitaria, y como para acceder a ella no se requerían las condiciones necesarias para llevar adecuadamente la vida de otras monjas —a saber: [645] edificios amplios, talleres bien provistos, ingresos anuales fijos, iglesias para escuchar el Oficio Divino y la celebración de las horas canónicas con la dignidad debida, y otros elementos semejantes que por brevedad no se mencionan—, las hermanas de esta clase, vestidas con humilde hábito y participando en los oficios sagrados en iglesias de frailes, podían obtener su sustento y vestido mediante el trabajo, la portería o la limosna, y podían, en una casa modesta y común, cumplir su profesión. Todas las vírgenes, e incluso viudas pobres, que desearan consagrar su castidad al Dios todo poderoso ''[1]'' bajo un hábito honesto y con cierta libertad, se incorporaban a esta Orden. Sin embargo, cuando a causa de esta misma libertad comenzaron a correr peligro su castidad y su fama, y el nombre de las monjas recluidas —colocadas diametralmente en otra condición— comenzó a ser escuchado cada vez más, la mayor parte de aquellas trató de darle a sus casas forma de monasterio bajo voto solemne de clausura. Con el tiempo, tomando el velo de las clarisas, pasaron a su regla o ingresaron directamente en sus comunidades.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En España, tras aquella reforma general de todas las órdenes eclesiásticas llevada a cabo con gran piedad por los Reyes Católicos Fernando e Isabel —reforma que ejecutó con diligencia el reverendísimo padre fray Francisco Jiménez, arzobispo de Toledo, cardenal de la Santa Iglesia Romana ''[2]'' y también inquisidor general— muchas de estas religiosas se unieron a las clarisas o a las hermanas concepcionistas, cuya orden comenzaba entonces a crecer. No obstante, este convento dedicado a la santísima María de la Cruz permaneció fiel a su antigua vocación, situado a quinientos pasos ''[3]'' del pueblo de Cubas, en la diócesis de Toledo, y habitado por 38 religiosas de la mencionada Tercera Orden del beato Padre San Francisco.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Este convento es de aquellos que antes fueron casas comunes para mujeres honestas y luego fueron convertidas en monasterios. Algunas mujeres temerosas de Dios, al extenderse la fama de cierto milagro (sobre el que hablaremos más adelante), acudieron a Cubas desde diversas aldeas vecinas. Viviendo juntas, perseveraron en tal modo de vida hasta que, con limosnas recibidas y con bienes puestos en común, lograron construir un pequeño convento contiguo a la iglesia del lugar. Finalmente, en el año del Señor 1459, llegaron a habitarlo de manera estable. Como no contaban con sustento monetario alguno, iban por aldeas y pueblos mendigando lo necesario para su sustento. Mantuvieron ese estilo de vida hasta que, gracias a la intervención de cierta hermana —cuyo nombre era Juana de la Cruz—, aceptaron la clausura estricta, permaneciendo, no obstante, fieles al Instituto de la Tercera Orden de San Francisco, al que se obligaron mediante voto solemne.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Para hablar, pues, de la fundación de este lugar —que fue enteramente milagrosa—, conviene saber que la gloriosa Virgen, en el año 1449 desde su parto virginal, se apareció a una jovencita de 13 años llamada Inés, hija de un tal Alfonso Martínez y de su esposa María Sánchez, vecinos del pueblo de Cubas, mientras [la niña] cuidaba un rebaño de cerdos. [La Virgen] le ordenó que avisara a los habitantes de Cubas de que, si querían quedar inmunes del inminente castigo divino, se convirtieran a Dios por la penitencia de sus pecados. Como la niña obedeció el mandato y los otros la ignoraron [''4''], la bienaventurada Virgen se le apareció por segunda y tercera vez, repitiendo el mismo mensaje. Pero, igual que en la primera ocasión, tampoco entonces fue escuchada. Así que, según el relato, la santísima Madre de Dios se le apareció por cuarta vez y contrajo el dedo pulgar de la joven hasta la parte superior del brazo de esta. De nuevo, le encargó trasladar aquel mensaje. Cuando los habitantes de Cubas vieron la mano de la niña así contraída, comenzaron a conmoverse por la importancia del suceso. Llamaron al párroco —que de casualidad se encontraba ese día rociándolos con agua bendita al acabar el santo sacrificio, según la costumbre— y, vestidos con saco como penitentes y descalzos, salieron en procesión con gran devoción derramando muchas lágrimas, y siguieron a la niña hasta el lugar donde la santísima madre de Dios se le había aparecido. Después de detenerse un poco, Inés se adelantó con prisa. Al preguntarle hacia dónde se dirigía —pues uno de los encargados de la procesión llevaba la cruz que debía señalar el lugar de la aparición—, respondió que iba hacia la bienaventurada Virgen (la muy piadosa Madre de Dios la había llamado por su nombre desde el Cielo, aunque nadie lo comprendió). Entonces, el portador de la cruz se la entregó y la dejó marchar [con ella]. La Reina del Cielo, recibiéndola con su propia mano, le ordenó decir a los habitantes de Cubas que se ocuparan de construir una iglesia en ese mismo lugar bajo el nombre de Santa María de la Cruz. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[646] Cuando llegaron al lugar, apareció la cruz clavada en el suelo y las huellas de los dos pies de la bienaventurada Virgen impresas en la arena. Al venerarlas con gran humildad, muchos enfermos de distintas dolencias fueron curados milagrosamente al contacto con la arena recogida de allí, y se prepararon para edificar la iglesia. En aquel tiempo era arzobispo de Toledo el reverendísimo Alfonso Carrillo, a quien, por oficio, correspondía otorgar la autoridad para fundar dicha iglesia. Cuando los de Cubas fueron a suplicárselo, envió al arcipreste de Illescas y al vicario de Madrid para que se desplazaran al lugar e investigaran con todo rigor si lo que aquellas personas afirmaban era cierto. Obedeciendo al mandato, y examinando con la máxima diligencia todas las cosas conforme a lo exigido por el derecho y el voto, descubrieron que no se había apartado en lo más mínimo de la purísima verdad. Por eso, el piadoso sacerdote concedió el permiso para construir la iglesia. Con fondos propios y con las numerosas limosnas que empezaron a llegar —tal era la devoción del pueblo, su generosidad y la afluencia de personas, además de la frecuencia de los milagros, que no hubo dificultad alguna ni para conseguir dinero ni para lo necesario en la construcción—, en menos de un año edificaron con éxito aquel templo sagrado. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Construida entonces la iglesia, aquellas mujeres —mencionadas antes— hicieron levantar un pequeño convento contiguo. Después de vivir allí durante treinta años consecutivos, llegó inesperadamente una joven honesta llamada Juana, a quien la bienaventurada Virgen había sugerido que sirviera a Dios en este monasterio. Con lágrimas, rogó a las hermanas que la admitieran en su comunidad. Una vez aceptada, se convirtió en ejemplo de completa santidad para todas y progresó tanto en todas las virtudes que fácilmente demostró ser poseedora de su propia vocación , y fue elegida para gobernar la casa. En cuanto recibió el cargo, aconsejó inmediatamente a las hermanas que pusieran toda la gestión doméstica en manos del Señor y confiaran en Él del todo, que renunciaran con voto solemne a la libertad de salir que hasta entonces habían tenido para poder dedicarse plenamente a la contemplación de los misterios divinos. Gracias a su intervención, desde entonces las religiosas de este lugar comenzaron a emitir también un cuarto voto. Dios todopoderoso ''[5]'' no decepcionó a sus siervas: de hecho, enseguida inspiró al reverendo padre fray ''[6]'' Francisco Jiménez, arzobispo de Toledo, quien, al conocer la virtud de aquellas mujeres, anexionó el beneficio parroquial del pueblo de Cubas a su monasterio por autoridad apostólica, y les concedió abundantes limosnas.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En ese tiempo, el nombre de esta santísima hermana Juana era celebérrimo en toda España. Desde distintas regiones, incluso nobles caballeros acudían a verla y le confiaban a Dios, por su mediación, sus asuntos más importantes. Entre ellos, el invicto emperador Carlos V de Alemania y el gran capitán Gonzalo Fernández de Córdoba, que por sus medios enriquecieron el convento con preciosísimos regalos y rentas. Pero entre todos brilló especialmente la piedad de los ilustres señores Pedro Zapata Osorio y su esposa Teresa de Cárdenas, que en vida fueron grandes benefactores de toda la comunidad. Además, la misma Teresa, viuda tras la muerte de su esposo, quiso unirse [a las hermanas]. Pidió que, al morir, fuera enterrada en el lado izquierdo del altar mayor. Construyó una capilla con sillar, y fue tal la perfección con la que ejecutó su legado que dejó un fondo suficiente de sus bienes para que esta santa casa recibiera cada año fácilmente 300 escudos de oro. También el poderosísimo y católico rey Felipe II de España quiso participar de las oraciones de sus habitantes y envió una generosa limosna para mejorar el convento. Como existe un libro en el que todos los milagros de este lugar —obrados tanto por la gloriosísima Virgen María como por la beata Juana— están recogidos con veracidad, he optado por omitirlos aquí.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
===Notas===&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[1]'' En latín: ''Deo Opt. Max.''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[2]'' En latín: ''S. R. E.''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[3]'' El paso es una medida que equivale a cinco pies romanos, es decir, un total de 4,8m. Por lo tanto, según el texto, el monasterio se encuentra a 2,4 km del pueblo. Efectivamente, la Iglesia de Santa María de las Cruz está a aproximadamente 2 km del pueblo de Cubas de la Sagra.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[4]'' Traducción libre. Literalmente “no obtuvo nada por su parte”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[5]'' En latín: ''S. R. E.''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[6]'' En latín: R. P. F.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
= Vida impresa (2)=&lt;br /&gt;
Ed. de [http://visionarias.es/equipo/maria-del-mar-cortes-timoner/ Mar Cortés Timoner]; fecha de edición: octubre de 2020.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
== Fuente ==&lt;br /&gt;
* [http://catalogodesantasvivas.visionarias.es/index.php/Categor%C3%ADa:Alonso_de_Villegas Villegas, Alonso de], 1588. ''Addicion a la Tercera Parte del Flos sanctorum: en que se ponen vidas de varones illustres, los quales, aunque no estan canonizados, mas piadosamente se cree dellos que gozan de Dios por auer sido sus vidas famosas en virtudes...'', Huesca: Iuan Perez de Valdiuielso, fols. 63r col. a - 65v col. b.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[[Contexto material del impreso Addicion a la Tercera Parte del Flos sanctorum]] ''en que se ponen vidas de varones illustres, los quales, aunque no estan canonizados, mas piadosamente se cree dellos que gozan de Dios por auer sido sus vidas famosas en virtudes...''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
== Criterios de edición ==&lt;br /&gt;
El relato aparece en el apartado 206 de la Adición de la Tercera Parte del ''Flos Sanctorum'' de Alonso de Villegas.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Se han seguido los criterios establecidos en el catálogo para fuentes impresas y, por ello, han sido eliminadas las duplicaciones de consonantes: cc/c, ss/s, ff/f. En cambio, se respetan los grupos consonánticos: -nt (sant), -nc- (sancta), -pt- (baptismo) y -bj- (subjeto), también las contracciones ‒aunque se ha añadido el apóstrofo clarificador en “del” para escribir “d’él”‒. Además, se ha mantenido la conjunción copulativa “y” ante palabras iniciadas con el sonido vocálico “i”. Asimismo, se indican en pie de página las erratas subsanadas y, para facilitar la localización de los textos, se citan el folio (r-v) y la columna correspondiente (a-b). &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Se ofrecen datos en torno al texto editado y su fuente en: M. Mar Cortés Timoner, “La autoridad espiritual femenina en la Castilla bajomedieval y su reflejo en el ''Flos sanctorum'' de Alonso de Villegas”, ''Dicenda. Cuadernos de Filología Hispánica'', vol. 39, pp. 25-35.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==Vida de Juana de la Cruz==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[Fol. 63r col. a] '''Vida de Sor Juana de la Cruz, abadesa del Orden de los Menores'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Al tiempo que el soberbio Holofernes ''[1]'', capitán de Nabucodonosor, Rey de Asiria, tenía puesto cerco sobre la ciudad de Betulia, dice la Divina Escritura, en el libro de Judit, que una mañana los hebreos cercados salieron de su ciudad, las banderas tendidas, las lanzas y espadas en sus manos, amenazando de muerte a sus contrarios. Los cuales, teniéndolos en poco, burlaban dellos, diciendo que los ratones tenían atrevimiento de salir de sus cuevas en daño de sus vidas. Estaba la tienda del capitán cerrada y en ella había todo silencio. Entró Bagao, camarero suyo, creyendo que dormía, a despertarle para que se diese orden en la defensa; y estando en su aposento vido el cuerpo de Holofernes sin cabeza, tendido en el suelo, revolcado en su sangre. Quedó confuso y, por entender que había sido esta obra de la valerosa matrona Judit, salió dando voces y diciendo: “Una mujer ha puesto en confusión la casa de Nabucodonosor”. Y fue así porque, viendo los asirios muerto a su capitán, sobrevínoles tan grande temor que, puestos en huida, dejaron en manos de sus enemigos la victoria y despojos. Esta razón que dijo Bagao, camarero de Holofernes, de que una mujer había puesto en confusión la casa de Nabucodonosor, viene a cuenta de una bendita mujer llamada Juana de la Cruz, monja de la Orden de los Menores, la cual es confusión de la casa de Nabucodonosor, por la cual se entienden los malos, sean del estado que fueren, que a todos los confunde; y aun de algunos religiosos y eclesiásticos, por muy levantados que estén en el servicio de Dios, es confusión ver lo que esta religiosa hizo. También a gente ilustre nacidos de esclarecida sangre y criados en la policía de corte y casa real confunde esta mujer, nacida de labradores en una pobre aldea. Y de toda suerte de hombres es confusión pues una mujer les hace ventaja como parecerá en su vida colegi- [fol. 63r col. b] da de memoriales antiguos que están en su monasterio de la Cruz, dos leguas de la villa de Illescas ''[2]'', y es en esta manera.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En un lugar llamado Azaña, cerca de Toledo, nació Juana de la Cruz, de padres cristianos y virtuosos llamados Juan Vázquez y Catalina Gutiérrez, en el año de la Encarnación de mil y cuatrocientos y ochenta y uno ''[3]''. Fue dotada de mucha gracia y hermosura. Criola su madre a sus pechos sin que le fuese molesta ni enojosa, antes le era consuelo y recreo porque solo tomarla en sus brazos, aunque estuviese triste y afligida, le era medio para se alegrase y desechase de sí toda pena y tristeza. Siendo de cuatro años mostraba tener entero juicio y entendimiento así en las palabras que hablaba como en las obras que hacía, que todo era con mucho seso y cordura. Nunca se vido ocupada en juegos y vanidades en que se ejercitan los de su edad, ni hablaba palabras vanas y sin provecho, sino sus pensamientos y propósitos eran Jesucristo, a quien llamaba su Esposo y con quien comunicaba sus deseos. Era esto, algunas veces, con tanta fuerza y aprehensión de sus potencias interiores que los exteriores sentidos quedaban del todo faltos por donde creyendo su madre que fuese enfermedad, y aun juzgándola alguna vez por muerta, hizo promesa de llevarla con cierta ofrenda de cera a una casa y monasterio de Nuestra Señora llamado de la Cruz, que está junto a un pueblo que se dice Cubas, dos leguas de Illescas, villa de la diócesi de Toledo, distante de la ciudad por seis leguas, ilustrada con una imagen de la Madre de Dios llamada de la Caridad donde ocurre gente de diversas partes y, particularmente, enfermos que son favorecidos y remediados por los méritos y intercesión de la Virgen. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El monasterio y casa de la Cruz, en que hay monjas del Orden de Sant Francisco, es tradición dentro d'él, y en toda la comarca, conservada de unos en otros, que se edificó por orden de la misma Virgen, que se apareció en aquel [fol. 63v col. a] lugar, por donde es reverenciado y tenido en mucho de los pueblos de la comarca. Y aun, por relación de monjas ancianas de la misma casa y monasterio, se sabe que fue della imagen que en Illescas es tan reverenciada. La cual, una devota mujer que servía a las monjas, juntándose con otras mujeres y con música de panderos, llevaba la sancta imagen quitándola de sobre la puerta de la clausura de las monjas donde estaba y la traía por los pueblos de la comarca pidiendo para vestirla, y con lo que le daban, la tenía muy lucida y aseada y, desta manera, una vez la dejó en Illescas, y perdiéndola el monasterio, la ganó la villa, y quedó con ella el origen de aquella sancta imagen que he podido descubrir es este. La cual es de pequeña estatura, algo morena y por extremo devota. Estando, pues, otras dos leguas esta casa de donde la niña Juana estaba, su madre la ofreció a la Virgen y prometió de la llevar al monasterio con la ofrenda de cera, como se ha dicho. Y porque a la madre se llegó la hora de su muerte sin haber cumplido este voto, pidió con grande instancia a su marido, y padre de la niña, que él le cumpliese. Lo cual oído y advertido della, propuso en sí de no solo contentarse con hacer aquella ida sino de quedarse en el monasterio por religiosa y servir allí a la Madre de Dios toda su vida. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Murió la madre y quedó de siete años la niña Juana. La cual, con el intento que tenía de ser monja, quiso acompañarse de obras y ejercitarse ''[4]'' en el siglo de lo que es proprio de la religión. Guardaba grande abstinencia, ayunaba, comiendo sola una vez al día, pan y agua, y desto no todo lo que había menester, y aun, a veces, se estaba dos o tres días sin comer cosa alguna. Tejió un cilicio de cerdas asperísimo y púsosele junto a sus carnes, por lo cual andaba siempre llagada aunque muy consolada. Nunca estaba ociosa, trabajaba de manos y, en el trabajo, se daba grande prisa para más lastimar su cuerpo con el cilicio y así tenía más que ofrecer a Nuestro Señor, que por todos fue tan herido y llagado. Sin esto, hacía ásperas disciplinas dándose tan sin piedad que su cuerpo quedaba hecho un lago de sangre. Mostraba grande humildad en la compostura de su rostro, hablaba pocas palabras y ninguna ociosa de modo que, saliendo de su boca, o era alabando a Dios o aprovechando a su prójimo. Llevola a su casa un tío suyo, hombre rico, alcanzándolo con muchos ruegos de su padre; y su mujer, que también era su tía, la amaba tiernamente. Aquí, teniendo mejor oportunidad, se empleaba más tiempo en obras sanctas y en penitencias. Y porque dio un tiempo en estarse puesta en oración la mayor parte de la noche, vino a que su tía entendió la vida que hacía y la estimó y tuvo en mucho. Por verse ella descubierta, andaba buscando los lugares más aparta- [fol. 63v col. b] dos y escondidos de casa, donde tenía sus disciplinas, dándose con una cadena crueles golpes y, cuando más llagada y atormentada se veía, pedía a Nuestro Señor por premio de sus dolores la recibiese en el monasterio de sus esposas y la hiciese religiosa. Lo cual Su Majestad le concedió porque, siendo de edad de quince años, inspirada a lo que se entiende por Dios, visto que no podía de otra suerte porque sus parientes lo contradecían deseando tenerla siempre consigo y casarla, vistiose una mañana hábitos de hombre y, haciendo un lío de sus proprios vestidos, salió de su casa con intento de ir al monasterio de la Cruz, que estaba dos leguas de allí, como se ha dicho. Comenzando el camino, deseó el demonio estorbarlo y púsole algunos temores de que su padre y parientes sentirían mal de aquella ida, y de peligros que en el camino le podían suceder. Lo cual hizo en ella grande impresión, tanto que se desmayó y cayó en el suelo, aunque le pareció que la hablaban y decían que se esforzase que Dios la favorecería por donde saldría con su intento. Tornó a proseguir su camino y, habiendo andado buena parte d'él sintió venir tras sí, aunque algo lejos, persona a caballo y, mirando bien, conoció que era un mancebo hijo de padres ricos que la había pedido por mujer y deseaba grandemente casar con ella. Fuele mucha turbación verle viéndose sola y en lugar tan solo, mas también en este peligro la favoreció Nuestro Señor con cegar al mancebo para que no la conociese y a ella advirtiéndola que se apartase del camino en tanto que pasaba, y así pudo llegar bien cansada a la casa de la Madre de Dios donde iba y, entrando en la iglesia, no vido persona alguna. Y así, habiendo hecho oración y, en particular, reverenciando la imagen de la Madre de Dios, llegose a una parte y desnudose el vestido de hombre que traía y vistiose el proprio suyo de mujer con que llegó y habló a las monjas dando cuenta de quién era y el deseo que traía, rogándoles la admitiesen en su clausura. Y aunque ellas lo dificultaban, sucedió que, a la misma sazón, llegaron parientes suyos que venían en su seguimiento y, hallada, dijeron palabras de mucha reprehensión por lo hecho y querían volverla consigo. Ella, con mucha paciencia, pidiéndoles perdón del enojo que habían recebido por su causa, díjoles que su intento era de servir a Dios en aquella casa y que solo Él podría sacarla de allí. Vino también a este tiempo el perlado por cuya ''[5]'' orden había de ser recebida en el convento. El cual, visto el deseo y constancia de aquella doncella, dio licencia para que fuese admitida a la religión y todas las monjas la recibieron con grande contento. Lo cual visto de sus parientes tuviéronlo por bien y señaláronle la dote y así recibió el hábito y quedó en la casa.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
La maestra de novicias [fol. 64r col. a] la encargó que un año guardase silencio y ella holgó de oírlo porque de su natural era amiga de hablar poco. Y así comenzó a hacer una vida maravillosa aun antes de la profesión. La cual hizo cumplido el año y fue de cuatro votos: los tres ordinarios y otro de clausura. Su vestido era muy pobre y humilde más que el de las otras monjas. Traía túnica de sayal y una saya vieja y remendada; el hábito lo mismo, alpargates en los pies y lo más del tiempo andaba descalza. Ceñía una gruesa cuerda, en su cabeza una albanega de estopa y, sobre ella, gruesas tocas. Y, sin que persona alguna lo entendiese, junto a sus carnes usaba un áspero cilicio, el cual nunca se quitaba día y noche y, sin esto, hacía otras ásperas penitencias. Su paciencia era maravillosa porque holgaba de ser menospreciada y reprehendida sin culpa, y injuriada y que le fuesen levantados ''[6]'' testimonios. Y, de cualquiera manera que fuese, deseaba tormentos, llagas, heridas, dolores, fríos, cansancios y todas maneras de penas, sufriéndolo alegremente por amor de Dios. No hablaba sino con su maestra o con la abadesa o vicaria, y esto siendo preguntada. Algunas veces traía en la boca una hierba amarga como ajenjo ''[7]'' en memoria de la hiel que fue dada a Jesucristo en su Pasión. Otras se ponía en ella una piedra algo grande que le causaba dolor. Y otras tomaba con la boca agua y teníala tanto espacio dentro hasta que de dolor no la podía sufrir. Levantaba así mismo un candelero con la boca y sustentábale en alto hasta que le dolían las quijadas. Pensaba ella que guardar silencio sin penitencia y dolor sería a Dios poco acepto y meritorio. Los ayunos eran los mismos que antes que fuese monja, añadiendo a ellos ayunar también en dormir, porque, así como el que ayuna come después de mediodía y a la noche hace una pequeña colación, ella, en lugar de la comida de mediodía, rezaba a medianoche maitines, y la colación breve trocaba en un breve sueño al cabo de la noche cerca del amanecer. Y porque era costumbre dormir todas las monjas en un dormitorio estando una lámpara encendida en medio d’él, ella aguardaba a que todas se recogiesen en sus camas y durmiesen, y tomaba una rueca y hilaba junto a su cama, ya en pie, ya de rodillas, y siempre rezando o meditando en la Pasión de Jesucristo, su Esposo. Ocupábase muy de ordinario en el servicio del convento y, para hacerlo alegremente y con gusto, consideraba que era todo para servicio de Jesucristo, de quien ella era esclava. Cuando fregaba los platos juzgaba que eran de oro y perlas para en que comiese su alta Majestad. La escoba con que barría tenía por ramillete de rosas y flores, las piedras por tapetes finísimos y estrado del Rey de los Cielos, y a esta traza se había con lo demás. Siendo co- [fol. 64r col. b] cinera esta bendita, reprehendíanla su compañera y la provisora, no contentándose de lo que hacía. Ella, sin mostrarse turbada, derribándose en el suelo, decía su culpa; no la aceptaban ellas, antes le decían que se fuese de allí. Íbase al coro muy triste y suplicaba al Señor le perdonase la pena que había dado a sus hermanas y les quitase la turbación que tenían con ella. Estando en esto tornaba la compañera a llamarla y preguntábale qué hacía en el coro. Respondía con mucha humildad: “Suplicaba a Nuestro Señor me perdonase la turbación que fue causa, hermana mía, que tuviésedes y que os la quitase para que me perdonéis y estéis bien conmigo”. Oyendo esta respuesta la compañera y provisora, edificábanse en tanto grado que, por algunos días, les duraba muy gran compunción y lágrimas en lo secreto de su corazón. Y este modo tenía, con todos los que la reprehendían y afligían, de hacer por ellos particular oración.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Ya se ha dicho cómo esta bendita doncella era de rostro agraciado y hermoso; junto con esto tenía presencia de mucha gravedad, era amigable y de agradable conversación. Hablaba con grande gracia y daba muy provechosos consejos: verla y oírla provocaba a devoción. Frecuentaba los sacramentos de confesión y comunión y, no siéndole concedido por sus perlados comulgar cada día sacramentalmente, comulgaba espiritualmente desde su coro oyendo misa y, para esto, se aparejaba muy temprano. Supo de un religioso que era tentado de no rezar las horas y oficio divino y que decía que Dios no tenía necesidad de sus oraciones. Hablole y díjole que verdad era que Dios no tenía necesidad d’él, ni de criatura alguna, mas junto con esto todas las criaturas tenían necesidad de Dios. Y que así como el villano pechero está obligado a pagar el pecho a su rey y señor, y si no le paga, sino que se muestra rebelde, le hace castigar, así Dios quiere que sus criaturas le paguen servicio y, en particular, el eclesiástico con el oficio divino; y si faltare en esto, le castigará con rigor. A una monja que le preguntó qué haría para agradar mucho a Nuestro Señor, dijo: “Paz, oración y silencio agradan mucho a Su Majestad”. A otra que le pidió consejo para estar en gracia de Dios y permanecer en ella, diósele diciendo: “Llora con los que lloran, ríe con los que ríen y calla con los que hablan”. Aconsejaba a todos que tuviesen grande devoción con el ángel de su guarda porque no solo (decía ella) nos guardan, sino nos acompañan y, cuando alguno está en trabajo cercano a la muerte, su ángel va al Cielo y ruega y convida a los sanctos y sanctas que él sabe que aquella persona tiene devoción y ha hecho algunos servicios para que, con él, rueguen a Dios le favorezca y libre, y que lo hacen ellos de la manera que les es pedido. Añadía más, que aun [fol. 64v col. a] después de difunctos, no desamparan los ángeles las almas de los que fueron custodios sino que, si van al Purgatorio, las visitan y consuelan y dan cuenta de las obras sanctas y meritorias que los vivos hacen por ellas. También era esta bendita monja muy devota de la Cruz y había mil razones para serlo: así por tener apellido y llamarse Juana de la Cruz, ser monja del monasterio de Sancta María de la Cruz y haber alcanzado grandes misericordias de Dios por medio de su Sanctísima Cruz, con la cual tenía dulces y sabrosos coloquios, diversos para cada día de la semana, de que se sacaba grandes aprovechamientos espirituales. Favoreciola Nuestro Señor enviándole regalos de su mesa, de gustos y recreos divinos. Particularmente, estando en oración, en la cual muchas veces se transportaba y arrobaba en éxtasi quedando sin sentido alguno; y, para prueba desto, hallándose presente una vez cierta señora seglar que vino a visitarla, y viendo que trabando della ni dándole veces no mostraba sentir, con un agudo hierro la hirió en la cabeza de manera que le sacó sangre y, aunque a la sazón no lo sintió, después se quejó bien de la herida. Sucedió algunas veces que, estando en éxtasi y arrobada, hablaba y lo que decía eran razones muy levantadas y subidas y de que se edificaban los que las oían. Porque, con ser doctrina muy conforme a los que nuestra fe sancta enseña y predica, ya descubría secretos maravillosos de Dios y de la Escriptura Divina, ya exhortaba ''[8]'' a que se amasen virtudes y se evitasen vicios, tocando en alguno de que algunos de los presentes eran tocados, de modo que les parecía hablar con ellos y sin que otros entendiesen ellos en semejantes razones lo que habían hecho mal, y era muy secreto, y así era motivo para tener pesar dello y enmendarse. Y para mayor testimonio que era este negocio del Cielo, no pocas veces se oyó hablar en diversas lenguas de que ella nunca tuvo noticia. Y así, a cierto provincial de su orden que deseaba hacerla abadesa de aquel su monasterio, como al fin lo hizo, le dijo en lengua de Vizcaya, siendo él vizcaíno, que para el monasterio y casa sería provecho tener ella aquel oficio, aunque para sí penoso. Otra vez, habiendo dado, para el servicio del convento, el obispo de Ávila dos esclavas moras traídas de Orán, que se ganó en aquella sazón, las cuales, si les decían que se hiciesen cristianas, lloraban y se arañaban el rostro hasta derramar sangre, en particular la una que era de más edad, estando esta bendita en éxtasi habloles en algarabía y ellas la oyeron de buena gana y respondieron. Sucediendo deste coloquio que las dos de su voluntad se baptizaron, y, baptizadas, otras veces les habló en la misma lengua estando arrobada y ellas iban luego y se ponían junto con ella y quedaban muy con- [fol. 64v col. b] soladas de haberla oído. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Con todas estas experiencias, por ser cosa nueva y no oída de algún sancto, los perlados mandaron a la abadesa que era a la sazón que, siempre que hablase estando transportada, la dejasen sola. Obedeció la abadesa y, la primera vez que la vido en éxtasi y que hablaba, mandó salir del aposento a las monjas que estaban en él y quedó sola. Después, pasado algún tiempo, envió a ver si cesaba de hablar. Y la monja que fue con este recaudo vido en el aposento grande número de aves de diversas hechuras, todas levantados los cuellos como que oían a la bendita mujer lo que hablaba. Y volviendo a decir lo que había visto, fueron con ella la abadesa y muchas otras monjas que vieron lo mismo, aunque las aves, a su llegada, se fueron. Y para que se viese que eran verdaderas y no fantásticas, una de ellas voló a la parte donde estaba la bendita Juana, y en su manga fue asida estando ya en su sentido, en lo cual pareció ser voluntad de Dios que oyesen lo que decía en tales tiempos y que, si a personas de entendimiento y a razón se les vedaba, vendrían aves que carecen de todo esto a oírla. Y así fue vista y oída diversas veces del cardenal y arzobispo de Toledo Francisco Jiménez, que fue fraile de su orden; de muchos obispos, inquisidores, predicadores, duques, condes y marqueses; y de personas que burlaban della oyéndolo contar y, visto después por sus ojos, quedaban confundidos y no poco le eran en adelante aficionados. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
También obró Nuestro Señor por ella algunas maravillas y fue una que, llevando en sus manos un vaso grande de barro para servicio del convento, quebrósele tocando a una piedra de que ella quedó muy desconsolada, derribose en tierra, hizo oración a Nuestro Señor y, juntando los pedazos del vaso, quedó perfectamente sano. Vido todo esto otra religiosa y díjole: “¿Qué es esto hermana? ¿No estaba este vaso en el suelo hecho pedazos? ¿Cómo está sano?”. Respondió con mucha humildad: “Así es, hermana, mas el Señor ha tenido por bien de remediar por su bondad lo que yo había echado a perder por mis pecados”. También era obra maravillosa y le acaeció diversas veces, que, estando ocupada en cosas de la obediencia, oía, hallándose bien distante, el oficio divino que se rezaba en el coro y veía el Sanctísimo Sacramento, teniendo una pared gruesa de por medio, la cual, al tiempo que alzaban en la misa, apareció romperse de modo que vido la sagrada Hostia y Cáliz y tornose a juntar aunque, para evidencia del milagro, quedó señal de una piedra no bien encajada por muchos años. Fue así mismo público de una niña que murió, habiéndola traído sus padres al monasterio de la Cruz, la cual, por muchas experiencias hechas en ella, se vido que estaba sin vida y, a ruego de sus padres, [fol. 65r col. a] y de otras personas en número de ochenta que estaban presentes, puso un crucifijo sobre ella, hizo oración y luego se levantó con vida y salud. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Por estas obras y por su mucha virtud y discreción, vino a ser electa abadesa, cuyo oficio rigió maravillosamente porque las súbditas no solo eran favorecidas y alentadas en el servicio de Dios con su ejemplo y amonestación, sino con su muy fervorosa oración alcanzando de la Majestad de Dios que se empleasen muy de veras en su servicio. Y fue prueba evidente que, puesta en el oficio de abadesa, no hubiese disminuido sino augmentado su virtud que hizo Dios por ella nuevas y muy extraordinarias maravillas. Como pareció en que, estando enferma en el palacio del Emperador Carlos Quinto, cuya corte residía en Madrid, una señora que se llamaba Ana Manrique, siendo la enfermedad dolor de costado, que la puso en lo último, por tener devoción con la madre Juana de la Cruz y estar cierta que Nuestro Señor oía y otorgaba lo que por ella era pedido, hizo mensajero significándole el peligro que estaba. La bendita madre con entrañas de caridad hizo oración fervorosa por ella y pareció el efecto en que, estando la enferma dada la unción y sin humano remedio al parecer de los médicos, siendo de noche vido que estaba con ella la misma madre abadesa Juana de la Cruz y que le llegaba con sus manos y apretaba el lugar donde tenía el dolor, y así lo dijo en voz alta: “Veis a mi madre que ha venido a visitarme y curarme”. Muchos que estaban presentes oyeron estas voces, aunque no la vieron sino el efecto que fue poder comer y recuperar luego entera salud. Divulgose esto en el mismo monasterio de la Cruz y, pidiendo las monjas a la madre les declarase cómo aquello había sido, ella dijo: “Obras son estas hijas mías del ángel sancto de mi guarda”. También fue cosa cierta haber sanado por su oración el padre confesor del convento de una enfermedad bien peligrosa de rabia, y lo mismo una monja de un zaratán ''[9]'' y otra de cierta nacencia; y así, algunas otras de males gravísimos en los cuales iban siempre empeorando hasta que la madre Juana de la Cruz hacía por ellos oración, pidiéndolo los tales enfermos, y luego mejoraban y quedaban en breve sanos. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y porque la fama de tales obras y de su vida sancta, que volaba por todas partes, era ocasión que de muchos fuese tenida y reverenciada por Sancta, para que esto no le fuese ocasión de ensoberbecerse y para más mérito suyo, permitió Dios que fuese gravemente afligida por causa de una persecución que se levantó contra ella. Y fue que, teniendo costumbre la abadesa y monjas de poner un sacerdote en el lugar de Cubas que administrase los sacramentos, por ser aquel beneficio del convento, trataban algunas personas e- [fol. 65r col. b] clesiásticas de impetrarle por Roma, diciendo que mujeres, aunque religiosas, eran incapaces para cargo de almas. Aconsejose la bendita madre qué haría en este caso y fuele dicho que convenía, para el bien de su monasterio, que enviase bula al Papa y, anticipándose, ganase aquella gracia y asegurase su daño. Hízolo así aunque sin dar cuenta a sus perlados por el peligro que había en la tardanza. De aquí sucedió que una monja del mismo convento, que no estaba bien con ella, acriminó este caso diciendo a los perlados que lo había hecho sin su licencia gastando de los proprios del convento por dar aquel beneficio a un hermano suyo, el cual venía nombrado para él. Y la verdad era que, en sacar la bula, se gastaron siete ducados y trújosela un su devoto graciosamente sin otra costa; y a su hermano, por ser letrado y de buena vida, el pueblo le había pedido para aquel cargo. Con todo esto, uno de los perlados y el principal, muy indignado, fue al monasterio de la Cruz y, juntando capítulo, reprehendió ásperamente a la madre Juana y, quitándola el cargo de abadesa, públicamente le mandó dar una disciplina. Todo lo cual sufrió con singular paciencia diciendo que mucho más merecían sus pecados y que el cargo de abadesa se lo había tenido sin merecerle por obediencia. Las monjas sintieron mucho este agravio y, aunque el perlado les mandó elegir abadesa, no pudo acabarse con ellas diciendo que la tenían, y así les puso por presidente a la misma que le había dado semejante aviso; aunque así el perlado como la monja murieron en breve tiempo con gran dolor por lo hecho y pidiendo perdón a la misma Juana de la Cruz, la cual no poco importunó a Nuestro Señor, así estando vivos por la salud de sus cuerpos como después de muertos por el bien de sus almas. &lt;br /&gt;
Ni pararon en esto los trabajos desta bienaventurada mujer. Antes, estando un Viernes de la Cruz dentro de su celda elevada en contemplación, levantados los brazos en forma de cruz, tornando en sí fuese al coro al tiempo que se decía la Sancta Pasión. Iba llorando y descalza y no podía andar, y así ponía de lado los pies con grave pena. Las religiosas, viéndola desta manera, fueron a ella y preguntándola qué había, respondió que le dolían mucho los pies. Miráronlos y viéronselos señalados y lo mismo las manos de las señales del Señor, no llagas abiertas ni que manasen sangre, sino unas señales redondas del tamaño de un real y muy coloradas. Las monjas preguntaron la ocasión desto; y díjoles haber sido no otra sino que, estando contemplando en la Pasión de Jesucristo, le pareció verle puesto en la cruz y que se juntaba a ella y que la dejó con estas señales. Lo cual fue causa de que las religiosas y dos frailes confesores de casa que las vieron derramasen lágrimas de [fol. 65v col. a] ternura y regalo viéndolas, aunque la bendita madre, así porque se tenía por ''[10]'' indigna de semejante favor de Dios, como por ser el dolor intolerable, pidió a su Divina Majestad la librase d'él. Y tanto le importunó que, el día de la Ascensión adelante, quedó libre del dolor y sin semejantes señales, aunque no por eso cesaron sus penas, antes, permitiéndolo Dios, los demonios la atormentaban y azotaban, y era tan crudamente que, alguna vez, le duraron por muchos días las señales de los azores que los demonios le dieron. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Pasaron adelante sus penas y diola Dios una terrible enfermedad, y fue tullirse en tanto grado que no le quedaron fuerzas algunas ni miembro sano, ni coyuntura ''[11]'' en su cuerpo que no le causase dolor gravísimo. Los huesos se apartaron unos de otros, hasta de las manos y pies, que no se podían encubrir, ni sus dolores y ansias sufrir. Encogiéronsele las rodillas que nunca más las extendió, los brazos y manos por el semejante, los dedos tan vueltos y quebrantados que no podía comer con sus manos, ni menearlas; ni ella toda podía volverse de alguna parte sino la volvían; ni comer, ni beber si no se lo daban. Ningún miembro de su cuerpo podía menear sino era la lengua, con la cual mostraba gran conformidad con Dios, con quien, razonando una vez, tiernamente, dijo: “Señor, ¿cómo es posible que cuerpo tan quebrado viva? O me dad paciencia o me quitad tanto mal como padezco o la vida siendo vuestra voluntad”. Pareció que le hablaba el Señor y que le decía: “Qué maravilla es que padezcas lo que padeces pues me escogiste a Mí por Esposo, que fui muy tenido en el mundo por leproso y lleno de dolores; pues siendo tú mi esposa y comunicando conmigo ''[12]'' como con esposo, aunque espiritualmente, cierto es que se te habían de pegar algunas de mis enfermedades, y quien ama razón es que sufra y padezca por su amado. Cuanto más que todo esto es procurado por Mí para provecho tuyo, siendo también tu Padre, y los que son padres en la tierra procuran que sus hijos tengan bienes y riquezas, y por este fin se ponen a muchas afrentas y trabajos, y así Yo, por hacer ricos a mis hijos, padecí trabajos, injurias y dolores. Por subirlos al Cielo bajé a la tierra, por librarlos de la muerte del Infierno padecí muerte cruel en una cruz, por hacerlos ricos en las almas me hice pobre en el cuerpo, y por hacerles señores en el Cielo y iguales a los ángeles me hice, en cuanto hombre, siervo y subjeto a graves necesidades. Y pues yo hice tanto por ellos, pueden entender que los amo y quiero mucho, y que es mayor el amor que les tengo que el que ellos se tienen a sí mismos. Y sé mejor que ellos lo que les cumple; y porque les cumple padecer trabajos para ir al Cielo, y que sean grandes para tener allá grande y principal asiento, por eso se los doy. No porque me huelgue de [fol. 65v col. b] verlos padecer y penar, sino porque es esto lo que les conviene. Y así tú, hija mía, no te aflijas ni desconsueles si padeces muchos, porque mereces mucho y, por lo mismo, será mucho tu Cielo. Está cierta que, cuando Yo vea que llegas al punto señalado de gloria para ti en mi Eternidad, Yo te llamaré luego”. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y así fue que, habiendo padecido esta enfermedad algunos años, sucediole otra de suerte que, visitada por algunos médicos, todos afirmaron que se moría. Y fue causa de grande desconsuelo en su convento porque, enferma y tullida en una cama, les era muy provechosa, teniendo libre su lengua y entendimiento con que les daba consejos y documentos muy provechosos. Donde, venido el día de la Sancta Cruz, que es a tres de mayo, domingo a las seis después mediodía del año de mil y quinientos y treinta y cuatro ''[13]'', siendo de edad de cincuenta y tres años, estando en su celda algunos religiosos de su orden y todas las monjas del convento con velas encendidas en sus manos, habiendo recibido los sacramentos de confesión, comunión y extremaunción, con grande reverencia y piadosas lágrimas, y hecho el desaproprio de sus pobres alhajas para morir del todo pobre, leyéndole la Pasión, dio su alma a Dios Nuestro Señor, quedando muy bien compuesta y mostrando en su rostro un sonriso de que no poco se admiraron los presentes, junto con que, habiendo antes en el aposento un mal olor por causa de su larga enfermedad, al proviso se trocó con otro admirable y del Cielo, de que gozaron todos los presentes. Llegaron con grande ansia y derramando tiernas lágrimas las religiosas a besar el bendito cuerpo, y, acercándose, echaron de ver que salía de aquel suave olor y fragancia, y era de suerte que no se le podía comparar cosa desta vida. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El cuerpo estuvo cinco días por sepultar por ocasión de gentes que venían de la comarca a verle y, en este tiempo, hizo Dios por su sierva algunas maravillas; y fue de personas que sanaron de diversas enfermedades llegando a tocar su cuerpo con devoción grande. El cual estaba en la iglesia, fuera de la clausura de las monjas, para que todos le viesen y tocasen. Pasados los cinco días fue sepultado dentro de la misma clausura, junto al comulgatorio de las monjas, donde estuvo algunos años. Después, creciendo la devoción desta sierva de Dios en muchas personas de linaje, fue trasladado el cuerpo y puesto en el coro junto al altar mayor, al lado del Evangelio, elevado de tierra en un ilustre sepulcro. Y allí es tenido en grande reverencia y con justa causa, pues, aunque no se le deban honores como a sancta por no estar canonizada, débesele mucho respecto por ser cuerpo de persona cuya vida da a entender piadosamente que está su alma gozando de Nuestro Señor en muy principal asiento de su bienaventuranza, de que todos seamos participantes. Amén.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
===Notas===&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[1]'' En el margen izquierdo del folio se puede leer: “En 3. de Mayo Iudith.I 4”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[2]'' En el margen derecho de la columna se lee “Authores”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[3]'' En el margen derecho aparece “Año 1481”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[4]'' Escrito: “ejercitase”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[5]'' Escrito: “cuyo”. Posible errata que se ha corregido.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[6]'' Está escrito: “levantodos”. Errata subsanada.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[7]'' En el texto: “ajenjos”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[8]'' Se ha añadido la -h- intercalada.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[9]'' Cáncer de mama. DRAE y CORDE.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[10]'' En el texto: “par”. Se ha subsanado la errata.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[11]'' En el texto: “cojuntura”. Se ha modernizado la grafía.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[12]'' En el texto “comigo”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[13]'' En el margen derecho de la columna leemos: “Año de 1534.”&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
= Vida impresa (3)=&lt;br /&gt;
Ed. de [http://visionarias.es/equipo/belen-molina-huete/ Belén Molina Huete] y Desiré Armero Benítez; fecha de edición: abril de 2023.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
== Fuente ==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[[Archivo:Portada historia eclesiástica de todos los santos de españa de juan de marieta.jpg|miniatura|250px|right| Juan de Marieta, 1596. Historia eclesiástica de todos los santos de España. Cuenca: Pedro del Valle (From the archive of the British Library [Digitalizado por Google]).]]&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
* [http://catalogodesantasvivas.visionarias.es/index.php/Categor%C3%ADa:Juan_de_Marieta Marieta, Juan de], 1596. «[Santa Juana de la Cruz]», en ''Historia eclesiástica de todos los santos de España'', Cuenca: Impr. de Pedro del Valle. Tercera Parte, Libro XIX, Capítulo XX, fols. 85rv.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[[Contexto material del impreso Historia eclesiástica de todos los santos de España]]''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==Criterios de edición==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Conforme a los criterios establecidos en el Catálogo para fuentes impresas, se han actualizado generalmente grafías, ortografía y puntuación manteniendo aquellos rasgos de la lengua que implican valor fonológico o que caracterizan su léxico, morfología o sintaxis. Se han conservado, pues, las oscilaciones en grupos consonánticos cultos (-t-/ct…), así como las vocálicas. Igualmente, se ha respetado el uso de “y” ante palabras que comienzan con sonido vocálico /i/. Se han reducido, por otra parte, los grupos consonánticos latinizantes, incluidos la duplicación vocálica y consonántica y, de modo concreto, grafías antiguas (-x- por -j-, -z- por -c-, -ç- por -z-); se ha modernizado también la unión y separación de términos, así como las contracciones (desta&amp;gt; de esta). En los topónimos, se ha optado por la ortografía actual (Hazaña&amp;gt;Azaña). En el uso de la mayúscula se ha atendido la singularidad de tratarse de textos religiosos y se ha unificado su empleo. Se han desarrollado las abreviaciones tipográficas sin marca expresa. No se han registrado erratas. En nota al pie se han reproducido los apuntes marginales presentes en la edición que sirve de referencia y se ha ampliado información oportuna.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==Vida de Juana de la Cruz==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Capítulo XX'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[fol. 85r, col. a] '''De Santa Juana de la Cruz, monja de la Orden de San Francisco'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[1]'' El maestro Alonso de Villegas ''[2]'', tan curioso en escrituras de vidas de santos, en su tercera parte escribe largamente la vida de esta santa religiosa, y dice fue natural de un pueblo cerca de Toledo llamado Azaña. En su tierna edad todo fue dar indicios y rastros de lo que después fue: muy dada a la oración y contemplación y servicio de Dios, continuando estos santos ejercicios con muchas abstinencias, asperezas, y mortificaciones, sintiendo siempre de sí bajamente en todas sus cosas. Tuvo siempre grande deseo de servir a Dios en religión y, porque sus padres y parientes se lo estorbaban, determinó un día por la mañana huir de su casa y acogerse al monasterio de Nuestra Señora de la Cruz, de la religión y hábito de san Francisco, que estaba dos leguas de su pueblo. Aquí fue admitida por religiosa, donde se perficionó en sus santos [fol. 85r, col. b] deseos, siendo muy observante de los establecimientos de su Orden, ocupándose juntamente en los oficios más humildes del monasterio. Era muy devota del ángel de la guarda, y aconsejaba también a los demás que podía que lo fuesen, porque solía decir que no solamente nos guarda, sino que también nos acompaña en nuestros trabajos. A quien tanta solicitud como esta santa Juana de la Cruz ponía en el servicio de Dios, él la quiso ilustrar con sus maravillas, hizo yendo por su medio algunos milagros. Llevaba un día un vaso de barro en sus manos y, tocando en una piedra, se le quebró. Ella se puso en oración y, juntando los pedazos del vaso, quedó perfetamente sano. Vio todo esto otra religiosa y díjole: “Hermana, ¿no estaba este vaso en el suelo hecho pedazos? ¿Cómo está ya sano?”. Respondió con mucha humildad: “Así es hermana, mas el Señor ha tenido por bien de remediar por su bondad lo que yo había echado a perder por mis pecados”. Una niña muerta trajeron sus padres al monasterio de Santa María de la Cruz, a que la santa religiosa Juana hiciese oración por ella y, por ruegos de sus padres y de otras ochenta personas que estaban presentes, puso un crucifijo sobre ella, y hizo oración y luego se levantó con vida y salud entera. Otros muchos milagros hizo Nuestro Señor por su sierva, que sería largo de contar y, sin otros grandes trabajos que la santa religiosa tomaba de su voluntad por la de Dios, era atormentada de los mismos demonios para más aumento de méritos suyos.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Capítulo XXI'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''De la última enfermedad y muerte bienaventurada de santa Juana de la Cruz'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[fol. 85v, col. a] ''[3]'' Para llevarla Nuestra Señora a gozar de sí a esta su sierva quiso que pasase por una grave enfermedad, que fue tullirla de pies y manos, y de todos los demás miembros y huesos de su cuerpo, como si no fuera persona. Sola la lengua le quedó sana y libre, con la cual mostraba gran conformidad con Dios en sus enfermedades, con quien razonando una vez dijo: “Señor, ¿cómo es posible que un cuerpo tan quebrantado como este mío viva? O me dad paciencia, o me quitad tanto mal como padezco, o la vida siendo vuestra voluntad”. Pareciole que le respondía el Señor y le decía: “¿Qué maravilla es que padezcas lo que padeces, pues me escogiste por esposo, que fui tenido en el mundo por leproso y lleno de dolores? Pues siendo tú mi esposa, cierto es que se te habían de pegar algunas de mis enfermedades, y quien ama, razón es que padezca algo por su amado, cuanto más que todo es procurado por mí para provecho tuyo. Así tú, hija mía, más no te aflija, ni te desconsueles si padeces mucho, porque merecerás mucho. Está cierta que cuando yo vea que llegas al punto señalado de gloria para ti, yo te llamaré luego”. Así fue que, habiendo padecido esta enfermedad algunos años, llegado el día de la invención de la Santa Cruz, que es a los tres días del mes de mayo, año de mil y quinientos y treinta y cuatro, habiendo recebidos todos los santos Sacramentos, siendo de edad de cincuenta y tres años, dio su alma a Nuestro Señor. Luego se sintió una fragancia y olor suave como de cuerpo santo, al cual tuvieron cinco días por sepultar por razón de las gentes que venían de las comarcas a reverenciarle. En este tiempo hizo nuestro Señor algunos milagros en diversos enfermos, que venían a valerle de los méritos de santa Juana. Está su cuerpo [fol. 85v, col. b] al presente sepultado junto al altar mayor al lado del evangelio, puesto en alto, en el mismo convento de monjas donde es venerado.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
===Notas===&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[1]'' Al margen: “En 3 de mayo”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[2]'' Remite a la ''Adición a la Tercera Parte del Flos sanctorum'' de Alonso de Villegas de 1588 (Huesca Juan Pérez de Valdivielso, fols. 63r-65v).&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[3]'' Al margen: “En 3 de mayo”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
=Vida impresa (4)=&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Ed. de [https://visionarias.es/equipo/veronica-torres-martin/ Verónica Torres Martín]; fecha de edición: febrero de 2025. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
== Fuente ==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[[Archivo:portada_barezzo_barezzi.jpg|250px|right|Barezzo Barezzi, 1608. ''Delle croniche dell’ordine de frati minori instituito dal seráfico P. S. Francesco'', Venecia: Barezzo Barezzi. (Fuente: Biblioteca Universitaria Alessandrina, sig. LA 001013539/ 1v. [Digitalizado por Google]). |link=]]&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
* [http://catalogodesantasvivas.visionarias.es/index.php/Categor%C3%ADa:Barezzo_Barezzi Barezzi, Barezzo], 1608. “Libro secondo”, ''Delle croniche dell’ordine de frati minori instituito dal seráfico P. S. Francesco. Parte Quarta'', Venecia: Barezzo Barezzi, 156-169.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Vida en italiano disponible en: [[Vita della religiosa, et essemplare serva de Dio, la Beata Suor Giovanna dalla Croce Abbadessa]]&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[[Contexto material del impreso Delle croniche dell’ordine de frati minori instituito dal seráfico P. S. Francesco de Barezzo Barezzi]].&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==Criterios de traducción==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El relato aparece en el “Libro secondo” de ''Delle croniche dell’ordine de frati minori instituito dal seráfico P. S. Francesco. Parte Quarta'' de Barezzo Barezzi, impreso en 1608. En lo que se refiere al texto, se ha llevado a cabo una traducción al castellano del texto original italiano, en la que se han aplicado las normas de ortografía y puntuación actuales.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==Vida de Juana de la Cruz==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[156] '''Vida de la religiosa y ejemplar sierva de Dios la beata sor Juana de la Cruz, abadesa en el Monasterio dedicado a Santa María de la Cruz de Cubas, en la provincia de Castilla'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[1]'' En la época en que el soberbio Holofernes, capitán de Nabucodonosor, rey de Asiria, sitiaba la ciudad de Betulia, la escritura del Libro de Judith dice que, una mañana, los hebreos sitiados salieron de su ciudad con estandartes desplegados y con lanzas y espadas en las manos amenazando de muerte a sus enemigos, a los cuales infravaloraron burlándose de ellos diciendo que las ratas se habían atrevido a salir de sus nidos en detrimento de sus vidas. En ese momento el pabellón del capitán estaba cerrado y en él reinaba un silencio supremo. Vagao, su ayuda de cámara, entró creyendo que dormía para despertarlo a fin de que diera alguna orden a la defensa, pero en cuanto entró y vio el cuerpo sin cabeza de Holofernes tendido en el suelo y cubierto de su propia sangre, se quedó confuso al darse cuenta de que eso lo había hecho la matrona Judith. Salió dando voces y diciendo que una mujer había sembrado el caos en la casa de Nabucodonosor, y esto fue muy cierto. Los asirios, al ver muerto a su capitán, tuvieron tanto miedo que huyeron y dejaron la victoria y todo lo que allí tenían en manos de sus enemigos. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Lo dicho por Vagao, ayuda de cámara de Holofernes, sobre que una mujer había sembrado el caos en la casa de Nabucodonosor, se adapta bien a una bendita mujer llamada Juana de la Cruz, monja de la Orden de los Frailes Menores. La cual es confusión de la casa de Nabucodonosor en tanto que por ella son conocidos los impíos, y desean saber en qué estado se encuentran, que todos están confundidos, incluso algunas personas religiosas y gente de Iglesia, por muy honrados que sean en el ejercicio de Dios, están confundidos en relación con lo que ha hecho esta religiosa, aunque hayan nacido de sangre ilustre y noble, y se hayan criado en la política de la corte y de la casa real, están confundidos por esta mujer que nació en estado de labradora y en tierra pobre. Y es confusión de toda clase de hombres, porque una mujer los supera, como se verá en su vida, recogida en los antiguos memoriales que hay en el Monasterio de la Cruz, que está a dos leguas de la ciudad de Illescas y que dice así. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[157] '''De su patria, de quién era hija y del nacimiento de la sierva de Dios sor Juana de la Cruz, y de los ejercicios espirituales que hacía en su infancia con gran rigidez de su cuerpo, y de la santa imagen de la Santísima Virgen, llamada de la Caridad de Cubas, y su origen'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Capítulo XXVIII'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[2] En un lugar cercano a Toledo, llamado Azaña, nació Juana de la Cruz de un virtuoso padre cristiano llamado Juan Vázquez y de Catalina Gutiérrez, en el año de la Encarnación 1481. Esta fue bendecida con mucha gracia y singular belleza. Su madre la amamantó en su seno sin molestia ni aburrimiento alguno, es más, le sirvió de mucho consuelo y recreación, porque solo con cogerla en brazos, aunque se encontrara melancólica y afligida, era suficiente para animarla y desterrar de ella toda pena y dolor. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Con cuatro años mostraba un juicio perfecto, tanto en las palabras que decía como en las cosas que hacía, porque todo lo hacía con mucho sentido y mucho corazón. Nunca se la vio ocupada en juegos u otras cosas vanas en las que se ocupaban los demás de su edad, ni hablaba palabras vanas o inútiles, sino que sus pensamientos e intenciones eran solo para Jesucristo, a quien llamaba su Esposo y con quien compartía sus pensamientos. A veces tenía tanta fuerza y aprehensión en sus potencias interiores que sus sentidos permanecían completamente ausentes, por lo que su madre, creyéndola enferma y a veces hasta muerta, hizo voto de llevarla con una imagen de cera a una casa y monasterio de Nuestra Señora llamada de la Cruz, que está cerca de un lugar llamado Cubas, distante dos leguas de Illescas, ciudad de la diócesis de Toledo, distante seis leguas de la ciudad, ilustrada con una imagen de la Madre de Dios llamada de la Caridad ''[3]'', donde acuden personas de diversas partes, especialmente enfermos, que son favorecidos y curados por los méritos e intercesión de la Santísima Virgen. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El Monasterio y Casa de la Cruz, en que son monjas de la Orden del Padre San Francisco, se considera, tanto en su interior como en su exterior, por memoria conservada de mano en mano por los hombres de toda la provincia, que fue edificado por orden de la santísima Virgen María, que se apareció en aquel lugar de donde procede, que es honrado y tenido en gran estima por la gente de la provincia y también por relación de monjas ancianas de la misma casa y monasterio. Se sabe de qué era la imagen que es tan honrada en Illescas que una mujer devota que servía a las monjas, acompañada de otras mujeres y con música de címbalos, llevó la santa imagen por encima de la puerta del claustro de las monjas, donde estaba, y la llevó entre la gente de la provincia pidiendo limosna para vestirla y, con lo que les daban, la mantenían muy lustrosa y adornada. Y, de esta manera, la dejó un día en Illescas y, perdiéndola el monasterio, la adquirió la [158] ciudad, y quedó con ello el origen de esta santa imagen, que, por lo que hemos podido descubrir, es esta, que es de pequeña estatura y algo morena y, en suma, devota, y dicen que ha hecho muchos milagros y es visitada con gran reverencia por toda España. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y estando a dos leguas de donde estaba su joven hija Juana, su madre la ofreció a la Virgen y permitió que la llevasen al monasterio con la imagen de cera, como hemos dicho. Y, como a su madre le había llegado la hora de la muerte antes de cumplir este voto, rogó a su marido, el padre de la niña, con gran insistencia que lo cumpliera ''[4]''. Habiendo oído esto y comprendido el voto hecho por ella, resolvió en su alma no solo contentarse con hacer aquel viaje para cumplir la voluntad de su madre, sino también permanecer en el monasterio como religiosa y allí servir a la Madre de Dios con todo su afecto durante toda su vida. Muerta su madre, quedó la niña de siete años y, con la intención de ser monja, deseaba acompañarse de obras y ejercitarse en el siglo en aquellas cosas que son propias de la religión: exigía gran abstinencia ayunando, comiendo pan y agua solo una vez al día ''[5]''. Tampoco comía todo lo que necesitaba y a veces se quedaba dos o tres días sin comer nada. Se hizo un cilicio de ásperas cerdas con sus propias manos y se lo puso sobre la carne, por lo cual siempre andaba llagada, pero muy consolada. Nunca estaba ociosa, trabajaba con sus propias manos y en el trabajo estaba muy ocupada atormentando más su cuerpo con el cilicio, de modo que no tenía más que ofrecer a Nuestro Señor, herido y llagado por todos, sino infligirse duras disciplinas, entregándose tan sin piedad que su cuerpo quedaba hecho un lago de sangre. Mostró gran humildad en su rostro. Dijo pocas palabras y ni una ociosa, de manera que todo lo que salía de su boca o era razonamiento hecho a Dios o en beneficio del prójimo. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Uno de sus tíos, un hombre rico, la llevó a su casa, implorando esto a su padre con muchas oraciones, y su esposa, que también era su tía, la amaba tiernamente. Ahora bien, como tenía más comodidad aquí, pasó más tiempo en obras santas y en penitencias, y pasaba la mayor parte de la noche en oración, pero llegó a tal extremo que su tía llegó a codiciar la vida que hacía ''[6]'', la cual estimaba mucho y apreciaba. Con lo cual, viéndose descubierta, buscó los lugares más recónditos y escondidos de la casa, donde guardaba sus disciplinas, dándose crueles golpes con una cadena de hierro y, cuando más llagada se vio y más atormentada, pidió a Nuestro Señor la recompensa de sus dolores: que la recibiera en el monasterio de sus esposas y la hiciera monja. Lo cual le fue concedido por su Divina Majestad.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[159] '''Cómo la sierva del Señor, para cumplir su voto de ser monja, huyó de su familia con hábito de hombre y se fue al Monasterio de la Cruz de Cubas, donde fue aceptada, y de la dureza de su vida, y de otras virtudes ejemplares'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Capítulo XXIX'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[7]''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Con quince años, e inspirada por Dios, como sabemos, viendo que no podía hacer otra cosa porque sus parientes se resistían y deseaban tenerla siempre consigo y casarla ''[8]'', una mañana se vistió con hábito de hombre y, haciendo un pequeño bulto con sus propias ropas, salió de su casa con intención de ir al Monasterio de las Monjas de la Cruz, que (como hemos dicho) distaba dos leguas. Y, cuando comenzó su viaje, el Diablo quiso impedírselo y puso en su mente algunos pensamientos: que su padre y sus parientes recibirían desfavorablemente su viaje y que muchos peligros podrían sobrevenirle en él. Esto causó tal impresión en su alma que se sintió perdida y cayó al suelo a pesar de que le hablaron y le dijeron que debía esforzarse para que Dios la favoreciera y pudiera lograr su objetivo. Volvió a continuar con su viaje y, habiendo recorrido buena parte del camino, oyó que venían hacia ella personas a caballo, aunque bastante lejos, y, cuando miró bien, supo que era un joven de padre rico que le había pedido por esposa y deseaba casarse con ella. Fue una gran perturbación para ella verlo, viéndose sola y en un lugar tan solitario en tal peligro sin embargo, ella fue otra vez favorecida por el Señor cegando tanto al joven muchacho que no la reconoció y le advirtió de que se saliera del camino mientras él pasaba. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y así pudo ir bien y con seguridad hasta la casa de la Madre de Dios, adonde se dirigió, y, entrando en la iglesia, no vio a nadie y, habiendo hecho oración y, en particular, habiendo hecho reverencia a la imagen de la Madre de Dios, se retiró a un lado, donde, despojándose de sus vestiduras varoniles, se puso las de mujer, con las cuales se fue. Habló con las monjas y les dijo quién era y cuál era su deseo, rogándoles que la aceptaran en su clausura, pero, al mismo tiempo que hablaba con las monjas, sus parientes, que la seguían, vinieron a buscarla y le dijeron palabras muy reprochadoras por este hecho y que querían llevársela con ellos. Ella pacientemente les pidió perdón por los problemas que habían recibido por su causa y les dijo que [160] su intención era servir a Dios en esa casa, y que solo Él podía sacarla de ese lugar. Asimismo, al mismo tiempo vino el prelado por cuya orden había de ser recibida en el convento, el cual, visto el deseo y constancia de la joven ''[9]'', dio licencia para que fuese recibida en religión, y todas las monjas la recibieron con gran alegría. Lo cual, cuando sus familiares lo vieron, lo tomaron como una buena señal y le dieron la dote, y ella recibió el hábito y permaneció en la casa. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
La maestra de novicias le encomendó esta tarea: que guardara silencio durante un año. Lo cual fue tan agradable a sus oídos como cualquier otra cosa que le pudiera ocurrir, porque por naturaleza era aficionada a hablar poco. Y, así, comenzó a vivir una vida maravillosa incluso antes de la profesión ''[10]'', que hizo en un año, y que constaba de cuatro votos: tres ordinarios y uno de clausura. Su vestido era muy pobre y humilde, más que el de las otras monjas: vestía una túnica de sarga vieja y remendada, su hábito era de lo mismo; en los pies llevaba zuecos de madera y la mayor parte del tiempo iba descalza; se ceñía con una cuerda gruesa y vestía un paño de estopa en su cabeza sobre el grueso velo; y, sobre su carne, vestía un áspero cilicio que nadie conocía, el cual no se quitaba nunca, ni de día ni de noche. Y, además, hacía otras duras penitencias: su paciencia era maravillosa, porque deseaba ser despreciada y reprehendida sin culpa e insultada, y que le fuera levantado testimonio, deseando saber de qué suerte sería ''[11]''. Deseaba tormentos, llagas, heridas, dolores, frío, cansancio y todo tipo de castigos, sufriéndolos alegremente por amor de Dios. No hablaba más que con su maestra, o con la abadesa o la vicaria, y esto cuando se le preguntaba. A veces llevaba en la boca una hierba amarga parecida al ajenjo, en recuerdo de la hiel que fue dada a Jesucristo en su Pasión; otras veces se ponía una piedra bastante grande, lo cual le causaba mucho dolor; otras veces tomaba agua en la boca y la retenía tanto tiempo que no podía soportar el dolor que le causaba; también levantaba un candelero con la boca y lo sostenía en alto hasta que le dolieran las mandíbulas. Ella pensaba que guardar silencio sin penitencia y sin dolor era poco agradable a Dios y de poco mérito. Y hacía los mismos ayunos que antes de ser monja, añadiendo a estos el ayuno de dormir: así como el que ayuna come al mediodía y toma una breve refección por la noche, ella, en lugar de comer al mediodía, recitaba también maitines por la noche, y en lugar de una breve refección, lo cambiaba por un breve sueño al final de la noche, cuando aparecía el alba. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[161] '''Del amor sin límites que profesaba a Dios Nuestro Señor, de los ejercicios en que se ocupaba con gran humildad y cuán celosa era del culto divino, y lo que dijo de su ángel de la guarda'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Capítulo XXX'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Era costumbre que todas las monjas durmieran en un dormitorio, cada una en su celda, pero con una lámpara encendida en medio del dormitorio ''[12]''. La sierva del Señor permanecía atenta cuando todas se retiraban a sus habitaciones y dormían entonces, en el mayor silencio, tomaba una piedra y se dirigía a su habitación, ora de pie, ora de rodillas, siempre recitando o meditando en la Pasión de Jesucristo, su amado Esposo ''[13]''. Se ocupaba mucho en el servicio de su convento y lo realizaba con fruición, y consideraba alegremente que todo era para el servicio de Jesucristo, de quien era esclava: cuando lavaba los platos se persuadía de que eran de oro y de perlas, para que en ellos comiera su Divina Majestad; la escoba con que barría la tenía por rosas y flores; las piedras por tapices muy finos y para suelos del Rey del Cielo, y de esta manera se comportaba en todas las demás cosas.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Siendo cocinera esta bendita monja, fue reprehendida por su compañera y por la procuradora, quienes no estaban conformes con lo que hacía, y ella, sin molestarse en absoluto, se arrojó al suelo y dijo que era culpa suya. No solo no aceptaron sus disculpas, sino que le dijeron que se fuera de su presencia. La sierva de Dios fue al coro muy afligida y pidió al Señor con gran afecto que le perdonase el dolor que había ocasionado a su hermana, y que acabase el mal que tenía con ella. Y, mientras estaba en ello, volvió su compañera a llamarla, y le preguntó: “¿Qué haces en el coro?”. Y ella respondió con gran humildad: “Rogando a Nuestro Señor que me perdonase por la molestia y gran aflicción que os he causado, hermana mía, y que hiciese las paces con vos, para que me perdonaseis y estuvieseis bien y en paz conmigo”. Oyendo esta respuesta, su compañera y su procuradora quedaron tan edificadas que durante muchos días sintieron gran contrición, con muchas lágrimas en lo secreto de sus corazones. Y de esta manera se portaba con todos los que la reprehendían y la afligían, que consistía en hacer una oración especial por ellos. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Ya se ha dicho que esta bendita doncella tenía un rostro agraciado y hermoso y, al mismo tiempo, tenía una presencia de gran gravedad, era amistosa y de conversación ''[14]'' agradable, pues hablaba con mucha gratitud y daba muchos consejos útiles. Verla y oírla, por tanto, provocaba una gran devoción. Asistía a los sacramentos de la confesión y de la comunión y, como sus prelados no le permitían comulgar todos los días, comulgaba espiritualmente en su corazón o escuchando misa y, para ello, se preparaba con mucha antelación.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[162] ''[15]'' Oyó hablar de un religioso que tuvo la tentación de no rezar sus horas canónicas y el oficio divino y que decía que Dios no tenía necesidad de sus oraciones. Habló con este religioso y le dijo que Dios no tenía necesidad de él, ni de ninguna criatura, sino que todas las criaturas juntamente con él tenían necesidad de Dios. Y que, así como el gabelero está obligado a pagar el impuesto a su rey y señor y, si no lo paga, se muestra rebelde a su rey y por tal falta le castiga severamente, así Dios quiere que sus criaturas le paguen por el servicio y gracia recibida y, en particular, el hombre eclesiástico con el oficio divino y, si falla en esto, lo castigará con severidad. Oído lo cual, aquel religioso enmendó el error que había cometido y pidió perdón al Señor, siendo entonces más solícito y diligente en el servicio de su Divina Majestad. Luego, a una monja que le preguntó qué debía hacer para agradar a Nuestro Señor, le dijo que orase y guardase silencio, que es cosa muy agradable a su Divina Majestad. Luego, a otra que le pidió consejo para estar en gracia de Dios y perseverar en ello, le dijo: “Llora con los que lloran, ríe con los que ríen, y calla con los que callan”. ''[16]'' Ella aconsejaba a todos tener gran devoción a su ángel guardián, porque decía que ellos no solo nos guardan, sino que nos acompañan y, cuando alguien está en la agonía de la muerte, su ángel va al Cielo y reza e invita a los santos y las santas, que saben que esa persona les tiene devoción y ha hecho algo por lo cual se lo merece, para que junto con él oren a Dios para que le favorezca y le libere, y que lo haga en la forma que le pidan. Añadió también que, aun después de la muerte, no se olvidan de las almas de las que fueron guardianes, porque van al purgatorio y las visitan, y las consuelan, y les dan cuenta de las obras santas y meritorias que los vivos hacen por ellos.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Cuánto le gustaba la cruz y por qué, los notables favores que recibió de Nuestro Señor Jesucristo, y de los razonamientos que hizo estando en éxtasis varias veces'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Capítulo XXXI'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[17]'' Así que esta bienaventurada monja era devota de la cruz y tenía mil razones para ello, no solo por tener el apellido y llamarse Juana de la Cruz, sino también por ser monja del Monasterio de Santa María de la Cruz y por haber obtenido gran misericordia de Dios por medio de su santísima cruz, a la que dedicaba dulces y suaves discursos para cada día de la semana, de los cuales sacaba gran provecho y consuelo espiritual. Fue favorecida de Nuestro Señor enviándole manjares de [163] su mano de admirable gusto y recreación, especialmente cuando estaba en oración, en la cual muchas veces estaba arrobada en éxtasis, permaneciendo sin sentido alguno; y para prueba de esto, estaba presente una dama secular que vino a visitarla y, viendo que ni moviéndola ni llamándola demostraba que sintiese nada, la golpeó con un hierro agudo en la cabeza, de tal manera que la hizo sangrar y, aunque no lo sintió en ese momento, después, sin embargo, sufrió mucho dolor por la herida. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
A veces sucedía que, estando en estado de arrobamiento, hablaba y decía razones muy elevadas, de modo que los que las oían se edificaban grandemente. Porque como su doctrina era muy semejante a la que nuestra santa fe enseña y predica, ora revelaba los maravillosos secretos de Dios ''[18]'', ora exhortaba a amar las virtudes y a corregir los vicios, reprehendiendo suavemente por alguna cosa a los que estaban presentes. Y sus razonamientos eran tan eficaces que parecía hablarles de tal manera que los demás no entendían, pero eran conscientes en sus corazones del mal que habían hecho, y así era motivo para que se arrepintieran de la ofensa que habían hecho a Dios Nuestro Señor, pidiéndole perdón y firmemente resueltos a enmendar sus caminos en el futuro. Y, como mayor prueba de que se trataba de un negocio celestial, no pocas veces se la oyó hablar en diferentes lenguas, de las que nunca tuvo conocimiento y, así, a cierto provincial de la Orden de los Frailes Menores Observantes que deseaba hacerla abadesa de aquel monasterio, como al fin lo hizo ''[19]'', le dijo en lengua vizcaína, por ser de Vizcaya, que sería útil para el monasterio y casa mantenerla en aquel oficio, aunque sería cosa fastidiosa para ella y un gran dolor. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En otra ocasión, el obispo de Ávila dio dos esclavas moras al convento para que las monjas se sirviesen de ellas, las cuales habían sido traídas de Orán (que entonces se compraban), y las monjas les dijeron que se hiciesen cristianas, y lloraron amargamente y se rascaron sus rostros de tal manera que les manaba sangre y, en particular, una que era mayor. Mientras esta bendita doncella estaba en éxtasis habló en lengua arábiga y ellas la oyeron de buena gana y le respondieron; tras lo cual las dos se bautizaron por su propia voluntad y, después de bautizadas, la oyeron hablar en la misma lengua mientras estaba arrebatada e, inmediatamente, fueron a ella y se consolaron mucho de haberla oído.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[164] '''Cómo personas ilustres la oyeron hablar mientras estaba en éxtasis y de un milagro que ella imploró al Señor Dios mediante la oración'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Capítulo XXXII'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Siendo todas estas experiencias algo nuevo e inaudito para cualquier santo, los prelados ordenaron a la abadesa que estaba allí en ese momento que siempre que hablase tan embelesada la dejasen sola. Y la primera vez que la vieron en éxtasis y que habló, mandó la abadesa a las monjas que allí estaban que saliesen de la cámara y, así, se quedó sola y, pasado algún tiempo, mandó ver si hablaba más, y la monja que entró con esta orden vio en la cámara gran número de pájaros de diferentes naturalezas, todos con el cuello levantado en alto como si oyesen hablar a la bienaventurada. Y, volviendo a contarle lo que había visto, volvió con ella la abadesa y otras muchas monjas que vieron lo mismo, aunque los pájaros huyeron a su venida y, para que se viese que eran verdaderos y no fantasía, uno de ellos voló al lado donde estaba la bienaventurada joven y se paró en su manga. Habiendo vuelto a su sentir ''[20]'', en que parecía ser voluntad de Dios que oyesen lo que dijo a tal hora y que prohibieran a las personas de entendimiento y de razón que la oyeran, vieron ángeles que, careciendo de todas estas cosas, lo oyeron, y así fue visto y oído varias veces del cardenal y archidiácono de Toledo, fray Francisco Ximénez, que era fraile de la orden; mencionado por muchos obispos, inquisidores, predicadores, duques, marqueses, condes y gentes que se burlaban de ella. Al oírle contar la historia y viéndolo luego con sus propios ojos quedaron confundidos y, en lo futuro, sintieron no poco cariño por ella. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[21]'' Nuestro Señor obró algunos milagros en ella, uno de los cuales fue que, cuando llevaba un gran jarrón de barro para el servicio del convento, se rompió en pedazos al tocar una piedra, y ella, muy desconsolada, se arrojó al suelo y rezó a Nuestro Señor y, cuando juntó los pedazos, quedó perfectamente sano y entero. Otra monja vio todo esto y le dijo: “¿Qué es esto, hermana? ¿No estaba este jarrón en el suelo hecho pedazos? ¿Cómo está ahora completo?”. Ella respondió con gran humildad: “Así es, hermana mía, el Señor en su bondad ha podido remediar lo que yo había perdido por mis pecados”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[165] '''De ciertos milagros y gracias que la sierva de Dios obtuvo de Nuestro Señor por medio de la oración'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Capítulo XXXIII'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Un milagro igualmente grande fue el que le ocurrió varias veces: que, estando ocupada en cosas de su obediencia ''[22]'' y estando muy lejos del oficio divino, que se rezaba en el coro, mereció ver el Santísimo Sacramento, aunque había una gruesa pared en medio, la cual, en el momento en que alzaban a Nuestro Señor en la misa, pareció romperse de tal manera que vio la sagrada hostia y el cáliz, y luego la pared volvió a juntarse. Y, como prueba del milagro, permaneció la señal en la piedra mal incrustada durante muchos años.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[23]'' También era público que una joven que se estaba muriendo había sido conducida por su padre a ese Monasterio de la Cruz y que, por muchas experiencias que allí se hicieron, se vio que ella estaba en duda por su vida. Tras muchas oraciones de su padre y de otras personas presentes en la octava, colocó un crucifijo sobre aquella y oró, e, inmediatamente, ella se levantó sana y con certeza de vida.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[24]'' Por estas obras, y por su gran virtud y discreción, fue elegida abadesa, cuyo cargo desempeñó maravillosamente. Por eso sus súbditos no solo se veían favorecidos y animados en el servicio de Dios por su ejemplo y sus dones, sino también por su ferviente oración, implorando a la Majestad de Dios que se dedicara mucho a su servicio. Y hubo clara prueba de ello, pues, cuando fue colocada en el oficio de abadesa, no encontró disminuida su virtud, sino más bien aumentada, pues Dios había obrado en ella nuevas y muy extraordinarias maravillas, como puede verse en esto, que estando enferma una señora en el palacio del emperador Carlos V, cuya corte residía a la sazón en Madrid y cuyo nombre era doña Ana Manrique, habiéndola puesto la dolencia del costado en último peligro de muerte, ahora esta señora, por tener devoción a la madre Juana de la Cruz y por estar segura de que Nuestro Señor la oía, le hizo saber el peligro en que se hallaba. ''[25]'' La bienaventurada madre, con caridad interior, hizo por ella fervientes oraciones, que se vio que fueron eficaces, pues mientras la enferma estaba sin remedio humano a juicio de los médicos, habiendo recibido la extremaunción y siendo devota, vio que la misma madre abadesa Juana de la Cruz estaba junto a ella tocando y apretando con las manos la fuente donde estaba el dolor y, así, dijo con voz alta: [166] “Mirad a mi madre, que ha venido a visitarme y a sanarme”. Muchos de los presentes oyeron estas voces, aunque no la vieron, excepto en el efecto, que fue que esta señora pudo comer y beber y recobrar toda su salud. Esto se supo en el mismo Monasterio de la Cruz y, preguntando las monjas a la madre Juana cómo y de qué manera había obrado esto, ella les dijo: “Estas son las obras, hijas mías, de mi santo ángel custodio”. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[26]'' También fue cierto que, por sus oraciones, el padre confesor del convento se curó de una enfermedad muy peligrosa de rabia; y, asimismo, una monja de un cancro; y otra de cierta enfermedad naciente; y así algunas otras de ciertos males muy grandes en los que siempre iban empeorando, hasta que la madre Juana de la Cruz hizo oraciones por ellas, que fueron pedidas con gran devoción y a petición de las mismas enfermas e, inmediatamente, mejoraron y en poco tiempo permanecieron sanas.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''De algunas persecuciones que sufrió con mucha ejemplaridad y paciencia la sierva del Señor Sor Juana de la Cruz y cómo fue favorecida por Nuestro Señor Jesucristo con las señales de sus santísimas llagas'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Capítulo XXXIIII''' ''[27]''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y porque la fama de estas obras y de su santa vida, que se extendió por todas partes del mundo, fue causa de que muchos la consideraran y veneraran como santa, para que esto no fuese ocasión de enaltecerla y para su mayor mérito, permitió Dios que fuese gravemente afligida ''[28]'' a causa de una persecución que se levantó contra ella. Y era costumbre que la abadesa y las monjas pusiesen un sacerdote en el lugar de Cubas para administrar los sacramentos, porque ese era el beneficio del convento. Algunas personas eclesiásticas trataron de imponerlo a través de Roma diciendo que las mujeres, aunque religiosas, eran incapaces de encargarse de las almas. A la bendita madre se le aconsejó lo que debía hacer en tal caso y se le dijo que, para beneficio del convento, debía enviar al papa una bula para que, anticipándose a ella, ganara esa gracia y asegurara su daño, lo cual hizo, aunque sin dar cuenta de ello a su prelado por el peligro que había en la demora. Y así sucedió que una monja del mismo convento, que no era muy amiga suya, puso este caso en conocimiento de los prelados diciendo que se había hecho sin su permiso y gastando lo que es propio del convento para dar aquel beneficio a uno de sus hermanos, que por ellos había sido designado. Y la verdad era que en conseguir la bula se habían gastado siete ducados, que pagó uno de sus devotos sin perjuicio del convento y su hermano, pues, siendo hombre de letras y de buena vida, había sido solicitado por el pueblo para esa tarea. Con todo [167] esto, uno de los prelados, y el principal, muy indignado, fue al Monasterio de la Cruz y, reduciendo el capítulo, reprehendió duramente a la madre Juana y le quitó el cargo de abadesa imponiéndole públicamente una disciplina, que ella soportó con gran paciencia, diciendo que sus pecados merecían mucho más y que había recibido el oficio de abadesa sin mérito alguno, sino solo por obediencia. Oyeron las monjas esta grave molestia y, aunque el prelado les mandó elegir abadesa, no se pudo llegar a un acuerdo con ellas, diciendo que ya la tenían y así les dio por presidenta a la misma monja que les había dado esta información. Sucedió que tanto el prelado como la monja murieron en poco tiempo a causa de la gran pena que sintieron por este suceso y, por ello, pidieron perdón a la misma madre Juana de la Cruz, la cual no poco importunó a Nuestro Señor mientras vivían para la salvación de los cuerpos, así como después de muertos para la salvación de sus almas.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
No se acabaron aquí los trabajos de esta bienaventurada mujer, pues un Viernes de la Cruz estaba en su celda elevada en contemplación con ambos brazos en alto en forma de cruz, con la atención puesta en ella como si estuviera en el coro cuando se dice la santa Pasión ''[29]'' y, al mismo tiempo que lloraba, estaba descalza y no podía andar y así sufría mucho en los pies con gran dolor. Las monjas, oyéndola llorar así, fueron a ella y le preguntaron: “¿Qué tienes, madre?”. Y ella respondió que le dolían mucho los pies y, mirándolos, vieron que estaban marcados, y también las manos, de las señales del Señor, aunque no tenía llagas abiertas ni salía sangre de ellas, sino ciertas marcas redondas del tamaño de un real y muy coloridas. Las monjas le preguntaron la causa de esto, a lo que ella respondió que no sabía más, sino que mientras contemplaba la Pasión de Jesucristo le parecía que lo veía puesto en la cruz y que se unía con Él y que por ello le quedaron estos signos. Lo cual fue la causa por la cual las monjas y los dos frailes que eran confesores de la casa derramaron lágrimas de ternura y de gran alegría al verlos, aunque la bendita madre se consideraba indigna de tales favores de Dios y, a causa de sus intolerables dolores, pidió a su Divina Majestad que la librase de ellos y, tanto lo importunó, que el día de su Ascensión quedó del todo libre de dolor y sin señales semejantes, aunque sus dolores no cesaron por esto, sino por permiso de Dios era atormentada por los demonios y azotada y, tan cruelmente, que, a veces, las marcas de los golpes que los demonios le daban duraban muchos días.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[168] '''Cómo la santa monja, con mucha paciencia, sufrió una extraña enfermedad y de una razón que hizo al Señor, con su respuesta, y de su muerte y dónde está sepultada'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Capítulo XXXV'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[30]'' Sus sufrimientos continuaron y plugo a Dios Nuestro Señor darle una terrible enfermedad que la dejó lisiada de tal manera que quedó sin fuerzas y no había miembro sano de su cuerpo ni parte alguna que no le causase gran dolor. Los huesos estaban separados unos de otros, incluso los de las manos y los pies y, de esta manera, sus dolores y angustias no podían ocultarse ni tolerarse. Sus rodillas estaban tan apretadas que nunca podía estirarlas, sus brazos y manos hacían lo mismo; sus dedos estaban tan torcidos y enroscados que no podía comer con las manos, ni manipularlos, ni volverse a ninguna parte; ni podía comer ni beber, a menos que se le diese. En fin, no podía mover ninguna parte de su cuerpo, sino la lengua, con lo cual mostraba gran conformidad con Dios ''[31]'', con quien un día, hablando tiernamente, dijo: “Señor, ¿cómo es posible que un cuerpo tan desfigurado pueda vivir? Dame paciencia o quita de mí el gran mal que sufro y mi vida, si esta es tu voluntad”. Parecía que el Señor le hablaba y le decía: “Qué maravilla es que padezcas lo que padeciste, habiéndome elegido por Esposo a mí, que en el mundo era considerado leproso y lleno de dolor; pues si ya que eres mi esposa y te comunicas conmigo como con tu esposo, aunque espiritualmente, es cierto que algunas de mis dolencias debían aplicarse en ti, ya que el que ama conviene que sufra por su amado. Tanto más, cuanto que yo he procurado esto para vuestro beneficio, puesto que también soy vuestro padre, y los que son padres en la Tierra buscan que sus hijos tengan bienes y riquezas y, para ello, se exponen a muchos peligros y aflicciones. Para hacer ricos a mis hijos, sufrí trabajos, injurias y dolores; para elevarlos al Cielo, me rebajé a la Tierra; para librarlos de la muerte en el infierno, sufrí cruel muerte de cruz; para hacerlos ricos de almas, me hice pobre de cuerpo; para hacerlos señores en el Cielo, iguales a los ángeles, me hice siervo humano, sujeto a graves necesidades; y, porque he hecho tanto por ellos, pueden comprender que los amo, y los deseo mucho, y que el amor que les profeso es mayor que el que ellos mismos se profesan. Y será mejor que lo cumpla y, para que tenga su efecto, sufran penalidades para ir al Cielo, y que sean grandes, para tener la grande y principal silla para este propósito, no porque me complazca verlos sufrir y penar, sino porque esto es lo que se requiere. Así que, hija mía, no te aflijas ni te desconsueles, si mu- [169] cho sufres para merecer mucho y, por esto mismo, el Cielo será muy tuyo y ten por seguro que, cuando vea venir el punto marcado de vuestra gloria en mi eternidad, lo sostendré inmediatamente”. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Así fue como, habiendo padecido esta enfermedad durante algunos años, se produjo un cambio de destino: fue visitada por varios médicos, todos los cuales afirmaron que se estaba muriendo, lo que fue causa de gran melancolía y tristeza en su convento porque, aunque estaba enferma y retorcida en una cama, les fue de gran utilidad y consuelo por tener la lengua libre y el intelecto sano, con el que les daba consejos y documentos muy útiles. Llegó, pues, el día de la Santa Cruz, que es el día tres de mayo, domingo, a las seis ''[32]'' después del mediodía, del año mil quinientos treinta y cuatro, siendo de edad de cincuenta y tres años y, estando en su celda algunos religiosos de su orden y todas las monjas del convento, con velas encendidas en sus manos, habiendo recibido el sacramento de la confesión, y comunión, y de la última cena con mucha reverencia y piadosas lágrimas, y hecha la distribución de sus pobres restos, para morir en toda pobreza, y leyendo la Pasión, entregó su alma a Dios Nuestro Señor manteniéndose muy bien compuesta y mostrando una sonrisa en su rostro, que admiró mucho a los presentes. Después de lo cual, un mal olor se extendió por la habitación debido a la larga enfermedad y, de repente, se transformó en otro maravilloso olor del Cielo, que los presentes disfrutaron. Las monjas fueron con gran prisa a abrazar el bendito cuerpo derramando tiernas lágrimas y, dando vueltas alrededor de él, procuraban ver de dónde venía aquel suave olor, con una fragancia tan fuerte que no se podía comparar con nada de esta vida. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El cuerpo permaneció insepulto cinco días debido a la multitud de gente de toda la provincia que acudió a verlo, tiempo durante el cual Dios realizó ''[33]'' algunos milagros por los méritos de su sierva: se trata de algunas personas que fueron sanadas de diversas enfermedades yendo a tocar su cuerpo con gran devoción, el cual estaba en la iglesia, fuera del claustro de las monjas, para que todos pudieran verlo y tocarlo. Después de cinco días fue enterrada en el mismo claustro, cerca del comunicatorio de las monjas, donde permaneció durante varios años. Luego, como la devoción a esta sierva de Dios creció entre muchas personas nobles, su cuerpo fue trasladado y colocado en el coro, cerca del altar mayor, de la parte del evangelio, sacada de la tierra a un sepulcro ilustre ''[34]'', y allí se la tiene con gran reverencia y con justa causa. Aunque no se la debe honrar como santa porque no está canonizada, se le debe mostrar, sin embargo, un gran respeto, como el cuerpo de una persona cuya vida muestra piadosamente que su alma está disfrutando de Nuestro Señor en un asiento muy especial de su bienaventuranza, de la que Dios hace partícipe a todo el mundo. Amén.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
===Notas===&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[1]'' Al margen izquierdo: Véase Gonz. par. 3. Alfonso de Villegas en la ''Adición a la tercera parte del Flos Sanct''. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[2]'' Al margen derecho: Juana de la Cruz, de qué patria era, quiénes eran sus padres y cuándo nació. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[3]'' Al margen derecho: Imagen de la Santísima Virgen de la Caridad, de gran concurrencia y devoción, y dónde se encuentra y su origen.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[4]'' Al margen izquierdo: Se dispone a cumplir el voto hecho por su madre. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[5]'' Al margen izquierdo: Grandes abstinencias que hacía la joven Juana. Vestía un áspero cilicio. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[6]'' Al margen izquierdo: Es descubierta por su tía la dura vida que llevaba. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[7]'' Se ha subsanado la errata, pues aparecía como capítulo XIX. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[8]'' Al margen derecho: Partió hacia el Monasterio de la Cruz y lo que siguió.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[9]'' Al margen izquierdo: Se hace monja con licencia del prelado.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[10]'' Al margen izquierdo: Guardó el silencio durante todo un año por obediencia.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[11]'' Al margen izquierdo: Por amor del Señor quiso sufrir todos los grandes tormentos y abstinencia.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[12]'' Al margen derecho: Dormía poco o nunca.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[13]'' Al margen derecho: Aficionada a la Pasión de Nuestro Señor Jesucristo y cómo meditaba.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[14]'' En el original aparece “conversione”, pero por el contexto se deduce que debería ser “conversatione”. Se subsana la errata.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[15]'' Al margen izquierdo: Ella era celosa del culto divino, por lo que reprehendió a un religioso y lo que siguió.  &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[16]'' Al margen izquierdo: Dijo grandes cosas del ángel de la guarda, y que se debía ser muy devoto y por qué.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[17]'' Al margen izquierdo: Era devota de la cruz y por qué razones. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[18]'' Al margen derecho: En éxtasis descubría los pensamientos y secretos de los demás, para asombro de estos. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[19]'' Al margen derecho: Habló en diferentes idiomas estando en éxtasis. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[20]'' Al margen izquierdo: La santa monja fue vista por cardenales y otras personas ilustres estando en éxtasis. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[21]'' Al margen izquierdo: Nuestro Señor Dios obra un milagro a través de su sierva. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[22]'' Al margen derecho: Favorecida por el Señor, sigue un milagro notable. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[23]'' Al margen derecho: Con la oración imploró al Señor Dios por la salud de una joven. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[24]'' Al margen derecho: Fue elegida abadesa de su convento.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[25]'' Al margen derecho: Con la oración obtuvo la gracia de la salud de doña Anna Manrique.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[26]'' Al margen izquierdo: Con su oración imploró al Señor Dios que concediera la salud a muchos.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[27]'' Se ha subsanado la errata, ya que aparecía como capítulo XXIIII. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[28]'' Al margen izquierdo: Las pruebas y persecuciones que soportó con gran paciencia la sierva del Señor, y la causa por qué. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[29]'' Al margen derecho: Contemplando la Pasión de Nuestro Señor quedaron en sus pies marcas que duraron muchos días, para su gran tormento.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[30]'' Al margen izquierdo: Cayó enferma con graves dolores y tormentos, tanto que no se podía mover. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[31]'' Al margen izquierdo: Razonamiento que hace al Señor y su respuesta.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[32]'' Al margen derecho: Murió en el Señor el 3 de mayo de 1534.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[33]'' Al margen derecho: Por los méritos de su sierva Nuestro Señor devolvió la salud a muchos.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[34]'' Al margen derecho: Su cuerpo fue transportado y colocado en un alto e ilustre sepulcro en el coro de su iglesia.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
=Vida impresa (5)=&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Ed. de [https://visionarias.es/equipo/marta-amoros-tenorio/ Marta Amorós Tenorio]; fecha de edición: julio de 2025; fecha de modificación: enero de 2026.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
== Fuente ==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[[Archivo:Portada1610.jpg|250px|right|link=]]&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[http://catalogodesantasvivas.visionarias.es/index.php/Categor%C3%ADa:Antonio_Daza Daza, Antonio], 1610. ''Historia, vida y milagros, éxtasis y revelaciones de la bienaventurada virgen santa Juana de la Cruz, de la T'ercera Orden de nuestro seráfico padre San Francisco''. Madrid: Luis Sánchez.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[[Contexto material del impreso Historia, vida y milagros, éxtasis y revelaciones de la bienaventurada virgen santa Juana de la Cruz, de la Tercera Orden de nuestro seráfico padre San Francisco]].&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
== Criterios de edición ==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Se unifican estilo, efecto y tamaño de letra para títulos de los distintos preliminares y otros paratextos, así como de los capítulos del texto central. Se aplican reglas ortográficas en relación con títulos, términos en latín y destacado de palabras conforme a las normas actuales de la Ortografía de la RAE.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Indico la foliación y/o signatura tipográfica expresada en el texto base o reconstruida atendiendo a su continuación lógica, añadiendo, cuando se trate de folios y no de páginas, si se trata del recto o del vuelto. Para una mejor comprensión de esta cuestión, véase la ficha bibliográfica de la obra.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Después de la biografía y los paratextos finales, conforme a los criterios generales de edición del Catálogo, se añaden las aclaraciones necesarias, junto con la edición de las notas marginales del texto referidas a fuentes y las que sirven de guía. En la presente edición, sin embargo, aquellas notas que glosen el contenido del cuerpo del texto base, aportando otro tipo de aclaraciones (por ejemplo, de carácter doctrinal o teológico), se indicarán entre paréntesis y en cursiva en el cuerpo del texto; al final se explicitará su ubicación original. Así pues, las notas propias se distinguirán de las del texto editado porque las primeras resaltarán siempre en negrita la parte del texto que se anota.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==Vida de Juana de la Cruz==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Vida disponible en: [[Historia, vida y milagros, éxtasis y revelaciones de la bienaventurada virgen sor Juana de la Cruz, de 1610]]&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
=Vida impresa (6)=&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Ed. de [http://visionarias.es/equipo/borja-gama-de-cossio/ Borja Gama de Cossío]; fecha de edición: noviembre de 2022. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
== Fuente ==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
* [http://catalogodesantasvivas.visionarias.es/index.php/Categor%C3%ADa:Antonio_Daza Daza, Antonio], 1611. ''Quarta parte de la Chrónica general de Nuestro padre Francisco y su apostólica orden/compuesta por Fray Antonio Daça de su Orden''. San Francisco de Valladolid: Juan Godines de Millis y Diego de Córdoba, 121.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[[Contexto material del impreso Quarta parte de la Chrónica general de Nuestro padre Francisco]] ''y su apostólica orden/compuesta por Fray Antonio Daça de su Orden''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==Criterios de edición==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Este texto está extraído de un impreso de la crónica de la Orden de San Francisco de 1611, dividido en diferentes partes y que ahonda en su origen y su historia desde sus inicios hasta la fecha de publicación del impreso. En el texto se habla de los numerosos eventos de la orden franciscana teniendo en cuenta el origen, la historia y los diferentes religiosos y religiosas que fueron importantes dentro de ella, de ahí que su extensión sea de 1180 páginas.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Para este catálogo se edita únicamente el capítulo LXXVII de la cuarta parte de la crónica, que es el único capítulo que incluye la vida de mujeres, se editan 18 vidas. Esta cuarta parte incluye religiosos y fundaciones desde el principio de la orden hasta 1572, como se especifica en el capítulo anterior al editado, LXXVI, en que se habla de religiosos de la orden hasta 1573. El capítulo que se edita no incluye ninguna fecha, pero se podría decir que estas mujeres tienen su foco de actuación desde el principio de la orden hasta ese año 1573, ya que no se va más allá de esta fecha en esta cuarta parte. Cada hoja está dividida en dos columnas y al margen, derecho o izquierdo, dependiendo de la columna, se introduce el nombre de la monja de la que se va a hablar en cuestión. Asimismo, también se hacen aclaraciones, al margen, sobre información que el texto provee, ya sea histórica, bíblica o biográfica.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Se adoptan los criterios de edición de vidas impresas estipulados en el catálogo, es decir, se moderniza la ortografía (b/u/v, j/g, chr/cr, qu/cu, empleo de h, etc.) y se eliminan las consonantes geminadas. Además, se expanden las abreviaturas, primordialmente la expansión de las nasales con la virgulilla encima de la vocal y la abreviación de “que” o “qual” también con el uso de la virgulilla o la diéresis. De todos modos, algunas abreviaturas como N. S. (Nuestro Señor) o N. P. S. (Nuestro Padre Santo) se respetan en el texto. Asimismo, las abreviaturas presentadas en las notas al pie también serán respetadas. El uso de mayúsculas y minúsculas se moderniza, y se adaptan las normas acentuales a sus usos actuales. Además, se moderniza también la puntuación teniendo en cuenta el orden de la oración, pero el uso de la puntuación a día de hoy. Del mismo modo, se moderniza el uso de aglomerados, se separan algunos (della, destas) y se unen los que hoy en día se representan como una palabra (del, al).&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==Vida de Juana de la Cruz==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Capítulo LXXVII'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[121] '''De algunas Religiosas de santa vida y de sus grandes penitencias'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
La vida y milagros, éxtasis y revelaciones de la bienaventurada madre Juana de la Cruz de la Tercera Orden de N.P.S. Francisco tenía aquí su lugar, con quien alargó tanto Dios la mano de sus misericordias que, por ser tan singulares, pide muy particular consideración el escribirlas. Y así, se deja para otra ocasión y lugar cuando, siendo Nuestro Señor servido (que los obró en ella), halla nadas algunas dificultades que por ser tan admirables tienen; ni por decir menos de su prodigiosa vida, de lo que fue se agravie, ni por decir todo lo que fue, los flacos y aquellos a quien no ha descubierto Dios cuán admirable es en sus santos, se escandalicen. Y lo cierto es, en breve suma, que su nacimiento fue por orden del Cielo, escogiéndola Dios desde su niñez para manifestar sus misericordias en ella. Su vida, toda rara en virtudes y excelencias, y su muerte, milagrosa, y tanto cuanto testifica la incorruptibilidad de su cuerpo, al cabo de más de setenta años que ha que murió, la cual consta por testimonios tan fidedignos que no es lícito dudar de la verdad. Está su cuerpo en el Convento de la Cruz, que es de religiosas de la Tercera Orden de nuestro padre San Francisco, cinco leguas de Madrid, media de la villa de Cubas. En este convento tomó el hábito, profesó, vivió y murió en el año de mil y quinientos y treinta y cuatro, a los cincuenta y tres de su edad, día de la Invención de la Cruz, que fue el mismo en que nació, tomó el hábito y profesó. Fue sepultado su santo cuerpo y, habiendo estado siete años debajo de tierra, se halló entero, sin corrupción alguna, antes con un olor celestial, indicio claro de la santidad extraordinaria de la bienaventurada madre. Trasladado el santo cuerpo, con mucha solemnidad, y colocado en un lugar alto y eminente, dos varas del suelo, en una caja dorada, en el hueco de la pared de la capilla mayor, al lado del Evangelio, ha sido y es tan venerado que solo acude allí la gente de la comarca. Mas con la experiencia que todos tienen del socorro de sus necesidades, así corporales como espirituales, que invocando esta santa hallan de muy lejos, vienen a visitar el [s]anto cuerpo y tienen allí sus novenas.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El día que murió la bienaventurada santa celebra con particular devoción la villa de Cubas; va al convento en procesión, donde también acuden otros lugares de la comarca y, diciendo la misa mayor, delante de su santo cuerpo, en un altar portátil, y predicando sus excelencias, con gozo de los que allí acuden, es alabado Dios en su santa en estos últimos años, tan recibida de todos, con tanto aplauso y con tan notable experiencia de sus socorros que, pues no se ha de decir aquí más, lo que resta es dar gracias a Dios, que así se manifiesta en vasos tan frágiles, cuando quiere esforzarlos con su gracia ''[1]''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
===Notas===&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[1]'' Hay una nota al pie en el mismo folio que dice: “El número 121 se continua al número 4 y abajo en el registro de la letra A que le sigue la letra H y al capítulo primero de este libro le sigue el Capítulo XXIII y así no falta ninguna hoja ni capítulo de la historia”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
= Vida impresa (7)=&lt;br /&gt;
Ed. de [http://visionarias.es/equipo/pedro-garcia-suarez/ Pedro García Suárez]; fecha de edición: diciembre de 2016; fecha de modificación: septiembre de 2020.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
== Fuente ==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
* [http://catalogodesantasvivas.visionarias.es/index.php/Categor%C3%ADa:Pedro_de_Salazar Salazar, Pedro de], 1612. ''Crónica y historia de la fundación y progreso de la provincia de Castilla de la Orden del bienaventurado Padre San Francisco'', Madrid: Imprenta Real, 511-546.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[[Contexto material del impreso Crónica y historia de la fundación y progreso de la provincia de Castilla]] ''de la Orden del bienaventurado Padre San Francisco''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==Criterios de edición==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
La vida impresa escrita por Pedro de Salazar de Juana de la Cruz (1481-1534) se encuentra recogida en la ''Crónica y historia de la fundación y progreso de la provincia de Castilla de la Orden del bienaventurado Padre San Francisco'', de 1612. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Para su edición, se han adoptado los criterios de vidas impresas estipulados en el Catálogo. Se moderniza la ortografía (b/u/v, j/g, chr/cr, qu/cu, empleo de h, etc.), las sibilantes y se eliminan las consonantes geminadas. El uso de mayúsculas y minúsculas se moderniza, así como la acentuación y puntuación, que se adapta a la actual. No obstante, se ha mantenido la escritura de “monesterio” y la no separación en “deste”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==Vida de Juana de la Cruz==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[511] '''SÍGUESE LA VIDA DE LA sierva de Dios Juana de la Cruz, que tantas personas tiene aficionadas, religiosas y seglares, que gustan mucho de verla y tenerla consigo y no es según la impresión de 1610, sino compuesto de nuevo'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Capítulo I'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Del nacimiento de la madre Juana de la Cruz'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En el Monasterio de Nuestra Señora de la Cruz está el cuerpo de la madre Juana de la Cruz, abadesa que fue del dicho convento y muy gran sierva de Nuestro Señor, la cual fue natural de un pueblo que se llama Azana, tierra del arzobispado de  Toledo, cerca de la dicha ciudad, en la tierra que llaman la Sagra de Toledo. Nació en el año de la Encarnación de 1481 años y en el bautismo le pusieron por nombre Juana. Sus padres fueron muy buenos cristianos y virtuosos y de gente muy honrada; su padre se llamaba Juan Vázquez y su madre Catalina Gutiérrez y tuvieron otros hijos muy virtuosos y algunos dellos fueron religiosos de muy aprobada vida. La bendita madre Juana de la Cruz fue dotada de mucha gracia y hermosura corporal; criola su madre a sus pechos, porque en naciendo tomó con ella mucho amor; era muy graciosa y mansa y decía su madre que no tan solamente no padecía pena ni trabajo en criarla, mas sentía consolación y notable alegría en sí todas las veces que la tomaba en sus brazos, aunque estuviese muy triste y angustiada. Tenía muy claro entendimiento y tan grande conocimiento de Dios que, aunque de poca edad, siempre tenía su pensamiento y ocupaciones en cosas celestiales y en hacer nuevos servicios a su esposo Jesucristo, a quien se consagró desde niña. Nunca la vían jugar ni ocupada en cosas de vanidad ni desaprovechada ni hablar palabras vanas, de manera que sus padres y parientes y personas que la conocían [512] se maravillaban mucho de las grandes virtudes que veían en ella resplandecer. Estando un día asentada a la puerta de la casa de su padre pasaba el Santísimo Sacramento por allí, que le llevaban a un enfermo, y como sus padres la tenían tan bien impuesta en las cosas de Dios y de su santa fe católica, se levantó con mucho fervor a mirar y adorar al Señor, que llevaba el clérigo en sus manos, y vido que iba sobre la custodia Nuestro Señor Jesucristo en forma de niño vivo y muy resplandeciente y por entonces no dijo nada, pensando que todos veían lo que ella veía; pero Nuestro Señor, que es dador de las gracias y descubridor de los secretos que Él se sirve de manifestar, tuvo por bien de traer tiempo en que estas y otras maravillas y grandes misterios que en su sierva había obrado desde su niñez fuesen vistos y conocidos, sin ser en su mano podellos encubrir.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Capítulo II'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Cómo siendo esta sierva de Dios de siete años quedó huérfana de su madre''' &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Llegado el tiempo en que había pasar desta vida la madre de la bendita niña Juana de la Cruz, acordándose de una promesa que tenía hecha en una enfermedad suya, de llevar a su hija con su pelo de cera a velar al Monasterio de Nuestra Señora de la Cruz, rogó a su marido que lo cumpliese por ella y él le prometió de cumplirlo lo más presto que pudiese; y cuando esto se trataba entre los dos estaba presente la sierva de Dios Juana de la Cruz, la cual deseaba mucho que se cumpliese aquella promesa; y como quedase en casa de su padre, con la edad crecían en ella muy grandes fervores y ansias de ser religiosa por más servir a Dios, y creciendo en edad empezaba a poner por obra sus fervorosos deseos del servicio del Señor. Tenía una tía, hermana de su madre, doncella y de muy santa vida, en quien Nuestro Señor mostró muy claros y manifiestos milagros y maravillas, con la cual se consolaba y comunicaba mucho. En este tiempo su tía se metió a monja en Toledo en el Monasterio de Santo Domingo el Real, en el cual vivió y acabó su vida muy santamente. La bendita Juana de la Cruz sintió mucha soledad en faltarle tal compañía y quisiera [513] mucho irse con ella a ser religiosa, pero su padre y abuela no se lo quisieron conceder, diciéndole que tenía poca edad y no podía llevar las asperezas de la religión. Viendo ella que aprovechaba poco el rogarlo, calló por entonces y pensaba entre sí: “Ir yo a ser religiosa a aquel monasterio porque estaba allí mi tía no es perfección, más quiero ir a cualquiera otro monasterio por solo Dios y su amor, y servirle y aplacerle”. Y este deseo crecía en ella cada día y la tía desta bienaventurada era muy santa y muy regalada de Dios y tenía muchas revelaciones, y en una le dijo Dios que su sobrina había de ser muy gran persona y de muy singulares gracias y dones espirituales; y contó esta revelación a la priora de su monasterio, la cual con mucho cuidado y diligencia procuraba y deseaba que viniese a ser monja a su casa y pedía con muchos ruegos a sus padres y parientes se la diesen para monja, en lo cual jamás quisieron los padres consentir. Lo cual visto por la priora y monjas del dicho monasterio, procuraron por otras vías haberla y en todo este tiempo no cesaban las monjas de suplicar a Nuestro Señor trujese a su casa aquel precioso tesoro, lo cual no se hizo porque Dios tenía determinado otra cosa. En este tiempo esta bendita doncella fue llevada a casa de unos tíos suyos, que la amaban y querían como hija natural, y le dieron el gobierno de toda su casa y bienes y ella les era muy obediente. Era muy honesta y prudente en todas sus obras y muy caritativa para los criados de la casa y personas que en ella trabajaban, y cuidadosa y diligente en los trabajos corporales y administradora en las cosas de Dios. Daba muy buenos consejos: era muy humilde y tenía la voluntad muy aparejada para hacer penitencia y la tomaba sobre sí con mucha alegría y la ponía por obra; y en sus ayunos fue muy abstinente, que su comer era pan y agua y no comía más de una vez al día y esta no todo lo que había menester; y no solamente ayunaba con solo pan y agua, mas se estaba dos y tres días sin comer ni beber alguna cosa, y esto hacía ella muy de ordinario y con muy gran secreto. Todas las veces que ella se podía desocupar para rezar y contemplar, hacía oración muy fervorosa, bañada en lágrimas salidas de su corazón y lloradas con compasión a la Pasión [514] de Jesucristo Nuestro Señor, y, hecha de otra manera, la tenía no por tan acepta para ser recebida delante del acatamiento divino. Era rigorosa para su cuerpo porque traía junto a sus carnes un cilicio, hecho de unas cardas que buscó ella muy secretamente y las deshizo, y todas las púas y puntas cosió en una cosa muy áspera y aquello traía junto a sus carnes. Andaba de continuo dolorosa y toda llagada y muy alegre y consolada, porque tenía de continuo dolores que ofrecer al Señor en reverencia de los que padeció por nos redemir y salvar. Cuando trabajaba dábase mucha prisa porque los dolores y heridas fuesen mayores. Siempre esta sierva de Dios ofrecía tres cosas a Dios: trabajo corporal, hecho muy alegremente con la caridad del prójimo; la segunda, sacrificio de sangre y dolores, que le causaban las cosas ásperas y crueles que traía junto a sus carnes; la tercera, los pensamientos siempre puestos en Dios y en las cosas celestiales. Hacía también siempre muy ásperas disciplinas, dándose con muy gruesos cordeles; dados en ellos muy grandes nudos, dábase con estos tan cruel y despiadadamente hasta que salía sangre y se hacía muy lastimosos cardenales y heridas. Tenía tan gran silencio que nunca hablaba palabra que no fuese de Dios o que no la pudiese excusar. Andando por casa o haciendo labor de manos, dábase secretamente en los merecillos de los brazos, y en cualquier parte de su cuerpo que ella podía, muy recios pellizcos. Y cuando había de hacer algún trabajo al fuego o al horno, se destocaba y arremangaba mucho los brazos por hacer penitencia y quemar sus carnes y ofrecerlas a Dios en sacrificio; y el día que no hacía alguna cosa destas, no se tenía por digna de comer el pan ni de hollar la tierra que Dios había criado. Era tan amiga de oración, silencio y recogimiento, que buscaba siempre como estar en larga y fervorosa oración y para esto parecíale que el silencio y reposo de la noche era tiempo muy convenible, y cuando la gente estaba recorrida y dormiendo, quedábase ella en la cámara donde dormía, rezando. De que veía muerta la candela en el tiempo de las noches frías y largas del invierno, para hacer mayor penitencia se desnudaba delante de unas imágenes, quedándose en el silicio muy áspero [515] que continuo traía, y ansí estaba de rodillas en oración hasta que sentía que la gente de unas dos o tres criadas de casa con quien ella dormía era ora que se levantasen: entonces por no ser sentida íbase a acostar. Y una vez aconteció, queriéndolo Dios ansí porque fuese conocida, que sus compañeras lo sintieron que se iba a acostar cuando quería amanecer, y sentían cómo iba muy fría, que solo el frío que llevaba en sus carnes las despertaba; y ellas le dijeron muchas veces que por qué no se acostaba cuando ellas, que qué hacía o dónde venía a tales horas. La bienaventurada respondió que alguna necesidad tenía de venir donde venía. Como ella continuase este ejercicio, díjolo una de ellas a su ama, la cual se angustió mucho y mandó a aquella criada que con cuidado y secreto viese dónde iba su sobrina a aquellas horas y qué hacía. Luego la noche siguiente, la criada, viendo que la sierva de Dios no estaba en la cama, acordó de ponerse a la puerta de la cámara donde dormían con intención de cerrarla, pensando que la bendita Juana de la Cruz había salido fuera. Y con este pensamiento llegó a la puerta y hallola cerrada, y como estaban a escuras no la vía y estaba en oración delante de las imágenes y pusose junto a la puerta por verla cuando fuese a salir; y estando allí por algún rato, oyola llorar y gemir, y la moza, por certificarse, quitose de la puerta y fuese adonde ella estaba en oración, descuidada que nadie la oía ni aguardaba, y fue a asir della y sintió cómo estaba de rodillas desnuda y envuelta en un áspero silicio. De lo cual la bienaventurada sintió gran tribulación por ser vista; y la criada, maravillada, disimuló por entonces y dijo a su señora cuán bienaventurada criatura era su sobrina y en cuán santos y provechosos actos la había hallado. &lt;br /&gt;
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Desta manera su buena vida fue divulgada y se conoció por todas las personas de la casa y aun por otras muchas, de lo cual ella recebía muy gran pesar y buscaba en su pensamiento dónde se podría apartar a poder hacer sus ejercicios sin ser vista; y acordose que en aquella casa de su tía en unos corrales había un palomar tapiado y sin tejado y tomó una Verónica en que ella tenía muy grande devoción y pusola en un pedazo de terciopelo, y doblada [516] traíala consigo, y todas las veces que podía se iba a aquel palomar y ponía la Verónica en una parte y con unas cadenas que ella tenía allá escondidas hacía muy ásperas disciplinas y andaba de rodillas, desnudas las rodillas sobre las guijas y cantos hasta que se le desollaban; y con muchas lágrimas y gemidos andaba desta manera con la más prisa que podía, considerando que iba por los lugares santos y por donde habían llevado a crucificar a Nuestro Señor Jesucristo. Y andando ella con esta contemplación, se le apareció Jesucristo Nuestro Señor apasionado como cuando llevaba la cruz a cuestas y la miraba sus ojos de misericordia. Un viernes santo quisiera ir a la iglesia y ver el monumento, y su tía no le dio licencia porque en aquellos tiempos no se acostumbraba salir las doncellas de casa, sino en los días de fiesta a oír misa. Y ida la tía y la demás gente a la iglesia, quedose ella en casa acompañada del dolor y compasión que aquel santo día representa y hincose de rodillas delante de un crucifijo con muchas lágrimas, compadeciéndose de lo que en tal día su Dios y Señor había padecido; y fue tanta el agua que de sus ojos manó, que mojó la tierra, y del dolor que sintía en su corazón cayó en el suelo como muerta; y estando con esta compasión vido la imagen del santo crucificado muy apasionado y llagado y aparecieron allí todas las insignias y misterios de la Pasión y las tres Marías muy llorosas, cubiertas de luto; y tantos fueron los misterios que allí vido y sintió y lo mucho que lloró y se traspasó su corazón, que quedó tal que parecía muerta, y su gesto tan difunto y desmejado que, cuando sus tíos y la gente de casa vinieron, se maravillaron mucho de verla tan demudada y le preguntaron qué le había acontecido y apremiaronla que comiese y no ayunase aquel día a pan y agua, y ella les suplicó no le quitasen su devoción, que muy bien podía ayunar y muy bien dispuesta se hallaba. Y viendo la humilde doncella cómo no se podía encubrir su virtud, dábanle pena tres cosas: la una, no tener tiempo y libertad para servir a Dios, como ella deseaba; la segunda, que era conocida de todos la gracia y mercedes que Dios le hacía; la tercera, el gran deseo que tenía de ser religiosa, no verle cumplido. De manera [517] que ya públicamente con muchas lágrimas y fervor lo pedía a su padre y tíos, los cuales nunca condencendían con su petición, y su tío que la había criado, como haciendo burla, le dijo: “Mi sobrina quiere ser monja por ser santa”. Y ella respondió con mucha humildad: “Pues si lo fuere por la gracia de Dios, rogare a Dios por v. merced”. Y por entonces no les importunó más, no perdiendo la esperanza que Nuestro Señor se lo había de otorgar, pues ella se lo suplicaba sin cesar; y con esta esperanza un viernes santo fuese al palomar y, entrando en él, puso la santa Verónica y sacó la cadena que tenía escondida y hizo una áspera disciplina, porque todas las veces que ella iba allí, primero se disciplinaba que hiciese oración; y hecha esta disciplina, hincose de rodillas y derramando muchas lágrimas empezó a decir mirando la santa Verónica: “O muy dulce Señor mío, suplico a Vuestra Majestad por reverencia de los misterios que hoy día viernes santo vos, mi Señor, hicistes y por los dolores y tormentos muy crudos que por me redemir y salvar padecistes, que me concedáis esta merced que muchas veces con importunidad he pedido: que merezca yo ser vuestra sierva en la religión y que esta merced no se me niegue en este santo día”. Y estando en esta oración la sierva de Dios, le fue revelado que había Dios oído su petición y recibido su buen deseo, y lo tomaba por obra muy aceptada y le placía de la recibir por esposa y concederle la religión, con condición que ella pusiese la diligencia que para alcanzarlo viese que había menester; y desde aquella hora buscaba y procuraba en su corazón cómo y de qué manera saldría secretamente, que ninguna persona la viese ir al Monasterio de Nuestra Señora de la Cruz, que allí la alumbraba el Espíritu Santo fuese. &lt;br /&gt;
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'''Capítulo III'''&lt;br /&gt;
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'''Cómo esta bendita madre buscó manera para ir a ser religiosa'''&lt;br /&gt;
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Después de pasada la Pascua de Resurrección, como ya fuese cumplida en ella la voluntad del Señor para que fuese religiosa, acordó con su ayuda de tomar una mañana de madrugada unos vestidos de un primo [518] suyo, que ella tenía a guardar, y vistiose de hombre para salir sin ser conocida y irse al Monasterio de Nuestra Señora de la Cruz, que es dos leguas de donde ella vivía, y de que estuvo bien aderezada de hábito de hombre, pusose encima los acostumbrados vestidos de mujer que ella solía traer y tocado que acostumbraba, y llamó a las mozas diciendo que era tarde y con ellas hizo los haciendas que otros días solían hacer. Y de que todos los de la casa le hubieron visto que su intento era este, porque descuidasen della por algún rato y ella pudiese irse sin que la siguiesen entrose aprisa en cierta parte y quitose los vestidos de mujer, y pusose un tocador de hombre en la cabeza y echose una capa en el hombro y una espada en la mano, y un lío que tenía hecho de sus aderezos de mujer tomole debajo del brazo y santiguándose comenzó su camino, el cual ella no sabía sino por oídas y caminando con mucho fervor. El demonio, que tenía mucho pesar desta obra, trabajó de la poner tentaciones y peligros por estorbarla, combatiéndola de muy recios temores de su padre y parientes y que no saldría con lo comenzado. La bienaventurada, como arrepintiéndose de lo que había comenzado, creciole el temor con tanto grado que le faltaron las fuerzas humanas y le temblaba todo el cuerpo, que no podía andar paso, de suerte que se hubo de asentar en el mismo camino muy desmayada, y estando ansí encomendándose con muchas veras a Nuestro Señor, suplicándole la quisiese ayudar y esforzar en tan grande necesidad para que ella pudiese acabar la obra comenzada, oyó una voz que le dijo tres veces: “Esfuérzate, no desmayes y acaba la buena obra que has empezado”; y no vido por entonces quién le hablaba, mas después supo por revelación que era su ángel custodio, con la cual voz se alegró y regocijó mucho y anduvo su camino. Ya que había andado buena parte d’él, sintió venir tras sí, aunque algo lejos, a una persona en un caballo, la cual era un hombre muy honrado, que tenía mucha gana de casar con ella y la había procurado y rogado; y como ella alzó los ojos y conoció que era el sobredicho mancebo, y viéndose sola en un campo y que por entonces no aparecía nadie, turbose su espíritu más de lo que se puede pensar, teniéndose por deshonrada y perdida; y alumbrada en aquella [519] sazón del Espíritu Santo, disimuladamente se apartó del camino antes que llegase cerca, y a él le cegó Dios de manera que no solamente no la conoció, ni aun el color de los vestidos de hombre que llevaba le parecieron a él de otra color, y cuando pasó por enfrente donde ella estaba, dijo en su corazón: “Mirad qué cobardía de hombre, qué le había yo de hacer, que en viéndome se apartó del camino”. Y tornando a mirarla, vido el lío que traía debajo del brazo y dijo: “Algún sastre debe de ser, que viene de cortar o de coser de algunos destos lugares”. Y con este pensamiento se pasó el mancebo sin la conocer. La bendita virgen, viéndose libre de aquel tan gran peligro, hincose de rodillas y dio gracias a Nuestro Señor, y suplicó a Nuestra Señora la favoreciese en aquella su obra, y en esta oración fue muy consolada de Nuestro Señor y pasó adelante con su camino. Y aportó a un lugar que se llama Casarrubuelos, y por la mucha fatiga y cansancio del camino pidió en una casa un jarro de agua, y diéronsele y asentose a descansar, y puso la espada sobre un poyo y olvidosele allí; ya que era salida de la casa, tornó por ella y dijo: “O pecadora de mí, que se me olvidaba la espada”. Y estas palabras oyó la moza que salió a darle de beber y las dijo a las personas de aquella casa, diciendo: “Mujer es aquel que pidió el agua”; y no creyendo a la moza, no la siguieron. Y llegando al Monasterio de Nuestra Señora de la Cruz, entró luego en la iglesia a hacer oración y ofreció su ánima y su cuerpo a Jesucristo, suplicándole la quisiese recebir en aquella santa compañía y congregación. Y de que hubo orado, como no había nadie en la iglesia apartose a un rincón della y quitose los vestidos de hombre y vistiose sus propios vestidos de mujer que había traído consigo, y de que fue aderezada de mujer fuese a la portería y recibimiento de la casa, en la cual estaba una imagen de Nuestra Señora de bulto, de mucha devoción y milagros, y hincándose de rodillas le dio gracias porque la había traído a su casa sin peligro de su persona y decía con mucha humildad a la santa imagen: “¿Qué servicio podré yo hacer por tan gran merced como esta? Suplicote, mi Señora, me des gracia que yo persevere en esta casa y viva en ella todos mis días”; de lo cual le certificó la imagen, y de allí fue a llamar a la puerta, rogando que la abriesen. Y [520] preguntole la casera de las monjas quién era o qué quería.  Respondió que era una doncella que quería ser religiosa. La casera le respondió: “Las que vienen a ser religiosas no vienen solas, que sus padres o parientes las traen”. La sierva de Dios le dijo: “Vine en hábito de hombre escondidamente, que de otra manera no viniera ansí, mas por amor de Dios me abrid para que me caliente, que como esta mañana llovió, tomome el agua en el camino y vengo cansada y muerta de frío; y por caridad me dé un poco de pan, que vengo muy necesitada, que si no queréis, no diré yo que me metáis allá para religiosa, que como vine ascondida, presto me hallarán menos mis parientes y me vendrán a buscar”. Y la casera la metió dentro en los aposentos y le dio de comer, siempre preguntándole y examinándole. Yendo la criada del monasterio a la iglesia y viendo los vestidos de hombre que había traído, pensó en su corazón no fuese varón que venía con alguna burla o engaño; pero ansí en los cabellos largos como en los pechos y gesto y en otras señales se certificó cómo era mujer; y luego la criada llegó al torno del monasterio y dijo que quería hablar a la abadesa, la cual le dijo: “Señora, aquí ha venido una doncella de hasta quince años y dice que es de Azana, y vino sola en hábito de hombre y parece que trae muy gran fervor de ser religiosa”. Y luego la mandó llamar y informose muy bien della y de su deseo, y después, aunque fingidamente, la reprendió porque había venido en tal hábito y de tal manera. Y la madre Juana de la Cruz le respondió con mucha humildad: “Señora, mi venida no ha sido sino con sola intención de servir a Dios y vivir y morir en esta santa casa y hacer todo lo que me mandaren y ser toda mi vida su criada”. Y la religiosa se despidió della y entró a las monjas y les dijo: “Hermanas, una doncella está aquí, que quiere ser nuestra hermana, creo que la trae Dios por milagro porque no sabía este camino ni vístole”; y les dijo y relató la manera de su venida y cómo decía palabras de mucha prudencia. Las monjas, oído lo que les dijo, dieron gracias a Dios y pidiéronle licencia para ir a verla y hablarla y ordenándolo la divina Majestad a todas les pareció tan bien cuando la hablaron, que se determinaron [521] de recebirla en su compañía, y antes que le diesen el hábito vinieron algunos de sus parientes muy sentidos y enojados de lo que había hecho, y ella les satisfizo diciendo que muchas veces les había dicho y pedido que había de ser religiosa y que Dios la había traído a aquella casa y que lo había de ser. Concertadas todas las cosas, dieron el hábito a la virgen con mucha solenidad y espiritual alegría en presencia de sus parientes. Comenzó a hacer vida maravillosa y muy provechosa para los que la veían y oían; su vestido era muy pobre y humilde, mucho más que el de las demás religiosas. Traía túnica de sayal y una saya muy vieja y remendada y el hábito lo mismo. Calzaba unos alpargates, y lo más del tiempo andaba descalza y ceñida con la más gruesa cuerda que podía haber, y en la cabeza una albanega de estopa y encima lo más despreciado que ella podía haber, y debajo de todo esto traía de secreto un muy áspero silicio, el cual nunca se quitaba día ni noche y otras muy ásperas penitencias que hacía. Deseaba tormentos y dolores, llagas y heridas, frío y cansancio y todas maneras de penas por amor de Dios. Y no solamente en el año del noviciado tuvo esta manera de vida, mas todo el tiempo que vivió guardó el silencio, que en todo el año del noviciado no le oyeron hablar palabra, sino era con la prelada o maestra, y esto siendo preguntada. Hacía penitencia con la boca, trayendo en ella ajenjos amargos por el amargor de la hiel y vinagre que dieron a Nuestro Señor; traía siempre en su memoria su Pasión de muchas maneras y también hacía otras penitencias con la boca, trayendo una piedra algo grande que le daba dolor. Otras veces tomaba en la boca agua y teníala tanto espacio dentro hasta que del dolor no la podía sufrir. Tomaba con los labios un candelero mediano, y teníale tanto rato por la parte donde se pone la candela hasta que le dolían las quijadas; pensaba ella que guardar silencio sin dolor no era grande servicio ante Dios. Eran sus ayunos muy perfetos y muchos, porque no solo acostumbraba desde su niñez a ayunar ordinariamente, comiendo una vez al día, más aun estar tres días con sus noches sin comer algún mantenimiento corporal, y no solamente ayunaba de comer, más ayunaba de sueño y tenía puesta [522] entre sí tal traza, y decía: “Pues las personas cuando ayunan no comen hasta medio día, y después de haber comido, una vez pueden tomar alguna refección de beber entre día y alguna colación a la noche, desta manera será bien ayunar del sueño hasta la medianoche y después la comida de medianoche serán los Maitines, y en la mañana en lugar de la bebida o colación tomar un poco de sueño corporal para sustentar la naturaleza”. Y para hacer esto bien tenía este orden. Como todas las religiosas acostumbraban dormir juntas en un dormitorio y en medio d’él tienen una lámpara encendida y cada una está por sí en su cama, llevaba también la bienaventurada una rueca a prima noche a su cama, y cuando veía que todas las religiosas estaban dormiendo, tomaba su rueca y hilaba cabe su cama a veces en pie y a veces de rodillas en tierra, hasta que tañían a Maitines. Como esta virgen era tan cuidadosa de aprovechar en el espíritu, cuando trabajaba corporalmente enderezaba todos aquellos servicios o trabajos que hacía por la santa obediencia a Dios, y, contemplando decía entre sí que era su moza y esclava, que los platos que fregaba y todas las otras cosas pensaba que eran de oro y de piedras preciosas en que comía su Majestad. Cuando barría contemplaba que la escoba era un manojo de rosas y flores muy olorosas con que alimpiaba y adornaba sus estrados; y cuando guisaba de comer, contemplaba eran muy delicados y preciosos manjares para que comiese su divina Majestad y sus santos; y ansí lo ofrecía ella y desta manera y de otras muchas ofrecía sus trabajos corporales ante la Majestad Divina. Oyendo esta sierva de Dios leer en un libro llamado Floreto de santo Francisco, y oyendo cómo había mandado una vez a un fraile que fuese a predicar, sin capilla y desnudo, pensó entre sí: “Si el Padre San Francisco mandaba ir al fraile a predicar desnudo, no teniendo pecados, ¿cómo no iré yo a confesarme de los míos y desnudarme dellos, desnuda en carnes y hiriéndolas con piedra o palo a cada pecado que dijere? Encomiéndome a Dios y, a vos Padre S. Francisco, y sola la cuerda ceñida a mi cuerpo y cuello quiero ir a confesar como malhechora, y por tal me pregonaré ante Dios y mi confesor”. Y con mucha contrición [523] de sus pecados, entró en el confesionario y comenzose a confesar, hincada de rodilla con muchas lágrimas, y era tiempo de mucho frío y comenzó a dar grandes temblores del gran frío que sentía, de manera que no lo podía encubrir, y fue tanto que el confesor le preguntó que si estaba enferma, que de qué temblaba; respondió la bienaventurada que no estaba enferma, que temblaba de frío. Y acabada la confesión, salió del confesionario, y ella, que se empezaba a vestir y otra religiosa que iba a confesar, y vídola, y entró en el confesionario y dijo al confesor que riñese a Juana de la Cruz por tan ásperas penitencias como hacía, que había entrado a confesar desnuda con solo un silicio. Y el confesor le respondió: “Verdaderamente yo le sentí temblar y pensé estaba enferma y preguntéselo y díjome que no”. Y de allí adelante no solamente en invierno, más aun en verano le preguntaba cuando iba a confesar si iba cubierta, porque, si no, no la confesaría. Todas las veces que esta bienaventurada iba a confesar recibía el confesor singular consuelo en su ánima y dotrina maravillosa para enmienda de su vida, y no solamente él, mas todos los otros padres que la confesaron mientras vivió decían que de sus confesiones no solo salían ellos muy confusos, mas sacaban mucho aprovechamiento para sus almas. Decía, cuando era muy importunada de sus confesores les dijese lo que sentía en su espíritu, que más vergüenza tenía de contar las cosas de virtud y gracia que Dios le había dado que no de decir sus pecados, porque esto era de sí propria y lo otro era de Dios y de su misericordia. Era esta virgen muy prudente y de mucha discreción y capacidad y de mucha gravedad, tenía presencia de mucha autoridad, tenía piedad y admirable consejo y provechoso en las ánimas y a los cuerpos, de muy graciosa habla, de mucha mansedumbre; era mesurada en su risa y provocaba, a quien la oía y veía, a devoción: lloraba muy sereno y sin mucho clamor, salvo cuando se elevaba, que salía de sus sentidos, de algunos pasos de la Pasión, que entonces no era en su mano porque el Espíritu Santo, como dice San Pablo, pide por nosotros con gemidos, que no se pueden contar, siendo esto efecto del Espíritu Santo en nosotros. Ansí obraba [524] grandes maravillas en esta religiosa y le hacía dar algunos devotos suspiros o decir algunas palabras del paso y misterio que estaba contemplando. Era de mucha cortesía y muy grande crianza y muy humilde en todo, y holgaba más de hacer a cualquier persona demasiada reverencia y honra que no de menos: era igual a todos, tratando a cada uno según su estado y manera; era de mucha verdad, y lo contrario ni aun en burla no lo decía; era muy secreta y callada en todas y cualesquier cosas que le eran dichas y descubiertas en secreto: de tribulaciones, tentaciones y angustias y cosas de cualquiera otra calidad. Fue remediadora de muchos grandes males y daños, y libradora de grandes peligros presentes y por venir; era de tan gran santidad que jamás perjudicaba sus prójimos ni los agraviaba, aunque fuese de burla. Llegándose a ella las monjas de su convento, rogáronle que les dijese cómo harían oración que fuese agradable a Dios. La cual dijo: “Doy os por consejo, señoras, que no ofrezcáis solo a Dios un sacrificio, más tres, o cuatro, o más, si pudiéredes, porque cada hora podría cualquier persona ofrecer a Dios tres sacrificios principales, que son estos: el primero, la afección y contemplación muy viva, hecha dentro en el corazón y alma; el segundo, oración vocal y gracias y loores a la Divina Majestad; el tercero, alguna penitencia, golpes y heridas dadas secretamente; y aún para desechar la acidia se puede añadir la labor de manos, y habiendo soledad y tiempo suficiente es bueno haber lavatorio y fuente de lágrimas lloradas de contrición de los pecados o por compasión de la muerte de Nuestro Señor, y entonces podrá cualquier persona dar cinco sacrificios ofrecidos en reverencia de las cinco llagas, y cuando esto no se pudiese hacer tan secreto, podrá ofrecer tres en reverencia de la Santísima Trinidad sin ser visto ni sentido de ninguna persona”. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Capítulo IV'''&lt;br /&gt;
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'''De cómo esta bendita virgen comulgaba espiritualmente'''&lt;br /&gt;
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Procuraba esta madre de, en amaneciendo, ahora estuviese en el coro, en los oficios divinos o en otra cualquier parte o en ocupación [525] o trabajo corporal, de aparejarse para comulgar espiritualmente, pues no podía recebir el Santísimo Sacramento cada día y hora como ella deseaba; porque era tan devota del Santísimo Sacramento del altar y de le gustar continuo que nunca otra cosa quisiera hacer día y noche, sino hartar su alma deste manjar del Cielo. Y por el mesmo Señor fue revelado a todas las monjas del convento por palabras que la oyeron estando elevada, enajenada de sus sentidos: que tanto era el gozo y gusto que esta bendita sentía en el Sacramento que comulgaba y recebía a Dios espiritualmente y sentía gran favor del Señor y consolación de su alma, y daba las gracias a Nuestro Señor por tan copioso beneficio. &lt;br /&gt;
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Estando esta bendita en la casa de la labor, víspera de los apóstoles S. Pedro y S. Pablo, vido una visión de todos los doce apóstoles, como cuando uno acaba de espirar, y luego vido doce sepulcros abiertos y muy hermosos y que salían dellos los doce apóstoles vestidos de blanco y ellos más albos que la nieve, y levantábanse puestas las manos como que adoraban al Señor y le daban gracias; y ella muy maravillada desta visión deseaba saber por qué parecía que salían los santos apóstoles de los sepulcros como difuntos, estando ya todos en el Cielo glorificados y no habiendo muerto ninguno dellos de su muerte natural, mas de muy crueles martirios por amor de Dios. Estando en este pensamiento y deseo, vido todos los apóstoles vestidos muy ricamente, coronados y cubiertos todos de pedrería y muy alegres y gloriosos, y Nuestro Señor en medio de ellos, dándoles muy grandes premios y gozos y galardones por los trabajos y buenas obras que por su amor estando en el mundo habían hecho. Ansimismo le fue mostrado cómo levantarse los santos apóstoles de los sepulcros era significación que todos habemos de ser muertos y resucitados cuando Dios nos llamare a juicio; y cómo Nuestro Señor Jesucristo hace fiesta y llamamiento en el Cielo de todos los santos apóstoles juntos el día que es fiesta de cualquiera de ellos; y cómo la Iglesia militante, ansí como la triunfante, los días de las tales fiestas siempre hacen memoria de los martirios y muerte de los santos que padecieron por amor de Dios y de la vida eterna y bienaventuranza [526] que por ello les da el Señor, y a todos y cualesquier órdenes de santos y santas, cuando es fiesta de uno o de una en especial, junto con él a todos los de aquella Orden les hace fiesta en general. Decía muchas veces que, cuando comía o bebía, tomaba gusto en aquel manjar corporal porque sabía ella Dios era todas las cosas y en todas ellas le podía hallar, y con este pensamiento en contemplación que siempre tenía puesta en Dios, en cada bocado que comía y trago que bebía hallaba dulzura y gustos divinales. Muchas veces, estando comiendo se arrobaba en espíritu; y esto de arrobarse creció en ella tanto la gracia que adonde quiera que aquella gracia le tomaba se quedaba como muerta, aunque muy hermosa, ora fuese en el coro o en el refitorio o en otro lugar de la casa, a cualquier hora del día o de la noche que era la voluntad de Dios, y muy a menudo; y no estaba elevada poco tiempo, mas tres horas, cinco y siete y doce, y esto al principio de sus elevaciones. Y andado el tiempo diole Dios muy copiosa esta gracia, porque estaba elevada un día y una noche y algunas veces cuarenta horas. La primera vez que el convento vido elevada a esta religiosa, había siete años que estaba en el monasterio y todas las religiosas vieron en ella muy nuevas mudanzas porque la vieron propiamente como difunta, ansí en el gesto, ojos y labios, como en el descoyuntamiento de todos sus miembros, lo cual nunca más tuvo en semejantes raptos, antes en ellos estaba muy hermosa y colorada. Después que volvió en sus sentidos, importunáronla mucho las religiosas les dijese qué había sentido o visto en aquel rapto y ella por entonces no les dijo nada hasta saber la voluntad de Dios; pero pasados algunos días, de voluntad de Dios les dijo: “Señoras, quiero satisfacer a vuestro deseo, pues deseáis saber qué es lo que vi y sentí aquella vez que decís que estaba en el cuerpo muy demudada, a manera de muerta. Yo me vi en un lugar oscuro, donde hube mucho temor, y apareció allí un ángel que alumbró aquellas tinieblas y me dijo: ‘No temas’. Y me fueron reveladas muchas cosas, especial el favor que los ángeles hacían a los que están en el purgatorio hasta que, saliendo de allí, gozan de Dios. Este ángel tiene oficio de ayudar a las ánimas de purgatorio, yéndolas a visitar y consolar [527] por los merecimientos y Pasión de Jesucristo y méritos de su Santa Madre. Y muchas veces va a la ayuda y socorro de las ánimas y personas que están en pasamiento, llevando consigo otros muchos ángeles que le ayuden a defender aquella persona que en tan gran batalla está de tentaciones de los demonios, y las acompaña hasta que son juzgadas y tiene cuidado dellas hasta que estén en descanso y este mesmo oficio tienen otros muchos ángeles”. Estas y otras muchas cosas decía esta bendita a las monjas, importunada de ellas y con licencia de Dios notificadas por su ángel.&lt;br /&gt;
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'''Capítulo V'''&lt;br /&gt;
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'''De cómo esta bendita estando elevada hablaba''' &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Esta bendita virgen tuvo gracia de elevación, como queda dicho; el Señor la dotó de otra muy grande gracia y es que, estando ella ansí elevada en aquel rapto, enajenada de sus sentidos, hablaba divinas cosas, altísimas y de notable admiración, sobre lo cual se hicieron grandes experiencias para ver si cuando hablaba estaba en éxtasis o fuera de sus sentidos o de otra manera. La cual experiencia hicieron inquisidores que fueron de intento a esto al monasterio y los prelados de la Orden, monjas de su casa, y otras personas graves; las cuales todas conocieron y vieron que estaba alienada de sus sentidos cuando hablaba, también por las cosas que decía tan maravillosas y provechosas para las almas, ansí para las religiosas de su casa como para las personas de todos estados y condiciones y oficios mayores y menores que la venían a oír y gozar y aprovecharse de lo que decía. Oíanla frailes de todas órdenes, predicadores y letrados, canónigos, obispos y arzobispos, el cardenal de España don fray Francisco Ximénez y condes, duques, marqueses, y caballeros muy generosos y señoras, y de todos estados, ansí de hombres como mujeres que este misterio vieron y oyeron, y estuvieron presentes, y veían cómo esta bendita estaba vestida y tocada de religiosa, echada sobre una cama y sus brazos puestos a manera de persona recogida y el cuerpo como muerto (porque estuvo mucho tiempo tullida) y los ojos cerrados y el gesto [528] muy bien puesto, y muy hermoso y resplandeciente. Su habla era tan poderosa y de tan gran dotrina para la salvación de las almas, y reprehensible a los pecadores, que cuantos la veían y oían, por grandes letrados que fuesen, se maravillaban y quisieran estar tan vecinos y cercanos al monasterio que todas las veces que había estas pláticas la pudieran oír. La cual algunas veces duraba cinco, seis y siete horas. Era tan dulce a todos los que la oían que, aunque fuesen muy pecadores e incrédulos desta santa gracia antes que la viesen y oyesen, les parecía estuvieran tres días con sus noches oyéndola con mucho gusto. Los que eran incrédulos, ellos mesmos se manifestaban diciendo: “Incrédulo era de lo que decían desta bendita”; y cuando vino a ver si podía verla hablar tan bien y cuando acababa de hablar decía a cada uno la intención con que había venido. Y cuando parecía que hablaba con Dios, hacía grandes suplicaciones públicas y otras secretas, que nadie las podía ir; y hacía oración por sí misma y por todas las personas de la tierra y por todo el estado de la Santa Madre Iglesia, por los que están en pecado mortal y por los que están en penas de purgatorio. En estos raptos, que le duraron espacio de trece años, fueron tantos y tan altos los misterios que dijo y declaró que las monjas escribieron un libro que llaman el Luznorte.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Capítulo VI'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''De cómo esta bendita tenía cuidado de las enfermas y de algunos casos maravillosos que le acontecieron''' &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Había en el monasterio una monja enferma, que estaba ética y algo penosa y asquerosa, a la cual servía esta bendita venciendo con mucha alegría todas las cosas que se le ofrecían en el tal ejercicio de caridad, con el espíritu de su mortificación, por muy graves y repugnantes que fuesen. Vino a ella una religiosa, con mucho frío y dolor de estómago, y díjole: “Señora, por caridad que pidáis para vos un trago de vino, diciendo que lo habéis menester para algún dolor que tenéis y dármele heis a mí, que traigo un gran dolor de estómago y no lo oso pedir” (en aquel tiempo no sabían las mujeres qué cosa era vino) y ella dijo que lo [529] haría y, considerando que decir tenía dolor de estómago por entonces que no diría verdad, y dejarlo de pedir era falta de caridad, suplicó a Nuestro Señor por qué ella pudiese decir verdad y la religiosa recibiese refrigerio en su necesidad: Nuestro Señor lo proveyó de manera que esta bendita no mintiese. En la vida del Padre fray Pascual Bailón, cuyo cuerpo está en San Francisco de Villareal de Valencia, se cuenta d’él las grandes diligencias y trabajos que pasó por no decir una mentira ligera, que no pasaba de pecado venial, lo cual es contra tanto como en estos tiempos se miente porque no se sabe decir verdad. Y ansí sucede a los mentirosos lo que dice Aristóteles, que cuando digan verdad no los crean, aunque hay quien nunca la diga. Muchas veces aparecieron ánimas de difuntos a esta bienaventurada, pidiéndole hiciese diligencias con deudos suyos para que hiciesen obras satisfatorias y cumpliesen obligaciones que tenían para por estos medios ser libres del purgatorio, lo cual ella siempre hacía. Las cuales ánimas le tornaban a aparecer y le decían cómo eran libres de las penas de purgatorio y le daban gracias por haberlas ayudado. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Vino a esta bendita un religioso muy tentado de que no rezaba las horas canónicas ni ninguna cosa de las que tenía obligación, diciendo que Dios no tenía necesidad de sus rogaciones; la cual hizo oración por él y le respondió: “Padre, verdad es que Dios no tiene necesidad de las oraciones de las criaturas que Él crió; empero, que todas las criaturas racionales que Él crió tienen necesidad de la ayuda de Dios y de le servir para agradarle: ansí como de necesidad y fuerza es obligado cualquier labrador pechero de pagar a su rey y señor el pecho que es obligado y le debe y si esto de su grado no lo hiciere, será castigado, ansí el religioso, si no pagare a Dios lo que le debe rezando las horas canónicas y lo que es obligado, será castigado de la mano de Dios”. Deseaba padecer muchos trabajos por Dios y suplicábalo a Nuestro Señor y ansí permitió que los demonios la azotasen muy crudamente y las señales le duraron mucho tiempo y la de uno le duró toda su vida. Y lo mesmo se cuenta haber sucedido al glorioso S. Gerónimo. También le dio Dios de ordinario un dolor [530] de cabeza que la atormentaba en gran manera y todo lo llevaba con gran paciencia. Era devotísima de la santa Cruz y enseñó a las monjas una adoración en esta manera: “Adórote, cruz preciosa; adórote, santa Cruz de Dios; adórote, santo madero; adórote, trono de Dios; adórote, escaño de sus pies con el cual justiciará y pisará los pecadores y les hará ver y conocer cómo solo Él es el Señor y Criador del Cielo y de la tierra y juez de los vivos y de los muertos; adórote, galardón de los justos por el cual se salvan y justifican; adórote, deleite de los ángeles; adórote, penitencia de los pecadores; adórote, tálamo de Dios, en el cual está puesta su corona real; adoro los clavos, tenazas, martillo, escalera y lanza; adoro al Redentor en ti puesto; adoro a mi Salvador; adoro su santo rostro; bendigo, glorifico y adoro sus santos miembros todos, desde las uñas de los pies y plantas hasta encima de la cabeza, que son los cabellos: adórote, árbol santo de la vera cruz”. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Capítulo VII'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''De la enfermedad que tuvo esta bendita madre''' &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Siendo súbdita y abadesa en el dicho Monasterio de la Cruz, habiendo adquirido al monasterio muchos bienes y posesiones de personas que tenían devoción a esta bendita madre, por cuyo respeto las daban, y habiendo tenido la sierva de Dios muchos trabajos, contrariedades y aflicciones, ordenándolo Dios ansí para que fuese probada su paciencia y virtud, últimamente tuvo grandes enfermedades, sin poderse levantar en mucho tiempo de la cama, donde siempre trabajó, exhortando con palabras a las que la veían al temor y amor de Dios; y para los ausentes tenía una monja que escribía muchas cosas, concernientes y ordenadas todas al bien de los prójimos. Y estando en la cama enferma tuvo grandes consuelos espirituales y revelaciones misteriosas, secretos grandes del estado de la Iglesia, de los que están en purgatorio y otros muchos secretos, los cuales Dios le revelaba. Apareciole muchas veces Nuestra Señora y consolola. Su santo ángel custodio le hablaba muy de ordinario y fue cosa maravillosa la gran familiaridad que con él y otros ángeles, de quien era muy devota, [531] tenía, y las admirables revelaciones que tenía del Señor. Siendo esta virgen ya muy labrada como piedra para ser puesta en el edificio de la ciudad santa de Jerusalén, llegose el tiempo de su glorioso tránsito. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Capítulo VIII'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''De un caso prodigioso que sucedió a esta sierva de Dios''' &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Un viernes santo, habiendo estado toda la mañana en un rapto, volvió en sí estando diciendo la Pasión, y fuese al coro e iba llorando y descalza; y porque no podía andar ponía los pies de lado, que de otra manera no los podía poner, y aun esto con mucha pena y dolor. Y viéndola las religiosas entrar en el coro, fuéronse para ella, preguntáronle cómo iba de aquella suerte. Respondió que le dolían mucho y los pies y no podía andar con ellos; y mirándoselos las religiosas, viéronselos señalados, y ansimesmo las manos, no con llagas abiertas, sino unas señales redondas del tamaño de un real y muy coloradas, de manera que parecían por las palmas de las manos que estaban impresas. Tenían estas señales muy suave olor y la bendita lloraba de los dolores que tenía en aquellas señales. Y también las religiosas lloraban y tomáronla en sus brazos y lleváronla a su celda; y era tan grande el fuego que tenía aquellas señales que las religiosas le ponían paños mojados en agua fría y en muy breve espacio se enjugaban del gran fuego que de allí salía, y muy a menudo se los tornaban a poner mojados. Ella mesma se soplaba las palmas de las manos por mitigar el gran fuego y dolor que padecía. Y preguntándole las religiosas qué era aquello, respondió con muchas lágrimas y dolores que sentía que había visto a Jesucristo Nuestro Señor crucificado, que llegándose a ella había juntado sus manos con las suyas y puesto sus pies con los suyos; y que luego había sentido gran dolor en su espíritu y gran sentimiento en sus manos y pies, que eran tan recios que no los podía sufrir. Tuvo estas señales tan maravillosas y crecidos dolores desde el día del Viernes Santo hasta el día de la Santa Ascensión. Y esto no continuo, sino los viernes, sábados y [532] domingos, tres días arreo, hasta la hora que Cristo Nuestro Señor resucitó; y desde aquella hora hasta otro viernes no tenía más dolor ni señal. Viendo esta santa cómo no podía encubrir estas preciosas señales que no fuesen vistas de personas devotas del monasterio, pues ya se publicaba, y el confesor del monasterio y las religiosas d’él las habían visto, suplicó a Nuestro Señor muy afectuosamente que en ninguna manera su Divina Majestad permitiese que en ella su indigna sierva pareciese ni tuviese tal tesoro ni tan ricas joyas, que no era digna de ellas ni quería tal don, pues no le podía encubrir, y nunca cesó de hacer esta súplica, derramando muchas lágrimas, hasta que lo alcanzó del Señor. Y en la oración oyó una voz del Señor que le dijo: “Mucho me ruegas e importunas que te quite ese don que te he dado, yo lo haré; y pues no has querido tener mis rosas, yo te daré cosa que más te duela que ellas”. Y ansí le fue otorgado del Señor no tener más aquellas señales, pero en su lugar le dio Dios muchas enfermedades y trabajos. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Capítulo IX'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''De cómo esta bendita pasó de esta vida'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Siendo esta bendita de edad de cincuenta y tres años, los cuales había vivido muy bien y muy ejemplarmente a honra y gloria de Dios y salvación y mérito de su alma y aprovechamiento de sus prójimos, vivos y difuntos, como su historia da testimonio dello, quiso el poderoso Dios que después de la Dominica del Pastor, año de 1534, se le agravasen a esta sierva de Dios sus enfermedades, sobreviniéndole otra de nuevo, la cual fue que no pudo orinar en catorce días, y publicándose su enfermedad entre algunas personas muy generosas, devotas suyas, fue luego proveída con mucho deseo de su salud de médicos y de las cosas necesarias para su cura. Y los médicos juntos y concentrados le hicieron muchas y grandes experiencias, y ella, tomando por la consolación de las monjas que se lo rogaban todo lo que los médicos le mandaban, aunque era contra su voluntad, y algunas veces con rostro como de ángel y semblante muy gracioso [533] que reía con las monjas y les decía palabras de muy grande amor y también a los médicos, se mostraba muy agradecida a su trabajo. Y viendo ellos que su mal iba empeorando y que era mortal, dijéronlo a las religiosas, las cuales con muchas ansias comenzaron a invocar la misericordia de Dios haciendo oraciones y derramando muchas lágrimas y sangre, haciendo procesiones con gemidos y sollozos, que parece querían expirar, suplicando a Nuestro Señor no quisiese su Majestad quitarles tan grande amparo, consolación y ayuda para su salvación como tenían en la madre Juana de la Cruz. La cual con muy grande fervor pidió le trujesen su confesor, que se quería confesar y aparejarse para morir, y ansí lo hizo, que confesó y comulgó con admirable devoción y se despojó como muy pobre y perfecta religiosa, y pidió la extremaunción; y todos los días que estuvo enferma de la enfermedad que murió, no pasó noche que no se arrobase, pero no le fue descubierto el secreto de su muerte hasta tres días antes de su bienaventurado fin. Y aunque con mucha flaqueza, no faltándole caridad y compasión de sus hermanas, contoles algunas cosas de consolación que en sus raptos había visto. Y acercándose el día de su glorioso fin tuvo una revelación jueves en la noche, vigilia de los apóstoles San Felipe y Santiago, en la cual conoció que era la voluntad de Dios llevarla desta vida; y súpolo en espíritu, por cuanto aquella mesma noche estuvo elevada desde las once hasta la una, y en esta elevación vido a los gloriosos apóstoles San Felipe y Santiago. Y hablando con su santo ángel le dijo viese cuál estaba y le suplicaba rogase al Señor por ella y por las religiosas de su casa y por sus hermanos y parientes y amigos y por todas las personas que a ella se encomendaban; y la respuesta fue: “Bienaventurados son los que viven y mueren en Dios y malaventurados se pueden llamar los que viven fuera de Dios; esfuérzate y ten paciencia, y encomiéndate a Dios y confórmate con su santa voluntad, y arrepiéntete de tus pecados y de las cosas que pudieras haber hecho en su servicio y no las has hecho”; la cual dijo: “Tan tarde me lo decís”. Y respondió: “No es tarde, que tiempo tienes para lo poder hacer; tú, amiga de Dios, confórtate [534] con todo lo que Nuestro Señor quisiere hacer de ti y suplica a su Divina Majestad se cumpla en bien y salvación tuya la sentencia que está dada, y tiempo es ya, amiga de Dios, de gozar de las cosas prometidas y a Dios pedidas y por Él otorgadas”. Y suplicó esta madre a los gloriosos apóstoles San Felipe y Santiago rogasen a Dios por ella, que no deseaba la muerte por impaciencia, sino muerte con penitencia, contrición y arrepentimiento de sus pecados, y que fuese en ella cumplida la voluntad de Dios. Los santos apóstoles le dijeron: “Ansí tiene de ser para ser la muerte buena y inocente y sin pecado, y ahora es tiempo de padecer los penitentes y amigos de Dios para que después gocen de los gozos del Cielo”. Todo esto pasó estando esta sierva de Dios elevada, y tornando en sus sentidos llamó a una religiosa parienta suya, que desde niña se había criado en el monasterio y ella le tenía mucho amor, y díjole: “Hágoos saber, hermana, que según me ha sido revelado he visto que es la voluntad de mi Señor Jesucristo que muera desta enfemerdad, de lo cual yo mucho me he consolado”. Y contole la sobredicha revelación y díjole muchas cosas de gran dotrina, aconsejándola tuviese paciencia y se conformase con la voluntad de Dios. Y luego, viernes por la mañana, día de los apóstoles San Felipe y Santiago, entrando el médico a visitarla, dijo que le quería hablar en secreto y, llegándose cerca de su cama, le dijo: “Señor, ruégoos por amor de Nuestro Señor que no me curéis ya más ni hagáis algún beneficio, porque yo sé que tengo de morir desta enfermedad y todo aprovechará poco, sino es darme más tormento; y paréceme que todo mi cuerpo le meten en un grano de mostaza y allí le aprietan según que yo siento”. Y ansí estuvo todo aquel día con alguna fatiga causada por la enfermedad. Y como se divulgase mucho que estaba tan al cabo de su fin, muchas señoras generosas deseaban estar presentes a su glorioso tránsito y ansí lo pusieron por obra; y no todas llegaron a tiempo, a causa que algunas venían de lejos, sino fue una muy ilustre señora muy devota suya que se llamaba doña Isabel de Mendoza, hija del conde de Monteagudo, mujer de don Gonzalo Chacón, señor de Casarrubios, que llegó a tiempo [535] y estuvo presente a todas las cosas y maravillas que pasaron en su bienaventurado tránsito y tuvo muchas lágrimas de devoción. Y esta señora, después de viuda, fue monja en el Monasterio de la Concepción de la Puebla de Montalván.&lt;br /&gt;
 &lt;br /&gt;
El mesmo día de los apóstoles, antes de vísperas, estando en sus sentidos, vido algunas cosas, las cuales ella no dijo claramente, aunque mucho se lo importunaron y rogaron. Este mesmo día, ya que quería anochecer, le dieron la santa unción, la cual recibió con muy gran devoción, y desde a un rato dijo con gran gemido y contrición: “Ay, ay de mí, cómo me he descuidado”. Pasada una hora, después de recebida la santa unción, le sucedió una indisposición, que pensaron era desmayo, y viéndolo el médico dijo que no tenía pulsos, que verdaderamente se moría, y estuvo ansí un rato; y tornando sobre sí, comenzó a hablar con buen semblante, en lo cual conocieron había sido arrobamiento. Y destos tuvo muchos aquella noche y empezó a hablar, diciendo lo que había visto, como quien responde a lo que le decían, y parecía a todos los que la veían que lo que hablaba eran respuestas que daba a quien hablaba, e dijo como persona muy admirada: “O, qué cruel espada, tenédmele, tenédmele, no me mate con ella”. Y ansí estuvo sosegada un gran rato en silencio, como persona que veía grandes cosas. Y después dijo con gran sosiego y manera pacífica: “Tened ese cuchillo, tenedle”; y alzando un poquito la voz, decía: “Llamádmela, llamádmela que se va”. Y preguntándole a quién habían de llamar, respondió: “A la santa Madalena”; y diciéndole qué Madalena, dijo: “La que estuvo al pie de la cruz, que viene del sepulcro”; y decía: “Ay, ay, amiga de mi alma”. Preguntándole si estaba allí la Madalena, respondió que sí; y de rato en rato decía, a manera de mucho deseo: “Pues vamos, Madre de Dios, vamos”, y esto decía muchas veces; y algunas veces añadió: “Vamos a casa, vamos, Madre de Dios, que es tarde”. Y con manera de ahínco y esfuerzo fervoroso decía: “Echalde de ahí, echalde de ahí, ¿por qué me dejáis?”; y parecía que estaba angustiada y que peleaba con el demonio y para esta pelea la dejaron sola; la cual venció poderosamente, según pareció la plática que ella tenía con el demonio, [536] que ansí como Dios le dio gracia de fortaleza que en su vida le venciese, ni más ni menos en la hora de la muerte no la desamparó, que maravillosamente quedó vencedora. Y volviendo la plática a las religiosas, dijo: “Señoras y hermanas mías, levantadme de aquí, daré mi alma a Dios en sacrificio”. Dende a poco comenzó a decir apriesa, como quien habla con otras personas: “Buscádmele, buscádmele a mi Señor, ¿por qué me le llevastes?, dejádmele ir a buscar, aunque estoy descoyuntada”; y con gran fervor decía: “Mi Señor, la misericordia sobre la justicia: Jesús, y qué angustia”. Y muy fatigada, volvió el rostro a las religiosas, e díjoles: “Amigas, ayudadme a rogar”; y dijeron: “Señora, ¿qué quiere que roguemos y pidamos?”. Respondió que misericordia y piedad, que la misericordia era sobre la justicia. El médico que la curaba, viendo todas estas cosas, dijo con gran devoción y lágrimas: “Bienaventurado colegio que tal alma como esta envía el Cielo; por cierto, señoras, creo yo que serán mayores los favores que desta bendita recebirán desde el Cielo que los que han recebido en la tierra, aunque han sido muchos”; y respondió la bienaventurada: “Podrá ser”. Y todo esto pasaba estando sin pulsos en ninguna parte de su cuerpo, y estándola todos mirando empezó a mascar, como persona que comía con mucho favor, y cesando le dijo el médico: “Señora, parece que come”. “Es verdad”, dijo ella, “sí”. Tornándole a preguntar  que quién se lo había dado y qué era, respondió que cierto manjar, y dijeronle: “con tal manjar muy esforzada estará”, y dijo: “Sí, estoy”. Y tomándole el médico el pulso dijo que se le había tornado muy esforzado y grande, que parecía de nuevo le habían dado vida porque había más de cuatro horas que estaba sin él y desde el día de los santos apóstoles no había pasado ninguna sustancia. Y después de todo esto comenzó a decir con muy alegre gesto: “Amigas mías y señoras mías, llevadme, llevadme”; y entendieron que hablaba con santas vírgines; y de a poco rato dijo con gran reverencia: “O, Padre mío”, y las religiosas pensaron que lo decía por el glorioso Padre San Francisco. Y cuando esto pasaba, ya venía el día y era sábado, y todos los que allí habían estado aquella noche, ansí a las religiosas como a las personas de otra manera, no se les hizo o pareció ser aquella [537] noche una hora. Estando ansí esta sierva de Dios, dijo: “Ea, pues, Jesús, vamos de aquí”; “vamos presto, Señora mía”; “vamos, vamos mi Redentor”. Entonces las religiosas se levantaron con muchas lágrimas y grandes sollozos y le besaron las manos con mucha devoción y ella las bendijo presentes y ausentes. Y tornó a decir: “Vamos, vamos, Redentor mío, vamos de aquí”. Y llegándose el médico a esta bienaventurada y hablándola, recibió el aliento que de la boca le salía y dijo a los que allí estaban no podía conocer ni alcanzar qué olor fuese, salvo que olía muy bien, de lo cual estaba admirado porque hasta aquella hora había tenido mal olor en el aliento, que le procedía de la corrupción de los humores, y entonces le tenía bueno. Y todos los que estaban allí que oyeron esto al médico se allegaron con mucha devoción y, recibiendo el huelgo, conocieron no ser de los olores deste mundo, y toda su persona estaba con grande olor y hermosura. Y desde el sábado a la tarde hasta el día siguiente domingo después de vísperas, día de la Invención de la Santa Cruz, no habló; y antes que entrasen por la puerta de su celda se olía los maravillosos olores que de ella salían.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Capítulo X'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Del tránsito'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Siendo la hora de las seis, después de mediodía, domingo día de la Santa Cruz, año de 1534, día en que la sierva de Dios nació y entró en la religión, acompañada su ánima de muy buenas y perfetas obras, y ansimismo su cuerpo acompañado de religiosos de su Orden y de todas las monjas de su casa, las cuales con candelas encendidas en las manos, y los padres leyendo la Pasión, dio esta sierva de Dios el alma en manos del poderoso Dios que la crió y redimió, quedando su gesto con hermosura y compostura admirable, quedándole la boca muy buen puesta, a manera de quien se ríe. Y admirados los padres que allí estaban, con gran reverencia llegaron a mirarle los ojos, y alzando los párpados vieron que no los tenía quebrados, sino con aquella hermosura que los tenía cuando era viva, y ansí como agradó con ellos mucho a Dios, permitió en la hora de su muerte que no se le quebrasen, en testimonio de las buenas obras que con [538] ellos había hecho; de lo cual todos se maravillaron mucho y dieron gracias a Nuestro Señor por las grandes maravillas y mercedes que con sus fieles amadores hace. Como acabó de expirar, allegáronse con grande ansia todas las religiosas, llorando lágrimas muy dolorosas a ver y besar el cuerpo, y como se cercaron a él, eran tan grandes los olores que d’él salían y tan subidos que no se podían comparar  con cosa desta vida, y las religiosas que tocaron el cuerpo les quedó por muchos días muy admirable olor en sus personas y manos y en cualquier cosa que se le ponía encima, y le tuvo en su persona y hábito todo el tiempo que estuvo por sepultar, que fueron cinco días. Y aderezado el cuerpo, la abadesa y monjas del convento, con candelas encendidas y rezando, le llevaron al coro y allí le fue dicho el oficio muy solenemente, y estuvieron aquella noche con él acompañándole con mucho dolor de lágrimas, y con ellas la dicha señora doña Isabel de Mendoza, que con mucha devoción se halló a su tránsito. Y divulgándose cómo ya era pasada desta vida esta sierva de Dios Juana de la Cruz, concurría mucha gente de toda la comarca con gran deseo de ver su cuerpo. Ansimismo vinieron muchos padres de la Orden a hacer sus exequias y enterramiento, y como la gente era tanta, daban licencia a algunos que entrasen en el monasterio; los cuales, cuando veía el cuerpo y olían los olores que d’él salían, daban muchas gracias a Nuestro Señor, derramando lágrimas de devoción. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Capítulo XI'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Cómo sacaron el cuerpo desta sierva de Dios para que la gente le viese'''   &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El día siguiente lunes, como fuese casi hora de vísperas y todos los campos estuviesen llenos de gente, clamando que les mostrasen el cuerpo que se le dejasen tocar, los padres que allí se hallaron, por satisfacer a su devoción, tomaron el cuerpo y sacáronle fuera con mucha reverencia, donde todos le pudiesen ver; y viendo la gente cómo le sacaban, eran tan grande los clamores y gemidos que todos daban con muchas lágrimas que se oían muy lejos de allí; y llegando todos a prisa, los religiosos que guardaban el cuerpo no consentían [539] tocasen sino en el hábito; y sintiendo el muy suave olor que del cuerpo salía, con mucha admiración daban gracias a Dios y ponían encima rosarios y otras cosas que traían, en las cuales se pegaba el mesmo olor. Y consolada la gente, tornaron el cuerpo al monasterio a hora de Completas; a la cual hora llegaron correos de grandes señoras rogando que detuviesen el cuerpo hasta que ellas le viesen y ansí se hizo. Y hecho el oficio, los religiosos se fueron a sus monasterios y dejaron el cuerpo por enterrar y ansí estuvo por cinco días, no perdiendo el buen olor que d’él salía. Y venidas las señoras, a cuya instancia el cuerpo estaba detenido, viéronle y tocáronle y se consolaron mucho de ver las maravillosas que Dios mostraba en él. Pareció era bien porque la gente gozase desta reliquia, se enterrase en la Iglesia y capilla del Santísimo Sacramento, pero las religiosas no consintieron sacar el cuerpo del monasterio y hubieron de entender en ello los prelados, y húbose de hacer lo que las monjas querían porque era más justo, y pusiéronle en una parte donde las religiosas comulgaban, en un hoyo pequeño, cuanto cupo el ataúd, encima cubierto con yeso; en el cual lugar el tiempo que allí estuvo manifestó Nuestro Señor la santidad desta su sierva, sintiendo muy suaves olores. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En la ciudad de  Almería había una grande religiosa, que tenía revelaciones muy verdaderas y el Señor le comunicaba muchos secretos: llamábase María de San Juan, natural de la villa de Casarrubios del Monte, la cual con otras había ido al Monasterio de Torrijos a fundar al Monasterio de la Concepción de Almería, en tiempo de doña Teresa Enríquez, señora de Torrijos. Y esta religiosa María de San Juan tenía gracia de arrobarse, y las dos se habían hecho hermanas espirituales y se comunicaban mucho. Y yendo dos padres de la Orden de S. Francisco, que el uno de ellos había sido provincial de la provincia de Castilla, persona de mucha autoridad y letras, a tratar y negociar con la madre María de San Juan, a un mes que había pasado desta vida la madre Juana de la Cruz, y preguntándole el dicho prelado, que le dijese del estado del ánima de la madre Juana de la Cruz, respondiole con mucha alegría: “Tiene tanta y tan grande gloria como el poderoso Dios les da a sus escogidos y los méritos [540] de la madre Juana de la Cruz merecían”. Y contó cómo el día de San Juan Evangelista, a seis de mayo, tres días después de la Invención de la Cruz, día en que la madre Juana de la Cruz pasó desta vida, se la mostró Dios muy diferente de cómo la solía ver y que, admirada de aquello, le fue respondido que ya estaba desatada de las cadenas de la carne y en gloria para siempre, y que Dios dio lugar que la hablase y le dijo que había tres días que había pasado desta vida y en ella había tenido su purgatorio, y que no le dieron lugar para que le dijese más y quedó ella muy consolada.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Algunos años después, se hizo un arco muy bien labrado en una pared que divide la capilla mayor del claustro del monasterio por la parte del evangelio, y se puso una reja muy bien labrada, toda dorada muy fuerte y recia, que cae a la parte de la capilla, y por la parte del monasterio se pusieron unas puertas muy fuertes y allí trasladaron el cuerpo de esta sierva de Dios, el cual pusieron en una caja muy bien guarnecida por de dentro y por de fuera; y esta caja pusieron en una área muy grande, muy cerrada con diversas llaves y barreteada muy fuertemente; y ansí por la parte de la iglesia gozan della todos los que entran en la dicha iglesia y por parte de dentro la gozan las religiosas. Setenta años después que la pusieron en este lugar, dos reverendísimos generales de la Orden de San Francisco en diversos tiempos quisieron ver el cuerpo porque habían de ir a Roma y tratar con Su Santidad de su canonización, para lo cual se hacen diligencias; y, aunque con trabajo, la abrieron el arca, por estar muy barreteada por todas partes. Abrieron la dicha arca y el cuerpo fue hallado como si acabara de morir, sin tener ninguna parte resuelta; y estaba vestida de damasco pardo porque ciertas señoras que se hallaron a esta traslación la pusieron en aquella forma. Y por secreto que esto se trató, fue tanta la gente que acudió que, por condescender con la devoción de todos, mostraron el cuerpo por la reja de donde está tan entero como cuando murió. Repartidas algunas reliquias suyas, como de sus tocados y sobretocas, para repartir a señoras en la Corte y en otras partes, se tornó a poner con la mesma decencia y seguridad que antes; y siempre Nuestro Señor hace muchos [541] milagros y maravillas en aquella santa casa de Nuestra Señora de la Cruz.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Hase de advertir, que se dice en esta historia, que muchas personas seglares entraban en la clausura del monasterio a negociar con esta sierva de Dios, como es cuando estaba enferma, que no podía salir a los locutorios cuando se arrobaba; y también cuando, estando elevada y fuera de sus sentidos, entraban a oírla por las cosas grandes y maravillosas que de su boca salían y en la última enfermedad de que murió y después de muerta y en su entierro y en semejantes ocasiones. Digo que se ha de advertir que antes del Concilio de Trento los prelados podían dar licencia con causa que para ello ocurriese para entrar en los monasterios de monjas; y en especial las que por su estado no hacían voto de clausura, como son las monjas terceras, que, aunque guardaban clausura, era por vía de precepto, como se dice en el tratado de los terciarios; y ansí los prelados daban las sobredichas licencias.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Capítulo XII'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''De otras monjas que ha habido en este convento''' &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Desta sierva de Dios Juana de la Cruz se hace memoria en el catálogo general que la Orden tiene de frailes religiosísimos y monjas a quien tiene gran reverencia y veneración, esta parte de su historia impresa en la tercera parte de la Crónica general de la Orden que compuso el reverendísimo Gonzaga siendo general della, remitiendo muchos milagros y otras cosas a que se vean en un libro, en el cual está todo autenticado. Y en la historia del Convento de Nuestra Señora de la Cruz se dice las personas insignes que con ella trataban y comunicaban sus negocios, las personas reales de grande autoridad que se encomendaban en sus oraciones, las gruesas limosnas que por su respeto hicieron al dicho monasterio; y desde entonces hasta ahora ha proveído Dios que en aquel monasterio haya habido monjas de grande espíritu y celo de la virtud, siguiendo los ejemplos y dotrina desta sierva del Señor. Ansí, todo el convento haciendo procesiones de ledanías que ella ordenó, y en particular la imitan monjas, guardando ayunos de pan y agua, no durmiendo en cama ni trayendo lienzo en el cuerpo y teniendo mucha [542] oración, entre las cuales hubo una muy noble, que se llamaba sor Ana de la Cruz, de la cual se cuenta que en más de cuarenta años no faltó de Maitines a medianoche, y después dellos se quedaba en oración hasta que venía el día y era hora de irse a su oficio, que era tornera, en el cual dio grande ejemplo. Otra, sor María de Sonseca hubo, que tiene mucho nombre de grande penitente y recogimiento. Y con esto es Nuestro Señor servido que esta casa sea de mucha devoción y acudan a ella tantas doncellas a querer ser monjas que, guardando el número que, conforme sus rentas, y haciendas pueden conservar, como lo manda el Concilio de Trento, muchas no se pueden recebir; y es mucho considerar que personas que pueden ser monjas en monasterios de grandes villas y ciudades, y de Corte, escogen más este para ser monjas estando en un desierto, trayéndolas Dios por la devoción que a esta bendita madre tiene. Y por la mesma razón, habiendo la Provincia muchas veces tratado y querido trasladar esta santa casa a algún gran pueblo, después que esto se ordenó en el Concilio de Trento, ha sido tan grande la instancia y tantas las súplicas y ruegos e intercesiones que las religiosas han hecho para que no las saquen de la casa donde vivió y murió la madre Juana de la Cruz, y adonde tienen su cuerpo, que no ha sido posible hacerse. Y esta devoción del lugar y monasterio es tan grande en toda la tierra que jamás faltan velas, enfermos y tullidos y de otras muchas enfermedades que velan y asisten donde está su bendito cuerpo; y muchos reciben grandes mercedes y beneficios de Dios Nuestro Señor, como parece por los ataúdes, mortajas, muletas, hierros de cristianos esclavos, los cuales han dicho que por la devoción que han tenido a esta casa milagrosamente han sido libres de cautiverio. Muchos cirios de cera y bultos de personas y otras cosas que allí llevan en señal y reconocimiento de los beneficios recebidos, de lo cual todo se toma fe y testimonio verdadero, y las paredes de la capilla mayor y iglesia deste monasterio están llenas de estas insignias y testimonios. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Capítulo XIII'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''En que se concluye esta historia''' &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En materia de milagros se debe advertir cómo se hacen, porque unas veces los [543] hace Dios súbita e instantáneamente y otras más de espacio y en tiempo, como consta de lo que San Marcos cuenta en el cap. 8., que, trayendo a Cristo un ciego, suplicándole que le diese vista, poniéndole las manos le preguntó que qué vía, y dijo que vía unos hombres como árboles que andaban, dando a entender que no vía  perfetamente. Donde Erasmo sobre el mesmo lugar dice que aquella palabra, ambulantes, tiene de ir con los hombres y no con los árboles, porque el árbol en el griego es neutro y no puede convenir con el ambulantes, que es como si dijera: “Veo andar los hombres como árboles”. Y segunda vez le tocó Cristo y vido perfetamente y con más perfección que si viera por naturaleza. Pues las obras de milagro, según todos, más perfetas son que no las naturales. Y ansí en este milagro se ve cómo Cristo no le hizo en un punto, como cuando Cristo entró en casa de San Pedro y su suegra estaba enferma de grandes calenturas y los discípulos le rogaron que la sanase, y mandó a la calentura que la dejase y en un punto fue sana: que son milagros que los teólogos llaman por otros términos, milagro en el modo, porque muchos sanan de calenturas, pero no en un punto. La razón desta diversidad de sanar Dios en un punto, o en tiempo, dicen algunos que es conforme la disposición que cada uno tiene para recebir aquel beneficio; y ansí unos le reciben en poco tiempo, otros en mucho. Y aunque esta razón es buena para que todos se dispongan para que Dios los sane en el alma, pues es dotrina cierta que a quien Dios sana en el cuerpo también sana en el alma, lo cual de ley común no se hace sin disposición, la razón de la diversidad de milagros es porque Dios es autor de la naturaleza, y el modo con que obra ese le dio Dios, la cual obra por movimiento, que no puede ser sino es en tiempo, sucediendo uno a otro, como se ve en la producción y obras de la naturaleza, como un hombre que nace niño y poco a poco con el tiempo se hace hombre, lo mesmo es en un árbol y en cualquiera otra cosa. Y para darnos a entender en los milagros, que es autor de la naturaleza, hace algunos poco a poco, procediendo como la naturaleza. Y también para dar a entender que es sobre naturaleza y no está atado a las leyes della, hace milagros en un punto, como es la resurrección de Lázaro y otros semejantes, la cual la naturaleza [546] no puede hacer. Lo mesmo pasa en las cosas espirituales porque, como dice el maestro de las sentencias, no ató Dios su virtud a los sacramentos de tal manera que no pueda justificar sin ellos, pues es sobre los sacramentos, aunque autor dellos. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
De lo dicho se entenderá la razón de estar algunas personas en los santuarios teniendo novenas, y otros treintanarios y otros más y menos, como acontece en este santuario de Nuestra Señora de la Cruz, que unos sanan de sus enfermedades a tres días, otros a cuatro, otros a nueve, y otros a más, y otros a menos y otros en llegando; lo cual todo resulta en honra y gloria de Dios, de quien son las maravillas y milagros. Si es según la diversidad de disposición de cada uno, de Dios es la disposición; y ansí a Él se debe la gloria; si es porque se quiere mostrar hacedor de la naturaleza y sobre ella todas las criaturas, cada uno en su modo le alabe y glorifique. Y también acontece que algunos no alcanzan el beneficio que desean y esto porque les conviene mejor la indisposición que tienen, que no su pretensión, como se cuenta del glorioso apóstol S. Pedro: que santa Petronilla su hija estaba tullida en una cama, yendo S. Pedro con unos discípulos suyos a comer le dijo que se levantase y les aderezase la comida, y acabado de comer dijo que se volviese a la cama tullida, y los circunstantes dijeron a S. Pedro que quien daba salud a tantos y libraba de tantas enfermedades por qué consentía que su hija estuviese de aquella manera, y respondió S. Pedro: “Todo lo que decís es verdad, pero a Petronilla le conviene más la enfermedad, que la salud”. Y ansí porque a muchos necesitados y enfermos no les conviene tener salud, no se la da Dios; y, pues lo hace por más bien suyo, deben de estar muy contentos y consolados, tanto como aquellos a quien Dios se la concede, pues lo uno y lo otro es lo que les conviene; y los que van sanos procuren no ofender a Dios porque no les acontezca lo que Cristo dijo al paralítico, que pues iba sano, no pecase, no le aconteciese otra cosa peor que la enfermedad que había pasado. Todos procuren ser devotos de la madre Juana de la Cruz, pues, a los que lo son, hace Dios muchas mercedes en esta vida y en el siglo que esperamos. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Otros muchos milagros y grandezas hay desta sierva de Dios, referirse han en libros que desto se harán en particular.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
= Vida impresa (8)=&lt;br /&gt;
Ed. de [http://visionarias.es/equipo/ana-morte-acin/ Ana Morte Acín]; fecha de edición: febrero de 2024.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
== Fuente ==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[[Archivo:Historia de la tercera orden de Juan Carrillo (1).jpg|miniatura|250px|right| “Vida y milagros de la bienaventurada virgen sor Iuana de la Cruz, de la Tercera Orden del Glorioso Padre San Francisco” en Juan Carrillo, 1613, ''Segunda parte de la Historia de los santos y personas en virtud y santidad ilustres de la Tercera Orden del glorioso Padre San Francisco'', Zaragoza: Juan de Lanaja. (Fuente: München, Bayerische Staatsbibliothek). ]]&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
* [http://catalogodesantasvivas.visionarias.es/index.php/Categor%C3%ADa:Juan_Carrillo Carrillo, Juan], 1613. ''Segunda parte de la Historia de los santos y personas en virtud y santidad ilustres de la Tercera Orden del glorioso Padre San Francisco'', Zaragoza: Juan Lanaja, pp. 258-325.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[[Contexto material del impreso Segunda parte de la Historia de los santos y personas en virtud y santidad ilustres de la Tercera Orden del glorioso Padre San Francisco]]&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==Criterios de edición==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Conforme a los criterios establecidos en el Catálogo para fuentes impresas, se han actualizado generalmente grafías (las sibilantes, el uso de b/v y h), ortografía y puntuación manteniendo aquellos rasgos de la lengua que implican valor fonológico o que caracterizan su léxico, morfología o sintaxis. En las notas se han reproducido los apuntes marginales presentes en la edición que sirve de referencia, y se ha ampliado la información oportuna.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==Vida de Juana de la Cruz==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[258]&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Vida y milagros de la bienaventurada virgen Sor Juana de la Cruz, de la Tercera Orden del Glorioso Padre San Francisco'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
===Prohemio del autor===&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Así como en las entradas de las famosas ciudades y lugares muy populosos suele haber humilladeros, casas de campo y edificios sumptuosos, los cuales sirven así para la hermosura y adorno de los mismos caminos como para mostrar la magnificencia de las ciudades y pueblos que están cerca, de la misma manera entre las vidas de los santos y personas de santidad y virtud eminentes hay algunas en que se resplandeció tanto la grandeza de Dios, en que se descubrieron tan altamente los tesoros de su bondad infinita, que es menester antes de llegar a ellas señalar algunos como humilladeros donde los entendimientos humanos, que no están hechos a ver cosas tales, se humillen y adoren la omnipotencia de Dios y el admirable artificio suyo en saber y querer enriquecer sus santos. De esto sirven los prohemios que suelen hacer los historiadores que escriben vidas de santos. Pues considerando con la debida atención la que ahora tengo de escribir, de esta milagrosa virgen y santa religiosa, viendo los maravillosos y extraordinarios primores de la divina gracia que se descubren en ella, me pareció necesario para no poner al lector de improviso en tan soberana luz, como verá que procede de los muy resplandecientes rayos de sus heroicas virtudes y de los singulares beneficios y tesoros de su divina gracia que puso el Señor en ella, prevenirle para que se disponga dignamente, con mirar a [259] la fuente original de donde procedieron aquellos resplandores, que es la bondad infinita del muy alto Señor, el cual se precia y tiene por honroso blasón ser maravilloso en sus santos. Sirve también esta humilde y discreta prevención para que los entendimientos de los hombres, que suelen turbarse y deslumbrarse con pequeña luz y se les hace dificultoso de entender todo aquello que sale de la vía común y del ordinario modo de proceder, entiendan que si algunos de los santos salieron de ahí e hicieron cosas tales que ponen en admiración nuestros cortos entendimientos, que no nacieron dellos las tales cosas, sino de la fuente original de todo cuanto hay bueno y santo en el Cielo y en la Tierra a quien se debe la honra y gloria de todo ello, que es Dios Nuestro Señor. Pues la vida de esta gran sierva de Dios es de tal manera prodigiosa que ha causado asombro y admiración a todo el mundo. De mí verdaderamente confieso que cuando la iba escribiendo y notando muchas veces me hacía reparar en si era de carne como los demás hombres mortales, porque siendo así parecía imposible que sobre tan flaco fundamento pudiese subir tan alto y eminente edificio.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Mas luego echaba de ver que el fundamento de todo aquello ni era carne ni tampoco era espíritu humano ni angélico, sino divino y soberano, que es el artífice de todas las cosas grandiosas y el que sabe poner peso en el aire (esto es), que las cosas que son tan flacas como la carne y tan ligeras como el viento, asentadas por la mano de Dios y tocadas con la virtud de su espíritu permanecen firmes y constantes para poder fundar sobre ellas tan eminente alteza de santidad como veremos en esta Iglesia Santa. Finalmente, todo será fácil de entender si, como dije al principio, pusiéramos los ojos en el poder infinito de Dios y en la singular providencia que siempre ha mostrado en querer enriquecer y honrar a sus santos.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
La vida de esta santa salió escrita en un libro que sacó de ella el venerable padre fray Antonio Daza, coronista de nuestra sagrada religión, y pareció tan bien en todos estos reinos de España, así por la devoción que comunmente se tenía a la santa como por elegancia y buen espíritu con que salían escritas cosas tan admirables, como eran las que de su santa vida se decían, en breves días se hicieron muchas impresiones de él y andaba ya en manos de todos los que se preciaban de tener alguna centella [260] de devoción y buen espíritu. Mas en breves días también (permitiéndolo así el Señor, para más honra de su sierva) se mandaron recoger todos los dichos libros por la Santa Inquisición. No porque se dudase de la santidad del sujeto, sino por ser cosas tan extraordinarias y raras las que en él se decían, especialmente en materia de revelaciones y éxtasis, que pareció convenía que se notificasen y declarasen algo más para quitar escrúpulos y algunos inconvenientes que pudiera haber para los ignorantes. Estando esto así, el Católico y Cristianísimo rey de España don Felipe III mandó que revisto el dicho libro por personas de toda satisfacción tornase a salir a la luz. ''[1]'' Cometiose la revista al señor Obispo don fray Francisco de Sosa, del Supremo Consejo de la Santa Inquisición y con su aprobación y censura salió de nuevo ilustrado con tan ingeniosas y admirables advertencias y prevenciones que con ellas es ahora doblada estimación y preciosidad de lo que antes era. Y aunque ni para la honra de la santa, ni para la verdad de la historia importaba mucho que yo emprendiera de nuevo el referir su vida (pues personas tales, y por sí misma está tan autorizada y calificada) pero para el adorno de esta historia y para singular decoro y hermosura de esta santa orden tercera (cuya profesora fue) era de grandísima importancia. Y así me pareció ponerla entre las demás, fundando la verdad y autoridad de lo que dijere en el dicho libro que salió a luz el año de mil seiscientos y trece impreso en Madrid y en la aprobación y censura de que dije y también en el libro original de la vida y milagros de esta sierva de Dios escrito de mano de una religiosa discípula suya llamada sor María Evangelista, el cual está originalmente guardado en el archivo del convento de Santa Cruz del lugar de Cubas, donde vivió y murió santísimamente esta sierva de Dios. Y aunque algunas cosas pienso referir con más brevedad por no alargar demasiado esta historia, pero no dejaré de decir lo que me pareciere más importante, referiéndome en lo demás al dicho libro y al original del guardado en aquel convento. Las cosas que en esta segunda revista del libro se han advertido o quitado irán ya anotadas en sus propios lugares, o del todo dejadas, de manera que podrá el lector sin algún escrúpulo proceder en esta lectura.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[261]&lt;br /&gt;
'''Cap. I. Del nacimiento, niñez y muestras primeras de santidad de esta sierva de Dios'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En el año del Señor de mil cuatrocientos ochenta y uno, en la Sagra de Toledo, en un lugar llamado Azaña, lugar de la Santa Iglesia de Toledo, llamada Santa María, y en el día de Santa Cruz de mayo fue el muy felice y dichoso nacimiento de la bendita sor Juana. No faltaron en él señales y pronósticos de santidad admirables, porque primeramente ella vino al mundo por petición de la Reina del Cielo María Sacratísima, ''[2]'', que la pidió a su benditísimo hijo para reformación y reparo de una santa casa de religiosas de la Tercera Orden de nuestro padre San Francisco, que está cerca de la villa de Cubas a quinientos pasos de ella, que se llama Santa María de la Cruz. Esta iglesia fue edificada milagrosamente por mandamiento de la Virgen Santísima, la cual para este efecto apareció a una pastorcica de trece años llamada Inés guardando un ganadillo de cerda, muy devota de la Santísima Virgen: porque con ser tan niña rezaba su rosario cada día, ayunaba sus fiestas y la metad [sic] de la Cuaresma, desde que tuvo siete años. Y cuando era de más edad, comulgaba a menudo, y frecuentaba mucho la Iglesia. Pues a esta pastorcica se apareció Nuestra Señora nueve veces, en diferentes días, según lo reveló a la bienaventurada sor Juana el ángel de su guarda y se tiene por común tradición en toda aquella tierra y convento, donde se celebra cada año la fiesta de estos nueve aparecimientos, con grande solemnidad y concurso de muchos pueblos. ''[3]'' Y en el mismo lugar donde se apareció la Madre de Dios y puso de su mano una cruz de madera (que hoy día se muestra en dicho convento) se edificó la iglesia con título de Santa María de la Cruz. ''[4]'' Y después de algunos años se ajuntaron algunas devotas mujeres y a su costa edificaron un convento junto a la dicha iglesia donde tomó el mismo hábito la patrona Inés. Y andando el tiempo, las otras religiosas la eligieron por su prelada y cabeza. La cual, favorecida de la Virgen Santísima, acabó sus días santamente y con demostración de milagros, de los cuales fue uno [262] tañerse por sí solas las campanas a la hora de su dichosa muerte. Mas andando el tiempo este convento, con estar fundado en tanta santidad, vino muy a menos en razón de esto. Y la Virgen Santísima (so cuya protección estaba) pidió a su benditísimo Hijo Jesucristo enviase al mundo persona tal cual convenía para restaurar aquella quiebra. Y el Señor se lo concedió, prometiendo enviaría persona de singular perfección para este efecto. Y en cumplimiento de esta promesa nació esta sierva del Señor el sobredicho día, mes y año, habiendo pasado ya cuarenta años que acaeció el dicho aparecimiento de la Virgen Santísima. Pues aunque todo lo dicho fue milagroso pronóstico de la santidad a que había de llegar la dicha niña con el discurso del tiempo, también lo fueron otras cosas que en su nacimiento concurrieron, como fue nacer en el lugar de la santa Iglesia de Toledo, llamada Santa María, porque la que había de vivir y morir en la casa de la Santísima Virgen naciese en el lugar de su jurisdicción y señorío y que este se llamase Azaña, pues había Dios de obrar en él por intercesión de su Madre Santísima una hazaña en materia de santidad tan admirable que causase asombro y pasmo en todo el mundo, como lo vemos hoy día.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Sus padres naturales de este pueblo se llamaron Juan Vázquez y Catalina Gutiérrez, cristianos viejos y virtuosos abastecidos de temporales bienes y de muchas virtudes. Apenas hubo nacido (como dicen) cuando ya comenzó a declararse por ella la divina gracia. Porque recién nacida ayunaba los viernes, mamando sola una vez al día y significando ya con aquella tan temprana abstinencia los crecidos ayunos que después haría siendo grande. ''[5]'' Y no solo hacía eso, sino que acaecía pasar sin llegar a tomar el pecho por tres días enteros, y aun sin volver en sí. Por lo cual afligida su madre y creyendo que su hija era muerta, suplicó a Nuestra Señora se la resucitase, prometiendo de llevarla con su peso de cera al convento de Santa María de la Cruz. Hecho eso luego, volvió en sí y estuvo buena. Iba creciendo con la edad en gracias y dones espirituales de que el Señor la iba dotando y enjoyando bien como a la que había de ser esposa suya. Siendo de edad de dos años andaba tan descolorida y enferma que llegó a no poder tomar el pecho ni pasar cosa, por lo cual la llevaron a una romería muy devota de san Bartolomé, en el lugar de Añover, y [263] estando en la iglesia mirando a la imagen del glorioso apóstol que estaba en el altar, se rio la niña y pidió luego que le diesen de comer. Desde este punto se halló sana y contaba después, cuando supo hablar, que había visto al apóstol san Bartolomé, que tocándola con su mano la sanó y quitó el mal color de el rostro. Nunca la vieron jugar con los niños de su edad porque, aunque niña en los años, todo lo demás era seso, cordura y discreta ancianidad. Siendo de cuatro años le acaeció que, imbiándola su madre a holgar a las eras por ser tiempo de verano, pasando por una calle se acordó que poco antes había pasado por allí el Santísimo Sacramento a un enfermo, y de tal manera se arrobó con esta consideración que cayó de una jumentilla en que iba sentada. Viola el cura del lugar y, levantándola del suelo sin sentido, la llevó en sus brazos a casa de su agüela, donde estuvo largo rato sin tornar en sí. Y, según dijo ella misma vuelta después en sí, fue llevada en espíritu a un hermosísimo lugar, donde vio muchas señoras a maravilla hermosas y entre ellas una que a su parecer era la Reina de todas, según su resplandor y hermosura.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
También vio muchos niños de grande belleza que le dijeron: “¿Qué haces así? Vente con nosotros y adora aquella Señora que es la Madre de Dios”. La bienaventurada niña respondió: “Yo no sé qué tengo de hacer, mas rezaré la Ave María”, y puestas en tierra las rodillas, la rezó. Y luego vio a su lado al ángel de su guarda, que la enseñó muchas cosas. ''[6]'' Y al fin de una larga plática que con él tuvo, le rogó la llevase a casa de su agüela. Y cuando volvió del rapto, contó por orden todas las cosas que había visto. En este mismo año, estando la bendita niña a la puerta de la casa de su padre, pasando por allí el Santísimo Sacramento para un enfermo le adoró y vio sobre el cáliz a Nuestro Señor Jesús Cristo en forma de niño muy resplandeciente y hermoso. [7] Otro día de la Purificación de Nuestro Señor, oyendo misa, al tiempo que el sacerdote acabó de consagrar la hostia, la vio muy clara y resplandeciente y en medio della a Nuestro Señor Jesuchristo, y alrededor de él muchos ángeles, de lo cual la humilde virgen no hizo mucho caso por entonces, creyendo que el ver aquello era común a todos, ni podía caber en su pensamiento que tales cosas se obrasen por ella, hasta que el Señor se lo declaró (como se verá adelante). En este tiempo y siendo de edad de 7 años, sucedió la muerte de su madre, hallándose presente su bianeventurada hija, que no poco la ayudó para [264] ser dichosa su muerte. Diole su bendición y con mucho amor se despidió de ella.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Cap. II. De los deseos que tenía de ser religiosa y de las penitencias que en la tierna edad hacía'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Era tan inclinada la graciosa niña a todo lo que con apariencia de más santidad se le representaba que, cual suele llevar el próspero viento a la navecilla que está en el mar tendidas las velas, así era ligerísimamente llevada y, como se le asentaban los pies, de los afectos de su voluntad, en cosa alguna de la Tierra, de aquí es que corría con increíble presteza a las cosas del Cielo: entre las cuales muy particularmente la incitaba el divino espíritu a la religión de aquel santo convento de Santa María de la Cruz de Cubas (del cual quería la Virgen Santísima que fuese reformadora). Había dejado su madre cuando murió muy encargado que la llevasen a aquella santa casa con otro tanto peso de cera en cumplimiento de una promesa que había hecho. Y acordándose de esto la bendita niña, decía entre sí misma: “Qué necesidad hay de que me lleven a aquella santa casa, mejor será que yo me vaya y me quedé allí religiosa”. Comunicaba sus deseos con una tía suya que en este mismo tiempo tomó el hábito en un convento que se llama Santo Domingo el Real de Toledo, la cual después de profesa creció tanto en santidad que tuvo muchas revelaciones del Cielo. ''[8]'' Y entre otras tuvo una de que aquella sobrina suya había de ser grande santa. Por lo cual deseaba tenerla en su convento religiosa y lo trató con la priora y monjas de él, las cuales ofrecieron recibirla sin dote, por la buena noticia que tenían de ella. Mas su padre y parientes no vinieron en ello, por lo mucho que la amaban. La tía, muy deseosa de que tuviese efecto, dio orden con la agüela de la niña, en cuya casa se criaba, de hurtarla y traerla a su monasterio. Mas como Dios la crió para el de Santa María de la Cruz, deshizo todas sus diligencias y la niña determinó de no tomar el hábito donde tuviese parienta, por parecerla que era poca perfección y llevaba algo de carne y sangre. ''[9]'' Tan discretos eran [265] ya sus pensamientos (aunque niña), y tan enamorada como esto estaba ya de Dios su alma y tan deseosa de servirle y amarle.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Poco después pareció a su padre llevarla (para que estuviese más guardada) a la casa de otros parientes suyos, que la pedían y deseaban en el mismo lugar de Azaña. Y puesta allí le dieron el cuidado y gobierno de toda la casa, para divertirla con aquello (si pudieran) de los pensamientos que tenía de ser monja.&lt;br /&gt;
Aquí comenzó el Señor a descubrir sus virtudes y ella, como precioso nardo, dar de sí maravillosa fragancia. Porque todos los días de precepto ayunaba a pan y agua y aun pasaba algunas veces sin comer los dos y tres días enteros. ''[10]'' Llevaba cilicios junto a las carnes, azotábase con cadenas de hierro hasta derramar sangre y lo más de todo esto es que nunca la oyeron palabra ociosa. Cuando andaba por la casa o hacía labor se pellizcaba los brazos por sentir dolor y se repelaba los cabellos para el mismo efecto. Y en medio de todo esto, sentía de sí tan bajamente que se tenía por indigna del pan que comía y de la tierra que pisaba. ''[11]'' Fuera de aquel cilicio de cerdas que le lastimaba el cuerpo por mil partes, traía cadenas a raíz de las carnes y, aunque fuese en tiempo de invierno cuando las noches son frías y largas después de acostadas las criadas, se levantaba ella y desnuda se quedaba con el cilicio. Y de esta manera pasaba toda la noche en oración hasta que al amanecer, con mucho silencio, y como si tal no hubiera hecho, se volvía a la cama. Mas una vez, viendo las criadas que faltaba de la cama, dieron aviso a su tía. La cual, angustiada y deseosa de saber lo que hacía, mandó a una criada que secretamente la siguiese cuando se levantaba y viese lo que hacía. Y la noche siguiente la siguió y vio que se quedaba dentro del mismo aposento y, puesta de rodillas cubierta con una estera o cilicio, la oyó sollozar delante de una imagen con muchas lágrimas. ''[12]'' Disimuló la dicha criada por entonces y a la mañana dijo a su señora cuán santa era su sobrina y los pasos en que andaba. Esto sintió mucho la santa doncella. Y viendo que sus trazas eran descubiertas, buscó otras para poder hacer sus ejercicios, sin ser vista ni entendida. Luego como entró la virgen en casa de sus tíos, entrando en un aposento vio junto a una imagen de Nuestra Señora una muy hermosa fuente y dos serafines con sendas jarras en las manos, que no hacían otro sino sacar agua de la fuente [266] y muy apriesa hinchir y verter las jarras, los cuales miraban con atención a sor Juana y mirándola se reían y mostraban contento aunque no la hablaban. Ella muy gozosa con tan alegre vista deseaba mucho saber qué se hacía tanta agua como sacaban de aquella fuente, porque nunca vio donde la echaban, ni lo supo hasta que muchos años después el ángel de su guarda la dijo que aquella fuente era milagrosa y el agua que los serafines sacaban representaba la gracia del Espíritu Santo que copiosa y abundantemente infundía en su alma. Un viernes santo por la mañana, habiendo gastado buena parte de ella y de la noche (como otra Magdalena en sus lágrimas) a los pies de Christo, contemplando su Pasión, se le apareció crucificado con todas las insignias de su Pasión sagrada y las tres Marías muy angustiadas y tristes, y la santa doncella lo estuvo tanto con el sentimiento de esta visión (de la cual gozó no estando arrobada, sino en sus propios sentidos) que de lo mucho que lloró dejó regado el lugar donde estaba, y su rostro quedó tan desfigurado que, cuando lo vieron sus tíos, espantados de la súbita mudanza que vieron en ella procuraron que comiese alguna cosa. Mas, como su mal no era de eso, ella misma los consoló diciéndoles que no la obligasen a quebrantar el ayuno en aquel día, que les aseguraba que muy presto estaría buena. Otra noche, estando en casa de sus tíos unos caballeros huéspedes, después de haberles dado de cenar y dejando ordenadas todas las cosas de casa, se salió sola a un corral buscando soledad para orar. Y puesta de rodillas en muy profunda oración, vio que se abría el Cielo y bajaba d’él la reina de los ángeles con su dulcísimo hijo en los brazos. ''[13]'' La cual, acercándose a ella, la miraba con ojos muy amorosos y mansos, y considerando cuán cerca de sí tenía a Dios y a su sacratísima madre, con muy devotas palabras pedía la favoreciese con su precioso hijo en lo que tanto deseaba como era ser religiosa. Y esto decía con tal afecto de espíritu que, a las voces que daba, sin poderlas detener salieron los de casa a ver lo que era. Y hallaron a la sierva de Dios puestas las manos y de rodillas en tierra hablando con Nuestra Señora. Y después de bien certificados de ello y acabada la visión, echó de ver la santa que le habían visto y de ello recibió mucha pena, temiendo ser descubierta en lo que tanto deseaba ser secreto. En estos tan dichosos y acertados empleos ocupaba [267] su vida, y creciendo en la virtud más que en los años llegó a los catorce de su edad. Sus parientes deseaban que se tratase de la casar y animábales a ello el ver su mucha discreción y hermosura con otras muy buenas partes de que Dios la había dotado, las cuales les parecían muy a propósito para que muchos hombres principales deseasen tenerla por mujer (como de hecho la pedían y deseaban). Mas la santa virgen, que guardaba para solo Dios cuanto bueno tenía y para entregársele a sí misma toda entera, no podía esperar que la hablasen en esa materia, y cuanto más diligencias veía hacer a sus parientes para eso, mayores y con mayor instancia de oraciones y lágrimas las hacía ella suplicando a Dios que no la permitiese enredar con los lazos del mundo, sino que la llevase adonde pudiese cumplir su deseo de ser toda suya. Mereció ser oída del Señor y su petición fue tan bien despachada como ahora se verá.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Cap. III. De como la santa doncella se fue en hábito de hombre al convento de Santa María de la Cruz para ser religiosa'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Considerando con la debida atención la inclinación santa y fervientes deseos de ser religiosa que Dios había plantado en su tierno pecho, los cuales, si consultara con el mundo y con la carne y sangre, se los había de estorbar y poner a pleito, estando muy asegurada la bendita doncella de que el estado más seguro y el que a Dios era agradable sería el ser religiosa, determinó de romper con todo los estorbos que podía haber para eso. Y para asegurarse más de que era acertado su deseo, había hecho un oratorio en un lugar muy apartado y solo, que era un palomar antiguo y despoblado, donde sin ser vista sino de solo Dios se daba toda a la oración multiplicando gemidos y derramando lágrimas para que diese cumplimiento a sus santos deseos. Un día de la Semana Santa, después de haberse azotado con cadenas de hierro como solía, estando postrada en tierra delante una Verónica dijo: “Oh mi dulce Jesús, suplicoos Señor que por los méritos de vuestra Pasión merezca ser vuestra [268] esposa y entrar para eso en religión, para entregarme toda a vos, único deseo de mi corazón y amor dulcísimo de mi alma”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Diciendo esto se mudó la santa Verónica y transformó en el rostro hermosísimo de Nuestro Señor Jesús Cristo tan vivo, a su parecer, como si estuviera en carne pasible y mortal, y ella, viendo a su Redentor, tales fueron sus lágrimas, tales sus ansias y congojas nacidas de inefable amor, que el mismo Señor la consoló prometiendo la traería a la religión y recibiría por su esposa. ''[14]'' Mas que de su parte se ayudase ella, haciendo lo que para ello convenía. Dichas estas palabras la santa Verónica se tornó a su ser y la bendita doncella quedó con este favor tan alentada que luego buscó trazas para irse al monasterio de Santa María de la Cruz, adonde el divino espíritu interiormente la llamaba. Y porque en estas cosas no aprovechan los tibios y flacos propósitos sin una buena determinación eficaz que rompa los estorbos, determinó luego en pasar la Pascua de Resurrección irse al dicho monasterio que está dos lenguas de su lugar, y porque para eso convenía ir en hábito de hombre varonil y fuerte, vistiose d’él y, tomando para más disimular una espada debajo de su brazo, salió secretamente de casa de sus tíos y tomó la vía para allá. ''[15]'' Bien se puede creer que en esta ocasión el demonio sacaría todo su poder para estorbar esta jornada. Así lo hizo representándole muchos espantos y temores, y la indignación de su padre y parientes, y la indecencia del hábito en que iba para la virtud que profesaba. Esto hizo tal impresión en ella que, combatida de la natural flaqueza y temor, comenzó a temblar con todo el cuerpo de tal manera que cayó en tierra desmayada. Y estando así, oyó por tres veces una voz que la dijo: “Ten esfuerzo, no desmayes, acaba la obra comenzada que Dios te favorecerá”. No vio entonces quién la hablaba hasta que después supo por revelación que había sido el ángel de su guarda. ''[16]''&lt;br /&gt;
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Con este favor quedó muy alentada, y levantándose de la tierra, prosiguió su camino, y, habiendo andado buena parte d’él, sintió que venía tras sí (aunque algo lejos) un hombre de a caballo. Y llegando más cerca, conoció que era un hidalgo que la pretendía por mujer y sus deudos querían que casara con ella. Turbose mucho cuando le vio, considerándose sola y en aquel lugar, pero el Señor, que la quiso [269] guardar, permitió que no la conociese. Y ella, viéndose libre de aquel peligro, puesta de rodillas en tierra, dio luego allí muchas gracias a Dios y a su santísima Madre la cual se le apareció y le dijo: “Esfuérzate, hija mía, que yo ruego por ti y te pedí a mi hijo para que restaures mi casa de la Cruz”. Quedó con esto la sierva de Dios muy consolada y, prosiguiendo su camino, llegó al santo monasterio donde, habiendo hecho oración en hábito de hombre como iba y adorado la santísima imagen de la Madre de Dios, se apartó a un rincón de la iglesia, y desnudándose aquel vestido, se puso el de mujer que llevaba en un lío. Y levantando los ojos a una imagen de Nuestra Señora de mucha devoción que estaba sobre la puerta seglar del convento (que según se dice es la misma que está ahora), arrollidándose a ella, le dio de nuevo las gracias por haberla librado de tantos peligros y traído a su santa casa. Esta imagen la habló y dijo: “Hija mía, en buena hora seas venida a esta mi casa, entra alegre que bien puedes, pues para ello te crió Dios e yo te torno a dar la superioridad de ella y autoridad para que edifiques y plantes las virtudes y arranques y destruyas los vicios y pecados”. A esto replicó la sencilla doncella diciendo: “Ay señora, que como vengo sola y de esta suerte, temo que no me querrán recibir vuestras siervas”. “Ninguna cosa temas”, dijo la santa imagen, “que mi precioso Hijo que te trajo hará que te reciban”. Con esto la bendita virgen, confortada en el Señor, habló a la abadesa, y dándole cuenta de quién era y de lo que pidía, rogaba la recibiesen en su compañía, pues por gozar de ella dejaba la de su padre y parientes y había venido en hábito tan diferente por no ser conocida. ''[17]'' Reprehendiola la abadesa por haberse puesto en tan manifiesto peligro, aunque interiormente estaba admirada y daba al Señor mil gracias porque tal fortaleza y espíritu había puesto en una tierna doncella. Aficionósele tanto, viéndola tan hermosa, tan bien hablada y discreta en las razones que decía, tan compuesta, tan graciosa, que mandó llamar a todas las religiosas para que la viesen y echasen de ver cómo, sin duda, se la traía Dios a su casa para algún grande bien y secreto de su divina providencia. La cual, para que pareciese bien a todas y no dudasen de recibirla, es de creer que la añadiría particular donaire y gracia como lo hizo con Daniel para que pareciese bien a los ojos del rey Baltasar, y con [270] la santa Judith para que de su vista quedase vencido el ánimo de Holofernes. Pues así todas las religiosas de aquel convento quedaron tan admiradas de ver su buena gracia que la preguntaban mil cosas, y ella con tanta discreción respondía a todas, que la tuvieron muy largo rato en sus preguntas. Y aunque con harta vergüenza suya, hubo de tornar a referir sus historias, y lo que le había acaecido en el camino. Tanto la detuvieron en esto que llegó su padre con otros parientes en busca de ella. Y tales palabras le dijo (con la cólera que traía), tan descompuestas y feas que no lo pudieran ser más cuando la hallara en un crimen de mujer perdida. A todo se hacía la sierva de Dios sorda, a las injurias muda, y a las bravezas de su padre, una oveja. Mas cuando oyó que la quería tornar a su casa, con mucha humildad convertida en lágrimas y postrada a sus pies le decía que no la molestase más ni cansasen en persuadirla otra cosa, porque más fácil sería mover los montes y ablandar las peñas que contrastar la firmeza de su propósito. Porque ella estaba ya debajo del amparo de la Virgen Santísima, de cuya casa no pensaba salir en toda su vida. Y cuando intentasen sacarla por fuerza, esperaba en el Señor que la había traído que la defendería. A este mismo tiempo y sazón llegó aquel mancebo que la había encontrado en el camino y prentendía casar con ella, hizo grandes extremos cuando supo su ausencia buscándola por muchas partes, y pidió licencia a su padre y parientes para llevarla consigo a Illescas, donde vivía, y tenerla con su madre muy regalada y servida mientras se componían sus cosas. La sierva de Dios con mucha humildad y entereza satisfizo a estas palabras y alcanzó de sus parientes la dejasen en aquel monasterio de Nuestra Señora, para donde la misma Virgen Santísima con el divino espíritu interiormente la llamaba. Viendo todas estas cosas las religiosas, y la gran fortaleza y perseverancia de la humilde y devotísima doncella, se enternecieron de suerte que, con ser por extremo pobres, dijeron no querían más riqueza que tener aquella perla del Cielo en su casa. Y que la recibirían con poco o mucho, como su padre quisiese. El cual, aplacado y tocado interiormente del poder divino, dijo: “Líbreme Dios, hija mía, de ir contra la voluntad divina; yo te doy mi bendición, da muchas gracias a Dios y él te guíe y te haga toda suya”.&lt;br /&gt;
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'''Cap. IIII. De cómo recibió el hábito y de muchas cosas notables que sucedieron siendo novicia'''&lt;br /&gt;
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Habida la bendición y licencia de su padre, y deseando ya las monjas admitirla, llegó a deshora luego el Ministro Provincial, sin cuya licencia no podía ser admitida. Y fue cosa notable que llegase el perlado en aquella sazón y pareció orden del Cielo, porque había muy poco que salió de allí y no le esperaban en muchos días. Supo el caso de lo que pasaba y dio su licencia para que fuese recibida. Vistiéronla el hábito de la religión a tres de mayo, día de la Invención de la Cruz, ''[18]'' en el mismo que cumplió los quince años y en el de 1496, hallándose presentes y con muchas lágrimas de devoción su padre con toda la parentela.&lt;br /&gt;
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Puesta la nueva planta del Cielo en aquel jardín de flores olorosas y plantadas a la corriente de las divinas aguas, comenzó a señalarse entre todas las religiosas así como el sol entre las estrellas. En toda la observancia regular era extremada y señaladamente en la guarda del silencio, pues solo con su maestra y con la prelada lo que precisamente era necesario hablaba. Deseaba tanto agradar a Dios que no solo guardó las cosas que la enseñaban, pero cualquier otra virtud que oyese de otra persona luego sin dilación la ponía por obra. Y así como abeja artificiosa componía su panal de vida espiritual de las mejores y más olorosas flores que en el jardín del Cielo hallaba.&lt;br /&gt;
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La primera vez que la sierva de Dios comulgó entre las otras monjas le acaeció una cosa que la tuvo muy desconsolada y fue que (permitiéndolo el Señor) no vio aquella vez en la hostia consagrada lo que siempre solía ver en ella, que era a Christo Nuestro Señor, de lo cual quedó tan afligida que se fue luego resuelta en lágrimas a los pies del confesor diciendo su desconsuelo. El cual, con muchas razones, procuró de aconsolarla diciendo que no creyese que por no haber visto al Señor en la hostia consagrada, como solía, había comulgado en pecado mortal, que le aseguraba haber sido particular merced que Dios la había [272] hecho cuando le veía y también lo fue entonces el no mostrársele para mayor aumento del mérito de la fe. Y que él, con haber recibido la sagrada comunión y dicho misa muchísimas veces, en toda su vida había visto con los ojos del cuerpo al Señor en la hostia consagrada, sino solo con los ojos de la fe y con eso estaba muy satisfecho, ni deseaba verle de otra manera hasta estar en la gloria. Con estas y otras razones quedó la simple paloma consolada y dio muchas gracias a Dios, así por haberle visto con los ojos corporales en la hostia consagrada como por habérsele escondido aquella vez para que solo le viese con los del alma. Acabado el año de la probación y admitida con mucha conformidad y contento de todo el convento para la profesión, hízola devotísimamente en el mismo día que el año pasado recibió el hábito, que fue día de Santa Cruz de mayo. Por lo cual y por la devoción entrañable que tenía a la Santa Cruz se llamó desde aquel día sor Juana de la Cruz. Y así su vida en adelante fue una cruz tan espantosa al demonio que, no pudiendo sufrir que una mujer niña y flaca le venciese, así cada día la persiguió de cuantas maneras podía. Algunas veces la azotaba tan rigurosa y cruelmente que las señales de los azotes y golpes que la daban le duraban muchos días con heridas crueles, que unas a otras se alcanzaban. ''[19]'' Sucedió una vez que, rogando a Dios por una alma, la azotaron tan cruelemente los demonios y derramaron de su cuerpo tanta sangre que la dejaron por muerta. Llegó a este tiempo el ángel de su guarda, al cual dijo querellándose amorosamente: “Oh, ángel bendito, ¿qué os habéis hecho? ¿Cómo me habéis desamparado? Mirad cual me han tratado los ministros de la divina justicia”. A lo cual respondió el ángel: “No te he dejado yo ni mi Señor Jesuchristo te deja, antes de su parte te digo que ganaste en estas peleas una corona muy esclarecida y yo vengo con la virtud de su nombre a curarte esas llagas”. ''[20]'' Hizo sobre ella la señal de la cruz y la sanó. Y el Señor la concedió lo que por aquella alma pedía. ¿Quién podrá declarar lo mucho que padeció de los demonios y la paciencia que tenía en los tormentos? ¿Las penitencias tan extraordinarias que ella hacía y la profundidad y alteza de su humildad con que tan altamente sentía de Dios y tan baja de sí misma? Hallábase tan obligada a hacer a Dios particulares servicios que desde el día que profesó se [273] determinó a padecer por su amor cualquier género de tormento hasta dar la vida por quien dio la suya por ella. Y muchas veces, con el excesivo fervor, decía: “No deseo otra cosa sino verme por el amor del dulcísimo Señor mío degollada, abrasada, hecha polvos y quemada”. Y vuelta a su dulce Jesús, decía: “Señor, dadme penas, tormentos, trabajos y dolores. Mandad a los ángeles del Cielo, a los demonios del Infierno y a todas las criaturas de la Tierra que ejecuten en mí todo su poder, pues todo será corto, para lo que por vos, Dios mío, deseo y debo padecer”. No paraba esto en solos deseos porque comenzó a hacer nueva vida, añadiendo a las acostumbradas penitencias otras nuevas y espantosos rigores. Acaecíale no desayunarse en tres días y hartas veces se pasaban ocho enteros sin comer bocado. En vigilias era muy larga, y en el sueño tan corta que no dormía hasta hora de amanecer y entonces solo lo que para aliviar la cabeza bastaba. Su vestido fue siempre humilde, pobre y remendado, pero sin ningún extremo ni singularidad, aunque en lo interior usaba cilicios de cardas y cadenas junto a las carnes. Para mortificar el gusto, traía muchas veces ajenjos amargos en la boca, en recuerdo de la hiel que gustó el Señor. En la oración empleaba la mayor parte de la noche y del día. Y decía que cuando no era muy fervorosa y acompañada de lágrimas no era merecedora de que Dios la aceptase. Los ratos desocupados gastaba en cosas humildes y del servicio del convento. Cuando lavaba las ollas y platos de la cocina consideraba que eran para que comiesen las siervas de Dios en ellos, y en estos humildes empleos recibía del Señor muy particulares regalos y de su santísima Madre, y así con entrañable gusto servía a las religiosas enfermas, desvelándose en su regalo y servicio. En lo cual la acaecieron cosas muy notables y milagrosas. Un día, siendo cocinera y sacando agua del pozo, quebró un grande barreñón de barro que llevaba en las manos, de lo cual quedó muy confusa y, atribuyéndolo a su flojedad y descuido, derribada en tierra hizo oración a Nuestro Señor. Fue cosa maravillosa que luego los tiestos apartados se ajuntaron, y quedando la pieza sana y entera, sirvió despues dos o tres años en la cocina.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Una religiosa que se halló presente a todo vio por sus ojos el milagro. Y como la sierva de Dios iba creciendo en virtudes cada día, también las religiosas iban conociendo su mucho valor [274] y talento, y así la ocuparon en oficio de sacristana, después de muy probada en la cocina, del cual dio tan buena cuenta que, sin sacarla d’él, la hicieron juntamente tornera y luego, después, portera. Todo lo cual hacía con tanto fervor de espíritu y con tanto celo del servicio de Dios, del decoro de la religión, que padeció en razón de eso muchos trabajos, porque como la veían de poca edad y nueva en la religión, y por otra parte tan cuidadosa de la observancia della, muchas se le atrevían. Mas la mansísima cordera a todas se humillaba y a las que la reñían decía su culpa, rogando al Señor por quien la ultrajaba y perseguía. Parecíale estar en su gloria cuando en los ejercicios más humildes se ocupaba, y en ellos llevaba siempre a su dulcísimo Jesús presente. Y cuando volvía el torno para dar o recibir algun recaudo, le contemplaba como cuna en que al Niño Jesús mecía. Y tal vez aconteció volver el torno con este pensamiento, que vio en él a Dios niño, el cual con alegre y risueño rostro la hablaba y miraba. Otra vez, siendo portera, la apareció el santísimo Niño Jesús. Y así como le vio, extendió sus brazos para recibirle en ellos, pero luego apareció su santisíma Madre y, tomándole en los suyos, se levantó en alto con él acompañada de infinitos ángeles, que con muy dulce armonía le daban música. Mas como la sierva de Dios viese que se iba Madre e Hijo y la dejaban sola, juzgándose por indigna de tan santa compañía, quedó muy triste. Mas consolola luego la Madre del consuelo, y dijo: “No te aflijas, hija, sino vente hacia las higueras de la güerta, que allí nos hallarás”. Contentísima con este favor, y mirando a todas partes, ansiosa de ver lo que su alma deseaba, llegó a la casa del horno cerca de las higueras y vio a Nuestro Señor Jesucristo con su bendita Madre y con muchedumbre de ángeles que la esperaban, y postrada pecho por tierra, adoró a Dios y a su Madre Santísima. Y estuvo grande rato gozando de aquella visión, tan absorta que, aunque la llamaron con la campana, no lo oyó, hasta que la Madre de Dios la dijo: “Anda, hija, haz la obediencia que te han llamado tres veces, y tú nunca lo oíste”. Fuese corriendo a ver quién la buscaba y, habiendo negociado, se volvió derecha a la casilla del horno, donde dejaba su corazón y descanso. Pero como algunas monjas la vieron y notaron la solicitud que llevaba y que el rostro tenía encendido [275] y resplandeciente (del qual salía suavísimo olor), siguiéronla, deseando saber en qué andaba, y sospechando alguna grande cosa, viéronla entrar en la casilla del horno y oyéronla que decía: “Oh, soberana Madre de Dios, ¿tan grande es vuestra misericordia para con esta indigna pecadora?, pues habiéndome yo ido, dejando vuestra santa compañía en tan humilde y pobre lugar, hallo ahora que os estáis en él aguardándome”. Oyeron también las monjas cómo la Virgen respondió: “Hija mía, hallásteme porque me dejaste por la obediencia, que agrada mucho a mi Hijo”.&lt;br /&gt;
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'''Cap. V. De un maravilloso rapto de la sierva de Dios, y de sus grandes penitencias'''&lt;br /&gt;
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Estaba tan adelgazada y apurada la carne desta santa doncella, y el espíritu tan elevado de todo lo que es pesadumbre y Tierra, que con mucha facilidad gozaba de raptos y éxtasis maravillosos, de los cuales fue muy notable el que diré agora. Siendo de veinte y cuatro años, la vieron las monjas en un rapto tal que ni antes ni después vieron en ella otro semejante. Porque otras veces cuando se elevaba, quedaba con muy grande resplandor en el rostro, pero esta vez quedó como muerta. Los ojos quebrados y hundidos, los labios cárdenos, arpillados los dientes y todos los miembros de su cuerpo descoyuntados y yertos, el rostro tan pálido como si fuera difunta. Las monjas, admiradas con la novedad del caso, deseosas de saber la causa, rogáronla que se las dijese. Mas ella rehusó de hacerlo hasta que, pasado algunos días, se lo mandó el ángel de su guarda. Y así las dijo: “La causa, madres, de haber visto en mí tal novedad, fue que estando mi espíritu en el lugar donde el Señor se suele poner otras veces, vi con apariencia triste al ángel de mi guarda y, preguntándole yo la causa, me dijo que le había el Señor mostrado las grandes persecuciones, fatigas y enfermedades que sobre mí habían de venir y que, habiéndole rogado por mí, le respondió su Divina Majestad que convenía llevarme por este camino y ver lo que en mí tenía. Entonces le tornó a suplicar que por su clemencia me concediese esta gracia de elevarme, y que no fuese con el trabajo que entonces había sido”. Y el Señor se lo otorgó, y así desde entonces todos los raptos fueron muy suaves, y por [276] ser tantos y tan largos, que lo más del día y de la noche estaba elevada, no podía ya hacer oficio, ni seguir el peso de la comunidad como solía. Por lo cual la dieron celda aparte y una religiosa que cuidase della. Pareciole buena ocasión esta para alargarse en ejercicios de penitencias y así lo hizo. Muchas veces la acaeció en la contemplación de los crueles azotes que el Señor padeció en la columna, deseando ella imitarle algo, pidiendo licencia a su Divina Majestad para ello y habida primero para semejantes mortificaciones de la prelada, se cerraba en un aposentillo y desnuda se amarraba a un madero (como columna) que allí tenía, y atándose ella misma con unos cordeles primero los pies y después el cuerpo, dejando libres los brazos, se azotava por todo él con una cadena de hierro. Y por que la cadena mejor la hiriese tenía en el uno extremo della un hierro grueso, tan largo como una tercia. Y tomándole en la mano, se daba con los extremos de la cadena hasta derramar sangre. Estando en este ejercicio, contemplando los azotes del Señor y abriendo sus carnes con aquellos, la apareció el bendito ángel de la guarda, y mandaba cesar diciendo: “Basta, que hasta aquí llegó la voluntad de mi Señor Jesuchristo”. Y el mismo ángel la desató a veces de la columna en que estaba. Otras veces, en aquel mismo lugar, tomaba un guijarro que pesaba siete libras, y de tal manera se daba con él que a los primeros golpes saltaba la sangre, hasta manchar las paredes. Duraba este ejercicio mientras daba de rodillas quince vueltas por aquel aposentillo, en memoria de las quince más principales llagas de Nuestro Señor Jesuchristo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Una noche hallándose la santa muy afligida y maltratada de los demonios, que con horrendas figuras y deshonestas pretendían inducirla a deseos sensuales, se salió a la güerta y, juntando muchas zarzas (a imitación de nuestro padre san Francisco), desnuda se acostaba sobre ellas. Y luego se entró en una laguna diciendo: “Por que conozcas que eres barro, en este cieno te has de lavar”. Allí estuvo grande rato y antes de volverse a vestir, se azotó con una cadena, que para este efecto tenía. Desde entonces quedó el enemigo tan desengañado de lo poco que podía con ella que nunca más la tentó en aquella materia. Otras mil invenciones sacaba de penitencias, una veces se ceñía por los brazos y por el cuerpo con sogas y esparto, en memoria de las que [277] ataron al Señor en la columna. Otras se ceñía las mismas cadenas con que se azotaba, y por la mayor parte andaba siempre vestida de hierro, como lo prueban los espantosos cilicios de que usó toda su vida: de cerdas, de cardas de hierro y uno de malla con medias mangas hecho a modo de sayo, tan largo que le llegaba a las rodillas. Otro de planchas de hierro, en forma de corazón, que por todas partes la ceñía al cuerpo, y le traía sembrado de cruces y de los pasos de la Pasión, hechos de clavillos muy agudos, aunque de este usaba pocas veces porque con él sin mucha dificultad no podía doblar el cuerpo. Y cuando se inclinaba, se le hincaban las puntas de los clavillos por el cuerpo, lo cual ofrecía a Dios con mucha paciencia. Otras veces se solía arrastrar por el suelo, tirando de una soga que llevaba a la garganta, y azotándose con la cadena decía: “Quien tal hace que tal pague. ¿De qué te quejas cuerpo ruin y miserable, pues tienes a Dios tan ofendido?”. Otras veces, puesta en cruz, andaba con las rodillas desnudas sobre la tierra, hasta derramar sangre dellas. Otras para más dolor ataba en las mismas rodillas unas pedrecitas o tejas. Otras se ponía en cruz, arrimándose a la pared donde tenía hincados unos clavos, y ponía tan fuertemente las manos ensortijadas en ellos que se estaba en cruz una hora sin llegar los pies al suelo. En cierta ocasión, acabando de hacer una grande disciplina, sobre las llagas hechas con las cadenas se puso aquel cilicio de malla (que era el ordinario). Y apenas se vistió el hábito cuando se quedó elevada por seis horas, hasta que, echándola menos las monjas, la hallaron de aquella manera, y que decía cosas maravillosas, en orden al modo con que habían de servir y agradar a Nuestro Señor. Y eran tan llenas de devoción, que encendían y abrasaban en amor de Dios a las que las oían.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Cap. VI. De cómo se desposó la santa con el niño Jesús y de su devoción al Santísimo Sacramento'''&lt;br /&gt;
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Han sido tales y tantas las misericordias de Dios hechas a esta sierva suya que en algunos no solo han causado admiración, que es el efecto que deberían hacer en todos, sino también alguna dificultad, y no pequeña, para [278] creerlas. La admiración es muy justa y está en su lugar, porque de ella sale luz para conocer las obras de Dios, según lo dijo David: ''Mirabilia opera tua &amp;amp; anima mea congnoscet nimis''.''[21]'' “Por ser Señor tan admirables tus obras, mi ánima crece en el conocimiento tuyo”; y de ellas, porque la Fe se confirma, la Caridad se enciende para más amar a tan liberal Señor, y la Esperanza se alienta de muchas maneras, esperando que obrará Dios en él lo que obró ya en su prójimo; pero sacar de la grandeza de las mercedes de Dios tibieza para creerlas (por ser grandes) es sentir bajamente de la infinita liberalidad y bondad de Dios, y medirla por la cortedad de su ánimo, triste y escaso. De manera que las mercedes hechas a santa Juana no son menos creíbles por ser grandes, porque si se leen los libros de los santos están llenos de casos maravillosos, donde se muestra haber hecho Dios Nuestro Señor mercedes grandiosas a ladrones y salteadores y a todo género de personas facinerosas (cuando parece que menos lo merecían) por sus secretos juicios y para muestra de su infinita misericordia. ¿Pues qué mucho que haya hecho lo mismo por una sierva suya, escogida desde el vientre de su madre para ser santa? Ni puedo persuadirme yo que los que ahora se espantan sea por la grandeza, porque si della se espantan es señal que no la conocen, sino de la novedad y casos extraordinarios. Y en las cosas humanas tiene esto algún fundamento, pero en las divinas es muy de hombres tibios no advertir en cosas muy grandes que hace Dios muy de ordinario, y admirarse mucho de las extraordinarias, como lo pondera san Agustín: ''Ut non maiora sed insolita videndo, stuperent, quibus quotidiana vilueruns''. ''[22]'' “Y caerán sin duda los sobredichos en la cuenta si hicieren esta consideración”. Y es que suelten las riendas al entendimiento y añadan a las mercedes que Dios hizo a esta sierva suya otras mayores, más estupendas y raras, y porque el entendimiento del hombre es corto, haga esto el más subido serafín, y todo junto esto con aquello no llegará ni en grandeza de obra, ni en firmeza de amor, ni en novedad de maravilla a lo que es solo comulgar una vez. Porque esta merced ni puede tener igual, ni el misterio semejanza. Todo esto, y mucho más a este propósito, advierte el señor Obispo Sosa. Y lo he querido referir porque, llegando a tratar de las soberanas misericordias hechas a esta bendita doncella, vaya el lector con esta prevención. [279] Y, aunque es bien que se admire dellas, por grandes e inusitadas, no por eso deje de creerlas, antes de aquello sacará luz para esto.&lt;br /&gt;
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Pues cuando el liberalísimo Señor quiso dar a su sierva más vivas prendas de su amor, determinó visitarla, no ya por solo ministerio de ángeles (como otras veces) sino por sí mismo, y desposarse con ella, con asistencia de su santísima Madre y muchos ángeles y santas vírgenes, que acompañaban a su celestial Rey y Señor. Pues como la sierva de Dios viese a su dulcísimo esposo (en visión imaginaria y verdadera) al lado de su Madre santísima, puso los ojos en él, y favorecida para ello de la Reina del Cielo, pidiole amorosamente la palabra que en otra sazón le tenía dada de desposarse con ella, lo cual pedía también la Virgen Santísima. ''[23]'' Y perseverando con profundísima humildad en esta petición, el clementísimo Señor, movido de los ruegos de su santísima Madre y de los ángeles y vírgenes, que postrados ante su presencia divina rogaban lo mismo, puso Su Majestad en su sierva los ojos de misericordia. Y mirándola con apacible rostro la dijo: “Pláceme de desposarme contigo”. Y extendiendo su poderosa mano, se la dio en señal de desposorio. Con lo cual quedó la bienaventurada virgen tan contenta y consolada (cuanto era razón) de verse del clementísimo Señor tan favorecida.&lt;br /&gt;
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La devoción que tuvo al Santísimo Sacramento fue superior a todo lo que se puede decir. Porque cuanto hacía antes de comulgar lo guiaba en orden a la santa comunión ''[24]'' y lo que después, todo era hacimiento de gracias. Y mientras más gustaba de este divino manjar, más hambre le quedaba d’él, y así todas las veces que podía le recibía.  Y cuando por la debida reverencia se detenía, espiritualmente comulgaba. Y esto tan a menudo que toda su vida era una comunión espiritual continuada. Y tanto que, estando una vez arrobada, le dijo el Señor hablando con ella que le agradaban muchos las comuniones espirituales que hacía. ''[25]'' Y muy consolada con esto, solía decir muchas veces: “Oh, Señor, qué buena manera de comulgar es esta, sin ser vista ni registrada, sin haber de dar cuenta dello a ninguna criatura humana sino solo a vos, Criador y Señor mío, que me hacéis tanto regalo a mí, la [280] más vil y desechada de cuantas criaturas hay en el mundo. Oh, Pan de Ángeles, oh maravilloso manjar lleno de toda suavidad y dulzura, ¿qué piedad es esta, mi dulce Jesús?”. Esto decía agradeciendo al Señor el comulgarla espiritualmente cada día y cada hora que ella quería.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Pues de las cosas milagrosas que le acaecieron en respecto del Santísimo Sacramento, ¿quién podrá dar razón entera? Confesándose un día mientras se decía la misa conventual, mandola el confesor que fuese a adorar al Santísimo Sacramento. ''[26]'' Y llegando a un portal cerca de la iglesia, oyendo tocar a alzar, se hincó de rodillas para adorar desde allí con los ojos del alma al que no podía ver con los del cuerpo. Mas su dulcísimo esposo, que quería ser visto della, ordenó que se abriese la pared a la larga del portal que dividía el convento de la iglesia. ''[27]'' Y vio a la hostia consagrada en el altar, y al sacerdote que decía la misa y todas las personas que estaban en la iglesia. Y habiendo adorado con suma devoción, se tornó a ajuntar la pared, quedándose ella de rodillas hasta que cuando el sacerdote alzó la hostia postrera se volvió a abrir otra vez la pared. Y para perpetua memoria deste milagro, quiso el Señor que la última piedra en que se remató la juntura de la pared quedase más blanca que las otras y hendida en tres partes a manera de cruz (como se muestra hoy en día), y cuando se deshizo después aquella pared para hacer la de la iglesia, en la forma que hoy está, la mayor parte desta piedra como reliquia preciosa se puso en el claustro alto como ahora está, cubierta con una rejita de hierro dorada, y allí van las monjas a rezar y tocar sus rosarios.&lt;br /&gt;
Otra vez siendo cocinera oyó tañer a alzar, y puesta de rodillas de entre los tizones y ollas que estaba, vio el Santísimo Sacramento con haber por medio cuatro o cinco paredes y otros tantos aposentos, y esto le acaeció muchas veces.&lt;br /&gt;
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Una vez la habló Christo Nuestro Señor en la hostia consagrada prometiéndole la salvación de una monja de su convento, por la cual rogaba. Y estaba ya en la agonía de la muerte.&lt;br /&gt;
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Un sábado santo estando en su celda, oyó tañer a gloria, y no pudiendo ir a la misa por estar enferma, arrodillándose en la cama para dar gracias a Dios, vio desde allí todo lo que el preste decía en el altar y lo que las monjas decían en el coro, [281] y lo que más es: vio a Christo resucitado y resplandeciente que salía del sepulcro, con muchos ángeles que le daban músicas y cantaban muchos motetes y letras. Otras muchas veces oía de muy lejos del coro todo el oficio divino que se cantaba y daba razón de todo cuanto pasaba, como si estuviera presente a ello.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Una religiosa, buscando otra cosa en la celda de esta santa virgen, vio dentro de un cofrecillo una hostia. Y a este punto volvió ella del rapto en que estaba. Y con mucha agonía, se fue derecha al cofrecillo en que andaba la religiosa y dijo: “Hermana, no toque a esa santa reliquia, porque es el Santísimo Sacramento, que le han traído ahí los ángeles”. Y declarando cómo era, dijo: “Un hombre que por sus pecados se fue al infierno murió con el Santísimo Sacramento en la boca, de la cual se le sacaron los ángeles y le trajeron aquí, mandándome que, pues yo lo había visto, comulgase con la santa hostia y la recibiese por una de las ánimas de purgatorio. [28] Y estando en oración supe que andaba cierta persona en mi cofre, y así quiero luego hacer lo que los ángeles me mandaron”, lo cual hizo con mucha devoción y lágrimas.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Cap. VII. De la familiaridad que tenía con los ángeles y en especial con el de su guarda, y cuán devota era de san Antonio de Padua'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Era tan ordinario el trato que esta sierva de Dios tenía con los santos ángeles que conversaba con ellos con la misma llaneza cual suele un amigo con otro. ''[29]'' Y desto se le pegó la condición angélica y tal olor a las cosas que tocaba y hábitos que vestía que con ninguno de la Tierra se podía comparar: porque era del Cielo, y así toda sabía a Cielo. Los ángeles que guardaban particulares provincias y reinos la visitaban a menudo y le rogaban alcanzase del Señor que templase tal y tal tempestad que quería enviar sobre la tierra de piedra, granizo o rayos. Decíanla sus nombres y oficios y algunas veces las cosas que sucedían en los reinos y provincias que [282] guardaban, así presentes como las que estaban por venir. Una vez estando con las monjas que querían comulgar, se la arrebataron los ángeles y no la vieron hasta que después de haber comulgado apareció en medio de ellas. Las cuales admiradas y deseosas de saber, la rogaron se las dijese. Y ella para su edificación las dijo: “Hermanas, porque os ocupáis conmigo cuando se ha de tratar solamente con Dios, quiso Su Majestad que los ángeles me llevasen a lo alto, de donde ellos y yo adoramos el Santísimo Sacramento. De allí os vi comulgar a todas y lo mucho que los ángeles de vuestra guarda se alegran con las que comulgan santa y puramente, y lo que mostraban apartarse y querellarse los que veían lo contrario en las que ellos guardaban”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Por tanto, persuadíalas a que fuesen muy devotas de los ángeles que las guardaban: “Porque no solo nos guardan siempre y acompañan, sino que cuando caemos nos levantan si estamos tibias, en la devoción nos inflaman, en nuestras dudas nos enseñan, en los peligros defienden y en los trabajos nos sustentan y a la hora de nuestra muerte asisten y acompañan nuestras almas y las presentan a Dios, las visitan y consuelan en el purgatorio. Y porque sepáis cuán cierto es esto (dixo la santa) el otro día vi que tañendo la madre vicaria la campanilla de comunidad a que se juntasen todas las religiosas, como no acudieron luego todas, vinieron los ángeles de las que faltaron a hacer la obediencia por ellas”. Otra vez siendo abadesa esta santa virgen, reprehendiendo a dos religiosas mozas en presencia de otras, dijo: “Estando yo poco ha en oración, me mostró el Señor vuestra obediencia y que no quisieses barrer lo que la madre vicaria os mandó, por lo cual perdistes dos coronas que os traían los ángeles de vuestra guarda y, mandándoselo Dios, las dieron a los ángeles custodios de las otras dos que obedecieron mejor que vosotras. Esto me mostró Dios, hijas, y yo lo digo para más confusión y enmienda vuestra y para enseñaros que la campanilla y qualquier otro señal de obediencia es voz de Dios, a quien debemos obedecer si le queremos agradar y servir”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Con estos ejemplos y otros que contaba a sus monjas, las hacía muy devotas de los ángeles custodios. Y del suyo propio decía grandezas. Decía que era más resplandeciente que el sol y sus vestiduras más blancas que la nieve y que traía alas de singular hermosura y en su sagrada cabeza [283] una diadema preciosísima, sembrada de ricas piedras, y en la frente la señal de la cruz, con esta letra: ''Confiteantur omnes Angeli, quoniam Christus est Rex Angelorum. En los pechos esta: Spiritus Sancti gratia illuminet sensus, et corda nostra''. Y en la manga del brazo derecho la señal de la santa cruz de piedras preciosas, con el siguiente letrero: ''Ecce Crucens Domini fugite partes adversa''. En la del brazo siniestro la misma devisa de la cruz, con los clavos y las demás insignias de la pasión y con esta letra: ''Dulce lignum'', “dulces clavos”. Y en los pies de piedras preciosas este mote: ''Quam pulchri sunt gresus tui''. En las rodillas otro que dice: ''In nomine Iesu omne genuflectatur''. Y más arriba esta letra: ''Celestium terrestium, et infernorum''. Y en las manos suele traer un muy hermoso pendón con las insignias de la Pasión. A este modo publicaba de su ángel tantas cosas esta sierva de Dios que despertó en las monjas gran deseo de saber su nombre, para encomendarse a él. Y así la rogaron supiese cuál era su nombre. Supo que se llamaba Laruel Áureo y se les dijo. [30] Las cuales no solo le tuvieron desde entonces por abogado y patrón, sino que, dejando los apellidos a su linaje y parentela, muchas tomaron por sobrenombre el del ángel san Laruel. Y esta devoción dura hasta hoy en el convento. Mas hase de advertir que no por esto que aquí se dice se ha de entender que los ángeles de su naturaleza sean corpóreos, ''[31]'' sino que algunas veces toman cuerpos formados del aire para que puedan ser vistos de los hombres, como lo dice san Thomas. ''[32]'' Decía también la santa que este bendito ángel era de los muy privados de Dios y que fue custodio sucesivamente de las almas de algunos santos muy señalados, y que consuela y visita las ánimas del purgatorio y a las personas que están en peligro de muerte.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Preguntó una vez a su santo ángel: “¿Cómo quedaron los buenos ángeles tan hermosos y los malos tan obstinados y feos y con tanta sed de hacer pecar a los hombres?”. “Muchas cosas has preguntado”, dijo el ángel, “mas a todas te responderé, porque lo quiere Dios”. Y así declaró a la santa tan altos y profundos misterios y la resolución de casi todas las cuestiones y subtilezas que tratan los teólogos en la materia ''de Angelis''. Las cuales no me detengo en contar, por no alargar la historia. También la dijo el ángel que nueve veces arreo se había aparecido la Virgen nuestra Señora en aquella santa casa, los primeros días [284] de marzo. Y que en el último de estos aparecimientos puso con su mano la cruz, señalando con ella el sitio donde quería le edificasen la iglesia, que es en medio de la capilla mayor, en el mismo lugar donde está ahora puesta una cruz, en memoria de la que puso por su mano la Reina del Cielo. El mismo ángel consoló a la santa en muchas persecuciones y enfermedades que padeció, que fueron increíbles, hasta llegar a confesarse con él, no sacramentalmente, sino por vía de consulta y de consuelo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y una vez entre otras le dijo: “Un escrúpulo me atormenta grandemente y es saber si las tentaciones son pecados”. “Sí, respondió el ángel, cuando son consentidas: mas las que no, antes son meritorias”. A esto replicó: “Señor, entre las que me combaten más, tengo por gran tentación parecerme que siento demasiado los testimonios que me levantan”. “No hay que temer en eso”, dijo el ángel, “antes es justo que sientas la pérdida de tu fama, siquiera por la de Dios, a quien ofenden los que te infaman”. “Ay Señor”, dijo ella, “que pienso llegar a ser extremo el que tengo en sentir mis afrentas, porque estoy tal viendo cual me han tratado que, aunque nunca lo digo sino a tu hermosura (que así llamaba a su ángel por la extremada hermosura que tenía), no puedo desechar la pena que me causa y el pensar si por ello estoy aborrecida de los perlados de mi orden, y si por esta causa perderé después de muerte las misas y sufragios que esperaba dellos”. ''[33]'' Diciendo esto derramaba muchas lágrimas, y deseándola consolar la dijo el ángel: “Sosiégate, alma bendita, no pienses que por ser reprehendida de tus perlados eres aborrecida dellos, antes por este camino se labra tu corona y es purificada tu alma, la cual está siempre como la santa escriptura dice, en tus manos”. “No quisiera yo (replicó ella) que mi alma estuviera en tan ruines manos como son las mías, sino en las de Dios, que como soy tan mala y pecadora temo mucho el perderla. Ay, ángel santo, cuán grandes son mis pecados, ¿qué será de mí si Dios por su misericordia no hace como quien es? Rogádselo vos, guardador mío, no se pierda esta alma que está por vuestra cuenta. Dalda buena desta ovejuela vuestra, no se la llevo el lobo. Salvador bendito, consolador de almas, consolad la mía, que estoy muy desconsolada y afligida, aunque mi mayor aflicción es pensar, que por ser tan pecadora padezco estas persecuciones y trabajos, y por eso el Señor permite que me [285] fatigue tanto el Demonio”. “No seas ingrata al Señor”, dijo el ángel, que las persecuciones que padeces mercedes son que Dios te hace: y bien sabes tú que ha mucho tiempo que te dije que Satanás había pedido licencia para perseguirte y tentarte, como hizo el santo Job. Confía en Jesúchristo y en la virtud de su cruz, que, aunque el cuerpo padezca, el alma se salvará”. Estas y otras muy familiares y espirituales razones pasó la sierva de Dios con su santo ángel. Después de las cuales le dijo: “Gracias doy a mi Dios y a vos, santo ángel mío, que así me habéis consolado con vuestras santas razones, pero deseo ahora me digáis: ¿cómo siendo yo tan gran pecadora os veo tantas veces y gozo tan amenudo de la dulce presencia de mi Señor Jesúchristo y de su Santísima Madre?”. Es gracia suya”, dijo el ángel, “que la comunica Dios a quien quiere, de la cual le darás estrecha cuenta”. “Bien sabe su divina Majestad (dijo ella) que nunca se la pedí, ni visiones, ni aparecimientos: porque como tan miserable pecadora no lo merezco. Y así conozco que solo por ser quien es me hace estas mercedes”. “Agradéceselas mucho”, dijo el ángel, “y mira que otras personas sin gozar de este favor son mejores que tú, y esto ten siempre en tu memoria. Y que para mayor bien tuyo y librarte de la vanagloria ha permitido Dios que seas perseguida y atropellada de las gentes y andes en lenguas de tantos”. A la fama de estas cosas acudían a ella tantas gentes necesitadas de consuelo que muchas veces se hallaban a la puerta del convento cien personas juntas y a todas oía y trataba sus necesidades con el santo ángel. Y aprendía tan bien las respuestas que la daba que, con ser muchas y de muchas maneras, ninguna se la olvidaba. A una persona que la rogó supiese de su ángel qué haría para agradar al Señor, respondió: “Paz, oración y silencio son tres cosas que agradan mucho a Dios”. A otra persona que deseaba saber lo mismo, respondió: “Llora con los que lloran, ríe con los que ríen y calla con los que hablan”. Otra persona necesitada de salud y de consuelo, y aun de consejo, se lo vino a pedir para que de su ángel lo alcanzase. El cual la dio esta respuesta: “Di a esa persona afligida que ponga por cielo en su cama a Christo crucificado y por cortinas las insignias de la pasión y ofrezca a Dios sus dolores”. Otras muchas y muy notables respuestas la dio el ángel, de las cuales dejo algunas por no alargarme.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[286] Tuvo también especial devoción y familiaridad con san Antonio de Padua, del cual fue siempre muy favorecida y regalada. ''[34]'' Una vez estando en oración, pidiendo para sí y para otras almas la misericordia del Muy Alto, la apareció el santo y dijo: “Hija, quien tanto agrada a su dulcísimo esposo, como tú, mucho le ha de pedir”. Y la santa contemplando aquel dulcísimo niño Jesús que san Antonio traía en su mano, le comenzó a decir tales dulzuras que se detuvo en ello gran rato, hasta que el mismo santo la dijo: “Vuelve, hija mía, la cara y duélete de tus hermanas y de sus necesidades”. Y volviendo el rostro vio cabe sí dos almas muy necesitadas y rogó al dulcísimo niño Jesús por ellas diciendo: “Señor mío, de estos santísimos pies no me levantaré hasta que las hagas la merced”. La cual otorgó luego el piadosísimo Señor y, dándole gracias por haberlas perdonado, extendió san Antonio sobre ella la mano; dándola su bendición dijo: “Aquí descansa en su esposa este divino Jesús, verdadero esposo de las almas”. Duró este rapto largo tiempo y volvió la bienaventurada santa d’él con tanta alegría y resplandor en su rostro, que causó admiración a las religiosas que la vieron. Otra vez, acabando de hacer cierta obra de caridad en una religiosa de su casa quedó con algún desconsuelo, por verla con otras necesidades del alma. Y creciendo en ella esta fatiga, porque la necesidad crecía también, con un gran sospiro llamó a san Antonio de Padua, diciendo: “Oh, mi padre san Antonio, ayudadme ahora con Dios para que libre a esta mi hermana”. Luego al punto se le apareció el glorioso santo y dijo: “Esposa amada de mi Señor Jesuchristo ¿qué me pides? Que sin duda lo alcanzarás”. Ella respondió con humildad profunda: “Yo me hallo tan indigna que no me atrevo a parecer ante mi dulcísimo Jesús, menos que tal intercesión como la vuestra”. Entonces el santo le echó su bendición con su bendita mano y el niño Jesús, que tenía en la otra, con amoroso semblante la dijo: “Yo te ayudaré en tus necesidades y lo que ahora me pides para tu hermana, ya te es concedido, la cual dentro de un mes pasará de esta vida a la eterna, perdonándola muchos años del purgatorio por tu intercesión”. Dadas al soberano Señor muchas gracias por tan inefable merced como la hacía se fue a la religiosa y la dijo lo que había pasado y ella con grande aparejo [287] esperó la hora de su muerte, que puntualmente sucedió cuando le fue revelado.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Cap. VIII. De cómo la sierva de Dios fue electa abadesa y de un muerto que resucitó'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Como las religiosas sabían la rara santidad de sor Juana y junto con eso su buen talento y singular prudencia, deseaban tenerla por perlada. Mas los prelados, atendiendo a que era muy moza, pues tenía poco más de veinte y cinco años, rehusaban el admitirla para perlada. Mas ya que en esta ocasión no pudieron las monjas hacer lo que deseaban, en otra siguiente en que vacaba el oficio de abadesa y tenía ya cumplidos veinte y ocho años suplicaron a Dios con instancia pusiese en aquel oficio a su sierva. Oyolas el Señor y, llegando el provincial a hacer elección y considerando la mucha santidad de sor Juana, tuvo escrúpulo de haberla estorbado otra vez, cuando las monjas la quisieron elegir. Solo reparaba en que no podía cumplir con las obligaciones de su oficio porque lo más de el tiempo estaba elevada. Estando dudoso el provincial y combatido destos pensamientos, fue hecha la mano del Señor sobre su sierva y, estando elevada, dijo tales razones que dellas echó de ver el provincial que era la voluntad de Dios que fuese abadesa. Luego entró en la elección y todas las monjas dieron sus votos a sor Juana, sin faltar alguno. Y confirmándola el perlado dijo: “Yo, señoras, no la hago abadesa, sino la voluntad de Dios, que quiere que lo sea”. Ellas no cabían de contento por verse súbditas de tan bendita perlada, la cual en diez y siete años continuos que lo fue hizo cosas importantísimas en el servicio de Dios y aumento del monasterio, el cual estaba tan pobre y necesitado cuando le comenzó a gobernar que solo tenía unas terrecillas donde sembraban una miseria de trigo y nueve reales de renta cada año. ''[35]'' Mas luego quiso Dios, por los méritos de su sierva, que creciese y se aumentase el convento, así en lo temporal como en lo espiritual y que se echase de ver que no contradice, antes se concierta muy bien, la rara santidad con el buen acierto en el gobierno. Muchas [288] personas principales y grandes del reino la dieron gruesas limosnas. El cardenal don fray Francisco Ximénez, su gran devoto, se señaló mucho en esto. Y el Gran Capitán Gonzalo Fernández de Córdoba la dio quinientos mil maravedís de una vez, con que la sierva de Dios hizo un cuarto y dormitorio, el mejor que tiene el convento. Para el culto divino hizo muchos ornamentos, vasos de oro y plata, y aumentó en la casa cincuenta fanegas de pan de renta y otros tantos mil maravedís en cada un año, señalándose sobre todo en la santidad y buen gobierno del convento. Cuando tuvo la casa reparada, cuanto al edificio y rentas, hizo que las monjas guardasen clausura, que hasta allí no la guardaban ni prometían, sino que salían como otros pobres a pedir limosna por los lugares de la comarca. Con todo esto era tan amada de todas que se tenían por muy dichosas en tener tal perlada. Junto con este amor la tenían tal reverencia y temor, que acaecía cuando enviaba a llamar alguna religiosa venir luego temblando, de suerte que era necesario que la bendita perlada le quitase aquel temor para poder responder. A todos sus capítulos precedían siempre raptos y muy grandes elevaciones, y allí sabía todas las necesidades del convento y de las monjas, públicas y secretas, temporales y espirituales y todas las remediaba y proveía y el ángel de su guarda la decía lo que había de hacer y ordenar.''[36]'' Exhortábala todo lo bueno y reprehendía lo que no era tal. Castigaba con mucha caridad y prudencia, sin disimular culpa alguna, por muy pequeña que fuese. Y para animarlas al servicio del Señor y observancia de su regla, decía muchas cosas de las que el Señor por su misericordia le mostraba. ''[37]''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Estando una religiosa muy enferma en el artículo de la muerte, con grandes ansias por el temor de las penas del purgatorio y del infierno, daba grandísimos gritos y hacía notables extremos. Viéndola así la bendita abadesa, llena de caridad y confianza dijo: “Hija, no temas, confía en mi Señor Jesuchristo que te crió y redimió, y yo de su parte te aseguro que no irás al infierno, ni purgatorio, antes te concederá plenaria remisión de tus pecados”. Dicho esto se fue a comulgar la bendita abadesa y, estando arrobada, expiró la enferma y vio que llevaban a juicio su alma y le tomaban estrechísima cuenta. Viendo [289] esto la santa virgen daba voces a los ángeles diciendo: “Señores, no llevéis esa alma a purgatorio porque he suplicado a mi Señor Jesuchristo que vaya derecha al Cielo”. Luego a los ángeles fue notificado aquello de parte del Soberano Juez, y así se hizo. Donde se ve lo mucho que pueden con Dios las oraciones de los justos.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
La rara virtud y celo de la honra de Dios y vida tan excelente muy justo era que el Señor la confirmara con milagros, que suelen ser el sello destas cosas. ''[38]'' Entre los cuales merece el primero lugar la resurrección de una niña que, habiéndola traído sus padres por devoción al convento de Santa Cruz, murió allí, siendo abadesa sor Juana de la Cruz, de cuya santidad tuvieron tal confianza sus padres, que creyeron si la daba su bendición, cobraría la vida. Rehusolo, excusándose con palabras y pensamientos de humildad, mas al fin, vencida de la piedad humana, de las lágrimas y ruegos de sus padres, mandó que le trujesen la niña muerta, y tomándola en sus brazos, la puso un crucifixo que traía consigo y, hecha sobre ella la señal de la cruz, la resucitó y volvió a sus padres sana y buena en presencia de ochenta personas que fueron testigos deste milagro. Estaba en Madrid una gran señora, llamada doña Ana Manrique, enferma de dolor de costado y, avisándola del peligro de su vida, ''[39]'' cuando este fue mayor, se le apareció la bendita Juana, como constó por el dicho de la enferma y por una carta suya que dice de esta manera: “Yo estoy mucho mejor como vos, madre, sabéis, como la que ha estado conmigo y me ha sanado; bien os vi y conocí cuando me visitasteis al seteno día de mi enfermedad, estando yo desahuciada y con muy grandes congojas; yo os vi subir en mi cama y tocándome las espaldas y el lado donde tenía el dolor, se me quitó luego y, con el gran placer que tuve, porque me alegró mucho vuestra visita, lo dije: ‘No me neguéis madre esta verdad, pues sabéis vos que lo es’”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Las monjas, entendiendo esto, se lo fueron a preguntar a la humilde abadesa y ella, deseando encubrir el caso, dijo: “No crean, hermanas, todo lo que se dice”. Mas viendo ellas que era público en la corte y que le publicaba la enferma, instaron en que para gloria de Dios contase cómo había sido. Entonces dijo: “No piensen, hermanas, que esa caridad de ir a visitar a nuestra hermana salió de mí, sino de mi santo ángel, que, rogándole yo pidiese a Dios le diese salud, dijo: ‘Mejor será que la [290] vamos a visitar, pues es tu amiga (que para las necesidades son los amigos)’; y, entrando en su aposento, me mandó la tocase en las espaldas y que hiciese sobre ella la señal de la cruz, y el ángel también la dio su bendición, por la cual sanó. Y yo me maravillo mucho que me permitiese Dios me viese a mí y no al ángel”. ''[40]'' Dos religiosas enfermas, que la una tenía dos zaratanes y la otra uno en un pecho tan grande como un puño, sanaron encomendándose a su santa abadesa. Y una religiosa muy enferma de calenturas pidió un poco de pan del que había sobrado a la madre y, así como lo metió en la boca, se le quitó la calentura y quedó sana.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Otra religiosa tenía un brazo muy peligroso con una gran llaga y, rogando al ángel de su guarda alcanzase de Nuestro Señor salud para aquella enferma, repondió: “Más mal tiene esa monja del que tú piensas, porque es fuego de san Marcial y tal que no sanará, sino fuere por milagro”; el fuego se comenzó a manifestar en el brazo, ella prosiguió tan de veras su oración que alcanzó de Dios salud para la enferma. A una niña enferma de mal de corazón dio salud haciendo sobre ella la señal de la cruz. Y al confesor del convento, estando enfermo de rabia, sanó santiguándole la comida. Otros muchos milagros hizo semejantes a estos en la cura de los enfermos y en parecer muchas cosas perdidas que se le encomendaron.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Cap. VIIII. De las milagrosas cuentas que nuestro Señor bendijo en el Cielo, a instancia de su sierva'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Todas las dificultades que puede haber habido, cerca de estas cuentas de que se tratará ahora, se allanan con advertir al lector de algunas cosas. La primera es que no se pretende aquí, ni el autor de quien arriba dijimos que escribió la vida desta santa quiso dar a entender, que las dichas cuentas, por haber estado en el Cielo, viniesen de allá con especiales indulgencias. Porque, aunque las pudo conceder el Señor que nos las ganó y de quien tiene autoridad el Sumo Pontífice para concederlas, pero llana cosa es que esa autoridad se la tiene dada [291] a él, como a cabeza visible de la Iglesia, y por ese medio quiere Su Majestad que se concedan todas.&lt;br /&gt;
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Lo segundo se ha de advertir que la razón porque las dichas cuentas son en todo el mundo tan estimadas, y es razón que lo sean, ''[41]'' no es por las dichas indulgencias, que cuanto a eso muchas hay concedidas por los Sumos Pontífices, y cada día se conceden en las cuales hallamos todo lo que se puede desear para en razón de indulgencias. La causa, pues, porque deben preciarse como muy preciosas las dichas cuentas es por haber sido llevadas al divino consistorio de la gloria celestial por ministerio de el ángel de guarda de la bendita sor Juana de la Cruz y haber el mismo Dios en el trono de su gloria echado su bendición sobre ellas, de cuya bendición y contacto salieron tan maravillosamente dotadas de tantas virtudes y gracias cuanto se echa de ver en los efectos milagrosos que proceden dellas. Ni debe parecer esto ser cosa inaudita y nunca vista, como algunos han querido afirmar, que es el haber llevado el ángel y bajado de allá benditas las dichas cuentas (como consta por testimonio de un convento de religiosas entero, y por tantos milagros como en confirmación desta verdad consta haber Dios hecho), porque no es caso sin ejemplo, antes hay muchas cosas que se veneran entre los christianos por haber descendido del Cielo y por ministerio de ángeles. ''[42]'' Y dejadas aparte algunas de que se trata la Sagrada Escritura, como el manná, el alfanje o cuchillo santo, que trajo Jeremías a Judas Machabeo,hay otras muchas, que el pueblo christiano venera: ''[43]'' como la cruz de los ángeles que se conserva en la santa iglesia de Oviedo y la de Caravaca, y la casulla de san Ildefonso, el pedazo de velo que el mismo santo cortó de la santa Leocadia, la ampolla christalina, donde pareció incluso el milagro de la Eucharistía, que se conserva en Santarén, el hábito que la Virgen Nuestra Señora trajo a san Norberto, de que le vistió cuando había de instituir su religión, y lo mismo acaeció a otros fundadores de religiones. Y celebrando misa el obispo Próculo Mártir Santísimo, levantaron los ángeles el cáliz y le subieron al Cielo y después de dos horas se la bajaron y dijeron: “El Espíritu Santo le consagró, no le tornes tú a consagrar, sino recíbele”, y así lo hizo, admirándose todos los que presentes estaban. Y Nizeforo Calixto escribe en su historia Ecclesiastica lib.19 cap.20 las excelencias del glorioso Amsiloloquio de Itriana y, [292] entre otras cosas, refiere cómo le consagraron los ángeles. Y muy grandes son las historias que afirman haber descendido del Cielo los tres lirios de oro, llamados Flor de Lis, que traen los reyes de Francia por armas, inviándoselos Dios con un ángel por gran favor al rey Clodoveo cuando se convirtió a la fe y de gentil se hizo christiano. ''[44]'' Y cuando san Remigio, obispo de Remes, [sic] quiso baptizar al rey, faltando acaso la chrisma la bajó del Cielo una paloma en una redomita o ampolla que traía en el pico, ''[45]'' poniéndosela delante de muchas gentes al santo obispo en las manos; desapareció, y ungió luego al rey con la maravillosa chrisma que Dios le enviaba, la cual se guarda en la misma ampolla y se ungen con ella los reyes de Francia el día de su coronación y ha mil y cien años que conserva Dios allí aquel santo liquor. Ni hay mucho que espantarse de estas semejantes maravillas, porque es Dios grande honrador de sus siervos. Todo lo dicho, y mucho más a este propósito, se colige de lo que maravillosamente escribe el doctísimo señor obispo Sola en la aprobación del dicho libro que sale ahora revisto por el Tribunal del Santo Oficio.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Volviendo, pues, al propósito deste capítulo, como las religiosas de aquel santo convento, súbditas de la sierva de Dios sor Juana, la vieron tan favorecida del Cielo, quisieron valerse de la intercesión de su santa madre para que alcanzase del Señor, por medio del ángel de su guarda, que bendijese sus rosarios y les concediese algunas gracias para ellos. ''[46]'' La sierva de Dios con su gran caridad (que nunca supo negar cosa de cuantas por Dios le pedían) ofreció procurarlo, y habiéndolo comunicado con el ángel de su guarda, y alcanzado de Dios lo que pedían, dijo a las monjas que para cierto día ajuntasen todas las cuentas y rosarios que tuviesen porque el Señor por su bondad los quería bendecir y mandaba que el ángel los subiese al Cielo, de donde se los traería benditos. No lo dijo a las sordas porque, oyéndolo las monjas, buscaron en su casa y lugares de la comarca, todos los rosarios que pudieron ajuntar, y para el día señalado se los llevaron todos. Y como eran tantos y tan diferentes las cuentas, de aquí nace haber tanta diferencia dellas. La bendita sor Juana, cuando vio juntas las cuentas, mandolas poner todas en una arquilla, que está guardada en el convento con gran veneración, y a una de las monjas más ancianas [293] que la cerrase con llave y la guardase consigo. Hecho esto se puso en oración y, viéndola arrobada, las monjas tuvieron por cierto ser aquella la hora y punto en el que el ángel había subido a bendecir los rosarios al Cielo. ''[47]'' Y así llevadas de curiosidad, acudieron a la religiosa que tenía la llave de la arquilla y, abriéndola, vieron que estaba vacía, por donde tuvieron por cierto lo que habían imaginado, y volviéndola a cerrar como estaba se fueron de allí, porque volviendo del rapto no las viese. Y quedaron con gran consuelo aguardando las gracias del Cielo que el ángel les había de traer cuando tornase la sierva de Dios de aquel rapto. ''[48]'' Y como volviese d’él, se sintió por todo el convento tan grande fragancia y suavidad de olor que, atraídas d’él, vinieron a preguntar a la santa abadesa la causa de aquella novedad. Presto (dixo): “Hermanas, lo sabréis, y la merced que Dios os ha hecho. Vengan aquí todas y en especial la que tiene la llave de la arquilla”. Fue cosa maravillosa que, con haber poco rato que la habían abierto y hallada vacía, tornándola a abrir ahora la hallaron con los mismos rosarios y cuentas que habían puesto en ella, sin faltar una sola. Porque el ángel que los llevó al Cielo los había ya vuelto benditos y puesto en la misma arquita y, cuando ahora la abrió la monja que guardó la llave, creció tanto el olor que salía della, que se admiraron todas. Y ella dijo que aquella suavidad era la que se había apegado a sus rosarios de haber estado en las sacratísimas manos de Nuestro Señor Jesuchristo, y que no solo les había dado su bendición, sino concedido muchas gracias y virtudes, las cuales iba diciendo y juntamente dando a cada religiosa sus cuentas. Y a estas unas llamaba de los Agnus, porque las había concedido el Señor las gracias que tienen lo Agnus, a otras llamaba contra los demonios por la virtud que tienen de alanzarlos, a otras contra tentaciones y enfermedades, y otras contra otros peligros, conforme a las virtudes que el Señor puso en ellas. Esta grande maravilla sucedió el año de mil quinientos veinte y tres. Quedaron muy consoladas las religiosas y obligadísimas a su bendita Madre, por la misericordia del Cielo que las había alcanzado. Pero, deseando cada una gozar más copiosamente de aquel bien que con sus cuentas tenía y de todas las gracias y virtudes que tenían las otras, rogaron a la abadesa alcanzase de Nuestro Señor que las gracias que estaban repartidas entre todas las concediese [294] generalmente todas a cada una de sus cuentas. La sierva de Dios lo suplicó a Su Majestad y se lo otorgó, advirtiéndolas que por las gracias de aquellas cuentas no despreciasen las que los Sumos Pontífices concediesen en la Tierra.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Las virtudes de estas cuentas son muchas y por experiencia se conoce que la tienen contra demonios, porque los lanzan de los obsesos y confiesan que salen por virtud de estas cuentas y huyen de los que las traen consigo. ''[49]'' Tiénenlas también contra el fuego, contra los truenos y rayos, tempestades y tormentas del mar, y contra muchas enfermedades del cuerpo y del alma. Valen contra escrúpulos, tentaciones y espantos de demonios, y esto sacaron de la virtud que les dio el Señor, como consta por los milagros que están comprobados. Todo esto se ha colegido de lo que, debajo juramento, dijeron las monjas ancianas que conocieron y trataron a las compañeras de la misma sierva de Dios, que en sus deposiciones juran habérselo oído contar muchas veces y es pública tradición desde aquellos tiempos hasta estos, que estas cuentas estuvieron en el Cielo y todo lo demás que queda dicho dellas. Y muchas personas de cuenta y grandes perlados de Castilla las tienen en mucha veneración, y las han procurado y tenido en mucho. Una tuvo el rey Filipo Segundo de buena memoria; y Filipo Tercero, legítimo heredero de la fe y la devoción de su padre, y la christianísima reina doña Margarita, mujer suya, las han tenido consigo. ''[50]'' Y el Papa Clemente Octavo de gloriosa memoria, antes de ser Pontífice vino a España, con un hermano suyo, auditor de Rota, sobre los negocios del Condado de Puñoenrrostro ''[51]'' y fue desde Torrejón de Velasco al convento de la Cruz, donde está el cuerpo de la beata Juana e, informado de la sancta vida y milagros desta virgen y de la verdad de estas cuentas, después de haber dicho misa en la capilla donde está su cuerpo, pidió a sor Juana Evangelista, abadesa que era del convento, una de las dichas cuentas y con mucha devoción la recibió y llevó consigo. Los benditos fray Francisco de Torres y fray Julián de San Agustín, varones apostólicos de tan aprobadas y santas vidas que después de sus muertes hizo Dios por ellos muchos milagros, ''[52]'' afirman en sus testimonios que dieron que habían subido al Cielo estas cuentas y que Christo Nuestro Señor las bendijo y concedió [295] muchas virtudes y perdones, y persuadían a los pueblos donde llegaban que tocasen los fieles sus rosarios en las cuentas que llevaban ellos. Y cuando de esta verdad no hubiera tantos y tan calificados testimonios, bastaba el de esta sierva de Dios, y el haberlo ella dicho y aseverado, para persuadirnos que no había de engañar a la Iglesia, publicando virtudes y gracias falsas. Mas lo que bastantemente prueba esta verdad son los milagros que Dios ha hecho en su confirmación, de los cuales diremos algunos en el siguiente capítulo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Cap. X. De los milagros hechos en virtud de estas cuentas y de las tocadas a ellas'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Para que nadie pueda dudar con razón de estas santas cuentas, diré aquí para gloria de Dios algunos de los muchos milagros que el Señor ha obrado por ellas, pues es cosa cierta y llana que nunca Dios hace milagros verdaderos en confirmación de cosas falsas, y los que hace en confirmación de alguna verdad la hacen evidentemente creíble. Y porque los milagros hechos en nuestros días mueven más que los antiguos, serán tan nuevos los que aquí dijere que los testigos, jueces y escribanos ante quien pasaron las informaciones están aun hoy vivos, y las mismas informaciones originales o sus traslados aunténticos, en los archivos del convento de la Cruz.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Doña María Pérez, vecina de Madrid, prestó una cuenta que tenía a Manuel Vázquez, clérigo del mismo lugar, para conjurar con ella una endemoniada y, así como se la pusieron, dijo el demonio que no le echaría de aquel cuerpo la cuenta de Juana. ''[53]'' Mas oyendo el clérigo, dijo: “Por la virtud que Dios puso en esta cuenta de la bendita Juana, te mando, demonio, que salgas luego del cuerpo desta mujer”. Y al punto salió y quedó libre la mujer, de lo cual se hizo acto público.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Fray Francisco Castañoso, siendo guardián de Pinto, oyó decir que un clérigo estaba conjurando una endemoniada en la iglesia del mismo lugar, fuese allá y así como le vio la mujer dio un salto de más de treinta pies, huyendo d’él y, preguntada por [296] él de qué se espantaba, respondió: “Porque traes una cuenta”. Y él, dismulándolo, mostró las manos vacías y dijo: “¿No ves que no traigo nada?”. Mas el demonio, dando voces, decía: “Cuenta traes, cuenta traes de aquella Juana de la Cruz”. “¿Qué virtud tienen, que huyes dellas?”, dijo el guardián, y el demonio respondió: “No te lo quiero decir”. Y nunca consintió la mujer le pusiesen esta cuenta, con lo cual se experimentó lo mucho que los demonios las temen.&lt;br /&gt;
Lo mismo acaeció otra vez a una endemoniada que llevaron al convento de Santa Cruz.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Isabel del Cerro, vecina de la villa de Torrejón de Velasco, tenía tres cuentas destas y, saliendo de oír misa de los Niños de la Doctrina en Madrid, encontró con una endemoniada y, poniéndola sus cuentas, comenzzó luego a trasudar, dando voces y balidos como cabra y salió della el demonio, pero, así como se las quitaron, se tornó luego a endemoniar. Y poniéndola otra vez otra cuenta de un religioso de san Francisco tornó a salir della y, por qué no la volviese más, se la dejó para siempre el religioso.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
La dicha Isabel del Cerro, estando en Torrejón, oyó decir que un mancebo que llegó a su casa estaba endemoniado y le llevaban a conjurar a Santo Toribio y, movida de caridad, le puso sus cuentas, y haciendo el demonio grandes extremos, dijo: “Si supieses el tormento que me das tú, me dejarías”. Diciendo esto se fue huyendo del lugar tan apriesa que no le pudieron alcanzar muchos que fueron tras él.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Otra mujer endemoniada llegó a la casa de la dicha Isabel del Cerro tan maltratada que era lástima el verla, pero, tocándola con las cuentas en la boca, cayó como muerta, y se quedó cárdena y cubierta de un gran sudor y el demonio salió della.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El padre fray Pedro de Salazar declaró y depuso con juramento que sabía las dichas cuentas tener virtud contra el fuego, tempestades y rayos y contra las tormentas del mar, por ser esto cosa muy sabida en Castilla y confirmada con muchas experiencias y milagros. Y dijo en su deposición Christóbal del Cerro, vecino de Torrejón, de otro caso.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Contra diversas enfermedades de perlesía, peste, mal de corazzón y otras, hay muchas informaciones hechas en el dicho convento; [297] contra los escrúpulos y tentaciones de la fe, contra desesperaciones y tentaciones de el demonio y contra visiones y espantos de la misma manera. Y de estas informaciones, unas están hechas por comisión del Ilustrísimo de Toledo, otras del Ministro General de nuestra orden. Pues de que no solas las cuentas que subió el ángel al Cielo tengan las dichas virtudes, sino también las tocadas a ellas (como la bendita sor Juana lo dijo a sus monjas), se ve claro, por lo que ahora veremos.&lt;br /&gt;
El siervo de Dios fray Julián de san Agustín, por quien ha hecho el Señor tantos milagros que pasan de seiscientos los que están comprobados jurídicamente, en noventa y dos informaciones auténticas, hechas con mil y cuatrocientos testigos, primero por autoridad del ordinario y después por especial comisión de su santidad. ''[54]'' Este siervo de Dios tenía una cuenta de las originales y tanta devoción con ella que exortaba a todos tocasen sus rosarios a ella, y en esta obra de caridad le sucedieron casos extraordinarios con los demonios, que se lo procuraban estorbar, como lo comprueban los milagros siguientes.&lt;br /&gt;
Estando el beato padre en las eras del lugar de Villanueva, vino a él una mujer llamada Mari Sanz, rogándole tocase su rosario con la cuenta que tenía en el suyo. Y él dijo: “Levanta primero esa piedra que está ahí cerca”. Probó la mujer por dos veces, mas no pudo porque abrasaba como fuego y se quemaba. Y viendo esto fray Julián, dijo: “No te canses, hija, que no es piedra esa aunque lo parece, sino un demonio, que pretende impedir que se toquen tus cuentas a la de la beata Juana por que no goces de la virtud que Dios puso en ellas”. Otros muchos casos semejantes le sucedieron en el dicho lugar de Villanueva y en el de Camarma, y las piedras desaparecían, en descubriendo el dicho santo lo que eran. Todo lo cual consta de una información hecha por el Ilustrísimo de Toledo.&lt;br /&gt;
Madalena Escrivano, vecina de Torrejón de Velasco, fue tentada del demonio, que se la aparecía muchas veces y, ofreciéndole una soga, la decía que se ahorcase con ella. Fue Nuestro Señor servido que, poniéndola una cuenta tocada, nunca más el demonio la apareció y quedó libre de aquella tentación. Cierto doctor estaba muy apretado de escrúpulos y pensamientos contra la fe, con que el demonio le acosaba. Y procurando [298] haber una cuenta de las tocadas de la santa, solo con traerla consigo quedó libre y con la misma cuenta lanzó al demonio de un hombre.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Carrillo, clérigo y cantor de la santa Iglesia de Toledo, tenía una cuenta de las tocadas y pensaba él ser de las originales (porque por tal se le habían dado) y, llegando adonde estaba un endemoniado, le dijo el demonio que se apartase d’él porque llevaba una cuenta de sor Juana, que, aunque era de las tocadas, tenía la misma virtud que las otras y le atormentaba mucho con ella. Y con esto el dicho clérigo salió del engaño en que estaba, que, aunque el demonio sea padre de mentiras, no permite el Señor que en tales casos nos engañe. Otros muchos milagrosos acaecimientos están tomados por acto público, de que las dichas cuentas tocadas eran de singular virtud contra los demonios. Allende destos, un ciego cobró vista con el toque de las dichas cuentas y un niño de mal de garrotillo. Y una doncella de cataratas de ambos ojos. Y un hombre desahuciado ya con dolor de costado y calenturas terribles. Y una mujer muy enferma y apasionada de mal de corazón. Y otra de los mismos con desmayos y gota coral. Todos estos, con solo el toque de las dichas cuentas que eran de las tocadas a las originales, cobraban salud. Y lo que más es de notar, que muchos de estos milagros acaecieron en el tiempo que las dichas cuentas eran traídas a cuestión de probanzas y cuando muchos dudaban de la virtud de ellas, que fue desde el año de mil seiscientos y once hasta el de mil seiscientos y trece.&lt;br /&gt;
Y no solo eran estos milagros en España, sino en otras naciones muy lejos della, como se vio el año de mil seiscientos y doce por la Pascua de Resurrección en la ciudad de Aix en Francia, donde, por permisión divina, había un convento de monjas, de las cuales las veinte y cuatro estaban endemoniadas. ''[55]'' Y pasando por allí muchos religiosos graves de España que iban a la celebración del capítulo general de toda la Orden de Nuestro Padre San Francisco, que se había de tener en el convento de Araceli en Roma, algunos de los dichos padres llevaban consigo de las cuentas de la beata Juana de la Cruz y, compadeciéndose de aquella tan grande lástima, el primero día de la santa Pascua de Resurrección fueron adonde las dichas monjas estaban, y con una de [299] las dichas cuentas, puesta primero a la que más furiosa estaba y después sucesivamente a las demás, en presencia de mucha gente que se halló presente a aquel caso, salieron los demonios de los cuerpos de las dichas religiosas, a parecer de los que presentes estaban porque, al punto que las dejaban los demonios, quedaban cansadas y sudando notablemente y hacían la señal de la cruz y se santiguaban. Y las que poco antes huían de la cuenta, la besaban dando muestras de devoción y de estar libres del demonio. Y la que primero estaba libre d’él, ayudaba luego a las otras, para que les pusiesen la cuenta. A lo cual se hallaron presentes muchos padres, y dieron verdadero testimonio dello y juraron ser verdad, como más largamente se refiere en el dicho libro de la santa. Lo sobredicho se confirma con una carta escrita de la propia mano del ilustrísimo cardenal Diestrichstain, arzobispo de Nichillpurg en Alemania, para la señora marquesa de Mondéjar, su hermana, donde con mucha instancia la pide que le envíe una cuenta de la beata sor Juana de la Cruz porque con una dellas que tienen allá en Alemania hace el Señor muchos milagros, de los cuales cuenta algunos. Y la dicha señora marquesa envió la misma carta original en Madrid al Señor obispo de Canaria, don fray Francisco de Sosa, para que se tomase testimonio auténtico de ella, (como se hizo), y está en el convento de santa María de la Cruz.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Cap. XI. De algunas revelaciones que el Señor reveló a su sierva y de la devoción singular que tuvo a la Virgen Santísima'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Atendiendo a que el comunicar tan altas revelaciones el Señor a esta sierva suya era en orden al aprovechamiento de muchos, como se lo dijo el ángel de su guarda mandándoselas escribir, me pareció escribir este capítulo de algunas revelaciones suyas, para que, leyéndolas, el pecador se consuele considerando las divinas misericordias que resplandecen en ellas, como se verá en esta que contó a sus monjas de esta manera. “Llevándome mi santo ángel un día de santa Magdalena a visitar [300] la iglesia donde está su santo cuerpo para ganar los perdones allí concedidos, y pasando por cierta ciudad de Castilla, vi en un campo mucha gente alrededor de una hoguera, de entre las llamas de la cual salía una alma más resplandeciente que el sol, con dos ángeles que la llevaban en medio y otro que iba delante con una cruz en la mano, todos caminando muy apriesa para el Cielo. Y díjome mi santo ángel: “Por que veas lo que puede la misericordia de Dios y la gran contrición en un hombre, aquella alma es de un hombre viejo, grandísimo pecador, que estuvo de asiento en un pecado mortal, tan abominable y feo que no solo merecía las llamas de aquella hoguera, sino ser quemado en el infierno. Prendiole la justicia y confesó llanamente su pecado, pidiendo a Dios misericordia y al juez rigurosa justicia, diciendo quería pagar su delito en esta vida. Y aunque la salvara si quisiera, escogió morir y padecer esta pena y afrenta en satisfación de sus culpas. Y así, después de haberle dado el garrote, le quemaron en aquella hoguera, de la cual sale su alma derecha al Cielo, porque sepas que mientras el alma está en el cuerpo, ha lugar la misericordia de Dios, que cabe entre la soga y la garganta del hombre”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Estando en oración un día, la mostró el Señor que a un ermitaño de santa vida que hacía penitencia en un desierto le pareció el demonio en figura de Christo crucificado y le dijo: ''[56]'' “Adórame que soy tu Dios, que por ti me puse en esta cruz y me agrada mucho tu oración y penitencia”. Hízolo el ermitaño y, estándole adorando, arrodillado a los pies de aquel falso crucifijo, llegaron otros muchos demonios diciendo: “Príncipe de tinieblas, vuelve a tu reino infernal, que nos le destruyen los ángeles del crucificado y, pues sabes que se paga de voluntades y que recibe la deste ermitaño, como si adorara al mismo Dios del Cielo, déjate de esas vanas adoraciones y vuelve allá, que es lo que más te importa”. “Quiso Nuestro Señor que oyese esto el ermitaño para alumbrarse por este camino” (dijo la santa) “y que yo os las dijese a vosotras, para que conozcáis las cautelas del enemigo y os guardéis de sus engaños, que son más de los que los hombres piensan”. Sucedió otra vez a esta sierva de Dios, día de santa Lucía, que estando elevada en oración y su espíritu en aquel celestial lugar donde Dios le solía poner, vio (cual otro Esaías) ''[57]'' al Señor de los ejércitos sentado [301] en un trono de grandísima majestad y gloria, cercado de infinitos ángeles y santos, que daba premios y mandaba se hiciesen fiestas a la gloriosa santa Lucía, por haber padecido en tal día. Considerando estas cosas y cuán bien premiaba los trabajos padecidos por su amor, la parecía decirle el mismo Señor con voz sonora y fuerte como el ruido de muchas aguas: “No os despidáis vos, hija mía, de recibir otro tanto como ahora doy a esta mi sierva”. Ella con mucha humildad y confianza, después de haberle adorado, dijo: “Inmensas gracias te doy, Señor mío, por tan soberana merced, mas no me hartan, Señor, estos dones, ni satisfacen esas joyas, regocijos, ni fiestas, porque la hambre de mi alma no se puede satisfacer menos que bebiendo de esa fuente de vida; y hasta conseguir eso, no dejaré de importunar a Vuestra Majestad”. Otra vez estando en profundísimo rapto, la vino a visitar su muy particular devota santa Bárbara y, razonando con ella, dijo: “Bien sabéis vos, señora, lo mucho que os desea servir esta indigna sierva vuestra”. ''[58]'' “Sí sé, hermana”, respondió santa Bárbara, “y querría también que tú supieses que te amo en el Señor y te tengo por mi singular devota y amiga”. Con esto pusieron fin a su plática las santas vírgines, y apenas fue acabada que le apareció el ánima de un niño que acababa de expirar, rogándola que dijese a su madre que castigase a sus hijos, porque daría rigurosa cuenta al Señor de lo mal que los criaba. ''[59]'' “Y yo” (dixo el alma) “doy mil gracias a Su Majestad, por haberme traído a este santo reino en tan tierna edad, que si llegara a ser grande, me condenara por la mala crianza de mi madre. Ella se llama fulana y vive en tal lugar y es mujer de fulano”. Con esto la sierva de Dios la envió a llamar y contó todo lo que pasaba, con tales señas que no lo pudo poner en duda y hizo lo que tan santamente la aconsejaba.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Todos los años desde el día que se fundó el convento de la Cruz, se celebra en él el aparecimiento de la Reina de los ángeles los primeros nueve días de marzo, en los cuales apareció la Santísima Virgen (como queda dicho), y cada año, en estos nueve días a la hora de maitines, veía la sierva de Dios una solemnísima procesión en que venía la Madre de Dios con muchos ángeles y santos y las almas de muchas monjas de aquella casa y de otras personas difuntas que estaban en la gloria y habían sido devotas del Santo Aparecimiento, y también las que estaban [302] en purgatorio, que las sacaba la Virgen de penas en esta santa fiesta. Y antes de entrar en el convento daba una vuelta alrededor, echando su bendición a los campos en contorno del convento, en el cual entraba luego e iba derecha al dormitorio de las monjas, donde estaban recogidas, unas en oración y otras durmiendo, y a todas las bendecía con palabras de grandísima caridad y hablaba con sus ángeles custodios y ellos la representaban las oraciones y buenos deseos con que se habían de aparejar para celebrar la fiesta de su Santo Aparecimiento. ''[60]'' Y decía nuestra Señora: “Estad constantes en los trabajos, que así se ganan las coronas”. Otras veces mandaba a sus ángeles custodios que las pusiesen guirnaldas de rosas en sus cabezas, aunque ellas no lo veían ni entendían, y otras veces las reprehendía con palabras dulcísimas. Desde aquí se iba al coro con todo aquel acompañamiento celestial y asistía a los maitines, y la bienaventurada sor Juana, en espíritu, se hallaba presente a todo y andaba la procesión. A la mañana, a la hora de misa mayor, que volvía en sus sentidos, se iba al coro, donde oía los oficios divinos y sermón y veía la procesión y, a este punto, se solía elevar y en la elevación veía lo que está dicho. Y después, vuelta en sí, lo contaba a sus monjas.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Había en este santo monasterio una imagen muy antigua de milagros, en quien las monjas tenían mucha devoción, y la traían en procesión el día del Santo Aparecimiento. Mas porque ya estaba muy vieja y deslustrada, la hicieron el rostro y cabeza de nuevo. Y porque la sierva de Dios la viese, que estaba enferma en la cama, se la llevaron a la celda, donde por su consuelo se la dejaron sobre un altar. Y aquella misma noche, estando la santa en oración, vio en visión imaginaria a la Reina de los ángeles, que estaba junto a la imagen, a quien la sierva de Dios suplicó concediese algún favor a su imagen. Y la noche siguiente a hora de maitines, vio cómo Christo Nuestro Señor se apareció y bendijo la dicha imagen, la cual desde entonces es muy venerada por la tradición de este milagro. Lo cual hizo el Señor en confirmación de la verdad de el uso antiguo de las santas imágenes y en confusión de los herejes que las contradicen.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Hallose en esta sierva de Dios lo que todos los santos enseñan ser singular medio para la perfección, esto es, la devoción de [303] la sacratísima Virgen Nuestra Señora. Fuela tan devota esta humilde sierva suya que, desde muy niña, la rezaba el rosario y, por no tenerle de cuentas, lo hacía de cordel, con ñudos por pater nostres y avemarías, y así como crecía en edad, iba creciendo en devoción. Y cuando llegaban las fiestas de la Madre de Dios, a los ejercicios de penitencias ordinarias añadía otros extraordinarios, con que se disponía a celebrarlas dignamente. Por lo cual fueron grandes las mercedes que Dios la hizo en tales días y admirables los raptos, en los cuales publicaba y decía maravillosas alabanzas de su reina. Estando en contemplación un día de la Anunciación de mil quinientos y ocho, contemplando aquella maravillosa obra de la Encarnación que aquel día representaba la Iglesia y aquella tan profunda humildad de la purísima Virgen cuando dio su consentimiento, dijo que le fueron en aquella hora revelados muchos misterios y que mereció más en aquella hora obedeciendo la voluntad de Dios y dando crédito a las palabras del ángel que merecieron todos los ángeles cuando dieron a Dios la obediencia, y más que todos los mártires en sus martirios y que todos los confesores y vírgines, en cuantas penitencias hicieron y en la virginal limpieza que guardaron. Otro día de la Presentación de Nuestro Señor del siguiente año, estando en un rapto que la duró muchas horas dijo otra verdad certísima, ''[61]'' y es que desde el punto que fue concebida la Reina del Cielo en el vientre de santa Ana, tuvo perfecto uso de razón y muy grande amor y conocimiento de Dios, en que fue siempre creciendo y en todas las virtudes, hasta llegar a ser entre las criaturas la más perfecta y santa de cuantas hubo ni habrá jamás en el Cielo ni en la Tierra. En otro rapto dijo que, cuando Nuestro Señor salió del sepulcro, apareció primero que a nadie a su Madre Santísima, por ser ella la que más había sentido su muerte y Pasión, y en quien más viva estaba la esperanza de la resurrección. En el día de la Purísima Concepción de la Virgen Santísima era inefable la devoción que mostraba, y después de muy largos raptos, hacía dulcísimas pláticas a las monjas en alabanzas de su Señora y declaraba profundamente lugares de la Sagrada Escriptura que trataban della. ''[62]'' Trujéronla un día una niña de teta muy enferma, para que la diese su bendición, y viéndola, supo por revelación que estaba endemoniada. Y dijo la santa a las monjas [304] con gran sentimiento: “Grande es la alteza de los secretos de Dios. ¿Que sea posible que el demonio tenga poder para atormentar esta niña, que no ha más de siete meses que nació? Ruégoos hermanas, que la encomendemos a Dios”. ''[63]'' Hizo sobre ella la señal de la cruz, y quedó libre de aquel espíritu malo, que la atormentaba. Sucediola muchas veces estando en oración, que veía presentes todas aquellas personas por quien rogaba, aunque estuviesen muy lejos y todas sus necesidades. Y su ángel custodio la dijo un día que con tanto afecto de amor podía una persona sentir y llorar la Pasión del Señor, que le fuese tan acepto sacrificio como si derramase toda su sangre y padeciese grandes tormentos por su amor. Tanto como esto agrada a Dios la memoria de su sagrada Pasión. “Estas cosas y otras muchas” (decía la sierva de Dios a sus monjas) “me muestra mi santo ángel, para mi aprovechamiento, y para el vuestro os las digo. Y que me ha hecho el Señor tanta merced, que ha dado tanta luz y claridad en ellas, que certerísimamente conozco ser suyas y, por tan verdaderas y ciertas, que así lo juraría si me obligasen a ello. Aunque por no haber tenido mi alma tanta claridad y certeza al principio, no recibía tanto consuelo como ahora, por lo cual da esta miserable pecadora infinitas gracias a su Dios”.&lt;br /&gt;
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'''Cap. XII. De las maravillosas cosas que dijo la sierva de Dios estando elevada y del don de lenguas que el Señor la comunicó'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Como toda la virtud desta bendita virgen estaba sobre el fundamento firme de la santa humildad, fundado de aquí es que todo lo que era dar muestras exteriores de los beneficios que el Señor la hacía grandemente la atormentaba. Y si algunas veces las daba, diciendo lo que en las elevaciones y raptos le acaecía, era compelida de la caridad, y por saber que era la voluntad del Señor que lo hiciese. El cual ordenó que estuviese muchos días y meses muda privada de la habla, de tal manera que, si no era el rato que estaba en éxtasis (cuando se vio cumplida la palabra del Señor en el Evangelio, ''[64]'' que no era ella la que [305] hablaba, sino el espíritu de su Padre Celestial que hablaba por ella), fuera de eso, ni hablaba ni aun podía hablar palabra. En todo este tiempo de su mudez predicaba diciendo altísimas cosas y declaraba lugares difíciles de la Escritura, no sin grande admiración de los que la oían. Y esta gracia la duró no solo el tiempo que estuvo muda, sino también mucho después, hasta trece años enteros: hablando unas veces de ocho en ocho días, otras de quince en quince, otras veces de cuatro en cuatro, otras al tercero día, otras un día tras otro, como el Señor era servido. Divulgose por el reino de Castilla esta grande maravilla, venían a verla muchas gentes (aunque muchos venían con intención dañada.) Y para confusión destos y de otros incrédulos, estaba arrobada y hablaba con ellos, mostrando que la recelaba Dios lo que tenían en el corazón y así, reprehendiéndoles, decía: “¿Quién eres tú, que quieres limitar el poder de Dios? ¿No tiene ahora el mismo que tuvo siempre? ¿No puede poner su gracia en quien quiere? ¿No puede hacer vaso en que quepa?”. A este propósito sucedió que una persona muy grave, con celo de las cosas de la fe, no podía sufrir que se dijese que el Espíritu Santo hablaba por boca de aquella mujer; vino a oírla, con ánimo de examinar sus palabras y fueron tales las que le dijo en una plática espiritual que hizo que a la mitad della se hincase de rodillas, derramando muchas lágrimas, hasta que la sierva de Dios acabó de predicar y, vuelta en sus sentidos, rogó con instancia que se le dejase ver. Y puesto delante della, dijo: “Venía yo a examinar las palabras de Dios, pero ya conozco ser suyas todas las que a esta bendita mujer he oído”. Y después de haberla hablado a solas y encomendádose en sus oraciones, se volvió muy edificado de la humildad que conoció en ella y muy devoto a su doctrina. Cumpliose en ella lo que dijo el Señor en el Evangelio a sus siervos: “Daros he boca y sabiduría, a la cual no podrán contradecir todos los adversarios vuestros”. [65] Y para mayor testimonio de que este negocio era del Cielo, no pocas veces la oyeron hablar en diversas lenguas, las cuales nunca había aprendido, como eran latina, griega, arábiga y otras. ''[66]''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El obispo de Ávila don fray Francisco Ruiz fue devotísimo desta santa, y por ella dio a su convento dos esclavas moras, de las que trajo de la conquista de Orán (en que estuvo en compañía [306] del cardenal don fray Francisco Ximénez). Estaban estas tan obstinadas en la ley de Mahoma que no podían oír nombrar a Christo. Lleváronselas una vez a la santa, con ocasión de que predicaba en la forma dicha, y convirtiendo a ellas su plática, las habló en algaravía y ellas también respondieron en el mismo lenguaje. Y tales cosas las dijo que se convirtieron a la fe y se bautizaron. Y después estando arrobada, las habló otra vez en arábigo. También hablaba en latín con algunos letrados que la venían a oír, advirtiéndoles de defectos particulares suyos. Los perlados de la orden, por obviar lo que algunos mal intecionados decían, mandaron a la abadesa que, cuando hablase de aquella manera la sierva de Dios, la encerrasen donde no la oyesen los de fuera de casa, ni aun las mismas monjas. Y esto se guardó algún tiempo, hasta que más enterado el provincial de que no había inconviniente, antes era voluntad de Dios que fuese oída, dio licencia para que hablase ante las monjas y ante algunas personas principales y devotas que lo deseaban. Con esta licencia llegaron muchas personas eclesiásticas y seglares, predicadores, letrados, canónigos, inquisidores, obispos y arzobispos. El Gran Capitán Gonzalo Fernández, el cardenal don fray Francisco Ximénez, y otros muchos que fueron testigos deste milagro. Y entre ellos quiso ver esta maravilla por sus ojos el Emperador Carlos V, de buena memoria, y quedó muy aficionado a la sierva de Dios. Cuando hablaba estas cosas, siempre era estando en rapto y muchas veces se echaba de ver que hablaba con los ángeles, con los apóstoles y santos, como que tenía al Señor presente ante quien hacía sus peticiones, rogando por todos en general, y por algunas personas en particular. Hecho esto, juntaba sus manos viéndolo todos, muy humildes y profundas. Oraba tan en secreto que solo se la veían mover los labios, y después, puestas las manos, se quedaba con grandísimo silencio. Después, comenzando en voces altas y concertadas, en muy apacible y suave tono (que todos los que allí estaban oían) hablaba cosas maravillosas. Finalmente eran los dichos sermones y pláticas espirituales de mucha edificación y provecho, declarando la Sagrada Escritura y Evangelios del año, conforme a las fiestas que ocurrían. Durábanla los sermones cuatro, cinco, seis y siete horas, sin descansar ni menear más que la lengua, que en lo demás estaba como muerta, o como quien está en rapto. Y [307] hablaba con tanta gracia, suavidad y dulzura que con ser tan largos los sermones ninguno se cansó jamás dellos. Cuando acababa y volvía en sí, quedaba hermosísima, el rostro muy resplandeciente y su persona y vestidos y cosas que a ella tocaban llenas de un olor celestial. Y de la fuerza con que había hablado quedaba con un sudor copioso, y así la mudaban las monjas el hábito y la tocas cuando tornaba en sus sentidos. Era cosa notable que no sentía cosa de cuantas por ella habían pasado si después no se lo decían. ''[67]'' Y porque en los siglos venideros hubiese noticia de tan grandes maravillas, dio el Señor sabiduría y gracia a una religiosa que no sabía leer ni escribir, llamada sor María Evangelista, para escribir un grande libro intitulado del Conorte, que contiene los sermones que predicó en un año la bendita sor Juana, ayudándola otras dos religiosas llamadas sor Catalina de San Francisco y sor Catalina de los Mártires. De lo cual hay tradición y pública fama en el dicho convento de la Cruz, y algunas monjas ancianas que hoy viven conocieron a la dicha sor María Evangelista y juran que conocen su letra y se lo oyeron decir públicamente. Este libro del Conorte tiene setenta y un sermones, en otros tantos capítulos divididos, escritos en setecientas y treinta y tres hojas de folio, el cual se guarda en el convento como reliquia grande y con razón por ser milagroso todo cuanto hay en él, como lo es haberle escrito una mujer sin saber leer ni escribir, y que percibiese de memoria todo lo que la bendita predicadora decía, de suerte que, acabando de oír su sermón, le escribía, con ser algunos de doce y de veinte pliegos de papel, llenos de theología y de autoridades de la Sagrada Escritura.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Cap. XIII. Cómo nuestro Señor dio el sentimiento de sus llagas a su sierva, y el apóstol san Pedro la sanó estando sorda'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Queriendo el Señor de más de lo dicho enriquecer y honrar a su bendita esposa, la dio por joyas preciosas los dolores y señales de su sagrada Pasión, lo cual acaeció desta manera: un año después del acaecimiento milagroso de las cuentas, [308] siendo la virgen de cuarenta y tres años de edad, sucedió que un Viernes Santo por la mañana, estando en oración puesta en cruz, se quedó arrobada tan extendidos y yertos los brazos y todos los miembros de su cuerpo como si fuera un crucifixo de piedra, de suerte que ninguna fuerza humana la pudo quitar de aquella santa postura, aunque se probó algunas veces. ''[68]'' Viéndola las monjas así, y que el rapto iba muy adelante, la llevaron a la celda y se fueron todas al coro, por ser hora ya de entrar en los oficios divinos. Estando en él, mientras se decía la Pasión, la vieron entrar por el coro, derramando muchas lágrimas, y vieron cómo entraba arrimándose a las paredes, que no podía andar ni tenerse sobre los pies. Traíalos descalzos como solía y, porque no los podía asentar en el suelo, estribaba solamente en los talones y puntas, con tanta dificultad como si pusiera los ojos donde se asentaba los pies. Viendo esto las monjas, la preguntaron por señas (porque estaba también sorda) cómo venía de aquella manera; respondió que no podía andar, porque la dolían mucho los pies. “Mirámoselos” (dice la monja que escribió esta historia) “y vimos que tenía en los pies y manos las señales del crucificado, redondas de el tamaño de un real de plata, de color de rosas muy frescas y coloradas, y de la propia figura y color correspondían igualmente en los pies y plantas de los pies y de las manos, por arriba y por abaxo, y salía de ellas tanta fragancia de olor que con ninguna cosa criada se podía comparar”. Quexábase de los graves dolores que la causaban estos señales, y las religiosas, cuando la vieron así, lloraban y daban gracias a Dios por lo que veían y palpaban con sus ojos y manos en ella. Y tomándola en brazos (porque no podía andar, ni sustentarse en los pies) la llevaron a la celda y, preguntándola por señas (porque estaba sorda) qué señales eran aquellas, quién se las había dado y cómo, respondió que, estando en aquel preciosísimo lugar, donde por mandato de Dios la llevaba el ángel de su guarda, vio a Nuestro Señor Jesuchristo crucificado, que con el toque de sus sacratísimas llagas la dexó con gravísimos dolores en pies y manos, y acabada aquella soberana visión, se halló en su celda y en sus sentidos con aquellas señales, que la duraron desde el Viernes Santo hasta el día de la Ascensión. Aunque no las tenía todos los días, sino solo los [309] viernes y sábados; y el domingo a la hora que el Señor resucitó se le quitaban los dolores y las señales.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y como era tan humilde, con muchas humildad, lágrimas y devoción, suplicaba a su Santísimo Esposo no permitiese que tan preciosas y ricas joyas se empleasen en tal vil criatura como era ella y también porque le parecía cosa poco segura tener a vista de los ojos humanos tan singulares mercedes como eran aquellas. Esto pedía con tales afectos y lágrimas que alcanzó lo que quiso, de manera que el mismo día de la fiesta de la Ascensión del Señor a los Cielos se las quitó el Señor, habiéndola dicho primero: “Importúnasme que te quite el precioso don que te di, yo lo haré, mas pues no quieres mis rosas, yo te daré mis espinas y cosa que más te duela”. Y cumpliendo esta palabra la quitó estas señales y dio a sentir el Señor los dolores de su sagrada Pasión en todo su cuerpo, mucho más que antes, porque aunque desde los siete o ocho años de su edad se los había dado el Señor a sentir, no habían sido tan rigurosos como fueron desde este día, como se verá en las revelaciones siguientes.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Estando elevada un día y su espíritu en aquel lugar donde el Señor la solía poner (era viernes a los veinte y dos de junio antes de amanecer) se le presentaron todos los misterios de la sagrada Pasión, tan vivos a su parecer como si los viera al pie de la cruz del Calvario, cuando Christo padeció. ''[69'' También la mostró el Señor en un gran campo el martirio de san Acacio y sus diez mil compañeros, cómo los crucificaban y que Christo Nuestro Señor desde su cruz los animaba y decía: “Tened ánimo, amigos míos, miradme a mí crucificado y muerto por vosotros”. Viendo ella todo esto, preguntó al ángel de su guarda, qué significaba estar Christo crucificado y tantos crucificados con el. “Después que Dios se hizo hombre” (dijo el ángel) “tiene muchos compañeros de su cruz y tú también has de ser participante de sus dolores; porque así lo quiere, y porque vieses su sagrada Pasión y la de tantos siervos suyos, te traje a este lugar”. Y mirándola Nuestro Señor dijo: “¿Quieres hija de esta fruta?”, “Señor” (respondió ella), “quiero lo que Vuestra Majestad quisiere”. “Pues pláceme que gustes de ella” (dijo el Señor) y desde aquel punto la dejó los dolores de su sagrada Pasión y tan vivo sentimiento de todos ellos que (según decía ella) le parecía que le habían fixado clavos ardientes por todo el cuerpo y que [310] oía gran ruido, como si con martillos de hierro se los clavaran.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Otra vez estando muy enferma en la cama, se la apareció nuestro padre san Francisco (día de su propia fiesta) glorioso y resplandeciente, acompañado de muchos santos y le vio y habló. El santo padre la dio su bendición y ella con mucha humildad le rogó por todos los frailes y monjas de su orden y en especial por las de aquel convento, suplicando las echase su bendición. Lo cual hizo, y al despedirse della, que estaba postrada a sus santísimos pies, se los besó, y él a ella la cabeza, diciendo: “Quiero, hija mía, adorar los dolores de mi Señor Jesuchristo, que por su gran misericordia ha puesto en ti”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Al principio de sus graves enfermedades, como sus dolores eran grandísimos, acaecíale con la fuerza dellos estar dos y tres días sin arrobarse (cosa muy nueva para ella), y atribuyéndola a sus pecados, pensaba que por ellos la trataba Dios como a enemiga. A este punto la apareció el ángel de su guarda, y la dijo: “Escucha y oye al Señor que te quiere hablar y mira lo que dijere”. Apareció luego Nuestro Señor Jesuchristo en un trono de majestad acompañado de muchos ángeles, y hablándola con palabras dulcísimas dijo: “¿Qué haces hija en esa cama?”. ''[70]'' Ella respondió después de haberle adorado: “Señor mío, ¿cómo padezco tantos dolores y no me remedia Vuestra Majestad ni goza mi alma de vuestros regalos como solía?”. Respondió el Señor: “No es mucho que padezcas esos dolores y enfermedades; pues eres esposa mía y me escogiste por esposo a mí, que en el tiempo de mi Pasión fui varón de dolores, justo es que quien bien ama, participe los dolores de su amado”. “Gran favor y merced es esta para mí” (replicó la santa), “pero ¿cómo, Señor, me hallo tan tibia en vuestro amor y no mandáis a mi santo ángel que me consuele tan a menudo como solías?”. “Amiga” (dijo el Señor), “donde yo estoy, está el consuelo y bienaventuranza, así aunque estés en esa cama, ese es tu cielo, pues estoy contigo en la tribulación y trabajo”. Dicho esto desapareció el Señor, dejándola muy consolada, aunque algo confusa, por no saber si había visto esta visión con los ojos del alma o con los del cuerpo. Y para quitarla esta duda, se la apareció segunda vez (según ella lo dijo) y entonces no solo quedó satisfecha, sino esforzadísima y con nuevo ánimo para llevar todos los trabajos del mundo por su [311] amor. Y como después de todo esto estuviese aún sorda, cosa que sentían muchísimo todas las religiosas por el trabajo que tenían de declararle lo que querían, y así suplicaron al Señor la restituyese el oír, oyó la Divina Majestad sus oraciones y aparaciéndose a su esposa día de santa Clara (después de seis meses que la tenía sorda) hizo un maravilloso sermón en presencia de muchas gentes, y declarando grandes secretos, dijo que la había ensordecido por que tuviese más recogidos los sentidos y pensamientos en Su Majestad y que ya al Señor placía de sanarla. Y acabando el sermón, antes que la santa tornase en sus sentidos, se le apareció el gran san Pedro, y poniéndola los dedos en los oídos y haciendo sobre ella la señal de la cruz, la restituyó el oír, y quedó sana, y ella con las religiosas dando muchas gracias a Dios por tan señalada merced.''[71]''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Cap. XIIII. De la gran devoción que la santa tenía con las ánimas del purgatorio y lo mucho que rogaba por ellas'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
La caridad de esta sierva de Dios era tan ancha que todo el mundo entero cabía en su pecho, en razón de querer y desear el bien de todos, y era tan profunda que hasta el purgatorio llegaba, con estar muy cerca del infierno, y si allí hubiera sujetos capaces della, también entrara por aquellas eternas cárceles, para beneficiar si pudiera aquellas desdichadas almas que padecen sin remedio. Siendo abadesa, con deseo de que sus monjas se fundasen de veras en el temor de Dios, las contaba muchas cosas de las que la eran reveladas cerca del riguroso juicio de las almas y de las penas de purgatorio y del infierno, de las cuales diré algunas, con el mismo deseo e intento que ella las decía. Lo primero, que en la hora de la muerte de cada uno, oye su sentencia de condenación o libertad, referida por san Miguel, porque esta constituído por príncipe de todas las almas, y así, que fuesen muy devotas deste santo, porque ella en espíritu le había visto juzgar las almas. Y que cuando condenaba alguna al infierno, cantaban otros ángeles: “¡Oh, Señor, cuán misericordiosa es vuestra justicia! Por ella os bendecimos y adoramos”. Y que maldecían a las [312] almas condenadas al infierno y que otros eran ejecutores de la divina justicia, en las que iban al purgatorio. Decía también, que los ángeles de la guarda llevan las ánimas al purgatorio y las consuelan, como lo afirman doctores santos. Y que a muchos dellos permitió Nuestro Señor que les apareciesen ánimas que penaban, para que rogasen por ellas, y que otros viesen en espíritu al purgatorio y las rigurosas penas que de tantas maneras allí padecen las almas, para que lo contasen a los vivos y, compadeciéndose dellos, escarmentasen en cabeza ajena. Esto acaeció a esta bendita virgen muchas veces y ella lo contaba. Y decía que, siendo sacristana, tañendo una noche a maitines, oyó gritos muy dolorosos, como de persona que se quejaba; y preguntando al ángel de su guarda qué voces eran aquellas, dijo: “Son de un ánima muy necesitada, que con licencia de Dios viene a encomendarse en tus oraciones”. Era esta ánima […] ''[72]'' gran señora de Castilla, que poco antes había muerto; la […] ''[73]'' la beata Juana, que por quanto sus penas eran graves ''[74]'' encomendase a Nuestro Señor y dijese a su madre la ayudase con ciertas limosnas y misas.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
De estos casos le sucedieron muchos. Y decía que veía en el purgatorio muchos lugares tristes y oscuros, muy espantosos y feos, y a los demonios, que muy crudamente atormentaban las almas, a las cuales por cada culpa daban diferentes penas y ellas muchos gritos diciendo: “¡Ay de nosotras, que tuvimos tiempo para servir a Dios y no lo hicimos, ahora somos atormentadas y no nos vale contrición, ni arrepentimiento”. ''[75]'' “Yo vi por la voluntad de Dios” (dijo una vez a sus monjas) el ánima de cierto prelado en purgatorio, que padecía muchas penas, y preguntando yo la causa de ello a mi santo ángel, me dijo que aquella alma era de un perlado que, por haber sido descuidado con las ánimas de sus súbditos, padecía grandes penas por las faltas que hizo en servicio de Dios y por las que sus súbditos hicieron por su causa y mal ejemplo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Supo la bendita perlada que cierta persona eclesiástica de mucha autoridad, de quien ella había recibido particulares agravios, había muerto. ''[76]'' Y como era tanta su caridad en dar bien por mal, no cesaba de rogar al Señor por ella. Estando en esto, se le apareció una noche en figura formidable y fea, traía una mordaza en la boca y una vestidura muy miserable. Andaba [313] con los pies y manos como bestia, y como no se podía quejar, bramaba como toro y traía sobre sí todos los pecados que contra Dios había hecho, y algunas ánimas que por su respecto se condenaron penaban encima d’él. Traía sobre sí también un gran tropel de demonios a caballo, que le daban en rostro con sus pecados y muchos palos y golpes. Y quitándole la mordaza de la boca, le pusieron una trompeta, por donde salía una voz espantosa, que de solo oírla la santa quedó muy lastimada, aunque mucho más por no entender si sus penas eran de purgatorio y de el infierno. Y deseándolo saber, se lo preguntó al ángel de su guarda, el cual la respondió: “Dios te lo revelará a su tiempo”. Y perseverando en esta oración, alegaba algunas buenas obras que había hecho aquella alma en esta vida, y especial esta: “Señor, yo sé que este hombre fue tan devoto de cierto santo que le hizo pintar su imagen, y le tuvo gran devoción, por tanto os suplico hayáis piedad de su alma y libréis de las penas que padece”. Tanto perseveró rogando por esta alma que, pasados algunos días, vio entrar por la puerta de su celda un ferocísimo toro, que traía entre los cuernos la imagen del santo que había hecho pintar aquel hombre, y él venía junto a ella, como favoreciéndose de la imagen, y mirando a la sierva del Señor dijo: “Yo soy fulano, por quien tú tanto has rogado, y por tus merecimientos me ha hecho Dios grandes misericordias y me dio esta imagen para mi consuelo y defensa, la cual me ayuda mucho en este trabajo”. ''[77]'' “Alivie el Señor tus penas, alma christiana” (dijo la santa), “que harto me has consolado por lo mucho que deseaba saber si estabas en vía de salvación, porque la otra vez que te vi venías con tales tormentos que no lo podía conocer”. “No te espantes” (respondió el alma), “que han sido mis penas muy grandes y, cuando no hubiera otras sino las de este buey en que ando, son gravísimas, porque las padezco en él de sed, hambre, fuego y frío”. Y dicho esto pidió perdón a la santa de muchos agravios que la hizo en esta vida, y dijo que la devoción que algún tiempo la tuvo le había valido mucho y con esto desapareció. Y ella nunca dejó de rogar a Dios por él, hasta que el Señor por sus oraciones le sacó de aquellas penas.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Volvió la santa de un rapto muy triste, y derramando tantas lágrimas que las monjas compadecidas della, la rogaron las contase la causa de su tristeza. Mas ella dando un grito muy [314] lastimoso dijo: “¡Ay, si supiesen las gentes lo que padecen las almas en la otra vida no ofenderían a Dios con tantos pecados, porque son aquellas penasmayores que cuantas en este mundo padecer se pueden”. Y entonces contó de un alma que había visto padecer y nunca dejó de rogar a Dios por ella, hasta que la sacó de penas de purgatorio. Un día de cuaresma, estando con sus graves dolores y enfermedades, se fueron a consolar con ella otras religiosas enfermas que andaban convalecientes, y, hablando con ellas, se arrobó, y tornó deste rapto tan alegre que las monjas preguntaron la causa de su extraordinaria alegría. Y ella por el gusto de las enfermas dijo: “Vi a la Reina del Cielo que, con grande gloria y majestad, acompañada de muchos ángeles y del glorioso san Juan Evangelista y de san Lázaro y de sus santas hermanas Martha y María, bajaba al purgatorio, y, pasando por donde yo estaba, mirándome la clementísima Señora dijo: ‘Amiga, vente con nosotros’. ''[78]'' Y fue el Señor servido por su gran misericordia que de esta vez sacase Nuestra Señora gran número de almas de purgatorio, con las cuales se volvió al Cielo y yo quedé tan consolada de esto porque todos mis dolores se me convierten en particular gozo y descanso cuando veo salir alguna ánima de purgatorio, y de esto es tan grande mi alegría que ni lo sé decir, ni está en mi mano poderlo disimular”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Cap. XV. De los trabajos y enfermedades con que probó Dios a su sierva y de su grande paciencia'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Revelación tenía esta sierva de Dios (desde muy al principio de su santa vida) que la tenía el Señor escogida para hacerla muy semejante así en sus trabajos y afrentas; estasjoyas deseaba extremadamente tener en su alma y nada pedía con tanta humildad y lágrimas como verse con ellos. ''[79]'' Oyó Dios su oración, y dióselos tan a la medida de sus deseos que parecían bien de su poderosa mano. En la cabeza, padeció tan excesivos dolores que ni podía comer, ni reposar los días que los tenía, ni aun abrir la boca para quexarse, siquiera para algun alivio, ni había médico que los entendiese, y duráronle catorce [315] años a temporadas, que continuos fuera imposible vivir con ellos. Dábale este mal de repente y así se le quitaba. A estos dolores sobrevinieron otros de estómago, de hijada, con tales congojas y trasudores que la habían de mudar hábito y túnica y toda la ropa de cama, cuatro o cinco veces al día. Eran estos sudores heladísimos y fríos y duraban veinte y treinta días continuos, y sobre todo esto, se le encogieron los brazos, las piernas, las rodillas, los pies, las manos, de suerte que nunca más los pudo abrir ni extender y con la gran fuerza de los dolores se le desconyuntaron todos sus miembros, de suerte que quedaron muchos dellos no solo tullidos y mancos, sino torcidos, contrahechos y desencasados de sus lugares, y desta misma suerte está hoy su cuerpo, como se dirá después.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Un día, siendo abadesa y hallándose muy fatigada del tropel de los trabajos que ya la amenazaban y con mucha flaqueza corporal por las graves enfermedades, levantó los ojos a una imagen de la Oración del Huerto que tenía cabe sí en la cabecera y con muchas lágrimas suplicó al Señor la ayudase en las persecuciones y trabajos que esperaba. Y estando en esta oración, oyó una voz que la dijo: “El Señor es contigo y quiere que padezcas grandes angustias y dolores y que los miembros de tu cuerpo sean tullidos y quebrantados, así como el pan en la era cuando le sacan el grano”. Y así estaba en sus enfermedades hecha un mar de dolores y un abismo de revelaciones, y queriendo el Señor regalarla más de veras y manifestar al mundo su gran paciencia, permitió viniese sobre ella una persecución que el demonio urdió, tomando por instrumento a alguna de sus mismas monjas. ''[80]'' Gran paciencia fue menester para pasar por esto, señaladamente atravesándose en ello muchas ofensas de Dios e ingratitudes a los grandes beneficios, así temporales como espirituales, que todo el convento había recibido por ella. Fue la ocasión que, habiendo el cardenal don fray Francisco Ximénez hecho gracia al convento del beneficio de Cubas, una persona que le pretendía procuró impetrarle en Roma, por muerte del que le poseía. Y aconsejaron a la sierva de Dios que procurase de Su Santidad confirmación perpetua de lo que el cardenal había concedido. Esto se hizo por medio de una persona devota del dicho convento y se impetró la bula, en virtud de la cual hoy poseen dicho beneficio, y en la [316] impetración desta bula se gastó alguna cantidad de dineros.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El hecho fue este, y las circunstancias que pudo haber en ello de tan poca advertencia que apenas se alcanzaban: ahora, fuese por haber sido sin consultar al perlado o por gastar aquel dinero sin su licencia o por haberles parecido a algunas que tanta santidad y tan rara como era la de aquella bendita perlada no era para sufrirle mucho tiempo, lo cierto es que la acusación e instancia que se hizo contra ella fue de manera que (permitiéndolo Dios para manifestar su paciencia) el prelado procedió a suspenderla y después a la privación de su oficio, en el cual puso a la vicaria que la había acusado. Y como la sierva de Dios estaba tan acreditada, diose con esto ocasión a que muchos hablasen del caso de muchas maneras poniendo duda en las grandes maravillas que de ella se decían. Pero como quiera que ello fuese, sacó Dios de ahí muy grandes provechos para gloria suya y alabanza de su sierva, porque no solo nos constó de su paciencia, sino de la gran quietud y serenidad de su conciencia en la gran quietud y alegría con que llevó este trabajo, juzgándose no solo digna d’él, sino de otros muchos mayores. Mostró también su ferviente caridad en lo mucho que rogaba a Dios por los que la perseguían, pues para la que más se señalaba en eso impetró perdón de su culpa por sus fervientes oraciones. ''[81]'' Porque, castigándola el Señor con pena temporal, murió poco despues de haber conseguido su pretensión en el oficio de perlada que había deseado, ordenándolo así el Señor, para que se vea cuán poco hay que anhelar por honras ni dignidades en esta vida, pues alcanzadas no pueden asegurarnos la vida, ni librar a sus poseedores de la muerte, que suele venir muchas veces codiciosa de honrarse con las personas que ve más honradas en la tierra. Pues a esta persona luego la salteó la muerte y, siendo fatigada de la última enfermedad, que fue dolor de costado muy fuerte, la sierva de Dios, sor Juana de la Cruz, rogó al Señor con mucha instancia por ella, con que le dio íntimo conocimiento de su culpa y así públicamente pidió della perdón con grandes lágrimas, y murió habiendo recibido los sacramentos y con grandes muestras de contrición y consuelo de las religiosas. ''[82]'' Poco antes que esto sucediese, mostró el Señor a esta su sierva el Infierno abierto y que salían d’él [317] para su convento infinitos demonios, en figuras de diversas bestias. Entonces con muchas lágrimas pidió a Nuestro Señor socorro y que echase de su casa aquella infernal canalla. Y oyéndola Su Majestad, envió ángeles que expeliesen los demonios, de lo cual, quedando la sierva de Dios por una parte consolada y por otra muy temerosa, juntó a sus monjas a capítulo y con muchas lágrimas las dijo: “Oh, hermanas, y qué trocado veo este palacio de la Virgen Nuestra Señora, que le solía ver lleno de ángeles y ahora le veo lleno de demonios. Mis pecados lo deben hacer y no los vuestros, emendemos nuestras vidas y procuremos ejercitarnos de veras en las virtudes y en especial en la caridad y humildad, que son las que más temen los demonios”. En este mismo tiempo, estando la sierva de Dios cercada de enfermedades y trabajos, se puso en oración delante de una imagen de la Oración del Huerto, pidiendo al Señor la ayudase, mirando su flaqueza y el tropel de los trabajos que la cercaban. Oyó el Señor su oración y quiso, para más consuelo de su sierva, hablarla en la misma imagen con voz dolorosa y triste diciendo: “Mi padre celestial, que no quiso revocar la sentencia de mi muerte aunque oré y lloré, no quiere que se revoque la que se ha dado contra ti, sino que se ejecute rigurosamente, para que, fatigada de todas maneras, goces el fruto de la paciencia”. Con esto la sierva de Dios quedó tan confortada que no solo rehusaba los trabajos, sino antes los pedía y anhelaba tras ellos.&lt;br /&gt;
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'''Cap. XVI. De cómo el ángel de su guarda mandó a la sierva de Dios que escribiese las cosas que el Señor le revelaba y de su gloriosa muerte'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Es la misericordia y caridad de Dios tanta que si hace a algunos siervos suyos tan especiales mercedes (como las vemos en esta sierva suya) no las hace para ellos solos, sino para que por medio dellos se aprovechen otros. Así lo afirmaba el apóstol san Pablo cuando decía: “Por eso [318] alcancé yo de mi Dios tan grandes misericordias, para que en mí primeramente mostrase toda paciencia, para información de aquellos que han de creer en él para la vida eterna”. ''[83]'' Pues las mercedes que Dios hizo a esta santa, a ese mismo fin iban encaminadas, y por eso el santo ángel de su guarda le mandó que escribiese las misericordias que Dios le hacía. ''[84]'' Mas ella por su grande humildad se encogía, para escribirlas y allegaba para no hacerlo, ya la poca salud, ya el estar tan gafa de las manos que apenas podía echar una firma. Y así le mandó el ángel que no escribiese más por su mano, sino que lo hiciese escribir por la de otra religiosa (que fue para ella no pequeño tormento), y rehusándolo, dijo a su ángel: “Señor, las mercedes que Dios me ha hecho (y las cosas que su hermosura me ha dicho) han sido todas en secreto, y escribiéndolas por mano ajena, no podrán dexar de publicarse”. Y así con este temor y del juicio de los hombres, como se había visto tan perseguida, dijo al ángel: “Señor, si por esto nos viniese algún mal a mis hermanas y a mí, ¿qué será de nosotras?”. “Dios cuida de ellas y de ti” (dijo el ángel), “no temas, sino haz lo que te mando, porque el Señor que obra estas maravillas en ti, las hace para bien de otros muchos y quiere se escriban y haya memoria dellas, donde no cesarán las mercedes que te hace y tus dolores y persecuciones se aumentarán más de lo que puedes pensar”. Ella, oyendo esto con humildad y temor, obedeció al ángel y comenzó a escribir por mano de otra religiosa, llamada sor María Evangelista, que, según es tradición del convento y consta por información hecha con testigos, no supo leer ni escribir hasta que milagrosamente le concedio el Señor esta gracia para escribir el libro del Conorte, como queda dicho. ''[85]'' Así escribió con mucho acierto la vida y milagros desta bendita virgen. Estos dos libros se han tenido y tienen en el convento como reliquias de mucha estima, valiéndose dellos contra tempestades y truenos y para muchas enfermedades. Viven aún hoy tres religiosas que conocieron a la que los escribió, y se lo oyeron decir muchas veces, y afirman que fue monja de santa vida muy penitente y de mucha oración y que, después de muerta, apareció a otra religiosa en la iglesia con mucho resplandor y con un libro de oro abierto en las manos que fue el que escribió de la beata Juana. Sentía mucho [319] la sierva de Dios ver que nunca se acababa lo que la monja escribía y cuán de asiento se procedía en su escritura. Por lo cual, poco antes que le diese la enfermedad de que murió, rogó al ángel de su guarda que se acontentase con lo escrito y no la obligase a más. Concedióselo y dijo: “Di a tu hermana que cese ya la pluma y no escriba más”. Consolose tanto con esta licencia que la tomó para decirle: “Señor, si las hermanas quisiesen, mucho consuelo sería para mí que se rompiese”. “Haz penitencia de ese atrevimiento” (dijo el ángel), “porque ofendiste a Dios con él”. Con esto se despidió el ángel y cesó la escritura. ''[86]''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Sobre muchas enfermedades que tenía, le envió Dios la última, que fue un muy recio mal de orina, de que estuvo apretada con gravísimos dolores y quince continuos días con esa pena. Tuvo en esta grave enfermedad singular paciencia y grandísimos raptos y familiares coloquios con su ángel. Habló de Dios altísimamente, cual el cisne cercano a la muerte suele cantar muy dulcemente. Y aunque en otras enfermedades no consintió que la curasen los médicos, en esta lo consintió instada por algunas señoras devotas que se lo rogaron. Ellos, viendo que crecía mucho la enfermedad y su flaqueza, la desahuciaron en las primeras visitas, mas ella, como virgen prudentísima, primero que se lo dixesen recibió el viático y la extrema unción y, tres días antes de su muerte, estando en un rapto que le duró dos horas, vio a los apóstoles san Felipe y Santiago y al ángel de su guarda que le dio la deseada nueva de su cercana muerte, la cual estaba ya por el altísimo Señor decretada. ''[87]'' Entonces la bendita virgen con excesivo gozo aceptó aquella sentencia, y rogó a los santos apóstoles que estaban presentes que la ayudasen a dar gracias al Señor por ella y le rogasen que no le revocase, sino que fuese aquella la definitiva sentencia. El día siguiente, cuando la vino a ver el médico, le rogó que no la hiciese más beneficios, porque la voluntad del Señor era llevarla ya desta vida. Esto se supo luego en Madrid y Toledo y muchas señoras (con licencia que tenían de entrar en el convento), deseando hallarse presentes a tan felice muerte, vinieron de muchas partes; y en especial la señora doña Isabel de Mendoza, señora de la villa de Casarrubios, esta fue de las primeras y se halló presente a las misericordias [320] y maravillas que Dios hizo a su sierva en aquella hora, que fueron para echar el sello a las muchas que la había hecho en su vida. Primeramente, viernes primero día de mayo, día de los apóstoles san Filipe y Santiago, estando la sierva de Dios en sus sentidos, vio con los ojos del cuerpo algunas visiones, de las cuales no quiso decir alguna a las monjas, aunque se lo rogaron muchas. La misma noche deste día dio una gran voz diciendo: “¡Ay de mí, ay de mí! ¡Cómo me he descuidado!”. Aquella noche se arrobó muchas veces y entrando en la agonía de la muerte, entró en la última batalla con el enemigo del género humano (como otro san Hilarión), según que lo echaron de ver los que se hallaron presentes, y se apareció en las cosas que decía. Porque unas veces callaba, otras respondía como si hablara con otra persona diciendo: “¡Oh, qué cruel espada! Téngale, téngale, no me mate con ella”. Y de allí a poco rato dijo: “llámenmela, llámenmela que se va”. Y preguntándola a quién quería que llamasen, dijo que a la bendita Madalena. [88] Sosegose un poco y volvió a decir con mucho afecto: “Vamos, madre de Dios, vamos, que es tarde”. Después de todo esto, dijo con notable ánimo y afecto: “Echadle de ahí, echadle de ahí”. Y fue que en este conflicto la desampararon los santos, permitiéndolo el Señor, para que a solas venciese en la muerte, al que había vencido tantas veces en vida. Todo el tiempo que duró este combate (que fue gran rato) se lamentaba mucho diciendo: “Oh, a qué mal tiempo mehabéis dejado”. Y después dijo: “Señor, ¿sola me dejaste?, pues echad de ahí a ese demonio, que no tiene parte en mí. Mal año para él”. Y vuelta a las religiosas dijo: “Hermanas, levántenme de aquí, daré a mi criador el alma”. Y de ahí a poco, como hablando con otras personas decía: “Búsquenmele, búsquenmele, a mi Señor Jesuchristo. Hálleme él a mí, y yo le hallaré a él. ¿Por qué me le habéis llevado? Dejadme, le iré yo a buscar, aunque estoy desconyuntada”. Preguntáronla las religiosas, a quién quería que le buscasen. Y dijo: “A mi Señor Jesuchristo”. “¿Pues dónde le hallaremos madre?” “En el huerto” (dijo ella) y como aquejada de mucho dolor, con gran sospiro dijo: “Oh, madre de Dios, Iesús qué crueldad, qué crueldad, sobrepuje Señor mío la misericordia a la justicia. ¡Jesús, y qué angustia!”. Y volviendo el rostro a las religiosas dijo muy congojada: “Ayudadme a rogar”. Y paró con [321] la palabra en la boca. Y las monjas muy afligidas dijeron: “¿Qué quiere madre que la ayudemos a rogar?”; respondió: “Que sobrepuje la misericordia a la justicia”. Tras lo cual, muy alegre, comenzó a decir: “Vamos, vamos”, “¡Oh, a qué punto!”, “¡oh, a qué punto!”. Y esto repetía muchas veces. El médico que asistía a su cabecera, viendo estas maravillas dijo: “Dichoso monasterio, que tal alma envías al Cielo, de donde te hará más favores que teniéndola en Tierra”, y respondió la santa: “Podría ser”. A todo esto había cuatro horas que estaba sin habla y tres días sin comer: entonces levantando la voz, volvió a decir: “Amigas mías, llevadme, llevadme luego”. Preguntáronla con quién hablaba y respondió que con las santas y vírgenes. Dijéronla: “Pues, ¿con quién ha de ir, madre?”, “Con Jesuchristo, mi esposo” (respondió). Y decía: “¿Por qué me escondéis a mi Señor y a mi Reina?”, oyendo esto las religiosas, le mostraron una imagen de Nuestra Señora, y adorándola dijo: “No es ella, volvedme, volvedme a mi reina y señora”. Y preguntándola si estaba allí la madre Dios, dijo: “Sí, y mis ángeles y mis santos”. Y dijo: “Vamos Señora mía, vamos”. Y tornó luego a decir con grande alegría: “Hacedle lugar aquí a mi lado, junto a mí”. Y de allí a poco dijo: “Oh, padre mío”, y pensaron las religiosas que hablaba con el padre san Francisco. Y aunque habían estado con la enferma velando toda la noche del sábado, no se les hizo un momento.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Llegada la mañana del día de santo Domingo, dijo: “Ea pues, dulce Jesús, vamos de aquí, Señor mío, vamos presto, mi redentor”. Entonces las religiosas, viendo que su consuelo se les acababa y su sol se les ponía, hicieron procesiones, oraciones y disciplinas, rogando al Señor no las privase de tanto bien y diese salud a su bendita madre. Besáronla todas la mano, y ella bendijo a las presentes y absentes y a todos sus devotos. Tornó luego a decir: “Vamos Señor, redentor mío, vamos de aquí”. Preguntáronla si estaba allí el Señor; dijo que sí, y también su santísima madre. Domingo de mañana llegó el médico a la enferma, diciendo: “Paréceme, madre, que se nos va; díganos ¿quién la acompaña en ese camino?”, “Mi Señora la Virgen María” (dijo ella) “y el ángel de mi guarda y mis ángeles y mis santos”. Púsose luego su rostro resplandeciente y hermoso, como cuando solía estar en los raptos, y habiendo tenido hasta aquel punto muy mal olor de boca, ''[89]'' causado de su [322] enfermedad, desde entonces salía della tal suavidad y fragancia que parecía cosa del Cielo, y de allí a un rato con nuevo fervor, como si hablara con otras personas, dijo: “Albricias, dadme albricias”. Esto hacía con tanta alegría, que juzgaron los que allí estaban que su celestial esposo adornaba ya aquella santa alma con las joyas de su desposorio. Quedó la bendita virgen llena de aquel suave olory su rostro muy resplandeciente y los labios encarnados como un coral, con una quietud y alegría admirable, y así estuvo sin hablar palabra, desde el sábado hasta el domingo después de vísperas, día de la Invención de la Cruz, en el mismo que nació, tomó hábito y profesó. Pues este dichoso día a las tres de la tarde, leyendo la Pasión, con un regocijo extraño dio su alma a su celestial esposo, año de 1534, a los cincuenta y tres de su edad, y los cuarenta de su conversión a la orden.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Quedaron los circunstantes admirados de la quietud y apacibilidad con que había acabado, habiéndole cesado para la hora de la muerte todos los dolores (que suelen en aquella hora apretar más los cordeles) y esto fue muchas horas antes de su dichoso tránsito. Una gran sierva de Dios llamada María de San Juan, que al mismo tiempo era religiosa en el convento de la Concepción de la ciudad de Almería, muy semejante en virtud y santidad a la santa Juana, y tan amigas las dos que con estar tan lejos se comunicaban en espíritu muchas veces, dijo que, cuatro días después de su muerte, la apareció la bendita sor Juana de la Cruz. ''[90]'' Cercada de algunos santos y ángeles, y admirada, preguntó al de su guarda cómo la aparecía tan mejorada y en tan diferente figura que otras veces, colocada en tan altos grados de gloria; respondió el ángel que estaba ya desatada de las ataduras del cuerpo. Y bajando aquella bendita alma, se abrazaron las dos y le dijo esta sierva del Señor: “¿Cómo, hermana, esto sin mí?”, “Sí, hermana” (respondió), “que se cumplió la voluntad del poderoso Señor y ha cuatro días que salí de la vida mortal, donde tuve mi purgatorio, y dos días antes que expirase, comenzó mi ánima a sentir el gozo de la bienaventuranza y a tener prendas de la gloria”. Cuando se tuvo noticia de esta revelación, se entendió mejor la causa de la mudanza de la sierva del Señor dos horas antes de su muerte.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[323]&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Cap. XVII. De algunos milagros que acaecieron después de su dichosa muerte y de la incorruptibilidad y entereza de su cuerpo'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Luego como esta gran sierva de Dios pasó desta vida, fue tan grande el concurso de la gente que venían para ver y venerar sus santos cuerpos, que pareció (a los religiosos que trataban de su sepultura) convenía que se sacase en procesión fuera del convento, para satisfacer a la devoción de todos. Y un tullido del todo llegando a tocar el santo cuerpo y a besar el hábito, quedó luego sano y dejó allí dos muletas con que andaba. ''[91]'' También una religiosa enferma que tenía una hinchazón muy grande y muchos dolores, tocando el cuerpo difunto, sanó. Lo mismo acaeció a otro hombre, que padecía gran dolor de muelas. Tornando la procesión al convento, hallaron mensajeros de grandes personas con cartas que pedían se dilatase el entierro hasta que llegasen, que ya venían, y así le tuvieron cinco días sin enterrar, saliendo siempre del cuerpo aquel suavísimo olor que dijimos. Fue la gente que vino de Madrid y Toledo y de otras partes tanta que cubría los caminos, los campos, por lo cual, y porque la inquietud era grande y determinaron que se entregase a la tierra aquel precioso tesoro, enterráronle sin ataud, ni otra defensa que pudiese conservarle entero; antes después de cubierto de tierra, echaron sobre él cantidad de agua para allanar la tierra, y fue cosa notable que depués de haber estado debajo de la tierra siete años aquel santo cuerpo, y después (a instancia grande de personas muchas y muy principales) transladándole (para lo cual se fabricó un arco al lado derecho de la capilla mayor, en el altar que divide la capilla mayor del claustro) preparado todo lo necesario, se abrió la sepultura, creyendo estaría el cuerpo ya resuelto, y se halló tan entero, tan fresco y con tan lindo olor como cuando fue sepultado. ''[92]'' Espantados desto, creció la devoción, y el hábito con que fue enterrada, se partieron pedazos, y le vistieron otro de damasco pardo, y colocándola con mucha veneración en la dicha sepultura, se le puso [324] con dos rejas de hierro fuertes y doradas y una lámpara de plata que arde delante del santo cuerpo, donde está muy venerado de todos los que de muy lejanas tierras vienen a visitarle, y tienen allí sus novenas. Y el día que murió, celebra con gran devoción fiesta la villa de Cubas y vienen en procesión al dicho convento, con otros lugares de la comarca, ''[93]'' y dicen la misa mayor delante del mismo cuerpo, en un altar portátil que se pone para este efecto, y se predican las excelencias desta gran sierva de Dios, y da la villa caridad de pan y vino y queso a innumerable gente que allí se llega. Y creciendo la devoción, por particulares beneficios que por la sierva de Dios muchos han recibido, le han ofrecido nueve lámparas de plata que arden de día y de noche delante de su cuerpo, con que está muy venerado. Después de la dicha translación, no consta que la dicha caja se haya abierto, hasta el año de 1552, cuando ajuntándose mucha gente principal en procesión, se abrió, y fue hallado entero con tan buen olor como la primera vez, de lo cual se hizo acto público y está guardado en dicho convento, y lo mismo se ve en el día de hoy y, en diferentes visuras que se han hecho, se ha hallado estar de la misma manera.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
La primera vez que en este tiempo le descubrieron sucedieron algunas cosas bien dignas de memoria. El año de 1602 vino a Madrid el reverendísimo padre fray Francisco de Sosa, Ministro General de toda nuestra sagrada religión, y después de haber estado allí algunos días, partió a Toledo, y en el camino acordó de entrar en el convento de Santa Cruz de Cubas, donde fue recibido con la solemnidad que se acostumbran recibir los Generales, y entrando en el monasterio, y hecha plática espiritual a las religiosas en el coro, fue a la enfermería, donde había una religiosa muy anciana, la cual se había hallado a la última translación que se hizo del cuerpo de la beata sor Juana, y relatando al Padre General las cosas que habían acaecido en ella, le dio deseo de ver el santo cuerpo, lo cual se puso en obra con toda la diligencia posible, y abierto el ataúd, hallaron el santo cuerpo tan entero y fresco como las otras veces que le habían descubierto. ''[94]'' Estaba la sierva de Dios vestida de un hábito de damasco pardo, con dos tocas muy blancas en la cabeza, porque cuando murió no llevaban velo negro las monjas. Tenía una cruz en las [325] manos, y una sarta pequeña de naranjillas al cuello y todos con gran consolación y muchas lágrimas veneraron el santo cuerpo y le llegaron a la reja, para que la gente que allí estaba le viese, que no fue poca maravilla ajuntarse tanta gente en pocas horas que estuvo la iglesia llena, como si se hubiera publicado muchos días antes en toda la comarca. El Padre General quitó la toca de sierva de Dios y las naranjillas que tenía al cuello y lo repartió entre los frayles y monjas, y tomando de una de las circunstantes su velo y otra sarta de cuentas, se lo puso a la beata Juana. Y sucedió otra cosa el mismo día también maravillosa, y fue que quitando el Padre General al dicho cuerpo el dedo meñique de un pie, constó después que había salido sangre d’él, como se vio en la ropa que tenía vestida, aunque entonces no se advirtió en ello, ''[95]'' porque el dicho Padre General quitó el dedo con secreto tirando d’él con la mano. Después acá se ha tornado a abrir el arca varias veces, continuando el testimonio de la incorruptibilidad del dicho cuerpo, el cual se guarda en dicho monasterio, para la gloria de Dios y honra de su santa.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
===Notas===&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[1]'' Al margen izquierdo: “El rey Felipo Tercero mandó que dicho libro revisto saliese otra vez”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[2]'' Al margen derecho: “Vino al mundo por petición de la santísima Virgen nuestra Señora.”&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[3]'' Al margen derecho: “Cuéntase el aparecimiento de nuestra Señora a la pastorcica Inés”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[4]'' Al margen derecho: “Edificose convento de monjas de la 3ª orden donde tomó el hábito y fue abadesa Inés.”&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[5]'' Al margen izquierdo: “Luego en naciendo dio muestras de santidad.”&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[6]'' Al margen derecho: “Aparécesele el ángel de su guarda.”&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[7]'' Al margen derecho: “Veía en la hostia a Christo nuestro Señor.”&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[8]'' Al margen izquierdo: “Tuvo revelación de la santidad de sor Juana”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[9]'' Al margen izquierdo: “No quiso ser monja donde tuviese parienta”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[10]'' Al margen derecho: “Las asperezas que hacía”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[11]'' Al margen derecho: “Los cilicios que traía”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[12]'' Al margen derecho: “En qué ejercicios pasaba las noches”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[13]'' Al margen izquierdo: “Aparécese la Virgen santísima con su hijo”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[14]'' Al margen izquierdo: “Aparece el Señor y le promete de traerla a la religión”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[15]'' Al margen izquierdo: “Vase al convento de santa Cruz en hábito de varón”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[16]'' Al margen izquierdo: “Háblale el ángel de su guarda”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[17]''  Al margen derecho: “Pide el hábito a la abadesa”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[18]'' Al margen derecho: “Vístenla el hábito a 3 de mayo”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[19]'' Al margen izquierdo: “Perseguían y azotábanla los demonios”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[20]'' Al margen izquierdo: “Cúrala el ángel de su guarda”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[21]'' Al margen izquierdo: “Psal. 138”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[22]'' Al margen izquierdo: “Tract. 24 in Ioan”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[23]'' Al margen derecho: “El modo como se desposó Christo con la santa”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[24]'' Al margen derecho: “Cómo se había con la santa comunión”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[25]'' Al margen derecho: “Cómo comulgaba espiritualmente”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[26]'' Al margen izquierdo: “De las maravillas que le acaecieron comulgando”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[27]'' Al margen izquierdo: “Abriose la pared para que viese el Santísimo Sacramento”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[28]'' Al margen derecho: “Los ángeles le trajeron una hostia consagrada”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[29]'' Al margen derecho: “Trataba con los ángeles como un amigo con otro”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[30]'' Al margen derecho: “Como se llamaba su ángel custodio”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[31]'' Al margen derecho: “Nota que los ángeles no son corpóreos”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[32]'' Al margen derecho: “S. Tho. 1. p. quart. 50, art. 1”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[33]'' Al margen izquierdo: “Trata sus desconsuelos con el ángel”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[34]'' Al margen izquierdo: “Fue devotísima de san Antonio de Padua y se la apareció”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[35]'' Al margen derecho: “Lo que se alegraron las monjas de verla abadesa”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[36]'' Al margen izquierdo: “El ángel de su guarda la enseñaba lo que había de hacer”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[37]'' Al margen izquierdo: “Por su intercesión fue una alma librada del purgatorio”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[38]'' Al margen derecho: “Resucita a una niña muerta”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[39]'' Al margen derecho: “Sanó a una enferma de dolor de costado”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[40]'' Al margen izquierdo: “Sanó a otros enfermos”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[41]'' Al margen derecho: “La razón por que son tan estimadas sus cuentas”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[42]'' Al margen derecho: “Exo. 16.2. Maca. 15”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[43]'' Al margen derecho: “Surio tom. 3. S. Ant. 3, p. hist. tit. 24, c. 13. Aquilino lib. 1.c.25. Pedro Sánchez li.del Reybo de Dios ca. 4. nu 34. Tritemio in Compen. Anna li. 1p.2”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[44]'' Al margen izquierdo: “Ludovicus Viu ildus lib. de laudibus tri Liriorum Francia”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[45]'' Al margen izquierdo: “Monarch. Ecclesiast. 2. p. li. 26. ca. 7. S. 4”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[46]'' Al margen izquierdo: “Piden las monjas que alcance de Dios algunas gracias para sus rosarios”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[47]'' Al margen derecho: “Son llevadas las cuentas al Cielo por el Ángel”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[48]'' Al margen derecho: “El Ángel vuelve las cuentas benditas”&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[49]'' Al margen izquierdo: “Virtudes de las cuentas”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[50]'' Al margen izquierdo: “Estimaron estas cuentas Philipo II y III y la reina su mujer. Clemente octavo llevó consigo una cuenta”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[51]'' Puñonrostro en su forma actual.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[52]'' Al margen izquierdo: “Testimonio de dos santos religiosos acerca de las cuentas”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[53]'' Al margen derecho: “Contra demonios”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[54]'' Al margen derecho: “Las cuentas tocadas a las originales, tienen la misma virtud que ellas”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[55]'' Al margen izquierdo: “Notable milagro de las cuentas tocadas contra demonios”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[56]'' Al margen izquierdo: “Aparece el demonio en figura de Christo crucificado”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[57]'' Al margen izquierdo: “Isaía 6”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[58]'' Al margen derecho: “Visitola S. Bárbara”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[59]'' Al margen derecho: “ Apareces el alma de un niño”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[60]'' Al margen izquierdo: “Vee a Christo y a su madre y alcanza favores para una imagen suya”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[61]'' Al margen derecho: “Revelación de la Resurrección”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[62]'' Al margen derecho: “Declaraba lugares de Escrituras”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[63]'' Al margen izquierdo: “Libra del demonio una niña de siete meses”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[64]'' Al margen izquierdo: “Math. 10”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[65]'' Al margen derecho: “Luca 21”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[66]'' Al margen derecho: “Hablaba diferentes lenguas”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[67]'' Al margen derecho: “Una monja que no sabía leer, ni escribir, escribió sus sermones”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[68]'' Al margen izquierdo: “Llagola el Señor en los pies y las manos, con las señales de su Pasión”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[69]'' Al margen derecho: “Fuele mostrado el martirio de san Acacio y sus compañeros”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[70]'' Al margen izquierdo: “Aparece Christo y habla con ella”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[71]'' Al margen derecho: “Sanola el apostol san Pedro de la sordez”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[72]'' Ilegible. Este fragmento es ilegible en este ejemplar. El mismo pasaje lo recoge el P. Daza en su biografía y reza lo siguiente: “era esta ánima de una gran señora de Castilla (que poco antes avía muerto) la qual dixo a la beata Juana, que por quanto sus penas eran grandísimas, le rogava la encomendase a Dios”. Daza, A., ''Historia, vida y milagros, éxtasis y revelaciones de la bienaventurada santa Juana de la Cruz, de la Tercera orden de nuestro Seráfico Padre san Francisco'' (Lérida, Luis Marescal, 1613, fols. 174v-175r).&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[73]'' Ilegible. Mancha en el documento.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[74]'' Ilegible. Mancha en el documento.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[75]'' Al margen izquierdo: “Vio padecer el alma de un prelado”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[76]'' Al margen izquierdo: “Aparécesele una alma en figura muy formidable”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[77]'' Al margen derecho: “Por su intercesión es librada un alma de purgatorio”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[78]'' Al margen izquierdo: “Vee a la reina del Cielo acompañada de muchos santos que van al purgatorio”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[79]'' Al margen izquierdo: “Padecía excesivos dolores en todo el cuerpo”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[80]'' Al margen derecho: “Mostró su grande paciencia en una persecución”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[81]'' Al margen izquierdo: “Mostró su ferviente charidad, rogando por quien la perseguía”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[82]'' Al margen izquierdo: “Vio el infierno abierto”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[83]'' Al margen derecho: “I. ad Timot. 1”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[84]'' Al margen izquierdo: “Mándale el Ángel que escriba las misericordias que Dios le hacía”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[85]'' Al margen derecho: “Escribió su vida una religiosa que no sabía leer ni escribir”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[86]'' Al margen derecho: “Pide al Ángel que se rompa la escritura de su vida”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[87]'' Al margen derecho: “Aparécele antes de su muerte san Felipe y Santiago y el Ángel le anuncia la muerte”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[88]'' Al margen izquierdo: “Vio a la madre de Dios y a la Madalena”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[89]'' Al margen derecho: “El mal olor de la boca se le convierte en bueno”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[90]'' Al margen izquierdo: “Aparece cuatro días después de su muerte a una religiosa”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[91]'' Al margen derecho: “Un tullido sana tocando su cuerpo y otros enfermos”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[92]'' Al margen derecho: “Es hallado su cuerpo incorrupto después de 7 años”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[93]'' Al margen izquierdo: “Celebra fiesta la villa de Cubas el día que murió”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[94]'' Al margen izquierdo: “El reverendísimo fray Francisco de Sola, ministro General, abrió el arca y halló el cuerpo incorrupto”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[95]'' Al margen derecho: “Sale sangre cortándole un dedo del pie”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
= Vida impresa (9)=&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Ed. de [https://visionarias.es/equipo/marta-amoros-tenorio/ Marta Amorós Tenório]; fecha de edición: enero de 2026.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
== Fuente ==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[[Archivo:Portada1613.jpg|250px|right|link=]]&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[http://catalogodesantasvivas.visionarias.es/index.php/Categor%C3%ADa:Antonio_Daza Daza, Antonio], 1613.'' Historia, vida y milagros, éxtasis y revelaciones de la bienaventurada virgen sor Juana de la Cruz, de la Tercera Orden de nuestro seráfico padre San Francisco''. Madrid: Luis Sánchez.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[[Contexto material del impreso Historia, vida y milagros, éxtasis y revelaciones de la bienaventurada virgen santa Juana de la Cruz, de la Tercera Orden de nuestro seráfico padre San Francisco, de 1613]].&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==Criterios de edición==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Se unifican estilo, efecto y tamaño de letra para títulos de los distintos preliminares y otros paratextos, así como de los capítulos del texto central. Se aplican reglas ortográficas en relación con títulos, términos en latín y destacado de palabras conforme a las normas actuales de la Ortografía de la RAE.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Indico la foliación y/o signatura tipográfica expresada en el texto base o reconstruida atendiendo a su continuación lógica, añadiendo, cuando se trate de folios y no de páginas, si se trata del recto o del vuelto. Para una mejor comprensión de esta cuestión, véase la ficha bibliográfica de la obra.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Después de la biografía y los paratextos finales, conforme a los criterios generales de edición del Catálogo, se añaden las aclaraciones necesarias, junto con la edición de las notas marginales del texto referidas a fuentes y las que sirven de guía. En la presente edición, sin embargo, aquellas notas que glosen el contenido del cuerpo del texto base, aportando otro tipo de aclaraciones (por ejemplo, de carácter doctrinal o teológico), se indicarán entre paréntesis y en cursiva en el cuerpo del texto; al final se explicitará su ubicación original. Así pues, las notas propias se distinguirán de las del texto editado porque las primeras resaltarán siempre en negrita la parte del texto que se anota.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==Vida de Juana de la Cruz==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Vida en disponible en: ''[[Historia, vida y milagros, éxtasis y revelaciones de la bienaventurada virgen sor Juana de la Cruz]], de la Tercera Orden de nuestro seráfico padre San Francisco''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
= Vida impresa (10)=&lt;br /&gt;
Edición y traducción de [https://visionarias.es/equipo/aitor-boada-benito/ Aitor Boada Benito]; fecha de edición: abril de 2025.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
== Fuente ==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
* [http://catalogodesantasvivas.visionarias.es/index.php/Categor%C3%ADa:Luca_Waddingo Waddingo, Fr. Luca], 1654. ''Annales minorum in quibus res omnes trium ordinem a S. Francisco institorum ex fide ponderosius afferuntur, calumniae refelluntur…'', tomo VIII, Romae, Ex Typographia Joannis Petri Collinii, pp. 568-579.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Vida en latín disponible en: [[Annales minorum in quibus res omnes trium ordinem a S. Francisco institorum ex fide ponderosius afferuntur, calumniae refelluntur…]]&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[[Contexto material del impreso Annales minorum in quibus res omnes trium ordinem a S. Francisco institorum ex fide ponderosius afferuntur, calumniae refelluntur…]].&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==Criterios de traducción==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
La traducción ha seguido los siguientes criterios:&lt;br /&gt;
* Los nombres propios y topónimos se presentan en su forma moderna (p. e. “arzobispo Cramner” [568], “Almería” [577], etc.).&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
* La numeración de los capítulos y la separación de párrafos siguen las del manuscrito.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==Vida de Juana de la Cruz==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[568] Año de Cristo 1534. Año 16 del emperador Carlos V. Año 11 de Clemente VII. Año 327 de la Reelección de Minerva.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''XXXIX'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Ese mismo año falleció la religiosa Juana de la Cruz, española, en el monasterio de Santa María de la Cruz, cerca del pueblo de Cubas, en la diócesis de Toledo, de cuya fundación hemos hablado antes. Prometimos narrar la vida y hazañas de esta virgen, célebre entre los españoles y extranjeros. El monasterio había caído en una profunda crisis debido a la desafortunada gestión de Inés, su fundadora y primera abadesa, aunque con el tiempo se arrepintió por gracia de Dios. La Virgen María quiso que Juana fuera la restauradora de esta casa. Nació en una humilde aldea de la ya mencionada diócesis, en el hogar de Juan Vázquez y Catalina Gutiérrez, devotos campesinos. Desde su concepción, Dios la llenó de dones y gracias, pues parecía haber sido llamada desde el vientre materno para su servicio [69] divino. De hecho, no había nacido aún cuando ya comenzaba a abundar en dones celestiales. Antes del uso de razón, no buscaba el pecho materno en los días de viernes, tenía visiones celestiales y era liberada de males y enfermedades, a veces por el favor de la bienaventurada Virgen María, a veces por san Bartolomé. A los cuatro años, vio la gloria del Paraíso, a Cristo niño bajo las especies sacramentales y al ángel que le había sido destinado como custodio. Al hacerse mayor, no se dedicaba a juegos propios de niñas, no hacía nada indecoroso, no pronunciaba palabra ociosa, sino que, siempre entregada a la oración, mantenía conversaciones sobre lo divino. A los siete años, tras la reciente muerte de su madre, decidió, junto con su piadosa tía aún joven, ingresar en el monasterio real de Santo Domingo en Toledo. Pero Dios, que la quería como restauradora de Cubas, lo impidió dos y tres veces, y frustró las artimañas de las monjas que querían capturarla con engaños. Trasladada a la casa de los tíos, administraba los asuntos domésticos con suma prudencia y castigaba su cuerpo con admirable penitencia. Se cubría con un áspero cilicio tejido por ella misma, se flagelaba con dureza, debilitaba su cuerpo con continuos ayunos a pan y agua, a veces sin comer nada durante tres días. En las noches más frías, salía de su lecho y, cubierta solo con un cilicio, prolongaba su oración ante la imagen de Cristo hasta el amanecer.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''XL'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Acostumbrada a las visiones divinas, vio a los serafines vertiendo, en vasos de oro, las aguas de los beneficios celestiales; a Cristo en distintos momentos sufriendo diversos tormentos de la Pasión; a la Virgen María llevando en sus brazos al Niño Jesús y mirándolo con ojos de amor. Estos favores celestiales encendían aún más en ella el deseo de la vida monástica, que anhelaba ardientemente para poder recibir más libremente las misiones divinas, libre de las preocupaciones del mundo. Con el mayor afecto que le era posible, suplicaba ante la imagen de Cristo, que llaman la Verónica y que siempre llevaba consigo, para que finalmente le concediera esta gracia. Entonces, Cristo, apareciéndosele bajo esa misma imagen, le dijo que la tomaría como esposa. Aunque muchas veces intentó alcanzar lo que con tanto empeño deseaba, su padre y sus tíos se lo impidieron. Finalmente, con ánimo viril, decidió eliminar todos los obstáculos y, despreciando la autoridad de quienes se oponían, se cubrió con vestiduras de varón, se armó con una espada y salió cautelosamente de su casa, emprendiendo el camino hacia el monasterio de Cubas, que distaba dos leguas. Satanás se presentó de inmediato para interrumpir su camino y, mostrándole muchos peligros y dificultades, la llenó de temor y la hizo desfallecer de ánimo. Cayendo a tierra, escuchó tres veces una voz del cielo que le decía: “Sé valiente, continúa el camino emprendido, Dios será tu ayuda”. Aunque en ese momento no vio a nadie, más tarde supo que aquel que la había animado era su Ángel Custodio, que la fortalecía en su debilidad. Poco después de avanzar, vio que la seguía un joven de Illescas montado a caballo, que con frecuencia había pedido a su padre que se la concediera por esposa. Aterrorizada por tal peligro, invocó la ayuda de Dios y se desvió un poco del camino hasta que el pretendiente pasó de largo. Arrodillada, dio gracias por el favor recibido y rogó a la Madre de Dios que le fuera propicia en su viaje hacia la casa de su Señor. [Entonces] se le apareció la Santísima Virgen, animándola a tener buen ánimo y asegurándole que sería la restauradora de aquella casa. Cuando llegó al templo del monasterio, retomó sus vestiduras femeninas, que llevaba consigo envueltas en un fardo. Luego, acercándose a la puerta del convento, al ver la imagen de la bienaventurada Virgen colocada en lo alto, oró para que hiciera próspero su deseo. Recibió la respuesta de que todo le iría bien. La Virgen se alegraba de su llegada y le concedió el poder de renovar aquella casa, subsanando errores, eliminando abusos, estableciendo leyes justas y cultivando virtudes. Animada por estos favores, con gran confianza se dirigió a la abadesa, le relató el curso de su vida y de su viaje, y le pidió ser admitida en la comunidad de las hermanas. Tras consultar con ellas y con el ministro provincial –que, habiéndose ido de allí [es decir, Cubas], ya estaba de vuelta desde hace poco por disposición de Dios–, fue aceptada con la aprobación de todos, aunque con gran oposición de su padre y de sus tíos, que se presentaron [allí] antes de que ella ingresara en el monasterio.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''XLI'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Una vez alcanzado su deseo, abrazó con el máximo fervor la vida monástica. Se impuso a sí misma un silencio perpetuo, la máxima abstinencia posible, admirables formas de penitencia, un sueño brevísimo, vestiduras humildes, el desprecio de sí misma, y hallaba consuelo en los trabajos y en las labores manuales. En todo consideraba por [579] quién y para quiénes trabajaba. No obstante, siempre siguió la vida común, sin emprender nada singular que no fuera aprobado por el juicio de la priora o del confesor.  Una vez, se acercó a este último, consumida por el dolor y las lágrimas porque, estando acostumbrada desde la infancia a ver a Cristo en la comunión sacramental, en la última ocasión no lo había visto. Con una asombrosa simplicidad, creía que todos los que recibían el sacramento de la Eucaristía veían a Cristo corporalmente y que, por lo tanto, se le había negado esta gracia, bien por alguna culpa suya, bien por algún defecto del sacerdote en la consagración. El confesor, actuando como padre y consolador, le explicó que debía considerar aquello como un beneficio, pues el Señor a veces se oculta y retira sus favores para que sean buscados con mayor ardor y para que quienes los reciben en tal abundancia se humillen ante Dios. Pues, así como a Pablo le fue dado un aguijón en la carne y un ángel de Satanás que lo golpeara, para que la grandeza de sus revelaciones no lo enalteciera, de la misma manera Dios priva a sus elegidos de ciertos dones para fortalecerlos en la humildad.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''XLII'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Justo después de emitir solemnemente su profesión —en la que quiso llamarse “de la santa Cruz”, tanto porque el monasterio se llamaba Santa María de la Cruz como porque había nacido el día de la Invención de la Santa Cruz—, comenzó a florecer con una virtud aún más robusta y a brillar con una santidad más evidente. Dios confirmó esto con muchas y grandes señales. Un vaso de alfarero, roto por descuido, fue completamente restaurado por sus oraciones. Una monja fue sanada, primero de una fiebre terciana y luego de un peligroso tumor en el pecho gracias a sus méritos. Una joven, afligida por una dolencia en el corazón, fue liberada cuando ella le impuso las manos. Siendo encargada del hospital, atendía a las enfermas con una caridad increíble. En ocasiones, pedía a Dios que le transfiriera sus enfermedades, y era escuchada. Por más vil o impuro que fuera, en este ejercicio de amor religioso no rechazaba nada. Más tarde, al ser trasladada al oficio de portera y encargada de la rueda del torno, ejercitó con frecuencia la virtud de la paciencia, tanto por la dureza de aquel tipo de servicio como por la autoridad de su compañera mayor, que le daba órdenes con un modo de proceder poco prudente. Pero ella, en todo muy obediente, jamás se resistió a los mandatos ni respondió con impaciencia, sino que, con la mayor humildad, terminaba todo rápidamente. Por ello, mereció tener a Cristo como su alentador con frecuencia y verlo bajo la apariencia de un niño. En una ocasión, la bienaventurada Virgen María lo tomó de sus brazos y la invitó a un jardín, donde, disfrutando de la conversación de la Madre y el Hijo, fue llamada por el repique de una campana a la puerta. Tras cumplir su deber, regresó y los encontró todavía esperándola, alabando su virtud de obediencia, y enseñándole así que a veces es necesario dejar a Dios por Dios. Por el resplandor del amor divino se iluminaba su rostro, y sus hermanas comprendieron que había tenido visiones celestiales. En otra ocasión, mientras trabajaba en la sala común, fue arrebatada en éxtasis y mereció recibir a Cristo de las manos de su Madre. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''XLIII'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Ardía de tal deseo que deseaba recibir todos los días el santísimo Sacramento de la Eucaristía, pero, por la debida reverencia y humildad, se abstuvo, contentándose con aquellos que su confesor le indicaba. Los otros [días] lo [el sacramento] recibía espiritualmente con su afecto interno, y al hacer voto de comer ese pan celestial, sentía el fruto y la utilidad de este, a través de una fe viva que obra por el amor. Al oír la campanilla anunciando la hostia para la adoración, a la que el sacerdote se disponía a elevar, acudió rápidamente para venerarla. Pero, cuando intentó llegar al altar desde donde poder contemplarla, no pudo llegar a tiempo. Entonces, inclinándose en el suelo con el deseo de adorar lo que no podía ver con los ojos, de repente, por una gran grieta en la pared, le fue permitido ver claramente lo que deseaba venerar con devoción; aún permanecen señales de esa grieta. Como un milagro aún mayor, desde las dependencias del monasterio, a través de tres o cuatro paredes, veía y adoraba el mismo objeto divino que Dios, accediendo a los votos de su esposa, le mostraba. A un hombre que moría en pecado, sin saberlo el párroco, administró la santa comida para el viático, pero rápidamente falleció. Los ángeles, llevándolo por su boca impura, lo acercaron a la habitación de Juana y lo colocaron en un lugar adecuado. El ángel custodio reveló este asunto a Juana. Ella, al regresar de un largo éxtasis, recibió la santa comunión de manera piadosa y reverente, tal como el ángel le había ordenado. Este hecho lo relata con mayor detalle Pedro Navarro haciendo uso de notables testimonios.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[571]&lt;br /&gt;
'''XLIV'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Es un gran beneficio de Dios hacia la virgen el que haya designado para su custodia a uno de los supremos espíritus. Este, como protector de grandes y eminentes santos, cuidaba de ella con tanto esmero, tanto amor y prontitud, apartando el daño tanto del cuerpo como del alma, asistiendo a quien lo invocaba, renovando con consuelos celestiales, de tal modo que en las necesidades se mostraba como un padre, en las tribulaciones como refugio, en las dudas como maestro, en la tristeza como lenitivo, y finalmente, en todo, parecía estar dispuesto a cumplir con su deseo. A menudo se le aparecía bajo diversas y preciosísimas formas, y revelaba secretos celestiales; cuidaba de los asuntos del monasterio de sus amigas y hermanas de tal modo que los beneficios que le proporcionaba a ella eran evidentes para sus compañeras, quienes se le entregaban completamente y se encomendaban a su custodio y a sí mismas [redactar mejor, no sé si esto tiene sentido]. También tuvo conversaciones familiares con otros ángeles, especialmente con los custodios de sus hermanas del monasterio. A través de sus apariciones, y de los rostros tristes o alegres, podía reconocer en qué aspectos algunas fallaban y en cuáles otras progresaban. De ellos aprendió muchas enseñanzas santas y salutíferas, con las cuales instruía a las monjas del monasterio mientras las dirigía. A menudo era transportada en el aire, disfrutando de los deleites celestiales, de los cuales recibía además conocimiento sobre lo que ocurría entre las hermanas del monasterio. Su Custodio le reveló lo que más deseaba: la causa y la secuencia de la batalla de los ángeles, la victoria de los buenos, la caída de los malvados, y su castigo final a través de diversas regiones sublunares.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''XLV'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Frecuentemente, se le veía arrebatada y elevada por encima de sí misma, y en tales momentos de alienación sensorial veía glorias y triunfos celestiales, experimentaba los más dulces afectos del corazón y resplandecía con el rostro más hermoso. Una vez, ocurrió que en un éxtasis muy fuerte fue arrebatada de forma violenta: su rostro palideció, los ojos se apagaron, los labios se oscurecieron, los dientes rechinaban, los brazos caían, y no se veía nada en su cuerpo sin sufrimiento. Cuando volvió en sí, y al ser interpelada varias veces para que explicara la causa de tan dolorosa transformación, dijo que entonces le fue revelado cuántos y qué tipos de penas, tribulaciones y persecuciones debían sufrir tanto los espíritus impuros como los hombres malvados; que, al recordar tales tormentos, se sintió tan aterrada que perdió el juicio y su cuerpo entero fue arrebatado por el dolor.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''XLVI'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Daba respuestas muy prudentes y consejos muy saludables a todos los que pedían remedios para males tanto espirituales como corporales. Desde todas partes acudían a ella como si fuera un oráculo celestial, pero ella nunca los pronunciaba sin consultar primero a su custodio y maestro. De él aprendía las necesidades, cualidades y disposiciones del cuerpo y del alma de todos los que acudían a ella. Él, al revelarle los pensamientos de las personas, le permitía saber lo que sucedía con aquellos que, desde lejos, se encomendaban a ella. Cuando él la llevaba, se aparecía a los enfermos y a los que estaban en peligro y los liberaba de las adversidades. Con su ayuda, superaba las constricciones de las tinieblas, ya fuera para ella o para otros que se oponían. Trece años después de que quedara muda durante varios meses, hablaba en éxtasis en diversas lenguas, explicaba pasajes difíciles de las Escrituras y revelaba muchos misterios, pronunciando sermones muy instruidos –cuyo volumen completo aún existe– que duraban hasta la segunda o tercera hora. Para escuchar esos sermones, acudía una gran multitud de personas de toda clase, y entre ellas muchos héroes, príncipes, prelados, obispos, el cardenal Francisco Jiménez, el gran duque Gonzalo Fernández de Córdoba, y el mismo Carlos &amp;lt;César Augusto&amp;gt; ''[1]''. Todos eran admitidos a la presencia de la extática (pues aún no se había introducido el régimen de las monjas recluidas), y a cada uno de ellos, aunque no los viera, les decía lo que era apropiado para su condición y los males que padecían. Sus palabras penetraban en lo más íntimo del corazón, y no hubo nadie que no se sintiera apelado a cambiar sus costumbres.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''XLVII'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Muchos quisieron poner a prueba si estos éxtasis y sermones venían de Dios. Fue enviado un Inquisidor de la fe a Toledo, disfrazado, y escuchó a la predicadora en éxtasis. Habló de tal manera que conmovió al hombre y este, a mitad del sermón, se arrodilló. Con ese gesto, envuelto en lágrimas, escuchó el resto. Después, al regresar en sí, habló con ella [572] sobre asuntos concernientes al alma, y se despidió de ella recomendando con fervor sus oraciones. Otros, deseando saber imprudentemente si realmente se estaba transformando o si tales éxtasis eran falsificados, realizaron investigaciones que ofendieron a la virgen. Cierta heroína, estando cerca de la cama, mientras Juana predicaba en éxtasis, le clavó una gran aguja en la nuca, que le atravesó el cráneo. La virgen, inmóvil y sin sentir nada, continuó predicando. Al regresar en sí, entonces comenzó a sentir dolor, y pareció que la sangre se derramaba por su cuello. En otro sermón, un eclesiástico de gran renombre la agarró violentamente por el brazo para sacarla del éxtasis. Sin embargo, no sirvió de nada, pues ella permaneció inmóvil y continuó su discurso. Ante tal multitud y las investigaciones indiscretas de algunos, el provincial de la provincia de Castilla, cuyo monasterio dependía [de esa región], ordenó que no fuera aceptado que nadie viera a la predicadora. Así se hizo. Pero, mientras una de las hermanas se acercaba a la puerta de la celda para escuchar lo que decía y miraba por las rendijas, vio muchas aves con los picos alzados, como si escucharan lo que decía. Cuando llamaron a otras que vieron lo mismo, se concluyó que Dios quería que escucharan las personas cuya ausencia las aves suplían. Tras probarse ante la superiora, se permitió escuchar.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''XLVIII'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El provincial, originario de Cantabria, quedó sorprendido cuando Juana le habló con fluidez en su dialecto cántabro, intentando disuadirlo de un pensamiento que mantenía en secreto: asignarle la dirección del monasterio. Este hecho fortaleció aún más la convicción sobre su santidad, y finalmente la instituyó como abadesa.  Cuando estaban presentes hombres doctos o personas que ignoraban la lengua española, explicaba los misterios de la Sagrada Escritura en latín y transmitía lo que era oportuno. Francisco Ruiz, fraile menor y obispo de Ávila, compañero del cardenal Jiménez en la célebre expedición que conquistó Orán, había donado al monasterio dos esclavas traídas de allí: una mujer mayor y una joven, ambas árabes. Se intentó en varias ocasiones convertirlas a la fe cristiana, pero ellas se aferraban obstinadamente al islam ''[2]''. Un día, estando presentes en una de las predicaciones extáticas de la virgen, escucharon cómo el sermón se dirigía directamente a ellas en lengua árabe fluida. Sus corazones se sintieron conmovidos y experimentaron un impulso tan fuerte hacia la verdadera religión que al finalizar la reunión pidieron inmediatamente ser bautizadas. En otras ocasiones, solía llamarlas y hablarles en árabe. Ellas respondían en la misma lengua, y Juana les instruía sobre muchos asuntos. Permanecieron en el monasterio hasta su muerte, sirviendo a las hermanas con humildad y devoción. Durante un año, [Juana] pronunció setenta y un sermones de este tipo: algunos sobre la vida de Cristo y su Madre, otros centrados en los elogios a los Apóstoles, otros sobre los Evangelios de Adviento y los domingos. En ellos se encuentran numerosas parábolas y muchas enseñanzas claras para el cambio de las costumbres. Sor María Evangelista, alumna del monasterio, registró estos sermones con gran precisión. Dios le concedió la gracia de escribir de manera clara e íntegra todo lo que esta pronunciaba en sus predicaciones, a pesar de que antes ni sabía escribir ni leer. El padre Francisco de Torres, fraile menor de gran celo apostólico, tenía estos sermones en alta estima y los recopiló en un volumen extenso, afirmando que contenían profundos misterios, no accesibles a todos ni adecuados para ser divulgados indiscriminadamente. Este mismo juicio fue confirmado por el Tribunal del Santo Oficio de la Inquisición española, que, tras un examen riguroso, ordenó su lectura.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''XLIX'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Todavía mayores signos de predilección mostró Cristo por esta Virgen. En presencia de la bienaventurada Virgen y una multitud de ángeles, la tomó como su amadísima esposa, colocándole un anillo precioso como símbolo de su unión. Además, un Viernes Santo, mientras meditaba con extrema intensidad en la Pasión de Cristo, recibió en sus manos, pies y costado las cinco llagas, que se imprimieron en su piel como marcas rojizas. Bajo estas, [ardía] un intenso fuego y el dolor era muy profundo. Estas aparecían visiblemente cada viernes y sábado hasta la festividad de la Ascensión. Finalmente, debido a la insoportable insistencia de quienes deseaban verlas, rogó fervientemente para que fueran suprimidas del todo. Así [573] Cristo, escuchando su petición, accedió. Aunque le anunció que, en lugar de las rosas purpúreas de las llagas que deseaba que desaparecieran, sentiría las punzantes espinas de su corona. En efecto, experimentó tormentos acompañados de numerosos dolores y sufrimientos.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''L'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Disfrutaba con el canto de los pájaros, y en ocasiones junto a ellos entonaba alabanzas y glorificaba a Dios. Pero se distraía mucho por las numerosas súplicas de quienes acudían a ella y por escuchar las penas de los afligidos. Para prepararla mejor para la recepción única de los misterios celestiales, el Señor la afligió con sordera desde el 10 de febrero hasta el 12 de agosto, festividad de Santa Clara. En esta fecha, las hermanas rogaron vehementemente que le fuera restituido el oído, puesto que era indispensable para la dirección del monasterio y para aliviar con mayor facilidad las aflicciones del prójimo. Los ruegos de la virgen fueron escuchados y fue enviado San Pedro Apóstol, que tocó sus oídos mientras se hallaba en éxtasis y le devolvió el sentido. El día de Santa Bárbara, absorta en un éxtasis, se le apareció la santa Virgen, le reveló muchas cosas y le manifestó haber sido mediadora ante Dios para que le fueran concedidas abundantes gracias. En esa misma ocasión, [Juana] vio el alma de un niño ascendiendo al cielo. Este le pidió que advirtiera a su madre —indicándole su nombre— para que tuviera mayor diligencia en la educación de sus hijos, pues sus hermanos eran tales que Dios no los aprobaría, y Él le pediría razonamientos estrictos sobre esto. En otros estados parecidos de elevación de la mente contempló en diversas ocasiones a distintos santos: Francisco, Domingo, Antonio, Lucía y Acacio, junto a sus compañeros mártires. Así parecía habitar constantemente en los cielos, acostumbrada a tantas visiones de Dios, de la Virgen María, de los ángeles y de los santos.  &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''LI'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Con veintiocho años de edad y al decimotercer año de su ingreso en la religión, fue elegida abadesa por decisión unánime de todas las hermanas, bajo la supervisión del provincial cántabro que mencionamos. Durante diecisiete años llevó el monasterio con suma tranquilidad y admirable prudencia, ampliándolo con las edificaciones y rentas necesarias, puesto que se encontraba en un estado paupérrimo antes de que ella asumiera el cargo. Entre sus muchos y principales benefactores se encontraban los ya mencionados Gonzalo y Jiménez, que hicieron grandes aportaciones. Su mayor contribución a la vida monástica fue el establecimiento de la observancia regular, y la prevención de los escándalos que podrían haber surgido, con la introducción de la clausura monástica, pues antes las hermanas solían salir libremente a pedir limosna y los laicos tenían acceso al interior del convento. Desempeñó su oficio con facilidad, bajo la asistencia de su ángel custodio que le ayudaba en todo y le desvelaba lo que fuera necesario cuando era oportuno, además de con la protección de la Virgen María, que se constituyó a sí misma como abadesa perpetua de la casa y designó a Juana como su vicaria o sustituta. En el ejercicio de este cargo recibió muchos favores del Señor y revelaciones únicas. [Entre estas,] vio el alma de su confesor, Pedro de Santiago, vicario del monasterio y varón de vida excelsa, conocida virtud y santidad, coronado con gran gloria en los cielos.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''LII'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Por petición insistente de las hermanas, oró al Señor para que bendijera y otorgara virtudes a los numerosos rosarios que habían reunido con fervor y que se encontraban guardados en un cofrecillo cerrado bajo la custodia y llave de otra. En éxtasis sagrado permaneció largo tiempo sin sentido. En ese tiempo las hermanas, ansiosas por averiguar lo que sucedía con los rosarios, abrieron la caja y la encontraron vacía. Pero al volver del éxtasis y revisar de nuevo, los hallaron repuestos e impregnados de una fragancia maravillosa y se sorprendieron al ver de nuevo aquello que poco antes creían desaparecido. Al preguntarle sobre esto, Juana respondió: “Fueron bendecidos por Dios, tocados por su mano, y de allí proviene el perfume impreso y la virtud infundida para rechazar múltiples males y curar enfermedades”. Que decía la verdad lo demostraron los eventos prodigiosos que siguieron, debidamente verificados ante diversos jueces en distintas localidades, y recogidos en documentos públicos legítimos. Esto, sin embargo, lo exageraron algunos por exceso de devoción, y le atribuyeron —sin fundamento alguno— numerosas gracias e indulgencias. Esto fue justamente reprobado por quien escribió por último la vida de la virgen y añadió además documentos muy fiables que corroboran la veracidad del caso.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''LIII'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Contemplando en visión las durísimas penas que padecen las almas fieles en el purgatorio, Juana las compadecía con suma piedad, y [574] procuraba por todos los medios, tanto personalmente como a través de otros, brindarles alivio: ofrecía sufragios de oraciones, sacrificios de misas, aflicciones corporales, obras piadosas y ejercicios religiosos en su favor siempre que le era posible, y se esforzaba además en que otros los ofrecieran. Rogó a Dios que le permitiera asumir en su propio cuerpo penas en satisfacción por las almas purgantes, y que les aliviara a ellas lo que a ella infligiera. En efecto, sufrió tormentos terribles conforme a su deseo, pero cada vez con más certeza —revelada por su custodio— de que sus penas beneficiaban a aquellas almas afligidas. Muchas almas, por tanto, se le aparecían, rogándole que también las acogiera con su caridad. Esto lo hacía de inmediato, sin negar su ayuda a ninguna, por pequeña que fuese. Por esta piedad y caridad singular alcanzó gran favor ante Dios, y se ganó el afecto de las almas. Así, liberadas por sus méritos, intercedían más eficazmente por ella en el cielo. Bien podía contarse entre aquellos de quienes el ángel dijo a santa Brígida: “Benditos sean quienes en el mundo ayudan a las almas con oraciones, buenas obras y el esfuerzo de su cuerpo” ''[3]''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''LIV'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Con un afecto indescriptible veneraba la santísima cruz de Cristo, y con razón, pues en la festividad de la Invención de la Cruz recibió de Dios innumerables favores. En este día —como dijimos— nació en el siglo, renació en la vida religiosa y se consagró a Dios con voto solemne. En ese día también, por mandato divino, asumió el mandato del monasterio que debía reformar. Finalmente, ese [mismo día] partió de este valle de lágrimas a la patria celestial para recibir el premio de una vida santísima. Cada día de la semana dedicaba meditaciones únicas a los misterios de la cruz, distribuyendo así los frutos de la cruz a lo largo de toda la semana. Así, su alma, purificada en abundancia y entregada a la contemplación de las realidades divinas, siempre encontraba asuntos suficientes para meditar.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''LV'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
A la gloriosísima Virgen María honraba con la ternura entera de su corazón, con el afecto más íntimo de sus entrañas y con todos sus votos, sabiendo muy bien que así lo quiere Aquel que ha querido dársenos por entero a través de María; [sabiendo] que ella ha hecho la escalera celeste por la que Dios descendió a la tierra, para que merezcamos ascender al cielo por ella. En el monasterio había una antigua imagen de madera de la santísima Virgen. Ciertamente, no estaba esculpida con mucha belleza ni con arte refinado, pero gozaba de gran veneración entre las hermanas y los forasteros. Para que fuera aún mayor su veneración, consiguió de Dios que la bendijera y le concediera el poder de que quienes orasen ante ella alcanzasen lo que pedían, y que en tiempos de necesidad pública en ella pudiera encontrarse remedio. Y así ocurre: con frecuencia se obran frecuentemente grandes milagros en torno a esa imagen. Cuando acechan males colectivos, se lleva en procesión —sea para alejar la peste, para obtener lluvia o para pedir quietud— y el pueblo siempre está seguro de que puede obtener alivio en sus calamidades.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''LVI'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Estos y muchos otros prodigios similares demuestran cuán grande fue la gracia que Juana halló ante Dios. Cuán grande fue la gracia de sanaciones que Dios le concedió lo testimoniaron con certeza las hermanas. A una extinguió el ardor de la fiebre mortal que llaman de San Marcial; a otra la curó de un cáncer; a otra del dolor de costado; y a otra le enderezó los hombros dislocados. Por la violencia del dolor, a una hermana se le salió un ojo y cayó al suelo; Juana lo recogió con su mano, lo limpió con un paño y lo colocó de nuevo en su lugar. De inmediato, la que antes era tuerta recobró perfectamente la visión y fue liberada de todo mal. Salvó de morir ahogado al criado del monasterio, Juan de la Fuente, cuando [este] precipitadamente intentó cruzar el río Jarama crecido por la corriente desbordada. Protegió a la sirvienta Antonia Rodríguez de morir embestida por un toro; y defendió el monasterio del asalto de los rebeldes, que bajo el título de “Comunidad” y bajo la apariencia del bien común ocuparon gran parte de España ''[4]''. Un carnero infecto de rabia embistió al confesor de Juana y de las hermanas con sus cuernos y lo infectó con su enfermedad. La Virgen oró intensamente por él y se sanó. A una niña muerta la tomó en brazos y, al colocarle sobre el pecho la cruz que llevaba colgada del cuello, le devolvió la vida.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''LVII'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Iluminada por tantos dones celestiales y colmada de resplandor divino, empezó a pensar que, pese a haber recibido de Dios tantas gracias, no había correspondido en nada; que había tenido muchísimas y grandísimas consolaciones, pero pocas y sutiles aflicciones; ingentes recompensas, [575] y apenas méritos. Anhelaba hacer algo por Dios de igual valor e, igual que había participado de sus consuelos, deseaba también hacerse partícipe de sus tormentos. Sabía muy bien que es verdad lo que dice la Escritura: “La leve amargura del momento presente produce un peso eterno de gloria en nosotros, cada vez superior” ''[5]'', Por eso, entendía por qué el profeta, iluminado por esta verdad, exclamaba: “Que se pudran mis huesos y me devore el gusano rápidamente, con tal de que pueda hallar descanso en el día de la tribulación” ''[6]''. Así, rogaba insistentemente que su cuerpo fuera quebrado por trabajos, dolores, enfermedades y angustias, y que fuera probado como oro en horno de la tribulación. Su ángel custodio, con rostro triste, le reveló que su súplica sería escuchada, advirtiéndole que la paciencia sería indispensable para alcanzar las promesas, y que necesitaría también del auxilio y oraciones de otros para no desfallecer en la prueba. “Tu cuerpo” —le dijo— “será quebrantado por enfermedades gravísimas, y tu espíritu será afligido por persecuciones, envidias, calumnias e injurias contra tu buen nombre”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''LVIII'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Poco después de oír esto y comunicarlo a las hermanas, quedó paralizada de cuerpo entero, sin que quedara parte alguna libre de tal lesión. Con tal intensidad sufría que a menudo clamaba y gritaba, pidiendo a Dios ayuda y paciencia. Le dolían todos sus miembros, articulaciones y nervios, y no podía usar ninguna parte del cuerpo para nada. De todos, el más intenso era el de cabeza; tan agudo era que a veces parecía estar muerta. Sufría del estómago y de los intestinos con tal punzada que todo su cuerpo se enfriaba y se empapaba de un sudor helado. Soportó todos estos males durante catorce años con increíble fortaleza e invencible paciencia. A esto se añadían los tormentos demoníacos: golpes, latigazos y, en ocasiones, heridas que requerían días de cuidados, sin que una de ellas pudiera jamás ser curada con medicina a lo largo de su vida. No obstante, en medio de estos intensísimos dolores, en dos ocasiones recibió el consuelo de Cristo, que la reconfortó suavemente con su presencia y palabra.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''LIX'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
La otra parte de su tormento y dolor procedía del entorno doméstico. El anuncio lo dieron los espíritus malignos, que en innumerable multitud y en forma de repugnantes animales inmundos, [como] serpientes, cuadrúpedos y tristes aves nocturnas, llenaron la casa entera, ocuparon el techo y rodearon los muros. Al contemplar esto en una visión, Juana se estremeció y pidió auxilio a los espíritus celestiales. Acudieron su ángel custodio, el Arcángel Miguel y otros muchos soldados de la corte celestial, que inmediatamente expulsaron a aquellos despreciables monstruos infernales, aunque estos se resistían con fiereza. Preguntó entonces Juana cuál era la intención de aquellos demonios y esa tétrica multitud. Su ángel custodio le respondió que venían a perturbar y destruir por completo aquella casa, y que ya se les había abierto el acceso a causa de los resentimientos y discordias recientes entre las monjas, cuyo amargo fruto iba a degustar próximamente. Así ocurrió: la vicaria, con otras hermanas, conspiró contra la abadesa Juana, acusándola de haber malgastado los bienes del monasterio —que aún era paupérrimo— para obtener una bula que confirmara la unión de un beneficio parroquial que el cardenal Jiménez había asignado al monasterio y que ella había concedido a su propio hermano. Se convocó entonces al provincial para juzgar la situación, y, creyendo demasiado pronto las acusaciones de las rivales de la abadesa, la destituyó y puso en su lugar a la vicaria, que había ambicionado el cargo valiéndose de medios indignos. Juana soportó todo esto con suma paciencia, habiendo sido advertida en múltiples ocasiones por su ángel custodio de que Dios había permitido esto para purificar aún más a su sierva, como oro en el horno del sufrimiento. [También] para evitar que, rodeada por tantos favores y revelaciones divinas, cayera en la vana gloria, dulce ladrona de las riquezas espirituales y astuta aliada del enemigo de las almas. Otros vicios también se encuentran entre los siervos del demonio; la gloria vana se encuentra incluso entre los siervos de Cristo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''LX'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Consolada por estas palabras, animaba por todos los medios posibles a las hermanas, que llevaban con gran pesar la sustitución de su cargo decretada por el provincial. Las exhortaba a todas a obedecer prontamente a la nueva abadesa, y ella misma, la primera entre todas, le rendía a la abadesa fidelísimos servicios, venerando con todo su afecto como si hubiese sido nombrada [576] por el propio Señor. Pero el Señor no tardó en castigar la injusticia cometida contra Juana: a la falsa acusadora, que había usurpado el cargo confiado por Dios, la golpeó de repente con una grave enfermedad, infundiéndole además un gran temor y temblor por el crimen cometido. Castigada así, la desdichada mujer comenzó a confesar sus culpas y a revelar lo que había hecho contra Juana. Luego le pidió humildemente perdón, que obtuvo con facilidad, rogándole además que intercediese ante Dios para alcanzar el perdón de tantos pecados. Oró por ella Juana y obtuvo indulgencia, y le advirtió de la muerte prematura que se avecinaba, para que no la atrapara desprevenida. La mujer, en efecto, se preparó para la muerte, recibió los sacramentos y, arrepentida, falleció. Encargó a las hermanas que volvieran a elegir a Juana como abadesa y que le restituyeran por medio del sufragio lo que ella le había arrebatado injustamente. Se comprobó que Juana había sido injustamente apartada de su cargo al demostrarse, tras una investigación más precisa, que sólo se habían pagado siete escudos de oro por el diploma romano, y que su hermano había aceptado la carga del ministerio sacerdotal, [con la condición] de aportar los beneficios [obtenidos] al monasterio.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''LXI'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Cuando se acercaba el momento en que el Señor iba a llamar a su sierva, ya purificada por tantas presiones y pruebas, esculpida como una piedra viva para la edificación celestial, se le apareció un ángel. Dijo que a Dios le complacía que, para su mayor gloria y para la edificación e instrucción de sus siervos, se diesen a conocer los beneficios que le había concedido, tanto las consolaciones espirituales y revelaciones como las aflicciones y dolores corporales; estos debían considerarse también como un don. Por ello, debía dejar todo detalladamente por escrito. Ella, con la humildad de que fue capaz, se excusó de divulgar públicamente los dones que se le habían confiado en secreto. Pero el mensajero celestial, con argumentos razonables, con autoridad y hasta con amenazas, la convenció finalmente de que lo hiciera, y le asignó como escriba a quien hemos mencionado antes, María Evangelista, que no sabía escribir, para que resultara más evidente que esta orden procedía de Dios. Entonces escribió los dos libros que hemos mencionado más arriba, sobre los discursos y sobre la vida y hechos de Juana, con tal claridad y discreción que se concluye que contó con una ayuda superior a lo humano.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''LXII'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Finalmente, cuando el Señor decidió llamar a su sierva desde la prisión del cuerpo para darle la recompensa de tantos méritos, quiso anunciarlo previamente por medio del ángel custodio, en la vigilia de los apóstoles Felipe y Santiago, que también se le aparecieron y le felicitaron por la corona preparada tras su largo combate. Ella, llena de alegría y exultante, se preparó enseguida para el tránsito, deseando desaparecer y estar con Cristo. Tras recibir los sacramentos, rogó a las hermanas que la ayudasen con sus oraciones en su viaje a una tierra lejana. Luego volvió enteramente a la contemplación de los misterios divinos y de los beneficios que desde su infancia había recibido abundantemente de la misericordia divina. Durante los tres días previos al que está dedicado a la Invención de la Santa Cruz, tuvo muchas revelaciones y visiones de Cristo Señor, de la Virgen María, de María Magdalena, de su ángel custodio y de otros santos, así como terribles apariciones de demonios, que no cesaban de acechar y hostigarla en los últimos momentos de su vida. Finalmente, tras un éxtasis continuo y bellísimo que duró todo un día y comenzó con las palabras: “Alegraos conmigo, alegraos conmigo”, con el rostro resplandeciente, exhalando de su boca un suavísimo aroma, los ojos fijos en el cielo, y tras pronunciar muchísimas palabras santísimas y mantener piadosas conversaciones con las diversas personas que se le aparecieron, se durmió en el Señor el día de la mencionada Invención de la Santa Cruz, siempre para ella feliz y propicio, como hemos dicho, en el año cincuenta y tres de su edad y cuarenta desde su entrada en el monasterio.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''LXIIIV'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Tras su muerte, aquel rostro exangüe, aquel semblante pálido, aquel cuerpo contraído, compuesto solo de huesos y nervios, se tornó bello y agraciado, tal como había aparecido en su juventud, cuando gozaba del consuelo del discurso divino. Permaneció sin sepultar durante cinco días, exhalando un suavísimo aroma, mientras concurría una innumerable multitud de toda clase de personas, tanto de lugares cercanos como lejanos. Para que todos pudieran satisfacer su piedad con mayor comodidad, los frailes menores, muchos de los cuales habían acudido, llevaron el cuerpo en hombros y lo expusieron fuera [577] del monasterio, ya que los espectadores deseosos no pudieron acceder al interior. Una religiosa del monasterio de la Concepción de Almería, mujer muy devota y de virtud como la de Juana, íntimamente unida a ella en espíritu, refirió que la vio en visión ascendiendo a los cielos, completamente purificada en esta vida por tantas penas. Inmediatamente después de su fallecimiento comenzaron a manifestarse milagros: curó milagrosamente a una hermana gravemente herida en la tibia y en el pecho por una caída, a un hombre con fuertes dolores en los dientes, y a otro con las piernas contraídas que caminaba con andadores. Finalmente, fue sepultada en la parte inferior del coro, sin ataúd, solo sobre la tierra desnuda, cubierta con abundante cal viva y agua. Sin embargo, permaneció incorrupta durante siete años. Ocurrió que una niña, hija del conde de Puebla, que estaba siendo educada piadosamente en el monasterio, mientras jugaba en aquel lugar percibió un grato olor y empezó a escarbar la tierra con los dedos. Al acercarse las hermanas, también fascinadas por aquel olor, decidieron averiguar la causa y comprobar en qué estado se hallaba el cuerpo de Juana. Al cavar profundamente, lo hallaron incorrupto tanto en cuerpo como en vestiduras, sin ningún daño. Lo adornaron entonces con decencia y lo trasladaron al coro superior, donde lo colocaron en una urna bajo el altar.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''LXIV'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Allí permaneció durante catorce años, frecuentemente manipulado por las hermanas, despojado de sus antiguos hábitos y revestido con nuevos, hasta que una noble dama, Isabel Mendoza, esposa de Gonzalo Chacón, señor de Casarrubios, se encargó de trasladarlo a la principal capilla del templo. Allí lo colocaron, en el lado del Evangelio, dentro de un túmulo arqueado, desde el que tanto las hermanas por el interior como los seglares por el exterior podían contemplar y tocar la noble arqueta reforzada con anillos de hierro en la que reposa el sagrado cuerpo. La traslación tuvo lugar el 14 de septiembre de 1552, festividad de la Exaltación de la Santa Cruz, con la presencia de numerosos nobles y damas. En el año 1600, Francisco de Sosa, general de la orden y luego obispo de Canarias, Osma y Segovia, junto con Pedro González de Mendoza, provincial de la provincia de Castilla, más tarde comisario general de la familia ultramontana, arzobispo de Granada y luego de Zaragoza, y finalmente obispo de Sigüenza, al acudir al monasterio ordenó abrir la urna. Todos los presentes vieron el cuerpo íntegro, salvo por el rostro y las manos, ligeramente oscurecidos. El resto del cuerpo permanecía intacto, fresco y firmemente unido. Le quitaron el antiguo hábito y le pusieron uno nuevo. En lugar de los dos velos blancos de la cabeza, el provincial general restituyó uno blanco y añadió otro negro, dignándola con este honor póstumo a quien en vida tanto había anhelado esa distinción para todas sus hermanas. Sin embargo, al cortar un dedito del pie izquierdo para colocarlo en otro monasterio, quedó sobrecogido al ver que, tras sesenta y seis años, brotaba sangre de la herida.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''LXV'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Sería difícil expresar cuánta es la devoción que se dice que sienten hacia la santa virgen todos los pueblos de los alrededores, y cuántos dones adornan su sepulcro. Así fue fácil para las hermanas, por medio del procurador del monasterio Alfonso de Espinosa, adquirir una nobilísima urna de plata, profusamente elaborada con magníficos relieves, por un valor de cinco mil ducados de oro, donde el cuerpo fue depositado el día de Todos los Santos del año 1614. Estuvieron presentes Antonio de Trejo, vicario general de toda la Orden (más tarde orador ante la Santa Sede y obispo de Cartagena), y Francisco de Ocaña, ministro provincial, junto con una inmensa multitud de fieles procedentes de la corte del rey católico y de los pueblos vecinos. Para satisfacer la devoción de todos, el cuerpo fue expuesto durante dos días en un lugar elevado del presbiterio del templo, a plena vista de todos. Finalmente, se colocó en la mencionada urna, con dos cerraduras: una llave se entregó al provincial y otra a la abadesa. Al año siguiente, el rey Felipe III, con la familia real al completo, el cardenal de Lerma y los principales nobles de la corte, acudieron a venerar el sagrado depósito. El cuerpo fue expuesto para veneración durante todo el día, reposando en un lecho adornado noblemente, en el coro, salvo durante la hora del almuerzo, que tomaron en el atrio del monasterio. Finalmente, en el año 1622, la dignísima reina Isabel de Borbón, esposa de Felipe IV, acompañada del infante Carlos, el cardenal Fernando de Toledo (hermanos del rey) y los principales dignatarios de la corte, quiso contemplar ese precioso tesoro y honrarlo con sus dones.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''LXVI'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Por último, los obispos de Troya y de Cirene, comisarios apostólicos delegados para examinar los hechos relativos a la santa virgen, al abrir el arca declararon haber visto el cuerpo incorrupto y de bello aspecto, y lo expusieron durante tres días a la vista de más de cuarenta mil personas llegadas de todas partes. En Roma se está tratando ahora su inclusión en el catálogo de los santos; en su momento, Gabriel, cardenal de Trejo —hermano del mencionado Antonio—, cubría los gastos para promover la causa, y las Cortes Generales del Reino de Castilla decretaron destinar a este fin cuatro mil escudos de oro. La veneración y el culto en ese lugar son sumamente fervorosos, y su fama está muy extendida por todos los reinos de España. Su glorioso sepulcro se encuentra rodeado de muchas lámparas de plata encendidas, colmado de preciosas ofrendas, y se ha depositado junto al sacristán un ajuar valioso.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''LXVII'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Los documentos relativos a la santidad y al proceso, enviados a Roma, contienen innumerables y grandes milagros, con toda clase de curaciones e incluso resurrecciones. De los más notables y atestiguados con firmeza da cuenta Pedro Navarro. Este fue el último en redactar los hechos de la santa virgen, haciéndolo con sabiduría y prudencia, tras haber consultado cuidadosamente los escritos de María Evangelista, a quien ya dijimos que se considera la primera en haber escrito sobre su maestra. Antonio Daza, además de lo que publicó en sus ''Crónicas'', realizó un peculiar librito que recoge su vida, aunque más con devoción que con rigor. Esto ha provocado que algunos hombres importantes formularan objeciones y emitieran juicios inexorables, en gran ofensa de tal virgen. A esto respondió con una docta apología Francisco de Sosa —que mencionamos arriba— junto con otros hombres sabios. Pero el más preciso de todos fue el mencionado Navarro. La obra de Daza, con notas añadidas de Sosa, fue traducida al italiano e incorporada por Bartolomé Cimarella como cuarta parte de sus ''Crónicas''. Francisco Gonzaga, Pedro Salazar y muchos otros autores recientes hacen mención destacada a esta virgen.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
===Notas===&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[1]'' ''Codd. ipse Carolus Caesar Augustus'', es decir, Carlos I.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[2]'' ''Codd. Adhaerentibus Mahometanae''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[3]'' Referencia confusa. En las vitae en latín de Santa Brígida (BHL 1458-1459) no aparece esta referencia. La primera vita sobre esta santa se atribuye a Donato, obispo de Fiesole (ca. 829-877) y es una composición métrica escrita en latín. Para la edición más reciente del texto, véase Kissane (1977, 78-143). Para un estudio de otras ediciones y un análisis de la autoría y producción de este texto, véase también Kissane (1977, 57-77; 144-192). Referencia: Kissane, Noel. (1977) “''Uita metrica sanctae Brigidae'': a critical edition with introduction, commentary and indexes”, ''Proceedings of the Royal Irish Academy'' 77 C, 57–192.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[4]'' La guerra de las Comunidades de Castilla (1520-1522), a comienzos del reinado de Carlos I.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[5]'' 2 Cor 4, 17.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[6]'' Abac 3, 16.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
= Vida impresa (11)=&lt;br /&gt;
Ed. de [https://visionarias.es/equipo/isabel-ibanez/ Isabel Ibáñez]; fecha de edición: marzo de 2025.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
== Fuente ==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
* [http://catalogodesantasvivas.visionarias.es/index.php/Categor%C3%ADa:Barezzo_Barezzi Barezzi, Barezzo], 1663. ''Quatriesme partie des Chroniques des Frères Mineurs divisée en dix livres en laquelle sont descrittes les vies admirables, les cruels martyres, les merveilleux miracles, et les saints exercices de plus de huit cens Religieux et Religieuses, vrays serviteurs de Dieu, de la Religions de St François, avec un récit de le nouvelle réforme, et de la continuelle observance en l’ordre, avec le grand accroissement de la Foy Catholique fait par eux tant en France, Italie, Espaigne, qu’aux Isles Orientales et Occidenles .depuis l’an 1500 jusques à l’année présente 1609  composée par Barezzo Barezzi Cremon'', et nouvellement  traduicte en françois par R. P. F. J. Blancone, Relig. du grand Couvent de l’Obser’’ de Tolose et Gardien de l’Obser’’ de Mirepoix, A Paris, chez Robert Fouet, Rue ST Jacques à l’enseigne du temps et de l’Occasion, 1627 avec Privilège du Roy.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En línea, en Gallica, Bibliothèque Nationale de France, [https://catalogue.bnf.fr/search.do?mots0=NRI;-1;1;Barezzi%2C+Barezzo&amp;amp;mots1=ALL;0;0;&amp;amp;&amp;amp;pageRech=rav URL].&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==Bibliografía==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
* Barezzi, Barezzo, “Libro secondo” ''Delle croniche dell’ordine de frati minori instituito dal seráfico P. S. Francesco. Parte Quarta'',  Venecia: 1608, pp. 156-169.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
* Gonzaga, Francisco (O. F. M., obispo de Mantua, P.), ''De Origine seraphicae religionis franciscanae ejusque progressibus, de regularis observanciae institutione, forma administrationis et legibus...'' F. Francisci Gonzagae,... opus....1587, Parte III, pp. 644-646.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
* ''Diccionario de la Real Academia Española''. En línea: &amp;lt; https://dle.rae.es/&amp;gt; &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
* Oudin, César, ''Tesoro de las dos lenguas francés y española. Thresor des deux langues françoise et espagnole'', Paris: Marc Ory, 1607.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
* Villegas Selvago, Alonso de, ''Flos sanctorum, Tercera parte [...]'', Barcelona:  en casa de D. Bages, 1588, Addenda, Vida 206, fols. 75v-79r.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==Criterios de traducción==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El relato aparece en el ''Livre second. Des frères mineurs p. 159-171 en Quatrième Partiedes Chroniques …'', Paris, 1627, traducción por Blancone de ''Delle croniche dell’ordine de frati minori instituito dal seráfico P. S. Francesco. Parte Quarta'' de Barezzo Barezzi, en Venecia, 1608.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Se ha cotejado con el texto italiano de Barezzi y con el texto de Villegas de 1588 traducido en 1608 por Barezzi. También se ha manejado el diccionario de la Real Academia en línea así como el diccionario de Oudin, para controlar arcaísmos franceses. Se referirá a estas obras respectivamente mediante Blancone, Barezzi, DRAE, Villegas, Oudin. Se han comentado en nota de fin, las diferencias significativas con la fuente original, o sea, el texto de Villegas. &lt;br /&gt;
En lo que se refiere al texto propuesto aquí, se ha llevado a cabo una traducción al castellano del texto original francés, en la que se han modernizado las grafías cuando podían ser un obstáculo a la pronunciación actual, y se han aplicado las normas de ortografía y puntuación actuales. Las citas en italiano de Barezzi son una transcripción diplomática.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
De manera general las diferencias con Villegas se explican por errores o extrapolaciones de Barezzi, seguidas por su traductor francés Blancone. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Sin embargo se observan casos en los que Bancone se da cuenta, por la ruptura de lógica del texto, de los errores ocasionales de Barezzi, e intenta subsanarlos, bien corrigiéndolos, bien reescribiendo el pasaje.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
También se observan añadidos propios de Blancone, sea para darle más claridad al texto, sea por insistencia doctrinal, o sea por deseo de exornarlo. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Por fin otras pequeñas diferencias de detalle se explican por una mejor adecuación al uso del francés que una  traducción fiel (por ejemplo, en el caso de “matrona” , nunca traducido por “matrone” que, en puridad, sería aceptable).&lt;br /&gt;
Finalmente, no hay que descartar que, tanto Barezzi como Blancone, echaran mano de otra fuente, citada en la primera nota junto con Villegas (el “Obispo Gonz.”) que debe referirse a la vida escrita por Francco de Gonzaga. Esto podría explicar ciertas diferencias que parecen errores pero difíciles de comprender como por ejemplo el hecho de traducir “ottenta” (ochenta) por “setenta”. Esto significaría que algunas erratas o modificaciones e interpretaciones de Blancone se deberían a esa fuente secundaria sin identificar aún.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==Vida de Juana de la Cruz==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[159] '''De los Hermanos Menores. Libro II'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''La vida de la bienaventurada ''[1]'' sor Juana de la Cruz, abadesa del monasterio de Santa María de la Cruz de Cuba(s) en Castilla ''[2]'''''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Capítulo XXVIII'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[3]''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Cuando el soberbio Holofernes, capitán de Nabucodonosor ''[4]'', Rey de los Asirios, estaba sitiando Betulia, salieron los hebreos una mañana de la ciudad con los estandartes desplegados, y las lanzas y espadas y otras armas en mano, amenazando dar muerte a sus enemigos, los cuales, burlándose ''[5]'' de ellos, decían que las ratas se habían atrevido a salir de sus nidos para causarles daño ''[6]''. ''[7]'' Entonces el camarero ''[8]'' fue a despertar a Holofernes creyendo que dormía en su pabellón ''[9]'', para que se levantara a ordenar la defensa: pero apenas hubo entrado, vio el cuerpo de aquel soberbio ''[10]'' sin cabeza, tendido a todo lo largo por tierra y bañado en su propia sangre. Se quedó muy confuso, conociendo ser aquello obra de la mano de Judith ''[11]'', por lo que salió dando voces y gritando en voz alta: “¡Una mujer ha puesto en confusión a la Casa de Nabucodonosor!”. Aquello fue más que verdadero, pues, oyendo ''[12]'' los asirios que su capitán había muerto, se les heló tanto el alma, presa de un frío terror ''[13]'', que echaron luego a huir y dejaron la victoria en manos de sus enemigos, y todo el saqueo y los despojos que habían juntado ''[14]''. Las razones de aquel criado de Holofernes, que una mujer había puesto en confusión a la Casa de Nabucodonosor, le cuadra y puede adaptarse muy bien a una bienaventurada dama, ''[15]'' llamada sor Juana de la Cruz, monja de la Orden de los Hermanos Menores. Pues ella es la confusión de la Casa de Nabucodonosor, por ahí se entiende que los malos, cualquiera que sea su estado, son puestos todos en confusión, junto con algunos religiosos y personas de Iglesia, que, por muy honrados que sean en el oficio de servir a Dios, son, digo yo, puestos en confusión, respecto a lo que aquella monja hizo ; aunque hayan nacido de personas ilustres y de noble sangre, y hayan sido sustentados con la buena crianza de la corte y casa real, los deja en confusión aquella dama nacida entre labradores y en la pobreza ''[16]''. Ella es, pues, la confusión de toda clase de hombres, pues los ha superado así como veremos en su vida, recogida de antiguos memoriales que están en el monasterio de la Cruz, situado a dos leguas de la villa de Illescas ''[17]'', que atestiguan las extraordinarias virtudes y las grandes perfecciones que el Cielo le otorgó a aquella bienaventurada monja, cuya vida queremos describir y dejar para la posteridad sus bellas acciones para que nos sirvan de modelo '[18]''. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[160] '''De la patria , de los padres y del nacimiento de esta sierva de Dios, sor Juana de la Cruz, de los ejercicios espirituales que hacía en la infancia, tratando su cuerpo con gran austeridad. De la santa imagen de la gloriosa Virgen María, llamada de la Caridad de Cubas y de su origen'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Capítulo XXVIII'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[19]''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[20]'' La bienaventurada Juana de la Cruz nació en un lugar vecino de Toledo, llamado Azaña, de un padre cristiano y virtuoso, llamado Juan Vázquez y de su mujer Catalina Gutiérrez el año de gracia de mil cuatrocientos ochenta y uno. Fue dotada de extremada belleza, contribuyendo el Cielo con algo particular de la suya ''[21]'': su madre la crió a sus propios pechos, sin que le doliera ni pesase, antes le era de gran recreo y consuelo. Pues cuando se encontraba presa de alguna tristeza, en tomándola en brazos, ella le servía para recobrar toda su alegría. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Habiendo llegado esta niña a la edad de cuatro años, mostraba tener perfecto juicio, tanto en sus palabras como en sus hechos, y jamás la vieron con otras mozas jugando a los juegos con los que las de su corta edad suelen entretenerse, ni decir palabra alguna vana  ni sin provecho: sino que sus pensamientos los ponía sólo en Nuestro Señor Jesucristo, a quien llamaba su caro esposo y con quien comunicaba sus pensamientos ''[22]''. Algunas veces tenía tanta fuerza y aprensión en sus potencias internas que sus sentidos estaban como ausentes de todo, viendo lo cual su madre, desconociendo la virtud de aquellos santos arrobos o éxtasis de los que su hija quedaba presa ''[23]'', creyó que estaba enferma y, teniéndola algunas veces por muerta, hizo voto de llevarla con una imagen ''[24]'' de cera a una casa o monasterio llamado de nuestra Señora de la Cruz, cerca de un lugar llamado Cubas, a dos leguas ''[25]'' de Illescas, villa de la diócesis de Toledo y alejada de esta de seis leguas, ilustrada por una imagen de la madre de Dios, llamada Nuestra Señora ''[26]'' de la Caridad, adonde algunas personas acuden de varias comarcas y lugares ''[27]'' y principalmente los enfermos que son favorecidos y sanados por la intercesión de la bienaventurada Virgen ''[28]''. Este monasterio de la Cruz, donde hay monjas de la Orden de San Francisco, ha sido edificado, según memoria transmitida de mano en mano, y tradición de generación en generación, como atestiguan los moradores de la provincia ''[29]'', por mandato de la bienaventurada Virgen María ''[30]'', quien se apareció en aquel lugar, por donde es muy reverenciada en él ''[31]''. Y es más, según relación de las monjas antiguas, se sabe de quién era la imagen tan reverenciada en Illescas: la cual una devota mujer que servía a las monjas, acompañada por otras buenas mujeres con música y pandero, la ponían ''[32]'' encima de la puerta de la clausura donde estaban las monjas ''[33]'' y la llevaban también ''[34]'' por los pueblos de la provincia pidiendo limosna para vestirla, y, con lo que le daban, la tenían lucida y aseada. [161] Y así, la dejó un día en Illescas, y a medida que el monasterio la fue perdiendo, la villa la adquirió, quedándose en la ciudad el origen de la santa imagen, la cual así como se puede creer es esta ''[35]'': de pequeña estatura, y en alguna manera negruzca, y se considera que ha hecho muchos milagros, lo cual es la causa de ser visitada con gran reverencia ''[36]'' y devoción de toda España ''[37]''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Pues quedando la morada de aquella niña a dos leguas de esta imagen, su madre la consagró a la Virgen María, y prometió llevarla al monasterio con una imagen ''[38]'' de cera, como ya dijimos, y como la muerte la cogió a esta mujer antes de que pudiera cumplir su voto, ella le rogó a su marido, padre de la niña, que lo cumpliese. Habiendo oído esta niña ''[39]'' el voto que había hecho su madre por ella, sintió gran contento y se alegró no sólo por el voto, sino también de que tomó una resolución, la de quedarse monja en el monasterio ''[40]'' para servir con gran afición ''[41]'' a la Madre de Dios todo el tiempo de su vida. La madre murió, ''[42]'' y esta niña quedó de siete años de edad y con el deseo de cumplir su deseo de ser monja, y así empezó a dedicarse a los santos ejercicios propios de la religión, haciendo ''[43]'' muy grandes abstinencias y comiendo sólo una vez al día ''[44]'', y sobre todo cuando ayunaba, conformándose con pan y agua, y a veces se quedaba dos o tres días sin comer cosa alguna, de lo abstinente que era ''[45]''. Con sus propias manos, ella tejió un cilicio asperísimo, y se lo puso sobre sus mismas carnes, con lo cual siempre andaba llagada, aunque ello le daba muy gran consuelo. Nunca estaba ociosa, ''[46]'' antes se esforzaba en lo que hacía, para atormentar más aún su débil cuerpo y que el cilicio la lastimara más ''[47]''. Así es como, no teniendo otra cosa que ofrecer a Jesucristo, ella le ''[48]'' ofrecía sus abstinencias, infligiéndose a veces muy ásperas disciplinas hasta derramársele la sangre que corría por todos los lados de su cuerpo, mostrando siempre en todas sus acciones ''[49]'' muy gran humildad. Hablaba muy poco, y lo que decía era para alabar a Dios o para provecho o buen ejemplo de su prójimo. Un tío suyo y su mujer que también era ''[50]'' su tía ''[51]'', la pidieron con muchos ruegos a su padre para tenerla en su casa, pues ambos la amaban muy tiernamente y eran muy ricos. De manera que, teniendo en ese lugar mucha más oportunidad de emplearlo ''[52]'' en oraciones ''[53]'' u obras santas y en penitencias, no se quedaba corta en ello ''[54]''; su tía se dio cuenta de la vida que llevaba, porque ella se quedaba la mayor parte de la noche puesta en oración, razón por la cual la amó mucho más aún. Viéndose descubierta, buscaba los lugares más recónditos de la casa donde se daba la disciplina, y de resultas se la daba con una cadena de hierro ''[55]'', y así cuando quedaba muy herida, pedía a Nuestro Señor por premio que pudiese ser recibida como religiosa en el monasterio de sus esposas y que contase como una de ellas ''[56]'', lo cual le fue otorgado por la Majestad Divina.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[162] '''Como la sierva de Dios ''[57]'' para cumplir su voto de ser Monja, huyó de casa de sus parientes vestida de hombre y se fue al monasterio de la Santa Cruz de Cubas donde fue recibida, de la aspereza de la vida que hacía y de otras virtudes suyas ejemplares'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Capítulo XXIX'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[58]''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Habiendo llegado a la edad de quince años, inspirada por Dios por lo que se vio más tarde ''[59]'', viendo que no podía salir de casa de sus parientes, que la guardaban consigo y que deseaban casarla, una mañana se vistió con hábitos de hombre, y habiendo hecho un hatillo de sus propios hábitos, salió de esta guisa con intento ''[60]'' de ir al monasterio de las monjas de Santa Cruz, que distaba de dos leguas, como se ha dicho. Cuando emprendía el camino, el demonio le quiso impedir el paso, poniéndole a la vista el disgusto que su padre y sus parientes recibirían de ello, y los peligros en los que podría incurrir en aquel viaje. Y así, aquello le llenó el alma con tal aprensión que cayó a tierra muy desalentada, aunque le fue dicho que Dios la favorecería y cumpliría su santo deseo ''[61]''. Así pues, tornó a proseguir su viaje, y habiendo caminado buena parte del camino, vio venir a una persona a caballo, a quien conoció y vio que era un mozo rico ''[62]'' que la había pedido por esposa y que deseaba grandemente conseguirla en matrimonio. Aquello le infundió gran temor, viéndose sola en un lugar solitario, pero fue favorecida de Dios, pues cegó al mozo, que no la conoció, habiéndose apartado ella un poco del camino cuando pasaba ''[63]''. De esta manera caminó con seguridad ''[64]'' a la casa de la Madre de Dios, a cuya iglesia antes de entrar quiso primero ir, y no vio a nadie en ella, y así fue a hacer oración y a reverenciar a Nuestra Señora. Luego se apartó a un rincón y quitándose el vestido de hombre, se vistió con el de mujer y se fue a hablar a las monjas, dando cuenta de quién era y del deseo que tenía de guardar clausura, rogándolas que la recibiesen, a pesar de los impedimentos que le ponían. Sucedió que en ese mismo tiempo llegasen sus parientes que la habían seguido pisando los talones y la regañaron en extremo por haberse ido de su casa sin decirles nada ''[65]'' y se la quisieron llevar consigo. Les pidió perdón por el disgusto causado, con mucha humildad, y les dijo que su intento era servir a Dios en esa casa y que sólo Él podría sacarla de ella. El ''[66]'' prelado vino igualmente ''[67]'', el cual habiendo visto el deseo y la constancia de aquella virgen, mandó que la recibiesen a la religión, lo que las monjas hicieron con gran contento. Visto todo esto por sus parientes, ellos empezaron a tener muy buena opinión de ello.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Le señalaron su dote y la moza pudo quedarse en aquella casa y con el hábito. La Maestra de novicias le mandó guardar silencio durante un año, lo que le agradó más que cualquier mandamiento que jamás le hicieron. Pues ella era naturalmente amiga de hablar poco ''[68]'' y [163] así empezó a hacer vida maravillosa, incluso antes de la profesión ''[69]'', la cual hizo cumplido el año y fue de cuatro votos, los tres ordinarios y el otro de clausura. Su vestido fue pobre y humilde, más que el de las otras monjas. Traía una túnica de jerga vieja y remendada, y de lo mismo era el hábito: en los pies zuecos de madera ''[70]'' y la mayor parte del tiempo iba descalza; ceñía una gruesa cuerda y en la cabeza llevaba una gruesa tela hecha de estopa o con una gruesa red ''[71]'', y por encima gruesas tocas. Sobre sus carnes llevaba un áspero cilicio, de lo cual nadie se percataba, y el cual ella nunca dejaba, ni de día, ni de noche ; además de aquello, ella hacía muy ásperas penitencias. Era maravillosa su paciencia ''[72]'' pues deseaba ser menospreciada, injuriada y ultrajada sin causa ''[73]'', sufrir toda clase de tormentos, heridas, golpes, dolores, frío y otros trabajos por amor a Dios ; no hablaba nunca sino con su maestra o con la abadesa o madre vicaria, y esto cuando ellas le preguntaban algo. Algunas veces se llevaba a la boca alguna hierba amarga como el ajenjo en memoria de la hiel que fue dada a Nuestro Señor Jesucristo en su Pasión. Otras veces se metía en ella una piedra algo grande que le causaba grandes dolores, otras veces tomaba agua en la boca y la guardaba hasta que no podía más del dolor que le ''[74]'' causaba, otras veces asía un candelero con la boca y lo tenía en alto hasta tanto como podía ''[75]''. Creía que guardar silencio sin dolor y sin penitencia era poco mérito para Dios. Por eso hacía los mismos ayunos que hacía antes de ser monja, añadiéndoles aún el poco dormir. Pues las monjas que ayunan suelen comer al mediodía y por la noche hacer una pequeña colación, ''[76]'' ella, en lugar de comer al mediodía rezaba los maitines de la noche, y en lugar de la colación, la cambiaba por un breve sueño sobre el final de la noche, al salir el sol. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Del gran amor que le tenía al esposo de su alma ''[77]'', de los ejercicios a los que se dedicaba con gran humildad, del mucho celo que ponía en el servicio de Dios, y de lo que decía de su ángel custodio'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Capítulo XXX'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Era costumbre de las monjas dormir en un dormitorio, cada una en su cama ''[78]'', con una luz encendida en medio, pero esta ''[79]'' sierva esperaba a que todas se hubiesen recogido ''[80]'', y entonces ella, en el silencio más profundo, cogía una rueca e hilaba al lado de su cama, unas veces de pie, otras de rodillas, y siempre meditando sobre la Pasión de Nuestro Señor Jesucristo ''[81]', su esposo íntimo ''[82]''. Se ocupaba mucho en el servicio del monasterio, y para holgarse de ello se figuraba que era por el amor de Jesucristo, a quien servía de buen grado ''[83]''. Cuando fregaba los platos, lo hacía como si fueran de oro o de perlas preciosas donde su [164] Majestad hubiese comido. Las escobas con las que barría la casa las tenía por flores, y las losas por pedrería ''[84]'' y por la peana ''[85]'' del Rey de los Cielos: y así hacía con las demás cosas, interpretando cada cosa en buena parte, y recogiendo de todo lo que veía, bellas florecitas que daban buen olor, tanto a su alma como a su prójimo, por el buen ejemplo que se podía sacar de todas sus acciones ''[86]''. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Siendo cocinera fue reprehendida por su compañera y por la provisora al no satisfacerse ellas de lo que hacía. Ella se tiraba a tierra y confesaba ''[87]'' su culpa, pero ellas no le perdonaban, antes le decían que se quitase de su presencia. La sierva de Dios se iba al coro a rogar a Dios que le perdonase su culpa y el enfado que había causado a sus hermanas, y que aplacase el disgusto que tenían con ella. Su compañera la tornaba a llamar y le preguntaba lo que hacía en el coro, ella respondía que rogaba a Nuestro Señor que le perdonara su yerro y el enojo que le había causado, y que la aviniera con ella. Su compañera y la Provisora al ver aquello se edificaron tanto que durante varios días quedaron edificadas , y derramaron muchas lágrimas en lo secreto de su corazón. De este modo se portaba con los que la afligían, haciendo por ellos oración. Ya se ha dicho que aquella virgen ''[88]'' era hermosa y de muy buena compostura ''[89]'' y de conversación muy agradable, hablaba muy bien y daba muy buenos consejos, y sólo con verla u oírla uno se sentía movido a devoción. Frecuentaba los santos sacramentos de confesión y de comunión, y si su prelado no le había concedido comulgar cada día, ella comulgaba espiritualmente en su alma, u oyendo misa ''[90]'', preparándose con antelación en esa ocasión. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Le informaron de un religioso que había sido tentado de no rezar las horas canónicas y el oficio divino diciendo que Dios no necesitaba de sus oraciones. Ella le habló a este religioso y le dijo que Dios no necesitaba de él ni de ninguna criatura, pero que, por lo contrario, todas las criaturas necesitaban de Dios, pues como el villano tiene obligación de pagarle la gabela al rey ''[91]'', que, si no lo hace, es castigado con severidad, así los hombres deben pagar el servicio que le deben a Dios, principalmente los eclesiásticos ''[92]'' rezando el servicio divino, que si no lo hace será castigado con gran rigor, como rebelde. Tanto fue, que aquel religioso se arrepintió de su error y de allí en adelante fue más diligente en el servicio que debemos al que nos hace día y noche tanto bien ''[93]''. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
A una monja que le preguntaba lo que podía hacer para agradar a Dios, respondió: “Hermana, hay que dedicarse continuamente a rezos y oraciones, y a guardar estrechamente silencio” ''[94]''. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
A otra que también le preguntaba como podría ella permanecer en gracia de Dios, le respondió: “Llorad con los que lloran, reíd con los que ríen, y callad con los que guardan silencio” ''[95]''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
	''[96]'' Aconsejaba a todos que tuviesen gran devoción a su ángel custodio, pues no sólo él nos guarda, sino también que nos acompaña [165] y, cuando alguien está en las ansias de la muerte, el ángel va al Cielo y mueve a los santos y a las santas, haciéndoles saber que aquella persona ha hecho algo que merece que rueguen a Dios por su libranza ''[97]''. Añadía además que después de la muerte van al Purgatorio a consolar a las almas de quienes ellos eran custodios, las consuelan y les cuentan las buenas obras que hacen por ellos los vivos para que sean tomadas en consideración ''[98]''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Del mucho amor que le tuvo a la santa cruz, y por qué razones y circunstancias. De los notorios favores que recibió de Nuestro Señor, y de los discursos que hacía estando arrobada'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Capítulo XXXI'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[99]'' Aquella bienaventurada monja era muy devota de la santa cruz, y tenía muchas razones de serlo, tanto por su apellido ''[100]'' como por el monasterio, que se llamaba de la Cruz, y también por haber recibido grandes dones de Dios por medio de la santa cruz, sobre la cual hacía todos los días dulces pláticas ''[101]'' y de la que sacaba gran consuelo para su alma. Nuestro Señor la favorecía mucho, enviándole grandes regalos de su propia mano, de lo que se holgaba mucho ''[102]''. Especialmente cuando estaba en oración, durante la cual estaba a menudo arrobada y en éxtasis, donde se quedaba sin sentido, como se vio en presencia de una señora seglar, quien, habiéndola venido a visitar, y viendo que ni llamándola, ni tambaleándola, se movía ''[103]'', la hirió con un agudo hierro en la cabeza de donde salió al instante sangre, y aunque ella no lo sintió en el momento, no dejó de sentir ese dolor habiendo salido de su arrobo. Ocurrió que, estando a veces en aquellos santos ''[104]'' arrobos y en éxtasis, hablaba y decía cosas muy levantadas, de tal manera que los que la oían resultaban muy edificados. Ahora bien, si bien era una doctrina que nuestra santa fe nos enseña, en esos momentos descubría secretos maravillosos de Dios ''[105]'', y exhortaba a amar las virtudes y a huir de los vicios, reprehendía dulcemente a los presentes, y sus razones eran de tal manera que hablaba con ellos, sin que los demás se diesen cuenta ; pero ellos lo entendían muy bien, reconociendo el mal que habían hecho, pedían perdón a Dios con el deseo de enmendarse de allí en adelante ''[106]''. Y para testimonio de que hablaba como inspirada divinamente, la oyeron varias veces hablar en diversas lenguas, de las que ella nunca había tenido noticia, y así, a cierto provincial de la Orden Franciscana de la Observancia ''[107]'' que deseaba hacerla abadesa del monasterio, como al fin lo hizo, le dijo en lengua vizcaína, pues el padre era de Vizcaya, que ella no sería capaz para el monasterio ni para la casa en aquel oficio: pues bastante tenía que hacer consigo misma ''[108]''. Otra vez, el Obispo de Ávila había mandado al convento a dos esclavas moras para que sirviensen en el monasterio. Aquellas esclavas habían sido traídas de Orán, que había sido conquistada en aquel tiempo, y cuando las [166] monjas las querían persuadir de hacerse cristianas, ellas se estropeaban todo el rostro con las uñas, y especialmente la mayor ''[109]''. Pues bien, aquella santa monja, estando en éxtasis, les habló en su lengua, y ellas entendieron muy bien lo que ella les decía ''[110]'', y le contestaron siguiendo su coloquio, de tal manera que aquellas esclavas moras se bautizaron. Después de que fueron bautizadas, la oyeron una vez más hablar su misma lengua, y se pusieron luego a su lado quedando muy consoladas de oírla hablar, y de entender lo que les decía. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Como algunas personas ilustres la oyeron hablar estando arrobada en éxtasis, y de un milagro que con la santa oración alcanzó de Dios'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Capítulo XXXII'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Con todas esa experiencias, por ser aquellos arrobos cosa nueva y no acostumbrada entre pocos santos ''[111]'', los prelados mandaron a la abadesa de aquel tiempo que, cuando hablara de ese modo en sus arrobos, la dejasen sola. La abadesa obedeció la orden, de tal modo que, la primera vez que habló de este modo, ella quiso que todas las monjas saliesen de la cámara donde estaba su Virgen ''[112]''. Pasado algún tiempo, la abadesa mandó ir a ver si seguía hablando, y la monja que fue allá vio alrededor de ella muchos pájaros de diversas clases, con la cabeza levantada en alto, en actitud de escuchar lo que decía. Se fue al instante a avisar a la abadesa, que fue allá con las otras monjas y vio la verdad de esto, aunque con su llegada los pájaros huyeron; y, para mostrar que no eran fantásticos, ''[113]'' uno de ellos voló y se posó sobre la manga de la bienaventurada hermana, habiendo vuelto esta en su primer sentido. Pareció que era voluntad de Dios que las monjas oyesen lo que decía en aquel momento, y que prohibían sin embargo a personas dotadas de entendimiento y razón de oírlas ''[114]''. Así pues, la vieron y oyeron varias veces el ''[115]'' Cardenal y Arcediano ''[116]'' de Toledo, Fray Francisco Jiménez de Cisneros, que fue padre y religioso de la Orden ; varios obispos, inquisidores, predicadores, duques, marqueses, condes y personas que se reían de ella cuando les contaban aquellas maravillas, pero habiéndola visto con sus propios ojos, se asombraban mucho, y de allí en adelante le eran muy aficionados, creyendo verdaderamente que era la verdadera sierva y esposa de Jesucristo quien le daba aquellos arrobos como prendas de su divino amor ''[117]''. Nuestro Señor hizo también por ella algunos milagros más, y uno de ellos ''[118]'' fue que, trayendo aquella humilde virgen entre sus manos un gran vaso para el servicio del convento, este se hizo pedazos sobre una piedra, tanto que ella quedó muy desconsolada, habiendo considerado lo cual ella se echó a tierra e hizo oración a Dios, y juntando ella los trozos, el vaso resultó en el acto completamente rehecho y de una sola pieza. Todo esto lo vio otra monja que le dijo: “¿Qué es esto, hermana? ¿No estaba roto este vaso, [167] hecho pedazos en tierra? ¿Cómo está ahora entero?”, Ella le respondió con gran humildad: “Así era hermana, pero Dios quiso remediar por su bondad lo que yo había echado a perder por mis pecados, y por mi culpa ''[119]''”,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''De algunos milagros y gracias que aquella sierva de Dios obtuvo por medio de la santa oración'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Capítulo XXIII'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
También fue testimonio de ello un gran milagro que ''[120]'' le acaeció varias veces, y es que, estando alejada del servicio divino que se rezaba en el coro, mereció ver el santísimo sacramento del altar, aunque hubiera una muy gruesa pared entre ambos, en el momento en el que el sacerdote alzaba a Nuestro Señor durante la santa misa, y parecía que se partía de tal manera que ella veía la santa hostia y el cáliz, y después la pared se volvía a juntar. Y como testimonio verdadero de aquel milagro, la señal fue vista varios años sobre las piedras, las cuales parecieron no estar bien unidas durante algún tiempo.&lt;br /&gt;
El milagro siguiente fue público ''[121]'', esto es, que había una niña, la cual, ''[122]'' estando a punto de morir ''[123]'', su padre ''[124]'' la trajo al monasterio de la Cruz, donde se vio por experiencia que iba a morir ''[125]''. A ruego de aquel hombre y de otras personas que le acompañaban en número de setenta ''[126]'', ella le puso encima una cruz, y de repente se levantó la niña, con testimonio muy seguro de que estaba sana y fuera de cualquier peligro, de tanto como agradaban a Jesucristo, su verdadero esposo, los ruegos de su humilde sierva ''[127]''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Por estas obras y por sus raras virtudes, fue elevada ''[128]'' a abadesa ''[129]'', oficio que ejerció con mucha virtud. Porque no sólo las monjas, con su ejemplo, quedaban muy edificadas y obedientes en lo que tocaba al servicio divino, sino que también con sus fervorosas oraciones alcanzaba de Dios que fuesen como exigía su estado. Cuando fue elevada al cargo de abadesa, no ocurrió que disminuyesen sus virtudes, sino más bien que aumentasen. Dios hizo por amor a ella varias maravillas dignas de publicarse como esta. Estando enferma una señora en el Palacio del Emperador Carlos V en Madrid, llamada Doña Ana Manrique, atormentada por un mal de costado que la dejó en las últimas, ella, que era devota de la abadesa y que sabía que Dios oía las oraciones que ella le hacía y se las otorgaba, le mandó a un mensajero que le dio a entender el peligro en el que se encontraba. Esta buena monja se puso enseguida en oración por ella, y así fue el efecto que siguió, tanto más cuanto que, ''[130]'' estando la enferma desahuciada ''[131]'' y habiendo recibido la extremaunción, se le apareció sobre la medianoche a la abadesa junto a ella que le tocaba con las manos, apretándolo el ardor de su mal de costado, donde más le dolía. Pues estando así, aquella enferma dijo en voz alta: “¿No ven a mi madre que ha venido a verme y a curarme?”. Muchos que estaban presentes oyeron esas palabras aunque no vieron a nadie, sino el efecto de estas que fue recobrar el comer, el beber y su entera curación. Se enteraron de esto las monjas del Monasterio, de manera que [168] le preguntaron a su abadesa cómo lo había hecho. Ella les dijo: “Hijas mías, son obras estas de mi ángel custodio ''[132]''”. Se averiguó también haber sanado al Padre confesor del Convento de una enfermedad muy peligrosa, una rabia que se había apoderado de él, como también a una monja de un zaratán, y a varias personas más, libradas de varios males que siempre iban aumentando hasta que los enfermos la rogaban con gran devoción que los curase, lo que alcanzaba con sus oraciones y ruegos, que agradaban más a Dios que todos los remedios naturales que se había pensado aplicar ''[133]''. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''De algunas persecuciones que esta monja sufrió con gran paciencia y como fue favorecida por Nuestro Señor Jesucristo, al recibir sus santas llagas'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Capítulo XXXIV'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
La fama que volaba por el mundo en razón de las obras y de la perfección admirable de esta santa abadesa hacía que la tenían por santa, y para que aquello no le fuera materia a presunción ''[134]'', Dios permitió que fuera grandemente afligida a causa de una persecución que se levantó contra ella ; y fue que la costumbre era que la abadesa y sus monjas tenían facultad de nombrar sacerdote en Cubas para administrar los sacramentos, pues era beneficio que dependía de aquella abadía. Hubo algunos sacerdotes que quisieron impetrarlo, diciendo que las mujeres, aunque monjas o abadesas, eran incapaces para cura de almas. La abadesa tomó consejo sobre esto y le dijeron que debía, por el bien del convento, mandar a alguien al Papa para obtener la bula, y, por su diligencia, adelantarse a los que habían impetrado el beneficio, y asegurarse así contra este daño. Siguió este consejo sin dar cuenta al prelado de la orden, para más diligencia y evitar la tardanza. Una monja del convento que la quería mal, avisó de esto a los prelados de la religión, dándoles a entender que gastaba la hacienda del monasterio para dar ese beneficio a un hermano suyo que había nombrado. La verdad era esta: para sacar la bula se habían gastado siete ducados, pero habían sido pagados por un amigo suyo que le era devoto, sin ningún daño para el convento, y su hermano, que era hombre honrado y de ciencia, había sido requerido para este cargo por el pueblo. Con todo eso, uno de los prelados, y el más principal ''[135]'', mal informado, enojado al extremo, fue al monasterio, y habiéndolas reunido en capítulo, públicamente reprehendió a la abadesa con ásperas palabras, le quitó el cargo de abadesa y le impuso una disciplina que sufrió de buen grado, diciendo que sus pecados merecían mucho más, y que había tenido este cargo sin merecerlo, antes que lo había aceptado por obediencia. Las monjas se disgustaron mucho de esta orden, y aunque el Prelado les mandase eligieran de nuevo una abadesa, no quisieron escucharlo, diciendo que ya tenían a una, tanto que él les dio por presidenta a la que [169] le había dado este mal aviso. Pero al poco tiempo, el prelado y la monja vinieron a morir del dolor que tuvieron de haber actuado injustamente en contra de esta santa abadesa, por lo cual le pidieron perdón: la cual, a cambio, hizo muchas oraciones, mientras estuvieron en vida por su salud y prosperidad, como después de muertos por el reposo de sus almas, si estuvieran en pena, habiendo sido repuesta ella en su primera dignidad ''[136]''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Con esto, los trabajos de esta bienaventurada abadesa no tuvieron fin aún:  pues estando en contemplación en su celda el Viernes de la Cruz, con los dos brazos tendidos en forma de cruz, muy atenta, como si hubiese estado en el coro, cuando se decía la Santa Pasión ''[137]'', llorando y lamentándose y descalza, no podía andar, por el gran dolor que sentía en los pies. Las monjas, viéndola quejarse así, fueron a preguntarle la razón de tal llanto: ella les contestó que los pies le dolían mucho. Entonces las monjas se los miraron y los vieron con señales, y también las manos, como las de Jesucristo, y la señal era redonda, y sin que le manara sangre ''[138]'', del tamaño de un real y muy coloradas. Las monjas le preguntaron la causa de esto: ella les contestó que no sabía más sino que estando en contemplación de la Pasión de Nuestro Señor Jesucristo, le parecía estar viéndolo en la cruz, y que, uniéndose a él ''[139]'', las señales admirables llenas de dolor se le habían pegado. Esto fue ocasión para que las monjas y dos padres confesores de la casa vertiesen lágrimas en testimonio de tal contento, aunque la bienaventurada se juzgaba indigna de tales favores. Por ser además tan intolerable ese dolor, rogó a Nuestro Señor que le librase de él, y tanto le importunó que alcanzó su petición ''[140]'', y el día de la Ascensión ya no tuvo dolor, ni señal de sus llagas. Pero no por eso cesaron sus penas pues con permiso de Dios, era atormentada y azotada por los demonios tan cruelmente que varias veces las señales de los azotes se veían en su cuerpo, agotado y afligido por la gran penitencia que ella hacía cada vez más a menudo ''[141]''. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Como la santa monja sufrió una grave enfermedad con mucha paciencia, y de un coloquio que tuvo con Jesucristo, con la contestación que le hizo sobre su muerte y su sepultura'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Capítulo XXXV'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Los trabajos aumentaron aún más: pues plugo a Dios ''[142]'' enviarle una gran y larga enfermedad, de tal suerte que quedó paralítica y con los miembros tullidos, sin tener ninguno en el cuerpo que no le causase muy grandes dolores. Sus huesos se descoyuntaban, hasta los de manos y pies, de tal manera que sus trabajos eran muy grandes, sin poder ocultarlos. Sus nervios se retraían tanto que las rodillas, los brazos y los dedos se le doblaban y ya no pudo extenderlos en adelante: de suerte que no podía [170] beber ni comer con las manos, ni moverse de cualquier manera, sino con el socorro de dos monjas ''[143]''. Resumiendo, que no tenía ninguna parte de su cuerpo que pudiera mover (causando espanto y compasión al que ''[144]'' alcanzaba ese bien de verla), lo cual no era sin padecer en extremo ''[145]'') fuera de la lengua, con la cual daba gracias y alababa al esposo de su alma, Jesucristo, por los dolores que recibía, como otras tantas piedras preciosas venidas de su sagrada mano ''[146]'', y un día ella le habló así: “Señor, ¿cómo es posible que un cuerpo tan quebrantado pueda vivir ? Deme, por favor, paciencia, o quíteme el mal que padece, o la vida, si tal es su voluntad”. Pareció como que el Hijo de Dios le habló y que le decía ''[147]'' que no era maravilla que padeciese lo que sufría, habiéndole elegido por su esposo, a él que había sido tenido en el mundo por leproso, y lleno de dolores: por fuerza, siendo su esposa, y comunicándose con él como su esposo, aunque espiritualmente, ella debía recibir sus males y participar de ellos, no siendo extraordinario que el que ama mucho aguante penas y trabajos por su amado. Pero era necesario que ella creyese ''[148]'' que él le había dado esos males y esas enfermedades por bien suyo. Pues siendo no sólo su esposo, sino también su padre, había procurado darle de sus bienes, como hacen los padres terrenales a sus hijos, los cuales para este fin se meten en muchos trabajos y disgustos, y que, cuando él había hecho lo mismo, teniendo en cuenta que para hacer ricos a sus hijos había padecido muchos males y dolores, para elevarlos al Cielo él se había abajado a la tierra, para librarlos de la muerte y del infierno había padecido una muerte cruel en el madero de una cruz. Para hacer ricas a sus almas, se había hecho pobre en el cuerpo, para hacerlos señores del Cielo e iguales a los ángeles, él se había hecho, en tanto que hombre, servidor y expuesto a un millón ''[149]'' de necesidades. Y que de tanto como hizo por todos, bien pueden comprender por ahí cuánto nos ama y quiere, y que el amor que nos tiene es mayor que el que nos tenemos a nosotros mismos. Tienen que ser grandes los trabajos, para alcanzar los grandes ''[150]'' asientos del Cielo: y esa era la causa por la que mandaba los males, para ese fin, no por complacerse viéndoles padecer, sino porque es una cosa que les conviene hacer para aumentar su gloria y su mérito. “Así pues, hija mía, no tienes que afligirte si padeces mucho para merecer una gran recompensa en el Cielo, ten seguridad que cuando vea que ha llegado el punto señalado de tu gloria en mi eternidad, te llamaré en el acto y tú vendrás» ''[151]''. Así fue, pues habiendo padecido esta virgen ''[152]'' esta enfermedad algunos años, fue afectada por otra enfermedad mucho más áspera. Tanto que, siendo visitada por los médicos, ellos aseguraron que se iba morir, lo cual entristeció mucho a las monjas del convento, porque, aunque estaba así enferma en cama, tenía la mente y la lengua libres, dándoles buenos consejos y santos avisos ''[153]''. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Pues habiendo llegado el día de la Santa Cruz, que es el tercer día de mayo, el año 1534, a las seis de la tarde, un día de domingo, siendo de cincuenta y tres años de edad, estando presentes algunos religiosos en su celda y todas las monjas del monasterio con velas encendidas [171] en las manos, habiendo recibido ella los santos sacramentos, tanto el de confesión, como el de la santa eucaristía, como el de extremaunción, con mucha reverencia y derramando muchas lágrimas, habiendo repartido entre todas las monjas y deparádolas todos los pequeños y pobres muebles de su celda para morir más pobre ''[154]'', leyendo la Pasión de Jesucristo según San Juan ''[155]'', entregó su alma a Dios, quedando su cuerpo muy bien compuesto y con gran modestia ''[156]'', y mostrando un rostro sereno y risueño, murió en Jesucristo ''[157]'', con gran admiración de todos los presentes. Después de esta muerte, el olor de su celda, que no era nada grato por el largo tiempo de su gran enfermedad, se mudó en tan buen olor que todos quedaron muy consolados ''[158]''. Las monjas fueron a besar aquel santo cuerpo enseguida, con muchas lágrimas, y se pusieron a buscar de dónde podía manar aquel buen olor, siendo verdad que no se pudiera oler fragancia más suave ni que se pudiera comparar con esta. Su cuerpo permaneció cinco días sin sepultarse, por la gran multitud de gentes que venían a verla de todas partes de la provincia, durante los cuales Nuestro Señor hizo mucho milagros por los méritos de su sierva: a saber, en beneficio de algunas personas, las cuales yendo a tocar aquel cuerpo con devoción fueron sanadas de sus enfermedades. Ahora bien, para que todos pudieran ver y tocar tan raro tesoro, las monjas lo habían mandado poner fuera del claustro. A los cinco días de expirar, su santo cuerpo fue sepultado en el claustro ''[159]'', al lado del lugar en donde las monjas recibían el Santo Sacramento del altar, donde permaneció unos años. Pero después, creciendo la devoción en el corazón de varias personas nobles, esta reliquia fue quitada de aquel lugar, y sepultada en el coro, cerca del altar mayor, del lado del evangelio, en un sepulcro ilustre y elevado por encima del suelo, donde es ahora tenida en gran reverencia: y si no la debemos honrar como a santa, por ''[160]'' no estar canonizada, debemos honrarla mucho, por haber sido virgen esposa de Jesucristo ''[161]''. Su vida atestigua que su alma goza ahora plenamente del dulce abrazo de su Esposo y que la ha puesto en un asiento principal de su bienaventuranza, desde la cual Dios quiera, por su bondad y misericordia y por los méritos de esta bienaventurada Sor Juana, hacernos partícipes ''[162]''. Amen.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
===Notas===&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[1]'' Barezzi: “Vitta della religiosa, e essemplare serva de Dios, la Beata Suor Giovanna…”. Opción estilística de Blancone.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[2]'' Villegas: Cuatro folios sin división interna dedicados a “ Vida 206. De Juana de la Cruz, abadesa del orden de los menores”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[3]'' Barezzi no numera esta introducción.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[4]'' Al margen derecho: “el Obispo Gonz. p: 3. Alonso de Villegas en el suplemento de la 3ª parte de ''Flos sanctorum''”.La primera fuente es la obra del Obispo de Mantua Francisco de Gonzaga que publicó en 1587 una crónica en latín sobre el origen de las distintas religiones franciscanas. “P: 3” se refiere a la tercera parte dedicada a las fundaciones y monasterios ilustres ultramontanos, o sea desde el punto de vista de Gonzaga, fuera de Italia. En esa parte aparece una nota de 3 páginas sobre el convento de Cubas y Juana de la Cruz (véase bibliografía). La segunda fuente es el conocido ''Flos Sanctorum'' de Villegas, fuente primera del texto de Barezzi e indirectamente del de Blancone (véase bibliografía). &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[5]'' Villegas: “teniéndolos en poco” Barezzi: “dei quali non se ne facendo egli conto li burlava”. Interpretación de Blancone que se apoya en Barezzi.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[6]'' “para causarles daño”. Villegas “en daño de sus vidas”. Barezzi: “in danno delle sue vite”. Mala interpretación de Blancone que confunde a quien se refiere “sue vite”&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[7]'' Villegas: “Estaba la tienda del Capitán cerrada, y en ella había todo silencio,…”. Barezzi: “All’ora il padiglione del Capitano era chiuso e in quello era sommo silentio”. Pasaje omitido por Blancone.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[8]'' Villegas: “entró Vagao, camarero”. Barezzi: “Vagao suo camariero”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[9]'' “en su pabellón”. Añadido de Blancone.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[10]'' Interpretación de Blancone. Barezzi fiel a Villegas: “el cuerpo de Holofernes”, “il corpo di Holoferne”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[11]'' Villegas, Barezzi: “la matrona Judith”. Blancone nunca traduce “matrona” por “matrone” que tiene el mismo sentido que “matrona”. Probablemente porque “matrone” en Francia , o tiene una connotación romana, o una connotación despectiva. Véase Oudin: “Matrona, matrone, femme honorable et d'honneur” y “matrone, femme d'honneur, matrona”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[12]'' “oyendo”. Villegas: “viendo”, Barezzi: “vedendo”. Interpretación de Blancone&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[13]'' “se les heló tanto el alma, presa de un frío terror”. Villegas: “sobrevínoles tan grande temor”. Barezzi: “li sopravene un timor cosi grande”. Interpretación de Blancone.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[14]'' Villegas “ que puestos en huida dejaron en manos de sus enemigos la victoria y despojos”. Barezzi: “lasciareno nolte (/ molte¿ ?) mani dei suoi nemici la vittoria”. Blancone interpreta para más claridad.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[15]'' “dama”. Villegas: “mujer”. Barezzi: “ donna” . Interpretaciónde Blancone. Tanto en francés como en español, ”dame”, término empleado por Blancone, significa mujer de cierto rango social. Blancone emplea intencionalmente este término para encarecer el elevado rango moral de Juana, superior al rango social de las “personas ilustres y de noble sangre” a quienes es comparada.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[16]'' Villegas: “nacida de labradores en pobre aldea”. Barezzi: “nata era lavoratori e in povera terra”. Interpretación de Blancone.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[17]'' Villegas: “Illescas”. Barezzi “Illesca”. Blancone sigue aquí y seguirá de ahora en adelante a Barezzi. Corregimos el error, restituyendo “Illescas”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[18]'' “que atestiguan las extraordinarias virtudes y las grandes perfecciones que el Cielo le otorgó a aquella bienaventurada Monja, cuya vida queremos describir y dejar para la posteridad sus bellas acciones para que nos sirvan de modelo”: añadido de Blancone. Villegas: “y es en esta manera” ; Barezzi, fiel a Villegas: “la quale sta en esta guisa”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[19]'' Sigue la numeración de Barezzi, aunque repite su propia numeración en lo que corresponde al prólogo no numerado de Barezzi que encabeza su texto.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[20]'' Al margen izquierdo: “S. Juana de la Cruz, su patria y sus padres”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[21]'' “Fue dotada de extremada belleza, contribuyendo el Cielo con algo particular de la suya”. Villegas “dotada de mucha gracia y hermosura”, Barezzi: “Questa fu dottata di molta gratia e di singolar belleza”. Blancone desarrolla a Barezzi.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[22]'' Villegas: “deseos”. Barezzi: “suoi pensieri” Blancone sigue a Barezzi.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[23]'' “desconociendo la virtud de aquellos santos arrobos o éxtasis , de los que su hija quedaba presa”. Añadido de Blancone.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[24]'' “una imagen”. Villegas: “una ofrenda”, Barezzi: “una imagine”. Blancone sigue a Barezzi&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[25]'' Al margen izquierdo: “Imagen de Nuestra Señora de la Caridad y su origen”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[26]'' “Nuestra Señora”: añadido de Blancone.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[27]'' “de varias comarcas y lugares”. Villegas: “de diverss partes”, Barezzi: “da diversi parti”. Interpretación de Blancone.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[28]'' “por la intercesión de la bienaventurada Virgen”. Villegas: “por los méritos y intercesión de la Virgen.”. Barezzi: “per li meritie intercessione della Beata Vergine”. Blancone sigue a Barezzi, omitiendo “méritos”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[29]'' “según memoria transmitida de mano en mano, y tradición de generación en generación, como atestiguan los moradores de la provincia”. Villegas: “es tradición dentro del y en toda la comarca conservada de unos en otros”. Barezzi: “si tiene, e di dentro a quello, e di fora per una memoria conservata di mano en mano, dalli huomini di tutta la Provincia…”. Blancone sigue a Barezzi en su interpretación. El resultado es un sentido confuso y erróneo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[30]'' “de la bienaventurada Virgen María”. Villegas: “de la misma Virgen María”. Barezzi: “della B. Vergine”. Blancone sigue a Barezzi, añadiendo “María” para mejor comprensión.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[31]'' “por donde es muy reverenciada en él”. Villegas se refiere al monasterio: “ por donde es reverenciado y tenido en mucho”. Barezzi también: “di onde viene, che sia onorato”. Error de Blancone.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[32]'' “la ponían encima de la puerta de la clausura”. Villegas: “llevaba la sancta imagen, quitándola de sobre la puerta de la clausura” ; Barezzi: “portava la santa imagine sopre la porta della clausura”. Error de Barezzi que no traduce “quitándola”, reproducido por Blancone.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[33] “la puerta de clausura donde estaban las monjas”. Villegas: “la puerta de la clausura donde estaba” (o sea, donde estaba la imagen). Barezzi: “oue stava”. Error de traducción de Blancone que lee un plural y para más claridad añade el sujeto “las monjas”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[34]'' Añadido de Blancone para que el conjunto resulte más claro, pues es algo confuso al haber sido omitido “quitándola”, ver nota 32.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[35]'' “la cual así como se puede creer es esta”. Villegas: “lo que he podido descubrir es esto”, Barezzi: “la quale per quanto se ha potuto scoprire è questa”. Error de Barezzi. Blancone se ciñe a la estructura de Barezzi pero no lo traduce fielmente (“creer” en lugar de “descubrir”). El resultado es un sinsentido.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[36]'' Al margen derecho: “Sor Juana se apresta a cumplir el voto de su madre.”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[37]'' “y se considera que ha hecho muchos milagros, lo cual es la causa de ser visitada con gran reverencia y devoción de toda España”. Villegas: “y por extremo devota” ; Barezzi: “e in somma, devota, e dicono, ch’a fatto molti miracoli, e è visitata con molta riverenza da tutta la Spagna”. Blancone sigue el añadido de Barezzi.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[38]'' “imagen”. Villegas: “ofrenda”. Barezzi: “l’imagine”. Blancone sigue a Barezzi.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[39]'' Después de “niña” Blancone pone “que”:  probable errata que se enmienda aquí.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[40]'' “Habiendo oído esta niña el voto que había hecho su madre por ella, sintió gran contento y se alegró no sólo por el voto, sino también que tomó una resolución, la de quedarse monja en el monasterio”. Villegas: “Lo cual oído y advertido della, propuso en sí de no solo contentarse con hacer aquella ida, sino de quedarse en el monasterio por religiosa…”. Barezzi: “La qual cosa udita da lei, e ben inteso il voto per lei fatto, si propose nel l’animo, non solo di contentarsi di far quel viaggio per adempire la volontà di sua madre, ma ancore starsi nel Monastero per religiosa”. Añadidos de Blancone.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[41]'' Villegas: “y servir allí a la madre de Dios toda su vida”. Barezzi: “e ivi servire con tutto l’affetto alla Madre di Dio, per tutto il tempo de la sua vita”. Blancone sigue a Barezzi.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[42]'' Al margen derecho: “Las abstinencias que ella hacía.”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[43]'' Al margen derecho: “Ella se hizo un muy áspero cilicio.”. Barezzi: “Portava un aspero cilicio”. Interpretación de Blancone para hacer hincapié en la determinación de la santa.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[44]'' Villegas añade: “y desto, no todo lo que había menester…”. Barezzzi sigue a Villegas: “ne anco ne mangiava tanto quanto haveva bisogno…”. Blancone omite esta precisión.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[45]'' “de lo abstinente que era”. Añadido de Blancone.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[46]'' “Nunca estaba ociosa”. Villegas: “Nunca estaba ociosa, trabajaba de manos”, Barezzi: “Non mai stava ociosa, lavorava con le proprie mani”. Omisión de Blancone.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[47]'' Villegas añade: “y así tenía más que ofrecer a nuestro Señor que por todos fue tan herido y llagado”. Barezzi: “e cosi non haveva, che piu offerire a Nostro Signore che per tutti fu cosi scrito, e impiagato”: Omisión de Blancone.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[48]'' Al margen derecho: “Se va a vivir con sus tíos.”. Falta esta nota en Barezzi.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[49]'' En el siglo XVII “acciones”, traducción literal de “actions” en francés, significaba “expresiones”, “gestos”, “apariencia”, etc., y corresponde al texto de Villegas, “compostura de su rostro”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[50]'' Al margen derecho: “Su tía descubre su santidad.”. Barezzi: “E scoperta dalla zia dell’aspra vita ch’ella faceva”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[51]'' Esto significa que aquella tía lo era en el sentido recto de la palabra, o sea que era hermana de su padre o de su madre, y no simple consorte de su tío.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[52]'' “emplearlo”: hay que entender, “ el tiempo” como reza el texto de Villegas: “Aquí, teniendo mejor oportunidad se empleaba más tiempo en obras santas y penitencias”. Barezzi: “Ora perche qui haveva magior commoditate spendeva più tempo in opere sante, e in penitenze…”. La frase de Blancone cojea a nivel del sentido.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[53]'' “oraciones”: añadido de Blancone.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[54]'' “no se quedaba corta en ello”: añadido de Blancone.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[55]'' “una cadena de hierro”. Villegas  “una cadena”. Barezzi: “una catena di ferro”. Blancone sigue a Barezzi.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[56]'' “…pedía a nuestro Señor por premio que pudiese ser recibida como religiosa en el monasterio de sus esposas y que contase como una de ellas…”. Villegas: “pedía a Nuestro Señor por premio de sus dolores la recibiese en el monasterio de sus esposas, y la hiciese religiosa.”; Barezzi: per premio dei suoi dolori, che la ricevesse nel Monastero delle sue spose, e la facesse religiosa.”. Interpretación de Blancone.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[57]'' Barezzi: “del Signore”: variante de Blancone sin trascendencia. Tal vez debida a que “servante de Dieu” fuera más corriente en francés que “servante du Seigneur”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[58]'' Se restablece la lógica de la numeración. Barezzi: “XIX”, errata.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[59]'' “inspirada por Dios, por lo que se vio más tarde”. Villegas: “inspirada, a lo que se entiende, por Dios”. Barezzi: “spirata de Dio, per quello che si conosce”. Blancone interpreta el pasaje en un sentido más ‘racionalista’. Quiere decir que los hechos posteriores lo probaron, cuando Villegas y Barezzi se refieren a una creencia compartida.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[60]'' Al margen izquierdo: “Se marcha al Monasterio de la Cruz”. Barezzi: “Se ne va al monastero della Croce e quello che segui”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[61]'' “aunque le fue dicho que Dios la favorecería y cumpliría su santo deseo”. Villegas: “ le pareció que la hablaban y decían que se esforzase que Dios la favorecería, por donde saldría con su intento”. Barezzi: “quantunque li fusse parlato e detto, che si sforzasse, che i Dio la favorirebbe, e che ella haverebbe il suo intento.”. Interpretación de Blancone, más escueto.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[62]'' “vio venir a una persona a caballo, a quien conoció y vio que era un mozo rico que la había pedido por esposa y que deseaba grandemente conseguirla en matrimonio”. Villegas: “sintió venir tras sí aunque algo lejos, persona a caballo, y, mirando bien, conoció que era un mancebo hijo de padres ricos que la había pedido por mujer, y deseaba grandemente casar con ella.”. Barezzi: “entí venirsi apresso se bene alquanto lontano persone a caballo, e mirando bene conobbe, ch’era un giovanetto di padre rico, che l’haveva dimandata per moglié, e desiderava grandemente maritarsi con lei.”. Barezzi es más fiel a Villegas. Adaptación del pasaje por Blancone con el fin de aligerarlo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[63]'' En todo este pasaje, Blancone es más escueto, y más prudente que Villegas y que Barezzi. Cabe una explicación natural en su manera de relatar la anécdota, pues, según Blancone, Juana se aparta voluntariamente del camino cuando en Villegas y Barezzi lo hace aconsejada de Dios. Villegas: “en este peligro, la favoreció Nuestro Señor, con cegar al mancebo para que no la conociese y a ella advirtiéndola que se apartase del camino en tanto que pasaba.”. Barezzi: “in questo pericolo, nondimento fu ancora favorita dal Signore, acciecando cosi il giovanetto, che non la conoscesse, e auertendo lei che si apartasse dal camino mentre che egli passava.”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[64]'' “De esta manera caminó con seguridad”. Villegas: “bien cansada” ; Barezzi: “bene e sicuramente”. Blancone sigue a Barezzi.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[65]'' “la regañaron en extremo por haberse ido de su casa sin decirles nada.”. Villegas: “dijéronle palabras de mucha reprensión por lo hecho”. Barezzi: “Le dissero parole di molta riprensione per queste fatto”. Interpretación de Blancone para más claridad.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[66]'' Al margen izquierdo: “Se hace monja con licencia de su prelado en presencia de sus parientes.”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[67]'' “El prelado vino igualmente…”. Villegas: “Vino también a este tiempo el Prelado por cuya orden había de ser recibida en el convento …”. Barezzi: “Venne parimente nel medesimo tempo il Prelato per lo cui ordine doveva essere recevuta nel Convento…”. Blancone sigue a Barezzi omitiendo el desarrollo final del pasaje.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[68]'' “lo que le agradó más que cualquier mandamiento que jamás le hicieron. Pues ella era naturalmente amiga de hablar poco…”. Villegas: “y ella holgó de oírlo, porque de su natural era amiga de hablar poco…”. Barezzi: “la qual cosa fu cosi grata allá sue orecchie, quanto ogni altra cosa che li potesse occorere.”. Añadido de Barezzi. Blancone sigue a Barezzi.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[69]'' Al margen derecho: “Guardó un año el silencio que se le mandó guardar.”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[70]'' “zuecos de madera”. Villegas: “alpargatas en los pies.”. Barezzi: “nei piedi portava zoccoli di legno”. Blancone sige a Barezzi. Por otra parte, no existía traducción exacta de “alpargata” en francés. Oudin: “ Alpargate o Alpargata, une espece de chaussure faite de cordes de laine, ou de chanvre.”. Blancone, siguiendo a Barezzi, establece una equivalencia entre la alpargata y el calzado grosero e hiriente característico de los villanos pobres en Francia y en Italia.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[71]'' “una gruesa tela hecha de estopa o con una gruesa red …”. Villegas: “ una albanega de estopa”. Barezzi: “capo portava una tela di stoppa”. No existía término exacto en francés: Oudin: “Alvanega de red, un filet, une petite rets a pescher , une sorte de coiffure de reseau.”. Sin embargo el término “résille” que es la traducción exacta de “albanega” no se empezó a usar antes de finales del siglo XVIII y sólo para referirse a un tocado español.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[72]'' Al margen derecho: “Hubiese querido sufrir por Dios toda clase de afrentas.”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[73]'' “pues deseaba ser menospreciada, injuriada y ultrajada sin causa”. Villegas: “menospreciada y reprehendida sin culpa, y que fuessen levantados testimonios …”. Barezzi: “perche desirava di essere sprezzata, e ripresa senza colpa, e ingiuriata, e che li fussero levati testimonii..”. Blancone omite el final del pasaje.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[74]'' Al margen derecho: “ Hubiera deseado padecer toda clase de penas por Jesucristo.”. Barezzi: “Per amor del Signor, haveria volute patire ogni sorte di tormenti e d’astinenze.”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[75]'' “hasta tanto como podía”. Villegas: “hasta que le dolían las quijadas”. Barezzi: “ sinche li dolevano le ganasse”. Interpretación de Blancone.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[76]'' “Pues las monjas que ayunan, suelen comer al mediodía, y por la noche hacer una pequeña colación…”. Villegas: “porque así, como el que ayuna come después de mediodía, y a la noche hace una pequeña colación…”. Barezzi: “Perche si come quello che digiuna mangia di mezo giorna, e vicino allá notte fa una picciol collatione…”. Interpretación errónea de Blancone.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[77]'' “al esposo de su alma”. Barezzi: “al Signore Dio”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[78]'' Blancone traduce: “cada una en su cámara”. Añadido de Barezzi: “ciascuna nella sua cella”. Villegas más adelante emplea “cama”. Error de transmisión. Blancone sigue a Barezzi. Este error se repercute más adelante en la comprensión del pasaje. Por lo tanto se ha corregido en “cama” la errata.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[79]'' Al margen derecho: “Dormía muy poco.”. Barezzi: “Dormiva poco e quasi mai”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[80]'' “a que todas se hubiesen recogido”. Villegas: “a que todas se recogiesen en sus camas”. Barezzi: “quanto tutte si ritirassero nella sua camara”. Error de Barezzi dentro de la línea de traducir antes “cama” por “cella”. Blancone al darse cuenta de que cojeaba el sentido ; omitó la traducción de “camara”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[81]'' Al margen derecho: “Era muy aficionada a la Pasión de Jesucristo.”. Barezzi: “Affettionata della Passionedi N. Signor Giesu Christo e com’ella meditasse.”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[82]'' “Su esposo íntimo”. Villegas: “su esposo”. Barezzi: “suo amato sposo”.. Interpretación de Barezzi y de Blancone.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[83]'' “a quien servía de buen grado…”. Villegas: “de quien era esclava”. Barezzi: “di che ella era schiava”. Interpretación de Blancone.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[84]'' “y las losas por pedrería…”. Villegas: “las piedras por tapetes finísimos”. Barezzi: “le pietre per tapetti finissimi” . Interpretación de Blancone.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[85]'' “peana”. Villegas “y estrados del rey de los Cielos”. Barezzi: “e per pavimenti del Rei dei Cielo…”. Interpretación de Blancone. No existía traducción exacta de “estrado” en francés. Oudin: “Estrado, un lieu où on met des couffins pour asseoir les femmes, qui est ordinairement bas.”. Traducción de Blancone: “ le marchepied” traducido por Oudin: “Un marche-pied, peaña, banquillo, rodapies.”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[86]'' “y recogiendo de todo lo que veía, bellas florecitas que daban buen olor, tanto a su alma como a su prójimo, por el buen ejemplo que se podía sacar de todas sus acciones”. Comentario añadido por Blancone.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[87]'' Al margen izquierdo: “Puso mucho celo en el servicio divino al reprehender a un religioso.”. Barezzi: “ Era zelosa del culto divino, è percio ne represe un religioso, e quello che ne segui.”. Una vez más Blancone es más escueto en su nota.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[88]'' “aquella virgen…”. Villegas: “bendita doncella”. Barezzi: “questa benedetta donzella”. Interpretación de Blancone.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[89]'' “era hermosa y de muy buena compostura y de conversación muy agradable, hablaba muy bien y daba muy buenos consejos, y sólo con verla u oírla, uno se sentía movido a devoción.”. Villegas: “era de rostro agraciado y hermoso: junto con esto tenía presencia de mucha gravedad, era amigable y de agradable conversación, hablaba con grande gracia, y daba muy provechosos consejos, verla y oírla procuraba a devoción”. Barezzi: “era di faccia graciosa, e bella, e infieme haveva presenza di molta gravitate, era amichevole, e di grata conversione: parlava con molta gratia e daba molto utili consegli. Il vederla e udirla procurava a grande divotione.” La traducción de Blancone adapta el conjunto, sintetizándolo, pues este pasaje es difícil de traducir literalmente al francés.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[90]'' “u oyendo misa”. Villegas: “desde su choro, oyendo misa”. Barezzi: “overo udendo mesa”. Blancone sigue la traducción errónea de Barezzi.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[91]'' “de pagarle la gabela al Rey”. Villegas: “de pagarle el pecho a su rey y señor”. Barezzi: “è obligato pagare la gabella al suo re e signore”. Tanto Barezzi como Blancone transponen “pecho” a “gabela”, término más usado en francés y en italiano, aunque inexacto desde le punto de vista español.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[92]'' En singular en Villegas y en Barezzi. Extrapolación poco afortunada de Blancone que altera el sentido global pues “el eclesiástico” en Villegas se refiere tanto a los eclesiásticos en general como al eclesiástico particular a quien Juana reprende.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[93]'' “Tanto fue, que aquel religioso se arrepintió de su error y de allí en adelante fue más diligente en el servicio que debemos al que nos hace día y noche tanto bien”. Frase que no está en Villegas. Barezzi: “la onde quel Religiososi enmendó dell èrrore comesso, è ne dimandó perdono al Signore, e su poi piu solecito, e diligente nel servigio di sua Divina Maestà.”. Añadido de Barezzi. Blancone retoma la frase de Barezzi con un comentario final de su propia cosecha.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[94]'' “para agradar a Dios, respondió: hermana, hay que dedicarse continuamente a rezos y oraciones, y a guardar estrechamente silencio”. Villegas: “para agradar mucho a Nuestro Señor dijo: paz, oración, y silencio agradan mucho a su majestad.”. Barezzi: “per far cosa grata a Nostro Signore, le disse fare oratione e osservagli silentio, e cosa molto grata a sua Diuina Maestà.”. Barezzi omite “paz”. Blancone sigue a Barezzi, añadiendo variantes personales.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[95]'' Villegas: “y calla con los que hablan”. Barezzi: “e taci con quelli che taciono”. Barezzi parece restablecer una lógica de frase y en esto le sigue Blancone.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[96]'' Barezzi al margen izquierdo: “Diceva gran cose dell’ Angelo custode e che se gli deve esser molto divoti, e perche”. Nota omitida por Blancone.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[97]'' “haciéndoles saber que aquella persona ha hecho algo que merece que rueguen a Dios por su libranza”.Villegas: “ que él sabe que aquella persona tiene devoción y ha hecho algunos servicios, para que con él rueguen a Dios le favorezca y libre, y que lo hacen ellos de la manera que les es pedido”. Barezzi: “che sappiano che quella persona ha divotione, e ha fatto cosa permezo della quale egli merita, ch’essi infieme con lui preghino Dio che lo favorisca e lo liberi, e che lo faccia salvo, e tale quale li viene da essi dimandato.”. Blancone más escueto y menos enrevesado que Barezzi y que Villegas. Reajuste suyo del pasaje, probablemente para más claridad.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[98]'' “van al Purgatorio a consolar a las almas de quienes ellos eran custodios, las consuelan y les cuentan las buenas obras que hacen por ellos los vivos para que sean tomadas en consideración”. Villegas más escueto: “no desamparan los ágeles a las almas, de los que fueron custodios, sino que si van a Purgatorio, las visitan y consuelan y dan cuenta de las obras santas y meritorias que los vivos hacen por ellas.”. Barezzi: “non si smenticano dell’anime, delle quali furono custodi, perche vanno al Purgatorio e le visitano e le consolano e li danno conto delle opere sante, e meritorie, che i vivi fanno per loro.”. Barezzi sigue a Villegas. Blancone es más escueto y, para más claridad, adapta de manera personal el pasaje.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[99]'' Barezzi, al margen derecho: “Era divota della Croce, e perche ragione.”. Blancone omite esta nota.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[100]'' “Apellido”, en su sentido etimológico de cómo usan llamar a una persona. Blancone traduce “cognome” (Barezzi) por “Surnom”. Oudin: “surnom, sobrenombre, apellido.”. DRAE: Apellido, m. Sobrenombre o mote. Sin.: sobrenombre, alias, apodo, mote, apelativo, remoquete, chapa, seudónimo.”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[101]'' “sobre la cual hacía todos los días dulces pláticas…”. Villegas: “con la cual tenía dulces y sabrosos coloquios, diversos para cada día de la semana”. Barezzi: “con la quale faceva dolci e soavi ragionamenti per ciascun giorno della settimana”. Barezzi sigue a Villegas pero Blancone aligera el texto, para agilizar el pasaje, cambiando ligeramente el sentido.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[102]'' “enviándole grandes regalos de su propia mano, de lo que se holgaba mucho”. Villegas: “enviándole regalos de su mesa de gustos y recreos divinos.”. Barezzi: “mandandogli delicie della sua mana di gusto, e recreamento mirabile…”.  Traducción errónea de “mesa” por Barezzi, retomada por Blancone que adapta el conjunto.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[103]'' “y viendo que ni llamándola, ni tambaleándola, se movía “Villegas: “y viendo que tratando della ni dándole voces no mostraba sentir”. Barezzi: “e vedendo che ne con il moverla, ne co’l chiamarla non mostraba di sentire cosa alcuna, …”. Blancone sigue a Barezzi, interpretándolo ligeramente.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[104]'' Al margen derecho: “Se quedaba muchas veces arrobada.”&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[105]'' Barezzi, al margen derecho: “Essendo in estasi scopriva i pensieri, e secreti altrui a quelli con gran loro stupore.” Blancone omite esta nota.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[106]'' “y a huir de los vicios, reprehendía dulcemente a los presentes, y sus razones eran de tal manera que hablaba con ellos, sin que los demás se diesen cuenta: pero ellos lo entendían muy bien, reconociendo el mal que habían hecho, pedían perdón a Dios con el deseo de enmendarse de allí en adelante”. Villegas: “y se evitasen vicios, tocando en alguno de que algunos de los presentes eran tocados, de modo que les parecía hablar con ellos, y sin que otros entendiesen ellos en semejantes razones lo que habían hecho mal, y era muy secreto, y así les era motivo para tener pesar dello y enmendarse.”. Barezzi: “efuggire i vitii dolcemente riprendendo d’alcuna cosa quelli ch’erano presenti e i suo ragionamenti erano de tanta eficacia, cha pareva parlar con quelli, in guisa tale che gli altri non intendevano, ma essi da simili ragioni scoperti, e vinti conosceva non nel cuor loro il male, c’havevano fatto e cosi li era un motivo di pentirsi delle offese fatte a Nostro Signor Dio chiedendone perdono, con fermezza di emendarsene per l’avenire.”. Blancone se ciñe a Barezzi pero simplificándolo para más claridad.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[107]'' “de la Observancia”. Villegas: “de su orden”. Barezzi: “un certo Provinciale del Ordine de minori Oservanti…”. Blancone sigue a Barezzi. Ambos, frailes observantes, enfatizan la pertenecia de Juana a su misma orden.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[108]'' “que ella no sería capaz para el monasterio ni para la casa en aquel oficio: pues bastante tenía que hacer consigo misma”. Villegas: “que para el monasterio y casa sería provechoso tener ella aquel oficio, aunque para sí penoso.” Barezzi: “che per lo Monastero e casa farebbe utile il tenere lei in quello ufficio quantumque per se stessa sarebbe cosa faticosa e de molta pena”. Blancone sigue a Barezzi aunque adaptándolo y traduciéndolo a contrasentido.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[109]'' Al margen izquierdo: “Hablaba diversas lenguas estando en éxtasis.”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[110]'' “y ellas entendieron muy bien lo que ella les decía”. Villegas: “hablóles en algarabía, y ellas le oyeron de muy buena gana….”. Barezzi: “di buona voglia…”. Barezzi fiel a Villegas. Interpretación errónea de Blancone.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[111]'' “y no acostumbrada entre pocos santos”. Villegas: “y no oída de algún santo”. Barezzi: “e non udita di alcun santo”. Barezzi sigue a Villegas. Interpretación errónea de Blancone, a no ser que se trate de una rectificación voluntaria.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[112]'' “ella quiso que todas las monjas saliesen de la cámara donde estaba su Virgen …”. Villegas: “mandando salir del aposento a las monjas que estaban en él y quedó sola”. Barezzi: “comandó l’Abadessa che uscissero della camera le Monache che vi erano, e cosi restó sola.”.  Error de traducción de Blancone.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[113]'' En el sentido de fingidos, frutos de la imaginación.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[114]'' “que era voluntad de Dios que las monjas oyesen lo que decía en aquel momento, y que prohibían sin embargo a personas dotadas de entendimiento y razón de oírlas”. Villegas: “en lo cual pareció ser voluntad de Dios que oyesen lo que decía en tales tiempos, y que si a personas de entendimiento y razón se les vedaba, vendrían aves que carecen de todo esto a oírla”. Barezzi: “nella qual cosa parue essere volontade di Dio, che udissero quello, che diceva in tale tempo, e che vietavano a persone di intendimento, e di ragione l’udirla vederebbono angelli, che mancando di tutte queste cosi l’udirebonno…”. Error de traducción de Barezzi (“angelli” en lugar de “aves”) pero fiel a Villegas por lo demás. Blancone omite el final del pasaje, tal vez porque le parecería extraño, y refunde el conjunto según lógicamente lo entiende. Al final, el sentido se pierde.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[115]'' Al margen izquierdo: “El Cardenal de Toledo y varias personas fidedignas la vieron arrobada.”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[116]'' “Cardenal y Arcediano”. Villegas: “Cardenal y arzobispo”. Barezzi: “Cardenale e Archidiacono.” Blancone sigue la rectificación de Barezzi.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[117]'' “creyendo verdaderamente que era la verdadera sierva y esposa de Jesucristo quien le daba aquellos arrobos como prendas de su divino amor”. Pasaje añadido por Blancone.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[118]'' Al margen izquierdo: “Nuestro Señor, hace por sus ruegos, un gran milagro.”. Barezzi: “N. S. Dio per mezo della serva sua opera un miracolo.”. Barezzi: “Favorita dal Signore segue un nottabil[e¿ ?] miracolo”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[119]'' “y por mi culpa”: añadido de Blancone.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[120]'' Al margen derecho: “Siendo favorecida de Dios, hace un notable milagro repetido varias veces.”&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[121]'' Blancone: “publié” es decir, “ publicado”. Villegas: “público”. Barezzi: “publico”. Errata de Blancone que déja cojo el sentido. Se corrige la errata.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[122]'' Al margen derecho: “Con sus ruegos obtiene la salud para una niña.”&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[123]'' “estando a punto de morir…”. Villegas: “una niña que murió”. Barezzi: “una giovanetta che moriva”. El cambio de tiempo por Barezzi cambia el sentido. Blancone sigue a Barezzi ahondando en este cambio. Por otra parte la rectificación hace más creíble el milagro.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[124]'' “su padre”. Villegas: “ sus padres”. Barezzi: “suo padre” Blancone sigue a Barezzi.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[125]'' “donde se vio por experiencia que iba a morir.”. Villegas: “la cual por muchas experiencias hechas en ella, se vio que estaba sin vida”. Barezzi: “la quale per molte sperienze, che si fece in quella si vide, ch’era dubbiosa della vita sua…”. Blancone, como Barezzi, sigue dentro de la lógica de la rectificación anterior, es decir que la niña no estaba muerta sino a punto de morir.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[126]'' “en número de setenta”. Villegas: “en número de ochenta”. Barezzi: “al numero di ottanta”. Error de Blancone, a no ser que sea una rectificación suya&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[127]'' “de tanto como agradaban a Jesucristo, su verdadero esposo, los ruegos de su humilde sierva”. Añadido de Blancone.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[128]'' “elevada”. Villegas “electa”, Barezzi: “eletta”. Error de interpretación de Blancone, a no ser que sea una exornación voluntaria para ensalzar la figura de la santa.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[129]'' Al margen derecho: “Es elevada a abadesa en el monasterio.”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[130]'' “tanto mas cuanto que”. Villegas: “en que” Barezzi: “perche”. Traducción errónea de Blancone, que oscurece el sentido.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[131]'' Barezzi: “Con l’oratione ottene gratia della sanità di dòna Anna Manrique”. Blancone omite esta nota de margen.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[132]'' Al margen izquierdo: “Con sus oraciones alcanza la salud para varias personas.”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[133]'' “que agradaban más a Dios que todos los remedios naturales que se había pensado aplicar”: comentario añadido por Blancone.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[134]'' Al margen izquierdo: “Trabajos padecidos con paciencia por esta humilde abadesa.”. Barezzi: “Travagli e persecutioni, che pati la serva del Sig. con molta patienza, e la causa perche.”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[135]'' “uno de los prelados, el más principal …”. Villegas: “uno de los prelados y el principal”. Barezzi: “uno dei Prelatti, e il principale…”. Barezzi sigue a Villegas. Traducción errónea de Blancone.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[136]'' Añadido de Blancone, para más claridad.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[137]'' “muy atenta, como si hubiese estado en el coro, cuando se decía la Santa Pasión”. Villegas: “tornando en sí, fuese al coro al tiempo que se decía la Santa Pasión”. Barezzi: “con attentione in se stessa, come se fusse nel choro quando si dice la santa passione”. Error de Barezzi. Blancone sigue a Barezzi.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[138]'' Al margen derecho: “Contemplando la Pasión de Jesucristo, recibe sus señales en pies y manos, no sin dolor.”. Barezzi: “Contemplando la passione di N. Signore gli rima se i segni nei peidi, che li durarono molti giorni con grandissimo suo tormento.”&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[139]'' “a él” Villegas “a ella”. Barezzi: “e che univa a quello”. Error de Barezzi a quien sigue Blancone.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[140]'' “que alcanzó su petición”. Añadido de Blancone.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[141]'' “agotado y afligido por la gran penitencia que ella hacía cada vez más a menudo.”. Añadido de Blancone. En cambio omite “por muchos días” (Villegas), “per molti giorni” (Barezzi).&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[142]'' Al margen derecho: “Cae tan enferma que ya no se puede mover.”. Barezzi: “S’amala con gravi pene, e tormenti che nulla si poteva movere.”. Blancone más escueto que Barezzi.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[143]'' “sino con el socorro de dos monjas.”. Añadido de Blancone.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[144]'' Al margen izquierdo: “Coloquio que tuvo con Jesucristo y su respuesta.”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[145]'' “dando espanto y compasión al que alcanzaba ese bien de verla, lo cual no era sin padecer en extremo…”. Añadido de Blancone.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[146]'' “daba gracias y alababa al esposo de su alma, Jesucristo, por los dolores que recibía, como otras tantas piedras preciosas venidas de su sagrada mano…”. Añadido de Blancone.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[147]'' A partir de aquí, las supuestas palabras de Jesucristo vienen en estilo indirecto cuando en Villegas y en Barezzi aparecen en estilo directo. Tal vez sea esto por prudencia por parte de Blancone, pues el estilo indirecto abre un poco de distancia con lo referido aquí.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[148]'' “era necesario que ella creyese”. Añadido de Blancone.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[149]'' “un millón”. Villegas: “graves”. Barezzi: “gravi”. Interpretación de Blancone.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[150]'' “Tienen que ser grandes los trabajos, para alcanzar los grandes asientos…”. Villegas: “y porque les cumple padecer trabajos, y que sean grandes para tener allá grande y principal asiento…”. Barezzi: “patir travagli per andar al Cielo, e che siano grandi per havere la grande e principal sedia…”. Blancone omite “principal” para establecer un paralelismo con “que sean grandes los trabajos”. Por esta misma razón pluraliza “asiento”. Tal vez podamos vislumbrar aquí la pasión francesa de la época por la simetría y el equilibrio, cuando, tanto en Villegas como en Barezzi, aflora un gusto por el barroquismo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[151]'' “y tú vendrás.”. Añadido de Blancone.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[152]'' “esta virgen…”. Añadido de Blancone.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[153]'' Al margen izquierdo: “Murió en Dios el 3 de mayo de 1534.”. Barezzi: “Mori nel Sig. a 3. di Maggio del 1534.”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[154]'' Literalmente hablando, Blancone traduce a contrasentido: “habiendo todas las monjas repartido y deparado todos los pequeños y pobres muebles de su celda para morir más pobre.”. Corregimos aquí siguiendo a Villegas y a Barezzi.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[155]'' “según San Juan”. Añadido de Blancone.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[156]'' “con gran modestia”. Villegas “y mostrando en su rostro un sonriso” (¿errata por una sonrisa?). Barezzi: “mostrando nella faccia un sorriso”. Error de Blancone.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[157]'' “en Jesucristo”. Añadido de Blancone.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[158]'' “Después de esta muerte, el olor de su celda, que no era nada grato por el largo tiempo de su gran enfermedad, se mudó en tan buen olor que todos quedararon muy consolados”. Pasaje completamente reescrito por Blancone. Villegas: “junto con que, habiendo antes en el aposento algún mal olor por causa de su larga enfermedad, al proviso se trocó en otro admirable y del Cielo, de que gozaron todos los presentes.”. Barezzi: “Apparsso allá qual cosa havendo mutossi nella camera qualche cattivo odore per la lunga infirmitade, all’improviso si mutó in un’altro admirabile del Cielo del quale si goderono i presenti.”. Tal vez Blancone haya querido corregir, interprétándola, la traducción algo enrevesada de Barezzi.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[159]'' Al margen derecho: “Hace muchos milagros cuando muere.”. Barezzi: “N. S. per li meriti della serva sua rese la sanità a molti.”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[160]'' Al margen derecho: “Su cuerpo es trasladado a un lugar más honroso.”. Barezzi: “Fú trasportato il corpo suo, e riposto in un sepolcro alto e illustre nel choro della sua Chiesa.”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[161]'' “por haber sido virgen esposa de Jesucristo”: añadido de Blancone.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[162]'' “su vida atestigua que su alma goza ahora plenamente del dulce abrazo de su Esposo y que la ha puesto en un asiento principal de su bienaventuranza, desde la cual Dios quiera por su bondad y misericordia y por los méritos de esta bienaventurada Sor Juana, hacernos partícipes”. Pasaje reescrito. Villegas: “por ser cuerpo de persona cuya vida da a entender piadosamente que está su alma de Nuestro Señor en muy principal asiento de su bienaventuranza, de que todos seamos participantes.”. Barezzi: “gozando per essere corpo di persona, la cui vita fa vedere piamente, che l’anima sua se ne stia godendodi nostro Signore in una molto principal sede della sua beatutidine, della quale tutti IDDIO ne faccia partecipi..” Barezzi sigue fielmente a Villegas y Blancone aligera el conjunto adornándolo según sus gustos personales.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
= Vida impresa (12)=&lt;br /&gt;
Ed. de [http://visionarias.es/equipo/maria-gonzalez-diaz/ María González Díaz]; fecha de edición: mayo de 2024.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
== Fuente ==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
* [http://catalogodesantasvivas.visionarias.es/index.php/Categor%C3%ADa:Alonso_Carrillo Carrillo, Alonso], 1663. ''Epítome de la vida de soror Juana de la Cruz, religiosa de la Orden Tercera de Penitencia de san Francisco en el convento de Santa María de la Cruz, diócesis de Toledo. Presentado a la santidad de Alejandro VII, pontífice máximo y señor nuestro, por fray Juan de San Diego y Villalón, religioso de san Francisco y procurador en la curia romana, para la causa de la canonización de la sierva de Dios''. Zaragoza: Bernardo Nogués.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[[Contexto material del impreso Epítome de la vida de soror Juana de la Cruz de Alonso Carrillo]].&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==Criterios de edición==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
La edición presenta una sección de notas donde, por un lado, aparecen las citas que el impreso presenta en los márgenes (recogidas con números romanos) y, por otro lado, las aclaraciones de la editora (apuntadas con números arábigos en cursiva y entre corchetes). Es importante apuntar que las cinco primeras citas que hay en los márgenes aparecen en el impreso como números arábigos en superíndices.&lt;br /&gt;
Se han adoptado los criterios de edición de vidas impresas estipulados en el ''Catálogo de santas vivas'':&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
* Se ha indicado el folio (r-v). &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
* Se han respetado los párrafos que aparecen en el impreso.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
* Se han eliminado las consonantes geminadas y se ha modernizado la ortografía (sibilantes, b/u/v, j/g, chr/cr, qu/cu, empleo de h, etc.) aunque se respeta la morfología de las palabras con interés morfológico o fonológico (seseo, leísmos, laísmos, loísmo, etc.). &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
* Se han ajustado a los criterios actuales del español la unión y separación de palabras (“desta”, “desde”, “dello” etc.), el uso de mayúsculas y minúsculas, y la acentuación y la puntuación. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
* Se han expandido las abreviaturas, primordialmente la expansión de las nasales con la virgulilla encima de la vocal y la abreviación de “que” o “qual”, también con el uso de la virgulilla o la diéresis. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
* Se han introducido las comillas para delimitar las intervenciones dialógicas de los personajes. También en las cartas.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
* Se han desarrollado las siglas.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
* Se ha usado la cursiva para las obras literarias (''El Conorte'').&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
* Los latinismos crudos se escriben en cursiva (''in iure'').&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
* Se han homogeneizado los números (tanto en el caso de las fechas, como en el uso de los números romanos).&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
* Se ha corregido la foliación: El impreso repite el folio 10 dos veces. Por este motivo, se corrige a fol. 11r y fol. 11v. Sin embargo, debe tenerse en cuenta que, a partir del siguiente folio, el impreso presenta la numeración correcta. Posteriormente, el impreso se salta el folio 33 y pasa directamente al 34, por lo que se vuelve a corregir hasta el folio 45, donde la numeración vuelve a ser correcta hasta el final.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==Vida de Juana de la Cruz==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''El autor al que leyere ese epítome'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[fol. [i]r] La vida de soror Juana de la Cruz ha sido asunto de algunas plumas bien doctas en España; pues con sus virtudes, revelaciones y milagros les dio materia esta sierva de Dios para escribir crecidos volúmenes, donde lo accesorio es más que lo principal por la necesidad que tuvieron aquellos escritores de responder a diferentes objeciones que se pusieron a los primeros libros que se publicaron, llenos de algunas maravillas que, con dificultad, hallan aceptación en la credibilidad de los vulgares. Pero tratándose hoy de la canonización de soror Juana es necesario informar al Vicario de Cristo de sus principales acciones con tal brevedad que no se le hurte el tiempo a quien le gasta todo en beneficio del orbe cristiano. No es este de los escritos en que puede ostentar sus primores la elocuencia, ni aquí puede lograr sus sentencias y aforismos la política pues, refiriéndose una vida sin artificio y una verdad desnuda, es preciso faltarle los adornos con que se visten las vidas de los príncipes y de los héroes del siglo que, con el manto de la lisonja y adulación, cubren los defectos; y para estos solamente inventó sus galas el artificio. Por eso, es nuestra relación sencilla y de estilo ordinario, pues nuestro intento solamente pretende informar al Padre Universal, a cuyos oídos han de llegar las cosas como son y no como debieran ser, para que, atendiendo a las súplicas reverentes de tantos devotos ''[1]'' como tiene soror Juana ya de superiores ya de inferiores jerarquías, mande ver el proceso que se hizo a más [fol. [i]v] de cuarenta años sobre verificar por menor lo que por mayor contiene este epítome. Y, contando de los méritos de esta virtuosa virgen, la escriba en el catálogo de los ciudadanos del Imperio con que nuestra España tendrá más este blasón que la ilustre, y la religión de san Francisco logrará las ansias con que propone esta súplica a los pies del sucesor de san Pedro. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[fol. 1r]&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Santísimo Padre'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Aunque la antigua cosmografía puso en España el ocaso del sol y fue tenida por la última de las tierras desde que sus naturales profesan la religión cristiana, ha sido Oriente de muchos soles que resplandecieron y alumbraron el mundo con rayos de virtud y santidad.&lt;br /&gt;
No pueden comprehender fácilmente los martirologios y las dípticas de nuestras iglesias el número de los mártires, de las vírgenes y de los confesores que, o por consentimiento de toda la Iglesia universal y tradición recibida por muchos centenares de años o por declaración de los sumos pontífices vuestros antecesores y por vos mismo, son venerados por ciudadanos de la triunfante Jerusalén.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Pocas provincias del orbe cristiano se igualan con las nuestras en esta excelencia y ninguna las excede; y no ha muchos años que aumentasteis nuestras glorias con escribir en el catálogo celeste a santo Tomás de Villanueva.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Ahora pedimos, sedientos de semejantes favores, declare vuestra beatitud por santa a la singular Juana de la Cruz, hija de la religión de san Francisco y que profesó su tercera regla en el Monasterio de Santa María de la Cruz, diócesis de Toledo. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[fol. 1v] Desde que la santidad de Gregorio XV, pontífice máximo, en el año de 1622 expidió su breve para que los obispos de Troya y Cirene hiciesen en la plenaria la información sobre los milagros y virtudes de esta sierva de Dios y, cumpliendo con la comisión exactamente, remitieron el proceso según el orden e instrucción que contenía el breve, no se ha hecho diligencia para acordar a vuestros gloriosos antecesores los deseos que tienen todas las Españas de oír de la boca del oráculo pontificio que soror Juana es santa y que, como tal, se le puede dar pública veneración.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Esto piden la majestad católica de Felipe IV, nuestro rey, la virtuosísima y esclarecida reina doña Mariana de Austria, su esposa, y el señor don Juan de Austria, príncipe tan famoso en el mundo por sus hazañas que serán el mejor ornamento de las historias de nuestro siglo.  Esto piden los reinos de Castilla, los prelados y antistites de las primeras iglesias, y sus cabildos eclesiásticos; y, singularmente, el cardenal Sandoval, arzobispo de Toledo, en cuya diócesis nació y murió soror Juana y está hoy sepultado su cuerpo incorrupto. Esto solicita la religión de san Francisco, cuya tercera regla profesó, y también la ilustre villa de Madrid, corte de nuestros reyes. Y yo, aunque indigno de parecer ante la majes- [fol. 2r] tad de vuestro trono, hago esta súplica, gobernado de la devoción que generalmente tenemos los españoles a la virgen Juana de la Cruz.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El culto particular con que es venerada no basta a satisfacer la devoción de sus conterráneos que, como hijos obedientes de la Sede Apostólica, aguardan los decretos y determinaciones de Vuestra Santidad para saber el grado de veneración con que la han de estimar e invocar en sus necesidades y aflicciones; pues, hasta ahora, se han experimentado grandes maravillas resucitando muertos, restituyendo los enfermos de achaques incurables a salud vigorosa, y sus granos o cuentas tienen virtudes experimentadas por larga serie de sucesos contra los demonios, contra las tempestades y contra las plagas que suele padecer la naturaleza.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y aunque por las bulas que, en los años 25 y 33 [I], promulgó la santidad de Urbano Octavo, de feliz memoria, se corrigieron los abusos con que el pueblo rudo suele dar veneración y culto a muchas personas sin noticia ni aprobación de la Santa Sede, en las mismas bulas [II] quedan reservados aquellos casos en que, por tiempo inmemorial o por mucho tiempo y con tolerancia de los [fol. 2v] ordinarios [III], han sido venerados algunos con particular culto, dejando a estos en la cuasi posesión en que se hallan y en las dudas que se han ofrecido en esta santa ciudad. Lo han determinado y declarado así las congregaciones que se hicieron sobre tales causas en los pontifi- [fol. 4r] cados de Clemente VIII y Paulo V, de feliz memoria [IV], mandando no se innovase donde in- [fol. 4v] tervenían los requisitos que concurren en culto con que es venerada soror Juana de la Cruz.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
No tiene altar ni es invocado su nombre públicamente, y en todo se guardan los decretos apostólicos, porque el culto es particular y nacido de un afecto interno y de una voz común agradecida a tantos milagros y maravillas.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y cuando los obispos de Troya y de Cirene hicieron la información plenaria hallaron que, por más de noventa años, antecedentemente tenía el mismo culto pues su cuerpo está colocado en parte eminente y con algunas lámparas que arden continuamente en su obsequio y pendientes los votos que, con frecuencia, llevan al templo donde yace el cadáver sus reconocidos. En esta forma le han visitado los arzobispos de Toledo, los prelados de la religión franciscana, los nuncios que en nombre de la Sede Apostólica residen en la corte de España y, en fin, las majestades desde los grandes monarcas Felipe III y Felipe IV su hijo, y la esclarecida reina doña Isabel de Borbón, y los infantes (grandes y títulos de estos reinos). Y antes de emprender la conquista de Portugal en que hoy se halla emplea [fol. 5r] do, el señor don Juan de Austria visitó el templo de Santa María de la Cruz a devoción de soror Juana de la Cruz y, con liberalidad propia de su ingenio, ha dado muy considerables limosnas [V] y, a su imitación otros, con que la devoción a esta virgen es general. Y, no sin providencia superior, se ha reservado a los felices tiempos de vuestro pontificado el ponerla en la lista y número de los santos canonizados. Y, para que pueda vuestra santidad comprehender las acciones principales de la vida de soror Juana de la Cruz, pongo a vuestras plantas ese dibujo o epítome de todas ellas, refiriendo solamente lo que parece más esencial y que conduce a informar vuestra mente sin que por ello pretenda merecer algún crédito más del que damos a una historia profana, remitiendo la verificación y comprobación de este informe al proceso y papeles concernientes a la prueba que se hizo por los obispos de Troya y de Cirene y que se llevaron a esa curia romana, bastándome por suma felicidad llegar por medio de este escrito a vuestras plantas. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Besa los pies de vuestra santidad,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Licenciado don Alfonso Carrillo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[fol. 5v]&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''§. I.'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[VI] Presidiendo en la silla de san Pedro Sixto IV, de feliz memoria, y reinando la mayor parte de las Españas los Católicos Reyes don Fernando y doña Isabel, príncipes gloriosos, nació Juana en tres ''[4]'' de mayo del año de 1482 ''[5]'' en el lugar de Azaña, pueblo del arzobispo de Toledo, cuya situación es en la provincia que llaman Sagra. Sus padres fueron Juan Vázquez y Catalina Gutiérrez, personas virtuosas y ricas.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[VII] [fol. 6r] Reconociese luego que recibió el agua del Bautismo que la niña se abstenía (con admiración de cuantos observaron la maravilla) en el viernes de todas las semanas de tomar el pecho de su madre, si no es una vez al día ayunando en la forma que se refiere de san Nicolás, obispo de Mira, y de san Estéfano, obispo diense.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[VIII] [IX] Sucedió no mamar en tres días y pareció haberla sobrevenido un accidente mortal con suspensión de todos los sentidos. Y creyendo la madre haber fallecido la criatura, pidió a la Virgen santísima intercediese con su Hijo Cristo, Señor Nuestro, la resucitase. Haciendo voto de llevarla al templo nuevamente fundado de Santa María de la Cruz y estar en vigilia allí una noche, volvió la niña del parasismo o desmayo, con que su madre creyó piadosamente había sido resurrección milagrosa la de su hija.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[X] [XI] Antes de cumplir dos años, enfermó de suerte que no podía comer ni aún tomar el pecho, con que su madre, valiéndose por medicina en todos los males de niña de la intercesión de los santos, la llevó a un templo dedicado a san Bartolomé en la villa de Añover. Y a vista de la imagen del apóstol, se alegró Juana, mejorando de suerte que pidió de comer; y contaba en la edad de discreción como había [fol. 6v] tocádola el apóstol san Bartolomé en el rostro, de que procedió cobrar salud. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[XII] [XIII] No la vieron jugar con otros niños, como es natural en la infancia, y a los cuatro años de su edad tuvo un rapto en que juzgó ser llevada a un lugar ameno donde vio una señora de mucha autoridad asistida de vírgenes y niños hermosísimos; y, por haberla enseñado aquellos coros de vírgenes y niños que la señora era la Madre de Dios, la adoró y alabó con la salutación del ángel. Y en aquella oración, vio también al ángel su custodio. Y, cuando volvió del rapto, refirió cuanto en él había observado hasta que la mandaron callar sus padres y obedeció luego.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[XIV] [XV] En aquel mismo año, llevaban por viático a un enfermo el santísimo sacramento de la Eucaristía y, pasando por la puerta de la casa donde vivía Juana, le adoró y vio sobre el cáliz a Cristo, Señor Nuestro, en forma de niño hermoso y resplandeciente. Y en el día que la Iglesia celebra la Purificación de la Virgen, Nuestra Señora, al tiempo que el sacerdote levantó la hostia consagrada, vio en ella distantemente el cuerpo glorioso de Cristo, rodeado de muchos ángeles; y en aquella edad inocente pensaba que a todos eran comunes semejantes favores.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
A los siete años de su edad murió su madre [fol. 7r] [XVI] y, entre sus agonías últimas, encargó a su marido cumpliese por ella el voto de llevar a la niña con una ofrenda de cera al templo de Santa María de la Cruz. Pero la muchacha, adelantando el discurso a más altos fines, deseaba ir ella a cumplir el voto de su madre y, con esta ocasión, quedarse monja en el convento. Comunicó sus pensamientos a una su tía, que al mismo tiempo entró religiosa en el monasterio de Santo Domingo el Real de la ciudad de Toledo, pero su padre y abuelo, entendiendo lo que pretendía, lo embarazaron considerando la tierna edad de Juana, incapaz, a su parecer, de tolerar los rigores y asperezas de una religión. Y aunque la tía procuró siempre atraerla a su convento hasta disponer medios de robarla, no pudo ''[6]'' conseguirlo. Y la niña, más advertida, propuso tomar el hábito en otra parte por que no dependiese su vocación de afecto al parentesco de la tía.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[XVII] [XVIII] Otros sus parientes ricos la llevaron a su casa por tener en ella una joya preciosísima; tales eran las luces que brillaba aquel diamante y tal su capacidad que fiaron el gobierno de su hacienda a la muchacha. Aquí se descubrieron las penitencias con que Juana maceraba su cuerpo en tan tiernos años, ayunando los días de precepto a pan y agua y, tal vez, no comía en dos o tres días; y cual otra Cecilia [fol. 7v] penitente, usaba silicios y se azotaba con cadenas hasta derramar sangre. En las noches frías y dilatas del invierno, después de recogida la gente de su familia, se desnudaba sin dejar sobre si más que el silicio y, en esta forma, pasaba en oración toda la noche. No pudo esto recatarse de la noticia de sus tíos y así vivió con mayor retiro en adelante.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[XIX] Gozaba continuamente de visiones maravillosas que la enseñaban o confirmaban en alguna virtud. Y en un Viernes Santo por la mañana, contemplando la Pasión de Nuestro Salvador, le vio crucificado; y fue tanto su sentimiento con aquella soberana visión percibida con los ojos corporales que, con las lágrimas que derramó e interno dolor que tuvo, quedó desfigurada de suerte que aun sus mismos tíos no la conocían.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[XX] A los catorce años de su edad, pensaron sus tíos en casarla y, a la fama de su honestidad y hermosura, concurrieron muchos pretendientes, señaladamente un mancebo natural de la villa de Illescas. Pero, como Juana quería consagrarse a Dios perpetuamente, le fue revelado un día de la Semana Santa por medio de una visión (en que Cristo, Nuestro Señor, la apareció) sería su Esposa y que entraría en religión. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[XXI] [fol. 8r] Alentada la virtuosa doncella con tal favor, dispuso entre sí misma irse al convento de Santa María de la Cruz de religiosas terceras de san Francisco. Tenía Juana particular devoción a este convento porque su fundación fue prodigiosa y, al parecer, agradable a la soberana Reina de los ángeles, Nuestra Señora. El suceso se cuenta en esta forma. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Cinco leguas de Madrid, villa ilustre y corte hoy de los reyes de España, tiene su asiento la villa de Cubas, de corta población y oscuro nombre. [XXII] [XXIII] Apacentaba una pastorcilla, llamada Inés, en los términos de este pueblo un ganadillo de cerda; y era tan devota de la Virgen Santa María que mereció ser instrumento de las maravillas del Cielo. Aparecióse a la pastora la Virgen santísima a quinientos pasos del lugar de Cubas y, después de varios coloquios y apariciones que se continuaron por algunos días, la dijo que en aquel sitio quería tener templo de su advocación; y, para que los de su pueblo le edificasen, la dio ciertas señales y en particular la cerró la mano, dejando el dedo pulgar sobre el índice en forma de cruz y de fuerte que no podía abrirla ni usar de ella. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
La pastorcilla, instruida de lo que había de decir, publicó el precepto a los habitadores del pueblo y, con vista del prodigio de la [fol. 8v] mano que con sus manos tocaron todos, ordenaron una devota procesión que guiaba Inés llevando arbolada la señal de nuestra redención. En llegando a vista del término donde se había aparecido la Virgen santísima, mandó la pastora se detuviesen todos y, adelantándose con la cruz, la entregó a quien no vieron los circunstantes arrodillados; y, atónitos con el pasmo y la devoción y las manos invisibles, fijaron la cruz en el sitio sobre que hoy está el templo. La sencilla Inés solamente veía y hablaba a la soberana Reina de las jerarquías angélicas; y mostró el lugar que sirvió de trono a aquella majestad, el cual fue venerado recogiendo la tierra donde había puesto sus plantas y con ella sanaron muchos enfermos de dolencias mortales o peligrosas. Después, los padres de Inés la llevaron al templo de Santa María de Guadalupe (también lo había mandado aquella señora) con cierta ofrenda y en presencia de la imagen, que tan aplaudida y venerada es en España, abrió la pastorcilla la mano; y refieren que, en los lugares por donde pasaba a la ida y vuelta de aquel viaje, hizo algunos milagros en los enfermos a quien tocaba. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Edificose el templo con advocación de Santa María de la Cruz y a la fama de los prodigios que en él se obraban, pues resucitaron [fol. 9r] [XXIV] once muertos y sanaron innumerables personas de varias dolencias. Unas mujeres devotas se juntaron a vivir en común y edificaron allí una casa. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Dieron tales muestras de virtud y santidad que les fue entregada la iglesia con la cruz, que Nuestra Señora tomó con sus manos, y ellas hicieron posesión debajo de la tercera regla de san Francisco. Y una de las principales fue la pastorcilla Inés que, pasado algún tiempo, la eligieron las demás por la cabeza y prelada de aquel convento.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[XXV] [XXVI] [XXVII] No guardaban estas mujeres clausura y, con andar vagando y comunicar a personas seculares, se relajaron de suerte que algunas apostataron de la religión y entre ellas Inés (tan poco hay que fiar de nuestra fragilidad e inconstancia). Casose y tuvo hijos, que murieron, y el marido. Arrepentida de su pecado, entró religiosa en un convento de Castilla la Vieja, donde acabó sus días con grandes muestras de penitencia verdadera; y en su muerte hizo señal el Cielo, pues afirman que se tocaron las campanas sin impulso humano. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
La divina providencia para las grandes enfermedades de nuestra naturaleza previene los remedios proporcionados a su curación: la ruina que amenazaba el edificio místico de [fol. 9v] aquellas monjas se aseguró con ingerirle una columna fortísima, en quien vino a cargar todo el peso de la observancia religiosa. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[XXVIII] Esta fue Juana, que, resuelta a entrar en religión en el convento de Santa María de la Cruz (distante dos lenguas de Azaña, su patria), para que su representación tuviese en el teatro del universo algo de vario y deleitable los primeros pasos que dio en su intento fueron festivos y con novedad. [XXIX] [XXX] [XXXI] Vistiose traje varonil, y con espada, sola y a pie, llevando sus vestidos ordinarios debajo del brazo, salió una mañana de su casa antes que el sol pareciese sobre la tierra por el camino que guiaba al convento. Cuando, combatida de varios pensamientos, le representó el espíritu contrario a su resolución todos los inconvenientes que podían resultar por el hábito impropio e indecente en que se hallaba y por el enojo de su padre y tíos, la flaca doncella, rendida a la vehemencia de la aprehensión y amedrentada con la soledad del camino, cayó desmayada y sin aliento, pero una voz la esforzó tres veces a proseguir la obra comenzada. Pasado algún tiempo entendió haber sido aquella voz de su ángel custodio.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Alentada Juana del espíritu auxiliador, prosiguió su intento y, habiendo caminado [fol. 10r] [XXXII] considerable distancia, sintió venir por el camino, siguiendo sus pasos, un hombre a caballo; y, cuando pudo discernir ''[7]'' la vista con distinción el objeto, reconoció era el hidalgo de Illescas, fino pretendiente de sus bodas. Volvió a ocuparla el susto y el miedo pero, con el traje de varón, se disimuló de suerte que la desconoció el mancebo y pasó adelante sin observar el semblante hermoso, los pasos débiles y ademán mujeril de la doncella. Culpable, al parecer, fue vestirse como varón, pero este acaecimiento califica el disfraz por acertado.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[XXXIII] [XXXIV] Viéndose libre de aquel peligro, se postró en la tierra dando gracias a Dios y aquí tuvo otro consuelo y aparición de la Virgen santísima, con que oyó palabras de esfuerzo y seguridad. Pasó adelante hasta llegar a un pueblezuelo cercano al convento llamado Casarrubuelos y, fatigada de sed, pidió de beber en una casa. Diéronla agua y descansó breve tiempo. Y, al irse, se dejó por olvido la espada junto al asiento donde había estado. Y, acordándose de ella en el camino, volvió en su busca a la casa misma de donde había salido. Y con el descuido natural con que obra quien finge, sencillamente dijo: “Oh, peccadora ''[8]'' de mí, que se me había olvidado la espalda”. Esta concordancia, propia del sexo femenil e impropia para quien [fol. 10v] se fingía varón, despertó la atención de una criada que la había ministrado el agua, la cual advirtió a sus amos cómo era mujer el que parecía mancebo. Pero esta curiosa averiguación no fue creída y aquel solecismo en la gramática de la tierra fue consonancia para las armonías del Cielo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[XXXV] Llegó, en fin, Juana al puerto deseado y, entrando en la iglesia, dio gracias a la estrella que la había guiado en aquella corta, aunque peligrosa navegación. Y, apartándose a un ángulo oscuro del templo, se restituyó a sus propios vestidos, despojándose de la máscara y disimulación con que había temido naufragar entre los escollos de varios peligros y pensamientos.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[XXXVI] Impaciente en la dilación de su intento, fue luego a la puerta reglar del convento para hablar a la abadesa y darle noticia de su pretensión. Guardaba la puerta de aquel paraíso una imagen de la Virgen santísima colocada en un nicho y, encontrándola Juana, se postró pidiéndola con una oración fervorosa que, pues era puerta del cielo y en aquel monasterio también era portera, la franquease la entrada disponiendo las voluntades de las monjas para que la admitiesen en su compañía. Es tradición constante que habló la imagen diciendo a Juana: “Bienvenida seáis, hi- [fol. 11r] ja mía. Entre gozoso tu espíritu a tomar posesión de lo que tanto ha deseado que, para reparo de esta casa, te crió Dios en cuyo nombre y en el mío tendrás autoridad para derribar y edificar, destruyendo relajaciones y vicios, y enseñando con doctrina y ejemplo el camino de la perfección”. Es esta imagen por quien Dios obró tal maravilla se ve hoy en el mismo lugar de la puerta reglar del convento, aunque la forma del edificio y lugar de la puerta se ha mudado.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[XXXVII] [XXXVIII] Alentada la doncella con semejante oferta, hizo llamar a la abadesa, a quien dio noticia de su vocación y de los acontecimientos que había tenido hasta llegar al convento y que sería felicísima si era admitida en él por criada de las demás religiosas. La abadesa, gozosa en si misma de ver aquella Virgen hermosa y de corazón tan esforzado en edad de quince años y de entendimiento clarísimo, disimulando el gusto interior, reprehendió primero la temeridad de venir sola y en hábito impropio y, en lo demás, respondió lo comunicaría con las monjas. Juntó la comunidad y, propuesto el caso, se conformaron en recibir por compañera a Juana; y, como era necesario además de su consentimiento el del provincial, dispuso la divina providencia que no faltase este requisito, pues el provincial que era entonces entró [fol. 11v] en aquella sazón fuera de toda esperanza pues había ocho días que había estado en el convento.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Admiradas las monjas con la venida del prelado en ocasión tan oportuna y que la tuvieron por milagrosa, informaron al provincial de la vocación de la doncella, el cual dio licencia para su admisión.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[XXXIX] [XL] [XLI] Caminaban estas cosas con felicidad, y Juana deseaba la hora de su recepción. Pero su padre y parientes, noticiosos de su fuga y del camino que había tomado, fueron al convento, donde procuraron embarazar este santo propósito con palabras descorteses y groseras, persuadiéndola dejase aquel intento con representarla las conveniencias que dejaba en el siglo y los trabajos y desamparo que había de padecer en la religión. Pero la doncella, primero con el silencio y con la modestia, y luego con la perseverancia y resolución que dijo tenía de elegir a Dios por padre, ablandó los corazones de aquellos rústicos que se conformaron en que Juana entrase religiosa ofreciéndola dote competente. Y así, en presencia del padre y parientes, recibió el hábito con devoción y lágrimas en que todos concurrieron, equivocándose los gozos y los sentimientos, los llantos y los parabienes. ¡Oh in- [fol. 12r] comprensibles juicios de Dios! Quien con ojos mortales procura averiguar los rayos y luces con que nos deslumbran queda más ciego e incapaz de observar sus maravillas; lo que vemos solamente es que los mejores medios para conseguir un propósito son los estorbos, y los montes, y riscos; son los llanos y veredas por donde se camina con más seguridad.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[XLII] Las memorias que se conservan de la vida de Juana en los libros y en la tradición refieren por menor sus acciones; y el ánimo con que se iba encaminando el año del noviciado a la perfección del espíritu.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[XLIII] Con un profundo silencio y con una ciega obediencia, echó los cimientos tan firmes que pudo cargarse en ellos un edificio para la eternidad. En la guerra de los sentidos, la única defensa que tuvo fue el retiro de todos los tratos humanos en la estrechez de una celda; y entre los silicios, disciplinas y ayunos (no comiendo más que una vez al día) y con la oración continua de discípula se hizo maestra, de novicia se hizo veterana de la milicia celeste, con que, pasado el año, fue admitida a la posesión, tomando por nombre Juana de la Cruz. Era devotísima de esta señal como instrumento principal de nuestra redención y [fol. 12v] por haber nacido en el día que la Iglesia celebra su milagrosa invención. Y en otro tal día, tomó el hábito e hizo profesión. Y después, en el progreso de su vida, en otros semejantes días, fue electa abadesa y murió, pero la principal razón fue querer seguir la cruz de Cristo, correspondiendo con las obras a la representación de su nombre.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[XLIV] [XLV] El orden que, siendo novicia y después de profesa, tuvo para disimular sus vigilias, oración y penitencia era este: llevaba, al tiempo de recoger las religiosas en el dormitorio común, una rueca; y cuando sentía que dormían las monjas, ocupaba las manos en hilar y los pensamientos en Dios, y en esta forma estaba hasta que tocaban a maitenes. Acudía entonces al coro y, acabadas las divinas alabanzas y recogidas las demás monjas, comenzaba de nuevo la tarea de la oración en que perseveraba hasta el amanecer; y, vencida de la necesidad, se rendía al sueño por dos o tres horas hasta la hora de prima. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[XLVI] En las obras de manos y trabajos corporales en que la ocupaba la obediencia hallaba su mayor regalo y deleitación: cuando fregaba los platos y alhajas de la cocina, los figuraba de oro y llenos de perlas y piedras preciosas en que había de comer su soberano esposo, y así se deleitaba en aquel ejercicio [fol. 13r] de humildad. Lo mismo consideraba cuando barría la casa, pues la escoba le parecía un ramillete de flores y, si hacia oficio de cocina, se acordaba de Marta cuando hospedó en su casa al Redentor del mundo. En esta forma lograba en sus empleos un inmenso tesoro de merecimientos.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[XLVII] Imitó fielmente a su patriarca san Francisco en guardar verdadera pobreza, pues su cuidado en esta parte fue igual al que tuvo el rico avariento en juntar y guardar los tesoros que le llevaron al infierno. De sola su cama y hábitos era poseedora cuanto al uso, sin tener más celda que las oficinas de la comunidad; y los vestidos eran tan pobres que parecía vestirse los que desechaban las demás monjas: el hábito humilde, la túnica interior de sayal, la camisa un asperísimo silicio ceñido todo con una cuerda de cáñamo y los pies sin más adorno ni abrigo que unas viles sandalias.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[XLVIII] Con ser tan espantosa su penitencia y tan singular su modo de vida, la mayor excelencia que se observa de sus virtudes fue la de regular siempre sus acciones con la obediencia y dictamen de su confesor, recibiendo las reglas de vivir sin valerse de su propia voluntad. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
La hermosura de su rostro y perfección [fol. 13v] [XLIX] [L] de su cuerpo fueron admirables, y se adornaban con gravedad y modestia que componían a cuantos la miraban. Su conversación era dulcísima, sus palabras amorosas vivas y penetrantes, y en la dirección misma traía envuelta la salud y reformación de las almas. Nunca hablaba en vano ni superfluamente, pues todos sus discursos se encaminaban a glorificar a Dios y aprovechar los próximos; y, si tal vez ocurría en la conversación materia de gusto y entretenimiento, era con tanta templanza que más provocaba a devoción que a risa y deleite. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[LI] En aconsejar y consolar corazones tuvo don del Cielo, con que venían a consultarla personas gravísimas y de diversos estados y todas las fiaban sus secretos con seguridad de que no serían revelados. Estas calidades eran adornadas de una humildad profundísima y sus virtudes se descubrieron más en los oficios que la encargó la obediencia a sus preladas.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[LII] Asistía a la cocina, como hemos referido, y en ella, por leves causas, era maltratada y reprehendida de sus compañeras. Y luego se arrodillaba y las pedía perdón y, si no podía aplacar su enojo, íbase al coro a pedir a Dios la perdonase la pena y turbación que había ocasionado a sus hermanas. Volvíanla a llamar y [fol. 14r] preguntábanla qué hacía en el coro y, con admirable mansedumbre, respondía: “Suplicaba a la divina clemencia me perdone por haber ocasionado vuestra justa indignación y que os diese gracia para sufrirme”. Quedaban confusas y arrepentidas de haber ofendido a aquella cordera que tan poco lo merecía.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[LIII] En aquel humilde ejercicio, manifestó Dios cuán agradable le era su sierva con algunos milagros. Merezca contarse uno para ejemplo de que Dios cuida de aliviar a los que le sirven, aun en cosas muy menudas, en la estimación de los hombres: llevaba soror Juana un barreño de barro con la carne que había de comer la comunidad para lavarla en el pozo. Encontró con el barreño en una piedra, hízole pedazos y ella, muy triste, se puso en oración, suplicando al Señor reparase aquella falta. Tomó los pedazos y fuelos juntando, y el barreño quedó como estaba antes de romperse; y sirvió después en la cocina por más dos años.&lt;br /&gt;
[LIV] Encargáronla la enfermería, donde halló materia bastante para ejercitar su caridad; no perdonaba ningún género de desvelo y de trabajo por asistir y cuidar de las religiosas enfermas. Sucedió que una monja padecía mucho frío y dolor de estómago y pidió a soror Juana que, pues era enferma, pi- [fol. 14v] [LV] diese para sí un poco de vino diciendo lo había menester y que le diese a ella porque su necesidad era muy grande y no se atrevía a pedirle. Soror Juana ofreció pedir el vino con buena voluntad pero, considerando que si le pedía con pretexto de su necesidad era mentira y dejarle de pedir era falta de caridad, suplicó a Dios le diese por algún tiempo dolor de estómago para que, no faltando a la verdad, pudiese remediar la necesidad de su hermana. El Padre de misericordia, y a quien tan agradables son los actos de caridad con el próximo, concedió lo que pedía a su sierva y, con el propio dolor de estómago, pidió la medicina para el remedio del ajeno. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[LVI] En este mismo oficio de enfermera, por su intercesión, cobraron muchas enfermas salud. Sanó una religiosa de unas tercianas, comiendo con particular devoción un poco de pan que soror Juana estaba también comiendo, y no la volvió más la calentura. Esta misma religiosa, por intercesión de su enfermera, se libró de dos zaratanes que se le criaron en los pechos, poniendo en ellos unos paños mojados en agua bendita de consejo de soror Juana.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[LVII] Del ministerio de la enfermería, pasó a ser tornera y portera y con su agrado y cortesía, sin faltar al rigor de la obligación de su o- [fol. 15r] cio, cumplía con monjas y seglares. Aquí padeció notables mortificaciones de una compañera más anciana que la perseguía con porfía incansable riñéndola y maltratándola por todo cuanto hacía; y a todo callaba la prudentísima criatura o la pedía perdón de las culpas que no había cometido. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[LVIII] [LIX] Como esta sierva de Dios andaba toda transformada en él, cuantas cosas hacía las aplicaba a los más soberanos misterios de nuestra redención. Y así, consideraba el torno por el pesebre en que María santísima reclinó al Niño Jesús recién nacido, y volviendo el torno con esta contemplación halló muchas veces al Niño Jesús que aparecía en forma visible y con dulces palabras la regalaba. En una ocasión, estando gozando la visita soberana del Niño Dios, pretendió abrazarle y regalarse con él pero, al tiempo de extender los brazos, apareció la Virgen santísima que le tomó en los suyos y se levantó en alto, acompañada de coros angélicos; quedó desconsolada soror Juana pensando procedía aquel retiro de su indignidad, pero la Virgen santísima la dijo: “Hija mía, vente a la huerta de casa, hacia la parte donde están las higueras, que allí nos hallarás”. Quedó con esto consolada su alma y, desocupándose del torno, fue apresuradamente al puesto señalado (no así el ciervo de- [fol. 15v] [LX] sea en el verano la frescura de las fuentes, no así la alma ama la visión del hierro como esta sierva de Dios deseaba venir su alma al amor y voluntad de su Esposo Divino). Abrió la puerta de la casilla y viola convertida en alcázar del rey del universo. Estaba en trono de gloria la Virgen María y en sus brazos sostenía al que sostiene el firmamento. Adoró Juana con suma reverencia a aquellas majestades y, con sus alabanzas, hizo compañía a los coros angélicos. Quedó elevada y embebida en aquellos gozos celestiales y, aunque la llamaron con la campana de la portería tres veces, no la ''[10]'' oyó, y la Virgen, Nuestra Señora, la dijo: “Anda, que te han llamado tres veces con la campanilla y no lo has oído, acude a la obediencia”. Dejó luego la dichosa Juana a Dios por Dios, cumplió con la ocupación para que fue llamada y, con las mismas ansias, volvió a la casilla de la huerta. Repararon algunas monjas en sus pasos veloces, en su inquietud extraordinaria, en su rostro encendido, y que arrojaba unos resplandores y luces y el aire por donde pasaba quedaba fragante y oloroso. Siguiéronla hasta la puerta de la casilla, donde oyeron decía: “¡Oh, Reina de los Cielos, cuan bien manifestáis con esta pecadora ser madre de misericordia pues, aunque yo me había ido dejando vuestra compañía, no se ha desdeñado vuestra grandeza y el [fol. 16r] dulcísimo Jesús de esperarme en tan humilde lugar”. Respondió la Virgen santísima: “Hallástenos, Juana, a mi hijo y a mí porque nos dejaste por la santa obediencia”. Y, después de algunas palabras en estimación de lo que merece esta virtud, acabó su Majestad con decir: “Si no hubieras sido obediente, no hubieras gozado de aquestos favores”. Todo esto lo escucharon las religiosas que siguieron a soror Juana, descubriendo Dios por este medio lo que ella con modestia y cuidado les encubría. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[LXI] Otra aparición de la Virgen María con el Niño en los brazos tuvo en la sala de la labor pues, arrebatada soror Juana en espíritu y visión imaginaria, vio a la Emperatriz de los ángeles y a su Hijo preciosísimo. Y, después de varios coloquios, consiguió recibir en su escapulario al Niño alegrándose y gozándose en tan soberano bien, y los efectos de este sabor le duraron en su alma por muchos días.  &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''§. II.'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[LXII] Inexplicable es la devoción que soror Juana tuvo con el inefable Sacramento de la Eucaristía; el deseo de gozar siempre de aquel pan angélico la traía absorta y enajenada de sí. Todas sus oraciones, penitencias y mor- [fol. 16v] [LXIII] [LXIV] tificaciones se dedicaban a disponerse para recibirle dignamente y, juzgándose incapaz de sentarse a la mesa del Rey de los reyes, no se atrevía a recibirle cada día sino cuando su confesor lo ordenaba. Suplía la falta de la comunión sacramental con comulgar espiritualmente en que sentía grandes consuelos, con que se podía decir que toda su vida era una espiritual comunión prolongada. Esta devoción se la pagó Dios con muchos favores que recibió su sierva y milagros que acontecieron. Merece referirse uno, cuyas señales permanecen hoy en los mármoles de su convento: confesábase un día en tanto que se decía la misa mayor. Hicieron señal en la iglesia con la campanilla de que el sacerdote levantaba la hostia consagrada. El confesor mandó a soror Juana fuese por el coro a adorar a Cristo Nuestro Señor sacramentado. Salió con prisa y, reconociendo por los golpes de la campanilla que no podía llegar al coro a tiempo, se arrodilló para adorarle en espíritu. ¡Oh maravillas de Dios! Interponíase entre soror Juana y la iglesia una pared de cantería muy gruesa y, por impulso físico y sobrenatural, se abrió la pared desde la parte superior a la inferior, con que pudo la sierva de Dios ver la hostia, el sacerdote el altar y todo cuanto estaba en la iglesia. Quedó asom- [fol. 17r] [LXV] brada soror Juana con milagro tan grande y estando glorificando a Dios por él, cuando alzaron la segunda hostia, se abrió segunda vez la muralla; y, hecha la adoración, se cerró dejando un monumento a la posteridad pues, siendo todas las piedras del muro de mármol negro, quedó una de ellas blanca y abierta por tres partes en forma de cruz, la cual desde aquel tiempo es tenida en veneración; y este mármol es visitado de los prelados y de los reyes que han entrado en la clausura de aquel monasterio.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[LXVI] Entre los favores extraordinarios que soror Juana recibió de Dios, fue muy singular el permitirla comunicase a su ángel custodio en sus éxtasis y raptos y, algunas veces, fuera de ellos. Y aquel hermoso espíritu se le manifestaba glorioso y resplandeciente. Y, en estas visiones y aparecimientos, gobernaba a la virtuosa monja, respondiendo a sus consultas, satisfaciendo a sus dudas, y enseñándola altísimos misterios que, después explicados por la virgen Juana a sus monjas y a los que venían a oírla, quedaban alumbrados y confusos cuantos bebían de aquel néctar científico y sobrenatural, reconociendo ser sus palabras centellas de incomprensible fuego del Espíritu Santo que la asistía. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[fol. 17v] [LXVII] [LXVIII] Aunque el ver con sus ojos corporales y hablar familiarmente con su santo ángel era muy frecuente en soror Juana, con todo eso gozaba más de su vista, comunicación, y enseñanza en los raptos y elevaciones estáticas que tenía, en las cuales gastaba lo más del tiempo, pues toda su conversación era con el cielo. No había ejercicio ni ocupación, por precisa que fuese, que pudiese apartarla del amor de su dulce Jesús, en quien tenía embebida y transformada el alma. De noche, de día, comiendo, descansando, hablando o rezando, ya hiciese labor, ya estuviese en pie, ya asentada u echada de cualquier suerte que la hallase la visita de su celestial esposo. Luego se enajenaba de sus sentidos y quedaba absorta en profundos raptos que duraban algunas veces cuatro horas, otras doce, otras catorce. Y con el discurso del tiempo y frecuencia de aquel comercio divino, creció tanto esta gracia que perseveraba en el rapto veinticuatro horas, y tal vez pasaron tres ''[11]'' días sin volver del éxtasis.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[LXIX] En su rostro, cuando se elevaba, crecía la hermosura natural de que era dotada, descubriendo con señales exteriores los gozos que interiormente gozaba su espíritu.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Veíanse algunos prodigiosos efectos de los [fol. 18r] raptos, derivándose también con señales exteriores al cuerpo los afectos tristes o alegres del alma; y, particularmente, cuando eran revelados los trabajos y perfecciones que había de padecer o las felicidades o aceptación de las buenas obras de sus próximos en la presencia divina y estado en que estaban sus conciencias o su salud. Y así, daba avisos importantísimos para ajustar conciencias perdidas y para prevenir y evitar grandes daños en las almas y cuerpos. Advirtió a muchos la cercanía de su muerte y sucedía todo como lo decía. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[LXX] [LXXI] Uno de los prodigios que hacen más memorable a esta sierva de Dios es el don de las lenguas que tuvo. Sucedió pues que, volviendo de un rapto dilatado, se halló embarazada la lengua para articular palabras y, aunque entendía y oía, no podía responder sino con señas. Y en esta forma estuvo algunos meses, quedando reducida a tal extremo de bondad y sinceridad que parecía hallaría en él estado de inocencia. Y así las monjas hacían de ella lo que querían, tratándola como a una criatura y paloma mansísima y, aunque para las cosas del mundo vivía con esta enajenación, para las del Cielo tenía las potencias del alma vivas despiertas y perspicaces.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[fol. 18v] [LXXII] Continuaba sus éxtasis y raptos como siempre. Y en uno de ellos, se le apareció el Niño Jesús, a quien suplicó con profunda oración que, si había de ser para su santo servicio, la restituyese a estado de poder hablar. Entonces el Señor, tocando la boca de soror Juana con sus manos divinas, la dijo: “La causa de haberte enmudecido es porque seas instrumento por quien yo quiero hablar y, aunque ahora te sano, guarda de mi secreto y algo di y algo calla de lo que te revele”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[LXXIII] Volvió del rapto y con expedición en la lengua, con alegría y consuelo de las monjas. Y, desde entonces, se manifestó en ella un espíritu de predicación y enseñanza, hablando en los éxtasis cosas muy singulares y declarando profecías y lugares de la Escritura Sagrada. Cuando había de predicar estos sermones y declarar lo que Dios la revelaba, se transfiguraba; y enajenada de los sentidos, las religiosas la llevaban en brazos a su celda (fiel éxtasis la cogía fuera de ella) y poníanla sobre su cama, donde quedaba con los ojos cerrados con el rostro sereno y con las manos sobre el pecho. Así perseveraba por tiempo de hora y media, y luego interrumpía en amorosas exclamaciones a Dios y parecía le hablaba y comunicaba como si le viera personalmente: ya le rogaba se acerca- [fol. 19r] se; ya extendida los brazos como para llamarle; ya se quejaba de su soledad y desamparo si se iba; ya gozaba como si poseyera tanto bien; le daba gracias de los favores que hacía a una indigna pecadora y, entonces, hacía actos de grande reverencia y profunda adoración y, con voz más templada, hacía oración vocal por el estado de la Iglesia, y por los que se hallaban en pecado mortal, y por todas las necesidades de que tenía noticia y, especialmente, por las almas del Purgatorio. Acabada esta deprecación, callaba por algún tiempo y las religiosas la reclinaban en la cama con toda decencia y compostura en tal forma que los oyentes pudiesen ver su semblante y oír distintamente sus palabras. Después de este silencio, levantaba la voz más sutil y delicada y declaraba los misterios y lugares de Escritura que le eran revelados del divino espíritu con suma velocidad y gracia. Su más ordinario asunto era el Evangelio o festividad de aquel día. Estos sermones o pláticas duraban tres o cuatro horas y, cuando acababa, despedía el auditorio echándole bendición.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Toda la gente que concurría a oírla, que era innumerable y entraba dentro del convento porque entonces no se guardaba en [fol. 19v] [LXXIV] él clausura, se arrodillaba y recibía la bendición con devoción y lágrimas. Volvía luego soror Juana del rapto sin poder decir ni saber cosa alguna de lo que había pasado. Esta gracia se manifestó tres años, después que comenzó a elevarse públicamente, y le duró por espacio de trece años. Y en todo este tiempo fue aquel convento cátedra de sabiduría y de doctrina revelada del Cielo. Y aquellos sermones acontecían en días y por términos inciertos y varios según era la divina voluntad, pues pasaban quince días, tal vez ocho, tal vez tres y, finalmente, hubo día en que predicó dos veces.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[LXXV] [LXXVI] Divulgose la fama de esta maravilla por todo el reino, y así concurrieron a la novedad del caso diferentes gentes para ver con sus ojos aquel prodigio: letrados, predicadores, prelados de todas las religiones, arzobispos, obispos, inquisidores, duques, marqueses, condes y sus mujeres. Entre los más señalados fueron el cardenal arzobispo de Toledo don fray Francisco Jiménez de Cisneros, esclarecido varón en aquel siglo; y el insigne y gran capitán don Gonzalo Fernández de Córdoba; y, algunos años después, la cesárea majestad del emperador Carlos V, que dio gracias al altísimo Dios y quedó muy aficionado y devoto a soror Juana.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[fol. 20r] [LXXVII] [LXXVIII] [LXXIX] Con ser tan varias las fuentes y condiciones de personas que la oían, cada uno entendía por si lo que predicaba la sierva de Dios; y para que a todas luces se descubriese la asistencia soberana que la inspiraba, si los oyentes eran personas doctas u eclesiásticas, hacía su sermón en lengua latina; y algunas veces predicó en las lenguas francesa y arábiga, y con un sermón que hizo en esta lengua convirtió dos esclavas africanas obstinadísimas en la secta de Mahoma, las cuales dio al convento un obispo de Ávila y fueron de las cautivas que se trujeron a España de la ciudad de Orán cuando la conquistó el arzobispo don fray Francisco Jiménez. En una oración que fue a oírla el provincial de los religiosos franciscos de aquella provincia, que era vizcaíno, predicó el sermón en lengua vascuence o cantábrica, la cual es muy extraña en el dialecto en las voces y sin conveniencia con otra alguna de las lenguas que se conocen hoy en el mundo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[LXXX] Con el celo que los Reyes Católicos tuvieron de conservar en España la pureza de la fe católica, erigieron el tribunal de la santa Inquisición en la forma que hoy se conserva. Y, por la mayor necesidad que entonces había de atender a los nuevos conversos de indios y moros, este ministerio santísimo [fol. 20v] [LXXXI] [LXXXII] entró a ejercer su ministerio con notable crédito y autoridad, y se componía de varones consumados en letras y acreditados en ''[12]'' virtud. Uno de estos, deseoso de averiguar si tales sermones procedían de ilusión diabólica y la doctrina que contenían era sólida y sin sospecha, fue encubierto y disimulando quién era al convento y se introdujo con la demás turba a ser oyente de soror Juana. Fue tal el sermón de aquel día y tan eficaces los discursos según lo que el inquisidor llevaba reservado en su corazón que, en el progreso de la plática, se arrodilló el buen hombre y, con gran copia de lágrimas, la oyó hasta el fin. Luego rogó a la abadesa le permitiese hablar a la sierva de Dios en el locutorio. Allí la pidió perdón de no haberla tenido en el crédito que merecía y que ya creía ser Dios el autor de aquel prodigio. Respondió la virtuosa virgen con palabras humildes y reconocimiento de su miseria pues, siendo un instrumento vil y desechado, usaba Dios de él en utilidad de los próximos. El inquisidor, después de larga conferencia, se despidió admirado y devoto.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[LXXXIII] Algunos que iban llevados de su curiosidad hacían experiencias indiscretas con soror Juana para conocer si los éxtasis eran verdaderos, y así la hirieron en la cabeza y [fol. 21r] dieron golpes imprudentemente, que no sentía con la inestabilidad en que la dejaban los raptos. Después se condolía de aquellos daños, cuando no los había manifestado antes la sangre que derramaban las heridas.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[LXXXIV] Estas cosas pusieron en cuidado a los prelados de la religión de san Francisco, y más a aquellos que suelen ser espíritus de contradicción: todo lo niegan y lo contradicen todo, fundando en esto hacerse temidos y necesarios.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Para evitar la variedad con que se discurría y que la verdad quedase más apurada, el provincial de Castilla, a quien esta sujetó aquel convento, mandó a la abadesa encerrase en su celda a soror Juana siempre que tuviese los raptos en que solía predicar, sin permitir que persona alguna la oyese. Hízose así y la abadesa la señaló una celda a soror Juana donde pudiese estar en tanto que permanecía en los éxtasis, y mandó a una monja que la acompañase y asistiese. &lt;br /&gt;
[LXXXV] Pasaron algunos días y, deseando la abadesa saber lo que hacía soror Juana, mandó a una religiosa que fuese a su celda y viese si estaba transportada o si predicaba. La monja mensajera, por entre las puertas de la celda, vio que predicaba soror Juana en el tono que [fol. 21v] [LXXXVI] solía y que tenía por auditorio (cual otro Antonio Paduano) innumerables aves y pájaros que, levantados los cuellos en forma de atender, oían la palabra de Dios. Turbada y alegre, la monja dio cuenta a la abadesa y a las ancianas del monasterio, y todas fueron a ver aquel milagro, el cual miraron y reconocieron hasta que acababa la plática. Echó soror Juana su bendición a las aves, que volaron a sus ordinarias mansiones, y en la manga de su túnica se halló un pajarito que se había quedado allí puede ser que para mayor comprobación de aquel prodigio.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[LXXXVII] Averiguado el caso por el provincial tan exactamente como pedía su gravedad, dio licencia para que oyesen a soror Juana cuantos quisiesen sin excepción de personas, grados ni calidades.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[LXXXVIII] Y, porque no se perdiese el tesoro de la doctrina singular que contenían sus sermones, obró Dios otro milagro dando repentinamente gracia de escribir a una monja llamada María Evangelista, no sabiendo si habiéndolo aprendido. Y hoy permanece en el convento un libro escrito por esta monja de todos los sermones que predicó soror Juana en el discurso de un año, incorporado en otro que se titula El Conorte. La letra es clara y legible y el estilo llano y sin artificio, pero [fol. 22r] igual al que usaban en aquel siglo los más versados en la lengua vulgar. Los hombres doctos y espirituales que han leído estos libros no saben cómo encarecer su doctrina llena de teología escolástica y mística y de muchas autoridades de la Sagrada Escritura. Ya tuvo estos libros en su poder la santa Inquisición de Toledo para registrarlos y expurgarlos si lo mereciesen, pero los restituyó al convento intactos y sin corrección alguna.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''§. III'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[LXXXIX] [XC] La mayor señal de cuán adelantada estaba la virgen Juana en la gracia del Altísimo y de su Madre bendita fue haberse desposado en un éxtasis con el Niño Jesús, en preferencia de María Santísima y de muchos coros de ángeles y santos, quedando con este favor enriquecida su alma. Las joyas y preseas con que regaló el Esposo celestial a esta su sierva fueron unos dolores acerbísimos que empezó a sentir en manos y pies desde un día del Viernes Santo inmediato al éxtasis del desposorio. Manifestáronse también unas señales de color de rosa en las mismas partes de pies y manos donde Cristo, Señor Nuestro, tuvo sus llagas y donde las [fol. 22v] [XCI] [XCII] tuvo san Francisco. Despedían de sí aquellas señales suavísimo olor y que excedía al de las flores más fragantes y, como el dolor era intenso y las fuerzas flacas, soror Juana se quejaba con grande amargura y no podía tenerse en los pies. Las monjas, con devoción y lágrimas, la llevaban en brazos al coro y a su celda, y sobre las señales ponían paños mojados en vinagre u agua para que templasen los ardores que sentía en ellas, y que no la dejaban sosegar estas preciosas señales y dolores intensos. Duraron desde aquel Viernes Santo hasta el de la Ascensión pero no continuados, pues solamente se descubrían las señales y sentía los dolores los viernes y sábados hasta el domingo, y a la hora en que Cristo resucitó cesaban.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[XCIII] La fama de este favor corrió luego por los lugares comarcanos, con que los pueblos enteros se conmovían a visitarla y ver con sus ojos lo que habían visto todas las religiosas, sus confesores y muchas personas eclesiásticas y fidedignas; y con el gran concurso causaban inquietud grande en el convento.&lt;br /&gt;
[XCIV] La humildad de soror Juana no pudo tolerar las exclamaciones de los que la visitaban y, como su corazón le tenía rendido y abatido en horror de las honras mundanas, huyendo de toda vanidad, suplicó a Dios la [fol. 23r] [XCV] quitase aquellas señales no permitiendo que tan vil criatura gozase de una merced con que fueron honrados grandísimos santos. La oración fue tan fervorosa que mereció alcanzar lo que pedía y así, en un rapto que tuvo el día de la Ascensión, la dijo el redentor del mundo: “Importúnasme que te quite el precioso don que te he concedido. Yo lo haré mas, pues no quieres mis rosas, yo te daré mis espinas”. Experimentolo así la buena virgen, pues los dolores y tormentos de toda la Pasión de Cristo los padeció en alma y cuerpo con las persecuciones y enfermedades que la siguieron hasta el fin de sus días. El primero regalo que sucedió a esta labor fue ensordecer en tanto grado que no oía ninguna voz ni ruido por grande que fuese. Gustaba mucho esta virgen el canto de las aves; su divertimiento después de la oración y raptos y demás obligaciones de su instituto era salirse a la huerta, donde se divertía con la música de los pajarillos contemplando las alabanzas que dan a Dios todas sus criaturas, retirando su inteligencia de nuestro grosero conocimiento. Quedó con esto soror Juana más recogida entre sí misma y sin atención a cosa exterior por quererla Dios toda para sí. Las monjas se desconsolaron y afligieron notablemente por faltarles maestra que las enseñase y quien [fol. 23v] las consolase en sus trabajos y aflicciones.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[XCVI] Perseveró el impedimento de los oídos desde el día de santa Escolástica, que es en diez de febrero, hasta el día de santa Clara, que se celebra en doce de agosto; pues, en un rapto y sermón que hizo, manifestó ser la voluntad de Dios que oyese por las oraciones e instancias de todas las religiosas; y en volviendo del rapto, oyó perfectamente, con que dio gracias al Autor de tanas mercedes en que la acompañaron las religiosas de su convento hasta en la devoción y lágrimas.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[XCVII] No está vinculada siempre la prudencia para las canas venerables, y no siempre la senectud es madre de las acciones cuerdas; una vida concertada califica el juicio y entendimiento y asegura por buenos los futuros procedimientos. Aquel provincial vizcaíno, a quien soror Juana predicó en lengua vascuence, oyó en aquel idioma retirado notablemente a todas las provincias de España (excepta la Cantabria) que era voluntad de Dios fuese selecta abadesa nuestra virgen; y aunque no tenía más que veintiocho años, las monjas la deseaban por prelada. Hízose elección en la vacante primera de aquel oficio, y todos los votos, sin saltar uno, nombraron a soror Juana. El provincial, que ya estaba prevenido en el prodigio del manda- [fol. 24r] to, confirmó la elección y, al tiempo de publicarla, afirmó a las religiosas que la abadesa había sido escogida por inspiración del Espíritu Santo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[XCVIII] El fruto primero de elección tan acertada fue disponer la nueva abadesa que sus monjas guardasen clausura, venciendo grandes contradicciones que se hicieron al intento, fundadas en que no se podrían recoger las limosnas que las religiosas pedían por los lugares de la comarca y a quien los fieles acudían con particular devoción.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[XCIX] Las limosnas que, ya conseguida la clausura, no se pedían por las religiosas, crecieron en abundancia y el convento se aumentó en edificio y rentas.&lt;br /&gt;
[C] El gran capitán Gonzalo Fernández de Córdoba, devoto de la virgen Juana, dio de una vez quinientos mil maravedíes, limosna en aquel tiempo digna de un corazón tan grande. Y el cardenal arzobispo de Toledo don fray Francisco Jiménez, en virtud de breve apostólico, aplicó al convento la renta del curato de Cubas, y esta piadosa atención del cardenal le costó a la sierva de Dios muchos desconsuelos y perfecciones como se notará en otra parte. Y en diecisiete años continuos que fue abadesa, el convento consiguió tener cuatrocientas fanegas de [fol. 24v] pan y cuarenta mil maravedíes de renta en cada un año; y enriqueció y adornó la sacristía con muchos ornamentos, vasos de plata y otras cosas necesarias al culto divino.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[CI] [CII] El gobierno de un pueblo o de una ciudad es la piedra de toque donde se experimenta la fineza del juicio y de la prudencia. También esta virtud resplandeció en esta virgen con igualdad de luces a las demás de que fue adornada. Sin faltar a la severidad de prelada, era afable con todas las súbditas y, así, mezclaba los halagos y las represiones con tal dulzura y utilidad que corregía los errores y enmendaba los de estos con agradecimiento de las mismas monjas, que recibían la corrección y tanto más se contenían en aquel respeto y veneración cuanto entendían que todo se lo revelaban sus ángeles custodios por algunos casos que sucedieron; pues llamaba a la religiosa que había incurrido en algún descuido y, por secreto que fuese, le decía pidiéndola se enmendase y, con asegurar no se saltaría otra vez, quedaba la prelada satisfecha y la religiosa corregida de su imperfección sin escándalo de sus hermanas. Con esto parecía el convento una porción del Paraíso y un remedo del consorcio de los bienaventurados; tal era la paz, tal la unión y amor en Jesucristo de aquellas religiosas.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[fol. 25r] [CIII] En lo que se halló dudosa la credibilidad de muchos fue en cuanto a los granos o cuentas que por intercesión y ruegos de soror Juana bajaron benditas del Cielo, en las cuales se han experimentado y hoy se experimentan tan notables virtudes. Pero conocido el proceder de esta virgen, su integridad de vida, las frecuentes revelaciones de que era favorecida, su comunicación con el ángel custodio, los éxtasis y raptos profundos y maravillosos en que decía cosas tan altas y, finalmente, los milagros que Dios ha obrado por medio del contacto de estos granos, se podrá creer, con la fe que se debe a una persona reputada por santa, sería cierto aquel favor y prodigio.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[CVI] [CV] Bajar del Cielo reliquias a la tierra por ministerio de los ángeles muchas veces se ha visto. Y de que tenemos ejemplares en la casulla de san Ildefonso y en la ampolla del olio sagrado, con que se ungen los reyes de Francia en el hábito de san Norberto, y otras preseas que guarda la devoción cristiana con suma veneración. Pero subir de la Tierra al Cielo alguna cosa corpórea y elemental para volver a ella, pocos sucesos se hallan escritos.&lt;br /&gt;
[CVI] San Pablo fue llevado al tercero Cielo (que [fol. 25v] [CVII] sería el impireo sin repugnancia a los lugares que da la astronomía a las estrellas ya errantes y fijas, pues todas pueden correr con sus regulados movimientos por un mismo cielo aunque en diversas alturas). También a san Próculo, obispo y mártir, diciendo misa le tomaron los ángeles el cáliz antes de consagrar y, después de dos horas, le volvieron al altar y le dijeron: “Cristo, Señor Nuestro, le consagró; no le vuelvas a consagrar tú si no recibe su preciosa sangre”. Y así lo hizo el santo obispo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[CVIII] [CIX] En Constantinopla, el año de 446, iba en procesión todo el pueblo para aplacar la ira divina que le castigaba con un espantoso terremoto. Y en un campo donde se habían congregado innumerables gentes a vista del emperador Teodoro el Menor y del patriarca Proclo, fue arrebatado un niño por los ángeles y llevado al cielo. Y, después de una hora, le pusieron en el mismo campo, donde refirió cómo había estado en la patria de los bienaventurados y oyó que los ángeles y santos alababan a Dios con aquel santísimo trisagio: ''Sanctus Deus, Sactus fortis, Sanctus inmortalis''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[CX] Sucedió pues que, deseosas las monjas de tener alguna prenda de devoción autorizada de su abadesa y madre, la pidieron con [fol. 26r] humildad que por medio de su ángel custodio alcanzase de Cristo, Señor Nuestro, algunas gracias para sus rosarios. Esta noción parece fue misteriosa, pues al mismo tiempo en Alemania hacía cruel guerra a las cuentas benditas y a los rosarios de Nuestra Señora el perverso Lutero. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[CXI] Como la sierva de Dios anhelaba a conseguir el bien espiritual de sus próximos, prometió a las religiosas que comunicaría sus buenos deseos con su ángel custodio. A la consulta que hizo soror Juana a su santo ángel, se le respondió favorablemente por aquel espíritu celestial. Mandola que, para cierto día, juntase todos los rosarios que pudiese porque el mismo ángel los había de poner en la presencia del Señor en el Cielo para que los bendijese, con que aquellas cuentas se llenarían de gracias y virtudes especialísimas. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[CXII] Fue grande el consuelo y gozo espiritual que recibieron las religiosas con tan alegre nueva; y, no contentas con juntar los rosarios que había en el convento, dieron aviso a la gente de la comarca para que todos enviasen sus rosarios. Y así se juntó una gran suma y tan varia como se ve en las cuentas y granos que unos son pequeños, otros grandes, unos de coral, otros de jaspe o vidrio. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[fol. 26v] [CXIII] Juntos, pues, los rosarios, mandó soror Juana los pusiesen todos en un cofre, y que una religiosa anciana le cerrase y tuviese la llave guardada. Luego se puso en oración, pidiendo a Dios favoreciese los piadosos deseos de aquellas sus siervas, a que sobrevino un éxtasis de los que solía tener: las monjas, con ligereza y curiosidad mujeril, desearon saber si faltaban ya del cofre los rosarios, para cuyo efecto persuadieron a la monja que guardaba la llave le abriese. Consiguiéronlo en fin por ir todas a la parte en la curiosidad y hallaron el cofre vacío, causándoles asombro la experiencia de la vista y el tacto. Y, aunque se habían hallado presentes al encerrar las cuentas y no habían faltado testigos y guardas, volvían una y muchas veces a registrar el mismo cofre. Cerráronle como antes estaba y aguardaron hasta que soror Juana volvió del rapto, y en esta suspensión sintieron en el convento una fragancia y olor celestial que fue el indicio cierto del favor que Dios les hacía. Acudieron todas a su madre abadesa, que las dijo cómo ya el Señor, por su inmensa bondad había querido hacerlas una singular merced pues, según le había dicho su glorioso ángel, los rosarios habían estado en el Cielo, en las manos sacrosantas de Cristo, Señor Nuestro. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[fol. 27r] [CXIV] Abrieron el cofre donde se hallaron todos los rosarios sin faltar un solo grano, los cuales despedían de sí aquel olor profundo y maravilloso que se había esparcido por el convento. Y también dijo la virtuosa virgen que las gracias concedidas a aquellas cuentas no se limitaban en ellas solas porque habían de participar de las gracias mismas cuantos granos y cuentas se tocasen a las originales, pero no a las que se tocasen a las cuentas tocadas.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El crédito que se debe dar a esta maravilla pende de los milagros que han acontecido por medio del contacto de estos granos, y de la estimación que de ellos han hecho varones santos y doctos.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Cuando estuvo en España, antes de ascender al Pontificado, la santidad de Clemente VIII, de feliz memoria, en compañía de un su hermano, auditor de Rota, con ocasión del pleito que siguió sobre el condado de Puñoenrrostro, visitó el cadáver de soror Juana y pidió una cuenta con mucha devoción. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El mayor regalo que reciben en aquel convento los reyes y reinas de España, sus hijos e infantes, cuando le visitan es alguna cuenta de las originales, la cual guardan nuestros príncipes como precioso tesoro [fol. 27v] entre los principales monumentos de la piedad austríaca.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Asunto fuera de un volumen copioso, si se refieren por menor, los milagros que se han comprobado ante los ordinarios, cuyas probanzas e informaciones están en el proceso que se ha hecho sobre la canonización de soror Juana.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Diremos solamente, y con la brevedad que pide este epítome, algunos bienes singulares.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[CXV] En Valladolid, año de 1611, un mozo perdió la vista y, aunque los médicos se la procuraron restituir con varios remedios, no lo consiguieron. Y el mozo, por ser pobre, resolvió pedir limosna por la ciudad. Y un día pidió limosna al portero del convento de san Francisco, el cual tenía una cuenta original y, compadecido del trabajo de aquel hombre, le tocó los ojos con la cuenta y un rosario que traía; y aconsejole que, en la noche siguiente, durmiese con el rosario puesto sobre los ojos y con mucha fe de que Dios usaría con él de misericordia. Hízolo así el hombre y, cuando dispertó a otro día, se halló con vista y, dando gritos de regocijo, fue al convento a dar gracias a Dios de aquel benefició.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En la misma ciudad, una doncella cobró vista con el contacto de aquella misma cuen- [fol. 28r] [CXVI] ta. Y un niño de trece meses acometido de un garrotillo, desahuciado de los médicos, sanó también tocándole con unas cuentas que se habían tocado a la original, que tenía el portero del convento de san Francisco.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[CXVII] En Madrid, doña María de Mata, mujer de Iospeh Suárez de Carabajal, procurador de cortes de la ciudad de Zamora, enfermó el año de 1613 de una grave apoplejía que la puso en estado de espirar; y ayudábala a morir el licenciado Jerónimo de Quintana, rector del hospital de la latina. Y estando la enferma sin habla ni sentido, la tocó con una cuenta original e, instantáneamente, volvió en sí y cobró perfecta salud.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[CXVIII] En la misma villa, año de 1618, Pedro Díaz Morante estuvo a peligro de muerte por habérsele travesado en la vía de la orina una piedra que le impedía la evacuación. Tocáronle con una cuenta original y arrojó la piedra que, naturalmente, no pudiera salir por su grandeza si no interviniera causa sobrenatural.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[CXIX] Un niño de edad de veinte meses encontró en su casa con dos onzas de solimán que su madre había prevenido para hacer un afeite; y, juzgando ser azúcar, se lo comió el niño. Obró luego el veneno, y los accidentes mortales y espumas que arrojaba por la bo- [fol. 28v] ca manifestaron la desgracia. A los lamentos de la madre, entró una mujer llamada Melchora de Alameda que accidentalmente pasaba por la calle, la cual tenía dos cuentas originales. Púsolas en la boca de la criatura que, a vista de todos, volvió el veneno, quedando tan bueno y sin peligro el niño que dentro de una hora andaba jugando por la misma casa.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[CXX] Pedro Pacheco, vecino de Madrid, padeció una apoplejía tan fuerte que por cinco días le privó de todos los sentidos. Tocole con una cuenta original Juan Suárez de Canales sobre el corazón y luego volvió en sí el enfermo, y pudo confesar y recibir todos los Sacramentos.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Soror Luisa de las Llagas, religiosa descalza del convento de Santa clara de la villa de Valdemoro, padeció por espacio de seis una enfermedad de perlesía que la dejó baldada sin poder mover las piernas, y de la cintura arriba temblaba de suerte que no podía comer por su mano. Y otras religiosas la daban de comer y la tenían continuamente porque no se hiriese y maltratase con los temblores. Curábala el doctor Joaquín de Salcedo, médico de aquella villa y, desconfiado de todos los medios científicos [fol. 29r] [CXXI] de su facultad, tocó a la enferma en un brazo con una cuenta original que tenía y cesó en él el temblor; puso la cuenta en el otro brazo y paró el movimiento en la misma forma; tocó luego la cabeza y habló la religiosa. El médico hizo llamar a la abadesa y demás monjas y, siendo todas testigos de aquella maravilla, se levantó la enferma buena y sana; y anduvo con mucha expedición en una profesión muy devota, con que las monjas la llevaron al coro cantando el himno de las gracias al Autor de tan grande maravilla.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[CXXII] [CXXIII] Estos milagros y los demás que en el progreso de muchos años sucedieron, se autorizaron con informaciones auténticas de comisión de los arzobispos de Toledo. Y después, la Universidad de Alcalá hizo junta de los doctores y maestros más insignes en las facultades de teología, jurisprudencia y medicina, los cuales dieron honradísimas y doctas censuras que se presentaron por parte de la orden de san Francisco ante el consejo del cardenal arzobispo de Toledo para que, en su aprobación (según lo dispuesto por el santo Concilio), interpusiese su autoridad.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Compónese aquel consejo de varones muy doctos que los arzobispos de Toledo [fol. 29v] eligen de las mejores universidades de España, sacándolos de las primeras cátedras y colegios mayores para aquel ministerio. Este consejo dio auto de calificación de los milagros referidos y otros de que se hizo información, y mandó se diese traslado auténtico a la religión que está presentado en el proceso original de esta causa de la canonización de soror Juana:&lt;br /&gt;
“En la ciudad de Toledo, a veintiún días del mes de octubre de 1617, los señores del consejo del ilustrísimo cardenal arzobispo de Toledo, mi señor, habiendo visto estas informaciones que tratan en razón de la vida y milagros que Nuestro Señor ha obrado por medio e intercesión de la bienaventurada madre soror Juana de la Cruz y los pareceres y censuras que, con vista de ellas, han dado los doctores y catedráticos de la Universidad de Alcalá de Henares y personas a quien fueron remitidas, dijeron que, en conformidad de las dichas censuras y pareceres, aprobaban y aprobaron las dichas informaciones; de las cuales y de las dichas censuras mandaban y mandaron se dé a la parte de la religión del seráfico padre san Francisco un traslado, dos o más, los que pudiera para el efecto que pretende. A los cuales dijeron que interponían e interpusieron su autoridad y decreto judicial para que valgan y hagan fe en juicio y fuera de él. Y así lo proveyeron y mandaron.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Ante mí, Benito Martínez, secretario.”&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''§. IV'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Volvamos, pues, a proseguir la narración de los empleos y acciones más memorables de la vida de soror Juana.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
La devoción de esta sierva de Dios con las [fol. 30r] [CXXIV] [CXXV] ánimas de Purgatorio fue tan grande que, con fervorosos deseos y continuas penitencias, procuró siempre el alivio y remisión de sus penas; de cuyo rigor y acerbidad estaba muy informada por diferentes éxtasis y visiones en que el Señor la reveló el estado y necesidad de las benditas almas como por la relación que hicieron a soror Juana algunas de ellas, a quienes permitía Dios viniesen a pedir socorro. Y así, no solamente exhortaba a sus monjas a que aplicasen sus buenas obras para satisfacer las penas de las ánimas del Purgatorio, sino que con ternísimo afecto suplicaba a Dios que excusase en ella lo que les restaba de pagar, y que sobre sus hombros cargase el peso de los tormentos y dolores que merecían por sus culpas, y que la diese esfuerzo para subirlas.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[CXXVI] Muy aceptos fueron estos deseos a la Divina Majestad pues, desde entonces, comenzó a sentir vehementísimos dolores y enfermedades; y, muchas veces, con el exceso de lo que sentía daba terribles gritos y quedaba como atónita y fuera de sí.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[CXXVII] Peleaban en su cuerpo extremos contrarios de frío y calor por el tiempo que la divina voluntad quería ejercitarla. Unas veces, en medio del verano, parecía en lo yerto y helado una nieve contra la naturaleza de la [fol. 30v] estación ardiente; y las monjas la cercaban de braseros y estufas que la calentaron. Otras veces, en el rigor del invierno, eran tan crueles los ardores que sentía como si la tuvieran dentro de un horno encendido, y aunque las monjas la ponían lienzos mojados en agua y vinagre, luego se secaban y no le servían de alivio.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[CXXVIII] Sucedió una vez en que soror Juana padecía aquellos incendios internos que pidió a una monja la trujese una cantidad de hielo del estanque de la huerta para tomar con él algún refrigerio. La religiosa, con sinceridad y deseo de agradar a su prelada, la llevó un gran trozo de hielo del estanque que tenía cuatro dedos de grueso. Tomole soror Juana y, por debajo de la túnica, le arrimó al cuerpo; y pidió a la religiosa que de allí a poco tiempo volviese a verla. Pasada media hora, vino la monja, a quien dijo la sierva de Dios: “Hija mía, llevaos el hielo que trujisteis no sepan las religiosas lo que habemos hecho que, como ignoran mi necesidad, lo tendrán a exceso y desorden”. La monja buscó el hielo y solamente halló un paño en que le envolvió al tiempo de aplicársele al cuerpo sin señal de humedad, y la sierva de Dios satisfizo a la admiración de la monja diciendo que, con el gran fuego que padecía [fol. 31r], se había derretido el hielo en un punto y lo mismo aconteciera con todos los hielos del estanque si se los aplicaran.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[CXXIX] [CXXX] No se cifraba su padecer en solos los fríos e incendios que sentía porque, en todas sus coyunturas, padecía dolores gravísimos que la tenían gafa y tullida sin poderse mover en la cama ni comer si no es por manos ajenas. Otras veces tenía los dolores en la cabeza, que duraban ocho días y más, y estos la afligían de suerte que, en todo este tiempo, no comía, tomando solamente unos tragos de agua con que se sustentaba sobrenaturalmente.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[CXXXI] El refrigerio mayor con que aliviaba estos dolores era leer alguna religiosa la Pasión de Cristo, Señor Nuestro, a cuyo ejemplo se alentaba con nuevos deseos de padecer mucho más por los prójimos, viendo lo que padeció nuestro Dios por redimirnos del pecado. Y como en la bondad divina es tan propio seguirse a la herida el remedio, y a la aflicción el consuelo, sacando los justos de sus trabajos la crecida usura de ciento por uno. En aquellos martirios y dolores que padeció soror Juana, consiguió grandes sabores y medras para el alma pues ''[13]'', ordinariamente, su padecer se remataba en un éxtasis profundísimo y su rostro entonces parecía [fol. 31v] de ángel más que de criatura humana. Cuando volvía en sus sentidos, protestaba padecer de nuevo por el descanso de las ánimas de Purgatorio.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[CXXXII] [CXXXIII] [CXXXIV] Por revelación de su ángel custodio entendió la sierva de Dios que para mitigar alguna parte de aquellos ardores que la afligían el invierno sería remedio un guijarro frío arrimado a las carnes; y al contrario, caliente y envuelto en un paño, cuando sintiese helado y encogido el cuerpo en el verano. Usó de este remedio y, una vez que pidió un guijarro caliente contra el gran frío que la atormentaba, la trujeron uno que había estado mucho tiempo a la entrada de una cueva del convento y como se le aplicase al cuerpo oyó unos gemidos y voces lastimosas que la pedían socorro y advirtió que salían del guijarro; y conociendo ser algún espíritu, le exhortó de parte de Dios la dijese quién era y qué quería. La voz dijo ser el alma de un hombre pecador que había partido de este mundo sin haber satisfecho enteramente a la justifica divina por sus culpas, y así tenía asignado su Purgatorio en aquella piedra que, desde la orilla del río Tajo, fue traída con otras para la obra del convento; y que la rogaba le ayudase con sus oraciones y le aplicase algunos dolores de los que padecía pa- [fol. 32r] ra poder salir de aquella cárcel en que había mucho tiempo estaba detenido. La virtuosa virgen, encendida en caridad, prometió hacer y padecer por aquella alma.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[CXXXV] Comunicó luego con su ángel custodio lo que había sucedido, y que ignoraba hubiese otros lugares asignados para purgar las almas. Enseñola el ángel que, aunque era verdad, había un lugar común y ordinario donde las ánimas de los difuntos pagan las deudas de sus culpas. Dispensa Dios a veces con algunos cuyos pecados fueron muy graves y les da el Purgatorio en piedras, hielos o ríos, o en el mismo lugar donde cometieron la culpa según es su voluntad. Dijo también el ángel a la sierva de Dios cómo a la Majestad divina le era agradable que soror Juana fuese refugio y hospital de las ánimas del Purgatorio, y que por esta causa tendría muchos junto a sí. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[CXXXVI] Desde entonces, permitió la divina providencia que muchas ánimas se le apareciesen implorando su socorro, y otras la hablasen desde los guijarros fríos o calientes que se ponía. Y en diversas ocasiones que las religiosas la llevaban al coro en una silla porque los dolores la tenían tullida y sin poder mover, la cual ponían en el lugar que deben tener las preladas, después de compo- [fol. 32v] [CXXXVII] nerla la ropa, pretendían desviarla los guijarros que traía pegados y asidos a las coyunturas y, aunque tiraban de ellos con mucha fuerza, de ninguna manera se los podían quitar y la sierva de Dios decía: “Dejadlos estar, hijas, donde Dios les dio licencia que estuviesen, y no trabajéis en quitarlos que será por demás vuestro cuidado hasta que yo padezca lo que tiene dispuesto la divina voluntad”. De esta maravilla fueron testigos todas las monjas de aquel convento.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[CXXXVIII] En los coloquios que tenía soror Juana con su ángel, le preguntó si sería petición indiscreta suplicar a Dios que las ánimas que venían a valerse de su socorro tuviesen el Purgatorio en las hierbas y flores que las monjas ponían en su celda en unas jarras y ramilleteros, pareciéndole con sinceridad que con la mudanza del lugar se les mitigarías las penas. Respondiola el ángel que el Purgatorio no se mitigaba por mudar lugar, sino con los sufragios y oraciones y demás obras satisfactorias que pueden hacer los vivos por los difuntos pero que, si ella pretendía conseguir aquel consuelo, hiciese oración a la soberana Majestad de nuestro Dios, que era el mejor medio para alcanzar la gracia que pedía. Hízolo así la devota virgen, y la infinita piedad de nuestro Redentor la conce- [fol. 33r] [CXXXIX] [CXL] dió que las ánimas que enviaba a pedirla socorro tuviesen su asiento en las hierbas y flores que la ponían en su celda para que, tiniéndolas presentes, se alentase a padecer más trabajos y dolores por ellas. Desde aquel tiempo tuvo cuidado en pedir a las religiosas la trujesen hierbas y flores de la huerta, y se las pusiesen en los ramilleteros y jarras con color de que con ellas se divertía y alegraba, callando el misterio que en ello había. Estaba un día de verano soror Juana reclinada en su pobre camilla, cercada de las flores y albahacas que la traían para su consuelo, aunque muy debilitada en las fuerzas corporales; y con voz sonora y alentada, entonó el himno ''Magnificat'' de suerte que se oyó en el convento. Las monjas, admiradas de la novedad del canto, acudieron a la celda y, por las quiebras y resquicios de la puerta, acecharon lo que hacía su abadesa. En esta curiosidad estaban y en grande silencio para no ser sentidas cuando, diciendo soror Juana el verso ''Gloria Patri'', todos los ramilleteros se inclinaron profundamente hasta tocar las hierbas y flores en la tierra; y en acabando el verso, se restituyeron a su estado primero. Las monjas, a vista de un milagro tan grande, entraron de tropel en la celda y, bañadas en lágrimas de devoción y [fol. 33v] alegría, la dijeron que no podría negarles con el disimulo de hierbas y flores el misterio que encerraban aquellas profundas inclinaciones que hicieron al cantar el verso del ''Gloria Patri''. Respondiolas soror Juana que, pues Dios había permitido viesen aquella maravilla, sería para su mayor edificación y encenderlas en la devoción de las ánimas de Purgatorio, muchas de las cuales estaban en aquellas flores alabando en su compañía a su Redentor hasta que, purificadas con las penas de daño y de sentido que padecían (en que procuraba ayudarlas, aplicándolas sus oraciones, dolores y tormentos), subiesen a gozarle eternamente.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[CXLI] Admiradas las religiosas de lo que obraba Dios por los méritos de su sierva, y para confirmarse en la fe y devoción que tenían de lo que obran los sufragios en beneficio de los difuntos fieles y de la reverencia que tienen todas las criaturas celestes, terrestres e infernales al inefable nombre de Dios trino y uno, pidieron con muchas lágrimas a su virtuosa madre volviese a cantar el verso mismo; y, aunque rehusó el hacerlo, vencida de los ruegos importunos de sus hijas entonó delante de todas el verso de ''Gloria Patri''. Apenas había empezado la primera palabra cuando las albahacas y flores se inclinaron [fol. 34r] otra vez hasta tocar con sus puntas a la tierra, perseverando en aquella forma hasta que soror Juana acabó de cantar enteramente todo el verso, volviéndose a poner después como estaban antes. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[CXLII] Las religiosas dieron, en compañía de su madre abadesa, repetidas gracias al Autor de la naturaleza que las había favorecido con aquel milagro. Y su devoción con las ánimas creció mucho, y en adelante tenían gran cuidado de renovar las hierbas y flores, y las que quitaban las guardaban como por reliquias; y en ellas se hallaba tanta fragancia y olor tan suave, aunque marchitas y lacias, que excedía con grandes ventajas a las flores y hierbas frescas que ponían de nuevo en los ramilleteros. Esto también despertó la curiosidad de las monjas para preguntar a soror Juana de qué procedía aquel olor. Respondiolas que era un rastro que dejaban en aquellas flores de su asistencia los ángeles custodios de las ánimas que allí habían estado, a las cuales consolaban y visitaban con frecuencia sin desampararlas hasta haberlas puesto en la presencia de Dios. Y como uno de los tormentos que padecen en el Infierno los condenados consiste en el mal olor, así uno de los dotes de que se adornan los espíritus gloriosos es el de los olores fragantes [fol. 34v] [CXLIII] y excelentes de que gozan y que exhalan; lo cual se prueba bien con el don y privilegio que se experimenta en muchos cuerpos de santos, pues la hediondez y corrupción a que estaban sujetos por la condición de su propia naturaleza se truecan en suavísimos y celestiales olores como en señal de los que han de gozar desde el día de la resurrección general.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[CXLIV] No fuera esta sierva de Dios tan perfecta y virtuosa si no se hubiese valido de la intercesión de la Virgen santísima, Nuestra Señora, a quien rindió siempre su corazón con devoción profunda y entrañable reconociendo que, como ventana del impireo, por ella ha de salir la luz con que Dios alumbra el mundo y, como escala celeste, por ella baja Dios a la Tierra y para que por ella merezcan subir los hombres al Cielo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[CXLV] El objeto que tenía soror Juana para ejercitar su devoción era una imagen en que representaba cuando María santísima en su tránsito glorioso subió a los Cielos; delante de esta imagen hacía sus ejercicios de devoción y en su presencia levantaba la consideración a venerar y contemplar la Reina de las jerarquías angélicas que se sienta la diestra del Altísimo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
La imagen era de escultura poco primo- [fol. 35r] [CXLVI] rosa según la ignorancia que en el tiempo en que se hizo (al parecer era antiquísima) había en España de arte tan excelente y aún en la Italia. Habían padecido un naufragio no solo las artes, sino aún las ciencias desde la caída del Imperio Romano hasta que los pontífices sumos restituyeron la sabiduría al universo, desterrando la ignorancia y barbaridad de que llenaron el Orbe cristiano las incultas naciones del septentrión. Todos los siglos venideros deben reconocer a los sucesores de san Pedro por autores de tanto beneficio, entre los cuales se erigió un monumento de eterna alabanza León X, de feliz memoria, en cuyo feliz pontificado florecieron las ciencias y artes con el rocío de su liberalidad y magnificencia.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
La pintura, escultura y arquitectura subieron en su tiempo a la cumbre de la perfección y, desde entonces, estas artes campean con excelencia en beneficio de todo el género humano; y con ellas se ilustran los mayores templos, los palacios magníficos y las más ilustres ciudades de Europa. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[CXLVII] La imagen de la Asunción que veneraba sor Juana era el más precioso tesoro que tenían las monjas de su convento por los muchos milagros que en su presencia había Dios obrado. Y la sacaban en procesión [fol. 35v] [CXLVIII] [CXLIX] a nueve de marzo, que fue el día de aparecimiento de la Virgen santísima a la pastora Inés, por los campos circunvecinos hasta el lugar de Cubas. Sentían las monjas que esta imagen fuese de suma perfección, pues representaba a la criatura más perfecta y hermosa que ha tenido la naturaleza fuera de la humanidad de Cristo, Señor Nuestro. Y es tradición que en un éxtasis se apareció Cristo, Señor Nuestro, a su sierva Juana y, habiendo echado su bendición a la imagen, la tocó en el rostro, con que sus facciones quedaron mejores en la forma que hoy se venera. Y en los tiempos de carestía y falta de aguas, acuden los pueblos comarcanos al templo de Santa María de la Cruz y, las más veces, se ha visto que, llevando en devota rogativa y procesión la imagen santa, se deshace el cielo en lluvias y la tierra acude con abundantes frutos.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[CL] No se olvidaba la providencia divina de autorizar la virtud de su sierva por este tiempo para que el mundo la tuviese en veneración. Sucedió llegar al convento un hombre con su mujer que, con devoción, iban a visitar a soror Juana y llevaban consigo una niña a quien sobrevino repentinamente un accidente mortal de que espiró en breve tiempo. Los padres, con gemidos y lágrimas, ma- [fol. 36r] [CLI] nifestaban su dolor y, acordándose de los remedios del Cielo, acudieron a soror Juana pidiéndola pusiese las manos sobre el cadáver de la niña porque confiaban que por su intercesión había Dios de darla nueva vida, y aunque ella se escusaba con su natural modestia, diciendo que sus oraciones no podían merecer efecto tan prodigioso; pero la instancia y porfía de los circunstantes y los ruegos de los padres la apretaron tanto que, más por darles aquel consuelo que por afectar santidad y méritos, tomó la criatura en sus brazos llena de fe e hizo oración al Autor de la vida para que se la diese a la niña difunta, sobre la cual hizo la señal de la cruz y puso un crucifijo que traía consigo y, en el mismo instante, volvió la niña como el que dispierta de un profundo sueño. Y en brevísimo tiempo se la restituyó a sus padres sana y buena, con que la alegría y pasmo de más de ochenta personas que se hallaron presentes manifestaron bien la grandeza del milagro. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El vicario del convento, herido de mal rabioso por haberle maltratado y llenado de espumas un carnero que se entró en el convento arrebatadamente y por tener el mismo mal, habiéndose dispuesto para morir, desahuciado ya de los médicos, pidió a las mon- [fol. 36v] jas que dispusiesen cómo soror Juana le echase la bendición a su comida. Las religiosas significaron a la piadosa abadesa el estado de la enfermedad de su confesor y el consuelo que recibiría con que le bendijese la comida. Obedeciendo luego con buena voluntad y sobre la comida del enfermo, hizo la señal de la cruz y, luego que la comió, mejoró de suerte que brevísimamente quedó libre el religioso de aquel mal pestilente.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[CLII] No permite la brevedad con que referimos lo más memorable de la vida de soror Juana. Decir por menor los milagros que obró Dios con las monjas por intercesión de su sierva y con otras personas que la tomaron por su abogada, hallándose en acontecimientos muy peligrosos. A una religiosa se le saltó un ojo de un vehemente dolor de cabeza y, tomándole la sierva de Dios en la mano, se le puso en la misma concavidad de donde había faltado e, instantemente, quedó sin el dolor de cabeza y con la vista restituida y clara.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
A este tiempo abrasaban el reino de Castilla las guerras civiles que ocasionó la plebe, desenfrenada con la ausencia del emperador Carlos V. Conocidas tanto con el nombre de comunidades, entendió soror Juana por revelación que los comuneros de la vi- [fol. 37r] [CLIII] [CLIV] lla de Torrejón querían robar y destruir su convento. Juntó luego todas las religiosas y las dijo el peligro en que estaban y que el remedio era la oración. Fuéronse al coro, donde imploraron el auxilio divino y, cuando más fervorosas solicitaban su defensa del Dios de los ejércitos, el capitán de los rebeldes y comuneros llegaba con su gente a las puertas del convento; pero en ellas y sobre las paredes vieron los rebeldes tantos hombres armados y dispuestos para la defensa que creyeron ser prevenidos de algunas tropas del emperador con que, amedrentados, se retiraron apresuradamente. Sabido el suceso, creyeron piadosamente las monjas que sus ángeles custodios las habían defendido.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''§. V'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[14]''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[CLV] En dos clases se dividen los enemigos de los justos y amigos de Dios: pues unos son interiores, que consisten en dolores, enfermedades y pasiones del cuerpo y alma; otros externos y de mayor perjuicio, y estos son los demonios y los hombres cuya persecución obra en el bueno lo que el buril en el bronce, con lo mismo que le quita le ilustra y deja resplandeciente. Ya se ha vis- [fol. 37v] to los enemigos interiores que maltrataron con tan intensos dolores y continuadas enfermedades a esta sierva de Dios. Ahora veremos lo que obraron contra ella los enemigos exteriores de quien toda su vida fue maltratada. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Avergonzados los demonios que una virgen de tan débiles fuerzas los venciese en las luchas ocultas de las tentaciones, convirtieron su odio contra el cuerpo delicado, permitiéndolo así Dios para prueba y recomendación de su paciencia. Unas veces, aquellos ministros infernales, la arrastraban; otras la daban pesadísimos golpes y tan crueles azotes que las señales de algunos le duraban por todo un año. Oíase en toda la casa el ruido que hacían aquellos verdugos y las monjas, conociendo el trabajo con que se hallaba su madre, la ayudaban con oraciones.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[CLVI] Las persecuciones de los hombres tuvieron principio en las mismas religiosas del convento, pues la vicaria y otras religiosas que se conspiraron decían que no se observaba la regla de su patriarca san Francisco; que ya faltaba una de las piedras fundamentales de su religión cuando poseían las rentas del beneficio de la villa de Cubas que les había aplicado el cardenal arzobispo de Toledo don fray Francisco Jiménez, siendo [fol. 38r] [CLVII] [CLVIII] [CLIX] incapaces de poseerlas; que mejor les estaba pender de la limosna y caridad de los fieles en que se debían vincular sus riquezas; además, que el beneficio por tener cargo de almas estaba mal servido y se conocía la ambición de su abadesa en adquirirle, pues el primero sacerdote que fue nombrado en él, por el sumo pontífice y antes por el arzobispo, era su hermano. Y, aunque la súplica del breve se hizo en nombre de todo el convento, contenía siniestra relación y, para conseguirla, se había gastado muchos ducados. Era cura del beneficio de Cubas un hermano de soror Juana, a quien nombró el arzobispo Jiménez y aprobó su consejo. Esto escribieron la vicaria y monjas conspiradas al provincial, encareciendo los excesos de su abadesa; y que en acudir a negocios y de sus parientes consumía la mayor parte de las limosnas del convento. Con estas falsedades y otras imposturas de menor consideración, obligaron al provincial a que fuese a proceder contra la inocente prelada, a quien hizo cargo de lo que decían la vicaria y sus secuaces. Pero la mansísima virgen no respondió cosa alguna en su defensa, solamente presentó con sinceridad el breve que había obtenido declarando que en la solicitud de su despacho había gastado solos siete ducados, y suplicó [fol. 38v] [CLX] [CLXI] [CLXII] al provincial la perdonase si por ignorancia o buen celo había delinquido, y que estaba pronta a dejar el oficio y recibir la penitencia que se le impusiese. Las monjas que formaban la mejor parte de aquella comunidad se deshacían en lágrimas viendo prevalecer la malicia e invidia contra la inocencia y humildad, reconociendo el provincial no buscaba la satisfacción de los cargos que se hacían a la sierva de Dios, sino pretextos para condenarla. Y sin atención a la honra de soror Juana y al escándalo que causaría en cuantos la tenían por virtuosísima en todos los reinos de Castilla (donde la fama de sus acciones y maravillas se había entendido y acreditado notablemente) y como si las culpas lo merecieran, la privó del oficio de abadesa, nombrando por presidente del convento a la misma vicaria, autora de la persecución.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[CLXIII] Bien descubrió aquel provincial en tan injusta y precipitada acción que Dios le había quitado el conocimiento de la razón y de la justicia, permitiendo fuese instrumento de mortificación contra soror Juana que, con su silencio y paciencia, desde la cátedra de la camilla en que la tenían encarcelada sus dolores, enseñaba a todas sus hijas la ciencia sobrenatural con que los justos saben tolerar las persecuciones del siglo. Y las mon- [fol. 39r] jas se quejaban en su presencia de la común desgracia que habían padecido y del escándalo que se había ocasionado. Las consolaba y pretendía persuadir que el provincial había procedido justificadamente por carecer ella de méritos y fuerzas para ejercer el oficio de prelada, y que por sus culpas merecía mayor castigo y represión. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[CLXIV] No hay espectáculo en la tierra que más agradable sea a los ojos de Dios que un varón virtuoso, haciendo rostro a los trabajos y persecuciones sin dejarse vencer ni quebrantar de ellas. Así lo escribió una pluma gentil hablando de Catón Vicente, como si fuera pluma cristiana y Catón fuera alguno de los héroes que con mejor constancia se pusieron en la cruz de Cristo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Cuando santa Isabel de Hungría fue expelida de su palacio por sus criados la misma noche en que murió Filipo Langravió, su marido, se recogió en un establo la santa viuda y pasó la noche sin dormir, haciendo oración por aquellos que la habían arrojado de su propia casa. Apareciose Cristo, Señor Nuestro, visiblemente y la dijo que más se había agradado de la oración de aquella noche que de cuantas había hecho la santa en toda su vida. Mejor parecía soror Juana a los ojos de Dios sufriendo por su amor en aquella cama [fol. 39v] trabajos y afrentas que cuando, arrebataba en espíritu, gozaba de sus regalos y coloquios; y más acepta le sería la oración que allí hacía por la vicaria y monjas, que la habían perseguido, y por el provincial, que la despojó del oficio, que todas las demás oraciones en que se había ocupado por el discurso de su vida; pues orar por los ingratos y que nos persiguen y calumnian es perfección que se halla solamente en los adornados de virtudes sólidas y en los muy favorecidos de Dios.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[CLXV] No se descubriera tanto en soror Juana la inocencia de Abel sino tuviera Caín que la persiguiera, ni hubiera dado tan copiosos frutos de virtudes si las aguas de los trabajos y perfecciones no la hubieran bañado en vez de abnegarla y destruirla. Su caridad, que antes alumbraba y calentaba, brotó llamaradas y rayos de fuego, procurando amar, honrar y reverenciar con todo el afecto de su alma a la que con tanto afecto de ambición e invidia la había perseguido.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Las monjas, reconociendo la injusticia con que se había procedido en la deposición de su abadesa, obedecían impacientísimamente en los preceptos de la nueva prelada y la miraban como a causa del escándalo y ruina que había causado, dentro y fuera del conven- [fol. 40r] to, la acción del provincial. Pero la sierva de Dios, con exhortaciones continuas, obligó a las monjas a que obedeciesen a su prelada y, con su ejemplo, sosegaron sus ánimos.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[CLXVI] [CLXVII] [CLXVIII] No pasaron muchos días cuando una enfermedad muy aguda hirió mortalmente a la abadesa, que luego juzgó era castigada de la mano de Dios. Y así pidió a las monjas la llevasen a la celda de soror Juana y, arrodillada a sus pies con muchas lágrimas y demostraciones de contrición, la pidió perdón de las ofensas que la había hecho y confesó su culpa públicamente. La virtuosa Juana, aunque impedida, se quiso arrojar de la camilla para recibir a su hermana en los brazos y, con amorosas entrañas, la aseguró que antes ella era deudora de muchos beneficios, y que sentía su enfermedad como propia y de su parte rogaría a la Majestad de Dios por su salud y consuelo espiritual. La enfermedad fue en aumento y los médicos desconfiaron de su vida, con que recibió la monja los Sacramentos y pidió a todas las religiosas que, si ella faltaba, volviesen a elegir por su prelada y abadesa a soror Juana, la cual, con noticia del estado y peligro de la enfermedad, fue a visitarla (llevada de las monjas en la silla) a la abadesa a quien consoló y acarició mucho. Re- [fol. 40v] cibió la enferma grande consuelo con los halagos y caricias de la sierva de Dios y, con los consejos que la dio para prevenirse en la jornada que la estaba aguardando, con esto entendió la monja con seguridad que se moría y, precediendo muchos actos de contrición y otras señales de predestinación, dio su espíritu al Criador.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[CLXIX] Otras persecuciones la afligieron en el discurso de su vida, que las más de ellas se fundaban en pretender algunas personas poco afectas a la sierva de Dios desacreditar su virtud, poniendo mala voz en sus éxtasis, en sus milagros y en sus sermones. Pero de todo salió vencedora al paso que no se resistía ni safistacía a las calumnias que la imputaban.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[CLXX] En este estado, las visitas de su ángel custodio y los consuelos que de él recibía eran más frecuentes, prevenciones todas para el fin de su vida que se acercaba; pues el mismo ángel le previno de cómo ya llegaba al tiempo de salir de aquella cárcel de dolores y, en un rapto que tuvo cuatro días antes de su muerte, la aseguró el ángel que ya estaba dada la sentencia. Y ella lo dijo al médico para que no se cansase en aplicar remedios. Y así lo hizo, publicando entre las religiosas que su madre se les moría. Acudieron todas a la celda con sollozos y lágrimas [fol. 41r], pero soror Juana las consoló diciendo que sería señal de quererla y estimarla el desear que Dios la sacase de esta miserable vida como fuese para gozarle en la eterna; y que así todas la ayudasen con oraciones para que el enemigo común no la persiguiese en aquel trance.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
La muerte de los justos corresponde a la vida. Del rico avariento no refiere el Evangelio cómo muriese, ni da más señas de su fin que haber sido sepultado en los Infiernos. Pareció superfluo al Evangelista referir la forma en que acabó sus días aquel precito, habiendo dicho la forma en que había vivido entre deleites y pasatiempos.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[CLXXI] La vida de soror Juana fue regulada con un orden y serie de virtudes admirables. Toda ella pacífica, toda tranquila, pero en estos últimos días temió y tembló de la justicia divina y, aunque había logrado el tiempo, le pareció entonces haberle desaprovechado. Y como puesta en un campo de batalla, unas veces se acusaba, otras pedía favor, otras apelaba del tribunal de la justicia para el de la misericordia y en este conflicto, manifestaba con las angustias agonías y trasudores que padecía su alma y cuerpo que se hallaba en el último combate. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Las religiosas, en el día antes de su muer- [fol. 41v] te, pensando que ya espiraba, llorando su pérdida, la besaron la mano; y la sierva de Dios les echó su bendición.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[CLXXII] Poco después se mesuró y compuso en la cama. Y aquel rostro desfigurado con las continuas penitencias y prolija enfermedad se puso resplandeciente y hermoso, y como solía tenerle en la flor de su juventud o cuando estaba elevaba en los éxtasis. Extendiéndose luego por la celda un olor suavísimo, y el médico advirtió que procedía de su aliento y que ya Dios daba premisas de la gloria que había de gozar aquel cuerpo. Con la enfermedad y corrupción de los humores, se le había corrompido el aliento a la sierva de Dios de suerte que, con dificultad, se podía tolerar la molestia que causaba en acercándosele con demasía. Deseosos los circunstantes de experimentar lo que el médico decía, llegaron todos a recibir el aliento de la boca de aquella virgen y le hallaron tan suave y oloroso que los cortaba y sacaba fuera de sí, y les pareció que ninguno de los aromas orientales podía igualarle.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[CLXXIII] Amaneció otro día, 3 de mayo, en que celebra la Iglesia la invención de la santa cruz, dichoso siempre para soror Juana por las felicidades que en él la acontecieron. Y reconociose de los continuos éxtasis y con- [fol. 42r] [CLXXIV] [CLXXV] versaciones exteriores con Dios, en quien tenía empleadas y embebidas todas las potencias sin atender a cosa externa, que como fue aquel día el primero de su vida también había de ser el último. Las monjas que la asistían con los confesores del convento creyeron piadosamente, oyendo las razones que decía ya llamando ya despidiendo los espíritus celestes con quien al parecer hablaba, que había merecido ser visitada de Cristo, Señor Nuestro, de la Virgen santísima y de muchos ángeles y santos, cuyos nombres repetía soror Juana como si los conociese por los favores que de ellos recibía entonces; hasta que a las seis de la tarde, cercada su cama de las religiosas al tiempo de leer su confesor la Pasión de Cristo y su muerte soberana, soror Juana dio su alma al Redentor del mundo en el año de 1534, a los cincuenta y tres de su edad y los cuarenta de su entrada en la religión.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[CLXXVI] Su rostro quedó hermosísimo y no pálido como el de los otros difuntos, sino blanco y encarnado. Y la boca con un ademán muy gracioso y como de quien se ríe. Los ojos no quebrados, sino resplandecientes y sin turbarse la viveza de luces. El cuerpo despedía de sí maravilloso y suave olor; y llenó [fol. 42v] [CLXXVII] de suerte la celda y todas las cosas que en ella estaban y a las monjas que la visitaron que por algunos días les duró la fragancia. Después de vestido y compuesto el cadáver, le llevaron al coro bajo, y las monjas y religiosos le hicieron su funeral en la forma que dispone el ceremonial y usos piadosos de la religión franciscana. Fenecidas las obsequias, dejaron allí el cuerpo asistido de todas las religiosas que no querían apartarse de él y, aunque pensaron darle sepoltura en el día siguiente, fue preciso dilatarlo por la infinidad de gentes que concurrieron a ver el cadáver de la sierva de Dios. Y muchas personas tituladas y de gran suposición en la corte despacharon correos al monasterio, pidiendo encarecidamente a las monjas no sepultasen a soror Juana hasta que pudiesen verla y satisfacer su devoción. Por esta causa, estuvo el cuerpo cinco días sin sepultar, arrojando de sí suavísimo olor, y cuantos llegaban al templo luego le sentían y reconocían admirados ser aquella fragancia sobrenatural.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[CLXXVIII] El concurso de gentes creció tanto que, no siendo capaz el templo para comprenderle, todos aquellos campos estaban cubiertos de hombres y mujeres de diferentes estados y calidades deseando ver el cuerpo [fol. 43r] [CLXXIX] de la sierva de Dios. Y así los religiosos y confesores del convento resolvieron satisfacer a la común devoción de aquellas gentes: sacaron el cuerpo fuera del convento y le pusieron a vista de la muchedumbre que, con lágrimas y clamores, se encomendaba en las oraciones e intercesión de soror Juana, juzgándose por dichoso el que podía besar su hábito y tocar sus rosarios al cuerpo. Las religiosas, temiendo no le despedazasen por llevarse las reliquias, le volvieron (aunque con dificultad) a poner en el coro bajo dentro de la clausura para que fuese visto de todos y de ninguno tocado.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
También en esta ocasión acreditó Dios a su sierva dando salud a muchas personas mediante su devoción y contacto de aquel cuerpo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[CLXXX] Una religiosa no podía mover una pierna y en el pecho se le hizo un bulto grande, todo ocasionado de una caída. Sentíase muy fatigada de dolor y acudió a la celda de soror Juana cuando la estaban amortajando y, con devoción, se puso la túnica interior con que había expirado sobre la pierna y sobre el pecho e, inmediatamente, se le quitó el dolor y resolvió la hinchazón, con que pudo andar quedando buena y sin lesión.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Una señora de título envió un mensaje- [fol. 43v] ro desde la ciudad de Toledo a saber si era cierta la muerta de la sierva de Dios porque deseaba verla antes que la sepultasen. A este hombre le sobrevino un dolor de muelas que no le dejaba comer ni dormir y llegó al convento cuando sacaban del cuerpo a la campaña; y procuró mezclarse entre la turba y besar el hábito, confiando en los méritos de la sierva de Dios que se le había de quitar la pasión molesta que padecía. Luego que tocó el escapulario con los labios se halló bueno, publicando a todos el beneficio que había recibido.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Otro hombre tullido de Torrejón de Velasco se hizo llevar adonde estaba el cuerpo y, habiéndole tocado y besado, dejó las muletas y quedó tan suelto y alentado como si en ningún tiempo hubiera tenido tan grande impedimento.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[CLXXXI] En un convento de monjas de la Concepción de la ciudad de Almería vivía entonces una religiosa llamada María de San Juan, muy parecida a soror Juana en las virtudes y en la gracia de raptos y revelaciones con que Dios la regalaba. Y aunque no se habían visto, eran muy amigas y se correspondían y comunicaban en espíritu. Esta María de San Juan refirió después a unos prelados de su orden que soror Juana se le había aparecido [fol. 44r] [CLXXXII] cuatro días después de su tránsito. Se apareció a la amiga, cercada de resplandor, y la dijo cómo había cuatro días que había salido de este mundo y que, por haber tenido en él su Purgatorio, la misericordia de Dios era tan grande que la tenía en la bienaventuranza. Esta revelación, por haberla referido persona tan virtuosa y a personas de tanta autoridad, fue bien recibida de los devotos de soror Juana. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[CLXXXIII] Después de los cinco días que estuvo el cuerpo sin enterrar para que le pudiesen ver las innumerables gentes que concurrieron de las ciudades y pueblos circunvecinos, abrieron las religiosas una sepultura en el coro bajo, junto a cratícula de la comunión. Sin encerrar el cadáver en caja o ataúd, vestido con su hábito, le entregaron a la tierra, cubriéndole con ella y con mucha cal y agua que le echaron encima, obrando en esto con desalumbramiento pues, sin afectar desprecio de estimación o vanagloria, pudieran contentarse con la tierra sola y no pasar a extremo tan desproporcionado.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[CLXXXIV] Así estuvo sepultado siete años debajo de tierra sin acordarse las religiosas de descubrirle ni sacarle para ver cómo estaba. Hasta que una niña de seis años, hija de los condes de la Puebla, estando jugando en el [fol. 44v] [CLXXXV] coro, comenzó a excavar con los dedos y a sacar tierra de la sepultura donde yacía soror Juana. Preguntaron las monjas a la niña para qué quería la tierra y las respondió que aquella tierra olía muy bien. Repararon las monjas en lo que decía la niña y, con la experiencia, conocieron ser verdad que la tierra exhalaba un olor suavísimo, con que fácilmente pudieron conocer la causa de aquel efecto milagroso; y, convocada toda la comunidad, resolvieron descubrir el cuerpo, el cual hallaron fresco, entero y hermoso, y como estaba el mismo día en que le sepultaron (hasta el hábito y tocas habían conservado su color y limpieza). No puede explicarse con bastantes hipérboles cuál fue el alegría y consuelo de las monjas. Vistiéronla otro hábito y otras tocas, repartiendo las que antes tenía entre todos los devotos, y el cuerpo le pusieron en una caja debajo del altar del coro alto.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[CLXXXVI] Allí estuvo otros catorce años, conservando su frescura y hermosura sobrenaturalmente, hasta que doña Isabel de Mendoza, señora de la villa de Casarubios, y otras personas graves hicieron infancia para que el cuerpo se mudase a lugar más acomodado, donde las religiosas y el pueblo le pudiesen tener a la vista. Y para este efecto se [fol. 45r] [CLXXXVII] fabricó un arco en la capilla mayor de la iglesia, al lado del Evangelio, que correspondía el vacío al claustro del convento y con dos rejas; y en parte eminente, se dispuso un lugar acomodado para colocar una arca dorada que hizo a su costa aquella señora doña Isabel de Mendoza. Y vistiendo el cuerpo con un hábito de damasco pardo, le trasladaron al nuevo sepulcro con tanto concurso y devoción de los pueblos como merecía su buena memoria.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[CLXXXVIII] Desde esta ocasión, no consta se manifestase el cuerpo a ninguna persona hasta que, en el año de 1600, don fray Francisco de Sosa, que después fue obispo de Osma, siendo ministro general de la orden de san Francisco, visitó el convento en compañía de don fray Pedro González de Mendoza. Y deseando saber el estado que tenía el cuerpo de soror Juana, a instancia de las monjas, hizo bajar el arca; y le hallaron fresco y entero (fuera del rostro que estaba algo seco, pero las facciones muy perfectas), el hábito de damasco pardo y las tocas olorosísimas y fragantes por la comunicación y contacto del cadáver. Y causó admiración que, sin haberle divulgado la intención de los prelados, pues cuando entraron en el con- [fol. 45v] [CLXXXIX] [CXC] [CXCI] vento no la tenían de descubrir el cuerpo, concurrió tanta gente a la iglesia como si mucho tiempo antes se hubiera premeditado esta manifestación, en la cual sucedieron dos cosas bien singulares. La primera fue que, habiendo repartido el ministro general las tocas blancas entre los circunstantes, pidió un velo la madre reformadora que tanto le había deseado y en fin se le puso con sus manos el prelado superior de toda la orden. La segunda que, deseando el ministro general llevar consigo alguna parte del cuerpo de soror Juana, pretendió quitar el dedo menor de un pie y, con la fuerza que hizo para arrancarle, le sacó con todo un nervio fresco y ensangrentando después de sesenta y seis años de su fallecimiento. Caso notable y digno de admiración. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Después de este suceso se ha mostrado el cuerpo en diversas ocasiones de orden de los prelados superiores o por haber ido a visitar- [fol. 46r] [CXCII] [CXCIII] le los reyes de España, sus mujeres, principies e infantes; y con las ofrendas y limosnas que hacían los devotos se hizo un arca de plata riquísima donde le trasladaron y hoy permanece en el mismo arco y lugar eminente cercado de los votos y lámparas que con frecuencia ofrece la devoción de muchas personas beneficiadas en sus enfermedades y peligros, a su parecer, por la intercesión y méritos de esta sierva de Dios; y en esta posesión ha estado soror Juana a vista del celo de la santa y general Inquisición de España, y los arzobispos de Toledo y de los prelados de su religión, creciendo cada día más el crédito de su virtud con los milagrosos que se han experimentado en sus aficionados y devotos; y, aunque luego que murió se atendió poco a escribir y observar otros muchos que acontecieron por el natural desprecio y olvido con que se miran semejantes cosas, después ha permitido Dios que haya mayor atención en observar las maravillas de sus milagros de los cuales referiremos algunos.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En el año de 1612, un provincial mostró al pueblo el cuerpo de soror Juana ,y habiendo ido desde la villa de Torrejón de Velasco doña Agustina Romana para verle, llegó tarde y quedó muy des- [fol. 47v] [CXCIV] [CXCV] consolada. Las monjas, por satisfacer en parte su devoción, le dieron un poco del velo de la sierva de Dios. Dentro de breves días esta doña Agustina cegó de una enfermedad en los ojos y, acordándose de la reliquia que la dieron las monjas, se la puso sobre los ojos y luego quedó sana y vio perfectamente.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[CXCVI] [CXCVII] El doctor Francisco González de Sepúlveda, médico de la Inquisición general en Madrid, padeció una dolencia mortal y, con devoción y fe, se encomendó a la intercesión de soror Juana, pidiendo su socorro. En la noche siguiente, le apareció la sierva de Dios y le aseguró que sanaría de la enfermedad, y así sucedió.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[CXCVIII] En la villa de Parla, cayó en un pozo una niña de cinco años, en el cual estuvo por espacio de tres horas hasta que advirtieron sus padres en que faltaba. La buscaron y la hallaron en el pozo. La madre la encomendó a soror Juana de la Cruz y, entrando un hombre en el pozo para sacarla, afirmó haberla hallado muerta y lo mismo testificó la gente que concurrió a la desgracia por no hallarse en ella señal alguna de vida. Pero la madre, invocando el nombre de soror Juana, tomó a la niña en los brazos y en ellos volvió la niña a cobrar aliento, y hablaba y respondía, diciendo que una monja muy hermosa la había ayu- [fol. 47r] dado para que el agua no la ahogase.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[CXCIX] [CC] En el lugar de Casarrubuelos, el año de 1619, se arruinó una pared cogiendo a dos niños debajo. La madre, vista del peligro, los encomendó a la protección de soror Juana y, acudiendo la gente, se quitó la tierra y ruinas y parecieron los dos niños sin lesión alguna.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[CCI] Un navío que hacía viaje desde las Indias a España padeció una tormenta, con que se rompió y quebrantó por muchas partes, entrando en él tanta agua que se iba a pique conocidamente. Y en este estado, un religioso franciscano hizo voto con todos los navegantes de visitar el cuerpo de soror Juana y, arrojando al mar una cuenta tocada a una original, instantáneamente cesó la tormenta y pudieron cerrarse las aberturas del navío, y los navegantes después cumplieron su voto.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Doña Lucrecia Galbarro, vecina de la ciudad de Sevilla, el año de 1619 hizo voto de visitar el cuerpo de soror Juana de la Cruz por hallarse tullida de ambas piernas. Cumplió el voto, y la entraron en la iglesia dos personas respeto de que ella no podía moverse. Luego que llegó a la presencia del cuerpo e hizo oración a Dios pidiéndole que por los méritos de su sierva la sanase, se levantó y [fol. 47v] anduvo por la iglesia a vista de un su hermano canónigo de Sevilla y de diferentes religiosos que se hallaron presentes.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Pedro del Portal, vecino de Madrid, cobró la vista que había perdido en una enfermedad.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Pedro García, en el año de 1618, sanó de una herida que no se había podido curar en seis meses con tocarle a la pierna una cuenta original en la parte lastimada en término de veinticuatro horas, sin medicamento alguno.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
María Ruiz, vecina de Madrid, estuvo endemoniada. Y su marido la llevó al convento de Santa María de la Cruz y, aunque se hicieron las diligencias ordinarias de los conjuros y exorcismos que se dicen en tales casos, no aprovecharon hasta que la llevaron a la presencia del cuerpo. Y con besar unas cuentas de los originales, se reconoció que el demonio había dejado aquella miserable mujer, que desde entonces quedó libre, reconociendo este beneficio a la intercesión de la sierva de Dios.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Un niño llamado Juan, en el lugar del Almonacid junto a la ciudad de Toledo, cayó en un pozo de donde le sacaron a vista de más de cien personas sin pulsos, ni aliento ni otra señal de vivo. Los padres le encomendaron a soror Juana de la Cruz y el niño empezó a [fol. 48r] mover brazos y pies, y a echar mucha agua por la boca. Luego abrió los ojos y, dentro de dos horas, andaba por la calle entre los demás niños de edad.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Otros casos milagrosos de esta calidad están comprobados en las informaciones que hicieron los obispos de Troya y de Cirene, que se remitieron al proceso de la canonización y se refieren por los escritores que hicieron particular memoria de soror Juana: como fueron don fray Francisco Gonzaga, arzobispo de Mantua, en su crónica; el obispo de Jaén en el ''Libro de la veneración de las reliquias''; el maestro Villegas en el ''Flos Sactorum''; fray Pedro de Salazar en la crónica que escribió de los religiosos de san Francisco de la provincia de Castilla; el maestro Peredo en la ''Historia de Nuestra Señora de Atocha''; fray Antonio Daza en la ''Cuarta parte de las crónicas de la orden de san Francisco'' y en un tratado particular de la vida de soror Juana; y fray Pedro Navarro en su erudito libro intitulado ''Favores del rey del cielo'', ocupando estos escritores sus plumas en alabanza de esta virgen virtuosa con la esperanza de que había de llegar el día en que los pontífices sumos la escribiesen en el ''Catálogo de los santos canonizados'' o lleguen ya para honra y gloria de Dios Omnipotente, Autor y Criador, de todo lo perfecto y santo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
FIN.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
===Citas en los márgenes===&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[I] [fol. 2r] Destas bulas hace mención ''Barb. de offic. &amp;amp; potest. Episcopi, part. 3. alleg 107. Trullen. opus morale tom. I. libr. I cap. 9 dub. 6 n. I0. &amp;amp; seqq''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[II] ''In bulla'' an. 1625. Ibi: Declarans, quod per supra scripta præiudicare in aliquo non vult, neque intenditiis, qui aut per commune Ecclesiæ confensum, vel inmemorabilem temporis cursum, aut per Patrum virorumque sanctorum scripta, vel longissimi temporis scientia, ac tolerantia Sedis Apostolicæ, vel ordinaris coluntur.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[III] [fol. 2v] Han tenido tanto cuidado y atención los ordinarios de Toledo en estar a la mira de la veneración y culto particular que se daba a soror Juana de la Cruz para reconocer el fundamento que tenían los milagros que se publicaban de ella y de sus granos o cuentas que no se puede hacer más segura demostración de este cuidado, según lo dispuesto por el santo Concilio Tridentino, que poniendo a la letra una censura que hizo la Universidad de Alcalá en el año 1617, la cual es como sigue: &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Censura de la muy insigne Universidad de Alcalá ''[2]''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Los doctores Bartolomé de Sosa (canónigo de la santa iglesia colegial de la villa de Alcalá de Henares, catedrático de teología de Durando de esta Universidad de la dicha villa) y Andrés Merino (canónigo o, asimismo, de la dicha iglesia, catedrático de prima de Escoto de la dicha Universidad) y fray Juan González de Albelda de la orden del señor santo Domingo (catedrático de la prima de la dicha Universidad) y fray Pedro de Oviedo (abad del colegio del señor san Bernardo y catedrático de víspera de teología de la dicha universidad), habiendo visto por comisión suya y del claustro ciertos procesos y probanzas hechos por comisión del ilustrísimo cardenal arzobispo de Toledo, en razón de la vida y muerte de la bendita soror Juana de la Cruz (monja en el monasterio de Nuestra Señora de la Cruz, junto a la villa de Cubas), que una de las dichas probanzas fue hecha en el dicho monasterio por el licenciado Luis Galindo (cura propio de la dicha villa) ante Juan Fernández de la Plaza, comenzada a 12 de mayo de 1614 años y acabada en 17 del dicho mes de 1615, y otra fecha en la villa de Torrejón de Velasco por el licenciado Mimbreño (cura propio de la dicha villa) ante Gabriel de Illescas (escribano), empezada a 26 días de abril de 1615 y acabada a 23 de mayo del dicho año, y otra fecha en la villa de Al- [fol. 3r] calá por el señor don Diego Ortiz de Zayas (vicario general) ante Sebastián de Villegas (notario), comenzada en 2 de septiembre del dicho año y acabada a 12 de abril del siguiente 1616, y otra fecha en Toledo por el licenciado Juan Barrentes de Aguilar (capellán de la capilla de la reina) ante Francisco (maestre notario), acabada a 6 de octubre de 1616 años; y habiendo visto juntamente los pareceres de los señores doctores canonistas, en cuanto al artículo de lo probado ''in iure'', y de los señores doctores médicos, en cuanto a la naturaleza de las enfermedades, nos parece que, según lo que de todo referido, resulta son casos milagrosos que, por el consiguiente, exceden toda facultad de naturaleza y se deben tener y calificar por tales, cuales son los siguientes: lo primero, la incorruptibilidad del cuerpo de la bendita soror Juana de la Cruz, cuya preservación de corrupción, vistas las circunstancias del caso y accidentes que le acompañan, le hacen sin duda obra milagrosa; lo segundo, parece haber obrado Dios, Nuestro Señor otros milagros por el contacto y uso de las cuentas de la dicha bendita sor Juana de la Cruz que, según la común tradición de aquel santo convento donde la susodicha murió y de aquella tierra y comarca, fueron llevadas al Cielo, a infancia suya, por el santo ángel de su guarda a la preferencia de Cristo, Nuestro Señor, y les echó su bendición y dio muchas y diferentes virtudes. Y en particular, consta que Juana Manuda (vecina de la villa de Cubas) fue libre y sana de una grave enfermedad, que había siete años padecía, de pesada melancolía y desmayos que le duraban tres o cuatro horas, dejándola sin movimiento ni sentido y de muy continuas tentaciones de desesperación ''[3]'', por ponerse dichas cuentas y traer consigo una de las sobredichas cuentas, lo cual fue efecto milagroso, como también lo fue el librarla Dios muchas veces de ejecutar sus intentos de desesperación por la devoción que tenía a la dicha soror Juana de la Cruz. Lo tercero, por el contacto de una de las dichas cuentas, fue milagrosamente sana Luisa de las Llagas (monja profesa del convento de Descalzas del señor san Francisco de la villa de Valdemoro) porque, habiendo estado más de cinco meses continuos en la cama paralizada de todos sus miembros sin poderse mover por sí y con grandes dolores en todos ellos, habiendo ya cesado los medicamentos porque nada aprovechaban, tocándole una de las dichas cuentas, se le fue quitando el dolor y fue extendiendo sus miembros; de manera que, en breve rato, se levantó del todo buena de la cama y se fue en presencia de las demás monjas al coro a dar gracias a Nuestro Señor, sin que le volviese jamás la dicha enfermedad. Lo cuarto, Catalina de la Purificación (monja del dicho convento), después de otra semejante enfermedad que había año y medio que casi continuamente la tenía trabada la lengua sin poder articular las voces con un género de pasmo en los miembros y, a veces, con movimientos convulsos y parte de gota coral tocándole en la lengua con una de las dichas cuentas, habló mila- [fol. 3v] grosamente de allí delante con expedición y claridad; y, asimismo, tocándole con ella en las demás partes que padecían la dicha enfermedad, se le quitaban de manera que quedaba libre para acudir a todas las obligaciones de la comunidad; y, cuando le volvía a tocar algo de la dicha enfermedad con el contacto de la dicha cuenta, se le quitaba al punto. Lo quinto, doña Francisca de Bustamante de la Tercera Orden de Señor San Francisco (vecina de la ciudad de Toledo) era muy perseguida de un género de alferecía o gota coral que la privaba del sentido y caía en tierra (traspillados los dientes, heridos los pies y manos) con tanta violencia que eran menester tres o cuatro horas personas para tenerla; y, de esta suerte, solía estar tres y cuatro horas; y tocándola una de las dichas cuentas, invocando al santísimo nombre de Jesús y de la bendita soror Juana de la Cruz, al punto hablaba y se le quitaba totalmente por entonces el dicho mal y quedaba sin los accidentes penosos que solía; lo cual sucedía siempre que la acometía el dicho mal, por el contacto con dicha cuenta, el cual impedía los daños y efectos que naturalmente se siguieran y libraba de los que ya había incurrido, que todo era casi milagroso. Demás de lo cual, de las dichas informaciones, resulta ser muy verosímil haber obrado Dios Nuestro Señor otros muchos casos milagrosos por el uso y contacto de las dichas cuentas y por la intercesión de la bendita sor Juana de la Cruz que, aunque en sí son muchos y continuos en esta materia de milagros, no tanto se ha de atender al número de ellos cuanto a la verdad y sustancia de ser obras extraordinarias del poder de Dios, y siéndolo como lo son las sobredichas que se han referido, es cosa del todo cierta e indudable que a las sobredichas cuentas se les debe particularísima reverencia y devoción, y que gozan de muy particular favor y merced de Dios los que las tienen. Lo sexto, yendo la señora condesa de Orgaz, doña María de Figueroa, con dos hijas suyas y otras personas en un coche a visitar el cuerpo de la bendita sor Juana de la Cruz a su casa, junto a la villa de Cubas, habiéndoles anochecido en el camino con mucha oscuridad, sin saberlo alguno de los que allí iban,  cayó el coche de un alto de más de dos estados de distancia en un pantano de agua; y encomendándose a la bendita Juana, se hallaron abajo del pantano sin haberse trastornado el coche y sin daño alguno en las personas ni mulas: efecto sin duda sobrenatural. Lo octavo, habiendo salido la dicha señora condesa con ánimo de un capellán que llevaba le dijese misa en el dicho lugar, no sabiendo el camino, se pasaron adelante y llegaron a un lugar diferente; y, conocido el yerro, hubieron de retroceder para llegar adonde iban; y llegaron a tiempo competente de decir misa como en efecto se dijo, habiendo, desde las nueve o las diez de la mañana, caminado más de diez leguas usuales con el coche, que fue obra milagrosa. [fol. 4r] Lo último, es de gran ponderación la común tradición de los maravillosos y milagrosos éxtasis que, según ella, tuvo la bendita sor Juana en su vida, gozando de coloquios divinos con Cristo, Nuestro Señor, y con su benditísima Madre, ángel de su guarda y otros santos. Y no menos se debe hacer peso de la perfección de todo género de virtudes en que se dice (y es la dicha común tradición) haberse ejercitado desde su tierna edad hasta el fin y remate de su vida, especialmente en obras de penalidad y mortificación del cuerpo, alcanzando perfecto reconocimiento de todas las pasiones justamente con muy profunda humildad; nacida de grandes persecuciones, así del demonio como de los hombres que, según ellos, mereció alcanzar de Dios, Nuestro Señor, la común aceptación y devoción de los fieles a su santidad e incorrupta vida no solo en ella, sino después acudiendo a venerarla a su sepulcro con públicas aclamaciones de su santidad y milagros que solo puede ser efecto del divino espíritu. Por lo cual, según la común doctrina que traen los doctores, así teólogos como canonistas, en el capítulo último de ''Reliquis &amp;amp; veneratione santorum in 6. De los requisitos para la dicha veneración de los santos, nos parece falvo meliori iudicio'' y el de la Santa Sede Apostólica, a quien, como es justo, sometemos el nuestro: la dicha bendita sor Juana de la Cruz, por concurrir en ella en vida y en muerte después hasta ahora, con general continuación los dichos requisitos (en cuanto podemos alcanzar), ser digna de toda veneración de los fieles y merecer se publiquen sus grandezas para edificación de todos ellos y confusión de los herejes. En Alcalá de Henares, a nueves días del mes agosto de 1617 años: &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El doctor Bartolomé Sosa.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El doctor Andrés Merino.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El maestro fray Pedro de Oviedo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El maestro fray Juan González Albelda.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[IV] En cuanto al culto particular que se da a las personas que están por santas, concurriendo en esto la voz común, posesión de tanto tiempo y tolerancia de los ordinarios, aunque no haya precedido licencia del sumo pontífice, lo que se ha visto es que en la curia romana han sido mantenidos en su posesión sin innovar en cosa alguna, como sucedió en tiempo de la santidad Clemente VIII en cuanto a san Carlos y san Felipe Neri antes de sus canonizaciones; y en tiempo de la santidad de Paulo V en cuanto a san Gaetano, como se refiere por Trullench, opus morale lib. I, cap. 9, dub. 6, num 22.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[V] Justo es que la piedad y liberalidad de los grandes príncipes tenga padrón eterno en nuestra memoria, y alabanza para que sus acciones gloriosas sirvan de ejemplo y sean imitadas de los sucesores en sus altos puestos. El serenísimo señor don Juan de Austria, con noticia de los prodigios de soror Juana de la Cruz y del lugar que deben tener sus virtudes en la estimación de sus devotos, por serlo de esta sierva de Dios, visitó su sepulcro antes de emprender la conquista del reino de Portugal y dio quinientos escudos de limosna que se aplicaron para los gastos que ha de hacer en su viaje fray Juan de San Die- [fol. 5v] go Villalón, religioso de San Francisco, y procurador de la causa de canonización en la curia romana. Y después, sabiendo Su Alteza que con efecto se había de despertar esta pretensión, dio otra limosna de cuatro mil escudos sin perder de vista su magnanimidad, el deseo y gusto de hacer nuevos socorros por esta misma causa. Y en manifestación de lo que se debe en ella a este esclarecido príncipe, pondremos a la letra la carta que escribió a fray Juan de San Francisco (que solicita en Madrid, con celo singular, todo lo concerniente a la canonización de soror Juana) y en que hace la gracia y limosna referida: &lt;br /&gt;
“He visto las noticias que me da fray Juan de San Francisco del estado en que se halla la canonización de soror Juana de la Cruz y, continuando los buenos deseos que siempre he tenido de que se concluya brevemente con obra tan justa y piadosa, escribo a Su Majestad con todo aprieto para que mande dar las cartas en la forma  que fray Juan pide; y al secretario Pedro Fernández del Campo, que lo solicite con el fervor posible a quien podrá acudir en las dependencias que se ofrecieron del adelantamiento de esta materia, a que no dejaré de asistir como tan devoto hijo de la religión y de soror Juana, hasta que se llegue a perfección. Y, para ello, puede fray Juan hacer capital de cuatro mil escudos de limosna que estarán pronto en esa corte, siempre que fueren menester.&lt;br /&gt;
Nuestro señor, etc. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Zafra, a primero de enero de 1663,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Don Juan.”&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[VI] Nacimiento y patria de soror Juana de la Cruz. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[VII] Luego que nace, se abstiene de los pechos de su madre por ciertas horas y tiempos.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[VIII] No mama en tres días y padece gravemente. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[IX] La madre la encomienda a la Virgen santísima; vuelve la niña a su primera salud, que a la madre le parece ser milagrosa.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[X] Enferma de edad de dos años y es llevada a un templo de san Bartolomé.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[XI] El santo apóstol se aparece a Juana y, tocándola, cobra perfecta salud.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[XII] En un rapto que tuvo siendo de cuatro años ve a la Virgen santísima en un lugar deleitoso.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[XIII] En esta ocasión ve al ángel su custodio.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[XIV] Ve soror Juana en su edad tierna a Cristo, Nuestro Señor, en cuerpo humano; y en forma de Niño en la Hosita sacramentada. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[XV] Y otra vez al levantar la hostia vio el cuerpo glorioso de Cristo, Señor Nuestro, y piensa que todos ven lo mismo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[XVI] Muere su madre, que encarga lleven a la niña al templo de Santa María de la Cruz con cierto voto.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[XVII] Llevan a Juana unos sus tíos ricos a su casa.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[XVIII] Hace rigurosa penitencia en sus tiernos años.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[XIX] Goza continuamente de visiones maravillosas.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[XX] Intentan sus tíos casarla, pero ella resuelve entrar en religión.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[XXI] Elige ser monja en el convento de Santa María de la Cruz.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[XXII] Dase noticia de la maravillosa fundación de aquel convento por medio de una pastora llamada Inés.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[XXIII] La Virgen santísima se aparece a la pastora.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[XXIV] Fúndase el convento debajo de la Tercera Regla de San Francisco.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[XXV] Las primeras religiosas descaecen del rigor y observancia con que empezaron.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[XXVI] La pastora Inés deja la religión y se casa.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[XXVII] Después muere con señales de verdadera penitencia.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[XXVIII] Soror Juana de la Cruz nació para reformar y restituir aquel convento a su primera observancia.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[XXIX] Desampara su casa en hábito de hombre para ir al convento a pedir el hábito.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[XXX] Turbación de ánimo y temores que padece en el camino.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[XXXI] Aliéntala una voz que, después, supo ser de su ángel custodio.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[XXXII] Nuevo peligro en que se halla.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[XXXIII] Da gracias a Dios de haberse librado de aquel peligro y aparécesela la Virgen santísima que la conforta; asegura de nuevo a su intento. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[XXXIV] Descuido gracioso en que incurre soror Juana.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[XXXV] Llega al convento y se desnuda al convento del traje de varón.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[XXXVI] Una imagen de la Virgen Nuestra Señora, que estaba sobre la puerta reglar, habla a Juana.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[XXXVII] Habla a la abadesa, a quien da noticia de su intento.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[XXXVIII] Viene al convento el provincial inopinadamente ''[9]'' y da licencia para la admisión de Juana.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[XXXIX] El padre y parientes de Juana van en su seguimiento y procuran embarazar el que sea religiosa.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[XL] La doncella los reduce y vienen en lo mismo que ella deseaba. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[XLI] Recibe el hábito de religiosa. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[XLII] En el año del noviciado echa profundas razones de virtud.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[XLIII] Fue devotísima de la señal de la santa cruz y así tomó su advocación cuando hizo profesión.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[XLIV] Modo de vivir de soror Juana después de profesa.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[XLV] Cómo repartía el tiempo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[XLVI] Ocúpase en oficios humildes en servicio de su comunidad.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[XLVII] Imita en la suma pobreza a san Francisco.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[XLVIII] No obraba cosa alguna de su propia voluntad, sino comunicando cuanto hacía con sus confesores y debajo de su consejo y obediencia.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[XLIX] Perfecciones personales de soror Juana.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[L] Su discreción y conversación admirable.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[LI] Buscaban todos sus consejos y doctrina.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[LII] Humildad grande con que asistía a los oficios humildes.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[LIII] Milagro singular en una cosa muy menuda.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[LIV] Hácenla enfermera, en que obra con mucha caridad.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[LV] Manifiesta su ardiente caridad con sus hermanas.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[LVI] Cobran las religiosas enfermas salud por su intercesión. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[LVII] Hácenla tornera y portera.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[LVIII] Aparécesele en el trono el Niño Jesús.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[LIX] Aparición admirable de la Virgen santísima y su Hijo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[LX] Favores que recibe soror Juana de la Virgen santísima por haber sido obediente.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[LXI] Otra aparición de la Virgen santísima.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[LXII] Es muy devota del Santísimo Sacramento de la Eucaristía.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[LXIII] Milagro notable.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[LXIV] Ábrese una pared muy gruesa para que soror Juana viese la hostia consagrada al tiempo de la misa mayor.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[LXV] Permanecen hoy señales de este milagro.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[LXVI] Comunica a su ángel custodio con mucha frecuencia.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[LXVII] Flores que recibe de su ángel custodio.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[LXVIII] Sus raptos y éxtasis son muy continuos.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[LXIX] Señales exteriores que se veían en soror Juana al tiempo de estar en éxtasis.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[LXX] Tuvo don de hablar diversas lenguas.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[LXXI] Enmudece por algún tiempo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[LXXII] Restitúyele el habla.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[LXXIII] Tiene don de predicar y concurren varias gentes a oírla.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[LXXIV] Tiempo que le duró esta gracia.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[LXXV] Personas señaladas que concurren a oír los sermones de soror Juana.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[LXXVI] El emperador Carlos V la visita.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[LXXVII] A los hombres doctos los predica en latín.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[LXXVIII] Convierte a dos esclavas africanas predicándolas en arábigo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[LXXIX] Al provincial de la provincia, que era vizcaíno, le predica en vascuence.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[LXXX] Quieren algunos que la lengua vascuence sea primitiva de los antiguos o primeros pobladores de España. Lo más cierto es que fue lengua pro- [fol. 20v] vincial de los vascones, y que habitaban los Pirineos. Véase a Alderete, Origen de la lengua castellana.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[LXXXI] Un inquisidor va desconocido a soror Juana.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[LXXXII] Reconoce ser obra de Dios.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[LXXXIII] Indiscretas experiencias que hacen algunos en los raptos de soror Juana.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[LXXXIV] Entran en cuidado los prelados y prohíbenla predicar delante de la gente.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[LXXXV] Milagro singular.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[LXXXVI] Predica a las aves que concurren a su celda en gran número.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[LXXXVII] Dan los prelados licencia de que predique a cuantos la quisiesen oír. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[LXXXVIII] Una monja es dotada repentinamente de la gracia de escribir para que escribiese los sermones y el libro de El Conorte.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[LXXXIX] En un éxtasis se desposa soror Juana con el Niño Jesús.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[XC] Siente en manos y pies dolores intensos en la parte donde Cristo, Señor Nuestro, tuvo sus llagas.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[XCI] Manifiéstanse unas señales de color de rosa en las manos y pies de soror Juana.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[XCII] Siente los dolores en los viernes y sábados.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[XCIII] Corre la fama de este favor por los pueblos circunvecinos y concurre mucha gente al convento.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[XCIV] Pide soror Juana a Dios le quite las señales de pies y manos, y lo consigue.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[XCV] Ensordece por algún tiempo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[XCVI] Cobra el sentido del oír el día de santa Clara.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[XCVII] Es elegida abadesa de su convento.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[XCVIII] Su primera acción fue disponer que sus monjas guardasen clausura.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[XCIX] Las limosnas que se pedían por las mismas religiosas se aumentan después que observan clausura.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[C] Liberalidad del gran capitán y del arzobispo de Toledo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[CI] El gobierno de soror Juana es muy prudente.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[CII] Paz entre las religiosas.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[CIII] Prodigio de las cuentas que fueron llevadas al Cielo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[CIV] Muchas reliquias tenemos en la Tierra bajadas del Cielo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[CV] Pocas cosas han subido al Cielo de la Tierra para volver a ella.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[CVI] 2. Ad Corint. 12.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[CVII] Anton. 3. p. tit. 24. c.13. Aquil. lib. I. c15. Sánchez de Regno Dei lib. 7; cap. 4. núm. 34. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[CVIII] Caso maravilloso que sucedió en Constantinopla.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[CIX] San Joan Damascen. lib. 3 de side ortodora cap. 10. lib. de Trinit Félix III Ep. ft. 3. decretali 2 Conc. Menp. Grac. 25. sepe. Nizef. lib. 14. c. 46.&lt;br /&gt;
 &lt;br /&gt;
[CX] Piden las mon- [fol. 26r] jas a soror Juana les alcance algunas gracias y virtudes para sus rosarios. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[CXI]Soror Juana propone los deseos de las religiosas a su ángel custodio y consigue benigna respuesta. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[CXII] Juntan grande cantidad de rosarios y enciérralos en un cofre.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[CXIII] Curiosidad mujeril de las monjas.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[CXVI] Hállanse los rosarios en el cofre como estaban antes.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[CXV] Consta de información hecha en Valladolid ante don Fernando de Valdés, provisor y vicario de aquella diócesis. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[CXVI] Consta de estos milagros por la misma información. Y con este grano en Valladolid sucedieron otros prodigios que se comprobaron por el ordinario de aquella diócesis.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[CXVII] Consta de información hecha en Madrid, año de 1618, ante Lorenzo de Santeherbas, notario por comisión del cardenal arzobispo de Toledo Bernardo de Rojas y Sandoval. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[CXVIII] Consta de la misma información.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[CXIX] Consta de la misma información.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[CXX] Consta de la misma información.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[CXXI] Consta de una información hecha en Valdemoro ante el licenciado Sebastián de Ceballos, cura de aquella villa, por comisión del arzobispo de Toledo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[CXXII] La censura que dio la facultad de teología se puso a la letra en el principio de este epítome, cuando se habla con Su Santidad, fol. 2. B.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[CXXIII] In S. Concilio Trident. ses. 25 ibi: ''adhibitis pys viris et Theologis, in confilium. Episco pus decernat eaque ve itate et pietati consentanea indicaveritt''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[CXXIV] Es muy devota de las ánimas del Purgatorio.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[CXXV] Pide a Dios la permita padecer por las animas y en satisfacción de sus penas.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[CXXVI] Concédela Dios lo que pide y la colma de dolores y enfermedades.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[CXXVII] Padece calores grandes en invierno y intensos fríos en verano.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[CXXVIII] Caso notable de lo que obraba el incendio interior que padecía soror Juana.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[CXXIX] Otros dolores y tormentos que padece en las coyunturas y en la cabeza.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[CXXX] No come en ocho días mientras duran los dolores de la cabeza.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[CXXXI] Oyendo leer la Pasión de Cristo se le aliviaban los tormentos.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[CXXXII] Revelación que tuvo del ángel custodio para aliviar los dolores.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[CXXXIII] Dale por remedio el ángel que se ponga al lado del cuerpo unos guijarros.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[CXXXIV] Habla a soror Juana el espíritu de un hombre que tenía su Purgatorio en una piedra.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[CXXXV] Comunica con su ángel custodio el suceso y da la razón de aquel suceso.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[CXXXVI] Muchas ánimas de fieles difuntos se aparecen a soror Juana para que las ayude con oraciones y sufragios.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[CXXXVII] Suceso notable de que fue testigo todo el convento.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[CXXXVIII] Pide soror Juana a Dios que las ánimas que se le aparecían tengan su Purgatorio en las flores y hierbas que tenía en su celda.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[CXXXIX] Concédesele su pretensión.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[CXL] Las flores y hierbas que tenía en su celda se inclinan al cantar soror Juana el verso del Gloria Patri.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[CXLI] Vuélvese a repetir el milagro en presencia de las religiosas.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[CXLII] Las hierbas y flores marchitas despiden de sí olor celestial; y por qué razón.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[CXLIII] Fue muy devota la sierva de Dios de la Virgen santísima.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[CXLIV] ''Facta est Maria fenestra cæli, quia per ipsam Deus verum fudit seculi lumen, sancta est Maria scala cæelestis quia per ipsam Deus descendit ad terras, ut per ipsam homines ascende mererentur ad cœelos. D. Fulg. ser. de laudib. Mariæ''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[CXLV] Venera sumamente una imagen de Nuestra Señora de la Asunción, de escultura tosca y antigua que había en el convento.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[CXLVI] León X restituye al mundo las ciencias y las artes.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[CXLVII] La imagen de Nuestra Señora es muy venerada de las religiosas.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[CXLVIII] Hay tradición entre las religiosas de que Cristo, Señor Nuestro, mejoró la escultura de aquella Imagen.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[CXLIX] Los pueblos de la comarca acuden en tiempo de esterilidad y falta de agua a valerse de la imagen.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[CL] Milagros que obra Dios por intercesión de soror Juana.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[CLI] Resucita una niña.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[CLII] A una religiosa se le salta un ojo y soror Juana se le restituye, y también la vista. De este milagro y otros muchos consta por una información que hizo el licenciado Luis Galindo, de comisión del arzobispo de Toledo, año de 1615.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[CLIII] Los comuneros de la villa de Torrejón intentan saquear el convento.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[CLIV] Defienden el convento hombres armados que parece fueron los ángeles custodios de las religiosas.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[CLV] Persecuciones que padeció soror Juana.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[CLVI] La vicaria del convento y otras monjas se conspiraron contra soror Juana.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[CLVII] Toman ocasión de la impetración del breve para anexar el breve del beneficio del lugar de Cubas al convento.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[CLVIII] Y de que un su hermano sacerdote fue nombrado cura.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[CLIX] El provincial procede contra la sierva de Dios.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[CLX] No se disculpa ni defiende. Antes pide perdón de sus errores.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[CLXI] Las monjas se lamentan de la desgracia de su madre.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[CLXII] El provincial priva a soror Juana del oficio de abadesa y nombra por presidenta del convento a la vicaria.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[CLXIII] Tolera la sierva de Dios con gran paciencia este golpe y disculpa el provincial.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[CLXIV] Seneca lib. de Providentia: capit. 2. ''Non video, quid habeat in terris Iupiter pulchrius, si convertere animun velit quam ut spectet Cathonem, iam partibus non semel fractis stantem nihilominus inter ruinas publicas erectum. Ecce spectaculum Dignum ad quod respiciet intentus operi suo Deus''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[CLXV] Ama soror Juana a la causadora de su persecución.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[CLXVI] Enferma gravísimamente la abadesa que perjudicó a la sierva de Dios.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[CLXVII] Visita soror Juana en su celdad y pídela perdón.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[CLXVIII] Muere aquella monja con señales de verdadera penitencia.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[CLXIX] Padeció otras persecuciones en el discurso de su vida.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[CLXX] Su ángel custodio la avisa de la cercanía de su muerte.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[CLXXI] Teme soror Juana la muerte, sin embargo de que había sido muy ajustada su vida.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[CLXXII] Su aliento corrompido con la enfermedad exhala suavísimo olor.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[CLXXIII] Día de la invención de la cruz, dichoso siempre para soror Juana.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[CLXXIV] Aparecensele los ángeles y santos de su devoción.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[CLXXV] Muere la sierva de Dios a 3 de mayo de 1534.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[CLXXVI] Su rostro quedó hermosísimo y su cuerpo exhalaba suavísimo olor.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[CLXXVII] Baja el cuerpo al coro y déjanle sin enterrar por cinco días.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[CLXXVIII] Sacan el cuerpo al campo para que pueda verle la muchedumbre de gentes que habían concurrido a la fama de su muerte.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[CLXXIX] Vuélvenle a poner en el coro bajo dentro de la clausura.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[CLXXX] Suceden algunos casos milagrosos en esta ocasión.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[CLXXXI] Aparécese soror Juana a una amiga suya muy virtuosa.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[CLXXXII] Aparécese soror Juana después de muerta a una religiosa su amiga.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[CLXXXIII] Entierran el cuerpo de soror Juana y échanle encima mucha cal y agua para que se consuma con brevedad.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[CLXXXIV] Después de siete años le sacan por un raro accidente.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[CLXXXV] El cuerpo está fresco, entero y hermoso, y los vestidos sin ofensa de la tierra ni humedad.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[CLXXXVI] En el coro alto, debajo de un altar, estuvo el cuerpo otros catorce años.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[CLXXXVII] Traslándale a un arco que se fabricó para este afecto en la capilla mayor de la iglesia.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[CLXXXVIII] Parece el cuerpo tercera vez entero y fresco, y muy oloroso.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[CLXXXIX] Concurre mucha gente a ver el cuerpo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[CXC] Pone el ministro general velo negro a soror Juana después de muerta.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[CXCI] El ministro general arranca del cuerpo un dedo de un pie y sale fresco y ensangrentado después de 66 años de su muerte.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[CXCII] Fabricase una arca de plata muy rica donde se coloca el cuerpo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[CXCIII] Los devotos de soror Juana llevan a su sepulcro diferentes votos y ofrendas.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[CXCIV] Milagros sucedidos después de la muerte de soror Juana por intercesión.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[CXCV] Da vista a un ciego.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[CXCVI] Consta de una información hecha en Torrejón por comisión del consejo del arzobispo de Toledo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[CXCVII] Aparécese a un enfermo y le sana.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[CXCVIII] Resucita una niña que cayó en un pozo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[CXCIX] Libra dos niños de una ruina de una pared que los cogió debajo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[CC] Este milagro se comprobó con mucho número de testigos.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[CCI] Libra un navío de manifiesto peligro de perderse.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
===Notas===&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[1] En el texto impreso aparece el término “votos” y una mano lo corrige posteriormente por “devotos” añadiendo la sílaba “de” a mano.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[2] La letra del título de la censura es del tamaño del texto base, es decir, no es tan pequeña como la letra del resto de las glosas.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[3] Corrijo “desesparación” por “desesperación”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[4] La palabra “tres” aparece escrita sobre un tachón que realiza una mano.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[5] En otros testimonios conservados se dice que Juana de la Cruz nació en 1481.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[6] Corrijo “pndo” por “pudo”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[7] La letra “r” aparece escrita a mano sobre una “l”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[8] Corrijo “peccadora” por “paccadora”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[9] Corrijo “iropinadamente” por “inopinadamente”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[10] Corrijo “la” por “lo”, pues el impreso se refiere a la campana.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[11] En el texto impreso aparece el término “de tres” y una mano tacha posteriormente “de” dejando “tres”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[12] Elimino “vir-” pues aparece esta sílaba repetida antes de la palabra “virtud”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[13] Aparece tachada la palabra “siendo”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[14] En el impreso aparece una tachadura al lado del número “V”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
= Vida impresa (13)=&lt;br /&gt;
Ed. de [http://visionarias.es/equipo/belen-molina-huete/ Belén Molina Huete] y Desiré Armero Benítez; fecha de edición: abril de 2023.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
== Fuente ==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[[Archivo:Portada terceros hijos del humano serafín de Antonio Arbiol.jpg|miniatura|250px|right| Antonio Arbiol, 1697. ''Los Terceros hijos del humano serafín. La venerable y esclarecida Orden Tercera de nuestro seráfico patriarca San Francisco'', Zaragoza: Jaime Magallón. (From the archive of the British Library [Digitalizado por Google]).]]&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
* [http://catalogodesantasvivas.visionarias.es/index.php/Categor%C3%ADa:Antonio_Arbiol Arbiol, Antonio], 1697. «[Juana de la Cruz]», en ''Los Terceros hijos del humano serafín. La venerable y esclarecida Orden Tercera de nuestro seráfico patriarca San Francisco'', Zaragoza: Jaime Magallón, Capítulo XXXIV, p. 550.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[[Contexto material del impreso Los Terceros hijos del humano serafín]]. ''La venerable y esclarecida Orden Tercera de nuestro seráfico patriarca San Francisco''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==Criterios de edición==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Siguiendo los criterios establecidos en el Catálogo para fuentes impresas, se han actualizado generalmente grafías, ortografía y puntuación manteniendo aquellos rasgos de la lengua que implican valor fonológico o que caracterizan su léxico, morfología o sintaxis. Se han conservado, pues, las oscilaciones en grupos consonánticos cultos (-s-/ct…), así como las vocálicas; igualmente, el uso de s en posición implosiva por x. Se han reducido, por otra parte, los grupos consonánticos latinizantes (Iesu Christo&amp;gt;Jesucristo), incluidos la duplicación consonántica y, de modo concreto, grafías antiguas (-x- por -j-, -qu- por -cu-); se han modernizado también la unión y separación de términos, así como las contracciones. En el uso de la mayúscula se ha atendido la singularidad de tratarse de textos religiosos y se ha unificado su empleo. Se han desarrollado las abreviaciones tipográficas sin marca expresa, pero sí se han marcado las léxicas entre corchetes. No se han detectado erratas. En nota al pie se ha ampliado información oportuna.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==Vida de Juana de la Cruz==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Capítulo XXXIV'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Cómo de las hermanas seglares de la Tercera Orden Seráfica se fundaron las religiosas de la misma Tercera Orden en el estado regular, y los grandes frutos de santidad que ha dado a la Iglesia Católica esta religión'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[…]&lt;br /&gt;
La B[eata] Juana de la Cruz fue tan maravillosa desde su nacimiento que más parecía hija de la gracia que de la naturaleza. Se abstenía del pecho de su madre tres días en la semana, perdía el color y el calor, y volvía después tan alegre como si saliese de un éxtasis soberano. El año segundo de su edad feliz, estando gravemente enferma, se le apareció san Bartolomé Apóstol y la dejó repentinamente sana. Siendo de cuatro años tuvo dos visiones divinas admirables, y desde entonces fueron muy frecuentes los dulces coloquios con los ángeles y con la purísima Virgen María. Así comunicaba su ángel de la guarda con esta sierva de Dios como suele hablar un amigo con otro. Sentía los dolores de las llagas de Jesucristo, su amante esposo. La fama de santidad de esta venerable Virgen ha sido tan grande que por toda la cristiandad se ha estendido, y se trata de su canonización solemne en la Curia Romana. Salazar ''in Chron. Provint. Castellae [1]''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
===Notas===&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[1]'' La resunta concluye con remisión a su fuente, probablemente la obra de Fr. Pedro de Salazar, O. F. M., ''Historia Provinciae Castillae Ordinis Minorem'', 1579 (con versión en castellano en 1612 como ''Corónica y Historia de la fundación y progreso de la provincia de Castilla de la Orden del bienaventurado padre San Francisco, Madrid: Imprenta Real). Dicha obra recoge la biografía de Juana de la Cruz bajo el siguiente epígrafe: «Síguese la vida de la sierva de Dios Juana de la Cruz'', que tantas personas tiene aficionadas, religiosas y seglares, que gustan mucho de verla y tenerla consigo, y no es según la impresión de 1610, sino compuesto de nuevo» (véase entrada de Salazar).&lt;/div&gt;</summary>
		<author><name>Anaritasoares</name></author>	</entry>

	<entry>
		<id>http://catalogodesantasvivas.visionarias.es/index.php?title=Mar%C3%ADa_de_San_Ildefonso_(2)&amp;diff=712825</id>
		<title>María de San Ildefonso (2)</title>
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				<updated>2026-06-14T15:21:44Z</updated>
		
		<summary type="html">&lt;p&gt;Anaritasoares: &lt;/p&gt;
&lt;hr /&gt;
&lt;div&gt;[[Category:Santas_Dominicas]]&lt;br /&gt;
[[Category:Ávila]]&lt;br /&gt;
[[Category:Zamora]]&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[[Archivo:Logo CSV letras(4) DianaSanmartin.jpg|derecha|María de San Ildefonso|link=]]&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
{| class=&amp;quot;wikitable&amp;quot;&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Nombre || María de San Ildefonso&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| ID permanente || [https://www.wikidata.org/wiki/Q140199016 Q140199016]&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Orden || [http://catalogodesantasvivas.visionarias.es/index.php/Categor%C3%ADa:Santas_Dominicas Dominicas]&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Títulos || Monja del convento de Aldeanueva, Ávila&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Fecha de nacimiento || Primera mitad del XVI&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Lugar de fallecimiento|| [http://catalogodesantasvivas.visionarias.es/index.php/Categor%C3%ADa:Zamora Zamora]&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Lugar de fallecimiento|| Aldeanueva, [http://catalogodesantasvivas.visionarias.es/index.php/Categor%C3%ADa:Ávila Ávila]&lt;br /&gt;
|}&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
= Vida manuscrita=&lt;br /&gt;
Ed. de [http://visionarias.es/equipo/barbara-arango-serrano// Bárbara Arango Serrano]; fecha de edición: noviembre de 2025.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
== Fuente ==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
* “Fundación de este convento”, en ''Libro de becerro adonde están asentados todos los propios, y rentas, de beneficios…, el qual se hizo en el mes de junio, año de 1721'', fol. 13r. Ms. del Archivo Histórico Nacional, secc. Clero, libro Becerro, sig. 445, Aldeanueva de las Monjas.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[[Contexto material del manuscrito Libro de becerro]] ''adonde están asentados todos los propios, y rentas, de beneficios…, el qual se hizo en el mes de junio'', año de 1721.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
== Criterios de edición ==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El ''Libro de becerro'' de donde se extrae esta vida es un manuscrito datado en 1721 que incluye una copia del original de la segunda relación de la fundación de Aldeanueva, de 1709 (el original podría ser un manuscrito que se conserva en el monasterio de Mosén Rubí, de Ávila, un poco deteriorado, con la misma relación de la fundación). Por esta razón, esta copia de la segunda relación se moderniza en puntuación y ortografía de acuerdo con los criterios actuales y siguiendo en general las normas de edición de vidas impresas. Es decir, se ha intentado que la modernización gráfica de este texto no suponga una importante pérdida de los valores fonéticos, léxicos y sintácticos de la época en cuestión. Por ello, se modernizan sibilantes, la alternancia b/v, i/y, qu/cu, empleo de la h, simplificación de consonantes geminadas, etc. Se contraen a el, de el, excepto cuando el artículo es parte del nombre de una comarca y no se desarrollan las abreviaturas de los títulos si solo aparecen con las iniciales.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Esta segunda relación de la fundación de Aldeanueva se contiene también en un manuscrito del monasterio de Mosén Rubí, como se ha señalado (seguramente la original, en todo caso también del siglo XVIII), y en otra copia moderna de hacia 1923 o 1928 conservada en el convento susodicho.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==Vida de María de San Ildefonso==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[13r] […] Dícese también de otra religiosa que floreció en ''[1]'' este convento, natural de la ciudad de Zamora, llamada soror María de San Ildefonso, que desde muy moza fue muy observante en su religión, de mucha oración, disciplinas, ayunos y gran servidora de la comunidad. De mucha paciencia y sufrimiento, de en todas ocasiones jamás se la oyó una palabra descompuesta, guardaba mucho silencio, estuvo doce años tullida, con paciencia y sufrimiento ejemplar, sin dar una queja de nadie que la ofendiese y, con estar así, siempre oyó misa todos los días de precepto, acudiendo a comulgar con las demás religiosas. Desde media noche estaba en oración hasta la mañana. Todos los confesores decían que no hallaban de qué absolverla y, así, murió santamente. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
===Notas===&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[1] En el margen izquierdo se lee: “Sor María de San Ildefonso”.&lt;/div&gt;</summary>
		<author><name>Anaritasoares</name></author>	</entry>

	<entry>
		<id>http://catalogodesantasvivas.visionarias.es/index.php?title=Mar%C3%ADa_de_San_Ildefonso_(2)&amp;diff=712824</id>
		<title>María de San Ildefonso (2)</title>
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				<updated>2026-06-14T15:21:13Z</updated>
		
		<summary type="html">&lt;p&gt;Anaritasoares: &lt;/p&gt;
&lt;hr /&gt;
&lt;div&gt;[[Category:Santas_Dominicas]]&lt;br /&gt;
[[Category:Ávila]]&lt;br /&gt;
[[Category:Zamora]]&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[[Archivo:Logo CSV letras(4) DianaSanmartin.jpg|derecha|María de San Ildefonso|link=]]&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
{| class=&amp;quot;wikitable&amp;quot;&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Nombre || María de San Ildefonso&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| ID permanente || [http://Q140199016 https://www.wikidata.org/wiki/Q140199016]&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Orden || [http://catalogodesantasvivas.visionarias.es/index.php/Categor%C3%ADa:Santas_Dominicas Dominicas]&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Títulos || Monja del convento de Aldeanueva, Ávila&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Fecha de nacimiento || Primera mitad del XVI&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Lugar de fallecimiento|| [http://catalogodesantasvivas.visionarias.es/index.php/Categor%C3%ADa:Zamora Zamora]&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Lugar de fallecimiento|| Aldeanueva, [http://catalogodesantasvivas.visionarias.es/index.php/Categor%C3%ADa:Ávila Ávila]&lt;br /&gt;
|}&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
= Vida manuscrita=&lt;br /&gt;
Ed. de [http://visionarias.es/equipo/barbara-arango-serrano// Bárbara Arango Serrano]; fecha de edición: noviembre de 2025.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
== Fuente ==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
* “Fundación de este convento”, en ''Libro de becerro adonde están asentados todos los propios, y rentas, de beneficios…, el qual se hizo en el mes de junio, año de 1721'', fol. 13r. Ms. del Archivo Histórico Nacional, secc. Clero, libro Becerro, sig. 445, Aldeanueva de las Monjas.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[[Contexto material del manuscrito Libro de becerro]] ''adonde están asentados todos los propios, y rentas, de beneficios…, el qual se hizo en el mes de junio'', año de 1721.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
== Criterios de edición ==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El ''Libro de becerro'' de donde se extrae esta vida es un manuscrito datado en 1721 que incluye una copia del original de la segunda relación de la fundación de Aldeanueva, de 1709 (el original podría ser un manuscrito que se conserva en el monasterio de Mosén Rubí, de Ávila, un poco deteriorado, con la misma relación de la fundación). Por esta razón, esta copia de la segunda relación se moderniza en puntuación y ortografía de acuerdo con los criterios actuales y siguiendo en general las normas de edición de vidas impresas. Es decir, se ha intentado que la modernización gráfica de este texto no suponga una importante pérdida de los valores fonéticos, léxicos y sintácticos de la época en cuestión. Por ello, se modernizan sibilantes, la alternancia b/v, i/y, qu/cu, empleo de la h, simplificación de consonantes geminadas, etc. Se contraen a el, de el, excepto cuando el artículo es parte del nombre de una comarca y no se desarrollan las abreviaturas de los títulos si solo aparecen con las iniciales.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Esta segunda relación de la fundación de Aldeanueva se contiene también en un manuscrito del monasterio de Mosén Rubí, como se ha señalado (seguramente la original, en todo caso también del siglo XVIII), y en otra copia moderna de hacia 1923 o 1928 conservada en el convento susodicho.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==Vida de María de San Ildefonso==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[13r] […] Dícese también de otra religiosa que floreció en ''[1]'' este convento, natural de la ciudad de Zamora, llamada soror María de San Ildefonso, que desde muy moza fue muy observante en su religión, de mucha oración, disciplinas, ayunos y gran servidora de la comunidad. De mucha paciencia y sufrimiento, de en todas ocasiones jamás se la oyó una palabra descompuesta, guardaba mucho silencio, estuvo doce años tullida, con paciencia y sufrimiento ejemplar, sin dar una queja de nadie que la ofendiese y, con estar así, siempre oyó misa todos los días de precepto, acudiendo a comulgar con las demás religiosas. Desde media noche estaba en oración hasta la mañana. Todos los confesores decían que no hallaban de qué absolverla y, así, murió santamente. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
===Notas===&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[1] En el margen izquierdo se lee: “Sor María de San Ildefonso”.&lt;/div&gt;</summary>
		<author><name>Anaritasoares</name></author>	</entry>

	<entry>
		<id>http://catalogodesantasvivas.visionarias.es/index.php?title=Mar%C3%ADa_de_San_Ildefonso_(2)&amp;diff=712823</id>
		<title>María de San Ildefonso (2)</title>
		<link rel="alternate" type="text/html" href="http://catalogodesantasvivas.visionarias.es/index.php?title=Mar%C3%ADa_de_San_Ildefonso_(2)&amp;diff=712823"/>
				<updated>2026-06-14T15:20:55Z</updated>
		
		<summary type="html">&lt;p&gt;Anaritasoares: &lt;/p&gt;
&lt;hr /&gt;
&lt;div&gt;[[Category:Santas_Dominicas]]&lt;br /&gt;
[[Category:Ávila]]&lt;br /&gt;
[[Category:Zamora]]&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[[Archivo:Logo CSV letras(4) DianaSanmartin.jpg|derecha|María de San Ildefonso|link=]]&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
{| class=&amp;quot;wikitable&amp;quot;&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Nombre || María de San Ildefonso&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| ID permanente || [[Q140199016|https://www.wikidata.org/wiki/Q140199016]]&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Orden || [http://catalogodesantasvivas.visionarias.es/index.php/Categor%C3%ADa:Santas_Dominicas Dominicas]&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Títulos || Monja del convento de Aldeanueva, Ávila&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Fecha de nacimiento || Primera mitad del XVI&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Lugar de fallecimiento|| [http://catalogodesantasvivas.visionarias.es/index.php/Categor%C3%ADa:Zamora Zamora]&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Lugar de fallecimiento|| Aldeanueva, [http://catalogodesantasvivas.visionarias.es/index.php/Categor%C3%ADa:Ávila Ávila]&lt;br /&gt;
|}&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
= Vida manuscrita=&lt;br /&gt;
Ed. de [http://visionarias.es/equipo/barbara-arango-serrano// Bárbara Arango Serrano]; fecha de edición: noviembre de 2025.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
== Fuente ==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
* “Fundación de este convento”, en ''Libro de becerro adonde están asentados todos los propios, y rentas, de beneficios…, el qual se hizo en el mes de junio, año de 1721'', fol. 13r. Ms. del Archivo Histórico Nacional, secc. Clero, libro Becerro, sig. 445, Aldeanueva de las Monjas.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[[Contexto material del manuscrito Libro de becerro]] ''adonde están asentados todos los propios, y rentas, de beneficios…, el qual se hizo en el mes de junio'', año de 1721.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
== Criterios de edición ==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El ''Libro de becerro'' de donde se extrae esta vida es un manuscrito datado en 1721 que incluye una copia del original de la segunda relación de la fundación de Aldeanueva, de 1709 (el original podría ser un manuscrito que se conserva en el monasterio de Mosén Rubí, de Ávila, un poco deteriorado, con la misma relación de la fundación). Por esta razón, esta copia de la segunda relación se moderniza en puntuación y ortografía de acuerdo con los criterios actuales y siguiendo en general las normas de edición de vidas impresas. Es decir, se ha intentado que la modernización gráfica de este texto no suponga una importante pérdida de los valores fonéticos, léxicos y sintácticos de la época en cuestión. Por ello, se modernizan sibilantes, la alternancia b/v, i/y, qu/cu, empleo de la h, simplificación de consonantes geminadas, etc. Se contraen a el, de el, excepto cuando el artículo es parte del nombre de una comarca y no se desarrollan las abreviaturas de los títulos si solo aparecen con las iniciales.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Esta segunda relación de la fundación de Aldeanueva se contiene también en un manuscrito del monasterio de Mosén Rubí, como se ha señalado (seguramente la original, en todo caso también del siglo XVIII), y en otra copia moderna de hacia 1923 o 1928 conservada en el convento susodicho.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==Vida de María de San Ildefonso==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[13r] […] Dícese también de otra religiosa que floreció en ''[1]'' este convento, natural de la ciudad de Zamora, llamada soror María de San Ildefonso, que desde muy moza fue muy observante en su religión, de mucha oración, disciplinas, ayunos y gran servidora de la comunidad. De mucha paciencia y sufrimiento, de en todas ocasiones jamás se la oyó una palabra descompuesta, guardaba mucho silencio, estuvo doce años tullida, con paciencia y sufrimiento ejemplar, sin dar una queja de nadie que la ofendiese y, con estar así, siempre oyó misa todos los días de precepto, acudiendo a comulgar con las demás religiosas. Desde media noche estaba en oración hasta la mañana. Todos los confesores decían que no hallaban de qué absolverla y, así, murió santamente. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
===Notas===&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[1] En el margen izquierdo se lee: “Sor María de San Ildefonso”.&lt;/div&gt;</summary>
		<author><name>Anaritasoares</name></author>	</entry>

	<entry>
		<id>http://catalogodesantasvivas.visionarias.es/index.php?title=Mar%C3%ADa_de_Toledo&amp;diff=712822</id>
		<title>María de Toledo</title>
		<link rel="alternate" type="text/html" href="http://catalogodesantasvivas.visionarias.es/index.php?title=Mar%C3%ADa_de_Toledo&amp;diff=712822"/>
				<updated>2026-06-13T16:57:44Z</updated>
		
		<summary type="html">&lt;p&gt;Anaritasoares: /* Vida impresa (8) */&lt;/p&gt;
&lt;hr /&gt;
&lt;div&gt;[[Category:Santas_franciscanas]]&lt;br /&gt;
[[Category:Toledo]]&lt;br /&gt;
[[Category:Pedro_de_Alcocer]]&lt;br /&gt;
[[Category:Francisco_de_Pisa]]&lt;br /&gt;
[[Category:Pedro_de_Salazar]]&lt;br /&gt;
[[Category:Alonso_de_Villegas]]&lt;br /&gt;
[[Category:Alonso_de_Torres]]&lt;br /&gt;
[[Category:Pedro_de_Rojas]]&lt;br /&gt;
[[Category:Lucas_de_Yanguas]]&lt;br /&gt;
[[Category:Marcos_de_Lisboa]]&lt;br /&gt;
[[Category:Tomas_Tamayo_de_Vargas]]&lt;br /&gt;
[[Category:Luis_de_Miranda]]&lt;br /&gt;
[[Category:Juan_de_Marieta]]&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[[Archivo:SantaMariaToledo_DianaSanmartin.jpg|right|María de Toledo|link=]]&lt;br /&gt;
{| class=&amp;quot;wikitable&amp;quot;&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Nombre || María de Toledo&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Orden || [http://catalogodesantasvivas.visionarias.es/index.php/Categor%C3%ADa:Santas_franciscanas Franciscanas]&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Títulos || Beata, monja, prelada, abadesa y fundadora del monasterio Santa Isabel la Real de Toledo &lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Fecha de nacimiento || 1437&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Fecha de fallecimiento || 1507&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Lugar de nacimiento || [http://catalogodesantasvivas.visionarias.es/index.php/Categor%C3%ADa:Toledo Toledo]&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Lugar de fallecimiento || [http://catalogodesantasvivas.visionarias.es/index.php/Categor%C3%ADa:Toledo Toledo]&lt;br /&gt;
|}&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
= Vida manuscrita (1)=&lt;br /&gt;
Ed. de [http://visionarias.es/equipo/sergi-sancho-fibla/ Sergi Sancho Fibla]; fecha de edición: mayo de 2025; fecha de modificación: marzo de 2026.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
== Fuente ==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''Vida y milagros de la muy venerable señora doña María de Toledo''. Ms. del Archivo del convento de Santa Isabel de los Reyes [fols. 1r-41r].&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
== Criterios de edición ==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Se trata de una vida manuscrita de la segunda parte del siglo XVI, copia de la vida original, que fue escrita por una religiosa de la comunidad entre 1528 y 1538. La copia ha sido realizada, también por las mismas monjas, algunos años más tarde y, aparentemente, de memoria. No tiene referencia, ni paginación ni foliación. El texto se ha actualizado a las normas de ortografía vigentes. Esto conlleva la normalización de las grafías h, b/v, j/g, i/y; la actualización de los grupos consonánticos, así como los cambios de qu a cu cuando sea el uso actual. Sin embargo, se ha conservado el laísmo. En cuanto al grupo de sibilantes, se han normalizado tanto las -ç- como las -sc-, -ss- y -x-. Se han conservado cultismos (“abbadesa”), pronombres enclíticos y no se han deshecho contracciones como “desta” o “della”. Se ha eliminado la duplicación de la “-ll-” y, para plasmar las marcas de oralidad del texto, se ha conservado formas como “tiniéndola”, “pidía”, etc. Tanto la puntuación como la acentuación han sido normalizadas. También lo ha sido el uso de las mayúsculas y la separación o unión de palabras. Los nombres propios de personajes y lugares han sido modernizados para facilitar su reconocimiento. Las abreviaturas se han desarrollado para facilitar la lectura y se ha añadido foliación que no existe en el manuscrito para que el texto pueda ser citado de manera más fácil. Los folios arrancados se indican con anotaciones entre corchetes, mientras que las palabras tachadas por la copista se visualizan directamente en el texto: palabra. Por último, se han transcrito también las notas al margen, que son posteriores y de otra mano, para proporcionar datos sobre la recepción del manuscrito. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==Vida de María de Toledo==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[fol. 1r] Esta es la vida y milagros de la muy venerable venerable señora doña María de Toledo, abbadesa y fundadora de Santa Isabel la Real de la ciudad de Toledo; tiene XXVII capítulos, ruego [fol. 1v] al lector q la leyere que las faltas que hallare las enmiende con caridad y lo atribuya a mí y no a la vida de esta devota de Nuestro Señor Jesuchristo y de su bendita madre. Amén.&lt;br /&gt;
[fol. 2r] Capítulo primero, cómo fue hija de Pedro Suárez de Toledo y se casó. &lt;br /&gt;
Capítulo 2, cómo se vino a Toledo y murió su marido.&lt;br /&gt;
Capítulo 3, cómo dejó los vestidos.&lt;br /&gt;
Capítulo 4, cómo se ocupaba en la oración. &lt;br /&gt;
Capítulo 5, de la abstinencia y muchas revelaciones que tuvo. &lt;br /&gt;
Capítulo 6, cómo entró en el hospital a servir los pobres. &lt;br /&gt;
Capítulo 7, cómo dejó renta al hospital y pidía para él. &lt;br /&gt;
[fol. 2v] Capítulo 8, cómo estuvo enferma en el hospital&lt;br /&gt;
Capítulo 9, cómo quiso ir a Jerusalén. &lt;br /&gt;
Capítulo 10, cómo fundó el monasterio. &lt;br /&gt;
Capítulo 11, de la vida que hacía en el monasterio. &lt;br /&gt;
Capítulo 12, de su abstinencia.&lt;br /&gt;
Capítulo 13, de la caridad que tenía con los enfermos. &lt;br /&gt;
Capítulo 14, cómo seguía la comunidad.&lt;br /&gt;
[fol. 3r] Capítulo 15, cómo mandó hacer una túnica de cerdas. &lt;br /&gt;
Capítulo 16, cómo tuvo una enfermedad. &lt;br /&gt;
Capítulo 17, cómo su camisa llevaron a una enferma. &lt;br /&gt;
Capítulo 18, cómo los médicos la desahuciaron. &lt;br /&gt;
Capítulo 19, de cómo le dio la enfermedad de que murió. &lt;br /&gt;
Capítulo 20, de muchas preguntas que le hicieron las monjas. &lt;br /&gt;
Capítulo 21, cómo muchos cantos que se oyeron en su tránsito. &lt;br /&gt;
[fol. 3v] Capítulo 22, cómo la sacaron de la cueva.&lt;br /&gt;
Capítulo 23, cómo su cuerpo está entero y de muchos milagros.&lt;br /&gt;
Capítulo 24, cómo fue llevada en espíritu al monte Tabor. &lt;br /&gt;
Capítulo 25, de una maravillosa visión que vido fray Jordán, vicario de las monjas de la Madre de Dios de Toledo. &lt;br /&gt;
Capítulo 26, cómo el Padre fray Pedro de Acuña vino por vicario y de una enfermedad que tenía y cómo sanó por los méritos de esta sierva de Dios ''[1]''. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[Capítulo primero, cómo fue hija de Pedro Suárez de Toledo y se casó]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[fol. 4r] […] señores de Pinto, y muy católicos y amigos de Dios. Y esta señora Doña María de Toledo, siendo niña, ''[2]'' tuvo en sí tan firme el amor de Dios y deseo de su servicio que, llegada a edad de tomar estado resistió mucho a sus padres, que no se quería casar, y que deseaba mucho servir a Nuestro Señor con toda pureza y castidad. Y en su niñez fue muy diferenciada de la condición natural de las otras niñas, y, más forzada por la voluntad de sus padres para que se casase, porque la querían sobremanera, y ella por obedecellos hizo lo que le mandaban más que por voluntad. Y ansí cumplió sus [fol. 4v] mandamientos y la casaron sus padres en el Andalucía con un muy noble caballero que se llamaba Garci Méndez de Sotomayor, Señor del Carpio. Y estuvo casada siete años, en los cuales nunca tuvo hijos, por donde claramente Nuestro Señor Jesuchristo mostraba que la quería para sí, pues ansí respondía a sus buenos deseos.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Capítulo segundo, cómo esta señora se vino a la ciudad de Toledo, puniendo escusa que estaba enferma'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y como ella vido que no tenía hijos, trabajó con su marido que la diese licencia para se venir a Toledo, tomando por escusa de [fol. 5r] venir a ver a su madre, y que estaba enferma. Y llegada a Toledo estuvo con su madre por buen espacio de tiempo que no volvió a su casa, en el cual tiempo su marido tuvo una grande enfermedad, de la cual falleció. Y trayéndole la nueva, luego que la oyó, hincó las rodillas en tierra y dio muchas gracias a Nuestro Señor Jesuchristo porque la quería ya dar libertad ''[3]'' para que toda ella se pudiese mejor emplear en su servicio como ella lo deseaba.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Capítulo tercero, de cómo dejó los vestidos ricos que tenía y las demás cosas'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[fol. 5v] Y dejadas todas las ropas preciosas y vestidos que tenía, vistiose de una túnica de sayal y un hábito de paño pardillo muy vil de nuestro Padre San Francisco y un manto negro muy despreciado: ella y todas sus criadas que la quisieron seguir en aquella vida tan áspera. ''[4]' Y, como esta señora estaba, no entendía en otra cosa sino en obras de mucha caridad, y visitaba los hospitales y lavaba las llagas a los enfermos y se las besaba, y muchas veces, cuando salía fuera ''[5]'', volvía sin tocas, con solo el manto cubierta la cabeza, porque las [fol. 6r] dejaba atadas a las llagas de los enfermos. Y ansí mismo hacía dejándolos repartidos a los pobres; y de su renta casaba muchas huérfanas y personalmente iba a buscar las personas avergonzantes para proveellos de todas sus necesidades. ''[6]'' Y hacía rescatar muchos captivos, y hacía criar muchos niños de la piedra ''[7]'', y ella misma los traía en sus brazos debajo de su manto, y los daba a criar y después de criados los ponía en oficios aquellos que veía y le parecía que convenía y mejor podía ganar de comer o en otros estados de vida religiosa. Hacía muy grandes limosnas a [fol. 6v] pobres, cumplía las obras de misericordia en todos, vistiendo los desnudos y dando de comer al hambriento; visitaba los encarcelados y socorría sus necesidades en lo que podía.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Capítulo cuarto, de los ejercicios espirituales en que se ocupaba'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Esta señora, estando en este ejercicio en casa de su madre, iba cada noche a maitines a la iglesia mayor con una linterna, ella y una compañera suya que para esta vida tenía escogida, la cual era muy virtuosa y devotísima de Nuestra Señora y persona de muy gran contemplación. Y con ella andaba todo esto descalza, que desde que [fol. 7r] enviudó nunca se calzó, zapatos ni otra cosa por nieves ni agua que hiciese y cada noche iba a maitines. Y no contenta de esta vida, dormía algunas veces en la iglesia mayor, ella y su compañera, debajo de la tribuna de los señores, y en todo este año entero no salió de allí, mas dábase a muy grande oración y contemplación y penitencia, y comulgaba cada ocho días los primeros años; y después, andando más en la vida espiritual, todas las veces que su confesor se lo mandaba aunque fuese a tercero día. Este confesor era un sancto varón que se llamaba fray Juan Pérez, de la ''[8]'' [fol. 7v] orden de Nuestro Padre San Francisco, el cual le mandaba por sancta obediencia que todas las cosas que Nuestro Señor comunicase con su alma en aquel tiempo, que todo lo pusiese por escrito y se lo diese a él, y primero lo comunicaban entrambos, y lo mismo hacía a su compañera. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y ansí fueron cosas maravillosas las que Nuestro Señor comunicó con esta su sierva en aquel año. Y todo lo que escribió lo teníamos en esta casa de Santa Isabel, que nos lo dio su confesor, con todo lo que más escribió en todo el tiempo que estuvo en la religión, y todo ansí como lo teníamos la mayor parte dello se [fol. 8r] llevó el Arzobispo de Toledo, Don Fray Francisco Jiménez, cuando su Señoría Ilustrísima fue a Orán, que entonces vino a ver el cuerpo desta bienaventurada sancta y a encomendarse mucho a ella y a todo el convento, y demandó su Vida para vella y sus Revelaciones, diéronsela toda y Su Señoría se la llevó y nunca más la tornó y ansí tornamos a escribir la Vida por dos veces, y de las cosas que estaban escritas por su propia mano, no quedaron sino muy pocas. Y viniendo aquí a ver su cuerpo una señora que se llamabo [''sic''] Doña Leonor, nuera del Duque de Alba, demandola [fol. 8v] para verla y se la llevó y nunca más la volvió. Y desta manera se nos perdieron todas las Revelaciones que Nuestro Señor quiso mostrar a esta sancta ánima y ansí no podemos escribir sino lo que por nuestros ojos vimos.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Capítulo quinto, de la abstinencia que hacía y como le fueron reveladas muchas cosas'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y tornando al propósito primero, en todo el año que no salió de la iglesia mayor de noche ni de día, ni se comunicó con persona alguna desta vida sino con su confesor ya dicho, y él la comulgaba a [fol. 9r] tercero día, y el día que comulgaba ayunaba a pan y agua, y lo más de la semana lo mismo, y cada día se disciplinaba. Y en este tiempo le fue mostrado y revelado cómo se habían de ganar muchas tierras de moros, y Granada con todas sus tierras, y le fue revelado cómo se habían de echar lo [''sic''] judíos de Castilla y la reformación de los monasterios, y las grandes herejías que se hacían en estos reinos, por donde ella fue causa de poner la Inquisición, para ensalzamiento de nuestra sancta fe católica. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[fol. 9v] Esto y otras muchas cosas que cumplían al regimiento del Reino escribió a Sus Altezas de los Reyes Católicos, Don Fernando y Doña Isabel, que estaban entonces en la ciudad de Segovia. Y esto fue ocho años antes que aconteciesen estas cosas y, como esta señora era persona de tanto merecimiento y sanctidad, comunicábase mucho la Reina con ella, y enviándola llamar a ella y a su compañera para informarse della de todo lo que les escribía por extenso. Y, llegada a la ciudad de Segovia, estuvo con sus Altezas seis meses nomás. Y porque allí no podía po- [fol. 10r] ner por obra sus buenos deseos y humildad en que ella solía ejercitar su vida, pidió licencia a Sus Altezas para tornarse a Toledo para acabar lo comenzado. Y, venida a la ciudad, no se quiso tornar a casa de su madre, mas fuese derecha al Hospital de Nuestra Señora y públicamente se puso a servir a los pobres por tres años, sirviendo desta manera.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Capítulo sexto, de cómo esta señora sierva de Jesuchristo Nuestro Señor entró en el hospital'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Entrando en el hospital fue recibida de todos los pobres como madre, y la die- [fol. 10v] ron una capillita muy pequeña en que estuviese, que no cabía más de una camita muy pobre y un oratorio, y la cama que allí tenía era un colchón de paja y una manta encima muy vieja con una almohada de sayal llena de paja. Ella andaba siempre descalza, y vestida una túnica de sayal y un hábito de lo mismo, y por toca traía un paño de lienzo muy grueso y las bocas de las mangas traía atadas con tomizas. Era muy solícita y diligente en el servicio de los enfermos ansí hombres como mujeres, hacía las camas y lavábales las bocas, curábales las llagas, [fol. 11r] y besábaselas muchas veces, y tresquilábales las cabezas y dábales de comer con sus propias manos, y hacía todas las otras piedades que sus necesidades demandaban, y deshacía las purgas y dábaselas con mucha devoción y limpieza y caridad. Y a las nueve de la noche andaba visitando los enfermos y mirando lo que habían menester porque eran más de setenta, entre hombres y mujeres, y traía siempre una cestilla en las manos con manzanas, y granadas y azúcar y confites para dejar a cada uno lo que hubiese menester, y una noche estaba un muchacho con cámaras, y ella misma le sacó en brazos seis veces [fol. 11v] a hacer sus necesidades, porque era niño y no se podía tener de flaco. Y, acabado todo esto de prima noche, entrábase en el cuarto donde estaban las mujeres en su celdita, y con todo este trabajo del día estaba hasta maitines en oración mental, y a la mañana iba luego a visitar los enfermos y a hacerles algunas piedades acostumbradas como solía, y sacaba los servidores y llevábalos a vaciar delante de todos con muy gran gozo y humildad. Y ansí, a ejemplo suyo, todos los caballeros y señores de la ciudad, se hicieron hermanos del hospital y servían a semanas y esta costumbre quedó puesta para siempre [fol. 12r] en el Hospital de la Misericordia, en esta ciudad de Toledo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Capítulo séptimo, cómo dejó renta al hospital y pedía cada semana limosna para él'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Dejó esta señora su renta al hospital veinte y cinco mil maravedís de juros, e iba cada semana a pedir por las plazas y mercados por amor de Dios para los pobres, ella y su compañera, y tornaban cargadas de todo lo que les daban unas veces gallinas y pollos y de otras cosas semejantes; y otras veces de escobas y sogas, y ollas y ansí de otras cosas de humildad en que eran [fol. 12v] necesarias para el servicio de los enfermos y provisión del hospital. Y viniendo cargadas con todo esto, muchas veces topaban con muchos caballeros y señores sus parientes y con su misma madre, de los cuales pasaba muy grandes persecuciones porque se afrentaban de verla andar de tal manera y la llamaban de loca, y algunas veces la tomaban la hacienda por que no la gastase de tal manera. Otras veces la hacían muchos enojos, pensando que por estas cosas se enmendaría de dejar lo que tenía comenzado, mas como esto era lo que ella andaba buscando, que era padecer denuestos y injurias por amor de Nuestro Señor [fol. 13r] Jesuchristo, no la espantaba nada, mas antes confirmaba más su buen propósito y deseo en el amor de Nuestro Señor Jesuchristo que siempre tuvo en su Divina Majestad. Y sus deudos, viendo que no aprovechaba nada lo que con ella hacían para apartalla de aquella vida, dejáronla seguir su voluntad y grande desprecio de mundo, de lo cual ella estaba muy jocosa de padecer, a ejemplo de los que a Nuestro Señor fueron hechos en su sagrada pasión, de la cual ella era muy devota y derramaba infinitas lágrimas de amor y compasión della, en la cual le fueron dados de Nuestro Señor muy grandes sentimientos. Y le fueron reveladas muy grandes [fol. 13v] cosas, que después acá han pasado ansí en lo susodicho, como en otras grandes cosas que por nuestros ojos hemos visto, y a causa de ser ella tan secreta y humilde no quería comunicarse con nadie las gracias que Nuestro Señor Jesuchristo comunicaba con su alma. Y lo que decía era casi forza[da] por la obediencia que tenía a su confesor; y por esta obediencia comunicaba con él y con su compañera a las cosas que sentía y pasaba, y ansí todos tres escribían lo que pasaban y lo mismo hacían de su compañera, ansí que todos escribían lo que pasaban y vían en espíritu. Y muchas veces el confesor por probar su paciencia mandaba a [fol. 14r] su compañera que la diese de bofetadas, lo cual ella hacía forzada por la obediencia y ella las recibía con mucha paciencia y amor de Jesuchristo Nuestro Señor, por quien ella tanto deseaba padecer por su amor.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Capítulo octavo, cómo cayó enferma en el hospital y no consintió que la sacasen fuera d’él'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Estando esta sierva de Nuestro Señor en este sancto ejercicio en el hospital, como era tan generosa y delicada, a cabo de los tres años del servicio d’él, diole Nuestro Señor una muy grande enfermedad de fiebre a causa de los vapores de los enfermos; y ansí como estaba en- [fol. 14v] ferma, no consintió que la sacasen de la celda donde dormía y, sabiéndolo su madre y parientes cómo estaba tan enferma, vinieron todos al hospital, aunque no la hablaban, y trabajaron mucho de llevarla cada uno a su casa, mas ella no quiso salir del hospital. Y, estando en este, creció tanto la enfermedad que la dieron todos los sacramentos y la extremaunción y, tiniéndola ya por muerta todos los que presentes estábamos, la vimos dar las boqueadas en presencia de los médicos y de infinito número de gentes que allí estaban. Ya tenido por defunta, la tomaron en un colchón y la subieron a una capilla que llaman “las beatas de Lope [fol. 15r] Gaytán” ''[9]'', que estaban en el mismo hospital, con las cuales estaban las suyas mientras ella acababa el servicio de los pobres, y, estando en esto, aparejando la sepultura que está en la misma capilla y allí está una imagen de Nuestra Señora muy devota con el niño en brazos, delante la cual su madre estaba llorando y con muy gran fe suplicando a Nuestra Señora le diese a su hija y con grandes lágrimas y gemidos. Y con la gran pena que tenía decía que, si no se la resuscitaba, que ella le tomaría el niño precioso que en los brazos tenía, y Nuestra Señora, mirando sus gemidos como madre de misericordia. Estando en esto, abrió los ojos y, tornando como de la muerte [fol. 15v] a la vida; y de ahí adelante fue de bien en mejor su salud, y mandaron los médicos que la sacasen del hospital si no que moriría y, forzada, la llevaron a casa de su madre adonde todas las suyas fuimos, que antes estábamos en la dicha casa de las beatas de Lope Gaytán.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Capítulo nueve, de cómo esta sierva de Jesuchristo quiso ir a Jerusalén en romería'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y, estando en esto en casa de su madre, pensó de dar asiento a su vida y para más perfección procuró de poner en estado a las suyas y, después de hecho esto, de tomar una esclavina ella y su compañera y partir se secre- [fol. 16r] tamente a Jerusalén, mas, como sus hermanas no quisieron apartarse de su compañía, no pudo poner en obra lo que tanto deseaba y púsose en oración ella y su compañera para saber de Nuestro Señor Jesuchristo, que Él la pusiese en obra su pensamiento y, si otra cosa Él fuese servido, que en todo Su Majestad la alumbrase. Y, hecha la oración, fuele respondido que hiciese una casa de religiosas adonde ella y muchas almas se salvasen.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Capítulo diez, de cómo fue edificado el monasterio, y la vida que hizo en él esta sierva de Nuestro Señor Jesuchristo'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y puesta ya en determinación de hacer una [fol. 16v] casa de religiosas, andaba buscando una tal casa como convenía para el monasterio, y en este tiempo vino la corte a Toledo. Y, como los Reyes Católicos la querían tanto y se comunicaban mucho con ella, hiciéronle merced de esta casa de Santa Isabel, y ellos mismos la metieron dentro y se la entregaron a ella y a todas las suyas, en la cual casa gastó más de siete cuentos. Y entre la señora Doña Juana de Toledo, su hermana, que era sanctísima mujer, y Su Alteza de la Reina Doña Isabel, púsole su nombre Sancta Isabel de los Reyes.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Capítulo once, de la vida que esta sierva de Cristo hizo en el monasterio y de su abstinencia'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[10]''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[fol. 17r] La vida que hizo esta señora en el tiempo que estuvo en el monasterio fue muy subida y de mucha perfección y en muy gran menosprecio, y contemplación y oración y penitencia. Su vestido era un silicio de cerdas hasta ''[11]'' en pies y una túnica de sayal y un hábito ''[12]'' de lo mismo y el manto, y todo era lo más viejo y remendado y de más desprecio que ella hallaba. En la casa andaba descalza y las tocas eran de estopa y el vilo [''sic''] sin alguna curiosidad, su cama ''[13]'' fue en lo primero una tabla y a la cabecera un madero, una manta de sayal debajo y otra encima, y otras veces tenía por al- [fol. 17v] mohada una piedra o una almohada de sayal llena de paja [14]. Y su comer era todo el año un ayunar muy continuo y cada semana ayunaba tres días en pan y agua y continuamente iba a las espuertas en que cogían la basura y buscaba los mendrugos de pan que estaban en ellas, y llevábalos ascondidos en su manga a la mesa y aquellos comía todas las veces que los hallaba, y cuando no los hallaba buscabo [''sic''] por el refectorio los pedazos que dejaban las monjas, que nunca partía pan entero si posible era.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Capítulo doce, de la abstinencia que hacía esta sierva de Nuestro Señor cuando comulgaba'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[15]''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[fol. 18r] ''[16]'' [...] como visitaba las enfermas a menudo. &lt;br /&gt;
Comulgaba esta sierva del Señor muy a menudo, y todos los días que comulgaba ''[17]'' nunca comía hasta la noche en todo el día, y entonces comía unas pasas y almendras ''[18]'' o cosas semejantes, y siempre la comida que de orden le daban la enviaba a las personas avergonzantes, y de los pobres tenía muy gran cuidado, que les diesen limosna ''[19]'' y que nunca les faltase la comida; y hacía mucha limosna a los pobres de la cárcel, que siempre les enviaba limosna; y mandaba proveer de agua y de todo lo que podía como a la misma casa.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[fol. 18v] &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Capítulo trece, de la caridad que […] sierva de Nuestro Señor tenía con los enfermos'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[20]''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Era tanta su caridad con los enfermos que no pasaba día que no visitaba la enfermería y si hallaba los servidores o escupidores sucios, lavábalos siempre ''[21]'' y procuraba siempre como estaban proveídas de lo que había menester y cuando alguna vez estaba mala en la enfermería siempre andaba por las enfermerías visitando las enfermas y llevábales escondido lo que a ella le daban para su consuelo y no quería comer hasta que sabía que las enfermas tenían lo que habían menester.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[fol. 19r] &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Capítulo catorce, cómo esta sierva de Nuestro Señor seguía la comunidad'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y cuando estaba en la comunidad y echaban a algunas monjas algún oficio de humildad, ''[22]'' muchas veces, antes que las monjas, tenía ella ya llevados los servidores por que descansase algo la oficiala. Y siempre era ''[23]'' ella la primera en el seguimiento de las comunidades y en fregar y barrer y en meter leña, y lavaba las túnicas de las monjas, si no que no la dejaban todas veces. ''[24]'' Ayunó una vez la Cuaresma de los ángeles a pan y agua todos cuarenta días sacados los domingos, y este día comía unos bocados de pescado ''[25]'' [fol. 19v], y en toda esta Cuaresma comulgaba a tercero día ''[26]'' y este día no comía nada hasta la noche que bebía con unos granos de anís, y esto hizo hasta que una vez en este tiempo vino aquí el Arzobispo don fray Francisco Jiménez y la madre vicaria le suplicó que la mandase que comiese alguna cosa, y él mandóselo ''[27]'', y dende allí adelante poníanle unas pocas pasas y almendras y avellanas, que ya sabían que no había de comer otra cosa; y sobreavisó la resitolera se las ponía contadas para ver qué tanto comería, y hallaba por su cuenta que comía una avellana y una almendra y una pasa; ansí por cumplir ''[28]'' [fol. 20r] la obediencia comía una cosa de cada una.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Capítulo quince, de cómo la sierva de Nuestro Señor mandó tejer una túnica de cardas y lana'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
No contenta de la penitencia que hacía, mandó tejer una túnica de cardas y lana de cabras ''[29]'' para sobre el silicio, que siempre le traía a raíz de la carne y tan largo que descendía hasta encima de los tobillos una mano, y siempre buscaba nuevas maneras de penitencias y, con todos los cuidados del regimiento, siempre era la primera en las comunidades ''[30]''. Iba cada noche a maitines y antes de maitines, después de reposadas las monjas, estaba dos horas de rodillas en [fol. 20v] oración, y luego recostábase sobre la cama susodicha, que era una tabla cubierta con una manta de sayal y, cuando se levantaba a maitines, no tornaba más al dormitorio, mas estábase en el coro en oración hecha un mar de lágrimas, y esto era muy continuo ''[31]'', y si alguna vez la constreñía el sueño, en la misma silla recostaba la cabeza y, aunque helase y nevase, nunca otra piedad tomaba, si no llegaba alguna monja y la echaba algún manto encima; y para sí era muy áspera y para las otras muy piadosa, ''[32]'' y siempre consolaba a las enfermas y aflictas con las obras de piedad y palabras celestiales ''[33]'' [fol. 21r] como madre verdadera, que más parecía en su conversación ángel que persona. Y, como era tan devotísima de la Pasión ''[34]'', siempre suplicaba a Nuestro Señor Jesuchristo que le diese a sentir los dolores que Él había sentido en el desconyuntamiento de la sanctísima vera cruz por que pudiese mejor compadecerse de sus dolores padeciéndolos ella. Y Nuestro Señor Jesuchristo, mirando sus sanctos deseos ''[35]'' como aquel que sabía lo que tenía en ella y en su sancta ánima, diole una muy grande enfermedad de dolores incomportables en todo el cuerpo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Capítulo diez y seis, de cómo Nuestro Señor [fol. 21v] Jesuchristo dio a su sierva una muy grande enfermedad de dolores recios'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Dio Nuestro Señor a su sierva una muy cruel enfermedad de dolores, que cuando le daban decía ella que parecía que la desconyuntaban todos los miembros de su cuerpo y que la hacían pedazos, y no se podía rodear sino la rodeaban con una sábana en la cama, y con todo este tormento que padeció un año nunca persona la vio perder la paciencia, ningún movimiento de ira y, cuando los dolores eran tan incomportables que lo [''sic''] ''[36]'' le era posible sin se quejar, luego demandaba perdón con grande voluntad a las que la servían ''[37]'' [fol. 22r] del mal ejemplo que les daba; y ansí como era humilde como la tierra y afable, ansí era también grave y prudentísima y tenía grandísima gracia en hablar de Dios, que como lo sentía ansí lo sellaba en las ánimas, que muchas veces la veían estando metida en hablar de Dios, el gesto con tan grande alegría que manifestaba muy claramente el gozo que de dentro poseía, y cuando estaba en este fervor no parecía que sentía los dolores más que toda estaba inflamada en el amor de Nuestro Señor Jesuchristo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Capítulo diecisiete, cómo una camisa de esta sierva de Nuestro Señor fue llevada a una mon- [fol. 22v] ja del Cístel que estaba enferma y no se la quiso vestir'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En el tiempo que esta sierva de Nuestro Señor Jesuchristo estuvo enferma en la enfermedad ya dicha, tomaron una camisa que ella se vestía en su enfermedad y la llevaron a una muy religiosa monja de la orden del Cístel, la cual se llamaba Martha, para que se la vistiese, que era de un enfermo que se lo rogaba por amor de Dios, y ella, viendo la camisa, nunca quiso tocar a ella mas mirola con gran reverencia y dijo que cúya era aquella camisa, que no osaría ella vestírsela porque no era enfermedad, mas eran [fol. 23r] dolores de la sacratísima Pasión de Nuestro Señor Jesuchristo, y que por esta causa no se la osaría vestir, mas antes encomendarse a quien lo padecía. Ansí que conoció en espíritu lo que secretamente llevaban para que por su sanctidad se la vistiese, y ansí confirmó los pensamientos de todos.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Capítulo dieciocho, de cómo los médicos no le daban remedio ninguno ni le hallaban para su enfermedad'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Estando juntos muchos médicos y cirujano, no pudiendo hallar ningún remedio ni le hallaban para su enfermedad hasta que fue cumplida la voluntad de [fol. 23v] Nuestro Señor Jesuchristo, que ella padeciese lo que tanto deseaba padecer, y en esta enfermedad fue tan grande su paciencia que más parecía que se deleitaba en ella que no que padecía. Y cuando Nuestro Señor fue servido de alivialle los dolores luego se hizo llevar al dormitorio con el convento, porque allí eran sus deleites, gozar siempre de la comunidad, adonde estuvo muy poco tiempo que luego le dio el mal de la muerte, que fue de fiebre y una seca, que no vivió más de cinco días en los cuales días se cumplió un año que le dio la enfermedad de los dolores, y en esta fiebre que tuvo, tuvo quitado el sentido en las cosas temporales. Y nunca le perdió en las ''[38]'' [fol. 24r] cosas de Nuestro Señor Jesuchristo, antes hablaba cosas tan altas y maravillosas, que todos los médicos y personas que la veían estaban admirados, y alababan a Nuestro Señor Dios de ver tal enfermedad.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Capítulo diecinueve, de cómo le dio el mal de la muerte'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El día que a esta sierva de Nuestro Señor Jesuchristo le dio el mal postrimero para ir a gozar de Nuestro Señor Dios, que era lo que más en esta vida había deseado, fue el día de San Pedro y San Pablo, y comulgó estando buena, como acostumbraba a celebrar las otras fiestas, y otro día de la conmemoración ''[39]'' de San Pablo, pos- [fol. 24v] trero día de junio, miércoles, a la una del día, le dio la fiebre y la seca y luego perdió el sentido, y dijo que luego le llamasen al vicario para que la confesase y diese los sacramentos y, en entrando, ella recibió el sancto sacramento con mucha devoción con todos sus sentidos, y ansí estuvo por espacio de dos horas, toda metida en sí que no quiso que la hablase nadie, y esto fue sábado, un día después de la visitación de Nuestra Señora. Y pasadas las dos horas tornó a perder el juicio en lo corporal, y en las cosas de Dios estaba tan viva como cuando estaba en su fervor y, estando ansí, le dijo una religiosa que ''[40]'' [fol. 25r] rogase a Nuestro Señor por ella y respondió con entrañas de caridad (como siempre lo hacía) que por ella sola que rogase a Nuestro Señor, que por todo el universo mundo había de ser la oración, que ansí nos rogaba ella a todas que hiciésemos como ella hacía, que siempre era esta su forma de oración y esto respondía a todas las preguntas que le hacían de Nuestro Señor.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Capítulo veinte, de muchas preguntas que la hicieron las monjas y lo que respondía'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y también le preguntaban las monjas si veía a Nuestro Señor Jesuchristo, y ella dijo que a Nuestro Señor y a su preciosísima madre. [fol. 25v] Y preguntole una monja y devota de San Juan Baptista que si veía a San Juan Baptista, y ella respondió muy alegre: “Y aun a toda la corte celestial que estaba allí”. Y esto decía con una alegría muy grande en que mostraba muy claramente en su gesto estar toda inflamada en gozo; y sin que ella lo manifestase lo conocían todos los que la veían. Y nunca veían ni oían que se les cayese de la boca estos versos: ''“In pace in idipsum: dormiam et requiescam” [41]''. Y otras veces decía: ''“In manus tuas Domine commendo spiritum meum” [42]''. Y otras veces decía: ''“Vias tuas Domine demonstra mihi” [43]''. Y otras veces decía: ''“Hec [fol. 26r] requies mea in seculum seculi” [44]''. Y luego demandó la unción, y se la dieron aunque no estaba en su propio juicio ni el gesto mostraba señal de muerte sino de mucha alegría, mas el pulso mostraba la verdad. Y cuando la dieron la extremaunción ella misma respondía a los siete psalmos, y cuando vino la medianoche estábamos todas tan atormentadas de pena, alrededor de la cama, todas dormidas, las más con la pena de lo que presente veíamos; despertáronnos a todas como si a cada una llamaran de por sí y pusiéronse juntas alrededor de la cama de rodillas llorando todo el [fol. 26v] convento, la suplicamos que rogase a Nuestro Señor por nosotras y que nos encomendase a Él y nos diese su bendición, y ella, con aquella benignidad que solía hablar, nos dijo que la bendición de Dios Padre todopoderoso nos guardase y diese su bendición y amor y temor. Y luego tornó a decir sus versos que antes decía y de ahí a tres credos dijo a muy alta voz: “Hijas mías, quedad en paz”. Y luego juntó su boca y ojos sin más movimiento ni señal de muerte, que más parecía tránsito de sancta que muerte, y ansí dio el alma a Nuestro Señor Jesuchristo. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y en espirando fue tan grande el olor que [fol. 27r] alrededor della estaba que parecía que estábamos en un vergel de muy olorosas flores, y este mismo olor quedó en la cámara adonde estaba y en toda la ropa con que la curaron, y pasó esta sierva de Nuestro Señor Jesuchristo desta vida lunes al alba.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Capítulo veinteyuno, de muchos cantos y músicas que fueron oídos en su tránsito y el llanto que las monjas hicieron'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Juntamente con este olor sonaron suavísimos cantos y músicas celestiales, que era cosa maravillosa de oír, que con todo el llanto innumerable que el convento hacía se oyeron cuando aquella sanctísima ánima [fol. 27v] salió del cuerpo, que no fuera posible criatura humana poderlo comparar. Y esto oyeron más de treinta monjas, todas personas de mucho crédito. Y esta música oyeron cuando falleció y cuando la llevaban el cuerpo al coro los frailes, y cuando alzaron el cuerpo sacratísimo de Nuestro Señor Jesuchristo, y cuando metieron el cuerpo en la cueva. Y los frailes llevaban el cuerpo con el Subvenite sancti Dei ''[45]'' rezado, que no podían cantar con el gran llanto que el convento hacía; y con todo se sonaba tan claro y no atinaban adónde sonaban las que quedaban con el cuerpo, y las que iban delante pen- [fol. 28r] saban que eran los frailes que cantaban. Ansí que vinieron dos en uno, y conocieron que eran cantos celestiales y tonos de cantos muy suaves, y los mismos frailes lloraban de compasión, y algunos dellos oyeron lo mismo que las monjas, y acabado el oficio, cuando la metieron en la cueva, como era tiempo de pestilencia echaron los frailes cal encima del cuerpo y, no mirando las monjas lo que hacían por la gran pena que tenían de perder tanto bien en tal madre, y como llevaba el velo delante del rostro y le echaron la cal encima, parósele el rostro negro con la cal y el agua de la cueva, y todo lo otro [fol. 28v] del cuerpo quedó como bálsamo, que ansí se manda todo su cuerpo como viva.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Capítulo veynte y dos, de cómo las monjas sacaron la sierva de Nuestro Señor de la cueva'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y cuando las monjas cayeron en el yerro que habían hecho, que era tener una tal persona en la cueva y llena de cal encima, pidieron licencia al juez de la iglesia para sacarla de la cueva en que estaba, y sacáronla entera, y olía su cuerpo como el mismo día que la enterraron y ansí cerraba y abría sus manos como cuando era viva, sin comerse cosa alguna, y el mayor milagro fue que el espacio que estuvo en la [fol. 29r] cueva fue tan poco que no fue más de dos meses, porque ella murió un día antes de la octava de los apóstoles San Pedro y San Pablo, y sacámosla el día de San Matheo en el mismo año, y salió con las mismas carnes que la metieron, que no le había hecho ninguna impresión ni aun en el hábito que tenía vestido, sino era lo que estaba encima por el agua que distilaba de la cueva que era mucha por el regar y lavar del coro, mas lo que estaba a raíz del cuerpo estaba tan fresco como cuando la enterraron, y entonces tornámosla a meter en la cueva porque no estaba hecho el encillo donde la [fol. 29v] habíamos de meter, y después tornáronla a sacar día de la Translación de Sant Luis y pusiéronla en un encillo, adonde está hasta que otra cosa se ordene.  &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Capítulo veynte y tres, de cómo el cuerpo de esta sierva de Nuestro Señor está entero, y de muchos enfermos que por sus merecimientos han sanado de diversas enfermedades'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y allí en aquel encillo está su cuerpo tan entero como si estuviera viva, salvo el rostro que le tiene con mal color, de quemado de la cal. Y todas las personas que a esta señora se encomiendan en sus enfermedades le alcanza de Nuestro Señor Jesuchristo salud, [fol. 30r] y desto tenemos muy grande experiencia en muchas maneras de enfermedades que habemos visto sanar, especialmente de ciciones, que han sido sin número las que ha sanado y diremos algunos, que todos no será posible. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El primero fue que en la ciudad de Burgos ''[46]'' estaba un clérigo de misa muy enfermo y tullido, que había más de tres años que no se levantaba de la cama, y una noche vido en sueños una dueña de admirable hermosura que le decía: “Si quieres sanar, encomiéndate a doña María de Toledo, primera fundadora de Sancta [fol. 30v] Isabel, que es fallecida, y luego serás sano”; y él, como lo oyó y supo que era difunta, hízole decir una misa, aunque no la conocía, y luego se levantó, y de ahí adelante estuvo bueno y publicó el milagro, y creció la devoción mucho en ella por la de Jesuchristo Nuestro Señor. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
También en aquellas partes, allende los puertos, estaba una gran señora que por ser tal ''[47]'' no se dice su nombre, y tenía una hija muy enferma de la cabeza y no tenía hijos, y esta señora decía que, si los tuviese, que sanaría de aquel mal; y ella, tiniendo mucha fe y devoción en esta sierva de Nuestro Señor [fol. 31r] Jesuchristo, por la fama que tenía de su vida tan en extremo perfecta, sabiendo que era finada, envió a pedir un velo o toca que hubiese estado en su cabeza, y la medida de su cuerpo; y lleváronle una toca que al presente tenía tocada, y la medida de su cuerpo, la cual le ciñeron, y luego se hizo preñada; y puesta la toca encima de su cabeza, luego fue sana por la misericordia de Nuestro Señor Jesuchristo y méritos de esta su sierva. Y esta fue la primera por quien Nuestro Señor Jesuchristo mostró estas maravillas, y de ahí adelante han sido sin número los milagros que Nuestro Señor ha hecho con [fol. 31v] la medida de su bienaventurado cuerpo. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En el mismo tiempo que esta sierva de Nuestro Señor falleció, estaba una señora noble de esta ciudad de Toledo muy enferma de los ojos, ''[48]'' que había más de cincuenta días que no salía de detrás de una sarga, que [te]nía los ojos hechos una sangre que no podía ver cosa ninguna. Y sabiendo cómo esta señora era defunta, envió con mucha fe a demandar un paño que hubiese tenido sobre sí esta señora y que creía que, en puniéndoselo encima, sanaría, lo cual fue ansí. Y una sobrina suya, que era monja de la casa, enviole un paño que ella había tenido [fol. 32r] puesto en el estómago en su enfermedad, y pusiéronselo encima de los ojos, y luego los abrió por la gracia de Nuestro Señor Jesuchristo. &lt;br /&gt;
Otra dueña de esta misma ciudad estaba tullida de una cadera que tenía ciática ''[49]'' más había de tres años, y con la gran devoción que tenía en esta señora, envió a pedir un poco de cilicio de lo que ella traía o de su túnica, y luego se lo enviaron por la fe que tenía y, en puniéndoselo a gloria de Nuestro Señor Jesuchristo y méritos de esta sierva suya, fue luego sana del mal de la cadera en puniéndoselo encima. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Esta sierva de Nuestro Señor Jesuchristo, aunque fue [fol. 32v] casada nunca parió, y a todas las que no paren, puniéndose su medida de su cuerpo con mucha devoción ''[50]'' se hacen luego preñadas, y cualquiera que se pone un poco del silicio ''[51]'' o de la túnica luego sana de las ciciones, a gloria de Nuestro Señor Jesuchristo. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Capítulo veynte y quatro, como Nuestro Señor la llevó en espíritu al monte Tabor y lo que allí vido'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Cuando esta sierva de Jesuchristo era viva, aconteció un día de la Sanctísima Transfiguración, habiendo comulgado estando de rodillas en el coro en su silla por muy grande espacio del día hacia la tarde, vido la [fol. 33r] una monja el rostro que d’él y de todo su cuerpo salía un resplandor como de sol, de tal manera que estaba muy espantada la religiosa de ver tal cosa, y nunca podía quitar los ojos de ella, y después de pasado el día suplicole la monja muy afectuosamente que le dijese qué habían sido los pensamientos que el día pasado había tenido, que por reverencia de Nuestro Señor se lo dijese, y ella respondió que por qué se lo preguntaba, y dijo la religiosa que no le negase la merced que le pedía, que ella diría la causa; y luego respondió la sierva de Nuestro Señor Jesuchristo que la había Nuestro Señor hecho merced de llevarla en espíritu, al [fol. 33v] monte Tabor; y que allí gozaba de la gloria que los bienaventurados apóstoles gozaban, y que preguntó al glorioso señor San Juan, que qué había sentido en aquella gloriosa y santísima transfiguración, y que la respondía san Juan que había gustado la ley de Dios.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Otra vez en Cuaresma, estando en el dormitorio, viernes, haciendo la disciplina, vido una religiosa cómo le salía un rayo de luz del rostro y allegaba a ella adonde estaba en las postreras del dormitorio y, maravillada de tal novedad, otro día suplicole la religiosa de rodillas qué era lo que había visto y sentido en la disciplina porque [fol. 34r] ella había visto una muy gran señal de amor. Y la bienaventurada y devota señora la respondió que le dijese ella lo mismo, porque Nuestro Señor Jesuchristo le había dado a sentir el amor con que se había puesto en la columna a sufrir tan crueles tormentos y dolores; y que sintió cómo ella sentía lo mismo, y que por esta causa habían visto entrambas una cosa; llamábase María de Salazar, y muchos años después de fallecida se halló su cuerpo entero, y la vieron algunos prelados de nuestra orden que entraron a la cueva a ver algunos cuerpos que según sus vidas se tenían por sanctos, y entre los [fol. 34v] frailes que entraron fue uno fray Francisco de los Ángeles, que al presente era provincial de la Provincia de Castilla, y ahora es cardenal de Sancta Cruz. Y hallaron el cuerpo de esta religiosa tan entero como si le acabaran de enterrar, y le mecieron todo y se meneaba y mandaba, por donde daba testimonio de su vida.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Esto y otras muy grandes cosas se vieron en su vida, que no se acuerdan, por ser ya todo tomado, como dicho es arriba. Un miércoles estando esta sierva de Jesuchristo en el coro sola mientras las monjas comían, vídola una religiosa que se llamaba [fol. 35r] María de Sedeño, que andaba rezando cerca del coro, y porque era mientras comían, ascondíase mucho della que no la viese, y mirábala el rostro, que parecía que le resplandecía, y ansí mirándola vídola llegar al altar mayor como si volara, alzada de tierra, y quedó tan espantada que pensó no se poder partir de allí viendo tan gran milagro.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Capítulo veinte y cinco, de una maravillosa visión que vido el Padre fray Jordán, religioso de la orden de los Predicadores, el día que murió esta sierva de Jesuchristo Nuestro Señor'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Cuando esta sierva de Nuestro Señor Jesuchristo pasó desta vida, estando un religioso de la [fol. 35v] orden de los predicadores llamado fray Jordán y de muy sancta vida, siendo vicario de las monjas de la madre de Dios de Toledo, estando en oración en su celda no sabiendo que era difuncta esta sierva de Nuestro Señor Jesuchristo, vido una gran procesión de ángeles, y de una parte venía nuestra Madre Santa Clara, y de otra nuestra Madre Santa Isabel, y ella en medio de entrambas; y ella iba vestida desta manera: llevaba una almática de brocado como diácono y las mangas y redropiés iban todas llenas de pedrería, y resplandecía su rostro como el sol y llevaba una diadema con la misma pedrería. Y dijo que [fol. 36r] nunca la había visto mas que luego la conoció, cómo era la abadesa de Santa Isabel, que aquel punto había fallecido; y que preguntó a un ángel de los que allí venían que quién era aquella bienaventurada a quien tanta fiesta se hacía, y respondió que era el abadessa de Santa Isabel, y dijo este padre que le parecía a él que hacía esta pregunta para más verificar su conocimiento. Y preguntole más, que qué significaban aquellas piedras preciosas que llevaba en las manos y en los pies, y fuele respondido que por el desprecio que en todo ello había tenido especialmente en el andar descalza y traer todas las man- [fol. 36v] gas atadas con tomizas, y también me dijo qué significaba ir como diácono y como se encubrió con todo lo otro y la tomaron, no se me acuerda, y también la diadema, mas de que nos dijo que después del ánima de San Jerónimo nunca tan gran recibimiento se había hecho en el cielo como a aquella gloriosa ánima; y dijo que no era mucho haber oído cantos celestiales, que mucho más se maravillaba cómo no lo había oído todo el mundo según el recibimiento se hizo a esta sancta ánima.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Capítulo veinte y seis, cómo el padre fray Pedro de Acuña vino por confesor a esta [fol. 37r] casa y, trayendo un poco del cilicio desta señora, fue sano luego'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Viniendo a esta casa un reverendo padre que se llamaba fray Pedro de Acuña por confesor, traía cuartanas, y diéronle las monjas ''[52]'' un poquito de la túnica y del cilicio, y luego se le quitaron por la gracia de Nuestro Señor Dios y méritos desta bienaventurada su sierva. También viniendo aquí la señora Duquesa de Medinaceli, traía un dolor incomportable ''[53]'' de cabeza y, subiendo a ver el cuerpo desta bienaventurada sierva de Nuestro Señor Jesuchristo, metió la cabeza dentro, donde está su cuerpo, y salió [fol. 37v] luego sin algún dolor; y manifestó luego la maravilla que Nuestro Señor Jesuchristo había hecho con ella en quitarle súbito el gran dolor que tenía, por los merecimientos desta su sierva. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
También una monja de San Pablo tenía un brazo ''[54]'' que no le podía mandar y, no tiniendo remedio, envió con mucha devoción a demandar que le diesen alguna cosa de esta bienaventurada. Y enviáronle una manga de su túnica y, en puniéndosela, sanó luego y alabó a Nuestro Señor por tan gran milagro. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Otra vez, viniendo a esta casa un hombre a matar unos puercos, tenía ciciones ''[55]'' [fol. 38r], y había muchos días que las tenía, y pusímosle de la túnica desta sierva de Jesuchristo y luego se le quitaron y nunca le volvieron más. &lt;br /&gt;
Otra vez vino a esta casa un mozo a cavar la huerta, y venía con ciciones, que había mucho que las tenía, y, puniéndole de la túnica desta sierva de Nuestro Señor, luego se le quitaron. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Otra vez vino aquí una dueña de Cubas ''[56]'' a pedir un poco de la túnica desta sierva de Nuestro Señor Jesuchristo, porque había en su pueblo muchas personas con ciciones y morían dellas. Y dímosle un poco, ya [fol. 38v] todas las personas que se lo pusieron sanaron, y todo lo más del lugar fue sano de las ciciones, y esto mismo á acontecido en muchas; y son sin número los que sanan con la túnica y el silicio de esta bienaventurada sierva de Nuestro Señor a gloria y honra suya, el cuan [''sic''] vive y reina por siempre jamás. Amén. &lt;br /&gt;
______________________________________________________________________&lt;br /&gt;
[Línea gráfica de separación que puede indicar que existieron dos tiempos de redacción o bien que esta segunda parte fue copiada posteriormente a partir de otro texto, como puede interpretarse de la lectura de la nota marginal del f. 40r (véase nota 58)]&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[57]'' Algunos años después de fallecida la sierva de Dios y bienaventurada señora doña María de Toledo, sucedió que, habiendo dejado la labor, era encerrada mucha cantidad de lino en la casa de la labor [fol. 39r] donde también había telares y rast[r]illos y otros embarazos de madera; sin echarlo de ver, dejó emprendido el lino con alguna pavesa que cayó de la cera que llevaba en la mano, cerró la puerta, y fuese al dormitorio, donde se acostó y durmió muy descuidada. A la media noche la llamaron con palabras expresas diciendo: “Francisca de Santa Clara, levántate, que se quema la casa de la labor; pareciéndole sueño, se volvió a dormir, y lo mismo hizo segunda vez que la llamaron con las mismas palabras, hasta que la despertaron, [fol. 39v] tercera vez, levantose con muy gran pavor y, antes de llegar a la pieza, vio la luz que daba el fuego, halló la puerta que dejó cerrada abierta, y un repostero que estaba caído delante della estaba levantado en un clavo; entrando dentro, vio una grandísima llama y a la sancta señora con una calderilla en la mano echando agua en el fuego; tenía los pies descalzos como lo trujo hasta el día que murió; a vista desta religiosa se acabó de apagar el fuego sin haber hecho daño alguno. Tiénese por tradición en el convento que la sancta señora, [fol. 40r] entre otras cosas que pidió a Nuestra Señor para este convento, fue una que le librase de fuego; hanse visto en él cosas milagrosas en que Dios le ha librado deste peligro sin preceder diligencia ni reparo alguno, de donde inferimos que nuestra sancta madre nos defiende con su intercesión delante de Dios. &lt;br /&gt;
Ana de luna, mujer de Alonso de Perea ''[58]'', naturales de Toledo, ''[59]'' criaba un hijo a su pecho y, llorándole ya por muerto, le llevaron una clavellina que había estado sobre el cuerpo de la sierva de Dios [fol. 40v] y un vaso de agua en que había entrado su reliquia y, paladeándole con la flor mojada en el agua, al punto volvió en sí y tomó el pecho con alegría; los padres vinieron a velar todo un día donde está el cuerpo de la sancta en gracias de la merced recibida. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Un labrador de Polan entró con un carguio ''[60]'' en este convento y, lastimándose de verle muy flaco y amarillo a causa de estar cuartanario, le llevaron a que visitase el cuerpo sancto, y fue cosa maravillosa que, improvisamente, cobró fuerzas y salud y salió dando gracias a Dios y diciendo a [fol. 41r] voces que la sancta de Santa Isabel le había sanado, y lo mismo entró publicando en su pueblo, lo cual refirieron aquí después personas del dicho lugar. &lt;br /&gt;
Otras muchas cosas se dejan de poner aquí, guardándolas para el libro que se ha de imprimir de la vida y milagros de esta esclarecida sancta y verdadera imitadora de la pobreza evangélica…, [Folio arrancado]&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
===Notas===&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[1]'' Nota del editor: Falta aquí una hoja, un recto y verso donde, muy probablemente, se terminaba la lista de milagros y empezaba el relato de la ''Vida''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[2]'' Nota al margen: “Niñez”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[3]'' N. al m.: “Gracias a Dios por los [ilegible] dados”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[4]'' N. del e.: Marca de lectura en el margen inferior. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[5]'' N. al m.: “Limosna”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[6]'' N. al m.: “Charidad”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[7]'' N. del e.: “Niños de la piedra” es una expresión para denominar a los expósitos abandonados en la piedra de la capilla de San Pedro, en la catedral de Toledo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[8]'' N. al m.: “Frai Pérez le llama su confesor en la chrónica de… [ilegible].&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[9]'' N. del e.: Las beatas de Santa Mater Dei o “Beatas de Gaytán” fueron fundadas por Guiomar de Meneses, esposa de Lope Gaytán. Véase la vida de Guiomar de Meneses: URL: [[Guiomar_de_Meneses|https://catalogodesantasvivas.visionarias.es/index.php/Guiomar_de_Meneses]].&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[10]'' N. del e.: Marca de lectura en el margen inferior.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[11]'' N. al m.: “Penitencias”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[12]'' N. al m.: “Vestido”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[13]'' N. al m.: “Cama”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[14]'' N. al m.: Comida”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[15]'' N. del e.: Marca de lectura en el margen inferior.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[16]'' N. del e.: Parte del folio está arrancado.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[17]'' N. al m.: “Communiones pequeñas”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[18]'' N. al m.: “Abstinencia”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[19]'' N. al m.: “Charidad y limosna”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[20]'' N. al m.: “Charidad”. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[22]'' N. al m.: “Humildad”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[23]'' N. al m.: “Exemplo”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[24]'' N. al m.: “Ayunos”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[25]'' N. del e.: Marca de lectura en el margen inferior.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[26]'' N. al m.: “Frecuencia del sacramento”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[27]'' N. al m.: “Obediencia”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[28]'' N. al m.: “Abstinencia”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[29]'' N. al m.: “Penitencia y rigor consigo”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[30]'' N. al m.: “Exemplo”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[31]'' N. al m.: “Lágrimas de devoción”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[32]'' N. al m.: “Piedad”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[33]'' N. del e.: Marca de lectura en el margen inferior.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[34]'' N. al m.: “Devoción a la pasión Señor nuestro”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[35]'' N. al m.: “Favor del cielo”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[36]'' N. del e.: “Lo” por “no”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[37]'' N. del e.: Marca de lectura en el margen inferior.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[38]'' N. del e.: Marca de lectura en el margen inferior.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[39]'' N. del e.: Marca de lectura en el margen inferior.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[40]'' N. del e.: Marca de lectura en el margen inferior.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[41]'' N. del e.: Salmo 4, v. 9.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[42]'' N. del e.: Salmo 30, v. 6. También: Lucas 23, 46 y Actos 7, 59.&lt;br /&gt;
 &lt;br /&gt;
''[43]'' N. del e.: ''Introitus'' del primer domingo de Adviento (Ad te levavi), primer canto del año litúrgico.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[44]'' N. del e.: ''“Haec requies mea in saeculum saeculi”'', Salmo 131, v. 14. Parte de la antífona cantada en los oficios de muerte.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[45]'' N. del e.: Responsorio del Oficio de difuntos. Procedente de Lucas 16, 22. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[46]'' N. al m.: “Encomiéndase a ella”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[47]'' N. al m.: “Concíbese por su intercessión y reliquias”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[48]'' N. al m.: “Sana mal de ojos”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[49]'' N. al m.: “Ciática”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[50]'' N. al m.: “Conciben por su… [ilegible]”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[51]'' N. al m.: “Sana de ciciones”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[52]'' N. al m.: “Cuartanas”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[53]'' N. al m.: “Dolor de cabeza”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[54]'' N. al m.: “Brazo quebrado”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[55]'' N. al m.: “Ciciones” (calenturas).&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[56]'' N. al m.: “Ciciones”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[57]'' N. al m.: “Fuego”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[58]'' N. al m.: “Diego dio la relación de mí para la abbadesa”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[59]'' N. al m.: “Agua”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[60]'' N. al m.: “Cuartanas”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
= Vida manuscrita (2)=&lt;br /&gt;
Ed. de [http://visionarias.es/equipo/sergi-sancho-fibla/ Sergi Sancho Fibla]; fecha de edición: junio de 2021; fecha de modificación: enero de 2026.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
== Fuente ==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[[Archivo:María de Toledo Yanguas.jpg|250px|right|Manuscrito|link=]]&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
* [http://catalogodesantasvivas.visionarias.es/index.php/Categor%C3%ADa:Lucas_de_Yanguas Yanguas, Lucas de], 1684. ''Breve catálogo de los siervos de Dios así religiosos como religiosas de la Tercera Orden que han fallecido con singular opinión y fama de muy virtuosos en la santa Provincia de Castilla''. Ms. C/12 del Archivio Generale dell’Ordine dei Frati Minori AGOFM, Roma, fols. 8v-13v. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[[Contexto material del manuscrito Breve catálogo de los siervos de Dios]] ''así religiosos como religiosas de la Tercera Orden que han fallecido con singular opinión y fama de muy virtuosos en la santa Provincia de Castilla''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
== Criterios de edición ==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El texto se ha actualizado a las normas de ortografía vigentes. Esto conlleva la normalización de las grafías h, b/v, j/g, i/y; los cambios de qu a cu. Sin embargo, se han conservado el laísmo (muy presente) y un más escaso leísmo. En cuanto al grupo de sibilantes, se han normalizado tanto las -ç- como las -sc- y -ss-. Tanto la puntuación como la acentuación han sido normalizadas. También lo ha sido el uso de las mayúsculas y la separación o unión de palabras. Los nombres propios de personajes y lugares han sido modernizados para facilitar su reconocimiento. La-u- intervocálica y la v han sido unificadas como “v”, así como las diferentes grafías de la s. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==Vida de María de Toledo==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[Fol. 8v] Entre las personas ilustres en sangre y nobleza que, dejadas de las pompas del siglo, esmaltaron el oro de su calidad con la pobreza y humildad del sayal grosero y pobre de Nuestro Padre San Francisco, fue una de las que más créditos han dado a la religión seráfica y más frutos para el Cielo la muy ilustre y venerable señora Doña María de Toledo. La cual fue hija legítima de Pedro Suárez de Toledo y de Doña Juana de Guzmán, señores de la villa de Pinto. Nieta de Garci Álvarez de Toledo y bisnieta de Don Garci Álvarez de Toledo, rebisnieta de Fernando Álvarez de Toledo y cuarta nieta del maestre de Santiago, tercero Señor de Oropesa, cuya ascendencia de la Casa de Toledo tiene dignamente asegurados los créditos de la nobleza desde el conde Don Pedro en tiempo del rey Don Alonso el Sexto, honrándose con los escaques blancos y azules de su divisa los duques de [fol. 9r] Alba, condes de Oropesa, marqueses de Salvatierra y otros ilustrísimos estados, materia en que no es necesario alargarse más, por ser tan notoria dentro y fuera de estos reinos de España. &lt;br /&gt;
Nació Doña María en la imperial ciudad de Toledo, siendo entre tantas grandezas que la ilustran no la menor haber sido patria de tan prodigiosa y santa matrona. Su nacimiento dichoso fue por los años de 1435, siendo pontífice Eugenio Cuarto y rey de Castilla y León Don Juan el Segundo. Nació para mucha gloria de Dios esta sierva y para ejemplar de virtudes. Su niñez comenzó a dar muestras de lo que había de ser en edad perfecta, siendo sus entretenimientos pueriles hablar de la vida de los santos, el rosario, las devociones, las limosnas y misas. Con la edad iba cobrando más fuerza su virtud y, al paso de esta, el amor de sus padres, que entre lo noble de su sangre hacían lugar a la piedad cristiana. Apenas supo discernir la vanidad y la virtud cuando se declaró parcial de la virtud y opuesta a la vanidad: despreciaba sus pompas, ofendíase de las galas, siéndole uno de los principales motivos a aborrecerlas conocer el perdimiento de tiempo que ocasionaban. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Cuando ya Doña María había tomado el gusto al trato interior con Dios, se le hacía poco el tiempo para asistirle. Comenzó desde sus tiernos años a ejercitar la misericordia con los pobres, dejando su comida con que algunos aliviasen su necesidad. Así iba dando principio a la tarea religiosa de sus ejercicios tan sin darlo a entender en su familia que hasta de su madre se recelaba porque no se los impidiese el cariño, o porque sólo lo supiese el Señor por quien los obraba. A sus solas se quitaba las galas que era preciso usar según las obligaciones de su estado. Dejaba el lecho en dejándola recogida [''sic''] y pasaba largos espacios en dulces coloquios con Dios por medio de la oración. Bien conocían sus padres que la virtud iba tomando entera posesión del alma de su hija y hacíanse desentendidos por no verse obligados a ponerla leyes en sus ejercicios y, aunque sentían sus retiros, sus virtudes los [fol. 9v] doblaban el gozo y, al paso de mirarla con tan ventajosas prendas, deseaban ver de ellas buen gozo, dándola un esposo digno. Pero ella, que ya tenía hecha su elección de su esposo divino, se desconsolaba mucho sólo con oír pláticas en orden a matrimonio, que es lo que pretendían sus padres. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Persuadíanle con razones y ejemplos de muchas santas que ha habido en la iglesia sin que el estado de casada las quitase ser muy virtuosas. Viendo sus padres que, dejada a su albedrío, se frustrarían sus deseos, la manifestaron su voluntad, con que se dio por vencida su constancia por no faltar a su gusto porque los amaba y veneraba juntamente. Y entre los muchos señores que solicitaban tan ilustre prenda, le cupo la dichosa suerte de ser su esposo al ilustre Garci Méndez de Sotomayor, Señor del Carpio. Y ajustadas, celebradas las bodas dejando la casa de sus padres, partió al lado de su esposo a la Andalucía. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Esmerose Doña María en las perfecciones que cabían en aquel estado, siendo su estudio servir con primor y, en primer lugar, al divino Dueño de las almas, sin hacer la menor falta a su esposo. Su cuidado era socorrer a los pobres, remediar a los huérfanos y pacificar sus vasallos, sin que acertase a dar gusto a su marido en cuanto obraba: disposición pudo juzgarse de la divina providencia por que no se le pegase el afecto de las criaturas. No tenían sucesión, de donde nacieron más crecidos los disgustos, y noticiosos los padres de Doña María del estado en que se hallaba, alcanzaron licencia para volvérsela a su casa, que concedió con facilidad su marido, por el mucho desazón que tenía. Y, llegando a Toledo, fue recibida con alegría común de sus padres y de su patria, y a poco tiempo de haber llegado tuvo noticia cómo su esposo había muerto, nueva que lastimó su corazón y que llevó con cristiana conformidad, creyendo que Dios la había librado de aquel vínculo para que atendiese a su servicio con mayor desembarazo. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Hallándose en su viudez temprana, comenzó a darse con más veras al ejercicio de las virtudes. Visitaba los hospitales de la ciudad donde hacía con los pobres cuanto dictaban los fer- [fol. 10r] vores de la cristiana misericordia, empleando en su beneficio no pocas veces hasta las tocas que cubrían su cabeza. A su costa se daban dotes a las huérfanas, de su casa salía la comida y el vestido para los pobres vergonzantes, de su hacienda se pagaban las deudas de los que padecían en las cárceles por ser pobres, enviaba rescate a los cautivos y, no contento su espíritu con las obras corporales de misericordia, pasaba a sacar del estado de la culpa a muchas almas. A los enfermos que visitaba exhortaba a recibir los sacramentos y no se proponía obra de virtud a que no estuviera pronto su ánimo, disponiéndolo Dios blandamente que sus padres no la fuesen a la mano. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Al paso de lo activo corría lo contemplativo en esta sierva de Dios, a cuyo fin (en compañía de la devota [[Juana Rodríguez]], discípula de su fervor de quien se hace mención en el año de 1505) ''[1]'' iba descalza todas las noches de los maitines de la Santa Iglesia de Toledo, donde perseveraba en oración por largos espacios, encendiéndose en el trato del Criador, para salir a beneficiar las criaturas. Su fervor llegó a tanto en orden a contemplar los beneficios y perfecciones divinas que, dejando encargado a personas de confianza el socorro de los pobres de que cuidaba, se retiró a la santa iglesia sin que saliese de sus puertas de día ni de noche en el espacio de un año, en el cual no comunicó con persona alguna, sino con Juana Rodríguez su compañera, y con su confesor, el Padre fray Pedro Pérez de la Orden seráfica, cuya virtud, letras y prudencia se dio bien a conocer en el gobierno y dirección de Doña María. Preparábase esta sierva de Dios para la oración con disciplinas rigurosas, el sueño corto le tomaba sobre la tierra sin otro abrigo. Habíase ya desnudado el monjil y vestídose un saco tosco que la servía de cilicio. El día de comunión no comía más que pan y agua, y los demás días al pan añadía alguna hierba. Así debilitaba la carne y así crecía su espíritu. Hízole Dios señalados favores que escribió por manda- [fol. 10v] to de su confesor. Perdiolos su convento de Santa Isabel y siempre se llora en él descuido tan notoriamente culpable, sirviéndole de castigo de haberlos dado en confianza la pena de estar sin ellos. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Revélala Dios la restauración del Reino de Granada, viéndola derramar tantas lágrimas repetidas por la conversión de tantas almas engañadas por el pérfido Mahoma. A instancia de la Sierva de Dios, a quien habían llamado los Reyes Católicos a Segovia, instituyeron el Santo Oficio de la Inquisición, crisol de nuestra santa fe. Y, habiéndolo conseguido por la estimación que los Católicos Reyes hacían de sus prendas y virtudes, sin que sus ruegos fueran bastantes a detenerla en Segovia, volvió a Toledo a proseguir sus ejercicios, de donde había faltado seis meses; y luego que llegó, pareciendo a su espíritu que caminaba a lentos pasos, dejó la casa nobilísima de sus padres y se entró a servir en el hospital de la Misericordia, por estar donde con más facilidad pudiese ejercitar la suya, supliendo con esta mayor continuación lo que había faltado en los seis meses de ausencia. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Tomó en el hospital para su habitación un aposentillo tan estrecho y oscuro que más parecía sepultura de muertos que aposento de vivos. Acomodó para su carne unas pobres pajas, para cobertor una manta de pelos de cabra y la almohada de lo mismo. Su hábito era un saco de jerga que ajustaba a las muñecas y cintura con una soga. Cubría la cabeza con un pedazo de estopa, todo acomodado para la decencia de la honestidad y todo indicio de su penitencia y del desprecio del mundo. Ejercitaba con los pobres todos los ejercicios de enfermera y de criada: todo el día los asistía, toda la noche los velaba, hacía muchas veces la cama al que veía con inquietud, lavábales las bocas, limpiábales las llagas, aconsejaba y fervorizaba a los moribundos, alumbraba a los que agonizaban, sazonábalos la comida, dándolos por su mano las substancias y, los ratos que la permitía esta tarea, se retiraba a la oración, a las disciplinas y otros ejercicios a su aposentillo, hasta que al ser de día los volvía a visitar y a ejercitar [fol. 11r] su piedad con ellos, limpiando de sus aposentos todo lo que les podía ser molestia y mal olor. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Al ejemplo raro de esta señora se debió la istitución de la célebre Hermandad que se fundó en Toledo del Hospital de la misericordia, sentando plaza de cofrades los más nobles de la ciudad y, para que se ayudase al socorro de los pobres, de más de las limosnas asignó Doña María de sus bienes veinticinco mil maravedíes de juros perpetuos. Del hospital salía esta sierva de Dios con su compañera por las calles y plazas de Toledo, donde se vio tan venerada y conocida a pedir limosna para su hospital, volviendo a él cargada de todas las cosas que compraba para los pobres sin rehusar dejarse ver cargada de escoba, de vidrios, mantas y otras cosas necesarias, para los enfermos. Encontrábanla sus deudos, que humanamente disgustados la volvían el rostro, mirándola como a quien les parecía era lunar feo de su nobleza y sólo se contentaban con juzgarla por loca. A la opinión de los demás se hacía también Doña Juana de Guzmán, su madre, poniendo los medios que se le ofrecían a su caridad para reducirla a su casa, donde la curase su locura, mas nada bastaba a entibiar la llama de su amor y de la caridad encendida que se había apoderado de su corazón, y se juzgaba dichosa de que se ofreciesen muchos de estos lances para parecer algo por su amado Jesús. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
La continua tarea de estas molestas ocupaciones, sus vigilias y ayunos continuos tuvieron tanta fuerza que ocasionaron en la sierva de Dios una enfermedad tan recia que ya los médicos perdieron la esperanza de su mejoría, y así solo la recetaron se le diesen los santos sacramentos y, habiéndolos recibido con mucho consuelo de su alma, quedó difunta al juicio de los circunstantes, sin señal alguna de vida y con todas las demostraciones de difunta, y, divulgándose que era muerta María la Pobre (que este era ya en estos tiempos su nombre), fue en toda la ciudad común la tristeza y el desconsuelo. En particular llegando a su madre esta noticia, ya no disgustada sino afligida de oír decir que ya habían sacado el cuerpo de su hija de su celdilla a la capilla de Gaitán [fol. 11v] que era la del hospital, y que se trataba de darla sepultura, salió apresurada de sus casas, y viendo a su hija muerta, llevada del afecto de madre, se hincó de rodillas delante de una imagen de Nuestra Señora pidiéndola con fervorosas lágrimas restituyese la vida a su hija, pues era fácil a su intercesión; y, tomando a la imagen el santo niño Jesús que tenía en los brazos, la dijo: si no me dais la hija que os ruego, yo no he de volver a vuestro hijo, a cuya devota sinceridad y tiernas lágrimas inclinada la madre de clemencia restituyó a la vida a la difunta. Abrió los ojos, meneó los miembros y reconociose viva con universal gozo de los que se hallaron presentes, en especial de su madre, y con orden de los médicos, que declaraban convenía así para su convalescencia, sacando a la sierva de Dios con grave sentimiento suyo del hospital, la llevó a su casa con el gozo de quien consideraba que la recibía de nuevo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Convalesció Doña María, siendo su salud tan milagrosa como la cura de su enfermedad y, conociendo que la segunda vida se le debía únicamente a Dios, determinó que Su Majestad fuese único empleo. Quisiera volverse con sus pobres, mas no se lo permitían los médicos ni su confesor. Dábase continuamente a la contemplación a título de faltarle las otras ocupaciones, resolvió a ir en peregrinación a visitar aquellos Santos Lugares en que obró nuestro rescate. Contradecíanla los suyos esta determinación piadosa, mas ya estaba enseñada a no hacer aprecio de sus contradicciones. Y así, a pie, descalza, y sin humano abrigo estaba ya para comenzar su jornada con su compañera, y, poniéndose en oración, pidiendo al Señor que fuese su guía, salió de ella mudados los intentos y cedió su voluntad a la divina. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Continuando su oración aquellos días, pedía con mucho fervor a Dios la diese a entender cómo le sería más agradable y entendió con luz superior que Su Majestad se daría por servido que fundase un convento de religiosas, donde muchas almas consagradas a perfecta religión serían a Dios de especial culto y de agradable servicio. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Diose por entendida a la divina voluntad [fol. 12r] y viniendo a este tiempo a Toledo los Señores Reyes Católicos, gustosos del empeño de Doña María, la dieron para fundación del convento las casas en que hoy está fundado, en cuya recompensa, a devoción de la reina, se puso el convento a la advocación de Santa Isabel de Hungría. Y tomando los Reyes Católicos el convento a su protección, se comenzó a llamar de Santa Isabel de los Reyes. Dio Doña María para esta fundación toda su hacienda, resignando a este fin en los Reyes más de siete cuentos. Asistieron sus Majestades a la renunciación que hizo la sierva de Dios Doña María de todo lo temporal, y así, entrada en el convento con algunas de sus criadas. Y esto fue el año del Señor del 1477, siendo Vicario Provincial de Castilla el M. R. Padre Fr. Juan de Tolosa, que fue confesor de la Reina Católica. Las casas que dieron a Doña María los Reyes, habían sido de los Señores de Casarrubios y estaban en la parroquia que dicen de San Antolín la cual, a instancia de sus Majestades, el Santísimo Inocencio VIII la incorporó al convento en 3 de octubre del año 1488, cometiendo el negocio el gran Cardenal de España, Arzobispo de Toledo y los beneficios y demás cosas de la parroquia se trasladaron a la iglesia muzárabe de San Marcos. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Algún tiempo estuvo la Venerable Madre Doña María con el oficio de abadesa y prelada de su nuevo convento, guardándose en él la Tercera Regla de nuestro Padre San Francisco, hasta que deseosa la venerable señora de estrecharse a Dios con más fuertes lazos, habiéndolo comunicado con aquel gran Príncipe de la Iglesia Don Fray Francisco Ximénez de Cisneros, Arzobispo de Toledo, tomó para sí y su convento la clausura y Regla de la gloriosa Santa Clara. Habiendo sido el Cardenal quien solicitó su petición y se la propuso al Santísimo Inocencio VIII, que la despachó benignamente por medio del Cardenal Julio, Obispo de Ostia, y la intimó en Toledo aquel gran varón el Doctor Francisco Álvarez de Toledo, Maestre escuela de la Santa Iglesia y la data de la última es año de 1481, en 18 de noviembre, ''Pontificatus Innocentii anno'' 1º. Profesó la venerable abadesa los cuatro votos de la [fol. 12v] Regla de Santa Clara, en cuya observancia fue puntualísima y sin defecto alguno toda su vida. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Fue devotísima de la sagrada comunión, disponiéndose cada día con más estudio de virtudes al paso que la frecuentaba más. Los días de comunión, con ser tantos, no comía bocado hasta la noche, y entonces hacía su comida de unas pocas almendras. Mandola un prelado que moderase estos ayunos y que siempre tomase algo de lo que la ponían como a las demás en la mesa, y solía cumplir este mandato, tomando una almendra o una pasa. Las demás penitencias suyas eran admirables. Hizo tejer una túnica de cerdas y lana de cabras, y de esta usaba cogiéndola desde el cuello a los pies y la traía apretadísima al cuerpo. Tomaba disciplinas con instrumentos de hierro en que derramaba mucha sangre y andaba llena de llagas. Era muy caritativa para con las enfermas y la primera en los oficios más humildes. Tenía todas las noches dos horas de oración antes de maitines, asistía a ellos, y después hasta la mañana no salía del coro. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Hallábase la pobre de Cristo interiormente tan asistida de consuelos y quisiera ayudar a su esposo a sentir sus dolores. Pidioselo con sumisión e hízola ese favor enviándola una prolija y penosa enfermedad que, por espacio de un año, la atormentó con exceso sin que la calidad de este achaque llegase a noticia de la humana medicina. Decía, significando lo que padecía, que los huesos y nervios la parecía desencajarse todos de sus lugares sin poderse menear, si no por mano ajena. No se le oyó en este tiempo la menor queja, y si alguna vez al ruego de sus hijas decía algo de sus males, luego las pedía perdonasen el mal ejemplo de su impaciencia. No le estorbaban estos dolores el trato interior con Dios, llenándole de suavidades y, aunque el cuerpo padecía, el alma gozaba. Ya se llegaba el tiempo en que la sierva de Dios pasase a la posesión de la corona, que ganó en tanto años de vida de perfección. Agravándosele cada día sus desmedidos dolores y reconociendo que eran las aldabadas con que la llamaba el esposo a entrar a las eternas bodas, por no morir fuera de la comunidad pidió la llevasen al dormitorio. Y, habiéndole dado una ardiente calentura, recibió todos [fol. 13r] los sacramentos. Estuvo dos horas recogida en sí, sin admitir alguna comunión humana. Volviose a sus hijas y exhortolas con grande espíritu a la unión fraternal y observancia de su profesión. Hiciéronla algunas preguntas y de sus respuestas se conocieron los amores que Cristo Señor Nuestro y su Santísima Madre la hicieron, visitándola y asistiéndola en aquella hora; y despidiéndose de sus hijas y diciéndolas “quedad en paz”, cerrando los ojos como para tomar el sueño, sin más movimiento dio su bendita alma a su esposo y señor, un lunes al amanecer en que se cumplía un año de su enfermedad. De edad de 70 años y 30 de religión, a tres de julio de 1505. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Llenose la estancia de celestial olor y su cuerpo quedó con admirable claridad y hermosura. Llenose de lágrimas el convento, de tristeza la ciudad y la comarca, y todos acudían al convento aclamándola por santa. Oyose en el punto que expiró suave música de extraordinarias voces y lo mismo sucedió al levantar el Santísimo Sacramento de la misa y al llevarla en hombros los religiosos a la bóveda del entierro. La muerte se ocasionó últimamente de landre, a cuya causa echaron sobre el cuerpo y rostro cal viva, mas pasados dos meses, reconocidas de este yerro las religiosas, con licencia que pidieron para ello el día de San Mateo de aquel año sacaron del coro el cuerpo, hallándole tan entero y tratable como cuando estaba vivo. Sólo el rostro tenía de color más moreno, ocasionado de la cal que la habían echado. Volviéronle a la bóveda hasta el día de la traslación de San Luis y le colocaron en una concavidad sobre la puerta del coro; y en el año de 1574, siendo Provincial de Castilla el R. P. fr. Juan de Alagón, se puso en el hueco del altar que hay en el coro entre las dos rejas, con la misma incorrupción y flexibilidad de miembros. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
A la hora en que dio su alma a su criador la Venerable Madre María la Pobre, estaba en oración un devoto religioso vicario del convento de la Madre de Dios de nuestro Padre Santo Domingo de la misma ciudad de Toledo, el cual vio en espíritu una festiva procesión de ángeles y santos, y en medio, entre las gloriosas Santa Clara y Santa Isabel, a la dichosa pobre adornada de celestiales atavíos, y le fue significado quién era y cómo aquellos ata- [fol.13v] víos se le habían dado en premio del desprecio del mundo, y toda aquella gloria por sus singulares virtudes, por las cuales era llevada a la gloria de la eternidad con tan solemne pompa, y que aquel día había sido uno de los más célebres que se habían gozado en la celestial Jerusalén. Y en esta conformidad lo contó el devoto Padre a las religiosas del convento de Santa Isabel, afirmándolo y certificándolo para gloria de su abadesa y para su edificación.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Ha obrado, por la intercesión de esta sierva de Dios, Su Majestad muchos milagros, dando salud a diversos enfermos encomendándose a sus méritos, y así mismo por medio de sus reliquias volvió a la vida un niño y una mujer, que estaban dejados por muertos, y cada día se experimentan, a la invocación de esta sierva de Dios, repetidas maravillas. Escribió su vida con su acostumbrado y primoroso estilo el doctor don Tomás Tamayo de Vargas, cronista de estos reinos y la sacó a la luz dedicada a la majestad católica del Rey Don Felipe tercero, año de 1616 ''[2]''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
===Notas===&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[1]'' El autor se refiere aquí al año de la muerte de Juana Rodríguez, dato que podría haber recogido (“se hace mención”) de la Crónica de Marcos de Lisboa (1570). &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[2]'' Se refiere a la vida de Tamayo de Vargas, también publicada en el Catálogo:  Tamayo de Vargas, Tomás, 1616. ''Vida de Doña María de Toledo, señora de Pinto, y despues Sor María la Pobre, fundadora y primera Abbadessa del Monasterio de Sancta Isabel de los Reies de Toledo''. Toledo: Diego Rodríguez.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
= Vida impresa y manuscrita=&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Ed. de [http://visionarias.es/equipo/maria-aboal-lopez/ María Aboal López] (impresa) y [http://visionarias.es/equipo/veronica-torres-martin/ Verónica Torres] (manuscrita); fecha de edición: octubre de 2020 y junio de 2021.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
== Fuente ==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[[Archivo:XV María de Toledo.jpg|250px|right|Manuscrito|link=]]&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
* [http://catalogodesantasvivas.visionarias.es/index.php/Categor%C3%ADa:Francisco_de_Pisa Pisa, Francisco de], 1605. ''Descripción de la Imperial Ciudad de Toledo e Historia de sus antigüedades y grandeza y cosas memorables que en ella han acontecido, de los Reyes que la han señoreado y gobernado en sucesión de tiempo, y de los arzobispos de Toledo, principalmente de los más celebrados'', Toledo: Pedro Rodríguez, Imprenta Real, fols. 275r, 276v-277r.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
* [http://catalogodesantasvivas.visionarias.es/index.php/Categor%C3%ADa:Francisco_de_Pisa Pisa, Francisco de], 1612. ''Apuntamientos para la segunda parte de la Historia de Toledo''. Biblioteca de Castilla-La Mancha, Ms. 193, fols. 78-81.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[[Contexto material del manuscrito Apuntamientos para la segunda parte de la Historia de Toledo]]&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
== Criterios de edición==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Aunque esta vida en el libro impreso forma parte de una enumeración de santos y, por tanto, no es propiamente una hagiografía, la recogemos aquí para que quede constancia de su inclusión en esta obra del siglo XVII. Se adoptan los criterios de edición de vidas impresas estipulados en el Catálogo, es decir, se moderniza la ortografía (b/u/v, j/g, chr/cr, qu/cu, empleo de h, etc.), las sibilantes y se eliminan las consonantes geminadas. El uso de mayúsculas y minúsculas se moderniza, así como la acentuación y puntuación, que se adapta a la actual. No obstante, se ha mantenido la escritura de “monesterio” y la no separación en “deste”. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En cuanto a la continuación manuscrita de la misma obra, aparece en un manuscrito del siglo XVIII con este título: “En este libro se contienen los ''Apuntamientos para la segunda parte de la Historia de Toledo'' que prometió escribir el Doctor Francisco de Pissa Decano en las Facultades de Santa Theologia, y Artes Liverales, y Cathedratico de Escriptura en la Insigne Universidad de Toledo: fechos y ordenados por el mismo, en el año de 1612”. La alusión a María de Toledo se integra en el apartado correspondiente al monasterio Real de Santa Isabel. Se siguen los criterios establecidos en el catálogo para fuentes impresas, es decir, se moderniza la ortografía (b/v, j/g, qu/cu, etc.), así como el uso de mayúsculas y la acentuación y puntuación, que se adapta a la actual. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==Vida de María de Toledo==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''(1605)'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[Libro Quinto] &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[Fol. 275r]&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Capítulo XXXVI'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Catálogo o lista de santos propios de esta ciudad de Toledo'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[…]&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[Fol. 276v] […] Doña María de Toledo, que se quiso nombrar sor María la pobre, monja y abadesa del hábito y Orden de Santa Clara de la observancia, en el monesterio de santa Isabel de los Reyes, que ella fundó en esta ciudad en unas casas grandes que los Reyes Católicos le dieron para este efecto, junto a la iglesia parroquial de San Antolín en esta ciudad; falleció a tres de julio de mil y quinientos y siete. Clareció en milagros; su [fol. 277r] cuerpo está enterrado y se muestra entero en el coro de las monjas deste monesterio. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''(1612)'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''El monasterio Real de Santa Isabel'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[Fol. 78] Asimismo, cae en este distrito de la parroquial de San Antolín el monasterio Real de Santa Isabel de los Reyes, que es de monjas de Santa Clara, fundado desde su principio por doña María de Toledo, la [que se] quiso nombrar Soror Ma- [fol. 79] ría la Pobre por menosprecio del mundo, hija de Pedro Suárez de Toledo y de doña Juana de Guzmán, su mujer, Señores de Pinto. La cual fundó este monasterio por los años del señor de 1477, en el cual vivió otros 30 años santamente haciendo Nuestro Señor por ella muchos milagros así en su vida como en su muerte, de que se tiene noticia y están autorizados, y de ellos se hará mención en un cuaderno aparte. Su cuerpo está sepultado en el coro de las monjas tan entero como se puso al principio. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y fue así que teniendo esta santa propósito y devoción de fundar un monasterio de monjas con la [fol. 80] advocación de San Francisco, siendo ella de la Orden Tercera del mismo santo, viniendo a esta ciudad los Reyes Católicos don Fernando y doña Isabel, y sabido por ellos el santo propósito de doña María, para ayudarla en su buen deseo la hicieron merced y gracia de aquellas casas reales, que eran suyas, y por memoria y devoción de Santa Isabel de Hungría, que era también de la Tercera Orden del santo, fue dedicado el monasterio a esta misma santa, y se llama de Santa Isabel de los Reyes, esto es, de los Reyes Católicos, cuyas eran las casas. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Asimismo, los dichos señores Reyes Católicos con autoridad apos- [fol. 81] tólica y del arzobispo de Toledo, dieron a las monjas la iglesia de San Antolín, que era parroquial, como está dicho, y les venía muy a cuento a las monjas para su iglesia. De este monasterio se hallará escrito en las Crónicas de San Francisco, 3ª parte, lib. 8, cap. 15, y la Vida de esta santa María la Pobre escribe el reverendísimo fray Francisco Gonzaga, obispo que al presente es de Mantua, en la 3ª parte de la Historia Seráfica en la provincia de Castilla, tratando de este monasterio de Santa Isabel.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
= Vida impresa (1)=&lt;br /&gt;
Ed. de [http://visionarias.es/equipo/veronica-torres-martin/ Verónica Torres Martín]; fecha de edición: noviembre de 2020&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
== Fuente ==&lt;br /&gt;
* [http://catalogodesantasvivas.visionarias.es/index.php/Categor%C3%ADa:Pedro_de_Alcocer Alcocer, Pedro de], 1554. “Libro segundo, en que particularmente se escribe el principio, y fundamento desta sancta ygleia de Toledo…”, ''Hystoria, o descripcion dela Imperial cibdad de Toledo. Con todas las cosas acontecidas en ella, desde su principio, y fundacion. Adonde se tocan, y refieren muchas antigüedades, y cosas notables de la Hystoria general de España'', Toledo: Juan Ferrer, fols. 106v col. b - 107r col. b.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[[Contexto material del impreso Hystoria, o descripcion de la Imperial cibdad de Toledo]]. ''Con todas las cosas acontecidad en ella, desde su principio, y fundacion. Adonde se tocan, y refieren muchas antigüedades, y cosas notables de la Hystoria general de España''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
== Criterios de edición ==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El relato aparece en el libro segundo de la ''Historia, o descripción de la imperial ciudad de Toledo'', impreso en 1554, en el que se describe la fundación de los monasterios, hospitales y lugares píos de la ciudad de Toledo. La vida de María de Toledo se integra en el decimoquinto capítulo, en el que se ejemplifica la fundación del monasterio de Santa Isabel de los Reyes. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Se siguen los criterios establecidos en el catálogo para fuentes impresas y, por ello, se ha decidido respetar la morfología de las palabras con interés morfológico o fonológico con la intención de no perder los valores fonéticos, léxicos y sintácticos de la época. Asimismo, se han conservado las grafías de sibilantes por tratarse de un impreso de mediados del siglo XVI. Además, para facilitar la localización del texto, se indica el folio (r-v) y la columna correspondiente (a-b). &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==Vida de María de Toledo==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Capítulo XV'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Del monesterio de Santa Isabel de los Reyes'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[fol. 106v col. b] El devoto monesterio de Santa Isabel de los Reyes de esta ciudad de Toledo, que es de monjas de la Orden de Santa Clara, fue en su principio fundado por doña María de Toledo, hija de Pero Suárez de Toledo y de doña Juana de Guzmán, su mujer, señores de Pinto. La cual, siendo desde sus tiernos años empleada en servicio de Nuestro Señor con grande y maravilloso hervor de devoción y queriendo al fin de sus días perficionar este amor y gran desseo del servicio de Dios, fundó este católico ''[1]'' monesterio en el año del Señor de 1477 años, siendo ella de edad de 40 años, en el cual vivió santamente treinta años, haziendo Nuestro Señor por ella muchos miraglos, assí en vida como en muerte. Siendo, pues, esta señora de edad de 39 años, hubo una grande enfer- [fol. 107r. col. a] dad en la cual fue divinalmente amonestada que fundasse un monesterio adonde mejor pudiesse salvar su ánima y la de otras. Lo cual de tal manera inprimió en su coraçón que nunca de él se apartó, y, como Dios nuestro Señor había de ser tan servido de ello, ordenó cómo este su santo desseo hubiesse efecto y casi ''[2]'' acaeció que, viniendo por estos días a esta ciudad los Reyes Católicos y sabiendo el santo propósito de esta doña María, quisieron como católicos favorecer y ayudar su buen desseo. Para ayuda del cual le hizieron merced de aquellas casas, adonde hizieron el monesterio de Santa Isabel, que eran suyas de ellos. Y por esto, en memoria de esta Católica Reina, tomó tal nombre. Recebida esta donación, esta religiosa mujer començó a entender con gran diligencia en la obra de esta santa casa, a lo cual le ayudó con gran cantidad de dineros doña Juana de Toledo, su hermana. Y siendo acabado este monesterio, la dicha doña María de Toledo se encerró en él con otras dos religiosas de honesta vida en el año susodicho y, aun de más de estas dos religiosas, recibió después otras algunas por amor de nuestro Señor y por la bondad que en ellas conocía. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y el cuerpo de esta santa mujer está en el coro de las religiosas tan sano y entero como cuando allí se metió. Y, habiéndoles dado los Reyes Católicos a estas santas vírgines esta dicha casa, les dieron también por autoridad apostólica y arçobispal la iglesia de S. Antolín, que era parroquial y les venía muy a propósito para su iglesia y la perroquia ''[3]'' que en ella estaba se passó a la iglesia de S. [fol. 107r col. b] Marcos, que era muçárabe, adonde agora está, y esto fue casi tres años después que en esta casa entraron. Está sepultada en el coro de estas religiosas la reina princesa doña Isabel, hija mayor de los Reyes Católicos, que fue primero casada con el príncipe don Alonso de Portugal, que murió en Santarén de caída de un caballo, y después con el rey don Manuel de Portugal, que por muerte del dicho príncipe heredó aquel reino. La cual, aunque murió en Çaragoça, se mandó traer a esta santa casa y que la sepultassen en el coro en una sepultura llana y humilde entre las religiosas. Y, entonces, sacaron de él a doña Inés de Ayala, que estaba en él sepultada (desde antes que estas religiosas tomassen la possesión de esta iglesia), y la pusieron a la mano derecha del altar mayor con un letrero por do parece que esta señora fue mujer de Diego Fernández, mariscal de Castilla, y agüela de la reina doña Juana de Aragón, madre del Católico Rey don Fernando.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
===Notas===&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[1]'' Aparece escrito “cathoiico”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[2]'' Posible errata por “así”. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[3]'' Se respeta la oscilación vocálica al escribir esta palabra y sus derivaciones.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
= Vida impresa (2)=&lt;br /&gt;
Ed. de [http://visionarias.es/equipo/sergi-sancho-fibla/ Sergi Sancho Fibla]; fecha de edición: julio de 2021. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
== Fuente ==&lt;br /&gt;
* [http://catalogodesantasvivas.visionarias.es/index.php/Categor%C3%ADa:Marcos_de_Lisboa Lisboa, Marcos de], 1570. ''Tercera parte de las Chrónicas de la Orden de los Frayles menores del Seráphico Padre S. Francisco (…) nuevamente ordenada y sacada de los libros y memoriales de la Orden (…)''. Salamanca: En casa de Alexandro de Cánova, fols. 210r-212r.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[[Contexto material de la Tercera parte de las Chrónicas de la Orden de los Frayles menores del Seráphico Padre S. Francisco]] ''(…) nuevamente ordenada y sacada de los libros y memoriales de la Orden (…)''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
== Criterios de edición ==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
La primera y la segunda partes de esta crónica se editaron en portugués por primera vez en 1557 y 1559 respectivamente. Sin embargo, esta tercera parte fue publicada en Salamanca en 1570 directamente en castellano. Es posible que primero fuera redactada por Marcos de Lisboa en portugués y que se tradujera para esta edición, pero la publicación lusa fue posterior y no existe rastro del original. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El texto se ha actualizado a las normas de ortografía vigentes. Esto conlleva la normalización de las grafías h, b/v, j/g, i/y; los cambios de qu a cu. Sin embargo, se ha respetado la morfología de las palabras de interés fonológico o etimológico (mayormente latinismos) y de fácil comprensión. También se han conservado el laísmo (muy presente) y un más escaso leísmo. Se ha mantenido el uso de “cúya” en función de pronombre interrogativo: “sin saber cúya era”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En cuanto al grupo de sibilantes, sólo se mantiene la -ç- y la -sc-, y se respetan los grafemas -s-/-ss-. También se han conservado “desto”, “desta”, “della”, pero “d’él” se ha separado mediante el apóstrofo. La grafía x se ha respetado como sonido dorsopalatal fricativo: dexar, exemplo. En cambio, la i como fonema /j/ se ha modernizado para facilitar su comprensión. &lt;br /&gt;
Tanto la puntuación como la acentuación han sido normalizadas. También lo ha sido el uso de las mayúsculas y la separación o unión de palabras. Los nombres propios de personajes y lugares han sido modernizados para facilitar su reconocimiento. La -u- intervocálica y la v han sido unificadas como “v”. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Por último, por su posible interés para los estudiosos de la historia del libro, las abreviaturas han sido desarrolladas, en la medida de los posible, mediante el uso de cursivas (incluso &amp;amp; y &amp;amp;c). En el caso de “f.”, se ha optado por “f''ray''” en vez de “f''rater''” por el uso que hace el texto de la misma palabra. El uso de la cursiva se ha conservado, ya sea en los latinismos, las citas o en los títulos de obras. Además, las citas, originalmente también en cursivas, se reproducen entre comillas. Finalmente, los números en romano han sido conservados, pero se han eliminado los puntos que los circunscriben.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==Vida de María de Toledo==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[Fol.210r]&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Capítulo XIII. Vida de la bienaventurada soror María la pobre, fundadora, del monasterio de Sancta Isabel de Toledo de la Orden de Sancta Clara'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[1]'' En la ciudad de Toledo resplandesció maravillosos rayos de virtud y sanctidad la muy illustre y bienaventurada doña María de Toledo, que soror María la pobre se quiso nombrar por menosprecio del mundo, y fue fundadora y primera abbadessa del monasterio de Sancta Isabel en la dicha ciudad de la Orden de Sancta Clara. Fue la vida desta sierva de Dios como un espejo y traslado de la muy santa vida de sancta Isabel, hija del Rey de Hungría ''[2]'', de la Tercera Orden del padre Sant Francisco, por tanto con mucha razón puso su nombre y título al monasterio que edificó. Era la sierva de Dios de la muy illustre sangre de los Duques de Alba y de los condes de Oropesa, hija de Pero Suárez de Toledo y de doña Juana de Guzmán, señores de Pinto, y muy temerosos de Nuestro Señor. Desde sus tiernos años ansí començó a ser ferviente en el amor de la castidad que tuvo firme propósito cuanto le fuesse possible de nunca casar. Su coraçón assí era lleno de compassión y piedad de los pobres que en ninguna cosa mayor consolación sentía que en les hacer limosnas y les acudir a sus necessidades, y algunas veces quitando su proprio menester. Huía de las vanas occupaciones y regocijos de las otras doncellas, y todo el tiempo que podía se recogía al oratorio donde su madre oía missa, y allí se occupaba en devotas oraciones. Siendo casada por obediencia de su padre, constreñida con un caballero de Andalucía Señor del Carpio, vivió con él siete años con mucha paciencia, suffriendo muy grandes trabajos. Y no habiendo hijos, habiendo liçencia de su marido se devolvió a Toledo a casa de su madre, adonde poco tiempo después de venida tuvo nuevas que se marido era muerto. Viéndose, pues, la sierva de Dios en la libertad que su espíritu siempre había desseado, para toda se dar al servicio de Nuestro Señor, luego dexó los trajes seglares, y se vistió del hábito del padre Sant Francisco muy grossero y vil con túnica de paño baxo, y movió a todas sus criadas a vestirse del mesmo hábito. Menospreciado desta manera el mundo, començó con mucho hervor a exercitarse en las obras de misericordia y charidad del próximo, que es el cierto y derecho camino de subir a la alteza de la divina charidad. Como otra sancta Isabel, visitaba los hospitales, era presente a los entierros de los pobres, visitaba los pobres en las cárceles, procuraba saber de las personas pobres envergonçadas, y doncellas huérfanas, y como madre proveía las tales personas en sus necessidades. A los enfermos especialmente servía y curaba con mucha diligencia y hervor de charidad, y con entrañas de gran piedad muchas veces les lavaba las llagas, y con ferviente charidad las besaba, gastando en esto muchas veces las tocas de su cabeça, otras veces las daba a pobres, y también sus vestidos, volviendo sin ellos para su casa. [Fol. 210v] Después de la muerte de su marido, siempre anduvo descalça hasta su muerte, por mayores fríos y nieves que hubiesse. Levantábase todos los días a los maitines de la Iglesia mayor con su compañera Juana Rodríguez, que hallaba siempre muy prompta y ferviente para semejantes obras, y estaba al officio de los maitines con grande silencio en oración. Huía siempre de todas las conversaciones y compañías, para que más libre y continuamente se pudiesse occupar a la oración. Tuvo siempre por su confessor a fray Pedro Pérez frayle menor de la observancia ''[3]'', varón docto, y muy espiritual por cuya doctrina la sierva de nuestro Señor se regía y aprovechaba en los exercicios espirituales. Traía siempre muy áspero cilicio vestido, y con muy duras disciplinas affligía su cuerpo, para que castigado fuesse más subjecto al espíritu. Con gran reverencia y devoción, se aparejaba para recebir el Sanctíssimo Sacramento, y recebíalo cada tres días, o a los ocho días cuando más tarde, y en el día del recibimiento del Señor, no comía más que pan y agua. Por estos sanctos exercicios y trabajos con que buscaba a su amado Señor Jesu Christo, era muchas veces de su Divina Clemencia visitada, y algunas veces con divinas revelaciones alumbrada, y le eran reveladas cosas por venir, las cuales por mandado de su confessor descubría, por ser provechosas a las almas. Fuele revelado que el Reino de Granada había de ser tomado por los Reyes Cathólicos, y también la reformación que se había de hacer en los frayles conventuales en sus conventos. Y siéndole revelado los grandes peccados que los christianos convertidos de los judíos y moros cometían contra la fe, descubriolo a los Reyes Cathólicos, y por su consejo fue ordenado que hubiesse el officio de la Sancta Inquisición en España, y otras muchas cosas para honra y servicio de Nuestro Señor.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Capítulo IIII. De otras sanctas obras y exercicios desta sierva de nuestro Señor'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[4]'' Crescían en la sierva de Nuestro Señor con las grandes y nuevas mercedes divinas sus muy grandes desseos y hervores de servir a Nuestro Señor en sus pequeñitos siervos y necessitados, y siempre le parescía tener hecho nonada en el servicio de tan grande Señor a quien tanto debía. Por tanto, con mucho hervor se occupó en el servicio del grande Hospital de la Misericordia, donde de día y de noche servía a los enfermos, con grande humildad e increíble charidad. Y por que ninguna hora pudiesse faltar su servicio, tomó una casita y aposento dentro en el hospital, donde, acabados los servicios de los enfermos, de noche muy tarde se recogía y estaba en oración hasta los maitines. Y tomando algún poco sueño, luego se volvía a servir y a curar los enfermos en todos los servicios viles y trabajosos, haciendo consigo mesma en este tiempo increíbles mortificaciones y asperezas. Por su exemplo incitados los nobles de Toledo, ordenaron cofradía, en la cual por su orden cada uno sirviesse su semana dentro en el hospital, como hoy día se hace. Después que la ferviente sierva de Christo dio sus rentas y cuanta hacienda tenía el dicho hospital, començó con su compañera a pedir limosnas en la ciudad por las puertas para los enfermos, y las que pedía llevábalas ella mesma y muchas veces iba bien cargada y administrábalas a los enfermos. Y porque no dormía el enemigo de nuestra salvación, en este tiempo levantó contra la sierva muy grandes persecuciones de sus proprios parientes y deudos, y de su madre que le era muy contraria por verla en obras tan viles occupada, affrentándose y habiendo su santa vida por deshonrra. Mas la ferventíssima sierva de Nuestro Señor, con mucha paciencia y alegría de su alma, recebía todas las persecuciones e inju- [fol. 211r] rias que se le hacían. Después destos trabajos le añadió Nuestro Señor otros, que cayó en muy grave enfermedad, y su madre la llevó para su casa, donde llegó a recebir todos los sacramentos, y aparejarse con mucho fervor para ir a ver a y gozar de aquel altíssimo Señor a quien su alma tanto amaba. Mas Nuestro Señor, como buen amigo, quiso dar más coronas de merescimientos a su verdadera sierva, y diole salud y nuevos desseos de toda se entregar a su amor y servicio. Y supplicando ella y su devota compañera con fervientes oraciones a Nuestro Señor les enseñasse en qué estado y vida sería dellas más servido, fueles por el Señor revelado que era su voluntad edificassen un monasterio de monjas adonde sus almas y de otras muchas se salvassen. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Capítulo XV. Cómo el monasterio de Sancta Isabel fue edificado por esta sierva de Christo'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[5]'' Por la divina providencia, que no puede faltar a los sanctos desseos de los siervos de Dios, en este tiempo vinieron a Toledo los Reyes Cathólicos, y como tuviessen mucha devoción a la sierva de Christo, y conosciessen el sancto desseo que tenía, le dieron para este effecto unas casas muy grandes en Toledo, donde se edificó el monasterio de la Orden de Sancta Clara, de muy perfecta observancia, y le fue puesto nombre de Sancta Isabel de los Reyes. En la edificación deste monasterio, doña Juana de Toledo, hermana desta sierva de Christo, también de muy sancta vida, gastó mucha cantidad de dineros. Acabado pues el monasterio, la sierva y esposa de Christo María pobre, tomó el hábito y Regla de Sancta Clara, con otras muchas que la siguieron, y fue abbadessa del dicho convento. En este estado de más perfectión, levantada la esposa de Christo como en más altos desposorios divinos, en los cuales, dexando el mundo, el alma se aparta a la soledad en secretos y angélicos exercicios de su amado, y con su coraçón oye y conversa a su Esposo Jesu Christo, assí cresció en perfectión y sanctidad de vida, que a todos puso en grande admiración. Y fue visto de todos y conoscido que Nuestro Señor concedió a su bienaventurada sierva que representasse al mundo la vida admirable de Sancta Clara, cuya regla y estado había professado. ''[6]'' La orden de la vida desta esposa de Christo en la religión fue andar vestida de una túnica de muy áspero cilicio, su hábito y manto eran de muy vil saco remendado, su lecho una tabla, o algunos pocos de sarmientos, la cabecera una piedra o palo. Después de maitines nunca dormía más, hasta la prima siempre estaba en oración, y desta conversación divina se mostraba siempre en su cara, y resplandecía maravillosa y angélica alegría. No comió carne ni gustó jamás vino, mas continuamente ayunaba, y sobre esto tres días en la semana no comía sino pan y agua, y algunas veces, la Cuaresma de San Miguel Archángel toda la ayunaba a pan y agua, la cual es cuarenta días que se acaban en la fiesta de San Miguel de Septiembre, y siempre comía de los pedaços de pan que quedaban de las otras monjas. Comulgaba muchos días, con mucho hervor de espíritu, en los cuales días no comía más que unas pocas de passas, o cosa semejante muy tarde. En su conversación era muy benigna a todas las monjas, y si por necessidad reprehendía a alguna, no se recogía a la noche, sin la dexar alegre y consolada. En los servicios del convento era siempre la primera, y con tanta charidad servía a las enfermas que con su presencia y charidad muchas veces las sanaba de sus enfermedades. Y cuanto de más edad, tanto más se augmentaba y crescía el espíritu de la sierva de Christo en más fuerças y mortificaciones de la carne. Porque después de muchos años acrescentó al áspero cilicio ''[7]'', una túnica muy cruel texida de cerdas de puerco, y pelos de cabras. Muchas veces era visitada de su [fol. 211v] amado esposo Jesu Christo, con muy suaves y divinas consolaciones, y veíanse muchas veces en ella señales de estas visitaciones. Una vez, día de la transfiguración de Nuestro Señor, la vio una monja con cara tan resplandesciente como el sol, y el día siguiente, preguntando a la esposa de Christo, con mucha importunación, qué visitación del Señor había recebido aquella fiesta, con mucha humildad le descubrió que Nuestro Señor le revelara la gloria de su transfiguración, como si ella presente fuera en el monte Tabor, cuando el Señor delante de sus apóstoles se transfiguró. Otra vez un viernes de la Cuaresma, ayuntándose todas las monjas para la disciplina acostumbrada, fue vista la esposa de Christo de una monja, que tenía la cara tan resplandesciente y salían de su rostro rayos tan claros y derechos a los ojos de aquella monja que la veía que quedó espantada y casi perdió el sentido. Y preguntada después de la merced que había recebido de Nuestro Señor, y con ruegos constreñida, dixo que el Señor le comunicara entonces aquella immensa charidad suya con que se dexó atar y açotar a la columna. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Capítulo XVI. De la muerte de la bienaventurada sierva de Christo María pobre'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[8]'' Llegándose pues ya la esposa de Christo al fin del presente destierro, començó a ser atormentada de muchas y graves enfermedades porque, como de antes no había querido tener contentamiento sino en la cruz y passión de Nuestro Señor Jesu Christo ''[9]'', assí siempre le pedía le quisiesse communicar los dolores de su sanctíssima Passión ''[10]''. Cuyos devotos y fervientes desseos oyó el amantíssimo Señor, y concedió a su amada esposa que participasse de sus dolores porque también meresciesse participar mucho de su gloria. Tan grandes y terribles dolores sintió que parescía en todos los momentos serle sacado los huessos y las entrañas, y destos dolores mortales fue un año todo atormentada continuamente, sin nunca en ella ser vista señal ni palabra de impaciencia o turbación. Mas llena de muy suave alegría del espíritu, continuamente alababa a nuestro Señor y, como olvidada de sí mesma y de sus dolores, hacíase llevar a visitar las otras enfermas, y assí las consolaba y confortaba que parescía vivir más la esposa de Christo en regalos que en tormentos. En el cabo del año cresciole la calentura muy aguda y subiole el frenesís a la cabeça y, aunque perdió el uso del entendimiento, ningunas palabras salían de su boca sino muy sanctas, y ansí decía: “''In pace in idipsum dormiam et requiescam. In manus tuas domine commendo spiritum meum. Vias tuas domine demonstra mihi. Hac requies mea in seculum seculi''”. Y passados tres días tornó en sí, y pidió y recibió con mucha devoción todos los sacramentos y después de esto vivió dos días, confrotando siempre las monjas en el servicio de Nuestro Señor y de su sanctíssima madre, y de Sant Juan Baptista, y de la corte celestial. Finalmente fue oída de las monjas que estaban con la sierva de Christo una voz que la llamaba ''[11]'', y las monjas, con muchas lágrimas demandando la bendición a su sancta madre, y rogando ella a Nuestro Señor por sus hijas, sentiendo la voz del esposo celestial que la llamaba, respondió: “En paz con vos, Señor mío, dormiré, yo descansaré para siempre”. Y luego, con alta voz se despidió de sus hijas diciendo: “Hijas mías, quedaos con la paz del Señor”. Y muy quietamente passó su sancta alma al Señor en el año de mil y quinientos y siete, un sábado después de la fiesta de Sant Pedro y Sant Pablo, teniendo setenta años de su edad, y treinta de religión. Después de su bienaventurada alma salir del cuerpo, tanta suavidad de [fol. 212r] admirable olor sintieron las monjas que sin duda alguna creyeron ser esto señal de la sanctidad de la esposa de Christo ''[12]'', y de la compañía de la corte celestial que la vino a recebir, y llevar a la gloria de Christo su Esposo y Señor. Fue también muy clara señal de esta honra con que el Señor quiso llevar a su esposa la música y melodía celestial que luego de todas fue oída, la cual excedía a toda música humana, y tres veces fue oída de las monjas: a la muerte de la sancta esposa del Señor, y a la missa que por ella fue celebrada, y cuando su cuerpo fue llevado a la sepultura. En este tiempo que la sierva de Christo passó al Señor, estaba en oración un padre de Sancto Domingo, confessor de las monjas de la Madre de Dios, de la mesma Orden de Sancto Domingo en Toledo, y llamábase fray Jordán, el cual vio una muy larga processión ''[13]'', y al cabo della iban las bienaventuradas sancta Clara y sancta Isabel, y llevaban en medio a la bienaventurada sierva de Christo muy ricamente vestida, y con una diadema, y corona en la cabeça de gran resplandor, y de su cara salían rayos como del sol. Vio y conosció este devoto religioso a todas aquella santas almas con muy grandes fiestas y alegrías subir y entrar en los cielos, y luego se vino al monasterio de Sancta Isabel y contó esta revelación a las monjas. El cuerpo desta sancta religiosa se muestra hoy día entero y tratable y blando, ni cessa la divina clemencia de obrar allí muchos milagros, en diversas enfermedades por los merescimientos de su santa sierva. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[14]'' Un clérigo tollido de ambos pies encomendose devotamente a nuestros Señor por los merescimientos de su santa sierva, y luego alcançó salud. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Una mujer sanó de la mesma enfermedad, tocando la túnica de la sierva de Dios. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Muchas casadas estériles alcançaron de nuestro Señor tener hijos, encomendándose a esta su santa sierva. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Una mujer ciega cobró la vista, y otras muchas alcançaron salud de sus enfermedades, por los merecimientos desta gloriosa esposa de Nuestro Señor Jesu Christo, María pobre en las tierras, mas bienaventurada en los cielos.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
===Notas===&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[1]'' [Nota al margen] Memoriales de Toledo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[2]'' [N. al m.] Nota.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[3]'' [N. al m.] Fray Pedro Pérez, varón spiritual. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[4]'' [N. al m.] Memoriales. Nota. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[5]'' [N. al m.] Memoriales. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[6]'' [N. al m.] Cómo ordenó su vida en la religión. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[7]'' [N. al m.] Nota. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[8]'' [N. al m.] Memoriales. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[9]'' [N. al m.] Nota.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[10]'' [N. al m.] Petición de los amigos de Dios. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[11]'' [N. al m.] Fue llamada de nuestro Señor. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[12]'' [N. al m.] Señales de la gloria de la sierva de Christo. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[13]'' [N. al m.] Visión du su gloria. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[14]'' [N. al m.] Milagros.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
= Vida impresa (3)=&lt;br /&gt;
Ed. de [http://visionarias.es/equipo/maria-del-mar-cortes-timoner// Mar Cortés Timoner]; fecha de edición: mayo de 2021.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
== Fuente ==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
* [http://catalogodesantasvivas.visionarias.es/index.php/Categor%C3%ADa:Alonso_de_Villegas Villegas, Alonso de], 1588. ''Addicion a la Tercera Parte del Flos sanctorum: en que se ponen vidas de varones illustres, los quales, aunque no estan canonizados, mas piadosamente se cree dellos que gozan de Dios por auer sido sus vidas famosas en virtudes...'' Huesca: Iuan Perez de Valdiuielso. Fols. 60v col. a – 61v col. b.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[[Contexto material del impreso Addicion a la Tercera Parte del Flos sanctorum]] ''en que se ponen vidas de varones illustres, los quales, aunque no estan canonizados, mas piadosamente se cree dellos que gozan de Dios por auer sido sus vidas famosas en virtudes...''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
== Criterios de edición==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El relato conforma el apartado 204 (“Vida de soror María la Pobre, monja de Sancta Clara”) de la Adición de la Tercera Parte del ''Flos sanctorum'' de Alonso de Villegas impreso en 1588.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Se siguen los criterios establecidos en el catálogo para fuentes impresas y, por ello, han sido eliminadas las duplicaciones de consonantes: cc/c, ff/f, ll/l, ss/s y, además, se ha suplido “ph” con “f”, “ps” con “s”. Sin embargo, se respetan los grupos consonánticos -nc- (sancta), -pt- (Baptista) y -bj- (subjeto), y las contracciones. Además, se mantiene la conjunción copulativa “y” ante palabras iniciadas con el sonido vocálico “i”. Asimismo, para facilitar la localización de los textos, hemos indicado el folio (r-v) y la columna correspondiente (a-b).&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==Vida de María de Toledo==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[fol. 60v col.a - 61v col. b] ''[1]'' Hablando el real profeta David, en diversas partes de sus Salmos, en persona del Hijo de Dios, Jesucristo Nuestro Señor, se llama pobre, y fuelo tanto que quiso un día reclinar su cabeza su Majestad, teniéndola herida y lastimada, y no tuvo sino un duro madero. Y antes lo había Él mismo dicho: “Las zorras del campo tienen cuevas y las aves del aire nidos, y el Hijo del hombre no tiene en que recline su cabeza”. Considerando esto, una bienaventurada mujer señora de grande linaje y muy rica se hizo pobre por imitar a Cristo. Y fuelo tanto que tomó por apellido el nombre de Pobre, como parecerá en su vida colegida ''[2]'' de memoriales antiguos del monasterio de Sancta Isabel de Toledo que ella fundó y de las crónicas de Sant Francisco, y es en esta manera: &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Doña María de Toledo, que soror María la Pobre se quiso nombrar por menosprecio del mundo, fue de la muy ilustre sangre de los duques de Alba y de los condes de Oropesa, hija de Pero ''[3]'' Suárez de Toledo y de doña Juana de Guzmán, señores de Pinto, y muy temerosos de Dios. Siendo de pequeña edad, mostrábase muy recogida y honesta. Su corazón se enternecía tanto con los pobres que de ninguna cosa mayor consuelo tenía que en les hacer limosnas y remediar sus necesidades. Hiciéronla fuerza sus padres que casase, y casó con un caballero de la Andalucía, señor del Carpio, y vivió con él siete años sufriendo grandes trabajos pacientemente. Y no teniendo hijos y alcanzando licencia de su marido, se volvió a Toledo, a casa de su madre, donde tuvo nuevas, poco después de su venida, que su marido era muerto. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Viéndose libre para darse toda al servicio de Nuestro Señor, dejó los trajes seglares y vistiose el hábito de Sant Francisco, muy grosero y vil con túnica de paño bajo, y persuadió a sus criadas se vistiesen de la misma manera. Y como otra sancta Isabel hija del rey de Hungría, a quien imitó mucho esta sierva de Dios, comenzó a ejercitarse en obras de misericordia. Iba a los hospitales, hallábase a los entierros de pobres, visitaba los encarcelados, procuraba saber de las personas envergonzantes y doncellas huérfanas y remediaba todo lo que podía. Servía a los enfermos con mucha diligencia y fervor de caridad: lavábales las llagas y besábaselas gastando las tocas de su cabeza en esto y, a las veces, les daba sus proprios vestidos, volviendo a su casa [fol. 60v col. b] sin ellos. Desde que supo la muerte de su marido, anduvo descalza hasta que ella murió, por mayores fríos y nieves que hubiese. Levantábase de noche y, con otra señora viuda que la acompañaba, iba a maitines a la iglesia mayor, y oíalos con mucha devoción y atención. Tuvo por su confesor a fray Pedro Pérez, fraile menor de la observancia, varón docto y muy espiritual, y por su doctrina se regía la sierva de Dios en sus ejercicios espirituales. Traía siempre un áspero cilicio, y con duras disciplinas afligía su cuerpo para que estuviese más subjeto al espíritu. Era grande la reverencia y devoción con que se aparejaba para recebir el Sanctísimo Sacramento, y recibíale a tercero día o a los ocho [días] cuando más tarde. Por estos sanctos ejercicios y trabajos con que buscaba a su Amado Jesucristo, era muchas veces de su Divina Clemencia visitada y descubríale algunas cosas que estaban por venir, las cuales, por parecer de su confesor, declaraba, siendo provechosas a las almas. Y, entre otras, siéndole revelados algunos pecados gravísimos que muchos cristianos convertidos de judíos y moros cometían contra la fe, descrubriolo a los Reyes Católicos don Fernando y doña Isabel, y fue gran parte para que los Reyes, con celo sancto de la honra de Dios, para remedio desto introdujesen el Sancto Oficio de la Inquisición, como le introdujeron en España. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Crecían cada día más los fervorosos deseos del servicio de Dios en su sierva y, para ponerlos en obra, ocupose un tiempo en servir a los enfermos de un ilustre hospital, que está en Toledo, llamado de la Misericordia. Tomó allí aposento para mejor de día y de noche servirlos, como lo hacía, con humildad y caridad grande. Ya tarde, se encerraba en aquel recogimiento y estaba en oración hasta los maitines y, tomando algún poco de sueño, luego volvía a servir y curar los enfermos en todos los servicios viles y trabajosos, haciendo consigo misma, en este tiempo, increíbles mortificaciones y asperezas. Y, por su ejemplo incitados, los nobles de Toledo ordenaron cofradría en la cual por su orden cada uno sirviese su semana dentro del hospital, como hoy día se hace. Había dado la sierva de Dios su hacienda al mismo hospital y, visto que ni esto ni los proprios que él tenía bastaban para los enfermos que venían a él a ser curados, salió con la otra su amiga, la cual se llamaba Juana Rodríguez, a pedir limosna por la ciudad de puerta en puerta, y volvía bien cargada a sus enfermos. De aquí se le levantó ''[4]'' grande persecución de sus parientes y de su propria madre, [fol. 61r  col. a] que le era muy contraria por verla ocupada en obras tan viles, afrentándose y teniendo su sancta vida por deshonra. Mas la sierva de Dios recebía con mucha paciencia y alegría de su alma todas las persecuciones y injurias que se le hacían, añadiéndosele a estos trabajos otro [trabajo], que cayó en una grave enfermedad, y su madre la llevó a su casa, donde recibió los sacramentos y se aparejó para la partida. Mas Nuestro Señor quiso dar más coronas de merecimientos a su verdadera sierva, y diole salud y nuevos deseos de se entregar toda en su amor y servicio. Y suplicando ella y su devota amiga con fervientes oraciones les enseñase en qué estado y vida sería dellas más servido, fueles por el Señor revelado ser su voluntad que edificasen un monasterio de monjas donde sus almas y de otras muchas se salvasen. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
A este tiempo, viniendo a Toledo los Reyes Católicos, como tuviesen mucha devoción a la sierva de Cristo y conociesen el sancto deseo que tenía, diéronle para este efecto unas casas grandes que estaban junto con la iglesia parroquial Sant Antolín, en la misma ciudad. Y allí se edificó el monasterio del Orden de Sancta Clara de la Observancia, y le fue puesto nombre de Sancta Isabel de los Reyes. Y en la edificación desta casa gastó mucha cantidad de dineros doña Juana de Toledo, hermana desta sierva de Dios, también mujer de muy sancta vida. Acabado, pues, el monasterio, la sierva y esposa de Cristo, María la Pobre, tomó el hábito y regla de Sancta Clara, con otras muchas que la siguieron, y fue abadesa del dicho convento. Y en este estado de más perfección levantada, como en más altos desposorios divinos, en los cuales, dejando el mundo, [5] el alma se aparta a la soledad en secretos y angélicos ejercicios de su Amado, y con su corazón oye y conversa a su Esposo Jesucristo, así creció en perfección y sanctidad de vida que a todos puso admiración. Y fue entendido de muchos que Nuestro Señor concedió a su bienaventurada sierva que representase al mundo la vida admirable de Sancta Clara, cuya regla y estado había profesado. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El orden de vida desta esposa de Cristo en la religión fue andar vestida de una túnica de muy áspero cilicio, su hábito y manto eran de muy vil saco remendado, su lecho una tabla o algunos sarmientos, la cabecera una piedra o palo. Después de maitines dichos a la medianoche, no dormía, sino perseveraba en oración hasta la prima. Y esta conversación divina se parecía ''[6]'' en su rostro, en el cual resplandecía maravillosa y angélica alegría. No comía carne ni gustaba jamás vino, ayunaba continuamente, y tres días en la semana a pan y agua, y lo mismo la Cuaresma. Y siempre comía los pedazos de pan que dejaban las otras monjas. Comulgaba muy a menudo y, en tal día, no comía sino ya tar- [fol. 61r col. b] de unas pocas de pasas o cosas semejantes. En su conversación era afable, mostrando apacible rostro a todas las monjas y si, por necesidad, reprehendía a alguna, no se recogía a la noche sin la dejar alegre y consolada. En los servicios del convento era siempre la primera, y con tanta caridad servía a las enfermas que, con su presencia y amorosas palabras, muchas veces las sanaba de sus enfermedades. Y cuanto de más edad tanto más se augmentaba y crecía el espíritu de la sierva de Dios porque, después de muchos años, acrecentó al áspero cilicio una túnica muy cruel tejida de cerdas de jabalí y de pelos de cabras. Muchas veces era visitada de su Amado Esposo Jesucristo con muy suaves y divinas consolaciones, y desto daba indicios su rostro, como un día de la Transfiguración, que se le vido una monja tan resplandeciente como el sol y, importunada, dixo con mucha humildad que Nuestro Señor le revelaba la gloria de su Transfiguración como si ella presente se hallara en el monte Tabor, cuando delante de sus apóstoles se transfiguró. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Llegándose a la sierva de Dios el fin de su destierro, comenzó a ser atormentada de muchas y graves enfermedades. Un año padeció terribles dolores que parecía, en todos los momentos, serle sacados sus huesos y las entrañas sin nunca ser vista en ella señal de impaciencia o turbación, mas llena de muy suave alegría en su espíritu alababa a Nuestro Señor. Y como olvidada de sus dolores, se hacía llevar a visitar las otras enfermas, y así las consolaba y confortaba que parecía vivir más la esposa de Cristo en regalos que tormentos. A cabo del año creciole la calentura muy aguda y subiole el frenesís ''[7]'' a la cabeza. Y aunque perdió el uso del entendimiento, ningunas palabras salían de su boca sino muy sanctas, puesto que las decía en latín, que ella no entendía, como eran estas: “''Iin pace in idipsum dormiam et ''[8]'' requiescam: In manus tuas domine commendo spiritum meum: Vias tuas domine demonstra mihi: Hac requies mea in seculum seculi''”. Pasados tres días tornó en sí, pidió y recibió con singular devoción todos los sacramentos. Y después desto, vivió dos días confortando siempre las monjas en el servicio de Nuestro Señor y devoción de su Sanctísima Madre y de Sant Juan Baptista y toda la corte celestial. A este tiempo fue oída de las monjas que estaban con la sierva de Dios una voz que la llamaba, y con muchas lágrimas pidieron la bendición a su bendicta madre. Y rogando ella a Nuestro Señor por sus hijas, sintiendo la voz del Esposo celestial que la llamaba, respondió: “En paz con Vos, Señor mío, descansaré para siempre”. Y luego con voz alta se despidió de sus hijas diciendo: “Hijas mías, quedaos con la paz del Señor”. Y muy quietamente pasó su bendita alma al Señor en el año de mil y quinientos y siete, un sábado después de la fiesta ''[9]'' [fol. 61v col a] de Sant Pedro y Sant Pablo, en tres días de julio, teniendo setenta años de edad y treinta de religión. Sintiose, luego que murió, un olor suavísimo en aquel aposento y una música tan suave que excedía a todo lo que humanamente puede entenderse, no faltando algunas revelaciones en personas de sancta vida por las cuales se entendió la gloria de su bendita alma. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El cuerpo desta ilustre religiosa se muestra entero, tratable y blando en el coro de las monjas de su monasterio de Sancta Isabel. Las cuales tienen algunos testimonios de [fol. 61v col. b] milagros que obró Dios por los merecimientos desta su sierva, como de un clérigo tollido de ambos pies que fue sano, y del mismo mal fue sanada una mujer tocando su túnica. Y otra cobró vista. Y muchas casadas estériles alcanzaron de Nuestro Señor tener hijos encomendándose a su sierva María la Pobre. Estos milagros, con la vida desta sancta, se refieren en la tercera parte de las crónicas de Sant Francisco, libro octavo, capítulo ''[10]'' trece y catorce. Y en la historia de Toledo de Pedro de Alcocer, libro 2, capítulo 15, se escribe su vida. ''[11]''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
===Notas===&lt;br /&gt;
''[1]'' En el lateral izquierdo (fuera de la caja de escritura) podemos leer: “En. 3. de Iulio. Ef. 24.  39.  69.  85. &amp;amp; I08. Matth. 8.”&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[2]'' En el margen: “Authores.”&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[3]'' Se conserva “Pero” aunque, posteriormente, en el texto aparece la modernización del nombre. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[4]'' En el texto: “levento”. Subsanamos la errata y acentuamos según los criterios de edición.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[5]'' En el texto “a alma”. Se corrige la incoherencia sintáctica.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[6]'' Es decir, se “aparecía” o “reflejaba”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[7]'' Actualmente, “frenesí”: CORDE. http://corpus.rae.es/cgi-bin/crpsrvEx.dll [Consulta 5 de mayo de 2020].&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[8]'' Se ha suplido el signo tironiano por la conjunción copulativa “et” pero se ha conservado la puntuación. &lt;br /&gt;
“En paz me dormiré y descansaré. Señor, en tus manos encomiendo mi espíritu. Señor, muéstrame tus caminos. Este es mi reposo por los siglos de los siglos.”&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[9]'' En el margen derecho leemos: “Año de 1507.”&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[10]'' En el texto “capit.”&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[11]'' En el catálogo, Verónica Torres ha editado la biografía que aparece en la obra de Pedro de Alcocer. Ver ''Vida Impresa'' (1)&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
= Vida impresa (4)=&lt;br /&gt;
Ed. de [http://visionarias.es/equipo/fructuoso-atencia/ Fructuoso Atencia Requena]; fecha de edición: mayo de 2023.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
== Fuente ==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[[Archivo:Portada historia eclesiástica de todos los santos de españa de juan de marieta.jpg|miniatura|250px|right| Juan de Marieta, 1596. Historia eclesiástica de todos los santos de España. Cuenca: Pedro del Valle (From the archive of the British Library [Digitalizado por Google]).]]&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
* [http://catalogodesantasvivas.visionarias.es/index.php/Categor%C3%ADa:Juan_de_Marieta Marieta, Juan de], 1596. ''Historia eclesiástica de todos los santos de España'', Cuenca: Impr. de Pedro del Valle. Tercera Parte, Libro XIX, Capítulo XXII, fols. 85v-86r.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[[Contexto material del impreso Historia eclesiástica de todos los santos de España]].&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==Criterios de edición==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Conforme a los criterios establecidos en el Catálogo para fuentes impresas, se han actualizado generalmente grafías, ortografía y puntuación manteniendo aquellos rasgos de la lengua que implican valor fonológico o que caracterizan su léxico, morfología o sintaxis. Se han conservado, pues, las oscilaciones en grupos consonánticos cultos (-t-/ct…), así como las vocálicas. Igualmente, se ha respetado el uso de “y” ante palabras que comienzan con sonido vocálico /i/. Se han reducido, por otra parte, los grupos consonánticos latinizantes, incluidos la duplicación vocálica y consonántica y, de modo concreto, grafías antiguas (-x- por -j-, -z- por -c-, -ç- por -z-); se ha modernizado también la unión y separación de términos, así como las contracciones (desta&amp;gt; de esta). En los topónimos, se ha optado por la ortografía actual (Hazaña&amp;gt;Azaña). En el uso de la mayúscula se ha atendido la singularidad de tratarse de textos religiosos y se ha unificado su empleo. Se han desarrollado las abreviaciones tipográficas sin marca expresa. No se han registrado erratas. En nota al pie se han reproducido los apuntes marginales presentes en la edición que sirve de referencia y se ha ampliado información oportuna.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==Vida de María de Toledo==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Capítulo XXII'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[fol. 85v, col. b] '''De la Santa Doña María de Toledo, monja de la Orden de San Francisco'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
También pone el mesmo maestro Villegas en la mesma tercera parte a esta santa doña María de Toledo. Fue de la ilustre casa de los duques de Alba y de los condes de Oropesa. Dejando las pompas y vanidades deste mundo y sus renombres (antes por menosprecio suyo), se quiso llamar María la pobre. Después de la muerte de su marido, que fue el señor del Carpio en Andalucía, se recogió en sí, vistiéndose en su interior y exteriormente de una grande pobreza. Ocupose algún tiempo en servir a los enfermos del Hospital de Toledo, que se llama la Misericordia, con mucha humildad y bajeza de sí mesma. Después, los Reyes Católicos, para que se recogiese más perfetamente en la religión, la dieron unas casas para que allí hiciese monasterio de Santa Clara, con advocación de santa Isabel. Aquí tomó el hábito de la religión, adonde ella fue abadesa, y crio otras muchas doncellas para Cristo su esposo. En este estado de religión, dio grandes muestras de la bondad de su alma, y también las dio en ella Nuestro Señor, mostrando cuánto le agradaban sus servicios. Después de treinta años de religión, fue servido de enviarle una fiebre, con que la llevó a gozar de sí a la bienaventuranza, recebidos todos los santos Sacramentos de la Iglesia, a los tres días del mes de julio, año de mil y quinientos y siete. Luego que murió, se sintió un olor y fragancia suavísima en su celda, [fol. 86r, col. a] y una música tan suave, que excedía a todo lo que humanamente se puede entender. No faltaron revelaciones en personas de santa vida, por las cuales se entendió la gloria de su bendita alma. Un clérigo tullido de ambos pies, encomendándose a la santa María la pobre, alcançó entera sanidad. Una mujer tullida y otra ciega, tocando la túnica desta santa, cobraron salud. Muchas mujeres estériles alcanzaron de Nuestro Señor tener hijos, encomendándose a su sierva María la pobre. Ella ruegue a Nuestro Señor por mí.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
= Vida impresa (5)=&lt;br /&gt;
Ed. de [http://visionarias.es/equipo/sergi-sancho-fibla/ Sergi Sancho Fibla]; fecha de edición: marzo de 2023. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
== Fuente ==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[[Archivo:Portada vida de la gloriosa virgen santa clara de luis de miranda.jpg|miniatura|250px|right| Luis de Miranda, 1610. ''Vida de la Gloriosa Virgen Sancta Clara, con la declaración de su primera y segunda Regla…'' Salamanca: Por la viuda de Artus Taberniel. (Fuente: Imagen propiedad de la Universidad Complutense de Madrid. CC BY 4.0 [Digitalizado por Google]).]]&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
* [http://catalogodesantasvivas.visionarias.es/index.php/Categor%C3%ADa:Luis_de_Miranda Miranda, Luis de], 1610. ''Vida de la Gloriosa Virgen Sancta Clara, con la declaración de su primera y segunda Regla…''. Salamanca: Por la viuda de Artus Taberniel, pp. 211-219.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[[Contexto material del impreso Vida de la Gloriosa Virgen Sancta Clara]], ''con la declaración de su primera y segunda Regla''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==Criterios de edición==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El texto, que se encuentra incluido en la primera parte de la obra de Miranda, se ha actualizado siguiendo las normas de ortografía vigentes. Esto conlleva la normalización de las grafías h, b/v, j/g, i/y; los cambios de qu a cu. Sin embargo, se ha respetado la morfología de las palabras de interés fonológico o etimológico (mayormente latinismos) y de fácil comprensión: “sancta”, “abadesa”, “redemptor”, “prompta”, etc. También se ha conservado un escaso laísmo. En cuanto al grupo de sibilantes, se han actualizado de acuerdo con su uso actual ya que no tenían entonces valor fonológico. En cambio, se han conservado las agrupaciones “desto”, “desta”,  “dello” y “della”. La puntuación y la acentuación han sido normalizadas, así como en general el uso de las mayúsculas y la separación o unión de palabras. La -u- intervocálica y la v han sido unificadas como “v” y se han simplificado las consonantes dobles. Por último, las citas, originalmente en cursivas, se reproducen también entre comillas y se entrecomillan las palabras atribuidas a las santas.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==Vida de María de Toledo==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[211] '''Capítulo XL. En que se refiere la vida de la bienaventurada Soror María la pobre, fundadora del Monasterio de sancta Isabel de Toledo, de la Orden de sancta Clara'''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En la muy noble Ciudad de Toledo, resplandeció con grandes muestras de virtud y sanctidad una señora muy ilustre y bienaventurada llamada doña María de Toledo, la cual después por humildad y menosprecio del mundo se quiso llamar Soror María la pobre y fue fundadora y primera abadesa del Monasterio de sancta Isabel de la dicha Ciudad, que es de la Orden de Sancta Clara ''[1]''. Fue la vida desta sierva de Dios como un espejo y traslado de la muy sancta vida de sancta Isabel, hija del Rey de Hungría, de la Tercera Orden de nuestro glorioso Padre san Francisco, de quien ella era por extremo devota, y por esta causa al monasterio que edificó le puso por título y renombre de sancta Isabel. Fue la sierva de Dios de muy clara generación y ilustre sangre, de los Duques de Alba y Condes de Oropesa, hija de Pedro Suárez de Toledo y de doña Juana de Guzmán, señores de Pinto, personas muy temerosas de Dios. Desde sus tiernos años así comenzó a ser ferviente en el amor de la castidad que formó y tuvo firmísimo propósito cuanto le fuese posible de nunca se casar. Así era su corazón lleno de compasión y piedad para con los pobres que en ninguna cosa mayor consolación sentía que en les hacer limosnas y acudir a sus necesidades, quitándolo algunas veces de su propia boca y de los que había menester. Huía de las malas conversaciones y regocijos de las otras doncellas y todo el tiempo que podía se recogía al oratorio donde su madre oía misa, y allí se ocupaba en continuas y devotas oraciones. Habiendo sido constreñida a que se casase, [212] por la obediencia de su padre, con un caballero de la Andalucía, señor del Carpio, vivió con él siete años con mucha paciencia, sufriendo muchos trabajos. Y por no tener hijos, habida licencia de su marido, se volvió a Toledo a la casa de su madre, donde de ahí a poco tiempo le vino nueva que su marido era muerto. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Viéndose, pues, la sierva de Dios Nuestro Señor en la libertad que siempre su espíritu había deseado para se dar y entregar del todo en todo a su divino servicio, al punto dejó los trajes seglares y se vistió del hábito de nuestro glorioso Padre San Francisco, de un paño muy vil y grosero, trayendo una túnica debajo a raíz de la carne, con el cual ejemplo movió a todas sus criadas a vestirse del mismo hábito. Habiendo, pues, menospreciado desta manera el mundo, comenzó con mucho fervor y espíritu a ejercitarse en obras de misericordia y charidad del próximo, que es el cierto y verdadero camino para subir a la alteza del amor de Dios Nuestro Señor y de la charidad divina. Visitaba, como otra gloriosa virgen Sancta Isabel, los hospitales; hallábase presente a los entierros de los pobres; tenía grande cuidado de las cárceles y personas encarceladas. Y procuraba saber qué pobres había envergonzantes, qué doncellas huérfanas, y, como madre de todos, a todos los proveía y remediaba en sus necesidades. A los enfermos especialmente servía y curaba con grande cuidado y diligencia, y con mucho fervor de charidad y con entrañas de gran piedad. Muchas veces les lavaba las llagas y se las besaba, gastando en esto las tocas de su propria cabeza, las cuales algunas veces daba a los pobres y también sus proprios vestidos, viniéndose sin ellos a su casa. Después de la muerte de su marido siempre anduvo descalza hasta su muerte por mayores fríos y nieves que viviese. Levantábase todos los días a los Maitines de la Iglesia mayor, con su compañera Juana Rodríguez, la qual hallaba siempre muy prompta y aparejada para semejantes obras, y estaba allí todo el tiempo que duraba el oficio de los Maitines, con grande devoción y silencio en la oración. Huía siempre de todas las conversaciones y compañías para que más libremente se pudiese ocupar y ejercitar en la oración continuamente. Tu- [213] vo por su confesor a un frayle menor de nuestra observancia llamado fray Pedro Pérez, varón docto y muy espiritual, por cuya doctrina la sierva de Dios se regía y gobernaba y aprovechaba mucho en sus espirituales ejercicios. Traía siempre un muy áspero cilicio vestido y afligía su cuerpo con muy duras y rigurosas disciplinas, para que así castigado estuviese más rendido y sujeto al espíritu. Aparejábase para recebir el sanctísimo Sacramento con grandísima reverencia y devoción y recibíale tres días cada semana, o cuando más tarde de ocho a ocho días, y en el día que le recebía, no comía más que solo pan y agua. Por estos sanctos ejercicios y trabajos con que buscaba a su divino y celestial esposo y amado, Jesuchristo nuestro Redemptor, fue muchas veces visitada de su divina clemencia y algunas alumbrada con divinas revelaciones, en que le fueron reveladas muchas cosas que estaban por venir, las cuales a veces ella descubría por mandado de su confesor, por ser cosas provechosas para las almas. Fuele revelado que el Reyno de Granada había de ser tomado por los Reyes Cathólicos y también que los frayles Conventuales y Claustrales de nuestra Orden habían de ser reformados y reducidos a la observancia. Y siéndole revelados los grandes pecados que los christianos, nuevamente convertidos de los judíos y de los moros, cometían contra la fee, descubriolo a los Reyes Cathólicos, y por su consejo fue ordenado que hubiese el Sancto Oficio de la Inquisición en España y otras muchas cosas para mucha honra y servicio de Nuestro Señor. Crecían en la sierva de Dios, con las muy grandes y nuevas mercedes que cada día recebía, los deseos de servirle en sus más pequeñitos siervos y necesitados, porque sabía que lo que había con los pobres lo hacía con el mismo Dios. Y esto era con tanto fervor que siempre le parecía no haber hecho nada en servicio de un tan grande Señor a quien ella tanto debía. Por esto con mucho fervor y espíritu se consagró y dedicó al servicio del grande Hospital de la Misericordia, donde de día y de noche se ocupaba en servir a los enfermos, con grande humildad e increíble charidad. Y por que ninguna hora pudiese saltar a su servicio, tomó una casita y aposento dentro del mismo hospital [214] donde acabados los servicios y ministerios tocantes a la cura de los enfermos, de noche y muy tarde se recogía y estaba en oración hasta los Maytines. Y habiendo tomado algún pequeño rato de sueño, luego se volvía a servir y a curar los enfermos en todos los servicios y ministerios más viles y trabajosos y haciendo consigo misma en este tiempo increíbles asperezas y mortificaciones. Por su ejemplo incitados, los nobles de Toledo ordenaron cofradía en la cual por su orden cada uno sirviese su semana dentro del hospital, como según se dice hoy día se hace. Después que la sierva de Dios dio sus rentas y todo cuanto tenía al sobredicho hospital, comenzó con su compañera Juana Rodríguez a pedir limosnas en la ciudad por las puertas para los enfermos, y lo que pedía y le daban llevaba ella misma a cuestas, que a veces iba bien cargada y lo administraba a los enfermos. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y porque el demonio, invidioso enemigo de nuestra salud, nunca duerme, levantó en este tiempo contra la sierva de Dios muy grandes persecuciones de sus propios parientes y deudos, particularmente de su madre, la qual le era muy contraria por verla ocupada en obras tan viles, afrentándose dello y teniendo su sancta vida por deshonra. Mas la ferventísima sierva de Christo, no haciendo dello caso, con grandísima paciencia llevaba todas las sobredichas persecuciones e injurias que se le hacían con mucha alegría de su alma y de su espíritu. Después de los cuales trabajos, le añadió Nuestro Señor otro que para ella no fue el menor, y es que cayó enferma de una muy grave enfermedad, por la cual su madre la hubo de llevar a su casa, donde llegó a lo último y a recibir los divinos Sacramentos, para lo cual ella se aparejó con grande fervor para ir a ver y gozar de su dulcísimo esposo Jesuchristo, a quien ella tanto amaba. Pero aunque llegó tan al cabo, Nuestro señor Jesuchristo, como buen amigo, no quiso quitar la ocasión de merecer a su sancta sierva por augmentarle las coronas de sus merecimientos y así la dio salud y nuevos deseos de servirle y de entregarse toda a su sancto amor y servicio. Y suplicando ella, con su devota compañera Soror Juana, con fervientes oraciones a Dios les enseñase en qué estado y manera de vida sería dellas más ser- [215] vido, fueles por el Señor revelado ser su sancta voluntad que edificasen un monasterio de monjas a donde sus almas y las de otras muchas se salvasen. Sucedió, ordenándolo así la Divina Providencia, que en su disposición es infalible y nunca falta ni puede faltar a los buenos y sanctos deseos de sus siervos, que en este tiempo vinieron los Reyes Cathólicos a Toledo, y como tuviesen muy grande devoción a la sierva de Christo Nuestro Redemptor y conociesen sus sanctos deseos, dieronle para este efecto unas casas muy principales en Toledo, donde se edificó un monasterio de la Orden de sancta Clara, de muy perfecta observancia, y le fue puesto por nombre sancta Isabel de los Reyes ''[2]''. En la edificación deste monasterio Doña Juana de Toledo, hermana de la sierva de Christo, Nuestro Redemptor, también de muy sancta vida, gastó mucha cantidad de dineros. El cual acabado la sierva de Dios Soror María la Pobre, con otras muchas que la siguieron, tomó el hábito y regla de la bienaventurada sancta Clara y fue abadesa del dicho convento. Puesta en este estado de mayor perfección la sierva y esposa de Christo Nuestro Redemptor, y levantada a los muy altos desposorios divinos en los cuales el alma dejando el mundo se aparta a la solead para gozar de los secretos de su amado, que, como dice Oseas, la habla allí al corazón, así creció en perfección y sanctidad de vida ''[3]'' que puso a todos grandísima admiración, y fue visto y conocido de todos haber Nuestro Señor concedido a su bienaventurada sierva que representase muy al vivo a todo el mundo la admirable vida de la gloriosa virgen sancta Clara, cuya regla y estado ella había profesado. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Porque la orden de vida desta sierva de Dios, puesta en el estado de la religión, fue andar vestida de alto a bajo de un muy áspero y rigurosísimo cilicio, hecho a manera de túnica, su hábito y manto eran de un paño muy vil, pobre y remendado, su lecho o cama era una tabla o algunos pocos de sarmientos, la cabecera una piedra o un palo. Después de Maitines nunca dormía jamás hasta Prima, sino siempre se estaba velando en oración, conversando con su divino y celestial esposo Jesuchristo. De la cual conversación divina se mostraba y resplandecía en su cara [216] y en su rostro una maravillosa alegría, y su condición parecía más angélica que humana. Nunca comió carne ni bebió vino, ayunaba continuamente y, sobre todo esto, los tres días de la semana no comía sino solo pan y agua y algunas veces la Cuaresma de san Miguel Archángel la ayunaba toda a pan y agua, y cuando comía era de los pedazos de pan que quedaban y sobraban a las otras monjas. Comulgaba muy a menudo con grandísimo fervor y espíritu y en los días que eran de comunión no comía sino unas pocas de pasas o otra cosa semejante, y esto allá muy tarde. Era muy benigna para con todas las monjas y, si por necesidad o por cumplir con el oficio que tenía de abadesa alguna vez reprehendía a alguna, no se recogía a la noche sin se reconciliar con ella y dejarla muy alegre y consolada. En los servicios humildes del convento era siempre la primera, y con tanta charidad y con tanto amor servía a las enfermas que con sola su presencia muchas veces las sanaba de sus enfermedades. Y cuanto era más de edad, tanto más se augmentaba y crecía en ella el fervor del espíritu y tomaba más fuerzas para las mortificaciones de la carne. Y así después de muchos años haber hecho tan áspera vida como queda dicho, acrecentó a su muy áspero cilicio una cruel túnica tejida de cerdas de puerco cortadas y de pelos de cabras. Muchas veces fue visitada de su muy querido y amado esposo Jesuchristo Nuestro Redemptor, y con muy suaves y divinas consolaciones confortada, y echábasele de ver en el rostro a veces las señales de las sobredichas divinas visitaciones. Una vez, en la fiesta de la Transfiguración de Christo Nuestro Redemptor, la vio una monja la cara tan clara y resplandeciente que no parecía sino el mismo sol. Y el día siguiente, preguntándole a la esposa de Christo con mucha importunación qué visitación había sido aquella que recibió, ella con mucha humildad le dijo que nuestro Señor la descubrió y reveló la gloria de su gloriosa Transfiguración, como si ella se hallara presente en el monte Tabor cuando el Señor, delante de sus apóstoles, se transfiguró. Otra vez un Viernes de Cuaresma, ayudándose todas las monjas para hacer la disciplina acostumbrada, fue vista la sierva de Christo de una monja que tenía la ca- [217] ra tan resplandeciente y salían de su rostro tantos rayos, tan claros y derechos a los ojos de la monja que la vía, que ella quedó espantada y como fuera de sí y casi perdió el sentido. Y, siendo preguntada después con mucha importunación que dijese la merced de Dios que en aquel tiempo había recebido, ella, constreñida con los importunos ruegos, dijo que el Señor le había comunicado, descubierto y revelado entonces aquella su inmensa charidad y amor con que por nosotros se dejó atar y azotar estando en la columna. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Al fin, llegándose ya el tiempo y la hora en que la majestad del altísimo Dios tenía determinado de sacar a su sierva del destierro desta presente vida, comenzó a enfermar y a ser atormentada con graves y diversas enfermedades para que se le cumpliesen sus deseos. Y como antes no había querido tener contento sino en la cruz y en el sentimiento de los trabajos y Pasión de Christo Nuestro Redemptor, lo cual ella siempre le pedía y que le quisiese comunicar sus dolores y trabajos, cumpliola Dios en esta hora sus deseos y oyó su oración, concediendole que participase de sus dolores para que mereciese después ser también participante de su gloria. Y así fueron tan grandes y tan terribles los dolores que sintió que parecía todos los momentos que sus huesos le eran desencajados y sacados de sus quicios y las entrañas se le comían, con los cuales mortales dolores por el espacio de un año fue continuamente atormentada sin ser en ella vista señal de impaciencia ni de turbación, ni oírsele palabra que supiese de ello; antes, llena de muy suave alegría de su espíritu, continuamente alababa Nuestro Señor y, como olvidada de sí misma y de sus dolores, se hacía llevar a visitar a las otras enfermas y así las consolaba y confortaba, que más parecía ella estar en regalos que en tormentos. Acabado el año, creciole la calentura muy agudamente y subiósele el frenesí a la cabeza, y, aunque perdió el uso de la razón y del entendimiento, con todo eso ningunas palabras salían de su boca que no fuesen muy sanctas y muy buenas. Todo era decir: “''In manus tuas Domine commendo spiritum meum, redemistime Domine Deus veritatis''”. “''Vias tuas Domine demonstra mihi et semitas edoce me''”. “''In pace in id ipsum dormiam et requiescam. Haec requies mea in saeculum'' [218] ''saeculi, hic habitabo quoniam elegi eam''”. “En vuestras manos, Señor, encomiendo mi anima y mi espíritu, redemístisme, Señor Dios de verdad”. “Mostradme, Señor, vuestros caminos y enseñadme vuestras sendas, en vos será mi descanso para siempre”. “En vuestra ciudad sancta habitaré, pues la escogí para mi morada”. Finalmente decía aquello estando con el frenesí que había traído ordinariamente en su corazón y en su boca. Pasados tres días, tornó en sí y pidió y recibió con mucha devoción todos los divinos Sacramentos. Después de lo cual vivió dos días, confortando siempre a las monjas en el servicio de Nuestro Señor e induciéndolas a la devoción de su Madre sanctísima, del glorioso san Juan Bautista y de toda la corte celestial. Y estando así, fue oída de las monjas que estaban con ella una voz que la llamaba, y las monjas con muchas lágrimas la pedían y demandaban su bendición, y ella, rogando a Dios por sus hijas, sintiendo la voz de su divino y celestial esposo, respondió: “Con vos, Señor Dios mío, dormiré yo y descansaré en paz para siempre”. Y luego con alta voz se despidió de sus monjas, diciendo: “Hijas mías, quedaos a Dios quedaos a Dios, quedaos con la paz del Señor”. Dichas estas palabras, muy quietamente dio a Dios su sancta alma un sábado después de la fiesta de san Pedro y de san Pablo del año del Señor de mil y quinientos y siete, a los setenta años de su edad, y teniendo treinta de religión. Después de haber salido su bienaventurada alma del cuerpo, tanta suavidad de admirable olor sintieron las monjas que experimentaron ser cierta señal de la sanctidad de la esposa de Christo y de su divina presencia y de la compañía de la corte celestial, que había venido a recebir y llevar su sancta sierva a la gloria de su Reino. Fue desto también clara señal haberse oído una muy suave música y melodía celestial que excedía a toda música humana, la cual por tres veces fue oída de las monjas, una a la muerte de la sierva de Christo, y otra al tiempo que se celebraba la misa, y la tercera cuando su sancto cuerpo fue entregado a la sepultura. En este tiempo que la sierva de Dios pasó deste mundo a la gloria estaba en oración un padre de la Orden de Sancto Domingo, confesor de las monjas de la Madre de Dios y de la misma orden, en Toledo, llamado fray Jordán, varón [219] sancto de muy grande perfección, y de mucha oración, el qual vio una muy larga procesión y que al cabo della iban las bienaventuradas sancta Clara y sancta Isabel y llevaban en medio a la bienaventurada sierva de Christo, muy ricamente vestida con una diadema y corona en la cabeza de muy grande resplandor, y que salían de su cara rayos como de Sol. Y vio y conoció este sancto y devoto religioso a todas aquellas sanctas almas con muy grandes fiestas y alegrías subir y entrar en el Reino de los Cielos. Y luego se vino al monasterio de Sancta Isabel y contó a las monjas esta revelación. El cuerpo desta sancta religiosa se muestra el día de hoy entero, tratable y blando, y no cesa la divina clemencia de obrar allí muchos milagros por los merecimientos de su sancta sierva Un clérigo tullido de ambos pies encomendose devotamente a Nuestra Señora por los merecimientos de su sancta sierva, luego alcanzó salud. Una mujer sanó de la misma enfermedad, tocando la túnica de la sierva de Dios. Muchas casadas estériles alcanzaron de Nuestra Señora el tener hijos, encomendándose a esta su sancta sierva. Una mujer ciega cobró la vista y otras muchas alcanzaron salud de sus enfermedades, por los merecimientos desta gloriosa esposa de Nuestro Señor Jesuchristo, María la Pobre en la tierra, mas rica y bienaventurada en el cielo. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
===Notas===&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[1]'' [Nota al margen] 3 páginas de las ''Chrónicas'', Libro 8, capítulo 13, cum. seq.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[2]'' [N. al m.] De cómo fue edificado el convento de Sancta Isabel de los Reyes en Toledo. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[3]'' [N. al m.] Oseas, 2. [Nota del editor] “''Propter hoc ecce ego lactabo eam et ducam eam in solitudinem et loquar ad cor eius''”; “Por eso yo voy a seducirla; la llevaré al desierto y hablaré a su corazón” (Oseas, 2:14).&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
= Vida impresa (6)=&lt;br /&gt;
Ed. de [http://visionarias.es/equipo/pedro-garcia-suarez/ Pedro García Suárez]; fecha de edición: diciembre de 2016.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
== Fuente ==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[[Archivo:Salazar Crónica 1612.jpg|miniatura|250px|right|''Crónica y historia de la fundación y progreso de la provincia de Castilla de la Orden del bienaventurado Padre San Francisco'', Madrid: Imprenta Real (Fuente: Biblioteca Digital Hispánica. Imagen procedente de los fondos de la Biblioteca Nacional de España).]]&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
* [http://catalogodesantasvivas.visionarias.es/index.php/Categor%C3%ADa:Pedro_de_Salazar Salazar, Pedro de], 1612. ''Crónica y historia de la fundación y progreso de la provincia de Castilla de la Orden del bienaventurado Padre San Francisco'', Madrid: Imprenta Real, 359-367.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[[Contexto material del impreso Crónica y historia de la fundación y progreso de la provincia de Castilla]] ''de la Orden del bienaventurado Padre San Francisco''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==Criterios de edición==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
La vida impresa escrita por Pedro de Salazar de María de Toledo (1437-1507) se encuentra recogida en la ''Crónica y historia de la fundación y progreso de la provincia de Castilla de la Orden del bienaventurado Padre San Francisco'', de 1612. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Para su edición, se han adoptado los criterios de vidas impresas estipulados en el Catálogo. Se moderniza la ortografía (b/u/v, j/g, chr/cr, qu/cu, empleo de h, etc.), las sibilantes y se eliminan las consonantes geminadas. El uso de mayúsculas y minúsculas se moderniza, así como la acentuación y puntuación, que se adapta a la actual. No obstante, se ha mantenido la escritura de “monesterio” y la no separación en “deste”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==Vida de María de Toledo==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Capítulo XXIIII'''&lt;br /&gt;
'''[359] Del nacimiento y crianza de doña María de Toledo, fundadora del Monasterio de S. Isabel la Real de Toledo'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Fue doña María de Toledo, natural de la ciudad de Toledo, hija de Pedro Suárez de Toledo y de su mujer doña Juana de Guzmán, Señores de Pinto. Era Pedro Suárez de los señores de Alva y de Valdecorneja, y de los señores de Oropesa, linaje antiquísimo en España y de gran nobleza. Eran estos señores Pedro Suárez y su mujer muy cristianos y devotos. Y ansí parece que, premiando Dios sus buenas obras y virtudes, les dio a doña María de Toledo por hija. La cual desde muy tierna edad dio muestras de la gran perfección que había de tener en el discurso de su vida. Lo primero que podemos decir de su niñez es que desde muy pequeña fue aficionada a los pobres, y usó con ellos de mucha caridad. Fue desde que tuvo uso de razón muy inclinada a guardar limpieza y pureza virginal. Y ansí había propuesto firmemente de guardarla toda su vida. Ejercitose en esta tierna edad en hacer todas las limosnas que podía a los pobres, y todo lo que le daban para almorzar [360] y merendar, lo daba por amor de Dios. Las vanidades y niñerías de aquella edad siempre las aborreció, y como si fuera una mujer anciana y muy prudente, se ocupaba en obras santas. Cuando se podía esconder de su madre, íbase a un oratorio donde sus padres oían misa, y allí se estaba rezando y encomendándose a Dios muy de veras, y ansí alcanzaba de su divina Majestad, grande aumento de virtud y devoción. Llegada a edad de poderse casar, fue tanta la importunidad y instancia que sus padres en esto le hicieron que hubo de consentir en lo que le pedían, y mudar el propósito de la virginidad en santo y honesto matrimonio. Casáronla sus padres con García Méndez de Sotomayor y de Haro, Señor del Carpio. Estuvo con su marido siete años, y nunca parió, y después alcanzó licencia de su marido y vínose a Toledo a ver a sus padres; y pocos días después tuvo nueva cómo su marido había muerto: y en sabiéndolo hincose de rodillas, y dio gracias al Señor por verse libre para poder muy de veras ocuparse en su servicio. Y luego dejadas las vestiduras preciosas, se vistió de una túnica de paño, y de un hábito a manera de religiosa de San Francisco; el cual vestido era muy áspero y vil; y persuadió luego a todas las mujeres que estaban en su compañía a que hiciesen lo mismo. Desde entonces comenzó determinadamente a darse y ejercitarse en obras de misericordia. Visitaba todos los hospitales y hallábase en todos los enterramientos de personas pobres: acudía muy de ordinario a las cárceles y buscaba pobres vergonzantes y huérfanos, a todos los cuales servía y daba lo necesario, como verdadera madre de todos. También redemía cautivos, y los muchachos echados a las puertas de las Iglesias hacíalos criar a su costa, y después los ponía a oficios con que todos se remediasen. Pero entre todos estos santos ejercicios, en el que más de veras se empleaba era en curar enfermos pobres, a quien trataba con verdadera caridad y piadosas entrañas: a los cuales muchas veces les curaba las llagas, y lavaba los pies y se los besaba, y con muy suaves palabras los consolaba; y en otra cualquier cosa que veía tenían necesidad, y ella podía remediarla, lo hacía con muy gran diligencia y solícito cuidado. Anduvo siempre descalza después de la muerte de su marido, y aunque hiciese muy recios fríos, y los inviernos rigurosos y ásperos, jamás se calzó. Iba a Maitines cada noche a la Iglesia Mayor de Toledo, acompañada de una mujer amiga suya, que se llamaba [[Juana Rodríguez]]; la cual [361] halló muy pronta y aparejada para cualquier ejercicio de virtud y penitencia. Estuvo dentro en la Iglesia Mayor de Toledo un año, sin salir della ni comunicar con persona ninguna, salvo con su familiar amiga [[Juana Rodríguez]] y con su confesor, que era un fraile de san Francisco, llamado fray Pedro Pérez. Hizo esto para poderse dar con más devoción y espíritu a la contemplación y meditación. Había esta señora escogido al dicho fray Pedro Pérez para su confesor, por ser gran religioso y muy docto, con cuya doctrina y ejemplo hizo grande aprovechamiento en el camino de la perfección, al cual había dado la obediencia y la guardaba muy de veras. Andaba en este tiempo vestida de un muy áspero silicio, y con crueles disciplinas afligía su cuerpo delicado, para hacerle sujeto al espíritu. Comulgaba al tercer día, y lo más largo de ocho a ocho días, y esto era con tanta preparación y reverencia cuanta le era posible. El día que comulgaba ninguna otra cosa comía más de pan y agua. Sentía en los tales días muchos regalos de la divina clemencia en tanta abundancia que su espíritu era lleno de divinas consolaciones y alumbrado con celestiales revelaciones. Revelole nuestro Señor muchas cosas, las cuales por mandado de su confesor dejó escritas, y entre ellas era una, que el Reino de Granada vendría a poder de cristianos. También que los conventos de frailes menores claustrales y de las monjas habían de ser reformados. Revelole también nuestro Señor las grandes maldades y abominables herejías que los cristianos destos reinos cometían por la comunicación y trato que tenían con los moros y judíos que en ellos vivían. Pues manifestando esta santa mujer estas cosas a los Reyes Católicos don Fernando y doña Isabel (con quien tenía mucha autoridad y crédito), llamáronla a Segovia, adonde entonces ellos estaban. Y tratando con ella estos negocios y pidiéndole su parecer, determinaron se pusiese en España el Santo Oficio de la Inquisición. Y ansimismo ordenaron otras muchas cosas tocantes al servicio de nuestro Señor. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Capítulo XXV'''&lt;br /&gt;
'''De cómo doña María de Toledo, después que volvió de Segovia, no quiso tornar a casa de su padre, y se fue al Hospital de la Misericordia'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Alcanzada licencia de los Reyes Católicos en Segovia, vínose a Toledo; no quiso tornar [362] en casa de su padre. Y después de haber puesto en estado las mujeres y criadas que tenía, ofreciose toda al servicio de Nuestro Señor, y fuese al Hospital de la Misericordia para emplearse de día y de noche en servicio de los enfermos. Y era cosa de admiración el cuidado y solicitud que en ello ponía, acudiendo a todas las necesidades dellos, a los cuales trataba con mucha benignidad y regalo; solo era para sí misma muy áspera, siendo para todos misericordiosa. La camisa que traía era un saco de sayal o xerga muy áspero. La cama era unas pajas, y la manta con que se cubría era pelos de cabra, y de lo mismo era el almohada. Tenía una celda muy pequeña, donde, después de haber acabado de curar y visitar los enfermos, estaba toda la noche hasta Maitines en oración. Y después de haber dormido un poco levantábase muy de mañana y limpiaba los servicios de los enfermos; y en cuanto podía regalaba y consolaba los enfermos. De donde manó que los Caballeros de Toledo hiciesen una Cofradía en la cual cada uno sirviese una semana en el Hospital de la Misericordia, lo cual ha permanecido hasta el día de hoy. Pasó muy adelante la cristiandad desta mujer, acompañada de muy grande humildad, porque queriendo con más abundancia regalar y servir a los enfermos, después que había dado al hospital y a la capilla d’él todo cuanto tenía, comenzó a pedir por amor de Dios (con su compañera [[Juana Rodríguez]]) de puerta en puerta, y llevaba con mucha alegría (sobre sus hombros) lo que le daban. Levantose por esta causa una grandísima persecución de sus más propincuos parientes, porque se afrentaban de verla andar de aquella manera y huían della por no encontrarla por las calles; y muchas veces le reprendieron y deshonraron: unos la llamaban loca, otros, desperdiciadora y gastadora, otros le decían que afrentaba a todo su linaje. De suerte que todos sus deudos la vinieron a aborrecer; y fue tanto esto que aun su madre (con ser muy cristiana y bendita mujer) no la podía ver. Mas la bienaventurada, deseando conformarse con Jesucristo Nuestro Señor, no solo llevaba esto con mucha alegría, más aun las bofetadas que su compañera le daba, por mandado de su confesor (para ejercitarla en paciencia y humildad), recebía como tesoro divino y precioso. Pasados desta manera tres años, cayó en una gravísima enfermedad; y llegada a lo último de su vida, y recibidos los sacramentos, vino a verla su madre, la cual no le pudo negar el amor y entrañas maternales; [363] y estando allí con ella y puesta de rodillas delante de una imagen de Nuestra Señora que allí estaba, le pedía (con lágrimas y suspiros e instancia de oración) salud para su hija, y muy en breve, como si hubiera resucitado, la vio sana y libre de su enfermedad. Llevola a su casa para que acabase de curar y regalarla en su convalecencia, y dentro de pocos días estuvo de todo punto buena. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Capítulo XXVI'''&lt;br /&gt;
'''Cómo doña María de Toledo después desta enfermedad tomó el hábito de monja de Santa Clara en el Monasterio de Santa Isabel la Real de Toledo'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Después que la santa mujer cobró entera salud comenzó a tratar consigo misma, cómo dispondría de sí de manera que más sirviese a Nuestro Señor: unas veces pensaba ir en romería a Jerusalén, otras buscar otra vida más estrecha, y otras cosas semejantes. Y andando ella y su fiel compañera revolviendo estos santos y divinos pensamientos, pusiéronse en ferventísima oración, suplicando muy de veras a Nuestro Señor les revelase su divina voluntad. Tuvo sobre esto revelación divina, por lo cual entendió que la voluntad del alto Señor era que fundase un monasterio de monjas adonde ella y otras muchas le sirviesen. En este tiempo (por ordenación divina) acaeció que vinieron los Reyes Católicos a Toledo, y la dicha doña María de Toledo comunicó con la reina doña Isabel su determinación y santo propósito; y los Reyes holgaron mucho dello, los cuales le dieron una buena casa que ellos tenían en Toledo, que era el sitio donde ahora está fundada Santa Isabel, que es la Orden de santa Clara, al cual le pusieron este nombre por causa de la reina. Tomó allí el hábito, y con ella algunas criadas suyas, y otras devotas mujeres. Hicieron luego abadesa a la dicha doña María de Toledo, fundadora del dicho convento. El orden de su vida, después de ser monja y prelada, es este: traía de ordinario un áspero cilicio, desde el cuello hasta los pies. La túnica, hábito, y manto, todo era muy vil, roto, y muy viejo. Su cama eran unos sarmientos mal compuestos, o una tabla, y el almohada era una piedra o un madero. Después de Maitines no tornaba a la cama, por quedarse en el coro en oración hasta Prima. Y, del gran consuelo que de la oración sacaba, traía siempre la cara llena de alegría y [364] contento. No comía carne, ni bebía vino, y todo el año ayunaba con mucha abstinencia, y los tres días de la semana ayunaba a pan y agua, y en los otros tomaba algún refrigerio de vianda. La Cuaresma que llaman de los Ángeles solía ayunar a pan y agua. Cada día buscaba las cestillas en que se cogían los pedazos de pan que sobraba a las monjas, y lo que ellas dejaban, buscaba y recogía para su comer. Y cuando no los hallaba, rogaba a la resitolera le diese los mendrugos de pan que habían las monjas dejado. Comulgaba muy a menudo, y el día que recebía al Señor no comía más de unas almendras o pasas después de Vísperas. Los manjares que le daban en la mesa para comer, enviaba a los pobres. Todo cuanto fue en sí remedió las necesidades del prójimo; y ansí a los que llegaban a pedir al monasterio por amor de Dios, o los que en otras partes padecían alguna necesidad, procuraba remediar y consolar. Era humanísima con las monjas; y si alguna vez reprendía a alguna dellas, antes que se recogiese en la noche la hablaba, y dejaba muy consolada y alegre. Era siempre primera en los trabajos y oficios del monasterio, los cuales hacía con mucha diligencia y cuidado. Visitaba y servía a las enfermas con tanto amor y caridad que muchas veces su sola presencia les daba salud. Ansí como iba creciendo en edad crecía en el rigor y aspereza de su cuerpo, añadió al silicio una túnica tejida de cerdas y pelos de cabra para con eso poder ofrecer a Dios su cuerpo más mortificado. Como esta santa mujer era ejercitada muy de ordinario en altas meditaciones, aconteció que un viernes de Cuaresma, juntándose a la disciplina, como acostumbran, la vio otra monja que tenía la cara muy resplandeciente y con gran claridad, de donde salía un rayo de luz muy claro y grande, que la luz se extendía tanto que llegaba hasta la monja que esto vio. Y como le preguntase y rogase, con mucha importunidad, le dijese qué había visto o sentido en aquella hora (porque ella nada decía, sino siendo a ello muy forzada), dijo que había Nuestro Señor permitido que ella gustase en aquel tiempo aquella caridad incomprensible, con la cual quiso padecer tan crueles azotes y inmensos dolores. Otras muchas cosas le acaecieron y muy dignas de memoria, que Nuestro Señor hizo por su sierva, que por abreviar no se relatan aquí, solo diremos lo que en el fin de sus días hizo. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Capítulo XXVII'''&lt;br /&gt;
'''[365] Del fin de doña María de Toledo, y de los milagros que hizo'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Acercándose el fin de la dicha doña María de Toledo, padecía muy grandes enfermedades. Y como el tiempo pasado de su vida no había tenido gloria en otra cosa sino en la cruz de Cristo y en su Pasión, suplicábale que los dolores y tormentos que su divina Majestad había padecido en la cruz permitiese que ella, en cuanto le fuese posible, los experimentase. Oyola el divino Señor, porque desde allí adelante le acometieron tan vehementes dolores que todos los huesos parecía se le quebraban en el cuerpo, y que cada momento la partían por sus coyunturas. Y aunque estuvo un año entero padeciendo estos dolores, nunca de su boca se oyó palabra que fuese impaciente, ni aun dio señal de tenerla: antes muy alegre y regocijada alababa a Dios sin jamás cesar. Y como olvidada de sí, hizo hacer una silla en la cual iba a visitar a las otras enfermas y las consolaba, y holgaba tanto de sus dolores y trabajos de sí misma que más le parecía estar en paraíso y gloria que padeciendo tormentos y dolores. Si alguna vez estando enferma le daban las que servían alguna cosa, y se tardaba algún tanto en tomarla, luego a la hora les pedía perdón con muy grande humildad. Finalmente, al cabo de un año que estaba enferma, le dio una landre y una calentura muy aguda, de que moría mucha gente; y tan grave fue lo uno y lo otro que la sacaron de juicio, pero con todo eso nunca dejó de decir palabras muy benditas y santas, unas veces decía: “In pace in idipsum dormiam et requiescam”, otras: “In manos tuas Domine commendo spiritum meum, vias tuas Domine demonstra mihi. Haec est requies mea in saeculum saeculi”. Después que volvió en su entero juicio pidió los sacramentos, y después de haberlos recebido devotísimamente, vivió dos días, en los cuales de ordinario consolaba y confortaba a sus monjas en servicio de Dios y trataba cosas espirituales y de grande edificación; y mientras duraron estos dos días se le mudaba el color del rostro muchas veces en diversos colores, en lo cual se vio manifiestamente que se le ofrecían graves y muy arduas cosas espirituales. Rogada, y importunada de algunas monjas les dijese lo que había visto, respondió: “Nuestro Señor Jesucristo y su bendita Madre han estado aquí conmigo”. Y importunada que dijese más, [366] dijo otra vez: “Vi al glorioso S. Juan Bautista, y a toda la Corte celestial”. Y al último día desta gravísima enfermedad en la noche, estando todas las monjas alrededor de la cama muy penadas y tristes por parecerles que les faltaba su buena madre, y las más dellas dormidas del mucho cansancio, oyose una voz desconocida que las despertó, y ellas se levantaron, y entendieron que se llegaba la hora. Hincáronse todas de rodillas bañadas en lágrimas y dando sollozos y suspiros, suplicándole les diese su bendición; y ella pidió a nuestro Señor les diese su bendición, y que las conservase en su amor y temor, oyó una voz del Esposo que la llamaba. Y repitiendo aquel verso, “In pace in idipsum dormiam et requiescam”, dio una gran voz, diciendo: “Quedaos con Dios hijas mías, quedaos en paz”, y luego como quien se queda dormida, dio su alma a Nuestro Señor. Fue su fallecimiento sábado, día octavo de los apóstoles S. Pedro y S. Pablo de 1507. Habiendo cumplido setenta años de edad, y treinta de religión, y de la fundación de su monasterio. Había en este tiempo treinta monjas en el convento, las cuales todas sintieron al tiempo que murió esta bendita señora grande fragancia y admirable olor que de su cuerpo salía, que muy cierto creyeron que estaban allí compañías de ángeles y coros celestiales que venían a acompañar a la bendita alma. Confirmó esto un canto celestial que luego sonó tan suave y dulce, con que quedaron todas las monjas muy consoladas. Oyose este canto tres veces. La primera en el aposento donde murió la santa. La segunda en la misa, y la tercera cuando la enterraban. A la hora que murió esta bienaventurada estaba en oración un religioso muy devoto, de la Orden de los Predicadores; el cual era confesor de las monjas del Convento de la Madre de Dios de Toledo, que se llamaba fray Jordán. El cual vio una procesión, y en el fin de la una parte iba santa Clara, y de la otra santa Isabel, y en medio llevaban a esta bendita mujer con grande resplandor, vestida de vestidos riquísimos de tela de oro; sembrados de perlas preciosísimas, con una corona de oro en la cabeza de mucho valor; y la cara llevaba resplandeciente como el sol. Y a todas estas santas conoció el dicho religioso y las miró con mucho contentamiento y regalo de espíritu, que parecía penetrar lo íntimo de los Cielos. Y muy lleno de admiración y gozo, fue al Monasterio de Santa Isabel, y contó por ciento esta visión a todas las monjas. El cuerpo desta bienaventurada se ve el día de hoy entero y tratable, [367] como si estuviese vivo, por cuyos merecimientos se han obrado por la divina clemencia muchos milagros, y sanado muchos enfermos de diversas enfermedades, de los cuales referiremos aquí algunos, para gloria de Dios, y de su sierva. &lt;br /&gt;
Un clérigo cojo encomendose muy de veras con entero corazón a esta santa, y en un punto se halló sano y libre. Una mujer que estaba muy enferma, en tocándola con un pedazo de la túnica desta santa, luego sanó. Muchas mujeres que estando casadas muchos años y no se habían hecho preñadas, suplicando a esta santa les diese favor para tener hijos, fue Nuestro Señor servido de se los dar; y para esto se ceñían con una medida del largo desta santa mujer. &lt;br /&gt;
Una señora muy noble tenía una hija que había perdido el juicio, y muy confiada en esta santa, envió a pedir al monasterio le diesen el velo de la cabeza de la santa y una medida de su cuerpo; y habiéndolo traído, el velo puso en la cabeza de su hija, y el cíngulo en el cuerpo, y luego cobró el juicio que tenía perdido, y dentro de pocos días se hizo preñada, que hasta entonces había estado con grande esterilidad. Otra mujer muy principal había cegado cincuenta días había de una grande enfermedad; la cual envió a rogar a las monjas del dicho monasterio que le hiciesen caridad de alguno de los paños que fueron de la bienaventurada santa; las monjas le enviaron un paño que había sido suyo, y la mujer enferma se lo puso sobre la cabeza, y luego cobró la vista de los ojos. Otras muchas personas han sido curadas y sanas de diversas enfermedades tocando al silicio o túnica de la bienaventurada santa. Todo esto ha sido para gloria de Nuestro Señor Jesucristo, que por los merecimientos de su sierva ha obrado tantas maravillas.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
= Vida impresa (7)=&lt;br /&gt;
Ed. de [http://visionarias.es/equipo/sergi-sancho-fibla/ Sergi Sancho Fibla]; fecha de edición: octubre de 2021. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
== Fuente ==&lt;br /&gt;
[[Archivo:Vargas Vida 1616.jpeg|miniatura|250px|right|Tomás Tamayo de Vargas, 1616. ''Vida de Doña María de Toledo, señora de Pinto, y después Sor María la Pobre, fundadora y primera Abbadessa del Monasterio de Sancta Isabel de los Reies de Toledo''. Toledo: Diego Rodríguez.]] &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
* [http://catalogodesantasvivas.visionarias.es/index.php/Categor%C3%ADa:Tomas_Tamayo_de_Vargas Tamayo de Vargas, Tomás], 1616. ''Vida de Doña María de Toledo, señora de Pinto, y después Sor María la Pobre, fundadora y primera Abadessa del Monasterio de Sancta Isabel de los Reies de Toledo''. Toledo: Diego Rodríguez.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[[Contexto material de la Vida de Doña María de Toledo, señora de Pinto, y después Sor María la Pobre]] '', fundadora y primera Abbadessa del Monasterio de Sancta Isabel de los Reies de Toledo''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
== Criterios de edición ==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El texto se ha actualizado a las normas de ortografía vigentes. Esto conlleva la normalización de las grafías h, b/v, j/g, i/y; la -u- con valor consonántico, y los cambios de qu a cu. No obstante, como se verá, en este texto se ha optado por una transcripción más bien conservadora. Se ha respetado la morfología de las palabras de interés fonológico o etimológico (mayormente latinismos) y de fácil comprensión: “embiaron”, “podiendo”, “recebir”, “monarchía”, “escriptura”, “oratión”, b“sanctidad”, etc. , y se han eliminado las dobles consonantes, excepto -cc- antes de e/i, y las nasales. También se han conservado el laísmo (muy presente) y un más escaso leísmo. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En cuanto al grupo de sibilantes, debido a que ya no tienen valor fonético y siguiendo los criterios del Catálogo, se ha actualizado su escritura. En cambio, se han conservado “desto”, “desta”, “della”, pero “d’él” se ha separado mediante el apóstrofo. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
La puntuación y la acentuación han sido normalizadas, así como el uso de las mayúsculas y la separación o unión de palabras. Los nombres propios de personajes y lugares han sido modernizados para facilitar su reconocimiento: “Ayala” en vez de “Aiala”, “De Alba” en vez de “Dalva”, etc. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Las abreviaturas han sido desarrolladas. En el caso de “f.”, se ha optado por “fray” en vez de “frater” por el uso que hace el texto de esta palabra. El uso de la cursiva que marca énfasis en el original se ha conservado, aunque no en los diálogos o parlamentos, siguiendo los criterios del Catálogo, excepto cuando se pronuncian palabras latinas. Debemos avisar que en el impreso aparece siempre en mayúsculas el nombre de la protagonista de la hagiografía: “MARÍA la POBRE” así como el de “CHRISTO” o “JUANA RODRÍGUEZ”. Aunque nos hubiera gustado restituir el efecto visual que esta elección gráfica podía provocar en el lector, hemos optado por seguir criterios homogéneos con el Catálogo y hemos sustituido las maýusculas de la palabra por la mayúscula del nombre (por ejemplo, “Pobre”). &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Por último, se ha conservado sólo uno de los paratextos: la censura escrita por Francisco de Pisa. Ello responde a la voluntad de hacer manifiesta la relación entre este eclesiástico y Tamayo de Vargas, siendo ambos autores de sendas vidas de María la Pobre. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
== Vida de María de Toledo==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[Portada] '''Vida de Doña María de Toledo, Señora de Pinto, y después Sor María la Pobre, fundadora y primera abadesa del Monasterio de Sancta Isabel de los Reyes de Toledo'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[Fol. (ir)] '''A la imperial ciudad de Toledo'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Como a madre dichosa de tan bienaventurada hija debo justísimamente la relación de su vida, como el afecto con que la escribí en agradecimiento del favor que de todos sus naturales experimentan siempre mis cosas. Significo el deseo de no parecer desagradecido con la confesión de la deuda, y hácese esta gustosamente mayor con la paga de lo que es más suyo: pues nada por tal puede ser más agradable que su mismo nombre que la ''Descripción de sus maravillas''; nada de más autoridad que la ''Historia de sus arzobispos''; y nada de más estima que los ''Elogios de sus Ciudadanos ilustres en letras''; con que, recompensando parte del agrado con que me favorece, pretendo confirmar su excelencia en lo mayor de las naciones extranjeras en lo mejor de la nuestra. Este será el intento, sino el suceso, como ahora dar por seguridad de mis promesas esta, si pequeña prenda de mis deseos, muestra grande de sus obras. Parte corta es de su historia, pero principal. Tal la han calificado muchos escriptores ilustres en religión, doctrina y dignidad: sus pisadas he medido, deseoso de serles, como en el cuidado, compañero en el afecto. El reverendo Padre Fray Marcos de Lisboa, obispo de Porto, mostró el suyo a esta beata señora desde el Capítulo XIII del libro VIII de la III parte de la ''Chrónica de la Orden de San Francisco''. Siguiole, no sin maravilla, en obra tan insigne el doctísimo Tomás Bocio, presbítero de la Congregación del Oratorio, en el Capítulo XXIII del libro XII, signo LVIIl” ''[1]'', como el reverendísimo Fray Francisco Gonzaga, obispo de Mantua, III parte Monasteria ''[2]''; Fray Pedro de Salazar, desde el Capítulo XXIV hasta el XXVIII del libro V de la ''Chrónica de la'' [fol. (iv)] ''provincia de Castilla''; Pedro de Alcocer, libro I de la ''Historia de Toledo'' Capítulo XV; nuestros toledanos piadosos: el Maestro Alonso de Villegas, ''Flos sanctorum'', parte III, el Doctor Francisco de Pisa por tantos títulos de doctrina, religión, ancianidad venerable, parte I de la ''Descripción de la Imperial Ciudad de Toledo'', libro V, Capítulo XXXVI) y más a la larga en el ''Tratado del instituto de la Orden Tercera'', cuya erudición igual espera presto la luz común. La verdad de tales escriptores apoyan las escripturas, privilegios, institución, donaciones, y otras memorias originales antiguas, que del archivo de Sancta Isabel de los Reyes de Toledo he visto, como también una relación antiquísima de la vida desta señora de mano ''[3]'', y sin nombre de auctor, sacada (como se cree) de la que, enseñada del Cielo para solas cosas dignas d’él, escribió su devota compañera, y el ilustrísimo Dominus Fray Francisco Jiménez tuvo en gran veneración ''[4]''. No me ha animado menos otra escrita con tanto acierto como curiosidad por el Dominus Pedro de Salazar y Mendoza, canónigo de la ilustrísima Iglesia de Toledo, y muestra de las grandes obras que España le pide para su mayor ilustración. Auctoridad tan grande ha seguido mi piedad, que no es pequeña aprobación del sujeto, y disculpa del que le emprende, la unida conspiración de tan nobles escriptores. En lo que la averiguación (como en las acciones de la niñez) no puede ser puntual, ley es del historiador referir lo que debió o pudo ser; en lo que fue, hacerlo que campee con el adorno, no que se violente. Tal vez hablan por mí los auctores antiguos por mejoría, no por afectación u ostentación. Tal (aunque con cuidado decoro) doy título de Bienaventurada, de Sancta, a quien atribuyó virtudes o maravillas proprias solamente de los que lo son. No es nuevo, ni digno de censura, pues con los [fol. (iir)] dedicados a Dios nació este nombre. A Israel dice el mismo, ''“Viri Sancti eritis mihi”'' ''[5]'', ''“sancti estote”'', ''“quia ego Sanctus sum”'' ''[6]'', y David le alega para su defensa, ''“Custodi animam meam, quoniam Sanctus sum”'' ''[7]'', y San Pablo llama a los Christianos ''“Vocatos Sanctos”'' ''[8]'', nombre tan universal que comprehende en la sanctificación a los animales, vasos, vestimentos y lugares consagrados a Dios, como dice Orígenes. La precipitación deste aborto o parto de tres días ocasionó el temor de no verle mal tratar de algún fingido padre, como la ''Constancia del Gran Justo Lipsio'', que deseé gozara la nobleza española por mi medio, y Fray Hernando de Luján de la Orden de la Merced quiso, sin orden mía, prohijar a Juan Baptista de Mesa, hombre no conocido, salió en Sevilla este año otro en reconocimiento de algunas amistades no vulgares con que yo sin conocerle le serví. Saliera con su nombre y el de sus censores, y conociérase, o no desmembrado, y no se desconociera. O no saliera, como la Vida del mismo auctor y Notas a esta obra sacadas de todas las suyas, pues todo se hizo a un fin, y fuera término de honor y christiandad. Lastímame no la pérdida, que estimo en poco, sino la mala correspondencia, que no puedo dejar de sentir mucho y a Dios solo hago juez y vengador de nuestra verdad. También la tardanza de la promulgación de la que sigo en la ''Defensa de la Historia de España'', apoyada con tres sentencias del consejo supremo impedidas de relaciones siniestras, me ha obligado a buscar olvidos, hasta que Dios, en quien solo confío, se sirva de volver por la verdad y piedad de mi causa. Estas son las que me movieron a sacar a luz ahora esta niñería, como las superiores a desear solamente a los ciudadanos desta imperial ciudad por lectores de lo que es tan suyo, como lo confesará agradecido perpetuamente quien para ellos solamente lo escribió.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[Fol. 1r] Libro I. ''De la vida de Doña María de Toledo'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Capítulo I. Origen, progreso y fin del estado religioso'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Con ser la naturaleza del bien si tal ''[9]'' que, si fuera capaz de aumento o disminución externa para su perfección la dejara de tener y perdiera el nombre, es cosa maravillosa que no tiene por excelencia igual a la promptitud liberal de su participación con los que le conocen el llevar tras sí los ánimos aun de los que le ignoran. A [fol. 1v] Dios summo y perfectísimo bien pudiera gozar de sí proprio solo en sí sin la compañía de las criaturas, mas como si necesitara su comunicación, no solo gustó de hacer de nuevo a quien vista su hermosura se fuese tras él, sino que dispuso los ánimos de los que poco antes había criado de nada, de suerte que ninguna cosa parece que pretendió más que su unión con ellas. ¡Oh propriedad forzosa del bien, oh fuerza propria del amor, aficionar no solo la voluntad, sino rendir el entendimiento; alcanzar no solo su aprobación, sino su seguimiento! Viose esto desde el principio de las cosas. Dio Dios ser al universo, hizo gobernador d’él al hombre; puso en este su conocimiento, diole con libertad la elección de lo bueno y de lo malo; no sujetó el juicio a la noticia de lo mejor, bastó darle la perfección de ella, sino la sujeción. Negósela el hombre rebelde a su hacedor, sujeto a su apetito. Pudo tal vez la hermosura cierta del bien más que la blandura lisonjera del mal. Huyó de uno llevado de otro. Cooperaron las obras del hombre a la promptitud de Dios y quedó por poses- [fol. 2r] sión y pueblo suyo unido con él y, como agradecido al gusto de su unión, trabajando siempre por no desunirse d’él. Quedó en fin (como transformado en el bien) hecho bueno, dando a este género de gente mejor el mejor principio en el del mundo. Enoch venerando a Dios con culto por religioso especial ''[10]'', hicieron lo mismo sus hermanos, hijos de Seth y nietos de Adam, vacando solo a Dios en habitaciones retiradas sin mezcla de la profanidad del vulgo. A su imitación, los hijos de Recab observaban los preceptos de su Padre tan puntualmente ''[11]'' que merecieron la alabanza del mismo Dios ''[12]''. Imitaron a los de la ley natural los de la escripta ''[13]'', teniendo por guía al Sancto Propheta Samuel, y él por compañeros a los demás prophetas en los puestos señalados de Galgala, Naioth o Ramatá, y riveras del Jordán. Llevó adelante la institución de Samuel el fervoroso Elías, siguió su celo Eliseo, su discípulo, tan fervorosamente que excedió el número de sus secuaces la capacidad del Carmelo, extendiéndose hasta el Jordán, y monte Efraín y ciudades Galgala, Betel, Jerusalén, [fol. 2v] Sarepta, Samaria, Jericó. Conservose este fervor hasta el divino precursor Baptista, cuyas pisadas veneraron los Pablos, los Antonios, los Hilariones, los Macharios, los Pafnucios, y las demás guías de los ejércitos de ángeles humanos, que acompañaban a los celestiales en las alabanzas perpetuas de su Criador ''[14]''. Hallaron ya estos sanctos en la ley de gracia apoyadas estas juntas con el ejemplo de Christo, y seguimiento de sus apóstoles y discípulos, autorizando en varias partes esta profesión personas de conocida nobleza: Techla en Grecia a persuasión de Pablo, Domitila en Roma a la de Clemente, la hija del Rey de Ethiopía a la de Matheo ''[15]'', y a ejemplo de todos en Francia, Martha, y otras que en Jerusalén halló la devota Emperatriz Helena. ¿Daremos otro nombre a aquella, si tierna en la fe, fervorosa unión de los que ufanos vivían con sola una alma, con solo un corazón? ¿La fórmula de la renunciación de las cosas del mundo no daba bien a entender cuán desarraigadas vivían dellas? ''[16]'' El modo de velar las vírgines, que tuvo principio del de los Apóstoles, y se confirmó el año de CXLVII por Pío I, Pontífice summo, ¿no es buen in- [fol. 3r] dicio desta abnegación de los bienes y gustos de la Tierra por la estima de los del Cielo? Seguían hasta estos tiempos los impulsos de Dios y mandatos de sus superiores estas fervorosas juntas, unas de un modo, otras de otro, y todas perfectísimamente, hasta que la doctrina de San Antonio en Egypto fue haciendo la regla ''[17]'', que después escribió en Capadocia San Basilio ''[18]'', aprobó en Milán San Ambrosio, y dilató San Augustín en África ''[19]''. Llegó este estado a la última perfección con el ejemplo del glorioso Padre San Benito, y de sus bienaventurados discípulos Mauro y Plácido, y años después con el de Oddón, Abad de Cluní, de Romualdo de la Camaldula, de Juan Gualberto de Valdeumbrosa, Roberto I Estephano del Cístel, Bernardo de Claraval en diversos tiempos, y debajo de la regla de San Benito, y algo después con el de Bruno el de la Cartuja, y el de otros, que con la sanctidad de su vida, como partícipes del primero y summo bien atrahían a otros a él y a sí, deseosos de mayor perfección. No parecían muriendo siempre en cosa mortales. Vivían de milagro transportados en lo que no eran y para quien habían nacido; solo con Dios tenían sustrato, abor- [fol. 3v] recían el de los hombres, como si fueran ellos de otra naturaleza, temiendo que el cáncer de sus malas costumbres no corrompiese la sanidad de la suyas. Este era su intento. Siguiéronle otros con igual celo, si con menos retiramiento, pareciéndoles que el verdadero no consiste tanto en el del cuerpo, como en el del afecto, no tanto en la huida exterior de las cosas ajenas como en la interior de sí proprios, fiando en el que les daba el celo, que les daría valor para hollar sin lesión el fuego mismo y los animales ponzoñosos, por descalzarse de todos los afectos que les podían apartar de su Criador. Unieron a las ciudades, y afuer del Sol, que sin daño suyo ilustra aun las partes más inmundas, despidieron los rayos del fuego divino que, como a Elías, les trahía arrebatados de sí mismo en los corazones más tibios, dejándoles purificados de sus immundicias y hechos cherubines abrasados en el amor de Dios ''[20]''. Juntáronse con los primeros, y como la materia del fuego conserva más en sí el calor junta que esparcida, vino a ser el incendio tal, que ya las ciudades competían con los desiertos. Fueron los primeros auctores deste género de vida † ''[21]'' años des- [fol. 4r] pués los bienaventurados patriarchas Domingo y Francisco, y a su imitación los demás, cuyos hijos hoy vemos florecer en virtud y letras para tanto honor de Dios y provecho del mundo: tanto puede la hermosura del bien, que obliga arrebatadamente a que le conozcan; tanto sin conocimiento, ¡que fuerza blandamente a que le sigan!&lt;br /&gt;
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'''Capítulo II. Elección de Dios de todos estados para el de la Religión. Nobles en sanctidad y linaje en la de San Francisco. Sujeto y fin deste libro'''&lt;br /&gt;
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Quiere Dios que todos le sigan. Repugna la imperfección de nuestra naturaleza depravada por el pecado a la sinceridad perfectísima a que a Dios nos lleva. Vence a veces la carne, muchas el espíritu, quedando [fol. 4v] de sus luchas en Dios gozo del vencimiento deste por nuestro bien, y en nosotros humildad con la fragilidad de aquella, por la obediencia a Dios. De uno y otro resulta gloria a Dios, provecho a nosotros, por llevarnos el conocimiento de nuestra miseria al de la necesidad que tenemos de quien nos da la vida, el movimiento, el ser. Anima Dios la desconfianza de los flacos con la variedad de los ejemplos de otros de su género y, aunque no admite excepción de personas, echa a veces la mano al poderoso del mundo para que su ejemplo mueva a sus iguales y por que se vea que el verdadero poder consiste en la abnegación del falso. Otras la extiende al desecho del mundo para confusión de lo estimado y para que se conozca que su providencia se extiende aun a lo más olvidado. Vense ejemplos de una y otra elección en todas las religiones y no es menor maravilla verse ensalzada la humildad de un pobre en todos los bienes que la fortuna llama suyos que desearse humillar un rico, un noble, un letrado. Es el estado mediano entre los humanos más commún, y así causan menor admiración sus sucesos. Pero ¿a quién no admirará ver postrar a los pies de la hu- [fol. 5r ''[22]''] mildad la grandeza de las Coronas, y desear más vivir sujeto a la voluntad de un solo superior, que ser obedecido de todo un reino? Efectos maravillosos de la excelencia del bien, que atrahe a sí con amoroso imperio los ánimos que llegan a conocerle. Que a la ternura de una doncellica no contraste el regalo, y a los gustos aún lícitos ponga acíbar el conocimiento de Dios, ¿qué puede ser sino fuerza de su bondad? Deja Inés las riquezas de Orechio, su padre, rey de Bohemia ''[23]'', y los regalos de Frederico II, emperador de Alemania, su esposo, por seguir al padre y esposo de las almas puras, Christo, debajo de la regla de su Bienaventurado imitador Francisco. No repara Blanca en ser primogénita de Philipo Pulcro, rey de los Francos; olvídase de su padre Rodulpho, emperador, Coleta; no corrompen la constante determinación de Constancia los bienes de Frederico Emperador su abuelo, y amores de Don Pedro, rey de Aragón, su marido; no distrahe la vanidad del mundo a Salomé, hija del rey de Polonia. No entibia el fervor de Isabel la grandeza del Imperio de los Romanos y de Carlos IV, rey de Francia y emperador de Alemania, su marido, no a [fol. 5v] Blanca el Reino de Francia, no a Sancha Roberto, rey de Nápoles, su esposo; no a Doña Leonor de Quiñones, a Doña María de Mendoza, a Doña Ana Ponce de León, y a otras ilustrísimas señoras la delicadeza de su género, la celebración de su hermosura, la riqueza de su patrimonio, y la nobleza de sus padres a que lo pospusiesen todo por Dios a los pies de Francisco, cuyas pisadas tanto procuraron seguir. No últimamente todas estas apariencias del mundo a divertir de sus sanctos propósitos a la ilustrísima Doña María de Toledo por sangre de las más generosas, y por rica de las más hacendadas de España, a que, a ejemplo de las pasadas, le dejase a las venideras de su admirable vida ''[24]''. De los sucesos desta hago humilde relación, no ambicioso, ostentación de sus alabanzas, porque ¿quién podrá dar alcance a la soberanía de sus méritos con la vileza de su insuficiencia? ¿Qué fin el espíritu del sujeto que emprendo infundido por ella o imitado del que hoy admiramos en sus religiosas hijas mal podrán las obras satisfacer al deseo? Vos, señora, celestial espíritu, perdonad la rudeza del estilo por la sinceridad del afecto: y sea género de alabanza vues- [fol. 6r] tra, como ninguna es mayor que no poder ser dignamente alabada ''[25]'' sino por vos misma, consentir serlo de quien es tan indigno de toda alabanza. A vuestra piedad será fácil la ayuda, como a mi veneración permitido proponer la hermosura de vuestras virtudes para caudal de los que las imitaren. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Capítulo III. Nobleza de Doña María de Toledo'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Los hombres, a quien sola la antigua memoria de sus mayores dan nombre de nobles, son como los cipreses, superiores a los demás, pero sin fructo: son lienzos, que tienen la estimación en los colores, no la alma, de que no son regidos. Es verdad que los fuertes nacen de los fuertes ''[26]'', y nunca fue fructo de la generosidad del león el miedo de la liebre; nunca de la grandeza del águila el encogimiento de la paloma y, aunque es insigne la alabanza de la nobleza del linaje, da la me- [fol. 6v] jor ser la de la virtud, porque la una es sin duda ajena, la otra merecidamente propria ''[27]''. Porque al que se da por rico, no a él sino a la fortuna se atribuye; a quien la tiene por valiente, la enfermedad la gasta; a quien por hermoso, la edad la roba; del que la merece por virtuoso, es la alabanza cierta ''[28]'', por ser solo de quien lo es, pues posee lo que no heredó de sus mayores, ni pende del caso, ni se muda con la edad, ni se acaba con el cuerpo. Hermosea maravillosamente el oro de la nobleza el esmalte de la virtud y aúnanse tan amigablemente estas dos dotes natural y divina que la virtud ilustra la nobleza y la nobleza hace que capee más la virtud. Es como natural al noble ser bueno, y como violento dejarlo de ser; como accidental al humilde serlo, y natural dejarse arrastrar de su bajeza. Pero si este es virtuoso, es noble; y si al noble corrompen los vicios, falta también la propria nobleza. Mas al que la sangre generosa hace estimado y la virtud heroica venerado, ningún título falta de alabanza, y en los tales, como para ejemplo se cuentan sus virtudes, para calificación dellas no es justo se olvide su nobleza. La de Doña María de Toledo iguala a su virtud, excediendo esta a aquella, que es [fol. 7r ''[29]''] el mayor encarecimiento que dentro de los límites de la verdad se puede hacer. Porque ¿qué sangre hay en España insigne por antigüedad de hazañas, o qué casa ilustre por privilegios de sus mayores que no esté en las venas de Doña María de Toledo, que no reconozca por su igual a la de sus padres? ¿Qué digo en España? En casi la mayor parte de Europa. Porque no solo nuestros Cathólicos Reyes, sino los christianísimos de Francia, emperadores de Alemania, príncipes de Danemarch, Inglaterra, Polonia, y Transilvania, se glorian de deudo tan de honor. Como los Duques de Baviera, Florencia, Saboya, Mantua, Montferrato, Ferrara, Parma, Placencia, Cleves, Juliers, Lorena, Melchemburg, Conde Palatino del Rheno, de Bragança, Medina Sidonia, Gandía, y los Marqueses de Brandemburg y Badena por las líneas reales; como por el apellido de Toledo los duques d’Alba, condes de Oropesa, de Orgaz, marqueses de Villafranca y Caracena; señores de Higares, de las Cinco Villas, de la Horcajada de Galues, Jumela, Biedma, y otras innumerables. De la misma manera se precian de Toledos otros ilustrísimos señores de España, como el con- [fol. 7v] destable de Castilla, el Almirante, los duques de Arcos, de Feria, de Béjar, de Alburquerque, Osuna, Escalona, los Marqueses de Priego, Malpica, Velada, las Navas, Astorga, Moya, Povar, Mirabel, Hardales, Orellana, Algara, d’Este, Fuentes, Santacruz, la Vale Siciliana, Cerralvo, Valle, Cerrato, los Condes de Alba, de Benavente, de Medellín, de Cifuentes, de la Puebla, de Santisteban, de Teba, de Montalbán, de Montijo, Arcos, Añover, Buendía, Fuensalida, Luna, Osorno, de la Gomera, Chinchón, Altamira, Peñaranda. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Otras ilustrísimas casas tienen parentesco cercano con esta, y se glorian de tener sangre de la de Doña María, como en otra parte probaremos más a la larga, que aquí solo pretendemos dar noticia de su mucha nobleza, no deslindar las genealogías de tantos señores, obra para mayores fuerzas y ocupación de más tiempo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[Fol. 8r]&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Capítulo IV. Relación breve de la nobleza de la casa de Toledo'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
A fuer de los que en la estrecheza de una sola tabla se atreven a abreviar la grandeza del mundo con menoscabo alguno de su variedad ''[30]'', bien que sin daño de la verdad, me avendré yo en este capítulo, reduciendo a relación breve lo que ocupa las mayores a mejores chrónicas de España. No ignoro la diversidad de opiniones que en la antigüedad de la ilustrísima casa de Toledo hay, ni pretendo preferir mi particular sentimiento a las sentencias communes: solo diré en summa lo que tengo por más cierto, como observado de los papeles de más curiosidad que hay en estos reinos. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Aunque la más recebida opinión de la antigüedad desta casa la da por principio al conde Don Pedro en tiempo del [fol. 8v] rey Don Alonso el VI, que ganó a Toledo, no averigua seguramente quién era este conde, ni de adónde vino. Vese la inconstancia destas opiniones en el libro antiguo de los linajes del conde Don Pedro, donde ya le hacen descendiente de los godos, ya hermano de un emperador de Constantinopla: y cuando Fernán Perez de Guzmán lo refiere, duda en la auctoridad del libro adonde lo leyó. Otros le señalan nombre llamándole Paleólogo ''[31]'': pero la diferencia de los tiempos les convence bastantemente, por haber sido este apellido mucho después usado entre los emperadores de Constantinopla; verifícase esto con el nombre de la casa de los Conenos que tenía este imperio en tiempo del rey Don Alonso: de suerte que, si fue cierta esta venida del conde a ayudar al rey no había de ser Paleólogo sino Coneno. A esta duda puede satisfacer una aparentísima conjectura que, sin duda, algún gran señor descendiente de los godos emparentó con alguno de los emperadores de Constantinopla, de quien el conde procedió, pues las opiniones comunes se diferencian en esto. Lo cierto es que el apellido de Toledo excede la antigüedad [fol. 9r] de los condes de Castilla, porque en tiempo del conde Don Sancho se sabe que floreció un caballero, cuyo sepulcro hoy se ve en Oña, llamado Gutierre Rodríguez de Toledo, que fue su camarero mayor, oficio solo dado a grandes señores ''[32]''; y pudo ser que el conde Don Pedro tuviese origen deste caballero Gutierre Rodríguez de Toledo, nombre continuado en muchos deste solar. Es también prueba de su grande antigüedad que el rey Wamba tuviese también este apellido ''[33]'', o ya por la ciudad insigne deste nombre, o por deudo con los caballeros desta casa. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
De cualquier manera que sea, ningún indicio hay mayor de su antigüedad que la ignorancia de su principio, y colígese bien destas incertidumbres que, cuando ganaron a Toledo los moros, quedó en esta ciudad alguno desta casa entre ellos, como se sabe de los mozárabes que hasta su restitución vivieron en ella; y cuando el rey Don Alonso la ganó, los moros se recelarían de los deste solar por no tener que guardar entre sí mismos, y ellos en tiempo del cerco no osarían vivir entre los moros, y así saliendo fuera de la [fol. 9v] ciudad, y ayudarían al rey como tan grandes y valientes caballeros. Estas, si conjecturas, fundadas en grandes verdades. También se cree haberle hallado en este cerco otro hermano del conde Don Pedro, llamado Gutierre Suárez, de quien descienden los Suárez de Toledo, indicio claro de que serían más los deste apellido en aquel tiempo, que el rey obligado a su ayuda les aumentaría la hacienda y preminencias en la ciudad, en cuya restitución tenían tan gran parte. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Es esta nobilísima casa una de las más extendidas que hay en España, porque fuera de los Álvarez de Toledo, que trahen por divisa los escaques blancos y azules, y son sus estados el Ducado de Alba, marquesados de Coria y Villafranca, condados de Oropesa, Salvatierra, y otros infinitos señoríos, hay otros que se llaman Suárez de Toledo y Garcías de Toledo, con diferentes divisas, y cuyos estados son antiquísimos y riquísimos, y que se cree ser también descendientes del conde Don Pedro; hay también Martínez de Toledo, Gutiérrez de Toledo, Sánchez de Toledo, Díaz de Toledo, y Núñez de Toledo, y [fol. 10r] muchos más que al apellido simple de Toledo no añaden patronímico alguno, como aquel ilustre caballero Juan de Toledo que, en tiempo de los Reyes Cathólicos, se señaló tanto en la empresa de Alhama, y el otro su igual Marcos de Toledo en la de Malta, y otros muchos, que son la principal materia de nuestras historias ''[34]''. A esto general desta casa añadiré con brevedad lo que desde el conde Don Pero hasta Doña María de Toledo nuestra materia he averiguado. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Floreció este conde, como se ha dicho ''[35]'', en tiempo del rey Don Alonso el VI, de quien el barrio que hoy llaman de Rey por descender él de los de Grecia, y en que vemos las casas deste apellido, con otros grandes heredamientos, recibió en agradecimiento de lo que en la toma desta ciudad le ayudó. Fue su hijo Illán Pérez ''[36]'' primer alcalde mayor de Toledo, electo como sus sucesores a persuasiones de los caballeros castellanos, a quien hizo el rey mercedes en esta ciudad, porque, habiéndose gobernado por las leyes de los godos y que hoy se llaman del Fuero Juzgo las seis parrochias mozárabes que en [fol. 10v] ella se habían conservado, quisieron ser juzgados por las de Castilla. Este caballero casó con Theresa Bermui, de quien tuvo a Pedro Illán ''[37]''; deste y de Urraca Pérez fue hijo Illán Pérez ''[38]''; deste y de Troila Núñez, Don Esteban Illán ''[39]'', que tan valerosamente alzando en la torre de San Román que él había fundado, y adonde están sepultados muchos de sus sucesores, pendón por el rey Don Alonso el IX, cuyas rentas llevaba el rey Don Fernando de León su tío, le entregó la ciudad, y venció a Don Fernando Ruiz de Castro y a sus secuaces de suerte que los echó de la ciudad. Y por sus servicios le hizo el rey merced de la tenencia del alcázar, y de otros castillos. El mismo valor mostró echando al rey de Córdoba que, con poderoso ejército, se había entrado en el Reino de Toledo; y replicó al pecho que el rey Don Alonso el IX quiso imponer a la hidalguía, porque mereció que la ciudad conservase su memoria en la representación de su persona armada y a caballo, que, renovada con la renovación de la Iglesia, dura hasta hoy en esta de Toledo ''[40]''. Fue su hijo mayor Juan Estebáñez ''[41]'', y deste, Juan Háñez ''[42]''; deste [fol. 11r] García Álvarez ''[43]'', que fue el primero que de los descendientes del conde Don Pedro, conservó el nombre de Toledo, aunque en algunas ruinas antiguas se llama Hernando. Tuvo la voz del rey Don Alonso el Sabio, cuando el Infante Don Sancho se apoderó de la mayor parte del reino de su padre, y, puesto en él, murió este caballero ''[44]'' y su hermano, Juan Álvarez, con gran dolor de toda la ciudad, por tener por injusta su justicia. Quedó Fernand Álvarez de Toledo, ''[45]'' su hijo, que sirvió valerosamente al rey Don Alonso el XI. Sus hijos Don Garci Álvarez de Toledo ''[46]'' y Don Fernando Álvarez de Toledo, grandes favorecidos sin mudanza, que no es poca maravilla en aquella era del rey Don Pedro, y en la revuelta deste rey con su hermano Don Henrique, por vía de concierto le hicieron merced de las villas de Oropesa y Valdecorneja con sus aldeas y términos, y el Barco con su tierra, y cincuenta mil maravedís de juro, y después la villa de Jarandilla y la de Cabañas y su tierra, renunciando el Maestradgo de Sanctiago que el rey había dado a Don Garci Álvarez, que fue mayordomo del Infante Don Henrique su hijo, en Don Gonzalo Mejía, por gusto de Infan- [fol. 11v] te Don Henrique; heredole su hermano Don Hernando Álvarez. En el repartimiento de los estados difieren el libro de los linajes del conde Don Pedro y la ''Chrónica de la Orden de Sanctiago'' ''[47]'', pero lo cierto es que se continuó en sus hijos el señorío destos estados. Fue el primer mariscal, en compañía de Pedro Ruiz Sarmiento, que hubo en Castilla. Sucediole Don Fernando Álvarez, que fue tercer señor de Valdecorneja en tiempo de Don Juan el I y Don Enrique el III. Sucediere Don Fernandálvarez, su hijo, en el de Don Juan el II, de quien recibió la villa de Salvatierra, como su tío Don Gutierre Álvarez de Toledo, I arcediano de Guadalajara, obispo de Palencia, y arzobispo de Sevilla, y después de Toledo, la villa de Alba de Tormes, que después le dio a su sobrino con vínculo de mayoradgo, y el rey le dio título de conde ''[48]''. Ganó de los moros las villas de Benamaurel, Bençulema y Castril, orlando sus armas con las banderas que quitó por su mano a los moros de Écija y Jaén. Fue, pues, Garci Álvarez de Toledo hijo de Don Fernando Álvarez de Toledo, nieto del maestre de Sanctiago, III señor de Oropesa, contando por primero a su padre, y por segundo a [fol. 12r] su tío, viniendo a ser Don Garci Álvarez IV ''[49]'' y nieto XI del conde Don Pedro. Casó con Doña Elvira de Ayala, hija de Diego López de Ayala ''[50]'', de quien tuvo a Garci Álvarez, que le sucedió ''[51]'', a Pedro Suárez de Toledo, señor de Pinto, a Diego López de Ayala señor de Cebolla, de quien descienden los señores destos estados, y a Juan Álvarez, maestrescuela de Toledo. Pedro Suárez de Toledo casó con Doña Juana de Guzmán, de quien nasció Pedro Suárez de Toledo, conmendador de Otos, y a Doña María de Toledo, fundadora del monasterio de Sancta Isabel la Real de Toledo de la Orden de Sancta Clara, y a Doña Leonor de Toledo, en quien quedó la sucesión del estado.&lt;br /&gt;
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'''Capítulo V. Nacimiento y niñez de Doña María de Toledo'''&lt;br /&gt;
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Doña María de Toledo nació en el corazón de España, la imperial ciudad de su nombre Toledo, colo- [fol. 12v] nia antigua de los romanos, asiento noble de los godos ''[52]'', fuerte por sitio, noble por antigüedad, celebrada por sus ingenios, temida por sus armas, respectada por su nobleza, admirada por su poder, feliz por su religión, y felicísima por la muestra que dio della con el fructo desta señora por los años de la redempción del género humano de MCDXXXVII, teniendo la silla de San Pedro Eugenio, IV pontífice máximo, Sigismundo la del imperio de Alemania, y la de España Don Juan el II. &lt;br /&gt;
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Nació para gloria de Dios, gozo de sus padres, ejemplo de su siglo, admiración de los venideros, y provecho de muchos: porque el nacimiento de los justos es ocasión de la alegría de todos ''[53]'', por el bien común que consigo trahe, siendo la justicia virtud común. Y así como en su nacimiento se da con tiempo señal de su vida venidera, se señala la gracia de su futura virtud con la alegría anticipada de los que lo saben. Fueron sus padres Pero Suárez de Toledo y Doña Juana de Guzmán, señores de Pinto, ilustres, como en el linaje, en la religión. De uno y otra, aun en su tierna edad, dio muestras su hija en su inclinación natural a todo géne- [fol. 13r] ro de virtud. Alegró con las gracias mudas de la niñez a sus padres María, pero mucho más con las que, aun balbuciente, daba a entender que conservaba en su corazón para el tiempo que con claridad las pudiese manifestar al mundo. Excedía la gravedad de sus maduros ejercicios la capacidad de sus años tiernos; no daba a la edad aún lo que de derecho era suyo. No había fructo de virtud que en ella no manifestase con anticipación su semilla. Eran sus consejas provocadoras del sueño de los niños, los ejemplos de los sanctos incentivos de la quietud de la gloria; su trato de amigas, el de los que la religión hacía venerables; sus fiestas, la celebración de las de los sanctos; sus juegos, el gozo que a Dios resultaba de sus oraciones; sus ejercicios más de gusto, la misa, el rosario, la abstinencia, la limosna, y todos los que la piedad christiana aconseja para la perfección, y en que pone Dios el sabor del Cielo, que ni el paladar humano sabe discernir, ni de cuyas alabanzas el oído, ni de cuya estima el corazón mortal son capaces. Crecía con el verdor juvenil del cuerpo el fruto maduro del alma, de manera que llevaba tras sí la religiosa vir- [fol. 13v] gen los ojos de todos. Era el amor de sus padres, la alabanza de sus deudos, la estima de sus criados, la admiración de sus vecinos, y todo tal que todos hallaban en ella que amar venerando, y que venerar amando. Era su condición apacible, sus palabras miradas, su alegría grave, su hermosura honesta, su ayuda liberal, su liberalidad prudente, su prudencia sencilla, y todas sus partes como prevenidas del gusto de Dios para sí. Tres cosas campeaban maravillosamente en este como bosquejo de la perfección mayor que había de alegrar los ojos de Dios y atraher los de los hombres: el menosprecio varonil de la vanidad y niñerías del mundo, alegrándose más con el adorno honesto que con las galas profanas del cuerpo, presagio manifiesto de la mudanza rara que después admiró en su vida. La piedad con que acudía a los necesitados, quitándose de su sustento lo que podía entretener la hambre del pobre. El afecto al trato con Dios, para que andaba siempre como falta de tiempo, hurtándole de todas las ocasiones que el gusto la ponía delante. Todos eran ensayos breves de su larga vida: toda centellas, si pequeñas, misteriosas del in- [fol. 14r] cendio, que el amor divino iba fraguando en el corazón deste cherubín para abrasar en él la tibieza del mundo.&lt;br /&gt;
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'''Capítulo VI. Cásase a persuasión de sus padres'''&lt;br /&gt;
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Como ha de ser la virtud, para su fructo, patente a los ojos de todos los que la ejercitan, estiman para su recreo el retiramiento: considéranse espejos y temen que el aliento los obscurezca; flores, y no quieren que el tacto los robe el olor. Que la vanidad de la vista ajena es mancha, es contagio de la virtud propria. Temen su quiebra los que saben su estima, y así retirados labran en sí lo que, hecho al toque del impulso de Dios, pueda después ser como aprobado por todos, pretendido. Tenía aun de su misma madre encubierta gran parte de los ejercicios que la sinceridad de los que no podía ocultar aseguraba y, aunque obedecía a su gusto co- [fol. 14v] mo al de Dios, por saber que siempre era uno mismo, y no hacía acción que no la regulase con él, previniendo siempre su consejo, en las que sin su consulta hacía, se persuadía fácilmente que, por ser ordenadas a mayor perfección, serían virtualmente incluidas en las que no faltaba la aprobación de su buena madre. Tal vez liberalmente se quitaba el subsidio que a la ternura de la niñez previenen a menudo las madres, compadecida de la necesidad ajena y deseosa de la mortificación propria. Tal, a solas hacía actos de menosprecio de las riquezas temporales por habituarse a athesorar en su corazón las celestiales, quitándose los vestidos que su estado contra su voluntad la forzaba a traher. Tal, los ratos que en la opinión de todos daba al sueño o al entretenimiento daba entretenidísima a la oración, a la meditación. Pero mal puede dejar de dar resplandor la luz sobre el monte, mal encubrirse el fuego en el pecho, mal no derramarse la suavidad del aroma en el sentido de los circunstantes. Guardábase María cuidadosamente, descubríase su virtud sin cuidado. Veneraban sus padres lo que amaban, ufanos de serlo de tan buena [fol. 15r] hija, contemporizaban con sus justos propósitos, y hacía su bondad que disimulasen aun en lo que el amor natural no permitía de aspereza: deseaban fructo igual a ella, viendo dilatada su virtud por la generación lícita en más. Pero ella aborrecía el nombre de esposa, como otras le apetecen, contenta con serlo del que solamente lo es de las almas puras, sabiendo que la hermosura principal de las mujeres es la castidad del cuerpo, que realza sobremanera la pureza del deseo, no la carga que a la del matrimonio sigue, no los temores del parto ''[54]'', podiendo gozarse reina de las mujeres esclavas de su apetito, enderezando los ojos del alma a aquella vida donde se hacen gloriosas y verdaderas bodas, donde la concepción son consuelos de Dios; el parto, meditaciones ordenadas a él. A tan piadosas repugnancias hacían fuerza sus padre con su gusto, con sus deseos, advirtiéndola que la virtud de la castidad es en tres maneras: una del matrimonio, otra de la viudez, la tercera de la virginidad ''[55]''; y que no porque se encarezcan las alabanzas de una, se condemna el uso de las otras; porque cada una tiene su profesión: y en nada se ve [fol. 15v] la riqueza de la doctrina de la Iglesia más que en tener a quién preferir, y en no tener a quién desechar, pues alabamos de suerte la virginidad que no vituperamos a la viudez. Así estimamos a esta que no desdoramos el honor del matrimonio. No siendo estos preceptos nuestros, sino testimonios divinos con los ejemplos de María ''[56]'', de Anna ''[57]'', y de Susanna ''[58]'' confirmados. Hacía a la deseosa de su entereza fuerza el imperio amoroso de sus padres, mas respondíales, humilde, que mirasen que, pues la pureza de las vírgenes es un género de parte angélica ''[59]'', una meditación de incorrupción perpetua en carne corruptible, era justo la cediese la fecundidad de la carne, la honestidad del matrimonio, y que sin duda tendrán en aquella commún immortalidad alguna cosa más que los demás los que han conservado algo no carnal en la misma carne. No pudieron contrastar los honestos propósitos de Doña María la fuerza de los naturales deseos de sus padres. Inclinó el cuello a su voluntad, creyendo ser la de Dios, y no le rehusó al yugo del matrimonio, que pretendió lo mejor de España tanto por la nobleza de su linaje y por el agrado de su hermo- [fol. 16r] sura, cuanto por la fama de la virtud que ponía a una y otra en su última perfección, y a todos cudicia de su participación. Cupo la dichosa suerte a Garciméndez de Sotomayor, caballero andaluz y señor del Carpio, no menos rico que ilustre, a quien como a carne de su carne y cabeza de sus miembros siguió dejando a sus padres, si llorosos por su absencia, contentísimos por la satisfacción que de su estado nuevo el pasado les prometía.&lt;br /&gt;
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'''Capítulo VII. Vida de casada y muerte de su marido, consuelo varonil en esta, y paciencia prudente en aquella'''&lt;br /&gt;
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Como fue ejemplo de doncellas Doña María en la casa de sus pares, fue espejo de casadas en la de su marido. Tenía a Garciméndez de Sotomayor por compañero en el estado, no en el deleite, amábale como a hermano, obe- [fol. 16v] decíale como a señor, venerábale como a padre, y regalábale como a esposo. Mas, entre los deleites lícitos del matrimonio, no olvidaba los ejercicios antiguos de la virtud. Antes al paso de los cuidados domésticos nuevos crecía el uso de las ocupaciones virtuosas pasadas, pareciéndole correría por cuenta de su ejemplo la reducción de su marido, la enseñanza de sus vasallos, la crianza (si Dios se los daba) de sus hijos, y las costumbres de sus criados. No había necesidad que no socorriese, no trabajo que no procurase aliviar, no enfermo a que no acudiese, no religioso a que no acariciase, no desnudo que no vistiese, no pobre que no alimentase, no últimamente obra buena que no debiese su ser a sus manos. Teníala el huérfano por madre, el necesitado por hacienda, el enfermo por salud, y todos por todo lo que de la piadosa liberalidad y nobleza virtuosa toma nombre. Regalábase Dios con tan perfectas acciones y regalábala con abundancia de favores. Mas para prueba mayor de los quilates de su virtud tenía el toque de la condición áspera de su marido. Era este caballero menos afable que noble, menos blando [fol. 17r] que virtuoso, menos acariciador de su esposa que estimador de sus raras partes. Era en fin seco de natural, extraño de condición, áspero en las palabras, desapacible en el trato, y corto en el agradecimiento que debía al Cielo por el favor que con compañía tal le hizo. Dependía esto más de su desabrimiento natural que de razón o ocasionada o afectada. Habíalo permitido así Dios para prueba de su querida. Acrisolábala en el fuego lento deste disgusto para que pudiese después parecer la fineza de sus obras a los ojos de los ángeles gozosos, de los hombres imitadores, y de los demonios invidiosos. ¡Oh, sabiduría de Dios, que dispone los medios suavemente ordenados al fin de su gloria y provecho nuestro! Combatían la blandura de Doña María y la aspereza de Garciméndez; la altivez del espíritu deste y la sumisión del de aquella; la piedad de la una y la sequedad del otro; y siempre parecía que, deseando ella no apartarse un punto de su gusto, le daba en rostro con todo cuanto hacía. ¡Tanto puede la desemejanza de los naturales! Mas ella sacaba destos combates victorias de paciencia, y él, si no emien- [fol. 17v] da por ser natural, estima; y Dios el fructo que pretendía en ella de prueba para adelante, y en el de templanza de su condición para el estado presente. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Vivieron siete años desta manera sin el fruto con que a los padres hace Dios llevadera la carga del matrimonio. Esperábanle deseosos de la continuación acrecentada de su casa, pero Dios, que había de hacer otra mayor y mejor, tal como suya, aunque dilataba su gozo particular, prevenía el común. Los padres de Doña María, amorosamente impacientes de la absencia larga de su hija, alcanzando licencia de su marido, con sentimiento de sus vasallos, que temían echar presto menos las obras buenas de su señora, la recibieron en Toledo con regocijo universal de todos sus ciudadanos, que tenían en la memoria las acciones maravillosas de su niñez. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Salen en el mundo a recebir los gustos, las adversidades, y encadénanse, de suerte que el fin del gozo es el principio de la tristeza, y así alternan sin descanso perpetuamente sus acciones. Siguió al gusto que con sus padres Doña María tuvo el dolor [fol. 18r] que con la nueva de la muerte de su marido poco después la dieron, y así postrada a los pies de Dios decía: “Vuestra posesión soy, Señor; Vos me quitáis lo que me distes. No deseo tanto yo mi bien, como Vos le disponéis: hágase vuestra voluntad sin repugnancia de quien es vuestra criatura. Para morir nacimos, para Vos habemos de vivir. Sírvase Vuestra Majestad de tener en su Reino a quien me distes por compañía, y de enderezar mis acciones a que yo os merezca, y pues me habéis hecho libre, queredme para vos, pues es la verdadera libertad vuestro servicio”. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Acompañaban el sentimiento justo de Doña María con el suyo sus padres, pero ella sacaba de las mismas adversidades razones de consuelo para ellos y de provecho para sí, enseñando a tener por bien hecho en las manos de Dios lo que en el sentimiento de los hombres duele, pues quien los hizo para su bien, no les dará cosa que les esté mal. Y el querer atar a nuestro gusto su poder, y escudriñar con nuestro limitado caudal sus soberanos juicios, es sentir arrogantemente de nuestra miseria, bajamente de su soberanía.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[fol. 18v]&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Capítulo VIII. Ejercicios corporales de virtud en la viudez'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Libre ya de todo lo que la tenía como violenta ''[60]'' su fervor, dio principio a la vida para que tantos años antes en tan diferentes estados se había preparado. Desechó las galas que por el gusto de su marido, casada, y de sus padres, doncella, había trahído, y aunque las principales con que se adornaba eran la honestidad y vergüenza ''[61]'', quedándose con la perfección destas, trocó la bizarría de las otras en un hábito humilde, dando a su cuerpo en vez de las camisas blandas una túnica de sayal áspera, y de los brocados y sedas de las ropas un saco vil de paño pardo, y a su cabeza un manto tosco todo pobre, si limpio, y más para cubrir los miembros que para abrigallos. Hicieron lo mismo muchas de sus criadas sin dificultad, porque los ejemplos tantas veces como vistos, admirados en su seño- [fol. 19r] ra, las tenían reducidas a su imitación. Que esta es la fuerza blanda de la virtud que no solo aprovecha a quien la ejercita, sino que conduce a sí a quien la ve ejercitar. Eran sus ejercicios ordinarios visitar los hospitales, considerar en cada uno de sus enfermos a Jesuchristo Nuestro Señor y acudir como a él a ellos. Hacíales las camas, quitábales los malos olores, curábales las llagas, y sin horror alguno -antes con particular consuelo del Cielo se las besaba-, proveía de suerte sus necesidades que la sucedió muchas veces dejarles hasta las mismas tocas de su cabeza, volviendo a su casa cubierta con solo el manto. ¡Tal era su fervor! No había huérfana en la ciudad que no hallase padre y madre en ella, saliendo de la hacienda de Doña María el dote de sus casamientos. No fiaba de diligencia ajena el remedio de las necesidades de las personas, a que la vergüenza las hacía mayores, sino por sí misma diligentemente las averiguaba, y por sí misma liberalmente las socorría. Extendíase la luz de su claridad aun adonde la del sol no puede entrar, no dejando en las mazmorras de Argel christiano que no gozase de la libertad por su liberalidad. Confe- [fol. 19v] saban aun no hablando los niños que commúnmente se llaman expuestos, y a quien desampara la piedad de sus padres por necesidad, o por infelicidad, las entrañas de madre que hallaban en esta señora sustentando amas que les alimentasen hasta que ella pudiese en edad mayor aplicarlos al ejercicio, que más le parecía conveniente al servicio de Dios y tal vez ella por su persona los llevaba debajo de su manto hasta que con seguridad los entregaba a quien con regalo cuidase dellos. Iba a las cárceles y componía las deudas, solicitaba las causas de los pobres, aliviaba con liberal socorro la desesperación de los condemnados a mayores penas y procuraba reducir a mejor vida a los perdidos. Compadecíase de los trabajos de todos y, fuera del remedio de su necesidad, acudía a su consuelo con el sentimiento del dolor ajeno como si fuera proprio, que es género de medicina al doliente ver en otro quejas de su congoja ''[62]''. Finalmente, no había estado de gente en la ciudad que no tuviese que agradecer a la piedad desta señora sierva de Dios. El cuidado que ponía en remediar las necesidades de las almas no era desigual al que [fol. 20r] ejercitaba en las de los cuerpos; antes este era en orden a aquel, y uno y otro enderezados al conocimiento y confesión de Dios. Tenía tal gracia con todos que aun los que no querían dejarse obligar a mirar por sí, en tratándoles Doña María, lo quedaban voluntariamente a la entienda de sus vidas. A las mujeres, a quien la fragilidad o necesidad trahían perdidas, hacía confesar, y para emienda de una y otra daba hacienda para vivir honestamente, o ponía en retiramientos religiosos con ayuda suficiente para su vida. Prevenía la seguridad de las consciencias de los enfermos que visitaba con la preparación de lo que más inciertamente es cierto. Acudía a los entierros de los pobres y cumplía con las obligaciones de su alma con el cuidado que si fueran sus padres. A todos enamoraba con su vida, enseñaba con sus palabras, y socorría con su hacienda, y no había parte adonde no regalase la fragancia de sus virtudes. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Capítulo IX. Ejercicios espirituales. Retiramiento del trato de la gente, ilustraciones de Dios en él'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Dejaban libremente a Doña María sus devotos padres, contentos de tenerla en su compañía, que hiciese lo que su fervoroso espíritu la dictaba; y ella se dejaba llevar de la aura suave del divino tan apaciblemente que ni ''[63]'' la fragilidad, de que por naturaleza estaba rodeada, aun ligeramente la impedía, ni ella tenía quietud sino cuando acudía a todo lo que la piedad la representaba. Como era su acción admirable, era su contemplación inimitable: hermanaba el cuidado de Martha con el reposo de María, de suerte que, en la misma solicitud más fervorosa, oraba con quietísima perfección. Para este fin acudía cada noche descalza (que nunca se defendieron del rigor del frío, desde la muerte de su [fol. 21r] marido hasta la suya, sus tiernos pies con abrigo alguno) en compañía de una buena mujer imitadora de su fervor a los Maitines, en que la sancta Iglesia de Toledo canta las alabanzas de Dios, y después dellos las continuaba ella por gran parte del día en altísima contemplación, de adonde salía como encendida en amor de Dios, deseosa del provecho de sus próximos, y destos tomaba motivos para hallar mejor a Dios, alternando siempre desasosiego tan sosegado. Mas deseosa de mayor perfección, dejando prevenido el cuidado de las necesidades ordinarias a que siempre acudía, a personas de conocida confianza, determinó de retirarse de todo el trato del mundo, y por espacio de un año no salió de la iglesia, ni communicó con persona alguna, sino con su devota compañera Juana Rodríguez (que este era su nombre, y de cuyas virtudes daremos muestra en su lugar) y con su confesor. Era este un religioso de San Francisco de grande espíritu, a quien Dios había escogido para enderezar en su servicio esta sierva guía. Obedecíale ella como a quien el mismo Dios le había dado para que fuese intérprete de su voluntad con ella. Preparábase para [fol. 21v] la oración con asperísimas penitencias, teniendo ya aun por regalo el vestido vil en que muerto su marido mudó sus galas, trocando este en un riguroso cilicio, en que desde los pies hasta el cuello tenía enterrados sus miembros. Era el lugar de su sueño la dureza y frialdad del suelo; su ayuno, continuo, y la frecuencia de los sacramentos a arbitrio del religioso Fray Pedro Pérez (que así se llamaba su confesor ''[64]''); había los años antes conmulgado cada ocho días, cosa maravillosa en aquellos tiempos. Mas después, todas las veces que su confesor lo ordenaba, y lo ordinario a tercero día, se llegaba humilde a recibir este augusto sacramento con la mayor preparación que criatura humana puede alcanzar. El espacio que había de una comunión a otra partía en dar gracias a Dios por la merced de la pasada y en examinar su consciencia para la venidera: el día della se abstenía de todo género de manjar, contenta con sustentar levemente la fragilidad del cuerpo con moderada agua y pan, acudiendo a su necesidad los demás días con algunas hierbas desabridas, que servían más de dilatar penosamente la muerte que de tener en pie la vida. Esta era la suya en este [fol. 22r] tiempo si trabajosa según la carne, gozosísima según el espíritu, pues al paso que era aquella macerada, este era alentado. Comunicose Dios Nuestro Señor con esta sierva suya muy como su regalado, descubríala los misterios que no es lícito a los mortales aun pronunciar sin menos purificación que la del propheta. Fueron tantos los favores que recibió del Cielo, que su confesor la obligó a dejar a la posteridad admiración sus maravillas. Mas ¡oh, pecados nuestros! ¿Que a qué sino a ellos se puede atribuir la pérdida de escritos de tal mano, de ejemplos de tal vida, de favores tan celestiales? ''Mas vos, Señora, que por obediencia los escribistes, restituidlos a nuestro ruego: si por nuestros pecados desmerecimos gozarlos, dádnoslos para que con su enseñanza emendados los merezcamos''. Confío en la bondad de Dios que, como es admirable en sus sanctos mientras le sirven, lo será mientras le gozan, y permitirá que se descubra este thesoro a nuestra ciudad, que mereció ser el sitio donde se obraron tantas maravillas. Mas para que por falta de noticia no falte la diligencia que es justo poner en la busca de papeles tan importantes, referiré las palabras del original [fol. 22v] antiguo manuscripto de la vida y milagros de la religiosa señora, de que sacaron sus relaciones todos los que escriben della ''[65]''. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
“Este confesor era un sancto varón que se llamaba Fray Juan Pérez, de la Orden de nuestro Padre San Francisco, el cual la mandaba por sancta obediencia que todas las cosas que Nuestro Señor communicase con su alma en aquel tiempo, que todo lo pusiese por escrito y se lo diese a él, y primero lo communicaban entrambos, y lo mismo hacía a su compañera. Y así, fueron cosas maravillosas las que Nuestro Señor communicó con esta su sierva en aquel año, y todo lo que escribió lo teníamos en esta casa de Sancta Isabel, que nos lo dio su confesor con todo lo que más escribió en todo el tiempo que estuvo en la religión: y todo así como lo teníamos, la mayor parte dello llevó el arzobispo de Toledo Don Francisco Jiménez, cuando su Señoría Ilustrísima fue a Orán, que entonces vino a ver el cuerpo desta bienaventurada sancta y a encomendarse mucho a ella y a todo el convento, y demandó su vida para vella, y sus revelaciones. Diéronselo todo y Su Señoría se lo llevó y nunca más lo tornó, y así tornamos a escribir la vida por dos veces, y de las cosas que estaban escritas por su propria mano, no quedaron sino muy pocas, y veniendo aquí a ver su cuerpo una señora que se llamaba Doña Leonor, nuera del duque [fol. 23r] de Alba, demandola para verla y se la llevó y nunca más la volvió, y desta manera se nos perdieron todas las revelaciones que Nuestro Señor quiso mostrar a esta sancta ánima; así no podemos escribir sino lo que por nuestros ojos vimos”. Hasta aquí son las palabras del original [66]. Tuviéramos sin duda otras maravillas de Dios que loar, como las que en las revelaciones de las sanctas Gertrudis, Brígida, Catherina de Sena, y vida de la beata Madre Virgen Theresa de Jesús, y otras de otras sanctísimas y purísimas almas consuelan nuestra fragilidad, y animan nuestra tibieza, si las desta devotísima señora pareciesen. ¡Oh, hágalo su Divina Majestad como conviniere más para su servicio!&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Capítulo X. Revelaciones de muchas cosas que succedieron en España. Pónese para remedio de otras la Inquisición en estos reinos por su medio'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
De las muchas ilustraciones del Cielo que esta sierva de Dios tuvo en el tiempo de su retiramiento nos ha quedado noticia de pocas, pero admirables, y como muestra de las demás y de que confiamos en la bondad de Dios que, para gloria suya y honor desta devota señora y edificación nuestra habemos algún día de gozar. Afligían su corazón piadoso los que, con desacato de Dios, a quien ella quisiera atraher todo el mundo, dentro de España daban el culto que debían a su Criador a los engaños del primogénito de Satanás, Mahoma. Pedía a su Divina Majestad amorosamente la reducción de tantas almas como engañadas se perdían, no su venganza. Oyola el piadísimo Señor y consolola con la promesa del espacio breve que tendría la impiedad imperio en el de Granada. No la dejaban sosegar los graves pecados que, aun entre los escogidos de Dios, se hacían por la mezcla de los judíos y vecindad de los moros en España, revelóselo Dios para su remedio. Diola también noticia de la relajación de la vida re- [fol. 24] ligiosa y ella de todo a los Cathólicos Reyes Don Fernando y Doña Isabel de felicísima memoria, escribiéndosele a Segovia, donde sus Altezas tenían su asiento. Estimaban en tanto la auctoridad desta señora estos gloriosos reyes que no ponían mano en cosa en que ella no hubiese puesto su consejo. Pidiéronla dejase algún tiempo a Toledo y se fuese con ellos. Contemporizó con su gusto por el provecho que esperaba del remedio de cosa de tanta consideración, pospuso su amiga quietud al alboroto de la corte que tanto aborrecía por el bien commún que tanto amaba. Enviaron por ella y por su compañera los reyes y hiciéronlas el recebimiento que para gente venida del Cielo prepararan. Oiánla los devotos reyes como a intérprete de la voluntad de Dios, estimábanla por su nobleza, admirábanla por su vida, llamábanla commúnmente sancta, venerábanla como a tal, y pendían de sus consejos como de oráculo certísimo: deste salió decretada la institución en España del Sancto Tribunal de la entereza de la justicia, de la defensa de la fe, de la Sancta Inquisición, freno de ignorancias libres y de agudezas maliciosas. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[fol. 24v] Bramen los herejes de nuestros tiempos contra ella, que como ella es la defensa de la honra de Dios, Dios es el defensor de su justicia. Nada hay en la naturaleza de las cosas tan sagrado a que los sacrilegios no se atrevan, y no porque haya quien temerariamente osado alce la mano contra la altura distantísima de sí, sin poderla ofender dejan las cosas divinas de estar en lo alto; y como las celestiales no pueden recibir daño de las humanas, y el que derriba el templo, o deshace el altar, no daña a la divinidad, así lo que contra la protección del Cielo ignorante, desvergonzada y soberbiamente se intenta, en vano se intenta. Deba, deba España la sinceridad de su fe, el remedio de su contagio en la parte más principal y que no admite achaque, la conservación de su pureza, el ser puesta por ejemplo de religión, el ser (permítaseme decirlo así) verdaderamente cathólica a Doña María de Toledo, a cuyo consejo inspirado de Dios favoreció el poder de los religiosos príncipes Fernando e Isabel, espejos de reyes y ornamento incomparable de los de España, poniendo en ella la Inquisición de que tanto necesitaba. Fuese luego esco- [fol. 25r] cogiendo el trigo de la cizaña que ahogándole amenazaba su perdición. Viose la reformación de los conventos de los frailes menores y monjas claustrales, que esta virtuosa señora había predicho. Confirmose pocos años después la prophecía que de la redución del Reino de Granada tenía hecha, rindiéndose las medias lunas soberbias de los moros a la humildad de la cruz, en que se obró nuestra redempción y veneramos los christianos. ¡Oh, soberanía de los secretos misteriosos de Dios, que oculta a quien confía en su vanidad, que descubre a quien solo le teme!&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El modo destas revelaciones o ilustraciones divinas fue sin duda por intelectual más perfecto ''[67]'', en que Dios da sentimientos interiores de lo que quiere communicar al alma que le merece. Habla Dios al corazón e imprime en él sus secretos, y deja como capaz de tan gran ser la pequeñez nuestra; y aunque la sanctidad consieste más en el cumplimiento puntual de la ley de Dios que en la multitud de las revelaciones, y los más perfectos piden a Dios les lleve por el camino ordinario de sus escogidos, porque tal vez Satanás, transformándose [fol. 25v] en ángel de luz, engañados estimamos el humo de nuestra vanidad por lumbre del Cielo. al que Dios regala con visitas ahora intelectuales, ahora imaginarias, cuando simbólicas, cuando por ministerio de sus ángeles, o como su liberalidad es más servida, él da la aprobación de su virtud y es sancto por el mismo Dios. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Capítulo XI. Deja los reyes en Segovia y la casa de sus padres en Toledo por servir a los pobres del Hospital de la Misericordia. Ejercicios de piedad en esta vida'''&lt;br /&gt;
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No pretendía con los reyes más del remedio de algunas cosas que pertenecían a la utilidad commún. Este puesto quísolos dejar, mas ellos pretendían que jamás se apartase de su lado, confiando acertar con su consejo en los negocios más arduos de su reino. Compitió la piedad de los reyes con el amor que Doña María [fol. 26r] tenía a su quietud. Pedía su poder con amor imperioso no les desamparase, respondía la humildad della con entereza cortés que la diesen licencia. Tenían sus acciones por prevenidas con especial orden del Cielo, y así, por no oponerse a sus órdenes, la permitieron la partida durando el recurso a su consejo lo que duró su vida. Volvió a su ciudad, Toledo, después de seis meses que había estado sin tal luz como ennubecida. ¿Quién dirá que el afecto natural no la llevó al instante a los brazos de su madre, que la aguardaba con amor de tal, que la admiraba por sus virtudes con veneración de hija? Pero al que tiran las cosas celestiales falta la sujeción de las terrenas. No la carne, no la sangre la arrastran tras sí; Dios es solo sus padres, Dios sus amigos, Dios todas sus cosas ''[68]''. Trocó Doña María los palacios antiguos de sus mayores por la humildad del Hospital pobre de la Misericordia, los regalos de sus padres por la pobreza de aquella habitación, el ser servida de nobles por servir a los pobres. Recibieron estos como quien había echado menos su regalo personal sino su socorro por mano ajena aquellos meses: alegrose con ellos como si se viera en- [fol. 26v] tre los choros de los ángeles, ofreciéndoles de nuevo, en recompensa de su absencia breve, asistencia (siendo esta la voluntad de Dios) perpetua. Para conseguir mejor este propósito y cumplir la palabra dada a Christo en sus pobres, buscó para su habitación en el mismo hospital una celdica retirada, que podía ser más meditación de la sepultura que habitación para vivir. Su adorno eran unas pajas por cama, una manta y almohada de pelos de cabra para su abrigo, a que correspondía el traje que en este tiempo usaba, cubriendo su cuerpo un saco solo de jerga recogido por la cintura y muñecas con unas sogas, los pies descalzos, a la cabeza revuelto un paño tosco de estopa: todo indicio de su interior menosprecio, contenta solo con cubrir los miembros, dando a los vestidos hechos para la honestidad, no para el deleite, su verdadero oficio. Esta era su habitación, este su hábito. La ocupación, esta. No faltaba en todo el día al lado de los enfermos: a unos hacía las camas, a otros lavaba las bocas, a otros las llagas y, desnuda de la naturaleza delicada de mujer, fervorosísimamente las besaba, teniendo particular gusto con los más [fol. 27r] llagados; por su mano pasaban todas las medicinas, y ella daba ánimo con sus celestiales palabras para no rehusar todo lo que los médicos ordenaban: ella les sazonaba la comida, ella se la partía, ella se la metía en la boca con tanto agrado que por darla gusto los más estragados se animaban, y lo que el deseo natural de la vida no podía con ellos lo alcanzaba, sin dificultad, el ruego amoroso de Doña María. Llegada la noche y cumplidas las obligaciones de los enfermos, retirábase a las nueve a la sepultura de vivos en que vivía, y estaba hasta después de Maitines en oración. Luego, rendida, no vencida, a la necesidad del cuerpo, daba tan escaso tributo al sueño que, como si cometiera un enorme delicto en dejarse llevar d’él, volvía en sí y le desechaba con tanta fuerza que se puede decir que nunca por dormir cerró los ojos, sino que la necesidad por fuerza se los cerraba. Daba por tiempo mal empleado el que no trataba o con Dios o con sus pobres: solo para sí no hallaba tiempo ni le quería hallar. Apenas amanecía cuando volvía a ver sus queridos pobres y a darles con las luces del sol y suya los buenos días. Preguntábales amorosa- [fol. 27v] mente cómo se habían hallado. Al que respondía que no bien, procuraba aliviar volviendo a hacer la cama, dándole con que sosegase. Luego, en general, sacaba, alegrísima de que se sirviese Dios della en ejercicios (según su opinión buena), tan altos los vasos, cuyo olor desapacible podía dar pena o a los enfermos o a los que los visitaban, y por su mano misma los volvía limpios. Y hubo vez que gastó gran parte de la noche en aliviar y componer en la cama a un muchacho enfermo de un mal tan penoso al olfacto como inquieto. Nunca entraba en las enfermerías que no dejase alegres aun a los que la enfermedad no permite tener momento bueno. Trahía de ordinario una cestica en la mano llena de dulces y frutas acommodadas al apetito de los enfermos, y de provecho para las enfermedades: a este daba el azúcar, a aquel el calabazate. Uno le pedía la manzana, otro la granada. A todos acudía con poder de rica y con amor de madre, y siendo los enfermos de ambos géneros más de setenta, ninguno la echaba menos, por tenerla cada uno y ser ella de todos. Llenaban estas ocupaciones el día, y la noche su acostumbrada [fol. 28r] oración y penitencia, si el peligro cercano de algún enfermo no la detenía, de quien no se apartaba cuidando tanto del regalo para la vida como de su buena preparación para su muerte. Dejaba en ocasiones tales de muy buena gana a Dios por Dios. ¡Tal era su fervor!&lt;br /&gt;
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'''Capítulo XII. Institución de la Hermandad del Hospital de la Misericordia. Dale renta. Levántansele grandes persecuciones por su modo de vida. ¿Cuál era este?'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Mueve ''[69]'' el ejemplo de los buenos no solo a otros como ellos para mayor perfección, sino a los malos para su reducción. Era el de Doña María tan eficaz con todos que los más nobles de la ciudad quisieron sino seguir (¿quién puede alcanzar el vuelo de los cherubines?) con iguales pasos su modo de vida, cooperar en [fol. 28v] sus obras buenas lo mejor que pudiesen. Acudían al hospital a aliviar el trabajo que la religiosa señora tenía con el gran número de enfermos, a que otra de menor celo no pudiera satisfacer. Cuales socorrían con limosnas las necesidades de los pobres, cuales por su persona asistían a su comida, componían sus camas y ejercitábanse en todo lo que les era guía fervorosa Doña María. Creció la piedad de los Caballeros tanto que, deseosos de que nunca dejase de ir en aumento, instituyeron por consejo suyo la Hermandad que hoy florece en memoria de su institutora y aprobadora Doña María, y socorro de los necesitados de aquel hospital: y como la institución desta Hermandad se enderezaba a que no faltase quien acudiese al servicio de los pobres, y las limosnas de los que acudían son voluntarias, pareció a la prudente señora que era necesario situar otra forzosa, para que no faltase con qué acudir a su regalo. Para esto le dio de su hacienda veinte y cinco mil maravedís de juros perpetuos y a su ejemplo otros le hicieron donación de otras cuantidades para el sustento de los enfermos. Iba la devoción cada día aumentándose, tomando fuerzas los flacos del ejemplo de quien, sién- [fol. 29r] dolo por su natural, vían tan de diamante para todo lo que era servicio de Dios. Sentía el Demonio tanta bonanza, y procuró inquietarla aprovechándose de los mismos deudos desta señora para su turbación. Salía acompañada de la devota Juana Rodríguez un día cada semana a pedir limosna para su hospital, si deseosa de que todo el mundo por su provecho y bien de los pobres se la diese, contentísima de que para su humillación se la negase. Acudía a las plazas, adonde había más concurso de gente, para tener más ocasión de ejercitar la humildad; volvía de ordinario cargada de todas las cosas necesarias para el sustento de los pobres como para el servicio de la casa. Alegrábase viendo ocupar los lugares que los diamantes y oro habían hermoseado con sogas, escobas y otras cargas deste género, que estimaba más que las joyas de más valor, contenta más de anhelar trabajada debajo de tal peso que lucir bizarra con el de las galas. Topábanla sus deudos, y como quien ignoraba el aumento que con aquel menosprecio venía a su estimación, hacían punto de honra del deshonor que, a su mal parecer, creían tener Doña María. Volvían [fol. 29v] a su casa como afrentados a tomar resolución en su remedio. El sentimiento destos y el natural amor combatían el pecho de Doña Juana de Guzmán, su madre, de suerte que, no podiendo resistir a su piedad, se volvía contra su hija, y la llamaba oprobrio suyo, y en la opinión de todos no la daban otro nombre sino el de loca, intentando por todos los medios posibles estorbarla la prosecución de sus intentos, cuando a título de pródiga la despojaban de su hacienda, cuando al de sin juicio la pretendían recoger. Mas ella, alegrísima de que se le cumpliesen sus propósitos con las ocasiones de sufrimiento, daba gracias a Dios, por quien deseaba padecer mucho más. Presentábansele las afrentas que por ella había sufrido Christo y hallábase en las mayores suyas con aliento para otras más amargas por su amor; suplicaba a Dios que llevase adelante la ocasión de sus ignominias, pero que diese verdadero conocimiento de sí a su madre y deudos. Deseaba igualmente la mortificación propria y el provecho ajeno. Pudo tanto su maravillosa paciencia que obligó a los que la perseguían a desistir de las diligencias, que para disuadirla de sus [fol. 30] intentos intentaban. Quedó otra vez con su primer sosiego y el Demonio desasosegado de nuevo. Para invidia deste y premio della aumentó Dios la liberalidad de sus consuelos con tanta particularidad y abundancia que ya no parecía vivir en carne perecedera, sino en compañía de los que gozosos viven para siempre. Prevenía Dios con sus continuos favores la herencia que en su reino la tenía aparejada, y ella agradecida a tantas mercedes procuraba cada día hacerse merecedora de más.&lt;br /&gt;
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'''Capítulo XIII. Enfermedad al parecer de todos extrema. Sánala la Virgen Nuestra Señora'''&lt;br /&gt;
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Continuó por espacio de tres años sus fervores en el hospital tan puntualmente que, no bastando las fuerzas humanas a tan gran carga como su celo la hacía leve, se rindió a la enfer- [fol. 30v] medad tan apretadamente que a pocos días la señalaron por horas la vida. Acudieron su madre y deudos al hospital, no valiendo ya contra la piedad natural los enojos pasados y pretendiendo cada uno enriquecer su casa con aquel que ya tenían por thesoro del Cielo poco antes desestimado de su vanidad. Mas nunca consintió que la habitación que había sido testigo de las mercedes que Dios se había dignado de hacerla en la vida lo dejase de ser de las que pensaba recibir en la muerte. Procurando cuanto era de su parte morir como había vivido, pobre, conforme al nombre de que siempre se preció, y a que antepuso el ilustrísimo de su casa, gustando más de ser pobre que Toledo, y alegrándose más de oírse llamar Doña María la Pobre que de los blasones que el nombre de Toledo por tantos títulos ilustre la podía ofrecer. Que la pobreza consiste más en la voluntad que en la naturaleza, y es más verdaderamente pobre el que echa de sí las riquezas que el que nació despojado dellas. Fue la enfermedad apretándola más, y como halló disposición en el sujeto, extenuado con ayunos continuos y penitencias ásperas, apoderose tan imperio- [fol. 31r] samente d’él que ya los médicos humanos, desconfiados de los remedios de la naturaleza, acudieron al señor della, proponiendo lo que ella tanto acostumbraba. Recibió los sacramentos de la communión y extremaunción, y en presencia de sus religiosas compañeras y devota madre quedó, como algunos creían, defuncta. Fue grande el sentimiento no solo de su madre y compañeras, sino de innumerable gente que se había recogido a ver aquel milagro de mujeres, deseosa de participar de alguna partecica de los miembros que ella había corregido al servicio de Dios, de las vestiduras con que se había burlado del mundo. Sacáronla de la estrechura de su celda a la Capilla de Lope Gaitán, que era del hospital, para cuyo regalo eran en otro tiempo las señoras que hoy tienen nombre de beatas cerca d’él, y en cuya compañía estaban las devotas compañeras de Doña María. Tratábase ya de restituirla a la tierra abriendo la sepultura, que había de ser la habitación de su cuerpo hasta la resurección universal. Pero su madre, impaciente de la absencia de su hija por el amor que entrañablemente la tenía, acudió al árbitro de la muerte y de la [fol. 31v] vida, Christo, a quien por intercesión de su clementísima Madre suplicó la volviese la hija que lo era más suya que della misma. Volvíase a la imagen que hoy se venera en la Iglesia destas señoras, decíala: “Perdonad, Señora, al atrevimiento de mis manos por el sentimiento de mi corazón. Madre sois del mejor Hijo, hija era vuestra la que yo parí; o quitáreos el vuestro, o dadme la que, aunque mía, quiero para Vos. Vos no podéis vivir sin el vuestro, yo sin la mía, ¿para qué tengo que vivir? Quitoosle, mientras me la dais”. Agradó a la piadosísima Señora la sinceridad de la piadosa madre y dio de repente (cosa maravillosa) movimientos a los miembros, de que ya estaba apoderado el hielo. Abrió los ojos la que parecía ya defuncta y, como si despertara de un sesgadísimo sueño, alegró con su vista a los que tenían sus luces encubiertas en tinieblas de amarga lástima. Hallose Doña Juana en un instante la vida de su hija, y ella la mejoría y, aunque deseosa de acabarla de cobrar en su apacible estrechura, obedeció al mandato de los médicos, que desesperaban otra vez de su vida si quedaba en el hospital. Pasola su madre a sus casas con gran consuelo de todos los que habían llo- [fol. 32r] rado la falta que su ejemplo había de hacer a todo género de estados, y alegría de su madre que estimaba ya a su hija como mejorada con la vida, que no ella, sino la madre del mismo Dios la había dado de nuevo. &lt;br /&gt;
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[fol.32v] '''LIBRO SEGUNDO DE LA VIDA DE DOÑA MARÍA DE TOLEDO'''&lt;br /&gt;
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'''Capítulo I. Apercíbese para ir a visitar los lugares sanctos de Jerusalén. Mándala Nuestro Señora que mude propósito'''&lt;br /&gt;
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Como el remedio de la enfermedad de Doña María estaba reservado solo al Cielo y la restitución de su pérdida fue milagrosa, la confirmación de su nueva salud fue también rara porque, habiéndola trahído el mal al estado más riguroso, el remedio la puso en sus primeras fuerzas. Quiso Dios de nuevo como forjarla y hacerla por su mano, para que no reconociendo otro origen le estu- [fol. 33r] viese sujeta como el barro a la del ollero. Podía tener algo de carne y sangre debiéndola a sus padres terrenos, quiso el celestial como despojarla deste afecto por traherla solo a sí. Conociolo ella, siguió la voluntad de Dios y, así aunque agradecida a la piedad de la que antes desta segunda regeneración para Dios llamaba madre, determinó de emplearse tan de veras en el servicio de la que la había dado el nuevo ser que tanto estimaba que no dejó modo de vida de los que la piedad christiana ha elegido para la perfección que no intentase. Parecíale convenir su presencia al remedio y regalo de los pobres, que tanto amaba, y que tanto la echaban menos, que tanto ella estimaba, y sin quien tan sola se hallaba. Hacíala la experiencia esta ocupación de mucho consuelo para su alma, de mucha ocasión para afligir su cuerpo. Volviérase a ella si su natural sujeción la dejara contradecir a las órdenes de sus médicos espiritual y temporales, de aquel por estar persuadido que Nuestro Señor se quería servir desta su sierva en cosas mayores; destos por creer que con los ejercicios pasados peligraría otra vez su salud. Pero su fervoroso espí- [fol. 33v] ritu facilitaba los mayores peligros y el camino que al juicio de otros estaba cerrado en las más invencibles dificultades, a su celo, teniéndolas por fáciles de vencer con la ayuda del que con el celo daba el ánimo, estaba patentísimo. Y su corazón, como capaz de solo el Cielo, intentaba aun cosas mayores que la Tierra. Y ya que oprimida de su peso no podía alcanzar lo que intentaba, intentaba lo que era posible intentarse. ¡Tal era el ánimo que el aliento de nuevo restituido a su cuerpo muerto la había infundido! Todo su más principal intento era la abnegación perfectísima de las cosas temporales por entregarse más de veras a las eternas, y así prudentemente proporcionaba sus acciones exteriores con las que más meditaba en lo interior. Consideraba aquella ciudad celestial, donde eternamente reside el gozo. Sabía que la de Jerusalén era su símbolo, y parecíala que ayudaría la usurpación de la vista de la figura a la contemplación de las grandezas de lo figurado, entreteniendo la esperanza de lo que no podía alcanzar con la posesión de lo que a su valiente espíritu se hacía fácil. Consideraba a su Amor crucificado, y estimulába- [fol. 34r] la el amor de morir por su crucificado ''[70]''. Era la pasión de Cristo su último refugio, su singular remedio. Tenía su cruz por ayuda de sus amigos y por defensa de sus enemigos. Era su principal y más estimada ciencia saber a Christo y este crucificado. Toda últimamente pretendía estar en él y le suplicaba no se apartase della. Hacía con amoroso dolor alarde de los muchos que su Amado había padecido por ella y deseaba, ya que no podía igualarlos, imitarlos. Y parecíale que en parte ninguna podría tener la representación más viva de su terribilidad que en las que el Señor de la Majestad se había humillado a sufrirlos ''[71]''. Y como la naturaleza previene el sentimiento que sin saber cómo experimenta el corazón cuando ven los ojos los lugares, adonde se hallan rastros de los que admiramos, o donde vivieron o estuvieron de asiento, creía ella que aquellos en que se obró nuestra redempción la moverían a sentir lo que es posible a un mortal de lo que sintió el eterno. Determinose, en fin, de ir a Jerusalén sin que la distancia de los lugares, ni incommodidad de los caminos pudiese derribar del propósito de su grande ánimo a la fragilidad de su tierno cuerpo. Pro- [fol. 34v] curó su madre reducirla a lo que su piedad pretendía, asegurándola que no se la había dado Dios para quitársela. Tenían sus deudos por temeridad determinación tan, a su parecer, imprudentemente fervorosa, culpaban su imprudencia y volvían de nuevo a su antiguo sentimiento. Mas en ella, que solo tenía por sus padres y deudos a los que la animaban más al servicio de Dios, no hacían más mella los ruegos de unos y enojos de otros que suelen sentir los montes eternos del aura fácil. Determinada pues de atropellarlo todo, dejó orden para que jamás faltasen sus socorros a la necesidad de los pobres. Puso en estado las mujeres que tenían en su compañía y de quien para que sirviesen más a Dios se había dejado en otro tiempo servir, contenta con la compañía de su fervorosa y semejante amiga Juana Rodríguez, y ambas confiadas en el favor de Dios, que no falta a la invocación de los hijos de los cuervos ''[72]'' y puede en el desierto dar abundancia. Sin otro alivio más que el que esperaban de la mano divina, queriendo poner el pie en el camino, se pusieron con toda humildad en su acatamiento ofreciéndole sus deseos, y suplicándo- [fol. 35r] le tuviese por bien de ser su guía sirviéndose de sus obras. Fue esta oración tan fervorosa y tantas las mercedes que Dios les hizo en ella que se determinaron de no llevar adelante su primer determinación por poner por obra la que sabían del mismo Dios que era la suya: ciertas de que a Su Majestad habían sido acceptos sus deseos como si fueran obras, y que el premio merecido destas había alcanzado la sinceridad de aquellos. Porque en los ojos del que todo lo ve son obras la promptitud de hacerlas, la conformidad con su voluntad dejándolas de hacer por las que él gustó, aunque más las sanctifique el celo de los hombres, que debe en todo regularse por el de Dios.&lt;br /&gt;
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'''Capítulo II. Fúndase la casa de Sancta Isabel por orden del Cielo y eligen por abadesa a su fundadora'''&lt;br /&gt;
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[fol. 35v] Buscaba Doña María todos los modos de provecho para su alma, y parecía en sus ojos menos perfecta de lo que en los de la misma perfección era agradable; y así cuidaba solo de los medios que la podían hacer mejor. Mas Dios, que la quería poner por cabeza de muchas, fiado en el provecho que de su ejemplo había de nacer, la reveló su gusto, mandándola hiciese una casa, donde en su compañía le sirviesen las que él tenía escogidas desde su eternidad por esposas. Fue invencible el gozo que su celo la causó, pareciéndola que, por aquel medio de que Dios se servía que usase, vendrían muchas almas a su conocimiento, y que (como cierta de la perfección con que hasta hoy se vive en su casa) había de ser de gran servicio de Dios y utilidad de los próximos la obra que emprendía. Su madre acompañaba a la admiración de tan repentina mudanza en su hija con la alegría de haberla de tener no, como creía, distintísima de su presencia y sin esperanza de verla más, sino en su ciudad y podiendo gozar perpetuamente de lo que más lucía en sus [fol. 36r] ojos. Era igual el contento de sus deudos y criados que lloraban su absencia como su muerte. Ella y su compañera, cuidadosas de la ejecución de lo que Nuestro Señor las había descubierto era su voluntad, acudían a él con más continua oración, y a esta con preparación más rigurosa. Mas Dios, que se agradaba de su piadosa solicitud, previno al mandato la ejecución, porque cuando solicitaba con más fervor el modo con que se había de poner por obra esta de la Divina Majestad, las humanas vinieron a Toledo, y con su acostumbrada piadosa liberalidad hicieron donación a la que tanto veneraban del sitio que ahora tiene la casa que esta devota señora fundó. Queriendo los Cathólicos Reyes Don Fernando y Doña Isabel dejar a la posteridad no pequeña parte de sus raras alabanzas en confianza del nombre que a devoción de la beata Sancta Isabel de Hungría, cuya sanctidad en el estado y nombre igual veneraba la prudente reina, ponían a aquella casa religiosa por su patrona, y respectada por la protección real, siendo hasta hoy su principal título Sancta Isabel de los Reyes. &lt;br /&gt;
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A las mercedes que sus Altezas habían hecho a esta casa añadió su hacienda Doña María [fol. 36v], pareciéndola que no era suyo lo que no empleaba en la obra que sabía era más del mismo Dios que suya, y que era género de sacrilegio quitar de lo que era posesión declarada por de Dios. Fue tal esta determinación que fueron más de sete qüentos ''[73]'' los que resignó en las manos de los Reyes para este fin, no teniendo por vida diferente de la que hasta allí había profesado la que no fuese no con protestación solo de pobreza, sino con efecto. Ayudó a esta piedad la liberalidad de Doña Juana de Toledo, su hermana, matrona de virtuosa prudencia, y ejemplar virtud, y mujer de Diego de Ribera, commendador de Monreal de la Orden de Sanctiago, nuestro patrón, y ayo de la misma Reina Cathólica. Dieron los Reyes posesión desta casa a Doña María, hallándose al acto primero de la abnegación de las cosas temporales que en su compañía hicieron sus criadas, y otras deseosas de imitar a quien admiraban. Fue esto el año después de la revelación en que Dios se había dignado de manifestar su voluntad en la fundación desta casa, y el de mil y cuatrocientos setenta y siete ''[74]''. Estaban las casas que los Reyes la dieron en la parroquia de San [fol. 37r] Antonino o Antolín (como vulgarmente se llama) y habían sido de los señores de Casarrubios. Era esta parroquia una de las latinas de Toledo, pero el papa Innocencio VIII, a instancia de los reyes, la incorporó en el monasterio a tres de octubre del año de mil y cuatrocientos y ochenta y ocho. Hiciéronle relación que ellos habían dado para el convento unas casas suyas y que en la parroquia estaban sepultados algunos de sus predecesores, que era muy estrecho el monasterio, que convenía incorporar en ella parroquia, suprimiendo su nombre, beneficios, y parroquianos, aplicándolos a la muzárabe de San Marcos, o a la de San Bartholomé, vecinas. Cometiose el negocio al gran cardenal de España, Don Pedro González de Mendoza, arzobispo de Toledo y, verificada la narrativa, hizo la incorporación. Los beneficios y todo lo que tocaba a la parroquia de San Antolín se trasladó a la de San Marcos, donde hoy está, como más largamente consta de las bullas de Su Sanctidad y diligencias que para acto tal se hicieron, y yo tengo en mi poder. &lt;br /&gt;
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'''Capítulo III. Fervor nuevo de la abadesa en su nuevo oficio'''&lt;br /&gt;
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Parecía que no podía caber en la perfección de las obras pasadas de Doña María aumento nuevo pero ella, que, al paso de los ejercicios que inspirada de Dios hacía, procuraba regular sus acciones, se persuadía que cada día tenía obligaciones nuevas, y más cuando se vio hecha, bien contra su voluntad, madre de las hijas para quien había Su Majestad hecho fecunda su esterilidad. Era toda espíritu, y así sus conceptos solo eran espirituales. No la debió nada la carne, pues aun en los hijos, si carnales, lícitos no dejó de sí posteridad. Quería que su mayorazgo fuese eterno, no para tiempo limitado duradero. Quiso lo mismo su esposo y señor, condescendió con sus gustos tan suyos, e hízola madre de las que quería para sus hijas. Fue en fin electa por [fol. 38r] abadesa del nuevo monasterio, y como piedra fundamental puesta por seguridad de la firmeza del edificio que tanto agrada al Cielo, como retrato más proprio suyo. Tenía más necesidad de freno que de espuelas su ordinario fervor, pero la obligación nueva y el ejemplo que oficio tal trahe consigo la aumentaba, de suerte que parecía imposible que la fragilidad de un cuerpo de tierra pudiese llevar adelante ejercicios tan no terrenos. Porque su más blando vestido interior era un cilicio de cerdas que apretadamente aprisionaba sus miembros todos desde el cuello hasta los pies, una túnica de sayal, y el exterior un hábito y manto de lo mismo, entero por los pedazos que sustentaban lo que la vejez tenía deshecho. Todo, en fin, cuanto de mayor menosprecio en la vanidad del mundo, tanto de mayor estima en su humildad: los pies descalzos, y la cabeza cubierta con unas tocas de estopa; la cama al principio era una tabla y por descanso de la cabeza un madero, o una piedra, y por abrigo una manta de jerga tosquísima. Cada semana ayunaba tres días a pan y agua, y los demás acompañaba con algunas hierbas esta aspereza [fol. 38v], teníase por indigna de comer lo que para las demás buscaba, y así sus sobras creía que la sobraban, contenta con los pedazos del pan que, o por los suelos hallaba desechado, o en las espuertas de la communidad guardado para el socorro de los pobres, sin partir jamás pan para sí, tal era el menosprecio que de sí tenía. Era la primera en el coro y la última que salía d’él: la primera que echaba mano de los instrumentos humildes de la limpieza de la casa y, como su fervor era grande, sus fuerzas parecían desiguales a las ordinarias de la naturaleza de una mujer flaca, porque acudía sola a lo que todas, previniendo con su ejemplo el gusto que todas debían tener con la que la communidad las encargaba y aliviando a cada una lo que todas querían hacer. De aquí nacía una tan concorde contienda que, deseando cada una vencer a la otra, todas estaban victoriosísimas, y el Cielo tan gozoso de tantos triumphos como la tierra aprovechada con tantos ejemplos. Porque no solo muchas personas de la ciudad, sino de toda la comarca, aficionadas a la mucha que con admiración se contaba de la vida perfectísima de la abadesa y monjas del [fol. 39r] nuevamente fundado monasterio, dejaban gustosísimamente su regalo por esta aspereza, queriendo más en compañía de tal madre y hermanas padecer incommodidades por Dios que gozar en la de sus deudos y amigos de los entretenimientos que a la mocedad el mundo ofrece. Todo este aumento se debía al ejemplo raro que de todas virtudes, la prudentemente bienaventurada prelada, de sí daba a todos. &lt;br /&gt;
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'''Capítulo IV. Pónese clausura al monasterio de Sancta Isabel a petición de su abadesa y monjas y hácese de Tercero observante'''&lt;br /&gt;
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Vivieron algún tiempo la religiosa abadesa y virtuosas monjas del monasterio de Sancta Isabel la Real de Toledo debajo de la regla de la Tercera Orden del bienaventurado patriarca San Francisco tan religiosamente que parecía [fol. 39v] que la clausura no podría aumentar mayor religión. Porque sin duda este modo de vivir, instituido por el beato sancto celoso del bien de todos estados, y aprobado tan justamente por los vicarios de Christo Honorio III ''[76]'', Gregorio IX ''[77]'', Innocencio IV ''[78]'', Nicolao IV ''[79]'', Martino V, Eugenio IV, Nicolao V, Calixto III, León X ''[80]'' y otros, y confirmado con la vida ejemplar de tantos siervos de Dios como en él han resplandecido en virtudes y milagros y hoy resplandecen, es utilísimo a la república, y como tal perseguidísimo de los que, o torcidamente o imprudentemente celosos, han querido (como succede a todas las cosas conocidamente buenas) calumniar o estorbar la ocasión de tantos provechos, o ya juzgando apasionadamente por la imperfección de algún flaco del modo de vida de los demás, o ya invidiando tanta perfección, impacientes del resplandor de virtudes tan heroicas, como en este instituto de seglares y religiosos admiran los que con mejores ojos las miran. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
La fervorosa abadesa quiso estrecharse más y no dejar aspereza rigurosa en el estado que profesaba que no experimentase, y así de consentimiento de sus súbditas pro- [fol. 40r] puso su voluntad al valeroso y religioso cardenal arzobispo de Toledo Don Fray Francisco Jiménez, el cual, como tan celoso príncipe y tan estimador como conocedor de las virtudes desta bienaventurada señora, condescendió con su petición, la cual, propuesta a la sanctidad de Innocencio VIII y despachada por orden suyo por el cardenal Juliano, obispo de Hostia, y su penitenciario, se intimó en Toledo por el gran benefactor desta ciudad y ejemplo de ricos y nobles el Doctor Don Francisco Álvarez de Toledo, maestrescuela, canónigo desta Iglesia y vicario general deste Arzobispado, a cuyas obras heroicas debe Toledo su mayor lustre, como el aumento d’él a sus descendientes, como consta de las bulas de todo, y de la última despachada el año del nacimiento de Jesu Christo, Nuestro Señor, de mil y cuatrocientos y ochenta y cuatro ''[81]'', a diez y ocho de noviembre, que fue el primer año del pontificado de Innocencio. Desta manera quedaron con la clausura que deseaban estos valientes espíritus, que no pretendían otra cosa más que obligarse más a su Esposo Christo, y vacar solo a él con obras dignas d’él, debajo de la [fol. 40v] regla de la bienaventurada esposa suya Sancta Clara, instituida como segunda de las tres que San Francisco sanctísimamente instituyó para provecho de los hombres y alegría de los ángeles. &lt;br /&gt;
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'''Capítulo V. De la observación perfectísima de los votos religiosos del monasterio de Sancta Isabel y de la obediencia de su abadesa'''&lt;br /&gt;
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No es otra cosa voto que promesa de cosa buena hecha a Dios con deliberación ''[82]'', y aunque son varios sus géneros y todos admirables, ninguno es tan perfecto y tan agradable a Dios como el de la voluntad y persona propia, porque los que se hacen de otras cosas son como de fuera, este como de dentro de nosotros mismos. Y aunque el voto es de consejo, no de precepto, ya hecho y acceptado de Dios pasa a ley por la auctoridad del aceptador, y co- [fol. 41r] mo antes es mejor no hacerle que hecho dejarle de cumplir, después es género de sacrilegio y ofensa grandísima de Dios no cumplirle. Y así al que vota y no falta al voto de Su Majestad no menos que a sí proprio, como él se le dio y despojó de sí mismo por ser más de Dios. &lt;br /&gt;
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Las bienaventuradas religiosas de Sancta Isabel cumplieron con la solemnidad de los que solamente constituyen la religión cumpliéndolos con perfección igual al fervor con que los habían hecho, y dando de cada uno los ejemplos admirables que fueron como sementera de los fructos que duran y durarán en la observancia de su posteridad. Aprendían ellas lo que seguían de su fervorosa abadesa, y esta y ellas como piedras madres deste edificio aseguraban la perpetuidad d’él con lo que dejaban que imitar de sí. Y, como en los votos, la obediencia es la summa y sola virtud ''[83]'', porque el ayuno continuo, la oración fervorosa, la penitencia áspera, y finalmente el cumplimiento de todos los preceptos y consejos si se hace a arbitrio proprio, si falta en él la perfección de la obediencia, tiene solo el nombre, no la substancia de la virtud ''[84]'', por ser ella como madre [fol. 41v] y guarda de todas las que nos aúnan con Dios. Ella es la salud de todos, la que halla el Reino de los Cielos ''[85]'', la que los abre, la que levanta al hombre de la tierra, la cohabitadora de los ángeles y el manjar de todos sanctos. Procuraba ejercitar a sus hijas de suerte que, siendo en todas las demás virtudes consumadísimas, se preciasen de tener por perfección de todas esta. Poníalas a Christo Nuestro Señor, que se humilló hecho obediente hasta la muerte, y muerte de cruz, por lo cual Dios le levantó ''[86]'', por ejemplo único de su obediencia, advirtiéndolas que el intento del apóstol sancto no fue aquí probar el poder de Christo, sino ensalzar su obediencia ''[87]'' y así, ¿si el que era señor y maestro sirvió a sus siervos y discípulos, con cuánta más razón debemos servir a los iguales y mayores, y obedecer a Dios y a sus sanctos aun hasta la muerte? ''[88]'' Enseñándonos a los que somos mortales cuanto convenga padecer por la obediencia ''[89]'', porque el que era Dios no rehusó morir. Y así aconsejaba a no reparar tanto en lo que se mandaba, cuanto en que se mandaba ''[90]'', diciendo que en esto consistía la excelencia desta virtud ''[91]''. Porque si el que se entrega a un maestro de [fol. 42r] las artes que llaman liberales o mechánicas se determina a seguir sus órdenes en todo sin disceptar un punto dellas, con cuánta más eficacia se ha de seguir sin repugnancia alguna al que es artífice y maestro de piedad, y de cuya enseñanza depende el verdadero saber. Porque es gran bien obedecer a los mayores ''[92]'', no apartarse del orden de los que tiene Dios puestos para guía de los que le desean agradar, y después de las reglas de las escripturas aprender dellos el atajo de la vida, no dando consentimiento al peor de los maestros, que es la presumpción y juicio proprio. Estos consejos daba la singular prudencia de que Dios la había dotado, y hacía fáciles de seguir su admirable ejemplo, porque con ser superior a las demás en el oficio y en la calidad, era la menor en su estimación y trato. Ninguna cosa hacía que primero no la consultase con todas, deseando que la encaminasen, y sujetándose al juicio de la más mínima, teniendo el suyo, aunque acertadísimo, por descaminado. Obedecía a las que tenían a su cargo los ejercicios ordinarios de la casa, como si ella no se los hubiera encargado. Nunca entró en la sacristía, nun- [fol. 42v] ca en el refectorio, nunca en oficina alguna que primero no registrase su obediencia con la religiosa que cuidaba della. Deseaba summamente descargarse del gobierno de la casa por no hacer acción que no fuese de obediente, y llevábale adelante por sola obediencia, porque a la medida de la desestimación que tenía de sí, era la estima que los superiores tenían della. &lt;br /&gt;
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'''Capítulo VI. Pobreza de la abadesa'''&lt;br /&gt;
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Nació rica Doña María de Toledo, nació noble. Pospuso la riqueza a la pobreza, y amola de suerte que la antepuso aun a la nobleza, estimando más el título de Pobre que de noble. Fuelo con el afecto aun desde su niñez y, habiendo nacido con ella la nobleza, se puede dudar si primero fue noble que pobre aun en medio de la misma riqueza: ejercitola en su vida no solo desechando de sí lo que era [fol. 43r] proprio, sino amando a los que eran pobres, dando este por indicio exterior del amor interior que tenía a esta soberana virtud. Religiosa ya y obligada a mayor perfección por el voto, no solo le guardaba sincerísimamente, pero exhortaba a su observancia con prudentísimo fervor; decía que no en vano la moneda tenía figura redonda para dar a entender su instabilidad ''[93]''. El ejemplo y consejo de Christo proponía delante a todos para su imitación pues, siendo Señor de la Majestad, no había tenido en qué reclinar su cabeza, y siendo él solo poderoso, se había hecho pobre por el más necesitado ''[94]'', y así que ni era vergüenza ni menoscabo de la opinión hacerse por el de rico, pobre ''[95]'', el reino de los cielos proponía por primero y summo cuidado a que aseguraba con Christo que seguirían las demás cosas temporales, porque bastantemente es rico el que con Christo es pobre ''[96]'', porque a los tales no poseyendo nada, nada les falta. Porque quien nada desea, todo lo tiene con harta más seguridad que aquel a quien nada falta, pues se ve perder el dominio de las cosas ''[97]'', mas la resignación valiente de la voluntad no está expuesta a [fol. 43v] los incursos de la Fortuna. Y así, ¿de qué sirve dar el primer lugar en la felicidad a las riquezas, y calificar por último en la miseria a la pobreza? Pues el rostro alegre de aquellas encubre mil amarguras y sinsabores dentro del pecho, y al aspecto poco tratable desta consuela la abundancia de los bienes que satisfacen el corazón. Regalábase tiernamente con su querido Esposo la devota Pobre cuando echaba de ver que le faltaba aun lo necesario para entretener la vida, tanto por su mortificación y ejercicio de pobreza que tanto amaba, cuanto por la experiencia que tenía de la liberalísima providencia de Dios que, ejercitando a una su confianza, remediaba muy como de su mano las necesidades de sus siervas, aun cuando menos esperanza parece que tenían de remedio. Gloriábase del nombre que más apetecía y decía a sus hijas que nombre tal no era indicio de infamia, sino título de honra ''[98]''. Y que así como se menoscababan las fuerzas del cuerpo con las faltas de lo que le es necesario, se restauraban las del espíritu, porque como con el deleite se estraga, con la fragilidad se perficiona. Fuera de que indignamente es llamado pobre [fol. 44r] el que no echa menos nada, el que no solicita lo que otro tiene, el que es rico de Dios, porque más pobre es el que, teniendo mucho, desea más y nadie llega a vivir tan pobre como nació. Las aves no tienen patrimonio y a los animales no reservó la naturaleza hacienda: a los capaces de razón, sí, los cuales tienen tanto della cuanto menos desean. Y así como el que camina anda más cuanto con menos peso, así en este camino de la vida se ha más felizmente el que aligera la pobreza, no el que gime debajo de la carga de los haberes. Y así el menosprecio de las riquezas es utilísimo porque al breve camino de la vida no es alivio sino carga el viático excesivo. &lt;br /&gt;
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Habiendo dado esta devota señora al monasterio que regía todo lo que o de su hacienda o por su respecto tenía, era increíble el olvido que todas en ella experimentaban de que aquello fue suyo: parecíala que Dios la había hecho administradora de aquellos bienes y que la había de pedir estrecha cuenta de su distribución. Administrábalos, no los usurpaba; tenía su uso, no su propiedad. Daba a Dios lo que él la había dado, desposeíase de lo que no tenía por suyo [fol. 44v] deseosa de tener que darle, si lo permitiera, su deseo de no tener cosa. Tenía por mal empleado el gasto corto que en su persona hacía; siempre, siendo liberalísima con todas, tenía por prodigalidad la escasez a que consigo ejercitaba. Si comía, era de limosna, contenta con las sobras de las demás: si vestía, era lo que todas menospreciaban y si dormía, aun en esta acción tan natural, no cumplía consigo hasta haber cumplido con todas. Tomaba el sueño como por permisión de las demás, no por necesidad suya. Tal era su afecto a la pobreza, tal su ejercicio.&lt;br /&gt;
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'''Capítulo VII. Ejemplo y consejos de la abadesa en el voto de la continencia'''&lt;br /&gt;
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Como entre las contiendas con que perturba el Demonio la quietud de los christianos son las más duras las de la castidad, en que es continuo [fol. 45r] el combate, rara la victoria, es el voto que della se hace a Dios de los más acceptos a sus ojos. Porque el ser el enemigo que se ha de vencer doméstico, y andar dentro de nosotros y ser necesario huirnos para huirle; el ser, al parecer amoroso, entrar con blandura, y prometer lo que más la carne puede apetecer, pone la dificultad que solo el prevenido por la poderosa mano del Señor puede vencer. Y así, según esta dificultad es su premio, porque todos los de todas las virtudes acompañan al desta: porque la continencia sustenta y tiene en pie, como fundamento solidísimo, todas las virtudes del espíritu ''[99]'' y todas ceden al valor desta, porque es el esmalte con que salen los quilates del suyo. Y como esta no consiste solo en la pureza del cuerpo, sino también en la sinceridad del ánimo, y este sea el asiento de todas, ninguna reposa donde la quietud desta no es conocidísima por el sosiego alcanzado de las victorias copiosas que con la resistencia varonil se consiguen del enemigo de nuestra quietud. Era la afición que a esta madre de las virtudes tenía la sancta abadesa tal que desde los pechos de su madre deseó consagrar lo más [fol. 45v] agradable de su cuerpo al esposo de las almas, Christo, y si el precepto de sus padres no pudiera con su obediencia tanto, siguiera solo sola a Christo; sabía que la obediencia es más acepta a Dios que el sacrificio, porque con aquella se ofrece la voluntad propria, con ese, si no se regula con aquella, se ofenden los ojos de Dios, no se regalan. Pero en el estado del matrimonio no se diferenciaba en el afecto a la continencia al de la religiosa y, siéndolo ya y habiendo ofrecidose como tanto había, deseaba por posesión sola de Dios, su más fervorosa exhortación era la que a esta virtud hacía, por saber que la fragilidad con que nacimos, cuanto tiene más de peligro, tiene más necesidad de remedio. Preveníale amorosísimamente aconsejando que la victoria del contrario desta virtud consistía más en la huida que en el seguimiento, porque fuera del acto que se hace del conocimiento de nuestra flaqueza se consigue el fructo que con el vencimiento se pretende y que más puede agradar a Dios. Decía que para conservar con pureza esta resolución, ningún medio era más fuerte que la frecuencia devota de los sacramen- [fol. 46r] tos porque, como con las cosas que la Iglesia tiene señaladas para la expulsión de los espíritus dañados, quedan los lugares afectos libres, así el cuerpo, que el espíritu peor tanto desea inficionar cuanto halla más facilidad con su blandura, queda con el uso destos celestiales remedios que Dios dejó para bien nuestro en su Iglesia como incapaz de todo lo que no es Dios, y casi seguro de que el Demonio le pueda dar asalto con pertrecho tan fuerte. Aconsejaba que, aun después de las mayores victorias se temiese, porque nunca hay mayor peligro que cuando parece hay mayor seguridad. Que el Demonio pretende afear la hermosura de muchos años con la torpeza de un solo instante y deshacer la grandeza de muchas glorias con la vileza de un consentimiento, y que quiere más un vencimiento solo de quien ha alcanzado muchos d’él que muchísimos de quien no se le resiste. Añadía que, aunque la maceración del cuerpo no es remedio total para la sujeción del ánimo, es medio grande para disponerle a ella y, como aconsejaba esto, lo ejercitaba, siendo la aspereza de sus penitencias increíbles, no dejando un solo instante el castigo de su [fol. 46v] cuerpo como freno de sus deseos, sojuzgando continuamente las pasiones aun naturales y lícitas, porque el Demonio no tuviese portillo para las ilícitas en ningún tiempo. Fiaba, aun después de tanta experiencia de la sujeción de sus miembros a la voluntad del espíritu, de sí tan poco que renovaba perpetuamente la oración que a Dios hacía por la conservación de la pureza y continencia. Dios la oía de suerte que, como quien se gloriaba de sus glorias, la daba ocasión de ofrecerle muchas, y ella así, por su ejemplo como por su consejo, prevenía los ánimos de sus hijas solo para Dios, celándolas aun de las conversaciones indiferentes porque, como conocía la depravación de nuestra naturaleza, temía la facilidad con que destas blandamente se pasa a las no permitidas, y una vez lisonjeado el corazón y regalado el apetito con estas, tarde o mal se facilita el paso de extremo tan blando a extremo tan, al parecer, contra nuestro deseo por su aspereza. Templaba el rigor de su recato con las alabanzas que predicaba desta celestial virtud, dando nombre a la que se esmeraba en ella ''[100]'' de flor del plantel de la Iglesia, de honor y or- [fol. 47r] namento de la gracia espiritual, de obra de entera e incorrupta alabanza, de imagen de Dios que corresponde a la sanctidad de su Señor de parte más ilustre del rebaño de Christo, por quien y en quien la Iglesia se regocija, y en cuya continencia la fecundidad de nuestra madre la Iglesia florece gloriosamente. Pues cuanto la copia de los continentes es más numerosa, tanto es más copioso el número de los gozos della porque, como las bodas de la Tierra llenan la Tierra, las del espíritu el Paraíso ''[101]''. &lt;br /&gt;
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'''Capítulo VIII. Frecuencia de los sacramentos y devoción al sanctísimo de la eucharistía, y abstinencia rara de la abadesa'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El más eficaz consejo de la beata Pobre Sor María era su ejemplo, y su principal estudio era la experiencia del provecho que de los ejercicios vir- [fol. 47v] tuosos sacaba, y así el remedio que tenía por más eficaz para la pureza y el que aconsejaba con tantas veras ponía por obra con igual devoción. Tenía la increíble al augustísimo sacramento de la eucharistía ''[102]'', por saber que de su uso nace la posesión de la eternidad, y así solía decir que, así como los que incautamente beben veneno, procuran extinguir su fuerza dañosa con la bebida de otro medicamento saludable, y por convenir que a semejanza del tóxico entre en las entrañas la medicina ''[103]'' y no deje parte en el cuerpo donde no communique su ayuda, así conviene que procuremos expeler el veneno con que nuestra naturaleza se relaja, tomando el medicamento con que se fortifica, para que la ponzoña del uno se remedie con tiempo con la fuerza contraria y saludable del otro. Y que este medicamento no es otro que aquel cuerpo que, siendo vencedor de la muerte, es causa principal de nuestra vida. Porque así como una pequeña parte de levadura hace semejante a sí toda la masa ''[104]'', aquel cuerpo que Dios favoreció entrando immortal en el nuestro le muda y transforma en sí todo. E así la preparación que para [fol. 48r] llegarse a esta celestial mesa hacía, si no igual a la que a su dignidad se debe, la mayor que a criatura humana y por la participación frecuente de Dios ya más que humana es posible. No comía bocado hasta la noche el día (con ser tantos) que commulgaba, pareciéndola no ser justo que otro manjar corruptible acompañase al eterno y, cuando por cumplir con la obligación de viviente acudía a su sustento, era tan parcamente que se contentaba con el limitado número de unas pasas o almendras, pidiendo licencia para dar aquel día lo que la communidad la daba a los pobres que, por desgracia, la fortuna había hecho de honrados, ridículos ''[105]''; y ya solo su honra, según la opinión y estimación del vulgo, consistía en su vergüenza. Moderaba aun esta moderación cuando ayunaba la Cuaresma que llaman de los Ángeles con tanto rigor que no entraba en su cuerpo más que pan y agua fuera de los domingos, que, a persuasión de todas, comía algún bocado de pescado, y los días que recibía a Nuestro Señor solamente bebía a la noche con unos granos de anís, que más por medicina que por manjar la obligaban a tomar. Vino una destas Cuaresmas a visitar la casa el gran príncipe [fol. 48v] y religioso capitán de la Iglesia Don Fray Francisco Jiménez Cardenal y Arzobispo de Toledo, y suplicole la vicaria ordenase por obediencia a Sor María la Pobre, su abadesa, remitiese algo del increíble rigor de sus penitencias. Hízolo el religiosísimo prelado encargando a la abadesa no se dejase llevar tanto del espíritu que estragase del todo el cuerpo, sino que comiese alguna cosa más de lo que hasta allí, y no dejase de echar mano de lo que la pusiesen delante. Ella obedeció guardando su abstinencia porque, cuidando la religiosa a cuyo cuidado estaba el refectorio del número de las pasas, almendras y avellanas que para su sustento la ponía, cuando las alzaba, hallaba solo menos una pasa, una almendra, una avellana, cosa al parecer increíble, y que sola la ayuda de Dios puede hacer que obre quien es mortal y tiene necesidad de sustento para no morir. Con abstinencia tan excesiva andaba tan alentada que parecía que solo con no comer vivía, y que lo que a otros quita la vida, a ella se la daba. ¿Mas, qué maravilla? No el pan es sustento solamente de los hombres, sino las palabras de Dios son manjar para los que las [fol. 49r] oyen para obedecerlas, y cuánto más el pan de los ángeles, el maná celestial ''[106]'', el sustento preparado sin trabajo, que tiene en sí todos los deleites ''[107]'' y la suavidad de todos los sabores. Este la confortaba de suerte que, como acostumbrada a él, no se acordaba de otro alguno. Tenía hecho el paladar a los regalos eternos y no arrostraba los corruptibles. La comida que aligera el alma a los gozos de la gloria la sustentaba, no la que cargando el cuerpo impide todas las operaciones mejores: ¿Qué maravilla quien solo aspiraba a Dios no gustase sino espirar lo que era Dios? Oh, alma bienaventurada, ¿a quién no la carga del cuerpo, no la conversación de los mortales, no la habitación de la tierra pudieron apesgar, distraher, entretener jamás; solo la parte superior, la contemplación celestial, el trato de Dios rigieron, ocuparon, agradaron?&lt;br /&gt;
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'''Capítulo IX. Virtudes varias perfectísimas de Sor María la Pobre'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Era la vida desta religiosa señora las delicias de Dios, por parecer que en su alma había su poderosa mano plantado todo género de virtudes, y hecho jardín de buenos ejemplos sus perfectísimas acciones. Porque ninguna dejaba de llevar los ojos de los hombres, indicio claro que agradaba a los de Dios, que siempre la virtud, aun de los que la aborrecen, es con veneración interior conocida. Porque ¿a qué piedra no deshiciera el rigor que esta delicadísima señora, y por la quiebra ordinaria de salud flaquísima, usaba consigo? No contenta con las asperezas otras veces ponderadas, hizo tejer una túnica de cardas y lana de cabras para alivio del cilicio que trahía debajo hasta cerca del suelo, tan apretadamente aplicado a las carnes que parecía más cuero dellas que vestidura. Eran las disciplinas tan rigurosas que estremecían las columnas del edificio y, con la blandura que del hierro grueso y mal labrado se puede esperar, y tan copiosos los arroyos de la sangre que con ellas de sí despidía, que cada una [fol. 50r] parecía haber sacado las últimas gotas de su cuerpo y no dejar más que sacar a la siguiente penitencia. Esta era continua por caer sobre las llagas recién hechas la aspereza del apretado cilicio, y renovarlas con todos los movimentos del cuerpo cada instante. Era tan del Cielo su caridad y humildad que ningún día dejaba de ejercitar una virtud y otra visitando amorosamente las enfermas, haciéndoles las camas, aderezándoles los aposentos, y abatiéndose a los ministerios más bajos, aunque necesarios para la limpieza y aseo de los enfermos. Y si alguna vez la obligaban por algún achaque forzoso a entrar en la enfermería, nunca entraba en la cama, solo el remedio de su salud consistía en el regalo que hacía a las demás que estaban en ella, no admitiendo jamás cosa para sí hasta saber que las demás tenían todo lo que les era necesario. Era la primera que laudaba las túnicas de las demás religiosas, la que primero acudía a la cocina, la que primero echaba mano a la escoba y la que a todos los ejercicios de mortificación y humildad acudía primero con emulación tal que a las más perfectas dejaba que imitando admirar y a las [fol. 50v] menor que admiradas imitar. La que consigo era áspera, con las demás era clementísima, tenía don del cielo en dar consuelo a las afiligidas y parecía que para estas ocasiones la inspiraba Dios las palabras más de consuelo que la elocuencia o prudencia humana no pudieran alcanzar. Tenía cada noche dos horas de oración antes de maitines y, hallándose a estos con la communidad, a cuyos ejercicios acudía siempre, aunque más ocupada la primera, se quedaba en el coro sin volver al dormitorio y, cuando la necesidad forzosa del sueño la apretaba demasiado, parecía no consentir con él pues sin hacer movimiento, ni prevenirse par algún descanso, le esperaba en la silla sin que las inclemencias de los tiempos fríos o calurosos la obligasen a abrigarse o aliviarse, si ya alguna vez no cuidaba en el rigor del frío alguna monja de aplicarla, cuando sentía que estaba rendida al sueño, algún manto. Volvía del sueño lo más presto que le era posible a la oración, que siempre hacía de rodillas immoble, aunque con tan copiosas lágrimas como consuelos. Prevenía aun desde su retiramiento el remedio de los [fol. 51r] totalmente hollados de la Fortuna, procurando que nunca faltase el sustento a los encarcelados y, como quien consideraba piadosamente el olvido que destos desgraciados ordinariamente se tiene, no se contentaba con la provisión común del sustento, sino con acudir a las necesidades más particulares haciéndoles llevar agua, carbón, luz y todo lo que en las casas es necesario y en esta se echa menos. &lt;br /&gt;
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'''Capítulo X. Pide a Nuestro Señor Sor María que le dé verdadero sentimiento de sus dolores: dásele Su Majestad con una larguísima y penosísima enfermedad'''&lt;br /&gt;
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Hacía la señora Pobre de su parte todo lo que creía que la podía unir más con Dios y deseaba que, como Su Majestad la hacía partícipe de sus consuelos, no la negase el sentimiento de [fol. 51v] sus dolores. Era la devoción que tenía a su sacratísima Pasión singularísima, y pedía todos los días a su querido la consolase con esta noticia particular de sus tormentos que condescendió con su regalada Dios, y representóselos con una tan recia enfermedad que, por espacio de un año, afligió todos sus miembros de suerte que ni los médicos la conocían, ni las medicinas la aliviaban. Ella la había pedido, Dios se la había dado. Ella la llevaba gustosísimamente y él se recreaba en ver su consuelo y, aunque como aficionado remitiera el rigor de los dolores que ella padecía, como gustoso de su provecho permitía que los padeciese. Eran tan increíbles los tormentos que, cuando la apretaban con mayor rigor, sentía que decía muchas veces que todos los huesos la sacaban de su lugar, y no tenía miembro que no se le descoyuntase: este rigor era tan a menudo que casi se alcanzaba uno a otro, y cuando se dilataba algo, era el que ella llamaba lento igual al mayor que a otra de menos espíritu afligiera insufriblemente. No tenía fuerza para rodearse a un lado o a otro sin ayuda ajena, y esta había de ser cogiendo todo el dolorido cuerpo con una [fol. 52r] sábana y moviéndole en su camilla con grande tiento. Con ser tan excesivos los dolores, jamás se oyó una sola queja, antes con semblante entero y ánimo constantísimo daba gracias a Dios que la había oído sus tan atrasados deseos y le pedía añadiese tormentos a tormentos pues la paciencia que en ellos mostraba a él solo la debía, y si alguna vez importunada de la piedad de sus hijas contaba la fuerza de sus dolores, como si hubiera encarecimiento en tanto rigor las pedía encarecidísimamente perdonasen su impaciencia, pues no sabía dar a Dios gracias por lo que más se las debía perpetuamente rendir. El alivio mayor que, rodeada de tantos sentimientos, tenía era el trato de Dios, con que se alentaba de suerte que parecía no tener pena o dolor alguno, y era tanto el gozo que interiormente deste trato tenía que le salía al rostro, cosa muchas veces advertida entre las suyas, porque era maravilla verla en un instante con la amarillez y flaqueza que las penitencias y enfermedad era fuerza la acarreasen y, en dando principio a las alabanzas de Dios, se encendía y como hermoseaba y llenaba el rostro de suerte que parecía vender salud y [fol. 52v] tenerla confirmadísima. En todo este tiempo no daba muestra alguna de los dolores que tan crudamente la aquejaban, aunque tenía la misma continuación su rigor que antes. Cosa maravillosa era sin duda esto porque, al tiempo que la parte señora del cuerpo como porción del Cielo aspiraba a él y se recreaba en sus cosas, la sierva e inferior y terrena, aunque tan viva en sus sentimientos, la cedía. ¡Oh, poderío soberano de la razón! ¡Oh, espíritu solo celestial! ¡Oh, preparación de los gustos del Cielo, a que no los sinsabores terrenos, no los sentimientos del cuerpo, no los infortunios a que está sujeta nuestra flaqueza puedan no solo no contrastar, pero ni aun resistir!&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Entre los dolores intensos con que Dios como en fuego acrisolaba la perfección, y como en toque probaba la paciencia desta su sierva, jamás hicieron pausas sus acostumbrados ejercicios de abstinencia y oración; antes, como obligada más de Dios, pretendía darse por más reconocida a sus obligaciones. Alegrábase maravillosamente de la merced que Dios la había hecho de darla como a su bienaventurado padre las insignias de su Pasión ''[108]'' en lo exterior con sus [fol. 53r] llagas, a ella en el corazón con sus dolores ''[109]'', y de la gravedad destos concebía el rigor de los de su Señor, y, amorosamente compadecida dellos, le pedía más para ayudárselos a padecer, haciéndole compañía.&lt;br /&gt;
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'''Capítulo XI. Revelación que cierta religiosa del Cístel tiene de la sanctidad de Sor María, cuya camisa la sana de una grave enfermedad'''&lt;br /&gt;
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Encruelecíase cada día más la enfermedad y aumentábase cada día más el fervor de quien la padecía y pedía a Dios más mientras más la daba que padecer. Sus devotas hijas, lastimadas de tanto mal, daban muestras, como era razón, del dolor que tenían de los suyos. Ella, agradecida de su amor, las reprehendía su flaqueza, asegurándolas que pues tenía por cierto que aquello venía de [fol. 53v] las manos de la misma piedad, no venía sino para provecho suyo y gloria de Dios, y que sus pecados (como ella decía) eran merecedores de mayores tormentos, y que pues Dios no da más de lo que se proporciona con nuestras fuerzas, no la tuviesen lástima pues no padecía más de lo que podía llevar. Con estas razones consolaba a sus afligidas hijas por el mal de su madre, que cada una quisiera padecer por ella con muchísimo gusto. ¡Tanto era lo que la amaban, y tan digna era ella de que la amasen! Por este mismo tiempo estaba una sierva de Dios, religiosa de la orden del Cístel, gravemente enferma y, tanto por su religión como por su salud, la llevaron una camisa de la beata abadesa sin decirla cúya era, suplicándola que se la pusiese a petición de cierto enfermo que en nombre de Nuestro Señor se lo pedía. La religiosa Martha (que así se llamaba) en viendo la túnica tuvo aviso del Cielo de la reverencia que era justo tenerla por los sanctos miembros que había ceñido, y dijo que ella no era digna de cubrir los suyos con la que había tocado a la sierva del Señor, que no estaba enferma, sino con el sentimiento verdadero de la Pasión de [fol. 54r] Christo, y más enferma de amor que afligida ''[110]'' de dolor, siendo este el mayor que el encarecimiento humano puede ponderar. Que ella antes pondría por reliquia lo que había llegado a quien ella pensaba encomendarse. Admiró mucho la confimación que esta sierva de Dios hizo de la enfermedad y sanctidad de Sor María la Pobre, con cuya túnica la religiosa Martha quedose con entera salud glorificando a Dios que tan poderoso es en sus siervos, y la ciudad admirada de tan maravilloso succeso acudía a Sancta Isabel la Real como al remedio de todas sus enfermedades y trabajos, de que se vían libres fácilmente con la intercesión o reliquias de la beata abadesa.  &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Capítulo XII. Señales exteriores de las mercedes que Dios hacía a Sor María vistas por otras de sus monjas'''&lt;br /&gt;
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[Fol. 54v] Visitaba nuestro Señor a su querida María muy a menudo, y dejábala tanta copia de favores que aun sus monjas eran testigos de lo que con Dios merecía su beata abadesa. Quería Su Majestad que, como se hallaban presentes al ejercicio de sus virtudes, viesen también el premio que dellas, aun en esta vida, como en señal de los infinitos de la otra, daba a sus siervos. Una vez entre otras que se había juntado la comunidad (como tiene costumbre los Viernes de Cuaresma) a la disciplina, ilustró Dios tanto su alma con el conocimiento de sus misterios que resultó la luz al cuerpo, rodeando su rostro una como diadema de rayos muy resplandecientes y de extraordinaria claridad, y destos, como acopados y puestos en forma de pirámide, salía otro por extremo vistoso, que se extendía hasta el lugar donde estaba una monja que, admirada de tanta novedad y tan extraño resplandor, la preguntó con mucha instancia qué favor entonces la hacía particularmente Dios. La beata abadesa, aunque no acostumbraba decir ninguno de sus sentimientos [fol. 55r] espirituales sino forzada del mandato de su confesor o superior, condescendió con la instantísima petición de su buena hija (que digna de tal madre debía de ser a quien Dios hacía partícipe de los favores con que regalaba a su querida) y la dijo que Su Majestad se había dignado de hacerla por entonces capaz de conocer la caridad immensa que cuando padeció tan rigurosos azotes tuvo. Otra vez, día de la Transfiguración de Nuestro Señor, la vio otra monja con el rostro tan resplandeciente como el mismo sol. Y preguntándola el día siguiente muy apretadamente la manifestase el misterio de luz tan desigual a las humanas, respondió con gran sencillez que se había servido Dios de descubrirla los misterios que en su gloriosa transfiguración había obrado, como si en compañía de los apóstoles se hubiera hallado en el monte Tabor. Otras muchas veces vían semejantes luces en su rostro o en el lugar donde oraba, pero ella procuraba graciosa y prudentemente darlas a entender que podrían engañarse y que ella no era digna de las ilustraciones divinas que ellas imaginaban. Efectos raros de la fuerza de su oración, y regalos solos de Dios para quien con tanto fervor le sabe agradar. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[Fol. 55v] '''Libro Tercero, del tránsito de Sor María la Pobre, y de los efectos maravillosos de su religiosa Vida'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Capítulo I'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Llegado habemos al remate dichoso de tan feliz vida, al premio después del trabajo, al descanso después de la carrera, y a la vida cierta, porque hasta este punto murió la beata abadesa Sor María la Pobre: a quien tan apretadamente aquejó el rigor de los dolores que Nuestro Señor, a petición suya, la había permitido padecer, que la condujo al último fin. Tuvo sin duda d’él ella noticia y así, deseosa de no morir fuera de la communidad, pidió la llevasen al dormitorio. En estando en él, habiendo un día antes celebrado la fiesta de [fol. 56r] los príncipes de la Iglesia San Pedro y San Pablo, como solía, con su ordinaria communión, a otro de la conmemoración de San Pablo último día de junio, miércoles a la una del día la sobrevino una tan ferviente calentura, acompañada de una landre tan dañosa, que la hizo perder el juicio para todo lo que no era Dios. Hizo llamar luego al vicario y, confesada, recibió con grande afecto el viático y extrema unción. Después estuvo dos horas con todos sus sentidos recogida en sí, sin querer la communicación de nadie. Esto fue sábado, un día después de la Visitación de la Virgen, Nuestra Señora. Después deste espacio, volvió a perder el sentido para todas las cosas corporales y de la Tierra; solo para las espirituales y del Cielo tenía el mismo y aun más vivo que antes, como quien estaba más cercana de su gozo, y como a la puerta de la eternidad, a que por tantos trabajos había arribado. Era cosa maravillosa que, faltándola el sentimiento para todas las acciones que no fuesen derechamente en alabanza de Dios, en estas estaba tan fervorosa que nunca parece que había tenido más quieta y sosegada contemplación. Viéndola así una de las religiosas [fol. 56v] que, afligidas por la falta que barruntaban ya con su tránsito, asistían a su sancta madre, la pidió ahincadísimamente la introdujese delante de Dios en su oración y rogase por ella. La amorosa y piadosa madre la respondió con la caridad que solía en todas las cosas de sus hijas: “Cómo hija, ¿por vos sola? Por vos y por todo el mundo ha de ser la oración”. Esto solía ella decir ordinariamente: que los hijos de la Iglesia habemos de imitar a Nuestra Madre que hace oración a Dios por todos, sin exceptuar aun sus enemigos, y que nuestra oración había de ser universal, porque en esto dábamos indicios de lo que nos amábamos, y la caridad era el medio más agradable a Dios para conceder lo que le pedimos. Con esta ocasión, como olvidada de su mal, se volvió a sus queridas hijas y venerables hermanas y las exhortó fervorosísimamente a la unión y al amor fraternal y a saberse hacer de tantos cuerpos y tan diferentes una sola alma, una sola voluntad; que la oración tuviese tanto de caridad como de fervor; que si faltaba aquella nunca habría este. En todo este tiempo, con ser tan tierno el amor a los deudos, como natural, estuvo tan en sí como en Dios, tan desa- [fol. 57r] migada de su carne y sangre como allegada al amor afectuoso del auctor de la suya, no acordándose más de sus parientes que si como a otro Melquisedec no se le conociera padre o madre. Afecto que suele ser ordinario aun en los más perfectos, por no ser género de imperfección traer a la memoria en la hora que todo se deja acá a quien se debe el haber estado en este mundo. Pero la beata Pobre hasta en esto se preció de serlo, olvidándolo todo por su padre celestial y por la compañía de los ángeles, que estaban aguardando aquella sancta alma, afrenta (permítaseme decirlo arrojadamente) de los querubines en el fervor del amor de su Criador, en la inflammación de su voluntad, y en la perfección de sus acciones todas amorosas, todas como para Dios, todas como de quien muerta al mundo vivía solamente a lo que era más que él. ¡Prodigio de mujeres!&lt;br /&gt;
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[Fol. 57v]&lt;br /&gt;
'''Capítulo II. Responde la beata abadesa a muchas preguntas de sus monjas: da su alma a Dios, y queda su cuerpo hermosísimo y resplandecientísimo'''&lt;br /&gt;
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Echaban ya de ver las dolorosas y afligidas hijas que caminaba con largos pasos su querida y sancta madre al Cielo y, aunque creían que desde él acudiría a su bien con las ventajas que d’él a la tierra hay, sentían su absencia personal como sus mismas muertes porque tenían en ella señora, madre, amiga, y todo lo que la cortesía y el amor tiene de consuelo. Pero la voluntad de Dios, a que ellas andaban por su ejemplo tan reguladas, las consolaba y, viendo ser fuerza su absencia, procuraban no perder un instante de su doctrina. Hacíanla muchas preguntas, a que ella daba alegres res- [fol. 58r] puestas, no dificultando ya la consulta de su oráculo por el tiempo breve que sabían habían de gozar d’él las que más amaba, y por dejarlas a la despedida en tanto desconsuelo cuanto era de su parte consoladas. Y así preguntándola las monjas que, por la gran fragancia que sentían y el consuelo que vían tener a su beata abadesa, creían la causa era superior y más que ordinaria, “si vía a Jesuchristo nuestro Señor”. Ella respondió, “que no solo este benignísimo Señor, sino también su elementísima madre, la Virgen María, Nuestra Señora, la estaban presentes allí favoreciendo, y de cuya vista sentía el regalo que a criatura humana es imposible dar a entender”. Preguntola una singular devota de san Juan Baptista, “si vía al Sancto Precursor de Christo, Juan”, y respondió que “no solo a este glorioso sancto, sino a toda la corte celestial estaba viendo”. Esto lo decía con tanta sencillez como alegría, que era tal la de su rostro que esta bastara por respuesta a todas las preguntas ordenadas a los favores que recibía del Cielo. No tenía por ningún modo aspecto de quien tan presto había de ser de la muerte y, si el pulso no desengañara, fuera fácil creer que había sido milagrosa su mejoría. Repetía con [fol. 58v] grande devoción las palabras que, como seguridad de su habitación eterna, regalaban los oídos de Dios y consolaban los de las afligidas religiosas. Cuando se alegraba, diciendo: ''“In pace in idipsum dormiam et requiescam”''. Cuando se entregaba a Dios y se ponía en sus manos, diciéndole afectuosamente, ''“In manos tuas, Domine, commendo spiritum meum”''. Tal vez asegurada de su protección, le suplicaba fuese su guía, con decirle: ''“Vias tuas Domine demonstra mihi et semitas tuas e doce me”''. Tal, como quien por la mano de Dios había llegado al sosiego eterno y, guiándola su Esposo estaba ya en el thálamo de la inmortalidad, repetía dulcísimamente: ''“Haec reques mea in seoulum seculi”''. Respondía siempre a los psalmos de la penitencia, que las llorosas hijas la rezaban en competencia de los que de júbilos de gloria entonaban los ángeles admirados de tanta pureza en cuerpo sujeto a corrupción. Desta manera la asistían todas sus monjas. A muchas el cansancio, a otras la pena pesada había dejado rendirse al sueño un brevísimo espacio, cuando de repente, como si a cada una llamaran de por sí, despertaron todas, y puestas de rodillas alrededor de la [fol. 59r] cama, bañándola en amorosas lágrimas, haciéndolas aun sin hablar elocuentes el dolor, la suplicaron rogase a Dios por todas y, como había sido su madre en esta vida, en la mejor y eterna no dejase de serlo; y que las consolase con su bendición. La beata abadesa, que solo por Dios dejara a quien fuera d’él amaba más que a todas las cosas del mundo, se volvió a ellas, y con la blandura que solía hablarlas, las dijo estas si breves palabras, dignas de perpetua estima: “Hijas mías en el amor, señoras en la estimación, ni es justo que sintiáis mi absencia por mi falta, ni que por vuestro afecto estorbéis mi gozo, pues en esto sola la mano de Dios es la obradora, y en aquello ella misma lo será dándoos madre aventajadísima. Ni en lo uno es acertado desconfiar, ni en lo otro ir contra la voluntad de Dios. Yo voy consoladísima ante su acatamiento por la seguridad que me da vuestra virtud presente de la perpetuidad de la futura en las que a gloria de Dios os siguieren. Echo de ver que a vuestra devoción se deberá todo, como yo el perdón que es justo no me neguéis de mis imperfecciones, para que yo en perpetuo agradecimiento os rinda delante de Dios las gracias que solamente son de Su Majestad por ser vosotras tan unas con él. Y aunque como a [fol. 59v] madre me corriera obligación de exhortaros al amor de hermanas, a la perseverancia en la guarda de los mandamientos y consejos que en su Evangelio y nuestra regla nos ordenó Dios, y a todos los demás ejercicios de virtud que llevan a él, salgo desta obligación viendo la perfección de todas vuestras acciones, confiada en su duración, y que el clementísimo Señor que os escogió para sí, no os soltará de su protección, escogiendo siempre el aumento de vuestro número, hasta teneros consigo”. Esto dijo con tan agradable semblante y tan encendido afecto que, con consolar maravillosamente el descaecimiento de sus hijas, las rajó el corazón con nuevos sentimientos, quedando su respuesta ahogada en sus lágrimas. Después desto la religiosa madre, habiendo repetido sus regalados versos, alzó la cabeza y voz a sus amadas hijas, y las dijo, habiéndolas echado la bendición de Dios: “Adiós hijas mías, quedad en paz” y, cerrando los ojos blandamente, sin más movimiento que si el sueño hermano de la muerte los ocupara sin pena, lunes al reír del alba, cinco días después del último rigor de su enfermedad y el que cumplió un año en ella, siendo de edad de setenta y habiendo estado treinta en la [fol. 60r] religión, a tres de julio del año de mil y quinientos y siete, dio su alma a aquel Señor que la había escogido para esposa suya, y que la estaba aguardando acompañado de toda su corte para darla el asiento en ella que a su amor debía, habiéndose poco antes oído una suavísima voz que la llamaba. Fue tanta la fragancia y suavidad que en prendas de la que la alma gozaba con Dios quedó al cuerpo entre sus monjas, que faltan a la capacidad humana comparaciones para ponderarle, porque todo lo que se dijere, será menos. Deste mismo olor de los ámbares del cielo y de las flores de los jardines eternos participó el aposento donde había estado, y la ropa que había sido o abrigo o cura en su enfermedad. A esta suavidad acompañaba una tan amable claridad que tenía como vestido el cuerpo, que los ojos humanos con ser incapaces della, no la podían perder de vista, ni dejarse de llevar de su luz.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[Fol. 60v]&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Capítulo III. De las alegrías del Cielo manifestadas a la Tierra en la nueva regeneración para Dios de la beata Sor María la Pobre'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Como el alivio de las penosas obras desta vida consiste en el fin della, y en el principio de la que ha de durar para siempre, y Dios es tan puntual y liberal premiador de las que se hacen o padecen por él, quiso para enjugar las lágrimas de la Tierra hacer manifestación de los gozos del Cielo en el dichoso tránsito de la sierva María. Era el llanto universal de los de la Tierra, y para su consuelo era razón se mostrase el universal del Cielo. No hubo persona en la ciudad y en su comarca que no acudiese como milagrosamente al monasterio de Sancta Isabel la Real al instante que espiró su abadesa; todos, aunque llorosos por su falta, apelidan- [fol. 61r] do su nombre y como canonizándola con el commún sentimiento, no dándola otro que la Sancta Doña María la Pobre, y como de quien estimaban por tal procurando alguna pequeña parte de sus vestiduras por obradora de grandes milagros. Y si las demás monjas no previnieran este cuidado fuera imposible detener el concurso de los devotos, que ninguno quería dejar de dar muestras de cuánto lo era desta beata sierva de Dios en lo que más podía tener suyo. Más de treinta monjas y algunos de los frailes que prevenían su entierro oyeron tres veces, cuando dio su alma a Dios y cuando llevaban su cuerpo a la bóveda común del convento y cuando en la misa alzaron el cuerpo de Nuestro Señor, una extraordinaria suavidad de voces que fácilmente se juzgaba ser del Cielo, por ser imposible que fuesen de mortales. Llevaban los religiosos de la orden aquel thesoro de la immortalidad, aquel órgano del Espíritu Santo, aquella habitación de la sanctísima alma que gozaba de Dios, rezando lo que la Iglesia dispone para tal oficio, ''Sub venite sancti Dei'' etc., porque el mucho llanto no les consentía cantar, y las religiosas que iban detrás creían [fol. 61v] que aquella celestial armonía era de los religiosos que iban delante, y ellos que de ellas. Pero, confiriendo lo que imaginaban admirados de sí mismos por la dulzura de las voces, echaron de ver que eran del Cielo, y confirmaron las que después oyeron de nuevo cuando la metieron en la cueva. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Capítulo IV. Reconocen el cuerpo sancto las monjas días después y hállanle incorrupto como hasta hoy se ve'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Al tiempo que los religiosos pusieron el cuerpo en la cueva, como se encruelecía la pestilencia y la landre que había apretado a la beata abadesa era como las demás que entonces se temían, sin reparar en ello las monjas que la excesiva pena tenía como fuera de sí, la echaron sobre el rostro cuantidad de cal viva. Pasados más de dos meses cayendo en la cuenta las religiosas [fol. 62r], y pareciéndolas que habían hecho mal en dar sepultura commún a quien creían que tenía asiento particular en el Cielo, alcanzando licencia del juez de la Iglesia, el día de San Matheo del mismo año abrieron la bóveda y sacaron al coro el cuerpo, que hallaron tan entero y tratable como cuando estaba animado. El rostro tenía algo moreno por haber quedado sobre él el velo, y sobre este la cal; el vestido por la parte que llegaba al cuerpo estaba tan entero y oloroso como si se acabara de poner perfumadísimo; por la superficie estaba bañado en agua, por la gran cuantidad que, lavando el coro, caía a la bóveda. De todo salía una fragrancia celestial, sin haber podido la vivacidad de la cal ni la corrupción natural de los cuerpos a que falta la alma empecer aquel que Dios nos dejó entero por muestra de la entereza de su vida, y de la gloria que tiene su alma en compañía de los ángeles. Volviéronle a la cueva por no tener preparado lugar para su colocación, hasta que el día de la Translación de San Luis, teniendo ya lugar señalado para ponerle con decencia, le sacaron otra vez, y con grande solemnidad le pusieron en parte [fol. 62v] donde todos le pudiesen gozar, con singular devoción de sus hijas y de toda la ciudad que concurrió a venerarle.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Capítulo V. Avisa la beata abadesa viviendo lo que después sucedió a una monja, ella muerta. Pónese su cuerpo donde hoy está'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Tenía la bienaventurada abadesa, como dijimos, costumbre de recogerse, después de la oración que continuaba a los Maitines, un rato antes de Prima, en la misma fila del coro, sin otro abrigo que el de su pobre hábito, aunque los fríos fuesen rigurosísimos. Prevenía a esta aspereza alivio una religiosa en extremo devota suya, cuidando de cubrirla, lastimada de su desnudez. Despertó una vez la beata Pobre y halló a la religiosa, su aficionada, ejercitando en ella esta devoción piadosa, y díjola con grande donaire: “Amiga, aun en la se- [fol. 63r] pultura creo que no tengo de estar segura de ti”. Pasó esto sin mas advertencia y, algunos años después del glorioso fin de la abadesa, estando las monjas en el refectorio, esta devotísima suya levantó como pudo la losa de la bóveda y entró en ella sin el temor natural a su sexo y sacó el cuerpo de su madre y amiga y le arrimó a los libros del coro, donde le halló la communidad cuando vino a dar gracias después de la comida, adonde admiraron lo que siempre, siendo su incorrupción y suavísimo olor ocasión de nueva maravilla, de nueva admiración. Después estuvo algunos años en una concavidad sobre la puerta del coro, y de allí le bajaron adonde ahora es reverenciado el año de mil quinientos y setenta y cuatro ''[111]'', siendo abadesa Doña Mencía de Miño, y provincial de Castilla Fray Juan de Alagén ''[112]''. Y una religiosa que se llamaba Doña María Garillo, deseando que el incorrupto cuerpo estuviese con más reverencia, le hizo un hábito y manto de tafetán, que hasta entonces le trahía de lienzo pardo; vistiósele Fray Pedro de Alcázar ''[113]'', vicario entonces de Sancta Isabel, teniéndole arrimado a sus manos Fray Diego de Albacete, en presencia [fol. 63v] de toda la comunidad, siendo a todos manifiesta su entereza y la tractabilidad de todos sus miembros, la frescura de la carne, y la suavidad incomparable de todo él, y de lo que a él tocaba. Faltaba de las manos alguna carne que muchos religiosos y seglares devotos suyos, visitándola, habían, sin consentimiento del monasterio, quitado por reliquias. Esto mismo se vio en los pies y piernas después, porque teniéndolos hacia la ventanica por donde se reverencia el sancto cuerpo, tuvieron ocasión los devotos de enriquecerse con sus reliquias. Tuvieron, como era razón, gran sentimiento las religiosas deste thesoro que, sin orden suyo, las había tomado, y para atajarlo, determinó el año de mil y seiscientos y once ''[114]'' su sobrina Doña Juana de Toledo, siendo abadesa, echar reja en la ventanica y poner a su puerta llave. Hecho ya hábito y manto de picote de seda parda y preparado todo lo necesario para vestirla, no tuvo efecto hasta el año de seiscientos y doce ''[115]'', siendo abadesa Doña Estefanía Manrique también su sobrina: sacaron el glorioso cuerpo una mañana con grande devoción y, puesto sobre un bufete que cubría un terciopelo car- [fol. 64r] mesí, le vistió Fray Antonio de Angulo, vicario deste convento, volviendo a satisfacerse las religiosas de su entereza. Fue tanto el concurso de la gente de todos estados que, sin aviso alguno, acudió al monasterio, que no bastaban las monjas de una y otra reja a satisfacer la devoción de los que pedían alguna partecica del hábito y forro de la caja en que estaba el cuerpo, y a tocar los rosarios que los devotos las daban por la veneración que tenían a la sierva de Dios. Era igual el júbilo que se había derramado por toda la ciudad, en que se convidaban unos a otros para ver el sancto cuerpo y se provocaban a devoción con la memoria de sus virtudes, y se confirmaban en su sanctidad con la experiencia que hacían sus sentidos viendo su entereza, oliendo su fragrancia y tocando su tractabilidad. No quedó caballero eclesiástico o seglar en Toledo que no fuese testigo de tan gran maravilla. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[Fol. 64v]&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Capítulo VI. Visión que tuvo un religioso de Sancto Domingo del recebimiento que en el Cielo hicieron a la beata abadesa'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Communica Dios a sus siervos las mercedes que hace a otros, y es género de regalo grandísimo la participación de la gloria de los premiados para los que esperan serlo, porque ven ejemplo de lo que aguardan y se animan a obrar más por alcanzar más, y como sus espíritus están llenos de caridad, tienen por suyo el favor que a otros se hace. El día mismo que la beata abadesa espiró, estando en oración un religioso de Sancto Domingo, vicario del refugio de nobles, virtuosas, y bien entendidas señoras, del monasterio digo [dicho] de la Madre de Dios desta ciudad, que con tanta nobleza y sanctidad vemos florecer, y hombre de conocidísima reli- [fol. 65r] gión llamado Fray Jordán, no sabiendo el tránsito desta religiosa alma, vio de repente (¡cosa maravillosa!) una copiosísima procesión de ángeles y cortesanos del Cielo vistosísimamente compuestos, y en medio dellos a un lado la beata Sancta Clara, y al otro la sancta reina Isabel, de sus manos la beata abadesa María la Pobre: su rostro más resplandeciente que el sol, su cabeza adornada de una diadema de infinita y exquisita pedrería, cuajado el vestido, que era en forma de los que ordinariamente se ponen los diáconos, de la misma y de otra más preciosa las mangas y orlas. Nunca este religioso había visto a la beata abadesa en su vida, pero al instante que en esta procesión la vio, supo por orden del Cielo quién era y cómo acababa de dar su espíritu al Señor, que para tanta gloria suya le había criado, y que aquel recibimiento la hacían los cortesanos del Cielo. Y aunque tuvo entera noticia de todo, quiso que un ángel se lo refiriese, y así, preguntándolo a uno, le respondió que hacía el Cielo aquella fiesta a la de Sancta Isabel, y que aquellas tan vistosas piedras que hermoseaban su adorno eran premio del menosprecio que de las re- [fol. 65v] quezas temporales y de sí misma había tenido la religiosa abadesa, y que el resplandor que salía de su rostro, manos, y pies era favor particular que, por la aspereza que había consigo usado, las obras buenas que había ejercitado, y la descalcez perpetua con que se había mortificado, había conseguido, y que ya se habían mudado en manojos de perlas y piedras preciosísimas las sogas que habían atado las mangas y ceñido el cuerpo de aquella virtuosa señora. Y que era tanto el gozo de los bienaventurados aquel día que, desde que el Cielo había recebido la alma del gran Doctor Jerónimo, no había habido otro tal recibimiento. De todo esto hizo el religioso Fray Jordán relación a las de Sancta Isabel, añadiendo que no era maravilla haber oído algunas las músicas y harmonía del cielo, que solo era maravilla que todo el mundo no hubiese participado de su suavidad, según la que en el recibimiento hecho a la sancta alma desta señora Pobre él había oído.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[Fol. 66r]&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Capítulo VII. Inspira Dios a un sacerdote que se encomiende a la beata abadesa, y sana de una grave enfermedad. Son copiosísimos sus milagros'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Dios solo es el obrador de las maravillas ''[116]'', sus sanctos son instrumentos de lo que él obra, porque obra él todo lo que ellos hacen ''[117]'', que las criaturas nada pueden hacer si el que todo lo hizo de nada no se lo permite, y con la permisión les da el poder ''[118]''. Este es copiosísimo en virtud de quien se le da ''[119]'' y, como le es admirable en sus sanctos ''[120]'', ellos muestran serlo en él, siendo sus sombras, sus vestidos y todo lo que nace dellos de admiración al mundo, de gozo al Cielo, de aliento de los buenos, y de confusión de los enemigos de Dios ''[121]''. Siendo uno de los mayores indicios de su omnipotencia hacer en su virtud omnipo- [fol. 66v] tentes a muchos ''[122]''. En la mayor parte de sus siervos ha manifestado estas maravillas, y en nuestra abadesa las manifiesta abundantísimamente. Referiré, de infinitas, pocas para muestra, no para ostentación. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Estaba en Burgos un sacerdote de buena vida, tres años había, tullido y con otras muchas enfermedades, atado a la cama sin poderse rodear sin gran dolor. Suplicaba a Su Majestad se sirviese de aliviarle penas tan desiguales a sus fuerzas y, quedándose una noche como adormecidos él y el dolor, vio una señora de admirable gravedad y gravemente apacible que le decía: “Si quieres sanar, encomiéndate a Doña María de Toledo, primera fundadora de Sancta Isabel de Toledo, que ya goza de Dios, y luego tendrás la salud que deseas”. Despertó al instante y con él el dolor, que jamás fue mayor (como prueba de su fe) y, informándose de la religiosa vida desta señora y cómo ya había dejado la Tierra, hizo decir una † ''[123]'' misa, y luego se sintió sin dolor y vivió de allí adelante sanísimo haciéndose lenguas en la publicación desta maravilla, y fue increíble la devoción que se movió a esta sancta con milagro tan de la mano de Dios, y tan claro indicio de los singulares méritos desta su sierva. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[Fol. 67r]&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Capítulo VIII. Conciben las estériles que se encomiendan a la beata abadesa: hállase una imagen de Nuestra Señora que preserva de peligro a las que están de parto'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Habiendo sido esta beata señora casada, no tuvo hijo alguno, y con todo eso, los da a las que después de muchos años de matrimonio, con experiencia de su esterilidad, se los piden a Dios por su intercesión. Experiméntase esto cada día en esta ciudad y en otras muchas partes con grande admiración de quien lo ve, y devoción de quien lo experimenta. Una señora muy principal tenía una hija que quería ternísimamente, la cual era con extraordinario rigor aquejada de un perpetuo dolor de cabeza y, aunque casada algunos años, nunca tuvo fructo de su casamiento. Persuadiose su ma- [fol. 67v] dre, por consejo de médicos y personas de experiencia, que si su hija concibiese y pariese, sanaría de aquel penosísimo mal. Era devotísima de la beata abadesa, por la fama de su religiosísima vida, y envió a pedir a este convento con grande devoción la medida del cuerpo para gloria de Dios entero, y por alguna partecica de sus tocas. Habiendo alcanzado lo uno y lo otro, ciñó a su hija con la medida, y puso en su cabeza la toca de la sancta, y luego (¡oh, poder immenso de Dios communicado en su virtud a sus hermanos!) quedó libre de aquella pesadumbre perpetua de la cabeza y concibió, durando toda la vida muy sana. Que las mercedes de la mano de Dios son no solo para quitar el mal presente, sino para prevenir remedio a los futuros; son liberalísimos, son como de sus manos. Divulgose la fama deste milagro tanto que, habiendo sido el primero deste género, hasta hoy dura la devoción de todas las que remedian su esterilidad con la intercesión desta gloriosísima señora, a la cual de la misma manera se encomiendan las que están en los dolores de parto, experimentando su ayuda por medio de sus reliquias, y de una imagen que está en este mo-[fol. 68r] nasterio hallada por la misma beata abadesa milagrosamente. Visitaba muy a menudo a esta beata señora la religiosísima reina Doña Isabel, con tan gran familiaridad como si fuera su hermana. Eran las visitas como de amiga, y como de quien tenía necesidad de su consejo en negocios muchos y de importancia, largas. Salió una vez entre otras más tarde de lo que solía del locutorio bajo desta casa la reina y la abadesa. Al tiempo que quiso salir, vio en la pared que cae el patio una como estrella o luz pequeña y resplandeciente. Hizo otro día romper el lugar donde la había visto y halló una imagencica de Nuestra Señora, la cual se lleva en su ayuda maravillosamente, y es tanta la fe que se tiene en ella, que suelen venir por ella de muchas leguas alrededor, y de muy lejos de Toledo, y las que están prevenidas con esta ayuda confían en gran manera en su buen succeso sin temer peligro alguno. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[Fol. 68v]&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Capítulo IX. Sana de cuartanas y ciciones la beata abadesa a los que se encomiendan a ella, o tienen sus reliquias'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Vino al convento de Sancta Isabel de Toledo Fray Pedro de Acuña, religioso de San Francisco por confesor de las religiosas, con unas cuartanas pesadísimas, y cuyo mal humor le impedía casi todas las acciones humanas. Diéronle un poquito de la túnica y cilicio de la beata abadesa, y al instante se volvió atrás aquella sucesión igual y alternación, no sin misterio de tiempos señalados, y le faltó la calentura y se halló libre de la pesadumbre y melancolía natural a este achaque. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Un labrador de Polán, lugar del contorno de Toledo, entró con una carga en este convento y, compadecidas las porteras de la amarillez y flaqueza que en él vían, y sabiendo que había días que tenía cuartanas, le lleva- [fol. 69r] ron a que visitase el cuerpo desta sierva de Dios. Hízolo el buen hombre con tanta fe que, repentinamente, se halló con fuerzas y vieron en él otra color, y salió dando voces que la sancta de Sancta Isabel le había dado salud. Lo mismo entró publicando en su lugar, donde es muy notorio este milagro. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El Padre Arboleda, religioso de aquella Compañía que más imita la del Cielo, y a cuyo nombre se postran los cielos, la tierra, y los infiernos, y que tan provechosa es a la Iglesia, habiendo tenido muchos días esta enfermedad, confesó no haberle vuelto más al instante que recibió deste convento una reliquia del cilicio de su abadesa. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Vino a esta casa de Sancta Isabel un mozo a trabajar en la huerta, que tenía como naturalizadas, por el mucho tiempo que había que las tenía, unas ciciones: pusiéronle un poco de la túnica de la sancta y cobró entera salud. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
La misma merced experimentó otro mozo que vino a destazar unos tocinos, que, habiendo padecido esta enfermedad muchos meses, se halló de repente sin ella por la intercesión desta señora. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
De Cubas, lugar desta comarca, vino una [fol. 69v] mujer a pedir alguna reliquia desta religiosa señora por haber en su lugar muchos enfermos deste mal y haber peligrado muchos. Llevó un poco de su túnica, y a todas las personas que la aplicó dio entera y repentina salud. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Lo mismo se ha experimentado en Yébenes, Ajofrín, Mocejón, donde ordinariamente se lleva agua, con que ha dado virtud su reliquia.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Capítulo X. Da vida a dos que en la opinión de todos la habían perdido'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Hase introducido en este monasterio por costumbre dar agua en que ha entrado su reliquia, para los enfermos en todo género de achaques desde el año de mil y quinientos y ochenta y cuatro ''[125]'' que, habiendo hallado un sacerdote desta ciudad, llamado el Licenciado Torres, en su casa puesta por ladrillo una imagen de Nuestra [fol. 70r] Señora de alabastro, tuvo devoción de ponerla en uno de los altares desta iglesia, de[s]de donde la llevaba cada día a muchos enfermos, que hallaban en ella la medicina de sus males. Otras veces trahían vasos de agua, en que metían parte de la imagen: bebían este agua los enfermos y sentían grande alivio. Un día, enviando Diego de Perea, mercader y natural de Toledo, por un vaso desta agua para paladear una criatura que casi muerta quedaba en los brazos de su madre, con pequeña esperanza de que volvería en sí, no se halló la imagen por haberla llevado, como solía, el sacerdote. Fueron tantas las lágrimas de una tía del niño que venía por ella, creyendo no haber de volver a su casa con remedio faltándole aquel último en que solo confiaba, que, movida a compasión una religiosa, la ofreció poner aquel vaso de agua en la caja donde está el cuerpo de su abadesa bienaventurada. Hízolo así y informó a la mujer de los milagros raros desta señora. Volvió contenta la mujer y halló a su sobrino, en la opinión de todos, muerto y cubierto para enterrarle. Su devoción pudo más que sus ojos que la negaban tener vida aquel a quien Dios se la podía [fol. 70v] dar de nuevo. Descubrió al niño y remojole la boca con una clavellina que venía dentro del vaso y había estado sobre el sancto cuerpo. Abrió los ojos, gorjeose, riose, y tomó el pecho como si jamás hubiera tenido diferencia en su salud. Admiró caso tan admirable a toda la ciudad, y Diego de Perea y Ana de Luna, sus padres, le trajeron a ofrecer a la sancta obradora de su vida velando todo un día delante de su cuerpo. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Isabel de Sagredo, madre de Fray Pedro de Navas, religioso de San Francisco que hoy vive en esta provincia de Castilla, enfermó gravemente y, recebidos los sacramentos, al parecer de todos y a juicio de los médicos espiró. Lloráronla y trataron de enterrarla, cumpliendo con la obligación de piedad natural y christiana. Pero su madre, que era devotísima de la beata abadesa Sor María la Pobre, y tenía su reliquia, la aplicó antes de amortajarla al cuerpo defunto y al instante (brame la herejía que ata las manos del poder de Dios) cobró movimiento, respiró, tomó calor, y la sobrevino un tan copioso sudor que admiró a la misma medicina, pues sin calentura y sin dolor alguno la hallaron los médicos, confesando ser solo [fol. 71r] aquella ciencia reservada a la sabiduría de Dios. Trocose el llanto en gozo, la última y más vil vestidura con que nos paga el mundo en la de más alegría y de estima que para celebrar tan gran favor pareció a propósito. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Capítulo XI. Varias enfermedades remediadas por la intercesión de la bienaventurada abadesa'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Una señora Duquesa de Medinaceli era continuamente afligida de tan pesado dolor de cabeza que la traía como fuera de juicio. Visitando el cuerpo desta señora su deuda, metió la cabeza en la caja donde está, y se halló aliviada al momento de tan gran pesadumbre y vivió siempre libre della. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Estando en el convento de Sancta Isabel la nobilísima Doña Francisca de Silva que hoy vive y es madre del mariscal de Noves, tenía [fol. 71v] en su compañía a Doña María de Zúñiga, su hija de edad de dos años. Con esta niña podía tanto la inclinación a la virtud que todos los días se iba al coro y se ponía tan junta al rostro de la sancta que no se apartaba un instante d’él por gran rato, siendo este su principal entretenimiento aun en aquella edad tan tierna. Siendo ya de edad de cuatro años, llevola su madre a su fortaleza de Caudilla, donde cayó de una escalera tan alta que, a no concurrir con su ayuda la mano poderosa de Dios, no llegara con miembro entero a su remate. Acudió la afligida madre sin esperanza alguna de remedio a recoger los miembros ya en su opinión deshechos de su desgraciada y querida hija, y hallola sin alteración alguna de color diciendo: “Madre, madre e muy buena estoy, no tenga Vuestra merced pena que la sancta de Sancta Isabel me recibió cuando iba a caer en sus brazos: que yo la conocí muy bien en el hábito”. Dio la buena señora loores infinitos a aquel Señor que tan admirable es en sus siervos. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Una buena mujer de esta ciudad que se llama Chaves y vive hoy tuvo un flujo de sangre de narices tan abundante que ningún remedio humano le pudo atajar. Acu- [fol. 72] dió a los divinos, aplicándose muchas reliquias y siempre prosiguió la pertinacia deste mal, hasta que venerando una del hábito de la beata abadesa, paró la sangre cuando más corría obedeciendo a la virtud de la sierva de Dios. &lt;br /&gt;
Una religiosa de la orden de San Jerónimo y del religiosísimo convento de la advocación de San Pablo desta ciudad, tenía un brazo que había días que no movía. Enviando a pedir una reliquia desta sancta, en venerándola, halló el remedio que en todo género de medicinas había echado menos. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Una señora desta ciudad padecía tanto mal en los ojos que no podía sufrir un instante la luz, y había más de cincuenta días que estaba en perpetuas tinieblas, alcanzó de una sobrina suya monja de Sancta Isabel un paño que la beata abadesa había tenido en el estómago el tiempo de su enfermedad, y cobró al momento la luz, cuya privación tanto la afligía, y estuvo de allí adelante con entera salud. &lt;br /&gt;
Había tres años que padecía ceática en una cadera una buena mujer deste lugar, púsose un poco de cilicio de la sancta y [fol. 72v] estuvo de repente sana. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Pondré por remate deste Capítulo, una confirmación que enviaron de otro milagro hecho por la intercesión desta beata señora, de Lisboa, y para mayor aprobación de los demás: “Digo yo (dice la confirmación), Catalina del Espíritu Sancto, monja profesa deste convento de Sancta Clara de Lisboa, que es verdad que yo y las monjas que aquí se firman, vimos y estuvimos presentes por dos veces que la Señora Jerónima de la Pasión tuvo dos accidentes tan recios que la mandaron los médicos dar todos los sacramentos por estar ya como muerta; y en esta primera vez llegó una carta de Sancta Isabel de los Reyes de Toledo para una monja portuguesa que estuvo allí diez y nueve años, y en ella le enviaban una reliquia de la sancta fundadora la señora Doña María de Toledo, y con la fe que tenía de sus muchos milagros la puso a esta enferma, la cual esperaba el sacramento de la sancta unción, y de improviso se le quitó la calentura y sosegó el pulso que estaba con muchas intercadencias, y de allí quedó tan buena que se espantaron los médicos. Y de allí, como dos meses tornó el mismo accidente con aparencias del peligro pasado, y valiéndose desta reliquia quedó sana alabando a Dios, como la hacemos todas, y las que aquí nos firmamos juramos por nuestra profes- [fol. 73r] sión, que es verdad todo lo que aquí decimos. Fecha a 15 de enero de 1611. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Sor Catalina De Espíritu Sancto. Sor Isabel de San Luis. Sor Isabel Danunciaçaon. Sor Juana Evangelista. Lionarda de Moura. Catherina Moreira. María Gómez”. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Capítulo XII. Preserva de fuego la beata abadesa su convento y obra otras maravillas'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Entre las demás peticiones que la beata abadesa hizo a su Esposo por su querida casa, fue una la preservación del fuego: hanse visto muchos ejemplos raros en esta materia y no sin admiración notado. Entre otros es admirable uno que no dejaré de referir para gloria de Dios y de su esposa María la Pobre. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Tenían en la casa que llaman de la labor las señoras religiosas de Sancta Isabel gran cuantidad de lino, y de instrumentos de [fol. 73v] madera para labrarle. Reconociendo esta oficina una noche quien la tenía a su cargo, echó sin reparar alguna pavesa de la luz que llevaba consigo, y dejando cerrada la puerta, se fue muy sosegada a acostar. Cuando más a sueño suelto dormía, oyó que claramente la decían: “Francisca de Sancta Clara (llamábase así) levántate, que se quema la casa de la labor”. Pareciola sueño y volviose a dormir con el mismo descuido. Volviéronla a decir las proprias palabras por dos veces y, despertando con extraordinario pavor, se fue a la casa, donde halló abierta la puerta que había dejado cerrada y, levantando un repostero que estaba delante, vio una gran claridad: llegose a ver si habría alguna esperanza de remedio, y halló a la religiosísima abadesa, descalzos los pies como los trajo siempre viviendo, y con una calderilla de agua apagando la llama, sin quedar ni aun rastro de su voracidad. Consuelo grande de sus devotas hijas que tienen la protección de su madre tan presente siempre. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Hubo en este monasterio una religiosísima monja y devotísima de su beata abadesa, y en quien obró maravillosas cosas su intercesión. Esta dejó escrito lo que referiré para [fol. 74r] gloria de ambas: y a cuya relación se puede dar toda fe por su conocida virtud y devoción a esta sancta. Refiere entre otras cosas que, estando Isabel Gaitán, su hermana, en extremo lastimada, y lleno el cuerpo todo de unas tan grandes postillas como la mano, sin poder sosegar un momento y estando imposibilitada de recostarse, se hizo llevar a Juana Gaitán, que así se llamaba la religiosa, y mostrándola con gran dolor las llagas para que se compadeciese a hacer oración por ella, lastimadísima la consoló y dándola un poco de agua de la sancta quedó tan buena como si jamás hubiera padecido enfermedad alguna. &lt;br /&gt;
Estando la misma con un mal en la cabeza tan grande que se temía no perdiese el juicio, habiendo puestose en ella una reliquia de la sancta, dentro de dos días se halló del todo libre. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Clara Gaitán, su sobrina, tuvo un pecho como encancerado, hinchadísimo y sin género de remedio. Diole su tía una reliquia de la sancta, diciéndola: “Toma esta reliquia de mi señora María la Pobre, y ponla sobre el pecho, que será imposible no cobrar entera salud, porque no la doy a persona que no reconoce luego su virtud hallando remedio en ella de su necesidad”. Púsosela y [fol. 74v] volviese el pecho hinchado como el sano. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Tenía un hombre un accidente tan penoso que, con darle muchas veces, las más le duraba dos y tres meses, y el tiempo que le apretaba más le venia siempre con penosísimo mal de orina; recibió desta devota mujer la reliquia de la sancta y quedó tan libre siempre d’él como si jamás le hubiera tenido. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Estando sin esperanza de vida un mozo con dolor de costado, cobró la salud bebiendo un poco de agua de la sancta. &lt;br /&gt;
Lo mismo sucedió a una mujer que tenía un rayo en la cabeza tan penoso que vivía como incapaz de todas las operaciones de viviente, quedando con entera salud con la agua de la reliquia desta beata señora, por la cual se acude a esta casa de muchas partes, y con tanta frecuencia que ha parecido conveniente que las señoras porteras o torneras della tengan una reliquia siempre para satisfacer la devoción y remediar las enfermedades de los que la buscan. Todo esto cuenta esta buena mujer de otros como de sí, que, estando con una gran postema en la boca, de adonde resultaba gran daño al cuerpo y a ella gran dolor sin remedio alguno, tomó un poco de agua de la sancta y, dentro [fol. 75r] de un cuarto de hora que la tuvo en la boca, se levantó de la cama glorificando a Dios y sin daño alguno. Otra vez, teniendo el rostro lleno de erisipula ''[125]'', sintió la misma maravilla en un instante; favor que también participó una doncella que tenía el mismo mal, tomando la agua a ejemplo desta devota mujer. Otra vez, teniendo otra postema tan penosa en la garganta, que si no fuera por no ofender a Dios se dejara morir de hambre por no padecer el dolor que aun con sustancia líquidas sentía, visitó el cuerpo de la beata abadesa, y volvió sana y sin impedimento alguno. La misma confiesa de sí que más de cuarenta veces experimentó su remedio repentino en diferentes achaques, y más de veinte halló remediadas otras necesidades particulares en que invocaba su ayuda, y esto con tanta facilidad que, apenas había en su corazón propuesta la petición, cuando hallaba cumplido lo que deseaba. Experimentó esto con gran admiración una vez que, estando suplicando a la Virgen Nuestra Señora se sirviese de reducir a efecto cierta obra de mucho servicio de Dios, y de grande importancia, dijo en voz alta María la Pobre: “Sedme aquí interces- [fol. 75v] sora y ayudadme con la Virgen”. Al punto salió una fragrancia tan particular de una reliquia que traía consigo de la sancta que la era imposible sufrirla: y dijo entre sí, “Si tiene buen efecto este negocio, veré si es aprehensión o antojo mío este olor”. Otro día se hizo lo que había pedido aun mejor de lo que ella deseaba, y halló verdadero el consentimiento que a su petición hizo la beata abadesa. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Capítulo XIII. Excelencia de los milagros de la beata Sor María la Pobre. Vida y muerte de la beata Juana Rodríguez, su compañera'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Pudiera referir otros muchos milagros, y no de menos admiración que los pasados, si quisiera más parecer ostentoso en la misma humildad que sencillo en el crédito que es justo se dé a prodigios tales: como mi pretensión ha sido dar en summa breve noticia de las virtudes des- [fol. 76r] ta gran señora y sancta, en los milagros admirables que Dios obró por su intercesión sigo el mismo, reservando para el tiempo que confiamos en su Majestad, que por auctoridad apostólica se ha de hacer más copiosamente para que con libertad sus aficionados la ofrezcamos votos como a quien goza conocidamente de Dios, sea sola esta muestra de tan gran máchina, y bosquejo de la pintura que la artífice mano de Dios pintó para sí. Grandes son (¿quien lo dudará si los ha leído?) sus virtudes, grandes sus milagros. Pero el que es milagro de milagros, y el que es confirmación de todos los demás, es la fundación deste religiosísimo monasterio, donde con tanto ejemplo hasta hoy se vive. Sea muestra d’él la vida maravillosa de la beata Juana Rodríguez, compañera perpetua de su sancta Madre. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Fue Toledo su patria, sus padres personas honradas y virtuosas. Y ella, fructo de oraciones, y dada por la Virgen Nuestra Señora para mayor gloria de su Hijo y suya porque, habiendo estado muchos años sin hijos, suplicaron a la piadosísima Señora les diese para su consuelo alguno, ofreciéndola celebrar con particular solemnidad cada año la fiesta de las [fol. 76v] fiestas, la que tiene tanta parte en nuestra piedad como tiene de gozo en la Virgen sanctísima, viendo celebrarse la Immaculada Concepción desta serenísima Señora Madre de la misma pureza. Confirmáronlo con voto, y hicieron un colegio para la crianza de doce doncellas en el servicio de Dios y su Madre. Oyó sus ruegos la Madre de los afligidos y dioles esta hija tan suya y dádiva tan de su mano como se vio en los favores que della recibió toda su vida, y en las virtudes que heroicamente ejercitó perpetuamente. Criaronla para Dios y teniendo siete años la pusieron entre las demás doncellicas que tenían consagradas a su devoción. Estando oyendo misa un sábado entre ellas, vio que de la hostia salía una hermosísima mano y en ella una cruz roja, la mano se vino a la niña y dándola la cruz en la suya quedó como desmayada. Lleváronla a su casa y, vuelta en sí, volvió a ver otra cruz de tan extraordinaria grandeza que, estribando en el profundo de la tierra, transmontaba sus brazos en lo más encumbrado de los cielos. Todos estos eran indicios del afecto grande que había de tener a la cruz de CHRISTO, de que siempre fue devo- [fol. 77r] tísima. Casose siendo de edad por condescender con el gusto de sus padres y vivió con la perfección que siendo doncella estando casada: murió poco después su marido, y sabiendo las virtudes que tanto lucían en Doña María, la siguió tan familiarmente que nunca hizo cosa que no se communicase entre las dos, señal cierta de su mucha perfección, pues corría parejas con quien era tan perfecta, y de cuyas obras se debe la mayor y más principal parte a esta sierva de Dios. Era con tanto extremo compasiva de los pobres que, en viéndolos, se deshacía en ternísimo llanto. Era su oración continua, su mortificación crudísima. Regalábala Nuestra Señora copiosísimamente con sus consuelos. Tenía infinito [consuelo] con el Sanctísimo Sacramento de que era devotísima y, según la preparación que para él hacía, eran las ilustraciones que en él tenía su alma. Era igual la devoción que sentía en la contemplación de los misterios dolorosos de la Pasión de nuestro Redemptor, de que tuvo singularísimas revelaciones: de todas dejó memoria a los venideros escribiéndolas por su mano. Cosa bien digna de admiración, pues no sabiendo formar una [fol. 77v] sola letra para otra cosa, para las mercedes que Nuestro Señor le hacía escribía muy bien y con grande distinción. Finalmente, toda su vida fue un retrato de la de su sancta compañera: como la de Doña María, de la de Juana Rodríguez. Llegose el fin de sus trabajos con el de su vida, y el principio de su descanso con el de su premio, dándole prenuncios d’él con su presencia la Virgen Nuestra Señora, visitándola y confortándola en aquella última y natural agonía. Pretendía astuta y maliciosamente el Demonio turbar su quietud con la representación de un gran libro que la mostraba como proceso de sus imperfecciones y con el ruido de sus muchas hojas, pero la Virgen serenísima, que había pisado la astucia de la serpiente antigua, hizo huir a esta quitando el temor a su sierva y llevándola consigo el año de mil y quinientos y cinco, día de los Reyes, al tiempo que se alzaba el cuerpo de Jesuchristo Nuestro Señor en la misa conventual. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[Fol. 78r]&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Capítulo XIV y último. Religión del convento de Sancta Isabel de los Reyes. Señoras religiosísimas y principalísimas que le han ilustrado'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El ejemplo y religión deste convento de Sancta Isabel ha sido siempre sin relajación alguna, uno y siempre tan grande que ha dado ocasión a los demás religiosísimos desta ciudad para tenerle por dechado de toda perfección. Ha sido su recato amable, el trato con los seglares, aunque sin afectación, ejemplar, el culto divino puntual, y lo necesario para él tan asesado que, si al más religioso en todo lo demás iguala, en esto le sobrepuja; finalmente jamás, aun de la misma invidia murmurado, de la virtud perpetuamente honrado. Es buen indicio desto las grandes señoras que han querido que sea esta su habitación fiel hasta la resurección universal. Vese en el coro [fol. 78v] una piedra llana y humilde, que levemente oprime las cenizas de Doña Isabel, princesa de Castilla, Reina de Portugal, hija mayor de los Cathólicos Reyes Don Fernando y Doña Isabel, y sobrina de la beata abadesa Doña María: fue casada la vez primera con el Príncipe Don Alonso de Portugal que, cayendo de un caballo, murió en Santarén, y la segunda con el Rey Don Manuel de Portugal, por cuya muerte heredó aquel Reino y, aunque murió en Zaragoza a los XXIII de Agosto del año de MCDLXXXVIII, se mandó traher a esta sancta casa por la devoción que a su tía Doña María y a ella tenía, y que su sepultura fuese entre las de las religiosas. Con esta ocasión sacaron del coro a Doña Inés de Ayala, que estaba en él sepultada aun antes que estas religiosas tomasen la posesión de su Iglesia y la pusieron a la mano derecha del altar mayor con un letrero, por donde parece que fue señora de Casarubios, mujer de Don Diego Fernández de Córdoba Mariscal de Castilla, señor de Baena, abuela de la reina Doña Juana de Aragón y bisabuela del Rey Cathólico su hijo, hermana de Doña Teresa de Toledo, señora de Pinto, abuela paterna de la Señora Doña María [fol. 79r]. Otras muchas grandes señoras están sepultadas en este monasterio, habiendo hecho elección d’él por su mucha religión. Como otras que le han escogido para su habitación en vida sirviendo en él debajo de las reglas de la religión y obligación a los votos religiosos. Entre otras, Doña Beatriz de Guzmán, hija de Pedro Suárez de Toledo y de Doña Isabel de Guzmán, hermana de la fundadora. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Juana Téllez de Toledo, vicaria de la beata abadesa. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Doña Isabel de Toledo, hija de Fernandálvarez de Toledo, primer conde de Oropesa y de la condesa Doña María Pacheco, hija del maestre Don Juan Pacheco, y de la marquesa Doña María Portocarrero: esta señora fue a fundar el convento de la purísima Concepción de Oropesa, que fundó el conde Don Francisco Álvarez de Toledo su hermano ''[126]''. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Doña Antonia de Toledo, Doña Ana y Doña Sancha de Guzmán, parientes cercanas de la señora Doña Juana de Toledo y Doña Teresa Carillo, hijas de Pero Suárez de Castilla y de Doña Leonor de Ulloa. Este Pero Suárez fue hijo de Alonso Carrillo [fol. 79v] de Castilla y de su mujer Doña Leonor de Toledo, señora de Pinto, y hermana de la beata Doña María. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Doña Juana Manrique de Castilla, hija de Doña Isabel de Castilla, hermana de Doña Juana y Doña Theresa, y de Don Gaspar Manrique, nieto del maestre de Sanctiago Don Rodrigo Manrique, conde de Paredes y de Doña Ana de Castilla. Succedió Doña Juana en el mayorazgo de sus padres a sus hermanos Don Pedro y Doña Estefanía Manrique de Castilla, y goza el convento de las rentas por sus días. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Doña Mariana de Guzmán es sobrina de la fundadora, como hija de Don Pedro Enríquez de Herrera y de Doña Rafaela de Guzmán, la cual era de los señores de Batres, Toledos descendientes de Pedro Suárez de Toledo, hijo de Fernán Gómez de Toledo, camarero mayor del rey Don Fernando el IV y de su mujer Doña Theresa Vázquez del Saz, de cuya casa fue nuestra Doña María por la de Pinto. Por esta misma línea es sobrina de la sancta abadesa la que otras veces con grande accepción por su singular prudencia y este triennio pasado lo fue Doña Estephanía Manrique, hija de [fol. 80r] Juan Gutiérrez Tello, alférez mayor de Sevilla, corregidor de Toledo y a quien esta ciudad debe gran parte de su adorno, como hasta las † ''[127]'' piedras mismas lo publican, y de Doña Luisa de Guzmán. Era este caballero hijo de Doña Leonor de Castilla, hija de Pedro Suárez de Castilla, que, como se ha visto, fue hijo de Alonso Carrillo de Castilla y de Doña Leonor, hermana de la beata Doña María. También Doña Luisa de Guzmán, madre de Doña Estefanía fue hija de Don Luis de Guzmán, marqués del Algaba, y de la marquesa Doña Leonor Manrique. Era el marqués descendiente de los condes de Teba, marqueses de Ardales, que son de los Toledos señores de Casarrubios, de cuya casa fue por los de Pinto la beata Doña María, y su sobrina por parte de padre y de madre Doña Estefanía. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
A esta señora sucedió en el oficio, habiéndole tenido antes seis años su igual en prudencia y religión Doña Juana de Toledo, sobrina de la sancta Doña María, por muchas partes. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Por la casa del conde de Oropesa, de que fue Pedro Suárez de Toledo señor de las villas de Gálvez y Jumela. cuya hija y de [fol. 80v] Doña Juana de Guzmán fue Doña Isabel de Toledo, que casó con Garci Álvarez de Melo, y fue su hija Doña Juana de Melo mujer de Gonzalo Pantoja Portocarrero, abuelo paterno de Doña Juana. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Por Doña Inés de Guzmán, mujer de Pedro Suárez de Toledo, hija de Tello de Guzmán señor de Villaverde y de Doña Mencia de Haro. Tello de Guzmán era hijo de Juan Ramírez de Guzmán y de su segunda mujer Doña Juana Palomeque, hijo de otro Juan Ramírez de Guzmán, señor del Toral y de Doña María García de Toledo, aunque este es otro Toledo. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Por la casa del Conde de Orgaz, cuya hija fue Doña Inés de Toledo, madre de Doña Juana de Toledo, la abadesa que hoy gobierna, hermana de padre y madre del conde Don Juan Hurtado de Mendoza y Toledo, gentilhombre de la cámara del Rey Cathólico Don Phelipe Tercero y su mayordomo. La Baronía antigua de los señores de Orgaz fue Toledo y por casamientos y otros accidentes vino a ser Guzmán, como ahora es Mendoza. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Por la casa de Alba: porque Don Garci Álvarez de Toledo, primer Duque de Alba casó con [fol. 81r] la Duquesa Doña María Enríquez y fue su hijo Don Fernando de Toledo commendador mayor de León, señor de las Villorías, que casó con Doña Isabel Manrique. Tuvieron a Doña Inés de Toledo, que casó con Don Luis Hurtado de Mendoza, prestamero mayor de Vizcaya, señor de Mendibil, de Sancta Cruz, de Campero, y de la Ribera de Zadarra, y fueron sus hijos el Conde de Orgaz y doña Inés de Toledo, madre de la abadesa presente. Por los señores de Higares y por la casa de los de Pinto. Pedro Suárez, señor de Casarrubios, tuvo por hija a Doña Teresa de Toledo, señora proprietaria de Pinto, mujer de Fernandálvarez de Toledo, señor de Higares. Fue su hijo Pedro Suárez de Toledo, señor de Pinto, marido de Doña Leonor de Guzmán. Deste matrimonio nacieron Doña Leonor de Toledo, señora de Pinto, y su hermana la sancta abadesa. Casó Doña Leonor con Alonso Carrillo de Castilla, señor de Miedes y Mandayona, camarero del rey Don Juan el II y su gran privado. Fue su hijo Gómez Carrillo, señor de Pinto, y Doña Leonor Carrillo, que casó con Don Alvar Pérez de Guzmán, señor de Orgaz y de Sancta Olalla, ter- [fol. 81v] cero abuelo de Doña Juana de Toledo, la última abadesa, que es por estas dos líneas de Toledos cuarta generación de Doña Leonor de Toledo, señora de Pinto, hermana de la beata Doña María, primera abadesa. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Estas señoras son las conservadoras del celo que con secreta virtud dejó como infundido en los fundamentos desta casa su beata fundadora, y que perpetuamente por su protección durará para gloria de Dios y ejemplo de todos. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Yo he hecho relación sencilla de lo que no tenía necesidad de más adorno que su verdad. No he alabado sino venerado lo que sinceramente he escrito. Que la alabanza nunca es de estima sino cuando la da quien la tiene ''[128]'' y para la desta bienaventurada necesaria era la elocuencia de quien lo fuese en quien ni la sospecha de lisonja, ni la falta de palabras pudiera menoscabar el crédito de su verdad. ''Vos, beata señora, y riquísima Pobre, que os habéis dignado de mi atrevimiento, llevad por vos adelante el fructo de mi voluntad; maravillando de nuevo a los que se sintieren en sí por medio de instrumento tal inútil. La Ciudad, que se gloria de vuestro nacimiento pri-'' [fol. 82r] ''mero, experimente en vuestra protección las glorias que tenéis en el segundo. Dignad los ojos dignos ya de solo Dios a los que en vos, como medio eficacísimo para él, los ponemos. Y alcanzádnos de quien tenéis por tan vuestro vuestra imitación en esta vida para su servicio y en la otra su gloria para vuestra compañía''. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Todo lo que aquí o en otra parte he dicho o diré sujeto a la corrección de la Sancta Iglesia Apostólica Romana, como a cabeza y madre de la fe que los cathólicos profesamos, y al juicio de los sencillamente doctos. En Toledo, en mi estudio, día primero de la Pascua de la Resurrección del Señor de MDCXV. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Por:&lt;br /&gt;
Don Tomás Tamayo de Vargas&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[Paratextos:]&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Censura del Don Francisco de Pisa, deán de la facultad de Theología y Doctor en ambos derechos, etc. Historiador de la ciudad de Toledo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
He visto y leído los tres libros intitulados ''Vida de doña María de Toledo Señora de Pinto, y después Sor María la Pobre, primera Abadesa de Sancta Isabel de los Reyes de esta ciudad, escrita por el Doctor Don Tomás Tamayo de Vargas'' y aseguro, como christiano, que es una de las cosas mejor escritas que hay en España y que es gran maravilla que persona de tan poca edad como su auctor y tan divertida en tanto estudios como son las lenguas, la humanidad, las historias estranjeras y nuestras, la Theología y Sagrada escriptura, pueda cumplir tan eminentemente en cada una, como sino tratara de otra, como tantas veces yo tengo experimentado. Y juzgarán todos los que vieren sus libros, tan llenos de erudición rarísima, y la obra presente tiene tanto de doctrina como de espíritu, que no admira a menos que enseña. Y es muy buena muestra de la historia de la Iglesia Sancta y Arzobispos ilustrísimos de Toledo con que quiere ilustrar a su patria esta relación de la vida admirable desta señora, que dejó las riquezas del mundo por ser pobre riquísima de Dios y no tenemos que tener otro ejemplo de bien hablar, divulgándose esta obra. Esto juzgo, y que no tiene cosa alguna contra la fe o buenas costumbres, antes ser muy útil y provechosa para cualquiera género de gente, y que se le debe dar la licencia que pide. En Toledo, etc. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El Don Francisco de Pisa.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
===Notas===&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[1]'' [Nota al margen] “De Signis Ecclesiae Dei. De Origine seraphica religioni, folio DCXXXVI”. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[2]'' En la Crónica de Francesco Gonzaga se encuentra bajo el título “De monasterio Clarisarum S. Elisabetha Regina Toleti”. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[3]'' [N. al m.] “Capítulo XIII. Libro III., y sin nombre de auctor”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[4]'' [N. al m.] “Capítulo XIX, libro I”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[5]'' [N. al m.] “Exodus XXII-XXXI”. La traducción es “Hombres santos seréis para mí”. La cita: “Viri sancti eritis mihi carnem quae a bestiis fuerit praegustata non comedetis sed proicietis canibus” / “Hombres santos seréis para mí. No comáis la carne despedazada por una fiera en el campo; echádsela a los perros” (Éxodo 22:31, las traducciones al castellano proceden de la Biblia de Jerusalén).&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[6]'' [N. al m.] “Leviticus XI-XXIX. XXXXVI”. El texto de las Escrituras dice: “Sed santos, porque yo soy santo”. La cita de Levítico 11, 45 dice: “ego sum Dominus qui eduxi vos de terra Ægypti ut esem vobis in Deum sancti eritis quia et ego sanctus sum” / “Pues yo soy Yahveh, el que os he subido de la tierra de Egipto, para ser vuestro Dios. Sed, pues, santos porque yo soy santo”. La cita a la que parece hacer referencia el texto podría ser: “ego enim sum Dominus Deus vester sancti estote quoniam et ego sanctus sum ne polluatis animas vestras in omni reptili quod movetur super terram” / “Porque yo soy Yahveh, vuestro Dios; santificaos y sed santos, pues yo soy santo. No os haréis impuros con ninguno de esos bichos que se arrastran por el suelo” (Levítico 11, 44) o más probablemente: “loquere ad omnem cœtum filiorum Israël et dices ad eos sancti estote quia ego sanctus sum Dominus Deus vester” / “Habla a toda la comunidad de los israelitas y diles: Sed santos, porque yo, Yahveh, vuestro Dios, soy santo” (Levítico 19, 2). &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[7]'' [N. al m.] “Liber Psalmorum LXXXVII”. El texto bíblico dice: “Guarda mi alma, porque yo soy santo”. “Custodi animam meam quoniam sanctus sum salvum fac servum Tuum Deus Meus sperantem in te” (Liber Psalmorum 85, 2) / “Guarda mi alma, porque yo te amo, salva a tu siervo que confía en ti. Tú eres mi Dios” (Salmos, 86).&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[8]'' [N. al m.] “Liber Epistula ad Romanos, I, VIII-XXVIII”. El texto bíblico dice: “Los que son llamados santos”. La expresión “vocatos sanctos” puede proceder de otros libros de las Escrituras (Efesis 1, 3-4; o Timoteo 1, 6-11), aunque es más probable que sea una cita de la tradición exegética del pasaje señalado por el autor: “Scimus autem quoniam diligentibus Deum omnia cooperantur in bonum his qui secundum propositum vocati sunt sancti” / “Por lo demás, sabemos que en todas las cosas interviene Dios para bien de los que le aman; de aquellos que han sido llamados según su designio” (Romanos, 8, 28).&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[9]'' [N. al m.] “Seneca, liber I, De Ira, capitulum XII”. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[10]'' [N. al m.] “Liber Genesis capitulum IV. Beda in Genesim. Petrus Comestor in initium Historiae Scholasticae”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[11]'' [N. al m.] “Liber I Paralipomenon [Libro de las Crónicas I]”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[12]'' [N. al m.] “Liber Ieremiae, XXXV”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[13]'' [N. al m.] “Liber I Regum, X. Nicodemi, Literae in Liber Preg.; Thomas Vvaldensis, tomus I, liber. IL, capitulum IV; Hieronymus, Epistula ad Rusticum Monachum, Ecclesiasticus XLVIII; IV Liber Regum, VI; III Regum, IV”. Aquí hay un error de cita, se refiere al Capítulo IV del segundo libro de los Reyes.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[14]'' [N. al m.] “Hieronymus epistola exhortatio ad Paulus, XXXV; Isidorus, capitulum IX, liber II, De Oficiis; Dominus Thomas II. II quaestio LXXXVIII; Alvarus Pelagius, Epistula Silu., liber II, De plan; Liber Ecclesiastes, LVI; Casianus, Collationes patrum, XVILI, capitulum V; Eusebius, II Historia Ecclesiastica, capitulum XVII; Rufinus, liber X, Historia Ecclesiastica; Theodorus, liber L, capitulum VIII”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[15]'' [N. al m.] “Actor. IV”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[16]'' [N. al m.] “Dionysius Areopagita, De Ecclesia Hierarchia. De Coelesti Hierarchia]; Cast. adver. haere. lib. LIV; Tertulianus, De velandis virginibus; Ambrosius, De institutione virginis; Eusebius, in Vita Constantini”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[17]'' [N. al m.] “Athanasius in Vita beati Antonii abatis”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[18]'' [N. al m.] “Gregorius Nazianzus in Oratio Basil”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[19]'' [N. al m.] “Augustini VIII Confesiones, capitulum VI; Antonius III, Patrologia, titulus XXIV. capitulum XVI; Gregorius, liber II Dialogi”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[20]'' [N. al m.] “Sanctus Bernardinus, De sacra religione, capitulum II”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[21]'' [N. al m.] “† MCCXII”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[22]'' Error: aquí se repite la numeración con el número 4, pero corresponde al folio 5.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[23]'' [N. al m.] “Gonzaga, De origine Ser aphica Religionis Franciscana; Hieronymi Plati, De bono status religiosi”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[24]'' [N. al m.] “Hieronymus ad Eustochius” [Eustachius].&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[25]'' [N. al m.] “Tacitus, in VI De vita Lulii Agricolae”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[26]'' [N. al m.] “Horatius”. Probablemente se refiera al verso “Fortes creantur fortibus et bonis” de la Oda IV del Libro IV de Odas de Horacio.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[27]'' [N. al m.] “Euripides in Hecuba; Ovidius Metamorphosis XI”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[28]'' [N. al m.] “Apuleius, De Deo Socratis”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[29]'' [N. al m.] “Apuleius, De Deo Socratis”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[30]'' [N. al m.] “Plinius In prooemium Historiae Naturalis”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[31]'' [N. al m.] “Pedro de Alcozer, libro I de la Historia de Toledo, Capítulo LXIV”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[32]'' [N. al m.] “Ambrosio de Moral en las Antiguedades de las ciudades de España”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[33]'' [N. al m.] “Philipus Bergomas, in Suplementum Chronicarum; Bartholomeus Platina, in Vita Pontificum”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[34]'' [N. al m.] “Aporte en su nobleza Don Fray Prudencio de Sandoval en esta casa”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[35]'' [N. al m.] “I”. A partir de aquí marca con números los primogénitos de cada una de las generaciones.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[36]'' [N. al m.] “II”. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[37]'' [N. al m.] “III”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[38]'' [N. al m.] “IV”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[39]'' [N. al m.] “V”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[40]'' [N. al m.] “De adonde tuvo principio el proverbio commún, no por el huevo sino por el fuero”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[41]'' [N. al m.] “VI”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[42]'' [N. al m.] “VII”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[43]'' [N. al m.] “VIII”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[44]'' [N. al m.] “Año de MCCLXXXIX”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[45]'' [N. al m.] “IX”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[46]'' [N. al m.] “X”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[47]'' [N. al m.] “La Chrónica de Sanctia, Capítulo XXXVI. Año de MCCC [LX VI]”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[48]'' [N. al m.] “Año de MCDXI”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[49]'' [N. al m.] “XI”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[50]'' [N. al m.] “La Chrónica del Rey Don Juan el II”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[51]'' [N. al m.] “XII”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[52]'' [N. al m.] “Pedro Alcozer, libro Capítulo XXXII”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[53]'' [N. al m.] “Ambrosius, in Expositio Evangelii secundum Lucam”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[54]'' [N. al m.] “Naumachia, apud Stob. sermo LXVIII”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[55]'' [N. al m.] “Ambrosius, de Vid”. Probablemente se refiera al De Virginibus de Ambrosio de Milán.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[56]'' [N. al m.] “Liber Iudicum I, XXX, VII”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[57]'' [N. al m.] “Evangelium secundum Lucam II, XXX, VI”. El texto dice: “Et erat Anna prophetisa filia Phanuhel de tribu Aser hæc proceserat in diebus multis et vixerat cum viro suo annis septem a virginitate sua”; “Había también una profetisa, Ana, hija de Fanuel, de la tribu de Aser, de edad avanzada; después de casarse había vivido siete años con su marido” (Lucas, 2, 36)].&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[58]'' [N. al m.] “Daniel, XIII, LXVIII”. La referencia al versículo es un error (sólo hay 64 en este capítulo), pero la alusión a Daniel 13 en general es apropiada.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[59]'' [N. al m.] “Augustinus, De Sancta virginitate, capitulum XIII, tomus VI”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[60]'' Corregido en la sección “Erratas” del mismo volumen.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[61]'' [N. al m.] “Éstas aconsejaba Pythágoras a las matronas Crotonienses. Justinus, Liber II”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[62]'' [N. al m.] “Gregorius Nazanzius, in Carmina ad Olympo”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[63]'' Corregido en la sección “Erratas” del mismo volumen.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[64]'' [N. al m.] “Juan le llama el libro antiguo de mano, pero los impresos le dan este nombre”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[65]'' [N. al m.] “Fray Marcos de Lisboa desde el Capítulo XIII del libro VIII de la III parte; Fray Francisco Gonzaga, III parte de Origine Seraphica Religionis Monasterium I fol. de XXXVI; Fray Pedro de Salazar, II versión de la Chrónica de la Provincia de Castilla, desde el Capítulo CXXIV hasta el XXVIII”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[66]'' [N. al m.] “Capítulo IV”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[67]'' [N. al m.] “Beatus Gregorius, liber XXVIII Moralia in capitulum Iob. Moralia in Job, XXXVIII. Isidorus, liber VII, Etymologiae, CVIII; Chrysostomus, liber De incomprehensibili Dei natura, homilia IV; Augustinus, in Evangelium Ioannis XII tractatus, IV; Bernardus, Sermo V ad fratres; Clemens Romanus VIII, Constitutiones, Capitulum II; Anathasius, Epistula quaestio XXXII; Ignatius Antiochus, homilia LXXXIV, De insonis”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[68]'' [N. al m.] “&amp;quot;Deus meus, et omnia&amp;quot;, Beatus Franciscus”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[69]'' Inicial invertida por error de imprenta: uno lee “Weve”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[70]'' [N. al m.] “Beatus Ignatius, Epistola ad Romanos, XII; Beatus Bernardus, Sermo XXII, in Canticum canticorum; Beatus Augustinus, Sermo XIX, De sanctitate/De sanctis, tomus X. No habiendo encontrado la edición de los sermones de San Agustín que el autor usó, y teniendo en cuenta las variaciones de cifras, es difícil saber si hace referencia a “De sanctitate” o a “De sanctis”; Beatus Bernardus, Sermo XLIII, in Canticum canticorum”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[71]'' [N. al m.] “Cornelius Nepos, La vita Atici”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[72]'' [N. al m.] “Liber Psalmorum, CXLVI”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[73]'' “Siete qüentos”, es decir, siete millones.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[74]'' [N. al m.] “MCDLXXVII”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[75]'' [N. al m.] “MCDLXXXVIII”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[76]'' [N. al m.] “MCCXXI”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[77]'' [N. al m.] “MCCXXVIII”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[78]'' [N. al m.] “MCCXLIII”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[79]'' [N. al m.] “MCCXC”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[80]'' [N. al m.] “MCDXXI”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[81]'' [N. al m.] “MCDLXXXLV”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[82]'' [N. al m.] “Augustinus, in Expositio Psalmorum, LXXV; Origenis, Homilia XXIV, in Numeri; Augustinus, Sermo LXI, De tempore; Tertulianus, Adversus Psychicos, capitulum XI. Probablemente se refiera a De ieiunio adversus psychicos]; Cyprianus, De disciplina et De habitu virginum; Augustinus, Epistola XLVI ad Arm. et Paulinus; Liber Ecclesiastes, VIII; Epistula I ad Timotheum, V, XII. “Habentes damnationem quia primam fidem irritam fecerunt”; “e incurren así en condenación por haber faltado a su compromiso anterior” (1 Timoteo, 5, 12); Epistula ad Ephesios V, XXXII; Fulgentius, De Fide ad Petrum, capitulum III”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[83]'' [N. al m.] “Augustinus, tomus IX Sermo De obedientia et humilitate, capitulum I”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[84]'' [N. al m.] “Augustinus, XIV De Civitate Dei, capitulum XLI”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[85]'' [N. al m.] “Auctor Vitae Patrum, pars II, capitulum CXXXL”. O bien CXXXI.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[86]'' [N. al m.] “Epistula ad Philipenses II, VLII”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[87]'' [N. al m.] “Ambrosius, Sermo XX, in Psalmos davídicos”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[88]'' [N. al m.] “Hieronimus, in Epistula Ad Philipenses”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[89]'' [N. al m.] “Bernardus, De grad. hum. De Gradibus Superbiae et Humilitatis”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[90]'' [N. al m.] “Idem, De praecepto et dispensatione”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[91]'' [N. al m.] “Basilius, II Liber Consuetudinum Monasticarum, CXX”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[92]'' [N. al m.] “Hieronimus, in Epistula VIII ad Demetriadem”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[93]'' [N. al m.] “Augustinus, in Expositio Psalmorum, LXXXI”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[94]'' [N. al m] “Epistula II ad Corinthios, VIII, IX”. El texto dice: “Scitis enim gratiam Domini nostri Jesu Christi quoniam propter vos egenus factus est cum eset dives ut illius inopia vos divites esetis”; “Pues conocéis la generosidad de nuestro Señor Jesucristo, el cual, siendo rico, por vosotros se hizo pobre a fin de que os enriquecierais con su pobreza”, (II Corintios, 8, 9).&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[95]'' [N. al m.] “Ambrosius, Liber I Oficior, XXX”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[96]'' [N. al m] “Hieronimus, epistula I ad Heliodorum, capitulum II; Epistula II ad Corinthios, VI, X”. El texto dice: “Quasi tristes semper autem gaudentes sicut egentes multos autem locupletantes tamquam nihil habentes et omnia posidentes”; “como tristes, pero siempre alegres; como pobres, aunque enriquecemos a muchos; como quienes nada tienen, aunque todo lo poseemos” (II Corintios, 6, 10).&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[97]'' [N. al m.] “Valerius Martialis, liber IV capitulum IV”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[98]'' [N. al m.] “Minutius Felix in Octavius”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[99]'' [N. al m.] “Hieronimus, in Adversus Iovinianum, capitulum XXIII”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[100]'' [N. al m.] “Cyprianus, De disciplina et De habitu virginum”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[101]'' [N. al m.] “Hieronimus, in Adversus Iovinianum, capitulum IX”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[102]'' Aquí hay una nota al margen ilegible, probablemente una cita bíblica.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[103]'' [N. al m.] “Gregorius Nysenus, Oratio Catechetica Magna, capitulum XXXVI, apud XXX Panoplia, parte II, III, XXI”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[104]'' Nota al margen ilegible. Teniendo en cuenta el cuerpo del texto, podría hacer referencia a la parábola evangélica de la levadura, pero tal pasaje aparece en el Capítulo 13, tanto de Mateo como de Lucas. Aquí, sin embargo, la nota indica el Capítulo 6 de algún otro texto.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[105]'' [N. al m.] “Juvenal”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[106]'' [N. al m.] “Liber Exodus, XVI, XXV”. El texto dice: “Dixitque Moses comedite illud hodie quia sabatum est Domino non invenietur hodie in agro”; “Dijo entonces Moisés: “Hoy comeréis esto, porque es sábado de Yaveh; y en tal día no hallaréis nada en el campo” (Éxodo 16, 25).&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[107]'' [N. al m.] “Liber Sapientae, XVI, XX”. El texto dice : “Pro quibus angelorum esca nutristi populum tuum et paratum panem e caelo praetisti illis sine labore omne delectamentum in se habentem et omnis saporis suavitatem”; “En lugar de esto, nutriste a tu pueblo con un alimento de ángeles, y sin que ellos se fatigaran, les enviaste desde el cielo un pan ya preparado, capaz de brindar todas las delicias y adaptado a todos los gustos” (Sabiduría, 16, 20).&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[108]'' [N. al m.] “Bonaventura, in Vita Sancti Francisci, capitulum XIII”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[109]'' [N. al m.] “Hier. Bedul. in comm. log. D Francisc. &amp;amp; lib. I. Apolog. ca. XVII”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[110]'' El autor escribe “afligada”, forma que aparece en escritos medievales castellanos, catalanes y occitanos.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[111]'' [N. al m.] “MDLXXIV”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[112]'' Probablemente Juan de Alagón, como figura en otras crónicas de la época.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[113]'' Pedro de Alcocer.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[114]'' [N. al m.] “MDCXI”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[115]'' [N. al m.] “MDCXII”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[116]'' [N. al m.] “Liber Psalmorum, LXXI-XVIII”. El texto dice: “Benedictus Dominus Deus Deus Israhel qui facit mirabilia solus”; “¡Bendito sea Yahveh, Dios de Israel, el único que hace maravillas!”, (Salmos 72, 18).&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[117]'' [N. al m] Aug. In did.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[118]'' [N. al m] “Evangelium secundum Ioannem, III, XXVII”. El texto dice: “Respondit Johannes et dixit non potest homo accipere quicquam nisi fuerit ei datum de cælo”; “Juan respondió: &amp;quot;Nadie puede recibir nada si no se le ha dado del cielo” (Evangelio de Juan, 3, 27).&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[119]'' [N. al m.] “Phil. IV. XIII”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[120]'' [N. al m.] “Liber Psalmorum, LXVII, XXXVI”. El texto dice: “Mirabilis Deus in sanctis suis Deus Israël ipse dabit virtutem et fortitudinem plebi suæ benedictus Deus”; ¡Temible es Dios en su santuario! Él, el dios de Israel, es quien da poder y fuerza al pueblo. ¡Bendito sea Dios!” (Salmos 68, 36). La traducción de la Biblia de Jerusalén opta por “temible es Dios en su santuario. En cambio, parece que Tamayo de Vargas entiende esta cita de manera literal como “Maravilloso es Dios entre sus santos”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[121]'' [N. al m.] “Actorum [acta apostolorum], V, XV; XIX, XII”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[122]'' [N. al m.] “Acto. Sermo LXXX in Cant; Petrus Damianus, De institutione monialis, cap. XV”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[123]'' [N. al m.] “A no ser inspiración del Cielo, no se permitiera fácilmente tal honor”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[124]'' [N. al m.] “MDLXXIV”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[125]'' Erisipela, enfermedad de la piel.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[126]'' [N. al m.] “MDXIX”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[127]'' [N. al m.] “† Está en muchas la memoria deste gran caballero por las obras señaladas que en adorno y provecho de Toledo hizo”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[128]'' [N. al m.] “Nevius apud Cicero, liber V epitomes VI et XII”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
= Vida impresa (8)=&lt;br /&gt;
Ed. de [http://visionarias.es/equipo/sergi-sancho-fibla/ Sergi Sancho Fibla]; fecha de edición: junio de 2021; fecha de modificación: junio de 2026. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
== Fuente ==&lt;br /&gt;
[[Archivo:Rojas Discursos 1636.jpg|miniatura|250px|right| Pedro de Rojas, 1636. ''Discursos ilustres, históricos, i genealógicos. A Don Pedro Pacheco, del Consejo de su Majestad en el Supremo de Castilla, y general Inquisición, y canónigo de las santa iglesias de Cuenca. Por Don Pedro de Rojas, Caballero de la Orden de Calatrava, Conde de Mora, Señor de la Villa de Laios, y el Castañar''. Toledo: Joan Ruiz de Pereda]]&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
* [http://catalogodesantasvivas.visionarias.es/index.php/Categor%C3%ADa:Pedro_de_Rojas Rojas, Pedro de], 1636. ''Discursos ilustres, históricos, i genealógicos. A Don Pedro Pacheco, del Consejo de su Majestad en el Supremo de Castilla, y general Inquisición, y canónigo de las santa iglesias de Cuenca. Por Don Pedro de Rojas, Caballero de la Orden de Calatrava, Conde de Mora, Señor de la Villa de Laios, y el Castañar''. Toledo, Joan Ruiz de Pereda, 136r-137r.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
== Criterios de edición ==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El texto se ha actualizado a las normas de ortografía vigentes. Esto conlleva la normalización de las grafías h, b/v, j/g, i/y; los cambios de qu a cu. Sin embargo, se ha respetado la morfología de las palabras de interés fonológico o etimológico (mayormente latinismos) y de fácil comprensión. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En cuanto al grupo de sibilantes, se mantiene la -ç- y la -sc-, y se respetan los grafemas -s-/-ss-. También se han conservado “desto”, “desta”, “della”, pero “d’él” se ha separado mediante el apóstrofo. La grafía x se ha respetado como sonido dorsopalatal fricativo: dexar, exemplo. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Tanto la puntuación como la acentuación han sido normalizadas. También lo ha sido el uso de las mayúsculas y la separación o unión de palabras. Los nombres propios de personajes y lugares han sido modernizados para facilitar su reconocimiento. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Por último, por su posible interés para los estudiosos de la historia del libro, las abreviaturas han sido desarrolladas, en la medida de los posible, mediante el uso de cursivas (incluso &amp;amp; y &amp;amp;c) y se han conservado los subrayados. Señalo también las columnas dentro de las páginas.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==Vida de María de Toledo==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''De Doña María de Toledo, llamada María la Pobre'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[136r] Doña María de Toledo, que dixe era hija de Pedro Suárez de Toledo y Doña Joana de Guzmán, fue persona de esclarecidas partes y de quien se podía decir mucho, si se hubiera de hacer relación de sus virtudes y milagros, pero por tener sacado a la luz un libro de su vida, virtudes, y milagros Don Thomas Tamaio de Vargas, cronista de su Majestad, con tanta erudición, y galante estilo, no diré aquí más de lo forçoso para mi intento, pues por mucho que dixera, no podía llegar a lo que tiene dicho desta santa. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Fue casada Doña María de Toledo con García Méndez de Sotomayor, Señor del Carpio, de quien no tuvo hijos, y viuda se vino a Toledo, renunciando las galas, y aun el hábito de viuda por una túnica, y manto pardo grossero, los pies descalços, y de esta suerte exercitaba obras de cari- [136v] dad. Visitaba los Hospitales, y entró en el de la Misericordia a servir a los pobres y pedir por las calles para su sustento y llegaba tanta limosna, que con ella casi sustentaba este Hospital. Decía que con este traje y vida estaba más contenta que con el que en casa de sus padres había tenido y traído. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Sentían tanto sus deudos que anduviesse esta señora desta forma, y en particular el señor de Pinto y Caracena su sobrino, y Don Alonso Carrillo, arçobispo de Toledo, su deudo, que hicieron extraordinarias diligencias por que dexasse esta vida y en recogimiento sirviesse a Nuestro Señor, pero ningunas bastaron, porque se escusaba con que sus pobres la habían menester y que no los había de desamparar. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Viendo el arçobispo y sus deudos este fervor celestial, vinieron a partido con esta santa señora de que se recogiesse, que ellos le daban la palabra de servir a los pobres de su Hospital de la Misericordia.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Habiendo hablado a toda la nobleza de la ciudad, y concertado que cincuenta y dos señores y hombres nobles sirviessen las cincuenta y dos semanas del año, cada uno su semana ''[1]'', este concierto declararon a Doña María de Toledo que tenían hecho, con lo cual vino en [137r] cumplir la voluntad de sus deudos: y la primera semana eligió el arçobispo de Toledo, Don Alonso Carrillo; la segunda, el Marqués de Villena; y desta suerte los demás, y la última, el Señor de Pinto, y Caracena, y hasta hoy se conserva este orden, con que es de los Hospitales más bien servidos y administrados que se conocen. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Diole Doña María la hacienda que pudo. Y sabiendo los señores Reyes Cathólicos Don Fernando y Doña Isabel el santo intento de Doña María de Toledo (guiado por sus deudos), le dieron la casa que el señor Rey Don Fernando había heredado de su madre y abuelos, junto a la parrochia de San Antolín, y Doña María se recogió en ella, con algunas virtuosas mujeres, donde fundó el convento de Santa Isabel la Real, de la Orden de santa Clara, y para iglesia le dieron la de San Antolín, passando la parrochia a la muzárabe de San Marcos, donde entrambas están juntas. Y este convento ha conservado el celo y fervor de servir a Nuestro Señor que tuvo la fundadora. La cual acabó la vida tan santamente como desde niña había tenido, y su cuerpo está entero en el coro de las monjas del dicho convento.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
===Notas===&lt;br /&gt;
''[1]'' Juntamos esta frase con la siguiente para facilitar la comprensión de la oración.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
= Vida impresa (9)=&lt;br /&gt;
Ed. de [http://visionarias.es/equipo/sergi-sancho-fibla/ Sergi Sancho Fibla]; fecha de edición: mayo de 2023. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
== Fuente ==&lt;br /&gt;
* [http://catalogodesantasvivas.visionarias.es/index.php/Categor%C3%ADa:Alonso_de_Torres Torres, Alonso de], 1683. ''Chronica de la santa provincia de Granada, de la regular observancia de Nuestro Seráfico padre San Francisco, dedicada al señor Don Juan Antonio de Contreras remírez de Arellano, alcayde perpetuo de las Fortalezas de Cambil, y Alhabar, del Consejo de su Magestad, su Alcalde de Hijodalgo en la Real Chancillería de Granada''. Madrid, Juan García Infançon, p. 836b-837b.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[[Contexto material del impreso Chrónica de la Santa Provincia de Granada, de la regular observancia]]'' de N. Seráfico Padre San Francisco''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
== Criterios de edición ==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El texto se ha actualizado a las normas de ortografía vigentes, aunque se conservan cultismos y la escritura de palabras como “mesmas”. Esto conlleva la normalización de las grafías h, b/v, j/g, i/y; los cambios de qu a cu. En cuanto al grupo de sibilantes, se ha actualizado la -ç-, la -z- y la -ss-. La grafía x se ha actualizado como sonido dorsopalatal fricativo. La puntuación y la acentuación han sido normalizadas, así como el uso de las mayúsculas y la separación o unión de palabras. La -u- intervocálica y la v han sido unificadas como “v”, así como la s y s larga (ſ). &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==Vida de María de Toledo==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Capítulo XXIV. Vida y muerte de la Hermana María la Pobre'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[836b] No siente las cadenas el cuerpo, ni el pie los grillos, mientras la criatura se halla arrebatada y como fuera de sí. Grillos insufribles y pesadas cadenas son, para la hermosura y gentileza airosa de la mujer, el vestir basta jerga o privarse de las ricas galas, que usan las de su estado y tiempo, componiendo lo decente con lo rico y primoroso de sus trajes, de donde se colige que, sin duda todas las Terceras, que serán asumpto a los siguientes capítulos de este tratado, vivían totalmente negadas a sí mesmas y arrebatadas del amor divino [837a] pues no sentían el vestirse de jerga unas y el despreciar vistosas galas otras. Empiezo, pues, su narrativa por la más notable, así en calidad y naturales prendas, como en humildes desprecios. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
La hermana María la Pobre, llamada en el siglo Doña María de Toledo, fue hija de Pedro Suárez de Toledo ''[1]'' y Doña Juana de Guzmán, señores de la villa de Pinto, ilustrísima sangre de Castilla, que conservan hoy las casas de los primeros señores de la Monarquía, con la grandeza de España que todas las más gozan. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Fue tan amante de los pobres desde sus tiernos años, que su mayor delicia era el ver darles la limosna y ella la hacía con cuanto podía tornar de su casa. Este era su divertimiento y el irse a rezar al oratorio donde su madre oía misa, huyendo siempre las conversaciones de las otras doncellas y juegos que hacían las niñas de su tiempo. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Amó tan de veras la castidad que nunca deseó más estado que el de religiosa. Mas sus padres, que miraban por la conservación de su casa, sangre y conveniencias, trataron de casarla con García Méndez de Sotomayor, Señor del Carpio, villa del territorio de la ciudad de Córdoba, cuyo título es hoy de Marqués y se halla en la grandeza que a todos consta. Resistía la santa doncella el nuevo estado, por ser contra su voluntad, mas dando la obediencia a Dios Nuestro Señor ''[2]'' en la de sus padres, consintió en los desposorios, que se celebraron con toda solemnidad. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Vino a vivir al Carpio, donde, escogiendo por principal morada el convento de Nuestro Padre Seráfico Francisco del Monte, allí cercano, asistía muchas temporadas en el hospicio que se labró para los seglares bienhechores y devotos. Comunicaba las cosas de espíritu con aque- [837b] llos anacoretas franciscanos y, hallándose fervorizada, tomó el hábito y profesó de Tercera, siendo hija de aquel santuario en la nueva vida ''[3]'', y así, en el lienzo de su claustro, que corresponde al patio de los aljibes, entre las pinturas al temple que le adornan, está la primera Santa Clara, como capitana, a quien sigue su coro de vírgenes, siendo la inmediata Sor María la pobre, cuya profesión de la regla de Santa Clara y cuyas heroicas virtudes tuvieron origen en este convento, pues aquí dio a nuestra religión los primeros pasos; los cuales adelantó después de viuda en Toledo, cuyas heroicas acciones, como fueron ser causa de que se instituyese el Santo Tribunal de la Inquisición de España, fundar el monasterio de Santa Isabel de los Reyes en la Ciudad Imperial, su patria, donde murió profesa, y todo el ejemplar resto de su vida, lo refieren Gonzaga y Fray Marcos de Lisboa, donde se podrá ver ''[4]''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
===Notas===&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[1]'' [Nota al margen] Natural de Toledo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[2]'' [Nota al margen] Cásase con el Señor del Carpio.&lt;br /&gt;
 &lt;br /&gt;
''[3]'' [Nota al margen] Toma el hábito de Tercera.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[4]'' [Nota al margen] Gonzaga, 3a parte, Provincia de Castilla, Monasterios. Lisboa, ''Chrónica'', 3 parte, libro 8, capítulo 16.&lt;/div&gt;</summary>
		<author><name>Anaritasoares</name></author>	</entry>

	<entry>
		<id>http://catalogodesantasvivas.visionarias.es/index.php?title=Mar%C3%ADa_de_Ajofr%C3%ADn&amp;diff=712821</id>
		<title>María de Ajofrín</title>
		<link rel="alternate" type="text/html" href="http://catalogodesantasvivas.visionarias.es/index.php?title=Mar%C3%ADa_de_Ajofr%C3%ADn&amp;diff=712821"/>
				<updated>2026-06-13T16:53:57Z</updated>
		
		<summary type="html">&lt;p&gt;Anaritasoares: /* Vida manuscrita (3) */&lt;/p&gt;
&lt;hr /&gt;
&lt;div&gt;[[Category:Santas_Jerónimas]]&lt;br /&gt;
[[Category:Toledo]]&lt;br /&gt;
[[Category:Francisco_de_Pisa]]&lt;br /&gt;
[[Category:Fray_José_de_Sigüenza]]&lt;br /&gt;
[[Category:Juan_de_la_Cruz]]&lt;br /&gt;
[[Category:Blas_Franco_Fernández]]&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[[Archivo:Maria de Ajofrin-sombras-Final-D-Yellow-L(1).jpg|derecha|María de Ajofrín|link=]]&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
{| class=&amp;quot;wikitable&amp;quot;&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Nombre || María de Ajofrín&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Orden || [http://catalogodesantasvivas.visionarias.es/index.php/Categor%C3%ADa:Santas_Jerónimas Jerónimas]&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Títulos || Beata del Convento de San Pablo de Toledo&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Fecha de nacimiento || Hacia 1455&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Fecha de fallecimiento || 1489&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Lugar de nacimiento || Ajofrín, [http://catalogodesantasvivas.visionarias.es/index.php/Categor%C3%ADa:Toledo Toledo]&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Lugar de fallecimiento || [http://catalogodesantasvivas.visionarias.es/index.php/Categor%C3%ADa:Toledo Toledo]&lt;br /&gt;
|}&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
=Vida manuscrita (1)=&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Ed. de [http://visionarias.es/equipo/celia-redondo-blasco/ Celia Redondo Blasco]; fecha de edición: julio de 2018; fecha de modificación: febrero de 2025.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==Fuente==&lt;br /&gt;
[[Archivo:I María de Ajofrín.jpg|250px|right|Manuscrito|link=]]&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
* Escorial. C-III-3. fols. 192r – 231v.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[[Contexto material del manuscrito de El Escorial, MS c-III-3]]&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==Criterios de edición==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Se trata de una copia manuscrita del siglo XVI. Al tratarse de un testimonio único se ha optado por unos criterios de edición conservadores. &lt;br /&gt;
* Se puntúa y acentúa siguiendo las normas establecidas por la RAE.&lt;br /&gt;
* Se conserva la -l- geminada en ''humilldad'' y la s líquida solo en ''Spíritu Sancto'', así como la alternancia entre v y b en su valor consonántico; también se mantiene la h- aunque sea anti-etimológica en ''hedad''.&lt;br /&gt;
* Se han respetado los latinismos como ''oratión''. &lt;br /&gt;
* Se han repuesto vocablos o grafías con corchetes ([ ]) cuando resultaba patente que no aparecían por un descuido del copista (en caso de duda, se ha respetado su ausencia).&lt;br /&gt;
* Se conserva ''dello'', ''desto'', pero se separa mediante apóstrofo cuando la forma aglutinada incluye el pronombre personal masculino singular: ''d’él''. &lt;br /&gt;
* Se ha conservado el uso de qu por ''cu'' (qual) y la grafía de la nasal n antes de la bilabial (grupos -np- y -nb-: ''honbre''). &lt;br /&gt;
* En cuanto al grupo de sibilantes, se mantiene ç ante a, o, y también ante e, i. Se respetan, también, los grafemas z, s/ss ante las distintas vocales. &lt;br /&gt;
* Cuando la ''n'' se encuentra acompañada por vírgula se ha reproducido como ''ñ''.&lt;br /&gt;
* Se ha mantenido la oscilación i/y.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==Vida de María de Ajofrín==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[Fol. 192r] Sigue la vida de la bienabenturada virgen María de Ajofrín, la qual fue una bendita muger, según paresçe en las revelationes y secretos ocultos que Nuestro Señor le quiso revelar. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''Per homnia que feneçiste para ser amaes Deum'' ''[1]''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[Fol. 192v] ''Non omnia posumus homnes''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Aquí ay tres historias: la primera, la de María de Ajofrín; la segunda, la del Santo Niño de La Guardia; la tercera, de doña [[María García]], fundadora de Santo Pablo ''qaes questio prima homo natus de mulier'' ''[2]''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[Fol. 193r] Aquí comiençan las revelaçiones y vida, así secretas como manifiestas, que Nuestro Señor por la su acostunbrada clementia muchas vezes obró e mostró en las sus siervos. De las quales por la su gran virtud, muchas no acostumbradas, quiso poner y dar en la su sierva y bienabenturada María de Ajofrín según el suçeso que adelante se seguirá, la qual vibió y murió en el monasterio de la casa de doña Mari García en la cibdad de Toledo. E fallesció en la dicha cibdad, año del nacimiento del Salvador de mil y cuatrocientos ochenta y nueve años, sábado, a diezsiete días del mes de julio ''[3]'', quando andava la pestilentia en la dicha cibdad, a las tres de medianoche, e fue sentido en su fallecimiento un olor celestial, lo qual fue dicho por la hermana maior, e fue enterrada en el Monasterio de la Sisla a las vísperas en el capítulo. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Como por la voz de Nuestro Redentor es escrito en el Evangelio que la nuestra luz alunbre delante los hombres por que ellos viendo en nós las santas obras glorifiquen a Dios y sea glorificado el Padre Celestial, que es en los Çielos, no para que seamos vistos e alabados delante del Señor, quias son las maravillas e poder, el qual es maravilloso en los sus santos e inspira en las sus Escripturas espíritu de vida según la Divina Providentia, quando quiere e como quiere, porque todas las cosas que tenemos las recibimos dˈÉl según el Apóstol dize «todos somos dˈÉl llamados para ser obreros en la su viña», que es en la su santa Yglesia, la qual á de ser luz a todos los cristianos, según el partimiento de las sus graçias e dones a que cada [fol. 193v] uno dio, para que, con ello, fielmente trabajando, doblados y con usuras en fin de la vida, gloria suya y provecho nuestro, de nós los reciba. E por temor de no ser condenados con el siervo malo e sin provecho, que ascondió en la tierra el marco de su Señor, por el qual fue condenado con el gran derecho del ensalçamiento de la honra del Rei Soberano, e a provecho e enmienda de nuestras vidas, yo, el mui indigno siervo de los siervos de Dios, fray Juan de Corrales, prior de la Sisla de Toledo, recontaré e diré a honra y gloria de su Soberano Rei Dios, Nuestro Señor, las maravillas y secretos ocultos y manifiestos que por mis ojos vi y con mis manos traté y a personas dignas de fe y dignas de gran memoria oí, las quales Nuestro Señor quiso poner y demostrar en una pobreçilla sierva suia, virgen santa llamada María de Ajofrín en el monasterio y casa de doña Mari Garçía en la cibdad de Toledo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Capítulo 1'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''De cómo fue llamada desde su niñez al serviçio de Dios'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En la villa de Ajofrín, villa de la cibdad de Toledo, fue un varón que llamavan Pedro Martín Maestro y a su mujer Marina Garçía, los quales sienpre temieron mucho al Señor, andando sienpre en sus mandamientos. Y estos ubieron abundançia de los bienes temporales, de los quales naçió esta santa virgen, la qual el Señor, dende su niñez, para sí quiso y por destino llamola dándole grandes honras de amor con su santa ynspiración. E como sus padres e parientes la quixeron casar, e de muchos [fol. 194r] fuese pedida para casarse con ella, nunca ella consintió en ello, antes baronilmente resistió al mundo y a los parientes.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
E porque no pudiese ser quitada del amor divino, siendo chica y de tierna hedad, sin consejo ni ayuda humanal ''[4]'' hizo al Señor voto de entrar en relixión. E tanta fue la fuerça que a los padres y hermanos hizo, que de todos fue aborrezida, e sobre aquesto lo hizieron la madre y hermanos mui gran sentimiento. E siendo de quinze años, su padre, con gran dolor, la sacó de su casa e la traxo a la cibdad de Toledo. E como entrase en la iglesia maior de la dicha çibdad, e no sabiendo qué se hazer, mandose llevar por inspiración divina al monasterio de doña [[María García]], en el qual sienpre conversó con mucha humildad e santidad, menospreciando mucho a sí mesma, e fue humillde con los humilldes, haciendo al Señor sienpre de sí continuo sacrifiçio. Sin querer ella su deleite e afiçión fue sienpre en la horación muy ferviente en el amor del Señor, derramando sienpre muchedumbre de lágrimas de sus ojos, con muchos suspiros, teniéndose por la más pecadora e indigna de las mugeres.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Capítulo 2'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''De una visión que le fue demostrada cuando con devotión quiso confesar'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Viviendo como dicho es en esta santa conversatión algún tienpo, pasados más de diez años de su conversión, fue puesta sobre ella la mano del Señor. [fol. 194v] El qual quiso en ella e por ella demostrar los sus secretos e maravillas, algunos de los quales fueron vistos e manifiestos a muchas personas. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
La qual, alunbrada del padre de las lunbres, con grandezas de ser tenplo verdadero de Dios, deseó mucho hazer confessión general de sus pecados; e como por esto se afligiose con lágrimas continuas e rogativas, deseando saber si sus pecados eran perdonados, aceptó el día de la confessión. E como entrase en el confesionario, a do todas se suelen confesar, estaba allí fuera la imagen de Nuestra Señora con el Niño en sus braços e derrubándose delante della, con muchas lágrimas y devotión, rogávale mucho la quisiese oír e ganasse perdón de todos sus pecados. E como con atentión estubiesse orando, súbitamente vio una gran claridad que alunbró la imagen y parte de la carilla, y en la claridad de la lunbre vio cómo Nuestro Señor, estando en los braços de la madre, alçó la mano contra ella como quando el saçerdote absuelve a la penitente. De la qual visión fue mui espantada e turbada y con mui gran fatiga i trabaxo hizo su confessión lo mexor que pudo, la qual hecha, como tornose a hazer oratión a la imagen susodicha, vio la misma claridad que vio al principio e la mano del niño que primero avía visto, de lo qual quedó mui consolada e confortada. E esto sienpre lo tuvo en el coraçón çelado, que a ninguno lo dixo sino a mí e me certificó que desde entonçes le quedó tan gran movimiento en el corazón que se le quería salir del cuerpo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
E como esta santa mujer rogase muchas vezes por el estado [fol. 195r] desta santa madre Yglesia, una noche quedó sola en el coro de la iglesia orando al Señor, e como rezase con atención, vio la arca en que está el corpus cristi ençendida en llama de fuego con gran claridad. E ardió por el espaçio de una hora, la qual, como acabase la oraçión, luego se amató y ella quedó mui espantada y atemorizada.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Capítulo 3'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Cómo el día de la resurretión comulgó un cordero vivo, tamaño como una abexita, en semejanza de pan'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Sábado Santo, víspera de la resurretión del Señor. Como desease mui mucho recibir el sacramento de la santa eucaristía, toda la noche de la fiesta no durmió ninguna cosa, antes se anduvo por toda la casa de lugar en lugar llorando y orando al Señor, demandándole limpieza y aparexo para reçebir tan alto sacramento. E como vinise el tienpo de la santa comunión y fuesse ayuntada con las otras hermanas delante del altar, recibió el santíssimo sacramento en semexanza de un cordero vivo en speçie de pan. E como lo recibiesse en la boca, sintió luego bullir e que andava de un cabo a otro como cosa viba, e ovo mui gran pavor, e tragolo con temor, e luego sintió cómo se le puso encima de las telas del coraçón y tanta fue el alegría y consolaçión que ovo, que diez días con sus noches no durmió, llorando y orando, y luego fue robada en espíritu.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y dende entonçes se quedó [fol. 195v] que cada y quando que recibié el santíssimo sacramento se traspasaba y era rrobada en spíritu sin ningún sentimiento, quando más y quando menos, según adelante se dirá. E desde aquel día que comulgó el cordero, según dicho es, le dio el Señor este don y graçia, que cada y quando que comulgava le quedava un dulçor en el coraçón y en la garganta y en la boca. Según me dixo muchas vezes que no se le quitaba aquel dulçor por quarenta horas e me dixo que podía vibir en ese tienpo sin comer, e que muchas vezes lo hiziera si no fuera por cuitar la singularidad de los que lo viesen y entendiesen.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Capítulo 4'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''De cómo fue robada en spíritu e cómo Nuestra Señora le puso el niño en las manos sobre un paño de seda'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El día octavo de la Resurretión fue robada en spíritu y vio cómo vino a ella un barón mui recto reverendo y honesto en hedad, vestido de una capa de seda colorada y díxole: «Ven, que te llama la reina»; y ella, pensando que la llamava la reina terrenal, no quiso yr con él. Él díxole otra vez: «Ven, que te llama la reina del Çielo». E fue con él e fallose en una iglesia fuera de la çibdad, a do estaba Nuestra Señora, la Virgen María, con su hijo en los braços. E como la vio, hincóse de rodillas delante della y aquel honbre que la llamó, de la capa colorada, púsole un paño de seda en las manos. E Nuestra Señora puso el niño encima del dicho paño e diole Nuestra Señora a otro honbre de menos hedad que fuese con ella e la acompañase, e díxole a ella la reina del Çielo: «Ve con estos varones a donde quiera [fol. 196r] que fueren». &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
E aquel varón de la capa colorada iva delante un poco, como que iva a buscar posada, e entrando a la çibdad llamava a las puertas que estaban çerradas y dava tres golpes a cada puerta e deçía estas palabras: «Abrí, que viene el Señor a posar en vuestra casa». E ninguno le abría e los que tenían las puertas abiertas corriendo las iban a çerrar, y deçían que no podían entrar allí porque estaban mui negociados con muchos libramientos, e otros decían que estaban mui depriessa e que no los podían reçebir. E desta manera anduvieron toda la çibdad que en ninguna casa hallaron posada. E bueltos por do fueron toparon con dos mugeres que iban caballeras en dos asnos e dos clérigos con ellas, e dixeron los dos clérigos a la muger que llevaba el niño en los braços: «Nosotros os acoxiéramos, mas vamos mui depriessa, mas mientra que venimos entraos en este establo». Y así le tomaron a Nuestra Señora el Niño de las manos de la dicha su sierva y con muchas lágrimas deçían así aquestas palabras: «Venido es el tienpo en el qual tan gran deshonra es venida al ''[5]'' Hijo de Dios, mas ia tienpo es que enbíe el Señor su ángel con azotes y aún que fiera a unos ''[6]'' y a otros con espada, e a otros con pena de fuego». E dize más esta santa mujer: que vio treçientas ánimas salidas de los querpos e no fueron más de tres al purgatorio de todas ellas, y las demás todas fueron al infierno. ¡Mas ay de aquellas que son pribadas de tan gran hermosura [fol. 196v] como es la magestad del Señor, e los sacerdotes que son dignos de maior reverencia que los ángeles, e por sus vicios son metidos en las honduras de las penas perdurables por su gran desconocimiento y vicios malos!&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Capítulo 5'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''De çinco procesiones que vio salir a una yglesia en la qual solamente fue celebrada una missa'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El día de la Açensión del Señor, después de dicho el oficio de los maitines e ido el convento a reposar, esta sierva de Dios se quedó sola en la iglesia, como sienpre solía hazer. E como se llegase cerca del altar maior codiciando de hartarse de las migaxas que caían de la mesa de los ángeles en tan santa solenidad, con coraçón limpio e boluntad mui atenta, estando rezando fue robada en spíritu.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
E fue llevada en un campo mui spacioso, hermoso e deleitable. La qual sierva de Dios toda estaba en sí misma admirada mirando qué era lo que avía, y vido un gran claustro de mui altas paredes fecho de piedras mui labradas e polidas, y era de tan gran altura quanto los ojos humanos podían mirar; y dentro en él no vio nada entonces, pero después, mirando, vio que tenía çinco puertas de bidrio de colores moradas. En cada puerta era pintada la encarnaçión del Señor y la salutaçión del ángel. En cada una de las dichas puertas salía la muy maravillosa proçesión de mui reverendos sacerdotes, [de] sobrehumana natura, e cada una de las procesiones [fol.197r] llevava una cruz colorada como de oro, con candeleros de oro, y los ministros llevavan capas como convenía a la procesión.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y estaba en medio del campo una casa mui hermosa, ansí como hecha materialmente, mui blanca, e de ninguno de aquellos era conocido aquel lugar. Al qual lugar todas aquellas procesiones fueron mui hordenadamente, y entraron dentro, y mirando al altar todos se inclinaron e se echaron en tierra cantando gloria in excelsis deo. El qual canto acabado, todos estuvieron en silençio, tanto que no se mirava uno a otro. Y en el altar estava Nuestra Señora, la Virgen María, en cuerpo y en ánima, teniendo en sus manos el su Santo Hijo vibo, ansí como lo parió. E Nuestra Señora deçía a altas vozes con lágrimas, y demostrava el su santo hijo al pueblo, y deçía: «He aquí el fruto de mi vientre, tomaldo e comeldo, que en çinco maneras es cada día cruçificado en las manos de los malos sacerdotes; la una es por la mengua de la fe; la otra es por la cobdiçia; la otra por la luxuria; la quarta por la ignoratia de sinples y necios sacerdotes que no saben discerner inter lepran &amp;amp; lepran ''[7]''; lo quinto por la poca reverentia que façen al Señor después que le an reçebido». E dixo más Nuestra Señora: «Más sin reverentia es comida la carne de mi hijo de los indignos sacerdotes que el pan que es dado a los perros». &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y estas cosas de todos oídas, vino un sacerdote honrado por canas y hedad, mucho más que los otros, e vistiose para dezir missa, e como hordenadamente procediesse llegando al lugar para tomar la hostia para consagrar, Nuestra Señora le dio el su Hijo que [fol. 197v] tenía en los sus brazos, el qual se tornó en ostia. Como el saçerdote lo levantase en alto, fue visto como el rraio de sol y poco a poco se deshizo la ostia y se subió al Çielo. E recibiola el padre en su seno, e fueron hechos una mesma cosa e fue dicha una box del padre: «Aqueste es mi Hijo mui amado». Entonces, un saçerdote difunto, que fue cura de aquella casa de doña [[María García]], conocido desta sierba de Dios, llegose a ella y díxole: «Esto que as visto hazer de la santa ostia significa aquellos que tan solamente reciben la forma del sacramento, e no la virtud y mérito del sacramento». E díxole más el saçerdote a esta santa virgen: «Ve y di por horden todo lo que viste a tu confesor para que lo diga al deán  y al capellán maior para que de todos sea sabido, por que no carezcan estas cosas de mui grandes méritos». Y así desaparecieron todos.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Capítulo 6'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Del gran temor que quedó en su corazón y las dudas que le acaezieron'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Como aquesta santa virgen tornase en sí, [pensó] cómo aquesto podía ser, e que por ventura no fuese engaño del Enemigo que se transfigurava en ángel de luz. E sufría mui grandes angustias de todas partes: de la una parte, sentíase mui indigna para ver y dezir tan grandes cosas; e de la otra parte, afirmava ''[8]'' y dezía que en cosas tan maravillosas en ninguna manera podía pensar que el Enemigo pudiese poner asechanzas.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[Fol. 198r] Y afligida qué haría acordó, y pareciole más seguro no decírselo a ninguno. E como fuese a confesar, dixo a su confesor todo lo que avía visto, e como el confesor lo oió no le dio crédito, antes la menospreçió, que fue cosa de mucha admiratión, e prudentemente lo disimuló como que no entendía por no creer de ligeras fantasías de mugeres, con esperança que avría fin este negoçio para ser de ello más certificado.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Capítulo 7'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''De cómo vio a Nuestro Señor correr sangre de sus piernas'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Después desto susodicho, en el día del vencimiento de la cruz, acabados de dezir los maitines, ya que rompía el alva, según aquella me dixo, quedose sola esta santa virgen en la iglesia echada de brazos delante del altar. Y como fuese robada en spíritu, apareciole Nuestro Señor en figura de hombre e tenía la cara mui espantosa, e tenía vestida una sobrepelliz y una estola al cuello, y corríale mucha sangre de las piernas. Y el Señor allegose a ella, que estava de brazos delante el altar, e fízola alzar la cabeza y díxole así: «Como me ves corriendo sangre, ansí ando por las iglesias desde esta hora hasta que tañen a la plegaria». Y acabando de dezir esto, desapareçió.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Capítulo 8'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''De cómo se vido puesta en una tormenta''' ''[9]''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El día de San Agustín, con mucha atención rogava al Señor esta santa virgen por todos. [Fol. 198v] Después de algunos días, fue otra vez traspasada en sueño y viose puesta en alto y colgada de las manos en un madero, en una gran altura, quanto la vista humana podía alcançar, e fuele dicho divinamente: «Aquí estarás, hasta que prometas de dezir y recontar todas las cosas que viste y oíste». De lo qual ella no curó. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Capítulo 9'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''De cómo vido carne y sangre en la boca de la Verónica que tenía pintada'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El día de San Agustín, con mucha atención rogava al Señor por todos los sacerdotes. Y como estuviese rezando y mirase a una Verónica que tenía en un libro pintada, por el espaçio de una hora vido en ella y sobre ella gran resplandor, y vio carne y sangre. Y desde que vio esta vissión tan maravillosa, ansí se le cerró el estómago que desde aquel día en sanidad ni enfermedad nunca jamás quiso comer carne, ni se la quería tener el estómago; su manxar era pasas y cosa de dieta. La qual Verónica le tomó su confesor e la sierva de Dios fue mui maravillada desto, e puesta como fuera de sí. E aflixiose mucho por todas maneras de penas por que el Señor más manifiestamente le descubriese esta palabra e le mostrase quál era su voluntad.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Capítulo 10'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Cómo Nuestra Señora le mandó que rebelase las cosas que avía visto'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En fin del mes de setienbre caió esta santa virgen en una mui gran enfermedad y no aviendo esperança de vibir, ni menos de salud, salvo para ir a la güesa. [Fol. 199r] Y fue traspuesta ansí, como muerta, por espacio de tres horas, e las hermanas de la casa que estaban presentes dávanle tormentos por que despertase, y echávanle agua hirviendo sobre los pies, que casi los quemaron. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
La qual, estando ansí, sin ningún recordamiento, fue robada en spíritu al capítulo primero, adonde vio el claustro e proçessiones. Y como fuese por el camino, vio cómo encontró con el Enemigo, e quísose llegar a ella; y ella vio luego a Nuestra Señora que enpuxó e increpó al Enemigo con su mano propia. Y la Señora tomola por la mano y metiola en el dicho claustro, dentro del qual vio salir las primeras dichas proçesiones, y díxole Nuestra Señora: «Este es el lugar a do te fue mandado que dixeses aquellas cosas que avías visto, pero, otra vez de parte de Dios, tomando que lo que entonzes y agora as visto lo digas  y requentes a tu confessor y no se lo ascondas, y él se lo diga a los otros varones católicos suso nombrados, y ellos lo digan al arçobispo y sea sabido por todas las partes de la santa Yglesia, y sea sonado y divulgado». Y díxole más Nuestra Señora: «Ya el hijo de Dios no puede sufrir las injurias y escarnios que le son hechos en la Iglesia por los malos sacerdotes». Estas e otras cosas muchas que esta sierva de Dios vido y hoió ella misma las siente, y otro ninguno no lo puede dezir ni sentir.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Capítulo 11'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Cómo dixo todas estas cosas a su confesor Juan Velma'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Como dixese todas estas cosas a su confessor, [fol. 199v] él se demostró con prudentia, madureza de corazón, y dixole: «Ya é mirado todas las cosas que me avéis dicho y todo el proçeso, y esto a basta a mí para lo creer, mas enpero para que io lo aia de dezir y revelar como vos dezís a aquellos venerables barones, y que para ellos y otros sea manifiesto y dibulgado, para que de ello venga remedio y reparo, y para que estas cosas no sean vistas ni juzgadas como cosas locas y vanas, como se deçía de las Marías que anunçiaron la resurrectión del Señor, mui manifiesto es ser neçesario que vos deis señal para ser creída que venga de la mano de Dios». Que, así como los judíos pidieron señal a Jesús excelentísimo Señor Nuestro del Çielo para creer bien, así dixo el saçerdote: «Pido yo a vos señal del Çielo para conozer la verdad de aqueste hecho y para que mexor sea creído lo que puede ser dubdoso; por ende, concertad vos esto con el Señor». &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y como la sierva del Señor oiese estas cosas, fue mui turbada y dio muchos suspiros y gemidos, y propuso en su corazón de responderle por carta, lo que después así cunplió.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Capítulo 12'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''De las cosas que divinamente halló escritas en su regazo'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Como de las cosas susodichas su corazón estuviese mui turbado, sentíase muy afligida y quebrantada, y andava de lugar en lugar por toda la casa. Y no pudiendo hallar lugar de consolatión, como pasase por un lugar a do estava una ventana, según ella me dixo, vio estar en ella un [fol. 200r] pliego de papel blanco, no sabiendo quién lo avía puesto. Y tomolo y metiose en un sótano do algunas vezes poníen la leña, y asentose mui afligida, y arrimose a una pared, y vio súbitamente una claridad que resplandezía y daba el resplandor en el papel, y ella me dixo que no sabe quién le tomó su mano y escribió dos cosas: la una, para el qura; y la otra, para los venerables a quienes tal cosas se avían de dezir, siendo muy clara verdad y cosa mui cierta y manifiesta que ella nunca supo escribir, ni ai en todo Toledo quien tal letra hiciese. Y esta es manifiesta verdad, y como las cartas fuesen escritas, hallolas ella cabe sí y desapareçió la claridad.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y dobladas las cartas, metióselas en las mangas, y como fuese a sacar una caldera de agua de una tinaxa, una carta caió dentro y detúbose en el ayre y no llegó al agua. Y una destas cartas ubo y tiene el capellán maior con mucha veneratión y onra, según el qual me dixo que, poniéndola sobre tres enfermos de diversas enfermedades, luego fueron sanos. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
E como ella diese estas cartas al dicho su confesor, él fue muy maravillado, ''[10]'' maiormente porque sabía que ella no sabía escrebir, ni avía persona en la casa que tal letra hiziese, de lo qual se podría afirmar ser escritas divinamente y no humanal. Y hovo mui gran espanto en su coraçón, e vio en su carta cosas que otro no las sabía sino él, mas ni por esso no tubo osadía para lo divulgar porque no avía llegado el tienpo que el Señor avía puesto y dudava como Santo Tomás. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Por poder [fol. 200v] quitar la dubda a todos, y como el dicho confesor no tuviesse lugar para la hablar, escribiole a ella diziendo que no podía creer que ella escribiese aquellas cartas, con intentión de sacarla a público e a manifiesto. De lo qual, ella uvo gran sentimiento y dolor, y tuvo esto por mui malo y áspero, y quexose de ello al Rei del Çielo. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y así como ella era mui inocente, y como después se hablasen ella y su confesor, la sierva del Señor, fuerte así como león, lo increpó mui duramente de tal dureza e incredulidad de su coraçón, mostrándole por razones mui claras que creiese sin dubda que ninguno escribió las cartas sino ella por su mano con el ángel. Y desde allí propuso ella en su corazón de rogar al Señor que por su misericordia tuviesse por bien de la librar de tan grandes afrentas, y propuso en su voluntad de no hablar más destas cosas; y así lo hizo. Y suplicaba al Señor con gran firmeza y afinco que pusiese al dicho su confesor alguna evidente señal por que creiese, si fuese capaz de la ver, y si no fuese digno, le diesse duro azote por que creiesse. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y la dicha santa virgen calló por nueve meses, mas su coraçón dava de sí mui claras llamas, lágrimas y lloros, suspiros y gemidos sin quento, a los quales no faltó la divinal clementia ¡O, quánto es el Señor piadoso! A los santos, y a los que presumen de sí abaxa, y a los humildes levanta. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Vençido el Señor por su plegarias y llenas su orexas de las sus [fol. 201r] rogativas, plúgole de la visitar en muchas maneras. Quiso que fuese parçionera e mediadora de los tormentos y passión que su hijo, Jesucristo Nuestro Señor, recibió e pasó en la su santa pasión con señales mui manifiestas, las quales no fueron vistas en nuestros tienpos ni en muchos de los santos, según que adelante se dirán.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Capítulo 13'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''De cómo se propuso de no dar aquellas cartas a ninguna persona'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Como ella viose aquella maravilla de la una carta que caiera en la tinaxa y no se moxara, pensó de no la dar a nadie. Y una noche tornose a aquel sótano con intención de la trasladar como ella supiese, y llevó papel y una ollita con lunbre para encender una candela que llevava muerta, y luego súbitamente se encendió sin llegar a la lunbre. Y así como enpezó a escrevir la carta, vínose tanta sangre de nariçes que no se pudo restañar por espacio de una hora, y puso la carta en las sienes y luego cesó la sangre. Y el día de la Conceptión de Nuestra Señora, estaba una niña muerta más avía de siete horas, y ella enbió aquella carta con mucha fe para que se la pusiesen, y luego que se la pusieron resuçitó y enpezó a bostezar, y bibió después por luengo tienpo. Y una mujer, tenía el pecho abierto, e como se la pusiesen enzima, luego fue sana. Y un clérigo iva a Santiago y llevava consigo la dicha carta con mui grande devozión, y caió en un brazo de mar e toda la ropa se mojó, mas la carta nunca se moxó.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Capítulo 14'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''De la comunión que hizo el día de los Santos y de las penas que le fueron dadas'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[Fol. 201v] El día antes de la Fiesta de todos los Santos rogó a la hermana maior que ansí como comulgasse la pusiese en una casa adonde no oviese ninguno, conoçiendo por spíritu lo que le avía de venir. Y como recibiesse la santa comunión antes que sestias ''[11]'' pusiesse, tan grande fueron los sus lloros y suspiros y golpes del coraçón que en sí mesma sintió que ninguna criatura humana lo podría sentir. Y hizo tan grande fuerça en sí misma por que las cosas que sentía de dentro no fuesen sabidas ni oídas, ansí como la cuba hierbe sin respiradero que mui de ligero rebienta, ansí ésta rebentó por encima de la cabeza, y lo que no pudo salir por la boca salió por las llagas que encima de la cabeza le fueron hechas. Y en la frente le apareció una tan cuchillada que pareçía ser abierta con navaja, la qual estubo muchos días abierta, y de muchos fue vista, y nunca recibió benefiçio ninguno de medicina humana. Y abriósele el celebro por parte de detrás, y partiósele el cafeo por medio quedando el quero de ençima sano (lo qual yo i otras persona emos tratado e conoçido), lo qual nunca se le çerró. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y sintió dello tan gran dolor y pena que le llegó a par de muerte, lo qual vieron los testigos que adelante se dirán, y notario. Y como esto fue hecho, acabada la comunión, luego fue traspuesta fuera de sí y pribada de todos los sesos humanales y estuvo allí por espaçio de quarenta horas. Y en este tienpo que estubo ansí, aviendo las hermanas conpasión della, probaron de dalle algunos tormentos, metiéndole plumas en las narizes hasta arriba, que le hizieron llagas de dentro, y en las manos, y en los pies, y en todos los otros mien- [fol. 202r] bros le daban pena por la hazer tragar alguna cosa de comer, y tanta fue la fuerza que le hizieron que le quebraron una muela. La qual, estando en este tan gran tormento, la noche de los Finados dio muy grandes gemidos, por tres vezes u quatro, e hizo mui grande estremecimiento en el cuerpo. La qual, estando ansí, fue llevada al trono del Rei Celestial a do vido cosas de gran espanto, que lengua humana no puede dezir, e vido un rei mui espantable estar en un mui gran trono, ante el qual estaban muy grandes gentes de diversas calidades e de maravillosa hermosura, y el rei tenía atravesado en la boca un cuchillo agudo de entreanbas partes, y fue dicho a ésta: «Pobreçilla, ¿ves el quchillo que está de anbas partes agudo, que está en la boca del rei? Sepas que significa la grande yra que tiene sobre la Iglesia y sobre los prelados y rexidores della». Y fuele dicho: «Ve y di aquellos varones lo que te à sido mandado, que porque echan en olvido y son negligentes en qumplir lo que les es dicho y demostrado, no curando de la vox divinal, como si fuesse cosa de los honbres amenázolos una vez y dos, so pena de la divinal sentencia, que dexadas todas las cosas, luego tomen camino e lo digan al arçobispo de la iglesia. E venga por sí mesmo e ponga gran remedio en aquellos çinco pecados suso escritos, conviene a saber: en la mengua de la santa fe, y en la cobdiçia de la luxuria, y en la ignorancia y mengua de reverentia, en los quales pecados cada día es blasfemado y crucificado Nuestro Señor Jesucristo, hijo de Dios y que destruyga [fol. 202v] ''[12]'' las herexías desta cibdad y de los clérigos, y haga çerrar las misas que dizen en casa de los legos porque es gran deshonra y escarnio al qulto divino. Y esta señal del Cielo te da porque seas creída en estas cosas que has visto y en las pasadas, y este quchillo que es en la boca de Dios poderoso traspasará tu coraçón y ará en él llaga, y saldrá sangre biba que será verdadero testimonio a todos, y tú serás remediadora y parçionera en la passión del hijo de Dios».&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y así fue luego hecho. Y luego halló ençima del coraçón tan gran dolor que dezir no se puede, e de tan gran abertura y grandeza era la llaga que pudiera caber por ella la cabeza del dedo pulgar de un honbre. Y duró abierta esta llaga veinte días enteros y los viernes corría mucha más sangre que todos estos días. Y con paños puestos en la llaga, corría sangre hasta la pierna, en la qual llaga nunca apareçió gota de materia, ni tampoco se puso medicina humana, sino los paños linpios, unos ensangrentados y otros puestos. Y la sangre era tan limpia y viba y tan colorada, que no podía ser más, como lo demuestran los paños que tenía en la llaga, los más de los quales están en mi poder. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
La qual llaga quiso absconder la santa virgen, y callolo todo lo que pudo y fuese dicho divinamente que lo dixesse y demostrase a las señoras matronas, la hermana maior y doña Teresa, a las quales mostró los paños sangrientos. Y como desto fuessen maravilladas, llamaron en secreto al confesor, el qual puso silencio en la casa quanto pudo y ninguno de fuera lo supo. Y abiendo reçelo en dicho clérigo, no fuesse alguna cosa [fol. 203r] fingida, por quitar toda dubda mucho trabaxó por saber la pureza de la verdad y vió la dicha llaga y creió y fue lleno de mui gran maravilla y en quanto él pudo lo tuvo secreto, mas revelolo a testigos mui honrrados y dignos de toda fe, que dello fielmente diessen testimonio. El uno era el deán de Toledo, y el otro, el capellán maior de Villaminaia ''[13]'', y el dicho cura y las dos matronas de la cassa y con ellas un notario público de la cibdad, para que con todos diesse testimonio verdadero. Las quales seis personas por sus ojos lo vieron y con sus manos la llaga palparon, la qual estaba reçiente y sangrienta, y los paños sangrientos, como ellos lo manifiestan. Y el propio capellán maior sacó de la llaga con sus propias manos gran copia de hilas en biba sangre vañadas, las quales están en mi poder.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y todos miraron con gran diligentia que aquella llaga era divinal y no humanal, la qual sierba de Dios sufrió con gran tormento e pena, así de dentro como de fuera. Y estando ella en su cama, tan honestíssima que cosa de su cuerpo no se bio más que la llaga por una sábana abierta, la qual llaga vieron todas las personas susodichas; y estuvo abierta, como dicho es, por el espaçio de veinte días, y ella se çerró sin medicina humana. Y quedó la señal de la abertura en el lugar a do estaba la llaga, a la qual duró el dolor muchos días.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Capítulo 15'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Del dolor que sintió en los pies y en las manos, como si por ellas se fueran metidos grandes clavos semejantes a los de Nuestro Señor'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Como la sierva del Señor estuviesse mui afligida de las cosas susodichas, estando echada en la su cama con muy gran dolor maiormente del costado, me dixo cómo sintió [fol. 203v] que alçaban el cuerpo del Señor en el altar por el son de las canpanillas, y hizo fuerza a la flaqueza y levantose de la cama y hincó las rodillas a un ymagen de un cruçifixo que tenía allí pintado en un papel, horando con gran fervor de corazón. Y fue tan grande el dolor que sintió en las manos y en los pies y amortiguamiento en los braços y piernas que dezir no se puede, como si se fueran con grandes clavos traspasadas las palmas. Y como estuviesse con aquella angustia, pareçiole que le transpasaban la mano izquierda, y tan grande fue el dolor que sintió que puso el dedo pulgar de la mano derecha en la palma de la mano izquierda y mui sabiamente la ascondió que nadie lo viesse, traiendo la mano cubierta con un paño de lino, sin ninguna medicina humanal, la qual llaga tuvo por el espaçio de quarenta días y quedó la señal en la mano, la qual ella me mostró y io la vi con mis ojos.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Capítulo 16'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''De la corona de dolores que sintió en su cabeza en remenbranza de la corona de Nuestro Señor'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Por que suçesivamente sintiese en su cuerpo las insignias y dolores de la passión del Señor, allende de los tormentos que en la cabeza tenía súpitamente sintió un mui grande y n[u]ebo dolor, y manifiestamente fue visto de gruessas gotillas en manera de tachones le çercaron la cabeza en derredor; y por cada una de ellas sentía que le metían un clabo de fuego que le duró muchos días, como quiera que le traían e ponían por la dicha cabeza e llagas mediçinas de diversas maneras, mas nunca ninguna le aprovechó porque no era razón que las cosas [fol. 204r] hechas por la mano de Dios recibiessen sanidad con yndustria humana.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Capítulo 17'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''De cómo divinalmente fue robada en espíritu y cómo fue azotada'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Como de estos tomentos susodichos el cuerpo estuviesse mui flaco y atormentado, no contento el Señor del trabajo susodicho, diole otro tormento grave para que remediasse al Señor y fuese mandado divinalmente que todas las cosas que avía visto revelase a las personas susodichas. El primero día del año, que es el día de la çircunçissión, y ella conoçiendo ser tan indigna y ser nada delante del Señor, respondió que tal cosa no haría y que antes consentiría la muerte que façerlo, y decía que quién era ella para facerlo ni dezir tales cosas, que más pareçía escarnio que no verdadero testimonio. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y ese dicho día hizo voto en la iglesia y prometió de no lo dezir a ninguna persona, e la noche siguiente fue robada en espíritu y fue llevada delante de un gran juez, de cara mui espantable, delante del qual estaban muchos, y de un braço la tomó el ángel San Miguel y del otro la tomó San Juan Evangelista, a los quales ella sentía gran devoçión. Y como el juez gravemente la reprehendiesse de su dureza y desobediençia, mandó a un ángel que le açotase; la qual fue tan duramente açotada por las manos y espaldas y los demás mienbros del cuerpo que apenas cabía ninguna cosa entre uno y otro mienbro del cuerpo y no parecieron llagas ningunas ni ronchas, mas todo el cuerpo estaba maçerado, lo qual todo le duró en el cuerpo quince meses, poco más o menos, lo qual no leemos de santo ninguno que tal pasase. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Esto nunca le dixo a ninguna persona, y como la hermana maior le metiesse la mano para endereçarle una toca, halló con [fol. 204v] la mano las dichas señales y fue maravillada, y reprehendiéndola mucho pensando que ella se matava con cruel penitençia, por la qual ella le ubo de confesar la verdad de todo lo que acaeçiera. Y ansí fue conpulsa a lo revelar según arriba es dicho.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Capítulo 18'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''De cómo fue llevada a purgatorio y de las cosas que en él vio'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En el transpasamiento que estuvo traspasada de las quarenta horas, quando le fue dada la llaga del costado, dixo esta santa virgen que la llevaron por las penas del purgatorio, en el qual vio tan orribles penas y tormentos que ninguna lengua humana las puede dezir ni esplicar, que tan grandes penas y tormentos sufrían los que allí estaban de mui dolorosos gritos y gemidos, bozes y llantos, y muchas figuras de diversos animales mui fieras y espantosas y abominables, que no ai hombre que las pueda ver que no muera luego de espanto, y antes fallecerían las lengua y tienpo que materia de dezir. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y de las penas que aí dize que vio muchos gusanos, mui grandes, de diversas maneras, los quales corrían la tierra, que apenas cabía entre ellos la planta del pie. En los quales vio uno de largo de un palmo de un honbre y de anchura de tres dedos, y este tenía ronchas de fuego por el cuerpo y traía unas uñas mui grandes. Y deste gusano tan solamente preguntó al ángel que estas cosas le mostrava, y respondiole: «Este es el gusano que roe la conçiençia, que quando el hombre vibe y comete algún mal, entonçes pónesele la conçiençia entre el seso, y la conçiencia remuerde e quita que no se haga el mal que dize el alma a la razón. Y dízele: «Malo es esto que quieres hacer». Y muchas veces es cegada [fol. 205r] y vencida la rrazón por la cobdiçia del pecado. Y esse es aquel gusano que roe la conciençia y roe las entranas y aqusa el ánima, ''[14]'' y esta es una de las maiores penas que sienten los danados, porque pudieran hazer bien como ficieron mal, y por sus culpas merecieron tan gran pena». Y uno de aquellos gusanos allegávase a ella abierta la boca, y quisola morder en el pie, mas los que estaban con ella no le consintieron morder, mas tan solamente permitieron que el gusano mordiesse tan solamente debaxo del dedo meñique, y sacó con la uña un pedazo de la carne del pie. Y ansí lo tiene mordido y hecho un hoio en el pie.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Capítulo 19'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''De cómo en las dichas penas del purgatorio vio un clérigo penar'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Andando esta virgen por el purgatorio vio un clérigo, que era vibo y era cura de ánimas, en una pena de gran afliçión y vio que una grande serpiente mui espantosa que tenía dos cabezas lo tenía atado y ''[15]'' cercado alrrededor, y ponía la una boca en el espinazo y la otra apegada en el estómago. Y cerca del clérigo estaba un gran dragón mui orrible y espantable, el qual tenía encima de el espinazo una esportilla en la qual estava un niño que dava mui grandes clamores y gritos, demandando justiçia al Señor de la pena que sufría y esperaba sufrir por la culpa de aquel clérigo. Y como esta santa virgen preguntase qué pena era aquella, fuele respondido: «Aquel es un niño que por culpa de aquel [fol. 205v] sacerdote murió sin baptismo siendo él su cura y demanda d´él a Dios justicia». Ella, estando mui espantada, hizo horaçión por aquel clérigo y dende a ocho días, otro día, estando diciendo missa aquel saçerdote, en acabando de alzar, fue traspuesta y vio aquel sacerdote que tenía ceñida al cuerpo una mui grande serpiente con tres cabezas: la una se comía el corazón, la otra, la lengua y la otra las espaldas. Y aquel niño clamava ante él y dezía: «Por tu causa no veo al Señor y por ti morí yo sin baptismo y soi apartado de tan gran bien y deste gran cargo no alcanzarás perdón».&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y desde a tres días, esta sierba de Dios llamó al saçerdote y díxole lo que vio, y él se espantó tanto que se le quitó la habla por espaçio de media hora. Y ella, de que le vio tan sin esfuerzo, esforçole, y él díxole que estaba mui espantado coómo aquel secreto le avía mostrado Dios, y conoçió ser verdad esto, así como otras cosas muchas que ella le dixo en que ofendía mucho a Dios. Y confesó este sacerdote a esta santa muger que otro día, quando volvió la hoja del misal, vio en el santo crucifixo çinco gotas de sangre. Y dende çinco años murió el sacerdote, día de San Miguel y encomendole ella mucho al Señor; y dos días antes de San Francisco hovo ella un gran miedo, que le pareçía que estava cerca della un mui gran bulto. Y el día de San Francisco, a la mañana antes que fuesse el día, viole mui espantable y díxole cosas mui señaladas que estaban entre él y otra persona en secreto, las quales supieron ser verdad.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Capítulo 20'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[Fol. 206r] '''De cómo vio que llevavan el cuerpo de Nuestro Señor a un herexe'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Entre otras cosas que la santa contó que escribir no se podían, me dixo lo siguiente: En el día de San Marçial Apostol, acabados los maitines, fue llevada en espíritu, e viose con otra su hermana que llevava por compañía, que pasavan por la iglesia maior, e vio toda la clereçía con gran solenidad que llevavan el sacramento a un enfermo, y saliendo por la puerta que va a un mercado apareçió a esta santa muger un mançebo mui fuerte vestido con unas vestiduras blancas, cavallero en un cavallo blanco, y díxole con palabra mui acelerada: «Corre, ve y di a los señores clérigos que tornen con la eucaristía a la iglesia porque aquel enfermo a quien la llevan es herexe». Y fue ella corriendo, y como buscase alguno de los que ella conoçía para se lo dezir, no halló a ninguno, y encontró con un reverendo señor, al qual dixo esto, y díxole aquel señor: «Calla y no oses decir tal esa, por ventura no nos maten a todos». Y díxole aquel que estava en el cavallo, mui feroz: «No sea en vos ninguna dubda ni temor y en todas maneras se torne el corpus cristi porque aquel honbre es herexe», y dixo a la santa virgen: «Y aquesto te será en señal que te digo la verdad: que verás hoi en la misa destilar sangre de la ostia». Y ansí se tornaron para la iglesia.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y después de esto, en este día, vio esta santa virgen en la missa con los ojos abiertos la ostia llena de sangre [fol. 206v] en las manos del sacerdote, quando levantava la ostia al pueblo para que la adoren con devotión los cristianos.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Capítulo 21'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''De otra revelaçión que vio estando delante de Nuestra Señora en la iglesia maior'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El día de la concepción de Nuestra Señora, estando esta virgen del Señor esa noche mui ahincadamente rogando por la clereçía de la Santa Iglesia, fue robada en espíritu y puesta en los amortiguamientos que suele; y pareciole que estava en la iglesia maior y veía a Nuestra Señora viva en carne, puesta en mui gran altura, y ella estaba cerca de Nuestra Señora, acompañada de San Miguel y San Juan Evangelista. Y desde aquella altura hasta abaxo avía gran profundidad y decendían cinco cordeles y atrechos ''[16]'', puestas penas de fuego mui espantables, y debaxo un poço negro y hondo.Y aquel pozo tenía una boca de la qual salía un río, en el qual río estaban tres animales mui crueles. Y por aquellos cordeles venían muchos clérigos, entre aquellas penas, dando muchas vozes a Nuestra Señora, y desque caían en pozo perdían la forma de hombres, y los que pasan en el río luego son tragados de las animalias. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y viendo esta virgen estas cosas, suplicava a Nuestra Señora que uviesse misericordia dellos; y como quiera que avía mançilla de todos, pero en particular la avía de un gran prelado que veía ir en las penas con los otros, con maior pena i tormento se afligía delante de Nuestra Señora, que, por reverentia de aquella hora [fol. 207r] en que fue hecha arca y silla de la Santa Trinidad, que le plega de sacar a aquel prelado de las penas en que va. Y ella, hoídas estas cosas con muchas lágrimas y devoción, rogó a Nuestra Señora por él y repondiole Nuestra Señora que ansí como San Gregorio forçó la voluntad de Dios sacando a Traxano del infierno, por esta causa quedó con el dolor del estómago. Y ansí quedara esta virgen, por las plegarias que hizo por aquel prelado, abierto el çelebro de la cabeza en testimonio para que lo viese el pueblo que avía forçado la voluntad de Dios. Y preguntó la santa virgen a los señores sobredichos que por qué le aconsegavan a ella que rogase a Nuestra Señora por el salvamiento de aquel prelado, e por qué no se lo rogavan ellos, y respondieron ellos que más poder tenía ella o qualquier que con firmeza y devotión rogase al Señor para forçar su voluntad que ninguno de los que estavan con Él en el Cielo, porque los que estavan en la gloria saben la su voluntad del Señor y no irán contra ella.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Capítulo 22'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''De cómo le apareció Nuestro Señor en figura de niño visiblemente'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Como esta sierva de Dios estuviesse enferma en la cama en la Quaresma, deseava mucho recibir al Señor, y no lo pudiendo aver por no ser singular, afligiosse mucho, y rogaba al Señor con lágrimas, deseando poderse levantar a oír missa. Y a la hora del alva, sintió cabe sí un niño mui hermoso, y como lo vio turbose y no osó llegar a él. Y tan maravilloso lo vio, que se le turbó la habla, y como pudo demandole [fol. 207v] si era San Miguel, y el niño meneó la cabeza y no la respondió; y preguntole si era San Francisco y él sonriyose. Y preguntole quatro vezes que le dixese su nombre y Él dixo: «Yo soi mui poderoso y el mi nombre es mui maravilloso». Y allegose a ella el santo niño i diole paz en su boca y púsole la mano en la cabeza y díxole: «Sana eres de todas tus enfermedades, levántate e irás a missa». Y desapareció; y ella, quedando llena de gran consolaçión y alegría espiritual, levantose y hallose sana de todas sus enfermedades, maiormente de las calenturas que tenía y del dolor de la cabeza que padezía y de postillas que tenía dentro de las narizes. Y más me dixo esta santa virgen, que sintió el dolor en los pies y en las manos como si fueran clavos.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y desde aquel día, particularmente los viernes, sintie gran dolor en los dichos mienbros, desde la mañana hasta después de vísperas, que no pudíe hazer nada con las manos, ni comer ningún mangar hasta después de vísperas, que se le avía quitado el dolor. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Capítulo 23'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''De cómo recibiendo el cuerpo del Señor fue llena de resplandor visiblemente y fue sana de sus enfermedades'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En el año de ochenta y çinco enfermó esta santa virgen, en el mes de agosto, de ericiaones ''[17]'' y calenturas, y pasada la octava de nuestro Señor San Xerónimo, caió en la cama con dolor de costado, y echaba sangre por la boca, y aborreciendo todo consejo de médicos, atreviosse a tomar çinco píldoras y sintiose puesta en [fol. 208r] la hora de la muerte. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y en aquellos días pareció arrincársele el ánima, y púsose sobre la llaga del corazón e apareciose la mano de San Miguel que se la tenía allí apretada. Y ella estava mui desfallecida porque avía muchos días que no comía y avía tenido muchas cámaras de sangre, y la mano del ángel que tenía encima del coraçón le dio esfuerço para hablar y confessar y recebir los santos sacramentos, y rogó a la hermana mayor enviase por mí para que la pudiese remediar y dar los sacramentos. Esto fue un sábado, en el qual, pensando ella cómo yo le avía de ir a dar los sacramentos, que deseava ella mucho ya ser salida de aquesta vida y del tormento de la carne, y con mucho ahínco encomendava al Señor de la casa de la Sisla y de doña María Garçía, y vio en visión a un religioso de la dicha casa, que iba a decir misa en el dicho monesterio. Y cuando llegó a las palabras de la sacra diçe que vio en aquel traspasamiento que tenía cómo Nuestra Señora dava a aquel relixioso con mucha alegría el niño que tenía en los braços, y vio cómo el sacerdote lo partió en tres partes, y era el Santo Niño vivo y alegre en cada parte, y de ambos braços le sustentavan los ángeles con mucho resplandor en el altar, y veía a Santa Caterina y a Santa Bárbara que le dezían: «Mañana, lunes, a las nueve horas recibirás el Señor en este resplandor que aquí ves y serás sana». &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y ansí fue, y como yo la fuese a confesar [fol. 208v] fui della mui rogado que no me partiesse de la cibdad hasta otro día, porque si el Señor la llevase fuesse presente a su muerte e que si aquella noche no muriese del todo quedaría sana. Lo qual todo ansí fue hecho, y como recibiesse de mi mano la santa comunión y me bolviese con el santo sacramento para se lo dar, vio en mis braços y en mis pies un mui gran resplandor; y, como una niña de quatro años que apenas pudié hablar, estaba allí con su madre, vio con sus ojos aquel resplandor, lo qual dixo a su madre, con mui gran ahínco, cómo viera en mis manos y en mí y en la santa muger mui gran resplandor, ansí como el sol que está en el cielo. Lo qual, como su madre viesse, lloró muchas lágrimas con devotión y no fue mui gran maravilla que la inocencia de tan tierna hedad viesse con ojos corporales, los que nosotros pecadores así ver ni comprehender podemos, lo qual dixo la niña muchas vezes todo lo que viera.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y como recibió el cuerpo del Señor con grandes lloros, luego fue robada en espíritu y perdió todo el sentido, y estuvo nueve horas sin ningún sentido. Y como fuesse despertada como por fuerça y abriese los ojos, empezó aquel verso: «Benedic anima mea domino», y todos los dolores y enfermedades que antes tenía, de todos se halló sana y libre, así de dentro como de fuera, pesándole mucho, porque tornaba a esta vida. Y como io la importunase que tomase algún mantenimiento para dar vida a la vida humana, ella me respondió que no avía voluntad de tomar ningún manjar, [fol. 209r] porque por el espacio de quarenta días desde que recibía el santíssimo sacramento, con la suavidad y dulçor que sentía, vivía sin manjar humano. Y más me certificó, que vio un sacerdote que avía dicho missa en su capilla, y quando salió del vestuario para el altar, le ponía Nuestra Señora, la Virgen María, encima de su cabeza muchas guirnaldas de flores y de rosas y clavelinas, de lo qual ella recibió gran consolación.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Capítulo 24'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''De cómo con su mano sanó una herida de la qual corría mucha sangre'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Estando una de las hermanas de la casa puniendo una sarga en una pared, subió en una escalera a poner un clabo con un medio ladrillo para lo hincar, y calló el ladrillo y dio a una de las hermanas en la cabeza, que estaba cabe de la escalera, el qual se hizo tan gran golpe y llaga que la corrió mucha sangre. Lo qual, como esta sierba de Dios lo viesse, fuese para ella y puso su mano derecha encima de la llaga diciendo tres vezes el nombre de  Jesús, y hinchósele la mano y dedos de sangre y cessó de correr y no salió más y juntósele quero con cuero sin otra medicina.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Capítulo 25'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''De cómo sanó a su madre de una gran enfermedad'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En el lugar de Axofrín, como un hermano de esta sierba de Dios corriese un cavallo, caió el caballo con él y ansí el cavallo como el caballero quedaron [fol. 209v] mui atormentados de la caída, y tanto fue, según él me dixo, que la silla se hizo pedazos. Y el dicho su hermano uvo gran pasión en los ojos, y como su madre estuviese mui triste por la muerte de otro su hijo, que poco avía que era muerto, y supiese lo que había acaecido, al segundo doblole el dolor y tan grande fue que se le torcieron los ojos y boca en gran grado. Y como dende algunos días, esta sierva de Dios supiese lo que a su madre avía acaecido, uvo de ello mucho pesar y fuese para el altar de Nuestra Señora, lo qual mandó hacer la dicha su madre, y suplicole con muchas lágrimas por la salud de su madre. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
E inspirada divinalmente, respondió a quien le traxo estas nuebas que el domingo siguiente sería sana por la virtud divinal. Y ansí fue hecho.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Capítulo 26'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''De la claridad divinal que le fue mostrada en el mes de noviembre, año ochenta y çinco'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Como estuviese esta santa muger de contino mui fatigada de muchas y mui continuas enfermedades, acostada en su cama, fue forçada y robada en espíritu el día de Santa Cecilia. Como contemplase en aquel tan gran milagro que Nuestro Señor hizo a Santa Çeçilia, que les truxo dos coronas, una a ella y otra a Valeriano, el santo ángel del Çielo,  y como estuviera hablando con ellos, levantose esta santa muger ençima de la cama y pusose a horar con devotión  [fol. 210r] a una imagen de Nuestra Señora que está frontero en la pared, y como con atención hiziese oratión, las manos levantadas súbitamente, vio una gran claridad en la imagen a quien orava, en sí misma i en las manos que tenía alçadas. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y como estuviese algún espacio ansí, transpúsose y estuvo ansí hasta que vinieron algunas hermanas que la hallaron, y disimuló con ellas, que a ninguna lo dixo hasta que conmigo habló con deseo mui grande de que ninguno lo supiese.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Capítulo 27'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''De las cosas que vido y le fueron mostradas la vigilia de la Santa Natividad de Nuestro Señor'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Después de lo susodicho, açercose la fiesta del Nacimiento del Señor y ella, estando acostada en su cama y mui afligida y con grandes dolores en el cuerpo, según sus pocas fuerzas pensó de se aparejar para recibir el Santísimo Sacramento. Y el jueves de la fiesta vínose tan gran dolor al celebro y tan grandes golpes de coraçón que según me dixo parecía ''[18]'' que se le salía el ánima del cuerpo. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y aquel día y el viernes siguiente no comió sino unas pocas de pasas, y el sábado reconciliose para comulgar. Y este día vio la imagen de Nuestra Señora, que está en el altar, por tres veces sudar gotas de agua y fue llena de maravilla, y llegose a la imagen y limpió el sudor, y con ello labó su rostro. Y como fuese a comulgar y la comulgase el capellán maior de la santa iglesia, como se volviese con el santo sacramento para se lo dar y ella no pu- [fol. 210v] -diese tener los llatidos ''[sic]'' del corazón, dio un gran resuello y vio levantadas en la patena las formas, y aparecieron luego tres ángeles visiblemente que pusieron las formas que no volaron fuera, que cierto caerían en el suelo si por ellos no fuera, y lo mexor que pudo recibió en santo sacramento con mui gran divinidad, como otras vezes. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y ansí se fue a la cama con su fatiga y dolores mezclados con gran suavidad de la dulcedumbre del Señor y suavidad de las cosas celestiales que avía visto y gustado. Y ansí estuvo hasta las diez de la noche.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Capítulo 28'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''De los secretos celestiales que visiblemente le fueron mostrados en la santa noche de Navidad'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Como tañesen a maitines en todas las iglesias, no se pudo sufrir a quedar en la cama y, cobradas nuevas fuerzas, enferma y flaca, con el çelo de tal fiesta del nascimiento del Salvador levantose mui alegre de la cama y fuese para el coro, a do se avía de hazer el ofiçio, y contemplando en el glorioso nascimiento de Nuestro Salvador, estuvo mui atenta para conoçer la medianoche, porque avía oído que en aquella hora avía nacido el Redentor. Y el altar de Nuestra Señora, a donde está su imagen de bulto, estaba mui compuesto de çirios y candelas, y una cama mui adereçada con mui ricos paños y almohadas, y un niño mui chicito de vulto mui conpuesto. Y estava en una cuna delante de la dicha Señora, y como fue la medianoche y esta sierva de Dios estuviesse de rodillas, con lágrimas y gemidos sin quento, [fol. 211r] vio con los ojos corporales decendir mui gran resplandor delante del altar, y alderedor d’él vio a Nuestro Señor vivo y en carne, la más vella criatura que en el mundo fue vista, y con gran resplandor, que excedía a la lunbre del sol; y vinieron tantos ángeles a lo adorar y servir y a le dar cantos de gloria mui suave, que decir no se puede ni escribir. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En la qual adoración pasó más de media hora y luego vio con sus ojos cómo los pastores, ençendidos de amor, le vinieron a adorar y estuvieron ansí mui gran espacio. Y estos partidos, vio venir los tres reies magos con muchas y diversas conpañas e instrumentos y traían muchas tronpas que deçir no se puede. Y venían con ellos tres soles mui resplandecientes y, llegando al altar todos tres, se hizo uno, y con gran acatamiento y reverençia, con sus dones en las manos, llegáronselos a ofrecer y a adoralle, el qual dicho niño era ya maior que cuando lo vido la primera vez. Vio cómo la imagen de Nuestra Señora, que estava en el dicho altar, se rio tres vezes contra el Niño.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y hecha la adoración, con gran reverençia y acatamiento, amonestados por un ángel, se bolvieron por otro camino a su tierra. Y estos partidos, vio cómo Herodes mandava buscar al niño para lo matar, y luego vio cómo Nuestra Señora, con el infante en brazos y el santo Joseph, se ivan huyendo a Exito. Y luego tras esto, vio cómo la gente de Herodes andava matando los inocentes y cómo las madres los escondían en quebas acallándoles [fol. 211v] y dándoles de mamar por que callasen; y los niños daban tan grandes gritos que parecía llamavan a los enemigos que los fuesen a sacar y matar, a los quales matavan de diversas muertes y mui cruelmente. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y duraron estas maravillas y secretos celestiales en los ojos de aquesta sierva de Dios desde las doze de medianoche hasta las tres horas siguientes, de la qual visión ella quedó tan espantada y fatigada, y tan consolada en el coraçón, con gemidos y suspiros continuos que deçir no se puede, y apretávase mucho consigo, por que ninguna hermana supiesse, salvo la hermana maior, que estava con ella y la consolava quanto podía y le deçíe que no se afligiesse tanto.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y ansí no nunca lo supo ninguna de las hermanas, y ansí es su voluntad que ninguna lo sepa. Y muchas vezes me dixo que quería más la muerte que esto fuesse sabido.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Capítulo 29'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''De lo que vio en la missa del gallo este mismo día'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Como estas cosas fuesen acabadas, vino el capellán maior de la santa iglesia con deseo de hazer al Señor serviçio y dar consolaçión a aquellas siervas de Dios que esperaban su venida, el qual avía reconciliado muchas hermanas y las comulgó en esta santa misa. Y traxo consigo cantores que se oficiassen la misa, y como saliesse revestido al altar, luego aquella sierva de Dios vio claramente dos hachas de fuego de resplandor ençima del altar, y de cada una de ellas salían çinco raios que iban derechos a do estaba esta sierva de Dios [fol. 212r] hincada de rodillas, y no le impedían nada para ver las cosas que se hazían en el altar. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y como celebrase la misa con gran solenidad y los santos se empezasen, vio esta sierva de Dios tanta multidud de ángeles que descendían al altar que cubrían al sacerdote desde los pies hasta la cabeza, y subían y descendían con gran gozo y alegría. Y quando uvo de alçar al Señor, los ángeles le levantavan los brazos y le aiudavan a decir el Pater Noster, y al tiempo que se dezíe esta sierva de Dios fue mui fatigada y dio consigo de brazos en el suelo. Y duró en aquel gozo, mezclado con muchas lágrimas, hasta las doze de mediodía, de manera que estuvo catorze horas, después de las diez que tañeron a maitines, de rodillas, que de allí no se movió en tan clara y maravillosa visión para glorificar y ensalçar el nombre del Señor y acrecientamiento de nuestra fe, que nunca oí ni leí que con los ojos corporales ninguna persona tales cosas viesse y le fuesen demostradas, en lo qual es mucho Nuestro Señor de loar y glorificar en las sus grandes maravillas, las quales haze y hizo a do quiere y como quiere.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y pasadas las doze horas después de mediodía, mui fatigada, algunas hermanas ansí la llevaron a su cama, y a la tarde, por satisfacer a los ruegos que le fueron hechos, comió un poco de carne de membrillo. Y ansí estuvo lunes y martes hasta el miércoles, que comió un güebo, en lo qual parece que la fuerça del manjar celestial le dava vida contra natura; [fol. 212v] y para dezir estas cosas se hizo mui gran fuerza porque le avía yo mandado por obediençia que a ninguno las dixese salvo a mí, que ninguna cosa me encubría de las que el Señor le mostraba, y rogome con grande ahínco que ninguna persona del mundo de mí lo supiese, deseando mucho la muerte y verse ya fuera de la vida.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Capítulo 30'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''De las cosas que esta santa virgen vio con sus ojos çinco días antes de la Natividad'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Como toda la gente estuviesse afligida por la hambre, que no avía harina ninguna por la muchedumbre de las aguas que los ríos traían, esta virgen, según me dixo, fue mui afligida y estuvo una noche que no durmió. Y estando todas durmiendo se levantó, que ninguna lo sintió, y subiose a un terrado desde donde se parecía el río, y estando el cielo estrellado bendixo el río, y después metiose en un retraimiento, que es un lugar mui espantado, en el qual ay unas imágenes del tiempo antiguo, y púsose a horar a la medianoche en aquella oscuridad, en manera de cruz de braços en el suelo, y estuvo ansí mui gran rato, haciendo de sí gran sacrifiçio al Señor de mui atenta oraçión, con lágrimas rogando a la Madre de Dios que amansase su ira. Y sintiose esta sierva de Dios estar en el aire levantada de la tierra. Y a cabo de rato vio venir un poco claridad, con la qual vio [fol. 213r] todas las imágenes que estavan pintadas mui claramente. Y como oviesse gran pavor, ofreció al Señor muchas plegarias, y como estuviesse en aquesta pena, súbitamente vio otro mui gran resplandor que resplandecía sobremanera, y apareciose Nuestra Señora descabellada de sus cabellos, con ojos mui llorosos y mui triste, y le dixo: «Sepas que todas las aguas que son venidas por tan largos días avían de caer en tres días y la maior parte dellas sobre esta cibdad, en que muchas gentes perecierán por los sus grandes pecados que en ella se cometen cada día y Dios es mui ofendido dello. Y por las plegarias que as hecho por este pueblo, al Señor y a mí me as rogado que por la gran piedad y dementia que ubo en enbiar su hijo Nuestro Redentor a nos redimir y salvar, quisiesse aún piedad de todos y yo supliqué al Señor que tu petición fuese oída y Él la oió y su ira se aplacó, y io, por piedad que tengo al pueblo cristiano, vengo a ti qual ves». &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y como la dicha virgen estuviesse con los ojos abiertos y manos alzadas, y coraçón muy espantoso d'él gozo, y estuvio, apareció la vissión y ella caió de bucos en el suelo, y ciertas horas estuvo sin sentido y amortiguada y devantose mui esforçada del cuerpo y del ánima de tan espantosa visión. Y de tan gran admiración quedó mui consolada y ninguna de las hermanas lo sintió.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Capítulo 31'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''De cómo fue mostrada una gran señal del Çielo en esto'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[Fol. 213v] La fama desta santa mujer, como ella quisiese que fuese tan oculta, no se pudo enpero que algunas personas devotas no uviesen de saber la fama de su santa vivienda, una de las quales fue el señor obispo de Badaxoz que a la saçón era deán de Toledo. El qual con ella habló muchas veces y fue testigo de la llaga en el costado; el qual le rogó que rogase al Señor por una discordia que avía en la corte, a do estaban los señores reies y el cardenal de España. La qual, obedeciendo lo mandado, se echó en oratión con gran ahínco y voluntad.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y en las otavas de la pascua florida, que fue en el mes de marzo de ochenta y seis, ella se levantó de mañana y se subió en un terrado en la casa a do morava Doña Mari Garçía, e rompiendo el alva se puso allí en oratión y vio unas nuves mui coloradas que corrían por el cielo hazia Oriente, y antes que el sol saliese vio un gran resplandor en el cielo a do el sol avía de naçer. Y salió el sol, i ella le miró con ojos claros e sin enpacho de la claridad, lo qual es contra natura humana, que hombre ninguno no puede ver. Y dentro en el sol, vio un grande agujero que entrava al cielo, del qual salían grandes raios de claridad hazia muchas partes, y dentro del aguxero vio con ojos claros una cruz de oro mui resplandeciente, la qual cruz y raios estuvieron en el sol desde que salió hasta que hizieron clamores para tañer a terçio y luego desaparecieron; i vio en el aire, no mui lexos de sí, una persona que se pareció como la luna que peleava con otras [fol. 214r] y otros con ella, y pasándose algún rato volviéronse las espaldas el uno a otro. Y como viese una de las hermanas, quitose luego de allí y no pudo más conocer la dicha vissión. La qual dicha sierva de Dios tiene miedo de hablar, y me certificó que mirando muchas veces una Verónica, que está en el altar, vio salir raios de claridad y continuamente ve un resplandor a do está el corpus cristi, y muchas vezes ve visiblemente el santo sacramento no le estorbando las plantas ni las otras cosas en que está encerrado y enbuelto. Y una vez, alçando el sacerdote el sacramento, vio un dedo de carne puesto en la ostia, y otra vez vio en el sacramento un escudo blanco con las çinco plagas de Nuestro Señor, de lo qual tuvo miedo y gran temor. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y en esto parece ser mui grande la virtud del Señor y la pureza de su ánima, que con los ojos corporales pueda ver cosas tan palpables y celestiales para honra y gloria de su santo nonbre.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Capítulo 32'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''De las cosas que esta virgen vio y le fueron mostradas en el santo sacramento'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Jueves, día de la octava de la Ascensión del Señor del sobredicho año. Como no uviese quién díxole missa aquel día en la casa, ella fuese al oratorio, y como estuviesse orando con atençión, vio con ojos claros el santo sacramento, que estava encerrado dentro del arca, levantado dentro del arca con gran [fol. 214v] resplandor, la qual lo adoró con mui gran gozo, y estuvo reçando allí por algún espacio de tiempo, y esto le á acaecido otras vezes quando no avíe misa, lo qual le puso mui grande espanto y transes ''[19]''. Y luego, el día de San Juan ''[20]'' como el capellán díxole misa mayor y uviese[n] de comulgar muchas hermanas, y como se volviese con el sacramento para dárselo, vio en la manga del dicho saçerdote media ostia de las que comulgavan, y resplandecía como una estrella, de lo qual fue mui maravillada. Y como comulgasen las dos primeras hermanas, desapareció la estrella y el resplandor que pareçiera en la manga. Y luego le caió gran sospecha de lo que fue, y pensó que se le avía caído al saçerdote, y como se quitasen las que comulgavan, ella, con aviso, fuese a poner en aquel lugar a do desapareçiera la visión. Y como hincase las rodillas, vio estar en la grada del altar la dicha partícula del sacramento tan resplandeciente como una estrella, y estando el saçerdote vuelto al altar, y como se volbiese otra vez con el sacramento a comulgar a las segundas y llegase a ella para dalle el sacramento, ella le hizo señal para que se apartase y él, no lo entendiendo, pisó el sacramento y ella tornole a hazer señal con la mano más reciamente, y como él mirase abaxo y viese la parte de la ostia, abaxose y tomola con reverentia y desque esto vio esta santa muger fue tan atribulada y angustiada [fol. 215r] del coraçón que por algunos días no se levantó ni quería hablar ni comer.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y en aquel día de la comunión envió a rogar a la hermana maior que no quitase aquella alhonbra do caiera el sacramento. Y estando las hermanas recogidas, ella se levantó como pudo y fue a las gradas de dicho altar, y en aquel lugar do ella comulgara vio dos reliquias que se avían quebrado de la dicha partícula, resplandeçiendo así como estrellas, de lo qual uvo mui gran pavor, y derramando muchas lágrimas y suspiros, fue tan grande la angustia que pasó en su coraçón, por no saber qué hazerse y por no ser descubierta, que no tuvo más remedio sino, con la maior devotión que ella pudo, abaxarse y tomarlas con la lengua. Y ansí las comulgó y sintió tan grande dulçor y suavidad que no se puede decir ni escrevir. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y ençendida con el amor y çelo del Señor subió al altar y desenbolvió los corporales y lixula ''[21]'' y palia por ver si podría hallar la partícula que el saçerdote alçó del suelo, y no la pudiendo hallar tornó a coger los corporales y tornose mui triste y desconsolada. Y echada en su cama, su consolación era gemir y llorar con grandes llatidos que el coraçón le dava, sintiendo mui gran dolor en él y en el lugar adonde se le abrió la llaga. Fue tan grande le dolor que se le hinchó la carne y el pecho hasta la garganta.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y ansí estuvo algunos días, mui desconsolada, no pudiendo dormir, ni quería que le hablasen, lo qual ninguna de la casa lo supo, ni la hermana mayor, [fol. 215v] salvo que la casa penava con su pena. Y duró esto hasta que yo estuve con ella, y con grandes gemidos y miedo me lo dixo, y tomó algunas fuerças para comer deseando con gran ahínco ser fuera de aquesta vida.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Capítulo 33'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''De cómo apareció a esta santa mujer el ánima de su capellán finado y de las cosas que le dixo'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El día de San Francisco, año de ochenta y seis, esta santa muger sentía cabe sí un bulto y sonbra que estava adonde ella estava, y con el gran miedo que tuvo conjurolo que ni hablase ni la viesse. Y a la postrera noche sintiole a par de la cama, y ella no durmió con el miedo que tenía, y dos horas después de la medianoche, estando sin ningún sueño, abraçada con un libro que tenía de devotiones y con el gran pavor que tenía, estava puesta hazia la pared y el espíritu llegó a ella y meneola como quien quiere despertar a quien duerme, y ella con el temor que tenía no lo quería hablar, y haziéndole señales con gemidos. Esto por dos vezes duró hasta las quatro después de la medianoche, y entonçes ella volviose del otro lado para se levantar e ir a su capilla a orar, y luego el espíritu le habló y dixo ansí: «Esforçaos y no os vais de aquí, que también se sirve de vos Dios aquí. Y por la caridad del Señor vos plega de me oír, porque seis noches ha que ando aquí penando y por sentiros con tan grandes fallecimientos; y por [fol. 216r] daros fatiga demándoos mucho perdón de muchos enojos que vos é hecho y de una carta que vos escribí, la qual fue causa de daros mui grande trabaxo y turbaçión. Y por muchas buenas amonestaçiones y consejos que me distes acerça del buen regimiento que yo debía tener en la gobernación de aquesta casa, los quales dichos consejos con gran osadía y menospreçio no creía y menospreciava, no temiendo que érades sierva de Dios y de su manos. Y muchas veces os demandé con gran sobervia que demandásedes señales a Dios del Cielo, y puso el Señor en mis manos lo que no eran mis ojos dignos de ver, y por esto vos digo que os esforcéys mucho y que lo que os fue mandado que manifestásedes al señor cardenal no lo dexéis por ninguna pena temporal ni por no ser vista ni conocida, y si esto no cumplís antes de un año seréis azotada del Señor mui gravemente; y por que no penséis que soi vissión engañosa ni fantasma, yo soi vuestro padre cura y capellán desta casa, que poco á que falleçí, y vos digo que digáis al prior de la Sisla y a la hermana maior desta casa que por la caridad del Señor me perdonen en qualquiera manera que los aia enojado, y otrosí me quieran perdonar sis mil maravedís que doi en cargo a esta casa de un libro que vendí, lo qual todo demando en limosna me lo quieran perdonar y todo lo otro que les tengo a cargo. Y yo vos ruego, por la caridad de Dios, que me hagáis decir [fol. 216v] cinquenta misas por que el Señor me saque de pena».&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y esto dicho, desapareció, y la dicha sierva de Dios, quitada la habla, quedó amorteçida por espaçio de quatro horas, y lo primero que le dixo este espíritu fue esto: «Y vos roga a Dios por mí». Y desde a pocos días viniendo de oír missa del coro, sintió que uno la travava del braço mui recio y le puso la otra mano en la espalda, como persona que la quería aiudar, y ella dexose caer diciendo tres veces Jhesús, y sintió el cuerpo mui desconcertado y ansí la llevaron luego a la cama, y hizo luego dezir las misas e no sintió más entonces.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Me dixo esta santa muger lo que arriba es escrito, que muchas vezes cuando ora al altar, ve visiblemente el sacramento como si no tuviose cobertura alguna, y siente muchas vezes gran dulçor por grande espaçio de rosas y lilios y flores, que decir no se puede, lo que la recibe gran fuerça y consolación, ansí spiritual como corporal. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Capítulo 34'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''De la claridad que vio dos vezes en la iglesia maior día de Santa Caterina'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El año de ochenta y seis, estando esta bendita virgen en el oratorio rezando sus orationes en la noche de la fiesta de Santa Caterina, en la qual tiene mui grande amor, y como con atención estuviesse de rodillas delante de la su imagen y la capilla estuviose oscura, súvitamente apareció gran claridad y alunbró a la virgen Caterina [fol. 217r] y al Niño Jesucristo, que estaba pintado cómo ponía el anillo de su dedo a la virgen Santa Caterina, de lo qual esta santa virgen fue llena de grande gozo; la qual claridad estuvo allí por algún espaçio y luego tornose a escurezer como estava de antes. Y la noche siguiente, como se levantasse después de maitines a orar en el coro, halló la lánpara muerta y no sabiendo qué hazerse, fue a llamar a una de las hermanas que estava acostada y díxole que la fuese a ençender. Y tornose al coro como de primero y estando la iglesia mui escura, súpitamente vio una centella de fuego que salía del arca del corpus cristi, y fue encendida la lámpara con tan gran claridad que resplandeçió toda la capilla, y como vino la hermana que de ella fue llamada y viesse tan gran claridad, fue mui espantada y comenzó a decir: «Milagro es este y no se puede encubrir». Y ansí quedó esta santa virgen en el oratorio llena de mucha consolaçión.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Capítulo 35'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''De lo que acaeció en la imagen del Niño Jesús'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Como otro día adelante estuviose rezando en el oratorio y tuviese consigo dos libros en donde tenía sus orationes, demandó a una hermana que le truxese la imagen del Niño Jhesús, que estava en el altar de Nuestra Señora, el qual estava vestido de una ropilla que le abían hecho hasta los pies. Y como el dicho Niño le fuese entregado, tomolo con devotión y púsolo de pie encima [fol. 217v] de un libro. Y como por algún espaçio con alegría y devotión le hiziese oratión con artas lágrimas, alçó la ropilla por besalle los pies, y vio como uno de los pies se bullía y meneava como si estuviera en carne, y alçóse un poco el pie para que se le pudiese besar. Y como le besase con devotión quedose el pie levantado y no se baxó jamás. Y como pusiese el pie del Niño en una gran hinchazón que tenía en el ojo, luego fue abierta, la qual cosa luego fue divulgada en la casa, y el niño quedose con el pie levantado. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Capítulo 36'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''De cómo fue robada en espíritu y vio un ánima cómo fue llevada a juicio'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En la santa iglesia de Toledo uvo un canónigo honrado y discreto y barón de mui noble condición, y de todos mui amado y querido y limosnero, que quanto tenía gastava en casar uérfanas con deseo de hazer tesoro en el Cielo, adonde son las verdaderas riquezas. El qual se llamava Don Diego de Villaminaia, que era capellán maior de la iglesia maior, y como Nuestro Señor le quisiese galardonar de sus trabaxos, en fin del mes de março, año de ochenta y siete, enfermó de calenturas y a los treinta días del dicho mes fallesçió, en quio fallescimiento casi toda la cristiandad uvo sentimiento, del qual cupo gran parte a la casa de Doña [[María García]], por las grandes limosnas y bienes que les hazía, ansí corporales como espirituales, y era tenido como padre de toda la casa. [fol. 218r] Y todas las hermanas estaban en el coro, con ellas María de Axofrín, y como doblasen las canpanas en su fasllecimiento, luego la dicha María de Axofrín fue robada en espíritu y vio cómo San Juan Batista y nuestro padre San Xerónimo y Santa Caterina llevaban el ánima del dicho capellán maior a juicio delante de la Magestad divinal, en un gran canpo mui deleitoso, en el qual estaban muchas ánimas loando al Señor. Y fue acusada delante del Señor cómo tenía cargo de un finado, el qual le avía dexado por albaçea de su testamento y no lo avía hecho hazer cumplir, y como quiera que el capellán maior en su testamento dexó mandado que se cumpliese aquel cargo, mas como Nuestro Señor sea justiciero, mandó que el ánima del dicho capellán estuviese detenida en aquel lugar y no entrase en la gloria del Çielo hasta que fuese satisfecha la demanda del dicho defunto.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y como la dicha María de Axofrín vio esto, quedó fuera de sí con mui gran pena mezclada con grande alegría de lo que viera, que aunque su ánima no estava en la gloria çelestial, estava enpero en un lugar seguro. Y caió luego en la cama con mui grande amortecimiento, que muchas vezes pensaron que se muriera. Y ninguna de la casa supo esto sino io.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Capítulo 37'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''De cómo Nuestro Señor mostró a esta santa mujer el principal de los testigos a quien le plaza que sea revelado lo que avía visto'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Un día del Corpus Cristi, recibiendo esta santa mujer al Señor, fue puesta en aquel traspasamiento que solía [fol. 218v], y, pareciole estar en la iglesia maior y veía en la proçessión de la clereçía al Señor en unas andas vibo, con muchedumbre de ángeles y muchos santos que cantavan cantos mui dulces al Señor. Y el Señor señaló a uno y nonbrole por su nonbre y díxole estas palabras: «A este le señalo para que manifiestes todo lo que te mandé». Y luego el día de Nuestra Señora de agosto, recibiendo el Señor esta devota mujer, fue puesta en traspasamineto y pareciose que estava en la dicha yglesia, y vio a Nuestra Señora viva, y en toda la iglesia cantavan ''O gloriosa domina''. Y este sobredicho prelado estava hincado de rodillas, y la gloriosa Señora le ponía una corona de oro en la cabeza y un báculo de oro en la mano y decíanle estas palabras: «Por la limpieza de tu vida a mí eres mui agradable para que seas pastor mui escogido y io seré sienpre contigo».&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Capítulo 38'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''De cómo por sus orationes sanó a la hermana maior del mal del costado'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Tres días antes de la fiesta de San Lorenço, estando enferma la hermana maior de dolor de costado, desahuziada de los físicos, con el sarrillo levantado que se finava esta santa mujer, de que la vio en la agonía de la muerte, fuese a la capilla a una hora de la noche y estuvo ante el altar de Nuestra Señora hasta las doze con muchas lágrimas, rogando mui afincadamente a Nuestra Señora que no quedase ella güérfana [fol. 219r] de tan gran bien, y que se la quisiese dar sana y viba. Y desde a poco viole sudar el rostro y pensando que se le antojava, atreviose a llegar a su rostro, y a limpiarlo con su toca tres veces el sudor, y lavose los ojos y la cara con ello, y de placer que uvo tornole a mandar la salud de su hermana y oió una boz que dixo: «Otorgada es la vida para consolaçión y remedio tuio». Y luego fue puesta en transpasamiento por dos horas y vio a San Lorenço como mozuelo de quinze años, vestido con vestiduras resplandecientes, y llevava en la mano una buxta de oro y poníasela en la cabeza y en el costado a la enferma, y santiguávala con su mano.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y desque tornó esta santa mujer de aquel transportamiento, con mucho placer fuela a ver y hallola durmiendo, de reposo. Y desque despertó sintió grande alivio de la enfermedad.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Capítulo 39'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''De cómo por sus orationes fue librado un hermano suio de las prisiones en que estava'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Estando en prisiones un hermano de esta santa mujer, orava ella a Nuestra Señora en su altar con grande ahínco. Y apareciole al preso la imagen de Nuestra Señora y sacole los hierros de los pies y díxole que por el ahínco y la fe desta santa mujer, y de otras que por él en aquella casa rogaban, sería libre de aquella prisión. Y entonces durmiose [fol. 219v] y veníanse delante de aquella imagen y esta su hermana y otras tres hermanas haciendo oratión por él y, como Nuestra Señora, presentava al niño velas y flores y una candela encendida. Y esto era sábado otavario de la Asumptión de Nuestra Señora, y él hallose libre de las prisiones y de grande hichazón que tenía en los pies de los hierros. Y luego otro día, vínose a la casa adonde estava esta santa mujer a ver la imagen  y contar este miragro.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y aquella hora que él señaló se halló que ella y otras hermanas hazían oratión señalada por él, y de que vio la imagen, con muchas lágrimas prometió de traer cera que ardiese ante ella todos los sábados mientras viviese. Y acaeció que un sábado, mientras maitines, estaba la candela en un candelero y llegose esta santa mujer y otras al altar para dezir ''el antífona de benedita'', y salía del pie del candelero humo, como de incensario, y violo primero ella y dixo a las otras, y a la una le dio olor de encienso, y a la otra de flores, y a la otra un olor mui suave, y a otra, que estava en el sicoro, olor de pan tostado.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y dende a nueve años la víspera de Nuestra Señora de agosto, traiendo este su hermano çera para alunbrar la imagen, como avía prometido, plugo al Señor que en el camino súpitamente fallesçió. Y estando esta sierva de Dios mui angustiada de la muerte, rogó a Nuestra Señora que ella mostrase a algún saçerdote de los que dieron misa por él si estava en carrera de su salvatión.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y el día octavo en que fallesçió, a las dos horas después de medianoche, [fol. 220r] estando ''[22]'' esta santa con muchas lágrimas delante la imagen de Nuestra Señora rogándole que, pues ella le avía salvado de la prisión, que ella le plugiose demostrarle si estava en carrera de salvatión. Y vio el rostro de la imagen alegre, como de persona viba, y pareçía que quería hablar, y ella del gran gozo que tuvo enpezó a llorar y dos hermanas que lo sintieron llevánronla a la cama, y arrimada la cabeza a las almohadas, estando allí las hermanas con candelas ençendidas, sintió a sus espaldas un huego como de persona, y como estava hablando con ellas, no curava de mirar a aquel lugar donde aquello sentía. Y dende a poco uvo gran miedo y parávasele la lengua y sentía tan grande angustia que quería amortecer, y volvió la cabeza y vio un pedazo, tan grande como de una almohada, como de nuves quando haze nublado. Y allí dentro, el rostro de su hermano mui alegre y díxole que a la ora de la muerte se viera en gran peligro, mas que Nuestra Señora fue allí con él y dixo cosas señaladas que tenía de cargo e que estava en purgatorio.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Capítulo 40'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''De una visión que vido Jueves de la Cena en el arca del monumento'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Juebes de la cena, acabado de cenar, el Señor paresciole a esta santa mujer que sentía en el monumento una paloma que reboloteava. Después de tinieblas estando todas en la disciplina, y ella estava entre ellas puesta en cruz, porque estava enferma y avíanle man- [fol. 220v] dado por obediencia que no se diciplinase, y cantaba con ella el salmo de miserere mei con mucho plazer de verse entre aquellas sus hermanas, y vio salir de el arca del monumento ansí como estrella resplandeçiente que veía por encima dellas hasta adonde ella estava. Y tan cerca estava de la santa que paresçía que podía llegar a ella con la mano, y mirava ella con mucho plazer y devotión esto, y quando hizieron señal para que las disciplina çesase, tornose la estrella al monumento y metiose dentro en él.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Capítulo 41'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''De otra vissión que vio en el Viernes Santo'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El Viernes Santo siguiente, estando diçiendo la Pasión, fue puesta en traspasamiento hasta el sábado a la misa, en la ora que el viernes adoraban la cuz, y pareçióle que estava en un campo y veía al Señor cómo le descendía de la cruz, y de cada una de las manos, cuando le desclavaban, salía un resplandor mui claro, más que el sol, y de todas la heridas del cuerpo y de la llaga del costado, a manera de un baso de oro que estava lleno de agua y revertía en manera de caños y dava en las faldas de Nuestra Señora. Y veía cómo le ponían en el monumento y cómo Nuestra Señora se partía con San Juan y la Madalena y los otros que la acompañavan, y entravan en el cenáculo donde el Señor cenó con sus discípulos. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y después de esto, el día de Pascua, y otros días señalados, vio ese mesmo resplandor en la ostia, y en la víspera de Nuestra Señora de março, [fol. 221r] cuando tañían a vísperas, vio ençima del altar súpitamente el bulto de Nuestra Señora a un cabo y, del otro, el ángel de la custodia, donde estava el santo sacramento, y salía un gran resplandor que cubría todo el altar y sintieron muchos olores de rosas. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Capítulo 42'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''De otra vissión que vio en el Cielo el día que los reies se partieron para la guerra''' ''[23]''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Rogando esta sierva de Dios por sus altezas y por todos los que con ellos iban que fuesen sus intenciones en su serviçio y les diese victoria a las doze del día, vio en el Çielo una abertura que salían della muchas llamas de fuego. Y conoció en el espíritu que muchos de los que allí iban yban en pecado mortal y que con mucho trabaxo a[l]cançarían el real ''[24]''. Y ansí fue.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Capítulo 43'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''De cómo le apareçió la calavera'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En el mes de julio de ochenta y nueve, quando entró la pestilencia en Toledo, fue herida una de las hermanas que llamavan Sancha Díaz, sobrina del vicario de la Sisla. Estando mui fatigada, una de las hermanas, movida a compasión, rogó a esta santa mujer, que estava rezando en un libro, que rogase por la enferma. Y ella estuvo un poco, y súpitamente fue hecha en el libro donde estava rezando una calavera de muerto, y bolviose a las hermanas que la rogaban y díxoles: “No qures della, que vedes aquí [fol. 221v] que esta es su calavera”. La qual calavera estuvo allí algunos días hasta que la enferma fallesçió.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Capítulo 44'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''De cómo sanó un canónigo de Toledo de una grande enfermedad'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Un canónigo de Toledo estava enfermo y súpolo esta santa mujer, y movida a conpasión enbiósele secretamente una granada con una mujer devota de la casa, la qual el canónigo resçibió con mucha devotión y la comió, y en comiéndola, luego tuvo salud y se levantó y fue luego a dar graçias a la dicha casa de Doña Mari García.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Capítulo 45'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Esto que se sigue acaesçió en tiempo del padre Fray Diego de Santo Domingo, siendo prior de la Sisla'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En el año de 1488, después de Pascua de Resuretión, me dijo esta santa mujer que estando un día en su capilla orando, contemplando en la encarnación de Jesucristo y pensando cómo la umanidad era unida con la divinidad en una persona, vio visiblemente cómo vino una luz mui clara que encendió el çirio pascual, y le pareçía que su ánima rescibía mucha consolatión en esta visión, y que çesó de pensar en la sobredicha visión. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Ansímesmo ese mesmo año, después de la fiesta de Nuestro Señor, le acaeció que como quedase el corpus christi en el altar para que lo adorasen, como es de costumbre en muchas casas [fol. 222r] de nuestra orden, y ella, movida con gran devotión al santo sacramento, estando las hermanas comiendo, quedose orando en su capilla, y como sintiese que la buscavan para darla de comer, fuese al bistuario, que está cerca del altar, adonde acostumbran a bestirse los sacerdotes para celebrar, y comenzó a orar con gran fe y devotión. Y estando mui grande espaçio de tiempo casi absorta en este deseo y devotión, vidose alcada de tierra casi dos codos, y que salían de la ostia unos raios mui claros a manera de cordones y se ponían en los lugares que Nuestro Señor fue crucificado en el costado, y en las manos y en los pies.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y de allí en adelante se le fue acrecentando más y más de recebir al santo sacramento y tan crecido fue el deseo que deçía que se le quería salir el corazón del cuerpo. Y como yo estuviese en la examinación en los procesos de la Inquisitión de Toledo, rogome que la confesase y comulgase, porque no podía sufrir el dolor del corazón. Y io, movido a conpasión, dexé todos los negocios y fuila a confesar, y como se empeçase a confesar fue robada en espíritu, de manera que padescía el cuerpo sin el alma.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y este robamiento le acaeçió quatro o çinco vezes, y rogé a una hermana que llamase a la hermana maior para que viese cómo estava traspasada. Y como la dicha hermana maior viniese dijo: «Mandalde en virtud de santa obedientia que requerde y os hable, que luego lo hará». Y yo hize ansí, y díxome: «Perdoneos Dios padre». Y a la postrimera vez [fol. 222v] de su traspasamiento sentí como resollo que suele salir de los costados de hombres feridos con lanza, y recordela en la forma sobredicha y pregúntele si tenía el costado abierto como solía. Y después de muchas importunidades díxome que sí tenía y que la comulgase, que luego se le cerraría. Y hízelo ansí, y antes que la comulgase díjome que la maldición de Dios y de sus santos fuese sobre mí si en su vida yo descubriese lo susodicho.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y esta sierva de Dios comulgó antes de las nueve, y luego fue robada en espíritu y estuvo traspuesta hasta las seis después de mediodía, que cierto estuviera más si no le mandara por obedientia que recordase. Y recordando tenía tan gran gozo que paresçía que venía de algún lugar grande. Y como otro día deseose yo saber qué era lo que sentía en aquellos robamientos, sentía ella mui gran pena en que la inportunaba, que me lo dijese por el mérito de la santa obedientia, y díjome que cada vez que era robada que la llevavan a una güerta muy hermosa en que estava un altar, y allí veía a Nuestro Señor con muchedumbre de santos y ángeles y que allí conocía las maldades grandes que en el mundo se hazían y sabía grandes secretos de concientia, maiormente de los viçios y pecados que en la cibdad eran cometidos.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y estando con esta sierva de Dios, entre otras cosas que me dixo para mi consolación fue una que me dixo que estuviose fuerte en las batallas del Señor porque avía de pasar muchos trabajos [fol. 223r] por el su amor.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y dende a pocos días en la noche de la vigilia de los gloriosos apóstoles, San Pedro y San Pablo, sentime mui fatigado de manera que paresçía que quería reventar, y como fuese a decir missa a las dichas beatas, sentime luego mejor. Y dije misa, y víneme a comer, y como me asentase a la mesa, comiendo el primero bocado, diome dolor de costado en la parte derecha, y por no contristar a los güéspedes que estaban a la mesa sufrí el dolor hasta que acabaron, y luego tomé algún reparo para el dolor y fuime a la cama, y estando en ella acordome que esta sierva de Dios me avía dicho que avía de pasar muchos trabaxos. Y luego, a la ora me levanté con mucha pena diçiendo en mí mesmo: «Los buenos cavalleros no suelen morir en la cama». Y ansí, con mi dolor fuime con compañía onesta a donde estava la sierva de Dios, y ella començóme a consolar; y ella hízome la señal de la cruz en las espaldas, sobre el manto, y no lo viendo yo, la segunda vez, hizo otra señal de la cruz y comencé a juzgarla en mí mesmo y notarla de liviana, que nunca le avía visto hazer otro tanto, que apenas avía visto la boca, tanto andava de cubierta con su mantillo, y tornó otra tercera vez a hazer la señal de la cruz y díjome: «Sano sois, pero no en vuestra fe, porque vos no creístes que os avía de sanar y burlastes de mí en vuestro coraçón. Verdad es que yo no os sané, mas la virtud de la cruz obró en mi fe y no por la vuestra causa, que sois mui incrédulo, y no os pese dello porque creer de ligero es cosa mui peligrosa». &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[Fol. 223v] Y dichas estas cosas, sentí gran alivio del dolor del costado, salvo que me quedó en la espalda derecha por algunos pocos días el amortiguamiento de la carne en do estava el dolor. Y ansí fui sano por los méritos y orationes de esta santa. Y en este tiempo me dixo esta sierva de Dios que viniese a este monasterio y pusiesse recabdo en la casa porque andavan dos personas por cometer un pecado, y io hízelo ansí y puse guardas diligentes. Y dende a pocos días hallaron dos mozos que querían cometer el pecado de la manera y forma que ella me lo avía dicho. Y fueron despedidos de la casa, y cierto ella sabía mui grandes secretos de las conçiençias que sobrepujavan el juicio y poder humanal.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y en el mes de julio deste dicho año, después de Santiago, me dixo esta sierva de Dios algunos negotios de la Inquisitión, diciéndome que Nuestro Señor le avía aparecido de forma humanal, como cuando estava atado a la columna, y que le avía mostrado las espaldas cómo le corría la sangre y que le dijo: «Hija mía, mira quál me ponen los herejes cada día, y di esto al deán de Toledo y al prior de la Sisla, que están en la Inquisitión». Y ansí fue hecho, que estas más palabras, con otras muchas, dixo al dicho deán en mi presentia. Y en este dicho año me escrivió una carta en que me dijo que avía avido mucha conpasión de la fatiga que pasé en el camino cuando yba a la Inquisitión a tierra de Burgos, maiormente el martes que ella dijo. [Fol. 224r] Y ansí fue cierto que aquel martes que ella dixo, yo pasé los puertos llenos de nieve, y nevava y llovía mucho, y después desto me dijo que ella iba conmigo entonçes, aunque no la veía en medio de León e levé ''[25]'' adonde estava exsaminando los procesos de los herejes de Toledo. Otros muchos milagros à] hecho Dios Nuestro Señor por los merecimientos de esta sierva y io no é mereçido de los ver; quien los a visto da testimonio dellos.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Capítulo 46'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''De cómo vio una gran claridad en día de la Natividad de Nuestra Señora por setiembre'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Como un día este dicho religioso hablase con ella mui familiarmente, dijo ella por le consolar algo de lo que Nuestro Señor hazía por ella, y como estuviese mala y hinchada de la garganta en la cama, vino la fiesta de Nuestra Señora de setiembre y como viose que no podía comulgar con las hermanas que avían de comulgar, aquel día mesmo levantose de la cama para oír missa, y otro día estava con mucho dolor en su coraçón. Y como las hermanas se levantasen a maitines y lo viese ella, dixo con mucho dolor de su coraçón: «Señora Gloriosa Virgen María, Madre de Dios y de los que te llaman y an en ti esperança, yo no soi digna que esté en los tus maitines, ni menos que pueda oi comulgar con las hermanas». Y como dijese estas palabras, vio una claridad sobre ella y sanola del todo, y fuese con las hermanas a maitines y comulgó con ellas el día siguiente. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Capítulo 47'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[Fol. 224v] '''De cómo sanó a un enfermo de una enfermedad que se dize modorra'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En el año de Nuestro Señor de mil y quatrocientos y noventa en Jarahiz, lugar de la Vera de Plasentia, en el mes de noviembre, día de San Martín, vino una enfermedad a Francisco Díaz, natural de dicho lugar, de la qual enfermedad vino tanta flaqueza que recibió los sacramentos con estrema unción. Y puesto en tan estrecha necesidad y teniendo ya la candela encendida que se finava, yo Martínez Díaz, clérigo y capellán perpetuo de la iglesia de la Virgen María, siendo presente y sintiendo muchas angustias en el su fallesçer, porque era primo mío, a la saçón vino Juana Martínez, mujer de Antón Cervote que Dios perdone, y viéndome afligido díxome: «Conpadre, ya sabéis la enfermedad que yo tengo y tenía en esta mi pierna y este dicho año, quando vino aquí mi hijo Fray Gabriel, profeso de San Xerónimo de Madrid, que es dicho el Paso, y me informé d’él de una santa religiosa que falleció en Toledo, en el monasterio que fundó Doña Mari Garçía, y está sepultada en el monasterio que dicen de la Sisla y á mostrado el Señor por ella maravillosas cosas. Y como fue mui gran servidora de Dios y me prometiese con gran devotión y mui verdadera fe de ir a visitar su santo cuerpo y estuviese sin dubda que por sus santos méritos, abría salud —loores sean dados a Dios y a su Bendita Madre—, yo fui sana, prometeldo vos a esta santa y plaçerá a Dios de libralo». Y luego [fol. 225r] respondió: «Soi pecador para ello, mas confiando en la clementia de Nuestro Señor, y en la piedad de Nuestra Señora, la Virgen María, madre suia, yo le prometo, si escapare de esta enfermedad, de llevarle a ver y visitar el su santo cuerpo de la dicha santa, y llevarle una libra de cera para le ofrecer». El qual voto hecho —sean dadas gracias a Dios y a Nuestra Señora— luego fue mejorando y tuvo mucha salud.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El qual enfermo y io vinimos a visitar esta Santa María de Ajofrín con mucha salud y cunplimos nuestro voto. Y porque esto es verdad, yo el dicho Martín Díaz, clérigo, estoi presente oi sábado, a siete del mes de maio dentro del dicho monasterio, manifestando este tan gran milagro, alcançado por méritos de la bienaventurada María de Ajofrín. Y escrebí de mi mano todo lo sobredicho por más lo corroborar, y confirmé de mi nombre, oi sábado del sobredicho año de 1490, Martínez Díaz, clérigo capellán de dicho lugar ''[26]''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Capítulo 48'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''De las cosas que Nuestro Señor á demostrado por esta su sierva después que fallesçió, y muchas por negligentia no se han escrito, más las que se han escrito son las siguientes:'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''De cómo sanó a un enfermo por su orationes'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En la cibdad de Toledo estava un canónigo enfermo de calenturas y tan fatigado que le avían dado muchas purgas, y estando esperando el pasamiento de la vida enbiava a los monesterios a se encomendar y ia no avía remedio. Y estando ya oleado, envió a este [fol. 225v] monesterio de la Sisla a encomendarse a la bienaventurada virgen María de Ajofrín con mucha devotión. Y estando durmiendo de noche el dicho canónigo, avía de tomar a la mañana una purga, y apareciose la dicha María de Ajofrín, y despertando, sintiose aliviado. Viniéndole a dar la purga dijo que no la quería recebir, sino que le diesen de comer. Y luego se levantó y enbió a este monesterio para que colgasen a do estava enterrada la dicha María de Ajofrín una candela y una cabeza de cera, y después vino él, dado gratias a Dios, y dijo missa.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Capítulo 49'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''De cómo sanó a Don Alonso, hijo de la Condesa de Paredes'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En el mes de setiembre, año de mil y quatrocientos y ochenta y nueve, enfermó Don Alonso, canónigo, hijo de la Condesa de Paredes, de calenturas continuas y fiebre mui grande en la cabeza. Y estando ya oleado y muy propinquo a la muerte, envió a este Monesterio de la Sisla a se encomendar a esta bienaventurada virgen María de Ajofrín, y fuele llevada una almohada en que avía fallesçido la dicha virgen, y luego fue sano y vino a este monesterio y tuvo novenas, y ofreçió una imagen de cera y una casulla.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Capítulo 50'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''De cómo sanó una mula de un fraile de Guadalupe'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En este mesmo tiempo, dos frailes de Guadalupe yban camino y caió una mula y lisiose mui mal, [fol. 226r] en tal manera que no podía moverse, y encomendáronla a esta bienaventurada Santa María de Ajofrín. Y luego fue sana de todo punto y ellos con mucho placer hizieron hazer una imagen de çera y enbiaron a este monesterio.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Capítulo 51'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''De cómo sanó a un tollido'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
A nueve días del mes de setienbre año de 1499 años, vino a este monesterio un hombre que avía por nombre Juan de Pastrana y su mujer, y truxeron un niño, su hijo, que avía nonbre Nucho Sebastiano, los quales moran en Toledo. Y el niño avía grandes días que estava malo y tullido, y su padre avía gastado en físicos lo que tenía y no lo avían podido sanar; y encomendáronlo el padre y la madre a María de Ajofrín y velaron una noche en la iglesia y ubo salud a gloria de Nuestro Señor. Y fue dicha una missa.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Capítulo 52'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''De cómo sanó a una mujer que estava mala de un çaratán en la teta'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En este tiempo, una mujer que se llamava Juana de San Migel, beata de la tercera regla de San Francisco, moradora en Toledo, estava mui mala de un çaratán que tenía en una teta, y avían çinco años que se le curavan físicos y todos ellos no avían podido sanalle. Y ya desahuizada dellos, algunas personas le aconsejaban que por que no muriese le fuese cortada la teta con consejo de los médicos. Y con esto tenía calenturas con- [fol. 226v] -tinuas seis meses avía y ella viéndose en esta angustia, oída la fama desta santa mujer, fue a visitar su cuerpo al Monesterio de la Sisla y, entrando do estava enterrada, sintió un olor celestial que salía de la sepultura, y ella con mucha devotión y lágrimas echóse sobre la sepultura rogándole la quisiere aiudar, y por su ruego sanar. Y luego fue sobre ella la mano de Dios y fue sana.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Capítulo 53'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''De cómo sanó a una niña que tenía tiña'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Esta sobredicha beata tenía una niña enferma de tiña y encomendola con devotión a la dicha María de Ajofrín. Y luego fue sana por los sus ruegos. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Capítulo 54'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''De cómo sanó a una mujer que estava enferma de los pechos'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
A dicho monesterio vino una mujer a bisitar el cuerpo de María de Ajofrín y hazer oratión a él, la qual mujer se llamava Marina Álvarez, y dijo que ella estava enferma de los pechos de tal manera que ya estava oleada y los físicos le avían dado dos captiverios de fuego y estava mui fatigada. Y fuela a visitar García Sánchez de Pastrana y le dijo que se encomendase a María de Ajofrín, el qual le llevó su Vida y se la leió, y ella con mucha devotión fue a la casa de Doña Mari Garçía y allí le fueron puestos sobre los pechos unos paños que fueron de la sobredicha virgen, y luego reventó la inchazón y fue sana de la dicha enfermedad sin ninguna física, ni menos mediçina.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Capítulo 55'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[Fol. 227r] '''De cómo sanó a un relixioso que tenía una enfermedad en un ojo'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
A ocho días del mes de otubre del dicho año, vino a este menesterio un fraile professo del Monesterio del Paso, que es San Xerónimo de Madrid, que avía por nonbre Fray Gabriel de Coacos de la Vera de Plasentia, y dijo que estando enfermo de una hinchazón que tenía en un ojo, el qual le tenía mui malo, y aviéndoselo de abrir con botones de fuego, un día antes se encomendó a esta santa mujer, y ovo remedio y se le abrió la hinchazón y luego estuvo bueno.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Capítulo 56'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''De cómo sanó una mujer tullida'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Este dicho fraile fue a su tierra y halló una su hermana tullida y él díjole y contole lo que le avía acaeçido de la dicha enfermedad que avía tenido. Y tomando su hermana mui gran devotión a la dicha María de Ajofrín, hincose de rodillas en su casa y enpeçó a orar, rogando a Nuestro Señor que por méritos de aquella su sierva, que ansí abía acorrido a su hermano, la quissiese a ella acorrer y sanar, que estava tullida. Y aiudándola a esto una niña que tenía chiquita, a la qual mandó que orase con ella, y acabada la oratión, cosa de mui grande maravilla, fue sana del todo y enbió al Monesterio de la Sisla unas piernas y un rollo de çera, dando muchas gratias a Nuestro Señor dador de todos los bienes.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Capítulo 57'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''De cómo sanó un hombre que estaba hinchado'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En el mes de otubre dese mesmo año, un mozo que estava en la cozina, que se llamava Rodrigo, estava hinchado [fol. 227v] de una enfermedad que avía pasado, y fue con devotión al sepulcro donde estava enterrada esta sierva de Dios. Y fuéronle puestos unos paños que fueron de la dicha santa y súpitamente fue sano y no sintió más fatiga de la dicha hinchazón.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Capítulo 58'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''De cómo sanó a una niña'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En el mes de noviembre del dicho año estava una niña mui fatigada de calenturas y su madre encomendola a esta dicha santa, y luego fue sana y hizo a Dios muchas gracias traiendo la dicha niña al sepulcro.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Capítulo 59'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''De cómo sanó un escudero'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El día de San Martín de dicho mes, vino aquí un escudero burgalés, el qual estando de calenturas y mui gran dolor de cabeza, en Toledo oió decir de la fama desta santa mujer y encomendose a ella con mucha devotión y uvo salud. Y vino con alegría a hazer oratión, el qual ofreció una cabeza de çera. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Capítulo 60'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''De cómo sanó un niño'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Un hijo de Garci Sánchez de Pastrana, estava a la muerte de calenturas, y el padre encomendolo con mucha devotión y vino a velar a este monesterio, y uvo salud por ruegos desta santa mujer. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Capítulo 61'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''De cómo sanó a una mujer'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El mes de diciembre dese mesmo año enfermó una mujer de Toledo y estava mui fatigada, y vino a este monesterio a hazer oratión y fue sana. Y traxo una ymagen de çera dando muchas gratias a Dios.  &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Capítulo 62'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''De cómo sanó un niño'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Un niño estava mui fatigado de calenturas [fol. 228r] y su madre encomendole a esta santa mujer y uvo salud. Y trúxole a su sepultura y ofreció un bulto de çera.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Capítulo 63'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''De cómo sanó un enfermo'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Martín de Rojas estava enfermo de muy grandes calenturas y encomendose con devotión a esta santa virgen. Y veló una noche y diole Nuestro Señor salud y puso una candela de çera en su sepultura.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Capítulo 64'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''De cómo sanó un hombre que traía hinchada la cara'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Víspera de Nuestra Señora de la Candelaria, vino un hombre que avía por nombre Miguel Hornero y traía hinchada la cara y un ojo, y vino con intención de encomendarse a esta santa virgen. Y llegando al sepulcro fue luego sano, que no le pareçió ninguna cosa de hinchazón.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Capítulo 65'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''De cómo sanó a un mozo que traía hinchada una pierna'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Un mozo de los frailes de Guadalupe, hinchósele una pierna y fue llevado a su sepulcro y hecha oratión, luego fue sano del todo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Capítulo 66'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''De cómo libró una mujer preñada'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Una muger de Pedro de Toledo Pedrero estava preñada, y llegada a la ora del parto atravesosele la criatura en el cuerpo y estava, según natura, para fallesçer, y fue encomendada a esta santa, y pusieronle unos paños desta dicha santa y luego echó la criatura.  &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Capítulo 67'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''De cómo sanó un niño'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Aquí vino Alonso del Ágila y truxo un su hijo, el qual venía con calenturas, y puesto al sepulcro, luego se enfrió y se le quitaron a gloria de Dios.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Capítulo 68'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[Fol. 228v] '''De cómo una carta quemada, fue sana por su orationes'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Una vez estava la bienaventurada María de Ajofrín escribiendo una carta para el cardenal de España Don Pedro de Mendoza, y ella la notava y otra hermana la escribía, la qual avía por nonbre Inés de San Nicolás. Y como ya la uviesen escrito y no tuviesen salvado pare le echar, llegáronla al fuego para la enjuagar, y tanto la llegaron que se quemó, en la manera que la avía de tornar a trasladar. Y sintiendo desto enojó la escribana por quanto era mui gran carta. Díxole esta santa mujer: «Ydos vos agora y no aiades turbation». Y tomó la carta y echola en un arca, y otro día fue la dicha escribana para trasladar la dicha carta, y al tiempo que la fueron a sacar halláronla sana. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y en diez y seis de abril de 1490 años fue sacado de la sepultura en que estava el cuerpo desta santa mujer, a ruego de la Condesa de Fuensalida y el clavero de Calatrava y Don Alonso de Silva, y fueron hallados sus güesos parecer manar un licor a manera de aceite y dieron suaves olores, lo qual sintió el prior Fray Juan de Corrales y otros muchos religiosos y seglares. Y mandó el prior llamar al convento y tañer los órganos y las canpanas, y el dicho Don Alonso de Silva traxo una arca guarneçida de seda por dentro y candelas para todos los frailes. Y mui honradamente con cruz, y cirios y ministros, los sacerdotes la llevaron con mucha alegría cantando ''te deum laudamus''. Y fue pedida agua, y luego llovió después tan abundantemente que claramente paresció a todos que por sus méritos el Señor lo hazía. Y fueron remediados los panes, al qual sea gloria, amén.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[Fol. 229r] Esta santa mujer estuvo en la iglesia para la mostrar a los que venían treçe días, y fue después sepultada en la sepultura que edificó la dicha condesa a la mano derecha de la iglesia. Y Santos Fernández dexara hijo ollero estando a la muerte, y oleado fue prometido a esta santa virgen por Juana Martínez, la de Antón Sánchez, y alcançó salud. Y el dicho con su mujer vino a cunplir el voto, que fue esto martes a cinco de maio del dicho año; afirmose ansí ser verdad, estando presentes Antón Nejas y su hermano Martín de Cálix, y Fra Migel de Ocaña, y Fra Alonso de San Migel, y el dicho prior. Y el conde de Oropesa enbió aquí un su hijo y una su hija a visitar y a velar a esta santa mujer. Y dixeron los que venían con ellos que los susodichos hijos del conde avían estando mui enfermos y que la hija avía estado en el artículo de la muerte, y que más la tenían por muerta que por biba; y que la encomendaron sus padres a la dicha María de Ajofrín, y que avía tenido salud, amos a dos, los quales ofrecieron una imagen de platea y una palia y una cruz de oro broslada y tres imágines de cera, a veinte días del mes de novienbre del año de 95.  &lt;br /&gt;
 &lt;br /&gt;
Y Pedro de San Pedro, vezino deToledo, truxo aquí un bragero de un niño, el qual estava quebrado, el qual avía sanado. La maior Catalina de San Lorenço dixo que, entre muchas virtudes que tenía esta santa virgen, era una la humilldad, que como estuviese con su regimiento [fol. 229v] los viernes que tiníen culpas, las hermanas venían a ella, la dicha María de Ajofrín, y le rogaba que la mandasen comer en tierra y pasasen sobre ella las hermanas.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Capítulo 69'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Hablando de una carta que enbió el Cardenal a la dicha María de Ajofrín'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
«Devota y mui amada hermana, con vuestra carta y con lo que el padre prior de la Sisla me dijo, uve gran consolación. Nuestro Señor Dios, que os puso en tal estado, os deje acabar en su serviçio, y a mí dé graçia que pueda hazer su voluntad y poner en obra lo que vos me aconsejáis. Y ansí os pido que lo demandéis a Nuestro Señor y a la Bienaventurada Madre suia, y en vuestras orationes me enconmiendo, y porque yo hablé al padre prior, no digo aquí más. Primero de enero. Cardenal».&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Después de la muerte de María de Ajofrín, murió dicho cardenal, el qual estuvo enfermo muchos días, en los quales hizo por su ánima muchas obras pías, y mandó después de su muerte se hiziesen aquí, en Toledo. Y murió el padre en estos tienpos santamente. Y se cumplió lo que dixo María de Ajofrín en la revelatión quando le puso Nuestra Señora el niño en las manos sobre un paño de seda, y le dijo que vería gran mortandad en todos estos reinos. Y aquí se cunplió lo que dijo, que feriría el ángel a unos con açote y a otros con espada, y los otros con pena de fuego; a los que firió el ángel con azotes cunpliose: que se entiende de las hanbres [fol. 230r] que uvo en todos estos reinos; a los que fería el ángel con espada, cunpliose: que uvo en todos estos reinos mui gran mortandad; a los que firió el ángel con pena de fuego, cunpliose: porque vinieron muchas bubas sobre muchos honbres y mugeres, los quales no podían ser sanos por los físicos.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Fin de los mirragros que hizo la bienabenturada María de Ajofrín a honra y gloria de Dios Nuestro Señor, por quien se hacen todas las cosas'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Traslado de una carta del cardenal Don Pedro González de Mendoza, Arçobispo de Toledo, para el prior de la Sisla sobre la visión que vio María de Ajofrín, en el capítulo que habla quando vio a Nuestra Señora en la iglesia maior, lo qual está a diez hojas de este libro. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
«Venerable padre y especial amigo, esta noche pasada, a  las dos de medianoche, tomé letura que me dexastes, y nunca la partí de mis ojos hasta que capítulo por capítulo la leí toda. Que magis admiror, si cordi meo a desil ut niquit in his Revelationibus exercendis tardius duo dubitarum ultimum vidi fillud celesti nisi nimum nota vii confirmatur de tales testigos, varones y mugeres, a quien toda fe se deve dar; y a qualquiera dellos yo la daría aunque solo fuese, quánto más a todos juntos, excepto a la hermana maior que por tener el cargo que tiene [fol. 230v] está aprobada de suio. Y también conozco al prior que es hombre de bien y digno de fe. Y maravillome de tantas visiones yn spirítu y corpore, y principalmente me maravillo en mujer hallarse tanta dureza y no querer decir lo que tantas vezes sintió, maiormente siendo mandada por quien todo lo manda. Los quales señal de su gran humilldad, y del menospreçio que tenía de la gloria mundana. Allende desto, venerable prior, por mi parte para lo que me toca, dalde las gracias; y Dios, Nuestro Señor se las dé, y la pena que pasó le sea en doblada gloria, y siendo alguna cosa que io pueda hazer por su consolación, ofrécesela vos de mi parte mui enteramente y recomendadme a ella rogándole que me aia por encomendado, rogando a Nuestro Señor me deje acabar en su santo serviçio, y encomendalde ansimesmo ruege por el estado de la Santa Yglesia y destos reinos, reies y príncipe, y por la reina, nuestra señora, que es sostenimiento y justiçia y paz dellos, que les dé vida y esfuerço para llevar adelante los trabajos que pasan sobre ellos y conservarlos. &lt;br /&gt;
El quaderno os enbío, el qual será secreto y ansí va atado que persona sino io no sea visto ni sabrá, ni se vos permite. Válete en Jhesucristo. Fecha: oi martes a çinco de dizienbre. Cardenal».&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Hablado del testimonio que da el notario que se halló presente a ver la llaga del costado de la bienaventurada María de Ajofrín, el qual está signado y firmado de su nonbre.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[Fol. 231r] «Deçente y cosa conveniente es escrevir por memoria las buenas obras y vidas de las personas que nos precedieron, parte que podamos por los buenos ejemplos de aquellos obrar sienpre bien e nos esforçemos sienpre a apartarnos del mal. Cosa cierta es que, si lo preçioso no fuese apartado de[l]lo, no falsa cuncupiscencia loca, no bastante deste temperar sería demergida por discurso mui ligero en un escuro hundimiento. Por tanto, yo, Garçía de Borlanja, capellán de la serenísima reina Doña Isabel, notario y arçobispal, afirmo y doi fe que en el año de la Natividad del Señor de 1484, a diezinueve de noviembre, casi seis horas después de mediodía, por ruego y instançia de Juan de Biezma, que entonces era rector de la casa de Doña Mari Garçía, entré en la dicha casa para que notase lo que viese, y ansí notado lo guardase. Después pasados algunos días, aunque no muchos, quise demostrar lo que avía visto al reverendo prior de la Sisla, Fray Juan de Corrales, considerando aquel dicho del eclesiástico en el cap. XI, que provecho ai en el tesoro abscondido. Por el qual dicho, por muchas vezes me mandó que aquello que avía visto se lo diese por escrito, mas yo por entonces no pude satisfazer a su voluntad por muchas ocupaciones que tenía aunque, allende de lo tener escrito en el coraçón, lo tenía en mi protocolo hasta diez días de noviembre del año de Nuestro Señor de 1496, y es que el dicho Juan de Biezma me metió en un palaçio de la dicha casa, en el qual estaban los reverendos señores, Don Pedro de Préxamo, deán de Toledo, y don Diego de Vidaminaia, capellán maior en el coro de [fol. 231v] la santa iglesia de Toledo, y dos o tres religiosas de la dicha casa. Y vi una cama en aquel palaçio que estava una donzella que verdaderamente parecía bulto de ángel y tenía una llaga en el costado, donde Nuestro Redentor fue herido, tan grande como un real, y no tenía hinchazón y careçía de toda putrefaçión, y tenía un color mui fino ansí como grana. Y después que todos lo vimos y uvimos mirado, a poco de rato habló aquella doncella estas palabras: “Dios, Nuestro Señor, vos lo demande si no pusiéredes aquello en executión”. Y ansí espantado me aparté dende y me torné a salir, en fe de lo qual lo signé y firmé de mi nonbre, que fue hecho en Toledo, año mes y día».&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''Quibus supra graciamus aff notarial por terceras nonas augusti.''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''Per labor inprobus homnia vincit''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''Fray Bonifacio de Chinchón'' ''[28]''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''Per hec est que nesçivit  torf in delicto'' ''[29]''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
=== Notas ===&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[1]'' Frase latina de difícil lectura.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[2]'' Folio escrito por otra mano.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[3]'' Subrayado: ‹fallesció en la dicha cibdad, año del nacimiento del Salvador de mil y cuatrocientos  ochenta y nueve años, sábado, a diezsiete días del mes de julio›.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[4]'' Tachado: ‹aiuda›.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[5]'' Tachado: ‹mundo›. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[6]'' Tachado: ‹azotes›. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[7]'' La versión correcta sería ''inter lepram &amp;amp; lepram''. Esto es una referencia a Deuteronomio 17:8 en la traducción de la Vulgata: ''Si difficile et ambiguum apud te iudicium esse perspexeris inter sanguinem et sanguinem, causam et causam, lepram et lepram''… ‘si te fuera difícil discernir entre un homicidio y otro, un litigio u otro, una herida u otra…’.&lt;br /&gt;
 &lt;br /&gt;
''[8]'' Tachado: ‹herexía›. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[9]'' Tachado todo el capítulo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[10]'' Tachado: ‹en demás›.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[11]'' Puede referirse a la hora de sextas, una de las horas canónicas en los monasterios, alrededor de las 12:00.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[12]'' Repetición de: ‹truyga›.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[13]'' Se refiere a la población llamada Villaminaya en la provincia de Toledo. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[14]'' Tachado: ‹y esta›.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[15]'' Tachado: ‹cerrado alderredor›.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[16]'' Palabra no clara.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[17]'' Palabra no clara, seguramente ‹erupciones›.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[18]'' Repetición: ‹parecía›.&lt;br /&gt;
 &lt;br /&gt;
''[19]'' Palabra no clara.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[20]'' Palabra no clara.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[21]'' Palabra no clara.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[22]'' Repetición: ‹estando›.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[23]'' Tachado: ‹De cómo le apareció la calavera›.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[24]'' Palabra no clara.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[25]'' Palabra no clara.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[26]'' Rúbrica.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[27]'' Tachado: ‹dicha›.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[28]'' Rúbrica.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[29]'' Mancha de tinta; frase latina de difícil lectura.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
=Vida manuscrita (2)=&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Ed. de [http://visionarias.es/equipo/celia-redondo-blasco/ Celia Redondo Blasco] y [http://visionarias.es/equipo/rebeca-sanmartin-bastida-investigadora-principal/ Rebeca Sanmartín Bastida]; fecha de edición: septiembre de 2017; fecha de modificación: septiembre de 2020.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==Fuente==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[[Archivo:II María de Ajofrín.jpg|250px|right|Manuscrito|link=]]&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
* [http://catalogodesantasvivas.visionarias.es/index.php/Categor%C3%ADa:Juan_de_la_Cruz Cruz, Juan de la], 1591. ''Historia de la Orden de S. Hierónimo, Doctor de la Yglesia, y de su fundaçión en los Reynos de España''. Esc. &amp;amp;-II-19 fols. 258v-267v.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[[Contexto material del manuscrito de El Escorial, MS &amp;amp;-II-19]]&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==Criterios de edición==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Dado que se trata de una copia manuscrita de la segunda mitad del siglo XVI que bebe de fuentes más primitivas, los criterios de edición son conservadores.&lt;br /&gt;
Se mantienen los grupos cultos, que podrían mostrar el uso eclesiástico o de las fuentes consultadas: &lt;br /&gt;
* s líquida en spirituales&lt;br /&gt;
* formas cultas como –mpt- en Redemptor, -th- en tesoro, -ct- en sancta&lt;br /&gt;
* consonantes geminadas, ll, ff&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Se respetan las oscilaciones y variantes de las sibilantes.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Se mantiene la oscilación i/y y v/b y se regularizan las alternancias gráficas sin valor fonético: i/j, u/v.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Se conserva ''dello'', ''desto'', pero se separa mediante apóstrofe cuando la forma aglutinada incluye el pronombre personal masculino singular: ''d’él''. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
La puntuación y la capitalización han sido modernizadas, si bien se mantiene el uso del paréntesis para indicar observaciones digresivas según el original.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==Vida de María de Ajofrín==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Capítulo undécimo'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[fol. 258v] '''De la vida sancta y maravillosa de María de Ajofrín, religiosa en el Monasterio de Sant Pablo de Toledo'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
La hystoria desta bienaventurada María de Ajofrín se halla escripta en algunas partes, tomado de lo que fray Joan de Corrales, prior del Monasterio de la Sisla de Toledo, recogió, vió, tractó y entendió de personas de autoridad y credo, [fol. 259r] que por ser tantas y tan largas las maravillas que se hallan, y milagros que Nuestro Señor obró por esta su sierva, los que las han puesto antes de agora en hystoria han procurado abreviarlas, tomando lo más essençial y verdadero. Y ansí se hará aquí, aunque la manera de la scriptura de los unos no parezca conformar en el dezir y hablar con la de los otros, que no será de inconveniente trocar los lugares y dezirlo por otros términos, no saliendo de la verdad que ello tiene y se le debe dar. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Fue natural María de Ajofrín de un lugar çerca de la çiudad de Toledo que se llamava Ajofrín, hija de padres onrrados, temerosos y siervos de Dios que se llamaban Pedro Martín y Mariana Garçía, ricos y prosperados de bienes temporales. Desde su niñez se le vio grandíssima inclinaçión a las cosas del serviçio de Dios y una prudençia y agudeza de spíritu que ponía admiraçión. Muchos la miravan y muchos la querían y amavan por sus inclinaçiones tan virtuosas y endereçadas al Çielo, y la demandavan y pedían a sus padres en casamiento, y la sancta donzella, que lo entendía, resistía con ánimo varonil a todos los que hablavan en esta materia, porque en ninguna cosa sentía gusto sino en oýr cosas graves y spirituales. En estos pensamientos se ocupava mucho, y con ellos renovava mill deseos, mill propósitos de juntarse con Dios y mejorarse cada día más en su amor y serviçio. Para excusar la inquietud que para esto le causavan las pláticas de los casamientos, sin consejo ni pareçer humano (aun siendo pequeña) hizo voto de guardar su limpieza y entrar en religión, de lo qual tuvieron gran sentimiento sus padres (que es offiçio de la carne y sangre por el apartamiento de los hijos que en vida se entregan a la muerte de la religión), mas como la vieron con tanta entereza en este propósito, que no la podían apartar d’él padres, ni hermanos, ni parientes, ni halagos y regalos con grande desgraçia y aborreçimiento de todos, la llevó su padre a la çiudad de Toledo, por importunaçión [fol. 259v] suya, siendo ya de quinze años. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Entraron en la iglesia mayor, sin saber dónde yr otra parte, y por orden del spíritu sancto, tuvieron allí noticia del monasterio de las beatas de la Orden de Sant Hierónymo que se dize de Sant Pablo, que, aunque no tenían estrecho ençerramiento de monjas religiosas, tenían la de mucha observançia y guarda de religión. Inspirada la sancta donzella que aquella era su vocaçión y lo que buscava para su deseo de servir a Nuestro Señor, fuesse luego al monasterio, y las religiosas d’él la reçibieron con grande alegría y voluntad, admitiéndola a su compañía y al hábito. Puesta en este estado tan deseado y pedido a Nuestro Señor, todo su cuydado, deleite y regalo ponía en ocuparse en los exerçiçios sanctos y en la oraçión y meditación, derramando multitud de lágrimas de los ojos, con grandes sospiros y gemidos, tiniéndose por la más vil peccadora y indigna de todas las mugeres. Quien labra una gran casa o torre abre los çimientos conforme a la grandeza del edifiçio, y sin ellos no se haze nada, y ansí es menester sacarlos para la perfectión de la vida christiana, que es la mayor y más alta fábrica de quantas acá se entienden. Esto hace la humildad, y desta gran virtud hazía provissión María de Ajofrín, de manera que, en su reputaçión y estima, no hallava en el monasterio persona más baja ni menos ser ni más nada que ella, y lo mostrava en su persona, vestido y pensamiento, y en los exerçicios humildes y bajos y en los demás exerciçios que havía desta manera en el monasterio. Lo que en su alma hazía grande impressión eran las palabras divinas, donde quiera y como quiera que las oyese, y todo era muestra que quanto tratava y pensava era cómo más amar a Dios y sentir de sí misma ser nada, y estimar y preçiar a todos mucho y amarlos en Dios y por Dios. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Pasados más de diez años de su recogimiento en el monasterio, quiso hazer una confessión general de toda la vida pasada, y tomó tan de veras y con tantas lágrimas de congoja y afflictión quererse asegurar si avía hecho lo que devía en aquella preparación para que Nuestro Señor le perdonase sus peccados que, [fol. 260r] entrando el día de su confessión en el confessionario, se derribó en el suelo delante de una ymagen de Nuestra Señora, que estava allí con su hijo benditissímo en los braços, al qual pedía por su intercessión de su santíssima madre le declarase si quedaría con seguridad de la vida pasada con aquella confessión y se le perdonarían todos sus peccados. Súbitamente, estando en esta oraçión con mucha ternura y lágrimas, vio una gran claridad que çercava la imagen, y que el sacratíssimo niño levantava la mano a la manera que el sacerdote la pone quando absuelve. Espantada de ver esta maravilla, y muy turbada en su spíritu, se puso a hazer confessión lo mejor que pudo, y, acabada, volvió a hazer oraçión a la imagen, y vió la misma claridad y la mano del niño alçada, con que quedó bien esforçada en el fervor y amor de Dios y guardó el secreto de la visión, que no lo descubrió sino a solo el prior fray Joan de Corrales, çertificándole que desde aquella hora le quedó tan gran movimiento en el coraçón que, de los golpes que sentía que le dava, a tiempos le pareçía que se le quería salir del cuerpo.  &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Muchos regalos tuvo de aý adelante de Nuestro Señor, y no muchos días después, quedándose una noche sola en el coro orando por el estado de la Yglesia, vio que de la custodia donde está reservado el sanctíssimo sacramento salía grandíssimo resplandor, que duró por el spaçio de una hora, mientras ella estava con fervor en la oraçión, y, acabada, no apareçió más aquella celestial claridad. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Estos son los regalos que Dios haze a los que de veras le buscan con amor divino que les sale del alma, y les manifiesta cosas maravillosas de su gloria, certificándoles con ellas quán agradables le son sus intercessiones y oraçiones y quán poderosos para alcançar quanto se pide y desea, que son dardos o saetas, como los doctores las llaman. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Haviendo de reçibir el día de la Resurrectión el santíssimo sacramento, hizo tanta preparaçión el sábado sancto antes que en toda la noche no durmió ni descansó, velando, orando y llorando, y por toda la casa buscava los rincones para hallarlos como los hallaba buenos para su oración, demandando limpieza a Nuestro Señor para llegarse a recebir [fol. 260v] tan gran bien y thesoro inestimable del alma. Venida la hora de la comunión, llegó con las otras hermanas a comulgar y reçibió el sanctíssimo sacramento ''[1]''; causole tanta devoçión, contento y alegría este admirable y divino sacramento ''[2]'' que luego se elevó, y quedó como absorta y muerta, y por quinze días continuos con las noches no durmió, pasando todo este tiempo en llorar y orar. Quedole desde este día que cada vez que se llegava a recebir el santíssimo sacramento se quedava elevada y enagenada de los sentidos exteriores, y con un ''[3]'' grande dulçor maravilloso en el coraçón, en la garganta y en la boca que le durava por quarenta días. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Aunque todo su quydado era encubrirse, que no lo supiessen ni entendiesen las hermanas, era trabajo escusado querer cubrir el sol quando está más claro en medio del día, y así lo veýan y entendían todas, y que todo el resto de la noche velava, oraba y llorava, si no era algún pequeño espaçio que tomava para repararse el sueño. Al mismo prior manifestó estas maravillas del santíssimo sacramento, y que los días que sentía el divino y celestial dulçor los pudiera pasar sin comer ni tomar cosa alguna de mandamiento, si no fuera por huyr de la singularidad y juizios que suelen tener los hombres. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Capítulo duodécimo'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''De otras cosas maravillosas que acaescieron a esta sierva de Dios y la manifestación de la llaga en el costado'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Creçía tanto esta sancta donzella en el amor de Dios, verdadero esposo suyo, que cada día le comunicava grandes dones y hazía muchos favores y mercedes, y entre otras conoçió por spíritu lo que en una fiesta de Todos los Santos le había de succeder después que huviese reçebido el santíssimo sacramento y previsto [fol. 261r] que se pusiese cuydado en llevarla luego a una parte secreta y escondida (pero nunca tan escondida y secreta que no viniessen a descubrirla, porque muchas vezes el Çielo tenía este cuydado de mostrarla con luz visible), rogando a la madre del monasterio que diesse cargo a quien la llevase antes que se arrobase y transportasse reçibiendo el santíssimo sacramento. No fue menester esta diligençia porque fueron tantos los lloros y gemidos de los grandes dolores que sintió en el coraçón en reçibiendo el santísssimo sacramento y antes que se traspusiesse, que no pudo excusar que no se entendiesse con quánta fuerça se hazía a pasar aquellos dolores y tormentos. Aquí se enagenó como solía y le fueron descubiertos algunos secretos de descuydos de personas particulares que ella procuró se emendasen con avisos y amonestaçiones que hizo a quien tocava, como negoçio que era de Dios, que es el que sabe, penetra y conoçe los coraçones.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Tenía ya esta sancta muger tanta privança con Nuestro Señor, y era tan ençendida su charidad y amor en servirle con perseverançia, que le fue parte para declararse en su favor más particularmente su Magestad Divina con asombro de todos y en don y señal de su passión y llaga en el costado, que a pocos se a concedido. Hallose un día en el costado una abertura que cupiera por ella el dedo pulgar de un hombre, que le causó grandes dolores por veinte días con la llaga abierta, de la qual los viernes corría más sangre que los otros días (aunque en todos corría alguna) y nunca pareçió en ella materia ni se applicó mediçina ninguna mas de paños limpios, quitando unos y puniendo otros, y estos quedavan tan roxos como un carmesí, que mostravan bien quán viva sangre era la que salía y sin corrompimiento alguno. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Con los grandes dolores que la sancta donzella padeçía, le faltavan las fuerças para llevar tanto trabajo y no cessava de pedir a Nuestro Señor su ayuda y favor en ello, y divinalmente le fue revelado que aquella maravilla la descubriese a la priora del monasterio y a otra religiosa que se dezía Theresa, a las quales, quando vieron la llaga y los paños vañados en [fol. 261v] sangre les causó admiraçión, y ellas lo dixeron al confessor de la casa, que estuvo bien incrédulo y duro en creerlo. Y quisieralo deshacer dando a entender que era imaginaçión y engaño de mugeres, mas quando lo vio con los ojos quedó espantado y maravillado, y no fue en su mano dejarlo en secreto, sino dezirlo y revelarlo a personas principales, como fueron don Pedro Préxano, deán de Toledo, y a Diego de Villaminaya, capellán mayor del coro de la santa yglesia, que dieron dello fee y testimonio habiéndolo visto. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Entraron, pues, estos dos eclesiásticos en el monasterio, y el confesor de las religiosas, Juan de Viezma, llevó a Graçián de Berlanga, capellán de la Reyna Doña Ysabel y capellán apostólico y de la audiençia Arçobispal, y todos juntos, con la priora y religiosa Theresa, vieron la llaga y la tocaron, y el capellán mayor tomó un paño vañado en sangre y, mirándole todos con cuidado, les pareçió que la llaga de donde salía era causada divinalmente y no con occasión de arte humana. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El notario escribió el testimonio que aquí va ynserto, sacado letra por letra del original, que yo he visto en el archivo del Monasterio de la Sisla de Toledo, firmado y sellado del mismo notario, que es el que se sigue:&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
“Deçente e cosa convenible es escribir por memoria las buenas obras e vidas de las personas que nos preçedieron, por que podamos por los buenos exemplos de aquellos obrar siempre bien e nos esforçemos apartar siempre del mal. Cosa çierta es que, si lo preçioso no fuesse apartado de lo no tal, la concupisçiençia loca non bastante desetemperar, sería demergida por curso muy ligero en un escuro tragamiento. Por tanto, yo Graçián de Berlanga, capellán de la sereníssima reyna Doña Ysabel, nuestra señora, notario apostólico e arçobispal, affirmo y doy fee que en el año de la Natividad de Nuestro Redemptor e Salvador Jesuchristo de mill e quatroçientos e ochenta y quatro, diez y nuebe de noviembre, quasi seis horas después de mediodía, por ruego e a instançia de Juan de Biezma, que entonçes era rector de la casa de Doña Mari Garçía, entré en la dicha casa para que notasse lo que viese, e así notado lo guardase. Después, pasados algunos días (aunque non muchos), quise demostrar lo que avía visto [fol. 262r] al reverendo padre prior de la Sisla fray Juan de Corrales, considerando aquel dicho eclesiástico en el capítulo quarenta y uno: que provecho ay en el thesoro escondido, etc., el qual dicho señor muchas bezes me mandó que aquello que avía visto que ge lo diesse por scripto, mas yo por entonçes no pude satisfaçer a su voluntad por muchos negocios que me çercavan, ca ello non me davan lugar, aunque allende de lo tener scripto en el coraçón lo tenía en mi protocolo, fasta diez días de noviembre del año del Señor de mill e quatroçientos e ochenta y seis, y es que el dicho Joan de Biezma me metió en un palaçio de la dicha casa, en el qual estavan los reverendos señores don Pedro de Préxano, deán de Toledo, e don Diego de Villaminaya, capellán mayor del coro de la sancta iglesia de Toledo, e dos o tres religiosas de la dicha casa. E viendo en una cama que en aquel palaçio estava una donzella, que verdaderamente pareçia bulto de ángel, y tenía una llaga en el costado donde Nuestro Redemptor Jesuchristo fue ferido, tan grande como un real, e non tenía finchazón y careçía de toda putrefaçión, tenía un color muy fino, ansí como grana, e después que todos lo uvimos mirado, a poco de rato fabló aquella donzella estas palabras: ‘Dios Nuestro Señor vos lo demande si no pusiéredes aquello en execuçión’. Y ansí espantado me aparté dende y me torné a salir, en fee de lo qual lo firme y signé de mi nombre, que fue hecho en Toledo, año, mes, día, quibus supra. Graçianus notarius apostólicus”.  &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Padeçía la sierva de Dios grandes dolores de la llaga, y no solo la atormentava esto sino el mostrarla, estando en la cama cubierto su cuerpo, rostro y manos honestíssimamente, y sólo se veýa la llaga por una sábana abierta a la parte del lado. Pasados los veinte días se le çerró la llaga sin benefiçio ni mediçina alguna corporal, y quedó la señal de la abertura con algún dolor en aquel proprio lugar, y como tenía impresso en su coraçón [fol. 262v] el nombre dulçíssimo de Jesús, y no se le caýa de la boca, favoreçíasse mucho d’él en estos trabajos, y regalábase en estremo con él, mas mucho más la regalaba su Magestad Divina con tan estremados dones y benefiçios de las llagas de su passión, que no la quiso decorar con sola la del costado, sino que, levantándose con la mucha flaqueza que tenía para ponerse en el suelo de rodillas o ençima de la cama, por devoçión de adorar un crucifixo al tiempo que oyó la rueda de las campanillas de la yglesia quando alçavan el santíssimo sacramento en una missa, sintió tan gran dolor en los pies y en las manos que le pareçía que en aquellos lugares le ponían rezios y gruesos clavos. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Como estuviese en esta pena y en la consideraçión de aquellos altíssimos misterios, pareçiole que le traspasaban la mano yzquierda, y fue el dolor tan vehemente que se puso el dedo pulgar de la mano derecha en la palma de la yzquierda, y apretando con el gran dolor que sentía rebentó la sangre, de que ella quedó bien admirada. Procuró encubrirlo con estremado gozo de regalo tan singular de Dios, y traýa la mano cubierta con un lienço sin poner otra medicina, y durole quarenta días, y después de pasados que sanó le quedó señal en la mano izquierda, que fue la que rompió en sangre. Y porque sucessivamente sintiesse en su cuerpo las insignias y dolores de la passión de Nuestro Señor Jesuchristo, sin los tormentos que de ordinario tenía en la cabeça, sintió en ella súbitamente un nuebo y gravíssimo dolor, que le pareçía que le ponían una guirnalda o corona que le çercava la cabeça alrededor y le entraban por ella puntas de clabos con tormento suyo exçesivo, cayéndole gotas de sangre. Aplicábanle diversas medicinas, y ninguna le era de provecho ni era razón que lo fuese, ni que las llagas hechas por la mano del Señor se curasen con la industria humana, y quando su Magestad fue servido y tuvo por bien, le alçó los dolores a su sierva y quedó con entera sanidad de las llagas de la cabeça y costado. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Capítulo décimo tercio'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[Fol. 263r] '''De muchas mercedes y fabores que alcançó de Nuestro Señor esta su sierva'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Christo Nuestro Señor tiene prometido en su evangelio que se nos hará merced de todo quanto pidiéremos orando, con que esto sea pidiéndolo en su nombre al Padre. A esta sancta le acaesçió así muchas vezes quando se hazía como deseaba, porque lo que pedía en sus oraçiones yva en camino al serviçio que se debe a Dios y a la manifestaçión de su grandeza y gloria (y esto era pedir en nombre de Jesuchristo). Sería cosa muy larga dezir todo lo que a este propósito se halla en lo que el prior de la Sisla escrivió, vio, y entendió desta sierva de Dios, y lo que en sus oraçiones, ruegos y interçessiones alcançó de Nuestro Señor a muchos, para provecho y remedio de sus almas y salud de los cuerpos: alguna parte se dize en la crónica que escribió Pedro de la Vega, y por aquello se podían entender las grandes maravillas que Dios obró con ella y las que de él alcançó, y las muchas y grandes revelaciones que tuvo de cosas particulares y el bien que se siguió dellas. Mucho engrandeçe Nuestro Señor a los justos, y está tan atento a las oraçiones y peticiones que muestra lo mucho que pueden con él y quán grandes effectos hacen, como se vio en las de su esposa María de Ajofrín, que no le salieron en vano. Eran tan fervorosas y vehementes que se arrebatava y quedaba sin sentido, como muerta, por grande espaçio, y algunas vezes le acaesçía esto estando presente el prior que escrivió su vida, y una vez le dixo al prior la hermana maior o priora que le mandase por obediençia que despertase y vería la fuerça y virtud que tiene el precepto de la sancta obediençia en tiempos semejantes. El prior siguió el pareçer de la priora, y fue cosa maravillosa que, mandándola con precepto despertar, volvió luego a su sentido y mostró sentimiento grande, como que la uviesen quitado de su contento y regalo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[Fol. 263v] De grandes effectos eran las oraciones desta sancta virgen, y ellas eran las armas con que se valía y en ellas buscava el remedio en todas las cosas. Una vez se vio muy affligida por la grande hambre que havía en la ciudad a causa de las muchas aguas y mucha creciente del río, que no dava lugar a las moliendas. Çinco días antes de la solemníssima fiesta de la Natividad de Nuestro Redemptor, no durmió en toda una noche entera, y viendo que la hazía clara y serena, se subió a un terrado donde veýa el río, y haziendo sobre él la señal de la cruz y bendiçiéndole, se bajó luego a un secreto oratorio y derribó en el suelo a orar, puestos los brazos en cruz. Detuvose grande espaçio en esta manera de oraçión y penitencia, supplicando a la sacratíssima Virgen María, Nuestra Señora (en quien tenía singular devoçión y la tenía por particularíssima señora y abogada), pusiesse su intercesión y pidiesse a su hijo benditíssimo que no mirase a los peccados de aquel pueblo, sino a su misericordia, y súbitamente vio en el oratorio un gran resplandor, apareçiéndole la madre de Dios que le dixo: “Las aguas que en tantos días as visto avían de caer en muy pocos; y la mayor parte en esta çiudad por los pecados que en ella se cometen, mas por tu interçessión y supplicaçión mía, ha alçado Nuestro Señor la mano de su yra”. A todo esto, estava la sierva de Dios María de Ajofrín atenta, los ojos abiertos y las manos alçadas, viendo a la Sacratíssima Virgen María y oyendo sus palabras divinas y regaladas, hasta que se desapareçió, y en ese punto cayó en el suelo la bendita donzella y estuvo algunas horas sin sentido. Quando bolvió en sí, se levantó con un maravilloso esfuerço del cuerpo y del alma, y ninguna de las hermanas entendió este acaesçimiento, ni le descubrió sino al prior de la Sisla.  &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El deán de la santa yglesia de Toledo, que vio la llaga en el costado, con la fe y confiança que tenía en las oraçiones desta bienaventurada, le pidió hiziese oraçión por la paz de çientos de personas discordes de la corte, y la sierva de Dios se subió al mismo terrado una mañana antes del día, en las octavas de la Resurrectión el año mill y quatrocientos y ochenta y quatro, y mirando [fol. 264r] el çielo y suplicando a Nuestro Señor por la paz de aquellos cavalleros cortesanos vio un gran resplandor en el lugar donde naçía el sol, y estúvole mirando hasta que fue hora que saliese el sol, y mirávale sin ningún impedimento tiniendo los ojos fixos en él. Vio ansimesmo el sol que tenía una abertura y ventana, que pareçía más adentro el çielo y salían d’él mayores rayos de claridad y una cruz de oro resplandeçiente, y vio uno en el ayre muy lexos de sí (que le pareçía como la luna) que peleava con otro, y pasado algún espaçio bolviéronse las espaldas el uno al otro. Esta vissión vio hasta aquí, y no pasó delante porque subió al terrado a aquella hora una de las hermanas religiosas, mas puédese creer que por su oraçión se allanó aquella discordia de los cavalleros cortesanos, pues al cabo se hizieron las pazes.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Estando, otra vez, el día del triumpho de la cruz cerca del alva rezando y mirando al çielo y pensando en las grandezas d’él, vio unas llamas, de aý a una hora abierto el çielo, y que por allí salía el sol y se conoçían todas las hermosuras del Çielo. Y luego, otro día, a la hora de terçia, estando en una ventana rezando en un libro, vio cerca de sí un rostro como el de la luna, con muy gran resplandor, y dentro d’el como dos formas de hombres que peleaban el uno contra el otro, y que caýa mucha gente muerta. Dize el prior, que escrivió su historia, que este día prendieron los moros al Conde de Çifuentes. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Una noche de la Natividad de Nuestro Redemptor anduvo con grande consideraçión, atençión y cuydado de saber el tiempo y hora de la medianoche quando Jesuchristo, Nuestro Señor, naçió. Tuvo gran confiança de recebir aquel regalo y merced y púsose a orar delante del altar de Nuestra Señora, que estava muy adereçada y compuesta sobre él su ymagen y una cuna con un niño pequeño adornado con algunas riquezas, y estando en este su deseo, con lágrimas y gemidos vio con los ojos corporales baxar sobre el altar gran resplandor y a Nuestro Señor en figura de niño que naçía de la Virgen María, y cómo le adoraron los ángeles y pastores, y desde algún espaçio llegaron los tres Reyes con tres soles de gran resplandor delante, que, llegando al altar todos tres,  [fol. 264v], pareçieron uno. Pareçiole que esta vissión se detuvo desde las doze hasta las tres, y a esta hora començó la primera missa el capellán mayor de la yglesia y vio, quando salía vestido, que sobre el altar estavan dos antorchas de fuego con gran resplandor, y que los Reyes llegavan a donde ella estava, y no se impedían ninguna cosa para ver los misterios de la missa.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Vio también que cubrieron al sacerdote gran multitud de ángeles, al tiempo que dezía los sanctus, y que quando alçava el santíssimo sacramento le ayudavan a sustentar los braços, y quando llegó el pater noster esta sierva de Dios cayó en el suelo por no poder ya sufrir estar de rodillas, y estuvo de aquella manera hasta las doze del día, gozando de aquellos misterios divinos. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
La santa María de Ajofrín (como la voluntad agena era la suya) declaró al prior de la Sisla todas estas particularidades por tenérselo mandado por obediençia, y esta la forçava y compelía a manifestar lo que ella no quisiera. Son tantos los secretos celestiales que se hallan que le fueron mostrados que sería cosa prolixo ponerlos todos, pues querer hablar en su trato, conversaçión, charidad y menospreçio sería lo mismo. Ella era humildíssima, que en el vestido y trato de su persona lo mostrava bien, y se conoçía en las obediençias y en todas las otras occupaciones y exerciçios humildes, y entre todas era la que con mayor llaneza se mostrava humilde, sirviendo y obedeciendo. Si acaso en el monasterio havía entre ellas differencias (que entre las religiosas ordinariamente son todas niñerías y cosas de poco momento), María de Ajofrín era la que las concordava, porque de aquellas cosas pocas no viniessen a mayores pesadumbres y se abrasase un monte con una çentella. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Buenas prendas tiene de ser hija de Dios la que tiene el alma tan pacífica como esto, que como el mismo Dios dize en el evangelio, naçe todo esto de la charidad, reyna y señora de todas las virtudes. Esta sancta la tenía bien raygada en su coraçón y aposentada con mucha riqueza de adereços de adorno y serviçio, como a madre de todas las otras sanctas virtudes.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Capítulo décimo quarto'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[Fol. 265r] '''De algunas cosas que tuvo spíritu de prophezía María de Ajofrín, y de su bienaventurada muerte'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Entre otros muchos dones que del Çielo tuvo esta sancta virgen, fue uno el spíritu de prophezía y de hazer milagros, que aunque ni lo uno ni lo otro son señales çiertas de tener a Dios en el alma como esposo y como amigo, pero a quien lo es (y tan de veras le amare como esta sancta le amava) suélense hazer muy de ordinario estos favores y merçedes. Començávase a poner y plantar en la ciudad de Toledo la Sancta Inquisición en aquellos días, y esta bienaventurada muger dixo al prior de la Sisla algunos secretos tocantes al Santo Officio de que se maravilló mucho, y como le preguntase que cómo savía aquello, que se le hazía grave y difficultoso creerlo, respondiole que Nuestro Señor le avía aparecido atado a la columna muy llagado y açotado y le dixo que aquello le causavan cada día los herejes, que lo dixese al prior de la Sisla, que es uno de los que entienden en la Inquisiçión, y pusiesen remedio en ello. El prior le dio crédito y lo comunicó con el deán de la sancta yglesia de Toledo, y en presencia de los dos lo bolvió la sancta donzella a dezir, y añadió otras muchas cosas que eran tocantes al Santo Offiçio, amonestándoles de parte de Dios que proveyesen en lo que era su serviçio y dearraygasen las heregías. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Otra vez vio en spíritu que llevavan de la yglesia mayor el sanctíssimo sacramento con gran solemnidad para darle a un enfermo herege, y divinalmente le fue mandado que diesse luego aviso a los clérigos que se bolviessen, y ansí lo hizo con toda diligençia. El ángel que le mandó esto le dixo después, para certificar la visión, que en aquel día vería en la missa distilar gotas de sangre de la hostia consagrada, y así acaesçió, que con los ojos claros y abiertos vio en las manos del saçerdote la hostia consagrada llena de sangre [fol. 265v] al tiempo que la alçó al pueblo para que la viesse y adorasse.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Dos moços livianos tractavan de hazer algún desconçierto en el monasterio, y por spíritu del Çielo lo entendió la sierva de Dios y embió a llamar al prior de la Sisla, y díxole que pusiese con tiempo remedio en el desconçierto que tratavan aquellos moços desasosegados, y el prior lo hizo, y halló ser verdad todo lo que la sierva de Dios le havía dicho. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Reçebía gran pesadumbre esta religiosa quando se offreçía salir a hablar con personas de fuera de la casa (aunque fuessen religiosos), y quando la importunaban y no se podía excusar abreviava las pláticas y las palabras con todos, personas graves y de auctoridad, y que no lo fuessen. Un religioso deseava mucho hablar con ella por solo oýa de su virtud y sanctidad, y anduvo en esto muchos días y tiempo sin poderlo alcançar, y la sierva de Dios, que ya lo sabía, le dio un día audiencia y le dixo en las primeras palabras: “Bien sabía que ha días que me queríades hablar y la causa también, y que tal día començastes tal escriptura y no la acabastes con quanta priessa os distes hasta la noche, quando tuvistes más lugar”. El religioso, espantado de las verdades que le dezía, pidiole encaraçidamente le dixese cómo lo sabía. Díxole que lo vio en spiritu, y más le dixo, que avisase a otros religiosos que él conocía que mirase en el desasosiego que traýa en su conçiençia, y que si avía hecho alguna offensa pidiese perdón de ella porque de otra manera ni saldría del trabajo ni satisfaría a Dios ni a los próximos. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
No fueron estas solas la que por spíritu de prophezía entendió y manifestó María de Ajofrín, sino otras muchas, las que por sus oraçiones hizo Nuestro Señor cosas maravillosas. Sanó a la madre priora de una grave enfermedad, y a su misma madre sanó y libró de otra por sus sanctas oraçiones, y a un hermano libró también de la cárcel, puniendo en todo por intercesora a la Sacratíssima Virgen María, Nuestra Señora, a quien ella acudía con gran confiança. Sería la hystoria desta sierva de Dios muy larga si en particular nos detuviésemos [fol. 266r] a decir todas las cosas que se hallan de sus maravillas, revelaçiones y milagros, que apenas comulgó vez que no fuesse alçada y arrabatada en spíritu y viesse y entendiesse grandes secretos. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Llegole la hora de la muerte (bien deseada por ella) y enfermó el año mill y quatroçientos ochenta y nueve, aviendo pestilençia en la çiudad de Toledo, y a los diez y ocho días del mes de julio, que fue sábbado, murió muy sanctamente a las tres horas de la medianoche, habiendo reçebido los divinos sacramentos con grandíssima devoçión. El mismo día, a la hora de las vísperas, la enterraron en el capítulo de la Sisla de Toledo, adonde en aquellos días se enterravan las religiosas de Sant Pablo. Sintiose en su muerte un olor suavíssimo y çelestial, como lo testificaron todas las hermanas religiosas que se hallaron presentes. Hizo Dios por ella algunos milagros, y entre otros fue que en el mes de septiembre siguiente del mismo año, estando muy enfermo (y aun dada la extrema unctión) Don Alonso, hijo de la condesa de Paredes y canónigo de la sancta yglesia de Toledo, se encomendó a la bienaventurada María de Ajofrín, y trayéndole una de las almohadas que tenía en la cama al tiempo que murió, se sintió (en puniéndosela sobre sí) con grande mejoría y fuera de peligro. No fue desagradeçido el canónigo Don Alonso a este beneficio, que, en levantándose de la enfermedad, fue a la Sisla de Toledo a visitar la sepultura desta sierva de Dios, y le offreçió de sus dones, y estuvo allí nueve días continuos en hazimiento de graçias. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En el mismo mes y año fueron a la Sisla de Toledo un hombre que se dezía Joan de Pastrana y su muger con un niño tullido, que, después de aver gastado en su cura con médicos y en medicinas la hazienda que tenían, no se veýa en él mejoría alguna. Encomendaron los padres con mucha devoçión a esta virgen la salud de su hijo velando una noche su sepultura, y el niño tuvo entera salud, y hizieron los padres graçias a Nuestro Señor por este benefiçio que les vino por la intercesión de aquella su sierva. &lt;br /&gt;
En este mismo tiempo [fol. 266v] Joana de Sant Miguel, beata de la tercera regla de Sant Françisco que vivía en la çiudad de Toledo, tenía un çaratán en la teta, y como en çinco años no sentía mejoría con quantos beneficios le avían hecho los médicos y çirujanos y le aconsejaban que les dejase cauterizarla y cortarla quando no ubiese otro mejor remedio, ella, temiendo el tormento y peligro que le podría succeder, acordó de irse a la Sisla de Toledo y visitar la sepultura de María de Ajofrín, creyendo que por su intercessión alcançaría la salud que deseava.  En entrando en el capítulo donde estava la sepultura, sintió un olor çelestial, y luego se derribó sobre ella con muchas lágrimas y devoçión, rogando le quisiese alcançar de Nuestro Señor se sirviese darle salud de aquella tan penosa enfermedad que padecía. No pasó mucho tiempo quando fue oýda y sintió cumplida sanidad.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Otro canónigo de la sancta yglesia de Toledo estava muy enfermo y casi para morir, y mientras más benefíçios le hazían los médicos se hallava peor; encomendose con mucha devoçión a la sancta María de Ajofrín, y mandó yr a visitar su sepultura en su nombre, y que le traxesen un poco de la tierra della. Traýda, se la puso al cuello, y aquella noche, estando durmiendo, le appareçió la sierva de Dios, y quando despertó se halló sano. A la mañana le daban una purga, que estava ordenada de médicos, y él dixo que no la avía ya menester, sino que le diessen de comer, que estava sano y bueno. En levantándose, fue a la Sisla a visitar el sepulcro desta virgen y a hazer gracias a Nuestro Señor, y offrecer sus offrendas.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En el año de mill y quatro çientos y noventa Francisco Díaz, vezino de Xaraiz, estava bien al cabo de la vida y reçebido el sacramento de la extrema unctión, de que tenía mucha pena un clérigo tío suyo, y acordándose que avía oýdo los milagros que hazía la sancta María de Ajofrín, luego le encomendó con mucha fee y devotión la salud del enfermo su sobrino, prometiendo que si la tuviesse lo llevaría a visitar su sepultura. El enfermo tuvo luego salud, y los dos, tío y sobrino, fueron a la Sisla de Toledo a hazer graçias a Nuestro Señor y a esta sancta por su intercesión, y el clérigo escrivió por su mano este [fol. 267r] milagro en el mismo Monasterio de la Sisla el año de mill y quatro çientos y noventa y uno, a siete días del mes de mayo, certificando ser verdadero y que como lo dezía avía succedido.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Otros muchos milagros hizo Nuestro Señor por mereçimientos desta su sierva con personas que visitavan su sepulcro o se encomendavan a ella en diversas partes, por lo qual se acordó que su cuerpo fuesse trasladado del capítulo a la yglesia del monasterio, a un sepulcro que le hizo una señora devota y prinçipal que era Condesa de Fuensalida. Hízose la traslaçión el año de mill y quatroçientos y noventa y çinco, en veinte y çinco días de abril, hallándose presentes, con el prior del monasterio fray Juan de Morales y los religiosos, el clavero de Alcántara y Don Alonso de Silva con otras personas, donde luego que abrieron la sepultura sintieron todos tanta suavidad de olor que salía de la huessa como si se abriera una arca llena de todas las flores olorosas que naturaleza produze, y sus huessos pareçía que estavan vañados en un liquor a manera de óleo. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Mandó el prior que la translaçión se hiziese con la mayor solemnidad que pudiesen, y se tañesen los órganos y las campanas y fuesen todos con velas ençendidas en las manos y en una processión bien conçertada y ordenada. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Levantaron el cuerpo, que estava en una arca aforrada en seda que dio Don Alonso de Silva, y llegaron con él a la capilla mayor de la yglesia, donde, después de haver dicho allí algunas oraciones, le dexaron a un lado del altar mayor, descubierto por espaçio de treze días. En este tiempo pidieron a Nuestro Señor muchas veces que se sirviese embiar agua a la tierra por intercessión de su sierva, que havía gran necessidad. Y llovió en grande abundançia con que se remediaron los temporales que estavan a punto de perderse, y todos entendieron que les avía Dios hecho esta misericordia por honrrar aquella bendita sierva suya. &lt;br /&gt;
Pasados los treze días, pusieron el cuerpo en el sepulcro [fol. 267v] nuebo que para esto se avía aparejado, baxo del altar colateral de Nuestro Padre Sant Hierónymo, que está a la mano derecha del altar maior, y dentro de la rexa, y allí es visitado y honrrado de muchos, y fue premio mereçido a su humildad, porque, como dio testimonio Chatalina de Sant Lorençio, priora y hermana maior del monasterio de San Pablo, era esta bienaventurada María de Ajofrín de tanta humildad y menospreçio de sí misma que la importunava y pedía muchas vezes que la reprehendiesse y penitençiase delante de todas, mayormente en los capítulos que se tienen en los viernes, mandándola comer en el suelo y hazer otras penitençias humildes que las religiosas suelen hazer en público para exerçitarlas, que en esto la ocupase y exerçitasse y en la guarda de la perfecttión de los padres antiguos que tenían en amar a Dios y despreciarse a sí mesmos. Con ser tan humilde era honestíssima, tanto que pocas personas (aun de las que conversaban con ella) podían dar testimonio de su rostro, que le traýa de ordinario y casi siempre cubierto con un velo que dejava caer hasta los pechos. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Conclúyese la historia con esto: que la sancta María de Ajofrín se subió derechamente al Çielo con el vestido de oro recamado que el psalmo quarenta y quatro dize, donde está gozando de la perfectión de las virtudes, y del Señor de las virtudes, criador y salvador nuestro, Jesuchristo. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
=== Notas ===&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[1]'' Tachadas tres líneas a continuación hasta la siguiente palabra transcrita.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[2]'' Palabras tachadas a continuación. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[3]'' Palabra tachada a continuación.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
=Vida manuscrita (3)=&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Ed. de [http://visionarias.es/equipo/veronica-torres-martin/ Verónica Torres Martín]; fecha de edición: diciembre de 2022; fecha de modificación: junio de 2026. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==Fuente==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[[Archivo:Historia de la villa de Ajofrín Manuscrito.jpg|miniatura|250px|right| Francisco de Ajofrín, 1770. ''Historia sacro-profana de la ilustre y noble villa de Ajofrín, y aparición milagrosa de la imagen de Nuestra Señora de Gracia, venerada a siete leguas de dicha villa, en el Convento de Reverendos Padres Agustinos Calzados del lugar de San Pablo de los montes de Toledo'', Madrid, BNE, MSS/2169, vol. 1. (Fuente: Biblioteca Digital Hispánica. Imagen procedente de los fondos de la Biblioteca Nacional de España). ]]&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
* [http://catalogodesantasvivas.visionarias.es/index.php/Categor%C3%ADa:Francisco_de_Ajofrín Ajofrín, Francisco de], ''Historia sacro-profana de la ilustre y noble villa de Ajofrín, y aparición milagrosa de la imagen de Nuestra Señora de Gracia, venerada a siete leguas de dicha villa, en el Convento de Reverendos Padres Agustinos Calzados del lugar de San Pablo de los montes de Toledo'', 1770, volumen 1 (ms. 2169, BNE), fols. 87r- 145r.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[[Contexto material del manuscrito Historia sacro-profana de la ilustre y noble villa de Ajofrín]], ''y aparición milagrosa de la imagen de Nuestra Señora de Gracia, venerada a siete leguas de dicha villa, en el Convento de Reverendos Padres Agustinos Calzados del lugar de San Pablo de los montes de Toledo''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==Criterios de edición==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Se trata de una obra manuscrita del siglo XVIII, que recogemos excepcionalmente aquí por añadirse datos nuevos a los proporcionados en las fuentes de los siglos XV, XVI y XVII, sobre esta figura. Por su escritura manuscrita, aunque tardía, se ha optado por una edición conservadora en la que los cambios han sido leves. La edición sigue el manuscrito de Francisco de Ajofrín; en concreto los capítulos cinco, seis y siete, correspondientes a la ''Vida'' de María de Ajofrín. Este ejemplar, parece ser una copia en sucio que habría podido realizarse para una posterior copia en limpio o para ser llevada a la imprenta, pues tiene notas escritas por el propio autor con indicaciones sobre los añadidos o el orden a seguir en esa posible copia o impresión posterior, además de numerosos tachones y añadidos al texto. Se ha utilizado la edición de 1999: Francisco de Ajofrín, ''Historia sacro-profana de la ilustre y noble villa de Ajofrín y aparición milagrosa de la imagen de Nuestra Señora de Gracia, venerada a siete leguas de dicha villa, en el Convento de Reverendos Padres Agustinos Calzados del lugar de San Pablo de los montes de Toledo'' (José María Rodríguez Martín, trans.), Toledo: Diputación Provincial de Toledo, 1999, pp. 99-148, que se basa en el mismo manuscrito del siglo XVIII, a modo de cotejo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Se ha decidido respetar la morfología de las palabras con interés morfológico o fonológico con la intención de no perder los valores fonéticos, léxicos y sintácticos de la época. Asimismo, se mantienen las contracciones “deste”, “della”, “del”, aunque se ha añadido el apóstrofo clarificador den “del” para escribir “d’él”. Por otro lado, se han corregido algunos casos de laísmo, leísmo y loísmo, así como se han señalado algunos errores de transcripción que se han podido observar en el cotejo que se ha llevado a cabo con la obra de 1999. Por otro lado, se ha modernizado la puntuación y acentuación según las normas actuales. Además, para facilitar la localización del texto, se indica el folio (r-v). En cuanto a la foliación, se ha de indicar que en el ejemplar existe una foliación realizada por la misma mano del autor y otra realizada a lápiz que, suponemos, podría ser más moderna. Esta foliación moderna realizada a lápiz corrige la foliación original del autor, pues, como Francisco de Ajofrín añade folios o apéndices a posteriori, termina siendo errónea.  En lo que respecta al apartado de notas, se ha de indicar que existe una doble anotación, una de A a Z que se corresponde con las notas al pie de página realizadas por el propio autor, y otras numeradas que se corresponden con las anotaciones llevadas a cabo por la presente editora. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==Vida de María de Ajofrín==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Capítulo 5. Personas que han floxeado en santidad y milagros naturales de Ajofrín'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[87r]&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Vida de la sierva de Dios María de Ajofrín, llamada Santa María de Ajofrín, religiosa jerónima en el convento de San Pablo de Toledo'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
1.- Siendo todo este pueblo dichoso de Ajofrín tan proprio y peculiar de María Santísima, como dibujó en otro lienzo la pluma, se sigue por legítima convergencia que ha de haber mucha santidad en él y que toda santidad ha de venir de María ''[1]'', pues el fruto desta Señora es de honor y honestidad (A). Yo (dice por el eclesiástico) (B) estendí como terebinto ''[2]'' mis ramos, y mis ramos son de honor y de gracia. Parece no puede estar más literal el texto. María Santísima, con el gloriosísimo y dulce títu [87v] -lo de Gracia, es el objeto principal de la presente historia y, siendo esta señora terebinto hermoso, ha de ser abundante su fruto, participando d’él con mayor plenitud los que vivimos por gran fortuna nuestra bajo de sus frondosos ramos. Estos ramos, dice, que son de honor y de gracia, si a mi rudeza se permitiera una literal exposición, diría que en el honor se entiende todo lo que puede comprehenderse bajo deste título de beneficios temporales, y en la gracia de beneficios espirituales. Y, sobre lo primero, ha corrido la pluma felismente por el dilatado campo de varios capítulos (C), donde hemos visto los beneficios grandes que esta señora ha hecho a este pueblo, distinguiéndole entre millares, con el nunca bien ponderado título de vasallos suyos, haciéndole insigne en [88r] lo benigno de su temperamento, en lo saludable del terreno, en lo fértil de sus campos, en la bella índole de sus naturales, en lo alegre de su cielo, en la opulencia de sus tratos, en la hermosura de sus casas y, en una palabra, cuantos beneficios temporales goza esta villa y gozamos todos sus naturales, todo es honor, que nos hace nuestra gran Reina, todos son ramos y frutos de aquel hermoso místico terebinto, bajo de cuya sombra dispuso el Altísimo naciésemos. En los ramos, o frutos de gracia (D), se deben entender, como ya dije, los beneficios espirituales y, entre estos, señaladamente el haber florecido en [88v] esta villa insignísimos sujetos en santidad y milagros a esfuerzos de la Divina Gracia, y destos trataremos en este capítulo. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
2.- Quien primero se ofrece a la historia, y con razón debe tener el primer lugar, es aquella gran mujer, ornamento de la Iglesia, gloria de la religión jeronimiana y honor grande de su patria, la venerable sierva de Dios, María de Ajofrín, a quien el pueblo por muchos siglos ha dado el decoroso y bien merecido renombre de “santa”. La historia grande de los Bolandos, al día 17 de julio, hace della el siguiente elogio: “''Mariam de Ajofrín a Hyeronimitissam S. Pauli venerabilem Toleti anno 1489 defunctam annuntiat castellanus''”. La vida desta sierva de Dios la tomaremos de la tercera parte del ''Flos Sanctorum'' de Villegas, que la pone el día 18 de julio; de la 3ª parte de la ''Crónica del Sagrado Orden de San Jerónimo'', escrita por el reverendo padre fray José de que, con mucha extensión, la tratan en el libro 2 desde el capítulo 44 hasta el 49; de Pedro de Alcocer al lib. 2 cap. 25 de su Historia de Toledo; del doctor don Blas Franco en la ''Vida de la venerable María de Jesús'', en la elucidación [89r] del cap. 19. 5. 2; y de otros autores así antiguos como modernos, advirtiendo antes que, aunque se le dé el título de “santa”, es solo siguiendo la voz del pueblo, al modo que se le da a santa Juana de la Cruz, sin que ni una ni otra estén por la Iglesia canonizadas, ni mi ánimo, como propuse a la frente desta historia, es prevenir el juicio de nuestra madre la Iglesia, sino que se le dé solo el asenso que merece el dicho falible de los hombres. Dio, pues, ilustre cuna la villa de Ajofrín a la sierva de Dios, María, llamada también de Ajofrín. Escogió el Cielo por padres desta agigantada heroína a Pedro Martín Maestro y María García, personas nobles, ricas y exemplares. Nació, según tradición constante, en las casas que hoy son de Tomás Díaz, a la puerta de Toledo. El padre de nuestra santa fue uno de aquellos valerosos capitanes que socorrieron a la ciudad de Toledo cuando se hallaba tan afligida, como vimos en otro lugar (E). Dieron sus padres a esta feliz alma la educación propria a su nobleza, infundi [89v] -endo en ella, insensiblemente desde los primeros crepúsculos de la vida, espíritus, exemplos y virtudes. Imbuida altamente esta inocente niña en las más saludables cristianas máximas, no es mucho se descollase en santidades sublimes en tan tierna edad. Muy temprano empezó a dar muestras admirables de extremado desprecio de las vanidades del mundo, principalmente de aquellas que son más del genio de las de su femenil sexo. Miraba con aversión, y aun con enfado, todo género de galas y compostura, pereciéndola (y con razón) que la más preciosa gala que debe vestir un alma destinada al Cielo es la gracia adquirida con el continuo exercicio de las más heroicas virtudes y, advirtiendo que las más hermosas se adornaban más, le pareció que era agraviar la alta [90r] providencia del Supremo Hacedor que, como infinitamente sabio, viste a cada criatura con aquellas joyas que le parece conducen a los fines altísimos de su incomprehensible saber. Penetraba aún en aquella edad tierna que el vestido en los de uno y otro sexo no debe tener más objeto que la decencia y honestidad debida y, todo lo que de aquí pasaba, pasaba a ser exceso. Severa reprehensión la desta niña y confusión vergonzosa para lo que en el día estamos viendo con el mayor escándalo en hombres y mujeres, ni me persuado, les falte a los adultos las luces que el Cielo concedió a esta tierna criatura con que serán más culpados en el tribunal supremo. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
3.- Estos eran los sentimientos que [90v] formaba en su inocencia aquella grande alma en todo grande, aunque en la apariencia chica, siendo estos como anuncios de la excelsa santidad a que el Señor elevó después su espíritu. De niña no tuvo María más que la candidez y la inocencia; cuando estaba su edad en la primera flor se hallaba ya su alma rica de sazonados y abundantes frutos. Embargó en esta ocasión la gracia las operaciones de la naturaleza, despojando a esta criatura de sus comunes leyes y marcándola con vistosos caracteres de virtudes. Lo que en otras niñas son gracejo y juguetes de la edad primera, fueron en ella primores y seriedades de perfección cristiana. En esta tan tierna edad, inflamada del Espíritu Santo, hizo a Dios un sacrificio de los más altos y meritorios que puede hacer una pura criatura. Estando un día en oración, propuso con la mayor firmeza consagrarse al Señor en una religión para servirla perpetuamente, acción sin duda de las más heroicas que se leen en la historia. La obediencia a sus padres, el respeto a los mayores, la atención a las cosas divinas, la honestidad y recato, el silen- [91r] cio y retiro, se admiraban en esta niña desde su primera infancia. Con estos y otros prodigios, iba creciendo María en días y en virtudes, pero muy sin proporción en los aumentos, porque corría con tan ventajosos excesos la gracia, que dejaba muy atrás a la naturaleza. No anduvo esta escasa en adornar a la niña con todos aquellos primores que deposita el Señor en sus ocultos senos. Dotola, pues, de relevantes prendas de discreción, donaire y hermosura con que era el imán dulce de las voluntades y objeto común de los cariños. Pintar aquí la hermosura de un serafín humano sería, sin duda, empleo digno de la pluma, pero esta la debía manejar un ángel para que saliese la copia [91v] parecida a su original, pues solo un ángel pudiera hallar colores, vivacidad y espíritu para formar una idea que a él en todo se le pareciese. De que tuviese el rostro como un ángel nuestra María da testimonio un gran hombre citado por el doctor Villegas en su ''Flos Sanctorum'', con que, no pudiendo dudarse desta verdad, queda abierto campo a la más traviesa fantasía para que finja Dianas, dibuje Ninfas, forme Lucrecias y pinte Florindas. A tanto lleno de hermosura se unía la blandura de su genio siempre amable y cariñoso, con que dulcemente robaba los corazones de todos. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
4.- Ya había cumplido los 15 años cuando, tan bellas prendas, junto con la calidad de su heredada nobleza, la riqueza de sus padres no podía ocultarse [92r] de los jóvenes que a porfía la solicitaban por esposa. No desagradaban a los padres de la bendita doncella semejantes pretensiones, deseando colocarla ventajosamente en el estado santo del matrimonio. A esto la inclinaban con ruegos, súplicas y halagos, pero firme la castísima doncella en el propósito que, aun siendo niña, había hecho de entrarse en religión, resistía varonilmente a estos importunos asaltos. Les era muy sensible a los padres y aun a sus hermanos tan fuerte resistencia y propusieron amenazarla para ablandar su pecho y aun tratarla con el mayor rigor, si fuese necesario. Cuanto padeció la inocente virgen por cumplir a su esposo lo ofrecido se deja discurrir del gran de- [92v] seo que los suyos tenían de casarla, pero ni la ablandaron los suspiros y lágrimas de sus padres, ni la movieron los halagos y caricias de sus parientes, ni la asustaron las perseveraciones y malos tratamientos de sus hermanos y, así, siempre firme, siempre constante en servir a Dios, se oponía como incontrastable muro a los designios del siglo, anhelando ansiosa por consagrar a Dios su virginidad, sus haberes y albedrío, no reservándose para sí aun la más leve respiración, siendo ya de 16 años. Viendo los padres su firmeza, la llevaron a Toledo para divertirla y, con este fin, ablandarla. Entre las diversiones, vanidad, fausto y grandeza que ofrece el embeleso desta populosa ciudad, no hallaba quietud su espíritu anhelando, con más fervor, buscar a su amado en el retiro. Los paseos, las visitas, los regalos, el luxo, y cuanto precioso y deleitable le ofrecía oficioso su padre para divertirla, eran otros [93r] tantos estímulos que la llevaban a Dios y la apartaban del siglo. No faltaba entre los caballeros jóvenes de la ciudad quien la observase y sirviese, pues como tenía las relevantes prendas de hermosa, noble y bizarra, se arrastraba dulcemente las voluntades de todos y en nada hallaba consuelo quien solo lo buscaba en Dios. De suerte que, leyendo desengaños la bendita doncella en todos los gustos con que la pretendía lisonjear el mundo, acariciar la carne y tentar al demonio, vivía cada día más ansiosa de dejar las vanidades y abrazarse con Jesús. Y, así, los mismos medios que ponía su padre para apartarla de su propósito, estos mismos la conducían fuerte y suavemente a conseguirlo.&lt;br /&gt;
 &lt;br /&gt;
5.- Un día, estando en la Santa Iglesia y Catedral haciendo oración delante de Nuestra Señora del Sagrario, como vasalla fiel de tan gran Reina, sintió en su interior una ''[3]'' moción singular que, dulcemente, la inclinaba a retirarse al religiosísimo monasterio de San Pablo del sagrado Orden [93v] de San Jerónimo, que acababa de fundar en Toledo la venerable e ilustre señora doña María García. Luego que tuvo oportunidad, dejando a sus padres, hermanos y parientes, abandonando riquezas, honra y estimación, renunciando al mundo y sus vanidades, se retiró al dicho monasterio para consagrarse a Dios. No se observaba clausura entonces en este exemplarísimo convento, ni se observó hasta el año de 1508 en que, voluntariamente, se obligaron las religiosas a guardarla, pero siempre ha florecido y florece ''[4]'' con gran fama de santidad y, si se hubiera de hacer relación de las mujeres famosas que han vivido en él, daría mucha materia a la admiración juiciosa y prolijo afán a la historia, léase al reverendísimo Sigüenza en su ''Crónica de San Jerónimo'' (F). Recibieron aquellas religiosas a la inocente virgen con singular gus- [94r] to y complacencia, juzgando por su angelical rostro recibían en ella una gran santa. La hermosura de su cara, la honestidad de sus costumbres, la gravedad de su trato, la humildad de su genio, la circunspección y medida en sus palabras, fueron ciertos presagios de la futura santidad a que la había de elevar la divina gracia, como luego se fue mostrando. Halló nuestra santa virgen en aquellos sagrados claustros no pocas virtudes que imitar y, como solícita abeja, iba copiando de cada una de sus compañeras lo más precioso y aquilatado ''[5]'' que veía en ellas. En brevísimo tiempo llegó a tocar en lo más sublime de la perfección cristiana, siendo común asombro de toda aquella sagrada comunidad. Era entre todas la más humilde, rendida y obediente, llegando a tanto su reputación que decía muchas [94v] veces (sintiéndolo en su interior) que no merecía besar el suelo que pisaban sus hermanas. Su oración era continua y tan fervorosa que, saliendo fuera de sus sentidos, se arrebataba en el aire por largo espacio de tiempo. Vertíanse en ella tan copiosas las influencias celestiales que, siendo estrecho cauce el corazón, sobresalían a la exterioridad en ríos de lágrimas y en ardientes suspiros. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
6.- Habiéndose ya despedido del mundo la que tan desprendida vivió siempre de sus vanidades, soltó el océano de su fogoso corazón la presa a los caudalosos diques de la mortificación y penitencia. Ninguna estuvo allí ociosa, todas sí practicadas de la fervorosa virgen que, con celo de enflaquecer los verdores de la carne, no quería tasar las [95r] austeridades que le dictaba su espíritu. Discreta acción crecer para no desmedrar, que en la carrera de las medras espirituales hay poca distancia (si hay alguna) de la tibieza a la relaxación ''[6]''. Huía con el mayor cuidado del trato y conversación de las criaturas, buscando a su esposo en la soledad y reino: aquí le hablaba dulcemente, aquí lograba de sus caricias y aquí en místicos deliquios ''[7]'' se deshacía su amante corazón en afectos tiernos a su amado. Una virtud noble, entre otras, resplandeció en esta sierva de Dios y fue la invicta paciencia en los trabajos. Disimulaba con una modestia tan agradable los sentimientos interiores que tal vez padeció, que ningún acaso turbó la serenidad de su rostro ni descompuso la armonía de su espíri- [95v] tu, regulado siempre con los compases de su santa conformidad. La sencillez nunca artificiosa y el candor desta alma pura, desnuda de la simulación del engaño y de lisonja, era amable hechizo de quien la trataba. Vestía su ánimo de obras, como su lengua de palabras, estas y aquellas eran de una misma librea. Torpe monstruosidad en los que visten de un color los labios y de otro la intención, monstruo de dos corazones (G) y que jamás le ha sufrido la naturaleza cuando los aborta a cada paso la hipocresía. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
7.- Con este lleno de virtudes pasó en la religión diez años, siendo tan universal la fama que sus bien fundados méritos la habían adquirido que [96r] todas las religiosas la tenían por santa, viviendo edificadas de su inculpable vida. No obstante, la sierva de Dios, como tan humilde, reputándose por más pecadora y mala, determinó hacer una confesión general en que pudiese lavar sus culpas pasa servir al Señor con más pureza. Dispuso su inocente alma con tan abundancia de lágrimas, tan fervorosa compunción y ternura, que bastaría a lavar las mayores culpas siendo así que era inculpable su vida. Al entrar en el confesonario, se postró en tierra delante de una devota imagen de María Santísima que tenía su Hijo en los brazos y, con fervientes lágrimas, pidió al Señor le perdonase sus culpas, y a la Madre que fuese su patrona y abogada. Luego, inmediatamente, se vistió de soberana luz aquella sagrada imagen, y el Niño, con halagüeño rostro, levantando su delicada mano, le echó la absolución del modo que lo executan los confesores. Aunque esta visión había [96v] sido tan clara y manifiesta, era tanta su humildad que nunca se persuadió fuese así. Levantose llena de temor y se fue a los pies de su padre espiritual y, habiéndose confesado con el más vivo dolor y abundantes lágrimas, aunque con singular consuelo de su alma, al salir del confesonario repitió la oración a la misma sagrada imagen y, segunda vez, se vistió de hermosos resplandores. y el Niño, mostrándose cariñoso, levantó la mano y le echó la bendición. Quedó su alma con tan celestial favor, tan abrasada en el amor divino, que no podía contener las avenidas de su espíritu, siendo tan dulcemente violenta la llama que ardía en su pecho que el corazón sensiblemente le latía queriendo salirse a buscar mayor esfera. Pocos días después de haber recibido este favor, habiéndose quedado una noche sola en el coro, enardecida toda en caridad, pedía al Señor Sacramentado por el estado fe- [97r] liz de la Iglesia santa. Estando en lo más fervoroso de su oración, vio una gran llama de fuego que, saliendo de la Custodia, y dejándose registrar de sus virgíneos ojos, llenaba de hermosura todo el templo y de consuelo su alma. Duró esta visión por espacio de una hora, quedando la santa abrasada en amor y reverencia al Señor Sacramentado. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
8.- Siempre que había de comulgar se disponía con el mayor fervor y reverencia, derramando afectuosa muchas lágrimas y pidiendo al Señor adornase su alma con el lleno de virtudes necesarias para recibirle. Como la santa fielmente se disponía, así el Señor dulcemente le regalaba. Un día de Pascua de Resurrección comulgó con las demás religiosas y vio en la forma consagrada un corderito vivo, hermoso y agraciado. Recibiole en su pecho y quedó tan suavemente trasportada y llena de consuelo espiritual que, en diez días [97v] con sus noches, ni durmió, ni comió, ni bebió, ni hizo acción alguna vital, sino suspirar por su amado Jesús, derramando de sus virginales ojos dulcísimas y tiernas lágrimas. Desde esta ocasión, siempre que comulgaba (que en aquellos tiempos era de tarde en tarde, por no estar introducida la frecuencia de sacramentos), se enajenaba de todos sus sentidos, quedando extática y fuera de sí, comunicándose también a su hermoso rostro estos divinos efectos, pues parecía entonces tan agraciada y bella que pudiera equivocarse con los más altos serafines. Duraban en la sierva de Dios estas dulzuras y deliquios por espacio de cuarenta días, de suerte que, a no intervenir la obediencia de su confesor, no comiera ni durmiera en este tiempo, pues aseguraba no tenía necesidad ni sentía desfallecimiento alguno en el cuerpo. “Hácensenos a nosotros estas cosas como imposibles”, dice aquí el historiador jeronimiano (H) “porque estamos muy lejos dellas”, y [98r] no hay duda que, si nos llegásemos con simplicidad de corazón a aquel Señor que todo es espíritu, nos espiritualizaríamos participando de sus celestiales dones, pero dejándonos arrastrar de la miseria, nos vamos tras las cosas terrenas, donde se pega nuestro corazón y, así, vivimos no vida espiritual, sino terrena. Estando en cierta ocasión orando la santa, se llegó a ella un varón anciano y venerable y le dijo: “Ven conmigo, que te llama la Reina”. Se hallaba entonces en Toledo la Reina Católica, doña Isabel, y pensando la sierva de Dios que la llamaba la Reina (pues entonces podían salir del convento por no tener clausura), se turbó toda y se escusó diciendo no podía ir a ver a Su Majestad. El venerable anciano le volvió a decir: “Ven, hija, conmigo, que no es la Reina de la tierra la que te llama, sino la Reina del cielo”. Al oír esto, se turbó mucho más, pues su humildad y conocimiento proprio la hacían indigna de cualquier favor. Conformada con la divina gracia, siguió a aquel anciano y, sacándola de la ciudad, se halló de repente en una [98v] iglesia donde vio una hermosísima imagen de Nuestra Señora con su Hijo en los brazos, postrose a sus pies y dijo: “Señora, aquí tenéis a esta esclava vuestra”. Entonces, aquel varón le puso en sus manos un delicado y rico paño de seda, y la Reina del Cielo le dio a su dulcísimo Hijo y, mandando a un hermoso mancebo que le acompañase con el anciano, le dijo estas palabras: “Ve con mi Hijo donde fuesen estos dos varones”. Quedó la sierva de Dios con tan rica joya llena de celestial júbilo y, haciendo reverencia a la Señora, se partió con sus dos compañeros que, sin duda, serían San Joseph y San Juan Evangelista, de quien era muy devota. El venerable anciano caminaba delante, como guía desta jornada, y el mancebo la acompañaba dándole la derecha. Llegaron breve a un pueblo grande y famoso lleno de palacios y ricas casas y, llamando a las puertas el venerable anciano, decía en voz alta y grave: “Abrid, que viene Dios a vuestra casa y os quiere visitar”. A estas voces se hacían sordos y ninguno quería abrirles y, si algunos tenían las puertas abiertas, luego que los veían, las cerraban al instante [99r] respondiendo todos que pasasen adelante, que no había posada. ¡Oh, grosera ingratitud de los mortales! Así anduvieron cuasi todo aquel dilatado pueblo sin hallar quien los acogiese. Volvíanse desconsolados y afligidos y, en el camino, encontraron a unos que iban de viaje y dijeron: “Nosotros os acogiéramos si no fuéramos deprisa, pero, mientras volvemos, os podéis recoger en ese establo”. Esta fue la mejor posada que entre los hombres halló el Criador del mundo. Volvieron a la iglesia donde estaba la Virgen y, recibiendo a su bendito Hijo de las manos de la santa, refirieron los compañeros cuanto había pasado y Nuestra Señora, hablando con la sierva de Dios, dijo: “Ya has visto cuántos esfuerzos ha hecho mi Hijo para que los hombres le reciban y cuánta ingratitud ha hallado en ellos, por eso vendrá sobre ellos su ira y serán castigados, unos con duros azotes, otros con espadas agudas y otros [con] ardientes llamas”. Desapareció la visión y, quedando [99v] afligida la santa, lo refirió a su confesor y, de a poco, se verificó puntualmente, pues no llovió en mucho tiempo, que fue un azote cruel, ni se cogieron los frutos, que fue una penetrante espada que quitó la vida a muchos; y se siguió una peste contagiosa, a cuyas voraces llamas rindieron la vida cuasi infinitos, con otros trabajos que se siguieron en toda España, pidiendo incesantemente la bendita santa al Señor mitigase su ira. &lt;br /&gt;
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9.- Un día de la Ascensión, quedándose la santa en el coro después de maitines, como acostumbraba, llevada del afecto y amor a Jesús, se llegó cerca del altar mayor y allí fue arrebatada en éxtasis y le mostró el Señor una visión maravillosa: pareciole que se hallaba en un campo espacioso y dilatado, lleno de flores y plantas exquisitas. En medio [100r] deste campo vio que había una magnífica iglesia y que a ella se dirigían cinco solemnísimas procesiones de sacerdotes venerables ricamente vestidos de majestad y gloria. Conforme iban entrando en aquel templo, se postraban todos delante del altar mayor, donde estaba María Santísima con su bendito Hijo en los brazos y le parecía a la santa que esto no era en visión, sino en realidad, como si estuviera en el mismo Cielo. Después cantaron todos el ''Gloria in excelsis Deo'' con mucha solemnidad y, acabado, se quedaron con gran silencio y compostura, como si estuvieran en oración sin mirarse unos a otros. Pasado un rato, les mostró la Virgen a su Santísimo Hijo, diciendo: “Veis aquí el fruto bendito de mi vientre, tomadlo y comedlo”. Entonces, se levantó un sacerdote, que parecía de más autoridad que los otros, y se vistió para celebrar el santo sacrificio de la misa y, al ir a consagrar, le puso Nuestra Señora en sus manos a su Santísimo Hijo, y luego quedó en forma de hostia. Hizo la elevación para que [100v] todos la adorasen y apareció como un rayo de sol que la bañaba y, poco a poco, se fue subiendo al Cielo hasta que el Padre Eterno la recibió en su seno y se oyó luego una voz que dijo: “Este es mi hijo muy amado, oídle a Él”. Entonces, uno de los sacerdotes que estaban presentes y era conocido de la sierva de Dios por haber sido capellán del convento y que había muerto poco antes, se llegó a la santa y le dijo: “En lo que has visto conocerás la verdad del misterio eucarístico y la reverencia con que se debe celebrar. Advierte que es la voluntad de Dios que tú lo digas a otros”. Desapareció la visión y quedó la sierva de Jesús entre mil temores, pensando fuese alguna ilusión o engaño de Satanás, pues se tenía por indigna de cosas tan altas. Díjolo a su confesor, que lo era entonces don Juan de Biezma, capellán del monasterio y varón de suma integridad y pureza, y este, como prudente, aunque conoció eran verdades aquellas revelaciones, pues se dirigían al provecho y utilidad de las almas, le dijo que no hiciese caso de semejantes fantasías, que todo procedía de la debilidad de la cabeza. En otra ocasión, le apareció [101r] la Virgen María rodeada de luces y le dijo: “Cinco pecados aborrece mi Hijo en los sacerdotes y le ofenden en gran manera: el primero, la falta de fe en los misterios que tratan; el segundo, la codicia y apego a las cosas de la tierra; el tercero, el vicio horrendo de la luxuria; el cuarto, la ignorancia de sus obligaciones y, el quinto, la poca reverencia con que tratan las cosas divinas. Estas cosas irritan el justo enojo de mi Hijo. Publícalo así para que se enmienden”. Con el mismo temor se lo dijo a su confesor y este le respondió como antes, aunque observaba con cuidado para hacer el uso debido destas revelaciones a su tiempo, como con efecto se hizo con no poca utilidad de las almas. Estos fueron los primeros vuelos desta águila generosa que, remontada sobre todo lo criado, no paraba hasta tocar lo más alto y sublime de los cielos. &lt;br /&gt;
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10.- Y, continuando con esta misma materia, tan fecunda de luz en la vida de nuestra santa que apenas se hallara igual en la historia, estaba una noche en oración después de maitines, cuan- [101v] do, al rayar el alba del festivo día del triunfo de la Santa Cruz, se le apareció la Majestad de Cristo, vida nuestra, con semblante grave y severo. Venía vestido de una tunicela morada, con sobrepelliz y estola al cuello, pero corriendo gotas de sangre por su divino rostro y aun por todo el cuerpo. No pudiendo contener la sierva de Dios el dolor que le causaba ver al Señor maltratado, derramando sangre, dijo: “¿Qué es esto, mi Dios? ¿Quién os tiene así?”. Y el Señor respondió: “Desta suerte me maltratan los que no me reciben en la comunión con la disposición debida. ¡Ay de los sacerdotes! Pues a estos les espera mayor tormento”. Quedó fuera de sí y, desde esa ocasión, pidió fervorosísimamente ''[8]'' a Su Majestad por los que comulgaban y, muy en particular, por los sacerdotes y ministros del altísimo. Repetidas veces orando delante de una Santa Verónica, o cara de Dios, con quien tenía singular devoción, la veía llena de resplandores y recibía mucho consuelo su alma. Un día de San Agustín, estando haciendo oración delante desta santa imagen, después que se iluminó, [102r] con vistosos rayos, apareció toda convertida en sangre. Afligiose mucho la sierva de Dios, temiendo no fuese algún engaño, pues su humildad la hacía recelar de todo pedía al Señor le diese a entender lo que quería en esto, y la significó que quería aumentase en sí la penitencia y mortificación, pues la deseaba cada día más perfecta y santa. Púsolo en execución y en esta virtud hizo progresos admirables. Desde este día no comió jamás carne ni cosa caliente y su corto alimento era un poco de pan con alguna fruta, de suerte que todas sus revelaciones eran para multiplicar en sus sienes brillantes coronas de méritos y virtudes, prueba, la más eficaz, de que eran verdaderas y no fingidas. En cierta ocasión, tuvo un rapto tan profundo que, por muchas horas, estuvo sin movimiento alguno vital. Pensaron todos que había muerto y los médicos hicieron las últimas experiencias de darle garrotes y ligaduras, a que resistió inmoble. Usaron también del fuego y del cuchillo, y la hallaron insensible, y no es mucho, pues su espíritu vivía ausente del cuerpo en regiones muy remotas y dis- [102v] tantes. Ya la lloraban muerta a la que a la verdad estaba extática, y acaso hubieran pasado a darle sepultura, si el Señor no lo hubiera impedido. En este tiempo fue arrobada en un éxtasis profundísimo y llevada por los ángeles a aquel campo espacioso y dilatado en que había visto antes las cinco procesiones que entraban en la iglesia, y volviose a repetir lo mismo que había visto. Y la Reina del Cielo le dijo con rostro severo y grave: “Mucho ha desagradado a mi Hijo que tu confesor no haya publicado lo que se te ha revelado. Vuelve a decírselo para que lo comunique con [el] deán de la iglesia y otros sacerdotes, y todos avisen al arzobispo para que ponga de su parte el remedio, haciéndole saber cómo el Señor está indignado contra los cinco vicios que te manifesté aborrece en gran manera, es a saber: falta de fe, codicia, luxuria, ignorancia y poca reverencia. También le dirás que avisen al arzobispo para que cele con rigor sobre los moros y judíos (se permitían entonces en Toledo), pues van sembrando muchos errores en la ciudad”. Desapareció [103r] la visión y volvió del rapto hallándose buena y sana, aunque con los temores que su humildad le causaban, pero fortalecida con las superiores luces que el Señor le daba. Llamó a su confesor y, con esforzado espíritu, le dijo lo que había oído de la boca de la Virgen, pero el confesor, que con madura reflexión miraba estas cosas, aunque inclinado al asenso, no se determinaba a publicarlo y le dijo: “Hermana, para que en materia tan grave no nos tengan por livianos, era menester alguna prueba o señal, porque si no se reirán y burlarán de nosotros. ¿Qué seña me das para que me crean?”&lt;br /&gt;
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11.- Afligiose la Santa Virgen con su respuesta y, pensativa de lo que había de hacer, se despidió del confesor y, pasando por junto a una ventana, vio dos pliegos de papel y luego se le ofreció el escribir dos cartas: una para su confesor y otra para el deán. Tomó el papel y, guiada de superior impulso, se encerró en un sótano obscuro [103v] para que no la viesen. Empezó luego el papel a iluminarse, dando claridad suficiente para ver, y sintió que le ponían una pluma en la mano y, moviéndosela, sin saber quién, escribió en poco tiempo las dos cartas, pero con letra tan primorosa y limpia que claramente daba a entender la había formado mano de ángel. Pero aún mucho más admiraba el contexto de las cartas, pues iban tan llenas de doctrina, eficacia y persuasiva que, en cada cláusula o periodo se leía un arcano ''[9]'' de la más alta teología y así, por todas sus circunstancias, se conocía era obra milagrosa y de superior jerarquía. Remitió las cartas a su confesor, el que las recibió apenas llegó a su casa y, maravillado de aquella letra tan peregrina, pasó a leer la que para él venía y quedó pasmado y como fuera de sí al ver doctrina tan elevada, y mucho más cuando leyó en ella no pocas cosas de que solo Dios y él eran sabidores. No obstante estas muestras tan claras, no le dejaba obrar con libertad su timidez y poca resolución, y así determinó ocultar las cartas, sin manifestarlas al [104r] deán, ni dar parte al arzobispo. Fue a ver el confesor a la santa y, sabiendo esta su determinación, se le reprehendió con la mayor severidad y, aunque siempre humilde, en esta ocasión revestida del celo santo que la animaba, le habló con tal eficacia y libertad que bien conocía era cosa de Dios, pero no le pudo convencer por su gran pusilanimidad, aunque como veremos después, el Señor le castigó en el Purgatorio por este defecto. Quedó la santa muy acongojada y pedía al Señor eficazmente se valiese de otra persona que tuviese más autoridad o que moviese el corazón de su confesor para publicarlo. Vivía la santa muy desconfiada de su ineptitud para cosas tan grandes, efecto proprio de los humildes, aunque pudieran saber que por lo mismo se vale el Señor de los medios más despreciables para hacer cosas sublimes, pues no ellos, sino la gracia de Dios en ellos, obra estos prodigios. Y antes de pasar adelante, no podemos omitir, en elogio de nuestra santa, los muchos prodigios que obraban sus milagrosas cartas y hacen no pequeño honor a nuestra historia: a una niña, después de mucho tiempo muerta, le aplicaron una carta y luego al punto resucitó. Tenía una mu- [104v] jer encarcerado un pecho sin hallar remedio en la medicina toda, aplícase la carta y sanó instantáneamente. Caminaba en romería desde Toledo a Santiago de Galicia un venerable sacerdote y, para seguridad y alivio de viaje tan penoso, pudo conseguir una destas ''[10]'' cartas. Llevábala con la mayor veneración en el pecho, pareciéndole que libraba en ella toda la felicidad. Al pasar un río caudaloso, cayó entre sus rápidas corrientes y, sin duda, le hubieran arrebatado a no haber acudido a esta insigne reliquia. Salió milagrosamente y, habiéndose mojado todo cuanto traía puesto hasta la camisa, solo la carta se halló seca y enjuta. En cierta ocasión, al ir a caerse por casualidad una destas cartas en una tinaja de agua, se detuvo milagrosamente en el aire. A una persona que padecía un incorregible fluxo de sangre, se detuvo luego que le aplicaron una carta. El doctor don Diego de Villaminaya, dignidad de capellán mayor de la santa iglesia de Toledo, pudo conseguir una carta destas con que dio salud a muchísimos enfermos. Estos y otros prodigios ha obrado el Señor en crédito de su sierva. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
12.- Continuaba esta en sus santos exercicios de oración, retiro y penitencia, estimada de Dios, venerada de los hombres y favorecida de los ánge- [105r] les, pidiendo siempre a Su Majestad con fervorosas lágrimas por el estado feliz de la Iglesia y salvación de las almas redimidas con su preciosa sangre. Este era el objeto común de sus oraciones y, como fundado en caridad, le era a Dios muy agradable y por eso le regalaba con frecuentes apariciones, manifestándola sus más escondidos tesoros. En cierta ocasión, fue llevada por un ángel al Purgatorio, donde vio penas y tormentos tan terribles que no hay lengua que los pueda explicar. Oyó allí gemidos, gritos y aullidos formidables, vio también figuras de animales tan estraños y peregrinos que jamás había visto en la tierra, y tan fieros y espantosos que bastaba solo su vista para quitar la vida al hombre más animoso y valiente. Vio, igualmente, gran multitud y variedad de gusanos que roían y atormentaban a aquellas pobres almas. Examinó uno la sierva de Dios con cuidado y dice tendría [105v] como un cuarto de largo y tres o cuatro dedos de ancho, cubierto por encima de unas conchas menudas, pero encendidas de un fuego muy activo. Reparó también que tenía unas uñas sumamente fuertes y aguzadas. Preguntó al ángel qué significaban aquellos gusanos y respondió: “Estos son los gusanos de la conciencia, que están royendo las almas de los que ves aquí detenidos, y esto les mortifica más que ninguna otra pena. ¡Que no fuese yo mejor! Exclaman noche y día. ¡Que no fuese yo más solícito en ganar indulgencias! ¡Que anduviese tan descuidado! ¡Que pude haber evitado estas penas y no lo hice! Este es el gusano roedor que más los atormenta. ¡Que pude y no lo hice! Y este también – prosiguió el ángel- es el que más aflige y desconsuela a los míseros condenados: ver que pudieron salvarse y no lo hicieron, que pudieran estar en el Cielo para siempre y se ven en el infierno por toda una eternidad. Este roedor nunca se acaba, siempre vive [106r] y nunca muere”. Vio allí la santa a varias personas, entre ellas a un sacerdote que aún vivía y era cura de una parroquia de Toledo y muy conocido de la santa. Tenía enroscada por el cuerpo una grande y espantosa culebra de dos cabezas, que con la una le roía el espinazo y, con la otra, el estómago, y junto a él un dragón horrible y espantoso que llevaba sobre su lomo un niño que a grandes gritos pedía a Dios justicia contra aquel párroco. Quedó espantada la santa y preguntó al ángel qué significaba aquella visión, y el ángel le respondió: “Sábete que este niño se queja contra el párroco porque no recibió el bautismo por descuido suyo, y así pide a Dios le castigue tan gran pecado”. Desapareció la visión y, vuelta en sí, hizo oración fervorosa por él, y sucedió que, pasados algunos días, diciendo misa este párroco y oyéndola la santa, después que se acabó, fue arrebatada en éxtasis y le vio [106v] que aquel miserable sacerdote tenía rodeada al cuerpo una espantosa culebra, pero con tres cabezas: con la una le mordía la lengua, la otra el corazón y, con la tercera, las espaldas. Vio también al niño, que daba gritos delante d’él y decía: “Por tu causa no recibí el bautismo, por ti me veo desterrado del Cielo, por ti no veré a Dios jamás. Venga, pues, sobre ti el castigo de tan gran culpa”. Pasados tres días, llamó la santa a este párroco y le dijo cuánto había visto, y otras muchas cosas secretas que nadie las sabía, y le amonestó de enmendarse de tales y tales pecados graves que había cometido, y porque tenía al Señor muy ofendido. Al oír descubierto su interior, quedó desmayado aquel sacerdote y cayó como muerto en tierra; animole la sierva de Dios exhortándole a hacer penitencia y que confiase en [que] el Señor [107r] le perdonaría sus culpas, si de corazón se arrepintiese dellas. Estando otro día diciendo misa, aparecieron en la hoja del canon cinco gotas de sangre fresca y reciente, y refiriéndolo a la santa le dijo, vestido de luz su pensamiento, que en ello le daba el Señor a entender le quedaban de vida solo cinco años, como se verificó. Murió pasado este tiempo, día de San Miguel, y, haciendo oración por él la sierva de Dios, se le apareció en una figura horrible y lastimera en que daba a entender se había condenado. Adoremos los juicios de Dios siempre inescrutables mientras damos principio al capítulo siguiente.&lt;br /&gt;
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'''Capítulo 6. Recibe la sierva de Dios, María de Ajofrín, por admirable modo las llagas de Jesús, con otros favores extraordinarios'''&lt;br /&gt;
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1.- Siempre ha sido y será célebre en la Iglesia el favor sin segundo que la Majestad [107v] de Cristo hizo a mi seráfico padre san Francisco en la impresión de sus sagradas llagas. Este prodigio, a todas luces grande, que se ha merecido por todas sus circunstancias la admiración de los siglos, en nada deroga la omnipotencia del Altísimo para que, con sus siervos, se muestre el Señor liberal derramando, a manos llenas, favores y beneficios. Así lo hizo con nuestra santa virgen, la sierva de Dios María de Ajofrín. Habíala escogido el Señor no solo para fiel dechado de virtudes y perfecciones, sino para que fuera instrumento idóneo que arrancase del campo de su Iglesia la cizaña que el enemigo cautelosamente iba sembrando. La había escogido entre millares para que fuese vivo oráculo de su voluntad eterna y por eso la quiso sellar con el sello de su amor más puro, para que le diesen fe y creyesen su testimonio. &lt;br /&gt;
Estando, pues, un día en oración nuestra santa virgen en la octava del Corpus, patente el Santísimo Sacramento como se acostumbra en la orden, fue levantada en el aire más de una vara, en fuerza de la elevada y sublime meditación, cuando sintió de repente dentro de [108r] su alma una grande antorcha que, ilustrando su razón, inflamaba al mismo tiempo la voluntad en el amor de su dulce esposo. Vio que desde la custodia salían cinco hilos de oro finísimo a manera de cinco vistosos rayos de luz y se terminaban a sus pies, manos y costado. Conoció la santa el misterio y, no pudiendo su humildad sufrir tanto favor, quedó anegada en su misma miseria, absorta y fuera de sí. Los dulces efectos que causó esta visión en el pecho amoroso de la humilde sierva fueron admirables y, más para contemplarlos que para referirlos, diola el Señor a entender que quería honrarla con las señales de su pasión sacrosanta, pero que esto sería sucesivamente, y en diversos tiempos así se verificó, como iremos viendo. Un día, meditando en la corona de espinas y los acerbísimos dolores que el Señor padeció en este paso, sintió en su cabeza tan recias punzadas, como si la traspasaran con agudas y penetrantes espinas. Ni fue solo repre- [108v] sentación, sino realidad, pues luego brotaron con violencia por todo alrededor muchas gotas de sangre viva y fresca. Duró esto por muchos días, de suerte que lo vieron y notaron las demás religiosas pues, aunque ponía el mayor cuidado para ocultarlo, no podía, manifestándolo el Señor por medio de la sangre que le corría, no pocas veces, hilo a hilo por la cara, con admiración y pasmo de cuantos lo veían. Y sucedía estar sereno su rostro, sin novedad alguna y, de repente, brotar la sangre de sus sienes, frente, y demás partes de la circunferencia, y bañarse su angelical rostro con este precioso rosicler, que la hacía aún más hermosa y agraciada. Desde que recibió estas señales de la corona de Jesús (de que hay pocos ejemplos en la historia), fueron vivísimas y penetrantes las punzadas que sintió causándole acerbísimos dolores en tanto grado que, en una ocasión, llegó a separarse en la cabeza el casco superior del inferior, como si le hubieran dividido con un cuchillo; pero acompañó a este prodigio otro aún mayor, y es que por fuera nada se conocía, pues ni rompió el pellejo, ni hizo llaga alguna y solo por el tacto se percibía la separación [109r] de uno y otro casco y, con ser esta rotura claramente mortal y sin remedio, no le quitó la vida, aunque le causó tan fuertes dolores que estuvo fuera de sí por más de cuarenta horas, y después de algunos días, se volvieron a unir y solidar, sin medicina, aquellos cascos, quedando como antes. Deste raro portento hubo muchos testigos y algunos dellos físicos famosos que, contestes ''[11]'', depusieron ser obra sobrenatural y divina. &lt;br /&gt;
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2.- Entregada toda a Dios y puesta en contemplación altísima se hallaba un día la santa virgen cuando, de repente, sintió acerbísimos dolores en las manos y en los pies y aun en todo su cuerpo, quedando como descoyuntado. Parecíale que las manos se las atravesaban con gruesos y penetrantes clavos; acudió pronta, llevada más del temor humilde que del dolor vehemente y halló las llagas, que pasaban de parte a parte una y otra mano. Después que volvió en sí y pudo valerse, se puso unas vendas con algunos paños para que las demás no lo pudiesen conocer. Y fue así, pues solo su con- [109v] fesor (que lo era entonces el ilustrado varón y religiosísimo padre fray Juan de Corrales, prior del convento de la Sisla) lo supo y él solo las vio con sus ojos y depone desta verdad y no se puede dudar della, pues demás de ser varón a todas luces respetable por su conocida santidad y literatura, se hace acreedor a esta justicia el hallarse condecorado con la prelacía de su orden y, lo que hace más al caso, por ser del tribunal de la Santa Inquisición, como veremos después. Duraron estas llagas abiertas más de 40 días sintiendo la bendita virgen recios dolores y muy en particular los viernes. Después, se cerraron sin medicina alguna, pero quedaron las señales hasta que murió, y procuraba ocultarlas. Y, aun después de cerradas, sentía no pocas veces vehementísimos dolores. No nos dice la historia si recibió también las llagas en los pies, aunque es de creer las recibió y las ocultaría por la honestidad, y solo dice que sintió en esta ocasión acerbísimos dolores en los pies. Pero aún más misteriosa es la llaga del costado: abrasada en amor divino, medita- [110r] ba un día la Pasión y muerte de Jesús (que este era por lo común el objeto de su oración), se le apareció el Señor vestido de resplandores y le previno que el día siguiente, que era la festividad de todos santos, año de 1484, le había de comunicar altísimos secretos y transformar en sí por temor haciéndola participante de los dolores de su Pasión sacrosanta. La humilde sierva se lo dijo a su prelada con el mayor secreto, suplicándole encarecidamente que, a otro día luego que comulgase, la llevase a algún sitio retirado de la casa donde nadie le viese ni notase. Prometiolo así la prelada para su consuelo, aunque no lo pudo cumplir, pues a otro día, apenas comulgó, fueron tan excesivos los gemidos y sollozos y tan violentos los golpes de corazón, que fue milagro no espirar luego al instante. Tal era el fuego que abrasaba interiormente el corazón de la santa que, encendida toda en amor, salió a buscar el exterior ambiente. Su virginal rostro arrojaba un [110v] tan vistoso carmín que, hermoseándole sobremanera, causaba admiración y respeto. Siguiose a esto un prodigioso rocío de su sangre que, sin hacer herida, salió de sus delicadas sienes y por toda la circunferencia de la cabeza. Quedose después privada de todos sus sentidos y en un profundísimo éxtasis en que perseveró por más de 40 horas sin verse en ella más acción vital que algunos lastimosos quejidos con que, tal vez, se desahogaba. Las religiosas, temiendo muriese la santa en aquel dilatado desmayo, usaron aun con sobrada violencia de cuantos remedios les dictaba su congojosa aflicción en aquel crítico lance: le dieron garrotes y ligaduras y, para que tomase alguna sustancia, hicieron tal fuerza que le quebraron una muela, pero a todo estaba la santa inmoble e insensible. Y, aunque notaron alguna sangre en el hábito, no hicieron alto sobre ello hasta que se descubrió el misterio. Volvió al fin de aquel profundo rapto y, después, dijo a su confesor que había sido llevada a la presencia de Cristo y que había visto al Señor sentado en un trono de grande majestad y grandeza, donde le fueron reveladas muchas cosas tan altas y divinas que ni podía ni sabía explicarlas. Dijo también que le había mandado el Señor, de nuevo, publicase lo que [111r] le tenía dicho en otras ocasiones: “Y para que seas creída -añadió el Señor- se te dará esta señal del cielo, que este cuchillo traspasará tu corazón y hará en él una llaga de donde saldrá sangre viva, que será verdadero testimonio a todos, tú serás participante y como un transunto en quien verán mis llagas y lo que padecí por los hombres”. &lt;br /&gt;
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3.- Después que dijo esto el Señor, se sintió herida en el costado y con tan gran dolor que faltó poco para espirar. Mostrose la llaga abierta por espacio de 20 días y, aunque siempre corría sangre, los viernes era con más abundancia, de suerte que no bastaban los paños que se ponía y corría hasta el suelo. Para que se conociese que esta llaga era misteriosa y sobrenatural, nunca se enconó ''[12]'' ni salió materia ni otro género de corrupción. La sangre que salió era tan limpia como de un tierno corderillo. Quiso al principio la humilde sierva del Señor ocultar este prodigio, pero el Señor le mandó lo dijese a sus preladas y prelados, lo que le fue aún más sensible que todos los dolores que había padecido. Obedeció; aunque [111v] muy a costa de su humildad, mostró los paños ensangrentados, que ellos mismos estaban publicando el prodigio, pues no parecía sangre humana, sino un carmín finísimo. Vio la llaga el confesor y algunas religiosas y todos quedaron atónitos y asombrados, aunque mandó seriamente a las religiosas no lo dijesen a nadie. Quiso el confesor dar parte al deán de la Santa Iglesia, pero se detuvo para obrar con más reflexión en materia tan importante; pero confirmado más en el prodigio buscó al deán y le refirió cuanto pasaba. El deán, que era don Pedro de Préxano, sujeto de no vulgar literatura, de vida muy ajustada y que sus prendas le elevaron después a la mitra de Badajoz, determinó se hiciese la averiguación con toda solemnidad, para que constase auténticamente, por lo que llamó al capellán mayor, dignidad de la misma Santa Iglesia, junto con un notario apostólico y, en compañía del confesor, entraron en el convento el día 19 de noviembre y, delante de la prelada y otras dos religiosas, vieron con la mayor decencia la llaga del costado y su circunferencia; y la tocaron con sus manos estando la llaga tan viva y fresca como si se acabara de hacer, no obstante que habían pasado 19 días, y salía sangre pu- [112r] -rísima, sin mal olor, ni putrefacción alguna; y el mismo capellán mayor tomó unas hilas y las sacó llenas de sangre, confesando todos era cosa sobrenatural y mandaron al notario lo diese por testimonio. Y porque este se guarda original en el Convento de Padres Jerónimos de la Sisla de Toledo, queremos poner aquí lo que hace al caso y pertenece a la historia, y es lo siguiente: &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
‹‹Yo, Gracián de Berlanga, capellán de la serenísima reina doña Isabel, Nuestra Señora, notario apostólico y arzobispo, doy fe que el año de la Natividad de Nuestro Redentor y Salvador Jesucristo de 1484, en 10 de noviembre, casi 6 horas después de medio día, por ruego e instancia de don Juan de Biezma, rector de la casa de doña María García, entré en la dicha casa, en un aposento en el cual estaban los reverendos señores don Pedro de Préxano, deán de Toledo, y don Diego de Villaminaya, capellán mayor en el coro de la Santa Iglesia de Toledo, y dos o tres religiosas de la dicha casa, y vide una doncella, que verdaderamente parecía bulto de ángel, y tenía una llaga en el costado donde Nuestro Señor Jesús fue herido, tan grande como un real y no tenía hinchazón y carecía de toda putrefacción [112v]. Tenía un color muy fino, así como grana y, después que todos lo hubimos mirado, a poco rato habló aquella doncella estas palabras: “Dios Nuestro Señor vos lo demande, si non pusiéredes aquello en execución”. Y así espantado me aparté dende y me torné a salir. En fe de lo cual lo signé y firmé de mi nombre, que fue fecha en Toledo, año, mes, día de ''quibus supra. Gratianus notarius apostolicus''››. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En aquellas palabras que dijo la santa, “Dios Nuestro Señor vos lo demande”, da a entender que ya los había hablado antes y sería, sin duda, lo que el Señor le había revelado que publicase. Parece no esperaba el Señor otra cosa para cerrar la prodigiosa llaga que el que se tomase testimonio della y así, a otro día, que fue el 20 de noviembre, ya se había desaparecido esta llaga, cerrándose ella misma sin medicina alguna, quedando solo una hermosa y vistosísima señal y no menos prodigiosa que la llaga misma, pues, sin verse cicatriz ni callosidad alguna, solo quedó como un hermosísimo y brillante rubí. De donde se infiere claramente que esta llaga [113r] fue milagrosa en su principio, en sus progresos y en su fin. Pero, aunque faltó la llaga, no faltaron a la santa los dolores, pues estos los padeció con mucha frecuencia y aun también se renovó no pocas veces en los cinco años que vivió después, como lo declaró a su confesor, a quien nada reservaba para no errar. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
4.- Adornada nuestra santa con las preciosas llagas de Jesús, no vivía ya en la Tierra este serafín humano, su conversación, su trato y su espíritu todo era del Cielo y en el Cielo. Su alimento era cortísimo y levísimo, y aun esto lo hacía no por necesidad, sino por humildad, para quitar cualquier nota y que no la tuviesen por buena. Decía a su confesor que no tenía necesidad de manjar terreno cuando recibía a Su Majestad Sacramentado, pues este le mantenía no solo el alma, sino también el cuerpo. Por eso en este tiempo eran más frecuentes los éxtasis y raptos desta feliz alma, pues, como tan desprendida de la Tierra, era fácil ser elevada hasta el Cielo. Aumentáronse las revelaciones y favores del Señor [113v] y, como la había escogido por instrumento para declarar lo irritado que estaba contra los pecadores, volvió una y otra vez a mandarla manifestase su voluntad. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En una ocasión, le apareció Su Majestad muy airado y, de nuevo, le dijo era su voluntad se avisase al arzobispo para que, por lo que a él le tocaba, pusiese pronto remedio en aquellos cinco vicios que, en otro lugar (I), dijimos aborrecía tanto el Señor y, también, que velase en destruir y extirpar los horrores que en Toledo iban sembrando los moros y judíos y que quitase el intolerable abuso que se había introducido de celebrar misas en casas particulares y que no lo permitiese, sino en algún caso raro o grave necesidad, pues así iba decayendo el culto divino y la asistencia de los fieles a los templos y funciones eclesiásticas. Ha querido siempre Dios a esta ciudad santa, ejemplar y edificativa, esmerándose en arrancar de su campo cualquier cizaña que el enemigo común ha instado sembrar y, por eso, ahora insta tanto en purificarla por medio de su prelado [114r] para que, a su ejemplo, otros prelados hagan también lo mismo. Con este fin, y para que le diesen crédito, adornó el Señor con sus llagas a nuestra santa virgen, pero como tan humilde no sabía cómo hacerlo, contentándose con decirle a su confesor, el cual tampoco tenía resolución para ello, permitiéndolo el Señor para escarmiento de otros. Una voluntad de Dios tan expresa y clara, tantas veces repetida y encomendada, ya se ve que el resistir a ella será culpable en los divinos ojos, ni puede escusarse con el pretexto de humildad, pues en realidad no lo es. Mandó Dios a Jonás fuese a predicar a Nínive, pero por humildad huye y se embarca para Tarsis (J). Irritado el Señor contra el desobediente profeta, le castiga mandando a una ballena se lo trague. No se han de persuadir fácilmente las almas contemplativas que el Señor las toma por instrumento para cosas grandes, pero tampoco se han de resistir con nimia tenacidad cuando una y otra vez las llama. [114v] Escarmienten las almas dedicadas a Dios en lo que sucedió a esta santa y a su confesor: murió este (que, como queda dicho, lo fue muchos años y se llamaba don Juan de Biezma) el año de 1486 cerca de la festividad de Nuestro Padre San Francisco y, en este día del Santo Patriarca, se le apareció a la sierva de Dios y le dijo, entre otras cosas, estaba penando en el Purgatorio por no haber hecho lo que la santa le dijo varias veces, que diese parte al arzobispo para que pusiese remedio oportuno en aquellas culpas y que, ahora, le exhortaba que, deponiendo todo temor, lo manifeste al arzobispo porque, si no, sería azotado rigurosamente del Señor. Pidiola le encomendase a Dios y ayudase a salir de aquellas penas y, con esto, desapareció. Quedó la santa admirada, pero aún no sabía cómo hacerlo, pues le parecía que harían burla de su dicho, despreciando como consejo de mujer lo que era oráculo divino. Estando una noche en oración, fue llevada a un tribunal, donde presidía un juez [115r] severo y, pidiéndole cuenta del cumplimiento de sus órdenes, mandó a un ángel azotarla por desobediente. Fueron tales los azotes que se alcanzaban unos a otros y, así, sus delicadas espaldas quedaron todas molidas y quebrantadas, aunque por de fuera no quedó señal alguna de llaga ni cardenal. Este solo tormento le faltaba para imitar a Jesús en su Pasión sacrosanta. Tuvo grandes dolores la santa y le duraron cerca de año y medio sufriendo por el Señor estos azotes de su mano. Tenía una vez la toca mal puesta y la prelada, para componérsela, metió la mano en la espalda, pero notó que, como si no tuviera huesos o los tuviera molidos, no tocaba sino carne, pero sin llaga ni cardenal alguno. Maravillada desto y pensando que se había puesto así por las disciplinas, le reprehendió agriamente el exceso, pero la sierva de Dios le descubrió todo lo que había pasado y se conocía ser cosa sobrenatural por no verse señal alguna exterior. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
5.- Con este aviso del Cielo conoció [115v] la sierva de Dios su descuido y, habiendo quedado por su confesor el venerable padre fray Juan de Corrales, prior que era de la Sisla, comunicó con él cuanto había pasado y, como docto y experimentado, determinó dar parte de todo al arzobispo, que lo era entonces el gran Cardenal de España, don Pedro González de Mendoza, y habiendo hablado largamente con su eminencia sobre el asunto, le dejó una copia del testimonio, que se había formado de la llaga del costado y otros papeles autorizados de varios prodigios y maravillas que Dios había obrado, y estaba obrando entonces con su humilde sierva. Oyole benignamente su eminencia y, a otro día, le respondió en carta lo que sigue: &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
‹‹Venerable padre, esta noche pasada a las dos, después de medianoche, tomé esta lectura que me dejastes y nunca la aparté de mis ojos hasta que, capítulo por capítulo, la pasé y leí toda, que en ella no quedó letra que no la leyese, y lo que más me maravilla es que, ansí, se me pegó al corazón, que no dudé de [116r] ella cosa alguna. Como quiera que soy tardío en dar crédito a estas revelaciones y, al cabo, vi el testimonio del notario y la confirmación de los testigos, varones y mujeres, a quien toda fe se debe dar y a cualquiera dellos yo lo daría, aunque fuese solo cuanto más a todos juntos, a los cuales yo conozco, excepto a la hermana mayor (era la prelada), que por tener el cargo que tiene está aprobada debajo. Conozco bien al notario, que es hombre de verdad y digno de fe. Maravillome mucho más hallarse en mujer tanta dureza en no querer decir lo que tantas veces vio y sintió, mayormente siéndole mandado por quien todo lo manda y rige, lo que es señal de su grandísima humildad y del menosprecio que tiene de la gloria mundana. Por lo que a mí me toca, le dad, vos Padre, por mí las gracias, y Dios Nuestro Señor se las dé, y la pena que padece le será en doblada gloria y, si hay alguna cosa que yo pueda hacer para consolación suya, ofrécesela vos de mi parte muy enteramente, y recomendadme a ella rogándole que me tenga presente en la oración, rogando a Nuestro Señor me deje acabar en su servicio y hacer en esta vida su voluntad››. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Después que recibió esta carta el [116v] confesor, le mandó a la sierva de Dios escribiese al arzobispo informándole ella misma de cuanto el Señor le había revelado sobre el particular. Llamó a una religiosa de confianza para que le escribiese y, habiéndola acabado, al quererla secar a la lumbre, se quemó gran parte y, afligiéndose la compañera por tenerla que trasladar y ser larga, le dijo que no tuviera pena, que a otro día lo harían. Pusieron la carta en un arca y, al ir a trasladarla al día siguiente, la hallaron sana y sin lesión alguna, de lo que quedó admirada su compañera, que se llamaba Inés de San Nicolás. Cerró la carta y la envió con su confesor y la llevó a su eminencia, con quien habló largamente sobre el contenido, y su eminencia respondió lo siguiente: &lt;br /&gt;
‹‹Devota y muy amada hermana, con vuestra carta y con lo que el Padre Prior de la Sisla me dijo, hube gran consolación. Nuestro Señor Dios, que os puso en tal estado, os deje acabar en su servicio y a mí me dé gracias, que pueda hacer su voluntad y poner en obra lo que vos me aconsejáis, y ansí, os pido que le demandéis a Nuestro Señor y a su buen- [117r] aventurada Madre y en vuestras oraciones me encomiendo. Y porque al Padre Prior de la Sisla hablé largo no digo aquí más, sino que Nuestro Señor os conserve en su gracia divina››. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Otras muchas cartas escribió la santa al cardenal en que trataba con toda eficacia del remedio de los errores que los judíos y moros iban sembrando en Toledo, y su eminencia, conociendo la santidad desta gran mujer y el espíritu que la animaba, determinó a sus ruegos establecer en Toledo el Santo Tribunal de la Inquisición. Ni paró aquí el fervor desta heroína, pues a sus eficaces instancias se movió el cardenal a tratar con los Reyes Católicos, don Fernando y doña Isabel, la expulsión de los judíos y, después, se executó el año de 1492, saliendo de toda España seiscientos y veinte y cuatro mil desta mala raza. De suerte que podemos decir que nuestra España es deudora a esta sagrada virgen destas dos cosas grandes: del establecimiento del Santo Tribunal de la Inquisición y de la expulsión de los judíos, de donde tanto bien se ha seguido a [117v] toda la monarquía española. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
6.- Prosiguiendo el Cielo en favores a esta dichosa alma, eran ya por este tiempo frecuentísimas las dulzuras que recibía en repetidas apariciones de los espíritus angélicos y dulcísimas visiones de los santos, sus devotos, recreándola espiritual y corporalmente, sanándola de sus enfermedades y dirigiéndola en lo que había de hacer. Y si todas se hubieran de referir, sería necesario formar abultadísimos volúmenes y en esto convienen todos los historiadores de su admirable vida, por lo que ponemos solo algunas. Abrasada en amor de Dios, deseaba la santa comulgar en ocasión que los recios dolores que padecía en los lugares de las llagas, junto con la suma debilidad, la tenían postrada en una cama; no se atrevía la santa a pedir le trajesen a Su Majestad por evitar la singularidad. Apareciósele en esto un bello y gracioso niño, tan peregrino y hermoso que, turbada toda, no [118r] se atrevía a hablarle ni menos a llegarse a él, no obstante que se mostraba afable y cariñoso aquel soberano infante, recobrose un poco y díjole con humildad: “¿Quién eres, hermoso niño?”. Y el Señor le respondió con mucha gracia y donaire: “Yo soy tu esposo, no te turbes. ¿Por qué temes? Llégate a mí”. Y llegándose la casta virgen, le dio el Divino Infante paz en el rostro y, poniéndole la mano en la cabeza dijo: “Ea, esposa mía, ya estás sana, levántate y ve a la iglesia”. Desapareció la visión y quedó la santa tan llena de dulzura y suavidad que le parecía había estado en la gloria, levantándose de la cama buena y sana; y desde este día jamás sintió dolores en la cabeza en la parte de la corona, que fue donde la tocó el soberano Niño, pero se aumentaron considerablemente en los pies, manos, costado y espaldas, en particular los viernes desde por la mañana hasta después de vísperas, en que parecía le renovaban las llagas, cada una con el instrumento respectivo. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En una ocasión la tenía postrada en la cama un agudo dolor de costado a que se llegaba el dolor grande que entonces la afligía también de la llaga del costado, que, aunque no se mostraba para lo exterior, como se ha dicho, siempre en lo interior [118v] estaba abierta. Pensaba, según su debilidad y dolores, que era llegada su hora y solo la afligió el no poder hablar bien para confesarse. En este aprieto, se le apareció el arcángel San Miguel, de quien era muy devota y, poniéndole la mano en la llaga del costado, se la apretó y fortaleció tan bien que pudo hablar y, llamando a su prelada, le suplicó avisase a su confesor para que la oyese de penitencia y administrase el viático. Mientras fueron al convento de la Sisla a avisar al prior, que era su confesor, tuvo la visión siguiente: arrobada en un profundo éxtasis, vio en espíritu al mismo confesor que, estando diciendo misa, al llegar a las palabras de la consagración, una imagen de Nuestra Señora que estaba en el altar le dio el Niño que tenía en sus brazos. Vio también en el altar un grande resplandor y muchos ángeles que sostenían al sacerdote de sus brazos, hallándose presentes las gloriosas vírgenes Santa Catalina y Santa Bárbara. Luego estas dos santas se llegaron a María y le dijeron: “Mañana a las nueve recibirás a Nuestro Señor en este resplandor que ahora ves y luego, al punto, quedarás sana”. Así fue, pues a otro día vino el prior, se confesó y, celebrando misa, al tiempo [119r] que se volvió a la sierva de Dios con la forma consagrada para comulgarla, vio en el pecho y manos del prior un resplandor muy hermoso, con tanta claridad como si fuera un sol. Esto mismo vio también una inocente niña como de tres años que estaba presente con su madre, la cual prorrumpió con aquel desahogo natural que causa la admiración en aquella inculpable edad: “¡Ay! ¡Ay! ¡Qué hermoso!”. Y preguntada dijo que había visto un sol entre el sacerdote y la enferma. Luego que esta recibió al Señor, perdió todos sus sentidos, quedando en un profundo y soberano éxtasis que le duró nueve horas. Las demás religiosas procuraban por todos modos dispertarla, pensando desfallecía, pues no había tomado alimento alguno en muchos días. Ignoraban que estaba trasportada en Dios y que este, como esposo amante, tiene mandado en la escritura (K) que no inquieten a su esposa ni la hagan velar hasta que ella quiera, con que fueron en vano todas las diligencias hasta que ella volvió en sí y, abriendo los ojos, dijo aque- [119v] llas palabras del psalmista (L): “Alaba, ánima mía, al Señor y todas las cosas que están dentro de mí a su santo nombre”. Y luego se halló sana y sin dolor alguno. Instaron las religiosas que tomase algún alimento, pero la sierva de Dios se escusó diciendo que no tenía necesidad, pues habiendo comulgado podía pasar sin alimento alguno, aunque fuese cuarenta días. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
7.- Como era tan agradable a los ojos del Señor esta su querida esposa, le regalaba dulcemente revelándola sus más ocultos misterios. Un año, en la noche de Navidad, le reveló su santo nacimiento con la adoración de los pastores. Después vio a los Reyes Magos y los ricos dones que le ofrecieron, con todos los demás misterios desta sagrada festividad. Celebrando el santo sacrificio de la misa en el Convento de San Pablo, el señor don Diego de Villaminaya, capellán mayor del coro de la Santa Iglesia, muy devoto de la santa, iba a darle la comunión y, al recibirla, dio un tan fervoroso suspiro que levantó las sagradas formas de la patena y hubieran caído en el suelo si los ángeles no las [120r] hubieran detenido prontamente. Un día de Navidad, celebrando también misa este mismo sacerdote en el referido convento, vio cómo, al salir revestido al altar, iban delante de él dos refulgentes antorchas de una luz vistosísima y extraordinaria, colocáronse sobre el altar y luego salieron cinco rayos de cada una y terminaban en la sierva de Dios, llenándola de gozo abundantísimo. Al llegar a ''sanctus'', vio descender del Cielo al altar tanta multitud de ángeles que cubrían al sacerdote desde los pies a la cabeza, subiendo unos y bajando otros con muestras de singular alegría. Al llegar a la consagración, todos los ángeles se postraron con la mayor reverencia y, a la elevación, los mismos ángeles le levantaban los brazos. No pudo aquel fogoso espíritu de santa sufrir más y, así, antes del ''Pater noster'' le dio un deliquio amoroso, y no pudiendo mantenerse de rodillas, cayó en el suelo desmayada, y estuvo así hasta las doce del día sin movimiento alguno y, a esta hora, la llevaron a su recinto juzgándola muy fatigada, pues había estado allí desde las diez de la noche sin apartarse.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El año de 1486 fueron tales las crecientes del soberbio río Tajo por las continuas lluvias [120v] que, demás del daño que hacía en los campos, imposibilitó los molinos, de suerte que no se hallaba harina, causando mucha necesidad en el pueblo y perecían los pobres. Lastimado el corazón compasivo de la santa al ver tanta miseria, se subió una noche a un terrado desde donde se descubre [el] Tajo y, levantando los ojos y el corazón al cielo, echó al río su bendición y, después, se retiró a orar, puestos los brazos en forma de cruz, tendida en el suelo y pegado el rostro con la tierra. Así hacía ferviente y humilde oración pidiendo a el Señor y a su purísima Madre se doliesen de los pecadores y contuviesen el rigor de su justicia. Sintió luego que la levantaban en el aire y vino un rayo hermoso de claridad que, desterrando las tinieblas y lobregueces de la obscura noche, parecía el día más claro y refulgente. Vino después María santísima en un trono de mucha gloria y majestad y le dijo: “Has de saber, hija mía, que todas las aguas que han caído en el discurso de tantos días habían de haber caído en tres, y la mayor parte dellas sobre la ciudad, de que se hubieran seguido muchos estragos y muertes, pero las oraciones que has hecho por la ciudad, yo que siempre he sido y seré su pro- [121r] tectora y madre compasiva, las presenté a mi Hijo y se ha dignado contener su ira”. Y así se verificó, pues luego cesaron las aguas y el río volvió a sus antiguas corrientes. A este beneficio y a otros muchos es deudora la ciudad de Toledo a esta santa y venerable virgen, lo que debe tener presente para la gratitud y reconocimiento. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El deán de la santa iglesia de Toledo, de quien en varios pasajes desta historia hemos hecho honorífica mención, formando el concepto que se merecían las virtudes de la santa (como testigo ocular del singular prodigio de la milagrosa llaga del costado), la veneraba, fiando mucho en sus oraciones. Tenía gran consuelo en tratarla, comunicando los negocios más graves que se le ofrecían, sacando siempre luz y acierto en el consejo de María. En el citado año de 86, rogó encarecidamente a la santa pidiese al Señor por la paz entre dos grandes personajes muy inmediatos al solio ''[13]'', cuya discordia ocasionaba en el reino funestas consecuencias e irreparables males. Obedeció la santa y, estando un día en oración en un sitio donde se veía salir el sol, vio a este fogoso planeta en su primer oriente, pero tan benigno en su aspecto que, como si fuera una estrella, se dejaba registrar sin ofensa de la vista. [121v] Advirtió que dentro del sol había una cruz de oro finísimo y, allí inmediato, dos hombres que estaban peleando uno con otro, pero luego se volvieron las espaldas y apartaron. Conoció por esta visión que cesarían presto aquellas discordias y así lo dijo al deán, lo que se verificó, pues aquellos personajes desistieron de su enemistad y se apartaron de la demanda, quedando todo en suma tranquilidad. En otra ocasión, estando orando a la hora de tercia, vio un cerco grande de luna y dentro d’él dos capitanes que, cada uno con su escuadrón, peleaban varonilmente, pero el uno fue vencido habiendo muerto mucha gente de una y otra parte. No conoció la santa lo que contenía esta revelación, pero de allí pocos días llegó la triste tristeza de la prisión del conde de Cifuentes por los moros en las entradas del Reino de Granada. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
8.- Toda alabanza será corta para lo que se mereció don Diego de Villaminaya, capellán mayor del coro de la santa iglesia de Toledo, y de quien la pluma ha hecho comemoración repetidas veces en esta historia. Era este grande héroe sujeto de no vulgar santidad adornada de bellas prendas, piadoso, liberal, afable y, sobre todo, [122r] gran limosnero y bienhechor de las huérfanas, de los pobres, de los encarcelados y desvalidos. Amaba todo lo bueno y, como lo era tanto, la sierva de Dios, María de Ajofrín, le tenía una santa inclinación y, juntamente a todas aquellas exemplares religiosas, socorriendo largamente sus necesidades, siendo como padre y fundador de aquella casa. Murió este edificativo prebendo con universal sentimiento de toda la ciudad entre diez y once de la mañana, en ocasión que la santa estaba con las demás religiosas oyendo misa. Luego que espiró, fue arrebatada la sierva de Dios en un profundísimo éxtasis y vio cómo San Juan Bautista, San Jerónimo y Santa Catalina llevaron su alma al tribunal de Dios, y oyó que le acusaron delante de aquel severo juez de no haber cumplido un testamento que quedó a su cargo, pero a esta acusación respondió que ya lo dejaba el declarado en su testamento, mandando se cumpliese luego. Entonces, el juez dio la sentencia que fuese al Purgatorio hasta que se cumpliese lo que dejaba ordenado. Dieron de allí a poco el clamor en la Catedral y las religiosas conocieron que a la gloriosa virgen se le había revelado el estado del alma de aquel su bienhechor, aunque no se atrevieron a preguntarlo. Con [122v] esta revelación, quedó la santa muy consolada por estar aquella alma en carrera de salvación, aunque afligida de que no fuese luego a ver a Dios por aquel descuido. Llamó a su confesor y le refirió lo que había visto, y el confesor luego a informarse de los testamentarios si era cierta aquella declaración, pues nadie hasta entonces lo sabía, y halló ser así y puso gran diligencia para que inmediatamente se cumpliese, para dar alivio aquella alma y fuese a gozar de Dios. Así lo hicieron los testamentarios, dando entero crédito a la sierva del Señor por la gran fama de santidad que para con todos tenía y a vista del claro testimonio que tenían presente de la revelación divina. Eran tan fogosos los incendios de la caridad que ardían en el pecho de nuestra santa que no le permitían ver padecer a alguno y no intentase eficazmente su remedio. Enfermó de muerte (al parecer de todos los facultativos) la prelada del convento, que entonces llamaban hermana mayor y, afligida la santa por la pérdida de mujer tan exemplar, pues a la verdad lo era, se fue a la iglesia a pedir a el Señor por la salud de su prelada. Estuvo en oración desde las nueve de la noche hasta las doce delante del altar de Nuestra Señora, derramando tier- [123r] nas lágrimas por su prelada. Eran fervorosas sus súplicas a su dulcísima madre como nacidas de un corazón todo mariano. Ofrecía su vida por la de su prelada, pedía, lloraba, esperaba y se afligía. Oyó en fin sus ardientes votos la que es consuelo de afligidos y salud de los enfermos, María, Señora Nuestra, y le dijo: “He oído tus ruegos y le es concedida la salud que pides”. Al oír este favor de la boca de su dulcísima reina quedó toda absorta y enajenada y, continuando los favores del Señor con esta su fiel sierva, vio al glorioso mártir San Lorenzo que, vestido de diácono y adornado de resplandores, llegó a la enferma y le puso en la cabeza una cinta de oro y, echándole su bendición, desapareció. Volvió en sí la sierva de Dios y luego fue a visitar a la enferma y la vio trasportada en dulce sueño, dispertó de allí a poco y se halló buena y sana de repente. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[14]'' [125r] Cayó por casualidad un ladrillo sobre la cabeza de una religiosa y, habiéndola herido gravemente, se llegó a ella la sierva de Dios, María, y lastimada de ver a su hermana padecer, le puso la mano sobre la herida con mucha blandura y suavidad pronunciando tres veces el dulcísimo nombre de Jesús, con que se detuvo la sangre, se cerró la herida y sanó perfectamente. Como era mujer poderosa y rica la madre de nuestra santa, labró en el convento un precioso altar y colocó para él una hermosísima imagen de Nuestra Señora, para desahogo piadoso de su afecto, y que su santa hija tuviese donde emplear el objeto noble de sus cariños que, como nacida en pueblo tan proprio de la Virgen, no podía ser otro más de su agrado. Era esta soberana imagen el imán de sus potencias, el asilo en sus necesidades y la obradora de infinitas maravillas y prodigios. Y si hubiéramos de historiar los beneficios que alcanzó desta sagrada imagen, [125v] los milagros que obró por su intercesión y portentos que se vieron en su tiempo, sería necesario alargarnos mucho contra el deseo que tenemos de no molestar y, así, pondremos uno u otro caso para inferir otros muchos. Un hermano de la santa, joven bizarro y de alientos, corriendo en Ajofrín un fogoso caballo, tropezó en la carrera y arrojó al jinete a una distancia desmedida con el mayor furor y violencia. Quedó el infeliz muy maltratado y casi sin sentidos. Voló a su madre esta infausta noticia en alas de la desgracia y, luego que oyó la fatalidad, le sorprendió un tan violento accidente que, torcida la boca, turbados los ojos, trémulos y lisiados los demás sentidos, causaba compasión a cuantos la veían. Dieron parte a la santa y, lleno su corazón de fe, acudió a María Santísima y, haciendo oración delante desta milagrosa imagen, mereció la respuesta que se sigue: “Hija, para el domingo estarán ya buenos tu madre y tu hermano”. Enviolo a decir a los enfermos y que tuviesen fe, que así se cumpliría. El suceso se acreditó, pues llegado este día, sanaron de repente sin medicina alguna. ''[15]'' [123r] Gemía en duras prisiones el referido hermano de la santa, tan triste y afligido que faltaba el esfuerzo y la paciencia, noticiosa su santa hermana acudió a su universal remedio, María Santísima, Nuestra Madre y, haciendo oración [123v] delante de una sagrada imagen, a quien tiernamente amaba y era todo su consuelo, se le apareció esta misma imagen al preso y, quitándole los grillos y cadenas, le dijo que saliese de la cárcel, que ya estaba suelto y libre por las oraciones de su santa hermana. Estaba entonces dormido y, al dispertar, se halló fuera de la cárcel, sin prisiones, añadiéndose a este otro prodigio que fue verse también sano de una grande inflamación que tenía en un pie a causa del mucho peso de las prisiones. Fue luego a ver a su hermana, refirió el milagro y, viendo la imagen de Nuestra Señora, conoció era la misma que le había quitado las prisiones y librado de la cárcel. Con este justo motivo, ofreció a la Virgen venir todos los sábados desde Ajofrín a Toledo, que dista tres leguas, a visitarla y traer cera para su culto. Cumpliolo puntualmente por el espacio de 9 años y, viniendo un sábado a traer la cera y visitar a Su Majestad, se cayó muerto en el camino de repente. Mucho sintió este accidente su santa hermana afligiéndose por haber muerto de repente y sin sacramentos. Pedía fervorosa a la Sagrada Virgen que, pues vivo le había librado de la cárcel del cuerpo, le librase muerto de la cárcel eterna. Pasados ocho días, se le apareció su hermano y, dándole gracias por sus oraciones, le dijo cómo a la hora de su muerte se había visto en grande riesgo, pero que invocan- ''[16]'' [125r] do en su ayuda a Madre Santísima le libró esta Señora y que se hallaba por su patrocinio en carrera de salvación. Pidiola que cumpliese ciertas obligaciones que tenía y que solo esperaba eso para irse a gozar de Dios para siempre ''[17]''. [124r] Esta sagrada imagen que, como hemos dicho, era el imán de los cariños de la sierva de Dios y por cuya intercesión obró infinitos milagros, se intitula “Nuestra Señora de la Encarnación” y la dejó muy encomendada a las religiosas. Hoy se venera con el mayor culto y decencia en el coro deste religiosísimo convento, siendo el asilo común de todas las necesidades y aflicciones, continuando en los prodigios y milagros como antes. Es de talla muy hermosa y en el pecho tiene un óvalo cerrado con un cristal, por el cual se registra un niño pequeño, pero hermosísimo, que tiene dentro. Está vestida de tela de variedad de colores, por habérselo pedido así a una sierva de Dios deste mismo convento. Después que murió la santa, diciéndola quería que la adornasen como a Reina, según la pinta David (M) con vestido de oro, y de hermosa variedad, or el mes de agosto le mudan ''[18]'' vestido y concurre toda la comunidad a este acto [124v] [19] devoto y tierno y, con este motivo la adoran, y al niño que tiene en el pecho. Todos los sábados cantan las letanías y, todos los días, el santo rosario y otras devociones. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
9.- ''[20]'' [126r] Descollaba cada día más y más nuestra santa en religiosas perfecciones y, aunque su corazón era un precioso relicario en el cual descansaban, como en su centro, los esmaltes de todas las virtudes, se aventajó con especialidad en la de ser ternísima devota de la Virgen María, como su fiel vasalla, esperando de su patrocinio aun el mayor imposible. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Llegábase la fiesta de Nuestra Señora de septiembre del año 1486 y, estando postrada en una cama con vehementes dolores y un tumor grande en la garganta, consideraba que las demás religiosas se levantarían a los maitines, asistirían al coro, oirían misa y comulgarían en tan gran festividad. De todo lo que se veía privada por sus dolores y achaques, afligíase sobremanera y esto le era más doloroso que todos sus dolores. Tocaban ya a maitines de la fiesta y, no pudiendo contener en su virginal pecho sus afectuosos deseos, hablando con María Santísima, se quejaba tiernamente en estas dulces y cordialísimas expresiones: “Reina gloriosa de mi alma, amparo de los que te invocan, consuelo de afligidos, alegría de los tristes, salud de los enfermos. ¿Es posible Señora y Madre mía que me tengo de privar de [126v] asistir a tus divinas alabanzas? ¿Que no pueda cantar con mis hermanas tus maitines? Bien conozco, Reina de los cielos, que no merezco alabaros ni estar en compañía de tan santas hermanas. Pero, Señora, ¿para cuándo son las gracias? ¿Para cuándo tus piedades y clemencias? Ahora las habéis de derramar liberal en esta indigna esclava vuestra”. Al decir esto, bajó del Cielo una gran claridad sobre la santa y luego se sintió sin dolores, sana y buena. Se levantó al punto y, llena de alegría y gozo, fue a maitines, comulgó y oyó misa a otro día. Admirándose todas las religiosas de lo que veían, pues estaba fuerte y sin aquel gran tumor que había tenido en la garganta, que todo estaba publicando un conjunto raro de prodigios. Enamora&amp;lt;da&amp;gt; salamandra de su Divino Esposo, se hallaba un día leyendo un libro devoto para divertir sus amorosas ansias y, no pudiendo por sus dolores ir a visitar a Su Majestad en la iglesia, pidió a una religiosa [127r] le trajese el Niño de la Virgen para adorarle. Recibiole con suma reverencia y le puso encima del libro, en cuyas hermosas hojas se puso a contemplar por un rato, derramando dulces y tiernas lágrimas. Llevada de tan fervoroso impulso, fue a besar el pie del divino infante y, anticipando este los favores, levantó él mismo su piececito ofreciéndoselo a su sierva con estremada caricia. Diole el ósculo llena de consuelo y el Niño se quedó con el pie levantado para eterna memoria de tan gran fineza. Notaron esto todas las religiosas y empezó aquella sagrada efigie a obrar mil prodigios y milagros. Uno solo historiaremos brevemente por haberlo obrado con la santa: tenía una peligrosísima apostema la bendita virgen, que la afligía no poco, pero luego que la tocó el pie divino del Niño se abrió y quedó sana a vista cuasi de toda la comunidad. Este Niño se mantiene en el convento con el mayor culto y devoción, es el Esposo que sirve para las profesiones de las religiosas y obra mil prodigios con los enfermos, se llama “El Niño de la Paz”.&lt;br /&gt;
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'''Capit. VII. Continúan los favores del Cielo con que dispone el Señor a su sierva, María de Ajofrín, para su dichosa muerte, y se refieren algunos prodigios que ha obrado después de su feliz tránsito'''&lt;br /&gt;
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1.- No se ciñen los caminos que guían a la virtud a una sola senda. Muchas previno la divina Providencia a los viadores correspondientes a las diversas moradas de los bienaventurados en la gloria. No todos los bajeles siguen en las dilatadas playas del océano un mismo rumbo, por distintos se navega a un mismo puerto. A muchos santos ha llevado el Señor al puerto deseado de la gloria por el suave camino de la oración y la contemplación; a otros por el áspero y trabajoso de la mortificación y penitencia. A unos les ha preparado lo ardiente de la caridad para su mérito; a otros ha exercitado en las valerosas campañas de la fe, derramando la sangre por Jesucristo. A unos los ha puesto en el desierto, a otros los ha [128r] traído a los poblados. A unos los ha salvado en los palacios, a otros en las chozas, guiando aquella altísima Providencia a cada uno por el rumbo proporcionado a sus inescrutables fines. A nuestra gloriosa virgen llevó el Señor por un camino extraordinario: le regalaba con dulcísimos favores revelándole los más ocultos misterios y sanándola en sus dolencias y enfermedades, pero por otra parte la visitaba con trabajos, llagas y dolores y, no contento con eso, añadía un cúmulo admirable de austeridad y penitencias. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Ni le faltaba el mérito de la caridad ardiente, pues trabajaba con un celo verdaderamente apostólico para evitar las ofensas de Dios, destruir las herejías y aniquilar los errores; perseguía con oraciones, escritos y diligencias las infames razas de moros y judíos, para lo que el Cielo le avisó repetidas veces. Igual era la paciencia, pues ni por infortunios ni enfermedades jamás se la vio enfadada. Era para con sus hermanas afable y cariñosa, ayudándoles en todo lo que podía, pero la humildad era la basa donde se fundaban todas las virtudes. Aunque tan favorecida del Cielo, siempre estaba pegada contra el suelo, se reputaba por la más ingrata de las criaturas, buscando medios para que la despreciasen. Pedía a la prelada que la reprehendiese en público as- [128v] perísimamente, mandándola postrar a la puerta del capítulo para que las demás la pisasen. Afirmaba su prelada (que lo era entonces la venerable Catalina de San Lorenzo, religiosa de no vulgar santidad y mucho mérito) que, entre todas, ninguna había más humilde que María de Ajofrín, no obstante las grandes religiosas que florecían entonces en aquella santa casa y refieren las crónicas de la orden. En premio destas y otras excelentes virtudes, fueron sin número los favores que recibió del Cielo siempre que comulgaba, o se elevaba en el aire, o quedaba en un éxtasis profundísimo que le duraba mucho tiempo. Por entonces, se fundó el Santo Tribunal de la Inquisición en Toledo con gran consuelo de nuestra santa virgen, pues veía cumplidos ya sus deseos. Uno de los nombrados para conocer de los procesos y causas del Santo Oficio era su confesor, el venerable padre fray Juan de Corrales, cuyas recomendables prendas le hicieron acreedor a tanto mérito y, como la sierva de Dios era el archivo y depósito de misterios tan re- [129r] cónditos, le ilustraba a su confesor de cuanto convenía hacer, a honra y gloria de Dios y exaltación de la santa fe católica. Le avisaba clara y distintamente (según le era revelado) los insultos que cometían los judíos, dando todas las señas de personas, caras y cuanto era necesario para la dirección de los asuntos. Le decía lo que maquinaban contra los cristianos, le descubría sus antes, le instruía en cuanto había de hacer para el mejor éxito de los negocios y, como el confesor hallaba por la experiencia ser cierto cuanto le decía, adquirió gran crédito por sus aciertos y bien fundados dictámenes y así le fiaron los negocios más arduos que ocurrían, no solo en Toledo, sino en otras provincias de España, los que desempeñó con la mayor satisfacción ayudando no poco a ello nuestra santa con sus oraciones y consejos. Nombrole el Santo Oficio para que fuese a tierra de Burgos a comisiones graves del tribunal, urgían en el día, y fue preciso tomar el camino en tiempo de invierno entre nieves y lluvias con mucha incomodidad y trabajo. La santa le animó a llevarlo con paciencia y le dijo cuánto había de padecer en el camino, señalando los días y lugares, [129v] pero le aseguró que el Señor le sacaría bien de todos los peligros y, así, puntualmente se verificó. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Cuando le dieron el cargo de la Inquisición, le pronosticó que había de padecer muchos trabajos y una grave enfermedad pero que, armado con el fuerte escudo de la constancia, lo vencería todo y, como lo dijo, se cumplió. Adoleció de un agudo dolor de costado muy a los principios de su oficio estando ocupado en materias muy graves del tribunal. Asaltole la enfermedad en el convento de San Pablo donde la santa estaba y, lastimada la sierva de Dios de que se atrasasen asuntos tan importantes al servicio del Señor, hizo sobre el enfermo la señal de la cruz y quedó sano, pero con mucha gracia dijo al enfermo: “Padre, ya estáis sano, aunque no por virtud de vuestra fe, pues no solo no creistes que os había de sanar, sino que os burlastes de mí en vuestro corazón y, en castigo desta poca fe, sentiréis por algunos días ciertas [130r] punzadas en el costado, pero no os impedirán las ocupaciones”. Todo pasó puntualísimamente como lo dijo la santa, pues el confesor se burlaba della sin esperar beneficio en la salud y, después, le quedó en el costado un pequeño dolor que no le impidió el trabajar. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
2.- El año de 1488, después de haber comulgado un día de Pascua de Resurrección, fue arrebatada en espíritu delante de toda la comunidad y de su confesor, que se halló presente. Así estuvo extática hasta las 6 de la tarde, y aun hubiera estado más tiempo si la voz del confesor, a esfuerzos de la obediencia, no la hubiera llamado. Volvió en sí luego que oyó la voz de su prelado, la que antes estaba inmoble como una estatua. Mandola el confesor, después que todas se retiraron, le dijese lo que se le había revelado, y ella, compelida por la obediencia, dijo que había sido llevada delante del Señor, el cual estaba rodeado de ángeles y serafines, y que, allí, se le mostraron las muchas maldades que los judíos y moros executaban en Toledo. Exortó al confesor [130v] a la constancia esforzándole a trabajar varonilmente sin desmayar en lo comenzado. Presumiendo el confesor algún otro misterio, le preguntó si tenía abierta la llaga del costado y la santa, aunque con mucho rubor, respondió que sí. En otra ocasión fue también arrebatada en un profundo éxtasis y vio a Cristo, vida nuestra, atado a la columna y que cruelmente le azotaban los judíos. Toda llena de compasión y pena lloraba la santa lo que padecía el Señor y, volviéndose a ella, Su Majestad le dijo estas palabras: “Hija mía, desta suerte me azotaron todos los días los judíos, herejes y moros. Díselo al deán y a tu confesor, que entienden en los negocios de la Inquisición, para que no cesen en lo comenzado y que me agradan mucho en lo que trabajan”. Dio cuenta a su confesor (como lo hacía siempre por mandato suyo) de lo que el Señor le había revelado y, concurriendo con el deán, les refirió lo que había oído de la boca de Jesucristo. Demás desto, dijo a su confesor privadamente otras muchas cosas que el Señor le reveló para su gobierno y, no solo ilustraba a su venerable confesor nuestra santa en lo que pertenecía a su empleo de la Inquisición, sino también en lo que [131r] trataba a su oficio peculiar de prior de la Sisla. Viniendo en cierta [ocasión] a confesar a la santa, le dijo volviese pronto a su monasterio para remediar un daño grande que amenazaba a su comunidad, diciéndole con claridad el delito, los cómplices, con todas sus circunstancias. Hízolo y halló ser cierto cuanto le había dicho la sierva de Dios. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
A otros muchos reveló las cosas más recónditas y ocultas de su interior. Un religioso de la orden, varón muy espiritual, llevado de la fama de santidad con que florecía la sierva del Señor, la buscó para tratar con ella varias cosas pertenecientes al alma. Luego que le vio la venerable virgen, le dijo: “Padre, bien sé que ha días que deseabas verme y la causa de donde nacen tus deseos. También sé que tal día empezaste a escribir cierta materia y, aunque os diste mucha prisa, no pudiste acabarla hasta la noche”. Al oír esto, se quedó admirado el religioso, pues solo Dios y él eran testigos de aquellas cosas. Después que trataron los negocios del alma con no poco consuelo suyo, al despedirse, dijo la santa: “Padre, decid a tal monje -nombrándole- que examine bien su conciencia y pida a Su Majestad perdón ''[21]'' de lo que halle, pues de aquí nace la aflicción que padece y, mientras eso no haga, no tendrá quietud su [131v] espíritu”. En otra ocasión, estando hablando cosas místicas y espirituales con un religioso también de la orden, le dijo a la sierva de Dios cómo había en el Monasterio de la Sisla cierto religioso (sin nombrarle) a que Su Majestad hacía muchos favores en la oración por la gran pureza de su alma. Entonces, la santa dijo: “Ese es padre fray Fulano -nombrándole por su nombre y apellido- y es cierto que tiene un alma muy pura, agrada mucho a Dios y el Señor le llena de bendiciones”. Refiriole algunos favores que había recibido del Cielo, y quedó maravillado, pues solo él los sabía por ser su confesor y padre espiritual. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Afligió a la ciudad de Toledo una gran peste el año de 1489. Eran lastimosamente funestos los estragos que en todas partes causaba. Adoleció en el convento, herida del contagio, una religiosa llamada Sancha Díez, muy estimada de toda la comunidad por su virtud y bellas prendas. Pedían por ella al Señor con la mayor eficacia, pero a la santa le fue revelado que le convenía morir entonces. Díjolo a las demás, previniéndolas para la conformidad y paciencia, y, de allí a poco, murió. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Un canónigo de la Santa Iglesia, varón espiritual y devoto, enfermó tan gravemente que, en pocos días, cerró todos los pasos aun a la más remota esperanza. Agotáronse los esfuerzos todos del arte y de la medicina, pero sin fruto alguno. Súpolo [132r] la santa y, haciendo oración por él, le reveló el Señor no moriría. Enviole una granada y, con ella, la alegre noticia de su salud, que tanto deseaba. Recibió el enfermo con mucha devoción y fe el regalo de la granada y, luego que comió della, se puso instantáneamente bueno, se levantó y fue a dar las gracias a su bienhechora por haber alcanzado del Señor la salud o, por mejor decir, la vida. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
3.- Ya es razón que pongamos fin a las revelaciones, profecías, éxtasis y otro favores que recibió del Señor esta asombrosa mujer, nacida más para el Cielo que para la Tierra, pues su vida, si así se puede llamar, fue siempre extática y divina, su trato más con los ángeles que con los hombres, su espíritu siempre inflamado, su caridad siempre ardiente tan apartado de todo lo terreno, que solo vivía a Dios y por Dios, de suerte que pudiéramos dudar si vivía en la tierra o en el cielo, pues los ángeles o la llevaban desde su celda al Cielo, o el Cielo se bajaba con [132v] los ángeles a su celda. Sus éxtasis profundos y visiones misteriosas fatigan con el número la memoria y la admiración con la grandeza. Todos los historiadores de su pasmosa vida dicen que omiten muchas revelaciones y nosotros hemos omitido no pocas de las que ellos escribieron, con que de aquí podrá inferir el curioso cuán habrán sido. El historiador de la orden (N) dice estas palabras: “Ya que me determiné a escribir la vida desta santa, acordé de decir las más notables cosas que Nuestro Señor le mostró y las obras milagrosas que por ella hizo, aunque omita algunas por no molestar”. Lo mismo dice Villegas en el ''Flos Sanctorum''. Una cosa debemos advertir en crédito de la santa, que es que en las vidas que corren de la sierva de Dios, particularmente manuscritas, se han introducido por error de los escribientes o mala inteligencia de los autores, algunas inversiones en los pasajes que hacen la historia fastidiosa y poco deleitable. También hemos notado no pocas equivocaciones o adiciones nada conducentes a la historia y que pudieran servir de algún tropiezo, por eso hemos puesto gran cuidado en referir los hechos desnu- [133r] dos de todo follaje y circunstancias impertinentes, mirando solo la verdad de la sustancia y despreciando los accidentes inútiles. Las revelaciones (como en otro lugar quedó insinuado) tienen todo cuanto puede pedir la crítica más escrupulosa para acreditarlas verdaderas, pues están fundadas sobre las basas firmes de la humildad y penitencia, y se dirigen al bien y utilidad de las almas. De los milagros que obró en vida la santa, podemos decir lo mismo que de las revelaciones, fueron muchos, admirables y estupendos, pues su gran virtud abría los Cielos a milagros en favor de los enfermos y desvalidos, pero también los omitimos en gran parte haciendo este sacrificio a favor de la brevedad que profesamos, aunque quedaran quejosos los devotos de la santa. En estos últimos años de su vida, iba disponiendo su alma con mayor fervor para lograr la dulce vista de su amado Esposo. Vivió siempre tan honesta y recatada que rarísima vez se le vio el rostro, trayéndolo siempre cubierto con un velo, de suerte que su confesor no se lo vio jamás [133v] y, así, apartando su vista y consideración de lo terreno, pensaba en las cosas celestiales. Rarísima vez hablaba ni aun con las mismas religiosas, andando siempre extática y como fuera de sí. Aunque en aquel tiempo salían las religiosas del convento con decente compañía, por no tener clausura, no se dice saliese la santa alguna vez. Vivía tan ''[22]'' retirada por huir los peligros del aplauso y la lisonja. ¿Cuántas generosas virtudes se vician ''[23]'' al alhago de quien las mira o alaba? ¡Con cuánta facilidad se marchita la flor a los rayos de los ojos que lo aclaman! Padece, también, sus epidemias la virtud, como la sangre. La santidad de María, tan recatada como discreta, se teme y se retira, no solo de los aplausos, sino aun de las conversaciones. Con esta prudente cautela de vivir separada de los contagios del siglo, crecieron en asombrosa proceridad sus virtudes. &lt;br /&gt;
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4.- Ya era tiempo que esta bendita alma subiese a gozar de la dulce presencia de su amado Esposo y, así, se lo dio a entender repetidas veces por medio de angélicas embajadas. Gusto- [134r] sa noticia para quien vivió siempre suspirando por la presencia de su Dueño. Crecía el gozo de su espíritu cuando se apresuraba el desatarse aquel lazo con que le aprisionó Dios en la cárcel de su cuerpo. Sea horroroso el año de la muerte a quien vivió tan olvidado de su memoria como medroso de su cercanía. Sea desapacible su semblante al que, habiendo vivido desbocado en la carrera de los vicios, muere despeñado en el principio del infierno. Pero a nuestra santa, que había atesorado tanto caudal de virtudes en el discurso todo de su vida, ¿cómo había de ser desapacible la muerte? Cuanto su vida se iba acercando al ocaso iba esforzando sus agitaciones el amor en aquel pecho, no teniendo sus potencias otro estudio ni los sentidos otro empleo que el amar solo, reduciendo a esta todas las operaciones del alma. Andaba tan absorta en su dulcísimo amado objeto que, el desasirse de entre sus brazos, se le arrancaba el corazón de su sitio. Así vivía extáticamente enajenada robando el amor todos los demás afectos, pudiendo cantar entonces la fama que María ni miraba, ni oía, ni sentía, sino que solo amaba. [134v] Eran, en este tiempo, más frecuentes los favores que recibía del Cielo, pero también era más profunda su humildad, confesando su miseria y viviendo recelosa de sí misma, por eso ahora más que nunca suplicaba a los santos, sus devotos, la ayudasen con sus ruegos. Quien primero ocupaba altar en su alma para la veneración y culto era María Santísima, a esta Señora acudía en sus necesidades con la mayor confianza, amándola como fiel vasalla. Después veneraba con singular devoción al glorioso San Miguel Arcángel, príncipe de las milicias del Cielo y al santo ángel de la guarda. Tenía otros muchos santos y santas a quien se encomendaba muy de veras, diremos algunos, omitiendo otros: San Pedro y San Pablo, San Juan Evangelista, San Lorenzo, San Jerónimo, San Ildefonso, Nuestro Padre San Francisco, Santa Catalina mártir, Santa Bárbara, Santa Leocadia y Santa Casilda. Esto, y aún más larga, era la letanía de sus santos, con quien tenía dulces coloquios, gozando de su presencia muchas veces, como si fuera cortesana del Cielo. Enfermó últimamente para serlo y, habiendo dado singulares muestras de tolerancia y resignación, recibió los santos sacramentos [135r] bañada su bendita alma de un extraordinario gozo que, comunicándose también al cuerpo, la transformó en un bello serafín. Abrazose después con una imagen de Cristo crucificado (cuyo sangriento retrato tenía esculpido en su virginal cuerpo) y, aplicándole a sus labios con ternísimos ósculos, le decía tan dulces palabras que causaba a todas las religiosas sentimiento y gozo. Encomendaba muy de veras al Señor los dos conventos de la Sisla y de San Pablo, pidiendo afectuosísimamente los conservase en observancia, virtud y religión, como vemos que hoy florecen acaso por las oraciones y ruegos de nuestra santa. Abrazada así con Jesucristo y con señales de crucificada, exaló su espíritu, entregándole en manos de su querido Esposo, sábado 17 de julio a las tres de la mañana del año de 1489. Su muerte más pareció dulce sueño que congojosa agonía, ni se vio gesto alguno que mirase con desagrado a la parca, pues a la verdad ella estaba bien con la muerte y, así, observaron las demás religiosas algún rato dudosas de si estaba muerta o vivía extática, como no pocas veces había sucedido y tenían repetidos exemplares. Pero de allí a poco depusieron toda la duda, pues salió su última respiración tan olorosa que se conocía en la fragrancia haberse quebrado el alabastro desta María, como en otro tiempo el de la Magdalena, y haber derramado el [135v] nardo su preciosa vida. Percibiose en todo el convento un olor suavísimo que excedía sobremanera a los bálsamos más puros, a los jazmines más blancos, en cuya comparación los aromas, flores, tomillos, ámbares, cantuesos, y cuanta fragancia exalan los mejores jardines de la Acaya, sería ofensa del olfato. Quedó tan hermoso y tratable su virginal cuerpo que más parecía bulto de quien duerme que cadáver exánime y frío. Aun agostada la vida desta mística planta, no decayó su hermosura ni su olorosa fragrancia. Verdad es que murió, pero no tuvieron en ella jurisdicción los horrores de la muerte, pues indultada de la común deformidad que ocasiona en un cadáver, era la agradable hermosura del suyo devoto asombro de quien le miraba. Finalmente, conservándose hermosa y odorífera entre los ultrajes de la muerte, manifestaba bien en los privilegios del cuerpo haberse trasplantado su alma a ser vistoso recreo del celestial paraíso. &lt;br /&gt;
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[136r] 5.- Temiendo las religiosas que, divulgándose la muerte de su santa hermana por Toledo, sería crecidísimo el concurso del pueblo que viniese a venerar su venerable cadáver y que, pasando a devoción indiscreta, cometerían no pocos excesos. La llevaron luego al Monasterio de la Sisla, situado entre unos ásperos montes a media legua de distancia de Toledo. Aquí le dieron honorífica sepultura los religiosos en la sala que llaman de capítulo y, aquí también, se enterraron por muchos años todas las religiosas que morían en el Convento de San Pablo. Pero no se enterró con su cuerpo su fama, pues ni la muerte ni el sepulcro pudieron borrar el crédito de la vida asombrosa y portentos ilustres de María. La tierra en que se depositaba difunta pudo usurpar a la vista su cadáver, pero no estrechar la fragrancia de sus milagros, ni la fama de sus virtudes. Pudiéramos decir que no se enterró su cuerpo, sino que se sembró su memoria para que, multiplicada, exalase aún mayor suavidad de portentos y milagros. [136v] No pusieron lápida a su sepulcro, sirviendo de más decoroso epitafio las maravillas que el Señor empezó a obrar en su túmulo, que las majestuosas vanidades que esculpe la soberbia en las losas frías de sus tristes panteones. Apenas la enterraron cuando en repetidos prodigios y milagros empezó a gritar la fama desde la cima de aquellos montes, haciéndola a todos espectables. Consumido y cuasi exánime se hallaba un canónigo de Toledo a fuerza de unas calenturas ardientes y malignas sin hallar alivio en la medicina. Amor dio confiado a la santa por las muchas noticias que tenía de su gran virtud y prodigios estupendos que había obrado en vida. Envió un criado a la Sisla suplicando a los padres que le encomendasen muy de veras a la sierva de Dios, María de Ajofrín. Hiciéronlo los religiosos y, aquella noche, le apareció la santa al enfermo rodeada de vistosos resplandores y le dijo: “Ya estás sano, pero de aquí adelante procura arreglar tu vida emendándote de tales [137r] y tales defectos”, señalándolos distintamente. Quedose dulcemente dormido y, por la mañana, entrando los criados y dispertándole, se halló con fuerzas, conoció había faltado la calentura y que estaba bueno. Pidió a los criados le traxesen de comer, asombrados estos y temiendo no fuese algún letargo, lo suspendían, pero viendo guardaba consecuencia en lo que hablaba y oyendo que aquella santa se le había aparecido, le trajeron de comer, comió con gusto, levantose luego y, aquel mismo día, envió a la Sisla, en reconocimiento de tan singular beneficio, un cirio grande para que ardiese en el sepulcro de la santa y una cabeza de cera para que la colgasen por voto y, a otro día, fue él mismo a dar las gracias a la sierva de Dios, María de Ajofrín, y postrándose en su sepultura, la regaba con muchas lágrimas sin saber apartarse della. Dijo misa y quedó tan agradecido a su bienhechora que, a boca llena, la llamaba santa. Fue tan público y tan patente este milagro que no solo en Toledo, sino en otras muchas partes se estendió [137v] la fama de la sierva de Dios. &lt;br /&gt;
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Cuasi al mismo tiempo se hallaba a los umbrales de la muerte otro canónigo de la misma Santa Iglesia, hijo de la condesa de Paredes. Era muy edificativo y exemplar este prevendo y, sintiendo la madre perder tal hijo, así él como ella, sabiendo los prodigios que obraba la santa en su sepulcro, enviaron a rogar a los padres pidiesen a la sierva de Dios, María de Ajofrín, los socorriese en aquel conflicto. Hiciéronlo así y, no contentos con eso, enviaron al enfermo una almohada que había servido a la santa mientras estuvo en el féretro, y, apenas se la aplicaron, instantáneamente se puso bueno, con admiración y asombro de todos los presentes. Levantose al punto de la cama y fue sin detenerse a la Sisla, donde hizo devotas novenas a la santa, ofreciendo en su sepulcro muchos y ricos dones de votos y presentallas. &lt;br /&gt;
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Estos dos casos tan portentosos en [138r] personas tan ilustres y de carácter tan distinguido dieron mucho vuelo a la fama de nuestra sierva de Dios, María de Ajofrín, hablando todos con el mayor respeto y aumentándose cada día más y más su devoción y culto, aun en las provincias más remotas. &lt;br /&gt;
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6.- Juana Martínez, vecina de Cuacos, obispado de Palencia, se hallaba tullida de una pierna y, oyendo los muchos milagros que obraba Dios en su sierva, un día que más afligida estaba, llenando su pecho de fe, se encomendó a ella muy de veras y, hablando con una niña que tenía como de seis años, la mandó la ayudase también con sus oraciones. Hincose de rodillas el angelito y, poniendo sus manecitas, empezó a rezar y, de allí a poco, se sintió sana la doliente, se levantó de la cama y empezó a an- [138v] dar sin impedimento alguno, alabando a Dios en sus santos todos los presentes. Después, envió a la Sisla una pierna de cera, para que colgase ante su sepulcro y un rollo grande, que ardiese en memoria y agradecimiento del beneficio recibido. No lejos del dicho pueblo, en otro que llaman Jaraíz, se hallaba agonizando con la candela en la mano Francisco Díaz. Asistíale un primo suyo sacerdote y, viéndole ya agonizar y sin remedio, sabiendo las maravillas que obraba la sierva de Dios, María de Ajofrín, hizo voto de visitar su sepulcro si daba salud al enfermo. Apenas lo había hecho cuando mejoró y, de allí a poco tiempo, se puso sano y, uno y otro, fueron a cumplir la promesa, llevando mucha cera al sepulcro de la santa y dejaron testimonio auténtico, firmado de su mano, de todo lo sucedido. Juana de San Miguel, tercera de Nuestro Padre [139r] San Francisco y vecina de Toledo, tenía un zaratán en un pecho y, después de cinco años de medicina, se le vino a encancerar, a que se llegaba una ardiente calentura que del todo cerraba los pasos a la esperanza. Afligida y sin remedio, puso toda su esperanza en la sierva de Dios, María. Hízose llevar a la Sisla, aunque con trabajo y, entrando en el capítulo, percibió luego un olor suavísimo que, sin otra guía ni noticia alguna, la llevó derecha a la sepultura de la santa. Postrose en tierra, besó las losas que ocultaban el sagrado cadáver, derramó tiernas y devotas lágrimas y, luego, instantáneamente se sintió libre de todos sus males y, después de dar afectuosas gracias, se volvió ella sola a su casa, dejando llenos de admiración a cuantos fueron testigos [139v] de tan rara maravilla. Otra mujer, vecina también de Toledo, padecía igual accidente en los pechos y, después de haber pasado por el tormento del fuego y la crueldad del cuchillo, llegó por su desgracia al último vale de su vida. Ya en este tiempo se habían escrito varias copias de la admirable vida de nuestra santa y, habiendo oído leer parte desta sagrada historia, concibió gran fe en sus méritos y, habiéndole aplicado una reliquia de la santa, quedó buena instantáneamente sin otra medicina y fue a la Sisla a dar gracias por el beneficio. Un religioso lego de la orden, morador del Monasterio de San Jerónimo de Madrid, se hallaba sumamente afligido por un tenaz y peligroso tumor que le había salido en un ojo. Iban ya a darle [140r] un botón de fuego con no pequeño peligro de perder la vista, estando ya en su presencia el brasero encendido y los instrumentos prevenidos para la operación, aterrado por una parte del martirio cruel que le esperaba y, por otra, inflamado del afecto y devoción a la sierva de Dios, exclamó diciendo: “Santa mía, pues eres tan liberal para con todos, sedlo también con este indigno hermano vuestro. Dadme salud, santa mía, y libradme destos tormentos”. Apenas hubo dicho esto, quedó de repente a vista de los cirujanos, y otros muchos que habían concurrido a la operación, se desvaneció el tumor y quedó sano y bueno sin lesión alguna, y los circunstantes llenos de admiración y espanto. Otros infinitos prodigios y estupendas maravillas obró Dios por esta su sierva, que sería nunca acabar como dice el historiador Sigüenza (O) si todas se hubieran [140v] de referir. No había enfermedad que no sanase, a todos socorría, a todos remediaba, a todos consolaba y a todos atendía, siendo tan raros y esquisitos los milagros que cada día obraba que, por tan frecuentes, ya no eran admirados. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
7.- Al eco glorioso de tantas maravillas, concurrían de todo el reino en crecidas tropas los devotos a venerar el sepulcro de la santa, siendo en tanto exceso que ya perturbaban el retiro y silencio de los claustros. Para evitar este inconveniente y que el sagrado cadáver tuviese más decente lugar, determinaron trasladarlo a la iglesia del monasterio desde la sala del capítulo donde estaba. Quien más promovió esta traslación fue la condesa de Fuensalida por el grande afecto que tenía a la santa. Mandó labrar al lado del evangelio, en la pared del cuerpo de la iglesia, un magnífico sepulcro de piedra con el retrato de la santa. Llegado el día de la traslación, que fue el 25 de abril del año del Señor de 1495, [141r] cuasi 6 años después de su glorioso tránsito, aunque se procuró ocultar, concurrieron al monasterio el Clavero Mayor de Calatrava, Juan Antonio de Silva, muchos prevendos, caballeros ilustres y un sin número de gente que, llevados de su afición, quisieron hallarse presentes a este sagrado acto. Descubrieron el sagrado cadáver a vista de toda la comunidad y caballeros nobles y, luego, se percibió un olor suavísimo que excedía en fragrancia a todos los aromas de por acá y llenó de consuelo a los circunstantes. Manaba del sagrado cadáver un licor como bálsamo, que también exalaba una fragrancia suavísima. Colocáronle con mucha reverencia en una rica caja, guarnecida de seda y, formándose una solemne y devota procesión con luces en las manos, y al sonido alegre de campanas y concertada música de órganos, le llevaron a la iglesia cantando el ''Te Deum Laudamus'', no como quien lleva un cadáver en un féretro, sino unas sagradas reliquias en un trono. Pusiéronle en la iglesia al público por espacio de 13 días para satisfacer la devoción de los concurrentes, que eran infinitos. Aquí obró el Señor muchos prodigios por su sierva, pero omi- [141v] tiéndolos todos, solo diremos el que obró en beneficio de toda la provincia. Estaban los campos áridos y secos y los panes cuasi perdidos por la gran falta de agua. Crecían las necesidades y cada día era mayor la aflicción y angustia de los pueblos. Determinaron los religiosos hacer una rogativa a su santa hermana, María de Ajofrín, pidiéndole el remedio con aquel conflicto. Oyó el Señor sus votos por intercesión de la gloriosa Virgen y, luego, empezó a llover con abundancia y se remediaron las necesidades. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Fueron muchas las personas que, por haber recibido algún beneficio, venían a velar a la santa, entre ellas, fueron dos hijos del conde de Oropesa, a quienes la sierva de Dios dio salud milagrosamente y, después de haber velado sus sagradas reliquias, dejaron una imagen de plata de mucho valor, una palia muy rica, una cruz bordada muy singular y dos imágenes de cera con otros dones preciosos. También, vino un hombre de Jerez, llamado Santos Fernández, el que, hallándose ya olea- [142r] do y en las últimas agonías, invocó del modo que pudo el patrocinio de la santa y, de repente, se levantó de la cama bueno y sano, dejando admirados a todos los presentes. Pasados los trece días, fueron colocadas, solemnemente, las sagradas reliquias en el sepulcro que tenía labrado la condesa de Fuensalida y aquí permanecen hasta el día de hoy, visitadas frecuentemente por los raros prodigios que ha obrado y obra cada día a favor de sus devotos, pero de ninguno se ha tomado testimonio y consta por deposición de aquellos religiosísimos padres, que sí se hubieran notado todos los milagros que ha obrado, no cupieran en muchos libros, pero su singular retiro y abstracción del mundo les impide tratar negocios desta naturaleza. Y, aunque nuestra santa se ha mostrado prodigiosa en todo género de enfermedades, parece se ha señalado más en sanar de quebraduras a los niños y, así, son muchos los que llevan las criaturas y, poniéndolas en el sepulcro de la santa, luego sanan. De suerte, que no hay dolencia, trabajo ni necesidad que no remedia esta sierva de Dios. Bastará referir un solo caso por vivir el sujeto con quien obró la santa el prodigio: el reverendo padre fray Joseph Moraleda, presentador del número de sus provincias de Padres Mercedarios Calzados de Castilla, siendo de edad de dos meses [142v] cayó en el suelo de los brazos de su madre yendo en una caballería. Como era tan tierno y el golpe fue grande quedó muerto y sin sentido, pasaron siete horas y, no viendo en el niño señal alguna de vida, crecían las aflicciones y angustias de la madre pero, inspirada del cielo, poniendo toda su esperanza en Dios por los méritos de su sierva María de Ajofrín, de quien era muy devota, tomó el niño en sus brazos y dijo: “Santa mía, dad vida a mi hijo, que yo os lo ofrezco de buena gana”. Apenas pronunció estas palabras cuando el niño abrió los ojos y, como si volviera de un dulce sueño, empezó a moverse sin haberle quedado lesión alguna ni señal de la caída. Vive hoy este religioso, sujeto bien distinguido en su provincia por sus méritos, y a quien hemos oído este caso, y vive sumamente agradecido a la santa, a quien confiesa deber la vida y en este favor otros infinitos. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
8.- Esta es la vida prodigiosa de la sierva de Dios, María de Ajofrín, natural deste afortunado pueblo, dichosa a la verdad una y mil veces por haber dado cuna a tan asombrosa mujer. Será siempre famoso en las historias por haber sido nido deste maravilloso fénix, botón desta peregrina fragracia, y esta sola gloria bastaba para eternizar su memoria en los futuros siglos. La [143r] vida, pues, de nuestra santa fue toda sembrada de luces que dirigieron a infinitos por el camino del acierto, derramó tan celestial fragrancia que, corriendo muchas almas tras el ungüento oloroso de sus virtudes, se pobló su Convento de San Pablo (y aún otros muchos) de santas y exemplares religiosas, cuyas admirables vidas pueden leerse en el ya citado Sigüenza. Desde entonces ha sido este sagrado convento vergel hermoso de las más acendradas virtudes y bastaba una sola María de Ajofrín para hacerse ilustre. Su ardiente celo de la exaltación de la fe católica y extirpación de las herejías abrazó también el fogoso pecho del Gran Cardenal de España, don Pedro González de Mendoza, para que solicitase con los Reyes Católicos el establecimiento del Tribunal de la Santa Inquisición, que vio la sierva de Dios en su tiempo y, aun dicen, le mostró el Señor las admirables leyes sobre que se fundó esta gran fábrica. Y dejó también sembrado mucho fuego para expeler después todo el judaísmo, como se verificó tras años después de su feliz tránsito. La bien merecida estimación que hicieron desta heroína cardenales, arzobispos, obispos, prevendos, títulos y otros grandes sujetos, no es fácil explicar. Una cosa confiesa nuestra ingenuidad, y es que la pluma ha corrido ligera por [143v] el dilatado campo de sus virtudes y méritos, delineando en esta pequeña tabla su dedo para que, derramando la vista por el dibujo, se pueda formar algún concepto de su agigantada estatura. Pero lo que más acredita su virtud es que, por tantos siglos, se ha merecido el elogio de “santa” entre todos los escritores, que es prueba de lo bien fundada que está su opinión. Y me admiró no poco el que la sagrada reliquia jeronimiana no haya procurado su culto público y universal con la corte romana, colocándola en los altares, lo que no fuera difícil en las circunstancias en que se halla. Esta misma queja dejó estampada en su historia el padre Sigüenza (P) por estas palabras: &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
‹‹Comenzó luego Nuestro Señor a sellar con infinidad de maravillas la santidad de su sierva (María de Ajofrín) para que, con ellas, se entendiese los avisos que, por medio della, había dado al pueblo y tuviesen reverencia y devoción a la santa. De muchas diré [144r] algunas en este capítulo, por si pudiese dispensar la tibieza desta religión a que tuviese en más sus cosas y procurase levantar la memoria desta santa y la de otros muchos que se han criado en el encerramiento de sus claustros que, con tanta razón, pudieran ponerse en los calendarios de toda la iglesia››.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
¡Raro desinterés de religiosos que, pudiendo para crédito de su santo hábito tener muchos santos manifiestos en los altares, se contenten con tenerlos ocultos en los claustros! Aún dura la parentela desta santa en Ajofrín en las familias de los Maestros y Garcías y el reverendísimo padre Comisario General de Jerusalén, fray Antonio Martín Maestro, del sagrado Orden de la Observancia de Nuestro Seráfico Padre San Francisco, es pariente muy inmediato. Ni podemos negar (para confusión de nuestra tibieza) que también nos toca muy de cerca esta santa por línea materna, sagrada vanidad pudiéramos fundar en este blasón tan ilustre, si nuestra vida se conformara con la vida de la santa. Pero será cargo terrible en el tribunal de Dios descender de santos y no imitarlos, tener estos y otros exemplos que se referirán en la historia y no arreglar la vida [144v] a ellos pero, no obstante, esperamos en su poderoso patrocinio nos alcanzarán de Su Majestad el fervor y espíritu que nos falta y que, pues han sido liberales aun con los estraños, lo serán también con los que nos preciamos de parientes. Últimamente concluimos la vida admirable de nuestra santa con las mismas palabras con que la empieza el historiador della, el padre Sigüenza (Q), y son las siguientes:&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
‹‹Si no estuviera la vida desta santa tantos años ha escrita y predicada por otros y Nuestro Señor en vida y en muerte no hubiera calificado y, como si dijésemos, sellada su santidad con tantas maravillas, no me atreviera a poner la mano en ella y pasara en silencio cosas tan maravillosas››. &lt;br /&gt;
Hasta aquí el citado historiador y, a la verdad, es tan prodigioso y admirable que excede los límites [145r] de lo humano y, solamente sostenida con la divina gracia, pudo llegar a proceridad tan desmedida. Alabemos al Señor que la hizo tan ilustre y famosa en su iglesia santa y, ahora, pasaremos a referir la vida de otro insigne hijo de Ajofrín en el capítulo siguiente.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
===Notas de Francisco de Ajofrín===&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''(A)'' Fructus honoris et honestatis. Ecclesiatt. 24. 23&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''(B)'' Ego quasi terebinthus extendi ramos meos, et rami mei honoris, et gratie. Ibi v. 22. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''(C)'' Cap. 1, 2 y 3&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''(D) Rami mei honoris, et Gratiae, Eccli. ut supra. 8.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''(E)'' Cap. 4 núm. 13&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''(F)'' Fray José de Sigüenza, Crónica de San Jerónimo, 3ª parte, lib. 2, cap. 49 y sig.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''(G)''  Monstruosum est quod homo habeat duo corda, quod numquam est auditum, nec posibile per naturam. S. Anton de Padua, Serm. 2. Quinquag. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''(H)'' Fray José de Sigüenza, tom. 3, lib. 2, cap. 43. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''(I)'' Cap. 5, n. 9 y 10. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''(J)'' Surge, et vade in Ninivem civitatem grandem, et praedica in ea; quia ascendit malitia ejus coram me. Et surrexit jonas, ut fugeret in Tharsis. Jon. 1 v. 2 y 3. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''(K)'' Ne suscitetis neque evigilare faciatis dilectam, quod usque ipsa velit. Cantis. 2.7.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''(L)'' Benedic anima mea Dominum et omnia quae intra me sunt nomini sancto ejus. Psalm. 102. 1. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''(M)'' Regina a dextris tuis in vestitu deaurato, circundata varietate. Ps. 44. 10. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''(N)''  Sigüenza. Hist. de la orden de S. Jer. Parte 3. lib. 2. c. 46. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''(O)''  Fray José de Sigüenza, historia del Orden de S. Jerónimo. 3 parte, lib. 2, c. 48. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''(P)''  Fray José de Sigüenza, parte 3, lib. 2, cap. 48. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''(Q)''  Fray José de Sigüenza, parte 3, lib. 2, c. 44.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
===Notas===&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[1]'' El transcriptor parece no haber visto el añadido posterior de Francisco de Ajofrín en el que señala “de María”, es por ello por lo que no aparece en su edición. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[2]'' “Arbolillo de la familia de las anacardiáceas” (DLE).  &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[3]'' Aparece tachada la palabra “gran”. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[4]'' Aparece tachado “en el día”. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[5]'' “Examinar y apreciar con rigor el mérito de alguien o el mérito o verdad de algo” (DLE). &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[6]'' El transcriptor señala aquí “relación”, se trata de un error y por ello se ha subsanado. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[7]'' “Éxtasis, arrobamiento” (DLE).&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[8]'' El transcriptor señala “fervorísimamente”, se trata de un error y por ello se ha subsanado.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[9]'' “Misterio, cosa oculta y muy difícil de conocer” (DLE).&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[10]'' Aparece “desta” en singular, pero se ha cambiado al plural para mantener la concordancia. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[11]'' “El testigo que declara, sin discrepar en nada, lo mismo que ha declarado otro, sin variar en el hecho ni en sus circunstancias” (Aut.)&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[12]'' “Inflamar, empeorar una llaga o parte lastimada del cuerpo” (DLE).&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[13]'' “Trono” (DLE).&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[14]'' El autor deja la siguiente nota: “Pasa a la hoja siguiente” y señala de qué fragmento se trata mediante un signo. Al ir a la 125r nos encontramos con el signo y otra nota, que indica: “Pondrás lo que se sigue en la hoja antecedente”. Se prosigue entonces a editar este fragmento añadido por el autor. Se ha de indicar que el transcriptor de la obra, José María Rodríguez, no deja constancia de estas anotaciones de Francisco de Ajofrín en su edición, simplemente se limita a seguir sus indicaciones. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[15]'' Volvemos a encontrar una nota del autor que señala el fin del fragmento añadido y nos redirige al folio 123r. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[16]'' La continuación no aparece en el folio 124r, sino en el 125r, pues el folio 124 parece ser un añadido y es de tamaño más reducido que el resto de los folios.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[17]'' Volvemos a encontrar una nota del autor tras un asterisco que indica: “ve al papelito”. Haciendo referencia al folio 124 del que hablábamos en la nota anterior. Así, se sigue la edición del folio 124, en el que encontramos, a su vez, otra nota del autor en la que indica: “Mi querido Elías, acabado el n.8 escribe lo siguiente”.  &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[18]'' En la edición de 1999 no aparece transcrito lo correspondiente al folio 124v. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[19]'' En la edición de 1999 aparece “ponen” en lugar de “mudan”, evidente error. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[20]'' Volvemos al curso natural de la narración en el folio 126r. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[21]'' El transcriptor parece no haber visto el añadido posterior de Francisco de Ajofrín en el que señala “perdón”, es por ello por lo que no aparece en su edición. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[22]'' En la edición de 1999 aparece “con” en lugar de “tan”, se trata de un error. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[23]'' En la edición de 1999 aparece “veían” en lugar de “vician”, se trata de un error.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
=Vida impresa (1)=&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Ed. de [https://www.upf.edu/web/poder-espiritualidad-genero/entry/-/-/1003/adscripcion/mar%C3%ADa-morr%C3%A1s María Morrás]; fecha de edición: octubre de 2020; fecha de modificación: febrero de 2025.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==Fuente==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[[Archivo:Vega Chronicorum.jpeg|miniatura|250px|right|Petrus de la Vega, ''Chronicorum fratrum Hieronymitani ordinis libri tres''. Compluti, Ioannes Brocarius, 26 Octobris 1539, fols. 78va-86rb (Lib. iii Chs 40bis[=41]–50).]]&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
* [http://catalogodesantasvivas.visionarias.es/index.php/Categor%C3%ADa:Petrus_de_la_Vega Vega, Petrus de la], ''Chronicorum fratrum Hieronymitani ordinis libri tres''. Compluti, Ioannes Brocarius, 26 Octobris 1539, fols. 78va-86rb (Lib. iii Chs 40bis[=41]–50).&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[[Contexto material del impreso Chronicorum fratrum Hieronymitani ordinis libri tres]].&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
== Criterios de edición ==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Se trata de una transcripción fiel de la impresión latina, que conserva las grafías (exceptuando la v vocálica como en ''vt'' que se transcribe ''ut'') y desarrolla abreviaturas. Se señalan las columnas dentro del folio. Es esta la primera edición latina del Catálogo, y la primera vida impresa de María de Ajofrín: la versión castellana, ligeramente modificada, de este texto latino, del mismo autor, se ofrece en la segunda versión impresa de esta vida.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Para esta transcripción usamos el ejemplar latino de la Universidad Complutense de Madrid, sig. BH FLL 18849, digitalizado en &amp;lt;https://biblioteca.ucm.es/hathitrust&amp;gt; y, para complementar la lectura de fols. 86r y 86v: https://books.google.co.uk/books?id=BtiDgpwiKNIC.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Añadido del latinista Aitor Boada Benito: A un nivel comparativo, la versión latina no difiere en cuanto a la narración de su posterior versión en castellano escrita por el mismo autor. Las únicas variaciones que muestra son pequeños cambios en cuanto a la estructura sintáctica con respecto al latín –por ejemplo, Capítulo 43: latín: ''et humiles in oculis suis exaltans''; castellano: &amp;quot;y a los humildes y que esperan en Él levanta del polvo&amp;quot;–. En este caso, el autor omite el latín ''in oculis suis'' o parece sustituirlo por la expresión &amp;quot;esperan en Él&amp;quot;. Si ese fuera el caso, esta sería una traducción libre, pues lo más habitual sería traducirlo como &amp;quot;ante sus ojos&amp;quot; o &amp;quot;a su parecer&amp;quot;. Estas variaciones, que nunca afectan al desarrollo del relato ni omiten información, no son muy recurrentes y solo operan a nivel sintáctico. Por ello, se ha considerado oportuno conservar ambas versiones debido a que es la primera vida impresa de María de Ajofrín. Además, es relevante conservarla como testimonio de la relevancia social del personaje, que motiva la publicación de esta en otra lengua.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==Vida de María de Ajofrín==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
*[Fol. a6va] &amp;quot;Tabula alphabetica eorum quę pręcipue in his Chronicis annotantur&amp;quot;: ⸿Marię de Ajofrin laudes &amp;amp; vita. li. iii. a cap. 40. usque ad finem libri, folio. lxxviii.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[Capítulo 41]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[Fol. 78va] DE BEATA MARIA DE AIO- / frin magnę religionis magnarumque/ revelationum fœmina / CAPUT XL[I].&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Praesentis operis alienum non est, si in calce huius tertii libri res admirabiles beatę Marię de Ajofrin, &amp;amp; reuelationes quas vidit, et miracula que fecit summatim annotemus.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[Fol. 78vb] Recte enim huius sanctę virginis opera, que hac ętate fuit admirabilis, operibus beati Ferdinandi archiepiscopi coniunguntur, qui &amp;amp; ipse (ut superius constat) hac floruit ætate. Huius sanctissimæ fœminę vitam, &amp;amp; reuelationes sibi diuinitus factas venerabilis frater Ioannes de Corrales prior Sislanus descripsit: partim ut oculis vidit manibusque contractauit: partim ut a fidei dignis accepit. Verum ego ob breuitatis causam, &amp;amp; ad lectorum molestiam euitandam ex multis pauca hoc loco annotare curaui.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Fuit igitur hæc virgo ex territorio Toletano loco qui Ajofrin appellatur oriunda, ex parentibus honorabilibus ac deum timentibus orta. Pater eius Petrus Martinus vocabatur: mater vero Marina Garsias. Qui cum hanc filiam locare vellent: &amp;amp; a multis ob coniugii gratiam peteretur: puella constanter renuit. &amp;amp; ne a tam alto proposito ab aliquo inpediretur: cum adhuc teneræ esset ætatis sine humano consilio religionis ingressum vouit. Et cum ob id quotidie molesta esset parentibus: tandem cum quindecim esset annorum, &amp;amp; nullo modo ad coniugium eam parentes inclinare valerent: illam pater cum magno cordis dolore e domo subtraxit, &amp;amp; ad ciuitatem Toletanam adduxit. Cumque ecclesiam maiorem christi ancilla ingrederetur ignorans quo iret, diuina disponente clementia ad monasterium ordinis nostri quod in eadem ciuitate a nobili Maria Garsia est constructum deducta fuit. Quo ingressa in omnibus excercitiis spiritualibus religionis multum breui profecit. Conuersabatur sancte , humiliter &amp;amp; sine quærela in domo domini. Sanctæ orationis meditationisque exercitium voluptas sibi erat; lachrymis abundans omnium fœminarum se vilissimam: ac super ipsas peccatricem reputabat. Decem annis a suæ religionis ingressu transactis, cum ei dominus sua secreta pandere vellet: illa generalem confessionem facere decernens se nimis affligebat, ac multis lachrymis deum omnium peccato- [fol. 79ra] rum suorum remissionem postulabat. Cum igitur tali proposito staret: optans scire an sua peccata sibi dimissa essent, dies suæ confessionis aduenit. ingressaque domunculam in qua cæteræ sorores confiteri solent: coram imagine beatissimę dei genitricis filium in brachiis habente, ibi in tabula depicta se deiecit: eamque innumeris lachrymis deprecari cœpit ut sibi veniam a suo filio impetraret. Cumque attente per hoc virginem rogaret: subito claritatem magnam imaginem &amp;amp; partem domunculę illius illuminantem aspexit: &amp;amp; claritate imaginis vidit filium quem mater tenebat in brachiis manum contra se eleuantem, sicuti a sacerdote cum pœnitentem absoluit eleuari solet. Ex huiuscemodi visione nimis territa confessionem cum magno labore fecit. qua peracta, cum iterum coram imagine oraret: claritatem priorem &amp;amp; filii manum eleuatam ut prius vidit: ex cuius visione robore animi recuperato valde lęta remansit, quod semper celauit: &amp;amp; nulli nisi priori qui hęc in literas misit patefecit. Ex hac enim hora ut prędicto priori ipsa manifestauit, motus magnus in corde illius relictus est: ac sæpius tales cordis ictus sentiebat. veluti si a corpore vellet exire. Cum iterum nocte quadam pro statu ecclesię oraret attente: ipsa sola cęteris recedentibus in choro orans remansit: &amp;amp; in sacrario ubi sacratissimum domini nostri Iesu christi corpus stabat flammam ignis accensam vidit: quę dimidię horę spacio ardens extincta est: ex qua visione nimis pauida remansit.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[Capítulo 42]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
QUOMODO IN DIE RESUR- / rectionis ad communionem accedens / agnum viuum in similitudine panis /  (ut sibi videbatur) accepit: &amp;amp; post / hac quoties communicabat alie- / nabatur a sensibus. CAPUT. XLII.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
CUM IN SABBATO sancto ad communionem sequentis resurrectionis dominicæ diei se prępararet: totam [fol. 79rb] illam noctem huc ac illuc per domum discurrens duxit insomnis: instanterque a domino cordis puritatem ad digne dominici corporis sacramentum recipiendum cum lachrymis postulabat. Tandem cum communionis hora aduenisset, cum cæteris sororibus ad communionem accessit: &amp;amp; sacrosanctam eucharistiam in similitudine agni viui sub specie panis recipiens, statim bullire eum in ore sensit: illumque cum magno timore deglutiuit. post cuius sumptionem illum super ipsius pręcordia insedere pręsensit: &amp;amp; adeo tanto gaudio cordisque lęticia fuit repleta, ut per quindecim dies orationem cum fletu miscens absque somno transierit, statimque rapta in spiritu fuit: &amp;amp; ex tunc ei accidit ut quoties christi corpus recipiebat: spiritu rapiebatur: ac alienabatur a sensibus quandoque magis quandoque minus ut in sequentibus apparebit. Ab hac igitur die hoc donum a domino in communicando promeruit: ut quoties sacramentum recepit, toties quidam admirabilis dulcor in corde, gutture, atque ore remansit: qui quadraginta dierum spacio perdurabat. &amp;amp; his quidem diebus absque corporali cibo transire poterat: ut ipsa prædicto priori dixit: propter singularitatem tamen euitandam: hominumque iudicia fugienda hoc facere renuit. In octauo vero die resurrectionis dominicę rapta spiritu fuit: &amp;amp; virum ætate vultuque reuerendum capa serica rubri coloris indutum ad se venire vidit: cui &amp;amp; dixit: Veni, a regina vocaris. Cæterum illa se a regina terrestri vocari existimans, cum illo ire recusabat: sed postquam cognouit quod a regina cœli vocabatur, cum illo libentissime abiit: ac se in quadam ecclesia extra ciuitatem inuenit: ubi sanctissima virgo aderat in brachiis filium suum tenens; quam cum illa vidit genua coram illa flexit. Et cum genibus flexis staret, vir qui eam vocauerat ad illam accessit: &amp;amp; pannum sericum in manibus eius posuit. quo facto statim dei genitrix super pannum filium suum collocauit: alioque viro iuniore sibi dato qui eam cum priore [fol. 79va] sociaret, dixit illi. Cum filio meo quo isti duo viri ibunt, perge. Vir autem qui capa rubra erat indutus paululum veluti hospitium quærens pręcedebat, &amp;amp; ingressus ciuitatem ad ianuas clausas clamabat: ac ter portas omnes percutiebat dicens. Aperite: ecce enim dominus venit ad hospitandum vobiscum. Et vidit neminem domus suæ portas reserantem: quinimo si qui eas apertas tenebant, eas velociter obturabant: dicentes, multis negociis impliciti hospitium vobis dare non possumus. Et ita (ut sibi videbatur) totam perambulauerunt urbem diuersorium in ea non inuenientes. Et cum illac qua ierant reuerterentur: mulieribus duabus in singulis asinis sedentibus obuiauerunt: quas duo clerici sociabant: &amp;amp; illis clerici dixerunt. Vos quidem recepissemus, sed nunc properamus: interea tamen quo reuertimur in stabulum hoc intrate. Sic itaque ubi gloriosa dei genitrix remanserat reuersi sunt: quæ filium suum de manu ancillæ suæ accipiens dixit. Ecce tempus aduenit in quo sic despicitur dei filius. iam nunc tempus est ut dominus angelum suum mittat: ad quosdam flagellis, quosdam gladio, alios igne percutiendos. sed ne prælatis, quos dominus sui gregis pastores fecit, ipsi vero in vestibus ouium lupi rapaces inueniuntur. dignitates cupiunt: easque summa solicitudine procurant, non ut christo seruiant: sed ut splendide viuant. Hac denique visione transacta, christi mater discessit. &amp;amp; illa in se reuersa ea quæ viderat cogitabat: &amp;amp; non post multos dies omnia hæc mala completa sunt: nam venit pestis, famis &amp;amp; scabies quædam quæ alio nomine morbus gallicus appellatur in viros ac fœminas quæ nullo medicorum adiutorio curari poterat. A peste quidem infecti: hi sunt quos angelus gladio percussit. qui vero fame peribant: quos flagellis cecidit: a scabie autem tacti quos igne combussit. nam (ut diximus) nullo penitus medicorum iuuamine poterat hæc scabies mederi. Iterum hæc christi famula in die ascensìonis domini rapitur: &amp;amp; beatissimam [fol. 79vb] virginem filium suum in brachiis tenentem vidit, magnisque vocibus clamantem, Videte filium meum, videte inquam fructum ventris mei. accipite illum &amp;amp; comedite: quinque enim modis quotidie per malos sacerdotes crucifigitur: videlicet defectu fidei, cupiditate, luxuria, ignorantia, &amp;amp; irreuerentia quasacerdotes ad altare accedunt, Cum iterum hæc domini ancilla attente pro omnibus sacerdotibus deum oraret: &amp;amp; ad saluatoris faciem quam depiêtam in quodam libro tenebat, aspiceret: super illam magnum fulgorem vidit: qui unius horæ durauit spacio: ac in ea carnem &amp;amp; sanguinem aspexit. &amp;amp; ab hac die adeo carnem abhorruit: ut eam deinceps etiam cum infirmaretur comedere nullatenus potuerit: &amp;amp; si sororii importunitate deuiôta aliquando carnem manducabat: statim stomachus illam reiiciebat. Fuit postea eius cibus uua, passa &amp;amp; cæterę res dictę. Hanc saluatoris faciem abstulit postea ab  ea confessor eius: &amp;amp; ipsa ex hac visione stupefacta: &amp;amp; quasi extra se posita remansit. Multis se afflixit pœnis ut apertius factum hoc ei dominus indicaret. Postea tandem in diebus ultimis mensis Septembris in grauem valitudinem cordis incidit. &amp;amp; cum de sua salute desperaretur: correpta spiritu velut mortua per tres horas stetit: quam adhęrentes sorores multis suppliciis spergiscere interim nitebantur. &amp;amp; stas sicin extasi posita dominam nostramvidit: quę pręcepit eiutomnia quę viderat suo confessori narraret: ut ipse manifestaretea duobusviris catholicis Toletanę ecclesię; videlicet decano &amp;amp; capellano maiori, quos suis nominib”designauit: ut &amp;amp; ipsi cuncta archiepiscopo apperirent: &amp;amp; sic prędicta clericorum mala corrigerent. Verum cum illa suo confessori cuncta narras set: prudenter ille incredulum se ostendens dixit. Licet mihi hoc quod ais certum sit: quo pacto illis erit: quibus per me ut dicis reuelandum venit. Eapropter signo ad veritatem huius rei cognoscendam indigentis: ut sic credatur id de quo potest dubitari. &lt;br /&gt;
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'''[Capítulo 43]'''&lt;br /&gt;
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[Fol. 80ra] DE DUABUS EPISTOLIS / quas diuinitus reperit scriptas./ CAPUT XLIII.&lt;br /&gt;
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IGITUR CUM DEI ANcilla responsum hoc audiuit valde turbata est: &amp;amp; suspirans ac gemens suo confessori per epistolam respondere in corde suo proposuit, ut ipsa facto conplemit. Et cum sic afflicta collapsaque animo staret: huc ac illuc p domum discurrebat requiem non inueniens: &amp;amp; cum casu per quendam locum transisset ubi fenestra aderat una: in ea papyraceam chartam duplicem in qua nihil erat descriptumvidit: &amp;amp; ignorans aquo ibi positafuerat eam accepit: &amp;amp; quoddam anæ trum ingreditur: ubi aliquando lignorum strues ponebantur: ibi parieti innixa resedit. Et cum sicstaret, subito claritatem in papyracea charta fulgentem aspexit: &amp;amp; sicut ipsa prædicto priori patefecit, quis manu eius accipiens duas epistolas in charta prędicta scripserit, ignorabat, quarum una suo confessori: altera venerabilibus patribus quibus hæc manifestanda erant dirigebatur: cum luce clarius sit nec ipsam scribere, nec literas per artem pingeredidicis se: nec in monasterio erat qui tales formaret apices. Epistolis tandem eo quo diximus modo descriptis, claritas disparuit, &amp;amp; iuxtase prędictas chartas inuenit: quas accipiens in manicasua posuit. Et cum ad hauriendam aquam ex dolio aheno iret: una de epistolis in dolium cecidit: quę supra aquam stetit in ære: mittensque manu, illam sine madefactione ex dolio subtraxit. Ex epistolis istis una ad capellani maioris Toletanę ecclesię (viri profecto magni meriti) manus peruenit: qui supradictum priorem certiorem fecit quod cum epistolam hanc super tres posuisset ęgrotos: a diuersis langoribus curati sunt. Cum itaque christi ancilla litteras has suo confessori dedisset, valde admiratus est: tum quia ipsa scribere nesciebat: tum etiam quia non erat aliquis in monasterio cuius notæ illæ fuisset: [fol. 80rb] ex quo coniectabat epistolas diuinitus fuisse descriptas, &amp;amp; ex hoc nimium admiratus est: cum in charta quæ ad ipsum dirigebatur nonnulla reperit scripta sibi sòli comperta, nec tamen ob id hoc factum diuulgare ausus est: quia nondum venerat hora in qua dominus manifestari disposuerat. Dubitabat enim ut alter Thomas: ad omnium dubitationem postea effugandam. Cum prædictus denique confessor pro tunc ad ei confabulandum oportunitate careret: ei literas misit. &amp;amp; inter cætera demonstrabat se nullatenus posse credere: quod illa epistolas has scripsisset ut in publicum egrederentur. De qua re valde turbata in corde suo domino quęrebatur. Postea confessoris pręsentia habita, grauiter eum de cordis eius duritia increpauit; ostendens ei per euidentes rationes neminem pręter illam angeli tamen adminiculo epistolas scripsisse. Ex hac hora misericordiam domini in corde suo deprecari proposuit: ut de tantis discriminibus eam liberare dignaretur, &amp;amp; sìlentium in talibus deinceps tenere voluntate firmauit; quod &amp;amp; fecit. Orabat autem dominum ut prędicto confessori suo aliquod signum ad credendum si tali capax fuisset daret; sin autem dure eum flagellaret, ut sic credere posset propter incredulitatem suam hoc sibi euenisse. Cęterum christi famula [n]ouem mensibus tacuit: coram domino tamen gemitibus &amp;amp; suspiriis non tacebat. O quam suauis &amp;amp; mitis est dominus sanctis suis, de se presumentes humilians: &amp;amp; humiles in oculis suis exaltans. Orationibus tandem suis dominus victus eam multis modis visitare dignatus est: passionis suę participem illam faciens euidentibus signis, qualia nostris diebus, nec in multis sanctis pręteritis visa non sünt: ut in suo loco dicetur. Considerans igitur hęc religiosa fœmina signum in epistola illa factum, quę in dolio cadens madefacta non fuerit; eam secum retinere cogitauit: &amp;amp; nocte quadam prędictum antrum ingrediens, supradictam epistolam transcribere ut potuisset cupiebat: nam ut diximus [fol. 80va] ipsa notas arte nesciebat formare, &amp;amp; cum ignem in ollula portaret ad candelam quam extinctam manu gerebat accendendam: subito candela sine applicatione ad ignem accensa est. Et statim ut epistolam transcribere voluit: sanguis ex eius naribus distilare cœpit: quem unius horę spacio stringere non potuit. Quo ab caviso epistolam illam temporibus suisapplicans: mox sanguinis emanatio cessauit. Post hęc cum in die conceptionis dei genitricis Mariæ quædam puella paruula per septem horas mortuaiaceret: &amp;amp; christi famulæ in monasterio hoc nunciatum fuisset: magna fide prædictam misit epistolam quam super mortuam imponi iussit: &amp;amp; eo ipso oscitauit resurrexitque sana. Et cum mulier quædam pectus haberetapertum: mox ut hæc chartasuper illud posita fuit curata remansit. Clericus itidem ad diuum Iacobum pergens hancepistolam secum magna deuotione ferebat: &amp;amp; cum infortunio in flumen cecidisset: vestibus omnibus madefactis epistola supradicta illęsa permansit,&lt;br /&gt;
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'''[Capítulo 44]'''&lt;br /&gt;
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DE LATERIS VULNERE, AC / aliis pœnis eius. / CAPUT. XLIIII.&lt;br /&gt;
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POSTEA PRAESAGIens sibi ventura, cum omnium sanctorum dies aduenisset: matrem monasterii deprecauit ut communione illius diei per acta: eam in aliquo loco domus recluderet, ubi a nemine videretur. Dominici tandem corporis sacramento percepto: adeo fletus illius magni fuerunt antequam raperetur, &amp;amp; cordis ictus quos intrinsice sentiebat: ut nullus effari possit: fecitque sìbi tantam vim ne audiretur exterius quod intus patiebatur: ut sicut cuppę musto plenę quę citius sine spiraculo rumpitur ei acciderit: nam sic illa in capitis apice crepuit apertura ipsa usque ad frontem apparente : ac tam grandis cæsa in capite visa est, veluti si nouacula facta fuisset: quæ multis aperta stetit diebus / pluribus eam videntibus: &amp;amp; non est humano beneficio medicata. sensitque tam grandem dolorem [fol. 80vb] atque cruciatum ex vulnere: ut sibi velut mors fuerit. Visum est postea hoc vulnus a testibus fide dignis: &amp;amp; a notario ut infra dicetur. Postea itaque priuatur a sensibus: &amp;amp; quadraginta horarum spacio in extasi mansit, &amp;amp; in hoc tempore sorores (multis suppliciis in naribus, pedibus, manibusque eius factis) eam reuocare procurabant: ut nonnihil cibi posset recipere. Et usque adeo ad aperiendum os eius vim fecere: ut ei molarem dentem frangerent. Et cum sic in extasi posita esset, defunctorum nocte ter vel quater magnasuspiria magnosque gemitus dedit cum grandi sui corporis motu. &amp;amp; ex hoc raptu ante cœleists regis thronum deducta fuit: viditque ibi res magni pauoris, quæ humana lingua bene explicari non possunt. vidit enim dominum nostrum Iesum christum in throno magno sedentem: magnamque turbam in conspectu eius stantem: habentem gladium transuersum ex utraque parte acutum in ore: diuinoque oraculo intellexit quod gladius ille designabat iram magnam quam rex super ecclesiam eiusque pręlatos tenebat. Et illi hęc cernenti imperatum est, ut viris quibus antea secundum præceptum sibi factum res sunt patefactę diceret, qua de causa sibi dicta obliuioni tradebant: erantque negligentes in præceptis diuinis adimplendis: &amp;amp; quod si diuinum iudicium euadere cupiebant: statim ad archiepiscopum irent: ut ipse ad ciuitatem ad quinque peccata supradicta corrigenda personaliter accederet: quę secundum annotationem superius factam sunt defectus fidei, cupiditas, luxuria, ignorantia sacerdotum: &amp;amp; illorum in sacerdotali ministerio irreuerentia: quibus peccatis quotidie dominus noster Iesus christus blasphemabatur: destrueretque hęreses quę in illa ciuitate vigebant. Dictumque est illi postea, hoc signum e cælo ut credaris tibi dominus dat: videlicet ut gladius ille quem in ore regis transuersum vides scindet cor tuum atque illud pertransiet: facietque in eo uulnus ex quo sanguis viuus exibit: quod cunctis testimonium verum erit: &amp;amp; tu passionis filii dei imitatrix atque particeps eris. Sic igitur factum est, [fol. 81ra] nam mox dolore indicibili latus sinistrum super cor apertum reperit. Tantę crat magnitudinis hoc vulnus, ut pollicis caput bene in vulnere intromitti poterat. statimque ex eo ita sanguinem decurrere sensit: ut vix rem potuerit celare. Huius autem vulneris apertio viginti diebus durauit: &amp;amp; in sextis feriis sanguinis emanatio cæteris maior erat: nam his diebus sine impedimento pannorum in vulnere positorum sanguis usque ad crura decurrebat. Nunquam putredinis signum in hoc vulnere apparuit: nec medicamen humanum in illo positum est: sed pannis mundis impositis cum priores cruentabantur, alii de nouo ponebantur in vulnere, Sanguis hic mundus &amp;amp; purus erat: ut apparet in pannis qui in vulnere illo positi fuerunt. Et licet hæc christi ancilla ad celandum hoc vulnus, &amp;amp; dolores magnos quos patiebatur pro viribus quandiu potuit operam dederit: decem tamen diebus transactis deficientibus iam viribus diuinitus sibi reuelatum est, ut quod habebat monasterii matri &amp;amp; alteri ex sororibus quę Teresa vocabatur, ostenderet: his enim pannos sanguinolentos patefecit: ex quorum visione nimis illę territę, confessore secrete accersito, rem ei pandunt, Verum confessor ne hoc factum extra domum diuulgaretur omni studio egit: timebat enim ne aliqua illusio esset vel fictio: ideo ad omnem dubietatem abigendam, rei veritatem omni solicitudine inuestigare curauit. Tandem suis propriis oculis vulnus considerans admiratione repletus, et rei fidem adhibtiit: &amp;amp; eam fidelibus testibus reuelatuit: ut fideliter de illa testimonium omnibus perhiberent. Fuerunt enim eiusmodi rei testes ecclesię maioris Decanus, ac eiusdem ecclesię Capellanus maior: cui Didacus de Villaminaya nomen erat: qui, pręsentibus notario &amp;amp; confessore prędicto &amp;amp; monasterii matre aliaque ex sororibus (de qua supra diximus) uulnus viderunt per lintei aperturam, christi ancilla in lectulo iacente nulla alia corporis sui parte discooperta. Hi sex testes quatuor viri &amp;amp; duæ fœminę vulnus recens &amp;amp; cruentum suis oculis viderunt, &amp;amp; manibus contrectarunt: videtes etiam pannos qui [Fol. 81rb] nouiter in vulnere positi sunt, &amp;amp; capellanus maior filorum copiam sanguinolentorum manu sua ex vulnere subtraxit. Omnes itaque hi testes magna cum diligentia vulnus considerantes: non humanitus nec casu sed diuinitus esse factum apertissime cognouerunt: &amp;amp; sic (ut diximus) aliquo medicamine humano curatum non est: tametsi ex ipso dei famula magnum cruciatum interius exteriusque sustinuerit. Stetit hoc vulnus supradicto modo viginti diebus apertum: quibus transactis se absque aliquo beneficio clausit, cicatrice tantum in loco vulneris remanente: &amp;amp; dolore continuo quem in parte illa sentiebat: qui quidem multis diebus durauit. His quoque diebus in capite manibus &amp;amp; pedibus cruciatur. cum enim valde debilis &amp;amp; afflicta ex pręteritis in lectulo iaceret: surrexit in eo: &amp;amp; coram crucifixi signo quod ibi depictum tenebat genua flectens, statim dolorem grandem in pedibus manibusque pręsensit ac si illę partes quibusdam clauis perforarentur. Et cum in hoc esset cruciatu: &amp;amp; eius manus sinistra (ut sibi videbatur) transigeretur: tam grandi cruciabatur dolore: ut, pollice manus dexterę in palma sinistræ posito, adeo palmam ob doloris magnitudinem compressit, quod sanguis super manum crepuerit. et sapienter hoc vulnus abscondit tenens manum panno coopertam: quod diebus quadraginta durauit: et sine humano denique remedio signo tantum in manu remanente, curatum est. Et ut omnium pœnarum passionis dominicæ particeps esset: ultra supplicia que antea in capite passa est, subito tunc in eo nouum &amp;amp; magnum dolorem sensit: ac si caput illius spinarum circumdaretur corona. &amp;amp; licet diuersa remedia capiti fuissent imposita, nullum tamen penitus profuit: iustum enim erat ut diuinitus facta humana industria non sanarentur. Cum igitur ex supradictis pœnis corpus eius satis debile staret. non his contentus dominus aliam grauiorem pœnam et dare disposuit: nam in circuncisionis domini nocte in spiritu rapitur: &amp;amp; ante quendam magnum iudicem vultu terribilem ducitur: ubi quia in reuelandis rebus visis his quibus manifestandę erant obedire contempsit, dure a iudice increpatur, &amp;amp; Mi- [fol. 81va] chaële suo iudicio ex uno brachio, ac ex altero beato Ioanne euangelista eam tenente: quos singulari obsequio venerabatur; flagellis iussit iudicis a quodam angelo cęditur. Tam dure itaque flagellata est, ut totum eius corpus (facie, manibus pedibusque exceptis) fuerit plenum verberibus, non tamen vibices nec vulnera in corpore eius apparuerunt: sed quidam scobriculi tantum: erantque ita coniuncti, ut vix inter eos aliquid poterat apponi: &amp;amp; ex hac punitione grauissìmum dolorem sensit in corpore. Hęc quidem flagellorum signa quindecim mensibus vel quasi in corpore eius durarunt. Ipsa autem hoc factum tacuit nemini illud referens quousque. monasterii mater quadam die mittendo manum recontinuationis velaminis causa super scapulam eius signa prædicta inuenit: qua de re nimis territa eam durius increpauit, credens ipsam se crudeli pœnitentia mactauisse: propter quod tunc christi ancilla ei rei veritatem (sicut scriptum est supra) aperuit. Omnia hæc ad notitiam pontificis Toletani Petri a Mendoça cardinalis postea peruenere: ut ex epistola ipsius ad Priorem Sislanum missa patet, cuius verba hæc erant. Venerabilis pater: hac pręcedenti nocte hora post eiusdem noctis medium secunda / libellum quem mihi dimisistis accepi, &amp;amp; nunquam illum ab oculis separaui, donec omnia eius capita integre perlegi. &amp;amp; quod magis admiror sic cordi meo adhęsit: ut nihil, &amp;amp;si in his reuelationibus credendis tardus, de eo dubitauerim. In fine notarii testimonium vidi: &amp;amp; testium confirmationem: quibus utique omnis fides adhibenda est: ego nanque eorum cuilibet equidem fidem pręberem: quanto magis omnibus illis iunctis. Omnes testes mihi noti sunt: monasterii matre excepta, quæ propter officium merito approbanda venit. Notarium esse virum bonum &amp;amp; fidei dignum non me latet. Tantarum quippe visionum in spiritu &amp;amp; corpore admiror: sed quam maxime tantam duritiam in fœmina inueniri in celando quæ sępissime viderat: pręsertim cum de reuelandis mysteriis sibi ostensis [fol. 81vb] ab eo qui omnia imperat &amp;amp; gubernat mandatum acceperit: quod profecto suæ profundissìmæ humilitatis atque inanis gloriæ contemptus indicium est. Cęterum pater venerabilis pro mea parte &amp;amp; p hoc quod ad me attinet date illi gratias: quas dominus noster sibi largiatur abunde: &amp;amp; pœna quam patitur sìt ei centuplum ad gloriam: &amp;amp; si quid pro eius consolatione ego facere possim, vos ex parte mea illi omnia integre offerte. meque illi recommendate ut in orationibus suis mei sit memor: ut in domini nostri seruitio hanc vitam consummare valeam, in omnibus eius voluntatem adimplendo. Post hac vero cardinalis memoratus epistolam de manu huius sanctissimæ fœminę suscepit: &amp;amp; per hunc modum eidem rescripsit. Deuota ac in christo dilectissima soror: epistola tua &amp;amp; his quę prior Sislanus mihi retulit magnam suscepi consolationem. at dominus noster qui te in talem posuit statum in eo te usque ad finem feliciter conseruare dignetur: &amp;amp; mihi gratiam prestet ut eius voluntatem facere possim: &amp;amp; quę mihi consulis adimplere valeam: quod pro te a domino eiusque genitrice impetrare cupio: &amp;amp; ob id tuis orationibus me multum recommendo: &amp;amp; quia priori Sislano latius sum locutus, plura non dicam. Vale in domino. Obiit autem hic memoratus antistes post mortem huius sanctissimę fœminæ, langore prolixo multis diebus laborans: in quibus plurima pia opera executioni mandauit.&lt;br /&gt;
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'''[Capítulo 45]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
DE OMNIUM LANGORUM / eius curatione: deque his quæ in sacratissima natiuitatis nocte vidit. CAP. XLV.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
CUM IGITUR HÆC christi ancilla continuis ęgrotationibus vexaretur: octavo die solemnitatis diui patris nostri Hieronymi peracto lateris dolore in lectum decidit, sanguinem per os euomens. &amp;amp; cum omne medicorum consilium abhorreret: suo iudicio quinque pillulas sumere ausa est: quibus sumptis ad mortem peruenit. At cum sic staret, anima (ut sibi videbatur) a corpore eius euulsa super vulnus cordis insedit: quam archangelus Michael (ut si- [fol. 82ra] bi videbatur) manu sua illic tenebat compressam: &amp;amp; sic viuebat: &amp;amp; virtus ad sacramenta sancta suscipienda sibi non defuit. Matrem autem monasterii deprecabatur ut priorem qui hæc in literas misit vocaret: ut eius confessione audita cętera ministraret sacramenta. Contigit hoc in mense Octobris. anno octuagesimo quinto supra millesimum ac quadringentesimum. eratque dies ille sabbatum: in cuius nocte sanctam communionem quam receptura erat meditans: cupiensque a corpore absolui magna deuotione suum monasterium, &amp;amp; Sislanum domino commendabat. Ei quidem sic stanti monachus a quo in ipsa dominica die res diuina in monasterio erat agenda in visione demonstratus est. cui domina nostra cum ad consecrationis verba peruenit, filium suum quem tenebat in brachiis dedit: qui a sacerdote in tres partes diuisus in qualibet ipsarum puer viuus &amp;amp; lætus remanebat. Vidit etiam splendorem super altare: &amp;amp; angelos ex utroque brachio sacerdotem sustentantes: aliosque plures circa altare ambulantes: &amp;amp; diuam Caterinam &amp;amp; Barbaram sibi dicentes. Cras feria secunda hora nona ante meridiem in splendore quem hic cernis dominum recipies: statimque sanaberis: quod sic factum est. Cum igitur prior ad confessionem eius audiendam peruenisset, ne illa die ad monasterium reiterteretur eum humiliter rogauit: ut si forsan eam mori contingeret sua non careret presentia: sin autem ipsa nocte non migraret a sęculo: pro certo sciret: se perfectam sanitatem adepturam. Quod sic euenit ut ipsa prędixerat: nam cum in die lunæ communionem de manu prioris vellet accipere: prioreque ad eam cum corpore domini conuerso, in ipsius pectore &amp;amp; manibus ingentem vidit splendorem: quem etiam in illa hora paruula quædam quatuor annorum vix fari sciens conspexit, quę ibi cum matre sua aderat: splendoremque magnum tanquam solis quem in manibus prioris &amp;amp; in christi famula cernebat matri indicauit: sed mater videre non valuit quod filia videbat. Corpore domini itaque suscepto satim rapta est spiritu: omnibusque sensibus per- [fol. 82rb] ditis sic per nouem horas stetit, &amp;amp; cum quæ si violenter expergisceretur: oculosque aperuisset: psalmistę versum recitauit dicens. Benedic anima mea dominum: &amp;amp; omnia quę intra me fiunt nomini sancto eius, qui propiciatur omnibus iniquitatibus tuis, qui sanat omnes infirmitates tuas. &amp;amp; mox se sanam reperit: &amp;amp; reuersionis ad pręsentem vitam eam pœnituit. Alia complurima secreta cœlestia hęc christi famula vidit quæ quidem sibi visibiliter ostensa sunt, pręsertim in sacratissimę natiuitatis dominicæ nocte: de quibus tantum sequentia annotabimus. Cum semel itaque in ipsa natiuitatis domini nocte, noctis medium summa cum attentione expectaret: eo quod illam esse horam, in qua redemptor noster in carne visibiliter apparuit, non ignorabat. &amp;amp; genibus flexis in oratione insisteret coram sacratissimę christi matris altari, in quo eiusdem virginis effigies astabat: ac etiam altare ipsum mire compositum, candelisque accensis plenum esset: &amp;amp; cuna opulenter adornata cum pannis ceruicalibus in eo posita: faceretque in cuna coram matre sua puer paruulus vestibus pręciosis indutus ecce noctis medium aduenit. &amp;amp; cum sìc multis suspiriis ac lachrymis dominicæ natiuitatis sacramentum contemplarci: oculis corporeis magnam claritatem super altare descendentem vidit: &amp;amp; dominum nostrum in paruuli speciem nimis fulgentem, quem angelorum multitudo reuerenter adorabat. Angelorum itaque adoratione, quæ per dimidiæ horæ spacium durauit, finita: pastores festiuantes ad infantem adorandum venire prospexit: illisque recedentibus, mox tres orientales reges magna cum societate ingressi sit: quos tres soles nimis fulgentes comitabantur, qui cum ad altare accessìssent: statim ex tribus unus sol effectus est. Reges vero procidentes puerum adorauerunt: eique sua munera obtulere. &amp;amp; in hac regum adoratione dei genitricis imago que in altari erat, ter contra puerum arrisit. Post regum angeli admonitione recessum, Herodem sęuissimum puerum ad perdendam quęrentem vidit: vidit etiam quomodo [fol. 82va] beata Maria filium brachiis tenens Ioseph comitata tristes in Ægytum fugiebant. Huiusmodi autem visio a noctis medio usque tres subsequentes horas in oculis eius perdurauit. Quibus finitis, cathedralis ecclesię capellanus maior desiderio seruiendi christo attractus ad monasterium venit. ad primam missam galli cantus vocabulo appellatam celebrandam: &amp;amp; ut sorores communicarent in ea: cantores itidem qui solemniter rem diuinam agerent secum adducens. Et cum ipse sacris indutus ad altare exiret: statim hęc christi ancilla oculis apertis duos cereos magnos super altare vidit: &amp;amp; ab uno quoque illorum quinque radii usque ad ipsam directi procedebant: nullumque impedimentum cortinę quę ante chorum erant extensæ ei prestabant ad videndum omnia que in altari erant facienda. Cum itaque magna solemnitate res sacra inchoaretur: &amp;amp; suo ordine perueniretur ad sanctus: magnam angelorum cateruam ad altare descendere vidit: qui quidem sacerdotem ipsum a pedibus usque ad caput cooperuere: &amp;amp; ipsi ascendentes ac descendentes cum magno gaudio sacrificio assistebant. &amp;amp; cum sacerdos hostiam consecratam eleuaret: prędictos angelos brachia eius attollere vidit. Ad pater noster tandem peruento, non valuit ultra super genua sua stare: nimisque spiritu defatigata cecidit super faciem suam: &amp;amp; sic in eodem loco usque ad horam diei duodecimam iacuit: qua transacta ex sororibus quędam eam ad lectulum suum deportauere; (nam ab hora noctis decima: in qua ad matutinum pulsatum est usque ad hanc quam pdiximus horam, semp genibus flexis in supradicto loco stetit immobilis). In sero autem illius diei ob sororum deprecationem parum conditaneæ cidoneę comedit: &amp;amp; sic sine alio cibo feria secunda &amp;amp; tertia permansit. Feria vero quarta uno tantum ouo contenta aperte demonstrauit quod spirituali alimonia ei vitam contra conditionem humane naturę prestabat. Iterum die quinta ante natiuitatis dominicę solemnitatem ob famem, quę propter farinæ defectum ex fluuiorum incrementis tunc vigebat: nimis esset afflicta absque dormitione noctem illam tran- [fol. 82vb] segit, &amp;amp; cęteris sororibus dormientibus, surtexit ipsa: &amp;amp; in pauimentum subdiale ex quo fluuius conspici poterat, ascendit: &amp;amp; cœlo nut dosignum crucis contra amnem faciens, mox ad orandum in quodam cubiculo se recepit: &amp;amp; brachiis ad modum crucis extensis super terram procidens per magnum interuallum in orationem pdurauit. dei enim genitricem deprecabatur attente: ut filium suum exorans eum placabilem faceret populo. Et cum in hac pœna posita christi matrem exoraret deuote: subito quendam magnum splendorem vidit totam domunculam illam in qua erat illuminantem. aspexitque in claritate dominam nostram: quę lachrymosis oculis voceque tristi illi dixit. Omnes has pręteritas aquas per tot dies diuisas in tribus diebus per alluuionem emittendas esse scito filia; ac earum maiorem partem super istam ciuitatem perfluendam propter maximapeccata quę in ea quotidie perpetrantur: ego tamen tuis precibus inclinata: &amp;amp; propter orationes quas pro populo effudisti: filium meum exoraui, ut petitio tua acceptabilis coram eo esset: &amp;amp; exaudiri pmerui: &amp;amp; sic ira eius placata est. Stabat hęc famula christi ocfis apertis manibusque eleuatis cum dei genitricem videbat: que attamen recedente in terram cecidit: &amp;amp; absque sensu aliquot horis pdurauit. Postea in se reuersa, corpore &amp;amp; spiritu roborataad dormitorium reucrtitur: nulla ex sororibus hoc sentiente. Cum igitur fama eius non usque adeo tegi potuisset, quin ad aliquorum piorum hominum notitiam deuenisset: inter alios apud quos latere non potuit, episcopus Pacensis fuit: qui tunc erat ecclesię Toletanæ Decanus: q &amp;amp; cum illa sępe locutus est: &amp;amp; fuit testis vulneris lateris. Huic ergo semel eam deprecanti pro cuiusdam discordię sedatione quę erat in curia ipsa libentissime obediens: ante solis ortum orationis causa superiora domus ascendit: &amp;amp; magnum splendorem in cœlo ubi sol oriturus erat aspexit. soleque orto, oculis claris eum sine claritatis obstaculo intuebatur: viditque intra ipsum solem foramen grande quod in cœlum intrabat: ex quo magni claritatis radii ad diuersas partes exierunt. crux etiam aurea magni quidem fulgoris intra foramen apparebat: quę tam- [fol. 83ra] diu demonstrata est donec ad primam factum estsignüm. In ære etiam quendam haud procul a se distantem aspexit: qui suo iudicio erat ut luna, cum ali[o] pugnantem: &amp;amp; interuallo modici téporis transacto: scapulis adinuicem auersis recessere. Et cum quedam ex sororibus illuc ascendisset: statim illa a loco discessit: &amp;amp; sic visionis pdictæ finem videre non valuit. Verum credi potest pręcibus illius discordiam postea sedatam fuisse quæ inter nonnullos viros illustres vigebat in curia: pro cuius sedatione cum supradicta vidit, orabat. Contigit hoc infra octauas resurrectionis dominicę; anno octuagesimo sexto supra millesimum ac quadringentesimum, Cum iterum in mense Iulii in aurora illius dici quo sanctę crucis triumphum colit ecclesia, oculis sursum eleuatis oraret: vidit quasdam flammas in cælo. &amp;amp; interuallo horę unius consumpto: ipsum cælum aptum notauit: &amp;amp; solem itidem per aperturam quamviderat egredientem: ac in illo om nesicgli pulchritudines cognoscebantur: &amp;amp; statim insubsequenti die in quodam libro hora tertia orans attente: iuxta fenestramex qua cælum poterat intueri: tertie hilem cuiuspiam vultum veluti lunę apud se vidit duasque hominum effigies deintus stantes unum contra alium gerentes bellum: &amp;amp; ibi etiam occisorum aderat multitudo. Hac nempe die comes Cifontanus captus fuit a Mauris.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[Capítulo 46]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
DE ANIMA SACERDOTIS / defuncti qui eidem apparuit: &amp;amp; de  aliis visionibus eiusdem. / CAPUT. XLVI.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
CUM HÆC CHRISTI ancilla in supradicto anno quadam nocte in stratu suo faceret: noctisque medio finito nondum esset pręoccupata somno: sacerdos monasterii nuper defunctus ei apparuit: qui Ioannes Hulmensis vocabatur de quo supra mentionem fecimus (nam Hic fuit ille confessor eius qui vulnus lateris vidit) &amp;amp; propter molestias quas sibi intulerat veniam ab ea humiliter postulauit ob epistolam pręsertim quam ad eam [fol. 83rb] rescripserat: quæ magnæ perturbationis causa extitit ei: ac etiam quia illius verbis fidem non præbens, eius consilia temerarius spreuerat. Supradictis etiam sequentia adiecit. Dicito quęso priori Sislano: &amp;amp; huius monasterii matri: ut omnium molestiarum quas illis feci veniam mihi concedere dignentur: ac etiam sex milia dipondia quæ huic monasterio debeo mihi indulgeant: pariterque librum quem vendidi remittant: &amp;amp; eleemosynę gratia quinquagies altaris sacrificium pro me faciant celebrare: ut sic eruar ab hac pœna quam modo sustineo: &amp;amp; tu christi famula pro me ora. Et his dictis disparuit. Cęterum illa cum ex hac visione nimis terreretur: semianimis &amp;amp; sine loquela quatuor horis remansit: &amp;amp; in se r[e]uersa magna deuotione cuncta quę defunctus ab ea petiit adimplere curauit. Nec est hoc loco tacendum visionem quam vidit eo die quo capellanus maior in humanis agere desiit. Hic enim Didacus de Villaminaya appellabatur vir sane religiosus &amp;amp; prudens, charitatisque operibus plenus: de quo nuper multis in locis mentionem fecimus. Cum igitur hic vir venerabilis esset pro suis laboribus a deo remunerandus: in fine mensis Martii anni octuagesimi septimi egrotauit: &amp;amp; tandem ingrauescente langore ex hac vita migrauit, cuius mortem quasi ciuitas tota deplanxit: sed doloris huius maxima pars Marię Garsię monasterium occupauit: propter beneficia magna tum spiritualia tum temporalia quæ sororibus veluti earum pater quotidie faciebat. Et cum vitę eius finis parum post decimam diei horam euenisset: stabant in ecclesia sorores &amp;amp; cum illis hæc christi famula rem sacram audientes: &amp;amp; campanarum pulsatione propter illius obitum in ecclesia maiori facta: statim illa rapta spiritu fuit: &amp;amp; vidit defuncti animam a Ioanne baptista, &amp;amp; diuo Hieronymo sanctaque Caterina ad iudicium coram diuina magestate in quendam magnum nimisque deliciosum campum deferri, animabus plurimis ibi astantibus laudantibus deum. Accusatus est itaque propter obmisionem quam fecerat in adim- [fol. 83va] pletione cuiusdam defuncti voluntátem qui illum sui testamenti reliquerat executorem. etiam licet predictus capellanus hoc ante mortem suo testamento emendare curauerat: tamen a domino nostro Iesu christo iusto iudice iudicatum est ut eius anima in loco illo detineretur donec compleretur legatum: quo soluto mox ad gternam beatitudinem perueniret. Cęterum illa hęc omnia in ipsa ritu videns, statim ut ad se est reuersa: multospacio quasi extra se mansit: inagna pœna gaudioque adinixta ob prędictam visionem poccupata. Et ita magnis exanimationibus in lectulum cecidit: ut de eius desperaretur vita. &amp;amp; nemini hanc rem dempto priori prędicto patefecit: qui eam obedientię pręcepto ad reuelationem omnium quæ sibi dominus ostendisset constrinxerat. Huius igitur visìonis certitudo ex supradicti patris testamento liquet: cuius ordinationem hæc christi famula ante hanc visionem penitus ignorabat. In raptu quadraginta horarum cum vulnus lateris suscepit (de quo nuper diximus) se purgatorias pœnas vidisse asseruit: ubi tormenta horribilia (que dici non possunt) aspexit. &amp;amp; cum circumquaque respiceret quendam sacerdotem adhuc viuentem aiarum curionem in magno cruciatu inuenit positum: serpens nanque horribilis cui duo capita duoque ora erant eum pręcinctum ac ligatum in circuitu tenebat. viditque etiam iuxta illum drachonem ingentem: qui super spinam cuiusdam infantis aiam in sportula habebat: que quidem magnis quærellis ob pœnam quam patiebatur iudiciuma deo fieri instantissime postulabat propter culpam solummodo sacerdotis illius. Cumque famula christi quęnam pœna esset illa angelum qui eihęc omnia ostendebat interrogaret: ei angelus dixitque infans ille propter sacerdotis illius culpam nondum. regeneratus baptismo obierat: ac ob id quęrebundus iusticiam a deo postulabat de illo. Postquam vero ad se rediit valde territa, p sacerdote illo quotidic dum orabat: &amp;amp; dierum octo interuallo transa &amp;amp; o hic sacerdos rem sacram in monasterio agebat: corporeque domini iam eleuato iterum illa rapta fuit spiritu: &amp;amp; vidit sacerdotem hunc [fol. 83vb] serpente præcinctum tria habente capita, quorum primum cor, secundum linguam, tertium vero scapulas sacerdotis comedebat. Viditque ctiam infantem coram eo clamantem &amp;amp; dicentem. A dei visione tua negligentia priuor: tua culpa sine baptismo mortuus sum: tanti peccati veniam a deo non consequeris. Tertio itaque die post hanc visionem sacerdotem istum vocari fecit: &amp;amp; omnia quæ viderat secreto eidem aperuit. Quod cum ille audisset adeo territus est, ut loquelam medię horæ spacio perdiderit. quem christi famula sic afflictum pusillanimemque videns: in domino confortauit. Tandem ad se rediens quomodo hoc secretum dominus sibi reuelauerat vehementer admirari cœpit. &amp;amp; ita in veritate fuisse sicut illa dicebat aperte confessus est: tam de puero qui sine baptismo sua obierat culpa: quam de cæteris rebus quibus hactenus deum se offendisse cognouerat: prout ab illa eidem sunt enarrata. Post hęc dei famula dixit illi. Ne de his valeas quiquam dubitare: cras dum in altari fueris dominum ostendere tibi signum pro certo tibi sit. Quod sic euenit: nam hic sacerdos confessus est postea, quod dum sequenti die sacrificium christianum ageret: &amp;amp; rerum diuinarum codicis verteret folium, ubi effigies crucifixi erat depicta: quinque guttas sanguinis inuenit in illo: et post annos quinque in diui Michæelis archangeli festo hic sacerdos ex hac luce recessit: quem dei ancilla suis orationibus iuuit. Postea denique in aurora diei sancti Francisci in figura horribili eidem apparuit: plurima quæ inter ipsum &amp;amp; alia personam secreto transierant, ei aperiens: quę quidem ita in veritate comperta sunt.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[Capítulo 47]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
QUOD SPIRITU PROPHE / tię multa arcana reuelauit. / CAPUT. XLVII.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
MULTA OCCULTA hæc christi ancilla spiritu prophetię repleta indicauit: ut ex supradictis faciliter agnoscitur: &amp;amp; per alia quæ de ea scripta reperiuntur, gratiam quam ei dominus in cognoscendis secretis dederit, aperte in- [fol. 84ra] telligimus. Cum igitur illis diebus iam inquisitionis negocium contra hęreticam prauitatem in Toletana ciuitate ageretur: nonnulla archana huic sancto officio attinentia priori Sislano aperuit: &amp;amp; ipsi quonammodo ista sciebat interroganti respondit. Dominus noster Iesus christus ea forma qua ad columnam ligatus stetit mihi apparuit: scapulas habens sanguinolentas: &amp;amp; mihi dixit. Aspice filia qualis ab hęreticis contrector quotidie: idcirco dic ecclesię huius Decano, &amp;amp; Sislano priori, qui inquisitionis rem tractant, omnia quę nunc oculis cernis. Quod sic adiplere curauit. nam hęc eadem verba (supradicto priore presente) ecclesię decano dixit; aperiens utrisque quędam occulta ad sanctum inquisitionis officium ptinentia. Cum alia vice staret mente eleuata, sacrosanctam eucharistiam magna cum solemnitate a clericis de maiori ecclesia depromi vidit: &amp;amp; cuidam egro hęretico deferri: iussumque est ei ut omni velocitate ad clericos iret: ac eis diceret. Ad ecclesiam cum sacramento reuertimini: hæreticus namque est ad que illum defertis. Et sic factum est. verum angelus qui hęc sibi imperabat sequentia postea adiecit dicens. Ut quę tibi dico vera esse comperias: hodie cum res diuina celebrabitur sanguinis guttas ab hostia distillare videbis. In hac itaque die hęc christi famula hostiam cruentatam oculis claris aspexit, cum post consecrationem fuit eleuata. Semel etiam futura cognoscens priori Sislano dixit. Curam pater adhibe in domo: duo enim in ea sitnt qui tale peccatum perpetrare procurant. Quod postmodum rei euentus eam vera dixisse comprobauit. nam post paucos dies duo famuli deprefensisunt: qui malum grande eodem modo eademque forma ut ipsa prędixerat perpetrare volebant: &amp;amp; mox a monasterio. fucrunt expulsi. Monachus quidam eam proptereius famam videre &amp;amp; alloqui cupiens: pro hacre impetranda magnopere laborabat: tandem quod desiderabat obtinuit. &amp;amp; cum ad colloquium illius fuisset admissus: hęc ipsa inter cętera illi dixit. Iamdiu pater est q te meum colloquium. expetere scio: &amp;amp; causam cur hoc deside- [fol. 84rb] rio laboras: scio etiam quod tali die scriptionem faciebas: quam ea die optabas perficere: &amp;amp; non potuisti: &amp;amp; consummasti eam nocte sequenti. His auditis stupefactus monachus quomodo secreti huius notitiam potuit habere eam interrogauit: cui ipsa respondit se omnia hęc in spiritu vidisse. Et postea sequentia adiecit. Dic pater tali monacho (illum nomine suo designans) quod multum tristatur spiritu: videat vias suas: &amp;amp; si aliquid fecit punitione dignum, indulgentiam petat: alias magno subiacebit periculo. Et cum huic monacho &amp;amp; cęteris domus hoc esset experimento cognitum: valde admiratus est: intellexitque eam spiritu dei esse repletam. Contigit hoc cum ordinis nostri primarius in Sislano monasterio inquisitionis causa erat. Cum isdem etiam monachus iterum illam alloquens, alterius monachi cuius nomen tacebat vitam multum commendaret: christi ancilla eum deprecari cœpit, ut fratris illius nomen vellet sibi aperire: sed cum monachus hoc negaret: tunc illa dixit. Monachus de quo pater dicis sic appellatur, vir quidem religiosus est: partem habens cum deo. Quod monachus audiens nimis territus est: videns quomodo spiritu dei sciebat, quod ille ei noluérat indicare. Dificiliter &amp;amp; non sine magno tędio cum exteris loquebatur licet viri religiosi fuissent. &amp;amp; cum talium colloquium vitare non poterat: breuis in sermone erat.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[Capítulo 48]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
DE EO QUOD SUIS ORA / tionibus salutem multis impetrauit. / CAPUT. XLVIII.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
PLURIMUM HÆC christi ancilla orationibus valuit: erat enim feruidę orationis, ut ex prędictis coniectari potest: idcirco multis suis pręcibus obtinuit salutem. Unde cum semel monasterii mater tertia mensis Augusti ante diui Laurentii festum pleuritidis morbo laboraret: essetque a medicis iam derelicta: valde hęc sancta de matris morte tam propinqua affligebatur: &amp;amp; nocte adue- [fol. 84va] niente sacellum ingreditur: &amp;amp; cum multis lachrymis coram deiparę virginis effigie pro matris salute cœpit orare. Oratione tandem finita, vultum virginis quam candela explorabat, veluti viuentis inflammatum: &amp;amp; post paululum sudantem aspexit. Cæterum illa oculis se falli opinans: ad virginis faciem pręsumpsit accedere: at rei veritate comperta, ter capitis sui velamine sudorem imaginis abstergens: oculos suos ac faciem cum sudore lauit. Et magno gaudio repleta iterum obnixius pro matris vita dei genitricem cœpit orare: &amp;amp; facta est ad eam vox, dicens. Propter consolationem tuam &amp;amp; remedium vita illi conceditur. &amp;amp; statim in excessum mentis eleuata est: &amp;amp; vidit diuum Laurentium in forma pueri quindecim annorum splendida veste indutum pyxidem auream in manu ferentem: quam supra caput &amp;amp; latus posuit ęgrotę: signans eam manu sua signaculo crucis: quo facto discessit. Statimque illa ad se rediens intellexit dei parę virginis meritis quod petebat impetrasse. Et confestim ad infirmam pergens, illam quieto somno dormientem inuenit, quę quidem expergiscens a dolore subleuatam se sensit: &amp;amp; post modicum perfecte conualuit. Cum iterum importune in ecesfa dei genitricem oraret pro quodam fratre suo in vinculis existente: fratri dormienti sanctissimavirgo apparuit in effigie ut in monasterii sacello habetur depicta: &amp;amp; a compedibus eum absoluens dixit. Propter sororis tuę &amp;amp; aliorum monialium præces quas ob tuam liberationem feruenter apud me fundunt a carcere erueris. Et ipse expergiscens liberum a compedibus, &amp;amp; tumore quem in pedibus ob vincula ferrea fabebat: se reperit. &amp;amp; diesequenti ad monasterium veniens, liberationis suę mos dum sorori cæterisque religiosis enarrauit: &amp;amp; pro certo compertum est quod hora qua ille se dixit per dei genitricem a vinculis fuisse absolutum: eadem hęc christi ancilla &amp;amp; aliæ sorores pro eo specialem orationem faciebant. Ipse itaque virginis Mariæ effigiem in altari monasterii positam cernens: simili figura ipsamsibi apparuisse [fol. 84vb] asseruit. ob idque deinceps ceram, ut omnibus sabbatis coram prædicta imagine arderet, per totum vitę suæ tempus se daturum repromisit. Verum post hac annis nouem transactis, cum in vigilia assumptionis eiusdem sacratissimę virginis hic virsui promissi non obliuiosus factus, ceram ad prędictam imaginem illuminanæ dam portaret: in via morte subitanea pręoccupatus defecit. Quod christi ancilla audiens magna tristitia affecta est: pręsertim ob mortis casum: &amp;amp; multis lachrymis multaque instantiaprofratresicdefunctocoram dei genitricis imagine orabat: hoc inter cętera scire cupiens: an in via salutis esset. Et tandem cum pro hac refm portune deprecaretur: octauo post fratris obitum die hora secunda post noctis medium vultum supradictę imaginis aspexit: &amp;amp; illum lætum veluti personæ viuentis &amp;amp; loqui volentis vidit: &amp;amp; ex hac visione magno gaudio repleta flere cœpit. Quod duæ ex sororibus cernentes eam ad lectulum deduxerunt: &amp;amp; sororibus illic iuxta eam cum candelis accensis stantibus, cuiuspiam flatum frigidissimum post scapulas sensit: sed propter sorores quę cum illa colloquebantur, ad locum illum respicere non curabat. sed post paululum magno timore concussa caput illic conuertit: &amp;amp; frustrum nubis obscurę aspiciens: intus fratrem suum faciem nimis lętam habentem vidit: qui dixit ei. In magno nempe periculo fui cum spiritu exhalaui: sed affuit mihi dulcissima virgo Maria auxilium pręstans: ac propter eius merita euasi: sumque ad purgatorias pœnas transmissus. &amp;amp; his dictis, de cæteris rebus ad quarum soltationem erat astri &amp;amp; us mentionem faciens: ab oculis sororis eius euanuit. Et cum alius eiusdem sanctę virginis ff in loco suo equi currentis lapsu valdetorsus, grauique oculorîi passioneremansisset: ob idque eius mater (quę propter mortem alterius filii nuper defuncti satis erat afflicta) hoc factum audiens adeo amaritudine atque tristitia repleta est: ut os &amp;amp; oculi eius fucrint obuarati. Post aliquot itaque dies huicsanctæ fœminæ hoc in monasterionunciato, ad altare [fol. 85ra] dei genitricis a cessit pro matris salute oratura: inspirataque diuinitus nuncio qui casum ei narrauerat respondit. In dominica sequenti sanabitur mater mea: quod sic factum est ut ipsa prædixit. Accidit quoque semel ut hæc sancta graui langore correpta in stratu iaceret. &amp;amp; sacratissimæ virginis natiuitatis die superueniente, videns quod nec cum cęteris sororibus communicare hac solemnitate, nec diuinis interesse poterat: dolore magno percussa est. Cum igitur ea nocte sorores ad matutinum exurgerent: &amp;amp; ipsa que non procul a choro iacebat eas cantare inuitatorium audisset: sic cum grandi sui cordis dolore orauit. O gloriosa domina dei genitrix virgo Maria peccatorum spes: ego peccatrix tuis matutinis hac nocte ut indigna priuor: &amp;amp; ctiam in crastinuin sacratissimi filii tui corpus participatione: tu pietatis mater ct desiderium meum: &amp;amp; pœnam quam pro his patior non ignoras. Tandem super ipsam hęc dicentem claritas magna descendit. &amp;amp; claritate recedente se sanam reperies: mox surrexit: &amp;amp; ad horas matutinas pergens, cum cęteris etiam sororibus ipsa die sacrosanctum christi corpus in ecclesia recepit: dei genitrice cordis sui desiderium ex audiente.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[Capítulo 49]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
DE OBITU EIUSDEM: ET / quam statim cœpit fulgere miraculis. / CAPUT. XLIX.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
SI CUNCTA QUÆ de hac sanctissima fœmina in literas missa sunt: &amp;amp; reuelationes quas vidit hoc loco annotarentur: grandis quidem liber exurgeret: cum pene nulla fuerit dies in qua dominici corporis sacramentum susceperit: quinspiritu raperetur: in raptuque illo mirabilia dei videret: idcirco omnibus his ob breuitatis causam, ac lectorum fastidium dimissis: ad obitum illius transiens nonnulla etiam miracula ex multis quæ post mortem eius facta sunt, annotabo. Igitur cum hæc christi ancilla tam magnifice in hac vita signis &amp;amp; reuelationibus adeo (ut supra est anno- [fol. 85rb] tatum) sublimaretur: eam de corporis carcere eruere diuinę pietati placuit: quod quidem desiderio suo consonum erat: cupiebat enim multis iam antea diebus dissolui &amp;amp; esse cum christo: &amp;amp; illa beata ęternaque beatitudine frui/quam sanctis &amp;amp; dilectis suis se daturum repromisit. Obiit itaque hęc sanctissima fœmina septima die Iulii sabbato tunc cadente: anno octuagesimo nono supra millesimum ac quadringentesimum, tempore quo Toleti pestis vigebat: ad horam tertiam post noctis medium. Fuit autem eius obitus cœlesti odore honoratus, ut sorores quę ibi aderant testatę sunt: dicentes mirabilem odoris fragrantiam se eadem hora sensisse. Sepulta fuit in illius diei vespera in monasterii Sislani capitulo: tunc enim sorores illius cœnobii ibi sepeliebantur. quam statim signis dominus magnificare cœpit: de quibus hęc quę sequuntur pauca (cęteris ob breuitatem dimissis) referam. Contigit in die sancti Martini, anno nonagesimo supra millesimum ac quadringentesimum in mense Nouębri ut quidam Franciscus Diaz nomine de Xarahiz incola grauiter egrotaret: factusque morio cum iam in extremis sacro oleo perunctus esset: &amp;amp; quidam sacerdos qui Martinus Diaz appellabatur, eiusdem egroti patruelis qui &amp;amp; ipsum a primis nutrierat cunabulis, atque uxorem ducere fecerat: magnum de eius morte dolorem haberet: quedam vidua Ioanna Martina nomine quę visitationis causa illuc venerat: sacerdoti afflicto sic ait. Non vos latet compater langor quem ego in crure cum coxendice habui. &amp;amp; hoc anno cum Gabriel frater meus Hieronymitani ordinis monachus ex cœnobio de Madrid profectus ''[1]'' huc venit: &amp;amp; me inueniret egrot[a]m: hoc mihi dedit consilium: ut cuidam religiosę magnę sanctitatis fœminę quæ Toleti in Marię Garsię monasterio obierat: &amp;amp; in Sislano iacebat humata: quę quidem magnis fulgebat miraculis: me commendarem ex corde: peregrinationem ad eius tumulum vouens: &amp;amp; sine dubio sanitatem propter eius merita recuperarem integram. acquieui equidem fratris consilio: et per dei mise- [fol. 85va] ricordiam sanitati perfectę restituta sum. Sic vos infirmum hunc isti sanctę religiosę vouete: &amp;amp; propter eius merita domino placebit sanum &amp;amp; incolumen vobis illum restituere. Quod sacerdos audiens votum statim emisit: ut si eger ille huius sanctę meritis pristinę restitueretur sanitati: ambo pariter illius visitarent sepulchrum. Cuius petitionem dominus exaudiens sanitatem integerrimam donauit infirmo: &amp;amp; postea ambo votum suum compleuere. Huius itaque miraculi prędictus sacerdos testimonium dedit, cum esset in monasterio ubi huius sanctę corpus requiescit: ibique illud sua descripsit manu sabbato septima die Maii anni nonagesimii primi supra millesimum ac quadringentesimum. In Toletana quoque ciuitate canonicus quidam grauiter egrotabat: &amp;amp; omnibus beneficiis humanis factis semp virtus deficiebat in illo: quo cognito huic sanctę virgini se deuote commendans: eius sepulchrum visitare fecit. &amp;amp; cum nonnihil terrę illius sepulturæ sibi fuisset allatum: collo illam suspendit. Et in nocte sequenti hęc virgo beata visibiliter ei apparuit: qui postea euigilans sanum se reperit. &amp;amp; cum Inane illo potionem sumere debuisset: accipere eam renuit: sed cibum co quem se sentiebat incolumem postulauit: &amp;amp; statim surrexit: &amp;amp; sepulchrum huius sanctę debita religione visitans. gfas de sua salute deo egit: offerens ibidem oblationes suas. In mense Septembri, eodem anno quo hęc christi virgo humanę naturę debitum soluit, Alphonsus comitis de Paredes filius Toletanęque ecclesię canonicus eadem in ciuitate gratiissime egrotauit: &amp;amp; cum iam in extremis sacro esset oleo unctus, huic virgini se deuote cômendauit: &amp;amp; ceruicali in quo hęc sancta obierat sibi allato: mox ut illud super se posuit perfecte conualuit. Suscepti beneficii memor ad monasterium Sislanum postea venit: &amp;amp; nouem diebus ibidem deuote pmanens: ceream effigiem &amp;amp; vestem sacram ibidem obtulit. Is (ut opinor) fuit Alphonsus Manricus Hispalensis antistes: qui superiori anno in humanis agere desiit. In supradicto anno nona Septembris die, ad monasterium ubi hec sancta condita iacet quidam vir Ioannes de [fol. 85vb] Pastrana vocatus cum uxore sua venit: filium paruulum paralysis morbo laborantem secum afferens: qui nullo medicorij remedio curari potuit: tametsi propter huiuscemodi causam non modicam substantię partem in physicis impenderat. Et cum parentes in ecclesia deuotius pernoctarent, filium suum huic virgini commendantes: mox pręcum suarum obtinere fructum meruerunt: quandoquidem puerum quem membris debilem ad sepulchrum huius virginis attulerant: sanum in domum suam reduxere. His quoque diebus quędam mulier Ioanna de sancto Michaele nomine tertii ordinis diui Francisci religiosa Toleti cohabitans carcinomatis siue cancri morbo in mammilla periclitabatur sua, &amp;amp; cum quinque annorum spacio a physicis mederi nequaquam potuerit: tandem ab illis relinquitur. eratque quorundam consilium ut abscideretur mammilla in qua cancrum habebat ne moreretur. Cęterum illa (huius sanctę virginis fama audita) magna cum deuotione sepulchrum eius visitare properauit: &amp;amp; cum locum in quo condita iacet ingrederetur, cęlestem odorem a sepultura procedere sensit, seque super illam inclinans, magna pietate ac multis lachrymis sanctam pro salute deprecari cœpit: moxque super illam manus domini facta est: &amp;amp; perfectę restituta est sanitati. Alia multa signa diuinitus per eam facta statim post mortem scripta reperi: quę breuitatis (ut dixi) causa prętermittuntur: sequens tamen miraculum quod in vita eius factum est prędictis subnectam. Cum dei famula semel dictaret epistolam quam cardinali Petro Mendocio destinare erat illi in animo: &amp;amp; chartam notis exciperet quędam ex sororibus cui Agnes sancti Nicolai nomen erat, &amp;amp; exsiccationis causa ad ignem post descriptionem illam applicuisset: adeo igni coniuncta est, &amp;amp; combusta: ut a nemine postea legi potuerit. Et cum iterum scribenda esset epistola: &amp;amp; de hac re Agnes prędicta nimis affligeretur ob longitudinem eius: epistolam christi ancilla accipiens, in quadam arca eam iniecit. Altera die prędicta soror chartam voluit scribere: &amp;amp; aperiente virgine archam epistolam sanam inuenerunt.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[Capítulo 50]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[Fol. 86ra] DE TRANSLATIONE EIUS / dem: &amp;amp; odore cœlesti quem astantes sen/ sere: deque pluuia diuinitus propter / eius merita data. / CAPUT. L.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
CUM FAMA MIraculorum quę deus propter sanctæ suæ merita operabatur in dies cresceret: iamque glorificationis illius rumor in omnes peruenisset: multorum virorum honorabilium deuotioni placuit operam dare: ut huius sanctę virginis corpus de capitulo in quo prius sepultum fuerat ad ecclesiæ monasterii locum honorabilem transferretur. Hac autem in re illustris comes de Fuensalida fœmina religiosavalde obnixius supra cæteros laborauit: ob cuius deprecationes sanctæ virginis corpus de loco illo ubi statim postmortem conditum fuerat translatum est: &amp;amp; collocatum in sepulchro quod ipsa comes ad dexteram partem ecclesię ędificari fecerat. Factaque est translatio hæc vicesima quinta die mensis Aprilis: anno nonagesimo quinto supra millesimum ac quadringentesimum, ab obitu eiusdem sanctę anne sexto. Aderant itaque huic translationi venerabilis prior eiusdem monasterii frater Ioannes de Morales appellatus: ac alii multi eiusdem cœnobii monachi: clauicularius Calatrauę militię, illustris Alphonsus a Silua: cæterique religiosi viri. Inuenta sunt autem eius ossa multum odorifera: oleoque peruncta: &amp;amp; odor qui fragabat ex ossibus suauissimus ac cœlestis erat: qui ab omnibus pręsentibus tum religiosis, tum sęcularibus sensibilis fuit. Verum cum prior monasterii hęc cerneret omnia: quod hactenus quasi in occulto, &amp;amp; non monachis omnibus pręsentibus facere disposuerat: omnes vocari iussit: &amp;amp; organis campanisque pulsatis, corpus cum magna solennitate ad ecclesiam transferri ordinauit. Ossibus itaque in quadam arca intus adornata serico positis, quam Alphonsus a Silua secum attulerat: &amp;amp; cereos [fol. 86rb] accensos quos et Alphonsus prędictus ad hoc traxerat omnibus tenentibus sacrisque ministri induti arcam in qua huius sanctæ virginis ossa posita fuere: ad ecclesiam magna cum deuotione perduxerunt: monachis, Hec dies quam fecit dominus, &amp;amp; Te deum laudamus cantantibus. Et cum omnis illa regio magna siccitate tunc laboraret: omnesque pro pluuia deum deprecarentur: huius sanctę meritis mox pluuia grandis super terram descendit. adeo ut nullus fuerit qui dubitare posset: quin ob merita eius pluuię beneficium patria illa susceperat: qua panes cęterique fructus ad maturitatem deuenere perfectam. Stetit corpus eius in ecclesia in arca (de qua supra diximus) tredecim dies: propter fideles qui deuotionis causa ad ossa eius visenda veniebant quotidie: sepultumque est postea ad dexteram ecclesię partem in supradicto sepulchro. Gratia quam dominus huic sanctę virgini hac ætate dederit dignissimæ consideranda venit: ut omni tempore erga famulos suos mirabilia dominum operari cognoscamus: et quomodo diligentes se &amp;amp; in eum sperantes in suisque oculis humiles exaltat: qualis hęc sanctissìma fœmina fuit: mirabiliter nanque humilitatis virtute resplenduit. quod quidem omnium sororum fuit testimonio comprobatum: sed quam maxime monasterii matris, cuius nomen Caterina de sancto Laurentio erat: hęc enim multa secreta eiusdem sanctę post eius obitum aperuit: dicens illam tantæ fuisse humilitatis, ut sæpe magna instantia eam deprecaretur ut in sextis feriis cum capitulum culparum tenebat, durius illam increparet: ac pœnitudinis causa tempore refectionis in terra cibum sumere: &amp;amp; refectione finita, ad chori ostium prostratam iacere præciperet: ut cęterę sorores super eam intrarent &amp;amp; exirent. Omnium igitur quę de vita, reuelationibus &amp;amp; miraculis huius sanctissimæ fœminę scripta reperi hic finis erit: non enim ad longum (ut in principio testatus sum) omnia quę de illa in literas sunt missa scribere proposui. Et sic explicitus est liber tertius.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
===Notas===&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[1]'' “professus”, corrección de una mano posterior en el ejemplar impreso señalado de la Biblioteca de la Universidad Complutense.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
= Vida impresa (2) =&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Ed. de [https://www.upf.edu/web/poder-espiritualidad-genero/entry/-/-/1003/adscripcion/mar%C3%ADa-morr%C3%A1s María Morrás]; fecha de edición: octubre de 2020; fecha de modificación: junio de 2025.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
== Fuente ==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
* [http://catalogodesantasvivas.visionarias.es/index.php/Categor%C3%ADa:Pedro_de_la_Vega Vega, Pedro de la], ''Cronica de los frayles de la orden del bienaventurado sant Hieronymo''. Universidad de Alcala de Henares: Juan de Brocar, 12 Octubre 1539, fols. 94v–103v (Lib. iii Chs 41–50).&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[[Contexto material del impreso Cronica de los frayles de la orden del bienaventurado sant Hieronymo]].&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
== Criterios de edición ==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En el texto castellano de Pedro de la Vega (con variantes respecto a su anterior vida latina), el criterio de edición que se ha seguido ha sido muy conservador para poder cotejarlo con el latino. Se conservan las grafías, pero se separan o juntan palabras y se puntúa de acuerdo a criterios actuales. Las versiones latina y castellana difieren ligeramente entre ellas. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En la tabla índice del texto latino, la rúbrica referente a la beata de Ajofrín lee “Marię de Ajofrin laudes &amp;amp; vita li. Iii. a cap 40 usq ad finē libri folio lxxxviii”; en cambio la rúbrica del capítulo resalta su carisma visionario: ''De beata Maria de Aiofrin magne religionis magnarumque reuelationum foemina''. Es significativo que ambas rúbricas se modifiquen en el texto en castellano, pues tanto en la tabla como en la rúbrica que inicia el capítulo se omite la mención a las revelaciones “De la vida y obras marauillosas de la sancta y bienauenturada María de Ajofrín, religiosa del monesterio de Sant Pablo de Toledo”. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Para esta edición, usamos la versión castellana digitalizada de la Biblioteca de Castilla-La Mancha, en &amp;lt;http://bidicam.castillalamancha.es/bibdigital/bidicam/i18n/consulta/resultados_ocr.cmd?id=475&amp;amp;materia_numcontrol=&amp;amp;autor_numcontrol=&amp;amp;posicion=1&amp;amp;tipoResultados=BIB&amp;amp;forma=ficha&amp;gt;.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==Vida de María de Ajofrín==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[Fol. †4va] ‘Tabla de los capítulos’: ⸿Cap. xli. de la vida y obras maravillosas de la sancta y bienaventurada María de Ajofrín religiosa del monesterio de sant Pablo de Toledo. folio. xciiii. [Transcripción con acentuación].&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[Fol. 94va]&lt;br /&gt;
'''Capítulo 41'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''De la vida y obras maravillosas de la sancta y bienaventurada María de Ajofrín, religiosa del monesterio de sant Pablo de Toledo'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
No será fuera de propósito escrevir en fin deste tercero libro así como en suma la sanctidad y obras maravillosas de la bienaventurada María de Ajofrín, y las revelaciones que vido y los miraglos que Nuestro Señor hizo por ella, y ayuntar los hechos desta sancta virgen que fue maravillosa [fol. 94vb] en esta nuestra edad a las obras del sancto arçobispo que floreció en este mismo tiempo según de suso son escriptas. La vida desta sanctíssima muger que vino a mis manos, y las grandes revelaciones que vido y obras que hizo, escrivió el venerable fray Juan de Corrales, prior del monesterio de la Sisla de Toledo, parte como las vido y trató con sus manos, parte según las oyó a personas dignas de fe, mas yo no escriviré aquí sino pocas de muchas por abreviar y quitar el enojo a los lectores que les suele causar la prolixidad. Fue pues esta sancta virgen natural de un lugar que se dize Ajofrín, de tierra de Toledo; hija de padres honrrados y temerosos de Dios: su padre se llamava Pedro Martín y su madre, Mariana García. Y como ellos tuviessen tuviessen voluntad de casarla, y muchos la demandassen, nunca la santa donzella consentió en ello, mas antes varonilmente resistió a sus padres y a todos los otros que hablavan del casamiento. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y por que no pudiesse por alguno ser estorvado este su tan alto propósito, siendo aún de pequeña edad, sin consejo ni ayuda humanal hizo voto de virginidad y de entrar en religión. Y tanto importunó sobre esto a sus padres y hermanos que de todos fue aborrecida. Y al cabo, siendo ya de edad de quinze años, no la pudiendo los padres inclinar a su voluntad, sacola el padre con gran dolor de su casa y trúxola a la ciudad de Toledo. Y como entrasse en la yglesia mayor no sabiendo ónde yr, ordenándolo la divina providencia fue traýda al monesterio de nuestra orden que está en la dicha ciudad que edificó la noble y religiosa señora doña Mari García, que agora se llama Sant Pablo. Y recebida en él, diose toda a los exercicios santos de la religión conversando santamente, y con grande humildad menospreciando a sí misma, haziendo al Señor de sí contino sacrificio sin querella. Sus deleytes fueron siempre la santa oración y meditación, derramando de sus ojos muchedumbre de lágrimas, teniéndose por la más [fol. 95ra] peccadora e indigna de todas las mugeres. Y passados ya los diez años después que entró en el monesterio, queriendo Nuestro Señor demostrarle sus secretos y maravillas, estando ella con propósito de se confessar generalmente, affligiose mucho y con lágrimas continuas rogava a Dios que le perdonasse sus peccados. Estando pues ella con este propósito y desseando saber si sus peccados le eran perdonados, vino el día de su confessión; y entrando en el confessionario onde todas las religiosas se suelen confessar, derribose en tierra delante la imagen de Nuestra Señora que allí estava en una tabla pintada con el Niño en los braços, y començóle a rogar con muchas lágrimas que la quisiesse oýr y ganar perdón de su hijo. Y como estuviesse con atención orando, súbitamente vido una gran claridad que alunbró la imagen y parte de la casilla. Y en la claridad de la imagen vio cómo Nuestro Señor, estando en los braços de la madre, alçó la mano contra ella como la suele alçar el sacerdote quando asuelve al penitente. Y espantada desta visión y muy turbada en su espíritu, hizo con mucho trabajo lo mejor que pudo su confessión; la qual acabada, como tornasse a hazer oración a la imagen ya dicha, vido la claridad primera y la mano alçada del Niño como primero la avía visto y quedó muy consolada y esforçada en su coraçón. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y siempre guardó el secreto desta visión, que nunca lo dixo a ninguno, sino al prior suso dicho que escrivió estas cosas. Y desde esta hora certificó al suso dicho prior que le avía quedado tan gran movimiento en el coraçón, que muchas vezes le dava golpes que parecía que le quería salir del cuerpo. Y como en estos días orasse una noche con mucha atención por el estado de la Sancta Yglesia, quedose sola en el choro rezando y vido en el sagrario, onde estava el cuerpo de Nuestro Señor Jesu Christo, una llama de fuego encendida con gran resplandor; y ardió por espacio de una hora, la qual acabada se mató y quedó muy espantada desto.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[Fol. 95rb]&lt;br /&gt;
'''Capítulo 42'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''De cómo comulgando el día de la Resurrectión le pareció que rescibió un cordero bivo so las especies del pan; y cómo desde este día cada vez que comulgava se trasportava en espíritu, y de la visión que vido el día octavo de la Resurrectión'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Como esta sierva de Dios se aparejasse un Sábado Sancto antes para comulgar el día siguiente, no dormió toda aquella sancta noche de Pascua, mas andava de lugar en lugar por la casa llorando, y orando al Señor, y demandando limpieza y aparejo para rescebir el sancto sacramento. Y venida la hora de la communión, fue con las otras hermanas a comulgar y recebió el sanctíssimo sacramento en semejança de un cordero bivo en especie de pan. Y como lo rescibió en la boca, sintiólo luego bullir y andar de un cabo a otro como cosa biva; y tragolo con gran pavor y mucho temor y sintió cómo se le puso sobre las telas del coraçón. Y tanta fue la alegría y consolación que entonces rescibió que en quinze días con sus noches no dormió llorando y orando continuamente; y luego fue arrebatada en espíritu, y dende entonces le quedó que cada vez que rescebía el sanctíssimo sacramento se transportava en espíritu y se enajenava de los sentidos exteriores, quando más, quando menos, como adelante se dirá. Y desde este día le dio el Señor este don y gracia que cada vez que comulgava le quedava un dulçor maravilloso en el coracón y garganta y en la boca que no se le quitava por espacio de quarenta días. Y dixo al prior suso dicho que bien podía bivir y passar todo este tiempo sin comer cosa alguna, mas por evitar la singularidad y juyzio de los hombres no lo hazía. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y fue el día octavo de la Resurrectión arrebatada en espíritu: y vido cómo vino a ella un varón [fol. 95va] muy reverendo por gesto y edad vestido de una capa de seda colorada, y díxole: “Ven, que te llama la reyna”. Y ella pensando que la llamava la reyna terrenal no quiso yr con él. Entonces aquel varón díxole otra vez: “Ven que te llama la reyna del Cielo”. Y ella entonces fue con él, y hallose en una yglesia fuera de la ciudad, onde estava Nuestra Señora con su Hijo en los braços. Y como la vido, púsose de rodillas delante della, y el varón que la llamó púsole en las manos un paño de seda, y la Sanctíssima Virgen puso su Hijo encima del dicho paño, e dándole a otro honbre de menor edad para que la acompañasse junto con el que la avía llamado, díxole: “Ve con mi Hijo onde fueren estos dos varones”. Y el que llevava la capa colorada yva un poco delante como a buscar posada. Y entrando por la ciudad llamava a las puertas que estavan cerradas: y dava tres golpes a cada puerta, diziendo: “Abrid que viene el Señor a posar en vuestra casa”. Y vido cómo ninguno las abría, mas antes los que las tenían abiertas corriendo las cerravan diziendo que no avía allí posada porque estavan allí negociados. Y desta manera le pareció que anduvieron toda la ciudad sin hallar posada. Y tornándose después por donde fueron, encontraron con dos mugeres que yvan cavalleras en dos asnos y dos clérigos que las acompañavan. Y los clérigos dixeron: “Nosotros os acogiéramos si no fuérmos de priessa, mas entre tanto que venimos entraos en esse establo”. Y así se tornaron onde la gloriosa Virgen, madre de Nuestro Señor, estava, y ella tomando su Hijo de las manos de su sierva, dixo: “Venido es el tienpo en que es tan menospreciado el Hijo de Dios, mas tienpo es que embíe el Señor su ángel para que a unos hiera con açotes, y a otros con espada y a otros con fuego. Mas, ¡ay de los perlados de la yglesia que hizo el Señor pastores de su grey y de las ánimas, y ellos traen vestiduras de corderos y coraçones de lobos robadores! Procuran dignidades y honrras y no para ser- [fol. 95vb] vir con ellas a Jesu christo, mas para se dar a muchos plazeres”. Y después de toda esta visión passada, desapareció la Nuestra Señora, y ella tornando en sí pensava en lo que viera. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y cumpliéronse dende a poco estas plagas que Nuestra Señora dixo que avía de embiar el Señor, porque vino gran hambre y pestilencia, y el mal de las buvas sobre muchos hombres y mugeres, de manera que los que el ángel hirió con la espada fueron los heridos de la pestilencia, y los que con açotes los que murían de hambre, y los que con fuego los que fueron tocados de las bubas, las quales no podían ser curadas por los físicos.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y vido después el día de la Ascensión cómo Nuestra Señora tenía en el altar a su Hijo en los braços así bivo como lo parió y que llamava a altas bozes con lágrimas, y dezía: “Mirad el mi Hijo, mirad el fructo de mi vientre: tomaldo y comeldo, porque en cinco maneras es cada día crucificado en las manos de los malos sacerdotes. La primera por mengua de fe, la segunda por cobdicia, la tercera por luxuria, la quarta por ignorancia y no saber lo que conviene al estado sacerdotal, la quinta por la poca reverencia con que se llegan a celebrar”. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y como otra vez esta sierva de Jesu Christo rogasse con mucha atención por todos los sacerdotes y mirasse a una Verónica que tenía en un libro pintada, vido en ella y sobre ella por espacio de una hora gran resplandor, y vido carne y sangre. Y desde este día así se le cerró el estómago, que ni sana ni enferma pudo dende adelante jamás comer carne y si la comía por importunación de las religiosas, el estómago no la quería retener; y así fue después su comer passas y cosas de dieta. Esta Verónica le tomó después su confessor. Y quedó ella muy espantada desta visión, y affligiose por muchas maneras de penas, porque el Señor más claramente descubriesse este hecho y mostrasse su voluntad. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y después en fin del mes de setiembre cayó en una gran enfermedad del coraçón: y no avien- [fol. 96ra] do esperança de su salud fue arrebatada en espíritu y estuvo como muerta espacio de tres horas, y las hermanas que estavan presentes dávanle muchos tormentos por la retornar. Y estando así transpuesta vido a Nuestra Señora, la qual le mandó que dixesse a su confessor todas las cosas que avía visto para que él las dixesse a dos varones católicos de la sancta yglesia de Toledo que le nombró —conviene saber, el deán y el capellán mayor— para que estos las dixessen al arçobispo y desta manera se remediassen los males suso dichos de la clerezía. Y como ella dixesse estas cosas a su confessor, él demostró con prudencia dureza de coraçón en las creer, y díxole: “Aunque a mí sea esto cierto, ¿cómo lo será a aquellos a quien vos dezís que se aya de revelar? Por ende, menester es alguna señal para conoscer la verdad deste hecho y para que sea creýdo lo que puede ser dubdoso”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Capítulo 43'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''De las cartas que divinalmente halló escriptas cerca de sí no sabiendo escrevir'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Como la sierva de Dios oyó la respuesta de su confessor fue muy turbada y dio muchos sospiros y affligiose mucho y propuso en su coraçon de le responder por carta como lo hizo. Y estando así affligida y muy quebrantada andava en lugar por la casa no podiendo reposar su espíritu. Y como pasasse por un lugar donde estava una ventana, vio estar en ella un pliego de papel blanco. Y no sabiendo quién lo avía allí puesto y tomolo y llevolo en las manos. Y como se metiesse en un sótano onde algunas vezes ponían la leña, y asentasse muy affligida y se arrimase a una pared, vio súbitamente una claridad que resplandecía y daba el resplandor en el papel, y según ella dixo al prior suso dicho, [fol. 96rb] no supo quién le tomó su mano y escrivió dos cosas: la una para el su confessor y la otra para los venerables padres a quienes tal cosas se avían de dezir, siendo muy clara verdad y a todos los que la conocían manifiesta que ella nunca sabía escrivir, ni lo supo jamás, y que no avía en monesterio quién  hiciesse tal letra. Y como las cartas fuesen escriptas por la manera suso dicha, desapareçió la claridad. Y hallando las cartas cerca de sí, tomolas y metiolas en la manga. Y como fuesse a sacar una caldera de agua de una tinaxa, cayó una de las cartas dentro; y detúvose en el ayre y no llegó al agua, y metió la mano y sacola no llegando la mano al agua. Y una destas cartas ovo después el capellán mayor de la yglesia de Toledo, que era varón de gran merescimiento. El qual dixo al prior que escrivió estas cosas que poniéndola sobre tres enfermos fueron sanos de diversas enfermedades.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y como ella diesse estas cartas a su confessor, maravillose en demasía, mayormente porque sabía que ella no sabía escrevir, ni avía persona en la casa que tal letra pudiesse hazer, de lo qual fue muy espantado, mayormente quanto vido y leyó en su carta cosas que otro no las sabía sino él. Y como quiera que conoscía que divinalmente las cartas fueron escriptas no tuvo por esso osadía para lo divulgar porque aún no avía llegado el tienpo que el Señor avía puesto y dudava como otro Sancto Tomás. Por poder quitar la dubda a todos, y como el confessor no tuviesse lugar para la hablar, entonces escrivióle que no podía él creer que escriviera ella aquellas cartas con intención de las sacar y manifestar en público. De lo qual ella tuvo gran sentimiento y pena, y quexóse mucho desto a Nuestro Señor. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y como después se hablassen los dos, reprehendiolo ella mucho de la gran incredulidad y dureza de su coraçón, demostrándole por razones muy claras que ninguno avía escripto las cartas sino ella con el favor del Señor que avía embiado [fol. 96va] su ángel que las escriviera. Y desde esta hora propuso ella en su corazón de rogar al Señor que por su misericordia tuviesse por bien de la librar de tan grandes affrentas, y puso en su voluntad de no hablar más en las cosas; y así lo hizo. Y rogaba al Nuestro Señor que diesse a su confessor alguna señal evidente por que creyesse, si fuesse capaz, y si no fuesse digno, le diesse duro azote por que pudiesse creer que le venía por esto.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y calló la sierva de Dios nueve meses que no habló palabra destas cosas, mas su coraçón con gemidos y sospiros no callava delante del Señor. ¡O quánto es el Señor piadoso a los santos! ¡Y a los que presumen de sí abaxa y a los humildes y que esperan en Él levanta del polvo! Pues vençido el Señor por sus plegarias, plúgole de la visitar en muchas maneras y demostrar en ella tales señales que todos creyessen que era por Él visitada, haziéndola parçionera e remedadora de los tormentos y Passión que su Hijo, Nuestro Señor Jesu Christo, passó en la su Sancta Passión con señales tan manifiestas que no fueron vistas tales en nuestros tienpos y aun en pocos de los sanctos passados, según parecerá adelante.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Viendo, pues, esta sierva de Dios de la maravilla de la una carta que cayera en el agua y no se mojara, pensó de no la dar a nadie. Y una noche tornose a aquel sótano con intención de la trasladar como supiesse porque, como diximos, ella no sabia escrevuir ni formar las letras por arte. Y como llevasse en una ollica un poco de fuego para encender una candela que llevava muerta, luego súbitamente se encendió sin llegar a la lunbre. Y así como quiso començar de escrevir la carta, le començó a salir sangre por las narizes; y duró tanto el salir de la sangre que por espacio de una hora que no la pudo restañar. Y ella viendo esto, puso la carta en las sienes y luego cessó de salir la sangre. Y fueron después hechos los miraglos siguientes. Como el día de la Concepción de Nuestra Señora, estuviesse una niña muerta siete ho- [fol. 96vb] ras avía, y esta sierva de Dios lo supiesse en el monesterio, embió aquella carta con mucha fe para que se la pusiessen, y luego que se la pusieron bostezó y resusçitó y sanó perfectamente. Y como una mujer tuviesse el pecho abierto, luego que le pusieron encima esta cara se le cerró y sanó. Y un clérigo yva a Santiago y llevava consigo con gran devoción aquella carta, y cayó en un braço de mar y mojándosele toda la ropa, la carta no se le mojó.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Capítulo 44'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''De la llaga del costado y de las otras penas que divinalmente le fueron dadas'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Teniendo después de la Fiesta de todos los Santos, rogó a la madre de monesterio que como oviesse comulgado la pusiese en un lugar de la casa donde no oviesse ninguno, conosciendo por Espíritu lo que le avía de venir. Y así rescebida la sancta comunión, antes que se traspusiesse, tan grande fueron los sus lloros y suspiros y golpes del coraçón, que dentro de sí sentía que ninguna criatura humana lo podría dezirr. Y hízose tan gran fuerça para que las cosas que sentía de dentro no fuessen oýdas, que le acaesció como a la cuba que está lleña de mosto sin respiradero que muy presto rebient; y así ella rebentó por encima de la cabeça, que se le abrió hasta encima de la frente. Y pareció en ella una tan gran cuchillada como si fuera hecha con navaja, la qual estuvo muchos días abierta y fue vista de muchos, y nunca recibió benefiçio humano ni melezina alguna en ella. Y sintió dello tan gran dolor y pena que le llegó a par de muerte. Y viéronla testigos y notario, como se dirá adelante. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Rescebida pues la sancta comunión y hecho esto [fol. 97ra] que diximos, luego fue robada en espíritu y privada de todos los sentidos y estuvo así por espaçio de quarenta horas. Y en este tienpo que estuvo fuera de sí provaron a le dar algunos tormentos en las narizes, y en las manos y pies por hazer tragar alguna cosa de comer, y tanta fue la fuerça que le hizieron por le abrir la boca que le quebraron una muela. Y estando así la noche de los Finados por tres o quatro vezes dio muy grandes gemidos y sospiros con grande estremecimiento del cuerpo. Y deste arrobatamiento fue levada al throno del Rey Celestial, onde vido cosas de gran espanto, que lengua humana no puede bien explicar:  vido a Nuestro Señor Jesu Christo estar assentado en un grande throno; y estava delante d’ Él gran multitud de gente y tenía atravessado en su boca un cuchillo agudo de entrambas partes. Y fuele dicho que aquel cuchillo que el Rey tenía atravessado en su boca era la grande yra que tenía sobre la Yglesia y sobre los perlados y regidores della. Y le fue mandado que dixesse a aquellos varones a quien antes le fuera dicho que manifestasse estas cosas: que porque echavan en olvido y eran negligentes en cumplir lo que les era dicho no curando de la boz divinal; y que los amenazasse so pena de la divina sentencia si no lo pusiessen luego en obra y fuessen al arçobispo y le dixessen que viniesse por sí mismo a poner remedio en los çinco peccados suso escriptos, conviene a saber: mengua de la fe, cobdiçia, luxuria, ignorancia y mengua de reverencia, por los quales peccados cada día era blasphemado y crucificado Nuestro Señor Jesu Cristo, y que destruyesse las heregías que avía en la cibdad. Y fuele después dicho: “Esta señal del Cielo te da el Señor porque seas creýda, y es que este cuchillo que vees en la boca del Rey que está assentado en el throno traspassará y cortará tu coraçón y hará en él llaga, y saldrá sangre bi- [fol. 97rb] va que será verdadero testimonio a todos, y tú serás remedadora y parcionera en la Passión del Hijo de Dios”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y así fue luego hecho, porque en el punto que le fue dicho esto halló en sí el lado siniestro abierto encima del coraçón, con tan gran dolor que no se pued dezir; y de tan gran abertura y grandeza era esta llaga que pudiera caber por ella la cabeça del dedo pulgar de un honbre. Y luego sintió correr la sangre que apenas la pudo encobrir. Y duró esta llaga abierta veinte días enteros y los viernes corría mucha más sangre que los otros días. Y nunca en esta llaga pareçió señal de materia, y nunca se puso en ella melizina humana, sino los paños limpios, unos ensangrentados y otros puestos. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y como quiera que esta sierva de Dios trabajó sobre todas sus fuerças de esconder esta llaga y los grandes dolores que passava, a cabo de diez días desfalleciéndole ya todas las fuerças, fuele revelado divinalmente que demostrasse lo que tenía a la priora y madre del monesterio y a otra religiosa que se llamava Teresa, a las quales mostró los paños sangrientos. Y como ellas fuessen muy espantadas desto, llamaron en secreto al confessor, el qual puso en casa el mayor silencio que pudo por que ninguno de fuera lo supiesse porque se recelava que no fuesse alguna cosa fingida. Así, por quitar toda dubda, puso gran diligencia en saber la verdad. Y al cabo con sus ojos vido la llaga y creyó, y fue lleno de grande espanto y revelolo a testigos muy fieles y dignos de fe, que dello fielmente diessen testimonio. Y fueron el deán de Toledo y el capellán mayor de la dicha yglesia, que se dezía Don Diego de Villa Minaya. A los quales, en presencia de un notario, estando presente el confessor y la madre del monesterio con la otra religiosa que diximos, vieron la llaga susodi- [fol. 97va] cha estando en la cama por la abertura de una sábana, que otra cosa de su cuerpo [no] pudo ser vista. Las quales seis personas, quatro varones y dos mugeres, vieron con sus ojos la llaga y la tocaron con sus manos; la qual estaba reziente y sangrienta, y los paños sangrientos que de nuevo le fueron puestos. Y el propio capellán mayor por su propia mano sacó de la llaga una copia de hila de paño, todas bañadas en biva sangre.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y todos miraron con diligencia cómo aquella llaga era divinal y no humana, ni hecha por alguna occasión ni se curó por alguna melezina humana. Y suffrió esta llaga la sierva de Dios con gran tormento y pena, de dentro y de fuera. Y estuvo abierta de la manera suso dicha por espacio de veynte días; y los veynte días passados, ella se cerró sin melezina humana. Y quedó la señal de la abertura en el lugar de la llaga y el dolor contino que sentía en aquell parte, lo qual duró muchos días.  &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y también fue en este tiempo atormentada en los pies y en las manos y en la cabeça, porque como estuviesse muy flaca y affligida de las cosas passadas acostada en su cama, levantose una vez en la cama para orar y poniendo las rodillas delante una imagen del crucifixo que tenía allí pintada en un papel, sintió luego gran dolor en los pies y en las manos que parecía que le ponían en aquellas partes unos clavos gruessos. Y como estuviesse en esta pena, parecíale que le transpassavan la mano izquierda, y tan grande fue el dolor que sintió, que puso el dedo pulgar de la mano derecha en la palma de la mano izquierda y apretó quanto pudo con el gran dolor que sentía y rebentó la sangre por encima de la mano siniestra y espantose mucho dello. Y muy sabiamente lo ascondió que nadie lo vido, trayendo la mano cubierta con un paño de lino, sin otra melezina humanal. Y durole por espacio de quarenta días, y después que [fol. 97vb] sanó le quedó la señal en la mano, y porque successivamente sintiesse en su cuerpo las insignias y dolores de la Passión de Nuestro Señor Jesu Christo, allende de los tormentos que en la cabeça tenía, súbitamente sintió en ella un grande y nuevo dolor, que le pareció que le pusieron sobre ella una guirnalda o coro que le cercó la cabeça en derredor, y por toda ella sentia sentía que le metían un clavo que le duró muchos días. Y como quiera que le ponían en la cabeça diversas medicinas, nunca ninguna le aprovechó porque no era razón que las cosas hechas por la mano del Señor recibiessen sanidad por industria humana.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y como de las penas suso dichas estuviesse su cuerpo estuviesse flaco, muy atormentado, no (no) se contentó el Señor del trabajo suso dicho y diole otro tormento grave para que más cumplidamente imitasse su Passión. Y fue que el día de la circuncisión fue robada en espíritu. Y fue llevada delante de un gran juez de cara muy espantable; porque no havía querido obedecer en manifestar las cosas que avía visto a las personas que le era mandado, reprehendiola el juez gravemente de su desobediençia. Y teniéndola de un braço según le parecía el archángel sant Miguel y del otro Sant Juan Evangelista, en los quales ella tenía gran devocón, mandó el Señor a un ángel que le açotase. Y tan duramente fue açotada sacadas las manos y los pies, que todo su cuerpo quedó lleno de açotes. Y no parecieron llagas ni ronchas, sino unos hoyos que apenas cabía cosa entre uno y otro y grandíssimos dolores en el cuerpo. Y duraronle estas señales en el cuerpo quinze meses poco más o menos. Y ella calló todo esto, que nunca dixo a persona biva hasta que un día la madre del monesterio, metiendo la mano por le endereçarle una toca encima de la espalda, halló y tocó con la mano las dichas señales y fue muy espantada, y reprehendiola mucho creyendo [fol. 98ra] que ella se matava con cruel penitençia, y ella le dixo entonces la verdad de todo lo que avía acaesçido según es arriba escripto. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Todas estas cosas vinieron despues a noticia del arçobispo de Toledo que era el cardenal Don Pero Gonçález de Mendoça según parece por una carta suya embiada al prior de la Sisla del tenor siguiente:&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
“Venerable padre esta noche passada a las dos después de media noche tomé esta lectura que me dexastes y nunca la partí de mis ojos hasta que capítulo por capítulo la leý y passé toda, que en ella no quedó letra que no la leyesse. Y lo que más me maravilló es que así se me pegó al coraçón que no dubdé della cosa alguna. Como quiera que soy tardío en dar crédito a estas revelaciones y al cabo vi el testimonio del notario y la confirmación de tales testigos varones y mugeres a quien toda fe se debe dar. Y a cualquiera dellos yo la daría aunque fuesse solo, quánto más a todos juntos, a los quales yo conozco, excepto a la hermana mayor, que por tener el cargo que tiene está aprovada de suyo; conozco al notario que es hombre de bien y digno de fe. Maravíllome de tantas visiones en cuerpo y en espíritu y maravíllome mucho más hallarse en muger tanta dureza en no querer dezir lo que tantas vezes vio y sintió, mayormente siéndole mandado por quien todo manda y rige, lo qual es señal de su grandíssima humildad y del menosprecio que tiene de la gloria mundana. Por lo que a mí toca, le dad vos padre por mí las gracias y Dios Nuestro Deñor se las dé y la pena que padece le será en ciento doblada gloria. Y si ay alguna cosa que yo pueda hazer por consolación suya, ofreced gela vos de mi parte muy enteramente y recomendadme a ella rogando a Nuestro Señor me dexe acabar en su servicio y hazer en esta vida su voluntad”. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y después el suso dicho cardenal recibió [fol. 98rb] una carta desta sierva de Dios y le respondió la siguiente:&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
“Devota y muy amada hermana, con vuestra carta y con lo que el padre prior de la Sisla me dixo, ove gran consolación: Nuestro Señor Dios que os puso en tal estado os dexe acabar en su servicio y a mí dé gracia que pueda hazer Su Voluntad y poner en obra lo que vos me aconsejáis, y así os pido que lo demandéis a Nuestro Señor y a Su Bienaventurada Madre. Y en vuestras oraciones y a vos me encomiendo, y porque al padre prior de la Sisla hablé largo, no digo aquí más sino que Nuestro Señor os conserve en su gracia”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y murió el cardenal suso dicho después de la muerte desta sancta muger en la ciudad de Guadalajara. Y estuvo enfermo primero muchos días, en los quales hizo por su ánima muchas obras pías.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Capítulo 45'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''De cómo rescibiendo una vez una vez el cuerpo de Nuestro Señor fue llena de fe e un resplandor visible y quedó sana de todas las enfermedades que entonces tenía. Y de las cosas que vido la noche sancta de la Natividad y de otras maravillassí que divinalmente le fueron mostradas'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Como está sierva de Dios estuviesse de contino enferma, acaesció en el año del señor de mil y quatrocientos y ochenta y cinco del mes de octubre, passada la octava del bienaventurado nuestro señor padre Sant Hierónymo, que le sobrevino dolor del costado y lançava sangre por la boca. Y aborresciendo todo consejo de físicos, atreviose a tomar cinco píldoras y llegó casi a la muerte. Y pareciole que se le arrincava el ánima del cuerpo y que se puso sobre la llaga del coraçón, y que el bien- [fol. 98vb] aventurado Archángel Sant Miguel por su mano se la tenía allí apretada, y que desta manera tenía aun vida y esfuerço para rescebir los santos sacramentos. Y rogó a la madre del monesterio que embiasse al prior de la Sisla para que la viniesse a confessar y dar los sacramentos. Y esto fue un sábado, en el qual pensando ella en la sancta comunión que avía de de rescibir y desseando ser libre del cuerpo, encomendava con mucha devoción a Nuestro Señor el monesterio suyo y el de la Sisla.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y estando así, vido en visión al religioso que aquel domingo vino a decir missa en el monesterio y cómo, quando llegó a las palabras de la consagración, Nuestra Señora le dava el Niño que tenía en los braços y cómo el sacerdote lo partía en tres partes. Y era el Niño vivo y alegre en cada parte, y vido un gran resplandor en el altar y cómo los ángeles de entrambos brazos me sustentavan al sacerdotre y otros muchos ángeles que andaban por el altar. Vio así mismo a Sancta Catalina y a Sancta Bárbara que le dezían: “Mañana lunes a las nueve horas recibirás a Nuestro Señor en este resplandor que aquí vees y serás sana”. Y así fue cómo estas sanctas le dixeron en la visión. Pues como el prior suso dicho de la Sisla la viniesse a confesar, rogole mucho que no se tornasse al monesterio hasta otro día por si Nuestro Señor la llevasse, se hallase él presente a su muerte y si aquella noche no muriesse, que del todo quedaría sana. Y así acaesció como ella lo dixo, porque queriendo recibir la Santa Comunión el lunes por la mañana de mano del prior suso dicho, en la hora que el prior se bolvió a ella con el santo sacramento para se lo dar, vio ella en los pechos y mano del prior  un muy grande resplandor;  el cual resplandor vido en aquella hora una niña de hasta cuatro años que apenas sabía hablar y  estaba allí con su madre; la qual dijo a la [fol. 98vb] madre cómo veía una gran claridad en las manos del prior y en la sierva de Dios muy gran resplandor, así como el sol. Mas lo que la niña vido, la edad mayor no lo pudo ver. Y luego que recibió el sacratíssimo cuerpo de Nuestro Señor Jesu Christo fue robada en espíritu y perdió todo el sentido, y estuvo nueve horas sin ningún sentimiento, Y como casi por fuerça fuesse despertada y abriesse los ojos, dijo aquel verso del psalmista que dize “Benedic anima mea Dominum, et omnia que intra me sunt nomini Santo eius”. Y luego se halló sana de todos los dolores y enfemedades que de antes tenía, y pesóle mucho porque tornara a esta vida, porque todo su desseo era, según dijimos, verse libre de la cárcel del cuerpo. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Otros muchos secretos celestiales fueron visiblemente demostrados a esta sierva de Dios, mayormente en la sancta noche de la Natividad de Nuestro Señor Jesu Christo, onde como una noche de esta sancta fiesta estuviesse muy atenta para conoscer la media noche —porque avía oýdo y sabido que en aquella hora avía nascido Nuestro Redemptor—, y el altar de Nuestra Señora en que estava una su imagen de bulto estuviesse compuesto y lleno de cirios y candelas, y estuviesse en él una cuna muy adereçada con sus ricos paños y almohadas y un Niño muy chiquito, vestido reciamente, puesto en la cuna delante la dicha imagen de Nuestra Señora, estaba ella orando con mucha devoción, esperando la media noche. Pues como la media noche viniesse y ella estuviesse de rodillas, y con muchos sospiros y lágrimas pensasse en el sancto nacimiento, vio con los ojos corporales descender muy grande resplandor sobre el altar y a Nuestro Señor en figura de Niño muy resplandeciente cómo nascía de la Virgen Sancta María y cómo vinieron los Ángeles a adorar y servir y a le dar gloria. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y duró esta adoración media hora, y la adoración de los ángeles acaba- [fol. 99ra] da, vido venir los pastores. E ydos después que adoraron y estuvieron allí un buen espacio, luego entraron los Reyes de Oriente con mucha compaña. Y venían con ellos tres soles resplandecientes, y llegando al altar de todos tres se hizo uno. Y los Reyes con profunda reverencia adoraron al Niño y le ofrecieron sus dones. Y vido cómo la imagen de Nuestra Señora que estaba en el altar se rió contra el Niño; y después los Reyes, amonestados por un ángel, se bolvieron a sus tierras.  &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y partidos los Reyes, vido cómo Herodes se encrueleció y mandava buscar el Niñoo para lo matar y cómo Nuestra Señora con su Hijo en los braços y con el sancto Joseph se ivan muy tristes huyendo a Egipto. Y duró esa visión en los ojos desta sierva de Dios desde las doze de la media noche hasta las tres. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y a las tres horas vino el capellán mayor de la yglesia al monesterio con desseo de hazer al Señor servicio a les dezir la missa del gallo y las comulgar. Y truxo consigo cantores que le oficiassen la missa. Y como saliesse revestido al altar, luego esta sierva de Dios vido con sus ojos claramente dos antorchas de fuego de resplandor maravilloso encima del altar. Y de cada una salían cinco rayos y venían derechos hasta el lugar donde ella estava de rodillas; y no le impedía nada para ver las cosas que se avían de hazer en el altar las cortinas que estavan delante el choro. Y como se celebrasse la missa con gran solemnidad y se començassen los sanctus, vido tanta multitud de ángeles que descendían al altar, que cubrieron al sacerdote desde los pies hasta la cabeça, y subían y descendían con gran gozo; y quando ovo de alçar la Hostia consagrada, los ángeles le levantaron los braços. Y llegando al Pater Noster no se pudo sostener más de rodillas y muy fatigada del espíritu, cayó hasta las doze horas de medio día, que no se movió de aquel [fol. 99rb] lugar. Y passadas las doze, como estuviesse muy fatigada porque desde las diez que tañeron a amitines avía estado allí de rodiillas sin se mover, tomaronla algunas de las hermanas y lleváronla a su cama. Y a la tarde pro satisfazer los ruegos dellas, comió un poco de carne de membrillos. Y así estuvo sin comer otra cosa alguna lunes y martes, hasta el miércoles, que comió un huevo, en lo qual se mostrava claro que el manjar celestial le dava vida contra la condición humana. Estas cosas manifestó ella solamente al prior suso dicho en secreto porque le tenía mandado por obediencia que ninguna cosa le encobriesse de lo que el Señor le mostrasse.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y aun como otra vez, cinco días antes de la Natividad del Señor, estuviesse muy affligida de la hambre que avía en la tierra por falta de harina por las grandes aguas y crecimientos de ríos, no durmió toda aquella noche. Y dormiendo las otras religiosas, levantose ella y subiose a un terrado de donde se parecía el río. Y estando el cielo estrellado hizo la señal de la cruz contra el río y bendíxole, y metióse después en un retrete a orar y derribose en tierra los braços tendidos a manera de cruz. Y estuvo así muy gran rato, haziendo de sí sacrificio al Señor. Y rogava con grande atención a la Sanctíssima Virgren María, Madre de Nuestro Señor, que tuviesse por bien de rogar a su Hijo que amansasse su ira. Y como estuviesse así orando puesta en aquella pena, súbitamente vio un gran resplandor que sobremanera esclareció aquella casilla que estava, y apareciole Nuestro Señor a la Virgen María con ojos muy llorosos, y díxole con boz triste: “Sabe, hija, que todas las aguas que son venidas en tan largos días avían de caer en tres, y la mayor parte sobre esta ciudad por los grandes peccados que en ella se cometen cada día, mas por las plegarias que me has hecho por este pueblo, yo suppliqué al Señor que tu petición [fol. 99va] fuesse oýda, y oyome. Y así la ira del Señor es ya aplacada”. Y estava esta sancta virgen con ojos abiertos y las manos alçadas quando Nuestro Señor le dezía esto. Y desapareciendo la Madre de Dios, cayó en el suelo, y estuvo ciertas horas sin sentido, y después se levantó muy esforçada del cuerpo y del ánima. Y ninguna de las hermanas lo sientió, ni supo della en ningún tiempo este hecho. Y como su fama no se pudiesse tanto encobrir que muchos de su sanctidad y merescimientos no tuviesen alguna noticia, fue uno entre los otros el señor obispo de Badajoz, que a la sazón era deán de Toledo, el qual habló muchas vezes con ella y fue testigo de la llaga del costado como fue dicho de suso. Pues como este muy reverendo padre tuviesse mucha fe en sus oraciones, rogole una vez que orasse por la pacificación de cierta discordia que avía en la corte. Y como ella, obedeciendo a sus ruegos, se pusiesse en oración antes que saliesse el sol en un terrado de la casa en las octavas de la Resurrectión el año de ochenta y seis, vio un gran resplandor en el cielo en el lugar donde el sol avía de nascer. Y salido el sol, ella lo acató con ojos claros sin embargo de su claridad, y dentro del sol vio un gran agujero que entrava al cielo, del qual salieron grandes rayos de claridad hazia muchas partes; y dentro del agujero, una cruz de oro muy resplandeçiente, la qual pareció hasta que tañeron a prima. Y vido en el ayre, no muy lexos de sí, uno que le pareçió como la luna que peleava con otro, y el otro con él, y pasado algún espaçio bolviéronse las espaldas el uno a otro. Y como subiesse allí una de las hermanas, quitose ella luego de allí y así no pudo más ver en qué parava la dicha visión. Puédese creer que por sus oraçiones pacificó aquella discordia que era entonces entre ciertos cavalleros de la corte, pues al cabo se hizieron las pazes.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y aun como otra vez esta sancta virgen en el día [fol. 99vb] del Triumpho de la Cruz cerca del alva estuviesse rezando hazia el cielo, vio así como unas llamas en él. Y dende a una hora vido el cierlo abierto y que salía el sol por aquella abertura; y en aquel sol se conosçían todas las hermosuras del cielo. Y luego otro día, estando rezando en un libro a una ventana que salía al cielo, a hora de tercia vido cerca de sí un rostro como el de la luna, muy espantable, y dentro como dos formas de hombres y peleaban el uno contra el otro; y cayó mucha gente muerta. Y en este este día prendieron los moros al Conde de Cifuentes.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Capítulo 46'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''De cómo le apareció desspués de finado el capellán del monesterio, y de cóm vido en espírituo ser lleva a juyzio el anima del capellán mayor de la yglesia de Toledo en la hora que murió y de la visión que vido de otro clérigo bivo'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Como esta sierva de Dios estuviese una noche acostada en su cama, y passada la medianoche no dormiesse, apareciole el ánima del capellán del monesterio, que se llamava Joan de Huelma, con quien ella se avía confessdo algún tiempo, que avía pocos días que finara. Y demandole perdón de muchos enojos que le avía hecho, mayormente por la carta que le escriviera que le fuera causa de mucha turbación y porque avía despreciado con osadía sus consejos y no avía creýdo las cosas que le avía dicho. Y después díxole: “Yo os ruego hermana que digáis al prior de la Sisla y a la [fol. 100ra] hermana mayor desta casa que por la caridad de Dios me perdonen todos los enojos que aya hecho, y seis mil maravedís que soy en cargo a esta casa y un libro que vendí, y que me hagan por limosna dezir cinquenta missas. Y vos rogad por mí, por que el Señor me saque desta pena”. Y estas cosas dichas, desapareciole y ella quedó amortecida sin habla; y estuvo así quatro horas. &lt;br /&gt;
Y tornando en sí puso luego diligencia en hacer dezir las misas y en cumplir lo que más le pidió: rogó con mucha devoción a Nuestro Señor por él.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y no es de callar en este lugar lo que vido el día que murió el capellán mayor de la yglesia de Toledo, que se llamava Don Diego de Villa Minaya, de quien de suso en muchos lugares se haze mención. Este era varón muy honrado y discreto y muy limosnero y caritativo, porque quanto tenía gastava en casar huérfanos y en hazer otras obras pías con desseo de hazer thesoro en el Cielo. Pues venida la hora en que Nuestro Señor le quiso dar le pago de sus buenas obras, enfermó en fin del mes de março del año ochenta y siete y passó desta vida, de cuya muerte casi toda la ciudad de Toledo ovo sentimiento y dolor. Y cupo gran parte desta pena al monesterio de doña Mari García por la grandes limosnas y bienes que les hazía, así espirituales como corporales; y era tenido como padre de toda la casa. Y como su fallecimiento fuesse entre las diez y onze del día, estavan en el dicho monesterio en esta hora y todas las religiosas estavan en el choro. Y començando a tañer en la yglesia mayor por su muerte, luego esta sierva de Dios fue robada en espíritu y vido cómo Sant Juan Bautista y Sant Hierónymo y Sancta Catalina llevavan el ánima del dicho capellán a juyzio delante la Divina Magestad en un gran campo muy deleytoso, en el qual estavan muchas ánimas loando a Dios. Y fue acusado delante el juez de un cargo que tenía de un finado que lo avía dexado por albacea en su testamen- [fol. 100rb] to y no lo avía complido. Y como quiera que el dicho capellán mayor mandó en su testamento que aquel cargo se cumpliesse, luego Nuestro Señor, justo juez, mandó que su ánima estuviesse detenida en aquel lugar y no entrasse en la Gloria hasta que fuesse satisfecha la manda. Y como esta Sierva de Dios vido esto, quedó fuera de sí con muy gran pena mezclada con grande alegría de lo que viera. Y cayó luego en la cama con muy grandes amortecimientos, que muchas vezes pensaron que se muriera. Y ninguno de la casa supo eso sino el prior suso dicho, que le tenía mandado por obediencia que le dixesse todo lo que Nuestro Señor le mostrasse. Y fue hallado ser verdad por el testamento del dicho capellán mayor, onde mandó cumplir la falta dicha, de lo qual ella no tenía antes noticia.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y en el traspassasamiento de las quarenta horas, quando le fue dada la llaga del costado, dixo esta sancta muger que la llevaron por las penas del purgatorio, onde vido tormentos tan espantosos que no se puede dezir. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y andando por el purgatorio, vido un clérigo que era bivo y tenía cura de ánimas en una pena muy grande, que una grande serpiente muy espantosa que tenía dos cabeças y dos bocas le tenía atado y cercado alrededor. Y vido un dragón horrible que estava cerca del clérigo, el qual tenía encima del espinazo una esportilla en que estava el ánima de un niño chiquillo que dava quexas, demandando justicia de la pena que suffría por culpa de aquel clérigo. Y como ella preguntasse al ángel que le mostrava estas cosas qué pena era aquella, respondióle que aquel niño que por culpa de aquel sacerdote muriera sin baptismo y demandava justicia al Señor. Y ella, espantada desto, desque tornó en sí hazía oraçión especial por aquel sacerdote. Y a cabo de ocho días, diziendo aquel clérigo mismo missa en la iglesa del monesterio, acabando de alçar, fue otra vez esta Sierva de Dios levantada en espíritu y vio cómo aquel sacer- [fol. 100va] dote tenía ceñida al cuerpo serpiente con tres cabeças: y la primera se comía el corazón, la segunda la lengua y la terçera cabeça le comía  las espaldas; Y al niño que dava bozes ante él y dezía: “Por tu causa no veo a Dios, porque por ti morí sin baptismo y no alcançarás perdón deste grande cargo”. Y dende a tres días, esta sancta muger llamó a este saçerdote y díxole en secreto lo que viera. El qual se espantó tanto que se le quitó la habla por espacio de media hora. Y ella, desque lo vido tan pusillánime y sin esfuerzo, esforçolo mucho. Y tornado en sí, le dixo que estaba muy maravilado cómo Nuestro Señor le avía revelado aquel secreto. Y conosció que era verdad así esto del niño que murió por su culpa sin baptismo como otras cosas muchas que le dixo, en que ofendía mucho a Dios. Y díxole despues la sancta muger: “Tened por cierto, padre, que esto lo mostrará el Señor por señal otro día”. Y este sacerdote confessó después que otro día diziendo missa, quando bolvió la hoja del missal onde estava la imagen del crucifixo vido en él cinco gotas de sangre. Y dende çinco años murió el sacerdote, día de Sant Miguel, y ella encomendolo mucho a Nuestro Señor; y apareciole después el día de Sant Francisco, por la mañana, muy espantable, y díxole cosas muy señaladas que passaran en secreto entre él y otra persona, las quales hallaron ser así en verdad.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Capítulo 47'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''De cómo resplandeció por espíritu de profecía y dixo por la gracia de Nuestro Señor muchas cosas secretas'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Resplandeció también esta sancta virgen por espíritu de profecía, como se puede conoscer por algunas de las cosas que [fol. 100vb] ya son de suso escriptas, y por otras muchas que reveló y manifestó seyendo ocultas. Onde como en aquel tiempo se començasse la Inquisición en la ciudad de Toledo, dixo ella muchos secretos al prior de la Sisla tocantes al Santo Officio. Y preguntándole el prior cómo sabía aquellas cosas que le dezía, respondiole y le dixo: “Nuestro Señor Jesu Christo se a aparecido en la manera que fue atado a la coluna, y tenía las espaldas sangrientas, y díxome: ‘Verás, hija, quán me paran cada día los hereges. Por ende di todo esto que has visto al deán de Toledo y al prior de la Sisla, que entienden en las cosas de la Inquisiçión para que pongan remedio en ello’”. Y así lo hizo, porque estas mismas palabras con otras cosas secretas tocantes al Santo Offiçio dixo después al dean suso dicho en presencia del prior que escrivió estas cosas. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y vido otra vez levantada en espíritu cómo sacavan con gran solemnidad de la yglesia mayor el sanctíssimo sacramento para comulgar a un herege que estava enfermo, y fuele divinalmente mandado que fuesse apriessa a dezir a los clérigos que se tornassen a la yglesia con el cuerpo de Nuestro Señor porque era herege aquel hombre a quien lo llevavan; y así se hizo. Y díxole después el ángel que esto le mandava, “porque creas que es verdad lo que digo, hoy en la missa verás destellar de la Hostia gotas de sangre”. Y así acaesció, que en aquel mismo día vido esta bienaventurada muger con ojos claros la hostia llena de sangre en las manos del sacerdote quando después de la consagración la levantó en alto para el que pueblo adorasse.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y aun otra vez dixo ella al prior de la Sisla que viniesse a poner recaudo en el monesterio porque andavan dos personas por hazer un desconçierto. Puso diligencia en saber la cosa de que la sancta muger le avía avisado y dende a pocos días fueron hallados dos moços que querían hazer un mal recaudo de la manera y for- [fol. 101ra] ma que ella lo avía dicho, y fueron despedidos y echados de casa.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y como un religioso deseava mucho hablar con ella por las cosas que oýa de su virtud y sanctidad, y no pudiesse, al cabo tanto trabajó por ello que lo alcançó y como un día la hablasse, díxole ella: “Bien sabía yo, padre, que ha muchos días que deseávades hablar conmigo y la causa por qué, y sé que tal día (nombrándolo) escrevistes una escriptura y no la acabastes por más priessa que os distes, y la acabastes después en la noche”. Y como el religioso se espantasse desto y le preguntasse cómo lo sabía, díxole cómo lo avía visto en espíritu. Y después díxole: “Dezid padre a tal religioso (nombrándoselo por su nombre), que vea cómo anda, que está mucho atribulado en su espíritu. Y si alguna cosa ha hecho que no deva demandar della perdón porque si esto no haze, no podrá salir del trabajo en que está”. Y como este religioso a quien ella dezía esto conosciesse por experiencia la pena y congoxa que aquel fraile de quien hablava tenía, y poco menos los supiessen todos los de la casa, maravillose mucho cómo estando ella encerrada en el monesterio sabía el trabajo que tenía este religioso en su espírito; y conosció claro que tenía espíritu de profecía.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y acaesció esto en los días que estava el general de nuestra orden en el monasterio de la Sisla entendiendo en las cosas de la Inquisición. Y aun, como otra vez este religioso hablasse con ella y le alabasse mucho a otro religioso que era de sancta vida y le rogasse ella que le dixesse quién era y cómo se llamava, y él no se lo quisiesse dezir, díxolo entonces ella: “A esse religioso que vos, padre, dezís, llaman así, y sé yo que es persona religiosa y devota y que tiene parte con Nuestro Señor”. Y espantado desto el religios con quien ella hablava, viendo cómo sabía lo que él no le avía querido manifestar, díxole ella que en aquella hora misma Nuestro Señor se lo avía revelado.&lt;br /&gt;
 &lt;br /&gt;
Rescebía esta Sierva de Dios gran [fol. 101rb] pena en salir a hablar con las personas que venían a ella aunque fuessen religiosas. Y trabajava de abreviar las tales hablas lo más que podía, y hablava con pocas personas por más graves y honestas que fuessen.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Capítulo 48'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''De cómo alcançó por sus oraciones salud a la madre del monesterio y libró a un su hermano de las prisiones y a su madre de la enfermedad que tenía'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Era esta bienaventurada virgen muy ferviente en la oración y alcançó a muchos salud y remedios de sus males biviendo en la vida presente rogando a Nuestro Señor por ellos. Onde como una vez la madre del monesterio enfermasse en el mes de agosto del dolor del costado, y tres días antes de la fiesta de Sant Lorencio llegasse a la muerte y los físicos la tuviessen ya desamparada, viéndola esta sierva de Dios estar tan cercana a la muerte, fuesse a la yglesia siendo ya de noche y púsose a orar con muchas lágrimas ante el altar de Nuestra Señora, rogándole affincadamente que no quedasse ella huérfana de tan bienaventurada madre y que tuviesse por bien de se la dar sana y biva. Y ende a un rato mirando ella con una candela en el rostro de la imagen de Nuestra Señora, viole encendido y como de persona biva. Y dende a poco vídole sudar, y pensando que se le antojava, atreviose allegar a su rostro y con su toca alimpió el sudor tres vezes, y lavose los ojos y cara con ello. Y del plazer que ovo tornó a le demandar con importunidad la salud de su madre espiritual, y oyó una boz que le dixo: “Otorgada le es la vida para consolación y remedio tuyo”. Y luego fue levantada en espíritu y [fol. 101va] vido a Sant Lorencio en semejança de moço de quinze años vestido de vestidura muy esplandeciente. Y levava en la mano una buxeta de oro y púsola sobre la cabeça y costado de la enferma, y santiguóla con su mano. Y después que tornó en sí, entendió que avía alcançado lo que a Nuestro Señor pidiera por intercessión de su gloriosa madre. Y vino luego con mucho plazer a visitar la enferma y hallola dormiendo con reposo. Y desque despertó sintiose muy aliviada de la enfermedad y dende a poco sanó perfectamente.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y como otra vez esta sancta muger rogasse con mucho affinco a Nuestra Señora delante su altar por el libramiento de un su hermano que estava preso, apareció al preso estando dormiendo Nuestra Señora en semejança de la imagen suya de vulto que tenían en el monesterio, y sacole los hierros de los pies y díxole que por la importunación de su hermana y de las otras religosas que por él en aquella casa rogavan sería libre de aquella prisión. Y despertando, hallose libre de las prisiones y de la hinchazón que tenía en los pies de los hierros. Y luego otro día vino al monesterio y contó este miraglo, y hallose por cierto que en aquella hora que él dixo que Nuestra Señora le avía librado, esta sancta muger y otras hermanas de la casa hazían oración especial por él. Y viendo la imagen en cuya semejança Nuestra Señora le apareciera, prometió de le traer toda su vida cera que ardiesse todos los sábados delante aquella su imagen. Y como dende a nueve años víspera de Nuestro Señora de agosto truxesse este su hermano cera para alumbrar esta imagen como lo tenía prometido, falleció súbitametne en el camino. Y como ella lo supo, angustiose mucho, mayormente por aver sido su muerte de tal manera, y rogava por él con muchas lágrimas y gran affinca delante la imagen suso dicha de Nuestra Señora, que pues en esta vida lo avía librado de las prisiones, tuviesse por bien [fol. 101vb] de lo librar de las penas de la otra y mostrarle si estava en carrera de salvación. Y como estuviesse haziendo oración por el día octavo después de su mierte, a las dos horas después de media noche, miró el rostro de la imagen y vidolo alegre, como de persona biva que quería hablar. Y ella con el grande gozo que rescibió desto començó mucho a llorar, y dos de las hermanas que lo sintieron llevaronla a la cama. Y estando allí las dos religiosas con candelas encendidas, sintió a sus espaldas un huelgo de persona my frío, y como estava hablando con las dos hermanas, no curava de mirar a aquel lugar y dende a poco ovo gran miedo. Y bolviendo la cabeça vio un pedaço como de nuve escura y allí dentro el rostro de su hermano muy alegre. Y díxole que a la hora de la muerte se viera en gran peligo, mas que Nuestra Señora a fuera allí con él y le ayudara. Y después díxole ciertas cosas que tenía de cargo y que estava en el purgatorio; y esto dicho, desapareció la nuve.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y como otro hermano suyo en el lugar de Ajoffrín corriesse un cavallo y cayesse con él, quedó muy atormentado y con gran passión de los ojos. Y como lo oyó la madre desta sierva de Dios, que estava muy triste y dolorida por la muerte del otro hijo que avía poco que falleciera, doblósele el dolor. Y tan grande fue su pena que se le torcieron los ojos y la boca. Y sabiéndolo ella, después de algunos días, rescibió dello mucha pena y se fue para el altar de Nuestra Señora y supplicole por la salud de su madre. Y acabada la oración, respondió inspirada divinalmente al mensajero que le truxo estas nuevas, que el domingo siguiente sanaría su madre. Y así fue cumplido porque en aquel domingo que ella dixo, sanó perfectamente su madre por la virtud de Nuestro Señor.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y acaesció otra vez que estando esta bienaventurada virgen muy mala en la cama, vino la fiesta de Nuestra Señora de setiembre y co- [fol. 102ra] mo viesse que no podía comulgar con las otras hermanas de aquel sancto día ni estar presente con ellas al officio, rescibió gran dolor en su coraçón. Y como las otras religiosas se levantassen a los maytines y ella estuviesse tan cerca del choro que las pudiesse oýr, luego que començaron el Invitatiorio, dixo con gran dolor de su coraçón orando a Nuestra Señora: “¡O[h] gloriosa madre de Dios, esperança de los peccadores! Yo no soy digna de estar en tus maytines, ni menos de poder comulgar con las otras; tú, Señora mía sabes la pena que en esto rescibo”. Y como acabó de dezir estas palabras vino una claridad sobre ella. Y sintiose luego sana del todo. Y levantándose de la cama fuese a los maytines, y comulgó esse día con mucho gozo con las otras hermanas.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Capítulo 49'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''De la muerte de la bienaventurada María de Ajoffrín y cómo luego començó a resplandecer por miraglos'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Luengo tratado el libro se haría si particularmente quisiesse aquí hazer memoria de todas las cosas que hallé escriptas desta sancta muger, y así no quiero más detenerme en relatar sus virtudes y las otras revelaciones que vido, porque apenas comulgó vez que no fuesse luego arrebatada y alçada en espíritu y le fuessen demostrados muy grandes secretos; mas escribiré agora brevemente cómo murió y cómo después de su muerte començó luego a resplandecer por miraglos.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Pues como esta santíssima vir- [fol. 102rb] gen fuesse por Nuestro Señor tan altamente visitada en esta vida presente, según ya es dicho, plugo a Su Magestad de la hazer gloriosa y bienaventurada en el Cielo y darle el galardón que a sus sanctos y amigos antes de los siglos tiene prometido. Venido pues el tiempo de su muerte, por ella tan desseado, enfermó en el mes de julio, año mill y quatrocientos ochenta y nueve, quando andava la pestilençia en la ciudad de Toledo. Y falleció con mucha devoción sábado a las tres horas despues de la media noche; y fue enterrada a las vísperas de aquel día en el capítulo del monesterio de la Sisla porque entonces en este monesterio se enterravan las religiosas de Sant Pablo. Y fue sentido a su fallecimiento un olor celestial, según dieron dello testimonio las hermanas que se hallaron presentes a su muerte.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y luego Nuestro Señor la magnifició por muchas señales y miraglos, de los quales se notarán aquí los siguientes.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En el año de mill y quatro çientos y noventa, en el mes de noviembre, día de Sant Martín, a la noche enfermó de modorra un hombre que se llamava Francisco Díaz, vezino de Xarabiz de la Vera. Y como llegasse la hora postrimera, rescebida ya la extrema unción, un clérigo que se dezía Martín Diaz, su primo, que lo avía criado y casado, sentía gran dolor de su muerte, y como a caso veniesse allí una muger que se dezía Juana Martínez, biuda, y viesse al clérigo tan affligido, díxole: “Compadre, ya sabéis la enfermedad que tenía yo de mi pierna con la cadera y este año quando vino aquí mi hermano fray Gabriel, professo del monesterio de Sant Hierónymo de Madrid, me dixo de una sancta religiosa que falleció en Toledo en el monesterio de doña Mari García y está enterrada en el de la Sisla, por la qual el Nuestro Señor hazía grandes maravillas y que si me encomendasse a ella con devoción y prometiesse de yr a visitar el lugar de su sepultura, creyesse sin dubda que [fol. 102va] por sus merescimientos avría salud. Yo me encomendé a a esta sancta y sané por la misericorida de Nuestro Señor, y así prometeldo vos a ella y plazerá a Dios de os oýr y dar vida a este vuestro primo que al presente véys que se os muere”. El clérigo, oyendo esto, hizo luego voto y prometió que si Nuestro Señor dava salud a su primo enfermo de lo traer al monesterio de la Sisla a visitar el sancto cuerpo desta virgen. Y Nuestro Señor oyó sus ruegos por los merescimientos de su sierva, y dio salud perfecta a aquel enfermo. Y vinieron los dos juntos a cumplir el voto. Y el clérigo dio testimonio de la verdad deste hecho y lo escrivió de su mano, sábado a siete días del mes de mayo, año de mil y quatrocientos y noventa y uno, estando presente en el suso dicho monesterio.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En la ciudad de Toledo estava un canónigo para morir, y obrados en él ya todos los remedios humanos, como siempre perdiesse, encomendose con mucha devoción a esta bienaventurada virgen, y embió a visitar su sepultura y que le truxessen un poco de tierra della. Y luego la primera noche que se la puso al cuello, estando dormiendo, le apareció la dicha sancta entre sueños y despertando se halló sano. Y como le oviessen de dar aquella mañana una purga, no la quiso rescebir, mas dixo que le diessen de comer porque él se sentía bueno. Y levantándose de la cama, fue luego al monesterio de la Sisla a visitar el cuerpo desta virgen y dio allí muchas gracias a Nuestro Señor, y offreció sus offrendas. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y en el mes de setiembre del mismo del mismo año que esta bienaventurada María de Ajofrín finó, enfermó muy gravemente en la ciudad de Toledo Don Alonso, hijo de la condesa de Paredes, canónigo de la yglesia mayor. Y estando ya oleado y muy cercano a la muerte, encomendose a esta sancta. Y fuele traýda una almohada en que la dicha sancta virgen finara y luego que la puso sobre sí sanó. Y fue después al monesterio de la Sisla a tener no- [fol. 102vb] venas y offreçió una imagen de cera y una casulla de seda.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En el suso dicho año a nueve días del dicho mes de setiembre, vinieron a visitar el lugar onde esta sancta muger fue enterrada un hombre que se dezía Joan de Pastrana y su muger, y truxeron un niño, que era su hijo, tollido. Y avía el padre gastado con los físicos lo que tenía y no le avían podido curar. Y encomendáronlo el padre y la madre con mucha devoción a esta sancta y velaron una noche en la yglesia, y sanó el niño a gloria de Nuestro Señor. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En este tiempo una muger que se llamava Joana de Sant Miguel, beata de la tercera regla de Sant Françisco, que morava en la ciudad de Toledo, estava muy mala de un çaratán que tenía en la teta, y avía cinco años que la curavan los físicos y todos ellos no la avían podido remediar. Y desamparada dellos, aconsejavan algunos que por que no muriesse le fuesse cortada la teta. Mas ella, viendose en esta angustia, acordó, oýda la fama de los miraglos que esta sancta hazía, de se encomendar con mucha devoción a ella. Y así, con este propósito, vino al monesterio de la Sisla. Y luego que entró al lugar onde el cuerpo de la bienaventurada María de Ajoffrín estava enterrado, sintió un olor celestial que salía de la sepultura. Y ella, con mucha devoción y lágrimas, derribose sobre ella rogando a esta sancta que la quisiesse ayudar y alcançar de Nuestro Señor sanidad; y luego fue sobre ella la mano de Dos y fue sana perfectamente. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Otros muchos miraglos hizo Nuestro Señor por los merescimientos desta su sierva luego después de su muerte, como se hallan escriptos en el libro de su vida. Y aun hasta tiempo presente no cessa Nuestro Señor de la mangnificar por señales maravillosas, mas yo no quiero escrevir más en este lugar y sólo diré aquí un miraglo que acaesció en su vida acerca de una carta quemada que por sus oraciones fue hallada sana y restituyda en su primero ser. Como una vez esta [fol. 103ra] sierva de Dios notasse una carta para el cardenal Don Pero González de Mendoça, y la escriviesse otra religiosa que se llamava Ynés de Sant Nicolás. Y acabada la carta de escrevir, por no tener allí polvos para la enxugar, la llegassen al fuego. Tanto la allegaron, que se quemó en tal manera que era necessario tornarla a escrevir otra vez. Y como desto rescibiesse mucha pena la religiosa que la escriviera, porque la carta era muy grande, díxole ella: “Ýos agora, hermana, y no rescibáys pena, porque después se podrá escrevir”. Y tomó ella la carta quemada y echóla en un arca. Y como otro día viniesse la otra religiosa para la tornar a escrevir, abrió la sierva de Dios el arca y hallaron la carta sana.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Capítulo 50'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''De cómo fue trasladado el cuerpo de la bienaventurada María de Ajoffrín y puesto en una sepultura muy honrrada que le fue hecha en la yglesia, y del olor maravilloso que sintieron todos los que se hallaron presentes y de cómo llovió luego y se remedió la tierra'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Como la fama de los mirgalos que Nuestro Señor hazía para glorificar a esta sancta virgen cresciesse de cada día, muchos devotos, movidos con zelo de la honrra de Dios, trabajavan que fuesse su cuerpo trasladado del capítulo onde estava enterrado y pasado a la yglesia del monesterio. Y en- [fol. 103rb] tre las otras personas que en esto más diligencia pusieron fue la condesa de Fuensalida, por cuyo ruego, a veynte y cinco días del mes de abril del año de mil y quatrocientos y noventa y cinco, aún no seys años cumplidos después de su muerte, fue sacada de la sepultura en que estava en el capítulo y passada a la sepultura que avía edificado la dicha condesa a la mano derecha de la yglesia. Y estuvieron presentes a esta translación el prior del monesterio fray Juan de Morales y otros religiosos, y el clavero de Calatrava y Don Alonso de Silva, y otras algunas personas devotas. Y luego que abrieron la sepultura, sintieron todos un olor celestial y fueron hallados los huessos desta bienaventurada sancta muy olorosos, de los quales parecía que manava un licor a manera de azeyte. Y el olor suavíssimo que salía de los huessos fue sentido de todos los que estavan presentes, así religosos como seglares. Y viendo esta maravilla, el prior mandó llamar al convento —el qual hasta aquella hora no avía parte desta translaçión— a todos, y tañer los órganos y campanas.Y puestos los huessos en un arca que truxo Don Alonso de Silva enforrada de seda por partes de dentro, y teniendo todos en las manos cirios encendidos, que el dicho Don Alonso avía traýdo para todos los frayles, y vestidos el sacerdote y ministros de las vestiduras sagradas, llevaronla en provessión con mucha alegria a la yglesia cantando ''Hec dies quam fecit Dominus'' y el ''Te Deum laudamus''. Y fue pedida agua, que estava la tierra en gran necessidad, y Nuestro Señor, por magnificar su sancto nombre en su sierva, llovió luego en grande abundançia, de manera que todos pudieron claramente conoscer que aquella agua les era dada por los merescimientos desta sancta virgen. Y así fueron remediados los panes, que estavan ya para se perder todos. Y estuvo su cuerpo en la yglesia en el ar- [fol. 103va] ca suso dicha treze días para lo mostar a los que lo venían a ver. Y fue después sepultado en la sepultura que la condesa hiziera a la mano derecha de la yglesia, como es ya dicho. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Cosa es por cierto de contemplar la aarcia que Nuestro Señor dio a esta su sierva en los tiempos presentes. Y así podremos bien conoscer que en todas las edades obra Dios cosas maravillosas en favor de los que verdaderamente lo aman y sirven. Y cómo levanta del polvo y ensalça a los que son humildes de coraçón como lo fue esta bienaventurada María de Ajofrín la qual, entre todas sus virtudes, resplandeció singularmente por humildad, de lo qual dieron testimonio todas las religiosas que la conoscieron, mayormente la madre del monesterio que se llamava Catalina de Sant Lorençio, diziendo que era tan humilde que muchas vezes le importunava que la reprehendiesse y castigasse delante todas, mayormente los viernes en el capítulo, y le mandasse comer en tierra y prostarse a la puerta de la yglesia para que las otras hermanas pasassen sobre ella quando entravan al choro. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En las cosas dichas se da fin a las obras maravillosas de la bienaventurada María de Ajofrín y a las revelaciones que vido estando en la vida mortal, porque no fue mi intención de las escrevir aquí todas, como lo dixe al principio desta historia y después en otros lugares. Y por consiguiente se acaba el tercero libro de la presente crónica, a honrra y gloria de Nuestro Señor Jesu Christo, y alabança de sus santos y siervos, y para provecho de todos los religiosos presentes y advenideros. Amén.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
=Vida impresa (3)=&lt;br /&gt;
Ed. [http://visionarias.es/equipo/maria-del-mar-cortes-timoner/ M. Mar Cortés Timoner]; fecha de edición: noviembre de 2020; fecha de modificación: diciembre de 2022.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==Fuente==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
* [http://catalogodesantasvivas.visionarias.es/index.php/Categor%C3%ADa:Alonso_de_Villegas Villegas, Alonso de], 1588. ''Addicion a la Tercera Parte del Flos sanctorum: en que se ponen vidas de varones illustres, los quales, aunque no estan canonizados, mas piadosamente se cree dellos que gozan de Dios por auer sido sus vidas famosas en virtudes...'' Huesca: Iuan Perez de Valdiuielso. Fols. 45v col. a – 47r col. b.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[[Contexto material del impreso Addicion a la Tercera Parte del Flos sanctorum]] ''en que se ponen vidas de varones illustres, los quales, aunque no estan canonizados, mas piadosamente se cree dellos que gozan de Dios por auer sido sus vidas famosas en virtudes...''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
== Criterios de edición ==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El relato aparece en el apartado 193 de la Adición de la Tercera Parte del Flos Sanctorum de Alonso de Villegas, a continuación de la vida de María García [fols. 44r col. a ‒ 45v col. a]. Para esta edición se maneja el ejemplar de la Biblioteca de Catalunya: Res 740/2-4º. Se indica, entre corchetes, el fragmento que fue eliminado en la edición censurada del año siguiente (1589) siguiendo el ejemplar conservado en la Biblioteca Nacional de España: &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Villegas, Alonso de. 1589. ''Addicion a la Tercera Parte del Flos sanctorum: en que se ponen vidas de varones illustres, los quales, aunque no estan canonizados, mas piadosamente se cree dellos que gozan de Dios por auer sido sus vidas famosas en virtudes...'', Toledo: Iuan y Pedro Rodriguez, Biblioteca Nacional de España, sig. R/32084. En línea: http://bdh.bne.es/bnesearch/CompleteSearch.do?field=todos&amp;amp;text=alonso+de+villegas&amp;amp;showYearItems=&amp;amp;exact=on&amp;amp;textH=&amp;amp;advanced=false&amp;amp;completeText=&amp;amp;pageSize=1&amp;amp;pageSizeAbrv=30&amp;amp;pageNumber=8. Se han seguido los criterios establecidos en el catálogo para fuentes impresas y, por ello, han sido eliminadas las duplicaciones de consonantes: cc/c, ss/s, ff/f. En cambio, se respetan los grupos consonánticos: -nt- (sant), -nc- (sancta) y -pt- (captivo), también las contracciones ‒aunque se ha añadido el apóstrofo clarificador en “del” para escribir “d’él”‒. Además, se ha mantenido la conjunción copulativa “y” ante palabras iniciadas con el sonido vocálico “i”. Asimismo, se indican en pie de página las erratas subsanadas y, para facilitar la localización de los textos, se citan el folio (r-v) y la columna correspondiente (a-b).&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El texto editado ha sido estudiado en:&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
* M.Mar Cortés Timoner, “Censuras, silencios y magisterio femenino en la Adición a la tercera parte del Flos Sanctorum de Alonso de Villegas”, ''Specula. Revista de Humanidades y Espiritualidad'', vol. 1 (mayo 2021), pp. 183-210: https://revistas.ucv.es/specula/index.php/specula/article/view/896&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
* M. Mar Cortés Timoner, “La autoridad espiritual femenina en la Castilla bajomedieval y su reflejo en el Flos sanctorum de Alonso de Villegas”, ''Dicenda. Cuadernos de Filología Hispánica'', vol. 39 (2021), pp.:  25-35 DOI: https://revistas.ucm.es/index.php/DICE/article/view/76403&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==Vida de María de Ajofrín==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[Fol. 45v col. a] '''Vida de María de Ajofrín monja de Sant Pablo de Toledo'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
María de Ajofrín ''[1]'' fue natural de un pueblo que tiene este mismo nombre, cercano a Toledo. Nació de padres honrados y temerosos de Dios, llamábanse Pero Martín y Marina García. Eran ricos de bienes temporales. Desde niña se inclinó al servicio de Dios. Quisieron sus padres casarla, pidiéndosela muchos, mas la bendita doncella nunca consintió, sino que, varonilmente, resistió a todos los que la hablaban de casamiento. Y por que no pudiese ser impedido su deseo, que era de emplearse toda en el servicio de Dios, aun siendo muy pequeña, sin consejo ni ayuda humana, hizo voto de entrar en religión. Lo cual, sabido de sus padres y visto que ponía fuerza para cumplirlo, fue causa de grande sentimiento y lloros y aun de que sus hermanos la aborreciesen y persiguiesen. Siendo de quince años, y no pudiendo inclinarla a otro modo de vivir, su padre la sacó de su casa y trujo a Toledo. Entró en la iglesia mayor a hacer oración, donde tuvo noticia del monasterio fundado por doña Mari García, del Orden de Sant Jerónimo, que era a la sazón de beatas sin encerramiento o clausura y después fue de monjas profesas y se llamó Sant Pablo. Fue llevada a él María de Ajofrín y recebida con grande voluntad de las religiosas, donde luego se ejercitó en obras sanctas, mostrándose muy humilde, menospreciando a sí y haciendo al Señor sacrificio de sí misma. Su ejercicio ordinario era la oración y meditación, derramando sus ojos multitud de lágrimas con grandes sospiros, teniéndose por la más pecadora y indigna de todas las mujeres. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
A los diez años de su recogimiento quiso hacer una confesión general de toda la vida y, hecha con grande sentimiento y lágrimas, pusose de rodillas delante una imagen de la Madre de Dios que tenía en sus brazos a su Benditísimo Hijo. Y pidiéndole al Hijo, por intercesión de su Sagrada Madre, que le declarase si había hecho lo que debía en esta confesión y podía asegurarse de la vida pasada, como esto fuese con muchas lágrimas y ternura, vido una claridad grande que rodeaba [fol. 45v col.b] la imagen y pareciole que el Bendito Niño levantaba la mano, a la manera que la pone el sacerdote cuando absuelve, de lo cual recibió grande temor, mas siguiose luego un celestial consuelo. Y el secreto desta visión descubrió solamente al prior Juan de Corrales, certificándole que, desde esta hora, le quedó tan grande movimiento en el corazón que, a tiempos, le daba golpes que parecía quererle salir del cuerpo. Muchos regalos tuvo de Nuestro Señor, siéndole medio no de ensoberbecerse sino de más humillarse. Fuéronle descubiertos algunos secretos acerca de pecados de personas particulares; y ella daba avisos por donde venían a remediarse, enmendándose aquellos a quien tocaba porque era aquel negocio de Dios, que es el que penetra y conoce los corazones. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
La privanza que tenía con Su Majestad, su encendida caridad y la perseverancia en le servir y volver por su honra, fue parte a que la regalase, y con regalo que a pocos se le ha concedido; y fue que la señaló con la señal de su Pasión y llaga del costado. Hallose un día en él una abertura que cupiera por ella la cabeza del dedo pulgar de un hombre. Y durole abierta esta llaga veinte días, de la cual los viernes corría más sangre que los otros días, aunque siempre corría alguna. Nunca pareció en ella materia ni la aplicó medicina alguna, sino paños limpios, quitando unos y poniendo otros. La sangre era muy viva, como daban muestra los paños que se quitaba, los cuales quedaban rojos como un carmesí. Padecía graves dolores, y fueron causa para que la bendita doncella lo descubriese, aunque disimuló primero y lo encubrió cuanto le fue posible. Descubriose a la hermana mayor y a otra noble matrona llamada doña Teresa, y estas, con admiración grande, lo descubrieron al confesor de la casa. El cual estuvo duro en creerlo, y quisiera deshacerlo, mas visto por sus ojos quedó lleno de admiración. Y él reveló a testigos dignos de fe que dello dieron testimonio: el uno fue don Pedro de Prejano, deán de Toledo, y el otro don Diego de Villaminaya, capellán mayor del coro de la sancta iglesia; llamábase el confesor Juan de Biezma ''[2]''. En presencia de los cuales entró Gracián de Berlanga, capellán de la reina doña Isabel, notario apostólico y de la audiencia arzobispal, y, estando la bendita doncella María de Ajofrín en su cama, le fue descubierta la llaga que tenía en el costado de la manera que se ha dicho, y dello dio testimonio: en el cual señala día en diez y nueve de noviembre, casi a las seis horas de la tarde, en el año del nascimiento de Cristo de mil y cuatrocientos y ochenta y cuatro. Y dice que la llaga era como un real, y que no tenía hinchazón y que carecía de toda putrefacción. Dice que la tenía una doncella echada en una cama dentro de un palacio, en las casas [fol. 46r col. a] de doña Mari García, y que tenía rostro de ángel. Y dice que, habiendo visto, se tornó a salir muy espantado y que, a pedimiento del mismo Juan de Biezma, lo dio por testimonio firmado de su nombre y sellado con su sello. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
No solo padecía la bendita doncella tormento gravísimo de la llaga, sino otro bien grande en mostrarla estando en su cama, cubierto su cuerpo, rostro y manos honestísimamente al tiempo de mostrarla, que solo se veía por una sábana abierta. Pasados los veinte días, ella por sí se cerró sin medicina humana y quedó la señal de la abertura, con algún dolor, en aquel proprio lugar. Ni quiso el Hijo de Dios decorarla con sola la llaga del costado; antes, como se levantaba de su cama para orar delante un crucifijo, al tiempo que entendió, por el sonido de las campanillas, que alzaban en una misa, sintió tan gran dolor en los pies y en las manos que parecía que le ponían en aquellos lugares clavos gruesos. Y como estuviese en esta pena, parecíale que le traspasaban la mano izquierda. Y fue tan vehemente el dolor que puso el dedo pulgar de la mano derecha en la palma de la izquierda y apretó cuando pudo con el gran dolor que tenía, y reventó la sangre, de que ella quedó admirada. Aunque, teniéndolo por regalo de Nuestro Señor, procuró de encubrirlo trayendo la mano cubierta con un lienzo sin poner otra medicina. Y durole por cuarenta días. Y, después que sanó, le quedó la señal en la mano izquierda que fue la que rompió en sangre. Y por que, sucesivamente, sintiese en su cuerpo las insignias y dolores de la Pasión de Nuestro Señor Jesucristo, allende de los tormentos que en la cabeza tenía de ordinario, súbitamente sintió un grande y nuevo dolor que le pareció que, poniéndole sobre ella una guirnalda o corona que le cercó la cabeza enderredor, le entraban por ella puntas de clavos con tormento suyo excesivo, cayéndole gotas de sangre. Y aunque le aplicaban diversas medicinas, nunca alguna ''[3]'' le aprovechó porque no era razón que llagas hechas por la mano del Señor recibiesen sanidad por industria humana hasta que, pasado algún tiempo, por sí mismo cesó el dolor y quedó sana la cabeza como la mano y ''[4]'' costado. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Grandes fueron los regalos que recibió de Nuestro Señor. Arrobábase y quedaba sin sentido, y como le aconteciese esto estando presente el mismo que escribió su vida, el cual la solía confesar, la hermana mayor dijo: “Mandadla, padre, en virtud de sancta obediencia que recuerde y os hable, que luego lo hará”. Hízolo él así, y volvió en su sentido y mostró sentimiento grande como de que la hubiesen quitado de cosa que le daba grande contento. Descubríale Nuestro Señor algunos secretos para bien y provecho de almas particulares, como se ha dicho. Y diole gracia de sanar enfermos, [fol. 46r col. b] porque, con hacer la señal de la cruz y orar por algunos, fueron sanos. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Llegose la hora de su muerte bien deseada por ella, y cayó enferma en el año de mil y cuatrocientos y ochenta y nueve ''[5]'', habiendo pestilencia en Toledo. Y murió sanctamente, sábado, diez y ocho de julio, a las tres horas después de medianoche. Y fue sepultada en el monasterio de Sisla, en el capítulo. Sintiose en su fallecimiento un olor celestial, según dieron testimonio las hermanas que se hallaron presentes a su muerte. Hizo Dios por ella algunos milagros de personas que visitaban su sepulcro o se encomendaban a ella en diversas partes, por lo cual se acordó que su cuerpo fuese trasladado del capítulo a la iglesia del mismo monasterio, en un sepulcro que le hizo una señora ilustre que era condesa de Fuensalida. Hízose la traslación en veinte y cinco de abril, del año de mil y cuatrocientos y noventa y cinco. Halláronse presentes con el prior del monasterio, que se llamaba fray Juan de Morales, el clavero de Alcántara y don Alonso de Silva y otras personas, donde, luego que abrieron la sepultura, sintieron todos un olor celestial y parecía que salía de sus huesos y que estaban bañados de un licor a manera de óleo. Mandó el prior tañer los órganos y las campanas, y en una bien ordenada procesión, llevando todos velas encendidas, levantaron el cuerpo puesto en una arca aforrada de seda y llegaron con él al coro de la iglesia donde estuvo por trece días descubierto. Y en este tiempo pidieron a Nuestro Señor por intercesión de su sierva ''[6]'' que enviase agua a la tierra, de que había grande necesidad, y llovió en grande abundancia y entendieron todos haberles hecho Dios esta misericordia por honra de aquella bendita alma. Y así fueron remediados los panes que estaban a punto de perderse. Pasados los trece días fue puesto el cuerpo en el nuevo sepulcro, a la mano derecha, y allí es visitada y honrada de muchos. Y fue premio merecido a su humildad porque, como dio testimonio Catalina de Sant Lorenzo, hermana mayor de su monasterio, era esta bendita mujer tan humilde que, muchas veces, la importunaba que la reprehendiese y penitenciase delante de todas, mayormente los viernes en el capítulo, y le mandase comer en tierra y postrarse a la puerta del coro cuando las hermanas entraban a rezar en él, para que la pisasen. Y junto con ser humilde era honestísima tanto que pocas personas, ni de las que conversaban con ella, podían dar testimonio de su rostro trayéndole de ordinario cubierto con una toca que dejaba caer hasta la boca. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Anda la vida desta sierva de Dios escripta de mano por un religioso confesor suyo y en ella se pone muchas revelaciones que tuvo. Yo he querido pasarlas en silencio como también lo hizo el que escribió la crónica de los jeró- [fol. 46v col. a] nimos, donde está la vida desta bendita monja, aunque con la limitación que digo. Del testimonio que dio de la llaga de su costado Gracián de Berlanga, notario, tengo yo un traslado por donde parece que fue certísimo ''[7]''. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[Acerca de lo cual digo que algunas personas, atrevidamente en mi tiempo, han contradicho (y aun algunos predicándolo públicamente) semejantes llagas en alguna persona después que el Hijo de Dios las padeció, sino es el bienaventurado sant Francisco. Y, pareciéndoles que en esto hacen servicio, quieren atar las manos a Dios. A estos digo que, cuando no creyeren a los auctores tan graves y fidedignos que lo escriben de algunas sanctas, como de sancta Catarina de Sena y de otras, y que, en particular en Roma, se pinta y estampa la misma sancta Caterina ''[8]'' con las llagas, en ciencia y paciencia de los sumos pontífices que lo ven ''[9]''  y lo permiten y aun, por lo mismo, por ser negocio tan grave parece que lo aprueban, si esto no basta, pueden, por vista de ojos y tocándolo con sus manos, certificarse en este caso con lo que de presente (creo que para confusión de estos) ha permitido Nuestro Señor. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y es que, en este año de mil y quinientos y ochenta y seis en que esto escribo ''[10]'', está viva una bendita mujer, señora de ilustre linaje, priora en el monasterio de la Anunciada de Lisboa, en Portugal, llamada María de la Anunciación ''[11]'', doncella de edad de treinta y dos años. La cual está decorada con las llagas de Cristo de cabeza, manos, pies y costado. Tiene en su cabeza treinta y dos agujeros a la redonda como corona, abiertos y patentes; en las manos, por las palmas, una como rosa y, en medio della, una abertura triangular de clavo y, por detrás, la misma señal aunque algo menor. Estas han visto y ven cada día diversas personas. Tiene otras semejantes en los pies. También tiene abierto el costado y todos los viernes, poniéndose allí un lienzo pequeño, salen señaladas cinco gotas de sangre a manera de cruz, y la ''[12]'' de en medio es mayor. Y destos pañitos he yo visto dos en Toledo en poder de personas religiosas que los recibieron de la misma sierva de Dios. Y ella los da compelida por obediencia, como también por ella, y no en otra manera, muestra las llagas de las manos. La del costado vieron, por orden del sumo pontífice Gregorio décimo tercio, algunas personas, y fueron: oficiales del Sancto Oficio de la Inquisición y el padre fray Luis de Granada y otros perlados de su orden. Y sobre ello dio breve el mismo pontífice Gregorio, y yo le vi impreso y le leí, en que alaba a Nuestro Señor y persuade a su sierva a que siempre vaya en augmento en su servicio. También por cartas del mismo padre ''[13]'' fray Luis de Granada que, para mí, son de grande auctoridad, y de otros perlados de su orden, se sabe de su vida que, desde niña, ha vivido sancta- [fol. 64v col. b] mente y no se halla que, en cosa alguna, se haya desmandado en ofensa de Dios. Nunca se agravió por cosas de pena que le sucediesen ni se quejó por ocasiones que le diesen. Siempre conservó paz y humildad en su alma. Su caridad es grandísima con pobres necesitados de cuerpo y de alma remediando todo lo que puede. Siempre muestra el rostro alegre y devoto. En hablándole de sus llagas, se aflige y entristece grandemente. Duerme abrazada con una cruz de madera de su estatura. Hase visto mucha claridad de noche en una pequeña celda que tiene y levantada del suelo con su cruz orando. Vinieron a Lisboa un turco y un moro que dijeron habérseles aparecido estando en una galera y persuadiéndoles a que se hicieses cristianos; y la conocieron sin haberla visto más de aquella vez y recibieron el baptismo. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Della se dicen muchas otras cosas y todas ellas al talle de los sanctos. Y el padre fray Luis de Granada tiene escripto muy a la larga todo lo que pertenece a la vida desta sierva de Dios, y así él pondrá finos colores sobre el dibujo mal bosquejado de mi mano. Yo lo he referido aquí por dos razones: una, para prueba de que suele Nuestro Señor regalar con sus llagas a algunas personas siervas suyas, y contradecirlo es ir contra la verdad; y lo segundo, que, por haber escripto tres libros de vidas de sanctos de los que pasaron muchos años ha, hiciera agravio a cosa tan digna de ser sabida en los siglos venideros como es lo de mi tiempo desta sierva de Dios, si no lo pusiera en memoria. Y lo mismo hicieron sant Jerónimo escribiendo la vida de Malco, monje captivo que se le dejó vivo. Y sant Teodorito comenzó a escrebir la vida de sant Simeón Estilita ''[14]'' y no la acabó diciendo en ella que la dejaba vivo y que, con tan alto principio, era bien de creer que el fin no sería menor. Así yo digo desta sierva de Dios, que su fin no será menor que el principio y, cuando sea de otra suerte, lo de hasta aquí es mucho de estimar y loar a Dios, que no tiene la mano abreviada, sino que siempre hace mercedes a los que de veras le sirven. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y en lo que toca a las llagas del seráfico padre sant Francisco, yo confieso que, de la manera que a él, no le ha sido concedido a otro, porque o fue por algún breve tiempo o no todas cumplidas o con menos sentimiento de dolor o, a lo menos, que cesasen con la muerte y no que, aun después de muerto, permanece el cuerpo del seráfico padre sant Francisco con ellas tan frescas y recientes como las tuvo en vida. Y este fue favor particular suyo y, como dice el doctísimo y muy religioso maestro ''[15]'' fray Vicente Justiniano Antist, del Orden de Predicadores, en una apología que hizo en defensa de las llagas de sancta Catarina de Sena, esto sería lo que quiso decir el papa Sixto cuarto en un breve que dicen haber dado en [fol. 47r col. a] favor de las llagas de S. Francisco. Verdad es que, como el mismo maestro dice, nunca este breve pareció en el mundo, ni nadie habrá, con verdad, que diga haberle visto. Y es prueba desto que, en un volumen grande, donde semejantes breves y ''motus'' proprios andan impresos, que se intitula ''Collectio Bullarum'', y es de Laercio Querubino jurisconsulto, impreso en Roma, año de mil y quinientos y ochenta y seis, donde están todos los divulgados desde Gregorio séptimo hasta Sixto quinto, y hallándose entre las demás todas las bulas y ''motus'' proprios del mismo Sixto cuarto que son doce en número, no aparece entre ellos semejante breve; porque yo los [fol. 47r col. b] pasé uno por uno buscando este y así es cierto que no le hubo. Mas en caso que le hubiese habido, lo que pretendería en él el pontífice sería, dice este auctor, señalar las ventajas que el seráfico padre sant Francisco hace en este misterio de las llagas a todos los sanctos a quien Dios ha decorado con ellas, que cierto son muchas y muy particulares.] &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
De la primera ''[16]'' destas dos religiosas (de las cuales ninguna está canonizada) se vea la historia de Toledo de Pedro de Alcocer, libro. 2. cap. 27; y de la segunda, María de Ajofrín, la crónica del Orden de Sant Jerónimo, desde el capítulo cuarenta y uno hasta el fin della, donde la sanctidad de ambas es grandemente encarecida. ''[17]''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
===Notas===&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[1]'' En el margen izquierdo leemos: “En 18. de Iulio.”&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[2]'' En el texto leemos: “Diezma”. Se ha subsanado la errata.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[3]'' Entiéndase: “alguna de las diversas medicinas”. Ejemplo de la tendencia a la elipsis que muestra la prosa del autor.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[4]'' Como la mano y el costado.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[5]'' En el margen derecho leemos: “Año de 1489.”&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[6]'' En el ejemplar manejado impreso en 1589 aparecen tachadas las sílabas y palabras siguientes:  “-cubierto y en este tiem […] intercesión de su”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[7]'' Como se ha indicado, se reproduce entre corchetes el fragmento eliminado en la impresión de 1589. Cabe precisar que las palabras: “por donde parece que fue certísimo” se hallan tachadas con tinta negra en el ejemplar manejado de la BNE.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[8]'' Se mantiene la oscilación vocálica al escribir el nombre de la santa dominica.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[9]'' Se elimina la duplicación de la vocal en la escritura de esta palabra.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[10]'' En el colofón del ejemplar se indica que el libro fue terminado “último de septiembre del año de 1586”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[11]'' Se refiere a la lisboeta María de la Visitación, quien vivió en la segunda mitad del siglo XVI.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[12]'' Entiéndase: “la gota de en medio”&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[13]'' Se subsana la errata: “podre”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[14]'' En el texto leemos: Stilita.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[15]'' En el texto figura: “relignoso maastro”. Se han subsanado las erratas.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[16]'' Alude a las dos religiosas que centralizan el apartado 193 de la Adición a la ''Tercera parte del Flos Sanctorum'': María García y María de Ajofrín.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[17]'' A continuación, en el ejemplar mencionado de la BNE ‒en el mismo apartado 193‒ leemos: “Antes de poner fin en las vidas destas dos siervas de Dios, Marías religiosas de Sant Pablo de Toledo, quiero hacer mención de algunas otras monjas del mismo convento, dignas de que, en los siglos por venir, se tenga honorífica memoria y su propria casa y la ciudad de Toledo reciban honra y les sea de importante provecho el tener y gozar de sus benditos cuerpos. Lo que dijere se ha sacado de un libro que recopiló de memoriales y relaciones antiguas y modernas de aquel convento doña Ana de Zúñiga, de cuyas virtudes pudiera yo escribir mucho si llegara mi atrevimiento adonde llega el deseo y la verdad.”&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y se añaden diez vidas breves que se hallan editadas en el Catálogo: Aldonza Carrillo, condesa de Fuensalida; su madre Teresa de Guevara; Inés de Cebreros; Inés de Santa Catarina, sobrina de María de Ajofrín; Lucía de los Ángeles; Catalina San Juan; María de San Ildefonso; María de la Visitación; Paula de los Ángeles y, por último, Quiteria de San Francisco.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
A doña Ana de Zúñiga, Alonso de Villegas dedicará una reseña hagiográfica en impresiones posteriores a la de 1589, como evidencia el ejemplar de 1595 guardado en la Biblioteca de la Universidad de Barcelona con la signatura B-50/5/11.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
=Vida impresa (4)=&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Ed. [http://visionarias.es/equipo/lara-marchante-fuente/ Lara Marchante Fuente]; fecha de edición: septiembre de 2017; fecha de modificación: mayo de 2026.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==Fuente==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
* [http://catalogodesantasvivas.visionarias.es/index.php/Categor%C3%ADa:Fray_José_de_Sigüenza Sigüenza, Fray José de], 1605. “Libro II de la Historia de la Orden de San Jerónimo”, ''Tercera Parte de la Historia de la Orden de San Jerónimo, dirigida al Rey, Nuestro Señor, Don Felipe III'' Madrid: Imprenta Real, 465-497.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[[Contexto material del impreso Tercera Parte de la Historia de la Orden de San Jerónimo]]'', doctor de la Iglesia, dirigida al Rey, Nuestro Señor, Don Felipe III''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
== Criterios de edición ==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Para facilitar su lectura, esta edición moderniza el texto en aquellos puntos que no suponen una pérdida de los valores fonéticos, léxicos y sintácticos del periodo y conserva la morfología de las palabras con interés morfológico o fonológico o por tratarse de cultismos (como ''agora'', ''ansí'', ''monesterio'', ''recebir'', ''redemptor'' u ''obscuro'').&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Se adaptan, por tanto, las grafías a las normas de ortografía vigentes (sibilantes, b/u/v, j/g, chr/cr, qu/cu, empleo de h, etc.) y a la acentuación y puntuación de las normas gramaticales actuales. Igualmente, el uso de las mayúsculas y minúsculas respeta los criterios presentes del español, si bien se mantienen las mayúsculas como signos de respeto o de diferenciación con la palabra escrita en minúscula (''Cielo'', ''Esposo'', ''Señor'', ''Profeta'', ''Reina del Cielo''). &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
También se introducen las comillas para delimitar las intervenciones dialógicas de los personajes y se subsanan las erratas evidentes. En este sentido, conviene apuntar que, dentro de esta edición y en base a sus particularidades, se han incluido notas al pie en las que se especifican y desarrollan algunas ideas o palabras del texto impreso original. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==Vida de María de Ajofrín==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''CAPÍTULO XLIV'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[465] '''La vida de la sierva de Dios María de Ajofrín, religiosa de San Pablo de Toledo'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Si no estuviera la vida desta santa, tantos años ha, escrita y predicada por otros, y Nuestro Señor en vida y en muerte no hubiera calificado y, como si dijésemos, sellado su santidad con tantas maravillas, no me atreviera a poner la mano en ella y pasara en silencio casos tan maravillosos, porque, aunque no soy de los muy incrédulos ni de aquellos que se ríen de todas estas visiones y revelaciones, especialmente en mujeres, que por su flaqueza están tan sujetas a recebir engaños, no soy tampoco de los que lo creen todo y se les antoja milagro cualquier cosilla. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Estos extremos, sin duda, son dañosos y aun peligrosos, y no sé cuál más, porque el uno parece temerario y poco pío, y el otro da ocasión con su facilidad que pierda el crédito y reverencia aun lo más verdadero y calificado. Confieso que en aquellos primeros tiempos de la Iglesia, y en aquellas primicias del espíritu, se halla poco o nada destas cosas, y la santidad y milagros con que Dios confirmaba su fe y la autoridad de sus ministros (estas son las dos principales razones o fines de los milagros) eran muy diferentes en aquella feliz era, y que algunos centenares de años después, cuando florecieron tantos mártires y, tras ellos, tantos y tan ilustres confesores, y Dios tenía poblados los desiertos de tan admirables hombres, tampoco se hallaba nada desto, y si se ha escrito algo (no faltaron entonces algunos hombres varones que sembraron muchas niñerías) tuvo siempre poco crédito.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
De doscientos años poco más a esta parte, ha habido algunas mujeres santas con quien parece que [466] Nuestro Señor ha querido (digámoslo ansí, aunque con miedo y reverencia) mudar estilo, facilitarse tanto con ellas y allanar el trato de suerte que no haya sino encoger los hombros y dejar el juicio y determinación dello a la Iglesia que, como a su esposa querida, no le encubre los secretos de su pecho. Junto con esto (que también aprieta mucho), parece que ha querido hacer excepción de la regla de su Apóstol, que no permite que las mujeres enseñen en la iglesia, y ha permitido (como algunos dicen) que dejen estas santas muchas epístolas y libros grandes de revelaciones y doctrinas para enseñamiento de los fieles, cosa que en ninguna de aquellas santísimas hembras que florecieron de mil años arriba, nunca la vimos ni tenemos, sino es de alguna cosa de ingenio, qué ya saben los que algo han leído que son. Todas estas razones hemos de tragar y atravesar por todo con sumisión de la regla que he dicho, y decir que no se ha abreviado la mano del Señor. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Esto he dicho antes de entrar en la vida desta santa, que sin duda me hace gran admiración. Diré con la mayor fidelidad que pudiere lo que ya otros han publicado, y lo que en un cuaderno antiguo de mano he hallado, que en sustancia todo es uno. El original de todo, o la mayor parte, fue el padre fray Juan de Corrales, religioso desta Orden, profeso y prior de la Sisla de Toledo, hombre docto y gran fraile, y que confesó a esta santa casi todo el tiempo en que Nuestro Señor la hacía las mercedes que diremos; y ansí dice en la última cláusula del Prólogo que hizo en la relación de su vida desta suerte: “Yo, el muy indigno siervo de los siervos de Dios, fray Juan de Corrales, prior de la Sisla de Toledo, recontaré a honra y gloria del soberano Rey Dios, Nuestro Señor, las maravillas y secretos que por mis ojos vi, y por mis manos traté, y oí a personas dignas de fe y de gran memoria, las cuales Nuestro Señor quiso poner y demostrar en una pobrecilla sierva suya, llamada María de Ajofrín, virgen y santa, en el Monasterio y Casa de doña [[María García]], en la ciudad de Toledo”. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Ajofrín es una villa junto a Toledo; vivía allí un varón honrado, llamado Pero Martín Maestro, con su mujer, Marina García, temerosos de Dios, de vida honesta, abundantes de bienes temporales. Entre otros hijos, tuvieron una hija que llamaron María, de gran hermosura en el cuerpo, y tanto mayor en el alma que luego, desde sus primeros años, se le conoció la quería Dios para su esposa. Apenas sabía hablar, ni decir las cosas por su nombre, ya sabía rezar y poner las manos delante de las imágines, y hacer otras santas niñerías, regalo entonces singular de sus devotos padres, que se regocijaban en las almas, viendo los tempranos y santos ensayos de aquel angelico. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Como fue creciendo, comenzaron muchos a amarla y desearla, y ansí se levantaba muchas veces plática, entre sus padres y otros del pueblo, de su casamiento. Como la santa estaba prevenida de otro más divino amante y tenía puesto en su voluntad, entendiendo los rumores y tratos tan anticipados de sus casamientos, con un impulso divino la doncella santa hizo, siendo de trece años, voto de virginidad y de entrar en religión, que ya este principio y acto tan heroico descubre y promete mucho. Tratábanse los casamientos de cada día con más calor; los padres y hermanos la daban prisa, [467] y los parientes, todos la importunaban. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Resistió a todos varonilmente, declarando sus votos y sus deseos, cosa que lastimó mucho a sus padres, y sobre esto padeció y sufrió por el amor de tal Esposo, grandes encuentros, palabras y aun obras pesadas, porque todos eran contra ella. Al fin pudo tanto que su padre, aburrido, enojado y lastimado en el alma, importunado della, la sacó de su casa, siendo ya de quince años, vínose a Toledo con ella, sin saber adónde había de parar, ni donde había de sacrificar una hija tan querida. Entró en la iglesia mayor, rezaron allí entrambos. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Rogó ella a su Señor y Esposo la llevase adonde Él fuese servido. Púsole en el corazón que se fuese a la compañía de aquellas religiosas que se llamaban jerónimas, en el Monasterio de doña [[María García]]. Díjoselo a su padre, llevola allá, entregola allí y volviose a su casa lleno de tristeza, viendo que dejaba como sepultada la prenda que más en sus entrañas tenía. Puesta la sierva de Dios donde tanto deseaba, no cabía de gozo, viendo el ejercicio de aquellas santas, y procuró imitar todo cuanto excelente de virtud y perfección consideraba en cada una. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Señalose siempre en humildad y obediencia: parecíale que, en comparación con sus hermanas, no merecía besar el suelo donde pisaban. No tenía otro gusto sino cuando se ofrecía ocasión, y ella se las buscaba, de emplearse toda en su servicio. En pudiendo retirarse a algún rincón, allí levantaba el alma y los ojos al Esposo de su alma, y le importunaba con lágrimas y suspiros pusiese en ella sus ojos de misericordia; su deleite y sus regalos eran la oración y meditación. Ansí pasó una vida santísima, callada y humilde de diez años de religión, teniéndola todas, las otras hermanas, en nombre de religiosa perfecta, y que caminaba por un camino muy seguro, aunque con grandes ventajas de otras compañeras, porque en todo este tiempo no se vio en ella cosa digna de reprehensión, sino de grande y conocida virtud, principios legítimos para las mercedes que Dios había de hacerle. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Pasados estos diez años como temerosa de Dios, cuidadosa de su salud, determinose a hacer una confesión general, como si quisiera comenzar una vida nueva (propio de los santos imaginar que cada día comienza), y el Señor, que también quería comenzar a señalarse en el amor que tenía a su sierva, puso en ella tanta compunción y lágrimas, que bastaban a lavar otra alma por grandes manchas que tuviera.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Al punto de entrar en el confesionario, derribose en tierra delante una imagen de nuestra Señora, que tenía su hijo en los brazos, y allí, con grandes ansias y suspiros, suplicó al Señor le perdonase sus pecados, y a la madre, de clemencia, que le alcanzase el perdón de su hijo. Estando ansí orando, con este vivo afecto, vio que súbitamente la imagen se llenó de luz divina, que alumbraba también parte de aquel aposentillo; y en la claridad de la imagen vio cómo el niño, desde los brazos de su madre, levantaba la mano hacia ella, de la forma que el sacerdote la extiende cuando absuelve al penitente. Espantase desto la santa doncella, que es propio de vírgenes prudentes temer visiones extraordinarias. Quitose de allí y fuese a los pies del confesor, no imaginando mas de que podía ser antojo o gran flaqueza. Hizo su confesión lo mejor que pudo. Al salir, tornó a hacer oración a la imagen y súbito tornó [468] a esclarecerse, y el niño, sacerdote eterno, tornó a levantar la mano como en forma de absolución. Y esto puso alegría y consuelo grande en el alma de la sierva de Dios, que entendió, con mucha certidumbre, Nuestro Señor le perdonaba sus pecados. Tuvo esto en secreto mucho tiempo, que jamás lo reveló a nadie, sino solo a su confesor, fray Juan de Corrales, a quien manifestó que, desde aquel día, le quedó en el corazón un movimiento tan grande que le parecía le quería algunas veces saltar del pecho. De allí a pocos días, quedándose sola en el coro una noche, haciendo oración por el estado de la Iglesia con grande afecto y devoción, vio encenderse una llama de fuego grande en la Custodia del Santo Sacramento, y ardió por espacio de una hora poco menos, de que quedó en extremo maravillada.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Había de comulgar el día de la Resurrección del Señor con las otras hermanas, y la noche antes andaba nerviosísima, con aquel deseo de recebir al Esposo, orando y llorando sin enjugar las lágrimas, suplicándole le diese digna disposición para recebir tan alta Majestad, y sentir los frutos de su gloriosa venida. Fue, pues, con las otras hermanas a comulgar, y recebió el Santo Sacramento, a su parecer en forma de un corderito vivo: cuando lo tenía en la boca, se bullía y meneaba. Tragolo con el mayor temor y reverencia que pudo, y sentía luego que se le puso sobre las telas del corazón. Allí, sintió tanta alegría, reposo, dulzura y consuelo que en diez días con sus noches no durmió ni pegó los ojos, destilando dellos continuas lágrimas de alegría. Desde entonces, las veces todas que comulgaba, se trasportaba o enajenaba de los sentidos como se entraba allá, dentro el alma, con todas sus potencias, a hacer estado a la Majestad de su Rey y Esposo, y junto con esto le quedaba un dulzor extraordinario, y de otra quintaesencia en la boca, garganta y corazón, que le duraba un espacio de cuarenta días, que del supremo gusto del alma quería Dios le alcanzasen aún en esta vida tales relieves al cuerpo. Certificaba la santa al prior que si no fuera por evitar la singularidad, no comiera en todo este tiempo, ni a su parecer tenía necesidad dello. Hácesenos a nosotros estas cosas como imposibles porque estamos muy lejos dellas. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El día octavo de la Resurrección, estando orando, vio cómo vino a ella un varón anciano, de aspecto venerable, cubierto de una capa de seda colorada y le dijo:&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
“Ven conmigo, que te envía a llamar la Reina”. Estaba a aquella sazón la Reina, doña Isabel, en Toledo, y como entonces salían estas religiosas de casa, con compañía honesta, entendió que la Reina la enviaba a llamar, y rehusaba de ir a allá. El varón le tornó a decir: “Ven hija, que te llama la Reina del Cielo”. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Entonces, se fue con él, y hallose en una iglesia, fuera de la ciudad, donde vio a Nuestra Señora con su hijo en los brazos. Púsose de rodillas, delante della, y aquel hombre anciano que la había llevado llegó y púsole un paño de seda en las manos, y la santa Reina le puso luego a su hijo encima, y mandando a otro hombre, de menos edad, que la acompañase junto con el otro que la había llevado allí, le dijo la Señora del Cielo: “Ve con mi Hijo donde fueren estos dos varones”. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El que llevaba el vestido colorado iba como por guía, delante, como buscando posada. Entraron por la ciudad, y llamaban a las puertas que estaban cerradas, diciendo: [469] “Abrid, que viene el Señor a vuestra casa”, y ninguno quería abrirles. Y si algunos tenían las puertas abiertas, acudían de prisa a cerrarlas, respondiendo unos y otros que pasasen de largo, porque estaban embarazados y no había posada. Anduvieron desta suerte poco menos toda la ciudad, sin hallar donde los acogiesen. Tornáronse por donde habían ido, encontraron en el camino con dos mujeres caballeras en dos asnillos ''[1]'', que las acompañaban dos clérigos, y estos les dijeron: “Nosotros os acogiéramos si no fuéramos deprisa, mas en tanto que volvemos, recogeos en ese establo”. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Ansí, se tornaron al templo donde la Virgen estaba, y tornando a recebir a su hijo de la mano de su sierva, le dijo: “Llegado es el tiempo en que es tan menospreciado el Hijo de Dios, y ansí también se ha llegado el tiempo en que Él herirá por su ángel: a unos, con duros azotes, a otros, con espada aguda, y a otros, con fuego. Mas, ¡ay de los perlados de la iglesia, a quien el Señor hizo pastores de su grey, y de las almas que compró tan caras, que traen vestidos de ovejas y corderos y son dentro lobos rabiosos robadores, que no tratan sino de beber la sangre de los súbditos! Procuran con toda su ansia honras y dignidades, no para servir con ellas a Jesucristo, mas para sus gustos y deleites”. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Con esto, le desapareció aquella visión. Tornó la santa en sí y estuvo pensando en lo que había visto, lastimada en el corazón de lo que oyera a la Reina del Cielo. No tardó mucho tiempo el castigo amenazado y merecido. Vino luego una gran carestía de hambre, cerrose el Cielo y no llovió para que se pudiesen coger los frutos. De allí se siguió luego una gran pestilencia. Entró en España aquella enfermedad tan asquerosa y fea de las bubas, que con el tiempo se le ha perdido el miedo, y ansí se vieron el cuchillo, el fuego y el azote que se le reveló a la santa puestos en ejecución, para que se entienda que no fue antojo la visión, pues es esta la verdadera prueba y señal por donde Dios nos manda que las examinemos. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El día de la Ascensión de aquel mismo año, quedándose en el coro, como tenía de costumbre después de Maitines, llevada del afecto y amor de Jesucristo, se llegó a cerca del altar mayor, y allí fue levantada en espíritu y la mostró Nuestro Señor una visión maravillosa:&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Pareciole que la habían llevado a un campo espacioso, lleno de verduras y deleites; en medio d’él estaba un claustro grande, de paredes muy altas y de ricas piedras labrado. Vio que tenía cinco puertas como de vidrio o cristal, y en cada una estaba entallada la encarnación de Nuestro Señor, la Salutación del Ángel a la Virgen. Vio luego que salía, por cada una de las puertas, una procesión solemnísima de sacerdotes, vestidos de majestad y gloria, y caminaban a una casa hermosamente labrada, que estaba en aquel mismo campo. Entraron todas las procesiones dentro y se postraron delante del altar, cantando el himno Gloria in excelsis Deo. Acabado, estuvieron todos en gran silencio, y con tanta compostura y reverencia que no se miraban unos a otros. En el altar estaba la Santísima Virgen, con su Hijo en los brazos, y estas no eran figuras pintadas, sino vivas en cuerpo y alma, como si fuera en el mismo Cielo donde reinan. Comenzó la señora Soberana a decir en voz alta y lastimera, mostrando su Hijo al pueblo que allí estaba junto: “Veis aquí, hombres, el fruto [470] de mi vientre, tomadlo y comedlo. En cinco diferentes maneras es cada día crucificado por las manos de los malos sacerdotes: la primera, por mengua de fe; la segunda, por la codicia de los bienes de la tierra; la tercera, por el vicio torpe de la lujuria; la cuarta, por ignorancia, que ni saben lo que a sus ministerios conviene ni los misterios que tratan, ni procuran entender sus obligaciones; y la quinta, por la poca reverencia que tienen a su Dios y mi hijo, después que le han recebido. Ansí le tratan, como si fuese el pan que echan a los perros”. Habiendo dicho esto, llegó un sacerdote que parecía de mayor autoridad y reverencia que los otros, y vistiose para decir la Misa. Cuando llegó al punto de consagrar la Hostia, nuestra Señora le puso en las manos su Hijo, y luego quedó como en forma de Hostia. Levantolo en alto para que lo adorasen todos, y parecía como un rayo de Sol, y poco a poco se fue subiendo al Cielo, hasta que el Padre Celestial lo recebió en su seno, y sonó una voz que decía: “Este es mi hijo muy amado”. Entonces, un sacerdote de los que allí estaban, que había sido capellán de aquella Casa de doña [[María García]], y había fallecido algunos días había, se llegó a ella y le dijo: “Esto que aquí has visto tiene gran misterio, y significa a los que celebran este santo Sacramento de tal suerte que, aunque receben la verdad y la forma del Sacramento, no participan el fruto. Mira que cuentes todo lo que aquí has oído”. Y en estas últimas palabras, desapareció la visión. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Vuelta en sí, la santa comenzó a pensar en lo que había visto, y púsole mucho miedo, pensando no fuese alguna ilusión del enemigo que le había puesto aquello en la imaginación, porque de todo punto se tenía por indigna de cosas tan altas; por otra parte, dentro de sí misma, le parecía que tenía aquello una certeza tan grande que no pudiera el demonio entremeterse en cosa tan admirable. Ni sabía si lo diría o callaría. Al fin, se determinó de no decirlo a nadie sino a su confesor, debajo del sello de aquel Sacramento, pensando que se comprendía en él. El confesor quedó admirado cuando lo oyó, y aunque entendió que aquella visión venía de buenos principios, porque tocaba en lo fino, y declaraba la raíz de la corrupción de las costumbres del pueblo y de las faltas de los que habían de ser espejo de la iglesia, cosas que el demonio no había de procurar se enmendasen, con todo eso, mostró no hacer caso dello y la reprendió, diciendo que eran burlerías, antojos y fantasías de cabezas flacas de mujeres, quedando a la mira y ver en qué paraba el caso. Estas fueron las primeras cosas que pasaron por esta santa Virgen, que las refieren otros cortamente, y yo las relato con la fidelidad que las escribió su confesor, fray Juan de Corrales. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''CAPÍTULO XLV'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[2]'' '''Prosíguese la vida de la santa virgen María de Ajofrín, y las cosas admirables que Nuestro Señor obró en ella'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El mismo año luego adelante, día que se celebra en Toledo, y agora en toda España, el Vencimiento de la Cruz, quedándose en oración después de Maitines, cuando ya quería romper el alba, estando postrada delante del altar y roba- [471] da en espíritu, le apareció Nuestro Señor, llegose a ella y la mandó levantar; vio que venía cubierto con una alba o sobrepelliz y una estola al cuello, y por las piernas abajo le corría mucha sangre, y díjole ansí: “Como me ves, corriendo sangre, ando por las iglesias desta ciudad, desde esta hora hasta que tañen a la plegaria de a medio día”, y dicho esto, desapareció. Considerando la santa estas cosas, hacía con ardientes suspiros oración a Nuestro Señor por el estado de los sacerdotes, entendiendo cuánto le ofendía el descuido de sus vidas. &lt;br /&gt;
Entre otras veces, el día de San Agustín, estando rezando en una imagen de Nuestro Señor, que llamamos Verónica (teníala en un libro), se llenó la imagen de una claridad grande, y  luego la vio convertida en sangre. Diole esto gran dolor y turbación, no sabiendo qué hacerse, ni qué quería el Señor darle a entender en esto, teniendo siempre algún recelo de si esto era algún engaño del enemigo. Sucediole de aquí que, desde aquel día, jamás pudo comer bocado de carne ni entró hasta que murió cosa della en su estómago, y su manjar fue pasas o alguna otra fruta con el pan. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En fin de Setiembre de aquel año cayó muy enferma: llegó a punto de muerte al parecer de los médicos. Estando ansí, en el extremo de la vida, fue arrebatada en espíritu y quedó como muerta espacio de tres horas. Mandó el médico que le diesen algunos garrotes y le hiciesen mal para volverla de aquel paroxismo. Hiciéronle llagas en los pies, y en las piernas y en otras partes, pretendiendo despertarla o ponerla en acuerdo. En este tiempo fue llevada a aquel claustro donde vio primero salir las procesiones. Caminando para él, le salió el demonio al encuentro y quiso llegarse a ella para que no pasase. Llegó nuestra Señora y reheprendió al enemigo, rempujándole con su mano propia; y tomola luego por la mano y llevola al claustro, donde vio salir otra vez las mismas procesiones, y díjole la Reina del Cielo: “Este es el lugar donde te fue mandado que dijeses lo que habías oído y visto, y ansí otra vez te mando que lo que entonces y agora ves lo digas a tu confesor, y él lo diga a otras personas fieles, al deán y capellán mayor de la iglesia desta ciudad, y ellos lo digan al arzobispo, y se divulgue en toda la la Iglesia, que mi hijo está muy indignado por las injurias y escarnios que le hacen los que indignamente tratan sus misterios y Sacramentos”. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Desaparecida la visión y vuelta en sí, hallose sana. Díjolo todo a su confesor, y como hombre prudente se detuvo, y, aunque no se mostró tan duro ni tan incrédulo como la primera vez, le dijo: “Cuando yo diese entero crédito a esas cosas, ¿cómo lo creerán, (decidme, hermana) esas personas a quien queréis que se diga? Menester es, a mi parecer, alguna seña o alguna manera de certeza, para que ni se rían de vos ni de mí, teniéndonos por livianos”. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Como oyó esto la santa, afligiose mucho y por entonces no le respondió nada, pensando de responderle en una carta y buscar quién se la escribiese. Pasando acaso por un lugar de la casa donde estaba una ventanilla, vio en ella un pliego de papel y tomolo. Metiose en un sotanillo obscuro donde algunas veces ponían leña. Sentose ''[3]'' allí con harto deseo de hallar quién la escribiese su carta, porque ella no sabía, ni en su vida tomó pluma en la mano. Estando desta suerte, sin saber qué hacerse, vio que súbitamente resplandecía el papel y, sin saber quién ni cómo, [472] sintía que le tomaron la mano y se la meneaban como para escribir; y escribió dos cartas: la  una para su confesor, que a esta sazón era el cura o capellán de aquella casa, que se llamaba Juan de Velma ''[4]'', y la otra para el deán y para el capellán mayor de la iglesia. Escritas las cartas, desapareció la claridad, plegolas y púsoselas en la manga. Fue luego a hacer los oficios y ministerios en que andaba siempre como monja humilde ocupada, barrer, fregar y otras haciendas semejantes. Sacando agua de una tinaja para llenar una caldera, cayósele la una de las cartas dentro y detúvose en el aire antes de llegar al agua. También parecerá esto menudencia y cosa de aire a los censores rígidos, sin acordarse que también fue menudencia que la cuchilla del hacha que se le cayó al discípulo de Eliseo en el agua vino nadando a enastarse en el palo que tenía en la mano el Profeta. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Vino una destas cartas a manos del capellán mayor de Toledo y probó muchas veces la virtud que tenía dentro, porque la puso sobre algunos enfermos harto lastimados y tuvieron luego salud. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Cuando el cura vio las cartas, quedó maravillado, porque sabía muy cierto que la santa en toda su vida había escrito letra, ni tomado péñola en la mano, ni en aquel convento había quien hiciese tal letra, y tras esto leyó cosas en la carta que para él venía de que tenía evidencia, que solo Dios y él la sabían, y ansí estaba espantado y temeroso, entendiendo que habían escrito por modo más que humano. Con todo, no osaba dar parte dello a ninguno, sospechando siempre que le habían de tener por hombre demasiado crédulo y vano. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Determinose por entonces de callar, y respondiole por escrito, que él había recebido las cartas, aunque entendía que no tenía ella intento que se manifestasen ni saliesen a público, y ansí determinaba de guardarlas. La santa se afligió con esta respuesta; viendo la dureza y incredulidad de su confesor, querellose a Nuestro Señor dello. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Vinieron después los dos a hablarse y, aunque ella era como una cordera mansa y humilde, entonces se mostró enojada, y le reprendió duramente, llamándole pertinaz y cabezudo, pues a tan evidentes cosas no asentía. Hízole algunas razones harto perentorias, con que le convencía y mostraba que aquellas cartas habían sido escritas divinalmente. Desde aquel día, rogó la santa a Nuestro Señor que le hiciese merced librarle de aquellos negocios y encomendase su causa a otra persona que tuviese más autoridad y le diesen más crédito: pleito y petición muy ordinaria en los ministros humildes que el Señor ha escogido para remediar cosas graves, como si fuesen ellos los que lo han de hacer, y no la virtud divina que entonces resplandece más, cuando no hay de qué poderse gloriar la carne. Con esta determinación estuvo nueve meses, que, aunque tuvo algunas visiones y revelaciones, no descubrió jamás ninguna. Pasaba con el discurso de su vida humilde adelante, ejercitándose en el servicio de las hermanas, velando en continua oración y lágrimas, rogando a Nuestro Señor se apiadase de los que tan a su costa había redemido, y también rogaba a Nuestro Señor quitase la dureza de su confesor, para que le diese crédito o le diese alguna seña tan cierta que no pudiese dudar. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Guardó la santa la carta que se detuvo en el aire sin llegar al agua, teniendo gana de quedarse con ella, y enviar un traslado. No osaba darla a nadie que la trasladase, y pensó que sería bien [473] trasladarla ella, mal o bien, como pudiese, enseñándose a escribir con tan buena materia. Para esto, se encerró en un aposentillo y llevaba una ollilla con lumbre, para encender allí dentro una candela; en entrando, se encendió la candela por sí misma, sin llegar a las ascuas. Comenzó a probar y querer trasladarla, y sobrevínola un flujo de sangre a las narices que, en mucho rato, no la podía restañar. Púsose la carta en las sienes, pareciéndonle que cuanto más iba, más se iba abriendo la vena, y al punto se le restañó. Ansí se salió de allí, sin probar el traslado de la carta, y hizo Nuestro Señor con ella notables maravillas.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Estaba una niña de una mujer vecina allí muy mala: muriose el día de la Concepción de Nuestra Señora, y la santa, cuando lo supo, condolida de su madre, que la quería mucho, envió que pusiesen aquella carta encima del cuerpo de la niña. Pusiéronla y resucitó después de haber pasado siete horas que era muerta. Otra mujer tenía un pecho abierto y muy lastimado, que se le iba cancerando; pusiéronle en el la carta, y al punto fue sana.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Un clérigo principal de Toledo, a cuyas manos vino después la carta, fue a Santiago de Galicia en romería: llevábala con mucha fe y devoción en su pecho. Pasando cierto brazo de mar, cayó del barco en el agua, mojose cuanto llevaba hasta la camisa. Escapó con la vida y la carta salió enjuta, porque debía de estar escrita al olio de la caridad de Dios. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Ya la santa, entre sus hermanas, era conocida por cosa muy excelente, y con las muchas veces que la habían visto fuera y enajenada de sus sentidos conocían, aunque ella lo disimulaba y encubría, que Nuestro Señor le hacía grandes mercedes, y el discurso de su vida daba buen testimonio de todo. Prevínola Nuestro Señor y diole aviso que el día de Todos Santos quería comunicarle sus secretos y misterios, y hacerla particionera de los dolores de su Pasión. Parece ser esto ansí, porque ella misma le dijo a la priora, que entonces no llamaba más de hermana mayor, que en el punto que acabase de comulgar el día de Todos Santos, e llevase antes que fuese arrobada en espíritu y pusiese en algún aposento de la casa, donde no la viese nadie. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Fue el caso que en el punto que recebió el cuerpo de Nuestro Señor, antes de padecer el arrobamiento de lo que allí se le reveló, luego fueron tantos los gemidos y sollozos, y tan fuertes los golpes del corazón que dentro sentía que, que sin duda, fue milagro no espirar en aquel instante. Puso tanta fuerza y estribo tan fuertemente para callar y no dar gritos, diciendo lo que sentía, y aquel fuego y hervor del alma encendió y subió la sangre con tanto calor y ímpetu a la cabeza que vino a reventar por la frente y por las sienes, y se le vio una cuchillada en ella, como si se la cruzaran y abrieran con una navaja. Estuvo ansí muchos días abierta y la vieron muchas personas, y lo que de todo punto excede a cuanto podemos imaginar es que por el resto y cerco del celebro se le cortó el casco de tal suerte que, quedando por defuera sano el pellejo, se sentía la división con los dedos, y lo tentaron diversas personas; la cuchillada que era más visible se estuvo ansí muchos días, sin recebir beneficio ni medicina ninguna. Sintió desto tan extremado dolor que fue milagro no morir y, de hecho, de suyo la llaga y rotura era mortal, sino que el mismo que la heriría la sustentaba, para mostrar en ella la grandeza de sus maravillas. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Después de haber comulgado fue luego robada en espíritu y tan ajena de [474] todos los sentidos que, en cuarenta horas, no sentía cosa criada, aunque las hermanas hicieron demasiadas pruebas en ella, porque, temiendo no se les quedase ansí, porfiaron de tornarla en acuerdo, dándole muchos tormentos en las manos, pies y narices, y hicieron tanta fuerza por abrirle la boca que le quebraron una muela. Estuvo toda la noche de los Finados desta suerte; por tres o cuatro veces dio algunos aquejados gemidos, con notable estremecimiento del cuerpo. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Reveló después a su confesor que el tiempo que estuvo ansí vio cosas espantables que no las puede ni sabe decir la lengua. Vio a Nuestro Señor Jesucristo sentado en un trono de gran majestad y delante d’Él, gran multitud de gentes. En la boca tenía un cuchillo de dos filos muy agudo, y oyó que le decían que aquel cuchillo que el Señor tenía en la boca era la ira contra los malos ministros y pastores de su iglesia. Mandáronle que dijese esto a los varones que le habían señalado y los reprendiese, porque le echaban en olvido y eran negligentes en cumplir lo que se les había mandado, y hacían poco caso de la voz divina; que los amenazase con pena de la sentencia del Cielo, sino lo pusiesen luego por obra; que avisasen también al arzobispo y le dijesen viniese por sí mismo a poner remedio en aquellos cinco pecados de que Nuestro Señor tan gravemente estaba ofendido: falta de fe, codicia de las cosas del mundo, lujurias y sensualidades, ignorancia de las cosas divinas, y poca reverencia en ellas. Maldades y culpas en que cada día era como de nuevo Jesucristo crucificado, y que pusiese eficaz remedio en destruir y extirpar las herejías que en aquella ciudad iban sembrándose, y que no permitiese que se dijese misa en casa de personas seglares, porque había tanto exceso en esto que ya cualquier hombre particular quería que le dijesen misa junto a su cama, cosa de gran escarnio y menosprecio de las cosas sagradas. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
“Y para que seas creída, se te dará esta señal del Cielo, que este cuchillo que está en la boca de Dios traspasará a tu corazón, y hará en él una llaga de donde saldrá sangre viva, que será verdadero testimonio a todos, y tú serás participante y como un trasunto en quien se verán las llagas y los tormentos que el Hijo de Dios padeció en su Pasión”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Acabando de decir esto, se sintió luego herida y con tan gran dolor en el corazón que no se puede explicar, y en él una llaga tan grande que a lo que se veía por de fuera podía caber por la cuchillada la cabeza de un grande dedo pulgar. Mostrase abierta esta llaga veinte días enteros, y los viernes corría sangre en más cantidad que los otros días; y aunque le ponía algunos paños para restañarla no bastaba, porque corría hasta los pies. Viose ser hecha esta herida sobrenaturalmente, porque ni nunca se enconó, ni se mudó la carne circunstante, ni hizo materia, ni mostro género de corrupción alguna, aunque estuvo tantos días abierta, ni se le hizo género de remedio, ni aplicó alguna medicina. La sangre era tan limpia que parecía como de un palomino. Poníanle cantidad de paños, remudándolos; todos quedaban hechos sangre. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Quiso al principio la sierva de Dios esconderla, y hizo las diligencias que pudo, mas fuele dicho que la manifestase a sus superioras, a la patrona, y a la que llamaban hermana mayor. Mostró los paños sangrientos aunque con harta vergüenza; maravilláronse de caso tan [475] extraño. Espantadas ello y de la llaga, enviaron a llamar luego al confesor. Él, como prudente, puso todo el silencio que pudo a todas las hermanas, y recelándose no fuese esto alguna ilusión diabólica o otro fruncimiento humano, procuró informarse de todo el suceso. Vio la llaga, y quedó suspenso y como atónito; fuese a dar parte del caso al deán de Toledo, hombre de letras y prudencia, y al capellán mayor, don Diego de Villaminaya ''[5]''. Parecioles que no se divulgase el caso hasta que se diese bastante testimonio y se averiguase con la mayor certeza que fuese posible. Acordaron los tres, el deán y el capellán mayor y el cura o capellán, de llevar consigo un notario, persona de confianza, y fueron todos cuatro al monasterio. Hablaron con la hermana mayor, diciendo era menester que certificarse del caso, y que se hiciese aquello de manera que constase con mucha firmeza. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Mandáronla a la santa que se acostase y, cubierta honestamente con una sábana, abrieron por la parte del costado cuanto fue bastante para ver la circunferencia de la llaga y buena parte del pecho. Halláronse presentes estos cuatro varones, y la hermana mayor con la patrona de la casa, y todas seis personas vieron atentamente el costado herido y abierto, y lo tocaron con sus manos, estando la llaga tan viva y tan reciente que salía della sangre purísima, y el propio capellán mayor sacó con sus mismos dedos gran copia de hilas llenas de sangre. Advirtieron que aquella herida no se había podido hacer humanamente. Acordaron que el notario diese testimonio dello. Y porque este se guarda original en el archivo del Convento de la Sisla, de Toledo, me pareció ponerle aquí ad verbum, por ser tan notable el caso. Dice desta manera:&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
“Decente e cosa convenible es escribir por memoria las buenas obras e vidas de las personas que nos precedieron, porque podamos por los buenos ejemplos de aquellos obrar siempre bien, e nos esforcemos a apartar siempre del mal. Cosa cierta es que si lo precioso no fuese apartado de lo no tal, la concupiscencia local, no bastante de se temperar, sería demergida por curso muy ligero en un oscuro tragamiento. Por tanto, yo, Gracián de Berlanga, capellán de la serenísima Reina doña Isabel, nuestra señora, notario apostólico e arzobispal, afirmo e doy fe, que el año de la Natividad de Nuestro Redemptor e Salvador Jesucristo, de mil cuatrocientos y ochenta y cuatro, en diecinueve de noviembre, casi seis horas después de mediodía, por ruego e instancia de Juan de Biezma, rector de la Casa de doña [[María García]], entré en la dicha casa, para que notase lo que viese, y ansí notado lo guardase. Después pasados algunos días, aunque no muchos, quise demostrar lo que había visto al Reverendo, padre prior de la Sisla, fray Juan de Corrales, considerando aquel dicho del Eclesiástico, en el capítulo 41: ‘Que provecho hay en el tesoro escondido, etc.’ El cual dicho señor muchas veces me mandó que aquello que había visto que se lo diese por escrito; mas yo, por entonces, no pude satisfacer a su voluntad por muchos negocios que me cercaban e a ello no me daban lugar; aunque allende de lo tener escrito en el corazón lo tenía en mi protocolo hasta diez días de noviembre del año del Señor de mil cuatrocientos ochenta y seis. Y es, que, el dicho Juan de Biezma me metió en un palacio de la dicha casa, en el cual estaban los reverendos señores don [476] Pedro de Prejano, deán de Toledo, e don Diego de Villaminaya, capellán mayor en el coro de la santa iglesia de Toledo, e dos o tres religiosas de la dicha casa, e viendo en una cama que en aquel palacio estaba una doncella que verdaderamente parecía bulto de ángel, y tenía una llaga en el costado donde Nuestro Señor Jesucristo fue herido tan grande como un real, e no tenía hinchazón y carecía de toda putrefacción: tenía un color muy fino, ansí como grana, e después que todos lo hubimos mirado, a poco de rato habló aquella doncella estas palabras: ‘Dios Nuestro Señor os lo demande si no pusiereis aquello en ejecución’. Y ansí, espantado, me aparté de allí, e me torné a salir; en fe de lo cual lo signé y firmé de mi nombre que fue fecha en Toledo, año, mes, día quibus supra. Gratianus, notarius apostolicus”. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Cosas son estas ocultas y divinas; yo confieso que no sé qué decirme a ellas, aunque no faltan ejemplos harto parecidos a este en los Profetas del Viejo Testamento a quien Dios de hecho mandó profetizar y decir con sus mismas penas las cosas que quería reprender a su pueblo, y los castigos que por sus culpas quería darles. Mas esto es para otro lugar, que excede los lindes de historiador.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''CAPÍTULO XLVI'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Padece la sierva de Dios María de Ajofrín mucha parte de los dolores y tormentos que Nuestro Señor sufrió en su Pasión, y otras visiones admirables'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Pasados veinte días que bastaron para dar firme testimonio, en que sentía la sierva de Dios intensísimos dolores en el corazón, se cerró la llaga por sí misma, sin haberse puesto en ella ningún género de medicina, quedando allí una señal harto clara y visible de la herida, no en forma de cicatriz, sino como un rubí hermosísimo. No le cesaron por esto los dolores, hasta que después de muchos días Nuestro Señor la sanó del todo. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Estando así en la cama, porque la graveza del dolor no la dejaba fuerzas para levantarse, oyó un día las ruedas de las campanillas que tañían en la iglesia al tiempo que alzaban. Esforzose como pudo para levantarse y ponerse de rodillas delante de una imagen de nuestra Señora que tenía allí pintada en un papel, orando con hervoroso espíritu, y fue tan grande el dolor que sentía en las manos y en los pies, y tanto amortiguamiento de brazos y piernas, que hizo mucho en no dar dolorosos gritos; puesta en esta recia angustia, le pareció que le traspasaban la mano izquierda, y el dolor fue tan penetrante como si le atravesaran un clavo por ella. Puso luego el dedo pulgar en ella, porque las hermanas que allí estaban no le viesen la herida que de hecho Nuestro Señor le mandó dar, disimulándola después con revolverse un paño en la mano, y trajo esta llaga con harto intensos dolores más de cuarenta días, y quedó después la señal. Esta llaga no la mostró a nadie sino a su confesor fray Juan de Corrales, que afirma la vio por sus ojos; y porque Nuestro Señor sucesivamente regalando a su sierva quería sufriese los dolores que Él en su Pasión había sufrido, fuera del dolor gravísimo que siempre sentía en la cabeza desde el rompimiento primero, sintió un día súbitamente un dolor nuevo, tan vivo y tan agudo como si por el contorno della la metieran clavos [477] agudos ardiendo, y saltaron luego por todo el cerco gotas vivas de sangre. Duró esto muchos días, y poníanle las hermanas algunas cosas medicinales para mitigar la fuerza del dolor, aunque no servían de nada, porque heridas del Cielo no se curan con socorros de la Tierra. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Estaba el cuerpo de la tierna y santa doncella con todas estas tan amorosas y santas heridas y con la fuerza de los dolores muy consumida, y con todo eso, queriendo el Esposo Soberano hacerle mayores favores, y que el discurso de sus penas se fuesen retratando en ella, el primero día del año siguiente, que es su santa Circuncisión, le fue dicho que revelase y dijese lo que se le había  mandado a las personas que le habían señalado. Respondió la sierva de Dios que ella no podía hacer aquello porque era una criatura vil y desechada, y antes parecía burla y escarnio que testimonio de Dios, y que no lo haría. Acerca deste rehusar y escusarse desta santa, y de otros muchos que en la Santa Escritura hallamos haber hecho esto mismo, se ofrecía una excelente consideración; si las leyes de la historia nos dieran licencia para divertirnos a ella, no faltara ocasión donde decirla. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Luego a la noche, estando en oración fue arrobada en espíritu, y lleváronla delante del tribunal de un juez, que se mostraba con rostro y semblante airado y espantoso. Reprendióla duramente porque no quería obedecer a sus mandamientos, y mandola azotar a un ángel por inobediente; los azotes fueron tantos y tan duros, que le quedó todo el cuerpo magullado; alcanzábanse los unos a los otros, sin haber cosa que no estuviese como molida, aunque por de fuera ni se vían ronchas ni cardenales, porque la mano sutil del ministro desta justicia sabía lastimar lo de dentro, dejando la corteza santa. Este dolor y quebrantamiento le duró poco menos año y medio, callándolo la santa, sufriendo por el amor grande de su Esposo y Señor las heridas y azotes de su mano. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Acertó una vez que tenía la toca mal puesta y la hermana mayor quiso aderezársela; metió la mano por el cuello y las espaldas, hallola tan lastimada y magullada la carne, que, entendiendo ella se había puesto así disciplinándose, la reprendió mucho por hacer aquello con tanto exceso; la sierva de Dios confesó la verdad del caso, de que quedó maravillada, confirmándose ser así, porque sin mostrarse por de fuera señal alguna, tenía todo el cuerpo parejo de la misma suerte magullado, cosa que no se podía hacer con azotes de manos humanas. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Cuando estuvo la primera vez transportada por espacio de cuarenta horas, y recibió la llaga del costado, dijo la sierva de Dios que la llevaron por el purgatorio, donde vio penas y tormentos terribles, que no se pueden explicar con nuestra lengua, donde no se oían sino lloros, gemidos, gritos y alaridos temerosos, y figuras de animales extraños, fieros, espantosos, jamás vistos ni imaginados en la Tierra, y que con sola su vista bastaría a quitar la vida al más valiente. Dijo que vio muchas diferencias y maneras extrañas de gusanos, y estaba todo el suelo tan lleno de1los que apenas había dónde asentar el pie. Entre otros, vio uno del tamaño de una cuarta de vara, y de anchura de tres o cuatro dedos, cubierto de unas conchas de fuego y unas uñas fuertes y agudas;  deste gusano preguntó la santa al ángel que la iba guiando qué era, y la respondió que aquel gusano era el que llaman de la concien- [478] cia, que está oyendo el alma del cuitado pecador antes y después que acometa el mal, y después que el hombre muere es lo que más le atormenta, viéndose sin remedio y que estuvo tan en su mano no hacer el mal que la conciencia decía que no hiciese. Llegábase uno de aquellos gusanos, abierta la boca, y quiso morderla en el pie, si no se lo estorbara el ángel, y solo permitió que le tocase en lo bajo del dedo meñique: llegole con una uña y sacole un pedazo de la carne con excesivo dolor. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Pasando más adelante por aquel lugar del purgatorio, vio un clérigo que aún era vivo, cura de una iglesia a quien ella conocía, en una pena de gran aflicción. Tenía ceñida por el cuerpo una fiera serpiente de dos cabezas: con la una boca le roía el espinazo y con la otra el estómago; y junto d’él, un dragón espantoso, que tenía encima del lomo una esportilla, y en ella un niño que daba grandes gritos, demandando justicia al Señor de la pena que sufría y había de sufrir para siempre de no ver a Dios, por la culpa de aquel clérigo. Preguntó esta santa al que la guiaba qué era aquello, y respondiole que aquel niño no fue bautizado por culpa de aquel clérigo, que era su cura, y demanda a Dios justicia de un mal tan irreparable. Espantase mucho la sierva de Dios desto, y hizo oración por él, y sucedió que, estando él diciendo misa de allí a ocho días, en acabando de alzar, fue esta virgen robada en espíritu, y vio que aquel cuitado cura tenía ceñida al cuerpo una serpiente con tres cabezas: una le comía el corazón, la otra la lengua y la otra las espaldas, y el niño daba gritos delante d’él, y decía: “Por su causa no veo a Dios; por ti no recebí el agua del bautismo; por ti me quedé hijo de Adam y no llegué a tan gran bien como ser hijo de Dios, y no alcanzarás jamás perdón de tan grande cargo”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
De allí a poco más de a tres días, esta santa llamó al cura y le dijo todo lo que había visto, de que quedó el pobre hombre tan espantado que perdió el habla por más de media hora. Cuando ella le vio tan derribado, esforzole lo mejor que pudo, animándole a que hiciese penitencia. Él le dijo que se maravillaba mucho cómo había entendido cosas tan secretas, porque junto con aquello le había amonestado se enmendase de otros pecados muy graves en que ofendía mucho a Nuestro Señor. Conociolo él todo, entendiendo que Dios le había revelado a su sierva el estado de su alma. Después descubrió este sacerdote a la santa que, estando otro día diciendo misa, cuando volvió la hoja del canon vio en ella cinco gotas de sangre, y fue caso cierto que él murió de allí a cinco años, día de San Miguel. Rogó ella al Señor con gran afecto por el ánima de aquel clérigo y dos días antes de la fiesta de San Francisco, estando sola la santa, tuvo grande miedo, pareciéndole que estaba junto a ella un bulto grande y no sabía qué era, y el día del mismo santo, antes de amanecer, se le representó muy espantable y le dijo cosas extrañas, que habían pasado entre él y otra persona en secreto. Todo esto parece que eran tristes señales de su salvación y que hubo falta de verdadera penitencia: negocios secretos que se quedan para Dios. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Como el padre fray Juan de Corrales viese tantas y tan claras señales que estas cosas eran divinas y que no podía ya padecerse engaño en ellas, pues se habían hecho tantas pruebas y confirmaciones, y la causa era tan grave y importante, y tan para el servicio de Nuestro Señor,  como la enmienda de los vicios, pecados y herejías que en [479] aquella ciudad entonces se sembraban por los judíos y moros, cosas tan dignas de remedio, asegurose no podía ser que el demonio, adversario de Jesucristo, pretendiese por este ni por otro medio, el remedio dellas, pues según la sentencia del Señor no querrá dividir ni destruir su Reino. Ansí determinó de dar larga noticia y relación destos sucesos al arzobispo de Toledo, que a la sazón era el cardenal don Pero González de Mendoza. Díjole todo lo que había entendido hasta aquel punto de palabra, y dejole una relación que había escrito de todo ello. El arzobispo tornó atentamente a leer todo el discurso, y respondiole con esta carta: &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
“Venerable padre: &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Esta noche pasada, a las dos después de medianoche, tomé esta lectura que me dejastes y nunca la partí de mis ojos, hasta que capítulo por capítulo la pasé y leí toda, que en ella no quedó letra que no la leyese, y lo que más me maravilla es que ansí se me pegó al corazón que no dude della cosa alguna. Como quiera que soy tardío en dar crédito a estas revelaciones, y al cabo vi el testimonio del notario y la confirmación de los testigos, varones y mujeres, a quien toda fe debe dar y a cualquiera dellos yo la daría, aunque fuese solo, cuanto más a todos juntos, a los cuales yo conozco, excepto a la hermana mayor, que por tener el cargo que tiene está aprobada de suyo. Conozco bien al notario, que es hombre de bien, y digno de fe. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Maravíllome de tantas visiones en el cuerpo y en el espíritu, y maravíllome mucho más hallarse en mujer tanta dureza, en no querer decir lo que tantas veces vio y sintió, mayormente siéndole mandado por quien todo lo manda y rige, lo cual es señal de su grandísima humildad y del menosprecio que tiene de la gloria mundana. Por lo que a mí me toca, le dad vos padre por mí las gracias, y Dios Nuestro Señor se las dé, y la pena que padece le será en ciento doblada gloria; y si hay alguna cosa que yo pueda hacer por consolación suya, ofrécesela vos de mi parte muy enteramente, y recomendadme a ella, rogándole que me tenga encomendado en su oración, rogando a Nuestro Señor me deje acabar en su servicio y hacer en esta vida su voluntad”. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Recibió la sierva de Dios este recado del arzobispo y escribiole ella una carta; y sucedió que después de habérsela escrito una hermana, y notándola ella, queriéndola enjugar, porque no tenían salvados que echarle, llegáronla demasiado a la lumbre. Quemose parte della, de suerte que era necesario tornarla a escribir; la secretaria, que se llamaba Inés de San Nicolás, se afligió, porque la carta era larga. Díjole María de Ajofrín: “No se aflija hermana, vamos, que otro día se hará”. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Echó la carta en una arquilla que tenía. Volvió la escribana otro día para trasladarla, y al tiempo que la sacaron del arca, la hallaron sana, y la envió con el mismo padre fray Juan de Corrales. Recibió esta carta el Cardenal, aunque no supo lo que con ella había pasado, y respondiole desta manera:&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
“Devota y muy amada hermana: &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Con vuestra carta y con lo que el padre prior de la Sisla me dijo, hube gran consolación Nuestro Señor Dios, que os puso en tal estado, os deje acabar en su servicio, y a mí me dé gracia que pueda hacer su voluntad, y poner en obra lo que vos me aconsejáis, y ansí os pido que lo demandéis a Nuestro Señor  y a su bienaventurada Madre, y en vuestras oracio- [480] nes, y a vos me encomiendo, y porque al padre prior de la Sisla hablé largo, no digo aquí más, sino que Nuestro Señor os conserve en su gracia”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Como esta santa se trataba tan mal y hacía tantas penitencias, allende de los dolores que en si sentía de las llagas con que probaba los que el Señor había padecido por ella, caía enferma muchas veces. Estaba una cuaresma mala en la cama y deseaba entrañablemente comulgar. No osaba pedir le trajesen el Cuerpo del Señor, por no parecer singular. Con esto estaba grandemente afligida, y rogaba a Nuestro Señor,  con muchas lágrimas, se apiadase della y le diese salud para levantarse a oír misa y comulgar. A la hora del alba vio junto a sí un niño muy hermoso. Turbose la santa y no osaba llegarse hacia él, porque era de tan gran belleza que le ponía admiración, y se le turbó el habla. De allí a un poco, algo más esforzada y vuelta en sí, le preguntó con mucho temor si era señor San Miguel, de quien la santa era muy devota. El niño, con singular donaire y gracia, meneó la cabeza, como diciendo que no, sin hablarle palabra. Tornole a preguntar si era señor San Francisco y sonriose el niño, haciendo también semblante que no era. Preguntole algunas veces, con mucha reverencia, que le dijese su nombre, entonces le respondió: “Yo soy muy poderoso y mi nombre es de grande majestad”, y diciendo esto, llegose a ella, diole paz en el rostro, y púsole la mano en la cabeza y díjole: “Sana eres de tu enfermedad, levántate y irás a misa”. En diciendo esto desapareció, quedando la santa tan llena de alegría y de consuelo en el alma, que le pareció estaba como en gloria. Levantose y hallose sana de la enfermedad que entonces padecía y de un intenso dolor de cabeza, que estas eran enfermedades suyas, porque de los dolores que sentía en pies y manos, y en los otros lugares de las llagas, antes de allí adelante sintió más intenso dolor que nunca, porque la parecía que la lanzaban clavos por ellas, y, desde aquel día, sentía los viernes mayor dolor en todas estas partes, desde la mañana hasta después de vísperas. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El año de ochenta y cinco padeció otra enfermedad grave. Diéronle primero unas recias calenturas, y después en las octavas de la fiesta de nuestro padre San Jerónimo le sobrevino un dolor de costado muy agudo, echando por la boca cantidad de sangre, y ella, sin consejo de médicas, se atrevió a tomar unas píldoras con que llegó a punto de muerte. Y pareciole que se le arrancaba el alma de todos los miembros, y solo hacía asiento en el principio vital, que es en el corazón, donde siempre perseveraba la llaga, aunque por de fuera no había quedado sino la señal. Estando ansí, apareciole una mano que conocía en visión era del arcángel San Miguel, apretándole con ella el corazón y la llaga. Con el esfuerzo que con ella sintió pudo hablar, confesarse y recebir el Santo Sacramento, porque, como no había comido en muchos días y las evacuaciones de cámaras y sangre habían sido tantas, estaba de todo punto consumida. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Rogó a la hermana mayor que la llamasen al padre prior de la Sisla para que la confesase y diese los sacramentos. Era esto sábado. Venida la noche, estaba la santa pensando cómo había de recebir a Nuestro Señor muy alegre, porque entendía que había de partir de este mundo, y encomendaba con mucho hervor al Señor los dos monasterios, el de la Sisla y el [481] de doña [[María García]]. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Estando ansí, fue arrebatada en espíritu, y vio al religioso que le había de venir a comulgar que le decía misa, y cuando llegó a las palabras de la consagración, Nuestra Señora, que estaba en el altar, le daba el Niño que tenía en los brazos, y el sacerdote le dividía en tres partes, quedando en cada una alegre, vivo y entero. Había en el altar grande resplandor y los ángeles sustentaban al sacerdote por los brazos. Vio allí a las dos santas vírgenes: Santa Catalina y Santa Bárbara, llegáronse a ella y le dijeron: “Mañana, lunes, a las nueve horas, recebirás a Nuestro Señor en este resplandor que aquí ves y serás sana”. Ansí fue como las santas se lo dijeron. Vino el prior de la Sisla a confesarla y rogole mucho que no se tornase al monasterio hasta otro día, porque, si Nuestro Señor la llevase, se hallase presente a su muerte; y si aquella noche no moría, quedaría sana del todo, y ansí sucedió. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Queriendo recebir el Santo Sacramento el lunes de mañana de mano del prior, al punto que se volvió a ella con la Hostia en la mano para comulgarla, vio en el pecho y manos del prior un resplandor muy crecido y permitió el Señor que también lo viese una niña de hasta tres años, poco menos, que apenas hablaba y estaba allí con su madre, y dijo con palabras claras que vía en las manos del sacerdote y en la enferma una gran claridad que parecía el sol.  Y no la vio ninguna otra persona de las que allí estaban. En recibiendo el santísimo cuerpo de Nuestro Señor Jesucristo, fue robada en espíritu, perdió el sentido y quedó en un éxtasi soberano por espacio de nueve horas. Procuraron despertarla las compañeras contra el mandamiento del Esposo, que veda no quiten a su querida esposa deste sueño hasta que ella quiera despertar. Y vuelta en sí, abrió los ojos y dijo aquel verso y principio del salmo: “Benedicat anima mea Dominum, &amp;amp; omnia quoe intra me sunt nomini santo eius”. Y luego se halló sana de todos los dolores y enfermedades que antes padecía. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Pesole mucho de tornar a esta vida, porque tenía ardientes deseos de salir de la cárcel deste cuerpo. Importunábanle mucho que tomase algún mantenimiento, porque estaba muy flaca y había días que no comía cosa ninguna. No quiso, diciendo que no tenía necesidad, porque habiendo comulgado no le era cosa difícil sustentarse cuarenta días con sola la suavidad que aún corporalmente sentía. La vigilia de Navidad estaba esta santa enferma en la cama, porque casi nunca traía salud. Padecía a esta sazón grandes dolores en el cuerpo, y con todo se esforzó lo más que pudo, y aparejábase para comulgar. Sobrevínola tan gran dolor de cabeza, y padecía tan fuertes latidos y golpes en el corazón le parecía querérsele despedir el alma. Reconciliose, y fue a comulgar: decía la misa el capellán mayor de la Iglesia de Toledo, y cuando se volvió con el Santo Sacramento para dárselo, ella, con el fuerte deseo, lanzó un aquejoso suspiro y levantó las formas, de suerte que sin duda cayeran en el suelo, sino que vio cómo llegaron con gran presteza tres ángeles, y las detuvieron en la patena. Desde allí se tornó a la cama con tan intensos dolores en cuerpo como llena de suavidad en el alma. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Vino la noche, y cuando [482] oyó tañer a Maitines en las iglesias, ardía de devoción y deseo de hallarse en ellos, y esforzose como mejor pudo, no sufriéndole la devoción estar en tan santa noche del nacimiento del Señor en la cama. Levantose y fuese a la iglesia: estábase allí, puesta de rodillas, derramando lágrimas de sus ojos, contemplando aquel divino nacimiento. Vio cerca de la medianoche, con ojos corporales, de[s]cender un resplandor soberano en el altar, y a Nuestro Señor,  en figura y talle de niño más resplandeciente que el Sol, cómo nacía de la Virgen Madre, y cómo se derribó luego gran multitud de ángeles a adorarle y cantarle himnos de gloria. Duró esta adoración media hora; acabada, vio entrar los pastores muy alegres. Estuviéronse allí algún espacio y fuéronse, y de allí a un poco entraron los Magos de Oriente, y venían con ellos tres soles de grandísima claridad, y llegando al altar, le pareció que todos tres se hacía uno. Los reyes y todos los que con ellos venían adoraron con profunda reverencia al niño y le ofrecieron sus dones, y por este mismo orden vio los demás misterios que en el nacimiento de Nuestro Señor pasaron, porque duró la visión desde las doce de la noche hasta las tres de la mañana. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
A las tres vino el capellán mayor de la Iglesia de Toledo, con deseo de hacer algún servicio a aquellas siervas de Dios, y decir la misa primera de aquella santa noche y comulgarlas. Trajo consigo músicos de la iglesia para que la oficiasen. Al punto que salía vestido al altar, vio luego esta sierva de Dios dos antorchas de un fuego y resplandor extraordinario encima del altar, y de cada una salían cinco rayos que venían hasta ella. Celebrose la misa con grande solemnidad, y cuando comenzó Los Santos, vio descender sobre el altar tanta multitud de ángeles que cubrían al sacerdote desde los pies a la cabeza. Subían unos y bajaban otros con grandes muestras de extremada alegría y, cuando hubo de alzar, los mismos ángeles le levantaban los brazos; cuando llegó al Pater Noster, ya la sierva de Dios no se pudo sostener sobre las rodillas, y con el ansia y vehemencia del espíritu, cayó postrada en el suelo, aunque tenía el alma llena de un gozo divino. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Estuvo desta manera postrada hasta las doce del día, sin moverse de aquel lugar; dadas las doce estaba muy fatigada, porque había estado allí desde la diez de la noche. Levantáronla algunas de aquellas hermanas, y lleváronla a la cama, y a la tarde, por satisfacer a los ruegos dellas, comió un poco de carne de membrillo, y sin tomar otra cosa alguna pasó lunes y martes, y el miércoles comió solamente un huevo, donde se vía harto claro que el manjar divino la sustentaba contra toda la condición de la carne. De todo esto no descubrió cosa alguna a persona viviente jamás sino solo a su confesor, que era el prior de la Sisla, que le tenía mandado, por obediencia, no le encubriese cosa alguna de cuanto el Señor le mostrase. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''CAPITULO XLVII'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Prosiguen se las revelaciones y visiones grandes que mostró el Señor a su sierva María de Ajofrín, y las cosas señaladas que por ella hizo'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[483] Ya que me determiné a escribir la vida desta santa, acuerdo de decir las más notables cosas que Nuestro Señor le mostró, y las obras milagrosas que por ella hizo, aunque atrancaré algunas por no parecer menudo. El año de mil cuatrocientos y ochenta y seis, creció por el mes de diciembre con las continuas aguas el río Tajo en tanta pujanza que, en muchos días, no pudieron moler los molinos. Padecíase grande hambre por la falta de las moliendas Sintió la santa mucho la aflicción del pueblo. Estuvo una noche con gran desasosiego, que no podía dormir con la pena que esta falta de pan para los pobres le daba. Levantose de la cama, sin que alguna de las hermanas la sintiese; subiose a un terrado de donde se descubría el río, alzó sus ojos al cielo y echole su bendición, y tornose a un aposentillo secreto y apartado, donde estaban unas imágenes viejas, y púsose a orar extendiendo los brazos en forma de cruz, tendida en el suelo, pegando el rostro con la tierra. Era cerca de la medianoche, y oró al Señor y a su Santa Madre tuviesen por bien apiadarse de los pecadores y amansar el rigor de su ira. Sintió luego que estaba levantada en el aire, y de allí a un poco, vino una claridad que alumbró el aposentillo, y vio las imágines que allí estaban pintadas, tuvo miedo y comenzó a llamar al Señor en su ayuda. De allí un poco, vio otra más excelente claridad, y vio luego a la Virgen santísima, Nuestra Señora, con el semblante triste y el cabello revuelto y los ojos llorosos, y díjole a la sierva de Dios: “Sepas, hija, que todas las aguas que han caído por el discurso de tantos días habían de haber caído en tres, y la mayor parte dellas sobre esta ciudad, donde pereciera mucha gente por los grandes pecados que en ella hay, con que es mi hijo gravemente ofendido; y por las oraciones que has hecho por este pueblo al Señor y a mí, yo le presenté tus ruegos; por ellos se ha movido su clemencia y amansado su saña, y yo, por la piedad que tengo al pueblo cristiano, vengo a ti cual me ves”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Dicho esto, desapareció la visión, y la santa quedó como atónita, caída de rostro en el suelo, donde estuvo como amortecida y sin sentido algún rato. Levantose luego llena su alma de gran admiración y consuelo, alegre y confortada en el espíritu. No descubrió esto jamás a ninguna de sus hermanas. Comenzó luego a serenarse el suelo y a enjugar el aire. Cesaron los nublados y el río se tornó a sus canales, y hubo luego pan por las oraciones de la santa, aunque no sabía aquel pueblo de dónde le venía tanto bien, que ansí acontece muchas veces, y nosotros, como gente de poca fe, lo echamos a las conjunciones de la luna y a otros astros, habiéndonos dicho Dios que no temamos de las señales y estrellas del cielo, sino a los pecados que son la causa de los castigos que de allá nos vienen, y de aquí se había de tomar la razón de los reportorios y pronósticos que tan vanamente se han multiplicado estos años en España, quiera Dios no sepa a paganismo. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Uno de los que tenían mucha noticia de la santidad de María de Ajofrín era el deán de Toledo, que después fue obispo de Badajoz, y uno de los testigos de la llaga de su costado. Habló muchas veces con esta santa doncella, y entre otras le rogó una vez suplicase a Nuestro Señor pacifi- [484] case la discordia que había entre ciertos personajes de la Corte, porque de sus discordias se seguían grandes daños en el Reino y podían cada día ser mayores. Obedeció la santa a sus ruegos y púsose en oración una mañana en el terrado de aquella casa, antes que saliese el sol (era en las octavas de la Resurrección el año de ochenta y seis); estando allí, vía hacia aquella parte donde rehía el alba un resplandor extraordinario; cuando comenzó a despuntar el sol le estuvo mirando tan sin embargo de la fuerza de sus rayos, como si fuera otra estrella. Dentro del cuerpo solar, le pareció vía un agujero por donde se parecía lo de más adentro del Cielo, y de allí salieron grandes rayos de claridad a diversas partes, y dentro, una cruz de oro muy resplandeciente, que se la estuvo mirando hasta que tañeron a prima. Vido también en el aire, no muy apartado della, uno que le parecía del color de la luna, que peleaba contra otro. Pasado algún espacio, volviéronse los dos las espaldas y cesó la pelea. Subió a esta sazón una de las hermanas, y ella se levantó de donde estaba, y así no vio el fin desta visión, mas viose el efecto, porque aquellos personajes discordes desistieron de su enemistad y contienda, y vinieron a ser amigos. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Otra vez, estando rezando en un libro a una ventana que salía al aire claro, a hora de tercia, vio muy cerca de sí un rostro como de luna espantable y temeroso, y dentro de su cerco, dos que peleaban fuertemente, el uno contra el otro, y cayó mucha gente de sus escuadrones muerta. No pudo entender lo que aquello significaba, hasta que después vino la triste nueva de la prisión del Conde de Cifuentes, cuando le cautivaron los moros en las entradas del Reino de Granada, como se ve en la Historia de los Reyes Católicos. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Estaba una vez una de las hermanas de la misma casa poniendo a enjugar una saya en una pared donde alcanzaba el sol, subió en una escalera para clavar un clavo que llevaba para colgarla; llevaba un ladrillo para esto, cayósele de la mano y dio de canto en otra religiosa que tenía la escalera, y hízole una mala herida en la cabeza, de donde le corrió mucha sangre. Hallose cerca esta sierva de Dios y, condolida della, acudió luego, y con piedad y devoción púsole la mano en la herida, diciendo tres veces “Jesús”: hinchole la mano y los dedos de sangre, y apretándole un poco, bendíjola, y luego cesó la sangre, y sanó la llaga en breve espacio, sin ningún otro remedio ni medicina.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En el mismo pueblo de Ajofrín, corría un caballo, el hermano desta santa trabucó en la carrera, y dieron él y el caballero una peligrosa caída: con la fuerza del golpe se hizo la silla pedazos y el mozo quedó atormentado, de donde le sucedió un grande corrimiento y pasión de ojos. La madre d'él y desta santa estaba muy triste, porque había pocos días que había enterrado otro hijo; cuando le dieron la triste nueva de lo que a estotro le había acaecido, fue tan grande el dolor y la turbación que se le torció la boca y los ojos: era grande lástima verla. Dieron noticia a la santa de lo que había sucedido a su madre, y lastimase mucho de la desgracia. Fuese luego a un altar de Nuestra Señora, que su misma madre había mandado hacer, y rogó allí a la santisíma Reina fuese servida de darle salud. Tuvo respuesta dentro de su corazón de que su pe- [485] tición era oída, y díjoles a los que le trajeron la nueva dijesen a su madre que tuviese esperanza en Nuestro Señor, y le hiciese gracias por todo, que el domingo siguiente sería sana por merced de Dios. Ansí fue que, sin otra medicina, el domingo mismo quedó tan sana como antes estaba. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El mismo año de mil y cuatrocientos y ochenta y seis,  murió el cura o capellán de aquella casa, que se llamaba Juan de Viedma que, como dijimos, había confesado muchas veces a esta santa. El día de San Francisco sintió que estaba junto della un bulto que le ponía gran temor; quiso levantarse de donde estaba acostada y la sombra le habló y dijo: “Esforzad y no hayáis temor, ni os vais de aquí; y por la caridad del Señor os plega de oírme, porque seis noches ha que ando aquí penando, y por sentiros con tan grande desfallecimiento y no daros pena no me he osado descubrir. Pídoos perdón de muchos enojos que os di, y de aquella carta que os escribí, que fue causa de daros mucha pena y turbación en pago de las santas amonestaciones que me hicisteis, y de los buenos consejos que no supe recebir para el gobierno desta casa, y yo los despreciaba con altivez y atrevimiento, sin mirar que, como sierva de Dios, me decíades de parte d'Él lo que tanto me importaba; y también os pedí algunas veces, con gran soberbia, que mandásedes señales a Dios, y puso el Señor en mis manos lo que no eran dignos de ver mis ojos. Por esto, os digo que os esforcéis mucho y no dejéis de manifestar al Cardenal lo que os fue mandado que le dijeses, ni temáis trabajos temporales, ni el ser conocida, porque si no lo hiciéredes, seréis azotada del Señor rigurosamente, y porque no penséis que soy alguna ilusión o fantasma engañoso, sabed que yo soy el cura y capellán desta casa, que sabéis cuán poco ha que pasé desta vida, y os ruego digáis al padre prior de la Sisla, y a la hermana mayor que, por amor del Señor, me perdonen en cualquier suerte que los haya ofendido, y también tengan por bien perdonarme seis mil maravedís, que soy en cargo a esta casa, y un libro que vendí, y que me hagan decir cincuenta misas de limosna, y vos, rogad por mí, porque el Señor me saque desta pena. Dicho esto desapareció, y la santa quedó suspensa, y casi sin habla. Estuvo ansí cuatro horas poco menos, y después puso diligencia en que se cumpliese todo lo que le pidió, rogando a Nuestro Señor por su alma con ferviente corazón.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El día que murió el capellán mayor de la Iglesia de Toledo, don Diego de Villamiñaya, de quien he hecho memoria por veces, estaba toda la ciudad de Toledo muy triste por la falta que les hacía un hombre tan pío y limosnero, padre de todos. Gastaba cuanto tenía con pobres y huérfanas, y favorecía todas las casas de piedad y religión; y a la Casa de doña [[María García]] le cabía desta pérdida mucha parte por las continuas buenas obras espirituales y corporales que d'él recebían, porque era como un patrón y protector de toda aquella santa congregación. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Murió entre las diez y las once del día, al punto que estas siervas de Dios y la santa, María de Ajofrín, estaban en la misa. Cuando comenzaron a hacer clamor en la iglesia mayor, fue arrobada en espíritu la santa, y vio cómo San Juan Bautista y el sagrado dotor, nuestro padre [486] San Jerónimo, y Santa Catalina, llevaron el ánima del capellán mayor a juicio delante de la Divina Majestad, donde tenía su trono en un hermoso campo, lleno de frescura y gloria, donde había infinitas almas, dando loores al mismo Señor. Allí vio cómo fue acusado delante del juez de un cargo que tenía a un difunto que le había dejado por su testamentario, y no había cumplido su testamento. Respondió al cargo que él dejaba ordenado en su testamento que aquella obligación se cumpliese, y luego el juez soberano dio por sentencia que su ánima fuese detenida en aquel mismo lugar, y no entrase en la Gloria hasta que fuese cumplida y satisfecha la manda. Como la santa oyese esto, quedó como fuera de sí, llena de dolor mezclado con alegría porque, aunque estaba detenida aquel alma de no ver a Dios, estaba al fin con tanta seguridad de su bienaventuranza. No osó descubrir a ninguno esto, sino solo al prior, que le tenía mandado no le encubriese nada. Informose él mismo si quedaba esta manda en el testamento, halló ser ansí, y puso gran diligencia en que se cumpliese con presteza, cosa de que esta santa ninguna noticia tenía, sino que el Señor fue servido manifestárselo para el bien de aquel alma.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Cayó mala la hermana mayor del convento el día de San Lorenzo ''[6]'' de un dolor de costado que la puso en lo último, tanto, que los médicos la desampararon: levantósele el pecho y daban ya todos por concluida su vida. Sentía mucho nuestra santa la pérdida de su superiora, que era mujer santa y de prudencia y gobierno. Cuando la vio ansí, fuese a la iglesia a las ocho o a las nueve de la noche, y púsose a orar delante el altar de Nuestra Señora; y estuvo allí hasta las doce, rogando con muchas lágrimas a la santísima Reina fuese servida darle salud, porque no quedase ella desamparada de tan buena madre. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Estando ansí, en su importuna petición y lágrimas, vio que el rostro de la imagen se cubría de sudor; pensó que se le antojaba y que las lágrimas que ella tenía en los ojos le parecía que estaban en el rostro de la Virgen; para ver si era ansí, atreviose a llegar con su toca y limpiarle el sudor, y por tres veces hizo esto, de tal suerte que quedando la toca humedecida se lavó los ojos y la cara con ella; del placer que tomó, tornó con más confianza y alegría a rogar por la salud de la hermana mayor. Oyó luego una voz que le dijo: “Otorgada le es la vida, por tu consuelo y remedio”. En oyendo esto, quedó robada en espíritu y vio, estando ansí, al glorioso mártir San Lorenzo, en semblante de mancebo hermosísimo, vestido como diácono, con grande claridad y resplandor: llevaba en la mano una bujeta de oro, y llegose a la cama donde estaba la enferma y púsosela en la cabeza y en el costado, santiguola con su mano y luego se fue.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Cuando volvió en sí la sierva de Dios de aquel trasportamiento, fuese muy alegre a ver la enferma y halló que dormía reposadamente; cuando despertó se sentía tan aliviada de su aprieto, que le pareció no tenía mal ninguno, y ansí fue porque luego estuvo buena. Y claro está que dirían los médicos que la enfermedad se había terminado bien y que, por la ayuda de los medicamentos que la habían aplicado, la naturaleza había vencido al mal, y no les iría a la mano la que con sus lágrimas le había alcanzado la salud, porque, como virgen prudente, callaba, que es de locas ir a buscar el olio de los loores vanos del mundo.  Solo lo reveló a su [487] confesor, por la obediencia que le tenía puesta, de que hago muchas veces memoria, porque, si no fuera por ella, todo esto quedara sin saberse.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Estaba un hermano desta santa preso, harto apretadamente, con muchas prisiones.  Rogaba a Dios por él y encomendó otras hermanas que le ayudasen también con sus oraciones, pidiendo a la Virgen santísima, delante de su imagen, que le librase de aquel aprieto. Apareció al preso la imagen misma de la Reina soberana, y quitole las cadenas y grillos de los pies, y díjole que, por las continuas oraciones de su hermana y de otras siervas de Dios de aquel monasterio, sería libre de aquella cárcel. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Adurmiose el preso y, cuando despertó, hallose fuera de la cárcel y sin prisiones, y sanó de la hinchazón que tenía en un pie, por hierros apretados que había tenido. Vino al monasterio donde estaba su hermana, y contó el milagro, y en viendo la imagen la conoció, y dijo que aquella era la imagen que le había libertado; según el tiempo que señaló, se verificó que era al mismo punto que su hermana y las otras religiosas estaban orando por él delante de aquella imagen. Viendo tan extraña maravilla, se ofreció con promesa de traer cera para que ardiese todos los sábados delante della, en tanto que viviese. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
De allí a ocho o nueve años, viniendo un sábado a cumplir su voto, trayendo la cera a la imagen, súbitamente en el camino cayó muerto. Cuando su hermana lo supo, recibió notable tristeza y pena, por ser la muerte subitánea y sin recebir los Santos Sacramentos. Rogaba por él con muchas lágrimas a Nuestro Señor, y hízole decir las misas que pudo. Suplicábale a la santísima Virgen delante de aquella, su imagen, que pues vivo le había librado de aquella prisión y cárcel del cuerpo, muerto le librase de la cárcel eterna, y le mostrase si estaba en lugar de salud. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Estando una vez entre otras haciendo oración delante la misma imagen, el día octavo después que murió, a las dos horas de la noche, vio el rostro de la imagen más alegre que otras veces, y que le parecía como vivo, y como con semblante de quererle hablar. La santa, con el alegría que recibió desto, comenzó a derramar muchas lágrimas y comenzose a trasportar. Estaban allí con ella dos hermanas, y como sintieron esto lleváronla a la cama. Estándose allí con ella, con dos candelas encendidas, vuelta en sí, razonando con las compañeras, sintió a sus espaldas como un huelgo de persona, aunque muy fría. Como hablaba con las hermanas, no curó de volver a mirar qué era. Diole luego un espeluzamiento grande, y volviendo la cabeza, vio como un pedazo de nube obscura, y dentro, el rostro de su hermano con semblante alegre. Hablole y díjole cómo a la hora de su muerte se vio en grande aprieto, mas que Nuestra Señora vino y le ayudó a salir d’él. Declarole ciertas obligaciones que tenía, rogándole pusiese cuidado para que saliese dellas, y que estaba en penas de purgatorio detenido; diciendo esto, desapareció. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''CAPÍTULO XLVIII'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Otras muchas visiones y revelaciones de esta sierva de Dios, en que se mostró claro tener espíritu profético'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Fueron sinnúmero las visiones y revelaciones que esta sierva de Dios tuvo, y sin duda que se echa de ver [488] era de gran pureza y virtud, porque ninguna cosa destas la altivecía, ni se estimaba por eso en más, antes andaba siempre puesta en un continuo menosprecio de sí misma. Afirmaba la hermana mayor, que se llamaba Catalina de San Lorenzo, mujer de gran valor y prudencia, que ninguna religiosa igualaba a esta santa en cosas de humildad, y cuanto más el Señor la levantaba con sus favores y visiones maravillosas, tanto más se derribaba ella a los pies de todas. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Excelente prueba de todo esto tenía seguros y buenos fundamentos; decía también esta superiora que le pedía muchas veces esta santa que la reprendiese en capítulo los viernes y la mandase postrar a la puerta d’él, por que todas las hermanas la pisasen cuando entraban o salían. Era, junto con esto, pacientísima en las enfermedades continuas que padecía, caritativa y amorosa con las otras. Y lo que es más fina prueba de su santidad es tener por tan suyos los males ajenos, condolerse tanto de los otros, y sentir tan en el alma los daños comunes porque los altivos, soberbios y hipócritas todo lo hacen, y todo lo convierten en su gloria vana y en sus particulares intereses, que quien les mirare un poco a las manos presto les conocerá en palabras y en obras que se buscan a sí mismos, frutos por donde nos enseñó el Señor a conocer tan malas plantas, pues de las espinas y cambrones no se cogen uvas ni higos. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Hase visto también en este discurso, con mil ejemplos, que tuvo esta sierva de Dios espíritu de profecía y, para confirmación desto, pondré aquí algunos de los muchos que se escriben en la relación del padre fray Juan de Corrales, prior que también afirma que no los escribe todos. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Comenzose en aquel tiempo la Inquisición en la ciudad de Toledo, y descubrió esta sierva de Dios al mismo prior, que era uno de los que estaban señalados para el examen de los procesos de los herejes y judíos, grandes y extraños insultos que cometían, y otros particulares avisos y secretos que no era posible saberse sino por revelación divina. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El año de mil y cuatrocientos y ochenta y ocho, después de Pascua de Resurrección, estando un día orando en la capilla de su monasterio y pensando cómo se había hecho aquella tan admirable unión de la divinidad y humanidad en una persona del verbo eterno, vio bajar una luz muy clara y encendió el cirio pascual. Daba una luz tan excelente que recibía su alma notable consuelo, que fue mostrarle con aquel símbolo alguna cosa de lo que en su pecho trataba, como otro tiempo a Moisén el fuego que vio arder en la zarza. Estando aquel mismo año el Santo Sacramento en el altar en las octavas de la fiesta del Corpus, como se acostumbra en muchas casas de la Orden, estando las hermanas comiendo, quedose ella allí orando; buscábanla para que comiese, y retirose en un aposentillo que servía de vestirse allí los sacerdotes para decir misa, y orando con intensísimo afecto, sintiose levantada del suelo como una vara, y pareciole que salían de la custodia unos hilos de oro y llegaban hasta ella, y se remataban en sus manos, pies y costado, y desde aquel punto fue tan grande el deseo que tuvo de recibir a Nuestro Señor que le parecía se reventaba del pecho el corazón, y envió a rogar al prior, que estaba en la Inquisición, ocupado en las causas de aquel tribunal, que en todo caso viniese a confesarla y comulgarla, porque no tenía otro remedio el mal de su corazón, de que si se tardaba moriría. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El [489] prior se desembarazó lo más presto que pudo, fue allá y, en comenzando a confesarse, fue arrobada en espíritu. Mandole por obediencia que despertase y volviese en sí, y al punto tornó. Preguntole si tenía abierta la llaga del costado, como otras veces, y después de muchas importunaciones le confesó que sí, rogándole que no descubriese esto en tanto que viviese, y la maldición de Dios le viniese si no lo guardase. Acabose al fin de confesar y comulgó a las nueve de la mañana, y luego fue arrebatada en espíritu, y estuvo ansí hasta las seis de la tarde, y estuviera más si no le mandaran, por obediencia, recordar. Cuando volvió en sí, mostró el rostro alegre, como si viniera de algunos particulares gustos y recreos. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El prior tuvo gana de entender lo que había visto en aquel rapto; preguntóselo, y sintió grande pena en que la apretase para que se lo descubriese. Dijo al fin, compelida por obediencia, que la habían llevado a un campo fertilísimo, donde estaba un altar, y allí vio a Nuestro Señor cercado de muchedumbre de santos ángeles, y que allí vio la multitud de maldades y pecados que se cometían contra la bondad divina, y muy particularmente los que se hacían en la ciudad de Toledo. Y díjole también al mismo prior que tuviese buen ánimo y no desmayase en el servicio de Dios, porque había de padecer muchos trabajos y dolencias. De allí a pocos días que fue, en la Vigilia de los apóstoles San Pedro y San Pablo, se sintió malo y, en acabando de decir misa a aquellas hermanas, se fue a comer. Luego le dio dolor de costado y por no entristecerlas no quiso quejarse, ni decirles nada. Acabó de comer, y fuese luego a echar en la cama. Estando allí, se acordó de lo que la santa le había dicho, que había de padecer trabajos y dolencias, que tuviese buen ánimo, y corrido de haberse rendido tan presto, dijo entre sí mismo: “Los valientes soldados no han de morir en la cama”; diciendo esto, levantose y fuese a donde estaba la sierva de Dios. Comenzole ella a consolar y, sin que él lo viese, disimuladamente, le hizo una cruz con su dedo en las espaldas sobre el mismo manto que tenía cubierto, aunque sintió que le había tocado. Hízole luego otra vez la señal de la cruz en la misma parte; aquí ya sintió lo que había hecho, y como el prior era hombre entero y lleno de severidad, tuvo aquello por liviandad y alguna manera de atrevimiento, particularmente porque jamás le había visto hacer cosa semejante, porque certifica que nunca la había visto el rostro, por andar siempre muy cubierta con un mantillo. Llegó la tercera vez la santa, y hízole otra cruz y díjole: “Andad padre, que ya sois sano, aunque no por la virtud de vuestra fe, pues no solo no creísteis que os había de sanar, antes os reísteis y burlasteis de mí en vuestro corazón, y aunque es bueno y seguro y de hombres enteros no creer fácilmente, no es cordura burlar de la fe ajena”. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Sintiose luego aliviado del dolor, aunque para memoria le quedó por muchos días el amortiguamiento de la carne en el mismo lado. Díjole también a vueltas de aquellos días, estando allí con ella, que fuese presto a su convento, y remediase cierto daño que querían hacer unos mozos. Fue el prior, y con el aviso de la santa procuró hacer Inquisición de lo que había, con el mayor secreto y recato que pudo, y halló ser así, que querían cometer una travesura muy escandalosa. Despidiolos del convento, y ansí quedó remediado sin llegar al efecto. Tanta noticia le daba Dios de las almas ajenas. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[490] Luego, el mes de julio siguiente, le dijo al mismo prior otras muchas cosas de gran secreto. Entre otras, que Nuestro Señor Jesucristo se le mostró de la manera que le pusieron cuando le ataron y azotaron en la columna, en casa de Pilatos, y le dijo: “Mira, hija, cuál me ponen cada día los herejes, díselo al deán de la iglesia de Toledo y al prior de la Sisla, que entienden en los negocios de la Inquisición, porque pongan remedio en ello”. Ansí lo hizo, porque estas mismas palabras les dijo a entrambos juntos. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Mandáronle al Padre fray Juan de Corrales, prior de la Sisla, que fuese a hacer ciertos negocios de la Inquisición a tierra de Burgos. Era invierno y pasó en los puertos y en los caminos muchas aguas y nieves, viéndose algunas veces en peligro. Escribiole la santa una carta, consolándole y contándole por tan menudo los pasos malos, los peligros y los días más trabajosos, condoliéndose d'él con tanta puntualidad como si se hallara allí presente. &lt;br /&gt;
Un religioso de nuestra Orden, varón espiritual, tuvo gran deseo de hablar con esta santa por las muchas cosas que de su virtud y santidad había entendido; pidió licencia y, al fin, a cabo de algunos días, se la dieron. Vino a hablarla y a las primeras palabras le dijo la santa: “Bien sé, padre, que ha muchos días que trabajáis por hablar conmigo y la causa también de donde os nace, y sé también que tal día (señalándolo), escribisteis cierta escritura y no la acabastes, aunque os distes mucha prisa y la venistes a acabar a la noche”. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Maravillose el religioso de oír cosas tan secretas suyas, que entendía no las podía saber sino Dios y él. Preguntole cómo las sabía. Respondiole que todo lo había visto en espíritu. Estuvieron después platicando en cosas espirituales. Acabada la plática, cuando ya se quería partir, le dijo: “Padre, decid a tal religioso de vuestra casa (nombrándoselo por su nombre) que mire cómo anda, porque está muy atribulado y afligido en su espíritu, y si ha hecho cosa que no deba, pida perdón della, porque si esto no hace, jamás podrá salir deste trabajo en que está”. Sabía bien este religioso a quién ella decía esto, el trabajo y la aflicción en que el otro estaba, y aun a otros era harto manifiesta, y maravillose mucho cómo podía tener ella noticia de esto, y vio que, si no era por espíritu profético, no podía alcanzarlo. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Estaba a esta sazón el general de la Orden haciendo Inquisición contra unos religiosos del linaje de los judíos que habían recebido allí el hábito, hombres perversos y que pretendían más dañar y engañar a otros que hacer ellos la vida que profesaban de fuera, siendo perniciosísimos judaizantes enemigos de Jesucristo y que burlaban desvergonzadamente de los sacramentos, en especial de la Eucaristía y la Penitencia. Y entre otros testigos que fueron preguntados en la causa, fue esta sierva de Dios uno, y leí yo en el proceso un dicho suyo en que descubrió cómo, estándose confesando una vez con uno destos, no permitió el Señor que fuese engañada y le descubrió la burla y el escarnio que aquel fraile judío estaba haciendo de su confesión, poniéndose a oírla de confesión en una postura tan deshonesta que sola ella bastara para quemarle mil veces.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Estaba esta sierva de Dios otra vez comunicando con otro religioso de esta Orden, de gran ejemplo (aunque estas hablas eran muy raras y las más breves que ella podía, y solo con personas graves), y vino a decirle cómo conocía él un religioso de santísima vida, a quien Nuestro Señor hacía muchas mercedes, por la gran pu- [491] -reza de su alma. Preguntole ella quién era y cómo se llamaba, el religioso no se lo quiso decir porque el otro le había rogado que, en tanto que él viviese, ni descubriese cosa suya a hijo de hombre. Entonces ella le dijo: “Pues, padre, bien se yo cómo se llama y quién es: lllamase ansí (y nombrole), tiene mucha parte con el Señor, por ser verdadero religioso, y tiene un alma muy puesta en lo que toca al servicio de Dios y de los hermanos”. Maravillose de oírle esto, preguntole cómo lo sabía, y díjole que Nuestro Señor se lo había revelado allí, porque él no se lo quiso decir. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Estando otra vez elevada en espíritu, vio cómo sacaban el Santo Sacramento de la iglesia mayor, con grande acompañamiento, para comulgar a un enfermo, y llegose a ella un mancebo vestido de ropas blancas y en un caballo blanco, y díjole con palabras airadas: “Corre, ve y di a los clérigos que se tornen con el Sacramento a la iglesia, porque aquel enfermo a quien se le llevan es hereje”. Fue ella y díjolo a uno de aquellos que ella conocía, y respondiole él: “Calla, no oses decir tal cosa que nos matarán a todos”. El del caballo blanco se llegó y le dijo: “No tengas miedo y di en todo caso se torne el Santo Sacramento a la iglesia, porque aquel hombre es un pernicioso hereje”; y vuelto a la santa le dijo: “En señal que lo que te digo es verdad, verás hoy en la misa destilar sangre de la Hostia”; y los que llevaban el Santo Sacramento se tornaron a la iglesia, y ella vio después, estando oyendo misa, la Hostia llena de sangre cuando la levantaba el sacerdote, para que la adorase el pueblo; esto pasó todo en espíritu.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Estaba esta santa una vez rezando en el oratorio y tenía allí dos librillos por donde leía algunas devociones, y rogole a una hermana que le trajese la imagen de un niño Jesús que estaba en el altar de Nuestra Señora. Tenía el niño una ropita larga que le habían hecho las religiosas. Trajósele y tomole ella con grandísima devoción; púsole encima del libro, y allí le estaba adorando con grandísima ternura, derramando gran copia de lágrimas a sus pies. Fue la santa a cabo de un grande rato a alcanzar la ropilla para besarle los pies y el Niño alzó el pie como si fuera vivo, para que pudiese besárselo; besósele ella con grandísima ternura y quedose el pie ansí alto, que jamás se tornó a bajar, cosa que la vieron todas las religiosas con grande admiración, aunque como prudentes jamás quisieron mostrarlo a nadie, porque no las juzgasen por vanas y fáciles en estas cosas. Tenía esta sierva de Dios una postema en uno de los ojos, que le daba notable pena. Puso el pie que levantó el Niño encima d’él y, al punto, se abrió y fue sana a vista de todo aquel convento de religiosas. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El mes de julio de mil y cuatrocientos y ochenta y nueve entró la peste en la ciudad de Toledo. Fue herida una de las hermanas de aquel convento, que se llamaba Sancha Díez, sobrina del vicario de la Sisla de Toledo. Queríanla mucho las otras, y rogáronle a esta sierva de Dios que hiciese oración por ella a Nuestro Señor. Estaba a la sazón rezando en un libro, púsose luego en oración por ella, ansí como estaba sentada, y vio súbitamente una calavera de difunto encima del libro. Volviose a las hermanas y díjoles: “No os fatiguéis por su salud, el Señor quiere llevársela, veis aquí su calavera”. Y ansí fue, que de allí a muy poco murió.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Un canónigo de la Santa Iglesia, hombre espiritual y devoto, enfer- [492] mó gravemente; súpolo la santa y, entendiendo que era persona espiritual, hizo oración por él a Nuestro Señor,  y enviole de secreto una granada con una mujer de la misma casa. Recibiola el canónigo con devoción, sabiendo quién se la enviaba comió della y, al punto, estuvo sano y bueno. Levantose y fue a hacer muchas gracias a Nuestro Señor,  porque había oído las oraciones de su sierva y dándole salud.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Estaba otra vez esta santa, en la fiesta de Nuestra Señora de septiembre, enferma y padeciendo con larga paciencia sus continuas dolencias; tenía entonces una esquinencia o angina peligrosa en la garganta y, como vio que las otras hermanas iban al oficio divino, y se levantaban a Maitines y habían de comulgar a la misa, afligiose, viéndose privada de tantos bienes espirituales y que no podía acompañarlas en tan santas estaciones. Estando ansí con estas ansias en la cama, un poco antes que tañesen a Maitines sintió gran dolor y ansia en su corazón. Tañeron luego y ella, no pudiendo sufrirse, comenzó a hablar con la Santísima Virgen Madre, y díjole: “Virgen gloriosa, madre de mi Señor, amparo de los que te llaman y en ti esperan, no soy digna de estar en la compañía de mis hermanas, ni gozar de los Maitines, ni de comulgar con ellas, mas tú por tu misericordia usa conmigo de tus continuas misericordias”. En diciendo esto vino una claridad del Cielo sobre ella y, al punto, se sintió sana. Levantose y fuese a Maitines con las otras siervas de Dios, y comulgó otro día con ellas, con grande admiración de todas, sabiendo la hinchazón grande que tenía en la garganta.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
No acabaría si menudease en la infinidad de visiones y revelaciones que esta sierva de Dios tuvo, pues apenas comulgó vez que no fuese elevada sobre sí y le demostraba Dios grandes secretos. Bien veo que es una extraña manera de proceder y fuera del curso ordinario que ni lo alcanzan nuestras reglas ni discreciones; y que nunca se allanó tanto Dios con sus mayores profetas según lo que hallamos escrito en el texto sagrado, mas yo refiero, como dije al principio, lo que otros han dicho, y aun no tanto, porque son infinitas las cosas deste jaez. Estas que he referido fueron las más públicas y que palpablemente vieron muchos. Aunque algunas se refieren aquí, y otras he callado que, o no las entendieron bien o no las escribieron como ella las reveló, y ansí parece que tienen algunos inconvenientes, especialmente en las visiones imaginarias, que las relaciones no se aciertan a hacer como ello se demostró en lo secreto del alma, y muchas cosas no se sabe cómo fueron, y ansí padecen muchas dudas y dificultades que se salen mal dellas, y la mejor solución es decir que no se entendían bien o se refirieron mal. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''CAPÍTULO XLIX'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''La muerte de la santa María de Ajofrín. Y algunos de los muchos milagros que Nuestro Señor obró por ella después de su muerte'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Llegó el tiempo deseado para esta santa en que Nuestro Señor quiso sacarla deste mundo y llevarla al descanso de su gloria porque, aunque recebía por una parte singulares y altos consuelos de [493] ''[7]'' la mano del Señor, por otra la afligía y labraba con muchas angustias y enfermedades, principalmente con el ansia de verle y gozarle sin enigmas y sin velo, que es la cosa que más aflige el alma de los que, en esta vida, han comenzado a gustar la suavidad de aquel siglo bienaventurado, como lo deseaba el Apóstol, porque el peso y la carga deste cuerpo es gran estorbo para aquellos puros y divinos sentimientos y alborozos del alma. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Cayó, pues, enferma el mes de julio, el año de mil y cuatrocientos y ochenta y nueve, cuando andaba en lo más vivo la peste en la ciudad de Toledo, aunque no le tocó a la santa, sino de otra enfermedad ordinaria se la llevó Dios, el sábado diecisiete del mismo mes, a las tres de la mañana, habiendo estado con la misma quietud que si estuviera durmiendo. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Enterráronla aquel mismo día, a hora de Vísperas, en el capítulo del Monasterio de la Sisla, porque, como dije en otra parte, se enterraron mucho tiempo las religiosas de San Pablo en el Monasterio de la Sisla. Al tiempo que falleció, se sintió en todo el convento un olor de gloria, y todas las hermanas afirmaron que era cosa tan extraordinaria que parecía estaban gozando las flores del Paraíso. Comenzó luego Nuestro Señor a sellar con infinidad de maravillas la santidad de su sierva, para que con ellas se entendiese que los avisos que, por medio della, había dado al pueblo y principalmente a los sacerdotes descuidados, eran verdaderos, de autoridad y importancia, y que para siempre se estimasen en mucho y tuviesen reverencia y devoción a la santa.&lt;br /&gt;
 &lt;br /&gt;
De muchos diré algunos en este capítulo, si pudiese con ellos despertar la tibieza desta religión a que tuviese en más sus cosas y procurase levantar la memoria desta santa y la de otros muchos que se han criado en el encerramiento de sus claustros, que con tanta razón pudieran ponerse en los calendarios de toda la iglesia. &lt;br /&gt;
Luego como pasó desta vida a la eterna esta santa, adolecía un canónigo de Toledo con unas fiebres continuas, que poco a poco le iban consumiendo; los médicos hacían sus diligencias (que muchas veces valdría más que no las hiciesen): sangráronle y diéronle una y otra purga. Vino al fin a términos que le querían dar la Extremaunción, porque no se terminaba la dolencia, ni daba señal alguna de salud. Él, viéndose en este extremo y deseando guardarse para otra vez, deseando más tiempo para hacer penitencia, envió por todos los monasterios que le dijesen misas y le encomendasen a Dios. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Tenía noticia de la santidad y vida de María de Ajofrín, cómo Nuestro Señor había hecho por ella, aún viviendo, muchos milagros. Envió a la Sisla de Toledo a los religiosos que le encomendasen muy de veras a aquella sierva de Dios que tenían en su compañía. Hiciéronlo y aquella noche le apareció la santa, prometiéndole sanidad y amonestándole que de allí adelante pusiese mucho cuidado en mejorar la vida. Cuando despertó, pareciole que se sentía muy aliviado, entendió que aquello no había sido sueño, sino veras. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Entraron a la mañana los médicos y los de su casa para darle cierta bebida con que descargase algo la malicia de la fiebre. No quiso tomarla, diciendo que él se sentía sin necesidad y que le diesen de comer, porque no era día de los que los médicos llaman críticos para tan notable mudanza. Comió con buen semblante y gana: levantose luego y envió a la Sisla, en reconocimiento de la me- [494] dicina que de allí le había venido, un cirio grande y una cabeza de cera, para que la colgasen delante la sepultura de la santa, y luego, de allí a poco, vino él y dijo misa en hacimiento de gracias. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El mismo año le dio una grave enfermedad de fiebres continuas a don Alonso, hijo de la Condesa de Paredes, que también era canónigo de Toledo, y tan recio dolor de cabeza que se le saltaban los ojos. Apretábale de tal suerte el mal que se tuvo por cierta su muerte. Andaba la fama de los milagros de la santa ya por toda la ciudad y crecía la devoción en ella. El canónigo y la condesa, su madre, enviaron a pedir a los religiosos afectuosamente rogasen por él a la santa. Hiciéronlo ansí, y junto con esto le enviaron una almohada que llevaba puesta debajo de la cabeza cuando la llevaron a enterrar. Pusiéronsela encima y luego se sintió sano, con gran admiración y aplauso de todos. Levantose de la cama y fue a la Sisla. Tuvo allí novenas, haciendo infinitas gracias a Nuestro Señor. Ofreció una figura de cera y una casulla para que dijesen misa. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Estaba en San Jerónimo de Madrid, que entonces se llamaba del Paso, un fraile lego que se llamaba fray Gabriel, de Cuacos, junto a Plasencia; hízosele una hinchazón en un ojo muy peligrosa, tanto que trataban de abrírsele con un botón de fuego con harta duda que le había de perder. Temiendo el fraile lo uno y lo otro, y teniendo noticia de las maravillas que Nuestro Señor obraba por su sierva María de Ajofrín, encomendose a ella, rogándole con mucha devoción, pues socorría a tantos, le ayudase en aquel aprieto, porque estaban ya para darle el botón de fuego. Sintió luego el socorro de la santa. Resolviose la hinchazón milagrosamente sin ninguna medicina, con una presteza milagrosa, quedando el ojo sano y claro. Sucedió luego que este religioso fue a su tierra, y halló a una su hermana tullida de una pierna. Contole lo que a él le había acontecido encomendándose a esta santa y, dándole noticia de los muchos milagros que hacía, refirió el que habría obrado con él. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
La hermana concibió luego grande fe y esperanza que había de sanar por los méritos de esta santa, pues había ansí acurrido a su hermano. Rogole con muchas lágrimas se apiadase della y le sanase su pierna. Tenía allí una niña de seis a siete años, y díjole: “Niña, tú también me ayuda, ruega a esta santa que me sane”. Hincose la niña de rodillas y puso sus manecitas rogando lo que le decían que hiciese; caso de extraña maravilla, que antes que se acabase la oración, fue sana de todo punto con grandísimo regocijo de todos cuantos estaban presentes; viendo milagro tan palpable, rompieron en voces de alabanzas divinas. Envió luego al monasterio dos piernas de cera y otro rollo grande della, en testimonio desta maravilla y de su agradecimiento.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Sucedió luego, tras esto, que llegó esta mujer a un pueblo que se llama Jarayz, que está allí junto; y fue a visitar a un hombre honrado del pueblo que se llamaba Francisco Díaz, primo hermano del capellán del mismo pueblo, que se llamaba Martín Díaz. Estaba el hombre muy enfermo, y tanto que le habían oleado. Tenía la candela en la mano, poco menos muerto. El capellán estaba muy angustiado porque quería mucho a su primo; díjole la Juana Martínez, que ansí se llamaba la hermana del fraile: “Señor capellán, bien sabéis cuán mala y cuán perdida estaba yo desta pierna”. Contole los milagros que la santa había hecho con [495] ella y con su hermano la sierva de Dios, María de Ajofrín, y otras muchas maravillas que Dios había obrado por ella, conforme se las había referido su hermano, y persuadiole al enfermo y al capellán hiciesen voto que, si Nuestro Señor por intercesión de aquella santa le diese sanidad, que irían a visitar su santo cuerpo. El clérigo respondió: “Yo soy pecador y no merezco que Nuestro Señor me haga tan señalada merced, mas yo prometo, si le da salud, de llevarle a visitar su santo sepulcro en estando para ello”. Caso admirable: apenas había acabado de hacer el voto cuando el enfermo cobró evidente mejoría y luego, en breve, fue sano, y vinieron entrambos a cumplir su voto, ofreciendo cierta cantidad de cera, y el capellán dejó en el Monasterio de la Sisla un testimonio firmado de su nombre, en que refiere todo el discurso destos tres milagros. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Una beata de la tercera regla de San Francisco, llamábase Juana de San Miguel, estaba afligida de un zaratán que se le había hecho en una teta; había cinco años que andaba en manos de físicos y no la habían dado remedio alguno; el último que querían intentar, porque se le canceraba y corría riesgo de la vida, era cortársela; venían en ello los médicos, no sabiendo qué hacerse. Juntábase con esto una calentura que le había sobrevenido del dolor y de la corrupción del pecho, al fin estaba ya como hética y sin ninguna esperanza de remedio humano. Llegó a su noticia la fama destas maravillas que la santa hacía, y cobró alguna esperanza de sanar por su intercesión: fuese a la Sisla y, al punto que entró en el capítulo donde estaba enterrada la sierva de Dios, sintió un olor celestial que salía, a su parecer, de aquella parte donde estaba la sepultura. Llegose con mucha devoción y lágrimas, y postrose sobre la misma sepultura, rogando a la santa la socorriese en tan gran necesidad: oyó la santa su ruego, y fue de tal manera, que antes que de allí se levantase se sintió sana de todos sus males. Maravilla evidentísima que provocó a muchos a hacer a Nuestro Señor infinitas gracias. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Otra cuitada mujer natural, también de Toledo, padecía el mismo mal de pechos, y había llegado tan adelante su trabajo que le habían dado en ellos algunos botones de fuego y puéstola en el artículo postrero de la vida; llegola a visitar un hombre honrado, contole los milagros desta santa y leyole parte de su vida, que ya se publicaba por toda la ciudad; concibió la afligida mujer grandes esperanzas de salud; hízose llevar a la casa de doña [[María García]], donde la santa había vivido, porque a la Sisla era imposible llegar, que muriera en el camino. Llegada allí, encomendose a ella, sacáronle las hermanas unos paños que habían sido de la santa, pusiéronselos en los pechos y, al punto, reventaron las postemas, y luego del todo sanó sin otra medicina. Y desta manera hay infinidad de maravillas que nunca acabaría si las quisiese referir por menudo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Como se multiplicaban los milagros tanto, y la fama crecía por todo el Reino, pareció a muchas personas devotas era cosa justa que el cuerpo de la santa fuese trasladado del capítulo donde le habían puesto a la iglesia del monasterio, donde tuviese lugar más decente y el pueblo pudiese gozar más cómodamente de llegar a su sepultura; los que más [496] de veras trataron esto fueron la Condesa de Fuensalida, y el clavero de Calatrava y don Alonso de Silva. Hablaron al prior, fray Juan de Morales, y propúsose al convento, y vinieron todos en ello con mucha voluntad; viendo cuán manifiestamente el Señor se señalaba en engrandecer a su sierva, don Alonso de Silva trajo una arca guarnecida por de dentro de seda, en que fuese puesto el cuerpo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El año de 1495, a veinte y cinco de abril, poco menos seis años después de su muerte, abrieron la sepultura, estando presentes todos estos señores y otras muchas personas principales, y gente devota, y los religiosos del convento. En descubriendo el santo cuerpo, salió un olor celestial que puso alegría, admiración y consuelo en todos.  Manaba dellos un licor, como de aceite, que también despedía de sí una fragrancia suavísima. Viendo esto el prior, mandó tañer las campanas; pusiéronlos en el arca, y con mucha lumbre de hachas y cirios llevaron en el arca el santo cuerpo, cantando el himno Te Deum Laudamus, y otras antífonas alegres; la Condesa de Fuensalida había hecho labrar un sepulcro a su costa en el cuerpo de la iglesia a la mano derecha. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Estaba la tierra muy necesitada de agua, pidieron a Nuestro Señor,  por la intercesión de su sierva, tuviese por bien socorrerlos, porque los panes se iban ya a perder, y luego llovió en gran abundancia, entendiendo todos que, por los méritos desta santa, Nuestro Señor se apiadaba dellos. Tuvieron el cuerpo sin enterrar en la iglesia trece días, porque era tanto el concurso de la gente y los que venían atraídos de la devoción que pareció así justo para cumplir con ella. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Obró también allí el Señor muchas maravillas por su santa. El Conde de Oropesa envió a su hija y a su hijo para que velasen en la iglesia al sepulcro desta santa, y los criados que venían con ellos afirmaron que entrambos habían estado muy enfermos, que la hija había llegado al punto de la muerte; teniéndola ya sus padres por muerta, la encomendaron con mucha devoción a esta santa, y a entrambos les dio salud. Ofrecieron una imagen de plata, y una palia rica para el altar, una cruz bordada muy rica, y tres imágenes de cera, en testimonio y gratitud del beneficio recebido.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Llegó también luego un hombre de Jarayz, que se llamaba Santos Fernández, que estando a la muerte y oleado se encomendó como pudo, dentro de su corazón, a esta santa, y recibió luego salud repentina y de todo punto milagrosa. Vinieron él y su mujer luego a cumplir el voto, y dieron testimonio dello delante de muchas personas. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
No quiero alargarme más en referir milagros; una cosa diré que me parece lo confirma todo, por ser la única prueba que Dios nos dejó para conocer los verdaderos profetas y distinguirlos de los falsos, que ninguna cosa dijo esta santa haber de acaecer que no viniese como lo dijo y profetizó.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Sucedió luego la peste que hemos dicho; hubo también notable carestía de pan, que morían las gentes de hambre, y viose en España en aquellos tiempos, la primera vez, aquel afrentoso y endiablado mal de las bubas, que entonces y muchos años después (hasta que ya le hemos domesticado) fue muy temido y con razón. Donde se cumplió el amenaza que Dios hizo a su pueblo por esta su sierva, y los cuchillos que vio en la boca de Dios y el ángel que hería con azote y con espada [497] y con cuchillo. En el mismo estado nos vemos ahora, en este año de 1599, poco más de cien años después de la muerte desta santa, pues casi no hay pueblo en Castilla que no esté herido de peste, y el hambre alcanza ya a todos, y no nos despiertan de nuestras culpas los continuos azotes del Señor, señal que ha llegado nuestra dolencia a poco menos que insensibilidad y dureza, plegue a Él que no sea señal de reprobación. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
=== Notas ===&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[1]'' En el texto original figura como “ansillos”, lo corrijo como errata probable.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[2]'' Se repite el capítulo XLIV en el texto, por lo que todos los capítulos que editamos de la vida de esta santa, desde el presente, cuentan con un número más que en la edición de Sigüenza empleada, corrigiendo la errata. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[3]'' Figura en el texto original como “sentase”, corregimos la posible errata.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[4]'' El apellido del capellán o cura de la casa, Juan de Velma, varía a lo largo de la narración de la vida de María de Ajofrín, ya que este figura como Biezma en este mismo capítulo, página 475, y como Viedma, en el capítulo XLVII , página 485.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[5]'' El apellido de Diego de Villaminaya es modificado en la narración de la vida de esta santa más adelante, pues aparece como Diego de Villamiñaya en el capítulo XLVII, página 485. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[6]'' En la edición aparece como San Lorencio.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[7]'' Figura como la página 494.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
= Vida impresa (5)=&lt;br /&gt;
Ed. de [http://visionarias.es/equipo/maria-aboal-lopez/ María Aboal López]; fecha de edición: octubre de 2020; fecha de modificación: junio de 2021.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
== Fuente ==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
* [http://catalogodesantasvivas.visionarias.es/index.php/Categor%C3%ADa:Francisco_de_Pisa Pisa, Francisco de], 1605. ''Descripción de la Imperial Ciudad de Toledo e Historia de sus antigüedades y grandeza y cosas memorables que en ella han acontecido, de los Reyes que la han señoreado y gobernado en sucesión de tiempo, y de los arzobispos de Toledo, principalmente de los más celebrados''. Toledo: Pedro Rodríguez, Imprenta Real, fols. 275r, 276v.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[[Contexto material del impreso Descripción de la Imperial Ciudad de Toledo e Historia de sus antigüedades]] ''y grandeza y cosas memorables que en ella han acontecido, de los Reyes que la han señoreado y gobernado en sucesión de tiempo, y de los arzobispos de Toledo, principalmente de los más celebrados''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
== Criterios de edición==&lt;br /&gt;
Aunque esta vida forma parte de una enumeración de santos y, por tanto, no es propiamente una hagiografía, la recogemos aquí para que quede constancia de su inclusión en esta obra del siglo XVII.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Se adoptan los criterios de edición de vidas impresas estipulados en el Catálogo, es decir, se moderniza la ortografía (b/u/v, j/g, chr/cr, qu/cu, empleo de h, etc.), las sibilantes y se eliminan las consonantes geminadas. El uso de mayúsculas y minúsculas se moderniza, así como la acentuación y la puntuación, que se adaptan a las actuales. No obstante, se ha mantenido la escritura de “monesterio”. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==Vida de María de Ajofrín==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Capítulo XXXVI'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[Libro Quinto] &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[Fol. 275r] '''Catálogo o lista de santos propios de esta ciudad de Toledo'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[…]&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[Fol. 276v] […] María de Ajofrín, monja del monesterio de San Pablo de Toledo, y su cuerpo está enterrado en el de la Sisla, a la mano derecha del altar mayor, donde es visitado y venerado por muchos, y ha Dios obrado por ella milagros y dado sanidades: falleció año de mil y cuatrocientos y ochenta y nueve.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
= Vida impresa (6)=&lt;br /&gt;
Ed. de [https://visionarias.es/equipo/maria-gonzalez-diaz/ María González-Díaz]; fecha de edición: septiembre de 2025.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
== Fuente ==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
* [http://catalogodesantasvivas.visionarias.es/index.php/Categor%C3%ADa:Blas_Franco_Fernández Franco Fernández, Blas], 1675. ''Vida de la Venerable Sierva de Dios María de Jesús, natural de Villa-Robledo, de la Tercera Orden del Seráfico Padre S. Francisco, virgen extática, prodigiosa, admirable, en favores que Nuestro Señor la hizo''. […] Tomo primero. Madrid: por Ioseph Fernández Buendía, pp. 454-455.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
== Criterios de edición==&lt;br /&gt;
El fragmento sobre María de Ajofrín aparece en el capítulo diecinueve de la vida sobre la religiosa María de Jesús (1625-1653), que elabora el escrito murciano Blas Franco Fernández en 1675. Este fragmento es mencionado en la vida que escribe sobre la jerónima Francisco de Ajofrín en el siglo XVIII, la cual también está editada en el ''Catálogo de Santas Vivas'' (vida manuscrita 3).&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Se adoptan los criterios de edición de vidas impresas estipulados en el ''Catálogo'', es decir, se moderniza la ortografía (b/u/v, j/g, chr/cr, qu/cu, empleo de h, etc.), las sibilantes y se eliminan las consonantes geminadas. El uso de mayúsculas y minúsculas se moderniza, así como la acentuación y la puntuación, que se adaptan a las actuales.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==Vida de María de Ajofrín==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Capítulo XIX'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[449] […] '''Refiérense algunos ejemplos de donde consta haber concedido Nuestro Señor a algunas siervas suyas el singular favor de la impresión de sus llagas'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[454] […] No es razón que pasemos silencio haber concedido Nuestro Señor este especialísimo don a la gloriosa virgen María de Ajofrín, natural de dicha villa, religiosa del glorioso Padre San Jerónimo en el antiguo convento de San Pablo de la ciudad de Toledo, [455] que por ser esta santa nuestra paisana y estar tan cerca su cuerpo, como es en el muy religioso y observanto monasterio de la Sisla, fuera ingratitud el dejar de hacer memoria de este prodigioso caso. Habíasele aparecido Nuestro Señor a esta bendita virgen y mandole dijese de su parte al arzobispo de Toledo viniese por sí mismo a poner remedio en cinco pecados públicos que había en dicha ciudad, por los cuales era este divino Señor gravemente ofendido. Y los pecados eran: falta de fe, demasiada codicia de las cosas del mundo, lujurias y sensualidades, ignorancia de las cosas divinas y poca reverencia en ellas, y que no permitiese dicho arzobispo se dijese misa en casa de personas seglares porque había tanto exceso que ya cualquier hombre particular quería le dijesen misa junto a su cama, cosa de grande escarnio y menosprecio de las cosas sagradas. Hizo esta santa virgen de la manera que pudo esta diligencia, pero no fue creída. Y así apareciéndosele Cristo Nuestro Señor, le dijo: ‘Para que seas creída, se te dará esta señal del Cielo: que este cuchillo que está en la boca de Dios traspasará tu corazón y hará en él una llaga de donde saldrá sangre viva, que será verdadero testimonio a todos, y tú serás participante y como un trasunto en quien se vean las llagas y los tormentos que el Hijo de Dios padeció en su Pasión’.&lt;/div&gt;</summary>
		<author><name>Anaritasoares</name></author>	</entry>

	<entry>
		<id>http://catalogodesantasvivas.visionarias.es/index.php?title=Contexto_material_del_manuscrito_Historia_sacro-profana_de_la_ilustre_y_noble_villa_de_Ajofr%C3%ADn&amp;diff=712820</id>
		<title>Contexto material del manuscrito Historia sacro-profana de la ilustre y noble villa de Ajofrín</title>
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				<updated>2026-06-13T16:52:57Z</updated>
		
		<summary type="html">&lt;p&gt;Anaritasoares: &lt;/p&gt;
&lt;hr /&gt;
&lt;div&gt;=Ficha de la vida manuscrita de [[María de Ajofrín|María de Ajofrín]]=&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[[Archivo:Historia de la villa de Ajofrín Manuscrito.jpg|miniatura|300px|right| Francisco de Ajofrín, 1770. ''Historia sacro-profana de la ilustre y noble villa de Ajofrín, y aparición milagrosa de la imagen de Nuestra Señora de Gracia, venerada a siete leguas de dicha villa, en el Convento de Reverendos Padres Agustinos Calzados del lugar de San Pablo de los montes de Toledo'', Madrid, BNE, MSS/2169, vol. 1. (Fuente: Biblioteca Digital Hispánica. Imagen procedente de los fondos de la Biblioteca Nacional de España).]]&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
{| class=&amp;quot;wikitable&amp;quot;&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Localización del manuscrito || Biblioteca Nacional de España, Madrid&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Descripciones en catálogos || [https://bdh-rd.bne.es/viewer.vm?id=0000166854&amp;amp;page=1 Inventario general de Manuscritos, vol. VI, pp. 77-78]&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Digitalización || [https://bdh-rd.bne.es/viewer.vm?id=0000010983&amp;amp;page=1 Biblioteca Nacional de España]&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Localización del texto en el volumen || El texto se localiza en los capítulos 5 “Personas que han floxeado en santidad y milagros naturales de Ajofrín. Vida de la sierva de Dios María de Ajofrín, llamada Santa María de Ajofrín, religiosa jerónima en el convento de San Pablo de Toledo”, en los folios 87r a 107 r; capítulo 6 “Recibe la sierva de Dios, María de Ajofrín, por admirable modo las llagas de Jesús, con otros favores extraordinarios”, en los folios 107r a 127r; y capítulo 7 “Continúan los favores del Cielo con que dispone el Señor a su sierva, María de Ajofrín, para su dichosa muerte, y se refieren algunos prodigios que ha obrado después de su feliz tránsito”, en los folios 127v a 145r. &lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Encuadernación || Piel jaspeada, 1774 (225x160); lomo cuajado con cinco nervios; guardas de papel marmoleado modelo espirales. &lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Superficie de escritura || Papel.&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| ''Mise en page''|| X+ 935 páginas + 21 hojas de guarda (9+12), 215x155. El ejemplar incluye 28 capítulos que se dividen, a su vez, en subepígrafes numerados por el autor. Posee un número de líneas de escritura irregular que podría oscilar entre las 15 y 20 líneas, aproximadamente. La pauta, además, deja poco margen en la parte interna del folio, mientras que los márgenes son más amplios en el lateral exterior. Encontramos, por un lado, la foliación del ejemplar a lápiz realizada por una mano distinta a la del autor, posiblemente ''a posteriori''. Por otro lado, en tinta negra y con el mismo trazo del autor encontramos la paginación del ejemplar, que contiene varios errores, quizás por ello se añadiría luego la foliación, que sí es correcta. Además, en el fol. I hallamos una nota de pertenencia: “Venerable Madre Francisca Dorotea, fundadora de las Dominicas Descalzas de Santa María del Rey de Sevilla”. Otra particularidad del ejemplar es que, en el folio 123r hallamos una nota del autor que indica lo siguiente: “Pasa a la hoja siguiente” y señala de qué fragmento se trata mediante un signo semejante a una cruz. Al ir al folio 125r nos encontramos con el signo y otra nota, que indica: “Pondrás lo que se sigue en la hoja antecedente”. Al terminar este inciso añadido a través de la nota, volvemos a hallar el mismo signo señalando el fin del fragmento y redirigiéndonos, de nuevo, al folio 123r para continuar con la narración que, curiosamente, no continúa en el folio 124, que es de menor tamaño, ya que, nos volvemos a topar con otra señal al inicio del folio 125r, un asterisco esta vez, y una nota del autor, que indica: “Ve al papelito”, es decir, el folio 124, donde el autor indica lo siguiente: “Mi querido Elías, acabado el n.8 escribe lo siguiente”. Algo semejante encontramos en el folio 209v en el que, de nuevo mediante un signo semejante a una cruz, el autor señala: “ve al papelito”, refiriéndose al folio 210 que, igual que ocurría con el folio 124, es de menor tamaño, donde indica “Esto se pondrá donde está la (y añade el símbolo de la cruz antes referido)”. De nuevo, lo hallamos en el folio 217v, donde el autor añade una nota antes del epígrafe 3: “Elías, ve al papelito”, refiriéndose al folio 218, donde indica: “Esto se pondrá antes del núm. 3”. Nuevamente, en el folio 232r encontramos otra adición señalada mediante la cruz, que remite al folio anterior 231v, de menor tamaño, en el que indica “Adición a la señal”. Lo mismo encontramos en el folio 236v en el que el autor añade una nota: “Ve al papel” y, de nuevo, el símbolo de la cruz. Dicho papel se refiere al folio 237, en el que el autor añade: “Esto se pondrá al fin del n. 2”. Una vez más, hallamos en el folio 382r una nota del autor que remite “Al papel”, haciendo referencia al folio 381v, de un tamaño inferior, donde hallamos el símbolo de la cruz. &lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Manos || Se han detectado un total de cinco manos distintas: en primer lugar, la del autor de la obra, en tinta negra, quien, además, corrige, tacha (el primer capítulo, de hecho, se encuentra enteramente tachado por el autor mediante una franja vertical, así como algunos otros folios a lo largo del manuscrito) y añade información constantemente; por otro lado, la que pertenece a la foliación añadida a posteriori en lápiz, que corrige la paginación, en ocasiones errónea; una tercera mano que incluye en el folio 40r, también en tinta negra, un apéndice. Este folio, de hecho, parece adherido posteriormente encima del texto original, pues el papel es de un tono ligeramente más oscuro al utilizado en el resto del ejemplar; para continuar, hallamos una cuarta mano en los folios 329r a 330v mucho más caótica y afiligranada que la del autor, que parecen añadir información sobre el Padre fray Gabriel de los Santos, mencionado por Francisco de Ajofrín en el folio 328r; por último, el capítulo XXV estaría enteramente compuesto por otra mano que utilizaría una pluma más gruesa que la del autor. &lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Marginalia || A lo largo de todo el ejemplar hallamos notas a pie de página añadidas por el propio autor que, además, remiten a llamadas dentro del propio texto. En estas notas el autor añade citas en latín, referencias a obras de otros autores o remite a fragmentos anteriores del propio manuscrito. &lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Bibliografía||&lt;br /&gt;
* Para una transcripción de la obra, véase: Francisco de Ajofrín, 1999. ''Historia sacro-profana de la ilustre y noble villa de Ajofrín y aparición milagrosa de la imagen de Nuestra Señora de Gracia, venerada a siete leguas de dicha villa, en el Convento de Reverendos Padres Agustinos Calzados del lugar de San Pablo de los montes de Toledo'' (José María Rodríguez Martín, trans.), Toledo: Diputación Provincial de Toledo.&lt;br /&gt;
* Para un estudio sobre los ángeles en María de Ajofrín, véase: María González-Díaz, “«Mas ia tiempo es que enbíe el Señor su ángel con azotes»: la influencia de las criaturas celestes en María de Ajofrín”, ''Via Spiritus: Revista de História da Espiritualidade e do Sentimento Religoso'', núm. 29, (2022), pp. 31-48. https://ojs.letras.up.pt/index.php/vsp/article/view/12902&lt;br /&gt;
|}&lt;/div&gt;</summary>
		<author><name>Anaritasoares</name></author>	</entry>

	<entry>
		<id>http://catalogodesantasvivas.visionarias.es/index.php?title=Mar%C3%ADa_de_Santa_Cruz&amp;diff=712819</id>
		<title>María de Santa Cruz</title>
		<link rel="alternate" type="text/html" href="http://catalogodesantasvivas.visionarias.es/index.php?title=Mar%C3%ADa_de_Santa_Cruz&amp;diff=712819"/>
				<updated>2026-06-08T15:12:55Z</updated>
		
		<summary type="html">&lt;p&gt;Anaritasoares: &lt;/p&gt;
&lt;hr /&gt;
&lt;div&gt;[[Category:Santas_franciscanas]]&lt;br /&gt;
[[Category: Toledo]]&lt;br /&gt;
[[Category:Pedro_de_Alcocer]]&lt;br /&gt;
[[Category:Lucas_de_Yanguas]]&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[[Archivo:Logo CSV letras(8) DianaSanmartin.jpg|right|María de Santa Cruz|link=]]&lt;br /&gt;
{| class=&amp;quot;wikitable&amp;quot;&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Nombre || María de Santa Cruz&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Orden || [http://catalogodesantasvivas.visionarias.es/index.php/Categor%C3%ADa:Santas_franciscanas Franciscanas]&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Títulos || Fundadora del monasterio de San Miguel de los Reyes&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Fecha de fallecimiento || 1504&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Lugar de fallecimiento || [http://catalogodesantasvivas.visionarias.es/index.php/Categor%C3%ADa:Toledo Toledo]&lt;br /&gt;
|}&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
=Vida manuscrita=&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Ed. de [http://visionarias.es/equipo/veronica-torres-martin/ Verónica Torres Martín]; fecha de edición: febrero de 2025; fecha de modificación: enero de 2026.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
== Fuente ==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[[Archivo:María de Toledo Yanguas.jpg|right|250px|''Breve catálogo de los siervos de Dios, así religiosos como religiosas...'', f. 1r; Roma, Archivio Storico Generale dell’Ordine dei Frati Minori.|link=]]&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
* [http://catalogodesantasvivas.visionarias.es/index.php/Categor%C3%ADa:Lucas_de_Yanguas Yanguas, Lucas de], 1684. ''Breve catálogo de los siervos de Dios así religiosos como religiosas de la Tercera Orden que han fallecido con singular opinión y fama de muy virtuosos en la santa Provincia de Castilla''. Ms. C/12 del Archivio Generale dell’Ordine dei Frati Minori AGOFM, Roma, fols. 6r-7r. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[[Contexto material del manuscrito Breve catálogo de los siervos de Dios]] ''así religiosos como religiosas de la Tercera Orden que han fallecido con singular opinión y fama de muy virtuosos en la santa Provincia de Castilla''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==Criterios de edición==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El texto se ha actualizado a las normas de ortografía vigentes. Esto conlleva la normalización de las grafías h, b/v, j/g, i/y; los cambios de qu a cu. Sin embargo, se han conservado los casos de laísmo presentes y los pocos ejemplos de leísmo hallados en el manuscrito. En cuanto al grupo de sibilantes, se han normalizado tanto las -ç- como las -sc- y -ss-. Tanto la puntuación como la acentuación han sido normalizadas. También lo ha sido el uso de las mayúsculas y la separación o unión de palabras. La -u- intervocálica y la v han sido unificadas como “v”, así como las diferentes grafías de la s. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==Vida de María de Santa Cruz==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[Fol. 6r] ''[1]'' La ilustre madre y sierva de Dios doña María de Santa Cruz fue fundadora del Convento de religiosas de San Miguel de los Ángeles de la ciudad de Toledo, y habiendo quedado viuda de don Diego López de Toledo, se encerró con las religiosas de su convento que había fundado, e hizo su profesión como se estilaba en él desde sus principios. Fue esta señora, según lo natural, de noble sangre y, como tal, emparentada con las casas ilustres de los Zapatas, Silvas y Toledos, de cuyos linajes recibió muchas religiosas en los primeros años de este convento. Siendo seglar vivía muy atenta al bien de su alma y sin faltar a las obligaciones precisas de casada. Estudiaba cómo darse a Nuestro [fol. 6v] Señor con todas veras y, desde este tiempo, se empleó mucho en el ejercicio de la santa oración, en que recibió del Señor muchos y singulares favores. Entre los cuales fue muy digno de ponderación una visión o revelación que tuvo, y fue la que la dio motivo a la fundación de este convento: estaba en oración esta sierva de Dios y mereció que se le apareciese Cristo Señor Nuestro cargado con una muy larga y pesada cruz. Quedó con esta visión quebrantada interiormente, viendo a su Dios tan afligido, y preguntándole dónde iba con tan terrible peso, la respondió: “A decirte que me ayudes a llevar esta cruz y, si te juzgas de pocas fuerzas para tal empresa, busca gente que contigo me ayuden a llevarla”, y, dicho esto, desapareció la visión. La sierva de Dios entendió que ayudar al Señor a llevar su cruz era llamarla al estado de religiosa por que Él buscase gente para el mismo efecto, fundar de sus bienes algún monasterio en que almas santas siguiesen a Jesucristo por el camino de la cruz y, así como lo entendió, lo puso luego por obra. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Esta visión está pintada de muy buena mano en una pared de este convento, en una celdilla que acaso fue de su ilustre fundadora. Está en esta devotísima imagen pintado Cristo Señor Nuestro con mucha fatiga y le acompañan ocho personajes: uno en hábito de viuda, que es la sierva de Dios; luego, el maestre escuela don Francisco Álvarez, su cuñado, que fue ampliador de este convento; un religioso bernardo hermano de la dicha doña María y cinco religiosas en el hábito que entonces usaban, que fueron las primeras plantas de este convento. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Dándose por entendida de esta visión la sierva de Dios tomó el hábito e hizo profesión en el mismo convento el año de 1493. Luego fue elegida por abadesa, siendo custodio de la Custodia de Toledo el venerable padre fray Diego de Balcázar, y fue la primera que se intituló abadesa porque, hasta entonces, se llamaba madre la prelada y no abadesa. Viéndose en la prelacía puso [fol. 7r] todo su estudio en arreglar el convento en todo género de observancia, siendo la primera en los actos de comunidad y en todas las obras penales de mortificación y ejercicio de las demás virtudes. Durole el oficio de abadesa once años y pasó al Señor en el de 1504. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==Notas==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[1]'' Al margen izquierdo: Año 1504.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
= Vida impresa =&lt;br /&gt;
Ed. de [http://visionarias.es/equipo/veronica-torres-martin/ Verónica Torres Martín]; fecha de edición: febrero de 2021.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
== Fuente ==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[[Archivo:Alcócer Hystoria 1554.jpg|miniatura|250px|right| Pedro de Alcocer, 1554. “Libro segundo, en que particularmente se escribe el principio, y fundamento desta sancta ygleia de Toledo…”, en ''Hystoria, o descripcion dela Imperial cibdad de Toledo. Con todas las cosas acontecidad en ella, desde su principio, y fundacion. Adonde se tocan, y refieren muchas antigüedades, y cosas notables de la Hystoria general de España'', Toledo: Juan Ferrer.]]&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
* [http://catalogodesantasvivas.visionarias.es/index.php/Categor%C3%ADa:Pedro_de_Alcocer Alcocer, Pedro de], 1554. “Libro segundo, en que particularmente se escrive el principio, y fundamento desta sancta yglesia de Toledo…”, ''Hystoria o descripcion de la Imperial cibdad de Toledo. Con todas las cosas acontecidas en ella, desde su principio, y fundacion. Adonde se tocan y refieren muchas antigüedades, y cosas notables de la Hystoria general de España'', Toledo: Juan Ferrer, 1554, fols. 110v [108v] col. b – 110r [108r] col. b ''[1]''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[[Contexto material del impreso Hystoria, o descripcion de la Imperial cibdad de Toledo]]. ''Con todas las cosas acontecidad en ella, desde su principio, y fundacion. Adonde se tocan, y refieren muchas antigüedades, y cosas notables de la Hystoria general de España''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
== Criterios de edición ==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El relato aparece en el libro segundo de la ''Historia, o descripción de la Imperial ciudad de Toledo'', impreso en 1554, en el que se describe la fundación de los monasterios, hospitales y lugares píos de la ciudad de Toledo. La vida de María de la Santa Cruz se integra en el decimoséptimo capítulo, en el que se ilustra la fundación del monasterio de San Miguel de los Reyes. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Se siguen los criterios establecidos en el catálogo para fuentes impresas y, por tanto, se ha decidido respetar la morfología de las palabras con interés morfológico o fonológico con la intención de no perder los valores fonéticos, léxicos y sintácticos de la época. Asimismo, se conservan las grafías de sibilantes por tratarse de un impreso de mediados del siglo XVI. Además, para facilitar la localización del texto, se indica el folio (r-v) y la columna correspondiente (a-b).  &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
== Vida de María de Santa Cruz ==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
=== Capítulo XVII ===&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Del monesterio de San Miguel de los Reyes, y de su fundación'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[fol. 110v col. b] El quinto monesterio de la Orden de San Francisco y el tercero de los que militan debaxo de la regla de Santa Clara es el monesterio de San Miguel de los Reyes, el cual fue en su principio fundado y dotado por Diego López de Toledo, regidor de esta ciudad, hermano de Fernández Álvarez de Toledo, secretario de los Reyes Católicos, el cual, juntamente con María de Santa Cruz, su mujer, siendo devotos de esta Orden del glorioso San Francisco, no teniendo hijos, determinaron de hazer un monesterio de esta orden a quien dexassen toda su hazienda. Y assí lo pusieron en su vida por la obra, que, comprada una casa enfrente de la suya (que es adonde agora está la portería), pusieron en ella siete religiosas de la Tercera Regla de San Francisco, a las cuales ellos mantenían y daban todo lo necessario. Y esto duró hasta el año del Señor de 1491 años, que murió el dicho Diego López. Y la dicha María de Santa Cruz, desseando poner en obra su desseo (assí como en vida lo tenían los dos acordado), passó a su casa las dichas religiosas y cumplién- [fol. 110r col. a] dolas a doze de otras donzellas, de padres honestos y de buenas costumbres, se encerró con ellas en su casa adonde hizo iglesia que, aunque pequeña, era muy devota, en la cual estuvieron estas religiosas sin hazer professión en ninguna orden, viviendo debaxo de regla voluntaria hasta el año del Señor de 1514 años, que, estando aquí fray Francisco de los Ángeles, general de la Orden de San Francisco (que fue después cardenal), hizieron professión en la estrecha Orden de Santa Clara, en el cual tiempo era ya muerta la dicha María de Santa Cruz, que murió santamente en el año del Señor de 1504. La cual sostuvo en el dicho monesterio doze religiosas, con la dotación que en ella consigo metió, y dexó ordenado que dende en adelante para siempre se recibiessen cinco religiosas de honestos padres y de aprobada vida y gran recogimiento sin dote ninguna. Y después, don Francisco Álvarez de Toledo, maestrescuela de Toledo, les hizo donación de su casa propia, que es enfrente de la Iglesia de San Salvador, adonde estas religiosas se pudieron estender y recebir más monjas. Y aun de más de esto, el dicho maestrescuela, desseando adelantar esta casa de religión, de que su hermano había sido fundador, les compró las casas que fueron de Juan de Ayala, señor de Cebolla, y otras cercanas a ellas que estaban enfrente del dicho monesterio, de las cuales les hizo donación y de otra mucha cuantía de maravedís para la labor de ellas, lo cual se compró de juro con que se labró en algunos años. Y se quedó el dicho juro para el monesterio, el cual siendo acabado de la manera que hoy [fol. 110r col. b] está, estas religiosas se passaron a él el día del mártir San Lorenço, del año del Señor de 1529 años, adonde agora están viviendo con tanto recogimiento y honestidad que pueden ser exemplo a otras religiosas de España. Están sepultados estos religiosos fundadores de esta casa de religión juntamente con don Bernardino Çapata, maestrescuela de Toledo, en la capilla mayor de ella.&lt;br /&gt;
 &lt;br /&gt;
==Notas==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[1]'' Ejemplar mal foliado, pues aparece como CX cuando debería ser CVIII.&lt;/div&gt;</summary>
		<author><name>Anaritasoares</name></author>	</entry>

	<entry>
		<id>http://catalogodesantasvivas.visionarias.es/index.php?title=Mar%C3%ADa_de_Santa_Cruz&amp;diff=712818</id>
		<title>María de Santa Cruz</title>
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				<updated>2026-06-08T15:03:49Z</updated>
		
		<summary type="html">&lt;p&gt;Anaritasoares: &lt;/p&gt;
&lt;hr /&gt;
&lt;div&gt;[[Category:Santas_franciscanas]]&lt;br /&gt;
[[Category: Toledo]]&lt;br /&gt;
[[Category:Pedro_de_Alcocer]]&lt;br /&gt;
[[Category:Lucas_de_Yanguas]]&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[[Archivo:Logo CSV letras(8) DianaSanmartin.jpg|right|María de Santa Cruz|link=]]&lt;br /&gt;
{| class=&amp;quot;wikitable&amp;quot;&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Nombre || María de Santa Cruz&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Orden || [http://catalogodesantasvivas.visionarias.es/index.php/Categor%C3%ADa:Santas_franciscanas Franciscanas]&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Títulos || Fundadora del monasterio de San Miguel de los Ángeles&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Fecha de fallecimiento || 1504&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Lugar de fallecimiento || [http://catalogodesantasvivas.visionarias.es/index.php/Categor%C3%ADa:Toledo Toledo]&lt;br /&gt;
|}&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
=Vida manuscrita=&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Ed. de [http://visionarias.es/equipo/veronica-torres-martin/ Verónica Torres Martín]; fecha de edición: febrero de 2025; fecha de modificación: enero de 2026.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
== Fuente ==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[[Archivo:María de Toledo Yanguas.jpg|right|250px|''Breve catálogo de los siervos de Dios, así religiosos como religiosas...'', f. 1r; Roma, Archivio Storico Generale dell’Ordine dei Frati Minori.|link=]]&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
* [http://catalogodesantasvivas.visionarias.es/index.php/Categor%C3%ADa:Lucas_de_Yanguas Yanguas, Lucas de], 1684. ''Breve catálogo de los siervos de Dios así religiosos como religiosas de la Tercera Orden que han fallecido con singular opinión y fama de muy virtuosos en la santa Provincia de Castilla''. Ms. C/12 del Archivio Generale dell’Ordine dei Frati Minori AGOFM, Roma, fols. 6r-7r. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[[Contexto material del manuscrito Breve catálogo de los siervos de Dios]] ''así religiosos como religiosas de la Tercera Orden que han fallecido con singular opinión y fama de muy virtuosos en la santa Provincia de Castilla''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==Criterios de edición==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El texto se ha actualizado a las normas de ortografía vigentes. Esto conlleva la normalización de las grafías h, b/v, j/g, i/y; los cambios de qu a cu. Sin embargo, se han conservado los casos de laísmo presentes y los pocos ejemplos de leísmo hallados en el manuscrito. En cuanto al grupo de sibilantes, se han normalizado tanto las -ç- como las -sc- y -ss-. Tanto la puntuación como la acentuación han sido normalizadas. También lo ha sido el uso de las mayúsculas y la separación o unión de palabras. La -u- intervocálica y la v han sido unificadas como “v”, así como las diferentes grafías de la s. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==Vida de María de Santa Cruz==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[Fol. 6r] ''[1]'' La ilustre madre y sierva de Dios doña María de Santa Cruz fue fundadora del Convento de religiosas de San Miguel de los Ángeles de la ciudad de Toledo, y habiendo quedado viuda de don Diego López de Toledo, se encerró con las religiosas de su convento que había fundado, e hizo su profesión como se estilaba en él desde sus principios. Fue esta señora, según lo natural, de noble sangre y, como tal, emparentada con las casas ilustres de los Zapatas, Silvas y Toledos, de cuyos linajes recibió muchas religiosas en los primeros años de este convento. Siendo seglar vivía muy atenta al bien de su alma y sin faltar a las obligaciones precisas de casada. Estudiaba cómo darse a Nuestro [fol. 6v] Señor con todas veras y, desde este tiempo, se empleó mucho en el ejercicio de la santa oración, en que recibió del Señor muchos y singulares favores. Entre los cuales fue muy digno de ponderación una visión o revelación que tuvo, y fue la que la dio motivo a la fundación de este convento: estaba en oración esta sierva de Dios y mereció que se le apareciese Cristo Señor Nuestro cargado con una muy larga y pesada cruz. Quedó con esta visión quebrantada interiormente, viendo a su Dios tan afligido, y preguntándole dónde iba con tan terrible peso, la respondió: “A decirte que me ayudes a llevar esta cruz y, si te juzgas de pocas fuerzas para tal empresa, busca gente que contigo me ayuden a llevarla”, y, dicho esto, desapareció la visión. La sierva de Dios entendió que ayudar al Señor a llevar su cruz era llamarla al estado de religiosa por que Él buscase gente para el mismo efecto, fundar de sus bienes algún monasterio en que almas santas siguiesen a Jesucristo por el camino de la cruz y, así como lo entendió, lo puso luego por obra. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Esta visión está pintada de muy buena mano en una pared de este convento, en una celdilla que acaso fue de su ilustre fundadora. Está en esta devotísima imagen pintado Cristo Señor Nuestro con mucha fatiga y le acompañan ocho personajes: uno en hábito de viuda, que es la sierva de Dios; luego, el maestre escuela don Francisco Álvarez, su cuñado, que fue ampliador de este convento; un religioso bernardo hermano de la dicha doña María y cinco religiosas en el hábito que entonces usaban, que fueron las primeras plantas de este convento. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Dándose por entendida de esta visión la sierva de Dios tomó el hábito e hizo profesión en el mismo convento el año de 1493. Luego fue elegida por abadesa, siendo custodio de la Custodia de Toledo el venerable padre fray Diego de Balcázar, y fue la primera que se intituló abadesa porque, hasta entonces, se llamaba madre la prelada y no abadesa. Viéndose en la prelacía puso [fol. 7r] todo su estudio en arreglar el convento en todo género de observancia, siendo la primera en los actos de comunidad y en todas las obras penales de mortificación y ejercicio de las demás virtudes. Durole el oficio de abadesa once años y pasó al Señor en el de 1504. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==Notas==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[1]'' Al margen izquierdo: Año 1504.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
= Vida impresa =&lt;br /&gt;
Ed. de [http://visionarias.es/equipo/veronica-torres-martin/ Verónica Torres Martín]; fecha de edición: febrero de 2021.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
== Fuente ==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[[Archivo:Alcócer Hystoria 1554.jpg|miniatura|250px|right| Pedro de Alcocer, 1554. “Libro segundo, en que particularmente se escribe el principio, y fundamento desta sancta ygleia de Toledo…”, en ''Hystoria, o descripcion dela Imperial cibdad de Toledo. Con todas las cosas acontecidad en ella, desde su principio, y fundacion. Adonde se tocan, y refieren muchas antigüedades, y cosas notables de la Hystoria general de España'', Toledo: Juan Ferrer.]]&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
* [http://catalogodesantasvivas.visionarias.es/index.php/Categor%C3%ADa:Pedro_de_Alcocer Alcocer, Pedro de], 1554. “Libro segundo, en que particularmente se escrive el principio, y fundamento desta sancta yglesia de Toledo…”, ''Hystoria o descripcion de la Imperial cibdad de Toledo. Con todas las cosas acontecidas en ella, desde su principio, y fundacion. Adonde se tocan y refieren muchas antigüedades, y cosas notables de la Hystoria general de España'', Toledo: Juan Ferrer, 1554, fols. 110v [108v] col. b – 110r [108r] col. b ''[1]''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[[Contexto material del impreso Hystoria, o descripcion de la Imperial cibdad de Toledo]]. ''Con todas las cosas acontecidad en ella, desde su principio, y fundacion. Adonde se tocan, y refieren muchas antigüedades, y cosas notables de la Hystoria general de España''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
== Criterios de edición ==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El relato aparece en el libro segundo de la ''Historia, o descripción de la Imperial ciudad de Toledo'', impreso en 1554, en el que se describe la fundación de los monasterios, hospitales y lugares píos de la ciudad de Toledo. La vida de María de la Santa Cruz se integra en el decimoséptimo capítulo, en el que se ilustra la fundación del monasterio de San Miguel de los Reyes. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Se siguen los criterios establecidos en el catálogo para fuentes impresas y, por tanto, se ha decidido respetar la morfología de las palabras con interés morfológico o fonológico con la intención de no perder los valores fonéticos, léxicos y sintácticos de la época. Asimismo, se conservan las grafías de sibilantes por tratarse de un impreso de mediados del siglo XVI. Además, para facilitar la localización del texto, se indica el folio (r-v) y la columna correspondiente (a-b).  &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
== Vida de María de Santa Cruz ==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
=== Capítulo XVII ===&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Del monesterio de San Miguel de los Reyes, y de su fundación'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[fol. 110v col. b] El quinto monesterio de la Orden de San Francisco y el tercero de los que militan debaxo de la regla de Santa Clara es el monesterio de San Miguel de los Reyes, el cual fue en su principio fundado y dotado por Diego López de Toledo, regidor de esta ciudad, hermano de Fernández Álvarez de Toledo, secretario de los Reyes Católicos, el cual, juntamente con María de Santa Cruz, su mujer, siendo devotos de esta Orden del glorioso San Francisco, no teniendo hijos, determinaron de hazer un monesterio de esta orden a quien dexassen toda su hazienda. Y assí lo pusieron en su vida por la obra, que, comprada una casa enfrente de la suya (que es adonde agora está la portería), pusieron en ella siete religiosas de la Tercera Regla de San Francisco, a las cuales ellos mantenían y daban todo lo necessario. Y esto duró hasta el año del Señor de 1491 años, que murió el dicho Diego López. Y la dicha María de Santa Cruz, desseando poner en obra su desseo (assí como en vida lo tenían los dos acordado), passó a su casa las dichas religiosas y cumplién- [fol. 110r col. a] dolas a doze de otras donzellas, de padres honestos y de buenas costumbres, se encerró con ellas en su casa adonde hizo iglesia que, aunque pequeña, era muy devota, en la cual estuvieron estas religiosas sin hazer professión en ninguna orden, viviendo debaxo de regla voluntaria hasta el año del Señor de 1514 años, que, estando aquí fray Francisco de los Ángeles, general de la Orden de San Francisco (que fue después cardenal), hizieron professión en la estrecha Orden de Santa Clara, en el cual tiempo era ya muerta la dicha María de Santa Cruz, que murió santamente en el año del Señor de 1504. La cual sostuvo en el dicho monesterio doze religiosas, con la dotación que en ella consigo metió, y dexó ordenado que dende en adelante para siempre se recibiessen cinco religiosas de honestos padres y de aprobada vida y gran recogimiento sin dote ninguna. Y después, don Francisco Álvarez de Toledo, maestrescuela de Toledo, les hizo donación de su casa propia, que es enfrente de la Iglesia de San Salvador, adonde estas religiosas se pudieron estender y recebir más monjas. Y aun de más de esto, el dicho maestrescuela, desseando adelantar esta casa de religión, de que su hermano había sido fundador, les compró las casas que fueron de Juan de Ayala, señor de Cebolla, y otras cercanas a ellas que estaban enfrente del dicho monesterio, de las cuales les hizo donación y de otra mucha cuantía de maravedís para la labor de ellas, lo cual se compró de juro con que se labró en algunos años. Y se quedó el dicho juro para el monesterio, el cual siendo acabado de la manera que hoy [fol. 110r col. b] está, estas religiosas se passaron a él el día del mártir San Lorenço, del año del Señor de 1529 años, adonde agora están viviendo con tanto recogimiento y honestidad que pueden ser exemplo a otras religiosas de España. Están sepultados estos religiosos fundadores de esta casa de religión juntamente con don Bernardino Çapata, maestrescuela de Toledo, en la capilla mayor de ella.&lt;br /&gt;
 &lt;br /&gt;
==Notas==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[1]'' Ejemplar mal foliado, pues aparece como CX cuando debería ser CVIII.&lt;/div&gt;</summary>
		<author><name>Anaritasoares</name></author>	</entry>

	<entry>
		<id>http://catalogodesantasvivas.visionarias.es/index.php?title=Contexto_material_del_impreso_Quarta_parte_de_la_historia_general_de_Santo_Domingo,_y_de_su_orden_de_predicadores&amp;diff=712817</id>
		<title>Contexto material del impreso Quarta parte de la historia general de Santo Domingo, y de su orden de predicadores</title>
		<link rel="alternate" type="text/html" href="http://catalogodesantasvivas.visionarias.es/index.php?title=Contexto_material_del_impreso_Quarta_parte_de_la_historia_general_de_Santo_Domingo,_y_de_su_orden_de_predicadores&amp;diff=712817"/>
				<updated>2026-06-05T17:20:17Z</updated>
		
		<summary type="html">&lt;p&gt;Anaritasoares: /* Ficha de la Vida impresa de María de Santa Lucía  */&lt;/p&gt;
&lt;hr /&gt;
&lt;div&gt;[[Archivo:Juan_López_1615.jpg|miniatura|250px|right| Juan López, 1615. ''Quarta parte de la historia general de Santo Domingo, y de su orden de predicadores''. Valladolid: Francisco Fernández de Córdoba. (Fuente: Imagen propiedad de la Universidad Complutense de Madrid. CC BY 4.0 [Digitalizado por Google]).]]&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
=Ficha de la Vida impresa de [[María de Jesús (3) |María de Jesús (3)]]=&lt;br /&gt;
{| class=&amp;quot;wikitable&amp;quot;&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Referencia bibliográfica || Juan López, 1615. “Libro primero de la quarta parte de la historia de Santo Domingo y de su orden”, ''Quarta parte de la historia general de Santo Domingo, y de su orden de predicadores''. Valladolid: Francisco Fernández de Córdoba.&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Digitalización || [https://www.google.es/books/edition/Quarta_parte_de_la_Historia_general_de_S/PLSUSyZb8g8C?hl=es&amp;amp;gbpv=1&amp;amp;dq=Quarta+parte+de+la+historia+general+de+Santo+Domingo,+y+de+su+orden+de+predicadores&amp;amp;printsec=frontcover  Google Books]&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Localización del texto en el volumen || La vida de María de Jesús se halla en el “Libro primero de la quarta parte de la historia de Santo Domingo y de su orden” de la ''Quarta parte de la historia general de Santo Domingo, y de su orden de predicadores de Juan López'', concretamente en el capítulo cuarenta y cinco que trata sobre la fundación del Monasterio de Santa María de Gracia en Sevilla. Al tratarse de la fundadora, su semblanza es la que primero hallamos en el capítulo (de la página 134 a la 137), seguida de algunas de sus compañeras en religión. &lt;br /&gt;
|}&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
=Ficha de la Vida impresa de [[María de la Ascensión|María de la Ascensión]]=&lt;br /&gt;
{| class=&amp;quot;wikitable&amp;quot;&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Referencia bibliográfica || Juan López, 1615. “Libro primero de la quarta parte de la historia de Santo Domingo y de su orden”, ''Quarta parte de la historia general de Santo Domingo, y de su orden de predicadores''. Valladolid: Francisco Fernández de Córdoba.&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Digitalización || [https://www.google.es/books/edition/Quarta_parte_de_la_Historia_general_de_S/PLSUSyZb8g8C?hl=es&amp;amp;gbpv=1&amp;amp;dq=Quarta+parte+de+la+historia+general+de+Santo+Domingo,+y+de+su+orden+de+predicadores&amp;amp;printsec=frontcover  Google Books]&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Localización del texto en el volumen || La vida de María de la Ascensión se halla en el “Libro primero de la quarta parte de la historia de Santo Domingo y de su orden” de la ''Quarta parte de la historia general de Santo Domingo, y de su orden de predicadores de Juan López'', concretamente en el capítulo cuarenta y seis, que trata de algunas otras siervas de Dios del Monasterio de Santa María de Gracia en Sevilla. Su semblanza se encuentra en las páginas 141 y 142, tras la vida de su compañera María de Santa Elena. &lt;br /&gt;
|}&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
=Ficha de la Vida impresa de [[María de la Asunción (3)|María de la Asunción (3)]]=&lt;br /&gt;
{| class=&amp;quot;wikitable&amp;quot;&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Referencia bibliográfica || Juan López, 1615. “Libro primero de la quarta parte de la historia de Santo Domingo y de su orden”, ''Quarta parte de la historia general de Santo Domingo, y de su orden de predicadores''. Valladolid: Francisco Fernández de Córdoba.&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Digitalización || [https://www.google.es/books/edition/Quarta_parte_de_la_Historia_general_de_S/PLSUSyZb8g8C?hl=es&amp;amp;gbpv=1&amp;amp;dq=Quarta+parte+de+la+historia+general+de+Santo+Domingo,+y+de+su+orden+de+predicadores&amp;amp;printsec=frontcover  Google Books]&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Localización del texto en el volumen || La vida de María de la Asunción se halla en el “Libro primero de la quarta parte de la historia de Santo Domingo y de su orden” de la ''Quarta parte de la historia general de Santo Domingo, y de su orden de predicadores de Juan López'', concretamente en el capítulo cuarenta y cinco que trata sobre la fundación del Monasterio de Santa María de Gracia en Sevilla. Fue una de las primeras preladas de dicho monasterio, junto a María de la Encarnación y María de la Cruz. Así, su vida la podemos encontrar en las páginas 136 y 137. &lt;br /&gt;
|}&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
=Ficha de la Vida impresa de [[María de la Columna|María de la Columna]]=&lt;br /&gt;
{| class=&amp;quot;wikitable&amp;quot;&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Referencia bibliográfica || Juan López, 1615. “Libro primero de la quarta parte de la historia de Santo Domingo y de su orden”, ''Quarta parte de la historia general de Santo Domingo, y de su orden de predicadores''. Valladolid: Francisco Fernández de Córdoba.&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Digitalización || [https://www.google.es/books/edition/Quarta_parte_de_la_Historia_general_de_S/PLSUSyZb8g8C?hl=es&amp;amp;gbpv=1&amp;amp;dq=Quarta+parte+de+la+historia+general+de+Santo+Domingo,+y+de+su+orden+de+predicadores&amp;amp;printsec=frontcover  Google Books]&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Localización del texto en el volumen || La vida de María de la Columna se halla en el “Libro primero de la quarta parte de la historia de Santo Domingo y de su orden” de la ''Quarta parte de la historia general de Santo Domingo, y de su orden de predicadores de Juan López'', concretamente en el capítulo cuarenta y seis, que trata de algunas otras siervas de Dios del Monasterio de Santa María de Gracia en Sevilla. Su breve vida se halla junto a la de su hermana, María de la Corona, en la página 142. &lt;br /&gt;
|}&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
=Ficha de la Vida impresa de [[María de la Concepción (2) |María de la Concepción (2) ]]=&lt;br /&gt;
{| class=&amp;quot;wikitable&amp;quot;&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Referencia bibliográfica || Juan López, 1615. “Libro primero de la quarta parte de la historia de Santo Domingo y de su orden”, ''Quarta parte de la historia general de Santo Domingo, y de su orden de predicadores''. Valladolid: Francisco Fernández de Córdoba.&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Digitalización || [https://www.google.es/books/edition/Quarta_parte_de_la_Historia_general_de_S/PLSUSyZb8g8C?hl=es&amp;amp;gbpv=1&amp;amp;dq=Quarta+parte+de+la+historia+general+de+Santo+Domingo,+y+de+su+orden+de+predicadores&amp;amp;printsec=frontcover  Google Books]&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Localización del texto en el volumen || La vida de María de la Concepción se halla en el “Libro primero de la quarta parte de la historia de Santo Domingo y de su orden” de la ''Quarta parte de la historia general de Santo Domingo, y de su orden de predicadores de Juan López'', concretamente en el capítulo cuarenta y seis, que trata de algunas otras siervas de Dios del Monasterio de Santa María de Gracia en Sevilla. De hecho, su vida es la que encabeza el mencionado capítulo, que se inicia en la página 138 y culmina en la 139. &lt;br /&gt;
|}&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
=Ficha de la Vida impresa de [[María de la Corona|María de la Corona]]=&lt;br /&gt;
{| class=&amp;quot;wikitable&amp;quot;&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Referencia bibliográfica || Juan López, 1615. “Libro primero de la quarta parte de la historia de Santo Domingo y de su orden”, ''Quarta parte de la historia general de Santo Domingo, y de su orden de predicadores''. Valladolid: Francisco Fernández de Córdoba.&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Digitalización || [https://www.google.es/books/edition/Quarta_parte_de_la_Historia_general_de_S/PLSUSyZb8g8C?hl=es&amp;amp;gbpv=1&amp;amp;dq=Quarta+parte+de+la+historia+general+de+Santo+Domingo,+y+de+su+orden+de+predicadores&amp;amp;printsec=frontcover  Google Books]&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Localización del texto en el volumen || La vida de María de la Corona se halla en el “Libro primero de la quarta parte de la historia de Santo Domingo y de su orden” de la ''Quarta parte de la historia general de Santo Domingo, y de su orden de predicadores de Juan López'', concretamente en el capítulo cuarenta y seis, que trata de algunas otras siervas de Dios del Monasterio de Santa María de Gracia en Sevilla. Su breve vida se halla junto a la de su hermana, María de la Columna, en la página 142. &lt;br /&gt;
|}&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
=Ficha de la Vida impresa de [[María de la Cruz (2)|María de la Cruz (2)]]=&lt;br /&gt;
{| class=&amp;quot;wikitable&amp;quot;&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Referencia bibliográfica || Juan López, 1615. “Libro primero de la quarta parte de la historia de Santo Domingo y de su orden”, ''Quarta parte de la historia general de Santo Domingo, y de su orden de predicadores''. Valladolid: Francisco Fernández de Córdoba.&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Digitalización || [https://www.google.es/books/edition/Quarta_parte_de_la_Historia_general_de_S/PLSUSyZb8g8C?hl=es&amp;amp;gbpv=1&amp;amp;dq=Quarta+parte+de+la+historia+general+de+Santo+Domingo,+y+de+su+orden+de+predicadores&amp;amp;printsec=frontcover  Google Books]&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Localización del texto en el volumen || La vida de María de la Cruz se halla en el “Libro primero de la quarta parte de la historia de Santo Domingo y de su orden” de la ''Quarta parte de la historia general de Santo Domingo, y de su orden de predicadores de Juan López'', concretamente en el capítulo cuarenta y cinco que trata sobre la fundación del Monasterio de Santa María de Gracia en Sevilla. Se trata de la primera prelada que tuvo dicho Monasterio, cuya vida podemos localizar en las páginas 136 y 137, junto a las de sus sucesoras: María de Asunción y María de la Encarnación. &lt;br /&gt;
|}&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
=Ficha de la Vida impresa de [[María de la Pasión|María de la Pasión]]=&lt;br /&gt;
{| class=&amp;quot;wikitable&amp;quot;&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Referencia bibliográfica || Juan López, 1615. “Libro primero de la quarta parte de la historia de Santo Domingo y de su orden”, ''Quarta parte de la historia general de Santo Domingo, y de su orden de predicadores''. Valladolid: Francisco Fernández de Córdoba.&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Digitalización || [https://www.google.es/books/edition/Quarta_parte_de_la_Historia_general_de_S/PLSUSyZb8g8C?hl=es&amp;amp;gbpv=1&amp;amp;dq=Quarta+parte+de+la+historia+general+de+Santo+Domingo,+y+de+su+orden+de+predicadores&amp;amp;printsec=frontcover  Google Books]&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Localización del texto en el volumen || La vida de María de la Pasión se halla en el “Libro primero de la quarta parte de la historia de Santo Domingo y de su orden” de la ''Quarta parte de la historia general de Santo Domingo, y de su orden de predicadores de Juan López'', concretamente en el capítulo cuarenta y siete “adonde prosigue la materia del capítulo pasado”. Su semblanza se encuentra en las páginas 144 y 145, tras la de María de la Resurrección. &lt;br /&gt;
|}&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
=Ficha de la Vida impresa de [[María de la Presentación |María de la Presentación ]]=&lt;br /&gt;
{| class=&amp;quot;wikitable&amp;quot;&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Referencia bibliográfica || Juan López, 1615. “Libro primero de la quarta parte de la historia de Santo Domingo y de su orden”, ''Quarta parte de la historia general de Santo Domingo, y de su orden de predicadores''. Valladolid: Francisco Fernández de Córdoba.&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Digitalización || [https://www.google.es/books/edition/Quarta_parte_de_la_Historia_general_de_S/PLSUSyZb8g8C?hl=es&amp;amp;gbpv=1&amp;amp;dq=Quarta+parte+de+la+historia+general+de+Santo+Domingo,+y+de+su+orden+de+predicadores&amp;amp;printsec=frontcover  Google Books]&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Localización del texto en el volumen || La vida de María de la Presentación se halla en el “Libro primero de la quarta parte de la historia de Santo Domingo y de su orden” de la Quarta parte de la historia general de Santo Domingo, y de su orden de predicadores de Juan López, concretamente en el capítulo cuarenta y siete “adonde prosigue la materia del capítulo pasado”. Su semblanza se encuentra en la página 145, tras la de su compañera María de la San Gabriel. &lt;br /&gt;
|}&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
=Ficha de la Vida impresa de [[María de la Purificación |María de la Purificación]]=&lt;br /&gt;
{| class=&amp;quot;wikitable&amp;quot;&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Referencia bibliográfica || Juan López, 1615. “Libro primero de la quarta parte de la historia de Santo Domingo y de su orden”, ''Quarta parte de la historia general de Santo Domingo, y de su orden de predicadores''. Valladolid: Francisco Fernández de Córdoba.&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Digitalización || [https://www.google.es/books/edition/Quarta_parte_de_la_Historia_general_de_S/PLSUSyZb8g8C?hl=es&amp;amp;gbpv=1&amp;amp;dq=Quarta+parte+de+la+historia+general+de+Santo+Domingo,+y+de+su+orden+de+predicadores&amp;amp;printsec=frontcover  Google Books]&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Localización del texto en el volumen || La vida de María de la Purificación se halla en el “Libro primero de la quarta parte de la historia de Santo Domingo y de su orden” de la ''Quarta parte de la historia general de Santo Domingo, y de su orden de predicadores de Juan López'', concretamente en el capítulo cuarenta y seis, que trata de algunas otras siervas de Dios del Monasterio de Santa María de Gracia en Sevilla. De esta forma, podemos encontrar su hagiografía en las páginas 140 y 141, tras la de María de San Benito. &lt;br /&gt;
|}&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
=Ficha de la Vida impresa de [[María de la Resurrección |María de la Resurrección ]]=&lt;br /&gt;
{| class=&amp;quot;wikitable&amp;quot;&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Referencia bibliográfica || Juan López, 1615. “Libro primero de la quarta parte de la historia de Santo Domingo y de su orden”, ''Quarta parte de la historia general de Santo Domingo, y de su orden de predicadores''. Valladolid: Francisco Fernández de Córdoba.&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Digitalización || [https://www.google.es/books/edition/Quarta_parte_de_la_Historia_general_de_S/PLSUSyZb8g8C?hl=es&amp;amp;gbpv=1&amp;amp;dq=Quarta+parte+de+la+historia+general+de+Santo+Domingo,+y+de+su+orden+de+predicadores&amp;amp;printsec=frontcover  Google Books]&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Localización del texto en el volumen || La vida de María de la Resurrección se halla en el “Libro primero de la quarta parte de la historia de Santo Domingo y de su orden” de la ''Quarta parte de la historia general de Santo Domingo, y de su orden de predicadores de Juan López'', concretamente en el capítulo cuarenta y siete “adonde prosigue la materia del capítulo pasado”. Su semblanza se halla en la página 144, tras la de la madre María de Santa Cristina. &lt;br /&gt;
|}&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
=Ficha de la Vida impresa de [[María de San Agustín |María de San Agustín ]]=&lt;br /&gt;
{| class=&amp;quot;wikitable&amp;quot;&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Referencia bibliográfica || Juan López, 1615. “Libro primero de la quarta parte de la historia de Santo Domingo y de su orden”, ''Quarta parte de la historia general de Santo Domingo, y de su orden de predicadores''. Valladolid: Francisco Fernández de Córdoba.&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Digitalización || [https://www.google.es/books/edition/Quarta_parte_de_la_Historia_general_de_S/PLSUSyZb8g8C?hl=es&amp;amp;gbpv=1&amp;amp;dq=Quarta+parte+de+la+historia+general+de+Santo+Domingo,+y+de+su+orden+de+predicadores&amp;amp;printsec=frontcover  Google Books]&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Localización del texto en el volumen || La vida de María de San Agustín se halla en el “Libro primero de la quarta parte de la historia de Santo Domingo y de su orden” de la ''Quarta parte de la historia general de Santo Domingo, y de su orden de predicadores de Juan López'', concretamente en el capítulo cuarenta y cinco que trata sobre la fundación del Monasterio de Santa María de Gracia en Sevilla. Su semblanza se puede encontrar en la página 138, tras la de la madre María de la Cruz. &lt;br /&gt;
|}&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
=Ficha de la Vida impresa de [[María de San Benito |María de San Benito ]]=&lt;br /&gt;
{| class=&amp;quot;wikitable&amp;quot;&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Referencia bibliográfica || Juan López, 1615. “Libro primero de la quarta parte de la historia de Santo Domingo y de su orden”, ''Quarta parte de la historia general de Santo Domingo, y de su orden de predicadores''. Valladolid: Francisco Fernández de Córdoba.&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Digitalización || [https://www.google.es/books/edition/Quarta_parte_de_la_Historia_general_de_S/PLSUSyZb8g8C?hl=es&amp;amp;gbpv=1&amp;amp;dq=Quarta+parte+de+la+historia+general+de+Santo+Domingo,+y+de+su+orden+de+predicadores&amp;amp;printsec=frontcover  Google Books]&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Localización del texto en el volumen || La vida de María de San Benito se halla en el “Libro primero de la quarta parte de la historia de Santo Domingo y de su orden” de la ''Quarta parte de la historia general de Santo Domingo, y de su orden de predicadores de Juan López'', concretamente en el capítulo cuarenta y seis, que trata de algunas otras siervas de Dios del Monasterio de Santa María de Gracia en Sevilla. Su hagiografía se puede encontrar en la página 140, tras la de María del Crucifijo. &lt;br /&gt;
|}&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
=Ficha de la Vida impresa de [[María de San Bernardo |María de San Bernardo ]]=&lt;br /&gt;
{| class=&amp;quot;wikitable&amp;quot;&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Referencia bibliográfica || Juan López, 1615. “Libro primero de la quarta parte de la historia de Santo Domingo y de su orden”, ''Quarta parte de la historia general de Santo Domingo, y de su orden de predicadores''. Valladolid: Francisco Fernández de Córdoba.&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Digitalización || [https://www.google.es/books/edition/Quarta_parte_de_la_Historia_general_de_S/PLSUSyZb8g8C?hl=es&amp;amp;gbpv=1&amp;amp;dq=Quarta+parte+de+la+historia+general+de+Santo+Domingo,+y+de+su+orden+de+predicadores&amp;amp;printsec=frontcover  Google Books]&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Localización del texto en el volumen || La vida de María de San Bernardo se halla en el “Libro primero de la quarta parte de la historia de Santo Domingo y de su orden” de la ''Quarta parte de la historia general de Santo Domingo, y de su orden de predicadores de Juan López'', concretamente en el capítulo cuarenta y siete “adonde prosigue la materia del capítulo pasado”. Su semblanza se halla en la página 143, esto es, iniciando el capítulo. &lt;br /&gt;
|}&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
=Ficha de la Vida impresa de [[María de San Gabriel |María de San Gabriel ]]=&lt;br /&gt;
{| class=&amp;quot;wikitable&amp;quot;&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Referencia bibliográfica || Juan López, 1615. “Libro primero de la quarta parte de la historia de Santo Domingo y de su orden”, ''Quarta parte de la historia general de Santo Domingo, y de su orden de predicadores''. Valladolid: Francisco Fernández de Córdoba.&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Digitalización || [https://www.google.es/books/edition/Quarta_parte_de_la_Historia_general_de_S/PLSUSyZb8g8C?hl=es&amp;amp;gbpv=1&amp;amp;dq=Quarta+parte+de+la+historia+general+de+Santo+Domingo,+y+de+su+orden+de+predicadores&amp;amp;printsec=frontcover  Google Books]&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Localización del texto en el volumen || La vida de María de San Gabriel se halla en el “Libro primero de la quarta parte de la historia de Santo Domingo y de su orden” de la ''Quarta parte de la historia general de Santo Domingo, y de su orden de predicadores de Juan López'', concretamente en el capítulo cuarenta y siete “adonde prosigue la materia del capítulo pasado”. Su semblanza se halla en la página 145, tras la de la madre María de la Pasión. &lt;br /&gt;
|}&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
=Ficha de la Vida impresa de [[María de San Ildefonso |María de San Ildefonso ]]=&lt;br /&gt;
{| class=&amp;quot;wikitable&amp;quot;&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Referencia bibliográfica || Juan López, 1615. “Libro primero de la quarta parte de la historia de Santo Domingo y de su orden”, ''Quarta parte de la historia general de Santo Domingo, y de su orden de predicadores''. Valladolid: Francisco Fernández de Córdoba.&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Digitalización || [https://www.google.es/books/edition/Quarta_parte_de_la_Historia_general_de_S/PLSUSyZb8g8C?hl=es&amp;amp;gbpv=1&amp;amp;dq=Quarta+parte+de+la+historia+general+de+Santo+Domingo,+y+de+su+orden+de+predicadores&amp;amp;printsec=frontcover  Google Books]&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Localización del texto en el volumen || La vida de se halla en el “Libro primero de la quarta parte de la historia de Santo Domingo y de su orden” de la ''Quarta parte de la historia general de Santo Domingo, y de su orden de predicadores de Juan López'', concretamente en el capítulo cuarenta y ocho que trata “de algunas religiosas del Monasterio de Santa María de Gracia. Su semblanza se puede hallar en las páginas 148 y 149, tras la de María de Belén. &lt;br /&gt;
|}&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
=Ficha de la Vida impresa de [[María de San Marcos|María de San Marcos]]=&lt;br /&gt;
{| class=&amp;quot;wikitable&amp;quot;&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Referencia bibliográfica || Juan López, 1615. “Libro primero de la quarta parte de la historia de Santo Domingo y de su orden”, ''Quarta parte de la historia general de Santo Domingo, y de su orden de predicadores''. Valladolid: Francisco Fernández de Córdoba.&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Digitalización || [https://www.google.es/books/edition/Quarta_parte_de_la_Historia_general_de_S/PLSUSyZb8g8C?hl=es&amp;amp;gbpv=1&amp;amp;dq=Quarta+parte+de+la+historia+general+de+Santo+Domingo,+y+de+su+orden+de+predicadores&amp;amp;printsec=frontcover  Google Books]&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Localización del texto en el volumen || La vida de María de San Marcos se halla en el “Libro primero de la quarta parte de la historia de Santo Domingo y de su orden” de la ''Quarta parte de la historia general de Santo Domingo, y de su orden de predicadores de Juan López'', concretamente en el capítulo cuarenta y siete “adonde prosigue la materia del capítulo pasado”. Su semblanza se halla en las páginas 146 y 147, tras la de María de Santa Lucía, esto es, cerrando el capítulo. &lt;br /&gt;
|}&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
=Ficha de la Vida impresa de [[María de Santa Catalina de Sena |María de Santa Catalina de Sena ]]=&lt;br /&gt;
{| class=&amp;quot;wikitable&amp;quot;&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Referencia bibliográfica || Juan López, 1615. “Libro primero de la quarta parte de la historia de Santo Domingo y de su orden”, ''Quarta parte de la historia general de Santo Domingo, y de su orden de predicadores''. Valladolid: Francisco Fernández de Córdoba.&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Digitalización || [https://www.google.es/books/edition/Quarta_parte_de_la_Historia_general_de_S/PLSUSyZb8g8C?hl=es&amp;amp;gbpv=1&amp;amp;dq=Quarta+parte+de+la+historia+general+de+Santo+Domingo,+y+de+su+orden+de+predicadores&amp;amp;printsec=frontcover  Google Books]&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Localización del texto en el volumen || La vida de María de Santa Catalina de Sena se halla en el “Libro primero de la quarta parte de la historia de Santo Domingo y de su orden” de la ''Quarta parte de la historia general de Santo Domingo, y de su orden de predicadores de Juan López'', concretamente en el capítulo cuarenta y seis, que trata de algunas otras siervas de Dios del Monasterio de Santa María de Gracia en Sevilla. Su hagiografía se puede encontrar en la página 142, tras la de María de la Corona. &lt;br /&gt;
|}&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
=Ficha de la Vida impresa de [[María de Santa Cristina |María de Santa Cristina ]]=&lt;br /&gt;
{| class=&amp;quot;wikitable&amp;quot;&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Referencia bibliográfica || Juan López, 1615. “Libro primero de la quarta parte de la historia de Santo Domingo y de su orden”, ''Quarta parte de la historia general de Santo Domingo, y de su orden de predicadores''. Valladolid: Francisco Fernández de Córdoba.&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Digitalización || [https://www.google.es/books/edition/Quarta_parte_de_la_Historia_general_de_S/PLSUSyZb8g8C?hl=es&amp;amp;gbpv=1&amp;amp;dq=Quarta+parte+de+la+historia+general+de+Santo+Domingo,+y+de+su+orden+de+predicadores&amp;amp;printsec=frontcover  Google Books]&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Localización del texto en el volumen || La vida de María de Santa Cristina se halla en el “Libro primero de la quarta parte de la historia de Santo Domingo y de su orden” de la ''Quarta parte de la historia general de Santo Domingo, y de su orden de predicadores de Juan López'', concretamente en el capítulo cuarenta y siete “adonde prosigue la materia del capítulo pasado”. Su semblanza se halla en las páginas 143 y 144, tras la de María de Santispíritus. &lt;br /&gt;
|}&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
=Ficha de la Vida impresa de [[María de Santa Elena |María de Santa Elena ]]=&lt;br /&gt;
{| class=&amp;quot;wikitable&amp;quot;&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Referencia bibliográfica || Juan López, 1615. “Libro primero de la quarta parte de la historia de Santo Domingo y de su orden”, ''Quarta parte de la historia general de Santo Domingo, y de su orden de predicadores''. Valladolid: Francisco Fernández de Córdoba.&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Digitalización || [https://www.google.es/books/edition/Quarta_parte_de_la_Historia_general_de_S/PLSUSyZb8g8C?hl=es&amp;amp;gbpv=1&amp;amp;dq=Quarta+parte+de+la+historia+general+de+Santo+Domingo,+y+de+su+orden+de+predicadores&amp;amp;printsec=frontcover  Google Books]&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Localización del texto en el volumen || La vida de María de Santa Elena se halla en el “Libro primero de la quarta parte de la historia de Santo Domingo y de su orden” de la ''Quarta parte de la historia general de Santo Domingo, y de su orden de predicadores de Juan López'', concretamente en el capítulo cuarenta y seis, que trata de algunas otras siervas de Dios del Monasterio de Santa María de Gracia en Sevilla. Su hagiografía se puede encontrar en la página 141, tras la de María de la Purificación. &lt;br /&gt;
|}&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
=Ficha de la Vida impresa de [[María de Santa Lucía |María de Santa Lucía ]]=&lt;br /&gt;
{| class=&amp;quot;wikitable&amp;quot;&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Referencia bibliográfica || Juan López, 1615. “Libro primero de la quarta parte de la historia de Santo Domingo y de su orden”, ''Quarta parte de la historia general de Santo Domingo, y de su orden de predicadores''. Valladolid: Francisco Fernández de Córdoba.&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Digitalización || [https://www.google.es/books/edition/Quarta_parte_de_la_Historia_general_de_S/PLSUSyZb8g8C?hl=es&amp;amp;gbpv=1&amp;amp;dq=Quarta+parte+de+la+historia+general+de+Santo+Domingo,+y+de+su+orden+de+predicadores&amp;amp;printsec=frontcover  Google Books]&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Localización del texto en el volumen || La vida de María de Santa Lucía se halla en el “Libro primero de la quarta parte de la historia de Santo Domingo y de su orden” de la ''Quarta parte de la historia general de Santo Domingo, y de su orden de predicadores de Juan López'', concretamente en el capítulo cuarenta y siete “adonde prosigue la materia del capítulo pasado”. Su semblanza se halla en la página 146, tras la de María de la Presentación. &lt;br /&gt;
|}&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
=Ficha de la Vida impresa de [[María de Santispiritus |María de Santispiritus ]]=&lt;br /&gt;
{| class=&amp;quot;wikitable&amp;quot;&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Referencia bibliográfica || Juan López, 1615. “Libro primero de la quarta parte de la historia de Santo Domingo y de su orden”, ''Quarta parte de la historia general de Santo Domingo, y de su orden de predicadores''. Valladolid: Francisco Fernández de Córdoba.&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Digitalización || [https://www.google.es/books/edition/Quarta_parte_de_la_Historia_general_de_S/PLSUSyZb8g8C?hl=es&amp;amp;gbpv=1&amp;amp;dq=Quarta+parte+de+la+historia+general+de+Santo+Domingo,+y+de+su+orden+de+predicadores&amp;amp;printsec=frontcover  Google Books]&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Localización del texto en el volumen || La vida de María de Santispiritus se halla en el “Libro primero de la quarta parte de la historia de Santo Domingo y de su orden” de la ''Quarta parte de la historia general de Santo Domingo, y de su orden de predicadores de Juan López'', concretamente en el capítulo cuarenta y siete “adonde prosigue la materia del capítulo pasado”. Su semblanza se halla en la página 143, tras la de María de San Bernardo. &lt;br /&gt;
|}&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
=Ficha de la Vida impresa de [[María de Santo Tomás |María de Santo Tomás ]]=&lt;br /&gt;
{| class=&amp;quot;wikitable&amp;quot;&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Referencia bibliográfica || Juan López, 1615. “Libro primero de la quarta parte de la historia de Santo Domingo y de su orden”, ''Quarta parte de la historia general de Santo Domingo, y de su orden de predicadores''. Valladolid: Francisco Fernández de Córdoba.&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Digitalización || [https://www.google.es/books/edition/Quarta_parte_de_la_Historia_general_de_S/PLSUSyZb8g8C?hl=es&amp;amp;gbpv=1&amp;amp;dq=Quarta+parte+de+la+historia+general+de+Santo+Domingo,+y+de+su+orden+de+predicadores&amp;amp;printsec=frontcover  Google Books]&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Localización del texto en el volumen || La vida de María de Santo Tomás se halla en el “Libro primero de la quarta parte de la historia de Santo Domingo y de su orden” de la ''Quarta parte de la historia general de Santo Domingo, y de su orden de predicadores de Juan López'', concretamente en el capítulo cuarenta y seis, que trata de algunas otras siervas de Dios del Monasterio de Santa María de Gracia en Sevilla. Su hagiografía se puede encontrar en la página 142, tras la de María de Santa Catalina de Sena. &lt;br /&gt;
|}&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
=Ficha de la Vida impresa de [[María del Crucifijo |María del Crucifijo ]]=&lt;br /&gt;
{| class=&amp;quot;wikitable&amp;quot;&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Referencia bibliográfica || Juan López, 1615. “Libro primero de la quarta parte de la historia de Santo Domingo y de su orden”, ''Quarta parte de la historia general de Santo Domingo, y de su orden de predicadores''. Valladolid: Francisco Fernández de Córdoba.&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Digitalización || [https://www.google.es/books/edition/Quarta_parte_de_la_Historia_general_de_S/PLSUSyZb8g8C?hl=es&amp;amp;gbpv=1&amp;amp;dq=Quarta+parte+de+la+historia+general+de+Santo+Domingo,+y+de+su+orden+de+predicadores&amp;amp;printsec=frontcover  Google Books]&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Localización del texto en el volumen || La vida de María del Crucifijo se halla en el “Libro primero de la quarta parte de la historia de Santo Domingo y de su orden” de la ''Quarta parte de la historia general de Santo Domingo, y de su orden de predicadores de Juan López'', concretamente en el capítulo cuarenta y seis, que trata de algunas otras siervas de Dios del Monasterio de Santa María de Gracia en Sevilla. Su hagiografía se encuentra en las páginas 139 y 140, tras la de María de la Concepción.  &lt;br /&gt;
|}&lt;/div&gt;</summary>
		<author><name>Anaritasoares</name></author>	</entry>

	<entry>
		<id>http://catalogodesantasvivas.visionarias.es/index.php?title=Contexto_material_del_impreso_Quarta_parte_de_la_historia_general_de_Santo_Domingo,_y_de_su_orden_de_predicadores&amp;diff=712816</id>
		<title>Contexto material del impreso Quarta parte de la historia general de Santo Domingo, y de su orden de predicadores</title>
		<link rel="alternate" type="text/html" href="http://catalogodesantasvivas.visionarias.es/index.php?title=Contexto_material_del_impreso_Quarta_parte_de_la_historia_general_de_Santo_Domingo,_y_de_su_orden_de_predicadores&amp;diff=712816"/>
				<updated>2026-06-05T17:20:06Z</updated>
		
		<summary type="html">&lt;p&gt;Anaritasoares: /* Ficha de la Vida impresa de María de la Purificación */&lt;/p&gt;
&lt;hr /&gt;
&lt;div&gt;[[Archivo:Juan_López_1615.jpg|miniatura|250px|right| Juan López, 1615. ''Quarta parte de la historia general de Santo Domingo, y de su orden de predicadores''. Valladolid: Francisco Fernández de Córdoba. (Fuente: Imagen propiedad de la Universidad Complutense de Madrid. CC BY 4.0 [Digitalizado por Google]).]]&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
=Ficha de la Vida impresa de [[María de Jesús (3) |María de Jesús (3)]]=&lt;br /&gt;
{| class=&amp;quot;wikitable&amp;quot;&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Referencia bibliográfica || Juan López, 1615. “Libro primero de la quarta parte de la historia de Santo Domingo y de su orden”, ''Quarta parte de la historia general de Santo Domingo, y de su orden de predicadores''. Valladolid: Francisco Fernández de Córdoba.&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Digitalización || [https://www.google.es/books/edition/Quarta_parte_de_la_Historia_general_de_S/PLSUSyZb8g8C?hl=es&amp;amp;gbpv=1&amp;amp;dq=Quarta+parte+de+la+historia+general+de+Santo+Domingo,+y+de+su+orden+de+predicadores&amp;amp;printsec=frontcover  Google Books]&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Localización del texto en el volumen || La vida de María de Jesús se halla en el “Libro primero de la quarta parte de la historia de Santo Domingo y de su orden” de la ''Quarta parte de la historia general de Santo Domingo, y de su orden de predicadores de Juan López'', concretamente en el capítulo cuarenta y cinco que trata sobre la fundación del Monasterio de Santa María de Gracia en Sevilla. Al tratarse de la fundadora, su semblanza es la que primero hallamos en el capítulo (de la página 134 a la 137), seguida de algunas de sus compañeras en religión. &lt;br /&gt;
|}&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
=Ficha de la Vida impresa de [[María de la Ascensión|María de la Ascensión]]=&lt;br /&gt;
{| class=&amp;quot;wikitable&amp;quot;&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Referencia bibliográfica || Juan López, 1615. “Libro primero de la quarta parte de la historia de Santo Domingo y de su orden”, ''Quarta parte de la historia general de Santo Domingo, y de su orden de predicadores''. Valladolid: Francisco Fernández de Córdoba.&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Digitalización || [https://www.google.es/books/edition/Quarta_parte_de_la_Historia_general_de_S/PLSUSyZb8g8C?hl=es&amp;amp;gbpv=1&amp;amp;dq=Quarta+parte+de+la+historia+general+de+Santo+Domingo,+y+de+su+orden+de+predicadores&amp;amp;printsec=frontcover  Google Books]&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Localización del texto en el volumen || La vida de María de la Ascensión se halla en el “Libro primero de la quarta parte de la historia de Santo Domingo y de su orden” de la ''Quarta parte de la historia general de Santo Domingo, y de su orden de predicadores de Juan López'', concretamente en el capítulo cuarenta y seis, que trata de algunas otras siervas de Dios del Monasterio de Santa María de Gracia en Sevilla. Su semblanza se encuentra en las páginas 141 y 142, tras la vida de su compañera María de Santa Elena. &lt;br /&gt;
|}&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
=Ficha de la Vida impresa de [[María de la Asunción (3)|María de la Asunción (3)]]=&lt;br /&gt;
{| class=&amp;quot;wikitable&amp;quot;&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Referencia bibliográfica || Juan López, 1615. “Libro primero de la quarta parte de la historia de Santo Domingo y de su orden”, ''Quarta parte de la historia general de Santo Domingo, y de su orden de predicadores''. Valladolid: Francisco Fernández de Córdoba.&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Digitalización || [https://www.google.es/books/edition/Quarta_parte_de_la_Historia_general_de_S/PLSUSyZb8g8C?hl=es&amp;amp;gbpv=1&amp;amp;dq=Quarta+parte+de+la+historia+general+de+Santo+Domingo,+y+de+su+orden+de+predicadores&amp;amp;printsec=frontcover  Google Books]&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Localización del texto en el volumen || La vida de María de la Asunción se halla en el “Libro primero de la quarta parte de la historia de Santo Domingo y de su orden” de la ''Quarta parte de la historia general de Santo Domingo, y de su orden de predicadores de Juan López'', concretamente en el capítulo cuarenta y cinco que trata sobre la fundación del Monasterio de Santa María de Gracia en Sevilla. Fue una de las primeras preladas de dicho monasterio, junto a María de la Encarnación y María de la Cruz. Así, su vida la podemos encontrar en las páginas 136 y 137. &lt;br /&gt;
|}&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
=Ficha de la Vida impresa de [[María de la Columna|María de la Columna]]=&lt;br /&gt;
{| class=&amp;quot;wikitable&amp;quot;&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Referencia bibliográfica || Juan López, 1615. “Libro primero de la quarta parte de la historia de Santo Domingo y de su orden”, ''Quarta parte de la historia general de Santo Domingo, y de su orden de predicadores''. Valladolid: Francisco Fernández de Córdoba.&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Digitalización || [https://www.google.es/books/edition/Quarta_parte_de_la_Historia_general_de_S/PLSUSyZb8g8C?hl=es&amp;amp;gbpv=1&amp;amp;dq=Quarta+parte+de+la+historia+general+de+Santo+Domingo,+y+de+su+orden+de+predicadores&amp;amp;printsec=frontcover  Google Books]&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Localización del texto en el volumen || La vida de María de la Columna se halla en el “Libro primero de la quarta parte de la historia de Santo Domingo y de su orden” de la ''Quarta parte de la historia general de Santo Domingo, y de su orden de predicadores de Juan López'', concretamente en el capítulo cuarenta y seis, que trata de algunas otras siervas de Dios del Monasterio de Santa María de Gracia en Sevilla. Su breve vida se halla junto a la de su hermana, María de la Corona, en la página 142. &lt;br /&gt;
|}&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
=Ficha de la Vida impresa de [[María de la Concepción (2) |María de la Concepción (2) ]]=&lt;br /&gt;
{| class=&amp;quot;wikitable&amp;quot;&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Referencia bibliográfica || Juan López, 1615. “Libro primero de la quarta parte de la historia de Santo Domingo y de su orden”, ''Quarta parte de la historia general de Santo Domingo, y de su orden de predicadores''. Valladolid: Francisco Fernández de Córdoba.&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Digitalización || [https://www.google.es/books/edition/Quarta_parte_de_la_Historia_general_de_S/PLSUSyZb8g8C?hl=es&amp;amp;gbpv=1&amp;amp;dq=Quarta+parte+de+la+historia+general+de+Santo+Domingo,+y+de+su+orden+de+predicadores&amp;amp;printsec=frontcover  Google Books]&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Localización del texto en el volumen || La vida de María de la Concepción se halla en el “Libro primero de la quarta parte de la historia de Santo Domingo y de su orden” de la ''Quarta parte de la historia general de Santo Domingo, y de su orden de predicadores de Juan López'', concretamente en el capítulo cuarenta y seis, que trata de algunas otras siervas de Dios del Monasterio de Santa María de Gracia en Sevilla. De hecho, su vida es la que encabeza el mencionado capítulo, que se inicia en la página 138 y culmina en la 139. &lt;br /&gt;
|}&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
=Ficha de la Vida impresa de [[María de la Corona|María de la Corona]]=&lt;br /&gt;
{| class=&amp;quot;wikitable&amp;quot;&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Referencia bibliográfica || Juan López, 1615. “Libro primero de la quarta parte de la historia de Santo Domingo y de su orden”, ''Quarta parte de la historia general de Santo Domingo, y de su orden de predicadores''. Valladolid: Francisco Fernández de Córdoba.&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Digitalización || [https://www.google.es/books/edition/Quarta_parte_de_la_Historia_general_de_S/PLSUSyZb8g8C?hl=es&amp;amp;gbpv=1&amp;amp;dq=Quarta+parte+de+la+historia+general+de+Santo+Domingo,+y+de+su+orden+de+predicadores&amp;amp;printsec=frontcover  Google Books]&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Localización del texto en el volumen || La vida de María de la Corona se halla en el “Libro primero de la quarta parte de la historia de Santo Domingo y de su orden” de la ''Quarta parte de la historia general de Santo Domingo, y de su orden de predicadores de Juan López'', concretamente en el capítulo cuarenta y seis, que trata de algunas otras siervas de Dios del Monasterio de Santa María de Gracia en Sevilla. Su breve vida se halla junto a la de su hermana, María de la Columna, en la página 142. &lt;br /&gt;
|}&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
=Ficha de la Vida impresa de [[María de la Cruz (2)|María de la Cruz (2)]]=&lt;br /&gt;
{| class=&amp;quot;wikitable&amp;quot;&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Referencia bibliográfica || Juan López, 1615. “Libro primero de la quarta parte de la historia de Santo Domingo y de su orden”, ''Quarta parte de la historia general de Santo Domingo, y de su orden de predicadores''. Valladolid: Francisco Fernández de Córdoba.&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Digitalización || [https://www.google.es/books/edition/Quarta_parte_de_la_Historia_general_de_S/PLSUSyZb8g8C?hl=es&amp;amp;gbpv=1&amp;amp;dq=Quarta+parte+de+la+historia+general+de+Santo+Domingo,+y+de+su+orden+de+predicadores&amp;amp;printsec=frontcover  Google Books]&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Localización del texto en el volumen || La vida de María de la Cruz se halla en el “Libro primero de la quarta parte de la historia de Santo Domingo y de su orden” de la ''Quarta parte de la historia general de Santo Domingo, y de su orden de predicadores de Juan López'', concretamente en el capítulo cuarenta y cinco que trata sobre la fundación del Monasterio de Santa María de Gracia en Sevilla. Se trata de la primera prelada que tuvo dicho Monasterio, cuya vida podemos localizar en las páginas 136 y 137, junto a las de sus sucesoras: María de Asunción y María de la Encarnación. &lt;br /&gt;
|}&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
=Ficha de la Vida impresa de [[María de la Pasión|María de la Pasión]]=&lt;br /&gt;
{| class=&amp;quot;wikitable&amp;quot;&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Referencia bibliográfica || Juan López, 1615. “Libro primero de la quarta parte de la historia de Santo Domingo y de su orden”, ''Quarta parte de la historia general de Santo Domingo, y de su orden de predicadores''. Valladolid: Francisco Fernández de Córdoba.&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Digitalización || [https://www.google.es/books/edition/Quarta_parte_de_la_Historia_general_de_S/PLSUSyZb8g8C?hl=es&amp;amp;gbpv=1&amp;amp;dq=Quarta+parte+de+la+historia+general+de+Santo+Domingo,+y+de+su+orden+de+predicadores&amp;amp;printsec=frontcover  Google Books]&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Localización del texto en el volumen || La vida de María de la Pasión se halla en el “Libro primero de la quarta parte de la historia de Santo Domingo y de su orden” de la ''Quarta parte de la historia general de Santo Domingo, y de su orden de predicadores de Juan López'', concretamente en el capítulo cuarenta y siete “adonde prosigue la materia del capítulo pasado”. Su semblanza se encuentra en las páginas 144 y 145, tras la de María de la Resurrección. &lt;br /&gt;
|}&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
=Ficha de la Vida impresa de [[María de la Presentación |María de la Presentación ]]=&lt;br /&gt;
{| class=&amp;quot;wikitable&amp;quot;&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Referencia bibliográfica || Juan López, 1615. “Libro primero de la quarta parte de la historia de Santo Domingo y de su orden”, ''Quarta parte de la historia general de Santo Domingo, y de su orden de predicadores''. Valladolid: Francisco Fernández de Córdoba.&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Digitalización || [https://www.google.es/books/edition/Quarta_parte_de_la_Historia_general_de_S/PLSUSyZb8g8C?hl=es&amp;amp;gbpv=1&amp;amp;dq=Quarta+parte+de+la+historia+general+de+Santo+Domingo,+y+de+su+orden+de+predicadores&amp;amp;printsec=frontcover  Google Books]&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Localización del texto en el volumen || La vida de María de la Presentación se halla en el “Libro primero de la quarta parte de la historia de Santo Domingo y de su orden” de la Quarta parte de la historia general de Santo Domingo, y de su orden de predicadores de Juan López, concretamente en el capítulo cuarenta y siete “adonde prosigue la materia del capítulo pasado”. Su semblanza se encuentra en la página 145, tras la de su compañera María de la San Gabriel. &lt;br /&gt;
|}&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
=Ficha de la Vida impresa de [[María de la Purificación |María de la Purificación]]=&lt;br /&gt;
{| class=&amp;quot;wikitable&amp;quot;&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Referencia bibliográfica || Juan López, 1615. “Libro primero de la quarta parte de la historia de Santo Domingo y de su orden”, ''Quarta parte de la historia general de Santo Domingo, y de su orden de predicadores''. Valladolid: Francisco Fernández de Córdoba.&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Digitalización || [https://www.google.es/books/edition/Quarta_parte_de_la_Historia_general_de_S/PLSUSyZb8g8C?hl=es&amp;amp;gbpv=1&amp;amp;dq=Quarta+parte+de+la+historia+general+de+Santo+Domingo,+y+de+su+orden+de+predicadores&amp;amp;printsec=frontcover  Google Books]&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Localización del texto en el volumen || La vida de María de la Purificación se halla en el “Libro primero de la quarta parte de la historia de Santo Domingo y de su orden” de la ''Quarta parte de la historia general de Santo Domingo, y de su orden de predicadores de Juan López'', concretamente en el capítulo cuarenta y seis, que trata de algunas otras siervas de Dios del Monasterio de Santa María de Gracia en Sevilla. De esta forma, podemos encontrar su hagiografía en las páginas 140 y 141, tras la de María de San Benito. &lt;br /&gt;
|}&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
=Ficha de la Vida impresa de [[María de la Resurrección |María de la Resurrección ]]=&lt;br /&gt;
{| class=&amp;quot;wikitable&amp;quot;&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Referencia bibliográfica || Juan López, 1615. “Libro primero de la quarta parte de la historia de Santo Domingo y de su orden”, ''Quarta parte de la historia general de Santo Domingo, y de su orden de predicadores''. Valladolid: Francisco Fernández de Córdoba.&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Digitalización || [https://www.google.es/books/edition/Quarta_parte_de_la_Historia_general_de_S/PLSUSyZb8g8C?hl=es&amp;amp;gbpv=1&amp;amp;dq=Quarta+parte+de+la+historia+general+de+Santo+Domingo,+y+de+su+orden+de+predicadores&amp;amp;printsec=frontcover  Google Books]&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Localización del texto en el volumen || La vida de María de la Resurrección se halla en el “Libro primero de la quarta parte de la historia de Santo Domingo y de su orden” de la ''Quarta parte de la historia general de Santo Domingo, y de su orden de predicadores de Juan López'', concretamente en el capítulo cuarenta y siete “adonde prosigue la materia del capítulo pasado”. Su semblanza se halla en la página 144, tras la de la madre María de Santa Cristina. &lt;br /&gt;
|}&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
=Ficha de la Vida impresa de [[María de San Agustín |María de San Agustín ]]=&lt;br /&gt;
{| class=&amp;quot;wikitable&amp;quot;&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Referencia bibliográfica || Juan López, 1615. “Libro primero de la quarta parte de la historia de Santo Domingo y de su orden”, ''Quarta parte de la historia general de Santo Domingo, y de su orden de predicadores''. Valladolid: Francisco Fernández de Córdoba.&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Digitalización || [https://www.google.es/books/edition/Quarta_parte_de_la_Historia_general_de_S/PLSUSyZb8g8C?hl=es&amp;amp;gbpv=1&amp;amp;dq=Quarta+parte+de+la+historia+general+de+Santo+Domingo,+y+de+su+orden+de+predicadores&amp;amp;printsec=frontcover  Google Books]&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Localización del texto en el volumen || La vida de María de San Agustín se halla en el “Libro primero de la quarta parte de la historia de Santo Domingo y de su orden” de la ''Quarta parte de la historia general de Santo Domingo, y de su orden de predicadores de Juan López'', concretamente en el capítulo cuarenta y cinco que trata sobre la fundación del Monasterio de Santa María de Gracia en Sevilla. Su semblanza se puede encontrar en la página 138, tras la de la madre María de la Cruz. &lt;br /&gt;
|}&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
=Ficha de la Vida impresa de [[María de San Benito |María de San Benito ]]=&lt;br /&gt;
{| class=&amp;quot;wikitable&amp;quot;&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Referencia bibliográfica || Juan López, 1615. “Libro primero de la quarta parte de la historia de Santo Domingo y de su orden”, ''Quarta parte de la historia general de Santo Domingo, y de su orden de predicadores''. Valladolid: Francisco Fernández de Córdoba.&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Digitalización || [https://www.google.es/books/edition/Quarta_parte_de_la_Historia_general_de_S/PLSUSyZb8g8C?hl=es&amp;amp;gbpv=1&amp;amp;dq=Quarta+parte+de+la+historia+general+de+Santo+Domingo,+y+de+su+orden+de+predicadores&amp;amp;printsec=frontcover  Google Books]&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Localización del texto en el volumen || La vida de María de San Benito se halla en el “Libro primero de la quarta parte de la historia de Santo Domingo y de su orden” de la ''Quarta parte de la historia general de Santo Domingo, y de su orden de predicadores de Juan López'', concretamente en el capítulo cuarenta y seis, que trata de algunas otras siervas de Dios del Monasterio de Santa María de Gracia en Sevilla. Su hagiografía se puede encontrar en la página 140, tras la de María del Crucifijo. &lt;br /&gt;
|}&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
=Ficha de la Vida impresa de [[María de San Bernardo |María de San Bernardo ]]=&lt;br /&gt;
{| class=&amp;quot;wikitable&amp;quot;&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Referencia bibliográfica || Juan López, 1615. “Libro primero de la quarta parte de la historia de Santo Domingo y de su orden”, ''Quarta parte de la historia general de Santo Domingo, y de su orden de predicadores''. Valladolid: Francisco Fernández de Córdoba.&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Digitalización || [https://www.google.es/books/edition/Quarta_parte_de_la_Historia_general_de_S/PLSUSyZb8g8C?hl=es&amp;amp;gbpv=1&amp;amp;dq=Quarta+parte+de+la+historia+general+de+Santo+Domingo,+y+de+su+orden+de+predicadores&amp;amp;printsec=frontcover  Google Books]&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Localización del texto en el volumen || La vida de María de San Bernardo se halla en el “Libro primero de la quarta parte de la historia de Santo Domingo y de su orden” de la ''Quarta parte de la historia general de Santo Domingo, y de su orden de predicadores de Juan López'', concretamente en el capítulo cuarenta y siete “adonde prosigue la materia del capítulo pasado”. Su semblanza se halla en la página 143, esto es, iniciando el capítulo. &lt;br /&gt;
|}&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
=Ficha de la Vida impresa de [[María de San Gabriel |María de San Gabriel ]]=&lt;br /&gt;
{| class=&amp;quot;wikitable&amp;quot;&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Referencia bibliográfica || Juan López, 1615. “Libro primero de la quarta parte de la historia de Santo Domingo y de su orden”, ''Quarta parte de la historia general de Santo Domingo, y de su orden de predicadores''. Valladolid: Francisco Fernández de Córdoba.&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Digitalización || [https://www.google.es/books/edition/Quarta_parte_de_la_Historia_general_de_S/PLSUSyZb8g8C?hl=es&amp;amp;gbpv=1&amp;amp;dq=Quarta+parte+de+la+historia+general+de+Santo+Domingo,+y+de+su+orden+de+predicadores&amp;amp;printsec=frontcover  Google Books]&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Localización del texto en el volumen || La vida de María de San Gabriel se halla en el “Libro primero de la quarta parte de la historia de Santo Domingo y de su orden” de la ''Quarta parte de la historia general de Santo Domingo, y de su orden de predicadores de Juan López'', concretamente en el capítulo cuarenta y siete “adonde prosigue la materia del capítulo pasado”. Su semblanza se halla en la página 145, tras la de la madre María de la Pasión. &lt;br /&gt;
|}&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
=Ficha de la Vida impresa de [[María de San Ildefonso |María de San Ildefonso ]]=&lt;br /&gt;
{| class=&amp;quot;wikitable&amp;quot;&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Referencia bibliográfica || Juan López, 1615. “Libro primero de la quarta parte de la historia de Santo Domingo y de su orden”, ''Quarta parte de la historia general de Santo Domingo, y de su orden de predicadores''. Valladolid: Francisco Fernández de Córdoba.&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Digitalización || [https://www.google.es/books/edition/Quarta_parte_de_la_Historia_general_de_S/PLSUSyZb8g8C?hl=es&amp;amp;gbpv=1&amp;amp;dq=Quarta+parte+de+la+historia+general+de+Santo+Domingo,+y+de+su+orden+de+predicadores&amp;amp;printsec=frontcover  Google Books]&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Localización del texto en el volumen || La vida de se halla en el “Libro primero de la quarta parte de la historia de Santo Domingo y de su orden” de la ''Quarta parte de la historia general de Santo Domingo, y de su orden de predicadores de Juan López'', concretamente en el capítulo cuarenta y ocho que trata “de algunas religiosas del Monasterio de Santa María de Gracia. Su semblanza se puede hallar en las páginas 148 y 149, tras la de María de Belén. &lt;br /&gt;
|}&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
=Ficha de la Vida impresa de [[María de San Marcos|María de San Marcos]]=&lt;br /&gt;
{| class=&amp;quot;wikitable&amp;quot;&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Referencia bibliográfica || Juan López, 1615. “Libro primero de la quarta parte de la historia de Santo Domingo y de su orden”, ''Quarta parte de la historia general de Santo Domingo, y de su orden de predicadores''. Valladolid: Francisco Fernández de Córdoba.&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Digitalización || [https://www.google.es/books/edition/Quarta_parte_de_la_Historia_general_de_S/PLSUSyZb8g8C?hl=es&amp;amp;gbpv=1&amp;amp;dq=Quarta+parte+de+la+historia+general+de+Santo+Domingo,+y+de+su+orden+de+predicadores&amp;amp;printsec=frontcover  Google Books]&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Localización del texto en el volumen || La vida de María de San Marcos se halla en el “Libro primero de la quarta parte de la historia de Santo Domingo y de su orden” de la ''Quarta parte de la historia general de Santo Domingo, y de su orden de predicadores de Juan López'', concretamente en el capítulo cuarenta y siete “adonde prosigue la materia del capítulo pasado”. Su semblanza se halla en las páginas 146 y 147, tras la de María de Santa Lucía, esto es, cerrando el capítulo. &lt;br /&gt;
|}&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
=Ficha de la Vida impresa de [[María de Santa Catalina de Sena |María de Santa Catalina de Sena ]]=&lt;br /&gt;
{| class=&amp;quot;wikitable&amp;quot;&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Referencia bibliográfica || Juan López, 1615. “Libro primero de la quarta parte de la historia de Santo Domingo y de su orden”, ''Quarta parte de la historia general de Santo Domingo, y de su orden de predicadores''. Valladolid: Francisco Fernández de Córdoba.&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Digitalización || [https://www.google.es/books/edition/Quarta_parte_de_la_Historia_general_de_S/PLSUSyZb8g8C?hl=es&amp;amp;gbpv=1&amp;amp;dq=Quarta+parte+de+la+historia+general+de+Santo+Domingo,+y+de+su+orden+de+predicadores&amp;amp;printsec=frontcover  Google Books]&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Localización del texto en el volumen || La vida de María de Santa Catalina de Sena se halla en el “Libro primero de la quarta parte de la historia de Santo Domingo y de su orden” de la ''Quarta parte de la historia general de Santo Domingo, y de su orden de predicadores de Juan López'', concretamente en el capítulo cuarenta y seis, que trata de algunas otras siervas de Dios del Monasterio de Santa María de Gracia en Sevilla. Su hagiografía se puede encontrar en la página 142, tras la de María de la Corona. &lt;br /&gt;
|}&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
=Ficha de la Vida impresa de [[María de Santa Cristina |María de Santa Cristina ]]=&lt;br /&gt;
{| class=&amp;quot;wikitable&amp;quot;&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Referencia bibliográfica || Juan López, 1615. “Libro primero de la quarta parte de la historia de Santo Domingo y de su orden”, ''Quarta parte de la historia general de Santo Domingo, y de su orden de predicadores''. Valladolid: Francisco Fernández de Córdoba.&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Digitalización || [https://www.google.es/books/edition/Quarta_parte_de_la_Historia_general_de_S/PLSUSyZb8g8C?hl=es&amp;amp;gbpv=1&amp;amp;dq=Quarta+parte+de+la+historia+general+de+Santo+Domingo,+y+de+su+orden+de+predicadores&amp;amp;printsec=frontcover  Google Books]&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Localización del texto en el volumen || La vida de María de Santa Cristina se halla en el “Libro primero de la quarta parte de la historia de Santo Domingo y de su orden” de la ''Quarta parte de la historia general de Santo Domingo, y de su orden de predicadores de Juan López'', concretamente en el capítulo cuarenta y siete “adonde prosigue la materia del capítulo pasado”. Su semblanza se halla en las páginas 143 y 144, tras la de María de Santispíritus. &lt;br /&gt;
|}&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
=Ficha de la Vida impresa de [[María de Santa Elena |María de Santa Elena ]]=&lt;br /&gt;
{| class=&amp;quot;wikitable&amp;quot;&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Referencia bibliográfica || Juan López, 1615. “Libro primero de la quarta parte de la historia de Santo Domingo y de su orden”, ''Quarta parte de la historia general de Santo Domingo, y de su orden de predicadores''. Valladolid: Francisco Fernández de Córdoba.&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Digitalización || [https://www.google.es/books/edition/Quarta_parte_de_la_Historia_general_de_S/PLSUSyZb8g8C?hl=es&amp;amp;gbpv=1&amp;amp;dq=Quarta+parte+de+la+historia+general+de+Santo+Domingo,+y+de+su+orden+de+predicadores&amp;amp;printsec=frontcover  Google Books]&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Localización del texto en el volumen || La vida de María de Santa Elena se halla en el “Libro primero de la quarta parte de la historia de Santo Domingo y de su orden” de la ''Quarta parte de la historia general de Santo Domingo, y de su orden de predicadores de Juan López'', concretamente en el capítulo cuarenta y seis, que trata de algunas otras siervas de Dios del Monasterio de Santa María de Gracia en Sevilla. Su hagiografía se puede encontrar en la página 141, tras la de María de la Purificación. &lt;br /&gt;
|}&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
=Ficha de la Vida impresa de [[María de Santa Lucía |María de Santa Lucía ]]=&lt;br /&gt;
{| class=&amp;quot;wikitable&amp;quot;&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Referencia bibliográfica || Juan López, 1615. “Libro primero de la quarta parte de la historia de Santo Domingo y de su orden”, ''Quarta parte de la historia general de Santo Domingo, y de su orden de predicadores''. Valladolid: Francisco Fernández de Córdoba.&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Digitalización || [https://www.google.es/books/edition/Quarta_parte_de_la_Historia_general_de_S/PLSUSyZb8g8C?hl=es&amp;amp;gbpv=1&amp;amp;dq=Quarta+parte+de+la+historia+general+de+Santo+Domingo,+y+de+su+orden+de+predicadores&amp;amp;printsec=frontcover  Google Books]&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Localización del texto en el volumen || La vida de María de Santa Lucía se halla en el “Libro primero de la quarta parte de la historia de Santo Domingo y de su orden” de la ''Quarta parte de la historia general de Santo Domingo, y de su orden de predicadores de Juan López'', concretamente en el capítulo cuarenta y siete “adonde prosigue la materia del capítulo pasado”. Su semblanza se halla en la página 146, tras la de María de la Presentación. &lt;br /&gt;
|}&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
=Ficha de la Vida impresa de [[María de Santispiritus |María de Santispiritus ]]=&lt;br /&gt;
{| class=&amp;quot;wikitable&amp;quot;&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Referencia bibliográfica || Juan López, 1615. “Libro primero de la quarta parte de la historia de Santo Domingo y de su orden”, ''Quarta parte de la historia general de Santo Domingo, y de su orden de predicadores''. Valladolid: Francisco Fernández de Córdoba.&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Digitalización || [https://www.google.es/books/edition/Quarta_parte_de_la_Historia_general_de_S/PLSUSyZb8g8C?hl=es&amp;amp;gbpv=1&amp;amp;dq=Quarta+parte+de+la+historia+general+de+Santo+Domingo,+y+de+su+orden+de+predicadores&amp;amp;printsec=frontcover  Google Books]&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Localización del texto en el volumen || La vida de María de Santispiritus se halla en el “Libro primero de la quarta parte de la historia de Santo Domingo y de su orden” de la ''Quarta parte de la historia general de Santo Domingo, y de su orden de predicadores de Juan López'', concretamente en el capítulo cuarenta y siete “adonde prosigue la materia del capítulo pasado”. Su semblanza se halla en la página 143, tras la de María de San Bernardo. &lt;br /&gt;
|}&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
=Ficha de la Vida impresa de [[María de Santo Tomás |María de Santo Tomás ]]=&lt;br /&gt;
{| class=&amp;quot;wikitable&amp;quot;&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Referencia bibliográfica || Juan López, 1615. “Libro primero de la quarta parte de la historia de Santo Domingo y de su orden”, ''Quarta parte de la historia general de Santo Domingo, y de su orden de predicadores''. Valladolid: Francisco Fernández de Córdoba.&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Digitalización || [https://www.google.es/books/edition/Quarta_parte_de_la_Historia_general_de_S/PLSUSyZb8g8C?hl=es&amp;amp;gbpv=1&amp;amp;dq=Quarta+parte+de+la+historia+general+de+Santo+Domingo,+y+de+su+orden+de+predicadores&amp;amp;printsec=frontcover  Google Books]&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Localización del texto en el volumen || La vida de María de Santo Tomás se halla en el “Libro primero de la quarta parte de la historia de Santo Domingo y de su orden” de la ''Quarta parte de la historia general de Santo Domingo, y de su orden de predicadores de Juan López'', concretamente en el capítulo cuarenta y seis, que trata de algunas otras siervas de Dios del Monasterio de Santa María de Gracia en Sevilla. Su hagiografía se puede encontrar en la página 142, tras la de María de Santa Catalina de Sena. &lt;br /&gt;
|}&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
=Ficha de la Vida impresa de [[María del Crucifijo |María del Crucifijo ]]=&lt;br /&gt;
{| class=&amp;quot;wikitable&amp;quot;&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Referencia bibliográfica || Juan López, 1615. “Libro primero de la quarta parte de la historia de Santo Domingo y de su orden”, ''Quarta parte de la historia general de Santo Domingo, y de su orden de predicadores''. Valladolid: Francisco Fernández de Córdoba.&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Digitalización || [https://www.google.es/books/edition/Quarta_parte_de_la_Historia_general_de_S/PLSUSyZb8g8C?hl=es&amp;amp;gbpv=1&amp;amp;dq=Quarta+parte+de+la+historia+general+de+Santo+Domingo,+y+de+su+orden+de+predicadores&amp;amp;printsec=frontcover  Google Books]&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Localización del texto en el volumen || La vida de María del Crucifijo se halla en el “Libro primero de la quarta parte de la historia de Santo Domingo y de su orden” de la ''Quarta parte de la historia general de Santo Domingo, y de su orden de predicadores de Juan López'', concretamente en el capítulo cuarenta y seis, que trata de algunas otras siervas de Dios del Monasterio de Santa María de Gracia en Sevilla. Su hagiografía se encuentra en las páginas 139 y 140, tras la de María de la Concepción.  &lt;br /&gt;
|}&lt;/div&gt;</summary>
		<author><name>Anaritasoares</name></author>	</entry>

	<entry>
		<id>http://catalogodesantasvivas.visionarias.es/index.php?title=Contexto_material_del_impreso_Quarta_parte_de_la_historia_general_de_Santo_Domingo,_y_de_su_orden_de_predicadores&amp;diff=712815</id>
		<title>Contexto material del impreso Quarta parte de la historia general de Santo Domingo, y de su orden de predicadores</title>
		<link rel="alternate" type="text/html" href="http://catalogodesantasvivas.visionarias.es/index.php?title=Contexto_material_del_impreso_Quarta_parte_de_la_historia_general_de_Santo_Domingo,_y_de_su_orden_de_predicadores&amp;diff=712815"/>
				<updated>2026-06-05T17:19:57Z</updated>
		
		<summary type="html">&lt;p&gt;Anaritasoares: /* Ficha de la Vida impresa de María de San Gabriel  */&lt;/p&gt;
&lt;hr /&gt;
&lt;div&gt;[[Archivo:Juan_López_1615.jpg|miniatura|250px|right| Juan López, 1615. ''Quarta parte de la historia general de Santo Domingo, y de su orden de predicadores''. Valladolid: Francisco Fernández de Córdoba. (Fuente: Imagen propiedad de la Universidad Complutense de Madrid. CC BY 4.0 [Digitalizado por Google]).]]&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
=Ficha de la Vida impresa de [[María de Jesús (3) |María de Jesús (3)]]=&lt;br /&gt;
{| class=&amp;quot;wikitable&amp;quot;&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Referencia bibliográfica || Juan López, 1615. “Libro primero de la quarta parte de la historia de Santo Domingo y de su orden”, ''Quarta parte de la historia general de Santo Domingo, y de su orden de predicadores''. Valladolid: Francisco Fernández de Córdoba.&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Digitalización || [https://www.google.es/books/edition/Quarta_parte_de_la_Historia_general_de_S/PLSUSyZb8g8C?hl=es&amp;amp;gbpv=1&amp;amp;dq=Quarta+parte+de+la+historia+general+de+Santo+Domingo,+y+de+su+orden+de+predicadores&amp;amp;printsec=frontcover  Google Books]&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Localización del texto en el volumen || La vida de María de Jesús se halla en el “Libro primero de la quarta parte de la historia de Santo Domingo y de su orden” de la ''Quarta parte de la historia general de Santo Domingo, y de su orden de predicadores de Juan López'', concretamente en el capítulo cuarenta y cinco que trata sobre la fundación del Monasterio de Santa María de Gracia en Sevilla. Al tratarse de la fundadora, su semblanza es la que primero hallamos en el capítulo (de la página 134 a la 137), seguida de algunas de sus compañeras en religión. &lt;br /&gt;
|}&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
=Ficha de la Vida impresa de [[María de la Ascensión|María de la Ascensión]]=&lt;br /&gt;
{| class=&amp;quot;wikitable&amp;quot;&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Referencia bibliográfica || Juan López, 1615. “Libro primero de la quarta parte de la historia de Santo Domingo y de su orden”, ''Quarta parte de la historia general de Santo Domingo, y de su orden de predicadores''. Valladolid: Francisco Fernández de Córdoba.&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Digitalización || [https://www.google.es/books/edition/Quarta_parte_de_la_Historia_general_de_S/PLSUSyZb8g8C?hl=es&amp;amp;gbpv=1&amp;amp;dq=Quarta+parte+de+la+historia+general+de+Santo+Domingo,+y+de+su+orden+de+predicadores&amp;amp;printsec=frontcover  Google Books]&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Localización del texto en el volumen || La vida de María de la Ascensión se halla en el “Libro primero de la quarta parte de la historia de Santo Domingo y de su orden” de la ''Quarta parte de la historia general de Santo Domingo, y de su orden de predicadores de Juan López'', concretamente en el capítulo cuarenta y seis, que trata de algunas otras siervas de Dios del Monasterio de Santa María de Gracia en Sevilla. Su semblanza se encuentra en las páginas 141 y 142, tras la vida de su compañera María de Santa Elena. &lt;br /&gt;
|}&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
=Ficha de la Vida impresa de [[María de la Asunción (3)|María de la Asunción (3)]]=&lt;br /&gt;
{| class=&amp;quot;wikitable&amp;quot;&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Referencia bibliográfica || Juan López, 1615. “Libro primero de la quarta parte de la historia de Santo Domingo y de su orden”, ''Quarta parte de la historia general de Santo Domingo, y de su orden de predicadores''. Valladolid: Francisco Fernández de Córdoba.&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Digitalización || [https://www.google.es/books/edition/Quarta_parte_de_la_Historia_general_de_S/PLSUSyZb8g8C?hl=es&amp;amp;gbpv=1&amp;amp;dq=Quarta+parte+de+la+historia+general+de+Santo+Domingo,+y+de+su+orden+de+predicadores&amp;amp;printsec=frontcover  Google Books]&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Localización del texto en el volumen || La vida de María de la Asunción se halla en el “Libro primero de la quarta parte de la historia de Santo Domingo y de su orden” de la ''Quarta parte de la historia general de Santo Domingo, y de su orden de predicadores de Juan López'', concretamente en el capítulo cuarenta y cinco que trata sobre la fundación del Monasterio de Santa María de Gracia en Sevilla. Fue una de las primeras preladas de dicho monasterio, junto a María de la Encarnación y María de la Cruz. Así, su vida la podemos encontrar en las páginas 136 y 137. &lt;br /&gt;
|}&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
=Ficha de la Vida impresa de [[María de la Columna|María de la Columna]]=&lt;br /&gt;
{| class=&amp;quot;wikitable&amp;quot;&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Referencia bibliográfica || Juan López, 1615. “Libro primero de la quarta parte de la historia de Santo Domingo y de su orden”, ''Quarta parte de la historia general de Santo Domingo, y de su orden de predicadores''. Valladolid: Francisco Fernández de Córdoba.&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Digitalización || [https://www.google.es/books/edition/Quarta_parte_de_la_Historia_general_de_S/PLSUSyZb8g8C?hl=es&amp;amp;gbpv=1&amp;amp;dq=Quarta+parte+de+la+historia+general+de+Santo+Domingo,+y+de+su+orden+de+predicadores&amp;amp;printsec=frontcover  Google Books]&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Localización del texto en el volumen || La vida de María de la Columna se halla en el “Libro primero de la quarta parte de la historia de Santo Domingo y de su orden” de la ''Quarta parte de la historia general de Santo Domingo, y de su orden de predicadores de Juan López'', concretamente en el capítulo cuarenta y seis, que trata de algunas otras siervas de Dios del Monasterio de Santa María de Gracia en Sevilla. Su breve vida se halla junto a la de su hermana, María de la Corona, en la página 142. &lt;br /&gt;
|}&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
=Ficha de la Vida impresa de [[María de la Concepción (2) |María de la Concepción (2) ]]=&lt;br /&gt;
{| class=&amp;quot;wikitable&amp;quot;&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Referencia bibliográfica || Juan López, 1615. “Libro primero de la quarta parte de la historia de Santo Domingo y de su orden”, ''Quarta parte de la historia general de Santo Domingo, y de su orden de predicadores''. Valladolid: Francisco Fernández de Córdoba.&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Digitalización || [https://www.google.es/books/edition/Quarta_parte_de_la_Historia_general_de_S/PLSUSyZb8g8C?hl=es&amp;amp;gbpv=1&amp;amp;dq=Quarta+parte+de+la+historia+general+de+Santo+Domingo,+y+de+su+orden+de+predicadores&amp;amp;printsec=frontcover  Google Books]&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Localización del texto en el volumen || La vida de María de la Concepción se halla en el “Libro primero de la quarta parte de la historia de Santo Domingo y de su orden” de la ''Quarta parte de la historia general de Santo Domingo, y de su orden de predicadores de Juan López'', concretamente en el capítulo cuarenta y seis, que trata de algunas otras siervas de Dios del Monasterio de Santa María de Gracia en Sevilla. De hecho, su vida es la que encabeza el mencionado capítulo, que se inicia en la página 138 y culmina en la 139. &lt;br /&gt;
|}&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
=Ficha de la Vida impresa de [[María de la Corona|María de la Corona]]=&lt;br /&gt;
{| class=&amp;quot;wikitable&amp;quot;&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Referencia bibliográfica || Juan López, 1615. “Libro primero de la quarta parte de la historia de Santo Domingo y de su orden”, ''Quarta parte de la historia general de Santo Domingo, y de su orden de predicadores''. Valladolid: Francisco Fernández de Córdoba.&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Digitalización || [https://www.google.es/books/edition/Quarta_parte_de_la_Historia_general_de_S/PLSUSyZb8g8C?hl=es&amp;amp;gbpv=1&amp;amp;dq=Quarta+parte+de+la+historia+general+de+Santo+Domingo,+y+de+su+orden+de+predicadores&amp;amp;printsec=frontcover  Google Books]&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Localización del texto en el volumen || La vida de María de la Corona se halla en el “Libro primero de la quarta parte de la historia de Santo Domingo y de su orden” de la ''Quarta parte de la historia general de Santo Domingo, y de su orden de predicadores de Juan López'', concretamente en el capítulo cuarenta y seis, que trata de algunas otras siervas de Dios del Monasterio de Santa María de Gracia en Sevilla. Su breve vida se halla junto a la de su hermana, María de la Columna, en la página 142. &lt;br /&gt;
|}&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
=Ficha de la Vida impresa de [[María de la Cruz (2)|María de la Cruz (2)]]=&lt;br /&gt;
{| class=&amp;quot;wikitable&amp;quot;&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Referencia bibliográfica || Juan López, 1615. “Libro primero de la quarta parte de la historia de Santo Domingo y de su orden”, ''Quarta parte de la historia general de Santo Domingo, y de su orden de predicadores''. Valladolid: Francisco Fernández de Córdoba.&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Digitalización || [https://www.google.es/books/edition/Quarta_parte_de_la_Historia_general_de_S/PLSUSyZb8g8C?hl=es&amp;amp;gbpv=1&amp;amp;dq=Quarta+parte+de+la+historia+general+de+Santo+Domingo,+y+de+su+orden+de+predicadores&amp;amp;printsec=frontcover  Google Books]&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Localización del texto en el volumen || La vida de María de la Cruz se halla en el “Libro primero de la quarta parte de la historia de Santo Domingo y de su orden” de la ''Quarta parte de la historia general de Santo Domingo, y de su orden de predicadores de Juan López'', concretamente en el capítulo cuarenta y cinco que trata sobre la fundación del Monasterio de Santa María de Gracia en Sevilla. Se trata de la primera prelada que tuvo dicho Monasterio, cuya vida podemos localizar en las páginas 136 y 137, junto a las de sus sucesoras: María de Asunción y María de la Encarnación. &lt;br /&gt;
|}&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
=Ficha de la Vida impresa de [[María de la Pasión|María de la Pasión]]=&lt;br /&gt;
{| class=&amp;quot;wikitable&amp;quot;&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Referencia bibliográfica || Juan López, 1615. “Libro primero de la quarta parte de la historia de Santo Domingo y de su orden”, ''Quarta parte de la historia general de Santo Domingo, y de su orden de predicadores''. Valladolid: Francisco Fernández de Córdoba.&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Digitalización || [https://www.google.es/books/edition/Quarta_parte_de_la_Historia_general_de_S/PLSUSyZb8g8C?hl=es&amp;amp;gbpv=1&amp;amp;dq=Quarta+parte+de+la+historia+general+de+Santo+Domingo,+y+de+su+orden+de+predicadores&amp;amp;printsec=frontcover  Google Books]&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Localización del texto en el volumen || La vida de María de la Pasión se halla en el “Libro primero de la quarta parte de la historia de Santo Domingo y de su orden” de la ''Quarta parte de la historia general de Santo Domingo, y de su orden de predicadores de Juan López'', concretamente en el capítulo cuarenta y siete “adonde prosigue la materia del capítulo pasado”. Su semblanza se encuentra en las páginas 144 y 145, tras la de María de la Resurrección. &lt;br /&gt;
|}&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
=Ficha de la Vida impresa de [[María de la Presentación |María de la Presentación ]]=&lt;br /&gt;
{| class=&amp;quot;wikitable&amp;quot;&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Referencia bibliográfica || Juan López, 1615. “Libro primero de la quarta parte de la historia de Santo Domingo y de su orden”, ''Quarta parte de la historia general de Santo Domingo, y de su orden de predicadores''. Valladolid: Francisco Fernández de Córdoba.&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Digitalización || [https://www.google.es/books/edition/Quarta_parte_de_la_Historia_general_de_S/PLSUSyZb8g8C?hl=es&amp;amp;gbpv=1&amp;amp;dq=Quarta+parte+de+la+historia+general+de+Santo+Domingo,+y+de+su+orden+de+predicadores&amp;amp;printsec=frontcover  Google Books]&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Localización del texto en el volumen || La vida de María de la Presentación se halla en el “Libro primero de la quarta parte de la historia de Santo Domingo y de su orden” de la Quarta parte de la historia general de Santo Domingo, y de su orden de predicadores de Juan López, concretamente en el capítulo cuarenta y siete “adonde prosigue la materia del capítulo pasado”. Su semblanza se encuentra en la página 145, tras la de su compañera María de la San Gabriel. &lt;br /&gt;
|}&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
=Ficha de la Vida impresa de [[María de la Purificación |María de la Purificación]]=&lt;br /&gt;
{| class=&amp;quot;wikitable&amp;quot;&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Referencia bibliográfica || Juan López, 1615. “Libro primero de la quarta parte de la historia de Santo Domingo y de su orden”, ''Quarta parte de la historia general de Santo Domingo, y de su orden de predicadores''. Valladolid: Francisco Fernández de Córdoba.&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Digitalización || [https://www.google.es/books/edition/Quarta_parte_de_la_Historia_general_de_S/PLSUSyZb8g8C?hl=es&amp;amp;gbpv=1&amp;amp;dq=Quarta+parte+de+la+historia+general+de+Santo+Domingo,+y+de+su+orden+de+predicadores&amp;amp;printsec=frontcover  Google Books]&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Localización del texto en el volumen || La vida de María de la Purificación se halla en el “Libro primero de la quarta parte de la historia de Santo Domingo y de su orden” de la ''Quarta parte de la historia general de Santo Domingo, y de su orden de predicadores de Juan López'', concretamente en el capítulo cuarenta y seis, que trata de algunas otras siervas de Dios del Monasterio de Santa María de Gracia en Sevilla. De esta forma, podemos encontrar su hagiografía en las páginas 140 y 141, tras la de María de San Benito. &lt;br /&gt;
|}&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
=Ficha de la Vida impresa de [[María de la Resurrección |María de la Resurrección ]]=&lt;br /&gt;
{| class=&amp;quot;wikitable&amp;quot;&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Referencia bibliográfica || Juan López, 1615. “Libro primero de la quarta parte de la historia de Santo Domingo y de su orden”, ''Quarta parte de la historia general de Santo Domingo, y de su orden de predicadores''. Valladolid: Francisco Fernández de Córdoba.&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Digitalización || [https://www.google.es/books/edition/Quarta_parte_de_la_Historia_general_de_S/PLSUSyZb8g8C?hl=es&amp;amp;gbpv=1&amp;amp;dq=Quarta+parte+de+la+historia+general+de+Santo+Domingo,+y+de+su+orden+de+predicadores&amp;amp;printsec=frontcover  Google Books]&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Localización del texto en el volumen || La vida de María de la Resurrección se halla en el “Libro primero de la quarta parte de la historia de Santo Domingo y de su orden” de la ''Quarta parte de la historia general de Santo Domingo, y de su orden de predicadores de Juan López'', concretamente en el capítulo cuarenta y siete “adonde prosigue la materia del capítulo pasado”. Su semblanza se halla en la página 144, tras la de la madre María de Santa Cristina. &lt;br /&gt;
|}&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
=Ficha de la Vida impresa de [[María de San Agustín |María de San Agustín ]]=&lt;br /&gt;
{| class=&amp;quot;wikitable&amp;quot;&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Referencia bibliográfica || Juan López, 1615. “Libro primero de la quarta parte de la historia de Santo Domingo y de su orden”, ''Quarta parte de la historia general de Santo Domingo, y de su orden de predicadores''. Valladolid: Francisco Fernández de Córdoba.&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Digitalización || [https://www.google.es/books/edition/Quarta_parte_de_la_Historia_general_de_S/PLSUSyZb8g8C?hl=es&amp;amp;gbpv=1&amp;amp;dq=Quarta+parte+de+la+historia+general+de+Santo+Domingo,+y+de+su+orden+de+predicadores&amp;amp;printsec=frontcover  Google Books]&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Localización del texto en el volumen || La vida de María de San Agustín se halla en el “Libro primero de la quarta parte de la historia de Santo Domingo y de su orden” de la ''Quarta parte de la historia general de Santo Domingo, y de su orden de predicadores de Juan López'', concretamente en el capítulo cuarenta y cinco que trata sobre la fundación del Monasterio de Santa María de Gracia en Sevilla. Su semblanza se puede encontrar en la página 138, tras la de la madre María de la Cruz. &lt;br /&gt;
|}&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
=Ficha de la Vida impresa de [[María de San Benito |María de San Benito ]]=&lt;br /&gt;
{| class=&amp;quot;wikitable&amp;quot;&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Referencia bibliográfica || Juan López, 1615. “Libro primero de la quarta parte de la historia de Santo Domingo y de su orden”, ''Quarta parte de la historia general de Santo Domingo, y de su orden de predicadores''. Valladolid: Francisco Fernández de Córdoba.&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Digitalización || [https://www.google.es/books/edition/Quarta_parte_de_la_Historia_general_de_S/PLSUSyZb8g8C?hl=es&amp;amp;gbpv=1&amp;amp;dq=Quarta+parte+de+la+historia+general+de+Santo+Domingo,+y+de+su+orden+de+predicadores&amp;amp;printsec=frontcover  Google Books]&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Localización del texto en el volumen || La vida de María de San Benito se halla en el “Libro primero de la quarta parte de la historia de Santo Domingo y de su orden” de la ''Quarta parte de la historia general de Santo Domingo, y de su orden de predicadores de Juan López'', concretamente en el capítulo cuarenta y seis, que trata de algunas otras siervas de Dios del Monasterio de Santa María de Gracia en Sevilla. Su hagiografía se puede encontrar en la página 140, tras la de María del Crucifijo. &lt;br /&gt;
|}&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
=Ficha de la Vida impresa de [[María de San Bernardo |María de San Bernardo ]]=&lt;br /&gt;
{| class=&amp;quot;wikitable&amp;quot;&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Referencia bibliográfica || Juan López, 1615. “Libro primero de la quarta parte de la historia de Santo Domingo y de su orden”, ''Quarta parte de la historia general de Santo Domingo, y de su orden de predicadores''. Valladolid: Francisco Fernández de Córdoba.&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Digitalización || [https://www.google.es/books/edition/Quarta_parte_de_la_Historia_general_de_S/PLSUSyZb8g8C?hl=es&amp;amp;gbpv=1&amp;amp;dq=Quarta+parte+de+la+historia+general+de+Santo+Domingo,+y+de+su+orden+de+predicadores&amp;amp;printsec=frontcover  Google Books]&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Localización del texto en el volumen || La vida de María de San Bernardo se halla en el “Libro primero de la quarta parte de la historia de Santo Domingo y de su orden” de la ''Quarta parte de la historia general de Santo Domingo, y de su orden de predicadores de Juan López'', concretamente en el capítulo cuarenta y siete “adonde prosigue la materia del capítulo pasado”. Su semblanza se halla en la página 143, esto es, iniciando el capítulo. &lt;br /&gt;
|}&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
=Ficha de la Vida impresa de [[María de San Gabriel |María de San Gabriel ]]=&lt;br /&gt;
{| class=&amp;quot;wikitable&amp;quot;&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Referencia bibliográfica || Juan López, 1615. “Libro primero de la quarta parte de la historia de Santo Domingo y de su orden”, ''Quarta parte de la historia general de Santo Domingo, y de su orden de predicadores''. Valladolid: Francisco Fernández de Córdoba.&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Digitalización || [https://www.google.es/books/edition/Quarta_parte_de_la_Historia_general_de_S/PLSUSyZb8g8C?hl=es&amp;amp;gbpv=1&amp;amp;dq=Quarta+parte+de+la+historia+general+de+Santo+Domingo,+y+de+su+orden+de+predicadores&amp;amp;printsec=frontcover  Google Books]&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Localización del texto en el volumen || La vida de María de San Gabriel se halla en el “Libro primero de la quarta parte de la historia de Santo Domingo y de su orden” de la ''Quarta parte de la historia general de Santo Domingo, y de su orden de predicadores de Juan López'', concretamente en el capítulo cuarenta y siete “adonde prosigue la materia del capítulo pasado”. Su semblanza se halla en la página 145, tras la de la madre María de la Pasión. &lt;br /&gt;
|}&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
=Ficha de la Vida impresa de [[María de San Ildefonso |María de San Ildefonso ]]=&lt;br /&gt;
{| class=&amp;quot;wikitable&amp;quot;&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Referencia bibliográfica || Juan López, 1615. “Libro primero de la quarta parte de la historia de Santo Domingo y de su orden”, ''Quarta parte de la historia general de Santo Domingo, y de su orden de predicadores''. Valladolid: Francisco Fernández de Córdoba.&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Digitalización || [https://www.google.es/books/edition/Quarta_parte_de_la_Historia_general_de_S/PLSUSyZb8g8C?hl=es&amp;amp;gbpv=1&amp;amp;dq=Quarta+parte+de+la+historia+general+de+Santo+Domingo,+y+de+su+orden+de+predicadores&amp;amp;printsec=frontcover  Google Books]&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Localización del texto en el volumen || La vida de se halla en el “Libro primero de la quarta parte de la historia de Santo Domingo y de su orden” de la ''Quarta parte de la historia general de Santo Domingo, y de su orden de predicadores de Juan López'', concretamente en el capítulo cuarenta y ocho que trata “de algunas religiosas del Monasterio de Santa María de Gracia. Su semblanza se puede hallar en las páginas 148 y 149, tras la de María de Belén. &lt;br /&gt;
|}&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
=Ficha de la Vida impresa de [[María de San Marcos|María de San Marcos]]=&lt;br /&gt;
{| class=&amp;quot;wikitable&amp;quot;&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Referencia bibliográfica || Juan López, 1615. “Libro primero de la quarta parte de la historia de Santo Domingo y de su orden”, ''Quarta parte de la historia general de Santo Domingo, y de su orden de predicadores''. Valladolid: Francisco Fernández de Córdoba.&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Digitalización || [https://www.google.es/books/edition/Quarta_parte_de_la_Historia_general_de_S/PLSUSyZb8g8C?hl=es&amp;amp;gbpv=1&amp;amp;dq=Quarta+parte+de+la+historia+general+de+Santo+Domingo,+y+de+su+orden+de+predicadores&amp;amp;printsec=frontcover  Google Books]&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Localización del texto en el volumen || La vida de María de San Marcos se halla en el “Libro primero de la quarta parte de la historia de Santo Domingo y de su orden” de la ''Quarta parte de la historia general de Santo Domingo, y de su orden de predicadores de Juan López'', concretamente en el capítulo cuarenta y siete “adonde prosigue la materia del capítulo pasado”. Su semblanza se halla en las páginas 146 y 147, tras la de María de Santa Lucía, esto es, cerrando el capítulo. &lt;br /&gt;
|}&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
=Ficha de la Vida impresa de [[María de Santa Catalina de Sena |María de Santa Catalina de Sena ]]=&lt;br /&gt;
{| class=&amp;quot;wikitable&amp;quot;&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Referencia bibliográfica || Juan López, 1615. “Libro primero de la quarta parte de la historia de Santo Domingo y de su orden”, ''Quarta parte de la historia general de Santo Domingo, y de su orden de predicadores''. Valladolid: Francisco Fernández de Córdoba.&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Digitalización || [https://www.google.es/books/edition/Quarta_parte_de_la_Historia_general_de_S/PLSUSyZb8g8C?hl=es&amp;amp;gbpv=1&amp;amp;dq=Quarta+parte+de+la+historia+general+de+Santo+Domingo,+y+de+su+orden+de+predicadores&amp;amp;printsec=frontcover  Google Books]&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Localización del texto en el volumen || La vida de María de Santa Catalina de Sena se halla en el “Libro primero de la quarta parte de la historia de Santo Domingo y de su orden” de la ''Quarta parte de la historia general de Santo Domingo, y de su orden de predicadores de Juan López'', concretamente en el capítulo cuarenta y seis, que trata de algunas otras siervas de Dios del Monasterio de Santa María de Gracia en Sevilla. Su hagiografía se puede encontrar en la página 142, tras la de María de la Corona. &lt;br /&gt;
|}&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
=Ficha de la Vida impresa de [[María de Santa Cristina |María de Santa Cristina ]]=&lt;br /&gt;
{| class=&amp;quot;wikitable&amp;quot;&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Referencia bibliográfica || Juan López, 1615. “Libro primero de la quarta parte de la historia de Santo Domingo y de su orden”, ''Quarta parte de la historia general de Santo Domingo, y de su orden de predicadores''. Valladolid: Francisco Fernández de Córdoba.&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Digitalización || [https://www.google.es/books/edition/Quarta_parte_de_la_Historia_general_de_S/PLSUSyZb8g8C?hl=es&amp;amp;gbpv=1&amp;amp;dq=Quarta+parte+de+la+historia+general+de+Santo+Domingo,+y+de+su+orden+de+predicadores&amp;amp;printsec=frontcover  Google Books]&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Localización del texto en el volumen || La vida de María de Santa Cristina se halla en el “Libro primero de la quarta parte de la historia de Santo Domingo y de su orden” de la ''Quarta parte de la historia general de Santo Domingo, y de su orden de predicadores de Juan López'', concretamente en el capítulo cuarenta y siete “adonde prosigue la materia del capítulo pasado”. Su semblanza se halla en las páginas 143 y 144, tras la de María de Santispíritus. &lt;br /&gt;
|}&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
=Ficha de la Vida impresa de [[María de Santa Elena |María de Santa Elena ]]=&lt;br /&gt;
{| class=&amp;quot;wikitable&amp;quot;&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Referencia bibliográfica || Juan López, 1615. “Libro primero de la quarta parte de la historia de Santo Domingo y de su orden”, ''Quarta parte de la historia general de Santo Domingo, y de su orden de predicadores''. Valladolid: Francisco Fernández de Córdoba.&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Digitalización || [https://www.google.es/books/edition/Quarta_parte_de_la_Historia_general_de_S/PLSUSyZb8g8C?hl=es&amp;amp;gbpv=1&amp;amp;dq=Quarta+parte+de+la+historia+general+de+Santo+Domingo,+y+de+su+orden+de+predicadores&amp;amp;printsec=frontcover  Google Books]&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Localización del texto en el volumen || La vida de María de Santa Elena se halla en el “Libro primero de la quarta parte de la historia de Santo Domingo y de su orden” de la ''Quarta parte de la historia general de Santo Domingo, y de su orden de predicadores de Juan López'', concretamente en el capítulo cuarenta y seis, que trata de algunas otras siervas de Dios del Monasterio de Santa María de Gracia en Sevilla. Su hagiografía se puede encontrar en la página 141, tras la de María de la Purificación. &lt;br /&gt;
|}&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
=Ficha de la Vida impresa de [[María de Santa Lucía |María de Santa Lucía ]]=&lt;br /&gt;
{| class=&amp;quot;wikitable&amp;quot;&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Referencia bibliográfica || Juan López, 1615. “Libro primero de la quarta parte de la historia de Santo Domingo y de su orden”, ''Quarta parte de la historia general de Santo Domingo, y de su orden de predicadores''. Valladolid: Francisco Fernández de Córdoba.&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Digitalización || [https://www.google.es/books/edition/Quarta_parte_de_la_Historia_general_de_S/PLSUSyZb8g8C?hl=es&amp;amp;gbpv=1&amp;amp;dq=Quarta+parte+de+la+historia+general+de+Santo+Domingo,+y+de+su+orden+de+predicadores&amp;amp;printsec=frontcover  Google Books]&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Localización del texto en el volumen || La vida de María de Santa Lucía se halla en el “Libro primero de la quarta parte de la historia de Santo Domingo y de su orden” de la ''Quarta parte de la historia general de Santo Domingo, y de su orden de predicadores de Juan López'', concretamente en el capítulo cuarenta y siete “adonde prosigue la materia del capítulo pasado”. Su semblanza se halla en la página 146, tras la de María de la Presentación. &lt;br /&gt;
|}&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
=Ficha de la Vida impresa de [[María de Santispiritus |María de Santispiritus ]]=&lt;br /&gt;
{| class=&amp;quot;wikitable&amp;quot;&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Referencia bibliográfica || Juan López, 1615. “Libro primero de la quarta parte de la historia de Santo Domingo y de su orden”, ''Quarta parte de la historia general de Santo Domingo, y de su orden de predicadores''. Valladolid: Francisco Fernández de Córdoba.&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Digitalización || [https://www.google.es/books/edition/Quarta_parte_de_la_Historia_general_de_S/PLSUSyZb8g8C?hl=es&amp;amp;gbpv=1&amp;amp;dq=Quarta+parte+de+la+historia+general+de+Santo+Domingo,+y+de+su+orden+de+predicadores&amp;amp;printsec=frontcover  Google Books]&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Localización del texto en el volumen || La vida de María de Santispiritus se halla en el “Libro primero de la quarta parte de la historia de Santo Domingo y de su orden” de la ''Quarta parte de la historia general de Santo Domingo, y de su orden de predicadores de Juan López'', concretamente en el capítulo cuarenta y siete “adonde prosigue la materia del capítulo pasado”. Su semblanza se halla en la página 143, tras la de María de San Bernardo. &lt;br /&gt;
|}&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
=Ficha de la Vida impresa de [[María de Santo Tomás |María de Santo Tomás ]]=&lt;br /&gt;
{| class=&amp;quot;wikitable&amp;quot;&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Referencia bibliográfica || Juan López, 1615. “Libro primero de la quarta parte de la historia de Santo Domingo y de su orden”, ''Quarta parte de la historia general de Santo Domingo, y de su orden de predicadores''. Valladolid: Francisco Fernández de Córdoba.&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Digitalización || [https://www.google.es/books/edition/Quarta_parte_de_la_Historia_general_de_S/PLSUSyZb8g8C?hl=es&amp;amp;gbpv=1&amp;amp;dq=Quarta+parte+de+la+historia+general+de+Santo+Domingo,+y+de+su+orden+de+predicadores&amp;amp;printsec=frontcover  Google Books]&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Localización del texto en el volumen || La vida de María de Santo Tomás se halla en el “Libro primero de la quarta parte de la historia de Santo Domingo y de su orden” de la ''Quarta parte de la historia general de Santo Domingo, y de su orden de predicadores de Juan López'', concretamente en el capítulo cuarenta y seis, que trata de algunas otras siervas de Dios del Monasterio de Santa María de Gracia en Sevilla. Su hagiografía se puede encontrar en la página 142, tras la de María de Santa Catalina de Sena. &lt;br /&gt;
|}&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
=Ficha de la Vida impresa de [[María del Crucifijo |María del Crucifijo ]]=&lt;br /&gt;
{| class=&amp;quot;wikitable&amp;quot;&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Referencia bibliográfica || Juan López, 1615. “Libro primero de la quarta parte de la historia de Santo Domingo y de su orden”, ''Quarta parte de la historia general de Santo Domingo, y de su orden de predicadores''. Valladolid: Francisco Fernández de Córdoba.&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Digitalización || [https://www.google.es/books/edition/Quarta_parte_de_la_Historia_general_de_S/PLSUSyZb8g8C?hl=es&amp;amp;gbpv=1&amp;amp;dq=Quarta+parte+de+la+historia+general+de+Santo+Domingo,+y+de+su+orden+de+predicadores&amp;amp;printsec=frontcover  Google Books]&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Localización del texto en el volumen || La vida de María del Crucifijo se halla en el “Libro primero de la quarta parte de la historia de Santo Domingo y de su orden” de la ''Quarta parte de la historia general de Santo Domingo, y de su orden de predicadores de Juan López'', concretamente en el capítulo cuarenta y seis, que trata de algunas otras siervas de Dios del Monasterio de Santa María de Gracia en Sevilla. Su hagiografía se encuentra en las páginas 139 y 140, tras la de María de la Concepción.  &lt;br /&gt;
|}&lt;/div&gt;</summary>
		<author><name>Anaritasoares</name></author>	</entry>

	<entry>
		<id>http://catalogodesantasvivas.visionarias.es/index.php?title=Contexto_material_del_impreso_Quarta_parte_de_la_historia_general_de_Santo_Domingo,_y_de_su_orden_de_predicadores&amp;diff=712814</id>
		<title>Contexto material del impreso Quarta parte de la historia general de Santo Domingo, y de su orden de predicadores</title>
		<link rel="alternate" type="text/html" href="http://catalogodesantasvivas.visionarias.es/index.php?title=Contexto_material_del_impreso_Quarta_parte_de_la_historia_general_de_Santo_Domingo,_y_de_su_orden_de_predicadores&amp;diff=712814"/>
				<updated>2026-06-05T17:19:42Z</updated>
		
		<summary type="html">&lt;p&gt;Anaritasoares: &lt;/p&gt;
&lt;hr /&gt;
&lt;div&gt;[[Archivo:Juan_López_1615.jpg|miniatura|250px|right| Juan López, 1615. ''Quarta parte de la historia general de Santo Domingo, y de su orden de predicadores''. Valladolid: Francisco Fernández de Córdoba. (Fuente: Imagen propiedad de la Universidad Complutense de Madrid. CC BY 4.0 [Digitalizado por Google]).]]&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
=Ficha de la Vida impresa de [[María de Jesús (3) |María de Jesús (3)]]=&lt;br /&gt;
{| class=&amp;quot;wikitable&amp;quot;&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Referencia bibliográfica || Juan López, 1615. “Libro primero de la quarta parte de la historia de Santo Domingo y de su orden”, ''Quarta parte de la historia general de Santo Domingo, y de su orden de predicadores''. Valladolid: Francisco Fernández de Córdoba.&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Digitalización || [https://www.google.es/books/edition/Quarta_parte_de_la_Historia_general_de_S/PLSUSyZb8g8C?hl=es&amp;amp;gbpv=1&amp;amp;dq=Quarta+parte+de+la+historia+general+de+Santo+Domingo,+y+de+su+orden+de+predicadores&amp;amp;printsec=frontcover  Google Books]&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Localización del texto en el volumen || La vida de María de Jesús se halla en el “Libro primero de la quarta parte de la historia de Santo Domingo y de su orden” de la ''Quarta parte de la historia general de Santo Domingo, y de su orden de predicadores de Juan López'', concretamente en el capítulo cuarenta y cinco que trata sobre la fundación del Monasterio de Santa María de Gracia en Sevilla. Al tratarse de la fundadora, su semblanza es la que primero hallamos en el capítulo (de la página 134 a la 137), seguida de algunas de sus compañeras en religión. &lt;br /&gt;
|}&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
=Ficha de la Vida impresa de [[María de la Ascensión|María de la Ascensión]]=&lt;br /&gt;
{| class=&amp;quot;wikitable&amp;quot;&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Referencia bibliográfica || Juan López, 1615. “Libro primero de la quarta parte de la historia de Santo Domingo y de su orden”, ''Quarta parte de la historia general de Santo Domingo, y de su orden de predicadores''. Valladolid: Francisco Fernández de Córdoba.&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Digitalización || [https://www.google.es/books/edition/Quarta_parte_de_la_Historia_general_de_S/PLSUSyZb8g8C?hl=es&amp;amp;gbpv=1&amp;amp;dq=Quarta+parte+de+la+historia+general+de+Santo+Domingo,+y+de+su+orden+de+predicadores&amp;amp;printsec=frontcover  Google Books]&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Localización del texto en el volumen || La vida de María de la Ascensión se halla en el “Libro primero de la quarta parte de la historia de Santo Domingo y de su orden” de la ''Quarta parte de la historia general de Santo Domingo, y de su orden de predicadores de Juan López'', concretamente en el capítulo cuarenta y seis, que trata de algunas otras siervas de Dios del Monasterio de Santa María de Gracia en Sevilla. Su semblanza se encuentra en las páginas 141 y 142, tras la vida de su compañera María de Santa Elena. &lt;br /&gt;
|}&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
=Ficha de la Vida impresa de [[María de la Asunción (3)|María de la Asunción (3)]]=&lt;br /&gt;
{| class=&amp;quot;wikitable&amp;quot;&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Referencia bibliográfica || Juan López, 1615. “Libro primero de la quarta parte de la historia de Santo Domingo y de su orden”, ''Quarta parte de la historia general de Santo Domingo, y de su orden de predicadores''. Valladolid: Francisco Fernández de Córdoba.&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Digitalización || [https://www.google.es/books/edition/Quarta_parte_de_la_Historia_general_de_S/PLSUSyZb8g8C?hl=es&amp;amp;gbpv=1&amp;amp;dq=Quarta+parte+de+la+historia+general+de+Santo+Domingo,+y+de+su+orden+de+predicadores&amp;amp;printsec=frontcover  Google Books]&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Localización del texto en el volumen || La vida de María de la Asunción se halla en el “Libro primero de la quarta parte de la historia de Santo Domingo y de su orden” de la ''Quarta parte de la historia general de Santo Domingo, y de su orden de predicadores de Juan López'', concretamente en el capítulo cuarenta y cinco que trata sobre la fundación del Monasterio de Santa María de Gracia en Sevilla. Fue una de las primeras preladas de dicho monasterio, junto a María de la Encarnación y María de la Cruz. Así, su vida la podemos encontrar en las páginas 136 y 137. &lt;br /&gt;
|}&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
=Ficha de la Vida impresa de [[María de la Columna|María de la Columna]]=&lt;br /&gt;
{| class=&amp;quot;wikitable&amp;quot;&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Referencia bibliográfica || Juan López, 1615. “Libro primero de la quarta parte de la historia de Santo Domingo y de su orden”, ''Quarta parte de la historia general de Santo Domingo, y de su orden de predicadores''. Valladolid: Francisco Fernández de Córdoba.&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Digitalización || [https://www.google.es/books/edition/Quarta_parte_de_la_Historia_general_de_S/PLSUSyZb8g8C?hl=es&amp;amp;gbpv=1&amp;amp;dq=Quarta+parte+de+la+historia+general+de+Santo+Domingo,+y+de+su+orden+de+predicadores&amp;amp;printsec=frontcover  Google Books]&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Localización del texto en el volumen || La vida de María de la Columna se halla en el “Libro primero de la quarta parte de la historia de Santo Domingo y de su orden” de la ''Quarta parte de la historia general de Santo Domingo, y de su orden de predicadores de Juan López'', concretamente en el capítulo cuarenta y seis, que trata de algunas otras siervas de Dios del Monasterio de Santa María de Gracia en Sevilla. Su breve vida se halla junto a la de su hermana, María de la Corona, en la página 142. &lt;br /&gt;
|}&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
=Ficha de la Vida impresa de [[María de la Concepción (2) |María de la Concepción (2) ]]=&lt;br /&gt;
{| class=&amp;quot;wikitable&amp;quot;&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Referencia bibliográfica || Juan López, 1615. “Libro primero de la quarta parte de la historia de Santo Domingo y de su orden”, ''Quarta parte de la historia general de Santo Domingo, y de su orden de predicadores''. Valladolid: Francisco Fernández de Córdoba.&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Digitalización || [https://www.google.es/books/edition/Quarta_parte_de_la_Historia_general_de_S/PLSUSyZb8g8C?hl=es&amp;amp;gbpv=1&amp;amp;dq=Quarta+parte+de+la+historia+general+de+Santo+Domingo,+y+de+su+orden+de+predicadores&amp;amp;printsec=frontcover  Google Books]&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Localización del texto en el volumen || La vida de María de la Concepción se halla en el “Libro primero de la quarta parte de la historia de Santo Domingo y de su orden” de la ''Quarta parte de la historia general de Santo Domingo, y de su orden de predicadores de Juan López'', concretamente en el capítulo cuarenta y seis, que trata de algunas otras siervas de Dios del Monasterio de Santa María de Gracia en Sevilla. De hecho, su vida es la que encabeza el mencionado capítulo, que se inicia en la página 138 y culmina en la 139. &lt;br /&gt;
|}&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
=Ficha de la Vida impresa de [[María de la Corona|María de la Corona]]=&lt;br /&gt;
{| class=&amp;quot;wikitable&amp;quot;&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Referencia bibliográfica || Juan López, 1615. “Libro primero de la quarta parte de la historia de Santo Domingo y de su orden”, ''Quarta parte de la historia general de Santo Domingo, y de su orden de predicadores''. Valladolid: Francisco Fernández de Córdoba.&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Digitalización || [https://www.google.es/books/edition/Quarta_parte_de_la_Historia_general_de_S/PLSUSyZb8g8C?hl=es&amp;amp;gbpv=1&amp;amp;dq=Quarta+parte+de+la+historia+general+de+Santo+Domingo,+y+de+su+orden+de+predicadores&amp;amp;printsec=frontcover  Google Books]&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Localización del texto en el volumen || La vida de María de la Corona se halla en el “Libro primero de la quarta parte de la historia de Santo Domingo y de su orden” de la ''Quarta parte de la historia general de Santo Domingo, y de su orden de predicadores de Juan López'', concretamente en el capítulo cuarenta y seis, que trata de algunas otras siervas de Dios del Monasterio de Santa María de Gracia en Sevilla. Su breve vida se halla junto a la de su hermana, María de la Columna, en la página 142. &lt;br /&gt;
|}&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
=Ficha de la Vida impresa de [[María de la Cruz (2)|María de la Cruz (2)]]=&lt;br /&gt;
{| class=&amp;quot;wikitable&amp;quot;&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Referencia bibliográfica || Juan López, 1615. “Libro primero de la quarta parte de la historia de Santo Domingo y de su orden”, ''Quarta parte de la historia general de Santo Domingo, y de su orden de predicadores''. Valladolid: Francisco Fernández de Córdoba.&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Digitalización || [https://www.google.es/books/edition/Quarta_parte_de_la_Historia_general_de_S/PLSUSyZb8g8C?hl=es&amp;amp;gbpv=1&amp;amp;dq=Quarta+parte+de+la+historia+general+de+Santo+Domingo,+y+de+su+orden+de+predicadores&amp;amp;printsec=frontcover  Google Books]&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Localización del texto en el volumen || La vida de María de la Cruz se halla en el “Libro primero de la quarta parte de la historia de Santo Domingo y de su orden” de la ''Quarta parte de la historia general de Santo Domingo, y de su orden de predicadores de Juan López'', concretamente en el capítulo cuarenta y cinco que trata sobre la fundación del Monasterio de Santa María de Gracia en Sevilla. Se trata de la primera prelada que tuvo dicho Monasterio, cuya vida podemos localizar en las páginas 136 y 137, junto a las de sus sucesoras: María de Asunción y María de la Encarnación. &lt;br /&gt;
|}&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
=Ficha de la Vida impresa de [[María de la Pasión|María de la Pasión]]=&lt;br /&gt;
{| class=&amp;quot;wikitable&amp;quot;&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Referencia bibliográfica || Juan López, 1615. “Libro primero de la quarta parte de la historia de Santo Domingo y de su orden”, ''Quarta parte de la historia general de Santo Domingo, y de su orden de predicadores''. Valladolid: Francisco Fernández de Córdoba.&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Digitalización || [https://www.google.es/books/edition/Quarta_parte_de_la_Historia_general_de_S/PLSUSyZb8g8C?hl=es&amp;amp;gbpv=1&amp;amp;dq=Quarta+parte+de+la+historia+general+de+Santo+Domingo,+y+de+su+orden+de+predicadores&amp;amp;printsec=frontcover  Google Books]&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Localización del texto en el volumen || La vida de María de la Pasión se halla en el “Libro primero de la quarta parte de la historia de Santo Domingo y de su orden” de la ''Quarta parte de la historia general de Santo Domingo, y de su orden de predicadores de Juan López'', concretamente en el capítulo cuarenta y siete “adonde prosigue la materia del capítulo pasado”. Su semblanza se encuentra en las páginas 144 y 145, tras la de María de la Resurrección. &lt;br /&gt;
|}&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
=Ficha de la Vida impresa de [[María de la Presentación |María de la Presentación ]]=&lt;br /&gt;
{| class=&amp;quot;wikitable&amp;quot;&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Referencia bibliográfica || Juan López, 1615. “Libro primero de la quarta parte de la historia de Santo Domingo y de su orden”, ''Quarta parte de la historia general de Santo Domingo, y de su orden de predicadores''. Valladolid: Francisco Fernández de Córdoba.&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Digitalización || [https://www.google.es/books/edition/Quarta_parte_de_la_Historia_general_de_S/PLSUSyZb8g8C?hl=es&amp;amp;gbpv=1&amp;amp;dq=Quarta+parte+de+la+historia+general+de+Santo+Domingo,+y+de+su+orden+de+predicadores&amp;amp;printsec=frontcover  Google Books]&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Localización del texto en el volumen || La vida de María de la Presentación se halla en el “Libro primero de la quarta parte de la historia de Santo Domingo y de su orden” de la Quarta parte de la historia general de Santo Domingo, y de su orden de predicadores de Juan López, concretamente en el capítulo cuarenta y siete “adonde prosigue la materia del capítulo pasado”. Su semblanza se encuentra en la página 145, tras la de su compañera María de la San Gabriel. &lt;br /&gt;
|}&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
=Ficha de la Vida impresa de [[María de la Purificación |María de la Purificación]]=&lt;br /&gt;
{| class=&amp;quot;wikitable&amp;quot;&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Referencia bibliográfica || Juan López, 1615. “Libro primero de la quarta parte de la historia de Santo Domingo y de su orden”, ''Quarta parte de la historia general de Santo Domingo, y de su orden de predicadores''. Valladolid: Francisco Fernández de Córdoba.&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Digitalización || [https://www.google.es/books/edition/Quarta_parte_de_la_Historia_general_de_S/PLSUSyZb8g8C?hl=es&amp;amp;gbpv=1&amp;amp;dq=Quarta+parte+de+la+historia+general+de+Santo+Domingo,+y+de+su+orden+de+predicadores&amp;amp;printsec=frontcover  Google Books]&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Localización del texto en el volumen || La vida de María de la Purificación se halla en el “Libro primero de la quarta parte de la historia de Santo Domingo y de su orden” de la ''Quarta parte de la historia general de Santo Domingo, y de su orden de predicadores de Juan López'', concretamente en el capítulo cuarenta y seis, que trata de algunas otras siervas de Dios del Monasterio de Santa María de Gracia en Sevilla. De esta forma, podemos encontrar su hagiografía en las páginas 140 y 141, tras la de María de San Benito. &lt;br /&gt;
|}&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
=Ficha de la Vida impresa de [[María de la Resurrección |María de la Resurrección ]]=&lt;br /&gt;
{| class=&amp;quot;wikitable&amp;quot;&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Referencia bibliográfica || Juan López, 1615. “Libro primero de la quarta parte de la historia de Santo Domingo y de su orden”, ''Quarta parte de la historia general de Santo Domingo, y de su orden de predicadores''. Valladolid: Francisco Fernández de Córdoba.&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Digitalización || [https://www.google.es/books/edition/Quarta_parte_de_la_Historia_general_de_S/PLSUSyZb8g8C?hl=es&amp;amp;gbpv=1&amp;amp;dq=Quarta+parte+de+la+historia+general+de+Santo+Domingo,+y+de+su+orden+de+predicadores&amp;amp;printsec=frontcover  Google Books]&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Localización del texto en el volumen || La vida de María de la Resurrección se halla en el “Libro primero de la quarta parte de la historia de Santo Domingo y de su orden” de la ''Quarta parte de la historia general de Santo Domingo, y de su orden de predicadores de Juan López'', concretamente en el capítulo cuarenta y siete “adonde prosigue la materia del capítulo pasado”. Su semblanza se halla en la página 144, tras la de la madre María de Santa Cristina. &lt;br /&gt;
|}&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
=Ficha de la Vida impresa de [[María de San Agustín |María de San Agustín ]]=&lt;br /&gt;
{| class=&amp;quot;wikitable&amp;quot;&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Referencia bibliográfica || Juan López, 1615. “Libro primero de la quarta parte de la historia de Santo Domingo y de su orden”, ''Quarta parte de la historia general de Santo Domingo, y de su orden de predicadores''. Valladolid: Francisco Fernández de Córdoba.&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Digitalización || [https://www.google.es/books/edition/Quarta_parte_de_la_Historia_general_de_S/PLSUSyZb8g8C?hl=es&amp;amp;gbpv=1&amp;amp;dq=Quarta+parte+de+la+historia+general+de+Santo+Domingo,+y+de+su+orden+de+predicadores&amp;amp;printsec=frontcover  Google Books]&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Localización del texto en el volumen || La vida de María de San Agustín se halla en el “Libro primero de la quarta parte de la historia de Santo Domingo y de su orden” de la ''Quarta parte de la historia general de Santo Domingo, y de su orden de predicadores de Juan López'', concretamente en el capítulo cuarenta y cinco que trata sobre la fundación del Monasterio de Santa María de Gracia en Sevilla. Su semblanza se puede encontrar en la página 138, tras la de la madre María de la Cruz. &lt;br /&gt;
|}&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
=Ficha de la Vida impresa de [[María de San Benito |María de San Benito ]]=&lt;br /&gt;
{| class=&amp;quot;wikitable&amp;quot;&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Referencia bibliográfica || Juan López, 1615. “Libro primero de la quarta parte de la historia de Santo Domingo y de su orden”, ''Quarta parte de la historia general de Santo Domingo, y de su orden de predicadores''. Valladolid: Francisco Fernández de Córdoba.&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Digitalización || [https://www.google.es/books/edition/Quarta_parte_de_la_Historia_general_de_S/PLSUSyZb8g8C?hl=es&amp;amp;gbpv=1&amp;amp;dq=Quarta+parte+de+la+historia+general+de+Santo+Domingo,+y+de+su+orden+de+predicadores&amp;amp;printsec=frontcover  Google Books]&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Localización del texto en el volumen || La vida de María de San Benito se halla en el “Libro primero de la quarta parte de la historia de Santo Domingo y de su orden” de la ''Quarta parte de la historia general de Santo Domingo, y de su orden de predicadores de Juan López'', concretamente en el capítulo cuarenta y seis, que trata de algunas otras siervas de Dios del Monasterio de Santa María de Gracia en Sevilla. Su hagiografía se puede encontrar en la página 140, tras la de María del Crucifijo. &lt;br /&gt;
|}&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
=Ficha de la Vida impresa de [[María de San Bernardo |María de San Bernardo ]]=&lt;br /&gt;
{| class=&amp;quot;wikitable&amp;quot;&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Referencia bibliográfica || Juan López, 1615. “Libro primero de la quarta parte de la historia de Santo Domingo y de su orden”, ''Quarta parte de la historia general de Santo Domingo, y de su orden de predicadores''. Valladolid: Francisco Fernández de Córdoba.&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Digitalización || [https://www.google.es/books/edition/Quarta_parte_de_la_Historia_general_de_S/PLSUSyZb8g8C?hl=es&amp;amp;gbpv=1&amp;amp;dq=Quarta+parte+de+la+historia+general+de+Santo+Domingo,+y+de+su+orden+de+predicadores&amp;amp;printsec=frontcover  Google Books]&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Localización del texto en el volumen || La vida de María de San Bernardo se halla en el “Libro primero de la quarta parte de la historia de Santo Domingo y de su orden” de la ''Quarta parte de la historia general de Santo Domingo, y de su orden de predicadores de Juan López'', concretamente en el capítulo cuarenta y siete “adonde prosigue la materia del capítulo pasado”. Su semblanza se halla en la página 143, esto es, iniciando el capítulo. &lt;br /&gt;
|}&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
=Ficha de la Vida impresa de [[María de San Gabriel |María de San Gabriel ]]=&lt;br /&gt;
{| class=&amp;quot;wikitable&amp;quot;&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Referencia bibliográfica || Juan López, 1615. “Libro primero de la quarta parte de la historia de Santo Domingo y de su orden”, ''Quarta parte de la historia general de Santo Domingo, y de su orden de predicadores''. Valladolid: Francisco Fernández de Córdoba.&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Digitalización || [https://www.google.es/books/edition/Quarta_parte_de_la_Historia_general_de_S/PLSUSyZb8g8C?hl=es&amp;amp;gbpv=1&amp;amp;dq=Quarta+parte+de+la+historia+general+de+Santo+Domingo,+y+de+su+orden+de+predicadores&amp;amp;printsec=frontcover  Google Books]&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Localización del texto en el volumen || La vida de María de San Gabriel se halla en el “Libro primero de la quarta parte de la historia de Santo Domingo y de su orden” de la ''Quarta parte de la historia general de Santo Domingo, y de su orden de predicadores de Juan López'', concretamente en el capítulo cuarenta y siete “adonde prosigue la materia del capítulo pasado”. Su semblanza se halla en la página 145, tras la de la madre María de la Pasión. &lt;br /&gt;
|}&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
=Ficha de la Vida impresa de [[María de San Ildefonso |María de San Ildefonso ]]=&lt;br /&gt;
{| class=&amp;quot;wikitable&amp;quot;&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Referencia bibliográfica || Juan López, 1615. “Libro primero de la quarta parte de la historia de Santo Domingo y de su orden”, ''Quarta parte de la historia general de Santo Domingo, y de su orden de predicadores''. Valladolid: Francisco Fernández de Córdoba.&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Digitalización || [https://www.google.es/books/edition/Quarta_parte_de_la_Historia_general_de_S/PLSUSyZb8g8C?hl=es&amp;amp;gbpv=1&amp;amp;dq=Quarta+parte+de+la+historia+general+de+Santo+Domingo,+y+de+su+orden+de+predicadores&amp;amp;printsec=frontcover  Google Books]&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Localización del texto en el volumen || La vida de se halla en el “Libro primero de la quarta parte de la historia de Santo Domingo y de su orden” de la ''Quarta parte de la historia general de Santo Domingo, y de su orden de predicadores de Juan López'', concretamente en el capítulo cuarenta y ocho que trata “de algunas religiosas del Monasterio de Santa María de Gracia. Su semblanza se puede hallar en las páginas 148 y 149, tras la de María de Belén. &lt;br /&gt;
|}&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
=Ficha de la Vida impresa de [[María de San Marcos|María de San Marcos]]=&lt;br /&gt;
{| class=&amp;quot;wikitable&amp;quot;&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Referencia bibliográfica || Juan López, 1615. “Libro primero de la quarta parte de la historia de Santo Domingo y de su orden”, ''Quarta parte de la historia general de Santo Domingo, y de su orden de predicadores''. Valladolid: Francisco Fernández de Córdoba.&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Digitalización || [https://www.google.es/books/edition/Quarta_parte_de_la_Historia_general_de_S/PLSUSyZb8g8C?hl=es&amp;amp;gbpv=1&amp;amp;dq=Quarta+parte+de+la+historia+general+de+Santo+Domingo,+y+de+su+orden+de+predicadores&amp;amp;printsec=frontcover  Google Books]&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Localización del texto en el volumen || La vida de María de San Marcos se halla en el “Libro primero de la quarta parte de la historia de Santo Domingo y de su orden” de la ''Quarta parte de la historia general de Santo Domingo, y de su orden de predicadores de Juan López'', concretamente en el capítulo cuarenta y siete “adonde prosigue la materia del capítulo pasado”. Su semblanza se halla en las páginas 146 y 147, tras la de María de Santa Lucía, esto es, cerrando el capítulo. &lt;br /&gt;
|}&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
=Ficha de la Vida impresa de [[María de Santa Catalina de Sena |María de Santa Catalina de Sena ]]=&lt;br /&gt;
{| class=&amp;quot;wikitable&amp;quot;&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Referencia bibliográfica || Juan López, 1615. “Libro primero de la quarta parte de la historia de Santo Domingo y de su orden”, ''Quarta parte de la historia general de Santo Domingo, y de su orden de predicadores''. Valladolid: Francisco Fernández de Córdoba.&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Digitalización || [https://www.google.es/books/edition/Quarta_parte_de_la_Historia_general_de_S/PLSUSyZb8g8C?hl=es&amp;amp;gbpv=1&amp;amp;dq=Quarta+parte+de+la+historia+general+de+Santo+Domingo,+y+de+su+orden+de+predicadores&amp;amp;printsec=frontcover  Google Books]&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Localización del texto en el volumen || La vida de María de Santa Catalina de Sena se halla en el “Libro primero de la quarta parte de la historia de Santo Domingo y de su orden” de la ''Quarta parte de la historia general de Santo Domingo, y de su orden de predicadores de Juan López'', concretamente en el capítulo cuarenta y seis, que trata de algunas otras siervas de Dios del Monasterio de Santa María de Gracia en Sevilla. Su hagiografía se puede encontrar en la página 142, tras la de María de la Corona. &lt;br /&gt;
|}&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
=Ficha de la Vida impresa de [[María de Santa Cristina |María de Santa Cristina ]]=&lt;br /&gt;
{| class=&amp;quot;wikitable&amp;quot;&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Referencia bibliográfica || Juan López, 1615. “Libro primero de la quarta parte de la historia de Santo Domingo y de su orden”, ''Quarta parte de la historia general de Santo Domingo, y de su orden de predicadores''. Valladolid: Francisco Fernández de Córdoba.&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Digitalización || [https://www.google.es/books/edition/Quarta_parte_de_la_Historia_general_de_S/PLSUSyZb8g8C?hl=es&amp;amp;gbpv=1&amp;amp;dq=Quarta+parte+de+la+historia+general+de+Santo+Domingo,+y+de+su+orden+de+predicadores&amp;amp;printsec=frontcover  Google Books]&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Localización del texto en el volumen || La vida de María de Santa Cristina se halla en el “Libro primero de la quarta parte de la historia de Santo Domingo y de su orden” de la ''Quarta parte de la historia general de Santo Domingo, y de su orden de predicadores de Juan López'', concretamente en el capítulo cuarenta y siete “adonde prosigue la materia del capítulo pasado”. Su semblanza se halla en las páginas 143 y 144, tras la de María de Santispíritus. &lt;br /&gt;
|}&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
=Ficha de la Vida impresa de [[María de Santa Elena |María de Santa Elena ]]=&lt;br /&gt;
{| class=&amp;quot;wikitable&amp;quot;&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Referencia bibliográfica || Juan López, 1615. “Libro primero de la quarta parte de la historia de Santo Domingo y de su orden”, ''Quarta parte de la historia general de Santo Domingo, y de su orden de predicadores''. Valladolid: Francisco Fernández de Córdoba.&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Digitalización || [https://www.google.es/books/edition/Quarta_parte_de_la_Historia_general_de_S/PLSUSyZb8g8C?hl=es&amp;amp;gbpv=1&amp;amp;dq=Quarta+parte+de+la+historia+general+de+Santo+Domingo,+y+de+su+orden+de+predicadores&amp;amp;printsec=frontcover  Google Books]&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Localización del texto en el volumen || La vida de María de Santa Elena se halla en el “Libro primero de la quarta parte de la historia de Santo Domingo y de su orden” de la ''Quarta parte de la historia general de Santo Domingo, y de su orden de predicadores de Juan López'', concretamente en el capítulo cuarenta y seis, que trata de algunas otras siervas de Dios del Monasterio de Santa María de Gracia en Sevilla. Su hagiografía se puede encontrar en la página 141, tras la de María de la Purificación. &lt;br /&gt;
|}&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
=Ficha de la Vida impresa de [[María de Santa Lucía |María de Santa Lucía ]]=&lt;br /&gt;
{| class=&amp;quot;wikitable&amp;quot;&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Referencia bibliográfica || Juan López, 1615. “Libro primero de la quarta parte de la historia de Santo Domingo y de su orden”, ''Quarta parte de la historia general de Santo Domingo, y de su orden de predicadores''. Valladolid: Francisco Fernández de Córdoba.&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Digitalización || [https://www.google.es/books/edition/Quarta_parte_de_la_Historia_general_de_S/PLSUSyZb8g8C?hl=es&amp;amp;gbpv=1&amp;amp;dq=Quarta+parte+de+la+historia+general+de+Santo+Domingo,+y+de+su+orden+de+predicadores&amp;amp;printsec=frontcover  Google Books]&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Localización del texto en el volumen || La vida de María de Santa Lucía se halla en el “Libro primero de la quarta parte de la historia de Santo Domingo y de su orden” de la ''Quarta parte de la historia general de Santo Domingo, y de su orden de predicadores de Juan López'', concretamente en el capítulo cuarenta y siete “adonde prosigue la materia del capítulo pasado”. Su semblanza se halla en la página 146, tras la de María de la Presentación. &lt;br /&gt;
|}&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
=Ficha de la Vida impresa de [[María de Santispiritus |María de Santispiritus ]]=&lt;br /&gt;
{| class=&amp;quot;wikitable&amp;quot;&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Referencia bibliográfica || Juan López, 1615. “Libro primero de la quarta parte de la historia de Santo Domingo y de su orden”, ''Quarta parte de la historia general de Santo Domingo, y de su orden de predicadores''. Valladolid: Francisco Fernández de Córdoba.&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Digitalización || [https://www.google.es/books/edition/Quarta_parte_de_la_Historia_general_de_S/PLSUSyZb8g8C?hl=es&amp;amp;gbpv=1&amp;amp;dq=Quarta+parte+de+la+historia+general+de+Santo+Domingo,+y+de+su+orden+de+predicadores&amp;amp;printsec=frontcover  Google Books]&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Localización del texto en el volumen || La vida de María de Santispiritus se halla en el “Libro primero de la quarta parte de la historia de Santo Domingo y de su orden” de la ''Quarta parte de la historia general de Santo Domingo, y de su orden de predicadores de Juan López'', concretamente en el capítulo cuarenta y siete “adonde prosigue la materia del capítulo pasado”. Su semblanza se halla en la página 143, tras la de María de San Bernardo. &lt;br /&gt;
|}&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
=Ficha de la Vida impresa de [[María de Santo Tomás |María de Santo Tomás ]]=&lt;br /&gt;
{| class=&amp;quot;wikitable&amp;quot;&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Referencia bibliográfica || Juan López, 1615. “Libro primero de la quarta parte de la historia de Santo Domingo y de su orden”, ''Quarta parte de la historia general de Santo Domingo, y de su orden de predicadores''. Valladolid: Francisco Fernández de Córdoba.&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Digitalización || [https://www.google.es/books/edition/Quarta_parte_de_la_Historia_general_de_S/PLSUSyZb8g8C?hl=es&amp;amp;gbpv=1&amp;amp;dq=Quarta+parte+de+la+historia+general+de+Santo+Domingo,+y+de+su+orden+de+predicadores&amp;amp;printsec=frontcover  Google Books]&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Localización del texto en el volumen || La vida de María de Santo Tomás se halla en el “Libro primero de la quarta parte de la historia de Santo Domingo y de su orden” de la ''Quarta parte de la historia general de Santo Domingo, y de su orden de predicadores de Juan López'', concretamente en el capítulo cuarenta y seis, que trata de algunas otras siervas de Dios del Monasterio de Santa María de Gracia en Sevilla. Su hagiografía se puede encontrar en la página 142, tras la de María de Santa Catalina de Sena. &lt;br /&gt;
|}&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
=Ficha de la Vida impresa de [[María del Crucifijo |María del Crucifijo ]]=&lt;br /&gt;
{| class=&amp;quot;wikitable&amp;quot;&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Referencia bibliográfica || Juan López, 1615. “Libro primero de la quarta parte de la historia de Santo Domingo y de su orden”, ''Quarta parte de la historia general de Santo Domingo, y de su orden de predicadores''. Valladolid: Francisco Fernández de Córdoba.&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Digitalización || [https://www.google.es/books/edition/Quarta_parte_de_la_Historia_general_de_S/PLSUSyZb8g8C?hl=es&amp;amp;gbpv=1&amp;amp;dq=Quarta+parte+de+la+historia+general+de+Santo+Domingo,+y+de+su+orden+de+predicadores&amp;amp;printsec=frontcover  Google Books]&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Localización del texto en el volumen || La vida de María del Crucifijo se halla en el “Libro primero de la quarta parte de la historia de Santo Domingo y de su orden” de la ''Quarta parte de la historia general de Santo Domingo, y de su orden de predicadores de Juan López'', concretamente en el capítulo cuarenta y seis, que trata de algunas otras siervas de Dios del Monasterio de Santa María de Gracia en Sevilla. Su hagiografía se encuentra en las páginas 139 y 140, tras la de María de la Concepción.  &lt;br /&gt;
|}&lt;/div&gt;</summary>
		<author><name>Anaritasoares</name></author>	</entry>

	<entry>
		<id>http://catalogodesantasvivas.visionarias.es/index.php?title=Contexto_material_del_impreso_Quarta_parte_de_la_historia_general_de_Santo_Domingo,_y_de_su_orden_de_predicadores&amp;diff=712813</id>
		<title>Contexto material del impreso Quarta parte de la historia general de Santo Domingo, y de su orden de predicadores</title>
		<link rel="alternate" type="text/html" href="http://catalogodesantasvivas.visionarias.es/index.php?title=Contexto_material_del_impreso_Quarta_parte_de_la_historia_general_de_Santo_Domingo,_y_de_su_orden_de_predicadores&amp;diff=712813"/>
				<updated>2026-06-05T17:18:31Z</updated>
		
		<summary type="html">&lt;p&gt;Anaritasoares: &lt;/p&gt;
&lt;hr /&gt;
&lt;div&gt;[[Archivo:Juan_López_1615.jpg|miniatura|250px|right| Juan López, 1615. ''Quarta parte de la historia general de Santo Domingo, y de su orden de predicadores''. Valladolid: Francisco Fernández de Córdoba. (Fuente: Imagen propiedad de la Universidad Complutense de Madrid. CC BY 4.0 [Digitalizado por Google]).]]&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
=Ficha de la Vida impresa de [[María de Jesús (3) |María de Jesús (3)]]=&lt;br /&gt;
{| class=&amp;quot;wikitable&amp;quot;&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Referencia bibliográfica || Juan López, 1615. “Libro primero de la quarta parte de la historia de Santo Domingo y de su orden”, ''Quarta parte de la historia general de Santo Domingo, y de su orden de predicadores''. Valladolid: Francisco Fernández de Córdoba.&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Digitalización || [https://www.google.es/books/edition/Quarta_parte_de_la_Historia_general_de_S/PLSUSyZb8g8C?hl=es&amp;amp;gbpv=1&amp;amp;dq=Quarta+parte+de+la+historia+general+de+Santo+Domingo,+y+de+su+orden+de+predicadores&amp;amp;printsec=frontcover  Google Books]&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Localización del texto en el volumen || La vida de María de Jesús se halla en el “Libro primero de la quarta parte de la historia de Santo Domingo y de su orden” de la ''Quarta parte de la historia general de Santo Domingo, y de su orden de predicadores de Juan López'', concretamente en el capítulo cuarenta y cinco que trata sobre la fundación del Monasterio de Santa María de Gracia en Sevilla. Al tratarse de la fundadora, su semblanza es la que primero hallamos en el capítulo (de la página 134 a la 137), seguida de algunas de sus compañeras en religión. &lt;br /&gt;
|}&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
=Ficha de la Vida impresa de [[María de la Ascensión|María de la Ascensión]]=&lt;br /&gt;
{| class=&amp;quot;wikitable&amp;quot;&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Referencia bibliográfica || Juan López, 1615. “Libro primero de la quarta parte de la historia de Santo Domingo y de su orden”, ''Quarta parte de la historia general de Santo Domingo, y de su orden de predicadores''. Valladolid: Francisco Fernández de Córdoba.&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Digitalización || [https://www.google.es/books/edition/Quarta_parte_de_la_Historia_general_de_S/PLSUSyZb8g8C?hl=es&amp;amp;gbpv=1&amp;amp;dq=Quarta+parte+de+la+historia+general+de+Santo+Domingo,+y+de+su+orden+de+predicadores&amp;amp;printsec=frontcover  Google Books]&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Localización del texto en el volumen || La vida de María de la Ascensión se halla en el “Libro primero de la quarta parte de la historia de Santo Domingo y de su orden” de la ''Quarta parte de la historia general de Santo Domingo, y de su orden de predicadores de Juan López'', concretamente en el capítulo cuarenta y seis, que trata de algunas otras siervas de Dios del Monasterio de Santa María de Gracia en Sevilla. Su semblanza se encuentra en las páginas 141 y 142, tras la vida de su compañera María de Santa Elena. &lt;br /&gt;
|}&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
=Ficha de la Vida impresa de [[María de la Asunción (3)|María de la Asunción (3)]]=&lt;br /&gt;
{| class=&amp;quot;wikitable&amp;quot;&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Referencia bibliográfica || Juan López, 1615. “Libro primero de la quarta parte de la historia de Santo Domingo y de su orden”, ''Quarta parte de la historia general de Santo Domingo, y de su orden de predicadores''. Valladolid: Francisco Fernández de Córdoba.&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Digitalización || [https://www.google.es/books/edition/Quarta_parte_de_la_Historia_general_de_S/PLSUSyZb8g8C?hl=es&amp;amp;gbpv=1&amp;amp;dq=Quarta+parte+de+la+historia+general+de+Santo+Domingo,+y+de+su+orden+de+predicadores&amp;amp;printsec=frontcover  Google Books]&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Localización del texto en el volumen || La vida de María de la Asunción se halla en el “Libro primero de la quarta parte de la historia de Santo Domingo y de su orden” de la ''Quarta parte de la historia general de Santo Domingo, y de su orden de predicadores de Juan López'', concretamente en el capítulo cuarenta y cinco que trata sobre la fundación del Monasterio de Santa María de Gracia en Sevilla. Fue una de las primeras preladas de dicho monasterio, junto a María de la Encarnación y María de la Cruz. Así, su vida la podemos encontrar en las páginas 136 y 137. &lt;br /&gt;
|}&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
=Ficha de la Vida impresa de [[María de la Columna|María de la Columna]]=&lt;br /&gt;
{| class=&amp;quot;wikitable&amp;quot;&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Referencia bibliográfica || Juan López, 1615. “Libro primero de la quarta parte de la historia de Santo Domingo y de su orden”, ''Quarta parte de la historia general de Santo Domingo, y de su orden de predicadores''. Valladolid: Francisco Fernández de Córdoba.&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Digitalización || [https://www.google.es/books/edition/Quarta_parte_de_la_Historia_general_de_S/PLSUSyZb8g8C?hl=es&amp;amp;gbpv=1&amp;amp;dq=Quarta+parte+de+la+historia+general+de+Santo+Domingo,+y+de+su+orden+de+predicadores&amp;amp;printsec=frontcover  Google Books]&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Localización del texto en el volumen || La vida de María de la Columna se halla en el “Libro primero de la quarta parte de la historia de Santo Domingo y de su orden” de la ''Quarta parte de la historia general de Santo Domingo, y de su orden de predicadores de Juan López'', concretamente en el capítulo cuarenta y seis, que trata de algunas otras siervas de Dios del Monasterio de Santa María de Gracia en Sevilla. Su breve vida se halla junto a la de su hermana, María de la Corona, en la página 142. &lt;br /&gt;
|}&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
=Ficha de la Vida impresa de [[María de la Concepción (2) |María de la Concepción (2) ]]=&lt;br /&gt;
{| class=&amp;quot;wikitable&amp;quot;&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Referencia bibliográfica || Juan López, 1615. “Libro primero de la quarta parte de la historia de Santo Domingo y de su orden”, ''Quarta parte de la historia general de Santo Domingo, y de su orden de predicadores''. Valladolid: Francisco Fernández de Córdoba.&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Digitalización || [https://www.google.es/books/edition/Quarta_parte_de_la_Historia_general_de_S/PLSUSyZb8g8C?hl=es&amp;amp;gbpv=1&amp;amp;dq=Quarta+parte+de+la+historia+general+de+Santo+Domingo,+y+de+su+orden+de+predicadores&amp;amp;printsec=frontcover  Google Books]&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Localización del texto en el volumen || La vida de María de la Concepción se halla en el “Libro primero de la quarta parte de la historia de Santo Domingo y de su orden” de la ''Quarta parte de la historia general de Santo Domingo, y de su orden de predicadores de Juan López'', concretamente en el capítulo cuarenta y seis, que trata de algunas otras siervas de Dios del Monasterio de Santa María de Gracia en Sevilla. De hecho, su vida es la que encabeza el mencionado capítulo, que se inicia en la página 138 y culmina en la 139. &lt;br /&gt;
|}&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
=Ficha de la Vida impresa de [[María de la Corona|María de la Corona]]=&lt;br /&gt;
{| class=&amp;quot;wikitable&amp;quot;&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Referencia bibliográfica || Juan López, 1615. “Libro primero de la quarta parte de la historia de Santo Domingo y de su orden”, ''Quarta parte de la historia general de Santo Domingo, y de su orden de predicadores''. Valladolid: Francisco Fernández de Córdoba.&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Digitalización || [https://www.google.es/books/edition/Quarta_parte_de_la_Historia_general_de_S/PLSUSyZb8g8C?hl=es&amp;amp;gbpv=1&amp;amp;dq=Quarta+parte+de+la+historia+general+de+Santo+Domingo,+y+de+su+orden+de+predicadores&amp;amp;printsec=frontcover  Google Books]&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Localización del texto en el volumen || La vida de María de la Corona se halla en el “Libro primero de la quarta parte de la historia de Santo Domingo y de su orden” de la ''Quarta parte de la historia general de Santo Domingo, y de su orden de predicadores de Juan López'', concretamente en el capítulo cuarenta y seis, que trata de algunas otras siervas de Dios del Monasterio de Santa María de Gracia en Sevilla. Su breve vida se halla junto a la de su hermana, María de la Columna, en la página 142. &lt;br /&gt;
|}&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
=Ficha de la Vida impresa de [[María de la Cruz (2)|María de la Cruz (2)]]=&lt;br /&gt;
{| class=&amp;quot;wikitable&amp;quot;&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Referencia bibliográfica || Juan López, 1615. “Libro primero de la quarta parte de la historia de Santo Domingo y de su orden”, ''Quarta parte de la historia general de Santo Domingo, y de su orden de predicadores''. Valladolid: Francisco Fernández de Córdoba.&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Digitalización || [https://www.google.es/books/edition/Quarta_parte_de_la_Historia_general_de_S/PLSUSyZb8g8C?hl=es&amp;amp;gbpv=1&amp;amp;dq=Quarta+parte+de+la+historia+general+de+Santo+Domingo,+y+de+su+orden+de+predicadores&amp;amp;printsec=frontcover  Google Books]&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Localización del texto en el volumen || La vida de María de la Cruz se halla en el “Libro primero de la quarta parte de la historia de Santo Domingo y de su orden” de la ''Quarta parte de la historia general de Santo Domingo, y de su orden de predicadores de Juan López'', concretamente en el capítulo cuarenta y cinco que trata sobre la fundación del Monasterio de Santa María de Gracia en Sevilla. Se trata de la primera prelada que tuvo dicho Monasterio, cuya vida podemos localizar en las páginas 136 y 137, junto a las de sus sucesoras: María de Asunción y María de la Encarnación. &lt;br /&gt;
|}&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
=Ficha de la Vida impresa de [[María de la Pasión|María de la Pasión]]=&lt;br /&gt;
{| class=&amp;quot;wikitable&amp;quot;&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Referencia bibliográfica || Juan López, 1615. “Libro primero de la quarta parte de la historia de Santo Domingo y de su orden”, ''Quarta parte de la historia general de Santo Domingo, y de su orden de predicadores''. Valladolid: Francisco Fernández de Córdoba.&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Digitalización || [https://www.google.es/books/edition/Quarta_parte_de_la_Historia_general_de_S/PLSUSyZb8g8C?hl=es&amp;amp;gbpv=1&amp;amp;dq=Quarta+parte+de+la+historia+general+de+Santo+Domingo,+y+de+su+orden+de+predicadores&amp;amp;printsec=frontcover  Google Books]&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Localización del texto en el volumen || La vida de María de la Pasión se halla en el “Libro primero de la quarta parte de la historia de Santo Domingo y de su orden” de la ''Quarta parte de la historia general de Santo Domingo, y de su orden de predicadores de Juan López'', concretamente en el capítulo cuarenta y siete “adonde prosigue la materia del capítulo pasado”. Su semblanza se encuentra en las páginas 144 y 145, tras la de María de la Resurrección. &lt;br /&gt;
|}&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
=Ficha de la Vida impresa de [[María de la Presentación |María de la Presentación ]]=&lt;br /&gt;
{| class=&amp;quot;wikitable&amp;quot;&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Referencia bibliográfica || Juan López, 1615. “Libro primero de la quarta parte de la historia de Santo Domingo y de su orden”, ''Quarta parte de la historia general de Santo Domingo, y de su orden de predicadores''. Valladolid: Francisco Fernández de Córdoba.&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Digitalización || [https://www.google.es/books/edition/Quarta_parte_de_la_Historia_general_de_S/PLSUSyZb8g8C?hl=es&amp;amp;gbpv=1&amp;amp;dq=Quarta+parte+de+la+historia+general+de+Santo+Domingo,+y+de+su+orden+de+predicadores&amp;amp;printsec=frontcover  Google Books]&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Localización del texto en el volumen || La vida de María de la Presentación se halla en el “Libro primero de la quarta parte de la historia de Santo Domingo y de su orden” de la Quarta parte de la historia general de Santo Domingo, y de su orden de predicadores de Juan López, concretamente en el capítulo cuarenta y siete “adonde prosigue la materia del capítulo pasado”. Su semblanza se encuentra en la página 145, tras la de su compañera María de la San Gabriel. &lt;br /&gt;
|}&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
=Ficha de la Vida impresa de [[María de la Purificación |María de la Purificación]]=&lt;br /&gt;
{| class=&amp;quot;wikitable&amp;quot;&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Referencia bibliográfica || Juan López, 1615. “Libro primero de la quarta parte de la historia de Santo Domingo y de su orden”, ''Quarta parte de la historia general de Santo Domingo, y de su orden de predicadores''. Valladolid: Francisco Fernández de Córdoba.&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Digitalización || [https://www.google.es/books/edition/Quarta_parte_de_la_Historia_general_de_S/PLSUSyZb8g8C?hl=es&amp;amp;gbpv=1&amp;amp;dq=Quarta+parte+de+la+historia+general+de+Santo+Domingo,+y+de+su+orden+de+predicadores&amp;amp;printsec=frontcover  Google Books]&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Localización del texto en el volumen || La vida de María de la Purificación se halla en el “Libro primero de la quarta parte de la historia de Santo Domingo y de su orden” de la ''Quarta parte de la historia general de Santo Domingo, y de su orden de predicadores de Juan López'', concretamente en el capítulo cuarenta y seis, que trata de algunas otras siervas de Dios del Monasterio de Santa María de Gracia en Sevilla. De esta forma, podemos encontrar su hagiografía en las páginas 140 y 141, tras la de María de San Benito. &lt;br /&gt;
|}&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
=Ficha de la Vida impresa de [[María de la Resurrección |María de la Resurrección ]]=&lt;br /&gt;
{| class=&amp;quot;wikitable&amp;quot;&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Referencia bibliográfica || Juan López, 1615. “Libro primero de la quarta parte de la historia de Santo Domingo y de su orden”, ''Quarta parte de la historia general de Santo Domingo, y de su orden de predicadores''. Valladolid: Francisco Fernández de Córdoba.&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Digitalización || [https://www.google.es/books/edition/Quarta_parte_de_la_Historia_general_de_S/PLSUSyZb8g8C?hl=es&amp;amp;gbpv=1&amp;amp;dq=Quarta+parte+de+la+historia+general+de+Santo+Domingo,+y+de+su+orden+de+predicadores&amp;amp;printsec=frontcover  Google Books]&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Localización del texto en el volumen || La vida de María de la Resurrección se halla en el “Libro primero de la quarta parte de la historia de Santo Domingo y de su orden” de la ''Quarta parte de la historia general de Santo Domingo, y de su orden de predicadores de Juan López'', concretamente en el capítulo cuarenta y siete “adonde prosigue la materia del capítulo pasado”. Su semblanza se halla en la página 144, tras la de la madre María de Santa Cristina. &lt;br /&gt;
|}&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
=Ficha de la Vida impresa de [[María de San Agustín |María de San Agustín ]]=&lt;br /&gt;
{| class=&amp;quot;wikitable&amp;quot;&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Referencia bibliográfica || Juan López, 1615. “Libro primero de la quarta parte de la historia de Santo Domingo y de su orden”, ''Quarta parte de la historia general de Santo Domingo, y de su orden de predicadores''. Valladolid: Francisco Fernández de Córdoba.&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Digitalización || [https://www.google.es/books/edition/Quarta_parte_de_la_Historia_general_de_S/PLSUSyZb8g8C?hl=es&amp;amp;gbpv=1&amp;amp;dq=Quarta+parte+de+la+historia+general+de+Santo+Domingo,+y+de+su+orden+de+predicadores&amp;amp;printsec=frontcover  Google Books]&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Localización del texto en el volumen || La vida de María de San Agustín se halla en el “Libro primero de la quarta parte de la historia de Santo Domingo y de su orden” de la ''Quarta parte de la historia general de Santo Domingo, y de su orden de predicadores de Juan López'', concretamente en el capítulo cuarenta y cinco que trata sobre la fundación del Monasterio de Santa María de Gracia en Sevilla. Su semblanza se puede encontrar en la página 138, tras la de la madre María de la Cruz. &lt;br /&gt;
|}&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
=Ficha de la Vida impresa de [[María de San Benito |María de San Benito ]]=&lt;br /&gt;
{| class=&amp;quot;wikitable&amp;quot;&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Referencia bibliográfica || Juan López, 1615. “Libro primero de la quarta parte de la historia de Santo Domingo y de su orden”, ''Quarta parte de la historia general de Santo Domingo, y de su orden de predicadores''. Valladolid: Francisco Fernández de Córdoba.&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Digitalización || [https://www.google.es/books/edition/Quarta_parte_de_la_Historia_general_de_S/PLSUSyZb8g8C?hl=es&amp;amp;gbpv=1&amp;amp;dq=Quarta+parte+de+la+historia+general+de+Santo+Domingo,+y+de+su+orden+de+predicadores&amp;amp;printsec=frontcover  Google Books]&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Localización del texto en el volumen || La vida de María de San Benito se halla en el “Libro primero de la quarta parte de la historia de Santo Domingo y de su orden” de la ''Quarta parte de la historia general de Santo Domingo, y de su orden de predicadores de Juan López'', concretamente en el capítulo cuarenta y seis, que trata de algunas otras siervas de Dios del Monasterio de Santa María de Gracia en Sevilla. Su hagiografía se puede encontrar en la página 140, tras la de María del Crucifijo. &lt;br /&gt;
|}&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
=Ficha de la Vida impresa de [[María de San Bernardo |María de San Bernardo ]]=&lt;br /&gt;
{| class=&amp;quot;wikitable&amp;quot;&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Referencia bibliográfica || Juan López, 1615. “Libro primero de la quarta parte de la historia de Santo Domingo y de su orden”, ''Quarta parte de la historia general de Santo Domingo, y de su orden de predicadores''. Valladolid: Francisco Fernández de Córdoba.&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Digitalización || [https://www.google.es/books/edition/Quarta_parte_de_la_Historia_general_de_S/PLSUSyZb8g8C?hl=es&amp;amp;gbpv=1&amp;amp;dq=Quarta+parte+de+la+historia+general+de+Santo+Domingo,+y+de+su+orden+de+predicadores&amp;amp;printsec=frontcover  Google Books]&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Localización del texto en el volumen || La vida de María de San Bernardo se halla en el “Libro primero de la quarta parte de la historia de Santo Domingo y de su orden” de la ''Quarta parte de la historia general de Santo Domingo, y de su orden de predicadores de Juan López'', concretamente en el capítulo cuarenta y siete “adonde prosigue la materia del capítulo pasado”. Su semblanza se halla en la página 143, esto es, iniciando el capítulo. &lt;br /&gt;
|}&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
=Ficha de la Vida impresa de [[María de San Gabriel |María de San Gabriel ]]=&lt;br /&gt;
{| class=&amp;quot;wikitable&amp;quot;&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Referencia bibliográfica || Juan López, 1615. “Libro primero de la quarta parte de la historia de Santo Domingo y de su orden”, ''Quarta parte de la historia general de Santo Domingo, y de su orden de predicadores''. Valladolid: Francisco Fernández de Córdoba.&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Digitalización || [https://www.google.es/books/edition/Quarta_parte_de_la_Historia_general_de_S/PLSUSyZb8g8C?hl=es&amp;amp;gbpv=1&amp;amp;dq=Quarta+parte+de+la+historia+general+de+Santo+Domingo,+y+de+su+orden+de+predicadores&amp;amp;printsec=frontcover  Google Books]&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Localización del texto en el volumen || La vida de María de San Gabriel se halla en el “Libro primero de la quarta parte de la historia de Santo Domingo y de su orden” de la ''Quarta parte de la historia general de Santo Domingo, y de su orden de predicadores de Juan López'', concretamente en el capítulo cuarenta y siete “adonde prosigue la materia del capítulo pasado”. Su semblanza se halla en la página 145, tras la de la madre María de la Pasión. &lt;br /&gt;
|}&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
=Ficha de la Vida impresa de [[María de San Ildefonso |María de San Ildefonso ]]=&lt;br /&gt;
{| class=&amp;quot;wikitable&amp;quot;&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Referencia bibliográfica || Juan López, 1615. “Libro primero de la quarta parte de la historia de Santo Domingo y de su orden”, ''Quarta parte de la historia general de Santo Domingo, y de su orden de predicadores''. Valladolid: Francisco Fernández de Córdoba.&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Digitalización || [https://www.google.es/books/edition/Quarta_parte_de_la_Historia_general_de_S/PLSUSyZb8g8C?hl=es&amp;amp;gbpv=1&amp;amp;dq=Quarta+parte+de+la+historia+general+de+Santo+Domingo,+y+de+su+orden+de+predicadores&amp;amp;printsec=frontcover  Google Books]&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Localización del texto en el volumen || La vida de se halla en el “Libro primero de la quarta parte de la historia de Santo Domingo y de su orden” de la ''Quarta parte de la historia general de Santo Domingo, y de su orden de predicadores de Juan López'', concretamente en el capítulo cuarenta y ocho que trata “de algunas religiosas del Monasterio de Santa María de Gracia. Su semblanza se puede hallar en las páginas 148 y 149, tras la de María de Belén. &lt;br /&gt;
|}&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
=Ficha de la Vida impresa de [[María de San Marcos|María de San Marcos]]=&lt;br /&gt;
{| class=&amp;quot;wikitable&amp;quot;&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Referencia bibliográfica || Juan López, 1615. “Libro primero de la quarta parte de la historia de Santo Domingo y de su orden”, ''Quarta parte de la historia general de Santo Domingo, y de su orden de predicadores''. Valladolid: Francisco Fernández de Córdoba.&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Digitalización || [https://www.google.es/books/edition/Quarta_parte_de_la_Historia_general_de_S/PLSUSyZb8g8C?hl=es&amp;amp;gbpv=1&amp;amp;dq=Quarta+parte+de+la+historia+general+de+Santo+Domingo,+y+de+su+orden+de+predicadores&amp;amp;printsec=frontcover  Google Books]&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Localización del texto en el volumen || La vida de María de San Marcos se halla en el “Libro primero de la quarta parte de la historia de Santo Domingo y de su orden” de la ''Quarta parte de la historia general de Santo Domingo, y de su orden de predicadores de Juan López'', concretamente en el capítulo cuarenta y siete “adonde prosigue la materia del capítulo pasado”. Su semblanza se halla en las páginas 146 y 147, tras la de María de Santa Lucía, esto es, cerrando el capítulo. &lt;br /&gt;
|}&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
=Ficha de la Vida impresa de [[María de Santa Catalina de Sena |María de Santa Catalina de Sena ]]=&lt;br /&gt;
{| class=&amp;quot;wikitable&amp;quot;&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Referencia bibliográfica || Juan López, 1615. “Libro primero de la quarta parte de la historia de Santo Domingo y de su orden”, ''Quarta parte de la historia general de Santo Domingo, y de su orden de predicadores''. Valladolid: Francisco Fernández de Córdoba.&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Digitalización || [https://www.google.es/books/edition/Quarta_parte_de_la_Historia_general_de_S/PLSUSyZb8g8C?hl=es&amp;amp;gbpv=1&amp;amp;dq=Quarta+parte+de+la+historia+general+de+Santo+Domingo,+y+de+su+orden+de+predicadores&amp;amp;printsec=frontcover  Google Books]&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Localización del texto en el volumen || La vida de María de Santa Catalina de Sena se halla en el “Libro primero de la quarta parte de la historia de Santo Domingo y de su orden” de la ''Quarta parte de la historia general de Santo Domingo, y de su orden de predicadores de Juan López'', concretamente en el capítulo cuarenta y seis, que trata de algunas otras siervas de Dios del Monasterio de Santa María de Gracia en Sevilla. Su hagiografía se puede encontrar en la página 142, tras la de María de la Corona. &lt;br /&gt;
|}&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
=Ficha de la Vida impresa de [[María de Santa Cristina |María de Santa Cristina ]]=&lt;br /&gt;
{| class=&amp;quot;wikitable&amp;quot;&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Referencia bibliográfica || Juan López, 1615. “Libro primero de la quarta parte de la historia de Santo Domingo y de su orden”, ''Quarta parte de la historia general de Santo Domingo, y de su orden de predicadores''. Valladolid: Francisco Fernández de Córdoba.&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Digitalización || [https://www.google.es/books/edition/Quarta_parte_de_la_Historia_general_de_S/PLSUSyZb8g8C?hl=es&amp;amp;gbpv=1&amp;amp;dq=Quarta+parte+de+la+historia+general+de+Santo+Domingo,+y+de+su+orden+de+predicadores&amp;amp;printsec=frontcover  Google Books]&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Localización del texto en el volumen || La vida de María de Santa Cristina se halla en el “Libro primero de la quarta parte de la historia de Santo Domingo y de su orden” de la ''Quarta parte de la historia general de Santo Domingo, y de su orden de predicadores de Juan López'', concretamente en el capítulo cuarenta y siete “adonde prosigue la materia del capítulo pasado”. Su semblanza se halla en las páginas 143 y 144, tras la de María de Santispíritus. &lt;br /&gt;
|}&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
=Ficha de la Vida impresa de [[María de Santa Elena |María de Santa Elena ]]=&lt;br /&gt;
{| class=&amp;quot;wikitable&amp;quot;&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Referencia bibliográfica || Juan López, 1615. “Libro primero de la quarta parte de la historia de Santo Domingo y de su orden”, ''Quarta parte de la historia general de Santo Domingo, y de su orden de predicadores''. Valladolid: Francisco Fernández de Córdoba.&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Digitalización || [https://www.google.es/books/edition/Quarta_parte_de_la_Historia_general_de_S/PLSUSyZb8g8C?hl=es&amp;amp;gbpv=1&amp;amp;dq=Quarta+parte+de+la+historia+general+de+Santo+Domingo,+y+de+su+orden+de+predicadores&amp;amp;printsec=frontcover  Google Books]&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Localización del texto en el volumen || La vida de María de Santa Elena se halla en el “Libro primero de la quarta parte de la historia de Santo Domingo y de su orden” de la ''Quarta parte de la historia general de Santo Domingo, y de su orden de predicadores de Juan López'', concretamente en el capítulo cuarenta y seis, que trata de algunas otras siervas de Dios del Monasterio de Santa María de Gracia en Sevilla. Su hagiografía se puede encontrar en la página 141, tras la de María de la Purificación. &lt;br /&gt;
|}&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
=Ficha de la Vida impresa de [[María de Santa Lucía |María de Santa Lucía ]]=&lt;br /&gt;
{| class=&amp;quot;wikitable&amp;quot;&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Referencia bibliográfica || Juan López, 1615. “Libro primero de la quarta parte de la historia de Santo Domingo y de su orden”, ''Quarta parte de la historia general de Santo Domingo, y de su orden de predicadores''. Valladolid: Francisco Fernández de Córdoba.&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Digitalización || [https://www.google.es/books/edition/Quarta_parte_de_la_Historia_general_de_S/PLSUSyZb8g8C?hl=es&amp;amp;gbpv=1&amp;amp;dq=Quarta+parte+de+la+historia+general+de+Santo+Domingo,+y+de+su+orden+de+predicadores&amp;amp;printsec=frontcover  Google Books]&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Localización del texto en el volumen || La vida de María de Santa Lucía se halla en el “Libro primero de la quarta parte de la historia de Santo Domingo y de su orden” de la ''Quarta parte de la historia general de Santo Domingo, y de su orden de predicadores de Juan López'', concretamente en el capítulo cuarenta y siete “adonde prosigue la materia del capítulo pasado”. Su semblanza se halla en la página 146, tras la de María de la Presentación. &lt;br /&gt;
|}&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
=Ficha de la Vida impresa de [[María de Santispiritus |María de Santispiritus ]]=&lt;br /&gt;
{| class=&amp;quot;wikitable&amp;quot;&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Referencia bibliográfica || Juan López, 1615. “Libro primero de la quarta parte de la historia de Santo Domingo y de su orden”, ''Quarta parte de la historia general de Santo Domingo, y de su orden de predicadores''. Valladolid: Francisco Fernández de Córdoba.&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Digitalización || [https://www.google.es/books/edition/Quarta_parte_de_la_Historia_general_de_S/PLSUSyZb8g8C?hl=es&amp;amp;gbpv=1&amp;amp;dq=Quarta+parte+de+la+historia+general+de+Santo+Domingo,+y+de+su+orden+de+predicadores&amp;amp;printsec=frontcover  Google Books]&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Localización del texto en el volumen || La vida de María de Santispiritus se halla en el “Libro primero de la quarta parte de la historia de Santo Domingo y de su orden” de la ''Quarta parte de la historia general de Santo Domingo, y de su orden de predicadores de Juan López'', concretamente en el capítulo cuarenta y siete “adonde prosigue la materia del capítulo pasado”. Su semblanza se halla en la página 143, tras la de María de San Bernardo. &lt;br /&gt;
|}&lt;/div&gt;</summary>
		<author><name>Anaritasoares</name></author>	</entry>

	<entry>
		<id>http://catalogodesantasvivas.visionarias.es/index.php?title=Contexto_material_del_impreso_Quarta_parte_de_la_historia_general_de_Santo_Domingo,_y_de_su_orden_de_predicadores&amp;diff=712812</id>
		<title>Contexto material del impreso Quarta parte de la historia general de Santo Domingo, y de su orden de predicadores</title>
		<link rel="alternate" type="text/html" href="http://catalogodesantasvivas.visionarias.es/index.php?title=Contexto_material_del_impreso_Quarta_parte_de_la_historia_general_de_Santo_Domingo,_y_de_su_orden_de_predicadores&amp;diff=712812"/>
				<updated>2026-06-05T17:12:38Z</updated>
		
		<summary type="html">&lt;p&gt;Anaritasoares: &lt;/p&gt;
&lt;hr /&gt;
&lt;div&gt;[[Archivo:Juan_López_1615.jpg|miniatura|250px|right| Juan López, 1615. ''Quarta parte de la historia general de Santo Domingo, y de su orden de predicadores''. Valladolid: Francisco Fernández de Córdoba. (Fuente: Imagen propiedad de la Universidad Complutense de Madrid. CC BY 4.0 [Digitalizado por Google]).]]&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
=Ficha de la Vida impresa de [[María de Jesús (3) |María de Jesús (3)]]=&lt;br /&gt;
{| class=&amp;quot;wikitable&amp;quot;&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Referencia bibliográfica || Juan López, 1615. “Libro primero de la quarta parte de la historia de Santo Domingo y de su orden”, ''Quarta parte de la historia general de Santo Domingo, y de su orden de predicadores''. Valladolid: Francisco Fernández de Córdoba.&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Digitalización || [https://www.google.es/books/edition/Quarta_parte_de_la_Historia_general_de_S/PLSUSyZb8g8C?hl=es&amp;amp;gbpv=1&amp;amp;dq=Quarta+parte+de+la+historia+general+de+Santo+Domingo,+y+de+su+orden+de+predicadores&amp;amp;printsec=frontcover  Google Books]&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Localización del texto en el volumen || La vida de María de Jesús se halla en el “Libro primero de la quarta parte de la historia de Santo Domingo y de su orden” de la ''Quarta parte de la historia general de Santo Domingo, y de su orden de predicadores de Juan López'', concretamente en el capítulo cuarenta y cinco que trata sobre la fundación del Monasterio de Santa María de Gracia en Sevilla. Al tratarse de la fundadora, su semblanza es la que primero hallamos en el capítulo (de la página 134 a la 137), seguida de algunas de sus compañeras en religión. &lt;br /&gt;
|}&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
=Ficha de la Vida impresa de [[María de la Ascensión|María de la Ascensión]]=&lt;br /&gt;
{| class=&amp;quot;wikitable&amp;quot;&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Referencia bibliográfica || Juan López, 1615. “Libro primero de la quarta parte de la historia de Santo Domingo y de su orden”, ''Quarta parte de la historia general de Santo Domingo, y de su orden de predicadores''. Valladolid: Francisco Fernández de Córdoba.&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Digitalización || [https://www.google.es/books/edition/Quarta_parte_de_la_Historia_general_de_S/PLSUSyZb8g8C?hl=es&amp;amp;gbpv=1&amp;amp;dq=Quarta+parte+de+la+historia+general+de+Santo+Domingo,+y+de+su+orden+de+predicadores&amp;amp;printsec=frontcover  Google Books]&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Localización del texto en el volumen || La vida de María de la Ascensión se halla en el “Libro primero de la quarta parte de la historia de Santo Domingo y de su orden” de la ''Quarta parte de la historia general de Santo Domingo, y de su orden de predicadores de Juan López'', concretamente en el capítulo cuarenta y seis, que trata de algunas otras siervas de Dios del Monasterio de Santa María de Gracia en Sevilla. Su semblanza se encuentra en las páginas 141 y 142, tras la vida de su compañera María de Santa Elena. &lt;br /&gt;
|}&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
=Ficha de la Vida impresa de [[María de la Asunción (3)|María de la Asunción (3)]]=&lt;br /&gt;
{| class=&amp;quot;wikitable&amp;quot;&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Referencia bibliográfica || Juan López, 1615. “Libro primero de la quarta parte de la historia de Santo Domingo y de su orden”, ''Quarta parte de la historia general de Santo Domingo, y de su orden de predicadores''. Valladolid: Francisco Fernández de Córdoba.&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Digitalización || [https://www.google.es/books/edition/Quarta_parte_de_la_Historia_general_de_S/PLSUSyZb8g8C?hl=es&amp;amp;gbpv=1&amp;amp;dq=Quarta+parte+de+la+historia+general+de+Santo+Domingo,+y+de+su+orden+de+predicadores&amp;amp;printsec=frontcover  Google Books]&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Localización del texto en el volumen || La vida de María de la Asunción se halla en el “Libro primero de la quarta parte de la historia de Santo Domingo y de su orden” de la ''Quarta parte de la historia general de Santo Domingo, y de su orden de predicadores de Juan López'', concretamente en el capítulo cuarenta y cinco que trata sobre la fundación del Monasterio de Santa María de Gracia en Sevilla. Fue una de las primeras preladas de dicho monasterio, junto a María de la Encarnación y María de la Cruz. Así, su vida la podemos encontrar en las páginas 136 y 137. &lt;br /&gt;
|}&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
=Ficha de la Vida impresa de [[María de la Columna|María de la Columna]]=&lt;br /&gt;
{| class=&amp;quot;wikitable&amp;quot;&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Referencia bibliográfica || Juan López, 1615. “Libro primero de la quarta parte de la historia de Santo Domingo y de su orden”, ''Quarta parte de la historia general de Santo Domingo, y de su orden de predicadores''. Valladolid: Francisco Fernández de Córdoba.&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Digitalización || [https://www.google.es/books/edition/Quarta_parte_de_la_Historia_general_de_S/PLSUSyZb8g8C?hl=es&amp;amp;gbpv=1&amp;amp;dq=Quarta+parte+de+la+historia+general+de+Santo+Domingo,+y+de+su+orden+de+predicadores&amp;amp;printsec=frontcover  Google Books]&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Localización del texto en el volumen || La vida de María de la Columna se halla en el “Libro primero de la quarta parte de la historia de Santo Domingo y de su orden” de la ''Quarta parte de la historia general de Santo Domingo, y de su orden de predicadores de Juan López'', concretamente en el capítulo cuarenta y seis, que trata de algunas otras siervas de Dios del Monasterio de Santa María de Gracia en Sevilla. Su breve vida se halla junto a la de su hermana, María de la Corona, en la página 142. &lt;br /&gt;
|}&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
=Ficha de la Vida impresa de [[María de la Concepción (2) |María de la Concepción (2) ]]=&lt;br /&gt;
{| class=&amp;quot;wikitable&amp;quot;&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Referencia bibliográfica || Juan López, 1615. “Libro primero de la quarta parte de la historia de Santo Domingo y de su orden”, ''Quarta parte de la historia general de Santo Domingo, y de su orden de predicadores''. Valladolid: Francisco Fernández de Córdoba.&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Digitalización || [https://www.google.es/books/edition/Quarta_parte_de_la_Historia_general_de_S/PLSUSyZb8g8C?hl=es&amp;amp;gbpv=1&amp;amp;dq=Quarta+parte+de+la+historia+general+de+Santo+Domingo,+y+de+su+orden+de+predicadores&amp;amp;printsec=frontcover  Google Books]&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Localización del texto en el volumen || La vida de María de la Concepción se halla en el “Libro primero de la quarta parte de la historia de Santo Domingo y de su orden” de la ''Quarta parte de la historia general de Santo Domingo, y de su orden de predicadores de Juan López'', concretamente en el capítulo cuarenta y seis, que trata de algunas otras siervas de Dios del Monasterio de Santa María de Gracia en Sevilla. De hecho, su vida es la que encabeza el mencionado capítulo, que se inicia en la página 138 y culmina en la 139. &lt;br /&gt;
|}&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
=Ficha de la Vida impresa de [[María de la Corona|María de la Corona]]=&lt;br /&gt;
{| class=&amp;quot;wikitable&amp;quot;&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Referencia bibliográfica || Juan López, 1615. “Libro primero de la quarta parte de la historia de Santo Domingo y de su orden”, ''Quarta parte de la historia general de Santo Domingo, y de su orden de predicadores''. Valladolid: Francisco Fernández de Córdoba.&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Digitalización || [https://www.google.es/books/edition/Quarta_parte_de_la_Historia_general_de_S/PLSUSyZb8g8C?hl=es&amp;amp;gbpv=1&amp;amp;dq=Quarta+parte+de+la+historia+general+de+Santo+Domingo,+y+de+su+orden+de+predicadores&amp;amp;printsec=frontcover  Google Books]&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Localización del texto en el volumen || La vida de María de la Corona se halla en el “Libro primero de la quarta parte de la historia de Santo Domingo y de su orden” de la ''Quarta parte de la historia general de Santo Domingo, y de su orden de predicadores de Juan López'', concretamente en el capítulo cuarenta y seis, que trata de algunas otras siervas de Dios del Monasterio de Santa María de Gracia en Sevilla. Su breve vida se halla junto a la de su hermana, María de la Columna, en la página 142. &lt;br /&gt;
|}&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
=Ficha de la Vida impresa de [[María de la Cruz (2)|María de la Cruz (2)]]=&lt;br /&gt;
{| class=&amp;quot;wikitable&amp;quot;&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Referencia bibliográfica || Juan López, 1615. “Libro primero de la quarta parte de la historia de Santo Domingo y de su orden”, ''Quarta parte de la historia general de Santo Domingo, y de su orden de predicadores''. Valladolid: Francisco Fernández de Córdoba.&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Digitalización || [https://www.google.es/books/edition/Quarta_parte_de_la_Historia_general_de_S/PLSUSyZb8g8C?hl=es&amp;amp;gbpv=1&amp;amp;dq=Quarta+parte+de+la+historia+general+de+Santo+Domingo,+y+de+su+orden+de+predicadores&amp;amp;printsec=frontcover  Google Books]&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Localización del texto en el volumen || La vida de María de la Cruz se halla en el “Libro primero de la quarta parte de la historia de Santo Domingo y de su orden” de la ''Quarta parte de la historia general de Santo Domingo, y de su orden de predicadores de Juan López'', concretamente en el capítulo cuarenta y cinco que trata sobre la fundación del Monasterio de Santa María de Gracia en Sevilla. Se trata de la primera prelada que tuvo dicho Monasterio, cuya vida podemos localizar en las páginas 136 y 137, junto a las de sus sucesoras: María de Asunción y María de la Encarnación. &lt;br /&gt;
|}&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
=Ficha de la Vida impresa de [[María de la Pasión|María de la Pasión]]=&lt;br /&gt;
{| class=&amp;quot;wikitable&amp;quot;&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Referencia bibliográfica || Juan López, 1615. “Libro primero de la quarta parte de la historia de Santo Domingo y de su orden”, ''Quarta parte de la historia general de Santo Domingo, y de su orden de predicadores''. Valladolid: Francisco Fernández de Córdoba.&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Digitalización || [https://www.google.es/books/edition/Quarta_parte_de_la_Historia_general_de_S/PLSUSyZb8g8C?hl=es&amp;amp;gbpv=1&amp;amp;dq=Quarta+parte+de+la+historia+general+de+Santo+Domingo,+y+de+su+orden+de+predicadores&amp;amp;printsec=frontcover  Google Books]&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Localización del texto en el volumen || La vida de María de la Pasión se halla en el “Libro primero de la quarta parte de la historia de Santo Domingo y de su orden” de la ''Quarta parte de la historia general de Santo Domingo, y de su orden de predicadores de Juan López'', concretamente en el capítulo cuarenta y siete “adonde prosigue la materia del capítulo pasado”. Su semblanza se encuentra en las páginas 144 y 145, tras la de María de la Resurrección. &lt;br /&gt;
|}&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
=Ficha de la Vida impresa de [[María de la Presentación |María de la Presentación ]]=&lt;br /&gt;
{| class=&amp;quot;wikitable&amp;quot;&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Referencia bibliográfica || Juan López, 1615. “Libro primero de la quarta parte de la historia de Santo Domingo y de su orden”, ''Quarta parte de la historia general de Santo Domingo, y de su orden de predicadores''. Valladolid: Francisco Fernández de Córdoba.&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Digitalización || [https://www.google.es/books/edition/Quarta_parte_de_la_Historia_general_de_S/PLSUSyZb8g8C?hl=es&amp;amp;gbpv=1&amp;amp;dq=Quarta+parte+de+la+historia+general+de+Santo+Domingo,+y+de+su+orden+de+predicadores&amp;amp;printsec=frontcover  Google Books]&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Localización del texto en el volumen || La vida de María de la Presentación se halla en el “Libro primero de la quarta parte de la historia de Santo Domingo y de su orden” de la Quarta parte de la historia general de Santo Domingo, y de su orden de predicadores de Juan López, concretamente en el capítulo cuarenta y siete “adonde prosigue la materia del capítulo pasado”. Su semblanza se encuentra en la página 145, tras la de su compañera María de la San Gabriel. &lt;br /&gt;
|}&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
=Ficha de la Vida impresa de [[María de la Purificación |María de la Purificación]]=&lt;br /&gt;
{| class=&amp;quot;wikitable&amp;quot;&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Referencia bibliográfica || Juan López, 1615. “Libro primero de la quarta parte de la historia de Santo Domingo y de su orden”, ''Quarta parte de la historia general de Santo Domingo, y de su orden de predicadores''. Valladolid: Francisco Fernández de Córdoba.&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Digitalización || [https://www.google.es/books/edition/Quarta_parte_de_la_Historia_general_de_S/PLSUSyZb8g8C?hl=es&amp;amp;gbpv=1&amp;amp;dq=Quarta+parte+de+la+historia+general+de+Santo+Domingo,+y+de+su+orden+de+predicadores&amp;amp;printsec=frontcover  Google Books]&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Localización del texto en el volumen || La vida de María de la Purificación se halla en el “Libro primero de la quarta parte de la historia de Santo Domingo y de su orden” de la ''Quarta parte de la historia general de Santo Domingo, y de su orden de predicadores de Juan López'', concretamente en el capítulo cuarenta y seis, que trata de algunas otras siervas de Dios del Monasterio de Santa María de Gracia en Sevilla. De esta forma, podemos encontrar su hagiografía en las páginas 140 y 141, tras la de María de San Benito. &lt;br /&gt;
|}&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
=Ficha de la Vida impresa de [[María de la Resurrección |María de la Resurrección ]]=&lt;br /&gt;
{| class=&amp;quot;wikitable&amp;quot;&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Referencia bibliográfica || Juan López, 1615. “Libro primero de la quarta parte de la historia de Santo Domingo y de su orden”, ''Quarta parte de la historia general de Santo Domingo, y de su orden de predicadores''. Valladolid: Francisco Fernández de Córdoba.&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Digitalización || [https://www.google.es/books/edition/Quarta_parte_de_la_Historia_general_de_S/PLSUSyZb8g8C?hl=es&amp;amp;gbpv=1&amp;amp;dq=Quarta+parte+de+la+historia+general+de+Santo+Domingo,+y+de+su+orden+de+predicadores&amp;amp;printsec=frontcover  Google Books]&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Localización del texto en el volumen || La vida de María de la Resurrección se halla en el “Libro primero de la quarta parte de la historia de Santo Domingo y de su orden” de la ''Quarta parte de la historia general de Santo Domingo, y de su orden de predicadores de Juan López'', concretamente en el capítulo cuarenta y siete “adonde prosigue la materia del capítulo pasado”. Su semblanza se halla en la página 144, tras la de la madre María de Santa Cristina. &lt;br /&gt;
|}&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
=Ficha de la Vida impresa de [[María de San Agustín |María de San Agustín ]]=&lt;br /&gt;
{| class=&amp;quot;wikitable&amp;quot;&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Referencia bibliográfica || Juan López, 1615. “Libro primero de la quarta parte de la historia de Santo Domingo y de su orden”, ''Quarta parte de la historia general de Santo Domingo, y de su orden de predicadores''. Valladolid: Francisco Fernández de Córdoba.&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Digitalización || [https://www.google.es/books/edition/Quarta_parte_de_la_Historia_general_de_S/PLSUSyZb8g8C?hl=es&amp;amp;gbpv=1&amp;amp;dq=Quarta+parte+de+la+historia+general+de+Santo+Domingo,+y+de+su+orden+de+predicadores&amp;amp;printsec=frontcover  Google Books]&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Localización del texto en el volumen || La vida de María de San Agustín se halla en el “Libro primero de la quarta parte de la historia de Santo Domingo y de su orden” de la ''Quarta parte de la historia general de Santo Domingo, y de su orden de predicadores de Juan López'', concretamente en el capítulo cuarenta y cinco que trata sobre la fundación del Monasterio de Santa María de Gracia en Sevilla. Su semblanza se puede encontrar en la página 138, tras la de la madre María de la Cruz. &lt;br /&gt;
|}&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
=Ficha de la Vida impresa de [[María de San Benito |María de San Benito ]]=&lt;br /&gt;
{| class=&amp;quot;wikitable&amp;quot;&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Referencia bibliográfica || Juan López, 1615. “Libro primero de la quarta parte de la historia de Santo Domingo y de su orden”, ''Quarta parte de la historia general de Santo Domingo, y de su orden de predicadores''. Valladolid: Francisco Fernández de Córdoba.&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Digitalización || [https://www.google.es/books/edition/Quarta_parte_de_la_Historia_general_de_S/PLSUSyZb8g8C?hl=es&amp;amp;gbpv=1&amp;amp;dq=Quarta+parte+de+la+historia+general+de+Santo+Domingo,+y+de+su+orden+de+predicadores&amp;amp;printsec=frontcover  Google Books]&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Localización del texto en el volumen || La vida de María de San Benito se halla en el “Libro primero de la quarta parte de la historia de Santo Domingo y de su orden” de la ''Quarta parte de la historia general de Santo Domingo, y de su orden de predicadores de Juan López'', concretamente en el capítulo cuarenta y seis, que trata de algunas otras siervas de Dios del Monasterio de Santa María de Gracia en Sevilla. Su hagiografía se puede encontrar en la página 140, tras la de María del Crucifijo. &lt;br /&gt;
|}&lt;/div&gt;</summary>
		<author><name>Anaritasoares</name></author>	</entry>

	<entry>
		<id>http://catalogodesantasvivas.visionarias.es/index.php?title=Contexto_material_del_impreso_Quarta_parte_de_la_historia_general_de_Santo_Domingo,_y_de_su_orden_de_predicadores&amp;diff=712811</id>
		<title>Contexto material del impreso Quarta parte de la historia general de Santo Domingo, y de su orden de predicadores</title>
		<link rel="alternate" type="text/html" href="http://catalogodesantasvivas.visionarias.es/index.php?title=Contexto_material_del_impreso_Quarta_parte_de_la_historia_general_de_Santo_Domingo,_y_de_su_orden_de_predicadores&amp;diff=712811"/>
				<updated>2026-06-05T17:10:48Z</updated>
		
		<summary type="html">&lt;p&gt;Anaritasoares: &lt;/p&gt;
&lt;hr /&gt;
&lt;div&gt;[[Archivo:Juan_López_1615.jpg|miniatura|250px|right| Juan López, 1615. ''Quarta parte de la historia general de Santo Domingo, y de su orden de predicadores''. Valladolid: Francisco Fernández de Córdoba. (Fuente: Imagen propiedad de la Universidad Complutense de Madrid. CC BY 4.0 [Digitalizado por Google]).]]&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
=Ficha de la Vida impresa de [[María de Jesús (3) |María de Jesús (3)]]=&lt;br /&gt;
{| class=&amp;quot;wikitable&amp;quot;&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Referencia bibliográfica || Juan López, 1615. “Libro primero de la quarta parte de la historia de Santo Domingo y de su orden”, ''Quarta parte de la historia general de Santo Domingo, y de su orden de predicadores''. Valladolid: Francisco Fernández de Córdoba.&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Digitalización || [https://www.google.es/books/edition/Quarta_parte_de_la_Historia_general_de_S/PLSUSyZb8g8C?hl=es&amp;amp;gbpv=1&amp;amp;dq=Quarta+parte+de+la+historia+general+de+Santo+Domingo,+y+de+su+orden+de+predicadores&amp;amp;printsec=frontcover  Google Books]&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Localización del texto en el volumen || La vida de María de Jesús se halla en el “Libro primero de la quarta parte de la historia de Santo Domingo y de su orden” de la ''Quarta parte de la historia general de Santo Domingo, y de su orden de predicadores de Juan López'', concretamente en el capítulo cuarenta y cinco que trata sobre la fundación del Monasterio de Santa María de Gracia en Sevilla. Al tratarse de la fundadora, su semblanza es la que primero hallamos en el capítulo (de la página 134 a la 137), seguida de algunas de sus compañeras en religión. &lt;br /&gt;
|}&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
=Ficha de la Vida impresa de [[María de la Ascensión|María de la Ascensión]]=&lt;br /&gt;
{| class=&amp;quot;wikitable&amp;quot;&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Referencia bibliográfica || Juan López, 1615. “Libro primero de la quarta parte de la historia de Santo Domingo y de su orden”, ''Quarta parte de la historia general de Santo Domingo, y de su orden de predicadores''. Valladolid: Francisco Fernández de Córdoba.&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Digitalización || [https://www.google.es/books/edition/Quarta_parte_de_la_Historia_general_de_S/PLSUSyZb8g8C?hl=es&amp;amp;gbpv=1&amp;amp;dq=Quarta+parte+de+la+historia+general+de+Santo+Domingo,+y+de+su+orden+de+predicadores&amp;amp;printsec=frontcover  Google Books]&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Localización del texto en el volumen || La vida de María de la Ascensión se halla en el “Libro primero de la quarta parte de la historia de Santo Domingo y de su orden” de la ''Quarta parte de la historia general de Santo Domingo, y de su orden de predicadores de Juan López'', concretamente en el capítulo cuarenta y seis, que trata de algunas otras siervas de Dios del Monasterio de Santa María de Gracia en Sevilla. Su semblanza se encuentra en las páginas 141 y 142, tras la vida de su compañera María de Santa Elena. &lt;br /&gt;
|}&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
=Ficha de la Vida impresa de [[María de la Asunción (3)|María de la Asunción (3)]]=&lt;br /&gt;
{| class=&amp;quot;wikitable&amp;quot;&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Referencia bibliográfica || Juan López, 1615. “Libro primero de la quarta parte de la historia de Santo Domingo y de su orden”, ''Quarta parte de la historia general de Santo Domingo, y de su orden de predicadores''. Valladolid: Francisco Fernández de Córdoba.&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Digitalización || [https://www.google.es/books/edition/Quarta_parte_de_la_Historia_general_de_S/PLSUSyZb8g8C?hl=es&amp;amp;gbpv=1&amp;amp;dq=Quarta+parte+de+la+historia+general+de+Santo+Domingo,+y+de+su+orden+de+predicadores&amp;amp;printsec=frontcover  Google Books]&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Localización del texto en el volumen || La vida de María de la Asunción se halla en el “Libro primero de la quarta parte de la historia de Santo Domingo y de su orden” de la ''Quarta parte de la historia general de Santo Domingo, y de su orden de predicadores de Juan López'', concretamente en el capítulo cuarenta y cinco que trata sobre la fundación del Monasterio de Santa María de Gracia en Sevilla. Fue una de las primeras preladas de dicho monasterio, junto a María de la Encarnación y María de la Cruz. Así, su vida la podemos encontrar en las páginas 136 y 137. &lt;br /&gt;
|}&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
=Ficha de la Vida impresa de [[María de la Columna|María de la Columna]]=&lt;br /&gt;
{| class=&amp;quot;wikitable&amp;quot;&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Referencia bibliográfica || Juan López, 1615. “Libro primero de la quarta parte de la historia de Santo Domingo y de su orden”, ''Quarta parte de la historia general de Santo Domingo, y de su orden de predicadores''. Valladolid: Francisco Fernández de Córdoba.&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Digitalización || [https://www.google.es/books/edition/Quarta_parte_de_la_Historia_general_de_S/PLSUSyZb8g8C?hl=es&amp;amp;gbpv=1&amp;amp;dq=Quarta+parte+de+la+historia+general+de+Santo+Domingo,+y+de+su+orden+de+predicadores&amp;amp;printsec=frontcover  Google Books]&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Localización del texto en el volumen || La vida de María de la Columna se halla en el “Libro primero de la quarta parte de la historia de Santo Domingo y de su orden” de la ''Quarta parte de la historia general de Santo Domingo, y de su orden de predicadores de Juan López'', concretamente en el capítulo cuarenta y seis, que trata de algunas otras siervas de Dios del Monasterio de Santa María de Gracia en Sevilla. Su breve vida se halla junto a la de su hermana, María de la Corona, en la página 142. &lt;br /&gt;
|}&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
=Ficha de la Vida impresa de [[María de la Concepción (2) |María de la Concepción (2) ]]=&lt;br /&gt;
{| class=&amp;quot;wikitable&amp;quot;&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Referencia bibliográfica || Juan López, 1615. “Libro primero de la quarta parte de la historia de Santo Domingo y de su orden”, ''Quarta parte de la historia general de Santo Domingo, y de su orden de predicadores''. Valladolid: Francisco Fernández de Córdoba.&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Digitalización || [https://www.google.es/books/edition/Quarta_parte_de_la_Historia_general_de_S/PLSUSyZb8g8C?hl=es&amp;amp;gbpv=1&amp;amp;dq=Quarta+parte+de+la+historia+general+de+Santo+Domingo,+y+de+su+orden+de+predicadores&amp;amp;printsec=frontcover  Google Books]&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Localización del texto en el volumen || La vida de María de la Concepción se halla en el “Libro primero de la quarta parte de la historia de Santo Domingo y de su orden” de la ''Quarta parte de la historia general de Santo Domingo, y de su orden de predicadores de Juan López'', concretamente en el capítulo cuarenta y seis, que trata de algunas otras siervas de Dios del Monasterio de Santa María de Gracia en Sevilla. De hecho, su vida es la que encabeza el mencionado capítulo, que se inicia en la página 138 y culmina en la 139. &lt;br /&gt;
|}&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
=Ficha de la Vida impresa de [[María de la Corona|María de la Corona]]=&lt;br /&gt;
{| class=&amp;quot;wikitable&amp;quot;&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Referencia bibliográfica || Juan López, 1615. “Libro primero de la quarta parte de la historia de Santo Domingo y de su orden”, ''Quarta parte de la historia general de Santo Domingo, y de su orden de predicadores''. Valladolid: Francisco Fernández de Córdoba.&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Digitalización || [https://www.google.es/books/edition/Quarta_parte_de_la_Historia_general_de_S/PLSUSyZb8g8C?hl=es&amp;amp;gbpv=1&amp;amp;dq=Quarta+parte+de+la+historia+general+de+Santo+Domingo,+y+de+su+orden+de+predicadores&amp;amp;printsec=frontcover  Google Books]&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Localización del texto en el volumen || La vida de María de la Corona se halla en el “Libro primero de la quarta parte de la historia de Santo Domingo y de su orden” de la ''Quarta parte de la historia general de Santo Domingo, y de su orden de predicadores de Juan López'', concretamente en el capítulo cuarenta y seis, que trata de algunas otras siervas de Dios del Monasterio de Santa María de Gracia en Sevilla. Su breve vida se halla junto a la de su hermana, María de la Columna, en la página 142. &lt;br /&gt;
|}&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
=Ficha de la Vida impresa de [[María de la Cruz (2)|María de la Cruz (2)]]=&lt;br /&gt;
{| class=&amp;quot;wikitable&amp;quot;&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Referencia bibliográfica || Juan López, 1615. “Libro primero de la quarta parte de la historia de Santo Domingo y de su orden”, ''Quarta parte de la historia general de Santo Domingo, y de su orden de predicadores''. Valladolid: Francisco Fernández de Córdoba.&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Digitalización || [https://www.google.es/books/edition/Quarta_parte_de_la_Historia_general_de_S/PLSUSyZb8g8C?hl=es&amp;amp;gbpv=1&amp;amp;dq=Quarta+parte+de+la+historia+general+de+Santo+Domingo,+y+de+su+orden+de+predicadores&amp;amp;printsec=frontcover  Google Books]&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Localización del texto en el volumen || La vida de María de la Cruz se halla en el “Libro primero de la quarta parte de la historia de Santo Domingo y de su orden” de la ''Quarta parte de la historia general de Santo Domingo, y de su orden de predicadores de Juan López'', concretamente en el capítulo cuarenta y cinco que trata sobre la fundación del Monasterio de Santa María de Gracia en Sevilla. Se trata de la primera prelada que tuvo dicho Monasterio, cuya vida podemos localizar en las páginas 136 y 137, junto a las de sus sucesoras: María de Asunción y María de la Encarnación. &lt;br /&gt;
|}&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
=Ficha de la Vida impresa de [[María de la Pasión|María de la Pasión]]=&lt;br /&gt;
{| class=&amp;quot;wikitable&amp;quot;&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Referencia bibliográfica || Juan López, 1615. “Libro primero de la quarta parte de la historia de Santo Domingo y de su orden”, ''Quarta parte de la historia general de Santo Domingo, y de su orden de predicadores''. Valladolid: Francisco Fernández de Córdoba.&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Digitalización || [https://www.google.es/books/edition/Quarta_parte_de_la_Historia_general_de_S/PLSUSyZb8g8C?hl=es&amp;amp;gbpv=1&amp;amp;dq=Quarta+parte+de+la+historia+general+de+Santo+Domingo,+y+de+su+orden+de+predicadores&amp;amp;printsec=frontcover  Google Books]&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Localización del texto en el volumen || La vida de María de la Pasión se halla en el “Libro primero de la quarta parte de la historia de Santo Domingo y de su orden” de la ''Quarta parte de la historia general de Santo Domingo, y de su orden de predicadores de Juan López'', concretamente en el capítulo cuarenta y siete “adonde prosigue la materia del capítulo pasado”. Su semblanza se encuentra en las páginas 144 y 145, tras la de María de la Resurrección. &lt;br /&gt;
|}&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
=Ficha de la Vida impresa de [[María de la Presentación |María de la Presentación ]]=&lt;br /&gt;
{| class=&amp;quot;wikitable&amp;quot;&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Referencia bibliográfica || Juan López, 1615. “Libro primero de la quarta parte de la historia de Santo Domingo y de su orden”, ''Quarta parte de la historia general de Santo Domingo, y de su orden de predicadores''. Valladolid: Francisco Fernández de Córdoba.&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Digitalización || [https://www.google.es/books/edition/Quarta_parte_de_la_Historia_general_de_S/PLSUSyZb8g8C?hl=es&amp;amp;gbpv=1&amp;amp;dq=Quarta+parte+de+la+historia+general+de+Santo+Domingo,+y+de+su+orden+de+predicadores&amp;amp;printsec=frontcover  Google Books]&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Localización del texto en el volumen || La vida de María de la Presentación se halla en el “Libro primero de la quarta parte de la historia de Santo Domingo y de su orden” de la Quarta parte de la historia general de Santo Domingo, y de su orden de predicadores de Juan López, concretamente en el capítulo cuarenta y siete “adonde prosigue la materia del capítulo pasado”. Su semblanza se encuentra en la página 145, tras la de su compañera María de la San Gabriel. &lt;br /&gt;
|}&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
=Ficha de la Vida impresa de [[María de la Purificación |María de la Purificación]]=&lt;br /&gt;
{| class=&amp;quot;wikitable&amp;quot;&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Referencia bibliográfica || Juan López, 1615. “Libro primero de la quarta parte de la historia de Santo Domingo y de su orden”, ''Quarta parte de la historia general de Santo Domingo, y de su orden de predicadores''. Valladolid: Francisco Fernández de Córdoba.&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Digitalización || [https://www.google.es/books/edition/Quarta_parte_de_la_Historia_general_de_S/PLSUSyZb8g8C?hl=es&amp;amp;gbpv=1&amp;amp;dq=Quarta+parte+de+la+historia+general+de+Santo+Domingo,+y+de+su+orden+de+predicadores&amp;amp;printsec=frontcover  Google Books]&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Localización del texto en el volumen || La vida de María de la Purificación se halla en el “Libro primero de la quarta parte de la historia de Santo Domingo y de su orden” de la ''Quarta parte de la historia general de Santo Domingo, y de su orden de predicadores de Juan López'', concretamente en el capítulo cuarenta y seis, que trata de algunas otras siervas de Dios del Monasterio de Santa María de Gracia en Sevilla. De esta forma, podemos encontrar su hagiografía en las páginas 140 y 141, tras la de María de San Benito. &lt;br /&gt;
|}&lt;/div&gt;</summary>
		<author><name>Anaritasoares</name></author>	</entry>

	<entry>
		<id>http://catalogodesantasvivas.visionarias.es/index.php?title=Contexto_material_del_impreso_Quarta_parte_de_la_historia_general_de_Santo_Domingo,_y_de_su_orden_de_predicadores&amp;diff=712810</id>
		<title>Contexto material del impreso Quarta parte de la historia general de Santo Domingo, y de su orden de predicadores</title>
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				<updated>2026-06-05T17:04:51Z</updated>
		
		<summary type="html">&lt;p&gt;Anaritasoares: &lt;/p&gt;
&lt;hr /&gt;
&lt;div&gt;[[Archivo:Juan_López_1615.jpg|miniatura|250px|right| Juan López, 1615. ''Quarta parte de la historia general de Santo Domingo, y de su orden de predicadores''. Valladolid: Francisco Fernández de Córdoba. (Fuente: Imagen propiedad de la Universidad Complutense de Madrid. CC BY 4.0 [Digitalizado por Google]).]]&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
=Ficha de la Vida impresa de [[María de Jesús (3) |María de Jesús (3)]]=&lt;br /&gt;
{| class=&amp;quot;wikitable&amp;quot;&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Referencia bibliográfica || Juan López, 1615. “Libro primero de la quarta parte de la historia de Santo Domingo y de su orden”, ''Quarta parte de la historia general de Santo Domingo, y de su orden de predicadores''. Valladolid: Francisco Fernández de Córdoba.&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Digitalización || [https://www.google.es/books/edition/Quarta_parte_de_la_Historia_general_de_S/PLSUSyZb8g8C?hl=es&amp;amp;gbpv=1&amp;amp;dq=Quarta+parte+de+la+historia+general+de+Santo+Domingo,+y+de+su+orden+de+predicadores&amp;amp;printsec=frontcover  Google Books]&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Localización del texto en el volumen || La vida de María de Jesús se halla en el “Libro primero de la quarta parte de la historia de Santo Domingo y de su orden” de la ''Quarta parte de la historia general de Santo Domingo, y de su orden de predicadores de Juan López'', concretamente en el capítulo cuarenta y cinco que trata sobre la fundación del Monasterio de Santa María de Gracia en Sevilla. Al tratarse de la fundadora, su semblanza es la que primero hallamos en el capítulo (de la página 134 a la 137), seguida de algunas de sus compañeras en religión. &lt;br /&gt;
|}&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
=Ficha de la Vida impresa de [[María de la Ascensión|María de la Ascensión]]=&lt;br /&gt;
{| class=&amp;quot;wikitable&amp;quot;&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Referencia bibliográfica || Juan López, 1615. “Libro primero de la quarta parte de la historia de Santo Domingo y de su orden”, ''Quarta parte de la historia general de Santo Domingo, y de su orden de predicadores''. Valladolid: Francisco Fernández de Córdoba.&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Digitalización || [https://www.google.es/books/edition/Quarta_parte_de_la_Historia_general_de_S/PLSUSyZb8g8C?hl=es&amp;amp;gbpv=1&amp;amp;dq=Quarta+parte+de+la+historia+general+de+Santo+Domingo,+y+de+su+orden+de+predicadores&amp;amp;printsec=frontcover  Google Books]&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Localización del texto en el volumen || La vida de María de la Ascensión se halla en el “Libro primero de la quarta parte de la historia de Santo Domingo y de su orden” de la ''Quarta parte de la historia general de Santo Domingo, y de su orden de predicadores de Juan López'', concretamente en el capítulo cuarenta y seis, que trata de algunas otras siervas de Dios del Monasterio de Santa María de Gracia en Sevilla. Su semblanza se encuentra en las páginas 141 y 142, tras la vida de su compañera María de Santa Elena. &lt;br /&gt;
|}&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
=Ficha de la Vida impresa de [[María de la Asunción (3)|María de la Asunción (3)]]=&lt;br /&gt;
{| class=&amp;quot;wikitable&amp;quot;&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Referencia bibliográfica || Juan López, 1615. “Libro primero de la quarta parte de la historia de Santo Domingo y de su orden”, ''Quarta parte de la historia general de Santo Domingo, y de su orden de predicadores''. Valladolid: Francisco Fernández de Córdoba.&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Digitalización || [https://www.google.es/books/edition/Quarta_parte_de_la_Historia_general_de_S/PLSUSyZb8g8C?hl=es&amp;amp;gbpv=1&amp;amp;dq=Quarta+parte+de+la+historia+general+de+Santo+Domingo,+y+de+su+orden+de+predicadores&amp;amp;printsec=frontcover  Google Books]&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Localización del texto en el volumen || La vida de María de la Asunción se halla en el “Libro primero de la quarta parte de la historia de Santo Domingo y de su orden” de la ''Quarta parte de la historia general de Santo Domingo, y de su orden de predicadores de Juan López'', concretamente en el capítulo cuarenta y cinco que trata sobre la fundación del Monasterio de Santa María de Gracia en Sevilla. Fue una de las primeras preladas de dicho monasterio, junto a María de la Encarnación y María de la Cruz. Así, su vida la podemos encontrar en las páginas 136 y 137. &lt;br /&gt;
|}&lt;/div&gt;</summary>
		<author><name>Anaritasoares</name></author>	</entry>

	<entry>
		<id>http://catalogodesantasvivas.visionarias.es/index.php?title=Contexto_material_del_impreso_Quarta_parte_de_la_historia_general_de_Santo_Domingo,_y_de_su_orden_de_predicadores&amp;diff=712809</id>
		<title>Contexto material del impreso Quarta parte de la historia general de Santo Domingo, y de su orden de predicadores</title>
		<link rel="alternate" type="text/html" href="http://catalogodesantasvivas.visionarias.es/index.php?title=Contexto_material_del_impreso_Quarta_parte_de_la_historia_general_de_Santo_Domingo,_y_de_su_orden_de_predicadores&amp;diff=712809"/>
				<updated>2026-06-05T17:04:11Z</updated>
		
		<summary type="html">&lt;p&gt;Anaritasoares: /* Ficha de la Vida impresa de María de Jesús (3) */&lt;/p&gt;
&lt;hr /&gt;
&lt;div&gt;[[Archivo:Juan_López_1615.jpg|miniatura|250px|right| Juan López, 1615. ''Quarta parte de la historia general de Santo Domingo, y de su orden de predicadores''. Valladolid: Francisco Fernández de Córdoba. (Fuente: Imagen propiedad de la Universidad Complutense de Madrid. CC BY 4.0 [Digitalizado por Google]).]]&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
=Ficha de la Vida impresa de [[María de Jesús (3) |María de Jesús (3)]]=&lt;br /&gt;
{| class=&amp;quot;wikitable&amp;quot;&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Referencia bibliográfica || Juan López, 1615. “Libro primero de la quarta parte de la historia de Santo Domingo y de su orden”, ''Quarta parte de la historia general de Santo Domingo, y de su orden de predicadores''. Valladolid: Francisco Fernández de Córdoba.&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Digitalización || [https://www.google.es/books/edition/Quarta_parte_de_la_Historia_general_de_S/PLSUSyZb8g8C?hl=es&amp;amp;gbpv=1&amp;amp;dq=Quarta+parte+de+la+historia+general+de+Santo+Domingo,+y+de+su+orden+de+predicadores&amp;amp;printsec=frontcover  Google Books]&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Localización del texto en el volumen || La vida de María de Jesús se halla en el “Libro primero de la quarta parte de la historia de Santo Domingo y de su orden” de la ''Quarta parte de la historia general de Santo Domingo, y de su orden de predicadores de Juan López'', concretamente en el capítulo cuarenta y cinco que trata sobre la fundación del Monasterio de Santa María de Gracia en Sevilla. Al tratarse de la fundadora, su semblanza es la que primero hallamos en el capítulo (de la página 134 a la 137), seguida de algunas de sus compañeras en religión. &lt;br /&gt;
|}&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
=Ficha de la Vida impresa de [[María de la Ascensión|María de la Ascensión]]=&lt;br /&gt;
{| class=&amp;quot;wikitable&amp;quot;&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Referencia bibliográfica || Juan López, 1615. “Libro primero de la quarta parte de la historia de Santo Domingo y de su orden”, ''Quarta parte de la historia general de Santo Domingo, y de su orden de predicadores''. Valladolid: Francisco Fernández de Córdoba.&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Digitalización || [https://www.google.es/books/edition/Quarta_parte_de_la_Historia_general_de_S/PLSUSyZb8g8C?hl=es&amp;amp;gbpv=1&amp;amp;dq=Quarta+parte+de+la+historia+general+de+Santo+Domingo,+y+de+su+orden+de+predicadores&amp;amp;printsec=frontcover  Google Books]&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Localización del texto en el volumen || La vida de María de la Ascensión se halla en el “Libro primero de la quarta parte de la historia de Santo Domingo y de su orden” de la ''Quarta parte de la historia general de Santo Domingo, y de su orden de predicadores de Juan López'', concretamente en el capítulo cuarenta y seis, que trata de algunas otras siervas de Dios del Monasterio de Santa María de Gracia en Sevilla. Su semblanza se encuentra en las páginas 141 y 142, tras la vida de su compañera María de Santa Elena. &lt;br /&gt;
|}&lt;/div&gt;</summary>
		<author><name>Anaritasoares</name></author>	</entry>

	<entry>
		<id>http://catalogodesantasvivas.visionarias.es/index.php?title=Contexto_material_del_impreso_Quarta_parte_de_la_historia_general_de_Santo_Domingo,_y_de_su_orden_de_predicadores&amp;diff=712808</id>
		<title>Contexto material del impreso Quarta parte de la historia general de Santo Domingo, y de su orden de predicadores</title>
		<link rel="alternate" type="text/html" href="http://catalogodesantasvivas.visionarias.es/index.php?title=Contexto_material_del_impreso_Quarta_parte_de_la_historia_general_de_Santo_Domingo,_y_de_su_orden_de_predicadores&amp;diff=712808"/>
				<updated>2026-06-05T17:02:24Z</updated>
		
		<summary type="html">&lt;p&gt;Anaritasoares: Página creada con «=Ficha de la Vida impresa de María de Jesús (3)=  Archivo:Juan_López_1615.jpg|miniatura|250px|right| Juan López, 1615. ''Quarta parte de la...»&lt;/p&gt;
&lt;hr /&gt;
&lt;div&gt;=Ficha de la Vida impresa de [[María de Jesús (3) |María de Jesús (3)]]=&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[[Archivo:Juan_López_1615.jpg|miniatura|250px|right| Juan López, 1615. ''Quarta parte de la historia general de Santo Domingo, y de su orden de predicadores''. Valladolid: Francisco Fernández de Córdoba. (Fuente: Imagen propiedad de la Universidad Complutense de Madrid. CC BY 4.0 [Digitalizado por Google]).]]&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
{| class=&amp;quot;wikitable&amp;quot;&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Referencia bibliográfica || Juan López, 1615. “Libro primero de la quarta parte de la historia de Santo Domingo y de su orden”, ''Quarta parte de la historia general de Santo Domingo, y de su orden de predicadores''. Valladolid: Francisco Fernández de Córdoba.&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Digitalización || [https://www.google.es/books/edition/Quarta_parte_de_la_Historia_general_de_S/PLSUSyZb8g8C?hl=es&amp;amp;gbpv=1&amp;amp;dq=Quarta+parte+de+la+historia+general+de+Santo+Domingo,+y+de+su+orden+de+predicadores&amp;amp;printsec=frontcover  Google Libros]&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Localización del texto en el volumen || La vida de María de Jesús se halla en el “Libro primero de la quarta parte de la historia de Santo Domingo y de su orden” de la ''Quarta parte de la historia general de Santo Domingo, y de su orden de predicadores de Juan López'', concretamente en el capítulo cuarenta y cinco que trata sobre la fundación del Monasterio de Santa María de Gracia en Sevilla. Al tratarse de la fundadora, su semblanza es la que primero hallamos en el capítulo (de la página 134 a la 137), seguida de algunas de sus compañeras en religión. &lt;br /&gt;
|}&lt;/div&gt;</summary>
		<author><name>Anaritasoares</name></author>	</entry>

	<entry>
		<id>http://catalogodesantasvivas.visionarias.es/index.php?title=Descripci%C3%B3n_de_las_fuentes_impresas&amp;diff=712807</id>
		<title>Descripción de las fuentes impresas</title>
		<link rel="alternate" type="text/html" href="http://catalogodesantasvivas.visionarias.es/index.php?title=Descripci%C3%B3n_de_las_fuentes_impresas&amp;diff=712807"/>
				<updated>2026-06-05T16:59:11Z</updated>
		
		<summary type="html">&lt;p&gt;Anaritasoares: &lt;/p&gt;
&lt;hr /&gt;
&lt;div&gt;* [[Contexto material del impreso Hystoria, o descripcion de la Imperial cibdad de Toledo]]. ''Con todas las cosas acontecidad en ella, desde su principio, y fundacion. Adonde se tocan, y refieren muchas antigüedades, y cosas notables de la Hystoria general de España''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
* [[Contexto material del impreso Chrónica de la Santa Provincia de Granada, de la regular observancia]]'' de N. Seráfico Padre San Francisco''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
* [[Contexto material del impreso Addicion a la Tercera Parte del Flos sanctorum]] ''en que se ponen vidas de varones illustres, los quales, aunque no estan canonizados, mas piadosamente se cree dellos que gozan de Dios por auer sido sus vidas famosas en virtudes...''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
* [[Contexto material del impreso Oración y comtemplación]] ''de la muy devota religiosa y gran sierva de Dios, soror María de Sancto Domingo, de su orden y hábito, dirigida al muy reverendíssimo señor Cardenal y Obispo de Tortosa nuestro Padre General Inquisidor e mi señor''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
* [[Contexto material del impreso Crónica y historia de la fundación y progreso de la provincia de Castilla]] ''de la Orden del bienaventurado Padre San Francisco''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
* [[Contexto material del impreso Descripción de la Imperial Ciudad de Toledo e Historia de sus antigüedades]] ''y grandeza y cosas memorables que en ella han acontecido, de los Reyes que la han señoreado y gobernado en sucesión de tiempo, y de los arzobispos de Toledo, principalmente de los más celebrados''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
* [[Contexto material del impreso Catorce vidas de santas de la orden del Císter]]. ''Escríbelas doña Ana Francisca Abarca de Bolea, Mur y Castro, monja profesa del real monasterio de Santa María de Gloria, en la villa de Casbas''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
* [[Contexto material del impreso Quarta parte de la Chrónica general de Nuestro padre Francisco]] ''y su apostólica orden/compuesta por Fray Antonio Daça de su Orden''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
* [[Contexto material de la Tercera parte de las Chrónicas de la Orden de los Frayles menores del Seráphico Padre S. Francisco]] ''(…) nuevamente ordenada y sacada de los libros y memoriales de la Orden (…)''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
* [[Contexto material de la Vida de Doña María de Toledo, señora de Pinto, y después Sor María la Pobre]] '', fundadora y primera Abbadessa del Monasterio de Sancta Isabel de los Reies de Toledo''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
* [[Contexto material del impreso Flos santorum: La vida de nuestro señor Iesu Christo y de su santissima Madre]]'' y de los otros santos segun la orden de sus fiestas: aora de nueuo corregido y emēdado, y añadidas algunas vidas de santos''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
* [[Contexto material del impreso Discursos ilustres, históricos, i genealógicos.]]'' A Don Pedro Pacheco, del Consejo de su Majestad en el Supremo de Castilla, y general Inquisición, y canónigo de las santa iglesias de Cuenca. Por Don Pedro de Rojas, Caballero de la Orden de Calatrava, Conde de Mora, Señor de la Villa de Laios, y el Castañar''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
* [[Contexto material del impreso Tercera Parte de la Historia de la Orden de San Jerónimo]]'', doctor de la Iglesia, dirigida al Rey, Nuestro Señor, Don Felipe III''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
* [[Contexto material del impreso Chronicorum fratrum Hieronymitani ordinis libri tres]].&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
* [[Contexto material del impreso Cronica de los frayles de la orden del bienaventurado sant Hieronymo]].&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
* [[Contexto material del impreso Segunda Parte de la Historia de la Orden de San Jerónimo]]'', dirigida al Rey, Nuestro Señor, Don Felipe III''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
* [[Contexto material del impreso Segunda parte de la Historia de los santos y personas en virtud y santidad ilustres de la Tercera Orden del glorioso Padre San Francisco]]''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
* [[Contexto material del impreso Tercera parte de la historia general de Santo Domingo, y de su orden de predicadores]]''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
* [[Contexto material del impreso Historia eclesiástica de todos los santos de España]]''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
* [[Contexto material del impreso Los Terceros hijos del humano serafín]]. ''La venerable y esclarecida Orden Tercera de nuestro seráfico patriarca San Francisco''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
* [[Contexto material del impreso Vida de la Gloriosa Virgen Sancta Clara]], ''con la declaración de su primera y segunda Regla''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
* [[Contexto material del impreso Epítome de la vida de soror Juana de la Cruz de Alonso Carrillo]].&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
* [[Contexto material del impreso Primera parte de los testimonios graves y antiguos de la Limpia Concepción de Nuestra Señora de Francisco de Vivar]].&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
* [[Contexto material del impreso Ristretto delle vite de gli Huomini, e delle Donne Illustri in Santità]].&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
* [[Contexto material del impreso Historia del Convento de San Agustín de Salamanca]].&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
* [[Contexto material del impreso Chrónica de la Orden de los Ermitaños del glorioso padre Sancto Agustín de fray Jerónimo Román]].&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
* [[Contexto material del impreso Delle croniche dell’ordine de frati minori instituito dal seráfico P. S. Francesco de Barezzo Barezzi]].&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
* [[Contexto material del impreso Annales minorum in quibus res omnes trium ordinem a S. Francisco institorum ex fide ponderosius afferuntur, calumniae refelluntur…]].&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
* [[Contexto material del impreso De origine Seraphicae Religionis Franciscanae eiusque progressibus, de Regularis Observanciae institutione, forma administrationis ac legibus admirabilique eius propagatione …. Opus in quatuor parte divisum]].&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
* [[Contexto material del impreso Este devoto libro se llama carro de las donas. Trata de la vida y muerte del hombre christiano]]. ''Es intitulado a la christianíssima reyna de Portugal doña Catherina, nuestra señora. Tiene cinco libros de grandes y sanctas doctrinas de Francesc Eiximenis''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
* [[Contexto material del impreso Segunda parte del nobiliario genealógico de los reyes y títulos de España de Alonso López de Haro]].&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
* [[Contexto material del impreso Varia historia de sanctas e illustres mugeres en todo género de virtudes de Juan Pérez de Moya]].&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
* [[Contexto material del impreso Vida de la Gloriosa Virgen Sancta Clara, con la declaración de su primera y segunda Regla de Luis de Miranda]].&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
* [[Contexto material del impreso Chrónica de la Santa Provincia de Granada, de la regular observancia de N. Seráfico Padre San Francisco de Alonso de Torres]].&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
* [[Contexto material del impreso Historia, vida y milagros, éxtasis y revelaciones de la bienaventurada virgen santa Juana de la Cruz, de la Tercera Orden de nuestro seráfico padre San Francisco]], de 1610.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
* [[Contexto material del impreso Historia, vida y milagros, éxtasis y revelaciones de la bienaventurada virgen santa Juana de la Cruz, de la Tercera Orden de nuestro seráfico padre San Francisco, de 1613]].&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
* [[Contexto material del impreso Quarta parte de la historia general de Santo Domingo, y de su orden de predicadores]].&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Encargadas de las descripciones de los textos impresos: [http://visionarias.es/equipo/beatriz-bienvenida-morillas/ Beatriz Bienvenida Morillas], [http://visionarias.es/equipo/maria-gonzalez-diaz/ María González Díaz] y [https://visionarias.es/equipo/veronica-torres-martin/ Verónica Torres Martín]. Coordinación de [http://visionarias.es/equipo/pablo-acosta-garcia/ Pablo Acosta García].&lt;/div&gt;</summary>
		<author><name>Anaritasoares</name></author>	</entry>

	<entry>
		<id>http://catalogodesantasvivas.visionarias.es/index.php?title=Mar%C3%ADa_de_San_Agust%C3%ADn_(2)&amp;diff=712806</id>
		<title>María de San Agustín (2)</title>
		<link rel="alternate" type="text/html" href="http://catalogodesantasvivas.visionarias.es/index.php?title=Mar%C3%ADa_de_San_Agust%C3%ADn_(2)&amp;diff=712806"/>
				<updated>2026-06-05T16:58:38Z</updated>
		
		<summary type="html">&lt;p&gt;Anaritasoares: &lt;/p&gt;
&lt;hr /&gt;
&lt;div&gt;[[Category:Santas_Dominicas]]&lt;br /&gt;
[[Category:Sevilla]]&lt;br /&gt;
[[Category:Juan_López]]&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[[Archivo:Logo CSV letras(2) DianaSanmartin.jpg|derecha|María de San Agustín|link=]]&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
{| class=&amp;quot;wikitable&amp;quot;&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Nombre || María de San Agustín&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Orden || [http://catalogodesantasvivas.visionarias.es/index.php/Categor%C3%ADa:Santas_Dominicas Dominicas]&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Títulos || Priora y supriora del Monasterio de Santa María de Gracia de Sevilla&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Fecha de nacimiento || ¿Finales del s. XV?&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Fecha de fallecimiento|| ¿Primera mitad del siglo XVI?&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Lugar de nacimiento || [http://catalogodesantasvivas.visionarias.es/index.php/Categor%C3%ADa:Sevilla ¿Sevilla?]&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Lugar de fallecimiento|| [http://catalogodesantasvivas.visionarias.es/index.php/Categor%C3%ADa:Sevilla Sevilla]&lt;br /&gt;
|}&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
= Vida impresa=&lt;br /&gt;
Ed. de [https://visionarias.es/equipo/veronica-torres-martin// Verónica Torres Martín]; fecha de edición: mayo de 2026.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
== Fuente ==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[[Archivo:Juan_López_1615.jpg|miniatura|250px|right| Juan López, 1615. ''Quarta parte de la historia general de Santo Domingo, y de su orden de predicadores''. Valladolid: Francisco Fernández de Córdoba. (Fuente: Imagen propiedad de la Universidad Complutense de Madrid. CC BY 4.0 [Digitalizado por Google]).]]&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
* [http://catalogodesantasvivas.visionarias.es/index.php/Categor%C3%ADa:Juan_López López, Juan], 1615. “Libro primero de la quarta parte de la historia de Santo Domingo y de su orden”, ''Quarta parte de la historia general de Santo Domingo, y de su orden de predicadores''. Valladolid: Francisco Fernández de Córdoba, 138.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[[Contexto material del impreso Quarta parte de la historia general de Santo Domingo, y de su orden de predicadores]].&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
== Criterios de edición ==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Se han adoptado los criterios de edición de vidas impresas estipulados en el catálogo, esto es, se han eliminado las consonantes geminadas y se ha modernizado la ortografía (sibilantes, b/u/v, j/g, chr/cr, qu/cu, empleo de h, etc. Además, se han ajustado a los criterios actuales del español la unión y separación de palabras (“della”, “deste”, etc.), el uso de mayúsculas y minúsculas, la acentuación y la puntuación. Asimismo, se han expandido las abreviaturas. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==Vida de María de San Agustín==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[134] '''Capít. XLV'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''De la fundación del Monasterio de monjas de santa María de Gracia en Sevilla''' &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[…]&lt;br /&gt;
[138] La madre María de San Agustín fue santa monja muy señalada en el propio conocimiento y humildad. Siendo priora y supriora se tenía por la menor de las monjas y así servía en los oficios más bajos del convento. Cuando estaba en la casa de la labor con las monjas, tenía un crucifijo delante de sí en que contemplaba y derramaba muchas lágrimas. Hízole Dios señaladas mercedes. Una de las muy particulares fue la que refirió su confesor al convento, después de ella muerta, y fue que, una noche de Navidad, estando el convento cantando los maitines, alzó los ojos y vio dos ángeles que estaban al facistol o atril, uno a la mano derecha y otro a la izquierda, ayudando a cantar a las monjas, de los cuales salía un grande resplandor. Cuando le dio el mal de la muerte y la quisieron desnudar para acostarla en cama, dijo que hacía cincuenta años que no se desnudaba, sino que arrimada a la cama dormía algunos ratos.&lt;/div&gt;</summary>
		<author><name>Anaritasoares</name></author>	</entry>

	<entry>
		<id>http://catalogodesantasvivas.visionarias.es/index.php?title=Contexto_material_del_manuscrito_Historia_sacro-profana_de_la_ilustre_y_noble_villa_de_Ajofr%C3%ADn&amp;diff=712805</id>
		<title>Contexto material del manuscrito Historia sacro-profana de la ilustre y noble villa de Ajofrín</title>
		<link rel="alternate" type="text/html" href="http://catalogodesantasvivas.visionarias.es/index.php?title=Contexto_material_del_manuscrito_Historia_sacro-profana_de_la_ilustre_y_noble_villa_de_Ajofr%C3%ADn&amp;diff=712805"/>
				<updated>2026-06-02T06:49:19Z</updated>
		
		<summary type="html">&lt;p&gt;Anaritasoares: &lt;/p&gt;
&lt;hr /&gt;
&lt;div&gt;=Ficha de la vida manuscrita de [[María de Ajofrín|María de Ajofrín]]=&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[[Archivo:Historia de la villa de Ajofrín Manuscrito.jpg|miniatura|300px|right| Francisco de Ajofrín, 1774. ''Historia sacro-profana de la ilustre y noble villa de Ajofrín, y aparición milagrosa de la imagen de Nuestra Señora de Gracia, venerada a siete leguas de dicha villa, en el Convento de Reverendos Padres Agustinos Calzados del lugar de San Pablo de los montes de Toledo'', Madrid, BNE, MSS/2169, vol. 1. (Fuente: Biblioteca Digital Hispánica. Imagen procedente de los fondos de la Biblioteca Nacional de España).]]&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
{| class=&amp;quot;wikitable&amp;quot;&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Localización del manuscrito || Biblioteca Nacional de España, Madrid&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Descripciones en catálogos || [https://bdh-rd.bne.es/viewer.vm?id=0000166854&amp;amp;page=1 Inventario general de Manuscritos, vol. VI, pp. 77-78]&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Digitalización || [https://bdh-rd.bne.es/viewer.vm?id=0000010983&amp;amp;page=1 Biblioteca Nacional de España]&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Localización del texto en el volumen || El texto se localiza en los capítulos 5 “Personas que han floxeado en santidad y milagros naturales de Ajofrín. Vida de la sierva de Dios María de Ajofrín, llamada Santa María de Ajofrín, religiosa jerónima en el convento de San Pablo de Toledo”, en los folios 87r a 107 r; capítulo 6 “Recibe la sierva de Dios, María de Ajofrín, por admirable modo las llagas de Jesús, con otros favores extraordinarios”, en los folios 107r a 127r; y capítulo 7 “Continúan los favores del Cielo con que dispone el Señor a su sierva, María de Ajofrín, para su dichosa muerte, y se refieren algunos prodigios que ha obrado después de su feliz tránsito”, en los folios 127v a 145r. &lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Encuadernación || Piel jaspeada, 1774 (225x160); lomo cuajado con cinco nervios; guardas de papel marmoleado modelo espirales. &lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Superficie de escritura || Papel.&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| ''Mise en page''|| X+ 935 páginas + 21 hojas de guarda (9+12), 215x155. El ejemplar incluye 28 capítulos que se dividen, a su vez, en subepígrafes numerados por el autor. Posee un número de líneas de escritura irregular que podría oscilar entre las 15 y 20 líneas, aproximadamente. La pauta, además, deja poco margen en la parte interna del folio, mientras que los márgenes son más amplios en el lateral exterior. Encontramos, por un lado, la foliación del ejemplar a lápiz realizada por una mano distinta a la del autor, posiblemente ''a posteriori''. Por otro lado, en tinta negra y con el mismo trazo del autor encontramos la paginación del ejemplar, que contiene varios errores, quizás por ello se añadiría luego la foliación, que sí es correcta. Además, en el fol. I hallamos una nota de pertenencia: “Venerable Madre Francisca Dorotea, fundadora de las Dominicas Descalzas de Santa María del Rey de Sevilla”. Otra particularidad del ejemplar es que, en el folio 123r hallamos una nota del autor que indica lo siguiente: “Pasa a la hoja siguiente” y señala de qué fragmento se trata mediante un signo semejante a una cruz. Al ir al folio 125r nos encontramos con el signo y otra nota, que indica: “Pondrás lo que se sigue en la hoja antecedente”. Al terminar este inciso añadido a través de la nota, volvemos a hallar el mismo signo señalando el fin del fragmento y redirigiéndonos, de nuevo, al folio 123r para continuar con la narración que, curiosamente, no continúa en el folio 124, que es de menor tamaño, ya que, nos volvemos a topar con otra señal al inicio del folio 125r, un asterisco esta vez, y una nota del autor, que indica: “Ve al papelito”, es decir, el folio 124, donde el autor indica lo siguiente: “Mi querido Elías, acabado el n.8 escribe lo siguiente”. Algo semejante encontramos en el folio 209v en el que, de nuevo mediante un signo semejante a una cruz, el autor señala: “ve al papelito”, refiriéndose al folio 210 que, igual que ocurría con el folio 124, es de menor tamaño, donde indica “Esto se pondrá donde está la (y añade el símbolo de la cruz antes referido)”. De nuevo, lo hallamos en el folio 217v, donde el autor añade una nota antes del epígrafe 3: “Elías, ve al papelito”, refiriéndose al folio 218, donde indica: “Esto se pondrá antes del núm. 3”. Nuevamente, en el folio 232r encontramos otra adición señalada mediante la cruz, que remite al folio anterior 231v, de menor tamaño, en el que indica “Adición a la señal”. Lo mismo encontramos en el folio 236v en el que el autor añade una nota: “Ve al papel” y, de nuevo, el símbolo de la cruz. Dicho papel se refiere al folio 237, en el que el autor añade: “Esto se pondrá al fin del n. 2”. Una vez más, hallamos en el folio 382r una nota del autor que remite “Al papel”, haciendo referencia al folio 381v, de un tamaño inferior, donde hallamos el símbolo de la cruz. &lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Manos || Se han detectado un total de cinco manos distintas: en primer lugar, la del autor de la obra, en tinta negra, quien, además, corrige, tacha (el primer capítulo, de hecho, se encuentra enteramente tachado por el autor mediante una franja vertical, así como algunos otros folios a lo largo del manuscrito) y añade información constantemente; por otro lado, la que pertenece a la foliación añadida a posteriori en lápiz, que corrige la paginación, en ocasiones errónea; una tercera mano que incluye en el folio 40r, también en tinta negra, un apéndice. Este folio, de hecho, parece adherido posteriormente encima del texto original, pues el papel es de un tono ligeramente más oscuro al utilizado en el resto del ejemplar; para continuar, hallamos una cuarta mano en los folios 329r a 330v mucho más caótica y afiligranada que la del autor, que parecen añadir información sobre el Padre fray Gabriel de los Santos, mencionado por Francisco de Ajofrín en el folio 328r; por último, el capítulo XXV estaría enteramente compuesto por otra mano que utilizaría una pluma más gruesa que la del autor. &lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Marginalia || A lo largo de todo el ejemplar hallamos notas a pie de página añadidas por el propio autor que, además, remiten a llamadas dentro del propio texto. En estas notas el autor añade citas en latín, referencias a obras de otros autores o remite a fragmentos anteriores del propio manuscrito. &lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Bibliografía||&lt;br /&gt;
* Para una transcripción de la obra, véase: Francisco de Ajofrín, 1999. ''Historia sacro-profana de la ilustre y noble villa de Ajofrín y aparición milagrosa de la imagen de Nuestra Señora de Gracia, venerada a siete leguas de dicha villa, en el Convento de Reverendos Padres Agustinos Calzados del lugar de San Pablo de los montes de Toledo'' (José María Rodríguez Martín, trans.), Toledo: Diputación Provincial de Toledo.&lt;br /&gt;
* Para un estudio sobre los ángeles en María de Ajofrín, véase: María González-Díaz, “«Mas ia tiempo es que enbíe el Señor su ángel con azotes»: la influencia de las criaturas celestes en María de Ajofrín”, ''Via Spiritus: Revista de História da Espiritualidade e do Sentimento Religoso'', núm. 29, (2022), pp. 31-48. https://ojs.letras.up.pt/index.php/vsp/article/view/12902&lt;br /&gt;
|}&lt;/div&gt;</summary>
		<author><name>Anaritasoares</name></author>	</entry>

	<entry>
		<id>http://catalogodesantasvivas.visionarias.es/index.php?title=Mar%C3%ADa_de_Ajofr%C3%ADn&amp;diff=712804</id>
		<title>María de Ajofrín</title>
		<link rel="alternate" type="text/html" href="http://catalogodesantasvivas.visionarias.es/index.php?title=Mar%C3%ADa_de_Ajofr%C3%ADn&amp;diff=712804"/>
				<updated>2026-06-02T06:48:37Z</updated>
		
		<summary type="html">&lt;p&gt;Anaritasoares: /* Vida manuscrita (3) */&lt;/p&gt;
&lt;hr /&gt;
&lt;div&gt;[[Category:Santas_Jerónimas]]&lt;br /&gt;
[[Category:Toledo]]&lt;br /&gt;
[[Category:Francisco_de_Pisa]]&lt;br /&gt;
[[Category:Fray_José_de_Sigüenza]]&lt;br /&gt;
[[Category:Juan_de_la_Cruz]]&lt;br /&gt;
[[Category:Blas_Franco_Fernández]]&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[[Archivo:Maria de Ajofrin-sombras-Final-D-Yellow-L(1).jpg|derecha|María de Ajofrín|link=]]&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
{| class=&amp;quot;wikitable&amp;quot;&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Nombre || María de Ajofrín&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Orden || [http://catalogodesantasvivas.visionarias.es/index.php/Categor%C3%ADa:Santas_Jerónimas Jerónimas]&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Títulos || Beata del Convento de San Pablo de Toledo&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Fecha de nacimiento || Hacia 1455&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Fecha de fallecimiento || 1489&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Lugar de nacimiento || Ajofrín, [http://catalogodesantasvivas.visionarias.es/index.php/Categor%C3%ADa:Toledo Toledo]&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Lugar de fallecimiento || [http://catalogodesantasvivas.visionarias.es/index.php/Categor%C3%ADa:Toledo Toledo]&lt;br /&gt;
|}&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
=Vida manuscrita (1)=&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Ed. de [http://visionarias.es/equipo/celia-redondo-blasco/ Celia Redondo Blasco]; fecha de edición: julio de 2018; fecha de modificación: febrero de 2025.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==Fuente==&lt;br /&gt;
[[Archivo:I María de Ajofrín.jpg|250px|right|Manuscrito|link=]]&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
* Escorial. C-III-3. fols. 192r – 231v.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[[Contexto material del manuscrito de El Escorial, MS c-III-3]]&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==Criterios de edición==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Se trata de una copia manuscrita del siglo XVI. Al tratarse de un testimonio único se ha optado por unos criterios de edición conservadores. &lt;br /&gt;
* Se puntúa y acentúa siguiendo las normas establecidas por la RAE.&lt;br /&gt;
* Se conserva la -l- geminada en ''humilldad'' y la s líquida solo en ''Spíritu Sancto'', así como la alternancia entre v y b en su valor consonántico; también se mantiene la h- aunque sea anti-etimológica en ''hedad''.&lt;br /&gt;
* Se han respetado los latinismos como ''oratión''. &lt;br /&gt;
* Se han repuesto vocablos o grafías con corchetes ([ ]) cuando resultaba patente que no aparecían por un descuido del copista (en caso de duda, se ha respetado su ausencia).&lt;br /&gt;
* Se conserva ''dello'', ''desto'', pero se separa mediante apóstrofo cuando la forma aglutinada incluye el pronombre personal masculino singular: ''d’él''. &lt;br /&gt;
* Se ha conservado el uso de qu por ''cu'' (qual) y la grafía de la nasal n antes de la bilabial (grupos -np- y -nb-: ''honbre''). &lt;br /&gt;
* En cuanto al grupo de sibilantes, se mantiene ç ante a, o, y también ante e, i. Se respetan, también, los grafemas z, s/ss ante las distintas vocales. &lt;br /&gt;
* Cuando la ''n'' se encuentra acompañada por vírgula se ha reproducido como ''ñ''.&lt;br /&gt;
* Se ha mantenido la oscilación i/y.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==Vida de María de Ajofrín==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[Fol. 192r] Sigue la vida de la bienabenturada virgen María de Ajofrín, la qual fue una bendita muger, según paresçe en las revelationes y secretos ocultos que Nuestro Señor le quiso revelar. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''Per homnia que feneçiste para ser amaes Deum'' ''[1]''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[Fol. 192v] ''Non omnia posumus homnes''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Aquí ay tres historias: la primera, la de María de Ajofrín; la segunda, la del Santo Niño de La Guardia; la tercera, de doña [[María García]], fundadora de Santo Pablo ''qaes questio prima homo natus de mulier'' ''[2]''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[Fol. 193r] Aquí comiençan las revelaçiones y vida, así secretas como manifiestas, que Nuestro Señor por la su acostunbrada clementia muchas vezes obró e mostró en las sus siervos. De las quales por la su gran virtud, muchas no acostumbradas, quiso poner y dar en la su sierva y bienabenturada María de Ajofrín según el suçeso que adelante se seguirá, la qual vibió y murió en el monasterio de la casa de doña Mari García en la cibdad de Toledo. E fallesció en la dicha cibdad, año del nacimiento del Salvador de mil y cuatrocientos ochenta y nueve años, sábado, a diezsiete días del mes de julio ''[3]'', quando andava la pestilentia en la dicha cibdad, a las tres de medianoche, e fue sentido en su fallecimiento un olor celestial, lo qual fue dicho por la hermana maior, e fue enterrada en el Monasterio de la Sisla a las vísperas en el capítulo. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Como por la voz de Nuestro Redentor es escrito en el Evangelio que la nuestra luz alunbre delante los hombres por que ellos viendo en nós las santas obras glorifiquen a Dios y sea glorificado el Padre Celestial, que es en los Çielos, no para que seamos vistos e alabados delante del Señor, quias son las maravillas e poder, el qual es maravilloso en los sus santos e inspira en las sus Escripturas espíritu de vida según la Divina Providentia, quando quiere e como quiere, porque todas las cosas que tenemos las recibimos dˈÉl según el Apóstol dize «todos somos dˈÉl llamados para ser obreros en la su viña», que es en la su santa Yglesia, la qual á de ser luz a todos los cristianos, según el partimiento de las sus graçias e dones a que cada [fol. 193v] uno dio, para que, con ello, fielmente trabajando, doblados y con usuras en fin de la vida, gloria suya y provecho nuestro, de nós los reciba. E por temor de no ser condenados con el siervo malo e sin provecho, que ascondió en la tierra el marco de su Señor, por el qual fue condenado con el gran derecho del ensalçamiento de la honra del Rei Soberano, e a provecho e enmienda de nuestras vidas, yo, el mui indigno siervo de los siervos de Dios, fray Juan de Corrales, prior de la Sisla de Toledo, recontaré e diré a honra y gloria de su Soberano Rei Dios, Nuestro Señor, las maravillas y secretos ocultos y manifiestos que por mis ojos vi y con mis manos traté y a personas dignas de fe y dignas de gran memoria oí, las quales Nuestro Señor quiso poner y demostrar en una pobreçilla sierva suia, virgen santa llamada María de Ajofrín en el monasterio y casa de doña Mari Garçía en la cibdad de Toledo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Capítulo 1'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''De cómo fue llamada desde su niñez al serviçio de Dios'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En la villa de Ajofrín, villa de la cibdad de Toledo, fue un varón que llamavan Pedro Martín Maestro y a su mujer Marina Garçía, los quales sienpre temieron mucho al Señor, andando sienpre en sus mandamientos. Y estos ubieron abundançia de los bienes temporales, de los quales naçió esta santa virgen, la qual el Señor, dende su niñez, para sí quiso y por destino llamola dándole grandes honras de amor con su santa ynspiración. E como sus padres e parientes la quixeron casar, e de muchos [fol. 194r] fuese pedida para casarse con ella, nunca ella consintió en ello, antes baronilmente resistió al mundo y a los parientes.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
E porque no pudiese ser quitada del amor divino, siendo chica y de tierna hedad, sin consejo ni ayuda humanal ''[4]'' hizo al Señor voto de entrar en relixión. E tanta fue la fuerça que a los padres y hermanos hizo, que de todos fue aborrezida, e sobre aquesto lo hizieron la madre y hermanos mui gran sentimiento. E siendo de quinze años, su padre, con gran dolor, la sacó de su casa e la traxo a la cibdad de Toledo. E como entrase en la iglesia maior de la dicha çibdad, e no sabiendo qué se hazer, mandose llevar por inspiración divina al monasterio de doña [[María García]], en el qual sienpre conversó con mucha humildad e santidad, menospreciando mucho a sí mesma, e fue humillde con los humilldes, haciendo al Señor sienpre de sí continuo sacrifiçio. Sin querer ella su deleite e afiçión fue sienpre en la horación muy ferviente en el amor del Señor, derramando sienpre muchedumbre de lágrimas de sus ojos, con muchos suspiros, teniéndose por la más pecadora e indigna de las mugeres.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Capítulo 2'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''De una visión que le fue demostrada cuando con devotión quiso confesar'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Viviendo como dicho es en esta santa conversatión algún tienpo, pasados más de diez años de su conversión, fue puesta sobre ella la mano del Señor. [fol. 194v] El qual quiso en ella e por ella demostrar los sus secretos e maravillas, algunos de los quales fueron vistos e manifiestos a muchas personas. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
La qual, alunbrada del padre de las lunbres, con grandezas de ser tenplo verdadero de Dios, deseó mucho hazer confessión general de sus pecados; e como por esto se afligiose con lágrimas continuas e rogativas, deseando saber si sus pecados eran perdonados, aceptó el día de la confessión. E como entrase en el confesionario, a do todas se suelen confesar, estaba allí fuera la imagen de Nuestra Señora con el Niño en sus braços e derrubándose delante della, con muchas lágrimas y devotión, rogávale mucho la quisiese oír e ganasse perdón de todos sus pecados. E como con atentión estubiesse orando, súbitamente vio una gran claridad que alunbró la imagen y parte de la carilla, y en la claridad de la lunbre vio cómo Nuestro Señor, estando en los braços de la madre, alçó la mano contra ella como quando el saçerdote absuelve a la penitente. De la qual visión fue mui espantada e turbada y con mui gran fatiga i trabaxo hizo su confessión lo mexor que pudo, la qual hecha, como tornose a hazer oratión a la imagen susodicha, vio la misma claridad que vio al principio e la mano del niño que primero avía visto, de lo qual quedó mui consolada e confortada. E esto sienpre lo tuvo en el coraçón çelado, que a ninguno lo dixo sino a mí e me certificó que desde entonçes le quedó tan gran movimiento en el corazón que se le quería salir del cuerpo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
E como esta santa mujer rogase muchas vezes por el estado [fol. 195r] desta santa madre Yglesia, una noche quedó sola en el coro de la iglesia orando al Señor, e como rezase con atención, vio la arca en que está el corpus cristi ençendida en llama de fuego con gran claridad. E ardió por el espaçio de una hora, la qual, como acabase la oraçión, luego se amató y ella quedó mui espantada y atemorizada.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Capítulo 3'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Cómo el día de la resurretión comulgó un cordero vivo, tamaño como una abexita, en semejanza de pan'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Sábado Santo, víspera de la resurretión del Señor. Como desease mui mucho recibir el sacramento de la santa eucaristía, toda la noche de la fiesta no durmió ninguna cosa, antes se anduvo por toda la casa de lugar en lugar llorando y orando al Señor, demandándole limpieza y aparexo para reçebir tan alto sacramento. E como vinise el tienpo de la santa comunión y fuesse ayuntada con las otras hermanas delante del altar, recibió el santíssimo sacramento en semexanza de un cordero vivo en speçie de pan. E como lo recibiesse en la boca, sintió luego bullir e que andava de un cabo a otro como cosa viba, e ovo mui gran pavor, e tragolo con temor, e luego sintió cómo se le puso encima de las telas del coraçón y tanta fue el alegría y consolaçión que ovo, que diez días con sus noches no durmió, llorando y orando, y luego fue robada en espíritu.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y dende entonçes se quedó [fol. 195v] que cada y quando que recibié el santíssimo sacramento se traspasaba y era rrobada en spíritu sin ningún sentimiento, quando más y quando menos, según adelante se dirá. E desde aquel día que comulgó el cordero, según dicho es, le dio el Señor este don y graçia, que cada y quando que comulgava le quedava un dulçor en el coraçón y en la garganta y en la boca. Según me dixo muchas vezes que no se le quitaba aquel dulçor por quarenta horas e me dixo que podía vibir en ese tienpo sin comer, e que muchas vezes lo hiziera si no fuera por cuitar la singularidad de los que lo viesen y entendiesen.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Capítulo 4'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''De cómo fue robada en spíritu e cómo Nuestra Señora le puso el niño en las manos sobre un paño de seda'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El día octavo de la Resurretión fue robada en spíritu y vio cómo vino a ella un barón mui recto reverendo y honesto en hedad, vestido de una capa de seda colorada y díxole: «Ven, que te llama la reina»; y ella, pensando que la llamava la reina terrenal, no quiso yr con él. Él díxole otra vez: «Ven, que te llama la reina del Çielo». E fue con él e fallose en una iglesia fuera de la çibdad, a do estaba Nuestra Señora, la Virgen María, con su hijo en los braços. E como la vio, hincóse de rodillas delante della y aquel honbre que la llamó, de la capa colorada, púsole un paño de seda en las manos. E Nuestra Señora puso el niño encima del dicho paño e diole Nuestra Señora a otro honbre de menos hedad que fuese con ella e la acompañase, e díxole a ella la reina del Çielo: «Ve con estos varones a donde quiera [fol. 196r] que fueren». &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
E aquel varón de la capa colorada iva delante un poco, como que iva a buscar posada, e entrando a la çibdad llamava a las puertas que estaban çerradas y dava tres golpes a cada puerta e deçía estas palabras: «Abrí, que viene el Señor a posar en vuestra casa». E ninguno le abría e los que tenían las puertas abiertas corriendo las iban a çerrar, y deçían que no podían entrar allí porque estaban mui negociados con muchos libramientos, e otros decían que estaban mui depriessa e que no los podían reçebir. E desta manera anduvieron toda la çibdad que en ninguna casa hallaron posada. E bueltos por do fueron toparon con dos mugeres que iban caballeras en dos asnos e dos clérigos con ellas, e dixeron los dos clérigos a la muger que llevaba el niño en los braços: «Nosotros os acoxiéramos, mas vamos mui depriessa, mas mientra que venimos entraos en este establo». Y así le tomaron a Nuestra Señora el Niño de las manos de la dicha su sierva y con muchas lágrimas deçían así aquestas palabras: «Venido es el tienpo en el qual tan gran deshonra es venida al ''[5]'' Hijo de Dios, mas ia tienpo es que enbíe el Señor su ángel con azotes y aún que fiera a unos ''[6]'' y a otros con espada, e a otros con pena de fuego». E dize más esta santa mujer: que vio treçientas ánimas salidas de los querpos e no fueron más de tres al purgatorio de todas ellas, y las demás todas fueron al infierno. ¡Mas ay de aquellas que son pribadas de tan gran hermosura [fol. 196v] como es la magestad del Señor, e los sacerdotes que son dignos de maior reverencia que los ángeles, e por sus vicios son metidos en las honduras de las penas perdurables por su gran desconocimiento y vicios malos!&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Capítulo 5'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''De çinco procesiones que vio salir a una yglesia en la qual solamente fue celebrada una missa'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El día de la Açensión del Señor, después de dicho el oficio de los maitines e ido el convento a reposar, esta sierva de Dios se quedó sola en la iglesia, como sienpre solía hazer. E como se llegase cerca del altar maior codiciando de hartarse de las migaxas que caían de la mesa de los ángeles en tan santa solenidad, con coraçón limpio e boluntad mui atenta, estando rezando fue robada en spíritu.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
E fue llevada en un campo mui spacioso, hermoso e deleitable. La qual sierva de Dios toda estaba en sí misma admirada mirando qué era lo que avía, y vido un gran claustro de mui altas paredes fecho de piedras mui labradas e polidas, y era de tan gran altura quanto los ojos humanos podían mirar; y dentro en él no vio nada entonces, pero después, mirando, vio que tenía çinco puertas de bidrio de colores moradas. En cada puerta era pintada la encarnaçión del Señor y la salutaçión del ángel. En cada una de las dichas puertas salía la muy maravillosa proçesión de mui reverendos sacerdotes, [de] sobrehumana natura, e cada una de las procesiones [fol.197r] llevava una cruz colorada como de oro, con candeleros de oro, y los ministros llevavan capas como convenía a la procesión.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y estaba en medio del campo una casa mui hermosa, ansí como hecha materialmente, mui blanca, e de ninguno de aquellos era conocido aquel lugar. Al qual lugar todas aquellas procesiones fueron mui hordenadamente, y entraron dentro, y mirando al altar todos se inclinaron e se echaron en tierra cantando gloria in excelsis deo. El qual canto acabado, todos estuvieron en silençio, tanto que no se mirava uno a otro. Y en el altar estava Nuestra Señora, la Virgen María, en cuerpo y en ánima, teniendo en sus manos el su Santo Hijo vibo, ansí como lo parió. E Nuestra Señora deçía a altas vozes con lágrimas, y demostrava el su santo hijo al pueblo, y deçía: «He aquí el fruto de mi vientre, tomaldo e comeldo, que en çinco maneras es cada día cruçificado en las manos de los malos sacerdotes; la una es por la mengua de la fe; la otra es por la cobdiçia; la otra por la luxuria; la quarta por la ignoratia de sinples y necios sacerdotes que no saben discerner inter lepran &amp;amp; lepran ''[7]''; lo quinto por la poca reverentia que façen al Señor después que le an reçebido». E dixo más Nuestra Señora: «Más sin reverentia es comida la carne de mi hijo de los indignos sacerdotes que el pan que es dado a los perros». &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y estas cosas de todos oídas, vino un sacerdote honrado por canas y hedad, mucho más que los otros, e vistiose para dezir missa, e como hordenadamente procediesse llegando al lugar para tomar la hostia para consagrar, Nuestra Señora le dio el su Hijo que [fol. 197v] tenía en los sus brazos, el qual se tornó en ostia. Como el saçerdote lo levantase en alto, fue visto como el rraio de sol y poco a poco se deshizo la ostia y se subió al Çielo. E recibiola el padre en su seno, e fueron hechos una mesma cosa e fue dicha una box del padre: «Aqueste es mi Hijo mui amado». Entonces, un saçerdote difunto, que fue cura de aquella casa de doña [[María García]], conocido desta sierba de Dios, llegose a ella y díxole: «Esto que as visto hazer de la santa ostia significa aquellos que tan solamente reciben la forma del sacramento, e no la virtud y mérito del sacramento». E díxole más el saçerdote a esta santa virgen: «Ve y di por horden todo lo que viste a tu confesor para que lo diga al deán  y al capellán maior para que de todos sea sabido, por que no carezcan estas cosas de mui grandes méritos». Y así desaparecieron todos.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Capítulo 6'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Del gran temor que quedó en su corazón y las dudas que le acaezieron'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Como aquesta santa virgen tornase en sí, [pensó] cómo aquesto podía ser, e que por ventura no fuese engaño del Enemigo que se transfigurava en ángel de luz. E sufría mui grandes angustias de todas partes: de la una parte, sentíase mui indigna para ver y dezir tan grandes cosas; e de la otra parte, afirmava ''[8]'' y dezía que en cosas tan maravillosas en ninguna manera podía pensar que el Enemigo pudiese poner asechanzas.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[Fol. 198r] Y afligida qué haría acordó, y pareciole más seguro no decírselo a ninguno. E como fuese a confesar, dixo a su confesor todo lo que avía visto, e como el confesor lo oió no le dio crédito, antes la menospreçió, que fue cosa de mucha admiratión, e prudentemente lo disimuló como que no entendía por no creer de ligeras fantasías de mugeres, con esperança que avría fin este negoçio para ser de ello más certificado.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Capítulo 7'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''De cómo vio a Nuestro Señor correr sangre de sus piernas'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Después desto susodicho, en el día del vencimiento de la cruz, acabados de dezir los maitines, ya que rompía el alva, según aquella me dixo, quedose sola esta santa virgen en la iglesia echada de brazos delante del altar. Y como fuese robada en spíritu, apareciole Nuestro Señor en figura de hombre e tenía la cara mui espantosa, e tenía vestida una sobrepelliz y una estola al cuello, y corríale mucha sangre de las piernas. Y el Señor allegose a ella, que estava de brazos delante el altar, e fízola alzar la cabeza y díxole así: «Como me ves corriendo sangre, ansí ando por las iglesias desde esta hora hasta que tañen a la plegaria». Y acabando de dezir esto, desapareçió.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Capítulo 8'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''De cómo se vido puesta en una tormenta''' ''[9]''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El día de San Agustín, con mucha atención rogava al Señor esta santa virgen por todos. [Fol. 198v] Después de algunos días, fue otra vez traspasada en sueño y viose puesta en alto y colgada de las manos en un madero, en una gran altura, quanto la vista humana podía alcançar, e fuele dicho divinamente: «Aquí estarás, hasta que prometas de dezir y recontar todas las cosas que viste y oíste». De lo qual ella no curó. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Capítulo 9'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''De cómo vido carne y sangre en la boca de la Verónica que tenía pintada'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El día de San Agustín, con mucha atención rogava al Señor por todos los sacerdotes. Y como estuviese rezando y mirase a una Verónica que tenía en un libro pintada, por el espaçio de una hora vido en ella y sobre ella gran resplandor, y vio carne y sangre. Y desde que vio esta vissión tan maravillosa, ansí se le cerró el estómago que desde aquel día en sanidad ni enfermedad nunca jamás quiso comer carne, ni se la quería tener el estómago; su manxar era pasas y cosa de dieta. La qual Verónica le tomó su confesor e la sierva de Dios fue mui maravillada desto, e puesta como fuera de sí. E aflixiose mucho por todas maneras de penas por que el Señor más manifiestamente le descubriese esta palabra e le mostrase quál era su voluntad.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Capítulo 10'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Cómo Nuestra Señora le mandó que rebelase las cosas que avía visto'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En fin del mes de setienbre caió esta santa virgen en una mui gran enfermedad y no aviendo esperança de vibir, ni menos de salud, salvo para ir a la güesa. [Fol. 199r] Y fue traspuesta ansí, como muerta, por espacio de tres horas, e las hermanas de la casa que estaban presentes dávanle tormentos por que despertase, y echávanle agua hirviendo sobre los pies, que casi los quemaron. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
La qual, estando ansí, sin ningún recordamiento, fue robada en spíritu al capítulo primero, adonde vio el claustro e proçessiones. Y como fuese por el camino, vio cómo encontró con el Enemigo, e quísose llegar a ella; y ella vio luego a Nuestra Señora que enpuxó e increpó al Enemigo con su mano propia. Y la Señora tomola por la mano y metiola en el dicho claustro, dentro del qual vio salir las primeras dichas proçesiones, y díxole Nuestra Señora: «Este es el lugar a do te fue mandado que dixeses aquellas cosas que avías visto, pero, otra vez de parte de Dios, tomando que lo que entonzes y agora as visto lo digas  y requentes a tu confessor y no se lo ascondas, y él se lo diga a los otros varones católicos suso nombrados, y ellos lo digan al arçobispo y sea sabido por todas las partes de la santa Yglesia, y sea sonado y divulgado». Y díxole más Nuestra Señora: «Ya el hijo de Dios no puede sufrir las injurias y escarnios que le son hechos en la Iglesia por los malos sacerdotes». Estas e otras cosas muchas que esta sierva de Dios vido y hoió ella misma las siente, y otro ninguno no lo puede dezir ni sentir.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Capítulo 11'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Cómo dixo todas estas cosas a su confesor Juan Velma'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Como dixese todas estas cosas a su confessor, [fol. 199v] él se demostró con prudentia, madureza de corazón, y dixole: «Ya é mirado todas las cosas que me avéis dicho y todo el proçeso, y esto a basta a mí para lo creer, mas enpero para que io lo aia de dezir y revelar como vos dezís a aquellos venerables barones, y que para ellos y otros sea manifiesto y dibulgado, para que de ello venga remedio y reparo, y para que estas cosas no sean vistas ni juzgadas como cosas locas y vanas, como se deçía de las Marías que anunçiaron la resurrectión del Señor, mui manifiesto es ser neçesario que vos deis señal para ser creída que venga de la mano de Dios». Que, así como los judíos pidieron señal a Jesús excelentísimo Señor Nuestro del Çielo para creer bien, así dixo el saçerdote: «Pido yo a vos señal del Çielo para conozer la verdad de aqueste hecho y para que mexor sea creído lo que puede ser dubdoso; por ende, concertad vos esto con el Señor». &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y como la sierva del Señor oiese estas cosas, fue mui turbada y dio muchos suspiros y gemidos, y propuso en su corazón de responderle por carta, lo que después así cunplió.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Capítulo 12'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''De las cosas que divinamente halló escritas en su regazo'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Como de las cosas susodichas su corazón estuviese mui turbado, sentíase muy afligida y quebrantada, y andava de lugar en lugar por toda la casa. Y no pudiendo hallar lugar de consolatión, como pasase por un lugar a do estava una ventana, según ella me dixo, vio estar en ella un [fol. 200r] pliego de papel blanco, no sabiendo quién lo avía puesto. Y tomolo y metiose en un sótano do algunas vezes poníen la leña, y asentose mui afligida, y arrimose a una pared, y vio súbitamente una claridad que resplandezía y daba el resplandor en el papel, y ella me dixo que no sabe quién le tomó su mano y escribió dos cosas: la una, para el qura; y la otra, para los venerables a quienes tal cosas se avían de dezir, siendo muy clara verdad y cosa mui cierta y manifiesta que ella nunca supo escribir, ni ai en todo Toledo quien tal letra hiciese. Y esta es manifiesta verdad, y como las cartas fuesen escritas, hallolas ella cabe sí y desapareçió la claridad.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y dobladas las cartas, metióselas en las mangas, y como fuese a sacar una caldera de agua de una tinaxa, una carta caió dentro y detúbose en el ayre y no llegó al agua. Y una destas cartas ubo y tiene el capellán maior con mucha veneratión y onra, según el qual me dixo que, poniéndola sobre tres enfermos de diversas enfermedades, luego fueron sanos. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
E como ella diese estas cartas al dicho su confesor, él fue muy maravillado, ''[10]'' maiormente porque sabía que ella no sabía escrebir, ni avía persona en la casa que tal letra hiziese, de lo qual se podría afirmar ser escritas divinamente y no humanal. Y hovo mui gran espanto en su coraçón, e vio en su carta cosas que otro no las sabía sino él, mas ni por esso no tubo osadía para lo divulgar porque no avía llegado el tienpo que el Señor avía puesto y dudava como Santo Tomás. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Por poder [fol. 200v] quitar la dubda a todos, y como el dicho confesor no tuviesse lugar para la hablar, escribiole a ella diziendo que no podía creer que ella escribiese aquellas cartas, con intentión de sacarla a público e a manifiesto. De lo qual, ella uvo gran sentimiento y dolor, y tuvo esto por mui malo y áspero, y quexose de ello al Rei del Çielo. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y así como ella era mui inocente, y como después se hablasen ella y su confesor, la sierva del Señor, fuerte así como león, lo increpó mui duramente de tal dureza e incredulidad de su coraçón, mostrándole por razones mui claras que creiese sin dubda que ninguno escribió las cartas sino ella por su mano con el ángel. Y desde allí propuso ella en su corazón de rogar al Señor que por su misericordia tuviesse por bien de la librar de tan grandes afrentas, y propuso en su voluntad de no hablar más destas cosas; y así lo hizo. Y suplicaba al Señor con gran firmeza y afinco que pusiese al dicho su confesor alguna evidente señal por que creiese, si fuese capaz de la ver, y si no fuese digno, le diesse duro azote por que creiesse. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y la dicha santa virgen calló por nueve meses, mas su coraçón dava de sí mui claras llamas, lágrimas y lloros, suspiros y gemidos sin quento, a los quales no faltó la divinal clementia ¡O, quánto es el Señor piadoso! A los santos, y a los que presumen de sí abaxa, y a los humildes levanta. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Vençido el Señor por su plegarias y llenas su orexas de las sus [fol. 201r] rogativas, plúgole de la visitar en muchas maneras. Quiso que fuese parçionera e mediadora de los tormentos y passión que su hijo, Jesucristo Nuestro Señor, recibió e pasó en la su santa pasión con señales mui manifiestas, las quales no fueron vistas en nuestros tienpos ni en muchos de los santos, según que adelante se dirán.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Capítulo 13'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''De cómo se propuso de no dar aquellas cartas a ninguna persona'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Como ella viose aquella maravilla de la una carta que caiera en la tinaxa y no se moxara, pensó de no la dar a nadie. Y una noche tornose a aquel sótano con intención de la trasladar como ella supiese, y llevó papel y una ollita con lunbre para encender una candela que llevava muerta, y luego súbitamente se encendió sin llegar a la lunbre. Y así como enpezó a escrevir la carta, vínose tanta sangre de nariçes que no se pudo restañar por espacio de una hora, y puso la carta en las sienes y luego cesó la sangre. Y el día de la Conceptión de Nuestra Señora, estaba una niña muerta más avía de siete horas, y ella enbió aquella carta con mucha fe para que se la pusiesen, y luego que se la pusieron resuçitó y enpezó a bostezar, y bibió después por luengo tienpo. Y una mujer, tenía el pecho abierto, e como se la pusiesen enzima, luego fue sana. Y un clérigo iva a Santiago y llevava consigo la dicha carta con mui grande devozión, y caió en un brazo de mar e toda la ropa se mojó, mas la carta nunca se moxó.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Capítulo 14'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''De la comunión que hizo el día de los Santos y de las penas que le fueron dadas'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[Fol. 201v] El día antes de la Fiesta de todos los Santos rogó a la hermana maior que ansí como comulgasse la pusiese en una casa adonde no oviese ninguno, conoçiendo por spíritu lo que le avía de venir. Y como recibiesse la santa comunión antes que sestias ''[11]'' pusiesse, tan grande fueron los sus lloros y suspiros y golpes del coraçón que en sí mesma sintió que ninguna criatura humana lo podría sentir. Y hizo tan grande fuerça en sí misma por que las cosas que sentía de dentro no fuesen sabidas ni oídas, ansí como la cuba hierbe sin respiradero que mui de ligero rebienta, ansí ésta rebentó por encima de la cabeza, y lo que no pudo salir por la boca salió por las llagas que encima de la cabeza le fueron hechas. Y en la frente le apareció una tan cuchillada que pareçía ser abierta con navaja, la qual estubo muchos días abierta, y de muchos fue vista, y nunca recibió benefiçio ninguno de medicina humana. Y abriósele el celebro por parte de detrás, y partiósele el cafeo por medio quedando el quero de ençima sano (lo qual yo i otras persona emos tratado e conoçido), lo qual nunca se le çerró. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y sintió dello tan gran dolor y pena que le llegó a par de muerte, lo qual vieron los testigos que adelante se dirán, y notario. Y como esto fue hecho, acabada la comunión, luego fue traspuesta fuera de sí y pribada de todos los sesos humanales y estuvo allí por espaçio de quarenta horas. Y en este tienpo que estubo ansí, aviendo las hermanas conpasión della, probaron de dalle algunos tormentos, metiéndole plumas en las narizes hasta arriba, que le hizieron llagas de dentro, y en las manos, y en los pies, y en todos los otros mien- [fol. 202r] bros le daban pena por la hazer tragar alguna cosa de comer, y tanta fue la fuerza que le hizieron que le quebraron una muela. La qual, estando en este tan gran tormento, la noche de los Finados dio muy grandes gemidos, por tres vezes u quatro, e hizo mui grande estremecimiento en el cuerpo. La qual, estando ansí, fue llevada al trono del Rei Celestial a do vido cosas de gran espanto, que lengua humana no puede dezir, e vido un rei mui espantable estar en un mui gran trono, ante el qual estaban muy grandes gentes de diversas calidades e de maravillosa hermosura, y el rei tenía atravesado en la boca un cuchillo agudo de entreanbas partes, y fue dicho a ésta: «Pobreçilla, ¿ves el quchillo que está de anbas partes agudo, que está en la boca del rei? Sepas que significa la grande yra que tiene sobre la Iglesia y sobre los prelados y rexidores della». Y fuele dicho: «Ve y di aquellos varones lo que te à sido mandado, que porque echan en olvido y son negligentes en qumplir lo que les es dicho y demostrado, no curando de la vox divinal, como si fuesse cosa de los honbres amenázolos una vez y dos, so pena de la divinal sentencia, que dexadas todas las cosas, luego tomen camino e lo digan al arçobispo de la iglesia. E venga por sí mesmo e ponga gran remedio en aquellos çinco pecados suso escritos, conviene a saber: en la mengua de la santa fe, y en la cobdiçia de la luxuria, y en la ignorancia y mengua de reverentia, en los quales pecados cada día es blasfemado y crucificado Nuestro Señor Jesucristo, hijo de Dios y que destruyga [fol. 202v] ''[12]'' las herexías desta cibdad y de los clérigos, y haga çerrar las misas que dizen en casa de los legos porque es gran deshonra y escarnio al qulto divino. Y esta señal del Cielo te da porque seas creída en estas cosas que has visto y en las pasadas, y este quchillo que es en la boca de Dios poderoso traspasará tu coraçón y ará en él llaga, y saldrá sangre biba que será verdadero testimonio a todos, y tú serás remediadora y parçionera en la passión del hijo de Dios».&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y así fue luego hecho. Y luego halló ençima del coraçón tan gran dolor que dezir no se puede, e de tan gran abertura y grandeza era la llaga que pudiera caber por ella la cabeza del dedo pulgar de un honbre. Y duró abierta esta llaga veinte días enteros y los viernes corría mucha más sangre que todos estos días. Y con paños puestos en la llaga, corría sangre hasta la pierna, en la qual llaga nunca apareçió gota de materia, ni tampoco se puso medicina humana, sino los paños linpios, unos ensangrentados y otros puestos. Y la sangre era tan limpia y viba y tan colorada, que no podía ser más, como lo demuestran los paños que tenía en la llaga, los más de los quales están en mi poder. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
La qual llaga quiso absconder la santa virgen, y callolo todo lo que pudo y fuese dicho divinamente que lo dixesse y demostrase a las señoras matronas, la hermana maior y doña Teresa, a las quales mostró los paños sangrientos. Y como desto fuessen maravilladas, llamaron en secreto al confesor, el qual puso silencio en la casa quanto pudo y ninguno de fuera lo supo. Y abiendo reçelo en dicho clérigo, no fuesse alguna cosa [fol. 203r] fingida, por quitar toda dubda mucho trabaxó por saber la pureza de la verdad y vió la dicha llaga y creió y fue lleno de mui gran maravilla y en quanto él pudo lo tuvo secreto, mas revelolo a testigos mui honrrados y dignos de toda fe, que dello fielmente diessen testimonio. El uno era el deán de Toledo, y el otro, el capellán maior de Villaminaia ''[13]'', y el dicho cura y las dos matronas de la cassa y con ellas un notario público de la cibdad, para que con todos diesse testimonio verdadero. Las quales seis personas por sus ojos lo vieron y con sus manos la llaga palparon, la qual estaba reçiente y sangrienta, y los paños sangrientos, como ellos lo manifiestan. Y el propio capellán maior sacó de la llaga con sus propias manos gran copia de hilas en biba sangre vañadas, las quales están en mi poder.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y todos miraron con gran diligentia que aquella llaga era divinal y no humanal, la qual sierba de Dios sufrió con gran tormento e pena, así de dentro como de fuera. Y estando ella en su cama, tan honestíssima que cosa de su cuerpo no se bio más que la llaga por una sábana abierta, la qual llaga vieron todas las personas susodichas; y estuvo abierta, como dicho es, por el espaçio de veinte días, y ella se çerró sin medicina humana. Y quedó la señal de la abertura en el lugar a do estaba la llaga, a la qual duró el dolor muchos días.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Capítulo 15'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Del dolor que sintió en los pies y en las manos, como si por ellas se fueran metidos grandes clavos semejantes a los de Nuestro Señor'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Como la sierva del Señor estuviesse mui afligida de las cosas susodichas, estando echada en la su cama con muy gran dolor maiormente del costado, me dixo cómo sintió [fol. 203v] que alçaban el cuerpo del Señor en el altar por el son de las canpanillas, y hizo fuerza a la flaqueza y levantose de la cama y hincó las rodillas a un ymagen de un cruçifixo que tenía allí pintado en un papel, horando con gran fervor de corazón. Y fue tan grande el dolor que sintió en las manos y en los pies y amortiguamiento en los braços y piernas que dezir no se puede, como si se fueran con grandes clavos traspasadas las palmas. Y como estuviesse con aquella angustia, pareçiole que le transpasaban la mano izquierda, y tan grande fue el dolor que sintió que puso el dedo pulgar de la mano derecha en la palma de la mano izquierda y mui sabiamente la ascondió que nadie lo viesse, traiendo la mano cubierta con un paño de lino, sin ninguna medicina humanal, la qual llaga tuvo por el espaçio de quarenta días y quedó la señal en la mano, la qual ella me mostró y io la vi con mis ojos.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Capítulo 16'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''De la corona de dolores que sintió en su cabeza en remenbranza de la corona de Nuestro Señor'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Por que suçesivamente sintiese en su cuerpo las insignias y dolores de la passión del Señor, allende de los tormentos que en la cabeza tenía súpitamente sintió un mui grande y n[u]ebo dolor, y manifiestamente fue visto de gruessas gotillas en manera de tachones le çercaron la cabeza en derredor; y por cada una de ellas sentía que le metían un clabo de fuego que le duró muchos días, como quiera que le traían e ponían por la dicha cabeza e llagas mediçinas de diversas maneras, mas nunca ninguna le aprovechó porque no era razón que las cosas [fol. 204r] hechas por la mano de Dios recibiessen sanidad con yndustria humana.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Capítulo 17'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''De cómo divinalmente fue robada en espíritu y cómo fue azotada'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Como de estos tomentos susodichos el cuerpo estuviesse mui flaco y atormentado, no contento el Señor del trabajo susodicho, diole otro tormento grave para que remediasse al Señor y fuese mandado divinalmente que todas las cosas que avía visto revelase a las personas susodichas. El primero día del año, que es el día de la çircunçissión, y ella conoçiendo ser tan indigna y ser nada delante del Señor, respondió que tal cosa no haría y que antes consentiría la muerte que façerlo, y decía que quién era ella para facerlo ni dezir tales cosas, que más pareçía escarnio que no verdadero testimonio. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y ese dicho día hizo voto en la iglesia y prometió de no lo dezir a ninguna persona, e la noche siguiente fue robada en espíritu y fue llevada delante de un gran juez, de cara mui espantable, delante del qual estaban muchos, y de un braço la tomó el ángel San Miguel y del otro la tomó San Juan Evangelista, a los quales ella sentía gran devoçión. Y como el juez gravemente la reprehendiesse de su dureza y desobediençia, mandó a un ángel que le açotase; la qual fue tan duramente açotada por las manos y espaldas y los demás mienbros del cuerpo que apenas cabía ninguna cosa entre uno y otro mienbro del cuerpo y no parecieron llagas ningunas ni ronchas, mas todo el cuerpo estaba maçerado, lo qual todo le duró en el cuerpo quince meses, poco más o menos, lo qual no leemos de santo ninguno que tal pasase. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Esto nunca le dixo a ninguna persona, y como la hermana maior le metiesse la mano para endereçarle una toca, halló con [fol. 204v] la mano las dichas señales y fue maravillada, y reprehendiéndola mucho pensando que ella se matava con cruel penitençia, por la qual ella le ubo de confesar la verdad de todo lo que acaeçiera. Y ansí fue conpulsa a lo revelar según arriba es dicho.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Capítulo 18'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''De cómo fue llevada a purgatorio y de las cosas que en él vio'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En el transpasamiento que estuvo traspasada de las quarenta horas, quando le fue dada la llaga del costado, dixo esta santa virgen que la llevaron por las penas del purgatorio, en el qual vio tan orribles penas y tormentos que ninguna lengua humana las puede dezir ni esplicar, que tan grandes penas y tormentos sufrían los que allí estaban de mui dolorosos gritos y gemidos, bozes y llantos, y muchas figuras de diversos animales mui fieras y espantosas y abominables, que no ai hombre que las pueda ver que no muera luego de espanto, y antes fallecerían las lengua y tienpo que materia de dezir. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y de las penas que aí dize que vio muchos gusanos, mui grandes, de diversas maneras, los quales corrían la tierra, que apenas cabía entre ellos la planta del pie. En los quales vio uno de largo de un palmo de un honbre y de anchura de tres dedos, y este tenía ronchas de fuego por el cuerpo y traía unas uñas mui grandes. Y deste gusano tan solamente preguntó al ángel que estas cosas le mostrava, y respondiole: «Este es el gusano que roe la conçiençia, que quando el hombre vibe y comete algún mal, entonçes pónesele la conçiençia entre el seso, y la conçiencia remuerde e quita que no se haga el mal que dize el alma a la razón. Y dízele: «Malo es esto que quieres hacer». Y muchas veces es cegada [fol. 205r] y vencida la rrazón por la cobdiçia del pecado. Y esse es aquel gusano que roe la conciençia y roe las entranas y aqusa el ánima, ''[14]'' y esta es una de las maiores penas que sienten los danados, porque pudieran hazer bien como ficieron mal, y por sus culpas merecieron tan gran pena». Y uno de aquellos gusanos allegávase a ella abierta la boca, y quisola morder en el pie, mas los que estaban con ella no le consintieron morder, mas tan solamente permitieron que el gusano mordiesse tan solamente debaxo del dedo meñique, y sacó con la uña un pedazo de la carne del pie. Y ansí lo tiene mordido y hecho un hoio en el pie.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Capítulo 19'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''De cómo en las dichas penas del purgatorio vio un clérigo penar'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Andando esta virgen por el purgatorio vio un clérigo, que era vibo y era cura de ánimas, en una pena de gran afliçión y vio que una grande serpiente mui espantosa que tenía dos cabezas lo tenía atado y ''[15]'' cercado alrrededor, y ponía la una boca en el espinazo y la otra apegada en el estómago. Y cerca del clérigo estaba un gran dragón mui orrible y espantable, el qual tenía encima de el espinazo una esportilla en la qual estava un niño que dava mui grandes clamores y gritos, demandando justiçia al Señor de la pena que sufría y esperaba sufrir por la culpa de aquel clérigo. Y como esta santa virgen preguntase qué pena era aquella, fuele respondido: «Aquel es un niño que por culpa de aquel [fol. 205v] sacerdote murió sin baptismo siendo él su cura y demanda d´él a Dios justicia». Ella, estando mui espantada, hizo horaçión por aquel clérigo y dende a ocho días, otro día, estando diciendo missa aquel saçerdote, en acabando de alzar, fue traspuesta y vio aquel sacerdote que tenía ceñida al cuerpo una mui grande serpiente con tres cabezas: la una se comía el corazón, la otra, la lengua y la otra las espaldas. Y aquel niño clamava ante él y dezía: «Por tu causa no veo al Señor y por ti morí yo sin baptismo y soi apartado de tan gran bien y deste gran cargo no alcanzarás perdón».&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y desde a tres días, esta sierba de Dios llamó al saçerdote y díxole lo que vio, y él se espantó tanto que se le quitó la habla por espaçio de media hora. Y ella, de que le vio tan sin esfuerzo, esforçole, y él díxole que estaba mui espantado coómo aquel secreto le avía mostrado Dios, y conoçió ser verdad esto, así como otras cosas muchas que ella le dixo en que ofendía mucho a Dios. Y confesó este sacerdote a esta santa muger que otro día, quando volvió la hoja del misal, vio en el santo crucifixo çinco gotas de sangre. Y dende çinco años murió el sacerdote, día de San Miguel y encomendole ella mucho al Señor; y dos días antes de San Francisco hovo ella un gran miedo, que le pareçía que estava cerca della un mui gran bulto. Y el día de San Francisco, a la mañana antes que fuesse el día, viole mui espantable y díxole cosas mui señaladas que estaban entre él y otra persona en secreto, las quales supieron ser verdad.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Capítulo 20'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[Fol. 206r] '''De cómo vio que llevavan el cuerpo de Nuestro Señor a un herexe'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Entre otras cosas que la santa contó que escribir no se podían, me dixo lo siguiente: En el día de San Marçial Apostol, acabados los maitines, fue llevada en espíritu, e viose con otra su hermana que llevava por compañía, que pasavan por la iglesia maior, e vio toda la clereçía con gran solenidad que llevavan el sacramento a un enfermo, y saliendo por la puerta que va a un mercado apareçió a esta santa muger un mançebo mui fuerte vestido con unas vestiduras blancas, cavallero en un cavallo blanco, y díxole con palabra mui acelerada: «Corre, ve y di a los señores clérigos que tornen con la eucaristía a la iglesia porque aquel enfermo a quien la llevan es herexe». Y fue ella corriendo, y como buscase alguno de los que ella conoçía para se lo dezir, no halló a ninguno, y encontró con un reverendo señor, al qual dixo esto, y díxole aquel señor: «Calla y no oses decir tal esa, por ventura no nos maten a todos». Y díxole aquel que estava en el cavallo, mui feroz: «No sea en vos ninguna dubda ni temor y en todas maneras se torne el corpus cristi porque aquel honbre es herexe», y dixo a la santa virgen: «Y aquesto te será en señal que te digo la verdad: que verás hoi en la misa destilar sangre de la ostia». Y ansí se tornaron para la iglesia.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y después de esto, en este día, vio esta santa virgen en la missa con los ojos abiertos la ostia llena de sangre [fol. 206v] en las manos del sacerdote, quando levantava la ostia al pueblo para que la adoren con devotión los cristianos.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Capítulo 21'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''De otra revelaçión que vio estando delante de Nuestra Señora en la iglesia maior'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El día de la concepción de Nuestra Señora, estando esta virgen del Señor esa noche mui ahincadamente rogando por la clereçía de la Santa Iglesia, fue robada en espíritu y puesta en los amortiguamientos que suele; y pareciole que estava en la iglesia maior y veía a Nuestra Señora viva en carne, puesta en mui gran altura, y ella estaba cerca de Nuestra Señora, acompañada de San Miguel y San Juan Evangelista. Y desde aquella altura hasta abaxo avía gran profundidad y decendían cinco cordeles y atrechos ''[16]'', puestas penas de fuego mui espantables, y debaxo un poço negro y hondo.Y aquel pozo tenía una boca de la qual salía un río, en el qual río estaban tres animales mui crueles. Y por aquellos cordeles venían muchos clérigos, entre aquellas penas, dando muchas vozes a Nuestra Señora, y desque caían en pozo perdían la forma de hombres, y los que pasan en el río luego son tragados de las animalias. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y viendo esta virgen estas cosas, suplicava a Nuestra Señora que uviesse misericordia dellos; y como quiera que avía mançilla de todos, pero en particular la avía de un gran prelado que veía ir en las penas con los otros, con maior pena i tormento se afligía delante de Nuestra Señora, que, por reverentia de aquella hora [fol. 207r] en que fue hecha arca y silla de la Santa Trinidad, que le plega de sacar a aquel prelado de las penas en que va. Y ella, hoídas estas cosas con muchas lágrimas y devoción, rogó a Nuestra Señora por él y repondiole Nuestra Señora que ansí como San Gregorio forçó la voluntad de Dios sacando a Traxano del infierno, por esta causa quedó con el dolor del estómago. Y ansí quedara esta virgen, por las plegarias que hizo por aquel prelado, abierto el çelebro de la cabeza en testimonio para que lo viese el pueblo que avía forçado la voluntad de Dios. Y preguntó la santa virgen a los señores sobredichos que por qué le aconsegavan a ella que rogase a Nuestra Señora por el salvamiento de aquel prelado, e por qué no se lo rogavan ellos, y respondieron ellos que más poder tenía ella o qualquier que con firmeza y devotión rogase al Señor para forçar su voluntad que ninguno de los que estavan con Él en el Cielo, porque los que estavan en la gloria saben la su voluntad del Señor y no irán contra ella.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Capítulo 22'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''De cómo le apareció Nuestro Señor en figura de niño visiblemente'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Como esta sierva de Dios estuviesse enferma en la cama en la Quaresma, deseava mucho recibir al Señor, y no lo pudiendo aver por no ser singular, afligiosse mucho, y rogaba al Señor con lágrimas, deseando poderse levantar a oír missa. Y a la hora del alva, sintió cabe sí un niño mui hermoso, y como lo vio turbose y no osó llegar a él. Y tan maravilloso lo vio, que se le turbó la habla, y como pudo demandole [fol. 207v] si era San Miguel, y el niño meneó la cabeza y no la respondió; y preguntole si era San Francisco y él sonriyose. Y preguntole quatro vezes que le dixese su nombre y Él dixo: «Yo soi mui poderoso y el mi nombre es mui maravilloso». Y allegose a ella el santo niño i diole paz en su boca y púsole la mano en la cabeza y díxole: «Sana eres de todas tus enfermedades, levántate e irás a missa». Y desapareció; y ella, quedando llena de gran consolaçión y alegría espiritual, levantose y hallose sana de todas sus enfermedades, maiormente de las calenturas que tenía y del dolor de la cabeza que padezía y de postillas que tenía dentro de las narizes. Y más me dixo esta santa virgen, que sintió el dolor en los pies y en las manos como si fueran clavos.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y desde aquel día, particularmente los viernes, sintie gran dolor en los dichos mienbros, desde la mañana hasta después de vísperas, que no pudíe hazer nada con las manos, ni comer ningún mangar hasta después de vísperas, que se le avía quitado el dolor. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Capítulo 23'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''De cómo recibiendo el cuerpo del Señor fue llena de resplandor visiblemente y fue sana de sus enfermedades'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En el año de ochenta y çinco enfermó esta santa virgen, en el mes de agosto, de ericiaones ''[17]'' y calenturas, y pasada la octava de nuestro Señor San Xerónimo, caió en la cama con dolor de costado, y echaba sangre por la boca, y aborreciendo todo consejo de médicos, atreviosse a tomar çinco píldoras y sintiose puesta en [fol. 208r] la hora de la muerte. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y en aquellos días pareció arrincársele el ánima, y púsose sobre la llaga del corazón e apareciose la mano de San Miguel que se la tenía allí apretada. Y ella estava mui desfallecida porque avía muchos días que no comía y avía tenido muchas cámaras de sangre, y la mano del ángel que tenía encima del coraçón le dio esfuerço para hablar y confessar y recebir los santos sacramentos, y rogó a la hermana mayor enviase por mí para que la pudiese remediar y dar los sacramentos. Esto fue un sábado, en el qual, pensando ella cómo yo le avía de ir a dar los sacramentos, que deseava ella mucho ya ser salida de aquesta vida y del tormento de la carne, y con mucho ahínco encomendava al Señor de la casa de la Sisla y de doña María Garçía, y vio en visión a un religioso de la dicha casa, que iba a decir misa en el dicho monesterio. Y cuando llegó a las palabras de la sacra diçe que vio en aquel traspasamiento que tenía cómo Nuestra Señora dava a aquel relixioso con mucha alegría el niño que tenía en los braços, y vio cómo el sacerdote lo partió en tres partes, y era el Santo Niño vivo y alegre en cada parte, y de ambos braços le sustentavan los ángeles con mucho resplandor en el altar, y veía a Santa Caterina y a Santa Bárbara que le dezían: «Mañana, lunes, a las nueve horas recibirás el Señor en este resplandor que aquí ves y serás sana». &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y ansí fue, y como yo la fuese a confesar [fol. 208v] fui della mui rogado que no me partiesse de la cibdad hasta otro día, porque si el Señor la llevase fuesse presente a su muerte e que si aquella noche no muriese del todo quedaría sana. Lo qual todo ansí fue hecho, y como recibiesse de mi mano la santa comunión y me bolviese con el santo sacramento para se lo dar, vio en mis braços y en mis pies un mui gran resplandor; y, como una niña de quatro años que apenas pudié hablar, estaba allí con su madre, vio con sus ojos aquel resplandor, lo qual dixo a su madre, con mui gran ahínco, cómo viera en mis manos y en mí y en la santa muger mui gran resplandor, ansí como el sol que está en el cielo. Lo qual, como su madre viesse, lloró muchas lágrimas con devotión y no fue mui gran maravilla que la inocencia de tan tierna hedad viesse con ojos corporales, los que nosotros pecadores así ver ni comprehender podemos, lo qual dixo la niña muchas vezes todo lo que viera.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y como recibió el cuerpo del Señor con grandes lloros, luego fue robada en espíritu y perdió todo el sentido, y estuvo nueve horas sin ningún sentido. Y como fuesse despertada como por fuerça y abriese los ojos, empezó aquel verso: «Benedic anima mea domino», y todos los dolores y enfermedades que antes tenía, de todos se halló sana y libre, así de dentro como de fuera, pesándole mucho, porque tornaba a esta vida. Y como io la importunase que tomase algún mantenimiento para dar vida a la vida humana, ella me respondió que no avía voluntad de tomar ningún manjar, [fol. 209r] porque por el espacio de quarenta días desde que recibía el santíssimo sacramento, con la suavidad y dulçor que sentía, vivía sin manjar humano. Y más me certificó, que vio un sacerdote que avía dicho missa en su capilla, y quando salió del vestuario para el altar, le ponía Nuestra Señora, la Virgen María, encima de su cabeza muchas guirnaldas de flores y de rosas y clavelinas, de lo qual ella recibió gran consolación.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Capítulo 24'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''De cómo con su mano sanó una herida de la qual corría mucha sangre'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Estando una de las hermanas de la casa puniendo una sarga en una pared, subió en una escalera a poner un clabo con un medio ladrillo para lo hincar, y calló el ladrillo y dio a una de las hermanas en la cabeza, que estaba cabe de la escalera, el qual se hizo tan gran golpe y llaga que la corrió mucha sangre. Lo qual, como esta sierba de Dios lo viesse, fuese para ella y puso su mano derecha encima de la llaga diciendo tres vezes el nombre de  Jesús, y hinchósele la mano y dedos de sangre y cessó de correr y no salió más y juntósele quero con cuero sin otra medicina.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Capítulo 25'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''De cómo sanó a su madre de una gran enfermedad'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En el lugar de Axofrín, como un hermano de esta sierba de Dios corriese un cavallo, caió el caballo con él y ansí el cavallo como el caballero quedaron [fol. 209v] mui atormentados de la caída, y tanto fue, según él me dixo, que la silla se hizo pedazos. Y el dicho su hermano uvo gran pasión en los ojos, y como su madre estuviese mui triste por la muerte de otro su hijo, que poco avía que era muerto, y supiese lo que había acaecido, al segundo doblole el dolor y tan grande fue que se le torcieron los ojos y boca en gran grado. Y como dende algunos días, esta sierva de Dios supiese lo que a su madre avía acaecido, uvo de ello mucho pesar y fuese para el altar de Nuestra Señora, lo qual mandó hacer la dicha su madre, y suplicole con muchas lágrimas por la salud de su madre. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
E inspirada divinalmente, respondió a quien le traxo estas nuebas que el domingo siguiente sería sana por la virtud divinal. Y ansí fue hecho.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Capítulo 26'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''De la claridad divinal que le fue mostrada en el mes de noviembre, año ochenta y çinco'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Como estuviese esta santa muger de contino mui fatigada de muchas y mui continuas enfermedades, acostada en su cama, fue forçada y robada en espíritu el día de Santa Cecilia. Como contemplase en aquel tan gran milagro que Nuestro Señor hizo a Santa Çeçilia, que les truxo dos coronas, una a ella y otra a Valeriano, el santo ángel del Çielo,  y como estuviera hablando con ellos, levantose esta santa muger ençima de la cama y pusose a horar con devotión  [fol. 210r] a una imagen de Nuestra Señora que está frontero en la pared, y como con atención hiziese oratión, las manos levantadas súbitamente, vio una gran claridad en la imagen a quien orava, en sí misma i en las manos que tenía alçadas. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y como estuviese algún espacio ansí, transpúsose y estuvo ansí hasta que vinieron algunas hermanas que la hallaron, y disimuló con ellas, que a ninguna lo dixo hasta que conmigo habló con deseo mui grande de que ninguno lo supiese.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Capítulo 27'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''De las cosas que vido y le fueron mostradas la vigilia de la Santa Natividad de Nuestro Señor'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Después de lo susodicho, açercose la fiesta del Nacimiento del Señor y ella, estando acostada en su cama y mui afligida y con grandes dolores en el cuerpo, según sus pocas fuerzas pensó de se aparejar para recibir el Santísimo Sacramento. Y el jueves de la fiesta vínose tan gran dolor al celebro y tan grandes golpes de coraçón que según me dixo parecía ''[18]'' que se le salía el ánima del cuerpo. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y aquel día y el viernes siguiente no comió sino unas pocas de pasas, y el sábado reconciliose para comulgar. Y este día vio la imagen de Nuestra Señora, que está en el altar, por tres veces sudar gotas de agua y fue llena de maravilla, y llegose a la imagen y limpió el sudor, y con ello labó su rostro. Y como fuese a comulgar y la comulgase el capellán maior de la santa iglesia, como se volviese con el santo sacramento para se lo dar y ella no pu- [fol. 210v] -diese tener los llatidos ''[sic]'' del corazón, dio un gran resuello y vio levantadas en la patena las formas, y aparecieron luego tres ángeles visiblemente que pusieron las formas que no volaron fuera, que cierto caerían en el suelo si por ellos no fuera, y lo mexor que pudo recibió en santo sacramento con mui gran divinidad, como otras vezes. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y ansí se fue a la cama con su fatiga y dolores mezclados con gran suavidad de la dulcedumbre del Señor y suavidad de las cosas celestiales que avía visto y gustado. Y ansí estuvo hasta las diez de la noche.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Capítulo 28'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''De los secretos celestiales que visiblemente le fueron mostrados en la santa noche de Navidad'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Como tañesen a maitines en todas las iglesias, no se pudo sufrir a quedar en la cama y, cobradas nuevas fuerzas, enferma y flaca, con el çelo de tal fiesta del nascimiento del Salvador levantose mui alegre de la cama y fuese para el coro, a do se avía de hazer el ofiçio, y contemplando en el glorioso nascimiento de Nuestro Salvador, estuvo mui atenta para conoçer la medianoche, porque avía oído que en aquella hora avía nacido el Redentor. Y el altar de Nuestra Señora, a donde está su imagen de bulto, estaba mui compuesto de çirios y candelas, y una cama mui adereçada con mui ricos paños y almohadas, y un niño mui chicito de vulto mui conpuesto. Y estava en una cuna delante de la dicha Señora, y como fue la medianoche y esta sierva de Dios estuviesse de rodillas, con lágrimas y gemidos sin quento, [fol. 211r] vio con los ojos corporales decendir mui gran resplandor delante del altar, y alderedor d’él vio a Nuestro Señor vivo y en carne, la más vella criatura que en el mundo fue vista, y con gran resplandor, que excedía a la lunbre del sol; y vinieron tantos ángeles a lo adorar y servir y a le dar cantos de gloria mui suave, que decir no se puede ni escribir. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En la qual adoración pasó más de media hora y luego vio con sus ojos cómo los pastores, ençendidos de amor, le vinieron a adorar y estuvieron ansí mui gran espacio. Y estos partidos, vio venir los tres reies magos con muchas y diversas conpañas e instrumentos y traían muchas tronpas que deçir no se puede. Y venían con ellos tres soles mui resplandecientes y, llegando al altar todos tres, se hizo uno, y con gran acatamiento y reverençia, con sus dones en las manos, llegáronselos a ofrecer y a adoralle, el qual dicho niño era ya maior que cuando lo vido la primera vez. Vio cómo la imagen de Nuestra Señora, que estava en el dicho altar, se rio tres vezes contra el Niño.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y hecha la adoración, con gran reverençia y acatamiento, amonestados por un ángel, se bolvieron por otro camino a su tierra. Y estos partidos, vio cómo Herodes mandava buscar al niño para lo matar, y luego vio cómo Nuestra Señora, con el infante en brazos y el santo Joseph, se ivan huyendo a Exito. Y luego tras esto, vio cómo la gente de Herodes andava matando los inocentes y cómo las madres los escondían en quebas acallándoles [fol. 211v] y dándoles de mamar por que callasen; y los niños daban tan grandes gritos que parecía llamavan a los enemigos que los fuesen a sacar y matar, a los quales matavan de diversas muertes y mui cruelmente. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y duraron estas maravillas y secretos celestiales en los ojos de aquesta sierva de Dios desde las doze de medianoche hasta las tres horas siguientes, de la qual visión ella quedó tan espantada y fatigada, y tan consolada en el coraçón, con gemidos y suspiros continuos que deçir no se puede, y apretávase mucho consigo, por que ninguna hermana supiesse, salvo la hermana maior, que estava con ella y la consolava quanto podía y le deçíe que no se afligiesse tanto.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y ansí no nunca lo supo ninguna de las hermanas, y ansí es su voluntad que ninguna lo sepa. Y muchas vezes me dixo que quería más la muerte que esto fuesse sabido.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Capítulo 29'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''De lo que vio en la missa del gallo este mismo día'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Como estas cosas fuesen acabadas, vino el capellán maior de la santa iglesia con deseo de hazer al Señor serviçio y dar consolaçión a aquellas siervas de Dios que esperaban su venida, el qual avía reconciliado muchas hermanas y las comulgó en esta santa misa. Y traxo consigo cantores que se oficiassen la misa, y como saliesse revestido al altar, luego aquella sierva de Dios vio claramente dos hachas de fuego de resplandor ençima del altar, y de cada una de ellas salían çinco raios que iban derechos a do estaba esta sierva de Dios [fol. 212r] hincada de rodillas, y no le impedían nada para ver las cosas que se hazían en el altar. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y como celebrase la misa con gran solenidad y los santos se empezasen, vio esta sierva de Dios tanta multidud de ángeles que descendían al altar que cubrían al sacerdote desde los pies hasta la cabeza, y subían y descendían con gran gozo y alegría. Y quando uvo de alçar al Señor, los ángeles le levantavan los brazos y le aiudavan a decir el Pater Noster, y al tiempo que se dezíe esta sierva de Dios fue mui fatigada y dio consigo de brazos en el suelo. Y duró en aquel gozo, mezclado con muchas lágrimas, hasta las doze de mediodía, de manera que estuvo catorze horas, después de las diez que tañeron a maitines, de rodillas, que de allí no se movió en tan clara y maravillosa visión para glorificar y ensalçar el nombre del Señor y acrecientamiento de nuestra fe, que nunca oí ni leí que con los ojos corporales ninguna persona tales cosas viesse y le fuesen demostradas, en lo qual es mucho Nuestro Señor de loar y glorificar en las sus grandes maravillas, las quales haze y hizo a do quiere y como quiere.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y pasadas las doze horas después de mediodía, mui fatigada, algunas hermanas ansí la llevaron a su cama, y a la tarde, por satisfacer a los ruegos que le fueron hechos, comió un poco de carne de membrillo. Y ansí estuvo lunes y martes hasta el miércoles, que comió un güebo, en lo qual parece que la fuerça del manjar celestial le dava vida contra natura; [fol. 212v] y para dezir estas cosas se hizo mui gran fuerza porque le avía yo mandado por obediençia que a ninguno las dixese salvo a mí, que ninguna cosa me encubría de las que el Señor le mostraba, y rogome con grande ahínco que ninguna persona del mundo de mí lo supiese, deseando mucho la muerte y verse ya fuera de la vida.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Capítulo 30'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''De las cosas que esta santa virgen vio con sus ojos çinco días antes de la Natividad'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Como toda la gente estuviesse afligida por la hambre, que no avía harina ninguna por la muchedumbre de las aguas que los ríos traían, esta virgen, según me dixo, fue mui afligida y estuvo una noche que no durmió. Y estando todas durmiendo se levantó, que ninguna lo sintió, y subiose a un terrado desde donde se parecía el río, y estando el cielo estrellado bendixo el río, y después metiose en un retraimiento, que es un lugar mui espantado, en el qual ay unas imágenes del tiempo antiguo, y púsose a horar a la medianoche en aquella oscuridad, en manera de cruz de braços en el suelo, y estuvo ansí mui gran rato, haciendo de sí gran sacrifiçio al Señor de mui atenta oraçión, con lágrimas rogando a la Madre de Dios que amansase su ira. Y sintiose esta sierva de Dios estar en el aire levantada de la tierra. Y a cabo de rato vio venir un poco claridad, con la qual vio [fol. 213r] todas las imágenes que estavan pintadas mui claramente. Y como oviesse gran pavor, ofreció al Señor muchas plegarias, y como estuviesse en aquesta pena, súbitamente vio otro mui gran resplandor que resplandecía sobremanera, y apareciose Nuestra Señora descabellada de sus cabellos, con ojos mui llorosos y mui triste, y le dixo: «Sepas que todas las aguas que son venidas por tan largos días avían de caer en tres días y la maior parte dellas sobre esta cibdad, en que muchas gentes perecierán por los sus grandes pecados que en ella se cometen cada día y Dios es mui ofendido dello. Y por las plegarias que as hecho por este pueblo, al Señor y a mí me as rogado que por la gran piedad y dementia que ubo en enbiar su hijo Nuestro Redentor a nos redimir y salvar, quisiesse aún piedad de todos y yo supliqué al Señor que tu petición fuese oída y Él la oió y su ira se aplacó, y io, por piedad que tengo al pueblo cristiano, vengo a ti qual ves». &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y como la dicha virgen estuviesse con los ojos abiertos y manos alzadas, y coraçón muy espantoso d'él gozo, y estuvio, apareció la vissión y ella caió de bucos en el suelo, y ciertas horas estuvo sin sentido y amortiguada y devantose mui esforçada del cuerpo y del ánima de tan espantosa visión. Y de tan gran admiración quedó mui consolada y ninguna de las hermanas lo sintió.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Capítulo 31'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''De cómo fue mostrada una gran señal del Çielo en esto'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[Fol. 213v] La fama desta santa mujer, como ella quisiese que fuese tan oculta, no se pudo enpero que algunas personas devotas no uviesen de saber la fama de su santa vivienda, una de las quales fue el señor obispo de Badaxoz que a la saçón era deán de Toledo. El qual con ella habló muchas veces y fue testigo de la llaga en el costado; el qual le rogó que rogase al Señor por una discordia que avía en la corte, a do estaban los señores reies y el cardenal de España. La qual, obedeciendo lo mandado, se echó en oratión con gran ahínco y voluntad.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y en las otavas de la pascua florida, que fue en el mes de marzo de ochenta y seis, ella se levantó de mañana y se subió en un terrado en la casa a do morava Doña Mari Garçía, e rompiendo el alva se puso allí en oratión y vio unas nuves mui coloradas que corrían por el cielo hazia Oriente, y antes que el sol saliese vio un gran resplandor en el cielo a do el sol avía de naçer. Y salió el sol, i ella le miró con ojos claros e sin enpacho de la claridad, lo qual es contra natura humana, que hombre ninguno no puede ver. Y dentro en el sol, vio un grande agujero que entrava al cielo, del qual salían grandes raios de claridad hazia muchas partes, y dentro del aguxero vio con ojos claros una cruz de oro mui resplandeciente, la qual cruz y raios estuvieron en el sol desde que salió hasta que hizieron clamores para tañer a terçio y luego desaparecieron; i vio en el aire, no mui lexos de sí, una persona que se pareció como la luna que peleava con otras [fol. 214r] y otros con ella, y pasándose algún rato volviéronse las espaldas el uno a otro. Y como viese una de las hermanas, quitose luego de allí y no pudo más conocer la dicha vissión. La qual dicha sierva de Dios tiene miedo de hablar, y me certificó que mirando muchas veces una Verónica, que está en el altar, vio salir raios de claridad y continuamente ve un resplandor a do está el corpus cristi, y muchas vezes ve visiblemente el santo sacramento no le estorbando las plantas ni las otras cosas en que está encerrado y enbuelto. Y una vez, alçando el sacerdote el sacramento, vio un dedo de carne puesto en la ostia, y otra vez vio en el sacramento un escudo blanco con las çinco plagas de Nuestro Señor, de lo qual tuvo miedo y gran temor. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y en esto parece ser mui grande la virtud del Señor y la pureza de su ánima, que con los ojos corporales pueda ver cosas tan palpables y celestiales para honra y gloria de su santo nonbre.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Capítulo 32'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''De las cosas que esta virgen vio y le fueron mostradas en el santo sacramento'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Jueves, día de la octava de la Ascensión del Señor del sobredicho año. Como no uviese quién díxole missa aquel día en la casa, ella fuese al oratorio, y como estuviesse orando con atençión, vio con ojos claros el santo sacramento, que estava encerrado dentro del arca, levantado dentro del arca con gran [fol. 214v] resplandor, la qual lo adoró con mui gran gozo, y estuvo reçando allí por algún espacio de tiempo, y esto le á acaecido otras vezes quando no avíe misa, lo qual le puso mui grande espanto y transes ''[19]''. Y luego, el día de San Juan ''[20]'' como el capellán díxole misa mayor y uviese[n] de comulgar muchas hermanas, y como se volviese con el sacramento para dárselo, vio en la manga del dicho saçerdote media ostia de las que comulgavan, y resplandecía como una estrella, de lo qual fue mui maravillada. Y como comulgasen las dos primeras hermanas, desapareció la estrella y el resplandor que pareçiera en la manga. Y luego le caió gran sospecha de lo que fue, y pensó que se le avía caído al saçerdote, y como se quitasen las que comulgavan, ella, con aviso, fuese a poner en aquel lugar a do desapareçiera la visión. Y como hincase las rodillas, vio estar en la grada del altar la dicha partícula del sacramento tan resplandeciente como una estrella, y estando el saçerdote vuelto al altar, y como se volbiese otra vez con el sacramento a comulgar a las segundas y llegase a ella para dalle el sacramento, ella le hizo señal para que se apartase y él, no lo entendiendo, pisó el sacramento y ella tornole a hazer señal con la mano más reciamente, y como él mirase abaxo y viese la parte de la ostia, abaxose y tomola con reverentia y desque esto vio esta santa muger fue tan atribulada y angustiada [fol. 215r] del coraçón que por algunos días no se levantó ni quería hablar ni comer.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y en aquel día de la comunión envió a rogar a la hermana maior que no quitase aquella alhonbra do caiera el sacramento. Y estando las hermanas recogidas, ella se levantó como pudo y fue a las gradas de dicho altar, y en aquel lugar do ella comulgara vio dos reliquias que se avían quebrado de la dicha partícula, resplandeçiendo así como estrellas, de lo qual uvo mui gran pavor, y derramando muchas lágrimas y suspiros, fue tan grande la angustia que pasó en su coraçón, por no saber qué hazerse y por no ser descubierta, que no tuvo más remedio sino, con la maior devotión que ella pudo, abaxarse y tomarlas con la lengua. Y ansí las comulgó y sintió tan grande dulçor y suavidad que no se puede decir ni escrevir. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y ençendida con el amor y çelo del Señor subió al altar y desenbolvió los corporales y lixula ''[21]'' y palia por ver si podría hallar la partícula que el saçerdote alçó del suelo, y no la pudiendo hallar tornó a coger los corporales y tornose mui triste y desconsolada. Y echada en su cama, su consolación era gemir y llorar con grandes llatidos que el coraçón le dava, sintiendo mui gran dolor en él y en el lugar adonde se le abrió la llaga. Fue tan grande le dolor que se le hinchó la carne y el pecho hasta la garganta.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y ansí estuvo algunos días, mui desconsolada, no pudiendo dormir, ni quería que le hablasen, lo qual ninguna de la casa lo supo, ni la hermana mayor, [fol. 215v] salvo que la casa penava con su pena. Y duró esto hasta que yo estuve con ella, y con grandes gemidos y miedo me lo dixo, y tomó algunas fuerças para comer deseando con gran ahínco ser fuera de aquesta vida.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Capítulo 33'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''De cómo apareció a esta santa mujer el ánima de su capellán finado y de las cosas que le dixo'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El día de San Francisco, año de ochenta y seis, esta santa muger sentía cabe sí un bulto y sonbra que estava adonde ella estava, y con el gran miedo que tuvo conjurolo que ni hablase ni la viesse. Y a la postrera noche sintiole a par de la cama, y ella no durmió con el miedo que tenía, y dos horas después de la medianoche, estando sin ningún sueño, abraçada con un libro que tenía de devotiones y con el gran pavor que tenía, estava puesta hazia la pared y el espíritu llegó a ella y meneola como quien quiere despertar a quien duerme, y ella con el temor que tenía no lo quería hablar, y haziéndole señales con gemidos. Esto por dos vezes duró hasta las quatro después de la medianoche, y entonçes ella volviose del otro lado para se levantar e ir a su capilla a orar, y luego el espíritu le habló y dixo ansí: «Esforçaos y no os vais de aquí, que también se sirve de vos Dios aquí. Y por la caridad del Señor vos plega de me oír, porque seis noches ha que ando aquí penando y por sentiros con tan grandes fallecimientos; y por [fol. 216r] daros fatiga demándoos mucho perdón de muchos enojos que vos é hecho y de una carta que vos escribí, la qual fue causa de daros mui grande trabaxo y turbaçión. Y por muchas buenas amonestaçiones y consejos que me distes acerça del buen regimiento que yo debía tener en la gobernación de aquesta casa, los quales dichos consejos con gran osadía y menospreçio no creía y menospreciava, no temiendo que érades sierva de Dios y de su manos. Y muchas veces os demandé con gran sobervia que demandásedes señales a Dios del Cielo, y puso el Señor en mis manos lo que no eran mis ojos dignos de ver, y por esto vos digo que os esforcéys mucho y que lo que os fue mandado que manifestásedes al señor cardenal no lo dexéis por ninguna pena temporal ni por no ser vista ni conocida, y si esto no cumplís antes de un año seréis azotada del Señor mui gravemente; y por que no penséis que soi vissión engañosa ni fantasma, yo soi vuestro padre cura y capellán desta casa, que poco á que falleçí, y vos digo que digáis al prior de la Sisla y a la hermana maior desta casa que por la caridad del Señor me perdonen en qualquiera manera que los aia enojado, y otrosí me quieran perdonar sis mil maravedís que doi en cargo a esta casa de un libro que vendí, lo qual todo demando en limosna me lo quieran perdonar y todo lo otro que les tengo a cargo. Y yo vos ruego, por la caridad de Dios, que me hagáis decir [fol. 216v] cinquenta misas por que el Señor me saque de pena».&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y esto dicho, desapareció, y la dicha sierva de Dios, quitada la habla, quedó amorteçida por espaçio de quatro horas, y lo primero que le dixo este espíritu fue esto: «Y vos roga a Dios por mí». Y desde a pocos días viniendo de oír missa del coro, sintió que uno la travava del braço mui recio y le puso la otra mano en la espalda, como persona que la quería aiudar, y ella dexose caer diciendo tres veces Jhesús, y sintió el cuerpo mui desconcertado y ansí la llevaron luego a la cama, y hizo luego dezir las misas e no sintió más entonces.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Me dixo esta santa muger lo que arriba es escrito, que muchas vezes cuando ora al altar, ve visiblemente el sacramento como si no tuviose cobertura alguna, y siente muchas vezes gran dulçor por grande espaçio de rosas y lilios y flores, que decir no se puede, lo que la recibe gran fuerça y consolación, ansí spiritual como corporal. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Capítulo 34'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''De la claridad que vio dos vezes en la iglesia maior día de Santa Caterina'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El año de ochenta y seis, estando esta bendita virgen en el oratorio rezando sus orationes en la noche de la fiesta de Santa Caterina, en la qual tiene mui grande amor, y como con atención estuviesse de rodillas delante de la su imagen y la capilla estuviose oscura, súvitamente apareció gran claridad y alunbró a la virgen Caterina [fol. 217r] y al Niño Jesucristo, que estaba pintado cómo ponía el anillo de su dedo a la virgen Santa Caterina, de lo qual esta santa virgen fue llena de grande gozo; la qual claridad estuvo allí por algún espaçio y luego tornose a escurezer como estava de antes. Y la noche siguiente, como se levantasse después de maitines a orar en el coro, halló la lánpara muerta y no sabiendo qué hazerse, fue a llamar a una de las hermanas que estava acostada y díxole que la fuese a ençender. Y tornose al coro como de primero y estando la iglesia mui escura, súpitamente vio una centella de fuego que salía del arca del corpus cristi, y fue encendida la lámpara con tan gran claridad que resplandeçió toda la capilla, y como vino la hermana que de ella fue llamada y viesse tan gran claridad, fue mui espantada y comenzó a decir: «Milagro es este y no se puede encubrir». Y ansí quedó esta santa virgen en el oratorio llena de mucha consolaçión.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Capítulo 35'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''De lo que acaeció en la imagen del Niño Jesús'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Como otro día adelante estuviose rezando en el oratorio y tuviese consigo dos libros en donde tenía sus orationes, demandó a una hermana que le truxese la imagen del Niño Jhesús, que estava en el altar de Nuestra Señora, el qual estava vestido de una ropilla que le abían hecho hasta los pies. Y como el dicho Niño le fuese entregado, tomolo con devotión y púsolo de pie encima [fol. 217v] de un libro. Y como por algún espaçio con alegría y devotión le hiziese oratión con artas lágrimas, alçó la ropilla por besalle los pies, y vio como uno de los pies se bullía y meneava como si estuviera en carne, y alçóse un poco el pie para que se le pudiese besar. Y como le besase con devotión quedose el pie levantado y no se baxó jamás. Y como pusiese el pie del Niño en una gran hinchazón que tenía en el ojo, luego fue abierta, la qual cosa luego fue divulgada en la casa, y el niño quedose con el pie levantado. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Capítulo 36'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''De cómo fue robada en espíritu y vio un ánima cómo fue llevada a juicio'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En la santa iglesia de Toledo uvo un canónigo honrado y discreto y barón de mui noble condición, y de todos mui amado y querido y limosnero, que quanto tenía gastava en casar uérfanas con deseo de hazer tesoro en el Cielo, adonde son las verdaderas riquezas. El qual se llamava Don Diego de Villaminaia, que era capellán maior de la iglesia maior, y como Nuestro Señor le quisiese galardonar de sus trabaxos, en fin del mes de março, año de ochenta y siete, enfermó de calenturas y a los treinta días del dicho mes fallesçió, en quio fallescimiento casi toda la cristiandad uvo sentimiento, del qual cupo gran parte a la casa de Doña [[María García]], por las grandes limosnas y bienes que les hazía, ansí corporales como espirituales, y era tenido como padre de toda la casa. [fol. 218r] Y todas las hermanas estaban en el coro, con ellas María de Axofrín, y como doblasen las canpanas en su fasllecimiento, luego la dicha María de Axofrín fue robada en espíritu y vio cómo San Juan Batista y nuestro padre San Xerónimo y Santa Caterina llevaban el ánima del dicho capellán maior a juicio delante de la Magestad divinal, en un gran canpo mui deleitoso, en el qual estaban muchas ánimas loando al Señor. Y fue acusada delante del Señor cómo tenía cargo de un finado, el qual le avía dexado por albaçea de su testamento y no lo avía hecho hazer cumplir, y como quiera que el capellán maior en su testamento dexó mandado que se cumpliese aquel cargo, mas como Nuestro Señor sea justiciero, mandó que el ánima del dicho capellán estuviese detenida en aquel lugar y no entrase en la gloria del Çielo hasta que fuese satisfecha la demanda del dicho defunto.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y como la dicha María de Axofrín vio esto, quedó fuera de sí con mui gran pena mezclada con grande alegría de lo que viera, que aunque su ánima no estava en la gloria çelestial, estava enpero en un lugar seguro. Y caió luego en la cama con mui grande amortecimiento, que muchas vezes pensaron que se muriera. Y ninguna de la casa supo esto sino io.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Capítulo 37'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''De cómo Nuestro Señor mostró a esta santa mujer el principal de los testigos a quien le plaza que sea revelado lo que avía visto'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Un día del Corpus Cristi, recibiendo esta santa mujer al Señor, fue puesta en aquel traspasamiento que solía [fol. 218v], y, pareciole estar en la iglesia maior y veía en la proçessión de la clereçía al Señor en unas andas vibo, con muchedumbre de ángeles y muchos santos que cantavan cantos mui dulces al Señor. Y el Señor señaló a uno y nonbrole por su nonbre y díxole estas palabras: «A este le señalo para que manifiestes todo lo que te mandé». Y luego el día de Nuestra Señora de agosto, recibiendo el Señor esta devota mujer, fue puesta en traspasamineto y pareciose que estava en la dicha yglesia, y vio a Nuestra Señora viva, y en toda la iglesia cantavan ''O gloriosa domina''. Y este sobredicho prelado estava hincado de rodillas, y la gloriosa Señora le ponía una corona de oro en la cabeza y un báculo de oro en la mano y decíanle estas palabras: «Por la limpieza de tu vida a mí eres mui agradable para que seas pastor mui escogido y io seré sienpre contigo».&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Capítulo 38'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''De cómo por sus orationes sanó a la hermana maior del mal del costado'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Tres días antes de la fiesta de San Lorenço, estando enferma la hermana maior de dolor de costado, desahuziada de los físicos, con el sarrillo levantado que se finava esta santa mujer, de que la vio en la agonía de la muerte, fuese a la capilla a una hora de la noche y estuvo ante el altar de Nuestra Señora hasta las doze con muchas lágrimas, rogando mui afincadamente a Nuestra Señora que no quedase ella güérfana [fol. 219r] de tan gran bien, y que se la quisiese dar sana y viba. Y desde a poco viole sudar el rostro y pensando que se le antojava, atreviose a llegar a su rostro, y a limpiarlo con su toca tres veces el sudor, y lavose los ojos y la cara con ello, y de placer que uvo tornole a mandar la salud de su hermana y oió una boz que dixo: «Otorgada es la vida para consolaçión y remedio tuio». Y luego fue puesta en transpasamiento por dos horas y vio a San Lorenço como mozuelo de quinze años, vestido con vestiduras resplandecientes, y llevava en la mano una buxta de oro y poníasela en la cabeza y en el costado a la enferma, y santiguávala con su mano.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y desque tornó esta santa mujer de aquel transportamiento, con mucho placer fuela a ver y hallola durmiendo, de reposo. Y desque despertó sintió grande alivio de la enfermedad.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Capítulo 39'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''De cómo por sus orationes fue librado un hermano suio de las prisiones en que estava'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Estando en prisiones un hermano de esta santa mujer, orava ella a Nuestra Señora en su altar con grande ahínco. Y apareciole al preso la imagen de Nuestra Señora y sacole los hierros de los pies y díxole que por el ahínco y la fe desta santa mujer, y de otras que por él en aquella casa rogaban, sería libre de aquella prisión. Y entonces durmiose [fol. 219v] y veníanse delante de aquella imagen y esta su hermana y otras tres hermanas haciendo oratión por él y, como Nuestra Señora, presentava al niño velas y flores y una candela encendida. Y esto era sábado otavario de la Asumptión de Nuestra Señora, y él hallose libre de las prisiones y de grande hichazón que tenía en los pies de los hierros. Y luego otro día, vínose a la casa adonde estava esta santa mujer a ver la imagen  y contar este miragro.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y aquella hora que él señaló se halló que ella y otras hermanas hazían oratión señalada por él, y de que vio la imagen, con muchas lágrimas prometió de traer cera que ardiese ante ella todos los sábados mientras viviese. Y acaeció que un sábado, mientras maitines, estaba la candela en un candelero y llegose esta santa mujer y otras al altar para dezir ''el antífona de benedita'', y salía del pie del candelero humo, como de incensario, y violo primero ella y dixo a las otras, y a la una le dio olor de encienso, y a la otra de flores, y a la otra un olor mui suave, y a otra, que estava en el sicoro, olor de pan tostado.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y dende a nueve años la víspera de Nuestra Señora de agosto, traiendo este su hermano çera para alunbrar la imagen, como avía prometido, plugo al Señor que en el camino súpitamente fallesçió. Y estando esta sierva de Dios mui angustiada de la muerte, rogó a Nuestra Señora que ella mostrase a algún saçerdote de los que dieron misa por él si estava en carrera de su salvatión.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y el día octavo en que fallesçió, a las dos horas después de medianoche, [fol. 220r] estando ''[22]'' esta santa con muchas lágrimas delante la imagen de Nuestra Señora rogándole que, pues ella le avía salvado de la prisión, que ella le plugiose demostrarle si estava en carrera de salvatión. Y vio el rostro de la imagen alegre, como de persona viba, y pareçía que quería hablar, y ella del gran gozo que tuvo enpezó a llorar y dos hermanas que lo sintieron llevánronla a la cama, y arrimada la cabeza a las almohadas, estando allí las hermanas con candelas ençendidas, sintió a sus espaldas un huego como de persona, y como estava hablando con ellas, no curava de mirar a aquel lugar donde aquello sentía. Y dende a poco uvo gran miedo y parávasele la lengua y sentía tan grande angustia que quería amortecer, y volvió la cabeza y vio un pedazo, tan grande como de una almohada, como de nuves quando haze nublado. Y allí dentro, el rostro de su hermano mui alegre y díxole que a la ora de la muerte se viera en gran peligro, mas que Nuestra Señora fue allí con él y dixo cosas señaladas que tenía de cargo e que estava en purgatorio.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Capítulo 40'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''De una visión que vido Jueves de la Cena en el arca del monumento'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Juebes de la cena, acabado de cenar, el Señor paresciole a esta santa mujer que sentía en el monumento una paloma que reboloteava. Después de tinieblas estando todas en la disciplina, y ella estava entre ellas puesta en cruz, porque estava enferma y avíanle man- [fol. 220v] dado por obediencia que no se diciplinase, y cantaba con ella el salmo de miserere mei con mucho plazer de verse entre aquellas sus hermanas, y vio salir de el arca del monumento ansí como estrella resplandeçiente que veía por encima dellas hasta adonde ella estava. Y tan cerca estava de la santa que paresçía que podía llegar a ella con la mano, y mirava ella con mucho plazer y devotión esto, y quando hizieron señal para que las disciplina çesase, tornose la estrella al monumento y metiose dentro en él.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Capítulo 41'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''De otra vissión que vio en el Viernes Santo'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El Viernes Santo siguiente, estando diçiendo la Pasión, fue puesta en traspasamiento hasta el sábado a la misa, en la ora que el viernes adoraban la cuz, y pareçióle que estava en un campo y veía al Señor cómo le descendía de la cruz, y de cada una de las manos, cuando le desclavaban, salía un resplandor mui claro, más que el sol, y de todas la heridas del cuerpo y de la llaga del costado, a manera de un baso de oro que estava lleno de agua y revertía en manera de caños y dava en las faldas de Nuestra Señora. Y veía cómo le ponían en el monumento y cómo Nuestra Señora se partía con San Juan y la Madalena y los otros que la acompañavan, y entravan en el cenáculo donde el Señor cenó con sus discípulos. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y después de esto, el día de Pascua, y otros días señalados, vio ese mesmo resplandor en la ostia, y en la víspera de Nuestra Señora de março, [fol. 221r] cuando tañían a vísperas, vio ençima del altar súpitamente el bulto de Nuestra Señora a un cabo y, del otro, el ángel de la custodia, donde estava el santo sacramento, y salía un gran resplandor que cubría todo el altar y sintieron muchos olores de rosas. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Capítulo 42'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''De otra vissión que vio en el Cielo el día que los reies se partieron para la guerra''' ''[23]''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Rogando esta sierva de Dios por sus altezas y por todos los que con ellos iban que fuesen sus intenciones en su serviçio y les diese victoria a las doze del día, vio en el Çielo una abertura que salían della muchas llamas de fuego. Y conoció en el espíritu que muchos de los que allí iban yban en pecado mortal y que con mucho trabaxo a[l]cançarían el real ''[24]''. Y ansí fue.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Capítulo 43'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''De cómo le apareçió la calavera'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En el mes de julio de ochenta y nueve, quando entró la pestilencia en Toledo, fue herida una de las hermanas que llamavan Sancha Díaz, sobrina del vicario de la Sisla. Estando mui fatigada, una de las hermanas, movida a compasión, rogó a esta santa mujer, que estava rezando en un libro, que rogase por la enferma. Y ella estuvo un poco, y súpitamente fue hecha en el libro donde estava rezando una calavera de muerto, y bolviose a las hermanas que la rogaban y díxoles: “No qures della, que vedes aquí [fol. 221v] que esta es su calavera”. La qual calavera estuvo allí algunos días hasta que la enferma fallesçió.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Capítulo 44'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''De cómo sanó un canónigo de Toledo de una grande enfermedad'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Un canónigo de Toledo estava enfermo y súpolo esta santa mujer, y movida a conpasión enbiósele secretamente una granada con una mujer devota de la casa, la qual el canónigo resçibió con mucha devotión y la comió, y en comiéndola, luego tuvo salud y se levantó y fue luego a dar graçias a la dicha casa de Doña Mari García.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Capítulo 45'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Esto que se sigue acaesçió en tiempo del padre Fray Diego de Santo Domingo, siendo prior de la Sisla'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En el año de 1488, después de Pascua de Resuretión, me dijo esta santa mujer que estando un día en su capilla orando, contemplando en la encarnación de Jesucristo y pensando cómo la umanidad era unida con la divinidad en una persona, vio visiblemente cómo vino una luz mui clara que encendió el çirio pascual, y le pareçía que su ánima rescibía mucha consolatión en esta visión, y que çesó de pensar en la sobredicha visión. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Ansímesmo ese mesmo año, después de la fiesta de Nuestro Señor, le acaeció que como quedase el corpus christi en el altar para que lo adorasen, como es de costumbre en muchas casas [fol. 222r] de nuestra orden, y ella, movida con gran devotión al santo sacramento, estando las hermanas comiendo, quedose orando en su capilla, y como sintiese que la buscavan para darla de comer, fuese al bistuario, que está cerca del altar, adonde acostumbran a bestirse los sacerdotes para celebrar, y comenzó a orar con gran fe y devotión. Y estando mui grande espaçio de tiempo casi absorta en este deseo y devotión, vidose alcada de tierra casi dos codos, y que salían de la ostia unos raios mui claros a manera de cordones y se ponían en los lugares que Nuestro Señor fue crucificado en el costado, y en las manos y en los pies.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y de allí en adelante se le fue acrecentando más y más de recebir al santo sacramento y tan crecido fue el deseo que deçía que se le quería salir el corazón del cuerpo. Y como yo estuviese en la examinación en los procesos de la Inquisitión de Toledo, rogome que la confesase y comulgase, porque no podía sufrir el dolor del corazón. Y io, movido a conpasión, dexé todos los negocios y fuila a confesar, y como se empeçase a confesar fue robada en espíritu, de manera que padescía el cuerpo sin el alma.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y este robamiento le acaeçió quatro o çinco vezes, y rogé a una hermana que llamase a la hermana maior para que viese cómo estava traspasada. Y como la dicha hermana maior viniese dijo: «Mandalde en virtud de santa obedientia que requerde y os hable, que luego lo hará». Y yo hize ansí, y díxome: «Perdoneos Dios padre». Y a la postrimera vez [fol. 222v] de su traspasamiento sentí como resollo que suele salir de los costados de hombres feridos con lanza, y recordela en la forma sobredicha y pregúntele si tenía el costado abierto como solía. Y después de muchas importunidades díxome que sí tenía y que la comulgase, que luego se le cerraría. Y hízelo ansí, y antes que la comulgase díjome que la maldición de Dios y de sus santos fuese sobre mí si en su vida yo descubriese lo susodicho.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y esta sierva de Dios comulgó antes de las nueve, y luego fue robada en espíritu y estuvo traspuesta hasta las seis después de mediodía, que cierto estuviera más si no le mandara por obedientia que recordase. Y recordando tenía tan gran gozo que paresçía que venía de algún lugar grande. Y como otro día deseose yo saber qué era lo que sentía en aquellos robamientos, sentía ella mui gran pena en que la inportunaba, que me lo dijese por el mérito de la santa obedientia, y díjome que cada vez que era robada que la llevavan a una güerta muy hermosa en que estava un altar, y allí veía a Nuestro Señor con muchedumbre de santos y ángeles y que allí conocía las maldades grandes que en el mundo se hazían y sabía grandes secretos de concientia, maiormente de los viçios y pecados que en la cibdad eran cometidos.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y estando con esta sierva de Dios, entre otras cosas que me dixo para mi consolación fue una que me dixo que estuviose fuerte en las batallas del Señor porque avía de pasar muchos trabajos [fol. 223r] por el su amor.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y dende a pocos días en la noche de la vigilia de los gloriosos apóstoles, San Pedro y San Pablo, sentime mui fatigado de manera que paresçía que quería reventar, y como fuese a decir missa a las dichas beatas, sentime luego mejor. Y dije misa, y víneme a comer, y como me asentase a la mesa, comiendo el primero bocado, diome dolor de costado en la parte derecha, y por no contristar a los güéspedes que estaban a la mesa sufrí el dolor hasta que acabaron, y luego tomé algún reparo para el dolor y fuime a la cama, y estando en ella acordome que esta sierva de Dios me avía dicho que avía de pasar muchos trabaxos. Y luego, a la ora me levanté con mucha pena diçiendo en mí mesmo: «Los buenos cavalleros no suelen morir en la cama». Y ansí, con mi dolor fuime con compañía onesta a donde estava la sierva de Dios, y ella començóme a consolar; y ella hízome la señal de la cruz en las espaldas, sobre el manto, y no lo viendo yo, la segunda vez, hizo otra señal de la cruz y comencé a juzgarla en mí mesmo y notarla de liviana, que nunca le avía visto hazer otro tanto, que apenas avía visto la boca, tanto andava de cubierta con su mantillo, y tornó otra tercera vez a hazer la señal de la cruz y díjome: «Sano sois, pero no en vuestra fe, porque vos no creístes que os avía de sanar y burlastes de mí en vuestro coraçón. Verdad es que yo no os sané, mas la virtud de la cruz obró en mi fe y no por la vuestra causa, que sois mui incrédulo, y no os pese dello porque creer de ligero es cosa mui peligrosa». &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[Fol. 223v] Y dichas estas cosas, sentí gran alivio del dolor del costado, salvo que me quedó en la espalda derecha por algunos pocos días el amortiguamiento de la carne en do estava el dolor. Y ansí fui sano por los méritos y orationes de esta santa. Y en este tiempo me dixo esta sierva de Dios que viniese a este monasterio y pusiesse recabdo en la casa porque andavan dos personas por cometer un pecado, y io hízelo ansí y puse guardas diligentes. Y dende a pocos días hallaron dos mozos que querían cometer el pecado de la manera y forma que ella me lo avía dicho. Y fueron despedidos de la casa, y cierto ella sabía mui grandes secretos de las conçiençias que sobrepujavan el juicio y poder humanal.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y en el mes de julio deste dicho año, después de Santiago, me dixo esta sierva de Dios algunos negotios de la Inquisitión, diciéndome que Nuestro Señor le avía aparecido de forma humanal, como cuando estava atado a la columna, y que le avía mostrado las espaldas cómo le corría la sangre y que le dijo: «Hija mía, mira quál me ponen los herejes cada día, y di esto al deán de Toledo y al prior de la Sisla, que están en la Inquisitión». Y ansí fue hecho, que estas más palabras, con otras muchas, dixo al dicho deán en mi presentia. Y en este dicho año me escrivió una carta en que me dijo que avía avido mucha conpasión de la fatiga que pasé en el camino cuando yba a la Inquisitión a tierra de Burgos, maiormente el martes que ella dijo. [Fol. 224r] Y ansí fue cierto que aquel martes que ella dixo, yo pasé los puertos llenos de nieve, y nevava y llovía mucho, y después desto me dijo que ella iba conmigo entonçes, aunque no la veía en medio de León e levé ''[25]'' adonde estava exsaminando los procesos de los herejes de Toledo. Otros muchos milagros à] hecho Dios Nuestro Señor por los merecimientos de esta sierva y io no é mereçido de los ver; quien los a visto da testimonio dellos.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Capítulo 46'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''De cómo vio una gran claridad en día de la Natividad de Nuestra Señora por setiembre'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Como un día este dicho religioso hablase con ella mui familiarmente, dijo ella por le consolar algo de lo que Nuestro Señor hazía por ella, y como estuviese mala y hinchada de la garganta en la cama, vino la fiesta de Nuestra Señora de setiembre y como viose que no podía comulgar con las hermanas que avían de comulgar, aquel día mesmo levantose de la cama para oír missa, y otro día estava con mucho dolor en su coraçón. Y como las hermanas se levantasen a maitines y lo viese ella, dixo con mucho dolor de su coraçón: «Señora Gloriosa Virgen María, Madre de Dios y de los que te llaman y an en ti esperança, yo no soi digna que esté en los tus maitines, ni menos que pueda oi comulgar con las hermanas». Y como dijese estas palabras, vio una claridad sobre ella y sanola del todo, y fuese con las hermanas a maitines y comulgó con ellas el día siguiente. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Capítulo 47'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[Fol. 224v] '''De cómo sanó a un enfermo de una enfermedad que se dize modorra'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En el año de Nuestro Señor de mil y quatrocientos y noventa en Jarahiz, lugar de la Vera de Plasentia, en el mes de noviembre, día de San Martín, vino una enfermedad a Francisco Díaz, natural de dicho lugar, de la qual enfermedad vino tanta flaqueza que recibió los sacramentos con estrema unción. Y puesto en tan estrecha necesidad y teniendo ya la candela encendida que se finava, yo Martínez Díaz, clérigo y capellán perpetuo de la iglesia de la Virgen María, siendo presente y sintiendo muchas angustias en el su fallesçer, porque era primo mío, a la saçón vino Juana Martínez, mujer de Antón Cervote que Dios perdone, y viéndome afligido díxome: «Conpadre, ya sabéis la enfermedad que yo tengo y tenía en esta mi pierna y este dicho año, quando vino aquí mi hijo Fray Gabriel, profeso de San Xerónimo de Madrid, que es dicho el Paso, y me informé d’él de una santa religiosa que falleció en Toledo, en el monasterio que fundó Doña Mari Garçía, y está sepultada en el monasterio que dicen de la Sisla y á mostrado el Señor por ella maravillosas cosas. Y como fue mui gran servidora de Dios y me prometiese con gran devotión y mui verdadera fe de ir a visitar su santo cuerpo y estuviese sin dubda que por sus santos méritos, abría salud —loores sean dados a Dios y a su Bendita Madre—, yo fui sana, prometeldo vos a esta santa y plaçerá a Dios de libralo». Y luego [fol. 225r] respondió: «Soi pecador para ello, mas confiando en la clementia de Nuestro Señor, y en la piedad de Nuestra Señora, la Virgen María, madre suia, yo le prometo, si escapare de esta enfermedad, de llevarle a ver y visitar el su santo cuerpo de la dicha santa, y llevarle una libra de cera para le ofrecer». El qual voto hecho —sean dadas gracias a Dios y a Nuestra Señora— luego fue mejorando y tuvo mucha salud.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El qual enfermo y io vinimos a visitar esta Santa María de Ajofrín con mucha salud y cunplimos nuestro voto. Y porque esto es verdad, yo el dicho Martín Díaz, clérigo, estoi presente oi sábado, a siete del mes de maio dentro del dicho monasterio, manifestando este tan gran milagro, alcançado por méritos de la bienaventurada María de Ajofrín. Y escrebí de mi mano todo lo sobredicho por más lo corroborar, y confirmé de mi nombre, oi sábado del sobredicho año de 1490, Martínez Díaz, clérigo capellán de dicho lugar ''[26]''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Capítulo 48'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''De las cosas que Nuestro Señor á demostrado por esta su sierva después que fallesçió, y muchas por negligentia no se han escrito, más las que se han escrito son las siguientes:'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''De cómo sanó a un enfermo por su orationes'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En la cibdad de Toledo estava un canónigo enfermo de calenturas y tan fatigado que le avían dado muchas purgas, y estando esperando el pasamiento de la vida enbiava a los monesterios a se encomendar y ia no avía remedio. Y estando ya oleado, envió a este [fol. 225v] monesterio de la Sisla a encomendarse a la bienaventurada virgen María de Ajofrín con mucha devotión. Y estando durmiendo de noche el dicho canónigo, avía de tomar a la mañana una purga, y apareciose la dicha María de Ajofrín, y despertando, sintiose aliviado. Viniéndole a dar la purga dijo que no la quería recebir, sino que le diesen de comer. Y luego se levantó y enbió a este monesterio para que colgasen a do estava enterrada la dicha María de Ajofrín una candela y una cabeza de cera, y después vino él, dado gratias a Dios, y dijo missa.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Capítulo 49'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''De cómo sanó a Don Alonso, hijo de la Condesa de Paredes'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En el mes de setiembre, año de mil y quatrocientos y ochenta y nueve, enfermó Don Alonso, canónigo, hijo de la Condesa de Paredes, de calenturas continuas y fiebre mui grande en la cabeza. Y estando ya oleado y muy propinquo a la muerte, envió a este Monesterio de la Sisla a se encomendar a esta bienaventurada virgen María de Ajofrín, y fuele llevada una almohada en que avía fallesçido la dicha virgen, y luego fue sano y vino a este monesterio y tuvo novenas, y ofreçió una imagen de cera y una casulla.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Capítulo 50'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''De cómo sanó una mula de un fraile de Guadalupe'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En este mesmo tiempo, dos frailes de Guadalupe yban camino y caió una mula y lisiose mui mal, [fol. 226r] en tal manera que no podía moverse, y encomendáronla a esta bienaventurada Santa María de Ajofrín. Y luego fue sana de todo punto y ellos con mucho placer hizieron hazer una imagen de çera y enbiaron a este monesterio.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Capítulo 51'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''De cómo sanó a un tollido'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
A nueve días del mes de setienbre año de 1499 años, vino a este monesterio un hombre que avía por nombre Juan de Pastrana y su mujer, y truxeron un niño, su hijo, que avía nonbre Nucho Sebastiano, los quales moran en Toledo. Y el niño avía grandes días que estava malo y tullido, y su padre avía gastado en físicos lo que tenía y no lo avían podido sanar; y encomendáronlo el padre y la madre a María de Ajofrín y velaron una noche en la iglesia y ubo salud a gloria de Nuestro Señor. Y fue dicha una missa.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Capítulo 52'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''De cómo sanó a una mujer que estava mala de un çaratán en la teta'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En este tiempo, una mujer que se llamava Juana de San Migel, beata de la tercera regla de San Francisco, moradora en Toledo, estava mui mala de un çaratán que tenía en una teta, y avían çinco años que se le curavan físicos y todos ellos no avían podido sanalle. Y ya desahuizada dellos, algunas personas le aconsejaban que por que no muriese le fuese cortada la teta con consejo de los médicos. Y con esto tenía calenturas con- [fol. 226v] -tinuas seis meses avía y ella viéndose en esta angustia, oída la fama desta santa mujer, fue a visitar su cuerpo al Monesterio de la Sisla y, entrando do estava enterrada, sintió un olor celestial que salía de la sepultura, y ella con mucha devotión y lágrimas echóse sobre la sepultura rogándole la quisiere aiudar, y por su ruego sanar. Y luego fue sobre ella la mano de Dios y fue sana.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Capítulo 53'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''De cómo sanó a una niña que tenía tiña'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Esta sobredicha beata tenía una niña enferma de tiña y encomendola con devotión a la dicha María de Ajofrín. Y luego fue sana por los sus ruegos. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Capítulo 54'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''De cómo sanó a una mujer que estava enferma de los pechos'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
A dicho monesterio vino una mujer a bisitar el cuerpo de María de Ajofrín y hazer oratión a él, la qual mujer se llamava Marina Álvarez, y dijo que ella estava enferma de los pechos de tal manera que ya estava oleada y los físicos le avían dado dos captiverios de fuego y estava mui fatigada. Y fuela a visitar García Sánchez de Pastrana y le dijo que se encomendase a María de Ajofrín, el qual le llevó su Vida y se la leió, y ella con mucha devotión fue a la casa de Doña Mari Garçía y allí le fueron puestos sobre los pechos unos paños que fueron de la sobredicha virgen, y luego reventó la inchazón y fue sana de la dicha enfermedad sin ninguna física, ni menos mediçina.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Capítulo 55'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[Fol. 227r] '''De cómo sanó a un relixioso que tenía una enfermedad en un ojo'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
A ocho días del mes de otubre del dicho año, vino a este menesterio un fraile professo del Monesterio del Paso, que es San Xerónimo de Madrid, que avía por nonbre Fray Gabriel de Coacos de la Vera de Plasentia, y dijo que estando enfermo de una hinchazón que tenía en un ojo, el qual le tenía mui malo, y aviéndoselo de abrir con botones de fuego, un día antes se encomendó a esta santa mujer, y ovo remedio y se le abrió la hinchazón y luego estuvo bueno.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Capítulo 56'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''De cómo sanó una mujer tullida'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Este dicho fraile fue a su tierra y halló una su hermana tullida y él díjole y contole lo que le avía acaeçido de la dicha enfermedad que avía tenido. Y tomando su hermana mui gran devotión a la dicha María de Ajofrín, hincose de rodillas en su casa y enpeçó a orar, rogando a Nuestro Señor que por méritos de aquella su sierva, que ansí abía acorrido a su hermano, la quissiese a ella acorrer y sanar, que estava tullida. Y aiudándola a esto una niña que tenía chiquita, a la qual mandó que orase con ella, y acabada la oratión, cosa de mui grande maravilla, fue sana del todo y enbió al Monesterio de la Sisla unas piernas y un rollo de çera, dando muchas gratias a Nuestro Señor dador de todos los bienes.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Capítulo 57'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''De cómo sanó un hombre que estaba hinchado'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En el mes de otubre dese mesmo año, un mozo que estava en la cozina, que se llamava Rodrigo, estava hinchado [fol. 227v] de una enfermedad que avía pasado, y fue con devotión al sepulcro donde estava enterrada esta sierva de Dios. Y fuéronle puestos unos paños que fueron de la dicha santa y súpitamente fue sano y no sintió más fatiga de la dicha hinchazón.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Capítulo 58'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''De cómo sanó a una niña'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En el mes de noviembre del dicho año estava una niña mui fatigada de calenturas y su madre encomendola a esta dicha santa, y luego fue sana y hizo a Dios muchas gracias traiendo la dicha niña al sepulcro.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Capítulo 59'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''De cómo sanó un escudero'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El día de San Martín de dicho mes, vino aquí un escudero burgalés, el qual estando de calenturas y mui gran dolor de cabeza, en Toledo oió decir de la fama desta santa mujer y encomendose a ella con mucha devotión y uvo salud. Y vino con alegría a hazer oratión, el qual ofreció una cabeza de çera. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Capítulo 60'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''De cómo sanó un niño'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Un hijo de Garci Sánchez de Pastrana, estava a la muerte de calenturas, y el padre encomendolo con mucha devotión y vino a velar a este monesterio, y uvo salud por ruegos desta santa mujer. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Capítulo 61'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''De cómo sanó a una mujer'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El mes de diciembre dese mesmo año enfermó una mujer de Toledo y estava mui fatigada, y vino a este monesterio a hazer oratión y fue sana. Y traxo una ymagen de çera dando muchas gratias a Dios.  &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Capítulo 62'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''De cómo sanó un niño'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Un niño estava mui fatigado de calenturas [fol. 228r] y su madre encomendole a esta santa mujer y uvo salud. Y trúxole a su sepultura y ofreció un bulto de çera.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Capítulo 63'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''De cómo sanó un enfermo'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Martín de Rojas estava enfermo de muy grandes calenturas y encomendose con devotión a esta santa virgen. Y veló una noche y diole Nuestro Señor salud y puso una candela de çera en su sepultura.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Capítulo 64'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''De cómo sanó un hombre que traía hinchada la cara'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Víspera de Nuestra Señora de la Candelaria, vino un hombre que avía por nombre Miguel Hornero y traía hinchada la cara y un ojo, y vino con intención de encomendarse a esta santa virgen. Y llegando al sepulcro fue luego sano, que no le pareçió ninguna cosa de hinchazón.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Capítulo 65'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''De cómo sanó a un mozo que traía hinchada una pierna'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Un mozo de los frailes de Guadalupe, hinchósele una pierna y fue llevado a su sepulcro y hecha oratión, luego fue sano del todo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Capítulo 66'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''De cómo libró una mujer preñada'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Una muger de Pedro de Toledo Pedrero estava preñada, y llegada a la ora del parto atravesosele la criatura en el cuerpo y estava, según natura, para fallesçer, y fue encomendada a esta santa, y pusieronle unos paños desta dicha santa y luego echó la criatura.  &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Capítulo 67'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''De cómo sanó un niño'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Aquí vino Alonso del Ágila y truxo un su hijo, el qual venía con calenturas, y puesto al sepulcro, luego se enfrió y se le quitaron a gloria de Dios.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Capítulo 68'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[Fol. 228v] '''De cómo una carta quemada, fue sana por su orationes'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Una vez estava la bienaventurada María de Ajofrín escribiendo una carta para el cardenal de España Don Pedro de Mendoza, y ella la notava y otra hermana la escribía, la qual avía por nonbre Inés de San Nicolás. Y como ya la uviesen escrito y no tuviesen salvado pare le echar, llegáronla al fuego para la enjuagar, y tanto la llegaron que se quemó, en la manera que la avía de tornar a trasladar. Y sintiendo desto enojó la escribana por quanto era mui gran carta. Díxole esta santa mujer: «Ydos vos agora y no aiades turbation». Y tomó la carta y echola en un arca, y otro día fue la dicha escribana para trasladar la dicha carta, y al tiempo que la fueron a sacar halláronla sana. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y en diez y seis de abril de 1490 años fue sacado de la sepultura en que estava el cuerpo desta santa mujer, a ruego de la Condesa de Fuensalida y el clavero de Calatrava y Don Alonso de Silva, y fueron hallados sus güesos parecer manar un licor a manera de aceite y dieron suaves olores, lo qual sintió el prior Fray Juan de Corrales y otros muchos religiosos y seglares. Y mandó el prior llamar al convento y tañer los órganos y las canpanas, y el dicho Don Alonso de Silva traxo una arca guarneçida de seda por dentro y candelas para todos los frailes. Y mui honradamente con cruz, y cirios y ministros, los sacerdotes la llevaron con mucha alegría cantando ''te deum laudamus''. Y fue pedida agua, y luego llovió después tan abundantemente que claramente paresció a todos que por sus méritos el Señor lo hazía. Y fueron remediados los panes, al qual sea gloria, amén.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[Fol. 229r] Esta santa mujer estuvo en la iglesia para la mostrar a los que venían treçe días, y fue después sepultada en la sepultura que edificó la dicha condesa a la mano derecha de la iglesia. Y Santos Fernández dexara hijo ollero estando a la muerte, y oleado fue prometido a esta santa virgen por Juana Martínez, la de Antón Sánchez, y alcançó salud. Y el dicho con su mujer vino a cunplir el voto, que fue esto martes a cinco de maio del dicho año; afirmose ansí ser verdad, estando presentes Antón Nejas y su hermano Martín de Cálix, y Fra Migel de Ocaña, y Fra Alonso de San Migel, y el dicho prior. Y el conde de Oropesa enbió aquí un su hijo y una su hija a visitar y a velar a esta santa mujer. Y dixeron los que venían con ellos que los susodichos hijos del conde avían estando mui enfermos y que la hija avía estado en el artículo de la muerte, y que más la tenían por muerta que por biba; y que la encomendaron sus padres a la dicha María de Ajofrín, y que avía tenido salud, amos a dos, los quales ofrecieron una imagen de platea y una palia y una cruz de oro broslada y tres imágines de cera, a veinte días del mes de novienbre del año de 95.  &lt;br /&gt;
 &lt;br /&gt;
Y Pedro de San Pedro, vezino deToledo, truxo aquí un bragero de un niño, el qual estava quebrado, el qual avía sanado. La maior Catalina de San Lorenço dixo que, entre muchas virtudes que tenía esta santa virgen, era una la humilldad, que como estuviese con su regimiento [fol. 229v] los viernes que tiníen culpas, las hermanas venían a ella, la dicha María de Ajofrín, y le rogaba que la mandasen comer en tierra y pasasen sobre ella las hermanas.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Capítulo 69'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Hablando de una carta que enbió el Cardenal a la dicha María de Ajofrín'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
«Devota y mui amada hermana, con vuestra carta y con lo que el padre prior de la Sisla me dijo, uve gran consolación. Nuestro Señor Dios, que os puso en tal estado, os deje acabar en su serviçio, y a mí dé graçia que pueda hazer su voluntad y poner en obra lo que vos me aconsejáis. Y ansí os pido que lo demandéis a Nuestro Señor y a la Bienaventurada Madre suia, y en vuestras orationes me enconmiendo, y porque yo hablé al padre prior, no digo aquí más. Primero de enero. Cardenal».&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Después de la muerte de María de Ajofrín, murió dicho cardenal, el qual estuvo enfermo muchos días, en los quales hizo por su ánima muchas obras pías, y mandó después de su muerte se hiziesen aquí, en Toledo. Y murió el padre en estos tienpos santamente. Y se cumplió lo que dixo María de Ajofrín en la revelatión quando le puso Nuestra Señora el niño en las manos sobre un paño de seda, y le dijo que vería gran mortandad en todos estos reinos. Y aquí se cunplió lo que dijo, que feriría el ángel a unos con açote y a otros con espada, y los otros con pena de fuego; a los que firió el ángel con azotes cunpliose: que se entiende de las hanbres [fol. 230r] que uvo en todos estos reinos; a los que fería el ángel con espada, cunpliose: que uvo en todos estos reinos mui gran mortandad; a los que firió el ángel con pena de fuego, cunpliose: porque vinieron muchas bubas sobre muchos honbres y mugeres, los quales no podían ser sanos por los físicos.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Fin de los mirragros que hizo la bienabenturada María de Ajofrín a honra y gloria de Dios Nuestro Señor, por quien se hacen todas las cosas'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Traslado de una carta del cardenal Don Pedro González de Mendoza, Arçobispo de Toledo, para el prior de la Sisla sobre la visión que vio María de Ajofrín, en el capítulo que habla quando vio a Nuestra Señora en la iglesia maior, lo qual está a diez hojas de este libro. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
«Venerable padre y especial amigo, esta noche pasada, a  las dos de medianoche, tomé letura que me dexastes, y nunca la partí de mis ojos hasta que capítulo por capítulo la leí toda. Que magis admiror, si cordi meo a desil ut niquit in his Revelationibus exercendis tardius duo dubitarum ultimum vidi fillud celesti nisi nimum nota vii confirmatur de tales testigos, varones y mugeres, a quien toda fe se deve dar; y a qualquiera dellos yo la daría aunque solo fuese, quánto más a todos juntos, excepto a la hermana maior que por tener el cargo que tiene [fol. 230v] está aprobada de suio. Y también conozco al prior que es hombre de bien y digno de fe. Y maravillome de tantas visiones yn spirítu y corpore, y principalmente me maravillo en mujer hallarse tanta dureza y no querer decir lo que tantas vezes sintió, maiormente siendo mandada por quien todo lo manda. Los quales señal de su gran humilldad, y del menospreçio que tenía de la gloria mundana. Allende desto, venerable prior, por mi parte para lo que me toca, dalde las gracias; y Dios, Nuestro Señor se las dé, y la pena que pasó le sea en doblada gloria, y siendo alguna cosa que io pueda hazer por su consolación, ofrécesela vos de mi parte mui enteramente y recomendadme a ella rogándole que me aia por encomendado, rogando a Nuestro Señor me deje acabar en su santo serviçio, y encomendalde ansimesmo ruege por el estado de la Santa Yglesia y destos reinos, reies y príncipe, y por la reina, nuestra señora, que es sostenimiento y justiçia y paz dellos, que les dé vida y esfuerço para llevar adelante los trabajos que pasan sobre ellos y conservarlos. &lt;br /&gt;
El quaderno os enbío, el qual será secreto y ansí va atado que persona sino io no sea visto ni sabrá, ni se vos permite. Válete en Jhesucristo. Fecha: oi martes a çinco de dizienbre. Cardenal».&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Hablado del testimonio que da el notario que se halló presente a ver la llaga del costado de la bienaventurada María de Ajofrín, el qual está signado y firmado de su nonbre.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[Fol. 231r] «Deçente y cosa conveniente es escrevir por memoria las buenas obras y vidas de las personas que nos precedieron, parte que podamos por los buenos ejemplos de aquellos obrar sienpre bien e nos esforçemos sienpre a apartarnos del mal. Cosa cierta es que, si lo preçioso no fuese apartado de[l]lo, no falsa cuncupiscencia loca, no bastante deste temperar sería demergida por discurso mui ligero en un escuro hundimiento. Por tanto, yo, Garçía de Borlanja, capellán de la serenísima reina Doña Isabel, notario y arçobispal, afirmo y doi fe que en el año de la Natividad del Señor de 1484, a diezinueve de noviembre, casi seis horas después de mediodía, por ruego y instançia de Juan de Biezma, que entonces era rector de la casa de Doña Mari Garçía, entré en la dicha casa para que notase lo que viese, y ansí notado lo guardase. Después pasados algunos días, aunque no muchos, quise demostrar lo que avía visto al reverendo prior de la Sisla, Fray Juan de Corrales, considerando aquel dicho del eclesiástico en el cap. XI, que provecho ai en el tesoro abscondido. Por el qual dicho, por muchas vezes me mandó que aquello que avía visto se lo diese por escrito, mas yo por entonces no pude satisfazer a su voluntad por muchas ocupaciones que tenía aunque, allende de lo tener escrito en el coraçón, lo tenía en mi protocolo hasta diez días de noviembre del año de Nuestro Señor de 1496, y es que el dicho Juan de Biezma me metió en un palaçio de la dicha casa, en el qual estaban los reverendos señores, Don Pedro de Préxamo, deán de Toledo, y don Diego de Vidaminaia, capellán maior en el coro de [fol. 231v] la santa iglesia de Toledo, y dos o tres religiosas de la dicha casa. Y vi una cama en aquel palaçio que estava una donzella que verdaderamente parecía bulto de ángel y tenía una llaga en el costado, donde Nuestro Redentor fue herido, tan grande como un real, y no tenía hinchazón y careçía de toda putrefaçión, y tenía un color mui fino ansí como grana. Y después que todos lo vimos y uvimos mirado, a poco de rato habló aquella doncella estas palabras: “Dios, Nuestro Señor, vos lo demande si no pusiéredes aquello en executión”. Y ansí espantado me aparté dende y me torné a salir, en fe de lo qual lo signé y firmé de mi nonbre, que fue hecho en Toledo, año mes y día».&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''Quibus supra graciamus aff notarial por terceras nonas augusti.''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''Per labor inprobus homnia vincit''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''Fray Bonifacio de Chinchón'' ''[28]''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''Per hec est que nesçivit  torf in delicto'' ''[29]''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
=== Notas ===&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[1]'' Frase latina de difícil lectura.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[2]'' Folio escrito por otra mano.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[3]'' Subrayado: ‹fallesció en la dicha cibdad, año del nacimiento del Salvador de mil y cuatrocientos  ochenta y nueve años, sábado, a diezsiete días del mes de julio›.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[4]'' Tachado: ‹aiuda›.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[5]'' Tachado: ‹mundo›. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[6]'' Tachado: ‹azotes›. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[7]'' La versión correcta sería ''inter lepram &amp;amp; lepram''. Esto es una referencia a Deuteronomio 17:8 en la traducción de la Vulgata: ''Si difficile et ambiguum apud te iudicium esse perspexeris inter sanguinem et sanguinem, causam et causam, lepram et lepram''… ‘si te fuera difícil discernir entre un homicidio y otro, un litigio u otro, una herida u otra…’.&lt;br /&gt;
 &lt;br /&gt;
''[8]'' Tachado: ‹herexía›. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[9]'' Tachado todo el capítulo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[10]'' Tachado: ‹en demás›.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[11]'' Puede referirse a la hora de sextas, una de las horas canónicas en los monasterios, alrededor de las 12:00.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[12]'' Repetición de: ‹truyga›.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[13]'' Se refiere a la población llamada Villaminaya en la provincia de Toledo. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[14]'' Tachado: ‹y esta›.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[15]'' Tachado: ‹cerrado alderredor›.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[16]'' Palabra no clara.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[17]'' Palabra no clara, seguramente ‹erupciones›.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[18]'' Repetición: ‹parecía›.&lt;br /&gt;
 &lt;br /&gt;
''[19]'' Palabra no clara.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[20]'' Palabra no clara.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[21]'' Palabra no clara.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[22]'' Repetición: ‹estando›.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[23]'' Tachado: ‹De cómo le apareció la calavera›.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[24]'' Palabra no clara.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[25]'' Palabra no clara.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[26]'' Rúbrica.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[27]'' Tachado: ‹dicha›.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[28]'' Rúbrica.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[29]'' Mancha de tinta; frase latina de difícil lectura.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
=Vida manuscrita (2)=&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Ed. de [http://visionarias.es/equipo/celia-redondo-blasco/ Celia Redondo Blasco] y [http://visionarias.es/equipo/rebeca-sanmartin-bastida-investigadora-principal/ Rebeca Sanmartín Bastida]; fecha de edición: septiembre de 2017; fecha de modificación: septiembre de 2020.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==Fuente==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[[Archivo:II María de Ajofrín.jpg|250px|right|Manuscrito|link=]]&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
* [http://catalogodesantasvivas.visionarias.es/index.php/Categor%C3%ADa:Juan_de_la_Cruz Cruz, Juan de la], 1591. ''Historia de la Orden de S. Hierónimo, Doctor de la Yglesia, y de su fundaçión en los Reynos de España''. Esc. &amp;amp;-II-19 fols. 258v-267v.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[[Contexto material del manuscrito de El Escorial, MS &amp;amp;-II-19]]&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==Criterios de edición==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Dado que se trata de una copia manuscrita de la segunda mitad del siglo XVI que bebe de fuentes más primitivas, los criterios de edición son conservadores.&lt;br /&gt;
Se mantienen los grupos cultos, que podrían mostrar el uso eclesiástico o de las fuentes consultadas: &lt;br /&gt;
* s líquida en spirituales&lt;br /&gt;
* formas cultas como –mpt- en Redemptor, -th- en tesoro, -ct- en sancta&lt;br /&gt;
* consonantes geminadas, ll, ff&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Se respetan las oscilaciones y variantes de las sibilantes.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Se mantiene la oscilación i/y y v/b y se regularizan las alternancias gráficas sin valor fonético: i/j, u/v.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Se conserva ''dello'', ''desto'', pero se separa mediante apóstrofe cuando la forma aglutinada incluye el pronombre personal masculino singular: ''d’él''. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
La puntuación y la capitalización han sido modernizadas, si bien se mantiene el uso del paréntesis para indicar observaciones digresivas según el original.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==Vida de María de Ajofrín==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Capítulo undécimo'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[fol. 258v] '''De la vida sancta y maravillosa de María de Ajofrín, religiosa en el Monasterio de Sant Pablo de Toledo'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
La hystoria desta bienaventurada María de Ajofrín se halla escripta en algunas partes, tomado de lo que fray Joan de Corrales, prior del Monasterio de la Sisla de Toledo, recogió, vió, tractó y entendió de personas de autoridad y credo, [fol. 259r] que por ser tantas y tan largas las maravillas que se hallan, y milagros que Nuestro Señor obró por esta su sierva, los que las han puesto antes de agora en hystoria han procurado abreviarlas, tomando lo más essençial y verdadero. Y ansí se hará aquí, aunque la manera de la scriptura de los unos no parezca conformar en el dezir y hablar con la de los otros, que no será de inconveniente trocar los lugares y dezirlo por otros términos, no saliendo de la verdad que ello tiene y se le debe dar. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Fue natural María de Ajofrín de un lugar çerca de la çiudad de Toledo que se llamava Ajofrín, hija de padres onrrados, temerosos y siervos de Dios que se llamaban Pedro Martín y Mariana Garçía, ricos y prosperados de bienes temporales. Desde su niñez se le vio grandíssima inclinaçión a las cosas del serviçio de Dios y una prudençia y agudeza de spíritu que ponía admiraçión. Muchos la miravan y muchos la querían y amavan por sus inclinaçiones tan virtuosas y endereçadas al Çielo, y la demandavan y pedían a sus padres en casamiento, y la sancta donzella, que lo entendía, resistía con ánimo varonil a todos los que hablavan en esta materia, porque en ninguna cosa sentía gusto sino en oýr cosas graves y spirituales. En estos pensamientos se ocupava mucho, y con ellos renovava mill deseos, mill propósitos de juntarse con Dios y mejorarse cada día más en su amor y serviçio. Para excusar la inquietud que para esto le causavan las pláticas de los casamientos, sin consejo ni pareçer humano (aun siendo pequeña) hizo voto de guardar su limpieza y entrar en religión, de lo qual tuvieron gran sentimiento sus padres (que es offiçio de la carne y sangre por el apartamiento de los hijos que en vida se entregan a la muerte de la religión), mas como la vieron con tanta entereza en este propósito, que no la podían apartar d’él padres, ni hermanos, ni parientes, ni halagos y regalos con grande desgraçia y aborreçimiento de todos, la llevó su padre a la çiudad de Toledo, por importunaçión [fol. 259v] suya, siendo ya de quinze años. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Entraron en la iglesia mayor, sin saber dónde yr otra parte, y por orden del spíritu sancto, tuvieron allí noticia del monasterio de las beatas de la Orden de Sant Hierónymo que se dize de Sant Pablo, que, aunque no tenían estrecho ençerramiento de monjas religiosas, tenían la de mucha observançia y guarda de religión. Inspirada la sancta donzella que aquella era su vocaçión y lo que buscava para su deseo de servir a Nuestro Señor, fuesse luego al monasterio, y las religiosas d’él la reçibieron con grande alegría y voluntad, admitiéndola a su compañía y al hábito. Puesta en este estado tan deseado y pedido a Nuestro Señor, todo su cuydado, deleite y regalo ponía en ocuparse en los exerçiçios sanctos y en la oraçión y meditación, derramando multitud de lágrimas de los ojos, con grandes sospiros y gemidos, tiniéndose por la más vil peccadora y indigna de todas las mugeres. Quien labra una gran casa o torre abre los çimientos conforme a la grandeza del edifiçio, y sin ellos no se haze nada, y ansí es menester sacarlos para la perfectión de la vida christiana, que es la mayor y más alta fábrica de quantas acá se entienden. Esto hace la humildad, y desta gran virtud hazía provissión María de Ajofrín, de manera que, en su reputaçión y estima, no hallava en el monasterio persona más baja ni menos ser ni más nada que ella, y lo mostrava en su persona, vestido y pensamiento, y en los exerçicios humildes y bajos y en los demás exerciçios que havía desta manera en el monasterio. Lo que en su alma hazía grande impressión eran las palabras divinas, donde quiera y como quiera que las oyese, y todo era muestra que quanto tratava y pensava era cómo más amar a Dios y sentir de sí misma ser nada, y estimar y preçiar a todos mucho y amarlos en Dios y por Dios. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Pasados más de diez años de su recogimiento en el monasterio, quiso hazer una confessión general de toda la vida pasada, y tomó tan de veras y con tantas lágrimas de congoja y afflictión quererse asegurar si avía hecho lo que devía en aquella preparación para que Nuestro Señor le perdonase sus peccados que, [fol. 260r] entrando el día de su confessión en el confessionario, se derribó en el suelo delante de una ymagen de Nuestra Señora, que estava allí con su hijo benditissímo en los braços, al qual pedía por su intercessión de su santíssima madre le declarase si quedaría con seguridad de la vida pasada con aquella confessión y se le perdonarían todos sus peccados. Súbitamente, estando en esta oraçión con mucha ternura y lágrimas, vio una gran claridad que çercava la imagen, y que el sacratíssimo niño levantava la mano a la manera que el sacerdote la pone quando absuelve. Espantada de ver esta maravilla, y muy turbada en su spíritu, se puso a hazer confessión lo mejor que pudo, y, acabada, volvió a hazer oraçión a la imagen, y vió la misma claridad y la mano del niño alçada, con que quedó bien esforçada en el fervor y amor de Dios y guardó el secreto de la visión, que no lo descubrió sino a solo el prior fray Joan de Corrales, çertificándole que desde aquella hora le quedó tan gran movimiento en el coraçón que, de los golpes que sentía que le dava, a tiempos le pareçía que se le quería salir del cuerpo.  &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Muchos regalos tuvo de aý adelante de Nuestro Señor, y no muchos días después, quedándose una noche sola en el coro orando por el estado de la Yglesia, vio que de la custodia donde está reservado el sanctíssimo sacramento salía grandíssimo resplandor, que duró por el spaçio de una hora, mientras ella estava con fervor en la oraçión, y, acabada, no apareçió más aquella celestial claridad. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Estos son los regalos que Dios haze a los que de veras le buscan con amor divino que les sale del alma, y les manifiesta cosas maravillosas de su gloria, certificándoles con ellas quán agradables le son sus intercessiones y oraçiones y quán poderosos para alcançar quanto se pide y desea, que son dardos o saetas, como los doctores las llaman. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Haviendo de reçibir el día de la Resurrectión el santíssimo sacramento, hizo tanta preparaçión el sábado sancto antes que en toda la noche no durmió ni descansó, velando, orando y llorando, y por toda la casa buscava los rincones para hallarlos como los hallaba buenos para su oración, demandando limpieza a Nuestro Señor para llegarse a recebir [fol. 260v] tan gran bien y thesoro inestimable del alma. Venida la hora de la comunión, llegó con las otras hermanas a comulgar y reçibió el sanctíssimo sacramento ''[1]''; causole tanta devoçión, contento y alegría este admirable y divino sacramento ''[2]'' que luego se elevó, y quedó como absorta y muerta, y por quinze días continuos con las noches no durmió, pasando todo este tiempo en llorar y orar. Quedole desde este día que cada vez que se llegava a recebir el santíssimo sacramento se quedava elevada y enagenada de los sentidos exteriores, y con un ''[3]'' grande dulçor maravilloso en el coraçón, en la garganta y en la boca que le durava por quarenta días. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Aunque todo su quydado era encubrirse, que no lo supiessen ni entendiesen las hermanas, era trabajo escusado querer cubrir el sol quando está más claro en medio del día, y así lo veýan y entendían todas, y que todo el resto de la noche velava, oraba y llorava, si no era algún pequeño espaçio que tomava para repararse el sueño. Al mismo prior manifestó estas maravillas del santíssimo sacramento, y que los días que sentía el divino y celestial dulçor los pudiera pasar sin comer ni tomar cosa alguna de mandamiento, si no fuera por huyr de la singularidad y juizios que suelen tener los hombres. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Capítulo duodécimo'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''De otras cosas maravillosas que acaescieron a esta sierva de Dios y la manifestación de la llaga en el costado'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Creçía tanto esta sancta donzella en el amor de Dios, verdadero esposo suyo, que cada día le comunicava grandes dones y hazía muchos favores y mercedes, y entre otras conoçió por spíritu lo que en una fiesta de Todos los Santos le había de succeder después que huviese reçebido el santíssimo sacramento y previsto [fol. 261r] que se pusiese cuydado en llevarla luego a una parte secreta y escondida (pero nunca tan escondida y secreta que no viniessen a descubrirla, porque muchas vezes el Çielo tenía este cuydado de mostrarla con luz visible), rogando a la madre del monasterio que diesse cargo a quien la llevase antes que se arrobase y transportasse reçibiendo el santíssimo sacramento. No fue menester esta diligençia porque fueron tantos los lloros y gemidos de los grandes dolores que sintió en el coraçón en reçibiendo el santísssimo sacramento y antes que se traspusiesse, que no pudo excusar que no se entendiesse con quánta fuerça se hazía a pasar aquellos dolores y tormentos. Aquí se enagenó como solía y le fueron descubiertos algunos secretos de descuydos de personas particulares que ella procuró se emendasen con avisos y amonestaçiones que hizo a quien tocava, como negoçio que era de Dios, que es el que sabe, penetra y conoçe los coraçones.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Tenía ya esta sancta muger tanta privança con Nuestro Señor, y era tan ençendida su charidad y amor en servirle con perseverançia, que le fue parte para declararse en su favor más particularmente su Magestad Divina con asombro de todos y en don y señal de su passión y llaga en el costado, que a pocos se a concedido. Hallose un día en el costado una abertura que cupiera por ella el dedo pulgar de un hombre, que le causó grandes dolores por veinte días con la llaga abierta, de la qual los viernes corría más sangre que los otros días (aunque en todos corría alguna) y nunca pareçió en ella materia ni se applicó mediçina ninguna mas de paños limpios, quitando unos y puniendo otros, y estos quedavan tan roxos como un carmesí, que mostravan bien quán viva sangre era la que salía y sin corrompimiento alguno. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Con los grandes dolores que la sancta donzella padeçía, le faltavan las fuerças para llevar tanto trabajo y no cessava de pedir a Nuestro Señor su ayuda y favor en ello, y divinalmente le fue revelado que aquella maravilla la descubriese a la priora del monasterio y a otra religiosa que se dezía Theresa, a las quales, quando vieron la llaga y los paños vañados en [fol. 261v] sangre les causó admiraçión, y ellas lo dixeron al confessor de la casa, que estuvo bien incrédulo y duro en creerlo. Y quisieralo deshacer dando a entender que era imaginaçión y engaño de mugeres, mas quando lo vio con los ojos quedó espantado y maravillado, y no fue en su mano dejarlo en secreto, sino dezirlo y revelarlo a personas principales, como fueron don Pedro Préxano, deán de Toledo, y a Diego de Villaminaya, capellán mayor del coro de la santa yglesia, que dieron dello fee y testimonio habiéndolo visto. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Entraron, pues, estos dos eclesiásticos en el monasterio, y el confesor de las religiosas, Juan de Viezma, llevó a Graçián de Berlanga, capellán de la Reyna Doña Ysabel y capellán apostólico y de la audiençia Arçobispal, y todos juntos, con la priora y religiosa Theresa, vieron la llaga y la tocaron, y el capellán mayor tomó un paño vañado en sangre y, mirándole todos con cuidado, les pareçió que la llaga de donde salía era causada divinalmente y no con occasión de arte humana. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El notario escribió el testimonio que aquí va ynserto, sacado letra por letra del original, que yo he visto en el archivo del Monasterio de la Sisla de Toledo, firmado y sellado del mismo notario, que es el que se sigue:&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
“Deçente e cosa convenible es escribir por memoria las buenas obras e vidas de las personas que nos preçedieron, por que podamos por los buenos exemplos de aquellos obrar siempre bien e nos esforçemos apartar siempre del mal. Cosa çierta es que, si lo preçioso no fuesse apartado de lo no tal, la concupisçiençia loca non bastante desetemperar, sería demergida por curso muy ligero en un escuro tragamiento. Por tanto, yo Graçián de Berlanga, capellán de la sereníssima reyna Doña Ysabel, nuestra señora, notario apostólico e arçobispal, affirmo y doy fee que en el año de la Natividad de Nuestro Redemptor e Salvador Jesuchristo de mill e quatroçientos e ochenta y quatro, diez y nuebe de noviembre, quasi seis horas después de mediodía, por ruego e a instançia de Juan de Biezma, que entonçes era rector de la casa de Doña Mari Garçía, entré en la dicha casa para que notasse lo que viese, e así notado lo guardase. Después, pasados algunos días (aunque non muchos), quise demostrar lo que avía visto [fol. 262r] al reverendo padre prior de la Sisla fray Juan de Corrales, considerando aquel dicho eclesiástico en el capítulo quarenta y uno: que provecho ay en el thesoro escondido, etc., el qual dicho señor muchas bezes me mandó que aquello que avía visto que ge lo diesse por scripto, mas yo por entonçes no pude satisfaçer a su voluntad por muchos negocios que me çercavan, ca ello non me davan lugar, aunque allende de lo tener scripto en el coraçón lo tenía en mi protocolo, fasta diez días de noviembre del año del Señor de mill e quatroçientos e ochenta y seis, y es que el dicho Joan de Biezma me metió en un palaçio de la dicha casa, en el qual estavan los reverendos señores don Pedro de Préxano, deán de Toledo, e don Diego de Villaminaya, capellán mayor del coro de la sancta iglesia de Toledo, e dos o tres religiosas de la dicha casa. E viendo en una cama que en aquel palaçio estava una donzella, que verdaderamente pareçia bulto de ángel, y tenía una llaga en el costado donde Nuestro Redemptor Jesuchristo fue ferido, tan grande como un real, e non tenía finchazón y careçía de toda putrefaçión, tenía un color muy fino, ansí como grana, e después que todos lo uvimos mirado, a poco de rato fabló aquella donzella estas palabras: ‘Dios Nuestro Señor vos lo demande si no pusiéredes aquello en execuçión’. Y ansí espantado me aparté dende y me torné a salir, en fee de lo qual lo firme y signé de mi nombre, que fue hecho en Toledo, año, mes, día, quibus supra. Graçianus notarius apostólicus”.  &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Padeçía la sierva de Dios grandes dolores de la llaga, y no solo la atormentava esto sino el mostrarla, estando en la cama cubierto su cuerpo, rostro y manos honestíssimamente, y sólo se veýa la llaga por una sábana abierta a la parte del lado. Pasados los veinte días se le çerró la llaga sin benefiçio ni mediçina alguna corporal, y quedó la señal de la abertura con algún dolor en aquel proprio lugar, y como tenía impresso en su coraçón [fol. 262v] el nombre dulçíssimo de Jesús, y no se le caýa de la boca, favoreçíasse mucho d’él en estos trabajos, y regalábase en estremo con él, mas mucho más la regalaba su Magestad Divina con tan estremados dones y benefiçios de las llagas de su passión, que no la quiso decorar con sola la del costado, sino que, levantándose con la mucha flaqueza que tenía para ponerse en el suelo de rodillas o ençima de la cama, por devoçión de adorar un crucifixo al tiempo que oyó la rueda de las campanillas de la yglesia quando alçavan el santíssimo sacramento en una missa, sintió tan gran dolor en los pies y en las manos que le pareçía que en aquellos lugares le ponían rezios y gruesos clavos. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Como estuviese en esta pena y en la consideraçión de aquellos altíssimos misterios, pareçiole que le traspasaban la mano yzquierda, y fue el dolor tan vehemente que se puso el dedo pulgar de la mano derecha en la palma de la yzquierda, y apretando con el gran dolor que sentía rebentó la sangre, de que ella quedó bien admirada. Procuró encubrirlo con estremado gozo de regalo tan singular de Dios, y traýa la mano cubierta con un lienço sin poner otra medicina, y durole quarenta días, y después de pasados que sanó le quedó señal en la mano izquierda, que fue la que rompió en sangre. Y porque sucessivamente sintiesse en su cuerpo las insignias y dolores de la passión de Nuestro Señor Jesuchristo, sin los tormentos que de ordinario tenía en la cabeça, sintió en ella súbitamente un nuebo y gravíssimo dolor, que le pareçía que le ponían una guirnalda o corona que le çercava la cabeça alrededor y le entraban por ella puntas de clabos con tormento suyo exçesivo, cayéndole gotas de sangre. Aplicábanle diversas medicinas, y ninguna le era de provecho ni era razón que lo fuese, ni que las llagas hechas por la mano del Señor se curasen con la industria humana, y quando su Magestad fue servido y tuvo por bien, le alçó los dolores a su sierva y quedó con entera sanidad de las llagas de la cabeça y costado. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Capítulo décimo tercio'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[Fol. 263r] '''De muchas mercedes y fabores que alcançó de Nuestro Señor esta su sierva'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Christo Nuestro Señor tiene prometido en su evangelio que se nos hará merced de todo quanto pidiéremos orando, con que esto sea pidiéndolo en su nombre al Padre. A esta sancta le acaesçió así muchas vezes quando se hazía como deseaba, porque lo que pedía en sus oraçiones yva en camino al serviçio que se debe a Dios y a la manifestaçión de su grandeza y gloria (y esto era pedir en nombre de Jesuchristo). Sería cosa muy larga dezir todo lo que a este propósito se halla en lo que el prior de la Sisla escrivió, vio, y entendió desta sierva de Dios, y lo que en sus oraçiones, ruegos y interçessiones alcançó de Nuestro Señor a muchos, para provecho y remedio de sus almas y salud de los cuerpos: alguna parte se dize en la crónica que escribió Pedro de la Vega, y por aquello se podían entender las grandes maravillas que Dios obró con ella y las que de él alcançó, y las muchas y grandes revelaciones que tuvo de cosas particulares y el bien que se siguió dellas. Mucho engrandeçe Nuestro Señor a los justos, y está tan atento a las oraçiones y peticiones que muestra lo mucho que pueden con él y quán grandes effectos hacen, como se vio en las de su esposa María de Ajofrín, que no le salieron en vano. Eran tan fervorosas y vehementes que se arrebatava y quedaba sin sentido, como muerta, por grande espaçio, y algunas vezes le acaesçía esto estando presente el prior que escrivió su vida, y una vez le dixo al prior la hermana maior o priora que le mandase por obediençia que despertase y vería la fuerça y virtud que tiene el precepto de la sancta obediençia en tiempos semejantes. El prior siguió el pareçer de la priora, y fue cosa maravillosa que, mandándola con precepto despertar, volvió luego a su sentido y mostró sentimiento grande, como que la uviesen quitado de su contento y regalo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[Fol. 263v] De grandes effectos eran las oraciones desta sancta virgen, y ellas eran las armas con que se valía y en ellas buscava el remedio en todas las cosas. Una vez se vio muy affligida por la grande hambre que havía en la ciudad a causa de las muchas aguas y mucha creciente del río, que no dava lugar a las moliendas. Çinco días antes de la solemníssima fiesta de la Natividad de Nuestro Redemptor, no durmió en toda una noche entera, y viendo que la hazía clara y serena, se subió a un terrado donde veýa el río, y haziendo sobre él la señal de la cruz y bendiçiéndole, se bajó luego a un secreto oratorio y derribó en el suelo a orar, puestos los brazos en cruz. Detuvose grande espaçio en esta manera de oraçión y penitencia, supplicando a la sacratíssima Virgen María, Nuestra Señora (en quien tenía singular devoçión y la tenía por particularíssima señora y abogada), pusiesse su intercesión y pidiesse a su hijo benditíssimo que no mirase a los peccados de aquel pueblo, sino a su misericordia, y súbitamente vio en el oratorio un gran resplandor, apareçiéndole la madre de Dios que le dixo: “Las aguas que en tantos días as visto avían de caer en muy pocos; y la mayor parte en esta çiudad por los pecados que en ella se cometen, mas por tu interçessión y supplicaçión mía, ha alçado Nuestro Señor la mano de su yra”. A todo esto, estava la sierva de Dios María de Ajofrín atenta, los ojos abiertos y las manos alçadas, viendo a la Sacratíssima Virgen María y oyendo sus palabras divinas y regaladas, hasta que se desapareçió, y en ese punto cayó en el suelo la bendita donzella y estuvo algunas horas sin sentido. Quando bolvió en sí, se levantó con un maravilloso esfuerço del cuerpo y del alma, y ninguna de las hermanas entendió este acaesçimiento, ni le descubrió sino al prior de la Sisla.  &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El deán de la santa yglesia de Toledo, que vio la llaga en el costado, con la fe y confiança que tenía en las oraçiones desta bienaventurada, le pidió hiziese oraçión por la paz de çientos de personas discordes de la corte, y la sierva de Dios se subió al mismo terrado una mañana antes del día, en las octavas de la Resurrectión el año mill y quatrocientos y ochenta y quatro, y mirando [fol. 264r] el çielo y suplicando a Nuestro Señor por la paz de aquellos cavalleros cortesanos vio un gran resplandor en el lugar donde naçía el sol, y estúvole mirando hasta que fue hora que saliese el sol, y mirávale sin ningún impedimento tiniendo los ojos fixos en él. Vio ansimesmo el sol que tenía una abertura y ventana, que pareçía más adentro el çielo y salían d’él mayores rayos de claridad y una cruz de oro resplandeçiente, y vio uno en el ayre muy lexos de sí (que le pareçía como la luna) que peleava con otro, y pasado algún espaçio bolviéronse las espaldas el uno al otro. Esta vissión vio hasta aquí, y no pasó delante porque subió al terrado a aquella hora una de las hermanas religiosas, mas puédese creer que por su oraçión se allanó aquella discordia de los cavalleros cortesanos, pues al cabo se hizieron las pazes.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Estando, otra vez, el día del triumpho de la cruz cerca del alva rezando y mirando al çielo y pensando en las grandezas d’él, vio unas llamas, de aý a una hora abierto el çielo, y que por allí salía el sol y se conoçían todas las hermosuras del Çielo. Y luego, otro día, a la hora de terçia, estando en una ventana rezando en un libro, vio cerca de sí un rostro como el de la luna, con muy gran resplandor, y dentro d’el como dos formas de hombres que peleaban el uno contra el otro, y que caýa mucha gente muerta. Dize el prior, que escrivió su historia, que este día prendieron los moros al Conde de Çifuentes. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Una noche de la Natividad de Nuestro Redemptor anduvo con grande consideraçión, atençión y cuydado de saber el tiempo y hora de la medianoche quando Jesuchristo, Nuestro Señor, naçió. Tuvo gran confiança de recebir aquel regalo y merced y púsose a orar delante del altar de Nuestra Señora, que estava muy adereçada y compuesta sobre él su ymagen y una cuna con un niño pequeño adornado con algunas riquezas, y estando en este su deseo, con lágrimas y gemidos vio con los ojos corporales baxar sobre el altar gran resplandor y a Nuestro Señor en figura de niño que naçía de la Virgen María, y cómo le adoraron los ángeles y pastores, y desde algún espaçio llegaron los tres Reyes con tres soles de gran resplandor delante, que, llegando al altar todos tres,  [fol. 264v], pareçieron uno. Pareçiole que esta vissión se detuvo desde las doze hasta las tres, y a esta hora començó la primera missa el capellán mayor de la yglesia y vio, quando salía vestido, que sobre el altar estavan dos antorchas de fuego con gran resplandor, y que los Reyes llegavan a donde ella estava, y no se impedían ninguna cosa para ver los misterios de la missa.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Vio también que cubrieron al sacerdote gran multitud de ángeles, al tiempo que dezía los sanctus, y que quando alçava el santíssimo sacramento le ayudavan a sustentar los braços, y quando llegó el pater noster esta sierva de Dios cayó en el suelo por no poder ya sufrir estar de rodillas, y estuvo de aquella manera hasta las doze del día, gozando de aquellos misterios divinos. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
La santa María de Ajofrín (como la voluntad agena era la suya) declaró al prior de la Sisla todas estas particularidades por tenérselo mandado por obediençia, y esta la forçava y compelía a manifestar lo que ella no quisiera. Son tantos los secretos celestiales que se hallan que le fueron mostrados que sería cosa prolixo ponerlos todos, pues querer hablar en su trato, conversaçión, charidad y menospreçio sería lo mismo. Ella era humildíssima, que en el vestido y trato de su persona lo mostrava bien, y se conoçía en las obediençias y en todas las otras occupaciones y exerciçios humildes, y entre todas era la que con mayor llaneza se mostrava humilde, sirviendo y obedeciendo. Si acaso en el monasterio havía entre ellas differencias (que entre las religiosas ordinariamente son todas niñerías y cosas de poco momento), María de Ajofrín era la que las concordava, porque de aquellas cosas pocas no viniessen a mayores pesadumbres y se abrasase un monte con una çentella. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Buenas prendas tiene de ser hija de Dios la que tiene el alma tan pacífica como esto, que como el mismo Dios dize en el evangelio, naçe todo esto de la charidad, reyna y señora de todas las virtudes. Esta sancta la tenía bien raygada en su coraçón y aposentada con mucha riqueza de adereços de adorno y serviçio, como a madre de todas las otras sanctas virtudes.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Capítulo décimo quarto'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[Fol. 265r] '''De algunas cosas que tuvo spíritu de prophezía María de Ajofrín, y de su bienaventurada muerte'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Entre otros muchos dones que del Çielo tuvo esta sancta virgen, fue uno el spíritu de prophezía y de hazer milagros, que aunque ni lo uno ni lo otro son señales çiertas de tener a Dios en el alma como esposo y como amigo, pero a quien lo es (y tan de veras le amare como esta sancta le amava) suélense hazer muy de ordinario estos favores y merçedes. Començávase a poner y plantar en la ciudad de Toledo la Sancta Inquisición en aquellos días, y esta bienaventurada muger dixo al prior de la Sisla algunos secretos tocantes al Santo Officio de que se maravilló mucho, y como le preguntase que cómo savía aquello, que se le hazía grave y difficultoso creerlo, respondiole que Nuestro Señor le avía aparecido atado a la columna muy llagado y açotado y le dixo que aquello le causavan cada día los herejes, que lo dixese al prior de la Sisla, que es uno de los que entienden en la Inquisiçión, y pusiesen remedio en ello. El prior le dio crédito y lo comunicó con el deán de la sancta yglesia de Toledo, y en presencia de los dos lo bolvió la sancta donzella a dezir, y añadió otras muchas cosas que eran tocantes al Santo Offiçio, amonestándoles de parte de Dios que proveyesen en lo que era su serviçio y dearraygasen las heregías. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Otra vez vio en spíritu que llevavan de la yglesia mayor el sanctíssimo sacramento con gran solemnidad para darle a un enfermo herege, y divinalmente le fue mandado que diesse luego aviso a los clérigos que se bolviessen, y ansí lo hizo con toda diligençia. El ángel que le mandó esto le dixo después, para certificar la visión, que en aquel día vería en la missa distilar gotas de sangre de la hostia consagrada, y así acaesçió, que con los ojos claros y abiertos vio en las manos del saçerdote la hostia consagrada llena de sangre [fol. 265v] al tiempo que la alçó al pueblo para que la viesse y adorasse.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Dos moços livianos tractavan de hazer algún desconçierto en el monasterio, y por spíritu del Çielo lo entendió la sierva de Dios y embió a llamar al prior de la Sisla, y díxole que pusiese con tiempo remedio en el desconçierto que tratavan aquellos moços desasosegados, y el prior lo hizo, y halló ser verdad todo lo que la sierva de Dios le havía dicho. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Reçebía gran pesadumbre esta religiosa quando se offreçía salir a hablar con personas de fuera de la casa (aunque fuessen religiosos), y quando la importunaban y no se podía excusar abreviava las pláticas y las palabras con todos, personas graves y de auctoridad, y que no lo fuessen. Un religioso deseava mucho hablar con ella por solo oýa de su virtud y sanctidad, y anduvo en esto muchos días y tiempo sin poderlo alcançar, y la sierva de Dios, que ya lo sabía, le dio un día audiencia y le dixo en las primeras palabras: “Bien sabía que ha días que me queríades hablar y la causa también, y que tal día començastes tal escriptura y no la acabastes con quanta priessa os distes hasta la noche, quando tuvistes más lugar”. El religioso, espantado de las verdades que le dezía, pidiole encaraçidamente le dixese cómo lo sabía. Díxole que lo vio en spiritu, y más le dixo, que avisase a otros religiosos que él conocía que mirase en el desasosiego que traýa en su conçiençia, y que si avía hecho alguna offensa pidiese perdón de ella porque de otra manera ni saldría del trabajo ni satisfaría a Dios ni a los próximos. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
No fueron estas solas la que por spíritu de prophezía entendió y manifestó María de Ajofrín, sino otras muchas, las que por sus oraçiones hizo Nuestro Señor cosas maravillosas. Sanó a la madre priora de una grave enfermedad, y a su misma madre sanó y libró de otra por sus sanctas oraçiones, y a un hermano libró también de la cárcel, puniendo en todo por intercesora a la Sacratíssima Virgen María, Nuestra Señora, a quien ella acudía con gran confiança. Sería la hystoria desta sierva de Dios muy larga si en particular nos detuviésemos [fol. 266r] a decir todas las cosas que se hallan de sus maravillas, revelaçiones y milagros, que apenas comulgó vez que no fuesse alçada y arrabatada en spíritu y viesse y entendiesse grandes secretos. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Llegole la hora de la muerte (bien deseada por ella) y enfermó el año mill y quatroçientos ochenta y nueve, aviendo pestilençia en la çiudad de Toledo, y a los diez y ocho días del mes de julio, que fue sábbado, murió muy sanctamente a las tres horas de la medianoche, habiendo reçebido los divinos sacramentos con grandíssima devoçión. El mismo día, a la hora de las vísperas, la enterraron en el capítulo de la Sisla de Toledo, adonde en aquellos días se enterravan las religiosas de Sant Pablo. Sintiose en su muerte un olor suavíssimo y çelestial, como lo testificaron todas las hermanas religiosas que se hallaron presentes. Hizo Dios por ella algunos milagros, y entre otros fue que en el mes de septiembre siguiente del mismo año, estando muy enfermo (y aun dada la extrema unctión) Don Alonso, hijo de la condesa de Paredes y canónigo de la sancta yglesia de Toledo, se encomendó a la bienaventurada María de Ajofrín, y trayéndole una de las almohadas que tenía en la cama al tiempo que murió, se sintió (en puniéndosela sobre sí) con grande mejoría y fuera de peligro. No fue desagradeçido el canónigo Don Alonso a este beneficio, que, en levantándose de la enfermedad, fue a la Sisla de Toledo a visitar la sepultura desta sierva de Dios, y le offreçió de sus dones, y estuvo allí nueve días continuos en hazimiento de graçias. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En el mismo mes y año fueron a la Sisla de Toledo un hombre que se dezía Joan de Pastrana y su muger con un niño tullido, que, después de aver gastado en su cura con médicos y en medicinas la hazienda que tenían, no se veýa en él mejoría alguna. Encomendaron los padres con mucha devoçión a esta virgen la salud de su hijo velando una noche su sepultura, y el niño tuvo entera salud, y hizieron los padres graçias a Nuestro Señor por este benefiçio que les vino por la intercesión de aquella su sierva. &lt;br /&gt;
En este mismo tiempo [fol. 266v] Joana de Sant Miguel, beata de la tercera regla de Sant Françisco que vivía en la çiudad de Toledo, tenía un çaratán en la teta, y como en çinco años no sentía mejoría con quantos beneficios le avían hecho los médicos y çirujanos y le aconsejaban que les dejase cauterizarla y cortarla quando no ubiese otro mejor remedio, ella, temiendo el tormento y peligro que le podría succeder, acordó de irse a la Sisla de Toledo y visitar la sepultura de María de Ajofrín, creyendo que por su intercessión alcançaría la salud que deseava.  En entrando en el capítulo donde estava la sepultura, sintió un olor çelestial, y luego se derribó sobre ella con muchas lágrimas y devoçión, rogando le quisiese alcançar de Nuestro Señor se sirviese darle salud de aquella tan penosa enfermedad que padecía. No pasó mucho tiempo quando fue oýda y sintió cumplida sanidad.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Otro canónigo de la sancta yglesia de Toledo estava muy enfermo y casi para morir, y mientras más benefíçios le hazían los médicos se hallava peor; encomendose con mucha devoçión a la sancta María de Ajofrín, y mandó yr a visitar su sepultura en su nombre, y que le traxesen un poco de la tierra della. Traýda, se la puso al cuello, y aquella noche, estando durmiendo, le appareçió la sierva de Dios, y quando despertó se halló sano. A la mañana le daban una purga, que estava ordenada de médicos, y él dixo que no la avía ya menester, sino que le diessen de comer, que estava sano y bueno. En levantándose, fue a la Sisla a visitar el sepulcro desta virgen y a hazer gracias a Nuestro Señor, y offrecer sus offrendas.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En el año de mill y quatro çientos y noventa Francisco Díaz, vezino de Xaraiz, estava bien al cabo de la vida y reçebido el sacramento de la extrema unctión, de que tenía mucha pena un clérigo tío suyo, y acordándose que avía oýdo los milagros que hazía la sancta María de Ajofrín, luego le encomendó con mucha fee y devotión la salud del enfermo su sobrino, prometiendo que si la tuviesse lo llevaría a visitar su sepultura. El enfermo tuvo luego salud, y los dos, tío y sobrino, fueron a la Sisla de Toledo a hazer graçias a Nuestro Señor y a esta sancta por su intercesión, y el clérigo escrivió por su mano este [fol. 267r] milagro en el mismo Monasterio de la Sisla el año de mill y quatro çientos y noventa y uno, a siete días del mes de mayo, certificando ser verdadero y que como lo dezía avía succedido.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Otros muchos milagros hizo Nuestro Señor por mereçimientos desta su sierva con personas que visitavan su sepulcro o se encomendavan a ella en diversas partes, por lo qual se acordó que su cuerpo fuesse trasladado del capítulo a la yglesia del monasterio, a un sepulcro que le hizo una señora devota y prinçipal que era Condesa de Fuensalida. Hízose la traslaçión el año de mill y quatroçientos y noventa y çinco, en veinte y çinco días de abril, hallándose presentes, con el prior del monasterio fray Juan de Morales y los religiosos, el clavero de Alcántara y Don Alonso de Silva con otras personas, donde luego que abrieron la sepultura sintieron todos tanta suavidad de olor que salía de la huessa como si se abriera una arca llena de todas las flores olorosas que naturaleza produze, y sus huessos pareçía que estavan vañados en un liquor a manera de óleo. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Mandó el prior que la translaçión se hiziese con la mayor solemnidad que pudiesen, y se tañesen los órganos y las campanas y fuesen todos con velas ençendidas en las manos y en una processión bien conçertada y ordenada. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Levantaron el cuerpo, que estava en una arca aforrada en seda que dio Don Alonso de Silva, y llegaron con él a la capilla mayor de la yglesia, donde, después de haver dicho allí algunas oraciones, le dexaron a un lado del altar mayor, descubierto por espaçio de treze días. En este tiempo pidieron a Nuestro Señor muchas veces que se sirviese embiar agua a la tierra por intercessión de su sierva, que havía gran necessidad. Y llovió en grande abundançia con que se remediaron los temporales que estavan a punto de perderse, y todos entendieron que les avía Dios hecho esta misericordia por honrrar aquella bendita sierva suya. &lt;br /&gt;
Pasados los treze días, pusieron el cuerpo en el sepulcro [fol. 267v] nuebo que para esto se avía aparejado, baxo del altar colateral de Nuestro Padre Sant Hierónymo, que está a la mano derecha del altar maior, y dentro de la rexa, y allí es visitado y honrrado de muchos, y fue premio mereçido a su humildad, porque, como dio testimonio Chatalina de Sant Lorençio, priora y hermana maior del monasterio de San Pablo, era esta bienaventurada María de Ajofrín de tanta humildad y menospreçio de sí misma que la importunava y pedía muchas vezes que la reprehendiesse y penitençiase delante de todas, mayormente en los capítulos que se tienen en los viernes, mandándola comer en el suelo y hazer otras penitençias humildes que las religiosas suelen hazer en público para exerçitarlas, que en esto la ocupase y exerçitasse y en la guarda de la perfecttión de los padres antiguos que tenían en amar a Dios y despreciarse a sí mesmos. Con ser tan humilde era honestíssima, tanto que pocas personas (aun de las que conversaban con ella) podían dar testimonio de su rostro, que le traýa de ordinario y casi siempre cubierto con un velo que dejava caer hasta los pechos. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Conclúyese la historia con esto: que la sancta María de Ajofrín se subió derechamente al Çielo con el vestido de oro recamado que el psalmo quarenta y quatro dize, donde está gozando de la perfectión de las virtudes, y del Señor de las virtudes, criador y salvador nuestro, Jesuchristo. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
=== Notas ===&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[1]'' Tachadas tres líneas a continuación hasta la siguiente palabra transcrita.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[2]'' Palabras tachadas a continuación. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[3]'' Palabra tachada a continuación.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
=Vida manuscrita (3)=&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Ed. de [http://visionarias.es/equipo/veronica-torres-martin/ Verónica Torres Martín]; fecha de edición: diciembre de 2022. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==Fuente==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[[Archivo:Historia de la villa de Ajofrín Manuscrito.jpg|miniatura|250px|right| Francisco de Ajofrín, 1774. ''Historia sacro-profana de la ilustre y noble villa de Ajofrín, y aparición milagrosa de la imagen de Nuestra Señora de Gracia, venerada a siete leguas de dicha villa, en el Convento de Reverendos Padres Agustinos Calzados del lugar de San Pablo de los montes de Toledo'', Madrid, BNE, MSS/2169, vol. 1. (Fuente: Biblioteca Digital Hispánica. Imagen procedente de los fondos de la Biblioteca Nacional de España). ]]&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
* [http://catalogodesantasvivas.visionarias.es/index.php/Categor%C3%ADa:Francisco_de_Ajofrín Ajofrín, Francisco de], ''Historia sacro-profana de la ilustre y noble villa de Ajofrín, y aparición milagrosa de la imagen de Nuestra Señora de Gracia, venerada a siete leguas de dicha villa, en el Convento de Reverendos Padres Agustinos Calzados del lugar de San Pablo de los montes de Toledo'', s. XVIII, volumen 1 (ms. 2169, BNE), fols. 87r- 145r.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[[Contexto material del manuscrito Historia sacro-profana de la ilustre y noble villa de Ajofrín]], ''y aparición milagrosa de la imagen de Nuestra Señora de Gracia, venerada a siete leguas de dicha villa, en el Convento de Reverendos Padres Agustinos Calzados del lugar de San Pablo de los montes de Toledo''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==Criterios de edición==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Se trata de una obra manuscrita del siglo XVIII, que recogemos excepcionalmente aquí por añadirse datos nuevos a los proporcionados en las fuentes de los siglos XV, XVI y XVII, sobre esta figura. Por su escritura manuscrita, aunque tardía, se ha optado por una edición conservadora en la que los cambios han sido leves. La edición sigue el manuscrito de Francisco de Ajofrín; en concreto los capítulos cinco, seis y siete, correspondientes a la ''Vida'' de María de Ajofrín. Este ejemplar, parece ser una copia en sucio que habría podido realizarse para una posterior copia en limpio o para ser llevada a la imprenta, pues tiene notas escritas por el propio autor con indicaciones sobre los añadidos o el orden a seguir en esa posible copia o impresión posterior, además de numerosos tachones y añadidos al texto. Se ha utilizado la edición de 1999: Francisco de Ajofrín, ''Historia sacro-profana de la ilustre y noble villa de Ajofrín y aparición milagrosa de la imagen de Nuestra Señora de Gracia, venerada a siete leguas de dicha villa, en el Convento de Reverendos Padres Agustinos Calzados del lugar de San Pablo de los montes de Toledo'' (José María Rodríguez Martín, trans.), Toledo: Diputación Provincial de Toledo, 1999, pp. 99-148, que se basa en el mismo manuscrito del siglo XVIII, a modo de cotejo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Se ha decidido respetar la morfología de las palabras con interés morfológico o fonológico con la intención de no perder los valores fonéticos, léxicos y sintácticos de la época. Asimismo, se mantienen las contracciones “deste”, “della”, “del”, aunque se ha añadido el apóstrofo clarificador den “del” para escribir “d’él”. Por otro lado, se han corregido algunos casos de laísmo, leísmo y loísmo, así como se han señalado algunos errores de transcripción que se han podido observar en el cotejo que se ha llevado a cabo con la obra de 1999. Por otro lado, se ha modernizado la puntuación y acentuación según las normas actuales. Además, para facilitar la localización del texto, se indica el folio (r-v). En cuanto a la foliación, se ha de indicar que en el ejemplar existe una foliación realizada por la misma mano del autor y otra realizada a lápiz que, suponemos, podría ser más moderna. Esta foliación moderna realizada a lápiz corrige la foliación original del autor, pues, como Francisco de Ajofrín añade folios o apéndices a posteriori, termina siendo errónea.  En lo que respecta al apartado de notas, se ha de indicar que existe una doble anotación, una de A a Z que se corresponde con las notas al pie de página realizadas por el propio autor, y otras numeradas que se corresponden con las anotaciones llevadas a cabo por la presente editora. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==Vida de María de Ajofrín==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Capítulo 5. Personas que han floxeado en santidad y milagros naturales de Ajofrín'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[87r]&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Vida de la sierva de Dios María de Ajofrín, llamada Santa María de Ajofrín, religiosa jerónima en el convento de San Pablo de Toledo'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
1.- Siendo todo este pueblo dichoso de Ajofrín tan proprio y peculiar de María Santísima, como dibujó en otro lienzo la pluma, se sigue por legítima convergencia que ha de haber mucha santidad en él y que toda santidad ha de venir de María ''[1]'', pues el fruto desta Señora es de honor y honestidad (A). Yo (dice por el eclesiástico) (B) estendí como terebinto ''[2]'' mis ramos, y mis ramos son de honor y de gracia. Parece no puede estar más literal el texto. María Santísima, con el gloriosísimo y dulce títu [87v] -lo de Gracia, es el objeto principal de la presente historia y, siendo esta señora terebinto hermoso, ha de ser abundante su fruto, participando d’él con mayor plenitud los que vivimos por gran fortuna nuestra bajo de sus frondosos ramos. Estos ramos, dice, que son de honor y de gracia, si a mi rudeza se permitiera una literal exposición, diría que en el honor se entiende todo lo que puede comprehenderse bajo deste título de beneficios temporales, y en la gracia de beneficios espirituales. Y, sobre lo primero, ha corrido la pluma felismente por el dilatado campo de varios capítulos (C), donde hemos visto los beneficios grandes que esta señora ha hecho a este pueblo, distinguiéndole entre millares, con el nunca bien ponderado título de vasallos suyos, haciéndole insigne en [88r] lo benigno de su temperamento, en lo saludable del terreno, en lo fértil de sus campos, en la bella índole de sus naturales, en lo alegre de su cielo, en la opulencia de sus tratos, en la hermosura de sus casas y, en una palabra, cuantos beneficios temporales goza esta villa y gozamos todos sus naturales, todo es honor, que nos hace nuestra gran Reina, todos son ramos y frutos de aquel hermoso místico terebinto, bajo de cuya sombra dispuso el Altísimo naciésemos. En los ramos, o frutos de gracia (D), se deben entender, como ya dije, los beneficios espirituales y, entre estos, señaladamente el haber florecido en [88v] esta villa insignísimos sujetos en santidad y milagros a esfuerzos de la Divina Gracia, y destos trataremos en este capítulo. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
2.- Quien primero se ofrece a la historia, y con razón debe tener el primer lugar, es aquella gran mujer, ornamento de la Iglesia, gloria de la religión jeronimiana y honor grande de su patria, la venerable sierva de Dios, María de Ajofrín, a quien el pueblo por muchos siglos ha dado el decoroso y bien merecido renombre de “santa”. La historia grande de los Bolandos, al día 17 de julio, hace della el siguiente elogio: “''Mariam de Ajofrín a Hyeronimitissam S. Pauli venerabilem Toleti anno 1489 defunctam annuntiat castellanus''”. La vida desta sierva de Dios la tomaremos de la tercera parte del ''Flos Sanctorum'' de Villegas, que la pone el día 18 de julio; de la 3ª parte de la ''Crónica del Sagrado Orden de San Jerónimo'', escrita por el reverendo padre fray José de que, con mucha extensión, la tratan en el libro 2 desde el capítulo 44 hasta el 49; de Pedro de Alcocer al lib. 2 cap. 25 de su Historia de Toledo; del doctor don Blas Franco en la ''Vida de la venerable María de Jesús'', en la elucidación [89r] del cap. 19. 5. 2; y de otros autores así antiguos como modernos, advirtiendo antes que, aunque se le dé el título de “santa”, es solo siguiendo la voz del pueblo, al modo que se le da a santa Juana de la Cruz, sin que ni una ni otra estén por la Iglesia canonizadas, ni mi ánimo, como propuse a la frente desta historia, es prevenir el juicio de nuestra madre la Iglesia, sino que se le dé solo el asenso que merece el dicho falible de los hombres. Dio, pues, ilustre cuna la villa de Ajofrín a la sierva de Dios, María, llamada también de Ajofrín. Escogió el Cielo por padres desta agigantada heroína a Pedro Martín Maestro y María García, personas nobles, ricas y exemplares. Nació, según tradición constante, en las casas que hoy son de Tomás Díaz, a la puerta de Toledo. El padre de nuestra santa fue uno de aquellos valerosos capitanes que socorrieron a la ciudad de Toledo cuando se hallaba tan afligida, como vimos en otro lugar (E). Dieron sus padres a esta feliz alma la educación propria a su nobleza, infundi [89v] -endo en ella, insensiblemente desde los primeros crepúsculos de la vida, espíritus, exemplos y virtudes. Imbuida altamente esta inocente niña en las más saludables cristianas máximas, no es mucho se descollase en santidades sublimes en tan tierna edad. Muy temprano empezó a dar muestras admirables de extremado desprecio de las vanidades del mundo, principalmente de aquellas que son más del genio de las de su femenil sexo. Miraba con aversión, y aun con enfado, todo género de galas y compostura, pereciéndola (y con razón) que la más preciosa gala que debe vestir un alma destinada al Cielo es la gracia adquirida con el continuo exercicio de las más heroicas virtudes y, advirtiendo que las más hermosas se adornaban más, le pareció que era agraviar la alta [90r] providencia del Supremo Hacedor que, como infinitamente sabio, viste a cada criatura con aquellas joyas que le parece conducen a los fines altísimos de su incomprehensible saber. Penetraba aún en aquella edad tierna que el vestido en los de uno y otro sexo no debe tener más objeto que la decencia y honestidad debida y, todo lo que de aquí pasaba, pasaba a ser exceso. Severa reprehensión la desta niña y confusión vergonzosa para lo que en el día estamos viendo con el mayor escándalo en hombres y mujeres, ni me persuado, les falte a los adultos las luces que el Cielo concedió a esta tierna criatura con que serán más culpados en el tribunal supremo. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
3.- Estos eran los sentimientos que [90v] formaba en su inocencia aquella grande alma en todo grande, aunque en la apariencia chica, siendo estos como anuncios de la excelsa santidad a que el Señor elevó después su espíritu. De niña no tuvo María más que la candidez y la inocencia; cuando estaba su edad en la primera flor se hallaba ya su alma rica de sazonados y abundantes frutos. Embargó en esta ocasión la gracia las operaciones de la naturaleza, despojando a esta criatura de sus comunes leyes y marcándola con vistosos caracteres de virtudes. Lo que en otras niñas son gracejo y juguetes de la edad primera, fueron en ella primores y seriedades de perfección cristiana. En esta tan tierna edad, inflamada del Espíritu Santo, hizo a Dios un sacrificio de los más altos y meritorios que puede hacer una pura criatura. Estando un día en oración, propuso con la mayor firmeza consagrarse al Señor en una religión para servirla perpetuamente, acción sin duda de las más heroicas que se leen en la historia. La obediencia a sus padres, el respeto a los mayores, la atención a las cosas divinas, la honestidad y recato, el silen- [91r] cio y retiro, se admiraban en esta niña desde su primera infancia. Con estos y otros prodigios, iba creciendo María en días y en virtudes, pero muy sin proporción en los aumentos, porque corría con tan ventajosos excesos la gracia, que dejaba muy atrás a la naturaleza. No anduvo esta escasa en adornar a la niña con todos aquellos primores que deposita el Señor en sus ocultos senos. Dotola, pues, de relevantes prendas de discreción, donaire y hermosura con que era el imán dulce de las voluntades y objeto común de los cariños. Pintar aquí la hermosura de un serafín humano sería, sin duda, empleo digno de la pluma, pero esta la debía manejar un ángel para que saliese la copia [91v] parecida a su original, pues solo un ángel pudiera hallar colores, vivacidad y espíritu para formar una idea que a él en todo se le pareciese. De que tuviese el rostro como un ángel nuestra María da testimonio un gran hombre citado por el doctor Villegas en su ''Flos Sanctorum'', con que, no pudiendo dudarse desta verdad, queda abierto campo a la más traviesa fantasía para que finja Dianas, dibuje Ninfas, forme Lucrecias y pinte Florindas. A tanto lleno de hermosura se unía la blandura de su genio siempre amable y cariñoso, con que dulcemente robaba los corazones de todos. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
4.- Ya había cumplido los 15 años cuando, tan bellas prendas, junto con la calidad de su heredada nobleza, la riqueza de sus padres no podía ocultarse [92r] de los jóvenes que a porfía la solicitaban por esposa. No desagradaban a los padres de la bendita doncella semejantes pretensiones, deseando colocarla ventajosamente en el estado santo del matrimonio. A esto la inclinaban con ruegos, súplicas y halagos, pero firme la castísima doncella en el propósito que, aun siendo niña, había hecho de entrarse en religión, resistía varonilmente a estos importunos asaltos. Les era muy sensible a los padres y aun a sus hermanos tan fuerte resistencia y propusieron amenazarla para ablandar su pecho y aun tratarla con el mayor rigor, si fuese necesario. Cuanto padeció la inocente virgen por cumplir a su esposo lo ofrecido se deja discurrir del gran de- [92v] seo que los suyos tenían de casarla, pero ni la ablandaron los suspiros y lágrimas de sus padres, ni la movieron los halagos y caricias de sus parientes, ni la asustaron las perseveraciones y malos tratamientos de sus hermanos y, así, siempre firme, siempre constante en servir a Dios, se oponía como incontrastable muro a los designios del siglo, anhelando ansiosa por consagrar a Dios su virginidad, sus haberes y albedrío, no reservándose para sí aun la más leve respiración, siendo ya de 16 años. Viendo los padres su firmeza, la llevaron a Toledo para divertirla y, con este fin, ablandarla. Entre las diversiones, vanidad, fausto y grandeza que ofrece el embeleso desta populosa ciudad, no hallaba quietud su espíritu anhelando, con más fervor, buscar a su amado en el retiro. Los paseos, las visitas, los regalos, el luxo, y cuanto precioso y deleitable le ofrecía oficioso su padre para divertirla, eran otros [93r] tantos estímulos que la llevaban a Dios y la apartaban del siglo. No faltaba entre los caballeros jóvenes de la ciudad quien la observase y sirviese, pues como tenía las relevantes prendas de hermosa, noble y bizarra, se arrastraba dulcemente las voluntades de todos y en nada hallaba consuelo quien solo lo buscaba en Dios. De suerte que, leyendo desengaños la bendita doncella en todos los gustos con que la pretendía lisonjear el mundo, acariciar la carne y tentar al demonio, vivía cada día más ansiosa de dejar las vanidades y abrazarse con Jesús. Y, así, los mismos medios que ponía su padre para apartarla de su propósito, estos mismos la conducían fuerte y suavemente a conseguirlo.&lt;br /&gt;
 &lt;br /&gt;
5.- Un día, estando en la Santa Iglesia y Catedral haciendo oración delante de Nuestra Señora del Sagrario, como vasalla fiel de tan gran Reina, sintió en su interior una ''[3]'' moción singular que, dulcemente, la inclinaba a retirarse al religiosísimo monasterio de San Pablo del sagrado Orden [93v] de San Jerónimo, que acababa de fundar en Toledo la venerable e ilustre señora doña María García. Luego que tuvo oportunidad, dejando a sus padres, hermanos y parientes, abandonando riquezas, honra y estimación, renunciando al mundo y sus vanidades, se retiró al dicho monasterio para consagrarse a Dios. No se observaba clausura entonces en este exemplarísimo convento, ni se observó hasta el año de 1508 en que, voluntariamente, se obligaron las religiosas a guardarla, pero siempre ha florecido y florece ''[4]'' con gran fama de santidad y, si se hubiera de hacer relación de las mujeres famosas que han vivido en él, daría mucha materia a la admiración juiciosa y prolijo afán a la historia, léase al reverendísimo Sigüenza en su ''Crónica de San Jerónimo'' (F). Recibieron aquellas religiosas a la inocente virgen con singular gus- [94r] to y complacencia, juzgando por su angelical rostro recibían en ella una gran santa. La hermosura de su cara, la honestidad de sus costumbres, la gravedad de su trato, la humildad de su genio, la circunspección y medida en sus palabras, fueron ciertos presagios de la futura santidad a que la había de elevar la divina gracia, como luego se fue mostrando. Halló nuestra santa virgen en aquellos sagrados claustros no pocas virtudes que imitar y, como solícita abeja, iba copiando de cada una de sus compañeras lo más precioso y aquilatado ''[5]'' que veía en ellas. En brevísimo tiempo llegó a tocar en lo más sublime de la perfección cristiana, siendo común asombro de toda aquella sagrada comunidad. Era entre todas la más humilde, rendida y obediente, llegando a tanto su reputación que decía muchas [94v] veces (sintiéndolo en su interior) que no merecía besar el suelo que pisaban sus hermanas. Su oración era continua y tan fervorosa que, saliendo fuera de sus sentidos, se arrebataba en el aire por largo espacio de tiempo. Vertíanse en ella tan copiosas las influencias celestiales que, siendo estrecho cauce el corazón, sobresalían a la exterioridad en ríos de lágrimas y en ardientes suspiros. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
6.- Habiéndose ya despedido del mundo la que tan desprendida vivió siempre de sus vanidades, soltó el océano de su fogoso corazón la presa a los caudalosos diques de la mortificación y penitencia. Ninguna estuvo allí ociosa, todas sí practicadas de la fervorosa virgen que, con celo de enflaquecer los verdores de la carne, no quería tasar las [95r] austeridades que le dictaba su espíritu. Discreta acción crecer para no desmedrar, que en la carrera de las medras espirituales hay poca distancia (si hay alguna) de la tibieza a la relaxación ''[6]''. Huía con el mayor cuidado del trato y conversación de las criaturas, buscando a su esposo en la soledad y reino: aquí le hablaba dulcemente, aquí lograba de sus caricias y aquí en místicos deliquios ''[7]'' se deshacía su amante corazón en afectos tiernos a su amado. Una virtud noble, entre otras, resplandeció en esta sierva de Dios y fue la invicta paciencia en los trabajos. Disimulaba con una modestia tan agradable los sentimientos interiores que tal vez padeció, que ningún acaso turbó la serenidad de su rostro ni descompuso la armonía de su espíri- [95v] tu, regulado siempre con los compases de su santa conformidad. La sencillez nunca artificiosa y el candor desta alma pura, desnuda de la simulación del engaño y de lisonja, era amable hechizo de quien la trataba. Vestía su ánimo de obras, como su lengua de palabras, estas y aquellas eran de una misma librea. Torpe monstruosidad en los que visten de un color los labios y de otro la intención, monstruo de dos corazones (G) y que jamás le ha sufrido la naturaleza cuando los aborta a cada paso la hipocresía. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
7.- Con este lleno de virtudes pasó en la religión diez años, siendo tan universal la fama que sus bien fundados méritos la habían adquirido que [96r] todas las religiosas la tenían por santa, viviendo edificadas de su inculpable vida. No obstante, la sierva de Dios, como tan humilde, reputándose por más pecadora y mala, determinó hacer una confesión general en que pudiese lavar sus culpas pasa servir al Señor con más pureza. Dispuso su inocente alma con tan abundancia de lágrimas, tan fervorosa compunción y ternura, que bastaría a lavar las mayores culpas siendo así que era inculpable su vida. Al entrar en el confesonario, se postró en tierra delante de una devota imagen de María Santísima que tenía su Hijo en los brazos y, con fervientes lágrimas, pidió al Señor le perdonase sus culpas, y a la Madre que fuese su patrona y abogada. Luego, inmediatamente, se vistió de soberana luz aquella sagrada imagen, y el Niño, con halagüeño rostro, levantando su delicada mano, le echó la absolución del modo que lo executan los confesores. Aunque esta visión había [96v] sido tan clara y manifiesta, era tanta su humildad que nunca se persuadió fuese así. Levantose llena de temor y se fue a los pies de su padre espiritual y, habiéndose confesado con el más vivo dolor y abundantes lágrimas, aunque con singular consuelo de su alma, al salir del confesonario repitió la oración a la misma sagrada imagen y, segunda vez, se vistió de hermosos resplandores. y el Niño, mostrándose cariñoso, levantó la mano y le echó la bendición. Quedó su alma con tan celestial favor, tan abrasada en el amor divino, que no podía contener las avenidas de su espíritu, siendo tan dulcemente violenta la llama que ardía en su pecho que el corazón sensiblemente le latía queriendo salirse a buscar mayor esfera. Pocos días después de haber recibido este favor, habiéndose quedado una noche sola en el coro, enardecida toda en caridad, pedía al Señor Sacramentado por el estado fe- [97r] liz de la Iglesia santa. Estando en lo más fervoroso de su oración, vio una gran llama de fuego que, saliendo de la Custodia, y dejándose registrar de sus virgíneos ojos, llenaba de hermosura todo el templo y de consuelo su alma. Duró esta visión por espacio de una hora, quedando la santa abrasada en amor y reverencia al Señor Sacramentado. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
8.- Siempre que había de comulgar se disponía con el mayor fervor y reverencia, derramando afectuosa muchas lágrimas y pidiendo al Señor adornase su alma con el lleno de virtudes necesarias para recibirle. Como la santa fielmente se disponía, así el Señor dulcemente le regalaba. Un día de Pascua de Resurrección comulgó con las demás religiosas y vio en la forma consagrada un corderito vivo, hermoso y agraciado. Recibiole en su pecho y quedó tan suavemente trasportada y llena de consuelo espiritual que, en diez días [97v] con sus noches, ni durmió, ni comió, ni bebió, ni hizo acción alguna vital, sino suspirar por su amado Jesús, derramando de sus virginales ojos dulcísimas y tiernas lágrimas. Desde esta ocasión, siempre que comulgaba (que en aquellos tiempos era de tarde en tarde, por no estar introducida la frecuencia de sacramentos), se enajenaba de todos sus sentidos, quedando extática y fuera de sí, comunicándose también a su hermoso rostro estos divinos efectos, pues parecía entonces tan agraciada y bella que pudiera equivocarse con los más altos serafines. Duraban en la sierva de Dios estas dulzuras y deliquios por espacio de cuarenta días, de suerte que, a no intervenir la obediencia de su confesor, no comiera ni durmiera en este tiempo, pues aseguraba no tenía necesidad ni sentía desfallecimiento alguno en el cuerpo. “Hácensenos a nosotros estas cosas como imposibles”, dice aquí el historiador jeronimiano (H) “porque estamos muy lejos dellas”, y [98r] no hay duda que, si nos llegásemos con simplicidad de corazón a aquel Señor que todo es espíritu, nos espiritualizaríamos participando de sus celestiales dones, pero dejándonos arrastrar de la miseria, nos vamos tras las cosas terrenas, donde se pega nuestro corazón y, así, vivimos no vida espiritual, sino terrena. Estando en cierta ocasión orando la santa, se llegó a ella un varón anciano y venerable y le dijo: “Ven conmigo, que te llama la Reina”. Se hallaba entonces en Toledo la Reina Católica, doña Isabel, y pensando la sierva de Dios que la llamaba la Reina (pues entonces podían salir del convento por no tener clausura), se turbó toda y se escusó diciendo no podía ir a ver a Su Majestad. El venerable anciano le volvió a decir: “Ven, hija, conmigo, que no es la Reina de la tierra la que te llama, sino la Reina del cielo”. Al oír esto, se turbó mucho más, pues su humildad y conocimiento proprio la hacían indigna de cualquier favor. Conformada con la divina gracia, siguió a aquel anciano y, sacándola de la ciudad, se halló de repente en una [98v] iglesia donde vio una hermosísima imagen de Nuestra Señora con su Hijo en los brazos, postrose a sus pies y dijo: “Señora, aquí tenéis a esta esclava vuestra”. Entonces, aquel varón le puso en sus manos un delicado y rico paño de seda, y la Reina del Cielo le dio a su dulcísimo Hijo y, mandando a un hermoso mancebo que le acompañase con el anciano, le dijo estas palabras: “Ve con mi Hijo donde fuesen estos dos varones”. Quedó la sierva de Dios con tan rica joya llena de celestial júbilo y, haciendo reverencia a la Señora, se partió con sus dos compañeros que, sin duda, serían San Joseph y San Juan Evangelista, de quien era muy devota. El venerable anciano caminaba delante, como guía desta jornada, y el mancebo la acompañaba dándole la derecha. Llegaron breve a un pueblo grande y famoso lleno de palacios y ricas casas y, llamando a las puertas el venerable anciano, decía en voz alta y grave: “Abrid, que viene Dios a vuestra casa y os quiere visitar”. A estas voces se hacían sordos y ninguno quería abrirles y, si algunos tenían las puertas abiertas, luego que los veían, las cerraban al instante [99r] respondiendo todos que pasasen adelante, que no había posada. ¡Oh, grosera ingratitud de los mortales! Así anduvieron cuasi todo aquel dilatado pueblo sin hallar quien los acogiese. Volvíanse desconsolados y afligidos y, en el camino, encontraron a unos que iban de viaje y dijeron: “Nosotros os acogiéramos si no fuéramos deprisa, pero, mientras volvemos, os podéis recoger en ese establo”. Esta fue la mejor posada que entre los hombres halló el Criador del mundo. Volvieron a la iglesia donde estaba la Virgen y, recibiendo a su bendito Hijo de las manos de la santa, refirieron los compañeros cuanto había pasado y Nuestra Señora, hablando con la sierva de Dios, dijo: “Ya has visto cuántos esfuerzos ha hecho mi Hijo para que los hombres le reciban y cuánta ingratitud ha hallado en ellos, por eso vendrá sobre ellos su ira y serán castigados, unos con duros azotes, otros con espadas agudas y otros [con] ardientes llamas”. Desapareció la visión y, quedando [99v] afligida la santa, lo refirió a su confesor y, de a poco, se verificó puntualmente, pues no llovió en mucho tiempo, que fue un azote cruel, ni se cogieron los frutos, que fue una penetrante espada que quitó la vida a muchos; y se siguió una peste contagiosa, a cuyas voraces llamas rindieron la vida cuasi infinitos, con otros trabajos que se siguieron en toda España, pidiendo incesantemente la bendita santa al Señor mitigase su ira. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
9.- Un día de la Ascensión, quedándose la santa en el coro después de maitines, como acostumbraba, llevada del afecto y amor a Jesús, se llegó cerca del altar mayor y allí fue arrebatada en éxtasis y le mostró el Señor una visión maravillosa: pareciole que se hallaba en un campo espacioso y dilatado, lleno de flores y plantas exquisitas. En medio [100r] deste campo vio que había una magnífica iglesia y que a ella se dirigían cinco solemnísimas procesiones de sacerdotes venerables ricamente vestidos de majestad y gloria. Conforme iban entrando en aquel templo, se postraban todos delante del altar mayor, donde estaba María Santísima con su bendito Hijo en los brazos y le parecía a la santa que esto no era en visión, sino en realidad, como si estuviera en el mismo Cielo. Después cantaron todos el ''Gloria in excelsis Deo'' con mucha solemnidad y, acabado, se quedaron con gran silencio y compostura, como si estuvieran en oración sin mirarse unos a otros. Pasado un rato, les mostró la Virgen a su Santísimo Hijo, diciendo: “Veis aquí el fruto bendito de mi vientre, tomadlo y comedlo”. Entonces, se levantó un sacerdote, que parecía de más autoridad que los otros, y se vistió para celebrar el santo sacrificio de la misa y, al ir a consagrar, le puso Nuestra Señora en sus manos a su Santísimo Hijo, y luego quedó en forma de hostia. Hizo la elevación para que [100v] todos la adorasen y apareció como un rayo de sol que la bañaba y, poco a poco, se fue subiendo al Cielo hasta que el Padre Eterno la recibió en su seno y se oyó luego una voz que dijo: “Este es mi hijo muy amado, oídle a Él”. Entonces, uno de los sacerdotes que estaban presentes y era conocido de la sierva de Dios por haber sido capellán del convento y que había muerto poco antes, se llegó a la santa y le dijo: “En lo que has visto conocerás la verdad del misterio eucarístico y la reverencia con que se debe celebrar. Advierte que es la voluntad de Dios que tú lo digas a otros”. Desapareció la visión y quedó la sierva de Jesús entre mil temores, pensando fuese alguna ilusión o engaño de Satanás, pues se tenía por indigna de cosas tan altas. Díjolo a su confesor, que lo era entonces don Juan de Biezma, capellán del monasterio y varón de suma integridad y pureza, y este, como prudente, aunque conoció eran verdades aquellas revelaciones, pues se dirigían al provecho y utilidad de las almas, le dijo que no hiciese caso de semejantes fantasías, que todo procedía de la debilidad de la cabeza. En otra ocasión, le apareció [101r] la Virgen María rodeada de luces y le dijo: “Cinco pecados aborrece mi Hijo en los sacerdotes y le ofenden en gran manera: el primero, la falta de fe en los misterios que tratan; el segundo, la codicia y apego a las cosas de la tierra; el tercero, el vicio horrendo de la luxuria; el cuarto, la ignorancia de sus obligaciones y, el quinto, la poca reverencia con que tratan las cosas divinas. Estas cosas irritan el justo enojo de mi Hijo. Publícalo así para que se enmienden”. Con el mismo temor se lo dijo a su confesor y este le respondió como antes, aunque observaba con cuidado para hacer el uso debido destas revelaciones a su tiempo, como con efecto se hizo con no poca utilidad de las almas. Estos fueron los primeros vuelos desta águila generosa que, remontada sobre todo lo criado, no paraba hasta tocar lo más alto y sublime de los cielos. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
10.- Y, continuando con esta misma materia, tan fecunda de luz en la vida de nuestra santa que apenas se hallara igual en la historia, estaba una noche en oración después de maitines, cuan- [101v] do, al rayar el alba del festivo día del triunfo de la Santa Cruz, se le apareció la Majestad de Cristo, vida nuestra, con semblante grave y severo. Venía vestido de una tunicela morada, con sobrepelliz y estola al cuello, pero corriendo gotas de sangre por su divino rostro y aun por todo el cuerpo. No pudiendo contener la sierva de Dios el dolor que le causaba ver al Señor maltratado, derramando sangre, dijo: “¿Qué es esto, mi Dios? ¿Quién os tiene así?”. Y el Señor respondió: “Desta suerte me maltratan los que no me reciben en la comunión con la disposición debida. ¡Ay de los sacerdotes! Pues a estos les espera mayor tormento”. Quedó fuera de sí y, desde esa ocasión, pidió fervorosísimamente ''[8]'' a Su Majestad por los que comulgaban y, muy en particular, por los sacerdotes y ministros del altísimo. Repetidas veces orando delante de una Santa Verónica, o cara de Dios, con quien tenía singular devoción, la veía llena de resplandores y recibía mucho consuelo su alma. Un día de San Agustín, estando haciendo oración delante desta santa imagen, después que se iluminó, [102r] con vistosos rayos, apareció toda convertida en sangre. Afligiose mucho la sierva de Dios, temiendo no fuese algún engaño, pues su humildad la hacía recelar de todo pedía al Señor le diese a entender lo que quería en esto, y la significó que quería aumentase en sí la penitencia y mortificación, pues la deseaba cada día más perfecta y santa. Púsolo en execución y en esta virtud hizo progresos admirables. Desde este día no comió jamás carne ni cosa caliente y su corto alimento era un poco de pan con alguna fruta, de suerte que todas sus revelaciones eran para multiplicar en sus sienes brillantes coronas de méritos y virtudes, prueba, la más eficaz, de que eran verdaderas y no fingidas. En cierta ocasión, tuvo un rapto tan profundo que, por muchas horas, estuvo sin movimiento alguno vital. Pensaron todos que había muerto y los médicos hicieron las últimas experiencias de darle garrotes y ligaduras, a que resistió inmoble. Usaron también del fuego y del cuchillo, y la hallaron insensible, y no es mucho, pues su espíritu vivía ausente del cuerpo en regiones muy remotas y dis- [102v] tantes. Ya la lloraban muerta a la que a la verdad estaba extática, y acaso hubieran pasado a darle sepultura, si el Señor no lo hubiera impedido. En este tiempo fue arrobada en un éxtasis profundísimo y llevada por los ángeles a aquel campo espacioso y dilatado en que había visto antes las cinco procesiones que entraban en la iglesia, y volviose a repetir lo mismo que había visto. Y la Reina del Cielo le dijo con rostro severo y grave: “Mucho ha desagradado a mi Hijo que tu confesor no haya publicado lo que se te ha revelado. Vuelve a decírselo para que lo comunique con [el] deán de la iglesia y otros sacerdotes, y todos avisen al arzobispo para que ponga de su parte el remedio, haciéndole saber cómo el Señor está indignado contra los cinco vicios que te manifesté aborrece en gran manera, es a saber: falta de fe, codicia, luxuria, ignorancia y poca reverencia. También le dirás que avisen al arzobispo para que cele con rigor sobre los moros y judíos (se permitían entonces en Toledo), pues van sembrando muchos errores en la ciudad”. Desapareció [103r] la visión y volvió del rapto hallándose buena y sana, aunque con los temores que su humildad le causaban, pero fortalecida con las superiores luces que el Señor le daba. Llamó a su confesor y, con esforzado espíritu, le dijo lo que había oído de la boca de la Virgen, pero el confesor, que con madura reflexión miraba estas cosas, aunque inclinado al asenso, no se determinaba a publicarlo y le dijo: “Hermana, para que en materia tan grave no nos tengan por livianos, era menester alguna prueba o señal, porque si no se reirán y burlarán de nosotros. ¿Qué seña me das para que me crean?”&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
11.- Afligiose la Santa Virgen con su respuesta y, pensativa de lo que había de hacer, se despidió del confesor y, pasando por junto a una ventana, vio dos pliegos de papel y luego se le ofreció el escribir dos cartas: una para su confesor y otra para el deán. Tomó el papel y, guiada de superior impulso, se encerró en un sótano obscuro [103v] para que no la viesen. Empezó luego el papel a iluminarse, dando claridad suficiente para ver, y sintió que le ponían una pluma en la mano y, moviéndosela, sin saber quién, escribió en poco tiempo las dos cartas, pero con letra tan primorosa y limpia que claramente daba a entender la había formado mano de ángel. Pero aún mucho más admiraba el contexto de las cartas, pues iban tan llenas de doctrina, eficacia y persuasiva que, en cada cláusula o periodo se leía un arcano ''[9]'' de la más alta teología y así, por todas sus circunstancias, se conocía era obra milagrosa y de superior jerarquía. Remitió las cartas a su confesor, el que las recibió apenas llegó a su casa y, maravillado de aquella letra tan peregrina, pasó a leer la que para él venía y quedó pasmado y como fuera de sí al ver doctrina tan elevada, y mucho más cuando leyó en ella no pocas cosas de que solo Dios y él eran sabidores. No obstante estas muestras tan claras, no le dejaba obrar con libertad su timidez y poca resolución, y así determinó ocultar las cartas, sin manifestarlas al [104r] deán, ni dar parte al arzobispo. Fue a ver el confesor a la santa y, sabiendo esta su determinación, se le reprehendió con la mayor severidad y, aunque siempre humilde, en esta ocasión revestida del celo santo que la animaba, le habló con tal eficacia y libertad que bien conocía era cosa de Dios, pero no le pudo convencer por su gran pusilanimidad, aunque como veremos después, el Señor le castigó en el Purgatorio por este defecto. Quedó la santa muy acongojada y pedía al Señor eficazmente se valiese de otra persona que tuviese más autoridad o que moviese el corazón de su confesor para publicarlo. Vivía la santa muy desconfiada de su ineptitud para cosas tan grandes, efecto proprio de los humildes, aunque pudieran saber que por lo mismo se vale el Señor de los medios más despreciables para hacer cosas sublimes, pues no ellos, sino la gracia de Dios en ellos, obra estos prodigios. Y antes de pasar adelante, no podemos omitir, en elogio de nuestra santa, los muchos prodigios que obraban sus milagrosas cartas y hacen no pequeño honor a nuestra historia: a una niña, después de mucho tiempo muerta, le aplicaron una carta y luego al punto resucitó. Tenía una mu- [104v] jer encarcerado un pecho sin hallar remedio en la medicina toda, aplícase la carta y sanó instantáneamente. Caminaba en romería desde Toledo a Santiago de Galicia un venerable sacerdote y, para seguridad y alivio de viaje tan penoso, pudo conseguir una destas ''[10]'' cartas. Llevábala con la mayor veneración en el pecho, pareciéndole que libraba en ella toda la felicidad. Al pasar un río caudaloso, cayó entre sus rápidas corrientes y, sin duda, le hubieran arrebatado a no haber acudido a esta insigne reliquia. Salió milagrosamente y, habiéndose mojado todo cuanto traía puesto hasta la camisa, solo la carta se halló seca y enjuta. En cierta ocasión, al ir a caerse por casualidad una destas cartas en una tinaja de agua, se detuvo milagrosamente en el aire. A una persona que padecía un incorregible fluxo de sangre, se detuvo luego que le aplicaron una carta. El doctor don Diego de Villaminaya, dignidad de capellán mayor de la santa iglesia de Toledo, pudo conseguir una carta destas con que dio salud a muchísimos enfermos. Estos y otros prodigios ha obrado el Señor en crédito de su sierva. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
12.- Continuaba esta en sus santos exercicios de oración, retiro y penitencia, estimada de Dios, venerada de los hombres y favorecida de los ánge- [105r] les, pidiendo siempre a Su Majestad con fervorosas lágrimas por el estado feliz de la Iglesia y salvación de las almas redimidas con su preciosa sangre. Este era el objeto común de sus oraciones y, como fundado en caridad, le era a Dios muy agradable y por eso le regalaba con frecuentes apariciones, manifestándola sus más escondidos tesoros. En cierta ocasión, fue llevada por un ángel al Purgatorio, donde vio penas y tormentos tan terribles que no hay lengua que los pueda explicar. Oyó allí gemidos, gritos y aullidos formidables, vio también figuras de animales tan estraños y peregrinos que jamás había visto en la tierra, y tan fieros y espantosos que bastaba solo su vista para quitar la vida al hombre más animoso y valiente. Vio, igualmente, gran multitud y variedad de gusanos que roían y atormentaban a aquellas pobres almas. Examinó uno la sierva de Dios con cuidado y dice tendría [105v] como un cuarto de largo y tres o cuatro dedos de ancho, cubierto por encima de unas conchas menudas, pero encendidas de un fuego muy activo. Reparó también que tenía unas uñas sumamente fuertes y aguzadas. Preguntó al ángel qué significaban aquellos gusanos y respondió: “Estos son los gusanos de la conciencia, que están royendo las almas de los que ves aquí detenidos, y esto les mortifica más que ninguna otra pena. ¡Que no fuese yo mejor! Exclaman noche y día. ¡Que no fuese yo más solícito en ganar indulgencias! ¡Que anduviese tan descuidado! ¡Que pude haber evitado estas penas y no lo hice! Este es el gusano roedor que más los atormenta. ¡Que pude y no lo hice! Y este también – prosiguió el ángel- es el que más aflige y desconsuela a los míseros condenados: ver que pudieron salvarse y no lo hicieron, que pudieran estar en el Cielo para siempre y se ven en el infierno por toda una eternidad. Este roedor nunca se acaba, siempre vive [106r] y nunca muere”. Vio allí la santa a varias personas, entre ellas a un sacerdote que aún vivía y era cura de una parroquia de Toledo y muy conocido de la santa. Tenía enroscada por el cuerpo una grande y espantosa culebra de dos cabezas, que con la una le roía el espinazo y, con la otra, el estómago, y junto a él un dragón horrible y espantoso que llevaba sobre su lomo un niño que a grandes gritos pedía a Dios justicia contra aquel párroco. Quedó espantada la santa y preguntó al ángel qué significaba aquella visión, y el ángel le respondió: “Sábete que este niño se queja contra el párroco porque no recibió el bautismo por descuido suyo, y así pide a Dios le castigue tan gran pecado”. Desapareció la visión y, vuelta en sí, hizo oración fervorosa por él, y sucedió que, pasados algunos días, diciendo misa este párroco y oyéndola la santa, después que se acabó, fue arrebatada en éxtasis y le vio [106v] que aquel miserable sacerdote tenía rodeada al cuerpo una espantosa culebra, pero con tres cabezas: con la una le mordía la lengua, la otra el corazón y, con la tercera, las espaldas. Vio también al niño, que daba gritos delante d’él y decía: “Por tu causa no recibí el bautismo, por ti me veo desterrado del Cielo, por ti no veré a Dios jamás. Venga, pues, sobre ti el castigo de tan gran culpa”. Pasados tres días, llamó la santa a este párroco y le dijo cuánto había visto, y otras muchas cosas secretas que nadie las sabía, y le amonestó de enmendarse de tales y tales pecados graves que había cometido, y porque tenía al Señor muy ofendido. Al oír descubierto su interior, quedó desmayado aquel sacerdote y cayó como muerto en tierra; animole la sierva de Dios exhortándole a hacer penitencia y que confiase en [que] el Señor [107r] le perdonaría sus culpas, si de corazón se arrepintiese dellas. Estando otro día diciendo misa, aparecieron en la hoja del canon cinco gotas de sangre fresca y reciente, y refiriéndolo a la santa le dijo, vestido de luz su pensamiento, que en ello le daba el Señor a entender le quedaban de vida solo cinco años, como se verificó. Murió pasado este tiempo, día de San Miguel, y, haciendo oración por él la sierva de Dios, se le apareció en una figura horrible y lastimera en que daba a entender se había condenado. Adoremos los juicios de Dios siempre inescrutables mientras damos principio al capítulo siguiente.&lt;br /&gt;
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'''Capítulo 6. Recibe la sierva de Dios, María de Ajofrín, por admirable modo las llagas de Jesús, con otros favores extraordinarios'''&lt;br /&gt;
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1.- Siempre ha sido y será célebre en la Iglesia el favor sin segundo que la Majestad [107v] de Cristo hizo a mi seráfico padre san Francisco en la impresión de sus sagradas llagas. Este prodigio, a todas luces grande, que se ha merecido por todas sus circunstancias la admiración de los siglos, en nada deroga la omnipotencia del Altísimo para que, con sus siervos, se muestre el Señor liberal derramando, a manos llenas, favores y beneficios. Así lo hizo con nuestra santa virgen, la sierva de Dios María de Ajofrín. Habíala escogido el Señor no solo para fiel dechado de virtudes y perfecciones, sino para que fuera instrumento idóneo que arrancase del campo de su Iglesia la cizaña que el enemigo cautelosamente iba sembrando. La había escogido entre millares para que fuese vivo oráculo de su voluntad eterna y por eso la quiso sellar con el sello de su amor más puro, para que le diesen fe y creyesen su testimonio. &lt;br /&gt;
Estando, pues, un día en oración nuestra santa virgen en la octava del Corpus, patente el Santísimo Sacramento como se acostumbra en la orden, fue levantada en el aire más de una vara, en fuerza de la elevada y sublime meditación, cuando sintió de repente dentro de [108r] su alma una grande antorcha que, ilustrando su razón, inflamaba al mismo tiempo la voluntad en el amor de su dulce esposo. Vio que desde la custodia salían cinco hilos de oro finísimo a manera de cinco vistosos rayos de luz y se terminaban a sus pies, manos y costado. Conoció la santa el misterio y, no pudiendo su humildad sufrir tanto favor, quedó anegada en su misma miseria, absorta y fuera de sí. Los dulces efectos que causó esta visión en el pecho amoroso de la humilde sierva fueron admirables y, más para contemplarlos que para referirlos, diola el Señor a entender que quería honrarla con las señales de su pasión sacrosanta, pero que esto sería sucesivamente, y en diversos tiempos así se verificó, como iremos viendo. Un día, meditando en la corona de espinas y los acerbísimos dolores que el Señor padeció en este paso, sintió en su cabeza tan recias punzadas, como si la traspasaran con agudas y penetrantes espinas. Ni fue solo repre- [108v] sentación, sino realidad, pues luego brotaron con violencia por todo alrededor muchas gotas de sangre viva y fresca. Duró esto por muchos días, de suerte que lo vieron y notaron las demás religiosas pues, aunque ponía el mayor cuidado para ocultarlo, no podía, manifestándolo el Señor por medio de la sangre que le corría, no pocas veces, hilo a hilo por la cara, con admiración y pasmo de cuantos lo veían. Y sucedía estar sereno su rostro, sin novedad alguna y, de repente, brotar la sangre de sus sienes, frente, y demás partes de la circunferencia, y bañarse su angelical rostro con este precioso rosicler, que la hacía aún más hermosa y agraciada. Desde que recibió estas señales de la corona de Jesús (de que hay pocos ejemplos en la historia), fueron vivísimas y penetrantes las punzadas que sintió causándole acerbísimos dolores en tanto grado que, en una ocasión, llegó a separarse en la cabeza el casco superior del inferior, como si le hubieran dividido con un cuchillo; pero acompañó a este prodigio otro aún mayor, y es que por fuera nada se conocía, pues ni rompió el pellejo, ni hizo llaga alguna y solo por el tacto se percibía la separación [109r] de uno y otro casco y, con ser esta rotura claramente mortal y sin remedio, no le quitó la vida, aunque le causó tan fuertes dolores que estuvo fuera de sí por más de cuarenta horas, y después de algunos días, se volvieron a unir y solidar, sin medicina, aquellos cascos, quedando como antes. Deste raro portento hubo muchos testigos y algunos dellos físicos famosos que, contestes ''[11]'', depusieron ser obra sobrenatural y divina. &lt;br /&gt;
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2.- Entregada toda a Dios y puesta en contemplación altísima se hallaba un día la santa virgen cuando, de repente, sintió acerbísimos dolores en las manos y en los pies y aun en todo su cuerpo, quedando como descoyuntado. Parecíale que las manos se las atravesaban con gruesos y penetrantes clavos; acudió pronta, llevada más del temor humilde que del dolor vehemente y halló las llagas, que pasaban de parte a parte una y otra mano. Después que volvió en sí y pudo valerse, se puso unas vendas con algunos paños para que las demás no lo pudiesen conocer. Y fue así, pues solo su con- [109v] fesor (que lo era entonces el ilustrado varón y religiosísimo padre fray Juan de Corrales, prior del convento de la Sisla) lo supo y él solo las vio con sus ojos y depone desta verdad y no se puede dudar della, pues demás de ser varón a todas luces respetable por su conocida santidad y literatura, se hace acreedor a esta justicia el hallarse condecorado con la prelacía de su orden y, lo que hace más al caso, por ser del tribunal de la Santa Inquisición, como veremos después. Duraron estas llagas abiertas más de 40 días sintiendo la bendita virgen recios dolores y muy en particular los viernes. Después, se cerraron sin medicina alguna, pero quedaron las señales hasta que murió, y procuraba ocultarlas. Y, aun después de cerradas, sentía no pocas veces vehementísimos dolores. No nos dice la historia si recibió también las llagas en los pies, aunque es de creer las recibió y las ocultaría por la honestidad, y solo dice que sintió en esta ocasión acerbísimos dolores en los pies. Pero aún más misteriosa es la llaga del costado: abrasada en amor divino, medita- [110r] ba un día la Pasión y muerte de Jesús (que este era por lo común el objeto de su oración), se le apareció el Señor vestido de resplandores y le previno que el día siguiente, que era la festividad de todos santos, año de 1484, le había de comunicar altísimos secretos y transformar en sí por temor haciéndola participante de los dolores de su Pasión sacrosanta. La humilde sierva se lo dijo a su prelada con el mayor secreto, suplicándole encarecidamente que, a otro día luego que comulgase, la llevase a algún sitio retirado de la casa donde nadie le viese ni notase. Prometiolo así la prelada para su consuelo, aunque no lo pudo cumplir, pues a otro día, apenas comulgó, fueron tan excesivos los gemidos y sollozos y tan violentos los golpes de corazón, que fue milagro no espirar luego al instante. Tal era el fuego que abrasaba interiormente el corazón de la santa que, encendida toda en amor, salió a buscar el exterior ambiente. Su virginal rostro arrojaba un [110v] tan vistoso carmín que, hermoseándole sobremanera, causaba admiración y respeto. Siguiose a esto un prodigioso rocío de su sangre que, sin hacer herida, salió de sus delicadas sienes y por toda la circunferencia de la cabeza. Quedose después privada de todos sus sentidos y en un profundísimo éxtasis en que perseveró por más de 40 horas sin verse en ella más acción vital que algunos lastimosos quejidos con que, tal vez, se desahogaba. Las religiosas, temiendo muriese la santa en aquel dilatado desmayo, usaron aun con sobrada violencia de cuantos remedios les dictaba su congojosa aflicción en aquel crítico lance: le dieron garrotes y ligaduras y, para que tomase alguna sustancia, hicieron tal fuerza que le quebraron una muela, pero a todo estaba la santa inmoble e insensible. Y, aunque notaron alguna sangre en el hábito, no hicieron alto sobre ello hasta que se descubrió el misterio. Volvió al fin de aquel profundo rapto y, después, dijo a su confesor que había sido llevada a la presencia de Cristo y que había visto al Señor sentado en un trono de grande majestad y grandeza, donde le fueron reveladas muchas cosas tan altas y divinas que ni podía ni sabía explicarlas. Dijo también que le había mandado el Señor, de nuevo, publicase lo que [111r] le tenía dicho en otras ocasiones: “Y para que seas creída -añadió el Señor- se te dará esta señal del cielo, que este cuchillo traspasará tu corazón y hará en él una llaga de donde saldrá sangre viva, que será verdadero testimonio a todos, tú serás participante y como un transunto en quien verán mis llagas y lo que padecí por los hombres”. &lt;br /&gt;
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3.- Después que dijo esto el Señor, se sintió herida en el costado y con tan gran dolor que faltó poco para espirar. Mostrose la llaga abierta por espacio de 20 días y, aunque siempre corría sangre, los viernes era con más abundancia, de suerte que no bastaban los paños que se ponía y corría hasta el suelo. Para que se conociese que esta llaga era misteriosa y sobrenatural, nunca se enconó ''[12]'' ni salió materia ni otro género de corrupción. La sangre que salió era tan limpia como de un tierno corderillo. Quiso al principio la humilde sierva del Señor ocultar este prodigio, pero el Señor le mandó lo dijese a sus preladas y prelados, lo que le fue aún más sensible que todos los dolores que había padecido. Obedeció; aunque [111v] muy a costa de su humildad, mostró los paños ensangrentados, que ellos mismos estaban publicando el prodigio, pues no parecía sangre humana, sino un carmín finísimo. Vio la llaga el confesor y algunas religiosas y todos quedaron atónitos y asombrados, aunque mandó seriamente a las religiosas no lo dijesen a nadie. Quiso el confesor dar parte al deán de la Santa Iglesia, pero se detuvo para obrar con más reflexión en materia tan importante; pero confirmado más en el prodigio buscó al deán y le refirió cuanto pasaba. El deán, que era don Pedro de Préxano, sujeto de no vulgar literatura, de vida muy ajustada y que sus prendas le elevaron después a la mitra de Badajoz, determinó se hiciese la averiguación con toda solemnidad, para que constase auténticamente, por lo que llamó al capellán mayor, dignidad de la misma Santa Iglesia, junto con un notario apostólico y, en compañía del confesor, entraron en el convento el día 19 de noviembre y, delante de la prelada y otras dos religiosas, vieron con la mayor decencia la llaga del costado y su circunferencia; y la tocaron con sus manos estando la llaga tan viva y fresca como si se acabara de hacer, no obstante que habían pasado 19 días, y salía sangre pu- [112r] -rísima, sin mal olor, ni putrefacción alguna; y el mismo capellán mayor tomó unas hilas y las sacó llenas de sangre, confesando todos era cosa sobrenatural y mandaron al notario lo diese por testimonio. Y porque este se guarda original en el Convento de Padres Jerónimos de la Sisla de Toledo, queremos poner aquí lo que hace al caso y pertenece a la historia, y es lo siguiente: &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
‹‹Yo, Gracián de Berlanga, capellán de la serenísima reina doña Isabel, Nuestra Señora, notario apostólico y arzobispo, doy fe que el año de la Natividad de Nuestro Redentor y Salvador Jesucristo de 1484, en 10 de noviembre, casi 6 horas después de medio día, por ruego e instancia de don Juan de Biezma, rector de la casa de doña María García, entré en la dicha casa, en un aposento en el cual estaban los reverendos señores don Pedro de Préxano, deán de Toledo, y don Diego de Villaminaya, capellán mayor en el coro de la Santa Iglesia de Toledo, y dos o tres religiosas de la dicha casa, y vide una doncella, que verdaderamente parecía bulto de ángel, y tenía una llaga en el costado donde Nuestro Señor Jesús fue herido, tan grande como un real y no tenía hinchazón y carecía de toda putrefacción [112v]. Tenía un color muy fino, así como grana y, después que todos lo hubimos mirado, a poco rato habló aquella doncella estas palabras: “Dios Nuestro Señor vos lo demande, si non pusiéredes aquello en execución”. Y así espantado me aparté dende y me torné a salir. En fe de lo cual lo signé y firmé de mi nombre, que fue fecha en Toledo, año, mes, día de ''quibus supra. Gratianus notarius apostolicus''››. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En aquellas palabras que dijo la santa, “Dios Nuestro Señor vos lo demande”, da a entender que ya los había hablado antes y sería, sin duda, lo que el Señor le había revelado que publicase. Parece no esperaba el Señor otra cosa para cerrar la prodigiosa llaga que el que se tomase testimonio della y así, a otro día, que fue el 20 de noviembre, ya se había desaparecido esta llaga, cerrándose ella misma sin medicina alguna, quedando solo una hermosa y vistosísima señal y no menos prodigiosa que la llaga misma, pues, sin verse cicatriz ni callosidad alguna, solo quedó como un hermosísimo y brillante rubí. De donde se infiere claramente que esta llaga [113r] fue milagrosa en su principio, en sus progresos y en su fin. Pero, aunque faltó la llaga, no faltaron a la santa los dolores, pues estos los padeció con mucha frecuencia y aun también se renovó no pocas veces en los cinco años que vivió después, como lo declaró a su confesor, a quien nada reservaba para no errar. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
4.- Adornada nuestra santa con las preciosas llagas de Jesús, no vivía ya en la Tierra este serafín humano, su conversación, su trato y su espíritu todo era del Cielo y en el Cielo. Su alimento era cortísimo y levísimo, y aun esto lo hacía no por necesidad, sino por humildad, para quitar cualquier nota y que no la tuviesen por buena. Decía a su confesor que no tenía necesidad de manjar terreno cuando recibía a Su Majestad Sacramentado, pues este le mantenía no solo el alma, sino también el cuerpo. Por eso en este tiempo eran más frecuentes los éxtasis y raptos desta feliz alma, pues, como tan desprendida de la Tierra, era fácil ser elevada hasta el Cielo. Aumentáronse las revelaciones y favores del Señor [113v] y, como la había escogido por instrumento para declarar lo irritado que estaba contra los pecadores, volvió una y otra vez a mandarla manifestase su voluntad. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En una ocasión, le apareció Su Majestad muy airado y, de nuevo, le dijo era su voluntad se avisase al arzobispo para que, por lo que a él le tocaba, pusiese pronto remedio en aquellos cinco vicios que, en otro lugar (I), dijimos aborrecía tanto el Señor y, también, que velase en destruir y extirpar los horrores que en Toledo iban sembrando los moros y judíos y que quitase el intolerable abuso que se había introducido de celebrar misas en casas particulares y que no lo permitiese, sino en algún caso raro o grave necesidad, pues así iba decayendo el culto divino y la asistencia de los fieles a los templos y funciones eclesiásticas. Ha querido siempre Dios a esta ciudad santa, ejemplar y edificativa, esmerándose en arrancar de su campo cualquier cizaña que el enemigo común ha instado sembrar y, por eso, ahora insta tanto en purificarla por medio de su prelado [114r] para que, a su ejemplo, otros prelados hagan también lo mismo. Con este fin, y para que le diesen crédito, adornó el Señor con sus llagas a nuestra santa virgen, pero como tan humilde no sabía cómo hacerlo, contentándose con decirle a su confesor, el cual tampoco tenía resolución para ello, permitiéndolo el Señor para escarmiento de otros. Una voluntad de Dios tan expresa y clara, tantas veces repetida y encomendada, ya se ve que el resistir a ella será culpable en los divinos ojos, ni puede escusarse con el pretexto de humildad, pues en realidad no lo es. Mandó Dios a Jonás fuese a predicar a Nínive, pero por humildad huye y se embarca para Tarsis (J). Irritado el Señor contra el desobediente profeta, le castiga mandando a una ballena se lo trague. No se han de persuadir fácilmente las almas contemplativas que el Señor las toma por instrumento para cosas grandes, pero tampoco se han de resistir con nimia tenacidad cuando una y otra vez las llama. [114v] Escarmienten las almas dedicadas a Dios en lo que sucedió a esta santa y a su confesor: murió este (que, como queda dicho, lo fue muchos años y se llamaba don Juan de Biezma) el año de 1486 cerca de la festividad de Nuestro Padre San Francisco y, en este día del Santo Patriarca, se le apareció a la sierva de Dios y le dijo, entre otras cosas, estaba penando en el Purgatorio por no haber hecho lo que la santa le dijo varias veces, que diese parte al arzobispo para que pusiese remedio oportuno en aquellas culpas y que, ahora, le exhortaba que, deponiendo todo temor, lo manifeste al arzobispo porque, si no, sería azotado rigurosamente del Señor. Pidiola le encomendase a Dios y ayudase a salir de aquellas penas y, con esto, desapareció. Quedó la santa admirada, pero aún no sabía cómo hacerlo, pues le parecía que harían burla de su dicho, despreciando como consejo de mujer lo que era oráculo divino. Estando una noche en oración, fue llevada a un tribunal, donde presidía un juez [115r] severo y, pidiéndole cuenta del cumplimiento de sus órdenes, mandó a un ángel azotarla por desobediente. Fueron tales los azotes que se alcanzaban unos a otros y, así, sus delicadas espaldas quedaron todas molidas y quebrantadas, aunque por de fuera no quedó señal alguna de llaga ni cardenal. Este solo tormento le faltaba para imitar a Jesús en su Pasión sacrosanta. Tuvo grandes dolores la santa y le duraron cerca de año y medio sufriendo por el Señor estos azotes de su mano. Tenía una vez la toca mal puesta y la prelada, para componérsela, metió la mano en la espalda, pero notó que, como si no tuviera huesos o los tuviera molidos, no tocaba sino carne, pero sin llaga ni cardenal alguno. Maravillada desto y pensando que se había puesto así por las disciplinas, le reprehendió agriamente el exceso, pero la sierva de Dios le descubrió todo lo que había pasado y se conocía ser cosa sobrenatural por no verse señal alguna exterior. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
5.- Con este aviso del Cielo conoció [115v] la sierva de Dios su descuido y, habiendo quedado por su confesor el venerable padre fray Juan de Corrales, prior que era de la Sisla, comunicó con él cuanto había pasado y, como docto y experimentado, determinó dar parte de todo al arzobispo, que lo era entonces el gran Cardenal de España, don Pedro González de Mendoza, y habiendo hablado largamente con su eminencia sobre el asunto, le dejó una copia del testimonio, que se había formado de la llaga del costado y otros papeles autorizados de varios prodigios y maravillas que Dios había obrado, y estaba obrando entonces con su humilde sierva. Oyole benignamente su eminencia y, a otro día, le respondió en carta lo que sigue: &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
‹‹Venerable padre, esta noche pasada a las dos, después de medianoche, tomé esta lectura que me dejastes y nunca la aparté de mis ojos hasta que, capítulo por capítulo, la pasé y leí toda, que en ella no quedó letra que no la leyese, y lo que más me maravilla es que, ansí, se me pegó al corazón, que no dudé de [116r] ella cosa alguna. Como quiera que soy tardío en dar crédito a estas revelaciones y, al cabo, vi el testimonio del notario y la confirmación de los testigos, varones y mujeres, a quien toda fe se debe dar y a cualquiera dellos yo lo daría, aunque fuese solo cuanto más a todos juntos, a los cuales yo conozco, excepto a la hermana mayor (era la prelada), que por tener el cargo que tiene está aprobada debajo. Conozco bien al notario, que es hombre de verdad y digno de fe. Maravillome mucho más hallarse en mujer tanta dureza en no querer decir lo que tantas veces vio y sintió, mayormente siéndole mandado por quien todo lo manda y rige, lo que es señal de su grandísima humildad y del menosprecio que tiene de la gloria mundana. Por lo que a mí me toca, le dad, vos Padre, por mí las gracias, y Dios Nuestro Señor se las dé, y la pena que padece le será en doblada gloria y, si hay alguna cosa que yo pueda hacer para consolación suya, ofrécesela vos de mi parte muy enteramente, y recomendadme a ella rogándole que me tenga presente en la oración, rogando a Nuestro Señor me deje acabar en su servicio y hacer en esta vida su voluntad››. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Después que recibió esta carta el [116v] confesor, le mandó a la sierva de Dios escribiese al arzobispo informándole ella misma de cuanto el Señor le había revelado sobre el particular. Llamó a una religiosa de confianza para que le escribiese y, habiéndola acabado, al quererla secar a la lumbre, se quemó gran parte y, afligiéndose la compañera por tenerla que trasladar y ser larga, le dijo que no tuviera pena, que a otro día lo harían. Pusieron la carta en un arca y, al ir a trasladarla al día siguiente, la hallaron sana y sin lesión alguna, de lo que quedó admirada su compañera, que se llamaba Inés de San Nicolás. Cerró la carta y la envió con su confesor y la llevó a su eminencia, con quien habló largamente sobre el contenido, y su eminencia respondió lo siguiente: &lt;br /&gt;
‹‹Devota y muy amada hermana, con vuestra carta y con lo que el Padre Prior de la Sisla me dijo, hube gran consolación. Nuestro Señor Dios, que os puso en tal estado, os deje acabar en su servicio y a mí me dé gracias, que pueda hacer su voluntad y poner en obra lo que vos me aconsejáis, y ansí, os pido que le demandéis a Nuestro Señor y a su buen- [117r] aventurada Madre y en vuestras oraciones me encomiendo. Y porque al Padre Prior de la Sisla hablé largo no digo aquí más, sino que Nuestro Señor os conserve en su gracia divina››. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Otras muchas cartas escribió la santa al cardenal en que trataba con toda eficacia del remedio de los errores que los judíos y moros iban sembrando en Toledo, y su eminencia, conociendo la santidad desta gran mujer y el espíritu que la animaba, determinó a sus ruegos establecer en Toledo el Santo Tribunal de la Inquisición. Ni paró aquí el fervor desta heroína, pues a sus eficaces instancias se movió el cardenal a tratar con los Reyes Católicos, don Fernando y doña Isabel, la expulsión de los judíos y, después, se executó el año de 1492, saliendo de toda España seiscientos y veinte y cuatro mil desta mala raza. De suerte que podemos decir que nuestra España es deudora a esta sagrada virgen destas dos cosas grandes: del establecimiento del Santo Tribunal de la Inquisición y de la expulsión de los judíos, de donde tanto bien se ha seguido a [117v] toda la monarquía española. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
6.- Prosiguiendo el Cielo en favores a esta dichosa alma, eran ya por este tiempo frecuentísimas las dulzuras que recibía en repetidas apariciones de los espíritus angélicos y dulcísimas visiones de los santos, sus devotos, recreándola espiritual y corporalmente, sanándola de sus enfermedades y dirigiéndola en lo que había de hacer. Y si todas se hubieran de referir, sería necesario formar abultadísimos volúmenes y en esto convienen todos los historiadores de su admirable vida, por lo que ponemos solo algunas. Abrasada en amor de Dios, deseaba la santa comulgar en ocasión que los recios dolores que padecía en los lugares de las llagas, junto con la suma debilidad, la tenían postrada en una cama; no se atrevía la santa a pedir le trajesen a Su Majestad por evitar la singularidad. Apareciósele en esto un bello y gracioso niño, tan peregrino y hermoso que, turbada toda, no [118r] se atrevía a hablarle ni menos a llegarse a él, no obstante que se mostraba afable y cariñoso aquel soberano infante, recobrose un poco y díjole con humildad: “¿Quién eres, hermoso niño?”. Y el Señor le respondió con mucha gracia y donaire: “Yo soy tu esposo, no te turbes. ¿Por qué temes? Llégate a mí”. Y llegándose la casta virgen, le dio el Divino Infante paz en el rostro y, poniéndole la mano en la cabeza dijo: “Ea, esposa mía, ya estás sana, levántate y ve a la iglesia”. Desapareció la visión y quedó la santa tan llena de dulzura y suavidad que le parecía había estado en la gloria, levantándose de la cama buena y sana; y desde este día jamás sintió dolores en la cabeza en la parte de la corona, que fue donde la tocó el soberano Niño, pero se aumentaron considerablemente en los pies, manos, costado y espaldas, en particular los viernes desde por la mañana hasta después de vísperas, en que parecía le renovaban las llagas, cada una con el instrumento respectivo. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En una ocasión la tenía postrada en la cama un agudo dolor de costado a que se llegaba el dolor grande que entonces la afligía también de la llaga del costado, que, aunque no se mostraba para lo exterior, como se ha dicho, siempre en lo interior [118v] estaba abierta. Pensaba, según su debilidad y dolores, que era llegada su hora y solo la afligió el no poder hablar bien para confesarse. En este aprieto, se le apareció el arcángel San Miguel, de quien era muy devota y, poniéndole la mano en la llaga del costado, se la apretó y fortaleció tan bien que pudo hablar y, llamando a su prelada, le suplicó avisase a su confesor para que la oyese de penitencia y administrase el viático. Mientras fueron al convento de la Sisla a avisar al prior, que era su confesor, tuvo la visión siguiente: arrobada en un profundo éxtasis, vio en espíritu al mismo confesor que, estando diciendo misa, al llegar a las palabras de la consagración, una imagen de Nuestra Señora que estaba en el altar le dio el Niño que tenía en sus brazos. Vio también en el altar un grande resplandor y muchos ángeles que sostenían al sacerdote de sus brazos, hallándose presentes las gloriosas vírgenes Santa Catalina y Santa Bárbara. Luego estas dos santas se llegaron a María y le dijeron: “Mañana a las nueve recibirás a Nuestro Señor en este resplandor que ahora ves y luego, al punto, quedarás sana”. Así fue, pues a otro día vino el prior, se confesó y, celebrando misa, al tiempo [119r] que se volvió a la sierva de Dios con la forma consagrada para comulgarla, vio en el pecho y manos del prior un resplandor muy hermoso, con tanta claridad como si fuera un sol. Esto mismo vio también una inocente niña como de tres años que estaba presente con su madre, la cual prorrumpió con aquel desahogo natural que causa la admiración en aquella inculpable edad: “¡Ay! ¡Ay! ¡Qué hermoso!”. Y preguntada dijo que había visto un sol entre el sacerdote y la enferma. Luego que esta recibió al Señor, perdió todos sus sentidos, quedando en un profundo y soberano éxtasis que le duró nueve horas. Las demás religiosas procuraban por todos modos dispertarla, pensando desfallecía, pues no había tomado alimento alguno en muchos días. Ignoraban que estaba trasportada en Dios y que este, como esposo amante, tiene mandado en la escritura (K) que no inquieten a su esposa ni la hagan velar hasta que ella quiera, con que fueron en vano todas las diligencias hasta que ella volvió en sí y, abriendo los ojos, dijo aque- [119v] llas palabras del psalmista (L): “Alaba, ánima mía, al Señor y todas las cosas que están dentro de mí a su santo nombre”. Y luego se halló sana y sin dolor alguno. Instaron las religiosas que tomase algún alimento, pero la sierva de Dios se escusó diciendo que no tenía necesidad, pues habiendo comulgado podía pasar sin alimento alguno, aunque fuese cuarenta días. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
7.- Como era tan agradable a los ojos del Señor esta su querida esposa, le regalaba dulcemente revelándola sus más ocultos misterios. Un año, en la noche de Navidad, le reveló su santo nacimiento con la adoración de los pastores. Después vio a los Reyes Magos y los ricos dones que le ofrecieron, con todos los demás misterios desta sagrada festividad. Celebrando el santo sacrificio de la misa en el Convento de San Pablo, el señor don Diego de Villaminaya, capellán mayor del coro de la Santa Iglesia, muy devoto de la santa, iba a darle la comunión y, al recibirla, dio un tan fervoroso suspiro que levantó las sagradas formas de la patena y hubieran caído en el suelo si los ángeles no las [120r] hubieran detenido prontamente. Un día de Navidad, celebrando también misa este mismo sacerdote en el referido convento, vio cómo, al salir revestido al altar, iban delante de él dos refulgentes antorchas de una luz vistosísima y extraordinaria, colocáronse sobre el altar y luego salieron cinco rayos de cada una y terminaban en la sierva de Dios, llenándola de gozo abundantísimo. Al llegar a ''sanctus'', vio descender del Cielo al altar tanta multitud de ángeles que cubrían al sacerdote desde los pies a la cabeza, subiendo unos y bajando otros con muestras de singular alegría. Al llegar a la consagración, todos los ángeles se postraron con la mayor reverencia y, a la elevación, los mismos ángeles le levantaban los brazos. No pudo aquel fogoso espíritu de santa sufrir más y, así, antes del ''Pater noster'' le dio un deliquio amoroso, y no pudiendo mantenerse de rodillas, cayó en el suelo desmayada, y estuvo así hasta las doce del día sin movimiento alguno y, a esta hora, la llevaron a su recinto juzgándola muy fatigada, pues había estado allí desde las diez de la noche sin apartarse.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El año de 1486 fueron tales las crecientes del soberbio río Tajo por las continuas lluvias [120v] que, demás del daño que hacía en los campos, imposibilitó los molinos, de suerte que no se hallaba harina, causando mucha necesidad en el pueblo y perecían los pobres. Lastimado el corazón compasivo de la santa al ver tanta miseria, se subió una noche a un terrado desde donde se descubre [el] Tajo y, levantando los ojos y el corazón al cielo, echó al río su bendición y, después, se retiró a orar, puestos los brazos en forma de cruz, tendida en el suelo y pegado el rostro con la tierra. Así hacía ferviente y humilde oración pidiendo a el Señor y a su purísima Madre se doliesen de los pecadores y contuviesen el rigor de su justicia. Sintió luego que la levantaban en el aire y vino un rayo hermoso de claridad que, desterrando las tinieblas y lobregueces de la obscura noche, parecía el día más claro y refulgente. Vino después María santísima en un trono de mucha gloria y majestad y le dijo: “Has de saber, hija mía, que todas las aguas que han caído en el discurso de tantos días habían de haber caído en tres, y la mayor parte dellas sobre la ciudad, de que se hubieran seguido muchos estragos y muertes, pero las oraciones que has hecho por la ciudad, yo que siempre he sido y seré su pro- [121r] tectora y madre compasiva, las presenté a mi Hijo y se ha dignado contener su ira”. Y así se verificó, pues luego cesaron las aguas y el río volvió a sus antiguas corrientes. A este beneficio y a otros muchos es deudora la ciudad de Toledo a esta santa y venerable virgen, lo que debe tener presente para la gratitud y reconocimiento. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El deán de la santa iglesia de Toledo, de quien en varios pasajes desta historia hemos hecho honorífica mención, formando el concepto que se merecían las virtudes de la santa (como testigo ocular del singular prodigio de la milagrosa llaga del costado), la veneraba, fiando mucho en sus oraciones. Tenía gran consuelo en tratarla, comunicando los negocios más graves que se le ofrecían, sacando siempre luz y acierto en el consejo de María. En el citado año de 86, rogó encarecidamente a la santa pidiese al Señor por la paz entre dos grandes personajes muy inmediatos al solio ''[13]'', cuya discordia ocasionaba en el reino funestas consecuencias e irreparables males. Obedeció la santa y, estando un día en oración en un sitio donde se veía salir el sol, vio a este fogoso planeta en su primer oriente, pero tan benigno en su aspecto que, como si fuera una estrella, se dejaba registrar sin ofensa de la vista. [121v] Advirtió que dentro del sol había una cruz de oro finísimo y, allí inmediato, dos hombres que estaban peleando uno con otro, pero luego se volvieron las espaldas y apartaron. Conoció por esta visión que cesarían presto aquellas discordias y así lo dijo al deán, lo que se verificó, pues aquellos personajes desistieron de su enemistad y se apartaron de la demanda, quedando todo en suma tranquilidad. En otra ocasión, estando orando a la hora de tercia, vio un cerco grande de luna y dentro d’él dos capitanes que, cada uno con su escuadrón, peleaban varonilmente, pero el uno fue vencido habiendo muerto mucha gente de una y otra parte. No conoció la santa lo que contenía esta revelación, pero de allí pocos días llegó la triste tristeza de la prisión del conde de Cifuentes por los moros en las entradas del Reino de Granada. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
8.- Toda alabanza será corta para lo que se mereció don Diego de Villaminaya, capellán mayor del coro de la santa iglesia de Toledo, y de quien la pluma ha hecho comemoración repetidas veces en esta historia. Era este grande héroe sujeto de no vulgar santidad adornada de bellas prendas, piadoso, liberal, afable y, sobre todo, [122r] gran limosnero y bienhechor de las huérfanas, de los pobres, de los encarcelados y desvalidos. Amaba todo lo bueno y, como lo era tanto, la sierva de Dios, María de Ajofrín, le tenía una santa inclinación y, juntamente a todas aquellas exemplares religiosas, socorriendo largamente sus necesidades, siendo como padre y fundador de aquella casa. Murió este edificativo prebendo con universal sentimiento de toda la ciudad entre diez y once de la mañana, en ocasión que la santa estaba con las demás religiosas oyendo misa. Luego que espiró, fue arrebatada la sierva de Dios en un profundísimo éxtasis y vio cómo San Juan Bautista, San Jerónimo y Santa Catalina llevaron su alma al tribunal de Dios, y oyó que le acusaron delante de aquel severo juez de no haber cumplido un testamento que quedó a su cargo, pero a esta acusación respondió que ya lo dejaba el declarado en su testamento, mandando se cumpliese luego. Entonces, el juez dio la sentencia que fuese al Purgatorio hasta que se cumpliese lo que dejaba ordenado. Dieron de allí a poco el clamor en la Catedral y las religiosas conocieron que a la gloriosa virgen se le había revelado el estado del alma de aquel su bienhechor, aunque no se atrevieron a preguntarlo. Con [122v] esta revelación, quedó la santa muy consolada por estar aquella alma en carrera de salvación, aunque afligida de que no fuese luego a ver a Dios por aquel descuido. Llamó a su confesor y le refirió lo que había visto, y el confesor luego a informarse de los testamentarios si era cierta aquella declaración, pues nadie hasta entonces lo sabía, y halló ser así y puso gran diligencia para que inmediatamente se cumpliese, para dar alivio aquella alma y fuese a gozar de Dios. Así lo hicieron los testamentarios, dando entero crédito a la sierva del Señor por la gran fama de santidad que para con todos tenía y a vista del claro testimonio que tenían presente de la revelación divina. Eran tan fogosos los incendios de la caridad que ardían en el pecho de nuestra santa que no le permitían ver padecer a alguno y no intentase eficazmente su remedio. Enfermó de muerte (al parecer de todos los facultativos) la prelada del convento, que entonces llamaban hermana mayor y, afligida la santa por la pérdida de mujer tan exemplar, pues a la verdad lo era, se fue a la iglesia a pedir a el Señor por la salud de su prelada. Estuvo en oración desde las nueve de la noche hasta las doce delante del altar de Nuestra Señora, derramando tier- [123r] nas lágrimas por su prelada. Eran fervorosas sus súplicas a su dulcísima madre como nacidas de un corazón todo mariano. Ofrecía su vida por la de su prelada, pedía, lloraba, esperaba y se afligía. Oyó en fin sus ardientes votos la que es consuelo de afligidos y salud de los enfermos, María, Señora Nuestra, y le dijo: “He oído tus ruegos y le es concedida la salud que pides”. Al oír este favor de la boca de su dulcísima reina quedó toda absorta y enajenada y, continuando los favores del Señor con esta su fiel sierva, vio al glorioso mártir San Lorenzo que, vestido de diácono y adornado de resplandores, llegó a la enferma y le puso en la cabeza una cinta de oro y, echándole su bendición, desapareció. Volvió en sí la sierva de Dios y luego fue a visitar a la enferma y la vio trasportada en dulce sueño, dispertó de allí a poco y se halló buena y sana de repente. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[14]'' [125r] Cayó por casualidad un ladrillo sobre la cabeza de una religiosa y, habiéndola herido gravemente, se llegó a ella la sierva de Dios, María, y lastimada de ver a su hermana padecer, le puso la mano sobre la herida con mucha blandura y suavidad pronunciando tres veces el dulcísimo nombre de Jesús, con que se detuvo la sangre, se cerró la herida y sanó perfectamente. Como era mujer poderosa y rica la madre de nuestra santa, labró en el convento un precioso altar y colocó para él una hermosísima imagen de Nuestra Señora, para desahogo piadoso de su afecto, y que su santa hija tuviese donde emplear el objeto noble de sus cariños que, como nacida en pueblo tan proprio de la Virgen, no podía ser otro más de su agrado. Era esta soberana imagen el imán de sus potencias, el asilo en sus necesidades y la obradora de infinitas maravillas y prodigios. Y si hubiéramos de historiar los beneficios que alcanzó desta sagrada imagen, [125v] los milagros que obró por su intercesión y portentos que se vieron en su tiempo, sería necesario alargarnos mucho contra el deseo que tenemos de no molestar y, así, pondremos uno u otro caso para inferir otros muchos. Un hermano de la santa, joven bizarro y de alientos, corriendo en Ajofrín un fogoso caballo, tropezó en la carrera y arrojó al jinete a una distancia desmedida con el mayor furor y violencia. Quedó el infeliz muy maltratado y casi sin sentidos. Voló a su madre esta infausta noticia en alas de la desgracia y, luego que oyó la fatalidad, le sorprendió un tan violento accidente que, torcida la boca, turbados los ojos, trémulos y lisiados los demás sentidos, causaba compasión a cuantos la veían. Dieron parte a la santa y, lleno su corazón de fe, acudió a María Santísima y, haciendo oración delante desta milagrosa imagen, mereció la respuesta que se sigue: “Hija, para el domingo estarán ya buenos tu madre y tu hermano”. Enviolo a decir a los enfermos y que tuviesen fe, que así se cumpliría. El suceso se acreditó, pues llegado este día, sanaron de repente sin medicina alguna. ''[15]'' [123r] Gemía en duras prisiones el referido hermano de la santa, tan triste y afligido que faltaba el esfuerzo y la paciencia, noticiosa su santa hermana acudió a su universal remedio, María Santísima, Nuestra Madre y, haciendo oración [123v] delante de una sagrada imagen, a quien tiernamente amaba y era todo su consuelo, se le apareció esta misma imagen al preso y, quitándole los grillos y cadenas, le dijo que saliese de la cárcel, que ya estaba suelto y libre por las oraciones de su santa hermana. Estaba entonces dormido y, al dispertar, se halló fuera de la cárcel, sin prisiones, añadiéndose a este otro prodigio que fue verse también sano de una grande inflamación que tenía en un pie a causa del mucho peso de las prisiones. Fue luego a ver a su hermana, refirió el milagro y, viendo la imagen de Nuestra Señora, conoció era la misma que le había quitado las prisiones y librado de la cárcel. Con este justo motivo, ofreció a la Virgen venir todos los sábados desde Ajofrín a Toledo, que dista tres leguas, a visitarla y traer cera para su culto. Cumpliolo puntualmente por el espacio de 9 años y, viniendo un sábado a traer la cera y visitar a Su Majestad, se cayó muerto en el camino de repente. Mucho sintió este accidente su santa hermana afligiéndose por haber muerto de repente y sin sacramentos. Pedía fervorosa a la Sagrada Virgen que, pues vivo le había librado de la cárcel del cuerpo, le librase muerto de la cárcel eterna. Pasados ocho días, se le apareció su hermano y, dándole gracias por sus oraciones, le dijo cómo a la hora de su muerte se había visto en grande riesgo, pero que invocan- ''[16]'' [125r] do en su ayuda a Madre Santísima le libró esta Señora y que se hallaba por su patrocinio en carrera de salvación. Pidiola que cumpliese ciertas obligaciones que tenía y que solo esperaba eso para irse a gozar de Dios para siempre ''[17]''. [124r] Esta sagrada imagen que, como hemos dicho, era el imán de los cariños de la sierva de Dios y por cuya intercesión obró infinitos milagros, se intitula “Nuestra Señora de la Encarnación” y la dejó muy encomendada a las religiosas. Hoy se venera con el mayor culto y decencia en el coro deste religiosísimo convento, siendo el asilo común de todas las necesidades y aflicciones, continuando en los prodigios y milagros como antes. Es de talla muy hermosa y en el pecho tiene un óvalo cerrado con un cristal, por el cual se registra un niño pequeño, pero hermosísimo, que tiene dentro. Está vestida de tela de variedad de colores, por habérselo pedido así a una sierva de Dios deste mismo convento. Después que murió la santa, diciéndola quería que la adornasen como a Reina, según la pinta David (M) con vestido de oro, y de hermosa variedad, or el mes de agosto le mudan ''[18]'' vestido y concurre toda la comunidad a este acto [124v] [19] devoto y tierno y, con este motivo la adoran, y al niño que tiene en el pecho. Todos los sábados cantan las letanías y, todos los días, el santo rosario y otras devociones. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
9.- ''[20]'' [126r] Descollaba cada día más y más nuestra santa en religiosas perfecciones y, aunque su corazón era un precioso relicario en el cual descansaban, como en su centro, los esmaltes de todas las virtudes, se aventajó con especialidad en la de ser ternísima devota de la Virgen María, como su fiel vasalla, esperando de su patrocinio aun el mayor imposible. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Llegábase la fiesta de Nuestra Señora de septiembre del año 1486 y, estando postrada en una cama con vehementes dolores y un tumor grande en la garganta, consideraba que las demás religiosas se levantarían a los maitines, asistirían al coro, oirían misa y comulgarían en tan gran festividad. De todo lo que se veía privada por sus dolores y achaques, afligíase sobremanera y esto le era más doloroso que todos sus dolores. Tocaban ya a maitines de la fiesta y, no pudiendo contener en su virginal pecho sus afectuosos deseos, hablando con María Santísima, se quejaba tiernamente en estas dulces y cordialísimas expresiones: “Reina gloriosa de mi alma, amparo de los que te invocan, consuelo de afligidos, alegría de los tristes, salud de los enfermos. ¿Es posible Señora y Madre mía que me tengo de privar de [126v] asistir a tus divinas alabanzas? ¿Que no pueda cantar con mis hermanas tus maitines? Bien conozco, Reina de los cielos, que no merezco alabaros ni estar en compañía de tan santas hermanas. Pero, Señora, ¿para cuándo son las gracias? ¿Para cuándo tus piedades y clemencias? Ahora las habéis de derramar liberal en esta indigna esclava vuestra”. Al decir esto, bajó del Cielo una gran claridad sobre la santa y luego se sintió sin dolores, sana y buena. Se levantó al punto y, llena de alegría y gozo, fue a maitines, comulgó y oyó misa a otro día. Admirándose todas las religiosas de lo que veían, pues estaba fuerte y sin aquel gran tumor que había tenido en la garganta, que todo estaba publicando un conjunto raro de prodigios. Enamora&amp;lt;da&amp;gt; salamandra de su Divino Esposo, se hallaba un día leyendo un libro devoto para divertir sus amorosas ansias y, no pudiendo por sus dolores ir a visitar a Su Majestad en la iglesia, pidió a una religiosa [127r] le trajese el Niño de la Virgen para adorarle. Recibiole con suma reverencia y le puso encima del libro, en cuyas hermosas hojas se puso a contemplar por un rato, derramando dulces y tiernas lágrimas. Llevada de tan fervoroso impulso, fue a besar el pie del divino infante y, anticipando este los favores, levantó él mismo su piececito ofreciéndoselo a su sierva con estremada caricia. Diole el ósculo llena de consuelo y el Niño se quedó con el pie levantado para eterna memoria de tan gran fineza. Notaron esto todas las religiosas y empezó aquella sagrada efigie a obrar mil prodigios y milagros. Uno solo historiaremos brevemente por haberlo obrado con la santa: tenía una peligrosísima apostema la bendita virgen, que la afligía no poco, pero luego que la tocó el pie divino del Niño se abrió y quedó sana a vista cuasi de toda la comunidad. Este Niño se mantiene en el convento con el mayor culto y devoción, es el Esposo que sirve para las profesiones de las religiosas y obra mil prodigios con los enfermos, se llama “El Niño de la Paz”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Capit. VII. Continúan los favores del Cielo con que dispone el Señor a su sierva, María de Ajofrín, para su dichosa muerte, y se refieren algunos prodigios que ha obrado después de su feliz tránsito'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
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1.- No se ciñen los caminos que guían a la virtud a una sola senda. Muchas previno la divina Providencia a los viadores correspondientes a las diversas moradas de los bienaventurados en la gloria. No todos los bajeles siguen en las dilatadas playas del océano un mismo rumbo, por distintos se navega a un mismo puerto. A muchos santos ha llevado el Señor al puerto deseado de la gloria por el suave camino de la oración y la contemplación; a otros por el áspero y trabajoso de la mortificación y penitencia. A unos les ha preparado lo ardiente de la caridad para su mérito; a otros ha exercitado en las valerosas campañas de la fe, derramando la sangre por Jesucristo. A unos los ha puesto en el desierto, a otros los ha [128r] traído a los poblados. A unos los ha salvado en los palacios, a otros en las chozas, guiando aquella altísima Providencia a cada uno por el rumbo proporcionado a sus inescrutables fines. A nuestra gloriosa virgen llevó el Señor por un camino extraordinario: le regalaba con dulcísimos favores revelándole los más ocultos misterios y sanándola en sus dolencias y enfermedades, pero por otra parte la visitaba con trabajos, llagas y dolores y, no contento con eso, añadía un cúmulo admirable de austeridad y penitencias. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Ni le faltaba el mérito de la caridad ardiente, pues trabajaba con un celo verdaderamente apostólico para evitar las ofensas de Dios, destruir las herejías y aniquilar los errores; perseguía con oraciones, escritos y diligencias las infames razas de moros y judíos, para lo que el Cielo le avisó repetidas veces. Igual era la paciencia, pues ni por infortunios ni enfermedades jamás se la vio enfadada. Era para con sus hermanas afable y cariñosa, ayudándoles en todo lo que podía, pero la humildad era la basa donde se fundaban todas las virtudes. Aunque tan favorecida del Cielo, siempre estaba pegada contra el suelo, se reputaba por la más ingrata de las criaturas, buscando medios para que la despreciasen. Pedía a la prelada que la reprehendiese en público as- [128v] perísimamente, mandándola postrar a la puerta del capítulo para que las demás la pisasen. Afirmaba su prelada (que lo era entonces la venerable Catalina de San Lorenzo, religiosa de no vulgar santidad y mucho mérito) que, entre todas, ninguna había más humilde que María de Ajofrín, no obstante las grandes religiosas que florecían entonces en aquella santa casa y refieren las crónicas de la orden. En premio destas y otras excelentes virtudes, fueron sin número los favores que recibió del Cielo siempre que comulgaba, o se elevaba en el aire, o quedaba en un éxtasis profundísimo que le duraba mucho tiempo. Por entonces, se fundó el Santo Tribunal de la Inquisición en Toledo con gran consuelo de nuestra santa virgen, pues veía cumplidos ya sus deseos. Uno de los nombrados para conocer de los procesos y causas del Santo Oficio era su confesor, el venerable padre fray Juan de Corrales, cuyas recomendables prendas le hicieron acreedor a tanto mérito y, como la sierva de Dios era el archivo y depósito de misterios tan re- [129r] cónditos, le ilustraba a su confesor de cuanto convenía hacer, a honra y gloria de Dios y exaltación de la santa fe católica. Le avisaba clara y distintamente (según le era revelado) los insultos que cometían los judíos, dando todas las señas de personas, caras y cuanto era necesario para la dirección de los asuntos. Le decía lo que maquinaban contra los cristianos, le descubría sus antes, le instruía en cuanto había de hacer para el mejor éxito de los negocios y, como el confesor hallaba por la experiencia ser cierto cuanto le decía, adquirió gran crédito por sus aciertos y bien fundados dictámenes y así le fiaron los negocios más arduos que ocurrían, no solo en Toledo, sino en otras provincias de España, los que desempeñó con la mayor satisfacción ayudando no poco a ello nuestra santa con sus oraciones y consejos. Nombrole el Santo Oficio para que fuese a tierra de Burgos a comisiones graves del tribunal, urgían en el día, y fue preciso tomar el camino en tiempo de invierno entre nieves y lluvias con mucha incomodidad y trabajo. La santa le animó a llevarlo con paciencia y le dijo cuánto había de padecer en el camino, señalando los días y lugares, [129v] pero le aseguró que el Señor le sacaría bien de todos los peligros y, así, puntualmente se verificó. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Cuando le dieron el cargo de la Inquisición, le pronosticó que había de padecer muchos trabajos y una grave enfermedad pero que, armado con el fuerte escudo de la constancia, lo vencería todo y, como lo dijo, se cumplió. Adoleció de un agudo dolor de costado muy a los principios de su oficio estando ocupado en materias muy graves del tribunal. Asaltole la enfermedad en el convento de San Pablo donde la santa estaba y, lastimada la sierva de Dios de que se atrasasen asuntos tan importantes al servicio del Señor, hizo sobre el enfermo la señal de la cruz y quedó sano, pero con mucha gracia dijo al enfermo: “Padre, ya estáis sano, aunque no por virtud de vuestra fe, pues no solo no creistes que os había de sanar, sino que os burlastes de mí en vuestro corazón y, en castigo desta poca fe, sentiréis por algunos días ciertas [130r] punzadas en el costado, pero no os impedirán las ocupaciones”. Todo pasó puntualísimamente como lo dijo la santa, pues el confesor se burlaba della sin esperar beneficio en la salud y, después, le quedó en el costado un pequeño dolor que no le impidió el trabajar. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
2.- El año de 1488, después de haber comulgado un día de Pascua de Resurrección, fue arrebatada en espíritu delante de toda la comunidad y de su confesor, que se halló presente. Así estuvo extática hasta las 6 de la tarde, y aun hubiera estado más tiempo si la voz del confesor, a esfuerzos de la obediencia, no la hubiera llamado. Volvió en sí luego que oyó la voz de su prelado, la que antes estaba inmoble como una estatua. Mandola el confesor, después que todas se retiraron, le dijese lo que se le había revelado, y ella, compelida por la obediencia, dijo que había sido llevada delante del Señor, el cual estaba rodeado de ángeles y serafines, y que, allí, se le mostraron las muchas maldades que los judíos y moros executaban en Toledo. Exortó al confesor [130v] a la constancia esforzándole a trabajar varonilmente sin desmayar en lo comenzado. Presumiendo el confesor algún otro misterio, le preguntó si tenía abierta la llaga del costado y la santa, aunque con mucho rubor, respondió que sí. En otra ocasión fue también arrebatada en un profundo éxtasis y vio a Cristo, vida nuestra, atado a la columna y que cruelmente le azotaban los judíos. Toda llena de compasión y pena lloraba la santa lo que padecía el Señor y, volviéndose a ella, Su Majestad le dijo estas palabras: “Hija mía, desta suerte me azotaron todos los días los judíos, herejes y moros. Díselo al deán y a tu confesor, que entienden en los negocios de la Inquisición, para que no cesen en lo comenzado y que me agradan mucho en lo que trabajan”. Dio cuenta a su confesor (como lo hacía siempre por mandato suyo) de lo que el Señor le había revelado y, concurriendo con el deán, les refirió lo que había oído de la boca de Jesucristo. Demás desto, dijo a su confesor privadamente otras muchas cosas que el Señor le reveló para su gobierno y, no solo ilustraba a su venerable confesor nuestra santa en lo que pertenecía a su empleo de la Inquisición, sino también en lo que [131r] trataba a su oficio peculiar de prior de la Sisla. Viniendo en cierta [ocasión] a confesar a la santa, le dijo volviese pronto a su monasterio para remediar un daño grande que amenazaba a su comunidad, diciéndole con claridad el delito, los cómplices, con todas sus circunstancias. Hízolo y halló ser cierto cuanto le había dicho la sierva de Dios. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
A otros muchos reveló las cosas más recónditas y ocultas de su interior. Un religioso de la orden, varón muy espiritual, llevado de la fama de santidad con que florecía la sierva del Señor, la buscó para tratar con ella varias cosas pertenecientes al alma. Luego que le vio la venerable virgen, le dijo: “Padre, bien sé que ha días que deseabas verme y la causa de donde nacen tus deseos. También sé que tal día empezaste a escribir cierta materia y, aunque os diste mucha prisa, no pudiste acabarla hasta la noche”. Al oír esto, se quedó admirado el religioso, pues solo Dios y él eran testigos de aquellas cosas. Después que trataron los negocios del alma con no poco consuelo suyo, al despedirse, dijo la santa: “Padre, decid a tal monje -nombrándole- que examine bien su conciencia y pida a Su Majestad perdón ''[21]'' de lo que halle, pues de aquí nace la aflicción que padece y, mientras eso no haga, no tendrá quietud su [131v] espíritu”. En otra ocasión, estando hablando cosas místicas y espirituales con un religioso también de la orden, le dijo a la sierva de Dios cómo había en el Monasterio de la Sisla cierto religioso (sin nombrarle) a que Su Majestad hacía muchos favores en la oración por la gran pureza de su alma. Entonces, la santa dijo: “Ese es padre fray Fulano -nombrándole por su nombre y apellido- y es cierto que tiene un alma muy pura, agrada mucho a Dios y el Señor le llena de bendiciones”. Refiriole algunos favores que había recibido del Cielo, y quedó maravillado, pues solo él los sabía por ser su confesor y padre espiritual. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Afligió a la ciudad de Toledo una gran peste el año de 1489. Eran lastimosamente funestos los estragos que en todas partes causaba. Adoleció en el convento, herida del contagio, una religiosa llamada Sancha Díez, muy estimada de toda la comunidad por su virtud y bellas prendas. Pedían por ella al Señor con la mayor eficacia, pero a la santa le fue revelado que le convenía morir entonces. Díjolo a las demás, previniéndolas para la conformidad y paciencia, y, de allí a poco, murió. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Un canónigo de la Santa Iglesia, varón espiritual y devoto, enfermó tan gravemente que, en pocos días, cerró todos los pasos aun a la más remota esperanza. Agotáronse los esfuerzos todos del arte y de la medicina, pero sin fruto alguno. Súpolo [132r] la santa y, haciendo oración por él, le reveló el Señor no moriría. Enviole una granada y, con ella, la alegre noticia de su salud, que tanto deseaba. Recibió el enfermo con mucha devoción y fe el regalo de la granada y, luego que comió della, se puso instantáneamente bueno, se levantó y fue a dar las gracias a su bienhechora por haber alcanzado del Señor la salud o, por mejor decir, la vida. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
3.- Ya es razón que pongamos fin a las revelaciones, profecías, éxtasis y otro favores que recibió del Señor esta asombrosa mujer, nacida más para el Cielo que para la Tierra, pues su vida, si así se puede llamar, fue siempre extática y divina, su trato más con los ángeles que con los hombres, su espíritu siempre inflamado, su caridad siempre ardiente tan apartado de todo lo terreno, que solo vivía a Dios y por Dios, de suerte que pudiéramos dudar si vivía en la tierra o en el cielo, pues los ángeles o la llevaban desde su celda al Cielo, o el Cielo se bajaba con [132v] los ángeles a su celda. Sus éxtasis profundos y visiones misteriosas fatigan con el número la memoria y la admiración con la grandeza. Todos los historiadores de su pasmosa vida dicen que omiten muchas revelaciones y nosotros hemos omitido no pocas de las que ellos escribieron, con que de aquí podrá inferir el curioso cuán habrán sido. El historiador de la orden (N) dice estas palabras: “Ya que me determiné a escribir la vida desta santa, acordé de decir las más notables cosas que Nuestro Señor le mostró y las obras milagrosas que por ella hizo, aunque omita algunas por no molestar”. Lo mismo dice Villegas en el ''Flos Sanctorum''. Una cosa debemos advertir en crédito de la santa, que es que en las vidas que corren de la sierva de Dios, particularmente manuscritas, se han introducido por error de los escribientes o mala inteligencia de los autores, algunas inversiones en los pasajes que hacen la historia fastidiosa y poco deleitable. También hemos notado no pocas equivocaciones o adiciones nada conducentes a la historia y que pudieran servir de algún tropiezo, por eso hemos puesto gran cuidado en referir los hechos desnu- [133r] dos de todo follaje y circunstancias impertinentes, mirando solo la verdad de la sustancia y despreciando los accidentes inútiles. Las revelaciones (como en otro lugar quedó insinuado) tienen todo cuanto puede pedir la crítica más escrupulosa para acreditarlas verdaderas, pues están fundadas sobre las basas firmes de la humildad y penitencia, y se dirigen al bien y utilidad de las almas. De los milagros que obró en vida la santa, podemos decir lo mismo que de las revelaciones, fueron muchos, admirables y estupendos, pues su gran virtud abría los Cielos a milagros en favor de los enfermos y desvalidos, pero también los omitimos en gran parte haciendo este sacrificio a favor de la brevedad que profesamos, aunque quedaran quejosos los devotos de la santa. En estos últimos años de su vida, iba disponiendo su alma con mayor fervor para lograr la dulce vista de su amado Esposo. Vivió siempre tan honesta y recatada que rarísima vez se le vio el rostro, trayéndolo siempre cubierto con un velo, de suerte que su confesor no se lo vio jamás [133v] y, así, apartando su vista y consideración de lo terreno, pensaba en las cosas celestiales. Rarísima vez hablaba ni aun con las mismas religiosas, andando siempre extática y como fuera de sí. Aunque en aquel tiempo salían las religiosas del convento con decente compañía, por no tener clausura, no se dice saliese la santa alguna vez. Vivía tan ''[22]'' retirada por huir los peligros del aplauso y la lisonja. ¿Cuántas generosas virtudes se vician ''[23]'' al alhago de quien las mira o alaba? ¡Con cuánta facilidad se marchita la flor a los rayos de los ojos que lo aclaman! Padece, también, sus epidemias la virtud, como la sangre. La santidad de María, tan recatada como discreta, se teme y se retira, no solo de los aplausos, sino aun de las conversaciones. Con esta prudente cautela de vivir separada de los contagios del siglo, crecieron en asombrosa proceridad sus virtudes. &lt;br /&gt;
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4.- Ya era tiempo que esta bendita alma subiese a gozar de la dulce presencia de su amado Esposo y, así, se lo dio a entender repetidas veces por medio de angélicas embajadas. Gusto- [134r] sa noticia para quien vivió siempre suspirando por la presencia de su Dueño. Crecía el gozo de su espíritu cuando se apresuraba el desatarse aquel lazo con que le aprisionó Dios en la cárcel de su cuerpo. Sea horroroso el año de la muerte a quien vivió tan olvidado de su memoria como medroso de su cercanía. Sea desapacible su semblante al que, habiendo vivido desbocado en la carrera de los vicios, muere despeñado en el principio del infierno. Pero a nuestra santa, que había atesorado tanto caudal de virtudes en el discurso todo de su vida, ¿cómo había de ser desapacible la muerte? Cuanto su vida se iba acercando al ocaso iba esforzando sus agitaciones el amor en aquel pecho, no teniendo sus potencias otro estudio ni los sentidos otro empleo que el amar solo, reduciendo a esta todas las operaciones del alma. Andaba tan absorta en su dulcísimo amado objeto que, el desasirse de entre sus brazos, se le arrancaba el corazón de su sitio. Así vivía extáticamente enajenada robando el amor todos los demás afectos, pudiendo cantar entonces la fama que María ni miraba, ni oía, ni sentía, sino que solo amaba. [134v] Eran, en este tiempo, más frecuentes los favores que recibía del Cielo, pero también era más profunda su humildad, confesando su miseria y viviendo recelosa de sí misma, por eso ahora más que nunca suplicaba a los santos, sus devotos, la ayudasen con sus ruegos. Quien primero ocupaba altar en su alma para la veneración y culto era María Santísima, a esta Señora acudía en sus necesidades con la mayor confianza, amándola como fiel vasalla. Después veneraba con singular devoción al glorioso San Miguel Arcángel, príncipe de las milicias del Cielo y al santo ángel de la guarda. Tenía otros muchos santos y santas a quien se encomendaba muy de veras, diremos algunos, omitiendo otros: San Pedro y San Pablo, San Juan Evangelista, San Lorenzo, San Jerónimo, San Ildefonso, Nuestro Padre San Francisco, Santa Catalina mártir, Santa Bárbara, Santa Leocadia y Santa Casilda. Esto, y aún más larga, era la letanía de sus santos, con quien tenía dulces coloquios, gozando de su presencia muchas veces, como si fuera cortesana del Cielo. Enfermó últimamente para serlo y, habiendo dado singulares muestras de tolerancia y resignación, recibió los santos sacramentos [135r] bañada su bendita alma de un extraordinario gozo que, comunicándose también al cuerpo, la transformó en un bello serafín. Abrazose después con una imagen de Cristo crucificado (cuyo sangriento retrato tenía esculpido en su virginal cuerpo) y, aplicándole a sus labios con ternísimos ósculos, le decía tan dulces palabras que causaba a todas las religiosas sentimiento y gozo. Encomendaba muy de veras al Señor los dos conventos de la Sisla y de San Pablo, pidiendo afectuosísimamente los conservase en observancia, virtud y religión, como vemos que hoy florecen acaso por las oraciones y ruegos de nuestra santa. Abrazada así con Jesucristo y con señales de crucificada, exaló su espíritu, entregándole en manos de su querido Esposo, sábado 17 de julio a las tres de la mañana del año de 1489. Su muerte más pareció dulce sueño que congojosa agonía, ni se vio gesto alguno que mirase con desagrado a la parca, pues a la verdad ella estaba bien con la muerte y, así, observaron las demás religiosas algún rato dudosas de si estaba muerta o vivía extática, como no pocas veces había sucedido y tenían repetidos exemplares. Pero de allí a poco depusieron toda la duda, pues salió su última respiración tan olorosa que se conocía en la fragrancia haberse quebrado el alabastro desta María, como en otro tiempo el de la Magdalena, y haber derramado el [135v] nardo su preciosa vida. Percibiose en todo el convento un olor suavísimo que excedía sobremanera a los bálsamos más puros, a los jazmines más blancos, en cuya comparación los aromas, flores, tomillos, ámbares, cantuesos, y cuanta fragancia exalan los mejores jardines de la Acaya, sería ofensa del olfato. Quedó tan hermoso y tratable su virginal cuerpo que más parecía bulto de quien duerme que cadáver exánime y frío. Aun agostada la vida desta mística planta, no decayó su hermosura ni su olorosa fragrancia. Verdad es que murió, pero no tuvieron en ella jurisdicción los horrores de la muerte, pues indultada de la común deformidad que ocasiona en un cadáver, era la agradable hermosura del suyo devoto asombro de quien le miraba. Finalmente, conservándose hermosa y odorífera entre los ultrajes de la muerte, manifestaba bien en los privilegios del cuerpo haberse trasplantado su alma a ser vistoso recreo del celestial paraíso. &lt;br /&gt;
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[136r] 5.- Temiendo las religiosas que, divulgándose la muerte de su santa hermana por Toledo, sería crecidísimo el concurso del pueblo que viniese a venerar su venerable cadáver y que, pasando a devoción indiscreta, cometerían no pocos excesos. La llevaron luego al Monasterio de la Sisla, situado entre unos ásperos montes a media legua de distancia de Toledo. Aquí le dieron honorífica sepultura los religiosos en la sala que llaman de capítulo y, aquí también, se enterraron por muchos años todas las religiosas que morían en el Convento de San Pablo. Pero no se enterró con su cuerpo su fama, pues ni la muerte ni el sepulcro pudieron borrar el crédito de la vida asombrosa y portentos ilustres de María. La tierra en que se depositaba difunta pudo usurpar a la vista su cadáver, pero no estrechar la fragrancia de sus milagros, ni la fama de sus virtudes. Pudiéramos decir que no se enterró su cuerpo, sino que se sembró su memoria para que, multiplicada, exalase aún mayor suavidad de portentos y milagros. [136v] No pusieron lápida a su sepulcro, sirviendo de más decoroso epitafio las maravillas que el Señor empezó a obrar en su túmulo, que las majestuosas vanidades que esculpe la soberbia en las losas frías de sus tristes panteones. Apenas la enterraron cuando en repetidos prodigios y milagros empezó a gritar la fama desde la cima de aquellos montes, haciéndola a todos espectables. Consumido y cuasi exánime se hallaba un canónigo de Toledo a fuerza de unas calenturas ardientes y malignas sin hallar alivio en la medicina. Amor dio confiado a la santa por las muchas noticias que tenía de su gran virtud y prodigios estupendos que había obrado en vida. Envió un criado a la Sisla suplicando a los padres que le encomendasen muy de veras a la sierva de Dios, María de Ajofrín. Hiciéronlo los religiosos y, aquella noche, le apareció la santa al enfermo rodeada de vistosos resplandores y le dijo: “Ya estás sano, pero de aquí adelante procura arreglar tu vida emendándote de tales [137r] y tales defectos”, señalándolos distintamente. Quedose dulcemente dormido y, por la mañana, entrando los criados y dispertándole, se halló con fuerzas, conoció había faltado la calentura y que estaba bueno. Pidió a los criados le traxesen de comer, asombrados estos y temiendo no fuese algún letargo, lo suspendían, pero viendo guardaba consecuencia en lo que hablaba y oyendo que aquella santa se le había aparecido, le trajeron de comer, comió con gusto, levantose luego y, aquel mismo día, envió a la Sisla, en reconocimiento de tan singular beneficio, un cirio grande para que ardiese en el sepulcro de la santa y una cabeza de cera para que la colgasen por voto y, a otro día, fue él mismo a dar las gracias a la sierva de Dios, María de Ajofrín, y postrándose en su sepultura, la regaba con muchas lágrimas sin saber apartarse della. Dijo misa y quedó tan agradecido a su bienhechora que, a boca llena, la llamaba santa. Fue tan público y tan patente este milagro que no solo en Toledo, sino en otras muchas partes se estendió [137v] la fama de la sierva de Dios. &lt;br /&gt;
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Cuasi al mismo tiempo se hallaba a los umbrales de la muerte otro canónigo de la misma Santa Iglesia, hijo de la condesa de Paredes. Era muy edificativo y exemplar este prevendo y, sintiendo la madre perder tal hijo, así él como ella, sabiendo los prodigios que obraba la santa en su sepulcro, enviaron a rogar a los padres pidiesen a la sierva de Dios, María de Ajofrín, los socorriese en aquel conflicto. Hiciéronlo así y, no contentos con eso, enviaron al enfermo una almohada que había servido a la santa mientras estuvo en el féretro, y, apenas se la aplicaron, instantáneamente se puso bueno, con admiración y asombro de todos los presentes. Levantose al punto de la cama y fue sin detenerse a la Sisla, donde hizo devotas novenas a la santa, ofreciendo en su sepulcro muchos y ricos dones de votos y presentallas. &lt;br /&gt;
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Estos dos casos tan portentosos en [138r] personas tan ilustres y de carácter tan distinguido dieron mucho vuelo a la fama de nuestra sierva de Dios, María de Ajofrín, hablando todos con el mayor respeto y aumentándose cada día más y más su devoción y culto, aun en las provincias más remotas. &lt;br /&gt;
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6.- Juana Martínez, vecina de Cuacos, obispado de Palencia, se hallaba tullida de una pierna y, oyendo los muchos milagros que obraba Dios en su sierva, un día que más afligida estaba, llenando su pecho de fe, se encomendó a ella muy de veras y, hablando con una niña que tenía como de seis años, la mandó la ayudase también con sus oraciones. Hincose de rodillas el angelito y, poniendo sus manecitas, empezó a rezar y, de allí a poco, se sintió sana la doliente, se levantó de la cama y empezó a an- [138v] dar sin impedimento alguno, alabando a Dios en sus santos todos los presentes. Después, envió a la Sisla una pierna de cera, para que colgase ante su sepulcro y un rollo grande, que ardiese en memoria y agradecimiento del beneficio recibido. No lejos del dicho pueblo, en otro que llaman Jaraíz, se hallaba agonizando con la candela en la mano Francisco Díaz. Asistíale un primo suyo sacerdote y, viéndole ya agonizar y sin remedio, sabiendo las maravillas que obraba la sierva de Dios, María de Ajofrín, hizo voto de visitar su sepulcro si daba salud al enfermo. Apenas lo había hecho cuando mejoró y, de allí a poco tiempo, se puso sano y, uno y otro, fueron a cumplir la promesa, llevando mucha cera al sepulcro de la santa y dejaron testimonio auténtico, firmado de su mano, de todo lo sucedido. Juana de San Miguel, tercera de Nuestro Padre [139r] San Francisco y vecina de Toledo, tenía un zaratán en un pecho y, después de cinco años de medicina, se le vino a encancerar, a que se llegaba una ardiente calentura que del todo cerraba los pasos a la esperanza. Afligida y sin remedio, puso toda su esperanza en la sierva de Dios, María. Hízose llevar a la Sisla, aunque con trabajo y, entrando en el capítulo, percibió luego un olor suavísimo que, sin otra guía ni noticia alguna, la llevó derecha a la sepultura de la santa. Postrose en tierra, besó las losas que ocultaban el sagrado cadáver, derramó tiernas y devotas lágrimas y, luego, instantáneamente se sintió libre de todos sus males y, después de dar afectuosas gracias, se volvió ella sola a su casa, dejando llenos de admiración a cuantos fueron testigos [139v] de tan rara maravilla. Otra mujer, vecina también de Toledo, padecía igual accidente en los pechos y, después de haber pasado por el tormento del fuego y la crueldad del cuchillo, llegó por su desgracia al último vale de su vida. Ya en este tiempo se habían escrito varias copias de la admirable vida de nuestra santa y, habiendo oído leer parte desta sagrada historia, concibió gran fe en sus méritos y, habiéndole aplicado una reliquia de la santa, quedó buena instantáneamente sin otra medicina y fue a la Sisla a dar gracias por el beneficio. Un religioso lego de la orden, morador del Monasterio de San Jerónimo de Madrid, se hallaba sumamente afligido por un tenaz y peligroso tumor que le había salido en un ojo. Iban ya a darle [140r] un botón de fuego con no pequeño peligro de perder la vista, estando ya en su presencia el brasero encendido y los instrumentos prevenidos para la operación, aterrado por una parte del martirio cruel que le esperaba y, por otra, inflamado del afecto y devoción a la sierva de Dios, exclamó diciendo: “Santa mía, pues eres tan liberal para con todos, sedlo también con este indigno hermano vuestro. Dadme salud, santa mía, y libradme destos tormentos”. Apenas hubo dicho esto, quedó de repente a vista de los cirujanos, y otros muchos que habían concurrido a la operación, se desvaneció el tumor y quedó sano y bueno sin lesión alguna, y los circunstantes llenos de admiración y espanto. Otros infinitos prodigios y estupendas maravillas obró Dios por esta su sierva, que sería nunca acabar como dice el historiador Sigüenza (O) si todas se hubieran [140v] de referir. No había enfermedad que no sanase, a todos socorría, a todos remediaba, a todos consolaba y a todos atendía, siendo tan raros y esquisitos los milagros que cada día obraba que, por tan frecuentes, ya no eran admirados. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
7.- Al eco glorioso de tantas maravillas, concurrían de todo el reino en crecidas tropas los devotos a venerar el sepulcro de la santa, siendo en tanto exceso que ya perturbaban el retiro y silencio de los claustros. Para evitar este inconveniente y que el sagrado cadáver tuviese más decente lugar, determinaron trasladarlo a la iglesia del monasterio desde la sala del capítulo donde estaba. Quien más promovió esta traslación fue la condesa de Fuensalida por el grande afecto que tenía a la santa. Mandó labrar al lado del evangelio, en la pared del cuerpo de la iglesia, un magnífico sepulcro de piedra con el retrato de la santa. Llegado el día de la traslación, que fue el 25 de abril del año del Señor de 1495, [141r] cuasi 6 años después de su glorioso tránsito, aunque se procuró ocultar, concurrieron al monasterio el Clavero Mayor de Calatrava, Juan Antonio de Silva, muchos prevendos, caballeros ilustres y un sin número de gente que, llevados de su afición, quisieron hallarse presentes a este sagrado acto. Descubrieron el sagrado cadáver a vista de toda la comunidad y caballeros nobles y, luego, se percibió un olor suavísimo que excedía en fragrancia a todos los aromas de por acá y llenó de consuelo a los circunstantes. Manaba del sagrado cadáver un licor como bálsamo, que también exalaba una fragrancia suavísima. Colocáronle con mucha reverencia en una rica caja, guarnecida de seda y, formándose una solemne y devota procesión con luces en las manos, y al sonido alegre de campanas y concertada música de órganos, le llevaron a la iglesia cantando el ''Te Deum Laudamus'', no como quien lleva un cadáver en un féretro, sino unas sagradas reliquias en un trono. Pusiéronle en la iglesia al público por espacio de 13 días para satisfacer la devoción de los concurrentes, que eran infinitos. Aquí obró el Señor muchos prodigios por su sierva, pero omi- [141v] tiéndolos todos, solo diremos el que obró en beneficio de toda la provincia. Estaban los campos áridos y secos y los panes cuasi perdidos por la gran falta de agua. Crecían las necesidades y cada día era mayor la aflicción y angustia de los pueblos. Determinaron los religiosos hacer una rogativa a su santa hermana, María de Ajofrín, pidiéndole el remedio con aquel conflicto. Oyó el Señor sus votos por intercesión de la gloriosa Virgen y, luego, empezó a llover con abundancia y se remediaron las necesidades. &lt;br /&gt;
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Fueron muchas las personas que, por haber recibido algún beneficio, venían a velar a la santa, entre ellas, fueron dos hijos del conde de Oropesa, a quienes la sierva de Dios dio salud milagrosamente y, después de haber velado sus sagradas reliquias, dejaron una imagen de plata de mucho valor, una palia muy rica, una cruz bordada muy singular y dos imágenes de cera con otros dones preciosos. También, vino un hombre de Jerez, llamado Santos Fernández, el que, hallándose ya olea- [142r] do y en las últimas agonías, invocó del modo que pudo el patrocinio de la santa y, de repente, se levantó de la cama bueno y sano, dejando admirados a todos los presentes. Pasados los trece días, fueron colocadas, solemnemente, las sagradas reliquias en el sepulcro que tenía labrado la condesa de Fuensalida y aquí permanecen hasta el día de hoy, visitadas frecuentemente por los raros prodigios que ha obrado y obra cada día a favor de sus devotos, pero de ninguno se ha tomado testimonio y consta por deposición de aquellos religiosísimos padres, que sí se hubieran notado todos los milagros que ha obrado, no cupieran en muchos libros, pero su singular retiro y abstracción del mundo les impide tratar negocios desta naturaleza. Y, aunque nuestra santa se ha mostrado prodigiosa en todo género de enfermedades, parece se ha señalado más en sanar de quebraduras a los niños y, así, son muchos los que llevan las criaturas y, poniéndolas en el sepulcro de la santa, luego sanan. De suerte, que no hay dolencia, trabajo ni necesidad que no remedia esta sierva de Dios. Bastará referir un solo caso por vivir el sujeto con quien obró la santa el prodigio: el reverendo padre fray Joseph Moraleda, presentador del número de sus provincias de Padres Mercedarios Calzados de Castilla, siendo de edad de dos meses [142v] cayó en el suelo de los brazos de su madre yendo en una caballería. Como era tan tierno y el golpe fue grande quedó muerto y sin sentido, pasaron siete horas y, no viendo en el niño señal alguna de vida, crecían las aflicciones y angustias de la madre pero, inspirada del cielo, poniendo toda su esperanza en Dios por los méritos de su sierva María de Ajofrín, de quien era muy devota, tomó el niño en sus brazos y dijo: “Santa mía, dad vida a mi hijo, que yo os lo ofrezco de buena gana”. Apenas pronunció estas palabras cuando el niño abrió los ojos y, como si volviera de un dulce sueño, empezó a moverse sin haberle quedado lesión alguna ni señal de la caída. Vive hoy este religioso, sujeto bien distinguido en su provincia por sus méritos, y a quien hemos oído este caso, y vive sumamente agradecido a la santa, a quien confiesa deber la vida y en este favor otros infinitos. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
8.- Esta es la vida prodigiosa de la sierva de Dios, María de Ajofrín, natural deste afortunado pueblo, dichosa a la verdad una y mil veces por haber dado cuna a tan asombrosa mujer. Será siempre famoso en las historias por haber sido nido deste maravilloso fénix, botón desta peregrina fragracia, y esta sola gloria bastaba para eternizar su memoria en los futuros siglos. La [143r] vida, pues, de nuestra santa fue toda sembrada de luces que dirigieron a infinitos por el camino del acierto, derramó tan celestial fragrancia que, corriendo muchas almas tras el ungüento oloroso de sus virtudes, se pobló su Convento de San Pablo (y aún otros muchos) de santas y exemplares religiosas, cuyas admirables vidas pueden leerse en el ya citado Sigüenza. Desde entonces ha sido este sagrado convento vergel hermoso de las más acendradas virtudes y bastaba una sola María de Ajofrín para hacerse ilustre. Su ardiente celo de la exaltación de la fe católica y extirpación de las herejías abrazó también el fogoso pecho del Gran Cardenal de España, don Pedro González de Mendoza, para que solicitase con los Reyes Católicos el establecimiento del Tribunal de la Santa Inquisición, que vio la sierva de Dios en su tiempo y, aun dicen, le mostró el Señor las admirables leyes sobre que se fundó esta gran fábrica. Y dejó también sembrado mucho fuego para expeler después todo el judaísmo, como se verificó tras años después de su feliz tránsito. La bien merecida estimación que hicieron desta heroína cardenales, arzobispos, obispos, prevendos, títulos y otros grandes sujetos, no es fácil explicar. Una cosa confiesa nuestra ingenuidad, y es que la pluma ha corrido ligera por [143v] el dilatado campo de sus virtudes y méritos, delineando en esta pequeña tabla su dedo para que, derramando la vista por el dibujo, se pueda formar algún concepto de su agigantada estatura. Pero lo que más acredita su virtud es que, por tantos siglos, se ha merecido el elogio de “santa” entre todos los escritores, que es prueba de lo bien fundada que está su opinión. Y me admiró no poco el que la sagrada reliquia jeronimiana no haya procurado su culto público y universal con la corte romana, colocándola en los altares, lo que no fuera difícil en las circunstancias en que se halla. Esta misma queja dejó estampada en su historia el padre Sigüenza (P) por estas palabras: &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
‹‹Comenzó luego Nuestro Señor a sellar con infinidad de maravillas la santidad de su sierva (María de Ajofrín) para que, con ellas, se entendiese los avisos que, por medio della, había dado al pueblo y tuviesen reverencia y devoción a la santa. De muchas diré [144r] algunas en este capítulo, por si pudiese dispensar la tibieza desta religión a que tuviese en más sus cosas y procurase levantar la memoria desta santa y la de otros muchos que se han criado en el encerramiento de sus claustros que, con tanta razón, pudieran ponerse en los calendarios de toda la iglesia››.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
¡Raro desinterés de religiosos que, pudiendo para crédito de su santo hábito tener muchos santos manifiestos en los altares, se contenten con tenerlos ocultos en los claustros! Aún dura la parentela desta santa en Ajofrín en las familias de los Maestros y Garcías y el reverendísimo padre Comisario General de Jerusalén, fray Antonio Martín Maestro, del sagrado Orden de la Observancia de Nuestro Seráfico Padre San Francisco, es pariente muy inmediato. Ni podemos negar (para confusión de nuestra tibieza) que también nos toca muy de cerca esta santa por línea materna, sagrada vanidad pudiéramos fundar en este blasón tan ilustre, si nuestra vida se conformara con la vida de la santa. Pero será cargo terrible en el tribunal de Dios descender de santos y no imitarlos, tener estos y otros exemplos que se referirán en la historia y no arreglar la vida [144v] a ellos pero, no obstante, esperamos en su poderoso patrocinio nos alcanzarán de Su Majestad el fervor y espíritu que nos falta y que, pues han sido liberales aun con los estraños, lo serán también con los que nos preciamos de parientes. Últimamente concluimos la vida admirable de nuestra santa con las mismas palabras con que la empieza el historiador della, el padre Sigüenza (Q), y son las siguientes:&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
‹‹Si no estuviera la vida desta santa tantos años ha escrita y predicada por otros y Nuestro Señor en vida y en muerte no hubiera calificado y, como si dijésemos, sellada su santidad con tantas maravillas, no me atreviera a poner la mano en ella y pasara en silencio cosas tan maravillosas››. &lt;br /&gt;
Hasta aquí el citado historiador y, a la verdad, es tan prodigioso y admirable que excede los límites [145r] de lo humano y, solamente sostenida con la divina gracia, pudo llegar a proceridad tan desmedida. Alabemos al Señor que la hizo tan ilustre y famosa en su iglesia santa y, ahora, pasaremos a referir la vida de otro insigne hijo de Ajofrín en el capítulo siguiente.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
===Notas de Francisco de Ajofrín===&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''(A)'' Fructus honoris et honestatis. Ecclesiatt. 24. 23&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''(B)'' Ego quasi terebinthus extendi ramos meos, et rami mei honoris, et gratie. Ibi v. 22. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''(C)'' Cap. 1, 2 y 3&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''(D) Rami mei honoris, et Gratiae, Eccli. ut supra. 8.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''(E)'' Cap. 4 núm. 13&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''(F)'' Fray José de Sigüenza, Crónica de San Jerónimo, 3ª parte, lib. 2, cap. 49 y sig.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''(G)''  Monstruosum est quod homo habeat duo corda, quod numquam est auditum, nec posibile per naturam. S. Anton de Padua, Serm. 2. Quinquag. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''(H)'' Fray José de Sigüenza, tom. 3, lib. 2, cap. 43. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''(I)'' Cap. 5, n. 9 y 10. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''(J)'' Surge, et vade in Ninivem civitatem grandem, et praedica in ea; quia ascendit malitia ejus coram me. Et surrexit jonas, ut fugeret in Tharsis. Jon. 1 v. 2 y 3. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''(K)'' Ne suscitetis neque evigilare faciatis dilectam, quod usque ipsa velit. Cantis. 2.7.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''(L)'' Benedic anima mea Dominum et omnia quae intra me sunt nomini sancto ejus. Psalm. 102. 1. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''(M)'' Regina a dextris tuis in vestitu deaurato, circundata varietate. Ps. 44. 10. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''(N)''  Sigüenza. Hist. de la orden de S. Jer. Parte 3. lib. 2. c. 46. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''(O)''  Fray José de Sigüenza, historia del Orden de S. Jerónimo. 3 parte, lib. 2, c. 48. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''(P)''  Fray José de Sigüenza, parte 3, lib. 2, cap. 48. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''(Q)''  Fray José de Sigüenza, parte 3, lib. 2, c. 44.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
===Notas===&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[1]'' El transcriptor parece no haber visto el añadido posterior de Francisco de Ajofrín en el que señala “de María”, es por ello por lo que no aparece en su edición. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[2]'' “Arbolillo de la familia de las anacardiáceas” (DLE).  &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[3]'' Aparece tachada la palabra “gran”. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[4]'' Aparece tachado “en el día”. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[5]'' “Examinar y apreciar con rigor el mérito de alguien o el mérito o verdad de algo” (DLE). &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[6]'' El transcriptor señala aquí “relación”, se trata de un error y por ello se ha subsanado. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[7]'' “Éxtasis, arrobamiento” (DLE).&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[8]'' El transcriptor señala “fervorísimamente”, se trata de un error y por ello se ha subsanado.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[9]'' “Misterio, cosa oculta y muy difícil de conocer” (DLE).&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[10]'' Aparece “desta” en singular, pero se ha cambiado al plural para mantener la concordancia. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[11]'' “El testigo que declara, sin discrepar en nada, lo mismo que ha declarado otro, sin variar en el hecho ni en sus circunstancias” (Aut.)&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[12]'' “Inflamar, empeorar una llaga o parte lastimada del cuerpo” (DLE).&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[13]'' “Trono” (DLE).&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[14]'' El autor deja la siguiente nota: “Pasa a la hoja siguiente” y señala de qué fragmento se trata mediante un signo. Al ir a la 125r nos encontramos con el signo y otra nota, que indica: “Pondrás lo que se sigue en la hoja antecedente”. Se prosigue entonces a editar este fragmento añadido por el autor. Se ha de indicar que el transcriptor de la obra, José María Rodríguez, no deja constancia de estas anotaciones de Francisco de Ajofrín en su edición, simplemente se limita a seguir sus indicaciones. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[15]'' Volvemos a encontrar una nota del autor que señala el fin del fragmento añadido y nos redirige al folio 123r. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[16]'' La continuación no aparece en el folio 124r, sino en el 125r, pues el folio 124 parece ser un añadido y es de tamaño más reducido que el resto de los folios.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[17]'' Volvemos a encontrar una nota del autor tras un asterisco que indica: “ve al papelito”. Haciendo referencia al folio 124 del que hablábamos en la nota anterior. Así, se sigue la edición del folio 124, en el que encontramos, a su vez, otra nota del autor en la que indica: “Mi querido Elías, acabado el n.8 escribe lo siguiente”.  &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[18]'' En la edición de 1999 no aparece transcrito lo correspondiente al folio 124v. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[19]'' En la edición de 1999 aparece “ponen” en lugar de “mudan”, evidente error. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[20]'' Volvemos al curso natural de la narración en el folio 126r. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[21]'' El transcriptor parece no haber visto el añadido posterior de Francisco de Ajofrín en el que señala “perdón”, es por ello por lo que no aparece en su edición. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[22]'' En la edición de 1999 aparece “con” en lugar de “tan”, se trata de un error. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[23]'' En la edición de 1999 aparece “veían” en lugar de “vician”, se trata de un error.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
=Vida impresa (1)=&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Ed. de [https://www.upf.edu/web/poder-espiritualidad-genero/entry/-/-/1003/adscripcion/mar%C3%ADa-morr%C3%A1s María Morrás]; fecha de edición: octubre de 2020; fecha de modificación: febrero de 2025.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==Fuente==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[[Archivo:Vega Chronicorum.jpeg|miniatura|250px|right|Petrus de la Vega, ''Chronicorum fratrum Hieronymitani ordinis libri tres''. Compluti, Ioannes Brocarius, 26 Octobris 1539, fols. 78va-86rb (Lib. iii Chs 40bis[=41]–50).]]&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
* [http://catalogodesantasvivas.visionarias.es/index.php/Categor%C3%ADa:Petrus_de_la_Vega Vega, Petrus de la], ''Chronicorum fratrum Hieronymitani ordinis libri tres''. Compluti, Ioannes Brocarius, 26 Octobris 1539, fols. 78va-86rb (Lib. iii Chs 40bis[=41]–50).&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[[Contexto material del impreso Chronicorum fratrum Hieronymitani ordinis libri tres]].&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
== Criterios de edición ==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Se trata de una transcripción fiel de la impresión latina, que conserva las grafías (exceptuando la v vocálica como en ''vt'' que se transcribe ''ut'') y desarrolla abreviaturas. Se señalan las columnas dentro del folio. Es esta la primera edición latina del Catálogo, y la primera vida impresa de María de Ajofrín: la versión castellana, ligeramente modificada, de este texto latino, del mismo autor, se ofrece en la segunda versión impresa de esta vida.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Para esta transcripción usamos el ejemplar latino de la Universidad Complutense de Madrid, sig. BH FLL 18849, digitalizado en &amp;lt;https://biblioteca.ucm.es/hathitrust&amp;gt; y, para complementar la lectura de fols. 86r y 86v: https://books.google.co.uk/books?id=BtiDgpwiKNIC.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Añadido del latinista Aitor Boada Benito: A un nivel comparativo, la versión latina no difiere en cuanto a la narración de su posterior versión en castellano escrita por el mismo autor. Las únicas variaciones que muestra son pequeños cambios en cuanto a la estructura sintáctica con respecto al latín –por ejemplo, Capítulo 43: latín: ''et humiles in oculis suis exaltans''; castellano: &amp;quot;y a los humildes y que esperan en Él levanta del polvo&amp;quot;–. En este caso, el autor omite el latín ''in oculis suis'' o parece sustituirlo por la expresión &amp;quot;esperan en Él&amp;quot;. Si ese fuera el caso, esta sería una traducción libre, pues lo más habitual sería traducirlo como &amp;quot;ante sus ojos&amp;quot; o &amp;quot;a su parecer&amp;quot;. Estas variaciones, que nunca afectan al desarrollo del relato ni omiten información, no son muy recurrentes y solo operan a nivel sintáctico. Por ello, se ha considerado oportuno conservar ambas versiones debido a que es la primera vida impresa de María de Ajofrín. Además, es relevante conservarla como testimonio de la relevancia social del personaje, que motiva la publicación de esta en otra lengua.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==Vida de María de Ajofrín==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
*[Fol. a6va] &amp;quot;Tabula alphabetica eorum quę pręcipue in his Chronicis annotantur&amp;quot;: ⸿Marię de Ajofrin laudes &amp;amp; vita. li. iii. a cap. 40. usque ad finem libri, folio. lxxviii.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[Capítulo 41]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[Fol. 78va] DE BEATA MARIA DE AIO- / frin magnę religionis magnarumque/ revelationum fœmina / CAPUT XL[I].&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Praesentis operis alienum non est, si in calce huius tertii libri res admirabiles beatę Marię de Ajofrin, &amp;amp; reuelationes quas vidit, et miracula que fecit summatim annotemus.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[Fol. 78vb] Recte enim huius sanctę virginis opera, que hac ętate fuit admirabilis, operibus beati Ferdinandi archiepiscopi coniunguntur, qui &amp;amp; ipse (ut superius constat) hac floruit ætate. Huius sanctissimæ fœminę vitam, &amp;amp; reuelationes sibi diuinitus factas venerabilis frater Ioannes de Corrales prior Sislanus descripsit: partim ut oculis vidit manibusque contractauit: partim ut a fidei dignis accepit. Verum ego ob breuitatis causam, &amp;amp; ad lectorum molestiam euitandam ex multis pauca hoc loco annotare curaui.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Fuit igitur hæc virgo ex territorio Toletano loco qui Ajofrin appellatur oriunda, ex parentibus honorabilibus ac deum timentibus orta. Pater eius Petrus Martinus vocabatur: mater vero Marina Garsias. Qui cum hanc filiam locare vellent: &amp;amp; a multis ob coniugii gratiam peteretur: puella constanter renuit. &amp;amp; ne a tam alto proposito ab aliquo inpediretur: cum adhuc teneræ esset ætatis sine humano consilio religionis ingressum vouit. Et cum ob id quotidie molesta esset parentibus: tandem cum quindecim esset annorum, &amp;amp; nullo modo ad coniugium eam parentes inclinare valerent: illam pater cum magno cordis dolore e domo subtraxit, &amp;amp; ad ciuitatem Toletanam adduxit. Cumque ecclesiam maiorem christi ancilla ingrederetur ignorans quo iret, diuina disponente clementia ad monasterium ordinis nostri quod in eadem ciuitate a nobili Maria Garsia est constructum deducta fuit. Quo ingressa in omnibus excercitiis spiritualibus religionis multum breui profecit. Conuersabatur sancte , humiliter &amp;amp; sine quærela in domo domini. Sanctæ orationis meditationisque exercitium voluptas sibi erat; lachrymis abundans omnium fœminarum se vilissimam: ac super ipsas peccatricem reputabat. Decem annis a suæ religionis ingressu transactis, cum ei dominus sua secreta pandere vellet: illa generalem confessionem facere decernens se nimis affligebat, ac multis lachrymis deum omnium peccato- [fol. 79ra] rum suorum remissionem postulabat. Cum igitur tali proposito staret: optans scire an sua peccata sibi dimissa essent, dies suæ confessionis aduenit. ingressaque domunculam in qua cæteræ sorores confiteri solent: coram imagine beatissimę dei genitricis filium in brachiis habente, ibi in tabula depicta se deiecit: eamque innumeris lachrymis deprecari cœpit ut sibi veniam a suo filio impetraret. Cumque attente per hoc virginem rogaret: subito claritatem magnam imaginem &amp;amp; partem domunculę illius illuminantem aspexit: &amp;amp; claritate imaginis vidit filium quem mater tenebat in brachiis manum contra se eleuantem, sicuti a sacerdote cum pœnitentem absoluit eleuari solet. Ex huiuscemodi visione nimis territa confessionem cum magno labore fecit. qua peracta, cum iterum coram imagine oraret: claritatem priorem &amp;amp; filii manum eleuatam ut prius vidit: ex cuius visione robore animi recuperato valde lęta remansit, quod semper celauit: &amp;amp; nulli nisi priori qui hęc in literas misit patefecit. Ex hac enim hora ut prędicto priori ipsa manifestauit, motus magnus in corde illius relictus est: ac sæpius tales cordis ictus sentiebat. veluti si a corpore vellet exire. Cum iterum nocte quadam pro statu ecclesię oraret attente: ipsa sola cęteris recedentibus in choro orans remansit: &amp;amp; in sacrario ubi sacratissimum domini nostri Iesu christi corpus stabat flammam ignis accensam vidit: quę dimidię horę spacio ardens extincta est: ex qua visione nimis pauida remansit.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[Capítulo 42]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
QUOMODO IN DIE RESUR- / rectionis ad communionem accedens / agnum viuum in similitudine panis /  (ut sibi videbatur) accepit: &amp;amp; post / hac quoties communicabat alie- / nabatur a sensibus. CAPUT. XLII.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
CUM IN SABBATO sancto ad communionem sequentis resurrectionis dominicæ diei se prępararet: totam [fol. 79rb] illam noctem huc ac illuc per domum discurrens duxit insomnis: instanterque a domino cordis puritatem ad digne dominici corporis sacramentum recipiendum cum lachrymis postulabat. Tandem cum communionis hora aduenisset, cum cæteris sororibus ad communionem accessit: &amp;amp; sacrosanctam eucharistiam in similitudine agni viui sub specie panis recipiens, statim bullire eum in ore sensit: illumque cum magno timore deglutiuit. post cuius sumptionem illum super ipsius pręcordia insedere pręsensit: &amp;amp; adeo tanto gaudio cordisque lęticia fuit repleta, ut per quindecim dies orationem cum fletu miscens absque somno transierit, statimque rapta in spiritu fuit: &amp;amp; ex tunc ei accidit ut quoties christi corpus recipiebat: spiritu rapiebatur: ac alienabatur a sensibus quandoque magis quandoque minus ut in sequentibus apparebit. Ab hac igitur die hoc donum a domino in communicando promeruit: ut quoties sacramentum recepit, toties quidam admirabilis dulcor in corde, gutture, atque ore remansit: qui quadraginta dierum spacio perdurabat. &amp;amp; his quidem diebus absque corporali cibo transire poterat: ut ipsa prædicto priori dixit: propter singularitatem tamen euitandam: hominumque iudicia fugienda hoc facere renuit. In octauo vero die resurrectionis dominicę rapta spiritu fuit: &amp;amp; virum ætate vultuque reuerendum capa serica rubri coloris indutum ad se venire vidit: cui &amp;amp; dixit: Veni, a regina vocaris. Cæterum illa se a regina terrestri vocari existimans, cum illo ire recusabat: sed postquam cognouit quod a regina cœli vocabatur, cum illo libentissime abiit: ac se in quadam ecclesia extra ciuitatem inuenit: ubi sanctissima virgo aderat in brachiis filium suum tenens; quam cum illa vidit genua coram illa flexit. Et cum genibus flexis staret, vir qui eam vocauerat ad illam accessit: &amp;amp; pannum sericum in manibus eius posuit. quo facto statim dei genitrix super pannum filium suum collocauit: alioque viro iuniore sibi dato qui eam cum priore [fol. 79va] sociaret, dixit illi. Cum filio meo quo isti duo viri ibunt, perge. Vir autem qui capa rubra erat indutus paululum veluti hospitium quærens pręcedebat, &amp;amp; ingressus ciuitatem ad ianuas clausas clamabat: ac ter portas omnes percutiebat dicens. Aperite: ecce enim dominus venit ad hospitandum vobiscum. Et vidit neminem domus suæ portas reserantem: quinimo si qui eas apertas tenebant, eas velociter obturabant: dicentes, multis negociis impliciti hospitium vobis dare non possumus. Et ita (ut sibi videbatur) totam perambulauerunt urbem diuersorium in ea non inuenientes. Et cum illac qua ierant reuerterentur: mulieribus duabus in singulis asinis sedentibus obuiauerunt: quas duo clerici sociabant: &amp;amp; illis clerici dixerunt. Vos quidem recepissemus, sed nunc properamus: interea tamen quo reuertimur in stabulum hoc intrate. Sic itaque ubi gloriosa dei genitrix remanserat reuersi sunt: quæ filium suum de manu ancillæ suæ accipiens dixit. Ecce tempus aduenit in quo sic despicitur dei filius. iam nunc tempus est ut dominus angelum suum mittat: ad quosdam flagellis, quosdam gladio, alios igne percutiendos. sed ne prælatis, quos dominus sui gregis pastores fecit, ipsi vero in vestibus ouium lupi rapaces inueniuntur. dignitates cupiunt: easque summa solicitudine procurant, non ut christo seruiant: sed ut splendide viuant. Hac denique visione transacta, christi mater discessit. &amp;amp; illa in se reuersa ea quæ viderat cogitabat: &amp;amp; non post multos dies omnia hæc mala completa sunt: nam venit pestis, famis &amp;amp; scabies quædam quæ alio nomine morbus gallicus appellatur in viros ac fœminas quæ nullo medicorum adiutorio curari poterat. A peste quidem infecti: hi sunt quos angelus gladio percussit. qui vero fame peribant: quos flagellis cecidit: a scabie autem tacti quos igne combussit. nam (ut diximus) nullo penitus medicorum iuuamine poterat hæc scabies mederi. Iterum hæc christi famula in die ascensìonis domini rapitur: &amp;amp; beatissimam [fol. 79vb] virginem filium suum in brachiis tenentem vidit, magnisque vocibus clamantem, Videte filium meum, videte inquam fructum ventris mei. accipite illum &amp;amp; comedite: quinque enim modis quotidie per malos sacerdotes crucifigitur: videlicet defectu fidei, cupiditate, luxuria, ignorantia, &amp;amp; irreuerentia quasacerdotes ad altare accedunt, Cum iterum hæc domini ancilla attente pro omnibus sacerdotibus deum oraret: &amp;amp; ad saluatoris faciem quam depiêtam in quodam libro tenebat, aspiceret: super illam magnum fulgorem vidit: qui unius horæ durauit spacio: ac in ea carnem &amp;amp; sanguinem aspexit. &amp;amp; ab hac die adeo carnem abhorruit: ut eam deinceps etiam cum infirmaretur comedere nullatenus potuerit: &amp;amp; si sororii importunitate deuiôta aliquando carnem manducabat: statim stomachus illam reiiciebat. Fuit postea eius cibus uua, passa &amp;amp; cæterę res dictę. Hanc saluatoris faciem abstulit postea ab  ea confessor eius: &amp;amp; ipsa ex hac visione stupefacta: &amp;amp; quasi extra se posita remansit. Multis se afflixit pœnis ut apertius factum hoc ei dominus indicaret. Postea tandem in diebus ultimis mensis Septembris in grauem valitudinem cordis incidit. &amp;amp; cum de sua salute desperaretur: correpta spiritu velut mortua per tres horas stetit: quam adhęrentes sorores multis suppliciis spergiscere interim nitebantur. &amp;amp; stas sicin extasi posita dominam nostramvidit: quę pręcepit eiutomnia quę viderat suo confessori narraret: ut ipse manifestaretea duobusviris catholicis Toletanę ecclesię; videlicet decano &amp;amp; capellano maiori, quos suis nominib”designauit: ut &amp;amp; ipsi cuncta archiepiscopo apperirent: &amp;amp; sic prędicta clericorum mala corrigerent. Verum cum illa suo confessori cuncta narras set: prudenter ille incredulum se ostendens dixit. Licet mihi hoc quod ais certum sit: quo pacto illis erit: quibus per me ut dicis reuelandum venit. Eapropter signo ad veritatem huius rei cognoscendam indigentis: ut sic credatur id de quo potest dubitari. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[Capítulo 43]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[Fol. 80ra] DE DUABUS EPISTOLIS / quas diuinitus reperit scriptas./ CAPUT XLIII.&lt;br /&gt;
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IGITUR CUM DEI ANcilla responsum hoc audiuit valde turbata est: &amp;amp; suspirans ac gemens suo confessori per epistolam respondere in corde suo proposuit, ut ipsa facto conplemit. Et cum sic afflicta collapsaque animo staret: huc ac illuc p domum discurrebat requiem non inueniens: &amp;amp; cum casu per quendam locum transisset ubi fenestra aderat una: in ea papyraceam chartam duplicem in qua nihil erat descriptumvidit: &amp;amp; ignorans aquo ibi positafuerat eam accepit: &amp;amp; quoddam anæ trum ingreditur: ubi aliquando lignorum strues ponebantur: ibi parieti innixa resedit. Et cum sicstaret, subito claritatem in papyracea charta fulgentem aspexit: &amp;amp; sicut ipsa prædicto priori patefecit, quis manu eius accipiens duas epistolas in charta prędicta scripserit, ignorabat, quarum una suo confessori: altera venerabilibus patribus quibus hæc manifestanda erant dirigebatur: cum luce clarius sit nec ipsam scribere, nec literas per artem pingeredidicis se: nec in monasterio erat qui tales formaret apices. Epistolis tandem eo quo diximus modo descriptis, claritas disparuit, &amp;amp; iuxtase prędictas chartas inuenit: quas accipiens in manicasua posuit. Et cum ad hauriendam aquam ex dolio aheno iret: una de epistolis in dolium cecidit: quę supra aquam stetit in ære: mittensque manu, illam sine madefactione ex dolio subtraxit. Ex epistolis istis una ad capellani maioris Toletanę ecclesię (viri profecto magni meriti) manus peruenit: qui supradictum priorem certiorem fecit quod cum epistolam hanc super tres posuisset ęgrotos: a diuersis langoribus curati sunt. Cum itaque christi ancilla litteras has suo confessori dedisset, valde admiratus est: tum quia ipsa scribere nesciebat: tum etiam quia non erat aliquis in monasterio cuius notæ illæ fuisset: [fol. 80rb] ex quo coniectabat epistolas diuinitus fuisse descriptas, &amp;amp; ex hoc nimium admiratus est: cum in charta quæ ad ipsum dirigebatur nonnulla reperit scripta sibi sòli comperta, nec tamen ob id hoc factum diuulgare ausus est: quia nondum venerat hora in qua dominus manifestari disposuerat. Dubitabat enim ut alter Thomas: ad omnium dubitationem postea effugandam. Cum prædictus denique confessor pro tunc ad ei confabulandum oportunitate careret: ei literas misit. &amp;amp; inter cætera demonstrabat se nullatenus posse credere: quod illa epistolas has scripsisset ut in publicum egrederentur. De qua re valde turbata in corde suo domino quęrebatur. Postea confessoris pręsentia habita, grauiter eum de cordis eius duritia increpauit; ostendens ei per euidentes rationes neminem pręter illam angeli tamen adminiculo epistolas scripsisse. Ex hac hora misericordiam domini in corde suo deprecari proposuit: ut de tantis discriminibus eam liberare dignaretur, &amp;amp; sìlentium in talibus deinceps tenere voluntate firmauit; quod &amp;amp; fecit. Orabat autem dominum ut prędicto confessori suo aliquod signum ad credendum si tali capax fuisset daret; sin autem dure eum flagellaret, ut sic credere posset propter incredulitatem suam hoc sibi euenisse. Cęterum christi famula [n]ouem mensibus tacuit: coram domino tamen gemitibus &amp;amp; suspiriis non tacebat. O quam suauis &amp;amp; mitis est dominus sanctis suis, de se presumentes humilians: &amp;amp; humiles in oculis suis exaltans. Orationibus tandem suis dominus victus eam multis modis visitare dignatus est: passionis suę participem illam faciens euidentibus signis, qualia nostris diebus, nec in multis sanctis pręteritis visa non sünt: ut in suo loco dicetur. Considerans igitur hęc religiosa fœmina signum in epistola illa factum, quę in dolio cadens madefacta non fuerit; eam secum retinere cogitauit: &amp;amp; nocte quadam prędictum antrum ingrediens, supradictam epistolam transcribere ut potuisset cupiebat: nam ut diximus [fol. 80va] ipsa notas arte nesciebat formare, &amp;amp; cum ignem in ollula portaret ad candelam quam extinctam manu gerebat accendendam: subito candela sine applicatione ad ignem accensa est. Et statim ut epistolam transcribere voluit: sanguis ex eius naribus distilare cœpit: quem unius horę spacio stringere non potuit. Quo ab caviso epistolam illam temporibus suisapplicans: mox sanguinis emanatio cessauit. Post hęc cum in die conceptionis dei genitricis Mariæ quædam puella paruula per septem horas mortuaiaceret: &amp;amp; christi famulæ in monasterio hoc nunciatum fuisset: magna fide prædictam misit epistolam quam super mortuam imponi iussit: &amp;amp; eo ipso oscitauit resurrexitque sana. Et cum mulier quædam pectus haberetapertum: mox ut hæc chartasuper illud posita fuit curata remansit. Clericus itidem ad diuum Iacobum pergens hancepistolam secum magna deuotione ferebat: &amp;amp; cum infortunio in flumen cecidisset: vestibus omnibus madefactis epistola supradicta illęsa permansit,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[Capítulo 44]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
DE LATERIS VULNERE, AC / aliis pœnis eius. / CAPUT. XLIIII.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
POSTEA PRAESAGIens sibi ventura, cum omnium sanctorum dies aduenisset: matrem monasterii deprecauit ut communione illius diei per acta: eam in aliquo loco domus recluderet, ubi a nemine videretur. Dominici tandem corporis sacramento percepto: adeo fletus illius magni fuerunt antequam raperetur, &amp;amp; cordis ictus quos intrinsice sentiebat: ut nullus effari possit: fecitque sìbi tantam vim ne audiretur exterius quod intus patiebatur: ut sicut cuppę musto plenę quę citius sine spiraculo rumpitur ei acciderit: nam sic illa in capitis apice crepuit apertura ipsa usque ad frontem apparente : ac tam grandis cæsa in capite visa est, veluti si nouacula facta fuisset: quæ multis aperta stetit diebus / pluribus eam videntibus: &amp;amp; non est humano beneficio medicata. sensitque tam grandem dolorem [fol. 80vb] atque cruciatum ex vulnere: ut sibi velut mors fuerit. Visum est postea hoc vulnus a testibus fide dignis: &amp;amp; a notario ut infra dicetur. Postea itaque priuatur a sensibus: &amp;amp; quadraginta horarum spacio in extasi mansit, &amp;amp; in hoc tempore sorores (multis suppliciis in naribus, pedibus, manibusque eius factis) eam reuocare procurabant: ut nonnihil cibi posset recipere. Et usque adeo ad aperiendum os eius vim fecere: ut ei molarem dentem frangerent. Et cum sic in extasi posita esset, defunctorum nocte ter vel quater magnasuspiria magnosque gemitus dedit cum grandi sui corporis motu. &amp;amp; ex hoc raptu ante cœleists regis thronum deducta fuit: viditque ibi res magni pauoris, quæ humana lingua bene explicari non possunt. vidit enim dominum nostrum Iesum christum in throno magno sedentem: magnamque turbam in conspectu eius stantem: habentem gladium transuersum ex utraque parte acutum in ore: diuinoque oraculo intellexit quod gladius ille designabat iram magnam quam rex super ecclesiam eiusque pręlatos tenebat. Et illi hęc cernenti imperatum est, ut viris quibus antea secundum præceptum sibi factum res sunt patefactę diceret, qua de causa sibi dicta obliuioni tradebant: erantque negligentes in præceptis diuinis adimplendis: &amp;amp; quod si diuinum iudicium euadere cupiebant: statim ad archiepiscopum irent: ut ipse ad ciuitatem ad quinque peccata supradicta corrigenda personaliter accederet: quę secundum annotationem superius factam sunt defectus fidei, cupiditas, luxuria, ignorantia sacerdotum: &amp;amp; illorum in sacerdotali ministerio irreuerentia: quibus peccatis quotidie dominus noster Iesus christus blasphemabatur: destrueretque hęreses quę in illa ciuitate vigebant. Dictumque est illi postea, hoc signum e cælo ut credaris tibi dominus dat: videlicet ut gladius ille quem in ore regis transuersum vides scindet cor tuum atque illud pertransiet: facietque in eo uulnus ex quo sanguis viuus exibit: quod cunctis testimonium verum erit: &amp;amp; tu passionis filii dei imitatrix atque particeps eris. Sic igitur factum est, [fol. 81ra] nam mox dolore indicibili latus sinistrum super cor apertum reperit. Tantę crat magnitudinis hoc vulnus, ut pollicis caput bene in vulnere intromitti poterat. statimque ex eo ita sanguinem decurrere sensit: ut vix rem potuerit celare. Huius autem vulneris apertio viginti diebus durauit: &amp;amp; in sextis feriis sanguinis emanatio cæteris maior erat: nam his diebus sine impedimento pannorum in vulnere positorum sanguis usque ad crura decurrebat. Nunquam putredinis signum in hoc vulnere apparuit: nec medicamen humanum in illo positum est: sed pannis mundis impositis cum priores cruentabantur, alii de nouo ponebantur in vulnere, Sanguis hic mundus &amp;amp; purus erat: ut apparet in pannis qui in vulnere illo positi fuerunt. Et licet hæc christi ancilla ad celandum hoc vulnus, &amp;amp; dolores magnos quos patiebatur pro viribus quandiu potuit operam dederit: decem tamen diebus transactis deficientibus iam viribus diuinitus sibi reuelatum est, ut quod habebat monasterii matri &amp;amp; alteri ex sororibus quę Teresa vocabatur, ostenderet: his enim pannos sanguinolentos patefecit: ex quorum visione nimis illę territę, confessore secrete accersito, rem ei pandunt, Verum confessor ne hoc factum extra domum diuulgaretur omni studio egit: timebat enim ne aliqua illusio esset vel fictio: ideo ad omnem dubietatem abigendam, rei veritatem omni solicitudine inuestigare curauit. Tandem suis propriis oculis vulnus considerans admiratione repletus, et rei fidem adhibtiit: &amp;amp; eam fidelibus testibus reuelatuit: ut fideliter de illa testimonium omnibus perhiberent. Fuerunt enim eiusmodi rei testes ecclesię maioris Decanus, ac eiusdem ecclesię Capellanus maior: cui Didacus de Villaminaya nomen erat: qui, pręsentibus notario &amp;amp; confessore prędicto &amp;amp; monasterii matre aliaque ex sororibus (de qua supra diximus) uulnus viderunt per lintei aperturam, christi ancilla in lectulo iacente nulla alia corporis sui parte discooperta. Hi sex testes quatuor viri &amp;amp; duæ fœminę vulnus recens &amp;amp; cruentum suis oculis viderunt, &amp;amp; manibus contrectarunt: videtes etiam pannos qui [Fol. 81rb] nouiter in vulnere positi sunt, &amp;amp; capellanus maior filorum copiam sanguinolentorum manu sua ex vulnere subtraxit. Omnes itaque hi testes magna cum diligentia vulnus considerantes: non humanitus nec casu sed diuinitus esse factum apertissime cognouerunt: &amp;amp; sic (ut diximus) aliquo medicamine humano curatum non est: tametsi ex ipso dei famula magnum cruciatum interius exteriusque sustinuerit. Stetit hoc vulnus supradicto modo viginti diebus apertum: quibus transactis se absque aliquo beneficio clausit, cicatrice tantum in loco vulneris remanente: &amp;amp; dolore continuo quem in parte illa sentiebat: qui quidem multis diebus durauit. His quoque diebus in capite manibus &amp;amp; pedibus cruciatur. cum enim valde debilis &amp;amp; afflicta ex pręteritis in lectulo iaceret: surrexit in eo: &amp;amp; coram crucifixi signo quod ibi depictum tenebat genua flectens, statim dolorem grandem in pedibus manibusque pręsensit ac si illę partes quibusdam clauis perforarentur. Et cum in hoc esset cruciatu: &amp;amp; eius manus sinistra (ut sibi videbatur) transigeretur: tam grandi cruciabatur dolore: ut, pollice manus dexterę in palma sinistræ posito, adeo palmam ob doloris magnitudinem compressit, quod sanguis super manum crepuerit. et sapienter hoc vulnus abscondit tenens manum panno coopertam: quod diebus quadraginta durauit: et sine humano denique remedio signo tantum in manu remanente, curatum est. Et ut omnium pœnarum passionis dominicæ particeps esset: ultra supplicia que antea in capite passa est, subito tunc in eo nouum &amp;amp; magnum dolorem sensit: ac si caput illius spinarum circumdaretur corona. &amp;amp; licet diuersa remedia capiti fuissent imposita, nullum tamen penitus profuit: iustum enim erat ut diuinitus facta humana industria non sanarentur. Cum igitur ex supradictis pœnis corpus eius satis debile staret. non his contentus dominus aliam grauiorem pœnam et dare disposuit: nam in circuncisionis domini nocte in spiritu rapitur: &amp;amp; ante quendam magnum iudicem vultu terribilem ducitur: ubi quia in reuelandis rebus visis his quibus manifestandę erant obedire contempsit, dure a iudice increpatur, &amp;amp; Mi- [fol. 81va] chaële suo iudicio ex uno brachio, ac ex altero beato Ioanne euangelista eam tenente: quos singulari obsequio venerabatur; flagellis iussit iudicis a quodam angelo cęditur. Tam dure itaque flagellata est, ut totum eius corpus (facie, manibus pedibusque exceptis) fuerit plenum verberibus, non tamen vibices nec vulnera in corpore eius apparuerunt: sed quidam scobriculi tantum: erantque ita coniuncti, ut vix inter eos aliquid poterat apponi: &amp;amp; ex hac punitione grauissìmum dolorem sensit in corpore. Hęc quidem flagellorum signa quindecim mensibus vel quasi in corpore eius durarunt. Ipsa autem hoc factum tacuit nemini illud referens quousque. monasterii mater quadam die mittendo manum recontinuationis velaminis causa super scapulam eius signa prædicta inuenit: qua de re nimis territa eam durius increpauit, credens ipsam se crudeli pœnitentia mactauisse: propter quod tunc christi ancilla ei rei veritatem (sicut scriptum est supra) aperuit. Omnia hæc ad notitiam pontificis Toletani Petri a Mendoça cardinalis postea peruenere: ut ex epistola ipsius ad Priorem Sislanum missa patet, cuius verba hæc erant. Venerabilis pater: hac pręcedenti nocte hora post eiusdem noctis medium secunda / libellum quem mihi dimisistis accepi, &amp;amp; nunquam illum ab oculis separaui, donec omnia eius capita integre perlegi. &amp;amp; quod magis admiror sic cordi meo adhęsit: ut nihil, &amp;amp;si in his reuelationibus credendis tardus, de eo dubitauerim. In fine notarii testimonium vidi: &amp;amp; testium confirmationem: quibus utique omnis fides adhibenda est: ego nanque eorum cuilibet equidem fidem pręberem: quanto magis omnibus illis iunctis. Omnes testes mihi noti sunt: monasterii matre excepta, quæ propter officium merito approbanda venit. Notarium esse virum bonum &amp;amp; fidei dignum non me latet. Tantarum quippe visionum in spiritu &amp;amp; corpore admiror: sed quam maxime tantam duritiam in fœmina inueniri in celando quæ sępissime viderat: pręsertim cum de reuelandis mysteriis sibi ostensis [fol. 81vb] ab eo qui omnia imperat &amp;amp; gubernat mandatum acceperit: quod profecto suæ profundissìmæ humilitatis atque inanis gloriæ contemptus indicium est. Cęterum pater venerabilis pro mea parte &amp;amp; p hoc quod ad me attinet date illi gratias: quas dominus noster sibi largiatur abunde: &amp;amp; pœna quam patitur sìt ei centuplum ad gloriam: &amp;amp; si quid pro eius consolatione ego facere possim, vos ex parte mea illi omnia integre offerte. meque illi recommendate ut in orationibus suis mei sit memor: ut in domini nostri seruitio hanc vitam consummare valeam, in omnibus eius voluntatem adimplendo. Post hac vero cardinalis memoratus epistolam de manu huius sanctissimæ fœminę suscepit: &amp;amp; per hunc modum eidem rescripsit. Deuota ac in christo dilectissima soror: epistola tua &amp;amp; his quę prior Sislanus mihi retulit magnam suscepi consolationem. at dominus noster qui te in talem posuit statum in eo te usque ad finem feliciter conseruare dignetur: &amp;amp; mihi gratiam prestet ut eius voluntatem facere possim: &amp;amp; quę mihi consulis adimplere valeam: quod pro te a domino eiusque genitrice impetrare cupio: &amp;amp; ob id tuis orationibus me multum recommendo: &amp;amp; quia priori Sislano latius sum locutus, plura non dicam. Vale in domino. Obiit autem hic memoratus antistes post mortem huius sanctissimę fœminæ, langore prolixo multis diebus laborans: in quibus plurima pia opera executioni mandauit.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[Capítulo 45]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
DE OMNIUM LANGORUM / eius curatione: deque his quæ in sacratissima natiuitatis nocte vidit. CAP. XLV.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
CUM IGITUR HÆC christi ancilla continuis ęgrotationibus vexaretur: octavo die solemnitatis diui patris nostri Hieronymi peracto lateris dolore in lectum decidit, sanguinem per os euomens. &amp;amp; cum omne medicorum consilium abhorreret: suo iudicio quinque pillulas sumere ausa est: quibus sumptis ad mortem peruenit. At cum sic staret, anima (ut sibi videbatur) a corpore eius euulsa super vulnus cordis insedit: quam archangelus Michael (ut si- [fol. 82ra] bi videbatur) manu sua illic tenebat compressam: &amp;amp; sic viuebat: &amp;amp; virtus ad sacramenta sancta suscipienda sibi non defuit. Matrem autem monasterii deprecabatur ut priorem qui hæc in literas misit vocaret: ut eius confessione audita cętera ministraret sacramenta. Contigit hoc in mense Octobris. anno octuagesimo quinto supra millesimum ac quadringentesimum. eratque dies ille sabbatum: in cuius nocte sanctam communionem quam receptura erat meditans: cupiensque a corpore absolui magna deuotione suum monasterium, &amp;amp; Sislanum domino commendabat. Ei quidem sic stanti monachus a quo in ipsa dominica die res diuina in monasterio erat agenda in visione demonstratus est. cui domina nostra cum ad consecrationis verba peruenit, filium suum quem tenebat in brachiis dedit: qui a sacerdote in tres partes diuisus in qualibet ipsarum puer viuus &amp;amp; lætus remanebat. Vidit etiam splendorem super altare: &amp;amp; angelos ex utroque brachio sacerdotem sustentantes: aliosque plures circa altare ambulantes: &amp;amp; diuam Caterinam &amp;amp; Barbaram sibi dicentes. Cras feria secunda hora nona ante meridiem in splendore quem hic cernis dominum recipies: statimque sanaberis: quod sic factum est. Cum igitur prior ad confessionem eius audiendam peruenisset, ne illa die ad monasterium reiterteretur eum humiliter rogauit: ut si forsan eam mori contingeret sua non careret presentia: sin autem ipsa nocte non migraret a sęculo: pro certo sciret: se perfectam sanitatem adepturam. Quod sic euenit ut ipsa prędixerat: nam cum in die lunæ communionem de manu prioris vellet accipere: prioreque ad eam cum corpore domini conuerso, in ipsius pectore &amp;amp; manibus ingentem vidit splendorem: quem etiam in illa hora paruula quædam quatuor annorum vix fari sciens conspexit, quę ibi cum matre sua aderat: splendoremque magnum tanquam solis quem in manibus prioris &amp;amp; in christi famula cernebat matri indicauit: sed mater videre non valuit quod filia videbat. Corpore domini itaque suscepto satim rapta est spiritu: omnibusque sensibus per- [fol. 82rb] ditis sic per nouem horas stetit, &amp;amp; cum quæ si violenter expergisceretur: oculosque aperuisset: psalmistę versum recitauit dicens. Benedic anima mea dominum: &amp;amp; omnia quę intra me fiunt nomini sancto eius, qui propiciatur omnibus iniquitatibus tuis, qui sanat omnes infirmitates tuas. &amp;amp; mox se sanam reperit: &amp;amp; reuersionis ad pręsentem vitam eam pœnituit. Alia complurima secreta cœlestia hęc christi famula vidit quæ quidem sibi visibiliter ostensa sunt, pręsertim in sacratissimę natiuitatis dominicæ nocte: de quibus tantum sequentia annotabimus. Cum semel itaque in ipsa natiuitatis domini nocte, noctis medium summa cum attentione expectaret: eo quod illam esse horam, in qua redemptor noster in carne visibiliter apparuit, non ignorabat. &amp;amp; genibus flexis in oratione insisteret coram sacratissimę christi matris altari, in quo eiusdem virginis effigies astabat: ac etiam altare ipsum mire compositum, candelisque accensis plenum esset: &amp;amp; cuna opulenter adornata cum pannis ceruicalibus in eo posita: faceretque in cuna coram matre sua puer paruulus vestibus pręciosis indutus ecce noctis medium aduenit. &amp;amp; cum sìc multis suspiriis ac lachrymis dominicæ natiuitatis sacramentum contemplarci: oculis corporeis magnam claritatem super altare descendentem vidit: &amp;amp; dominum nostrum in paruuli speciem nimis fulgentem, quem angelorum multitudo reuerenter adorabat. Angelorum itaque adoratione, quæ per dimidiæ horæ spacium durauit, finita: pastores festiuantes ad infantem adorandum venire prospexit: illisque recedentibus, mox tres orientales reges magna cum societate ingressi sit: quos tres soles nimis fulgentes comitabantur, qui cum ad altare accessìssent: statim ex tribus unus sol effectus est. Reges vero procidentes puerum adorauerunt: eique sua munera obtulere. &amp;amp; in hac regum adoratione dei genitricis imago que in altari erat, ter contra puerum arrisit. Post regum angeli admonitione recessum, Herodem sęuissimum puerum ad perdendam quęrentem vidit: vidit etiam quomodo [fol. 82va] beata Maria filium brachiis tenens Ioseph comitata tristes in Ægytum fugiebant. Huiusmodi autem visio a noctis medio usque tres subsequentes horas in oculis eius perdurauit. Quibus finitis, cathedralis ecclesię capellanus maior desiderio seruiendi christo attractus ad monasterium venit. ad primam missam galli cantus vocabulo appellatam celebrandam: &amp;amp; ut sorores communicarent in ea: cantores itidem qui solemniter rem diuinam agerent secum adducens. Et cum ipse sacris indutus ad altare exiret: statim hęc christi ancilla oculis apertis duos cereos magnos super altare vidit: &amp;amp; ab uno quoque illorum quinque radii usque ad ipsam directi procedebant: nullumque impedimentum cortinę quę ante chorum erant extensæ ei prestabant ad videndum omnia que in altari erant facienda. Cum itaque magna solemnitate res sacra inchoaretur: &amp;amp; suo ordine perueniretur ad sanctus: magnam angelorum cateruam ad altare descendere vidit: qui quidem sacerdotem ipsum a pedibus usque ad caput cooperuere: &amp;amp; ipsi ascendentes ac descendentes cum magno gaudio sacrificio assistebant. &amp;amp; cum sacerdos hostiam consecratam eleuaret: prędictos angelos brachia eius attollere vidit. Ad pater noster tandem peruento, non valuit ultra super genua sua stare: nimisque spiritu defatigata cecidit super faciem suam: &amp;amp; sic in eodem loco usque ad horam diei duodecimam iacuit: qua transacta ex sororibus quędam eam ad lectulum suum deportauere; (nam ab hora noctis decima: in qua ad matutinum pulsatum est usque ad hanc quam pdiximus horam, semp genibus flexis in supradicto loco stetit immobilis). In sero autem illius diei ob sororum deprecationem parum conditaneæ cidoneę comedit: &amp;amp; sic sine alio cibo feria secunda &amp;amp; tertia permansit. Feria vero quarta uno tantum ouo contenta aperte demonstrauit quod spirituali alimonia ei vitam contra conditionem humane naturę prestabat. Iterum die quinta ante natiuitatis dominicę solemnitatem ob famem, quę propter farinæ defectum ex fluuiorum incrementis tunc vigebat: nimis esset afflicta absque dormitione noctem illam tran- [fol. 82vb] segit, &amp;amp; cęteris sororibus dormientibus, surtexit ipsa: &amp;amp; in pauimentum subdiale ex quo fluuius conspici poterat, ascendit: &amp;amp; cœlo nut dosignum crucis contra amnem faciens, mox ad orandum in quodam cubiculo se recepit: &amp;amp; brachiis ad modum crucis extensis super terram procidens per magnum interuallum in orationem pdurauit. dei enim genitricem deprecabatur attente: ut filium suum exorans eum placabilem faceret populo. Et cum in hac pœna posita christi matrem exoraret deuote: subito quendam magnum splendorem vidit totam domunculam illam in qua erat illuminantem. aspexitque in claritate dominam nostram: quę lachrymosis oculis voceque tristi illi dixit. Omnes has pręteritas aquas per tot dies diuisas in tribus diebus per alluuionem emittendas esse scito filia; ac earum maiorem partem super istam ciuitatem perfluendam propter maximapeccata quę in ea quotidie perpetrantur: ego tamen tuis precibus inclinata: &amp;amp; propter orationes quas pro populo effudisti: filium meum exoraui, ut petitio tua acceptabilis coram eo esset: &amp;amp; exaudiri pmerui: &amp;amp; sic ira eius placata est. Stabat hęc famula christi ocfis apertis manibusque eleuatis cum dei genitricem videbat: que attamen recedente in terram cecidit: &amp;amp; absque sensu aliquot horis pdurauit. Postea in se reuersa, corpore &amp;amp; spiritu roborataad dormitorium reucrtitur: nulla ex sororibus hoc sentiente. Cum igitur fama eius non usque adeo tegi potuisset, quin ad aliquorum piorum hominum notitiam deuenisset: inter alios apud quos latere non potuit, episcopus Pacensis fuit: qui tunc erat ecclesię Toletanæ Decanus: q &amp;amp; cum illa sępe locutus est: &amp;amp; fuit testis vulneris lateris. Huic ergo semel eam deprecanti pro cuiusdam discordię sedatione quę erat in curia ipsa libentissime obediens: ante solis ortum orationis causa superiora domus ascendit: &amp;amp; magnum splendorem in cœlo ubi sol oriturus erat aspexit. soleque orto, oculis claris eum sine claritatis obstaculo intuebatur: viditque intra ipsum solem foramen grande quod in cœlum intrabat: ex quo magni claritatis radii ad diuersas partes exierunt. crux etiam aurea magni quidem fulgoris intra foramen apparebat: quę tam- [fol. 83ra] diu demonstrata est donec ad primam factum estsignüm. In ære etiam quendam haud procul a se distantem aspexit: qui suo iudicio erat ut luna, cum ali[o] pugnantem: &amp;amp; interuallo modici téporis transacto: scapulis adinuicem auersis recessere. Et cum quedam ex sororibus illuc ascendisset: statim illa a loco discessit: &amp;amp; sic visionis pdictæ finem videre non valuit. Verum credi potest pręcibus illius discordiam postea sedatam fuisse quæ inter nonnullos viros illustres vigebat in curia: pro cuius sedatione cum supradicta vidit, orabat. Contigit hoc infra octauas resurrectionis dominicę; anno octuagesimo sexto supra millesimum ac quadringentesimum, Cum iterum in mense Iulii in aurora illius dici quo sanctę crucis triumphum colit ecclesia, oculis sursum eleuatis oraret: vidit quasdam flammas in cælo. &amp;amp; interuallo horę unius consumpto: ipsum cælum aptum notauit: &amp;amp; solem itidem per aperturam quamviderat egredientem: ac in illo om nesicgli pulchritudines cognoscebantur: &amp;amp; statim insubsequenti die in quodam libro hora tertia orans attente: iuxta fenestramex qua cælum poterat intueri: tertie hilem cuiuspiam vultum veluti lunę apud se vidit duasque hominum effigies deintus stantes unum contra alium gerentes bellum: &amp;amp; ibi etiam occisorum aderat multitudo. Hac nempe die comes Cifontanus captus fuit a Mauris.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[Capítulo 46]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
DE ANIMA SACERDOTIS / defuncti qui eidem apparuit: &amp;amp; de  aliis visionibus eiusdem. / CAPUT. XLVI.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
CUM HÆC CHRISTI ancilla in supradicto anno quadam nocte in stratu suo faceret: noctisque medio finito nondum esset pręoccupata somno: sacerdos monasterii nuper defunctus ei apparuit: qui Ioannes Hulmensis vocabatur de quo supra mentionem fecimus (nam Hic fuit ille confessor eius qui vulnus lateris vidit) &amp;amp; propter molestias quas sibi intulerat veniam ab ea humiliter postulauit ob epistolam pręsertim quam ad eam [fol. 83rb] rescripserat: quæ magnæ perturbationis causa extitit ei: ac etiam quia illius verbis fidem non præbens, eius consilia temerarius spreuerat. Supradictis etiam sequentia adiecit. Dicito quęso priori Sislano: &amp;amp; huius monasterii matri: ut omnium molestiarum quas illis feci veniam mihi concedere dignentur: ac etiam sex milia dipondia quæ huic monasterio debeo mihi indulgeant: pariterque librum quem vendidi remittant: &amp;amp; eleemosynę gratia quinquagies altaris sacrificium pro me faciant celebrare: ut sic eruar ab hac pœna quam modo sustineo: &amp;amp; tu christi famula pro me ora. Et his dictis disparuit. Cęterum illa cum ex hac visione nimis terreretur: semianimis &amp;amp; sine loquela quatuor horis remansit: &amp;amp; in se r[e]uersa magna deuotione cuncta quę defunctus ab ea petiit adimplere curauit. Nec est hoc loco tacendum visionem quam vidit eo die quo capellanus maior in humanis agere desiit. Hic enim Didacus de Villaminaya appellabatur vir sane religiosus &amp;amp; prudens, charitatisque operibus plenus: de quo nuper multis in locis mentionem fecimus. Cum igitur hic vir venerabilis esset pro suis laboribus a deo remunerandus: in fine mensis Martii anni octuagesimi septimi egrotauit: &amp;amp; tandem ingrauescente langore ex hac vita migrauit, cuius mortem quasi ciuitas tota deplanxit: sed doloris huius maxima pars Marię Garsię monasterium occupauit: propter beneficia magna tum spiritualia tum temporalia quæ sororibus veluti earum pater quotidie faciebat. Et cum vitę eius finis parum post decimam diei horam euenisset: stabant in ecclesia sorores &amp;amp; cum illis hæc christi famula rem sacram audientes: &amp;amp; campanarum pulsatione propter illius obitum in ecclesia maiori facta: statim illa rapta spiritu fuit: &amp;amp; vidit defuncti animam a Ioanne baptista, &amp;amp; diuo Hieronymo sanctaque Caterina ad iudicium coram diuina magestate in quendam magnum nimisque deliciosum campum deferri, animabus plurimis ibi astantibus laudantibus deum. Accusatus est itaque propter obmisionem quam fecerat in adim- [fol. 83va] pletione cuiusdam defuncti voluntátem qui illum sui testamenti reliquerat executorem. etiam licet predictus capellanus hoc ante mortem suo testamento emendare curauerat: tamen a domino nostro Iesu christo iusto iudice iudicatum est ut eius anima in loco illo detineretur donec compleretur legatum: quo soluto mox ad gternam beatitudinem perueniret. Cęterum illa hęc omnia in ipsa ritu videns, statim ut ad se est reuersa: multospacio quasi extra se mansit: inagna pœna gaudioque adinixta ob prędictam visionem poccupata. Et ita magnis exanimationibus in lectulum cecidit: ut de eius desperaretur vita. &amp;amp; nemini hanc rem dempto priori prędicto patefecit: qui eam obedientię pręcepto ad reuelationem omnium quæ sibi dominus ostendisset constrinxerat. Huius igitur visìonis certitudo ex supradicti patris testamento liquet: cuius ordinationem hæc christi famula ante hanc visionem penitus ignorabat. In raptu quadraginta horarum cum vulnus lateris suscepit (de quo nuper diximus) se purgatorias pœnas vidisse asseruit: ubi tormenta horribilia (que dici non possunt) aspexit. &amp;amp; cum circumquaque respiceret quendam sacerdotem adhuc viuentem aiarum curionem in magno cruciatu inuenit positum: serpens nanque horribilis cui duo capita duoque ora erant eum pręcinctum ac ligatum in circuitu tenebat. viditque etiam iuxta illum drachonem ingentem: qui super spinam cuiusdam infantis aiam in sportula habebat: que quidem magnis quærellis ob pœnam quam patiebatur iudiciuma deo fieri instantissime postulabat propter culpam solummodo sacerdotis illius. Cumque famula christi quęnam pœna esset illa angelum qui eihęc omnia ostendebat interrogaret: ei angelus dixitque infans ille propter sacerdotis illius culpam nondum. regeneratus baptismo obierat: ac ob id quęrebundus iusticiam a deo postulabat de illo. Postquam vero ad se rediit valde territa, p sacerdote illo quotidic dum orabat: &amp;amp; dierum octo interuallo transa &amp;amp; o hic sacerdos rem sacram in monasterio agebat: corporeque domini iam eleuato iterum illa rapta fuit spiritu: &amp;amp; vidit sacerdotem hunc [fol. 83vb] serpente præcinctum tria habente capita, quorum primum cor, secundum linguam, tertium vero scapulas sacerdotis comedebat. Viditque ctiam infantem coram eo clamantem &amp;amp; dicentem. A dei visione tua negligentia priuor: tua culpa sine baptismo mortuus sum: tanti peccati veniam a deo non consequeris. Tertio itaque die post hanc visionem sacerdotem istum vocari fecit: &amp;amp; omnia quæ viderat secreto eidem aperuit. Quod cum ille audisset adeo territus est, ut loquelam medię horæ spacio perdiderit. quem christi famula sic afflictum pusillanimemque videns: in domino confortauit. Tandem ad se rediens quomodo hoc secretum dominus sibi reuelauerat vehementer admirari cœpit. &amp;amp; ita in veritate fuisse sicut illa dicebat aperte confessus est: tam de puero qui sine baptismo sua obierat culpa: quam de cæteris rebus quibus hactenus deum se offendisse cognouerat: prout ab illa eidem sunt enarrata. Post hęc dei famula dixit illi. Ne de his valeas quiquam dubitare: cras dum in altari fueris dominum ostendere tibi signum pro certo tibi sit. Quod sic euenit: nam hic sacerdos confessus est postea, quod dum sequenti die sacrificium christianum ageret: &amp;amp; rerum diuinarum codicis verteret folium, ubi effigies crucifixi erat depicta: quinque guttas sanguinis inuenit in illo: et post annos quinque in diui Michæelis archangeli festo hic sacerdos ex hac luce recessit: quem dei ancilla suis orationibus iuuit. Postea denique in aurora diei sancti Francisci in figura horribili eidem apparuit: plurima quæ inter ipsum &amp;amp; alia personam secreto transierant, ei aperiens: quę quidem ita in veritate comperta sunt.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[Capítulo 47]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
QUOD SPIRITU PROPHE / tię multa arcana reuelauit. / CAPUT. XLVII.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
MULTA OCCULTA hæc christi ancilla spiritu prophetię repleta indicauit: ut ex supradictis faciliter agnoscitur: &amp;amp; per alia quæ de ea scripta reperiuntur, gratiam quam ei dominus in cognoscendis secretis dederit, aperte in- [fol. 84ra] telligimus. Cum igitur illis diebus iam inquisitionis negocium contra hęreticam prauitatem in Toletana ciuitate ageretur: nonnulla archana huic sancto officio attinentia priori Sislano aperuit: &amp;amp; ipsi quonammodo ista sciebat interroganti respondit. Dominus noster Iesus christus ea forma qua ad columnam ligatus stetit mihi apparuit: scapulas habens sanguinolentas: &amp;amp; mihi dixit. Aspice filia qualis ab hęreticis contrector quotidie: idcirco dic ecclesię huius Decano, &amp;amp; Sislano priori, qui inquisitionis rem tractant, omnia quę nunc oculis cernis. Quod sic adiplere curauit. nam hęc eadem verba (supradicto priore presente) ecclesię decano dixit; aperiens utrisque quędam occulta ad sanctum inquisitionis officium ptinentia. Cum alia vice staret mente eleuata, sacrosanctam eucharistiam magna cum solemnitate a clericis de maiori ecclesia depromi vidit: &amp;amp; cuidam egro hęretico deferri: iussumque est ei ut omni velocitate ad clericos iret: ac eis diceret. Ad ecclesiam cum sacramento reuertimini: hæreticus namque est ad que illum defertis. Et sic factum est. verum angelus qui hęc sibi imperabat sequentia postea adiecit dicens. Ut quę tibi dico vera esse comperias: hodie cum res diuina celebrabitur sanguinis guttas ab hostia distillare videbis. In hac itaque die hęc christi famula hostiam cruentatam oculis claris aspexit, cum post consecrationem fuit eleuata. Semel etiam futura cognoscens priori Sislano dixit. Curam pater adhibe in domo: duo enim in ea sitnt qui tale peccatum perpetrare procurant. Quod postmodum rei euentus eam vera dixisse comprobauit. nam post paucos dies duo famuli deprefensisunt: qui malum grande eodem modo eademque forma ut ipsa prędixerat perpetrare volebant: &amp;amp; mox a monasterio. fucrunt expulsi. Monachus quidam eam proptereius famam videre &amp;amp; alloqui cupiens: pro hacre impetranda magnopere laborabat: tandem quod desiderabat obtinuit. &amp;amp; cum ad colloquium illius fuisset admissus: hęc ipsa inter cętera illi dixit. Iamdiu pater est q te meum colloquium. expetere scio: &amp;amp; causam cur hoc deside- [fol. 84rb] rio laboras: scio etiam quod tali die scriptionem faciebas: quam ea die optabas perficere: &amp;amp; non potuisti: &amp;amp; consummasti eam nocte sequenti. His auditis stupefactus monachus quomodo secreti huius notitiam potuit habere eam interrogauit: cui ipsa respondit se omnia hęc in spiritu vidisse. Et postea sequentia adiecit. Dic pater tali monacho (illum nomine suo designans) quod multum tristatur spiritu: videat vias suas: &amp;amp; si aliquid fecit punitione dignum, indulgentiam petat: alias magno subiacebit periculo. Et cum huic monacho &amp;amp; cęteris domus hoc esset experimento cognitum: valde admiratus est: intellexitque eam spiritu dei esse repletam. Contigit hoc cum ordinis nostri primarius in Sislano monasterio inquisitionis causa erat. Cum isdem etiam monachus iterum illam alloquens, alterius monachi cuius nomen tacebat vitam multum commendaret: christi ancilla eum deprecari cœpit, ut fratris illius nomen vellet sibi aperire: sed cum monachus hoc negaret: tunc illa dixit. Monachus de quo pater dicis sic appellatur, vir quidem religiosus est: partem habens cum deo. Quod monachus audiens nimis territus est: videns quomodo spiritu dei sciebat, quod ille ei noluérat indicare. Dificiliter &amp;amp; non sine magno tędio cum exteris loquebatur licet viri religiosi fuissent. &amp;amp; cum talium colloquium vitare non poterat: breuis in sermone erat.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[Capítulo 48]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
DE EO QUOD SUIS ORA / tionibus salutem multis impetrauit. / CAPUT. XLVIII.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
PLURIMUM HÆC christi ancilla orationibus valuit: erat enim feruidę orationis, ut ex prędictis coniectari potest: idcirco multis suis pręcibus obtinuit salutem. Unde cum semel monasterii mater tertia mensis Augusti ante diui Laurentii festum pleuritidis morbo laboraret: essetque a medicis iam derelicta: valde hęc sancta de matris morte tam propinqua affligebatur: &amp;amp; nocte adue- [fol. 84va] niente sacellum ingreditur: &amp;amp; cum multis lachrymis coram deiparę virginis effigie pro matris salute cœpit orare. Oratione tandem finita, vultum virginis quam candela explorabat, veluti viuentis inflammatum: &amp;amp; post paululum sudantem aspexit. Cæterum illa oculis se falli opinans: ad virginis faciem pręsumpsit accedere: at rei veritate comperta, ter capitis sui velamine sudorem imaginis abstergens: oculos suos ac faciem cum sudore lauit. Et magno gaudio repleta iterum obnixius pro matris vita dei genitricem cœpit orare: &amp;amp; facta est ad eam vox, dicens. Propter consolationem tuam &amp;amp; remedium vita illi conceditur. &amp;amp; statim in excessum mentis eleuata est: &amp;amp; vidit diuum Laurentium in forma pueri quindecim annorum splendida veste indutum pyxidem auream in manu ferentem: quam supra caput &amp;amp; latus posuit ęgrotę: signans eam manu sua signaculo crucis: quo facto discessit. Statimque illa ad se rediens intellexit dei parę virginis meritis quod petebat impetrasse. Et confestim ad infirmam pergens, illam quieto somno dormientem inuenit, quę quidem expergiscens a dolore subleuatam se sensit: &amp;amp; post modicum perfecte conualuit. Cum iterum importune in ecesfa dei genitricem oraret pro quodam fratre suo in vinculis existente: fratri dormienti sanctissimavirgo apparuit in effigie ut in monasterii sacello habetur depicta: &amp;amp; a compedibus eum absoluens dixit. Propter sororis tuę &amp;amp; aliorum monialium præces quas ob tuam liberationem feruenter apud me fundunt a carcere erueris. Et ipse expergiscens liberum a compedibus, &amp;amp; tumore quem in pedibus ob vincula ferrea fabebat: se reperit. &amp;amp; diesequenti ad monasterium veniens, liberationis suę mos dum sorori cæterisque religiosis enarrauit: &amp;amp; pro certo compertum est quod hora qua ille se dixit per dei genitricem a vinculis fuisse absolutum: eadem hęc christi ancilla &amp;amp; aliæ sorores pro eo specialem orationem faciebant. Ipse itaque virginis Mariæ effigiem in altari monasterii positam cernens: simili figura ipsamsibi apparuisse [fol. 84vb] asseruit. ob idque deinceps ceram, ut omnibus sabbatis coram prædicta imagine arderet, per totum vitę suæ tempus se daturum repromisit. Verum post hac annis nouem transactis, cum in vigilia assumptionis eiusdem sacratissimę virginis hic virsui promissi non obliuiosus factus, ceram ad prędictam imaginem illuminanæ dam portaret: in via morte subitanea pręoccupatus defecit. Quod christi ancilla audiens magna tristitia affecta est: pręsertim ob mortis casum: &amp;amp; multis lachrymis multaque instantiaprofratresicdefunctocoram dei genitricis imagine orabat: hoc inter cętera scire cupiens: an in via salutis esset. Et tandem cum pro hac refm portune deprecaretur: octauo post fratris obitum die hora secunda post noctis medium vultum supradictę imaginis aspexit: &amp;amp; illum lætum veluti personæ viuentis &amp;amp; loqui volentis vidit: &amp;amp; ex hac visione magno gaudio repleta flere cœpit. Quod duæ ex sororibus cernentes eam ad lectulum deduxerunt: &amp;amp; sororibus illic iuxta eam cum candelis accensis stantibus, cuiuspiam flatum frigidissimum post scapulas sensit: sed propter sorores quę cum illa colloquebantur, ad locum illum respicere non curabat. sed post paululum magno timore concussa caput illic conuertit: &amp;amp; frustrum nubis obscurę aspiciens: intus fratrem suum faciem nimis lętam habentem vidit: qui dixit ei. In magno nempe periculo fui cum spiritu exhalaui: sed affuit mihi dulcissima virgo Maria auxilium pręstans: ac propter eius merita euasi: sumque ad purgatorias pœnas transmissus. &amp;amp; his dictis, de cæteris rebus ad quarum soltationem erat astri &amp;amp; us mentionem faciens: ab oculis sororis eius euanuit. Et cum alius eiusdem sanctę virginis ff in loco suo equi currentis lapsu valdetorsus, grauique oculorîi passioneremansisset: ob idque eius mater (quę propter mortem alterius filii nuper defuncti satis erat afflicta) hoc factum audiens adeo amaritudine atque tristitia repleta est: ut os &amp;amp; oculi eius fucrint obuarati. Post aliquot itaque dies huicsanctæ fœminæ hoc in monasterionunciato, ad altare [fol. 85ra] dei genitricis a cessit pro matris salute oratura: inspirataque diuinitus nuncio qui casum ei narrauerat respondit. In dominica sequenti sanabitur mater mea: quod sic factum est ut ipsa prædixit. Accidit quoque semel ut hæc sancta graui langore correpta in stratu iaceret. &amp;amp; sacratissimæ virginis natiuitatis die superueniente, videns quod nec cum cęteris sororibus communicare hac solemnitate, nec diuinis interesse poterat: dolore magno percussa est. Cum igitur ea nocte sorores ad matutinum exurgerent: &amp;amp; ipsa que non procul a choro iacebat eas cantare inuitatorium audisset: sic cum grandi sui cordis dolore orauit. O gloriosa domina dei genitrix virgo Maria peccatorum spes: ego peccatrix tuis matutinis hac nocte ut indigna priuor: &amp;amp; ctiam in crastinuin sacratissimi filii tui corpus participatione: tu pietatis mater ct desiderium meum: &amp;amp; pœnam quam pro his patior non ignoras. Tandem super ipsam hęc dicentem claritas magna descendit. &amp;amp; claritate recedente se sanam reperies: mox surrexit: &amp;amp; ad horas matutinas pergens, cum cęteris etiam sororibus ipsa die sacrosanctum christi corpus in ecclesia recepit: dei genitrice cordis sui desiderium ex audiente.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[Capítulo 49]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
DE OBITU EIUSDEM: ET / quam statim cœpit fulgere miraculis. / CAPUT. XLIX.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
SI CUNCTA QUÆ de hac sanctissima fœmina in literas missa sunt: &amp;amp; reuelationes quas vidit hoc loco annotarentur: grandis quidem liber exurgeret: cum pene nulla fuerit dies in qua dominici corporis sacramentum susceperit: quinspiritu raperetur: in raptuque illo mirabilia dei videret: idcirco omnibus his ob breuitatis causam, ac lectorum fastidium dimissis: ad obitum illius transiens nonnulla etiam miracula ex multis quæ post mortem eius facta sunt, annotabo. Igitur cum hæc christi ancilla tam magnifice in hac vita signis &amp;amp; reuelationibus adeo (ut supra est anno- [fol. 85rb] tatum) sublimaretur: eam de corporis carcere eruere diuinę pietati placuit: quod quidem desiderio suo consonum erat: cupiebat enim multis iam antea diebus dissolui &amp;amp; esse cum christo: &amp;amp; illa beata ęternaque beatitudine frui/quam sanctis &amp;amp; dilectis suis se daturum repromisit. Obiit itaque hęc sanctissima fœmina septima die Iulii sabbato tunc cadente: anno octuagesimo nono supra millesimum ac quadringentesimum, tempore quo Toleti pestis vigebat: ad horam tertiam post noctis medium. Fuit autem eius obitus cœlesti odore honoratus, ut sorores quę ibi aderant testatę sunt: dicentes mirabilem odoris fragrantiam se eadem hora sensisse. Sepulta fuit in illius diei vespera in monasterii Sislani capitulo: tunc enim sorores illius cœnobii ibi sepeliebantur. quam statim signis dominus magnificare cœpit: de quibus hęc quę sequuntur pauca (cęteris ob breuitatem dimissis) referam. Contigit in die sancti Martini, anno nonagesimo supra millesimum ac quadringentesimum in mense Nouębri ut quidam Franciscus Diaz nomine de Xarahiz incola grauiter egrotaret: factusque morio cum iam in extremis sacro oleo perunctus esset: &amp;amp; quidam sacerdos qui Martinus Diaz appellabatur, eiusdem egroti patruelis qui &amp;amp; ipsum a primis nutrierat cunabulis, atque uxorem ducere fecerat: magnum de eius morte dolorem haberet: quedam vidua Ioanna Martina nomine quę visitationis causa illuc venerat: sacerdoti afflicto sic ait. Non vos latet compater langor quem ego in crure cum coxendice habui. &amp;amp; hoc anno cum Gabriel frater meus Hieronymitani ordinis monachus ex cœnobio de Madrid profectus ''[1]'' huc venit: &amp;amp; me inueniret egrot[a]m: hoc mihi dedit consilium: ut cuidam religiosę magnę sanctitatis fœminę quæ Toleti in Marię Garsię monasterio obierat: &amp;amp; in Sislano iacebat humata: quę quidem magnis fulgebat miraculis: me commendarem ex corde: peregrinationem ad eius tumulum vouens: &amp;amp; sine dubio sanitatem propter eius merita recuperarem integram. acquieui equidem fratris consilio: et per dei mise- [fol. 85va] ricordiam sanitati perfectę restituta sum. Sic vos infirmum hunc isti sanctę religiosę vouete: &amp;amp; propter eius merita domino placebit sanum &amp;amp; incolumen vobis illum restituere. Quod sacerdos audiens votum statim emisit: ut si eger ille huius sanctę meritis pristinę restitueretur sanitati: ambo pariter illius visitarent sepulchrum. Cuius petitionem dominus exaudiens sanitatem integerrimam donauit infirmo: &amp;amp; postea ambo votum suum compleuere. Huius itaque miraculi prędictus sacerdos testimonium dedit, cum esset in monasterio ubi huius sanctę corpus requiescit: ibique illud sua descripsit manu sabbato septima die Maii anni nonagesimii primi supra millesimum ac quadringentesimum. In Toletana quoque ciuitate canonicus quidam grauiter egrotabat: &amp;amp; omnibus beneficiis humanis factis semp virtus deficiebat in illo: quo cognito huic sanctę virgini se deuote commendans: eius sepulchrum visitare fecit. &amp;amp; cum nonnihil terrę illius sepulturæ sibi fuisset allatum: collo illam suspendit. Et in nocte sequenti hęc virgo beata visibiliter ei apparuit: qui postea euigilans sanum se reperit. &amp;amp; cum Inane illo potionem sumere debuisset: accipere eam renuit: sed cibum co quem se sentiebat incolumem postulauit: &amp;amp; statim surrexit: &amp;amp; sepulchrum huius sanctę debita religione visitans. gfas de sua salute deo egit: offerens ibidem oblationes suas. In mense Septembri, eodem anno quo hęc christi virgo humanę naturę debitum soluit, Alphonsus comitis de Paredes filius Toletanęque ecclesię canonicus eadem in ciuitate gratiissime egrotauit: &amp;amp; cum iam in extremis sacro esset oleo unctus, huic virgini se deuote cômendauit: &amp;amp; ceruicali in quo hęc sancta obierat sibi allato: mox ut illud super se posuit perfecte conualuit. Suscepti beneficii memor ad monasterium Sislanum postea venit: &amp;amp; nouem diebus ibidem deuote pmanens: ceream effigiem &amp;amp; vestem sacram ibidem obtulit. Is (ut opinor) fuit Alphonsus Manricus Hispalensis antistes: qui superiori anno in humanis agere desiit. In supradicto anno nona Septembris die, ad monasterium ubi hec sancta condita iacet quidam vir Ioannes de [fol. 85vb] Pastrana vocatus cum uxore sua venit: filium paruulum paralysis morbo laborantem secum afferens: qui nullo medicorij remedio curari potuit: tametsi propter huiuscemodi causam non modicam substantię partem in physicis impenderat. Et cum parentes in ecclesia deuotius pernoctarent, filium suum huic virgini commendantes: mox pręcum suarum obtinere fructum meruerunt: quandoquidem puerum quem membris debilem ad sepulchrum huius virginis attulerant: sanum in domum suam reduxere. His quoque diebus quędam mulier Ioanna de sancto Michaele nomine tertii ordinis diui Francisci religiosa Toleti cohabitans carcinomatis siue cancri morbo in mammilla periclitabatur sua, &amp;amp; cum quinque annorum spacio a physicis mederi nequaquam potuerit: tandem ab illis relinquitur. eratque quorundam consilium ut abscideretur mammilla in qua cancrum habebat ne moreretur. Cęterum illa (huius sanctę virginis fama audita) magna cum deuotione sepulchrum eius visitare properauit: &amp;amp; cum locum in quo condita iacet ingrederetur, cęlestem odorem a sepultura procedere sensit, seque super illam inclinans, magna pietate ac multis lachrymis sanctam pro salute deprecari cœpit: moxque super illam manus domini facta est: &amp;amp; perfectę restituta est sanitati. Alia multa signa diuinitus per eam facta statim post mortem scripta reperi: quę breuitatis (ut dixi) causa prętermittuntur: sequens tamen miraculum quod in vita eius factum est prędictis subnectam. Cum dei famula semel dictaret epistolam quam cardinali Petro Mendocio destinare erat illi in animo: &amp;amp; chartam notis exciperet quędam ex sororibus cui Agnes sancti Nicolai nomen erat, &amp;amp; exsiccationis causa ad ignem post descriptionem illam applicuisset: adeo igni coniuncta est, &amp;amp; combusta: ut a nemine postea legi potuerit. Et cum iterum scribenda esset epistola: &amp;amp; de hac re Agnes prędicta nimis affligeretur ob longitudinem eius: epistolam christi ancilla accipiens, in quadam arca eam iniecit. Altera die prędicta soror chartam voluit scribere: &amp;amp; aperiente virgine archam epistolam sanam inuenerunt.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[Capítulo 50]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[Fol. 86ra] DE TRANSLATIONE EIUS / dem: &amp;amp; odore cœlesti quem astantes sen/ sere: deque pluuia diuinitus propter / eius merita data. / CAPUT. L.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
CUM FAMA MIraculorum quę deus propter sanctæ suæ merita operabatur in dies cresceret: iamque glorificationis illius rumor in omnes peruenisset: multorum virorum honorabilium deuotioni placuit operam dare: ut huius sanctę virginis corpus de capitulo in quo prius sepultum fuerat ad ecclesiæ monasterii locum honorabilem transferretur. Hac autem in re illustris comes de Fuensalida fœmina religiosavalde obnixius supra cæteros laborauit: ob cuius deprecationes sanctæ virginis corpus de loco illo ubi statim postmortem conditum fuerat translatum est: &amp;amp; collocatum in sepulchro quod ipsa comes ad dexteram partem ecclesię ędificari fecerat. Factaque est translatio hæc vicesima quinta die mensis Aprilis: anno nonagesimo quinto supra millesimum ac quadringentesimum, ab obitu eiusdem sanctę anne sexto. Aderant itaque huic translationi venerabilis prior eiusdem monasterii frater Ioannes de Morales appellatus: ac alii multi eiusdem cœnobii monachi: clauicularius Calatrauę militię, illustris Alphonsus a Silua: cæterique religiosi viri. Inuenta sunt autem eius ossa multum odorifera: oleoque peruncta: &amp;amp; odor qui fragabat ex ossibus suauissimus ac cœlestis erat: qui ab omnibus pręsentibus tum religiosis, tum sęcularibus sensibilis fuit. Verum cum prior monasterii hęc cerneret omnia: quod hactenus quasi in occulto, &amp;amp; non monachis omnibus pręsentibus facere disposuerat: omnes vocari iussit: &amp;amp; organis campanisque pulsatis, corpus cum magna solennitate ad ecclesiam transferri ordinauit. Ossibus itaque in quadam arca intus adornata serico positis, quam Alphonsus a Silua secum attulerat: &amp;amp; cereos [fol. 86rb] accensos quos et Alphonsus prędictus ad hoc traxerat omnibus tenentibus sacrisque ministri induti arcam in qua huius sanctæ virginis ossa posita fuere: ad ecclesiam magna cum deuotione perduxerunt: monachis, Hec dies quam fecit dominus, &amp;amp; Te deum laudamus cantantibus. Et cum omnis illa regio magna siccitate tunc laboraret: omnesque pro pluuia deum deprecarentur: huius sanctę meritis mox pluuia grandis super terram descendit. adeo ut nullus fuerit qui dubitare posset: quin ob merita eius pluuię beneficium patria illa susceperat: qua panes cęterique fructus ad maturitatem deuenere perfectam. Stetit corpus eius in ecclesia in arca (de qua supra diximus) tredecim dies: propter fideles qui deuotionis causa ad ossa eius visenda veniebant quotidie: sepultumque est postea ad dexteram ecclesię partem in supradicto sepulchro. Gratia quam dominus huic sanctę virgini hac ætate dederit dignissimæ consideranda venit: ut omni tempore erga famulos suos mirabilia dominum operari cognoscamus: et quomodo diligentes se &amp;amp; in eum sperantes in suisque oculis humiles exaltat: qualis hęc sanctissìma fœmina fuit: mirabiliter nanque humilitatis virtute resplenduit. quod quidem omnium sororum fuit testimonio comprobatum: sed quam maxime monasterii matris, cuius nomen Caterina de sancto Laurentio erat: hęc enim multa secreta eiusdem sanctę post eius obitum aperuit: dicens illam tantæ fuisse humilitatis, ut sæpe magna instantia eam deprecaretur ut in sextis feriis cum capitulum culparum tenebat, durius illam increparet: ac pœnitudinis causa tempore refectionis in terra cibum sumere: &amp;amp; refectione finita, ad chori ostium prostratam iacere præciperet: ut cęterę sorores super eam intrarent &amp;amp; exirent. Omnium igitur quę de vita, reuelationibus &amp;amp; miraculis huius sanctissimæ fœminę scripta reperi hic finis erit: non enim ad longum (ut in principio testatus sum) omnia quę de illa in literas sunt missa scribere proposui. Et sic explicitus est liber tertius.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
===Notas===&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[1]'' “professus”, corrección de una mano posterior en el ejemplar impreso señalado de la Biblioteca de la Universidad Complutense.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
= Vida impresa (2) =&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Ed. de [https://www.upf.edu/web/poder-espiritualidad-genero/entry/-/-/1003/adscripcion/mar%C3%ADa-morr%C3%A1s María Morrás]; fecha de edición: octubre de 2020; fecha de modificación: junio de 2025.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
== Fuente ==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
* [http://catalogodesantasvivas.visionarias.es/index.php/Categor%C3%ADa:Pedro_de_la_Vega Vega, Pedro de la], ''Cronica de los frayles de la orden del bienaventurado sant Hieronymo''. Universidad de Alcala de Henares: Juan de Brocar, 12 Octubre 1539, fols. 94v–103v (Lib. iii Chs 41–50).&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[[Contexto material del impreso Cronica de los frayles de la orden del bienaventurado sant Hieronymo]].&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
== Criterios de edición ==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En el texto castellano de Pedro de la Vega (con variantes respecto a su anterior vida latina), el criterio de edición que se ha seguido ha sido muy conservador para poder cotejarlo con el latino. Se conservan las grafías, pero se separan o juntan palabras y se puntúa de acuerdo a criterios actuales. Las versiones latina y castellana difieren ligeramente entre ellas. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En la tabla índice del texto latino, la rúbrica referente a la beata de Ajofrín lee “Marię de Ajofrin laudes &amp;amp; vita li. Iii. a cap 40 usq ad finē libri folio lxxxviii”; en cambio la rúbrica del capítulo resalta su carisma visionario: ''De beata Maria de Aiofrin magne religionis magnarumque reuelationum foemina''. Es significativo que ambas rúbricas se modifiquen en el texto en castellano, pues tanto en la tabla como en la rúbrica que inicia el capítulo se omite la mención a las revelaciones “De la vida y obras marauillosas de la sancta y bienauenturada María de Ajofrín, religiosa del monesterio de Sant Pablo de Toledo”. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Para esta edición, usamos la versión castellana digitalizada de la Biblioteca de Castilla-La Mancha, en &amp;lt;http://bidicam.castillalamancha.es/bibdigital/bidicam/i18n/consulta/resultados_ocr.cmd?id=475&amp;amp;materia_numcontrol=&amp;amp;autor_numcontrol=&amp;amp;posicion=1&amp;amp;tipoResultados=BIB&amp;amp;forma=ficha&amp;gt;.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==Vida de María de Ajofrín==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[Fol. †4va] ‘Tabla de los capítulos’: ⸿Cap. xli. de la vida y obras maravillosas de la sancta y bienaventurada María de Ajofrín religiosa del monesterio de sant Pablo de Toledo. folio. xciiii. [Transcripción con acentuación].&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[Fol. 94va]&lt;br /&gt;
'''Capítulo 41'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''De la vida y obras maravillosas de la sancta y bienaventurada María de Ajofrín, religiosa del monesterio de sant Pablo de Toledo'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
No será fuera de propósito escrevir en fin deste tercero libro así como en suma la sanctidad y obras maravillosas de la bienaventurada María de Ajofrín, y las revelaciones que vido y los miraglos que Nuestro Señor hizo por ella, y ayuntar los hechos desta sancta virgen que fue maravillosa [fol. 94vb] en esta nuestra edad a las obras del sancto arçobispo que floreció en este mismo tiempo según de suso son escriptas. La vida desta sanctíssima muger que vino a mis manos, y las grandes revelaciones que vido y obras que hizo, escrivió el venerable fray Juan de Corrales, prior del monesterio de la Sisla de Toledo, parte como las vido y trató con sus manos, parte según las oyó a personas dignas de fe, mas yo no escriviré aquí sino pocas de muchas por abreviar y quitar el enojo a los lectores que les suele causar la prolixidad. Fue pues esta sancta virgen natural de un lugar que se dize Ajofrín, de tierra de Toledo; hija de padres honrrados y temerosos de Dios: su padre se llamava Pedro Martín y su madre, Mariana García. Y como ellos tuviessen tuviessen voluntad de casarla, y muchos la demandassen, nunca la santa donzella consentió en ello, mas antes varonilmente resistió a sus padres y a todos los otros que hablavan del casamiento. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y por que no pudiesse por alguno ser estorvado este su tan alto propósito, siendo aún de pequeña edad, sin consejo ni ayuda humanal hizo voto de virginidad y de entrar en religión. Y tanto importunó sobre esto a sus padres y hermanos que de todos fue aborrecida. Y al cabo, siendo ya de edad de quinze años, no la pudiendo los padres inclinar a su voluntad, sacola el padre con gran dolor de su casa y trúxola a la ciudad de Toledo. Y como entrasse en la yglesia mayor no sabiendo ónde yr, ordenándolo la divina providencia fue traýda al monesterio de nuestra orden que está en la dicha ciudad que edificó la noble y religiosa señora doña Mari García, que agora se llama Sant Pablo. Y recebida en él, diose toda a los exercicios santos de la religión conversando santamente, y con grande humildad menospreciando a sí misma, haziendo al Señor de sí contino sacrificio sin querella. Sus deleytes fueron siempre la santa oración y meditación, derramando de sus ojos muchedumbre de lágrimas, teniéndose por la más [fol. 95ra] peccadora e indigna de todas las mugeres. Y passados ya los diez años después que entró en el monesterio, queriendo Nuestro Señor demostrarle sus secretos y maravillas, estando ella con propósito de se confessar generalmente, affligiose mucho y con lágrimas continuas rogava a Dios que le perdonasse sus peccados. Estando pues ella con este propósito y desseando saber si sus peccados le eran perdonados, vino el día de su confessión; y entrando en el confessionario onde todas las religiosas se suelen confessar, derribose en tierra delante la imagen de Nuestra Señora que allí estava en una tabla pintada con el Niño en los braços, y començóle a rogar con muchas lágrimas que la quisiesse oýr y ganar perdón de su hijo. Y como estuviesse con atención orando, súbitamente vido una gran claridad que alunbró la imagen y parte de la casilla. Y en la claridad de la imagen vio cómo Nuestro Señor, estando en los braços de la madre, alçó la mano contra ella como la suele alçar el sacerdote quando asuelve al penitente. Y espantada desta visión y muy turbada en su espíritu, hizo con mucho trabajo lo mejor que pudo su confessión; la qual acabada, como tornasse a hazer oración a la imagen ya dicha, vido la claridad primera y la mano alçada del Niño como primero la avía visto y quedó muy consolada y esforçada en su coraçón. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y siempre guardó el secreto desta visión, que nunca lo dixo a ninguno, sino al prior suso dicho que escrivió estas cosas. Y desde esta hora certificó al suso dicho prior que le avía quedado tan gran movimiento en el coraçón, que muchas vezes le dava golpes que parecía que le quería salir del cuerpo. Y como en estos días orasse una noche con mucha atención por el estado de la Sancta Yglesia, quedose sola en el choro rezando y vido en el sagrario, onde estava el cuerpo de Nuestro Señor Jesu Christo, una llama de fuego encendida con gran resplandor; y ardió por espacio de una hora, la qual acabada se mató y quedó muy espantada desto.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[Fol. 95rb]&lt;br /&gt;
'''Capítulo 42'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''De cómo comulgando el día de la Resurrectión le pareció que rescibió un cordero bivo so las especies del pan; y cómo desde este día cada vez que comulgava se trasportava en espíritu, y de la visión que vido el día octavo de la Resurrectión'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Como esta sierva de Dios se aparejasse un Sábado Sancto antes para comulgar el día siguiente, no dormió toda aquella sancta noche de Pascua, mas andava de lugar en lugar por la casa llorando, y orando al Señor, y demandando limpieza y aparejo para rescebir el sancto sacramento. Y venida la hora de la communión, fue con las otras hermanas a comulgar y recebió el sanctíssimo sacramento en semejança de un cordero bivo en especie de pan. Y como lo rescibió en la boca, sintiólo luego bullir y andar de un cabo a otro como cosa biva; y tragolo con gran pavor y mucho temor y sintió cómo se le puso sobre las telas del coraçón. Y tanta fue la alegría y consolación que entonces rescibió que en quinze días con sus noches no dormió llorando y orando continuamente; y luego fue arrebatada en espíritu, y dende entonces le quedó que cada vez que rescebía el sanctíssimo sacramento se transportava en espíritu y se enajenava de los sentidos exteriores, quando más, quando menos, como adelante se dirá. Y desde este día le dio el Señor este don y gracia que cada vez que comulgava le quedava un dulçor maravilloso en el coracón y garganta y en la boca que no se le quitava por espacio de quarenta días. Y dixo al prior suso dicho que bien podía bivir y passar todo este tiempo sin comer cosa alguna, mas por evitar la singularidad y juyzio de los hombres no lo hazía. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y fue el día octavo de la Resurrectión arrebatada en espíritu: y vido cómo vino a ella un varón [fol. 95va] muy reverendo por gesto y edad vestido de una capa de seda colorada, y díxole: “Ven, que te llama la reyna”. Y ella pensando que la llamava la reyna terrenal no quiso yr con él. Entonces aquel varón díxole otra vez: “Ven que te llama la reyna del Cielo”. Y ella entonces fue con él, y hallose en una yglesia fuera de la ciudad, onde estava Nuestra Señora con su Hijo en los braços. Y como la vido, púsose de rodillas delante della, y el varón que la llamó púsole en las manos un paño de seda, y la Sanctíssima Virgen puso su Hijo encima del dicho paño, e dándole a otro honbre de menor edad para que la acompañasse junto con el que la avía llamado, díxole: “Ve con mi Hijo onde fueren estos dos varones”. Y el que llevava la capa colorada yva un poco delante como a buscar posada. Y entrando por la ciudad llamava a las puertas que estavan cerradas: y dava tres golpes a cada puerta, diziendo: “Abrid que viene el Señor a posar en vuestra casa”. Y vido cómo ninguno las abría, mas antes los que las tenían abiertas corriendo las cerravan diziendo que no avía allí posada porque estavan allí negociados. Y desta manera le pareció que anduvieron toda la ciudad sin hallar posada. Y tornándose después por donde fueron, encontraron con dos mugeres que yvan cavalleras en dos asnos y dos clérigos que las acompañavan. Y los clérigos dixeron: “Nosotros os acogiéramos si no fuérmos de priessa, mas entre tanto que venimos entraos en esse establo”. Y así se tornaron onde la gloriosa Virgen, madre de Nuestro Señor, estava, y ella tomando su Hijo de las manos de su sierva, dixo: “Venido es el tienpo en que es tan menospreciado el Hijo de Dios, mas tienpo es que embíe el Señor su ángel para que a unos hiera con açotes, y a otros con espada y a otros con fuego. Mas, ¡ay de los perlados de la yglesia que hizo el Señor pastores de su grey y de las ánimas, y ellos traen vestiduras de corderos y coraçones de lobos robadores! Procuran dignidades y honrras y no para ser- [fol. 95vb] vir con ellas a Jesu christo, mas para se dar a muchos plazeres”. Y después de toda esta visión passada, desapareció la Nuestra Señora, y ella tornando en sí pensava en lo que viera. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y cumpliéronse dende a poco estas plagas que Nuestra Señora dixo que avía de embiar el Señor, porque vino gran hambre y pestilencia, y el mal de las buvas sobre muchos hombres y mugeres, de manera que los que el ángel hirió con la espada fueron los heridos de la pestilencia, y los que con açotes los que murían de hambre, y los que con fuego los que fueron tocados de las bubas, las quales no podían ser curadas por los físicos.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y vido después el día de la Ascensión cómo Nuestra Señora tenía en el altar a su Hijo en los braços así bivo como lo parió y que llamava a altas bozes con lágrimas, y dezía: “Mirad el mi Hijo, mirad el fructo de mi vientre: tomaldo y comeldo, porque en cinco maneras es cada día crucificado en las manos de los malos sacerdotes. La primera por mengua de fe, la segunda por cobdicia, la tercera por luxuria, la quarta por ignorancia y no saber lo que conviene al estado sacerdotal, la quinta por la poca reverencia con que se llegan a celebrar”. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y como otra vez esta sierva de Jesu Christo rogasse con mucha atención por todos los sacerdotes y mirasse a una Verónica que tenía en un libro pintada, vido en ella y sobre ella por espacio de una hora gran resplandor, y vido carne y sangre. Y desde este día así se le cerró el estómago, que ni sana ni enferma pudo dende adelante jamás comer carne y si la comía por importunación de las religiosas, el estómago no la quería retener; y así fue después su comer passas y cosas de dieta. Esta Verónica le tomó después su confessor. Y quedó ella muy espantada desta visión, y affligiose por muchas maneras de penas, porque el Señor más claramente descubriesse este hecho y mostrasse su voluntad. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y después en fin del mes de setiembre cayó en una gran enfermedad del coraçón: y no avien- [fol. 96ra] do esperança de su salud fue arrebatada en espíritu y estuvo como muerta espacio de tres horas, y las hermanas que estavan presentes dávanle muchos tormentos por la retornar. Y estando así transpuesta vido a Nuestra Señora, la qual le mandó que dixesse a su confessor todas las cosas que avía visto para que él las dixesse a dos varones católicos de la sancta yglesia de Toledo que le nombró —conviene saber, el deán y el capellán mayor— para que estos las dixessen al arçobispo y desta manera se remediassen los males suso dichos de la clerezía. Y como ella dixesse estas cosas a su confessor, él demostró con prudencia dureza de coraçón en las creer, y díxole: “Aunque a mí sea esto cierto, ¿cómo lo será a aquellos a quien vos dezís que se aya de revelar? Por ende, menester es alguna señal para conoscer la verdad deste hecho y para que sea creýdo lo que puede ser dubdoso”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Capítulo 43'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''De las cartas que divinalmente halló escriptas cerca de sí no sabiendo escrevir'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Como la sierva de Dios oyó la respuesta de su confessor fue muy turbada y dio muchos sospiros y affligiose mucho y propuso en su coraçon de le responder por carta como lo hizo. Y estando así affligida y muy quebrantada andava en lugar por la casa no podiendo reposar su espíritu. Y como pasasse por un lugar donde estava una ventana, vio estar en ella un pliego de papel blanco. Y no sabiendo quién lo avía allí puesto y tomolo y llevolo en las manos. Y como se metiesse en un sótano onde algunas vezes ponían la leña, y asentasse muy affligida y se arrimase a una pared, vio súbitamente una claridad que resplandecía y daba el resplandor en el papel, y según ella dixo al prior suso dicho, [fol. 96rb] no supo quién le tomó su mano y escrivió dos cosas: la una para el su confessor y la otra para los venerables padres a quienes tal cosas se avían de dezir, siendo muy clara verdad y a todos los que la conocían manifiesta que ella nunca sabía escrivir, ni lo supo jamás, y que no avía en monesterio quién  hiciesse tal letra. Y como las cartas fuesen escriptas por la manera suso dicha, desapareçió la claridad. Y hallando las cartas cerca de sí, tomolas y metiolas en la manga. Y como fuesse a sacar una caldera de agua de una tinaxa, cayó una de las cartas dentro; y detúvose en el ayre y no llegó al agua, y metió la mano y sacola no llegando la mano al agua. Y una destas cartas ovo después el capellán mayor de la yglesia de Toledo, que era varón de gran merescimiento. El qual dixo al prior que escrivió estas cosas que poniéndola sobre tres enfermos fueron sanos de diversas enfermedades.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y como ella diesse estas cartas a su confessor, maravillose en demasía, mayormente porque sabía que ella no sabía escrevir, ni avía persona en la casa que tal letra pudiesse hazer, de lo qual fue muy espantado, mayormente quanto vido y leyó en su carta cosas que otro no las sabía sino él. Y como quiera que conoscía que divinalmente las cartas fueron escriptas no tuvo por esso osadía para lo divulgar porque aún no avía llegado el tienpo que el Señor avía puesto y dudava como otro Sancto Tomás. Por poder quitar la dubda a todos, y como el confessor no tuviesse lugar para la hablar, entonces escrivióle que no podía él creer que escriviera ella aquellas cartas con intención de las sacar y manifestar en público. De lo qual ella tuvo gran sentimiento y pena, y quexóse mucho desto a Nuestro Señor. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y como después se hablassen los dos, reprehendiolo ella mucho de la gran incredulidad y dureza de su coraçón, demostrándole por razones muy claras que ninguno avía escripto las cartas sino ella con el favor del Señor que avía embiado [fol. 96va] su ángel que las escriviera. Y desde esta hora propuso ella en su corazón de rogar al Señor que por su misericordia tuviesse por bien de la librar de tan grandes affrentas, y puso en su voluntad de no hablar más en las cosas; y así lo hizo. Y rogaba al Nuestro Señor que diesse a su confessor alguna señal evidente por que creyesse, si fuesse capaz, y si no fuesse digno, le diesse duro azote por que pudiesse creer que le venía por esto.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y calló la sierva de Dios nueve meses que no habló palabra destas cosas, mas su coraçón con gemidos y sospiros no callava delante del Señor. ¡O quánto es el Señor piadoso a los santos! ¡Y a los que presumen de sí abaxa y a los humildes y que esperan en Él levanta del polvo! Pues vençido el Señor por sus plegarias, plúgole de la visitar en muchas maneras y demostrar en ella tales señales que todos creyessen que era por Él visitada, haziéndola parçionera e remedadora de los tormentos y Passión que su Hijo, Nuestro Señor Jesu Christo, passó en la su Sancta Passión con señales tan manifiestas que no fueron vistas tales en nuestros tienpos y aun en pocos de los sanctos passados, según parecerá adelante.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Viendo, pues, esta sierva de Dios de la maravilla de la una carta que cayera en el agua y no se mojara, pensó de no la dar a nadie. Y una noche tornose a aquel sótano con intención de la trasladar como supiesse porque, como diximos, ella no sabia escrevuir ni formar las letras por arte. Y como llevasse en una ollica un poco de fuego para encender una candela que llevava muerta, luego súbitamente se encendió sin llegar a la lunbre. Y así como quiso començar de escrevir la carta, le començó a salir sangre por las narizes; y duró tanto el salir de la sangre que por espacio de una hora que no la pudo restañar. Y ella viendo esto, puso la carta en las sienes y luego cessó de salir la sangre. Y fueron después hechos los miraglos siguientes. Como el día de la Concepción de Nuestra Señora, estuviesse una niña muerta siete ho- [fol. 96vb] ras avía, y esta sierva de Dios lo supiesse en el monesterio, embió aquella carta con mucha fe para que se la pusiessen, y luego que se la pusieron bostezó y resusçitó y sanó perfectamente. Y como una mujer tuviesse el pecho abierto, luego que le pusieron encima esta cara se le cerró y sanó. Y un clérigo yva a Santiago y llevava consigo con gran devoción aquella carta, y cayó en un braço de mar y mojándosele toda la ropa, la carta no se le mojó.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Capítulo 44'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''De la llaga del costado y de las otras penas que divinalmente le fueron dadas'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Teniendo después de la Fiesta de todos los Santos, rogó a la madre de monesterio que como oviesse comulgado la pusiese en un lugar de la casa donde no oviesse ninguno, conosciendo por Espíritu lo que le avía de venir. Y así rescebida la sancta comunión, antes que se traspusiesse, tan grande fueron los sus lloros y suspiros y golpes del coraçón, que dentro de sí sentía que ninguna criatura humana lo podría dezirr. Y hízose tan gran fuerça para que las cosas que sentía de dentro no fuessen oýdas, que le acaesció como a la cuba que está lleña de mosto sin respiradero que muy presto rebient; y así ella rebentó por encima de la cabeça, que se le abrió hasta encima de la frente. Y pareció en ella una tan gran cuchillada como si fuera hecha con navaja, la qual estuvo muchos días abierta y fue vista de muchos, y nunca recibió benefiçio humano ni melezina alguna en ella. Y sintió dello tan gran dolor y pena que le llegó a par de muerte. Y viéronla testigos y notario, como se dirá adelante. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Rescebida pues la sancta comunión y hecho esto [fol. 97ra] que diximos, luego fue robada en espíritu y privada de todos los sentidos y estuvo así por espaçio de quarenta horas. Y en este tienpo que estuvo fuera de sí provaron a le dar algunos tormentos en las narizes, y en las manos y pies por hazer tragar alguna cosa de comer, y tanta fue la fuerça que le hizieron por le abrir la boca que le quebraron una muela. Y estando así la noche de los Finados por tres o quatro vezes dio muy grandes gemidos y sospiros con grande estremecimiento del cuerpo. Y deste arrobatamiento fue levada al throno del Rey Celestial, onde vido cosas de gran espanto, que lengua humana no puede bien explicar:  vido a Nuestro Señor Jesu Christo estar assentado en un grande throno; y estava delante d’ Él gran multitud de gente y tenía atravessado en su boca un cuchillo agudo de entrambas partes. Y fuele dicho que aquel cuchillo que el Rey tenía atravessado en su boca era la grande yra que tenía sobre la Yglesia y sobre los perlados y regidores della. Y le fue mandado que dixesse a aquellos varones a quien antes le fuera dicho que manifestasse estas cosas: que porque echavan en olvido y eran negligentes en cumplir lo que les era dicho no curando de la boz divinal; y que los amenazasse so pena de la divina sentencia si no lo pusiessen luego en obra y fuessen al arçobispo y le dixessen que viniesse por sí mismo a poner remedio en los çinco peccados suso escriptos, conviene a saber: mengua de la fe, cobdiçia, luxuria, ignorancia y mengua de reverencia, por los quales peccados cada día era blasphemado y crucificado Nuestro Señor Jesu Cristo, y que destruyesse las heregías que avía en la cibdad. Y fuele después dicho: “Esta señal del Cielo te da el Señor porque seas creýda, y es que este cuchillo que vees en la boca del Rey que está assentado en el throno traspassará y cortará tu coraçón y hará en él llaga, y saldrá sangre bi- [fol. 97rb] va que será verdadero testimonio a todos, y tú serás remedadora y parcionera en la Passión del Hijo de Dios”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y así fue luego hecho, porque en el punto que le fue dicho esto halló en sí el lado siniestro abierto encima del coraçón, con tan gran dolor que no se pued dezir; y de tan gran abertura y grandeza era esta llaga que pudiera caber por ella la cabeça del dedo pulgar de un honbre. Y luego sintió correr la sangre que apenas la pudo encobrir. Y duró esta llaga abierta veinte días enteros y los viernes corría mucha más sangre que los otros días. Y nunca en esta llaga pareçió señal de materia, y nunca se puso en ella melizina humana, sino los paños limpios, unos ensangrentados y otros puestos. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y como quiera que esta sierva de Dios trabajó sobre todas sus fuerças de esconder esta llaga y los grandes dolores que passava, a cabo de diez días desfalleciéndole ya todas las fuerças, fuele revelado divinalmente que demostrasse lo que tenía a la priora y madre del monesterio y a otra religiosa que se llamava Teresa, a las quales mostró los paños sangrientos. Y como ellas fuessen muy espantadas desto, llamaron en secreto al confessor, el qual puso en casa el mayor silencio que pudo por que ninguno de fuera lo supiesse porque se recelava que no fuesse alguna cosa fingida. Así, por quitar toda dubda, puso gran diligencia en saber la verdad. Y al cabo con sus ojos vido la llaga y creyó, y fue lleno de grande espanto y revelolo a testigos muy fieles y dignos de fe, que dello fielmente diessen testimonio. Y fueron el deán de Toledo y el capellán mayor de la dicha yglesia, que se dezía Don Diego de Villa Minaya. A los quales, en presencia de un notario, estando presente el confessor y la madre del monesterio con la otra religiosa que diximos, vieron la llaga susodi- [fol. 97va] cha estando en la cama por la abertura de una sábana, que otra cosa de su cuerpo [no] pudo ser vista. Las quales seis personas, quatro varones y dos mugeres, vieron con sus ojos la llaga y la tocaron con sus manos; la qual estaba reziente y sangrienta, y los paños sangrientos que de nuevo le fueron puestos. Y el propio capellán mayor por su propia mano sacó de la llaga una copia de hila de paño, todas bañadas en biva sangre.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y todos miraron con diligencia cómo aquella llaga era divinal y no humana, ni hecha por alguna occasión ni se curó por alguna melezina humana. Y suffrió esta llaga la sierva de Dios con gran tormento y pena, de dentro y de fuera. Y estuvo abierta de la manera suso dicha por espacio de veynte días; y los veynte días passados, ella se cerró sin melezina humana. Y quedó la señal de la abertura en el lugar de la llaga y el dolor contino que sentía en aquell parte, lo qual duró muchos días.  &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y también fue en este tiempo atormentada en los pies y en las manos y en la cabeça, porque como estuviesse muy flaca y affligida de las cosas passadas acostada en su cama, levantose una vez en la cama para orar y poniendo las rodillas delante una imagen del crucifixo que tenía allí pintada en un papel, sintió luego gran dolor en los pies y en las manos que parecía que le ponían en aquellas partes unos clavos gruessos. Y como estuviesse en esta pena, parecíale que le transpassavan la mano izquierda, y tan grande fue el dolor que sintió, que puso el dedo pulgar de la mano derecha en la palma de la mano izquierda y apretó quanto pudo con el gran dolor que sentía y rebentó la sangre por encima de la mano siniestra y espantose mucho dello. Y muy sabiamente lo ascondió que nadie lo vido, trayendo la mano cubierta con un paño de lino, sin otra melezina humanal. Y durole por espacio de quarenta días, y después que [fol. 97vb] sanó le quedó la señal en la mano, y porque successivamente sintiesse en su cuerpo las insignias y dolores de la Passión de Nuestro Señor Jesu Christo, allende de los tormentos que en la cabeça tenía, súbitamente sintió en ella un grande y nuevo dolor, que le pareció que le pusieron sobre ella una guirnalda o coro que le cercó la cabeça en derredor, y por toda ella sentia sentía que le metían un clavo que le duró muchos días. Y como quiera que le ponían en la cabeça diversas medicinas, nunca ninguna le aprovechó porque no era razón que las cosas hechas por la mano del Señor recibiessen sanidad por industria humana.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y como de las penas suso dichas estuviesse su cuerpo estuviesse flaco, muy atormentado, no (no) se contentó el Señor del trabajo suso dicho y diole otro tormento grave para que más cumplidamente imitasse su Passión. Y fue que el día de la circuncisión fue robada en espíritu. Y fue llevada delante de un gran juez de cara muy espantable; porque no havía querido obedecer en manifestar las cosas que avía visto a las personas que le era mandado, reprehendiola el juez gravemente de su desobediençia. Y teniéndola de un braço según le parecía el archángel sant Miguel y del otro Sant Juan Evangelista, en los quales ella tenía gran devocón, mandó el Señor a un ángel que le açotase. Y tan duramente fue açotada sacadas las manos y los pies, que todo su cuerpo quedó lleno de açotes. Y no parecieron llagas ni ronchas, sino unos hoyos que apenas cabía cosa entre uno y otro y grandíssimos dolores en el cuerpo. Y duraronle estas señales en el cuerpo quinze meses poco más o menos. Y ella calló todo esto, que nunca dixo a persona biva hasta que un día la madre del monesterio, metiendo la mano por le endereçarle una toca encima de la espalda, halló y tocó con la mano las dichas señales y fue muy espantada, y reprehendiola mucho creyendo [fol. 98ra] que ella se matava con cruel penitençia, y ella le dixo entonces la verdad de todo lo que avía acaesçido según es arriba escripto. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Todas estas cosas vinieron despues a noticia del arçobispo de Toledo que era el cardenal Don Pero Gonçález de Mendoça según parece por una carta suya embiada al prior de la Sisla del tenor siguiente:&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
“Venerable padre esta noche passada a las dos después de media noche tomé esta lectura que me dexastes y nunca la partí de mis ojos hasta que capítulo por capítulo la leý y passé toda, que en ella no quedó letra que no la leyesse. Y lo que más me maravilló es que así se me pegó al coraçón que no dubdé della cosa alguna. Como quiera que soy tardío en dar crédito a estas revelaciones y al cabo vi el testimonio del notario y la confirmación de tales testigos varones y mugeres a quien toda fe se debe dar. Y a cualquiera dellos yo la daría aunque fuesse solo, quánto más a todos juntos, a los quales yo conozco, excepto a la hermana mayor, que por tener el cargo que tiene está aprovada de suyo; conozco al notario que es hombre de bien y digno de fe. Maravíllome de tantas visiones en cuerpo y en espíritu y maravíllome mucho más hallarse en muger tanta dureza en no querer dezir lo que tantas vezes vio y sintió, mayormente siéndole mandado por quien todo manda y rige, lo qual es señal de su grandíssima humildad y del menosprecio que tiene de la gloria mundana. Por lo que a mí toca, le dad vos padre por mí las gracias y Dios Nuestro Deñor se las dé y la pena que padece le será en ciento doblada gloria. Y si ay alguna cosa que yo pueda hazer por consolación suya, ofreced gela vos de mi parte muy enteramente y recomendadme a ella rogando a Nuestro Señor me dexe acabar en su servicio y hazer en esta vida su voluntad”. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y después el suso dicho cardenal recibió [fol. 98rb] una carta desta sierva de Dios y le respondió la siguiente:&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
“Devota y muy amada hermana, con vuestra carta y con lo que el padre prior de la Sisla me dixo, ove gran consolación: Nuestro Señor Dios que os puso en tal estado os dexe acabar en su servicio y a mí dé gracia que pueda hazer Su Voluntad y poner en obra lo que vos me aconsejáis, y así os pido que lo demandéis a Nuestro Señor y a Su Bienaventurada Madre. Y en vuestras oraciones y a vos me encomiendo, y porque al padre prior de la Sisla hablé largo, no digo aquí más sino que Nuestro Señor os conserve en su gracia”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y murió el cardenal suso dicho después de la muerte desta sancta muger en la ciudad de Guadalajara. Y estuvo enfermo primero muchos días, en los quales hizo por su ánima muchas obras pías.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Capítulo 45'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''De cómo rescibiendo una vez una vez el cuerpo de Nuestro Señor fue llena de fe e un resplandor visible y quedó sana de todas las enfermedades que entonces tenía. Y de las cosas que vido la noche sancta de la Natividad y de otras maravillassí que divinalmente le fueron mostradas'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Como está sierva de Dios estuviesse de contino enferma, acaesció en el año del señor de mil y quatrocientos y ochenta y cinco del mes de octubre, passada la octava del bienaventurado nuestro señor padre Sant Hierónymo, que le sobrevino dolor del costado y lançava sangre por la boca. Y aborresciendo todo consejo de físicos, atreviose a tomar cinco píldoras y llegó casi a la muerte. Y pareciole que se le arrincava el ánima del cuerpo y que se puso sobre la llaga del coraçón, y que el bien- [fol. 98vb] aventurado Archángel Sant Miguel por su mano se la tenía allí apretada, y que desta manera tenía aun vida y esfuerço para rescebir los santos sacramentos. Y rogó a la madre del monesterio que embiasse al prior de la Sisla para que la viniesse a confessar y dar los sacramentos. Y esto fue un sábado, en el qual pensando ella en la sancta comunión que avía de de rescibir y desseando ser libre del cuerpo, encomendava con mucha devoción a Nuestro Señor el monesterio suyo y el de la Sisla.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y estando así, vido en visión al religioso que aquel domingo vino a decir missa en el monesterio y cómo, quando llegó a las palabras de la consagración, Nuestra Señora le dava el Niño que tenía en los braços y cómo el sacerdote lo partía en tres partes. Y era el Niño vivo y alegre en cada parte, y vido un gran resplandor en el altar y cómo los ángeles de entrambos brazos me sustentavan al sacerdotre y otros muchos ángeles que andaban por el altar. Vio así mismo a Sancta Catalina y a Sancta Bárbara que le dezían: “Mañana lunes a las nueve horas recibirás a Nuestro Señor en este resplandor que aquí vees y serás sana”. Y así fue cómo estas sanctas le dixeron en la visión. Pues como el prior suso dicho de la Sisla la viniesse a confesar, rogole mucho que no se tornasse al monesterio hasta otro día por si Nuestro Señor la llevasse, se hallase él presente a su muerte y si aquella noche no muriesse, que del todo quedaría sana. Y así acaesció como ella lo dixo, porque queriendo recibir la Santa Comunión el lunes por la mañana de mano del prior suso dicho, en la hora que el prior se bolvió a ella con el santo sacramento para se lo dar, vio ella en los pechos y mano del prior  un muy grande resplandor;  el cual resplandor vido en aquella hora una niña de hasta cuatro años que apenas sabía hablar y  estaba allí con su madre; la qual dijo a la [fol. 98vb] madre cómo veía una gran claridad en las manos del prior y en la sierva de Dios muy gran resplandor, así como el sol. Mas lo que la niña vido, la edad mayor no lo pudo ver. Y luego que recibió el sacratíssimo cuerpo de Nuestro Señor Jesu Christo fue robada en espíritu y perdió todo el sentido, y estuvo nueve horas sin ningún sentimiento, Y como casi por fuerça fuesse despertada y abriesse los ojos, dijo aquel verso del psalmista que dize “Benedic anima mea Dominum, et omnia que intra me sunt nomini Santo eius”. Y luego se halló sana de todos los dolores y enfemedades que de antes tenía, y pesóle mucho porque tornara a esta vida, porque todo su desseo era, según dijimos, verse libre de la cárcel del cuerpo. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Otros muchos secretos celestiales fueron visiblemente demostrados a esta sierva de Dios, mayormente en la sancta noche de la Natividad de Nuestro Señor Jesu Christo, onde como una noche de esta sancta fiesta estuviesse muy atenta para conoscer la media noche —porque avía oýdo y sabido que en aquella hora avía nascido Nuestro Redemptor—, y el altar de Nuestra Señora en que estava una su imagen de bulto estuviesse compuesto y lleno de cirios y candelas, y estuviesse en él una cuna muy adereçada con sus ricos paños y almohadas y un Niño muy chiquito, vestido reciamente, puesto en la cuna delante la dicha imagen de Nuestra Señora, estaba ella orando con mucha devoción, esperando la media noche. Pues como la media noche viniesse y ella estuviesse de rodillas, y con muchos sospiros y lágrimas pensasse en el sancto nacimiento, vio con los ojos corporales descender muy grande resplandor sobre el altar y a Nuestro Señor en figura de Niño muy resplandeciente cómo nascía de la Virgen Sancta María y cómo vinieron los Ángeles a adorar y servir y a le dar gloria. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y duró esta adoración media hora, y la adoración de los ángeles acaba- [fol. 99ra] da, vido venir los pastores. E ydos después que adoraron y estuvieron allí un buen espacio, luego entraron los Reyes de Oriente con mucha compaña. Y venían con ellos tres soles resplandecientes, y llegando al altar de todos tres se hizo uno. Y los Reyes con profunda reverencia adoraron al Niño y le ofrecieron sus dones. Y vido cómo la imagen de Nuestra Señora que estaba en el altar se rió contra el Niño; y después los Reyes, amonestados por un ángel, se bolvieron a sus tierras.  &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y partidos los Reyes, vido cómo Herodes se encrueleció y mandava buscar el Niñoo para lo matar y cómo Nuestra Señora con su Hijo en los braços y con el sancto Joseph se ivan muy tristes huyendo a Egipto. Y duró esa visión en los ojos desta sierva de Dios desde las doze de la media noche hasta las tres. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y a las tres horas vino el capellán mayor de la yglesia al monesterio con desseo de hazer al Señor servicio a les dezir la missa del gallo y las comulgar. Y truxo consigo cantores que le oficiassen la missa. Y como saliesse revestido al altar, luego esta sierva de Dios vido con sus ojos claramente dos antorchas de fuego de resplandor maravilloso encima del altar. Y de cada una salían cinco rayos y venían derechos hasta el lugar donde ella estava de rodillas; y no le impedía nada para ver las cosas que se avían de hazer en el altar las cortinas que estavan delante el choro. Y como se celebrasse la missa con gran solemnidad y se començassen los sanctus, vido tanta multitud de ángeles que descendían al altar, que cubrieron al sacerdote desde los pies hasta la cabeça, y subían y descendían con gran gozo; y quando ovo de alçar la Hostia consagrada, los ángeles le levantaron los braços. Y llegando al Pater Noster no se pudo sostener más de rodillas y muy fatigada del espíritu, cayó hasta las doze horas de medio día, que no se movió de aquel [fol. 99rb] lugar. Y passadas las doze, como estuviesse muy fatigada porque desde las diez que tañeron a amitines avía estado allí de rodiillas sin se mover, tomaronla algunas de las hermanas y lleváronla a su cama. Y a la tarde pro satisfazer los ruegos dellas, comió un poco de carne de membrillos. Y así estuvo sin comer otra cosa alguna lunes y martes, hasta el miércoles, que comió un huevo, en lo qual se mostrava claro que el manjar celestial le dava vida contra la condición humana. Estas cosas manifestó ella solamente al prior suso dicho en secreto porque le tenía mandado por obediencia que ninguna cosa le encobriesse de lo que el Señor le mostrasse.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y aun como otra vez, cinco días antes de la Natividad del Señor, estuviesse muy affligida de la hambre que avía en la tierra por falta de harina por las grandes aguas y crecimientos de ríos, no durmió toda aquella noche. Y dormiendo las otras religiosas, levantose ella y subiose a un terrado de donde se parecía el río. Y estando el cielo estrellado hizo la señal de la cruz contra el río y bendíxole, y metióse después en un retrete a orar y derribose en tierra los braços tendidos a manera de cruz. Y estuvo así muy gran rato, haziendo de sí sacrificio al Señor. Y rogava con grande atención a la Sanctíssima Virgren María, Madre de Nuestro Señor, que tuviesse por bien de rogar a su Hijo que amansasse su ira. Y como estuviesse así orando puesta en aquella pena, súbitamente vio un gran resplandor que sobremanera esclareció aquella casilla que estava, y apareciole Nuestro Señor a la Virgen María con ojos muy llorosos, y díxole con boz triste: “Sabe, hija, que todas las aguas que son venidas en tan largos días avían de caer en tres, y la mayor parte sobre esta ciudad por los grandes peccados que en ella se cometen cada día, mas por las plegarias que me has hecho por este pueblo, yo suppliqué al Señor que tu petición [fol. 99va] fuesse oýda, y oyome. Y así la ira del Señor es ya aplacada”. Y estava esta sancta virgen con ojos abiertos y las manos alçadas quando Nuestro Señor le dezía esto. Y desapareciendo la Madre de Dios, cayó en el suelo, y estuvo ciertas horas sin sentido, y después se levantó muy esforçada del cuerpo y del ánima. Y ninguna de las hermanas lo sientió, ni supo della en ningún tiempo este hecho. Y como su fama no se pudiesse tanto encobrir que muchos de su sanctidad y merescimientos no tuviesen alguna noticia, fue uno entre los otros el señor obispo de Badajoz, que a la sazón era deán de Toledo, el qual habló muchas vezes con ella y fue testigo de la llaga del costado como fue dicho de suso. Pues como este muy reverendo padre tuviesse mucha fe en sus oraciones, rogole una vez que orasse por la pacificación de cierta discordia que avía en la corte. Y como ella, obedeciendo a sus ruegos, se pusiesse en oración antes que saliesse el sol en un terrado de la casa en las octavas de la Resurrectión el año de ochenta y seis, vio un gran resplandor en el cielo en el lugar donde el sol avía de nascer. Y salido el sol, ella lo acató con ojos claros sin embargo de su claridad, y dentro del sol vio un gran agujero que entrava al cielo, del qual salieron grandes rayos de claridad hazia muchas partes; y dentro del agujero, una cruz de oro muy resplandeçiente, la qual pareció hasta que tañeron a prima. Y vido en el ayre, no muy lexos de sí, uno que le pareçió como la luna que peleava con otro, y el otro con él, y pasado algún espaçio bolviéronse las espaldas el uno a otro. Y como subiesse allí una de las hermanas, quitose ella luego de allí y así no pudo más ver en qué parava la dicha visión. Puédese creer que por sus oraçiones pacificó aquella discordia que era entonces entre ciertos cavalleros de la corte, pues al cabo se hizieron las pazes.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y aun como otra vez esta sancta virgen en el día [fol. 99vb] del Triumpho de la Cruz cerca del alva estuviesse rezando hazia el cielo, vio así como unas llamas en él. Y dende a una hora vido el cierlo abierto y que salía el sol por aquella abertura; y en aquel sol se conosçían todas las hermosuras del cielo. Y luego otro día, estando rezando en un libro a una ventana que salía al cielo, a hora de tercia vido cerca de sí un rostro como el de la luna, muy espantable, y dentro como dos formas de hombres y peleaban el uno contra el otro; y cayó mucha gente muerta. Y en este este día prendieron los moros al Conde de Cifuentes.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Capítulo 46'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''De cómo le apareció desspués de finado el capellán del monesterio, y de cóm vido en espírituo ser lleva a juyzio el anima del capellán mayor de la yglesia de Toledo en la hora que murió y de la visión que vido de otro clérigo bivo'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Como esta sierva de Dios estuviese una noche acostada en su cama, y passada la medianoche no dormiesse, apareciole el ánima del capellán del monesterio, que se llamava Joan de Huelma, con quien ella se avía confessdo algún tiempo, que avía pocos días que finara. Y demandole perdón de muchos enojos que le avía hecho, mayormente por la carta que le escriviera que le fuera causa de mucha turbación y porque avía despreciado con osadía sus consejos y no avía creýdo las cosas que le avía dicho. Y después díxole: “Yo os ruego hermana que digáis al prior de la Sisla y a la [fol. 100ra] hermana mayor desta casa que por la caridad de Dios me perdonen todos los enojos que aya hecho, y seis mil maravedís que soy en cargo a esta casa y un libro que vendí, y que me hagan por limosna dezir cinquenta missas. Y vos rogad por mí, por que el Señor me saque desta pena”. Y estas cosas dichas, desapareciole y ella quedó amortecida sin habla; y estuvo así quatro horas. &lt;br /&gt;
Y tornando en sí puso luego diligencia en hacer dezir las misas y en cumplir lo que más le pidió: rogó con mucha devoción a Nuestro Señor por él.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y no es de callar en este lugar lo que vido el día que murió el capellán mayor de la yglesia de Toledo, que se llamava Don Diego de Villa Minaya, de quien de suso en muchos lugares se haze mención. Este era varón muy honrado y discreto y muy limosnero y caritativo, porque quanto tenía gastava en casar huérfanos y en hazer otras obras pías con desseo de hazer thesoro en el Cielo. Pues venida la hora en que Nuestro Señor le quiso dar le pago de sus buenas obras, enfermó en fin del mes de março del año ochenta y siete y passó desta vida, de cuya muerte casi toda la ciudad de Toledo ovo sentimiento y dolor. Y cupo gran parte desta pena al monesterio de doña Mari García por la grandes limosnas y bienes que les hazía, así espirituales como corporales; y era tenido como padre de toda la casa. Y como su fallecimiento fuesse entre las diez y onze del día, estavan en el dicho monesterio en esta hora y todas las religiosas estavan en el choro. Y començando a tañer en la yglesia mayor por su muerte, luego esta sierva de Dios fue robada en espíritu y vido cómo Sant Juan Bautista y Sant Hierónymo y Sancta Catalina llevavan el ánima del dicho capellán a juyzio delante la Divina Magestad en un gran campo muy deleytoso, en el qual estavan muchas ánimas loando a Dios. Y fue acusado delante el juez de un cargo que tenía de un finado que lo avía dexado por albacea en su testamen- [fol. 100rb] to y no lo avía complido. Y como quiera que el dicho capellán mayor mandó en su testamento que aquel cargo se cumpliesse, luego Nuestro Señor, justo juez, mandó que su ánima estuviesse detenida en aquel lugar y no entrasse en la Gloria hasta que fuesse satisfecha la manda. Y como esta Sierva de Dios vido esto, quedó fuera de sí con muy gran pena mezclada con grande alegría de lo que viera. Y cayó luego en la cama con muy grandes amortecimientos, que muchas vezes pensaron que se muriera. Y ninguno de la casa supo eso sino el prior suso dicho, que le tenía mandado por obediencia que le dixesse todo lo que Nuestro Señor le mostrasse. Y fue hallado ser verdad por el testamento del dicho capellán mayor, onde mandó cumplir la falta dicha, de lo qual ella no tenía antes noticia.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y en el traspassasamiento de las quarenta horas, quando le fue dada la llaga del costado, dixo esta sancta muger que la llevaron por las penas del purgatorio, onde vido tormentos tan espantosos que no se puede dezir. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y andando por el purgatorio, vido un clérigo que era bivo y tenía cura de ánimas en una pena muy grande, que una grande serpiente muy espantosa que tenía dos cabeças y dos bocas le tenía atado y cercado alrededor. Y vido un dragón horrible que estava cerca del clérigo, el qual tenía encima del espinazo una esportilla en que estava el ánima de un niño chiquillo que dava quexas, demandando justicia de la pena que suffría por culpa de aquel clérigo. Y como ella preguntasse al ángel que le mostrava estas cosas qué pena era aquella, respondióle que aquel niño que por culpa de aquel sacerdote muriera sin baptismo y demandava justicia al Señor. Y ella, espantada desto, desque tornó en sí hazía oraçión especial por aquel sacerdote. Y a cabo de ocho días, diziendo aquel clérigo mismo missa en la iglesa del monesterio, acabando de alçar, fue otra vez esta Sierva de Dios levantada en espíritu y vio cómo aquel sacer- [fol. 100va] dote tenía ceñida al cuerpo serpiente con tres cabeças: y la primera se comía el corazón, la segunda la lengua y la terçera cabeça le comía  las espaldas; Y al niño que dava bozes ante él y dezía: “Por tu causa no veo a Dios, porque por ti morí sin baptismo y no alcançarás perdón deste grande cargo”. Y dende a tres días, esta sancta muger llamó a este saçerdote y díxole en secreto lo que viera. El qual se espantó tanto que se le quitó la habla por espacio de media hora. Y ella, desque lo vido tan pusillánime y sin esfuerzo, esforçolo mucho. Y tornado en sí, le dixo que estaba muy maravilado cómo Nuestro Señor le avía revelado aquel secreto. Y conosció que era verdad así esto del niño que murió por su culpa sin baptismo como otras cosas muchas que le dixo, en que ofendía mucho a Dios. Y díxole despues la sancta muger: “Tened por cierto, padre, que esto lo mostrará el Señor por señal otro día”. Y este sacerdote confessó después que otro día diziendo missa, quando bolvió la hoja del missal onde estava la imagen del crucifixo vido en él cinco gotas de sangre. Y dende çinco años murió el sacerdote, día de Sant Miguel, y ella encomendolo mucho a Nuestro Señor; y apareciole después el día de Sant Francisco, por la mañana, muy espantable, y díxole cosas muy señaladas que passaran en secreto entre él y otra persona, las quales hallaron ser así en verdad.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Capítulo 47'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''De cómo resplandeció por espíritu de profecía y dixo por la gracia de Nuestro Señor muchas cosas secretas'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Resplandeció también esta sancta virgen por espíritu de profecía, como se puede conoscer por algunas de las cosas que [fol. 100vb] ya son de suso escriptas, y por otras muchas que reveló y manifestó seyendo ocultas. Onde como en aquel tiempo se començasse la Inquisición en la ciudad de Toledo, dixo ella muchos secretos al prior de la Sisla tocantes al Santo Officio. Y preguntándole el prior cómo sabía aquellas cosas que le dezía, respondiole y le dixo: “Nuestro Señor Jesu Christo se a aparecido en la manera que fue atado a la coluna, y tenía las espaldas sangrientas, y díxome: ‘Verás, hija, quán me paran cada día los hereges. Por ende di todo esto que has visto al deán de Toledo y al prior de la Sisla, que entienden en las cosas de la Inquisiçión para que pongan remedio en ello’”. Y así lo hizo, porque estas mismas palabras con otras cosas secretas tocantes al Santo Offiçio dixo después al dean suso dicho en presencia del prior que escrivió estas cosas. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y vido otra vez levantada en espíritu cómo sacavan con gran solemnidad de la yglesia mayor el sanctíssimo sacramento para comulgar a un herege que estava enfermo, y fuele divinalmente mandado que fuesse apriessa a dezir a los clérigos que se tornassen a la yglesia con el cuerpo de Nuestro Señor porque era herege aquel hombre a quien lo llevavan; y así se hizo. Y díxole después el ángel que esto le mandava, “porque creas que es verdad lo que digo, hoy en la missa verás destellar de la Hostia gotas de sangre”. Y así acaesció, que en aquel mismo día vido esta bienaventurada muger con ojos claros la hostia llena de sangre en las manos del sacerdote quando después de la consagración la levantó en alto para el que pueblo adorasse.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y aun otra vez dixo ella al prior de la Sisla que viniesse a poner recaudo en el monesterio porque andavan dos personas por hazer un desconçierto. Puso diligencia en saber la cosa de que la sancta muger le avía avisado y dende a pocos días fueron hallados dos moços que querían hazer un mal recaudo de la manera y for- [fol. 101ra] ma que ella lo avía dicho, y fueron despedidos y echados de casa.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y como un religioso deseava mucho hablar con ella por las cosas que oýa de su virtud y sanctidad, y no pudiesse, al cabo tanto trabajó por ello que lo alcançó y como un día la hablasse, díxole ella: “Bien sabía yo, padre, que ha muchos días que deseávades hablar conmigo y la causa por qué, y sé que tal día (nombrándolo) escrevistes una escriptura y no la acabastes por más priessa que os distes, y la acabastes después en la noche”. Y como el religioso se espantasse desto y le preguntasse cómo lo sabía, díxole cómo lo avía visto en espíritu. Y después díxole: “Dezid padre a tal religioso (nombrándoselo por su nombre), que vea cómo anda, que está mucho atribulado en su espíritu. Y si alguna cosa ha hecho que no deva demandar della perdón porque si esto no haze, no podrá salir del trabajo en que está”. Y como este religioso a quien ella dezía esto conosciesse por experiencia la pena y congoxa que aquel fraile de quien hablava tenía, y poco menos los supiessen todos los de la casa, maravillose mucho cómo estando ella encerrada en el monesterio sabía el trabajo que tenía este religioso en su espírito; y conosció claro que tenía espíritu de profecía.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y acaesció esto en los días que estava el general de nuestra orden en el monasterio de la Sisla entendiendo en las cosas de la Inquisición. Y aun, como otra vez este religioso hablasse con ella y le alabasse mucho a otro religioso que era de sancta vida y le rogasse ella que le dixesse quién era y cómo se llamava, y él no se lo quisiesse dezir, díxolo entonces ella: “A esse religioso que vos, padre, dezís, llaman así, y sé yo que es persona religiosa y devota y que tiene parte con Nuestro Señor”. Y espantado desto el religios con quien ella hablava, viendo cómo sabía lo que él no le avía querido manifestar, díxole ella que en aquella hora misma Nuestro Señor se lo avía revelado.&lt;br /&gt;
 &lt;br /&gt;
Rescebía esta Sierva de Dios gran [fol. 101rb] pena en salir a hablar con las personas que venían a ella aunque fuessen religiosas. Y trabajava de abreviar las tales hablas lo más que podía, y hablava con pocas personas por más graves y honestas que fuessen.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Capítulo 48'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''De cómo alcançó por sus oraciones salud a la madre del monesterio y libró a un su hermano de las prisiones y a su madre de la enfermedad que tenía'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Era esta bienaventurada virgen muy ferviente en la oración y alcançó a muchos salud y remedios de sus males biviendo en la vida presente rogando a Nuestro Señor por ellos. Onde como una vez la madre del monesterio enfermasse en el mes de agosto del dolor del costado, y tres días antes de la fiesta de Sant Lorencio llegasse a la muerte y los físicos la tuviessen ya desamparada, viéndola esta sierva de Dios estar tan cercana a la muerte, fuesse a la yglesia siendo ya de noche y púsose a orar con muchas lágrimas ante el altar de Nuestra Señora, rogándole affincadamente que no quedasse ella huérfana de tan bienaventurada madre y que tuviesse por bien de se la dar sana y biva. Y ende a un rato mirando ella con una candela en el rostro de la imagen de Nuestra Señora, viole encendido y como de persona biva. Y dende a poco vídole sudar, y pensando que se le antojava, atreviose allegar a su rostro y con su toca alimpió el sudor tres vezes, y lavose los ojos y cara con ello. Y del plazer que ovo tornó a le demandar con importunidad la salud de su madre espiritual, y oyó una boz que le dixo: “Otorgada le es la vida para consolación y remedio tuyo”. Y luego fue levantada en espíritu y [fol. 101va] vido a Sant Lorencio en semejança de moço de quinze años vestido de vestidura muy esplandeciente. Y levava en la mano una buxeta de oro y púsola sobre la cabeça y costado de la enferma, y santiguóla con su mano. Y después que tornó en sí, entendió que avía alcançado lo que a Nuestro Señor pidiera por intercessión de su gloriosa madre. Y vino luego con mucho plazer a visitar la enferma y hallola dormiendo con reposo. Y desque despertó sintiose muy aliviada de la enfermedad y dende a poco sanó perfectamente.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y como otra vez esta sancta muger rogasse con mucho affinco a Nuestra Señora delante su altar por el libramiento de un su hermano que estava preso, apareció al preso estando dormiendo Nuestra Señora en semejança de la imagen suya de vulto que tenían en el monesterio, y sacole los hierros de los pies y díxole que por la importunación de su hermana y de las otras religosas que por él en aquella casa rogavan sería libre de aquella prisión. Y despertando, hallose libre de las prisiones y de la hinchazón que tenía en los pies de los hierros. Y luego otro día vino al monesterio y contó este miraglo, y hallose por cierto que en aquella hora que él dixo que Nuestra Señora le avía librado, esta sancta muger y otras hermanas de la casa hazían oración especial por él. Y viendo la imagen en cuya semejança Nuestra Señora le apareciera, prometió de le traer toda su vida cera que ardiesse todos los sábados delante aquella su imagen. Y como dende a nueve años víspera de Nuestro Señora de agosto truxesse este su hermano cera para alumbrar esta imagen como lo tenía prometido, falleció súbitametne en el camino. Y como ella lo supo, angustiose mucho, mayormente por aver sido su muerte de tal manera, y rogava por él con muchas lágrimas y gran affinca delante la imagen suso dicha de Nuestra Señora, que pues en esta vida lo avía librado de las prisiones, tuviesse por bien [fol. 101vb] de lo librar de las penas de la otra y mostrarle si estava en carrera de salvación. Y como estuviesse haziendo oración por el día octavo después de su mierte, a las dos horas después de media noche, miró el rostro de la imagen y vidolo alegre, como de persona biva que quería hablar. Y ella con el grande gozo que rescibió desto començó mucho a llorar, y dos de las hermanas que lo sintieron llevaronla a la cama. Y estando allí las dos religiosas con candelas encendidas, sintió a sus espaldas un huelgo de persona my frío, y como estava hablando con las dos hermanas, no curava de mirar a aquel lugar y dende a poco ovo gran miedo. Y bolviendo la cabeça vio un pedaço como de nuve escura y allí dentro el rostro de su hermano muy alegre. Y díxole que a la hora de la muerte se viera en gran peligo, mas que Nuestra Señora a fuera allí con él y le ayudara. Y después díxole ciertas cosas que tenía de cargo y que estava en el purgatorio; y esto dicho, desapareció la nuve.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y como otro hermano suyo en el lugar de Ajoffrín corriesse un cavallo y cayesse con él, quedó muy atormentado y con gran passión de los ojos. Y como lo oyó la madre desta sierva de Dios, que estava muy triste y dolorida por la muerte del otro hijo que avía poco que falleciera, doblósele el dolor. Y tan grande fue su pena que se le torcieron los ojos y la boca. Y sabiéndolo ella, después de algunos días, rescibió dello mucha pena y se fue para el altar de Nuestra Señora y supplicole por la salud de su madre. Y acabada la oración, respondió inspirada divinalmente al mensajero que le truxo estas nuevas, que el domingo siguiente sanaría su madre. Y así fue cumplido porque en aquel domingo que ella dixo, sanó perfectamente su madre por la virtud de Nuestro Señor.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y acaesció otra vez que estando esta bienaventurada virgen muy mala en la cama, vino la fiesta de Nuestra Señora de setiembre y co- [fol. 102ra] mo viesse que no podía comulgar con las otras hermanas de aquel sancto día ni estar presente con ellas al officio, rescibió gran dolor en su coraçón. Y como las otras religiosas se levantassen a los maytines y ella estuviesse tan cerca del choro que las pudiesse oýr, luego que començaron el Invitatiorio, dixo con gran dolor de su coraçón orando a Nuestra Señora: “¡O[h] gloriosa madre de Dios, esperança de los peccadores! Yo no soy digna de estar en tus maytines, ni menos de poder comulgar con las otras; tú, Señora mía sabes la pena que en esto rescibo”. Y como acabó de dezir estas palabras vino una claridad sobre ella. Y sintiose luego sana del todo. Y levantándose de la cama fuese a los maytines, y comulgó esse día con mucho gozo con las otras hermanas.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Capítulo 49'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''De la muerte de la bienaventurada María de Ajoffrín y cómo luego començó a resplandecer por miraglos'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Luengo tratado el libro se haría si particularmente quisiesse aquí hazer memoria de todas las cosas que hallé escriptas desta sancta muger, y así no quiero más detenerme en relatar sus virtudes y las otras revelaciones que vido, porque apenas comulgó vez que no fuesse luego arrebatada y alçada en espíritu y le fuessen demostrados muy grandes secretos; mas escribiré agora brevemente cómo murió y cómo después de su muerte començó luego a resplandecer por miraglos.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Pues como esta santíssima vir- [fol. 102rb] gen fuesse por Nuestro Señor tan altamente visitada en esta vida presente, según ya es dicho, plugo a Su Magestad de la hazer gloriosa y bienaventurada en el Cielo y darle el galardón que a sus sanctos y amigos antes de los siglos tiene prometido. Venido pues el tiempo de su muerte, por ella tan desseado, enfermó en el mes de julio, año mill y quatrocientos ochenta y nueve, quando andava la pestilençia en la ciudad de Toledo. Y falleció con mucha devoción sábado a las tres horas despues de la media noche; y fue enterrada a las vísperas de aquel día en el capítulo del monesterio de la Sisla porque entonces en este monesterio se enterravan las religiosas de Sant Pablo. Y fue sentido a su fallecimiento un olor celestial, según dieron dello testimonio las hermanas que se hallaron presentes a su muerte.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y luego Nuestro Señor la magnifició por muchas señales y miraglos, de los quales se notarán aquí los siguientes.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En el año de mill y quatro çientos y noventa, en el mes de noviembre, día de Sant Martín, a la noche enfermó de modorra un hombre que se llamava Francisco Díaz, vezino de Xarabiz de la Vera. Y como llegasse la hora postrimera, rescebida ya la extrema unción, un clérigo que se dezía Martín Diaz, su primo, que lo avía criado y casado, sentía gran dolor de su muerte, y como a caso veniesse allí una muger que se dezía Juana Martínez, biuda, y viesse al clérigo tan affligido, díxole: “Compadre, ya sabéis la enfermedad que tenía yo de mi pierna con la cadera y este año quando vino aquí mi hermano fray Gabriel, professo del monesterio de Sant Hierónymo de Madrid, me dixo de una sancta religiosa que falleció en Toledo en el monesterio de doña Mari García y está enterrada en el de la Sisla, por la qual el Nuestro Señor hazía grandes maravillas y que si me encomendasse a ella con devoción y prometiesse de yr a visitar el lugar de su sepultura, creyesse sin dubda que [fol. 102va] por sus merescimientos avría salud. Yo me encomendé a a esta sancta y sané por la misericorida de Nuestro Señor, y así prometeldo vos a ella y plazerá a Dios de os oýr y dar vida a este vuestro primo que al presente véys que se os muere”. El clérigo, oyendo esto, hizo luego voto y prometió que si Nuestro Señor dava salud a su primo enfermo de lo traer al monesterio de la Sisla a visitar el sancto cuerpo desta virgen. Y Nuestro Señor oyó sus ruegos por los merescimientos de su sierva, y dio salud perfecta a aquel enfermo. Y vinieron los dos juntos a cumplir el voto. Y el clérigo dio testimonio de la verdad deste hecho y lo escrivió de su mano, sábado a siete días del mes de mayo, año de mil y quatrocientos y noventa y uno, estando presente en el suso dicho monesterio.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En la ciudad de Toledo estava un canónigo para morir, y obrados en él ya todos los remedios humanos, como siempre perdiesse, encomendose con mucha devoción a esta bienaventurada virgen, y embió a visitar su sepultura y que le truxessen un poco de tierra della. Y luego la primera noche que se la puso al cuello, estando dormiendo, le apareció la dicha sancta entre sueños y despertando se halló sano. Y como le oviessen de dar aquella mañana una purga, no la quiso rescebir, mas dixo que le diessen de comer porque él se sentía bueno. Y levantándose de la cama, fue luego al monesterio de la Sisla a visitar el cuerpo desta virgen y dio allí muchas gracias a Nuestro Señor, y offreció sus offrendas. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y en el mes de setiembre del mismo del mismo año que esta bienaventurada María de Ajofrín finó, enfermó muy gravemente en la ciudad de Toledo Don Alonso, hijo de la condesa de Paredes, canónigo de la yglesia mayor. Y estando ya oleado y muy cercano a la muerte, encomendose a esta sancta. Y fuele traýda una almohada en que la dicha sancta virgen finara y luego que la puso sobre sí sanó. Y fue después al monesterio de la Sisla a tener no- [fol. 102vb] venas y offreçió una imagen de cera y una casulla de seda.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En el suso dicho año a nueve días del dicho mes de setiembre, vinieron a visitar el lugar onde esta sancta muger fue enterrada un hombre que se dezía Joan de Pastrana y su muger, y truxeron un niño, que era su hijo, tollido. Y avía el padre gastado con los físicos lo que tenía y no le avían podido curar. Y encomendáronlo el padre y la madre con mucha devoción a esta sancta y velaron una noche en la yglesia, y sanó el niño a gloria de Nuestro Señor. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En este tiempo una muger que se llamava Joana de Sant Miguel, beata de la tercera regla de Sant Françisco, que morava en la ciudad de Toledo, estava muy mala de un çaratán que tenía en la teta, y avía cinco años que la curavan los físicos y todos ellos no la avían podido remediar. Y desamparada dellos, aconsejavan algunos que por que no muriesse le fuesse cortada la teta. Mas ella, viendose en esta angustia, acordó, oýda la fama de los miraglos que esta sancta hazía, de se encomendar con mucha devoción a ella. Y así, con este propósito, vino al monesterio de la Sisla. Y luego que entró al lugar onde el cuerpo de la bienaventurada María de Ajoffrín estava enterrado, sintió un olor celestial que salía de la sepultura. Y ella, con mucha devoción y lágrimas, derribose sobre ella rogando a esta sancta que la quisiesse ayudar y alcançar de Nuestro Señor sanidad; y luego fue sobre ella la mano de Dos y fue sana perfectamente. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Otros muchos miraglos hizo Nuestro Señor por los merescimientos desta su sierva luego después de su muerte, como se hallan escriptos en el libro de su vida. Y aun hasta tiempo presente no cessa Nuestro Señor de la mangnificar por señales maravillosas, mas yo no quiero escrevir más en este lugar y sólo diré aquí un miraglo que acaesció en su vida acerca de una carta quemada que por sus oraciones fue hallada sana y restituyda en su primero ser. Como una vez esta [fol. 103ra] sierva de Dios notasse una carta para el cardenal Don Pero González de Mendoça, y la escriviesse otra religiosa que se llamava Ynés de Sant Nicolás. Y acabada la carta de escrevir, por no tener allí polvos para la enxugar, la llegassen al fuego. Tanto la allegaron, que se quemó en tal manera que era necessario tornarla a escrevir otra vez. Y como desto rescibiesse mucha pena la religiosa que la escriviera, porque la carta era muy grande, díxole ella: “Ýos agora, hermana, y no rescibáys pena, porque después se podrá escrevir”. Y tomó ella la carta quemada y echóla en un arca. Y como otro día viniesse la otra religiosa para la tornar a escrevir, abrió la sierva de Dios el arca y hallaron la carta sana.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Capítulo 50'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''De cómo fue trasladado el cuerpo de la bienaventurada María de Ajoffrín y puesto en una sepultura muy honrrada que le fue hecha en la yglesia, y del olor maravilloso que sintieron todos los que se hallaron presentes y de cómo llovió luego y se remedió la tierra'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Como la fama de los mirgalos que Nuestro Señor hazía para glorificar a esta sancta virgen cresciesse de cada día, muchos devotos, movidos con zelo de la honrra de Dios, trabajavan que fuesse su cuerpo trasladado del capítulo onde estava enterrado y pasado a la yglesia del monesterio. Y en- [fol. 103rb] tre las otras personas que en esto más diligencia pusieron fue la condesa de Fuensalida, por cuyo ruego, a veynte y cinco días del mes de abril del año de mil y quatrocientos y noventa y cinco, aún no seys años cumplidos después de su muerte, fue sacada de la sepultura en que estava en el capítulo y passada a la sepultura que avía edificado la dicha condesa a la mano derecha de la yglesia. Y estuvieron presentes a esta translación el prior del monesterio fray Juan de Morales y otros religiosos, y el clavero de Calatrava y Don Alonso de Silva, y otras algunas personas devotas. Y luego que abrieron la sepultura, sintieron todos un olor celestial y fueron hallados los huessos desta bienaventurada sancta muy olorosos, de los quales parecía que manava un licor a manera de azeyte. Y el olor suavíssimo que salía de los huessos fue sentido de todos los que estavan presentes, así religosos como seglares. Y viendo esta maravilla, el prior mandó llamar al convento —el qual hasta aquella hora no avía parte desta translaçión— a todos, y tañer los órganos y campanas.Y puestos los huessos en un arca que truxo Don Alonso de Silva enforrada de seda por partes de dentro, y teniendo todos en las manos cirios encendidos, que el dicho Don Alonso avía traýdo para todos los frayles, y vestidos el sacerdote y ministros de las vestiduras sagradas, llevaronla en provessión con mucha alegria a la yglesia cantando ''Hec dies quam fecit Dominus'' y el ''Te Deum laudamus''. Y fue pedida agua, que estava la tierra en gran necessidad, y Nuestro Señor, por magnificar su sancto nombre en su sierva, llovió luego en grande abundançia, de manera que todos pudieron claramente conoscer que aquella agua les era dada por los merescimientos desta sancta virgen. Y así fueron remediados los panes, que estavan ya para se perder todos. Y estuvo su cuerpo en la yglesia en el ar- [fol. 103va] ca suso dicha treze días para lo mostar a los que lo venían a ver. Y fue después sepultado en la sepultura que la condesa hiziera a la mano derecha de la yglesia, como es ya dicho. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Cosa es por cierto de contemplar la aarcia que Nuestro Señor dio a esta su sierva en los tiempos presentes. Y así podremos bien conoscer que en todas las edades obra Dios cosas maravillosas en favor de los que verdaderamente lo aman y sirven. Y cómo levanta del polvo y ensalça a los que son humildes de coraçón como lo fue esta bienaventurada María de Ajofrín la qual, entre todas sus virtudes, resplandeció singularmente por humildad, de lo qual dieron testimonio todas las religiosas que la conoscieron, mayormente la madre del monesterio que se llamava Catalina de Sant Lorençio, diziendo que era tan humilde que muchas vezes le importunava que la reprehendiesse y castigasse delante todas, mayormente los viernes en el capítulo, y le mandasse comer en tierra y prostarse a la puerta de la yglesia para que las otras hermanas pasassen sobre ella quando entravan al choro. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En las cosas dichas se da fin a las obras maravillosas de la bienaventurada María de Ajofrín y a las revelaciones que vido estando en la vida mortal, porque no fue mi intención de las escrevir aquí todas, como lo dixe al principio desta historia y después en otros lugares. Y por consiguiente se acaba el tercero libro de la presente crónica, a honrra y gloria de Nuestro Señor Jesu Christo, y alabança de sus santos y siervos, y para provecho de todos los religiosos presentes y advenideros. Amén.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
=Vida impresa (3)=&lt;br /&gt;
Ed. [http://visionarias.es/equipo/maria-del-mar-cortes-timoner/ M. Mar Cortés Timoner]; fecha de edición: noviembre de 2020; fecha de modificación: diciembre de 2022.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==Fuente==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
* [http://catalogodesantasvivas.visionarias.es/index.php/Categor%C3%ADa:Alonso_de_Villegas Villegas, Alonso de], 1588. ''Addicion a la Tercera Parte del Flos sanctorum: en que se ponen vidas de varones illustres, los quales, aunque no estan canonizados, mas piadosamente se cree dellos que gozan de Dios por auer sido sus vidas famosas en virtudes...'' Huesca: Iuan Perez de Valdiuielso. Fols. 45v col. a – 47r col. b.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[[Contexto material del impreso Addicion a la Tercera Parte del Flos sanctorum]] ''en que se ponen vidas de varones illustres, los quales, aunque no estan canonizados, mas piadosamente se cree dellos que gozan de Dios por auer sido sus vidas famosas en virtudes...''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
== Criterios de edición ==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El relato aparece en el apartado 193 de la Adición de la Tercera Parte del Flos Sanctorum de Alonso de Villegas, a continuación de la vida de María García [fols. 44r col. a ‒ 45v col. a]. Para esta edición se maneja el ejemplar de la Biblioteca de Catalunya: Res 740/2-4º. Se indica, entre corchetes, el fragmento que fue eliminado en la edición censurada del año siguiente (1589) siguiendo el ejemplar conservado en la Biblioteca Nacional de España: &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Villegas, Alonso de. 1589. ''Addicion a la Tercera Parte del Flos sanctorum: en que se ponen vidas de varones illustres, los quales, aunque no estan canonizados, mas piadosamente se cree dellos que gozan de Dios por auer sido sus vidas famosas en virtudes...'', Toledo: Iuan y Pedro Rodriguez, Biblioteca Nacional de España, sig. R/32084. En línea: http://bdh.bne.es/bnesearch/CompleteSearch.do?field=todos&amp;amp;text=alonso+de+villegas&amp;amp;showYearItems=&amp;amp;exact=on&amp;amp;textH=&amp;amp;advanced=false&amp;amp;completeText=&amp;amp;pageSize=1&amp;amp;pageSizeAbrv=30&amp;amp;pageNumber=8. Se han seguido los criterios establecidos en el catálogo para fuentes impresas y, por ello, han sido eliminadas las duplicaciones de consonantes: cc/c, ss/s, ff/f. En cambio, se respetan los grupos consonánticos: -nt- (sant), -nc- (sancta) y -pt- (captivo), también las contracciones ‒aunque se ha añadido el apóstrofo clarificador en “del” para escribir “d’él”‒. Además, se ha mantenido la conjunción copulativa “y” ante palabras iniciadas con el sonido vocálico “i”. Asimismo, se indican en pie de página las erratas subsanadas y, para facilitar la localización de los textos, se citan el folio (r-v) y la columna correspondiente (a-b).&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El texto editado ha sido estudiado en:&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
* M.Mar Cortés Timoner, “Censuras, silencios y magisterio femenino en la Adición a la tercera parte del Flos Sanctorum de Alonso de Villegas”, ''Specula. Revista de Humanidades y Espiritualidad'', vol. 1 (mayo 2021), pp. 183-210: https://revistas.ucv.es/specula/index.php/specula/article/view/896&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
* M. Mar Cortés Timoner, “La autoridad espiritual femenina en la Castilla bajomedieval y su reflejo en el Flos sanctorum de Alonso de Villegas”, ''Dicenda. Cuadernos de Filología Hispánica'', vol. 39 (2021), pp.:  25-35 DOI: https://revistas.ucm.es/index.php/DICE/article/view/76403&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==Vida de María de Ajofrín==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[Fol. 45v col. a] '''Vida de María de Ajofrín monja de Sant Pablo de Toledo'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
María de Ajofrín ''[1]'' fue natural de un pueblo que tiene este mismo nombre, cercano a Toledo. Nació de padres honrados y temerosos de Dios, llamábanse Pero Martín y Marina García. Eran ricos de bienes temporales. Desde niña se inclinó al servicio de Dios. Quisieron sus padres casarla, pidiéndosela muchos, mas la bendita doncella nunca consintió, sino que, varonilmente, resistió a todos los que la hablaban de casamiento. Y por que no pudiese ser impedido su deseo, que era de emplearse toda en el servicio de Dios, aun siendo muy pequeña, sin consejo ni ayuda humana, hizo voto de entrar en religión. Lo cual, sabido de sus padres y visto que ponía fuerza para cumplirlo, fue causa de grande sentimiento y lloros y aun de que sus hermanos la aborreciesen y persiguiesen. Siendo de quince años, y no pudiendo inclinarla a otro modo de vivir, su padre la sacó de su casa y trujo a Toledo. Entró en la iglesia mayor a hacer oración, donde tuvo noticia del monasterio fundado por doña Mari García, del Orden de Sant Jerónimo, que era a la sazón de beatas sin encerramiento o clausura y después fue de monjas profesas y se llamó Sant Pablo. Fue llevada a él María de Ajofrín y recebida con grande voluntad de las religiosas, donde luego se ejercitó en obras sanctas, mostrándose muy humilde, menospreciando a sí y haciendo al Señor sacrificio de sí misma. Su ejercicio ordinario era la oración y meditación, derramando sus ojos multitud de lágrimas con grandes sospiros, teniéndose por la más pecadora y indigna de todas las mujeres. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
A los diez años de su recogimiento quiso hacer una confesión general de toda la vida y, hecha con grande sentimiento y lágrimas, pusose de rodillas delante una imagen de la Madre de Dios que tenía en sus brazos a su Benditísimo Hijo. Y pidiéndole al Hijo, por intercesión de su Sagrada Madre, que le declarase si había hecho lo que debía en esta confesión y podía asegurarse de la vida pasada, como esto fuese con muchas lágrimas y ternura, vido una claridad grande que rodeaba [fol. 45v col.b] la imagen y pareciole que el Bendito Niño levantaba la mano, a la manera que la pone el sacerdote cuando absuelve, de lo cual recibió grande temor, mas siguiose luego un celestial consuelo. Y el secreto desta visión descubrió solamente al prior Juan de Corrales, certificándole que, desde esta hora, le quedó tan grande movimiento en el corazón que, a tiempos, le daba golpes que parecía quererle salir del cuerpo. Muchos regalos tuvo de Nuestro Señor, siéndole medio no de ensoberbecerse sino de más humillarse. Fuéronle descubiertos algunos secretos acerca de pecados de personas particulares; y ella daba avisos por donde venían a remediarse, enmendándose aquellos a quien tocaba porque era aquel negocio de Dios, que es el que penetra y conoce los corazones. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
La privanza que tenía con Su Majestad, su encendida caridad y la perseverancia en le servir y volver por su honra, fue parte a que la regalase, y con regalo que a pocos se le ha concedido; y fue que la señaló con la señal de su Pasión y llaga del costado. Hallose un día en él una abertura que cupiera por ella la cabeza del dedo pulgar de un hombre. Y durole abierta esta llaga veinte días, de la cual los viernes corría más sangre que los otros días, aunque siempre corría alguna. Nunca pareció en ella materia ni la aplicó medicina alguna, sino paños limpios, quitando unos y poniendo otros. La sangre era muy viva, como daban muestra los paños que se quitaba, los cuales quedaban rojos como un carmesí. Padecía graves dolores, y fueron causa para que la bendita doncella lo descubriese, aunque disimuló primero y lo encubrió cuanto le fue posible. Descubriose a la hermana mayor y a otra noble matrona llamada doña Teresa, y estas, con admiración grande, lo descubrieron al confesor de la casa. El cual estuvo duro en creerlo, y quisiera deshacerlo, mas visto por sus ojos quedó lleno de admiración. Y él reveló a testigos dignos de fe que dello dieron testimonio: el uno fue don Pedro de Prejano, deán de Toledo, y el otro don Diego de Villaminaya, capellán mayor del coro de la sancta iglesia; llamábase el confesor Juan de Biezma ''[2]''. En presencia de los cuales entró Gracián de Berlanga, capellán de la reina doña Isabel, notario apostólico y de la audiencia arzobispal, y, estando la bendita doncella María de Ajofrín en su cama, le fue descubierta la llaga que tenía en el costado de la manera que se ha dicho, y dello dio testimonio: en el cual señala día en diez y nueve de noviembre, casi a las seis horas de la tarde, en el año del nascimiento de Cristo de mil y cuatrocientos y ochenta y cuatro. Y dice que la llaga era como un real, y que no tenía hinchazón y que carecía de toda putrefacción. Dice que la tenía una doncella echada en una cama dentro de un palacio, en las casas [fol. 46r col. a] de doña Mari García, y que tenía rostro de ángel. Y dice que, habiendo visto, se tornó a salir muy espantado y que, a pedimiento del mismo Juan de Biezma, lo dio por testimonio firmado de su nombre y sellado con su sello. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
No solo padecía la bendita doncella tormento gravísimo de la llaga, sino otro bien grande en mostrarla estando en su cama, cubierto su cuerpo, rostro y manos honestísimamente al tiempo de mostrarla, que solo se veía por una sábana abierta. Pasados los veinte días, ella por sí se cerró sin medicina humana y quedó la señal de la abertura, con algún dolor, en aquel proprio lugar. Ni quiso el Hijo de Dios decorarla con sola la llaga del costado; antes, como se levantaba de su cama para orar delante un crucifijo, al tiempo que entendió, por el sonido de las campanillas, que alzaban en una misa, sintió tan gran dolor en los pies y en las manos que parecía que le ponían en aquellos lugares clavos gruesos. Y como estuviese en esta pena, parecíale que le traspasaban la mano izquierda. Y fue tan vehemente el dolor que puso el dedo pulgar de la mano derecha en la palma de la izquierda y apretó cuando pudo con el gran dolor que tenía, y reventó la sangre, de que ella quedó admirada. Aunque, teniéndolo por regalo de Nuestro Señor, procuró de encubrirlo trayendo la mano cubierta con un lienzo sin poner otra medicina. Y durole por cuarenta días. Y, después que sanó, le quedó la señal en la mano izquierda que fue la que rompió en sangre. Y por que, sucesivamente, sintiese en su cuerpo las insignias y dolores de la Pasión de Nuestro Señor Jesucristo, allende de los tormentos que en la cabeza tenía de ordinario, súbitamente sintió un grande y nuevo dolor que le pareció que, poniéndole sobre ella una guirnalda o corona que le cercó la cabeza enderredor, le entraban por ella puntas de clavos con tormento suyo excesivo, cayéndole gotas de sangre. Y aunque le aplicaban diversas medicinas, nunca alguna ''[3]'' le aprovechó porque no era razón que llagas hechas por la mano del Señor recibiesen sanidad por industria humana hasta que, pasado algún tiempo, por sí mismo cesó el dolor y quedó sana la cabeza como la mano y ''[4]'' costado. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Grandes fueron los regalos que recibió de Nuestro Señor. Arrobábase y quedaba sin sentido, y como le aconteciese esto estando presente el mismo que escribió su vida, el cual la solía confesar, la hermana mayor dijo: “Mandadla, padre, en virtud de sancta obediencia que recuerde y os hable, que luego lo hará”. Hízolo él así, y volvió en su sentido y mostró sentimiento grande como de que la hubiesen quitado de cosa que le daba grande contento. Descubríale Nuestro Señor algunos secretos para bien y provecho de almas particulares, como se ha dicho. Y diole gracia de sanar enfermos, [fol. 46r col. b] porque, con hacer la señal de la cruz y orar por algunos, fueron sanos. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Llegose la hora de su muerte bien deseada por ella, y cayó enferma en el año de mil y cuatrocientos y ochenta y nueve ''[5]'', habiendo pestilencia en Toledo. Y murió sanctamente, sábado, diez y ocho de julio, a las tres horas después de medianoche. Y fue sepultada en el monasterio de Sisla, en el capítulo. Sintiose en su fallecimiento un olor celestial, según dieron testimonio las hermanas que se hallaron presentes a su muerte. Hizo Dios por ella algunos milagros de personas que visitaban su sepulcro o se encomendaban a ella en diversas partes, por lo cual se acordó que su cuerpo fuese trasladado del capítulo a la iglesia del mismo monasterio, en un sepulcro que le hizo una señora ilustre que era condesa de Fuensalida. Hízose la traslación en veinte y cinco de abril, del año de mil y cuatrocientos y noventa y cinco. Halláronse presentes con el prior del monasterio, que se llamaba fray Juan de Morales, el clavero de Alcántara y don Alonso de Silva y otras personas, donde, luego que abrieron la sepultura, sintieron todos un olor celestial y parecía que salía de sus huesos y que estaban bañados de un licor a manera de óleo. Mandó el prior tañer los órganos y las campanas, y en una bien ordenada procesión, llevando todos velas encendidas, levantaron el cuerpo puesto en una arca aforrada de seda y llegaron con él al coro de la iglesia donde estuvo por trece días descubierto. Y en este tiempo pidieron a Nuestro Señor por intercesión de su sierva ''[6]'' que enviase agua a la tierra, de que había grande necesidad, y llovió en grande abundancia y entendieron todos haberles hecho Dios esta misericordia por honra de aquella bendita alma. Y así fueron remediados los panes que estaban a punto de perderse. Pasados los trece días fue puesto el cuerpo en el nuevo sepulcro, a la mano derecha, y allí es visitada y honrada de muchos. Y fue premio merecido a su humildad porque, como dio testimonio Catalina de Sant Lorenzo, hermana mayor de su monasterio, era esta bendita mujer tan humilde que, muchas veces, la importunaba que la reprehendiese y penitenciase delante de todas, mayormente los viernes en el capítulo, y le mandase comer en tierra y postrarse a la puerta del coro cuando las hermanas entraban a rezar en él, para que la pisasen. Y junto con ser humilde era honestísima tanto que pocas personas, ni de las que conversaban con ella, podían dar testimonio de su rostro trayéndole de ordinario cubierto con una toca que dejaba caer hasta la boca. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Anda la vida desta sierva de Dios escripta de mano por un religioso confesor suyo y en ella se pone muchas revelaciones que tuvo. Yo he querido pasarlas en silencio como también lo hizo el que escribió la crónica de los jeró- [fol. 46v col. a] nimos, donde está la vida desta bendita monja, aunque con la limitación que digo. Del testimonio que dio de la llaga de su costado Gracián de Berlanga, notario, tengo yo un traslado por donde parece que fue certísimo ''[7]''. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[Acerca de lo cual digo que algunas personas, atrevidamente en mi tiempo, han contradicho (y aun algunos predicándolo públicamente) semejantes llagas en alguna persona después que el Hijo de Dios las padeció, sino es el bienaventurado sant Francisco. Y, pareciéndoles que en esto hacen servicio, quieren atar las manos a Dios. A estos digo que, cuando no creyeren a los auctores tan graves y fidedignos que lo escriben de algunas sanctas, como de sancta Catarina de Sena y de otras, y que, en particular en Roma, se pinta y estampa la misma sancta Caterina ''[8]'' con las llagas, en ciencia y paciencia de los sumos pontífices que lo ven ''[9]''  y lo permiten y aun, por lo mismo, por ser negocio tan grave parece que lo aprueban, si esto no basta, pueden, por vista de ojos y tocándolo con sus manos, certificarse en este caso con lo que de presente (creo que para confusión de estos) ha permitido Nuestro Señor. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y es que, en este año de mil y quinientos y ochenta y seis en que esto escribo ''[10]'', está viva una bendita mujer, señora de ilustre linaje, priora en el monasterio de la Anunciada de Lisboa, en Portugal, llamada María de la Anunciación ''[11]'', doncella de edad de treinta y dos años. La cual está decorada con las llagas de Cristo de cabeza, manos, pies y costado. Tiene en su cabeza treinta y dos agujeros a la redonda como corona, abiertos y patentes; en las manos, por las palmas, una como rosa y, en medio della, una abertura triangular de clavo y, por detrás, la misma señal aunque algo menor. Estas han visto y ven cada día diversas personas. Tiene otras semejantes en los pies. También tiene abierto el costado y todos los viernes, poniéndose allí un lienzo pequeño, salen señaladas cinco gotas de sangre a manera de cruz, y la ''[12]'' de en medio es mayor. Y destos pañitos he yo visto dos en Toledo en poder de personas religiosas que los recibieron de la misma sierva de Dios. Y ella los da compelida por obediencia, como también por ella, y no en otra manera, muestra las llagas de las manos. La del costado vieron, por orden del sumo pontífice Gregorio décimo tercio, algunas personas, y fueron: oficiales del Sancto Oficio de la Inquisición y el padre fray Luis de Granada y otros perlados de su orden. Y sobre ello dio breve el mismo pontífice Gregorio, y yo le vi impreso y le leí, en que alaba a Nuestro Señor y persuade a su sierva a que siempre vaya en augmento en su servicio. También por cartas del mismo padre ''[13]'' fray Luis de Granada que, para mí, son de grande auctoridad, y de otros perlados de su orden, se sabe de su vida que, desde niña, ha vivido sancta- [fol. 64v col. b] mente y no se halla que, en cosa alguna, se haya desmandado en ofensa de Dios. Nunca se agravió por cosas de pena que le sucediesen ni se quejó por ocasiones que le diesen. Siempre conservó paz y humildad en su alma. Su caridad es grandísima con pobres necesitados de cuerpo y de alma remediando todo lo que puede. Siempre muestra el rostro alegre y devoto. En hablándole de sus llagas, se aflige y entristece grandemente. Duerme abrazada con una cruz de madera de su estatura. Hase visto mucha claridad de noche en una pequeña celda que tiene y levantada del suelo con su cruz orando. Vinieron a Lisboa un turco y un moro que dijeron habérseles aparecido estando en una galera y persuadiéndoles a que se hicieses cristianos; y la conocieron sin haberla visto más de aquella vez y recibieron el baptismo. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Della se dicen muchas otras cosas y todas ellas al talle de los sanctos. Y el padre fray Luis de Granada tiene escripto muy a la larga todo lo que pertenece a la vida desta sierva de Dios, y así él pondrá finos colores sobre el dibujo mal bosquejado de mi mano. Yo lo he referido aquí por dos razones: una, para prueba de que suele Nuestro Señor regalar con sus llagas a algunas personas siervas suyas, y contradecirlo es ir contra la verdad; y lo segundo, que, por haber escripto tres libros de vidas de sanctos de los que pasaron muchos años ha, hiciera agravio a cosa tan digna de ser sabida en los siglos venideros como es lo de mi tiempo desta sierva de Dios, si no lo pusiera en memoria. Y lo mismo hicieron sant Jerónimo escribiendo la vida de Malco, monje captivo que se le dejó vivo. Y sant Teodorito comenzó a escrebir la vida de sant Simeón Estilita ''[14]'' y no la acabó diciendo en ella que la dejaba vivo y que, con tan alto principio, era bien de creer que el fin no sería menor. Así yo digo desta sierva de Dios, que su fin no será menor que el principio y, cuando sea de otra suerte, lo de hasta aquí es mucho de estimar y loar a Dios, que no tiene la mano abreviada, sino que siempre hace mercedes a los que de veras le sirven. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y en lo que toca a las llagas del seráfico padre sant Francisco, yo confieso que, de la manera que a él, no le ha sido concedido a otro, porque o fue por algún breve tiempo o no todas cumplidas o con menos sentimiento de dolor o, a lo menos, que cesasen con la muerte y no que, aun después de muerto, permanece el cuerpo del seráfico padre sant Francisco con ellas tan frescas y recientes como las tuvo en vida. Y este fue favor particular suyo y, como dice el doctísimo y muy religioso maestro ''[15]'' fray Vicente Justiniano Antist, del Orden de Predicadores, en una apología que hizo en defensa de las llagas de sancta Catarina de Sena, esto sería lo que quiso decir el papa Sixto cuarto en un breve que dicen haber dado en [fol. 47r col. a] favor de las llagas de S. Francisco. Verdad es que, como el mismo maestro dice, nunca este breve pareció en el mundo, ni nadie habrá, con verdad, que diga haberle visto. Y es prueba desto que, en un volumen grande, donde semejantes breves y ''motus'' proprios andan impresos, que se intitula ''Collectio Bullarum'', y es de Laercio Querubino jurisconsulto, impreso en Roma, año de mil y quinientos y ochenta y seis, donde están todos los divulgados desde Gregorio séptimo hasta Sixto quinto, y hallándose entre las demás todas las bulas y ''motus'' proprios del mismo Sixto cuarto que son doce en número, no aparece entre ellos semejante breve; porque yo los [fol. 47r col. b] pasé uno por uno buscando este y así es cierto que no le hubo. Mas en caso que le hubiese habido, lo que pretendería en él el pontífice sería, dice este auctor, señalar las ventajas que el seráfico padre sant Francisco hace en este misterio de las llagas a todos los sanctos a quien Dios ha decorado con ellas, que cierto son muchas y muy particulares.] &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
De la primera ''[16]'' destas dos religiosas (de las cuales ninguna está canonizada) se vea la historia de Toledo de Pedro de Alcocer, libro. 2. cap. 27; y de la segunda, María de Ajofrín, la crónica del Orden de Sant Jerónimo, desde el capítulo cuarenta y uno hasta el fin della, donde la sanctidad de ambas es grandemente encarecida. ''[17]''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
===Notas===&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[1]'' En el margen izquierdo leemos: “En 18. de Iulio.”&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[2]'' En el texto leemos: “Diezma”. Se ha subsanado la errata.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[3]'' Entiéndase: “alguna de las diversas medicinas”. Ejemplo de la tendencia a la elipsis que muestra la prosa del autor.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[4]'' Como la mano y el costado.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[5]'' En el margen derecho leemos: “Año de 1489.”&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[6]'' En el ejemplar manejado impreso en 1589 aparecen tachadas las sílabas y palabras siguientes:  “-cubierto y en este tiem […] intercesión de su”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[7]'' Como se ha indicado, se reproduce entre corchetes el fragmento eliminado en la impresión de 1589. Cabe precisar que las palabras: “por donde parece que fue certísimo” se hallan tachadas con tinta negra en el ejemplar manejado de la BNE.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[8]'' Se mantiene la oscilación vocálica al escribir el nombre de la santa dominica.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[9]'' Se elimina la duplicación de la vocal en la escritura de esta palabra.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[10]'' En el colofón del ejemplar se indica que el libro fue terminado “último de septiembre del año de 1586”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[11]'' Se refiere a la lisboeta María de la Visitación, quien vivió en la segunda mitad del siglo XVI.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[12]'' Entiéndase: “la gota de en medio”&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[13]'' Se subsana la errata: “podre”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[14]'' En el texto leemos: Stilita.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[15]'' En el texto figura: “relignoso maastro”. Se han subsanado las erratas.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[16]'' Alude a las dos religiosas que centralizan el apartado 193 de la Adición a la ''Tercera parte del Flos Sanctorum'': María García y María de Ajofrín.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[17]'' A continuación, en el ejemplar mencionado de la BNE ‒en el mismo apartado 193‒ leemos: “Antes de poner fin en las vidas destas dos siervas de Dios, Marías religiosas de Sant Pablo de Toledo, quiero hacer mención de algunas otras monjas del mismo convento, dignas de que, en los siglos por venir, se tenga honorífica memoria y su propria casa y la ciudad de Toledo reciban honra y les sea de importante provecho el tener y gozar de sus benditos cuerpos. Lo que dijere se ha sacado de un libro que recopiló de memoriales y relaciones antiguas y modernas de aquel convento doña Ana de Zúñiga, de cuyas virtudes pudiera yo escribir mucho si llegara mi atrevimiento adonde llega el deseo y la verdad.”&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y se añaden diez vidas breves que se hallan editadas en el Catálogo: Aldonza Carrillo, condesa de Fuensalida; su madre Teresa de Guevara; Inés de Cebreros; Inés de Santa Catarina, sobrina de María de Ajofrín; Lucía de los Ángeles; Catalina San Juan; María de San Ildefonso; María de la Visitación; Paula de los Ángeles y, por último, Quiteria de San Francisco.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
A doña Ana de Zúñiga, Alonso de Villegas dedicará una reseña hagiográfica en impresiones posteriores a la de 1589, como evidencia el ejemplar de 1595 guardado en la Biblioteca de la Universidad de Barcelona con la signatura B-50/5/11.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
=Vida impresa (4)=&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Ed. [http://visionarias.es/equipo/lara-marchante-fuente/ Lara Marchante Fuente]; fecha de edición: septiembre de 2017; fecha de modificación: mayo de 2026.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==Fuente==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
* [http://catalogodesantasvivas.visionarias.es/index.php/Categor%C3%ADa:Fray_José_de_Sigüenza Sigüenza, Fray José de], 1605. “Libro II de la Historia de la Orden de San Jerónimo”, ''Tercera Parte de la Historia de la Orden de San Jerónimo, dirigida al Rey, Nuestro Señor, Don Felipe III'' Madrid: Imprenta Real, 465-497.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[[Contexto material del impreso Tercera Parte de la Historia de la Orden de San Jerónimo]]'', doctor de la Iglesia, dirigida al Rey, Nuestro Señor, Don Felipe III''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
== Criterios de edición ==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Para facilitar su lectura, esta edición moderniza el texto en aquellos puntos que no suponen una pérdida de los valores fonéticos, léxicos y sintácticos del periodo y conserva la morfología de las palabras con interés morfológico o fonológico o por tratarse de cultismos (como ''agora'', ''ansí'', ''monesterio'', ''recebir'', ''redemptor'' u ''obscuro'').&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Se adaptan, por tanto, las grafías a las normas de ortografía vigentes (sibilantes, b/u/v, j/g, chr/cr, qu/cu, empleo de h, etc.) y a la acentuación y puntuación de las normas gramaticales actuales. Igualmente, el uso de las mayúsculas y minúsculas respeta los criterios presentes del español, si bien se mantienen las mayúsculas como signos de respeto o de diferenciación con la palabra escrita en minúscula (''Cielo'', ''Esposo'', ''Señor'', ''Profeta'', ''Reina del Cielo''). &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
También se introducen las comillas para delimitar las intervenciones dialógicas de los personajes y se subsanan las erratas evidentes. En este sentido, conviene apuntar que, dentro de esta edición y en base a sus particularidades, se han incluido notas al pie en las que se especifican y desarrollan algunas ideas o palabras del texto impreso original. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==Vida de María de Ajofrín==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''CAPÍTULO XLIV'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[465] '''La vida de la sierva de Dios María de Ajofrín, religiosa de San Pablo de Toledo'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Si no estuviera la vida desta santa, tantos años ha, escrita y predicada por otros, y Nuestro Señor en vida y en muerte no hubiera calificado y, como si dijésemos, sellado su santidad con tantas maravillas, no me atreviera a poner la mano en ella y pasara en silencio casos tan maravillosos, porque, aunque no soy de los muy incrédulos ni de aquellos que se ríen de todas estas visiones y revelaciones, especialmente en mujeres, que por su flaqueza están tan sujetas a recebir engaños, no soy tampoco de los que lo creen todo y se les antoja milagro cualquier cosilla. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Estos extremos, sin duda, son dañosos y aun peligrosos, y no sé cuál más, porque el uno parece temerario y poco pío, y el otro da ocasión con su facilidad que pierda el crédito y reverencia aun lo más verdadero y calificado. Confieso que en aquellos primeros tiempos de la Iglesia, y en aquellas primicias del espíritu, se halla poco o nada destas cosas, y la santidad y milagros con que Dios confirmaba su fe y la autoridad de sus ministros (estas son las dos principales razones o fines de los milagros) eran muy diferentes en aquella feliz era, y que algunos centenares de años después, cuando florecieron tantos mártires y, tras ellos, tantos y tan ilustres confesores, y Dios tenía poblados los desiertos de tan admirables hombres, tampoco se hallaba nada desto, y si se ha escrito algo (no faltaron entonces algunos hombres varones que sembraron muchas niñerías) tuvo siempre poco crédito.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
De doscientos años poco más a esta parte, ha habido algunas mujeres santas con quien parece que [466] Nuestro Señor ha querido (digámoslo ansí, aunque con miedo y reverencia) mudar estilo, facilitarse tanto con ellas y allanar el trato de suerte que no haya sino encoger los hombros y dejar el juicio y determinación dello a la Iglesia que, como a su esposa querida, no le encubre los secretos de su pecho. Junto con esto (que también aprieta mucho), parece que ha querido hacer excepción de la regla de su Apóstol, que no permite que las mujeres enseñen en la iglesia, y ha permitido (como algunos dicen) que dejen estas santas muchas epístolas y libros grandes de revelaciones y doctrinas para enseñamiento de los fieles, cosa que en ninguna de aquellas santísimas hembras que florecieron de mil años arriba, nunca la vimos ni tenemos, sino es de alguna cosa de ingenio, qué ya saben los que algo han leído que son. Todas estas razones hemos de tragar y atravesar por todo con sumisión de la regla que he dicho, y decir que no se ha abreviado la mano del Señor. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Esto he dicho antes de entrar en la vida desta santa, que sin duda me hace gran admiración. Diré con la mayor fidelidad que pudiere lo que ya otros han publicado, y lo que en un cuaderno antiguo de mano he hallado, que en sustancia todo es uno. El original de todo, o la mayor parte, fue el padre fray Juan de Corrales, religioso desta Orden, profeso y prior de la Sisla de Toledo, hombre docto y gran fraile, y que confesó a esta santa casi todo el tiempo en que Nuestro Señor la hacía las mercedes que diremos; y ansí dice en la última cláusula del Prólogo que hizo en la relación de su vida desta suerte: “Yo, el muy indigno siervo de los siervos de Dios, fray Juan de Corrales, prior de la Sisla de Toledo, recontaré a honra y gloria del soberano Rey Dios, Nuestro Señor, las maravillas y secretos que por mis ojos vi, y por mis manos traté, y oí a personas dignas de fe y de gran memoria, las cuales Nuestro Señor quiso poner y demostrar en una pobrecilla sierva suya, llamada María de Ajofrín, virgen y santa, en el Monasterio y Casa de doña [[María García]], en la ciudad de Toledo”. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Ajofrín es una villa junto a Toledo; vivía allí un varón honrado, llamado Pero Martín Maestro, con su mujer, Marina García, temerosos de Dios, de vida honesta, abundantes de bienes temporales. Entre otros hijos, tuvieron una hija que llamaron María, de gran hermosura en el cuerpo, y tanto mayor en el alma que luego, desde sus primeros años, se le conoció la quería Dios para su esposa. Apenas sabía hablar, ni decir las cosas por su nombre, ya sabía rezar y poner las manos delante de las imágines, y hacer otras santas niñerías, regalo entonces singular de sus devotos padres, que se regocijaban en las almas, viendo los tempranos y santos ensayos de aquel angelico. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Como fue creciendo, comenzaron muchos a amarla y desearla, y ansí se levantaba muchas veces plática, entre sus padres y otros del pueblo, de su casamiento. Como la santa estaba prevenida de otro más divino amante y tenía puesto en su voluntad, entendiendo los rumores y tratos tan anticipados de sus casamientos, con un impulso divino la doncella santa hizo, siendo de trece años, voto de virginidad y de entrar en religión, que ya este principio y acto tan heroico descubre y promete mucho. Tratábanse los casamientos de cada día con más calor; los padres y hermanos la daban prisa, [467] y los parientes, todos la importunaban. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Resistió a todos varonilmente, declarando sus votos y sus deseos, cosa que lastimó mucho a sus padres, y sobre esto padeció y sufrió por el amor de tal Esposo, grandes encuentros, palabras y aun obras pesadas, porque todos eran contra ella. Al fin pudo tanto que su padre, aburrido, enojado y lastimado en el alma, importunado della, la sacó de su casa, siendo ya de quince años, vínose a Toledo con ella, sin saber adónde había de parar, ni donde había de sacrificar una hija tan querida. Entró en la iglesia mayor, rezaron allí entrambos. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Rogó ella a su Señor y Esposo la llevase adonde Él fuese servido. Púsole en el corazón que se fuese a la compañía de aquellas religiosas que se llamaban jerónimas, en el Monasterio de doña [[María García]]. Díjoselo a su padre, llevola allá, entregola allí y volviose a su casa lleno de tristeza, viendo que dejaba como sepultada la prenda que más en sus entrañas tenía. Puesta la sierva de Dios donde tanto deseaba, no cabía de gozo, viendo el ejercicio de aquellas santas, y procuró imitar todo cuanto excelente de virtud y perfección consideraba en cada una. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Señalose siempre en humildad y obediencia: parecíale que, en comparación con sus hermanas, no merecía besar el suelo donde pisaban. No tenía otro gusto sino cuando se ofrecía ocasión, y ella se las buscaba, de emplearse toda en su servicio. En pudiendo retirarse a algún rincón, allí levantaba el alma y los ojos al Esposo de su alma, y le importunaba con lágrimas y suspiros pusiese en ella sus ojos de misericordia; su deleite y sus regalos eran la oración y meditación. Ansí pasó una vida santísima, callada y humilde de diez años de religión, teniéndola todas, las otras hermanas, en nombre de religiosa perfecta, y que caminaba por un camino muy seguro, aunque con grandes ventajas de otras compañeras, porque en todo este tiempo no se vio en ella cosa digna de reprehensión, sino de grande y conocida virtud, principios legítimos para las mercedes que Dios había de hacerle. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Pasados estos diez años como temerosa de Dios, cuidadosa de su salud, determinose a hacer una confesión general, como si quisiera comenzar una vida nueva (propio de los santos imaginar que cada día comienza), y el Señor, que también quería comenzar a señalarse en el amor que tenía a su sierva, puso en ella tanta compunción y lágrimas, que bastaban a lavar otra alma por grandes manchas que tuviera.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Al punto de entrar en el confesionario, derribose en tierra delante una imagen de nuestra Señora, que tenía su hijo en los brazos, y allí, con grandes ansias y suspiros, suplicó al Señor le perdonase sus pecados, y a la madre, de clemencia, que le alcanzase el perdón de su hijo. Estando ansí orando, con este vivo afecto, vio que súbitamente la imagen se llenó de luz divina, que alumbraba también parte de aquel aposentillo; y en la claridad de la imagen vio cómo el niño, desde los brazos de su madre, levantaba la mano hacia ella, de la forma que el sacerdote la extiende cuando absuelve al penitente. Espantase desto la santa doncella, que es propio de vírgenes prudentes temer visiones extraordinarias. Quitose de allí y fuese a los pies del confesor, no imaginando mas de que podía ser antojo o gran flaqueza. Hizo su confesión lo mejor que pudo. Al salir, tornó a hacer oración a la imagen y súbito tornó [468] a esclarecerse, y el niño, sacerdote eterno, tornó a levantar la mano como en forma de absolución. Y esto puso alegría y consuelo grande en el alma de la sierva de Dios, que entendió, con mucha certidumbre, Nuestro Señor le perdonaba sus pecados. Tuvo esto en secreto mucho tiempo, que jamás lo reveló a nadie, sino solo a su confesor, fray Juan de Corrales, a quien manifestó que, desde aquel día, le quedó en el corazón un movimiento tan grande que le parecía le quería algunas veces saltar del pecho. De allí a pocos días, quedándose sola en el coro una noche, haciendo oración por el estado de la Iglesia con grande afecto y devoción, vio encenderse una llama de fuego grande en la Custodia del Santo Sacramento, y ardió por espacio de una hora poco menos, de que quedó en extremo maravillada.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Había de comulgar el día de la Resurrección del Señor con las otras hermanas, y la noche antes andaba nerviosísima, con aquel deseo de recebir al Esposo, orando y llorando sin enjugar las lágrimas, suplicándole le diese digna disposición para recebir tan alta Majestad, y sentir los frutos de su gloriosa venida. Fue, pues, con las otras hermanas a comulgar, y recebió el Santo Sacramento, a su parecer en forma de un corderito vivo: cuando lo tenía en la boca, se bullía y meneaba. Tragolo con el mayor temor y reverencia que pudo, y sentía luego que se le puso sobre las telas del corazón. Allí, sintió tanta alegría, reposo, dulzura y consuelo que en diez días con sus noches no durmió ni pegó los ojos, destilando dellos continuas lágrimas de alegría. Desde entonces, las veces todas que comulgaba, se trasportaba o enajenaba de los sentidos como se entraba allá, dentro el alma, con todas sus potencias, a hacer estado a la Majestad de su Rey y Esposo, y junto con esto le quedaba un dulzor extraordinario, y de otra quintaesencia en la boca, garganta y corazón, que le duraba un espacio de cuarenta días, que del supremo gusto del alma quería Dios le alcanzasen aún en esta vida tales relieves al cuerpo. Certificaba la santa al prior que si no fuera por evitar la singularidad, no comiera en todo este tiempo, ni a su parecer tenía necesidad dello. Hácesenos a nosotros estas cosas como imposibles porque estamos muy lejos dellas. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El día octavo de la Resurrección, estando orando, vio cómo vino a ella un varón anciano, de aspecto venerable, cubierto de una capa de seda colorada y le dijo:&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
“Ven conmigo, que te envía a llamar la Reina”. Estaba a aquella sazón la Reina, doña Isabel, en Toledo, y como entonces salían estas religiosas de casa, con compañía honesta, entendió que la Reina la enviaba a llamar, y rehusaba de ir a allá. El varón le tornó a decir: “Ven hija, que te llama la Reina del Cielo”. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Entonces, se fue con él, y hallose en una iglesia, fuera de la ciudad, donde vio a Nuestra Señora con su hijo en los brazos. Púsose de rodillas, delante della, y aquel hombre anciano que la había llevado llegó y púsole un paño de seda en las manos, y la santa Reina le puso luego a su hijo encima, y mandando a otro hombre, de menos edad, que la acompañase junto con el otro que la había llevado allí, le dijo la Señora del Cielo: “Ve con mi Hijo donde fueren estos dos varones”. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El que llevaba el vestido colorado iba como por guía, delante, como buscando posada. Entraron por la ciudad, y llamaban a las puertas que estaban cerradas, diciendo: [469] “Abrid, que viene el Señor a vuestra casa”, y ninguno quería abrirles. Y si algunos tenían las puertas abiertas, acudían de prisa a cerrarlas, respondiendo unos y otros que pasasen de largo, porque estaban embarazados y no había posada. Anduvieron desta suerte poco menos toda la ciudad, sin hallar donde los acogiesen. Tornáronse por donde habían ido, encontraron en el camino con dos mujeres caballeras en dos asnillos ''[1]'', que las acompañaban dos clérigos, y estos les dijeron: “Nosotros os acogiéramos si no fuéramos deprisa, mas en tanto que volvemos, recogeos en ese establo”. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Ansí, se tornaron al templo donde la Virgen estaba, y tornando a recebir a su hijo de la mano de su sierva, le dijo: “Llegado es el tiempo en que es tan menospreciado el Hijo de Dios, y ansí también se ha llegado el tiempo en que Él herirá por su ángel: a unos, con duros azotes, a otros, con espada aguda, y a otros, con fuego. Mas, ¡ay de los perlados de la iglesia, a quien el Señor hizo pastores de su grey, y de las almas que compró tan caras, que traen vestidos de ovejas y corderos y son dentro lobos rabiosos robadores, que no tratan sino de beber la sangre de los súbditos! Procuran con toda su ansia honras y dignidades, no para servir con ellas a Jesucristo, mas para sus gustos y deleites”. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Con esto, le desapareció aquella visión. Tornó la santa en sí y estuvo pensando en lo que había visto, lastimada en el corazón de lo que oyera a la Reina del Cielo. No tardó mucho tiempo el castigo amenazado y merecido. Vino luego una gran carestía de hambre, cerrose el Cielo y no llovió para que se pudiesen coger los frutos. De allí se siguió luego una gran pestilencia. Entró en España aquella enfermedad tan asquerosa y fea de las bubas, que con el tiempo se le ha perdido el miedo, y ansí se vieron el cuchillo, el fuego y el azote que se le reveló a la santa puestos en ejecución, para que se entienda que no fue antojo la visión, pues es esta la verdadera prueba y señal por donde Dios nos manda que las examinemos. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El día de la Ascensión de aquel mismo año, quedándose en el coro, como tenía de costumbre después de Maitines, llevada del afecto y amor de Jesucristo, se llegó a cerca del altar mayor, y allí fue levantada en espíritu y la mostró Nuestro Señor una visión maravillosa:&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Pareciole que la habían llevado a un campo espacioso, lleno de verduras y deleites; en medio d’él estaba un claustro grande, de paredes muy altas y de ricas piedras labrado. Vio que tenía cinco puertas como de vidrio o cristal, y en cada una estaba entallada la encarnación de Nuestro Señor, la Salutación del Ángel a la Virgen. Vio luego que salía, por cada una de las puertas, una procesión solemnísima de sacerdotes, vestidos de majestad y gloria, y caminaban a una casa hermosamente labrada, que estaba en aquel mismo campo. Entraron todas las procesiones dentro y se postraron delante del altar, cantando el himno Gloria in excelsis Deo. Acabado, estuvieron todos en gran silencio, y con tanta compostura y reverencia que no se miraban unos a otros. En el altar estaba la Santísima Virgen, con su Hijo en los brazos, y estas no eran figuras pintadas, sino vivas en cuerpo y alma, como si fuera en el mismo Cielo donde reinan. Comenzó la señora Soberana a decir en voz alta y lastimera, mostrando su Hijo al pueblo que allí estaba junto: “Veis aquí, hombres, el fruto [470] de mi vientre, tomadlo y comedlo. En cinco diferentes maneras es cada día crucificado por las manos de los malos sacerdotes: la primera, por mengua de fe; la segunda, por la codicia de los bienes de la tierra; la tercera, por el vicio torpe de la lujuria; la cuarta, por ignorancia, que ni saben lo que a sus ministerios conviene ni los misterios que tratan, ni procuran entender sus obligaciones; y la quinta, por la poca reverencia que tienen a su Dios y mi hijo, después que le han recebido. Ansí le tratan, como si fuese el pan que echan a los perros”. Habiendo dicho esto, llegó un sacerdote que parecía de mayor autoridad y reverencia que los otros, y vistiose para decir la Misa. Cuando llegó al punto de consagrar la Hostia, nuestra Señora le puso en las manos su Hijo, y luego quedó como en forma de Hostia. Levantolo en alto para que lo adorasen todos, y parecía como un rayo de Sol, y poco a poco se fue subiendo al Cielo, hasta que el Padre Celestial lo recebió en su seno, y sonó una voz que decía: “Este es mi hijo muy amado”. Entonces, un sacerdote de los que allí estaban, que había sido capellán de aquella Casa de doña [[María García]], y había fallecido algunos días había, se llegó a ella y le dijo: “Esto que aquí has visto tiene gran misterio, y significa a los que celebran este santo Sacramento de tal suerte que, aunque receben la verdad y la forma del Sacramento, no participan el fruto. Mira que cuentes todo lo que aquí has oído”. Y en estas últimas palabras, desapareció la visión. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Vuelta en sí, la santa comenzó a pensar en lo que había visto, y púsole mucho miedo, pensando no fuese alguna ilusión del enemigo que le había puesto aquello en la imaginación, porque de todo punto se tenía por indigna de cosas tan altas; por otra parte, dentro de sí misma, le parecía que tenía aquello una certeza tan grande que no pudiera el demonio entremeterse en cosa tan admirable. Ni sabía si lo diría o callaría. Al fin, se determinó de no decirlo a nadie sino a su confesor, debajo del sello de aquel Sacramento, pensando que se comprendía en él. El confesor quedó admirado cuando lo oyó, y aunque entendió que aquella visión venía de buenos principios, porque tocaba en lo fino, y declaraba la raíz de la corrupción de las costumbres del pueblo y de las faltas de los que habían de ser espejo de la iglesia, cosas que el demonio no había de procurar se enmendasen, con todo eso, mostró no hacer caso dello y la reprendió, diciendo que eran burlerías, antojos y fantasías de cabezas flacas de mujeres, quedando a la mira y ver en qué paraba el caso. Estas fueron las primeras cosas que pasaron por esta santa Virgen, que las refieren otros cortamente, y yo las relato con la fidelidad que las escribió su confesor, fray Juan de Corrales. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''CAPÍTULO XLV'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[2]'' '''Prosíguese la vida de la santa virgen María de Ajofrín, y las cosas admirables que Nuestro Señor obró en ella'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El mismo año luego adelante, día que se celebra en Toledo, y agora en toda España, el Vencimiento de la Cruz, quedándose en oración después de Maitines, cuando ya quería romper el alba, estando postrada delante del altar y roba- [471] da en espíritu, le apareció Nuestro Señor, llegose a ella y la mandó levantar; vio que venía cubierto con una alba o sobrepelliz y una estola al cuello, y por las piernas abajo le corría mucha sangre, y díjole ansí: “Como me ves, corriendo sangre, ando por las iglesias desta ciudad, desde esta hora hasta que tañen a la plegaria de a medio día”, y dicho esto, desapareció. Considerando la santa estas cosas, hacía con ardientes suspiros oración a Nuestro Señor por el estado de los sacerdotes, entendiendo cuánto le ofendía el descuido de sus vidas. &lt;br /&gt;
Entre otras veces, el día de San Agustín, estando rezando en una imagen de Nuestro Señor, que llamamos Verónica (teníala en un libro), se llenó la imagen de una claridad grande, y  luego la vio convertida en sangre. Diole esto gran dolor y turbación, no sabiendo qué hacerse, ni qué quería el Señor darle a entender en esto, teniendo siempre algún recelo de si esto era algún engaño del enemigo. Sucediole de aquí que, desde aquel día, jamás pudo comer bocado de carne ni entró hasta que murió cosa della en su estómago, y su manjar fue pasas o alguna otra fruta con el pan. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En fin de Setiembre de aquel año cayó muy enferma: llegó a punto de muerte al parecer de los médicos. Estando ansí, en el extremo de la vida, fue arrebatada en espíritu y quedó como muerta espacio de tres horas. Mandó el médico que le diesen algunos garrotes y le hiciesen mal para volverla de aquel paroxismo. Hiciéronle llagas en los pies, y en las piernas y en otras partes, pretendiendo despertarla o ponerla en acuerdo. En este tiempo fue llevada a aquel claustro donde vio primero salir las procesiones. Caminando para él, le salió el demonio al encuentro y quiso llegarse a ella para que no pasase. Llegó nuestra Señora y reheprendió al enemigo, rempujándole con su mano propia; y tomola luego por la mano y llevola al claustro, donde vio salir otra vez las mismas procesiones, y díjole la Reina del Cielo: “Este es el lugar donde te fue mandado que dijeses lo que habías oído y visto, y ansí otra vez te mando que lo que entonces y agora ves lo digas a tu confesor, y él lo diga a otras personas fieles, al deán y capellán mayor de la iglesia desta ciudad, y ellos lo digan al arzobispo, y se divulgue en toda la la Iglesia, que mi hijo está muy indignado por las injurias y escarnios que le hacen los que indignamente tratan sus misterios y Sacramentos”. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Desaparecida la visión y vuelta en sí, hallose sana. Díjolo todo a su confesor, y como hombre prudente se detuvo, y, aunque no se mostró tan duro ni tan incrédulo como la primera vez, le dijo: “Cuando yo diese entero crédito a esas cosas, ¿cómo lo creerán, (decidme, hermana) esas personas a quien queréis que se diga? Menester es, a mi parecer, alguna seña o alguna manera de certeza, para que ni se rían de vos ni de mí, teniéndonos por livianos”. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Como oyó esto la santa, afligiose mucho y por entonces no le respondió nada, pensando de responderle en una carta y buscar quién se la escribiese. Pasando acaso por un lugar de la casa donde estaba una ventanilla, vio en ella un pliego de papel y tomolo. Metiose en un sotanillo obscuro donde algunas veces ponían leña. Sentose ''[3]'' allí con harto deseo de hallar quién la escribiese su carta, porque ella no sabía, ni en su vida tomó pluma en la mano. Estando desta suerte, sin saber qué hacerse, vio que súbitamente resplandecía el papel y, sin saber quién ni cómo, [472] sintía que le tomaron la mano y se la meneaban como para escribir; y escribió dos cartas: la  una para su confesor, que a esta sazón era el cura o capellán de aquella casa, que se llamaba Juan de Velma ''[4]'', y la otra para el deán y para el capellán mayor de la iglesia. Escritas las cartas, desapareció la claridad, plegolas y púsoselas en la manga. Fue luego a hacer los oficios y ministerios en que andaba siempre como monja humilde ocupada, barrer, fregar y otras haciendas semejantes. Sacando agua de una tinaja para llenar una caldera, cayósele la una de las cartas dentro y detúvose en el aire antes de llegar al agua. También parecerá esto menudencia y cosa de aire a los censores rígidos, sin acordarse que también fue menudencia que la cuchilla del hacha que se le cayó al discípulo de Eliseo en el agua vino nadando a enastarse en el palo que tenía en la mano el Profeta. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Vino una destas cartas a manos del capellán mayor de Toledo y probó muchas veces la virtud que tenía dentro, porque la puso sobre algunos enfermos harto lastimados y tuvieron luego salud. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Cuando el cura vio las cartas, quedó maravillado, porque sabía muy cierto que la santa en toda su vida había escrito letra, ni tomado péñola en la mano, ni en aquel convento había quien hiciese tal letra, y tras esto leyó cosas en la carta que para él venía de que tenía evidencia, que solo Dios y él la sabían, y ansí estaba espantado y temeroso, entendiendo que habían escrito por modo más que humano. Con todo, no osaba dar parte dello a ninguno, sospechando siempre que le habían de tener por hombre demasiado crédulo y vano. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Determinose por entonces de callar, y respondiole por escrito, que él había recebido las cartas, aunque entendía que no tenía ella intento que se manifestasen ni saliesen a público, y ansí determinaba de guardarlas. La santa se afligió con esta respuesta; viendo la dureza y incredulidad de su confesor, querellose a Nuestro Señor dello. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Vinieron después los dos a hablarse y, aunque ella era como una cordera mansa y humilde, entonces se mostró enojada, y le reprendió duramente, llamándole pertinaz y cabezudo, pues a tan evidentes cosas no asentía. Hízole algunas razones harto perentorias, con que le convencía y mostraba que aquellas cartas habían sido escritas divinalmente. Desde aquel día, rogó la santa a Nuestro Señor que le hiciese merced librarle de aquellos negocios y encomendase su causa a otra persona que tuviese más autoridad y le diesen más crédito: pleito y petición muy ordinaria en los ministros humildes que el Señor ha escogido para remediar cosas graves, como si fuesen ellos los que lo han de hacer, y no la virtud divina que entonces resplandece más, cuando no hay de qué poderse gloriar la carne. Con esta determinación estuvo nueve meses, que, aunque tuvo algunas visiones y revelaciones, no descubrió jamás ninguna. Pasaba con el discurso de su vida humilde adelante, ejercitándose en el servicio de las hermanas, velando en continua oración y lágrimas, rogando a Nuestro Señor se apiadase de los que tan a su costa había redemido, y también rogaba a Nuestro Señor quitase la dureza de su confesor, para que le diese crédito o le diese alguna seña tan cierta que no pudiese dudar. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Guardó la santa la carta que se detuvo en el aire sin llegar al agua, teniendo gana de quedarse con ella, y enviar un traslado. No osaba darla a nadie que la trasladase, y pensó que sería bien [473] trasladarla ella, mal o bien, como pudiese, enseñándose a escribir con tan buena materia. Para esto, se encerró en un aposentillo y llevaba una ollilla con lumbre, para encender allí dentro una candela; en entrando, se encendió la candela por sí misma, sin llegar a las ascuas. Comenzó a probar y querer trasladarla, y sobrevínola un flujo de sangre a las narices que, en mucho rato, no la podía restañar. Púsose la carta en las sienes, pareciéndonle que cuanto más iba, más se iba abriendo la vena, y al punto se le restañó. Ansí se salió de allí, sin probar el traslado de la carta, y hizo Nuestro Señor con ella notables maravillas.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Estaba una niña de una mujer vecina allí muy mala: muriose el día de la Concepción de Nuestra Señora, y la santa, cuando lo supo, condolida de su madre, que la quería mucho, envió que pusiesen aquella carta encima del cuerpo de la niña. Pusiéronla y resucitó después de haber pasado siete horas que era muerta. Otra mujer tenía un pecho abierto y muy lastimado, que se le iba cancerando; pusiéronle en el la carta, y al punto fue sana.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Un clérigo principal de Toledo, a cuyas manos vino después la carta, fue a Santiago de Galicia en romería: llevábala con mucha fe y devoción en su pecho. Pasando cierto brazo de mar, cayó del barco en el agua, mojose cuanto llevaba hasta la camisa. Escapó con la vida y la carta salió enjuta, porque debía de estar escrita al olio de la caridad de Dios. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Ya la santa, entre sus hermanas, era conocida por cosa muy excelente, y con las muchas veces que la habían visto fuera y enajenada de sus sentidos conocían, aunque ella lo disimulaba y encubría, que Nuestro Señor le hacía grandes mercedes, y el discurso de su vida daba buen testimonio de todo. Prevínola Nuestro Señor y diole aviso que el día de Todos Santos quería comunicarle sus secretos y misterios, y hacerla particionera de los dolores de su Pasión. Parece ser esto ansí, porque ella misma le dijo a la priora, que entonces no llamaba más de hermana mayor, que en el punto que acabase de comulgar el día de Todos Santos, e llevase antes que fuese arrobada en espíritu y pusiese en algún aposento de la casa, donde no la viese nadie. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Fue el caso que en el punto que recebió el cuerpo de Nuestro Señor, antes de padecer el arrobamiento de lo que allí se le reveló, luego fueron tantos los gemidos y sollozos, y tan fuertes los golpes del corazón que dentro sentía que, que sin duda, fue milagro no espirar en aquel instante. Puso tanta fuerza y estribo tan fuertemente para callar y no dar gritos, diciendo lo que sentía, y aquel fuego y hervor del alma encendió y subió la sangre con tanto calor y ímpetu a la cabeza que vino a reventar por la frente y por las sienes, y se le vio una cuchillada en ella, como si se la cruzaran y abrieran con una navaja. Estuvo ansí muchos días abierta y la vieron muchas personas, y lo que de todo punto excede a cuanto podemos imaginar es que por el resto y cerco del celebro se le cortó el casco de tal suerte que, quedando por defuera sano el pellejo, se sentía la división con los dedos, y lo tentaron diversas personas; la cuchillada que era más visible se estuvo ansí muchos días, sin recebir beneficio ni medicina ninguna. Sintió desto tan extremado dolor que fue milagro no morir y, de hecho, de suyo la llaga y rotura era mortal, sino que el mismo que la heriría la sustentaba, para mostrar en ella la grandeza de sus maravillas. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Después de haber comulgado fue luego robada en espíritu y tan ajena de [474] todos los sentidos que, en cuarenta horas, no sentía cosa criada, aunque las hermanas hicieron demasiadas pruebas en ella, porque, temiendo no se les quedase ansí, porfiaron de tornarla en acuerdo, dándole muchos tormentos en las manos, pies y narices, y hicieron tanta fuerza por abrirle la boca que le quebraron una muela. Estuvo toda la noche de los Finados desta suerte; por tres o cuatro veces dio algunos aquejados gemidos, con notable estremecimiento del cuerpo. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Reveló después a su confesor que el tiempo que estuvo ansí vio cosas espantables que no las puede ni sabe decir la lengua. Vio a Nuestro Señor Jesucristo sentado en un trono de gran majestad y delante d’Él, gran multitud de gentes. En la boca tenía un cuchillo de dos filos muy agudo, y oyó que le decían que aquel cuchillo que el Señor tenía en la boca era la ira contra los malos ministros y pastores de su iglesia. Mandáronle que dijese esto a los varones que le habían señalado y los reprendiese, porque le echaban en olvido y eran negligentes en cumplir lo que se les había mandado, y hacían poco caso de la voz divina; que los amenazase con pena de la sentencia del Cielo, sino lo pusiesen luego por obra; que avisasen también al arzobispo y le dijesen viniese por sí mismo a poner remedio en aquellos cinco pecados de que Nuestro Señor tan gravemente estaba ofendido: falta de fe, codicia de las cosas del mundo, lujurias y sensualidades, ignorancia de las cosas divinas, y poca reverencia en ellas. Maldades y culpas en que cada día era como de nuevo Jesucristo crucificado, y que pusiese eficaz remedio en destruir y extirpar las herejías que en aquella ciudad iban sembrándose, y que no permitiese que se dijese misa en casa de personas seglares, porque había tanto exceso en esto que ya cualquier hombre particular quería que le dijesen misa junto a su cama, cosa de gran escarnio y menosprecio de las cosas sagradas. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
“Y para que seas creída, se te dará esta señal del Cielo, que este cuchillo que está en la boca de Dios traspasará a tu corazón, y hará en él una llaga de donde saldrá sangre viva, que será verdadero testimonio a todos, y tú serás participante y como un trasunto en quien se verán las llagas y los tormentos que el Hijo de Dios padeció en su Pasión”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Acabando de decir esto, se sintió luego herida y con tan gran dolor en el corazón que no se puede explicar, y en él una llaga tan grande que a lo que se veía por de fuera podía caber por la cuchillada la cabeza de un grande dedo pulgar. Mostrase abierta esta llaga veinte días enteros, y los viernes corría sangre en más cantidad que los otros días; y aunque le ponía algunos paños para restañarla no bastaba, porque corría hasta los pies. Viose ser hecha esta herida sobrenaturalmente, porque ni nunca se enconó, ni se mudó la carne circunstante, ni hizo materia, ni mostro género de corrupción alguna, aunque estuvo tantos días abierta, ni se le hizo género de remedio, ni aplicó alguna medicina. La sangre era tan limpia que parecía como de un palomino. Poníanle cantidad de paños, remudándolos; todos quedaban hechos sangre. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Quiso al principio la sierva de Dios esconderla, y hizo las diligencias que pudo, mas fuele dicho que la manifestase a sus superioras, a la patrona, y a la que llamaban hermana mayor. Mostró los paños sangrientos aunque con harta vergüenza; maravilláronse de caso tan [475] extraño. Espantadas ello y de la llaga, enviaron a llamar luego al confesor. Él, como prudente, puso todo el silencio que pudo a todas las hermanas, y recelándose no fuese esto alguna ilusión diabólica o otro fruncimiento humano, procuró informarse de todo el suceso. Vio la llaga, y quedó suspenso y como atónito; fuese a dar parte del caso al deán de Toledo, hombre de letras y prudencia, y al capellán mayor, don Diego de Villaminaya ''[5]''. Parecioles que no se divulgase el caso hasta que se diese bastante testimonio y se averiguase con la mayor certeza que fuese posible. Acordaron los tres, el deán y el capellán mayor y el cura o capellán, de llevar consigo un notario, persona de confianza, y fueron todos cuatro al monasterio. Hablaron con la hermana mayor, diciendo era menester que certificarse del caso, y que se hiciese aquello de manera que constase con mucha firmeza. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Mandáronla a la santa que se acostase y, cubierta honestamente con una sábana, abrieron por la parte del costado cuanto fue bastante para ver la circunferencia de la llaga y buena parte del pecho. Halláronse presentes estos cuatro varones, y la hermana mayor con la patrona de la casa, y todas seis personas vieron atentamente el costado herido y abierto, y lo tocaron con sus manos, estando la llaga tan viva y tan reciente que salía della sangre purísima, y el propio capellán mayor sacó con sus mismos dedos gran copia de hilas llenas de sangre. Advirtieron que aquella herida no se había podido hacer humanamente. Acordaron que el notario diese testimonio dello. Y porque este se guarda original en el archivo del Convento de la Sisla, de Toledo, me pareció ponerle aquí ad verbum, por ser tan notable el caso. Dice desta manera:&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
“Decente e cosa convenible es escribir por memoria las buenas obras e vidas de las personas que nos precedieron, porque podamos por los buenos ejemplos de aquellos obrar siempre bien, e nos esforcemos a apartar siempre del mal. Cosa cierta es que si lo precioso no fuese apartado de lo no tal, la concupiscencia local, no bastante de se temperar, sería demergida por curso muy ligero en un oscuro tragamiento. Por tanto, yo, Gracián de Berlanga, capellán de la serenísima Reina doña Isabel, nuestra señora, notario apostólico e arzobispal, afirmo e doy fe, que el año de la Natividad de Nuestro Redemptor e Salvador Jesucristo, de mil cuatrocientos y ochenta y cuatro, en diecinueve de noviembre, casi seis horas después de mediodía, por ruego e instancia de Juan de Biezma, rector de la Casa de doña [[María García]], entré en la dicha casa, para que notase lo que viese, y ansí notado lo guardase. Después pasados algunos días, aunque no muchos, quise demostrar lo que había visto al Reverendo, padre prior de la Sisla, fray Juan de Corrales, considerando aquel dicho del Eclesiástico, en el capítulo 41: ‘Que provecho hay en el tesoro escondido, etc.’ El cual dicho señor muchas veces me mandó que aquello que había visto que se lo diese por escrito; mas yo, por entonces, no pude satisfacer a su voluntad por muchos negocios que me cercaban e a ello no me daban lugar; aunque allende de lo tener escrito en el corazón lo tenía en mi protocolo hasta diez días de noviembre del año del Señor de mil cuatrocientos ochenta y seis. Y es, que, el dicho Juan de Biezma me metió en un palacio de la dicha casa, en el cual estaban los reverendos señores don [476] Pedro de Prejano, deán de Toledo, e don Diego de Villaminaya, capellán mayor en el coro de la santa iglesia de Toledo, e dos o tres religiosas de la dicha casa, e viendo en una cama que en aquel palacio estaba una doncella que verdaderamente parecía bulto de ángel, y tenía una llaga en el costado donde Nuestro Señor Jesucristo fue herido tan grande como un real, e no tenía hinchazón y carecía de toda putrefacción: tenía un color muy fino, ansí como grana, e después que todos lo hubimos mirado, a poco de rato habló aquella doncella estas palabras: ‘Dios Nuestro Señor os lo demande si no pusiereis aquello en ejecución’. Y ansí, espantado, me aparté de allí, e me torné a salir; en fe de lo cual lo signé y firmé de mi nombre que fue fecha en Toledo, año, mes, día quibus supra. Gratianus, notarius apostolicus”. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Cosas son estas ocultas y divinas; yo confieso que no sé qué decirme a ellas, aunque no faltan ejemplos harto parecidos a este en los Profetas del Viejo Testamento a quien Dios de hecho mandó profetizar y decir con sus mismas penas las cosas que quería reprender a su pueblo, y los castigos que por sus culpas quería darles. Mas esto es para otro lugar, que excede los lindes de historiador.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''CAPÍTULO XLVI'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Padece la sierva de Dios María de Ajofrín mucha parte de los dolores y tormentos que Nuestro Señor sufrió en su Pasión, y otras visiones admirables'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Pasados veinte días que bastaron para dar firme testimonio, en que sentía la sierva de Dios intensísimos dolores en el corazón, se cerró la llaga por sí misma, sin haberse puesto en ella ningún género de medicina, quedando allí una señal harto clara y visible de la herida, no en forma de cicatriz, sino como un rubí hermosísimo. No le cesaron por esto los dolores, hasta que después de muchos días Nuestro Señor la sanó del todo. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Estando así en la cama, porque la graveza del dolor no la dejaba fuerzas para levantarse, oyó un día las ruedas de las campanillas que tañían en la iglesia al tiempo que alzaban. Esforzose como pudo para levantarse y ponerse de rodillas delante de una imagen de nuestra Señora que tenía allí pintada en un papel, orando con hervoroso espíritu, y fue tan grande el dolor que sentía en las manos y en los pies, y tanto amortiguamiento de brazos y piernas, que hizo mucho en no dar dolorosos gritos; puesta en esta recia angustia, le pareció que le traspasaban la mano izquierda, y el dolor fue tan penetrante como si le atravesaran un clavo por ella. Puso luego el dedo pulgar en ella, porque las hermanas que allí estaban no le viesen la herida que de hecho Nuestro Señor le mandó dar, disimulándola después con revolverse un paño en la mano, y trajo esta llaga con harto intensos dolores más de cuarenta días, y quedó después la señal. Esta llaga no la mostró a nadie sino a su confesor fray Juan de Corrales, que afirma la vio por sus ojos; y porque Nuestro Señor sucesivamente regalando a su sierva quería sufriese los dolores que Él en su Pasión había sufrido, fuera del dolor gravísimo que siempre sentía en la cabeza desde el rompimiento primero, sintió un día súbitamente un dolor nuevo, tan vivo y tan agudo como si por el contorno della la metieran clavos [477] agudos ardiendo, y saltaron luego por todo el cerco gotas vivas de sangre. Duró esto muchos días, y poníanle las hermanas algunas cosas medicinales para mitigar la fuerza del dolor, aunque no servían de nada, porque heridas del Cielo no se curan con socorros de la Tierra. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Estaba el cuerpo de la tierna y santa doncella con todas estas tan amorosas y santas heridas y con la fuerza de los dolores muy consumida, y con todo eso, queriendo el Esposo Soberano hacerle mayores favores, y que el discurso de sus penas se fuesen retratando en ella, el primero día del año siguiente, que es su santa Circuncisión, le fue dicho que revelase y dijese lo que se le había  mandado a las personas que le habían señalado. Respondió la sierva de Dios que ella no podía hacer aquello porque era una criatura vil y desechada, y antes parecía burla y escarnio que testimonio de Dios, y que no lo haría. Acerca deste rehusar y escusarse desta santa, y de otros muchos que en la Santa Escritura hallamos haber hecho esto mismo, se ofrecía una excelente consideración; si las leyes de la historia nos dieran licencia para divertirnos a ella, no faltara ocasión donde decirla. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Luego a la noche, estando en oración fue arrobada en espíritu, y lleváronla delante del tribunal de un juez, que se mostraba con rostro y semblante airado y espantoso. Reprendióla duramente porque no quería obedecer a sus mandamientos, y mandola azotar a un ángel por inobediente; los azotes fueron tantos y tan duros, que le quedó todo el cuerpo magullado; alcanzábanse los unos a los otros, sin haber cosa que no estuviese como molida, aunque por de fuera ni se vían ronchas ni cardenales, porque la mano sutil del ministro desta justicia sabía lastimar lo de dentro, dejando la corteza santa. Este dolor y quebrantamiento le duró poco menos año y medio, callándolo la santa, sufriendo por el amor grande de su Esposo y Señor las heridas y azotes de su mano. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Acertó una vez que tenía la toca mal puesta y la hermana mayor quiso aderezársela; metió la mano por el cuello y las espaldas, hallola tan lastimada y magullada la carne, que, entendiendo ella se había puesto así disciplinándose, la reprendió mucho por hacer aquello con tanto exceso; la sierva de Dios confesó la verdad del caso, de que quedó maravillada, confirmándose ser así, porque sin mostrarse por de fuera señal alguna, tenía todo el cuerpo parejo de la misma suerte magullado, cosa que no se podía hacer con azotes de manos humanas. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Cuando estuvo la primera vez transportada por espacio de cuarenta horas, y recibió la llaga del costado, dijo la sierva de Dios que la llevaron por el purgatorio, donde vio penas y tormentos terribles, que no se pueden explicar con nuestra lengua, donde no se oían sino lloros, gemidos, gritos y alaridos temerosos, y figuras de animales extraños, fieros, espantosos, jamás vistos ni imaginados en la Tierra, y que con sola su vista bastaría a quitar la vida al más valiente. Dijo que vio muchas diferencias y maneras extrañas de gusanos, y estaba todo el suelo tan lleno de1los que apenas había dónde asentar el pie. Entre otros, vio uno del tamaño de una cuarta de vara, y de anchura de tres o cuatro dedos, cubierto de unas conchas de fuego y unas uñas fuertes y agudas;  deste gusano preguntó la santa al ángel que la iba guiando qué era, y la respondió que aquel gusano era el que llaman de la concien- [478] cia, que está oyendo el alma del cuitado pecador antes y después que acometa el mal, y después que el hombre muere es lo que más le atormenta, viéndose sin remedio y que estuvo tan en su mano no hacer el mal que la conciencia decía que no hiciese. Llegábase uno de aquellos gusanos, abierta la boca, y quiso morderla en el pie, si no se lo estorbara el ángel, y solo permitió que le tocase en lo bajo del dedo meñique: llegole con una uña y sacole un pedazo de la carne con excesivo dolor. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Pasando más adelante por aquel lugar del purgatorio, vio un clérigo que aún era vivo, cura de una iglesia a quien ella conocía, en una pena de gran aflicción. Tenía ceñida por el cuerpo una fiera serpiente de dos cabezas: con la una boca le roía el espinazo y con la otra el estómago; y junto d’él, un dragón espantoso, que tenía encima del lomo una esportilla, y en ella un niño que daba grandes gritos, demandando justicia al Señor de la pena que sufría y había de sufrir para siempre de no ver a Dios, por la culpa de aquel clérigo. Preguntó esta santa al que la guiaba qué era aquello, y respondiole que aquel niño no fue bautizado por culpa de aquel clérigo, que era su cura, y demanda a Dios justicia de un mal tan irreparable. Espantase mucho la sierva de Dios desto, y hizo oración por él, y sucedió que, estando él diciendo misa de allí a ocho días, en acabando de alzar, fue esta virgen robada en espíritu, y vio que aquel cuitado cura tenía ceñida al cuerpo una serpiente con tres cabezas: una le comía el corazón, la otra la lengua y la otra las espaldas, y el niño daba gritos delante d’él, y decía: “Por su causa no veo a Dios; por ti no recebí el agua del bautismo; por ti me quedé hijo de Adam y no llegué a tan gran bien como ser hijo de Dios, y no alcanzarás jamás perdón de tan grande cargo”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
De allí a poco más de a tres días, esta santa llamó al cura y le dijo todo lo que había visto, de que quedó el pobre hombre tan espantado que perdió el habla por más de media hora. Cuando ella le vio tan derribado, esforzole lo mejor que pudo, animándole a que hiciese penitencia. Él le dijo que se maravillaba mucho cómo había entendido cosas tan secretas, porque junto con aquello le había amonestado se enmendase de otros pecados muy graves en que ofendía mucho a Nuestro Señor. Conociolo él todo, entendiendo que Dios le había revelado a su sierva el estado de su alma. Después descubrió este sacerdote a la santa que, estando otro día diciendo misa, cuando volvió la hoja del canon vio en ella cinco gotas de sangre, y fue caso cierto que él murió de allí a cinco años, día de San Miguel. Rogó ella al Señor con gran afecto por el ánima de aquel clérigo y dos días antes de la fiesta de San Francisco, estando sola la santa, tuvo grande miedo, pareciéndole que estaba junto a ella un bulto grande y no sabía qué era, y el día del mismo santo, antes de amanecer, se le representó muy espantable y le dijo cosas extrañas, que habían pasado entre él y otra persona en secreto. Todo esto parece que eran tristes señales de su salvación y que hubo falta de verdadera penitencia: negocios secretos que se quedan para Dios. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Como el padre fray Juan de Corrales viese tantas y tan claras señales que estas cosas eran divinas y que no podía ya padecerse engaño en ellas, pues se habían hecho tantas pruebas y confirmaciones, y la causa era tan grave y importante, y tan para el servicio de Nuestro Señor,  como la enmienda de los vicios, pecados y herejías que en [479] aquella ciudad entonces se sembraban por los judíos y moros, cosas tan dignas de remedio, asegurose no podía ser que el demonio, adversario de Jesucristo, pretendiese por este ni por otro medio, el remedio dellas, pues según la sentencia del Señor no querrá dividir ni destruir su Reino. Ansí determinó de dar larga noticia y relación destos sucesos al arzobispo de Toledo, que a la sazón era el cardenal don Pero González de Mendoza. Díjole todo lo que había entendido hasta aquel punto de palabra, y dejole una relación que había escrito de todo ello. El arzobispo tornó atentamente a leer todo el discurso, y respondiole con esta carta: &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
“Venerable padre: &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Esta noche pasada, a las dos después de medianoche, tomé esta lectura que me dejastes y nunca la partí de mis ojos, hasta que capítulo por capítulo la pasé y leí toda, que en ella no quedó letra que no la leyese, y lo que más me maravilla es que ansí se me pegó al corazón que no dude della cosa alguna. Como quiera que soy tardío en dar crédito a estas revelaciones, y al cabo vi el testimonio del notario y la confirmación de los testigos, varones y mujeres, a quien toda fe debe dar y a cualquiera dellos yo la daría, aunque fuese solo, cuanto más a todos juntos, a los cuales yo conozco, excepto a la hermana mayor, que por tener el cargo que tiene está aprobada de suyo. Conozco bien al notario, que es hombre de bien, y digno de fe. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Maravíllome de tantas visiones en el cuerpo y en el espíritu, y maravíllome mucho más hallarse en mujer tanta dureza, en no querer decir lo que tantas veces vio y sintió, mayormente siéndole mandado por quien todo lo manda y rige, lo cual es señal de su grandísima humildad y del menosprecio que tiene de la gloria mundana. Por lo que a mí me toca, le dad vos padre por mí las gracias, y Dios Nuestro Señor se las dé, y la pena que padece le será en ciento doblada gloria; y si hay alguna cosa que yo pueda hacer por consolación suya, ofrécesela vos de mi parte muy enteramente, y recomendadme a ella, rogándole que me tenga encomendado en su oración, rogando a Nuestro Señor me deje acabar en su servicio y hacer en esta vida su voluntad”. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Recibió la sierva de Dios este recado del arzobispo y escribiole ella una carta; y sucedió que después de habérsela escrito una hermana, y notándola ella, queriéndola enjugar, porque no tenían salvados que echarle, llegáronla demasiado a la lumbre. Quemose parte della, de suerte que era necesario tornarla a escribir; la secretaria, que se llamaba Inés de San Nicolás, se afligió, porque la carta era larga. Díjole María de Ajofrín: “No se aflija hermana, vamos, que otro día se hará”. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Echó la carta en una arquilla que tenía. Volvió la escribana otro día para trasladarla, y al tiempo que la sacaron del arca, la hallaron sana, y la envió con el mismo padre fray Juan de Corrales. Recibió esta carta el Cardenal, aunque no supo lo que con ella había pasado, y respondiole desta manera:&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
“Devota y muy amada hermana: &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Con vuestra carta y con lo que el padre prior de la Sisla me dijo, hube gran consolación Nuestro Señor Dios, que os puso en tal estado, os deje acabar en su servicio, y a mí me dé gracia que pueda hacer su voluntad, y poner en obra lo que vos me aconsejáis, y ansí os pido que lo demandéis a Nuestro Señor  y a su bienaventurada Madre, y en vuestras oracio- [480] nes, y a vos me encomiendo, y porque al padre prior de la Sisla hablé largo, no digo aquí más, sino que Nuestro Señor os conserve en su gracia”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Como esta santa se trataba tan mal y hacía tantas penitencias, allende de los dolores que en si sentía de las llagas con que probaba los que el Señor había padecido por ella, caía enferma muchas veces. Estaba una cuaresma mala en la cama y deseaba entrañablemente comulgar. No osaba pedir le trajesen el Cuerpo del Señor, por no parecer singular. Con esto estaba grandemente afligida, y rogaba a Nuestro Señor,  con muchas lágrimas, se apiadase della y le diese salud para levantarse a oír misa y comulgar. A la hora del alba vio junto a sí un niño muy hermoso. Turbose la santa y no osaba llegarse hacia él, porque era de tan gran belleza que le ponía admiración, y se le turbó el habla. De allí a un poco, algo más esforzada y vuelta en sí, le preguntó con mucho temor si era señor San Miguel, de quien la santa era muy devota. El niño, con singular donaire y gracia, meneó la cabeza, como diciendo que no, sin hablarle palabra. Tornole a preguntar si era señor San Francisco y sonriose el niño, haciendo también semblante que no era. Preguntole algunas veces, con mucha reverencia, que le dijese su nombre, entonces le respondió: “Yo soy muy poderoso y mi nombre es de grande majestad”, y diciendo esto, llegose a ella, diole paz en el rostro, y púsole la mano en la cabeza y díjole: “Sana eres de tu enfermedad, levántate y irás a misa”. En diciendo esto desapareció, quedando la santa tan llena de alegría y de consuelo en el alma, que le pareció estaba como en gloria. Levantose y hallose sana de la enfermedad que entonces padecía y de un intenso dolor de cabeza, que estas eran enfermedades suyas, porque de los dolores que sentía en pies y manos, y en los otros lugares de las llagas, antes de allí adelante sintió más intenso dolor que nunca, porque la parecía que la lanzaban clavos por ellas, y, desde aquel día, sentía los viernes mayor dolor en todas estas partes, desde la mañana hasta después de vísperas. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El año de ochenta y cinco padeció otra enfermedad grave. Diéronle primero unas recias calenturas, y después en las octavas de la fiesta de nuestro padre San Jerónimo le sobrevino un dolor de costado muy agudo, echando por la boca cantidad de sangre, y ella, sin consejo de médicas, se atrevió a tomar unas píldoras con que llegó a punto de muerte. Y pareciole que se le arrancaba el alma de todos los miembros, y solo hacía asiento en el principio vital, que es en el corazón, donde siempre perseveraba la llaga, aunque por de fuera no había quedado sino la señal. Estando ansí, apareciole una mano que conocía en visión era del arcángel San Miguel, apretándole con ella el corazón y la llaga. Con el esfuerzo que con ella sintió pudo hablar, confesarse y recebir el Santo Sacramento, porque, como no había comido en muchos días y las evacuaciones de cámaras y sangre habían sido tantas, estaba de todo punto consumida. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Rogó a la hermana mayor que la llamasen al padre prior de la Sisla para que la confesase y diese los sacramentos. Era esto sábado. Venida la noche, estaba la santa pensando cómo había de recebir a Nuestro Señor muy alegre, porque entendía que había de partir de este mundo, y encomendaba con mucho hervor al Señor los dos monasterios, el de la Sisla y el [481] de doña [[María García]]. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Estando ansí, fue arrebatada en espíritu, y vio al religioso que le había de venir a comulgar que le decía misa, y cuando llegó a las palabras de la consagración, Nuestra Señora, que estaba en el altar, le daba el Niño que tenía en los brazos, y el sacerdote le dividía en tres partes, quedando en cada una alegre, vivo y entero. Había en el altar grande resplandor y los ángeles sustentaban al sacerdote por los brazos. Vio allí a las dos santas vírgenes: Santa Catalina y Santa Bárbara, llegáronse a ella y le dijeron: “Mañana, lunes, a las nueve horas, recebirás a Nuestro Señor en este resplandor que aquí ves y serás sana”. Ansí fue como las santas se lo dijeron. Vino el prior de la Sisla a confesarla y rogole mucho que no se tornase al monasterio hasta otro día, porque, si Nuestro Señor la llevase, se hallase presente a su muerte; y si aquella noche no moría, quedaría sana del todo, y ansí sucedió. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Queriendo recebir el Santo Sacramento el lunes de mañana de mano del prior, al punto que se volvió a ella con la Hostia en la mano para comulgarla, vio en el pecho y manos del prior un resplandor muy crecido y permitió el Señor que también lo viese una niña de hasta tres años, poco menos, que apenas hablaba y estaba allí con su madre, y dijo con palabras claras que vía en las manos del sacerdote y en la enferma una gran claridad que parecía el sol.  Y no la vio ninguna otra persona de las que allí estaban. En recibiendo el santísimo cuerpo de Nuestro Señor Jesucristo, fue robada en espíritu, perdió el sentido y quedó en un éxtasi soberano por espacio de nueve horas. Procuraron despertarla las compañeras contra el mandamiento del Esposo, que veda no quiten a su querida esposa deste sueño hasta que ella quiera despertar. Y vuelta en sí, abrió los ojos y dijo aquel verso y principio del salmo: “Benedicat anima mea Dominum, &amp;amp; omnia quoe intra me sunt nomini santo eius”. Y luego se halló sana de todos los dolores y enfermedades que antes padecía. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Pesole mucho de tornar a esta vida, porque tenía ardientes deseos de salir de la cárcel deste cuerpo. Importunábanle mucho que tomase algún mantenimiento, porque estaba muy flaca y había días que no comía cosa ninguna. No quiso, diciendo que no tenía necesidad, porque habiendo comulgado no le era cosa difícil sustentarse cuarenta días con sola la suavidad que aún corporalmente sentía. La vigilia de Navidad estaba esta santa enferma en la cama, porque casi nunca traía salud. Padecía a esta sazón grandes dolores en el cuerpo, y con todo se esforzó lo más que pudo, y aparejábase para comulgar. Sobrevínola tan gran dolor de cabeza, y padecía tan fuertes latidos y golpes en el corazón le parecía querérsele despedir el alma. Reconciliose, y fue a comulgar: decía la misa el capellán mayor de la Iglesia de Toledo, y cuando se volvió con el Santo Sacramento para dárselo, ella, con el fuerte deseo, lanzó un aquejoso suspiro y levantó las formas, de suerte que sin duda cayeran en el suelo, sino que vio cómo llegaron con gran presteza tres ángeles, y las detuvieron en la patena. Desde allí se tornó a la cama con tan intensos dolores en cuerpo como llena de suavidad en el alma. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Vino la noche, y cuando [482] oyó tañer a Maitines en las iglesias, ardía de devoción y deseo de hallarse en ellos, y esforzose como mejor pudo, no sufriéndole la devoción estar en tan santa noche del nacimiento del Señor en la cama. Levantose y fuese a la iglesia: estábase allí, puesta de rodillas, derramando lágrimas de sus ojos, contemplando aquel divino nacimiento. Vio cerca de la medianoche, con ojos corporales, de[s]cender un resplandor soberano en el altar, y a Nuestro Señor,  en figura y talle de niño más resplandeciente que el Sol, cómo nacía de la Virgen Madre, y cómo se derribó luego gran multitud de ángeles a adorarle y cantarle himnos de gloria. Duró esta adoración media hora; acabada, vio entrar los pastores muy alegres. Estuviéronse allí algún espacio y fuéronse, y de allí a un poco entraron los Magos de Oriente, y venían con ellos tres soles de grandísima claridad, y llegando al altar, le pareció que todos tres se hacía uno. Los reyes y todos los que con ellos venían adoraron con profunda reverencia al niño y le ofrecieron sus dones, y por este mismo orden vio los demás misterios que en el nacimiento de Nuestro Señor pasaron, porque duró la visión desde las doce de la noche hasta las tres de la mañana. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
A las tres vino el capellán mayor de la Iglesia de Toledo, con deseo de hacer algún servicio a aquellas siervas de Dios, y decir la misa primera de aquella santa noche y comulgarlas. Trajo consigo músicos de la iglesia para que la oficiasen. Al punto que salía vestido al altar, vio luego esta sierva de Dios dos antorchas de un fuego y resplandor extraordinario encima del altar, y de cada una salían cinco rayos que venían hasta ella. Celebrose la misa con grande solemnidad, y cuando comenzó Los Santos, vio descender sobre el altar tanta multitud de ángeles que cubrían al sacerdote desde los pies a la cabeza. Subían unos y bajaban otros con grandes muestras de extremada alegría y, cuando hubo de alzar, los mismos ángeles le levantaban los brazos; cuando llegó al Pater Noster, ya la sierva de Dios no se pudo sostener sobre las rodillas, y con el ansia y vehemencia del espíritu, cayó postrada en el suelo, aunque tenía el alma llena de un gozo divino. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Estuvo desta manera postrada hasta las doce del día, sin moverse de aquel lugar; dadas las doce estaba muy fatigada, porque había estado allí desde la diez de la noche. Levantáronla algunas de aquellas hermanas, y lleváronla a la cama, y a la tarde, por satisfacer a los ruegos dellas, comió un poco de carne de membrillo, y sin tomar otra cosa alguna pasó lunes y martes, y el miércoles comió solamente un huevo, donde se vía harto claro que el manjar divino la sustentaba contra toda la condición de la carne. De todo esto no descubrió cosa alguna a persona viviente jamás sino solo a su confesor, que era el prior de la Sisla, que le tenía mandado, por obediencia, no le encubriese cosa alguna de cuanto el Señor le mostrase. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''CAPITULO XLVII'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Prosiguen se las revelaciones y visiones grandes que mostró el Señor a su sierva María de Ajofrín, y las cosas señaladas que por ella hizo'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[483] Ya que me determiné a escribir la vida desta santa, acuerdo de decir las más notables cosas que Nuestro Señor le mostró, y las obras milagrosas que por ella hizo, aunque atrancaré algunas por no parecer menudo. El año de mil cuatrocientos y ochenta y seis, creció por el mes de diciembre con las continuas aguas el río Tajo en tanta pujanza que, en muchos días, no pudieron moler los molinos. Padecíase grande hambre por la falta de las moliendas Sintió la santa mucho la aflicción del pueblo. Estuvo una noche con gran desasosiego, que no podía dormir con la pena que esta falta de pan para los pobres le daba. Levantose de la cama, sin que alguna de las hermanas la sintiese; subiose a un terrado de donde se descubría el río, alzó sus ojos al cielo y echole su bendición, y tornose a un aposentillo secreto y apartado, donde estaban unas imágenes viejas, y púsose a orar extendiendo los brazos en forma de cruz, tendida en el suelo, pegando el rostro con la tierra. Era cerca de la medianoche, y oró al Señor y a su Santa Madre tuviesen por bien apiadarse de los pecadores y amansar el rigor de su ira. Sintió luego que estaba levantada en el aire, y de allí a un poco, vino una claridad que alumbró el aposentillo, y vio las imágines que allí estaban pintadas, tuvo miedo y comenzó a llamar al Señor en su ayuda. De allí un poco, vio otra más excelente claridad, y vio luego a la Virgen santísima, Nuestra Señora, con el semblante triste y el cabello revuelto y los ojos llorosos, y díjole a la sierva de Dios: “Sepas, hija, que todas las aguas que han caído por el discurso de tantos días habían de haber caído en tres, y la mayor parte dellas sobre esta ciudad, donde pereciera mucha gente por los grandes pecados que en ella hay, con que es mi hijo gravemente ofendido; y por las oraciones que has hecho por este pueblo al Señor y a mí, yo le presenté tus ruegos; por ellos se ha movido su clemencia y amansado su saña, y yo, por la piedad que tengo al pueblo cristiano, vengo a ti cual me ves”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Dicho esto, desapareció la visión, y la santa quedó como atónita, caída de rostro en el suelo, donde estuvo como amortecida y sin sentido algún rato. Levantose luego llena su alma de gran admiración y consuelo, alegre y confortada en el espíritu. No descubrió esto jamás a ninguna de sus hermanas. Comenzó luego a serenarse el suelo y a enjugar el aire. Cesaron los nublados y el río se tornó a sus canales, y hubo luego pan por las oraciones de la santa, aunque no sabía aquel pueblo de dónde le venía tanto bien, que ansí acontece muchas veces, y nosotros, como gente de poca fe, lo echamos a las conjunciones de la luna y a otros astros, habiéndonos dicho Dios que no temamos de las señales y estrellas del cielo, sino a los pecados que son la causa de los castigos que de allá nos vienen, y de aquí se había de tomar la razón de los reportorios y pronósticos que tan vanamente se han multiplicado estos años en España, quiera Dios no sepa a paganismo. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Uno de los que tenían mucha noticia de la santidad de María de Ajofrín era el deán de Toledo, que después fue obispo de Badajoz, y uno de los testigos de la llaga de su costado. Habló muchas veces con esta santa doncella, y entre otras le rogó una vez suplicase a Nuestro Señor pacifi- [484] case la discordia que había entre ciertos personajes de la Corte, porque de sus discordias se seguían grandes daños en el Reino y podían cada día ser mayores. Obedeció la santa a sus ruegos y púsose en oración una mañana en el terrado de aquella casa, antes que saliese el sol (era en las octavas de la Resurrección el año de ochenta y seis); estando allí, vía hacia aquella parte donde rehía el alba un resplandor extraordinario; cuando comenzó a despuntar el sol le estuvo mirando tan sin embargo de la fuerza de sus rayos, como si fuera otra estrella. Dentro del cuerpo solar, le pareció vía un agujero por donde se parecía lo de más adentro del Cielo, y de allí salieron grandes rayos de claridad a diversas partes, y dentro, una cruz de oro muy resplandeciente, que se la estuvo mirando hasta que tañeron a prima. Vido también en el aire, no muy apartado della, uno que le parecía del color de la luna, que peleaba contra otro. Pasado algún espacio, volviéronse los dos las espaldas y cesó la pelea. Subió a esta sazón una de las hermanas, y ella se levantó de donde estaba, y así no vio el fin desta visión, mas viose el efecto, porque aquellos personajes discordes desistieron de su enemistad y contienda, y vinieron a ser amigos. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Otra vez, estando rezando en un libro a una ventana que salía al aire claro, a hora de tercia, vio muy cerca de sí un rostro como de luna espantable y temeroso, y dentro de su cerco, dos que peleaban fuertemente, el uno contra el otro, y cayó mucha gente de sus escuadrones muerta. No pudo entender lo que aquello significaba, hasta que después vino la triste nueva de la prisión del Conde de Cifuentes, cuando le cautivaron los moros en las entradas del Reino de Granada, como se ve en la Historia de los Reyes Católicos. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Estaba una vez una de las hermanas de la misma casa poniendo a enjugar una saya en una pared donde alcanzaba el sol, subió en una escalera para clavar un clavo que llevaba para colgarla; llevaba un ladrillo para esto, cayósele de la mano y dio de canto en otra religiosa que tenía la escalera, y hízole una mala herida en la cabeza, de donde le corrió mucha sangre. Hallose cerca esta sierva de Dios y, condolida della, acudió luego, y con piedad y devoción púsole la mano en la herida, diciendo tres veces “Jesús”: hinchole la mano y los dedos de sangre, y apretándole un poco, bendíjola, y luego cesó la sangre, y sanó la llaga en breve espacio, sin ningún otro remedio ni medicina.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En el mismo pueblo de Ajofrín, corría un caballo, el hermano desta santa trabucó en la carrera, y dieron él y el caballero una peligrosa caída: con la fuerza del golpe se hizo la silla pedazos y el mozo quedó atormentado, de donde le sucedió un grande corrimiento y pasión de ojos. La madre d'él y desta santa estaba muy triste, porque había pocos días que había enterrado otro hijo; cuando le dieron la triste nueva de lo que a estotro le había acaecido, fue tan grande el dolor y la turbación que se le torció la boca y los ojos: era grande lástima verla. Dieron noticia a la santa de lo que había sucedido a su madre, y lastimase mucho de la desgracia. Fuese luego a un altar de Nuestra Señora, que su misma madre había mandado hacer, y rogó allí a la santisíma Reina fuese servida de darle salud. Tuvo respuesta dentro de su corazón de que su pe- [485] tición era oída, y díjoles a los que le trajeron la nueva dijesen a su madre que tuviese esperanza en Nuestro Señor, y le hiciese gracias por todo, que el domingo siguiente sería sana por merced de Dios. Ansí fue que, sin otra medicina, el domingo mismo quedó tan sana como antes estaba. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El mismo año de mil y cuatrocientos y ochenta y seis,  murió el cura o capellán de aquella casa, que se llamaba Juan de Viedma que, como dijimos, había confesado muchas veces a esta santa. El día de San Francisco sintió que estaba junto della un bulto que le ponía gran temor; quiso levantarse de donde estaba acostada y la sombra le habló y dijo: “Esforzad y no hayáis temor, ni os vais de aquí; y por la caridad del Señor os plega de oírme, porque seis noches ha que ando aquí penando, y por sentiros con tan grande desfallecimiento y no daros pena no me he osado descubrir. Pídoos perdón de muchos enojos que os di, y de aquella carta que os escribí, que fue causa de daros mucha pena y turbación en pago de las santas amonestaciones que me hicisteis, y de los buenos consejos que no supe recebir para el gobierno desta casa, y yo los despreciaba con altivez y atrevimiento, sin mirar que, como sierva de Dios, me decíades de parte d'Él lo que tanto me importaba; y también os pedí algunas veces, con gran soberbia, que mandásedes señales a Dios, y puso el Señor en mis manos lo que no eran dignos de ver mis ojos. Por esto, os digo que os esforcéis mucho y no dejéis de manifestar al Cardenal lo que os fue mandado que le dijeses, ni temáis trabajos temporales, ni el ser conocida, porque si no lo hiciéredes, seréis azotada del Señor rigurosamente, y porque no penséis que soy alguna ilusión o fantasma engañoso, sabed que yo soy el cura y capellán desta casa, que sabéis cuán poco ha que pasé desta vida, y os ruego digáis al padre prior de la Sisla, y a la hermana mayor que, por amor del Señor, me perdonen en cualquier suerte que los haya ofendido, y también tengan por bien perdonarme seis mil maravedís, que soy en cargo a esta casa, y un libro que vendí, y que me hagan decir cincuenta misas de limosna, y vos, rogad por mí, porque el Señor me saque desta pena. Dicho esto desapareció, y la santa quedó suspensa, y casi sin habla. Estuvo ansí cuatro horas poco menos, y después puso diligencia en que se cumpliese todo lo que le pidió, rogando a Nuestro Señor por su alma con ferviente corazón.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El día que murió el capellán mayor de la Iglesia de Toledo, don Diego de Villamiñaya, de quien he hecho memoria por veces, estaba toda la ciudad de Toledo muy triste por la falta que les hacía un hombre tan pío y limosnero, padre de todos. Gastaba cuanto tenía con pobres y huérfanas, y favorecía todas las casas de piedad y religión; y a la Casa de doña [[María García]] le cabía desta pérdida mucha parte por las continuas buenas obras espirituales y corporales que d'él recebían, porque era como un patrón y protector de toda aquella santa congregación. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Murió entre las diez y las once del día, al punto que estas siervas de Dios y la santa, María de Ajofrín, estaban en la misa. Cuando comenzaron a hacer clamor en la iglesia mayor, fue arrobada en espíritu la santa, y vio cómo San Juan Bautista y el sagrado dotor, nuestro padre [486] San Jerónimo, y Santa Catalina, llevaron el ánima del capellán mayor a juicio delante de la Divina Majestad, donde tenía su trono en un hermoso campo, lleno de frescura y gloria, donde había infinitas almas, dando loores al mismo Señor. Allí vio cómo fue acusado delante del juez de un cargo que tenía a un difunto que le había dejado por su testamentario, y no había cumplido su testamento. Respondió al cargo que él dejaba ordenado en su testamento que aquella obligación se cumpliese, y luego el juez soberano dio por sentencia que su ánima fuese detenida en aquel mismo lugar, y no entrase en la Gloria hasta que fuese cumplida y satisfecha la manda. Como la santa oyese esto, quedó como fuera de sí, llena de dolor mezclado con alegría porque, aunque estaba detenida aquel alma de no ver a Dios, estaba al fin con tanta seguridad de su bienaventuranza. No osó descubrir a ninguno esto, sino solo al prior, que le tenía mandado no le encubriese nada. Informose él mismo si quedaba esta manda en el testamento, halló ser ansí, y puso gran diligencia en que se cumpliese con presteza, cosa de que esta santa ninguna noticia tenía, sino que el Señor fue servido manifestárselo para el bien de aquel alma.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Cayó mala la hermana mayor del convento el día de San Lorenzo ''[6]'' de un dolor de costado que la puso en lo último, tanto, que los médicos la desampararon: levantósele el pecho y daban ya todos por concluida su vida. Sentía mucho nuestra santa la pérdida de su superiora, que era mujer santa y de prudencia y gobierno. Cuando la vio ansí, fuese a la iglesia a las ocho o a las nueve de la noche, y púsose a orar delante el altar de Nuestra Señora; y estuvo allí hasta las doce, rogando con muchas lágrimas a la santísima Reina fuese servida darle salud, porque no quedase ella desamparada de tan buena madre. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Estando ansí, en su importuna petición y lágrimas, vio que el rostro de la imagen se cubría de sudor; pensó que se le antojaba y que las lágrimas que ella tenía en los ojos le parecía que estaban en el rostro de la Virgen; para ver si era ansí, atreviose a llegar con su toca y limpiarle el sudor, y por tres veces hizo esto, de tal suerte que quedando la toca humedecida se lavó los ojos y la cara con ella; del placer que tomó, tornó con más confianza y alegría a rogar por la salud de la hermana mayor. Oyó luego una voz que le dijo: “Otorgada le es la vida, por tu consuelo y remedio”. En oyendo esto, quedó robada en espíritu y vio, estando ansí, al glorioso mártir San Lorenzo, en semblante de mancebo hermosísimo, vestido como diácono, con grande claridad y resplandor: llevaba en la mano una bujeta de oro, y llegose a la cama donde estaba la enferma y púsosela en la cabeza y en el costado, santiguola con su mano y luego se fue.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Cuando volvió en sí la sierva de Dios de aquel trasportamiento, fuese muy alegre a ver la enferma y halló que dormía reposadamente; cuando despertó se sentía tan aliviada de su aprieto, que le pareció no tenía mal ninguno, y ansí fue porque luego estuvo buena. Y claro está que dirían los médicos que la enfermedad se había terminado bien y que, por la ayuda de los medicamentos que la habían aplicado, la naturaleza había vencido al mal, y no les iría a la mano la que con sus lágrimas le había alcanzado la salud, porque, como virgen prudente, callaba, que es de locas ir a buscar el olio de los loores vanos del mundo.  Solo lo reveló a su [487] confesor, por la obediencia que le tenía puesta, de que hago muchas veces memoria, porque, si no fuera por ella, todo esto quedara sin saberse.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Estaba un hermano desta santa preso, harto apretadamente, con muchas prisiones.  Rogaba a Dios por él y encomendó otras hermanas que le ayudasen también con sus oraciones, pidiendo a la Virgen santísima, delante de su imagen, que le librase de aquel aprieto. Apareció al preso la imagen misma de la Reina soberana, y quitole las cadenas y grillos de los pies, y díjole que, por las continuas oraciones de su hermana y de otras siervas de Dios de aquel monasterio, sería libre de aquella cárcel. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Adurmiose el preso y, cuando despertó, hallose fuera de la cárcel y sin prisiones, y sanó de la hinchazón que tenía en un pie, por hierros apretados que había tenido. Vino al monasterio donde estaba su hermana, y contó el milagro, y en viendo la imagen la conoció, y dijo que aquella era la imagen que le había libertado; según el tiempo que señaló, se verificó que era al mismo punto que su hermana y las otras religiosas estaban orando por él delante de aquella imagen. Viendo tan extraña maravilla, se ofreció con promesa de traer cera para que ardiese todos los sábados delante della, en tanto que viviese. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
De allí a ocho o nueve años, viniendo un sábado a cumplir su voto, trayendo la cera a la imagen, súbitamente en el camino cayó muerto. Cuando su hermana lo supo, recibió notable tristeza y pena, por ser la muerte subitánea y sin recebir los Santos Sacramentos. Rogaba por él con muchas lágrimas a Nuestro Señor, y hízole decir las misas que pudo. Suplicábale a la santísima Virgen delante de aquella, su imagen, que pues vivo le había librado de aquella prisión y cárcel del cuerpo, muerto le librase de la cárcel eterna, y le mostrase si estaba en lugar de salud. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Estando una vez entre otras haciendo oración delante la misma imagen, el día octavo después que murió, a las dos horas de la noche, vio el rostro de la imagen más alegre que otras veces, y que le parecía como vivo, y como con semblante de quererle hablar. La santa, con el alegría que recibió desto, comenzó a derramar muchas lágrimas y comenzose a trasportar. Estaban allí con ella dos hermanas, y como sintieron esto lleváronla a la cama. Estándose allí con ella, con dos candelas encendidas, vuelta en sí, razonando con las compañeras, sintió a sus espaldas como un huelgo de persona, aunque muy fría. Como hablaba con las hermanas, no curó de volver a mirar qué era. Diole luego un espeluzamiento grande, y volviendo la cabeza, vio como un pedazo de nube obscura, y dentro, el rostro de su hermano con semblante alegre. Hablole y díjole cómo a la hora de su muerte se vio en grande aprieto, mas que Nuestra Señora vino y le ayudó a salir d’él. Declarole ciertas obligaciones que tenía, rogándole pusiese cuidado para que saliese dellas, y que estaba en penas de purgatorio detenido; diciendo esto, desapareció. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''CAPÍTULO XLVIII'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Otras muchas visiones y revelaciones de esta sierva de Dios, en que se mostró claro tener espíritu profético'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Fueron sinnúmero las visiones y revelaciones que esta sierva de Dios tuvo, y sin duda que se echa de ver [488] era de gran pureza y virtud, porque ninguna cosa destas la altivecía, ni se estimaba por eso en más, antes andaba siempre puesta en un continuo menosprecio de sí misma. Afirmaba la hermana mayor, que se llamaba Catalina de San Lorenzo, mujer de gran valor y prudencia, que ninguna religiosa igualaba a esta santa en cosas de humildad, y cuanto más el Señor la levantaba con sus favores y visiones maravillosas, tanto más se derribaba ella a los pies de todas. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Excelente prueba de todo esto tenía seguros y buenos fundamentos; decía también esta superiora que le pedía muchas veces esta santa que la reprendiese en capítulo los viernes y la mandase postrar a la puerta d’él, por que todas las hermanas la pisasen cuando entraban o salían. Era, junto con esto, pacientísima en las enfermedades continuas que padecía, caritativa y amorosa con las otras. Y lo que es más fina prueba de su santidad es tener por tan suyos los males ajenos, condolerse tanto de los otros, y sentir tan en el alma los daños comunes porque los altivos, soberbios y hipócritas todo lo hacen, y todo lo convierten en su gloria vana y en sus particulares intereses, que quien les mirare un poco a las manos presto les conocerá en palabras y en obras que se buscan a sí mismos, frutos por donde nos enseñó el Señor a conocer tan malas plantas, pues de las espinas y cambrones no se cogen uvas ni higos. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Hase visto también en este discurso, con mil ejemplos, que tuvo esta sierva de Dios espíritu de profecía y, para confirmación desto, pondré aquí algunos de los muchos que se escriben en la relación del padre fray Juan de Corrales, prior que también afirma que no los escribe todos. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Comenzose en aquel tiempo la Inquisición en la ciudad de Toledo, y descubrió esta sierva de Dios al mismo prior, que era uno de los que estaban señalados para el examen de los procesos de los herejes y judíos, grandes y extraños insultos que cometían, y otros particulares avisos y secretos que no era posible saberse sino por revelación divina. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El año de mil y cuatrocientos y ochenta y ocho, después de Pascua de Resurrección, estando un día orando en la capilla de su monasterio y pensando cómo se había hecho aquella tan admirable unión de la divinidad y humanidad en una persona del verbo eterno, vio bajar una luz muy clara y encendió el cirio pascual. Daba una luz tan excelente que recibía su alma notable consuelo, que fue mostrarle con aquel símbolo alguna cosa de lo que en su pecho trataba, como otro tiempo a Moisén el fuego que vio arder en la zarza. Estando aquel mismo año el Santo Sacramento en el altar en las octavas de la fiesta del Corpus, como se acostumbra en muchas casas de la Orden, estando las hermanas comiendo, quedose ella allí orando; buscábanla para que comiese, y retirose en un aposentillo que servía de vestirse allí los sacerdotes para decir misa, y orando con intensísimo afecto, sintiose levantada del suelo como una vara, y pareciole que salían de la custodia unos hilos de oro y llegaban hasta ella, y se remataban en sus manos, pies y costado, y desde aquel punto fue tan grande el deseo que tuvo de recibir a Nuestro Señor que le parecía se reventaba del pecho el corazón, y envió a rogar al prior, que estaba en la Inquisición, ocupado en las causas de aquel tribunal, que en todo caso viniese a confesarla y comulgarla, porque no tenía otro remedio el mal de su corazón, de que si se tardaba moriría. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El [489] prior se desembarazó lo más presto que pudo, fue allá y, en comenzando a confesarse, fue arrobada en espíritu. Mandole por obediencia que despertase y volviese en sí, y al punto tornó. Preguntole si tenía abierta la llaga del costado, como otras veces, y después de muchas importunaciones le confesó que sí, rogándole que no descubriese esto en tanto que viviese, y la maldición de Dios le viniese si no lo guardase. Acabose al fin de confesar y comulgó a las nueve de la mañana, y luego fue arrebatada en espíritu, y estuvo ansí hasta las seis de la tarde, y estuviera más si no le mandaran, por obediencia, recordar. Cuando volvió en sí, mostró el rostro alegre, como si viniera de algunos particulares gustos y recreos. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El prior tuvo gana de entender lo que había visto en aquel rapto; preguntóselo, y sintió grande pena en que la apretase para que se lo descubriese. Dijo al fin, compelida por obediencia, que la habían llevado a un campo fertilísimo, donde estaba un altar, y allí vio a Nuestro Señor cercado de muchedumbre de santos ángeles, y que allí vio la multitud de maldades y pecados que se cometían contra la bondad divina, y muy particularmente los que se hacían en la ciudad de Toledo. Y díjole también al mismo prior que tuviese buen ánimo y no desmayase en el servicio de Dios, porque había de padecer muchos trabajos y dolencias. De allí a pocos días que fue, en la Vigilia de los apóstoles San Pedro y San Pablo, se sintió malo y, en acabando de decir misa a aquellas hermanas, se fue a comer. Luego le dio dolor de costado y por no entristecerlas no quiso quejarse, ni decirles nada. Acabó de comer, y fuese luego a echar en la cama. Estando allí, se acordó de lo que la santa le había dicho, que había de padecer trabajos y dolencias, que tuviese buen ánimo, y corrido de haberse rendido tan presto, dijo entre sí mismo: “Los valientes soldados no han de morir en la cama”; diciendo esto, levantose y fuese a donde estaba la sierva de Dios. Comenzole ella a consolar y, sin que él lo viese, disimuladamente, le hizo una cruz con su dedo en las espaldas sobre el mismo manto que tenía cubierto, aunque sintió que le había tocado. Hízole luego otra vez la señal de la cruz en la misma parte; aquí ya sintió lo que había hecho, y como el prior era hombre entero y lleno de severidad, tuvo aquello por liviandad y alguna manera de atrevimiento, particularmente porque jamás le había visto hacer cosa semejante, porque certifica que nunca la había visto el rostro, por andar siempre muy cubierta con un mantillo. Llegó la tercera vez la santa, y hízole otra cruz y díjole: “Andad padre, que ya sois sano, aunque no por la virtud de vuestra fe, pues no solo no creísteis que os había de sanar, antes os reísteis y burlasteis de mí en vuestro corazón, y aunque es bueno y seguro y de hombres enteros no creer fácilmente, no es cordura burlar de la fe ajena”. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Sintiose luego aliviado del dolor, aunque para memoria le quedó por muchos días el amortiguamiento de la carne en el mismo lado. Díjole también a vueltas de aquellos días, estando allí con ella, que fuese presto a su convento, y remediase cierto daño que querían hacer unos mozos. Fue el prior, y con el aviso de la santa procuró hacer Inquisición de lo que había, con el mayor secreto y recato que pudo, y halló ser así, que querían cometer una travesura muy escandalosa. Despidiolos del convento, y ansí quedó remediado sin llegar al efecto. Tanta noticia le daba Dios de las almas ajenas. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[490] Luego, el mes de julio siguiente, le dijo al mismo prior otras muchas cosas de gran secreto. Entre otras, que Nuestro Señor Jesucristo se le mostró de la manera que le pusieron cuando le ataron y azotaron en la columna, en casa de Pilatos, y le dijo: “Mira, hija, cuál me ponen cada día los herejes, díselo al deán de la iglesia de Toledo y al prior de la Sisla, que entienden en los negocios de la Inquisición, porque pongan remedio en ello”. Ansí lo hizo, porque estas mismas palabras les dijo a entrambos juntos. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Mandáronle al Padre fray Juan de Corrales, prior de la Sisla, que fuese a hacer ciertos negocios de la Inquisición a tierra de Burgos. Era invierno y pasó en los puertos y en los caminos muchas aguas y nieves, viéndose algunas veces en peligro. Escribiole la santa una carta, consolándole y contándole por tan menudo los pasos malos, los peligros y los días más trabajosos, condoliéndose d'él con tanta puntualidad como si se hallara allí presente. &lt;br /&gt;
Un religioso de nuestra Orden, varón espiritual, tuvo gran deseo de hablar con esta santa por las muchas cosas que de su virtud y santidad había entendido; pidió licencia y, al fin, a cabo de algunos días, se la dieron. Vino a hablarla y a las primeras palabras le dijo la santa: “Bien sé, padre, que ha muchos días que trabajáis por hablar conmigo y la causa también de donde os nace, y sé también que tal día (señalándolo), escribisteis cierta escritura y no la acabastes, aunque os distes mucha prisa y la venistes a acabar a la noche”. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Maravillose el religioso de oír cosas tan secretas suyas, que entendía no las podía saber sino Dios y él. Preguntole cómo las sabía. Respondiole que todo lo había visto en espíritu. Estuvieron después platicando en cosas espirituales. Acabada la plática, cuando ya se quería partir, le dijo: “Padre, decid a tal religioso de vuestra casa (nombrándoselo por su nombre) que mire cómo anda, porque está muy atribulado y afligido en su espíritu, y si ha hecho cosa que no deba, pida perdón della, porque si esto no hace, jamás podrá salir deste trabajo en que está”. Sabía bien este religioso a quién ella decía esto, el trabajo y la aflicción en que el otro estaba, y aun a otros era harto manifiesta, y maravillose mucho cómo podía tener ella noticia de esto, y vio que, si no era por espíritu profético, no podía alcanzarlo. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Estaba a esta sazón el general de la Orden haciendo Inquisición contra unos religiosos del linaje de los judíos que habían recebido allí el hábito, hombres perversos y que pretendían más dañar y engañar a otros que hacer ellos la vida que profesaban de fuera, siendo perniciosísimos judaizantes enemigos de Jesucristo y que burlaban desvergonzadamente de los sacramentos, en especial de la Eucaristía y la Penitencia. Y entre otros testigos que fueron preguntados en la causa, fue esta sierva de Dios uno, y leí yo en el proceso un dicho suyo en que descubrió cómo, estándose confesando una vez con uno destos, no permitió el Señor que fuese engañada y le descubrió la burla y el escarnio que aquel fraile judío estaba haciendo de su confesión, poniéndose a oírla de confesión en una postura tan deshonesta que sola ella bastara para quemarle mil veces.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Estaba esta sierva de Dios otra vez comunicando con otro religioso de esta Orden, de gran ejemplo (aunque estas hablas eran muy raras y las más breves que ella podía, y solo con personas graves), y vino a decirle cómo conocía él un religioso de santísima vida, a quien Nuestro Señor hacía muchas mercedes, por la gran pu- [491] -reza de su alma. Preguntole ella quién era y cómo se llamaba, el religioso no se lo quiso decir porque el otro le había rogado que, en tanto que él viviese, ni descubriese cosa suya a hijo de hombre. Entonces ella le dijo: “Pues, padre, bien se yo cómo se llama y quién es: lllamase ansí (y nombrole), tiene mucha parte con el Señor, por ser verdadero religioso, y tiene un alma muy puesta en lo que toca al servicio de Dios y de los hermanos”. Maravillose de oírle esto, preguntole cómo lo sabía, y díjole que Nuestro Señor se lo había revelado allí, porque él no se lo quiso decir. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Estando otra vez elevada en espíritu, vio cómo sacaban el Santo Sacramento de la iglesia mayor, con grande acompañamiento, para comulgar a un enfermo, y llegose a ella un mancebo vestido de ropas blancas y en un caballo blanco, y díjole con palabras airadas: “Corre, ve y di a los clérigos que se tornen con el Sacramento a la iglesia, porque aquel enfermo a quien se le llevan es hereje”. Fue ella y díjolo a uno de aquellos que ella conocía, y respondiole él: “Calla, no oses decir tal cosa que nos matarán a todos”. El del caballo blanco se llegó y le dijo: “No tengas miedo y di en todo caso se torne el Santo Sacramento a la iglesia, porque aquel hombre es un pernicioso hereje”; y vuelto a la santa le dijo: “En señal que lo que te digo es verdad, verás hoy en la misa destilar sangre de la Hostia”; y los que llevaban el Santo Sacramento se tornaron a la iglesia, y ella vio después, estando oyendo misa, la Hostia llena de sangre cuando la levantaba el sacerdote, para que la adorase el pueblo; esto pasó todo en espíritu.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Estaba esta santa una vez rezando en el oratorio y tenía allí dos librillos por donde leía algunas devociones, y rogole a una hermana que le trajese la imagen de un niño Jesús que estaba en el altar de Nuestra Señora. Tenía el niño una ropita larga que le habían hecho las religiosas. Trajósele y tomole ella con grandísima devoción; púsole encima del libro, y allí le estaba adorando con grandísima ternura, derramando gran copia de lágrimas a sus pies. Fue la santa a cabo de un grande rato a alcanzar la ropilla para besarle los pies y el Niño alzó el pie como si fuera vivo, para que pudiese besárselo; besósele ella con grandísima ternura y quedose el pie ansí alto, que jamás se tornó a bajar, cosa que la vieron todas las religiosas con grande admiración, aunque como prudentes jamás quisieron mostrarlo a nadie, porque no las juzgasen por vanas y fáciles en estas cosas. Tenía esta sierva de Dios una postema en uno de los ojos, que le daba notable pena. Puso el pie que levantó el Niño encima d’él y, al punto, se abrió y fue sana a vista de todo aquel convento de religiosas. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El mes de julio de mil y cuatrocientos y ochenta y nueve entró la peste en la ciudad de Toledo. Fue herida una de las hermanas de aquel convento, que se llamaba Sancha Díez, sobrina del vicario de la Sisla de Toledo. Queríanla mucho las otras, y rogáronle a esta sierva de Dios que hiciese oración por ella a Nuestro Señor. Estaba a la sazón rezando en un libro, púsose luego en oración por ella, ansí como estaba sentada, y vio súbitamente una calavera de difunto encima del libro. Volviose a las hermanas y díjoles: “No os fatiguéis por su salud, el Señor quiere llevársela, veis aquí su calavera”. Y ansí fue, que de allí a muy poco murió.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Un canónigo de la Santa Iglesia, hombre espiritual y devoto, enfer- [492] mó gravemente; súpolo la santa y, entendiendo que era persona espiritual, hizo oración por él a Nuestro Señor,  y enviole de secreto una granada con una mujer de la misma casa. Recibiola el canónigo con devoción, sabiendo quién se la enviaba comió della y, al punto, estuvo sano y bueno. Levantose y fue a hacer muchas gracias a Nuestro Señor,  porque había oído las oraciones de su sierva y dándole salud.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Estaba otra vez esta santa, en la fiesta de Nuestra Señora de septiembre, enferma y padeciendo con larga paciencia sus continuas dolencias; tenía entonces una esquinencia o angina peligrosa en la garganta y, como vio que las otras hermanas iban al oficio divino, y se levantaban a Maitines y habían de comulgar a la misa, afligiose, viéndose privada de tantos bienes espirituales y que no podía acompañarlas en tan santas estaciones. Estando ansí con estas ansias en la cama, un poco antes que tañesen a Maitines sintió gran dolor y ansia en su corazón. Tañeron luego y ella, no pudiendo sufrirse, comenzó a hablar con la Santísima Virgen Madre, y díjole: “Virgen gloriosa, madre de mi Señor, amparo de los que te llaman y en ti esperan, no soy digna de estar en la compañía de mis hermanas, ni gozar de los Maitines, ni de comulgar con ellas, mas tú por tu misericordia usa conmigo de tus continuas misericordias”. En diciendo esto vino una claridad del Cielo sobre ella y, al punto, se sintió sana. Levantose y fuese a Maitines con las otras siervas de Dios, y comulgó otro día con ellas, con grande admiración de todas, sabiendo la hinchazón grande que tenía en la garganta.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
No acabaría si menudease en la infinidad de visiones y revelaciones que esta sierva de Dios tuvo, pues apenas comulgó vez que no fuese elevada sobre sí y le demostraba Dios grandes secretos. Bien veo que es una extraña manera de proceder y fuera del curso ordinario que ni lo alcanzan nuestras reglas ni discreciones; y que nunca se allanó tanto Dios con sus mayores profetas según lo que hallamos escrito en el texto sagrado, mas yo refiero, como dije al principio, lo que otros han dicho, y aun no tanto, porque son infinitas las cosas deste jaez. Estas que he referido fueron las más públicas y que palpablemente vieron muchos. Aunque algunas se refieren aquí, y otras he callado que, o no las entendieron bien o no las escribieron como ella las reveló, y ansí parece que tienen algunos inconvenientes, especialmente en las visiones imaginarias, que las relaciones no se aciertan a hacer como ello se demostró en lo secreto del alma, y muchas cosas no se sabe cómo fueron, y ansí padecen muchas dudas y dificultades que se salen mal dellas, y la mejor solución es decir que no se entendían bien o se refirieron mal. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''CAPÍTULO XLIX'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''La muerte de la santa María de Ajofrín. Y algunos de los muchos milagros que Nuestro Señor obró por ella después de su muerte'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Llegó el tiempo deseado para esta santa en que Nuestro Señor quiso sacarla deste mundo y llevarla al descanso de su gloria porque, aunque recebía por una parte singulares y altos consuelos de [493] ''[7]'' la mano del Señor, por otra la afligía y labraba con muchas angustias y enfermedades, principalmente con el ansia de verle y gozarle sin enigmas y sin velo, que es la cosa que más aflige el alma de los que, en esta vida, han comenzado a gustar la suavidad de aquel siglo bienaventurado, como lo deseaba el Apóstol, porque el peso y la carga deste cuerpo es gran estorbo para aquellos puros y divinos sentimientos y alborozos del alma. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Cayó, pues, enferma el mes de julio, el año de mil y cuatrocientos y ochenta y nueve, cuando andaba en lo más vivo la peste en la ciudad de Toledo, aunque no le tocó a la santa, sino de otra enfermedad ordinaria se la llevó Dios, el sábado diecisiete del mismo mes, a las tres de la mañana, habiendo estado con la misma quietud que si estuviera durmiendo. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Enterráronla aquel mismo día, a hora de Vísperas, en el capítulo del Monasterio de la Sisla, porque, como dije en otra parte, se enterraron mucho tiempo las religiosas de San Pablo en el Monasterio de la Sisla. Al tiempo que falleció, se sintió en todo el convento un olor de gloria, y todas las hermanas afirmaron que era cosa tan extraordinaria que parecía estaban gozando las flores del Paraíso. Comenzó luego Nuestro Señor a sellar con infinidad de maravillas la santidad de su sierva, para que con ellas se entendiese que los avisos que, por medio della, había dado al pueblo y principalmente a los sacerdotes descuidados, eran verdaderos, de autoridad y importancia, y que para siempre se estimasen en mucho y tuviesen reverencia y devoción a la santa.&lt;br /&gt;
 &lt;br /&gt;
De muchos diré algunos en este capítulo, si pudiese con ellos despertar la tibieza desta religión a que tuviese en más sus cosas y procurase levantar la memoria desta santa y la de otros muchos que se han criado en el encerramiento de sus claustros, que con tanta razón pudieran ponerse en los calendarios de toda la iglesia. &lt;br /&gt;
Luego como pasó desta vida a la eterna esta santa, adolecía un canónigo de Toledo con unas fiebres continuas, que poco a poco le iban consumiendo; los médicos hacían sus diligencias (que muchas veces valdría más que no las hiciesen): sangráronle y diéronle una y otra purga. Vino al fin a términos que le querían dar la Extremaunción, porque no se terminaba la dolencia, ni daba señal alguna de salud. Él, viéndose en este extremo y deseando guardarse para otra vez, deseando más tiempo para hacer penitencia, envió por todos los monasterios que le dijesen misas y le encomendasen a Dios. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Tenía noticia de la santidad y vida de María de Ajofrín, cómo Nuestro Señor había hecho por ella, aún viviendo, muchos milagros. Envió a la Sisla de Toledo a los religiosos que le encomendasen muy de veras a aquella sierva de Dios que tenían en su compañía. Hiciéronlo y aquella noche le apareció la santa, prometiéndole sanidad y amonestándole que de allí adelante pusiese mucho cuidado en mejorar la vida. Cuando despertó, pareciole que se sentía muy aliviado, entendió que aquello no había sido sueño, sino veras. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Entraron a la mañana los médicos y los de su casa para darle cierta bebida con que descargase algo la malicia de la fiebre. No quiso tomarla, diciendo que él se sentía sin necesidad y que le diesen de comer, porque no era día de los que los médicos llaman críticos para tan notable mudanza. Comió con buen semblante y gana: levantose luego y envió a la Sisla, en reconocimiento de la me- [494] dicina que de allí le había venido, un cirio grande y una cabeza de cera, para que la colgasen delante la sepultura de la santa, y luego, de allí a poco, vino él y dijo misa en hacimiento de gracias. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El mismo año le dio una grave enfermedad de fiebres continuas a don Alonso, hijo de la Condesa de Paredes, que también era canónigo de Toledo, y tan recio dolor de cabeza que se le saltaban los ojos. Apretábale de tal suerte el mal que se tuvo por cierta su muerte. Andaba la fama de los milagros de la santa ya por toda la ciudad y crecía la devoción en ella. El canónigo y la condesa, su madre, enviaron a pedir a los religiosos afectuosamente rogasen por él a la santa. Hiciéronlo ansí, y junto con esto le enviaron una almohada que llevaba puesta debajo de la cabeza cuando la llevaron a enterrar. Pusiéronsela encima y luego se sintió sano, con gran admiración y aplauso de todos. Levantose de la cama y fue a la Sisla. Tuvo allí novenas, haciendo infinitas gracias a Nuestro Señor. Ofreció una figura de cera y una casulla para que dijesen misa. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Estaba en San Jerónimo de Madrid, que entonces se llamaba del Paso, un fraile lego que se llamaba fray Gabriel, de Cuacos, junto a Plasencia; hízosele una hinchazón en un ojo muy peligrosa, tanto que trataban de abrírsele con un botón de fuego con harta duda que le había de perder. Temiendo el fraile lo uno y lo otro, y teniendo noticia de las maravillas que Nuestro Señor obraba por su sierva María de Ajofrín, encomendose a ella, rogándole con mucha devoción, pues socorría a tantos, le ayudase en aquel aprieto, porque estaban ya para darle el botón de fuego. Sintió luego el socorro de la santa. Resolviose la hinchazón milagrosamente sin ninguna medicina, con una presteza milagrosa, quedando el ojo sano y claro. Sucedió luego que este religioso fue a su tierra, y halló a una su hermana tullida de una pierna. Contole lo que a él le había acontecido encomendándose a esta santa y, dándole noticia de los muchos milagros que hacía, refirió el que habría obrado con él. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
La hermana concibió luego grande fe y esperanza que había de sanar por los méritos de esta santa, pues había ansí acurrido a su hermano. Rogole con muchas lágrimas se apiadase della y le sanase su pierna. Tenía allí una niña de seis a siete años, y díjole: “Niña, tú también me ayuda, ruega a esta santa que me sane”. Hincose la niña de rodillas y puso sus manecitas rogando lo que le decían que hiciese; caso de extraña maravilla, que antes que se acabase la oración, fue sana de todo punto con grandísimo regocijo de todos cuantos estaban presentes; viendo milagro tan palpable, rompieron en voces de alabanzas divinas. Envió luego al monasterio dos piernas de cera y otro rollo grande della, en testimonio desta maravilla y de su agradecimiento.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Sucedió luego, tras esto, que llegó esta mujer a un pueblo que se llama Jarayz, que está allí junto; y fue a visitar a un hombre honrado del pueblo que se llamaba Francisco Díaz, primo hermano del capellán del mismo pueblo, que se llamaba Martín Díaz. Estaba el hombre muy enfermo, y tanto que le habían oleado. Tenía la candela en la mano, poco menos muerto. El capellán estaba muy angustiado porque quería mucho a su primo; díjole la Juana Martínez, que ansí se llamaba la hermana del fraile: “Señor capellán, bien sabéis cuán mala y cuán perdida estaba yo desta pierna”. Contole los milagros que la santa había hecho con [495] ella y con su hermano la sierva de Dios, María de Ajofrín, y otras muchas maravillas que Dios había obrado por ella, conforme se las había referido su hermano, y persuadiole al enfermo y al capellán hiciesen voto que, si Nuestro Señor por intercesión de aquella santa le diese sanidad, que irían a visitar su santo cuerpo. El clérigo respondió: “Yo soy pecador y no merezco que Nuestro Señor me haga tan señalada merced, mas yo prometo, si le da salud, de llevarle a visitar su santo sepulcro en estando para ello”. Caso admirable: apenas había acabado de hacer el voto cuando el enfermo cobró evidente mejoría y luego, en breve, fue sano, y vinieron entrambos a cumplir su voto, ofreciendo cierta cantidad de cera, y el capellán dejó en el Monasterio de la Sisla un testimonio firmado de su nombre, en que refiere todo el discurso destos tres milagros. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Una beata de la tercera regla de San Francisco, llamábase Juana de San Miguel, estaba afligida de un zaratán que se le había hecho en una teta; había cinco años que andaba en manos de físicos y no la habían dado remedio alguno; el último que querían intentar, porque se le canceraba y corría riesgo de la vida, era cortársela; venían en ello los médicos, no sabiendo qué hacerse. Juntábase con esto una calentura que le había sobrevenido del dolor y de la corrupción del pecho, al fin estaba ya como hética y sin ninguna esperanza de remedio humano. Llegó a su noticia la fama destas maravillas que la santa hacía, y cobró alguna esperanza de sanar por su intercesión: fuese a la Sisla y, al punto que entró en el capítulo donde estaba enterrada la sierva de Dios, sintió un olor celestial que salía, a su parecer, de aquella parte donde estaba la sepultura. Llegose con mucha devoción y lágrimas, y postrose sobre la misma sepultura, rogando a la santa la socorriese en tan gran necesidad: oyó la santa su ruego, y fue de tal manera, que antes que de allí se levantase se sintió sana de todos sus males. Maravilla evidentísima que provocó a muchos a hacer a Nuestro Señor infinitas gracias. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Otra cuitada mujer natural, también de Toledo, padecía el mismo mal de pechos, y había llegado tan adelante su trabajo que le habían dado en ellos algunos botones de fuego y puéstola en el artículo postrero de la vida; llegola a visitar un hombre honrado, contole los milagros desta santa y leyole parte de su vida, que ya se publicaba por toda la ciudad; concibió la afligida mujer grandes esperanzas de salud; hízose llevar a la casa de doña [[María García]], donde la santa había vivido, porque a la Sisla era imposible llegar, que muriera en el camino. Llegada allí, encomendose a ella, sacáronle las hermanas unos paños que habían sido de la santa, pusiéronselos en los pechos y, al punto, reventaron las postemas, y luego del todo sanó sin otra medicina. Y desta manera hay infinidad de maravillas que nunca acabaría si las quisiese referir por menudo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Como se multiplicaban los milagros tanto, y la fama crecía por todo el Reino, pareció a muchas personas devotas era cosa justa que el cuerpo de la santa fuese trasladado del capítulo donde le habían puesto a la iglesia del monasterio, donde tuviese lugar más decente y el pueblo pudiese gozar más cómodamente de llegar a su sepultura; los que más [496] de veras trataron esto fueron la Condesa de Fuensalida, y el clavero de Calatrava y don Alonso de Silva. Hablaron al prior, fray Juan de Morales, y propúsose al convento, y vinieron todos en ello con mucha voluntad; viendo cuán manifiestamente el Señor se señalaba en engrandecer a su sierva, don Alonso de Silva trajo una arca guarnecida por de dentro de seda, en que fuese puesto el cuerpo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El año de 1495, a veinte y cinco de abril, poco menos seis años después de su muerte, abrieron la sepultura, estando presentes todos estos señores y otras muchas personas principales, y gente devota, y los religiosos del convento. En descubriendo el santo cuerpo, salió un olor celestial que puso alegría, admiración y consuelo en todos.  Manaba dellos un licor, como de aceite, que también despedía de sí una fragrancia suavísima. Viendo esto el prior, mandó tañer las campanas; pusiéronlos en el arca, y con mucha lumbre de hachas y cirios llevaron en el arca el santo cuerpo, cantando el himno Te Deum Laudamus, y otras antífonas alegres; la Condesa de Fuensalida había hecho labrar un sepulcro a su costa en el cuerpo de la iglesia a la mano derecha. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Estaba la tierra muy necesitada de agua, pidieron a Nuestro Señor,  por la intercesión de su sierva, tuviese por bien socorrerlos, porque los panes se iban ya a perder, y luego llovió en gran abundancia, entendiendo todos que, por los méritos desta santa, Nuestro Señor se apiadaba dellos. Tuvieron el cuerpo sin enterrar en la iglesia trece días, porque era tanto el concurso de la gente y los que venían atraídos de la devoción que pareció así justo para cumplir con ella. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Obró también allí el Señor muchas maravillas por su santa. El Conde de Oropesa envió a su hija y a su hijo para que velasen en la iglesia al sepulcro desta santa, y los criados que venían con ellos afirmaron que entrambos habían estado muy enfermos, que la hija había llegado al punto de la muerte; teniéndola ya sus padres por muerta, la encomendaron con mucha devoción a esta santa, y a entrambos les dio salud. Ofrecieron una imagen de plata, y una palia rica para el altar, una cruz bordada muy rica, y tres imágenes de cera, en testimonio y gratitud del beneficio recebido.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Llegó también luego un hombre de Jarayz, que se llamaba Santos Fernández, que estando a la muerte y oleado se encomendó como pudo, dentro de su corazón, a esta santa, y recibió luego salud repentina y de todo punto milagrosa. Vinieron él y su mujer luego a cumplir el voto, y dieron testimonio dello delante de muchas personas. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
No quiero alargarme más en referir milagros; una cosa diré que me parece lo confirma todo, por ser la única prueba que Dios nos dejó para conocer los verdaderos profetas y distinguirlos de los falsos, que ninguna cosa dijo esta santa haber de acaecer que no viniese como lo dijo y profetizó.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Sucedió luego la peste que hemos dicho; hubo también notable carestía de pan, que morían las gentes de hambre, y viose en España en aquellos tiempos, la primera vez, aquel afrentoso y endiablado mal de las bubas, que entonces y muchos años después (hasta que ya le hemos domesticado) fue muy temido y con razón. Donde se cumplió el amenaza que Dios hizo a su pueblo por esta su sierva, y los cuchillos que vio en la boca de Dios y el ángel que hería con azote y con espada [497] y con cuchillo. En el mismo estado nos vemos ahora, en este año de 1599, poco más de cien años después de la muerte desta santa, pues casi no hay pueblo en Castilla que no esté herido de peste, y el hambre alcanza ya a todos, y no nos despiertan de nuestras culpas los continuos azotes del Señor, señal que ha llegado nuestra dolencia a poco menos que insensibilidad y dureza, plegue a Él que no sea señal de reprobación. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
=== Notas ===&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[1]'' En el texto original figura como “ansillos”, lo corrijo como errata probable.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[2]'' Se repite el capítulo XLIV en el texto, por lo que todos los capítulos que editamos de la vida de esta santa, desde el presente, cuentan con un número más que en la edición de Sigüenza empleada, corrigiendo la errata. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[3]'' Figura en el texto original como “sentase”, corregimos la posible errata.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[4]'' El apellido del capellán o cura de la casa, Juan de Velma, varía a lo largo de la narración de la vida de María de Ajofrín, ya que este figura como Biezma en este mismo capítulo, página 475, y como Viedma, en el capítulo XLVII , página 485.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[5]'' El apellido de Diego de Villaminaya es modificado en la narración de la vida de esta santa más adelante, pues aparece como Diego de Villamiñaya en el capítulo XLVII, página 485. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[6]'' En la edición aparece como San Lorencio.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[7]'' Figura como la página 494.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
= Vida impresa (5)=&lt;br /&gt;
Ed. de [http://visionarias.es/equipo/maria-aboal-lopez/ María Aboal López]; fecha de edición: octubre de 2020; fecha de modificación: junio de 2021.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
== Fuente ==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
* [http://catalogodesantasvivas.visionarias.es/index.php/Categor%C3%ADa:Francisco_de_Pisa Pisa, Francisco de], 1605. ''Descripción de la Imperial Ciudad de Toledo e Historia de sus antigüedades y grandeza y cosas memorables que en ella han acontecido, de los Reyes que la han señoreado y gobernado en sucesión de tiempo, y de los arzobispos de Toledo, principalmente de los más celebrados''. Toledo: Pedro Rodríguez, Imprenta Real, fols. 275r, 276v.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[[Contexto material del impreso Descripción de la Imperial Ciudad de Toledo e Historia de sus antigüedades]] ''y grandeza y cosas memorables que en ella han acontecido, de los Reyes que la han señoreado y gobernado en sucesión de tiempo, y de los arzobispos de Toledo, principalmente de los más celebrados''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
== Criterios de edición==&lt;br /&gt;
Aunque esta vida forma parte de una enumeración de santos y, por tanto, no es propiamente una hagiografía, la recogemos aquí para que quede constancia de su inclusión en esta obra del siglo XVII.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Se adoptan los criterios de edición de vidas impresas estipulados en el Catálogo, es decir, se moderniza la ortografía (b/u/v, j/g, chr/cr, qu/cu, empleo de h, etc.), las sibilantes y se eliminan las consonantes geminadas. El uso de mayúsculas y minúsculas se moderniza, así como la acentuación y la puntuación, que se adaptan a las actuales. No obstante, se ha mantenido la escritura de “monesterio”. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==Vida de María de Ajofrín==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Capítulo XXXVI'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[Libro Quinto] &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[Fol. 275r] '''Catálogo o lista de santos propios de esta ciudad de Toledo'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[…]&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[Fol. 276v] […] María de Ajofrín, monja del monesterio de San Pablo de Toledo, y su cuerpo está enterrado en el de la Sisla, a la mano derecha del altar mayor, donde es visitado y venerado por muchos, y ha Dios obrado por ella milagros y dado sanidades: falleció año de mil y cuatrocientos y ochenta y nueve.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
= Vida impresa (6)=&lt;br /&gt;
Ed. de [https://visionarias.es/equipo/maria-gonzalez-diaz/ María González-Díaz]; fecha de edición: septiembre de 2025.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
== Fuente ==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
* [http://catalogodesantasvivas.visionarias.es/index.php/Categor%C3%ADa:Blas_Franco_Fernández Franco Fernández, Blas], 1675. ''Vida de la Venerable Sierva de Dios María de Jesús, natural de Villa-Robledo, de la Tercera Orden del Seráfico Padre S. Francisco, virgen extática, prodigiosa, admirable, en favores que Nuestro Señor la hizo''. […] Tomo primero. Madrid: por Ioseph Fernández Buendía, pp. 454-455.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
== Criterios de edición==&lt;br /&gt;
El fragmento sobre María de Ajofrín aparece en el capítulo diecinueve de la vida sobre la religiosa María de Jesús (1625-1653), que elabora el escrito murciano Blas Franco Fernández en 1675. Este fragmento es mencionado en la vida que escribe sobre la jerónima Francisco de Ajofrín en el siglo XVIII, la cual también está editada en el ''Catálogo de Santas Vivas'' (vida manuscrita 3).&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Se adoptan los criterios de edición de vidas impresas estipulados en el ''Catálogo'', es decir, se moderniza la ortografía (b/u/v, j/g, chr/cr, qu/cu, empleo de h, etc.), las sibilantes y se eliminan las consonantes geminadas. El uso de mayúsculas y minúsculas se moderniza, así como la acentuación y la puntuación, que se adaptan a las actuales.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==Vida de María de Ajofrín==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Capítulo XIX'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[449] […] '''Refiérense algunos ejemplos de donde consta haber concedido Nuestro Señor a algunas siervas suyas el singular favor de la impresión de sus llagas'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[454] […] No es razón que pasemos silencio haber concedido Nuestro Señor este especialísimo don a la gloriosa virgen María de Ajofrín, natural de dicha villa, religiosa del glorioso Padre San Jerónimo en el antiguo convento de San Pablo de la ciudad de Toledo, [455] que por ser esta santa nuestra paisana y estar tan cerca su cuerpo, como es en el muy religioso y observanto monasterio de la Sisla, fuera ingratitud el dejar de hacer memoria de este prodigioso caso. Habíasele aparecido Nuestro Señor a esta bendita virgen y mandole dijese de su parte al arzobispo de Toledo viniese por sí mismo a poner remedio en cinco pecados públicos que había en dicha ciudad, por los cuales era este divino Señor gravemente ofendido. Y los pecados eran: falta de fe, demasiada codicia de las cosas del mundo, lujurias y sensualidades, ignorancia de las cosas divinas y poca reverencia en ellas, y que no permitiese dicho arzobispo se dijese misa en casa de personas seglares porque había tanto exceso que ya cualquier hombre particular quería le dijesen misa junto a su cama, cosa de grande escarnio y menosprecio de las cosas sagradas. Hizo esta santa virgen de la manera que pudo esta diligencia, pero no fue creída. Y así apareciéndosele Cristo Nuestro Señor, le dijo: ‘Para que seas creída, se te dará esta señal del Cielo: que este cuchillo que está en la boca de Dios traspasará tu corazón y hará en él una llaga de donde saldrá sangre viva, que será verdadero testimonio a todos, y tú serás participante y como un trasunto en quien se vean las llagas y los tormentos que el Hijo de Dios padeció en su Pasión’.&lt;/div&gt;</summary>
		<author><name>Anaritasoares</name></author>	</entry>

	<entry>
		<id>http://catalogodesantasvivas.visionarias.es/index.php?title=Quiteria_de_San_Francisco&amp;diff=712803</id>
		<title>Quiteria de San Francisco</title>
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				<updated>2026-05-22T06:49:07Z</updated>
		
		<summary type="html">&lt;p&gt;Anaritasoares: /* Criterios de edición */&lt;/p&gt;
&lt;hr /&gt;
&lt;div&gt;[[Category:Santas_Jerónimas]]&lt;br /&gt;
[[Category:Toledo]]&lt;br /&gt;
[[Category:Ana_de_Zúñiga]]&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[[Archivo:Logo CSV letras(4) DianaSanmartin.jpg|derecha|Quiteria de San Francisco|link=]]&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
{| class=&amp;quot;wikitable&amp;quot;&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Nombre || Quiteria de San Francisco&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Orden || [http://catalogodesantasvivas.visionarias.es/index.php/Categor%C3%ADa:Santas_Jerónimas Jerónimas]&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Títulos || Procuradora y tornera del Monasterio de Jerónimas de San Pablo de Toledo&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Fecha de nacimiento || Hacia 1513&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Lugar de nacimiento|| [http://catalogodesantasvivas.visionarias.es/index.php/Categor%C3%ADa:Toledo Toledo]&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Fecha de fallecimiento|| Hacia 1583&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Lugar de fallecimiento || [http://catalogodesantasvivas.visionarias.es/index.php/Categor%C3%ADa:Toledo Toledo]&lt;br /&gt;
|}&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
= Vida manuscrita=&lt;br /&gt;
Ed. de [https://visionarias.es/equipo/maria-del-mar-cortes-timoner// Mar Cortés Timoner]; fecha de edición: septiembre de 2025; fecha de modificación: noviembre de 2025.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
== Fuente ==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
* [http://catalogodesantasvivas.visionarias.es/index.php/Categor%C3%ADa:Ana_de_Zúñiga Zúñiga, Ana de]. Ms. A.J.T º. San Pablo, I libro 33, 1881, pp. 358-368.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[[Contexto material de la Biografía conservada en el anónimo libro custodiado en el Monasterio de Jerónimas de San Pablo]] con la signatura A.J.Tº. San Pablo, I libro 33.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
== Criterios de edición ==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Biografía conservada en el libro custodiado en el Monasterio de Jerónimas de San Pablo con la signatura A.J.Tº. San Pablo, I libro 33. La composición se atribuye a la monja jerónima Ana de Zúñiga (Toledo c.1540-1594) y fue copiada, en 1881, en el citado libro manuscrito. El texto aparece, según la paginación de la fuente (que contiene varios errores), en las páginas 348-358, que hacemos corresponder (siguiendo los criterios de numeración de la edición) con los números 358-368. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Dada la fecha de la copia manuscrita, la transcripción actualiza el empleo de las letras mayúsculas, la separación o unión de palabras, pero conserva “a el” y “de el” (que alterna con “del”) y la escritura de los números. Asimismo, siguiendo las normas de la RAE, se moderniza la puntuación y la acentuación. Por último, se han subsanado las diversas erratas y, además, se ha regularizado el empleo de “h”, la oscilación vocálica “e/i” (“dirimos”) y el uso de las siguientes grafías:  b/v, c/z, c/d, d/z, g/j, n/m, n/ñ, r/d, t/d, r/rr, r/l, s/x, y/ll.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
La biografía de Quiteria de San Francisco se incluye en el catálogo porque se relaciona con una de las diez vidas editadas en el florilegio de Alonso de Villegas que se relacionan con la autoría de Ana de Zúñiga y el correspondiente Monasterio de Jerónimas de San Pablo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==Vida de Quiteria de San Francisco==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[358] ''[1]'' Grande contento dan, y mucho animan y esfuerzan, los soldado[s] viejos en un  ejército y compañía bien ordenada. Y así, es un sumo contento, en un convento de religiosas como aquí tratamos, ver que hay antiguas y ancianas que sean a las de menor edad ejemplo y motivo para imitarlas, bebiendo de sus benditos pechos la suave leche de la do[c]trina religiosa y o[b]servante. Tal fue la madre Quiteria de San Francisco, dando pasos toda su vida de bien a mejor por un camino real, muy agradable a los hombres y muy acepto ''[2]'' a Nuestro Redentor, que dijo: “Aprender de mí, que soy manso y humilde de corazón” ''[3]''. Estas virtudes fuero[n] en ella tan naturales y tan impresas en su ánima que, dejándolas crecer y no ahogándolas con vicios contrarios, la guiaron suavemente a la vida eterna como dignas del premio a quien voluntariamente las ejercita.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Fue esta madre natural de Toledo, hija de padre[s] muy si- [359] ervos de Dios. Y de sus ascendientes afirman que eran unas gentes todas justas y muy cristianas, y así lo fue ella como por natural y planta de tan buenos árboles. Vinieron a la religión en esta santa casa de San Pablo ella y una tía suya, la cual se llamó Isabel ''[4]'' de la Conce[p]ción, de la cual queda dicho arriba y en este mismo libro ''[5]'' que fue de grande sinceridad, como vimos. Y su sobrina le pareció en esto bien y en otras cosas que allí se refieren. La enseñó la tía, que era muy hábil en lo que tocaba a el coro, cómo leer y cantar. Tenía tan buen sentido en el canto que, con ser muy poco lo que sabía, ayudaba mucho. También ayudaba en el canto de órgano con voz sonora y de cuerpo que acompañaba bien en el coro. Alcanzó mucho tiempo a la madre Mari García que, para criar e instruir en toda virtud y santidad, tenía don de Dios.&lt;br /&gt;
[Quiteria de San Francisco] hizo profesión en el año de mil quinientos veinti y ocho. Y del siglo a la religión vino de catorce a quince años, y así parece que vivió en ella setenta años y algo más. Diremos cómo los empleó refiriendo algunas de las muchas virtudes que tuvo. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En la obediencia [360] fue de tanta prontitud, y con tanta&amp;lt;n&amp;gt; sinceridad, que entiendo que sus buenas obras fueron acer[tadí]simas ''[6]'' y muy meritorias ante el Señor. Todo lo que la mandaban hacía con singular agrado y contento de sus prelados. Decía de ella una madre que fue muchos años priora que, donde quiera que ponía a Quiteria de San Francisco, venía y encajaba muy bien, y muy a el propósito de los oficios, haciéndolos todos con gran ejemplo y con gran caridad. Fue procuradora, tornera de la escala y compañera, y todos los demás oficios de la casa sino fue priora y vicaria. En la santa religión no hay oficio vil, ni bajo, antes todos son muy calificados si se hacen por la obediencia, pues por ella se gana el Cielo. En grandes cosas vive el buen obediente, no teniendo cargo ni cuidado de nada, poniendo su propia voluntad en la de su prelado, para que así pueda darse más libremente a el espíritu. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Fue humilde, mansa y de gran sosiego y quietud. Y así, tenía siempre verdadera paz, sujetando su voluntad a la de Dios, conformándose con su Divina Majestad en los bienes y en los males. Se despreciaba a sí misma, y todo lo que desasosiega debajo del Cielo, [361] poniendo toda su esperanza en solo Dios. Era diligente en obrar bien, en sufrir trabajos, recibiéndolo todo como venido de la mano de Dios, con igualdad de ánimo, deseando agradarle y vivir en paz. Su silencio y callar que naturalmente tenía la ayudaba[n] para la paz del corazón. Con el callar se atajan muchas contiendas, guerras y porfías; la muerte y la vida están en las manos de la lengua. Muchas [son] que tienen excusa en el callar y guardan la lengua, y tienen paciencia, que es árbol precioso y q[ue] produce ''[7]'' de sí la paz.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Con tan buenos y tan firmes fundamentos como de suyo son las virtudes que de esta sierva de Dios tenemos dicho que son: humildad, mansedumbre, obediencia y paz, bien podemos ya tratar de la&amp;lt; s &amp;gt; más excelentes de la&amp;lt; s &amp;gt; virtudes que es caridad, porque amó a su Criador con todo su corazón, en donde halló más consolación, suavidad y deleite que en todo el mu[n]do junto se pueda gozar, porque todo el mundo no puede dar ni una sola gota de gozo. Y así, con razón amó a su Criador, que está ''[8]'' cerca de todos los que le llaman. Como amaba a Dios, hallaba sua- [362] ''[9]'' vidad en todas las cosas que a veces la daban molestia. Vencida ''[10]'' de este amor, no era su corazón cautivo del amor de las vanidades del mundo. Como buena amadora, no se cuidaba de otra cosa sino solo lo que a Dios pertenecía y de lo que sabía que a Él daba gusto. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Con el prójimo era muy piadosa, inclinada a hacer bien a todos, y muy amiga de proveer a los pobres con la limosna que podía. Como naturalmente era pobre de espíritu&amp;lt;d&amp;gt; y también lo era de bienes temporales, pero parecía que todo la venía a la mano como lo era menester, en todo parece q[ue] tenía una seguridad y posesión sin pleitos ni demandas, y así es que lo que quería, tenía, y lo que no quería, no tenía. Dichosa la pobreza voluntaria, porque ella abre las puertas del Cielo. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En sus devociones y oraciones fue siempre muy co[n]stante, nunca las dejaba por muy ocupada que estuviese. Era muy devota del Santísimo Sacramento y de la Santa Pasión del Señor. Rezaba cada día sus oficios; para esto, tenía un muy pobre libro hecho y cosido de su mano, aumentado con muchas oraciones y devociones; y este era su tesoro y sus cuentas [363]. No tenía más libros ni curiosidades ni preguntas, en lo cual la criaron desde niña, y en lo mismo acabó. Lo que más fijo tuvo en su corazón era Aquel q[ue] por ella y por todos estuvo fijo en la cruz. En esta memoria hallaba grandes tesoros celestiales; aquí hallaba: caridad, humildad, paciencia, obediencia y todas las virtudes. Este era el libro y compañero de su peregrinación, adonde tenía su lec[c]ión ordinaria, y, así, no procuraba de buscar otra escuela. Verdad es que no la daba lugar su santa rudeza y natural sinceridad a que investigase y adquiriese curiosamente vivezas, sin las cuales podía pasarse contenta con solo lo que es necesario saber, que es servir y amar a Dios, para lo cual tenía bien cumplida razón y entendimiento. No condeno con esto a las que con más latitud salen y se mueven con agudeza de ingenio, mas deseo que se excusen demasías y que no se procure saber más de lo que conviene a religiosas, recogidas y mortificadas, firmes y muy fundadas en las cosas que nuestra santa religión nos enseña a creer y a obrar, conforme siempre a lo que nuestra santa madre la [364] Iglesia cree y tiene.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Volviendo a decir de la devoción que esta bendita madre tenía, era de tanto sosiego y de un paso tan llano, y de una manera ''[11]'' siempre, que ni de su boca ni semblante pudimos entender los gustos secretos que en ella pasaban; de entender es que una alma tan sincera y tan amiga de Dios, y que tanta devoción tenía en todos los misterios sobredichos con tanta constancia y tanto[s] años, que no pasase sin algún gusto interior que fuese como prenda y muestra de su amor. Las lágrimas las tuvo siempre en grande abunda[n]cia y mucho más en sus últimos años. Como era tan buena, todas la&amp;lt; s &amp;gt; amábamos y la decíamos la “abuela”. Y ello lo ría mucho y gustaba de ello, como si fuera una niña de tres años. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Enfermedades tuvo pocas, aunque las pocas fueron graves. La sacaron dos zaratanes, pero acudieron a buen tiempo de manera que quedó sana. Tuvo perlesía aunq[ue] no tan trabada ni ligada que no anduviese toda la casa. Y tuvo la llave principal de la escala hasta que cayó en la cama para no levantarse más en esta manera. El viernes por la noche se acostó ''[12]'' es- [365] tando buena para dormir y de me&amp;lt; i &amp;gt;dia noche arriba, día de San Sebastián, la dio la perlesía en el lado izquierdo. Y luego, a la mañana, visitándola muchas religiosas, la hallaron como embelesada en el aspecto, mas bien entendía lo que le decían y respondía, aunque con trabajo, porque tenía la boca y lengua impedida[s] por la perlesía, pero las hermanas la entendían. Por orden del médico se confesó, y la dimos el Santísimo Sacramento y la extremaunción.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Ya hemos llegado a lo que será en mano del que lo leyera creerlo o [no] creerlo, pero no usaremos de esta libertad los que vimos y conocimos su gran virtud y bondad y verdad, de que siempre fue acreditada. El caso es que la mañana que amaneció con la perlesía, visitándola todas las religiosas y preguntándola que qué sentía y cómo estaba, ella respondió a todas y las dijo que San Sebastián, a quien tenía mucha devoción, la había aparecido y la había tomado de la mano, y la había dicho que se confesase, y que [un] viernes había de morir. A mí me lo dijo también. Y cada uno lo tomaba como la parecía, y todas hacíamos conversación de ello, pero ella siempre, por [366] to[do] el tiempo que después vivió, lo contaba de la misma manera. Su confesor se lo preguntó, y afirmó que era verdad. Y, desde entonces, quedó perlática de aquel lado, y estuvo en la cama cinco meses, sin oírla quejarse, ni de noche ni de día; y tenía muy bien de qué, estando toda llagada, reventada y quebrantada de la cama continua. Todo este tiempo pasó con grandísima paciencia, con un rostro y aspecto i&amp;lt;n&amp;gt;nocentísimo que a todas nos ponía en admiración. Parecía una criatura de dos años. Y quien no la conocía, le pareciera que estaba sin sentido, mas no era así, antes entendíamos, y nos parecía, que estaba algo más viva en el entendimiento que cuando tenía salud. Pedía los sacramentos con la frecuentación que solía estando buena, y los recibía con lágrimas y mucha devoción.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Seis o siete días antes que muriese la dieron calent[u]ras muy recias y dolor de costado, y la perlesía la ligó del todo. Y comenzó de veras allegarse su término. Jueves, en la mañana, se aumentó su traspassamiento, ''[13]'' y expiró a las cinco de la tarde con un gran sosiego y sin agonizar, más que dos o tres boquea- [367] das que dio. Aquí concurren algunas cosas de notar, y son que, como era devota del jueves por el Santísimo Sacramento, y de el viernes por la Pasión del Señor, vino a morir entre los dos días. Y podemos decir que murió el viernes porque aquella noche la velaron y en viernes la enterraron. Tenía tanta devoción a el viernes que lo guardaba como el día del domingo, y se pasaba todo el día en el coro delante del Santísimo Sacramento, y no hacía labor. Le ayunó muchos años a pan y agua, y más hubo aquel viernes, que fue la fiesta de los innumerables mártires de quien tenía singular devoción. Y expiró la tarde antes después de ser dichas sus vísperas, cuya fiesta celebran en San Pablo, con vísperas y misa, aunque no rezamos de ellas ''[14]'' en el Romano ''[15]''. Llegado ya el término [de] si es ida o no es ida, la cantaron las monjas el ''Pangue Lingua [16]'' en su tono solemne. Y algunas religiosas oyeron músicas suavísimas, más divinas que humanas. Y alguna&amp;lt; s &amp;gt; fue que entró en el dormitorio, espantada y turbada, preguntando y diciendo: “Señoras, ¿qué es esto que oigo que me parece que son vihuelas ''[17]'' de arco [368] que no sé cómo explicarme?”. Lo mismo oyeron otras por aquí a el rededor. Una enfermera lo cayó en su cama, otra estando en la cocina, un fraile de la Sisla, que, causalmente, estaba en la portería de San Pablo, y dijo que había oído una música concertada, pero que había pensado que era de hombres por allí cerca. De manera que todas la oyeron a un mismo tiempo. Las personas que lo oyeron fueron más de seis de buen crédito. Y todo es creíble a los que conocimos su bondad y santidad. Un hermano tiene en la Santísima Trinidad, todo como ella, y ha sido ministro muchas veces y tenido en mucho. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Dichosa ánima que moras en el Cielo, morada no hecha de mano humana, sino por el mismo Dios, donde siempre alabarás a tu Criador, y le darás gracias por tan grande beneficio como te hizo para que gozases de Él para siempre, amén ''[18]''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Su muerte de esta bendita madre fue el día ''[19]'' veinti y uno de junio del año de mil y quinientos ochenta y tres, teniendo de edad setenta años, pocos más o menos ''[20]''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''Laus Deus, amen''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
===Notas===&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[1]'' El epígrafe que presenta la ''vida'' expone: “Historia de la sierva de Dios y devota religiosa Quiteria de San Francisco”.  &lt;br /&gt;
Posiblemente, esta biografía fue la que influyó a Alonso de Villegas para componer su breve relato en torno a Quiteria de San Francisco (para la Adición a la Tercera parte de su florilegio) que puede leerse en el Catálogo de Santas Vivas: &amp;lt;https://catalogodesantasvivas.visionarias.es/index.php/Quiteria_de_San_Francisco&amp;gt;&lt;br /&gt;
Véase: M. Mar Cortés Timoner, “La autoridad espiritual femenina en la Castilla bajomedieval y su reflejo en el Flos sanctorum de Alonso de Villegas”, Dicenda. Cuadernos de Filología Hispánica, vol. 39 (2021), pp. 25-35. DOI: &amp;lt;https://revistas.ucm.es/index.php/DICE/article/view/76403&amp;gt;.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[2]'' Corregimos “acecto”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[3]'' San Mateo 11, 29: “Tomad mi yugo sobre vosotros y aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón, y encontraréis descanso para vuestras almas”. Véase, Sagrada Biblia, Conferencia Episcopal Española, Madrid, 2025. &amp;lt;https://www.conferenciaepiscopal.es/biblia/nuevo-testamento-mateo/&amp;gt; [septiembre 2025].&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[4]'' Está escrito “Isaber”. La vida de esta religiosa se halla editada, también, en el Catálogo de Santas Vivas:  https://catalogodesantasvivas.visionarias.es/index.php/Isabel_de_la_Concepci%C3%B3n&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[5]'' Aparece copiada en las páginas 239, 240 y 241 del libro A.J.T ª. San Pablo, I libro 33 y se ha editado en el Catálogo de Santas Vivas:  &amp;lt;https://catalogodesantasvivas.visionarias.es/index.php/Isabel_de_la_Concepci%C3%B3n&amp;gt; [septiembre 2025]&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[6]'' Se ha transcrito la palabra incompleta como “acertadísimas” teniendo en cuenta el sentido de la oración.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[7]'' Se ha transcrito “prodice” como “produce”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[8]'' Está escrito “es la cerca”, que se corrige por “está cerca” teniendo en cuenta el significado de la oración.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[9]'' Por error en la paginación, se repite en la parte superior la cifra “351” (que, además, debería ser “362”). La siguiente página, en cambio, está numerada como “353” (y la hacemos corresponder con el número 363 según los criterios de numeración seguidos para la presente edición).&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[10]'' Está escrito “rencida”, que hemos corregido por “vencida”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[11]'' Está escrito “marera”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[12]'' Se ha corregido la palabra escrita: “agosto”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[13]'' Está escrito “pasatienpo”, que se ha corregido por la palabra “traspassamiento” (con el sentido de “fallecimiento”). Véase: REAL ACADEMIA ESPAÑOLA: Banco de datos (CORDE) [en línea]. ''Corpus diacrónico del español''. &amp;lt;https://corpus.rae.es/cgi-bin/crpsrvEx.dll?MfcISAPICommand=buscar&amp;amp;tradQuery=1&amp;amp;destino=1&amp;amp;texto=traspassamiento&amp;amp;autor=&amp;amp;titulo=&amp;amp;ano1=&amp;amp;ano2=&amp;amp;medio=1000&amp;amp;pais=1000&amp;amp;tema=1000&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[14]'' Se subsana la errata “ellos”. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[15]'' Posiblemente se expone que no rezaron oraciones que se hallan en el libro litúrgico conocido como Breviario Romano. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[16]'' Himno eucarístico escrito por santo Tomás de Aquino para celebrar la festividad del Corpus Christi.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[17]'' Siguiendo los criterios de edición, se ha actualizado la escritura de “viguela”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[18]'' No acaba de leerse bien la posible palabra “amén”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[19]'' Está escrito “did”. Se ha subsanado la errata.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[20]'' Se ha corregido la errata en la palabra “monos”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
= Vida impresa =&lt;br /&gt;
Ed. de [http://visionarias.es/equipo/maria-del-mar-cortes-timoner// Mar Cortés Timoner]; fecha de edición: diciembre de 2019; fecha de modificación: octubre de 2020.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
== Fuente ==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
* Villegas, Alonso de ''Addicion a la Tercera Parte del Flos sanctorum: en que se ponen vidas de varones illustres, los quales, aunque no estan canonizados, mas piadosamente se cree dellos que gozan de Dios por auer sido sus vidas famosas en virtudes...'' Toledo: por Juan y Pedro Rodríguez hermanos, 1589.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[[Contexto material del impreso Addicion a la Tercera Parte del Flos sanctorum]] ''en que se ponen vidas de varones illustres, los quales, aunque no estan canonizados, mas piadosamente se cree dellos que gozan de Dios por auer sido sus vidas famosas en virtudes...''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
== Criterios de edición ==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El relato aparece a partir de la impresión de 1589 de la Adición de la Tercera Parte del ''Flos Sanctorum'' (cuya primera impresión está fechada en 1588) de Alonso de Villegas. Se integra en el apartado 193, que está dedicado a [[María García]] y [[María de Ajofrín]] y destaca la ejemplaridad de religiosas relacionadas con el convento de jerónimas de San Pablo de Toledo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Se siguen los criterios establecidos en el catálogo para fuentes impresas pero se han mantenido las contracciones. Además, para facilitar la localización de los textos, se indica el folio (r-v) y la columna correspondiente (a-b).&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==Vida de Quiteria de San Francisco==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[Fol. 66r col. a] Quiteria de San Francisco fue natural de Toledo, hija de padres muy virtuosos. Vino a la religión de catorce años en el de Cristo de 1528 y vivió hasta edad de setenta muy en servicio de Dios.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Era obedientísima a su perlada, y decía della una que lo fue muchos años que adonde quiera ponía Quiteria de San Francisco venía y encajaba muy al proprio. Conformábase mucho con la voluntad de Dios, despreciábase a sí misma, era muy callada, que ayuda para la paz del corazón. En todo parecía una segura posesión sin pleitos ni demandas: lo que no quería no tenía y tenía cuanto quería. En sus devociones y oraciones era muy constante, nunca las dejaba por muy ocupada que estuviese. Era muy devota de la Santa Pasión y rezaba cada día su oficio. Y para esto tenía un pobre libro hecho y cosido de su mano en que había diversas oraciones: este era su tesoro y sus cuentas sin tener otras. Diole [fol. 66r col. b] perlesía en el lado izquierdo noche de San Sebastián; y visitándola a la mañana estaba como embelesada, mas bien entendía y respondía, entendiéndola con dificultad por tener la boca y la lengua impedida con aquel mal. Confesó y recibió los Sacramentos por orden del médico y dijo muy en su sentido que San Sebastián, con quien tenía particular devoción, le había aparecido, asidole la mano y dicho que se aparejase para un viernes. Cada uno tomaba esto como le parecía. Estuvo paralítica ''[1]'' en la cama cinco meses padeciendo graves dolores aunque con singular paciencia, y murió jueves por la tarde. Veláronla aquella noche y fue sepultada viernes. A la hora ''[2]'' de su muerte se oyeron en su celda músicas maravillosas y dulcísimas, oyéronlo algunas monjas y andaban como espantadas preguntando: “¿Dónde estaba aquella música de vihuelas de arco?”. Oyola una enferma en su cama lejos de allí y otra en la cocina y un fraile de la Sisla que acaso estaba en la portería de San Pablo. Fueron seis personas, todas de crédito, las que lo oyeron a un mismo tiempo y de una misma manera. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
La muerte desta sierva de Dios fue en 21 de junio, año de 1584 ''[3]'', todo lo dicho es del lugar alegado y casi por las mismas palabras que allí se refieren.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
=== Notas ===&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[1]'' Está escrito “parlatica”: término no documentado en CORDE. En el ejemplar B- 50/5/11 de la Biblioteca de la Universitat de Barcelona, que responde a una impresión de 1595, se mantiene la palabra.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[2]'' Está escrito “hrao” pero, en la mencionada impresión de 1595, se ha corregido por “hora”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[3]'' En el margen derecho se lee: “Año de 1584.”&lt;/div&gt;</summary>
		<author><name>Anaritasoares</name></author>	</entry>

	<entry>
		<id>http://catalogodesantasvivas.visionarias.es/index.php?title=Mar%C3%ADa_de_Ajofr%C3%ADn&amp;diff=712802</id>
		<title>María de Ajofrín</title>
		<link rel="alternate" type="text/html" href="http://catalogodesantasvivas.visionarias.es/index.php?title=Mar%C3%ADa_de_Ajofr%C3%ADn&amp;diff=712802"/>
				<updated>2026-05-18T14:30:07Z</updated>
		
		<summary type="html">&lt;p&gt;Anaritasoares: /* Vida impresa (4) */&lt;/p&gt;
&lt;hr /&gt;
&lt;div&gt;[[Category:Santas_Jerónimas]]&lt;br /&gt;
[[Category:Toledo]]&lt;br /&gt;
[[Category:Francisco_de_Pisa]]&lt;br /&gt;
[[Category:Fray_José_de_Sigüenza]]&lt;br /&gt;
[[Category:Juan_de_la_Cruz]]&lt;br /&gt;
[[Category:Blas_Franco_Fernández]]&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[[Archivo:Maria de Ajofrin-sombras-Final-D-Yellow-L(1).jpg|derecha|María de Ajofrín|link=]]&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
{| class=&amp;quot;wikitable&amp;quot;&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Nombre || María de Ajofrín&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Orden || [http://catalogodesantasvivas.visionarias.es/index.php/Categor%C3%ADa:Santas_Jerónimas Jerónimas]&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Títulos || Beata del Convento de San Pablo de Toledo&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Fecha de nacimiento || Hacia 1455&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Fecha de fallecimiento || 1489&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Lugar de nacimiento || Ajofrín, [http://catalogodesantasvivas.visionarias.es/index.php/Categor%C3%ADa:Toledo Toledo]&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Lugar de fallecimiento || [http://catalogodesantasvivas.visionarias.es/index.php/Categor%C3%ADa:Toledo Toledo]&lt;br /&gt;
|}&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
=Vida manuscrita (1)=&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Ed. de [http://visionarias.es/equipo/celia-redondo-blasco/ Celia Redondo Blasco]; fecha de edición: julio de 2018; fecha de modificación: febrero de 2025.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==Fuente==&lt;br /&gt;
[[Archivo:I María de Ajofrín.jpg|250px|right|Manuscrito|link=]]&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
* Escorial. C-III-3. fols. 192r – 231v.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[[Contexto material del manuscrito de El Escorial, MS c-III-3]]&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==Criterios de edición==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Se trata de una copia manuscrita del siglo XVI. Al tratarse de un testimonio único se ha optado por unos criterios de edición conservadores. &lt;br /&gt;
* Se puntúa y acentúa siguiendo las normas establecidas por la RAE.&lt;br /&gt;
* Se conserva la -l- geminada en ''humilldad'' y la s líquida solo en ''Spíritu Sancto'', así como la alternancia entre v y b en su valor consonántico; también se mantiene la h- aunque sea anti-etimológica en ''hedad''.&lt;br /&gt;
* Se han respetado los latinismos como ''oratión''. &lt;br /&gt;
* Se han repuesto vocablos o grafías con corchetes ([ ]) cuando resultaba patente que no aparecían por un descuido del copista (en caso de duda, se ha respetado su ausencia).&lt;br /&gt;
* Se conserva ''dello'', ''desto'', pero se separa mediante apóstrofo cuando la forma aglutinada incluye el pronombre personal masculino singular: ''d’él''. &lt;br /&gt;
* Se ha conservado el uso de qu por ''cu'' (qual) y la grafía de la nasal n antes de la bilabial (grupos -np- y -nb-: ''honbre''). &lt;br /&gt;
* En cuanto al grupo de sibilantes, se mantiene ç ante a, o, y también ante e, i. Se respetan, también, los grafemas z, s/ss ante las distintas vocales. &lt;br /&gt;
* Cuando la ''n'' se encuentra acompañada por vírgula se ha reproducido como ''ñ''.&lt;br /&gt;
* Se ha mantenido la oscilación i/y.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==Vida de María de Ajofrín==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[Fol. 192r] Sigue la vida de la bienabenturada virgen María de Ajofrín, la qual fue una bendita muger, según paresçe en las revelationes y secretos ocultos que Nuestro Señor le quiso revelar. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''Per homnia que feneçiste para ser amaes Deum'' ''[1]''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[Fol. 192v] ''Non omnia posumus homnes''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Aquí ay tres historias: la primera, la de María de Ajofrín; la segunda, la del Santo Niño de La Guardia; la tercera, de doña [[María García]], fundadora de Santo Pablo ''qaes questio prima homo natus de mulier'' ''[2]''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[Fol. 193r] Aquí comiençan las revelaçiones y vida, así secretas como manifiestas, que Nuestro Señor por la su acostunbrada clementia muchas vezes obró e mostró en las sus siervos. De las quales por la su gran virtud, muchas no acostumbradas, quiso poner y dar en la su sierva y bienabenturada María de Ajofrín según el suçeso que adelante se seguirá, la qual vibió y murió en el monasterio de la casa de doña Mari García en la cibdad de Toledo. E fallesció en la dicha cibdad, año del nacimiento del Salvador de mil y cuatrocientos ochenta y nueve años, sábado, a diezsiete días del mes de julio ''[3]'', quando andava la pestilentia en la dicha cibdad, a las tres de medianoche, e fue sentido en su fallecimiento un olor celestial, lo qual fue dicho por la hermana maior, e fue enterrada en el Monasterio de la Sisla a las vísperas en el capítulo. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Como por la voz de Nuestro Redentor es escrito en el Evangelio que la nuestra luz alunbre delante los hombres por que ellos viendo en nós las santas obras glorifiquen a Dios y sea glorificado el Padre Celestial, que es en los Çielos, no para que seamos vistos e alabados delante del Señor, quias son las maravillas e poder, el qual es maravilloso en los sus santos e inspira en las sus Escripturas espíritu de vida según la Divina Providentia, quando quiere e como quiere, porque todas las cosas que tenemos las recibimos dˈÉl según el Apóstol dize «todos somos dˈÉl llamados para ser obreros en la su viña», que es en la su santa Yglesia, la qual á de ser luz a todos los cristianos, según el partimiento de las sus graçias e dones a que cada [fol. 193v] uno dio, para que, con ello, fielmente trabajando, doblados y con usuras en fin de la vida, gloria suya y provecho nuestro, de nós los reciba. E por temor de no ser condenados con el siervo malo e sin provecho, que ascondió en la tierra el marco de su Señor, por el qual fue condenado con el gran derecho del ensalçamiento de la honra del Rei Soberano, e a provecho e enmienda de nuestras vidas, yo, el mui indigno siervo de los siervos de Dios, fray Juan de Corrales, prior de la Sisla de Toledo, recontaré e diré a honra y gloria de su Soberano Rei Dios, Nuestro Señor, las maravillas y secretos ocultos y manifiestos que por mis ojos vi y con mis manos traté y a personas dignas de fe y dignas de gran memoria oí, las quales Nuestro Señor quiso poner y demostrar en una pobreçilla sierva suia, virgen santa llamada María de Ajofrín en el monasterio y casa de doña Mari Garçía en la cibdad de Toledo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Capítulo 1'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''De cómo fue llamada desde su niñez al serviçio de Dios'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En la villa de Ajofrín, villa de la cibdad de Toledo, fue un varón que llamavan Pedro Martín Maestro y a su mujer Marina Garçía, los quales sienpre temieron mucho al Señor, andando sienpre en sus mandamientos. Y estos ubieron abundançia de los bienes temporales, de los quales naçió esta santa virgen, la qual el Señor, dende su niñez, para sí quiso y por destino llamola dándole grandes honras de amor con su santa ynspiración. E como sus padres e parientes la quixeron casar, e de muchos [fol. 194r] fuese pedida para casarse con ella, nunca ella consintió en ello, antes baronilmente resistió al mundo y a los parientes.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
E porque no pudiese ser quitada del amor divino, siendo chica y de tierna hedad, sin consejo ni ayuda humanal ''[4]'' hizo al Señor voto de entrar en relixión. E tanta fue la fuerça que a los padres y hermanos hizo, que de todos fue aborrezida, e sobre aquesto lo hizieron la madre y hermanos mui gran sentimiento. E siendo de quinze años, su padre, con gran dolor, la sacó de su casa e la traxo a la cibdad de Toledo. E como entrase en la iglesia maior de la dicha çibdad, e no sabiendo qué se hazer, mandose llevar por inspiración divina al monasterio de doña [[María García]], en el qual sienpre conversó con mucha humildad e santidad, menospreciando mucho a sí mesma, e fue humillde con los humilldes, haciendo al Señor sienpre de sí continuo sacrifiçio. Sin querer ella su deleite e afiçión fue sienpre en la horación muy ferviente en el amor del Señor, derramando sienpre muchedumbre de lágrimas de sus ojos, con muchos suspiros, teniéndose por la más pecadora e indigna de las mugeres.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Capítulo 2'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''De una visión que le fue demostrada cuando con devotión quiso confesar'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Viviendo como dicho es en esta santa conversatión algún tienpo, pasados más de diez años de su conversión, fue puesta sobre ella la mano del Señor. [fol. 194v] El qual quiso en ella e por ella demostrar los sus secretos e maravillas, algunos de los quales fueron vistos e manifiestos a muchas personas. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
La qual, alunbrada del padre de las lunbres, con grandezas de ser tenplo verdadero de Dios, deseó mucho hazer confessión general de sus pecados; e como por esto se afligiose con lágrimas continuas e rogativas, deseando saber si sus pecados eran perdonados, aceptó el día de la confessión. E como entrase en el confesionario, a do todas se suelen confesar, estaba allí fuera la imagen de Nuestra Señora con el Niño en sus braços e derrubándose delante della, con muchas lágrimas y devotión, rogávale mucho la quisiese oír e ganasse perdón de todos sus pecados. E como con atentión estubiesse orando, súbitamente vio una gran claridad que alunbró la imagen y parte de la carilla, y en la claridad de la lunbre vio cómo Nuestro Señor, estando en los braços de la madre, alçó la mano contra ella como quando el saçerdote absuelve a la penitente. De la qual visión fue mui espantada e turbada y con mui gran fatiga i trabaxo hizo su confessión lo mexor que pudo, la qual hecha, como tornose a hazer oratión a la imagen susodicha, vio la misma claridad que vio al principio e la mano del niño que primero avía visto, de lo qual quedó mui consolada e confortada. E esto sienpre lo tuvo en el coraçón çelado, que a ninguno lo dixo sino a mí e me certificó que desde entonçes le quedó tan gran movimiento en el corazón que se le quería salir del cuerpo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
E como esta santa mujer rogase muchas vezes por el estado [fol. 195r] desta santa madre Yglesia, una noche quedó sola en el coro de la iglesia orando al Señor, e como rezase con atención, vio la arca en que está el corpus cristi ençendida en llama de fuego con gran claridad. E ardió por el espaçio de una hora, la qual, como acabase la oraçión, luego se amató y ella quedó mui espantada y atemorizada.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Capítulo 3'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Cómo el día de la resurretión comulgó un cordero vivo, tamaño como una abexita, en semejanza de pan'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Sábado Santo, víspera de la resurretión del Señor. Como desease mui mucho recibir el sacramento de la santa eucaristía, toda la noche de la fiesta no durmió ninguna cosa, antes se anduvo por toda la casa de lugar en lugar llorando y orando al Señor, demandándole limpieza y aparexo para reçebir tan alto sacramento. E como vinise el tienpo de la santa comunión y fuesse ayuntada con las otras hermanas delante del altar, recibió el santíssimo sacramento en semexanza de un cordero vivo en speçie de pan. E como lo recibiesse en la boca, sintió luego bullir e que andava de un cabo a otro como cosa viba, e ovo mui gran pavor, e tragolo con temor, e luego sintió cómo se le puso encima de las telas del coraçón y tanta fue el alegría y consolaçión que ovo, que diez días con sus noches no durmió, llorando y orando, y luego fue robada en espíritu.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y dende entonçes se quedó [fol. 195v] que cada y quando que recibié el santíssimo sacramento se traspasaba y era rrobada en spíritu sin ningún sentimiento, quando más y quando menos, según adelante se dirá. E desde aquel día que comulgó el cordero, según dicho es, le dio el Señor este don y graçia, que cada y quando que comulgava le quedava un dulçor en el coraçón y en la garganta y en la boca. Según me dixo muchas vezes que no se le quitaba aquel dulçor por quarenta horas e me dixo que podía vibir en ese tienpo sin comer, e que muchas vezes lo hiziera si no fuera por cuitar la singularidad de los que lo viesen y entendiesen.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Capítulo 4'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''De cómo fue robada en spíritu e cómo Nuestra Señora le puso el niño en las manos sobre un paño de seda'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El día octavo de la Resurretión fue robada en spíritu y vio cómo vino a ella un barón mui recto reverendo y honesto en hedad, vestido de una capa de seda colorada y díxole: «Ven, que te llama la reina»; y ella, pensando que la llamava la reina terrenal, no quiso yr con él. Él díxole otra vez: «Ven, que te llama la reina del Çielo». E fue con él e fallose en una iglesia fuera de la çibdad, a do estaba Nuestra Señora, la Virgen María, con su hijo en los braços. E como la vio, hincóse de rodillas delante della y aquel honbre que la llamó, de la capa colorada, púsole un paño de seda en las manos. E Nuestra Señora puso el niño encima del dicho paño e diole Nuestra Señora a otro honbre de menos hedad que fuese con ella e la acompañase, e díxole a ella la reina del Çielo: «Ve con estos varones a donde quiera [fol. 196r] que fueren». &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
E aquel varón de la capa colorada iva delante un poco, como que iva a buscar posada, e entrando a la çibdad llamava a las puertas que estaban çerradas y dava tres golpes a cada puerta e deçía estas palabras: «Abrí, que viene el Señor a posar en vuestra casa». E ninguno le abría e los que tenían las puertas abiertas corriendo las iban a çerrar, y deçían que no podían entrar allí porque estaban mui negociados con muchos libramientos, e otros decían que estaban mui depriessa e que no los podían reçebir. E desta manera anduvieron toda la çibdad que en ninguna casa hallaron posada. E bueltos por do fueron toparon con dos mugeres que iban caballeras en dos asnos e dos clérigos con ellas, e dixeron los dos clérigos a la muger que llevaba el niño en los braços: «Nosotros os acoxiéramos, mas vamos mui depriessa, mas mientra que venimos entraos en este establo». Y así le tomaron a Nuestra Señora el Niño de las manos de la dicha su sierva y con muchas lágrimas deçían así aquestas palabras: «Venido es el tienpo en el qual tan gran deshonra es venida al ''[5]'' Hijo de Dios, mas ia tienpo es que enbíe el Señor su ángel con azotes y aún que fiera a unos ''[6]'' y a otros con espada, e a otros con pena de fuego». E dize más esta santa mujer: que vio treçientas ánimas salidas de los querpos e no fueron más de tres al purgatorio de todas ellas, y las demás todas fueron al infierno. ¡Mas ay de aquellas que son pribadas de tan gran hermosura [fol. 196v] como es la magestad del Señor, e los sacerdotes que son dignos de maior reverencia que los ángeles, e por sus vicios son metidos en las honduras de las penas perdurables por su gran desconocimiento y vicios malos!&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Capítulo 5'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''De çinco procesiones que vio salir a una yglesia en la qual solamente fue celebrada una missa'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El día de la Açensión del Señor, después de dicho el oficio de los maitines e ido el convento a reposar, esta sierva de Dios se quedó sola en la iglesia, como sienpre solía hazer. E como se llegase cerca del altar maior codiciando de hartarse de las migaxas que caían de la mesa de los ángeles en tan santa solenidad, con coraçón limpio e boluntad mui atenta, estando rezando fue robada en spíritu.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
E fue llevada en un campo mui spacioso, hermoso e deleitable. La qual sierva de Dios toda estaba en sí misma admirada mirando qué era lo que avía, y vido un gran claustro de mui altas paredes fecho de piedras mui labradas e polidas, y era de tan gran altura quanto los ojos humanos podían mirar; y dentro en él no vio nada entonces, pero después, mirando, vio que tenía çinco puertas de bidrio de colores moradas. En cada puerta era pintada la encarnaçión del Señor y la salutaçión del ángel. En cada una de las dichas puertas salía la muy maravillosa proçesión de mui reverendos sacerdotes, [de] sobrehumana natura, e cada una de las procesiones [fol.197r] llevava una cruz colorada como de oro, con candeleros de oro, y los ministros llevavan capas como convenía a la procesión.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y estaba en medio del campo una casa mui hermosa, ansí como hecha materialmente, mui blanca, e de ninguno de aquellos era conocido aquel lugar. Al qual lugar todas aquellas procesiones fueron mui hordenadamente, y entraron dentro, y mirando al altar todos se inclinaron e se echaron en tierra cantando gloria in excelsis deo. El qual canto acabado, todos estuvieron en silençio, tanto que no se mirava uno a otro. Y en el altar estava Nuestra Señora, la Virgen María, en cuerpo y en ánima, teniendo en sus manos el su Santo Hijo vibo, ansí como lo parió. E Nuestra Señora deçía a altas vozes con lágrimas, y demostrava el su santo hijo al pueblo, y deçía: «He aquí el fruto de mi vientre, tomaldo e comeldo, que en çinco maneras es cada día cruçificado en las manos de los malos sacerdotes; la una es por la mengua de la fe; la otra es por la cobdiçia; la otra por la luxuria; la quarta por la ignoratia de sinples y necios sacerdotes que no saben discerner inter lepran &amp;amp; lepran ''[7]''; lo quinto por la poca reverentia que façen al Señor después que le an reçebido». E dixo más Nuestra Señora: «Más sin reverentia es comida la carne de mi hijo de los indignos sacerdotes que el pan que es dado a los perros». &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y estas cosas de todos oídas, vino un sacerdote honrado por canas y hedad, mucho más que los otros, e vistiose para dezir missa, e como hordenadamente procediesse llegando al lugar para tomar la hostia para consagrar, Nuestra Señora le dio el su Hijo que [fol. 197v] tenía en los sus brazos, el qual se tornó en ostia. Como el saçerdote lo levantase en alto, fue visto como el rraio de sol y poco a poco se deshizo la ostia y se subió al Çielo. E recibiola el padre en su seno, e fueron hechos una mesma cosa e fue dicha una box del padre: «Aqueste es mi Hijo mui amado». Entonces, un saçerdote difunto, que fue cura de aquella casa de doña [[María García]], conocido desta sierba de Dios, llegose a ella y díxole: «Esto que as visto hazer de la santa ostia significa aquellos que tan solamente reciben la forma del sacramento, e no la virtud y mérito del sacramento». E díxole más el saçerdote a esta santa virgen: «Ve y di por horden todo lo que viste a tu confesor para que lo diga al deán  y al capellán maior para que de todos sea sabido, por que no carezcan estas cosas de mui grandes méritos». Y así desaparecieron todos.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Capítulo 6'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Del gran temor que quedó en su corazón y las dudas que le acaezieron'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Como aquesta santa virgen tornase en sí, [pensó] cómo aquesto podía ser, e que por ventura no fuese engaño del Enemigo que se transfigurava en ángel de luz. E sufría mui grandes angustias de todas partes: de la una parte, sentíase mui indigna para ver y dezir tan grandes cosas; e de la otra parte, afirmava ''[8]'' y dezía que en cosas tan maravillosas en ninguna manera podía pensar que el Enemigo pudiese poner asechanzas.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[Fol. 198r] Y afligida qué haría acordó, y pareciole más seguro no decírselo a ninguno. E como fuese a confesar, dixo a su confesor todo lo que avía visto, e como el confesor lo oió no le dio crédito, antes la menospreçió, que fue cosa de mucha admiratión, e prudentemente lo disimuló como que no entendía por no creer de ligeras fantasías de mugeres, con esperança que avría fin este negoçio para ser de ello más certificado.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Capítulo 7'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''De cómo vio a Nuestro Señor correr sangre de sus piernas'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Después desto susodicho, en el día del vencimiento de la cruz, acabados de dezir los maitines, ya que rompía el alva, según aquella me dixo, quedose sola esta santa virgen en la iglesia echada de brazos delante del altar. Y como fuese robada en spíritu, apareciole Nuestro Señor en figura de hombre e tenía la cara mui espantosa, e tenía vestida una sobrepelliz y una estola al cuello, y corríale mucha sangre de las piernas. Y el Señor allegose a ella, que estava de brazos delante el altar, e fízola alzar la cabeza y díxole así: «Como me ves corriendo sangre, ansí ando por las iglesias desde esta hora hasta que tañen a la plegaria». Y acabando de dezir esto, desapareçió.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Capítulo 8'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''De cómo se vido puesta en una tormenta''' ''[9]''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El día de San Agustín, con mucha atención rogava al Señor esta santa virgen por todos. [Fol. 198v] Después de algunos días, fue otra vez traspasada en sueño y viose puesta en alto y colgada de las manos en un madero, en una gran altura, quanto la vista humana podía alcançar, e fuele dicho divinamente: «Aquí estarás, hasta que prometas de dezir y recontar todas las cosas que viste y oíste». De lo qual ella no curó. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Capítulo 9'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''De cómo vido carne y sangre en la boca de la Verónica que tenía pintada'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El día de San Agustín, con mucha atención rogava al Señor por todos los sacerdotes. Y como estuviese rezando y mirase a una Verónica que tenía en un libro pintada, por el espaçio de una hora vido en ella y sobre ella gran resplandor, y vio carne y sangre. Y desde que vio esta vissión tan maravillosa, ansí se le cerró el estómago que desde aquel día en sanidad ni enfermedad nunca jamás quiso comer carne, ni se la quería tener el estómago; su manxar era pasas y cosa de dieta. La qual Verónica le tomó su confesor e la sierva de Dios fue mui maravillada desto, e puesta como fuera de sí. E aflixiose mucho por todas maneras de penas por que el Señor más manifiestamente le descubriese esta palabra e le mostrase quál era su voluntad.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Capítulo 10'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Cómo Nuestra Señora le mandó que rebelase las cosas que avía visto'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En fin del mes de setienbre caió esta santa virgen en una mui gran enfermedad y no aviendo esperança de vibir, ni menos de salud, salvo para ir a la güesa. [Fol. 199r] Y fue traspuesta ansí, como muerta, por espacio de tres horas, e las hermanas de la casa que estaban presentes dávanle tormentos por que despertase, y echávanle agua hirviendo sobre los pies, que casi los quemaron. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
La qual, estando ansí, sin ningún recordamiento, fue robada en spíritu al capítulo primero, adonde vio el claustro e proçessiones. Y como fuese por el camino, vio cómo encontró con el Enemigo, e quísose llegar a ella; y ella vio luego a Nuestra Señora que enpuxó e increpó al Enemigo con su mano propia. Y la Señora tomola por la mano y metiola en el dicho claustro, dentro del qual vio salir las primeras dichas proçesiones, y díxole Nuestra Señora: «Este es el lugar a do te fue mandado que dixeses aquellas cosas que avías visto, pero, otra vez de parte de Dios, tomando que lo que entonzes y agora as visto lo digas  y requentes a tu confessor y no se lo ascondas, y él se lo diga a los otros varones católicos suso nombrados, y ellos lo digan al arçobispo y sea sabido por todas las partes de la santa Yglesia, y sea sonado y divulgado». Y díxole más Nuestra Señora: «Ya el hijo de Dios no puede sufrir las injurias y escarnios que le son hechos en la Iglesia por los malos sacerdotes». Estas e otras cosas muchas que esta sierva de Dios vido y hoió ella misma las siente, y otro ninguno no lo puede dezir ni sentir.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Capítulo 11'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Cómo dixo todas estas cosas a su confesor Juan Velma'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Como dixese todas estas cosas a su confessor, [fol. 199v] él se demostró con prudentia, madureza de corazón, y dixole: «Ya é mirado todas las cosas que me avéis dicho y todo el proçeso, y esto a basta a mí para lo creer, mas enpero para que io lo aia de dezir y revelar como vos dezís a aquellos venerables barones, y que para ellos y otros sea manifiesto y dibulgado, para que de ello venga remedio y reparo, y para que estas cosas no sean vistas ni juzgadas como cosas locas y vanas, como se deçía de las Marías que anunçiaron la resurrectión del Señor, mui manifiesto es ser neçesario que vos deis señal para ser creída que venga de la mano de Dios». Que, así como los judíos pidieron señal a Jesús excelentísimo Señor Nuestro del Çielo para creer bien, así dixo el saçerdote: «Pido yo a vos señal del Çielo para conozer la verdad de aqueste hecho y para que mexor sea creído lo que puede ser dubdoso; por ende, concertad vos esto con el Señor». &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y como la sierva del Señor oiese estas cosas, fue mui turbada y dio muchos suspiros y gemidos, y propuso en su corazón de responderle por carta, lo que después así cunplió.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Capítulo 12'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''De las cosas que divinamente halló escritas en su regazo'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Como de las cosas susodichas su corazón estuviese mui turbado, sentíase muy afligida y quebrantada, y andava de lugar en lugar por toda la casa. Y no pudiendo hallar lugar de consolatión, como pasase por un lugar a do estava una ventana, según ella me dixo, vio estar en ella un [fol. 200r] pliego de papel blanco, no sabiendo quién lo avía puesto. Y tomolo y metiose en un sótano do algunas vezes poníen la leña, y asentose mui afligida, y arrimose a una pared, y vio súbitamente una claridad que resplandezía y daba el resplandor en el papel, y ella me dixo que no sabe quién le tomó su mano y escribió dos cosas: la una, para el qura; y la otra, para los venerables a quienes tal cosas se avían de dezir, siendo muy clara verdad y cosa mui cierta y manifiesta que ella nunca supo escribir, ni ai en todo Toledo quien tal letra hiciese. Y esta es manifiesta verdad, y como las cartas fuesen escritas, hallolas ella cabe sí y desapareçió la claridad.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y dobladas las cartas, metióselas en las mangas, y como fuese a sacar una caldera de agua de una tinaxa, una carta caió dentro y detúbose en el ayre y no llegó al agua. Y una destas cartas ubo y tiene el capellán maior con mucha veneratión y onra, según el qual me dixo que, poniéndola sobre tres enfermos de diversas enfermedades, luego fueron sanos. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
E como ella diese estas cartas al dicho su confesor, él fue muy maravillado, ''[10]'' maiormente porque sabía que ella no sabía escrebir, ni avía persona en la casa que tal letra hiziese, de lo qual se podría afirmar ser escritas divinamente y no humanal. Y hovo mui gran espanto en su coraçón, e vio en su carta cosas que otro no las sabía sino él, mas ni por esso no tubo osadía para lo divulgar porque no avía llegado el tienpo que el Señor avía puesto y dudava como Santo Tomás. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Por poder [fol. 200v] quitar la dubda a todos, y como el dicho confesor no tuviesse lugar para la hablar, escribiole a ella diziendo que no podía creer que ella escribiese aquellas cartas, con intentión de sacarla a público e a manifiesto. De lo qual, ella uvo gran sentimiento y dolor, y tuvo esto por mui malo y áspero, y quexose de ello al Rei del Çielo. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y así como ella era mui inocente, y como después se hablasen ella y su confesor, la sierva del Señor, fuerte así como león, lo increpó mui duramente de tal dureza e incredulidad de su coraçón, mostrándole por razones mui claras que creiese sin dubda que ninguno escribió las cartas sino ella por su mano con el ángel. Y desde allí propuso ella en su corazón de rogar al Señor que por su misericordia tuviesse por bien de la librar de tan grandes afrentas, y propuso en su voluntad de no hablar más destas cosas; y así lo hizo. Y suplicaba al Señor con gran firmeza y afinco que pusiese al dicho su confesor alguna evidente señal por que creiese, si fuese capaz de la ver, y si no fuese digno, le diesse duro azote por que creiesse. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y la dicha santa virgen calló por nueve meses, mas su coraçón dava de sí mui claras llamas, lágrimas y lloros, suspiros y gemidos sin quento, a los quales no faltó la divinal clementia ¡O, quánto es el Señor piadoso! A los santos, y a los que presumen de sí abaxa, y a los humildes levanta. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Vençido el Señor por su plegarias y llenas su orexas de las sus [fol. 201r] rogativas, plúgole de la visitar en muchas maneras. Quiso que fuese parçionera e mediadora de los tormentos y passión que su hijo, Jesucristo Nuestro Señor, recibió e pasó en la su santa pasión con señales mui manifiestas, las quales no fueron vistas en nuestros tienpos ni en muchos de los santos, según que adelante se dirán.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Capítulo 13'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''De cómo se propuso de no dar aquellas cartas a ninguna persona'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Como ella viose aquella maravilla de la una carta que caiera en la tinaxa y no se moxara, pensó de no la dar a nadie. Y una noche tornose a aquel sótano con intención de la trasladar como ella supiese, y llevó papel y una ollita con lunbre para encender una candela que llevava muerta, y luego súbitamente se encendió sin llegar a la lunbre. Y así como enpezó a escrevir la carta, vínose tanta sangre de nariçes que no se pudo restañar por espacio de una hora, y puso la carta en las sienes y luego cesó la sangre. Y el día de la Conceptión de Nuestra Señora, estaba una niña muerta más avía de siete horas, y ella enbió aquella carta con mucha fe para que se la pusiesen, y luego que se la pusieron resuçitó y enpezó a bostezar, y bibió después por luengo tienpo. Y una mujer, tenía el pecho abierto, e como se la pusiesen enzima, luego fue sana. Y un clérigo iva a Santiago y llevava consigo la dicha carta con mui grande devozión, y caió en un brazo de mar e toda la ropa se mojó, mas la carta nunca se moxó.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Capítulo 14'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''De la comunión que hizo el día de los Santos y de las penas que le fueron dadas'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[Fol. 201v] El día antes de la Fiesta de todos los Santos rogó a la hermana maior que ansí como comulgasse la pusiese en una casa adonde no oviese ninguno, conoçiendo por spíritu lo que le avía de venir. Y como recibiesse la santa comunión antes que sestias ''[11]'' pusiesse, tan grande fueron los sus lloros y suspiros y golpes del coraçón que en sí mesma sintió que ninguna criatura humana lo podría sentir. Y hizo tan grande fuerça en sí misma por que las cosas que sentía de dentro no fuesen sabidas ni oídas, ansí como la cuba hierbe sin respiradero que mui de ligero rebienta, ansí ésta rebentó por encima de la cabeza, y lo que no pudo salir por la boca salió por las llagas que encima de la cabeza le fueron hechas. Y en la frente le apareció una tan cuchillada que pareçía ser abierta con navaja, la qual estubo muchos días abierta, y de muchos fue vista, y nunca recibió benefiçio ninguno de medicina humana. Y abriósele el celebro por parte de detrás, y partiósele el cafeo por medio quedando el quero de ençima sano (lo qual yo i otras persona emos tratado e conoçido), lo qual nunca se le çerró. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y sintió dello tan gran dolor y pena que le llegó a par de muerte, lo qual vieron los testigos que adelante se dirán, y notario. Y como esto fue hecho, acabada la comunión, luego fue traspuesta fuera de sí y pribada de todos los sesos humanales y estuvo allí por espaçio de quarenta horas. Y en este tienpo que estubo ansí, aviendo las hermanas conpasión della, probaron de dalle algunos tormentos, metiéndole plumas en las narizes hasta arriba, que le hizieron llagas de dentro, y en las manos, y en los pies, y en todos los otros mien- [fol. 202r] bros le daban pena por la hazer tragar alguna cosa de comer, y tanta fue la fuerza que le hizieron que le quebraron una muela. La qual, estando en este tan gran tormento, la noche de los Finados dio muy grandes gemidos, por tres vezes u quatro, e hizo mui grande estremecimiento en el cuerpo. La qual, estando ansí, fue llevada al trono del Rei Celestial a do vido cosas de gran espanto, que lengua humana no puede dezir, e vido un rei mui espantable estar en un mui gran trono, ante el qual estaban muy grandes gentes de diversas calidades e de maravillosa hermosura, y el rei tenía atravesado en la boca un cuchillo agudo de entreanbas partes, y fue dicho a ésta: «Pobreçilla, ¿ves el quchillo que está de anbas partes agudo, que está en la boca del rei? Sepas que significa la grande yra que tiene sobre la Iglesia y sobre los prelados y rexidores della». Y fuele dicho: «Ve y di aquellos varones lo que te à sido mandado, que porque echan en olvido y son negligentes en qumplir lo que les es dicho y demostrado, no curando de la vox divinal, como si fuesse cosa de los honbres amenázolos una vez y dos, so pena de la divinal sentencia, que dexadas todas las cosas, luego tomen camino e lo digan al arçobispo de la iglesia. E venga por sí mesmo e ponga gran remedio en aquellos çinco pecados suso escritos, conviene a saber: en la mengua de la santa fe, y en la cobdiçia de la luxuria, y en la ignorancia y mengua de reverentia, en los quales pecados cada día es blasfemado y crucificado Nuestro Señor Jesucristo, hijo de Dios y que destruyga [fol. 202v] ''[12]'' las herexías desta cibdad y de los clérigos, y haga çerrar las misas que dizen en casa de los legos porque es gran deshonra y escarnio al qulto divino. Y esta señal del Cielo te da porque seas creída en estas cosas que has visto y en las pasadas, y este quchillo que es en la boca de Dios poderoso traspasará tu coraçón y ará en él llaga, y saldrá sangre biba que será verdadero testimonio a todos, y tú serás remediadora y parçionera en la passión del hijo de Dios».&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y así fue luego hecho. Y luego halló ençima del coraçón tan gran dolor que dezir no se puede, e de tan gran abertura y grandeza era la llaga que pudiera caber por ella la cabeza del dedo pulgar de un honbre. Y duró abierta esta llaga veinte días enteros y los viernes corría mucha más sangre que todos estos días. Y con paños puestos en la llaga, corría sangre hasta la pierna, en la qual llaga nunca apareçió gota de materia, ni tampoco se puso medicina humana, sino los paños linpios, unos ensangrentados y otros puestos. Y la sangre era tan limpia y viba y tan colorada, que no podía ser más, como lo demuestran los paños que tenía en la llaga, los más de los quales están en mi poder. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
La qual llaga quiso absconder la santa virgen, y callolo todo lo que pudo y fuese dicho divinamente que lo dixesse y demostrase a las señoras matronas, la hermana maior y doña Teresa, a las quales mostró los paños sangrientos. Y como desto fuessen maravilladas, llamaron en secreto al confesor, el qual puso silencio en la casa quanto pudo y ninguno de fuera lo supo. Y abiendo reçelo en dicho clérigo, no fuesse alguna cosa [fol. 203r] fingida, por quitar toda dubda mucho trabaxó por saber la pureza de la verdad y vió la dicha llaga y creió y fue lleno de mui gran maravilla y en quanto él pudo lo tuvo secreto, mas revelolo a testigos mui honrrados y dignos de toda fe, que dello fielmente diessen testimonio. El uno era el deán de Toledo, y el otro, el capellán maior de Villaminaia ''[13]'', y el dicho cura y las dos matronas de la cassa y con ellas un notario público de la cibdad, para que con todos diesse testimonio verdadero. Las quales seis personas por sus ojos lo vieron y con sus manos la llaga palparon, la qual estaba reçiente y sangrienta, y los paños sangrientos, como ellos lo manifiestan. Y el propio capellán maior sacó de la llaga con sus propias manos gran copia de hilas en biba sangre vañadas, las quales están en mi poder.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y todos miraron con gran diligentia que aquella llaga era divinal y no humanal, la qual sierba de Dios sufrió con gran tormento e pena, así de dentro como de fuera. Y estando ella en su cama, tan honestíssima que cosa de su cuerpo no se bio más que la llaga por una sábana abierta, la qual llaga vieron todas las personas susodichas; y estuvo abierta, como dicho es, por el espaçio de veinte días, y ella se çerró sin medicina humana. Y quedó la señal de la abertura en el lugar a do estaba la llaga, a la qual duró el dolor muchos días.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Capítulo 15'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Del dolor que sintió en los pies y en las manos, como si por ellas se fueran metidos grandes clavos semejantes a los de Nuestro Señor'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Como la sierva del Señor estuviesse mui afligida de las cosas susodichas, estando echada en la su cama con muy gran dolor maiormente del costado, me dixo cómo sintió [fol. 203v] que alçaban el cuerpo del Señor en el altar por el son de las canpanillas, y hizo fuerza a la flaqueza y levantose de la cama y hincó las rodillas a un ymagen de un cruçifixo que tenía allí pintado en un papel, horando con gran fervor de corazón. Y fue tan grande el dolor que sintió en las manos y en los pies y amortiguamiento en los braços y piernas que dezir no se puede, como si se fueran con grandes clavos traspasadas las palmas. Y como estuviesse con aquella angustia, pareçiole que le transpasaban la mano izquierda, y tan grande fue el dolor que sintió que puso el dedo pulgar de la mano derecha en la palma de la mano izquierda y mui sabiamente la ascondió que nadie lo viesse, traiendo la mano cubierta con un paño de lino, sin ninguna medicina humanal, la qual llaga tuvo por el espaçio de quarenta días y quedó la señal en la mano, la qual ella me mostró y io la vi con mis ojos.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Capítulo 16'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''De la corona de dolores que sintió en su cabeza en remenbranza de la corona de Nuestro Señor'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Por que suçesivamente sintiese en su cuerpo las insignias y dolores de la passión del Señor, allende de los tormentos que en la cabeza tenía súpitamente sintió un mui grande y n[u]ebo dolor, y manifiestamente fue visto de gruessas gotillas en manera de tachones le çercaron la cabeza en derredor; y por cada una de ellas sentía que le metían un clabo de fuego que le duró muchos días, como quiera que le traían e ponían por la dicha cabeza e llagas mediçinas de diversas maneras, mas nunca ninguna le aprovechó porque no era razón que las cosas [fol. 204r] hechas por la mano de Dios recibiessen sanidad con yndustria humana.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Capítulo 17'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''De cómo divinalmente fue robada en espíritu y cómo fue azotada'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Como de estos tomentos susodichos el cuerpo estuviesse mui flaco y atormentado, no contento el Señor del trabajo susodicho, diole otro tormento grave para que remediasse al Señor y fuese mandado divinalmente que todas las cosas que avía visto revelase a las personas susodichas. El primero día del año, que es el día de la çircunçissión, y ella conoçiendo ser tan indigna y ser nada delante del Señor, respondió que tal cosa no haría y que antes consentiría la muerte que façerlo, y decía que quién era ella para facerlo ni dezir tales cosas, que más pareçía escarnio que no verdadero testimonio. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y ese dicho día hizo voto en la iglesia y prometió de no lo dezir a ninguna persona, e la noche siguiente fue robada en espíritu y fue llevada delante de un gran juez, de cara mui espantable, delante del qual estaban muchos, y de un braço la tomó el ángel San Miguel y del otro la tomó San Juan Evangelista, a los quales ella sentía gran devoçión. Y como el juez gravemente la reprehendiesse de su dureza y desobediençia, mandó a un ángel que le açotase; la qual fue tan duramente açotada por las manos y espaldas y los demás mienbros del cuerpo que apenas cabía ninguna cosa entre uno y otro mienbro del cuerpo y no parecieron llagas ningunas ni ronchas, mas todo el cuerpo estaba maçerado, lo qual todo le duró en el cuerpo quince meses, poco más o menos, lo qual no leemos de santo ninguno que tal pasase. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Esto nunca le dixo a ninguna persona, y como la hermana maior le metiesse la mano para endereçarle una toca, halló con [fol. 204v] la mano las dichas señales y fue maravillada, y reprehendiéndola mucho pensando que ella se matava con cruel penitençia, por la qual ella le ubo de confesar la verdad de todo lo que acaeçiera. Y ansí fue conpulsa a lo revelar según arriba es dicho.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Capítulo 18'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''De cómo fue llevada a purgatorio y de las cosas que en él vio'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En el transpasamiento que estuvo traspasada de las quarenta horas, quando le fue dada la llaga del costado, dixo esta santa virgen que la llevaron por las penas del purgatorio, en el qual vio tan orribles penas y tormentos que ninguna lengua humana las puede dezir ni esplicar, que tan grandes penas y tormentos sufrían los que allí estaban de mui dolorosos gritos y gemidos, bozes y llantos, y muchas figuras de diversos animales mui fieras y espantosas y abominables, que no ai hombre que las pueda ver que no muera luego de espanto, y antes fallecerían las lengua y tienpo que materia de dezir. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y de las penas que aí dize que vio muchos gusanos, mui grandes, de diversas maneras, los quales corrían la tierra, que apenas cabía entre ellos la planta del pie. En los quales vio uno de largo de un palmo de un honbre y de anchura de tres dedos, y este tenía ronchas de fuego por el cuerpo y traía unas uñas mui grandes. Y deste gusano tan solamente preguntó al ángel que estas cosas le mostrava, y respondiole: «Este es el gusano que roe la conçiençia, que quando el hombre vibe y comete algún mal, entonçes pónesele la conçiençia entre el seso, y la conçiencia remuerde e quita que no se haga el mal que dize el alma a la razón. Y dízele: «Malo es esto que quieres hacer». Y muchas veces es cegada [fol. 205r] y vencida la rrazón por la cobdiçia del pecado. Y esse es aquel gusano que roe la conciençia y roe las entranas y aqusa el ánima, ''[14]'' y esta es una de las maiores penas que sienten los danados, porque pudieran hazer bien como ficieron mal, y por sus culpas merecieron tan gran pena». Y uno de aquellos gusanos allegávase a ella abierta la boca, y quisola morder en el pie, mas los que estaban con ella no le consintieron morder, mas tan solamente permitieron que el gusano mordiesse tan solamente debaxo del dedo meñique, y sacó con la uña un pedazo de la carne del pie. Y ansí lo tiene mordido y hecho un hoio en el pie.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Capítulo 19'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''De cómo en las dichas penas del purgatorio vio un clérigo penar'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Andando esta virgen por el purgatorio vio un clérigo, que era vibo y era cura de ánimas, en una pena de gran afliçión y vio que una grande serpiente mui espantosa que tenía dos cabezas lo tenía atado y ''[15]'' cercado alrrededor, y ponía la una boca en el espinazo y la otra apegada en el estómago. Y cerca del clérigo estaba un gran dragón mui orrible y espantable, el qual tenía encima de el espinazo una esportilla en la qual estava un niño que dava mui grandes clamores y gritos, demandando justiçia al Señor de la pena que sufría y esperaba sufrir por la culpa de aquel clérigo. Y como esta santa virgen preguntase qué pena era aquella, fuele respondido: «Aquel es un niño que por culpa de aquel [fol. 205v] sacerdote murió sin baptismo siendo él su cura y demanda d´él a Dios justicia». Ella, estando mui espantada, hizo horaçión por aquel clérigo y dende a ocho días, otro día, estando diciendo missa aquel saçerdote, en acabando de alzar, fue traspuesta y vio aquel sacerdote que tenía ceñida al cuerpo una mui grande serpiente con tres cabezas: la una se comía el corazón, la otra, la lengua y la otra las espaldas. Y aquel niño clamava ante él y dezía: «Por tu causa no veo al Señor y por ti morí yo sin baptismo y soi apartado de tan gran bien y deste gran cargo no alcanzarás perdón».&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y desde a tres días, esta sierba de Dios llamó al saçerdote y díxole lo que vio, y él se espantó tanto que se le quitó la habla por espaçio de media hora. Y ella, de que le vio tan sin esfuerzo, esforçole, y él díxole que estaba mui espantado coómo aquel secreto le avía mostrado Dios, y conoçió ser verdad esto, así como otras cosas muchas que ella le dixo en que ofendía mucho a Dios. Y confesó este sacerdote a esta santa muger que otro día, quando volvió la hoja del misal, vio en el santo crucifixo çinco gotas de sangre. Y dende çinco años murió el sacerdote, día de San Miguel y encomendole ella mucho al Señor; y dos días antes de San Francisco hovo ella un gran miedo, que le pareçía que estava cerca della un mui gran bulto. Y el día de San Francisco, a la mañana antes que fuesse el día, viole mui espantable y díxole cosas mui señaladas que estaban entre él y otra persona en secreto, las quales supieron ser verdad.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Capítulo 20'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[Fol. 206r] '''De cómo vio que llevavan el cuerpo de Nuestro Señor a un herexe'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Entre otras cosas que la santa contó que escribir no se podían, me dixo lo siguiente: En el día de San Marçial Apostol, acabados los maitines, fue llevada en espíritu, e viose con otra su hermana que llevava por compañía, que pasavan por la iglesia maior, e vio toda la clereçía con gran solenidad que llevavan el sacramento a un enfermo, y saliendo por la puerta que va a un mercado apareçió a esta santa muger un mançebo mui fuerte vestido con unas vestiduras blancas, cavallero en un cavallo blanco, y díxole con palabra mui acelerada: «Corre, ve y di a los señores clérigos que tornen con la eucaristía a la iglesia porque aquel enfermo a quien la llevan es herexe». Y fue ella corriendo, y como buscase alguno de los que ella conoçía para se lo dezir, no halló a ninguno, y encontró con un reverendo señor, al qual dixo esto, y díxole aquel señor: «Calla y no oses decir tal esa, por ventura no nos maten a todos». Y díxole aquel que estava en el cavallo, mui feroz: «No sea en vos ninguna dubda ni temor y en todas maneras se torne el corpus cristi porque aquel honbre es herexe», y dixo a la santa virgen: «Y aquesto te será en señal que te digo la verdad: que verás hoi en la misa destilar sangre de la ostia». Y ansí se tornaron para la iglesia.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y después de esto, en este día, vio esta santa virgen en la missa con los ojos abiertos la ostia llena de sangre [fol. 206v] en las manos del sacerdote, quando levantava la ostia al pueblo para que la adoren con devotión los cristianos.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Capítulo 21'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''De otra revelaçión que vio estando delante de Nuestra Señora en la iglesia maior'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El día de la concepción de Nuestra Señora, estando esta virgen del Señor esa noche mui ahincadamente rogando por la clereçía de la Santa Iglesia, fue robada en espíritu y puesta en los amortiguamientos que suele; y pareciole que estava en la iglesia maior y veía a Nuestra Señora viva en carne, puesta en mui gran altura, y ella estaba cerca de Nuestra Señora, acompañada de San Miguel y San Juan Evangelista. Y desde aquella altura hasta abaxo avía gran profundidad y decendían cinco cordeles y atrechos ''[16]'', puestas penas de fuego mui espantables, y debaxo un poço negro y hondo.Y aquel pozo tenía una boca de la qual salía un río, en el qual río estaban tres animales mui crueles. Y por aquellos cordeles venían muchos clérigos, entre aquellas penas, dando muchas vozes a Nuestra Señora, y desque caían en pozo perdían la forma de hombres, y los que pasan en el río luego son tragados de las animalias. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y viendo esta virgen estas cosas, suplicava a Nuestra Señora que uviesse misericordia dellos; y como quiera que avía mançilla de todos, pero en particular la avía de un gran prelado que veía ir en las penas con los otros, con maior pena i tormento se afligía delante de Nuestra Señora, que, por reverentia de aquella hora [fol. 207r] en que fue hecha arca y silla de la Santa Trinidad, que le plega de sacar a aquel prelado de las penas en que va. Y ella, hoídas estas cosas con muchas lágrimas y devoción, rogó a Nuestra Señora por él y repondiole Nuestra Señora que ansí como San Gregorio forçó la voluntad de Dios sacando a Traxano del infierno, por esta causa quedó con el dolor del estómago. Y ansí quedara esta virgen, por las plegarias que hizo por aquel prelado, abierto el çelebro de la cabeza en testimonio para que lo viese el pueblo que avía forçado la voluntad de Dios. Y preguntó la santa virgen a los señores sobredichos que por qué le aconsegavan a ella que rogase a Nuestra Señora por el salvamiento de aquel prelado, e por qué no se lo rogavan ellos, y respondieron ellos que más poder tenía ella o qualquier que con firmeza y devotión rogase al Señor para forçar su voluntad que ninguno de los que estavan con Él en el Cielo, porque los que estavan en la gloria saben la su voluntad del Señor y no irán contra ella.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Capítulo 22'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''De cómo le apareció Nuestro Señor en figura de niño visiblemente'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Como esta sierva de Dios estuviesse enferma en la cama en la Quaresma, deseava mucho recibir al Señor, y no lo pudiendo aver por no ser singular, afligiosse mucho, y rogaba al Señor con lágrimas, deseando poderse levantar a oír missa. Y a la hora del alva, sintió cabe sí un niño mui hermoso, y como lo vio turbose y no osó llegar a él. Y tan maravilloso lo vio, que se le turbó la habla, y como pudo demandole [fol. 207v] si era San Miguel, y el niño meneó la cabeza y no la respondió; y preguntole si era San Francisco y él sonriyose. Y preguntole quatro vezes que le dixese su nombre y Él dixo: «Yo soi mui poderoso y el mi nombre es mui maravilloso». Y allegose a ella el santo niño i diole paz en su boca y púsole la mano en la cabeza y díxole: «Sana eres de todas tus enfermedades, levántate e irás a missa». Y desapareció; y ella, quedando llena de gran consolaçión y alegría espiritual, levantose y hallose sana de todas sus enfermedades, maiormente de las calenturas que tenía y del dolor de la cabeza que padezía y de postillas que tenía dentro de las narizes. Y más me dixo esta santa virgen, que sintió el dolor en los pies y en las manos como si fueran clavos.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y desde aquel día, particularmente los viernes, sintie gran dolor en los dichos mienbros, desde la mañana hasta después de vísperas, que no pudíe hazer nada con las manos, ni comer ningún mangar hasta después de vísperas, que se le avía quitado el dolor. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Capítulo 23'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''De cómo recibiendo el cuerpo del Señor fue llena de resplandor visiblemente y fue sana de sus enfermedades'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En el año de ochenta y çinco enfermó esta santa virgen, en el mes de agosto, de ericiaones ''[17]'' y calenturas, y pasada la octava de nuestro Señor San Xerónimo, caió en la cama con dolor de costado, y echaba sangre por la boca, y aborreciendo todo consejo de médicos, atreviosse a tomar çinco píldoras y sintiose puesta en [fol. 208r] la hora de la muerte. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y en aquellos días pareció arrincársele el ánima, y púsose sobre la llaga del corazón e apareciose la mano de San Miguel que se la tenía allí apretada. Y ella estava mui desfallecida porque avía muchos días que no comía y avía tenido muchas cámaras de sangre, y la mano del ángel que tenía encima del coraçón le dio esfuerço para hablar y confessar y recebir los santos sacramentos, y rogó a la hermana mayor enviase por mí para que la pudiese remediar y dar los sacramentos. Esto fue un sábado, en el qual, pensando ella cómo yo le avía de ir a dar los sacramentos, que deseava ella mucho ya ser salida de aquesta vida y del tormento de la carne, y con mucho ahínco encomendava al Señor de la casa de la Sisla y de doña María Garçía, y vio en visión a un religioso de la dicha casa, que iba a decir misa en el dicho monesterio. Y cuando llegó a las palabras de la sacra diçe que vio en aquel traspasamiento que tenía cómo Nuestra Señora dava a aquel relixioso con mucha alegría el niño que tenía en los braços, y vio cómo el sacerdote lo partió en tres partes, y era el Santo Niño vivo y alegre en cada parte, y de ambos braços le sustentavan los ángeles con mucho resplandor en el altar, y veía a Santa Caterina y a Santa Bárbara que le dezían: «Mañana, lunes, a las nueve horas recibirás el Señor en este resplandor que aquí ves y serás sana». &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y ansí fue, y como yo la fuese a confesar [fol. 208v] fui della mui rogado que no me partiesse de la cibdad hasta otro día, porque si el Señor la llevase fuesse presente a su muerte e que si aquella noche no muriese del todo quedaría sana. Lo qual todo ansí fue hecho, y como recibiesse de mi mano la santa comunión y me bolviese con el santo sacramento para se lo dar, vio en mis braços y en mis pies un mui gran resplandor; y, como una niña de quatro años que apenas pudié hablar, estaba allí con su madre, vio con sus ojos aquel resplandor, lo qual dixo a su madre, con mui gran ahínco, cómo viera en mis manos y en mí y en la santa muger mui gran resplandor, ansí como el sol que está en el cielo. Lo qual, como su madre viesse, lloró muchas lágrimas con devotión y no fue mui gran maravilla que la inocencia de tan tierna hedad viesse con ojos corporales, los que nosotros pecadores así ver ni comprehender podemos, lo qual dixo la niña muchas vezes todo lo que viera.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y como recibió el cuerpo del Señor con grandes lloros, luego fue robada en espíritu y perdió todo el sentido, y estuvo nueve horas sin ningún sentido. Y como fuesse despertada como por fuerça y abriese los ojos, empezó aquel verso: «Benedic anima mea domino», y todos los dolores y enfermedades que antes tenía, de todos se halló sana y libre, así de dentro como de fuera, pesándole mucho, porque tornaba a esta vida. Y como io la importunase que tomase algún mantenimiento para dar vida a la vida humana, ella me respondió que no avía voluntad de tomar ningún manjar, [fol. 209r] porque por el espacio de quarenta días desde que recibía el santíssimo sacramento, con la suavidad y dulçor que sentía, vivía sin manjar humano. Y más me certificó, que vio un sacerdote que avía dicho missa en su capilla, y quando salió del vestuario para el altar, le ponía Nuestra Señora, la Virgen María, encima de su cabeza muchas guirnaldas de flores y de rosas y clavelinas, de lo qual ella recibió gran consolación.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Capítulo 24'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''De cómo con su mano sanó una herida de la qual corría mucha sangre'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Estando una de las hermanas de la casa puniendo una sarga en una pared, subió en una escalera a poner un clabo con un medio ladrillo para lo hincar, y calló el ladrillo y dio a una de las hermanas en la cabeza, que estaba cabe de la escalera, el qual se hizo tan gran golpe y llaga que la corrió mucha sangre. Lo qual, como esta sierba de Dios lo viesse, fuese para ella y puso su mano derecha encima de la llaga diciendo tres vezes el nombre de  Jesús, y hinchósele la mano y dedos de sangre y cessó de correr y no salió más y juntósele quero con cuero sin otra medicina.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Capítulo 25'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''De cómo sanó a su madre de una gran enfermedad'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En el lugar de Axofrín, como un hermano de esta sierba de Dios corriese un cavallo, caió el caballo con él y ansí el cavallo como el caballero quedaron [fol. 209v] mui atormentados de la caída, y tanto fue, según él me dixo, que la silla se hizo pedazos. Y el dicho su hermano uvo gran pasión en los ojos, y como su madre estuviese mui triste por la muerte de otro su hijo, que poco avía que era muerto, y supiese lo que había acaecido, al segundo doblole el dolor y tan grande fue que se le torcieron los ojos y boca en gran grado. Y como dende algunos días, esta sierva de Dios supiese lo que a su madre avía acaecido, uvo de ello mucho pesar y fuese para el altar de Nuestra Señora, lo qual mandó hacer la dicha su madre, y suplicole con muchas lágrimas por la salud de su madre. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
E inspirada divinalmente, respondió a quien le traxo estas nuebas que el domingo siguiente sería sana por la virtud divinal. Y ansí fue hecho.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Capítulo 26'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''De la claridad divinal que le fue mostrada en el mes de noviembre, año ochenta y çinco'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Como estuviese esta santa muger de contino mui fatigada de muchas y mui continuas enfermedades, acostada en su cama, fue forçada y robada en espíritu el día de Santa Cecilia. Como contemplase en aquel tan gran milagro que Nuestro Señor hizo a Santa Çeçilia, que les truxo dos coronas, una a ella y otra a Valeriano, el santo ángel del Çielo,  y como estuviera hablando con ellos, levantose esta santa muger ençima de la cama y pusose a horar con devotión  [fol. 210r] a una imagen de Nuestra Señora que está frontero en la pared, y como con atención hiziese oratión, las manos levantadas súbitamente, vio una gran claridad en la imagen a quien orava, en sí misma i en las manos que tenía alçadas. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y como estuviese algún espacio ansí, transpúsose y estuvo ansí hasta que vinieron algunas hermanas que la hallaron, y disimuló con ellas, que a ninguna lo dixo hasta que conmigo habló con deseo mui grande de que ninguno lo supiese.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Capítulo 27'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''De las cosas que vido y le fueron mostradas la vigilia de la Santa Natividad de Nuestro Señor'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Después de lo susodicho, açercose la fiesta del Nacimiento del Señor y ella, estando acostada en su cama y mui afligida y con grandes dolores en el cuerpo, según sus pocas fuerzas pensó de se aparejar para recibir el Santísimo Sacramento. Y el jueves de la fiesta vínose tan gran dolor al celebro y tan grandes golpes de coraçón que según me dixo parecía ''[18]'' que se le salía el ánima del cuerpo. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y aquel día y el viernes siguiente no comió sino unas pocas de pasas, y el sábado reconciliose para comulgar. Y este día vio la imagen de Nuestra Señora, que está en el altar, por tres veces sudar gotas de agua y fue llena de maravilla, y llegose a la imagen y limpió el sudor, y con ello labó su rostro. Y como fuese a comulgar y la comulgase el capellán maior de la santa iglesia, como se volviese con el santo sacramento para se lo dar y ella no pu- [fol. 210v] -diese tener los llatidos ''[sic]'' del corazón, dio un gran resuello y vio levantadas en la patena las formas, y aparecieron luego tres ángeles visiblemente que pusieron las formas que no volaron fuera, que cierto caerían en el suelo si por ellos no fuera, y lo mexor que pudo recibió en santo sacramento con mui gran divinidad, como otras vezes. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y ansí se fue a la cama con su fatiga y dolores mezclados con gran suavidad de la dulcedumbre del Señor y suavidad de las cosas celestiales que avía visto y gustado. Y ansí estuvo hasta las diez de la noche.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Capítulo 28'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''De los secretos celestiales que visiblemente le fueron mostrados en la santa noche de Navidad'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Como tañesen a maitines en todas las iglesias, no se pudo sufrir a quedar en la cama y, cobradas nuevas fuerzas, enferma y flaca, con el çelo de tal fiesta del nascimiento del Salvador levantose mui alegre de la cama y fuese para el coro, a do se avía de hazer el ofiçio, y contemplando en el glorioso nascimiento de Nuestro Salvador, estuvo mui atenta para conoçer la medianoche, porque avía oído que en aquella hora avía nacido el Redentor. Y el altar de Nuestra Señora, a donde está su imagen de bulto, estaba mui compuesto de çirios y candelas, y una cama mui adereçada con mui ricos paños y almohadas, y un niño mui chicito de vulto mui conpuesto. Y estava en una cuna delante de la dicha Señora, y como fue la medianoche y esta sierva de Dios estuviesse de rodillas, con lágrimas y gemidos sin quento, [fol. 211r] vio con los ojos corporales decendir mui gran resplandor delante del altar, y alderedor d’él vio a Nuestro Señor vivo y en carne, la más vella criatura que en el mundo fue vista, y con gran resplandor, que excedía a la lunbre del sol; y vinieron tantos ángeles a lo adorar y servir y a le dar cantos de gloria mui suave, que decir no se puede ni escribir. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En la qual adoración pasó más de media hora y luego vio con sus ojos cómo los pastores, ençendidos de amor, le vinieron a adorar y estuvieron ansí mui gran espacio. Y estos partidos, vio venir los tres reies magos con muchas y diversas conpañas e instrumentos y traían muchas tronpas que deçir no se puede. Y venían con ellos tres soles mui resplandecientes y, llegando al altar todos tres, se hizo uno, y con gran acatamiento y reverençia, con sus dones en las manos, llegáronselos a ofrecer y a adoralle, el qual dicho niño era ya maior que cuando lo vido la primera vez. Vio cómo la imagen de Nuestra Señora, que estava en el dicho altar, se rio tres vezes contra el Niño.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y hecha la adoración, con gran reverençia y acatamiento, amonestados por un ángel, se bolvieron por otro camino a su tierra. Y estos partidos, vio cómo Herodes mandava buscar al niño para lo matar, y luego vio cómo Nuestra Señora, con el infante en brazos y el santo Joseph, se ivan huyendo a Exito. Y luego tras esto, vio cómo la gente de Herodes andava matando los inocentes y cómo las madres los escondían en quebas acallándoles [fol. 211v] y dándoles de mamar por que callasen; y los niños daban tan grandes gritos que parecía llamavan a los enemigos que los fuesen a sacar y matar, a los quales matavan de diversas muertes y mui cruelmente. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y duraron estas maravillas y secretos celestiales en los ojos de aquesta sierva de Dios desde las doze de medianoche hasta las tres horas siguientes, de la qual visión ella quedó tan espantada y fatigada, y tan consolada en el coraçón, con gemidos y suspiros continuos que deçir no se puede, y apretávase mucho consigo, por que ninguna hermana supiesse, salvo la hermana maior, que estava con ella y la consolava quanto podía y le deçíe que no se afligiesse tanto.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y ansí no nunca lo supo ninguna de las hermanas, y ansí es su voluntad que ninguna lo sepa. Y muchas vezes me dixo que quería más la muerte que esto fuesse sabido.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Capítulo 29'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''De lo que vio en la missa del gallo este mismo día'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Como estas cosas fuesen acabadas, vino el capellán maior de la santa iglesia con deseo de hazer al Señor serviçio y dar consolaçión a aquellas siervas de Dios que esperaban su venida, el qual avía reconciliado muchas hermanas y las comulgó en esta santa misa. Y traxo consigo cantores que se oficiassen la misa, y como saliesse revestido al altar, luego aquella sierva de Dios vio claramente dos hachas de fuego de resplandor ençima del altar, y de cada una de ellas salían çinco raios que iban derechos a do estaba esta sierva de Dios [fol. 212r] hincada de rodillas, y no le impedían nada para ver las cosas que se hazían en el altar. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y como celebrase la misa con gran solenidad y los santos se empezasen, vio esta sierva de Dios tanta multidud de ángeles que descendían al altar que cubrían al sacerdote desde los pies hasta la cabeza, y subían y descendían con gran gozo y alegría. Y quando uvo de alçar al Señor, los ángeles le levantavan los brazos y le aiudavan a decir el Pater Noster, y al tiempo que se dezíe esta sierva de Dios fue mui fatigada y dio consigo de brazos en el suelo. Y duró en aquel gozo, mezclado con muchas lágrimas, hasta las doze de mediodía, de manera que estuvo catorze horas, después de las diez que tañeron a maitines, de rodillas, que de allí no se movió en tan clara y maravillosa visión para glorificar y ensalçar el nombre del Señor y acrecientamiento de nuestra fe, que nunca oí ni leí que con los ojos corporales ninguna persona tales cosas viesse y le fuesen demostradas, en lo qual es mucho Nuestro Señor de loar y glorificar en las sus grandes maravillas, las quales haze y hizo a do quiere y como quiere.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y pasadas las doze horas después de mediodía, mui fatigada, algunas hermanas ansí la llevaron a su cama, y a la tarde, por satisfacer a los ruegos que le fueron hechos, comió un poco de carne de membrillo. Y ansí estuvo lunes y martes hasta el miércoles, que comió un güebo, en lo qual parece que la fuerça del manjar celestial le dava vida contra natura; [fol. 212v] y para dezir estas cosas se hizo mui gran fuerza porque le avía yo mandado por obediençia que a ninguno las dixese salvo a mí, que ninguna cosa me encubría de las que el Señor le mostraba, y rogome con grande ahínco que ninguna persona del mundo de mí lo supiese, deseando mucho la muerte y verse ya fuera de la vida.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Capítulo 30'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''De las cosas que esta santa virgen vio con sus ojos çinco días antes de la Natividad'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Como toda la gente estuviesse afligida por la hambre, que no avía harina ninguna por la muchedumbre de las aguas que los ríos traían, esta virgen, según me dixo, fue mui afligida y estuvo una noche que no durmió. Y estando todas durmiendo se levantó, que ninguna lo sintió, y subiose a un terrado desde donde se parecía el río, y estando el cielo estrellado bendixo el río, y después metiose en un retraimiento, que es un lugar mui espantado, en el qual ay unas imágenes del tiempo antiguo, y púsose a horar a la medianoche en aquella oscuridad, en manera de cruz de braços en el suelo, y estuvo ansí mui gran rato, haciendo de sí gran sacrifiçio al Señor de mui atenta oraçión, con lágrimas rogando a la Madre de Dios que amansase su ira. Y sintiose esta sierva de Dios estar en el aire levantada de la tierra. Y a cabo de rato vio venir un poco claridad, con la qual vio [fol. 213r] todas las imágenes que estavan pintadas mui claramente. Y como oviesse gran pavor, ofreció al Señor muchas plegarias, y como estuviesse en aquesta pena, súbitamente vio otro mui gran resplandor que resplandecía sobremanera, y apareciose Nuestra Señora descabellada de sus cabellos, con ojos mui llorosos y mui triste, y le dixo: «Sepas que todas las aguas que son venidas por tan largos días avían de caer en tres días y la maior parte dellas sobre esta cibdad, en que muchas gentes perecierán por los sus grandes pecados que en ella se cometen cada día y Dios es mui ofendido dello. Y por las plegarias que as hecho por este pueblo, al Señor y a mí me as rogado que por la gran piedad y dementia que ubo en enbiar su hijo Nuestro Redentor a nos redimir y salvar, quisiesse aún piedad de todos y yo supliqué al Señor que tu petición fuese oída y Él la oió y su ira se aplacó, y io, por piedad que tengo al pueblo cristiano, vengo a ti qual ves». &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y como la dicha virgen estuviesse con los ojos abiertos y manos alzadas, y coraçón muy espantoso d'él gozo, y estuvio, apareció la vissión y ella caió de bucos en el suelo, y ciertas horas estuvo sin sentido y amortiguada y devantose mui esforçada del cuerpo y del ánima de tan espantosa visión. Y de tan gran admiración quedó mui consolada y ninguna de las hermanas lo sintió.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Capítulo 31'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''De cómo fue mostrada una gran señal del Çielo en esto'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[Fol. 213v] La fama desta santa mujer, como ella quisiese que fuese tan oculta, no se pudo enpero que algunas personas devotas no uviesen de saber la fama de su santa vivienda, una de las quales fue el señor obispo de Badaxoz que a la saçón era deán de Toledo. El qual con ella habló muchas veces y fue testigo de la llaga en el costado; el qual le rogó que rogase al Señor por una discordia que avía en la corte, a do estaban los señores reies y el cardenal de España. La qual, obedeciendo lo mandado, se echó en oratión con gran ahínco y voluntad.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y en las otavas de la pascua florida, que fue en el mes de marzo de ochenta y seis, ella se levantó de mañana y se subió en un terrado en la casa a do morava Doña Mari Garçía, e rompiendo el alva se puso allí en oratión y vio unas nuves mui coloradas que corrían por el cielo hazia Oriente, y antes que el sol saliese vio un gran resplandor en el cielo a do el sol avía de naçer. Y salió el sol, i ella le miró con ojos claros e sin enpacho de la claridad, lo qual es contra natura humana, que hombre ninguno no puede ver. Y dentro en el sol, vio un grande agujero que entrava al cielo, del qual salían grandes raios de claridad hazia muchas partes, y dentro del aguxero vio con ojos claros una cruz de oro mui resplandeciente, la qual cruz y raios estuvieron en el sol desde que salió hasta que hizieron clamores para tañer a terçio y luego desaparecieron; i vio en el aire, no mui lexos de sí, una persona que se pareció como la luna que peleava con otras [fol. 214r] y otros con ella, y pasándose algún rato volviéronse las espaldas el uno a otro. Y como viese una de las hermanas, quitose luego de allí y no pudo más conocer la dicha vissión. La qual dicha sierva de Dios tiene miedo de hablar, y me certificó que mirando muchas veces una Verónica, que está en el altar, vio salir raios de claridad y continuamente ve un resplandor a do está el corpus cristi, y muchas vezes ve visiblemente el santo sacramento no le estorbando las plantas ni las otras cosas en que está encerrado y enbuelto. Y una vez, alçando el sacerdote el sacramento, vio un dedo de carne puesto en la ostia, y otra vez vio en el sacramento un escudo blanco con las çinco plagas de Nuestro Señor, de lo qual tuvo miedo y gran temor. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y en esto parece ser mui grande la virtud del Señor y la pureza de su ánima, que con los ojos corporales pueda ver cosas tan palpables y celestiales para honra y gloria de su santo nonbre.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Capítulo 32'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''De las cosas que esta virgen vio y le fueron mostradas en el santo sacramento'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Jueves, día de la octava de la Ascensión del Señor del sobredicho año. Como no uviese quién díxole missa aquel día en la casa, ella fuese al oratorio, y como estuviesse orando con atençión, vio con ojos claros el santo sacramento, que estava encerrado dentro del arca, levantado dentro del arca con gran [fol. 214v] resplandor, la qual lo adoró con mui gran gozo, y estuvo reçando allí por algún espacio de tiempo, y esto le á acaecido otras vezes quando no avíe misa, lo qual le puso mui grande espanto y transes ''[19]''. Y luego, el día de San Juan ''[20]'' como el capellán díxole misa mayor y uviese[n] de comulgar muchas hermanas, y como se volviese con el sacramento para dárselo, vio en la manga del dicho saçerdote media ostia de las que comulgavan, y resplandecía como una estrella, de lo qual fue mui maravillada. Y como comulgasen las dos primeras hermanas, desapareció la estrella y el resplandor que pareçiera en la manga. Y luego le caió gran sospecha de lo que fue, y pensó que se le avía caído al saçerdote, y como se quitasen las que comulgavan, ella, con aviso, fuese a poner en aquel lugar a do desapareçiera la visión. Y como hincase las rodillas, vio estar en la grada del altar la dicha partícula del sacramento tan resplandeciente como una estrella, y estando el saçerdote vuelto al altar, y como se volbiese otra vez con el sacramento a comulgar a las segundas y llegase a ella para dalle el sacramento, ella le hizo señal para que se apartase y él, no lo entendiendo, pisó el sacramento y ella tornole a hazer señal con la mano más reciamente, y como él mirase abaxo y viese la parte de la ostia, abaxose y tomola con reverentia y desque esto vio esta santa muger fue tan atribulada y angustiada [fol. 215r] del coraçón que por algunos días no se levantó ni quería hablar ni comer.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y en aquel día de la comunión envió a rogar a la hermana maior que no quitase aquella alhonbra do caiera el sacramento. Y estando las hermanas recogidas, ella se levantó como pudo y fue a las gradas de dicho altar, y en aquel lugar do ella comulgara vio dos reliquias que se avían quebrado de la dicha partícula, resplandeçiendo así como estrellas, de lo qual uvo mui gran pavor, y derramando muchas lágrimas y suspiros, fue tan grande la angustia que pasó en su coraçón, por no saber qué hazerse y por no ser descubierta, que no tuvo más remedio sino, con la maior devotión que ella pudo, abaxarse y tomarlas con la lengua. Y ansí las comulgó y sintió tan grande dulçor y suavidad que no se puede decir ni escrevir. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y ençendida con el amor y çelo del Señor subió al altar y desenbolvió los corporales y lixula ''[21]'' y palia por ver si podría hallar la partícula que el saçerdote alçó del suelo, y no la pudiendo hallar tornó a coger los corporales y tornose mui triste y desconsolada. Y echada en su cama, su consolación era gemir y llorar con grandes llatidos que el coraçón le dava, sintiendo mui gran dolor en él y en el lugar adonde se le abrió la llaga. Fue tan grande le dolor que se le hinchó la carne y el pecho hasta la garganta.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y ansí estuvo algunos días, mui desconsolada, no pudiendo dormir, ni quería que le hablasen, lo qual ninguna de la casa lo supo, ni la hermana mayor, [fol. 215v] salvo que la casa penava con su pena. Y duró esto hasta que yo estuve con ella, y con grandes gemidos y miedo me lo dixo, y tomó algunas fuerças para comer deseando con gran ahínco ser fuera de aquesta vida.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Capítulo 33'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''De cómo apareció a esta santa mujer el ánima de su capellán finado y de las cosas que le dixo'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El día de San Francisco, año de ochenta y seis, esta santa muger sentía cabe sí un bulto y sonbra que estava adonde ella estava, y con el gran miedo que tuvo conjurolo que ni hablase ni la viesse. Y a la postrera noche sintiole a par de la cama, y ella no durmió con el miedo que tenía, y dos horas después de la medianoche, estando sin ningún sueño, abraçada con un libro que tenía de devotiones y con el gran pavor que tenía, estava puesta hazia la pared y el espíritu llegó a ella y meneola como quien quiere despertar a quien duerme, y ella con el temor que tenía no lo quería hablar, y haziéndole señales con gemidos. Esto por dos vezes duró hasta las quatro después de la medianoche, y entonçes ella volviose del otro lado para se levantar e ir a su capilla a orar, y luego el espíritu le habló y dixo ansí: «Esforçaos y no os vais de aquí, que también se sirve de vos Dios aquí. Y por la caridad del Señor vos plega de me oír, porque seis noches ha que ando aquí penando y por sentiros con tan grandes fallecimientos; y por [fol. 216r] daros fatiga demándoos mucho perdón de muchos enojos que vos é hecho y de una carta que vos escribí, la qual fue causa de daros mui grande trabaxo y turbaçión. Y por muchas buenas amonestaçiones y consejos que me distes acerça del buen regimiento que yo debía tener en la gobernación de aquesta casa, los quales dichos consejos con gran osadía y menospreçio no creía y menospreciava, no temiendo que érades sierva de Dios y de su manos. Y muchas veces os demandé con gran sobervia que demandásedes señales a Dios del Cielo, y puso el Señor en mis manos lo que no eran mis ojos dignos de ver, y por esto vos digo que os esforcéys mucho y que lo que os fue mandado que manifestásedes al señor cardenal no lo dexéis por ninguna pena temporal ni por no ser vista ni conocida, y si esto no cumplís antes de un año seréis azotada del Señor mui gravemente; y por que no penséis que soi vissión engañosa ni fantasma, yo soi vuestro padre cura y capellán desta casa, que poco á que falleçí, y vos digo que digáis al prior de la Sisla y a la hermana maior desta casa que por la caridad del Señor me perdonen en qualquiera manera que los aia enojado, y otrosí me quieran perdonar sis mil maravedís que doi en cargo a esta casa de un libro que vendí, lo qual todo demando en limosna me lo quieran perdonar y todo lo otro que les tengo a cargo. Y yo vos ruego, por la caridad de Dios, que me hagáis decir [fol. 216v] cinquenta misas por que el Señor me saque de pena».&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y esto dicho, desapareció, y la dicha sierva de Dios, quitada la habla, quedó amorteçida por espaçio de quatro horas, y lo primero que le dixo este espíritu fue esto: «Y vos roga a Dios por mí». Y desde a pocos días viniendo de oír missa del coro, sintió que uno la travava del braço mui recio y le puso la otra mano en la espalda, como persona que la quería aiudar, y ella dexose caer diciendo tres veces Jhesús, y sintió el cuerpo mui desconcertado y ansí la llevaron luego a la cama, y hizo luego dezir las misas e no sintió más entonces.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Me dixo esta santa muger lo que arriba es escrito, que muchas vezes cuando ora al altar, ve visiblemente el sacramento como si no tuviose cobertura alguna, y siente muchas vezes gran dulçor por grande espaçio de rosas y lilios y flores, que decir no se puede, lo que la recibe gran fuerça y consolación, ansí spiritual como corporal. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Capítulo 34'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''De la claridad que vio dos vezes en la iglesia maior día de Santa Caterina'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El año de ochenta y seis, estando esta bendita virgen en el oratorio rezando sus orationes en la noche de la fiesta de Santa Caterina, en la qual tiene mui grande amor, y como con atención estuviesse de rodillas delante de la su imagen y la capilla estuviose oscura, súvitamente apareció gran claridad y alunbró a la virgen Caterina [fol. 217r] y al Niño Jesucristo, que estaba pintado cómo ponía el anillo de su dedo a la virgen Santa Caterina, de lo qual esta santa virgen fue llena de grande gozo; la qual claridad estuvo allí por algún espaçio y luego tornose a escurezer como estava de antes. Y la noche siguiente, como se levantasse después de maitines a orar en el coro, halló la lánpara muerta y no sabiendo qué hazerse, fue a llamar a una de las hermanas que estava acostada y díxole que la fuese a ençender. Y tornose al coro como de primero y estando la iglesia mui escura, súpitamente vio una centella de fuego que salía del arca del corpus cristi, y fue encendida la lámpara con tan gran claridad que resplandeçió toda la capilla, y como vino la hermana que de ella fue llamada y viesse tan gran claridad, fue mui espantada y comenzó a decir: «Milagro es este y no se puede encubrir». Y ansí quedó esta santa virgen en el oratorio llena de mucha consolaçión.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Capítulo 35'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''De lo que acaeció en la imagen del Niño Jesús'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Como otro día adelante estuviose rezando en el oratorio y tuviese consigo dos libros en donde tenía sus orationes, demandó a una hermana que le truxese la imagen del Niño Jhesús, que estava en el altar de Nuestra Señora, el qual estava vestido de una ropilla que le abían hecho hasta los pies. Y como el dicho Niño le fuese entregado, tomolo con devotión y púsolo de pie encima [fol. 217v] de un libro. Y como por algún espaçio con alegría y devotión le hiziese oratión con artas lágrimas, alçó la ropilla por besalle los pies, y vio como uno de los pies se bullía y meneava como si estuviera en carne, y alçóse un poco el pie para que se le pudiese besar. Y como le besase con devotión quedose el pie levantado y no se baxó jamás. Y como pusiese el pie del Niño en una gran hinchazón que tenía en el ojo, luego fue abierta, la qual cosa luego fue divulgada en la casa, y el niño quedose con el pie levantado. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Capítulo 36'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''De cómo fue robada en espíritu y vio un ánima cómo fue llevada a juicio'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En la santa iglesia de Toledo uvo un canónigo honrado y discreto y barón de mui noble condición, y de todos mui amado y querido y limosnero, que quanto tenía gastava en casar uérfanas con deseo de hazer tesoro en el Cielo, adonde son las verdaderas riquezas. El qual se llamava Don Diego de Villaminaia, que era capellán maior de la iglesia maior, y como Nuestro Señor le quisiese galardonar de sus trabaxos, en fin del mes de março, año de ochenta y siete, enfermó de calenturas y a los treinta días del dicho mes fallesçió, en quio fallescimiento casi toda la cristiandad uvo sentimiento, del qual cupo gran parte a la casa de Doña [[María García]], por las grandes limosnas y bienes que les hazía, ansí corporales como espirituales, y era tenido como padre de toda la casa. [fol. 218r] Y todas las hermanas estaban en el coro, con ellas María de Axofrín, y como doblasen las canpanas en su fasllecimiento, luego la dicha María de Axofrín fue robada en espíritu y vio cómo San Juan Batista y nuestro padre San Xerónimo y Santa Caterina llevaban el ánima del dicho capellán maior a juicio delante de la Magestad divinal, en un gran canpo mui deleitoso, en el qual estaban muchas ánimas loando al Señor. Y fue acusada delante del Señor cómo tenía cargo de un finado, el qual le avía dexado por albaçea de su testamento y no lo avía hecho hazer cumplir, y como quiera que el capellán maior en su testamento dexó mandado que se cumpliese aquel cargo, mas como Nuestro Señor sea justiciero, mandó que el ánima del dicho capellán estuviese detenida en aquel lugar y no entrase en la gloria del Çielo hasta que fuese satisfecha la demanda del dicho defunto.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y como la dicha María de Axofrín vio esto, quedó fuera de sí con mui gran pena mezclada con grande alegría de lo que viera, que aunque su ánima no estava en la gloria çelestial, estava enpero en un lugar seguro. Y caió luego en la cama con mui grande amortecimiento, que muchas vezes pensaron que se muriera. Y ninguna de la casa supo esto sino io.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Capítulo 37'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''De cómo Nuestro Señor mostró a esta santa mujer el principal de los testigos a quien le plaza que sea revelado lo que avía visto'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Un día del Corpus Cristi, recibiendo esta santa mujer al Señor, fue puesta en aquel traspasamiento que solía [fol. 218v], y, pareciole estar en la iglesia maior y veía en la proçessión de la clereçía al Señor en unas andas vibo, con muchedumbre de ángeles y muchos santos que cantavan cantos mui dulces al Señor. Y el Señor señaló a uno y nonbrole por su nonbre y díxole estas palabras: «A este le señalo para que manifiestes todo lo que te mandé». Y luego el día de Nuestra Señora de agosto, recibiendo el Señor esta devota mujer, fue puesta en traspasamineto y pareciose que estava en la dicha yglesia, y vio a Nuestra Señora viva, y en toda la iglesia cantavan ''O gloriosa domina''. Y este sobredicho prelado estava hincado de rodillas, y la gloriosa Señora le ponía una corona de oro en la cabeza y un báculo de oro en la mano y decíanle estas palabras: «Por la limpieza de tu vida a mí eres mui agradable para que seas pastor mui escogido y io seré sienpre contigo».&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Capítulo 38'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''De cómo por sus orationes sanó a la hermana maior del mal del costado'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Tres días antes de la fiesta de San Lorenço, estando enferma la hermana maior de dolor de costado, desahuziada de los físicos, con el sarrillo levantado que se finava esta santa mujer, de que la vio en la agonía de la muerte, fuese a la capilla a una hora de la noche y estuvo ante el altar de Nuestra Señora hasta las doze con muchas lágrimas, rogando mui afincadamente a Nuestra Señora que no quedase ella güérfana [fol. 219r] de tan gran bien, y que se la quisiese dar sana y viba. Y desde a poco viole sudar el rostro y pensando que se le antojava, atreviose a llegar a su rostro, y a limpiarlo con su toca tres veces el sudor, y lavose los ojos y la cara con ello, y de placer que uvo tornole a mandar la salud de su hermana y oió una boz que dixo: «Otorgada es la vida para consolaçión y remedio tuio». Y luego fue puesta en transpasamiento por dos horas y vio a San Lorenço como mozuelo de quinze años, vestido con vestiduras resplandecientes, y llevava en la mano una buxta de oro y poníasela en la cabeza y en el costado a la enferma, y santiguávala con su mano.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y desque tornó esta santa mujer de aquel transportamiento, con mucho placer fuela a ver y hallola durmiendo, de reposo. Y desque despertó sintió grande alivio de la enfermedad.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Capítulo 39'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''De cómo por sus orationes fue librado un hermano suio de las prisiones en que estava'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Estando en prisiones un hermano de esta santa mujer, orava ella a Nuestra Señora en su altar con grande ahínco. Y apareciole al preso la imagen de Nuestra Señora y sacole los hierros de los pies y díxole que por el ahínco y la fe desta santa mujer, y de otras que por él en aquella casa rogaban, sería libre de aquella prisión. Y entonces durmiose [fol. 219v] y veníanse delante de aquella imagen y esta su hermana y otras tres hermanas haciendo oratión por él y, como Nuestra Señora, presentava al niño velas y flores y una candela encendida. Y esto era sábado otavario de la Asumptión de Nuestra Señora, y él hallose libre de las prisiones y de grande hichazón que tenía en los pies de los hierros. Y luego otro día, vínose a la casa adonde estava esta santa mujer a ver la imagen  y contar este miragro.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y aquella hora que él señaló se halló que ella y otras hermanas hazían oratión señalada por él, y de que vio la imagen, con muchas lágrimas prometió de traer cera que ardiese ante ella todos los sábados mientras viviese. Y acaeció que un sábado, mientras maitines, estaba la candela en un candelero y llegose esta santa mujer y otras al altar para dezir ''el antífona de benedita'', y salía del pie del candelero humo, como de incensario, y violo primero ella y dixo a las otras, y a la una le dio olor de encienso, y a la otra de flores, y a la otra un olor mui suave, y a otra, que estava en el sicoro, olor de pan tostado.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y dende a nueve años la víspera de Nuestra Señora de agosto, traiendo este su hermano çera para alunbrar la imagen, como avía prometido, plugo al Señor que en el camino súpitamente fallesçió. Y estando esta sierva de Dios mui angustiada de la muerte, rogó a Nuestra Señora que ella mostrase a algún saçerdote de los que dieron misa por él si estava en carrera de su salvatión.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y el día octavo en que fallesçió, a las dos horas después de medianoche, [fol. 220r] estando ''[22]'' esta santa con muchas lágrimas delante la imagen de Nuestra Señora rogándole que, pues ella le avía salvado de la prisión, que ella le plugiose demostrarle si estava en carrera de salvatión. Y vio el rostro de la imagen alegre, como de persona viba, y pareçía que quería hablar, y ella del gran gozo que tuvo enpezó a llorar y dos hermanas que lo sintieron llevánronla a la cama, y arrimada la cabeza a las almohadas, estando allí las hermanas con candelas ençendidas, sintió a sus espaldas un huego como de persona, y como estava hablando con ellas, no curava de mirar a aquel lugar donde aquello sentía. Y dende a poco uvo gran miedo y parávasele la lengua y sentía tan grande angustia que quería amortecer, y volvió la cabeza y vio un pedazo, tan grande como de una almohada, como de nuves quando haze nublado. Y allí dentro, el rostro de su hermano mui alegre y díxole que a la ora de la muerte se viera en gran peligro, mas que Nuestra Señora fue allí con él y dixo cosas señaladas que tenía de cargo e que estava en purgatorio.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Capítulo 40'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''De una visión que vido Jueves de la Cena en el arca del monumento'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Juebes de la cena, acabado de cenar, el Señor paresciole a esta santa mujer que sentía en el monumento una paloma que reboloteava. Después de tinieblas estando todas en la disciplina, y ella estava entre ellas puesta en cruz, porque estava enferma y avíanle man- [fol. 220v] dado por obediencia que no se diciplinase, y cantaba con ella el salmo de miserere mei con mucho plazer de verse entre aquellas sus hermanas, y vio salir de el arca del monumento ansí como estrella resplandeçiente que veía por encima dellas hasta adonde ella estava. Y tan cerca estava de la santa que paresçía que podía llegar a ella con la mano, y mirava ella con mucho plazer y devotión esto, y quando hizieron señal para que las disciplina çesase, tornose la estrella al monumento y metiose dentro en él.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Capítulo 41'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''De otra vissión que vio en el Viernes Santo'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El Viernes Santo siguiente, estando diçiendo la Pasión, fue puesta en traspasamiento hasta el sábado a la misa, en la ora que el viernes adoraban la cuz, y pareçióle que estava en un campo y veía al Señor cómo le descendía de la cruz, y de cada una de las manos, cuando le desclavaban, salía un resplandor mui claro, más que el sol, y de todas la heridas del cuerpo y de la llaga del costado, a manera de un baso de oro que estava lleno de agua y revertía en manera de caños y dava en las faldas de Nuestra Señora. Y veía cómo le ponían en el monumento y cómo Nuestra Señora se partía con San Juan y la Madalena y los otros que la acompañavan, y entravan en el cenáculo donde el Señor cenó con sus discípulos. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y después de esto, el día de Pascua, y otros días señalados, vio ese mesmo resplandor en la ostia, y en la víspera de Nuestra Señora de março, [fol. 221r] cuando tañían a vísperas, vio ençima del altar súpitamente el bulto de Nuestra Señora a un cabo y, del otro, el ángel de la custodia, donde estava el santo sacramento, y salía un gran resplandor que cubría todo el altar y sintieron muchos olores de rosas. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Capítulo 42'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''De otra vissión que vio en el Cielo el día que los reies se partieron para la guerra''' ''[23]''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Rogando esta sierva de Dios por sus altezas y por todos los que con ellos iban que fuesen sus intenciones en su serviçio y les diese victoria a las doze del día, vio en el Çielo una abertura que salían della muchas llamas de fuego. Y conoció en el espíritu que muchos de los que allí iban yban en pecado mortal y que con mucho trabaxo a[l]cançarían el real ''[24]''. Y ansí fue.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Capítulo 43'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''De cómo le apareçió la calavera'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En el mes de julio de ochenta y nueve, quando entró la pestilencia en Toledo, fue herida una de las hermanas que llamavan Sancha Díaz, sobrina del vicario de la Sisla. Estando mui fatigada, una de las hermanas, movida a compasión, rogó a esta santa mujer, que estava rezando en un libro, que rogase por la enferma. Y ella estuvo un poco, y súpitamente fue hecha en el libro donde estava rezando una calavera de muerto, y bolviose a las hermanas que la rogaban y díxoles: “No qures della, que vedes aquí [fol. 221v] que esta es su calavera”. La qual calavera estuvo allí algunos días hasta que la enferma fallesçió.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Capítulo 44'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''De cómo sanó un canónigo de Toledo de una grande enfermedad'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Un canónigo de Toledo estava enfermo y súpolo esta santa mujer, y movida a conpasión enbiósele secretamente una granada con una mujer devota de la casa, la qual el canónigo resçibió con mucha devotión y la comió, y en comiéndola, luego tuvo salud y se levantó y fue luego a dar graçias a la dicha casa de Doña Mari García.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Capítulo 45'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Esto que se sigue acaesçió en tiempo del padre Fray Diego de Santo Domingo, siendo prior de la Sisla'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En el año de 1488, después de Pascua de Resuretión, me dijo esta santa mujer que estando un día en su capilla orando, contemplando en la encarnación de Jesucristo y pensando cómo la umanidad era unida con la divinidad en una persona, vio visiblemente cómo vino una luz mui clara que encendió el çirio pascual, y le pareçía que su ánima rescibía mucha consolatión en esta visión, y que çesó de pensar en la sobredicha visión. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Ansímesmo ese mesmo año, después de la fiesta de Nuestro Señor, le acaeció que como quedase el corpus christi en el altar para que lo adorasen, como es de costumbre en muchas casas [fol. 222r] de nuestra orden, y ella, movida con gran devotión al santo sacramento, estando las hermanas comiendo, quedose orando en su capilla, y como sintiese que la buscavan para darla de comer, fuese al bistuario, que está cerca del altar, adonde acostumbran a bestirse los sacerdotes para celebrar, y comenzó a orar con gran fe y devotión. Y estando mui grande espaçio de tiempo casi absorta en este deseo y devotión, vidose alcada de tierra casi dos codos, y que salían de la ostia unos raios mui claros a manera de cordones y se ponían en los lugares que Nuestro Señor fue crucificado en el costado, y en las manos y en los pies.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y de allí en adelante se le fue acrecentando más y más de recebir al santo sacramento y tan crecido fue el deseo que deçía que se le quería salir el corazón del cuerpo. Y como yo estuviese en la examinación en los procesos de la Inquisitión de Toledo, rogome que la confesase y comulgase, porque no podía sufrir el dolor del corazón. Y io, movido a conpasión, dexé todos los negocios y fuila a confesar, y como se empeçase a confesar fue robada en espíritu, de manera que padescía el cuerpo sin el alma.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y este robamiento le acaeçió quatro o çinco vezes, y rogé a una hermana que llamase a la hermana maior para que viese cómo estava traspasada. Y como la dicha hermana maior viniese dijo: «Mandalde en virtud de santa obedientia que requerde y os hable, que luego lo hará». Y yo hize ansí, y díxome: «Perdoneos Dios padre». Y a la postrimera vez [fol. 222v] de su traspasamiento sentí como resollo que suele salir de los costados de hombres feridos con lanza, y recordela en la forma sobredicha y pregúntele si tenía el costado abierto como solía. Y después de muchas importunidades díxome que sí tenía y que la comulgase, que luego se le cerraría. Y hízelo ansí, y antes que la comulgase díjome que la maldición de Dios y de sus santos fuese sobre mí si en su vida yo descubriese lo susodicho.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y esta sierva de Dios comulgó antes de las nueve, y luego fue robada en espíritu y estuvo traspuesta hasta las seis después de mediodía, que cierto estuviera más si no le mandara por obedientia que recordase. Y recordando tenía tan gran gozo que paresçía que venía de algún lugar grande. Y como otro día deseose yo saber qué era lo que sentía en aquellos robamientos, sentía ella mui gran pena en que la inportunaba, que me lo dijese por el mérito de la santa obedientia, y díjome que cada vez que era robada que la llevavan a una güerta muy hermosa en que estava un altar, y allí veía a Nuestro Señor con muchedumbre de santos y ángeles y que allí conocía las maldades grandes que en el mundo se hazían y sabía grandes secretos de concientia, maiormente de los viçios y pecados que en la cibdad eran cometidos.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y estando con esta sierva de Dios, entre otras cosas que me dixo para mi consolación fue una que me dixo que estuviose fuerte en las batallas del Señor porque avía de pasar muchos trabajos [fol. 223r] por el su amor.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y dende a pocos días en la noche de la vigilia de los gloriosos apóstoles, San Pedro y San Pablo, sentime mui fatigado de manera que paresçía que quería reventar, y como fuese a decir missa a las dichas beatas, sentime luego mejor. Y dije misa, y víneme a comer, y como me asentase a la mesa, comiendo el primero bocado, diome dolor de costado en la parte derecha, y por no contristar a los güéspedes que estaban a la mesa sufrí el dolor hasta que acabaron, y luego tomé algún reparo para el dolor y fuime a la cama, y estando en ella acordome que esta sierva de Dios me avía dicho que avía de pasar muchos trabaxos. Y luego, a la ora me levanté con mucha pena diçiendo en mí mesmo: «Los buenos cavalleros no suelen morir en la cama». Y ansí, con mi dolor fuime con compañía onesta a donde estava la sierva de Dios, y ella començóme a consolar; y ella hízome la señal de la cruz en las espaldas, sobre el manto, y no lo viendo yo, la segunda vez, hizo otra señal de la cruz y comencé a juzgarla en mí mesmo y notarla de liviana, que nunca le avía visto hazer otro tanto, que apenas avía visto la boca, tanto andava de cubierta con su mantillo, y tornó otra tercera vez a hazer la señal de la cruz y díjome: «Sano sois, pero no en vuestra fe, porque vos no creístes que os avía de sanar y burlastes de mí en vuestro coraçón. Verdad es que yo no os sané, mas la virtud de la cruz obró en mi fe y no por la vuestra causa, que sois mui incrédulo, y no os pese dello porque creer de ligero es cosa mui peligrosa». &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[Fol. 223v] Y dichas estas cosas, sentí gran alivio del dolor del costado, salvo que me quedó en la espalda derecha por algunos pocos días el amortiguamiento de la carne en do estava el dolor. Y ansí fui sano por los méritos y orationes de esta santa. Y en este tiempo me dixo esta sierva de Dios que viniese a este monasterio y pusiesse recabdo en la casa porque andavan dos personas por cometer un pecado, y io hízelo ansí y puse guardas diligentes. Y dende a pocos días hallaron dos mozos que querían cometer el pecado de la manera y forma que ella me lo avía dicho. Y fueron despedidos de la casa, y cierto ella sabía mui grandes secretos de las conçiençias que sobrepujavan el juicio y poder humanal.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y en el mes de julio deste dicho año, después de Santiago, me dixo esta sierva de Dios algunos negotios de la Inquisitión, diciéndome que Nuestro Señor le avía aparecido de forma humanal, como cuando estava atado a la columna, y que le avía mostrado las espaldas cómo le corría la sangre y que le dijo: «Hija mía, mira quál me ponen los herejes cada día, y di esto al deán de Toledo y al prior de la Sisla, que están en la Inquisitión». Y ansí fue hecho, que estas más palabras, con otras muchas, dixo al dicho deán en mi presentia. Y en este dicho año me escrivió una carta en que me dijo que avía avido mucha conpasión de la fatiga que pasé en el camino cuando yba a la Inquisitión a tierra de Burgos, maiormente el martes que ella dijo. [Fol. 224r] Y ansí fue cierto que aquel martes que ella dixo, yo pasé los puertos llenos de nieve, y nevava y llovía mucho, y después desto me dijo que ella iba conmigo entonçes, aunque no la veía en medio de León e levé ''[25]'' adonde estava exsaminando los procesos de los herejes de Toledo. Otros muchos milagros à] hecho Dios Nuestro Señor por los merecimientos de esta sierva y io no é mereçido de los ver; quien los a visto da testimonio dellos.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Capítulo 46'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''De cómo vio una gran claridad en día de la Natividad de Nuestra Señora por setiembre'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Como un día este dicho religioso hablase con ella mui familiarmente, dijo ella por le consolar algo de lo que Nuestro Señor hazía por ella, y como estuviese mala y hinchada de la garganta en la cama, vino la fiesta de Nuestra Señora de setiembre y como viose que no podía comulgar con las hermanas que avían de comulgar, aquel día mesmo levantose de la cama para oír missa, y otro día estava con mucho dolor en su coraçón. Y como las hermanas se levantasen a maitines y lo viese ella, dixo con mucho dolor de su coraçón: «Señora Gloriosa Virgen María, Madre de Dios y de los que te llaman y an en ti esperança, yo no soi digna que esté en los tus maitines, ni menos que pueda oi comulgar con las hermanas». Y como dijese estas palabras, vio una claridad sobre ella y sanola del todo, y fuese con las hermanas a maitines y comulgó con ellas el día siguiente. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Capítulo 47'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[Fol. 224v] '''De cómo sanó a un enfermo de una enfermedad que se dize modorra'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En el año de Nuestro Señor de mil y quatrocientos y noventa en Jarahiz, lugar de la Vera de Plasentia, en el mes de noviembre, día de San Martín, vino una enfermedad a Francisco Díaz, natural de dicho lugar, de la qual enfermedad vino tanta flaqueza que recibió los sacramentos con estrema unción. Y puesto en tan estrecha necesidad y teniendo ya la candela encendida que se finava, yo Martínez Díaz, clérigo y capellán perpetuo de la iglesia de la Virgen María, siendo presente y sintiendo muchas angustias en el su fallesçer, porque era primo mío, a la saçón vino Juana Martínez, mujer de Antón Cervote que Dios perdone, y viéndome afligido díxome: «Conpadre, ya sabéis la enfermedad que yo tengo y tenía en esta mi pierna y este dicho año, quando vino aquí mi hijo Fray Gabriel, profeso de San Xerónimo de Madrid, que es dicho el Paso, y me informé d’él de una santa religiosa que falleció en Toledo, en el monasterio que fundó Doña Mari Garçía, y está sepultada en el monasterio que dicen de la Sisla y á mostrado el Señor por ella maravillosas cosas. Y como fue mui gran servidora de Dios y me prometiese con gran devotión y mui verdadera fe de ir a visitar su santo cuerpo y estuviese sin dubda que por sus santos méritos, abría salud —loores sean dados a Dios y a su Bendita Madre—, yo fui sana, prometeldo vos a esta santa y plaçerá a Dios de libralo». Y luego [fol. 225r] respondió: «Soi pecador para ello, mas confiando en la clementia de Nuestro Señor, y en la piedad de Nuestra Señora, la Virgen María, madre suia, yo le prometo, si escapare de esta enfermedad, de llevarle a ver y visitar el su santo cuerpo de la dicha santa, y llevarle una libra de cera para le ofrecer». El qual voto hecho —sean dadas gracias a Dios y a Nuestra Señora— luego fue mejorando y tuvo mucha salud.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El qual enfermo y io vinimos a visitar esta Santa María de Ajofrín con mucha salud y cunplimos nuestro voto. Y porque esto es verdad, yo el dicho Martín Díaz, clérigo, estoi presente oi sábado, a siete del mes de maio dentro del dicho monasterio, manifestando este tan gran milagro, alcançado por méritos de la bienaventurada María de Ajofrín. Y escrebí de mi mano todo lo sobredicho por más lo corroborar, y confirmé de mi nombre, oi sábado del sobredicho año de 1490, Martínez Díaz, clérigo capellán de dicho lugar ''[26]''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Capítulo 48'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''De las cosas que Nuestro Señor á demostrado por esta su sierva después que fallesçió, y muchas por negligentia no se han escrito, más las que se han escrito son las siguientes:'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''De cómo sanó a un enfermo por su orationes'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En la cibdad de Toledo estava un canónigo enfermo de calenturas y tan fatigado que le avían dado muchas purgas, y estando esperando el pasamiento de la vida enbiava a los monesterios a se encomendar y ia no avía remedio. Y estando ya oleado, envió a este [fol. 225v] monesterio de la Sisla a encomendarse a la bienaventurada virgen María de Ajofrín con mucha devotión. Y estando durmiendo de noche el dicho canónigo, avía de tomar a la mañana una purga, y apareciose la dicha María de Ajofrín, y despertando, sintiose aliviado. Viniéndole a dar la purga dijo que no la quería recebir, sino que le diesen de comer. Y luego se levantó y enbió a este monesterio para que colgasen a do estava enterrada la dicha María de Ajofrín una candela y una cabeza de cera, y después vino él, dado gratias a Dios, y dijo missa.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Capítulo 49'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''De cómo sanó a Don Alonso, hijo de la Condesa de Paredes'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En el mes de setiembre, año de mil y quatrocientos y ochenta y nueve, enfermó Don Alonso, canónigo, hijo de la Condesa de Paredes, de calenturas continuas y fiebre mui grande en la cabeza. Y estando ya oleado y muy propinquo a la muerte, envió a este Monesterio de la Sisla a se encomendar a esta bienaventurada virgen María de Ajofrín, y fuele llevada una almohada en que avía fallesçido la dicha virgen, y luego fue sano y vino a este monesterio y tuvo novenas, y ofreçió una imagen de cera y una casulla.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Capítulo 50'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''De cómo sanó una mula de un fraile de Guadalupe'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En este mesmo tiempo, dos frailes de Guadalupe yban camino y caió una mula y lisiose mui mal, [fol. 226r] en tal manera que no podía moverse, y encomendáronla a esta bienaventurada Santa María de Ajofrín. Y luego fue sana de todo punto y ellos con mucho placer hizieron hazer una imagen de çera y enbiaron a este monesterio.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Capítulo 51'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''De cómo sanó a un tollido'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
A nueve días del mes de setienbre año de 1499 años, vino a este monesterio un hombre que avía por nombre Juan de Pastrana y su mujer, y truxeron un niño, su hijo, que avía nonbre Nucho Sebastiano, los quales moran en Toledo. Y el niño avía grandes días que estava malo y tullido, y su padre avía gastado en físicos lo que tenía y no lo avían podido sanar; y encomendáronlo el padre y la madre a María de Ajofrín y velaron una noche en la iglesia y ubo salud a gloria de Nuestro Señor. Y fue dicha una missa.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Capítulo 52'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''De cómo sanó a una mujer que estava mala de un çaratán en la teta'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En este tiempo, una mujer que se llamava Juana de San Migel, beata de la tercera regla de San Francisco, moradora en Toledo, estava mui mala de un çaratán que tenía en una teta, y avían çinco años que se le curavan físicos y todos ellos no avían podido sanalle. Y ya desahuizada dellos, algunas personas le aconsejaban que por que no muriese le fuese cortada la teta con consejo de los médicos. Y con esto tenía calenturas con- [fol. 226v] -tinuas seis meses avía y ella viéndose en esta angustia, oída la fama desta santa mujer, fue a visitar su cuerpo al Monesterio de la Sisla y, entrando do estava enterrada, sintió un olor celestial que salía de la sepultura, y ella con mucha devotión y lágrimas echóse sobre la sepultura rogándole la quisiere aiudar, y por su ruego sanar. Y luego fue sobre ella la mano de Dios y fue sana.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Capítulo 53'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''De cómo sanó a una niña que tenía tiña'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Esta sobredicha beata tenía una niña enferma de tiña y encomendola con devotión a la dicha María de Ajofrín. Y luego fue sana por los sus ruegos. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Capítulo 54'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''De cómo sanó a una mujer que estava enferma de los pechos'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
A dicho monesterio vino una mujer a bisitar el cuerpo de María de Ajofrín y hazer oratión a él, la qual mujer se llamava Marina Álvarez, y dijo que ella estava enferma de los pechos de tal manera que ya estava oleada y los físicos le avían dado dos captiverios de fuego y estava mui fatigada. Y fuela a visitar García Sánchez de Pastrana y le dijo que se encomendase a María de Ajofrín, el qual le llevó su Vida y se la leió, y ella con mucha devotión fue a la casa de Doña Mari Garçía y allí le fueron puestos sobre los pechos unos paños que fueron de la sobredicha virgen, y luego reventó la inchazón y fue sana de la dicha enfermedad sin ninguna física, ni menos mediçina.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Capítulo 55'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[Fol. 227r] '''De cómo sanó a un relixioso que tenía una enfermedad en un ojo'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
A ocho días del mes de otubre del dicho año, vino a este menesterio un fraile professo del Monesterio del Paso, que es San Xerónimo de Madrid, que avía por nonbre Fray Gabriel de Coacos de la Vera de Plasentia, y dijo que estando enfermo de una hinchazón que tenía en un ojo, el qual le tenía mui malo, y aviéndoselo de abrir con botones de fuego, un día antes se encomendó a esta santa mujer, y ovo remedio y se le abrió la hinchazón y luego estuvo bueno.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Capítulo 56'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''De cómo sanó una mujer tullida'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Este dicho fraile fue a su tierra y halló una su hermana tullida y él díjole y contole lo que le avía acaeçido de la dicha enfermedad que avía tenido. Y tomando su hermana mui gran devotión a la dicha María de Ajofrín, hincose de rodillas en su casa y enpeçó a orar, rogando a Nuestro Señor que por méritos de aquella su sierva, que ansí abía acorrido a su hermano, la quissiese a ella acorrer y sanar, que estava tullida. Y aiudándola a esto una niña que tenía chiquita, a la qual mandó que orase con ella, y acabada la oratión, cosa de mui grande maravilla, fue sana del todo y enbió al Monesterio de la Sisla unas piernas y un rollo de çera, dando muchas gratias a Nuestro Señor dador de todos los bienes.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Capítulo 57'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''De cómo sanó un hombre que estaba hinchado'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En el mes de otubre dese mesmo año, un mozo que estava en la cozina, que se llamava Rodrigo, estava hinchado [fol. 227v] de una enfermedad que avía pasado, y fue con devotión al sepulcro donde estava enterrada esta sierva de Dios. Y fuéronle puestos unos paños que fueron de la dicha santa y súpitamente fue sano y no sintió más fatiga de la dicha hinchazón.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Capítulo 58'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''De cómo sanó a una niña'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En el mes de noviembre del dicho año estava una niña mui fatigada de calenturas y su madre encomendola a esta dicha santa, y luego fue sana y hizo a Dios muchas gracias traiendo la dicha niña al sepulcro.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Capítulo 59'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''De cómo sanó un escudero'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El día de San Martín de dicho mes, vino aquí un escudero burgalés, el qual estando de calenturas y mui gran dolor de cabeza, en Toledo oió decir de la fama desta santa mujer y encomendose a ella con mucha devotión y uvo salud. Y vino con alegría a hazer oratión, el qual ofreció una cabeza de çera. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Capítulo 60'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''De cómo sanó un niño'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Un hijo de Garci Sánchez de Pastrana, estava a la muerte de calenturas, y el padre encomendolo con mucha devotión y vino a velar a este monesterio, y uvo salud por ruegos desta santa mujer. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Capítulo 61'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''De cómo sanó a una mujer'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El mes de diciembre dese mesmo año enfermó una mujer de Toledo y estava mui fatigada, y vino a este monesterio a hazer oratión y fue sana. Y traxo una ymagen de çera dando muchas gratias a Dios.  &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Capítulo 62'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''De cómo sanó un niño'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Un niño estava mui fatigado de calenturas [fol. 228r] y su madre encomendole a esta santa mujer y uvo salud. Y trúxole a su sepultura y ofreció un bulto de çera.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Capítulo 63'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''De cómo sanó un enfermo'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Martín de Rojas estava enfermo de muy grandes calenturas y encomendose con devotión a esta santa virgen. Y veló una noche y diole Nuestro Señor salud y puso una candela de çera en su sepultura.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Capítulo 64'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''De cómo sanó un hombre que traía hinchada la cara'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Víspera de Nuestra Señora de la Candelaria, vino un hombre que avía por nombre Miguel Hornero y traía hinchada la cara y un ojo, y vino con intención de encomendarse a esta santa virgen. Y llegando al sepulcro fue luego sano, que no le pareçió ninguna cosa de hinchazón.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Capítulo 65'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''De cómo sanó a un mozo que traía hinchada una pierna'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Un mozo de los frailes de Guadalupe, hinchósele una pierna y fue llevado a su sepulcro y hecha oratión, luego fue sano del todo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Capítulo 66'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''De cómo libró una mujer preñada'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Una muger de Pedro de Toledo Pedrero estava preñada, y llegada a la ora del parto atravesosele la criatura en el cuerpo y estava, según natura, para fallesçer, y fue encomendada a esta santa, y pusieronle unos paños desta dicha santa y luego echó la criatura.  &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Capítulo 67'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''De cómo sanó un niño'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Aquí vino Alonso del Ágila y truxo un su hijo, el qual venía con calenturas, y puesto al sepulcro, luego se enfrió y se le quitaron a gloria de Dios.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Capítulo 68'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[Fol. 228v] '''De cómo una carta quemada, fue sana por su orationes'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Una vez estava la bienaventurada María de Ajofrín escribiendo una carta para el cardenal de España Don Pedro de Mendoza, y ella la notava y otra hermana la escribía, la qual avía por nonbre Inés de San Nicolás. Y como ya la uviesen escrito y no tuviesen salvado pare le echar, llegáronla al fuego para la enjuagar, y tanto la llegaron que se quemó, en la manera que la avía de tornar a trasladar. Y sintiendo desto enojó la escribana por quanto era mui gran carta. Díxole esta santa mujer: «Ydos vos agora y no aiades turbation». Y tomó la carta y echola en un arca, y otro día fue la dicha escribana para trasladar la dicha carta, y al tiempo que la fueron a sacar halláronla sana. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y en diez y seis de abril de 1490 años fue sacado de la sepultura en que estava el cuerpo desta santa mujer, a ruego de la Condesa de Fuensalida y el clavero de Calatrava y Don Alonso de Silva, y fueron hallados sus güesos parecer manar un licor a manera de aceite y dieron suaves olores, lo qual sintió el prior Fray Juan de Corrales y otros muchos religiosos y seglares. Y mandó el prior llamar al convento y tañer los órganos y las canpanas, y el dicho Don Alonso de Silva traxo una arca guarneçida de seda por dentro y candelas para todos los frailes. Y mui honradamente con cruz, y cirios y ministros, los sacerdotes la llevaron con mucha alegría cantando ''te deum laudamus''. Y fue pedida agua, y luego llovió después tan abundantemente que claramente paresció a todos que por sus méritos el Señor lo hazía. Y fueron remediados los panes, al qual sea gloria, amén.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[Fol. 229r] Esta santa mujer estuvo en la iglesia para la mostrar a los que venían treçe días, y fue después sepultada en la sepultura que edificó la dicha condesa a la mano derecha de la iglesia. Y Santos Fernández dexara hijo ollero estando a la muerte, y oleado fue prometido a esta santa virgen por Juana Martínez, la de Antón Sánchez, y alcançó salud. Y el dicho con su mujer vino a cunplir el voto, que fue esto martes a cinco de maio del dicho año; afirmose ansí ser verdad, estando presentes Antón Nejas y su hermano Martín de Cálix, y Fra Migel de Ocaña, y Fra Alonso de San Migel, y el dicho prior. Y el conde de Oropesa enbió aquí un su hijo y una su hija a visitar y a velar a esta santa mujer. Y dixeron los que venían con ellos que los susodichos hijos del conde avían estando mui enfermos y que la hija avía estado en el artículo de la muerte, y que más la tenían por muerta que por biba; y que la encomendaron sus padres a la dicha María de Ajofrín, y que avía tenido salud, amos a dos, los quales ofrecieron una imagen de platea y una palia y una cruz de oro broslada y tres imágines de cera, a veinte días del mes de novienbre del año de 95.  &lt;br /&gt;
 &lt;br /&gt;
Y Pedro de San Pedro, vezino deToledo, truxo aquí un bragero de un niño, el qual estava quebrado, el qual avía sanado. La maior Catalina de San Lorenço dixo que, entre muchas virtudes que tenía esta santa virgen, era una la humilldad, que como estuviese con su regimiento [fol. 229v] los viernes que tiníen culpas, las hermanas venían a ella, la dicha María de Ajofrín, y le rogaba que la mandasen comer en tierra y pasasen sobre ella las hermanas.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Capítulo 69'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Hablando de una carta que enbió el Cardenal a la dicha María de Ajofrín'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
«Devota y mui amada hermana, con vuestra carta y con lo que el padre prior de la Sisla me dijo, uve gran consolación. Nuestro Señor Dios, que os puso en tal estado, os deje acabar en su serviçio, y a mí dé graçia que pueda hazer su voluntad y poner en obra lo que vos me aconsejáis. Y ansí os pido que lo demandéis a Nuestro Señor y a la Bienaventurada Madre suia, y en vuestras orationes me enconmiendo, y porque yo hablé al padre prior, no digo aquí más. Primero de enero. Cardenal».&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Después de la muerte de María de Ajofrín, murió dicho cardenal, el qual estuvo enfermo muchos días, en los quales hizo por su ánima muchas obras pías, y mandó después de su muerte se hiziesen aquí, en Toledo. Y murió el padre en estos tienpos santamente. Y se cumplió lo que dixo María de Ajofrín en la revelatión quando le puso Nuestra Señora el niño en las manos sobre un paño de seda, y le dijo que vería gran mortandad en todos estos reinos. Y aquí se cunplió lo que dijo, que feriría el ángel a unos con açote y a otros con espada, y los otros con pena de fuego; a los que firió el ángel con azotes cunpliose: que se entiende de las hanbres [fol. 230r] que uvo en todos estos reinos; a los que fería el ángel con espada, cunpliose: que uvo en todos estos reinos mui gran mortandad; a los que firió el ángel con pena de fuego, cunpliose: porque vinieron muchas bubas sobre muchos honbres y mugeres, los quales no podían ser sanos por los físicos.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Fin de los mirragros que hizo la bienabenturada María de Ajofrín a honra y gloria de Dios Nuestro Señor, por quien se hacen todas las cosas'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Traslado de una carta del cardenal Don Pedro González de Mendoza, Arçobispo de Toledo, para el prior de la Sisla sobre la visión que vio María de Ajofrín, en el capítulo que habla quando vio a Nuestra Señora en la iglesia maior, lo qual está a diez hojas de este libro. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
«Venerable padre y especial amigo, esta noche pasada, a  las dos de medianoche, tomé letura que me dexastes, y nunca la partí de mis ojos hasta que capítulo por capítulo la leí toda. Que magis admiror, si cordi meo a desil ut niquit in his Revelationibus exercendis tardius duo dubitarum ultimum vidi fillud celesti nisi nimum nota vii confirmatur de tales testigos, varones y mugeres, a quien toda fe se deve dar; y a qualquiera dellos yo la daría aunque solo fuese, quánto más a todos juntos, excepto a la hermana maior que por tener el cargo que tiene [fol. 230v] está aprobada de suio. Y también conozco al prior que es hombre de bien y digno de fe. Y maravillome de tantas visiones yn spirítu y corpore, y principalmente me maravillo en mujer hallarse tanta dureza y no querer decir lo que tantas vezes sintió, maiormente siendo mandada por quien todo lo manda. Los quales señal de su gran humilldad, y del menospreçio que tenía de la gloria mundana. Allende desto, venerable prior, por mi parte para lo que me toca, dalde las gracias; y Dios, Nuestro Señor se las dé, y la pena que pasó le sea en doblada gloria, y siendo alguna cosa que io pueda hazer por su consolación, ofrécesela vos de mi parte mui enteramente y recomendadme a ella rogándole que me aia por encomendado, rogando a Nuestro Señor me deje acabar en su santo serviçio, y encomendalde ansimesmo ruege por el estado de la Santa Yglesia y destos reinos, reies y príncipe, y por la reina, nuestra señora, que es sostenimiento y justiçia y paz dellos, que les dé vida y esfuerço para llevar adelante los trabajos que pasan sobre ellos y conservarlos. &lt;br /&gt;
El quaderno os enbío, el qual será secreto y ansí va atado que persona sino io no sea visto ni sabrá, ni se vos permite. Válete en Jhesucristo. Fecha: oi martes a çinco de dizienbre. Cardenal».&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Hablado del testimonio que da el notario que se halló presente a ver la llaga del costado de la bienaventurada María de Ajofrín, el qual está signado y firmado de su nonbre.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[Fol. 231r] «Deçente y cosa conveniente es escrevir por memoria las buenas obras y vidas de las personas que nos precedieron, parte que podamos por los buenos ejemplos de aquellos obrar sienpre bien e nos esforçemos sienpre a apartarnos del mal. Cosa cierta es que, si lo preçioso no fuese apartado de[l]lo, no falsa cuncupiscencia loca, no bastante deste temperar sería demergida por discurso mui ligero en un escuro hundimiento. Por tanto, yo, Garçía de Borlanja, capellán de la serenísima reina Doña Isabel, notario y arçobispal, afirmo y doi fe que en el año de la Natividad del Señor de 1484, a diezinueve de noviembre, casi seis horas después de mediodía, por ruego y instançia de Juan de Biezma, que entonces era rector de la casa de Doña Mari Garçía, entré en la dicha casa para que notase lo que viese, y ansí notado lo guardase. Después pasados algunos días, aunque no muchos, quise demostrar lo que avía visto al reverendo prior de la Sisla, Fray Juan de Corrales, considerando aquel dicho del eclesiástico en el cap. XI, que provecho ai en el tesoro abscondido. Por el qual dicho, por muchas vezes me mandó que aquello que avía visto se lo diese por escrito, mas yo por entonces no pude satisfazer a su voluntad por muchas ocupaciones que tenía aunque, allende de lo tener escrito en el coraçón, lo tenía en mi protocolo hasta diez días de noviembre del año de Nuestro Señor de 1496, y es que el dicho Juan de Biezma me metió en un palaçio de la dicha casa, en el qual estaban los reverendos señores, Don Pedro de Préxamo, deán de Toledo, y don Diego de Vidaminaia, capellán maior en el coro de [fol. 231v] la santa iglesia de Toledo, y dos o tres religiosas de la dicha casa. Y vi una cama en aquel palaçio que estava una donzella que verdaderamente parecía bulto de ángel y tenía una llaga en el costado, donde Nuestro Redentor fue herido, tan grande como un real, y no tenía hinchazón y careçía de toda putrefaçión, y tenía un color mui fino ansí como grana. Y después que todos lo vimos y uvimos mirado, a poco de rato habló aquella doncella estas palabras: “Dios, Nuestro Señor, vos lo demande si no pusiéredes aquello en executión”. Y ansí espantado me aparté dende y me torné a salir, en fe de lo qual lo signé y firmé de mi nonbre, que fue hecho en Toledo, año mes y día».&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''Quibus supra graciamus aff notarial por terceras nonas augusti.''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''Per labor inprobus homnia vincit''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''Fray Bonifacio de Chinchón'' ''[28]''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''Per hec est que nesçivit  torf in delicto'' ''[29]''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
=== Notas ===&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[1]'' Frase latina de difícil lectura.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[2]'' Folio escrito por otra mano.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[3]'' Subrayado: ‹fallesció en la dicha cibdad, año del nacimiento del Salvador de mil y cuatrocientos  ochenta y nueve años, sábado, a diezsiete días del mes de julio›.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[4]'' Tachado: ‹aiuda›.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[5]'' Tachado: ‹mundo›. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[6]'' Tachado: ‹azotes›. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[7]'' La versión correcta sería ''inter lepram &amp;amp; lepram''. Esto es una referencia a Deuteronomio 17:8 en la traducción de la Vulgata: ''Si difficile et ambiguum apud te iudicium esse perspexeris inter sanguinem et sanguinem, causam et causam, lepram et lepram''… ‘si te fuera difícil discernir entre un homicidio y otro, un litigio u otro, una herida u otra…’.&lt;br /&gt;
 &lt;br /&gt;
''[8]'' Tachado: ‹herexía›. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[9]'' Tachado todo el capítulo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[10]'' Tachado: ‹en demás›.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[11]'' Puede referirse a la hora de sextas, una de las horas canónicas en los monasterios, alrededor de las 12:00.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[12]'' Repetición de: ‹truyga›.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[13]'' Se refiere a la población llamada Villaminaya en la provincia de Toledo. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[14]'' Tachado: ‹y esta›.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[15]'' Tachado: ‹cerrado alderredor›.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[16]'' Palabra no clara.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[17]'' Palabra no clara, seguramente ‹erupciones›.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[18]'' Repetición: ‹parecía›.&lt;br /&gt;
 &lt;br /&gt;
''[19]'' Palabra no clara.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[20]'' Palabra no clara.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[21]'' Palabra no clara.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[22]'' Repetición: ‹estando›.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[23]'' Tachado: ‹De cómo le apareció la calavera›.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[24]'' Palabra no clara.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[25]'' Palabra no clara.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[26]'' Rúbrica.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[27]'' Tachado: ‹dicha›.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[28]'' Rúbrica.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[29]'' Mancha de tinta; frase latina de difícil lectura.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
=Vida manuscrita (2)=&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Ed. de [http://visionarias.es/equipo/celia-redondo-blasco/ Celia Redondo Blasco] y [http://visionarias.es/equipo/rebeca-sanmartin-bastida-investigadora-principal/ Rebeca Sanmartín Bastida]; fecha de edición: septiembre de 2017; fecha de modificación: septiembre de 2020.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==Fuente==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[[Archivo:II María de Ajofrín.jpg|250px|right|Manuscrito|link=]]&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
* [http://catalogodesantasvivas.visionarias.es/index.php/Categor%C3%ADa:Juan_de_la_Cruz Cruz, Juan de la], 1591. ''Historia de la Orden de S. Hierónimo, Doctor de la Yglesia, y de su fundaçión en los Reynos de España''. Esc. &amp;amp;-II-19 fols. 258v-267v.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[[Contexto material del manuscrito de El Escorial, MS &amp;amp;-II-19]]&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==Criterios de edición==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Dado que se trata de una copia manuscrita de la segunda mitad del siglo XVI que bebe de fuentes más primitivas, los criterios de edición son conservadores.&lt;br /&gt;
Se mantienen los grupos cultos, que podrían mostrar el uso eclesiástico o de las fuentes consultadas: &lt;br /&gt;
* s líquida en spirituales&lt;br /&gt;
* formas cultas como –mpt- en Redemptor, -th- en tesoro, -ct- en sancta&lt;br /&gt;
* consonantes geminadas, ll, ff&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Se respetan las oscilaciones y variantes de las sibilantes.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Se mantiene la oscilación i/y y v/b y se regularizan las alternancias gráficas sin valor fonético: i/j, u/v.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Se conserva ''dello'', ''desto'', pero se separa mediante apóstrofe cuando la forma aglutinada incluye el pronombre personal masculino singular: ''d’él''. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
La puntuación y la capitalización han sido modernizadas, si bien se mantiene el uso del paréntesis para indicar observaciones digresivas según el original.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==Vida de María de Ajofrín==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Capítulo undécimo'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[fol. 258v] '''De la vida sancta y maravillosa de María de Ajofrín, religiosa en el Monasterio de Sant Pablo de Toledo'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
La hystoria desta bienaventurada María de Ajofrín se halla escripta en algunas partes, tomado de lo que fray Joan de Corrales, prior del Monasterio de la Sisla de Toledo, recogió, vió, tractó y entendió de personas de autoridad y credo, [fol. 259r] que por ser tantas y tan largas las maravillas que se hallan, y milagros que Nuestro Señor obró por esta su sierva, los que las han puesto antes de agora en hystoria han procurado abreviarlas, tomando lo más essençial y verdadero. Y ansí se hará aquí, aunque la manera de la scriptura de los unos no parezca conformar en el dezir y hablar con la de los otros, que no será de inconveniente trocar los lugares y dezirlo por otros términos, no saliendo de la verdad que ello tiene y se le debe dar. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Fue natural María de Ajofrín de un lugar çerca de la çiudad de Toledo que se llamava Ajofrín, hija de padres onrrados, temerosos y siervos de Dios que se llamaban Pedro Martín y Mariana Garçía, ricos y prosperados de bienes temporales. Desde su niñez se le vio grandíssima inclinaçión a las cosas del serviçio de Dios y una prudençia y agudeza de spíritu que ponía admiraçión. Muchos la miravan y muchos la querían y amavan por sus inclinaçiones tan virtuosas y endereçadas al Çielo, y la demandavan y pedían a sus padres en casamiento, y la sancta donzella, que lo entendía, resistía con ánimo varonil a todos los que hablavan en esta materia, porque en ninguna cosa sentía gusto sino en oýr cosas graves y spirituales. En estos pensamientos se ocupava mucho, y con ellos renovava mill deseos, mill propósitos de juntarse con Dios y mejorarse cada día más en su amor y serviçio. Para excusar la inquietud que para esto le causavan las pláticas de los casamientos, sin consejo ni pareçer humano (aun siendo pequeña) hizo voto de guardar su limpieza y entrar en religión, de lo qual tuvieron gran sentimiento sus padres (que es offiçio de la carne y sangre por el apartamiento de los hijos que en vida se entregan a la muerte de la religión), mas como la vieron con tanta entereza en este propósito, que no la podían apartar d’él padres, ni hermanos, ni parientes, ni halagos y regalos con grande desgraçia y aborreçimiento de todos, la llevó su padre a la çiudad de Toledo, por importunaçión [fol. 259v] suya, siendo ya de quinze años. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Entraron en la iglesia mayor, sin saber dónde yr otra parte, y por orden del spíritu sancto, tuvieron allí noticia del monasterio de las beatas de la Orden de Sant Hierónymo que se dize de Sant Pablo, que, aunque no tenían estrecho ençerramiento de monjas religiosas, tenían la de mucha observançia y guarda de religión. Inspirada la sancta donzella que aquella era su vocaçión y lo que buscava para su deseo de servir a Nuestro Señor, fuesse luego al monasterio, y las religiosas d’él la reçibieron con grande alegría y voluntad, admitiéndola a su compañía y al hábito. Puesta en este estado tan deseado y pedido a Nuestro Señor, todo su cuydado, deleite y regalo ponía en ocuparse en los exerçiçios sanctos y en la oraçión y meditación, derramando multitud de lágrimas de los ojos, con grandes sospiros y gemidos, tiniéndose por la más vil peccadora y indigna de todas las mugeres. Quien labra una gran casa o torre abre los çimientos conforme a la grandeza del edifiçio, y sin ellos no se haze nada, y ansí es menester sacarlos para la perfectión de la vida christiana, que es la mayor y más alta fábrica de quantas acá se entienden. Esto hace la humildad, y desta gran virtud hazía provissión María de Ajofrín, de manera que, en su reputaçión y estima, no hallava en el monasterio persona más baja ni menos ser ni más nada que ella, y lo mostrava en su persona, vestido y pensamiento, y en los exerçicios humildes y bajos y en los demás exerciçios que havía desta manera en el monasterio. Lo que en su alma hazía grande impressión eran las palabras divinas, donde quiera y como quiera que las oyese, y todo era muestra que quanto tratava y pensava era cómo más amar a Dios y sentir de sí misma ser nada, y estimar y preçiar a todos mucho y amarlos en Dios y por Dios. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Pasados más de diez años de su recogimiento en el monasterio, quiso hazer una confessión general de toda la vida pasada, y tomó tan de veras y con tantas lágrimas de congoja y afflictión quererse asegurar si avía hecho lo que devía en aquella preparación para que Nuestro Señor le perdonase sus peccados que, [fol. 260r] entrando el día de su confessión en el confessionario, se derribó en el suelo delante de una ymagen de Nuestra Señora, que estava allí con su hijo benditissímo en los braços, al qual pedía por su intercessión de su santíssima madre le declarase si quedaría con seguridad de la vida pasada con aquella confessión y se le perdonarían todos sus peccados. Súbitamente, estando en esta oraçión con mucha ternura y lágrimas, vio una gran claridad que çercava la imagen, y que el sacratíssimo niño levantava la mano a la manera que el sacerdote la pone quando absuelve. Espantada de ver esta maravilla, y muy turbada en su spíritu, se puso a hazer confessión lo mejor que pudo, y, acabada, volvió a hazer oraçión a la imagen, y vió la misma claridad y la mano del niño alçada, con que quedó bien esforçada en el fervor y amor de Dios y guardó el secreto de la visión, que no lo descubrió sino a solo el prior fray Joan de Corrales, çertificándole que desde aquella hora le quedó tan gran movimiento en el coraçón que, de los golpes que sentía que le dava, a tiempos le pareçía que se le quería salir del cuerpo.  &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Muchos regalos tuvo de aý adelante de Nuestro Señor, y no muchos días después, quedándose una noche sola en el coro orando por el estado de la Yglesia, vio que de la custodia donde está reservado el sanctíssimo sacramento salía grandíssimo resplandor, que duró por el spaçio de una hora, mientras ella estava con fervor en la oraçión, y, acabada, no apareçió más aquella celestial claridad. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Estos son los regalos que Dios haze a los que de veras le buscan con amor divino que les sale del alma, y les manifiesta cosas maravillosas de su gloria, certificándoles con ellas quán agradables le son sus intercessiones y oraçiones y quán poderosos para alcançar quanto se pide y desea, que son dardos o saetas, como los doctores las llaman. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Haviendo de reçibir el día de la Resurrectión el santíssimo sacramento, hizo tanta preparaçión el sábado sancto antes que en toda la noche no durmió ni descansó, velando, orando y llorando, y por toda la casa buscava los rincones para hallarlos como los hallaba buenos para su oración, demandando limpieza a Nuestro Señor para llegarse a recebir [fol. 260v] tan gran bien y thesoro inestimable del alma. Venida la hora de la comunión, llegó con las otras hermanas a comulgar y reçibió el sanctíssimo sacramento ''[1]''; causole tanta devoçión, contento y alegría este admirable y divino sacramento ''[2]'' que luego se elevó, y quedó como absorta y muerta, y por quinze días continuos con las noches no durmió, pasando todo este tiempo en llorar y orar. Quedole desde este día que cada vez que se llegava a recebir el santíssimo sacramento se quedava elevada y enagenada de los sentidos exteriores, y con un ''[3]'' grande dulçor maravilloso en el coraçón, en la garganta y en la boca que le durava por quarenta días. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Aunque todo su quydado era encubrirse, que no lo supiessen ni entendiesen las hermanas, era trabajo escusado querer cubrir el sol quando está más claro en medio del día, y así lo veýan y entendían todas, y que todo el resto de la noche velava, oraba y llorava, si no era algún pequeño espaçio que tomava para repararse el sueño. Al mismo prior manifestó estas maravillas del santíssimo sacramento, y que los días que sentía el divino y celestial dulçor los pudiera pasar sin comer ni tomar cosa alguna de mandamiento, si no fuera por huyr de la singularidad y juizios que suelen tener los hombres. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Capítulo duodécimo'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''De otras cosas maravillosas que acaescieron a esta sierva de Dios y la manifestación de la llaga en el costado'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Creçía tanto esta sancta donzella en el amor de Dios, verdadero esposo suyo, que cada día le comunicava grandes dones y hazía muchos favores y mercedes, y entre otras conoçió por spíritu lo que en una fiesta de Todos los Santos le había de succeder después que huviese reçebido el santíssimo sacramento y previsto [fol. 261r] que se pusiese cuydado en llevarla luego a una parte secreta y escondida (pero nunca tan escondida y secreta que no viniessen a descubrirla, porque muchas vezes el Çielo tenía este cuydado de mostrarla con luz visible), rogando a la madre del monasterio que diesse cargo a quien la llevase antes que se arrobase y transportasse reçibiendo el santíssimo sacramento. No fue menester esta diligençia porque fueron tantos los lloros y gemidos de los grandes dolores que sintió en el coraçón en reçibiendo el santísssimo sacramento y antes que se traspusiesse, que no pudo excusar que no se entendiesse con quánta fuerça se hazía a pasar aquellos dolores y tormentos. Aquí se enagenó como solía y le fueron descubiertos algunos secretos de descuydos de personas particulares que ella procuró se emendasen con avisos y amonestaçiones que hizo a quien tocava, como negoçio que era de Dios, que es el que sabe, penetra y conoçe los coraçones.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Tenía ya esta sancta muger tanta privança con Nuestro Señor, y era tan ençendida su charidad y amor en servirle con perseverançia, que le fue parte para declararse en su favor más particularmente su Magestad Divina con asombro de todos y en don y señal de su passión y llaga en el costado, que a pocos se a concedido. Hallose un día en el costado una abertura que cupiera por ella el dedo pulgar de un hombre, que le causó grandes dolores por veinte días con la llaga abierta, de la qual los viernes corría más sangre que los otros días (aunque en todos corría alguna) y nunca pareçió en ella materia ni se applicó mediçina ninguna mas de paños limpios, quitando unos y puniendo otros, y estos quedavan tan roxos como un carmesí, que mostravan bien quán viva sangre era la que salía y sin corrompimiento alguno. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Con los grandes dolores que la sancta donzella padeçía, le faltavan las fuerças para llevar tanto trabajo y no cessava de pedir a Nuestro Señor su ayuda y favor en ello, y divinalmente le fue revelado que aquella maravilla la descubriese a la priora del monasterio y a otra religiosa que se dezía Theresa, a las quales, quando vieron la llaga y los paños vañados en [fol. 261v] sangre les causó admiraçión, y ellas lo dixeron al confessor de la casa, que estuvo bien incrédulo y duro en creerlo. Y quisieralo deshacer dando a entender que era imaginaçión y engaño de mugeres, mas quando lo vio con los ojos quedó espantado y maravillado, y no fue en su mano dejarlo en secreto, sino dezirlo y revelarlo a personas principales, como fueron don Pedro Préxano, deán de Toledo, y a Diego de Villaminaya, capellán mayor del coro de la santa yglesia, que dieron dello fee y testimonio habiéndolo visto. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Entraron, pues, estos dos eclesiásticos en el monasterio, y el confesor de las religiosas, Juan de Viezma, llevó a Graçián de Berlanga, capellán de la Reyna Doña Ysabel y capellán apostólico y de la audiençia Arçobispal, y todos juntos, con la priora y religiosa Theresa, vieron la llaga y la tocaron, y el capellán mayor tomó un paño vañado en sangre y, mirándole todos con cuidado, les pareçió que la llaga de donde salía era causada divinalmente y no con occasión de arte humana. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El notario escribió el testimonio que aquí va ynserto, sacado letra por letra del original, que yo he visto en el archivo del Monasterio de la Sisla de Toledo, firmado y sellado del mismo notario, que es el que se sigue:&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
“Deçente e cosa convenible es escribir por memoria las buenas obras e vidas de las personas que nos preçedieron, por que podamos por los buenos exemplos de aquellos obrar siempre bien e nos esforçemos apartar siempre del mal. Cosa çierta es que, si lo preçioso no fuesse apartado de lo no tal, la concupisçiençia loca non bastante desetemperar, sería demergida por curso muy ligero en un escuro tragamiento. Por tanto, yo Graçián de Berlanga, capellán de la sereníssima reyna Doña Ysabel, nuestra señora, notario apostólico e arçobispal, affirmo y doy fee que en el año de la Natividad de Nuestro Redemptor e Salvador Jesuchristo de mill e quatroçientos e ochenta y quatro, diez y nuebe de noviembre, quasi seis horas después de mediodía, por ruego e a instançia de Juan de Biezma, que entonçes era rector de la casa de Doña Mari Garçía, entré en la dicha casa para que notasse lo que viese, e así notado lo guardase. Después, pasados algunos días (aunque non muchos), quise demostrar lo que avía visto [fol. 262r] al reverendo padre prior de la Sisla fray Juan de Corrales, considerando aquel dicho eclesiástico en el capítulo quarenta y uno: que provecho ay en el thesoro escondido, etc., el qual dicho señor muchas bezes me mandó que aquello que avía visto que ge lo diesse por scripto, mas yo por entonçes no pude satisfaçer a su voluntad por muchos negocios que me çercavan, ca ello non me davan lugar, aunque allende de lo tener scripto en el coraçón lo tenía en mi protocolo, fasta diez días de noviembre del año del Señor de mill e quatroçientos e ochenta y seis, y es que el dicho Joan de Biezma me metió en un palaçio de la dicha casa, en el qual estavan los reverendos señores don Pedro de Préxano, deán de Toledo, e don Diego de Villaminaya, capellán mayor del coro de la sancta iglesia de Toledo, e dos o tres religiosas de la dicha casa. E viendo en una cama que en aquel palaçio estava una donzella, que verdaderamente pareçia bulto de ángel, y tenía una llaga en el costado donde Nuestro Redemptor Jesuchristo fue ferido, tan grande como un real, e non tenía finchazón y careçía de toda putrefaçión, tenía un color muy fino, ansí como grana, e después que todos lo uvimos mirado, a poco de rato fabló aquella donzella estas palabras: ‘Dios Nuestro Señor vos lo demande si no pusiéredes aquello en execuçión’. Y ansí espantado me aparté dende y me torné a salir, en fee de lo qual lo firme y signé de mi nombre, que fue hecho en Toledo, año, mes, día, quibus supra. Graçianus notarius apostólicus”.  &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Padeçía la sierva de Dios grandes dolores de la llaga, y no solo la atormentava esto sino el mostrarla, estando en la cama cubierto su cuerpo, rostro y manos honestíssimamente, y sólo se veýa la llaga por una sábana abierta a la parte del lado. Pasados los veinte días se le çerró la llaga sin benefiçio ni mediçina alguna corporal, y quedó la señal de la abertura con algún dolor en aquel proprio lugar, y como tenía impresso en su coraçón [fol. 262v] el nombre dulçíssimo de Jesús, y no se le caýa de la boca, favoreçíasse mucho d’él en estos trabajos, y regalábase en estremo con él, mas mucho más la regalaba su Magestad Divina con tan estremados dones y benefiçios de las llagas de su passión, que no la quiso decorar con sola la del costado, sino que, levantándose con la mucha flaqueza que tenía para ponerse en el suelo de rodillas o ençima de la cama, por devoçión de adorar un crucifixo al tiempo que oyó la rueda de las campanillas de la yglesia quando alçavan el santíssimo sacramento en una missa, sintió tan gran dolor en los pies y en las manos que le pareçía que en aquellos lugares le ponían rezios y gruesos clavos. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Como estuviese en esta pena y en la consideraçión de aquellos altíssimos misterios, pareçiole que le traspasaban la mano yzquierda, y fue el dolor tan vehemente que se puso el dedo pulgar de la mano derecha en la palma de la yzquierda, y apretando con el gran dolor que sentía rebentó la sangre, de que ella quedó bien admirada. Procuró encubrirlo con estremado gozo de regalo tan singular de Dios, y traýa la mano cubierta con un lienço sin poner otra medicina, y durole quarenta días, y después de pasados que sanó le quedó señal en la mano izquierda, que fue la que rompió en sangre. Y porque sucessivamente sintiesse en su cuerpo las insignias y dolores de la passión de Nuestro Señor Jesuchristo, sin los tormentos que de ordinario tenía en la cabeça, sintió en ella súbitamente un nuebo y gravíssimo dolor, que le pareçía que le ponían una guirnalda o corona que le çercava la cabeça alrededor y le entraban por ella puntas de clabos con tormento suyo exçesivo, cayéndole gotas de sangre. Aplicábanle diversas medicinas, y ninguna le era de provecho ni era razón que lo fuese, ni que las llagas hechas por la mano del Señor se curasen con la industria humana, y quando su Magestad fue servido y tuvo por bien, le alçó los dolores a su sierva y quedó con entera sanidad de las llagas de la cabeça y costado. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Capítulo décimo tercio'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[Fol. 263r] '''De muchas mercedes y fabores que alcançó de Nuestro Señor esta su sierva'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Christo Nuestro Señor tiene prometido en su evangelio que se nos hará merced de todo quanto pidiéremos orando, con que esto sea pidiéndolo en su nombre al Padre. A esta sancta le acaesçió así muchas vezes quando se hazía como deseaba, porque lo que pedía en sus oraçiones yva en camino al serviçio que se debe a Dios y a la manifestaçión de su grandeza y gloria (y esto era pedir en nombre de Jesuchristo). Sería cosa muy larga dezir todo lo que a este propósito se halla en lo que el prior de la Sisla escrivió, vio, y entendió desta sierva de Dios, y lo que en sus oraçiones, ruegos y interçessiones alcançó de Nuestro Señor a muchos, para provecho y remedio de sus almas y salud de los cuerpos: alguna parte se dize en la crónica que escribió Pedro de la Vega, y por aquello se podían entender las grandes maravillas que Dios obró con ella y las que de él alcançó, y las muchas y grandes revelaciones que tuvo de cosas particulares y el bien que se siguió dellas. Mucho engrandeçe Nuestro Señor a los justos, y está tan atento a las oraçiones y peticiones que muestra lo mucho que pueden con él y quán grandes effectos hacen, como se vio en las de su esposa María de Ajofrín, que no le salieron en vano. Eran tan fervorosas y vehementes que se arrebatava y quedaba sin sentido, como muerta, por grande espaçio, y algunas vezes le acaesçía esto estando presente el prior que escrivió su vida, y una vez le dixo al prior la hermana maior o priora que le mandase por obediençia que despertase y vería la fuerça y virtud que tiene el precepto de la sancta obediençia en tiempos semejantes. El prior siguió el pareçer de la priora, y fue cosa maravillosa que, mandándola con precepto despertar, volvió luego a su sentido y mostró sentimiento grande, como que la uviesen quitado de su contento y regalo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[Fol. 263v] De grandes effectos eran las oraciones desta sancta virgen, y ellas eran las armas con que se valía y en ellas buscava el remedio en todas las cosas. Una vez se vio muy affligida por la grande hambre que havía en la ciudad a causa de las muchas aguas y mucha creciente del río, que no dava lugar a las moliendas. Çinco días antes de la solemníssima fiesta de la Natividad de Nuestro Redemptor, no durmió en toda una noche entera, y viendo que la hazía clara y serena, se subió a un terrado donde veýa el río, y haziendo sobre él la señal de la cruz y bendiçiéndole, se bajó luego a un secreto oratorio y derribó en el suelo a orar, puestos los brazos en cruz. Detuvose grande espaçio en esta manera de oraçión y penitencia, supplicando a la sacratíssima Virgen María, Nuestra Señora (en quien tenía singular devoçión y la tenía por particularíssima señora y abogada), pusiesse su intercesión y pidiesse a su hijo benditíssimo que no mirase a los peccados de aquel pueblo, sino a su misericordia, y súbitamente vio en el oratorio un gran resplandor, apareçiéndole la madre de Dios que le dixo: “Las aguas que en tantos días as visto avían de caer en muy pocos; y la mayor parte en esta çiudad por los pecados que en ella se cometen, mas por tu interçessión y supplicaçión mía, ha alçado Nuestro Señor la mano de su yra”. A todo esto, estava la sierva de Dios María de Ajofrín atenta, los ojos abiertos y las manos alçadas, viendo a la Sacratíssima Virgen María y oyendo sus palabras divinas y regaladas, hasta que se desapareçió, y en ese punto cayó en el suelo la bendita donzella y estuvo algunas horas sin sentido. Quando bolvió en sí, se levantó con un maravilloso esfuerço del cuerpo y del alma, y ninguna de las hermanas entendió este acaesçimiento, ni le descubrió sino al prior de la Sisla.  &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El deán de la santa yglesia de Toledo, que vio la llaga en el costado, con la fe y confiança que tenía en las oraçiones desta bienaventurada, le pidió hiziese oraçión por la paz de çientos de personas discordes de la corte, y la sierva de Dios se subió al mismo terrado una mañana antes del día, en las octavas de la Resurrectión el año mill y quatrocientos y ochenta y quatro, y mirando [fol. 264r] el çielo y suplicando a Nuestro Señor por la paz de aquellos cavalleros cortesanos vio un gran resplandor en el lugar donde naçía el sol, y estúvole mirando hasta que fue hora que saliese el sol, y mirávale sin ningún impedimento tiniendo los ojos fixos en él. Vio ansimesmo el sol que tenía una abertura y ventana, que pareçía más adentro el çielo y salían d’él mayores rayos de claridad y una cruz de oro resplandeçiente, y vio uno en el ayre muy lexos de sí (que le pareçía como la luna) que peleava con otro, y pasado algún espaçio bolviéronse las espaldas el uno al otro. Esta vissión vio hasta aquí, y no pasó delante porque subió al terrado a aquella hora una de las hermanas religiosas, mas puédese creer que por su oraçión se allanó aquella discordia de los cavalleros cortesanos, pues al cabo se hizieron las pazes.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Estando, otra vez, el día del triumpho de la cruz cerca del alva rezando y mirando al çielo y pensando en las grandezas d’él, vio unas llamas, de aý a una hora abierto el çielo, y que por allí salía el sol y se conoçían todas las hermosuras del Çielo. Y luego, otro día, a la hora de terçia, estando en una ventana rezando en un libro, vio cerca de sí un rostro como el de la luna, con muy gran resplandor, y dentro d’el como dos formas de hombres que peleaban el uno contra el otro, y que caýa mucha gente muerta. Dize el prior, que escrivió su historia, que este día prendieron los moros al Conde de Çifuentes. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Una noche de la Natividad de Nuestro Redemptor anduvo con grande consideraçión, atençión y cuydado de saber el tiempo y hora de la medianoche quando Jesuchristo, Nuestro Señor, naçió. Tuvo gran confiança de recebir aquel regalo y merced y púsose a orar delante del altar de Nuestra Señora, que estava muy adereçada y compuesta sobre él su ymagen y una cuna con un niño pequeño adornado con algunas riquezas, y estando en este su deseo, con lágrimas y gemidos vio con los ojos corporales baxar sobre el altar gran resplandor y a Nuestro Señor en figura de niño que naçía de la Virgen María, y cómo le adoraron los ángeles y pastores, y desde algún espaçio llegaron los tres Reyes con tres soles de gran resplandor delante, que, llegando al altar todos tres,  [fol. 264v], pareçieron uno. Pareçiole que esta vissión se detuvo desde las doze hasta las tres, y a esta hora començó la primera missa el capellán mayor de la yglesia y vio, quando salía vestido, que sobre el altar estavan dos antorchas de fuego con gran resplandor, y que los Reyes llegavan a donde ella estava, y no se impedían ninguna cosa para ver los misterios de la missa.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Vio también que cubrieron al sacerdote gran multitud de ángeles, al tiempo que dezía los sanctus, y que quando alçava el santíssimo sacramento le ayudavan a sustentar los braços, y quando llegó el pater noster esta sierva de Dios cayó en el suelo por no poder ya sufrir estar de rodillas, y estuvo de aquella manera hasta las doze del día, gozando de aquellos misterios divinos. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
La santa María de Ajofrín (como la voluntad agena era la suya) declaró al prior de la Sisla todas estas particularidades por tenérselo mandado por obediençia, y esta la forçava y compelía a manifestar lo que ella no quisiera. Son tantos los secretos celestiales que se hallan que le fueron mostrados que sería cosa prolixo ponerlos todos, pues querer hablar en su trato, conversaçión, charidad y menospreçio sería lo mismo. Ella era humildíssima, que en el vestido y trato de su persona lo mostrava bien, y se conoçía en las obediençias y en todas las otras occupaciones y exerciçios humildes, y entre todas era la que con mayor llaneza se mostrava humilde, sirviendo y obedeciendo. Si acaso en el monasterio havía entre ellas differencias (que entre las religiosas ordinariamente son todas niñerías y cosas de poco momento), María de Ajofrín era la que las concordava, porque de aquellas cosas pocas no viniessen a mayores pesadumbres y se abrasase un monte con una çentella. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Buenas prendas tiene de ser hija de Dios la que tiene el alma tan pacífica como esto, que como el mismo Dios dize en el evangelio, naçe todo esto de la charidad, reyna y señora de todas las virtudes. Esta sancta la tenía bien raygada en su coraçón y aposentada con mucha riqueza de adereços de adorno y serviçio, como a madre de todas las otras sanctas virtudes.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Capítulo décimo quarto'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[Fol. 265r] '''De algunas cosas que tuvo spíritu de prophezía María de Ajofrín, y de su bienaventurada muerte'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Entre otros muchos dones que del Çielo tuvo esta sancta virgen, fue uno el spíritu de prophezía y de hazer milagros, que aunque ni lo uno ni lo otro son señales çiertas de tener a Dios en el alma como esposo y como amigo, pero a quien lo es (y tan de veras le amare como esta sancta le amava) suélense hazer muy de ordinario estos favores y merçedes. Començávase a poner y plantar en la ciudad de Toledo la Sancta Inquisición en aquellos días, y esta bienaventurada muger dixo al prior de la Sisla algunos secretos tocantes al Santo Officio de que se maravilló mucho, y como le preguntase que cómo savía aquello, que se le hazía grave y difficultoso creerlo, respondiole que Nuestro Señor le avía aparecido atado a la columna muy llagado y açotado y le dixo que aquello le causavan cada día los herejes, que lo dixese al prior de la Sisla, que es uno de los que entienden en la Inquisiçión, y pusiesen remedio en ello. El prior le dio crédito y lo comunicó con el deán de la sancta yglesia de Toledo, y en presencia de los dos lo bolvió la sancta donzella a dezir, y añadió otras muchas cosas que eran tocantes al Santo Offiçio, amonestándoles de parte de Dios que proveyesen en lo que era su serviçio y dearraygasen las heregías. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Otra vez vio en spíritu que llevavan de la yglesia mayor el sanctíssimo sacramento con gran solemnidad para darle a un enfermo herege, y divinalmente le fue mandado que diesse luego aviso a los clérigos que se bolviessen, y ansí lo hizo con toda diligençia. El ángel que le mandó esto le dixo después, para certificar la visión, que en aquel día vería en la missa distilar gotas de sangre de la hostia consagrada, y así acaesçió, que con los ojos claros y abiertos vio en las manos del saçerdote la hostia consagrada llena de sangre [fol. 265v] al tiempo que la alçó al pueblo para que la viesse y adorasse.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Dos moços livianos tractavan de hazer algún desconçierto en el monasterio, y por spíritu del Çielo lo entendió la sierva de Dios y embió a llamar al prior de la Sisla, y díxole que pusiese con tiempo remedio en el desconçierto que tratavan aquellos moços desasosegados, y el prior lo hizo, y halló ser verdad todo lo que la sierva de Dios le havía dicho. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Reçebía gran pesadumbre esta religiosa quando se offreçía salir a hablar con personas de fuera de la casa (aunque fuessen religiosos), y quando la importunaban y no se podía excusar abreviava las pláticas y las palabras con todos, personas graves y de auctoridad, y que no lo fuessen. Un religioso deseava mucho hablar con ella por solo oýa de su virtud y sanctidad, y anduvo en esto muchos días y tiempo sin poderlo alcançar, y la sierva de Dios, que ya lo sabía, le dio un día audiencia y le dixo en las primeras palabras: “Bien sabía que ha días que me queríades hablar y la causa también, y que tal día començastes tal escriptura y no la acabastes con quanta priessa os distes hasta la noche, quando tuvistes más lugar”. El religioso, espantado de las verdades que le dezía, pidiole encaraçidamente le dixese cómo lo sabía. Díxole que lo vio en spiritu, y más le dixo, que avisase a otros religiosos que él conocía que mirase en el desasosiego que traýa en su conçiençia, y que si avía hecho alguna offensa pidiese perdón de ella porque de otra manera ni saldría del trabajo ni satisfaría a Dios ni a los próximos. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
No fueron estas solas la que por spíritu de prophezía entendió y manifestó María de Ajofrín, sino otras muchas, las que por sus oraçiones hizo Nuestro Señor cosas maravillosas. Sanó a la madre priora de una grave enfermedad, y a su misma madre sanó y libró de otra por sus sanctas oraçiones, y a un hermano libró también de la cárcel, puniendo en todo por intercesora a la Sacratíssima Virgen María, Nuestra Señora, a quien ella acudía con gran confiança. Sería la hystoria desta sierva de Dios muy larga si en particular nos detuviésemos [fol. 266r] a decir todas las cosas que se hallan de sus maravillas, revelaçiones y milagros, que apenas comulgó vez que no fuesse alçada y arrabatada en spíritu y viesse y entendiesse grandes secretos. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Llegole la hora de la muerte (bien deseada por ella) y enfermó el año mill y quatroçientos ochenta y nueve, aviendo pestilençia en la çiudad de Toledo, y a los diez y ocho días del mes de julio, que fue sábbado, murió muy sanctamente a las tres horas de la medianoche, habiendo reçebido los divinos sacramentos con grandíssima devoçión. El mismo día, a la hora de las vísperas, la enterraron en el capítulo de la Sisla de Toledo, adonde en aquellos días se enterravan las religiosas de Sant Pablo. Sintiose en su muerte un olor suavíssimo y çelestial, como lo testificaron todas las hermanas religiosas que se hallaron presentes. Hizo Dios por ella algunos milagros, y entre otros fue que en el mes de septiembre siguiente del mismo año, estando muy enfermo (y aun dada la extrema unctión) Don Alonso, hijo de la condesa de Paredes y canónigo de la sancta yglesia de Toledo, se encomendó a la bienaventurada María de Ajofrín, y trayéndole una de las almohadas que tenía en la cama al tiempo que murió, se sintió (en puniéndosela sobre sí) con grande mejoría y fuera de peligro. No fue desagradeçido el canónigo Don Alonso a este beneficio, que, en levantándose de la enfermedad, fue a la Sisla de Toledo a visitar la sepultura desta sierva de Dios, y le offreçió de sus dones, y estuvo allí nueve días continuos en hazimiento de graçias. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En el mismo mes y año fueron a la Sisla de Toledo un hombre que se dezía Joan de Pastrana y su muger con un niño tullido, que, después de aver gastado en su cura con médicos y en medicinas la hazienda que tenían, no se veýa en él mejoría alguna. Encomendaron los padres con mucha devoçión a esta virgen la salud de su hijo velando una noche su sepultura, y el niño tuvo entera salud, y hizieron los padres graçias a Nuestro Señor por este benefiçio que les vino por la intercesión de aquella su sierva. &lt;br /&gt;
En este mismo tiempo [fol. 266v] Joana de Sant Miguel, beata de la tercera regla de Sant Françisco que vivía en la çiudad de Toledo, tenía un çaratán en la teta, y como en çinco años no sentía mejoría con quantos beneficios le avían hecho los médicos y çirujanos y le aconsejaban que les dejase cauterizarla y cortarla quando no ubiese otro mejor remedio, ella, temiendo el tormento y peligro que le podría succeder, acordó de irse a la Sisla de Toledo y visitar la sepultura de María de Ajofrín, creyendo que por su intercessión alcançaría la salud que deseava.  En entrando en el capítulo donde estava la sepultura, sintió un olor çelestial, y luego se derribó sobre ella con muchas lágrimas y devoçión, rogando le quisiese alcançar de Nuestro Señor se sirviese darle salud de aquella tan penosa enfermedad que padecía. No pasó mucho tiempo quando fue oýda y sintió cumplida sanidad.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Otro canónigo de la sancta yglesia de Toledo estava muy enfermo y casi para morir, y mientras más benefíçios le hazían los médicos se hallava peor; encomendose con mucha devoçión a la sancta María de Ajofrín, y mandó yr a visitar su sepultura en su nombre, y que le traxesen un poco de la tierra della. Traýda, se la puso al cuello, y aquella noche, estando durmiendo, le appareçió la sierva de Dios, y quando despertó se halló sano. A la mañana le daban una purga, que estava ordenada de médicos, y él dixo que no la avía ya menester, sino que le diessen de comer, que estava sano y bueno. En levantándose, fue a la Sisla a visitar el sepulcro desta virgen y a hazer gracias a Nuestro Señor, y offrecer sus offrendas.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En el año de mill y quatro çientos y noventa Francisco Díaz, vezino de Xaraiz, estava bien al cabo de la vida y reçebido el sacramento de la extrema unctión, de que tenía mucha pena un clérigo tío suyo, y acordándose que avía oýdo los milagros que hazía la sancta María de Ajofrín, luego le encomendó con mucha fee y devotión la salud del enfermo su sobrino, prometiendo que si la tuviesse lo llevaría a visitar su sepultura. El enfermo tuvo luego salud, y los dos, tío y sobrino, fueron a la Sisla de Toledo a hazer graçias a Nuestro Señor y a esta sancta por su intercesión, y el clérigo escrivió por su mano este [fol. 267r] milagro en el mismo Monasterio de la Sisla el año de mill y quatro çientos y noventa y uno, a siete días del mes de mayo, certificando ser verdadero y que como lo dezía avía succedido.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Otros muchos milagros hizo Nuestro Señor por mereçimientos desta su sierva con personas que visitavan su sepulcro o se encomendavan a ella en diversas partes, por lo qual se acordó que su cuerpo fuesse trasladado del capítulo a la yglesia del monasterio, a un sepulcro que le hizo una señora devota y prinçipal que era Condesa de Fuensalida. Hízose la traslaçión el año de mill y quatroçientos y noventa y çinco, en veinte y çinco días de abril, hallándose presentes, con el prior del monasterio fray Juan de Morales y los religiosos, el clavero de Alcántara y Don Alonso de Silva con otras personas, donde luego que abrieron la sepultura sintieron todos tanta suavidad de olor que salía de la huessa como si se abriera una arca llena de todas las flores olorosas que naturaleza produze, y sus huessos pareçía que estavan vañados en un liquor a manera de óleo. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Mandó el prior que la translaçión se hiziese con la mayor solemnidad que pudiesen, y se tañesen los órganos y las campanas y fuesen todos con velas ençendidas en las manos y en una processión bien conçertada y ordenada. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Levantaron el cuerpo, que estava en una arca aforrada en seda que dio Don Alonso de Silva, y llegaron con él a la capilla mayor de la yglesia, donde, después de haver dicho allí algunas oraciones, le dexaron a un lado del altar mayor, descubierto por espaçio de treze días. En este tiempo pidieron a Nuestro Señor muchas veces que se sirviese embiar agua a la tierra por intercessión de su sierva, que havía gran necessidad. Y llovió en grande abundançia con que se remediaron los temporales que estavan a punto de perderse, y todos entendieron que les avía Dios hecho esta misericordia por honrrar aquella bendita sierva suya. &lt;br /&gt;
Pasados los treze días, pusieron el cuerpo en el sepulcro [fol. 267v] nuebo que para esto se avía aparejado, baxo del altar colateral de Nuestro Padre Sant Hierónymo, que está a la mano derecha del altar maior, y dentro de la rexa, y allí es visitado y honrrado de muchos, y fue premio mereçido a su humildad, porque, como dio testimonio Chatalina de Sant Lorençio, priora y hermana maior del monasterio de San Pablo, era esta bienaventurada María de Ajofrín de tanta humildad y menospreçio de sí misma que la importunava y pedía muchas vezes que la reprehendiesse y penitençiase delante de todas, mayormente en los capítulos que se tienen en los viernes, mandándola comer en el suelo y hazer otras penitençias humildes que las religiosas suelen hazer en público para exerçitarlas, que en esto la ocupase y exerçitasse y en la guarda de la perfecttión de los padres antiguos que tenían en amar a Dios y despreciarse a sí mesmos. Con ser tan humilde era honestíssima, tanto que pocas personas (aun de las que conversaban con ella) podían dar testimonio de su rostro, que le traýa de ordinario y casi siempre cubierto con un velo que dejava caer hasta los pechos. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Conclúyese la historia con esto: que la sancta María de Ajofrín se subió derechamente al Çielo con el vestido de oro recamado que el psalmo quarenta y quatro dize, donde está gozando de la perfectión de las virtudes, y del Señor de las virtudes, criador y salvador nuestro, Jesuchristo. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
=== Notas ===&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[1]'' Tachadas tres líneas a continuación hasta la siguiente palabra transcrita.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[2]'' Palabras tachadas a continuación. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[3]'' Palabra tachada a continuación.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
=Vida manuscrita (3)=&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Ed. de [http://visionarias.es/equipo/veronica-torres-martin/ Verónica Torres Martín]; fecha de edición: diciembre de 2022. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==Fuente==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[[Archivo:Historia de la villa de Ajofrín Manuscrito.jpg|miniatura|250px|right| Francisco de Ajofrín, s. XVIII. ''Historia sacro-profana de la ilustre y noble villa de Ajofrín, y aparición milagrosa de la imagen de Nuestra Señora de Gracia, venerada a siete leguas de dicha villa, en el Convento de Reverendos Padres Agustinos Calzados del lugar de San Pablo de los montes de Toledo'', Madrid, BNE, MSS/2169, vol. 1. (Fuente: Biblioteca Digital Hispánica. Imagen procedente de los fondos de la Biblioteca Nacional de España). ]]&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
* [http://catalogodesantasvivas.visionarias.es/index.php/Categor%C3%ADa:Francisco_de_Ajofrín Ajofrín, Francisco de], ''Historia sacro-profana de la ilustre y noble villa de Ajofrín, y aparición milagrosa de la imagen de Nuestra Señora de Gracia, venerada a siete leguas de dicha villa, en el Convento de Reverendos Padres Agustinos Calzados del lugar de San Pablo de los montes de Toledo'', s. XVIII, volumen 1 (ms. 2169, BNE), fols. 87r- 145r.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[[Contexto material del manuscrito Historia sacro-profana de la ilustre y noble villa de Ajofrín]], ''y aparición milagrosa de la imagen de Nuestra Señora de Gracia, venerada a siete leguas de dicha villa, en el Convento de Reverendos Padres Agustinos Calzados del lugar de San Pablo de los montes de Toledo''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==Criterios de edición==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Se trata de una obra manuscrita del siglo XVIII, que recogemos excepcionalmente aquí por añadirse datos nuevos a los proporcionados en las fuentes de los siglos XV, XVI y XVII, sobre esta figura. Por su escritura manuscrita, aunque tardía, se ha optado por una edición conservadora en la que los cambios han sido leves. La edición sigue el manuscrito de Francisco de Ajofrín; en concreto los capítulos cinco, seis y siete, correspondientes a la ''Vida'' de María de Ajofrín. Este ejemplar, parece ser una copia en sucio que habría podido realizarse para una posterior copia en limpio o para ser llevada a la imprenta, pues tiene notas escritas por el propio autor con indicaciones sobre los añadidos o el orden a seguir en esa posible copia o impresión posterior, además de numerosos tachones y añadidos al texto. Se ha utilizado la edición de 1999: Francisco de Ajofrín, ''Historia sacro-profana de la ilustre y noble villa de Ajofrín y aparición milagrosa de la imagen de Nuestra Señora de Gracia, venerada a siete leguas de dicha villa, en el Convento de Reverendos Padres Agustinos Calzados del lugar de San Pablo de los montes de Toledo'' (José María Rodríguez Martín, trans.), Toledo: Diputación Provincial de Toledo, 1999, pp. 99-148, que se basa en el mismo manuscrito del siglo XVIII, a modo de cotejo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Se ha decidido respetar la morfología de las palabras con interés morfológico o fonológico con la intención de no perder los valores fonéticos, léxicos y sintácticos de la época. Asimismo, se mantienen las contracciones “deste”, “della”, “del”, aunque se ha añadido el apóstrofo clarificador den “del” para escribir “d’él”. Por otro lado, se han corregido algunos casos de laísmo, leísmo y loísmo, así como se han señalado algunos errores de transcripción que se han podido observar en el cotejo que se ha llevado a cabo con la obra de 1999. Por otro lado, se ha modernizado la puntuación y acentuación según las normas actuales. Además, para facilitar la localización del texto, se indica el folio (r-v). En cuanto a la foliación, se ha de indicar que en el ejemplar existe una foliación realizada por la misma mano del autor y otra realizada a lápiz que, suponemos, podría ser más moderna. Esta foliación moderna realizada a lápiz corrige la foliación original del autor, pues, como Francisco de Ajofrín añade folios o apéndices a posteriori, termina siendo errónea.  En lo que respecta al apartado de notas, se ha de indicar que existe una doble anotación, una de A a Z que se corresponde con las notas al pie de página realizadas por el propio autor, y otras numeradas que se corresponden con las anotaciones llevadas a cabo por la presente editora. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==Vida de María de Ajofrín==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Capítulo 5. Personas que han floxeado en santidad y milagros naturales de Ajofrín'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[87r]&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Vida de la sierva de Dios María de Ajofrín, llamada Santa María de Ajofrín, religiosa jerónima en el convento de San Pablo de Toledo'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
1.- Siendo todo este pueblo dichoso de Ajofrín tan proprio y peculiar de María Santísima, como dibujó en otro lienzo la pluma, se sigue por legítima convergencia que ha de haber mucha santidad en él y que toda santidad ha de venir de María ''[1]'', pues el fruto desta Señora es de honor y honestidad (A). Yo (dice por el eclesiástico) (B) estendí como terebinto ''[2]'' mis ramos, y mis ramos son de honor y de gracia. Parece no puede estar más literal el texto. María Santísima, con el gloriosísimo y dulce títu [87v] -lo de Gracia, es el objeto principal de la presente historia y, siendo esta señora terebinto hermoso, ha de ser abundante su fruto, participando d’él con mayor plenitud los que vivimos por gran fortuna nuestra bajo de sus frondosos ramos. Estos ramos, dice, que son de honor y de gracia, si a mi rudeza se permitiera una literal exposición, diría que en el honor se entiende todo lo que puede comprehenderse bajo deste título de beneficios temporales, y en la gracia de beneficios espirituales. Y, sobre lo primero, ha corrido la pluma felismente por el dilatado campo de varios capítulos (C), donde hemos visto los beneficios grandes que esta señora ha hecho a este pueblo, distinguiéndole entre millares, con el nunca bien ponderado título de vasallos suyos, haciéndole insigne en [88r] lo benigno de su temperamento, en lo saludable del terreno, en lo fértil de sus campos, en la bella índole de sus naturales, en lo alegre de su cielo, en la opulencia de sus tratos, en la hermosura de sus casas y, en una palabra, cuantos beneficios temporales goza esta villa y gozamos todos sus naturales, todo es honor, que nos hace nuestra gran Reina, todos son ramos y frutos de aquel hermoso místico terebinto, bajo de cuya sombra dispuso el Altísimo naciésemos. En los ramos, o frutos de gracia (D), se deben entender, como ya dije, los beneficios espirituales y, entre estos, señaladamente el haber florecido en [88v] esta villa insignísimos sujetos en santidad y milagros a esfuerzos de la Divina Gracia, y destos trataremos en este capítulo. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
2.- Quien primero se ofrece a la historia, y con razón debe tener el primer lugar, es aquella gran mujer, ornamento de la Iglesia, gloria de la religión jeronimiana y honor grande de su patria, la venerable sierva de Dios, María de Ajofrín, a quien el pueblo por muchos siglos ha dado el decoroso y bien merecido renombre de “santa”. La historia grande de los Bolandos, al día 17 de julio, hace della el siguiente elogio: “''Mariam de Ajofrín a Hyeronimitissam S. Pauli venerabilem Toleti anno 1489 defunctam annuntiat castellanus''”. La vida desta sierva de Dios la tomaremos de la tercera parte del ''Flos Sanctorum'' de Villegas, que la pone el día 18 de julio; de la 3ª parte de la ''Crónica del Sagrado Orden de San Jerónimo'', escrita por el reverendo padre fray José de que, con mucha extensión, la tratan en el libro 2 desde el capítulo 44 hasta el 49; de Pedro de Alcocer al lib. 2 cap. 25 de su Historia de Toledo; del doctor don Blas Franco en la ''Vida de la venerable María de Jesús'', en la elucidación [89r] del cap. 19. 5. 2; y de otros autores así antiguos como modernos, advirtiendo antes que, aunque se le dé el título de “santa”, es solo siguiendo la voz del pueblo, al modo que se le da a santa Juana de la Cruz, sin que ni una ni otra estén por la Iglesia canonizadas, ni mi ánimo, como propuse a la frente desta historia, es prevenir el juicio de nuestra madre la Iglesia, sino que se le dé solo el asenso que merece el dicho falible de los hombres. Dio, pues, ilustre cuna la villa de Ajofrín a la sierva de Dios, María, llamada también de Ajofrín. Escogió el Cielo por padres desta agigantada heroína a Pedro Martín Maestro y María García, personas nobles, ricas y exemplares. Nació, según tradición constante, en las casas que hoy son de Tomás Díaz, a la puerta de Toledo. El padre de nuestra santa fue uno de aquellos valerosos capitanes que socorrieron a la ciudad de Toledo cuando se hallaba tan afligida, como vimos en otro lugar (E). Dieron sus padres a esta feliz alma la educación propria a su nobleza, infundi [89v] -endo en ella, insensiblemente desde los primeros crepúsculos de la vida, espíritus, exemplos y virtudes. Imbuida altamente esta inocente niña en las más saludables cristianas máximas, no es mucho se descollase en santidades sublimes en tan tierna edad. Muy temprano empezó a dar muestras admirables de extremado desprecio de las vanidades del mundo, principalmente de aquellas que son más del genio de las de su femenil sexo. Miraba con aversión, y aun con enfado, todo género de galas y compostura, pereciéndola (y con razón) que la más preciosa gala que debe vestir un alma destinada al Cielo es la gracia adquirida con el continuo exercicio de las más heroicas virtudes y, advirtiendo que las más hermosas se adornaban más, le pareció que era agraviar la alta [90r] providencia del Supremo Hacedor que, como infinitamente sabio, viste a cada criatura con aquellas joyas que le parece conducen a los fines altísimos de su incomprehensible saber. Penetraba aún en aquella edad tierna que el vestido en los de uno y otro sexo no debe tener más objeto que la decencia y honestidad debida y, todo lo que de aquí pasaba, pasaba a ser exceso. Severa reprehensión la desta niña y confusión vergonzosa para lo que en el día estamos viendo con el mayor escándalo en hombres y mujeres, ni me persuado, les falte a los adultos las luces que el Cielo concedió a esta tierna criatura con que serán más culpados en el tribunal supremo. &lt;br /&gt;
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3.- Estos eran los sentimientos que [90v] formaba en su inocencia aquella grande alma en todo grande, aunque en la apariencia chica, siendo estos como anuncios de la excelsa santidad a que el Señor elevó después su espíritu. De niña no tuvo María más que la candidez y la inocencia; cuando estaba su edad en la primera flor se hallaba ya su alma rica de sazonados y abundantes frutos. Embargó en esta ocasión la gracia las operaciones de la naturaleza, despojando a esta criatura de sus comunes leyes y marcándola con vistosos caracteres de virtudes. Lo que en otras niñas son gracejo y juguetes de la edad primera, fueron en ella primores y seriedades de perfección cristiana. En esta tan tierna edad, inflamada del Espíritu Santo, hizo a Dios un sacrificio de los más altos y meritorios que puede hacer una pura criatura. Estando un día en oración, propuso con la mayor firmeza consagrarse al Señor en una religión para servirla perpetuamente, acción sin duda de las más heroicas que se leen en la historia. La obediencia a sus padres, el respeto a los mayores, la atención a las cosas divinas, la honestidad y recato, el silen- [91r] cio y retiro, se admiraban en esta niña desde su primera infancia. Con estos y otros prodigios, iba creciendo María en días y en virtudes, pero muy sin proporción en los aumentos, porque corría con tan ventajosos excesos la gracia, que dejaba muy atrás a la naturaleza. No anduvo esta escasa en adornar a la niña con todos aquellos primores que deposita el Señor en sus ocultos senos. Dotola, pues, de relevantes prendas de discreción, donaire y hermosura con que era el imán dulce de las voluntades y objeto común de los cariños. Pintar aquí la hermosura de un serafín humano sería, sin duda, empleo digno de la pluma, pero esta la debía manejar un ángel para que saliese la copia [91v] parecida a su original, pues solo un ángel pudiera hallar colores, vivacidad y espíritu para formar una idea que a él en todo se le pareciese. De que tuviese el rostro como un ángel nuestra María da testimonio un gran hombre citado por el doctor Villegas en su ''Flos Sanctorum'', con que, no pudiendo dudarse desta verdad, queda abierto campo a la más traviesa fantasía para que finja Dianas, dibuje Ninfas, forme Lucrecias y pinte Florindas. A tanto lleno de hermosura se unía la blandura de su genio siempre amable y cariñoso, con que dulcemente robaba los corazones de todos. &lt;br /&gt;
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4.- Ya había cumplido los 15 años cuando, tan bellas prendas, junto con la calidad de su heredada nobleza, la riqueza de sus padres no podía ocultarse [92r] de los jóvenes que a porfía la solicitaban por esposa. No desagradaban a los padres de la bendita doncella semejantes pretensiones, deseando colocarla ventajosamente en el estado santo del matrimonio. A esto la inclinaban con ruegos, súplicas y halagos, pero firme la castísima doncella en el propósito que, aun siendo niña, había hecho de entrarse en religión, resistía varonilmente a estos importunos asaltos. Les era muy sensible a los padres y aun a sus hermanos tan fuerte resistencia y propusieron amenazarla para ablandar su pecho y aun tratarla con el mayor rigor, si fuese necesario. Cuanto padeció la inocente virgen por cumplir a su esposo lo ofrecido se deja discurrir del gran de- [92v] seo que los suyos tenían de casarla, pero ni la ablandaron los suspiros y lágrimas de sus padres, ni la movieron los halagos y caricias de sus parientes, ni la asustaron las perseveraciones y malos tratamientos de sus hermanos y, así, siempre firme, siempre constante en servir a Dios, se oponía como incontrastable muro a los designios del siglo, anhelando ansiosa por consagrar a Dios su virginidad, sus haberes y albedrío, no reservándose para sí aun la más leve respiración, siendo ya de 16 años. Viendo los padres su firmeza, la llevaron a Toledo para divertirla y, con este fin, ablandarla. Entre las diversiones, vanidad, fausto y grandeza que ofrece el embeleso desta populosa ciudad, no hallaba quietud su espíritu anhelando, con más fervor, buscar a su amado en el retiro. Los paseos, las visitas, los regalos, el luxo, y cuanto precioso y deleitable le ofrecía oficioso su padre para divertirla, eran otros [93r] tantos estímulos que la llevaban a Dios y la apartaban del siglo. No faltaba entre los caballeros jóvenes de la ciudad quien la observase y sirviese, pues como tenía las relevantes prendas de hermosa, noble y bizarra, se arrastraba dulcemente las voluntades de todos y en nada hallaba consuelo quien solo lo buscaba en Dios. De suerte que, leyendo desengaños la bendita doncella en todos los gustos con que la pretendía lisonjear el mundo, acariciar la carne y tentar al demonio, vivía cada día más ansiosa de dejar las vanidades y abrazarse con Jesús. Y, así, los mismos medios que ponía su padre para apartarla de su propósito, estos mismos la conducían fuerte y suavemente a conseguirlo.&lt;br /&gt;
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5.- Un día, estando en la Santa Iglesia y Catedral haciendo oración delante de Nuestra Señora del Sagrario, como vasalla fiel de tan gran Reina, sintió en su interior una ''[3]'' moción singular que, dulcemente, la inclinaba a retirarse al religiosísimo monasterio de San Pablo del sagrado Orden [93v] de San Jerónimo, que acababa de fundar en Toledo la venerable e ilustre señora doña María García. Luego que tuvo oportunidad, dejando a sus padres, hermanos y parientes, abandonando riquezas, honra y estimación, renunciando al mundo y sus vanidades, se retiró al dicho monasterio para consagrarse a Dios. No se observaba clausura entonces en este exemplarísimo convento, ni se observó hasta el año de 1508 en que, voluntariamente, se obligaron las religiosas a guardarla, pero siempre ha florecido y florece ''[4]'' con gran fama de santidad y, si se hubiera de hacer relación de las mujeres famosas que han vivido en él, daría mucha materia a la admiración juiciosa y prolijo afán a la historia, léase al reverendísimo Sigüenza en su ''Crónica de San Jerónimo'' (F). Recibieron aquellas religiosas a la inocente virgen con singular gus- [94r] to y complacencia, juzgando por su angelical rostro recibían en ella una gran santa. La hermosura de su cara, la honestidad de sus costumbres, la gravedad de su trato, la humildad de su genio, la circunspección y medida en sus palabras, fueron ciertos presagios de la futura santidad a que la había de elevar la divina gracia, como luego se fue mostrando. Halló nuestra santa virgen en aquellos sagrados claustros no pocas virtudes que imitar y, como solícita abeja, iba copiando de cada una de sus compañeras lo más precioso y aquilatado ''[5]'' que veía en ellas. En brevísimo tiempo llegó a tocar en lo más sublime de la perfección cristiana, siendo común asombro de toda aquella sagrada comunidad. Era entre todas la más humilde, rendida y obediente, llegando a tanto su reputación que decía muchas [94v] veces (sintiéndolo en su interior) que no merecía besar el suelo que pisaban sus hermanas. Su oración era continua y tan fervorosa que, saliendo fuera de sus sentidos, se arrebataba en el aire por largo espacio de tiempo. Vertíanse en ella tan copiosas las influencias celestiales que, siendo estrecho cauce el corazón, sobresalían a la exterioridad en ríos de lágrimas y en ardientes suspiros. &lt;br /&gt;
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6.- Habiéndose ya despedido del mundo la que tan desprendida vivió siempre de sus vanidades, soltó el océano de su fogoso corazón la presa a los caudalosos diques de la mortificación y penitencia. Ninguna estuvo allí ociosa, todas sí practicadas de la fervorosa virgen que, con celo de enflaquecer los verdores de la carne, no quería tasar las [95r] austeridades que le dictaba su espíritu. Discreta acción crecer para no desmedrar, que en la carrera de las medras espirituales hay poca distancia (si hay alguna) de la tibieza a la relaxación ''[6]''. Huía con el mayor cuidado del trato y conversación de las criaturas, buscando a su esposo en la soledad y reino: aquí le hablaba dulcemente, aquí lograba de sus caricias y aquí en místicos deliquios ''[7]'' se deshacía su amante corazón en afectos tiernos a su amado. Una virtud noble, entre otras, resplandeció en esta sierva de Dios y fue la invicta paciencia en los trabajos. Disimulaba con una modestia tan agradable los sentimientos interiores que tal vez padeció, que ningún acaso turbó la serenidad de su rostro ni descompuso la armonía de su espíri- [95v] tu, regulado siempre con los compases de su santa conformidad. La sencillez nunca artificiosa y el candor desta alma pura, desnuda de la simulación del engaño y de lisonja, era amable hechizo de quien la trataba. Vestía su ánimo de obras, como su lengua de palabras, estas y aquellas eran de una misma librea. Torpe monstruosidad en los que visten de un color los labios y de otro la intención, monstruo de dos corazones (G) y que jamás le ha sufrido la naturaleza cuando los aborta a cada paso la hipocresía. &lt;br /&gt;
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7.- Con este lleno de virtudes pasó en la religión diez años, siendo tan universal la fama que sus bien fundados méritos la habían adquirido que [96r] todas las religiosas la tenían por santa, viviendo edificadas de su inculpable vida. No obstante, la sierva de Dios, como tan humilde, reputándose por más pecadora y mala, determinó hacer una confesión general en que pudiese lavar sus culpas pasa servir al Señor con más pureza. Dispuso su inocente alma con tan abundancia de lágrimas, tan fervorosa compunción y ternura, que bastaría a lavar las mayores culpas siendo así que era inculpable su vida. Al entrar en el confesonario, se postró en tierra delante de una devota imagen de María Santísima que tenía su Hijo en los brazos y, con fervientes lágrimas, pidió al Señor le perdonase sus culpas, y a la Madre que fuese su patrona y abogada. Luego, inmediatamente, se vistió de soberana luz aquella sagrada imagen, y el Niño, con halagüeño rostro, levantando su delicada mano, le echó la absolución del modo que lo executan los confesores. Aunque esta visión había [96v] sido tan clara y manifiesta, era tanta su humildad que nunca se persuadió fuese así. Levantose llena de temor y se fue a los pies de su padre espiritual y, habiéndose confesado con el más vivo dolor y abundantes lágrimas, aunque con singular consuelo de su alma, al salir del confesonario repitió la oración a la misma sagrada imagen y, segunda vez, se vistió de hermosos resplandores. y el Niño, mostrándose cariñoso, levantó la mano y le echó la bendición. Quedó su alma con tan celestial favor, tan abrasada en el amor divino, que no podía contener las avenidas de su espíritu, siendo tan dulcemente violenta la llama que ardía en su pecho que el corazón sensiblemente le latía queriendo salirse a buscar mayor esfera. Pocos días después de haber recibido este favor, habiéndose quedado una noche sola en el coro, enardecida toda en caridad, pedía al Señor Sacramentado por el estado fe- [97r] liz de la Iglesia santa. Estando en lo más fervoroso de su oración, vio una gran llama de fuego que, saliendo de la Custodia, y dejándose registrar de sus virgíneos ojos, llenaba de hermosura todo el templo y de consuelo su alma. Duró esta visión por espacio de una hora, quedando la santa abrasada en amor y reverencia al Señor Sacramentado. &lt;br /&gt;
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8.- Siempre que había de comulgar se disponía con el mayor fervor y reverencia, derramando afectuosa muchas lágrimas y pidiendo al Señor adornase su alma con el lleno de virtudes necesarias para recibirle. Como la santa fielmente se disponía, así el Señor dulcemente le regalaba. Un día de Pascua de Resurrección comulgó con las demás religiosas y vio en la forma consagrada un corderito vivo, hermoso y agraciado. Recibiole en su pecho y quedó tan suavemente trasportada y llena de consuelo espiritual que, en diez días [97v] con sus noches, ni durmió, ni comió, ni bebió, ni hizo acción alguna vital, sino suspirar por su amado Jesús, derramando de sus virginales ojos dulcísimas y tiernas lágrimas. Desde esta ocasión, siempre que comulgaba (que en aquellos tiempos era de tarde en tarde, por no estar introducida la frecuencia de sacramentos), se enajenaba de todos sus sentidos, quedando extática y fuera de sí, comunicándose también a su hermoso rostro estos divinos efectos, pues parecía entonces tan agraciada y bella que pudiera equivocarse con los más altos serafines. Duraban en la sierva de Dios estas dulzuras y deliquios por espacio de cuarenta días, de suerte que, a no intervenir la obediencia de su confesor, no comiera ni durmiera en este tiempo, pues aseguraba no tenía necesidad ni sentía desfallecimiento alguno en el cuerpo. “Hácensenos a nosotros estas cosas como imposibles”, dice aquí el historiador jeronimiano (H) “porque estamos muy lejos dellas”, y [98r] no hay duda que, si nos llegásemos con simplicidad de corazón a aquel Señor que todo es espíritu, nos espiritualizaríamos participando de sus celestiales dones, pero dejándonos arrastrar de la miseria, nos vamos tras las cosas terrenas, donde se pega nuestro corazón y, así, vivimos no vida espiritual, sino terrena. Estando en cierta ocasión orando la santa, se llegó a ella un varón anciano y venerable y le dijo: “Ven conmigo, que te llama la Reina”. Se hallaba entonces en Toledo la Reina Católica, doña Isabel, y pensando la sierva de Dios que la llamaba la Reina (pues entonces podían salir del convento por no tener clausura), se turbó toda y se escusó diciendo no podía ir a ver a Su Majestad. El venerable anciano le volvió a decir: “Ven, hija, conmigo, que no es la Reina de la tierra la que te llama, sino la Reina del cielo”. Al oír esto, se turbó mucho más, pues su humildad y conocimiento proprio la hacían indigna de cualquier favor. Conformada con la divina gracia, siguió a aquel anciano y, sacándola de la ciudad, se halló de repente en una [98v] iglesia donde vio una hermosísima imagen de Nuestra Señora con su Hijo en los brazos, postrose a sus pies y dijo: “Señora, aquí tenéis a esta esclava vuestra”. Entonces, aquel varón le puso en sus manos un delicado y rico paño de seda, y la Reina del Cielo le dio a su dulcísimo Hijo y, mandando a un hermoso mancebo que le acompañase con el anciano, le dijo estas palabras: “Ve con mi Hijo donde fuesen estos dos varones”. Quedó la sierva de Dios con tan rica joya llena de celestial júbilo y, haciendo reverencia a la Señora, se partió con sus dos compañeros que, sin duda, serían San Joseph y San Juan Evangelista, de quien era muy devota. El venerable anciano caminaba delante, como guía desta jornada, y el mancebo la acompañaba dándole la derecha. Llegaron breve a un pueblo grande y famoso lleno de palacios y ricas casas y, llamando a las puertas el venerable anciano, decía en voz alta y grave: “Abrid, que viene Dios a vuestra casa y os quiere visitar”. A estas voces se hacían sordos y ninguno quería abrirles y, si algunos tenían las puertas abiertas, luego que los veían, las cerraban al instante [99r] respondiendo todos que pasasen adelante, que no había posada. ¡Oh, grosera ingratitud de los mortales! Así anduvieron cuasi todo aquel dilatado pueblo sin hallar quien los acogiese. Volvíanse desconsolados y afligidos y, en el camino, encontraron a unos que iban de viaje y dijeron: “Nosotros os acogiéramos si no fuéramos deprisa, pero, mientras volvemos, os podéis recoger en ese establo”. Esta fue la mejor posada que entre los hombres halló el Criador del mundo. Volvieron a la iglesia donde estaba la Virgen y, recibiendo a su bendito Hijo de las manos de la santa, refirieron los compañeros cuanto había pasado y Nuestra Señora, hablando con la sierva de Dios, dijo: “Ya has visto cuántos esfuerzos ha hecho mi Hijo para que los hombres le reciban y cuánta ingratitud ha hallado en ellos, por eso vendrá sobre ellos su ira y serán castigados, unos con duros azotes, otros con espadas agudas y otros [con] ardientes llamas”. Desapareció la visión y, quedando [99v] afligida la santa, lo refirió a su confesor y, de a poco, se verificó puntualmente, pues no llovió en mucho tiempo, que fue un azote cruel, ni se cogieron los frutos, que fue una penetrante espada que quitó la vida a muchos; y se siguió una peste contagiosa, a cuyas voraces llamas rindieron la vida cuasi infinitos, con otros trabajos que se siguieron en toda España, pidiendo incesantemente la bendita santa al Señor mitigase su ira. &lt;br /&gt;
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9.- Un día de la Ascensión, quedándose la santa en el coro después de maitines, como acostumbraba, llevada del afecto y amor a Jesús, se llegó cerca del altar mayor y allí fue arrebatada en éxtasis y le mostró el Señor una visión maravillosa: pareciole que se hallaba en un campo espacioso y dilatado, lleno de flores y plantas exquisitas. En medio [100r] deste campo vio que había una magnífica iglesia y que a ella se dirigían cinco solemnísimas procesiones de sacerdotes venerables ricamente vestidos de majestad y gloria. Conforme iban entrando en aquel templo, se postraban todos delante del altar mayor, donde estaba María Santísima con su bendito Hijo en los brazos y le parecía a la santa que esto no era en visión, sino en realidad, como si estuviera en el mismo Cielo. Después cantaron todos el ''Gloria in excelsis Deo'' con mucha solemnidad y, acabado, se quedaron con gran silencio y compostura, como si estuvieran en oración sin mirarse unos a otros. Pasado un rato, les mostró la Virgen a su Santísimo Hijo, diciendo: “Veis aquí el fruto bendito de mi vientre, tomadlo y comedlo”. Entonces, se levantó un sacerdote, que parecía de más autoridad que los otros, y se vistió para celebrar el santo sacrificio de la misa y, al ir a consagrar, le puso Nuestra Señora en sus manos a su Santísimo Hijo, y luego quedó en forma de hostia. Hizo la elevación para que [100v] todos la adorasen y apareció como un rayo de sol que la bañaba y, poco a poco, se fue subiendo al Cielo hasta que el Padre Eterno la recibió en su seno y se oyó luego una voz que dijo: “Este es mi hijo muy amado, oídle a Él”. Entonces, uno de los sacerdotes que estaban presentes y era conocido de la sierva de Dios por haber sido capellán del convento y que había muerto poco antes, se llegó a la santa y le dijo: “En lo que has visto conocerás la verdad del misterio eucarístico y la reverencia con que se debe celebrar. Advierte que es la voluntad de Dios que tú lo digas a otros”. Desapareció la visión y quedó la sierva de Jesús entre mil temores, pensando fuese alguna ilusión o engaño de Satanás, pues se tenía por indigna de cosas tan altas. Díjolo a su confesor, que lo era entonces don Juan de Biezma, capellán del monasterio y varón de suma integridad y pureza, y este, como prudente, aunque conoció eran verdades aquellas revelaciones, pues se dirigían al provecho y utilidad de las almas, le dijo que no hiciese caso de semejantes fantasías, que todo procedía de la debilidad de la cabeza. En otra ocasión, le apareció [101r] la Virgen María rodeada de luces y le dijo: “Cinco pecados aborrece mi Hijo en los sacerdotes y le ofenden en gran manera: el primero, la falta de fe en los misterios que tratan; el segundo, la codicia y apego a las cosas de la tierra; el tercero, el vicio horrendo de la luxuria; el cuarto, la ignorancia de sus obligaciones y, el quinto, la poca reverencia con que tratan las cosas divinas. Estas cosas irritan el justo enojo de mi Hijo. Publícalo así para que se enmienden”. Con el mismo temor se lo dijo a su confesor y este le respondió como antes, aunque observaba con cuidado para hacer el uso debido destas revelaciones a su tiempo, como con efecto se hizo con no poca utilidad de las almas. Estos fueron los primeros vuelos desta águila generosa que, remontada sobre todo lo criado, no paraba hasta tocar lo más alto y sublime de los cielos. &lt;br /&gt;
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10.- Y, continuando con esta misma materia, tan fecunda de luz en la vida de nuestra santa que apenas se hallara igual en la historia, estaba una noche en oración después de maitines, cuan- [101v] do, al rayar el alba del festivo día del triunfo de la Santa Cruz, se le apareció la Majestad de Cristo, vida nuestra, con semblante grave y severo. Venía vestido de una tunicela morada, con sobrepelliz y estola al cuello, pero corriendo gotas de sangre por su divino rostro y aun por todo el cuerpo. No pudiendo contener la sierva de Dios el dolor que le causaba ver al Señor maltratado, derramando sangre, dijo: “¿Qué es esto, mi Dios? ¿Quién os tiene así?”. Y el Señor respondió: “Desta suerte me maltratan los que no me reciben en la comunión con la disposición debida. ¡Ay de los sacerdotes! Pues a estos les espera mayor tormento”. Quedó fuera de sí y, desde esa ocasión, pidió fervorosísimamente ''[8]'' a Su Majestad por los que comulgaban y, muy en particular, por los sacerdotes y ministros del altísimo. Repetidas veces orando delante de una Santa Verónica, o cara de Dios, con quien tenía singular devoción, la veía llena de resplandores y recibía mucho consuelo su alma. Un día de San Agustín, estando haciendo oración delante desta santa imagen, después que se iluminó, [102r] con vistosos rayos, apareció toda convertida en sangre. Afligiose mucho la sierva de Dios, temiendo no fuese algún engaño, pues su humildad la hacía recelar de todo pedía al Señor le diese a entender lo que quería en esto, y la significó que quería aumentase en sí la penitencia y mortificación, pues la deseaba cada día más perfecta y santa. Púsolo en execución y en esta virtud hizo progresos admirables. Desde este día no comió jamás carne ni cosa caliente y su corto alimento era un poco de pan con alguna fruta, de suerte que todas sus revelaciones eran para multiplicar en sus sienes brillantes coronas de méritos y virtudes, prueba, la más eficaz, de que eran verdaderas y no fingidas. En cierta ocasión, tuvo un rapto tan profundo que, por muchas horas, estuvo sin movimiento alguno vital. Pensaron todos que había muerto y los médicos hicieron las últimas experiencias de darle garrotes y ligaduras, a que resistió inmoble. Usaron también del fuego y del cuchillo, y la hallaron insensible, y no es mucho, pues su espíritu vivía ausente del cuerpo en regiones muy remotas y dis- [102v] tantes. Ya la lloraban muerta a la que a la verdad estaba extática, y acaso hubieran pasado a darle sepultura, si el Señor no lo hubiera impedido. En este tiempo fue arrobada en un éxtasis profundísimo y llevada por los ángeles a aquel campo espacioso y dilatado en que había visto antes las cinco procesiones que entraban en la iglesia, y volviose a repetir lo mismo que había visto. Y la Reina del Cielo le dijo con rostro severo y grave: “Mucho ha desagradado a mi Hijo que tu confesor no haya publicado lo que se te ha revelado. Vuelve a decírselo para que lo comunique con [el] deán de la iglesia y otros sacerdotes, y todos avisen al arzobispo para que ponga de su parte el remedio, haciéndole saber cómo el Señor está indignado contra los cinco vicios que te manifesté aborrece en gran manera, es a saber: falta de fe, codicia, luxuria, ignorancia y poca reverencia. También le dirás que avisen al arzobispo para que cele con rigor sobre los moros y judíos (se permitían entonces en Toledo), pues van sembrando muchos errores en la ciudad”. Desapareció [103r] la visión y volvió del rapto hallándose buena y sana, aunque con los temores que su humildad le causaban, pero fortalecida con las superiores luces que el Señor le daba. Llamó a su confesor y, con esforzado espíritu, le dijo lo que había oído de la boca de la Virgen, pero el confesor, que con madura reflexión miraba estas cosas, aunque inclinado al asenso, no se determinaba a publicarlo y le dijo: “Hermana, para que en materia tan grave no nos tengan por livianos, era menester alguna prueba o señal, porque si no se reirán y burlarán de nosotros. ¿Qué seña me das para que me crean?”&lt;br /&gt;
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11.- Afligiose la Santa Virgen con su respuesta y, pensativa de lo que había de hacer, se despidió del confesor y, pasando por junto a una ventana, vio dos pliegos de papel y luego se le ofreció el escribir dos cartas: una para su confesor y otra para el deán. Tomó el papel y, guiada de superior impulso, se encerró en un sótano obscuro [103v] para que no la viesen. Empezó luego el papel a iluminarse, dando claridad suficiente para ver, y sintió que le ponían una pluma en la mano y, moviéndosela, sin saber quién, escribió en poco tiempo las dos cartas, pero con letra tan primorosa y limpia que claramente daba a entender la había formado mano de ángel. Pero aún mucho más admiraba el contexto de las cartas, pues iban tan llenas de doctrina, eficacia y persuasiva que, en cada cláusula o periodo se leía un arcano ''[9]'' de la más alta teología y así, por todas sus circunstancias, se conocía era obra milagrosa y de superior jerarquía. Remitió las cartas a su confesor, el que las recibió apenas llegó a su casa y, maravillado de aquella letra tan peregrina, pasó a leer la que para él venía y quedó pasmado y como fuera de sí al ver doctrina tan elevada, y mucho más cuando leyó en ella no pocas cosas de que solo Dios y él eran sabidores. No obstante estas muestras tan claras, no le dejaba obrar con libertad su timidez y poca resolución, y así determinó ocultar las cartas, sin manifestarlas al [104r] deán, ni dar parte al arzobispo. Fue a ver el confesor a la santa y, sabiendo esta su determinación, se le reprehendió con la mayor severidad y, aunque siempre humilde, en esta ocasión revestida del celo santo que la animaba, le habló con tal eficacia y libertad que bien conocía era cosa de Dios, pero no le pudo convencer por su gran pusilanimidad, aunque como veremos después, el Señor le castigó en el Purgatorio por este defecto. Quedó la santa muy acongojada y pedía al Señor eficazmente se valiese de otra persona que tuviese más autoridad o que moviese el corazón de su confesor para publicarlo. Vivía la santa muy desconfiada de su ineptitud para cosas tan grandes, efecto proprio de los humildes, aunque pudieran saber que por lo mismo se vale el Señor de los medios más despreciables para hacer cosas sublimes, pues no ellos, sino la gracia de Dios en ellos, obra estos prodigios. Y antes de pasar adelante, no podemos omitir, en elogio de nuestra santa, los muchos prodigios que obraban sus milagrosas cartas y hacen no pequeño honor a nuestra historia: a una niña, después de mucho tiempo muerta, le aplicaron una carta y luego al punto resucitó. Tenía una mu- [104v] jer encarcerado un pecho sin hallar remedio en la medicina toda, aplícase la carta y sanó instantáneamente. Caminaba en romería desde Toledo a Santiago de Galicia un venerable sacerdote y, para seguridad y alivio de viaje tan penoso, pudo conseguir una destas ''[10]'' cartas. Llevábala con la mayor veneración en el pecho, pareciéndole que libraba en ella toda la felicidad. Al pasar un río caudaloso, cayó entre sus rápidas corrientes y, sin duda, le hubieran arrebatado a no haber acudido a esta insigne reliquia. Salió milagrosamente y, habiéndose mojado todo cuanto traía puesto hasta la camisa, solo la carta se halló seca y enjuta. En cierta ocasión, al ir a caerse por casualidad una destas cartas en una tinaja de agua, se detuvo milagrosamente en el aire. A una persona que padecía un incorregible fluxo de sangre, se detuvo luego que le aplicaron una carta. El doctor don Diego de Villaminaya, dignidad de capellán mayor de la santa iglesia de Toledo, pudo conseguir una carta destas con que dio salud a muchísimos enfermos. Estos y otros prodigios ha obrado el Señor en crédito de su sierva. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
12.- Continuaba esta en sus santos exercicios de oración, retiro y penitencia, estimada de Dios, venerada de los hombres y favorecida de los ánge- [105r] les, pidiendo siempre a Su Majestad con fervorosas lágrimas por el estado feliz de la Iglesia y salvación de las almas redimidas con su preciosa sangre. Este era el objeto común de sus oraciones y, como fundado en caridad, le era a Dios muy agradable y por eso le regalaba con frecuentes apariciones, manifestándola sus más escondidos tesoros. En cierta ocasión, fue llevada por un ángel al Purgatorio, donde vio penas y tormentos tan terribles que no hay lengua que los pueda explicar. Oyó allí gemidos, gritos y aullidos formidables, vio también figuras de animales tan estraños y peregrinos que jamás había visto en la tierra, y tan fieros y espantosos que bastaba solo su vista para quitar la vida al hombre más animoso y valiente. Vio, igualmente, gran multitud y variedad de gusanos que roían y atormentaban a aquellas pobres almas. Examinó uno la sierva de Dios con cuidado y dice tendría [105v] como un cuarto de largo y tres o cuatro dedos de ancho, cubierto por encima de unas conchas menudas, pero encendidas de un fuego muy activo. Reparó también que tenía unas uñas sumamente fuertes y aguzadas. Preguntó al ángel qué significaban aquellos gusanos y respondió: “Estos son los gusanos de la conciencia, que están royendo las almas de los que ves aquí detenidos, y esto les mortifica más que ninguna otra pena. ¡Que no fuese yo mejor! Exclaman noche y día. ¡Que no fuese yo más solícito en ganar indulgencias! ¡Que anduviese tan descuidado! ¡Que pude haber evitado estas penas y no lo hice! Este es el gusano roedor que más los atormenta. ¡Que pude y no lo hice! Y este también – prosiguió el ángel- es el que más aflige y desconsuela a los míseros condenados: ver que pudieron salvarse y no lo hicieron, que pudieran estar en el Cielo para siempre y se ven en el infierno por toda una eternidad. Este roedor nunca se acaba, siempre vive [106r] y nunca muere”. Vio allí la santa a varias personas, entre ellas a un sacerdote que aún vivía y era cura de una parroquia de Toledo y muy conocido de la santa. Tenía enroscada por el cuerpo una grande y espantosa culebra de dos cabezas, que con la una le roía el espinazo y, con la otra, el estómago, y junto a él un dragón horrible y espantoso que llevaba sobre su lomo un niño que a grandes gritos pedía a Dios justicia contra aquel párroco. Quedó espantada la santa y preguntó al ángel qué significaba aquella visión, y el ángel le respondió: “Sábete que este niño se queja contra el párroco porque no recibió el bautismo por descuido suyo, y así pide a Dios le castigue tan gran pecado”. Desapareció la visión y, vuelta en sí, hizo oración fervorosa por él, y sucedió que, pasados algunos días, diciendo misa este párroco y oyéndola la santa, después que se acabó, fue arrebatada en éxtasis y le vio [106v] que aquel miserable sacerdote tenía rodeada al cuerpo una espantosa culebra, pero con tres cabezas: con la una le mordía la lengua, la otra el corazón y, con la tercera, las espaldas. Vio también al niño, que daba gritos delante d’él y decía: “Por tu causa no recibí el bautismo, por ti me veo desterrado del Cielo, por ti no veré a Dios jamás. Venga, pues, sobre ti el castigo de tan gran culpa”. Pasados tres días, llamó la santa a este párroco y le dijo cuánto había visto, y otras muchas cosas secretas que nadie las sabía, y le amonestó de enmendarse de tales y tales pecados graves que había cometido, y porque tenía al Señor muy ofendido. Al oír descubierto su interior, quedó desmayado aquel sacerdote y cayó como muerto en tierra; animole la sierva de Dios exhortándole a hacer penitencia y que confiase en [que] el Señor [107r] le perdonaría sus culpas, si de corazón se arrepintiese dellas. Estando otro día diciendo misa, aparecieron en la hoja del canon cinco gotas de sangre fresca y reciente, y refiriéndolo a la santa le dijo, vestido de luz su pensamiento, que en ello le daba el Señor a entender le quedaban de vida solo cinco años, como se verificó. Murió pasado este tiempo, día de San Miguel, y, haciendo oración por él la sierva de Dios, se le apareció en una figura horrible y lastimera en que daba a entender se había condenado. Adoremos los juicios de Dios siempre inescrutables mientras damos principio al capítulo siguiente.&lt;br /&gt;
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'''Capítulo 6. Recibe la sierva de Dios, María de Ajofrín, por admirable modo las llagas de Jesús, con otros favores extraordinarios'''&lt;br /&gt;
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1.- Siempre ha sido y será célebre en la Iglesia el favor sin segundo que la Majestad [107v] de Cristo hizo a mi seráfico padre san Francisco en la impresión de sus sagradas llagas. Este prodigio, a todas luces grande, que se ha merecido por todas sus circunstancias la admiración de los siglos, en nada deroga la omnipotencia del Altísimo para que, con sus siervos, se muestre el Señor liberal derramando, a manos llenas, favores y beneficios. Así lo hizo con nuestra santa virgen, la sierva de Dios María de Ajofrín. Habíala escogido el Señor no solo para fiel dechado de virtudes y perfecciones, sino para que fuera instrumento idóneo que arrancase del campo de su Iglesia la cizaña que el enemigo cautelosamente iba sembrando. La había escogido entre millares para que fuese vivo oráculo de su voluntad eterna y por eso la quiso sellar con el sello de su amor más puro, para que le diesen fe y creyesen su testimonio. &lt;br /&gt;
Estando, pues, un día en oración nuestra santa virgen en la octava del Corpus, patente el Santísimo Sacramento como se acostumbra en la orden, fue levantada en el aire más de una vara, en fuerza de la elevada y sublime meditación, cuando sintió de repente dentro de [108r] su alma una grande antorcha que, ilustrando su razón, inflamaba al mismo tiempo la voluntad en el amor de su dulce esposo. Vio que desde la custodia salían cinco hilos de oro finísimo a manera de cinco vistosos rayos de luz y se terminaban a sus pies, manos y costado. Conoció la santa el misterio y, no pudiendo su humildad sufrir tanto favor, quedó anegada en su misma miseria, absorta y fuera de sí. Los dulces efectos que causó esta visión en el pecho amoroso de la humilde sierva fueron admirables y, más para contemplarlos que para referirlos, diola el Señor a entender que quería honrarla con las señales de su pasión sacrosanta, pero que esto sería sucesivamente, y en diversos tiempos así se verificó, como iremos viendo. Un día, meditando en la corona de espinas y los acerbísimos dolores que el Señor padeció en este paso, sintió en su cabeza tan recias punzadas, como si la traspasaran con agudas y penetrantes espinas. Ni fue solo repre- [108v] sentación, sino realidad, pues luego brotaron con violencia por todo alrededor muchas gotas de sangre viva y fresca. Duró esto por muchos días, de suerte que lo vieron y notaron las demás religiosas pues, aunque ponía el mayor cuidado para ocultarlo, no podía, manifestándolo el Señor por medio de la sangre que le corría, no pocas veces, hilo a hilo por la cara, con admiración y pasmo de cuantos lo veían. Y sucedía estar sereno su rostro, sin novedad alguna y, de repente, brotar la sangre de sus sienes, frente, y demás partes de la circunferencia, y bañarse su angelical rostro con este precioso rosicler, que la hacía aún más hermosa y agraciada. Desde que recibió estas señales de la corona de Jesús (de que hay pocos ejemplos en la historia), fueron vivísimas y penetrantes las punzadas que sintió causándole acerbísimos dolores en tanto grado que, en una ocasión, llegó a separarse en la cabeza el casco superior del inferior, como si le hubieran dividido con un cuchillo; pero acompañó a este prodigio otro aún mayor, y es que por fuera nada se conocía, pues ni rompió el pellejo, ni hizo llaga alguna y solo por el tacto se percibía la separación [109r] de uno y otro casco y, con ser esta rotura claramente mortal y sin remedio, no le quitó la vida, aunque le causó tan fuertes dolores que estuvo fuera de sí por más de cuarenta horas, y después de algunos días, se volvieron a unir y solidar, sin medicina, aquellos cascos, quedando como antes. Deste raro portento hubo muchos testigos y algunos dellos físicos famosos que, contestes ''[11]'', depusieron ser obra sobrenatural y divina. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
2.- Entregada toda a Dios y puesta en contemplación altísima se hallaba un día la santa virgen cuando, de repente, sintió acerbísimos dolores en las manos y en los pies y aun en todo su cuerpo, quedando como descoyuntado. Parecíale que las manos se las atravesaban con gruesos y penetrantes clavos; acudió pronta, llevada más del temor humilde que del dolor vehemente y halló las llagas, que pasaban de parte a parte una y otra mano. Después que volvió en sí y pudo valerse, se puso unas vendas con algunos paños para que las demás no lo pudiesen conocer. Y fue así, pues solo su con- [109v] fesor (que lo era entonces el ilustrado varón y religiosísimo padre fray Juan de Corrales, prior del convento de la Sisla) lo supo y él solo las vio con sus ojos y depone desta verdad y no se puede dudar della, pues demás de ser varón a todas luces respetable por su conocida santidad y literatura, se hace acreedor a esta justicia el hallarse condecorado con la prelacía de su orden y, lo que hace más al caso, por ser del tribunal de la Santa Inquisición, como veremos después. Duraron estas llagas abiertas más de 40 días sintiendo la bendita virgen recios dolores y muy en particular los viernes. Después, se cerraron sin medicina alguna, pero quedaron las señales hasta que murió, y procuraba ocultarlas. Y, aun después de cerradas, sentía no pocas veces vehementísimos dolores. No nos dice la historia si recibió también las llagas en los pies, aunque es de creer las recibió y las ocultaría por la honestidad, y solo dice que sintió en esta ocasión acerbísimos dolores en los pies. Pero aún más misteriosa es la llaga del costado: abrasada en amor divino, medita- [110r] ba un día la Pasión y muerte de Jesús (que este era por lo común el objeto de su oración), se le apareció el Señor vestido de resplandores y le previno que el día siguiente, que era la festividad de todos santos, año de 1484, le había de comunicar altísimos secretos y transformar en sí por temor haciéndola participante de los dolores de su Pasión sacrosanta. La humilde sierva se lo dijo a su prelada con el mayor secreto, suplicándole encarecidamente que, a otro día luego que comulgase, la llevase a algún sitio retirado de la casa donde nadie le viese ni notase. Prometiolo así la prelada para su consuelo, aunque no lo pudo cumplir, pues a otro día, apenas comulgó, fueron tan excesivos los gemidos y sollozos y tan violentos los golpes de corazón, que fue milagro no espirar luego al instante. Tal era el fuego que abrasaba interiormente el corazón de la santa que, encendida toda en amor, salió a buscar el exterior ambiente. Su virginal rostro arrojaba un [110v] tan vistoso carmín que, hermoseándole sobremanera, causaba admiración y respeto. Siguiose a esto un prodigioso rocío de su sangre que, sin hacer herida, salió de sus delicadas sienes y por toda la circunferencia de la cabeza. Quedose después privada de todos sus sentidos y en un profundísimo éxtasis en que perseveró por más de 40 horas sin verse en ella más acción vital que algunos lastimosos quejidos con que, tal vez, se desahogaba. Las religiosas, temiendo muriese la santa en aquel dilatado desmayo, usaron aun con sobrada violencia de cuantos remedios les dictaba su congojosa aflicción en aquel crítico lance: le dieron garrotes y ligaduras y, para que tomase alguna sustancia, hicieron tal fuerza que le quebraron una muela, pero a todo estaba la santa inmoble e insensible. Y, aunque notaron alguna sangre en el hábito, no hicieron alto sobre ello hasta que se descubrió el misterio. Volvió al fin de aquel profundo rapto y, después, dijo a su confesor que había sido llevada a la presencia de Cristo y que había visto al Señor sentado en un trono de grande majestad y grandeza, donde le fueron reveladas muchas cosas tan altas y divinas que ni podía ni sabía explicarlas. Dijo también que le había mandado el Señor, de nuevo, publicase lo que [111r] le tenía dicho en otras ocasiones: “Y para que seas creída -añadió el Señor- se te dará esta señal del cielo, que este cuchillo traspasará tu corazón y hará en él una llaga de donde saldrá sangre viva, que será verdadero testimonio a todos, tú serás participante y como un transunto en quien verán mis llagas y lo que padecí por los hombres”. &lt;br /&gt;
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3.- Después que dijo esto el Señor, se sintió herida en el costado y con tan gran dolor que faltó poco para espirar. Mostrose la llaga abierta por espacio de 20 días y, aunque siempre corría sangre, los viernes era con más abundancia, de suerte que no bastaban los paños que se ponía y corría hasta el suelo. Para que se conociese que esta llaga era misteriosa y sobrenatural, nunca se enconó ''[12]'' ni salió materia ni otro género de corrupción. La sangre que salió era tan limpia como de un tierno corderillo. Quiso al principio la humilde sierva del Señor ocultar este prodigio, pero el Señor le mandó lo dijese a sus preladas y prelados, lo que le fue aún más sensible que todos los dolores que había padecido. Obedeció; aunque [111v] muy a costa de su humildad, mostró los paños ensangrentados, que ellos mismos estaban publicando el prodigio, pues no parecía sangre humana, sino un carmín finísimo. Vio la llaga el confesor y algunas religiosas y todos quedaron atónitos y asombrados, aunque mandó seriamente a las religiosas no lo dijesen a nadie. Quiso el confesor dar parte al deán de la Santa Iglesia, pero se detuvo para obrar con más reflexión en materia tan importante; pero confirmado más en el prodigio buscó al deán y le refirió cuanto pasaba. El deán, que era don Pedro de Préxano, sujeto de no vulgar literatura, de vida muy ajustada y que sus prendas le elevaron después a la mitra de Badajoz, determinó se hiciese la averiguación con toda solemnidad, para que constase auténticamente, por lo que llamó al capellán mayor, dignidad de la misma Santa Iglesia, junto con un notario apostólico y, en compañía del confesor, entraron en el convento el día 19 de noviembre y, delante de la prelada y otras dos religiosas, vieron con la mayor decencia la llaga del costado y su circunferencia; y la tocaron con sus manos estando la llaga tan viva y fresca como si se acabara de hacer, no obstante que habían pasado 19 días, y salía sangre pu- [112r] -rísima, sin mal olor, ni putrefacción alguna; y el mismo capellán mayor tomó unas hilas y las sacó llenas de sangre, confesando todos era cosa sobrenatural y mandaron al notario lo diese por testimonio. Y porque este se guarda original en el Convento de Padres Jerónimos de la Sisla de Toledo, queremos poner aquí lo que hace al caso y pertenece a la historia, y es lo siguiente: &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
‹‹Yo, Gracián de Berlanga, capellán de la serenísima reina doña Isabel, Nuestra Señora, notario apostólico y arzobispo, doy fe que el año de la Natividad de Nuestro Redentor y Salvador Jesucristo de 1484, en 10 de noviembre, casi 6 horas después de medio día, por ruego e instancia de don Juan de Biezma, rector de la casa de doña María García, entré en la dicha casa, en un aposento en el cual estaban los reverendos señores don Pedro de Préxano, deán de Toledo, y don Diego de Villaminaya, capellán mayor en el coro de la Santa Iglesia de Toledo, y dos o tres religiosas de la dicha casa, y vide una doncella, que verdaderamente parecía bulto de ángel, y tenía una llaga en el costado donde Nuestro Señor Jesús fue herido, tan grande como un real y no tenía hinchazón y carecía de toda putrefacción [112v]. Tenía un color muy fino, así como grana y, después que todos lo hubimos mirado, a poco rato habló aquella doncella estas palabras: “Dios Nuestro Señor vos lo demande, si non pusiéredes aquello en execución”. Y así espantado me aparté dende y me torné a salir. En fe de lo cual lo signé y firmé de mi nombre, que fue fecha en Toledo, año, mes, día de ''quibus supra. Gratianus notarius apostolicus''››. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En aquellas palabras que dijo la santa, “Dios Nuestro Señor vos lo demande”, da a entender que ya los había hablado antes y sería, sin duda, lo que el Señor le había revelado que publicase. Parece no esperaba el Señor otra cosa para cerrar la prodigiosa llaga que el que se tomase testimonio della y así, a otro día, que fue el 20 de noviembre, ya se había desaparecido esta llaga, cerrándose ella misma sin medicina alguna, quedando solo una hermosa y vistosísima señal y no menos prodigiosa que la llaga misma, pues, sin verse cicatriz ni callosidad alguna, solo quedó como un hermosísimo y brillante rubí. De donde se infiere claramente que esta llaga [113r] fue milagrosa en su principio, en sus progresos y en su fin. Pero, aunque faltó la llaga, no faltaron a la santa los dolores, pues estos los padeció con mucha frecuencia y aun también se renovó no pocas veces en los cinco años que vivió después, como lo declaró a su confesor, a quien nada reservaba para no errar. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
4.- Adornada nuestra santa con las preciosas llagas de Jesús, no vivía ya en la Tierra este serafín humano, su conversación, su trato y su espíritu todo era del Cielo y en el Cielo. Su alimento era cortísimo y levísimo, y aun esto lo hacía no por necesidad, sino por humildad, para quitar cualquier nota y que no la tuviesen por buena. Decía a su confesor que no tenía necesidad de manjar terreno cuando recibía a Su Majestad Sacramentado, pues este le mantenía no solo el alma, sino también el cuerpo. Por eso en este tiempo eran más frecuentes los éxtasis y raptos desta feliz alma, pues, como tan desprendida de la Tierra, era fácil ser elevada hasta el Cielo. Aumentáronse las revelaciones y favores del Señor [113v] y, como la había escogido por instrumento para declarar lo irritado que estaba contra los pecadores, volvió una y otra vez a mandarla manifestase su voluntad. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En una ocasión, le apareció Su Majestad muy airado y, de nuevo, le dijo era su voluntad se avisase al arzobispo para que, por lo que a él le tocaba, pusiese pronto remedio en aquellos cinco vicios que, en otro lugar (I), dijimos aborrecía tanto el Señor y, también, que velase en destruir y extirpar los horrores que en Toledo iban sembrando los moros y judíos y que quitase el intolerable abuso que se había introducido de celebrar misas en casas particulares y que no lo permitiese, sino en algún caso raro o grave necesidad, pues así iba decayendo el culto divino y la asistencia de los fieles a los templos y funciones eclesiásticas. Ha querido siempre Dios a esta ciudad santa, ejemplar y edificativa, esmerándose en arrancar de su campo cualquier cizaña que el enemigo común ha instado sembrar y, por eso, ahora insta tanto en purificarla por medio de su prelado [114r] para que, a su ejemplo, otros prelados hagan también lo mismo. Con este fin, y para que le diesen crédito, adornó el Señor con sus llagas a nuestra santa virgen, pero como tan humilde no sabía cómo hacerlo, contentándose con decirle a su confesor, el cual tampoco tenía resolución para ello, permitiéndolo el Señor para escarmiento de otros. Una voluntad de Dios tan expresa y clara, tantas veces repetida y encomendada, ya se ve que el resistir a ella será culpable en los divinos ojos, ni puede escusarse con el pretexto de humildad, pues en realidad no lo es. Mandó Dios a Jonás fuese a predicar a Nínive, pero por humildad huye y se embarca para Tarsis (J). Irritado el Señor contra el desobediente profeta, le castiga mandando a una ballena se lo trague. No se han de persuadir fácilmente las almas contemplativas que el Señor las toma por instrumento para cosas grandes, pero tampoco se han de resistir con nimia tenacidad cuando una y otra vez las llama. [114v] Escarmienten las almas dedicadas a Dios en lo que sucedió a esta santa y a su confesor: murió este (que, como queda dicho, lo fue muchos años y se llamaba don Juan de Biezma) el año de 1486 cerca de la festividad de Nuestro Padre San Francisco y, en este día del Santo Patriarca, se le apareció a la sierva de Dios y le dijo, entre otras cosas, estaba penando en el Purgatorio por no haber hecho lo que la santa le dijo varias veces, que diese parte al arzobispo para que pusiese remedio oportuno en aquellas culpas y que, ahora, le exhortaba que, deponiendo todo temor, lo manifeste al arzobispo porque, si no, sería azotado rigurosamente del Señor. Pidiola le encomendase a Dios y ayudase a salir de aquellas penas y, con esto, desapareció. Quedó la santa admirada, pero aún no sabía cómo hacerlo, pues le parecía que harían burla de su dicho, despreciando como consejo de mujer lo que era oráculo divino. Estando una noche en oración, fue llevada a un tribunal, donde presidía un juez [115r] severo y, pidiéndole cuenta del cumplimiento de sus órdenes, mandó a un ángel azotarla por desobediente. Fueron tales los azotes que se alcanzaban unos a otros y, así, sus delicadas espaldas quedaron todas molidas y quebrantadas, aunque por de fuera no quedó señal alguna de llaga ni cardenal. Este solo tormento le faltaba para imitar a Jesús en su Pasión sacrosanta. Tuvo grandes dolores la santa y le duraron cerca de año y medio sufriendo por el Señor estos azotes de su mano. Tenía una vez la toca mal puesta y la prelada, para componérsela, metió la mano en la espalda, pero notó que, como si no tuviera huesos o los tuviera molidos, no tocaba sino carne, pero sin llaga ni cardenal alguno. Maravillada desto y pensando que se había puesto así por las disciplinas, le reprehendió agriamente el exceso, pero la sierva de Dios le descubrió todo lo que había pasado y se conocía ser cosa sobrenatural por no verse señal alguna exterior. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
5.- Con este aviso del Cielo conoció [115v] la sierva de Dios su descuido y, habiendo quedado por su confesor el venerable padre fray Juan de Corrales, prior que era de la Sisla, comunicó con él cuanto había pasado y, como docto y experimentado, determinó dar parte de todo al arzobispo, que lo era entonces el gran Cardenal de España, don Pedro González de Mendoza, y habiendo hablado largamente con su eminencia sobre el asunto, le dejó una copia del testimonio, que se había formado de la llaga del costado y otros papeles autorizados de varios prodigios y maravillas que Dios había obrado, y estaba obrando entonces con su humilde sierva. Oyole benignamente su eminencia y, a otro día, le respondió en carta lo que sigue: &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
‹‹Venerable padre, esta noche pasada a las dos, después de medianoche, tomé esta lectura que me dejastes y nunca la aparté de mis ojos hasta que, capítulo por capítulo, la pasé y leí toda, que en ella no quedó letra que no la leyese, y lo que más me maravilla es que, ansí, se me pegó al corazón, que no dudé de [116r] ella cosa alguna. Como quiera que soy tardío en dar crédito a estas revelaciones y, al cabo, vi el testimonio del notario y la confirmación de los testigos, varones y mujeres, a quien toda fe se debe dar y a cualquiera dellos yo lo daría, aunque fuese solo cuanto más a todos juntos, a los cuales yo conozco, excepto a la hermana mayor (era la prelada), que por tener el cargo que tiene está aprobada debajo. Conozco bien al notario, que es hombre de verdad y digno de fe. Maravillome mucho más hallarse en mujer tanta dureza en no querer decir lo que tantas veces vio y sintió, mayormente siéndole mandado por quien todo lo manda y rige, lo que es señal de su grandísima humildad y del menosprecio que tiene de la gloria mundana. Por lo que a mí me toca, le dad, vos Padre, por mí las gracias, y Dios Nuestro Señor se las dé, y la pena que padece le será en doblada gloria y, si hay alguna cosa que yo pueda hacer para consolación suya, ofrécesela vos de mi parte muy enteramente, y recomendadme a ella rogándole que me tenga presente en la oración, rogando a Nuestro Señor me deje acabar en su servicio y hacer en esta vida su voluntad››. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Después que recibió esta carta el [116v] confesor, le mandó a la sierva de Dios escribiese al arzobispo informándole ella misma de cuanto el Señor le había revelado sobre el particular. Llamó a una religiosa de confianza para que le escribiese y, habiéndola acabado, al quererla secar a la lumbre, se quemó gran parte y, afligiéndose la compañera por tenerla que trasladar y ser larga, le dijo que no tuviera pena, que a otro día lo harían. Pusieron la carta en un arca y, al ir a trasladarla al día siguiente, la hallaron sana y sin lesión alguna, de lo que quedó admirada su compañera, que se llamaba Inés de San Nicolás. Cerró la carta y la envió con su confesor y la llevó a su eminencia, con quien habló largamente sobre el contenido, y su eminencia respondió lo siguiente: &lt;br /&gt;
‹‹Devota y muy amada hermana, con vuestra carta y con lo que el Padre Prior de la Sisla me dijo, hube gran consolación. Nuestro Señor Dios, que os puso en tal estado, os deje acabar en su servicio y a mí me dé gracias, que pueda hacer su voluntad y poner en obra lo que vos me aconsejáis, y ansí, os pido que le demandéis a Nuestro Señor y a su buen- [117r] aventurada Madre y en vuestras oraciones me encomiendo. Y porque al Padre Prior de la Sisla hablé largo no digo aquí más, sino que Nuestro Señor os conserve en su gracia divina››. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Otras muchas cartas escribió la santa al cardenal en que trataba con toda eficacia del remedio de los errores que los judíos y moros iban sembrando en Toledo, y su eminencia, conociendo la santidad desta gran mujer y el espíritu que la animaba, determinó a sus ruegos establecer en Toledo el Santo Tribunal de la Inquisición. Ni paró aquí el fervor desta heroína, pues a sus eficaces instancias se movió el cardenal a tratar con los Reyes Católicos, don Fernando y doña Isabel, la expulsión de los judíos y, después, se executó el año de 1492, saliendo de toda España seiscientos y veinte y cuatro mil desta mala raza. De suerte que podemos decir que nuestra España es deudora a esta sagrada virgen destas dos cosas grandes: del establecimiento del Santo Tribunal de la Inquisición y de la expulsión de los judíos, de donde tanto bien se ha seguido a [117v] toda la monarquía española. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
6.- Prosiguiendo el Cielo en favores a esta dichosa alma, eran ya por este tiempo frecuentísimas las dulzuras que recibía en repetidas apariciones de los espíritus angélicos y dulcísimas visiones de los santos, sus devotos, recreándola espiritual y corporalmente, sanándola de sus enfermedades y dirigiéndola en lo que había de hacer. Y si todas se hubieran de referir, sería necesario formar abultadísimos volúmenes y en esto convienen todos los historiadores de su admirable vida, por lo que ponemos solo algunas. Abrasada en amor de Dios, deseaba la santa comulgar en ocasión que los recios dolores que padecía en los lugares de las llagas, junto con la suma debilidad, la tenían postrada en una cama; no se atrevía la santa a pedir le trajesen a Su Majestad por evitar la singularidad. Apareciósele en esto un bello y gracioso niño, tan peregrino y hermoso que, turbada toda, no [118r] se atrevía a hablarle ni menos a llegarse a él, no obstante que se mostraba afable y cariñoso aquel soberano infante, recobrose un poco y díjole con humildad: “¿Quién eres, hermoso niño?”. Y el Señor le respondió con mucha gracia y donaire: “Yo soy tu esposo, no te turbes. ¿Por qué temes? Llégate a mí”. Y llegándose la casta virgen, le dio el Divino Infante paz en el rostro y, poniéndole la mano en la cabeza dijo: “Ea, esposa mía, ya estás sana, levántate y ve a la iglesia”. Desapareció la visión y quedó la santa tan llena de dulzura y suavidad que le parecía había estado en la gloria, levantándose de la cama buena y sana; y desde este día jamás sintió dolores en la cabeza en la parte de la corona, que fue donde la tocó el soberano Niño, pero se aumentaron considerablemente en los pies, manos, costado y espaldas, en particular los viernes desde por la mañana hasta después de vísperas, en que parecía le renovaban las llagas, cada una con el instrumento respectivo. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En una ocasión la tenía postrada en la cama un agudo dolor de costado a que se llegaba el dolor grande que entonces la afligía también de la llaga del costado, que, aunque no se mostraba para lo exterior, como se ha dicho, siempre en lo interior [118v] estaba abierta. Pensaba, según su debilidad y dolores, que era llegada su hora y solo la afligió el no poder hablar bien para confesarse. En este aprieto, se le apareció el arcángel San Miguel, de quien era muy devota y, poniéndole la mano en la llaga del costado, se la apretó y fortaleció tan bien que pudo hablar y, llamando a su prelada, le suplicó avisase a su confesor para que la oyese de penitencia y administrase el viático. Mientras fueron al convento de la Sisla a avisar al prior, que era su confesor, tuvo la visión siguiente: arrobada en un profundo éxtasis, vio en espíritu al mismo confesor que, estando diciendo misa, al llegar a las palabras de la consagración, una imagen de Nuestra Señora que estaba en el altar le dio el Niño que tenía en sus brazos. Vio también en el altar un grande resplandor y muchos ángeles que sostenían al sacerdote de sus brazos, hallándose presentes las gloriosas vírgenes Santa Catalina y Santa Bárbara. Luego estas dos santas se llegaron a María y le dijeron: “Mañana a las nueve recibirás a Nuestro Señor en este resplandor que ahora ves y luego, al punto, quedarás sana”. Así fue, pues a otro día vino el prior, se confesó y, celebrando misa, al tiempo [119r] que se volvió a la sierva de Dios con la forma consagrada para comulgarla, vio en el pecho y manos del prior un resplandor muy hermoso, con tanta claridad como si fuera un sol. Esto mismo vio también una inocente niña como de tres años que estaba presente con su madre, la cual prorrumpió con aquel desahogo natural que causa la admiración en aquella inculpable edad: “¡Ay! ¡Ay! ¡Qué hermoso!”. Y preguntada dijo que había visto un sol entre el sacerdote y la enferma. Luego que esta recibió al Señor, perdió todos sus sentidos, quedando en un profundo y soberano éxtasis que le duró nueve horas. Las demás religiosas procuraban por todos modos dispertarla, pensando desfallecía, pues no había tomado alimento alguno en muchos días. Ignoraban que estaba trasportada en Dios y que este, como esposo amante, tiene mandado en la escritura (K) que no inquieten a su esposa ni la hagan velar hasta que ella quiera, con que fueron en vano todas las diligencias hasta que ella volvió en sí y, abriendo los ojos, dijo aque- [119v] llas palabras del psalmista (L): “Alaba, ánima mía, al Señor y todas las cosas que están dentro de mí a su santo nombre”. Y luego se halló sana y sin dolor alguno. Instaron las religiosas que tomase algún alimento, pero la sierva de Dios se escusó diciendo que no tenía necesidad, pues habiendo comulgado podía pasar sin alimento alguno, aunque fuese cuarenta días. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
7.- Como era tan agradable a los ojos del Señor esta su querida esposa, le regalaba dulcemente revelándola sus más ocultos misterios. Un año, en la noche de Navidad, le reveló su santo nacimiento con la adoración de los pastores. Después vio a los Reyes Magos y los ricos dones que le ofrecieron, con todos los demás misterios desta sagrada festividad. Celebrando el santo sacrificio de la misa en el Convento de San Pablo, el señor don Diego de Villaminaya, capellán mayor del coro de la Santa Iglesia, muy devoto de la santa, iba a darle la comunión y, al recibirla, dio un tan fervoroso suspiro que levantó las sagradas formas de la patena y hubieran caído en el suelo si los ángeles no las [120r] hubieran detenido prontamente. Un día de Navidad, celebrando también misa este mismo sacerdote en el referido convento, vio cómo, al salir revestido al altar, iban delante de él dos refulgentes antorchas de una luz vistosísima y extraordinaria, colocáronse sobre el altar y luego salieron cinco rayos de cada una y terminaban en la sierva de Dios, llenándola de gozo abundantísimo. Al llegar a ''sanctus'', vio descender del Cielo al altar tanta multitud de ángeles que cubrían al sacerdote desde los pies a la cabeza, subiendo unos y bajando otros con muestras de singular alegría. Al llegar a la consagración, todos los ángeles se postraron con la mayor reverencia y, a la elevación, los mismos ángeles le levantaban los brazos. No pudo aquel fogoso espíritu de santa sufrir más y, así, antes del ''Pater noster'' le dio un deliquio amoroso, y no pudiendo mantenerse de rodillas, cayó en el suelo desmayada, y estuvo así hasta las doce del día sin movimiento alguno y, a esta hora, la llevaron a su recinto juzgándola muy fatigada, pues había estado allí desde las diez de la noche sin apartarse.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El año de 1486 fueron tales las crecientes del soberbio río Tajo por las continuas lluvias [120v] que, demás del daño que hacía en los campos, imposibilitó los molinos, de suerte que no se hallaba harina, causando mucha necesidad en el pueblo y perecían los pobres. Lastimado el corazón compasivo de la santa al ver tanta miseria, se subió una noche a un terrado desde donde se descubre [el] Tajo y, levantando los ojos y el corazón al cielo, echó al río su bendición y, después, se retiró a orar, puestos los brazos en forma de cruz, tendida en el suelo y pegado el rostro con la tierra. Así hacía ferviente y humilde oración pidiendo a el Señor y a su purísima Madre se doliesen de los pecadores y contuviesen el rigor de su justicia. Sintió luego que la levantaban en el aire y vino un rayo hermoso de claridad que, desterrando las tinieblas y lobregueces de la obscura noche, parecía el día más claro y refulgente. Vino después María santísima en un trono de mucha gloria y majestad y le dijo: “Has de saber, hija mía, que todas las aguas que han caído en el discurso de tantos días habían de haber caído en tres, y la mayor parte dellas sobre la ciudad, de que se hubieran seguido muchos estragos y muertes, pero las oraciones que has hecho por la ciudad, yo que siempre he sido y seré su pro- [121r] tectora y madre compasiva, las presenté a mi Hijo y se ha dignado contener su ira”. Y así se verificó, pues luego cesaron las aguas y el río volvió a sus antiguas corrientes. A este beneficio y a otros muchos es deudora la ciudad de Toledo a esta santa y venerable virgen, lo que debe tener presente para la gratitud y reconocimiento. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El deán de la santa iglesia de Toledo, de quien en varios pasajes desta historia hemos hecho honorífica mención, formando el concepto que se merecían las virtudes de la santa (como testigo ocular del singular prodigio de la milagrosa llaga del costado), la veneraba, fiando mucho en sus oraciones. Tenía gran consuelo en tratarla, comunicando los negocios más graves que se le ofrecían, sacando siempre luz y acierto en el consejo de María. En el citado año de 86, rogó encarecidamente a la santa pidiese al Señor por la paz entre dos grandes personajes muy inmediatos al solio ''[13]'', cuya discordia ocasionaba en el reino funestas consecuencias e irreparables males. Obedeció la santa y, estando un día en oración en un sitio donde se veía salir el sol, vio a este fogoso planeta en su primer oriente, pero tan benigno en su aspecto que, como si fuera una estrella, se dejaba registrar sin ofensa de la vista. [121v] Advirtió que dentro del sol había una cruz de oro finísimo y, allí inmediato, dos hombres que estaban peleando uno con otro, pero luego se volvieron las espaldas y apartaron. Conoció por esta visión que cesarían presto aquellas discordias y así lo dijo al deán, lo que se verificó, pues aquellos personajes desistieron de su enemistad y se apartaron de la demanda, quedando todo en suma tranquilidad. En otra ocasión, estando orando a la hora de tercia, vio un cerco grande de luna y dentro d’él dos capitanes que, cada uno con su escuadrón, peleaban varonilmente, pero el uno fue vencido habiendo muerto mucha gente de una y otra parte. No conoció la santa lo que contenía esta revelación, pero de allí pocos días llegó la triste tristeza de la prisión del conde de Cifuentes por los moros en las entradas del Reino de Granada. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
8.- Toda alabanza será corta para lo que se mereció don Diego de Villaminaya, capellán mayor del coro de la santa iglesia de Toledo, y de quien la pluma ha hecho comemoración repetidas veces en esta historia. Era este grande héroe sujeto de no vulgar santidad adornada de bellas prendas, piadoso, liberal, afable y, sobre todo, [122r] gran limosnero y bienhechor de las huérfanas, de los pobres, de los encarcelados y desvalidos. Amaba todo lo bueno y, como lo era tanto, la sierva de Dios, María de Ajofrín, le tenía una santa inclinación y, juntamente a todas aquellas exemplares religiosas, socorriendo largamente sus necesidades, siendo como padre y fundador de aquella casa. Murió este edificativo prebendo con universal sentimiento de toda la ciudad entre diez y once de la mañana, en ocasión que la santa estaba con las demás religiosas oyendo misa. Luego que espiró, fue arrebatada la sierva de Dios en un profundísimo éxtasis y vio cómo San Juan Bautista, San Jerónimo y Santa Catalina llevaron su alma al tribunal de Dios, y oyó que le acusaron delante de aquel severo juez de no haber cumplido un testamento que quedó a su cargo, pero a esta acusación respondió que ya lo dejaba el declarado en su testamento, mandando se cumpliese luego. Entonces, el juez dio la sentencia que fuese al Purgatorio hasta que se cumpliese lo que dejaba ordenado. Dieron de allí a poco el clamor en la Catedral y las religiosas conocieron que a la gloriosa virgen se le había revelado el estado del alma de aquel su bienhechor, aunque no se atrevieron a preguntarlo. Con [122v] esta revelación, quedó la santa muy consolada por estar aquella alma en carrera de salvación, aunque afligida de que no fuese luego a ver a Dios por aquel descuido. Llamó a su confesor y le refirió lo que había visto, y el confesor luego a informarse de los testamentarios si era cierta aquella declaración, pues nadie hasta entonces lo sabía, y halló ser así y puso gran diligencia para que inmediatamente se cumpliese, para dar alivio aquella alma y fuese a gozar de Dios. Así lo hicieron los testamentarios, dando entero crédito a la sierva del Señor por la gran fama de santidad que para con todos tenía y a vista del claro testimonio que tenían presente de la revelación divina. Eran tan fogosos los incendios de la caridad que ardían en el pecho de nuestra santa que no le permitían ver padecer a alguno y no intentase eficazmente su remedio. Enfermó de muerte (al parecer de todos los facultativos) la prelada del convento, que entonces llamaban hermana mayor y, afligida la santa por la pérdida de mujer tan exemplar, pues a la verdad lo era, se fue a la iglesia a pedir a el Señor por la salud de su prelada. Estuvo en oración desde las nueve de la noche hasta las doce delante del altar de Nuestra Señora, derramando tier- [123r] nas lágrimas por su prelada. Eran fervorosas sus súplicas a su dulcísima madre como nacidas de un corazón todo mariano. Ofrecía su vida por la de su prelada, pedía, lloraba, esperaba y se afligía. Oyó en fin sus ardientes votos la que es consuelo de afligidos y salud de los enfermos, María, Señora Nuestra, y le dijo: “He oído tus ruegos y le es concedida la salud que pides”. Al oír este favor de la boca de su dulcísima reina quedó toda absorta y enajenada y, continuando los favores del Señor con esta su fiel sierva, vio al glorioso mártir San Lorenzo que, vestido de diácono y adornado de resplandores, llegó a la enferma y le puso en la cabeza una cinta de oro y, echándole su bendición, desapareció. Volvió en sí la sierva de Dios y luego fue a visitar a la enferma y la vio trasportada en dulce sueño, dispertó de allí a poco y se halló buena y sana de repente. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[14]'' [125r] Cayó por casualidad un ladrillo sobre la cabeza de una religiosa y, habiéndola herido gravemente, se llegó a ella la sierva de Dios, María, y lastimada de ver a su hermana padecer, le puso la mano sobre la herida con mucha blandura y suavidad pronunciando tres veces el dulcísimo nombre de Jesús, con que se detuvo la sangre, se cerró la herida y sanó perfectamente. Como era mujer poderosa y rica la madre de nuestra santa, labró en el convento un precioso altar y colocó para él una hermosísima imagen de Nuestra Señora, para desahogo piadoso de su afecto, y que su santa hija tuviese donde emplear el objeto noble de sus cariños que, como nacida en pueblo tan proprio de la Virgen, no podía ser otro más de su agrado. Era esta soberana imagen el imán de sus potencias, el asilo en sus necesidades y la obradora de infinitas maravillas y prodigios. Y si hubiéramos de historiar los beneficios que alcanzó desta sagrada imagen, [125v] los milagros que obró por su intercesión y portentos que se vieron en su tiempo, sería necesario alargarnos mucho contra el deseo que tenemos de no molestar y, así, pondremos uno u otro caso para inferir otros muchos. Un hermano de la santa, joven bizarro y de alientos, corriendo en Ajofrín un fogoso caballo, tropezó en la carrera y arrojó al jinete a una distancia desmedida con el mayor furor y violencia. Quedó el infeliz muy maltratado y casi sin sentidos. Voló a su madre esta infausta noticia en alas de la desgracia y, luego que oyó la fatalidad, le sorprendió un tan violento accidente que, torcida la boca, turbados los ojos, trémulos y lisiados los demás sentidos, causaba compasión a cuantos la veían. Dieron parte a la santa y, lleno su corazón de fe, acudió a María Santísima y, haciendo oración delante desta milagrosa imagen, mereció la respuesta que se sigue: “Hija, para el domingo estarán ya buenos tu madre y tu hermano”. Enviolo a decir a los enfermos y que tuviesen fe, que así se cumpliría. El suceso se acreditó, pues llegado este día, sanaron de repente sin medicina alguna. ''[15]'' [123r] Gemía en duras prisiones el referido hermano de la santa, tan triste y afligido que faltaba el esfuerzo y la paciencia, noticiosa su santa hermana acudió a su universal remedio, María Santísima, Nuestra Madre y, haciendo oración [123v] delante de una sagrada imagen, a quien tiernamente amaba y era todo su consuelo, se le apareció esta misma imagen al preso y, quitándole los grillos y cadenas, le dijo que saliese de la cárcel, que ya estaba suelto y libre por las oraciones de su santa hermana. Estaba entonces dormido y, al dispertar, se halló fuera de la cárcel, sin prisiones, añadiéndose a este otro prodigio que fue verse también sano de una grande inflamación que tenía en un pie a causa del mucho peso de las prisiones. Fue luego a ver a su hermana, refirió el milagro y, viendo la imagen de Nuestra Señora, conoció era la misma que le había quitado las prisiones y librado de la cárcel. Con este justo motivo, ofreció a la Virgen venir todos los sábados desde Ajofrín a Toledo, que dista tres leguas, a visitarla y traer cera para su culto. Cumpliolo puntualmente por el espacio de 9 años y, viniendo un sábado a traer la cera y visitar a Su Majestad, se cayó muerto en el camino de repente. Mucho sintió este accidente su santa hermana afligiéndose por haber muerto de repente y sin sacramentos. Pedía fervorosa a la Sagrada Virgen que, pues vivo le había librado de la cárcel del cuerpo, le librase muerto de la cárcel eterna. Pasados ocho días, se le apareció su hermano y, dándole gracias por sus oraciones, le dijo cómo a la hora de su muerte se había visto en grande riesgo, pero que invocan- ''[16]'' [125r] do en su ayuda a Madre Santísima le libró esta Señora y que se hallaba por su patrocinio en carrera de salvación. Pidiola que cumpliese ciertas obligaciones que tenía y que solo esperaba eso para irse a gozar de Dios para siempre ''[17]''. [124r] Esta sagrada imagen que, como hemos dicho, era el imán de los cariños de la sierva de Dios y por cuya intercesión obró infinitos milagros, se intitula “Nuestra Señora de la Encarnación” y la dejó muy encomendada a las religiosas. Hoy se venera con el mayor culto y decencia en el coro deste religiosísimo convento, siendo el asilo común de todas las necesidades y aflicciones, continuando en los prodigios y milagros como antes. Es de talla muy hermosa y en el pecho tiene un óvalo cerrado con un cristal, por el cual se registra un niño pequeño, pero hermosísimo, que tiene dentro. Está vestida de tela de variedad de colores, por habérselo pedido así a una sierva de Dios deste mismo convento. Después que murió la santa, diciéndola quería que la adornasen como a Reina, según la pinta David (M) con vestido de oro, y de hermosa variedad, or el mes de agosto le mudan ''[18]'' vestido y concurre toda la comunidad a este acto [124v] [19] devoto y tierno y, con este motivo la adoran, y al niño que tiene en el pecho. Todos los sábados cantan las letanías y, todos los días, el santo rosario y otras devociones. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
9.- ''[20]'' [126r] Descollaba cada día más y más nuestra santa en religiosas perfecciones y, aunque su corazón era un precioso relicario en el cual descansaban, como en su centro, los esmaltes de todas las virtudes, se aventajó con especialidad en la de ser ternísima devota de la Virgen María, como su fiel vasalla, esperando de su patrocinio aun el mayor imposible. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Llegábase la fiesta de Nuestra Señora de septiembre del año 1486 y, estando postrada en una cama con vehementes dolores y un tumor grande en la garganta, consideraba que las demás religiosas se levantarían a los maitines, asistirían al coro, oirían misa y comulgarían en tan gran festividad. De todo lo que se veía privada por sus dolores y achaques, afligíase sobremanera y esto le era más doloroso que todos sus dolores. Tocaban ya a maitines de la fiesta y, no pudiendo contener en su virginal pecho sus afectuosos deseos, hablando con María Santísima, se quejaba tiernamente en estas dulces y cordialísimas expresiones: “Reina gloriosa de mi alma, amparo de los que te invocan, consuelo de afligidos, alegría de los tristes, salud de los enfermos. ¿Es posible Señora y Madre mía que me tengo de privar de [126v] asistir a tus divinas alabanzas? ¿Que no pueda cantar con mis hermanas tus maitines? Bien conozco, Reina de los cielos, que no merezco alabaros ni estar en compañía de tan santas hermanas. Pero, Señora, ¿para cuándo son las gracias? ¿Para cuándo tus piedades y clemencias? Ahora las habéis de derramar liberal en esta indigna esclava vuestra”. Al decir esto, bajó del Cielo una gran claridad sobre la santa y luego se sintió sin dolores, sana y buena. Se levantó al punto y, llena de alegría y gozo, fue a maitines, comulgó y oyó misa a otro día. Admirándose todas las religiosas de lo que veían, pues estaba fuerte y sin aquel gran tumor que había tenido en la garganta, que todo estaba publicando un conjunto raro de prodigios. Enamora&amp;lt;da&amp;gt; salamandra de su Divino Esposo, se hallaba un día leyendo un libro devoto para divertir sus amorosas ansias y, no pudiendo por sus dolores ir a visitar a Su Majestad en la iglesia, pidió a una religiosa [127r] le trajese el Niño de la Virgen para adorarle. Recibiole con suma reverencia y le puso encima del libro, en cuyas hermosas hojas se puso a contemplar por un rato, derramando dulces y tiernas lágrimas. Llevada de tan fervoroso impulso, fue a besar el pie del divino infante y, anticipando este los favores, levantó él mismo su piececito ofreciéndoselo a su sierva con estremada caricia. Diole el ósculo llena de consuelo y el Niño se quedó con el pie levantado para eterna memoria de tan gran fineza. Notaron esto todas las religiosas y empezó aquella sagrada efigie a obrar mil prodigios y milagros. Uno solo historiaremos brevemente por haberlo obrado con la santa: tenía una peligrosísima apostema la bendita virgen, que la afligía no poco, pero luego que la tocó el pie divino del Niño se abrió y quedó sana a vista cuasi de toda la comunidad. Este Niño se mantiene en el convento con el mayor culto y devoción, es el Esposo que sirve para las profesiones de las religiosas y obra mil prodigios con los enfermos, se llama “El Niño de la Paz”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Capit. VII. Continúan los favores del Cielo con que dispone el Señor a su sierva, María de Ajofrín, para su dichosa muerte, y se refieren algunos prodigios que ha obrado después de su feliz tránsito'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[127v]&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
1.- No se ciñen los caminos que guían a la virtud a una sola senda. Muchas previno la divina Providencia a los viadores correspondientes a las diversas moradas de los bienaventurados en la gloria. No todos los bajeles siguen en las dilatadas playas del océano un mismo rumbo, por distintos se navega a un mismo puerto. A muchos santos ha llevado el Señor al puerto deseado de la gloria por el suave camino de la oración y la contemplación; a otros por el áspero y trabajoso de la mortificación y penitencia. A unos les ha preparado lo ardiente de la caridad para su mérito; a otros ha exercitado en las valerosas campañas de la fe, derramando la sangre por Jesucristo. A unos los ha puesto en el desierto, a otros los ha [128r] traído a los poblados. A unos los ha salvado en los palacios, a otros en las chozas, guiando aquella altísima Providencia a cada uno por el rumbo proporcionado a sus inescrutables fines. A nuestra gloriosa virgen llevó el Señor por un camino extraordinario: le regalaba con dulcísimos favores revelándole los más ocultos misterios y sanándola en sus dolencias y enfermedades, pero por otra parte la visitaba con trabajos, llagas y dolores y, no contento con eso, añadía un cúmulo admirable de austeridad y penitencias. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Ni le faltaba el mérito de la caridad ardiente, pues trabajaba con un celo verdaderamente apostólico para evitar las ofensas de Dios, destruir las herejías y aniquilar los errores; perseguía con oraciones, escritos y diligencias las infames razas de moros y judíos, para lo que el Cielo le avisó repetidas veces. Igual era la paciencia, pues ni por infortunios ni enfermedades jamás se la vio enfadada. Era para con sus hermanas afable y cariñosa, ayudándoles en todo lo que podía, pero la humildad era la basa donde se fundaban todas las virtudes. Aunque tan favorecida del Cielo, siempre estaba pegada contra el suelo, se reputaba por la más ingrata de las criaturas, buscando medios para que la despreciasen. Pedía a la prelada que la reprehendiese en público as- [128v] perísimamente, mandándola postrar a la puerta del capítulo para que las demás la pisasen. Afirmaba su prelada (que lo era entonces la venerable Catalina de San Lorenzo, religiosa de no vulgar santidad y mucho mérito) que, entre todas, ninguna había más humilde que María de Ajofrín, no obstante las grandes religiosas que florecían entonces en aquella santa casa y refieren las crónicas de la orden. En premio destas y otras excelentes virtudes, fueron sin número los favores que recibió del Cielo siempre que comulgaba, o se elevaba en el aire, o quedaba en un éxtasis profundísimo que le duraba mucho tiempo. Por entonces, se fundó el Santo Tribunal de la Inquisición en Toledo con gran consuelo de nuestra santa virgen, pues veía cumplidos ya sus deseos. Uno de los nombrados para conocer de los procesos y causas del Santo Oficio era su confesor, el venerable padre fray Juan de Corrales, cuyas recomendables prendas le hicieron acreedor a tanto mérito y, como la sierva de Dios era el archivo y depósito de misterios tan re- [129r] cónditos, le ilustraba a su confesor de cuanto convenía hacer, a honra y gloria de Dios y exaltación de la santa fe católica. Le avisaba clara y distintamente (según le era revelado) los insultos que cometían los judíos, dando todas las señas de personas, caras y cuanto era necesario para la dirección de los asuntos. Le decía lo que maquinaban contra los cristianos, le descubría sus antes, le instruía en cuanto había de hacer para el mejor éxito de los negocios y, como el confesor hallaba por la experiencia ser cierto cuanto le decía, adquirió gran crédito por sus aciertos y bien fundados dictámenes y así le fiaron los negocios más arduos que ocurrían, no solo en Toledo, sino en otras provincias de España, los que desempeñó con la mayor satisfacción ayudando no poco a ello nuestra santa con sus oraciones y consejos. Nombrole el Santo Oficio para que fuese a tierra de Burgos a comisiones graves del tribunal, urgían en el día, y fue preciso tomar el camino en tiempo de invierno entre nieves y lluvias con mucha incomodidad y trabajo. La santa le animó a llevarlo con paciencia y le dijo cuánto había de padecer en el camino, señalando los días y lugares, [129v] pero le aseguró que el Señor le sacaría bien de todos los peligros y, así, puntualmente se verificó. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Cuando le dieron el cargo de la Inquisición, le pronosticó que había de padecer muchos trabajos y una grave enfermedad pero que, armado con el fuerte escudo de la constancia, lo vencería todo y, como lo dijo, se cumplió. Adoleció de un agudo dolor de costado muy a los principios de su oficio estando ocupado en materias muy graves del tribunal. Asaltole la enfermedad en el convento de San Pablo donde la santa estaba y, lastimada la sierva de Dios de que se atrasasen asuntos tan importantes al servicio del Señor, hizo sobre el enfermo la señal de la cruz y quedó sano, pero con mucha gracia dijo al enfermo: “Padre, ya estáis sano, aunque no por virtud de vuestra fe, pues no solo no creistes que os había de sanar, sino que os burlastes de mí en vuestro corazón y, en castigo desta poca fe, sentiréis por algunos días ciertas [130r] punzadas en el costado, pero no os impedirán las ocupaciones”. Todo pasó puntualísimamente como lo dijo la santa, pues el confesor se burlaba della sin esperar beneficio en la salud y, después, le quedó en el costado un pequeño dolor que no le impidió el trabajar. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
2.- El año de 1488, después de haber comulgado un día de Pascua de Resurrección, fue arrebatada en espíritu delante de toda la comunidad y de su confesor, que se halló presente. Así estuvo extática hasta las 6 de la tarde, y aun hubiera estado más tiempo si la voz del confesor, a esfuerzos de la obediencia, no la hubiera llamado. Volvió en sí luego que oyó la voz de su prelado, la que antes estaba inmoble como una estatua. Mandola el confesor, después que todas se retiraron, le dijese lo que se le había revelado, y ella, compelida por la obediencia, dijo que había sido llevada delante del Señor, el cual estaba rodeado de ángeles y serafines, y que, allí, se le mostraron las muchas maldades que los judíos y moros executaban en Toledo. Exortó al confesor [130v] a la constancia esforzándole a trabajar varonilmente sin desmayar en lo comenzado. Presumiendo el confesor algún otro misterio, le preguntó si tenía abierta la llaga del costado y la santa, aunque con mucho rubor, respondió que sí. En otra ocasión fue también arrebatada en un profundo éxtasis y vio a Cristo, vida nuestra, atado a la columna y que cruelmente le azotaban los judíos. Toda llena de compasión y pena lloraba la santa lo que padecía el Señor y, volviéndose a ella, Su Majestad le dijo estas palabras: “Hija mía, desta suerte me azotaron todos los días los judíos, herejes y moros. Díselo al deán y a tu confesor, que entienden en los negocios de la Inquisición, para que no cesen en lo comenzado y que me agradan mucho en lo que trabajan”. Dio cuenta a su confesor (como lo hacía siempre por mandato suyo) de lo que el Señor le había revelado y, concurriendo con el deán, les refirió lo que había oído de la boca de Jesucristo. Demás desto, dijo a su confesor privadamente otras muchas cosas que el Señor le reveló para su gobierno y, no solo ilustraba a su venerable confesor nuestra santa en lo que pertenecía a su empleo de la Inquisición, sino también en lo que [131r] trataba a su oficio peculiar de prior de la Sisla. Viniendo en cierta [ocasión] a confesar a la santa, le dijo volviese pronto a su monasterio para remediar un daño grande que amenazaba a su comunidad, diciéndole con claridad el delito, los cómplices, con todas sus circunstancias. Hízolo y halló ser cierto cuanto le había dicho la sierva de Dios. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
A otros muchos reveló las cosas más recónditas y ocultas de su interior. Un religioso de la orden, varón muy espiritual, llevado de la fama de santidad con que florecía la sierva del Señor, la buscó para tratar con ella varias cosas pertenecientes al alma. Luego que le vio la venerable virgen, le dijo: “Padre, bien sé que ha días que deseabas verme y la causa de donde nacen tus deseos. También sé que tal día empezaste a escribir cierta materia y, aunque os diste mucha prisa, no pudiste acabarla hasta la noche”. Al oír esto, se quedó admirado el religioso, pues solo Dios y él eran testigos de aquellas cosas. Después que trataron los negocios del alma con no poco consuelo suyo, al despedirse, dijo la santa: “Padre, decid a tal monje -nombrándole- que examine bien su conciencia y pida a Su Majestad perdón ''[21]'' de lo que halle, pues de aquí nace la aflicción que padece y, mientras eso no haga, no tendrá quietud su [131v] espíritu”. En otra ocasión, estando hablando cosas místicas y espirituales con un religioso también de la orden, le dijo a la sierva de Dios cómo había en el Monasterio de la Sisla cierto religioso (sin nombrarle) a que Su Majestad hacía muchos favores en la oración por la gran pureza de su alma. Entonces, la santa dijo: “Ese es padre fray Fulano -nombrándole por su nombre y apellido- y es cierto que tiene un alma muy pura, agrada mucho a Dios y el Señor le llena de bendiciones”. Refiriole algunos favores que había recibido del Cielo, y quedó maravillado, pues solo él los sabía por ser su confesor y padre espiritual. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Afligió a la ciudad de Toledo una gran peste el año de 1489. Eran lastimosamente funestos los estragos que en todas partes causaba. Adoleció en el convento, herida del contagio, una religiosa llamada Sancha Díez, muy estimada de toda la comunidad por su virtud y bellas prendas. Pedían por ella al Señor con la mayor eficacia, pero a la santa le fue revelado que le convenía morir entonces. Díjolo a las demás, previniéndolas para la conformidad y paciencia, y, de allí a poco, murió. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Un canónigo de la Santa Iglesia, varón espiritual y devoto, enfermó tan gravemente que, en pocos días, cerró todos los pasos aun a la más remota esperanza. Agotáronse los esfuerzos todos del arte y de la medicina, pero sin fruto alguno. Súpolo [132r] la santa y, haciendo oración por él, le reveló el Señor no moriría. Enviole una granada y, con ella, la alegre noticia de su salud, que tanto deseaba. Recibió el enfermo con mucha devoción y fe el regalo de la granada y, luego que comió della, se puso instantáneamente bueno, se levantó y fue a dar las gracias a su bienhechora por haber alcanzado del Señor la salud o, por mejor decir, la vida. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
3.- Ya es razón que pongamos fin a las revelaciones, profecías, éxtasis y otro favores que recibió del Señor esta asombrosa mujer, nacida más para el Cielo que para la Tierra, pues su vida, si así se puede llamar, fue siempre extática y divina, su trato más con los ángeles que con los hombres, su espíritu siempre inflamado, su caridad siempre ardiente tan apartado de todo lo terreno, que solo vivía a Dios y por Dios, de suerte que pudiéramos dudar si vivía en la tierra o en el cielo, pues los ángeles o la llevaban desde su celda al Cielo, o el Cielo se bajaba con [132v] los ángeles a su celda. Sus éxtasis profundos y visiones misteriosas fatigan con el número la memoria y la admiración con la grandeza. Todos los historiadores de su pasmosa vida dicen que omiten muchas revelaciones y nosotros hemos omitido no pocas de las que ellos escribieron, con que de aquí podrá inferir el curioso cuán habrán sido. El historiador de la orden (N) dice estas palabras: “Ya que me determiné a escribir la vida desta santa, acordé de decir las más notables cosas que Nuestro Señor le mostró y las obras milagrosas que por ella hizo, aunque omita algunas por no molestar”. Lo mismo dice Villegas en el ''Flos Sanctorum''. Una cosa debemos advertir en crédito de la santa, que es que en las vidas que corren de la sierva de Dios, particularmente manuscritas, se han introducido por error de los escribientes o mala inteligencia de los autores, algunas inversiones en los pasajes que hacen la historia fastidiosa y poco deleitable. También hemos notado no pocas equivocaciones o adiciones nada conducentes a la historia y que pudieran servir de algún tropiezo, por eso hemos puesto gran cuidado en referir los hechos desnu- [133r] dos de todo follaje y circunstancias impertinentes, mirando solo la verdad de la sustancia y despreciando los accidentes inútiles. Las revelaciones (como en otro lugar quedó insinuado) tienen todo cuanto puede pedir la crítica más escrupulosa para acreditarlas verdaderas, pues están fundadas sobre las basas firmes de la humildad y penitencia, y se dirigen al bien y utilidad de las almas. De los milagros que obró en vida la santa, podemos decir lo mismo que de las revelaciones, fueron muchos, admirables y estupendos, pues su gran virtud abría los Cielos a milagros en favor de los enfermos y desvalidos, pero también los omitimos en gran parte haciendo este sacrificio a favor de la brevedad que profesamos, aunque quedaran quejosos los devotos de la santa. En estos últimos años de su vida, iba disponiendo su alma con mayor fervor para lograr la dulce vista de su amado Esposo. Vivió siempre tan honesta y recatada que rarísima vez se le vio el rostro, trayéndolo siempre cubierto con un velo, de suerte que su confesor no se lo vio jamás [133v] y, así, apartando su vista y consideración de lo terreno, pensaba en las cosas celestiales. Rarísima vez hablaba ni aun con las mismas religiosas, andando siempre extática y como fuera de sí. Aunque en aquel tiempo salían las religiosas del convento con decente compañía, por no tener clausura, no se dice saliese la santa alguna vez. Vivía tan ''[22]'' retirada por huir los peligros del aplauso y la lisonja. ¿Cuántas generosas virtudes se vician ''[23]'' al alhago de quien las mira o alaba? ¡Con cuánta facilidad se marchita la flor a los rayos de los ojos que lo aclaman! Padece, también, sus epidemias la virtud, como la sangre. La santidad de María, tan recatada como discreta, se teme y se retira, no solo de los aplausos, sino aun de las conversaciones. Con esta prudente cautela de vivir separada de los contagios del siglo, crecieron en asombrosa proceridad sus virtudes. &lt;br /&gt;
 &lt;br /&gt;
4.- Ya era tiempo que esta bendita alma subiese a gozar de la dulce presencia de su amado Esposo y, así, se lo dio a entender repetidas veces por medio de angélicas embajadas. Gusto- [134r] sa noticia para quien vivió siempre suspirando por la presencia de su Dueño. Crecía el gozo de su espíritu cuando se apresuraba el desatarse aquel lazo con que le aprisionó Dios en la cárcel de su cuerpo. Sea horroroso el año de la muerte a quien vivió tan olvidado de su memoria como medroso de su cercanía. Sea desapacible su semblante al que, habiendo vivido desbocado en la carrera de los vicios, muere despeñado en el principio del infierno. Pero a nuestra santa, que había atesorado tanto caudal de virtudes en el discurso todo de su vida, ¿cómo había de ser desapacible la muerte? Cuanto su vida se iba acercando al ocaso iba esforzando sus agitaciones el amor en aquel pecho, no teniendo sus potencias otro estudio ni los sentidos otro empleo que el amar solo, reduciendo a esta todas las operaciones del alma. Andaba tan absorta en su dulcísimo amado objeto que, el desasirse de entre sus brazos, se le arrancaba el corazón de su sitio. Así vivía extáticamente enajenada robando el amor todos los demás afectos, pudiendo cantar entonces la fama que María ni miraba, ni oía, ni sentía, sino que solo amaba. [134v] Eran, en este tiempo, más frecuentes los favores que recibía del Cielo, pero también era más profunda su humildad, confesando su miseria y viviendo recelosa de sí misma, por eso ahora más que nunca suplicaba a los santos, sus devotos, la ayudasen con sus ruegos. Quien primero ocupaba altar en su alma para la veneración y culto era María Santísima, a esta Señora acudía en sus necesidades con la mayor confianza, amándola como fiel vasalla. Después veneraba con singular devoción al glorioso San Miguel Arcángel, príncipe de las milicias del Cielo y al santo ángel de la guarda. Tenía otros muchos santos y santas a quien se encomendaba muy de veras, diremos algunos, omitiendo otros: San Pedro y San Pablo, San Juan Evangelista, San Lorenzo, San Jerónimo, San Ildefonso, Nuestro Padre San Francisco, Santa Catalina mártir, Santa Bárbara, Santa Leocadia y Santa Casilda. Esto, y aún más larga, era la letanía de sus santos, con quien tenía dulces coloquios, gozando de su presencia muchas veces, como si fuera cortesana del Cielo. Enfermó últimamente para serlo y, habiendo dado singulares muestras de tolerancia y resignación, recibió los santos sacramentos [135r] bañada su bendita alma de un extraordinario gozo que, comunicándose también al cuerpo, la transformó en un bello serafín. Abrazose después con una imagen de Cristo crucificado (cuyo sangriento retrato tenía esculpido en su virginal cuerpo) y, aplicándole a sus labios con ternísimos ósculos, le decía tan dulces palabras que causaba a todas las religiosas sentimiento y gozo. Encomendaba muy de veras al Señor los dos conventos de la Sisla y de San Pablo, pidiendo afectuosísimamente los conservase en observancia, virtud y religión, como vemos que hoy florecen acaso por las oraciones y ruegos de nuestra santa. Abrazada así con Jesucristo y con señales de crucificada, exaló su espíritu, entregándole en manos de su querido Esposo, sábado 17 de julio a las tres de la mañana del año de 1489. Su muerte más pareció dulce sueño que congojosa agonía, ni se vio gesto alguno que mirase con desagrado a la parca, pues a la verdad ella estaba bien con la muerte y, así, observaron las demás religiosas algún rato dudosas de si estaba muerta o vivía extática, como no pocas veces había sucedido y tenían repetidos exemplares. Pero de allí a poco depusieron toda la duda, pues salió su última respiración tan olorosa que se conocía en la fragrancia haberse quebrado el alabastro desta María, como en otro tiempo el de la Magdalena, y haber derramado el [135v] nardo su preciosa vida. Percibiose en todo el convento un olor suavísimo que excedía sobremanera a los bálsamos más puros, a los jazmines más blancos, en cuya comparación los aromas, flores, tomillos, ámbares, cantuesos, y cuanta fragancia exalan los mejores jardines de la Acaya, sería ofensa del olfato. Quedó tan hermoso y tratable su virginal cuerpo que más parecía bulto de quien duerme que cadáver exánime y frío. Aun agostada la vida desta mística planta, no decayó su hermosura ni su olorosa fragrancia. Verdad es que murió, pero no tuvieron en ella jurisdicción los horrores de la muerte, pues indultada de la común deformidad que ocasiona en un cadáver, era la agradable hermosura del suyo devoto asombro de quien le miraba. Finalmente, conservándose hermosa y odorífera entre los ultrajes de la muerte, manifestaba bien en los privilegios del cuerpo haberse trasplantado su alma a ser vistoso recreo del celestial paraíso. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[136r] 5.- Temiendo las religiosas que, divulgándose la muerte de su santa hermana por Toledo, sería crecidísimo el concurso del pueblo que viniese a venerar su venerable cadáver y que, pasando a devoción indiscreta, cometerían no pocos excesos. La llevaron luego al Monasterio de la Sisla, situado entre unos ásperos montes a media legua de distancia de Toledo. Aquí le dieron honorífica sepultura los religiosos en la sala que llaman de capítulo y, aquí también, se enterraron por muchos años todas las religiosas que morían en el Convento de San Pablo. Pero no se enterró con su cuerpo su fama, pues ni la muerte ni el sepulcro pudieron borrar el crédito de la vida asombrosa y portentos ilustres de María. La tierra en que se depositaba difunta pudo usurpar a la vista su cadáver, pero no estrechar la fragrancia de sus milagros, ni la fama de sus virtudes. Pudiéramos decir que no se enterró su cuerpo, sino que se sembró su memoria para que, multiplicada, exalase aún mayor suavidad de portentos y milagros. [136v] No pusieron lápida a su sepulcro, sirviendo de más decoroso epitafio las maravillas que el Señor empezó a obrar en su túmulo, que las majestuosas vanidades que esculpe la soberbia en las losas frías de sus tristes panteones. Apenas la enterraron cuando en repetidos prodigios y milagros empezó a gritar la fama desde la cima de aquellos montes, haciéndola a todos espectables. Consumido y cuasi exánime se hallaba un canónigo de Toledo a fuerza de unas calenturas ardientes y malignas sin hallar alivio en la medicina. Amor dio confiado a la santa por las muchas noticias que tenía de su gran virtud y prodigios estupendos que había obrado en vida. Envió un criado a la Sisla suplicando a los padres que le encomendasen muy de veras a la sierva de Dios, María de Ajofrín. Hiciéronlo los religiosos y, aquella noche, le apareció la santa al enfermo rodeada de vistosos resplandores y le dijo: “Ya estás sano, pero de aquí adelante procura arreglar tu vida emendándote de tales [137r] y tales defectos”, señalándolos distintamente. Quedose dulcemente dormido y, por la mañana, entrando los criados y dispertándole, se halló con fuerzas, conoció había faltado la calentura y que estaba bueno. Pidió a los criados le traxesen de comer, asombrados estos y temiendo no fuese algún letargo, lo suspendían, pero viendo guardaba consecuencia en lo que hablaba y oyendo que aquella santa se le había aparecido, le trajeron de comer, comió con gusto, levantose luego y, aquel mismo día, envió a la Sisla, en reconocimiento de tan singular beneficio, un cirio grande para que ardiese en el sepulcro de la santa y una cabeza de cera para que la colgasen por voto y, a otro día, fue él mismo a dar las gracias a la sierva de Dios, María de Ajofrín, y postrándose en su sepultura, la regaba con muchas lágrimas sin saber apartarse della. Dijo misa y quedó tan agradecido a su bienhechora que, a boca llena, la llamaba santa. Fue tan público y tan patente este milagro que no solo en Toledo, sino en otras muchas partes se estendió [137v] la fama de la sierva de Dios. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Cuasi al mismo tiempo se hallaba a los umbrales de la muerte otro canónigo de la misma Santa Iglesia, hijo de la condesa de Paredes. Era muy edificativo y exemplar este prevendo y, sintiendo la madre perder tal hijo, así él como ella, sabiendo los prodigios que obraba la santa en su sepulcro, enviaron a rogar a los padres pidiesen a la sierva de Dios, María de Ajofrín, los socorriese en aquel conflicto. Hiciéronlo así y, no contentos con eso, enviaron al enfermo una almohada que había servido a la santa mientras estuvo en el féretro, y, apenas se la aplicaron, instantáneamente se puso bueno, con admiración y asombro de todos los presentes. Levantose al punto de la cama y fue sin detenerse a la Sisla, donde hizo devotas novenas a la santa, ofreciendo en su sepulcro muchos y ricos dones de votos y presentallas. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Estos dos casos tan portentosos en [138r] personas tan ilustres y de carácter tan distinguido dieron mucho vuelo a la fama de nuestra sierva de Dios, María de Ajofrín, hablando todos con el mayor respeto y aumentándose cada día más y más su devoción y culto, aun en las provincias más remotas. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
6.- Juana Martínez, vecina de Cuacos, obispado de Palencia, se hallaba tullida de una pierna y, oyendo los muchos milagros que obraba Dios en su sierva, un día que más afligida estaba, llenando su pecho de fe, se encomendó a ella muy de veras y, hablando con una niña que tenía como de seis años, la mandó la ayudase también con sus oraciones. Hincose de rodillas el angelito y, poniendo sus manecitas, empezó a rezar y, de allí a poco, se sintió sana la doliente, se levantó de la cama y empezó a an- [138v] dar sin impedimento alguno, alabando a Dios en sus santos todos los presentes. Después, envió a la Sisla una pierna de cera, para que colgase ante su sepulcro y un rollo grande, que ardiese en memoria y agradecimiento del beneficio recibido. No lejos del dicho pueblo, en otro que llaman Jaraíz, se hallaba agonizando con la candela en la mano Francisco Díaz. Asistíale un primo suyo sacerdote y, viéndole ya agonizar y sin remedio, sabiendo las maravillas que obraba la sierva de Dios, María de Ajofrín, hizo voto de visitar su sepulcro si daba salud al enfermo. Apenas lo había hecho cuando mejoró y, de allí a poco tiempo, se puso sano y, uno y otro, fueron a cumplir la promesa, llevando mucha cera al sepulcro de la santa y dejaron testimonio auténtico, firmado de su mano, de todo lo sucedido. Juana de San Miguel, tercera de Nuestro Padre [139r] San Francisco y vecina de Toledo, tenía un zaratán en un pecho y, después de cinco años de medicina, se le vino a encancerar, a que se llegaba una ardiente calentura que del todo cerraba los pasos a la esperanza. Afligida y sin remedio, puso toda su esperanza en la sierva de Dios, María. Hízose llevar a la Sisla, aunque con trabajo y, entrando en el capítulo, percibió luego un olor suavísimo que, sin otra guía ni noticia alguna, la llevó derecha a la sepultura de la santa. Postrose en tierra, besó las losas que ocultaban el sagrado cadáver, derramó tiernas y devotas lágrimas y, luego, instantáneamente se sintió libre de todos sus males y, después de dar afectuosas gracias, se volvió ella sola a su casa, dejando llenos de admiración a cuantos fueron testigos [139v] de tan rara maravilla. Otra mujer, vecina también de Toledo, padecía igual accidente en los pechos y, después de haber pasado por el tormento del fuego y la crueldad del cuchillo, llegó por su desgracia al último vale de su vida. Ya en este tiempo se habían escrito varias copias de la admirable vida de nuestra santa y, habiendo oído leer parte desta sagrada historia, concibió gran fe en sus méritos y, habiéndole aplicado una reliquia de la santa, quedó buena instantáneamente sin otra medicina y fue a la Sisla a dar gracias por el beneficio. Un religioso lego de la orden, morador del Monasterio de San Jerónimo de Madrid, se hallaba sumamente afligido por un tenaz y peligroso tumor que le había salido en un ojo. Iban ya a darle [140r] un botón de fuego con no pequeño peligro de perder la vista, estando ya en su presencia el brasero encendido y los instrumentos prevenidos para la operación, aterrado por una parte del martirio cruel que le esperaba y, por otra, inflamado del afecto y devoción a la sierva de Dios, exclamó diciendo: “Santa mía, pues eres tan liberal para con todos, sedlo también con este indigno hermano vuestro. Dadme salud, santa mía, y libradme destos tormentos”. Apenas hubo dicho esto, quedó de repente a vista de los cirujanos, y otros muchos que habían concurrido a la operación, se desvaneció el tumor y quedó sano y bueno sin lesión alguna, y los circunstantes llenos de admiración y espanto. Otros infinitos prodigios y estupendas maravillas obró Dios por esta su sierva, que sería nunca acabar como dice el historiador Sigüenza (O) si todas se hubieran [140v] de referir. No había enfermedad que no sanase, a todos socorría, a todos remediaba, a todos consolaba y a todos atendía, siendo tan raros y esquisitos los milagros que cada día obraba que, por tan frecuentes, ya no eran admirados. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
7.- Al eco glorioso de tantas maravillas, concurrían de todo el reino en crecidas tropas los devotos a venerar el sepulcro de la santa, siendo en tanto exceso que ya perturbaban el retiro y silencio de los claustros. Para evitar este inconveniente y que el sagrado cadáver tuviese más decente lugar, determinaron trasladarlo a la iglesia del monasterio desde la sala del capítulo donde estaba. Quien más promovió esta traslación fue la condesa de Fuensalida por el grande afecto que tenía a la santa. Mandó labrar al lado del evangelio, en la pared del cuerpo de la iglesia, un magnífico sepulcro de piedra con el retrato de la santa. Llegado el día de la traslación, que fue el 25 de abril del año del Señor de 1495, [141r] cuasi 6 años después de su glorioso tránsito, aunque se procuró ocultar, concurrieron al monasterio el Clavero Mayor de Calatrava, Juan Antonio de Silva, muchos prevendos, caballeros ilustres y un sin número de gente que, llevados de su afición, quisieron hallarse presentes a este sagrado acto. Descubrieron el sagrado cadáver a vista de toda la comunidad y caballeros nobles y, luego, se percibió un olor suavísimo que excedía en fragrancia a todos los aromas de por acá y llenó de consuelo a los circunstantes. Manaba del sagrado cadáver un licor como bálsamo, que también exalaba una fragrancia suavísima. Colocáronle con mucha reverencia en una rica caja, guarnecida de seda y, formándose una solemne y devota procesión con luces en las manos, y al sonido alegre de campanas y concertada música de órganos, le llevaron a la iglesia cantando el ''Te Deum Laudamus'', no como quien lleva un cadáver en un féretro, sino unas sagradas reliquias en un trono. Pusiéronle en la iglesia al público por espacio de 13 días para satisfacer la devoción de los concurrentes, que eran infinitos. Aquí obró el Señor muchos prodigios por su sierva, pero omi- [141v] tiéndolos todos, solo diremos el que obró en beneficio de toda la provincia. Estaban los campos áridos y secos y los panes cuasi perdidos por la gran falta de agua. Crecían las necesidades y cada día era mayor la aflicción y angustia de los pueblos. Determinaron los religiosos hacer una rogativa a su santa hermana, María de Ajofrín, pidiéndole el remedio con aquel conflicto. Oyó el Señor sus votos por intercesión de la gloriosa Virgen y, luego, empezó a llover con abundancia y se remediaron las necesidades. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Fueron muchas las personas que, por haber recibido algún beneficio, venían a velar a la santa, entre ellas, fueron dos hijos del conde de Oropesa, a quienes la sierva de Dios dio salud milagrosamente y, después de haber velado sus sagradas reliquias, dejaron una imagen de plata de mucho valor, una palia muy rica, una cruz bordada muy singular y dos imágenes de cera con otros dones preciosos. También, vino un hombre de Jerez, llamado Santos Fernández, el que, hallándose ya olea- [142r] do y en las últimas agonías, invocó del modo que pudo el patrocinio de la santa y, de repente, se levantó de la cama bueno y sano, dejando admirados a todos los presentes. Pasados los trece días, fueron colocadas, solemnemente, las sagradas reliquias en el sepulcro que tenía labrado la condesa de Fuensalida y aquí permanecen hasta el día de hoy, visitadas frecuentemente por los raros prodigios que ha obrado y obra cada día a favor de sus devotos, pero de ninguno se ha tomado testimonio y consta por deposición de aquellos religiosísimos padres, que sí se hubieran notado todos los milagros que ha obrado, no cupieran en muchos libros, pero su singular retiro y abstracción del mundo les impide tratar negocios desta naturaleza. Y, aunque nuestra santa se ha mostrado prodigiosa en todo género de enfermedades, parece se ha señalado más en sanar de quebraduras a los niños y, así, son muchos los que llevan las criaturas y, poniéndolas en el sepulcro de la santa, luego sanan. De suerte, que no hay dolencia, trabajo ni necesidad que no remedia esta sierva de Dios. Bastará referir un solo caso por vivir el sujeto con quien obró la santa el prodigio: el reverendo padre fray Joseph Moraleda, presentador del número de sus provincias de Padres Mercedarios Calzados de Castilla, siendo de edad de dos meses [142v] cayó en el suelo de los brazos de su madre yendo en una caballería. Como era tan tierno y el golpe fue grande quedó muerto y sin sentido, pasaron siete horas y, no viendo en el niño señal alguna de vida, crecían las aflicciones y angustias de la madre pero, inspirada del cielo, poniendo toda su esperanza en Dios por los méritos de su sierva María de Ajofrín, de quien era muy devota, tomó el niño en sus brazos y dijo: “Santa mía, dad vida a mi hijo, que yo os lo ofrezco de buena gana”. Apenas pronunció estas palabras cuando el niño abrió los ojos y, como si volviera de un dulce sueño, empezó a moverse sin haberle quedado lesión alguna ni señal de la caída. Vive hoy este religioso, sujeto bien distinguido en su provincia por sus méritos, y a quien hemos oído este caso, y vive sumamente agradecido a la santa, a quien confiesa deber la vida y en este favor otros infinitos. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
8.- Esta es la vida prodigiosa de la sierva de Dios, María de Ajofrín, natural deste afortunado pueblo, dichosa a la verdad una y mil veces por haber dado cuna a tan asombrosa mujer. Será siempre famoso en las historias por haber sido nido deste maravilloso fénix, botón desta peregrina fragracia, y esta sola gloria bastaba para eternizar su memoria en los futuros siglos. La [143r] vida, pues, de nuestra santa fue toda sembrada de luces que dirigieron a infinitos por el camino del acierto, derramó tan celestial fragrancia que, corriendo muchas almas tras el ungüento oloroso de sus virtudes, se pobló su Convento de San Pablo (y aún otros muchos) de santas y exemplares religiosas, cuyas admirables vidas pueden leerse en el ya citado Sigüenza. Desde entonces ha sido este sagrado convento vergel hermoso de las más acendradas virtudes y bastaba una sola María de Ajofrín para hacerse ilustre. Su ardiente celo de la exaltación de la fe católica y extirpación de las herejías abrazó también el fogoso pecho del Gran Cardenal de España, don Pedro González de Mendoza, para que solicitase con los Reyes Católicos el establecimiento del Tribunal de la Santa Inquisición, que vio la sierva de Dios en su tiempo y, aun dicen, le mostró el Señor las admirables leyes sobre que se fundó esta gran fábrica. Y dejó también sembrado mucho fuego para expeler después todo el judaísmo, como se verificó tras años después de su feliz tránsito. La bien merecida estimación que hicieron desta heroína cardenales, arzobispos, obispos, prevendos, títulos y otros grandes sujetos, no es fácil explicar. Una cosa confiesa nuestra ingenuidad, y es que la pluma ha corrido ligera por [143v] el dilatado campo de sus virtudes y méritos, delineando en esta pequeña tabla su dedo para que, derramando la vista por el dibujo, se pueda formar algún concepto de su agigantada estatura. Pero lo que más acredita su virtud es que, por tantos siglos, se ha merecido el elogio de “santa” entre todos los escritores, que es prueba de lo bien fundada que está su opinión. Y me admiró no poco el que la sagrada reliquia jeronimiana no haya procurado su culto público y universal con la corte romana, colocándola en los altares, lo que no fuera difícil en las circunstancias en que se halla. Esta misma queja dejó estampada en su historia el padre Sigüenza (P) por estas palabras: &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
‹‹Comenzó luego Nuestro Señor a sellar con infinidad de maravillas la santidad de su sierva (María de Ajofrín) para que, con ellas, se entendiese los avisos que, por medio della, había dado al pueblo y tuviesen reverencia y devoción a la santa. De muchas diré [144r] algunas en este capítulo, por si pudiese dispensar la tibieza desta religión a que tuviese en más sus cosas y procurase levantar la memoria desta santa y la de otros muchos que se han criado en el encerramiento de sus claustros que, con tanta razón, pudieran ponerse en los calendarios de toda la iglesia››.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
¡Raro desinterés de religiosos que, pudiendo para crédito de su santo hábito tener muchos santos manifiestos en los altares, se contenten con tenerlos ocultos en los claustros! Aún dura la parentela desta santa en Ajofrín en las familias de los Maestros y Garcías y el reverendísimo padre Comisario General de Jerusalén, fray Antonio Martín Maestro, del sagrado Orden de la Observancia de Nuestro Seráfico Padre San Francisco, es pariente muy inmediato. Ni podemos negar (para confusión de nuestra tibieza) que también nos toca muy de cerca esta santa por línea materna, sagrada vanidad pudiéramos fundar en este blasón tan ilustre, si nuestra vida se conformara con la vida de la santa. Pero será cargo terrible en el tribunal de Dios descender de santos y no imitarlos, tener estos y otros exemplos que se referirán en la historia y no arreglar la vida [144v] a ellos pero, no obstante, esperamos en su poderoso patrocinio nos alcanzarán de Su Majestad el fervor y espíritu que nos falta y que, pues han sido liberales aun con los estraños, lo serán también con los que nos preciamos de parientes. Últimamente concluimos la vida admirable de nuestra santa con las mismas palabras con que la empieza el historiador della, el padre Sigüenza (Q), y son las siguientes:&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
‹‹Si no estuviera la vida desta santa tantos años ha escrita y predicada por otros y Nuestro Señor en vida y en muerte no hubiera calificado y, como si dijésemos, sellada su santidad con tantas maravillas, no me atreviera a poner la mano en ella y pasara en silencio cosas tan maravillosas››. &lt;br /&gt;
Hasta aquí el citado historiador y, a la verdad, es tan prodigioso y admirable que excede los límites [145r] de lo humano y, solamente sostenida con la divina gracia, pudo llegar a proceridad tan desmedida. Alabemos al Señor que la hizo tan ilustre y famosa en su iglesia santa y, ahora, pasaremos a referir la vida de otro insigne hijo de Ajofrín en el capítulo siguiente.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
===Notas de Francisco de Ajofrín===&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''(A)'' Fructus honoris et honestatis. Ecclesiatt. 24. 23&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''(B)'' Ego quasi terebinthus extendi ramos meos, et rami mei honoris, et gratie. Ibi v. 22. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''(C)'' Cap. 1, 2 y 3&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''(D) Rami mei honoris, et Gratiae, Eccli. ut supra. 8.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''(E)'' Cap. 4 núm. 13&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''(F)'' Fray José de Sigüenza, Crónica de San Jerónimo, 3ª parte, lib. 2, cap. 49 y sig.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''(G)''  Monstruosum est quod homo habeat duo corda, quod numquam est auditum, nec posibile per naturam. S. Anton de Padua, Serm. 2. Quinquag. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''(H)'' Fray José de Sigüenza, tom. 3, lib. 2, cap. 43. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''(I)'' Cap. 5, n. 9 y 10. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''(J)'' Surge, et vade in Ninivem civitatem grandem, et praedica in ea; quia ascendit malitia ejus coram me. Et surrexit jonas, ut fugeret in Tharsis. Jon. 1 v. 2 y 3. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''(K)'' Ne suscitetis neque evigilare faciatis dilectam, quod usque ipsa velit. Cantis. 2.7.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''(L)'' Benedic anima mea Dominum et omnia quae intra me sunt nomini sancto ejus. Psalm. 102. 1. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''(M)'' Regina a dextris tuis in vestitu deaurato, circundata varietate. Ps. 44. 10. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''(N)''  Sigüenza. Hist. de la orden de S. Jer. Parte 3. lib. 2. c. 46. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''(O)''  Fray José de Sigüenza, historia del Orden de S. Jerónimo. 3 parte, lib. 2, c. 48. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''(P)''  Fray José de Sigüenza, parte 3, lib. 2, cap. 48. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''(Q)''  Fray José de Sigüenza, parte 3, lib. 2, c. 44.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
===Notas===&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[1]'' El transcriptor parece no haber visto el añadido posterior de Francisco de Ajofrín en el que señala “de María”, es por ello por lo que no aparece en su edición. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[2]'' “Arbolillo de la familia de las anacardiáceas” (DLE).  &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[3]'' Aparece tachada la palabra “gran”. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[4]'' Aparece tachado “en el día”. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[5]'' “Examinar y apreciar con rigor el mérito de alguien o el mérito o verdad de algo” (DLE). &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[6]'' El transcriptor señala aquí “relación”, se trata de un error y por ello se ha subsanado. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[7]'' “Éxtasis, arrobamiento” (DLE).&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[8]'' El transcriptor señala “fervorísimamente”, se trata de un error y por ello se ha subsanado.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[9]'' “Misterio, cosa oculta y muy difícil de conocer” (DLE).&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[10]'' Aparece “desta” en singular, pero se ha cambiado al plural para mantener la concordancia. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[11]'' “El testigo que declara, sin discrepar en nada, lo mismo que ha declarado otro, sin variar en el hecho ni en sus circunstancias” (Aut.)&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[12]'' “Inflamar, empeorar una llaga o parte lastimada del cuerpo” (DLE).&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[13]'' “Trono” (DLE).&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[14]'' El autor deja la siguiente nota: “Pasa a la hoja siguiente” y señala de qué fragmento se trata mediante un signo. Al ir a la 125r nos encontramos con el signo y otra nota, que indica: “Pondrás lo que se sigue en la hoja antecedente”. Se prosigue entonces a editar este fragmento añadido por el autor. Se ha de indicar que el transcriptor de la obra, José María Rodríguez, no deja constancia de estas anotaciones de Francisco de Ajofrín en su edición, simplemente se limita a seguir sus indicaciones. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[15]'' Volvemos a encontrar una nota del autor que señala el fin del fragmento añadido y nos redirige al folio 123r. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[16]'' La continuación no aparece en el folio 124r, sino en el 125r, pues el folio 124 parece ser un añadido y es de tamaño más reducido que el resto de los folios.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[17]'' Volvemos a encontrar una nota del autor tras un asterisco que indica: “ve al papelito”. Haciendo referencia al folio 124 del que hablábamos en la nota anterior. Así, se sigue la edición del folio 124, en el que encontramos, a su vez, otra nota del autor en la que indica: “Mi querido Elías, acabado el n.8 escribe lo siguiente”.  &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[18]'' En la edición de 1999 no aparece transcrito lo correspondiente al folio 124v. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[19]'' En la edición de 1999 aparece “ponen” en lugar de “mudan”, evidente error. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[20]'' Volvemos al curso natural de la narración en el folio 126r. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[21]'' El transcriptor parece no haber visto el añadido posterior de Francisco de Ajofrín en el que señala “perdón”, es por ello por lo que no aparece en su edición. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[22]'' En la edición de 1999 aparece “con” en lugar de “tan”, se trata de un error. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[23]'' En la edición de 1999 aparece “veían” en lugar de “vician”, se trata de un error.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
=Vida impresa (1)=&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Ed. de [https://www.upf.edu/web/poder-espiritualidad-genero/entry/-/-/1003/adscripcion/mar%C3%ADa-morr%C3%A1s María Morrás]; fecha de edición: octubre de 2020; fecha de modificación: febrero de 2025.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==Fuente==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[[Archivo:Vega Chronicorum.jpeg|miniatura|250px|right|Petrus de la Vega, ''Chronicorum fratrum Hieronymitani ordinis libri tres''. Compluti, Ioannes Brocarius, 26 Octobris 1539, fols. 78va-86rb (Lib. iii Chs 40bis[=41]–50).]]&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
* [http://catalogodesantasvivas.visionarias.es/index.php/Categor%C3%ADa:Petrus_de_la_Vega Vega, Petrus de la], ''Chronicorum fratrum Hieronymitani ordinis libri tres''. Compluti, Ioannes Brocarius, 26 Octobris 1539, fols. 78va-86rb (Lib. iii Chs 40bis[=41]–50).&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[[Contexto material del impreso Chronicorum fratrum Hieronymitani ordinis libri tres]].&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
== Criterios de edición ==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Se trata de una transcripción fiel de la impresión latina, que conserva las grafías (exceptuando la v vocálica como en ''vt'' que se transcribe ''ut'') y desarrolla abreviaturas. Se señalan las columnas dentro del folio. Es esta la primera edición latina del Catálogo, y la primera vida impresa de María de Ajofrín: la versión castellana, ligeramente modificada, de este texto latino, del mismo autor, se ofrece en la segunda versión impresa de esta vida.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Para esta transcripción usamos el ejemplar latino de la Universidad Complutense de Madrid, sig. BH FLL 18849, digitalizado en &amp;lt;https://biblioteca.ucm.es/hathitrust&amp;gt; y, para complementar la lectura de fols. 86r y 86v: https://books.google.co.uk/books?id=BtiDgpwiKNIC.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Añadido del latinista Aitor Boada Benito: A un nivel comparativo, la versión latina no difiere en cuanto a la narración de su posterior versión en castellano escrita por el mismo autor. Las únicas variaciones que muestra son pequeños cambios en cuanto a la estructura sintáctica con respecto al latín –por ejemplo, Capítulo 43: latín: ''et humiles in oculis suis exaltans''; castellano: &amp;quot;y a los humildes y que esperan en Él levanta del polvo&amp;quot;–. En este caso, el autor omite el latín ''in oculis suis'' o parece sustituirlo por la expresión &amp;quot;esperan en Él&amp;quot;. Si ese fuera el caso, esta sería una traducción libre, pues lo más habitual sería traducirlo como &amp;quot;ante sus ojos&amp;quot; o &amp;quot;a su parecer&amp;quot;. Estas variaciones, que nunca afectan al desarrollo del relato ni omiten información, no son muy recurrentes y solo operan a nivel sintáctico. Por ello, se ha considerado oportuno conservar ambas versiones debido a que es la primera vida impresa de María de Ajofrín. Además, es relevante conservarla como testimonio de la relevancia social del personaje, que motiva la publicación de esta en otra lengua.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==Vida de María de Ajofrín==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
*[Fol. a6va] &amp;quot;Tabula alphabetica eorum quę pręcipue in his Chronicis annotantur&amp;quot;: ⸿Marię de Ajofrin laudes &amp;amp; vita. li. iii. a cap. 40. usque ad finem libri, folio. lxxviii.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[Capítulo 41]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[Fol. 78va] DE BEATA MARIA DE AIO- / frin magnę religionis magnarumque/ revelationum fœmina / CAPUT XL[I].&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Praesentis operis alienum non est, si in calce huius tertii libri res admirabiles beatę Marię de Ajofrin, &amp;amp; reuelationes quas vidit, et miracula que fecit summatim annotemus.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[Fol. 78vb] Recte enim huius sanctę virginis opera, que hac ętate fuit admirabilis, operibus beati Ferdinandi archiepiscopi coniunguntur, qui &amp;amp; ipse (ut superius constat) hac floruit ætate. Huius sanctissimæ fœminę vitam, &amp;amp; reuelationes sibi diuinitus factas venerabilis frater Ioannes de Corrales prior Sislanus descripsit: partim ut oculis vidit manibusque contractauit: partim ut a fidei dignis accepit. Verum ego ob breuitatis causam, &amp;amp; ad lectorum molestiam euitandam ex multis pauca hoc loco annotare curaui.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Fuit igitur hæc virgo ex territorio Toletano loco qui Ajofrin appellatur oriunda, ex parentibus honorabilibus ac deum timentibus orta. Pater eius Petrus Martinus vocabatur: mater vero Marina Garsias. Qui cum hanc filiam locare vellent: &amp;amp; a multis ob coniugii gratiam peteretur: puella constanter renuit. &amp;amp; ne a tam alto proposito ab aliquo inpediretur: cum adhuc teneræ esset ætatis sine humano consilio religionis ingressum vouit. Et cum ob id quotidie molesta esset parentibus: tandem cum quindecim esset annorum, &amp;amp; nullo modo ad coniugium eam parentes inclinare valerent: illam pater cum magno cordis dolore e domo subtraxit, &amp;amp; ad ciuitatem Toletanam adduxit. Cumque ecclesiam maiorem christi ancilla ingrederetur ignorans quo iret, diuina disponente clementia ad monasterium ordinis nostri quod in eadem ciuitate a nobili Maria Garsia est constructum deducta fuit. Quo ingressa in omnibus excercitiis spiritualibus religionis multum breui profecit. Conuersabatur sancte , humiliter &amp;amp; sine quærela in domo domini. Sanctæ orationis meditationisque exercitium voluptas sibi erat; lachrymis abundans omnium fœminarum se vilissimam: ac super ipsas peccatricem reputabat. Decem annis a suæ religionis ingressu transactis, cum ei dominus sua secreta pandere vellet: illa generalem confessionem facere decernens se nimis affligebat, ac multis lachrymis deum omnium peccato- [fol. 79ra] rum suorum remissionem postulabat. Cum igitur tali proposito staret: optans scire an sua peccata sibi dimissa essent, dies suæ confessionis aduenit. ingressaque domunculam in qua cæteræ sorores confiteri solent: coram imagine beatissimę dei genitricis filium in brachiis habente, ibi in tabula depicta se deiecit: eamque innumeris lachrymis deprecari cœpit ut sibi veniam a suo filio impetraret. Cumque attente per hoc virginem rogaret: subito claritatem magnam imaginem &amp;amp; partem domunculę illius illuminantem aspexit: &amp;amp; claritate imaginis vidit filium quem mater tenebat in brachiis manum contra se eleuantem, sicuti a sacerdote cum pœnitentem absoluit eleuari solet. Ex huiuscemodi visione nimis territa confessionem cum magno labore fecit. qua peracta, cum iterum coram imagine oraret: claritatem priorem &amp;amp; filii manum eleuatam ut prius vidit: ex cuius visione robore animi recuperato valde lęta remansit, quod semper celauit: &amp;amp; nulli nisi priori qui hęc in literas misit patefecit. Ex hac enim hora ut prędicto priori ipsa manifestauit, motus magnus in corde illius relictus est: ac sæpius tales cordis ictus sentiebat. veluti si a corpore vellet exire. Cum iterum nocte quadam pro statu ecclesię oraret attente: ipsa sola cęteris recedentibus in choro orans remansit: &amp;amp; in sacrario ubi sacratissimum domini nostri Iesu christi corpus stabat flammam ignis accensam vidit: quę dimidię horę spacio ardens extincta est: ex qua visione nimis pauida remansit.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[Capítulo 42]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
QUOMODO IN DIE RESUR- / rectionis ad communionem accedens / agnum viuum in similitudine panis /  (ut sibi videbatur) accepit: &amp;amp; post / hac quoties communicabat alie- / nabatur a sensibus. CAPUT. XLII.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
CUM IN SABBATO sancto ad communionem sequentis resurrectionis dominicæ diei se prępararet: totam [fol. 79rb] illam noctem huc ac illuc per domum discurrens duxit insomnis: instanterque a domino cordis puritatem ad digne dominici corporis sacramentum recipiendum cum lachrymis postulabat. Tandem cum communionis hora aduenisset, cum cæteris sororibus ad communionem accessit: &amp;amp; sacrosanctam eucharistiam in similitudine agni viui sub specie panis recipiens, statim bullire eum in ore sensit: illumque cum magno timore deglutiuit. post cuius sumptionem illum super ipsius pręcordia insedere pręsensit: &amp;amp; adeo tanto gaudio cordisque lęticia fuit repleta, ut per quindecim dies orationem cum fletu miscens absque somno transierit, statimque rapta in spiritu fuit: &amp;amp; ex tunc ei accidit ut quoties christi corpus recipiebat: spiritu rapiebatur: ac alienabatur a sensibus quandoque magis quandoque minus ut in sequentibus apparebit. Ab hac igitur die hoc donum a domino in communicando promeruit: ut quoties sacramentum recepit, toties quidam admirabilis dulcor in corde, gutture, atque ore remansit: qui quadraginta dierum spacio perdurabat. &amp;amp; his quidem diebus absque corporali cibo transire poterat: ut ipsa prædicto priori dixit: propter singularitatem tamen euitandam: hominumque iudicia fugienda hoc facere renuit. In octauo vero die resurrectionis dominicę rapta spiritu fuit: &amp;amp; virum ætate vultuque reuerendum capa serica rubri coloris indutum ad se venire vidit: cui &amp;amp; dixit: Veni, a regina vocaris. Cæterum illa se a regina terrestri vocari existimans, cum illo ire recusabat: sed postquam cognouit quod a regina cœli vocabatur, cum illo libentissime abiit: ac se in quadam ecclesia extra ciuitatem inuenit: ubi sanctissima virgo aderat in brachiis filium suum tenens; quam cum illa vidit genua coram illa flexit. Et cum genibus flexis staret, vir qui eam vocauerat ad illam accessit: &amp;amp; pannum sericum in manibus eius posuit. quo facto statim dei genitrix super pannum filium suum collocauit: alioque viro iuniore sibi dato qui eam cum priore [fol. 79va] sociaret, dixit illi. Cum filio meo quo isti duo viri ibunt, perge. Vir autem qui capa rubra erat indutus paululum veluti hospitium quærens pręcedebat, &amp;amp; ingressus ciuitatem ad ianuas clausas clamabat: ac ter portas omnes percutiebat dicens. Aperite: ecce enim dominus venit ad hospitandum vobiscum. Et vidit neminem domus suæ portas reserantem: quinimo si qui eas apertas tenebant, eas velociter obturabant: dicentes, multis negociis impliciti hospitium vobis dare non possumus. Et ita (ut sibi videbatur) totam perambulauerunt urbem diuersorium in ea non inuenientes. Et cum illac qua ierant reuerterentur: mulieribus duabus in singulis asinis sedentibus obuiauerunt: quas duo clerici sociabant: &amp;amp; illis clerici dixerunt. Vos quidem recepissemus, sed nunc properamus: interea tamen quo reuertimur in stabulum hoc intrate. Sic itaque ubi gloriosa dei genitrix remanserat reuersi sunt: quæ filium suum de manu ancillæ suæ accipiens dixit. Ecce tempus aduenit in quo sic despicitur dei filius. iam nunc tempus est ut dominus angelum suum mittat: ad quosdam flagellis, quosdam gladio, alios igne percutiendos. sed ne prælatis, quos dominus sui gregis pastores fecit, ipsi vero in vestibus ouium lupi rapaces inueniuntur. dignitates cupiunt: easque summa solicitudine procurant, non ut christo seruiant: sed ut splendide viuant. Hac denique visione transacta, christi mater discessit. &amp;amp; illa in se reuersa ea quæ viderat cogitabat: &amp;amp; non post multos dies omnia hæc mala completa sunt: nam venit pestis, famis &amp;amp; scabies quædam quæ alio nomine morbus gallicus appellatur in viros ac fœminas quæ nullo medicorum adiutorio curari poterat. A peste quidem infecti: hi sunt quos angelus gladio percussit. qui vero fame peribant: quos flagellis cecidit: a scabie autem tacti quos igne combussit. nam (ut diximus) nullo penitus medicorum iuuamine poterat hæc scabies mederi. Iterum hæc christi famula in die ascensìonis domini rapitur: &amp;amp; beatissimam [fol. 79vb] virginem filium suum in brachiis tenentem vidit, magnisque vocibus clamantem, Videte filium meum, videte inquam fructum ventris mei. accipite illum &amp;amp; comedite: quinque enim modis quotidie per malos sacerdotes crucifigitur: videlicet defectu fidei, cupiditate, luxuria, ignorantia, &amp;amp; irreuerentia quasacerdotes ad altare accedunt, Cum iterum hæc domini ancilla attente pro omnibus sacerdotibus deum oraret: &amp;amp; ad saluatoris faciem quam depiêtam in quodam libro tenebat, aspiceret: super illam magnum fulgorem vidit: qui unius horæ durauit spacio: ac in ea carnem &amp;amp; sanguinem aspexit. &amp;amp; ab hac die adeo carnem abhorruit: ut eam deinceps etiam cum infirmaretur comedere nullatenus potuerit: &amp;amp; si sororii importunitate deuiôta aliquando carnem manducabat: statim stomachus illam reiiciebat. Fuit postea eius cibus uua, passa &amp;amp; cæterę res dictę. Hanc saluatoris faciem abstulit postea ab  ea confessor eius: &amp;amp; ipsa ex hac visione stupefacta: &amp;amp; quasi extra se posita remansit. Multis se afflixit pœnis ut apertius factum hoc ei dominus indicaret. Postea tandem in diebus ultimis mensis Septembris in grauem valitudinem cordis incidit. &amp;amp; cum de sua salute desperaretur: correpta spiritu velut mortua per tres horas stetit: quam adhęrentes sorores multis suppliciis spergiscere interim nitebantur. &amp;amp; stas sicin extasi posita dominam nostramvidit: quę pręcepit eiutomnia quę viderat suo confessori narraret: ut ipse manifestaretea duobusviris catholicis Toletanę ecclesię; videlicet decano &amp;amp; capellano maiori, quos suis nominib”designauit: ut &amp;amp; ipsi cuncta archiepiscopo apperirent: &amp;amp; sic prędicta clericorum mala corrigerent. Verum cum illa suo confessori cuncta narras set: prudenter ille incredulum se ostendens dixit. Licet mihi hoc quod ais certum sit: quo pacto illis erit: quibus per me ut dicis reuelandum venit. Eapropter signo ad veritatem huius rei cognoscendam indigentis: ut sic credatur id de quo potest dubitari. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[Capítulo 43]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[Fol. 80ra] DE DUABUS EPISTOLIS / quas diuinitus reperit scriptas./ CAPUT XLIII.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
IGITUR CUM DEI ANcilla responsum hoc audiuit valde turbata est: &amp;amp; suspirans ac gemens suo confessori per epistolam respondere in corde suo proposuit, ut ipsa facto conplemit. Et cum sic afflicta collapsaque animo staret: huc ac illuc p domum discurrebat requiem non inueniens: &amp;amp; cum casu per quendam locum transisset ubi fenestra aderat una: in ea papyraceam chartam duplicem in qua nihil erat descriptumvidit: &amp;amp; ignorans aquo ibi positafuerat eam accepit: &amp;amp; quoddam anæ trum ingreditur: ubi aliquando lignorum strues ponebantur: ibi parieti innixa resedit. Et cum sicstaret, subito claritatem in papyracea charta fulgentem aspexit: &amp;amp; sicut ipsa prædicto priori patefecit, quis manu eius accipiens duas epistolas in charta prędicta scripserit, ignorabat, quarum una suo confessori: altera venerabilibus patribus quibus hæc manifestanda erant dirigebatur: cum luce clarius sit nec ipsam scribere, nec literas per artem pingeredidicis se: nec in monasterio erat qui tales formaret apices. Epistolis tandem eo quo diximus modo descriptis, claritas disparuit, &amp;amp; iuxtase prędictas chartas inuenit: quas accipiens in manicasua posuit. Et cum ad hauriendam aquam ex dolio aheno iret: una de epistolis in dolium cecidit: quę supra aquam stetit in ære: mittensque manu, illam sine madefactione ex dolio subtraxit. Ex epistolis istis una ad capellani maioris Toletanę ecclesię (viri profecto magni meriti) manus peruenit: qui supradictum priorem certiorem fecit quod cum epistolam hanc super tres posuisset ęgrotos: a diuersis langoribus curati sunt. Cum itaque christi ancilla litteras has suo confessori dedisset, valde admiratus est: tum quia ipsa scribere nesciebat: tum etiam quia non erat aliquis in monasterio cuius notæ illæ fuisset: [fol. 80rb] ex quo coniectabat epistolas diuinitus fuisse descriptas, &amp;amp; ex hoc nimium admiratus est: cum in charta quæ ad ipsum dirigebatur nonnulla reperit scripta sibi sòli comperta, nec tamen ob id hoc factum diuulgare ausus est: quia nondum venerat hora in qua dominus manifestari disposuerat. Dubitabat enim ut alter Thomas: ad omnium dubitationem postea effugandam. Cum prædictus denique confessor pro tunc ad ei confabulandum oportunitate careret: ei literas misit. &amp;amp; inter cætera demonstrabat se nullatenus posse credere: quod illa epistolas has scripsisset ut in publicum egrederentur. De qua re valde turbata in corde suo domino quęrebatur. Postea confessoris pręsentia habita, grauiter eum de cordis eius duritia increpauit; ostendens ei per euidentes rationes neminem pręter illam angeli tamen adminiculo epistolas scripsisse. Ex hac hora misericordiam domini in corde suo deprecari proposuit: ut de tantis discriminibus eam liberare dignaretur, &amp;amp; sìlentium in talibus deinceps tenere voluntate firmauit; quod &amp;amp; fecit. Orabat autem dominum ut prędicto confessori suo aliquod signum ad credendum si tali capax fuisset daret; sin autem dure eum flagellaret, ut sic credere posset propter incredulitatem suam hoc sibi euenisse. Cęterum christi famula [n]ouem mensibus tacuit: coram domino tamen gemitibus &amp;amp; suspiriis non tacebat. O quam suauis &amp;amp; mitis est dominus sanctis suis, de se presumentes humilians: &amp;amp; humiles in oculis suis exaltans. Orationibus tandem suis dominus victus eam multis modis visitare dignatus est: passionis suę participem illam faciens euidentibus signis, qualia nostris diebus, nec in multis sanctis pręteritis visa non sünt: ut in suo loco dicetur. Considerans igitur hęc religiosa fœmina signum in epistola illa factum, quę in dolio cadens madefacta non fuerit; eam secum retinere cogitauit: &amp;amp; nocte quadam prędictum antrum ingrediens, supradictam epistolam transcribere ut potuisset cupiebat: nam ut diximus [fol. 80va] ipsa notas arte nesciebat formare, &amp;amp; cum ignem in ollula portaret ad candelam quam extinctam manu gerebat accendendam: subito candela sine applicatione ad ignem accensa est. Et statim ut epistolam transcribere voluit: sanguis ex eius naribus distilare cœpit: quem unius horę spacio stringere non potuit. Quo ab caviso epistolam illam temporibus suisapplicans: mox sanguinis emanatio cessauit. Post hęc cum in die conceptionis dei genitricis Mariæ quædam puella paruula per septem horas mortuaiaceret: &amp;amp; christi famulæ in monasterio hoc nunciatum fuisset: magna fide prædictam misit epistolam quam super mortuam imponi iussit: &amp;amp; eo ipso oscitauit resurrexitque sana. Et cum mulier quædam pectus haberetapertum: mox ut hæc chartasuper illud posita fuit curata remansit. Clericus itidem ad diuum Iacobum pergens hancepistolam secum magna deuotione ferebat: &amp;amp; cum infortunio in flumen cecidisset: vestibus omnibus madefactis epistola supradicta illęsa permansit,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[Capítulo 44]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
DE LATERIS VULNERE, AC / aliis pœnis eius. / CAPUT. XLIIII.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
POSTEA PRAESAGIens sibi ventura, cum omnium sanctorum dies aduenisset: matrem monasterii deprecauit ut communione illius diei per acta: eam in aliquo loco domus recluderet, ubi a nemine videretur. Dominici tandem corporis sacramento percepto: adeo fletus illius magni fuerunt antequam raperetur, &amp;amp; cordis ictus quos intrinsice sentiebat: ut nullus effari possit: fecitque sìbi tantam vim ne audiretur exterius quod intus patiebatur: ut sicut cuppę musto plenę quę citius sine spiraculo rumpitur ei acciderit: nam sic illa in capitis apice crepuit apertura ipsa usque ad frontem apparente : ac tam grandis cæsa in capite visa est, veluti si nouacula facta fuisset: quæ multis aperta stetit diebus / pluribus eam videntibus: &amp;amp; non est humano beneficio medicata. sensitque tam grandem dolorem [fol. 80vb] atque cruciatum ex vulnere: ut sibi velut mors fuerit. Visum est postea hoc vulnus a testibus fide dignis: &amp;amp; a notario ut infra dicetur. Postea itaque priuatur a sensibus: &amp;amp; quadraginta horarum spacio in extasi mansit, &amp;amp; in hoc tempore sorores (multis suppliciis in naribus, pedibus, manibusque eius factis) eam reuocare procurabant: ut nonnihil cibi posset recipere. Et usque adeo ad aperiendum os eius vim fecere: ut ei molarem dentem frangerent. Et cum sic in extasi posita esset, defunctorum nocte ter vel quater magnasuspiria magnosque gemitus dedit cum grandi sui corporis motu. &amp;amp; ex hoc raptu ante cœleists regis thronum deducta fuit: viditque ibi res magni pauoris, quæ humana lingua bene explicari non possunt. vidit enim dominum nostrum Iesum christum in throno magno sedentem: magnamque turbam in conspectu eius stantem: habentem gladium transuersum ex utraque parte acutum in ore: diuinoque oraculo intellexit quod gladius ille designabat iram magnam quam rex super ecclesiam eiusque pręlatos tenebat. Et illi hęc cernenti imperatum est, ut viris quibus antea secundum præceptum sibi factum res sunt patefactę diceret, qua de causa sibi dicta obliuioni tradebant: erantque negligentes in præceptis diuinis adimplendis: &amp;amp; quod si diuinum iudicium euadere cupiebant: statim ad archiepiscopum irent: ut ipse ad ciuitatem ad quinque peccata supradicta corrigenda personaliter accederet: quę secundum annotationem superius factam sunt defectus fidei, cupiditas, luxuria, ignorantia sacerdotum: &amp;amp; illorum in sacerdotali ministerio irreuerentia: quibus peccatis quotidie dominus noster Iesus christus blasphemabatur: destrueretque hęreses quę in illa ciuitate vigebant. Dictumque est illi postea, hoc signum e cælo ut credaris tibi dominus dat: videlicet ut gladius ille quem in ore regis transuersum vides scindet cor tuum atque illud pertransiet: facietque in eo uulnus ex quo sanguis viuus exibit: quod cunctis testimonium verum erit: &amp;amp; tu passionis filii dei imitatrix atque particeps eris. Sic igitur factum est, [fol. 81ra] nam mox dolore indicibili latus sinistrum super cor apertum reperit. Tantę crat magnitudinis hoc vulnus, ut pollicis caput bene in vulnere intromitti poterat. statimque ex eo ita sanguinem decurrere sensit: ut vix rem potuerit celare. Huius autem vulneris apertio viginti diebus durauit: &amp;amp; in sextis feriis sanguinis emanatio cæteris maior erat: nam his diebus sine impedimento pannorum in vulnere positorum sanguis usque ad crura decurrebat. Nunquam putredinis signum in hoc vulnere apparuit: nec medicamen humanum in illo positum est: sed pannis mundis impositis cum priores cruentabantur, alii de nouo ponebantur in vulnere, Sanguis hic mundus &amp;amp; purus erat: ut apparet in pannis qui in vulnere illo positi fuerunt. Et licet hæc christi ancilla ad celandum hoc vulnus, &amp;amp; dolores magnos quos patiebatur pro viribus quandiu potuit operam dederit: decem tamen diebus transactis deficientibus iam viribus diuinitus sibi reuelatum est, ut quod habebat monasterii matri &amp;amp; alteri ex sororibus quę Teresa vocabatur, ostenderet: his enim pannos sanguinolentos patefecit: ex quorum visione nimis illę territę, confessore secrete accersito, rem ei pandunt, Verum confessor ne hoc factum extra domum diuulgaretur omni studio egit: timebat enim ne aliqua illusio esset vel fictio: ideo ad omnem dubietatem abigendam, rei veritatem omni solicitudine inuestigare curauit. Tandem suis propriis oculis vulnus considerans admiratione repletus, et rei fidem adhibtiit: &amp;amp; eam fidelibus testibus reuelatuit: ut fideliter de illa testimonium omnibus perhiberent. Fuerunt enim eiusmodi rei testes ecclesię maioris Decanus, ac eiusdem ecclesię Capellanus maior: cui Didacus de Villaminaya nomen erat: qui, pręsentibus notario &amp;amp; confessore prędicto &amp;amp; monasterii matre aliaque ex sororibus (de qua supra diximus) uulnus viderunt per lintei aperturam, christi ancilla in lectulo iacente nulla alia corporis sui parte discooperta. Hi sex testes quatuor viri &amp;amp; duæ fœminę vulnus recens &amp;amp; cruentum suis oculis viderunt, &amp;amp; manibus contrectarunt: videtes etiam pannos qui [Fol. 81rb] nouiter in vulnere positi sunt, &amp;amp; capellanus maior filorum copiam sanguinolentorum manu sua ex vulnere subtraxit. Omnes itaque hi testes magna cum diligentia vulnus considerantes: non humanitus nec casu sed diuinitus esse factum apertissime cognouerunt: &amp;amp; sic (ut diximus) aliquo medicamine humano curatum non est: tametsi ex ipso dei famula magnum cruciatum interius exteriusque sustinuerit. Stetit hoc vulnus supradicto modo viginti diebus apertum: quibus transactis se absque aliquo beneficio clausit, cicatrice tantum in loco vulneris remanente: &amp;amp; dolore continuo quem in parte illa sentiebat: qui quidem multis diebus durauit. His quoque diebus in capite manibus &amp;amp; pedibus cruciatur. cum enim valde debilis &amp;amp; afflicta ex pręteritis in lectulo iaceret: surrexit in eo: &amp;amp; coram crucifixi signo quod ibi depictum tenebat genua flectens, statim dolorem grandem in pedibus manibusque pręsensit ac si illę partes quibusdam clauis perforarentur. Et cum in hoc esset cruciatu: &amp;amp; eius manus sinistra (ut sibi videbatur) transigeretur: tam grandi cruciabatur dolore: ut, pollice manus dexterę in palma sinistræ posito, adeo palmam ob doloris magnitudinem compressit, quod sanguis super manum crepuerit. et sapienter hoc vulnus abscondit tenens manum panno coopertam: quod diebus quadraginta durauit: et sine humano denique remedio signo tantum in manu remanente, curatum est. Et ut omnium pœnarum passionis dominicæ particeps esset: ultra supplicia que antea in capite passa est, subito tunc in eo nouum &amp;amp; magnum dolorem sensit: ac si caput illius spinarum circumdaretur corona. &amp;amp; licet diuersa remedia capiti fuissent imposita, nullum tamen penitus profuit: iustum enim erat ut diuinitus facta humana industria non sanarentur. Cum igitur ex supradictis pœnis corpus eius satis debile staret. non his contentus dominus aliam grauiorem pœnam et dare disposuit: nam in circuncisionis domini nocte in spiritu rapitur: &amp;amp; ante quendam magnum iudicem vultu terribilem ducitur: ubi quia in reuelandis rebus visis his quibus manifestandę erant obedire contempsit, dure a iudice increpatur, &amp;amp; Mi- [fol. 81va] chaële suo iudicio ex uno brachio, ac ex altero beato Ioanne euangelista eam tenente: quos singulari obsequio venerabatur; flagellis iussit iudicis a quodam angelo cęditur. Tam dure itaque flagellata est, ut totum eius corpus (facie, manibus pedibusque exceptis) fuerit plenum verberibus, non tamen vibices nec vulnera in corpore eius apparuerunt: sed quidam scobriculi tantum: erantque ita coniuncti, ut vix inter eos aliquid poterat apponi: &amp;amp; ex hac punitione grauissìmum dolorem sensit in corpore. Hęc quidem flagellorum signa quindecim mensibus vel quasi in corpore eius durarunt. Ipsa autem hoc factum tacuit nemini illud referens quousque. monasterii mater quadam die mittendo manum recontinuationis velaminis causa super scapulam eius signa prædicta inuenit: qua de re nimis territa eam durius increpauit, credens ipsam se crudeli pœnitentia mactauisse: propter quod tunc christi ancilla ei rei veritatem (sicut scriptum est supra) aperuit. Omnia hæc ad notitiam pontificis Toletani Petri a Mendoça cardinalis postea peruenere: ut ex epistola ipsius ad Priorem Sislanum missa patet, cuius verba hæc erant. Venerabilis pater: hac pręcedenti nocte hora post eiusdem noctis medium secunda / libellum quem mihi dimisistis accepi, &amp;amp; nunquam illum ab oculis separaui, donec omnia eius capita integre perlegi. &amp;amp; quod magis admiror sic cordi meo adhęsit: ut nihil, &amp;amp;si in his reuelationibus credendis tardus, de eo dubitauerim. In fine notarii testimonium vidi: &amp;amp; testium confirmationem: quibus utique omnis fides adhibenda est: ego nanque eorum cuilibet equidem fidem pręberem: quanto magis omnibus illis iunctis. Omnes testes mihi noti sunt: monasterii matre excepta, quæ propter officium merito approbanda venit. Notarium esse virum bonum &amp;amp; fidei dignum non me latet. Tantarum quippe visionum in spiritu &amp;amp; corpore admiror: sed quam maxime tantam duritiam in fœmina inueniri in celando quæ sępissime viderat: pręsertim cum de reuelandis mysteriis sibi ostensis [fol. 81vb] ab eo qui omnia imperat &amp;amp; gubernat mandatum acceperit: quod profecto suæ profundissìmæ humilitatis atque inanis gloriæ contemptus indicium est. Cęterum pater venerabilis pro mea parte &amp;amp; p hoc quod ad me attinet date illi gratias: quas dominus noster sibi largiatur abunde: &amp;amp; pœna quam patitur sìt ei centuplum ad gloriam: &amp;amp; si quid pro eius consolatione ego facere possim, vos ex parte mea illi omnia integre offerte. meque illi recommendate ut in orationibus suis mei sit memor: ut in domini nostri seruitio hanc vitam consummare valeam, in omnibus eius voluntatem adimplendo. Post hac vero cardinalis memoratus epistolam de manu huius sanctissimæ fœminę suscepit: &amp;amp; per hunc modum eidem rescripsit. Deuota ac in christo dilectissima soror: epistola tua &amp;amp; his quę prior Sislanus mihi retulit magnam suscepi consolationem. at dominus noster qui te in talem posuit statum in eo te usque ad finem feliciter conseruare dignetur: &amp;amp; mihi gratiam prestet ut eius voluntatem facere possim: &amp;amp; quę mihi consulis adimplere valeam: quod pro te a domino eiusque genitrice impetrare cupio: &amp;amp; ob id tuis orationibus me multum recommendo: &amp;amp; quia priori Sislano latius sum locutus, plura non dicam. Vale in domino. Obiit autem hic memoratus antistes post mortem huius sanctissimę fœminæ, langore prolixo multis diebus laborans: in quibus plurima pia opera executioni mandauit.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[Capítulo 45]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
DE OMNIUM LANGORUM / eius curatione: deque his quæ in sacratissima natiuitatis nocte vidit. CAP. XLV.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
CUM IGITUR HÆC christi ancilla continuis ęgrotationibus vexaretur: octavo die solemnitatis diui patris nostri Hieronymi peracto lateris dolore in lectum decidit, sanguinem per os euomens. &amp;amp; cum omne medicorum consilium abhorreret: suo iudicio quinque pillulas sumere ausa est: quibus sumptis ad mortem peruenit. At cum sic staret, anima (ut sibi videbatur) a corpore eius euulsa super vulnus cordis insedit: quam archangelus Michael (ut si- [fol. 82ra] bi videbatur) manu sua illic tenebat compressam: &amp;amp; sic viuebat: &amp;amp; virtus ad sacramenta sancta suscipienda sibi non defuit. Matrem autem monasterii deprecabatur ut priorem qui hæc in literas misit vocaret: ut eius confessione audita cętera ministraret sacramenta. Contigit hoc in mense Octobris. anno octuagesimo quinto supra millesimum ac quadringentesimum. eratque dies ille sabbatum: in cuius nocte sanctam communionem quam receptura erat meditans: cupiensque a corpore absolui magna deuotione suum monasterium, &amp;amp; Sislanum domino commendabat. Ei quidem sic stanti monachus a quo in ipsa dominica die res diuina in monasterio erat agenda in visione demonstratus est. cui domina nostra cum ad consecrationis verba peruenit, filium suum quem tenebat in brachiis dedit: qui a sacerdote in tres partes diuisus in qualibet ipsarum puer viuus &amp;amp; lætus remanebat. Vidit etiam splendorem super altare: &amp;amp; angelos ex utroque brachio sacerdotem sustentantes: aliosque plures circa altare ambulantes: &amp;amp; diuam Caterinam &amp;amp; Barbaram sibi dicentes. Cras feria secunda hora nona ante meridiem in splendore quem hic cernis dominum recipies: statimque sanaberis: quod sic factum est. Cum igitur prior ad confessionem eius audiendam peruenisset, ne illa die ad monasterium reiterteretur eum humiliter rogauit: ut si forsan eam mori contingeret sua non careret presentia: sin autem ipsa nocte non migraret a sęculo: pro certo sciret: se perfectam sanitatem adepturam. Quod sic euenit ut ipsa prędixerat: nam cum in die lunæ communionem de manu prioris vellet accipere: prioreque ad eam cum corpore domini conuerso, in ipsius pectore &amp;amp; manibus ingentem vidit splendorem: quem etiam in illa hora paruula quædam quatuor annorum vix fari sciens conspexit, quę ibi cum matre sua aderat: splendoremque magnum tanquam solis quem in manibus prioris &amp;amp; in christi famula cernebat matri indicauit: sed mater videre non valuit quod filia videbat. Corpore domini itaque suscepto satim rapta est spiritu: omnibusque sensibus per- [fol. 82rb] ditis sic per nouem horas stetit, &amp;amp; cum quæ si violenter expergisceretur: oculosque aperuisset: psalmistę versum recitauit dicens. Benedic anima mea dominum: &amp;amp; omnia quę intra me fiunt nomini sancto eius, qui propiciatur omnibus iniquitatibus tuis, qui sanat omnes infirmitates tuas. &amp;amp; mox se sanam reperit: &amp;amp; reuersionis ad pręsentem vitam eam pœnituit. Alia complurima secreta cœlestia hęc christi famula vidit quæ quidem sibi visibiliter ostensa sunt, pręsertim in sacratissimę natiuitatis dominicæ nocte: de quibus tantum sequentia annotabimus. Cum semel itaque in ipsa natiuitatis domini nocte, noctis medium summa cum attentione expectaret: eo quod illam esse horam, in qua redemptor noster in carne visibiliter apparuit, non ignorabat. &amp;amp; genibus flexis in oratione insisteret coram sacratissimę christi matris altari, in quo eiusdem virginis effigies astabat: ac etiam altare ipsum mire compositum, candelisque accensis plenum esset: &amp;amp; cuna opulenter adornata cum pannis ceruicalibus in eo posita: faceretque in cuna coram matre sua puer paruulus vestibus pręciosis indutus ecce noctis medium aduenit. &amp;amp; cum sìc multis suspiriis ac lachrymis dominicæ natiuitatis sacramentum contemplarci: oculis corporeis magnam claritatem super altare descendentem vidit: &amp;amp; dominum nostrum in paruuli speciem nimis fulgentem, quem angelorum multitudo reuerenter adorabat. Angelorum itaque adoratione, quæ per dimidiæ horæ spacium durauit, finita: pastores festiuantes ad infantem adorandum venire prospexit: illisque recedentibus, mox tres orientales reges magna cum societate ingressi sit: quos tres soles nimis fulgentes comitabantur, qui cum ad altare accessìssent: statim ex tribus unus sol effectus est. Reges vero procidentes puerum adorauerunt: eique sua munera obtulere. &amp;amp; in hac regum adoratione dei genitricis imago que in altari erat, ter contra puerum arrisit. Post regum angeli admonitione recessum, Herodem sęuissimum puerum ad perdendam quęrentem vidit: vidit etiam quomodo [fol. 82va] beata Maria filium brachiis tenens Ioseph comitata tristes in Ægytum fugiebant. Huiusmodi autem visio a noctis medio usque tres subsequentes horas in oculis eius perdurauit. Quibus finitis, cathedralis ecclesię capellanus maior desiderio seruiendi christo attractus ad monasterium venit. ad primam missam galli cantus vocabulo appellatam celebrandam: &amp;amp; ut sorores communicarent in ea: cantores itidem qui solemniter rem diuinam agerent secum adducens. Et cum ipse sacris indutus ad altare exiret: statim hęc christi ancilla oculis apertis duos cereos magnos super altare vidit: &amp;amp; ab uno quoque illorum quinque radii usque ad ipsam directi procedebant: nullumque impedimentum cortinę quę ante chorum erant extensæ ei prestabant ad videndum omnia que in altari erant facienda. Cum itaque magna solemnitate res sacra inchoaretur: &amp;amp; suo ordine perueniretur ad sanctus: magnam angelorum cateruam ad altare descendere vidit: qui quidem sacerdotem ipsum a pedibus usque ad caput cooperuere: &amp;amp; ipsi ascendentes ac descendentes cum magno gaudio sacrificio assistebant. &amp;amp; cum sacerdos hostiam consecratam eleuaret: prędictos angelos brachia eius attollere vidit. Ad pater noster tandem peruento, non valuit ultra super genua sua stare: nimisque spiritu defatigata cecidit super faciem suam: &amp;amp; sic in eodem loco usque ad horam diei duodecimam iacuit: qua transacta ex sororibus quędam eam ad lectulum suum deportauere; (nam ab hora noctis decima: in qua ad matutinum pulsatum est usque ad hanc quam pdiximus horam, semp genibus flexis in supradicto loco stetit immobilis). In sero autem illius diei ob sororum deprecationem parum conditaneæ cidoneę comedit: &amp;amp; sic sine alio cibo feria secunda &amp;amp; tertia permansit. Feria vero quarta uno tantum ouo contenta aperte demonstrauit quod spirituali alimonia ei vitam contra conditionem humane naturę prestabat. Iterum die quinta ante natiuitatis dominicę solemnitatem ob famem, quę propter farinæ defectum ex fluuiorum incrementis tunc vigebat: nimis esset afflicta absque dormitione noctem illam tran- [fol. 82vb] segit, &amp;amp; cęteris sororibus dormientibus, surtexit ipsa: &amp;amp; in pauimentum subdiale ex quo fluuius conspici poterat, ascendit: &amp;amp; cœlo nut dosignum crucis contra amnem faciens, mox ad orandum in quodam cubiculo se recepit: &amp;amp; brachiis ad modum crucis extensis super terram procidens per magnum interuallum in orationem pdurauit. dei enim genitricem deprecabatur attente: ut filium suum exorans eum placabilem faceret populo. Et cum in hac pœna posita christi matrem exoraret deuote: subito quendam magnum splendorem vidit totam domunculam illam in qua erat illuminantem. aspexitque in claritate dominam nostram: quę lachrymosis oculis voceque tristi illi dixit. Omnes has pręteritas aquas per tot dies diuisas in tribus diebus per alluuionem emittendas esse scito filia; ac earum maiorem partem super istam ciuitatem perfluendam propter maximapeccata quę in ea quotidie perpetrantur: ego tamen tuis precibus inclinata: &amp;amp; propter orationes quas pro populo effudisti: filium meum exoraui, ut petitio tua acceptabilis coram eo esset: &amp;amp; exaudiri pmerui: &amp;amp; sic ira eius placata est. Stabat hęc famula christi ocfis apertis manibusque eleuatis cum dei genitricem videbat: que attamen recedente in terram cecidit: &amp;amp; absque sensu aliquot horis pdurauit. Postea in se reuersa, corpore &amp;amp; spiritu roborataad dormitorium reucrtitur: nulla ex sororibus hoc sentiente. Cum igitur fama eius non usque adeo tegi potuisset, quin ad aliquorum piorum hominum notitiam deuenisset: inter alios apud quos latere non potuit, episcopus Pacensis fuit: qui tunc erat ecclesię Toletanæ Decanus: q &amp;amp; cum illa sępe locutus est: &amp;amp; fuit testis vulneris lateris. Huic ergo semel eam deprecanti pro cuiusdam discordię sedatione quę erat in curia ipsa libentissime obediens: ante solis ortum orationis causa superiora domus ascendit: &amp;amp; magnum splendorem in cœlo ubi sol oriturus erat aspexit. soleque orto, oculis claris eum sine claritatis obstaculo intuebatur: viditque intra ipsum solem foramen grande quod in cœlum intrabat: ex quo magni claritatis radii ad diuersas partes exierunt. crux etiam aurea magni quidem fulgoris intra foramen apparebat: quę tam- [fol. 83ra] diu demonstrata est donec ad primam factum estsignüm. In ære etiam quendam haud procul a se distantem aspexit: qui suo iudicio erat ut luna, cum ali[o] pugnantem: &amp;amp; interuallo modici téporis transacto: scapulis adinuicem auersis recessere. Et cum quedam ex sororibus illuc ascendisset: statim illa a loco discessit: &amp;amp; sic visionis pdictæ finem videre non valuit. Verum credi potest pręcibus illius discordiam postea sedatam fuisse quæ inter nonnullos viros illustres vigebat in curia: pro cuius sedatione cum supradicta vidit, orabat. Contigit hoc infra octauas resurrectionis dominicę; anno octuagesimo sexto supra millesimum ac quadringentesimum, Cum iterum in mense Iulii in aurora illius dici quo sanctę crucis triumphum colit ecclesia, oculis sursum eleuatis oraret: vidit quasdam flammas in cælo. &amp;amp; interuallo horę unius consumpto: ipsum cælum aptum notauit: &amp;amp; solem itidem per aperturam quamviderat egredientem: ac in illo om nesicgli pulchritudines cognoscebantur: &amp;amp; statim insubsequenti die in quodam libro hora tertia orans attente: iuxta fenestramex qua cælum poterat intueri: tertie hilem cuiuspiam vultum veluti lunę apud se vidit duasque hominum effigies deintus stantes unum contra alium gerentes bellum: &amp;amp; ibi etiam occisorum aderat multitudo. Hac nempe die comes Cifontanus captus fuit a Mauris.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[Capítulo 46]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
DE ANIMA SACERDOTIS / defuncti qui eidem apparuit: &amp;amp; de  aliis visionibus eiusdem. / CAPUT. XLVI.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
CUM HÆC CHRISTI ancilla in supradicto anno quadam nocte in stratu suo faceret: noctisque medio finito nondum esset pręoccupata somno: sacerdos monasterii nuper defunctus ei apparuit: qui Ioannes Hulmensis vocabatur de quo supra mentionem fecimus (nam Hic fuit ille confessor eius qui vulnus lateris vidit) &amp;amp; propter molestias quas sibi intulerat veniam ab ea humiliter postulauit ob epistolam pręsertim quam ad eam [fol. 83rb] rescripserat: quæ magnæ perturbationis causa extitit ei: ac etiam quia illius verbis fidem non præbens, eius consilia temerarius spreuerat. Supradictis etiam sequentia adiecit. Dicito quęso priori Sislano: &amp;amp; huius monasterii matri: ut omnium molestiarum quas illis feci veniam mihi concedere dignentur: ac etiam sex milia dipondia quæ huic monasterio debeo mihi indulgeant: pariterque librum quem vendidi remittant: &amp;amp; eleemosynę gratia quinquagies altaris sacrificium pro me faciant celebrare: ut sic eruar ab hac pœna quam modo sustineo: &amp;amp; tu christi famula pro me ora. Et his dictis disparuit. Cęterum illa cum ex hac visione nimis terreretur: semianimis &amp;amp; sine loquela quatuor horis remansit: &amp;amp; in se r[e]uersa magna deuotione cuncta quę defunctus ab ea petiit adimplere curauit. Nec est hoc loco tacendum visionem quam vidit eo die quo capellanus maior in humanis agere desiit. Hic enim Didacus de Villaminaya appellabatur vir sane religiosus &amp;amp; prudens, charitatisque operibus plenus: de quo nuper multis in locis mentionem fecimus. Cum igitur hic vir venerabilis esset pro suis laboribus a deo remunerandus: in fine mensis Martii anni octuagesimi septimi egrotauit: &amp;amp; tandem ingrauescente langore ex hac vita migrauit, cuius mortem quasi ciuitas tota deplanxit: sed doloris huius maxima pars Marię Garsię monasterium occupauit: propter beneficia magna tum spiritualia tum temporalia quæ sororibus veluti earum pater quotidie faciebat. Et cum vitę eius finis parum post decimam diei horam euenisset: stabant in ecclesia sorores &amp;amp; cum illis hæc christi famula rem sacram audientes: &amp;amp; campanarum pulsatione propter illius obitum in ecclesia maiori facta: statim illa rapta spiritu fuit: &amp;amp; vidit defuncti animam a Ioanne baptista, &amp;amp; diuo Hieronymo sanctaque Caterina ad iudicium coram diuina magestate in quendam magnum nimisque deliciosum campum deferri, animabus plurimis ibi astantibus laudantibus deum. Accusatus est itaque propter obmisionem quam fecerat in adim- [fol. 83va] pletione cuiusdam defuncti voluntátem qui illum sui testamenti reliquerat executorem. etiam licet predictus capellanus hoc ante mortem suo testamento emendare curauerat: tamen a domino nostro Iesu christo iusto iudice iudicatum est ut eius anima in loco illo detineretur donec compleretur legatum: quo soluto mox ad gternam beatitudinem perueniret. Cęterum illa hęc omnia in ipsa ritu videns, statim ut ad se est reuersa: multospacio quasi extra se mansit: inagna pœna gaudioque adinixta ob prędictam visionem poccupata. Et ita magnis exanimationibus in lectulum cecidit: ut de eius desperaretur vita. &amp;amp; nemini hanc rem dempto priori prędicto patefecit: qui eam obedientię pręcepto ad reuelationem omnium quæ sibi dominus ostendisset constrinxerat. Huius igitur visìonis certitudo ex supradicti patris testamento liquet: cuius ordinationem hæc christi famula ante hanc visionem penitus ignorabat. In raptu quadraginta horarum cum vulnus lateris suscepit (de quo nuper diximus) se purgatorias pœnas vidisse asseruit: ubi tormenta horribilia (que dici non possunt) aspexit. &amp;amp; cum circumquaque respiceret quendam sacerdotem adhuc viuentem aiarum curionem in magno cruciatu inuenit positum: serpens nanque horribilis cui duo capita duoque ora erant eum pręcinctum ac ligatum in circuitu tenebat. viditque etiam iuxta illum drachonem ingentem: qui super spinam cuiusdam infantis aiam in sportula habebat: que quidem magnis quærellis ob pœnam quam patiebatur iudiciuma deo fieri instantissime postulabat propter culpam solummodo sacerdotis illius. Cumque famula christi quęnam pœna esset illa angelum qui eihęc omnia ostendebat interrogaret: ei angelus dixitque infans ille propter sacerdotis illius culpam nondum. regeneratus baptismo obierat: ac ob id quęrebundus iusticiam a deo postulabat de illo. Postquam vero ad se rediit valde territa, p sacerdote illo quotidic dum orabat: &amp;amp; dierum octo interuallo transa &amp;amp; o hic sacerdos rem sacram in monasterio agebat: corporeque domini iam eleuato iterum illa rapta fuit spiritu: &amp;amp; vidit sacerdotem hunc [fol. 83vb] serpente præcinctum tria habente capita, quorum primum cor, secundum linguam, tertium vero scapulas sacerdotis comedebat. Viditque ctiam infantem coram eo clamantem &amp;amp; dicentem. A dei visione tua negligentia priuor: tua culpa sine baptismo mortuus sum: tanti peccati veniam a deo non consequeris. Tertio itaque die post hanc visionem sacerdotem istum vocari fecit: &amp;amp; omnia quæ viderat secreto eidem aperuit. Quod cum ille audisset adeo territus est, ut loquelam medię horæ spacio perdiderit. quem christi famula sic afflictum pusillanimemque videns: in domino confortauit. Tandem ad se rediens quomodo hoc secretum dominus sibi reuelauerat vehementer admirari cœpit. &amp;amp; ita in veritate fuisse sicut illa dicebat aperte confessus est: tam de puero qui sine baptismo sua obierat culpa: quam de cæteris rebus quibus hactenus deum se offendisse cognouerat: prout ab illa eidem sunt enarrata. Post hęc dei famula dixit illi. Ne de his valeas quiquam dubitare: cras dum in altari fueris dominum ostendere tibi signum pro certo tibi sit. Quod sic euenit: nam hic sacerdos confessus est postea, quod dum sequenti die sacrificium christianum ageret: &amp;amp; rerum diuinarum codicis verteret folium, ubi effigies crucifixi erat depicta: quinque guttas sanguinis inuenit in illo: et post annos quinque in diui Michæelis archangeli festo hic sacerdos ex hac luce recessit: quem dei ancilla suis orationibus iuuit. Postea denique in aurora diei sancti Francisci in figura horribili eidem apparuit: plurima quæ inter ipsum &amp;amp; alia personam secreto transierant, ei aperiens: quę quidem ita in veritate comperta sunt.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[Capítulo 47]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
QUOD SPIRITU PROPHE / tię multa arcana reuelauit. / CAPUT. XLVII.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
MULTA OCCULTA hæc christi ancilla spiritu prophetię repleta indicauit: ut ex supradictis faciliter agnoscitur: &amp;amp; per alia quæ de ea scripta reperiuntur, gratiam quam ei dominus in cognoscendis secretis dederit, aperte in- [fol. 84ra] telligimus. Cum igitur illis diebus iam inquisitionis negocium contra hęreticam prauitatem in Toletana ciuitate ageretur: nonnulla archana huic sancto officio attinentia priori Sislano aperuit: &amp;amp; ipsi quonammodo ista sciebat interroganti respondit. Dominus noster Iesus christus ea forma qua ad columnam ligatus stetit mihi apparuit: scapulas habens sanguinolentas: &amp;amp; mihi dixit. Aspice filia qualis ab hęreticis contrector quotidie: idcirco dic ecclesię huius Decano, &amp;amp; Sislano priori, qui inquisitionis rem tractant, omnia quę nunc oculis cernis. Quod sic adiplere curauit. nam hęc eadem verba (supradicto priore presente) ecclesię decano dixit; aperiens utrisque quędam occulta ad sanctum inquisitionis officium ptinentia. Cum alia vice staret mente eleuata, sacrosanctam eucharistiam magna cum solemnitate a clericis de maiori ecclesia depromi vidit: &amp;amp; cuidam egro hęretico deferri: iussumque est ei ut omni velocitate ad clericos iret: ac eis diceret. Ad ecclesiam cum sacramento reuertimini: hæreticus namque est ad que illum defertis. Et sic factum est. verum angelus qui hęc sibi imperabat sequentia postea adiecit dicens. Ut quę tibi dico vera esse comperias: hodie cum res diuina celebrabitur sanguinis guttas ab hostia distillare videbis. In hac itaque die hęc christi famula hostiam cruentatam oculis claris aspexit, cum post consecrationem fuit eleuata. Semel etiam futura cognoscens priori Sislano dixit. Curam pater adhibe in domo: duo enim in ea sitnt qui tale peccatum perpetrare procurant. Quod postmodum rei euentus eam vera dixisse comprobauit. nam post paucos dies duo famuli deprefensisunt: qui malum grande eodem modo eademque forma ut ipsa prędixerat perpetrare volebant: &amp;amp; mox a monasterio. fucrunt expulsi. Monachus quidam eam proptereius famam videre &amp;amp; alloqui cupiens: pro hacre impetranda magnopere laborabat: tandem quod desiderabat obtinuit. &amp;amp; cum ad colloquium illius fuisset admissus: hęc ipsa inter cętera illi dixit. Iamdiu pater est q te meum colloquium. expetere scio: &amp;amp; causam cur hoc deside- [fol. 84rb] rio laboras: scio etiam quod tali die scriptionem faciebas: quam ea die optabas perficere: &amp;amp; non potuisti: &amp;amp; consummasti eam nocte sequenti. His auditis stupefactus monachus quomodo secreti huius notitiam potuit habere eam interrogauit: cui ipsa respondit se omnia hęc in spiritu vidisse. Et postea sequentia adiecit. Dic pater tali monacho (illum nomine suo designans) quod multum tristatur spiritu: videat vias suas: &amp;amp; si aliquid fecit punitione dignum, indulgentiam petat: alias magno subiacebit periculo. Et cum huic monacho &amp;amp; cęteris domus hoc esset experimento cognitum: valde admiratus est: intellexitque eam spiritu dei esse repletam. Contigit hoc cum ordinis nostri primarius in Sislano monasterio inquisitionis causa erat. Cum isdem etiam monachus iterum illam alloquens, alterius monachi cuius nomen tacebat vitam multum commendaret: christi ancilla eum deprecari cœpit, ut fratris illius nomen vellet sibi aperire: sed cum monachus hoc negaret: tunc illa dixit. Monachus de quo pater dicis sic appellatur, vir quidem religiosus est: partem habens cum deo. Quod monachus audiens nimis territus est: videns quomodo spiritu dei sciebat, quod ille ei noluérat indicare. Dificiliter &amp;amp; non sine magno tędio cum exteris loquebatur licet viri religiosi fuissent. &amp;amp; cum talium colloquium vitare non poterat: breuis in sermone erat.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[Capítulo 48]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
DE EO QUOD SUIS ORA / tionibus salutem multis impetrauit. / CAPUT. XLVIII.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
PLURIMUM HÆC christi ancilla orationibus valuit: erat enim feruidę orationis, ut ex prędictis coniectari potest: idcirco multis suis pręcibus obtinuit salutem. Unde cum semel monasterii mater tertia mensis Augusti ante diui Laurentii festum pleuritidis morbo laboraret: essetque a medicis iam derelicta: valde hęc sancta de matris morte tam propinqua affligebatur: &amp;amp; nocte adue- [fol. 84va] niente sacellum ingreditur: &amp;amp; cum multis lachrymis coram deiparę virginis effigie pro matris salute cœpit orare. Oratione tandem finita, vultum virginis quam candela explorabat, veluti viuentis inflammatum: &amp;amp; post paululum sudantem aspexit. Cæterum illa oculis se falli opinans: ad virginis faciem pręsumpsit accedere: at rei veritate comperta, ter capitis sui velamine sudorem imaginis abstergens: oculos suos ac faciem cum sudore lauit. Et magno gaudio repleta iterum obnixius pro matris vita dei genitricem cœpit orare: &amp;amp; facta est ad eam vox, dicens. Propter consolationem tuam &amp;amp; remedium vita illi conceditur. &amp;amp; statim in excessum mentis eleuata est: &amp;amp; vidit diuum Laurentium in forma pueri quindecim annorum splendida veste indutum pyxidem auream in manu ferentem: quam supra caput &amp;amp; latus posuit ęgrotę: signans eam manu sua signaculo crucis: quo facto discessit. Statimque illa ad se rediens intellexit dei parę virginis meritis quod petebat impetrasse. Et confestim ad infirmam pergens, illam quieto somno dormientem inuenit, quę quidem expergiscens a dolore subleuatam se sensit: &amp;amp; post modicum perfecte conualuit. Cum iterum importune in ecesfa dei genitricem oraret pro quodam fratre suo in vinculis existente: fratri dormienti sanctissimavirgo apparuit in effigie ut in monasterii sacello habetur depicta: &amp;amp; a compedibus eum absoluens dixit. Propter sororis tuę &amp;amp; aliorum monialium præces quas ob tuam liberationem feruenter apud me fundunt a carcere erueris. Et ipse expergiscens liberum a compedibus, &amp;amp; tumore quem in pedibus ob vincula ferrea fabebat: se reperit. &amp;amp; diesequenti ad monasterium veniens, liberationis suę mos dum sorori cæterisque religiosis enarrauit: &amp;amp; pro certo compertum est quod hora qua ille se dixit per dei genitricem a vinculis fuisse absolutum: eadem hęc christi ancilla &amp;amp; aliæ sorores pro eo specialem orationem faciebant. Ipse itaque virginis Mariæ effigiem in altari monasterii positam cernens: simili figura ipsamsibi apparuisse [fol. 84vb] asseruit. ob idque deinceps ceram, ut omnibus sabbatis coram prædicta imagine arderet, per totum vitę suæ tempus se daturum repromisit. Verum post hac annis nouem transactis, cum in vigilia assumptionis eiusdem sacratissimę virginis hic virsui promissi non obliuiosus factus, ceram ad prędictam imaginem illuminanæ dam portaret: in via morte subitanea pręoccupatus defecit. Quod christi ancilla audiens magna tristitia affecta est: pręsertim ob mortis casum: &amp;amp; multis lachrymis multaque instantiaprofratresicdefunctocoram dei genitricis imagine orabat: hoc inter cętera scire cupiens: an in via salutis esset. Et tandem cum pro hac refm portune deprecaretur: octauo post fratris obitum die hora secunda post noctis medium vultum supradictę imaginis aspexit: &amp;amp; illum lætum veluti personæ viuentis &amp;amp; loqui volentis vidit: &amp;amp; ex hac visione magno gaudio repleta flere cœpit. Quod duæ ex sororibus cernentes eam ad lectulum deduxerunt: &amp;amp; sororibus illic iuxta eam cum candelis accensis stantibus, cuiuspiam flatum frigidissimum post scapulas sensit: sed propter sorores quę cum illa colloquebantur, ad locum illum respicere non curabat. sed post paululum magno timore concussa caput illic conuertit: &amp;amp; frustrum nubis obscurę aspiciens: intus fratrem suum faciem nimis lętam habentem vidit: qui dixit ei. In magno nempe periculo fui cum spiritu exhalaui: sed affuit mihi dulcissima virgo Maria auxilium pręstans: ac propter eius merita euasi: sumque ad purgatorias pœnas transmissus. &amp;amp; his dictis, de cæteris rebus ad quarum soltationem erat astri &amp;amp; us mentionem faciens: ab oculis sororis eius euanuit. Et cum alius eiusdem sanctę virginis ff in loco suo equi currentis lapsu valdetorsus, grauique oculorîi passioneremansisset: ob idque eius mater (quę propter mortem alterius filii nuper defuncti satis erat afflicta) hoc factum audiens adeo amaritudine atque tristitia repleta est: ut os &amp;amp; oculi eius fucrint obuarati. Post aliquot itaque dies huicsanctæ fœminæ hoc in monasterionunciato, ad altare [fol. 85ra] dei genitricis a cessit pro matris salute oratura: inspirataque diuinitus nuncio qui casum ei narrauerat respondit. In dominica sequenti sanabitur mater mea: quod sic factum est ut ipsa prædixit. Accidit quoque semel ut hæc sancta graui langore correpta in stratu iaceret. &amp;amp; sacratissimæ virginis natiuitatis die superueniente, videns quod nec cum cęteris sororibus communicare hac solemnitate, nec diuinis interesse poterat: dolore magno percussa est. Cum igitur ea nocte sorores ad matutinum exurgerent: &amp;amp; ipsa que non procul a choro iacebat eas cantare inuitatorium audisset: sic cum grandi sui cordis dolore orauit. O gloriosa domina dei genitrix virgo Maria peccatorum spes: ego peccatrix tuis matutinis hac nocte ut indigna priuor: &amp;amp; ctiam in crastinuin sacratissimi filii tui corpus participatione: tu pietatis mater ct desiderium meum: &amp;amp; pœnam quam pro his patior non ignoras. Tandem super ipsam hęc dicentem claritas magna descendit. &amp;amp; claritate recedente se sanam reperies: mox surrexit: &amp;amp; ad horas matutinas pergens, cum cęteris etiam sororibus ipsa die sacrosanctum christi corpus in ecclesia recepit: dei genitrice cordis sui desiderium ex audiente.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[Capítulo 49]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
DE OBITU EIUSDEM: ET / quam statim cœpit fulgere miraculis. / CAPUT. XLIX.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
SI CUNCTA QUÆ de hac sanctissima fœmina in literas missa sunt: &amp;amp; reuelationes quas vidit hoc loco annotarentur: grandis quidem liber exurgeret: cum pene nulla fuerit dies in qua dominici corporis sacramentum susceperit: quinspiritu raperetur: in raptuque illo mirabilia dei videret: idcirco omnibus his ob breuitatis causam, ac lectorum fastidium dimissis: ad obitum illius transiens nonnulla etiam miracula ex multis quæ post mortem eius facta sunt, annotabo. Igitur cum hæc christi ancilla tam magnifice in hac vita signis &amp;amp; reuelationibus adeo (ut supra est anno- [fol. 85rb] tatum) sublimaretur: eam de corporis carcere eruere diuinę pietati placuit: quod quidem desiderio suo consonum erat: cupiebat enim multis iam antea diebus dissolui &amp;amp; esse cum christo: &amp;amp; illa beata ęternaque beatitudine frui/quam sanctis &amp;amp; dilectis suis se daturum repromisit. Obiit itaque hęc sanctissima fœmina septima die Iulii sabbato tunc cadente: anno octuagesimo nono supra millesimum ac quadringentesimum, tempore quo Toleti pestis vigebat: ad horam tertiam post noctis medium. Fuit autem eius obitus cœlesti odore honoratus, ut sorores quę ibi aderant testatę sunt: dicentes mirabilem odoris fragrantiam se eadem hora sensisse. Sepulta fuit in illius diei vespera in monasterii Sislani capitulo: tunc enim sorores illius cœnobii ibi sepeliebantur. quam statim signis dominus magnificare cœpit: de quibus hęc quę sequuntur pauca (cęteris ob breuitatem dimissis) referam. Contigit in die sancti Martini, anno nonagesimo supra millesimum ac quadringentesimum in mense Nouębri ut quidam Franciscus Diaz nomine de Xarahiz incola grauiter egrotaret: factusque morio cum iam in extremis sacro oleo perunctus esset: &amp;amp; quidam sacerdos qui Martinus Diaz appellabatur, eiusdem egroti patruelis qui &amp;amp; ipsum a primis nutrierat cunabulis, atque uxorem ducere fecerat: magnum de eius morte dolorem haberet: quedam vidua Ioanna Martina nomine quę visitationis causa illuc venerat: sacerdoti afflicto sic ait. Non vos latet compater langor quem ego in crure cum coxendice habui. &amp;amp; hoc anno cum Gabriel frater meus Hieronymitani ordinis monachus ex cœnobio de Madrid profectus ''[1]'' huc venit: &amp;amp; me inueniret egrot[a]m: hoc mihi dedit consilium: ut cuidam religiosę magnę sanctitatis fœminę quæ Toleti in Marię Garsię monasterio obierat: &amp;amp; in Sislano iacebat humata: quę quidem magnis fulgebat miraculis: me commendarem ex corde: peregrinationem ad eius tumulum vouens: &amp;amp; sine dubio sanitatem propter eius merita recuperarem integram. acquieui equidem fratris consilio: et per dei mise- [fol. 85va] ricordiam sanitati perfectę restituta sum. Sic vos infirmum hunc isti sanctę religiosę vouete: &amp;amp; propter eius merita domino placebit sanum &amp;amp; incolumen vobis illum restituere. Quod sacerdos audiens votum statim emisit: ut si eger ille huius sanctę meritis pristinę restitueretur sanitati: ambo pariter illius visitarent sepulchrum. Cuius petitionem dominus exaudiens sanitatem integerrimam donauit infirmo: &amp;amp; postea ambo votum suum compleuere. Huius itaque miraculi prędictus sacerdos testimonium dedit, cum esset in monasterio ubi huius sanctę corpus requiescit: ibique illud sua descripsit manu sabbato septima die Maii anni nonagesimii primi supra millesimum ac quadringentesimum. In Toletana quoque ciuitate canonicus quidam grauiter egrotabat: &amp;amp; omnibus beneficiis humanis factis semp virtus deficiebat in illo: quo cognito huic sanctę virgini se deuote commendans: eius sepulchrum visitare fecit. &amp;amp; cum nonnihil terrę illius sepulturæ sibi fuisset allatum: collo illam suspendit. Et in nocte sequenti hęc virgo beata visibiliter ei apparuit: qui postea euigilans sanum se reperit. &amp;amp; cum Inane illo potionem sumere debuisset: accipere eam renuit: sed cibum co quem se sentiebat incolumem postulauit: &amp;amp; statim surrexit: &amp;amp; sepulchrum huius sanctę debita religione visitans. gfas de sua salute deo egit: offerens ibidem oblationes suas. In mense Septembri, eodem anno quo hęc christi virgo humanę naturę debitum soluit, Alphonsus comitis de Paredes filius Toletanęque ecclesię canonicus eadem in ciuitate gratiissime egrotauit: &amp;amp; cum iam in extremis sacro esset oleo unctus, huic virgini se deuote cômendauit: &amp;amp; ceruicali in quo hęc sancta obierat sibi allato: mox ut illud super se posuit perfecte conualuit. Suscepti beneficii memor ad monasterium Sislanum postea venit: &amp;amp; nouem diebus ibidem deuote pmanens: ceream effigiem &amp;amp; vestem sacram ibidem obtulit. Is (ut opinor) fuit Alphonsus Manricus Hispalensis antistes: qui superiori anno in humanis agere desiit. In supradicto anno nona Septembris die, ad monasterium ubi hec sancta condita iacet quidam vir Ioannes de [fol. 85vb] Pastrana vocatus cum uxore sua venit: filium paruulum paralysis morbo laborantem secum afferens: qui nullo medicorij remedio curari potuit: tametsi propter huiuscemodi causam non modicam substantię partem in physicis impenderat. Et cum parentes in ecclesia deuotius pernoctarent, filium suum huic virgini commendantes: mox pręcum suarum obtinere fructum meruerunt: quandoquidem puerum quem membris debilem ad sepulchrum huius virginis attulerant: sanum in domum suam reduxere. His quoque diebus quędam mulier Ioanna de sancto Michaele nomine tertii ordinis diui Francisci religiosa Toleti cohabitans carcinomatis siue cancri morbo in mammilla periclitabatur sua, &amp;amp; cum quinque annorum spacio a physicis mederi nequaquam potuerit: tandem ab illis relinquitur. eratque quorundam consilium ut abscideretur mammilla in qua cancrum habebat ne moreretur. Cęterum illa (huius sanctę virginis fama audita) magna cum deuotione sepulchrum eius visitare properauit: &amp;amp; cum locum in quo condita iacet ingrederetur, cęlestem odorem a sepultura procedere sensit, seque super illam inclinans, magna pietate ac multis lachrymis sanctam pro salute deprecari cœpit: moxque super illam manus domini facta est: &amp;amp; perfectę restituta est sanitati. Alia multa signa diuinitus per eam facta statim post mortem scripta reperi: quę breuitatis (ut dixi) causa prętermittuntur: sequens tamen miraculum quod in vita eius factum est prędictis subnectam. Cum dei famula semel dictaret epistolam quam cardinali Petro Mendocio destinare erat illi in animo: &amp;amp; chartam notis exciperet quędam ex sororibus cui Agnes sancti Nicolai nomen erat, &amp;amp; exsiccationis causa ad ignem post descriptionem illam applicuisset: adeo igni coniuncta est, &amp;amp; combusta: ut a nemine postea legi potuerit. Et cum iterum scribenda esset epistola: &amp;amp; de hac re Agnes prędicta nimis affligeretur ob longitudinem eius: epistolam christi ancilla accipiens, in quadam arca eam iniecit. Altera die prędicta soror chartam voluit scribere: &amp;amp; aperiente virgine archam epistolam sanam inuenerunt.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[Capítulo 50]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[Fol. 86ra] DE TRANSLATIONE EIUS / dem: &amp;amp; odore cœlesti quem astantes sen/ sere: deque pluuia diuinitus propter / eius merita data. / CAPUT. L.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
CUM FAMA MIraculorum quę deus propter sanctæ suæ merita operabatur in dies cresceret: iamque glorificationis illius rumor in omnes peruenisset: multorum virorum honorabilium deuotioni placuit operam dare: ut huius sanctę virginis corpus de capitulo in quo prius sepultum fuerat ad ecclesiæ monasterii locum honorabilem transferretur. Hac autem in re illustris comes de Fuensalida fœmina religiosavalde obnixius supra cæteros laborauit: ob cuius deprecationes sanctæ virginis corpus de loco illo ubi statim postmortem conditum fuerat translatum est: &amp;amp; collocatum in sepulchro quod ipsa comes ad dexteram partem ecclesię ędificari fecerat. Factaque est translatio hæc vicesima quinta die mensis Aprilis: anno nonagesimo quinto supra millesimum ac quadringentesimum, ab obitu eiusdem sanctę anne sexto. Aderant itaque huic translationi venerabilis prior eiusdem monasterii frater Ioannes de Morales appellatus: ac alii multi eiusdem cœnobii monachi: clauicularius Calatrauę militię, illustris Alphonsus a Silua: cæterique religiosi viri. Inuenta sunt autem eius ossa multum odorifera: oleoque peruncta: &amp;amp; odor qui fragabat ex ossibus suauissimus ac cœlestis erat: qui ab omnibus pręsentibus tum religiosis, tum sęcularibus sensibilis fuit. Verum cum prior monasterii hęc cerneret omnia: quod hactenus quasi in occulto, &amp;amp; non monachis omnibus pręsentibus facere disposuerat: omnes vocari iussit: &amp;amp; organis campanisque pulsatis, corpus cum magna solennitate ad ecclesiam transferri ordinauit. Ossibus itaque in quadam arca intus adornata serico positis, quam Alphonsus a Silua secum attulerat: &amp;amp; cereos [fol. 86rb] accensos quos et Alphonsus prędictus ad hoc traxerat omnibus tenentibus sacrisque ministri induti arcam in qua huius sanctæ virginis ossa posita fuere: ad ecclesiam magna cum deuotione perduxerunt: monachis, Hec dies quam fecit dominus, &amp;amp; Te deum laudamus cantantibus. Et cum omnis illa regio magna siccitate tunc laboraret: omnesque pro pluuia deum deprecarentur: huius sanctę meritis mox pluuia grandis super terram descendit. adeo ut nullus fuerit qui dubitare posset: quin ob merita eius pluuię beneficium patria illa susceperat: qua panes cęterique fructus ad maturitatem deuenere perfectam. Stetit corpus eius in ecclesia in arca (de qua supra diximus) tredecim dies: propter fideles qui deuotionis causa ad ossa eius visenda veniebant quotidie: sepultumque est postea ad dexteram ecclesię partem in supradicto sepulchro. Gratia quam dominus huic sanctę virgini hac ætate dederit dignissimæ consideranda venit: ut omni tempore erga famulos suos mirabilia dominum operari cognoscamus: et quomodo diligentes se &amp;amp; in eum sperantes in suisque oculis humiles exaltat: qualis hęc sanctissìma fœmina fuit: mirabiliter nanque humilitatis virtute resplenduit. quod quidem omnium sororum fuit testimonio comprobatum: sed quam maxime monasterii matris, cuius nomen Caterina de sancto Laurentio erat: hęc enim multa secreta eiusdem sanctę post eius obitum aperuit: dicens illam tantæ fuisse humilitatis, ut sæpe magna instantia eam deprecaretur ut in sextis feriis cum capitulum culparum tenebat, durius illam increparet: ac pœnitudinis causa tempore refectionis in terra cibum sumere: &amp;amp; refectione finita, ad chori ostium prostratam iacere præciperet: ut cęterę sorores super eam intrarent &amp;amp; exirent. Omnium igitur quę de vita, reuelationibus &amp;amp; miraculis huius sanctissimæ fœminę scripta reperi hic finis erit: non enim ad longum (ut in principio testatus sum) omnia quę de illa in literas sunt missa scribere proposui. Et sic explicitus est liber tertius.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
===Notas===&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[1]'' “professus”, corrección de una mano posterior en el ejemplar impreso señalado de la Biblioteca de la Universidad Complutense.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
= Vida impresa (2) =&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Ed. de [https://www.upf.edu/web/poder-espiritualidad-genero/entry/-/-/1003/adscripcion/mar%C3%ADa-morr%C3%A1s María Morrás]; fecha de edición: octubre de 2020; fecha de modificación: junio de 2025.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
== Fuente ==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
* [http://catalogodesantasvivas.visionarias.es/index.php/Categor%C3%ADa:Pedro_de_la_Vega Vega, Pedro de la], ''Cronica de los frayles de la orden del bienaventurado sant Hieronymo''. Universidad de Alcala de Henares: Juan de Brocar, 12 Octubre 1539, fols. 94v–103v (Lib. iii Chs 41–50).&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[[Contexto material del impreso Cronica de los frayles de la orden del bienaventurado sant Hieronymo]].&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
== Criterios de edición ==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En el texto castellano de Pedro de la Vega (con variantes respecto a su anterior vida latina), el criterio de edición que se ha seguido ha sido muy conservador para poder cotejarlo con el latino. Se conservan las grafías, pero se separan o juntan palabras y se puntúa de acuerdo a criterios actuales. Las versiones latina y castellana difieren ligeramente entre ellas. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En la tabla índice del texto latino, la rúbrica referente a la beata de Ajofrín lee “Marię de Ajofrin laudes &amp;amp; vita li. Iii. a cap 40 usq ad finē libri folio lxxxviii”; en cambio la rúbrica del capítulo resalta su carisma visionario: ''De beata Maria de Aiofrin magne religionis magnarumque reuelationum foemina''. Es significativo que ambas rúbricas se modifiquen en el texto en castellano, pues tanto en la tabla como en la rúbrica que inicia el capítulo se omite la mención a las revelaciones “De la vida y obras marauillosas de la sancta y bienauenturada María de Ajofrín, religiosa del monesterio de Sant Pablo de Toledo”. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Para esta edición, usamos la versión castellana digitalizada de la Biblioteca de Castilla-La Mancha, en &amp;lt;http://bidicam.castillalamancha.es/bibdigital/bidicam/i18n/consulta/resultados_ocr.cmd?id=475&amp;amp;materia_numcontrol=&amp;amp;autor_numcontrol=&amp;amp;posicion=1&amp;amp;tipoResultados=BIB&amp;amp;forma=ficha&amp;gt;.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==Vida de María de Ajofrín==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[Fol. †4va] ‘Tabla de los capítulos’: ⸿Cap. xli. de la vida y obras maravillosas de la sancta y bienaventurada María de Ajofrín religiosa del monesterio de sant Pablo de Toledo. folio. xciiii. [Transcripción con acentuación].&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[Fol. 94va]&lt;br /&gt;
'''Capítulo 41'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''De la vida y obras maravillosas de la sancta y bienaventurada María de Ajofrín, religiosa del monesterio de sant Pablo de Toledo'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
No será fuera de propósito escrevir en fin deste tercero libro así como en suma la sanctidad y obras maravillosas de la bienaventurada María de Ajofrín, y las revelaciones que vido y los miraglos que Nuestro Señor hizo por ella, y ayuntar los hechos desta sancta virgen que fue maravillosa [fol. 94vb] en esta nuestra edad a las obras del sancto arçobispo que floreció en este mismo tiempo según de suso son escriptas. La vida desta sanctíssima muger que vino a mis manos, y las grandes revelaciones que vido y obras que hizo, escrivió el venerable fray Juan de Corrales, prior del monesterio de la Sisla de Toledo, parte como las vido y trató con sus manos, parte según las oyó a personas dignas de fe, mas yo no escriviré aquí sino pocas de muchas por abreviar y quitar el enojo a los lectores que les suele causar la prolixidad. Fue pues esta sancta virgen natural de un lugar que se dize Ajofrín, de tierra de Toledo; hija de padres honrrados y temerosos de Dios: su padre se llamava Pedro Martín y su madre, Mariana García. Y como ellos tuviessen tuviessen voluntad de casarla, y muchos la demandassen, nunca la santa donzella consentió en ello, mas antes varonilmente resistió a sus padres y a todos los otros que hablavan del casamiento. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y por que no pudiesse por alguno ser estorvado este su tan alto propósito, siendo aún de pequeña edad, sin consejo ni ayuda humanal hizo voto de virginidad y de entrar en religión. Y tanto importunó sobre esto a sus padres y hermanos que de todos fue aborrecida. Y al cabo, siendo ya de edad de quinze años, no la pudiendo los padres inclinar a su voluntad, sacola el padre con gran dolor de su casa y trúxola a la ciudad de Toledo. Y como entrasse en la yglesia mayor no sabiendo ónde yr, ordenándolo la divina providencia fue traýda al monesterio de nuestra orden que está en la dicha ciudad que edificó la noble y religiosa señora doña Mari García, que agora se llama Sant Pablo. Y recebida en él, diose toda a los exercicios santos de la religión conversando santamente, y con grande humildad menospreciando a sí misma, haziendo al Señor de sí contino sacrificio sin querella. Sus deleytes fueron siempre la santa oración y meditación, derramando de sus ojos muchedumbre de lágrimas, teniéndose por la más [fol. 95ra] peccadora e indigna de todas las mugeres. Y passados ya los diez años después que entró en el monesterio, queriendo Nuestro Señor demostrarle sus secretos y maravillas, estando ella con propósito de se confessar generalmente, affligiose mucho y con lágrimas continuas rogava a Dios que le perdonasse sus peccados. Estando pues ella con este propósito y desseando saber si sus peccados le eran perdonados, vino el día de su confessión; y entrando en el confessionario onde todas las religiosas se suelen confessar, derribose en tierra delante la imagen de Nuestra Señora que allí estava en una tabla pintada con el Niño en los braços, y començóle a rogar con muchas lágrimas que la quisiesse oýr y ganar perdón de su hijo. Y como estuviesse con atención orando, súbitamente vido una gran claridad que alunbró la imagen y parte de la casilla. Y en la claridad de la imagen vio cómo Nuestro Señor, estando en los braços de la madre, alçó la mano contra ella como la suele alçar el sacerdote quando asuelve al penitente. Y espantada desta visión y muy turbada en su espíritu, hizo con mucho trabajo lo mejor que pudo su confessión; la qual acabada, como tornasse a hazer oración a la imagen ya dicha, vido la claridad primera y la mano alçada del Niño como primero la avía visto y quedó muy consolada y esforçada en su coraçón. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y siempre guardó el secreto desta visión, que nunca lo dixo a ninguno, sino al prior suso dicho que escrivió estas cosas. Y desde esta hora certificó al suso dicho prior que le avía quedado tan gran movimiento en el coraçón, que muchas vezes le dava golpes que parecía que le quería salir del cuerpo. Y como en estos días orasse una noche con mucha atención por el estado de la Sancta Yglesia, quedose sola en el choro rezando y vido en el sagrario, onde estava el cuerpo de Nuestro Señor Jesu Christo, una llama de fuego encendida con gran resplandor; y ardió por espacio de una hora, la qual acabada se mató y quedó muy espantada desto.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[Fol. 95rb]&lt;br /&gt;
'''Capítulo 42'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''De cómo comulgando el día de la Resurrectión le pareció que rescibió un cordero bivo so las especies del pan; y cómo desde este día cada vez que comulgava se trasportava en espíritu, y de la visión que vido el día octavo de la Resurrectión'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Como esta sierva de Dios se aparejasse un Sábado Sancto antes para comulgar el día siguiente, no dormió toda aquella sancta noche de Pascua, mas andava de lugar en lugar por la casa llorando, y orando al Señor, y demandando limpieza y aparejo para rescebir el sancto sacramento. Y venida la hora de la communión, fue con las otras hermanas a comulgar y recebió el sanctíssimo sacramento en semejança de un cordero bivo en especie de pan. Y como lo rescibió en la boca, sintiólo luego bullir y andar de un cabo a otro como cosa biva; y tragolo con gran pavor y mucho temor y sintió cómo se le puso sobre las telas del coraçón. Y tanta fue la alegría y consolación que entonces rescibió que en quinze días con sus noches no dormió llorando y orando continuamente; y luego fue arrebatada en espíritu, y dende entonces le quedó que cada vez que rescebía el sanctíssimo sacramento se transportava en espíritu y se enajenava de los sentidos exteriores, quando más, quando menos, como adelante se dirá. Y desde este día le dio el Señor este don y gracia que cada vez que comulgava le quedava un dulçor maravilloso en el coracón y garganta y en la boca que no se le quitava por espacio de quarenta días. Y dixo al prior suso dicho que bien podía bivir y passar todo este tiempo sin comer cosa alguna, mas por evitar la singularidad y juyzio de los hombres no lo hazía. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y fue el día octavo de la Resurrectión arrebatada en espíritu: y vido cómo vino a ella un varón [fol. 95va] muy reverendo por gesto y edad vestido de una capa de seda colorada, y díxole: “Ven, que te llama la reyna”. Y ella pensando que la llamava la reyna terrenal no quiso yr con él. Entonces aquel varón díxole otra vez: “Ven que te llama la reyna del Cielo”. Y ella entonces fue con él, y hallose en una yglesia fuera de la ciudad, onde estava Nuestra Señora con su Hijo en los braços. Y como la vido, púsose de rodillas delante della, y el varón que la llamó púsole en las manos un paño de seda, y la Sanctíssima Virgen puso su Hijo encima del dicho paño, e dándole a otro honbre de menor edad para que la acompañasse junto con el que la avía llamado, díxole: “Ve con mi Hijo onde fueren estos dos varones”. Y el que llevava la capa colorada yva un poco delante como a buscar posada. Y entrando por la ciudad llamava a las puertas que estavan cerradas: y dava tres golpes a cada puerta, diziendo: “Abrid que viene el Señor a posar en vuestra casa”. Y vido cómo ninguno las abría, mas antes los que las tenían abiertas corriendo las cerravan diziendo que no avía allí posada porque estavan allí negociados. Y desta manera le pareció que anduvieron toda la ciudad sin hallar posada. Y tornándose después por donde fueron, encontraron con dos mugeres que yvan cavalleras en dos asnos y dos clérigos que las acompañavan. Y los clérigos dixeron: “Nosotros os acogiéramos si no fuérmos de priessa, mas entre tanto que venimos entraos en esse establo”. Y así se tornaron onde la gloriosa Virgen, madre de Nuestro Señor, estava, y ella tomando su Hijo de las manos de su sierva, dixo: “Venido es el tienpo en que es tan menospreciado el Hijo de Dios, mas tienpo es que embíe el Señor su ángel para que a unos hiera con açotes, y a otros con espada y a otros con fuego. Mas, ¡ay de los perlados de la yglesia que hizo el Señor pastores de su grey y de las ánimas, y ellos traen vestiduras de corderos y coraçones de lobos robadores! Procuran dignidades y honrras y no para ser- [fol. 95vb] vir con ellas a Jesu christo, mas para se dar a muchos plazeres”. Y después de toda esta visión passada, desapareció la Nuestra Señora, y ella tornando en sí pensava en lo que viera. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y cumpliéronse dende a poco estas plagas que Nuestra Señora dixo que avía de embiar el Señor, porque vino gran hambre y pestilencia, y el mal de las buvas sobre muchos hombres y mugeres, de manera que los que el ángel hirió con la espada fueron los heridos de la pestilencia, y los que con açotes los que murían de hambre, y los que con fuego los que fueron tocados de las bubas, las quales no podían ser curadas por los físicos.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y vido después el día de la Ascensión cómo Nuestra Señora tenía en el altar a su Hijo en los braços así bivo como lo parió y que llamava a altas bozes con lágrimas, y dezía: “Mirad el mi Hijo, mirad el fructo de mi vientre: tomaldo y comeldo, porque en cinco maneras es cada día crucificado en las manos de los malos sacerdotes. La primera por mengua de fe, la segunda por cobdicia, la tercera por luxuria, la quarta por ignorancia y no saber lo que conviene al estado sacerdotal, la quinta por la poca reverencia con que se llegan a celebrar”. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y como otra vez esta sierva de Jesu Christo rogasse con mucha atención por todos los sacerdotes y mirasse a una Verónica que tenía en un libro pintada, vido en ella y sobre ella por espacio de una hora gran resplandor, y vido carne y sangre. Y desde este día así se le cerró el estómago, que ni sana ni enferma pudo dende adelante jamás comer carne y si la comía por importunación de las religiosas, el estómago no la quería retener; y así fue después su comer passas y cosas de dieta. Esta Verónica le tomó después su confessor. Y quedó ella muy espantada desta visión, y affligiose por muchas maneras de penas, porque el Señor más claramente descubriesse este hecho y mostrasse su voluntad. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y después en fin del mes de setiembre cayó en una gran enfermedad del coraçón: y no avien- [fol. 96ra] do esperança de su salud fue arrebatada en espíritu y estuvo como muerta espacio de tres horas, y las hermanas que estavan presentes dávanle muchos tormentos por la retornar. Y estando así transpuesta vido a Nuestra Señora, la qual le mandó que dixesse a su confessor todas las cosas que avía visto para que él las dixesse a dos varones católicos de la sancta yglesia de Toledo que le nombró —conviene saber, el deán y el capellán mayor— para que estos las dixessen al arçobispo y desta manera se remediassen los males suso dichos de la clerezía. Y como ella dixesse estas cosas a su confessor, él demostró con prudencia dureza de coraçón en las creer, y díxole: “Aunque a mí sea esto cierto, ¿cómo lo será a aquellos a quien vos dezís que se aya de revelar? Por ende, menester es alguna señal para conoscer la verdad deste hecho y para que sea creýdo lo que puede ser dubdoso”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Capítulo 43'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''De las cartas que divinalmente halló escriptas cerca de sí no sabiendo escrevir'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Como la sierva de Dios oyó la respuesta de su confessor fue muy turbada y dio muchos sospiros y affligiose mucho y propuso en su coraçon de le responder por carta como lo hizo. Y estando así affligida y muy quebrantada andava en lugar por la casa no podiendo reposar su espíritu. Y como pasasse por un lugar donde estava una ventana, vio estar en ella un pliego de papel blanco. Y no sabiendo quién lo avía allí puesto y tomolo y llevolo en las manos. Y como se metiesse en un sótano onde algunas vezes ponían la leña, y asentasse muy affligida y se arrimase a una pared, vio súbitamente una claridad que resplandecía y daba el resplandor en el papel, y según ella dixo al prior suso dicho, [fol. 96rb] no supo quién le tomó su mano y escrivió dos cosas: la una para el su confessor y la otra para los venerables padres a quienes tal cosas se avían de dezir, siendo muy clara verdad y a todos los que la conocían manifiesta que ella nunca sabía escrivir, ni lo supo jamás, y que no avía en monesterio quién  hiciesse tal letra. Y como las cartas fuesen escriptas por la manera suso dicha, desapareçió la claridad. Y hallando las cartas cerca de sí, tomolas y metiolas en la manga. Y como fuesse a sacar una caldera de agua de una tinaxa, cayó una de las cartas dentro; y detúvose en el ayre y no llegó al agua, y metió la mano y sacola no llegando la mano al agua. Y una destas cartas ovo después el capellán mayor de la yglesia de Toledo, que era varón de gran merescimiento. El qual dixo al prior que escrivió estas cosas que poniéndola sobre tres enfermos fueron sanos de diversas enfermedades.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y como ella diesse estas cartas a su confessor, maravillose en demasía, mayormente porque sabía que ella no sabía escrevir, ni avía persona en la casa que tal letra pudiesse hazer, de lo qual fue muy espantado, mayormente quanto vido y leyó en su carta cosas que otro no las sabía sino él. Y como quiera que conoscía que divinalmente las cartas fueron escriptas no tuvo por esso osadía para lo divulgar porque aún no avía llegado el tienpo que el Señor avía puesto y dudava como otro Sancto Tomás. Por poder quitar la dubda a todos, y como el confessor no tuviesse lugar para la hablar, entonces escrivióle que no podía él creer que escriviera ella aquellas cartas con intención de las sacar y manifestar en público. De lo qual ella tuvo gran sentimiento y pena, y quexóse mucho desto a Nuestro Señor. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y como después se hablassen los dos, reprehendiolo ella mucho de la gran incredulidad y dureza de su coraçón, demostrándole por razones muy claras que ninguno avía escripto las cartas sino ella con el favor del Señor que avía embiado [fol. 96va] su ángel que las escriviera. Y desde esta hora propuso ella en su corazón de rogar al Señor que por su misericordia tuviesse por bien de la librar de tan grandes affrentas, y puso en su voluntad de no hablar más en las cosas; y así lo hizo. Y rogaba al Nuestro Señor que diesse a su confessor alguna señal evidente por que creyesse, si fuesse capaz, y si no fuesse digno, le diesse duro azote por que pudiesse creer que le venía por esto.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y calló la sierva de Dios nueve meses que no habló palabra destas cosas, mas su coraçón con gemidos y sospiros no callava delante del Señor. ¡O quánto es el Señor piadoso a los santos! ¡Y a los que presumen de sí abaxa y a los humildes y que esperan en Él levanta del polvo! Pues vençido el Señor por sus plegarias, plúgole de la visitar en muchas maneras y demostrar en ella tales señales que todos creyessen que era por Él visitada, haziéndola parçionera e remedadora de los tormentos y Passión que su Hijo, Nuestro Señor Jesu Christo, passó en la su Sancta Passión con señales tan manifiestas que no fueron vistas tales en nuestros tienpos y aun en pocos de los sanctos passados, según parecerá adelante.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Viendo, pues, esta sierva de Dios de la maravilla de la una carta que cayera en el agua y no se mojara, pensó de no la dar a nadie. Y una noche tornose a aquel sótano con intención de la trasladar como supiesse porque, como diximos, ella no sabia escrevuir ni formar las letras por arte. Y como llevasse en una ollica un poco de fuego para encender una candela que llevava muerta, luego súbitamente se encendió sin llegar a la lunbre. Y así como quiso començar de escrevir la carta, le començó a salir sangre por las narizes; y duró tanto el salir de la sangre que por espacio de una hora que no la pudo restañar. Y ella viendo esto, puso la carta en las sienes y luego cessó de salir la sangre. Y fueron después hechos los miraglos siguientes. Como el día de la Concepción de Nuestra Señora, estuviesse una niña muerta siete ho- [fol. 96vb] ras avía, y esta sierva de Dios lo supiesse en el monesterio, embió aquella carta con mucha fe para que se la pusiessen, y luego que se la pusieron bostezó y resusçitó y sanó perfectamente. Y como una mujer tuviesse el pecho abierto, luego que le pusieron encima esta cara se le cerró y sanó. Y un clérigo yva a Santiago y llevava consigo con gran devoción aquella carta, y cayó en un braço de mar y mojándosele toda la ropa, la carta no se le mojó.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Capítulo 44'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''De la llaga del costado y de las otras penas que divinalmente le fueron dadas'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Teniendo después de la Fiesta de todos los Santos, rogó a la madre de monesterio que como oviesse comulgado la pusiese en un lugar de la casa donde no oviesse ninguno, conosciendo por Espíritu lo que le avía de venir. Y así rescebida la sancta comunión, antes que se traspusiesse, tan grande fueron los sus lloros y suspiros y golpes del coraçón, que dentro de sí sentía que ninguna criatura humana lo podría dezirr. Y hízose tan gran fuerça para que las cosas que sentía de dentro no fuessen oýdas, que le acaesció como a la cuba que está lleña de mosto sin respiradero que muy presto rebient; y así ella rebentó por encima de la cabeça, que se le abrió hasta encima de la frente. Y pareció en ella una tan gran cuchillada como si fuera hecha con navaja, la qual estuvo muchos días abierta y fue vista de muchos, y nunca recibió benefiçio humano ni melezina alguna en ella. Y sintió dello tan gran dolor y pena que le llegó a par de muerte. Y viéronla testigos y notario, como se dirá adelante. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Rescebida pues la sancta comunión y hecho esto [fol. 97ra] que diximos, luego fue robada en espíritu y privada de todos los sentidos y estuvo así por espaçio de quarenta horas. Y en este tienpo que estuvo fuera de sí provaron a le dar algunos tormentos en las narizes, y en las manos y pies por hazer tragar alguna cosa de comer, y tanta fue la fuerça que le hizieron por le abrir la boca que le quebraron una muela. Y estando así la noche de los Finados por tres o quatro vezes dio muy grandes gemidos y sospiros con grande estremecimiento del cuerpo. Y deste arrobatamiento fue levada al throno del Rey Celestial, onde vido cosas de gran espanto, que lengua humana no puede bien explicar:  vido a Nuestro Señor Jesu Christo estar assentado en un grande throno; y estava delante d’ Él gran multitud de gente y tenía atravessado en su boca un cuchillo agudo de entrambas partes. Y fuele dicho que aquel cuchillo que el Rey tenía atravessado en su boca era la grande yra que tenía sobre la Yglesia y sobre los perlados y regidores della. Y le fue mandado que dixesse a aquellos varones a quien antes le fuera dicho que manifestasse estas cosas: que porque echavan en olvido y eran negligentes en cumplir lo que les era dicho no curando de la boz divinal; y que los amenazasse so pena de la divina sentencia si no lo pusiessen luego en obra y fuessen al arçobispo y le dixessen que viniesse por sí mismo a poner remedio en los çinco peccados suso escriptos, conviene a saber: mengua de la fe, cobdiçia, luxuria, ignorancia y mengua de reverencia, por los quales peccados cada día era blasphemado y crucificado Nuestro Señor Jesu Cristo, y que destruyesse las heregías que avía en la cibdad. Y fuele después dicho: “Esta señal del Cielo te da el Señor porque seas creýda, y es que este cuchillo que vees en la boca del Rey que está assentado en el throno traspassará y cortará tu coraçón y hará en él llaga, y saldrá sangre bi- [fol. 97rb] va que será verdadero testimonio a todos, y tú serás remedadora y parcionera en la Passión del Hijo de Dios”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y así fue luego hecho, porque en el punto que le fue dicho esto halló en sí el lado siniestro abierto encima del coraçón, con tan gran dolor que no se pued dezir; y de tan gran abertura y grandeza era esta llaga que pudiera caber por ella la cabeça del dedo pulgar de un honbre. Y luego sintió correr la sangre que apenas la pudo encobrir. Y duró esta llaga abierta veinte días enteros y los viernes corría mucha más sangre que los otros días. Y nunca en esta llaga pareçió señal de materia, y nunca se puso en ella melizina humana, sino los paños limpios, unos ensangrentados y otros puestos. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y como quiera que esta sierva de Dios trabajó sobre todas sus fuerças de esconder esta llaga y los grandes dolores que passava, a cabo de diez días desfalleciéndole ya todas las fuerças, fuele revelado divinalmente que demostrasse lo que tenía a la priora y madre del monesterio y a otra religiosa que se llamava Teresa, a las quales mostró los paños sangrientos. Y como ellas fuessen muy espantadas desto, llamaron en secreto al confessor, el qual puso en casa el mayor silencio que pudo por que ninguno de fuera lo supiesse porque se recelava que no fuesse alguna cosa fingida. Así, por quitar toda dubda, puso gran diligencia en saber la verdad. Y al cabo con sus ojos vido la llaga y creyó, y fue lleno de grande espanto y revelolo a testigos muy fieles y dignos de fe, que dello fielmente diessen testimonio. Y fueron el deán de Toledo y el capellán mayor de la dicha yglesia, que se dezía Don Diego de Villa Minaya. A los quales, en presencia de un notario, estando presente el confessor y la madre del monesterio con la otra religiosa que diximos, vieron la llaga susodi- [fol. 97va] cha estando en la cama por la abertura de una sábana, que otra cosa de su cuerpo [no] pudo ser vista. Las quales seis personas, quatro varones y dos mugeres, vieron con sus ojos la llaga y la tocaron con sus manos; la qual estaba reziente y sangrienta, y los paños sangrientos que de nuevo le fueron puestos. Y el propio capellán mayor por su propia mano sacó de la llaga una copia de hila de paño, todas bañadas en biva sangre.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y todos miraron con diligencia cómo aquella llaga era divinal y no humana, ni hecha por alguna occasión ni se curó por alguna melezina humana. Y suffrió esta llaga la sierva de Dios con gran tormento y pena, de dentro y de fuera. Y estuvo abierta de la manera suso dicha por espacio de veynte días; y los veynte días passados, ella se cerró sin melezina humana. Y quedó la señal de la abertura en el lugar de la llaga y el dolor contino que sentía en aquell parte, lo qual duró muchos días.  &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y también fue en este tiempo atormentada en los pies y en las manos y en la cabeça, porque como estuviesse muy flaca y affligida de las cosas passadas acostada en su cama, levantose una vez en la cama para orar y poniendo las rodillas delante una imagen del crucifixo que tenía allí pintada en un papel, sintió luego gran dolor en los pies y en las manos que parecía que le ponían en aquellas partes unos clavos gruessos. Y como estuviesse en esta pena, parecíale que le transpassavan la mano izquierda, y tan grande fue el dolor que sintió, que puso el dedo pulgar de la mano derecha en la palma de la mano izquierda y apretó quanto pudo con el gran dolor que sentía y rebentó la sangre por encima de la mano siniestra y espantose mucho dello. Y muy sabiamente lo ascondió que nadie lo vido, trayendo la mano cubierta con un paño de lino, sin otra melezina humanal. Y durole por espacio de quarenta días, y después que [fol. 97vb] sanó le quedó la señal en la mano, y porque successivamente sintiesse en su cuerpo las insignias y dolores de la Passión de Nuestro Señor Jesu Christo, allende de los tormentos que en la cabeça tenía, súbitamente sintió en ella un grande y nuevo dolor, que le pareció que le pusieron sobre ella una guirnalda o coro que le cercó la cabeça en derredor, y por toda ella sentia sentía que le metían un clavo que le duró muchos días. Y como quiera que le ponían en la cabeça diversas medicinas, nunca ninguna le aprovechó porque no era razón que las cosas hechas por la mano del Señor recibiessen sanidad por industria humana.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y como de las penas suso dichas estuviesse su cuerpo estuviesse flaco, muy atormentado, no (no) se contentó el Señor del trabajo suso dicho y diole otro tormento grave para que más cumplidamente imitasse su Passión. Y fue que el día de la circuncisión fue robada en espíritu. Y fue llevada delante de un gran juez de cara muy espantable; porque no havía querido obedecer en manifestar las cosas que avía visto a las personas que le era mandado, reprehendiola el juez gravemente de su desobediençia. Y teniéndola de un braço según le parecía el archángel sant Miguel y del otro Sant Juan Evangelista, en los quales ella tenía gran devocón, mandó el Señor a un ángel que le açotase. Y tan duramente fue açotada sacadas las manos y los pies, que todo su cuerpo quedó lleno de açotes. Y no parecieron llagas ni ronchas, sino unos hoyos que apenas cabía cosa entre uno y otro y grandíssimos dolores en el cuerpo. Y duraronle estas señales en el cuerpo quinze meses poco más o menos. Y ella calló todo esto, que nunca dixo a persona biva hasta que un día la madre del monesterio, metiendo la mano por le endereçarle una toca encima de la espalda, halló y tocó con la mano las dichas señales y fue muy espantada, y reprehendiola mucho creyendo [fol. 98ra] que ella se matava con cruel penitençia, y ella le dixo entonces la verdad de todo lo que avía acaesçido según es arriba escripto. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Todas estas cosas vinieron despues a noticia del arçobispo de Toledo que era el cardenal Don Pero Gonçález de Mendoça según parece por una carta suya embiada al prior de la Sisla del tenor siguiente:&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
“Venerable padre esta noche passada a las dos después de media noche tomé esta lectura que me dexastes y nunca la partí de mis ojos hasta que capítulo por capítulo la leý y passé toda, que en ella no quedó letra que no la leyesse. Y lo que más me maravilló es que así se me pegó al coraçón que no dubdé della cosa alguna. Como quiera que soy tardío en dar crédito a estas revelaciones y al cabo vi el testimonio del notario y la confirmación de tales testigos varones y mugeres a quien toda fe se debe dar. Y a cualquiera dellos yo la daría aunque fuesse solo, quánto más a todos juntos, a los quales yo conozco, excepto a la hermana mayor, que por tener el cargo que tiene está aprovada de suyo; conozco al notario que es hombre de bien y digno de fe. Maravíllome de tantas visiones en cuerpo y en espíritu y maravíllome mucho más hallarse en muger tanta dureza en no querer dezir lo que tantas vezes vio y sintió, mayormente siéndole mandado por quien todo manda y rige, lo qual es señal de su grandíssima humildad y del menosprecio que tiene de la gloria mundana. Por lo que a mí toca, le dad vos padre por mí las gracias y Dios Nuestro Deñor se las dé y la pena que padece le será en ciento doblada gloria. Y si ay alguna cosa que yo pueda hazer por consolación suya, ofreced gela vos de mi parte muy enteramente y recomendadme a ella rogando a Nuestro Señor me dexe acabar en su servicio y hazer en esta vida su voluntad”. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y después el suso dicho cardenal recibió [fol. 98rb] una carta desta sierva de Dios y le respondió la siguiente:&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
“Devota y muy amada hermana, con vuestra carta y con lo que el padre prior de la Sisla me dixo, ove gran consolación: Nuestro Señor Dios que os puso en tal estado os dexe acabar en su servicio y a mí dé gracia que pueda hazer Su Voluntad y poner en obra lo que vos me aconsejáis, y así os pido que lo demandéis a Nuestro Señor y a Su Bienaventurada Madre. Y en vuestras oraciones y a vos me encomiendo, y porque al padre prior de la Sisla hablé largo, no digo aquí más sino que Nuestro Señor os conserve en su gracia”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y murió el cardenal suso dicho después de la muerte desta sancta muger en la ciudad de Guadalajara. Y estuvo enfermo primero muchos días, en los quales hizo por su ánima muchas obras pías.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Capítulo 45'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''De cómo rescibiendo una vez una vez el cuerpo de Nuestro Señor fue llena de fe e un resplandor visible y quedó sana de todas las enfermedades que entonces tenía. Y de las cosas que vido la noche sancta de la Natividad y de otras maravillassí que divinalmente le fueron mostradas'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Como está sierva de Dios estuviesse de contino enferma, acaesció en el año del señor de mil y quatrocientos y ochenta y cinco del mes de octubre, passada la octava del bienaventurado nuestro señor padre Sant Hierónymo, que le sobrevino dolor del costado y lançava sangre por la boca. Y aborresciendo todo consejo de físicos, atreviose a tomar cinco píldoras y llegó casi a la muerte. Y pareciole que se le arrincava el ánima del cuerpo y que se puso sobre la llaga del coraçón, y que el bien- [fol. 98vb] aventurado Archángel Sant Miguel por su mano se la tenía allí apretada, y que desta manera tenía aun vida y esfuerço para rescebir los santos sacramentos. Y rogó a la madre del monesterio que embiasse al prior de la Sisla para que la viniesse a confessar y dar los sacramentos. Y esto fue un sábado, en el qual pensando ella en la sancta comunión que avía de de rescibir y desseando ser libre del cuerpo, encomendava con mucha devoción a Nuestro Señor el monesterio suyo y el de la Sisla.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y estando así, vido en visión al religioso que aquel domingo vino a decir missa en el monesterio y cómo, quando llegó a las palabras de la consagración, Nuestra Señora le dava el Niño que tenía en los braços y cómo el sacerdote lo partía en tres partes. Y era el Niño vivo y alegre en cada parte, y vido un gran resplandor en el altar y cómo los ángeles de entrambos brazos me sustentavan al sacerdotre y otros muchos ángeles que andaban por el altar. Vio así mismo a Sancta Catalina y a Sancta Bárbara que le dezían: “Mañana lunes a las nueve horas recibirás a Nuestro Señor en este resplandor que aquí vees y serás sana”. Y así fue cómo estas sanctas le dixeron en la visión. Pues como el prior suso dicho de la Sisla la viniesse a confesar, rogole mucho que no se tornasse al monesterio hasta otro día por si Nuestro Señor la llevasse, se hallase él presente a su muerte y si aquella noche no muriesse, que del todo quedaría sana. Y así acaesció como ella lo dixo, porque queriendo recibir la Santa Comunión el lunes por la mañana de mano del prior suso dicho, en la hora que el prior se bolvió a ella con el santo sacramento para se lo dar, vio ella en los pechos y mano del prior  un muy grande resplandor;  el cual resplandor vido en aquella hora una niña de hasta cuatro años que apenas sabía hablar y  estaba allí con su madre; la qual dijo a la [fol. 98vb] madre cómo veía una gran claridad en las manos del prior y en la sierva de Dios muy gran resplandor, así como el sol. Mas lo que la niña vido, la edad mayor no lo pudo ver. Y luego que recibió el sacratíssimo cuerpo de Nuestro Señor Jesu Christo fue robada en espíritu y perdió todo el sentido, y estuvo nueve horas sin ningún sentimiento, Y como casi por fuerça fuesse despertada y abriesse los ojos, dijo aquel verso del psalmista que dize “Benedic anima mea Dominum, et omnia que intra me sunt nomini Santo eius”. Y luego se halló sana de todos los dolores y enfemedades que de antes tenía, y pesóle mucho porque tornara a esta vida, porque todo su desseo era, según dijimos, verse libre de la cárcel del cuerpo. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Otros muchos secretos celestiales fueron visiblemente demostrados a esta sierva de Dios, mayormente en la sancta noche de la Natividad de Nuestro Señor Jesu Christo, onde como una noche de esta sancta fiesta estuviesse muy atenta para conoscer la media noche —porque avía oýdo y sabido que en aquella hora avía nascido Nuestro Redemptor—, y el altar de Nuestra Señora en que estava una su imagen de bulto estuviesse compuesto y lleno de cirios y candelas, y estuviesse en él una cuna muy adereçada con sus ricos paños y almohadas y un Niño muy chiquito, vestido reciamente, puesto en la cuna delante la dicha imagen de Nuestra Señora, estaba ella orando con mucha devoción, esperando la media noche. Pues como la media noche viniesse y ella estuviesse de rodillas, y con muchos sospiros y lágrimas pensasse en el sancto nacimiento, vio con los ojos corporales descender muy grande resplandor sobre el altar y a Nuestro Señor en figura de Niño muy resplandeciente cómo nascía de la Virgen Sancta María y cómo vinieron los Ángeles a adorar y servir y a le dar gloria. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y duró esta adoración media hora, y la adoración de los ángeles acaba- [fol. 99ra] da, vido venir los pastores. E ydos después que adoraron y estuvieron allí un buen espacio, luego entraron los Reyes de Oriente con mucha compaña. Y venían con ellos tres soles resplandecientes, y llegando al altar de todos tres se hizo uno. Y los Reyes con profunda reverencia adoraron al Niño y le ofrecieron sus dones. Y vido cómo la imagen de Nuestra Señora que estaba en el altar se rió contra el Niño; y después los Reyes, amonestados por un ángel, se bolvieron a sus tierras.  &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y partidos los Reyes, vido cómo Herodes se encrueleció y mandava buscar el Niñoo para lo matar y cómo Nuestra Señora con su Hijo en los braços y con el sancto Joseph se ivan muy tristes huyendo a Egipto. Y duró esa visión en los ojos desta sierva de Dios desde las doze de la media noche hasta las tres. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y a las tres horas vino el capellán mayor de la yglesia al monesterio con desseo de hazer al Señor servicio a les dezir la missa del gallo y las comulgar. Y truxo consigo cantores que le oficiassen la missa. Y como saliesse revestido al altar, luego esta sierva de Dios vido con sus ojos claramente dos antorchas de fuego de resplandor maravilloso encima del altar. Y de cada una salían cinco rayos y venían derechos hasta el lugar donde ella estava de rodillas; y no le impedía nada para ver las cosas que se avían de hazer en el altar las cortinas que estavan delante el choro. Y como se celebrasse la missa con gran solemnidad y se començassen los sanctus, vido tanta multitud de ángeles que descendían al altar, que cubrieron al sacerdote desde los pies hasta la cabeça, y subían y descendían con gran gozo; y quando ovo de alçar la Hostia consagrada, los ángeles le levantaron los braços. Y llegando al Pater Noster no se pudo sostener más de rodillas y muy fatigada del espíritu, cayó hasta las doze horas de medio día, que no se movió de aquel [fol. 99rb] lugar. Y passadas las doze, como estuviesse muy fatigada porque desde las diez que tañeron a amitines avía estado allí de rodiillas sin se mover, tomaronla algunas de las hermanas y lleváronla a su cama. Y a la tarde pro satisfazer los ruegos dellas, comió un poco de carne de membrillos. Y así estuvo sin comer otra cosa alguna lunes y martes, hasta el miércoles, que comió un huevo, en lo qual se mostrava claro que el manjar celestial le dava vida contra la condición humana. Estas cosas manifestó ella solamente al prior suso dicho en secreto porque le tenía mandado por obediencia que ninguna cosa le encobriesse de lo que el Señor le mostrasse.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y aun como otra vez, cinco días antes de la Natividad del Señor, estuviesse muy affligida de la hambre que avía en la tierra por falta de harina por las grandes aguas y crecimientos de ríos, no durmió toda aquella noche. Y dormiendo las otras religiosas, levantose ella y subiose a un terrado de donde se parecía el río. Y estando el cielo estrellado hizo la señal de la cruz contra el río y bendíxole, y metióse después en un retrete a orar y derribose en tierra los braços tendidos a manera de cruz. Y estuvo así muy gran rato, haziendo de sí sacrificio al Señor. Y rogava con grande atención a la Sanctíssima Virgren María, Madre de Nuestro Señor, que tuviesse por bien de rogar a su Hijo que amansasse su ira. Y como estuviesse así orando puesta en aquella pena, súbitamente vio un gran resplandor que sobremanera esclareció aquella casilla que estava, y apareciole Nuestro Señor a la Virgen María con ojos muy llorosos, y díxole con boz triste: “Sabe, hija, que todas las aguas que son venidas en tan largos días avían de caer en tres, y la mayor parte sobre esta ciudad por los grandes peccados que en ella se cometen cada día, mas por las plegarias que me has hecho por este pueblo, yo suppliqué al Señor que tu petición [fol. 99va] fuesse oýda, y oyome. Y así la ira del Señor es ya aplacada”. Y estava esta sancta virgen con ojos abiertos y las manos alçadas quando Nuestro Señor le dezía esto. Y desapareciendo la Madre de Dios, cayó en el suelo, y estuvo ciertas horas sin sentido, y después se levantó muy esforçada del cuerpo y del ánima. Y ninguna de las hermanas lo sientió, ni supo della en ningún tiempo este hecho. Y como su fama no se pudiesse tanto encobrir que muchos de su sanctidad y merescimientos no tuviesen alguna noticia, fue uno entre los otros el señor obispo de Badajoz, que a la sazón era deán de Toledo, el qual habló muchas vezes con ella y fue testigo de la llaga del costado como fue dicho de suso. Pues como este muy reverendo padre tuviesse mucha fe en sus oraciones, rogole una vez que orasse por la pacificación de cierta discordia que avía en la corte. Y como ella, obedeciendo a sus ruegos, se pusiesse en oración antes que saliesse el sol en un terrado de la casa en las octavas de la Resurrectión el año de ochenta y seis, vio un gran resplandor en el cielo en el lugar donde el sol avía de nascer. Y salido el sol, ella lo acató con ojos claros sin embargo de su claridad, y dentro del sol vio un gran agujero que entrava al cielo, del qual salieron grandes rayos de claridad hazia muchas partes; y dentro del agujero, una cruz de oro muy resplandeçiente, la qual pareció hasta que tañeron a prima. Y vido en el ayre, no muy lexos de sí, uno que le pareçió como la luna que peleava con otro, y el otro con él, y pasado algún espaçio bolviéronse las espaldas el uno a otro. Y como subiesse allí una de las hermanas, quitose ella luego de allí y así no pudo más ver en qué parava la dicha visión. Puédese creer que por sus oraçiones pacificó aquella discordia que era entonces entre ciertos cavalleros de la corte, pues al cabo se hizieron las pazes.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y aun como otra vez esta sancta virgen en el día [fol. 99vb] del Triumpho de la Cruz cerca del alva estuviesse rezando hazia el cielo, vio así como unas llamas en él. Y dende a una hora vido el cierlo abierto y que salía el sol por aquella abertura; y en aquel sol se conosçían todas las hermosuras del cielo. Y luego otro día, estando rezando en un libro a una ventana que salía al cielo, a hora de tercia vido cerca de sí un rostro como el de la luna, muy espantable, y dentro como dos formas de hombres y peleaban el uno contra el otro; y cayó mucha gente muerta. Y en este este día prendieron los moros al Conde de Cifuentes.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Capítulo 46'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''De cómo le apareció desspués de finado el capellán del monesterio, y de cóm vido en espírituo ser lleva a juyzio el anima del capellán mayor de la yglesia de Toledo en la hora que murió y de la visión que vido de otro clérigo bivo'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Como esta sierva de Dios estuviese una noche acostada en su cama, y passada la medianoche no dormiesse, apareciole el ánima del capellán del monesterio, que se llamava Joan de Huelma, con quien ella se avía confessdo algún tiempo, que avía pocos días que finara. Y demandole perdón de muchos enojos que le avía hecho, mayormente por la carta que le escriviera que le fuera causa de mucha turbación y porque avía despreciado con osadía sus consejos y no avía creýdo las cosas que le avía dicho. Y después díxole: “Yo os ruego hermana que digáis al prior de la Sisla y a la [fol. 100ra] hermana mayor desta casa que por la caridad de Dios me perdonen todos los enojos que aya hecho, y seis mil maravedís que soy en cargo a esta casa y un libro que vendí, y que me hagan por limosna dezir cinquenta missas. Y vos rogad por mí, por que el Señor me saque desta pena”. Y estas cosas dichas, desapareciole y ella quedó amortecida sin habla; y estuvo así quatro horas. &lt;br /&gt;
Y tornando en sí puso luego diligencia en hacer dezir las misas y en cumplir lo que más le pidió: rogó con mucha devoción a Nuestro Señor por él.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y no es de callar en este lugar lo que vido el día que murió el capellán mayor de la yglesia de Toledo, que se llamava Don Diego de Villa Minaya, de quien de suso en muchos lugares se haze mención. Este era varón muy honrado y discreto y muy limosnero y caritativo, porque quanto tenía gastava en casar huérfanos y en hazer otras obras pías con desseo de hazer thesoro en el Cielo. Pues venida la hora en que Nuestro Señor le quiso dar le pago de sus buenas obras, enfermó en fin del mes de março del año ochenta y siete y passó desta vida, de cuya muerte casi toda la ciudad de Toledo ovo sentimiento y dolor. Y cupo gran parte desta pena al monesterio de doña Mari García por la grandes limosnas y bienes que les hazía, así espirituales como corporales; y era tenido como padre de toda la casa. Y como su fallecimiento fuesse entre las diez y onze del día, estavan en el dicho monesterio en esta hora y todas las religiosas estavan en el choro. Y començando a tañer en la yglesia mayor por su muerte, luego esta sierva de Dios fue robada en espíritu y vido cómo Sant Juan Bautista y Sant Hierónymo y Sancta Catalina llevavan el ánima del dicho capellán a juyzio delante la Divina Magestad en un gran campo muy deleytoso, en el qual estavan muchas ánimas loando a Dios. Y fue acusado delante el juez de un cargo que tenía de un finado que lo avía dexado por albacea en su testamen- [fol. 100rb] to y no lo avía complido. Y como quiera que el dicho capellán mayor mandó en su testamento que aquel cargo se cumpliesse, luego Nuestro Señor, justo juez, mandó que su ánima estuviesse detenida en aquel lugar y no entrasse en la Gloria hasta que fuesse satisfecha la manda. Y como esta Sierva de Dios vido esto, quedó fuera de sí con muy gran pena mezclada con grande alegría de lo que viera. Y cayó luego en la cama con muy grandes amortecimientos, que muchas vezes pensaron que se muriera. Y ninguno de la casa supo eso sino el prior suso dicho, que le tenía mandado por obediencia que le dixesse todo lo que Nuestro Señor le mostrasse. Y fue hallado ser verdad por el testamento del dicho capellán mayor, onde mandó cumplir la falta dicha, de lo qual ella no tenía antes noticia.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y en el traspassasamiento de las quarenta horas, quando le fue dada la llaga del costado, dixo esta sancta muger que la llevaron por las penas del purgatorio, onde vido tormentos tan espantosos que no se puede dezir. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y andando por el purgatorio, vido un clérigo que era bivo y tenía cura de ánimas en una pena muy grande, que una grande serpiente muy espantosa que tenía dos cabeças y dos bocas le tenía atado y cercado alrededor. Y vido un dragón horrible que estava cerca del clérigo, el qual tenía encima del espinazo una esportilla en que estava el ánima de un niño chiquillo que dava quexas, demandando justicia de la pena que suffría por culpa de aquel clérigo. Y como ella preguntasse al ángel que le mostrava estas cosas qué pena era aquella, respondióle que aquel niño que por culpa de aquel sacerdote muriera sin baptismo y demandava justicia al Señor. Y ella, espantada desto, desque tornó en sí hazía oraçión especial por aquel sacerdote. Y a cabo de ocho días, diziendo aquel clérigo mismo missa en la iglesa del monesterio, acabando de alçar, fue otra vez esta Sierva de Dios levantada en espíritu y vio cómo aquel sacer- [fol. 100va] dote tenía ceñida al cuerpo serpiente con tres cabeças: y la primera se comía el corazón, la segunda la lengua y la terçera cabeça le comía  las espaldas; Y al niño que dava bozes ante él y dezía: “Por tu causa no veo a Dios, porque por ti morí sin baptismo y no alcançarás perdón deste grande cargo”. Y dende a tres días, esta sancta muger llamó a este saçerdote y díxole en secreto lo que viera. El qual se espantó tanto que se le quitó la habla por espacio de media hora. Y ella, desque lo vido tan pusillánime y sin esfuerzo, esforçolo mucho. Y tornado en sí, le dixo que estaba muy maravilado cómo Nuestro Señor le avía revelado aquel secreto. Y conosció que era verdad así esto del niño que murió por su culpa sin baptismo como otras cosas muchas que le dixo, en que ofendía mucho a Dios. Y díxole despues la sancta muger: “Tened por cierto, padre, que esto lo mostrará el Señor por señal otro día”. Y este sacerdote confessó después que otro día diziendo missa, quando bolvió la hoja del missal onde estava la imagen del crucifixo vido en él cinco gotas de sangre. Y dende çinco años murió el sacerdote, día de Sant Miguel, y ella encomendolo mucho a Nuestro Señor; y apareciole después el día de Sant Francisco, por la mañana, muy espantable, y díxole cosas muy señaladas que passaran en secreto entre él y otra persona, las quales hallaron ser así en verdad.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Capítulo 47'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''De cómo resplandeció por espíritu de profecía y dixo por la gracia de Nuestro Señor muchas cosas secretas'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Resplandeció también esta sancta virgen por espíritu de profecía, como se puede conoscer por algunas de las cosas que [fol. 100vb] ya son de suso escriptas, y por otras muchas que reveló y manifestó seyendo ocultas. Onde como en aquel tiempo se començasse la Inquisición en la ciudad de Toledo, dixo ella muchos secretos al prior de la Sisla tocantes al Santo Officio. Y preguntándole el prior cómo sabía aquellas cosas que le dezía, respondiole y le dixo: “Nuestro Señor Jesu Christo se a aparecido en la manera que fue atado a la coluna, y tenía las espaldas sangrientas, y díxome: ‘Verás, hija, quán me paran cada día los hereges. Por ende di todo esto que has visto al deán de Toledo y al prior de la Sisla, que entienden en las cosas de la Inquisiçión para que pongan remedio en ello’”. Y así lo hizo, porque estas mismas palabras con otras cosas secretas tocantes al Santo Offiçio dixo después al dean suso dicho en presencia del prior que escrivió estas cosas. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y vido otra vez levantada en espíritu cómo sacavan con gran solemnidad de la yglesia mayor el sanctíssimo sacramento para comulgar a un herege que estava enfermo, y fuele divinalmente mandado que fuesse apriessa a dezir a los clérigos que se tornassen a la yglesia con el cuerpo de Nuestro Señor porque era herege aquel hombre a quien lo llevavan; y así se hizo. Y díxole después el ángel que esto le mandava, “porque creas que es verdad lo que digo, hoy en la missa verás destellar de la Hostia gotas de sangre”. Y así acaesció, que en aquel mismo día vido esta bienaventurada muger con ojos claros la hostia llena de sangre en las manos del sacerdote quando después de la consagración la levantó en alto para el que pueblo adorasse.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y aun otra vez dixo ella al prior de la Sisla que viniesse a poner recaudo en el monesterio porque andavan dos personas por hazer un desconçierto. Puso diligencia en saber la cosa de que la sancta muger le avía avisado y dende a pocos días fueron hallados dos moços que querían hazer un mal recaudo de la manera y for- [fol. 101ra] ma que ella lo avía dicho, y fueron despedidos y echados de casa.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y como un religioso deseava mucho hablar con ella por las cosas que oýa de su virtud y sanctidad, y no pudiesse, al cabo tanto trabajó por ello que lo alcançó y como un día la hablasse, díxole ella: “Bien sabía yo, padre, que ha muchos días que deseávades hablar conmigo y la causa por qué, y sé que tal día (nombrándolo) escrevistes una escriptura y no la acabastes por más priessa que os distes, y la acabastes después en la noche”. Y como el religioso se espantasse desto y le preguntasse cómo lo sabía, díxole cómo lo avía visto en espíritu. Y después díxole: “Dezid padre a tal religioso (nombrándoselo por su nombre), que vea cómo anda, que está mucho atribulado en su espíritu. Y si alguna cosa ha hecho que no deva demandar della perdón porque si esto no haze, no podrá salir del trabajo en que está”. Y como este religioso a quien ella dezía esto conosciesse por experiencia la pena y congoxa que aquel fraile de quien hablava tenía, y poco menos los supiessen todos los de la casa, maravillose mucho cómo estando ella encerrada en el monesterio sabía el trabajo que tenía este religioso en su espírito; y conosció claro que tenía espíritu de profecía.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y acaesció esto en los días que estava el general de nuestra orden en el monasterio de la Sisla entendiendo en las cosas de la Inquisición. Y aun, como otra vez este religioso hablasse con ella y le alabasse mucho a otro religioso que era de sancta vida y le rogasse ella que le dixesse quién era y cómo se llamava, y él no se lo quisiesse dezir, díxolo entonces ella: “A esse religioso que vos, padre, dezís, llaman así, y sé yo que es persona religiosa y devota y que tiene parte con Nuestro Señor”. Y espantado desto el religios con quien ella hablava, viendo cómo sabía lo que él no le avía querido manifestar, díxole ella que en aquella hora misma Nuestro Señor se lo avía revelado.&lt;br /&gt;
 &lt;br /&gt;
Rescebía esta Sierva de Dios gran [fol. 101rb] pena en salir a hablar con las personas que venían a ella aunque fuessen religiosas. Y trabajava de abreviar las tales hablas lo más que podía, y hablava con pocas personas por más graves y honestas que fuessen.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Capítulo 48'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''De cómo alcançó por sus oraciones salud a la madre del monesterio y libró a un su hermano de las prisiones y a su madre de la enfermedad que tenía'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Era esta bienaventurada virgen muy ferviente en la oración y alcançó a muchos salud y remedios de sus males biviendo en la vida presente rogando a Nuestro Señor por ellos. Onde como una vez la madre del monesterio enfermasse en el mes de agosto del dolor del costado, y tres días antes de la fiesta de Sant Lorencio llegasse a la muerte y los físicos la tuviessen ya desamparada, viéndola esta sierva de Dios estar tan cercana a la muerte, fuesse a la yglesia siendo ya de noche y púsose a orar con muchas lágrimas ante el altar de Nuestra Señora, rogándole affincadamente que no quedasse ella huérfana de tan bienaventurada madre y que tuviesse por bien de se la dar sana y biva. Y ende a un rato mirando ella con una candela en el rostro de la imagen de Nuestra Señora, viole encendido y como de persona biva. Y dende a poco vídole sudar, y pensando que se le antojava, atreviose allegar a su rostro y con su toca alimpió el sudor tres vezes, y lavose los ojos y cara con ello. Y del plazer que ovo tornó a le demandar con importunidad la salud de su madre espiritual, y oyó una boz que le dixo: “Otorgada le es la vida para consolación y remedio tuyo”. Y luego fue levantada en espíritu y [fol. 101va] vido a Sant Lorencio en semejança de moço de quinze años vestido de vestidura muy esplandeciente. Y levava en la mano una buxeta de oro y púsola sobre la cabeça y costado de la enferma, y santiguóla con su mano. Y después que tornó en sí, entendió que avía alcançado lo que a Nuestro Señor pidiera por intercessión de su gloriosa madre. Y vino luego con mucho plazer a visitar la enferma y hallola dormiendo con reposo. Y desque despertó sintiose muy aliviada de la enfermedad y dende a poco sanó perfectamente.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y como otra vez esta sancta muger rogasse con mucho affinco a Nuestra Señora delante su altar por el libramiento de un su hermano que estava preso, apareció al preso estando dormiendo Nuestra Señora en semejança de la imagen suya de vulto que tenían en el monesterio, y sacole los hierros de los pies y díxole que por la importunación de su hermana y de las otras religosas que por él en aquella casa rogavan sería libre de aquella prisión. Y despertando, hallose libre de las prisiones y de la hinchazón que tenía en los pies de los hierros. Y luego otro día vino al monesterio y contó este miraglo, y hallose por cierto que en aquella hora que él dixo que Nuestra Señora le avía librado, esta sancta muger y otras hermanas de la casa hazían oración especial por él. Y viendo la imagen en cuya semejança Nuestra Señora le apareciera, prometió de le traer toda su vida cera que ardiesse todos los sábados delante aquella su imagen. Y como dende a nueve años víspera de Nuestro Señora de agosto truxesse este su hermano cera para alumbrar esta imagen como lo tenía prometido, falleció súbitametne en el camino. Y como ella lo supo, angustiose mucho, mayormente por aver sido su muerte de tal manera, y rogava por él con muchas lágrimas y gran affinca delante la imagen suso dicha de Nuestra Señora, que pues en esta vida lo avía librado de las prisiones, tuviesse por bien [fol. 101vb] de lo librar de las penas de la otra y mostrarle si estava en carrera de salvación. Y como estuviesse haziendo oración por el día octavo después de su mierte, a las dos horas después de media noche, miró el rostro de la imagen y vidolo alegre, como de persona biva que quería hablar. Y ella con el grande gozo que rescibió desto començó mucho a llorar, y dos de las hermanas que lo sintieron llevaronla a la cama. Y estando allí las dos religiosas con candelas encendidas, sintió a sus espaldas un huelgo de persona my frío, y como estava hablando con las dos hermanas, no curava de mirar a aquel lugar y dende a poco ovo gran miedo. Y bolviendo la cabeça vio un pedaço como de nuve escura y allí dentro el rostro de su hermano muy alegre. Y díxole que a la hora de la muerte se viera en gran peligo, mas que Nuestra Señora a fuera allí con él y le ayudara. Y después díxole ciertas cosas que tenía de cargo y que estava en el purgatorio; y esto dicho, desapareció la nuve.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y como otro hermano suyo en el lugar de Ajoffrín corriesse un cavallo y cayesse con él, quedó muy atormentado y con gran passión de los ojos. Y como lo oyó la madre desta sierva de Dios, que estava muy triste y dolorida por la muerte del otro hijo que avía poco que falleciera, doblósele el dolor. Y tan grande fue su pena que se le torcieron los ojos y la boca. Y sabiéndolo ella, después de algunos días, rescibió dello mucha pena y se fue para el altar de Nuestra Señora y supplicole por la salud de su madre. Y acabada la oración, respondió inspirada divinalmente al mensajero que le truxo estas nuevas, que el domingo siguiente sanaría su madre. Y así fue cumplido porque en aquel domingo que ella dixo, sanó perfectamente su madre por la virtud de Nuestro Señor.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y acaesció otra vez que estando esta bienaventurada virgen muy mala en la cama, vino la fiesta de Nuestra Señora de setiembre y co- [fol. 102ra] mo viesse que no podía comulgar con las otras hermanas de aquel sancto día ni estar presente con ellas al officio, rescibió gran dolor en su coraçón. Y como las otras religiosas se levantassen a los maytines y ella estuviesse tan cerca del choro que las pudiesse oýr, luego que començaron el Invitatiorio, dixo con gran dolor de su coraçón orando a Nuestra Señora: “¡O[h] gloriosa madre de Dios, esperança de los peccadores! Yo no soy digna de estar en tus maytines, ni menos de poder comulgar con las otras; tú, Señora mía sabes la pena que en esto rescibo”. Y como acabó de dezir estas palabras vino una claridad sobre ella. Y sintiose luego sana del todo. Y levantándose de la cama fuese a los maytines, y comulgó esse día con mucho gozo con las otras hermanas.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Capítulo 49'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''De la muerte de la bienaventurada María de Ajoffrín y cómo luego començó a resplandecer por miraglos'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Luengo tratado el libro se haría si particularmente quisiesse aquí hazer memoria de todas las cosas que hallé escriptas desta sancta muger, y así no quiero más detenerme en relatar sus virtudes y las otras revelaciones que vido, porque apenas comulgó vez que no fuesse luego arrebatada y alçada en espíritu y le fuessen demostrados muy grandes secretos; mas escribiré agora brevemente cómo murió y cómo después de su muerte començó luego a resplandecer por miraglos.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Pues como esta santíssima vir- [fol. 102rb] gen fuesse por Nuestro Señor tan altamente visitada en esta vida presente, según ya es dicho, plugo a Su Magestad de la hazer gloriosa y bienaventurada en el Cielo y darle el galardón que a sus sanctos y amigos antes de los siglos tiene prometido. Venido pues el tiempo de su muerte, por ella tan desseado, enfermó en el mes de julio, año mill y quatrocientos ochenta y nueve, quando andava la pestilençia en la ciudad de Toledo. Y falleció con mucha devoción sábado a las tres horas despues de la media noche; y fue enterrada a las vísperas de aquel día en el capítulo del monesterio de la Sisla porque entonces en este monesterio se enterravan las religiosas de Sant Pablo. Y fue sentido a su fallecimiento un olor celestial, según dieron dello testimonio las hermanas que se hallaron presentes a su muerte.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y luego Nuestro Señor la magnifició por muchas señales y miraglos, de los quales se notarán aquí los siguientes.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En el año de mill y quatro çientos y noventa, en el mes de noviembre, día de Sant Martín, a la noche enfermó de modorra un hombre que se llamava Francisco Díaz, vezino de Xarabiz de la Vera. Y como llegasse la hora postrimera, rescebida ya la extrema unción, un clérigo que se dezía Martín Diaz, su primo, que lo avía criado y casado, sentía gran dolor de su muerte, y como a caso veniesse allí una muger que se dezía Juana Martínez, biuda, y viesse al clérigo tan affligido, díxole: “Compadre, ya sabéis la enfermedad que tenía yo de mi pierna con la cadera y este año quando vino aquí mi hermano fray Gabriel, professo del monesterio de Sant Hierónymo de Madrid, me dixo de una sancta religiosa que falleció en Toledo en el monesterio de doña Mari García y está enterrada en el de la Sisla, por la qual el Nuestro Señor hazía grandes maravillas y que si me encomendasse a ella con devoción y prometiesse de yr a visitar el lugar de su sepultura, creyesse sin dubda que [fol. 102va] por sus merescimientos avría salud. Yo me encomendé a a esta sancta y sané por la misericorida de Nuestro Señor, y así prometeldo vos a ella y plazerá a Dios de os oýr y dar vida a este vuestro primo que al presente véys que se os muere”. El clérigo, oyendo esto, hizo luego voto y prometió que si Nuestro Señor dava salud a su primo enfermo de lo traer al monesterio de la Sisla a visitar el sancto cuerpo desta virgen. Y Nuestro Señor oyó sus ruegos por los merescimientos de su sierva, y dio salud perfecta a aquel enfermo. Y vinieron los dos juntos a cumplir el voto. Y el clérigo dio testimonio de la verdad deste hecho y lo escrivió de su mano, sábado a siete días del mes de mayo, año de mil y quatrocientos y noventa y uno, estando presente en el suso dicho monesterio.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En la ciudad de Toledo estava un canónigo para morir, y obrados en él ya todos los remedios humanos, como siempre perdiesse, encomendose con mucha devoción a esta bienaventurada virgen, y embió a visitar su sepultura y que le truxessen un poco de tierra della. Y luego la primera noche que se la puso al cuello, estando dormiendo, le apareció la dicha sancta entre sueños y despertando se halló sano. Y como le oviessen de dar aquella mañana una purga, no la quiso rescebir, mas dixo que le diessen de comer porque él se sentía bueno. Y levantándose de la cama, fue luego al monesterio de la Sisla a visitar el cuerpo desta virgen y dio allí muchas gracias a Nuestro Señor, y offreció sus offrendas. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y en el mes de setiembre del mismo del mismo año que esta bienaventurada María de Ajofrín finó, enfermó muy gravemente en la ciudad de Toledo Don Alonso, hijo de la condesa de Paredes, canónigo de la yglesia mayor. Y estando ya oleado y muy cercano a la muerte, encomendose a esta sancta. Y fuele traýda una almohada en que la dicha sancta virgen finara y luego que la puso sobre sí sanó. Y fue después al monesterio de la Sisla a tener no- [fol. 102vb] venas y offreçió una imagen de cera y una casulla de seda.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En el suso dicho año a nueve días del dicho mes de setiembre, vinieron a visitar el lugar onde esta sancta muger fue enterrada un hombre que se dezía Joan de Pastrana y su muger, y truxeron un niño, que era su hijo, tollido. Y avía el padre gastado con los físicos lo que tenía y no le avían podido curar. Y encomendáronlo el padre y la madre con mucha devoción a esta sancta y velaron una noche en la yglesia, y sanó el niño a gloria de Nuestro Señor. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En este tiempo una muger que se llamava Joana de Sant Miguel, beata de la tercera regla de Sant Françisco, que morava en la ciudad de Toledo, estava muy mala de un çaratán que tenía en la teta, y avía cinco años que la curavan los físicos y todos ellos no la avían podido remediar. Y desamparada dellos, aconsejavan algunos que por que no muriesse le fuesse cortada la teta. Mas ella, viendose en esta angustia, acordó, oýda la fama de los miraglos que esta sancta hazía, de se encomendar con mucha devoción a ella. Y así, con este propósito, vino al monesterio de la Sisla. Y luego que entró al lugar onde el cuerpo de la bienaventurada María de Ajoffrín estava enterrado, sintió un olor celestial que salía de la sepultura. Y ella, con mucha devoción y lágrimas, derribose sobre ella rogando a esta sancta que la quisiesse ayudar y alcançar de Nuestro Señor sanidad; y luego fue sobre ella la mano de Dos y fue sana perfectamente. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Otros muchos miraglos hizo Nuestro Señor por los merescimientos desta su sierva luego después de su muerte, como se hallan escriptos en el libro de su vida. Y aun hasta tiempo presente no cessa Nuestro Señor de la mangnificar por señales maravillosas, mas yo no quiero escrevir más en este lugar y sólo diré aquí un miraglo que acaesció en su vida acerca de una carta quemada que por sus oraciones fue hallada sana y restituyda en su primero ser. Como una vez esta [fol. 103ra] sierva de Dios notasse una carta para el cardenal Don Pero González de Mendoça, y la escriviesse otra religiosa que se llamava Ynés de Sant Nicolás. Y acabada la carta de escrevir, por no tener allí polvos para la enxugar, la llegassen al fuego. Tanto la allegaron, que se quemó en tal manera que era necessario tornarla a escrevir otra vez. Y como desto rescibiesse mucha pena la religiosa que la escriviera, porque la carta era muy grande, díxole ella: “Ýos agora, hermana, y no rescibáys pena, porque después se podrá escrevir”. Y tomó ella la carta quemada y echóla en un arca. Y como otro día viniesse la otra religiosa para la tornar a escrevir, abrió la sierva de Dios el arca y hallaron la carta sana.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Capítulo 50'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''De cómo fue trasladado el cuerpo de la bienaventurada María de Ajoffrín y puesto en una sepultura muy honrrada que le fue hecha en la yglesia, y del olor maravilloso que sintieron todos los que se hallaron presentes y de cómo llovió luego y se remedió la tierra'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Como la fama de los mirgalos que Nuestro Señor hazía para glorificar a esta sancta virgen cresciesse de cada día, muchos devotos, movidos con zelo de la honrra de Dios, trabajavan que fuesse su cuerpo trasladado del capítulo onde estava enterrado y pasado a la yglesia del monesterio. Y en- [fol. 103rb] tre las otras personas que en esto más diligencia pusieron fue la condesa de Fuensalida, por cuyo ruego, a veynte y cinco días del mes de abril del año de mil y quatrocientos y noventa y cinco, aún no seys años cumplidos después de su muerte, fue sacada de la sepultura en que estava en el capítulo y passada a la sepultura que avía edificado la dicha condesa a la mano derecha de la yglesia. Y estuvieron presentes a esta translación el prior del monesterio fray Juan de Morales y otros religiosos, y el clavero de Calatrava y Don Alonso de Silva, y otras algunas personas devotas. Y luego que abrieron la sepultura, sintieron todos un olor celestial y fueron hallados los huessos desta bienaventurada sancta muy olorosos, de los quales parecía que manava un licor a manera de azeyte. Y el olor suavíssimo que salía de los huessos fue sentido de todos los que estavan presentes, así religosos como seglares. Y viendo esta maravilla, el prior mandó llamar al convento —el qual hasta aquella hora no avía parte desta translaçión— a todos, y tañer los órganos y campanas.Y puestos los huessos en un arca que truxo Don Alonso de Silva enforrada de seda por partes de dentro, y teniendo todos en las manos cirios encendidos, que el dicho Don Alonso avía traýdo para todos los frayles, y vestidos el sacerdote y ministros de las vestiduras sagradas, llevaronla en provessión con mucha alegria a la yglesia cantando ''Hec dies quam fecit Dominus'' y el ''Te Deum laudamus''. Y fue pedida agua, que estava la tierra en gran necessidad, y Nuestro Señor, por magnificar su sancto nombre en su sierva, llovió luego en grande abundançia, de manera que todos pudieron claramente conoscer que aquella agua les era dada por los merescimientos desta sancta virgen. Y así fueron remediados los panes, que estavan ya para se perder todos. Y estuvo su cuerpo en la yglesia en el ar- [fol. 103va] ca suso dicha treze días para lo mostar a los que lo venían a ver. Y fue después sepultado en la sepultura que la condesa hiziera a la mano derecha de la yglesia, como es ya dicho. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Cosa es por cierto de contemplar la aarcia que Nuestro Señor dio a esta su sierva en los tiempos presentes. Y así podremos bien conoscer que en todas las edades obra Dios cosas maravillosas en favor de los que verdaderamente lo aman y sirven. Y cómo levanta del polvo y ensalça a los que son humildes de coraçón como lo fue esta bienaventurada María de Ajofrín la qual, entre todas sus virtudes, resplandeció singularmente por humildad, de lo qual dieron testimonio todas las religiosas que la conoscieron, mayormente la madre del monesterio que se llamava Catalina de Sant Lorençio, diziendo que era tan humilde que muchas vezes le importunava que la reprehendiesse y castigasse delante todas, mayormente los viernes en el capítulo, y le mandasse comer en tierra y prostarse a la puerta de la yglesia para que las otras hermanas pasassen sobre ella quando entravan al choro. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En las cosas dichas se da fin a las obras maravillosas de la bienaventurada María de Ajofrín y a las revelaciones que vido estando en la vida mortal, porque no fue mi intención de las escrevir aquí todas, como lo dixe al principio desta historia y después en otros lugares. Y por consiguiente se acaba el tercero libro de la presente crónica, a honrra y gloria de Nuestro Señor Jesu Christo, y alabança de sus santos y siervos, y para provecho de todos los religiosos presentes y advenideros. Amén.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
=Vida impresa (3)=&lt;br /&gt;
Ed. [http://visionarias.es/equipo/maria-del-mar-cortes-timoner/ M. Mar Cortés Timoner]; fecha de edición: noviembre de 2020; fecha de modificación: diciembre de 2022.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==Fuente==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
* [http://catalogodesantasvivas.visionarias.es/index.php/Categor%C3%ADa:Alonso_de_Villegas Villegas, Alonso de], 1588. ''Addicion a la Tercera Parte del Flos sanctorum: en que se ponen vidas de varones illustres, los quales, aunque no estan canonizados, mas piadosamente se cree dellos que gozan de Dios por auer sido sus vidas famosas en virtudes...'' Huesca: Iuan Perez de Valdiuielso. Fols. 45v col. a – 47r col. b.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[[Contexto material del impreso Addicion a la Tercera Parte del Flos sanctorum]] ''en que se ponen vidas de varones illustres, los quales, aunque no estan canonizados, mas piadosamente se cree dellos que gozan de Dios por auer sido sus vidas famosas en virtudes...''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
== Criterios de edición ==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El relato aparece en el apartado 193 de la Adición de la Tercera Parte del Flos Sanctorum de Alonso de Villegas, a continuación de la vida de María García [fols. 44r col. a ‒ 45v col. a]. Para esta edición se maneja el ejemplar de la Biblioteca de Catalunya: Res 740/2-4º. Se indica, entre corchetes, el fragmento que fue eliminado en la edición censurada del año siguiente (1589) siguiendo el ejemplar conservado en la Biblioteca Nacional de España: &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Villegas, Alonso de. 1589. ''Addicion a la Tercera Parte del Flos sanctorum: en que se ponen vidas de varones illustres, los quales, aunque no estan canonizados, mas piadosamente se cree dellos que gozan de Dios por auer sido sus vidas famosas en virtudes...'', Toledo: Iuan y Pedro Rodriguez, Biblioteca Nacional de España, sig. R/32084. En línea: http://bdh.bne.es/bnesearch/CompleteSearch.do?field=todos&amp;amp;text=alonso+de+villegas&amp;amp;showYearItems=&amp;amp;exact=on&amp;amp;textH=&amp;amp;advanced=false&amp;amp;completeText=&amp;amp;pageSize=1&amp;amp;pageSizeAbrv=30&amp;amp;pageNumber=8. Se han seguido los criterios establecidos en el catálogo para fuentes impresas y, por ello, han sido eliminadas las duplicaciones de consonantes: cc/c, ss/s, ff/f. En cambio, se respetan los grupos consonánticos: -nt- (sant), -nc- (sancta) y -pt- (captivo), también las contracciones ‒aunque se ha añadido el apóstrofo clarificador en “del” para escribir “d’él”‒. Además, se ha mantenido la conjunción copulativa “y” ante palabras iniciadas con el sonido vocálico “i”. Asimismo, se indican en pie de página las erratas subsanadas y, para facilitar la localización de los textos, se citan el folio (r-v) y la columna correspondiente (a-b).&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El texto editado ha sido estudiado en:&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
* M.Mar Cortés Timoner, “Censuras, silencios y magisterio femenino en la Adición a la tercera parte del Flos Sanctorum de Alonso de Villegas”, ''Specula. Revista de Humanidades y Espiritualidad'', vol. 1 (mayo 2021), pp. 183-210: https://revistas.ucv.es/specula/index.php/specula/article/view/896&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
* M. Mar Cortés Timoner, “La autoridad espiritual femenina en la Castilla bajomedieval y su reflejo en el Flos sanctorum de Alonso de Villegas”, ''Dicenda. Cuadernos de Filología Hispánica'', vol. 39 (2021), pp.:  25-35 DOI: https://revistas.ucm.es/index.php/DICE/article/view/76403&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==Vida de María de Ajofrín==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[Fol. 45v col. a] '''Vida de María de Ajofrín monja de Sant Pablo de Toledo'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
María de Ajofrín ''[1]'' fue natural de un pueblo que tiene este mismo nombre, cercano a Toledo. Nació de padres honrados y temerosos de Dios, llamábanse Pero Martín y Marina García. Eran ricos de bienes temporales. Desde niña se inclinó al servicio de Dios. Quisieron sus padres casarla, pidiéndosela muchos, mas la bendita doncella nunca consintió, sino que, varonilmente, resistió a todos los que la hablaban de casamiento. Y por que no pudiese ser impedido su deseo, que era de emplearse toda en el servicio de Dios, aun siendo muy pequeña, sin consejo ni ayuda humana, hizo voto de entrar en religión. Lo cual, sabido de sus padres y visto que ponía fuerza para cumplirlo, fue causa de grande sentimiento y lloros y aun de que sus hermanos la aborreciesen y persiguiesen. Siendo de quince años, y no pudiendo inclinarla a otro modo de vivir, su padre la sacó de su casa y trujo a Toledo. Entró en la iglesia mayor a hacer oración, donde tuvo noticia del monasterio fundado por doña Mari García, del Orden de Sant Jerónimo, que era a la sazón de beatas sin encerramiento o clausura y después fue de monjas profesas y se llamó Sant Pablo. Fue llevada a él María de Ajofrín y recebida con grande voluntad de las religiosas, donde luego se ejercitó en obras sanctas, mostrándose muy humilde, menospreciando a sí y haciendo al Señor sacrificio de sí misma. Su ejercicio ordinario era la oración y meditación, derramando sus ojos multitud de lágrimas con grandes sospiros, teniéndose por la más pecadora y indigna de todas las mujeres. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
A los diez años de su recogimiento quiso hacer una confesión general de toda la vida y, hecha con grande sentimiento y lágrimas, pusose de rodillas delante una imagen de la Madre de Dios que tenía en sus brazos a su Benditísimo Hijo. Y pidiéndole al Hijo, por intercesión de su Sagrada Madre, que le declarase si había hecho lo que debía en esta confesión y podía asegurarse de la vida pasada, como esto fuese con muchas lágrimas y ternura, vido una claridad grande que rodeaba [fol. 45v col.b] la imagen y pareciole que el Bendito Niño levantaba la mano, a la manera que la pone el sacerdote cuando absuelve, de lo cual recibió grande temor, mas siguiose luego un celestial consuelo. Y el secreto desta visión descubrió solamente al prior Juan de Corrales, certificándole que, desde esta hora, le quedó tan grande movimiento en el corazón que, a tiempos, le daba golpes que parecía quererle salir del cuerpo. Muchos regalos tuvo de Nuestro Señor, siéndole medio no de ensoberbecerse sino de más humillarse. Fuéronle descubiertos algunos secretos acerca de pecados de personas particulares; y ella daba avisos por donde venían a remediarse, enmendándose aquellos a quien tocaba porque era aquel negocio de Dios, que es el que penetra y conoce los corazones. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
La privanza que tenía con Su Majestad, su encendida caridad y la perseverancia en le servir y volver por su honra, fue parte a que la regalase, y con regalo que a pocos se le ha concedido; y fue que la señaló con la señal de su Pasión y llaga del costado. Hallose un día en él una abertura que cupiera por ella la cabeza del dedo pulgar de un hombre. Y durole abierta esta llaga veinte días, de la cual los viernes corría más sangre que los otros días, aunque siempre corría alguna. Nunca pareció en ella materia ni la aplicó medicina alguna, sino paños limpios, quitando unos y poniendo otros. La sangre era muy viva, como daban muestra los paños que se quitaba, los cuales quedaban rojos como un carmesí. Padecía graves dolores, y fueron causa para que la bendita doncella lo descubriese, aunque disimuló primero y lo encubrió cuanto le fue posible. Descubriose a la hermana mayor y a otra noble matrona llamada doña Teresa, y estas, con admiración grande, lo descubrieron al confesor de la casa. El cual estuvo duro en creerlo, y quisiera deshacerlo, mas visto por sus ojos quedó lleno de admiración. Y él reveló a testigos dignos de fe que dello dieron testimonio: el uno fue don Pedro de Prejano, deán de Toledo, y el otro don Diego de Villaminaya, capellán mayor del coro de la sancta iglesia; llamábase el confesor Juan de Biezma ''[2]''. En presencia de los cuales entró Gracián de Berlanga, capellán de la reina doña Isabel, notario apostólico y de la audiencia arzobispal, y, estando la bendita doncella María de Ajofrín en su cama, le fue descubierta la llaga que tenía en el costado de la manera que se ha dicho, y dello dio testimonio: en el cual señala día en diez y nueve de noviembre, casi a las seis horas de la tarde, en el año del nascimiento de Cristo de mil y cuatrocientos y ochenta y cuatro. Y dice que la llaga era como un real, y que no tenía hinchazón y que carecía de toda putrefacción. Dice que la tenía una doncella echada en una cama dentro de un palacio, en las casas [fol. 46r col. a] de doña Mari García, y que tenía rostro de ángel. Y dice que, habiendo visto, se tornó a salir muy espantado y que, a pedimiento del mismo Juan de Biezma, lo dio por testimonio firmado de su nombre y sellado con su sello. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
No solo padecía la bendita doncella tormento gravísimo de la llaga, sino otro bien grande en mostrarla estando en su cama, cubierto su cuerpo, rostro y manos honestísimamente al tiempo de mostrarla, que solo se veía por una sábana abierta. Pasados los veinte días, ella por sí se cerró sin medicina humana y quedó la señal de la abertura, con algún dolor, en aquel proprio lugar. Ni quiso el Hijo de Dios decorarla con sola la llaga del costado; antes, como se levantaba de su cama para orar delante un crucifijo, al tiempo que entendió, por el sonido de las campanillas, que alzaban en una misa, sintió tan gran dolor en los pies y en las manos que parecía que le ponían en aquellos lugares clavos gruesos. Y como estuviese en esta pena, parecíale que le traspasaban la mano izquierda. Y fue tan vehemente el dolor que puso el dedo pulgar de la mano derecha en la palma de la izquierda y apretó cuando pudo con el gran dolor que tenía, y reventó la sangre, de que ella quedó admirada. Aunque, teniéndolo por regalo de Nuestro Señor, procuró de encubrirlo trayendo la mano cubierta con un lienzo sin poner otra medicina. Y durole por cuarenta días. Y, después que sanó, le quedó la señal en la mano izquierda que fue la que rompió en sangre. Y por que, sucesivamente, sintiese en su cuerpo las insignias y dolores de la Pasión de Nuestro Señor Jesucristo, allende de los tormentos que en la cabeza tenía de ordinario, súbitamente sintió un grande y nuevo dolor que le pareció que, poniéndole sobre ella una guirnalda o corona que le cercó la cabeza enderredor, le entraban por ella puntas de clavos con tormento suyo excesivo, cayéndole gotas de sangre. Y aunque le aplicaban diversas medicinas, nunca alguna ''[3]'' le aprovechó porque no era razón que llagas hechas por la mano del Señor recibiesen sanidad por industria humana hasta que, pasado algún tiempo, por sí mismo cesó el dolor y quedó sana la cabeza como la mano y ''[4]'' costado. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Grandes fueron los regalos que recibió de Nuestro Señor. Arrobábase y quedaba sin sentido, y como le aconteciese esto estando presente el mismo que escribió su vida, el cual la solía confesar, la hermana mayor dijo: “Mandadla, padre, en virtud de sancta obediencia que recuerde y os hable, que luego lo hará”. Hízolo él así, y volvió en su sentido y mostró sentimiento grande como de que la hubiesen quitado de cosa que le daba grande contento. Descubríale Nuestro Señor algunos secretos para bien y provecho de almas particulares, como se ha dicho. Y diole gracia de sanar enfermos, [fol. 46r col. b] porque, con hacer la señal de la cruz y orar por algunos, fueron sanos. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Llegose la hora de su muerte bien deseada por ella, y cayó enferma en el año de mil y cuatrocientos y ochenta y nueve ''[5]'', habiendo pestilencia en Toledo. Y murió sanctamente, sábado, diez y ocho de julio, a las tres horas después de medianoche. Y fue sepultada en el monasterio de Sisla, en el capítulo. Sintiose en su fallecimiento un olor celestial, según dieron testimonio las hermanas que se hallaron presentes a su muerte. Hizo Dios por ella algunos milagros de personas que visitaban su sepulcro o se encomendaban a ella en diversas partes, por lo cual se acordó que su cuerpo fuese trasladado del capítulo a la iglesia del mismo monasterio, en un sepulcro que le hizo una señora ilustre que era condesa de Fuensalida. Hízose la traslación en veinte y cinco de abril, del año de mil y cuatrocientos y noventa y cinco. Halláronse presentes con el prior del monasterio, que se llamaba fray Juan de Morales, el clavero de Alcántara y don Alonso de Silva y otras personas, donde, luego que abrieron la sepultura, sintieron todos un olor celestial y parecía que salía de sus huesos y que estaban bañados de un licor a manera de óleo. Mandó el prior tañer los órganos y las campanas, y en una bien ordenada procesión, llevando todos velas encendidas, levantaron el cuerpo puesto en una arca aforrada de seda y llegaron con él al coro de la iglesia donde estuvo por trece días descubierto. Y en este tiempo pidieron a Nuestro Señor por intercesión de su sierva ''[6]'' que enviase agua a la tierra, de que había grande necesidad, y llovió en grande abundancia y entendieron todos haberles hecho Dios esta misericordia por honra de aquella bendita alma. Y así fueron remediados los panes que estaban a punto de perderse. Pasados los trece días fue puesto el cuerpo en el nuevo sepulcro, a la mano derecha, y allí es visitada y honrada de muchos. Y fue premio merecido a su humildad porque, como dio testimonio Catalina de Sant Lorenzo, hermana mayor de su monasterio, era esta bendita mujer tan humilde que, muchas veces, la importunaba que la reprehendiese y penitenciase delante de todas, mayormente los viernes en el capítulo, y le mandase comer en tierra y postrarse a la puerta del coro cuando las hermanas entraban a rezar en él, para que la pisasen. Y junto con ser humilde era honestísima tanto que pocas personas, ni de las que conversaban con ella, podían dar testimonio de su rostro trayéndole de ordinario cubierto con una toca que dejaba caer hasta la boca. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Anda la vida desta sierva de Dios escripta de mano por un religioso confesor suyo y en ella se pone muchas revelaciones que tuvo. Yo he querido pasarlas en silencio como también lo hizo el que escribió la crónica de los jeró- [fol. 46v col. a] nimos, donde está la vida desta bendita monja, aunque con la limitación que digo. Del testimonio que dio de la llaga de su costado Gracián de Berlanga, notario, tengo yo un traslado por donde parece que fue certísimo ''[7]''. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[Acerca de lo cual digo que algunas personas, atrevidamente en mi tiempo, han contradicho (y aun algunos predicándolo públicamente) semejantes llagas en alguna persona después que el Hijo de Dios las padeció, sino es el bienaventurado sant Francisco. Y, pareciéndoles que en esto hacen servicio, quieren atar las manos a Dios. A estos digo que, cuando no creyeren a los auctores tan graves y fidedignos que lo escriben de algunas sanctas, como de sancta Catarina de Sena y de otras, y que, en particular en Roma, se pinta y estampa la misma sancta Caterina ''[8]'' con las llagas, en ciencia y paciencia de los sumos pontífices que lo ven ''[9]''  y lo permiten y aun, por lo mismo, por ser negocio tan grave parece que lo aprueban, si esto no basta, pueden, por vista de ojos y tocándolo con sus manos, certificarse en este caso con lo que de presente (creo que para confusión de estos) ha permitido Nuestro Señor. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y es que, en este año de mil y quinientos y ochenta y seis en que esto escribo ''[10]'', está viva una bendita mujer, señora de ilustre linaje, priora en el monasterio de la Anunciada de Lisboa, en Portugal, llamada María de la Anunciación ''[11]'', doncella de edad de treinta y dos años. La cual está decorada con las llagas de Cristo de cabeza, manos, pies y costado. Tiene en su cabeza treinta y dos agujeros a la redonda como corona, abiertos y patentes; en las manos, por las palmas, una como rosa y, en medio della, una abertura triangular de clavo y, por detrás, la misma señal aunque algo menor. Estas han visto y ven cada día diversas personas. Tiene otras semejantes en los pies. También tiene abierto el costado y todos los viernes, poniéndose allí un lienzo pequeño, salen señaladas cinco gotas de sangre a manera de cruz, y la ''[12]'' de en medio es mayor. Y destos pañitos he yo visto dos en Toledo en poder de personas religiosas que los recibieron de la misma sierva de Dios. Y ella los da compelida por obediencia, como también por ella, y no en otra manera, muestra las llagas de las manos. La del costado vieron, por orden del sumo pontífice Gregorio décimo tercio, algunas personas, y fueron: oficiales del Sancto Oficio de la Inquisición y el padre fray Luis de Granada y otros perlados de su orden. Y sobre ello dio breve el mismo pontífice Gregorio, y yo le vi impreso y le leí, en que alaba a Nuestro Señor y persuade a su sierva a que siempre vaya en augmento en su servicio. También por cartas del mismo padre ''[13]'' fray Luis de Granada que, para mí, son de grande auctoridad, y de otros perlados de su orden, se sabe de su vida que, desde niña, ha vivido sancta- [fol. 64v col. b] mente y no se halla que, en cosa alguna, se haya desmandado en ofensa de Dios. Nunca se agravió por cosas de pena que le sucediesen ni se quejó por ocasiones que le diesen. Siempre conservó paz y humildad en su alma. Su caridad es grandísima con pobres necesitados de cuerpo y de alma remediando todo lo que puede. Siempre muestra el rostro alegre y devoto. En hablándole de sus llagas, se aflige y entristece grandemente. Duerme abrazada con una cruz de madera de su estatura. Hase visto mucha claridad de noche en una pequeña celda que tiene y levantada del suelo con su cruz orando. Vinieron a Lisboa un turco y un moro que dijeron habérseles aparecido estando en una galera y persuadiéndoles a que se hicieses cristianos; y la conocieron sin haberla visto más de aquella vez y recibieron el baptismo. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Della se dicen muchas otras cosas y todas ellas al talle de los sanctos. Y el padre fray Luis de Granada tiene escripto muy a la larga todo lo que pertenece a la vida desta sierva de Dios, y así él pondrá finos colores sobre el dibujo mal bosquejado de mi mano. Yo lo he referido aquí por dos razones: una, para prueba de que suele Nuestro Señor regalar con sus llagas a algunas personas siervas suyas, y contradecirlo es ir contra la verdad; y lo segundo, que, por haber escripto tres libros de vidas de sanctos de los que pasaron muchos años ha, hiciera agravio a cosa tan digna de ser sabida en los siglos venideros como es lo de mi tiempo desta sierva de Dios, si no lo pusiera en memoria. Y lo mismo hicieron sant Jerónimo escribiendo la vida de Malco, monje captivo que se le dejó vivo. Y sant Teodorito comenzó a escrebir la vida de sant Simeón Estilita ''[14]'' y no la acabó diciendo en ella que la dejaba vivo y que, con tan alto principio, era bien de creer que el fin no sería menor. Así yo digo desta sierva de Dios, que su fin no será menor que el principio y, cuando sea de otra suerte, lo de hasta aquí es mucho de estimar y loar a Dios, que no tiene la mano abreviada, sino que siempre hace mercedes a los que de veras le sirven. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y en lo que toca a las llagas del seráfico padre sant Francisco, yo confieso que, de la manera que a él, no le ha sido concedido a otro, porque o fue por algún breve tiempo o no todas cumplidas o con menos sentimiento de dolor o, a lo menos, que cesasen con la muerte y no que, aun después de muerto, permanece el cuerpo del seráfico padre sant Francisco con ellas tan frescas y recientes como las tuvo en vida. Y este fue favor particular suyo y, como dice el doctísimo y muy religioso maestro ''[15]'' fray Vicente Justiniano Antist, del Orden de Predicadores, en una apología que hizo en defensa de las llagas de sancta Catarina de Sena, esto sería lo que quiso decir el papa Sixto cuarto en un breve que dicen haber dado en [fol. 47r col. a] favor de las llagas de S. Francisco. Verdad es que, como el mismo maestro dice, nunca este breve pareció en el mundo, ni nadie habrá, con verdad, que diga haberle visto. Y es prueba desto que, en un volumen grande, donde semejantes breves y ''motus'' proprios andan impresos, que se intitula ''Collectio Bullarum'', y es de Laercio Querubino jurisconsulto, impreso en Roma, año de mil y quinientos y ochenta y seis, donde están todos los divulgados desde Gregorio séptimo hasta Sixto quinto, y hallándose entre las demás todas las bulas y ''motus'' proprios del mismo Sixto cuarto que son doce en número, no aparece entre ellos semejante breve; porque yo los [fol. 47r col. b] pasé uno por uno buscando este y así es cierto que no le hubo. Mas en caso que le hubiese habido, lo que pretendería en él el pontífice sería, dice este auctor, señalar las ventajas que el seráfico padre sant Francisco hace en este misterio de las llagas a todos los sanctos a quien Dios ha decorado con ellas, que cierto son muchas y muy particulares.] &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
De la primera ''[16]'' destas dos religiosas (de las cuales ninguna está canonizada) se vea la historia de Toledo de Pedro de Alcocer, libro. 2. cap. 27; y de la segunda, María de Ajofrín, la crónica del Orden de Sant Jerónimo, desde el capítulo cuarenta y uno hasta el fin della, donde la sanctidad de ambas es grandemente encarecida. ''[17]''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
===Notas===&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[1]'' En el margen izquierdo leemos: “En 18. de Iulio.”&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[2]'' En el texto leemos: “Diezma”. Se ha subsanado la errata.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[3]'' Entiéndase: “alguna de las diversas medicinas”. Ejemplo de la tendencia a la elipsis que muestra la prosa del autor.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[4]'' Como la mano y el costado.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[5]'' En el margen derecho leemos: “Año de 1489.”&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[6]'' En el ejemplar manejado impreso en 1589 aparecen tachadas las sílabas y palabras siguientes:  “-cubierto y en este tiem […] intercesión de su”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[7]'' Como se ha indicado, se reproduce entre corchetes el fragmento eliminado en la impresión de 1589. Cabe precisar que las palabras: “por donde parece que fue certísimo” se hallan tachadas con tinta negra en el ejemplar manejado de la BNE.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[8]'' Se mantiene la oscilación vocálica al escribir el nombre de la santa dominica.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[9]'' Se elimina la duplicación de la vocal en la escritura de esta palabra.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[10]'' En el colofón del ejemplar se indica que el libro fue terminado “último de septiembre del año de 1586”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[11]'' Se refiere a la lisboeta María de la Visitación, quien vivió en la segunda mitad del siglo XVI.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[12]'' Entiéndase: “la gota de en medio”&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[13]'' Se subsana la errata: “podre”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[14]'' En el texto leemos: Stilita.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[15]'' En el texto figura: “relignoso maastro”. Se han subsanado las erratas.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[16]'' Alude a las dos religiosas que centralizan el apartado 193 de la Adición a la ''Tercera parte del Flos Sanctorum'': María García y María de Ajofrín.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[17]'' A continuación, en el ejemplar mencionado de la BNE ‒en el mismo apartado 193‒ leemos: “Antes de poner fin en las vidas destas dos siervas de Dios, Marías religiosas de Sant Pablo de Toledo, quiero hacer mención de algunas otras monjas del mismo convento, dignas de que, en los siglos por venir, se tenga honorífica memoria y su propria casa y la ciudad de Toledo reciban honra y les sea de importante provecho el tener y gozar de sus benditos cuerpos. Lo que dijere se ha sacado de un libro que recopiló de memoriales y relaciones antiguas y modernas de aquel convento doña Ana de Zúñiga, de cuyas virtudes pudiera yo escribir mucho si llegara mi atrevimiento adonde llega el deseo y la verdad.”&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y se añaden diez vidas breves que se hallan editadas en el Catálogo: Aldonza Carrillo, condesa de Fuensalida; su madre Teresa de Guevara; Inés de Cebreros; Inés de Santa Catarina, sobrina de María de Ajofrín; Lucía de los Ángeles; Catalina San Juan; María de San Ildefonso; María de la Visitación; Paula de los Ángeles y, por último, Quiteria de San Francisco.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
A doña Ana de Zúñiga, Alonso de Villegas dedicará una reseña hagiográfica en impresiones posteriores a la de 1589, como evidencia el ejemplar de 1595 guardado en la Biblioteca de la Universidad de Barcelona con la signatura B-50/5/11.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
=Vida impresa (4)=&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Ed. [http://visionarias.es/equipo/lara-marchante-fuente/ Lara Marchante Fuente]; fecha de edición: septiembre de 2017; fecha de modificación: mayo de 2026.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==Fuente==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
* [http://catalogodesantasvivas.visionarias.es/index.php/Categor%C3%ADa:Fray_José_de_Sigüenza Sigüenza, Fray José de], 1605. “Libro II de la Historia de la Orden de San Jerónimo”, ''Tercera Parte de la Historia de la Orden de San Jerónimo, dirigida al Rey, Nuestro Señor, Don Felipe III'' Madrid: Imprenta Real, 465-497.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[[Contexto material del impreso Tercera Parte de la Historia de la Orden de San Jerónimo]]'', doctor de la Iglesia, dirigida al Rey, Nuestro Señor, Don Felipe III''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
== Criterios de edición ==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Para facilitar su lectura, esta edición moderniza el texto en aquellos puntos que no suponen una pérdida de los valores fonéticos, léxicos y sintácticos del periodo y conserva la morfología de las palabras con interés morfológico o fonológico o por tratarse de cultismos (como ''agora'', ''ansí'', ''monesterio'', ''recebir'', ''redemptor'' u ''obscuro'').&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Se adaptan, por tanto, las grafías a las normas de ortografía vigentes (sibilantes, b/u/v, j/g, chr/cr, qu/cu, empleo de h, etc.) y a la acentuación y puntuación de las normas gramaticales actuales. Igualmente, el uso de las mayúsculas y minúsculas respeta los criterios presentes del español, si bien se mantienen las mayúsculas como signos de respeto o de diferenciación con la palabra escrita en minúscula (''Cielo'', ''Esposo'', ''Señor'', ''Profeta'', ''Reina del Cielo''). &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
También se introducen las comillas para delimitar las intervenciones dialógicas de los personajes y se subsanan las erratas evidentes. En este sentido, conviene apuntar que, dentro de esta edición y en base a sus particularidades, se han incluido notas al pie en las que se especifican y desarrollan algunas ideas o palabras del texto impreso original. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==Vida de María de Ajofrín==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''CAPÍTULO XLIV'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[465] '''La vida de la sierva de Dios María de Ajofrín, religiosa de San Pablo de Toledo'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Si no estuviera la vida desta santa, tantos años ha, escrita y predicada por otros, y Nuestro Señor en vida y en muerte no hubiera calificado y, como si dijésemos, sellado su santidad con tantas maravillas, no me atreviera a poner la mano en ella y pasara en silencio casos tan maravillosos, porque, aunque no soy de los muy incrédulos ni de aquellos que se ríen de todas estas visiones y revelaciones, especialmente en mujeres, que por su flaqueza están tan sujetas a recebir engaños, no soy tampoco de los que lo creen todo y se les antoja milagro cualquier cosilla. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Estos extremos, sin duda, son dañosos y aun peligrosos, y no sé cuál más, porque el uno parece temerario y poco pío, y el otro da ocasión con su facilidad que pierda el crédito y reverencia aun lo más verdadero y calificado. Confieso que en aquellos primeros tiempos de la Iglesia, y en aquellas primicias del espíritu, se halla poco o nada destas cosas, y la santidad y milagros con que Dios confirmaba su fe y la autoridad de sus ministros (estas son las dos principales razones o fines de los milagros) eran muy diferentes en aquella feliz era, y que algunos centenares de años después, cuando florecieron tantos mártires y, tras ellos, tantos y tan ilustres confesores, y Dios tenía poblados los desiertos de tan admirables hombres, tampoco se hallaba nada desto, y si se ha escrito algo (no faltaron entonces algunos hombres varones que sembraron muchas niñerías) tuvo siempre poco crédito.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
De doscientos años poco más a esta parte, ha habido algunas mujeres santas con quien parece que [466] Nuestro Señor ha querido (digámoslo ansí, aunque con miedo y reverencia) mudar estilo, facilitarse tanto con ellas y allanar el trato de suerte que no haya sino encoger los hombros y dejar el juicio y determinación dello a la Iglesia que, como a su esposa querida, no le encubre los secretos de su pecho. Junto con esto (que también aprieta mucho), parece que ha querido hacer excepción de la regla de su Apóstol, que no permite que las mujeres enseñen en la iglesia, y ha permitido (como algunos dicen) que dejen estas santas muchas epístolas y libros grandes de revelaciones y doctrinas para enseñamiento de los fieles, cosa que en ninguna de aquellas santísimas hembras que florecieron de mil años arriba, nunca la vimos ni tenemos, sino es de alguna cosa de ingenio, qué ya saben los que algo han leído que son. Todas estas razones hemos de tragar y atravesar por todo con sumisión de la regla que he dicho, y decir que no se ha abreviado la mano del Señor. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Esto he dicho antes de entrar en la vida desta santa, que sin duda me hace gran admiración. Diré con la mayor fidelidad que pudiere lo que ya otros han publicado, y lo que en un cuaderno antiguo de mano he hallado, que en sustancia todo es uno. El original de todo, o la mayor parte, fue el padre fray Juan de Corrales, religioso desta Orden, profeso y prior de la Sisla de Toledo, hombre docto y gran fraile, y que confesó a esta santa casi todo el tiempo en que Nuestro Señor la hacía las mercedes que diremos; y ansí dice en la última cláusula del Prólogo que hizo en la relación de su vida desta suerte: “Yo, el muy indigno siervo de los siervos de Dios, fray Juan de Corrales, prior de la Sisla de Toledo, recontaré a honra y gloria del soberano Rey Dios, Nuestro Señor, las maravillas y secretos que por mis ojos vi, y por mis manos traté, y oí a personas dignas de fe y de gran memoria, las cuales Nuestro Señor quiso poner y demostrar en una pobrecilla sierva suya, llamada María de Ajofrín, virgen y santa, en el Monasterio y Casa de doña [[María García]], en la ciudad de Toledo”. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Ajofrín es una villa junto a Toledo; vivía allí un varón honrado, llamado Pero Martín Maestro, con su mujer, Marina García, temerosos de Dios, de vida honesta, abundantes de bienes temporales. Entre otros hijos, tuvieron una hija que llamaron María, de gran hermosura en el cuerpo, y tanto mayor en el alma que luego, desde sus primeros años, se le conoció la quería Dios para su esposa. Apenas sabía hablar, ni decir las cosas por su nombre, ya sabía rezar y poner las manos delante de las imágines, y hacer otras santas niñerías, regalo entonces singular de sus devotos padres, que se regocijaban en las almas, viendo los tempranos y santos ensayos de aquel angelico. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Como fue creciendo, comenzaron muchos a amarla y desearla, y ansí se levantaba muchas veces plática, entre sus padres y otros del pueblo, de su casamiento. Como la santa estaba prevenida de otro más divino amante y tenía puesto en su voluntad, entendiendo los rumores y tratos tan anticipados de sus casamientos, con un impulso divino la doncella santa hizo, siendo de trece años, voto de virginidad y de entrar en religión, que ya este principio y acto tan heroico descubre y promete mucho. Tratábanse los casamientos de cada día con más calor; los padres y hermanos la daban prisa, [467] y los parientes, todos la importunaban. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Resistió a todos varonilmente, declarando sus votos y sus deseos, cosa que lastimó mucho a sus padres, y sobre esto padeció y sufrió por el amor de tal Esposo, grandes encuentros, palabras y aun obras pesadas, porque todos eran contra ella. Al fin pudo tanto que su padre, aburrido, enojado y lastimado en el alma, importunado della, la sacó de su casa, siendo ya de quince años, vínose a Toledo con ella, sin saber adónde había de parar, ni donde había de sacrificar una hija tan querida. Entró en la iglesia mayor, rezaron allí entrambos. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Rogó ella a su Señor y Esposo la llevase adonde Él fuese servido. Púsole en el corazón que se fuese a la compañía de aquellas religiosas que se llamaban jerónimas, en el Monasterio de doña [[María García]]. Díjoselo a su padre, llevola allá, entregola allí y volviose a su casa lleno de tristeza, viendo que dejaba como sepultada la prenda que más en sus entrañas tenía. Puesta la sierva de Dios donde tanto deseaba, no cabía de gozo, viendo el ejercicio de aquellas santas, y procuró imitar todo cuanto excelente de virtud y perfección consideraba en cada una. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Señalose siempre en humildad y obediencia: parecíale que, en comparación con sus hermanas, no merecía besar el suelo donde pisaban. No tenía otro gusto sino cuando se ofrecía ocasión, y ella se las buscaba, de emplearse toda en su servicio. En pudiendo retirarse a algún rincón, allí levantaba el alma y los ojos al Esposo de su alma, y le importunaba con lágrimas y suspiros pusiese en ella sus ojos de misericordia; su deleite y sus regalos eran la oración y meditación. Ansí pasó una vida santísima, callada y humilde de diez años de religión, teniéndola todas, las otras hermanas, en nombre de religiosa perfecta, y que caminaba por un camino muy seguro, aunque con grandes ventajas de otras compañeras, porque en todo este tiempo no se vio en ella cosa digna de reprehensión, sino de grande y conocida virtud, principios legítimos para las mercedes que Dios había de hacerle. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Pasados estos diez años como temerosa de Dios, cuidadosa de su salud, determinose a hacer una confesión general, como si quisiera comenzar una vida nueva (propio de los santos imaginar que cada día comienza), y el Señor, que también quería comenzar a señalarse en el amor que tenía a su sierva, puso en ella tanta compunción y lágrimas, que bastaban a lavar otra alma por grandes manchas que tuviera.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Al punto de entrar en el confesionario, derribose en tierra delante una imagen de nuestra Señora, que tenía su hijo en los brazos, y allí, con grandes ansias y suspiros, suplicó al Señor le perdonase sus pecados, y a la madre, de clemencia, que le alcanzase el perdón de su hijo. Estando ansí orando, con este vivo afecto, vio que súbitamente la imagen se llenó de luz divina, que alumbraba también parte de aquel aposentillo; y en la claridad de la imagen vio cómo el niño, desde los brazos de su madre, levantaba la mano hacia ella, de la forma que el sacerdote la extiende cuando absuelve al penitente. Espantase desto la santa doncella, que es propio de vírgenes prudentes temer visiones extraordinarias. Quitose de allí y fuese a los pies del confesor, no imaginando mas de que podía ser antojo o gran flaqueza. Hizo su confesión lo mejor que pudo. Al salir, tornó a hacer oración a la imagen y súbito tornó [468] a esclarecerse, y el niño, sacerdote eterno, tornó a levantar la mano como en forma de absolución. Y esto puso alegría y consuelo grande en el alma de la sierva de Dios, que entendió, con mucha certidumbre, Nuestro Señor le perdonaba sus pecados. Tuvo esto en secreto mucho tiempo, que jamás lo reveló a nadie, sino solo a su confesor, fray Juan de Corrales, a quien manifestó que, desde aquel día, le quedó en el corazón un movimiento tan grande que le parecía le quería algunas veces saltar del pecho. De allí a pocos días, quedándose sola en el coro una noche, haciendo oración por el estado de la Iglesia con grande afecto y devoción, vio encenderse una llama de fuego grande en la Custodia del Santo Sacramento, y ardió por espacio de una hora poco menos, de que quedó en extremo maravillada.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Había de comulgar el día de la Resurrección del Señor con las otras hermanas, y la noche antes andaba nerviosísima, con aquel deseo de recebir al Esposo, orando y llorando sin enjugar las lágrimas, suplicándole le diese digna disposición para recebir tan alta Majestad, y sentir los frutos de su gloriosa venida. Fue, pues, con las otras hermanas a comulgar, y recebió el Santo Sacramento, a su parecer en forma de un corderito vivo: cuando lo tenía en la boca, se bullía y meneaba. Tragolo con el mayor temor y reverencia que pudo, y sentía luego que se le puso sobre las telas del corazón. Allí, sintió tanta alegría, reposo, dulzura y consuelo que en diez días con sus noches no durmió ni pegó los ojos, destilando dellos continuas lágrimas de alegría. Desde entonces, las veces todas que comulgaba, se trasportaba o enajenaba de los sentidos como se entraba allá, dentro el alma, con todas sus potencias, a hacer estado a la Majestad de su Rey y Esposo, y junto con esto le quedaba un dulzor extraordinario, y de otra quintaesencia en la boca, garganta y corazón, que le duraba un espacio de cuarenta días, que del supremo gusto del alma quería Dios le alcanzasen aún en esta vida tales relieves al cuerpo. Certificaba la santa al prior que si no fuera por evitar la singularidad, no comiera en todo este tiempo, ni a su parecer tenía necesidad dello. Hácesenos a nosotros estas cosas como imposibles porque estamos muy lejos dellas. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El día octavo de la Resurrección, estando orando, vio cómo vino a ella un varón anciano, de aspecto venerable, cubierto de una capa de seda colorada y le dijo:&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
“Ven conmigo, que te envía a llamar la Reina”. Estaba a aquella sazón la Reina, doña Isabel, en Toledo, y como entonces salían estas religiosas de casa, con compañía honesta, entendió que la Reina la enviaba a llamar, y rehusaba de ir a allá. El varón le tornó a decir: “Ven hija, que te llama la Reina del Cielo”. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Entonces, se fue con él, y hallose en una iglesia, fuera de la ciudad, donde vio a Nuestra Señora con su hijo en los brazos. Púsose de rodillas, delante della, y aquel hombre anciano que la había llevado llegó y púsole un paño de seda en las manos, y la santa Reina le puso luego a su hijo encima, y mandando a otro hombre, de menos edad, que la acompañase junto con el otro que la había llevado allí, le dijo la Señora del Cielo: “Ve con mi Hijo donde fueren estos dos varones”. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El que llevaba el vestido colorado iba como por guía, delante, como buscando posada. Entraron por la ciudad, y llamaban a las puertas que estaban cerradas, diciendo: [469] “Abrid, que viene el Señor a vuestra casa”, y ninguno quería abrirles. Y si algunos tenían las puertas abiertas, acudían de prisa a cerrarlas, respondiendo unos y otros que pasasen de largo, porque estaban embarazados y no había posada. Anduvieron desta suerte poco menos toda la ciudad, sin hallar donde los acogiesen. Tornáronse por donde habían ido, encontraron en el camino con dos mujeres caballeras en dos asnillos ''[1]'', que las acompañaban dos clérigos, y estos les dijeron: “Nosotros os acogiéramos si no fuéramos deprisa, mas en tanto que volvemos, recogeos en ese establo”. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Ansí, se tornaron al templo donde la Virgen estaba, y tornando a recebir a su hijo de la mano de su sierva, le dijo: “Llegado es el tiempo en que es tan menospreciado el Hijo de Dios, y ansí también se ha llegado el tiempo en que Él herirá por su ángel: a unos, con duros azotes, a otros, con espada aguda, y a otros, con fuego. Mas, ¡ay de los perlados de la iglesia, a quien el Señor hizo pastores de su grey, y de las almas que compró tan caras, que traen vestidos de ovejas y corderos y son dentro lobos rabiosos robadores, que no tratan sino de beber la sangre de los súbditos! Procuran con toda su ansia honras y dignidades, no para servir con ellas a Jesucristo, mas para sus gustos y deleites”. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Con esto, le desapareció aquella visión. Tornó la santa en sí y estuvo pensando en lo que había visto, lastimada en el corazón de lo que oyera a la Reina del Cielo. No tardó mucho tiempo el castigo amenazado y merecido. Vino luego una gran carestía de hambre, cerrose el Cielo y no llovió para que se pudiesen coger los frutos. De allí se siguió luego una gran pestilencia. Entró en España aquella enfermedad tan asquerosa y fea de las bubas, que con el tiempo se le ha perdido el miedo, y ansí se vieron el cuchillo, el fuego y el azote que se le reveló a la santa puestos en ejecución, para que se entienda que no fue antojo la visión, pues es esta la verdadera prueba y señal por donde Dios nos manda que las examinemos. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El día de la Ascensión de aquel mismo año, quedándose en el coro, como tenía de costumbre después de Maitines, llevada del afecto y amor de Jesucristo, se llegó a cerca del altar mayor, y allí fue levantada en espíritu y la mostró Nuestro Señor una visión maravillosa:&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Pareciole que la habían llevado a un campo espacioso, lleno de verduras y deleites; en medio d’él estaba un claustro grande, de paredes muy altas y de ricas piedras labrado. Vio que tenía cinco puertas como de vidrio o cristal, y en cada una estaba entallada la encarnación de Nuestro Señor, la Salutación del Ángel a la Virgen. Vio luego que salía, por cada una de las puertas, una procesión solemnísima de sacerdotes, vestidos de majestad y gloria, y caminaban a una casa hermosamente labrada, que estaba en aquel mismo campo. Entraron todas las procesiones dentro y se postraron delante del altar, cantando el himno Gloria in excelsis Deo. Acabado, estuvieron todos en gran silencio, y con tanta compostura y reverencia que no se miraban unos a otros. En el altar estaba la Santísima Virgen, con su Hijo en los brazos, y estas no eran figuras pintadas, sino vivas en cuerpo y alma, como si fuera en el mismo Cielo donde reinan. Comenzó la señora Soberana a decir en voz alta y lastimera, mostrando su Hijo al pueblo que allí estaba junto: “Veis aquí, hombres, el fruto [470] de mi vientre, tomadlo y comedlo. En cinco diferentes maneras es cada día crucificado por las manos de los malos sacerdotes: la primera, por mengua de fe; la segunda, por la codicia de los bienes de la tierra; la tercera, por el vicio torpe de la lujuria; la cuarta, por ignorancia, que ni saben lo que a sus ministerios conviene ni los misterios que tratan, ni procuran entender sus obligaciones; y la quinta, por la poca reverencia que tienen a su Dios y mi hijo, después que le han recebido. Ansí le tratan, como si fuese el pan que echan a los perros”. Habiendo dicho esto, llegó un sacerdote que parecía de mayor autoridad y reverencia que los otros, y vistiose para decir la Misa. Cuando llegó al punto de consagrar la Hostia, nuestra Señora le puso en las manos su Hijo, y luego quedó como en forma de Hostia. Levantolo en alto para que lo adorasen todos, y parecía como un rayo de Sol, y poco a poco se fue subiendo al Cielo, hasta que el Padre Celestial lo recebió en su seno, y sonó una voz que decía: “Este es mi hijo muy amado”. Entonces, un sacerdote de los que allí estaban, que había sido capellán de aquella Casa de doña [[María García]], y había fallecido algunos días había, se llegó a ella y le dijo: “Esto que aquí has visto tiene gran misterio, y significa a los que celebran este santo Sacramento de tal suerte que, aunque receben la verdad y la forma del Sacramento, no participan el fruto. Mira que cuentes todo lo que aquí has oído”. Y en estas últimas palabras, desapareció la visión. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Vuelta en sí, la santa comenzó a pensar en lo que había visto, y púsole mucho miedo, pensando no fuese alguna ilusión del enemigo que le había puesto aquello en la imaginación, porque de todo punto se tenía por indigna de cosas tan altas; por otra parte, dentro de sí misma, le parecía que tenía aquello una certeza tan grande que no pudiera el demonio entremeterse en cosa tan admirable. Ni sabía si lo diría o callaría. Al fin, se determinó de no decirlo a nadie sino a su confesor, debajo del sello de aquel Sacramento, pensando que se comprendía en él. El confesor quedó admirado cuando lo oyó, y aunque entendió que aquella visión venía de buenos principios, porque tocaba en lo fino, y declaraba la raíz de la corrupción de las costumbres del pueblo y de las faltas de los que habían de ser espejo de la iglesia, cosas que el demonio no había de procurar se enmendasen, con todo eso, mostró no hacer caso dello y la reprendió, diciendo que eran burlerías, antojos y fantasías de cabezas flacas de mujeres, quedando a la mira y ver en qué paraba el caso. Estas fueron las primeras cosas que pasaron por esta santa Virgen, que las refieren otros cortamente, y yo las relato con la fidelidad que las escribió su confesor, fray Juan de Corrales. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''CAPÍTULO XLV'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[2]'' '''Prosíguese la vida de la santa virgen María de Ajofrín, y las cosas admirables que Nuestro Señor obró en ella'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El mismo año luego adelante, día que se celebra en Toledo, y agora en toda España, el Vencimiento de la Cruz, quedándose en oración después de Maitines, cuando ya quería romper el alba, estando postrada delante del altar y roba- [471] da en espíritu, le apareció Nuestro Señor, llegose a ella y la mandó levantar; vio que venía cubierto con una alba o sobrepelliz y una estola al cuello, y por las piernas abajo le corría mucha sangre, y díjole ansí: “Como me ves, corriendo sangre, ando por las iglesias desta ciudad, desde esta hora hasta que tañen a la plegaria de a medio día”, y dicho esto, desapareció. Considerando la santa estas cosas, hacía con ardientes suspiros oración a Nuestro Señor por el estado de los sacerdotes, entendiendo cuánto le ofendía el descuido de sus vidas. &lt;br /&gt;
Entre otras veces, el día de San Agustín, estando rezando en una imagen de Nuestro Señor, que llamamos Verónica (teníala en un libro), se llenó la imagen de una claridad grande, y  luego la vio convertida en sangre. Diole esto gran dolor y turbación, no sabiendo qué hacerse, ni qué quería el Señor darle a entender en esto, teniendo siempre algún recelo de si esto era algún engaño del enemigo. Sucediole de aquí que, desde aquel día, jamás pudo comer bocado de carne ni entró hasta que murió cosa della en su estómago, y su manjar fue pasas o alguna otra fruta con el pan. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En fin de Setiembre de aquel año cayó muy enferma: llegó a punto de muerte al parecer de los médicos. Estando ansí, en el extremo de la vida, fue arrebatada en espíritu y quedó como muerta espacio de tres horas. Mandó el médico que le diesen algunos garrotes y le hiciesen mal para volverla de aquel paroxismo. Hiciéronle llagas en los pies, y en las piernas y en otras partes, pretendiendo despertarla o ponerla en acuerdo. En este tiempo fue llevada a aquel claustro donde vio primero salir las procesiones. Caminando para él, le salió el demonio al encuentro y quiso llegarse a ella para que no pasase. Llegó nuestra Señora y reheprendió al enemigo, rempujándole con su mano propia; y tomola luego por la mano y llevola al claustro, donde vio salir otra vez las mismas procesiones, y díjole la Reina del Cielo: “Este es el lugar donde te fue mandado que dijeses lo que habías oído y visto, y ansí otra vez te mando que lo que entonces y agora ves lo digas a tu confesor, y él lo diga a otras personas fieles, al deán y capellán mayor de la iglesia desta ciudad, y ellos lo digan al arzobispo, y se divulgue en toda la la Iglesia, que mi hijo está muy indignado por las injurias y escarnios que le hacen los que indignamente tratan sus misterios y Sacramentos”. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Desaparecida la visión y vuelta en sí, hallose sana. Díjolo todo a su confesor, y como hombre prudente se detuvo, y, aunque no se mostró tan duro ni tan incrédulo como la primera vez, le dijo: “Cuando yo diese entero crédito a esas cosas, ¿cómo lo creerán, (decidme, hermana) esas personas a quien queréis que se diga? Menester es, a mi parecer, alguna seña o alguna manera de certeza, para que ni se rían de vos ni de mí, teniéndonos por livianos”. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Como oyó esto la santa, afligiose mucho y por entonces no le respondió nada, pensando de responderle en una carta y buscar quién se la escribiese. Pasando acaso por un lugar de la casa donde estaba una ventanilla, vio en ella un pliego de papel y tomolo. Metiose en un sotanillo obscuro donde algunas veces ponían leña. Sentose ''[3]'' allí con harto deseo de hallar quién la escribiese su carta, porque ella no sabía, ni en su vida tomó pluma en la mano. Estando desta suerte, sin saber qué hacerse, vio que súbitamente resplandecía el papel y, sin saber quién ni cómo, [472] sintía que le tomaron la mano y se la meneaban como para escribir; y escribió dos cartas: la  una para su confesor, que a esta sazón era el cura o capellán de aquella casa, que se llamaba Juan de Velma ''[4]'', y la otra para el deán y para el capellán mayor de la iglesia. Escritas las cartas, desapareció la claridad, plegolas y púsoselas en la manga. Fue luego a hacer los oficios y ministerios en que andaba siempre como monja humilde ocupada, barrer, fregar y otras haciendas semejantes. Sacando agua de una tinaja para llenar una caldera, cayósele la una de las cartas dentro y detúvose en el aire antes de llegar al agua. También parecerá esto menudencia y cosa de aire a los censores rígidos, sin acordarse que también fue menudencia que la cuchilla del hacha que se le cayó al discípulo de Eliseo en el agua vino nadando a enastarse en el palo que tenía en la mano el Profeta. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Vino una destas cartas a manos del capellán mayor de Toledo y probó muchas veces la virtud que tenía dentro, porque la puso sobre algunos enfermos harto lastimados y tuvieron luego salud. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Cuando el cura vio las cartas, quedó maravillado, porque sabía muy cierto que la santa en toda su vida había escrito letra, ni tomado péñola en la mano, ni en aquel convento había quien hiciese tal letra, y tras esto leyó cosas en la carta que para él venía de que tenía evidencia, que solo Dios y él la sabían, y ansí estaba espantado y temeroso, entendiendo que habían escrito por modo más que humano. Con todo, no osaba dar parte dello a ninguno, sospechando siempre que le habían de tener por hombre demasiado crédulo y vano. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Determinose por entonces de callar, y respondiole por escrito, que él había recebido las cartas, aunque entendía que no tenía ella intento que se manifestasen ni saliesen a público, y ansí determinaba de guardarlas. La santa se afligió con esta respuesta; viendo la dureza y incredulidad de su confesor, querellose a Nuestro Señor dello. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Vinieron después los dos a hablarse y, aunque ella era como una cordera mansa y humilde, entonces se mostró enojada, y le reprendió duramente, llamándole pertinaz y cabezudo, pues a tan evidentes cosas no asentía. Hízole algunas razones harto perentorias, con que le convencía y mostraba que aquellas cartas habían sido escritas divinalmente. Desde aquel día, rogó la santa a Nuestro Señor que le hiciese merced librarle de aquellos negocios y encomendase su causa a otra persona que tuviese más autoridad y le diesen más crédito: pleito y petición muy ordinaria en los ministros humildes que el Señor ha escogido para remediar cosas graves, como si fuesen ellos los que lo han de hacer, y no la virtud divina que entonces resplandece más, cuando no hay de qué poderse gloriar la carne. Con esta determinación estuvo nueve meses, que, aunque tuvo algunas visiones y revelaciones, no descubrió jamás ninguna. Pasaba con el discurso de su vida humilde adelante, ejercitándose en el servicio de las hermanas, velando en continua oración y lágrimas, rogando a Nuestro Señor se apiadase de los que tan a su costa había redemido, y también rogaba a Nuestro Señor quitase la dureza de su confesor, para que le diese crédito o le diese alguna seña tan cierta que no pudiese dudar. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Guardó la santa la carta que se detuvo en el aire sin llegar al agua, teniendo gana de quedarse con ella, y enviar un traslado. No osaba darla a nadie que la trasladase, y pensó que sería bien [473] trasladarla ella, mal o bien, como pudiese, enseñándose a escribir con tan buena materia. Para esto, se encerró en un aposentillo y llevaba una ollilla con lumbre, para encender allí dentro una candela; en entrando, se encendió la candela por sí misma, sin llegar a las ascuas. Comenzó a probar y querer trasladarla, y sobrevínola un flujo de sangre a las narices que, en mucho rato, no la podía restañar. Púsose la carta en las sienes, pareciéndonle que cuanto más iba, más se iba abriendo la vena, y al punto se le restañó. Ansí se salió de allí, sin probar el traslado de la carta, y hizo Nuestro Señor con ella notables maravillas.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Estaba una niña de una mujer vecina allí muy mala: muriose el día de la Concepción de Nuestra Señora, y la santa, cuando lo supo, condolida de su madre, que la quería mucho, envió que pusiesen aquella carta encima del cuerpo de la niña. Pusiéronla y resucitó después de haber pasado siete horas que era muerta. Otra mujer tenía un pecho abierto y muy lastimado, que se le iba cancerando; pusiéronle en el la carta, y al punto fue sana.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Un clérigo principal de Toledo, a cuyas manos vino después la carta, fue a Santiago de Galicia en romería: llevábala con mucha fe y devoción en su pecho. Pasando cierto brazo de mar, cayó del barco en el agua, mojose cuanto llevaba hasta la camisa. Escapó con la vida y la carta salió enjuta, porque debía de estar escrita al olio de la caridad de Dios. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Ya la santa, entre sus hermanas, era conocida por cosa muy excelente, y con las muchas veces que la habían visto fuera y enajenada de sus sentidos conocían, aunque ella lo disimulaba y encubría, que Nuestro Señor le hacía grandes mercedes, y el discurso de su vida daba buen testimonio de todo. Prevínola Nuestro Señor y diole aviso que el día de Todos Santos quería comunicarle sus secretos y misterios, y hacerla particionera de los dolores de su Pasión. Parece ser esto ansí, porque ella misma le dijo a la priora, que entonces no llamaba más de hermana mayor, que en el punto que acabase de comulgar el día de Todos Santos, e llevase antes que fuese arrobada en espíritu y pusiese en algún aposento de la casa, donde no la viese nadie. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Fue el caso que en el punto que recebió el cuerpo de Nuestro Señor, antes de padecer el arrobamiento de lo que allí se le reveló, luego fueron tantos los gemidos y sollozos, y tan fuertes los golpes del corazón que dentro sentía que, que sin duda, fue milagro no espirar en aquel instante. Puso tanta fuerza y estribo tan fuertemente para callar y no dar gritos, diciendo lo que sentía, y aquel fuego y hervor del alma encendió y subió la sangre con tanto calor y ímpetu a la cabeza que vino a reventar por la frente y por las sienes, y se le vio una cuchillada en ella, como si se la cruzaran y abrieran con una navaja. Estuvo ansí muchos días abierta y la vieron muchas personas, y lo que de todo punto excede a cuanto podemos imaginar es que por el resto y cerco del celebro se le cortó el casco de tal suerte que, quedando por defuera sano el pellejo, se sentía la división con los dedos, y lo tentaron diversas personas; la cuchillada que era más visible se estuvo ansí muchos días, sin recebir beneficio ni medicina ninguna. Sintió desto tan extremado dolor que fue milagro no morir y, de hecho, de suyo la llaga y rotura era mortal, sino que el mismo que la heriría la sustentaba, para mostrar en ella la grandeza de sus maravillas. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Después de haber comulgado fue luego robada en espíritu y tan ajena de [474] todos los sentidos que, en cuarenta horas, no sentía cosa criada, aunque las hermanas hicieron demasiadas pruebas en ella, porque, temiendo no se les quedase ansí, porfiaron de tornarla en acuerdo, dándole muchos tormentos en las manos, pies y narices, y hicieron tanta fuerza por abrirle la boca que le quebraron una muela. Estuvo toda la noche de los Finados desta suerte; por tres o cuatro veces dio algunos aquejados gemidos, con notable estremecimiento del cuerpo. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Reveló después a su confesor que el tiempo que estuvo ansí vio cosas espantables que no las puede ni sabe decir la lengua. Vio a Nuestro Señor Jesucristo sentado en un trono de gran majestad y delante d’Él, gran multitud de gentes. En la boca tenía un cuchillo de dos filos muy agudo, y oyó que le decían que aquel cuchillo que el Señor tenía en la boca era la ira contra los malos ministros y pastores de su iglesia. Mandáronle que dijese esto a los varones que le habían señalado y los reprendiese, porque le echaban en olvido y eran negligentes en cumplir lo que se les había mandado, y hacían poco caso de la voz divina; que los amenazase con pena de la sentencia del Cielo, sino lo pusiesen luego por obra; que avisasen también al arzobispo y le dijesen viniese por sí mismo a poner remedio en aquellos cinco pecados de que Nuestro Señor tan gravemente estaba ofendido: falta de fe, codicia de las cosas del mundo, lujurias y sensualidades, ignorancia de las cosas divinas, y poca reverencia en ellas. Maldades y culpas en que cada día era como de nuevo Jesucristo crucificado, y que pusiese eficaz remedio en destruir y extirpar las herejías que en aquella ciudad iban sembrándose, y que no permitiese que se dijese misa en casa de personas seglares, porque había tanto exceso en esto que ya cualquier hombre particular quería que le dijesen misa junto a su cama, cosa de gran escarnio y menosprecio de las cosas sagradas. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
“Y para que seas creída, se te dará esta señal del Cielo, que este cuchillo que está en la boca de Dios traspasará a tu corazón, y hará en él una llaga de donde saldrá sangre viva, que será verdadero testimonio a todos, y tú serás participante y como un trasunto en quien se verán las llagas y los tormentos que el Hijo de Dios padeció en su Pasión”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Acabando de decir esto, se sintió luego herida y con tan gran dolor en el corazón que no se puede explicar, y en él una llaga tan grande que a lo que se veía por de fuera podía caber por la cuchillada la cabeza de un grande dedo pulgar. Mostrase abierta esta llaga veinte días enteros, y los viernes corría sangre en más cantidad que los otros días; y aunque le ponía algunos paños para restañarla no bastaba, porque corría hasta los pies. Viose ser hecha esta herida sobrenaturalmente, porque ni nunca se enconó, ni se mudó la carne circunstante, ni hizo materia, ni mostro género de corrupción alguna, aunque estuvo tantos días abierta, ni se le hizo género de remedio, ni aplicó alguna medicina. La sangre era tan limpia que parecía como de un palomino. Poníanle cantidad de paños, remudándolos; todos quedaban hechos sangre. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Quiso al principio la sierva de Dios esconderla, y hizo las diligencias que pudo, mas fuele dicho que la manifestase a sus superioras, a la patrona, y a la que llamaban hermana mayor. Mostró los paños sangrientos aunque con harta vergüenza; maravilláronse de caso tan [475] extraño. Espantadas ello y de la llaga, enviaron a llamar luego al confesor. Él, como prudente, puso todo el silencio que pudo a todas las hermanas, y recelándose no fuese esto alguna ilusión diabólica o otro fruncimiento humano, procuró informarse de todo el suceso. Vio la llaga, y quedó suspenso y como atónito; fuese a dar parte del caso al deán de Toledo, hombre de letras y prudencia, y al capellán mayor, don Diego de Villaminaya ''[5]''. Parecioles que no se divulgase el caso hasta que se diese bastante testimonio y se averiguase con la mayor certeza que fuese posible. Acordaron los tres, el deán y el capellán mayor y el cura o capellán, de llevar consigo un notario, persona de confianza, y fueron todos cuatro al monasterio. Hablaron con la hermana mayor, diciendo era menester que certificarse del caso, y que se hiciese aquello de manera que constase con mucha firmeza. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Mandáronla a la santa que se acostase y, cubierta honestamente con una sábana, abrieron por la parte del costado cuanto fue bastante para ver la circunferencia de la llaga y buena parte del pecho. Halláronse presentes estos cuatro varones, y la hermana mayor con la patrona de la casa, y todas seis personas vieron atentamente el costado herido y abierto, y lo tocaron con sus manos, estando la llaga tan viva y tan reciente que salía della sangre purísima, y el propio capellán mayor sacó con sus mismos dedos gran copia de hilas llenas de sangre. Advirtieron que aquella herida no se había podido hacer humanamente. Acordaron que el notario diese testimonio dello. Y porque este se guarda original en el archivo del Convento de la Sisla, de Toledo, me pareció ponerle aquí ad verbum, por ser tan notable el caso. Dice desta manera:&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
“Decente e cosa convenible es escribir por memoria las buenas obras e vidas de las personas que nos precedieron, porque podamos por los buenos ejemplos de aquellos obrar siempre bien, e nos esforcemos a apartar siempre del mal. Cosa cierta es que si lo precioso no fuese apartado de lo no tal, la concupiscencia local, no bastante de se temperar, sería demergida por curso muy ligero en un oscuro tragamiento. Por tanto, yo, Gracián de Berlanga, capellán de la serenísima Reina doña Isabel, nuestra señora, notario apostólico e arzobispal, afirmo e doy fe, que el año de la Natividad de Nuestro Redemptor e Salvador Jesucristo, de mil cuatrocientos y ochenta y cuatro, en diecinueve de noviembre, casi seis horas después de mediodía, por ruego e instancia de Juan de Biezma, rector de la Casa de doña [[María García]], entré en la dicha casa, para que notase lo que viese, y ansí notado lo guardase. Después pasados algunos días, aunque no muchos, quise demostrar lo que había visto al Reverendo, padre prior de la Sisla, fray Juan de Corrales, considerando aquel dicho del Eclesiástico, en el capítulo 41: ‘Que provecho hay en el tesoro escondido, etc.’ El cual dicho señor muchas veces me mandó que aquello que había visto que se lo diese por escrito; mas yo, por entonces, no pude satisfacer a su voluntad por muchos negocios que me cercaban e a ello no me daban lugar; aunque allende de lo tener escrito en el corazón lo tenía en mi protocolo hasta diez días de noviembre del año del Señor de mil cuatrocientos ochenta y seis. Y es, que, el dicho Juan de Biezma me metió en un palacio de la dicha casa, en el cual estaban los reverendos señores don [476] Pedro de Prejano, deán de Toledo, e don Diego de Villaminaya, capellán mayor en el coro de la santa iglesia de Toledo, e dos o tres religiosas de la dicha casa, e viendo en una cama que en aquel palacio estaba una doncella que verdaderamente parecía bulto de ángel, y tenía una llaga en el costado donde Nuestro Señor Jesucristo fue herido tan grande como un real, e no tenía hinchazón y carecía de toda putrefacción: tenía un color muy fino, ansí como grana, e después que todos lo hubimos mirado, a poco de rato habló aquella doncella estas palabras: ‘Dios Nuestro Señor os lo demande si no pusiereis aquello en ejecución’. Y ansí, espantado, me aparté de allí, e me torné a salir; en fe de lo cual lo signé y firmé de mi nombre que fue fecha en Toledo, año, mes, día quibus supra. Gratianus, notarius apostolicus”. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Cosas son estas ocultas y divinas; yo confieso que no sé qué decirme a ellas, aunque no faltan ejemplos harto parecidos a este en los Profetas del Viejo Testamento a quien Dios de hecho mandó profetizar y decir con sus mismas penas las cosas que quería reprender a su pueblo, y los castigos que por sus culpas quería darles. Mas esto es para otro lugar, que excede los lindes de historiador.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''CAPÍTULO XLVI'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Padece la sierva de Dios María de Ajofrín mucha parte de los dolores y tormentos que Nuestro Señor sufrió en su Pasión, y otras visiones admirables'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Pasados veinte días que bastaron para dar firme testimonio, en que sentía la sierva de Dios intensísimos dolores en el corazón, se cerró la llaga por sí misma, sin haberse puesto en ella ningún género de medicina, quedando allí una señal harto clara y visible de la herida, no en forma de cicatriz, sino como un rubí hermosísimo. No le cesaron por esto los dolores, hasta que después de muchos días Nuestro Señor la sanó del todo. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Estando así en la cama, porque la graveza del dolor no la dejaba fuerzas para levantarse, oyó un día las ruedas de las campanillas que tañían en la iglesia al tiempo que alzaban. Esforzose como pudo para levantarse y ponerse de rodillas delante de una imagen de nuestra Señora que tenía allí pintada en un papel, orando con hervoroso espíritu, y fue tan grande el dolor que sentía en las manos y en los pies, y tanto amortiguamiento de brazos y piernas, que hizo mucho en no dar dolorosos gritos; puesta en esta recia angustia, le pareció que le traspasaban la mano izquierda, y el dolor fue tan penetrante como si le atravesaran un clavo por ella. Puso luego el dedo pulgar en ella, porque las hermanas que allí estaban no le viesen la herida que de hecho Nuestro Señor le mandó dar, disimulándola después con revolverse un paño en la mano, y trajo esta llaga con harto intensos dolores más de cuarenta días, y quedó después la señal. Esta llaga no la mostró a nadie sino a su confesor fray Juan de Corrales, que afirma la vio por sus ojos; y porque Nuestro Señor sucesivamente regalando a su sierva quería sufriese los dolores que Él en su Pasión había sufrido, fuera del dolor gravísimo que siempre sentía en la cabeza desde el rompimiento primero, sintió un día súbitamente un dolor nuevo, tan vivo y tan agudo como si por el contorno della la metieran clavos [477] agudos ardiendo, y saltaron luego por todo el cerco gotas vivas de sangre. Duró esto muchos días, y poníanle las hermanas algunas cosas medicinales para mitigar la fuerza del dolor, aunque no servían de nada, porque heridas del Cielo no se curan con socorros de la Tierra. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Estaba el cuerpo de la tierna y santa doncella con todas estas tan amorosas y santas heridas y con la fuerza de los dolores muy consumida, y con todo eso, queriendo el Esposo Soberano hacerle mayores favores, y que el discurso de sus penas se fuesen retratando en ella, el primero día del año siguiente, que es su santa Circuncisión, le fue dicho que revelase y dijese lo que se le había  mandado a las personas que le habían señalado. Respondió la sierva de Dios que ella no podía hacer aquello porque era una criatura vil y desechada, y antes parecía burla y escarnio que testimonio de Dios, y que no lo haría. Acerca deste rehusar y escusarse desta santa, y de otros muchos que en la Santa Escritura hallamos haber hecho esto mismo, se ofrecía una excelente consideración; si las leyes de la historia nos dieran licencia para divertirnos a ella, no faltara ocasión donde decirla. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Luego a la noche, estando en oración fue arrobada en espíritu, y lleváronla delante del tribunal de un juez, que se mostraba con rostro y semblante airado y espantoso. Reprendióla duramente porque no quería obedecer a sus mandamientos, y mandola azotar a un ángel por inobediente; los azotes fueron tantos y tan duros, que le quedó todo el cuerpo magullado; alcanzábanse los unos a los otros, sin haber cosa que no estuviese como molida, aunque por de fuera ni se vían ronchas ni cardenales, porque la mano sutil del ministro desta justicia sabía lastimar lo de dentro, dejando la corteza santa. Este dolor y quebrantamiento le duró poco menos año y medio, callándolo la santa, sufriendo por el amor grande de su Esposo y Señor las heridas y azotes de su mano. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Acertó una vez que tenía la toca mal puesta y la hermana mayor quiso aderezársela; metió la mano por el cuello y las espaldas, hallola tan lastimada y magullada la carne, que, entendiendo ella se había puesto así disciplinándose, la reprendió mucho por hacer aquello con tanto exceso; la sierva de Dios confesó la verdad del caso, de que quedó maravillada, confirmándose ser así, porque sin mostrarse por de fuera señal alguna, tenía todo el cuerpo parejo de la misma suerte magullado, cosa que no se podía hacer con azotes de manos humanas. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Cuando estuvo la primera vez transportada por espacio de cuarenta horas, y recibió la llaga del costado, dijo la sierva de Dios que la llevaron por el purgatorio, donde vio penas y tormentos terribles, que no se pueden explicar con nuestra lengua, donde no se oían sino lloros, gemidos, gritos y alaridos temerosos, y figuras de animales extraños, fieros, espantosos, jamás vistos ni imaginados en la Tierra, y que con sola su vista bastaría a quitar la vida al más valiente. Dijo que vio muchas diferencias y maneras extrañas de gusanos, y estaba todo el suelo tan lleno de1los que apenas había dónde asentar el pie. Entre otros, vio uno del tamaño de una cuarta de vara, y de anchura de tres o cuatro dedos, cubierto de unas conchas de fuego y unas uñas fuertes y agudas;  deste gusano preguntó la santa al ángel que la iba guiando qué era, y la respondió que aquel gusano era el que llaman de la concien- [478] cia, que está oyendo el alma del cuitado pecador antes y después que acometa el mal, y después que el hombre muere es lo que más le atormenta, viéndose sin remedio y que estuvo tan en su mano no hacer el mal que la conciencia decía que no hiciese. Llegábase uno de aquellos gusanos, abierta la boca, y quiso morderla en el pie, si no se lo estorbara el ángel, y solo permitió que le tocase en lo bajo del dedo meñique: llegole con una uña y sacole un pedazo de la carne con excesivo dolor. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Pasando más adelante por aquel lugar del purgatorio, vio un clérigo que aún era vivo, cura de una iglesia a quien ella conocía, en una pena de gran aflicción. Tenía ceñida por el cuerpo una fiera serpiente de dos cabezas: con la una boca le roía el espinazo y con la otra el estómago; y junto d’él, un dragón espantoso, que tenía encima del lomo una esportilla, y en ella un niño que daba grandes gritos, demandando justicia al Señor de la pena que sufría y había de sufrir para siempre de no ver a Dios, por la culpa de aquel clérigo. Preguntó esta santa al que la guiaba qué era aquello, y respondiole que aquel niño no fue bautizado por culpa de aquel clérigo, que era su cura, y demanda a Dios justicia de un mal tan irreparable. Espantase mucho la sierva de Dios desto, y hizo oración por él, y sucedió que, estando él diciendo misa de allí a ocho días, en acabando de alzar, fue esta virgen robada en espíritu, y vio que aquel cuitado cura tenía ceñida al cuerpo una serpiente con tres cabezas: una le comía el corazón, la otra la lengua y la otra las espaldas, y el niño daba gritos delante d’él, y decía: “Por su causa no veo a Dios; por ti no recebí el agua del bautismo; por ti me quedé hijo de Adam y no llegué a tan gran bien como ser hijo de Dios, y no alcanzarás jamás perdón de tan grande cargo”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
De allí a poco más de a tres días, esta santa llamó al cura y le dijo todo lo que había visto, de que quedó el pobre hombre tan espantado que perdió el habla por más de media hora. Cuando ella le vio tan derribado, esforzole lo mejor que pudo, animándole a que hiciese penitencia. Él le dijo que se maravillaba mucho cómo había entendido cosas tan secretas, porque junto con aquello le había amonestado se enmendase de otros pecados muy graves en que ofendía mucho a Nuestro Señor. Conociolo él todo, entendiendo que Dios le había revelado a su sierva el estado de su alma. Después descubrió este sacerdote a la santa que, estando otro día diciendo misa, cuando volvió la hoja del canon vio en ella cinco gotas de sangre, y fue caso cierto que él murió de allí a cinco años, día de San Miguel. Rogó ella al Señor con gran afecto por el ánima de aquel clérigo y dos días antes de la fiesta de San Francisco, estando sola la santa, tuvo grande miedo, pareciéndole que estaba junto a ella un bulto grande y no sabía qué era, y el día del mismo santo, antes de amanecer, se le representó muy espantable y le dijo cosas extrañas, que habían pasado entre él y otra persona en secreto. Todo esto parece que eran tristes señales de su salvación y que hubo falta de verdadera penitencia: negocios secretos que se quedan para Dios. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Como el padre fray Juan de Corrales viese tantas y tan claras señales que estas cosas eran divinas y que no podía ya padecerse engaño en ellas, pues se habían hecho tantas pruebas y confirmaciones, y la causa era tan grave y importante, y tan para el servicio de Nuestro Señor,  como la enmienda de los vicios, pecados y herejías que en [479] aquella ciudad entonces se sembraban por los judíos y moros, cosas tan dignas de remedio, asegurose no podía ser que el demonio, adversario de Jesucristo, pretendiese por este ni por otro medio, el remedio dellas, pues según la sentencia del Señor no querrá dividir ni destruir su Reino. Ansí determinó de dar larga noticia y relación destos sucesos al arzobispo de Toledo, que a la sazón era el cardenal don Pero González de Mendoza. Díjole todo lo que había entendido hasta aquel punto de palabra, y dejole una relación que había escrito de todo ello. El arzobispo tornó atentamente a leer todo el discurso, y respondiole con esta carta: &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
“Venerable padre: &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Esta noche pasada, a las dos después de medianoche, tomé esta lectura que me dejastes y nunca la partí de mis ojos, hasta que capítulo por capítulo la pasé y leí toda, que en ella no quedó letra que no la leyese, y lo que más me maravilla es que ansí se me pegó al corazón que no dude della cosa alguna. Como quiera que soy tardío en dar crédito a estas revelaciones, y al cabo vi el testimonio del notario y la confirmación de los testigos, varones y mujeres, a quien toda fe debe dar y a cualquiera dellos yo la daría, aunque fuese solo, cuanto más a todos juntos, a los cuales yo conozco, excepto a la hermana mayor, que por tener el cargo que tiene está aprobada de suyo. Conozco bien al notario, que es hombre de bien, y digno de fe. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Maravíllome de tantas visiones en el cuerpo y en el espíritu, y maravíllome mucho más hallarse en mujer tanta dureza, en no querer decir lo que tantas veces vio y sintió, mayormente siéndole mandado por quien todo lo manda y rige, lo cual es señal de su grandísima humildad y del menosprecio que tiene de la gloria mundana. Por lo que a mí me toca, le dad vos padre por mí las gracias, y Dios Nuestro Señor se las dé, y la pena que padece le será en ciento doblada gloria; y si hay alguna cosa que yo pueda hacer por consolación suya, ofrécesela vos de mi parte muy enteramente, y recomendadme a ella, rogándole que me tenga encomendado en su oración, rogando a Nuestro Señor me deje acabar en su servicio y hacer en esta vida su voluntad”. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Recibió la sierva de Dios este recado del arzobispo y escribiole ella una carta; y sucedió que después de habérsela escrito una hermana, y notándola ella, queriéndola enjugar, porque no tenían salvados que echarle, llegáronla demasiado a la lumbre. Quemose parte della, de suerte que era necesario tornarla a escribir; la secretaria, que se llamaba Inés de San Nicolás, se afligió, porque la carta era larga. Díjole María de Ajofrín: “No se aflija hermana, vamos, que otro día se hará”. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Echó la carta en una arquilla que tenía. Volvió la escribana otro día para trasladarla, y al tiempo que la sacaron del arca, la hallaron sana, y la envió con el mismo padre fray Juan de Corrales. Recibió esta carta el Cardenal, aunque no supo lo que con ella había pasado, y respondiole desta manera:&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
“Devota y muy amada hermana: &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Con vuestra carta y con lo que el padre prior de la Sisla me dijo, hube gran consolación Nuestro Señor Dios, que os puso en tal estado, os deje acabar en su servicio, y a mí me dé gracia que pueda hacer su voluntad, y poner en obra lo que vos me aconsejáis, y ansí os pido que lo demandéis a Nuestro Señor  y a su bienaventurada Madre, y en vuestras oracio- [480] nes, y a vos me encomiendo, y porque al padre prior de la Sisla hablé largo, no digo aquí más, sino que Nuestro Señor os conserve en su gracia”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Como esta santa se trataba tan mal y hacía tantas penitencias, allende de los dolores que en si sentía de las llagas con que probaba los que el Señor había padecido por ella, caía enferma muchas veces. Estaba una cuaresma mala en la cama y deseaba entrañablemente comulgar. No osaba pedir le trajesen el Cuerpo del Señor, por no parecer singular. Con esto estaba grandemente afligida, y rogaba a Nuestro Señor,  con muchas lágrimas, se apiadase della y le diese salud para levantarse a oír misa y comulgar. A la hora del alba vio junto a sí un niño muy hermoso. Turbose la santa y no osaba llegarse hacia él, porque era de tan gran belleza que le ponía admiración, y se le turbó el habla. De allí a un poco, algo más esforzada y vuelta en sí, le preguntó con mucho temor si era señor San Miguel, de quien la santa era muy devota. El niño, con singular donaire y gracia, meneó la cabeza, como diciendo que no, sin hablarle palabra. Tornole a preguntar si era señor San Francisco y sonriose el niño, haciendo también semblante que no era. Preguntole algunas veces, con mucha reverencia, que le dijese su nombre, entonces le respondió: “Yo soy muy poderoso y mi nombre es de grande majestad”, y diciendo esto, llegose a ella, diole paz en el rostro, y púsole la mano en la cabeza y díjole: “Sana eres de tu enfermedad, levántate y irás a misa”. En diciendo esto desapareció, quedando la santa tan llena de alegría y de consuelo en el alma, que le pareció estaba como en gloria. Levantose y hallose sana de la enfermedad que entonces padecía y de un intenso dolor de cabeza, que estas eran enfermedades suyas, porque de los dolores que sentía en pies y manos, y en los otros lugares de las llagas, antes de allí adelante sintió más intenso dolor que nunca, porque la parecía que la lanzaban clavos por ellas, y, desde aquel día, sentía los viernes mayor dolor en todas estas partes, desde la mañana hasta después de vísperas. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El año de ochenta y cinco padeció otra enfermedad grave. Diéronle primero unas recias calenturas, y después en las octavas de la fiesta de nuestro padre San Jerónimo le sobrevino un dolor de costado muy agudo, echando por la boca cantidad de sangre, y ella, sin consejo de médicas, se atrevió a tomar unas píldoras con que llegó a punto de muerte. Y pareciole que se le arrancaba el alma de todos los miembros, y solo hacía asiento en el principio vital, que es en el corazón, donde siempre perseveraba la llaga, aunque por de fuera no había quedado sino la señal. Estando ansí, apareciole una mano que conocía en visión era del arcángel San Miguel, apretándole con ella el corazón y la llaga. Con el esfuerzo que con ella sintió pudo hablar, confesarse y recebir el Santo Sacramento, porque, como no había comido en muchos días y las evacuaciones de cámaras y sangre habían sido tantas, estaba de todo punto consumida. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Rogó a la hermana mayor que la llamasen al padre prior de la Sisla para que la confesase y diese los sacramentos. Era esto sábado. Venida la noche, estaba la santa pensando cómo había de recebir a Nuestro Señor muy alegre, porque entendía que había de partir de este mundo, y encomendaba con mucho hervor al Señor los dos monasterios, el de la Sisla y el [481] de doña [[María García]]. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Estando ansí, fue arrebatada en espíritu, y vio al religioso que le había de venir a comulgar que le decía misa, y cuando llegó a las palabras de la consagración, Nuestra Señora, que estaba en el altar, le daba el Niño que tenía en los brazos, y el sacerdote le dividía en tres partes, quedando en cada una alegre, vivo y entero. Había en el altar grande resplandor y los ángeles sustentaban al sacerdote por los brazos. Vio allí a las dos santas vírgenes: Santa Catalina y Santa Bárbara, llegáronse a ella y le dijeron: “Mañana, lunes, a las nueve horas, recebirás a Nuestro Señor en este resplandor que aquí ves y serás sana”. Ansí fue como las santas se lo dijeron. Vino el prior de la Sisla a confesarla y rogole mucho que no se tornase al monasterio hasta otro día, porque, si Nuestro Señor la llevase, se hallase presente a su muerte; y si aquella noche no moría, quedaría sana del todo, y ansí sucedió. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Queriendo recebir el Santo Sacramento el lunes de mañana de mano del prior, al punto que se volvió a ella con la Hostia en la mano para comulgarla, vio en el pecho y manos del prior un resplandor muy crecido y permitió el Señor que también lo viese una niña de hasta tres años, poco menos, que apenas hablaba y estaba allí con su madre, y dijo con palabras claras que vía en las manos del sacerdote y en la enferma una gran claridad que parecía el sol.  Y no la vio ninguna otra persona de las que allí estaban. En recibiendo el santísimo cuerpo de Nuestro Señor Jesucristo, fue robada en espíritu, perdió el sentido y quedó en un éxtasi soberano por espacio de nueve horas. Procuraron despertarla las compañeras contra el mandamiento del Esposo, que veda no quiten a su querida esposa deste sueño hasta que ella quiera despertar. Y vuelta en sí, abrió los ojos y dijo aquel verso y principio del salmo: “Benedicat anima mea Dominum, &amp;amp; omnia quoe intra me sunt nomini santo eius”. Y luego se halló sana de todos los dolores y enfermedades que antes padecía. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Pesole mucho de tornar a esta vida, porque tenía ardientes deseos de salir de la cárcel deste cuerpo. Importunábanle mucho que tomase algún mantenimiento, porque estaba muy flaca y había días que no comía cosa ninguna. No quiso, diciendo que no tenía necesidad, porque habiendo comulgado no le era cosa difícil sustentarse cuarenta días con sola la suavidad que aún corporalmente sentía. La vigilia de Navidad estaba esta santa enferma en la cama, porque casi nunca traía salud. Padecía a esta sazón grandes dolores en el cuerpo, y con todo se esforzó lo más que pudo, y aparejábase para comulgar. Sobrevínola tan gran dolor de cabeza, y padecía tan fuertes latidos y golpes en el corazón le parecía querérsele despedir el alma. Reconciliose, y fue a comulgar: decía la misa el capellán mayor de la Iglesia de Toledo, y cuando se volvió con el Santo Sacramento para dárselo, ella, con el fuerte deseo, lanzó un aquejoso suspiro y levantó las formas, de suerte que sin duda cayeran en el suelo, sino que vio cómo llegaron con gran presteza tres ángeles, y las detuvieron en la patena. Desde allí se tornó a la cama con tan intensos dolores en cuerpo como llena de suavidad en el alma. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Vino la noche, y cuando [482] oyó tañer a Maitines en las iglesias, ardía de devoción y deseo de hallarse en ellos, y esforzose como mejor pudo, no sufriéndole la devoción estar en tan santa noche del nacimiento del Señor en la cama. Levantose y fuese a la iglesia: estábase allí, puesta de rodillas, derramando lágrimas de sus ojos, contemplando aquel divino nacimiento. Vio cerca de la medianoche, con ojos corporales, de[s]cender un resplandor soberano en el altar, y a Nuestro Señor,  en figura y talle de niño más resplandeciente que el Sol, cómo nacía de la Virgen Madre, y cómo se derribó luego gran multitud de ángeles a adorarle y cantarle himnos de gloria. Duró esta adoración media hora; acabada, vio entrar los pastores muy alegres. Estuviéronse allí algún espacio y fuéronse, y de allí a un poco entraron los Magos de Oriente, y venían con ellos tres soles de grandísima claridad, y llegando al altar, le pareció que todos tres se hacía uno. Los reyes y todos los que con ellos venían adoraron con profunda reverencia al niño y le ofrecieron sus dones, y por este mismo orden vio los demás misterios que en el nacimiento de Nuestro Señor pasaron, porque duró la visión desde las doce de la noche hasta las tres de la mañana. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
A las tres vino el capellán mayor de la Iglesia de Toledo, con deseo de hacer algún servicio a aquellas siervas de Dios, y decir la misa primera de aquella santa noche y comulgarlas. Trajo consigo músicos de la iglesia para que la oficiasen. Al punto que salía vestido al altar, vio luego esta sierva de Dios dos antorchas de un fuego y resplandor extraordinario encima del altar, y de cada una salían cinco rayos que venían hasta ella. Celebrose la misa con grande solemnidad, y cuando comenzó Los Santos, vio descender sobre el altar tanta multitud de ángeles que cubrían al sacerdote desde los pies a la cabeza. Subían unos y bajaban otros con grandes muestras de extremada alegría y, cuando hubo de alzar, los mismos ángeles le levantaban los brazos; cuando llegó al Pater Noster, ya la sierva de Dios no se pudo sostener sobre las rodillas, y con el ansia y vehemencia del espíritu, cayó postrada en el suelo, aunque tenía el alma llena de un gozo divino. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Estuvo desta manera postrada hasta las doce del día, sin moverse de aquel lugar; dadas las doce estaba muy fatigada, porque había estado allí desde la diez de la noche. Levantáronla algunas de aquellas hermanas, y lleváronla a la cama, y a la tarde, por satisfacer a los ruegos dellas, comió un poco de carne de membrillo, y sin tomar otra cosa alguna pasó lunes y martes, y el miércoles comió solamente un huevo, donde se vía harto claro que el manjar divino la sustentaba contra toda la condición de la carne. De todo esto no descubrió cosa alguna a persona viviente jamás sino solo a su confesor, que era el prior de la Sisla, que le tenía mandado, por obediencia, no le encubriese cosa alguna de cuanto el Señor le mostrase. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''CAPITULO XLVII'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Prosiguen se las revelaciones y visiones grandes que mostró el Señor a su sierva María de Ajofrín, y las cosas señaladas que por ella hizo'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[483] Ya que me determiné a escribir la vida desta santa, acuerdo de decir las más notables cosas que Nuestro Señor le mostró, y las obras milagrosas que por ella hizo, aunque atrancaré algunas por no parecer menudo. El año de mil cuatrocientos y ochenta y seis, creció por el mes de diciembre con las continuas aguas el río Tajo en tanta pujanza que, en muchos días, no pudieron moler los molinos. Padecíase grande hambre por la falta de las moliendas Sintió la santa mucho la aflicción del pueblo. Estuvo una noche con gran desasosiego, que no podía dormir con la pena que esta falta de pan para los pobres le daba. Levantose de la cama, sin que alguna de las hermanas la sintiese; subiose a un terrado de donde se descubría el río, alzó sus ojos al cielo y echole su bendición, y tornose a un aposentillo secreto y apartado, donde estaban unas imágenes viejas, y púsose a orar extendiendo los brazos en forma de cruz, tendida en el suelo, pegando el rostro con la tierra. Era cerca de la medianoche, y oró al Señor y a su Santa Madre tuviesen por bien apiadarse de los pecadores y amansar el rigor de su ira. Sintió luego que estaba levantada en el aire, y de allí a un poco, vino una claridad que alumbró el aposentillo, y vio las imágines que allí estaban pintadas, tuvo miedo y comenzó a llamar al Señor en su ayuda. De allí un poco, vio otra más excelente claridad, y vio luego a la Virgen santísima, Nuestra Señora, con el semblante triste y el cabello revuelto y los ojos llorosos, y díjole a la sierva de Dios: “Sepas, hija, que todas las aguas que han caído por el discurso de tantos días habían de haber caído en tres, y la mayor parte dellas sobre esta ciudad, donde pereciera mucha gente por los grandes pecados que en ella hay, con que es mi hijo gravemente ofendido; y por las oraciones que has hecho por este pueblo al Señor y a mí, yo le presenté tus ruegos; por ellos se ha movido su clemencia y amansado su saña, y yo, por la piedad que tengo al pueblo cristiano, vengo a ti cual me ves”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Dicho esto, desapareció la visión, y la santa quedó como atónita, caída de rostro en el suelo, donde estuvo como amortecida y sin sentido algún rato. Levantose luego llena su alma de gran admiración y consuelo, alegre y confortada en el espíritu. No descubrió esto jamás a ninguna de sus hermanas. Comenzó luego a serenarse el suelo y a enjugar el aire. Cesaron los nublados y el río se tornó a sus canales, y hubo luego pan por las oraciones de la santa, aunque no sabía aquel pueblo de dónde le venía tanto bien, que ansí acontece muchas veces, y nosotros, como gente de poca fe, lo echamos a las conjunciones de la luna y a otros astros, habiéndonos dicho Dios que no temamos de las señales y estrellas del cielo, sino a los pecados que son la causa de los castigos que de allá nos vienen, y de aquí se había de tomar la razón de los reportorios y pronósticos que tan vanamente se han multiplicado estos años en España, quiera Dios no sepa a paganismo. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Uno de los que tenían mucha noticia de la santidad de María de Ajofrín era el deán de Toledo, que después fue obispo de Badajoz, y uno de los testigos de la llaga de su costado. Habló muchas veces con esta santa doncella, y entre otras le rogó una vez suplicase a Nuestro Señor pacifi- [484] case la discordia que había entre ciertos personajes de la Corte, porque de sus discordias se seguían grandes daños en el Reino y podían cada día ser mayores. Obedeció la santa a sus ruegos y púsose en oración una mañana en el terrado de aquella casa, antes que saliese el sol (era en las octavas de la Resurrección el año de ochenta y seis); estando allí, vía hacia aquella parte donde rehía el alba un resplandor extraordinario; cuando comenzó a despuntar el sol le estuvo mirando tan sin embargo de la fuerza de sus rayos, como si fuera otra estrella. Dentro del cuerpo solar, le pareció vía un agujero por donde se parecía lo de más adentro del Cielo, y de allí salieron grandes rayos de claridad a diversas partes, y dentro, una cruz de oro muy resplandeciente, que se la estuvo mirando hasta que tañeron a prima. Vido también en el aire, no muy apartado della, uno que le parecía del color de la luna, que peleaba contra otro. Pasado algún espacio, volviéronse los dos las espaldas y cesó la pelea. Subió a esta sazón una de las hermanas, y ella se levantó de donde estaba, y así no vio el fin desta visión, mas viose el efecto, porque aquellos personajes discordes desistieron de su enemistad y contienda, y vinieron a ser amigos. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Otra vez, estando rezando en un libro a una ventana que salía al aire claro, a hora de tercia, vio muy cerca de sí un rostro como de luna espantable y temeroso, y dentro de su cerco, dos que peleaban fuertemente, el uno contra el otro, y cayó mucha gente de sus escuadrones muerta. No pudo entender lo que aquello significaba, hasta que después vino la triste nueva de la prisión del Conde de Cifuentes, cuando le cautivaron los moros en las entradas del Reino de Granada, como se ve en la Historia de los Reyes Católicos. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Estaba una vez una de las hermanas de la misma casa poniendo a enjugar una saya en una pared donde alcanzaba el sol, subió en una escalera para clavar un clavo que llevaba para colgarla; llevaba un ladrillo para esto, cayósele de la mano y dio de canto en otra religiosa que tenía la escalera, y hízole una mala herida en la cabeza, de donde le corrió mucha sangre. Hallose cerca esta sierva de Dios y, condolida della, acudió luego, y con piedad y devoción púsole la mano en la herida, diciendo tres veces “Jesús”: hinchole la mano y los dedos de sangre, y apretándole un poco, bendíjola, y luego cesó la sangre, y sanó la llaga en breve espacio, sin ningún otro remedio ni medicina.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En el mismo pueblo de Ajofrín, corría un caballo, el hermano desta santa trabucó en la carrera, y dieron él y el caballero una peligrosa caída: con la fuerza del golpe se hizo la silla pedazos y el mozo quedó atormentado, de donde le sucedió un grande corrimiento y pasión de ojos. La madre d'él y desta santa estaba muy triste, porque había pocos días que había enterrado otro hijo; cuando le dieron la triste nueva de lo que a estotro le había acaecido, fue tan grande el dolor y la turbación que se le torció la boca y los ojos: era grande lástima verla. Dieron noticia a la santa de lo que había sucedido a su madre, y lastimase mucho de la desgracia. Fuese luego a un altar de Nuestra Señora, que su misma madre había mandado hacer, y rogó allí a la santisíma Reina fuese servida de darle salud. Tuvo respuesta dentro de su corazón de que su pe- [485] tición era oída, y díjoles a los que le trajeron la nueva dijesen a su madre que tuviese esperanza en Nuestro Señor, y le hiciese gracias por todo, que el domingo siguiente sería sana por merced de Dios. Ansí fue que, sin otra medicina, el domingo mismo quedó tan sana como antes estaba. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El mismo año de mil y cuatrocientos y ochenta y seis,  murió el cura o capellán de aquella casa, que se llamaba Juan de Viedma que, como dijimos, había confesado muchas veces a esta santa. El día de San Francisco sintió que estaba junto della un bulto que le ponía gran temor; quiso levantarse de donde estaba acostada y la sombra le habló y dijo: “Esforzad y no hayáis temor, ni os vais de aquí; y por la caridad del Señor os plega de oírme, porque seis noches ha que ando aquí penando, y por sentiros con tan grande desfallecimiento y no daros pena no me he osado descubrir. Pídoos perdón de muchos enojos que os di, y de aquella carta que os escribí, que fue causa de daros mucha pena y turbación en pago de las santas amonestaciones que me hicisteis, y de los buenos consejos que no supe recebir para el gobierno desta casa, y yo los despreciaba con altivez y atrevimiento, sin mirar que, como sierva de Dios, me decíades de parte d'Él lo que tanto me importaba; y también os pedí algunas veces, con gran soberbia, que mandásedes señales a Dios, y puso el Señor en mis manos lo que no eran dignos de ver mis ojos. Por esto, os digo que os esforcéis mucho y no dejéis de manifestar al Cardenal lo que os fue mandado que le dijeses, ni temáis trabajos temporales, ni el ser conocida, porque si no lo hiciéredes, seréis azotada del Señor rigurosamente, y porque no penséis que soy alguna ilusión o fantasma engañoso, sabed que yo soy el cura y capellán desta casa, que sabéis cuán poco ha que pasé desta vida, y os ruego digáis al padre prior de la Sisla, y a la hermana mayor que, por amor del Señor, me perdonen en cualquier suerte que los haya ofendido, y también tengan por bien perdonarme seis mil maravedís, que soy en cargo a esta casa, y un libro que vendí, y que me hagan decir cincuenta misas de limosna, y vos, rogad por mí, porque el Señor me saque desta pena. Dicho esto desapareció, y la santa quedó suspensa, y casi sin habla. Estuvo ansí cuatro horas poco menos, y después puso diligencia en que se cumpliese todo lo que le pidió, rogando a Nuestro Señor por su alma con ferviente corazón.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El día que murió el capellán mayor de la Iglesia de Toledo, don Diego de Villamiñaya, de quien he hecho memoria por veces, estaba toda la ciudad de Toledo muy triste por la falta que les hacía un hombre tan pío y limosnero, padre de todos. Gastaba cuanto tenía con pobres y huérfanas, y favorecía todas las casas de piedad y religión; y a la Casa de doña [[María García]] le cabía desta pérdida mucha parte por las continuas buenas obras espirituales y corporales que d'él recebían, porque era como un patrón y protector de toda aquella santa congregación. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Murió entre las diez y las once del día, al punto que estas siervas de Dios y la santa, María de Ajofrín, estaban en la misa. Cuando comenzaron a hacer clamor en la iglesia mayor, fue arrobada en espíritu la santa, y vio cómo San Juan Bautista y el sagrado dotor, nuestro padre [486] San Jerónimo, y Santa Catalina, llevaron el ánima del capellán mayor a juicio delante de la Divina Majestad, donde tenía su trono en un hermoso campo, lleno de frescura y gloria, donde había infinitas almas, dando loores al mismo Señor. Allí vio cómo fue acusado delante del juez de un cargo que tenía a un difunto que le había dejado por su testamentario, y no había cumplido su testamento. Respondió al cargo que él dejaba ordenado en su testamento que aquella obligación se cumpliese, y luego el juez soberano dio por sentencia que su ánima fuese detenida en aquel mismo lugar, y no entrase en la Gloria hasta que fuese cumplida y satisfecha la manda. Como la santa oyese esto, quedó como fuera de sí, llena de dolor mezclado con alegría porque, aunque estaba detenida aquel alma de no ver a Dios, estaba al fin con tanta seguridad de su bienaventuranza. No osó descubrir a ninguno esto, sino solo al prior, que le tenía mandado no le encubriese nada. Informose él mismo si quedaba esta manda en el testamento, halló ser ansí, y puso gran diligencia en que se cumpliese con presteza, cosa de que esta santa ninguna noticia tenía, sino que el Señor fue servido manifestárselo para el bien de aquel alma.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Cayó mala la hermana mayor del convento el día de San Lorenzo ''[6]'' de un dolor de costado que la puso en lo último, tanto, que los médicos la desampararon: levantósele el pecho y daban ya todos por concluida su vida. Sentía mucho nuestra santa la pérdida de su superiora, que era mujer santa y de prudencia y gobierno. Cuando la vio ansí, fuese a la iglesia a las ocho o a las nueve de la noche, y púsose a orar delante el altar de Nuestra Señora; y estuvo allí hasta las doce, rogando con muchas lágrimas a la santísima Reina fuese servida darle salud, porque no quedase ella desamparada de tan buena madre. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Estando ansí, en su importuna petición y lágrimas, vio que el rostro de la imagen se cubría de sudor; pensó que se le antojaba y que las lágrimas que ella tenía en los ojos le parecía que estaban en el rostro de la Virgen; para ver si era ansí, atreviose a llegar con su toca y limpiarle el sudor, y por tres veces hizo esto, de tal suerte que quedando la toca humedecida se lavó los ojos y la cara con ella; del placer que tomó, tornó con más confianza y alegría a rogar por la salud de la hermana mayor. Oyó luego una voz que le dijo: “Otorgada le es la vida, por tu consuelo y remedio”. En oyendo esto, quedó robada en espíritu y vio, estando ansí, al glorioso mártir San Lorenzo, en semblante de mancebo hermosísimo, vestido como diácono, con grande claridad y resplandor: llevaba en la mano una bujeta de oro, y llegose a la cama donde estaba la enferma y púsosela en la cabeza y en el costado, santiguola con su mano y luego se fue.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Cuando volvió en sí la sierva de Dios de aquel trasportamiento, fuese muy alegre a ver la enferma y halló que dormía reposadamente; cuando despertó se sentía tan aliviada de su aprieto, que le pareció no tenía mal ninguno, y ansí fue porque luego estuvo buena. Y claro está que dirían los médicos que la enfermedad se había terminado bien y que, por la ayuda de los medicamentos que la habían aplicado, la naturaleza había vencido al mal, y no les iría a la mano la que con sus lágrimas le había alcanzado la salud, porque, como virgen prudente, callaba, que es de locas ir a buscar el olio de los loores vanos del mundo.  Solo lo reveló a su [487] confesor, por la obediencia que le tenía puesta, de que hago muchas veces memoria, porque, si no fuera por ella, todo esto quedara sin saberse.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Estaba un hermano desta santa preso, harto apretadamente, con muchas prisiones.  Rogaba a Dios por él y encomendó otras hermanas que le ayudasen también con sus oraciones, pidiendo a la Virgen santísima, delante de su imagen, que le librase de aquel aprieto. Apareció al preso la imagen misma de la Reina soberana, y quitole las cadenas y grillos de los pies, y díjole que, por las continuas oraciones de su hermana y de otras siervas de Dios de aquel monasterio, sería libre de aquella cárcel. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Adurmiose el preso y, cuando despertó, hallose fuera de la cárcel y sin prisiones, y sanó de la hinchazón que tenía en un pie, por hierros apretados que había tenido. Vino al monasterio donde estaba su hermana, y contó el milagro, y en viendo la imagen la conoció, y dijo que aquella era la imagen que le había libertado; según el tiempo que señaló, se verificó que era al mismo punto que su hermana y las otras religiosas estaban orando por él delante de aquella imagen. Viendo tan extraña maravilla, se ofreció con promesa de traer cera para que ardiese todos los sábados delante della, en tanto que viviese. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
De allí a ocho o nueve años, viniendo un sábado a cumplir su voto, trayendo la cera a la imagen, súbitamente en el camino cayó muerto. Cuando su hermana lo supo, recibió notable tristeza y pena, por ser la muerte subitánea y sin recebir los Santos Sacramentos. Rogaba por él con muchas lágrimas a Nuestro Señor, y hízole decir las misas que pudo. Suplicábale a la santísima Virgen delante de aquella, su imagen, que pues vivo le había librado de aquella prisión y cárcel del cuerpo, muerto le librase de la cárcel eterna, y le mostrase si estaba en lugar de salud. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Estando una vez entre otras haciendo oración delante la misma imagen, el día octavo después que murió, a las dos horas de la noche, vio el rostro de la imagen más alegre que otras veces, y que le parecía como vivo, y como con semblante de quererle hablar. La santa, con el alegría que recibió desto, comenzó a derramar muchas lágrimas y comenzose a trasportar. Estaban allí con ella dos hermanas, y como sintieron esto lleváronla a la cama. Estándose allí con ella, con dos candelas encendidas, vuelta en sí, razonando con las compañeras, sintió a sus espaldas como un huelgo de persona, aunque muy fría. Como hablaba con las hermanas, no curó de volver a mirar qué era. Diole luego un espeluzamiento grande, y volviendo la cabeza, vio como un pedazo de nube obscura, y dentro, el rostro de su hermano con semblante alegre. Hablole y díjole cómo a la hora de su muerte se vio en grande aprieto, mas que Nuestra Señora vino y le ayudó a salir d’él. Declarole ciertas obligaciones que tenía, rogándole pusiese cuidado para que saliese dellas, y que estaba en penas de purgatorio detenido; diciendo esto, desapareció. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''CAPÍTULO XLVIII'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Otras muchas visiones y revelaciones de esta sierva de Dios, en que se mostró claro tener espíritu profético'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Fueron sinnúmero las visiones y revelaciones que esta sierva de Dios tuvo, y sin duda que se echa de ver [488] era de gran pureza y virtud, porque ninguna cosa destas la altivecía, ni se estimaba por eso en más, antes andaba siempre puesta en un continuo menosprecio de sí misma. Afirmaba la hermana mayor, que se llamaba Catalina de San Lorenzo, mujer de gran valor y prudencia, que ninguna religiosa igualaba a esta santa en cosas de humildad, y cuanto más el Señor la levantaba con sus favores y visiones maravillosas, tanto más se derribaba ella a los pies de todas. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Excelente prueba de todo esto tenía seguros y buenos fundamentos; decía también esta superiora que le pedía muchas veces esta santa que la reprendiese en capítulo los viernes y la mandase postrar a la puerta d’él, por que todas las hermanas la pisasen cuando entraban o salían. Era, junto con esto, pacientísima en las enfermedades continuas que padecía, caritativa y amorosa con las otras. Y lo que es más fina prueba de su santidad es tener por tan suyos los males ajenos, condolerse tanto de los otros, y sentir tan en el alma los daños comunes porque los altivos, soberbios y hipócritas todo lo hacen, y todo lo convierten en su gloria vana y en sus particulares intereses, que quien les mirare un poco a las manos presto les conocerá en palabras y en obras que se buscan a sí mismos, frutos por donde nos enseñó el Señor a conocer tan malas plantas, pues de las espinas y cambrones no se cogen uvas ni higos. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Hase visto también en este discurso, con mil ejemplos, que tuvo esta sierva de Dios espíritu de profecía y, para confirmación desto, pondré aquí algunos de los muchos que se escriben en la relación del padre fray Juan de Corrales, prior que también afirma que no los escribe todos. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Comenzose en aquel tiempo la Inquisición en la ciudad de Toledo, y descubrió esta sierva de Dios al mismo prior, que era uno de los que estaban señalados para el examen de los procesos de los herejes y judíos, grandes y extraños insultos que cometían, y otros particulares avisos y secretos que no era posible saberse sino por revelación divina. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El año de mil y cuatrocientos y ochenta y ocho, después de Pascua de Resurrección, estando un día orando en la capilla de su monasterio y pensando cómo se había hecho aquella tan admirable unión de la divinidad y humanidad en una persona del verbo eterno, vio bajar una luz muy clara y encendió el cirio pascual. Daba una luz tan excelente que recibía su alma notable consuelo, que fue mostrarle con aquel símbolo alguna cosa de lo que en su pecho trataba, como otro tiempo a Moisén el fuego que vio arder en la zarza. Estando aquel mismo año el Santo Sacramento en el altar en las octavas de la fiesta del Corpus, como se acostumbra en muchas casas de la Orden, estando las hermanas comiendo, quedose ella allí orando; buscábanla para que comiese, y retirose en un aposentillo que servía de vestirse allí los sacerdotes para decir misa, y orando con intensísimo afecto, sintiose levantada del suelo como una vara, y pareciole que salían de la custodia unos hilos de oro y llegaban hasta ella, y se remataban en sus manos, pies y costado, y desde aquel punto fue tan grande el deseo que tuvo de recibir a Nuestro Señor que le parecía se reventaba del pecho el corazón, y envió a rogar al prior, que estaba en la Inquisición, ocupado en las causas de aquel tribunal, que en todo caso viniese a confesarla y comulgarla, porque no tenía otro remedio el mal de su corazón, de que si se tardaba moriría. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El [489] prior se desembarazó lo más presto que pudo, fue allá y, en comenzando a confesarse, fue arrobada en espíritu. Mandole por obediencia que despertase y volviese en sí, y al punto tornó. Preguntole si tenía abierta la llaga del costado, como otras veces, y después de muchas importunaciones le confesó que sí, rogándole que no descubriese esto en tanto que viviese, y la maldición de Dios le viniese si no lo guardase. Acabose al fin de confesar y comulgó a las nueve de la mañana, y luego fue arrebatada en espíritu, y estuvo ansí hasta las seis de la tarde, y estuviera más si no le mandaran, por obediencia, recordar. Cuando volvió en sí, mostró el rostro alegre, como si viniera de algunos particulares gustos y recreos. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El prior tuvo gana de entender lo que había visto en aquel rapto; preguntóselo, y sintió grande pena en que la apretase para que se lo descubriese. Dijo al fin, compelida por obediencia, que la habían llevado a un campo fertilísimo, donde estaba un altar, y allí vio a Nuestro Señor cercado de muchedumbre de santos ángeles, y que allí vio la multitud de maldades y pecados que se cometían contra la bondad divina, y muy particularmente los que se hacían en la ciudad de Toledo. Y díjole también al mismo prior que tuviese buen ánimo y no desmayase en el servicio de Dios, porque había de padecer muchos trabajos y dolencias. De allí a pocos días que fue, en la Vigilia de los apóstoles San Pedro y San Pablo, se sintió malo y, en acabando de decir misa a aquellas hermanas, se fue a comer. Luego le dio dolor de costado y por no entristecerlas no quiso quejarse, ni decirles nada. Acabó de comer, y fuese luego a echar en la cama. Estando allí, se acordó de lo que la santa le había dicho, que había de padecer trabajos y dolencias, que tuviese buen ánimo, y corrido de haberse rendido tan presto, dijo entre sí mismo: “Los valientes soldados no han de morir en la cama”; diciendo esto, levantose y fuese a donde estaba la sierva de Dios. Comenzole ella a consolar y, sin que él lo viese, disimuladamente, le hizo una cruz con su dedo en las espaldas sobre el mismo manto que tenía cubierto, aunque sintió que le había tocado. Hízole luego otra vez la señal de la cruz en la misma parte; aquí ya sintió lo que había hecho, y como el prior era hombre entero y lleno de severidad, tuvo aquello por liviandad y alguna manera de atrevimiento, particularmente porque jamás le había visto hacer cosa semejante, porque certifica que nunca la había visto el rostro, por andar siempre muy cubierta con un mantillo. Llegó la tercera vez la santa, y hízole otra cruz y díjole: “Andad padre, que ya sois sano, aunque no por la virtud de vuestra fe, pues no solo no creísteis que os había de sanar, antes os reísteis y burlasteis de mí en vuestro corazón, y aunque es bueno y seguro y de hombres enteros no creer fácilmente, no es cordura burlar de la fe ajena”. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Sintiose luego aliviado del dolor, aunque para memoria le quedó por muchos días el amortiguamiento de la carne en el mismo lado. Díjole también a vueltas de aquellos días, estando allí con ella, que fuese presto a su convento, y remediase cierto daño que querían hacer unos mozos. Fue el prior, y con el aviso de la santa procuró hacer Inquisición de lo que había, con el mayor secreto y recato que pudo, y halló ser así, que querían cometer una travesura muy escandalosa. Despidiolos del convento, y ansí quedó remediado sin llegar al efecto. Tanta noticia le daba Dios de las almas ajenas. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[490] Luego, el mes de julio siguiente, le dijo al mismo prior otras muchas cosas de gran secreto. Entre otras, que Nuestro Señor Jesucristo se le mostró de la manera que le pusieron cuando le ataron y azotaron en la columna, en casa de Pilatos, y le dijo: “Mira, hija, cuál me ponen cada día los herejes, díselo al deán de la iglesia de Toledo y al prior de la Sisla, que entienden en los negocios de la Inquisición, porque pongan remedio en ello”. Ansí lo hizo, porque estas mismas palabras les dijo a entrambos juntos. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Mandáronle al Padre fray Juan de Corrales, prior de la Sisla, que fuese a hacer ciertos negocios de la Inquisición a tierra de Burgos. Era invierno y pasó en los puertos y en los caminos muchas aguas y nieves, viéndose algunas veces en peligro. Escribiole la santa una carta, consolándole y contándole por tan menudo los pasos malos, los peligros y los días más trabajosos, condoliéndose d'él con tanta puntualidad como si se hallara allí presente. &lt;br /&gt;
Un religioso de nuestra Orden, varón espiritual, tuvo gran deseo de hablar con esta santa por las muchas cosas que de su virtud y santidad había entendido; pidió licencia y, al fin, a cabo de algunos días, se la dieron. Vino a hablarla y a las primeras palabras le dijo la santa: “Bien sé, padre, que ha muchos días que trabajáis por hablar conmigo y la causa también de donde os nace, y sé también que tal día (señalándolo), escribisteis cierta escritura y no la acabastes, aunque os distes mucha prisa y la venistes a acabar a la noche”. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Maravillose el religioso de oír cosas tan secretas suyas, que entendía no las podía saber sino Dios y él. Preguntole cómo las sabía. Respondiole que todo lo había visto en espíritu. Estuvieron después platicando en cosas espirituales. Acabada la plática, cuando ya se quería partir, le dijo: “Padre, decid a tal religioso de vuestra casa (nombrándoselo por su nombre) que mire cómo anda, porque está muy atribulado y afligido en su espíritu, y si ha hecho cosa que no deba, pida perdón della, porque si esto no hace, jamás podrá salir deste trabajo en que está”. Sabía bien este religioso a quién ella decía esto, el trabajo y la aflicción en que el otro estaba, y aun a otros era harto manifiesta, y maravillose mucho cómo podía tener ella noticia de esto, y vio que, si no era por espíritu profético, no podía alcanzarlo. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Estaba a esta sazón el general de la Orden haciendo Inquisición contra unos religiosos del linaje de los judíos que habían recebido allí el hábito, hombres perversos y que pretendían más dañar y engañar a otros que hacer ellos la vida que profesaban de fuera, siendo perniciosísimos judaizantes enemigos de Jesucristo y que burlaban desvergonzadamente de los sacramentos, en especial de la Eucaristía y la Penitencia. Y entre otros testigos que fueron preguntados en la causa, fue esta sierva de Dios uno, y leí yo en el proceso un dicho suyo en que descubrió cómo, estándose confesando una vez con uno destos, no permitió el Señor que fuese engañada y le descubrió la burla y el escarnio que aquel fraile judío estaba haciendo de su confesión, poniéndose a oírla de confesión en una postura tan deshonesta que sola ella bastara para quemarle mil veces.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Estaba esta sierva de Dios otra vez comunicando con otro religioso de esta Orden, de gran ejemplo (aunque estas hablas eran muy raras y las más breves que ella podía, y solo con personas graves), y vino a decirle cómo conocía él un religioso de santísima vida, a quien Nuestro Señor hacía muchas mercedes, por la gran pu- [491] -reza de su alma. Preguntole ella quién era y cómo se llamaba, el religioso no se lo quiso decir porque el otro le había rogado que, en tanto que él viviese, ni descubriese cosa suya a hijo de hombre. Entonces ella le dijo: “Pues, padre, bien se yo cómo se llama y quién es: lllamase ansí (y nombrole), tiene mucha parte con el Señor, por ser verdadero religioso, y tiene un alma muy puesta en lo que toca al servicio de Dios y de los hermanos”. Maravillose de oírle esto, preguntole cómo lo sabía, y díjole que Nuestro Señor se lo había revelado allí, porque él no se lo quiso decir. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Estando otra vez elevada en espíritu, vio cómo sacaban el Santo Sacramento de la iglesia mayor, con grande acompañamiento, para comulgar a un enfermo, y llegose a ella un mancebo vestido de ropas blancas y en un caballo blanco, y díjole con palabras airadas: “Corre, ve y di a los clérigos que se tornen con el Sacramento a la iglesia, porque aquel enfermo a quien se le llevan es hereje”. Fue ella y díjolo a uno de aquellos que ella conocía, y respondiole él: “Calla, no oses decir tal cosa que nos matarán a todos”. El del caballo blanco se llegó y le dijo: “No tengas miedo y di en todo caso se torne el Santo Sacramento a la iglesia, porque aquel hombre es un pernicioso hereje”; y vuelto a la santa le dijo: “En señal que lo que te digo es verdad, verás hoy en la misa destilar sangre de la Hostia”; y los que llevaban el Santo Sacramento se tornaron a la iglesia, y ella vio después, estando oyendo misa, la Hostia llena de sangre cuando la levantaba el sacerdote, para que la adorase el pueblo; esto pasó todo en espíritu.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Estaba esta santa una vez rezando en el oratorio y tenía allí dos librillos por donde leía algunas devociones, y rogole a una hermana que le trajese la imagen de un niño Jesús que estaba en el altar de Nuestra Señora. Tenía el niño una ropita larga que le habían hecho las religiosas. Trajósele y tomole ella con grandísima devoción; púsole encima del libro, y allí le estaba adorando con grandísima ternura, derramando gran copia de lágrimas a sus pies. Fue la santa a cabo de un grande rato a alcanzar la ropilla para besarle los pies y el Niño alzó el pie como si fuera vivo, para que pudiese besárselo; besósele ella con grandísima ternura y quedose el pie ansí alto, que jamás se tornó a bajar, cosa que la vieron todas las religiosas con grande admiración, aunque como prudentes jamás quisieron mostrarlo a nadie, porque no las juzgasen por vanas y fáciles en estas cosas. Tenía esta sierva de Dios una postema en uno de los ojos, que le daba notable pena. Puso el pie que levantó el Niño encima d’él y, al punto, se abrió y fue sana a vista de todo aquel convento de religiosas. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El mes de julio de mil y cuatrocientos y ochenta y nueve entró la peste en la ciudad de Toledo. Fue herida una de las hermanas de aquel convento, que se llamaba Sancha Díez, sobrina del vicario de la Sisla de Toledo. Queríanla mucho las otras, y rogáronle a esta sierva de Dios que hiciese oración por ella a Nuestro Señor. Estaba a la sazón rezando en un libro, púsose luego en oración por ella, ansí como estaba sentada, y vio súbitamente una calavera de difunto encima del libro. Volviose a las hermanas y díjoles: “No os fatiguéis por su salud, el Señor quiere llevársela, veis aquí su calavera”. Y ansí fue, que de allí a muy poco murió.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Un canónigo de la Santa Iglesia, hombre espiritual y devoto, enfer- [492] mó gravemente; súpolo la santa y, entendiendo que era persona espiritual, hizo oración por él a Nuestro Señor,  y enviole de secreto una granada con una mujer de la misma casa. Recibiola el canónigo con devoción, sabiendo quién se la enviaba comió della y, al punto, estuvo sano y bueno. Levantose y fue a hacer muchas gracias a Nuestro Señor,  porque había oído las oraciones de su sierva y dándole salud.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Estaba otra vez esta santa, en la fiesta de Nuestra Señora de septiembre, enferma y padeciendo con larga paciencia sus continuas dolencias; tenía entonces una esquinencia o angina peligrosa en la garganta y, como vio que las otras hermanas iban al oficio divino, y se levantaban a Maitines y habían de comulgar a la misa, afligiose, viéndose privada de tantos bienes espirituales y que no podía acompañarlas en tan santas estaciones. Estando ansí con estas ansias en la cama, un poco antes que tañesen a Maitines sintió gran dolor y ansia en su corazón. Tañeron luego y ella, no pudiendo sufrirse, comenzó a hablar con la Santísima Virgen Madre, y díjole: “Virgen gloriosa, madre de mi Señor, amparo de los que te llaman y en ti esperan, no soy digna de estar en la compañía de mis hermanas, ni gozar de los Maitines, ni de comulgar con ellas, mas tú por tu misericordia usa conmigo de tus continuas misericordias”. En diciendo esto vino una claridad del Cielo sobre ella y, al punto, se sintió sana. Levantose y fuese a Maitines con las otras siervas de Dios, y comulgó otro día con ellas, con grande admiración de todas, sabiendo la hinchazón grande que tenía en la garganta.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
No acabaría si menudease en la infinidad de visiones y revelaciones que esta sierva de Dios tuvo, pues apenas comulgó vez que no fuese elevada sobre sí y le demostraba Dios grandes secretos. Bien veo que es una extraña manera de proceder y fuera del curso ordinario que ni lo alcanzan nuestras reglas ni discreciones; y que nunca se allanó tanto Dios con sus mayores profetas según lo que hallamos escrito en el texto sagrado, mas yo refiero, como dije al principio, lo que otros han dicho, y aun no tanto, porque son infinitas las cosas deste jaez. Estas que he referido fueron las más públicas y que palpablemente vieron muchos. Aunque algunas se refieren aquí, y otras he callado que, o no las entendieron bien o no las escribieron como ella las reveló, y ansí parece que tienen algunos inconvenientes, especialmente en las visiones imaginarias, que las relaciones no se aciertan a hacer como ello se demostró en lo secreto del alma, y muchas cosas no se sabe cómo fueron, y ansí padecen muchas dudas y dificultades que se salen mal dellas, y la mejor solución es decir que no se entendían bien o se refirieron mal. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''CAPÍTULO XLIX'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''La muerte de la santa María de Ajofrín. Y algunos de los muchos milagros que Nuestro Señor obró por ella después de su muerte'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Llegó el tiempo deseado para esta santa en que Nuestro Señor quiso sacarla deste mundo y llevarla al descanso de su gloria porque, aunque recebía por una parte singulares y altos consuelos de [493] ''[7]'' la mano del Señor, por otra la afligía y labraba con muchas angustias y enfermedades, principalmente con el ansia de verle y gozarle sin enigmas y sin velo, que es la cosa que más aflige el alma de los que, en esta vida, han comenzado a gustar la suavidad de aquel siglo bienaventurado, como lo deseaba el Apóstol, porque el peso y la carga deste cuerpo es gran estorbo para aquellos puros y divinos sentimientos y alborozos del alma. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Cayó, pues, enferma el mes de julio, el año de mil y cuatrocientos y ochenta y nueve, cuando andaba en lo más vivo la peste en la ciudad de Toledo, aunque no le tocó a la santa, sino de otra enfermedad ordinaria se la llevó Dios, el sábado diecisiete del mismo mes, a las tres de la mañana, habiendo estado con la misma quietud que si estuviera durmiendo. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Enterráronla aquel mismo día, a hora de Vísperas, en el capítulo del Monasterio de la Sisla, porque, como dije en otra parte, se enterraron mucho tiempo las religiosas de San Pablo en el Monasterio de la Sisla. Al tiempo que falleció, se sintió en todo el convento un olor de gloria, y todas las hermanas afirmaron que era cosa tan extraordinaria que parecía estaban gozando las flores del Paraíso. Comenzó luego Nuestro Señor a sellar con infinidad de maravillas la santidad de su sierva, para que con ellas se entendiese que los avisos que, por medio della, había dado al pueblo y principalmente a los sacerdotes descuidados, eran verdaderos, de autoridad y importancia, y que para siempre se estimasen en mucho y tuviesen reverencia y devoción a la santa.&lt;br /&gt;
 &lt;br /&gt;
De muchos diré algunos en este capítulo, si pudiese con ellos despertar la tibieza desta religión a que tuviese en más sus cosas y procurase levantar la memoria desta santa y la de otros muchos que se han criado en el encerramiento de sus claustros, que con tanta razón pudieran ponerse en los calendarios de toda la iglesia. &lt;br /&gt;
Luego como pasó desta vida a la eterna esta santa, adolecía un canónigo de Toledo con unas fiebres continuas, que poco a poco le iban consumiendo; los médicos hacían sus diligencias (que muchas veces valdría más que no las hiciesen): sangráronle y diéronle una y otra purga. Vino al fin a términos que le querían dar la Extremaunción, porque no se terminaba la dolencia, ni daba señal alguna de salud. Él, viéndose en este extremo y deseando guardarse para otra vez, deseando más tiempo para hacer penitencia, envió por todos los monasterios que le dijesen misas y le encomendasen a Dios. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Tenía noticia de la santidad y vida de María de Ajofrín, cómo Nuestro Señor había hecho por ella, aún viviendo, muchos milagros. Envió a la Sisla de Toledo a los religiosos que le encomendasen muy de veras a aquella sierva de Dios que tenían en su compañía. Hiciéronlo y aquella noche le apareció la santa, prometiéndole sanidad y amonestándole que de allí adelante pusiese mucho cuidado en mejorar la vida. Cuando despertó, pareciole que se sentía muy aliviado, entendió que aquello no había sido sueño, sino veras. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Entraron a la mañana los médicos y los de su casa para darle cierta bebida con que descargase algo la malicia de la fiebre. No quiso tomarla, diciendo que él se sentía sin necesidad y que le diesen de comer, porque no era día de los que los médicos llaman críticos para tan notable mudanza. Comió con buen semblante y gana: levantose luego y envió a la Sisla, en reconocimiento de la me- [494] dicina que de allí le había venido, un cirio grande y una cabeza de cera, para que la colgasen delante la sepultura de la santa, y luego, de allí a poco, vino él y dijo misa en hacimiento de gracias. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El mismo año le dio una grave enfermedad de fiebres continuas a don Alonso, hijo de la Condesa de Paredes, que también era canónigo de Toledo, y tan recio dolor de cabeza que se le saltaban los ojos. Apretábale de tal suerte el mal que se tuvo por cierta su muerte. Andaba la fama de los milagros de la santa ya por toda la ciudad y crecía la devoción en ella. El canónigo y la condesa, su madre, enviaron a pedir a los religiosos afectuosamente rogasen por él a la santa. Hiciéronlo ansí, y junto con esto le enviaron una almohada que llevaba puesta debajo de la cabeza cuando la llevaron a enterrar. Pusiéronsela encima y luego se sintió sano, con gran admiración y aplauso de todos. Levantose de la cama y fue a la Sisla. Tuvo allí novenas, haciendo infinitas gracias a Nuestro Señor. Ofreció una figura de cera y una casulla para que dijesen misa. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Estaba en San Jerónimo de Madrid, que entonces se llamaba del Paso, un fraile lego que se llamaba fray Gabriel, de Cuacos, junto a Plasencia; hízosele una hinchazón en un ojo muy peligrosa, tanto que trataban de abrírsele con un botón de fuego con harta duda que le había de perder. Temiendo el fraile lo uno y lo otro, y teniendo noticia de las maravillas que Nuestro Señor obraba por su sierva María de Ajofrín, encomendose a ella, rogándole con mucha devoción, pues socorría a tantos, le ayudase en aquel aprieto, porque estaban ya para darle el botón de fuego. Sintió luego el socorro de la santa. Resolviose la hinchazón milagrosamente sin ninguna medicina, con una presteza milagrosa, quedando el ojo sano y claro. Sucedió luego que este religioso fue a su tierra, y halló a una su hermana tullida de una pierna. Contole lo que a él le había acontecido encomendándose a esta santa y, dándole noticia de los muchos milagros que hacía, refirió el que habría obrado con él. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
La hermana concibió luego grande fe y esperanza que había de sanar por los méritos de esta santa, pues había ansí acurrido a su hermano. Rogole con muchas lágrimas se apiadase della y le sanase su pierna. Tenía allí una niña de seis a siete años, y díjole: “Niña, tú también me ayuda, ruega a esta santa que me sane”. Hincose la niña de rodillas y puso sus manecitas rogando lo que le decían que hiciese; caso de extraña maravilla, que antes que se acabase la oración, fue sana de todo punto con grandísimo regocijo de todos cuantos estaban presentes; viendo milagro tan palpable, rompieron en voces de alabanzas divinas. Envió luego al monasterio dos piernas de cera y otro rollo grande della, en testimonio desta maravilla y de su agradecimiento.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Sucedió luego, tras esto, que llegó esta mujer a un pueblo que se llama Jarayz, que está allí junto; y fue a visitar a un hombre honrado del pueblo que se llamaba Francisco Díaz, primo hermano del capellán del mismo pueblo, que se llamaba Martín Díaz. Estaba el hombre muy enfermo, y tanto que le habían oleado. Tenía la candela en la mano, poco menos muerto. El capellán estaba muy angustiado porque quería mucho a su primo; díjole la Juana Martínez, que ansí se llamaba la hermana del fraile: “Señor capellán, bien sabéis cuán mala y cuán perdida estaba yo desta pierna”. Contole los milagros que la santa había hecho con [495] ella y con su hermano la sierva de Dios, María de Ajofrín, y otras muchas maravillas que Dios había obrado por ella, conforme se las había referido su hermano, y persuadiole al enfermo y al capellán hiciesen voto que, si Nuestro Señor por intercesión de aquella santa le diese sanidad, que irían a visitar su santo cuerpo. El clérigo respondió: “Yo soy pecador y no merezco que Nuestro Señor me haga tan señalada merced, mas yo prometo, si le da salud, de llevarle a visitar su santo sepulcro en estando para ello”. Caso admirable: apenas había acabado de hacer el voto cuando el enfermo cobró evidente mejoría y luego, en breve, fue sano, y vinieron entrambos a cumplir su voto, ofreciendo cierta cantidad de cera, y el capellán dejó en el Monasterio de la Sisla un testimonio firmado de su nombre, en que refiere todo el discurso destos tres milagros. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Una beata de la tercera regla de San Francisco, llamábase Juana de San Miguel, estaba afligida de un zaratán que se le había hecho en una teta; había cinco años que andaba en manos de físicos y no la habían dado remedio alguno; el último que querían intentar, porque se le canceraba y corría riesgo de la vida, era cortársela; venían en ello los médicos, no sabiendo qué hacerse. Juntábase con esto una calentura que le había sobrevenido del dolor y de la corrupción del pecho, al fin estaba ya como hética y sin ninguna esperanza de remedio humano. Llegó a su noticia la fama destas maravillas que la santa hacía, y cobró alguna esperanza de sanar por su intercesión: fuese a la Sisla y, al punto que entró en el capítulo donde estaba enterrada la sierva de Dios, sintió un olor celestial que salía, a su parecer, de aquella parte donde estaba la sepultura. Llegose con mucha devoción y lágrimas, y postrose sobre la misma sepultura, rogando a la santa la socorriese en tan gran necesidad: oyó la santa su ruego, y fue de tal manera, que antes que de allí se levantase se sintió sana de todos sus males. Maravilla evidentísima que provocó a muchos a hacer a Nuestro Señor infinitas gracias. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Otra cuitada mujer natural, también de Toledo, padecía el mismo mal de pechos, y había llegado tan adelante su trabajo que le habían dado en ellos algunos botones de fuego y puéstola en el artículo postrero de la vida; llegola a visitar un hombre honrado, contole los milagros desta santa y leyole parte de su vida, que ya se publicaba por toda la ciudad; concibió la afligida mujer grandes esperanzas de salud; hízose llevar a la casa de doña [[María García]], donde la santa había vivido, porque a la Sisla era imposible llegar, que muriera en el camino. Llegada allí, encomendose a ella, sacáronle las hermanas unos paños que habían sido de la santa, pusiéronselos en los pechos y, al punto, reventaron las postemas, y luego del todo sanó sin otra medicina. Y desta manera hay infinidad de maravillas que nunca acabaría si las quisiese referir por menudo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Como se multiplicaban los milagros tanto, y la fama crecía por todo el Reino, pareció a muchas personas devotas era cosa justa que el cuerpo de la santa fuese trasladado del capítulo donde le habían puesto a la iglesia del monasterio, donde tuviese lugar más decente y el pueblo pudiese gozar más cómodamente de llegar a su sepultura; los que más [496] de veras trataron esto fueron la Condesa de Fuensalida, y el clavero de Calatrava y don Alonso de Silva. Hablaron al prior, fray Juan de Morales, y propúsose al convento, y vinieron todos en ello con mucha voluntad; viendo cuán manifiestamente el Señor se señalaba en engrandecer a su sierva, don Alonso de Silva trajo una arca guarnecida por de dentro de seda, en que fuese puesto el cuerpo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El año de 1495, a veinte y cinco de abril, poco menos seis años después de su muerte, abrieron la sepultura, estando presentes todos estos señores y otras muchas personas principales, y gente devota, y los religiosos del convento. En descubriendo el santo cuerpo, salió un olor celestial que puso alegría, admiración y consuelo en todos.  Manaba dellos un licor, como de aceite, que también despedía de sí una fragrancia suavísima. Viendo esto el prior, mandó tañer las campanas; pusiéronlos en el arca, y con mucha lumbre de hachas y cirios llevaron en el arca el santo cuerpo, cantando el himno Te Deum Laudamus, y otras antífonas alegres; la Condesa de Fuensalida había hecho labrar un sepulcro a su costa en el cuerpo de la iglesia a la mano derecha. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Estaba la tierra muy necesitada de agua, pidieron a Nuestro Señor,  por la intercesión de su sierva, tuviese por bien socorrerlos, porque los panes se iban ya a perder, y luego llovió en gran abundancia, entendiendo todos que, por los méritos desta santa, Nuestro Señor se apiadaba dellos. Tuvieron el cuerpo sin enterrar en la iglesia trece días, porque era tanto el concurso de la gente y los que venían atraídos de la devoción que pareció así justo para cumplir con ella. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Obró también allí el Señor muchas maravillas por su santa. El Conde de Oropesa envió a su hija y a su hijo para que velasen en la iglesia al sepulcro desta santa, y los criados que venían con ellos afirmaron que entrambos habían estado muy enfermos, que la hija había llegado al punto de la muerte; teniéndola ya sus padres por muerta, la encomendaron con mucha devoción a esta santa, y a entrambos les dio salud. Ofrecieron una imagen de plata, y una palia rica para el altar, una cruz bordada muy rica, y tres imágenes de cera, en testimonio y gratitud del beneficio recebido.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Llegó también luego un hombre de Jarayz, que se llamaba Santos Fernández, que estando a la muerte y oleado se encomendó como pudo, dentro de su corazón, a esta santa, y recibió luego salud repentina y de todo punto milagrosa. Vinieron él y su mujer luego a cumplir el voto, y dieron testimonio dello delante de muchas personas. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
No quiero alargarme más en referir milagros; una cosa diré que me parece lo confirma todo, por ser la única prueba que Dios nos dejó para conocer los verdaderos profetas y distinguirlos de los falsos, que ninguna cosa dijo esta santa haber de acaecer que no viniese como lo dijo y profetizó.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Sucedió luego la peste que hemos dicho; hubo también notable carestía de pan, que morían las gentes de hambre, y viose en España en aquellos tiempos, la primera vez, aquel afrentoso y endiablado mal de las bubas, que entonces y muchos años después (hasta que ya le hemos domesticado) fue muy temido y con razón. Donde se cumplió el amenaza que Dios hizo a su pueblo por esta su sierva, y los cuchillos que vio en la boca de Dios y el ángel que hería con azote y con espada [497] y con cuchillo. En el mismo estado nos vemos ahora, en este año de 1599, poco más de cien años después de la muerte desta santa, pues casi no hay pueblo en Castilla que no esté herido de peste, y el hambre alcanza ya a todos, y no nos despiertan de nuestras culpas los continuos azotes del Señor, señal que ha llegado nuestra dolencia a poco menos que insensibilidad y dureza, plegue a Él que no sea señal de reprobación. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
=== Notas ===&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[1]'' En el texto original figura como “ansillos”, lo corrijo como errata probable.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[2]'' Se repite el capítulo XLIV en el texto, por lo que todos los capítulos que editamos de la vida de esta santa, desde el presente, cuentan con un número más que en la edición de Sigüenza empleada, corrigiendo la errata. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[3]'' Figura en el texto original como “sentase”, corregimos la posible errata.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[4]'' El apellido del capellán o cura de la casa, Juan de Velma, varía a lo largo de la narración de la vida de María de Ajofrín, ya que este figura como Biezma en este mismo capítulo, página 475, y como Viedma, en el capítulo XLVII , página 485.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[5]'' El apellido de Diego de Villaminaya es modificado en la narración de la vida de esta santa más adelante, pues aparece como Diego de Villamiñaya en el capítulo XLVII, página 485. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[6]'' En la edición aparece como San Lorencio.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[7]'' Figura como la página 494.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
= Vida impresa (5)=&lt;br /&gt;
Ed. de [http://visionarias.es/equipo/maria-aboal-lopez/ María Aboal López]; fecha de edición: octubre de 2020; fecha de modificación: junio de 2021.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
== Fuente ==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
* [http://catalogodesantasvivas.visionarias.es/index.php/Categor%C3%ADa:Francisco_de_Pisa Pisa, Francisco de], 1605. ''Descripción de la Imperial Ciudad de Toledo e Historia de sus antigüedades y grandeza y cosas memorables que en ella han acontecido, de los Reyes que la han señoreado y gobernado en sucesión de tiempo, y de los arzobispos de Toledo, principalmente de los más celebrados''. Toledo: Pedro Rodríguez, Imprenta Real, fols. 275r, 276v.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[[Contexto material del impreso Descripción de la Imperial Ciudad de Toledo e Historia de sus antigüedades]] ''y grandeza y cosas memorables que en ella han acontecido, de los Reyes que la han señoreado y gobernado en sucesión de tiempo, y de los arzobispos de Toledo, principalmente de los más celebrados''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
== Criterios de edición==&lt;br /&gt;
Aunque esta vida forma parte de una enumeración de santos y, por tanto, no es propiamente una hagiografía, la recogemos aquí para que quede constancia de su inclusión en esta obra del siglo XVII.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Se adoptan los criterios de edición de vidas impresas estipulados en el Catálogo, es decir, se moderniza la ortografía (b/u/v, j/g, chr/cr, qu/cu, empleo de h, etc.), las sibilantes y se eliminan las consonantes geminadas. El uso de mayúsculas y minúsculas se moderniza, así como la acentuación y la puntuación, que se adaptan a las actuales. No obstante, se ha mantenido la escritura de “monesterio”. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==Vida de María de Ajofrín==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Capítulo XXXVI'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[Libro Quinto] &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[Fol. 275r] '''Catálogo o lista de santos propios de esta ciudad de Toledo'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[…]&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[Fol. 276v] […] María de Ajofrín, monja del monesterio de San Pablo de Toledo, y su cuerpo está enterrado en el de la Sisla, a la mano derecha del altar mayor, donde es visitado y venerado por muchos, y ha Dios obrado por ella milagros y dado sanidades: falleció año de mil y cuatrocientos y ochenta y nueve.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
= Vida impresa (6)=&lt;br /&gt;
Ed. de [https://visionarias.es/equipo/maria-gonzalez-diaz/ María González-Díaz]; fecha de edición: septiembre de 2025.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
== Fuente ==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
* [http://catalogodesantasvivas.visionarias.es/index.php/Categor%C3%ADa:Blas_Franco_Fernández Franco Fernández, Blas], 1675. ''Vida de la Venerable Sierva de Dios María de Jesús, natural de Villa-Robledo, de la Tercera Orden del Seráfico Padre S. Francisco, virgen extática, prodigiosa, admirable, en favores que Nuestro Señor la hizo''. […] Tomo primero. Madrid: por Ioseph Fernández Buendía, pp. 454-455.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
== Criterios de edición==&lt;br /&gt;
El fragmento sobre María de Ajofrín aparece en el capítulo diecinueve de la vida sobre la religiosa María de Jesús (1625-1653), que elabora el escrito murciano Blas Franco Fernández en 1675. Este fragmento es mencionado en la vida que escribe sobre la jerónima Francisco de Ajofrín en el siglo XVIII, la cual también está editada en el ''Catálogo de Santas Vivas'' (vida manuscrita 3).&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Se adoptan los criterios de edición de vidas impresas estipulados en el ''Catálogo'', es decir, se moderniza la ortografía (b/u/v, j/g, chr/cr, qu/cu, empleo de h, etc.), las sibilantes y se eliminan las consonantes geminadas. El uso de mayúsculas y minúsculas se moderniza, así como la acentuación y la puntuación, que se adaptan a las actuales.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==Vida de María de Ajofrín==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Capítulo XIX'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[449] […] '''Refiérense algunos ejemplos de donde consta haber concedido Nuestro Señor a algunas siervas suyas el singular favor de la impresión de sus llagas'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[454] […] No es razón que pasemos silencio haber concedido Nuestro Señor este especialísimo don a la gloriosa virgen María de Ajofrín, natural de dicha villa, religiosa del glorioso Padre San Jerónimo en el antiguo convento de San Pablo de la ciudad de Toledo, [455] que por ser esta santa nuestra paisana y estar tan cerca su cuerpo, como es en el muy religioso y observanto monasterio de la Sisla, fuera ingratitud el dejar de hacer memoria de este prodigioso caso. Habíasele aparecido Nuestro Señor a esta bendita virgen y mandole dijese de su parte al arzobispo de Toledo viniese por sí mismo a poner remedio en cinco pecados públicos que había en dicha ciudad, por los cuales era este divino Señor gravemente ofendido. Y los pecados eran: falta de fe, demasiada codicia de las cosas del mundo, lujurias y sensualidades, ignorancia de las cosas divinas y poca reverencia en ellas, y que no permitiese dicho arzobispo se dijese misa en casa de personas seglares porque había tanto exceso que ya cualquier hombre particular quería le dijesen misa junto a su cama, cosa de grande escarnio y menosprecio de las cosas sagradas. Hizo esta santa virgen de la manera que pudo esta diligencia, pero no fue creída. Y así apareciéndosele Cristo Nuestro Señor, le dijo: ‘Para que seas creída, se te dará esta señal del Cielo: que este cuchillo que está en la boca de Dios traspasará tu corazón y hará en él una llaga de donde saldrá sangre viva, que será verdadero testimonio a todos, y tú serás participante y como un trasunto en quien se vean las llagas y los tormentos que el Hijo de Dios padeció en su Pasión’.&lt;/div&gt;</summary>
		<author><name>Anaritasoares</name></author>	</entry>

	<entry>
		<id>http://catalogodesantasvivas.visionarias.es/index.php?title=Mar%C3%ADa_de_Ajofr%C3%ADn&amp;diff=712801</id>
		<title>María de Ajofrín</title>
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				<updated>2026-05-18T14:29:46Z</updated>
		
		<summary type="html">&lt;p&gt;Anaritasoares: /* Vida de María de Ajofrín */&lt;/p&gt;
&lt;hr /&gt;
&lt;div&gt;[[Category:Santas_Jerónimas]]&lt;br /&gt;
[[Category:Toledo]]&lt;br /&gt;
[[Category:Francisco_de_Pisa]]&lt;br /&gt;
[[Category:Fray_José_de_Sigüenza]]&lt;br /&gt;
[[Category:Juan_de_la_Cruz]]&lt;br /&gt;
[[Category:Blas_Franco_Fernández]]&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[[Archivo:Maria de Ajofrin-sombras-Final-D-Yellow-L(1).jpg|derecha|María de Ajofrín|link=]]&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
{| class=&amp;quot;wikitable&amp;quot;&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Nombre || María de Ajofrín&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Orden || [http://catalogodesantasvivas.visionarias.es/index.php/Categor%C3%ADa:Santas_Jerónimas Jerónimas]&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Títulos || Beata del Convento de San Pablo de Toledo&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Fecha de nacimiento || Hacia 1455&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Fecha de fallecimiento || 1489&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Lugar de nacimiento || Ajofrín, [http://catalogodesantasvivas.visionarias.es/index.php/Categor%C3%ADa:Toledo Toledo]&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Lugar de fallecimiento || [http://catalogodesantasvivas.visionarias.es/index.php/Categor%C3%ADa:Toledo Toledo]&lt;br /&gt;
|}&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
=Vida manuscrita (1)=&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Ed. de [http://visionarias.es/equipo/celia-redondo-blasco/ Celia Redondo Blasco]; fecha de edición: julio de 2018; fecha de modificación: febrero de 2025.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==Fuente==&lt;br /&gt;
[[Archivo:I María de Ajofrín.jpg|250px|right|Manuscrito|link=]]&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
* Escorial. C-III-3. fols. 192r – 231v.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[[Contexto material del manuscrito de El Escorial, MS c-III-3]]&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==Criterios de edición==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Se trata de una copia manuscrita del siglo XVI. Al tratarse de un testimonio único se ha optado por unos criterios de edición conservadores. &lt;br /&gt;
* Se puntúa y acentúa siguiendo las normas establecidas por la RAE.&lt;br /&gt;
* Se conserva la -l- geminada en ''humilldad'' y la s líquida solo en ''Spíritu Sancto'', así como la alternancia entre v y b en su valor consonántico; también se mantiene la h- aunque sea anti-etimológica en ''hedad''.&lt;br /&gt;
* Se han respetado los latinismos como ''oratión''. &lt;br /&gt;
* Se han repuesto vocablos o grafías con corchetes ([ ]) cuando resultaba patente que no aparecían por un descuido del copista (en caso de duda, se ha respetado su ausencia).&lt;br /&gt;
* Se conserva ''dello'', ''desto'', pero se separa mediante apóstrofo cuando la forma aglutinada incluye el pronombre personal masculino singular: ''d’él''. &lt;br /&gt;
* Se ha conservado el uso de qu por ''cu'' (qual) y la grafía de la nasal n antes de la bilabial (grupos -np- y -nb-: ''honbre''). &lt;br /&gt;
* En cuanto al grupo de sibilantes, se mantiene ç ante a, o, y también ante e, i. Se respetan, también, los grafemas z, s/ss ante las distintas vocales. &lt;br /&gt;
* Cuando la ''n'' se encuentra acompañada por vírgula se ha reproducido como ''ñ''.&lt;br /&gt;
* Se ha mantenido la oscilación i/y.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==Vida de María de Ajofrín==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[Fol. 192r] Sigue la vida de la bienabenturada virgen María de Ajofrín, la qual fue una bendita muger, según paresçe en las revelationes y secretos ocultos que Nuestro Señor le quiso revelar. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''Per homnia que feneçiste para ser amaes Deum'' ''[1]''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[Fol. 192v] ''Non omnia posumus homnes''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Aquí ay tres historias: la primera, la de María de Ajofrín; la segunda, la del Santo Niño de La Guardia; la tercera, de doña [[María García]], fundadora de Santo Pablo ''qaes questio prima homo natus de mulier'' ''[2]''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[Fol. 193r] Aquí comiençan las revelaçiones y vida, así secretas como manifiestas, que Nuestro Señor por la su acostunbrada clementia muchas vezes obró e mostró en las sus siervos. De las quales por la su gran virtud, muchas no acostumbradas, quiso poner y dar en la su sierva y bienabenturada María de Ajofrín según el suçeso que adelante se seguirá, la qual vibió y murió en el monasterio de la casa de doña Mari García en la cibdad de Toledo. E fallesció en la dicha cibdad, año del nacimiento del Salvador de mil y cuatrocientos ochenta y nueve años, sábado, a diezsiete días del mes de julio ''[3]'', quando andava la pestilentia en la dicha cibdad, a las tres de medianoche, e fue sentido en su fallecimiento un olor celestial, lo qual fue dicho por la hermana maior, e fue enterrada en el Monasterio de la Sisla a las vísperas en el capítulo. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Como por la voz de Nuestro Redentor es escrito en el Evangelio que la nuestra luz alunbre delante los hombres por que ellos viendo en nós las santas obras glorifiquen a Dios y sea glorificado el Padre Celestial, que es en los Çielos, no para que seamos vistos e alabados delante del Señor, quias son las maravillas e poder, el qual es maravilloso en los sus santos e inspira en las sus Escripturas espíritu de vida según la Divina Providentia, quando quiere e como quiere, porque todas las cosas que tenemos las recibimos dˈÉl según el Apóstol dize «todos somos dˈÉl llamados para ser obreros en la su viña», que es en la su santa Yglesia, la qual á de ser luz a todos los cristianos, según el partimiento de las sus graçias e dones a que cada [fol. 193v] uno dio, para que, con ello, fielmente trabajando, doblados y con usuras en fin de la vida, gloria suya y provecho nuestro, de nós los reciba. E por temor de no ser condenados con el siervo malo e sin provecho, que ascondió en la tierra el marco de su Señor, por el qual fue condenado con el gran derecho del ensalçamiento de la honra del Rei Soberano, e a provecho e enmienda de nuestras vidas, yo, el mui indigno siervo de los siervos de Dios, fray Juan de Corrales, prior de la Sisla de Toledo, recontaré e diré a honra y gloria de su Soberano Rei Dios, Nuestro Señor, las maravillas y secretos ocultos y manifiestos que por mis ojos vi y con mis manos traté y a personas dignas de fe y dignas de gran memoria oí, las quales Nuestro Señor quiso poner y demostrar en una pobreçilla sierva suia, virgen santa llamada María de Ajofrín en el monasterio y casa de doña Mari Garçía en la cibdad de Toledo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Capítulo 1'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''De cómo fue llamada desde su niñez al serviçio de Dios'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En la villa de Ajofrín, villa de la cibdad de Toledo, fue un varón que llamavan Pedro Martín Maestro y a su mujer Marina Garçía, los quales sienpre temieron mucho al Señor, andando sienpre en sus mandamientos. Y estos ubieron abundançia de los bienes temporales, de los quales naçió esta santa virgen, la qual el Señor, dende su niñez, para sí quiso y por destino llamola dándole grandes honras de amor con su santa ynspiración. E como sus padres e parientes la quixeron casar, e de muchos [fol. 194r] fuese pedida para casarse con ella, nunca ella consintió en ello, antes baronilmente resistió al mundo y a los parientes.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
E porque no pudiese ser quitada del amor divino, siendo chica y de tierna hedad, sin consejo ni ayuda humanal ''[4]'' hizo al Señor voto de entrar en relixión. E tanta fue la fuerça que a los padres y hermanos hizo, que de todos fue aborrezida, e sobre aquesto lo hizieron la madre y hermanos mui gran sentimiento. E siendo de quinze años, su padre, con gran dolor, la sacó de su casa e la traxo a la cibdad de Toledo. E como entrase en la iglesia maior de la dicha çibdad, e no sabiendo qué se hazer, mandose llevar por inspiración divina al monasterio de doña [[María García]], en el qual sienpre conversó con mucha humildad e santidad, menospreciando mucho a sí mesma, e fue humillde con los humilldes, haciendo al Señor sienpre de sí continuo sacrifiçio. Sin querer ella su deleite e afiçión fue sienpre en la horación muy ferviente en el amor del Señor, derramando sienpre muchedumbre de lágrimas de sus ojos, con muchos suspiros, teniéndose por la más pecadora e indigna de las mugeres.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Capítulo 2'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''De una visión que le fue demostrada cuando con devotión quiso confesar'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Viviendo como dicho es en esta santa conversatión algún tienpo, pasados más de diez años de su conversión, fue puesta sobre ella la mano del Señor. [fol. 194v] El qual quiso en ella e por ella demostrar los sus secretos e maravillas, algunos de los quales fueron vistos e manifiestos a muchas personas. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
La qual, alunbrada del padre de las lunbres, con grandezas de ser tenplo verdadero de Dios, deseó mucho hazer confessión general de sus pecados; e como por esto se afligiose con lágrimas continuas e rogativas, deseando saber si sus pecados eran perdonados, aceptó el día de la confessión. E como entrase en el confesionario, a do todas se suelen confesar, estaba allí fuera la imagen de Nuestra Señora con el Niño en sus braços e derrubándose delante della, con muchas lágrimas y devotión, rogávale mucho la quisiese oír e ganasse perdón de todos sus pecados. E como con atentión estubiesse orando, súbitamente vio una gran claridad que alunbró la imagen y parte de la carilla, y en la claridad de la lunbre vio cómo Nuestro Señor, estando en los braços de la madre, alçó la mano contra ella como quando el saçerdote absuelve a la penitente. De la qual visión fue mui espantada e turbada y con mui gran fatiga i trabaxo hizo su confessión lo mexor que pudo, la qual hecha, como tornose a hazer oratión a la imagen susodicha, vio la misma claridad que vio al principio e la mano del niño que primero avía visto, de lo qual quedó mui consolada e confortada. E esto sienpre lo tuvo en el coraçón çelado, que a ninguno lo dixo sino a mí e me certificó que desde entonçes le quedó tan gran movimiento en el corazón que se le quería salir del cuerpo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
E como esta santa mujer rogase muchas vezes por el estado [fol. 195r] desta santa madre Yglesia, una noche quedó sola en el coro de la iglesia orando al Señor, e como rezase con atención, vio la arca en que está el corpus cristi ençendida en llama de fuego con gran claridad. E ardió por el espaçio de una hora, la qual, como acabase la oraçión, luego se amató y ella quedó mui espantada y atemorizada.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Capítulo 3'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Cómo el día de la resurretión comulgó un cordero vivo, tamaño como una abexita, en semejanza de pan'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Sábado Santo, víspera de la resurretión del Señor. Como desease mui mucho recibir el sacramento de la santa eucaristía, toda la noche de la fiesta no durmió ninguna cosa, antes se anduvo por toda la casa de lugar en lugar llorando y orando al Señor, demandándole limpieza y aparexo para reçebir tan alto sacramento. E como vinise el tienpo de la santa comunión y fuesse ayuntada con las otras hermanas delante del altar, recibió el santíssimo sacramento en semexanza de un cordero vivo en speçie de pan. E como lo recibiesse en la boca, sintió luego bullir e que andava de un cabo a otro como cosa viba, e ovo mui gran pavor, e tragolo con temor, e luego sintió cómo se le puso encima de las telas del coraçón y tanta fue el alegría y consolaçión que ovo, que diez días con sus noches no durmió, llorando y orando, y luego fue robada en espíritu.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y dende entonçes se quedó [fol. 195v] que cada y quando que recibié el santíssimo sacramento se traspasaba y era rrobada en spíritu sin ningún sentimiento, quando más y quando menos, según adelante se dirá. E desde aquel día que comulgó el cordero, según dicho es, le dio el Señor este don y graçia, que cada y quando que comulgava le quedava un dulçor en el coraçón y en la garganta y en la boca. Según me dixo muchas vezes que no se le quitaba aquel dulçor por quarenta horas e me dixo que podía vibir en ese tienpo sin comer, e que muchas vezes lo hiziera si no fuera por cuitar la singularidad de los que lo viesen y entendiesen.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Capítulo 4'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''De cómo fue robada en spíritu e cómo Nuestra Señora le puso el niño en las manos sobre un paño de seda'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El día octavo de la Resurretión fue robada en spíritu y vio cómo vino a ella un barón mui recto reverendo y honesto en hedad, vestido de una capa de seda colorada y díxole: «Ven, que te llama la reina»; y ella, pensando que la llamava la reina terrenal, no quiso yr con él. Él díxole otra vez: «Ven, que te llama la reina del Çielo». E fue con él e fallose en una iglesia fuera de la çibdad, a do estaba Nuestra Señora, la Virgen María, con su hijo en los braços. E como la vio, hincóse de rodillas delante della y aquel honbre que la llamó, de la capa colorada, púsole un paño de seda en las manos. E Nuestra Señora puso el niño encima del dicho paño e diole Nuestra Señora a otro honbre de menos hedad que fuese con ella e la acompañase, e díxole a ella la reina del Çielo: «Ve con estos varones a donde quiera [fol. 196r] que fueren». &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
E aquel varón de la capa colorada iva delante un poco, como que iva a buscar posada, e entrando a la çibdad llamava a las puertas que estaban çerradas y dava tres golpes a cada puerta e deçía estas palabras: «Abrí, que viene el Señor a posar en vuestra casa». E ninguno le abría e los que tenían las puertas abiertas corriendo las iban a çerrar, y deçían que no podían entrar allí porque estaban mui negociados con muchos libramientos, e otros decían que estaban mui depriessa e que no los podían reçebir. E desta manera anduvieron toda la çibdad que en ninguna casa hallaron posada. E bueltos por do fueron toparon con dos mugeres que iban caballeras en dos asnos e dos clérigos con ellas, e dixeron los dos clérigos a la muger que llevaba el niño en los braços: «Nosotros os acoxiéramos, mas vamos mui depriessa, mas mientra que venimos entraos en este establo». Y así le tomaron a Nuestra Señora el Niño de las manos de la dicha su sierva y con muchas lágrimas deçían así aquestas palabras: «Venido es el tienpo en el qual tan gran deshonra es venida al ''[5]'' Hijo de Dios, mas ia tienpo es que enbíe el Señor su ángel con azotes y aún que fiera a unos ''[6]'' y a otros con espada, e a otros con pena de fuego». E dize más esta santa mujer: que vio treçientas ánimas salidas de los querpos e no fueron más de tres al purgatorio de todas ellas, y las demás todas fueron al infierno. ¡Mas ay de aquellas que son pribadas de tan gran hermosura [fol. 196v] como es la magestad del Señor, e los sacerdotes que son dignos de maior reverencia que los ángeles, e por sus vicios son metidos en las honduras de las penas perdurables por su gran desconocimiento y vicios malos!&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Capítulo 5'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''De çinco procesiones que vio salir a una yglesia en la qual solamente fue celebrada una missa'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El día de la Açensión del Señor, después de dicho el oficio de los maitines e ido el convento a reposar, esta sierva de Dios se quedó sola en la iglesia, como sienpre solía hazer. E como se llegase cerca del altar maior codiciando de hartarse de las migaxas que caían de la mesa de los ángeles en tan santa solenidad, con coraçón limpio e boluntad mui atenta, estando rezando fue robada en spíritu.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
E fue llevada en un campo mui spacioso, hermoso e deleitable. La qual sierva de Dios toda estaba en sí misma admirada mirando qué era lo que avía, y vido un gran claustro de mui altas paredes fecho de piedras mui labradas e polidas, y era de tan gran altura quanto los ojos humanos podían mirar; y dentro en él no vio nada entonces, pero después, mirando, vio que tenía çinco puertas de bidrio de colores moradas. En cada puerta era pintada la encarnaçión del Señor y la salutaçión del ángel. En cada una de las dichas puertas salía la muy maravillosa proçesión de mui reverendos sacerdotes, [de] sobrehumana natura, e cada una de las procesiones [fol.197r] llevava una cruz colorada como de oro, con candeleros de oro, y los ministros llevavan capas como convenía a la procesión.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y estaba en medio del campo una casa mui hermosa, ansí como hecha materialmente, mui blanca, e de ninguno de aquellos era conocido aquel lugar. Al qual lugar todas aquellas procesiones fueron mui hordenadamente, y entraron dentro, y mirando al altar todos se inclinaron e se echaron en tierra cantando gloria in excelsis deo. El qual canto acabado, todos estuvieron en silençio, tanto que no se mirava uno a otro. Y en el altar estava Nuestra Señora, la Virgen María, en cuerpo y en ánima, teniendo en sus manos el su Santo Hijo vibo, ansí como lo parió. E Nuestra Señora deçía a altas vozes con lágrimas, y demostrava el su santo hijo al pueblo, y deçía: «He aquí el fruto de mi vientre, tomaldo e comeldo, que en çinco maneras es cada día cruçificado en las manos de los malos sacerdotes; la una es por la mengua de la fe; la otra es por la cobdiçia; la otra por la luxuria; la quarta por la ignoratia de sinples y necios sacerdotes que no saben discerner inter lepran &amp;amp; lepran ''[7]''; lo quinto por la poca reverentia que façen al Señor después que le an reçebido». E dixo más Nuestra Señora: «Más sin reverentia es comida la carne de mi hijo de los indignos sacerdotes que el pan que es dado a los perros». &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y estas cosas de todos oídas, vino un sacerdote honrado por canas y hedad, mucho más que los otros, e vistiose para dezir missa, e como hordenadamente procediesse llegando al lugar para tomar la hostia para consagrar, Nuestra Señora le dio el su Hijo que [fol. 197v] tenía en los sus brazos, el qual se tornó en ostia. Como el saçerdote lo levantase en alto, fue visto como el rraio de sol y poco a poco se deshizo la ostia y se subió al Çielo. E recibiola el padre en su seno, e fueron hechos una mesma cosa e fue dicha una box del padre: «Aqueste es mi Hijo mui amado». Entonces, un saçerdote difunto, que fue cura de aquella casa de doña [[María García]], conocido desta sierba de Dios, llegose a ella y díxole: «Esto que as visto hazer de la santa ostia significa aquellos que tan solamente reciben la forma del sacramento, e no la virtud y mérito del sacramento». E díxole más el saçerdote a esta santa virgen: «Ve y di por horden todo lo que viste a tu confesor para que lo diga al deán  y al capellán maior para que de todos sea sabido, por que no carezcan estas cosas de mui grandes méritos». Y así desaparecieron todos.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Capítulo 6'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Del gran temor que quedó en su corazón y las dudas que le acaezieron'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Como aquesta santa virgen tornase en sí, [pensó] cómo aquesto podía ser, e que por ventura no fuese engaño del Enemigo que se transfigurava en ángel de luz. E sufría mui grandes angustias de todas partes: de la una parte, sentíase mui indigna para ver y dezir tan grandes cosas; e de la otra parte, afirmava ''[8]'' y dezía que en cosas tan maravillosas en ninguna manera podía pensar que el Enemigo pudiese poner asechanzas.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[Fol. 198r] Y afligida qué haría acordó, y pareciole más seguro no decírselo a ninguno. E como fuese a confesar, dixo a su confesor todo lo que avía visto, e como el confesor lo oió no le dio crédito, antes la menospreçió, que fue cosa de mucha admiratión, e prudentemente lo disimuló como que no entendía por no creer de ligeras fantasías de mugeres, con esperança que avría fin este negoçio para ser de ello más certificado.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Capítulo 7'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''De cómo vio a Nuestro Señor correr sangre de sus piernas'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Después desto susodicho, en el día del vencimiento de la cruz, acabados de dezir los maitines, ya que rompía el alva, según aquella me dixo, quedose sola esta santa virgen en la iglesia echada de brazos delante del altar. Y como fuese robada en spíritu, apareciole Nuestro Señor en figura de hombre e tenía la cara mui espantosa, e tenía vestida una sobrepelliz y una estola al cuello, y corríale mucha sangre de las piernas. Y el Señor allegose a ella, que estava de brazos delante el altar, e fízola alzar la cabeza y díxole así: «Como me ves corriendo sangre, ansí ando por las iglesias desde esta hora hasta que tañen a la plegaria». Y acabando de dezir esto, desapareçió.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Capítulo 8'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''De cómo se vido puesta en una tormenta''' ''[9]''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El día de San Agustín, con mucha atención rogava al Señor esta santa virgen por todos. [Fol. 198v] Después de algunos días, fue otra vez traspasada en sueño y viose puesta en alto y colgada de las manos en un madero, en una gran altura, quanto la vista humana podía alcançar, e fuele dicho divinamente: «Aquí estarás, hasta que prometas de dezir y recontar todas las cosas que viste y oíste». De lo qual ella no curó. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Capítulo 9'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''De cómo vido carne y sangre en la boca de la Verónica que tenía pintada'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El día de San Agustín, con mucha atención rogava al Señor por todos los sacerdotes. Y como estuviese rezando y mirase a una Verónica que tenía en un libro pintada, por el espaçio de una hora vido en ella y sobre ella gran resplandor, y vio carne y sangre. Y desde que vio esta vissión tan maravillosa, ansí se le cerró el estómago que desde aquel día en sanidad ni enfermedad nunca jamás quiso comer carne, ni se la quería tener el estómago; su manxar era pasas y cosa de dieta. La qual Verónica le tomó su confesor e la sierva de Dios fue mui maravillada desto, e puesta como fuera de sí. E aflixiose mucho por todas maneras de penas por que el Señor más manifiestamente le descubriese esta palabra e le mostrase quál era su voluntad.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Capítulo 10'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Cómo Nuestra Señora le mandó que rebelase las cosas que avía visto'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En fin del mes de setienbre caió esta santa virgen en una mui gran enfermedad y no aviendo esperança de vibir, ni menos de salud, salvo para ir a la güesa. [Fol. 199r] Y fue traspuesta ansí, como muerta, por espacio de tres horas, e las hermanas de la casa que estaban presentes dávanle tormentos por que despertase, y echávanle agua hirviendo sobre los pies, que casi los quemaron. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
La qual, estando ansí, sin ningún recordamiento, fue robada en spíritu al capítulo primero, adonde vio el claustro e proçessiones. Y como fuese por el camino, vio cómo encontró con el Enemigo, e quísose llegar a ella; y ella vio luego a Nuestra Señora que enpuxó e increpó al Enemigo con su mano propia. Y la Señora tomola por la mano y metiola en el dicho claustro, dentro del qual vio salir las primeras dichas proçesiones, y díxole Nuestra Señora: «Este es el lugar a do te fue mandado que dixeses aquellas cosas que avías visto, pero, otra vez de parte de Dios, tomando que lo que entonzes y agora as visto lo digas  y requentes a tu confessor y no se lo ascondas, y él se lo diga a los otros varones católicos suso nombrados, y ellos lo digan al arçobispo y sea sabido por todas las partes de la santa Yglesia, y sea sonado y divulgado». Y díxole más Nuestra Señora: «Ya el hijo de Dios no puede sufrir las injurias y escarnios que le son hechos en la Iglesia por los malos sacerdotes». Estas e otras cosas muchas que esta sierva de Dios vido y hoió ella misma las siente, y otro ninguno no lo puede dezir ni sentir.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Capítulo 11'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Cómo dixo todas estas cosas a su confesor Juan Velma'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Como dixese todas estas cosas a su confessor, [fol. 199v] él se demostró con prudentia, madureza de corazón, y dixole: «Ya é mirado todas las cosas que me avéis dicho y todo el proçeso, y esto a basta a mí para lo creer, mas enpero para que io lo aia de dezir y revelar como vos dezís a aquellos venerables barones, y que para ellos y otros sea manifiesto y dibulgado, para que de ello venga remedio y reparo, y para que estas cosas no sean vistas ni juzgadas como cosas locas y vanas, como se deçía de las Marías que anunçiaron la resurrectión del Señor, mui manifiesto es ser neçesario que vos deis señal para ser creída que venga de la mano de Dios». Que, así como los judíos pidieron señal a Jesús excelentísimo Señor Nuestro del Çielo para creer bien, así dixo el saçerdote: «Pido yo a vos señal del Çielo para conozer la verdad de aqueste hecho y para que mexor sea creído lo que puede ser dubdoso; por ende, concertad vos esto con el Señor». &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y como la sierva del Señor oiese estas cosas, fue mui turbada y dio muchos suspiros y gemidos, y propuso en su corazón de responderle por carta, lo que después así cunplió.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Capítulo 12'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''De las cosas que divinamente halló escritas en su regazo'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Como de las cosas susodichas su corazón estuviese mui turbado, sentíase muy afligida y quebrantada, y andava de lugar en lugar por toda la casa. Y no pudiendo hallar lugar de consolatión, como pasase por un lugar a do estava una ventana, según ella me dixo, vio estar en ella un [fol. 200r] pliego de papel blanco, no sabiendo quién lo avía puesto. Y tomolo y metiose en un sótano do algunas vezes poníen la leña, y asentose mui afligida, y arrimose a una pared, y vio súbitamente una claridad que resplandezía y daba el resplandor en el papel, y ella me dixo que no sabe quién le tomó su mano y escribió dos cosas: la una, para el qura; y la otra, para los venerables a quienes tal cosas se avían de dezir, siendo muy clara verdad y cosa mui cierta y manifiesta que ella nunca supo escribir, ni ai en todo Toledo quien tal letra hiciese. Y esta es manifiesta verdad, y como las cartas fuesen escritas, hallolas ella cabe sí y desapareçió la claridad.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y dobladas las cartas, metióselas en las mangas, y como fuese a sacar una caldera de agua de una tinaxa, una carta caió dentro y detúbose en el ayre y no llegó al agua. Y una destas cartas ubo y tiene el capellán maior con mucha veneratión y onra, según el qual me dixo que, poniéndola sobre tres enfermos de diversas enfermedades, luego fueron sanos. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
E como ella diese estas cartas al dicho su confesor, él fue muy maravillado, ''[10]'' maiormente porque sabía que ella no sabía escrebir, ni avía persona en la casa que tal letra hiziese, de lo qual se podría afirmar ser escritas divinamente y no humanal. Y hovo mui gran espanto en su coraçón, e vio en su carta cosas que otro no las sabía sino él, mas ni por esso no tubo osadía para lo divulgar porque no avía llegado el tienpo que el Señor avía puesto y dudava como Santo Tomás. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Por poder [fol. 200v] quitar la dubda a todos, y como el dicho confesor no tuviesse lugar para la hablar, escribiole a ella diziendo que no podía creer que ella escribiese aquellas cartas, con intentión de sacarla a público e a manifiesto. De lo qual, ella uvo gran sentimiento y dolor, y tuvo esto por mui malo y áspero, y quexose de ello al Rei del Çielo. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y así como ella era mui inocente, y como después se hablasen ella y su confesor, la sierva del Señor, fuerte así como león, lo increpó mui duramente de tal dureza e incredulidad de su coraçón, mostrándole por razones mui claras que creiese sin dubda que ninguno escribió las cartas sino ella por su mano con el ángel. Y desde allí propuso ella en su corazón de rogar al Señor que por su misericordia tuviesse por bien de la librar de tan grandes afrentas, y propuso en su voluntad de no hablar más destas cosas; y así lo hizo. Y suplicaba al Señor con gran firmeza y afinco que pusiese al dicho su confesor alguna evidente señal por que creiese, si fuese capaz de la ver, y si no fuese digno, le diesse duro azote por que creiesse. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y la dicha santa virgen calló por nueve meses, mas su coraçón dava de sí mui claras llamas, lágrimas y lloros, suspiros y gemidos sin quento, a los quales no faltó la divinal clementia ¡O, quánto es el Señor piadoso! A los santos, y a los que presumen de sí abaxa, y a los humildes levanta. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Vençido el Señor por su plegarias y llenas su orexas de las sus [fol. 201r] rogativas, plúgole de la visitar en muchas maneras. Quiso que fuese parçionera e mediadora de los tormentos y passión que su hijo, Jesucristo Nuestro Señor, recibió e pasó en la su santa pasión con señales mui manifiestas, las quales no fueron vistas en nuestros tienpos ni en muchos de los santos, según que adelante se dirán.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Capítulo 13'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''De cómo se propuso de no dar aquellas cartas a ninguna persona'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Como ella viose aquella maravilla de la una carta que caiera en la tinaxa y no se moxara, pensó de no la dar a nadie. Y una noche tornose a aquel sótano con intención de la trasladar como ella supiese, y llevó papel y una ollita con lunbre para encender una candela que llevava muerta, y luego súbitamente se encendió sin llegar a la lunbre. Y así como enpezó a escrevir la carta, vínose tanta sangre de nariçes que no se pudo restañar por espacio de una hora, y puso la carta en las sienes y luego cesó la sangre. Y el día de la Conceptión de Nuestra Señora, estaba una niña muerta más avía de siete horas, y ella enbió aquella carta con mucha fe para que se la pusiesen, y luego que se la pusieron resuçitó y enpezó a bostezar, y bibió después por luengo tienpo. Y una mujer, tenía el pecho abierto, e como se la pusiesen enzima, luego fue sana. Y un clérigo iva a Santiago y llevava consigo la dicha carta con mui grande devozión, y caió en un brazo de mar e toda la ropa se mojó, mas la carta nunca se moxó.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Capítulo 14'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''De la comunión que hizo el día de los Santos y de las penas que le fueron dadas'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[Fol. 201v] El día antes de la Fiesta de todos los Santos rogó a la hermana maior que ansí como comulgasse la pusiese en una casa adonde no oviese ninguno, conoçiendo por spíritu lo que le avía de venir. Y como recibiesse la santa comunión antes que sestias ''[11]'' pusiesse, tan grande fueron los sus lloros y suspiros y golpes del coraçón que en sí mesma sintió que ninguna criatura humana lo podría sentir. Y hizo tan grande fuerça en sí misma por que las cosas que sentía de dentro no fuesen sabidas ni oídas, ansí como la cuba hierbe sin respiradero que mui de ligero rebienta, ansí ésta rebentó por encima de la cabeza, y lo que no pudo salir por la boca salió por las llagas que encima de la cabeza le fueron hechas. Y en la frente le apareció una tan cuchillada que pareçía ser abierta con navaja, la qual estubo muchos días abierta, y de muchos fue vista, y nunca recibió benefiçio ninguno de medicina humana. Y abriósele el celebro por parte de detrás, y partiósele el cafeo por medio quedando el quero de ençima sano (lo qual yo i otras persona emos tratado e conoçido), lo qual nunca se le çerró. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y sintió dello tan gran dolor y pena que le llegó a par de muerte, lo qual vieron los testigos que adelante se dirán, y notario. Y como esto fue hecho, acabada la comunión, luego fue traspuesta fuera de sí y pribada de todos los sesos humanales y estuvo allí por espaçio de quarenta horas. Y en este tienpo que estubo ansí, aviendo las hermanas conpasión della, probaron de dalle algunos tormentos, metiéndole plumas en las narizes hasta arriba, que le hizieron llagas de dentro, y en las manos, y en los pies, y en todos los otros mien- [fol. 202r] bros le daban pena por la hazer tragar alguna cosa de comer, y tanta fue la fuerza que le hizieron que le quebraron una muela. La qual, estando en este tan gran tormento, la noche de los Finados dio muy grandes gemidos, por tres vezes u quatro, e hizo mui grande estremecimiento en el cuerpo. La qual, estando ansí, fue llevada al trono del Rei Celestial a do vido cosas de gran espanto, que lengua humana no puede dezir, e vido un rei mui espantable estar en un mui gran trono, ante el qual estaban muy grandes gentes de diversas calidades e de maravillosa hermosura, y el rei tenía atravesado en la boca un cuchillo agudo de entreanbas partes, y fue dicho a ésta: «Pobreçilla, ¿ves el quchillo que está de anbas partes agudo, que está en la boca del rei? Sepas que significa la grande yra que tiene sobre la Iglesia y sobre los prelados y rexidores della». Y fuele dicho: «Ve y di aquellos varones lo que te à sido mandado, que porque echan en olvido y son negligentes en qumplir lo que les es dicho y demostrado, no curando de la vox divinal, como si fuesse cosa de los honbres amenázolos una vez y dos, so pena de la divinal sentencia, que dexadas todas las cosas, luego tomen camino e lo digan al arçobispo de la iglesia. E venga por sí mesmo e ponga gran remedio en aquellos çinco pecados suso escritos, conviene a saber: en la mengua de la santa fe, y en la cobdiçia de la luxuria, y en la ignorancia y mengua de reverentia, en los quales pecados cada día es blasfemado y crucificado Nuestro Señor Jesucristo, hijo de Dios y que destruyga [fol. 202v] ''[12]'' las herexías desta cibdad y de los clérigos, y haga çerrar las misas que dizen en casa de los legos porque es gran deshonra y escarnio al qulto divino. Y esta señal del Cielo te da porque seas creída en estas cosas que has visto y en las pasadas, y este quchillo que es en la boca de Dios poderoso traspasará tu coraçón y ará en él llaga, y saldrá sangre biba que será verdadero testimonio a todos, y tú serás remediadora y parçionera en la passión del hijo de Dios».&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y así fue luego hecho. Y luego halló ençima del coraçón tan gran dolor que dezir no se puede, e de tan gran abertura y grandeza era la llaga que pudiera caber por ella la cabeza del dedo pulgar de un honbre. Y duró abierta esta llaga veinte días enteros y los viernes corría mucha más sangre que todos estos días. Y con paños puestos en la llaga, corría sangre hasta la pierna, en la qual llaga nunca apareçió gota de materia, ni tampoco se puso medicina humana, sino los paños linpios, unos ensangrentados y otros puestos. Y la sangre era tan limpia y viba y tan colorada, que no podía ser más, como lo demuestran los paños que tenía en la llaga, los más de los quales están en mi poder. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
La qual llaga quiso absconder la santa virgen, y callolo todo lo que pudo y fuese dicho divinamente que lo dixesse y demostrase a las señoras matronas, la hermana maior y doña Teresa, a las quales mostró los paños sangrientos. Y como desto fuessen maravilladas, llamaron en secreto al confesor, el qual puso silencio en la casa quanto pudo y ninguno de fuera lo supo. Y abiendo reçelo en dicho clérigo, no fuesse alguna cosa [fol. 203r] fingida, por quitar toda dubda mucho trabaxó por saber la pureza de la verdad y vió la dicha llaga y creió y fue lleno de mui gran maravilla y en quanto él pudo lo tuvo secreto, mas revelolo a testigos mui honrrados y dignos de toda fe, que dello fielmente diessen testimonio. El uno era el deán de Toledo, y el otro, el capellán maior de Villaminaia ''[13]'', y el dicho cura y las dos matronas de la cassa y con ellas un notario público de la cibdad, para que con todos diesse testimonio verdadero. Las quales seis personas por sus ojos lo vieron y con sus manos la llaga palparon, la qual estaba reçiente y sangrienta, y los paños sangrientos, como ellos lo manifiestan. Y el propio capellán maior sacó de la llaga con sus propias manos gran copia de hilas en biba sangre vañadas, las quales están en mi poder.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y todos miraron con gran diligentia que aquella llaga era divinal y no humanal, la qual sierba de Dios sufrió con gran tormento e pena, así de dentro como de fuera. Y estando ella en su cama, tan honestíssima que cosa de su cuerpo no se bio más que la llaga por una sábana abierta, la qual llaga vieron todas las personas susodichas; y estuvo abierta, como dicho es, por el espaçio de veinte días, y ella se çerró sin medicina humana. Y quedó la señal de la abertura en el lugar a do estaba la llaga, a la qual duró el dolor muchos días.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Capítulo 15'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Del dolor que sintió en los pies y en las manos, como si por ellas se fueran metidos grandes clavos semejantes a los de Nuestro Señor'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Como la sierva del Señor estuviesse mui afligida de las cosas susodichas, estando echada en la su cama con muy gran dolor maiormente del costado, me dixo cómo sintió [fol. 203v] que alçaban el cuerpo del Señor en el altar por el son de las canpanillas, y hizo fuerza a la flaqueza y levantose de la cama y hincó las rodillas a un ymagen de un cruçifixo que tenía allí pintado en un papel, horando con gran fervor de corazón. Y fue tan grande el dolor que sintió en las manos y en los pies y amortiguamiento en los braços y piernas que dezir no se puede, como si se fueran con grandes clavos traspasadas las palmas. Y como estuviesse con aquella angustia, pareçiole que le transpasaban la mano izquierda, y tan grande fue el dolor que sintió que puso el dedo pulgar de la mano derecha en la palma de la mano izquierda y mui sabiamente la ascondió que nadie lo viesse, traiendo la mano cubierta con un paño de lino, sin ninguna medicina humanal, la qual llaga tuvo por el espaçio de quarenta días y quedó la señal en la mano, la qual ella me mostró y io la vi con mis ojos.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Capítulo 16'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''De la corona de dolores que sintió en su cabeza en remenbranza de la corona de Nuestro Señor'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Por que suçesivamente sintiese en su cuerpo las insignias y dolores de la passión del Señor, allende de los tormentos que en la cabeza tenía súpitamente sintió un mui grande y n[u]ebo dolor, y manifiestamente fue visto de gruessas gotillas en manera de tachones le çercaron la cabeza en derredor; y por cada una de ellas sentía que le metían un clabo de fuego que le duró muchos días, como quiera que le traían e ponían por la dicha cabeza e llagas mediçinas de diversas maneras, mas nunca ninguna le aprovechó porque no era razón que las cosas [fol. 204r] hechas por la mano de Dios recibiessen sanidad con yndustria humana.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Capítulo 17'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''De cómo divinalmente fue robada en espíritu y cómo fue azotada'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Como de estos tomentos susodichos el cuerpo estuviesse mui flaco y atormentado, no contento el Señor del trabajo susodicho, diole otro tormento grave para que remediasse al Señor y fuese mandado divinalmente que todas las cosas que avía visto revelase a las personas susodichas. El primero día del año, que es el día de la çircunçissión, y ella conoçiendo ser tan indigna y ser nada delante del Señor, respondió que tal cosa no haría y que antes consentiría la muerte que façerlo, y decía que quién era ella para facerlo ni dezir tales cosas, que más pareçía escarnio que no verdadero testimonio. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y ese dicho día hizo voto en la iglesia y prometió de no lo dezir a ninguna persona, e la noche siguiente fue robada en espíritu y fue llevada delante de un gran juez, de cara mui espantable, delante del qual estaban muchos, y de un braço la tomó el ángel San Miguel y del otro la tomó San Juan Evangelista, a los quales ella sentía gran devoçión. Y como el juez gravemente la reprehendiesse de su dureza y desobediençia, mandó a un ángel que le açotase; la qual fue tan duramente açotada por las manos y espaldas y los demás mienbros del cuerpo que apenas cabía ninguna cosa entre uno y otro mienbro del cuerpo y no parecieron llagas ningunas ni ronchas, mas todo el cuerpo estaba maçerado, lo qual todo le duró en el cuerpo quince meses, poco más o menos, lo qual no leemos de santo ninguno que tal pasase. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Esto nunca le dixo a ninguna persona, y como la hermana maior le metiesse la mano para endereçarle una toca, halló con [fol. 204v] la mano las dichas señales y fue maravillada, y reprehendiéndola mucho pensando que ella se matava con cruel penitençia, por la qual ella le ubo de confesar la verdad de todo lo que acaeçiera. Y ansí fue conpulsa a lo revelar según arriba es dicho.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Capítulo 18'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''De cómo fue llevada a purgatorio y de las cosas que en él vio'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En el transpasamiento que estuvo traspasada de las quarenta horas, quando le fue dada la llaga del costado, dixo esta santa virgen que la llevaron por las penas del purgatorio, en el qual vio tan orribles penas y tormentos que ninguna lengua humana las puede dezir ni esplicar, que tan grandes penas y tormentos sufrían los que allí estaban de mui dolorosos gritos y gemidos, bozes y llantos, y muchas figuras de diversos animales mui fieras y espantosas y abominables, que no ai hombre que las pueda ver que no muera luego de espanto, y antes fallecerían las lengua y tienpo que materia de dezir. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y de las penas que aí dize que vio muchos gusanos, mui grandes, de diversas maneras, los quales corrían la tierra, que apenas cabía entre ellos la planta del pie. En los quales vio uno de largo de un palmo de un honbre y de anchura de tres dedos, y este tenía ronchas de fuego por el cuerpo y traía unas uñas mui grandes. Y deste gusano tan solamente preguntó al ángel que estas cosas le mostrava, y respondiole: «Este es el gusano que roe la conçiençia, que quando el hombre vibe y comete algún mal, entonçes pónesele la conçiençia entre el seso, y la conçiencia remuerde e quita que no se haga el mal que dize el alma a la razón. Y dízele: «Malo es esto que quieres hacer». Y muchas veces es cegada [fol. 205r] y vencida la rrazón por la cobdiçia del pecado. Y esse es aquel gusano que roe la conciençia y roe las entranas y aqusa el ánima, ''[14]'' y esta es una de las maiores penas que sienten los danados, porque pudieran hazer bien como ficieron mal, y por sus culpas merecieron tan gran pena». Y uno de aquellos gusanos allegávase a ella abierta la boca, y quisola morder en el pie, mas los que estaban con ella no le consintieron morder, mas tan solamente permitieron que el gusano mordiesse tan solamente debaxo del dedo meñique, y sacó con la uña un pedazo de la carne del pie. Y ansí lo tiene mordido y hecho un hoio en el pie.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Capítulo 19'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''De cómo en las dichas penas del purgatorio vio un clérigo penar'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Andando esta virgen por el purgatorio vio un clérigo, que era vibo y era cura de ánimas, en una pena de gran afliçión y vio que una grande serpiente mui espantosa que tenía dos cabezas lo tenía atado y ''[15]'' cercado alrrededor, y ponía la una boca en el espinazo y la otra apegada en el estómago. Y cerca del clérigo estaba un gran dragón mui orrible y espantable, el qual tenía encima de el espinazo una esportilla en la qual estava un niño que dava mui grandes clamores y gritos, demandando justiçia al Señor de la pena que sufría y esperaba sufrir por la culpa de aquel clérigo. Y como esta santa virgen preguntase qué pena era aquella, fuele respondido: «Aquel es un niño que por culpa de aquel [fol. 205v] sacerdote murió sin baptismo siendo él su cura y demanda d´él a Dios justicia». Ella, estando mui espantada, hizo horaçión por aquel clérigo y dende a ocho días, otro día, estando diciendo missa aquel saçerdote, en acabando de alzar, fue traspuesta y vio aquel sacerdote que tenía ceñida al cuerpo una mui grande serpiente con tres cabezas: la una se comía el corazón, la otra, la lengua y la otra las espaldas. Y aquel niño clamava ante él y dezía: «Por tu causa no veo al Señor y por ti morí yo sin baptismo y soi apartado de tan gran bien y deste gran cargo no alcanzarás perdón».&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y desde a tres días, esta sierba de Dios llamó al saçerdote y díxole lo que vio, y él se espantó tanto que se le quitó la habla por espaçio de media hora. Y ella, de que le vio tan sin esfuerzo, esforçole, y él díxole que estaba mui espantado coómo aquel secreto le avía mostrado Dios, y conoçió ser verdad esto, así como otras cosas muchas que ella le dixo en que ofendía mucho a Dios. Y confesó este sacerdote a esta santa muger que otro día, quando volvió la hoja del misal, vio en el santo crucifixo çinco gotas de sangre. Y dende çinco años murió el sacerdote, día de San Miguel y encomendole ella mucho al Señor; y dos días antes de San Francisco hovo ella un gran miedo, que le pareçía que estava cerca della un mui gran bulto. Y el día de San Francisco, a la mañana antes que fuesse el día, viole mui espantable y díxole cosas mui señaladas que estaban entre él y otra persona en secreto, las quales supieron ser verdad.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Capítulo 20'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[Fol. 206r] '''De cómo vio que llevavan el cuerpo de Nuestro Señor a un herexe'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Entre otras cosas que la santa contó que escribir no se podían, me dixo lo siguiente: En el día de San Marçial Apostol, acabados los maitines, fue llevada en espíritu, e viose con otra su hermana que llevava por compañía, que pasavan por la iglesia maior, e vio toda la clereçía con gran solenidad que llevavan el sacramento a un enfermo, y saliendo por la puerta que va a un mercado apareçió a esta santa muger un mançebo mui fuerte vestido con unas vestiduras blancas, cavallero en un cavallo blanco, y díxole con palabra mui acelerada: «Corre, ve y di a los señores clérigos que tornen con la eucaristía a la iglesia porque aquel enfermo a quien la llevan es herexe». Y fue ella corriendo, y como buscase alguno de los que ella conoçía para se lo dezir, no halló a ninguno, y encontró con un reverendo señor, al qual dixo esto, y díxole aquel señor: «Calla y no oses decir tal esa, por ventura no nos maten a todos». Y díxole aquel que estava en el cavallo, mui feroz: «No sea en vos ninguna dubda ni temor y en todas maneras se torne el corpus cristi porque aquel honbre es herexe», y dixo a la santa virgen: «Y aquesto te será en señal que te digo la verdad: que verás hoi en la misa destilar sangre de la ostia». Y ansí se tornaron para la iglesia.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y después de esto, en este día, vio esta santa virgen en la missa con los ojos abiertos la ostia llena de sangre [fol. 206v] en las manos del sacerdote, quando levantava la ostia al pueblo para que la adoren con devotión los cristianos.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Capítulo 21'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''De otra revelaçión que vio estando delante de Nuestra Señora en la iglesia maior'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El día de la concepción de Nuestra Señora, estando esta virgen del Señor esa noche mui ahincadamente rogando por la clereçía de la Santa Iglesia, fue robada en espíritu y puesta en los amortiguamientos que suele; y pareciole que estava en la iglesia maior y veía a Nuestra Señora viva en carne, puesta en mui gran altura, y ella estaba cerca de Nuestra Señora, acompañada de San Miguel y San Juan Evangelista. Y desde aquella altura hasta abaxo avía gran profundidad y decendían cinco cordeles y atrechos ''[16]'', puestas penas de fuego mui espantables, y debaxo un poço negro y hondo.Y aquel pozo tenía una boca de la qual salía un río, en el qual río estaban tres animales mui crueles. Y por aquellos cordeles venían muchos clérigos, entre aquellas penas, dando muchas vozes a Nuestra Señora, y desque caían en pozo perdían la forma de hombres, y los que pasan en el río luego son tragados de las animalias. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y viendo esta virgen estas cosas, suplicava a Nuestra Señora que uviesse misericordia dellos; y como quiera que avía mançilla de todos, pero en particular la avía de un gran prelado que veía ir en las penas con los otros, con maior pena i tormento se afligía delante de Nuestra Señora, que, por reverentia de aquella hora [fol. 207r] en que fue hecha arca y silla de la Santa Trinidad, que le plega de sacar a aquel prelado de las penas en que va. Y ella, hoídas estas cosas con muchas lágrimas y devoción, rogó a Nuestra Señora por él y repondiole Nuestra Señora que ansí como San Gregorio forçó la voluntad de Dios sacando a Traxano del infierno, por esta causa quedó con el dolor del estómago. Y ansí quedara esta virgen, por las plegarias que hizo por aquel prelado, abierto el çelebro de la cabeza en testimonio para que lo viese el pueblo que avía forçado la voluntad de Dios. Y preguntó la santa virgen a los señores sobredichos que por qué le aconsegavan a ella que rogase a Nuestra Señora por el salvamiento de aquel prelado, e por qué no se lo rogavan ellos, y respondieron ellos que más poder tenía ella o qualquier que con firmeza y devotión rogase al Señor para forçar su voluntad que ninguno de los que estavan con Él en el Cielo, porque los que estavan en la gloria saben la su voluntad del Señor y no irán contra ella.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Capítulo 22'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''De cómo le apareció Nuestro Señor en figura de niño visiblemente'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Como esta sierva de Dios estuviesse enferma en la cama en la Quaresma, deseava mucho recibir al Señor, y no lo pudiendo aver por no ser singular, afligiosse mucho, y rogaba al Señor con lágrimas, deseando poderse levantar a oír missa. Y a la hora del alva, sintió cabe sí un niño mui hermoso, y como lo vio turbose y no osó llegar a él. Y tan maravilloso lo vio, que se le turbó la habla, y como pudo demandole [fol. 207v] si era San Miguel, y el niño meneó la cabeza y no la respondió; y preguntole si era San Francisco y él sonriyose. Y preguntole quatro vezes que le dixese su nombre y Él dixo: «Yo soi mui poderoso y el mi nombre es mui maravilloso». Y allegose a ella el santo niño i diole paz en su boca y púsole la mano en la cabeza y díxole: «Sana eres de todas tus enfermedades, levántate e irás a missa». Y desapareció; y ella, quedando llena de gran consolaçión y alegría espiritual, levantose y hallose sana de todas sus enfermedades, maiormente de las calenturas que tenía y del dolor de la cabeza que padezía y de postillas que tenía dentro de las narizes. Y más me dixo esta santa virgen, que sintió el dolor en los pies y en las manos como si fueran clavos.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y desde aquel día, particularmente los viernes, sintie gran dolor en los dichos mienbros, desde la mañana hasta después de vísperas, que no pudíe hazer nada con las manos, ni comer ningún mangar hasta después de vísperas, que se le avía quitado el dolor. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Capítulo 23'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''De cómo recibiendo el cuerpo del Señor fue llena de resplandor visiblemente y fue sana de sus enfermedades'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En el año de ochenta y çinco enfermó esta santa virgen, en el mes de agosto, de ericiaones ''[17]'' y calenturas, y pasada la octava de nuestro Señor San Xerónimo, caió en la cama con dolor de costado, y echaba sangre por la boca, y aborreciendo todo consejo de médicos, atreviosse a tomar çinco píldoras y sintiose puesta en [fol. 208r] la hora de la muerte. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y en aquellos días pareció arrincársele el ánima, y púsose sobre la llaga del corazón e apareciose la mano de San Miguel que se la tenía allí apretada. Y ella estava mui desfallecida porque avía muchos días que no comía y avía tenido muchas cámaras de sangre, y la mano del ángel que tenía encima del coraçón le dio esfuerço para hablar y confessar y recebir los santos sacramentos, y rogó a la hermana mayor enviase por mí para que la pudiese remediar y dar los sacramentos. Esto fue un sábado, en el qual, pensando ella cómo yo le avía de ir a dar los sacramentos, que deseava ella mucho ya ser salida de aquesta vida y del tormento de la carne, y con mucho ahínco encomendava al Señor de la casa de la Sisla y de doña María Garçía, y vio en visión a un religioso de la dicha casa, que iba a decir misa en el dicho monesterio. Y cuando llegó a las palabras de la sacra diçe que vio en aquel traspasamiento que tenía cómo Nuestra Señora dava a aquel relixioso con mucha alegría el niño que tenía en los braços, y vio cómo el sacerdote lo partió en tres partes, y era el Santo Niño vivo y alegre en cada parte, y de ambos braços le sustentavan los ángeles con mucho resplandor en el altar, y veía a Santa Caterina y a Santa Bárbara que le dezían: «Mañana, lunes, a las nueve horas recibirás el Señor en este resplandor que aquí ves y serás sana». &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y ansí fue, y como yo la fuese a confesar [fol. 208v] fui della mui rogado que no me partiesse de la cibdad hasta otro día, porque si el Señor la llevase fuesse presente a su muerte e que si aquella noche no muriese del todo quedaría sana. Lo qual todo ansí fue hecho, y como recibiesse de mi mano la santa comunión y me bolviese con el santo sacramento para se lo dar, vio en mis braços y en mis pies un mui gran resplandor; y, como una niña de quatro años que apenas pudié hablar, estaba allí con su madre, vio con sus ojos aquel resplandor, lo qual dixo a su madre, con mui gran ahínco, cómo viera en mis manos y en mí y en la santa muger mui gran resplandor, ansí como el sol que está en el cielo. Lo qual, como su madre viesse, lloró muchas lágrimas con devotión y no fue mui gran maravilla que la inocencia de tan tierna hedad viesse con ojos corporales, los que nosotros pecadores así ver ni comprehender podemos, lo qual dixo la niña muchas vezes todo lo que viera.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y como recibió el cuerpo del Señor con grandes lloros, luego fue robada en espíritu y perdió todo el sentido, y estuvo nueve horas sin ningún sentido. Y como fuesse despertada como por fuerça y abriese los ojos, empezó aquel verso: «Benedic anima mea domino», y todos los dolores y enfermedades que antes tenía, de todos se halló sana y libre, así de dentro como de fuera, pesándole mucho, porque tornaba a esta vida. Y como io la importunase que tomase algún mantenimiento para dar vida a la vida humana, ella me respondió que no avía voluntad de tomar ningún manjar, [fol. 209r] porque por el espacio de quarenta días desde que recibía el santíssimo sacramento, con la suavidad y dulçor que sentía, vivía sin manjar humano. Y más me certificó, que vio un sacerdote que avía dicho missa en su capilla, y quando salió del vestuario para el altar, le ponía Nuestra Señora, la Virgen María, encima de su cabeza muchas guirnaldas de flores y de rosas y clavelinas, de lo qual ella recibió gran consolación.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Capítulo 24'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''De cómo con su mano sanó una herida de la qual corría mucha sangre'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Estando una de las hermanas de la casa puniendo una sarga en una pared, subió en una escalera a poner un clabo con un medio ladrillo para lo hincar, y calló el ladrillo y dio a una de las hermanas en la cabeza, que estaba cabe de la escalera, el qual se hizo tan gran golpe y llaga que la corrió mucha sangre. Lo qual, como esta sierba de Dios lo viesse, fuese para ella y puso su mano derecha encima de la llaga diciendo tres vezes el nombre de  Jesús, y hinchósele la mano y dedos de sangre y cessó de correr y no salió más y juntósele quero con cuero sin otra medicina.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Capítulo 25'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''De cómo sanó a su madre de una gran enfermedad'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En el lugar de Axofrín, como un hermano de esta sierba de Dios corriese un cavallo, caió el caballo con él y ansí el cavallo como el caballero quedaron [fol. 209v] mui atormentados de la caída, y tanto fue, según él me dixo, que la silla se hizo pedazos. Y el dicho su hermano uvo gran pasión en los ojos, y como su madre estuviese mui triste por la muerte de otro su hijo, que poco avía que era muerto, y supiese lo que había acaecido, al segundo doblole el dolor y tan grande fue que se le torcieron los ojos y boca en gran grado. Y como dende algunos días, esta sierva de Dios supiese lo que a su madre avía acaecido, uvo de ello mucho pesar y fuese para el altar de Nuestra Señora, lo qual mandó hacer la dicha su madre, y suplicole con muchas lágrimas por la salud de su madre. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
E inspirada divinalmente, respondió a quien le traxo estas nuebas que el domingo siguiente sería sana por la virtud divinal. Y ansí fue hecho.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Capítulo 26'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''De la claridad divinal que le fue mostrada en el mes de noviembre, año ochenta y çinco'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Como estuviese esta santa muger de contino mui fatigada de muchas y mui continuas enfermedades, acostada en su cama, fue forçada y robada en espíritu el día de Santa Cecilia. Como contemplase en aquel tan gran milagro que Nuestro Señor hizo a Santa Çeçilia, que les truxo dos coronas, una a ella y otra a Valeriano, el santo ángel del Çielo,  y como estuviera hablando con ellos, levantose esta santa muger ençima de la cama y pusose a horar con devotión  [fol. 210r] a una imagen de Nuestra Señora que está frontero en la pared, y como con atención hiziese oratión, las manos levantadas súbitamente, vio una gran claridad en la imagen a quien orava, en sí misma i en las manos que tenía alçadas. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y como estuviese algún espacio ansí, transpúsose y estuvo ansí hasta que vinieron algunas hermanas que la hallaron, y disimuló con ellas, que a ninguna lo dixo hasta que conmigo habló con deseo mui grande de que ninguno lo supiese.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Capítulo 27'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''De las cosas que vido y le fueron mostradas la vigilia de la Santa Natividad de Nuestro Señor'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Después de lo susodicho, açercose la fiesta del Nacimiento del Señor y ella, estando acostada en su cama y mui afligida y con grandes dolores en el cuerpo, según sus pocas fuerzas pensó de se aparejar para recibir el Santísimo Sacramento. Y el jueves de la fiesta vínose tan gran dolor al celebro y tan grandes golpes de coraçón que según me dixo parecía ''[18]'' que se le salía el ánima del cuerpo. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y aquel día y el viernes siguiente no comió sino unas pocas de pasas, y el sábado reconciliose para comulgar. Y este día vio la imagen de Nuestra Señora, que está en el altar, por tres veces sudar gotas de agua y fue llena de maravilla, y llegose a la imagen y limpió el sudor, y con ello labó su rostro. Y como fuese a comulgar y la comulgase el capellán maior de la santa iglesia, como se volviese con el santo sacramento para se lo dar y ella no pu- [fol. 210v] -diese tener los llatidos ''[sic]'' del corazón, dio un gran resuello y vio levantadas en la patena las formas, y aparecieron luego tres ángeles visiblemente que pusieron las formas que no volaron fuera, que cierto caerían en el suelo si por ellos no fuera, y lo mexor que pudo recibió en santo sacramento con mui gran divinidad, como otras vezes. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y ansí se fue a la cama con su fatiga y dolores mezclados con gran suavidad de la dulcedumbre del Señor y suavidad de las cosas celestiales que avía visto y gustado. Y ansí estuvo hasta las diez de la noche.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Capítulo 28'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''De los secretos celestiales que visiblemente le fueron mostrados en la santa noche de Navidad'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Como tañesen a maitines en todas las iglesias, no se pudo sufrir a quedar en la cama y, cobradas nuevas fuerzas, enferma y flaca, con el çelo de tal fiesta del nascimiento del Salvador levantose mui alegre de la cama y fuese para el coro, a do se avía de hazer el ofiçio, y contemplando en el glorioso nascimiento de Nuestro Salvador, estuvo mui atenta para conoçer la medianoche, porque avía oído que en aquella hora avía nacido el Redentor. Y el altar de Nuestra Señora, a donde está su imagen de bulto, estaba mui compuesto de çirios y candelas, y una cama mui adereçada con mui ricos paños y almohadas, y un niño mui chicito de vulto mui conpuesto. Y estava en una cuna delante de la dicha Señora, y como fue la medianoche y esta sierva de Dios estuviesse de rodillas, con lágrimas y gemidos sin quento, [fol. 211r] vio con los ojos corporales decendir mui gran resplandor delante del altar, y alderedor d’él vio a Nuestro Señor vivo y en carne, la más vella criatura que en el mundo fue vista, y con gran resplandor, que excedía a la lunbre del sol; y vinieron tantos ángeles a lo adorar y servir y a le dar cantos de gloria mui suave, que decir no se puede ni escribir. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En la qual adoración pasó más de media hora y luego vio con sus ojos cómo los pastores, ençendidos de amor, le vinieron a adorar y estuvieron ansí mui gran espacio. Y estos partidos, vio venir los tres reies magos con muchas y diversas conpañas e instrumentos y traían muchas tronpas que deçir no se puede. Y venían con ellos tres soles mui resplandecientes y, llegando al altar todos tres, se hizo uno, y con gran acatamiento y reverençia, con sus dones en las manos, llegáronselos a ofrecer y a adoralle, el qual dicho niño era ya maior que cuando lo vido la primera vez. Vio cómo la imagen de Nuestra Señora, que estava en el dicho altar, se rio tres vezes contra el Niño.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y hecha la adoración, con gran reverençia y acatamiento, amonestados por un ángel, se bolvieron por otro camino a su tierra. Y estos partidos, vio cómo Herodes mandava buscar al niño para lo matar, y luego vio cómo Nuestra Señora, con el infante en brazos y el santo Joseph, se ivan huyendo a Exito. Y luego tras esto, vio cómo la gente de Herodes andava matando los inocentes y cómo las madres los escondían en quebas acallándoles [fol. 211v] y dándoles de mamar por que callasen; y los niños daban tan grandes gritos que parecía llamavan a los enemigos que los fuesen a sacar y matar, a los quales matavan de diversas muertes y mui cruelmente. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y duraron estas maravillas y secretos celestiales en los ojos de aquesta sierva de Dios desde las doze de medianoche hasta las tres horas siguientes, de la qual visión ella quedó tan espantada y fatigada, y tan consolada en el coraçón, con gemidos y suspiros continuos que deçir no se puede, y apretávase mucho consigo, por que ninguna hermana supiesse, salvo la hermana maior, que estava con ella y la consolava quanto podía y le deçíe que no se afligiesse tanto.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y ansí no nunca lo supo ninguna de las hermanas, y ansí es su voluntad que ninguna lo sepa. Y muchas vezes me dixo que quería más la muerte que esto fuesse sabido.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Capítulo 29'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''De lo que vio en la missa del gallo este mismo día'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Como estas cosas fuesen acabadas, vino el capellán maior de la santa iglesia con deseo de hazer al Señor serviçio y dar consolaçión a aquellas siervas de Dios que esperaban su venida, el qual avía reconciliado muchas hermanas y las comulgó en esta santa misa. Y traxo consigo cantores que se oficiassen la misa, y como saliesse revestido al altar, luego aquella sierva de Dios vio claramente dos hachas de fuego de resplandor ençima del altar, y de cada una de ellas salían çinco raios que iban derechos a do estaba esta sierva de Dios [fol. 212r] hincada de rodillas, y no le impedían nada para ver las cosas que se hazían en el altar. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y como celebrase la misa con gran solenidad y los santos se empezasen, vio esta sierva de Dios tanta multidud de ángeles que descendían al altar que cubrían al sacerdote desde los pies hasta la cabeza, y subían y descendían con gran gozo y alegría. Y quando uvo de alçar al Señor, los ángeles le levantavan los brazos y le aiudavan a decir el Pater Noster, y al tiempo que se dezíe esta sierva de Dios fue mui fatigada y dio consigo de brazos en el suelo. Y duró en aquel gozo, mezclado con muchas lágrimas, hasta las doze de mediodía, de manera que estuvo catorze horas, después de las diez que tañeron a maitines, de rodillas, que de allí no se movió en tan clara y maravillosa visión para glorificar y ensalçar el nombre del Señor y acrecientamiento de nuestra fe, que nunca oí ni leí que con los ojos corporales ninguna persona tales cosas viesse y le fuesen demostradas, en lo qual es mucho Nuestro Señor de loar y glorificar en las sus grandes maravillas, las quales haze y hizo a do quiere y como quiere.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y pasadas las doze horas después de mediodía, mui fatigada, algunas hermanas ansí la llevaron a su cama, y a la tarde, por satisfacer a los ruegos que le fueron hechos, comió un poco de carne de membrillo. Y ansí estuvo lunes y martes hasta el miércoles, que comió un güebo, en lo qual parece que la fuerça del manjar celestial le dava vida contra natura; [fol. 212v] y para dezir estas cosas se hizo mui gran fuerza porque le avía yo mandado por obediençia que a ninguno las dixese salvo a mí, que ninguna cosa me encubría de las que el Señor le mostraba, y rogome con grande ahínco que ninguna persona del mundo de mí lo supiese, deseando mucho la muerte y verse ya fuera de la vida.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Capítulo 30'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''De las cosas que esta santa virgen vio con sus ojos çinco días antes de la Natividad'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Como toda la gente estuviesse afligida por la hambre, que no avía harina ninguna por la muchedumbre de las aguas que los ríos traían, esta virgen, según me dixo, fue mui afligida y estuvo una noche que no durmió. Y estando todas durmiendo se levantó, que ninguna lo sintió, y subiose a un terrado desde donde se parecía el río, y estando el cielo estrellado bendixo el río, y después metiose en un retraimiento, que es un lugar mui espantado, en el qual ay unas imágenes del tiempo antiguo, y púsose a horar a la medianoche en aquella oscuridad, en manera de cruz de braços en el suelo, y estuvo ansí mui gran rato, haciendo de sí gran sacrifiçio al Señor de mui atenta oraçión, con lágrimas rogando a la Madre de Dios que amansase su ira. Y sintiose esta sierva de Dios estar en el aire levantada de la tierra. Y a cabo de rato vio venir un poco claridad, con la qual vio [fol. 213r] todas las imágenes que estavan pintadas mui claramente. Y como oviesse gran pavor, ofreció al Señor muchas plegarias, y como estuviesse en aquesta pena, súbitamente vio otro mui gran resplandor que resplandecía sobremanera, y apareciose Nuestra Señora descabellada de sus cabellos, con ojos mui llorosos y mui triste, y le dixo: «Sepas que todas las aguas que son venidas por tan largos días avían de caer en tres días y la maior parte dellas sobre esta cibdad, en que muchas gentes perecierán por los sus grandes pecados que en ella se cometen cada día y Dios es mui ofendido dello. Y por las plegarias que as hecho por este pueblo, al Señor y a mí me as rogado que por la gran piedad y dementia que ubo en enbiar su hijo Nuestro Redentor a nos redimir y salvar, quisiesse aún piedad de todos y yo supliqué al Señor que tu petición fuese oída y Él la oió y su ira se aplacó, y io, por piedad que tengo al pueblo cristiano, vengo a ti qual ves». &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y como la dicha virgen estuviesse con los ojos abiertos y manos alzadas, y coraçón muy espantoso d'él gozo, y estuvio, apareció la vissión y ella caió de bucos en el suelo, y ciertas horas estuvo sin sentido y amortiguada y devantose mui esforçada del cuerpo y del ánima de tan espantosa visión. Y de tan gran admiración quedó mui consolada y ninguna de las hermanas lo sintió.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Capítulo 31'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''De cómo fue mostrada una gran señal del Çielo en esto'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[Fol. 213v] La fama desta santa mujer, como ella quisiese que fuese tan oculta, no se pudo enpero que algunas personas devotas no uviesen de saber la fama de su santa vivienda, una de las quales fue el señor obispo de Badaxoz que a la saçón era deán de Toledo. El qual con ella habló muchas veces y fue testigo de la llaga en el costado; el qual le rogó que rogase al Señor por una discordia que avía en la corte, a do estaban los señores reies y el cardenal de España. La qual, obedeciendo lo mandado, se echó en oratión con gran ahínco y voluntad.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y en las otavas de la pascua florida, que fue en el mes de marzo de ochenta y seis, ella se levantó de mañana y se subió en un terrado en la casa a do morava Doña Mari Garçía, e rompiendo el alva se puso allí en oratión y vio unas nuves mui coloradas que corrían por el cielo hazia Oriente, y antes que el sol saliese vio un gran resplandor en el cielo a do el sol avía de naçer. Y salió el sol, i ella le miró con ojos claros e sin enpacho de la claridad, lo qual es contra natura humana, que hombre ninguno no puede ver. Y dentro en el sol, vio un grande agujero que entrava al cielo, del qual salían grandes raios de claridad hazia muchas partes, y dentro del aguxero vio con ojos claros una cruz de oro mui resplandeciente, la qual cruz y raios estuvieron en el sol desde que salió hasta que hizieron clamores para tañer a terçio y luego desaparecieron; i vio en el aire, no mui lexos de sí, una persona que se pareció como la luna que peleava con otras [fol. 214r] y otros con ella, y pasándose algún rato volviéronse las espaldas el uno a otro. Y como viese una de las hermanas, quitose luego de allí y no pudo más conocer la dicha vissión. La qual dicha sierva de Dios tiene miedo de hablar, y me certificó que mirando muchas veces una Verónica, que está en el altar, vio salir raios de claridad y continuamente ve un resplandor a do está el corpus cristi, y muchas vezes ve visiblemente el santo sacramento no le estorbando las plantas ni las otras cosas en que está encerrado y enbuelto. Y una vez, alçando el sacerdote el sacramento, vio un dedo de carne puesto en la ostia, y otra vez vio en el sacramento un escudo blanco con las çinco plagas de Nuestro Señor, de lo qual tuvo miedo y gran temor. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y en esto parece ser mui grande la virtud del Señor y la pureza de su ánima, que con los ojos corporales pueda ver cosas tan palpables y celestiales para honra y gloria de su santo nonbre.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Capítulo 32'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''De las cosas que esta virgen vio y le fueron mostradas en el santo sacramento'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Jueves, día de la octava de la Ascensión del Señor del sobredicho año. Como no uviese quién díxole missa aquel día en la casa, ella fuese al oratorio, y como estuviesse orando con atençión, vio con ojos claros el santo sacramento, que estava encerrado dentro del arca, levantado dentro del arca con gran [fol. 214v] resplandor, la qual lo adoró con mui gran gozo, y estuvo reçando allí por algún espacio de tiempo, y esto le á acaecido otras vezes quando no avíe misa, lo qual le puso mui grande espanto y transes ''[19]''. Y luego, el día de San Juan ''[20]'' como el capellán díxole misa mayor y uviese[n] de comulgar muchas hermanas, y como se volviese con el sacramento para dárselo, vio en la manga del dicho saçerdote media ostia de las que comulgavan, y resplandecía como una estrella, de lo qual fue mui maravillada. Y como comulgasen las dos primeras hermanas, desapareció la estrella y el resplandor que pareçiera en la manga. Y luego le caió gran sospecha de lo que fue, y pensó que se le avía caído al saçerdote, y como se quitasen las que comulgavan, ella, con aviso, fuese a poner en aquel lugar a do desapareçiera la visión. Y como hincase las rodillas, vio estar en la grada del altar la dicha partícula del sacramento tan resplandeciente como una estrella, y estando el saçerdote vuelto al altar, y como se volbiese otra vez con el sacramento a comulgar a las segundas y llegase a ella para dalle el sacramento, ella le hizo señal para que se apartase y él, no lo entendiendo, pisó el sacramento y ella tornole a hazer señal con la mano más reciamente, y como él mirase abaxo y viese la parte de la ostia, abaxose y tomola con reverentia y desque esto vio esta santa muger fue tan atribulada y angustiada [fol. 215r] del coraçón que por algunos días no se levantó ni quería hablar ni comer.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y en aquel día de la comunión envió a rogar a la hermana maior que no quitase aquella alhonbra do caiera el sacramento. Y estando las hermanas recogidas, ella se levantó como pudo y fue a las gradas de dicho altar, y en aquel lugar do ella comulgara vio dos reliquias que se avían quebrado de la dicha partícula, resplandeçiendo así como estrellas, de lo qual uvo mui gran pavor, y derramando muchas lágrimas y suspiros, fue tan grande la angustia que pasó en su coraçón, por no saber qué hazerse y por no ser descubierta, que no tuvo más remedio sino, con la maior devotión que ella pudo, abaxarse y tomarlas con la lengua. Y ansí las comulgó y sintió tan grande dulçor y suavidad que no se puede decir ni escrevir. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y ençendida con el amor y çelo del Señor subió al altar y desenbolvió los corporales y lixula ''[21]'' y palia por ver si podría hallar la partícula que el saçerdote alçó del suelo, y no la pudiendo hallar tornó a coger los corporales y tornose mui triste y desconsolada. Y echada en su cama, su consolación era gemir y llorar con grandes llatidos que el coraçón le dava, sintiendo mui gran dolor en él y en el lugar adonde se le abrió la llaga. Fue tan grande le dolor que se le hinchó la carne y el pecho hasta la garganta.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y ansí estuvo algunos días, mui desconsolada, no pudiendo dormir, ni quería que le hablasen, lo qual ninguna de la casa lo supo, ni la hermana mayor, [fol. 215v] salvo que la casa penava con su pena. Y duró esto hasta que yo estuve con ella, y con grandes gemidos y miedo me lo dixo, y tomó algunas fuerças para comer deseando con gran ahínco ser fuera de aquesta vida.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Capítulo 33'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''De cómo apareció a esta santa mujer el ánima de su capellán finado y de las cosas que le dixo'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El día de San Francisco, año de ochenta y seis, esta santa muger sentía cabe sí un bulto y sonbra que estava adonde ella estava, y con el gran miedo que tuvo conjurolo que ni hablase ni la viesse. Y a la postrera noche sintiole a par de la cama, y ella no durmió con el miedo que tenía, y dos horas después de la medianoche, estando sin ningún sueño, abraçada con un libro que tenía de devotiones y con el gran pavor que tenía, estava puesta hazia la pared y el espíritu llegó a ella y meneola como quien quiere despertar a quien duerme, y ella con el temor que tenía no lo quería hablar, y haziéndole señales con gemidos. Esto por dos vezes duró hasta las quatro después de la medianoche, y entonçes ella volviose del otro lado para se levantar e ir a su capilla a orar, y luego el espíritu le habló y dixo ansí: «Esforçaos y no os vais de aquí, que también se sirve de vos Dios aquí. Y por la caridad del Señor vos plega de me oír, porque seis noches ha que ando aquí penando y por sentiros con tan grandes fallecimientos; y por [fol. 216r] daros fatiga demándoos mucho perdón de muchos enojos que vos é hecho y de una carta que vos escribí, la qual fue causa de daros mui grande trabaxo y turbaçión. Y por muchas buenas amonestaçiones y consejos que me distes acerça del buen regimiento que yo debía tener en la gobernación de aquesta casa, los quales dichos consejos con gran osadía y menospreçio no creía y menospreciava, no temiendo que érades sierva de Dios y de su manos. Y muchas veces os demandé con gran sobervia que demandásedes señales a Dios del Cielo, y puso el Señor en mis manos lo que no eran mis ojos dignos de ver, y por esto vos digo que os esforcéys mucho y que lo que os fue mandado que manifestásedes al señor cardenal no lo dexéis por ninguna pena temporal ni por no ser vista ni conocida, y si esto no cumplís antes de un año seréis azotada del Señor mui gravemente; y por que no penséis que soi vissión engañosa ni fantasma, yo soi vuestro padre cura y capellán desta casa, que poco á que falleçí, y vos digo que digáis al prior de la Sisla y a la hermana maior desta casa que por la caridad del Señor me perdonen en qualquiera manera que los aia enojado, y otrosí me quieran perdonar sis mil maravedís que doi en cargo a esta casa de un libro que vendí, lo qual todo demando en limosna me lo quieran perdonar y todo lo otro que les tengo a cargo. Y yo vos ruego, por la caridad de Dios, que me hagáis decir [fol. 216v] cinquenta misas por que el Señor me saque de pena».&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y esto dicho, desapareció, y la dicha sierva de Dios, quitada la habla, quedó amorteçida por espaçio de quatro horas, y lo primero que le dixo este espíritu fue esto: «Y vos roga a Dios por mí». Y desde a pocos días viniendo de oír missa del coro, sintió que uno la travava del braço mui recio y le puso la otra mano en la espalda, como persona que la quería aiudar, y ella dexose caer diciendo tres veces Jhesús, y sintió el cuerpo mui desconcertado y ansí la llevaron luego a la cama, y hizo luego dezir las misas e no sintió más entonces.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Me dixo esta santa muger lo que arriba es escrito, que muchas vezes cuando ora al altar, ve visiblemente el sacramento como si no tuviose cobertura alguna, y siente muchas vezes gran dulçor por grande espaçio de rosas y lilios y flores, que decir no se puede, lo que la recibe gran fuerça y consolación, ansí spiritual como corporal. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Capítulo 34'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''De la claridad que vio dos vezes en la iglesia maior día de Santa Caterina'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El año de ochenta y seis, estando esta bendita virgen en el oratorio rezando sus orationes en la noche de la fiesta de Santa Caterina, en la qual tiene mui grande amor, y como con atención estuviesse de rodillas delante de la su imagen y la capilla estuviose oscura, súvitamente apareció gran claridad y alunbró a la virgen Caterina [fol. 217r] y al Niño Jesucristo, que estaba pintado cómo ponía el anillo de su dedo a la virgen Santa Caterina, de lo qual esta santa virgen fue llena de grande gozo; la qual claridad estuvo allí por algún espaçio y luego tornose a escurezer como estava de antes. Y la noche siguiente, como se levantasse después de maitines a orar en el coro, halló la lánpara muerta y no sabiendo qué hazerse, fue a llamar a una de las hermanas que estava acostada y díxole que la fuese a ençender. Y tornose al coro como de primero y estando la iglesia mui escura, súpitamente vio una centella de fuego que salía del arca del corpus cristi, y fue encendida la lámpara con tan gran claridad que resplandeçió toda la capilla, y como vino la hermana que de ella fue llamada y viesse tan gran claridad, fue mui espantada y comenzó a decir: «Milagro es este y no se puede encubrir». Y ansí quedó esta santa virgen en el oratorio llena de mucha consolaçión.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Capítulo 35'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''De lo que acaeció en la imagen del Niño Jesús'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Como otro día adelante estuviose rezando en el oratorio y tuviese consigo dos libros en donde tenía sus orationes, demandó a una hermana que le truxese la imagen del Niño Jhesús, que estava en el altar de Nuestra Señora, el qual estava vestido de una ropilla que le abían hecho hasta los pies. Y como el dicho Niño le fuese entregado, tomolo con devotión y púsolo de pie encima [fol. 217v] de un libro. Y como por algún espaçio con alegría y devotión le hiziese oratión con artas lágrimas, alçó la ropilla por besalle los pies, y vio como uno de los pies se bullía y meneava como si estuviera en carne, y alçóse un poco el pie para que se le pudiese besar. Y como le besase con devotión quedose el pie levantado y no se baxó jamás. Y como pusiese el pie del Niño en una gran hinchazón que tenía en el ojo, luego fue abierta, la qual cosa luego fue divulgada en la casa, y el niño quedose con el pie levantado. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Capítulo 36'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''De cómo fue robada en espíritu y vio un ánima cómo fue llevada a juicio'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En la santa iglesia de Toledo uvo un canónigo honrado y discreto y barón de mui noble condición, y de todos mui amado y querido y limosnero, que quanto tenía gastava en casar uérfanas con deseo de hazer tesoro en el Cielo, adonde son las verdaderas riquezas. El qual se llamava Don Diego de Villaminaia, que era capellán maior de la iglesia maior, y como Nuestro Señor le quisiese galardonar de sus trabaxos, en fin del mes de março, año de ochenta y siete, enfermó de calenturas y a los treinta días del dicho mes fallesçió, en quio fallescimiento casi toda la cristiandad uvo sentimiento, del qual cupo gran parte a la casa de Doña [[María García]], por las grandes limosnas y bienes que les hazía, ansí corporales como espirituales, y era tenido como padre de toda la casa. [fol. 218r] Y todas las hermanas estaban en el coro, con ellas María de Axofrín, y como doblasen las canpanas en su fasllecimiento, luego la dicha María de Axofrín fue robada en espíritu y vio cómo San Juan Batista y nuestro padre San Xerónimo y Santa Caterina llevaban el ánima del dicho capellán maior a juicio delante de la Magestad divinal, en un gran canpo mui deleitoso, en el qual estaban muchas ánimas loando al Señor. Y fue acusada delante del Señor cómo tenía cargo de un finado, el qual le avía dexado por albaçea de su testamento y no lo avía hecho hazer cumplir, y como quiera que el capellán maior en su testamento dexó mandado que se cumpliese aquel cargo, mas como Nuestro Señor sea justiciero, mandó que el ánima del dicho capellán estuviese detenida en aquel lugar y no entrase en la gloria del Çielo hasta que fuese satisfecha la demanda del dicho defunto.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y como la dicha María de Axofrín vio esto, quedó fuera de sí con mui gran pena mezclada con grande alegría de lo que viera, que aunque su ánima no estava en la gloria çelestial, estava enpero en un lugar seguro. Y caió luego en la cama con mui grande amortecimiento, que muchas vezes pensaron que se muriera. Y ninguna de la casa supo esto sino io.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Capítulo 37'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''De cómo Nuestro Señor mostró a esta santa mujer el principal de los testigos a quien le plaza que sea revelado lo que avía visto'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Un día del Corpus Cristi, recibiendo esta santa mujer al Señor, fue puesta en aquel traspasamiento que solía [fol. 218v], y, pareciole estar en la iglesia maior y veía en la proçessión de la clereçía al Señor en unas andas vibo, con muchedumbre de ángeles y muchos santos que cantavan cantos mui dulces al Señor. Y el Señor señaló a uno y nonbrole por su nonbre y díxole estas palabras: «A este le señalo para que manifiestes todo lo que te mandé». Y luego el día de Nuestra Señora de agosto, recibiendo el Señor esta devota mujer, fue puesta en traspasamineto y pareciose que estava en la dicha yglesia, y vio a Nuestra Señora viva, y en toda la iglesia cantavan ''O gloriosa domina''. Y este sobredicho prelado estava hincado de rodillas, y la gloriosa Señora le ponía una corona de oro en la cabeza y un báculo de oro en la mano y decíanle estas palabras: «Por la limpieza de tu vida a mí eres mui agradable para que seas pastor mui escogido y io seré sienpre contigo».&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Capítulo 38'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''De cómo por sus orationes sanó a la hermana maior del mal del costado'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Tres días antes de la fiesta de San Lorenço, estando enferma la hermana maior de dolor de costado, desahuziada de los físicos, con el sarrillo levantado que se finava esta santa mujer, de que la vio en la agonía de la muerte, fuese a la capilla a una hora de la noche y estuvo ante el altar de Nuestra Señora hasta las doze con muchas lágrimas, rogando mui afincadamente a Nuestra Señora que no quedase ella güérfana [fol. 219r] de tan gran bien, y que se la quisiese dar sana y viba. Y desde a poco viole sudar el rostro y pensando que se le antojava, atreviose a llegar a su rostro, y a limpiarlo con su toca tres veces el sudor, y lavose los ojos y la cara con ello, y de placer que uvo tornole a mandar la salud de su hermana y oió una boz que dixo: «Otorgada es la vida para consolaçión y remedio tuio». Y luego fue puesta en transpasamiento por dos horas y vio a San Lorenço como mozuelo de quinze años, vestido con vestiduras resplandecientes, y llevava en la mano una buxta de oro y poníasela en la cabeza y en el costado a la enferma, y santiguávala con su mano.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y desque tornó esta santa mujer de aquel transportamiento, con mucho placer fuela a ver y hallola durmiendo, de reposo. Y desque despertó sintió grande alivio de la enfermedad.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Capítulo 39'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''De cómo por sus orationes fue librado un hermano suio de las prisiones en que estava'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Estando en prisiones un hermano de esta santa mujer, orava ella a Nuestra Señora en su altar con grande ahínco. Y apareciole al preso la imagen de Nuestra Señora y sacole los hierros de los pies y díxole que por el ahínco y la fe desta santa mujer, y de otras que por él en aquella casa rogaban, sería libre de aquella prisión. Y entonces durmiose [fol. 219v] y veníanse delante de aquella imagen y esta su hermana y otras tres hermanas haciendo oratión por él y, como Nuestra Señora, presentava al niño velas y flores y una candela encendida. Y esto era sábado otavario de la Asumptión de Nuestra Señora, y él hallose libre de las prisiones y de grande hichazón que tenía en los pies de los hierros. Y luego otro día, vínose a la casa adonde estava esta santa mujer a ver la imagen  y contar este miragro.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y aquella hora que él señaló se halló que ella y otras hermanas hazían oratión señalada por él, y de que vio la imagen, con muchas lágrimas prometió de traer cera que ardiese ante ella todos los sábados mientras viviese. Y acaeció que un sábado, mientras maitines, estaba la candela en un candelero y llegose esta santa mujer y otras al altar para dezir ''el antífona de benedita'', y salía del pie del candelero humo, como de incensario, y violo primero ella y dixo a las otras, y a la una le dio olor de encienso, y a la otra de flores, y a la otra un olor mui suave, y a otra, que estava en el sicoro, olor de pan tostado.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y dende a nueve años la víspera de Nuestra Señora de agosto, traiendo este su hermano çera para alunbrar la imagen, como avía prometido, plugo al Señor que en el camino súpitamente fallesçió. Y estando esta sierva de Dios mui angustiada de la muerte, rogó a Nuestra Señora que ella mostrase a algún saçerdote de los que dieron misa por él si estava en carrera de su salvatión.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y el día octavo en que fallesçió, a las dos horas después de medianoche, [fol. 220r] estando ''[22]'' esta santa con muchas lágrimas delante la imagen de Nuestra Señora rogándole que, pues ella le avía salvado de la prisión, que ella le plugiose demostrarle si estava en carrera de salvatión. Y vio el rostro de la imagen alegre, como de persona viba, y pareçía que quería hablar, y ella del gran gozo que tuvo enpezó a llorar y dos hermanas que lo sintieron llevánronla a la cama, y arrimada la cabeza a las almohadas, estando allí las hermanas con candelas ençendidas, sintió a sus espaldas un huego como de persona, y como estava hablando con ellas, no curava de mirar a aquel lugar donde aquello sentía. Y dende a poco uvo gran miedo y parávasele la lengua y sentía tan grande angustia que quería amortecer, y volvió la cabeza y vio un pedazo, tan grande como de una almohada, como de nuves quando haze nublado. Y allí dentro, el rostro de su hermano mui alegre y díxole que a la ora de la muerte se viera en gran peligro, mas que Nuestra Señora fue allí con él y dixo cosas señaladas que tenía de cargo e que estava en purgatorio.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Capítulo 40'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''De una visión que vido Jueves de la Cena en el arca del monumento'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Juebes de la cena, acabado de cenar, el Señor paresciole a esta santa mujer que sentía en el monumento una paloma que reboloteava. Después de tinieblas estando todas en la disciplina, y ella estava entre ellas puesta en cruz, porque estava enferma y avíanle man- [fol. 220v] dado por obediencia que no se diciplinase, y cantaba con ella el salmo de miserere mei con mucho plazer de verse entre aquellas sus hermanas, y vio salir de el arca del monumento ansí como estrella resplandeçiente que veía por encima dellas hasta adonde ella estava. Y tan cerca estava de la santa que paresçía que podía llegar a ella con la mano, y mirava ella con mucho plazer y devotión esto, y quando hizieron señal para que las disciplina çesase, tornose la estrella al monumento y metiose dentro en él.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Capítulo 41'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''De otra vissión que vio en el Viernes Santo'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El Viernes Santo siguiente, estando diçiendo la Pasión, fue puesta en traspasamiento hasta el sábado a la misa, en la ora que el viernes adoraban la cuz, y pareçióle que estava en un campo y veía al Señor cómo le descendía de la cruz, y de cada una de las manos, cuando le desclavaban, salía un resplandor mui claro, más que el sol, y de todas la heridas del cuerpo y de la llaga del costado, a manera de un baso de oro que estava lleno de agua y revertía en manera de caños y dava en las faldas de Nuestra Señora. Y veía cómo le ponían en el monumento y cómo Nuestra Señora se partía con San Juan y la Madalena y los otros que la acompañavan, y entravan en el cenáculo donde el Señor cenó con sus discípulos. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y después de esto, el día de Pascua, y otros días señalados, vio ese mesmo resplandor en la ostia, y en la víspera de Nuestra Señora de março, [fol. 221r] cuando tañían a vísperas, vio ençima del altar súpitamente el bulto de Nuestra Señora a un cabo y, del otro, el ángel de la custodia, donde estava el santo sacramento, y salía un gran resplandor que cubría todo el altar y sintieron muchos olores de rosas. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Capítulo 42'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''De otra vissión que vio en el Cielo el día que los reies se partieron para la guerra''' ''[23]''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Rogando esta sierva de Dios por sus altezas y por todos los que con ellos iban que fuesen sus intenciones en su serviçio y les diese victoria a las doze del día, vio en el Çielo una abertura que salían della muchas llamas de fuego. Y conoció en el espíritu que muchos de los que allí iban yban en pecado mortal y que con mucho trabaxo a[l]cançarían el real ''[24]''. Y ansí fue.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Capítulo 43'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''De cómo le apareçió la calavera'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En el mes de julio de ochenta y nueve, quando entró la pestilencia en Toledo, fue herida una de las hermanas que llamavan Sancha Díaz, sobrina del vicario de la Sisla. Estando mui fatigada, una de las hermanas, movida a compasión, rogó a esta santa mujer, que estava rezando en un libro, que rogase por la enferma. Y ella estuvo un poco, y súpitamente fue hecha en el libro donde estava rezando una calavera de muerto, y bolviose a las hermanas que la rogaban y díxoles: “No qures della, que vedes aquí [fol. 221v] que esta es su calavera”. La qual calavera estuvo allí algunos días hasta que la enferma fallesçió.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Capítulo 44'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''De cómo sanó un canónigo de Toledo de una grande enfermedad'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Un canónigo de Toledo estava enfermo y súpolo esta santa mujer, y movida a conpasión enbiósele secretamente una granada con una mujer devota de la casa, la qual el canónigo resçibió con mucha devotión y la comió, y en comiéndola, luego tuvo salud y se levantó y fue luego a dar graçias a la dicha casa de Doña Mari García.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Capítulo 45'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Esto que se sigue acaesçió en tiempo del padre Fray Diego de Santo Domingo, siendo prior de la Sisla'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En el año de 1488, después de Pascua de Resuretión, me dijo esta santa mujer que estando un día en su capilla orando, contemplando en la encarnación de Jesucristo y pensando cómo la umanidad era unida con la divinidad en una persona, vio visiblemente cómo vino una luz mui clara que encendió el çirio pascual, y le pareçía que su ánima rescibía mucha consolatión en esta visión, y que çesó de pensar en la sobredicha visión. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Ansímesmo ese mesmo año, después de la fiesta de Nuestro Señor, le acaeció que como quedase el corpus christi en el altar para que lo adorasen, como es de costumbre en muchas casas [fol. 222r] de nuestra orden, y ella, movida con gran devotión al santo sacramento, estando las hermanas comiendo, quedose orando en su capilla, y como sintiese que la buscavan para darla de comer, fuese al bistuario, que está cerca del altar, adonde acostumbran a bestirse los sacerdotes para celebrar, y comenzó a orar con gran fe y devotión. Y estando mui grande espaçio de tiempo casi absorta en este deseo y devotión, vidose alcada de tierra casi dos codos, y que salían de la ostia unos raios mui claros a manera de cordones y se ponían en los lugares que Nuestro Señor fue crucificado en el costado, y en las manos y en los pies.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y de allí en adelante se le fue acrecentando más y más de recebir al santo sacramento y tan crecido fue el deseo que deçía que se le quería salir el corazón del cuerpo. Y como yo estuviese en la examinación en los procesos de la Inquisitión de Toledo, rogome que la confesase y comulgase, porque no podía sufrir el dolor del corazón. Y io, movido a conpasión, dexé todos los negocios y fuila a confesar, y como se empeçase a confesar fue robada en espíritu, de manera que padescía el cuerpo sin el alma.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y este robamiento le acaeçió quatro o çinco vezes, y rogé a una hermana que llamase a la hermana maior para que viese cómo estava traspasada. Y como la dicha hermana maior viniese dijo: «Mandalde en virtud de santa obedientia que requerde y os hable, que luego lo hará». Y yo hize ansí, y díxome: «Perdoneos Dios padre». Y a la postrimera vez [fol. 222v] de su traspasamiento sentí como resollo que suele salir de los costados de hombres feridos con lanza, y recordela en la forma sobredicha y pregúntele si tenía el costado abierto como solía. Y después de muchas importunidades díxome que sí tenía y que la comulgase, que luego se le cerraría. Y hízelo ansí, y antes que la comulgase díjome que la maldición de Dios y de sus santos fuese sobre mí si en su vida yo descubriese lo susodicho.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y esta sierva de Dios comulgó antes de las nueve, y luego fue robada en espíritu y estuvo traspuesta hasta las seis después de mediodía, que cierto estuviera más si no le mandara por obedientia que recordase. Y recordando tenía tan gran gozo que paresçía que venía de algún lugar grande. Y como otro día deseose yo saber qué era lo que sentía en aquellos robamientos, sentía ella mui gran pena en que la inportunaba, que me lo dijese por el mérito de la santa obedientia, y díjome que cada vez que era robada que la llevavan a una güerta muy hermosa en que estava un altar, y allí veía a Nuestro Señor con muchedumbre de santos y ángeles y que allí conocía las maldades grandes que en el mundo se hazían y sabía grandes secretos de concientia, maiormente de los viçios y pecados que en la cibdad eran cometidos.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y estando con esta sierva de Dios, entre otras cosas que me dixo para mi consolación fue una que me dixo que estuviose fuerte en las batallas del Señor porque avía de pasar muchos trabajos [fol. 223r] por el su amor.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y dende a pocos días en la noche de la vigilia de los gloriosos apóstoles, San Pedro y San Pablo, sentime mui fatigado de manera que paresçía que quería reventar, y como fuese a decir missa a las dichas beatas, sentime luego mejor. Y dije misa, y víneme a comer, y como me asentase a la mesa, comiendo el primero bocado, diome dolor de costado en la parte derecha, y por no contristar a los güéspedes que estaban a la mesa sufrí el dolor hasta que acabaron, y luego tomé algún reparo para el dolor y fuime a la cama, y estando en ella acordome que esta sierva de Dios me avía dicho que avía de pasar muchos trabaxos. Y luego, a la ora me levanté con mucha pena diçiendo en mí mesmo: «Los buenos cavalleros no suelen morir en la cama». Y ansí, con mi dolor fuime con compañía onesta a donde estava la sierva de Dios, y ella començóme a consolar; y ella hízome la señal de la cruz en las espaldas, sobre el manto, y no lo viendo yo, la segunda vez, hizo otra señal de la cruz y comencé a juzgarla en mí mesmo y notarla de liviana, que nunca le avía visto hazer otro tanto, que apenas avía visto la boca, tanto andava de cubierta con su mantillo, y tornó otra tercera vez a hazer la señal de la cruz y díjome: «Sano sois, pero no en vuestra fe, porque vos no creístes que os avía de sanar y burlastes de mí en vuestro coraçón. Verdad es que yo no os sané, mas la virtud de la cruz obró en mi fe y no por la vuestra causa, que sois mui incrédulo, y no os pese dello porque creer de ligero es cosa mui peligrosa». &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[Fol. 223v] Y dichas estas cosas, sentí gran alivio del dolor del costado, salvo que me quedó en la espalda derecha por algunos pocos días el amortiguamiento de la carne en do estava el dolor. Y ansí fui sano por los méritos y orationes de esta santa. Y en este tiempo me dixo esta sierva de Dios que viniese a este monasterio y pusiesse recabdo en la casa porque andavan dos personas por cometer un pecado, y io hízelo ansí y puse guardas diligentes. Y dende a pocos días hallaron dos mozos que querían cometer el pecado de la manera y forma que ella me lo avía dicho. Y fueron despedidos de la casa, y cierto ella sabía mui grandes secretos de las conçiençias que sobrepujavan el juicio y poder humanal.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y en el mes de julio deste dicho año, después de Santiago, me dixo esta sierva de Dios algunos negotios de la Inquisitión, diciéndome que Nuestro Señor le avía aparecido de forma humanal, como cuando estava atado a la columna, y que le avía mostrado las espaldas cómo le corría la sangre y que le dijo: «Hija mía, mira quál me ponen los herejes cada día, y di esto al deán de Toledo y al prior de la Sisla, que están en la Inquisitión». Y ansí fue hecho, que estas más palabras, con otras muchas, dixo al dicho deán en mi presentia. Y en este dicho año me escrivió una carta en que me dijo que avía avido mucha conpasión de la fatiga que pasé en el camino cuando yba a la Inquisitión a tierra de Burgos, maiormente el martes que ella dijo. [Fol. 224r] Y ansí fue cierto que aquel martes que ella dixo, yo pasé los puertos llenos de nieve, y nevava y llovía mucho, y después desto me dijo que ella iba conmigo entonçes, aunque no la veía en medio de León e levé ''[25]'' adonde estava exsaminando los procesos de los herejes de Toledo. Otros muchos milagros à] hecho Dios Nuestro Señor por los merecimientos de esta sierva y io no é mereçido de los ver; quien los a visto da testimonio dellos.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Capítulo 46'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''De cómo vio una gran claridad en día de la Natividad de Nuestra Señora por setiembre'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Como un día este dicho religioso hablase con ella mui familiarmente, dijo ella por le consolar algo de lo que Nuestro Señor hazía por ella, y como estuviese mala y hinchada de la garganta en la cama, vino la fiesta de Nuestra Señora de setiembre y como viose que no podía comulgar con las hermanas que avían de comulgar, aquel día mesmo levantose de la cama para oír missa, y otro día estava con mucho dolor en su coraçón. Y como las hermanas se levantasen a maitines y lo viese ella, dixo con mucho dolor de su coraçón: «Señora Gloriosa Virgen María, Madre de Dios y de los que te llaman y an en ti esperança, yo no soi digna que esté en los tus maitines, ni menos que pueda oi comulgar con las hermanas». Y como dijese estas palabras, vio una claridad sobre ella y sanola del todo, y fuese con las hermanas a maitines y comulgó con ellas el día siguiente. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Capítulo 47'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[Fol. 224v] '''De cómo sanó a un enfermo de una enfermedad que se dize modorra'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En el año de Nuestro Señor de mil y quatrocientos y noventa en Jarahiz, lugar de la Vera de Plasentia, en el mes de noviembre, día de San Martín, vino una enfermedad a Francisco Díaz, natural de dicho lugar, de la qual enfermedad vino tanta flaqueza que recibió los sacramentos con estrema unción. Y puesto en tan estrecha necesidad y teniendo ya la candela encendida que se finava, yo Martínez Díaz, clérigo y capellán perpetuo de la iglesia de la Virgen María, siendo presente y sintiendo muchas angustias en el su fallesçer, porque era primo mío, a la saçón vino Juana Martínez, mujer de Antón Cervote que Dios perdone, y viéndome afligido díxome: «Conpadre, ya sabéis la enfermedad que yo tengo y tenía en esta mi pierna y este dicho año, quando vino aquí mi hijo Fray Gabriel, profeso de San Xerónimo de Madrid, que es dicho el Paso, y me informé d’él de una santa religiosa que falleció en Toledo, en el monasterio que fundó Doña Mari Garçía, y está sepultada en el monasterio que dicen de la Sisla y á mostrado el Señor por ella maravillosas cosas. Y como fue mui gran servidora de Dios y me prometiese con gran devotión y mui verdadera fe de ir a visitar su santo cuerpo y estuviese sin dubda que por sus santos méritos, abría salud —loores sean dados a Dios y a su Bendita Madre—, yo fui sana, prometeldo vos a esta santa y plaçerá a Dios de libralo». Y luego [fol. 225r] respondió: «Soi pecador para ello, mas confiando en la clementia de Nuestro Señor, y en la piedad de Nuestra Señora, la Virgen María, madre suia, yo le prometo, si escapare de esta enfermedad, de llevarle a ver y visitar el su santo cuerpo de la dicha santa, y llevarle una libra de cera para le ofrecer». El qual voto hecho —sean dadas gracias a Dios y a Nuestra Señora— luego fue mejorando y tuvo mucha salud.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El qual enfermo y io vinimos a visitar esta Santa María de Ajofrín con mucha salud y cunplimos nuestro voto. Y porque esto es verdad, yo el dicho Martín Díaz, clérigo, estoi presente oi sábado, a siete del mes de maio dentro del dicho monasterio, manifestando este tan gran milagro, alcançado por méritos de la bienaventurada María de Ajofrín. Y escrebí de mi mano todo lo sobredicho por más lo corroborar, y confirmé de mi nombre, oi sábado del sobredicho año de 1490, Martínez Díaz, clérigo capellán de dicho lugar ''[26]''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Capítulo 48'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''De las cosas que Nuestro Señor á demostrado por esta su sierva después que fallesçió, y muchas por negligentia no se han escrito, más las que se han escrito son las siguientes:'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''De cómo sanó a un enfermo por su orationes'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En la cibdad de Toledo estava un canónigo enfermo de calenturas y tan fatigado que le avían dado muchas purgas, y estando esperando el pasamiento de la vida enbiava a los monesterios a se encomendar y ia no avía remedio. Y estando ya oleado, envió a este [fol. 225v] monesterio de la Sisla a encomendarse a la bienaventurada virgen María de Ajofrín con mucha devotión. Y estando durmiendo de noche el dicho canónigo, avía de tomar a la mañana una purga, y apareciose la dicha María de Ajofrín, y despertando, sintiose aliviado. Viniéndole a dar la purga dijo que no la quería recebir, sino que le diesen de comer. Y luego se levantó y enbió a este monesterio para que colgasen a do estava enterrada la dicha María de Ajofrín una candela y una cabeza de cera, y después vino él, dado gratias a Dios, y dijo missa.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Capítulo 49'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''De cómo sanó a Don Alonso, hijo de la Condesa de Paredes'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En el mes de setiembre, año de mil y quatrocientos y ochenta y nueve, enfermó Don Alonso, canónigo, hijo de la Condesa de Paredes, de calenturas continuas y fiebre mui grande en la cabeza. Y estando ya oleado y muy propinquo a la muerte, envió a este Monesterio de la Sisla a se encomendar a esta bienaventurada virgen María de Ajofrín, y fuele llevada una almohada en que avía fallesçido la dicha virgen, y luego fue sano y vino a este monesterio y tuvo novenas, y ofreçió una imagen de cera y una casulla.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Capítulo 50'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''De cómo sanó una mula de un fraile de Guadalupe'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En este mesmo tiempo, dos frailes de Guadalupe yban camino y caió una mula y lisiose mui mal, [fol. 226r] en tal manera que no podía moverse, y encomendáronla a esta bienaventurada Santa María de Ajofrín. Y luego fue sana de todo punto y ellos con mucho placer hizieron hazer una imagen de çera y enbiaron a este monesterio.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Capítulo 51'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''De cómo sanó a un tollido'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
A nueve días del mes de setienbre año de 1499 años, vino a este monesterio un hombre que avía por nombre Juan de Pastrana y su mujer, y truxeron un niño, su hijo, que avía nonbre Nucho Sebastiano, los quales moran en Toledo. Y el niño avía grandes días que estava malo y tullido, y su padre avía gastado en físicos lo que tenía y no lo avían podido sanar; y encomendáronlo el padre y la madre a María de Ajofrín y velaron una noche en la iglesia y ubo salud a gloria de Nuestro Señor. Y fue dicha una missa.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Capítulo 52'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''De cómo sanó a una mujer que estava mala de un çaratán en la teta'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En este tiempo, una mujer que se llamava Juana de San Migel, beata de la tercera regla de San Francisco, moradora en Toledo, estava mui mala de un çaratán que tenía en una teta, y avían çinco años que se le curavan físicos y todos ellos no avían podido sanalle. Y ya desahuizada dellos, algunas personas le aconsejaban que por que no muriese le fuese cortada la teta con consejo de los médicos. Y con esto tenía calenturas con- [fol. 226v] -tinuas seis meses avía y ella viéndose en esta angustia, oída la fama desta santa mujer, fue a visitar su cuerpo al Monesterio de la Sisla y, entrando do estava enterrada, sintió un olor celestial que salía de la sepultura, y ella con mucha devotión y lágrimas echóse sobre la sepultura rogándole la quisiere aiudar, y por su ruego sanar. Y luego fue sobre ella la mano de Dios y fue sana.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Capítulo 53'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''De cómo sanó a una niña que tenía tiña'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Esta sobredicha beata tenía una niña enferma de tiña y encomendola con devotión a la dicha María de Ajofrín. Y luego fue sana por los sus ruegos. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Capítulo 54'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''De cómo sanó a una mujer que estava enferma de los pechos'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
A dicho monesterio vino una mujer a bisitar el cuerpo de María de Ajofrín y hazer oratión a él, la qual mujer se llamava Marina Álvarez, y dijo que ella estava enferma de los pechos de tal manera que ya estava oleada y los físicos le avían dado dos captiverios de fuego y estava mui fatigada. Y fuela a visitar García Sánchez de Pastrana y le dijo que se encomendase a María de Ajofrín, el qual le llevó su Vida y se la leió, y ella con mucha devotión fue a la casa de Doña Mari Garçía y allí le fueron puestos sobre los pechos unos paños que fueron de la sobredicha virgen, y luego reventó la inchazón y fue sana de la dicha enfermedad sin ninguna física, ni menos mediçina.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Capítulo 55'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[Fol. 227r] '''De cómo sanó a un relixioso que tenía una enfermedad en un ojo'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
A ocho días del mes de otubre del dicho año, vino a este menesterio un fraile professo del Monesterio del Paso, que es San Xerónimo de Madrid, que avía por nonbre Fray Gabriel de Coacos de la Vera de Plasentia, y dijo que estando enfermo de una hinchazón que tenía en un ojo, el qual le tenía mui malo, y aviéndoselo de abrir con botones de fuego, un día antes se encomendó a esta santa mujer, y ovo remedio y se le abrió la hinchazón y luego estuvo bueno.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Capítulo 56'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''De cómo sanó una mujer tullida'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Este dicho fraile fue a su tierra y halló una su hermana tullida y él díjole y contole lo que le avía acaeçido de la dicha enfermedad que avía tenido. Y tomando su hermana mui gran devotión a la dicha María de Ajofrín, hincose de rodillas en su casa y enpeçó a orar, rogando a Nuestro Señor que por méritos de aquella su sierva, que ansí abía acorrido a su hermano, la quissiese a ella acorrer y sanar, que estava tullida. Y aiudándola a esto una niña que tenía chiquita, a la qual mandó que orase con ella, y acabada la oratión, cosa de mui grande maravilla, fue sana del todo y enbió al Monesterio de la Sisla unas piernas y un rollo de çera, dando muchas gratias a Nuestro Señor dador de todos los bienes.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Capítulo 57'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''De cómo sanó un hombre que estaba hinchado'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En el mes de otubre dese mesmo año, un mozo que estava en la cozina, que se llamava Rodrigo, estava hinchado [fol. 227v] de una enfermedad que avía pasado, y fue con devotión al sepulcro donde estava enterrada esta sierva de Dios. Y fuéronle puestos unos paños que fueron de la dicha santa y súpitamente fue sano y no sintió más fatiga de la dicha hinchazón.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Capítulo 58'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''De cómo sanó a una niña'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En el mes de noviembre del dicho año estava una niña mui fatigada de calenturas y su madre encomendola a esta dicha santa, y luego fue sana y hizo a Dios muchas gracias traiendo la dicha niña al sepulcro.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Capítulo 59'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''De cómo sanó un escudero'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El día de San Martín de dicho mes, vino aquí un escudero burgalés, el qual estando de calenturas y mui gran dolor de cabeza, en Toledo oió decir de la fama desta santa mujer y encomendose a ella con mucha devotión y uvo salud. Y vino con alegría a hazer oratión, el qual ofreció una cabeza de çera. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Capítulo 60'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''De cómo sanó un niño'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Un hijo de Garci Sánchez de Pastrana, estava a la muerte de calenturas, y el padre encomendolo con mucha devotión y vino a velar a este monesterio, y uvo salud por ruegos desta santa mujer. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Capítulo 61'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''De cómo sanó a una mujer'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El mes de diciembre dese mesmo año enfermó una mujer de Toledo y estava mui fatigada, y vino a este monesterio a hazer oratión y fue sana. Y traxo una ymagen de çera dando muchas gratias a Dios.  &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Capítulo 62'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''De cómo sanó un niño'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Un niño estava mui fatigado de calenturas [fol. 228r] y su madre encomendole a esta santa mujer y uvo salud. Y trúxole a su sepultura y ofreció un bulto de çera.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Capítulo 63'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''De cómo sanó un enfermo'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Martín de Rojas estava enfermo de muy grandes calenturas y encomendose con devotión a esta santa virgen. Y veló una noche y diole Nuestro Señor salud y puso una candela de çera en su sepultura.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Capítulo 64'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''De cómo sanó un hombre que traía hinchada la cara'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Víspera de Nuestra Señora de la Candelaria, vino un hombre que avía por nombre Miguel Hornero y traía hinchada la cara y un ojo, y vino con intención de encomendarse a esta santa virgen. Y llegando al sepulcro fue luego sano, que no le pareçió ninguna cosa de hinchazón.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Capítulo 65'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''De cómo sanó a un mozo que traía hinchada una pierna'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Un mozo de los frailes de Guadalupe, hinchósele una pierna y fue llevado a su sepulcro y hecha oratión, luego fue sano del todo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Capítulo 66'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''De cómo libró una mujer preñada'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Una muger de Pedro de Toledo Pedrero estava preñada, y llegada a la ora del parto atravesosele la criatura en el cuerpo y estava, según natura, para fallesçer, y fue encomendada a esta santa, y pusieronle unos paños desta dicha santa y luego echó la criatura.  &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Capítulo 67'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''De cómo sanó un niño'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Aquí vino Alonso del Ágila y truxo un su hijo, el qual venía con calenturas, y puesto al sepulcro, luego se enfrió y se le quitaron a gloria de Dios.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Capítulo 68'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[Fol. 228v] '''De cómo una carta quemada, fue sana por su orationes'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Una vez estava la bienaventurada María de Ajofrín escribiendo una carta para el cardenal de España Don Pedro de Mendoza, y ella la notava y otra hermana la escribía, la qual avía por nonbre Inés de San Nicolás. Y como ya la uviesen escrito y no tuviesen salvado pare le echar, llegáronla al fuego para la enjuagar, y tanto la llegaron que se quemó, en la manera que la avía de tornar a trasladar. Y sintiendo desto enojó la escribana por quanto era mui gran carta. Díxole esta santa mujer: «Ydos vos agora y no aiades turbation». Y tomó la carta y echola en un arca, y otro día fue la dicha escribana para trasladar la dicha carta, y al tiempo que la fueron a sacar halláronla sana. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y en diez y seis de abril de 1490 años fue sacado de la sepultura en que estava el cuerpo desta santa mujer, a ruego de la Condesa de Fuensalida y el clavero de Calatrava y Don Alonso de Silva, y fueron hallados sus güesos parecer manar un licor a manera de aceite y dieron suaves olores, lo qual sintió el prior Fray Juan de Corrales y otros muchos religiosos y seglares. Y mandó el prior llamar al convento y tañer los órganos y las canpanas, y el dicho Don Alonso de Silva traxo una arca guarneçida de seda por dentro y candelas para todos los frailes. Y mui honradamente con cruz, y cirios y ministros, los sacerdotes la llevaron con mucha alegría cantando ''te deum laudamus''. Y fue pedida agua, y luego llovió después tan abundantemente que claramente paresció a todos que por sus méritos el Señor lo hazía. Y fueron remediados los panes, al qual sea gloria, amén.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[Fol. 229r] Esta santa mujer estuvo en la iglesia para la mostrar a los que venían treçe días, y fue después sepultada en la sepultura que edificó la dicha condesa a la mano derecha de la iglesia. Y Santos Fernández dexara hijo ollero estando a la muerte, y oleado fue prometido a esta santa virgen por Juana Martínez, la de Antón Sánchez, y alcançó salud. Y el dicho con su mujer vino a cunplir el voto, que fue esto martes a cinco de maio del dicho año; afirmose ansí ser verdad, estando presentes Antón Nejas y su hermano Martín de Cálix, y Fra Migel de Ocaña, y Fra Alonso de San Migel, y el dicho prior. Y el conde de Oropesa enbió aquí un su hijo y una su hija a visitar y a velar a esta santa mujer. Y dixeron los que venían con ellos que los susodichos hijos del conde avían estando mui enfermos y que la hija avía estado en el artículo de la muerte, y que más la tenían por muerta que por biba; y que la encomendaron sus padres a la dicha María de Ajofrín, y que avía tenido salud, amos a dos, los quales ofrecieron una imagen de platea y una palia y una cruz de oro broslada y tres imágines de cera, a veinte días del mes de novienbre del año de 95.  &lt;br /&gt;
 &lt;br /&gt;
Y Pedro de San Pedro, vezino deToledo, truxo aquí un bragero de un niño, el qual estava quebrado, el qual avía sanado. La maior Catalina de San Lorenço dixo que, entre muchas virtudes que tenía esta santa virgen, era una la humilldad, que como estuviese con su regimiento [fol. 229v] los viernes que tiníen culpas, las hermanas venían a ella, la dicha María de Ajofrín, y le rogaba que la mandasen comer en tierra y pasasen sobre ella las hermanas.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Capítulo 69'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Hablando de una carta que enbió el Cardenal a la dicha María de Ajofrín'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
«Devota y mui amada hermana, con vuestra carta y con lo que el padre prior de la Sisla me dijo, uve gran consolación. Nuestro Señor Dios, que os puso en tal estado, os deje acabar en su serviçio, y a mí dé graçia que pueda hazer su voluntad y poner en obra lo que vos me aconsejáis. Y ansí os pido que lo demandéis a Nuestro Señor y a la Bienaventurada Madre suia, y en vuestras orationes me enconmiendo, y porque yo hablé al padre prior, no digo aquí más. Primero de enero. Cardenal».&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Después de la muerte de María de Ajofrín, murió dicho cardenal, el qual estuvo enfermo muchos días, en los quales hizo por su ánima muchas obras pías, y mandó después de su muerte se hiziesen aquí, en Toledo. Y murió el padre en estos tienpos santamente. Y se cumplió lo que dixo María de Ajofrín en la revelatión quando le puso Nuestra Señora el niño en las manos sobre un paño de seda, y le dijo que vería gran mortandad en todos estos reinos. Y aquí se cunplió lo que dijo, que feriría el ángel a unos con açote y a otros con espada, y los otros con pena de fuego; a los que firió el ángel con azotes cunpliose: que se entiende de las hanbres [fol. 230r] que uvo en todos estos reinos; a los que fería el ángel con espada, cunpliose: que uvo en todos estos reinos mui gran mortandad; a los que firió el ángel con pena de fuego, cunpliose: porque vinieron muchas bubas sobre muchos honbres y mugeres, los quales no podían ser sanos por los físicos.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Fin de los mirragros que hizo la bienabenturada María de Ajofrín a honra y gloria de Dios Nuestro Señor, por quien se hacen todas las cosas'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Traslado de una carta del cardenal Don Pedro González de Mendoza, Arçobispo de Toledo, para el prior de la Sisla sobre la visión que vio María de Ajofrín, en el capítulo que habla quando vio a Nuestra Señora en la iglesia maior, lo qual está a diez hojas de este libro. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
«Venerable padre y especial amigo, esta noche pasada, a  las dos de medianoche, tomé letura que me dexastes, y nunca la partí de mis ojos hasta que capítulo por capítulo la leí toda. Que magis admiror, si cordi meo a desil ut niquit in his Revelationibus exercendis tardius duo dubitarum ultimum vidi fillud celesti nisi nimum nota vii confirmatur de tales testigos, varones y mugeres, a quien toda fe se deve dar; y a qualquiera dellos yo la daría aunque solo fuese, quánto más a todos juntos, excepto a la hermana maior que por tener el cargo que tiene [fol. 230v] está aprobada de suio. Y también conozco al prior que es hombre de bien y digno de fe. Y maravillome de tantas visiones yn spirítu y corpore, y principalmente me maravillo en mujer hallarse tanta dureza y no querer decir lo que tantas vezes sintió, maiormente siendo mandada por quien todo lo manda. Los quales señal de su gran humilldad, y del menospreçio que tenía de la gloria mundana. Allende desto, venerable prior, por mi parte para lo que me toca, dalde las gracias; y Dios, Nuestro Señor se las dé, y la pena que pasó le sea en doblada gloria, y siendo alguna cosa que io pueda hazer por su consolación, ofrécesela vos de mi parte mui enteramente y recomendadme a ella rogándole que me aia por encomendado, rogando a Nuestro Señor me deje acabar en su santo serviçio, y encomendalde ansimesmo ruege por el estado de la Santa Yglesia y destos reinos, reies y príncipe, y por la reina, nuestra señora, que es sostenimiento y justiçia y paz dellos, que les dé vida y esfuerço para llevar adelante los trabajos que pasan sobre ellos y conservarlos. &lt;br /&gt;
El quaderno os enbío, el qual será secreto y ansí va atado que persona sino io no sea visto ni sabrá, ni se vos permite. Válete en Jhesucristo. Fecha: oi martes a çinco de dizienbre. Cardenal».&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Hablado del testimonio que da el notario que se halló presente a ver la llaga del costado de la bienaventurada María de Ajofrín, el qual está signado y firmado de su nonbre.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[Fol. 231r] «Deçente y cosa conveniente es escrevir por memoria las buenas obras y vidas de las personas que nos precedieron, parte que podamos por los buenos ejemplos de aquellos obrar sienpre bien e nos esforçemos sienpre a apartarnos del mal. Cosa cierta es que, si lo preçioso no fuese apartado de[l]lo, no falsa cuncupiscencia loca, no bastante deste temperar sería demergida por discurso mui ligero en un escuro hundimiento. Por tanto, yo, Garçía de Borlanja, capellán de la serenísima reina Doña Isabel, notario y arçobispal, afirmo y doi fe que en el año de la Natividad del Señor de 1484, a diezinueve de noviembre, casi seis horas después de mediodía, por ruego y instançia de Juan de Biezma, que entonces era rector de la casa de Doña Mari Garçía, entré en la dicha casa para que notase lo que viese, y ansí notado lo guardase. Después pasados algunos días, aunque no muchos, quise demostrar lo que avía visto al reverendo prior de la Sisla, Fray Juan de Corrales, considerando aquel dicho del eclesiástico en el cap. XI, que provecho ai en el tesoro abscondido. Por el qual dicho, por muchas vezes me mandó que aquello que avía visto se lo diese por escrito, mas yo por entonces no pude satisfazer a su voluntad por muchas ocupaciones que tenía aunque, allende de lo tener escrito en el coraçón, lo tenía en mi protocolo hasta diez días de noviembre del año de Nuestro Señor de 1496, y es que el dicho Juan de Biezma me metió en un palaçio de la dicha casa, en el qual estaban los reverendos señores, Don Pedro de Préxamo, deán de Toledo, y don Diego de Vidaminaia, capellán maior en el coro de [fol. 231v] la santa iglesia de Toledo, y dos o tres religiosas de la dicha casa. Y vi una cama en aquel palaçio que estava una donzella que verdaderamente parecía bulto de ángel y tenía una llaga en el costado, donde Nuestro Redentor fue herido, tan grande como un real, y no tenía hinchazón y careçía de toda putrefaçión, y tenía un color mui fino ansí como grana. Y después que todos lo vimos y uvimos mirado, a poco de rato habló aquella doncella estas palabras: “Dios, Nuestro Señor, vos lo demande si no pusiéredes aquello en executión”. Y ansí espantado me aparté dende y me torné a salir, en fe de lo qual lo signé y firmé de mi nonbre, que fue hecho en Toledo, año mes y día».&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''Quibus supra graciamus aff notarial por terceras nonas augusti.''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''Per labor inprobus homnia vincit''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''Fray Bonifacio de Chinchón'' ''[28]''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''Per hec est que nesçivit  torf in delicto'' ''[29]''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
=== Notas ===&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[1]'' Frase latina de difícil lectura.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[2]'' Folio escrito por otra mano.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[3]'' Subrayado: ‹fallesció en la dicha cibdad, año del nacimiento del Salvador de mil y cuatrocientos  ochenta y nueve años, sábado, a diezsiete días del mes de julio›.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[4]'' Tachado: ‹aiuda›.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[5]'' Tachado: ‹mundo›. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[6]'' Tachado: ‹azotes›. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[7]'' La versión correcta sería ''inter lepram &amp;amp; lepram''. Esto es una referencia a Deuteronomio 17:8 en la traducción de la Vulgata: ''Si difficile et ambiguum apud te iudicium esse perspexeris inter sanguinem et sanguinem, causam et causam, lepram et lepram''… ‘si te fuera difícil discernir entre un homicidio y otro, un litigio u otro, una herida u otra…’.&lt;br /&gt;
 &lt;br /&gt;
''[8]'' Tachado: ‹herexía›. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[9]'' Tachado todo el capítulo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[10]'' Tachado: ‹en demás›.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[11]'' Puede referirse a la hora de sextas, una de las horas canónicas en los monasterios, alrededor de las 12:00.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[12]'' Repetición de: ‹truyga›.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[13]'' Se refiere a la población llamada Villaminaya en la provincia de Toledo. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[14]'' Tachado: ‹y esta›.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[15]'' Tachado: ‹cerrado alderredor›.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[16]'' Palabra no clara.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[17]'' Palabra no clara, seguramente ‹erupciones›.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[18]'' Repetición: ‹parecía›.&lt;br /&gt;
 &lt;br /&gt;
''[19]'' Palabra no clara.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[20]'' Palabra no clara.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[21]'' Palabra no clara.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[22]'' Repetición: ‹estando›.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[23]'' Tachado: ‹De cómo le apareció la calavera›.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[24]'' Palabra no clara.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[25]'' Palabra no clara.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[26]'' Rúbrica.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[27]'' Tachado: ‹dicha›.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[28]'' Rúbrica.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[29]'' Mancha de tinta; frase latina de difícil lectura.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
=Vida manuscrita (2)=&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Ed. de [http://visionarias.es/equipo/celia-redondo-blasco/ Celia Redondo Blasco] y [http://visionarias.es/equipo/rebeca-sanmartin-bastida-investigadora-principal/ Rebeca Sanmartín Bastida]; fecha de edición: septiembre de 2017; fecha de modificación: septiembre de 2020.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==Fuente==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[[Archivo:II María de Ajofrín.jpg|250px|right|Manuscrito|link=]]&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
* [http://catalogodesantasvivas.visionarias.es/index.php/Categor%C3%ADa:Juan_de_la_Cruz Cruz, Juan de la], 1591. ''Historia de la Orden de S. Hierónimo, Doctor de la Yglesia, y de su fundaçión en los Reynos de España''. Esc. &amp;amp;-II-19 fols. 258v-267v.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[[Contexto material del manuscrito de El Escorial, MS &amp;amp;-II-19]]&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==Criterios de edición==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Dado que se trata de una copia manuscrita de la segunda mitad del siglo XVI que bebe de fuentes más primitivas, los criterios de edición son conservadores.&lt;br /&gt;
Se mantienen los grupos cultos, que podrían mostrar el uso eclesiástico o de las fuentes consultadas: &lt;br /&gt;
* s líquida en spirituales&lt;br /&gt;
* formas cultas como –mpt- en Redemptor, -th- en tesoro, -ct- en sancta&lt;br /&gt;
* consonantes geminadas, ll, ff&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Se respetan las oscilaciones y variantes de las sibilantes.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Se mantiene la oscilación i/y y v/b y se regularizan las alternancias gráficas sin valor fonético: i/j, u/v.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Se conserva ''dello'', ''desto'', pero se separa mediante apóstrofe cuando la forma aglutinada incluye el pronombre personal masculino singular: ''d’él''. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
La puntuación y la capitalización han sido modernizadas, si bien se mantiene el uso del paréntesis para indicar observaciones digresivas según el original.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==Vida de María de Ajofrín==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Capítulo undécimo'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[fol. 258v] '''De la vida sancta y maravillosa de María de Ajofrín, religiosa en el Monasterio de Sant Pablo de Toledo'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
La hystoria desta bienaventurada María de Ajofrín se halla escripta en algunas partes, tomado de lo que fray Joan de Corrales, prior del Monasterio de la Sisla de Toledo, recogió, vió, tractó y entendió de personas de autoridad y credo, [fol. 259r] que por ser tantas y tan largas las maravillas que se hallan, y milagros que Nuestro Señor obró por esta su sierva, los que las han puesto antes de agora en hystoria han procurado abreviarlas, tomando lo más essençial y verdadero. Y ansí se hará aquí, aunque la manera de la scriptura de los unos no parezca conformar en el dezir y hablar con la de los otros, que no será de inconveniente trocar los lugares y dezirlo por otros términos, no saliendo de la verdad que ello tiene y se le debe dar. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Fue natural María de Ajofrín de un lugar çerca de la çiudad de Toledo que se llamava Ajofrín, hija de padres onrrados, temerosos y siervos de Dios que se llamaban Pedro Martín y Mariana Garçía, ricos y prosperados de bienes temporales. Desde su niñez se le vio grandíssima inclinaçión a las cosas del serviçio de Dios y una prudençia y agudeza de spíritu que ponía admiraçión. Muchos la miravan y muchos la querían y amavan por sus inclinaçiones tan virtuosas y endereçadas al Çielo, y la demandavan y pedían a sus padres en casamiento, y la sancta donzella, que lo entendía, resistía con ánimo varonil a todos los que hablavan en esta materia, porque en ninguna cosa sentía gusto sino en oýr cosas graves y spirituales. En estos pensamientos se ocupava mucho, y con ellos renovava mill deseos, mill propósitos de juntarse con Dios y mejorarse cada día más en su amor y serviçio. Para excusar la inquietud que para esto le causavan las pláticas de los casamientos, sin consejo ni pareçer humano (aun siendo pequeña) hizo voto de guardar su limpieza y entrar en religión, de lo qual tuvieron gran sentimiento sus padres (que es offiçio de la carne y sangre por el apartamiento de los hijos que en vida se entregan a la muerte de la religión), mas como la vieron con tanta entereza en este propósito, que no la podían apartar d’él padres, ni hermanos, ni parientes, ni halagos y regalos con grande desgraçia y aborreçimiento de todos, la llevó su padre a la çiudad de Toledo, por importunaçión [fol. 259v] suya, siendo ya de quinze años. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Entraron en la iglesia mayor, sin saber dónde yr otra parte, y por orden del spíritu sancto, tuvieron allí noticia del monasterio de las beatas de la Orden de Sant Hierónymo que se dize de Sant Pablo, que, aunque no tenían estrecho ençerramiento de monjas religiosas, tenían la de mucha observançia y guarda de religión. Inspirada la sancta donzella que aquella era su vocaçión y lo que buscava para su deseo de servir a Nuestro Señor, fuesse luego al monasterio, y las religiosas d’él la reçibieron con grande alegría y voluntad, admitiéndola a su compañía y al hábito. Puesta en este estado tan deseado y pedido a Nuestro Señor, todo su cuydado, deleite y regalo ponía en ocuparse en los exerçiçios sanctos y en la oraçión y meditación, derramando multitud de lágrimas de los ojos, con grandes sospiros y gemidos, tiniéndose por la más vil peccadora y indigna de todas las mugeres. Quien labra una gran casa o torre abre los çimientos conforme a la grandeza del edifiçio, y sin ellos no se haze nada, y ansí es menester sacarlos para la perfectión de la vida christiana, que es la mayor y más alta fábrica de quantas acá se entienden. Esto hace la humildad, y desta gran virtud hazía provissión María de Ajofrín, de manera que, en su reputaçión y estima, no hallava en el monasterio persona más baja ni menos ser ni más nada que ella, y lo mostrava en su persona, vestido y pensamiento, y en los exerçicios humildes y bajos y en los demás exerciçios que havía desta manera en el monasterio. Lo que en su alma hazía grande impressión eran las palabras divinas, donde quiera y como quiera que las oyese, y todo era muestra que quanto tratava y pensava era cómo más amar a Dios y sentir de sí misma ser nada, y estimar y preçiar a todos mucho y amarlos en Dios y por Dios. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Pasados más de diez años de su recogimiento en el monasterio, quiso hazer una confessión general de toda la vida pasada, y tomó tan de veras y con tantas lágrimas de congoja y afflictión quererse asegurar si avía hecho lo que devía en aquella preparación para que Nuestro Señor le perdonase sus peccados que, [fol. 260r] entrando el día de su confessión en el confessionario, se derribó en el suelo delante de una ymagen de Nuestra Señora, que estava allí con su hijo benditissímo en los braços, al qual pedía por su intercessión de su santíssima madre le declarase si quedaría con seguridad de la vida pasada con aquella confessión y se le perdonarían todos sus peccados. Súbitamente, estando en esta oraçión con mucha ternura y lágrimas, vio una gran claridad que çercava la imagen, y que el sacratíssimo niño levantava la mano a la manera que el sacerdote la pone quando absuelve. Espantada de ver esta maravilla, y muy turbada en su spíritu, se puso a hazer confessión lo mejor que pudo, y, acabada, volvió a hazer oraçión a la imagen, y vió la misma claridad y la mano del niño alçada, con que quedó bien esforçada en el fervor y amor de Dios y guardó el secreto de la visión, que no lo descubrió sino a solo el prior fray Joan de Corrales, çertificándole que desde aquella hora le quedó tan gran movimiento en el coraçón que, de los golpes que sentía que le dava, a tiempos le pareçía que se le quería salir del cuerpo.  &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Muchos regalos tuvo de aý adelante de Nuestro Señor, y no muchos días después, quedándose una noche sola en el coro orando por el estado de la Yglesia, vio que de la custodia donde está reservado el sanctíssimo sacramento salía grandíssimo resplandor, que duró por el spaçio de una hora, mientras ella estava con fervor en la oraçión, y, acabada, no apareçió más aquella celestial claridad. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Estos son los regalos que Dios haze a los que de veras le buscan con amor divino que les sale del alma, y les manifiesta cosas maravillosas de su gloria, certificándoles con ellas quán agradables le son sus intercessiones y oraçiones y quán poderosos para alcançar quanto se pide y desea, que son dardos o saetas, como los doctores las llaman. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Haviendo de reçibir el día de la Resurrectión el santíssimo sacramento, hizo tanta preparaçión el sábado sancto antes que en toda la noche no durmió ni descansó, velando, orando y llorando, y por toda la casa buscava los rincones para hallarlos como los hallaba buenos para su oración, demandando limpieza a Nuestro Señor para llegarse a recebir [fol. 260v] tan gran bien y thesoro inestimable del alma. Venida la hora de la comunión, llegó con las otras hermanas a comulgar y reçibió el sanctíssimo sacramento ''[1]''; causole tanta devoçión, contento y alegría este admirable y divino sacramento ''[2]'' que luego se elevó, y quedó como absorta y muerta, y por quinze días continuos con las noches no durmió, pasando todo este tiempo en llorar y orar. Quedole desde este día que cada vez que se llegava a recebir el santíssimo sacramento se quedava elevada y enagenada de los sentidos exteriores, y con un ''[3]'' grande dulçor maravilloso en el coraçón, en la garganta y en la boca que le durava por quarenta días. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Aunque todo su quydado era encubrirse, que no lo supiessen ni entendiesen las hermanas, era trabajo escusado querer cubrir el sol quando está más claro en medio del día, y así lo veýan y entendían todas, y que todo el resto de la noche velava, oraba y llorava, si no era algún pequeño espaçio que tomava para repararse el sueño. Al mismo prior manifestó estas maravillas del santíssimo sacramento, y que los días que sentía el divino y celestial dulçor los pudiera pasar sin comer ni tomar cosa alguna de mandamiento, si no fuera por huyr de la singularidad y juizios que suelen tener los hombres. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Capítulo duodécimo'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''De otras cosas maravillosas que acaescieron a esta sierva de Dios y la manifestación de la llaga en el costado'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Creçía tanto esta sancta donzella en el amor de Dios, verdadero esposo suyo, que cada día le comunicava grandes dones y hazía muchos favores y mercedes, y entre otras conoçió por spíritu lo que en una fiesta de Todos los Santos le había de succeder después que huviese reçebido el santíssimo sacramento y previsto [fol. 261r] que se pusiese cuydado en llevarla luego a una parte secreta y escondida (pero nunca tan escondida y secreta que no viniessen a descubrirla, porque muchas vezes el Çielo tenía este cuydado de mostrarla con luz visible), rogando a la madre del monasterio que diesse cargo a quien la llevase antes que se arrobase y transportasse reçibiendo el santíssimo sacramento. No fue menester esta diligençia porque fueron tantos los lloros y gemidos de los grandes dolores que sintió en el coraçón en reçibiendo el santísssimo sacramento y antes que se traspusiesse, que no pudo excusar que no se entendiesse con quánta fuerça se hazía a pasar aquellos dolores y tormentos. Aquí se enagenó como solía y le fueron descubiertos algunos secretos de descuydos de personas particulares que ella procuró se emendasen con avisos y amonestaçiones que hizo a quien tocava, como negoçio que era de Dios, que es el que sabe, penetra y conoçe los coraçones.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Tenía ya esta sancta muger tanta privança con Nuestro Señor, y era tan ençendida su charidad y amor en servirle con perseverançia, que le fue parte para declararse en su favor más particularmente su Magestad Divina con asombro de todos y en don y señal de su passión y llaga en el costado, que a pocos se a concedido. Hallose un día en el costado una abertura que cupiera por ella el dedo pulgar de un hombre, que le causó grandes dolores por veinte días con la llaga abierta, de la qual los viernes corría más sangre que los otros días (aunque en todos corría alguna) y nunca pareçió en ella materia ni se applicó mediçina ninguna mas de paños limpios, quitando unos y puniendo otros, y estos quedavan tan roxos como un carmesí, que mostravan bien quán viva sangre era la que salía y sin corrompimiento alguno. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Con los grandes dolores que la sancta donzella padeçía, le faltavan las fuerças para llevar tanto trabajo y no cessava de pedir a Nuestro Señor su ayuda y favor en ello, y divinalmente le fue revelado que aquella maravilla la descubriese a la priora del monasterio y a otra religiosa que se dezía Theresa, a las quales, quando vieron la llaga y los paños vañados en [fol. 261v] sangre les causó admiraçión, y ellas lo dixeron al confessor de la casa, que estuvo bien incrédulo y duro en creerlo. Y quisieralo deshacer dando a entender que era imaginaçión y engaño de mugeres, mas quando lo vio con los ojos quedó espantado y maravillado, y no fue en su mano dejarlo en secreto, sino dezirlo y revelarlo a personas principales, como fueron don Pedro Préxano, deán de Toledo, y a Diego de Villaminaya, capellán mayor del coro de la santa yglesia, que dieron dello fee y testimonio habiéndolo visto. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Entraron, pues, estos dos eclesiásticos en el monasterio, y el confesor de las religiosas, Juan de Viezma, llevó a Graçián de Berlanga, capellán de la Reyna Doña Ysabel y capellán apostólico y de la audiençia Arçobispal, y todos juntos, con la priora y religiosa Theresa, vieron la llaga y la tocaron, y el capellán mayor tomó un paño vañado en sangre y, mirándole todos con cuidado, les pareçió que la llaga de donde salía era causada divinalmente y no con occasión de arte humana. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El notario escribió el testimonio que aquí va ynserto, sacado letra por letra del original, que yo he visto en el archivo del Monasterio de la Sisla de Toledo, firmado y sellado del mismo notario, que es el que se sigue:&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
“Deçente e cosa convenible es escribir por memoria las buenas obras e vidas de las personas que nos preçedieron, por que podamos por los buenos exemplos de aquellos obrar siempre bien e nos esforçemos apartar siempre del mal. Cosa çierta es que, si lo preçioso no fuesse apartado de lo no tal, la concupisçiençia loca non bastante desetemperar, sería demergida por curso muy ligero en un escuro tragamiento. Por tanto, yo Graçián de Berlanga, capellán de la sereníssima reyna Doña Ysabel, nuestra señora, notario apostólico e arçobispal, affirmo y doy fee que en el año de la Natividad de Nuestro Redemptor e Salvador Jesuchristo de mill e quatroçientos e ochenta y quatro, diez y nuebe de noviembre, quasi seis horas después de mediodía, por ruego e a instançia de Juan de Biezma, que entonçes era rector de la casa de Doña Mari Garçía, entré en la dicha casa para que notasse lo que viese, e así notado lo guardase. Después, pasados algunos días (aunque non muchos), quise demostrar lo que avía visto [fol. 262r] al reverendo padre prior de la Sisla fray Juan de Corrales, considerando aquel dicho eclesiástico en el capítulo quarenta y uno: que provecho ay en el thesoro escondido, etc., el qual dicho señor muchas bezes me mandó que aquello que avía visto que ge lo diesse por scripto, mas yo por entonçes no pude satisfaçer a su voluntad por muchos negocios que me çercavan, ca ello non me davan lugar, aunque allende de lo tener scripto en el coraçón lo tenía en mi protocolo, fasta diez días de noviembre del año del Señor de mill e quatroçientos e ochenta y seis, y es que el dicho Joan de Biezma me metió en un palaçio de la dicha casa, en el qual estavan los reverendos señores don Pedro de Préxano, deán de Toledo, e don Diego de Villaminaya, capellán mayor del coro de la sancta iglesia de Toledo, e dos o tres religiosas de la dicha casa. E viendo en una cama que en aquel palaçio estava una donzella, que verdaderamente pareçia bulto de ángel, y tenía una llaga en el costado donde Nuestro Redemptor Jesuchristo fue ferido, tan grande como un real, e non tenía finchazón y careçía de toda putrefaçión, tenía un color muy fino, ansí como grana, e después que todos lo uvimos mirado, a poco de rato fabló aquella donzella estas palabras: ‘Dios Nuestro Señor vos lo demande si no pusiéredes aquello en execuçión’. Y ansí espantado me aparté dende y me torné a salir, en fee de lo qual lo firme y signé de mi nombre, que fue hecho en Toledo, año, mes, día, quibus supra. Graçianus notarius apostólicus”.  &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Padeçía la sierva de Dios grandes dolores de la llaga, y no solo la atormentava esto sino el mostrarla, estando en la cama cubierto su cuerpo, rostro y manos honestíssimamente, y sólo se veýa la llaga por una sábana abierta a la parte del lado. Pasados los veinte días se le çerró la llaga sin benefiçio ni mediçina alguna corporal, y quedó la señal de la abertura con algún dolor en aquel proprio lugar, y como tenía impresso en su coraçón [fol. 262v] el nombre dulçíssimo de Jesús, y no se le caýa de la boca, favoreçíasse mucho d’él en estos trabajos, y regalábase en estremo con él, mas mucho más la regalaba su Magestad Divina con tan estremados dones y benefiçios de las llagas de su passión, que no la quiso decorar con sola la del costado, sino que, levantándose con la mucha flaqueza que tenía para ponerse en el suelo de rodillas o ençima de la cama, por devoçión de adorar un crucifixo al tiempo que oyó la rueda de las campanillas de la yglesia quando alçavan el santíssimo sacramento en una missa, sintió tan gran dolor en los pies y en las manos que le pareçía que en aquellos lugares le ponían rezios y gruesos clavos. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Como estuviese en esta pena y en la consideraçión de aquellos altíssimos misterios, pareçiole que le traspasaban la mano yzquierda, y fue el dolor tan vehemente que se puso el dedo pulgar de la mano derecha en la palma de la yzquierda, y apretando con el gran dolor que sentía rebentó la sangre, de que ella quedó bien admirada. Procuró encubrirlo con estremado gozo de regalo tan singular de Dios, y traýa la mano cubierta con un lienço sin poner otra medicina, y durole quarenta días, y después de pasados que sanó le quedó señal en la mano izquierda, que fue la que rompió en sangre. Y porque sucessivamente sintiesse en su cuerpo las insignias y dolores de la passión de Nuestro Señor Jesuchristo, sin los tormentos que de ordinario tenía en la cabeça, sintió en ella súbitamente un nuebo y gravíssimo dolor, que le pareçía que le ponían una guirnalda o corona que le çercava la cabeça alrededor y le entraban por ella puntas de clabos con tormento suyo exçesivo, cayéndole gotas de sangre. Aplicábanle diversas medicinas, y ninguna le era de provecho ni era razón que lo fuese, ni que las llagas hechas por la mano del Señor se curasen con la industria humana, y quando su Magestad fue servido y tuvo por bien, le alçó los dolores a su sierva y quedó con entera sanidad de las llagas de la cabeça y costado. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Capítulo décimo tercio'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[Fol. 263r] '''De muchas mercedes y fabores que alcançó de Nuestro Señor esta su sierva'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Christo Nuestro Señor tiene prometido en su evangelio que se nos hará merced de todo quanto pidiéremos orando, con que esto sea pidiéndolo en su nombre al Padre. A esta sancta le acaesçió así muchas vezes quando se hazía como deseaba, porque lo que pedía en sus oraçiones yva en camino al serviçio que se debe a Dios y a la manifestaçión de su grandeza y gloria (y esto era pedir en nombre de Jesuchristo). Sería cosa muy larga dezir todo lo que a este propósito se halla en lo que el prior de la Sisla escrivió, vio, y entendió desta sierva de Dios, y lo que en sus oraçiones, ruegos y interçessiones alcançó de Nuestro Señor a muchos, para provecho y remedio de sus almas y salud de los cuerpos: alguna parte se dize en la crónica que escribió Pedro de la Vega, y por aquello se podían entender las grandes maravillas que Dios obró con ella y las que de él alcançó, y las muchas y grandes revelaciones que tuvo de cosas particulares y el bien que se siguió dellas. Mucho engrandeçe Nuestro Señor a los justos, y está tan atento a las oraçiones y peticiones que muestra lo mucho que pueden con él y quán grandes effectos hacen, como se vio en las de su esposa María de Ajofrín, que no le salieron en vano. Eran tan fervorosas y vehementes que se arrebatava y quedaba sin sentido, como muerta, por grande espaçio, y algunas vezes le acaesçía esto estando presente el prior que escrivió su vida, y una vez le dixo al prior la hermana maior o priora que le mandase por obediençia que despertase y vería la fuerça y virtud que tiene el precepto de la sancta obediençia en tiempos semejantes. El prior siguió el pareçer de la priora, y fue cosa maravillosa que, mandándola con precepto despertar, volvió luego a su sentido y mostró sentimiento grande, como que la uviesen quitado de su contento y regalo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[Fol. 263v] De grandes effectos eran las oraciones desta sancta virgen, y ellas eran las armas con que se valía y en ellas buscava el remedio en todas las cosas. Una vez se vio muy affligida por la grande hambre que havía en la ciudad a causa de las muchas aguas y mucha creciente del río, que no dava lugar a las moliendas. Çinco días antes de la solemníssima fiesta de la Natividad de Nuestro Redemptor, no durmió en toda una noche entera, y viendo que la hazía clara y serena, se subió a un terrado donde veýa el río, y haziendo sobre él la señal de la cruz y bendiçiéndole, se bajó luego a un secreto oratorio y derribó en el suelo a orar, puestos los brazos en cruz. Detuvose grande espaçio en esta manera de oraçión y penitencia, supplicando a la sacratíssima Virgen María, Nuestra Señora (en quien tenía singular devoçión y la tenía por particularíssima señora y abogada), pusiesse su intercesión y pidiesse a su hijo benditíssimo que no mirase a los peccados de aquel pueblo, sino a su misericordia, y súbitamente vio en el oratorio un gran resplandor, apareçiéndole la madre de Dios que le dixo: “Las aguas que en tantos días as visto avían de caer en muy pocos; y la mayor parte en esta çiudad por los pecados que en ella se cometen, mas por tu interçessión y supplicaçión mía, ha alçado Nuestro Señor la mano de su yra”. A todo esto, estava la sierva de Dios María de Ajofrín atenta, los ojos abiertos y las manos alçadas, viendo a la Sacratíssima Virgen María y oyendo sus palabras divinas y regaladas, hasta que se desapareçió, y en ese punto cayó en el suelo la bendita donzella y estuvo algunas horas sin sentido. Quando bolvió en sí, se levantó con un maravilloso esfuerço del cuerpo y del alma, y ninguna de las hermanas entendió este acaesçimiento, ni le descubrió sino al prior de la Sisla.  &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El deán de la santa yglesia de Toledo, que vio la llaga en el costado, con la fe y confiança que tenía en las oraçiones desta bienaventurada, le pidió hiziese oraçión por la paz de çientos de personas discordes de la corte, y la sierva de Dios se subió al mismo terrado una mañana antes del día, en las octavas de la Resurrectión el año mill y quatrocientos y ochenta y quatro, y mirando [fol. 264r] el çielo y suplicando a Nuestro Señor por la paz de aquellos cavalleros cortesanos vio un gran resplandor en el lugar donde naçía el sol, y estúvole mirando hasta que fue hora que saliese el sol, y mirávale sin ningún impedimento tiniendo los ojos fixos en él. Vio ansimesmo el sol que tenía una abertura y ventana, que pareçía más adentro el çielo y salían d’él mayores rayos de claridad y una cruz de oro resplandeçiente, y vio uno en el ayre muy lexos de sí (que le pareçía como la luna) que peleava con otro, y pasado algún espaçio bolviéronse las espaldas el uno al otro. Esta vissión vio hasta aquí, y no pasó delante porque subió al terrado a aquella hora una de las hermanas religiosas, mas puédese creer que por su oraçión se allanó aquella discordia de los cavalleros cortesanos, pues al cabo se hizieron las pazes.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Estando, otra vez, el día del triumpho de la cruz cerca del alva rezando y mirando al çielo y pensando en las grandezas d’él, vio unas llamas, de aý a una hora abierto el çielo, y que por allí salía el sol y se conoçían todas las hermosuras del Çielo. Y luego, otro día, a la hora de terçia, estando en una ventana rezando en un libro, vio cerca de sí un rostro como el de la luna, con muy gran resplandor, y dentro d’el como dos formas de hombres que peleaban el uno contra el otro, y que caýa mucha gente muerta. Dize el prior, que escrivió su historia, que este día prendieron los moros al Conde de Çifuentes. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Una noche de la Natividad de Nuestro Redemptor anduvo con grande consideraçión, atençión y cuydado de saber el tiempo y hora de la medianoche quando Jesuchristo, Nuestro Señor, naçió. Tuvo gran confiança de recebir aquel regalo y merced y púsose a orar delante del altar de Nuestra Señora, que estava muy adereçada y compuesta sobre él su ymagen y una cuna con un niño pequeño adornado con algunas riquezas, y estando en este su deseo, con lágrimas y gemidos vio con los ojos corporales baxar sobre el altar gran resplandor y a Nuestro Señor en figura de niño que naçía de la Virgen María, y cómo le adoraron los ángeles y pastores, y desde algún espaçio llegaron los tres Reyes con tres soles de gran resplandor delante, que, llegando al altar todos tres,  [fol. 264v], pareçieron uno. Pareçiole que esta vissión se detuvo desde las doze hasta las tres, y a esta hora començó la primera missa el capellán mayor de la yglesia y vio, quando salía vestido, que sobre el altar estavan dos antorchas de fuego con gran resplandor, y que los Reyes llegavan a donde ella estava, y no se impedían ninguna cosa para ver los misterios de la missa.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Vio también que cubrieron al sacerdote gran multitud de ángeles, al tiempo que dezía los sanctus, y que quando alçava el santíssimo sacramento le ayudavan a sustentar los braços, y quando llegó el pater noster esta sierva de Dios cayó en el suelo por no poder ya sufrir estar de rodillas, y estuvo de aquella manera hasta las doze del día, gozando de aquellos misterios divinos. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
La santa María de Ajofrín (como la voluntad agena era la suya) declaró al prior de la Sisla todas estas particularidades por tenérselo mandado por obediençia, y esta la forçava y compelía a manifestar lo que ella no quisiera. Son tantos los secretos celestiales que se hallan que le fueron mostrados que sería cosa prolixo ponerlos todos, pues querer hablar en su trato, conversaçión, charidad y menospreçio sería lo mismo. Ella era humildíssima, que en el vestido y trato de su persona lo mostrava bien, y se conoçía en las obediençias y en todas las otras occupaciones y exerciçios humildes, y entre todas era la que con mayor llaneza se mostrava humilde, sirviendo y obedeciendo. Si acaso en el monasterio havía entre ellas differencias (que entre las religiosas ordinariamente son todas niñerías y cosas de poco momento), María de Ajofrín era la que las concordava, porque de aquellas cosas pocas no viniessen a mayores pesadumbres y se abrasase un monte con una çentella. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Buenas prendas tiene de ser hija de Dios la que tiene el alma tan pacífica como esto, que como el mismo Dios dize en el evangelio, naçe todo esto de la charidad, reyna y señora de todas las virtudes. Esta sancta la tenía bien raygada en su coraçón y aposentada con mucha riqueza de adereços de adorno y serviçio, como a madre de todas las otras sanctas virtudes.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Capítulo décimo quarto'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[Fol. 265r] '''De algunas cosas que tuvo spíritu de prophezía María de Ajofrín, y de su bienaventurada muerte'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Entre otros muchos dones que del Çielo tuvo esta sancta virgen, fue uno el spíritu de prophezía y de hazer milagros, que aunque ni lo uno ni lo otro son señales çiertas de tener a Dios en el alma como esposo y como amigo, pero a quien lo es (y tan de veras le amare como esta sancta le amava) suélense hazer muy de ordinario estos favores y merçedes. Començávase a poner y plantar en la ciudad de Toledo la Sancta Inquisición en aquellos días, y esta bienaventurada muger dixo al prior de la Sisla algunos secretos tocantes al Santo Officio de que se maravilló mucho, y como le preguntase que cómo savía aquello, que se le hazía grave y difficultoso creerlo, respondiole que Nuestro Señor le avía aparecido atado a la columna muy llagado y açotado y le dixo que aquello le causavan cada día los herejes, que lo dixese al prior de la Sisla, que es uno de los que entienden en la Inquisiçión, y pusiesen remedio en ello. El prior le dio crédito y lo comunicó con el deán de la sancta yglesia de Toledo, y en presencia de los dos lo bolvió la sancta donzella a dezir, y añadió otras muchas cosas que eran tocantes al Santo Offiçio, amonestándoles de parte de Dios que proveyesen en lo que era su serviçio y dearraygasen las heregías. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Otra vez vio en spíritu que llevavan de la yglesia mayor el sanctíssimo sacramento con gran solemnidad para darle a un enfermo herege, y divinalmente le fue mandado que diesse luego aviso a los clérigos que se bolviessen, y ansí lo hizo con toda diligençia. El ángel que le mandó esto le dixo después, para certificar la visión, que en aquel día vería en la missa distilar gotas de sangre de la hostia consagrada, y así acaesçió, que con los ojos claros y abiertos vio en las manos del saçerdote la hostia consagrada llena de sangre [fol. 265v] al tiempo que la alçó al pueblo para que la viesse y adorasse.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Dos moços livianos tractavan de hazer algún desconçierto en el monasterio, y por spíritu del Çielo lo entendió la sierva de Dios y embió a llamar al prior de la Sisla, y díxole que pusiese con tiempo remedio en el desconçierto que tratavan aquellos moços desasosegados, y el prior lo hizo, y halló ser verdad todo lo que la sierva de Dios le havía dicho. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Reçebía gran pesadumbre esta religiosa quando se offreçía salir a hablar con personas de fuera de la casa (aunque fuessen religiosos), y quando la importunaban y no se podía excusar abreviava las pláticas y las palabras con todos, personas graves y de auctoridad, y que no lo fuessen. Un religioso deseava mucho hablar con ella por solo oýa de su virtud y sanctidad, y anduvo en esto muchos días y tiempo sin poderlo alcançar, y la sierva de Dios, que ya lo sabía, le dio un día audiencia y le dixo en las primeras palabras: “Bien sabía que ha días que me queríades hablar y la causa también, y que tal día començastes tal escriptura y no la acabastes con quanta priessa os distes hasta la noche, quando tuvistes más lugar”. El religioso, espantado de las verdades que le dezía, pidiole encaraçidamente le dixese cómo lo sabía. Díxole que lo vio en spiritu, y más le dixo, que avisase a otros religiosos que él conocía que mirase en el desasosiego que traýa en su conçiençia, y que si avía hecho alguna offensa pidiese perdón de ella porque de otra manera ni saldría del trabajo ni satisfaría a Dios ni a los próximos. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
No fueron estas solas la que por spíritu de prophezía entendió y manifestó María de Ajofrín, sino otras muchas, las que por sus oraçiones hizo Nuestro Señor cosas maravillosas. Sanó a la madre priora de una grave enfermedad, y a su misma madre sanó y libró de otra por sus sanctas oraçiones, y a un hermano libró también de la cárcel, puniendo en todo por intercesora a la Sacratíssima Virgen María, Nuestra Señora, a quien ella acudía con gran confiança. Sería la hystoria desta sierva de Dios muy larga si en particular nos detuviésemos [fol. 266r] a decir todas las cosas que se hallan de sus maravillas, revelaçiones y milagros, que apenas comulgó vez que no fuesse alçada y arrabatada en spíritu y viesse y entendiesse grandes secretos. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Llegole la hora de la muerte (bien deseada por ella) y enfermó el año mill y quatroçientos ochenta y nueve, aviendo pestilençia en la çiudad de Toledo, y a los diez y ocho días del mes de julio, que fue sábbado, murió muy sanctamente a las tres horas de la medianoche, habiendo reçebido los divinos sacramentos con grandíssima devoçión. El mismo día, a la hora de las vísperas, la enterraron en el capítulo de la Sisla de Toledo, adonde en aquellos días se enterravan las religiosas de Sant Pablo. Sintiose en su muerte un olor suavíssimo y çelestial, como lo testificaron todas las hermanas religiosas que se hallaron presentes. Hizo Dios por ella algunos milagros, y entre otros fue que en el mes de septiembre siguiente del mismo año, estando muy enfermo (y aun dada la extrema unctión) Don Alonso, hijo de la condesa de Paredes y canónigo de la sancta yglesia de Toledo, se encomendó a la bienaventurada María de Ajofrín, y trayéndole una de las almohadas que tenía en la cama al tiempo que murió, se sintió (en puniéndosela sobre sí) con grande mejoría y fuera de peligro. No fue desagradeçido el canónigo Don Alonso a este beneficio, que, en levantándose de la enfermedad, fue a la Sisla de Toledo a visitar la sepultura desta sierva de Dios, y le offreçió de sus dones, y estuvo allí nueve días continuos en hazimiento de graçias. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En el mismo mes y año fueron a la Sisla de Toledo un hombre que se dezía Joan de Pastrana y su muger con un niño tullido, que, después de aver gastado en su cura con médicos y en medicinas la hazienda que tenían, no se veýa en él mejoría alguna. Encomendaron los padres con mucha devoçión a esta virgen la salud de su hijo velando una noche su sepultura, y el niño tuvo entera salud, y hizieron los padres graçias a Nuestro Señor por este benefiçio que les vino por la intercesión de aquella su sierva. &lt;br /&gt;
En este mismo tiempo [fol. 266v] Joana de Sant Miguel, beata de la tercera regla de Sant Françisco que vivía en la çiudad de Toledo, tenía un çaratán en la teta, y como en çinco años no sentía mejoría con quantos beneficios le avían hecho los médicos y çirujanos y le aconsejaban que les dejase cauterizarla y cortarla quando no ubiese otro mejor remedio, ella, temiendo el tormento y peligro que le podría succeder, acordó de irse a la Sisla de Toledo y visitar la sepultura de María de Ajofrín, creyendo que por su intercessión alcançaría la salud que deseava.  En entrando en el capítulo donde estava la sepultura, sintió un olor çelestial, y luego se derribó sobre ella con muchas lágrimas y devoçión, rogando le quisiese alcançar de Nuestro Señor se sirviese darle salud de aquella tan penosa enfermedad que padecía. No pasó mucho tiempo quando fue oýda y sintió cumplida sanidad.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Otro canónigo de la sancta yglesia de Toledo estava muy enfermo y casi para morir, y mientras más benefíçios le hazían los médicos se hallava peor; encomendose con mucha devoçión a la sancta María de Ajofrín, y mandó yr a visitar su sepultura en su nombre, y que le traxesen un poco de la tierra della. Traýda, se la puso al cuello, y aquella noche, estando durmiendo, le appareçió la sierva de Dios, y quando despertó se halló sano. A la mañana le daban una purga, que estava ordenada de médicos, y él dixo que no la avía ya menester, sino que le diessen de comer, que estava sano y bueno. En levantándose, fue a la Sisla a visitar el sepulcro desta virgen y a hazer gracias a Nuestro Señor, y offrecer sus offrendas.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En el año de mill y quatro çientos y noventa Francisco Díaz, vezino de Xaraiz, estava bien al cabo de la vida y reçebido el sacramento de la extrema unctión, de que tenía mucha pena un clérigo tío suyo, y acordándose que avía oýdo los milagros que hazía la sancta María de Ajofrín, luego le encomendó con mucha fee y devotión la salud del enfermo su sobrino, prometiendo que si la tuviesse lo llevaría a visitar su sepultura. El enfermo tuvo luego salud, y los dos, tío y sobrino, fueron a la Sisla de Toledo a hazer graçias a Nuestro Señor y a esta sancta por su intercesión, y el clérigo escrivió por su mano este [fol. 267r] milagro en el mismo Monasterio de la Sisla el año de mill y quatro çientos y noventa y uno, a siete días del mes de mayo, certificando ser verdadero y que como lo dezía avía succedido.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Otros muchos milagros hizo Nuestro Señor por mereçimientos desta su sierva con personas que visitavan su sepulcro o se encomendavan a ella en diversas partes, por lo qual se acordó que su cuerpo fuesse trasladado del capítulo a la yglesia del monasterio, a un sepulcro que le hizo una señora devota y prinçipal que era Condesa de Fuensalida. Hízose la traslaçión el año de mill y quatroçientos y noventa y çinco, en veinte y çinco días de abril, hallándose presentes, con el prior del monasterio fray Juan de Morales y los religiosos, el clavero de Alcántara y Don Alonso de Silva con otras personas, donde luego que abrieron la sepultura sintieron todos tanta suavidad de olor que salía de la huessa como si se abriera una arca llena de todas las flores olorosas que naturaleza produze, y sus huessos pareçía que estavan vañados en un liquor a manera de óleo. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Mandó el prior que la translaçión se hiziese con la mayor solemnidad que pudiesen, y se tañesen los órganos y las campanas y fuesen todos con velas ençendidas en las manos y en una processión bien conçertada y ordenada. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Levantaron el cuerpo, que estava en una arca aforrada en seda que dio Don Alonso de Silva, y llegaron con él a la capilla mayor de la yglesia, donde, después de haver dicho allí algunas oraciones, le dexaron a un lado del altar mayor, descubierto por espaçio de treze días. En este tiempo pidieron a Nuestro Señor muchas veces que se sirviese embiar agua a la tierra por intercessión de su sierva, que havía gran necessidad. Y llovió en grande abundançia con que se remediaron los temporales que estavan a punto de perderse, y todos entendieron que les avía Dios hecho esta misericordia por honrrar aquella bendita sierva suya. &lt;br /&gt;
Pasados los treze días, pusieron el cuerpo en el sepulcro [fol. 267v] nuebo que para esto se avía aparejado, baxo del altar colateral de Nuestro Padre Sant Hierónymo, que está a la mano derecha del altar maior, y dentro de la rexa, y allí es visitado y honrrado de muchos, y fue premio mereçido a su humildad, porque, como dio testimonio Chatalina de Sant Lorençio, priora y hermana maior del monasterio de San Pablo, era esta bienaventurada María de Ajofrín de tanta humildad y menospreçio de sí misma que la importunava y pedía muchas vezes que la reprehendiesse y penitençiase delante de todas, mayormente en los capítulos que se tienen en los viernes, mandándola comer en el suelo y hazer otras penitençias humildes que las religiosas suelen hazer en público para exerçitarlas, que en esto la ocupase y exerçitasse y en la guarda de la perfecttión de los padres antiguos que tenían en amar a Dios y despreciarse a sí mesmos. Con ser tan humilde era honestíssima, tanto que pocas personas (aun de las que conversaban con ella) podían dar testimonio de su rostro, que le traýa de ordinario y casi siempre cubierto con un velo que dejava caer hasta los pechos. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Conclúyese la historia con esto: que la sancta María de Ajofrín se subió derechamente al Çielo con el vestido de oro recamado que el psalmo quarenta y quatro dize, donde está gozando de la perfectión de las virtudes, y del Señor de las virtudes, criador y salvador nuestro, Jesuchristo. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
=== Notas ===&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[1]'' Tachadas tres líneas a continuación hasta la siguiente palabra transcrita.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[2]'' Palabras tachadas a continuación. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[3]'' Palabra tachada a continuación.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
=Vida manuscrita (3)=&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Ed. de [http://visionarias.es/equipo/veronica-torres-martin/ Verónica Torres Martín]; fecha de edición: diciembre de 2022. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==Fuente==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[[Archivo:Historia de la villa de Ajofrín Manuscrito.jpg|miniatura|250px|right| Francisco de Ajofrín, s. XVIII. ''Historia sacro-profana de la ilustre y noble villa de Ajofrín, y aparición milagrosa de la imagen de Nuestra Señora de Gracia, venerada a siete leguas de dicha villa, en el Convento de Reverendos Padres Agustinos Calzados del lugar de San Pablo de los montes de Toledo'', Madrid, BNE, MSS/2169, vol. 1. (Fuente: Biblioteca Digital Hispánica. Imagen procedente de los fondos de la Biblioteca Nacional de España). ]]&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
* [http://catalogodesantasvivas.visionarias.es/index.php/Categor%C3%ADa:Francisco_de_Ajofrín Ajofrín, Francisco de], ''Historia sacro-profana de la ilustre y noble villa de Ajofrín, y aparición milagrosa de la imagen de Nuestra Señora de Gracia, venerada a siete leguas de dicha villa, en el Convento de Reverendos Padres Agustinos Calzados del lugar de San Pablo de los montes de Toledo'', s. XVIII, volumen 1 (ms. 2169, BNE), fols. 87r- 145r.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[[Contexto material del manuscrito Historia sacro-profana de la ilustre y noble villa de Ajofrín]], ''y aparición milagrosa de la imagen de Nuestra Señora de Gracia, venerada a siete leguas de dicha villa, en el Convento de Reverendos Padres Agustinos Calzados del lugar de San Pablo de los montes de Toledo''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==Criterios de edición==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Se trata de una obra manuscrita del siglo XVIII, que recogemos excepcionalmente aquí por añadirse datos nuevos a los proporcionados en las fuentes de los siglos XV, XVI y XVII, sobre esta figura. Por su escritura manuscrita, aunque tardía, se ha optado por una edición conservadora en la que los cambios han sido leves. La edición sigue el manuscrito de Francisco de Ajofrín; en concreto los capítulos cinco, seis y siete, correspondientes a la ''Vida'' de María de Ajofrín. Este ejemplar, parece ser una copia en sucio que habría podido realizarse para una posterior copia en limpio o para ser llevada a la imprenta, pues tiene notas escritas por el propio autor con indicaciones sobre los añadidos o el orden a seguir en esa posible copia o impresión posterior, además de numerosos tachones y añadidos al texto. Se ha utilizado la edición de 1999: Francisco de Ajofrín, ''Historia sacro-profana de la ilustre y noble villa de Ajofrín y aparición milagrosa de la imagen de Nuestra Señora de Gracia, venerada a siete leguas de dicha villa, en el Convento de Reverendos Padres Agustinos Calzados del lugar de San Pablo de los montes de Toledo'' (José María Rodríguez Martín, trans.), Toledo: Diputación Provincial de Toledo, 1999, pp. 99-148, que se basa en el mismo manuscrito del siglo XVIII, a modo de cotejo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Se ha decidido respetar la morfología de las palabras con interés morfológico o fonológico con la intención de no perder los valores fonéticos, léxicos y sintácticos de la época. Asimismo, se mantienen las contracciones “deste”, “della”, “del”, aunque se ha añadido el apóstrofo clarificador den “del” para escribir “d’él”. Por otro lado, se han corregido algunos casos de laísmo, leísmo y loísmo, así como se han señalado algunos errores de transcripción que se han podido observar en el cotejo que se ha llevado a cabo con la obra de 1999. Por otro lado, se ha modernizado la puntuación y acentuación según las normas actuales. Además, para facilitar la localización del texto, se indica el folio (r-v). En cuanto a la foliación, se ha de indicar que en el ejemplar existe una foliación realizada por la misma mano del autor y otra realizada a lápiz que, suponemos, podría ser más moderna. Esta foliación moderna realizada a lápiz corrige la foliación original del autor, pues, como Francisco de Ajofrín añade folios o apéndices a posteriori, termina siendo errónea.  En lo que respecta al apartado de notas, se ha de indicar que existe una doble anotación, una de A a Z que se corresponde con las notas al pie de página realizadas por el propio autor, y otras numeradas que se corresponden con las anotaciones llevadas a cabo por la presente editora. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==Vida de María de Ajofrín==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Capítulo 5. Personas que han floxeado en santidad y milagros naturales de Ajofrín'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[87r]&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Vida de la sierva de Dios María de Ajofrín, llamada Santa María de Ajofrín, religiosa jerónima en el convento de San Pablo de Toledo'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
1.- Siendo todo este pueblo dichoso de Ajofrín tan proprio y peculiar de María Santísima, como dibujó en otro lienzo la pluma, se sigue por legítima convergencia que ha de haber mucha santidad en él y que toda santidad ha de venir de María ''[1]'', pues el fruto desta Señora es de honor y honestidad (A). Yo (dice por el eclesiástico) (B) estendí como terebinto ''[2]'' mis ramos, y mis ramos son de honor y de gracia. Parece no puede estar más literal el texto. María Santísima, con el gloriosísimo y dulce títu [87v] -lo de Gracia, es el objeto principal de la presente historia y, siendo esta señora terebinto hermoso, ha de ser abundante su fruto, participando d’él con mayor plenitud los que vivimos por gran fortuna nuestra bajo de sus frondosos ramos. Estos ramos, dice, que son de honor y de gracia, si a mi rudeza se permitiera una literal exposición, diría que en el honor se entiende todo lo que puede comprehenderse bajo deste título de beneficios temporales, y en la gracia de beneficios espirituales. Y, sobre lo primero, ha corrido la pluma felismente por el dilatado campo de varios capítulos (C), donde hemos visto los beneficios grandes que esta señora ha hecho a este pueblo, distinguiéndole entre millares, con el nunca bien ponderado título de vasallos suyos, haciéndole insigne en [88r] lo benigno de su temperamento, en lo saludable del terreno, en lo fértil de sus campos, en la bella índole de sus naturales, en lo alegre de su cielo, en la opulencia de sus tratos, en la hermosura de sus casas y, en una palabra, cuantos beneficios temporales goza esta villa y gozamos todos sus naturales, todo es honor, que nos hace nuestra gran Reina, todos son ramos y frutos de aquel hermoso místico terebinto, bajo de cuya sombra dispuso el Altísimo naciésemos. En los ramos, o frutos de gracia (D), se deben entender, como ya dije, los beneficios espirituales y, entre estos, señaladamente el haber florecido en [88v] esta villa insignísimos sujetos en santidad y milagros a esfuerzos de la Divina Gracia, y destos trataremos en este capítulo. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
2.- Quien primero se ofrece a la historia, y con razón debe tener el primer lugar, es aquella gran mujer, ornamento de la Iglesia, gloria de la religión jeronimiana y honor grande de su patria, la venerable sierva de Dios, María de Ajofrín, a quien el pueblo por muchos siglos ha dado el decoroso y bien merecido renombre de “santa”. La historia grande de los Bolandos, al día 17 de julio, hace della el siguiente elogio: “''Mariam de Ajofrín a Hyeronimitissam S. Pauli venerabilem Toleti anno 1489 defunctam annuntiat castellanus''”. La vida desta sierva de Dios la tomaremos de la tercera parte del ''Flos Sanctorum'' de Villegas, que la pone el día 18 de julio; de la 3ª parte de la ''Crónica del Sagrado Orden de San Jerónimo'', escrita por el reverendo padre fray José de que, con mucha extensión, la tratan en el libro 2 desde el capítulo 44 hasta el 49; de Pedro de Alcocer al lib. 2 cap. 25 de su Historia de Toledo; del doctor don Blas Franco en la ''Vida de la venerable María de Jesús'', en la elucidación [89r] del cap. 19. 5. 2; y de otros autores así antiguos como modernos, advirtiendo antes que, aunque se le dé el título de “santa”, es solo siguiendo la voz del pueblo, al modo que se le da a santa Juana de la Cruz, sin que ni una ni otra estén por la Iglesia canonizadas, ni mi ánimo, como propuse a la frente desta historia, es prevenir el juicio de nuestra madre la Iglesia, sino que se le dé solo el asenso que merece el dicho falible de los hombres. Dio, pues, ilustre cuna la villa de Ajofrín a la sierva de Dios, María, llamada también de Ajofrín. Escogió el Cielo por padres desta agigantada heroína a Pedro Martín Maestro y María García, personas nobles, ricas y exemplares. Nació, según tradición constante, en las casas que hoy son de Tomás Díaz, a la puerta de Toledo. El padre de nuestra santa fue uno de aquellos valerosos capitanes que socorrieron a la ciudad de Toledo cuando se hallaba tan afligida, como vimos en otro lugar (E). Dieron sus padres a esta feliz alma la educación propria a su nobleza, infundi [89v] -endo en ella, insensiblemente desde los primeros crepúsculos de la vida, espíritus, exemplos y virtudes. Imbuida altamente esta inocente niña en las más saludables cristianas máximas, no es mucho se descollase en santidades sublimes en tan tierna edad. Muy temprano empezó a dar muestras admirables de extremado desprecio de las vanidades del mundo, principalmente de aquellas que son más del genio de las de su femenil sexo. Miraba con aversión, y aun con enfado, todo género de galas y compostura, pereciéndola (y con razón) que la más preciosa gala que debe vestir un alma destinada al Cielo es la gracia adquirida con el continuo exercicio de las más heroicas virtudes y, advirtiendo que las más hermosas se adornaban más, le pareció que era agraviar la alta [90r] providencia del Supremo Hacedor que, como infinitamente sabio, viste a cada criatura con aquellas joyas que le parece conducen a los fines altísimos de su incomprehensible saber. Penetraba aún en aquella edad tierna que el vestido en los de uno y otro sexo no debe tener más objeto que la decencia y honestidad debida y, todo lo que de aquí pasaba, pasaba a ser exceso. Severa reprehensión la desta niña y confusión vergonzosa para lo que en el día estamos viendo con el mayor escándalo en hombres y mujeres, ni me persuado, les falte a los adultos las luces que el Cielo concedió a esta tierna criatura con que serán más culpados en el tribunal supremo. &lt;br /&gt;
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3.- Estos eran los sentimientos que [90v] formaba en su inocencia aquella grande alma en todo grande, aunque en la apariencia chica, siendo estos como anuncios de la excelsa santidad a que el Señor elevó después su espíritu. De niña no tuvo María más que la candidez y la inocencia; cuando estaba su edad en la primera flor se hallaba ya su alma rica de sazonados y abundantes frutos. Embargó en esta ocasión la gracia las operaciones de la naturaleza, despojando a esta criatura de sus comunes leyes y marcándola con vistosos caracteres de virtudes. Lo que en otras niñas son gracejo y juguetes de la edad primera, fueron en ella primores y seriedades de perfección cristiana. En esta tan tierna edad, inflamada del Espíritu Santo, hizo a Dios un sacrificio de los más altos y meritorios que puede hacer una pura criatura. Estando un día en oración, propuso con la mayor firmeza consagrarse al Señor en una religión para servirla perpetuamente, acción sin duda de las más heroicas que se leen en la historia. La obediencia a sus padres, el respeto a los mayores, la atención a las cosas divinas, la honestidad y recato, el silen- [91r] cio y retiro, se admiraban en esta niña desde su primera infancia. Con estos y otros prodigios, iba creciendo María en días y en virtudes, pero muy sin proporción en los aumentos, porque corría con tan ventajosos excesos la gracia, que dejaba muy atrás a la naturaleza. No anduvo esta escasa en adornar a la niña con todos aquellos primores que deposita el Señor en sus ocultos senos. Dotola, pues, de relevantes prendas de discreción, donaire y hermosura con que era el imán dulce de las voluntades y objeto común de los cariños. Pintar aquí la hermosura de un serafín humano sería, sin duda, empleo digno de la pluma, pero esta la debía manejar un ángel para que saliese la copia [91v] parecida a su original, pues solo un ángel pudiera hallar colores, vivacidad y espíritu para formar una idea que a él en todo se le pareciese. De que tuviese el rostro como un ángel nuestra María da testimonio un gran hombre citado por el doctor Villegas en su ''Flos Sanctorum'', con que, no pudiendo dudarse desta verdad, queda abierto campo a la más traviesa fantasía para que finja Dianas, dibuje Ninfas, forme Lucrecias y pinte Florindas. A tanto lleno de hermosura se unía la blandura de su genio siempre amable y cariñoso, con que dulcemente robaba los corazones de todos. &lt;br /&gt;
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4.- Ya había cumplido los 15 años cuando, tan bellas prendas, junto con la calidad de su heredada nobleza, la riqueza de sus padres no podía ocultarse [92r] de los jóvenes que a porfía la solicitaban por esposa. No desagradaban a los padres de la bendita doncella semejantes pretensiones, deseando colocarla ventajosamente en el estado santo del matrimonio. A esto la inclinaban con ruegos, súplicas y halagos, pero firme la castísima doncella en el propósito que, aun siendo niña, había hecho de entrarse en religión, resistía varonilmente a estos importunos asaltos. Les era muy sensible a los padres y aun a sus hermanos tan fuerte resistencia y propusieron amenazarla para ablandar su pecho y aun tratarla con el mayor rigor, si fuese necesario. Cuanto padeció la inocente virgen por cumplir a su esposo lo ofrecido se deja discurrir del gran de- [92v] seo que los suyos tenían de casarla, pero ni la ablandaron los suspiros y lágrimas de sus padres, ni la movieron los halagos y caricias de sus parientes, ni la asustaron las perseveraciones y malos tratamientos de sus hermanos y, así, siempre firme, siempre constante en servir a Dios, se oponía como incontrastable muro a los designios del siglo, anhelando ansiosa por consagrar a Dios su virginidad, sus haberes y albedrío, no reservándose para sí aun la más leve respiración, siendo ya de 16 años. Viendo los padres su firmeza, la llevaron a Toledo para divertirla y, con este fin, ablandarla. Entre las diversiones, vanidad, fausto y grandeza que ofrece el embeleso desta populosa ciudad, no hallaba quietud su espíritu anhelando, con más fervor, buscar a su amado en el retiro. Los paseos, las visitas, los regalos, el luxo, y cuanto precioso y deleitable le ofrecía oficioso su padre para divertirla, eran otros [93r] tantos estímulos que la llevaban a Dios y la apartaban del siglo. No faltaba entre los caballeros jóvenes de la ciudad quien la observase y sirviese, pues como tenía las relevantes prendas de hermosa, noble y bizarra, se arrastraba dulcemente las voluntades de todos y en nada hallaba consuelo quien solo lo buscaba en Dios. De suerte que, leyendo desengaños la bendita doncella en todos los gustos con que la pretendía lisonjear el mundo, acariciar la carne y tentar al demonio, vivía cada día más ansiosa de dejar las vanidades y abrazarse con Jesús. Y, así, los mismos medios que ponía su padre para apartarla de su propósito, estos mismos la conducían fuerte y suavemente a conseguirlo.&lt;br /&gt;
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5.- Un día, estando en la Santa Iglesia y Catedral haciendo oración delante de Nuestra Señora del Sagrario, como vasalla fiel de tan gran Reina, sintió en su interior una ''[3]'' moción singular que, dulcemente, la inclinaba a retirarse al religiosísimo monasterio de San Pablo del sagrado Orden [93v] de San Jerónimo, que acababa de fundar en Toledo la venerable e ilustre señora doña María García. Luego que tuvo oportunidad, dejando a sus padres, hermanos y parientes, abandonando riquezas, honra y estimación, renunciando al mundo y sus vanidades, se retiró al dicho monasterio para consagrarse a Dios. No se observaba clausura entonces en este exemplarísimo convento, ni se observó hasta el año de 1508 en que, voluntariamente, se obligaron las religiosas a guardarla, pero siempre ha florecido y florece ''[4]'' con gran fama de santidad y, si se hubiera de hacer relación de las mujeres famosas que han vivido en él, daría mucha materia a la admiración juiciosa y prolijo afán a la historia, léase al reverendísimo Sigüenza en su ''Crónica de San Jerónimo'' (F). Recibieron aquellas religiosas a la inocente virgen con singular gus- [94r] to y complacencia, juzgando por su angelical rostro recibían en ella una gran santa. La hermosura de su cara, la honestidad de sus costumbres, la gravedad de su trato, la humildad de su genio, la circunspección y medida en sus palabras, fueron ciertos presagios de la futura santidad a que la había de elevar la divina gracia, como luego se fue mostrando. Halló nuestra santa virgen en aquellos sagrados claustros no pocas virtudes que imitar y, como solícita abeja, iba copiando de cada una de sus compañeras lo más precioso y aquilatado ''[5]'' que veía en ellas. En brevísimo tiempo llegó a tocar en lo más sublime de la perfección cristiana, siendo común asombro de toda aquella sagrada comunidad. Era entre todas la más humilde, rendida y obediente, llegando a tanto su reputación que decía muchas [94v] veces (sintiéndolo en su interior) que no merecía besar el suelo que pisaban sus hermanas. Su oración era continua y tan fervorosa que, saliendo fuera de sus sentidos, se arrebataba en el aire por largo espacio de tiempo. Vertíanse en ella tan copiosas las influencias celestiales que, siendo estrecho cauce el corazón, sobresalían a la exterioridad en ríos de lágrimas y en ardientes suspiros. &lt;br /&gt;
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6.- Habiéndose ya despedido del mundo la que tan desprendida vivió siempre de sus vanidades, soltó el océano de su fogoso corazón la presa a los caudalosos diques de la mortificación y penitencia. Ninguna estuvo allí ociosa, todas sí practicadas de la fervorosa virgen que, con celo de enflaquecer los verdores de la carne, no quería tasar las [95r] austeridades que le dictaba su espíritu. Discreta acción crecer para no desmedrar, que en la carrera de las medras espirituales hay poca distancia (si hay alguna) de la tibieza a la relaxación ''[6]''. Huía con el mayor cuidado del trato y conversación de las criaturas, buscando a su esposo en la soledad y reino: aquí le hablaba dulcemente, aquí lograba de sus caricias y aquí en místicos deliquios ''[7]'' se deshacía su amante corazón en afectos tiernos a su amado. Una virtud noble, entre otras, resplandeció en esta sierva de Dios y fue la invicta paciencia en los trabajos. Disimulaba con una modestia tan agradable los sentimientos interiores que tal vez padeció, que ningún acaso turbó la serenidad de su rostro ni descompuso la armonía de su espíri- [95v] tu, regulado siempre con los compases de su santa conformidad. La sencillez nunca artificiosa y el candor desta alma pura, desnuda de la simulación del engaño y de lisonja, era amable hechizo de quien la trataba. Vestía su ánimo de obras, como su lengua de palabras, estas y aquellas eran de una misma librea. Torpe monstruosidad en los que visten de un color los labios y de otro la intención, monstruo de dos corazones (G) y que jamás le ha sufrido la naturaleza cuando los aborta a cada paso la hipocresía. &lt;br /&gt;
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7.- Con este lleno de virtudes pasó en la religión diez años, siendo tan universal la fama que sus bien fundados méritos la habían adquirido que [96r] todas las religiosas la tenían por santa, viviendo edificadas de su inculpable vida. No obstante, la sierva de Dios, como tan humilde, reputándose por más pecadora y mala, determinó hacer una confesión general en que pudiese lavar sus culpas pasa servir al Señor con más pureza. Dispuso su inocente alma con tan abundancia de lágrimas, tan fervorosa compunción y ternura, que bastaría a lavar las mayores culpas siendo así que era inculpable su vida. Al entrar en el confesonario, se postró en tierra delante de una devota imagen de María Santísima que tenía su Hijo en los brazos y, con fervientes lágrimas, pidió al Señor le perdonase sus culpas, y a la Madre que fuese su patrona y abogada. Luego, inmediatamente, se vistió de soberana luz aquella sagrada imagen, y el Niño, con halagüeño rostro, levantando su delicada mano, le echó la absolución del modo que lo executan los confesores. Aunque esta visión había [96v] sido tan clara y manifiesta, era tanta su humildad que nunca se persuadió fuese así. Levantose llena de temor y se fue a los pies de su padre espiritual y, habiéndose confesado con el más vivo dolor y abundantes lágrimas, aunque con singular consuelo de su alma, al salir del confesonario repitió la oración a la misma sagrada imagen y, segunda vez, se vistió de hermosos resplandores. y el Niño, mostrándose cariñoso, levantó la mano y le echó la bendición. Quedó su alma con tan celestial favor, tan abrasada en el amor divino, que no podía contener las avenidas de su espíritu, siendo tan dulcemente violenta la llama que ardía en su pecho que el corazón sensiblemente le latía queriendo salirse a buscar mayor esfera. Pocos días después de haber recibido este favor, habiéndose quedado una noche sola en el coro, enardecida toda en caridad, pedía al Señor Sacramentado por el estado fe- [97r] liz de la Iglesia santa. Estando en lo más fervoroso de su oración, vio una gran llama de fuego que, saliendo de la Custodia, y dejándose registrar de sus virgíneos ojos, llenaba de hermosura todo el templo y de consuelo su alma. Duró esta visión por espacio de una hora, quedando la santa abrasada en amor y reverencia al Señor Sacramentado. &lt;br /&gt;
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8.- Siempre que había de comulgar se disponía con el mayor fervor y reverencia, derramando afectuosa muchas lágrimas y pidiendo al Señor adornase su alma con el lleno de virtudes necesarias para recibirle. Como la santa fielmente se disponía, así el Señor dulcemente le regalaba. Un día de Pascua de Resurrección comulgó con las demás religiosas y vio en la forma consagrada un corderito vivo, hermoso y agraciado. Recibiole en su pecho y quedó tan suavemente trasportada y llena de consuelo espiritual que, en diez días [97v] con sus noches, ni durmió, ni comió, ni bebió, ni hizo acción alguna vital, sino suspirar por su amado Jesús, derramando de sus virginales ojos dulcísimas y tiernas lágrimas. Desde esta ocasión, siempre que comulgaba (que en aquellos tiempos era de tarde en tarde, por no estar introducida la frecuencia de sacramentos), se enajenaba de todos sus sentidos, quedando extática y fuera de sí, comunicándose también a su hermoso rostro estos divinos efectos, pues parecía entonces tan agraciada y bella que pudiera equivocarse con los más altos serafines. Duraban en la sierva de Dios estas dulzuras y deliquios por espacio de cuarenta días, de suerte que, a no intervenir la obediencia de su confesor, no comiera ni durmiera en este tiempo, pues aseguraba no tenía necesidad ni sentía desfallecimiento alguno en el cuerpo. “Hácensenos a nosotros estas cosas como imposibles”, dice aquí el historiador jeronimiano (H) “porque estamos muy lejos dellas”, y [98r] no hay duda que, si nos llegásemos con simplicidad de corazón a aquel Señor que todo es espíritu, nos espiritualizaríamos participando de sus celestiales dones, pero dejándonos arrastrar de la miseria, nos vamos tras las cosas terrenas, donde se pega nuestro corazón y, así, vivimos no vida espiritual, sino terrena. Estando en cierta ocasión orando la santa, se llegó a ella un varón anciano y venerable y le dijo: “Ven conmigo, que te llama la Reina”. Se hallaba entonces en Toledo la Reina Católica, doña Isabel, y pensando la sierva de Dios que la llamaba la Reina (pues entonces podían salir del convento por no tener clausura), se turbó toda y se escusó diciendo no podía ir a ver a Su Majestad. El venerable anciano le volvió a decir: “Ven, hija, conmigo, que no es la Reina de la tierra la que te llama, sino la Reina del cielo”. Al oír esto, se turbó mucho más, pues su humildad y conocimiento proprio la hacían indigna de cualquier favor. Conformada con la divina gracia, siguió a aquel anciano y, sacándola de la ciudad, se halló de repente en una [98v] iglesia donde vio una hermosísima imagen de Nuestra Señora con su Hijo en los brazos, postrose a sus pies y dijo: “Señora, aquí tenéis a esta esclava vuestra”. Entonces, aquel varón le puso en sus manos un delicado y rico paño de seda, y la Reina del Cielo le dio a su dulcísimo Hijo y, mandando a un hermoso mancebo que le acompañase con el anciano, le dijo estas palabras: “Ve con mi Hijo donde fuesen estos dos varones”. Quedó la sierva de Dios con tan rica joya llena de celestial júbilo y, haciendo reverencia a la Señora, se partió con sus dos compañeros que, sin duda, serían San Joseph y San Juan Evangelista, de quien era muy devota. El venerable anciano caminaba delante, como guía desta jornada, y el mancebo la acompañaba dándole la derecha. Llegaron breve a un pueblo grande y famoso lleno de palacios y ricas casas y, llamando a las puertas el venerable anciano, decía en voz alta y grave: “Abrid, que viene Dios a vuestra casa y os quiere visitar”. A estas voces se hacían sordos y ninguno quería abrirles y, si algunos tenían las puertas abiertas, luego que los veían, las cerraban al instante [99r] respondiendo todos que pasasen adelante, que no había posada. ¡Oh, grosera ingratitud de los mortales! Así anduvieron cuasi todo aquel dilatado pueblo sin hallar quien los acogiese. Volvíanse desconsolados y afligidos y, en el camino, encontraron a unos que iban de viaje y dijeron: “Nosotros os acogiéramos si no fuéramos deprisa, pero, mientras volvemos, os podéis recoger en ese establo”. Esta fue la mejor posada que entre los hombres halló el Criador del mundo. Volvieron a la iglesia donde estaba la Virgen y, recibiendo a su bendito Hijo de las manos de la santa, refirieron los compañeros cuanto había pasado y Nuestra Señora, hablando con la sierva de Dios, dijo: “Ya has visto cuántos esfuerzos ha hecho mi Hijo para que los hombres le reciban y cuánta ingratitud ha hallado en ellos, por eso vendrá sobre ellos su ira y serán castigados, unos con duros azotes, otros con espadas agudas y otros [con] ardientes llamas”. Desapareció la visión y, quedando [99v] afligida la santa, lo refirió a su confesor y, de a poco, se verificó puntualmente, pues no llovió en mucho tiempo, que fue un azote cruel, ni se cogieron los frutos, que fue una penetrante espada que quitó la vida a muchos; y se siguió una peste contagiosa, a cuyas voraces llamas rindieron la vida cuasi infinitos, con otros trabajos que se siguieron en toda España, pidiendo incesantemente la bendita santa al Señor mitigase su ira. &lt;br /&gt;
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9.- Un día de la Ascensión, quedándose la santa en el coro después de maitines, como acostumbraba, llevada del afecto y amor a Jesús, se llegó cerca del altar mayor y allí fue arrebatada en éxtasis y le mostró el Señor una visión maravillosa: pareciole que se hallaba en un campo espacioso y dilatado, lleno de flores y plantas exquisitas. En medio [100r] deste campo vio que había una magnífica iglesia y que a ella se dirigían cinco solemnísimas procesiones de sacerdotes venerables ricamente vestidos de majestad y gloria. Conforme iban entrando en aquel templo, se postraban todos delante del altar mayor, donde estaba María Santísima con su bendito Hijo en los brazos y le parecía a la santa que esto no era en visión, sino en realidad, como si estuviera en el mismo Cielo. Después cantaron todos el ''Gloria in excelsis Deo'' con mucha solemnidad y, acabado, se quedaron con gran silencio y compostura, como si estuvieran en oración sin mirarse unos a otros. Pasado un rato, les mostró la Virgen a su Santísimo Hijo, diciendo: “Veis aquí el fruto bendito de mi vientre, tomadlo y comedlo”. Entonces, se levantó un sacerdote, que parecía de más autoridad que los otros, y se vistió para celebrar el santo sacrificio de la misa y, al ir a consagrar, le puso Nuestra Señora en sus manos a su Santísimo Hijo, y luego quedó en forma de hostia. Hizo la elevación para que [100v] todos la adorasen y apareció como un rayo de sol que la bañaba y, poco a poco, se fue subiendo al Cielo hasta que el Padre Eterno la recibió en su seno y se oyó luego una voz que dijo: “Este es mi hijo muy amado, oídle a Él”. Entonces, uno de los sacerdotes que estaban presentes y era conocido de la sierva de Dios por haber sido capellán del convento y que había muerto poco antes, se llegó a la santa y le dijo: “En lo que has visto conocerás la verdad del misterio eucarístico y la reverencia con que se debe celebrar. Advierte que es la voluntad de Dios que tú lo digas a otros”. Desapareció la visión y quedó la sierva de Jesús entre mil temores, pensando fuese alguna ilusión o engaño de Satanás, pues se tenía por indigna de cosas tan altas. Díjolo a su confesor, que lo era entonces don Juan de Biezma, capellán del monasterio y varón de suma integridad y pureza, y este, como prudente, aunque conoció eran verdades aquellas revelaciones, pues se dirigían al provecho y utilidad de las almas, le dijo que no hiciese caso de semejantes fantasías, que todo procedía de la debilidad de la cabeza. En otra ocasión, le apareció [101r] la Virgen María rodeada de luces y le dijo: “Cinco pecados aborrece mi Hijo en los sacerdotes y le ofenden en gran manera: el primero, la falta de fe en los misterios que tratan; el segundo, la codicia y apego a las cosas de la tierra; el tercero, el vicio horrendo de la luxuria; el cuarto, la ignorancia de sus obligaciones y, el quinto, la poca reverencia con que tratan las cosas divinas. Estas cosas irritan el justo enojo de mi Hijo. Publícalo así para que se enmienden”. Con el mismo temor se lo dijo a su confesor y este le respondió como antes, aunque observaba con cuidado para hacer el uso debido destas revelaciones a su tiempo, como con efecto se hizo con no poca utilidad de las almas. Estos fueron los primeros vuelos desta águila generosa que, remontada sobre todo lo criado, no paraba hasta tocar lo más alto y sublime de los cielos. &lt;br /&gt;
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10.- Y, continuando con esta misma materia, tan fecunda de luz en la vida de nuestra santa que apenas se hallara igual en la historia, estaba una noche en oración después de maitines, cuan- [101v] do, al rayar el alba del festivo día del triunfo de la Santa Cruz, se le apareció la Majestad de Cristo, vida nuestra, con semblante grave y severo. Venía vestido de una tunicela morada, con sobrepelliz y estola al cuello, pero corriendo gotas de sangre por su divino rostro y aun por todo el cuerpo. No pudiendo contener la sierva de Dios el dolor que le causaba ver al Señor maltratado, derramando sangre, dijo: “¿Qué es esto, mi Dios? ¿Quién os tiene así?”. Y el Señor respondió: “Desta suerte me maltratan los que no me reciben en la comunión con la disposición debida. ¡Ay de los sacerdotes! Pues a estos les espera mayor tormento”. Quedó fuera de sí y, desde esa ocasión, pidió fervorosísimamente ''[8]'' a Su Majestad por los que comulgaban y, muy en particular, por los sacerdotes y ministros del altísimo. Repetidas veces orando delante de una Santa Verónica, o cara de Dios, con quien tenía singular devoción, la veía llena de resplandores y recibía mucho consuelo su alma. Un día de San Agustín, estando haciendo oración delante desta santa imagen, después que se iluminó, [102r] con vistosos rayos, apareció toda convertida en sangre. Afligiose mucho la sierva de Dios, temiendo no fuese algún engaño, pues su humildad la hacía recelar de todo pedía al Señor le diese a entender lo que quería en esto, y la significó que quería aumentase en sí la penitencia y mortificación, pues la deseaba cada día más perfecta y santa. Púsolo en execución y en esta virtud hizo progresos admirables. Desde este día no comió jamás carne ni cosa caliente y su corto alimento era un poco de pan con alguna fruta, de suerte que todas sus revelaciones eran para multiplicar en sus sienes brillantes coronas de méritos y virtudes, prueba, la más eficaz, de que eran verdaderas y no fingidas. En cierta ocasión, tuvo un rapto tan profundo que, por muchas horas, estuvo sin movimiento alguno vital. Pensaron todos que había muerto y los médicos hicieron las últimas experiencias de darle garrotes y ligaduras, a que resistió inmoble. Usaron también del fuego y del cuchillo, y la hallaron insensible, y no es mucho, pues su espíritu vivía ausente del cuerpo en regiones muy remotas y dis- [102v] tantes. Ya la lloraban muerta a la que a la verdad estaba extática, y acaso hubieran pasado a darle sepultura, si el Señor no lo hubiera impedido. En este tiempo fue arrobada en un éxtasis profundísimo y llevada por los ángeles a aquel campo espacioso y dilatado en que había visto antes las cinco procesiones que entraban en la iglesia, y volviose a repetir lo mismo que había visto. Y la Reina del Cielo le dijo con rostro severo y grave: “Mucho ha desagradado a mi Hijo que tu confesor no haya publicado lo que se te ha revelado. Vuelve a decírselo para que lo comunique con [el] deán de la iglesia y otros sacerdotes, y todos avisen al arzobispo para que ponga de su parte el remedio, haciéndole saber cómo el Señor está indignado contra los cinco vicios que te manifesté aborrece en gran manera, es a saber: falta de fe, codicia, luxuria, ignorancia y poca reverencia. También le dirás que avisen al arzobispo para que cele con rigor sobre los moros y judíos (se permitían entonces en Toledo), pues van sembrando muchos errores en la ciudad”. Desapareció [103r] la visión y volvió del rapto hallándose buena y sana, aunque con los temores que su humildad le causaban, pero fortalecida con las superiores luces que el Señor le daba. Llamó a su confesor y, con esforzado espíritu, le dijo lo que había oído de la boca de la Virgen, pero el confesor, que con madura reflexión miraba estas cosas, aunque inclinado al asenso, no se determinaba a publicarlo y le dijo: “Hermana, para que en materia tan grave no nos tengan por livianos, era menester alguna prueba o señal, porque si no se reirán y burlarán de nosotros. ¿Qué seña me das para que me crean?”&lt;br /&gt;
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11.- Afligiose la Santa Virgen con su respuesta y, pensativa de lo que había de hacer, se despidió del confesor y, pasando por junto a una ventana, vio dos pliegos de papel y luego se le ofreció el escribir dos cartas: una para su confesor y otra para el deán. Tomó el papel y, guiada de superior impulso, se encerró en un sótano obscuro [103v] para que no la viesen. Empezó luego el papel a iluminarse, dando claridad suficiente para ver, y sintió que le ponían una pluma en la mano y, moviéndosela, sin saber quién, escribió en poco tiempo las dos cartas, pero con letra tan primorosa y limpia que claramente daba a entender la había formado mano de ángel. Pero aún mucho más admiraba el contexto de las cartas, pues iban tan llenas de doctrina, eficacia y persuasiva que, en cada cláusula o periodo se leía un arcano ''[9]'' de la más alta teología y así, por todas sus circunstancias, se conocía era obra milagrosa y de superior jerarquía. Remitió las cartas a su confesor, el que las recibió apenas llegó a su casa y, maravillado de aquella letra tan peregrina, pasó a leer la que para él venía y quedó pasmado y como fuera de sí al ver doctrina tan elevada, y mucho más cuando leyó en ella no pocas cosas de que solo Dios y él eran sabidores. No obstante estas muestras tan claras, no le dejaba obrar con libertad su timidez y poca resolución, y así determinó ocultar las cartas, sin manifestarlas al [104r] deán, ni dar parte al arzobispo. Fue a ver el confesor a la santa y, sabiendo esta su determinación, se le reprehendió con la mayor severidad y, aunque siempre humilde, en esta ocasión revestida del celo santo que la animaba, le habló con tal eficacia y libertad que bien conocía era cosa de Dios, pero no le pudo convencer por su gran pusilanimidad, aunque como veremos después, el Señor le castigó en el Purgatorio por este defecto. Quedó la santa muy acongojada y pedía al Señor eficazmente se valiese de otra persona que tuviese más autoridad o que moviese el corazón de su confesor para publicarlo. Vivía la santa muy desconfiada de su ineptitud para cosas tan grandes, efecto proprio de los humildes, aunque pudieran saber que por lo mismo se vale el Señor de los medios más despreciables para hacer cosas sublimes, pues no ellos, sino la gracia de Dios en ellos, obra estos prodigios. Y antes de pasar adelante, no podemos omitir, en elogio de nuestra santa, los muchos prodigios que obraban sus milagrosas cartas y hacen no pequeño honor a nuestra historia: a una niña, después de mucho tiempo muerta, le aplicaron una carta y luego al punto resucitó. Tenía una mu- [104v] jer encarcerado un pecho sin hallar remedio en la medicina toda, aplícase la carta y sanó instantáneamente. Caminaba en romería desde Toledo a Santiago de Galicia un venerable sacerdote y, para seguridad y alivio de viaje tan penoso, pudo conseguir una destas ''[10]'' cartas. Llevábala con la mayor veneración en el pecho, pareciéndole que libraba en ella toda la felicidad. Al pasar un río caudaloso, cayó entre sus rápidas corrientes y, sin duda, le hubieran arrebatado a no haber acudido a esta insigne reliquia. Salió milagrosamente y, habiéndose mojado todo cuanto traía puesto hasta la camisa, solo la carta se halló seca y enjuta. En cierta ocasión, al ir a caerse por casualidad una destas cartas en una tinaja de agua, se detuvo milagrosamente en el aire. A una persona que padecía un incorregible fluxo de sangre, se detuvo luego que le aplicaron una carta. El doctor don Diego de Villaminaya, dignidad de capellán mayor de la santa iglesia de Toledo, pudo conseguir una carta destas con que dio salud a muchísimos enfermos. Estos y otros prodigios ha obrado el Señor en crédito de su sierva. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
12.- Continuaba esta en sus santos exercicios de oración, retiro y penitencia, estimada de Dios, venerada de los hombres y favorecida de los ánge- [105r] les, pidiendo siempre a Su Majestad con fervorosas lágrimas por el estado feliz de la Iglesia y salvación de las almas redimidas con su preciosa sangre. Este era el objeto común de sus oraciones y, como fundado en caridad, le era a Dios muy agradable y por eso le regalaba con frecuentes apariciones, manifestándola sus más escondidos tesoros. En cierta ocasión, fue llevada por un ángel al Purgatorio, donde vio penas y tormentos tan terribles que no hay lengua que los pueda explicar. Oyó allí gemidos, gritos y aullidos formidables, vio también figuras de animales tan estraños y peregrinos que jamás había visto en la tierra, y tan fieros y espantosos que bastaba solo su vista para quitar la vida al hombre más animoso y valiente. Vio, igualmente, gran multitud y variedad de gusanos que roían y atormentaban a aquellas pobres almas. Examinó uno la sierva de Dios con cuidado y dice tendría [105v] como un cuarto de largo y tres o cuatro dedos de ancho, cubierto por encima de unas conchas menudas, pero encendidas de un fuego muy activo. Reparó también que tenía unas uñas sumamente fuertes y aguzadas. Preguntó al ángel qué significaban aquellos gusanos y respondió: “Estos son los gusanos de la conciencia, que están royendo las almas de los que ves aquí detenidos, y esto les mortifica más que ninguna otra pena. ¡Que no fuese yo mejor! Exclaman noche y día. ¡Que no fuese yo más solícito en ganar indulgencias! ¡Que anduviese tan descuidado! ¡Que pude haber evitado estas penas y no lo hice! Este es el gusano roedor que más los atormenta. ¡Que pude y no lo hice! Y este también – prosiguió el ángel- es el que más aflige y desconsuela a los míseros condenados: ver que pudieron salvarse y no lo hicieron, que pudieran estar en el Cielo para siempre y se ven en el infierno por toda una eternidad. Este roedor nunca se acaba, siempre vive [106r] y nunca muere”. Vio allí la santa a varias personas, entre ellas a un sacerdote que aún vivía y era cura de una parroquia de Toledo y muy conocido de la santa. Tenía enroscada por el cuerpo una grande y espantosa culebra de dos cabezas, que con la una le roía el espinazo y, con la otra, el estómago, y junto a él un dragón horrible y espantoso que llevaba sobre su lomo un niño que a grandes gritos pedía a Dios justicia contra aquel párroco. Quedó espantada la santa y preguntó al ángel qué significaba aquella visión, y el ángel le respondió: “Sábete que este niño se queja contra el párroco porque no recibió el bautismo por descuido suyo, y así pide a Dios le castigue tan gran pecado”. Desapareció la visión y, vuelta en sí, hizo oración fervorosa por él, y sucedió que, pasados algunos días, diciendo misa este párroco y oyéndola la santa, después que se acabó, fue arrebatada en éxtasis y le vio [106v] que aquel miserable sacerdote tenía rodeada al cuerpo una espantosa culebra, pero con tres cabezas: con la una le mordía la lengua, la otra el corazón y, con la tercera, las espaldas. Vio también al niño, que daba gritos delante d’él y decía: “Por tu causa no recibí el bautismo, por ti me veo desterrado del Cielo, por ti no veré a Dios jamás. Venga, pues, sobre ti el castigo de tan gran culpa”. Pasados tres días, llamó la santa a este párroco y le dijo cuánto había visto, y otras muchas cosas secretas que nadie las sabía, y le amonestó de enmendarse de tales y tales pecados graves que había cometido, y porque tenía al Señor muy ofendido. Al oír descubierto su interior, quedó desmayado aquel sacerdote y cayó como muerto en tierra; animole la sierva de Dios exhortándole a hacer penitencia y que confiase en [que] el Señor [107r] le perdonaría sus culpas, si de corazón se arrepintiese dellas. Estando otro día diciendo misa, aparecieron en la hoja del canon cinco gotas de sangre fresca y reciente, y refiriéndolo a la santa le dijo, vestido de luz su pensamiento, que en ello le daba el Señor a entender le quedaban de vida solo cinco años, como se verificó. Murió pasado este tiempo, día de San Miguel, y, haciendo oración por él la sierva de Dios, se le apareció en una figura horrible y lastimera en que daba a entender se había condenado. Adoremos los juicios de Dios siempre inescrutables mientras damos principio al capítulo siguiente.&lt;br /&gt;
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'''Capítulo 6. Recibe la sierva de Dios, María de Ajofrín, por admirable modo las llagas de Jesús, con otros favores extraordinarios'''&lt;br /&gt;
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1.- Siempre ha sido y será célebre en la Iglesia el favor sin segundo que la Majestad [107v] de Cristo hizo a mi seráfico padre san Francisco en la impresión de sus sagradas llagas. Este prodigio, a todas luces grande, que se ha merecido por todas sus circunstancias la admiración de los siglos, en nada deroga la omnipotencia del Altísimo para que, con sus siervos, se muestre el Señor liberal derramando, a manos llenas, favores y beneficios. Así lo hizo con nuestra santa virgen, la sierva de Dios María de Ajofrín. Habíala escogido el Señor no solo para fiel dechado de virtudes y perfecciones, sino para que fuera instrumento idóneo que arrancase del campo de su Iglesia la cizaña que el enemigo cautelosamente iba sembrando. La había escogido entre millares para que fuese vivo oráculo de su voluntad eterna y por eso la quiso sellar con el sello de su amor más puro, para que le diesen fe y creyesen su testimonio. &lt;br /&gt;
Estando, pues, un día en oración nuestra santa virgen en la octava del Corpus, patente el Santísimo Sacramento como se acostumbra en la orden, fue levantada en el aire más de una vara, en fuerza de la elevada y sublime meditación, cuando sintió de repente dentro de [108r] su alma una grande antorcha que, ilustrando su razón, inflamaba al mismo tiempo la voluntad en el amor de su dulce esposo. Vio que desde la custodia salían cinco hilos de oro finísimo a manera de cinco vistosos rayos de luz y se terminaban a sus pies, manos y costado. Conoció la santa el misterio y, no pudiendo su humildad sufrir tanto favor, quedó anegada en su misma miseria, absorta y fuera de sí. Los dulces efectos que causó esta visión en el pecho amoroso de la humilde sierva fueron admirables y, más para contemplarlos que para referirlos, diola el Señor a entender que quería honrarla con las señales de su pasión sacrosanta, pero que esto sería sucesivamente, y en diversos tiempos así se verificó, como iremos viendo. Un día, meditando en la corona de espinas y los acerbísimos dolores que el Señor padeció en este paso, sintió en su cabeza tan recias punzadas, como si la traspasaran con agudas y penetrantes espinas. Ni fue solo repre- [108v] sentación, sino realidad, pues luego brotaron con violencia por todo alrededor muchas gotas de sangre viva y fresca. Duró esto por muchos días, de suerte que lo vieron y notaron las demás religiosas pues, aunque ponía el mayor cuidado para ocultarlo, no podía, manifestándolo el Señor por medio de la sangre que le corría, no pocas veces, hilo a hilo por la cara, con admiración y pasmo de cuantos lo veían. Y sucedía estar sereno su rostro, sin novedad alguna y, de repente, brotar la sangre de sus sienes, frente, y demás partes de la circunferencia, y bañarse su angelical rostro con este precioso rosicler, que la hacía aún más hermosa y agraciada. Desde que recibió estas señales de la corona de Jesús (de que hay pocos ejemplos en la historia), fueron vivísimas y penetrantes las punzadas que sintió causándole acerbísimos dolores en tanto grado que, en una ocasión, llegó a separarse en la cabeza el casco superior del inferior, como si le hubieran dividido con un cuchillo; pero acompañó a este prodigio otro aún mayor, y es que por fuera nada se conocía, pues ni rompió el pellejo, ni hizo llaga alguna y solo por el tacto se percibía la separación [109r] de uno y otro casco y, con ser esta rotura claramente mortal y sin remedio, no le quitó la vida, aunque le causó tan fuertes dolores que estuvo fuera de sí por más de cuarenta horas, y después de algunos días, se volvieron a unir y solidar, sin medicina, aquellos cascos, quedando como antes. Deste raro portento hubo muchos testigos y algunos dellos físicos famosos que, contestes ''[11]'', depusieron ser obra sobrenatural y divina. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
2.- Entregada toda a Dios y puesta en contemplación altísima se hallaba un día la santa virgen cuando, de repente, sintió acerbísimos dolores en las manos y en los pies y aun en todo su cuerpo, quedando como descoyuntado. Parecíale que las manos se las atravesaban con gruesos y penetrantes clavos; acudió pronta, llevada más del temor humilde que del dolor vehemente y halló las llagas, que pasaban de parte a parte una y otra mano. Después que volvió en sí y pudo valerse, se puso unas vendas con algunos paños para que las demás no lo pudiesen conocer. Y fue así, pues solo su con- [109v] fesor (que lo era entonces el ilustrado varón y religiosísimo padre fray Juan de Corrales, prior del convento de la Sisla) lo supo y él solo las vio con sus ojos y depone desta verdad y no se puede dudar della, pues demás de ser varón a todas luces respetable por su conocida santidad y literatura, se hace acreedor a esta justicia el hallarse condecorado con la prelacía de su orden y, lo que hace más al caso, por ser del tribunal de la Santa Inquisición, como veremos después. Duraron estas llagas abiertas más de 40 días sintiendo la bendita virgen recios dolores y muy en particular los viernes. Después, se cerraron sin medicina alguna, pero quedaron las señales hasta que murió, y procuraba ocultarlas. Y, aun después de cerradas, sentía no pocas veces vehementísimos dolores. No nos dice la historia si recibió también las llagas en los pies, aunque es de creer las recibió y las ocultaría por la honestidad, y solo dice que sintió en esta ocasión acerbísimos dolores en los pies. Pero aún más misteriosa es la llaga del costado: abrasada en amor divino, medita- [110r] ba un día la Pasión y muerte de Jesús (que este era por lo común el objeto de su oración), se le apareció el Señor vestido de resplandores y le previno que el día siguiente, que era la festividad de todos santos, año de 1484, le había de comunicar altísimos secretos y transformar en sí por temor haciéndola participante de los dolores de su Pasión sacrosanta. La humilde sierva se lo dijo a su prelada con el mayor secreto, suplicándole encarecidamente que, a otro día luego que comulgase, la llevase a algún sitio retirado de la casa donde nadie le viese ni notase. Prometiolo así la prelada para su consuelo, aunque no lo pudo cumplir, pues a otro día, apenas comulgó, fueron tan excesivos los gemidos y sollozos y tan violentos los golpes de corazón, que fue milagro no espirar luego al instante. Tal era el fuego que abrasaba interiormente el corazón de la santa que, encendida toda en amor, salió a buscar el exterior ambiente. Su virginal rostro arrojaba un [110v] tan vistoso carmín que, hermoseándole sobremanera, causaba admiración y respeto. Siguiose a esto un prodigioso rocío de su sangre que, sin hacer herida, salió de sus delicadas sienes y por toda la circunferencia de la cabeza. Quedose después privada de todos sus sentidos y en un profundísimo éxtasis en que perseveró por más de 40 horas sin verse en ella más acción vital que algunos lastimosos quejidos con que, tal vez, se desahogaba. Las religiosas, temiendo muriese la santa en aquel dilatado desmayo, usaron aun con sobrada violencia de cuantos remedios les dictaba su congojosa aflicción en aquel crítico lance: le dieron garrotes y ligaduras y, para que tomase alguna sustancia, hicieron tal fuerza que le quebraron una muela, pero a todo estaba la santa inmoble e insensible. Y, aunque notaron alguna sangre en el hábito, no hicieron alto sobre ello hasta que se descubrió el misterio. Volvió al fin de aquel profundo rapto y, después, dijo a su confesor que había sido llevada a la presencia de Cristo y que había visto al Señor sentado en un trono de grande majestad y grandeza, donde le fueron reveladas muchas cosas tan altas y divinas que ni podía ni sabía explicarlas. Dijo también que le había mandado el Señor, de nuevo, publicase lo que [111r] le tenía dicho en otras ocasiones: “Y para que seas creída -añadió el Señor- se te dará esta señal del cielo, que este cuchillo traspasará tu corazón y hará en él una llaga de donde saldrá sangre viva, que será verdadero testimonio a todos, tú serás participante y como un transunto en quien verán mis llagas y lo que padecí por los hombres”. &lt;br /&gt;
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3.- Después que dijo esto el Señor, se sintió herida en el costado y con tan gran dolor que faltó poco para espirar. Mostrose la llaga abierta por espacio de 20 días y, aunque siempre corría sangre, los viernes era con más abundancia, de suerte que no bastaban los paños que se ponía y corría hasta el suelo. Para que se conociese que esta llaga era misteriosa y sobrenatural, nunca se enconó ''[12]'' ni salió materia ni otro género de corrupción. La sangre que salió era tan limpia como de un tierno corderillo. Quiso al principio la humilde sierva del Señor ocultar este prodigio, pero el Señor le mandó lo dijese a sus preladas y prelados, lo que le fue aún más sensible que todos los dolores que había padecido. Obedeció; aunque [111v] muy a costa de su humildad, mostró los paños ensangrentados, que ellos mismos estaban publicando el prodigio, pues no parecía sangre humana, sino un carmín finísimo. Vio la llaga el confesor y algunas religiosas y todos quedaron atónitos y asombrados, aunque mandó seriamente a las religiosas no lo dijesen a nadie. Quiso el confesor dar parte al deán de la Santa Iglesia, pero se detuvo para obrar con más reflexión en materia tan importante; pero confirmado más en el prodigio buscó al deán y le refirió cuanto pasaba. El deán, que era don Pedro de Préxano, sujeto de no vulgar literatura, de vida muy ajustada y que sus prendas le elevaron después a la mitra de Badajoz, determinó se hiciese la averiguación con toda solemnidad, para que constase auténticamente, por lo que llamó al capellán mayor, dignidad de la misma Santa Iglesia, junto con un notario apostólico y, en compañía del confesor, entraron en el convento el día 19 de noviembre y, delante de la prelada y otras dos religiosas, vieron con la mayor decencia la llaga del costado y su circunferencia; y la tocaron con sus manos estando la llaga tan viva y fresca como si se acabara de hacer, no obstante que habían pasado 19 días, y salía sangre pu- [112r] -rísima, sin mal olor, ni putrefacción alguna; y el mismo capellán mayor tomó unas hilas y las sacó llenas de sangre, confesando todos era cosa sobrenatural y mandaron al notario lo diese por testimonio. Y porque este se guarda original en el Convento de Padres Jerónimos de la Sisla de Toledo, queremos poner aquí lo que hace al caso y pertenece a la historia, y es lo siguiente: &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
‹‹Yo, Gracián de Berlanga, capellán de la serenísima reina doña Isabel, Nuestra Señora, notario apostólico y arzobispo, doy fe que el año de la Natividad de Nuestro Redentor y Salvador Jesucristo de 1484, en 10 de noviembre, casi 6 horas después de medio día, por ruego e instancia de don Juan de Biezma, rector de la casa de doña María García, entré en la dicha casa, en un aposento en el cual estaban los reverendos señores don Pedro de Préxano, deán de Toledo, y don Diego de Villaminaya, capellán mayor en el coro de la Santa Iglesia de Toledo, y dos o tres religiosas de la dicha casa, y vide una doncella, que verdaderamente parecía bulto de ángel, y tenía una llaga en el costado donde Nuestro Señor Jesús fue herido, tan grande como un real y no tenía hinchazón y carecía de toda putrefacción [112v]. Tenía un color muy fino, así como grana y, después que todos lo hubimos mirado, a poco rato habló aquella doncella estas palabras: “Dios Nuestro Señor vos lo demande, si non pusiéredes aquello en execución”. Y así espantado me aparté dende y me torné a salir. En fe de lo cual lo signé y firmé de mi nombre, que fue fecha en Toledo, año, mes, día de ''quibus supra. Gratianus notarius apostolicus''››. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En aquellas palabras que dijo la santa, “Dios Nuestro Señor vos lo demande”, da a entender que ya los había hablado antes y sería, sin duda, lo que el Señor le había revelado que publicase. Parece no esperaba el Señor otra cosa para cerrar la prodigiosa llaga que el que se tomase testimonio della y así, a otro día, que fue el 20 de noviembre, ya se había desaparecido esta llaga, cerrándose ella misma sin medicina alguna, quedando solo una hermosa y vistosísima señal y no menos prodigiosa que la llaga misma, pues, sin verse cicatriz ni callosidad alguna, solo quedó como un hermosísimo y brillante rubí. De donde se infiere claramente que esta llaga [113r] fue milagrosa en su principio, en sus progresos y en su fin. Pero, aunque faltó la llaga, no faltaron a la santa los dolores, pues estos los padeció con mucha frecuencia y aun también se renovó no pocas veces en los cinco años que vivió después, como lo declaró a su confesor, a quien nada reservaba para no errar. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
4.- Adornada nuestra santa con las preciosas llagas de Jesús, no vivía ya en la Tierra este serafín humano, su conversación, su trato y su espíritu todo era del Cielo y en el Cielo. Su alimento era cortísimo y levísimo, y aun esto lo hacía no por necesidad, sino por humildad, para quitar cualquier nota y que no la tuviesen por buena. Decía a su confesor que no tenía necesidad de manjar terreno cuando recibía a Su Majestad Sacramentado, pues este le mantenía no solo el alma, sino también el cuerpo. Por eso en este tiempo eran más frecuentes los éxtasis y raptos desta feliz alma, pues, como tan desprendida de la Tierra, era fácil ser elevada hasta el Cielo. Aumentáronse las revelaciones y favores del Señor [113v] y, como la había escogido por instrumento para declarar lo irritado que estaba contra los pecadores, volvió una y otra vez a mandarla manifestase su voluntad. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En una ocasión, le apareció Su Majestad muy airado y, de nuevo, le dijo era su voluntad se avisase al arzobispo para que, por lo que a él le tocaba, pusiese pronto remedio en aquellos cinco vicios que, en otro lugar (I), dijimos aborrecía tanto el Señor y, también, que velase en destruir y extirpar los horrores que en Toledo iban sembrando los moros y judíos y que quitase el intolerable abuso que se había introducido de celebrar misas en casas particulares y que no lo permitiese, sino en algún caso raro o grave necesidad, pues así iba decayendo el culto divino y la asistencia de los fieles a los templos y funciones eclesiásticas. Ha querido siempre Dios a esta ciudad santa, ejemplar y edificativa, esmerándose en arrancar de su campo cualquier cizaña que el enemigo común ha instado sembrar y, por eso, ahora insta tanto en purificarla por medio de su prelado [114r] para que, a su ejemplo, otros prelados hagan también lo mismo. Con este fin, y para que le diesen crédito, adornó el Señor con sus llagas a nuestra santa virgen, pero como tan humilde no sabía cómo hacerlo, contentándose con decirle a su confesor, el cual tampoco tenía resolución para ello, permitiéndolo el Señor para escarmiento de otros. Una voluntad de Dios tan expresa y clara, tantas veces repetida y encomendada, ya se ve que el resistir a ella será culpable en los divinos ojos, ni puede escusarse con el pretexto de humildad, pues en realidad no lo es. Mandó Dios a Jonás fuese a predicar a Nínive, pero por humildad huye y se embarca para Tarsis (J). Irritado el Señor contra el desobediente profeta, le castiga mandando a una ballena se lo trague. No se han de persuadir fácilmente las almas contemplativas que el Señor las toma por instrumento para cosas grandes, pero tampoco se han de resistir con nimia tenacidad cuando una y otra vez las llama. [114v] Escarmienten las almas dedicadas a Dios en lo que sucedió a esta santa y a su confesor: murió este (que, como queda dicho, lo fue muchos años y se llamaba don Juan de Biezma) el año de 1486 cerca de la festividad de Nuestro Padre San Francisco y, en este día del Santo Patriarca, se le apareció a la sierva de Dios y le dijo, entre otras cosas, estaba penando en el Purgatorio por no haber hecho lo que la santa le dijo varias veces, que diese parte al arzobispo para que pusiese remedio oportuno en aquellas culpas y que, ahora, le exhortaba que, deponiendo todo temor, lo manifeste al arzobispo porque, si no, sería azotado rigurosamente del Señor. Pidiola le encomendase a Dios y ayudase a salir de aquellas penas y, con esto, desapareció. Quedó la santa admirada, pero aún no sabía cómo hacerlo, pues le parecía que harían burla de su dicho, despreciando como consejo de mujer lo que era oráculo divino. Estando una noche en oración, fue llevada a un tribunal, donde presidía un juez [115r] severo y, pidiéndole cuenta del cumplimiento de sus órdenes, mandó a un ángel azotarla por desobediente. Fueron tales los azotes que se alcanzaban unos a otros y, así, sus delicadas espaldas quedaron todas molidas y quebrantadas, aunque por de fuera no quedó señal alguna de llaga ni cardenal. Este solo tormento le faltaba para imitar a Jesús en su Pasión sacrosanta. Tuvo grandes dolores la santa y le duraron cerca de año y medio sufriendo por el Señor estos azotes de su mano. Tenía una vez la toca mal puesta y la prelada, para componérsela, metió la mano en la espalda, pero notó que, como si no tuviera huesos o los tuviera molidos, no tocaba sino carne, pero sin llaga ni cardenal alguno. Maravillada desto y pensando que se había puesto así por las disciplinas, le reprehendió agriamente el exceso, pero la sierva de Dios le descubrió todo lo que había pasado y se conocía ser cosa sobrenatural por no verse señal alguna exterior. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
5.- Con este aviso del Cielo conoció [115v] la sierva de Dios su descuido y, habiendo quedado por su confesor el venerable padre fray Juan de Corrales, prior que era de la Sisla, comunicó con él cuanto había pasado y, como docto y experimentado, determinó dar parte de todo al arzobispo, que lo era entonces el gran Cardenal de España, don Pedro González de Mendoza, y habiendo hablado largamente con su eminencia sobre el asunto, le dejó una copia del testimonio, que se había formado de la llaga del costado y otros papeles autorizados de varios prodigios y maravillas que Dios había obrado, y estaba obrando entonces con su humilde sierva. Oyole benignamente su eminencia y, a otro día, le respondió en carta lo que sigue: &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
‹‹Venerable padre, esta noche pasada a las dos, después de medianoche, tomé esta lectura que me dejastes y nunca la aparté de mis ojos hasta que, capítulo por capítulo, la pasé y leí toda, que en ella no quedó letra que no la leyese, y lo que más me maravilla es que, ansí, se me pegó al corazón, que no dudé de [116r] ella cosa alguna. Como quiera que soy tardío en dar crédito a estas revelaciones y, al cabo, vi el testimonio del notario y la confirmación de los testigos, varones y mujeres, a quien toda fe se debe dar y a cualquiera dellos yo lo daría, aunque fuese solo cuanto más a todos juntos, a los cuales yo conozco, excepto a la hermana mayor (era la prelada), que por tener el cargo que tiene está aprobada debajo. Conozco bien al notario, que es hombre de verdad y digno de fe. Maravillome mucho más hallarse en mujer tanta dureza en no querer decir lo que tantas veces vio y sintió, mayormente siéndole mandado por quien todo lo manda y rige, lo que es señal de su grandísima humildad y del menosprecio que tiene de la gloria mundana. Por lo que a mí me toca, le dad, vos Padre, por mí las gracias, y Dios Nuestro Señor se las dé, y la pena que padece le será en doblada gloria y, si hay alguna cosa que yo pueda hacer para consolación suya, ofrécesela vos de mi parte muy enteramente, y recomendadme a ella rogándole que me tenga presente en la oración, rogando a Nuestro Señor me deje acabar en su servicio y hacer en esta vida su voluntad››. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Después que recibió esta carta el [116v] confesor, le mandó a la sierva de Dios escribiese al arzobispo informándole ella misma de cuanto el Señor le había revelado sobre el particular. Llamó a una religiosa de confianza para que le escribiese y, habiéndola acabado, al quererla secar a la lumbre, se quemó gran parte y, afligiéndose la compañera por tenerla que trasladar y ser larga, le dijo que no tuviera pena, que a otro día lo harían. Pusieron la carta en un arca y, al ir a trasladarla al día siguiente, la hallaron sana y sin lesión alguna, de lo que quedó admirada su compañera, que se llamaba Inés de San Nicolás. Cerró la carta y la envió con su confesor y la llevó a su eminencia, con quien habló largamente sobre el contenido, y su eminencia respondió lo siguiente: &lt;br /&gt;
‹‹Devota y muy amada hermana, con vuestra carta y con lo que el Padre Prior de la Sisla me dijo, hube gran consolación. Nuestro Señor Dios, que os puso en tal estado, os deje acabar en su servicio y a mí me dé gracias, que pueda hacer su voluntad y poner en obra lo que vos me aconsejáis, y ansí, os pido que le demandéis a Nuestro Señor y a su buen- [117r] aventurada Madre y en vuestras oraciones me encomiendo. Y porque al Padre Prior de la Sisla hablé largo no digo aquí más, sino que Nuestro Señor os conserve en su gracia divina››. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Otras muchas cartas escribió la santa al cardenal en que trataba con toda eficacia del remedio de los errores que los judíos y moros iban sembrando en Toledo, y su eminencia, conociendo la santidad desta gran mujer y el espíritu que la animaba, determinó a sus ruegos establecer en Toledo el Santo Tribunal de la Inquisición. Ni paró aquí el fervor desta heroína, pues a sus eficaces instancias se movió el cardenal a tratar con los Reyes Católicos, don Fernando y doña Isabel, la expulsión de los judíos y, después, se executó el año de 1492, saliendo de toda España seiscientos y veinte y cuatro mil desta mala raza. De suerte que podemos decir que nuestra España es deudora a esta sagrada virgen destas dos cosas grandes: del establecimiento del Santo Tribunal de la Inquisición y de la expulsión de los judíos, de donde tanto bien se ha seguido a [117v] toda la monarquía española. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
6.- Prosiguiendo el Cielo en favores a esta dichosa alma, eran ya por este tiempo frecuentísimas las dulzuras que recibía en repetidas apariciones de los espíritus angélicos y dulcísimas visiones de los santos, sus devotos, recreándola espiritual y corporalmente, sanándola de sus enfermedades y dirigiéndola en lo que había de hacer. Y si todas se hubieran de referir, sería necesario formar abultadísimos volúmenes y en esto convienen todos los historiadores de su admirable vida, por lo que ponemos solo algunas. Abrasada en amor de Dios, deseaba la santa comulgar en ocasión que los recios dolores que padecía en los lugares de las llagas, junto con la suma debilidad, la tenían postrada en una cama; no se atrevía la santa a pedir le trajesen a Su Majestad por evitar la singularidad. Apareciósele en esto un bello y gracioso niño, tan peregrino y hermoso que, turbada toda, no [118r] se atrevía a hablarle ni menos a llegarse a él, no obstante que se mostraba afable y cariñoso aquel soberano infante, recobrose un poco y díjole con humildad: “¿Quién eres, hermoso niño?”. Y el Señor le respondió con mucha gracia y donaire: “Yo soy tu esposo, no te turbes. ¿Por qué temes? Llégate a mí”. Y llegándose la casta virgen, le dio el Divino Infante paz en el rostro y, poniéndole la mano en la cabeza dijo: “Ea, esposa mía, ya estás sana, levántate y ve a la iglesia”. Desapareció la visión y quedó la santa tan llena de dulzura y suavidad que le parecía había estado en la gloria, levantándose de la cama buena y sana; y desde este día jamás sintió dolores en la cabeza en la parte de la corona, que fue donde la tocó el soberano Niño, pero se aumentaron considerablemente en los pies, manos, costado y espaldas, en particular los viernes desde por la mañana hasta después de vísperas, en que parecía le renovaban las llagas, cada una con el instrumento respectivo. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En una ocasión la tenía postrada en la cama un agudo dolor de costado a que se llegaba el dolor grande que entonces la afligía también de la llaga del costado, que, aunque no se mostraba para lo exterior, como se ha dicho, siempre en lo interior [118v] estaba abierta. Pensaba, según su debilidad y dolores, que era llegada su hora y solo la afligió el no poder hablar bien para confesarse. En este aprieto, se le apareció el arcángel San Miguel, de quien era muy devota y, poniéndole la mano en la llaga del costado, se la apretó y fortaleció tan bien que pudo hablar y, llamando a su prelada, le suplicó avisase a su confesor para que la oyese de penitencia y administrase el viático. Mientras fueron al convento de la Sisla a avisar al prior, que era su confesor, tuvo la visión siguiente: arrobada en un profundo éxtasis, vio en espíritu al mismo confesor que, estando diciendo misa, al llegar a las palabras de la consagración, una imagen de Nuestra Señora que estaba en el altar le dio el Niño que tenía en sus brazos. Vio también en el altar un grande resplandor y muchos ángeles que sostenían al sacerdote de sus brazos, hallándose presentes las gloriosas vírgenes Santa Catalina y Santa Bárbara. Luego estas dos santas se llegaron a María y le dijeron: “Mañana a las nueve recibirás a Nuestro Señor en este resplandor que ahora ves y luego, al punto, quedarás sana”. Así fue, pues a otro día vino el prior, se confesó y, celebrando misa, al tiempo [119r] que se volvió a la sierva de Dios con la forma consagrada para comulgarla, vio en el pecho y manos del prior un resplandor muy hermoso, con tanta claridad como si fuera un sol. Esto mismo vio también una inocente niña como de tres años que estaba presente con su madre, la cual prorrumpió con aquel desahogo natural que causa la admiración en aquella inculpable edad: “¡Ay! ¡Ay! ¡Qué hermoso!”. Y preguntada dijo que había visto un sol entre el sacerdote y la enferma. Luego que esta recibió al Señor, perdió todos sus sentidos, quedando en un profundo y soberano éxtasis que le duró nueve horas. Las demás religiosas procuraban por todos modos dispertarla, pensando desfallecía, pues no había tomado alimento alguno en muchos días. Ignoraban que estaba trasportada en Dios y que este, como esposo amante, tiene mandado en la escritura (K) que no inquieten a su esposa ni la hagan velar hasta que ella quiera, con que fueron en vano todas las diligencias hasta que ella volvió en sí y, abriendo los ojos, dijo aque- [119v] llas palabras del psalmista (L): “Alaba, ánima mía, al Señor y todas las cosas que están dentro de mí a su santo nombre”. Y luego se halló sana y sin dolor alguno. Instaron las religiosas que tomase algún alimento, pero la sierva de Dios se escusó diciendo que no tenía necesidad, pues habiendo comulgado podía pasar sin alimento alguno, aunque fuese cuarenta días. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
7.- Como era tan agradable a los ojos del Señor esta su querida esposa, le regalaba dulcemente revelándola sus más ocultos misterios. Un año, en la noche de Navidad, le reveló su santo nacimiento con la adoración de los pastores. Después vio a los Reyes Magos y los ricos dones que le ofrecieron, con todos los demás misterios desta sagrada festividad. Celebrando el santo sacrificio de la misa en el Convento de San Pablo, el señor don Diego de Villaminaya, capellán mayor del coro de la Santa Iglesia, muy devoto de la santa, iba a darle la comunión y, al recibirla, dio un tan fervoroso suspiro que levantó las sagradas formas de la patena y hubieran caído en el suelo si los ángeles no las [120r] hubieran detenido prontamente. Un día de Navidad, celebrando también misa este mismo sacerdote en el referido convento, vio cómo, al salir revestido al altar, iban delante de él dos refulgentes antorchas de una luz vistosísima y extraordinaria, colocáronse sobre el altar y luego salieron cinco rayos de cada una y terminaban en la sierva de Dios, llenándola de gozo abundantísimo. Al llegar a ''sanctus'', vio descender del Cielo al altar tanta multitud de ángeles que cubrían al sacerdote desde los pies a la cabeza, subiendo unos y bajando otros con muestras de singular alegría. Al llegar a la consagración, todos los ángeles se postraron con la mayor reverencia y, a la elevación, los mismos ángeles le levantaban los brazos. No pudo aquel fogoso espíritu de santa sufrir más y, así, antes del ''Pater noster'' le dio un deliquio amoroso, y no pudiendo mantenerse de rodillas, cayó en el suelo desmayada, y estuvo así hasta las doce del día sin movimiento alguno y, a esta hora, la llevaron a su recinto juzgándola muy fatigada, pues había estado allí desde las diez de la noche sin apartarse.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El año de 1486 fueron tales las crecientes del soberbio río Tajo por las continuas lluvias [120v] que, demás del daño que hacía en los campos, imposibilitó los molinos, de suerte que no se hallaba harina, causando mucha necesidad en el pueblo y perecían los pobres. Lastimado el corazón compasivo de la santa al ver tanta miseria, se subió una noche a un terrado desde donde se descubre [el] Tajo y, levantando los ojos y el corazón al cielo, echó al río su bendición y, después, se retiró a orar, puestos los brazos en forma de cruz, tendida en el suelo y pegado el rostro con la tierra. Así hacía ferviente y humilde oración pidiendo a el Señor y a su purísima Madre se doliesen de los pecadores y contuviesen el rigor de su justicia. Sintió luego que la levantaban en el aire y vino un rayo hermoso de claridad que, desterrando las tinieblas y lobregueces de la obscura noche, parecía el día más claro y refulgente. Vino después María santísima en un trono de mucha gloria y majestad y le dijo: “Has de saber, hija mía, que todas las aguas que han caído en el discurso de tantos días habían de haber caído en tres, y la mayor parte dellas sobre la ciudad, de que se hubieran seguido muchos estragos y muertes, pero las oraciones que has hecho por la ciudad, yo que siempre he sido y seré su pro- [121r] tectora y madre compasiva, las presenté a mi Hijo y se ha dignado contener su ira”. Y así se verificó, pues luego cesaron las aguas y el río volvió a sus antiguas corrientes. A este beneficio y a otros muchos es deudora la ciudad de Toledo a esta santa y venerable virgen, lo que debe tener presente para la gratitud y reconocimiento. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El deán de la santa iglesia de Toledo, de quien en varios pasajes desta historia hemos hecho honorífica mención, formando el concepto que se merecían las virtudes de la santa (como testigo ocular del singular prodigio de la milagrosa llaga del costado), la veneraba, fiando mucho en sus oraciones. Tenía gran consuelo en tratarla, comunicando los negocios más graves que se le ofrecían, sacando siempre luz y acierto en el consejo de María. En el citado año de 86, rogó encarecidamente a la santa pidiese al Señor por la paz entre dos grandes personajes muy inmediatos al solio ''[13]'', cuya discordia ocasionaba en el reino funestas consecuencias e irreparables males. Obedeció la santa y, estando un día en oración en un sitio donde se veía salir el sol, vio a este fogoso planeta en su primer oriente, pero tan benigno en su aspecto que, como si fuera una estrella, se dejaba registrar sin ofensa de la vista. [121v] Advirtió que dentro del sol había una cruz de oro finísimo y, allí inmediato, dos hombres que estaban peleando uno con otro, pero luego se volvieron las espaldas y apartaron. Conoció por esta visión que cesarían presto aquellas discordias y así lo dijo al deán, lo que se verificó, pues aquellos personajes desistieron de su enemistad y se apartaron de la demanda, quedando todo en suma tranquilidad. En otra ocasión, estando orando a la hora de tercia, vio un cerco grande de luna y dentro d’él dos capitanes que, cada uno con su escuadrón, peleaban varonilmente, pero el uno fue vencido habiendo muerto mucha gente de una y otra parte. No conoció la santa lo que contenía esta revelación, pero de allí pocos días llegó la triste tristeza de la prisión del conde de Cifuentes por los moros en las entradas del Reino de Granada. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
8.- Toda alabanza será corta para lo que se mereció don Diego de Villaminaya, capellán mayor del coro de la santa iglesia de Toledo, y de quien la pluma ha hecho comemoración repetidas veces en esta historia. Era este grande héroe sujeto de no vulgar santidad adornada de bellas prendas, piadoso, liberal, afable y, sobre todo, [122r] gran limosnero y bienhechor de las huérfanas, de los pobres, de los encarcelados y desvalidos. Amaba todo lo bueno y, como lo era tanto, la sierva de Dios, María de Ajofrín, le tenía una santa inclinación y, juntamente a todas aquellas exemplares religiosas, socorriendo largamente sus necesidades, siendo como padre y fundador de aquella casa. Murió este edificativo prebendo con universal sentimiento de toda la ciudad entre diez y once de la mañana, en ocasión que la santa estaba con las demás religiosas oyendo misa. Luego que espiró, fue arrebatada la sierva de Dios en un profundísimo éxtasis y vio cómo San Juan Bautista, San Jerónimo y Santa Catalina llevaron su alma al tribunal de Dios, y oyó que le acusaron delante de aquel severo juez de no haber cumplido un testamento que quedó a su cargo, pero a esta acusación respondió que ya lo dejaba el declarado en su testamento, mandando se cumpliese luego. Entonces, el juez dio la sentencia que fuese al Purgatorio hasta que se cumpliese lo que dejaba ordenado. Dieron de allí a poco el clamor en la Catedral y las religiosas conocieron que a la gloriosa virgen se le había revelado el estado del alma de aquel su bienhechor, aunque no se atrevieron a preguntarlo. Con [122v] esta revelación, quedó la santa muy consolada por estar aquella alma en carrera de salvación, aunque afligida de que no fuese luego a ver a Dios por aquel descuido. Llamó a su confesor y le refirió lo que había visto, y el confesor luego a informarse de los testamentarios si era cierta aquella declaración, pues nadie hasta entonces lo sabía, y halló ser así y puso gran diligencia para que inmediatamente se cumpliese, para dar alivio aquella alma y fuese a gozar de Dios. Así lo hicieron los testamentarios, dando entero crédito a la sierva del Señor por la gran fama de santidad que para con todos tenía y a vista del claro testimonio que tenían presente de la revelación divina. Eran tan fogosos los incendios de la caridad que ardían en el pecho de nuestra santa que no le permitían ver padecer a alguno y no intentase eficazmente su remedio. Enfermó de muerte (al parecer de todos los facultativos) la prelada del convento, que entonces llamaban hermana mayor y, afligida la santa por la pérdida de mujer tan exemplar, pues a la verdad lo era, se fue a la iglesia a pedir a el Señor por la salud de su prelada. Estuvo en oración desde las nueve de la noche hasta las doce delante del altar de Nuestra Señora, derramando tier- [123r] nas lágrimas por su prelada. Eran fervorosas sus súplicas a su dulcísima madre como nacidas de un corazón todo mariano. Ofrecía su vida por la de su prelada, pedía, lloraba, esperaba y se afligía. Oyó en fin sus ardientes votos la que es consuelo de afligidos y salud de los enfermos, María, Señora Nuestra, y le dijo: “He oído tus ruegos y le es concedida la salud que pides”. Al oír este favor de la boca de su dulcísima reina quedó toda absorta y enajenada y, continuando los favores del Señor con esta su fiel sierva, vio al glorioso mártir San Lorenzo que, vestido de diácono y adornado de resplandores, llegó a la enferma y le puso en la cabeza una cinta de oro y, echándole su bendición, desapareció. Volvió en sí la sierva de Dios y luego fue a visitar a la enferma y la vio trasportada en dulce sueño, dispertó de allí a poco y se halló buena y sana de repente. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[14]'' [125r] Cayó por casualidad un ladrillo sobre la cabeza de una religiosa y, habiéndola herido gravemente, se llegó a ella la sierva de Dios, María, y lastimada de ver a su hermana padecer, le puso la mano sobre la herida con mucha blandura y suavidad pronunciando tres veces el dulcísimo nombre de Jesús, con que se detuvo la sangre, se cerró la herida y sanó perfectamente. Como era mujer poderosa y rica la madre de nuestra santa, labró en el convento un precioso altar y colocó para él una hermosísima imagen de Nuestra Señora, para desahogo piadoso de su afecto, y que su santa hija tuviese donde emplear el objeto noble de sus cariños que, como nacida en pueblo tan proprio de la Virgen, no podía ser otro más de su agrado. Era esta soberana imagen el imán de sus potencias, el asilo en sus necesidades y la obradora de infinitas maravillas y prodigios. Y si hubiéramos de historiar los beneficios que alcanzó desta sagrada imagen, [125v] los milagros que obró por su intercesión y portentos que se vieron en su tiempo, sería necesario alargarnos mucho contra el deseo que tenemos de no molestar y, así, pondremos uno u otro caso para inferir otros muchos. Un hermano de la santa, joven bizarro y de alientos, corriendo en Ajofrín un fogoso caballo, tropezó en la carrera y arrojó al jinete a una distancia desmedida con el mayor furor y violencia. Quedó el infeliz muy maltratado y casi sin sentidos. Voló a su madre esta infausta noticia en alas de la desgracia y, luego que oyó la fatalidad, le sorprendió un tan violento accidente que, torcida la boca, turbados los ojos, trémulos y lisiados los demás sentidos, causaba compasión a cuantos la veían. Dieron parte a la santa y, lleno su corazón de fe, acudió a María Santísima y, haciendo oración delante desta milagrosa imagen, mereció la respuesta que se sigue: “Hija, para el domingo estarán ya buenos tu madre y tu hermano”. Enviolo a decir a los enfermos y que tuviesen fe, que así se cumpliría. El suceso se acreditó, pues llegado este día, sanaron de repente sin medicina alguna. ''[15]'' [123r] Gemía en duras prisiones el referido hermano de la santa, tan triste y afligido que faltaba el esfuerzo y la paciencia, noticiosa su santa hermana acudió a su universal remedio, María Santísima, Nuestra Madre y, haciendo oración [123v] delante de una sagrada imagen, a quien tiernamente amaba y era todo su consuelo, se le apareció esta misma imagen al preso y, quitándole los grillos y cadenas, le dijo que saliese de la cárcel, que ya estaba suelto y libre por las oraciones de su santa hermana. Estaba entonces dormido y, al dispertar, se halló fuera de la cárcel, sin prisiones, añadiéndose a este otro prodigio que fue verse también sano de una grande inflamación que tenía en un pie a causa del mucho peso de las prisiones. Fue luego a ver a su hermana, refirió el milagro y, viendo la imagen de Nuestra Señora, conoció era la misma que le había quitado las prisiones y librado de la cárcel. Con este justo motivo, ofreció a la Virgen venir todos los sábados desde Ajofrín a Toledo, que dista tres leguas, a visitarla y traer cera para su culto. Cumpliolo puntualmente por el espacio de 9 años y, viniendo un sábado a traer la cera y visitar a Su Majestad, se cayó muerto en el camino de repente. Mucho sintió este accidente su santa hermana afligiéndose por haber muerto de repente y sin sacramentos. Pedía fervorosa a la Sagrada Virgen que, pues vivo le había librado de la cárcel del cuerpo, le librase muerto de la cárcel eterna. Pasados ocho días, se le apareció su hermano y, dándole gracias por sus oraciones, le dijo cómo a la hora de su muerte se había visto en grande riesgo, pero que invocan- ''[16]'' [125r] do en su ayuda a Madre Santísima le libró esta Señora y que se hallaba por su patrocinio en carrera de salvación. Pidiola que cumpliese ciertas obligaciones que tenía y que solo esperaba eso para irse a gozar de Dios para siempre ''[17]''. [124r] Esta sagrada imagen que, como hemos dicho, era el imán de los cariños de la sierva de Dios y por cuya intercesión obró infinitos milagros, se intitula “Nuestra Señora de la Encarnación” y la dejó muy encomendada a las religiosas. Hoy se venera con el mayor culto y decencia en el coro deste religiosísimo convento, siendo el asilo común de todas las necesidades y aflicciones, continuando en los prodigios y milagros como antes. Es de talla muy hermosa y en el pecho tiene un óvalo cerrado con un cristal, por el cual se registra un niño pequeño, pero hermosísimo, que tiene dentro. Está vestida de tela de variedad de colores, por habérselo pedido así a una sierva de Dios deste mismo convento. Después que murió la santa, diciéndola quería que la adornasen como a Reina, según la pinta David (M) con vestido de oro, y de hermosa variedad, or el mes de agosto le mudan ''[18]'' vestido y concurre toda la comunidad a este acto [124v] [19] devoto y tierno y, con este motivo la adoran, y al niño que tiene en el pecho. Todos los sábados cantan las letanías y, todos los días, el santo rosario y otras devociones. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
9.- ''[20]'' [126r] Descollaba cada día más y más nuestra santa en religiosas perfecciones y, aunque su corazón era un precioso relicario en el cual descansaban, como en su centro, los esmaltes de todas las virtudes, se aventajó con especialidad en la de ser ternísima devota de la Virgen María, como su fiel vasalla, esperando de su patrocinio aun el mayor imposible. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Llegábase la fiesta de Nuestra Señora de septiembre del año 1486 y, estando postrada en una cama con vehementes dolores y un tumor grande en la garganta, consideraba que las demás religiosas se levantarían a los maitines, asistirían al coro, oirían misa y comulgarían en tan gran festividad. De todo lo que se veía privada por sus dolores y achaques, afligíase sobremanera y esto le era más doloroso que todos sus dolores. Tocaban ya a maitines de la fiesta y, no pudiendo contener en su virginal pecho sus afectuosos deseos, hablando con María Santísima, se quejaba tiernamente en estas dulces y cordialísimas expresiones: “Reina gloriosa de mi alma, amparo de los que te invocan, consuelo de afligidos, alegría de los tristes, salud de los enfermos. ¿Es posible Señora y Madre mía que me tengo de privar de [126v] asistir a tus divinas alabanzas? ¿Que no pueda cantar con mis hermanas tus maitines? Bien conozco, Reina de los cielos, que no merezco alabaros ni estar en compañía de tan santas hermanas. Pero, Señora, ¿para cuándo son las gracias? ¿Para cuándo tus piedades y clemencias? Ahora las habéis de derramar liberal en esta indigna esclava vuestra”. Al decir esto, bajó del Cielo una gran claridad sobre la santa y luego se sintió sin dolores, sana y buena. Se levantó al punto y, llena de alegría y gozo, fue a maitines, comulgó y oyó misa a otro día. Admirándose todas las religiosas de lo que veían, pues estaba fuerte y sin aquel gran tumor que había tenido en la garganta, que todo estaba publicando un conjunto raro de prodigios. Enamora&amp;lt;da&amp;gt; salamandra de su Divino Esposo, se hallaba un día leyendo un libro devoto para divertir sus amorosas ansias y, no pudiendo por sus dolores ir a visitar a Su Majestad en la iglesia, pidió a una religiosa [127r] le trajese el Niño de la Virgen para adorarle. Recibiole con suma reverencia y le puso encima del libro, en cuyas hermosas hojas se puso a contemplar por un rato, derramando dulces y tiernas lágrimas. Llevada de tan fervoroso impulso, fue a besar el pie del divino infante y, anticipando este los favores, levantó él mismo su piececito ofreciéndoselo a su sierva con estremada caricia. Diole el ósculo llena de consuelo y el Niño se quedó con el pie levantado para eterna memoria de tan gran fineza. Notaron esto todas las religiosas y empezó aquella sagrada efigie a obrar mil prodigios y milagros. Uno solo historiaremos brevemente por haberlo obrado con la santa: tenía una peligrosísima apostema la bendita virgen, que la afligía no poco, pero luego que la tocó el pie divino del Niño se abrió y quedó sana a vista cuasi de toda la comunidad. Este Niño se mantiene en el convento con el mayor culto y devoción, es el Esposo que sirve para las profesiones de las religiosas y obra mil prodigios con los enfermos, se llama “El Niño de la Paz”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Capit. VII. Continúan los favores del Cielo con que dispone el Señor a su sierva, María de Ajofrín, para su dichosa muerte, y se refieren algunos prodigios que ha obrado después de su feliz tránsito'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[127v]&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
1.- No se ciñen los caminos que guían a la virtud a una sola senda. Muchas previno la divina Providencia a los viadores correspondientes a las diversas moradas de los bienaventurados en la gloria. No todos los bajeles siguen en las dilatadas playas del océano un mismo rumbo, por distintos se navega a un mismo puerto. A muchos santos ha llevado el Señor al puerto deseado de la gloria por el suave camino de la oración y la contemplación; a otros por el áspero y trabajoso de la mortificación y penitencia. A unos les ha preparado lo ardiente de la caridad para su mérito; a otros ha exercitado en las valerosas campañas de la fe, derramando la sangre por Jesucristo. A unos los ha puesto en el desierto, a otros los ha [128r] traído a los poblados. A unos los ha salvado en los palacios, a otros en las chozas, guiando aquella altísima Providencia a cada uno por el rumbo proporcionado a sus inescrutables fines. A nuestra gloriosa virgen llevó el Señor por un camino extraordinario: le regalaba con dulcísimos favores revelándole los más ocultos misterios y sanándola en sus dolencias y enfermedades, pero por otra parte la visitaba con trabajos, llagas y dolores y, no contento con eso, añadía un cúmulo admirable de austeridad y penitencias. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Ni le faltaba el mérito de la caridad ardiente, pues trabajaba con un celo verdaderamente apostólico para evitar las ofensas de Dios, destruir las herejías y aniquilar los errores; perseguía con oraciones, escritos y diligencias las infames razas de moros y judíos, para lo que el Cielo le avisó repetidas veces. Igual era la paciencia, pues ni por infortunios ni enfermedades jamás se la vio enfadada. Era para con sus hermanas afable y cariñosa, ayudándoles en todo lo que podía, pero la humildad era la basa donde se fundaban todas las virtudes. Aunque tan favorecida del Cielo, siempre estaba pegada contra el suelo, se reputaba por la más ingrata de las criaturas, buscando medios para que la despreciasen. Pedía a la prelada que la reprehendiese en público as- [128v] perísimamente, mandándola postrar a la puerta del capítulo para que las demás la pisasen. Afirmaba su prelada (que lo era entonces la venerable Catalina de San Lorenzo, religiosa de no vulgar santidad y mucho mérito) que, entre todas, ninguna había más humilde que María de Ajofrín, no obstante las grandes religiosas que florecían entonces en aquella santa casa y refieren las crónicas de la orden. En premio destas y otras excelentes virtudes, fueron sin número los favores que recibió del Cielo siempre que comulgaba, o se elevaba en el aire, o quedaba en un éxtasis profundísimo que le duraba mucho tiempo. Por entonces, se fundó el Santo Tribunal de la Inquisición en Toledo con gran consuelo de nuestra santa virgen, pues veía cumplidos ya sus deseos. Uno de los nombrados para conocer de los procesos y causas del Santo Oficio era su confesor, el venerable padre fray Juan de Corrales, cuyas recomendables prendas le hicieron acreedor a tanto mérito y, como la sierva de Dios era el archivo y depósito de misterios tan re- [129r] cónditos, le ilustraba a su confesor de cuanto convenía hacer, a honra y gloria de Dios y exaltación de la santa fe católica. Le avisaba clara y distintamente (según le era revelado) los insultos que cometían los judíos, dando todas las señas de personas, caras y cuanto era necesario para la dirección de los asuntos. Le decía lo que maquinaban contra los cristianos, le descubría sus antes, le instruía en cuanto había de hacer para el mejor éxito de los negocios y, como el confesor hallaba por la experiencia ser cierto cuanto le decía, adquirió gran crédito por sus aciertos y bien fundados dictámenes y así le fiaron los negocios más arduos que ocurrían, no solo en Toledo, sino en otras provincias de España, los que desempeñó con la mayor satisfacción ayudando no poco a ello nuestra santa con sus oraciones y consejos. Nombrole el Santo Oficio para que fuese a tierra de Burgos a comisiones graves del tribunal, urgían en el día, y fue preciso tomar el camino en tiempo de invierno entre nieves y lluvias con mucha incomodidad y trabajo. La santa le animó a llevarlo con paciencia y le dijo cuánto había de padecer en el camino, señalando los días y lugares, [129v] pero le aseguró que el Señor le sacaría bien de todos los peligros y, así, puntualmente se verificó. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Cuando le dieron el cargo de la Inquisición, le pronosticó que había de padecer muchos trabajos y una grave enfermedad pero que, armado con el fuerte escudo de la constancia, lo vencería todo y, como lo dijo, se cumplió. Adoleció de un agudo dolor de costado muy a los principios de su oficio estando ocupado en materias muy graves del tribunal. Asaltole la enfermedad en el convento de San Pablo donde la santa estaba y, lastimada la sierva de Dios de que se atrasasen asuntos tan importantes al servicio del Señor, hizo sobre el enfermo la señal de la cruz y quedó sano, pero con mucha gracia dijo al enfermo: “Padre, ya estáis sano, aunque no por virtud de vuestra fe, pues no solo no creistes que os había de sanar, sino que os burlastes de mí en vuestro corazón y, en castigo desta poca fe, sentiréis por algunos días ciertas [130r] punzadas en el costado, pero no os impedirán las ocupaciones”. Todo pasó puntualísimamente como lo dijo la santa, pues el confesor se burlaba della sin esperar beneficio en la salud y, después, le quedó en el costado un pequeño dolor que no le impidió el trabajar. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
2.- El año de 1488, después de haber comulgado un día de Pascua de Resurrección, fue arrebatada en espíritu delante de toda la comunidad y de su confesor, que se halló presente. Así estuvo extática hasta las 6 de la tarde, y aun hubiera estado más tiempo si la voz del confesor, a esfuerzos de la obediencia, no la hubiera llamado. Volvió en sí luego que oyó la voz de su prelado, la que antes estaba inmoble como una estatua. Mandola el confesor, después que todas se retiraron, le dijese lo que se le había revelado, y ella, compelida por la obediencia, dijo que había sido llevada delante del Señor, el cual estaba rodeado de ángeles y serafines, y que, allí, se le mostraron las muchas maldades que los judíos y moros executaban en Toledo. Exortó al confesor [130v] a la constancia esforzándole a trabajar varonilmente sin desmayar en lo comenzado. Presumiendo el confesor algún otro misterio, le preguntó si tenía abierta la llaga del costado y la santa, aunque con mucho rubor, respondió que sí. En otra ocasión fue también arrebatada en un profundo éxtasis y vio a Cristo, vida nuestra, atado a la columna y que cruelmente le azotaban los judíos. Toda llena de compasión y pena lloraba la santa lo que padecía el Señor y, volviéndose a ella, Su Majestad le dijo estas palabras: “Hija mía, desta suerte me azotaron todos los días los judíos, herejes y moros. Díselo al deán y a tu confesor, que entienden en los negocios de la Inquisición, para que no cesen en lo comenzado y que me agradan mucho en lo que trabajan”. Dio cuenta a su confesor (como lo hacía siempre por mandato suyo) de lo que el Señor le había revelado y, concurriendo con el deán, les refirió lo que había oído de la boca de Jesucristo. Demás desto, dijo a su confesor privadamente otras muchas cosas que el Señor le reveló para su gobierno y, no solo ilustraba a su venerable confesor nuestra santa en lo que pertenecía a su empleo de la Inquisición, sino también en lo que [131r] trataba a su oficio peculiar de prior de la Sisla. Viniendo en cierta [ocasión] a confesar a la santa, le dijo volviese pronto a su monasterio para remediar un daño grande que amenazaba a su comunidad, diciéndole con claridad el delito, los cómplices, con todas sus circunstancias. Hízolo y halló ser cierto cuanto le había dicho la sierva de Dios. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
A otros muchos reveló las cosas más recónditas y ocultas de su interior. Un religioso de la orden, varón muy espiritual, llevado de la fama de santidad con que florecía la sierva del Señor, la buscó para tratar con ella varias cosas pertenecientes al alma. Luego que le vio la venerable virgen, le dijo: “Padre, bien sé que ha días que deseabas verme y la causa de donde nacen tus deseos. También sé que tal día empezaste a escribir cierta materia y, aunque os diste mucha prisa, no pudiste acabarla hasta la noche”. Al oír esto, se quedó admirado el religioso, pues solo Dios y él eran testigos de aquellas cosas. Después que trataron los negocios del alma con no poco consuelo suyo, al despedirse, dijo la santa: “Padre, decid a tal monje -nombrándole- que examine bien su conciencia y pida a Su Majestad perdón ''[21]'' de lo que halle, pues de aquí nace la aflicción que padece y, mientras eso no haga, no tendrá quietud su [131v] espíritu”. En otra ocasión, estando hablando cosas místicas y espirituales con un religioso también de la orden, le dijo a la sierva de Dios cómo había en el Monasterio de la Sisla cierto religioso (sin nombrarle) a que Su Majestad hacía muchos favores en la oración por la gran pureza de su alma. Entonces, la santa dijo: “Ese es padre fray Fulano -nombrándole por su nombre y apellido- y es cierto que tiene un alma muy pura, agrada mucho a Dios y el Señor le llena de bendiciones”. Refiriole algunos favores que había recibido del Cielo, y quedó maravillado, pues solo él los sabía por ser su confesor y padre espiritual. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Afligió a la ciudad de Toledo una gran peste el año de 1489. Eran lastimosamente funestos los estragos que en todas partes causaba. Adoleció en el convento, herida del contagio, una religiosa llamada Sancha Díez, muy estimada de toda la comunidad por su virtud y bellas prendas. Pedían por ella al Señor con la mayor eficacia, pero a la santa le fue revelado que le convenía morir entonces. Díjolo a las demás, previniéndolas para la conformidad y paciencia, y, de allí a poco, murió. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Un canónigo de la Santa Iglesia, varón espiritual y devoto, enfermó tan gravemente que, en pocos días, cerró todos los pasos aun a la más remota esperanza. Agotáronse los esfuerzos todos del arte y de la medicina, pero sin fruto alguno. Súpolo [132r] la santa y, haciendo oración por él, le reveló el Señor no moriría. Enviole una granada y, con ella, la alegre noticia de su salud, que tanto deseaba. Recibió el enfermo con mucha devoción y fe el regalo de la granada y, luego que comió della, se puso instantáneamente bueno, se levantó y fue a dar las gracias a su bienhechora por haber alcanzado del Señor la salud o, por mejor decir, la vida. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
3.- Ya es razón que pongamos fin a las revelaciones, profecías, éxtasis y otro favores que recibió del Señor esta asombrosa mujer, nacida más para el Cielo que para la Tierra, pues su vida, si así se puede llamar, fue siempre extática y divina, su trato más con los ángeles que con los hombres, su espíritu siempre inflamado, su caridad siempre ardiente tan apartado de todo lo terreno, que solo vivía a Dios y por Dios, de suerte que pudiéramos dudar si vivía en la tierra o en el cielo, pues los ángeles o la llevaban desde su celda al Cielo, o el Cielo se bajaba con [132v] los ángeles a su celda. Sus éxtasis profundos y visiones misteriosas fatigan con el número la memoria y la admiración con la grandeza. Todos los historiadores de su pasmosa vida dicen que omiten muchas revelaciones y nosotros hemos omitido no pocas de las que ellos escribieron, con que de aquí podrá inferir el curioso cuán habrán sido. El historiador de la orden (N) dice estas palabras: “Ya que me determiné a escribir la vida desta santa, acordé de decir las más notables cosas que Nuestro Señor le mostró y las obras milagrosas que por ella hizo, aunque omita algunas por no molestar”. Lo mismo dice Villegas en el ''Flos Sanctorum''. Una cosa debemos advertir en crédito de la santa, que es que en las vidas que corren de la sierva de Dios, particularmente manuscritas, se han introducido por error de los escribientes o mala inteligencia de los autores, algunas inversiones en los pasajes que hacen la historia fastidiosa y poco deleitable. También hemos notado no pocas equivocaciones o adiciones nada conducentes a la historia y que pudieran servir de algún tropiezo, por eso hemos puesto gran cuidado en referir los hechos desnu- [133r] dos de todo follaje y circunstancias impertinentes, mirando solo la verdad de la sustancia y despreciando los accidentes inútiles. Las revelaciones (como en otro lugar quedó insinuado) tienen todo cuanto puede pedir la crítica más escrupulosa para acreditarlas verdaderas, pues están fundadas sobre las basas firmes de la humildad y penitencia, y se dirigen al bien y utilidad de las almas. De los milagros que obró en vida la santa, podemos decir lo mismo que de las revelaciones, fueron muchos, admirables y estupendos, pues su gran virtud abría los Cielos a milagros en favor de los enfermos y desvalidos, pero también los omitimos en gran parte haciendo este sacrificio a favor de la brevedad que profesamos, aunque quedaran quejosos los devotos de la santa. En estos últimos años de su vida, iba disponiendo su alma con mayor fervor para lograr la dulce vista de su amado Esposo. Vivió siempre tan honesta y recatada que rarísima vez se le vio el rostro, trayéndolo siempre cubierto con un velo, de suerte que su confesor no se lo vio jamás [133v] y, así, apartando su vista y consideración de lo terreno, pensaba en las cosas celestiales. Rarísima vez hablaba ni aun con las mismas religiosas, andando siempre extática y como fuera de sí. Aunque en aquel tiempo salían las religiosas del convento con decente compañía, por no tener clausura, no se dice saliese la santa alguna vez. Vivía tan ''[22]'' retirada por huir los peligros del aplauso y la lisonja. ¿Cuántas generosas virtudes se vician ''[23]'' al alhago de quien las mira o alaba? ¡Con cuánta facilidad se marchita la flor a los rayos de los ojos que lo aclaman! Padece, también, sus epidemias la virtud, como la sangre. La santidad de María, tan recatada como discreta, se teme y se retira, no solo de los aplausos, sino aun de las conversaciones. Con esta prudente cautela de vivir separada de los contagios del siglo, crecieron en asombrosa proceridad sus virtudes. &lt;br /&gt;
 &lt;br /&gt;
4.- Ya era tiempo que esta bendita alma subiese a gozar de la dulce presencia de su amado Esposo y, así, se lo dio a entender repetidas veces por medio de angélicas embajadas. Gusto- [134r] sa noticia para quien vivió siempre suspirando por la presencia de su Dueño. Crecía el gozo de su espíritu cuando se apresuraba el desatarse aquel lazo con que le aprisionó Dios en la cárcel de su cuerpo. Sea horroroso el año de la muerte a quien vivió tan olvidado de su memoria como medroso de su cercanía. Sea desapacible su semblante al que, habiendo vivido desbocado en la carrera de los vicios, muere despeñado en el principio del infierno. Pero a nuestra santa, que había atesorado tanto caudal de virtudes en el discurso todo de su vida, ¿cómo había de ser desapacible la muerte? Cuanto su vida se iba acercando al ocaso iba esforzando sus agitaciones el amor en aquel pecho, no teniendo sus potencias otro estudio ni los sentidos otro empleo que el amar solo, reduciendo a esta todas las operaciones del alma. Andaba tan absorta en su dulcísimo amado objeto que, el desasirse de entre sus brazos, se le arrancaba el corazón de su sitio. Así vivía extáticamente enajenada robando el amor todos los demás afectos, pudiendo cantar entonces la fama que María ni miraba, ni oía, ni sentía, sino que solo amaba. [134v] Eran, en este tiempo, más frecuentes los favores que recibía del Cielo, pero también era más profunda su humildad, confesando su miseria y viviendo recelosa de sí misma, por eso ahora más que nunca suplicaba a los santos, sus devotos, la ayudasen con sus ruegos. Quien primero ocupaba altar en su alma para la veneración y culto era María Santísima, a esta Señora acudía en sus necesidades con la mayor confianza, amándola como fiel vasalla. Después veneraba con singular devoción al glorioso San Miguel Arcángel, príncipe de las milicias del Cielo y al santo ángel de la guarda. Tenía otros muchos santos y santas a quien se encomendaba muy de veras, diremos algunos, omitiendo otros: San Pedro y San Pablo, San Juan Evangelista, San Lorenzo, San Jerónimo, San Ildefonso, Nuestro Padre San Francisco, Santa Catalina mártir, Santa Bárbara, Santa Leocadia y Santa Casilda. Esto, y aún más larga, era la letanía de sus santos, con quien tenía dulces coloquios, gozando de su presencia muchas veces, como si fuera cortesana del Cielo. Enfermó últimamente para serlo y, habiendo dado singulares muestras de tolerancia y resignación, recibió los santos sacramentos [135r] bañada su bendita alma de un extraordinario gozo que, comunicándose también al cuerpo, la transformó en un bello serafín. Abrazose después con una imagen de Cristo crucificado (cuyo sangriento retrato tenía esculpido en su virginal cuerpo) y, aplicándole a sus labios con ternísimos ósculos, le decía tan dulces palabras que causaba a todas las religiosas sentimiento y gozo. Encomendaba muy de veras al Señor los dos conventos de la Sisla y de San Pablo, pidiendo afectuosísimamente los conservase en observancia, virtud y religión, como vemos que hoy florecen acaso por las oraciones y ruegos de nuestra santa. Abrazada así con Jesucristo y con señales de crucificada, exaló su espíritu, entregándole en manos de su querido Esposo, sábado 17 de julio a las tres de la mañana del año de 1489. Su muerte más pareció dulce sueño que congojosa agonía, ni se vio gesto alguno que mirase con desagrado a la parca, pues a la verdad ella estaba bien con la muerte y, así, observaron las demás religiosas algún rato dudosas de si estaba muerta o vivía extática, como no pocas veces había sucedido y tenían repetidos exemplares. Pero de allí a poco depusieron toda la duda, pues salió su última respiración tan olorosa que se conocía en la fragrancia haberse quebrado el alabastro desta María, como en otro tiempo el de la Magdalena, y haber derramado el [135v] nardo su preciosa vida. Percibiose en todo el convento un olor suavísimo que excedía sobremanera a los bálsamos más puros, a los jazmines más blancos, en cuya comparación los aromas, flores, tomillos, ámbares, cantuesos, y cuanta fragancia exalan los mejores jardines de la Acaya, sería ofensa del olfato. Quedó tan hermoso y tratable su virginal cuerpo que más parecía bulto de quien duerme que cadáver exánime y frío. Aun agostada la vida desta mística planta, no decayó su hermosura ni su olorosa fragrancia. Verdad es que murió, pero no tuvieron en ella jurisdicción los horrores de la muerte, pues indultada de la común deformidad que ocasiona en un cadáver, era la agradable hermosura del suyo devoto asombro de quien le miraba. Finalmente, conservándose hermosa y odorífera entre los ultrajes de la muerte, manifestaba bien en los privilegios del cuerpo haberse trasplantado su alma a ser vistoso recreo del celestial paraíso. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[136r] 5.- Temiendo las religiosas que, divulgándose la muerte de su santa hermana por Toledo, sería crecidísimo el concurso del pueblo que viniese a venerar su venerable cadáver y que, pasando a devoción indiscreta, cometerían no pocos excesos. La llevaron luego al Monasterio de la Sisla, situado entre unos ásperos montes a media legua de distancia de Toledo. Aquí le dieron honorífica sepultura los religiosos en la sala que llaman de capítulo y, aquí también, se enterraron por muchos años todas las religiosas que morían en el Convento de San Pablo. Pero no se enterró con su cuerpo su fama, pues ni la muerte ni el sepulcro pudieron borrar el crédito de la vida asombrosa y portentos ilustres de María. La tierra en que se depositaba difunta pudo usurpar a la vista su cadáver, pero no estrechar la fragrancia de sus milagros, ni la fama de sus virtudes. Pudiéramos decir que no se enterró su cuerpo, sino que se sembró su memoria para que, multiplicada, exalase aún mayor suavidad de portentos y milagros. [136v] No pusieron lápida a su sepulcro, sirviendo de más decoroso epitafio las maravillas que el Señor empezó a obrar en su túmulo, que las majestuosas vanidades que esculpe la soberbia en las losas frías de sus tristes panteones. Apenas la enterraron cuando en repetidos prodigios y milagros empezó a gritar la fama desde la cima de aquellos montes, haciéndola a todos espectables. Consumido y cuasi exánime se hallaba un canónigo de Toledo a fuerza de unas calenturas ardientes y malignas sin hallar alivio en la medicina. Amor dio confiado a la santa por las muchas noticias que tenía de su gran virtud y prodigios estupendos que había obrado en vida. Envió un criado a la Sisla suplicando a los padres que le encomendasen muy de veras a la sierva de Dios, María de Ajofrín. Hiciéronlo los religiosos y, aquella noche, le apareció la santa al enfermo rodeada de vistosos resplandores y le dijo: “Ya estás sano, pero de aquí adelante procura arreglar tu vida emendándote de tales [137r] y tales defectos”, señalándolos distintamente. Quedose dulcemente dormido y, por la mañana, entrando los criados y dispertándole, se halló con fuerzas, conoció había faltado la calentura y que estaba bueno. Pidió a los criados le traxesen de comer, asombrados estos y temiendo no fuese algún letargo, lo suspendían, pero viendo guardaba consecuencia en lo que hablaba y oyendo que aquella santa se le había aparecido, le trajeron de comer, comió con gusto, levantose luego y, aquel mismo día, envió a la Sisla, en reconocimiento de tan singular beneficio, un cirio grande para que ardiese en el sepulcro de la santa y una cabeza de cera para que la colgasen por voto y, a otro día, fue él mismo a dar las gracias a la sierva de Dios, María de Ajofrín, y postrándose en su sepultura, la regaba con muchas lágrimas sin saber apartarse della. Dijo misa y quedó tan agradecido a su bienhechora que, a boca llena, la llamaba santa. Fue tan público y tan patente este milagro que no solo en Toledo, sino en otras muchas partes se estendió [137v] la fama de la sierva de Dios. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Cuasi al mismo tiempo se hallaba a los umbrales de la muerte otro canónigo de la misma Santa Iglesia, hijo de la condesa de Paredes. Era muy edificativo y exemplar este prevendo y, sintiendo la madre perder tal hijo, así él como ella, sabiendo los prodigios que obraba la santa en su sepulcro, enviaron a rogar a los padres pidiesen a la sierva de Dios, María de Ajofrín, los socorriese en aquel conflicto. Hiciéronlo así y, no contentos con eso, enviaron al enfermo una almohada que había servido a la santa mientras estuvo en el féretro, y, apenas se la aplicaron, instantáneamente se puso bueno, con admiración y asombro de todos los presentes. Levantose al punto de la cama y fue sin detenerse a la Sisla, donde hizo devotas novenas a la santa, ofreciendo en su sepulcro muchos y ricos dones de votos y presentallas. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Estos dos casos tan portentosos en [138r] personas tan ilustres y de carácter tan distinguido dieron mucho vuelo a la fama de nuestra sierva de Dios, María de Ajofrín, hablando todos con el mayor respeto y aumentándose cada día más y más su devoción y culto, aun en las provincias más remotas. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
6.- Juana Martínez, vecina de Cuacos, obispado de Palencia, se hallaba tullida de una pierna y, oyendo los muchos milagros que obraba Dios en su sierva, un día que más afligida estaba, llenando su pecho de fe, se encomendó a ella muy de veras y, hablando con una niña que tenía como de seis años, la mandó la ayudase también con sus oraciones. Hincose de rodillas el angelito y, poniendo sus manecitas, empezó a rezar y, de allí a poco, se sintió sana la doliente, se levantó de la cama y empezó a an- [138v] dar sin impedimento alguno, alabando a Dios en sus santos todos los presentes. Después, envió a la Sisla una pierna de cera, para que colgase ante su sepulcro y un rollo grande, que ardiese en memoria y agradecimiento del beneficio recibido. No lejos del dicho pueblo, en otro que llaman Jaraíz, se hallaba agonizando con la candela en la mano Francisco Díaz. Asistíale un primo suyo sacerdote y, viéndole ya agonizar y sin remedio, sabiendo las maravillas que obraba la sierva de Dios, María de Ajofrín, hizo voto de visitar su sepulcro si daba salud al enfermo. Apenas lo había hecho cuando mejoró y, de allí a poco tiempo, se puso sano y, uno y otro, fueron a cumplir la promesa, llevando mucha cera al sepulcro de la santa y dejaron testimonio auténtico, firmado de su mano, de todo lo sucedido. Juana de San Miguel, tercera de Nuestro Padre [139r] San Francisco y vecina de Toledo, tenía un zaratán en un pecho y, después de cinco años de medicina, se le vino a encancerar, a que se llegaba una ardiente calentura que del todo cerraba los pasos a la esperanza. Afligida y sin remedio, puso toda su esperanza en la sierva de Dios, María. Hízose llevar a la Sisla, aunque con trabajo y, entrando en el capítulo, percibió luego un olor suavísimo que, sin otra guía ni noticia alguna, la llevó derecha a la sepultura de la santa. Postrose en tierra, besó las losas que ocultaban el sagrado cadáver, derramó tiernas y devotas lágrimas y, luego, instantáneamente se sintió libre de todos sus males y, después de dar afectuosas gracias, se volvió ella sola a su casa, dejando llenos de admiración a cuantos fueron testigos [139v] de tan rara maravilla. Otra mujer, vecina también de Toledo, padecía igual accidente en los pechos y, después de haber pasado por el tormento del fuego y la crueldad del cuchillo, llegó por su desgracia al último vale de su vida. Ya en este tiempo se habían escrito varias copias de la admirable vida de nuestra santa y, habiendo oído leer parte desta sagrada historia, concibió gran fe en sus méritos y, habiéndole aplicado una reliquia de la santa, quedó buena instantáneamente sin otra medicina y fue a la Sisla a dar gracias por el beneficio. Un religioso lego de la orden, morador del Monasterio de San Jerónimo de Madrid, se hallaba sumamente afligido por un tenaz y peligroso tumor que le había salido en un ojo. Iban ya a darle [140r] un botón de fuego con no pequeño peligro de perder la vista, estando ya en su presencia el brasero encendido y los instrumentos prevenidos para la operación, aterrado por una parte del martirio cruel que le esperaba y, por otra, inflamado del afecto y devoción a la sierva de Dios, exclamó diciendo: “Santa mía, pues eres tan liberal para con todos, sedlo también con este indigno hermano vuestro. Dadme salud, santa mía, y libradme destos tormentos”. Apenas hubo dicho esto, quedó de repente a vista de los cirujanos, y otros muchos que habían concurrido a la operación, se desvaneció el tumor y quedó sano y bueno sin lesión alguna, y los circunstantes llenos de admiración y espanto. Otros infinitos prodigios y estupendas maravillas obró Dios por esta su sierva, que sería nunca acabar como dice el historiador Sigüenza (O) si todas se hubieran [140v] de referir. No había enfermedad que no sanase, a todos socorría, a todos remediaba, a todos consolaba y a todos atendía, siendo tan raros y esquisitos los milagros que cada día obraba que, por tan frecuentes, ya no eran admirados. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
7.- Al eco glorioso de tantas maravillas, concurrían de todo el reino en crecidas tropas los devotos a venerar el sepulcro de la santa, siendo en tanto exceso que ya perturbaban el retiro y silencio de los claustros. Para evitar este inconveniente y que el sagrado cadáver tuviese más decente lugar, determinaron trasladarlo a la iglesia del monasterio desde la sala del capítulo donde estaba. Quien más promovió esta traslación fue la condesa de Fuensalida por el grande afecto que tenía a la santa. Mandó labrar al lado del evangelio, en la pared del cuerpo de la iglesia, un magnífico sepulcro de piedra con el retrato de la santa. Llegado el día de la traslación, que fue el 25 de abril del año del Señor de 1495, [141r] cuasi 6 años después de su glorioso tránsito, aunque se procuró ocultar, concurrieron al monasterio el Clavero Mayor de Calatrava, Juan Antonio de Silva, muchos prevendos, caballeros ilustres y un sin número de gente que, llevados de su afición, quisieron hallarse presentes a este sagrado acto. Descubrieron el sagrado cadáver a vista de toda la comunidad y caballeros nobles y, luego, se percibió un olor suavísimo que excedía en fragrancia a todos los aromas de por acá y llenó de consuelo a los circunstantes. Manaba del sagrado cadáver un licor como bálsamo, que también exalaba una fragrancia suavísima. Colocáronle con mucha reverencia en una rica caja, guarnecida de seda y, formándose una solemne y devota procesión con luces en las manos, y al sonido alegre de campanas y concertada música de órganos, le llevaron a la iglesia cantando el ''Te Deum Laudamus'', no como quien lleva un cadáver en un féretro, sino unas sagradas reliquias en un trono. Pusiéronle en la iglesia al público por espacio de 13 días para satisfacer la devoción de los concurrentes, que eran infinitos. Aquí obró el Señor muchos prodigios por su sierva, pero omi- [141v] tiéndolos todos, solo diremos el que obró en beneficio de toda la provincia. Estaban los campos áridos y secos y los panes cuasi perdidos por la gran falta de agua. Crecían las necesidades y cada día era mayor la aflicción y angustia de los pueblos. Determinaron los religiosos hacer una rogativa a su santa hermana, María de Ajofrín, pidiéndole el remedio con aquel conflicto. Oyó el Señor sus votos por intercesión de la gloriosa Virgen y, luego, empezó a llover con abundancia y se remediaron las necesidades. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Fueron muchas las personas que, por haber recibido algún beneficio, venían a velar a la santa, entre ellas, fueron dos hijos del conde de Oropesa, a quienes la sierva de Dios dio salud milagrosamente y, después de haber velado sus sagradas reliquias, dejaron una imagen de plata de mucho valor, una palia muy rica, una cruz bordada muy singular y dos imágenes de cera con otros dones preciosos. También, vino un hombre de Jerez, llamado Santos Fernández, el que, hallándose ya olea- [142r] do y en las últimas agonías, invocó del modo que pudo el patrocinio de la santa y, de repente, se levantó de la cama bueno y sano, dejando admirados a todos los presentes. Pasados los trece días, fueron colocadas, solemnemente, las sagradas reliquias en el sepulcro que tenía labrado la condesa de Fuensalida y aquí permanecen hasta el día de hoy, visitadas frecuentemente por los raros prodigios que ha obrado y obra cada día a favor de sus devotos, pero de ninguno se ha tomado testimonio y consta por deposición de aquellos religiosísimos padres, que sí se hubieran notado todos los milagros que ha obrado, no cupieran en muchos libros, pero su singular retiro y abstracción del mundo les impide tratar negocios desta naturaleza. Y, aunque nuestra santa se ha mostrado prodigiosa en todo género de enfermedades, parece se ha señalado más en sanar de quebraduras a los niños y, así, son muchos los que llevan las criaturas y, poniéndolas en el sepulcro de la santa, luego sanan. De suerte, que no hay dolencia, trabajo ni necesidad que no remedia esta sierva de Dios. Bastará referir un solo caso por vivir el sujeto con quien obró la santa el prodigio: el reverendo padre fray Joseph Moraleda, presentador del número de sus provincias de Padres Mercedarios Calzados de Castilla, siendo de edad de dos meses [142v] cayó en el suelo de los brazos de su madre yendo en una caballería. Como era tan tierno y el golpe fue grande quedó muerto y sin sentido, pasaron siete horas y, no viendo en el niño señal alguna de vida, crecían las aflicciones y angustias de la madre pero, inspirada del cielo, poniendo toda su esperanza en Dios por los méritos de su sierva María de Ajofrín, de quien era muy devota, tomó el niño en sus brazos y dijo: “Santa mía, dad vida a mi hijo, que yo os lo ofrezco de buena gana”. Apenas pronunció estas palabras cuando el niño abrió los ojos y, como si volviera de un dulce sueño, empezó a moverse sin haberle quedado lesión alguna ni señal de la caída. Vive hoy este religioso, sujeto bien distinguido en su provincia por sus méritos, y a quien hemos oído este caso, y vive sumamente agradecido a la santa, a quien confiesa deber la vida y en este favor otros infinitos. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
8.- Esta es la vida prodigiosa de la sierva de Dios, María de Ajofrín, natural deste afortunado pueblo, dichosa a la verdad una y mil veces por haber dado cuna a tan asombrosa mujer. Será siempre famoso en las historias por haber sido nido deste maravilloso fénix, botón desta peregrina fragracia, y esta sola gloria bastaba para eternizar su memoria en los futuros siglos. La [143r] vida, pues, de nuestra santa fue toda sembrada de luces que dirigieron a infinitos por el camino del acierto, derramó tan celestial fragrancia que, corriendo muchas almas tras el ungüento oloroso de sus virtudes, se pobló su Convento de San Pablo (y aún otros muchos) de santas y exemplares religiosas, cuyas admirables vidas pueden leerse en el ya citado Sigüenza. Desde entonces ha sido este sagrado convento vergel hermoso de las más acendradas virtudes y bastaba una sola María de Ajofrín para hacerse ilustre. Su ardiente celo de la exaltación de la fe católica y extirpación de las herejías abrazó también el fogoso pecho del Gran Cardenal de España, don Pedro González de Mendoza, para que solicitase con los Reyes Católicos el establecimiento del Tribunal de la Santa Inquisición, que vio la sierva de Dios en su tiempo y, aun dicen, le mostró el Señor las admirables leyes sobre que se fundó esta gran fábrica. Y dejó también sembrado mucho fuego para expeler después todo el judaísmo, como se verificó tras años después de su feliz tránsito. La bien merecida estimación que hicieron desta heroína cardenales, arzobispos, obispos, prevendos, títulos y otros grandes sujetos, no es fácil explicar. Una cosa confiesa nuestra ingenuidad, y es que la pluma ha corrido ligera por [143v] el dilatado campo de sus virtudes y méritos, delineando en esta pequeña tabla su dedo para que, derramando la vista por el dibujo, se pueda formar algún concepto de su agigantada estatura. Pero lo que más acredita su virtud es que, por tantos siglos, se ha merecido el elogio de “santa” entre todos los escritores, que es prueba de lo bien fundada que está su opinión. Y me admiró no poco el que la sagrada reliquia jeronimiana no haya procurado su culto público y universal con la corte romana, colocándola en los altares, lo que no fuera difícil en las circunstancias en que se halla. Esta misma queja dejó estampada en su historia el padre Sigüenza (P) por estas palabras: &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
‹‹Comenzó luego Nuestro Señor a sellar con infinidad de maravillas la santidad de su sierva (María de Ajofrín) para que, con ellas, se entendiese los avisos que, por medio della, había dado al pueblo y tuviesen reverencia y devoción a la santa. De muchas diré [144r] algunas en este capítulo, por si pudiese dispensar la tibieza desta religión a que tuviese en más sus cosas y procurase levantar la memoria desta santa y la de otros muchos que se han criado en el encerramiento de sus claustros que, con tanta razón, pudieran ponerse en los calendarios de toda la iglesia››.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
¡Raro desinterés de religiosos que, pudiendo para crédito de su santo hábito tener muchos santos manifiestos en los altares, se contenten con tenerlos ocultos en los claustros! Aún dura la parentela desta santa en Ajofrín en las familias de los Maestros y Garcías y el reverendísimo padre Comisario General de Jerusalén, fray Antonio Martín Maestro, del sagrado Orden de la Observancia de Nuestro Seráfico Padre San Francisco, es pariente muy inmediato. Ni podemos negar (para confusión de nuestra tibieza) que también nos toca muy de cerca esta santa por línea materna, sagrada vanidad pudiéramos fundar en este blasón tan ilustre, si nuestra vida se conformara con la vida de la santa. Pero será cargo terrible en el tribunal de Dios descender de santos y no imitarlos, tener estos y otros exemplos que se referirán en la historia y no arreglar la vida [144v] a ellos pero, no obstante, esperamos en su poderoso patrocinio nos alcanzarán de Su Majestad el fervor y espíritu que nos falta y que, pues han sido liberales aun con los estraños, lo serán también con los que nos preciamos de parientes. Últimamente concluimos la vida admirable de nuestra santa con las mismas palabras con que la empieza el historiador della, el padre Sigüenza (Q), y son las siguientes:&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
‹‹Si no estuviera la vida desta santa tantos años ha escrita y predicada por otros y Nuestro Señor en vida y en muerte no hubiera calificado y, como si dijésemos, sellada su santidad con tantas maravillas, no me atreviera a poner la mano en ella y pasara en silencio cosas tan maravillosas››. &lt;br /&gt;
Hasta aquí el citado historiador y, a la verdad, es tan prodigioso y admirable que excede los límites [145r] de lo humano y, solamente sostenida con la divina gracia, pudo llegar a proceridad tan desmedida. Alabemos al Señor que la hizo tan ilustre y famosa en su iglesia santa y, ahora, pasaremos a referir la vida de otro insigne hijo de Ajofrín en el capítulo siguiente.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
===Notas de Francisco de Ajofrín===&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''(A)'' Fructus honoris et honestatis. Ecclesiatt. 24. 23&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''(B)'' Ego quasi terebinthus extendi ramos meos, et rami mei honoris, et gratie. Ibi v. 22. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''(C)'' Cap. 1, 2 y 3&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''(D) Rami mei honoris, et Gratiae, Eccli. ut supra. 8.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''(E)'' Cap. 4 núm. 13&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''(F)'' Fray José de Sigüenza, Crónica de San Jerónimo, 3ª parte, lib. 2, cap. 49 y sig.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''(G)''  Monstruosum est quod homo habeat duo corda, quod numquam est auditum, nec posibile per naturam. S. Anton de Padua, Serm. 2. Quinquag. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''(H)'' Fray José de Sigüenza, tom. 3, lib. 2, cap. 43. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''(I)'' Cap. 5, n. 9 y 10. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''(J)'' Surge, et vade in Ninivem civitatem grandem, et praedica in ea; quia ascendit malitia ejus coram me. Et surrexit jonas, ut fugeret in Tharsis. Jon. 1 v. 2 y 3. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''(K)'' Ne suscitetis neque evigilare faciatis dilectam, quod usque ipsa velit. Cantis. 2.7.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''(L)'' Benedic anima mea Dominum et omnia quae intra me sunt nomini sancto ejus. Psalm. 102. 1. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''(M)'' Regina a dextris tuis in vestitu deaurato, circundata varietate. Ps. 44. 10. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''(N)''  Sigüenza. Hist. de la orden de S. Jer. Parte 3. lib. 2. c. 46. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''(O)''  Fray José de Sigüenza, historia del Orden de S. Jerónimo. 3 parte, lib. 2, c. 48. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''(P)''  Fray José de Sigüenza, parte 3, lib. 2, cap. 48. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''(Q)''  Fray José de Sigüenza, parte 3, lib. 2, c. 44.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
===Notas===&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[1]'' El transcriptor parece no haber visto el añadido posterior de Francisco de Ajofrín en el que señala “de María”, es por ello por lo que no aparece en su edición. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[2]'' “Arbolillo de la familia de las anacardiáceas” (DLE).  &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[3]'' Aparece tachada la palabra “gran”. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[4]'' Aparece tachado “en el día”. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[5]'' “Examinar y apreciar con rigor el mérito de alguien o el mérito o verdad de algo” (DLE). &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[6]'' El transcriptor señala aquí “relación”, se trata de un error y por ello se ha subsanado. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[7]'' “Éxtasis, arrobamiento” (DLE).&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[8]'' El transcriptor señala “fervorísimamente”, se trata de un error y por ello se ha subsanado.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[9]'' “Misterio, cosa oculta y muy difícil de conocer” (DLE).&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[10]'' Aparece “desta” en singular, pero se ha cambiado al plural para mantener la concordancia. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[11]'' “El testigo que declara, sin discrepar en nada, lo mismo que ha declarado otro, sin variar en el hecho ni en sus circunstancias” (Aut.)&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[12]'' “Inflamar, empeorar una llaga o parte lastimada del cuerpo” (DLE).&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[13]'' “Trono” (DLE).&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[14]'' El autor deja la siguiente nota: “Pasa a la hoja siguiente” y señala de qué fragmento se trata mediante un signo. Al ir a la 125r nos encontramos con el signo y otra nota, que indica: “Pondrás lo que se sigue en la hoja antecedente”. Se prosigue entonces a editar este fragmento añadido por el autor. Se ha de indicar que el transcriptor de la obra, José María Rodríguez, no deja constancia de estas anotaciones de Francisco de Ajofrín en su edición, simplemente se limita a seguir sus indicaciones. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[15]'' Volvemos a encontrar una nota del autor que señala el fin del fragmento añadido y nos redirige al folio 123r. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[16]'' La continuación no aparece en el folio 124r, sino en el 125r, pues el folio 124 parece ser un añadido y es de tamaño más reducido que el resto de los folios.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[17]'' Volvemos a encontrar una nota del autor tras un asterisco que indica: “ve al papelito”. Haciendo referencia al folio 124 del que hablábamos en la nota anterior. Así, se sigue la edición del folio 124, en el que encontramos, a su vez, otra nota del autor en la que indica: “Mi querido Elías, acabado el n.8 escribe lo siguiente”.  &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[18]'' En la edición de 1999 no aparece transcrito lo correspondiente al folio 124v. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[19]'' En la edición de 1999 aparece “ponen” en lugar de “mudan”, evidente error. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[20]'' Volvemos al curso natural de la narración en el folio 126r. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[21]'' El transcriptor parece no haber visto el añadido posterior de Francisco de Ajofrín en el que señala “perdón”, es por ello por lo que no aparece en su edición. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[22]'' En la edición de 1999 aparece “con” en lugar de “tan”, se trata de un error. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[23]'' En la edición de 1999 aparece “veían” en lugar de “vician”, se trata de un error.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
=Vida impresa (1)=&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Ed. de [https://www.upf.edu/web/poder-espiritualidad-genero/entry/-/-/1003/adscripcion/mar%C3%ADa-morr%C3%A1s María Morrás]; fecha de edición: octubre de 2020; fecha de modificación: febrero de 2025.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==Fuente==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[[Archivo:Vega Chronicorum.jpeg|miniatura|250px|right|Petrus de la Vega, ''Chronicorum fratrum Hieronymitani ordinis libri tres''. Compluti, Ioannes Brocarius, 26 Octobris 1539, fols. 78va-86rb (Lib. iii Chs 40bis[=41]–50).]]&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
* [http://catalogodesantasvivas.visionarias.es/index.php/Categor%C3%ADa:Petrus_de_la_Vega Vega, Petrus de la], ''Chronicorum fratrum Hieronymitani ordinis libri tres''. Compluti, Ioannes Brocarius, 26 Octobris 1539, fols. 78va-86rb (Lib. iii Chs 40bis[=41]–50).&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[[Contexto material del impreso Chronicorum fratrum Hieronymitani ordinis libri tres]].&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
== Criterios de edición ==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Se trata de una transcripción fiel de la impresión latina, que conserva las grafías (exceptuando la v vocálica como en ''vt'' que se transcribe ''ut'') y desarrolla abreviaturas. Se señalan las columnas dentro del folio. Es esta la primera edición latina del Catálogo, y la primera vida impresa de María de Ajofrín: la versión castellana, ligeramente modificada, de este texto latino, del mismo autor, se ofrece en la segunda versión impresa de esta vida.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Para esta transcripción usamos el ejemplar latino de la Universidad Complutense de Madrid, sig. BH FLL 18849, digitalizado en &amp;lt;https://biblioteca.ucm.es/hathitrust&amp;gt; y, para complementar la lectura de fols. 86r y 86v: https://books.google.co.uk/books?id=BtiDgpwiKNIC.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Añadido del latinista Aitor Boada Benito: A un nivel comparativo, la versión latina no difiere en cuanto a la narración de su posterior versión en castellano escrita por el mismo autor. Las únicas variaciones que muestra son pequeños cambios en cuanto a la estructura sintáctica con respecto al latín –por ejemplo, Capítulo 43: latín: ''et humiles in oculis suis exaltans''; castellano: &amp;quot;y a los humildes y que esperan en Él levanta del polvo&amp;quot;–. En este caso, el autor omite el latín ''in oculis suis'' o parece sustituirlo por la expresión &amp;quot;esperan en Él&amp;quot;. Si ese fuera el caso, esta sería una traducción libre, pues lo más habitual sería traducirlo como &amp;quot;ante sus ojos&amp;quot; o &amp;quot;a su parecer&amp;quot;. Estas variaciones, que nunca afectan al desarrollo del relato ni omiten información, no son muy recurrentes y solo operan a nivel sintáctico. Por ello, se ha considerado oportuno conservar ambas versiones debido a que es la primera vida impresa de María de Ajofrín. Además, es relevante conservarla como testimonio de la relevancia social del personaje, que motiva la publicación de esta en otra lengua.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==Vida de María de Ajofrín==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
*[Fol. a6va] &amp;quot;Tabula alphabetica eorum quę pręcipue in his Chronicis annotantur&amp;quot;: ⸿Marię de Ajofrin laudes &amp;amp; vita. li. iii. a cap. 40. usque ad finem libri, folio. lxxviii.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[Capítulo 41]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[Fol. 78va] DE BEATA MARIA DE AIO- / frin magnę religionis magnarumque/ revelationum fœmina / CAPUT XL[I].&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Praesentis operis alienum non est, si in calce huius tertii libri res admirabiles beatę Marię de Ajofrin, &amp;amp; reuelationes quas vidit, et miracula que fecit summatim annotemus.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[Fol. 78vb] Recte enim huius sanctę virginis opera, que hac ętate fuit admirabilis, operibus beati Ferdinandi archiepiscopi coniunguntur, qui &amp;amp; ipse (ut superius constat) hac floruit ætate. Huius sanctissimæ fœminę vitam, &amp;amp; reuelationes sibi diuinitus factas venerabilis frater Ioannes de Corrales prior Sislanus descripsit: partim ut oculis vidit manibusque contractauit: partim ut a fidei dignis accepit. Verum ego ob breuitatis causam, &amp;amp; ad lectorum molestiam euitandam ex multis pauca hoc loco annotare curaui.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Fuit igitur hæc virgo ex territorio Toletano loco qui Ajofrin appellatur oriunda, ex parentibus honorabilibus ac deum timentibus orta. Pater eius Petrus Martinus vocabatur: mater vero Marina Garsias. Qui cum hanc filiam locare vellent: &amp;amp; a multis ob coniugii gratiam peteretur: puella constanter renuit. &amp;amp; ne a tam alto proposito ab aliquo inpediretur: cum adhuc teneræ esset ætatis sine humano consilio religionis ingressum vouit. Et cum ob id quotidie molesta esset parentibus: tandem cum quindecim esset annorum, &amp;amp; nullo modo ad coniugium eam parentes inclinare valerent: illam pater cum magno cordis dolore e domo subtraxit, &amp;amp; ad ciuitatem Toletanam adduxit. Cumque ecclesiam maiorem christi ancilla ingrederetur ignorans quo iret, diuina disponente clementia ad monasterium ordinis nostri quod in eadem ciuitate a nobili Maria Garsia est constructum deducta fuit. Quo ingressa in omnibus excercitiis spiritualibus religionis multum breui profecit. Conuersabatur sancte , humiliter &amp;amp; sine quærela in domo domini. Sanctæ orationis meditationisque exercitium voluptas sibi erat; lachrymis abundans omnium fœminarum se vilissimam: ac super ipsas peccatricem reputabat. Decem annis a suæ religionis ingressu transactis, cum ei dominus sua secreta pandere vellet: illa generalem confessionem facere decernens se nimis affligebat, ac multis lachrymis deum omnium peccato- [fol. 79ra] rum suorum remissionem postulabat. Cum igitur tali proposito staret: optans scire an sua peccata sibi dimissa essent, dies suæ confessionis aduenit. ingressaque domunculam in qua cæteræ sorores confiteri solent: coram imagine beatissimę dei genitricis filium in brachiis habente, ibi in tabula depicta se deiecit: eamque innumeris lachrymis deprecari cœpit ut sibi veniam a suo filio impetraret. Cumque attente per hoc virginem rogaret: subito claritatem magnam imaginem &amp;amp; partem domunculę illius illuminantem aspexit: &amp;amp; claritate imaginis vidit filium quem mater tenebat in brachiis manum contra se eleuantem, sicuti a sacerdote cum pœnitentem absoluit eleuari solet. Ex huiuscemodi visione nimis territa confessionem cum magno labore fecit. qua peracta, cum iterum coram imagine oraret: claritatem priorem &amp;amp; filii manum eleuatam ut prius vidit: ex cuius visione robore animi recuperato valde lęta remansit, quod semper celauit: &amp;amp; nulli nisi priori qui hęc in literas misit patefecit. Ex hac enim hora ut prędicto priori ipsa manifestauit, motus magnus in corde illius relictus est: ac sæpius tales cordis ictus sentiebat. veluti si a corpore vellet exire. Cum iterum nocte quadam pro statu ecclesię oraret attente: ipsa sola cęteris recedentibus in choro orans remansit: &amp;amp; in sacrario ubi sacratissimum domini nostri Iesu christi corpus stabat flammam ignis accensam vidit: quę dimidię horę spacio ardens extincta est: ex qua visione nimis pauida remansit.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[Capítulo 42]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
QUOMODO IN DIE RESUR- / rectionis ad communionem accedens / agnum viuum in similitudine panis /  (ut sibi videbatur) accepit: &amp;amp; post / hac quoties communicabat alie- / nabatur a sensibus. CAPUT. XLII.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
CUM IN SABBATO sancto ad communionem sequentis resurrectionis dominicæ diei se prępararet: totam [fol. 79rb] illam noctem huc ac illuc per domum discurrens duxit insomnis: instanterque a domino cordis puritatem ad digne dominici corporis sacramentum recipiendum cum lachrymis postulabat. Tandem cum communionis hora aduenisset, cum cæteris sororibus ad communionem accessit: &amp;amp; sacrosanctam eucharistiam in similitudine agni viui sub specie panis recipiens, statim bullire eum in ore sensit: illumque cum magno timore deglutiuit. post cuius sumptionem illum super ipsius pręcordia insedere pręsensit: &amp;amp; adeo tanto gaudio cordisque lęticia fuit repleta, ut per quindecim dies orationem cum fletu miscens absque somno transierit, statimque rapta in spiritu fuit: &amp;amp; ex tunc ei accidit ut quoties christi corpus recipiebat: spiritu rapiebatur: ac alienabatur a sensibus quandoque magis quandoque minus ut in sequentibus apparebit. Ab hac igitur die hoc donum a domino in communicando promeruit: ut quoties sacramentum recepit, toties quidam admirabilis dulcor in corde, gutture, atque ore remansit: qui quadraginta dierum spacio perdurabat. &amp;amp; his quidem diebus absque corporali cibo transire poterat: ut ipsa prædicto priori dixit: propter singularitatem tamen euitandam: hominumque iudicia fugienda hoc facere renuit. In octauo vero die resurrectionis dominicę rapta spiritu fuit: &amp;amp; virum ætate vultuque reuerendum capa serica rubri coloris indutum ad se venire vidit: cui &amp;amp; dixit: Veni, a regina vocaris. Cæterum illa se a regina terrestri vocari existimans, cum illo ire recusabat: sed postquam cognouit quod a regina cœli vocabatur, cum illo libentissime abiit: ac se in quadam ecclesia extra ciuitatem inuenit: ubi sanctissima virgo aderat in brachiis filium suum tenens; quam cum illa vidit genua coram illa flexit. Et cum genibus flexis staret, vir qui eam vocauerat ad illam accessit: &amp;amp; pannum sericum in manibus eius posuit. quo facto statim dei genitrix super pannum filium suum collocauit: alioque viro iuniore sibi dato qui eam cum priore [fol. 79va] sociaret, dixit illi. Cum filio meo quo isti duo viri ibunt, perge. Vir autem qui capa rubra erat indutus paululum veluti hospitium quærens pręcedebat, &amp;amp; ingressus ciuitatem ad ianuas clausas clamabat: ac ter portas omnes percutiebat dicens. Aperite: ecce enim dominus venit ad hospitandum vobiscum. Et vidit neminem domus suæ portas reserantem: quinimo si qui eas apertas tenebant, eas velociter obturabant: dicentes, multis negociis impliciti hospitium vobis dare non possumus. Et ita (ut sibi videbatur) totam perambulauerunt urbem diuersorium in ea non inuenientes. Et cum illac qua ierant reuerterentur: mulieribus duabus in singulis asinis sedentibus obuiauerunt: quas duo clerici sociabant: &amp;amp; illis clerici dixerunt. Vos quidem recepissemus, sed nunc properamus: interea tamen quo reuertimur in stabulum hoc intrate. Sic itaque ubi gloriosa dei genitrix remanserat reuersi sunt: quæ filium suum de manu ancillæ suæ accipiens dixit. Ecce tempus aduenit in quo sic despicitur dei filius. iam nunc tempus est ut dominus angelum suum mittat: ad quosdam flagellis, quosdam gladio, alios igne percutiendos. sed ne prælatis, quos dominus sui gregis pastores fecit, ipsi vero in vestibus ouium lupi rapaces inueniuntur. dignitates cupiunt: easque summa solicitudine procurant, non ut christo seruiant: sed ut splendide viuant. Hac denique visione transacta, christi mater discessit. &amp;amp; illa in se reuersa ea quæ viderat cogitabat: &amp;amp; non post multos dies omnia hæc mala completa sunt: nam venit pestis, famis &amp;amp; scabies quædam quæ alio nomine morbus gallicus appellatur in viros ac fœminas quæ nullo medicorum adiutorio curari poterat. A peste quidem infecti: hi sunt quos angelus gladio percussit. qui vero fame peribant: quos flagellis cecidit: a scabie autem tacti quos igne combussit. nam (ut diximus) nullo penitus medicorum iuuamine poterat hæc scabies mederi. Iterum hæc christi famula in die ascensìonis domini rapitur: &amp;amp; beatissimam [fol. 79vb] virginem filium suum in brachiis tenentem vidit, magnisque vocibus clamantem, Videte filium meum, videte inquam fructum ventris mei. accipite illum &amp;amp; comedite: quinque enim modis quotidie per malos sacerdotes crucifigitur: videlicet defectu fidei, cupiditate, luxuria, ignorantia, &amp;amp; irreuerentia quasacerdotes ad altare accedunt, Cum iterum hæc domini ancilla attente pro omnibus sacerdotibus deum oraret: &amp;amp; ad saluatoris faciem quam depiêtam in quodam libro tenebat, aspiceret: super illam magnum fulgorem vidit: qui unius horæ durauit spacio: ac in ea carnem &amp;amp; sanguinem aspexit. &amp;amp; ab hac die adeo carnem abhorruit: ut eam deinceps etiam cum infirmaretur comedere nullatenus potuerit: &amp;amp; si sororii importunitate deuiôta aliquando carnem manducabat: statim stomachus illam reiiciebat. Fuit postea eius cibus uua, passa &amp;amp; cæterę res dictę. Hanc saluatoris faciem abstulit postea ab  ea confessor eius: &amp;amp; ipsa ex hac visione stupefacta: &amp;amp; quasi extra se posita remansit. Multis se afflixit pœnis ut apertius factum hoc ei dominus indicaret. Postea tandem in diebus ultimis mensis Septembris in grauem valitudinem cordis incidit. &amp;amp; cum de sua salute desperaretur: correpta spiritu velut mortua per tres horas stetit: quam adhęrentes sorores multis suppliciis spergiscere interim nitebantur. &amp;amp; stas sicin extasi posita dominam nostramvidit: quę pręcepit eiutomnia quę viderat suo confessori narraret: ut ipse manifestaretea duobusviris catholicis Toletanę ecclesię; videlicet decano &amp;amp; capellano maiori, quos suis nominib”designauit: ut &amp;amp; ipsi cuncta archiepiscopo apperirent: &amp;amp; sic prędicta clericorum mala corrigerent. Verum cum illa suo confessori cuncta narras set: prudenter ille incredulum se ostendens dixit. Licet mihi hoc quod ais certum sit: quo pacto illis erit: quibus per me ut dicis reuelandum venit. Eapropter signo ad veritatem huius rei cognoscendam indigentis: ut sic credatur id de quo potest dubitari. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[Capítulo 43]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[Fol. 80ra] DE DUABUS EPISTOLIS / quas diuinitus reperit scriptas./ CAPUT XLIII.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
IGITUR CUM DEI ANcilla responsum hoc audiuit valde turbata est: &amp;amp; suspirans ac gemens suo confessori per epistolam respondere in corde suo proposuit, ut ipsa facto conplemit. Et cum sic afflicta collapsaque animo staret: huc ac illuc p domum discurrebat requiem non inueniens: &amp;amp; cum casu per quendam locum transisset ubi fenestra aderat una: in ea papyraceam chartam duplicem in qua nihil erat descriptumvidit: &amp;amp; ignorans aquo ibi positafuerat eam accepit: &amp;amp; quoddam anæ trum ingreditur: ubi aliquando lignorum strues ponebantur: ibi parieti innixa resedit. Et cum sicstaret, subito claritatem in papyracea charta fulgentem aspexit: &amp;amp; sicut ipsa prædicto priori patefecit, quis manu eius accipiens duas epistolas in charta prędicta scripserit, ignorabat, quarum una suo confessori: altera venerabilibus patribus quibus hæc manifestanda erant dirigebatur: cum luce clarius sit nec ipsam scribere, nec literas per artem pingeredidicis se: nec in monasterio erat qui tales formaret apices. Epistolis tandem eo quo diximus modo descriptis, claritas disparuit, &amp;amp; iuxtase prędictas chartas inuenit: quas accipiens in manicasua posuit. Et cum ad hauriendam aquam ex dolio aheno iret: una de epistolis in dolium cecidit: quę supra aquam stetit in ære: mittensque manu, illam sine madefactione ex dolio subtraxit. Ex epistolis istis una ad capellani maioris Toletanę ecclesię (viri profecto magni meriti) manus peruenit: qui supradictum priorem certiorem fecit quod cum epistolam hanc super tres posuisset ęgrotos: a diuersis langoribus curati sunt. Cum itaque christi ancilla litteras has suo confessori dedisset, valde admiratus est: tum quia ipsa scribere nesciebat: tum etiam quia non erat aliquis in monasterio cuius notæ illæ fuisset: [fol. 80rb] ex quo coniectabat epistolas diuinitus fuisse descriptas, &amp;amp; ex hoc nimium admiratus est: cum in charta quæ ad ipsum dirigebatur nonnulla reperit scripta sibi sòli comperta, nec tamen ob id hoc factum diuulgare ausus est: quia nondum venerat hora in qua dominus manifestari disposuerat. Dubitabat enim ut alter Thomas: ad omnium dubitationem postea effugandam. Cum prædictus denique confessor pro tunc ad ei confabulandum oportunitate careret: ei literas misit. &amp;amp; inter cætera demonstrabat se nullatenus posse credere: quod illa epistolas has scripsisset ut in publicum egrederentur. De qua re valde turbata in corde suo domino quęrebatur. Postea confessoris pręsentia habita, grauiter eum de cordis eius duritia increpauit; ostendens ei per euidentes rationes neminem pręter illam angeli tamen adminiculo epistolas scripsisse. Ex hac hora misericordiam domini in corde suo deprecari proposuit: ut de tantis discriminibus eam liberare dignaretur, &amp;amp; sìlentium in talibus deinceps tenere voluntate firmauit; quod &amp;amp; fecit. Orabat autem dominum ut prędicto confessori suo aliquod signum ad credendum si tali capax fuisset daret; sin autem dure eum flagellaret, ut sic credere posset propter incredulitatem suam hoc sibi euenisse. Cęterum christi famula [n]ouem mensibus tacuit: coram domino tamen gemitibus &amp;amp; suspiriis non tacebat. O quam suauis &amp;amp; mitis est dominus sanctis suis, de se presumentes humilians: &amp;amp; humiles in oculis suis exaltans. Orationibus tandem suis dominus victus eam multis modis visitare dignatus est: passionis suę participem illam faciens euidentibus signis, qualia nostris diebus, nec in multis sanctis pręteritis visa non sünt: ut in suo loco dicetur. Considerans igitur hęc religiosa fœmina signum in epistola illa factum, quę in dolio cadens madefacta non fuerit; eam secum retinere cogitauit: &amp;amp; nocte quadam prędictum antrum ingrediens, supradictam epistolam transcribere ut potuisset cupiebat: nam ut diximus [fol. 80va] ipsa notas arte nesciebat formare, &amp;amp; cum ignem in ollula portaret ad candelam quam extinctam manu gerebat accendendam: subito candela sine applicatione ad ignem accensa est. Et statim ut epistolam transcribere voluit: sanguis ex eius naribus distilare cœpit: quem unius horę spacio stringere non potuit. Quo ab caviso epistolam illam temporibus suisapplicans: mox sanguinis emanatio cessauit. Post hęc cum in die conceptionis dei genitricis Mariæ quædam puella paruula per septem horas mortuaiaceret: &amp;amp; christi famulæ in monasterio hoc nunciatum fuisset: magna fide prædictam misit epistolam quam super mortuam imponi iussit: &amp;amp; eo ipso oscitauit resurrexitque sana. Et cum mulier quædam pectus haberetapertum: mox ut hæc chartasuper illud posita fuit curata remansit. Clericus itidem ad diuum Iacobum pergens hancepistolam secum magna deuotione ferebat: &amp;amp; cum infortunio in flumen cecidisset: vestibus omnibus madefactis epistola supradicta illęsa permansit,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[Capítulo 44]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
DE LATERIS VULNERE, AC / aliis pœnis eius. / CAPUT. XLIIII.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
POSTEA PRAESAGIens sibi ventura, cum omnium sanctorum dies aduenisset: matrem monasterii deprecauit ut communione illius diei per acta: eam in aliquo loco domus recluderet, ubi a nemine videretur. Dominici tandem corporis sacramento percepto: adeo fletus illius magni fuerunt antequam raperetur, &amp;amp; cordis ictus quos intrinsice sentiebat: ut nullus effari possit: fecitque sìbi tantam vim ne audiretur exterius quod intus patiebatur: ut sicut cuppę musto plenę quę citius sine spiraculo rumpitur ei acciderit: nam sic illa in capitis apice crepuit apertura ipsa usque ad frontem apparente : ac tam grandis cæsa in capite visa est, veluti si nouacula facta fuisset: quæ multis aperta stetit diebus / pluribus eam videntibus: &amp;amp; non est humano beneficio medicata. sensitque tam grandem dolorem [fol. 80vb] atque cruciatum ex vulnere: ut sibi velut mors fuerit. Visum est postea hoc vulnus a testibus fide dignis: &amp;amp; a notario ut infra dicetur. Postea itaque priuatur a sensibus: &amp;amp; quadraginta horarum spacio in extasi mansit, &amp;amp; in hoc tempore sorores (multis suppliciis in naribus, pedibus, manibusque eius factis) eam reuocare procurabant: ut nonnihil cibi posset recipere. Et usque adeo ad aperiendum os eius vim fecere: ut ei molarem dentem frangerent. Et cum sic in extasi posita esset, defunctorum nocte ter vel quater magnasuspiria magnosque gemitus dedit cum grandi sui corporis motu. &amp;amp; ex hoc raptu ante cœleists regis thronum deducta fuit: viditque ibi res magni pauoris, quæ humana lingua bene explicari non possunt. vidit enim dominum nostrum Iesum christum in throno magno sedentem: magnamque turbam in conspectu eius stantem: habentem gladium transuersum ex utraque parte acutum in ore: diuinoque oraculo intellexit quod gladius ille designabat iram magnam quam rex super ecclesiam eiusque pręlatos tenebat. Et illi hęc cernenti imperatum est, ut viris quibus antea secundum præceptum sibi factum res sunt patefactę diceret, qua de causa sibi dicta obliuioni tradebant: erantque negligentes in præceptis diuinis adimplendis: &amp;amp; quod si diuinum iudicium euadere cupiebant: statim ad archiepiscopum irent: ut ipse ad ciuitatem ad quinque peccata supradicta corrigenda personaliter accederet: quę secundum annotationem superius factam sunt defectus fidei, cupiditas, luxuria, ignorantia sacerdotum: &amp;amp; illorum in sacerdotali ministerio irreuerentia: quibus peccatis quotidie dominus noster Iesus christus blasphemabatur: destrueretque hęreses quę in illa ciuitate vigebant. Dictumque est illi postea, hoc signum e cælo ut credaris tibi dominus dat: videlicet ut gladius ille quem in ore regis transuersum vides scindet cor tuum atque illud pertransiet: facietque in eo uulnus ex quo sanguis viuus exibit: quod cunctis testimonium verum erit: &amp;amp; tu passionis filii dei imitatrix atque particeps eris. Sic igitur factum est, [fol. 81ra] nam mox dolore indicibili latus sinistrum super cor apertum reperit. Tantę crat magnitudinis hoc vulnus, ut pollicis caput bene in vulnere intromitti poterat. statimque ex eo ita sanguinem decurrere sensit: ut vix rem potuerit celare. Huius autem vulneris apertio viginti diebus durauit: &amp;amp; in sextis feriis sanguinis emanatio cæteris maior erat: nam his diebus sine impedimento pannorum in vulnere positorum sanguis usque ad crura decurrebat. Nunquam putredinis signum in hoc vulnere apparuit: nec medicamen humanum in illo positum est: sed pannis mundis impositis cum priores cruentabantur, alii de nouo ponebantur in vulnere, Sanguis hic mundus &amp;amp; purus erat: ut apparet in pannis qui in vulnere illo positi fuerunt. Et licet hæc christi ancilla ad celandum hoc vulnus, &amp;amp; dolores magnos quos patiebatur pro viribus quandiu potuit operam dederit: decem tamen diebus transactis deficientibus iam viribus diuinitus sibi reuelatum est, ut quod habebat monasterii matri &amp;amp; alteri ex sororibus quę Teresa vocabatur, ostenderet: his enim pannos sanguinolentos patefecit: ex quorum visione nimis illę territę, confessore secrete accersito, rem ei pandunt, Verum confessor ne hoc factum extra domum diuulgaretur omni studio egit: timebat enim ne aliqua illusio esset vel fictio: ideo ad omnem dubietatem abigendam, rei veritatem omni solicitudine inuestigare curauit. Tandem suis propriis oculis vulnus considerans admiratione repletus, et rei fidem adhibtiit: &amp;amp; eam fidelibus testibus reuelatuit: ut fideliter de illa testimonium omnibus perhiberent. Fuerunt enim eiusmodi rei testes ecclesię maioris Decanus, ac eiusdem ecclesię Capellanus maior: cui Didacus de Villaminaya nomen erat: qui, pręsentibus notario &amp;amp; confessore prędicto &amp;amp; monasterii matre aliaque ex sororibus (de qua supra diximus) uulnus viderunt per lintei aperturam, christi ancilla in lectulo iacente nulla alia corporis sui parte discooperta. Hi sex testes quatuor viri &amp;amp; duæ fœminę vulnus recens &amp;amp; cruentum suis oculis viderunt, &amp;amp; manibus contrectarunt: videtes etiam pannos qui [Fol. 81rb] nouiter in vulnere positi sunt, &amp;amp; capellanus maior filorum copiam sanguinolentorum manu sua ex vulnere subtraxit. Omnes itaque hi testes magna cum diligentia vulnus considerantes: non humanitus nec casu sed diuinitus esse factum apertissime cognouerunt: &amp;amp; sic (ut diximus) aliquo medicamine humano curatum non est: tametsi ex ipso dei famula magnum cruciatum interius exteriusque sustinuerit. Stetit hoc vulnus supradicto modo viginti diebus apertum: quibus transactis se absque aliquo beneficio clausit, cicatrice tantum in loco vulneris remanente: &amp;amp; dolore continuo quem in parte illa sentiebat: qui quidem multis diebus durauit. His quoque diebus in capite manibus &amp;amp; pedibus cruciatur. cum enim valde debilis &amp;amp; afflicta ex pręteritis in lectulo iaceret: surrexit in eo: &amp;amp; coram crucifixi signo quod ibi depictum tenebat genua flectens, statim dolorem grandem in pedibus manibusque pręsensit ac si illę partes quibusdam clauis perforarentur. Et cum in hoc esset cruciatu: &amp;amp; eius manus sinistra (ut sibi videbatur) transigeretur: tam grandi cruciabatur dolore: ut, pollice manus dexterę in palma sinistræ posito, adeo palmam ob doloris magnitudinem compressit, quod sanguis super manum crepuerit. et sapienter hoc vulnus abscondit tenens manum panno coopertam: quod diebus quadraginta durauit: et sine humano denique remedio signo tantum in manu remanente, curatum est. Et ut omnium pœnarum passionis dominicæ particeps esset: ultra supplicia que antea in capite passa est, subito tunc in eo nouum &amp;amp; magnum dolorem sensit: ac si caput illius spinarum circumdaretur corona. &amp;amp; licet diuersa remedia capiti fuissent imposita, nullum tamen penitus profuit: iustum enim erat ut diuinitus facta humana industria non sanarentur. Cum igitur ex supradictis pœnis corpus eius satis debile staret. non his contentus dominus aliam grauiorem pœnam et dare disposuit: nam in circuncisionis domini nocte in spiritu rapitur: &amp;amp; ante quendam magnum iudicem vultu terribilem ducitur: ubi quia in reuelandis rebus visis his quibus manifestandę erant obedire contempsit, dure a iudice increpatur, &amp;amp; Mi- [fol. 81va] chaële suo iudicio ex uno brachio, ac ex altero beato Ioanne euangelista eam tenente: quos singulari obsequio venerabatur; flagellis iussit iudicis a quodam angelo cęditur. Tam dure itaque flagellata est, ut totum eius corpus (facie, manibus pedibusque exceptis) fuerit plenum verberibus, non tamen vibices nec vulnera in corpore eius apparuerunt: sed quidam scobriculi tantum: erantque ita coniuncti, ut vix inter eos aliquid poterat apponi: &amp;amp; ex hac punitione grauissìmum dolorem sensit in corpore. Hęc quidem flagellorum signa quindecim mensibus vel quasi in corpore eius durarunt. Ipsa autem hoc factum tacuit nemini illud referens quousque. monasterii mater quadam die mittendo manum recontinuationis velaminis causa super scapulam eius signa prædicta inuenit: qua de re nimis territa eam durius increpauit, credens ipsam se crudeli pœnitentia mactauisse: propter quod tunc christi ancilla ei rei veritatem (sicut scriptum est supra) aperuit. Omnia hæc ad notitiam pontificis Toletani Petri a Mendoça cardinalis postea peruenere: ut ex epistola ipsius ad Priorem Sislanum missa patet, cuius verba hæc erant. Venerabilis pater: hac pręcedenti nocte hora post eiusdem noctis medium secunda / libellum quem mihi dimisistis accepi, &amp;amp; nunquam illum ab oculis separaui, donec omnia eius capita integre perlegi. &amp;amp; quod magis admiror sic cordi meo adhęsit: ut nihil, &amp;amp;si in his reuelationibus credendis tardus, de eo dubitauerim. In fine notarii testimonium vidi: &amp;amp; testium confirmationem: quibus utique omnis fides adhibenda est: ego nanque eorum cuilibet equidem fidem pręberem: quanto magis omnibus illis iunctis. Omnes testes mihi noti sunt: monasterii matre excepta, quæ propter officium merito approbanda venit. Notarium esse virum bonum &amp;amp; fidei dignum non me latet. Tantarum quippe visionum in spiritu &amp;amp; corpore admiror: sed quam maxime tantam duritiam in fœmina inueniri in celando quæ sępissime viderat: pręsertim cum de reuelandis mysteriis sibi ostensis [fol. 81vb] ab eo qui omnia imperat &amp;amp; gubernat mandatum acceperit: quod profecto suæ profundissìmæ humilitatis atque inanis gloriæ contemptus indicium est. Cęterum pater venerabilis pro mea parte &amp;amp; p hoc quod ad me attinet date illi gratias: quas dominus noster sibi largiatur abunde: &amp;amp; pœna quam patitur sìt ei centuplum ad gloriam: &amp;amp; si quid pro eius consolatione ego facere possim, vos ex parte mea illi omnia integre offerte. meque illi recommendate ut in orationibus suis mei sit memor: ut in domini nostri seruitio hanc vitam consummare valeam, in omnibus eius voluntatem adimplendo. Post hac vero cardinalis memoratus epistolam de manu huius sanctissimæ fœminę suscepit: &amp;amp; per hunc modum eidem rescripsit. Deuota ac in christo dilectissima soror: epistola tua &amp;amp; his quę prior Sislanus mihi retulit magnam suscepi consolationem. at dominus noster qui te in talem posuit statum in eo te usque ad finem feliciter conseruare dignetur: &amp;amp; mihi gratiam prestet ut eius voluntatem facere possim: &amp;amp; quę mihi consulis adimplere valeam: quod pro te a domino eiusque genitrice impetrare cupio: &amp;amp; ob id tuis orationibus me multum recommendo: &amp;amp; quia priori Sislano latius sum locutus, plura non dicam. Vale in domino. Obiit autem hic memoratus antistes post mortem huius sanctissimę fœminæ, langore prolixo multis diebus laborans: in quibus plurima pia opera executioni mandauit.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[Capítulo 45]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
DE OMNIUM LANGORUM / eius curatione: deque his quæ in sacratissima natiuitatis nocte vidit. CAP. XLV.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
CUM IGITUR HÆC christi ancilla continuis ęgrotationibus vexaretur: octavo die solemnitatis diui patris nostri Hieronymi peracto lateris dolore in lectum decidit, sanguinem per os euomens. &amp;amp; cum omne medicorum consilium abhorreret: suo iudicio quinque pillulas sumere ausa est: quibus sumptis ad mortem peruenit. At cum sic staret, anima (ut sibi videbatur) a corpore eius euulsa super vulnus cordis insedit: quam archangelus Michael (ut si- [fol. 82ra] bi videbatur) manu sua illic tenebat compressam: &amp;amp; sic viuebat: &amp;amp; virtus ad sacramenta sancta suscipienda sibi non defuit. Matrem autem monasterii deprecabatur ut priorem qui hæc in literas misit vocaret: ut eius confessione audita cętera ministraret sacramenta. Contigit hoc in mense Octobris. anno octuagesimo quinto supra millesimum ac quadringentesimum. eratque dies ille sabbatum: in cuius nocte sanctam communionem quam receptura erat meditans: cupiensque a corpore absolui magna deuotione suum monasterium, &amp;amp; Sislanum domino commendabat. Ei quidem sic stanti monachus a quo in ipsa dominica die res diuina in monasterio erat agenda in visione demonstratus est. cui domina nostra cum ad consecrationis verba peruenit, filium suum quem tenebat in brachiis dedit: qui a sacerdote in tres partes diuisus in qualibet ipsarum puer viuus &amp;amp; lætus remanebat. Vidit etiam splendorem super altare: &amp;amp; angelos ex utroque brachio sacerdotem sustentantes: aliosque plures circa altare ambulantes: &amp;amp; diuam Caterinam &amp;amp; Barbaram sibi dicentes. Cras feria secunda hora nona ante meridiem in splendore quem hic cernis dominum recipies: statimque sanaberis: quod sic factum est. Cum igitur prior ad confessionem eius audiendam peruenisset, ne illa die ad monasterium reiterteretur eum humiliter rogauit: ut si forsan eam mori contingeret sua non careret presentia: sin autem ipsa nocte non migraret a sęculo: pro certo sciret: se perfectam sanitatem adepturam. Quod sic euenit ut ipsa prędixerat: nam cum in die lunæ communionem de manu prioris vellet accipere: prioreque ad eam cum corpore domini conuerso, in ipsius pectore &amp;amp; manibus ingentem vidit splendorem: quem etiam in illa hora paruula quædam quatuor annorum vix fari sciens conspexit, quę ibi cum matre sua aderat: splendoremque magnum tanquam solis quem in manibus prioris &amp;amp; in christi famula cernebat matri indicauit: sed mater videre non valuit quod filia videbat. Corpore domini itaque suscepto satim rapta est spiritu: omnibusque sensibus per- [fol. 82rb] ditis sic per nouem horas stetit, &amp;amp; cum quæ si violenter expergisceretur: oculosque aperuisset: psalmistę versum recitauit dicens. Benedic anima mea dominum: &amp;amp; omnia quę intra me fiunt nomini sancto eius, qui propiciatur omnibus iniquitatibus tuis, qui sanat omnes infirmitates tuas. &amp;amp; mox se sanam reperit: &amp;amp; reuersionis ad pręsentem vitam eam pœnituit. Alia complurima secreta cœlestia hęc christi famula vidit quæ quidem sibi visibiliter ostensa sunt, pręsertim in sacratissimę natiuitatis dominicæ nocte: de quibus tantum sequentia annotabimus. Cum semel itaque in ipsa natiuitatis domini nocte, noctis medium summa cum attentione expectaret: eo quod illam esse horam, in qua redemptor noster in carne visibiliter apparuit, non ignorabat. &amp;amp; genibus flexis in oratione insisteret coram sacratissimę christi matris altari, in quo eiusdem virginis effigies astabat: ac etiam altare ipsum mire compositum, candelisque accensis plenum esset: &amp;amp; cuna opulenter adornata cum pannis ceruicalibus in eo posita: faceretque in cuna coram matre sua puer paruulus vestibus pręciosis indutus ecce noctis medium aduenit. &amp;amp; cum sìc multis suspiriis ac lachrymis dominicæ natiuitatis sacramentum contemplarci: oculis corporeis magnam claritatem super altare descendentem vidit: &amp;amp; dominum nostrum in paruuli speciem nimis fulgentem, quem angelorum multitudo reuerenter adorabat. Angelorum itaque adoratione, quæ per dimidiæ horæ spacium durauit, finita: pastores festiuantes ad infantem adorandum venire prospexit: illisque recedentibus, mox tres orientales reges magna cum societate ingressi sit: quos tres soles nimis fulgentes comitabantur, qui cum ad altare accessìssent: statim ex tribus unus sol effectus est. Reges vero procidentes puerum adorauerunt: eique sua munera obtulere. &amp;amp; in hac regum adoratione dei genitricis imago que in altari erat, ter contra puerum arrisit. Post regum angeli admonitione recessum, Herodem sęuissimum puerum ad perdendam quęrentem vidit: vidit etiam quomodo [fol. 82va] beata Maria filium brachiis tenens Ioseph comitata tristes in Ægytum fugiebant. Huiusmodi autem visio a noctis medio usque tres subsequentes horas in oculis eius perdurauit. Quibus finitis, cathedralis ecclesię capellanus maior desiderio seruiendi christo attractus ad monasterium venit. ad primam missam galli cantus vocabulo appellatam celebrandam: &amp;amp; ut sorores communicarent in ea: cantores itidem qui solemniter rem diuinam agerent secum adducens. Et cum ipse sacris indutus ad altare exiret: statim hęc christi ancilla oculis apertis duos cereos magnos super altare vidit: &amp;amp; ab uno quoque illorum quinque radii usque ad ipsam directi procedebant: nullumque impedimentum cortinę quę ante chorum erant extensæ ei prestabant ad videndum omnia que in altari erant facienda. Cum itaque magna solemnitate res sacra inchoaretur: &amp;amp; suo ordine perueniretur ad sanctus: magnam angelorum cateruam ad altare descendere vidit: qui quidem sacerdotem ipsum a pedibus usque ad caput cooperuere: &amp;amp; ipsi ascendentes ac descendentes cum magno gaudio sacrificio assistebant. &amp;amp; cum sacerdos hostiam consecratam eleuaret: prędictos angelos brachia eius attollere vidit. Ad pater noster tandem peruento, non valuit ultra super genua sua stare: nimisque spiritu defatigata cecidit super faciem suam: &amp;amp; sic in eodem loco usque ad horam diei duodecimam iacuit: qua transacta ex sororibus quędam eam ad lectulum suum deportauere; (nam ab hora noctis decima: in qua ad matutinum pulsatum est usque ad hanc quam pdiximus horam, semp genibus flexis in supradicto loco stetit immobilis). In sero autem illius diei ob sororum deprecationem parum conditaneæ cidoneę comedit: &amp;amp; sic sine alio cibo feria secunda &amp;amp; tertia permansit. Feria vero quarta uno tantum ouo contenta aperte demonstrauit quod spirituali alimonia ei vitam contra conditionem humane naturę prestabat. Iterum die quinta ante natiuitatis dominicę solemnitatem ob famem, quę propter farinæ defectum ex fluuiorum incrementis tunc vigebat: nimis esset afflicta absque dormitione noctem illam tran- [fol. 82vb] segit, &amp;amp; cęteris sororibus dormientibus, surtexit ipsa: &amp;amp; in pauimentum subdiale ex quo fluuius conspici poterat, ascendit: &amp;amp; cœlo nut dosignum crucis contra amnem faciens, mox ad orandum in quodam cubiculo se recepit: &amp;amp; brachiis ad modum crucis extensis super terram procidens per magnum interuallum in orationem pdurauit. dei enim genitricem deprecabatur attente: ut filium suum exorans eum placabilem faceret populo. Et cum in hac pœna posita christi matrem exoraret deuote: subito quendam magnum splendorem vidit totam domunculam illam in qua erat illuminantem. aspexitque in claritate dominam nostram: quę lachrymosis oculis voceque tristi illi dixit. Omnes has pręteritas aquas per tot dies diuisas in tribus diebus per alluuionem emittendas esse scito filia; ac earum maiorem partem super istam ciuitatem perfluendam propter maximapeccata quę in ea quotidie perpetrantur: ego tamen tuis precibus inclinata: &amp;amp; propter orationes quas pro populo effudisti: filium meum exoraui, ut petitio tua acceptabilis coram eo esset: &amp;amp; exaudiri pmerui: &amp;amp; sic ira eius placata est. Stabat hęc famula christi ocfis apertis manibusque eleuatis cum dei genitricem videbat: que attamen recedente in terram cecidit: &amp;amp; absque sensu aliquot horis pdurauit. Postea in se reuersa, corpore &amp;amp; spiritu roborataad dormitorium reucrtitur: nulla ex sororibus hoc sentiente. Cum igitur fama eius non usque adeo tegi potuisset, quin ad aliquorum piorum hominum notitiam deuenisset: inter alios apud quos latere non potuit, episcopus Pacensis fuit: qui tunc erat ecclesię Toletanæ Decanus: q &amp;amp; cum illa sępe locutus est: &amp;amp; fuit testis vulneris lateris. Huic ergo semel eam deprecanti pro cuiusdam discordię sedatione quę erat in curia ipsa libentissime obediens: ante solis ortum orationis causa superiora domus ascendit: &amp;amp; magnum splendorem in cœlo ubi sol oriturus erat aspexit. soleque orto, oculis claris eum sine claritatis obstaculo intuebatur: viditque intra ipsum solem foramen grande quod in cœlum intrabat: ex quo magni claritatis radii ad diuersas partes exierunt. crux etiam aurea magni quidem fulgoris intra foramen apparebat: quę tam- [fol. 83ra] diu demonstrata est donec ad primam factum estsignüm. In ære etiam quendam haud procul a se distantem aspexit: qui suo iudicio erat ut luna, cum ali[o] pugnantem: &amp;amp; interuallo modici téporis transacto: scapulis adinuicem auersis recessere. Et cum quedam ex sororibus illuc ascendisset: statim illa a loco discessit: &amp;amp; sic visionis pdictæ finem videre non valuit. Verum credi potest pręcibus illius discordiam postea sedatam fuisse quæ inter nonnullos viros illustres vigebat in curia: pro cuius sedatione cum supradicta vidit, orabat. Contigit hoc infra octauas resurrectionis dominicę; anno octuagesimo sexto supra millesimum ac quadringentesimum, Cum iterum in mense Iulii in aurora illius dici quo sanctę crucis triumphum colit ecclesia, oculis sursum eleuatis oraret: vidit quasdam flammas in cælo. &amp;amp; interuallo horę unius consumpto: ipsum cælum aptum notauit: &amp;amp; solem itidem per aperturam quamviderat egredientem: ac in illo om nesicgli pulchritudines cognoscebantur: &amp;amp; statim insubsequenti die in quodam libro hora tertia orans attente: iuxta fenestramex qua cælum poterat intueri: tertie hilem cuiuspiam vultum veluti lunę apud se vidit duasque hominum effigies deintus stantes unum contra alium gerentes bellum: &amp;amp; ibi etiam occisorum aderat multitudo. Hac nempe die comes Cifontanus captus fuit a Mauris.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[Capítulo 46]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
DE ANIMA SACERDOTIS / defuncti qui eidem apparuit: &amp;amp; de  aliis visionibus eiusdem. / CAPUT. XLVI.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
CUM HÆC CHRISTI ancilla in supradicto anno quadam nocte in stratu suo faceret: noctisque medio finito nondum esset pręoccupata somno: sacerdos monasterii nuper defunctus ei apparuit: qui Ioannes Hulmensis vocabatur de quo supra mentionem fecimus (nam Hic fuit ille confessor eius qui vulnus lateris vidit) &amp;amp; propter molestias quas sibi intulerat veniam ab ea humiliter postulauit ob epistolam pręsertim quam ad eam [fol. 83rb] rescripserat: quæ magnæ perturbationis causa extitit ei: ac etiam quia illius verbis fidem non præbens, eius consilia temerarius spreuerat. Supradictis etiam sequentia adiecit. Dicito quęso priori Sislano: &amp;amp; huius monasterii matri: ut omnium molestiarum quas illis feci veniam mihi concedere dignentur: ac etiam sex milia dipondia quæ huic monasterio debeo mihi indulgeant: pariterque librum quem vendidi remittant: &amp;amp; eleemosynę gratia quinquagies altaris sacrificium pro me faciant celebrare: ut sic eruar ab hac pœna quam modo sustineo: &amp;amp; tu christi famula pro me ora. Et his dictis disparuit. Cęterum illa cum ex hac visione nimis terreretur: semianimis &amp;amp; sine loquela quatuor horis remansit: &amp;amp; in se r[e]uersa magna deuotione cuncta quę defunctus ab ea petiit adimplere curauit. Nec est hoc loco tacendum visionem quam vidit eo die quo capellanus maior in humanis agere desiit. Hic enim Didacus de Villaminaya appellabatur vir sane religiosus &amp;amp; prudens, charitatisque operibus plenus: de quo nuper multis in locis mentionem fecimus. Cum igitur hic vir venerabilis esset pro suis laboribus a deo remunerandus: in fine mensis Martii anni octuagesimi septimi egrotauit: &amp;amp; tandem ingrauescente langore ex hac vita migrauit, cuius mortem quasi ciuitas tota deplanxit: sed doloris huius maxima pars Marię Garsię monasterium occupauit: propter beneficia magna tum spiritualia tum temporalia quæ sororibus veluti earum pater quotidie faciebat. Et cum vitę eius finis parum post decimam diei horam euenisset: stabant in ecclesia sorores &amp;amp; cum illis hæc christi famula rem sacram audientes: &amp;amp; campanarum pulsatione propter illius obitum in ecclesia maiori facta: statim illa rapta spiritu fuit: &amp;amp; vidit defuncti animam a Ioanne baptista, &amp;amp; diuo Hieronymo sanctaque Caterina ad iudicium coram diuina magestate in quendam magnum nimisque deliciosum campum deferri, animabus plurimis ibi astantibus laudantibus deum. Accusatus est itaque propter obmisionem quam fecerat in adim- [fol. 83va] pletione cuiusdam defuncti voluntátem qui illum sui testamenti reliquerat executorem. etiam licet predictus capellanus hoc ante mortem suo testamento emendare curauerat: tamen a domino nostro Iesu christo iusto iudice iudicatum est ut eius anima in loco illo detineretur donec compleretur legatum: quo soluto mox ad gternam beatitudinem perueniret. Cęterum illa hęc omnia in ipsa ritu videns, statim ut ad se est reuersa: multospacio quasi extra se mansit: inagna pœna gaudioque adinixta ob prędictam visionem poccupata. Et ita magnis exanimationibus in lectulum cecidit: ut de eius desperaretur vita. &amp;amp; nemini hanc rem dempto priori prędicto patefecit: qui eam obedientię pręcepto ad reuelationem omnium quæ sibi dominus ostendisset constrinxerat. Huius igitur visìonis certitudo ex supradicti patris testamento liquet: cuius ordinationem hæc christi famula ante hanc visionem penitus ignorabat. In raptu quadraginta horarum cum vulnus lateris suscepit (de quo nuper diximus) se purgatorias pœnas vidisse asseruit: ubi tormenta horribilia (que dici non possunt) aspexit. &amp;amp; cum circumquaque respiceret quendam sacerdotem adhuc viuentem aiarum curionem in magno cruciatu inuenit positum: serpens nanque horribilis cui duo capita duoque ora erant eum pręcinctum ac ligatum in circuitu tenebat. viditque etiam iuxta illum drachonem ingentem: qui super spinam cuiusdam infantis aiam in sportula habebat: que quidem magnis quærellis ob pœnam quam patiebatur iudiciuma deo fieri instantissime postulabat propter culpam solummodo sacerdotis illius. Cumque famula christi quęnam pœna esset illa angelum qui eihęc omnia ostendebat interrogaret: ei angelus dixitque infans ille propter sacerdotis illius culpam nondum. regeneratus baptismo obierat: ac ob id quęrebundus iusticiam a deo postulabat de illo. Postquam vero ad se rediit valde territa, p sacerdote illo quotidic dum orabat: &amp;amp; dierum octo interuallo transa &amp;amp; o hic sacerdos rem sacram in monasterio agebat: corporeque domini iam eleuato iterum illa rapta fuit spiritu: &amp;amp; vidit sacerdotem hunc [fol. 83vb] serpente præcinctum tria habente capita, quorum primum cor, secundum linguam, tertium vero scapulas sacerdotis comedebat. Viditque ctiam infantem coram eo clamantem &amp;amp; dicentem. A dei visione tua negligentia priuor: tua culpa sine baptismo mortuus sum: tanti peccati veniam a deo non consequeris. Tertio itaque die post hanc visionem sacerdotem istum vocari fecit: &amp;amp; omnia quæ viderat secreto eidem aperuit. Quod cum ille audisset adeo territus est, ut loquelam medię horæ spacio perdiderit. quem christi famula sic afflictum pusillanimemque videns: in domino confortauit. Tandem ad se rediens quomodo hoc secretum dominus sibi reuelauerat vehementer admirari cœpit. &amp;amp; ita in veritate fuisse sicut illa dicebat aperte confessus est: tam de puero qui sine baptismo sua obierat culpa: quam de cæteris rebus quibus hactenus deum se offendisse cognouerat: prout ab illa eidem sunt enarrata. Post hęc dei famula dixit illi. Ne de his valeas quiquam dubitare: cras dum in altari fueris dominum ostendere tibi signum pro certo tibi sit. Quod sic euenit: nam hic sacerdos confessus est postea, quod dum sequenti die sacrificium christianum ageret: &amp;amp; rerum diuinarum codicis verteret folium, ubi effigies crucifixi erat depicta: quinque guttas sanguinis inuenit in illo: et post annos quinque in diui Michæelis archangeli festo hic sacerdos ex hac luce recessit: quem dei ancilla suis orationibus iuuit. Postea denique in aurora diei sancti Francisci in figura horribili eidem apparuit: plurima quæ inter ipsum &amp;amp; alia personam secreto transierant, ei aperiens: quę quidem ita in veritate comperta sunt.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[Capítulo 47]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
QUOD SPIRITU PROPHE / tię multa arcana reuelauit. / CAPUT. XLVII.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
MULTA OCCULTA hæc christi ancilla spiritu prophetię repleta indicauit: ut ex supradictis faciliter agnoscitur: &amp;amp; per alia quæ de ea scripta reperiuntur, gratiam quam ei dominus in cognoscendis secretis dederit, aperte in- [fol. 84ra] telligimus. Cum igitur illis diebus iam inquisitionis negocium contra hęreticam prauitatem in Toletana ciuitate ageretur: nonnulla archana huic sancto officio attinentia priori Sislano aperuit: &amp;amp; ipsi quonammodo ista sciebat interroganti respondit. Dominus noster Iesus christus ea forma qua ad columnam ligatus stetit mihi apparuit: scapulas habens sanguinolentas: &amp;amp; mihi dixit. Aspice filia qualis ab hęreticis contrector quotidie: idcirco dic ecclesię huius Decano, &amp;amp; Sislano priori, qui inquisitionis rem tractant, omnia quę nunc oculis cernis. Quod sic adiplere curauit. nam hęc eadem verba (supradicto priore presente) ecclesię decano dixit; aperiens utrisque quędam occulta ad sanctum inquisitionis officium ptinentia. Cum alia vice staret mente eleuata, sacrosanctam eucharistiam magna cum solemnitate a clericis de maiori ecclesia depromi vidit: &amp;amp; cuidam egro hęretico deferri: iussumque est ei ut omni velocitate ad clericos iret: ac eis diceret. Ad ecclesiam cum sacramento reuertimini: hæreticus namque est ad que illum defertis. Et sic factum est. verum angelus qui hęc sibi imperabat sequentia postea adiecit dicens. Ut quę tibi dico vera esse comperias: hodie cum res diuina celebrabitur sanguinis guttas ab hostia distillare videbis. In hac itaque die hęc christi famula hostiam cruentatam oculis claris aspexit, cum post consecrationem fuit eleuata. Semel etiam futura cognoscens priori Sislano dixit. Curam pater adhibe in domo: duo enim in ea sitnt qui tale peccatum perpetrare procurant. Quod postmodum rei euentus eam vera dixisse comprobauit. nam post paucos dies duo famuli deprefensisunt: qui malum grande eodem modo eademque forma ut ipsa prędixerat perpetrare volebant: &amp;amp; mox a monasterio. fucrunt expulsi. Monachus quidam eam proptereius famam videre &amp;amp; alloqui cupiens: pro hacre impetranda magnopere laborabat: tandem quod desiderabat obtinuit. &amp;amp; cum ad colloquium illius fuisset admissus: hęc ipsa inter cętera illi dixit. Iamdiu pater est q te meum colloquium. expetere scio: &amp;amp; causam cur hoc deside- [fol. 84rb] rio laboras: scio etiam quod tali die scriptionem faciebas: quam ea die optabas perficere: &amp;amp; non potuisti: &amp;amp; consummasti eam nocte sequenti. His auditis stupefactus monachus quomodo secreti huius notitiam potuit habere eam interrogauit: cui ipsa respondit se omnia hęc in spiritu vidisse. Et postea sequentia adiecit. Dic pater tali monacho (illum nomine suo designans) quod multum tristatur spiritu: videat vias suas: &amp;amp; si aliquid fecit punitione dignum, indulgentiam petat: alias magno subiacebit periculo. Et cum huic monacho &amp;amp; cęteris domus hoc esset experimento cognitum: valde admiratus est: intellexitque eam spiritu dei esse repletam. Contigit hoc cum ordinis nostri primarius in Sislano monasterio inquisitionis causa erat. Cum isdem etiam monachus iterum illam alloquens, alterius monachi cuius nomen tacebat vitam multum commendaret: christi ancilla eum deprecari cœpit, ut fratris illius nomen vellet sibi aperire: sed cum monachus hoc negaret: tunc illa dixit. Monachus de quo pater dicis sic appellatur, vir quidem religiosus est: partem habens cum deo. Quod monachus audiens nimis territus est: videns quomodo spiritu dei sciebat, quod ille ei noluérat indicare. Dificiliter &amp;amp; non sine magno tędio cum exteris loquebatur licet viri religiosi fuissent. &amp;amp; cum talium colloquium vitare non poterat: breuis in sermone erat.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[Capítulo 48]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
DE EO QUOD SUIS ORA / tionibus salutem multis impetrauit. / CAPUT. XLVIII.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
PLURIMUM HÆC christi ancilla orationibus valuit: erat enim feruidę orationis, ut ex prędictis coniectari potest: idcirco multis suis pręcibus obtinuit salutem. Unde cum semel monasterii mater tertia mensis Augusti ante diui Laurentii festum pleuritidis morbo laboraret: essetque a medicis iam derelicta: valde hęc sancta de matris morte tam propinqua affligebatur: &amp;amp; nocte adue- [fol. 84va] niente sacellum ingreditur: &amp;amp; cum multis lachrymis coram deiparę virginis effigie pro matris salute cœpit orare. Oratione tandem finita, vultum virginis quam candela explorabat, veluti viuentis inflammatum: &amp;amp; post paululum sudantem aspexit. Cæterum illa oculis se falli opinans: ad virginis faciem pręsumpsit accedere: at rei veritate comperta, ter capitis sui velamine sudorem imaginis abstergens: oculos suos ac faciem cum sudore lauit. Et magno gaudio repleta iterum obnixius pro matris vita dei genitricem cœpit orare: &amp;amp; facta est ad eam vox, dicens. Propter consolationem tuam &amp;amp; remedium vita illi conceditur. &amp;amp; statim in excessum mentis eleuata est: &amp;amp; vidit diuum Laurentium in forma pueri quindecim annorum splendida veste indutum pyxidem auream in manu ferentem: quam supra caput &amp;amp; latus posuit ęgrotę: signans eam manu sua signaculo crucis: quo facto discessit. Statimque illa ad se rediens intellexit dei parę virginis meritis quod petebat impetrasse. Et confestim ad infirmam pergens, illam quieto somno dormientem inuenit, quę quidem expergiscens a dolore subleuatam se sensit: &amp;amp; post modicum perfecte conualuit. Cum iterum importune in ecesfa dei genitricem oraret pro quodam fratre suo in vinculis existente: fratri dormienti sanctissimavirgo apparuit in effigie ut in monasterii sacello habetur depicta: &amp;amp; a compedibus eum absoluens dixit. Propter sororis tuę &amp;amp; aliorum monialium præces quas ob tuam liberationem feruenter apud me fundunt a carcere erueris. Et ipse expergiscens liberum a compedibus, &amp;amp; tumore quem in pedibus ob vincula ferrea fabebat: se reperit. &amp;amp; diesequenti ad monasterium veniens, liberationis suę mos dum sorori cæterisque religiosis enarrauit: &amp;amp; pro certo compertum est quod hora qua ille se dixit per dei genitricem a vinculis fuisse absolutum: eadem hęc christi ancilla &amp;amp; aliæ sorores pro eo specialem orationem faciebant. Ipse itaque virginis Mariæ effigiem in altari monasterii positam cernens: simili figura ipsamsibi apparuisse [fol. 84vb] asseruit. ob idque deinceps ceram, ut omnibus sabbatis coram prædicta imagine arderet, per totum vitę suæ tempus se daturum repromisit. Verum post hac annis nouem transactis, cum in vigilia assumptionis eiusdem sacratissimę virginis hic virsui promissi non obliuiosus factus, ceram ad prędictam imaginem illuminanæ dam portaret: in via morte subitanea pręoccupatus defecit. Quod christi ancilla audiens magna tristitia affecta est: pręsertim ob mortis casum: &amp;amp; multis lachrymis multaque instantiaprofratresicdefunctocoram dei genitricis imagine orabat: hoc inter cętera scire cupiens: an in via salutis esset. Et tandem cum pro hac refm portune deprecaretur: octauo post fratris obitum die hora secunda post noctis medium vultum supradictę imaginis aspexit: &amp;amp; illum lætum veluti personæ viuentis &amp;amp; loqui volentis vidit: &amp;amp; ex hac visione magno gaudio repleta flere cœpit. Quod duæ ex sororibus cernentes eam ad lectulum deduxerunt: &amp;amp; sororibus illic iuxta eam cum candelis accensis stantibus, cuiuspiam flatum frigidissimum post scapulas sensit: sed propter sorores quę cum illa colloquebantur, ad locum illum respicere non curabat. sed post paululum magno timore concussa caput illic conuertit: &amp;amp; frustrum nubis obscurę aspiciens: intus fratrem suum faciem nimis lętam habentem vidit: qui dixit ei. In magno nempe periculo fui cum spiritu exhalaui: sed affuit mihi dulcissima virgo Maria auxilium pręstans: ac propter eius merita euasi: sumque ad purgatorias pœnas transmissus. &amp;amp; his dictis, de cæteris rebus ad quarum soltationem erat astri &amp;amp; us mentionem faciens: ab oculis sororis eius euanuit. Et cum alius eiusdem sanctę virginis ff in loco suo equi currentis lapsu valdetorsus, grauique oculorîi passioneremansisset: ob idque eius mater (quę propter mortem alterius filii nuper defuncti satis erat afflicta) hoc factum audiens adeo amaritudine atque tristitia repleta est: ut os &amp;amp; oculi eius fucrint obuarati. Post aliquot itaque dies huicsanctæ fœminæ hoc in monasterionunciato, ad altare [fol. 85ra] dei genitricis a cessit pro matris salute oratura: inspirataque diuinitus nuncio qui casum ei narrauerat respondit. In dominica sequenti sanabitur mater mea: quod sic factum est ut ipsa prædixit. Accidit quoque semel ut hæc sancta graui langore correpta in stratu iaceret. &amp;amp; sacratissimæ virginis natiuitatis die superueniente, videns quod nec cum cęteris sororibus communicare hac solemnitate, nec diuinis interesse poterat: dolore magno percussa est. Cum igitur ea nocte sorores ad matutinum exurgerent: &amp;amp; ipsa que non procul a choro iacebat eas cantare inuitatorium audisset: sic cum grandi sui cordis dolore orauit. O gloriosa domina dei genitrix virgo Maria peccatorum spes: ego peccatrix tuis matutinis hac nocte ut indigna priuor: &amp;amp; ctiam in crastinuin sacratissimi filii tui corpus participatione: tu pietatis mater ct desiderium meum: &amp;amp; pœnam quam pro his patior non ignoras. Tandem super ipsam hęc dicentem claritas magna descendit. &amp;amp; claritate recedente se sanam reperies: mox surrexit: &amp;amp; ad horas matutinas pergens, cum cęteris etiam sororibus ipsa die sacrosanctum christi corpus in ecclesia recepit: dei genitrice cordis sui desiderium ex audiente.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[Capítulo 49]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
DE OBITU EIUSDEM: ET / quam statim cœpit fulgere miraculis. / CAPUT. XLIX.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
SI CUNCTA QUÆ de hac sanctissima fœmina in literas missa sunt: &amp;amp; reuelationes quas vidit hoc loco annotarentur: grandis quidem liber exurgeret: cum pene nulla fuerit dies in qua dominici corporis sacramentum susceperit: quinspiritu raperetur: in raptuque illo mirabilia dei videret: idcirco omnibus his ob breuitatis causam, ac lectorum fastidium dimissis: ad obitum illius transiens nonnulla etiam miracula ex multis quæ post mortem eius facta sunt, annotabo. Igitur cum hæc christi ancilla tam magnifice in hac vita signis &amp;amp; reuelationibus adeo (ut supra est anno- [fol. 85rb] tatum) sublimaretur: eam de corporis carcere eruere diuinę pietati placuit: quod quidem desiderio suo consonum erat: cupiebat enim multis iam antea diebus dissolui &amp;amp; esse cum christo: &amp;amp; illa beata ęternaque beatitudine frui/quam sanctis &amp;amp; dilectis suis se daturum repromisit. Obiit itaque hęc sanctissima fœmina septima die Iulii sabbato tunc cadente: anno octuagesimo nono supra millesimum ac quadringentesimum, tempore quo Toleti pestis vigebat: ad horam tertiam post noctis medium. Fuit autem eius obitus cœlesti odore honoratus, ut sorores quę ibi aderant testatę sunt: dicentes mirabilem odoris fragrantiam se eadem hora sensisse. Sepulta fuit in illius diei vespera in monasterii Sislani capitulo: tunc enim sorores illius cœnobii ibi sepeliebantur. quam statim signis dominus magnificare cœpit: de quibus hęc quę sequuntur pauca (cęteris ob breuitatem dimissis) referam. Contigit in die sancti Martini, anno nonagesimo supra millesimum ac quadringentesimum in mense Nouębri ut quidam Franciscus Diaz nomine de Xarahiz incola grauiter egrotaret: factusque morio cum iam in extremis sacro oleo perunctus esset: &amp;amp; quidam sacerdos qui Martinus Diaz appellabatur, eiusdem egroti patruelis qui &amp;amp; ipsum a primis nutrierat cunabulis, atque uxorem ducere fecerat: magnum de eius morte dolorem haberet: quedam vidua Ioanna Martina nomine quę visitationis causa illuc venerat: sacerdoti afflicto sic ait. Non vos latet compater langor quem ego in crure cum coxendice habui. &amp;amp; hoc anno cum Gabriel frater meus Hieronymitani ordinis monachus ex cœnobio de Madrid profectus ''[1]'' huc venit: &amp;amp; me inueniret egrot[a]m: hoc mihi dedit consilium: ut cuidam religiosę magnę sanctitatis fœminę quæ Toleti in Marię Garsię monasterio obierat: &amp;amp; in Sislano iacebat humata: quę quidem magnis fulgebat miraculis: me commendarem ex corde: peregrinationem ad eius tumulum vouens: &amp;amp; sine dubio sanitatem propter eius merita recuperarem integram. acquieui equidem fratris consilio: et per dei mise- [fol. 85va] ricordiam sanitati perfectę restituta sum. Sic vos infirmum hunc isti sanctę religiosę vouete: &amp;amp; propter eius merita domino placebit sanum &amp;amp; incolumen vobis illum restituere. Quod sacerdos audiens votum statim emisit: ut si eger ille huius sanctę meritis pristinę restitueretur sanitati: ambo pariter illius visitarent sepulchrum. Cuius petitionem dominus exaudiens sanitatem integerrimam donauit infirmo: &amp;amp; postea ambo votum suum compleuere. Huius itaque miraculi prędictus sacerdos testimonium dedit, cum esset in monasterio ubi huius sanctę corpus requiescit: ibique illud sua descripsit manu sabbato septima die Maii anni nonagesimii primi supra millesimum ac quadringentesimum. In Toletana quoque ciuitate canonicus quidam grauiter egrotabat: &amp;amp; omnibus beneficiis humanis factis semp virtus deficiebat in illo: quo cognito huic sanctę virgini se deuote commendans: eius sepulchrum visitare fecit. &amp;amp; cum nonnihil terrę illius sepulturæ sibi fuisset allatum: collo illam suspendit. Et in nocte sequenti hęc virgo beata visibiliter ei apparuit: qui postea euigilans sanum se reperit. &amp;amp; cum Inane illo potionem sumere debuisset: accipere eam renuit: sed cibum co quem se sentiebat incolumem postulauit: &amp;amp; statim surrexit: &amp;amp; sepulchrum huius sanctę debita religione visitans. gfas de sua salute deo egit: offerens ibidem oblationes suas. In mense Septembri, eodem anno quo hęc christi virgo humanę naturę debitum soluit, Alphonsus comitis de Paredes filius Toletanęque ecclesię canonicus eadem in ciuitate gratiissime egrotauit: &amp;amp; cum iam in extremis sacro esset oleo unctus, huic virgini se deuote cômendauit: &amp;amp; ceruicali in quo hęc sancta obierat sibi allato: mox ut illud super se posuit perfecte conualuit. Suscepti beneficii memor ad monasterium Sislanum postea venit: &amp;amp; nouem diebus ibidem deuote pmanens: ceream effigiem &amp;amp; vestem sacram ibidem obtulit. Is (ut opinor) fuit Alphonsus Manricus Hispalensis antistes: qui superiori anno in humanis agere desiit. In supradicto anno nona Septembris die, ad monasterium ubi hec sancta condita iacet quidam vir Ioannes de [fol. 85vb] Pastrana vocatus cum uxore sua venit: filium paruulum paralysis morbo laborantem secum afferens: qui nullo medicorij remedio curari potuit: tametsi propter huiuscemodi causam non modicam substantię partem in physicis impenderat. Et cum parentes in ecclesia deuotius pernoctarent, filium suum huic virgini commendantes: mox pręcum suarum obtinere fructum meruerunt: quandoquidem puerum quem membris debilem ad sepulchrum huius virginis attulerant: sanum in domum suam reduxere. His quoque diebus quędam mulier Ioanna de sancto Michaele nomine tertii ordinis diui Francisci religiosa Toleti cohabitans carcinomatis siue cancri morbo in mammilla periclitabatur sua, &amp;amp; cum quinque annorum spacio a physicis mederi nequaquam potuerit: tandem ab illis relinquitur. eratque quorundam consilium ut abscideretur mammilla in qua cancrum habebat ne moreretur. Cęterum illa (huius sanctę virginis fama audita) magna cum deuotione sepulchrum eius visitare properauit: &amp;amp; cum locum in quo condita iacet ingrederetur, cęlestem odorem a sepultura procedere sensit, seque super illam inclinans, magna pietate ac multis lachrymis sanctam pro salute deprecari cœpit: moxque super illam manus domini facta est: &amp;amp; perfectę restituta est sanitati. Alia multa signa diuinitus per eam facta statim post mortem scripta reperi: quę breuitatis (ut dixi) causa prętermittuntur: sequens tamen miraculum quod in vita eius factum est prędictis subnectam. Cum dei famula semel dictaret epistolam quam cardinali Petro Mendocio destinare erat illi in animo: &amp;amp; chartam notis exciperet quędam ex sororibus cui Agnes sancti Nicolai nomen erat, &amp;amp; exsiccationis causa ad ignem post descriptionem illam applicuisset: adeo igni coniuncta est, &amp;amp; combusta: ut a nemine postea legi potuerit. Et cum iterum scribenda esset epistola: &amp;amp; de hac re Agnes prędicta nimis affligeretur ob longitudinem eius: epistolam christi ancilla accipiens, in quadam arca eam iniecit. Altera die prędicta soror chartam voluit scribere: &amp;amp; aperiente virgine archam epistolam sanam inuenerunt.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[Capítulo 50]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[Fol. 86ra] DE TRANSLATIONE EIUS / dem: &amp;amp; odore cœlesti quem astantes sen/ sere: deque pluuia diuinitus propter / eius merita data. / CAPUT. L.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
CUM FAMA MIraculorum quę deus propter sanctæ suæ merita operabatur in dies cresceret: iamque glorificationis illius rumor in omnes peruenisset: multorum virorum honorabilium deuotioni placuit operam dare: ut huius sanctę virginis corpus de capitulo in quo prius sepultum fuerat ad ecclesiæ monasterii locum honorabilem transferretur. Hac autem in re illustris comes de Fuensalida fœmina religiosavalde obnixius supra cæteros laborauit: ob cuius deprecationes sanctæ virginis corpus de loco illo ubi statim postmortem conditum fuerat translatum est: &amp;amp; collocatum in sepulchro quod ipsa comes ad dexteram partem ecclesię ędificari fecerat. Factaque est translatio hæc vicesima quinta die mensis Aprilis: anno nonagesimo quinto supra millesimum ac quadringentesimum, ab obitu eiusdem sanctę anne sexto. Aderant itaque huic translationi venerabilis prior eiusdem monasterii frater Ioannes de Morales appellatus: ac alii multi eiusdem cœnobii monachi: clauicularius Calatrauę militię, illustris Alphonsus a Silua: cæterique religiosi viri. Inuenta sunt autem eius ossa multum odorifera: oleoque peruncta: &amp;amp; odor qui fragabat ex ossibus suauissimus ac cœlestis erat: qui ab omnibus pręsentibus tum religiosis, tum sęcularibus sensibilis fuit. Verum cum prior monasterii hęc cerneret omnia: quod hactenus quasi in occulto, &amp;amp; non monachis omnibus pręsentibus facere disposuerat: omnes vocari iussit: &amp;amp; organis campanisque pulsatis, corpus cum magna solennitate ad ecclesiam transferri ordinauit. Ossibus itaque in quadam arca intus adornata serico positis, quam Alphonsus a Silua secum attulerat: &amp;amp; cereos [fol. 86rb] accensos quos et Alphonsus prędictus ad hoc traxerat omnibus tenentibus sacrisque ministri induti arcam in qua huius sanctæ virginis ossa posita fuere: ad ecclesiam magna cum deuotione perduxerunt: monachis, Hec dies quam fecit dominus, &amp;amp; Te deum laudamus cantantibus. Et cum omnis illa regio magna siccitate tunc laboraret: omnesque pro pluuia deum deprecarentur: huius sanctę meritis mox pluuia grandis super terram descendit. adeo ut nullus fuerit qui dubitare posset: quin ob merita eius pluuię beneficium patria illa susceperat: qua panes cęterique fructus ad maturitatem deuenere perfectam. Stetit corpus eius in ecclesia in arca (de qua supra diximus) tredecim dies: propter fideles qui deuotionis causa ad ossa eius visenda veniebant quotidie: sepultumque est postea ad dexteram ecclesię partem in supradicto sepulchro. Gratia quam dominus huic sanctę virgini hac ætate dederit dignissimæ consideranda venit: ut omni tempore erga famulos suos mirabilia dominum operari cognoscamus: et quomodo diligentes se &amp;amp; in eum sperantes in suisque oculis humiles exaltat: qualis hęc sanctissìma fœmina fuit: mirabiliter nanque humilitatis virtute resplenduit. quod quidem omnium sororum fuit testimonio comprobatum: sed quam maxime monasterii matris, cuius nomen Caterina de sancto Laurentio erat: hęc enim multa secreta eiusdem sanctę post eius obitum aperuit: dicens illam tantæ fuisse humilitatis, ut sæpe magna instantia eam deprecaretur ut in sextis feriis cum capitulum culparum tenebat, durius illam increparet: ac pœnitudinis causa tempore refectionis in terra cibum sumere: &amp;amp; refectione finita, ad chori ostium prostratam iacere præciperet: ut cęterę sorores super eam intrarent &amp;amp; exirent. Omnium igitur quę de vita, reuelationibus &amp;amp; miraculis huius sanctissimæ fœminę scripta reperi hic finis erit: non enim ad longum (ut in principio testatus sum) omnia quę de illa in literas sunt missa scribere proposui. Et sic explicitus est liber tertius.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
===Notas===&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[1]'' “professus”, corrección de una mano posterior en el ejemplar impreso señalado de la Biblioteca de la Universidad Complutense.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
= Vida impresa (2) =&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Ed. de [https://www.upf.edu/web/poder-espiritualidad-genero/entry/-/-/1003/adscripcion/mar%C3%ADa-morr%C3%A1s María Morrás]; fecha de edición: octubre de 2020; fecha de modificación: junio de 2025.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
== Fuente ==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
* [http://catalogodesantasvivas.visionarias.es/index.php/Categor%C3%ADa:Pedro_de_la_Vega Vega, Pedro de la], ''Cronica de los frayles de la orden del bienaventurado sant Hieronymo''. Universidad de Alcala de Henares: Juan de Brocar, 12 Octubre 1539, fols. 94v–103v (Lib. iii Chs 41–50).&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[[Contexto material del impreso Cronica de los frayles de la orden del bienaventurado sant Hieronymo]].&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
== Criterios de edición ==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En el texto castellano de Pedro de la Vega (con variantes respecto a su anterior vida latina), el criterio de edición que se ha seguido ha sido muy conservador para poder cotejarlo con el latino. Se conservan las grafías, pero se separan o juntan palabras y se puntúa de acuerdo a criterios actuales. Las versiones latina y castellana difieren ligeramente entre ellas. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En la tabla índice del texto latino, la rúbrica referente a la beata de Ajofrín lee “Marię de Ajofrin laudes &amp;amp; vita li. Iii. a cap 40 usq ad finē libri folio lxxxviii”; en cambio la rúbrica del capítulo resalta su carisma visionario: ''De beata Maria de Aiofrin magne religionis magnarumque reuelationum foemina''. Es significativo que ambas rúbricas se modifiquen en el texto en castellano, pues tanto en la tabla como en la rúbrica que inicia el capítulo se omite la mención a las revelaciones “De la vida y obras marauillosas de la sancta y bienauenturada María de Ajofrín, religiosa del monesterio de Sant Pablo de Toledo”. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Para esta edición, usamos la versión castellana digitalizada de la Biblioteca de Castilla-La Mancha, en &amp;lt;http://bidicam.castillalamancha.es/bibdigital/bidicam/i18n/consulta/resultados_ocr.cmd?id=475&amp;amp;materia_numcontrol=&amp;amp;autor_numcontrol=&amp;amp;posicion=1&amp;amp;tipoResultados=BIB&amp;amp;forma=ficha&amp;gt;.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==Vida de María de Ajofrín==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[Fol. †4va] ‘Tabla de los capítulos’: ⸿Cap. xli. de la vida y obras maravillosas de la sancta y bienaventurada María de Ajofrín religiosa del monesterio de sant Pablo de Toledo. folio. xciiii. [Transcripción con acentuación].&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[Fol. 94va]&lt;br /&gt;
'''Capítulo 41'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''De la vida y obras maravillosas de la sancta y bienaventurada María de Ajofrín, religiosa del monesterio de sant Pablo de Toledo'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
No será fuera de propósito escrevir en fin deste tercero libro así como en suma la sanctidad y obras maravillosas de la bienaventurada María de Ajofrín, y las revelaciones que vido y los miraglos que Nuestro Señor hizo por ella, y ayuntar los hechos desta sancta virgen que fue maravillosa [fol. 94vb] en esta nuestra edad a las obras del sancto arçobispo que floreció en este mismo tiempo según de suso son escriptas. La vida desta sanctíssima muger que vino a mis manos, y las grandes revelaciones que vido y obras que hizo, escrivió el venerable fray Juan de Corrales, prior del monesterio de la Sisla de Toledo, parte como las vido y trató con sus manos, parte según las oyó a personas dignas de fe, mas yo no escriviré aquí sino pocas de muchas por abreviar y quitar el enojo a los lectores que les suele causar la prolixidad. Fue pues esta sancta virgen natural de un lugar que se dize Ajofrín, de tierra de Toledo; hija de padres honrrados y temerosos de Dios: su padre se llamava Pedro Martín y su madre, Mariana García. Y como ellos tuviessen tuviessen voluntad de casarla, y muchos la demandassen, nunca la santa donzella consentió en ello, mas antes varonilmente resistió a sus padres y a todos los otros que hablavan del casamiento. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y por que no pudiesse por alguno ser estorvado este su tan alto propósito, siendo aún de pequeña edad, sin consejo ni ayuda humanal hizo voto de virginidad y de entrar en religión. Y tanto importunó sobre esto a sus padres y hermanos que de todos fue aborrecida. Y al cabo, siendo ya de edad de quinze años, no la pudiendo los padres inclinar a su voluntad, sacola el padre con gran dolor de su casa y trúxola a la ciudad de Toledo. Y como entrasse en la yglesia mayor no sabiendo ónde yr, ordenándolo la divina providencia fue traýda al monesterio de nuestra orden que está en la dicha ciudad que edificó la noble y religiosa señora doña Mari García, que agora se llama Sant Pablo. Y recebida en él, diose toda a los exercicios santos de la religión conversando santamente, y con grande humildad menospreciando a sí misma, haziendo al Señor de sí contino sacrificio sin querella. Sus deleytes fueron siempre la santa oración y meditación, derramando de sus ojos muchedumbre de lágrimas, teniéndose por la más [fol. 95ra] peccadora e indigna de todas las mugeres. Y passados ya los diez años después que entró en el monesterio, queriendo Nuestro Señor demostrarle sus secretos y maravillas, estando ella con propósito de se confessar generalmente, affligiose mucho y con lágrimas continuas rogava a Dios que le perdonasse sus peccados. Estando pues ella con este propósito y desseando saber si sus peccados le eran perdonados, vino el día de su confessión; y entrando en el confessionario onde todas las religiosas se suelen confessar, derribose en tierra delante la imagen de Nuestra Señora que allí estava en una tabla pintada con el Niño en los braços, y començóle a rogar con muchas lágrimas que la quisiesse oýr y ganar perdón de su hijo. Y como estuviesse con atención orando, súbitamente vido una gran claridad que alunbró la imagen y parte de la casilla. Y en la claridad de la imagen vio cómo Nuestro Señor, estando en los braços de la madre, alçó la mano contra ella como la suele alçar el sacerdote quando asuelve al penitente. Y espantada desta visión y muy turbada en su espíritu, hizo con mucho trabajo lo mejor que pudo su confessión; la qual acabada, como tornasse a hazer oración a la imagen ya dicha, vido la claridad primera y la mano alçada del Niño como primero la avía visto y quedó muy consolada y esforçada en su coraçón. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y siempre guardó el secreto desta visión, que nunca lo dixo a ninguno, sino al prior suso dicho que escrivió estas cosas. Y desde esta hora certificó al suso dicho prior que le avía quedado tan gran movimiento en el coraçón, que muchas vezes le dava golpes que parecía que le quería salir del cuerpo. Y como en estos días orasse una noche con mucha atención por el estado de la Sancta Yglesia, quedose sola en el choro rezando y vido en el sagrario, onde estava el cuerpo de Nuestro Señor Jesu Christo, una llama de fuego encendida con gran resplandor; y ardió por espacio de una hora, la qual acabada se mató y quedó muy espantada desto.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[Fol. 95rb]&lt;br /&gt;
'''Capítulo 42'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''De cómo comulgando el día de la Resurrectión le pareció que rescibió un cordero bivo so las especies del pan; y cómo desde este día cada vez que comulgava se trasportava en espíritu, y de la visión que vido el día octavo de la Resurrectión'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Como esta sierva de Dios se aparejasse un Sábado Sancto antes para comulgar el día siguiente, no dormió toda aquella sancta noche de Pascua, mas andava de lugar en lugar por la casa llorando, y orando al Señor, y demandando limpieza y aparejo para rescebir el sancto sacramento. Y venida la hora de la communión, fue con las otras hermanas a comulgar y recebió el sanctíssimo sacramento en semejança de un cordero bivo en especie de pan. Y como lo rescibió en la boca, sintiólo luego bullir y andar de un cabo a otro como cosa biva; y tragolo con gran pavor y mucho temor y sintió cómo se le puso sobre las telas del coraçón. Y tanta fue la alegría y consolación que entonces rescibió que en quinze días con sus noches no dormió llorando y orando continuamente; y luego fue arrebatada en espíritu, y dende entonces le quedó que cada vez que rescebía el sanctíssimo sacramento se transportava en espíritu y se enajenava de los sentidos exteriores, quando más, quando menos, como adelante se dirá. Y desde este día le dio el Señor este don y gracia que cada vez que comulgava le quedava un dulçor maravilloso en el coracón y garganta y en la boca que no se le quitava por espacio de quarenta días. Y dixo al prior suso dicho que bien podía bivir y passar todo este tiempo sin comer cosa alguna, mas por evitar la singularidad y juyzio de los hombres no lo hazía. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y fue el día octavo de la Resurrectión arrebatada en espíritu: y vido cómo vino a ella un varón [fol. 95va] muy reverendo por gesto y edad vestido de una capa de seda colorada, y díxole: “Ven, que te llama la reyna”. Y ella pensando que la llamava la reyna terrenal no quiso yr con él. Entonces aquel varón díxole otra vez: “Ven que te llama la reyna del Cielo”. Y ella entonces fue con él, y hallose en una yglesia fuera de la ciudad, onde estava Nuestra Señora con su Hijo en los braços. Y como la vido, púsose de rodillas delante della, y el varón que la llamó púsole en las manos un paño de seda, y la Sanctíssima Virgen puso su Hijo encima del dicho paño, e dándole a otro honbre de menor edad para que la acompañasse junto con el que la avía llamado, díxole: “Ve con mi Hijo onde fueren estos dos varones”. Y el que llevava la capa colorada yva un poco delante como a buscar posada. Y entrando por la ciudad llamava a las puertas que estavan cerradas: y dava tres golpes a cada puerta, diziendo: “Abrid que viene el Señor a posar en vuestra casa”. Y vido cómo ninguno las abría, mas antes los que las tenían abiertas corriendo las cerravan diziendo que no avía allí posada porque estavan allí negociados. Y desta manera le pareció que anduvieron toda la ciudad sin hallar posada. Y tornándose después por donde fueron, encontraron con dos mugeres que yvan cavalleras en dos asnos y dos clérigos que las acompañavan. Y los clérigos dixeron: “Nosotros os acogiéramos si no fuérmos de priessa, mas entre tanto que venimos entraos en esse establo”. Y así se tornaron onde la gloriosa Virgen, madre de Nuestro Señor, estava, y ella tomando su Hijo de las manos de su sierva, dixo: “Venido es el tienpo en que es tan menospreciado el Hijo de Dios, mas tienpo es que embíe el Señor su ángel para que a unos hiera con açotes, y a otros con espada y a otros con fuego. Mas, ¡ay de los perlados de la yglesia que hizo el Señor pastores de su grey y de las ánimas, y ellos traen vestiduras de corderos y coraçones de lobos robadores! Procuran dignidades y honrras y no para ser- [fol. 95vb] vir con ellas a Jesu christo, mas para se dar a muchos plazeres”. Y después de toda esta visión passada, desapareció la Nuestra Señora, y ella tornando en sí pensava en lo que viera. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y cumpliéronse dende a poco estas plagas que Nuestra Señora dixo que avía de embiar el Señor, porque vino gran hambre y pestilencia, y el mal de las buvas sobre muchos hombres y mugeres, de manera que los que el ángel hirió con la espada fueron los heridos de la pestilencia, y los que con açotes los que murían de hambre, y los que con fuego los que fueron tocados de las bubas, las quales no podían ser curadas por los físicos.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y vido después el día de la Ascensión cómo Nuestra Señora tenía en el altar a su Hijo en los braços así bivo como lo parió y que llamava a altas bozes con lágrimas, y dezía: “Mirad el mi Hijo, mirad el fructo de mi vientre: tomaldo y comeldo, porque en cinco maneras es cada día crucificado en las manos de los malos sacerdotes. La primera por mengua de fe, la segunda por cobdicia, la tercera por luxuria, la quarta por ignorancia y no saber lo que conviene al estado sacerdotal, la quinta por la poca reverencia con que se llegan a celebrar”. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y como otra vez esta sierva de Jesu Christo rogasse con mucha atención por todos los sacerdotes y mirasse a una Verónica que tenía en un libro pintada, vido en ella y sobre ella por espacio de una hora gran resplandor, y vido carne y sangre. Y desde este día así se le cerró el estómago, que ni sana ni enferma pudo dende adelante jamás comer carne y si la comía por importunación de las religiosas, el estómago no la quería retener; y así fue después su comer passas y cosas de dieta. Esta Verónica le tomó después su confessor. Y quedó ella muy espantada desta visión, y affligiose por muchas maneras de penas, porque el Señor más claramente descubriesse este hecho y mostrasse su voluntad. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y después en fin del mes de setiembre cayó en una gran enfermedad del coraçón: y no avien- [fol. 96ra] do esperança de su salud fue arrebatada en espíritu y estuvo como muerta espacio de tres horas, y las hermanas que estavan presentes dávanle muchos tormentos por la retornar. Y estando así transpuesta vido a Nuestra Señora, la qual le mandó que dixesse a su confessor todas las cosas que avía visto para que él las dixesse a dos varones católicos de la sancta yglesia de Toledo que le nombró —conviene saber, el deán y el capellán mayor— para que estos las dixessen al arçobispo y desta manera se remediassen los males suso dichos de la clerezía. Y como ella dixesse estas cosas a su confessor, él demostró con prudencia dureza de coraçón en las creer, y díxole: “Aunque a mí sea esto cierto, ¿cómo lo será a aquellos a quien vos dezís que se aya de revelar? Por ende, menester es alguna señal para conoscer la verdad deste hecho y para que sea creýdo lo que puede ser dubdoso”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Capítulo 43'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''De las cartas que divinalmente halló escriptas cerca de sí no sabiendo escrevir'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Como la sierva de Dios oyó la respuesta de su confessor fue muy turbada y dio muchos sospiros y affligiose mucho y propuso en su coraçon de le responder por carta como lo hizo. Y estando así affligida y muy quebrantada andava en lugar por la casa no podiendo reposar su espíritu. Y como pasasse por un lugar donde estava una ventana, vio estar en ella un pliego de papel blanco. Y no sabiendo quién lo avía allí puesto y tomolo y llevolo en las manos. Y como se metiesse en un sótano onde algunas vezes ponían la leña, y asentasse muy affligida y se arrimase a una pared, vio súbitamente una claridad que resplandecía y daba el resplandor en el papel, y según ella dixo al prior suso dicho, [fol. 96rb] no supo quién le tomó su mano y escrivió dos cosas: la una para el su confessor y la otra para los venerables padres a quienes tal cosas se avían de dezir, siendo muy clara verdad y a todos los que la conocían manifiesta que ella nunca sabía escrivir, ni lo supo jamás, y que no avía en monesterio quién  hiciesse tal letra. Y como las cartas fuesen escriptas por la manera suso dicha, desapareçió la claridad. Y hallando las cartas cerca de sí, tomolas y metiolas en la manga. Y como fuesse a sacar una caldera de agua de una tinaxa, cayó una de las cartas dentro; y detúvose en el ayre y no llegó al agua, y metió la mano y sacola no llegando la mano al agua. Y una destas cartas ovo después el capellán mayor de la yglesia de Toledo, que era varón de gran merescimiento. El qual dixo al prior que escrivió estas cosas que poniéndola sobre tres enfermos fueron sanos de diversas enfermedades.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y como ella diesse estas cartas a su confessor, maravillose en demasía, mayormente porque sabía que ella no sabía escrevir, ni avía persona en la casa que tal letra pudiesse hazer, de lo qual fue muy espantado, mayormente quanto vido y leyó en su carta cosas que otro no las sabía sino él. Y como quiera que conoscía que divinalmente las cartas fueron escriptas no tuvo por esso osadía para lo divulgar porque aún no avía llegado el tienpo que el Señor avía puesto y dudava como otro Sancto Tomás. Por poder quitar la dubda a todos, y como el confessor no tuviesse lugar para la hablar, entonces escrivióle que no podía él creer que escriviera ella aquellas cartas con intención de las sacar y manifestar en público. De lo qual ella tuvo gran sentimiento y pena, y quexóse mucho desto a Nuestro Señor. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y como después se hablassen los dos, reprehendiolo ella mucho de la gran incredulidad y dureza de su coraçón, demostrándole por razones muy claras que ninguno avía escripto las cartas sino ella con el favor del Señor que avía embiado [fol. 96va] su ángel que las escriviera. Y desde esta hora propuso ella en su corazón de rogar al Señor que por su misericordia tuviesse por bien de la librar de tan grandes affrentas, y puso en su voluntad de no hablar más en las cosas; y así lo hizo. Y rogaba al Nuestro Señor que diesse a su confessor alguna señal evidente por que creyesse, si fuesse capaz, y si no fuesse digno, le diesse duro azote por que pudiesse creer que le venía por esto.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y calló la sierva de Dios nueve meses que no habló palabra destas cosas, mas su coraçón con gemidos y sospiros no callava delante del Señor. ¡O quánto es el Señor piadoso a los santos! ¡Y a los que presumen de sí abaxa y a los humildes y que esperan en Él levanta del polvo! Pues vençido el Señor por sus plegarias, plúgole de la visitar en muchas maneras y demostrar en ella tales señales que todos creyessen que era por Él visitada, haziéndola parçionera e remedadora de los tormentos y Passión que su Hijo, Nuestro Señor Jesu Christo, passó en la su Sancta Passión con señales tan manifiestas que no fueron vistas tales en nuestros tienpos y aun en pocos de los sanctos passados, según parecerá adelante.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Viendo, pues, esta sierva de Dios de la maravilla de la una carta que cayera en el agua y no se mojara, pensó de no la dar a nadie. Y una noche tornose a aquel sótano con intención de la trasladar como supiesse porque, como diximos, ella no sabia escrevuir ni formar las letras por arte. Y como llevasse en una ollica un poco de fuego para encender una candela que llevava muerta, luego súbitamente se encendió sin llegar a la lunbre. Y así como quiso començar de escrevir la carta, le començó a salir sangre por las narizes; y duró tanto el salir de la sangre que por espacio de una hora que no la pudo restañar. Y ella viendo esto, puso la carta en las sienes y luego cessó de salir la sangre. Y fueron después hechos los miraglos siguientes. Como el día de la Concepción de Nuestra Señora, estuviesse una niña muerta siete ho- [fol. 96vb] ras avía, y esta sierva de Dios lo supiesse en el monesterio, embió aquella carta con mucha fe para que se la pusiessen, y luego que se la pusieron bostezó y resusçitó y sanó perfectamente. Y como una mujer tuviesse el pecho abierto, luego que le pusieron encima esta cara se le cerró y sanó. Y un clérigo yva a Santiago y llevava consigo con gran devoción aquella carta, y cayó en un braço de mar y mojándosele toda la ropa, la carta no se le mojó.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Capítulo 44'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''De la llaga del costado y de las otras penas que divinalmente le fueron dadas'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Teniendo después de la Fiesta de todos los Santos, rogó a la madre de monesterio que como oviesse comulgado la pusiese en un lugar de la casa donde no oviesse ninguno, conosciendo por Espíritu lo que le avía de venir. Y así rescebida la sancta comunión, antes que se traspusiesse, tan grande fueron los sus lloros y suspiros y golpes del coraçón, que dentro de sí sentía que ninguna criatura humana lo podría dezirr. Y hízose tan gran fuerça para que las cosas que sentía de dentro no fuessen oýdas, que le acaesció como a la cuba que está lleña de mosto sin respiradero que muy presto rebient; y así ella rebentó por encima de la cabeça, que se le abrió hasta encima de la frente. Y pareció en ella una tan gran cuchillada como si fuera hecha con navaja, la qual estuvo muchos días abierta y fue vista de muchos, y nunca recibió benefiçio humano ni melezina alguna en ella. Y sintió dello tan gran dolor y pena que le llegó a par de muerte. Y viéronla testigos y notario, como se dirá adelante. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Rescebida pues la sancta comunión y hecho esto [fol. 97ra] que diximos, luego fue robada en espíritu y privada de todos los sentidos y estuvo así por espaçio de quarenta horas. Y en este tienpo que estuvo fuera de sí provaron a le dar algunos tormentos en las narizes, y en las manos y pies por hazer tragar alguna cosa de comer, y tanta fue la fuerça que le hizieron por le abrir la boca que le quebraron una muela. Y estando así la noche de los Finados por tres o quatro vezes dio muy grandes gemidos y sospiros con grande estremecimiento del cuerpo. Y deste arrobatamiento fue levada al throno del Rey Celestial, onde vido cosas de gran espanto, que lengua humana no puede bien explicar:  vido a Nuestro Señor Jesu Christo estar assentado en un grande throno; y estava delante d’ Él gran multitud de gente y tenía atravessado en su boca un cuchillo agudo de entrambas partes. Y fuele dicho que aquel cuchillo que el Rey tenía atravessado en su boca era la grande yra que tenía sobre la Yglesia y sobre los perlados y regidores della. Y le fue mandado que dixesse a aquellos varones a quien antes le fuera dicho que manifestasse estas cosas: que porque echavan en olvido y eran negligentes en cumplir lo que les era dicho no curando de la boz divinal; y que los amenazasse so pena de la divina sentencia si no lo pusiessen luego en obra y fuessen al arçobispo y le dixessen que viniesse por sí mismo a poner remedio en los çinco peccados suso escriptos, conviene a saber: mengua de la fe, cobdiçia, luxuria, ignorancia y mengua de reverencia, por los quales peccados cada día era blasphemado y crucificado Nuestro Señor Jesu Cristo, y que destruyesse las heregías que avía en la cibdad. Y fuele después dicho: “Esta señal del Cielo te da el Señor porque seas creýda, y es que este cuchillo que vees en la boca del Rey que está assentado en el throno traspassará y cortará tu coraçón y hará en él llaga, y saldrá sangre bi- [fol. 97rb] va que será verdadero testimonio a todos, y tú serás remedadora y parcionera en la Passión del Hijo de Dios”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y así fue luego hecho, porque en el punto que le fue dicho esto halló en sí el lado siniestro abierto encima del coraçón, con tan gran dolor que no se pued dezir; y de tan gran abertura y grandeza era esta llaga que pudiera caber por ella la cabeça del dedo pulgar de un honbre. Y luego sintió correr la sangre que apenas la pudo encobrir. Y duró esta llaga abierta veinte días enteros y los viernes corría mucha más sangre que los otros días. Y nunca en esta llaga pareçió señal de materia, y nunca se puso en ella melizina humana, sino los paños limpios, unos ensangrentados y otros puestos. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y como quiera que esta sierva de Dios trabajó sobre todas sus fuerças de esconder esta llaga y los grandes dolores que passava, a cabo de diez días desfalleciéndole ya todas las fuerças, fuele revelado divinalmente que demostrasse lo que tenía a la priora y madre del monesterio y a otra religiosa que se llamava Teresa, a las quales mostró los paños sangrientos. Y como ellas fuessen muy espantadas desto, llamaron en secreto al confessor, el qual puso en casa el mayor silencio que pudo por que ninguno de fuera lo supiesse porque se recelava que no fuesse alguna cosa fingida. Así, por quitar toda dubda, puso gran diligencia en saber la verdad. Y al cabo con sus ojos vido la llaga y creyó, y fue lleno de grande espanto y revelolo a testigos muy fieles y dignos de fe, que dello fielmente diessen testimonio. Y fueron el deán de Toledo y el capellán mayor de la dicha yglesia, que se dezía Don Diego de Villa Minaya. A los quales, en presencia de un notario, estando presente el confessor y la madre del monesterio con la otra religiosa que diximos, vieron la llaga susodi- [fol. 97va] cha estando en la cama por la abertura de una sábana, que otra cosa de su cuerpo [no] pudo ser vista. Las quales seis personas, quatro varones y dos mugeres, vieron con sus ojos la llaga y la tocaron con sus manos; la qual estaba reziente y sangrienta, y los paños sangrientos que de nuevo le fueron puestos. Y el propio capellán mayor por su propia mano sacó de la llaga una copia de hila de paño, todas bañadas en biva sangre.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y todos miraron con diligencia cómo aquella llaga era divinal y no humana, ni hecha por alguna occasión ni se curó por alguna melezina humana. Y suffrió esta llaga la sierva de Dios con gran tormento y pena, de dentro y de fuera. Y estuvo abierta de la manera suso dicha por espacio de veynte días; y los veynte días passados, ella se cerró sin melezina humana. Y quedó la señal de la abertura en el lugar de la llaga y el dolor contino que sentía en aquell parte, lo qual duró muchos días.  &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y también fue en este tiempo atormentada en los pies y en las manos y en la cabeça, porque como estuviesse muy flaca y affligida de las cosas passadas acostada en su cama, levantose una vez en la cama para orar y poniendo las rodillas delante una imagen del crucifixo que tenía allí pintada en un papel, sintió luego gran dolor en los pies y en las manos que parecía que le ponían en aquellas partes unos clavos gruessos. Y como estuviesse en esta pena, parecíale que le transpassavan la mano izquierda, y tan grande fue el dolor que sintió, que puso el dedo pulgar de la mano derecha en la palma de la mano izquierda y apretó quanto pudo con el gran dolor que sentía y rebentó la sangre por encima de la mano siniestra y espantose mucho dello. Y muy sabiamente lo ascondió que nadie lo vido, trayendo la mano cubierta con un paño de lino, sin otra melezina humanal. Y durole por espacio de quarenta días, y después que [fol. 97vb] sanó le quedó la señal en la mano, y porque successivamente sintiesse en su cuerpo las insignias y dolores de la Passión de Nuestro Señor Jesu Christo, allende de los tormentos que en la cabeça tenía, súbitamente sintió en ella un grande y nuevo dolor, que le pareció que le pusieron sobre ella una guirnalda o coro que le cercó la cabeça en derredor, y por toda ella sentia sentía que le metían un clavo que le duró muchos días. Y como quiera que le ponían en la cabeça diversas medicinas, nunca ninguna le aprovechó porque no era razón que las cosas hechas por la mano del Señor recibiessen sanidad por industria humana.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y como de las penas suso dichas estuviesse su cuerpo estuviesse flaco, muy atormentado, no (no) se contentó el Señor del trabajo suso dicho y diole otro tormento grave para que más cumplidamente imitasse su Passión. Y fue que el día de la circuncisión fue robada en espíritu. Y fue llevada delante de un gran juez de cara muy espantable; porque no havía querido obedecer en manifestar las cosas que avía visto a las personas que le era mandado, reprehendiola el juez gravemente de su desobediençia. Y teniéndola de un braço según le parecía el archángel sant Miguel y del otro Sant Juan Evangelista, en los quales ella tenía gran devocón, mandó el Señor a un ángel que le açotase. Y tan duramente fue açotada sacadas las manos y los pies, que todo su cuerpo quedó lleno de açotes. Y no parecieron llagas ni ronchas, sino unos hoyos que apenas cabía cosa entre uno y otro y grandíssimos dolores en el cuerpo. Y duraronle estas señales en el cuerpo quinze meses poco más o menos. Y ella calló todo esto, que nunca dixo a persona biva hasta que un día la madre del monesterio, metiendo la mano por le endereçarle una toca encima de la espalda, halló y tocó con la mano las dichas señales y fue muy espantada, y reprehendiola mucho creyendo [fol. 98ra] que ella se matava con cruel penitençia, y ella le dixo entonces la verdad de todo lo que avía acaesçido según es arriba escripto. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Todas estas cosas vinieron despues a noticia del arçobispo de Toledo que era el cardenal Don Pero Gonçález de Mendoça según parece por una carta suya embiada al prior de la Sisla del tenor siguiente:&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
“Venerable padre esta noche passada a las dos después de media noche tomé esta lectura que me dexastes y nunca la partí de mis ojos hasta que capítulo por capítulo la leý y passé toda, que en ella no quedó letra que no la leyesse. Y lo que más me maravilló es que así se me pegó al coraçón que no dubdé della cosa alguna. Como quiera que soy tardío en dar crédito a estas revelaciones y al cabo vi el testimonio del notario y la confirmación de tales testigos varones y mugeres a quien toda fe se debe dar. Y a cualquiera dellos yo la daría aunque fuesse solo, quánto más a todos juntos, a los quales yo conozco, excepto a la hermana mayor, que por tener el cargo que tiene está aprovada de suyo; conozco al notario que es hombre de bien y digno de fe. Maravíllome de tantas visiones en cuerpo y en espíritu y maravíllome mucho más hallarse en muger tanta dureza en no querer dezir lo que tantas vezes vio y sintió, mayormente siéndole mandado por quien todo manda y rige, lo qual es señal de su grandíssima humildad y del menosprecio que tiene de la gloria mundana. Por lo que a mí toca, le dad vos padre por mí las gracias y Dios Nuestro Deñor se las dé y la pena que padece le será en ciento doblada gloria. Y si ay alguna cosa que yo pueda hazer por consolación suya, ofreced gela vos de mi parte muy enteramente y recomendadme a ella rogando a Nuestro Señor me dexe acabar en su servicio y hazer en esta vida su voluntad”. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y después el suso dicho cardenal recibió [fol. 98rb] una carta desta sierva de Dios y le respondió la siguiente:&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
“Devota y muy amada hermana, con vuestra carta y con lo que el padre prior de la Sisla me dixo, ove gran consolación: Nuestro Señor Dios que os puso en tal estado os dexe acabar en su servicio y a mí dé gracia que pueda hazer Su Voluntad y poner en obra lo que vos me aconsejáis, y así os pido que lo demandéis a Nuestro Señor y a Su Bienaventurada Madre. Y en vuestras oraciones y a vos me encomiendo, y porque al padre prior de la Sisla hablé largo, no digo aquí más sino que Nuestro Señor os conserve en su gracia”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y murió el cardenal suso dicho después de la muerte desta sancta muger en la ciudad de Guadalajara. Y estuvo enfermo primero muchos días, en los quales hizo por su ánima muchas obras pías.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Capítulo 45'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''De cómo rescibiendo una vez una vez el cuerpo de Nuestro Señor fue llena de fe e un resplandor visible y quedó sana de todas las enfermedades que entonces tenía. Y de las cosas que vido la noche sancta de la Natividad y de otras maravillassí que divinalmente le fueron mostradas'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Como está sierva de Dios estuviesse de contino enferma, acaesció en el año del señor de mil y quatrocientos y ochenta y cinco del mes de octubre, passada la octava del bienaventurado nuestro señor padre Sant Hierónymo, que le sobrevino dolor del costado y lançava sangre por la boca. Y aborresciendo todo consejo de físicos, atreviose a tomar cinco píldoras y llegó casi a la muerte. Y pareciole que se le arrincava el ánima del cuerpo y que se puso sobre la llaga del coraçón, y que el bien- [fol. 98vb] aventurado Archángel Sant Miguel por su mano se la tenía allí apretada, y que desta manera tenía aun vida y esfuerço para rescebir los santos sacramentos. Y rogó a la madre del monesterio que embiasse al prior de la Sisla para que la viniesse a confessar y dar los sacramentos. Y esto fue un sábado, en el qual pensando ella en la sancta comunión que avía de de rescibir y desseando ser libre del cuerpo, encomendava con mucha devoción a Nuestro Señor el monesterio suyo y el de la Sisla.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y estando así, vido en visión al religioso que aquel domingo vino a decir missa en el monesterio y cómo, quando llegó a las palabras de la consagración, Nuestra Señora le dava el Niño que tenía en los braços y cómo el sacerdote lo partía en tres partes. Y era el Niño vivo y alegre en cada parte, y vido un gran resplandor en el altar y cómo los ángeles de entrambos brazos me sustentavan al sacerdotre y otros muchos ángeles que andaban por el altar. Vio así mismo a Sancta Catalina y a Sancta Bárbara que le dezían: “Mañana lunes a las nueve horas recibirás a Nuestro Señor en este resplandor que aquí vees y serás sana”. Y así fue cómo estas sanctas le dixeron en la visión. Pues como el prior suso dicho de la Sisla la viniesse a confesar, rogole mucho que no se tornasse al monesterio hasta otro día por si Nuestro Señor la llevasse, se hallase él presente a su muerte y si aquella noche no muriesse, que del todo quedaría sana. Y así acaesció como ella lo dixo, porque queriendo recibir la Santa Comunión el lunes por la mañana de mano del prior suso dicho, en la hora que el prior se bolvió a ella con el santo sacramento para se lo dar, vio ella en los pechos y mano del prior  un muy grande resplandor;  el cual resplandor vido en aquella hora una niña de hasta cuatro años que apenas sabía hablar y  estaba allí con su madre; la qual dijo a la [fol. 98vb] madre cómo veía una gran claridad en las manos del prior y en la sierva de Dios muy gran resplandor, así como el sol. Mas lo que la niña vido, la edad mayor no lo pudo ver. Y luego que recibió el sacratíssimo cuerpo de Nuestro Señor Jesu Christo fue robada en espíritu y perdió todo el sentido, y estuvo nueve horas sin ningún sentimiento, Y como casi por fuerça fuesse despertada y abriesse los ojos, dijo aquel verso del psalmista que dize “Benedic anima mea Dominum, et omnia que intra me sunt nomini Santo eius”. Y luego se halló sana de todos los dolores y enfemedades que de antes tenía, y pesóle mucho porque tornara a esta vida, porque todo su desseo era, según dijimos, verse libre de la cárcel del cuerpo. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Otros muchos secretos celestiales fueron visiblemente demostrados a esta sierva de Dios, mayormente en la sancta noche de la Natividad de Nuestro Señor Jesu Christo, onde como una noche de esta sancta fiesta estuviesse muy atenta para conoscer la media noche —porque avía oýdo y sabido que en aquella hora avía nascido Nuestro Redemptor—, y el altar de Nuestra Señora en que estava una su imagen de bulto estuviesse compuesto y lleno de cirios y candelas, y estuviesse en él una cuna muy adereçada con sus ricos paños y almohadas y un Niño muy chiquito, vestido reciamente, puesto en la cuna delante la dicha imagen de Nuestra Señora, estaba ella orando con mucha devoción, esperando la media noche. Pues como la media noche viniesse y ella estuviesse de rodillas, y con muchos sospiros y lágrimas pensasse en el sancto nacimiento, vio con los ojos corporales descender muy grande resplandor sobre el altar y a Nuestro Señor en figura de Niño muy resplandeciente cómo nascía de la Virgen Sancta María y cómo vinieron los Ángeles a adorar y servir y a le dar gloria. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y duró esta adoración media hora, y la adoración de los ángeles acaba- [fol. 99ra] da, vido venir los pastores. E ydos después que adoraron y estuvieron allí un buen espacio, luego entraron los Reyes de Oriente con mucha compaña. Y venían con ellos tres soles resplandecientes, y llegando al altar de todos tres se hizo uno. Y los Reyes con profunda reverencia adoraron al Niño y le ofrecieron sus dones. Y vido cómo la imagen de Nuestra Señora que estaba en el altar se rió contra el Niño; y después los Reyes, amonestados por un ángel, se bolvieron a sus tierras.  &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y partidos los Reyes, vido cómo Herodes se encrueleció y mandava buscar el Niñoo para lo matar y cómo Nuestra Señora con su Hijo en los braços y con el sancto Joseph se ivan muy tristes huyendo a Egipto. Y duró esa visión en los ojos desta sierva de Dios desde las doze de la media noche hasta las tres. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y a las tres horas vino el capellán mayor de la yglesia al monesterio con desseo de hazer al Señor servicio a les dezir la missa del gallo y las comulgar. Y truxo consigo cantores que le oficiassen la missa. Y como saliesse revestido al altar, luego esta sierva de Dios vido con sus ojos claramente dos antorchas de fuego de resplandor maravilloso encima del altar. Y de cada una salían cinco rayos y venían derechos hasta el lugar donde ella estava de rodillas; y no le impedía nada para ver las cosas que se avían de hazer en el altar las cortinas que estavan delante el choro. Y como se celebrasse la missa con gran solemnidad y se començassen los sanctus, vido tanta multitud de ángeles que descendían al altar, que cubrieron al sacerdote desde los pies hasta la cabeça, y subían y descendían con gran gozo; y quando ovo de alçar la Hostia consagrada, los ángeles le levantaron los braços. Y llegando al Pater Noster no se pudo sostener más de rodillas y muy fatigada del espíritu, cayó hasta las doze horas de medio día, que no se movió de aquel [fol. 99rb] lugar. Y passadas las doze, como estuviesse muy fatigada porque desde las diez que tañeron a amitines avía estado allí de rodiillas sin se mover, tomaronla algunas de las hermanas y lleváronla a su cama. Y a la tarde pro satisfazer los ruegos dellas, comió un poco de carne de membrillos. Y así estuvo sin comer otra cosa alguna lunes y martes, hasta el miércoles, que comió un huevo, en lo qual se mostrava claro que el manjar celestial le dava vida contra la condición humana. Estas cosas manifestó ella solamente al prior suso dicho en secreto porque le tenía mandado por obediencia que ninguna cosa le encobriesse de lo que el Señor le mostrasse.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y aun como otra vez, cinco días antes de la Natividad del Señor, estuviesse muy affligida de la hambre que avía en la tierra por falta de harina por las grandes aguas y crecimientos de ríos, no durmió toda aquella noche. Y dormiendo las otras religiosas, levantose ella y subiose a un terrado de donde se parecía el río. Y estando el cielo estrellado hizo la señal de la cruz contra el río y bendíxole, y metióse después en un retrete a orar y derribose en tierra los braços tendidos a manera de cruz. Y estuvo así muy gran rato, haziendo de sí sacrificio al Señor. Y rogava con grande atención a la Sanctíssima Virgren María, Madre de Nuestro Señor, que tuviesse por bien de rogar a su Hijo que amansasse su ira. Y como estuviesse así orando puesta en aquella pena, súbitamente vio un gran resplandor que sobremanera esclareció aquella casilla que estava, y apareciole Nuestro Señor a la Virgen María con ojos muy llorosos, y díxole con boz triste: “Sabe, hija, que todas las aguas que son venidas en tan largos días avían de caer en tres, y la mayor parte sobre esta ciudad por los grandes peccados que en ella se cometen cada día, mas por las plegarias que me has hecho por este pueblo, yo suppliqué al Señor que tu petición [fol. 99va] fuesse oýda, y oyome. Y así la ira del Señor es ya aplacada”. Y estava esta sancta virgen con ojos abiertos y las manos alçadas quando Nuestro Señor le dezía esto. Y desapareciendo la Madre de Dios, cayó en el suelo, y estuvo ciertas horas sin sentido, y después se levantó muy esforçada del cuerpo y del ánima. Y ninguna de las hermanas lo sientió, ni supo della en ningún tiempo este hecho. Y como su fama no se pudiesse tanto encobrir que muchos de su sanctidad y merescimientos no tuviesen alguna noticia, fue uno entre los otros el señor obispo de Badajoz, que a la sazón era deán de Toledo, el qual habló muchas vezes con ella y fue testigo de la llaga del costado como fue dicho de suso. Pues como este muy reverendo padre tuviesse mucha fe en sus oraciones, rogole una vez que orasse por la pacificación de cierta discordia que avía en la corte. Y como ella, obedeciendo a sus ruegos, se pusiesse en oración antes que saliesse el sol en un terrado de la casa en las octavas de la Resurrectión el año de ochenta y seis, vio un gran resplandor en el cielo en el lugar donde el sol avía de nascer. Y salido el sol, ella lo acató con ojos claros sin embargo de su claridad, y dentro del sol vio un gran agujero que entrava al cielo, del qual salieron grandes rayos de claridad hazia muchas partes; y dentro del agujero, una cruz de oro muy resplandeçiente, la qual pareció hasta que tañeron a prima. Y vido en el ayre, no muy lexos de sí, uno que le pareçió como la luna que peleava con otro, y el otro con él, y pasado algún espaçio bolviéronse las espaldas el uno a otro. Y como subiesse allí una de las hermanas, quitose ella luego de allí y así no pudo más ver en qué parava la dicha visión. Puédese creer que por sus oraçiones pacificó aquella discordia que era entonces entre ciertos cavalleros de la corte, pues al cabo se hizieron las pazes.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y aun como otra vez esta sancta virgen en el día [fol. 99vb] del Triumpho de la Cruz cerca del alva estuviesse rezando hazia el cielo, vio así como unas llamas en él. Y dende a una hora vido el cierlo abierto y que salía el sol por aquella abertura; y en aquel sol se conosçían todas las hermosuras del cielo. Y luego otro día, estando rezando en un libro a una ventana que salía al cielo, a hora de tercia vido cerca de sí un rostro como el de la luna, muy espantable, y dentro como dos formas de hombres y peleaban el uno contra el otro; y cayó mucha gente muerta. Y en este este día prendieron los moros al Conde de Cifuentes.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Capítulo 46'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''De cómo le apareció desspués de finado el capellán del monesterio, y de cóm vido en espírituo ser lleva a juyzio el anima del capellán mayor de la yglesia de Toledo en la hora que murió y de la visión que vido de otro clérigo bivo'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Como esta sierva de Dios estuviese una noche acostada en su cama, y passada la medianoche no dormiesse, apareciole el ánima del capellán del monesterio, que se llamava Joan de Huelma, con quien ella se avía confessdo algún tiempo, que avía pocos días que finara. Y demandole perdón de muchos enojos que le avía hecho, mayormente por la carta que le escriviera que le fuera causa de mucha turbación y porque avía despreciado con osadía sus consejos y no avía creýdo las cosas que le avía dicho. Y después díxole: “Yo os ruego hermana que digáis al prior de la Sisla y a la [fol. 100ra] hermana mayor desta casa que por la caridad de Dios me perdonen todos los enojos que aya hecho, y seis mil maravedís que soy en cargo a esta casa y un libro que vendí, y que me hagan por limosna dezir cinquenta missas. Y vos rogad por mí, por que el Señor me saque desta pena”. Y estas cosas dichas, desapareciole y ella quedó amortecida sin habla; y estuvo así quatro horas. &lt;br /&gt;
Y tornando en sí puso luego diligencia en hacer dezir las misas y en cumplir lo que más le pidió: rogó con mucha devoción a Nuestro Señor por él.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y no es de callar en este lugar lo que vido el día que murió el capellán mayor de la yglesia de Toledo, que se llamava Don Diego de Villa Minaya, de quien de suso en muchos lugares se haze mención. Este era varón muy honrado y discreto y muy limosnero y caritativo, porque quanto tenía gastava en casar huérfanos y en hazer otras obras pías con desseo de hazer thesoro en el Cielo. Pues venida la hora en que Nuestro Señor le quiso dar le pago de sus buenas obras, enfermó en fin del mes de março del año ochenta y siete y passó desta vida, de cuya muerte casi toda la ciudad de Toledo ovo sentimiento y dolor. Y cupo gran parte desta pena al monesterio de doña Mari García por la grandes limosnas y bienes que les hazía, así espirituales como corporales; y era tenido como padre de toda la casa. Y como su fallecimiento fuesse entre las diez y onze del día, estavan en el dicho monesterio en esta hora y todas las religiosas estavan en el choro. Y començando a tañer en la yglesia mayor por su muerte, luego esta sierva de Dios fue robada en espíritu y vido cómo Sant Juan Bautista y Sant Hierónymo y Sancta Catalina llevavan el ánima del dicho capellán a juyzio delante la Divina Magestad en un gran campo muy deleytoso, en el qual estavan muchas ánimas loando a Dios. Y fue acusado delante el juez de un cargo que tenía de un finado que lo avía dexado por albacea en su testamen- [fol. 100rb] to y no lo avía complido. Y como quiera que el dicho capellán mayor mandó en su testamento que aquel cargo se cumpliesse, luego Nuestro Señor, justo juez, mandó que su ánima estuviesse detenida en aquel lugar y no entrasse en la Gloria hasta que fuesse satisfecha la manda. Y como esta Sierva de Dios vido esto, quedó fuera de sí con muy gran pena mezclada con grande alegría de lo que viera. Y cayó luego en la cama con muy grandes amortecimientos, que muchas vezes pensaron que se muriera. Y ninguno de la casa supo eso sino el prior suso dicho, que le tenía mandado por obediencia que le dixesse todo lo que Nuestro Señor le mostrasse. Y fue hallado ser verdad por el testamento del dicho capellán mayor, onde mandó cumplir la falta dicha, de lo qual ella no tenía antes noticia.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y en el traspassasamiento de las quarenta horas, quando le fue dada la llaga del costado, dixo esta sancta muger que la llevaron por las penas del purgatorio, onde vido tormentos tan espantosos que no se puede dezir. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y andando por el purgatorio, vido un clérigo que era bivo y tenía cura de ánimas en una pena muy grande, que una grande serpiente muy espantosa que tenía dos cabeças y dos bocas le tenía atado y cercado alrededor. Y vido un dragón horrible que estava cerca del clérigo, el qual tenía encima del espinazo una esportilla en que estava el ánima de un niño chiquillo que dava quexas, demandando justicia de la pena que suffría por culpa de aquel clérigo. Y como ella preguntasse al ángel que le mostrava estas cosas qué pena era aquella, respondióle que aquel niño que por culpa de aquel sacerdote muriera sin baptismo y demandava justicia al Señor. Y ella, espantada desto, desque tornó en sí hazía oraçión especial por aquel sacerdote. Y a cabo de ocho días, diziendo aquel clérigo mismo missa en la iglesa del monesterio, acabando de alçar, fue otra vez esta Sierva de Dios levantada en espíritu y vio cómo aquel sacer- [fol. 100va] dote tenía ceñida al cuerpo serpiente con tres cabeças: y la primera se comía el corazón, la segunda la lengua y la terçera cabeça le comía  las espaldas; Y al niño que dava bozes ante él y dezía: “Por tu causa no veo a Dios, porque por ti morí sin baptismo y no alcançarás perdón deste grande cargo”. Y dende a tres días, esta sancta muger llamó a este saçerdote y díxole en secreto lo que viera. El qual se espantó tanto que se le quitó la habla por espacio de media hora. Y ella, desque lo vido tan pusillánime y sin esfuerzo, esforçolo mucho. Y tornado en sí, le dixo que estaba muy maravilado cómo Nuestro Señor le avía revelado aquel secreto. Y conosció que era verdad así esto del niño que murió por su culpa sin baptismo como otras cosas muchas que le dixo, en que ofendía mucho a Dios. Y díxole despues la sancta muger: “Tened por cierto, padre, que esto lo mostrará el Señor por señal otro día”. Y este sacerdote confessó después que otro día diziendo missa, quando bolvió la hoja del missal onde estava la imagen del crucifixo vido en él cinco gotas de sangre. Y dende çinco años murió el sacerdote, día de Sant Miguel, y ella encomendolo mucho a Nuestro Señor; y apareciole después el día de Sant Francisco, por la mañana, muy espantable, y díxole cosas muy señaladas que passaran en secreto entre él y otra persona, las quales hallaron ser así en verdad.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Capítulo 47'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''De cómo resplandeció por espíritu de profecía y dixo por la gracia de Nuestro Señor muchas cosas secretas'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Resplandeció también esta sancta virgen por espíritu de profecía, como se puede conoscer por algunas de las cosas que [fol. 100vb] ya son de suso escriptas, y por otras muchas que reveló y manifestó seyendo ocultas. Onde como en aquel tiempo se començasse la Inquisición en la ciudad de Toledo, dixo ella muchos secretos al prior de la Sisla tocantes al Santo Officio. Y preguntándole el prior cómo sabía aquellas cosas que le dezía, respondiole y le dixo: “Nuestro Señor Jesu Christo se a aparecido en la manera que fue atado a la coluna, y tenía las espaldas sangrientas, y díxome: ‘Verás, hija, quán me paran cada día los hereges. Por ende di todo esto que has visto al deán de Toledo y al prior de la Sisla, que entienden en las cosas de la Inquisiçión para que pongan remedio en ello’”. Y así lo hizo, porque estas mismas palabras con otras cosas secretas tocantes al Santo Offiçio dixo después al dean suso dicho en presencia del prior que escrivió estas cosas. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y vido otra vez levantada en espíritu cómo sacavan con gran solemnidad de la yglesia mayor el sanctíssimo sacramento para comulgar a un herege que estava enfermo, y fuele divinalmente mandado que fuesse apriessa a dezir a los clérigos que se tornassen a la yglesia con el cuerpo de Nuestro Señor porque era herege aquel hombre a quien lo llevavan; y así se hizo. Y díxole después el ángel que esto le mandava, “porque creas que es verdad lo que digo, hoy en la missa verás destellar de la Hostia gotas de sangre”. Y así acaesció, que en aquel mismo día vido esta bienaventurada muger con ojos claros la hostia llena de sangre en las manos del sacerdote quando después de la consagración la levantó en alto para el que pueblo adorasse.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y aun otra vez dixo ella al prior de la Sisla que viniesse a poner recaudo en el monesterio porque andavan dos personas por hazer un desconçierto. Puso diligencia en saber la cosa de que la sancta muger le avía avisado y dende a pocos días fueron hallados dos moços que querían hazer un mal recaudo de la manera y for- [fol. 101ra] ma que ella lo avía dicho, y fueron despedidos y echados de casa.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y como un religioso deseava mucho hablar con ella por las cosas que oýa de su virtud y sanctidad, y no pudiesse, al cabo tanto trabajó por ello que lo alcançó y como un día la hablasse, díxole ella: “Bien sabía yo, padre, que ha muchos días que deseávades hablar conmigo y la causa por qué, y sé que tal día (nombrándolo) escrevistes una escriptura y no la acabastes por más priessa que os distes, y la acabastes después en la noche”. Y como el religioso se espantasse desto y le preguntasse cómo lo sabía, díxole cómo lo avía visto en espíritu. Y después díxole: “Dezid padre a tal religioso (nombrándoselo por su nombre), que vea cómo anda, que está mucho atribulado en su espíritu. Y si alguna cosa ha hecho que no deva demandar della perdón porque si esto no haze, no podrá salir del trabajo en que está”. Y como este religioso a quien ella dezía esto conosciesse por experiencia la pena y congoxa que aquel fraile de quien hablava tenía, y poco menos los supiessen todos los de la casa, maravillose mucho cómo estando ella encerrada en el monesterio sabía el trabajo que tenía este religioso en su espírito; y conosció claro que tenía espíritu de profecía.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y acaesció esto en los días que estava el general de nuestra orden en el monasterio de la Sisla entendiendo en las cosas de la Inquisición. Y aun, como otra vez este religioso hablasse con ella y le alabasse mucho a otro religioso que era de sancta vida y le rogasse ella que le dixesse quién era y cómo se llamava, y él no se lo quisiesse dezir, díxolo entonces ella: “A esse religioso que vos, padre, dezís, llaman así, y sé yo que es persona religiosa y devota y que tiene parte con Nuestro Señor”. Y espantado desto el religios con quien ella hablava, viendo cómo sabía lo que él no le avía querido manifestar, díxole ella que en aquella hora misma Nuestro Señor se lo avía revelado.&lt;br /&gt;
 &lt;br /&gt;
Rescebía esta Sierva de Dios gran [fol. 101rb] pena en salir a hablar con las personas que venían a ella aunque fuessen religiosas. Y trabajava de abreviar las tales hablas lo más que podía, y hablava con pocas personas por más graves y honestas que fuessen.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Capítulo 48'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''De cómo alcançó por sus oraciones salud a la madre del monesterio y libró a un su hermano de las prisiones y a su madre de la enfermedad que tenía'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Era esta bienaventurada virgen muy ferviente en la oración y alcançó a muchos salud y remedios de sus males biviendo en la vida presente rogando a Nuestro Señor por ellos. Onde como una vez la madre del monesterio enfermasse en el mes de agosto del dolor del costado, y tres días antes de la fiesta de Sant Lorencio llegasse a la muerte y los físicos la tuviessen ya desamparada, viéndola esta sierva de Dios estar tan cercana a la muerte, fuesse a la yglesia siendo ya de noche y púsose a orar con muchas lágrimas ante el altar de Nuestra Señora, rogándole affincadamente que no quedasse ella huérfana de tan bienaventurada madre y que tuviesse por bien de se la dar sana y biva. Y ende a un rato mirando ella con una candela en el rostro de la imagen de Nuestra Señora, viole encendido y como de persona biva. Y dende a poco vídole sudar, y pensando que se le antojava, atreviose allegar a su rostro y con su toca alimpió el sudor tres vezes, y lavose los ojos y cara con ello. Y del plazer que ovo tornó a le demandar con importunidad la salud de su madre espiritual, y oyó una boz que le dixo: “Otorgada le es la vida para consolación y remedio tuyo”. Y luego fue levantada en espíritu y [fol. 101va] vido a Sant Lorencio en semejança de moço de quinze años vestido de vestidura muy esplandeciente. Y levava en la mano una buxeta de oro y púsola sobre la cabeça y costado de la enferma, y santiguóla con su mano. Y después que tornó en sí, entendió que avía alcançado lo que a Nuestro Señor pidiera por intercessión de su gloriosa madre. Y vino luego con mucho plazer a visitar la enferma y hallola dormiendo con reposo. Y desque despertó sintiose muy aliviada de la enfermedad y dende a poco sanó perfectamente.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y como otra vez esta sancta muger rogasse con mucho affinco a Nuestra Señora delante su altar por el libramiento de un su hermano que estava preso, apareció al preso estando dormiendo Nuestra Señora en semejança de la imagen suya de vulto que tenían en el monesterio, y sacole los hierros de los pies y díxole que por la importunación de su hermana y de las otras religosas que por él en aquella casa rogavan sería libre de aquella prisión. Y despertando, hallose libre de las prisiones y de la hinchazón que tenía en los pies de los hierros. Y luego otro día vino al monesterio y contó este miraglo, y hallose por cierto que en aquella hora que él dixo que Nuestra Señora le avía librado, esta sancta muger y otras hermanas de la casa hazían oración especial por él. Y viendo la imagen en cuya semejança Nuestra Señora le apareciera, prometió de le traer toda su vida cera que ardiesse todos los sábados delante aquella su imagen. Y como dende a nueve años víspera de Nuestro Señora de agosto truxesse este su hermano cera para alumbrar esta imagen como lo tenía prometido, falleció súbitametne en el camino. Y como ella lo supo, angustiose mucho, mayormente por aver sido su muerte de tal manera, y rogava por él con muchas lágrimas y gran affinca delante la imagen suso dicha de Nuestra Señora, que pues en esta vida lo avía librado de las prisiones, tuviesse por bien [fol. 101vb] de lo librar de las penas de la otra y mostrarle si estava en carrera de salvación. Y como estuviesse haziendo oración por el día octavo después de su mierte, a las dos horas después de media noche, miró el rostro de la imagen y vidolo alegre, como de persona biva que quería hablar. Y ella con el grande gozo que rescibió desto començó mucho a llorar, y dos de las hermanas que lo sintieron llevaronla a la cama. Y estando allí las dos religiosas con candelas encendidas, sintió a sus espaldas un huelgo de persona my frío, y como estava hablando con las dos hermanas, no curava de mirar a aquel lugar y dende a poco ovo gran miedo. Y bolviendo la cabeça vio un pedaço como de nuve escura y allí dentro el rostro de su hermano muy alegre. Y díxole que a la hora de la muerte se viera en gran peligo, mas que Nuestra Señora a fuera allí con él y le ayudara. Y después díxole ciertas cosas que tenía de cargo y que estava en el purgatorio; y esto dicho, desapareció la nuve.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y como otro hermano suyo en el lugar de Ajoffrín corriesse un cavallo y cayesse con él, quedó muy atormentado y con gran passión de los ojos. Y como lo oyó la madre desta sierva de Dios, que estava muy triste y dolorida por la muerte del otro hijo que avía poco que falleciera, doblósele el dolor. Y tan grande fue su pena que se le torcieron los ojos y la boca. Y sabiéndolo ella, después de algunos días, rescibió dello mucha pena y se fue para el altar de Nuestra Señora y supplicole por la salud de su madre. Y acabada la oración, respondió inspirada divinalmente al mensajero que le truxo estas nuevas, que el domingo siguiente sanaría su madre. Y así fue cumplido porque en aquel domingo que ella dixo, sanó perfectamente su madre por la virtud de Nuestro Señor.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y acaesció otra vez que estando esta bienaventurada virgen muy mala en la cama, vino la fiesta de Nuestra Señora de setiembre y co- [fol. 102ra] mo viesse que no podía comulgar con las otras hermanas de aquel sancto día ni estar presente con ellas al officio, rescibió gran dolor en su coraçón. Y como las otras religiosas se levantassen a los maytines y ella estuviesse tan cerca del choro que las pudiesse oýr, luego que començaron el Invitatiorio, dixo con gran dolor de su coraçón orando a Nuestra Señora: “¡O[h] gloriosa madre de Dios, esperança de los peccadores! Yo no soy digna de estar en tus maytines, ni menos de poder comulgar con las otras; tú, Señora mía sabes la pena que en esto rescibo”. Y como acabó de dezir estas palabras vino una claridad sobre ella. Y sintiose luego sana del todo. Y levantándose de la cama fuese a los maytines, y comulgó esse día con mucho gozo con las otras hermanas.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Capítulo 49'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''De la muerte de la bienaventurada María de Ajoffrín y cómo luego començó a resplandecer por miraglos'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Luengo tratado el libro se haría si particularmente quisiesse aquí hazer memoria de todas las cosas que hallé escriptas desta sancta muger, y así no quiero más detenerme en relatar sus virtudes y las otras revelaciones que vido, porque apenas comulgó vez que no fuesse luego arrebatada y alçada en espíritu y le fuessen demostrados muy grandes secretos; mas escribiré agora brevemente cómo murió y cómo después de su muerte començó luego a resplandecer por miraglos.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Pues como esta santíssima vir- [fol. 102rb] gen fuesse por Nuestro Señor tan altamente visitada en esta vida presente, según ya es dicho, plugo a Su Magestad de la hazer gloriosa y bienaventurada en el Cielo y darle el galardón que a sus sanctos y amigos antes de los siglos tiene prometido. Venido pues el tiempo de su muerte, por ella tan desseado, enfermó en el mes de julio, año mill y quatrocientos ochenta y nueve, quando andava la pestilençia en la ciudad de Toledo. Y falleció con mucha devoción sábado a las tres horas despues de la media noche; y fue enterrada a las vísperas de aquel día en el capítulo del monesterio de la Sisla porque entonces en este monesterio se enterravan las religiosas de Sant Pablo. Y fue sentido a su fallecimiento un olor celestial, según dieron dello testimonio las hermanas que se hallaron presentes a su muerte.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y luego Nuestro Señor la magnifició por muchas señales y miraglos, de los quales se notarán aquí los siguientes.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En el año de mill y quatro çientos y noventa, en el mes de noviembre, día de Sant Martín, a la noche enfermó de modorra un hombre que se llamava Francisco Díaz, vezino de Xarabiz de la Vera. Y como llegasse la hora postrimera, rescebida ya la extrema unción, un clérigo que se dezía Martín Diaz, su primo, que lo avía criado y casado, sentía gran dolor de su muerte, y como a caso veniesse allí una muger que se dezía Juana Martínez, biuda, y viesse al clérigo tan affligido, díxole: “Compadre, ya sabéis la enfermedad que tenía yo de mi pierna con la cadera y este año quando vino aquí mi hermano fray Gabriel, professo del monesterio de Sant Hierónymo de Madrid, me dixo de una sancta religiosa que falleció en Toledo en el monesterio de doña Mari García y está enterrada en el de la Sisla, por la qual el Nuestro Señor hazía grandes maravillas y que si me encomendasse a ella con devoción y prometiesse de yr a visitar el lugar de su sepultura, creyesse sin dubda que [fol. 102va] por sus merescimientos avría salud. Yo me encomendé a a esta sancta y sané por la misericorida de Nuestro Señor, y así prometeldo vos a ella y plazerá a Dios de os oýr y dar vida a este vuestro primo que al presente véys que se os muere”. El clérigo, oyendo esto, hizo luego voto y prometió que si Nuestro Señor dava salud a su primo enfermo de lo traer al monesterio de la Sisla a visitar el sancto cuerpo desta virgen. Y Nuestro Señor oyó sus ruegos por los merescimientos de su sierva, y dio salud perfecta a aquel enfermo. Y vinieron los dos juntos a cumplir el voto. Y el clérigo dio testimonio de la verdad deste hecho y lo escrivió de su mano, sábado a siete días del mes de mayo, año de mil y quatrocientos y noventa y uno, estando presente en el suso dicho monesterio.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En la ciudad de Toledo estava un canónigo para morir, y obrados en él ya todos los remedios humanos, como siempre perdiesse, encomendose con mucha devoción a esta bienaventurada virgen, y embió a visitar su sepultura y que le truxessen un poco de tierra della. Y luego la primera noche que se la puso al cuello, estando dormiendo, le apareció la dicha sancta entre sueños y despertando se halló sano. Y como le oviessen de dar aquella mañana una purga, no la quiso rescebir, mas dixo que le diessen de comer porque él se sentía bueno. Y levantándose de la cama, fue luego al monesterio de la Sisla a visitar el cuerpo desta virgen y dio allí muchas gracias a Nuestro Señor, y offreció sus offrendas. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y en el mes de setiembre del mismo del mismo año que esta bienaventurada María de Ajofrín finó, enfermó muy gravemente en la ciudad de Toledo Don Alonso, hijo de la condesa de Paredes, canónigo de la yglesia mayor. Y estando ya oleado y muy cercano a la muerte, encomendose a esta sancta. Y fuele traýda una almohada en que la dicha sancta virgen finara y luego que la puso sobre sí sanó. Y fue después al monesterio de la Sisla a tener no- [fol. 102vb] venas y offreçió una imagen de cera y una casulla de seda.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En el suso dicho año a nueve días del dicho mes de setiembre, vinieron a visitar el lugar onde esta sancta muger fue enterrada un hombre que se dezía Joan de Pastrana y su muger, y truxeron un niño, que era su hijo, tollido. Y avía el padre gastado con los físicos lo que tenía y no le avían podido curar. Y encomendáronlo el padre y la madre con mucha devoción a esta sancta y velaron una noche en la yglesia, y sanó el niño a gloria de Nuestro Señor. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En este tiempo una muger que se llamava Joana de Sant Miguel, beata de la tercera regla de Sant Françisco, que morava en la ciudad de Toledo, estava muy mala de un çaratán que tenía en la teta, y avía cinco años que la curavan los físicos y todos ellos no la avían podido remediar. Y desamparada dellos, aconsejavan algunos que por que no muriesse le fuesse cortada la teta. Mas ella, viendose en esta angustia, acordó, oýda la fama de los miraglos que esta sancta hazía, de se encomendar con mucha devoción a ella. Y así, con este propósito, vino al monesterio de la Sisla. Y luego que entró al lugar onde el cuerpo de la bienaventurada María de Ajoffrín estava enterrado, sintió un olor celestial que salía de la sepultura. Y ella, con mucha devoción y lágrimas, derribose sobre ella rogando a esta sancta que la quisiesse ayudar y alcançar de Nuestro Señor sanidad; y luego fue sobre ella la mano de Dos y fue sana perfectamente. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Otros muchos miraglos hizo Nuestro Señor por los merescimientos desta su sierva luego después de su muerte, como se hallan escriptos en el libro de su vida. Y aun hasta tiempo presente no cessa Nuestro Señor de la mangnificar por señales maravillosas, mas yo no quiero escrevir más en este lugar y sólo diré aquí un miraglo que acaesció en su vida acerca de una carta quemada que por sus oraciones fue hallada sana y restituyda en su primero ser. Como una vez esta [fol. 103ra] sierva de Dios notasse una carta para el cardenal Don Pero González de Mendoça, y la escriviesse otra religiosa que se llamava Ynés de Sant Nicolás. Y acabada la carta de escrevir, por no tener allí polvos para la enxugar, la llegassen al fuego. Tanto la allegaron, que se quemó en tal manera que era necessario tornarla a escrevir otra vez. Y como desto rescibiesse mucha pena la religiosa que la escriviera, porque la carta era muy grande, díxole ella: “Ýos agora, hermana, y no rescibáys pena, porque después se podrá escrevir”. Y tomó ella la carta quemada y echóla en un arca. Y como otro día viniesse la otra religiosa para la tornar a escrevir, abrió la sierva de Dios el arca y hallaron la carta sana.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Capítulo 50'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''De cómo fue trasladado el cuerpo de la bienaventurada María de Ajoffrín y puesto en una sepultura muy honrrada que le fue hecha en la yglesia, y del olor maravilloso que sintieron todos los que se hallaron presentes y de cómo llovió luego y se remedió la tierra'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Como la fama de los mirgalos que Nuestro Señor hazía para glorificar a esta sancta virgen cresciesse de cada día, muchos devotos, movidos con zelo de la honrra de Dios, trabajavan que fuesse su cuerpo trasladado del capítulo onde estava enterrado y pasado a la yglesia del monesterio. Y en- [fol. 103rb] tre las otras personas que en esto más diligencia pusieron fue la condesa de Fuensalida, por cuyo ruego, a veynte y cinco días del mes de abril del año de mil y quatrocientos y noventa y cinco, aún no seys años cumplidos después de su muerte, fue sacada de la sepultura en que estava en el capítulo y passada a la sepultura que avía edificado la dicha condesa a la mano derecha de la yglesia. Y estuvieron presentes a esta translación el prior del monesterio fray Juan de Morales y otros religiosos, y el clavero de Calatrava y Don Alonso de Silva, y otras algunas personas devotas. Y luego que abrieron la sepultura, sintieron todos un olor celestial y fueron hallados los huessos desta bienaventurada sancta muy olorosos, de los quales parecía que manava un licor a manera de azeyte. Y el olor suavíssimo que salía de los huessos fue sentido de todos los que estavan presentes, así religosos como seglares. Y viendo esta maravilla, el prior mandó llamar al convento —el qual hasta aquella hora no avía parte desta translaçión— a todos, y tañer los órganos y campanas.Y puestos los huessos en un arca que truxo Don Alonso de Silva enforrada de seda por partes de dentro, y teniendo todos en las manos cirios encendidos, que el dicho Don Alonso avía traýdo para todos los frayles, y vestidos el sacerdote y ministros de las vestiduras sagradas, llevaronla en provessión con mucha alegria a la yglesia cantando ''Hec dies quam fecit Dominus'' y el ''Te Deum laudamus''. Y fue pedida agua, que estava la tierra en gran necessidad, y Nuestro Señor, por magnificar su sancto nombre en su sierva, llovió luego en grande abundançia, de manera que todos pudieron claramente conoscer que aquella agua les era dada por los merescimientos desta sancta virgen. Y así fueron remediados los panes, que estavan ya para se perder todos. Y estuvo su cuerpo en la yglesia en el ar- [fol. 103va] ca suso dicha treze días para lo mostar a los que lo venían a ver. Y fue después sepultado en la sepultura que la condesa hiziera a la mano derecha de la yglesia, como es ya dicho. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Cosa es por cierto de contemplar la aarcia que Nuestro Señor dio a esta su sierva en los tiempos presentes. Y así podremos bien conoscer que en todas las edades obra Dios cosas maravillosas en favor de los que verdaderamente lo aman y sirven. Y cómo levanta del polvo y ensalça a los que son humildes de coraçón como lo fue esta bienaventurada María de Ajofrín la qual, entre todas sus virtudes, resplandeció singularmente por humildad, de lo qual dieron testimonio todas las religiosas que la conoscieron, mayormente la madre del monesterio que se llamava Catalina de Sant Lorençio, diziendo que era tan humilde que muchas vezes le importunava que la reprehendiesse y castigasse delante todas, mayormente los viernes en el capítulo, y le mandasse comer en tierra y prostarse a la puerta de la yglesia para que las otras hermanas pasassen sobre ella quando entravan al choro. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En las cosas dichas se da fin a las obras maravillosas de la bienaventurada María de Ajofrín y a las revelaciones que vido estando en la vida mortal, porque no fue mi intención de las escrevir aquí todas, como lo dixe al principio desta historia y después en otros lugares. Y por consiguiente se acaba el tercero libro de la presente crónica, a honrra y gloria de Nuestro Señor Jesu Christo, y alabança de sus santos y siervos, y para provecho de todos los religiosos presentes y advenideros. Amén.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
=Vida impresa (3)=&lt;br /&gt;
Ed. [http://visionarias.es/equipo/maria-del-mar-cortes-timoner/ M. Mar Cortés Timoner]; fecha de edición: noviembre de 2020; fecha de modificación: diciembre de 2022.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==Fuente==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
* [http://catalogodesantasvivas.visionarias.es/index.php/Categor%C3%ADa:Alonso_de_Villegas Villegas, Alonso de], 1588. ''Addicion a la Tercera Parte del Flos sanctorum: en que se ponen vidas de varones illustres, los quales, aunque no estan canonizados, mas piadosamente se cree dellos que gozan de Dios por auer sido sus vidas famosas en virtudes...'' Huesca: Iuan Perez de Valdiuielso. Fols. 45v col. a – 47r col. b.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[[Contexto material del impreso Addicion a la Tercera Parte del Flos sanctorum]] ''en que se ponen vidas de varones illustres, los quales, aunque no estan canonizados, mas piadosamente se cree dellos que gozan de Dios por auer sido sus vidas famosas en virtudes...''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
== Criterios de edición ==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El relato aparece en el apartado 193 de la Adición de la Tercera Parte del Flos Sanctorum de Alonso de Villegas, a continuación de la vida de María García [fols. 44r col. a ‒ 45v col. a]. Para esta edición se maneja el ejemplar de la Biblioteca de Catalunya: Res 740/2-4º. Se indica, entre corchetes, el fragmento que fue eliminado en la edición censurada del año siguiente (1589) siguiendo el ejemplar conservado en la Biblioteca Nacional de España: &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Villegas, Alonso de. 1589. ''Addicion a la Tercera Parte del Flos sanctorum: en que se ponen vidas de varones illustres, los quales, aunque no estan canonizados, mas piadosamente se cree dellos que gozan de Dios por auer sido sus vidas famosas en virtudes...'', Toledo: Iuan y Pedro Rodriguez, Biblioteca Nacional de España, sig. R/32084. En línea: http://bdh.bne.es/bnesearch/CompleteSearch.do?field=todos&amp;amp;text=alonso+de+villegas&amp;amp;showYearItems=&amp;amp;exact=on&amp;amp;textH=&amp;amp;advanced=false&amp;amp;completeText=&amp;amp;pageSize=1&amp;amp;pageSizeAbrv=30&amp;amp;pageNumber=8. Se han seguido los criterios establecidos en el catálogo para fuentes impresas y, por ello, han sido eliminadas las duplicaciones de consonantes: cc/c, ss/s, ff/f. En cambio, se respetan los grupos consonánticos: -nt- (sant), -nc- (sancta) y -pt- (captivo), también las contracciones ‒aunque se ha añadido el apóstrofo clarificador en “del” para escribir “d’él”‒. Además, se ha mantenido la conjunción copulativa “y” ante palabras iniciadas con el sonido vocálico “i”. Asimismo, se indican en pie de página las erratas subsanadas y, para facilitar la localización de los textos, se citan el folio (r-v) y la columna correspondiente (a-b).&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El texto editado ha sido estudiado en:&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
* M.Mar Cortés Timoner, “Censuras, silencios y magisterio femenino en la Adición a la tercera parte del Flos Sanctorum de Alonso de Villegas”, ''Specula. Revista de Humanidades y Espiritualidad'', vol. 1 (mayo 2021), pp. 183-210: https://revistas.ucv.es/specula/index.php/specula/article/view/896&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
* M. Mar Cortés Timoner, “La autoridad espiritual femenina en la Castilla bajomedieval y su reflejo en el Flos sanctorum de Alonso de Villegas”, ''Dicenda. Cuadernos de Filología Hispánica'', vol. 39 (2021), pp.:  25-35 DOI: https://revistas.ucm.es/index.php/DICE/article/view/76403&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==Vida de María de Ajofrín==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[Fol. 45v col. a] '''Vida de María de Ajofrín monja de Sant Pablo de Toledo'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
María de Ajofrín ''[1]'' fue natural de un pueblo que tiene este mismo nombre, cercano a Toledo. Nació de padres honrados y temerosos de Dios, llamábanse Pero Martín y Marina García. Eran ricos de bienes temporales. Desde niña se inclinó al servicio de Dios. Quisieron sus padres casarla, pidiéndosela muchos, mas la bendita doncella nunca consintió, sino que, varonilmente, resistió a todos los que la hablaban de casamiento. Y por que no pudiese ser impedido su deseo, que era de emplearse toda en el servicio de Dios, aun siendo muy pequeña, sin consejo ni ayuda humana, hizo voto de entrar en religión. Lo cual, sabido de sus padres y visto que ponía fuerza para cumplirlo, fue causa de grande sentimiento y lloros y aun de que sus hermanos la aborreciesen y persiguiesen. Siendo de quince años, y no pudiendo inclinarla a otro modo de vivir, su padre la sacó de su casa y trujo a Toledo. Entró en la iglesia mayor a hacer oración, donde tuvo noticia del monasterio fundado por doña Mari García, del Orden de Sant Jerónimo, que era a la sazón de beatas sin encerramiento o clausura y después fue de monjas profesas y se llamó Sant Pablo. Fue llevada a él María de Ajofrín y recebida con grande voluntad de las religiosas, donde luego se ejercitó en obras sanctas, mostrándose muy humilde, menospreciando a sí y haciendo al Señor sacrificio de sí misma. Su ejercicio ordinario era la oración y meditación, derramando sus ojos multitud de lágrimas con grandes sospiros, teniéndose por la más pecadora y indigna de todas las mujeres. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
A los diez años de su recogimiento quiso hacer una confesión general de toda la vida y, hecha con grande sentimiento y lágrimas, pusose de rodillas delante una imagen de la Madre de Dios que tenía en sus brazos a su Benditísimo Hijo. Y pidiéndole al Hijo, por intercesión de su Sagrada Madre, que le declarase si había hecho lo que debía en esta confesión y podía asegurarse de la vida pasada, como esto fuese con muchas lágrimas y ternura, vido una claridad grande que rodeaba [fol. 45v col.b] la imagen y pareciole que el Bendito Niño levantaba la mano, a la manera que la pone el sacerdote cuando absuelve, de lo cual recibió grande temor, mas siguiose luego un celestial consuelo. Y el secreto desta visión descubrió solamente al prior Juan de Corrales, certificándole que, desde esta hora, le quedó tan grande movimiento en el corazón que, a tiempos, le daba golpes que parecía quererle salir del cuerpo. Muchos regalos tuvo de Nuestro Señor, siéndole medio no de ensoberbecerse sino de más humillarse. Fuéronle descubiertos algunos secretos acerca de pecados de personas particulares; y ella daba avisos por donde venían a remediarse, enmendándose aquellos a quien tocaba porque era aquel negocio de Dios, que es el que penetra y conoce los corazones. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
La privanza que tenía con Su Majestad, su encendida caridad y la perseverancia en le servir y volver por su honra, fue parte a que la regalase, y con regalo que a pocos se le ha concedido; y fue que la señaló con la señal de su Pasión y llaga del costado. Hallose un día en él una abertura que cupiera por ella la cabeza del dedo pulgar de un hombre. Y durole abierta esta llaga veinte días, de la cual los viernes corría más sangre que los otros días, aunque siempre corría alguna. Nunca pareció en ella materia ni la aplicó medicina alguna, sino paños limpios, quitando unos y poniendo otros. La sangre era muy viva, como daban muestra los paños que se quitaba, los cuales quedaban rojos como un carmesí. Padecía graves dolores, y fueron causa para que la bendita doncella lo descubriese, aunque disimuló primero y lo encubrió cuanto le fue posible. Descubriose a la hermana mayor y a otra noble matrona llamada doña Teresa, y estas, con admiración grande, lo descubrieron al confesor de la casa. El cual estuvo duro en creerlo, y quisiera deshacerlo, mas visto por sus ojos quedó lleno de admiración. Y él reveló a testigos dignos de fe que dello dieron testimonio: el uno fue don Pedro de Prejano, deán de Toledo, y el otro don Diego de Villaminaya, capellán mayor del coro de la sancta iglesia; llamábase el confesor Juan de Biezma ''[2]''. En presencia de los cuales entró Gracián de Berlanga, capellán de la reina doña Isabel, notario apostólico y de la audiencia arzobispal, y, estando la bendita doncella María de Ajofrín en su cama, le fue descubierta la llaga que tenía en el costado de la manera que se ha dicho, y dello dio testimonio: en el cual señala día en diez y nueve de noviembre, casi a las seis horas de la tarde, en el año del nascimiento de Cristo de mil y cuatrocientos y ochenta y cuatro. Y dice que la llaga era como un real, y que no tenía hinchazón y que carecía de toda putrefacción. Dice que la tenía una doncella echada en una cama dentro de un palacio, en las casas [fol. 46r col. a] de doña Mari García, y que tenía rostro de ángel. Y dice que, habiendo visto, se tornó a salir muy espantado y que, a pedimiento del mismo Juan de Biezma, lo dio por testimonio firmado de su nombre y sellado con su sello. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
No solo padecía la bendita doncella tormento gravísimo de la llaga, sino otro bien grande en mostrarla estando en su cama, cubierto su cuerpo, rostro y manos honestísimamente al tiempo de mostrarla, que solo se veía por una sábana abierta. Pasados los veinte días, ella por sí se cerró sin medicina humana y quedó la señal de la abertura, con algún dolor, en aquel proprio lugar. Ni quiso el Hijo de Dios decorarla con sola la llaga del costado; antes, como se levantaba de su cama para orar delante un crucifijo, al tiempo que entendió, por el sonido de las campanillas, que alzaban en una misa, sintió tan gran dolor en los pies y en las manos que parecía que le ponían en aquellos lugares clavos gruesos. Y como estuviese en esta pena, parecíale que le traspasaban la mano izquierda. Y fue tan vehemente el dolor que puso el dedo pulgar de la mano derecha en la palma de la izquierda y apretó cuando pudo con el gran dolor que tenía, y reventó la sangre, de que ella quedó admirada. Aunque, teniéndolo por regalo de Nuestro Señor, procuró de encubrirlo trayendo la mano cubierta con un lienzo sin poner otra medicina. Y durole por cuarenta días. Y, después que sanó, le quedó la señal en la mano izquierda que fue la que rompió en sangre. Y por que, sucesivamente, sintiese en su cuerpo las insignias y dolores de la Pasión de Nuestro Señor Jesucristo, allende de los tormentos que en la cabeza tenía de ordinario, súbitamente sintió un grande y nuevo dolor que le pareció que, poniéndole sobre ella una guirnalda o corona que le cercó la cabeza enderredor, le entraban por ella puntas de clavos con tormento suyo excesivo, cayéndole gotas de sangre. Y aunque le aplicaban diversas medicinas, nunca alguna ''[3]'' le aprovechó porque no era razón que llagas hechas por la mano del Señor recibiesen sanidad por industria humana hasta que, pasado algún tiempo, por sí mismo cesó el dolor y quedó sana la cabeza como la mano y ''[4]'' costado. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Grandes fueron los regalos que recibió de Nuestro Señor. Arrobábase y quedaba sin sentido, y como le aconteciese esto estando presente el mismo que escribió su vida, el cual la solía confesar, la hermana mayor dijo: “Mandadla, padre, en virtud de sancta obediencia que recuerde y os hable, que luego lo hará”. Hízolo él así, y volvió en su sentido y mostró sentimiento grande como de que la hubiesen quitado de cosa que le daba grande contento. Descubríale Nuestro Señor algunos secretos para bien y provecho de almas particulares, como se ha dicho. Y diole gracia de sanar enfermos, [fol. 46r col. b] porque, con hacer la señal de la cruz y orar por algunos, fueron sanos. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Llegose la hora de su muerte bien deseada por ella, y cayó enferma en el año de mil y cuatrocientos y ochenta y nueve ''[5]'', habiendo pestilencia en Toledo. Y murió sanctamente, sábado, diez y ocho de julio, a las tres horas después de medianoche. Y fue sepultada en el monasterio de Sisla, en el capítulo. Sintiose en su fallecimiento un olor celestial, según dieron testimonio las hermanas que se hallaron presentes a su muerte. Hizo Dios por ella algunos milagros de personas que visitaban su sepulcro o se encomendaban a ella en diversas partes, por lo cual se acordó que su cuerpo fuese trasladado del capítulo a la iglesia del mismo monasterio, en un sepulcro que le hizo una señora ilustre que era condesa de Fuensalida. Hízose la traslación en veinte y cinco de abril, del año de mil y cuatrocientos y noventa y cinco. Halláronse presentes con el prior del monasterio, que se llamaba fray Juan de Morales, el clavero de Alcántara y don Alonso de Silva y otras personas, donde, luego que abrieron la sepultura, sintieron todos un olor celestial y parecía que salía de sus huesos y que estaban bañados de un licor a manera de óleo. Mandó el prior tañer los órganos y las campanas, y en una bien ordenada procesión, llevando todos velas encendidas, levantaron el cuerpo puesto en una arca aforrada de seda y llegaron con él al coro de la iglesia donde estuvo por trece días descubierto. Y en este tiempo pidieron a Nuestro Señor por intercesión de su sierva ''[6]'' que enviase agua a la tierra, de que había grande necesidad, y llovió en grande abundancia y entendieron todos haberles hecho Dios esta misericordia por honra de aquella bendita alma. Y así fueron remediados los panes que estaban a punto de perderse. Pasados los trece días fue puesto el cuerpo en el nuevo sepulcro, a la mano derecha, y allí es visitada y honrada de muchos. Y fue premio merecido a su humildad porque, como dio testimonio Catalina de Sant Lorenzo, hermana mayor de su monasterio, era esta bendita mujer tan humilde que, muchas veces, la importunaba que la reprehendiese y penitenciase delante de todas, mayormente los viernes en el capítulo, y le mandase comer en tierra y postrarse a la puerta del coro cuando las hermanas entraban a rezar en él, para que la pisasen. Y junto con ser humilde era honestísima tanto que pocas personas, ni de las que conversaban con ella, podían dar testimonio de su rostro trayéndole de ordinario cubierto con una toca que dejaba caer hasta la boca. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Anda la vida desta sierva de Dios escripta de mano por un religioso confesor suyo y en ella se pone muchas revelaciones que tuvo. Yo he querido pasarlas en silencio como también lo hizo el que escribió la crónica de los jeró- [fol. 46v col. a] nimos, donde está la vida desta bendita monja, aunque con la limitación que digo. Del testimonio que dio de la llaga de su costado Gracián de Berlanga, notario, tengo yo un traslado por donde parece que fue certísimo ''[7]''. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[Acerca de lo cual digo que algunas personas, atrevidamente en mi tiempo, han contradicho (y aun algunos predicándolo públicamente) semejantes llagas en alguna persona después que el Hijo de Dios las padeció, sino es el bienaventurado sant Francisco. Y, pareciéndoles que en esto hacen servicio, quieren atar las manos a Dios. A estos digo que, cuando no creyeren a los auctores tan graves y fidedignos que lo escriben de algunas sanctas, como de sancta Catarina de Sena y de otras, y que, en particular en Roma, se pinta y estampa la misma sancta Caterina ''[8]'' con las llagas, en ciencia y paciencia de los sumos pontífices que lo ven ''[9]''  y lo permiten y aun, por lo mismo, por ser negocio tan grave parece que lo aprueban, si esto no basta, pueden, por vista de ojos y tocándolo con sus manos, certificarse en este caso con lo que de presente (creo que para confusión de estos) ha permitido Nuestro Señor. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y es que, en este año de mil y quinientos y ochenta y seis en que esto escribo ''[10]'', está viva una bendita mujer, señora de ilustre linaje, priora en el monasterio de la Anunciada de Lisboa, en Portugal, llamada María de la Anunciación ''[11]'', doncella de edad de treinta y dos años. La cual está decorada con las llagas de Cristo de cabeza, manos, pies y costado. Tiene en su cabeza treinta y dos agujeros a la redonda como corona, abiertos y patentes; en las manos, por las palmas, una como rosa y, en medio della, una abertura triangular de clavo y, por detrás, la misma señal aunque algo menor. Estas han visto y ven cada día diversas personas. Tiene otras semejantes en los pies. También tiene abierto el costado y todos los viernes, poniéndose allí un lienzo pequeño, salen señaladas cinco gotas de sangre a manera de cruz, y la ''[12]'' de en medio es mayor. Y destos pañitos he yo visto dos en Toledo en poder de personas religiosas que los recibieron de la misma sierva de Dios. Y ella los da compelida por obediencia, como también por ella, y no en otra manera, muestra las llagas de las manos. La del costado vieron, por orden del sumo pontífice Gregorio décimo tercio, algunas personas, y fueron: oficiales del Sancto Oficio de la Inquisición y el padre fray Luis de Granada y otros perlados de su orden. Y sobre ello dio breve el mismo pontífice Gregorio, y yo le vi impreso y le leí, en que alaba a Nuestro Señor y persuade a su sierva a que siempre vaya en augmento en su servicio. También por cartas del mismo padre ''[13]'' fray Luis de Granada que, para mí, son de grande auctoridad, y de otros perlados de su orden, se sabe de su vida que, desde niña, ha vivido sancta- [fol. 64v col. b] mente y no se halla que, en cosa alguna, se haya desmandado en ofensa de Dios. Nunca se agravió por cosas de pena que le sucediesen ni se quejó por ocasiones que le diesen. Siempre conservó paz y humildad en su alma. Su caridad es grandísima con pobres necesitados de cuerpo y de alma remediando todo lo que puede. Siempre muestra el rostro alegre y devoto. En hablándole de sus llagas, se aflige y entristece grandemente. Duerme abrazada con una cruz de madera de su estatura. Hase visto mucha claridad de noche en una pequeña celda que tiene y levantada del suelo con su cruz orando. Vinieron a Lisboa un turco y un moro que dijeron habérseles aparecido estando en una galera y persuadiéndoles a que se hicieses cristianos; y la conocieron sin haberla visto más de aquella vez y recibieron el baptismo. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Della se dicen muchas otras cosas y todas ellas al talle de los sanctos. Y el padre fray Luis de Granada tiene escripto muy a la larga todo lo que pertenece a la vida desta sierva de Dios, y así él pondrá finos colores sobre el dibujo mal bosquejado de mi mano. Yo lo he referido aquí por dos razones: una, para prueba de que suele Nuestro Señor regalar con sus llagas a algunas personas siervas suyas, y contradecirlo es ir contra la verdad; y lo segundo, que, por haber escripto tres libros de vidas de sanctos de los que pasaron muchos años ha, hiciera agravio a cosa tan digna de ser sabida en los siglos venideros como es lo de mi tiempo desta sierva de Dios, si no lo pusiera en memoria. Y lo mismo hicieron sant Jerónimo escribiendo la vida de Malco, monje captivo que se le dejó vivo. Y sant Teodorito comenzó a escrebir la vida de sant Simeón Estilita ''[14]'' y no la acabó diciendo en ella que la dejaba vivo y que, con tan alto principio, era bien de creer que el fin no sería menor. Así yo digo desta sierva de Dios, que su fin no será menor que el principio y, cuando sea de otra suerte, lo de hasta aquí es mucho de estimar y loar a Dios, que no tiene la mano abreviada, sino que siempre hace mercedes a los que de veras le sirven. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y en lo que toca a las llagas del seráfico padre sant Francisco, yo confieso que, de la manera que a él, no le ha sido concedido a otro, porque o fue por algún breve tiempo o no todas cumplidas o con menos sentimiento de dolor o, a lo menos, que cesasen con la muerte y no que, aun después de muerto, permanece el cuerpo del seráfico padre sant Francisco con ellas tan frescas y recientes como las tuvo en vida. Y este fue favor particular suyo y, como dice el doctísimo y muy religioso maestro ''[15]'' fray Vicente Justiniano Antist, del Orden de Predicadores, en una apología que hizo en defensa de las llagas de sancta Catarina de Sena, esto sería lo que quiso decir el papa Sixto cuarto en un breve que dicen haber dado en [fol. 47r col. a] favor de las llagas de S. Francisco. Verdad es que, como el mismo maestro dice, nunca este breve pareció en el mundo, ni nadie habrá, con verdad, que diga haberle visto. Y es prueba desto que, en un volumen grande, donde semejantes breves y ''motus'' proprios andan impresos, que se intitula ''Collectio Bullarum'', y es de Laercio Querubino jurisconsulto, impreso en Roma, año de mil y quinientos y ochenta y seis, donde están todos los divulgados desde Gregorio séptimo hasta Sixto quinto, y hallándose entre las demás todas las bulas y ''motus'' proprios del mismo Sixto cuarto que son doce en número, no aparece entre ellos semejante breve; porque yo los [fol. 47r col. b] pasé uno por uno buscando este y así es cierto que no le hubo. Mas en caso que le hubiese habido, lo que pretendería en él el pontífice sería, dice este auctor, señalar las ventajas que el seráfico padre sant Francisco hace en este misterio de las llagas a todos los sanctos a quien Dios ha decorado con ellas, que cierto son muchas y muy particulares.] &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
De la primera ''[16]'' destas dos religiosas (de las cuales ninguna está canonizada) se vea la historia de Toledo de Pedro de Alcocer, libro. 2. cap. 27; y de la segunda, María de Ajofrín, la crónica del Orden de Sant Jerónimo, desde el capítulo cuarenta y uno hasta el fin della, donde la sanctidad de ambas es grandemente encarecida. ''[17]''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
===Notas===&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[1]'' En el margen izquierdo leemos: “En 18. de Iulio.”&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[2]'' En el texto leemos: “Diezma”. Se ha subsanado la errata.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[3]'' Entiéndase: “alguna de las diversas medicinas”. Ejemplo de la tendencia a la elipsis que muestra la prosa del autor.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[4]'' Como la mano y el costado.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[5]'' En el margen derecho leemos: “Año de 1489.”&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[6]'' En el ejemplar manejado impreso en 1589 aparecen tachadas las sílabas y palabras siguientes:  “-cubierto y en este tiem […] intercesión de su”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[7]'' Como se ha indicado, se reproduce entre corchetes el fragmento eliminado en la impresión de 1589. Cabe precisar que las palabras: “por donde parece que fue certísimo” se hallan tachadas con tinta negra en el ejemplar manejado de la BNE.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[8]'' Se mantiene la oscilación vocálica al escribir el nombre de la santa dominica.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[9]'' Se elimina la duplicación de la vocal en la escritura de esta palabra.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[10]'' En el colofón del ejemplar se indica que el libro fue terminado “último de septiembre del año de 1586”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[11]'' Se refiere a la lisboeta María de la Visitación, quien vivió en la segunda mitad del siglo XVI.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[12]'' Entiéndase: “la gota de en medio”&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[13]'' Se subsana la errata: “podre”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[14]'' En el texto leemos: Stilita.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[15]'' En el texto figura: “relignoso maastro”. Se han subsanado las erratas.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[16]'' Alude a las dos religiosas que centralizan el apartado 193 de la Adición a la ''Tercera parte del Flos Sanctorum'': María García y María de Ajofrín.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[17]'' A continuación, en el ejemplar mencionado de la BNE ‒en el mismo apartado 193‒ leemos: “Antes de poner fin en las vidas destas dos siervas de Dios, Marías religiosas de Sant Pablo de Toledo, quiero hacer mención de algunas otras monjas del mismo convento, dignas de que, en los siglos por venir, se tenga honorífica memoria y su propria casa y la ciudad de Toledo reciban honra y les sea de importante provecho el tener y gozar de sus benditos cuerpos. Lo que dijere se ha sacado de un libro que recopiló de memoriales y relaciones antiguas y modernas de aquel convento doña Ana de Zúñiga, de cuyas virtudes pudiera yo escribir mucho si llegara mi atrevimiento adonde llega el deseo y la verdad.”&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y se añaden diez vidas breves que se hallan editadas en el Catálogo: Aldonza Carrillo, condesa de Fuensalida; su madre Teresa de Guevara; Inés de Cebreros; Inés de Santa Catarina, sobrina de María de Ajofrín; Lucía de los Ángeles; Catalina San Juan; María de San Ildefonso; María de la Visitación; Paula de los Ángeles y, por último, Quiteria de San Francisco.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
A doña Ana de Zúñiga, Alonso de Villegas dedicará una reseña hagiográfica en impresiones posteriores a la de 1589, como evidencia el ejemplar de 1595 guardado en la Biblioteca de la Universidad de Barcelona con la signatura B-50/5/11.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
=Vida impresa (4)=&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Ed. [http://visionarias.es/equipo/lara-marchante-fuente/ Lara Marchante Fuente]; fecha de edición: septiembre de 2017; fecha de modificación: junio de 2023.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==Fuente==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
* [http://catalogodesantasvivas.visionarias.es/index.php/Categor%C3%ADa:Fray_José_de_Sigüenza Sigüenza, Fray José de], 1605. “Libro II de la Historia de la Orden de San Jerónimo”, ''Tercera Parte de la Historia de la Orden de San Jerónimo, dirigida al Rey, Nuestro Señor, Don Felipe III'' Madrid: Imprenta Real, 465-497.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[[Contexto material del impreso Tercera Parte de la Historia de la Orden de San Jerónimo]]'', doctor de la Iglesia, dirigida al Rey, Nuestro Señor, Don Felipe III''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
== Criterios de edición ==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Para facilitar su lectura, esta edición moderniza el texto en aquellos puntos que no suponen una pérdida de los valores fonéticos, léxicos y sintácticos del periodo y conserva la morfología de las palabras con interés morfológico o fonológico o por tratarse de cultismos (como ''agora'', ''ansí'', ''monesterio'', ''recebir'', ''redemptor'' u ''obscuro'').&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Se adaptan, por tanto, las grafías a las normas de ortografía vigentes (sibilantes, b/u/v, j/g, chr/cr, qu/cu, empleo de h, etc.) y a la acentuación y puntuación de las normas gramaticales actuales. Igualmente, el uso de las mayúsculas y minúsculas respeta los criterios presentes del español, si bien se mantienen las mayúsculas como signos de respeto o de diferenciación con la palabra escrita en minúscula (''Cielo'', ''Esposo'', ''Señor'', ''Profeta'', ''Reina del Cielo''). &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
También se introducen las comillas para delimitar las intervenciones dialógicas de los personajes y se subsanan las erratas evidentes. En este sentido, conviene apuntar que, dentro de esta edición y en base a sus particularidades, se han incluido notas al pie en las que se especifican y desarrollan algunas ideas o palabras del texto impreso original. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==Vida de María de Ajofrín==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''CAPÍTULO XLIV'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[465] '''La vida de la sierva de Dios María de Ajofrín, religiosa de San Pablo de Toledo'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Si no estuviera la vida desta santa, tantos años ha, escrita y predicada por otros, y Nuestro Señor en vida y en muerte no hubiera calificado y, como si dijésemos, sellado su santidad con tantas maravillas, no me atreviera a poner la mano en ella y pasara en silencio casos tan maravillosos, porque, aunque no soy de los muy incrédulos ni de aquellos que se ríen de todas estas visiones y revelaciones, especialmente en mujeres, que por su flaqueza están tan sujetas a recebir engaños, no soy tampoco de los que lo creen todo y se les antoja milagro cualquier cosilla. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Estos extremos, sin duda, son dañosos y aun peligrosos, y no sé cuál más, porque el uno parece temerario y poco pío, y el otro da ocasión con su facilidad que pierda el crédito y reverencia aun lo más verdadero y calificado. Confieso que en aquellos primeros tiempos de la Iglesia, y en aquellas primicias del espíritu, se halla poco o nada destas cosas, y la santidad y milagros con que Dios confirmaba su fe y la autoridad de sus ministros (estas son las dos principales razones o fines de los milagros) eran muy diferentes en aquella feliz era, y que algunos centenares de años después, cuando florecieron tantos mártires y, tras ellos, tantos y tan ilustres confesores, y Dios tenía poblados los desiertos de tan admirables hombres, tampoco se hallaba nada desto, y si se ha escrito algo (no faltaron entonces algunos hombres varones que sembraron muchas niñerías) tuvo siempre poco crédito.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
De doscientos años poco más a esta parte, ha habido algunas mujeres santas con quien parece que [466] Nuestro Señor ha querido (digámoslo ansí, aunque con miedo y reverencia) mudar estilo, facilitarse tanto con ellas y allanar el trato de suerte que no haya sino encoger los hombros y dejar el juicio y determinación dello a la Iglesia que, como a su esposa querida, no le encubre los secretos de su pecho. Junto con esto (que también aprieta mucho), parece que ha querido hacer excepción de la regla de su Apóstol, que no permite que las mujeres enseñen en la iglesia, y ha permitido (como algunos dicen) que dejen estas santas muchas epístolas y libros grandes de revelaciones y doctrinas para enseñamiento de los fieles, cosa que en ninguna de aquellas santísimas hembras que florecieron de mil años arriba, nunca la vimos ni tenemos, sino es de alguna cosa de ingenio, qué ya saben los que algo han leído que son. Todas estas razones hemos de tragar y atravesar por todo con sumisión de la regla que he dicho, y decir que no se ha abreviado la mano del Señor. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Esto he dicho antes de entrar en la vida desta santa, que sin duda me hace gran admiración. Diré con la mayor fidelidad que pudiere lo que ya otros han publicado, y lo que en un cuaderno antiguo de mano he hallado, que en sustancia todo es uno. El original de todo, o la mayor parte, fue el padre fray Juan de Corrales, religioso desta Orden, profeso y prior de la Sisla de Toledo, hombre docto y gran fraile, y que confesó a esta santa casi todo el tiempo en que Nuestro Señor la hacía las mercedes que diremos; y ansí dice en la última cláusula del Prólogo que hizo en la relación de su vida desta suerte: “Yo, el muy indigno siervo de los siervos de Dios, fray Juan de Corrales, prior de la Sisla de Toledo, recontaré a honra y gloria del soberano Rey Dios, Nuestro Señor, las maravillas y secretos que por mis ojos vi, y por mis manos traté, y oí a personas dignas de fe y de gran memoria, las cuales Nuestro Señor quiso poner y demostrar en una pobrecilla sierva suya, llamada María de Ajofrín, virgen y santa, en el Monasterio y Casa de doña [[María García]], en la ciudad de Toledo”. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Ajofrín es una villa junto a Toledo; vivía allí un varón honrado, llamado Pero Martín Maestro, con su mujer, Marina García, temerosos de Dios, de vida honesta, abundantes de bienes temporales. Entre otros hijos, tuvieron una hija que llamaron María, de gran hermosura en el cuerpo, y tanto mayor en el alma que luego, desde sus primeros años, se le conoció la quería Dios para su esposa. Apenas sabía hablar, ni decir las cosas por su nombre, ya sabía rezar y poner las manos delante de las imágines, y hacer otras santas niñerías, regalo entonces singular de sus devotos padres, que se regocijaban en las almas, viendo los tempranos y santos ensayos de aquel angelico. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Como fue creciendo, comenzaron muchos a amarla y desearla, y ansí se levantaba muchas veces plática, entre sus padres y otros del pueblo, de su casamiento. Como la santa estaba prevenida de otro más divino amante y tenía puesto en su voluntad, entendiendo los rumores y tratos tan anticipados de sus casamientos, con un impulso divino la doncella santa hizo, siendo de trece años, voto de virginidad y de entrar en religión, que ya este principio y acto tan heroico descubre y promete mucho. Tratábanse los casamientos de cada día con más calor; los padres y hermanos la daban prisa, [467] y los parientes, todos la importunaban. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Resistió a todos varonilmente, declarando sus votos y sus deseos, cosa que lastimó mucho a sus padres, y sobre esto padeció y sufrió por el amor de tal Esposo, grandes encuentros, palabras y aun obras pesadas, porque todos eran contra ella. Al fin pudo tanto que su padre, aburrido, enojado y lastimado en el alma, importunado della, la sacó de su casa, siendo ya de quince años, vínose a Toledo con ella, sin saber adónde había de parar, ni donde había de sacrificar una hija tan querida. Entró en la iglesia mayor, rezaron allí entrambos. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Rogó ella a su Señor y Esposo la llevase adonde Él fuese servido. Púsole en el corazón que se fuese a la compañía de aquellas religiosas que se llamaban jerónimas, en el Monasterio de doña [[María García]]. Díjoselo a su padre, llevola allá, entregola allí y volviose a su casa lleno de tristeza, viendo que dejaba como sepultada la prenda que más en sus entrañas tenía. Puesta la sierva de Dios donde tanto deseaba, no cabía de gozo, viendo el ejercicio de aquellas santas, y procuró imitar todo cuanto excelente de virtud y perfección consideraba en cada una. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Señalose siempre en humildad y obediencia: parecíale que, en comparación con sus hermanas, no merecía besar el suelo donde pisaban. No tenía otro gusto sino cuando se ofrecía ocasión, y ella se las buscaba, de emplearse toda en su servicio. En pudiendo retirarse a algún rincón, allí levantaba el alma y los ojos al Esposo de su alma, y le importunaba con lágrimas y suspiros pusiese en ella sus ojos de misericordia; su deleite y sus regalos eran la oración y meditación. Ansí pasó una vida santísima, callada y humilde de diez años de religión, teniéndola todas, las otras hermanas, en nombre de religiosa perfecta, y que caminaba por un camino muy seguro, aunque con grandes ventajas de otras compañeras, porque en todo este tiempo no se vio en ella cosa digna de reprehensión, sino de grande y conocida virtud, principios legítimos para las mercedes que Dios había de hacerle. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Pasados estos diez años como temerosa de Dios, cuidadosa de su salud, determinose a hacer una confesión general, como si quisiera comenzar una vida nueva (propio de los santos imaginar que cada día comienza), y el Señor, que también quería comenzar a señalarse en el amor que tenía a su sierva, puso en ella tanta compunción y lágrimas, que bastaban a lavar otra alma por grandes manchas que tuviera.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Al punto de entrar en el confesionario, derribose en tierra delante una imagen de nuestra Señora, que tenía su hijo en los brazos, y allí, con grandes ansias y suspiros, suplicó al Señor le perdonase sus pecados, y a la madre, de clemencia, que le alcanzase el perdón de su hijo. Estando ansí orando, con este vivo afecto, vio que súbitamente la imagen se llenó de luz divina, que alumbraba también parte de aquel aposentillo; y en la claridad de la imagen vio cómo el niño, desde los brazos de su madre, levantaba la mano hacia ella, de la forma que el sacerdote la extiende cuando absuelve al penitente. Espantase desto la santa doncella, que es propio de vírgenes prudentes temer visiones extraordinarias. Quitose de allí y fuese a los pies del confesor, no imaginando mas de que podía ser antojo o gran flaqueza. Hizo su confesión lo mejor que pudo. Al salir, tornó a hacer oración a la imagen y súbito tornó [468] a esclarecerse, y el niño, sacerdote eterno, tornó a levantar la mano como en forma de absolución. Y esto puso alegría y consuelo grande en el alma de la sierva de Dios, que entendió, con mucha certidumbre, Nuestro Señor le perdonaba sus pecados. Tuvo esto en secreto mucho tiempo, que jamás lo reveló a nadie, sino solo a su confesor, fray Juan de Corrales, a quien manifestó que, desde aquel día, le quedó en el corazón un movimiento tan grande que le parecía le quería algunas veces saltar del pecho. De allí a pocos días, quedándose sola en el coro una noche, haciendo oración por el estado de la Iglesia con grande afecto y devoción, vio encenderse una llama de fuego grande en la Custodia del Santo Sacramento, y ardió por espacio de una hora poco menos, de que quedó en extremo maravillada.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Había de comulgar el día de la Resurrección del Señor con las otras hermanas, y la noche antes andaba nerviosísima, con aquel deseo de recebir al Esposo, orando y llorando sin enjugar las lágrimas, suplicándole le diese digna disposición para recebir tan alta Majestad, y sentir los frutos de su gloriosa venida. Fue, pues, con las otras hermanas a comulgar, y recebió el Santo Sacramento, a su parecer en forma de un corderito vivo: cuando lo tenía en la boca, se bullía y meneaba. Tragolo con el mayor temor y reverencia que pudo, y sentía luego que se le puso sobre las telas del corazón. Allí, sintió tanta alegría, reposo, dulzura y consuelo que en diez días con sus noches no durmió ni pegó los ojos, destilando dellos continuas lágrimas de alegría. Desde entonces, las veces todas que comulgaba, se trasportaba o enajenaba de los sentidos como se entraba allá, dentro el alma, con todas sus potencias, a hacer estado a la Majestad de su Rey y Esposo, y junto con esto le quedaba un dulzor extraordinario, y de otra quintaesencia en la boca, garganta y corazón, que le duraba un espacio de cuarenta días, que del supremo gusto del alma quería Dios le alcanzasen aún en esta vida tales relieves al cuerpo. Certificaba la santa al prior que si no fuera por evitar la singularidad, no comiera en todo este tiempo, ni a su parecer tenía necesidad dello. Hácesenos a nosotros estas cosas como imposibles porque estamos muy lejos dellas. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El día octavo de la Resurrección, estando orando, vio cómo vino a ella un varón anciano, de aspecto venerable, cubierto de una capa de seda colorada y le dijo:&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
“Ven conmigo, que te envía a llamar la Reina”. Estaba a aquella sazón la Reina, doña Isabel, en Toledo, y como entonces salían estas religiosas de casa, con compañía honesta, entendió que la Reina la enviaba a llamar, y rehusaba de ir a allá. El varón le tornó a decir: “Ven hija, que te llama la Reina del Cielo”. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Entonces, se fue con él, y hallose en una iglesia, fuera de la ciudad, donde vio a Nuestra Señora con su hijo en los brazos. Púsose de rodillas, delante della, y aquel hombre anciano que la había llevado llegó y púsole un paño de seda en las manos, y la santa Reina le puso luego a su hijo encima, y mandando a otro hombre, de menos edad, que la acompañase junto con el otro que la había llevado allí, le dijo la Señora del Cielo: “Ve con mi Hijo donde fueren estos dos varones”. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El que llevaba el vestido colorado iba como por guía, delante, como buscando posada. Entraron por la ciudad, y llamaban a las puertas que estaban cerradas, diciendo: [469] “Abrid, que viene el Señor a vuestra casa”, y ninguno quería abrirles. Y si algunos tenían las puertas abiertas, acudían de prisa a cerrarlas, respondiendo unos y otros que pasasen de largo, porque estaban embarazados y no había posada. Anduvieron desta suerte poco menos toda la ciudad, sin hallar donde los acogiesen. Tornáronse por donde habían ido, encontraron en el camino con dos mujeres caballeras en dos asnillos ''[1]'', que las acompañaban dos clérigos, y estos les dijeron: “Nosotros os acogiéramos si no fuéramos deprisa, mas en tanto que volvemos, recogeos en ese establo”. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Ansí, se tornaron al templo donde la Virgen estaba, y tornando a recebir a su hijo de la mano de su sierva, le dijo: “Llegado es el tiempo en que es tan menospreciado el Hijo de Dios, y ansí también se ha llegado el tiempo en que Él herirá por su ángel: a unos, con duros azotes, a otros, con espada aguda, y a otros, con fuego. Mas, ¡ay de los perlados de la iglesia, a quien el Señor hizo pastores de su grey, y de las almas que compró tan caras, que traen vestidos de ovejas y corderos y son dentro lobos rabiosos robadores, que no tratan sino de beber la sangre de los súbditos! Procuran con toda su ansia honras y dignidades, no para servir con ellas a Jesucristo, mas para sus gustos y deleites”. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Con esto, le desapareció aquella visión. Tornó la santa en sí y estuvo pensando en lo que había visto, lastimada en el corazón de lo que oyera a la Reina del Cielo. No tardó mucho tiempo el castigo amenazado y merecido. Vino luego una gran carestía de hambre, cerrose el Cielo y no llovió para que se pudiesen coger los frutos. De allí se siguió luego una gran pestilencia. Entró en España aquella enfermedad tan asquerosa y fea de las bubas, que con el tiempo se le ha perdido el miedo, y ansí se vieron el cuchillo, el fuego y el azote que se le reveló a la santa puestos en ejecución, para que se entienda que no fue antojo la visión, pues es esta la verdadera prueba y señal por donde Dios nos manda que las examinemos. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El día de la Ascensión de aquel mismo año, quedándose en el coro, como tenía de costumbre después de Maitines, llevada del afecto y amor de Jesucristo, se llegó a cerca del altar mayor, y allí fue levantada en espíritu y la mostró Nuestro Señor una visión maravillosa:&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Pareciole que la habían llevado a un campo espacioso, lleno de verduras y deleites; en medio d’él estaba un claustro grande, de paredes muy altas y de ricas piedras labrado. Vio que tenía cinco puertas como de vidrio o cristal, y en cada una estaba entallada la encarnación de Nuestro Señor, la Salutación del Ángel a la Virgen. Vio luego que salía, por cada una de las puertas, una procesión solemnísima de sacerdotes, vestidos de majestad y gloria, y caminaban a una casa hermosamente labrada, que estaba en aquel mismo campo. Entraron todas las procesiones dentro y se postraron delante del altar, cantando el himno Gloria in excelsis Deo. Acabado, estuvieron todos en gran silencio, y con tanta compostura y reverencia que no se miraban unos a otros. En el altar estaba la Santísima Virgen, con su Hijo en los brazos, y estas no eran figuras pintadas, sino vivas en cuerpo y alma, como si fuera en el mismo Cielo donde reinan. Comenzó la señora Soberana a decir en voz alta y lastimera, mostrando su Hijo al pueblo que allí estaba junto: “Veis aquí, hombres, el fruto [470] de mi vientre, tomadlo y comedlo. En cinco diferentes maneras es cada día crucificado por las manos de los malos sacerdotes: la primera, por mengua de fe; la segunda, por la codicia de los bienes de la tierra; la tercera, por el vicio torpe de la lujuria; la cuarta, por ignorancia, que ni saben lo que a sus ministerios conviene ni los misterios que tratan, ni procuran entender sus obligaciones; y la quinta, por la poca reverencia que tienen a su Dios y mi hijo, después que le han recebido. Ansí le tratan, como si fuese el pan que echan a los perros”. Habiendo dicho esto, llegó un sacerdote que parecía de mayor autoridad y reverencia que los otros, y vistiose para decir la Misa. Cuando llegó al punto de consagrar la Hostia, nuestra Señora le puso en las manos su Hijo, y luego quedó como en forma de Hostia. Levantolo en alto para que lo adorasen todos, y parecía como un rayo de Sol, y poco a poco se fue subiendo al Cielo, hasta que el Padre Celestial lo recebió en su seno, y sonó una voz que decía: “Este es mi hijo muy amado”. Entonces, un sacerdote de los que allí estaban, que había sido capellán de aquella Casa de doña [[María García]], y había fallecido algunos días había, se llegó a ella y le dijo: “Esto que aquí has visto tiene gran misterio, y significa a los que celebran este santo Sacramento de tal suerte que, aunque receben la verdad y la forma del Sacramento, no participan el fruto. Mira que cuentes todo lo que aquí has oído”. Y en estas últimas palabras, desapareció la visión. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Vuelta en sí, la santa comenzó a pensar en lo que había visto, y púsole mucho miedo, pensando no fuese alguna ilusión del enemigo que le había puesto aquello en la imaginación, porque de todo punto se tenía por indigna de cosas tan altas; por otra parte, dentro de sí misma, le parecía que tenía aquello una certeza tan grande que no pudiera el demonio entremeterse en cosa tan admirable. Ni sabía si lo diría o callaría. Al fin, se determinó de no decirlo a nadie sino a su confesor, debajo del sello de aquel Sacramento, pensando que se comprendía en él. El confesor quedó admirado cuando lo oyó, y aunque entendió que aquella visión venía de buenos principios, porque tocaba en lo fino, y declaraba la raíz de la corrupción de las costumbres del pueblo y de las faltas de los que habían de ser espejo de la iglesia, cosas que el demonio no había de procurar se enmendasen, con todo eso, mostró no hacer caso dello y la reprendió, diciendo que eran burlerías, antojos y fantasías de cabezas flacas de mujeres, quedando a la mira y ver en qué paraba el caso. Estas fueron las primeras cosas que pasaron por esta santa Virgen, que las refieren otros cortamente, y yo las relato con la fidelidad que las escribió su confesor, fray Juan de Corrales. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''CAPÍTULO XLV'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[2]'' '''Prosíguese la vida de la santa virgen María de Ajofrín, y las cosas admirables que Nuestro Señor obró en ella'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El mismo año luego adelante, día que se celebra en Toledo, y agora en toda España, el Vencimiento de la Cruz, quedándose en oración después de Maitines, cuando ya quería romper el alba, estando postrada delante del altar y roba- [471] da en espíritu, le apareció Nuestro Señor, llegose a ella y la mandó levantar; vio que venía cubierto con una alba o sobrepelliz y una estola al cuello, y por las piernas abajo le corría mucha sangre, y díjole ansí: “Como me ves, corriendo sangre, ando por las iglesias desta ciudad, desde esta hora hasta que tañen a la plegaria de a medio día”, y dicho esto, desapareció. Considerando la santa estas cosas, hacía con ardientes suspiros oración a Nuestro Señor por el estado de los sacerdotes, entendiendo cuánto le ofendía el descuido de sus vidas. &lt;br /&gt;
Entre otras veces, el día de San Agustín, estando rezando en una imagen de Nuestro Señor, que llamamos Verónica (teníala en un libro), se llenó la imagen de una claridad grande, y  luego la vio convertida en sangre. Diole esto gran dolor y turbación, no sabiendo qué hacerse, ni qué quería el Señor darle a entender en esto, teniendo siempre algún recelo de si esto era algún engaño del enemigo. Sucediole de aquí que, desde aquel día, jamás pudo comer bocado de carne ni entró hasta que murió cosa della en su estómago, y su manjar fue pasas o alguna otra fruta con el pan. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En fin de Setiembre de aquel año cayó muy enferma: llegó a punto de muerte al parecer de los médicos. Estando ansí, en el extremo de la vida, fue arrebatada en espíritu y quedó como muerta espacio de tres horas. Mandó el médico que le diesen algunos garrotes y le hiciesen mal para volverla de aquel paroxismo. Hiciéronle llagas en los pies, y en las piernas y en otras partes, pretendiendo despertarla o ponerla en acuerdo. En este tiempo fue llevada a aquel claustro donde vio primero salir las procesiones. Caminando para él, le salió el demonio al encuentro y quiso llegarse a ella para que no pasase. Llegó nuestra Señora y reheprendió al enemigo, rempujándole con su mano propia; y tomola luego por la mano y llevola al claustro, donde vio salir otra vez las mismas procesiones, y díjole la Reina del Cielo: “Este es el lugar donde te fue mandado que dijeses lo que habías oído y visto, y ansí otra vez te mando que lo que entonces y agora ves lo digas a tu confesor, y él lo diga a otras personas fieles, al deán y capellán mayor de la iglesia desta ciudad, y ellos lo digan al arzobispo, y se divulgue en toda la la Iglesia, que mi hijo está muy indignado por las injurias y escarnios que le hacen los que indignamente tratan sus misterios y Sacramentos”. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Desaparecida la visión y vuelta en sí, hallose sana. Díjolo todo a su confesor, y como hombre prudente se detuvo, y, aunque no se mostró tan duro ni tan incrédulo como la primera vez, le dijo: “Cuando yo diese entero crédito a esas cosas, ¿cómo lo creerán, (decidme, hermana) esas personas a quien queréis que se diga? Menester es, a mi parecer, alguna seña o alguna manera de certeza, para que ni se rían de vos ni de mí, teniéndonos por livianos”. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Como oyó esto la santa, afligiose mucho y por entonces no le respondió nada, pensando de responderle en una carta y buscar quién se la escribiese. Pasando acaso por un lugar de la casa donde estaba una ventanilla, vio en ella un pliego de papel y tomolo. Metiose en un sotanillo obscuro donde algunas veces ponían leña. Sentose ''[3]'' allí con harto deseo de hallar quién la escribiese su carta, porque ella no sabía, ni en su vida tomó pluma en la mano. Estando desta suerte, sin saber qué hacerse, vio que súbitamente resplandecía el papel y, sin saber quién ni cómo, [472] sintía que le tomaron la mano y se la meneaban como para escribir; y escribió dos cartas: la  una para su confesor, que a esta sazón era el cura o capellán de aquella casa, que se llamaba Juan de Velma ''[4]'', y la otra para el deán y para el capellán mayor de la iglesia. Escritas las cartas, desapareció la claridad, plegolas y púsoselas en la manga. Fue luego a hacer los oficios y ministerios en que andaba siempre como monja humilde ocupada, barrer, fregar y otras haciendas semejantes. Sacando agua de una tinaja para llenar una caldera, cayósele la una de las cartas dentro y detúvose en el aire antes de llegar al agua. También parecerá esto menudencia y cosa de aire a los censores rígidos, sin acordarse que también fue menudencia que la cuchilla del hacha que se le cayó al discípulo de Eliseo en el agua vino nadando a enastarse en el palo que tenía en la mano el Profeta. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Vino una destas cartas a manos del capellán mayor de Toledo y probó muchas veces la virtud que tenía dentro, porque la puso sobre algunos enfermos harto lastimados y tuvieron luego salud. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Cuando el cura vio las cartas, quedó maravillado, porque sabía muy cierto que la santa en toda su vida había escrito letra, ni tomado péñola en la mano, ni en aquel convento había quien hiciese tal letra, y tras esto leyó cosas en la carta que para él venía de que tenía evidencia, que solo Dios y él la sabían, y ansí estaba espantado y temeroso, entendiendo que habían escrito por modo más que humano. Con todo, no osaba dar parte dello a ninguno, sospechando siempre que le habían de tener por hombre demasiado crédulo y vano. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Determinose por entonces de callar, y respondiole por escrito, que él había recebido las cartas, aunque entendía que no tenía ella intento que se manifestasen ni saliesen a público, y ansí determinaba de guardarlas. La santa se afligió con esta respuesta; viendo la dureza y incredulidad de su confesor, querellose a Nuestro Señor dello. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Vinieron después los dos a hablarse y, aunque ella era como una cordera mansa y humilde, entonces se mostró enojada, y le reprendió duramente, llamándole pertinaz y cabezudo, pues a tan evidentes cosas no asentía. Hízole algunas razones harto perentorias, con que le convencía y mostraba que aquellas cartas habían sido escritas divinalmente. Desde aquel día, rogó la santa a Nuestro Señor que le hiciese merced librarle de aquellos negocios y encomendase su causa a otra persona que tuviese más autoridad y le diesen más crédito: pleito y petición muy ordinaria en los ministros humildes que el Señor ha escogido para remediar cosas graves, como si fuesen ellos los que lo han de hacer, y no la virtud divina que entonces resplandece más, cuando no hay de qué poderse gloriar la carne. Con esta determinación estuvo nueve meses, que, aunque tuvo algunas visiones y revelaciones, no descubrió jamás ninguna. Pasaba con el discurso de su vida humilde adelante, ejercitándose en el servicio de las hermanas, velando en continua oración y lágrimas, rogando a Nuestro Señor se apiadase de los que tan a su costa había redemido, y también rogaba a Nuestro Señor quitase la dureza de su confesor, para que le diese crédito o le diese alguna seña tan cierta que no pudiese dudar. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Guardó la santa la carta que se detuvo en el aire sin llegar al agua, teniendo gana de quedarse con ella, y enviar un traslado. No osaba darla a nadie que la trasladase, y pensó que sería bien [473] trasladarla ella, mal o bien, como pudiese, enseñándose a escribir con tan buena materia. Para esto, se encerró en un aposentillo y llevaba una ollilla con lumbre, para encender allí dentro una candela; en entrando, se encendió la candela por sí misma, sin llegar a las ascuas. Comenzó a probar y querer trasladarla, y sobrevínola un flujo de sangre a las narices que, en mucho rato, no la podía restañar. Púsose la carta en las sienes, pareciéndonle que cuanto más iba, más se iba abriendo la vena, y al punto se le restañó. Ansí se salió de allí, sin probar el traslado de la carta, y hizo Nuestro Señor con ella notables maravillas.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Estaba una niña de una mujer vecina allí muy mala: muriose el día de la Concepción de Nuestra Señora, y la santa, cuando lo supo, condolida de su madre, que la quería mucho, envió que pusiesen aquella carta encima del cuerpo de la niña. Pusiéronla y resucitó después de haber pasado siete horas que era muerta. Otra mujer tenía un pecho abierto y muy lastimado, que se le iba cancerando; pusiéronle en el la carta, y al punto fue sana.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Un clérigo principal de Toledo, a cuyas manos vino después la carta, fue a Santiago de Galicia en romería: llevábala con mucha fe y devoción en su pecho. Pasando cierto brazo de mar, cayó del barco en el agua, mojose cuanto llevaba hasta la camisa. Escapó con la vida y la carta salió enjuta, porque debía de estar escrita al olio de la caridad de Dios. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Ya la santa, entre sus hermanas, era conocida por cosa muy excelente, y con las muchas veces que la habían visto fuera y enajenada de sus sentidos conocían, aunque ella lo disimulaba y encubría, que Nuestro Señor le hacía grandes mercedes, y el discurso de su vida daba buen testimonio de todo. Prevínola Nuestro Señor y diole aviso que el día de Todos Santos quería comunicarle sus secretos y misterios, y hacerla particionera de los dolores de su Pasión. Parece ser esto ansí, porque ella misma le dijo a la priora, que entonces no llamaba más de hermana mayor, que en el punto que acabase de comulgar el día de Todos Santos, e llevase antes que fuese arrobada en espíritu y pusiese en algún aposento de la casa, donde no la viese nadie. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Fue el caso que en el punto que recebió el cuerpo de Nuestro Señor, antes de padecer el arrobamiento de lo que allí se le reveló, luego fueron tantos los gemidos y sollozos, y tan fuertes los golpes del corazón que dentro sentía que, que sin duda, fue milagro no espirar en aquel instante. Puso tanta fuerza y estribo tan fuertemente para callar y no dar gritos, diciendo lo que sentía, y aquel fuego y hervor del alma encendió y subió la sangre con tanto calor y ímpetu a la cabeza que vino a reventar por la frente y por las sienes, y se le vio una cuchillada en ella, como si se la cruzaran y abrieran con una navaja. Estuvo ansí muchos días abierta y la vieron muchas personas, y lo que de todo punto excede a cuanto podemos imaginar es que por el resto y cerco del celebro se le cortó el casco de tal suerte que, quedando por defuera sano el pellejo, se sentía la división con los dedos, y lo tentaron diversas personas; la cuchillada que era más visible se estuvo ansí muchos días, sin recebir beneficio ni medicina ninguna. Sintió desto tan extremado dolor que fue milagro no morir y, de hecho, de suyo la llaga y rotura era mortal, sino que el mismo que la heriría la sustentaba, para mostrar en ella la grandeza de sus maravillas. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Después de haber comulgado fue luego robada en espíritu y tan ajena de [474] todos los sentidos que, en cuarenta horas, no sentía cosa criada, aunque las hermanas hicieron demasiadas pruebas en ella, porque, temiendo no se les quedase ansí, porfiaron de tornarla en acuerdo, dándole muchos tormentos en las manos, pies y narices, y hicieron tanta fuerza por abrirle la boca que le quebraron una muela. Estuvo toda la noche de los Finados desta suerte; por tres o cuatro veces dio algunos aquejados gemidos, con notable estremecimiento del cuerpo. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Reveló después a su confesor que el tiempo que estuvo ansí vio cosas espantables que no las puede ni sabe decir la lengua. Vio a Nuestro Señor Jesucristo sentado en un trono de gran majestad y delante d’Él, gran multitud de gentes. En la boca tenía un cuchillo de dos filos muy agudo, y oyó que le decían que aquel cuchillo que el Señor tenía en la boca era la ira contra los malos ministros y pastores de su iglesia. Mandáronle que dijese esto a los varones que le habían señalado y los reprendiese, porque le echaban en olvido y eran negligentes en cumplir lo que se les había mandado, y hacían poco caso de la voz divina; que los amenazase con pena de la sentencia del Cielo, sino lo pusiesen luego por obra; que avisasen también al arzobispo y le dijesen viniese por sí mismo a poner remedio en aquellos cinco pecados de que Nuestro Señor tan gravemente estaba ofendido: falta de fe, codicia de las cosas del mundo, lujurias y sensualidades, ignorancia de las cosas divinas, y poca reverencia en ellas. Maldades y culpas en que cada día era como de nuevo Jesucristo crucificado, y que pusiese eficaz remedio en destruir y extirpar las herejías que en aquella ciudad iban sembrándose, y que no permitiese que se dijese misa en casa de personas seglares, porque había tanto exceso en esto que ya cualquier hombre particular quería que le dijesen misa junto a su cama, cosa de gran escarnio y menosprecio de las cosas sagradas. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
“Y para que seas creída, se te dará esta señal del Cielo, que este cuchillo que está en la boca de Dios traspasará a tu corazón, y hará en él una llaga de donde saldrá sangre viva, que será verdadero testimonio a todos, y tú serás participante y como un trasunto en quien se verán las llagas y los tormentos que el Hijo de Dios padeció en su Pasión”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Acabando de decir esto, se sintió luego herida y con tan gran dolor en el corazón que no se puede explicar, y en él una llaga tan grande que a lo que se veía por de fuera podía caber por la cuchillada la cabeza de un grande dedo pulgar. Mostrase abierta esta llaga veinte días enteros, y los viernes corría sangre en más cantidad que los otros días; y aunque le ponía algunos paños para restañarla no bastaba, porque corría hasta los pies. Viose ser hecha esta herida sobrenaturalmente, porque ni nunca se enconó, ni se mudó la carne circunstante, ni hizo materia, ni mostro género de corrupción alguna, aunque estuvo tantos días abierta, ni se le hizo género de remedio, ni aplicó alguna medicina. La sangre era tan limpia que parecía como de un palomino. Poníanle cantidad de paños, remudándolos; todos quedaban hechos sangre. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Quiso al principio la sierva de Dios esconderla, y hizo las diligencias que pudo, mas fuele dicho que la manifestase a sus superioras, a la patrona, y a la que llamaban hermana mayor. Mostró los paños sangrientos aunque con harta vergüenza; maravilláronse de caso tan [475] extraño. Espantadas ello y de la llaga, enviaron a llamar luego al confesor. Él, como prudente, puso todo el silencio que pudo a todas las hermanas, y recelándose no fuese esto alguna ilusión diabólica o otro fruncimiento humano, procuró informarse de todo el suceso. Vio la llaga, y quedó suspenso y como atónito; fuese a dar parte del caso al deán de Toledo, hombre de letras y prudencia, y al capellán mayor, don Diego de Villaminaya ''[5]''. Parecioles que no se divulgase el caso hasta que se diese bastante testimonio y se averiguase con la mayor certeza que fuese posible. Acordaron los tres, el deán y el capellán mayor y el cura o capellán, de llevar consigo un notario, persona de confianza, y fueron todos cuatro al monasterio. Hablaron con la hermana mayor, diciendo era menester que certificarse del caso, y que se hiciese aquello de manera que constase con mucha firmeza. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Mandáronla a la santa que se acostase y, cubierta honestamente con una sábana, abrieron por la parte del costado cuanto fue bastante para ver la circunferencia de la llaga y buena parte del pecho. Halláronse presentes estos cuatro varones, y la hermana mayor con la patrona de la casa, y todas seis personas vieron atentamente el costado herido y abierto, y lo tocaron con sus manos, estando la llaga tan viva y tan reciente que salía della sangre purísima, y el propio capellán mayor sacó con sus mismos dedos gran copia de hilas llenas de sangre. Advirtieron que aquella herida no se había podido hacer humanamente. Acordaron que el notario diese testimonio dello. Y porque este se guarda original en el archivo del Convento de la Sisla, de Toledo, me pareció ponerle aquí ad verbum, por ser tan notable el caso. Dice desta manera:&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
“Decente e cosa convenible es escribir por memoria las buenas obras e vidas de las personas que nos precedieron, porque podamos por los buenos ejemplos de aquellos obrar siempre bien, e nos esforcemos a apartar siempre del mal. Cosa cierta es que si lo precioso no fuese apartado de lo no tal, la concupiscencia local, no bastante de se temperar, sería demergida por curso muy ligero en un oscuro tragamiento. Por tanto, yo, Gracián de Berlanga, capellán de la serenísima Reina doña Isabel, nuestra señora, notario apostólico e arzobispal, afirmo e doy fe, que el año de la Natividad de Nuestro Redemptor e Salvador Jesucristo, de mil cuatrocientos y ochenta y cuatro, en diecinueve de noviembre, casi seis horas después de mediodía, por ruego e instancia de Juan de Biezma, rector de la Casa de doña [[María García]], entré en la dicha casa, para que notase lo que viese, y ansí notado lo guardase. Después pasados algunos días, aunque no muchos, quise demostrar lo que había visto al Reverendo, padre prior de la Sisla, fray Juan de Corrales, considerando aquel dicho del Eclesiástico, en el capítulo 41: ‘Que provecho hay en el tesoro escondido, etc.’ El cual dicho señor muchas veces me mandó que aquello que había visto que se lo diese por escrito; mas yo, por entonces, no pude satisfacer a su voluntad por muchos negocios que me cercaban e a ello no me daban lugar; aunque allende de lo tener escrito en el corazón lo tenía en mi protocolo hasta diez días de noviembre del año del Señor de mil cuatrocientos ochenta y seis. Y es, que, el dicho Juan de Biezma me metió en un palacio de la dicha casa, en el cual estaban los reverendos señores don [476] Pedro de Prejano, deán de Toledo, e don Diego de Villaminaya, capellán mayor en el coro de la santa iglesia de Toledo, e dos o tres religiosas de la dicha casa, e viendo en una cama que en aquel palacio estaba una doncella que verdaderamente parecía bulto de ángel, y tenía una llaga en el costado donde Nuestro Señor Jesucristo fue herido tan grande como un real, e no tenía hinchazón y carecía de toda putrefacción: tenía un color muy fino, ansí como grana, e después que todos lo hubimos mirado, a poco de rato habló aquella doncella estas palabras: ‘Dios Nuestro Señor os lo demande si no pusiereis aquello en ejecución’. Y ansí, espantado, me aparté de allí, e me torné a salir; en fe de lo cual lo signé y firmé de mi nombre que fue fecha en Toledo, año, mes, día quibus supra. Gratianus, notarius apostolicus”. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Cosas son estas ocultas y divinas; yo confieso que no sé qué decirme a ellas, aunque no faltan ejemplos harto parecidos a este en los Profetas del Viejo Testamento a quien Dios de hecho mandó profetizar y decir con sus mismas penas las cosas que quería reprender a su pueblo, y los castigos que por sus culpas quería darles. Mas esto es para otro lugar, que excede los lindes de historiador.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''CAPÍTULO XLVI'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Padece la sierva de Dios María de Ajofrín mucha parte de los dolores y tormentos que Nuestro Señor sufrió en su Pasión, y otras visiones admirables'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Pasados veinte días que bastaron para dar firme testimonio, en que sentía la sierva de Dios intensísimos dolores en el corazón, se cerró la llaga por sí misma, sin haberse puesto en ella ningún género de medicina, quedando allí una señal harto clara y visible de la herida, no en forma de cicatriz, sino como un rubí hermosísimo. No le cesaron por esto los dolores, hasta que después de muchos días Nuestro Señor la sanó del todo. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Estando así en la cama, porque la graveza del dolor no la dejaba fuerzas para levantarse, oyó un día las ruedas de las campanillas que tañían en la iglesia al tiempo que alzaban. Esforzose como pudo para levantarse y ponerse de rodillas delante de una imagen de nuestra Señora que tenía allí pintada en un papel, orando con hervoroso espíritu, y fue tan grande el dolor que sentía en las manos y en los pies, y tanto amortiguamiento de brazos y piernas, que hizo mucho en no dar dolorosos gritos; puesta en esta recia angustia, le pareció que le traspasaban la mano izquierda, y el dolor fue tan penetrante como si le atravesaran un clavo por ella. Puso luego el dedo pulgar en ella, porque las hermanas que allí estaban no le viesen la herida que de hecho Nuestro Señor le mandó dar, disimulándola después con revolverse un paño en la mano, y trajo esta llaga con harto intensos dolores más de cuarenta días, y quedó después la señal. Esta llaga no la mostró a nadie sino a su confesor fray Juan de Corrales, que afirma la vio por sus ojos; y porque Nuestro Señor sucesivamente regalando a su sierva quería sufriese los dolores que Él en su Pasión había sufrido, fuera del dolor gravísimo que siempre sentía en la cabeza desde el rompimiento primero, sintió un día súbitamente un dolor nuevo, tan vivo y tan agudo como si por el contorno della la metieran clavos [477] agudos ardiendo, y saltaron luego por todo el cerco gotas vivas de sangre. Duró esto muchos días, y poníanle las hermanas algunas cosas medicinales para mitigar la fuerza del dolor, aunque no servían de nada, porque heridas del Cielo no se curan con socorros de la Tierra. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Estaba el cuerpo de la tierna y santa doncella con todas estas tan amorosas y santas heridas y con la fuerza de los dolores muy consumida, y con todo eso, queriendo el Esposo Soberano hacerle mayores favores, y que el discurso de sus penas se fuesen retratando en ella, el primero día del año siguiente, que es su santa Circuncisión, le fue dicho que revelase y dijese lo que se le había  mandado a las personas que le habían señalado. Respondió la sierva de Dios que ella no podía hacer aquello porque era una criatura vil y desechada, y antes parecía burla y escarnio que testimonio de Dios, y que no lo haría. Acerca deste rehusar y escusarse desta santa, y de otros muchos que en la Santa Escritura hallamos haber hecho esto mismo, se ofrecía una excelente consideración; si las leyes de la historia nos dieran licencia para divertirnos a ella, no faltara ocasión donde decirla. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Luego a la noche, estando en oración fue arrobada en espíritu, y lleváronla delante del tribunal de un juez, que se mostraba con rostro y semblante airado y espantoso. Reprendióla duramente porque no quería obedecer a sus mandamientos, y mandola azotar a un ángel por inobediente; los azotes fueron tantos y tan duros, que le quedó todo el cuerpo magullado; alcanzábanse los unos a los otros, sin haber cosa que no estuviese como molida, aunque por de fuera ni se vían ronchas ni cardenales, porque la mano sutil del ministro desta justicia sabía lastimar lo de dentro, dejando la corteza santa. Este dolor y quebrantamiento le duró poco menos año y medio, callándolo la santa, sufriendo por el amor grande de su Esposo y Señor las heridas y azotes de su mano. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Acertó una vez que tenía la toca mal puesta y la hermana mayor quiso aderezársela; metió la mano por el cuello y las espaldas, hallola tan lastimada y magullada la carne, que, entendiendo ella se había puesto así disciplinándose, la reprendió mucho por hacer aquello con tanto exceso; la sierva de Dios confesó la verdad del caso, de que quedó maravillada, confirmándose ser así, porque sin mostrarse por de fuera señal alguna, tenía todo el cuerpo parejo de la misma suerte magullado, cosa que no se podía hacer con azotes de manos humanas. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Cuando estuvo la primera vez transportada por espacio de cuarenta horas, y recibió la llaga del costado, dijo la sierva de Dios que la llevaron por el purgatorio, donde vio penas y tormentos terribles, que no se pueden explicar con nuestra lengua, donde no se oían sino lloros, gemidos, gritos y alaridos temerosos, y figuras de animales extraños, fieros, espantosos, jamás vistos ni imaginados en la Tierra, y que con sola su vista bastaría a quitar la vida al más valiente. Dijo que vio muchas diferencias y maneras extrañas de gusanos, y estaba todo el suelo tan lleno de1los que apenas había dónde asentar el pie. Entre otros, vio uno del tamaño de una cuarta de vara, y de anchura de tres o cuatro dedos, cubierto de unas conchas de fuego y unas uñas fuertes y agudas;  deste gusano preguntó la santa al ángel que la iba guiando qué era, y la respondió que aquel gusano era el que llaman de la concien- [478] cia, que está oyendo el alma del cuitado pecador antes y después que acometa el mal, y después que el hombre muere es lo que más le atormenta, viéndose sin remedio y que estuvo tan en su mano no hacer el mal que la conciencia decía que no hiciese. Llegábase uno de aquellos gusanos, abierta la boca, y quiso morderla en el pie, si no se lo estorbara el ángel, y solo permitió que le tocase en lo bajo del dedo meñique: llegole con una uña y sacole un pedazo de la carne con excesivo dolor. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Pasando más adelante por aquel lugar del purgatorio, vio un clérigo que aún era vivo, cura de una iglesia a quien ella conocía, en una pena de gran aflicción. Tenía ceñida por el cuerpo una fiera serpiente de dos cabezas: con la una boca le roía el espinazo y con la otra el estómago; y junto d’él, un dragón espantoso, que tenía encima del lomo una esportilla, y en ella un niño que daba grandes gritos, demandando justicia al Señor de la pena que sufría y había de sufrir para siempre de no ver a Dios, por la culpa de aquel clérigo. Preguntó esta santa al que la guiaba qué era aquello, y respondiole que aquel niño no fue bautizado por culpa de aquel clérigo, que era su cura, y demanda a Dios justicia de un mal tan irreparable. Espantase mucho la sierva de Dios desto, y hizo oración por él, y sucedió que, estando él diciendo misa de allí a ocho días, en acabando de alzar, fue esta virgen robada en espíritu, y vio que aquel cuitado cura tenía ceñida al cuerpo una serpiente con tres cabezas: una le comía el corazón, la otra la lengua y la otra las espaldas, y el niño daba gritos delante d’él, y decía: “Por su causa no veo a Dios; por ti no recebí el agua del bautismo; por ti me quedé hijo de Adam y no llegué a tan gran bien como ser hijo de Dios, y no alcanzarás jamás perdón de tan grande cargo”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
De allí a poco más de a tres días, esta santa llamó al cura y le dijo todo lo que había visto, de que quedó el pobre hombre tan espantado que perdió el habla por más de media hora. Cuando ella le vio tan derribado, esforzole lo mejor que pudo, animándole a que hiciese penitencia. Él le dijo que se maravillaba mucho cómo había entendido cosas tan secretas, porque junto con aquello le había amonestado se enmendase de otros pecados muy graves en que ofendía mucho a Nuestro Señor. Conociolo él todo, entendiendo que Dios le había revelado a su sierva el estado de su alma. Después descubrió este sacerdote a la santa que, estando otro día diciendo misa, cuando volvió la hoja del canon vio en ella cinco gotas de sangre, y fue caso cierto que él murió de allí a cinco años, día de San Miguel. Rogó ella al Señor con gran afecto por el ánima de aquel clérigo y dos días antes de la fiesta de San Francisco, estando sola la santa, tuvo grande miedo, pareciéndole que estaba junto a ella un bulto grande y no sabía qué era, y el día del mismo santo, antes de amanecer, se le representó muy espantable y le dijo cosas extrañas, que habían pasado entre él y otra persona en secreto. Todo esto parece que eran tristes señales de su salvación y que hubo falta de verdadera penitencia: negocios secretos que se quedan para Dios. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Como el padre fray Juan de Corrales viese tantas y tan claras señales que estas cosas eran divinas y que no podía ya padecerse engaño en ellas, pues se habían hecho tantas pruebas y confirmaciones, y la causa era tan grave y importante, y tan para el servicio de Nuestro Señor,  como la enmienda de los vicios, pecados y herejías que en [479] aquella ciudad entonces se sembraban por los judíos y moros, cosas tan dignas de remedio, asegurose no podía ser que el demonio, adversario de Jesucristo, pretendiese por este ni por otro medio, el remedio dellas, pues según la sentencia del Señor no querrá dividir ni destruir su Reino. Ansí determinó de dar larga noticia y relación destos sucesos al arzobispo de Toledo, que a la sazón era el cardenal don Pero González de Mendoza. Díjole todo lo que había entendido hasta aquel punto de palabra, y dejole una relación que había escrito de todo ello. El arzobispo tornó atentamente a leer todo el discurso, y respondiole con esta carta: &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
“Venerable padre: &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Esta noche pasada, a las dos después de medianoche, tomé esta lectura que me dejastes y nunca la partí de mis ojos, hasta que capítulo por capítulo la pasé y leí toda, que en ella no quedó letra que no la leyese, y lo que más me maravilla es que ansí se me pegó al corazón que no dude della cosa alguna. Como quiera que soy tardío en dar crédito a estas revelaciones, y al cabo vi el testimonio del notario y la confirmación de los testigos, varones y mujeres, a quien toda fe debe dar y a cualquiera dellos yo la daría, aunque fuese solo, cuanto más a todos juntos, a los cuales yo conozco, excepto a la hermana mayor, que por tener el cargo que tiene está aprobada de suyo. Conozco bien al notario, que es hombre de bien, y digno de fe. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Maravíllome de tantas visiones en el cuerpo y en el espíritu, y maravíllome mucho más hallarse en mujer tanta dureza, en no querer decir lo que tantas veces vio y sintió, mayormente siéndole mandado por quien todo lo manda y rige, lo cual es señal de su grandísima humildad y del menosprecio que tiene de la gloria mundana. Por lo que a mí me toca, le dad vos padre por mí las gracias, y Dios Nuestro Señor se las dé, y la pena que padece le será en ciento doblada gloria; y si hay alguna cosa que yo pueda hacer por consolación suya, ofrécesela vos de mi parte muy enteramente, y recomendadme a ella, rogándole que me tenga encomendado en su oración, rogando a Nuestro Señor me deje acabar en su servicio y hacer en esta vida su voluntad”. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Recibió la sierva de Dios este recado del arzobispo y escribiole ella una carta; y sucedió que después de habérsela escrito una hermana, y notándola ella, queriéndola enjugar, porque no tenían salvados que echarle, llegáronla demasiado a la lumbre. Quemose parte della, de suerte que era necesario tornarla a escribir; la secretaria, que se llamaba Inés de San Nicolás, se afligió, porque la carta era larga. Díjole María de Ajofrín: “No se aflija hermana, vamos, que otro día se hará”. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Echó la carta en una arquilla que tenía. Volvió la escribana otro día para trasladarla, y al tiempo que la sacaron del arca, la hallaron sana, y la envió con el mismo padre fray Juan de Corrales. Recibió esta carta el Cardenal, aunque no supo lo que con ella había pasado, y respondiole desta manera:&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
“Devota y muy amada hermana: &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Con vuestra carta y con lo que el padre prior de la Sisla me dijo, hube gran consolación Nuestro Señor Dios, que os puso en tal estado, os deje acabar en su servicio, y a mí me dé gracia que pueda hacer su voluntad, y poner en obra lo que vos me aconsejáis, y ansí os pido que lo demandéis a Nuestro Señor  y a su bienaventurada Madre, y en vuestras oracio- [480] nes, y a vos me encomiendo, y porque al padre prior de la Sisla hablé largo, no digo aquí más, sino que Nuestro Señor os conserve en su gracia”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Como esta santa se trataba tan mal y hacía tantas penitencias, allende de los dolores que en si sentía de las llagas con que probaba los que el Señor había padecido por ella, caía enferma muchas veces. Estaba una cuaresma mala en la cama y deseaba entrañablemente comulgar. No osaba pedir le trajesen el Cuerpo del Señor, por no parecer singular. Con esto estaba grandemente afligida, y rogaba a Nuestro Señor,  con muchas lágrimas, se apiadase della y le diese salud para levantarse a oír misa y comulgar. A la hora del alba vio junto a sí un niño muy hermoso. Turbose la santa y no osaba llegarse hacia él, porque era de tan gran belleza que le ponía admiración, y se le turbó el habla. De allí a un poco, algo más esforzada y vuelta en sí, le preguntó con mucho temor si era señor San Miguel, de quien la santa era muy devota. El niño, con singular donaire y gracia, meneó la cabeza, como diciendo que no, sin hablarle palabra. Tornole a preguntar si era señor San Francisco y sonriose el niño, haciendo también semblante que no era. Preguntole algunas veces, con mucha reverencia, que le dijese su nombre, entonces le respondió: “Yo soy muy poderoso y mi nombre es de grande majestad”, y diciendo esto, llegose a ella, diole paz en el rostro, y púsole la mano en la cabeza y díjole: “Sana eres de tu enfermedad, levántate y irás a misa”. En diciendo esto desapareció, quedando la santa tan llena de alegría y de consuelo en el alma, que le pareció estaba como en gloria. Levantose y hallose sana de la enfermedad que entonces padecía y de un intenso dolor de cabeza, que estas eran enfermedades suyas, porque de los dolores que sentía en pies y manos, y en los otros lugares de las llagas, antes de allí adelante sintió más intenso dolor que nunca, porque la parecía que la lanzaban clavos por ellas, y, desde aquel día, sentía los viernes mayor dolor en todas estas partes, desde la mañana hasta después de vísperas. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El año de ochenta y cinco padeció otra enfermedad grave. Diéronle primero unas recias calenturas, y después en las octavas de la fiesta de nuestro padre San Jerónimo le sobrevino un dolor de costado muy agudo, echando por la boca cantidad de sangre, y ella, sin consejo de médicas, se atrevió a tomar unas píldoras con que llegó a punto de muerte. Y pareciole que se le arrancaba el alma de todos los miembros, y solo hacía asiento en el principio vital, que es en el corazón, donde siempre perseveraba la llaga, aunque por de fuera no había quedado sino la señal. Estando ansí, apareciole una mano que conocía en visión era del arcángel San Miguel, apretándole con ella el corazón y la llaga. Con el esfuerzo que con ella sintió pudo hablar, confesarse y recebir el Santo Sacramento, porque, como no había comido en muchos días y las evacuaciones de cámaras y sangre habían sido tantas, estaba de todo punto consumida. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Rogó a la hermana mayor que la llamasen al padre prior de la Sisla para que la confesase y diese los sacramentos. Era esto sábado. Venida la noche, estaba la santa pensando cómo había de recebir a Nuestro Señor muy alegre, porque entendía que había de partir de este mundo, y encomendaba con mucho hervor al Señor los dos monasterios, el de la Sisla y el [481] de doña [[María García]]. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Estando ansí, fue arrebatada en espíritu, y vio al religioso que le había de venir a comulgar que le decía misa, y cuando llegó a las palabras de la consagración, Nuestra Señora, que estaba en el altar, le daba el Niño que tenía en los brazos, y el sacerdote le dividía en tres partes, quedando en cada una alegre, vivo y entero. Había en el altar grande resplandor y los ángeles sustentaban al sacerdote por los brazos. Vio allí a las dos santas vírgenes: Santa Catalina y Santa Bárbara, llegáronse a ella y le dijeron: “Mañana, lunes, a las nueve horas, recebirás a Nuestro Señor en este resplandor que aquí ves y serás sana”. Ansí fue como las santas se lo dijeron. Vino el prior de la Sisla a confesarla y rogole mucho que no se tornase al monasterio hasta otro día, porque, si Nuestro Señor la llevase, se hallase presente a su muerte; y si aquella noche no moría, quedaría sana del todo, y ansí sucedió. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Queriendo recebir el Santo Sacramento el lunes de mañana de mano del prior, al punto que se volvió a ella con la Hostia en la mano para comulgarla, vio en el pecho y manos del prior un resplandor muy crecido y permitió el Señor que también lo viese una niña de hasta tres años, poco menos, que apenas hablaba y estaba allí con su madre, y dijo con palabras claras que vía en las manos del sacerdote y en la enferma una gran claridad que parecía el sol.  Y no la vio ninguna otra persona de las que allí estaban. En recibiendo el santísimo cuerpo de Nuestro Señor Jesucristo, fue robada en espíritu, perdió el sentido y quedó en un éxtasi soberano por espacio de nueve horas. Procuraron despertarla las compañeras contra el mandamiento del Esposo, que veda no quiten a su querida esposa deste sueño hasta que ella quiera despertar. Y vuelta en sí, abrió los ojos y dijo aquel verso y principio del salmo: “Benedicat anima mea Dominum, &amp;amp; omnia quoe intra me sunt nomini santo eius”. Y luego se halló sana de todos los dolores y enfermedades que antes padecía. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Pesole mucho de tornar a esta vida, porque tenía ardientes deseos de salir de la cárcel deste cuerpo. Importunábanle mucho que tomase algún mantenimiento, porque estaba muy flaca y había días que no comía cosa ninguna. No quiso, diciendo que no tenía necesidad, porque habiendo comulgado no le era cosa difícil sustentarse cuarenta días con sola la suavidad que aún corporalmente sentía. La vigilia de Navidad estaba esta santa enferma en la cama, porque casi nunca traía salud. Padecía a esta sazón grandes dolores en el cuerpo, y con todo se esforzó lo más que pudo, y aparejábase para comulgar. Sobrevínola tan gran dolor de cabeza, y padecía tan fuertes latidos y golpes en el corazón le parecía querérsele despedir el alma. Reconciliose, y fue a comulgar: decía la misa el capellán mayor de la Iglesia de Toledo, y cuando se volvió con el Santo Sacramento para dárselo, ella, con el fuerte deseo, lanzó un aquejoso suspiro y levantó las formas, de suerte que sin duda cayeran en el suelo, sino que vio cómo llegaron con gran presteza tres ángeles, y las detuvieron en la patena. Desde allí se tornó a la cama con tan intensos dolores en cuerpo como llena de suavidad en el alma. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Vino la noche, y cuando [482] oyó tañer a Maitines en las iglesias, ardía de devoción y deseo de hallarse en ellos, y esforzose como mejor pudo, no sufriéndole la devoción estar en tan santa noche del nacimiento del Señor en la cama. Levantose y fuese a la iglesia: estábase allí, puesta de rodillas, derramando lágrimas de sus ojos, contemplando aquel divino nacimiento. Vio cerca de la medianoche, con ojos corporales, de[s]cender un resplandor soberano en el altar, y a Nuestro Señor,  en figura y talle de niño más resplandeciente que el Sol, cómo nacía de la Virgen Madre, y cómo se derribó luego gran multitud de ángeles a adorarle y cantarle himnos de gloria. Duró esta adoración media hora; acabada, vio entrar los pastores muy alegres. Estuviéronse allí algún espacio y fuéronse, y de allí a un poco entraron los Magos de Oriente, y venían con ellos tres soles de grandísima claridad, y llegando al altar, le pareció que todos tres se hacía uno. Los reyes y todos los que con ellos venían adoraron con profunda reverencia al niño y le ofrecieron sus dones, y por este mismo orden vio los demás misterios que en el nacimiento de Nuestro Señor pasaron, porque duró la visión desde las doce de la noche hasta las tres de la mañana. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
A las tres vino el capellán mayor de la Iglesia de Toledo, con deseo de hacer algún servicio a aquellas siervas de Dios, y decir la misa primera de aquella santa noche y comulgarlas. Trajo consigo músicos de la iglesia para que la oficiasen. Al punto que salía vestido al altar, vio luego esta sierva de Dios dos antorchas de un fuego y resplandor extraordinario encima del altar, y de cada una salían cinco rayos que venían hasta ella. Celebrose la misa con grande solemnidad, y cuando comenzó Los Santos, vio descender sobre el altar tanta multitud de ángeles que cubrían al sacerdote desde los pies a la cabeza. Subían unos y bajaban otros con grandes muestras de extremada alegría y, cuando hubo de alzar, los mismos ángeles le levantaban los brazos; cuando llegó al Pater Noster, ya la sierva de Dios no se pudo sostener sobre las rodillas, y con el ansia y vehemencia del espíritu, cayó postrada en el suelo, aunque tenía el alma llena de un gozo divino. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Estuvo desta manera postrada hasta las doce del día, sin moverse de aquel lugar; dadas las doce estaba muy fatigada, porque había estado allí desde la diez de la noche. Levantáronla algunas de aquellas hermanas, y lleváronla a la cama, y a la tarde, por satisfacer a los ruegos dellas, comió un poco de carne de membrillo, y sin tomar otra cosa alguna pasó lunes y martes, y el miércoles comió solamente un huevo, donde se vía harto claro que el manjar divino la sustentaba contra toda la condición de la carne. De todo esto no descubrió cosa alguna a persona viviente jamás sino solo a su confesor, que era el prior de la Sisla, que le tenía mandado, por obediencia, no le encubriese cosa alguna de cuanto el Señor le mostrase. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''CAPITULO XLVII'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Prosiguen se las revelaciones y visiones grandes que mostró el Señor a su sierva María de Ajofrín, y las cosas señaladas que por ella hizo'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[483] Ya que me determiné a escribir la vida desta santa, acuerdo de decir las más notables cosas que Nuestro Señor le mostró, y las obras milagrosas que por ella hizo, aunque atrancaré algunas por no parecer menudo. El año de mil cuatrocientos y ochenta y seis, creció por el mes de diciembre con las continuas aguas el río Tajo en tanta pujanza que, en muchos días, no pudieron moler los molinos. Padecíase grande hambre por la falta de las moliendas Sintió la santa mucho la aflicción del pueblo. Estuvo una noche con gran desasosiego, que no podía dormir con la pena que esta falta de pan para los pobres le daba. Levantose de la cama, sin que alguna de las hermanas la sintiese; subiose a un terrado de donde se descubría el río, alzó sus ojos al cielo y echole su bendición, y tornose a un aposentillo secreto y apartado, donde estaban unas imágenes viejas, y púsose a orar extendiendo los brazos en forma de cruz, tendida en el suelo, pegando el rostro con la tierra. Era cerca de la medianoche, y oró al Señor y a su Santa Madre tuviesen por bien apiadarse de los pecadores y amansar el rigor de su ira. Sintió luego que estaba levantada en el aire, y de allí a un poco, vino una claridad que alumbró el aposentillo, y vio las imágines que allí estaban pintadas, tuvo miedo y comenzó a llamar al Señor en su ayuda. De allí un poco, vio otra más excelente claridad, y vio luego a la Virgen santísima, Nuestra Señora, con el semblante triste y el cabello revuelto y los ojos llorosos, y díjole a la sierva de Dios: “Sepas, hija, que todas las aguas que han caído por el discurso de tantos días habían de haber caído en tres, y la mayor parte dellas sobre esta ciudad, donde pereciera mucha gente por los grandes pecados que en ella hay, con que es mi hijo gravemente ofendido; y por las oraciones que has hecho por este pueblo al Señor y a mí, yo le presenté tus ruegos; por ellos se ha movido su clemencia y amansado su saña, y yo, por la piedad que tengo al pueblo cristiano, vengo a ti cual me ves”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Dicho esto, desapareció la visión, y la santa quedó como atónita, caída de rostro en el suelo, donde estuvo como amortecida y sin sentido algún rato. Levantose luego llena su alma de gran admiración y consuelo, alegre y confortada en el espíritu. No descubrió esto jamás a ninguna de sus hermanas. Comenzó luego a serenarse el suelo y a enjugar el aire. Cesaron los nublados y el río se tornó a sus canales, y hubo luego pan por las oraciones de la santa, aunque no sabía aquel pueblo de dónde le venía tanto bien, que ansí acontece muchas veces, y nosotros, como gente de poca fe, lo echamos a las conjunciones de la luna y a otros astros, habiéndonos dicho Dios que no temamos de las señales y estrellas del cielo, sino a los pecados que son la causa de los castigos que de allá nos vienen, y de aquí se había de tomar la razón de los reportorios y pronósticos que tan vanamente se han multiplicado estos años en España, quiera Dios no sepa a paganismo. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Uno de los que tenían mucha noticia de la santidad de María de Ajofrín era el deán de Toledo, que después fue obispo de Badajoz, y uno de los testigos de la llaga de su costado. Habló muchas veces con esta santa doncella, y entre otras le rogó una vez suplicase a Nuestro Señor pacifi- [484] case la discordia que había entre ciertos personajes de la Corte, porque de sus discordias se seguían grandes daños en el Reino y podían cada día ser mayores. Obedeció la santa a sus ruegos y púsose en oración una mañana en el terrado de aquella casa, antes que saliese el sol (era en las octavas de la Resurrección el año de ochenta y seis); estando allí, vía hacia aquella parte donde rehía el alba un resplandor extraordinario; cuando comenzó a despuntar el sol le estuvo mirando tan sin embargo de la fuerza de sus rayos, como si fuera otra estrella. Dentro del cuerpo solar, le pareció vía un agujero por donde se parecía lo de más adentro del Cielo, y de allí salieron grandes rayos de claridad a diversas partes, y dentro, una cruz de oro muy resplandeciente, que se la estuvo mirando hasta que tañeron a prima. Vido también en el aire, no muy apartado della, uno que le parecía del color de la luna, que peleaba contra otro. Pasado algún espacio, volviéronse los dos las espaldas y cesó la pelea. Subió a esta sazón una de las hermanas, y ella se levantó de donde estaba, y así no vio el fin desta visión, mas viose el efecto, porque aquellos personajes discordes desistieron de su enemistad y contienda, y vinieron a ser amigos. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Otra vez, estando rezando en un libro a una ventana que salía al aire claro, a hora de tercia, vio muy cerca de sí un rostro como de luna espantable y temeroso, y dentro de su cerco, dos que peleaban fuertemente, el uno contra el otro, y cayó mucha gente de sus escuadrones muerta. No pudo entender lo que aquello significaba, hasta que después vino la triste nueva de la prisión del Conde de Cifuentes, cuando le cautivaron los moros en las entradas del Reino de Granada, como se ve en la Historia de los Reyes Católicos. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Estaba una vez una de las hermanas de la misma casa poniendo a enjugar una saya en una pared donde alcanzaba el sol, subió en una escalera para clavar un clavo que llevaba para colgarla; llevaba un ladrillo para esto, cayósele de la mano y dio de canto en otra religiosa que tenía la escalera, y hízole una mala herida en la cabeza, de donde le corrió mucha sangre. Hallose cerca esta sierva de Dios y, condolida della, acudió luego, y con piedad y devoción púsole la mano en la herida, diciendo tres veces “Jesús”: hinchole la mano y los dedos de sangre, y apretándole un poco, bendíjola, y luego cesó la sangre, y sanó la llaga en breve espacio, sin ningún otro remedio ni medicina.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En el mismo pueblo de Ajofrín, corría un caballo, el hermano desta santa trabucó en la carrera, y dieron él y el caballero una peligrosa caída: con la fuerza del golpe se hizo la silla pedazos y el mozo quedó atormentado, de donde le sucedió un grande corrimiento y pasión de ojos. La madre d'él y desta santa estaba muy triste, porque había pocos días que había enterrado otro hijo; cuando le dieron la triste nueva de lo que a estotro le había acaecido, fue tan grande el dolor y la turbación que se le torció la boca y los ojos: era grande lástima verla. Dieron noticia a la santa de lo que había sucedido a su madre, y lastimase mucho de la desgracia. Fuese luego a un altar de Nuestra Señora, que su misma madre había mandado hacer, y rogó allí a la santisíma Reina fuese servida de darle salud. Tuvo respuesta dentro de su corazón de que su pe- [485] tición era oída, y díjoles a los que le trajeron la nueva dijesen a su madre que tuviese esperanza en Nuestro Señor, y le hiciese gracias por todo, que el domingo siguiente sería sana por merced de Dios. Ansí fue que, sin otra medicina, el domingo mismo quedó tan sana como antes estaba. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El mismo año de mil y cuatrocientos y ochenta y seis,  murió el cura o capellán de aquella casa, que se llamaba Juan de Viedma que, como dijimos, había confesado muchas veces a esta santa. El día de San Francisco sintió que estaba junto della un bulto que le ponía gran temor; quiso levantarse de donde estaba acostada y la sombra le habló y dijo: “Esforzad y no hayáis temor, ni os vais de aquí; y por la caridad del Señor os plega de oírme, porque seis noches ha que ando aquí penando, y por sentiros con tan grande desfallecimiento y no daros pena no me he osado descubrir. Pídoos perdón de muchos enojos que os di, y de aquella carta que os escribí, que fue causa de daros mucha pena y turbación en pago de las santas amonestaciones que me hicisteis, y de los buenos consejos que no supe recebir para el gobierno desta casa, y yo los despreciaba con altivez y atrevimiento, sin mirar que, como sierva de Dios, me decíades de parte d'Él lo que tanto me importaba; y también os pedí algunas veces, con gran soberbia, que mandásedes señales a Dios, y puso el Señor en mis manos lo que no eran dignos de ver mis ojos. Por esto, os digo que os esforcéis mucho y no dejéis de manifestar al Cardenal lo que os fue mandado que le dijeses, ni temáis trabajos temporales, ni el ser conocida, porque si no lo hiciéredes, seréis azotada del Señor rigurosamente, y porque no penséis que soy alguna ilusión o fantasma engañoso, sabed que yo soy el cura y capellán desta casa, que sabéis cuán poco ha que pasé desta vida, y os ruego digáis al padre prior de la Sisla, y a la hermana mayor que, por amor del Señor, me perdonen en cualquier suerte que los haya ofendido, y también tengan por bien perdonarme seis mil maravedís, que soy en cargo a esta casa, y un libro que vendí, y que me hagan decir cincuenta misas de limosna, y vos, rogad por mí, porque el Señor me saque desta pena. Dicho esto desapareció, y la santa quedó suspensa, y casi sin habla. Estuvo ansí cuatro horas poco menos, y después puso diligencia en que se cumpliese todo lo que le pidió, rogando a Nuestro Señor por su alma con ferviente corazón.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El día que murió el capellán mayor de la Iglesia de Toledo, don Diego de Villamiñaya, de quien he hecho memoria por veces, estaba toda la ciudad de Toledo muy triste por la falta que les hacía un hombre tan pío y limosnero, padre de todos. Gastaba cuanto tenía con pobres y huérfanas, y favorecía todas las casas de piedad y religión; y a la Casa de doña [[María García]] le cabía desta pérdida mucha parte por las continuas buenas obras espirituales y corporales que d'él recebían, porque era como un patrón y protector de toda aquella santa congregación. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Murió entre las diez y las once del día, al punto que estas siervas de Dios y la santa, María de Ajofrín, estaban en la misa. Cuando comenzaron a hacer clamor en la iglesia mayor, fue arrobada en espíritu la santa, y vio cómo San Juan Bautista y el sagrado dotor, nuestro padre [486] San Jerónimo, y Santa Catalina, llevaron el ánima del capellán mayor a juicio delante de la Divina Majestad, donde tenía su trono en un hermoso campo, lleno de frescura y gloria, donde había infinitas almas, dando loores al mismo Señor. Allí vio cómo fue acusado delante del juez de un cargo que tenía a un difunto que le había dejado por su testamentario, y no había cumplido su testamento. Respondió al cargo que él dejaba ordenado en su testamento que aquella obligación se cumpliese, y luego el juez soberano dio por sentencia que su ánima fuese detenida en aquel mismo lugar, y no entrase en la Gloria hasta que fuese cumplida y satisfecha la manda. Como la santa oyese esto, quedó como fuera de sí, llena de dolor mezclado con alegría porque, aunque estaba detenida aquel alma de no ver a Dios, estaba al fin con tanta seguridad de su bienaventuranza. No osó descubrir a ninguno esto, sino solo al prior, que le tenía mandado no le encubriese nada. Informose él mismo si quedaba esta manda en el testamento, halló ser ansí, y puso gran diligencia en que se cumpliese con presteza, cosa de que esta santa ninguna noticia tenía, sino que el Señor fue servido manifestárselo para el bien de aquel alma.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Cayó mala la hermana mayor del convento el día de San Lorenzo ''[6]'' de un dolor de costado que la puso en lo último, tanto, que los médicos la desampararon: levantósele el pecho y daban ya todos por concluida su vida. Sentía mucho nuestra santa la pérdida de su superiora, que era mujer santa y de prudencia y gobierno. Cuando la vio ansí, fuese a la iglesia a las ocho o a las nueve de la noche, y púsose a orar delante el altar de Nuestra Señora; y estuvo allí hasta las doce, rogando con muchas lágrimas a la santísima Reina fuese servida darle salud, porque no quedase ella desamparada de tan buena madre. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Estando ansí, en su importuna petición y lágrimas, vio que el rostro de la imagen se cubría de sudor; pensó que se le antojaba y que las lágrimas que ella tenía en los ojos le parecía que estaban en el rostro de la Virgen; para ver si era ansí, atreviose a llegar con su toca y limpiarle el sudor, y por tres veces hizo esto, de tal suerte que quedando la toca humedecida se lavó los ojos y la cara con ella; del placer que tomó, tornó con más confianza y alegría a rogar por la salud de la hermana mayor. Oyó luego una voz que le dijo: “Otorgada le es la vida, por tu consuelo y remedio”. En oyendo esto, quedó robada en espíritu y vio, estando ansí, al glorioso mártir San Lorenzo, en semblante de mancebo hermosísimo, vestido como diácono, con grande claridad y resplandor: llevaba en la mano una bujeta de oro, y llegose a la cama donde estaba la enferma y púsosela en la cabeza y en el costado, santiguola con su mano y luego se fue.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Cuando volvió en sí la sierva de Dios de aquel trasportamiento, fuese muy alegre a ver la enferma y halló que dormía reposadamente; cuando despertó se sentía tan aliviada de su aprieto, que le pareció no tenía mal ninguno, y ansí fue porque luego estuvo buena. Y claro está que dirían los médicos que la enfermedad se había terminado bien y que, por la ayuda de los medicamentos que la habían aplicado, la naturaleza había vencido al mal, y no les iría a la mano la que con sus lágrimas le había alcanzado la salud, porque, como virgen prudente, callaba, que es de locas ir a buscar el olio de los loores vanos del mundo.  Solo lo reveló a su [487] confesor, por la obediencia que le tenía puesta, de que hago muchas veces memoria, porque, si no fuera por ella, todo esto quedara sin saberse.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Estaba un hermano desta santa preso, harto apretadamente, con muchas prisiones.  Rogaba a Dios por él y encomendó otras hermanas que le ayudasen también con sus oraciones, pidiendo a la Virgen santísima, delante de su imagen, que le librase de aquel aprieto. Apareció al preso la imagen misma de la Reina soberana, y quitole las cadenas y grillos de los pies, y díjole que, por las continuas oraciones de su hermana y de otras siervas de Dios de aquel monasterio, sería libre de aquella cárcel. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Adurmiose el preso y, cuando despertó, hallose fuera de la cárcel y sin prisiones, y sanó de la hinchazón que tenía en un pie, por hierros apretados que había tenido. Vino al monasterio donde estaba su hermana, y contó el milagro, y en viendo la imagen la conoció, y dijo que aquella era la imagen que le había libertado; según el tiempo que señaló, se verificó que era al mismo punto que su hermana y las otras religiosas estaban orando por él delante de aquella imagen. Viendo tan extraña maravilla, se ofreció con promesa de traer cera para que ardiese todos los sábados delante della, en tanto que viviese. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
De allí a ocho o nueve años, viniendo un sábado a cumplir su voto, trayendo la cera a la imagen, súbitamente en el camino cayó muerto. Cuando su hermana lo supo, recibió notable tristeza y pena, por ser la muerte subitánea y sin recebir los Santos Sacramentos. Rogaba por él con muchas lágrimas a Nuestro Señor, y hízole decir las misas que pudo. Suplicábale a la santísima Virgen delante de aquella, su imagen, que pues vivo le había librado de aquella prisión y cárcel del cuerpo, muerto le librase de la cárcel eterna, y le mostrase si estaba en lugar de salud. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Estando una vez entre otras haciendo oración delante la misma imagen, el día octavo después que murió, a las dos horas de la noche, vio el rostro de la imagen más alegre que otras veces, y que le parecía como vivo, y como con semblante de quererle hablar. La santa, con el alegría que recibió desto, comenzó a derramar muchas lágrimas y comenzose a trasportar. Estaban allí con ella dos hermanas, y como sintieron esto lleváronla a la cama. Estándose allí con ella, con dos candelas encendidas, vuelta en sí, razonando con las compañeras, sintió a sus espaldas como un huelgo de persona, aunque muy fría. Como hablaba con las hermanas, no curó de volver a mirar qué era. Diole luego un espeluzamiento grande, y volviendo la cabeza, vio como un pedazo de nube obscura, y dentro, el rostro de su hermano con semblante alegre. Hablole y díjole cómo a la hora de su muerte se vio en grande aprieto, mas que Nuestra Señora vino y le ayudó a salir d’él. Declarole ciertas obligaciones que tenía, rogándole pusiese cuidado para que saliese dellas, y que estaba en penas de purgatorio detenido; diciendo esto, desapareció. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''CAPÍTULO XLVIII'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Otras muchas visiones y revelaciones de esta sierva de Dios, en que se mostró claro tener espíritu profético'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Fueron sinnúmero las visiones y revelaciones que esta sierva de Dios tuvo, y sin duda que se echa de ver [488] era de gran pureza y virtud, porque ninguna cosa destas la altivecía, ni se estimaba por eso en más, antes andaba siempre puesta en un continuo menosprecio de sí misma. Afirmaba la hermana mayor, que se llamaba Catalina de San Lorenzo, mujer de gran valor y prudencia, que ninguna religiosa igualaba a esta santa en cosas de humildad, y cuanto más el Señor la levantaba con sus favores y visiones maravillosas, tanto más se derribaba ella a los pies de todas. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Excelente prueba de todo esto tenía seguros y buenos fundamentos; decía también esta superiora que le pedía muchas veces esta santa que la reprendiese en capítulo los viernes y la mandase postrar a la puerta d’él, por que todas las hermanas la pisasen cuando entraban o salían. Era, junto con esto, pacientísima en las enfermedades continuas que padecía, caritativa y amorosa con las otras. Y lo que es más fina prueba de su santidad es tener por tan suyos los males ajenos, condolerse tanto de los otros, y sentir tan en el alma los daños comunes porque los altivos, soberbios y hipócritas todo lo hacen, y todo lo convierten en su gloria vana y en sus particulares intereses, que quien les mirare un poco a las manos presto les conocerá en palabras y en obras que se buscan a sí mismos, frutos por donde nos enseñó el Señor a conocer tan malas plantas, pues de las espinas y cambrones no se cogen uvas ni higos. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Hase visto también en este discurso, con mil ejemplos, que tuvo esta sierva de Dios espíritu de profecía y, para confirmación desto, pondré aquí algunos de los muchos que se escriben en la relación del padre fray Juan de Corrales, prior que también afirma que no los escribe todos. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Comenzose en aquel tiempo la Inquisición en la ciudad de Toledo, y descubrió esta sierva de Dios al mismo prior, que era uno de los que estaban señalados para el examen de los procesos de los herejes y judíos, grandes y extraños insultos que cometían, y otros particulares avisos y secretos que no era posible saberse sino por revelación divina. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El año de mil y cuatrocientos y ochenta y ocho, después de Pascua de Resurrección, estando un día orando en la capilla de su monasterio y pensando cómo se había hecho aquella tan admirable unión de la divinidad y humanidad en una persona del verbo eterno, vio bajar una luz muy clara y encendió el cirio pascual. Daba una luz tan excelente que recibía su alma notable consuelo, que fue mostrarle con aquel símbolo alguna cosa de lo que en su pecho trataba, como otro tiempo a Moisén el fuego que vio arder en la zarza. Estando aquel mismo año el Santo Sacramento en el altar en las octavas de la fiesta del Corpus, como se acostumbra en muchas casas de la Orden, estando las hermanas comiendo, quedose ella allí orando; buscábanla para que comiese, y retirose en un aposentillo que servía de vestirse allí los sacerdotes para decir misa, y orando con intensísimo afecto, sintiose levantada del suelo como una vara, y pareciole que salían de la custodia unos hilos de oro y llegaban hasta ella, y se remataban en sus manos, pies y costado, y desde aquel punto fue tan grande el deseo que tuvo de recibir a Nuestro Señor que le parecía se reventaba del pecho el corazón, y envió a rogar al prior, que estaba en la Inquisición, ocupado en las causas de aquel tribunal, que en todo caso viniese a confesarla y comulgarla, porque no tenía otro remedio el mal de su corazón, de que si se tardaba moriría. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El [489] prior se desembarazó lo más presto que pudo, fue allá y, en comenzando a confesarse, fue arrobada en espíritu. Mandole por obediencia que despertase y volviese en sí, y al punto tornó. Preguntole si tenía abierta la llaga del costado, como otras veces, y después de muchas importunaciones le confesó que sí, rogándole que no descubriese esto en tanto que viviese, y la maldición de Dios le viniese si no lo guardase. Acabose al fin de confesar y comulgó a las nueve de la mañana, y luego fue arrebatada en espíritu, y estuvo ansí hasta las seis de la tarde, y estuviera más si no le mandaran, por obediencia, recordar. Cuando volvió en sí, mostró el rostro alegre, como si viniera de algunos particulares gustos y recreos. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El prior tuvo gana de entender lo que había visto en aquel rapto; preguntóselo, y sintió grande pena en que la apretase para que se lo descubriese. Dijo al fin, compelida por obediencia, que la habían llevado a un campo fertilísimo, donde estaba un altar, y allí vio a Nuestro Señor cercado de muchedumbre de santos ángeles, y que allí vio la multitud de maldades y pecados que se cometían contra la bondad divina, y muy particularmente los que se hacían en la ciudad de Toledo. Y díjole también al mismo prior que tuviese buen ánimo y no desmayase en el servicio de Dios, porque había de padecer muchos trabajos y dolencias. De allí a pocos días que fue, en la Vigilia de los apóstoles San Pedro y San Pablo, se sintió malo y, en acabando de decir misa a aquellas hermanas, se fue a comer. Luego le dio dolor de costado y por no entristecerlas no quiso quejarse, ni decirles nada. Acabó de comer, y fuese luego a echar en la cama. Estando allí, se acordó de lo que la santa le había dicho, que había de padecer trabajos y dolencias, que tuviese buen ánimo, y corrido de haberse rendido tan presto, dijo entre sí mismo: “Los valientes soldados no han de morir en la cama”; diciendo esto, levantose y fuese a donde estaba la sierva de Dios. Comenzole ella a consolar y, sin que él lo viese, disimuladamente, le hizo una cruz con su dedo en las espaldas sobre el mismo manto que tenía cubierto, aunque sintió que le había tocado. Hízole luego otra vez la señal de la cruz en la misma parte; aquí ya sintió lo que había hecho, y como el prior era hombre entero y lleno de severidad, tuvo aquello por liviandad y alguna manera de atrevimiento, particularmente porque jamás le había visto hacer cosa semejante, porque certifica que nunca la había visto el rostro, por andar siempre muy cubierta con un mantillo. Llegó la tercera vez la santa, y hízole otra cruz y díjole: “Andad padre, que ya sois sano, aunque no por la virtud de vuestra fe, pues no solo no creísteis que os había de sanar, antes os reísteis y burlasteis de mí en vuestro corazón, y aunque es bueno y seguro y de hombres enteros no creer fácilmente, no es cordura burlar de la fe ajena”. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Sintiose luego aliviado del dolor, aunque para memoria le quedó por muchos días el amortiguamiento de la carne en el mismo lado. Díjole también a vueltas de aquellos días, estando allí con ella, que fuese presto a su convento, y remediase cierto daño que querían hacer unos mozos. Fue el prior, y con el aviso de la santa procuró hacer Inquisición de lo que había, con el mayor secreto y recato que pudo, y halló ser así, que querían cometer una travesura muy escandalosa. Despidiolos del convento, y ansí quedó remediado sin llegar al efecto. Tanta noticia le daba Dios de las almas ajenas. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[490] Luego, el mes de julio siguiente, le dijo al mismo prior otras muchas cosas de gran secreto. Entre otras, que Nuestro Señor Jesucristo se le mostró de la manera que le pusieron cuando le ataron y azotaron en la columna, en casa de Pilatos, y le dijo: “Mira, hija, cuál me ponen cada día los herejes, díselo al deán de la iglesia de Toledo y al prior de la Sisla, que entienden en los negocios de la Inquisición, porque pongan remedio en ello”. Ansí lo hizo, porque estas mismas palabras les dijo a entrambos juntos. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Mandáronle al Padre fray Juan de Corrales, prior de la Sisla, que fuese a hacer ciertos negocios de la Inquisición a tierra de Burgos. Era invierno y pasó en los puertos y en los caminos muchas aguas y nieves, viéndose algunas veces en peligro. Escribiole la santa una carta, consolándole y contándole por tan menudo los pasos malos, los peligros y los días más trabajosos, condoliéndose d'él con tanta puntualidad como si se hallara allí presente. &lt;br /&gt;
Un religioso de nuestra Orden, varón espiritual, tuvo gran deseo de hablar con esta santa por las muchas cosas que de su virtud y santidad había entendido; pidió licencia y, al fin, a cabo de algunos días, se la dieron. Vino a hablarla y a las primeras palabras le dijo la santa: “Bien sé, padre, que ha muchos días que trabajáis por hablar conmigo y la causa también de donde os nace, y sé también que tal día (señalándolo), escribisteis cierta escritura y no la acabastes, aunque os distes mucha prisa y la venistes a acabar a la noche”. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Maravillose el religioso de oír cosas tan secretas suyas, que entendía no las podía saber sino Dios y él. Preguntole cómo las sabía. Respondiole que todo lo había visto en espíritu. Estuvieron después platicando en cosas espirituales. Acabada la plática, cuando ya se quería partir, le dijo: “Padre, decid a tal religioso de vuestra casa (nombrándoselo por su nombre) que mire cómo anda, porque está muy atribulado y afligido en su espíritu, y si ha hecho cosa que no deba, pida perdón della, porque si esto no hace, jamás podrá salir deste trabajo en que está”. Sabía bien este religioso a quién ella decía esto, el trabajo y la aflicción en que el otro estaba, y aun a otros era harto manifiesta, y maravillose mucho cómo podía tener ella noticia de esto, y vio que, si no era por espíritu profético, no podía alcanzarlo. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Estaba a esta sazón el general de la Orden haciendo Inquisición contra unos religiosos del linaje de los judíos que habían recebido allí el hábito, hombres perversos y que pretendían más dañar y engañar a otros que hacer ellos la vida que profesaban de fuera, siendo perniciosísimos judaizantes enemigos de Jesucristo y que burlaban desvergonzadamente de los sacramentos, en especial de la Eucaristía y la Penitencia. Y entre otros testigos que fueron preguntados en la causa, fue esta sierva de Dios uno, y leí yo en el proceso un dicho suyo en que descubrió cómo, estándose confesando una vez con uno destos, no permitió el Señor que fuese engañada y le descubrió la burla y el escarnio que aquel fraile judío estaba haciendo de su confesión, poniéndose a oírla de confesión en una postura tan deshonesta que sola ella bastara para quemarle mil veces.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Estaba esta sierva de Dios otra vez comunicando con otro religioso de esta Orden, de gran ejemplo (aunque estas hablas eran muy raras y las más breves que ella podía, y solo con personas graves), y vino a decirle cómo conocía él un religioso de santísima vida, a quien Nuestro Señor hacía muchas mercedes, por la gran pu- [491] -reza de su alma. Preguntole ella quién era y cómo se llamaba, el religioso no se lo quiso decir porque el otro le había rogado que, en tanto que él viviese, ni descubriese cosa suya a hijo de hombre. Entonces ella le dijo: “Pues, padre, bien se yo cómo se llama y quién es: lllamase ansí (y nombrole), tiene mucha parte con el Señor, por ser verdadero religioso, y tiene un alma muy puesta en lo que toca al servicio de Dios y de los hermanos”. Maravillose de oírle esto, preguntole cómo lo sabía, y díjole que Nuestro Señor se lo había revelado allí, porque él no se lo quiso decir. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Estando otra vez elevada en espíritu, vio cómo sacaban el Santo Sacramento de la iglesia mayor, con grande acompañamiento, para comulgar a un enfermo, y llegose a ella un mancebo vestido de ropas blancas y en un caballo blanco, y díjole con palabras airadas: “Corre, ve y di a los clérigos que se tornen con el Sacramento a la iglesia, porque aquel enfermo a quien se le llevan es hereje”. Fue ella y díjolo a uno de aquellos que ella conocía, y respondiole él: “Calla, no oses decir tal cosa que nos matarán a todos”. El del caballo blanco se llegó y le dijo: “No tengas miedo y di en todo caso se torne el Santo Sacramento a la iglesia, porque aquel hombre es un pernicioso hereje”; y vuelto a la santa le dijo: “En señal que lo que te digo es verdad, verás hoy en la misa destilar sangre de la Hostia”; y los que llevaban el Santo Sacramento se tornaron a la iglesia, y ella vio después, estando oyendo misa, la Hostia llena de sangre cuando la levantaba el sacerdote, para que la adorase el pueblo; esto pasó todo en espíritu.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Estaba esta santa una vez rezando en el oratorio y tenía allí dos librillos por donde leía algunas devociones, y rogole a una hermana que le trajese la imagen de un niño Jesús que estaba en el altar de Nuestra Señora. Tenía el niño una ropita larga que le habían hecho las religiosas. Trajósele y tomole ella con grandísima devoción; púsole encima del libro, y allí le estaba adorando con grandísima ternura, derramando gran copia de lágrimas a sus pies. Fue la santa a cabo de un grande rato a alcanzar la ropilla para besarle los pies y el Niño alzó el pie como si fuera vivo, para que pudiese besárselo; besósele ella con grandísima ternura y quedose el pie ansí alto, que jamás se tornó a bajar, cosa que la vieron todas las religiosas con grande admiración, aunque como prudentes jamás quisieron mostrarlo a nadie, porque no las juzgasen por vanas y fáciles en estas cosas. Tenía esta sierva de Dios una postema en uno de los ojos, que le daba notable pena. Puso el pie que levantó el Niño encima d’él y, al punto, se abrió y fue sana a vista de todo aquel convento de religiosas. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El mes de julio de mil y cuatrocientos y ochenta y nueve entró la peste en la ciudad de Toledo. Fue herida una de las hermanas de aquel convento, que se llamaba Sancha Díez, sobrina del vicario de la Sisla de Toledo. Queríanla mucho las otras, y rogáronle a esta sierva de Dios que hiciese oración por ella a Nuestro Señor. Estaba a la sazón rezando en un libro, púsose luego en oración por ella, ansí como estaba sentada, y vio súbitamente una calavera de difunto encima del libro. Volviose a las hermanas y díjoles: “No os fatiguéis por su salud, el Señor quiere llevársela, veis aquí su calavera”. Y ansí fue, que de allí a muy poco murió.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Un canónigo de la Santa Iglesia, hombre espiritual y devoto, enfer- [492] mó gravemente; súpolo la santa y, entendiendo que era persona espiritual, hizo oración por él a Nuestro Señor,  y enviole de secreto una granada con una mujer de la misma casa. Recibiola el canónigo con devoción, sabiendo quién se la enviaba comió della y, al punto, estuvo sano y bueno. Levantose y fue a hacer muchas gracias a Nuestro Señor,  porque había oído las oraciones de su sierva y dándole salud.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Estaba otra vez esta santa, en la fiesta de Nuestra Señora de septiembre, enferma y padeciendo con larga paciencia sus continuas dolencias; tenía entonces una esquinencia o angina peligrosa en la garganta y, como vio que las otras hermanas iban al oficio divino, y se levantaban a Maitines y habían de comulgar a la misa, afligiose, viéndose privada de tantos bienes espirituales y que no podía acompañarlas en tan santas estaciones. Estando ansí con estas ansias en la cama, un poco antes que tañesen a Maitines sintió gran dolor y ansia en su corazón. Tañeron luego y ella, no pudiendo sufrirse, comenzó a hablar con la Santísima Virgen Madre, y díjole: “Virgen gloriosa, madre de mi Señor, amparo de los que te llaman y en ti esperan, no soy digna de estar en la compañía de mis hermanas, ni gozar de los Maitines, ni de comulgar con ellas, mas tú por tu misericordia usa conmigo de tus continuas misericordias”. En diciendo esto vino una claridad del Cielo sobre ella y, al punto, se sintió sana. Levantose y fuese a Maitines con las otras siervas de Dios, y comulgó otro día con ellas, con grande admiración de todas, sabiendo la hinchazón grande que tenía en la garganta.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
No acabaría si menudease en la infinidad de visiones y revelaciones que esta sierva de Dios tuvo, pues apenas comulgó vez que no fuese elevada sobre sí y le demostraba Dios grandes secretos. Bien veo que es una extraña manera de proceder y fuera del curso ordinario que ni lo alcanzan nuestras reglas ni discreciones; y que nunca se allanó tanto Dios con sus mayores profetas según lo que hallamos escrito en el texto sagrado, mas yo refiero, como dije al principio, lo que otros han dicho, y aun no tanto, porque son infinitas las cosas deste jaez. Estas que he referido fueron las más públicas y que palpablemente vieron muchos. Aunque algunas se refieren aquí, y otras he callado que, o no las entendieron bien o no las escribieron como ella las reveló, y ansí parece que tienen algunos inconvenientes, especialmente en las visiones imaginarias, que las relaciones no se aciertan a hacer como ello se demostró en lo secreto del alma, y muchas cosas no se sabe cómo fueron, y ansí padecen muchas dudas y dificultades que se salen mal dellas, y la mejor solución es decir que no se entendían bien o se refirieron mal. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''CAPÍTULO XLIX'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''La muerte de la santa María de Ajofrín. Y algunos de los muchos milagros que Nuestro Señor obró por ella después de su muerte'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Llegó el tiempo deseado para esta santa en que Nuestro Señor quiso sacarla deste mundo y llevarla al descanso de su gloria porque, aunque recebía por una parte singulares y altos consuelos de [493] ''[7]'' la mano del Señor, por otra la afligía y labraba con muchas angustias y enfermedades, principalmente con el ansia de verle y gozarle sin enigmas y sin velo, que es la cosa que más aflige el alma de los que, en esta vida, han comenzado a gustar la suavidad de aquel siglo bienaventurado, como lo deseaba el Apóstol, porque el peso y la carga deste cuerpo es gran estorbo para aquellos puros y divinos sentimientos y alborozos del alma. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Cayó, pues, enferma el mes de julio, el año de mil y cuatrocientos y ochenta y nueve, cuando andaba en lo más vivo la peste en la ciudad de Toledo, aunque no le tocó a la santa, sino de otra enfermedad ordinaria se la llevó Dios, el sábado diecisiete del mismo mes, a las tres de la mañana, habiendo estado con la misma quietud que si estuviera durmiendo. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Enterráronla aquel mismo día, a hora de Vísperas, en el capítulo del Monasterio de la Sisla, porque, como dije en otra parte, se enterraron mucho tiempo las religiosas de San Pablo en el Monasterio de la Sisla. Al tiempo que falleció, se sintió en todo el convento un olor de gloria, y todas las hermanas afirmaron que era cosa tan extraordinaria que parecía estaban gozando las flores del Paraíso. Comenzó luego Nuestro Señor a sellar con infinidad de maravillas la santidad de su sierva, para que con ellas se entendiese que los avisos que, por medio della, había dado al pueblo y principalmente a los sacerdotes descuidados, eran verdaderos, de autoridad y importancia, y que para siempre se estimasen en mucho y tuviesen reverencia y devoción a la santa.&lt;br /&gt;
 &lt;br /&gt;
De muchos diré algunos en este capítulo, si pudiese con ellos despertar la tibieza desta religión a que tuviese en más sus cosas y procurase levantar la memoria desta santa y la de otros muchos que se han criado en el encerramiento de sus claustros, que con tanta razón pudieran ponerse en los calendarios de toda la iglesia. &lt;br /&gt;
Luego como pasó desta vida a la eterna esta santa, adolecía un canónigo de Toledo con unas fiebres continuas, que poco a poco le iban consumiendo; los médicos hacían sus diligencias (que muchas veces valdría más que no las hiciesen): sangráronle y diéronle una y otra purga. Vino al fin a términos que le querían dar la Extremaunción, porque no se terminaba la dolencia, ni daba señal alguna de salud. Él, viéndose en este extremo y deseando guardarse para otra vez, deseando más tiempo para hacer penitencia, envió por todos los monasterios que le dijesen misas y le encomendasen a Dios. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Tenía noticia de la santidad y vida de María de Ajofrín, cómo Nuestro Señor había hecho por ella, aún viviendo, muchos milagros. Envió a la Sisla de Toledo a los religiosos que le encomendasen muy de veras a aquella sierva de Dios que tenían en su compañía. Hiciéronlo y aquella noche le apareció la santa, prometiéndole sanidad y amonestándole que de allí adelante pusiese mucho cuidado en mejorar la vida. Cuando despertó, pareciole que se sentía muy aliviado, entendió que aquello no había sido sueño, sino veras. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Entraron a la mañana los médicos y los de su casa para darle cierta bebida con que descargase algo la malicia de la fiebre. No quiso tomarla, diciendo que él se sentía sin necesidad y que le diesen de comer, porque no era día de los que los médicos llaman críticos para tan notable mudanza. Comió con buen semblante y gana: levantose luego y envió a la Sisla, en reconocimiento de la me- [494] dicina que de allí le había venido, un cirio grande y una cabeza de cera, para que la colgasen delante la sepultura de la santa, y luego, de allí a poco, vino él y dijo misa en hacimiento de gracias. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El mismo año le dio una grave enfermedad de fiebres continuas a don Alonso, hijo de la Condesa de Paredes, que también era canónigo de Toledo, y tan recio dolor de cabeza que se le saltaban los ojos. Apretábale de tal suerte el mal que se tuvo por cierta su muerte. Andaba la fama de los milagros de la santa ya por toda la ciudad y crecía la devoción en ella. El canónigo y la condesa, su madre, enviaron a pedir a los religiosos afectuosamente rogasen por él a la santa. Hiciéronlo ansí, y junto con esto le enviaron una almohada que llevaba puesta debajo de la cabeza cuando la llevaron a enterrar. Pusiéronsela encima y luego se sintió sano, con gran admiración y aplauso de todos. Levantose de la cama y fue a la Sisla. Tuvo allí novenas, haciendo infinitas gracias a Nuestro Señor. Ofreció una figura de cera y una casulla para que dijesen misa. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Estaba en San Jerónimo de Madrid, que entonces se llamaba del Paso, un fraile lego que se llamaba fray Gabriel, de Cuacos, junto a Plasencia; hízosele una hinchazón en un ojo muy peligrosa, tanto que trataban de abrírsele con un botón de fuego con harta duda que le había de perder. Temiendo el fraile lo uno y lo otro, y teniendo noticia de las maravillas que Nuestro Señor obraba por su sierva María de Ajofrín, encomendose a ella, rogándole con mucha devoción, pues socorría a tantos, le ayudase en aquel aprieto, porque estaban ya para darle el botón de fuego. Sintió luego el socorro de la santa. Resolviose la hinchazón milagrosamente sin ninguna medicina, con una presteza milagrosa, quedando el ojo sano y claro. Sucedió luego que este religioso fue a su tierra, y halló a una su hermana tullida de una pierna. Contole lo que a él le había acontecido encomendándose a esta santa y, dándole noticia de los muchos milagros que hacía, refirió el que habría obrado con él. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
La hermana concibió luego grande fe y esperanza que había de sanar por los méritos de esta santa, pues había ansí acurrido a su hermano. Rogole con muchas lágrimas se apiadase della y le sanase su pierna. Tenía allí una niña de seis a siete años, y díjole: “Niña, tú también me ayuda, ruega a esta santa que me sane”. Hincose la niña de rodillas y puso sus manecitas rogando lo que le decían que hiciese; caso de extraña maravilla, que antes que se acabase la oración, fue sana de todo punto con grandísimo regocijo de todos cuantos estaban presentes; viendo milagro tan palpable, rompieron en voces de alabanzas divinas. Envió luego al monasterio dos piernas de cera y otro rollo grande della, en testimonio desta maravilla y de su agradecimiento.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Sucedió luego, tras esto, que llegó esta mujer a un pueblo que se llama Jarayz, que está allí junto; y fue a visitar a un hombre honrado del pueblo que se llamaba Francisco Díaz, primo hermano del capellán del mismo pueblo, que se llamaba Martín Díaz. Estaba el hombre muy enfermo, y tanto que le habían oleado. Tenía la candela en la mano, poco menos muerto. El capellán estaba muy angustiado porque quería mucho a su primo; díjole la Juana Martínez, que ansí se llamaba la hermana del fraile: “Señor capellán, bien sabéis cuán mala y cuán perdida estaba yo desta pierna”. Contole los milagros que la santa había hecho con [495] ella y con su hermano la sierva de Dios, María de Ajofrín, y otras muchas maravillas que Dios había obrado por ella, conforme se las había referido su hermano, y persuadiole al enfermo y al capellán hiciesen voto que, si Nuestro Señor por intercesión de aquella santa le diese sanidad, que irían a visitar su santo cuerpo. El clérigo respondió: “Yo soy pecador y no merezco que Nuestro Señor me haga tan señalada merced, mas yo prometo, si le da salud, de llevarle a visitar su santo sepulcro en estando para ello”. Caso admirable: apenas había acabado de hacer el voto cuando el enfermo cobró evidente mejoría y luego, en breve, fue sano, y vinieron entrambos a cumplir su voto, ofreciendo cierta cantidad de cera, y el capellán dejó en el Monasterio de la Sisla un testimonio firmado de su nombre, en que refiere todo el discurso destos tres milagros. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Una beata de la tercera regla de San Francisco, llamábase Juana de San Miguel, estaba afligida de un zaratán que se le había hecho en una teta; había cinco años que andaba en manos de físicos y no la habían dado remedio alguno; el último que querían intentar, porque se le canceraba y corría riesgo de la vida, era cortársela; venían en ello los médicos, no sabiendo qué hacerse. Juntábase con esto una calentura que le había sobrevenido del dolor y de la corrupción del pecho, al fin estaba ya como hética y sin ninguna esperanza de remedio humano. Llegó a su noticia la fama destas maravillas que la santa hacía, y cobró alguna esperanza de sanar por su intercesión: fuese a la Sisla y, al punto que entró en el capítulo donde estaba enterrada la sierva de Dios, sintió un olor celestial que salía, a su parecer, de aquella parte donde estaba la sepultura. Llegose con mucha devoción y lágrimas, y postrose sobre la misma sepultura, rogando a la santa la socorriese en tan gran necesidad: oyó la santa su ruego, y fue de tal manera, que antes que de allí se levantase se sintió sana de todos sus males. Maravilla evidentísima que provocó a muchos a hacer a Nuestro Señor infinitas gracias. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Otra cuitada mujer natural, también de Toledo, padecía el mismo mal de pechos, y había llegado tan adelante su trabajo que le habían dado en ellos algunos botones de fuego y puéstola en el artículo postrero de la vida; llegola a visitar un hombre honrado, contole los milagros desta santa y leyole parte de su vida, que ya se publicaba por toda la ciudad; concibió la afligida mujer grandes esperanzas de salud; hízose llevar a la casa de doña [[María García]], donde la santa había vivido, porque a la Sisla era imposible llegar, que muriera en el camino. Llegada allí, encomendose a ella, sacáronle las hermanas unos paños que habían sido de la santa, pusiéronselos en los pechos y, al punto, reventaron las postemas, y luego del todo sanó sin otra medicina. Y desta manera hay infinidad de maravillas que nunca acabaría si las quisiese referir por menudo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Como se multiplicaban los milagros tanto, y la fama crecía por todo el Reino, pareció a muchas personas devotas era cosa justa que el cuerpo de la santa fuese trasladado del capítulo donde le habían puesto a la iglesia del monasterio, donde tuviese lugar más decente y el pueblo pudiese gozar más cómodamente de llegar a su sepultura; los que más [496] de veras trataron esto fueron la Condesa de Fuensalida, y el clavero de Calatrava y don Alonso de Silva. Hablaron al prior, fray Juan de Morales, y propúsose al convento, y vinieron todos en ello con mucha voluntad; viendo cuán manifiestamente el Señor se señalaba en engrandecer a su sierva, don Alonso de Silva trajo una arca guarnecida por de dentro de seda, en que fuese puesto el cuerpo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El año de 1495, a veinte y cinco de abril, poco menos seis años después de su muerte, abrieron la sepultura, estando presentes todos estos señores y otras muchas personas principales, y gente devota, y los religiosos del convento. En descubriendo el santo cuerpo, salió un olor celestial que puso alegría, admiración y consuelo en todos.  Manaba dellos un licor, como de aceite, que también despedía de sí una fragrancia suavísima. Viendo esto el prior, mandó tañer las campanas; pusiéronlos en el arca, y con mucha lumbre de hachas y cirios llevaron en el arca el santo cuerpo, cantando el himno Te Deum Laudamus, y otras antífonas alegres; la Condesa de Fuensalida había hecho labrar un sepulcro a su costa en el cuerpo de la iglesia a la mano derecha. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Estaba la tierra muy necesitada de agua, pidieron a Nuestro Señor,  por la intercesión de su sierva, tuviese por bien socorrerlos, porque los panes se iban ya a perder, y luego llovió en gran abundancia, entendiendo todos que, por los méritos desta santa, Nuestro Señor se apiadaba dellos. Tuvieron el cuerpo sin enterrar en la iglesia trece días, porque era tanto el concurso de la gente y los que venían atraídos de la devoción que pareció así justo para cumplir con ella. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Obró también allí el Señor muchas maravillas por su santa. El Conde de Oropesa envió a su hija y a su hijo para que velasen en la iglesia al sepulcro desta santa, y los criados que venían con ellos afirmaron que entrambos habían estado muy enfermos, que la hija había llegado al punto de la muerte; teniéndola ya sus padres por muerta, la encomendaron con mucha devoción a esta santa, y a entrambos les dio salud. Ofrecieron una imagen de plata, y una palia rica para el altar, una cruz bordada muy rica, y tres imágenes de cera, en testimonio y gratitud del beneficio recebido.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Llegó también luego un hombre de Jarayz, que se llamaba Santos Fernández, que estando a la muerte y oleado se encomendó como pudo, dentro de su corazón, a esta santa, y recibió luego salud repentina y de todo punto milagrosa. Vinieron él y su mujer luego a cumplir el voto, y dieron testimonio dello delante de muchas personas. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
No quiero alargarme más en referir milagros; una cosa diré que me parece lo confirma todo, por ser la única prueba que Dios nos dejó para conocer los verdaderos profetas y distinguirlos de los falsos, que ninguna cosa dijo esta santa haber de acaecer que no viniese como lo dijo y profetizó.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Sucedió luego la peste que hemos dicho; hubo también notable carestía de pan, que morían las gentes de hambre, y viose en España en aquellos tiempos, la primera vez, aquel afrentoso y endiablado mal de las bubas, que entonces y muchos años después (hasta que ya le hemos domesticado) fue muy temido y con razón. Donde se cumplió el amenaza que Dios hizo a su pueblo por esta su sierva, y los cuchillos que vio en la boca de Dios y el ángel que hería con azote y con espada [497] y con cuchillo. En el mismo estado nos vemos ahora, en este año de 1599, poco más de cien años después de la muerte desta santa, pues casi no hay pueblo en Castilla que no esté herido de peste, y el hambre alcanza ya a todos, y no nos despiertan de nuestras culpas los continuos azotes del Señor, señal que ha llegado nuestra dolencia a poco menos que insensibilidad y dureza, plegue a Él que no sea señal de reprobación. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
=== Notas ===&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[1]'' En el texto original figura como “ansillos”, lo corrijo como errata probable.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[2]'' Se repite el capítulo XLIV en el texto, por lo que todos los capítulos que editamos de la vida de esta santa, desde el presente, cuentan con un número más que en la edición de Sigüenza empleada, corrigiendo la errata. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[3]'' Figura en el texto original como “sentase”, corregimos la posible errata.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[4]'' El apellido del capellán o cura de la casa, Juan de Velma, varía a lo largo de la narración de la vida de María de Ajofrín, ya que este figura como Biezma en este mismo capítulo, página 475, y como Viedma, en el capítulo XLVII , página 485.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[5]'' El apellido de Diego de Villaminaya es modificado en la narración de la vida de esta santa más adelante, pues aparece como Diego de Villamiñaya en el capítulo XLVII, página 485. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[6]'' En la edición aparece como San Lorencio.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[7]'' Figura como la página 494.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
= Vida impresa (5)=&lt;br /&gt;
Ed. de [http://visionarias.es/equipo/maria-aboal-lopez/ María Aboal López]; fecha de edición: octubre de 2020; fecha de modificación: junio de 2021.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
== Fuente ==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
* [http://catalogodesantasvivas.visionarias.es/index.php/Categor%C3%ADa:Francisco_de_Pisa Pisa, Francisco de], 1605. ''Descripción de la Imperial Ciudad de Toledo e Historia de sus antigüedades y grandeza y cosas memorables que en ella han acontecido, de los Reyes que la han señoreado y gobernado en sucesión de tiempo, y de los arzobispos de Toledo, principalmente de los más celebrados''. Toledo: Pedro Rodríguez, Imprenta Real, fols. 275r, 276v.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[[Contexto material del impreso Descripción de la Imperial Ciudad de Toledo e Historia de sus antigüedades]] ''y grandeza y cosas memorables que en ella han acontecido, de los Reyes que la han señoreado y gobernado en sucesión de tiempo, y de los arzobispos de Toledo, principalmente de los más celebrados''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
== Criterios de edición==&lt;br /&gt;
Aunque esta vida forma parte de una enumeración de santos y, por tanto, no es propiamente una hagiografía, la recogemos aquí para que quede constancia de su inclusión en esta obra del siglo XVII.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Se adoptan los criterios de edición de vidas impresas estipulados en el Catálogo, es decir, se moderniza la ortografía (b/u/v, j/g, chr/cr, qu/cu, empleo de h, etc.), las sibilantes y se eliminan las consonantes geminadas. El uso de mayúsculas y minúsculas se moderniza, así como la acentuación y la puntuación, que se adaptan a las actuales. No obstante, se ha mantenido la escritura de “monesterio”. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==Vida de María de Ajofrín==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Capítulo XXXVI'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[Libro Quinto] &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[Fol. 275r] '''Catálogo o lista de santos propios de esta ciudad de Toledo'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[…]&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[Fol. 276v] […] María de Ajofrín, monja del monesterio de San Pablo de Toledo, y su cuerpo está enterrado en el de la Sisla, a la mano derecha del altar mayor, donde es visitado y venerado por muchos, y ha Dios obrado por ella milagros y dado sanidades: falleció año de mil y cuatrocientos y ochenta y nueve.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
= Vida impresa (6)=&lt;br /&gt;
Ed. de [https://visionarias.es/equipo/maria-gonzalez-diaz/ María González-Díaz]; fecha de edición: septiembre de 2025.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
== Fuente ==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
* [http://catalogodesantasvivas.visionarias.es/index.php/Categor%C3%ADa:Blas_Franco_Fernández Franco Fernández, Blas], 1675. ''Vida de la Venerable Sierva de Dios María de Jesús, natural de Villa-Robledo, de la Tercera Orden del Seráfico Padre S. Francisco, virgen extática, prodigiosa, admirable, en favores que Nuestro Señor la hizo''. […] Tomo primero. Madrid: por Ioseph Fernández Buendía, pp. 454-455.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
== Criterios de edición==&lt;br /&gt;
El fragmento sobre María de Ajofrín aparece en el capítulo diecinueve de la vida sobre la religiosa María de Jesús (1625-1653), que elabora el escrito murciano Blas Franco Fernández en 1675. Este fragmento es mencionado en la vida que escribe sobre la jerónima Francisco de Ajofrín en el siglo XVIII, la cual también está editada en el ''Catálogo de Santas Vivas'' (vida manuscrita 3).&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Se adoptan los criterios de edición de vidas impresas estipulados en el ''Catálogo'', es decir, se moderniza la ortografía (b/u/v, j/g, chr/cr, qu/cu, empleo de h, etc.), las sibilantes y se eliminan las consonantes geminadas. El uso de mayúsculas y minúsculas se moderniza, así como la acentuación y la puntuación, que se adaptan a las actuales.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==Vida de María de Ajofrín==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Capítulo XIX'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[449] […] '''Refiérense algunos ejemplos de donde consta haber concedido Nuestro Señor a algunas siervas suyas el singular favor de la impresión de sus llagas'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[454] […] No es razón que pasemos silencio haber concedido Nuestro Señor este especialísimo don a la gloriosa virgen María de Ajofrín, natural de dicha villa, religiosa del glorioso Padre San Jerónimo en el antiguo convento de San Pablo de la ciudad de Toledo, [455] que por ser esta santa nuestra paisana y estar tan cerca su cuerpo, como es en el muy religioso y observanto monasterio de la Sisla, fuera ingratitud el dejar de hacer memoria de este prodigioso caso. Habíasele aparecido Nuestro Señor a esta bendita virgen y mandole dijese de su parte al arzobispo de Toledo viniese por sí mismo a poner remedio en cinco pecados públicos que había en dicha ciudad, por los cuales era este divino Señor gravemente ofendido. Y los pecados eran: falta de fe, demasiada codicia de las cosas del mundo, lujurias y sensualidades, ignorancia de las cosas divinas y poca reverencia en ellas, y que no permitiese dicho arzobispo se dijese misa en casa de personas seglares porque había tanto exceso que ya cualquier hombre particular quería le dijesen misa junto a su cama, cosa de grande escarnio y menosprecio de las cosas sagradas. Hizo esta santa virgen de la manera que pudo esta diligencia, pero no fue creída. Y así apareciéndosele Cristo Nuestro Señor, le dijo: ‘Para que seas creída, se te dará esta señal del Cielo: que este cuchillo que está en la boca de Dios traspasará tu corazón y hará en él una llaga de donde saldrá sangre viva, que será verdadero testimonio a todos, y tú serás participante y como un trasunto en quien se vean las llagas y los tormentos que el Hijo de Dios padeció en su Pasión’.&lt;/div&gt;</summary>
		<author><name>Anaritasoares</name></author>	</entry>

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		<id>http://catalogodesantasvivas.visionarias.es/index.php?title=Mar%C3%ADa_de_la_Columna&amp;diff=712800</id>
		<title>María de la Columna</title>
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		<summary type="html">&lt;p&gt;Anaritasoares: /* Vida de María de la Columna */&lt;/p&gt;
&lt;hr /&gt;
&lt;div&gt;[[Category:Santas_Dominicas]]&lt;br /&gt;
[[Category:Sevilla]]&lt;br /&gt;
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&lt;br /&gt;
[[Archivo:Logo CSV letras(7) DianaSanmartin.jpg|derecha|María de la Columna|link=]]&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
{| class=&amp;quot;wikitable&amp;quot;&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Nombre || María de la Columna&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Orden || [http://catalogodesantasvivas.visionarias.es/index.php/Categor%C3%ADa:Santas_Dominicas Dominicas]&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Títulos || Fundadora del Monasterio de Santa María de Gracia de Sevilla&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Fecha de nacimiento || ¿Finales del s. XV- principios del s. XVI?&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Fecha de fallecimiento|| ¿Segunda mitad del s. XVI?&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Lugar de nacimiento || [http://catalogodesantasvivas.visionarias.es/index.php/Categor%C3%ADa:Sevilla ¿Sevilla?]&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Lugar de fallecimiento|| [http://catalogodesantasvivas.visionarias.es/index.php/Categor%C3%ADa:Sevilla Sevilla]&lt;br /&gt;
|}&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
= Vida impresa=&lt;br /&gt;
Ed. de [https://visionarias.es/equipo/veronica-torres-martin// Verónica Torres Martín]; fecha de edición: mayo de 2026.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
== Fuente ==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[[Archivo:Juan_López_1615.jpg|miniatura|250px|right| Juan López, 1615. ''Quarta parte de la historia general de Santo Domingo, y de su orden de predicadores''. Valladolid: Francisco Fernández de Córdoba. (Fuente: Imagen propiedad de la Universidad Complutense de Madrid. CC BY 4.0 [Digitalizado por Google]).]]&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
* [http://catalogodesantasvivas.visionarias.es/index.php/Categor%C3%ADa:Juan_López López, Juan], 1615. “Libro primero de la quarta parte de la historia de Santo Domingo y de su orden”, ''Quarta parte de la historia general de Santo Domingo, y de su orden de predicadores''. Valladolid: Francisco Fernández de Córdoba, 142.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[[Contexto material del impreso Quarta parte de la historia general de Santo Domingo, y de su orden de predicadores]]''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
== Criterios de edición ==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Se han adoptado los criterios de edición de vidas impresas estipulados en el catálogo, esto es, se han eliminado las consonantes geminadas y se ha modernizado la ortografía (sibilantes, b/u/v, j/g, chr/cr, qu/cu, empleo de h, etc.). Se mantiene el uso del paréntesis para indicar observaciones digresivas según el original. Además, se han ajustado a los criterios actuales del español la unión y separación de palabras (“desta”, “deste”, etc.), el uso de mayúsculas y minúsculas, la acentuación y la puntuación. Asimismo, se han expandido las abreviaturas.   &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==Vida de María de la Columna==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[138] '''Capítulo XLVI'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''De algunas otras siervas de Dios del dicho monasterio'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[…]&lt;br /&gt;
[142] Dos religiosas hermanas tuvo este convento, la madre [[María de la Corona]] y la madre María de la Columna, mujeres muy nobles y muy religiosas y santas, en estremo obedientes y humildes. El tratamiento de sus personas fue rigurosísimo. De esto, y de no dormir continuando las noches en oración, perdieron la salud (y, aunque muy enfermas), siempre acudían a los oficios de obediencia con tanta alegría como las que más. Nunca se les oyó palabra de impaciencia, ni en las ocasiones que se ofrecen con los oficios (que no son pocas ni ligeras). Las enfermedades jamás estorbaron la frecuencia de las confesiones y comuniones. […] La muerte de ambas fue como la vida, acabando con tan particular alegría que fue testimonio de la buena dicha que les había cabido.&lt;/div&gt;</summary>
		<author><name>Anaritasoares</name></author>	</entry>

	<entry>
		<id>http://catalogodesantasvivas.visionarias.es/index.php?title=Mar%C3%ADa_de_la_Corona&amp;diff=712799</id>
		<title>María de la Corona</title>
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		<summary type="html">&lt;p&gt;Anaritasoares: /* Vida de María de la Corona */&lt;/p&gt;
&lt;hr /&gt;
&lt;div&gt;[[Category:Santas_Dominicas]]&lt;br /&gt;
[[Category:Sevilla]]&lt;br /&gt;
[[Category:Juan_López]]&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[[Archivo:Logo CSV letras(4) DianaSanmartin.jpg|derecha|María de la Corona|link=]]&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
{| class=&amp;quot;wikitable&amp;quot;&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Nombre || María de la Corona&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Orden || [http://catalogodesantasvivas.visionarias.es/index.php/Categor%C3%ADa:Santas_Dominicas Dominicas]&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Títulos || Priora del monasterio de la Madre de Dios de Sevilla&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Fecha de nacimiento || Finales del Siglo XV - principios del XVI&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Fecha de fallecimiento|| 1564&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Lugar de nacimiento || [http://catalogodesantasvivas.visionarias.es/index.php/Categor%C3%ADa:Sevilla ¿Sevilla?]&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Lugar de fallecimiento|| [http://catalogodesantasvivas.visionarias.es/index.php/Categor%C3%ADa:Sevilla Sevilla]&lt;br /&gt;
|}&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
= Vida impresa (1)=&lt;br /&gt;
Ed. de [http://visionarias.es/equipo/barbara-arango-serrano// Bárbara Arango Serrano] y [http://visionarias.es/equipo/borja-gama-de-cossio// Borja Gama de Cossío]; fecha de edición: octubre de 2023.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
== Fuente ==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[[Archivo:Juan_López,_1613,_Tercera_parte_historia_general_santo_domingo.jpg|miniatura|250px|right| Juan López, 1613. ''Tercera parte de la historia general de Santo Domingo, y de su orden de predicadores''. Valladolid: Francisco Fernández de Córdoba. (Fuente: Imagen propiedad de la Universidad Complutense de Madrid. CC BY 4.0 [Digitalizado por Google])]]&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
* [http://catalogodesantasvivas.visionarias.es/index.php/Categor%C3%ADa:Juan_López López, Juan], 1613. “Libro tercero de la tercera parte de la historia general de Santo Domingo”, ''Tercera parte de la historia general de Santo Domingo, y de su orden de predicadores''. Valladolid: Francisco Fernández de Córdoba, 242-245.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[[Contexto material del impreso Tercera parte de la historia general de Santo Domingo, y de su orden de predicadores]]''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
== Criterios de edición ==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Esta crónica está escrita por Juan López, obispo en la ciudad italiana de Monopoli. En la tercera parte se incluye la vida de santos de la orden, se aborda la fundación de los diferentes conventos en los dos primeros siglos de los dominicos en Castilla y se añade la vida de destacadas religiosas, aunque se hace referencia también a las religiosas que viven en las fundaciones hasta la publicación de la crónica en los conventos fundados. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Aquí nos encargamos de las religiosas que viven en los siglos XV-XVI cuyo foco de actuación es anterior a 1560 (aunque mueran después de esta fecha), es decir, antes del auge de Santa Teresa. Se adoptan los criterios de edición de vidas impresas estipulados en el Catálogo: se moderniza la ortografía (b/u/v, j/g, chr/cr, qu/cu, empleo de h, etc.) y se eliminan las consonantes geminadas. Además, se expanden las abreviaturas, aunque algunas como N. S. (Nuestro Señor) o N. P. S. (Nuestro Padre Santo) se respetan en el texto. El uso de mayúsculas y minúsculas se moderniza y se adaptan las normas acentuales a sus usos actuales. Finalmente, se moderniza también la puntuación, la acentuación y el uso de aglomerados.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==Vida de María de la Corona==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[242]&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Capítulo XXIII'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''De soror María de la Corona, gran sierva de Dios y de la santidad'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[…]&lt;br /&gt;
Otra madre que murió más vecina a estos tiempos fue de las más prodigiosas que en ellos se han visto. Aunque el olvido ha nacido del poco cuidado que las religiosas de esta casa han tenido en publicar las cosas memorables de sus hermanas. Ha sido singular el cuidado de señalarse en virtud, olvidadas de todo lo que era reducirlas al conocimiento de los presentes o memoria de los venideros. La que hay en esta casa de sus virtudes es muy admirable y la opinión que de ellas se ha conservado. Acompañó el lustre de su nobleza con gran demostración de santidad. Fue hija de Hernando Arias de Saavedra, señor de la villa del Viso y hermana de don Juan de Saavedra, primer conde del Castellar ''[1]''. Llamábase doña Blanca de Guzmán; siendo de cinco o seis años, se salió de casa de su padre, como si en aquella edad pudiera haber oído el ejemplo que de la bienaventurada Santa Catalina de Siena dicen las historias que, de esa edad o poco más, dejó la casa de sus padres y partió de Sena con pensamientos, aunque de niña, muy grandes, de hacer vida y acabarla en los desiertos. Con este intento salió doña Blanca de casa de sus padres en tan tierna edad que se le antojó que, con un pan solo, podía hacer su jornada. Andando en su busca, la hallaron y, queriendo saber adónde encaminaba sus pensamientos, respondió que al desierto. Eran sus padres cristianos, por cuya cuenta corre el ayudar las santas inclinaciones de los hijos (cosa que no todos aciertan a hacer, queriendo más presto encaminar los hijos a las cosas de su gusto que del servicio de Dios). Y, viendo las que en esta jornada había descubierto doña Blanca y la instancia que hacía la niña en tomar otra manera de vivir, hiciéronla monja en esta casa y tomó por nombre soror María de la Corona, que lo fue de todo su linaje, acompañando la nobleza con gran santidad. Fue maravillosa su vida. Desde aquella edad, era la primera en todos los ejercicios de mortificación y humildad, la que con más cuidado servía a las enfermas, la que con más puntualidad y llaneza acudía a la cocina y a los oficios más viles que hay en [243] los monasterios, no teniendo por tales los que se hacen en la casa de Dios, donde el servir es reinar, y lo que parece vileza es más grandeza que aquella que los mundanos tienen en mucho. Era dulce de su condición natural que, en las comunidades, hace a los religiosos muy amables. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Su penitencia parecía increíble. Nunca tuvo cama, sino una por cumplimiento. Antes de maitines, se arrimaba a ella un rato y después de maitines no salía del coro. Ayunaba siempre y la comida era de manera que el semblante era de mujer que se regalaba. Vivía atenta a no comer cosas que la diesen gusto; que si alguna vez la daban algo que fuese bueno, lo mezclaba con ceniza o con agua de manera que le supiese mal. Hacía esto con tanta disimulación que apenas lo echaban de ver las religiosas que estaban a su lado en el refitorio. Una noche de la Navidad, deseaba mucho sentir el frío que imaginaba que el Señor habría tenido la noche que nació en el desabrigo del portal de Belén, puesto en un pesebre y envuelto en unas pobres mantillas. Pareciole que sería buen medio para saber por experiencia algo de lo mucho que habría sentido el Niño irse a una pila de agua donde estuvo un grande rato desnuda. No faltaron testigos que la vieron y, aunque no se conoció en particular quién fuese la monja que hizo tan extraordinario ensayo, siempre se tuvo por suyo, y el temblor con que estuvo en maitines dio muestras de lo que había pasado, oyéndole juntamente con esto decir muchas veces: “Señor mío, niño recién nacido, ¿quién supiese qué frío sentistes con tanto desabrigo pasado en tan riguroso tiempo?”. Estas y otras cosas semejantes son de las que se han de maravillar los hombres que, si algunas de ellas no se han de condenar por demasías, se ha de creer que las hicieron con inspiración particular del Espíritu Santo, y que no se deben ni pueden traer en consecuencia, que será hierro manifiesto arrojarse a algunas cosas de esta calidad. Sus disciplinas eran muy ordinarias y tan rigurosas que sucedió algunas veces alzarla el escapulario sin que lo sintiese y verle el corpiño señalado de la sangre. De muchas de las cosas de la sierva de Dios se tiene poca noticia, pero de una se conserva la memoria perpetuamente, que pasó en esta manera: enterrose un caballero en esta casa y, entretanto que no se cumplía con la limosna de las misas y de la sepultura, un capellán suyo, por haber los curadores de los hijos del difunto llevado toda la hacienda a su casa, se determinó de dar en resguardo una prenda y fue que, en una capilla de la casa, había quedado una imagen de Nuestra Señora, pero desnuda, que aquellos a cuyo cargo estaba la hacienda no dejaron ni aun estaca en pared, como dicen. Este rico tesoro llevaron al monasterio envuelto en unos manteles del altar. Vino la imagen y la sacristana la tomó del torno y la encerró en un cajón de la sacristía sin que persona lo supiese, y, en sueños, vio la madre María de la Corona la imagen que la decía: “¿Por qué me dejas encerrada en este cajón? Que, aunque estoy con esta pobreza, soy la Madre de Dios”. Por la mañana, se fue a la sacristana y pidió que le diese una imagen que tenía encerrada en un cajón de la sacristía. Hízole maravilla la demanda, por ser el caso secreto, que no le había comunicado con nadie, y no quería confesar lo que había sucedido. La madre hizo instancia en que le diese la imagen que tenía, y la dio las señas del rostro y vestido. Porfió la sacristana, asegurando que no abriría el cajón si primero no le decía cómo había sabido un caso tan secreto. Con el deseo de ver la santa imagen, la reveló el sueño y, por decir mejor la revelación, abrazose con ella y llevola a casa de novicias, que era maestra de las nuevas que allí se criaban. Púsole un altar lo mejor que pudo, que pobreza de aquel tiempo no dio lugar a mucha grandeza. Estaba en una mesilla de cadena que- [244] brada y atada con un cordel. Sucedió que, dentro de tres o cuatro días, una niña novicia volvió acaso el rostro a la imagen y comenzó a gritar: “Madre maestra, que se desciende Nuestra Señora”. Levantose la sierva de Dios y, pareciéndole lo mismo, abrazose con la imagen, y, en levantándola de la mesa, se quebró. Este caso fue principio para que la imagen se comenzase a tener en grandísima veneración y con esta se conserva en la capilla del Santísimo Sacramento que está en el coro bajo, y se han visto muchos milagros, sacándola en procesión en ocasiones que se han ofrecido. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Una cosa muy singular se cuenta de esta sierva de Dios, que causó mucha admiración en las monjas, y fue que a cualquiera persona que encontrase, fuese la que fuese, la hacía una inclinación con grandísima humildad y reverencia. Y, preguntándole la causa, respondía: “Si este respeto debemos a cualquiera imagen de santo, cuánto más se debe al ángel de la guarda que sabemos que está con cualquiera cristiano”. Era piadosísima, y todos los trabajos y enfermedades de sus hermanas eran de grandísima lástima para ella. Con solo su cuerpo era tan rigurosa que jamás le dio una hora de descanso. Con todo eso, siempre andaba alegre, que es lo que del bienaventurado Santo Domingo se escribe, que el testimonio de la buena conciencia, que causa una gran serenidad en el alma, envía rayos al rostro y representación alegre con una religiosa modestia. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Siendo priora, mandó por obediencia a una monja lega que los viernes después de maitines se fuese con ella a un lugar muy apartado y la atase a una columna que allí estaba, y la azotase con un cordel mojado que tenía para esto. Continuose este ejercicio algunos viernes y uno, la pobre religiosa lega se cayó desmayada, que no fuera mucho caerse muerta, viéndose obligada a hacer una rigurosa carnicería en una monja noble, delicada, santa, y que era fuerza hacer este oficio en lugar y tiempo que aún los hombres animosos tienen miedo. Pensar la súbdita que había de hacer justicia de su perlada, y la que nació de los terrones de la que era señora, pudiera acabar la vida; no murió, pero quedó sin aliento y espíritu y, la madre María de la Corona, congojadísima, pensando que viéndose atada y desnuda la hallarían las religiosas en aquel estado, cosa que por muchos y buenos respetos ella no quisiera por todo cuanto había en el mundo. Fatigada con esta pena, suplicaba al Señor se sirviese de volver a su compañera los sentidos. Cumpliose su deseo, desatola, suplicándola que no la hiciese ejecutora de aquella justicia, que sería ponerla en nuevo riesgo y en nuevo peligro, obligándola a hacer una cosa tan fuera de razón. Viendo la superiora que era muy grande la que decía, puso fin a lo que había comenzado. De todo esto dio cuenta la religiosa después de la muerte de la madre María de la Corona. Un año antes de su dichoso fin, la apretó tan reciamente una enfermedad de modorra que el médico la tuvo por mortal y así le mando luego dar todos los Sacramentos. Rogó que no la ungiesen y, replicándola que el médico la daba pocas horas de vida, sonriose, estilo muy ordinario en la sierva de Dios, y dijo: “Quisiera yo harto que él hubiera acertado esta vez, pero lo cierto es que yo no me muero”, y luego comenzó a mejorar. Una noche, por enero, después de maitines, visitando a una hermana suya que estaba muy enferma, diose un golpe en un cajón que allí estaba y lastimose de manera que de una sien le comenzó a correr sangre. Cubriola como pudo y visitó la enferma y volviose al coro. Antes de prima, volvió a rezar las horas con la enferma y, después, se iba al coro. Estando allí en misa, echó de ver una monja que estaba llena de sangre y muy tur- [245] bada le preguntó la causa. Dijo: “No es nada, mi alma, dime un golpe esta noche y si lo dijera, luego no me dejarán venir a despedir de Nuestro Señor”. Lleváronla luego a la cama y, en viéndola herida, el cirujano, que era penetrante y que tenía malas calidades, la desahució, habiendo hecho el aire que había recibido incurable la llaga. Alegrose mucho la santa con las buenas nuevas y comenzó a tratar de su muerte con un término tan particular como quien estaba de camino para la casa de su padre, que tal muerte reciben los santos con esta seguridad, libres de las grandes congojas de los malos. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Era tanta la opinión que de su virtud tenían las monjas que venían a negociar con ella y tratar los negocios que tenían en corte, que así lo decía la santa y las oía con tan buena gracia que, si alguna después de haberla hablado se detenía mucho, la decía: “Hija mía, ya ella ha negociado dejar llegar otra”. Sentía mucho una hermana suya la partida de la santa y, consolándola, la dijo: “Yo suplicaré al Señor que os lleve presto”. La hermana respondió: “No me querría morir agora si Nuestro Señor fuese servido”. La santa mujer replicó: “¿Ah, sí, madre? Pues preste paciencia porque ella vivirá y deseará morirse”. Cumpliose la profecía, porque vivió muchos años; después, cargada de muchas enfermedades y trabajos, repetía muchas veces el pronóstico de su hermana. Queriendo dar el viático a la madre María de la Columna, al tiempo de abrir el sagrario, se quebró la llave. Viendo que se detenían, envió a saber la causa y respondiéronla lo que se ha dicho y dijo con mucha paciencia: “Hoy que es mi día, quería el demonio estorbarme este bien, y no saldrá con ello porque podrán abrir y yo esperar”. Y así fue que abrieron y recibió los Santísimos Sacramentos con grandísima devoción y consuelo. Diole luego un dolor en un pie tan recio que, con ser grande su sufrimiento, hacía grandes lástimas. Quisieron llamar al médico y dijo: “No es menester, que yo entiendo la causa del dolor”, y, apretada, confesó que había suplicado a Dios la diese a sentir lo que en alguna de sus llagas había padecido y eso creo que es. Y así lo entendieron las monjas, porque luego se le hizo una llaga en el pie, la cual manó sangre hasta que la enterraron, que fue muchas horas después de muerta, con maravilla no solamente de las monjas sino de un gran médico, que dijo que era suceso fuera de todo el orden de la naturaleza y caso milagroso. Murió año de mil y quinientos y sesenta y cuatro, el día octavo de los Reyes. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
===Notas===&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[1]'' El condado de Castellar fue concedido por Carlos I a Juan Arias de Saavedra el 10 de noviembre de 1539.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
= Vida impresa (2)=&lt;br /&gt;
Ed. de [https://visionarias.es/equipo/veronica-torres-martin// Verónica Torres Martín]; fecha de edición: mayo de 2026.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
== Fuente ==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[[Archivo:Juan_López_1615.jpg|miniatura|250px|right| Juan López, 1615. ''Quarta parte de la historia general de Santo Domingo, y de su orden de predicadores''. Valladolid: Francisco Fernández de Córdoba. (Fuente: Imagen propiedad de la Universidad Complutense de Madrid. CC BY 4.0 [Digitalizado por Google]).]]&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
* [http://catalogodesantasvivas.visionarias.es/index.php/Categor%C3%ADa:Juan_López López, Juan], 1615. “Libro primero de la quarta parte de la historia de Santo Domingo y de su orden”, ''Quarta parte de la historia general de Santo Domingo, y de su orden de predicadores''. Valladolid: Francisco Fernández de Córdoba, 142.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[[Contexto material del impreso Quarta parte de la historia general de Santo Domingo, y de su orden de predicadores]]''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
== Criterios de edición ==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Se han adoptado los criterios de edición de vidas impresas estipulados en el catálogo, esto es, se han eliminado las consonantes geminadas y se ha modernizado la ortografía (sibilantes, b/u/v, j/g, chr/cr, qu/cu, empleo de h, etc.). Se mantiene el uso del paréntesis para indicar observaciones digresivas según el original. Además, se han ajustado a los criterios actuales del español la unión y separación de palabras (“desta”, “deste”, etc.), el uso de mayúsculas y minúsculas, la acentuación y la puntuación. Asimismo, se han expandido las abreviaturas.   &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==Vida de María de la Corona==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[138] '''Capítulo XLVI'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''De algunas otras siervas de Dios del dicho monasterio'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[…]&lt;br /&gt;
[142] Dos religiosas hermanas tuvo este convento, la madre María de la Corona y la madre [[María de la Columna]], mujeres muy nobles y muy religiosas y santas, en estremo obedientes y humildes. El tratamiento de sus personas fue rigurosísimo. De esto, y de no dormir continuando las noches en oración, perdieron la salud (y, aunque muy enfermas), siempre acudían a los oficios de obediencia con tanta alegría como las que más. Nunca se les oyó palabra de impaciencia, ni en las ocasiones que se ofrecen con los oficios (que no son pocas ni ligeras). Las enfermedades jamás estorbaron la frecuencia de las confesiones y comuniones. La madre Corona nunca se desnudó, aunque estaba enferma, que decía que de esta manera se hallaba más prompta [''sic''] y más hábil para los ejercicios de la oración. La muerte de ambas fue como la vida, acabando con tan particular alegría que fue testimonio de la buena dicha que les había cabido.&lt;/div&gt;</summary>
		<author><name>Anaritasoares</name></author>	</entry>

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		<title>María de la Corona</title>
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				<updated>2026-05-13T10:41:56Z</updated>
		
		<summary type="html">&lt;p&gt;Anaritasoares: /* Vida de María de la Corona */&lt;/p&gt;
&lt;hr /&gt;
&lt;div&gt;[[Category:Santas_Dominicas]]&lt;br /&gt;
[[Category:Sevilla]]&lt;br /&gt;
[[Category:Juan_López]]&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[[Archivo:Logo CSV letras(4) DianaSanmartin.jpg|derecha|María de la Corona|link=]]&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
{| class=&amp;quot;wikitable&amp;quot;&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Nombre || María de la Corona&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Orden || [http://catalogodesantasvivas.visionarias.es/index.php/Categor%C3%ADa:Santas_Dominicas Dominicas]&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Títulos || Priora del monasterio de la Madre de Dios de Sevilla&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Fecha de nacimiento || Finales del Siglo XV - principios del XVI&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Fecha de fallecimiento|| 1564&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Lugar de nacimiento || [http://catalogodesantasvivas.visionarias.es/index.php/Categor%C3%ADa:Sevilla ¿Sevilla?]&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Lugar de fallecimiento|| [http://catalogodesantasvivas.visionarias.es/index.php/Categor%C3%ADa:Sevilla Sevilla]&lt;br /&gt;
|}&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
= Vida impresa (1)=&lt;br /&gt;
Ed. de [http://visionarias.es/equipo/barbara-arango-serrano// Bárbara Arango Serrano] y [http://visionarias.es/equipo/borja-gama-de-cossio// Borja Gama de Cossío]; fecha de edición: octubre de 2023.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
== Fuente ==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[[Archivo:Juan_López,_1613,_Tercera_parte_historia_general_santo_domingo.jpg|miniatura|250px|right| Juan López, 1613. ''Tercera parte de la historia general de Santo Domingo, y de su orden de predicadores''. Valladolid: Francisco Fernández de Córdoba. (Fuente: Imagen propiedad de la Universidad Complutense de Madrid. CC BY 4.0 [Digitalizado por Google])]]&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
* [http://catalogodesantasvivas.visionarias.es/index.php/Categor%C3%ADa:Juan_López López, Juan], 1613. “Libro tercero de la tercera parte de la historia general de Santo Domingo”, ''Tercera parte de la historia general de Santo Domingo, y de su orden de predicadores''. Valladolid: Francisco Fernández de Córdoba, 242-245.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[[Contexto material del impreso Tercera parte de la historia general de Santo Domingo, y de su orden de predicadores]]''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
== Criterios de edición ==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Esta crónica está escrita por Juan López, obispo en la ciudad italiana de Monopoli. En la tercera parte se incluye la vida de santos de la orden, se aborda la fundación de los diferentes conventos en los dos primeros siglos de los dominicos en Castilla y se añade la vida de destacadas religiosas, aunque se hace referencia también a las religiosas que viven en las fundaciones hasta la publicación de la crónica en los conventos fundados. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Aquí nos encargamos de las religiosas que viven en los siglos XV-XVI cuyo foco de actuación es anterior a 1560 (aunque mueran después de esta fecha), es decir, antes del auge de Santa Teresa. Se adoptan los criterios de edición de vidas impresas estipulados en el Catálogo: se moderniza la ortografía (b/u/v, j/g, chr/cr, qu/cu, empleo de h, etc.) y se eliminan las consonantes geminadas. Además, se expanden las abreviaturas, aunque algunas como N. S. (Nuestro Señor) o N. P. S. (Nuestro Padre Santo) se respetan en el texto. El uso de mayúsculas y minúsculas se moderniza y se adaptan las normas acentuales a sus usos actuales. Finalmente, se moderniza también la puntuación, la acentuación y el uso de aglomerados.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==Vida de María de la Corona==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[242]&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Capítulo XXIII'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''De soror María de la Corona, gran sierva de Dios y de la santidad'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[…]&lt;br /&gt;
Otra madre que murió más vecina a estos tiempos fue de las más prodigiosas que en ellos se han visto. Aunque el olvido ha nacido del poco cuidado que las religiosas de esta casa han tenido en publicar las cosas memorables de sus hermanas. Ha sido singular el cuidado de señalarse en virtud, olvidadas de todo lo que era reducirlas al conocimiento de los presentes o memoria de los venideros. La que hay en esta casa de sus virtudes es muy admirable y la opinión que de ellas se ha conservado. Acompañó el lustre de su nobleza con gran demostración de santidad. Fue hija de Hernando Arias de Saavedra, señor de la villa del Viso y hermana de don Juan de Saavedra, primer conde del Castellar ''[1]''. Llamábase doña Blanca de Guzmán; siendo de cinco o seis años, se salió de casa de su padre, como si en aquella edad pudiera haber oído el ejemplo que de la bienaventurada Santa Catalina de Siena dicen las historias que, de esa edad o poco más, dejó la casa de sus padres y partió de Sena con pensamientos, aunque de niña, muy grandes, de hacer vida y acabarla en los desiertos. Con este intento salió doña Blanca de casa de sus padres en tan tierna edad que se le antojó que, con un pan solo, podía hacer su jornada. Andando en su busca, la hallaron y, queriendo saber adónde encaminaba sus pensamientos, respondió que al desierto. Eran sus padres cristianos, por cuya cuenta corre el ayudar las santas inclinaciones de los hijos (cosa que no todos aciertan a hacer, queriendo más presto encaminar los hijos a las cosas de su gusto que del servicio de Dios). Y, viendo las que en esta jornada había descubierto doña Blanca y la instancia que hacía la niña en tomar otra manera de vivir, hiciéronla monja en esta casa y tomó por nombre soror María de la Corona, que lo fue de todo su linaje, acompañando la nobleza con gran santidad. Fue maravillosa su vida. Desde aquella edad, era la primera en todos los ejercicios de mortificación y humildad, la que con más cuidado servía a las enfermas, la que con más puntualidad y llaneza acudía a la cocina y a los oficios más viles que hay en [243] los monasterios, no teniendo por tales los que se hacen en la casa de Dios, donde el servir es reinar, y lo que parece vileza es más grandeza que aquella que los mundanos tienen en mucho. Era dulce de su condición natural que, en las comunidades, hace a los religiosos muy amables. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Su penitencia parecía increíble. Nunca tuvo cama, sino una por cumplimiento. Antes de maitines, se arrimaba a ella un rato y después de maitines no salía del coro. Ayunaba siempre y la comida era de manera que el semblante era de mujer que se regalaba. Vivía atenta a no comer cosas que la diesen gusto; que si alguna vez la daban algo que fuese bueno, lo mezclaba con ceniza o con agua de manera que le supiese mal. Hacía esto con tanta disimulación que apenas lo echaban de ver las religiosas que estaban a su lado en el refitorio. Una noche de la Navidad, deseaba mucho sentir el frío que imaginaba que el Señor habría tenido la noche que nació en el desabrigo del portal de Belén, puesto en un pesebre y envuelto en unas pobres mantillas. Pareciole que sería buen medio para saber por experiencia algo de lo mucho que habría sentido el Niño irse a una pila de agua donde estuvo un grande rato desnuda. No faltaron testigos que la vieron y, aunque no se conoció en particular quién fuese la monja que hizo tan extraordinario ensayo, siempre se tuvo por suyo, y el temblor con que estuvo en maitines dio muestras de lo que había pasado, oyéndole juntamente con esto decir muchas veces: “Señor mío, niño recién nacido, ¿quién supiese qué frío sentistes con tanto desabrigo pasado en tan riguroso tiempo?”. Estas y otras cosas semejantes son de las que se han de maravillar los hombres que, si algunas de ellas no se han de condenar por demasías, se ha de creer que las hicieron con inspiración particular del Espíritu Santo, y que no se deben ni pueden traer en consecuencia, que será hierro manifiesto arrojarse a algunas cosas de esta calidad. Sus disciplinas eran muy ordinarias y tan rigurosas que sucedió algunas veces alzarla el escapulario sin que lo sintiese y verle el corpiño señalado de la sangre. De muchas de las cosas de la sierva de Dios se tiene poca noticia, pero de una se conserva la memoria perpetuamente, que pasó en esta manera: enterrose un caballero en esta casa y, entretanto que no se cumplía con la limosna de las misas y de la sepultura, un capellán suyo, por haber los curadores de los hijos del difunto llevado toda la hacienda a su casa, se determinó de dar en resguardo una prenda y fue que, en una capilla de la casa, había quedado una imagen de Nuestra Señora, pero desnuda, que aquellos a cuyo cargo estaba la hacienda no dejaron ni aun estaca en pared, como dicen. Este rico tesoro llevaron al monasterio envuelto en unos manteles del altar. Vino la imagen y la sacristana la tomó del torno y la encerró en un cajón de la sacristía sin que persona lo supiese, y, en sueños, vio la madre María de la Corona la imagen que la decía: “¿Por qué me dejas encerrada en este cajón? Que, aunque estoy con esta pobreza, soy la Madre de Dios”. Por la mañana, se fue a la sacristana y pidió que le diese una imagen que tenía encerrada en un cajón de la sacristía. Hízole maravilla la demanda, por ser el caso secreto, que no le había comunicado con nadie, y no quería confesar lo que había sucedido. La madre hizo instancia en que le diese la imagen que tenía, y la dio las señas del rostro y vestido. Porfió la sacristana, asegurando que no abriría el cajón si primero no le decía cómo había sabido un caso tan secreto. Con el deseo de ver la santa imagen, la reveló el sueño y, por decir mejor la revelación, abrazose con ella y llevola a casa de novicias, que era maestra de las nuevas que allí se criaban. Púsole un altar lo mejor que pudo, que pobreza de aquel tiempo no dio lugar a mucha grandeza. Estaba en una mesilla de cadena que- [244] brada y atada con un cordel. Sucedió que, dentro de tres o cuatro días, una niña novicia volvió acaso el rostro a la imagen y comenzó a gritar: “Madre maestra, que se desciende Nuestra Señora”. Levantose la sierva de Dios y, pareciéndole lo mismo, abrazose con la imagen, y, en levantándola de la mesa, se quebró. Este caso fue principio para que la imagen se comenzase a tener en grandísima veneración y con esta se conserva en la capilla del Santísimo Sacramento que está en el coro bajo, y se han visto muchos milagros, sacándola en procesión en ocasiones que se han ofrecido. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Una cosa muy singular se cuenta de esta sierva de Dios, que causó mucha admiración en las monjas, y fue que a cualquiera persona que encontrase, fuese la que fuese, la hacía una inclinación con grandísima humildad y reverencia. Y, preguntándole la causa, respondía: “Si este respeto debemos a cualquiera imagen de santo, cuánto más se debe al ángel de la guarda que sabemos que está con cualquiera cristiano”. Era piadosísima, y todos los trabajos y enfermedades de sus hermanas eran de grandísima lástima para ella. Con solo su cuerpo era tan rigurosa que jamás le dio una hora de descanso. Con todo eso, siempre andaba alegre, que es lo que del bienaventurado Santo Domingo se escribe, que el testimonio de la buena conciencia, que causa una gran serenidad en el alma, envía rayos al rostro y representación alegre con una religiosa modestia. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Siendo priora, mandó por obediencia a una monja lega que los viernes después de maitines se fuese con ella a un lugar muy apartado y la atase a una columna que allí estaba, y la azotase con un cordel mojado que tenía para esto. Continuose este ejercicio algunos viernes y uno, la pobre religiosa lega se cayó desmayada, que no fuera mucho caerse muerta, viéndose obligada a hacer una rigurosa carnicería en una monja noble, delicada, santa, y que era fuerza hacer este oficio en lugar y tiempo que aún los hombres animosos tienen miedo. Pensar la súbdita que había de hacer justicia de su perlada, y la que nació de los terrones de la que era señora, pudiera acabar la vida; no murió, pero quedó sin aliento y espíritu y, la madre María de la Corona, congojadísima, pensando que viéndose atada y desnuda la hallarían las religiosas en aquel estado, cosa que por muchos y buenos respetos ella no quisiera por todo cuanto había en el mundo. Fatigada con esta pena, suplicaba al Señor se sirviese de volver a su compañera los sentidos. Cumpliose su deseo, desatola, suplicándola que no la hiciese ejecutora de aquella justicia, que sería ponerla en nuevo riesgo y en nuevo peligro, obligándola a hacer una cosa tan fuera de razón. Viendo la superiora que era muy grande la que decía, puso fin a lo que había comenzado. De todo esto dio cuenta la religiosa después de la muerte de la madre María de la Corona. Un año antes de su dichoso fin, la apretó tan reciamente una enfermedad de modorra que el médico la tuvo por mortal y así le mando luego dar todos los Sacramentos. Rogó que no la ungiesen y, replicándola que el médico la daba pocas horas de vida, sonriose, estilo muy ordinario en la sierva de Dios, y dijo: “Quisiera yo harto que él hubiera acertado esta vez, pero lo cierto es que yo no me muero”, y luego comenzó a mejorar. Una noche, por enero, después de maitines, visitando a una hermana suya que estaba muy enferma, diose un golpe en un cajón que allí estaba y lastimose de manera que de una sien le comenzó a correr sangre. Cubriola como pudo y visitó la enferma y volviose al coro. Antes de prima, volvió a rezar las horas con la enferma y, después, se iba al coro. Estando allí en misa, echó de ver una monja que estaba llena de sangre y muy tur- [245] bada le preguntó la causa. Dijo: “No es nada, mi alma, dime un golpe esta noche y si lo dijera, luego no me dejarán venir a despedir de Nuestro Señor”. Lleváronla luego a la cama y, en viéndola herida, el cirujano, que era penetrante y que tenía malas calidades, la desahució, habiendo hecho el aire que había recibido incurable la llaga. Alegrose mucho la santa con las buenas nuevas y comenzó a tratar de su muerte con un término tan particular como quien estaba de camino para la casa de su padre, que tal muerte reciben los santos con esta seguridad, libres de las grandes congojas de los malos. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Era tanta la opinión que de su virtud tenían las monjas que venían a negociar con ella y tratar los negocios que tenían en corte, que así lo decía la santa y las oía con tan buena gracia que, si alguna después de haberla hablado se detenía mucho, la decía: “Hija mía, ya ella ha negociado dejar llegar otra”. Sentía mucho una hermana suya la partida de la santa y, consolándola, la dijo: “Yo suplicaré al Señor que os lleve presto”. La hermana respondió: “No me querría morir agora si Nuestro Señor fuese servido”. La santa mujer replicó: “¿Ah, sí, madre? Pues preste paciencia porque ella vivirá y deseará morirse”. Cumpliose la profecía, porque vivió muchos años; después, cargada de muchas enfermedades y trabajos, repetía muchas veces el pronóstico de su hermana. Queriendo dar el viático a la madre María de la Columna, al tiempo de abrir el sagrario, se quebró la llave. Viendo que se detenían, envió a saber la causa y respondiéronla lo que se ha dicho y dijo con mucha paciencia: “Hoy que es mi día, quería el demonio estorbarme este bien, y no saldrá con ello porque podrán abrir y yo esperar”. Y así fue que abrieron y recibió los Santísimos Sacramentos con grandísima devoción y consuelo. Diole luego un dolor en un pie tan recio que, con ser grande su sufrimiento, hacía grandes lástimas. Quisieron llamar al médico y dijo: “No es menester, que yo entiendo la causa del dolor”, y, apretada, confesó que había suplicado a Dios la diese a sentir lo que en alguna de sus llagas había padecido y eso creo que es. Y así lo entendieron las monjas, porque luego se le hizo una llaga en el pie, la cual manó sangre hasta que la enterraron, que fue muchas horas después de muerta, con maravilla no solamente de las monjas sino de un gran médico, que dijo que era suceso fuera de todo el orden de la naturaleza y caso milagroso. Murió año de mil y quinientos y sesenta y cuatro, el día octavo de los Reyes. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
===Notas===&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[1]'' El condado de Castellar fue concedido por Carlos I a Juan Arias de Saavedra el 10 de noviembre de 1539.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
= Vida impresa (2)=&lt;br /&gt;
Ed. de [https://visionarias.es/equipo/veronica-torres-martin// Verónica Torres Martín]; fecha de edición: mayo de 2026.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
== Fuente ==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[[Archivo:Juan_López_1615.jpg|miniatura|250px|right| Juan López, 1615. ''Quarta parte de la historia general de Santo Domingo, y de su orden de predicadores''. Valladolid: Francisco Fernández de Córdoba. (Fuente: Imagen propiedad de la Universidad Complutense de Madrid. CC BY 4.0 [Digitalizado por Google]).]]&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
* [http://catalogodesantasvivas.visionarias.es/index.php/Categor%C3%ADa:Juan_López López, Juan], 1615. “Libro primero de la quarta parte de la historia de Santo Domingo y de su orden”, ''Quarta parte de la historia general de Santo Domingo, y de su orden de predicadores''. Valladolid: Francisco Fernández de Córdoba, 142.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[[Contexto material del impreso Quarta parte de la historia general de Santo Domingo, y de su orden de predicadores]]''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
== Criterios de edición ==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Se han adoptado los criterios de edición de vidas impresas estipulados en el catálogo, esto es, se han eliminado las consonantes geminadas y se ha modernizado la ortografía (sibilantes, b/u/v, j/g, chr/cr, qu/cu, empleo de h, etc.). Se mantiene el uso del paréntesis para indicar observaciones digresivas según el original. Además, se han ajustado a los criterios actuales del español la unión y separación de palabras (“desta”, “deste”, etc.), el uso de mayúsculas y minúsculas, la acentuación y la puntuación. Asimismo, se han expandido las abreviaturas.   &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==Vida de María de la Corona==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[138] '''Capítulo XLVI'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''De algunas otras siervas de Dios del dicho monasterio'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[…]&lt;br /&gt;
[142] Dos religiosas hermanas tuvo este convento, la madre María de la Corona y la madre María de la Columna, mujeres muy nobles y muy religiosas y santas, en estremo obedientes y humildes. El tratamiento de sus personas fue rigurosísimo. De esto, y de no dormir continuando las noches en oración, perdieron la salud (y, aunque muy enfermas), siempre acudían a los oficios de obediencia con tanta alegría como las que más. Nunca se les oyó palabra de impaciencia, ni en las ocasiones que se ofrecen con los oficios (que no son pocas ni ligeras). Las enfermedades jamás estorbaron la frecuencia de las confesiones y comuniones. La madre Corona nunca se desnudó, aunque estaba enferma, que decía que de esta manera se hallaba más prompta [''sic''] y más hábil para los ejercicios de la oración. La muerte de ambas fue como la vida, acabando con tan particular alegría que fue testimonio de la buena dicha que les había cabido.&lt;/div&gt;</summary>
		<author><name>Anaritasoares</name></author>	</entry>

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		<id>http://catalogodesantasvivas.visionarias.es/index.php?title=Mar%C3%ADa_de_la_Corona&amp;diff=712797</id>
		<title>María de la Corona</title>
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				<updated>2026-05-13T10:40:36Z</updated>
		
		<summary type="html">&lt;p&gt;Anaritasoares: /* Vida impresa (2) */&lt;/p&gt;
&lt;hr /&gt;
&lt;div&gt;[[Category:Santas_Dominicas]]&lt;br /&gt;
[[Category:Sevilla]]&lt;br /&gt;
[[Category:Juan_López]]&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[[Archivo:Logo CSV letras(4) DianaSanmartin.jpg|derecha|María de la Corona|link=]]&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
{| class=&amp;quot;wikitable&amp;quot;&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Nombre || María de la Corona&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Orden || [http://catalogodesantasvivas.visionarias.es/index.php/Categor%C3%ADa:Santas_Dominicas Dominicas]&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Títulos || Priora del monasterio de la Madre de Dios de Sevilla&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Fecha de nacimiento || Finales del Siglo XV - principios del XVI&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Fecha de fallecimiento|| 1564&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Lugar de nacimiento || [http://catalogodesantasvivas.visionarias.es/index.php/Categor%C3%ADa:Sevilla ¿Sevilla?]&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Lugar de fallecimiento|| [http://catalogodesantasvivas.visionarias.es/index.php/Categor%C3%ADa:Sevilla Sevilla]&lt;br /&gt;
|}&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
= Vida impresa (1)=&lt;br /&gt;
Ed. de [http://visionarias.es/equipo/barbara-arango-serrano// Bárbara Arango Serrano] y [http://visionarias.es/equipo/borja-gama-de-cossio// Borja Gama de Cossío]; fecha de edición: octubre de 2023.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
== Fuente ==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[[Archivo:Juan_López,_1613,_Tercera_parte_historia_general_santo_domingo.jpg|miniatura|250px|right| Juan López, 1613. ''Tercera parte de la historia general de Santo Domingo, y de su orden de predicadores''. Valladolid: Francisco Fernández de Córdoba. (Fuente: Imagen propiedad de la Universidad Complutense de Madrid. CC BY 4.0 [Digitalizado por Google])]]&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
* [http://catalogodesantasvivas.visionarias.es/index.php/Categor%C3%ADa:Juan_López López, Juan], 1613. “Libro tercero de la tercera parte de la historia general de Santo Domingo”, ''Tercera parte de la historia general de Santo Domingo, y de su orden de predicadores''. Valladolid: Francisco Fernández de Córdoba, 242-245.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[[Contexto material del impreso Tercera parte de la historia general de Santo Domingo, y de su orden de predicadores]]''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
== Criterios de edición ==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Esta crónica está escrita por Juan López, obispo en la ciudad italiana de Monopoli. En la tercera parte se incluye la vida de santos de la orden, se aborda la fundación de los diferentes conventos en los dos primeros siglos de los dominicos en Castilla y se añade la vida de destacadas religiosas, aunque se hace referencia también a las religiosas que viven en las fundaciones hasta la publicación de la crónica en los conventos fundados. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Aquí nos encargamos de las religiosas que viven en los siglos XV-XVI cuyo foco de actuación es anterior a 1560 (aunque mueran después de esta fecha), es decir, antes del auge de Santa Teresa. Se adoptan los criterios de edición de vidas impresas estipulados en el Catálogo: se moderniza la ortografía (b/u/v, j/g, chr/cr, qu/cu, empleo de h, etc.) y se eliminan las consonantes geminadas. Además, se expanden las abreviaturas, aunque algunas como N. S. (Nuestro Señor) o N. P. S. (Nuestro Padre Santo) se respetan en el texto. El uso de mayúsculas y minúsculas se moderniza y se adaptan las normas acentuales a sus usos actuales. Finalmente, se moderniza también la puntuación, la acentuación y el uso de aglomerados.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==Vida de María de la Corona==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[242]&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Capítulo XXIII'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''De soror María de la Corona, gran sierva de Dios y de la santidad'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[…]&lt;br /&gt;
Otra madre que murió más vecina a estos tiempos fue de las más prodigiosas que en ellos se han visto. Aunque el olvido ha nacido del poco cuidado que las religiosas de esta casa han tenido en publicar las cosas memorables de sus hermanas. Ha sido singular el cuidado de señalarse en virtud, olvidadas de todo lo que era reducirlas al conocimiento de los presentes o memoria de los venideros. La que hay en esta casa de sus virtudes es muy admirable y la opinión que de ellas se ha conservado. Acompañó el lustre de su nobleza con gran demostración de santidad. Fue hija de Hernando Arias de Saavedra, señor de la villa del Viso y hermana de don Juan de Saavedra, primer conde del Castellar ''[1]''. Llamábase doña Blanca de Guzmán; siendo de cinco o seis años, se salió de casa de su padre, como si en aquella edad pudiera haber oído el ejemplo que de la bienaventurada Santa Catalina de Siena dicen las historias que, de esa edad o poco más, dejó la casa de sus padres y partió de Sena con pensamientos, aunque de niña, muy grandes, de hacer vida y acabarla en los desiertos. Con este intento salió doña Blanca de casa de sus padres en tan tierna edad que se le antojó que, con un pan solo, podía hacer su jornada. Andando en su busca, la hallaron y, queriendo saber adónde encaminaba sus pensamientos, respondió que al desierto. Eran sus padres cristianos, por cuya cuenta corre el ayudar las santas inclinaciones de los hijos (cosa que no todos aciertan a hacer, queriendo más presto encaminar los hijos a las cosas de su gusto que del servicio de Dios). Y, viendo las que en esta jornada había descubierto doña Blanca y la instancia que hacía la niña en tomar otra manera de vivir, hiciéronla monja en esta casa y tomó por nombre soror María de la Corona, que lo fue de todo su linaje, acompañando la nobleza con gran santidad. Fue maravillosa su vida. Desde aquella edad, era la primera en todos los ejercicios de mortificación y humildad, la que con más cuidado servía a las enfermas, la que con más puntualidad y llaneza acudía a la cocina y a los oficios más viles que hay en [243] los monasterios, no teniendo por tales los que se hacen en la casa de Dios, donde el servir es reinar, y lo que parece vileza es más grandeza que aquella que los mundanos tienen en mucho. Era dulce de su condición natural que, en las comunidades, hace a los religiosos muy amables. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Su penitencia parecía increíble. Nunca tuvo cama, sino una por cumplimiento. Antes de maitines, se arrimaba a ella un rato y después de maitines no salía del coro. Ayunaba siempre y la comida era de manera que el semblante era de mujer que se regalaba. Vivía atenta a no comer cosas que la diesen gusto; que si alguna vez la daban algo que fuese bueno, lo mezclaba con ceniza o con agua de manera que le supiese mal. Hacía esto con tanta disimulación que apenas lo echaban de ver las religiosas que estaban a su lado en el refitorio. Una noche de la Navidad, deseaba mucho sentir el frío que imaginaba que el Señor habría tenido la noche que nació en el desabrigo del portal de Belén, puesto en un pesebre y envuelto en unas pobres mantillas. Pareciole que sería buen medio para saber por experiencia algo de lo mucho que habría sentido el Niño irse a una pila de agua donde estuvo un grande rato desnuda. No faltaron testigos que la vieron y, aunque no se conoció en particular quién fuese la monja que hizo tan extraordinario ensayo, siempre se tuvo por suyo, y el temblor con que estuvo en maitines dio muestras de lo que había pasado, oyéndole juntamente con esto decir muchas veces: “Señor mío, niño recién nacido, ¿quién supiese qué frío sentistes con tanto desabrigo pasado en tan riguroso tiempo?”. Estas y otras cosas semejantes son de las que se han de maravillar los hombres que, si algunas de ellas no se han de condenar por demasías, se ha de creer que las hicieron con inspiración particular del Espíritu Santo, y que no se deben ni pueden traer en consecuencia, que será hierro manifiesto arrojarse a algunas cosas de esta calidad. Sus disciplinas eran muy ordinarias y tan rigurosas que sucedió algunas veces alzarla el escapulario sin que lo sintiese y verle el corpiño señalado de la sangre. De muchas de las cosas de la sierva de Dios se tiene poca noticia, pero de una se conserva la memoria perpetuamente, que pasó en esta manera: enterrose un caballero en esta casa y, entretanto que no se cumplía con la limosna de las misas y de la sepultura, un capellán suyo, por haber los curadores de los hijos del difunto llevado toda la hacienda a su casa, se determinó de dar en resguardo una prenda y fue que, en una capilla de la casa, había quedado una imagen de Nuestra Señora, pero desnuda, que aquellos a cuyo cargo estaba la hacienda no dejaron ni aun estaca en pared, como dicen. Este rico tesoro llevaron al monasterio envuelto en unos manteles del altar. Vino la imagen y la sacristana la tomó del torno y la encerró en un cajón de la sacristía sin que persona lo supiese, y, en sueños, vio la madre María de la Corona la imagen que la decía: “¿Por qué me dejas encerrada en este cajón? Que, aunque estoy con esta pobreza, soy la Madre de Dios”. Por la mañana, se fue a la sacristana y pidió que le diese una imagen que tenía encerrada en un cajón de la sacristía. Hízole maravilla la demanda, por ser el caso secreto, que no le había comunicado con nadie, y no quería confesar lo que había sucedido. La madre hizo instancia en que le diese la imagen que tenía, y la dio las señas del rostro y vestido. Porfió la sacristana, asegurando que no abriría el cajón si primero no le decía cómo había sabido un caso tan secreto. Con el deseo de ver la santa imagen, la reveló el sueño y, por decir mejor la revelación, abrazose con ella y llevola a casa de novicias, que era maestra de las nuevas que allí se criaban. Púsole un altar lo mejor que pudo, que pobreza de aquel tiempo no dio lugar a mucha grandeza. Estaba en una mesilla de cadena que- [244] brada y atada con un cordel. Sucedió que, dentro de tres o cuatro días, una niña novicia volvió acaso el rostro a la imagen y comenzó a gritar: “Madre maestra, que se desciende Nuestra Señora”. Levantose la sierva de Dios y, pareciéndole lo mismo, abrazose con la imagen, y, en levantándola de la mesa, se quebró. Este caso fue principio para que la imagen se comenzase a tener en grandísima veneración y con esta se conserva en la capilla del Santísimo Sacramento que está en el coro bajo, y se han visto muchos milagros, sacándola en procesión en ocasiones que se han ofrecido. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Una cosa muy singular se cuenta de esta sierva de Dios, que causó mucha admiración en las monjas, y fue que a cualquiera persona que encontrase, fuese la que fuese, la hacía una inclinación con grandísima humildad y reverencia. Y, preguntándole la causa, respondía: “Si este respeto debemos a cualquiera imagen de santo, cuánto más se debe al ángel de la guarda que sabemos que está con cualquiera cristiano”. Era piadosísima, y todos los trabajos y enfermedades de sus hermanas eran de grandísima lástima para ella. Con solo su cuerpo era tan rigurosa que jamás le dio una hora de descanso. Con todo eso, siempre andaba alegre, que es lo que del bienaventurado Santo Domingo se escribe, que el testimonio de la buena conciencia, que causa una gran serenidad en el alma, envía rayos al rostro y representación alegre con una religiosa modestia. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Siendo priora, mandó por obediencia a una monja lega que los viernes después de maitines se fuese con ella a un lugar muy apartado y la atase a una columna que allí estaba, y la azotase con un cordel mojado que tenía para esto. Continuose este ejercicio algunos viernes y uno, la pobre religiosa lega se cayó desmayada, que no fuera mucho caerse muerta, viéndose obligada a hacer una rigurosa carnicería en una monja noble, delicada, santa, y que era fuerza hacer este oficio en lugar y tiempo que aún los hombres animosos tienen miedo. Pensar la súbdita que había de hacer justicia de su perlada, y la que nació de los terrones de la que era señora, pudiera acabar la vida; no murió, pero quedó sin aliento y espíritu y, la madre María de la Corona, congojadísima, pensando que viéndose atada y desnuda la hallarían las religiosas en aquel estado, cosa que por muchos y buenos respetos ella no quisiera por todo cuanto había en el mundo. Fatigada con esta pena, suplicaba al Señor se sirviese de volver a su compañera los sentidos. Cumpliose su deseo, desatola, suplicándola que no la hiciese ejecutora de aquella justicia, que sería ponerla en nuevo riesgo y en nuevo peligro, obligándola a hacer una cosa tan fuera de razón. Viendo la superiora que era muy grande la que decía, puso fin a lo que había comenzado. De todo esto dio cuenta la religiosa después de la muerte de la madre María de la Corona. Un año antes de su dichoso fin, la apretó tan reciamente una enfermedad de modorra que el médico la tuvo por mortal y así le mando luego dar todos los Sacramentos. Rogó que no la ungiesen y, replicándola que el médico la daba pocas horas de vida, sonriose, estilo muy ordinario en la sierva de Dios, y dijo: “Quisiera yo harto que él hubiera acertado esta vez, pero lo cierto es que yo no me muero”, y luego comenzó a mejorar. Una noche, por enero, después de maitines, visitando a una hermana suya que estaba muy enferma, diose un golpe en un cajón que allí estaba y lastimose de manera que de una sien le comenzó a correr sangre. Cubriola como pudo y visitó la enferma y volviose al coro. Antes de prima, volvió a rezar las horas con la enferma y, después, se iba al coro. Estando allí en misa, echó de ver una monja que estaba llena de sangre y muy tur- [245] bada le preguntó la causa. Dijo: “No es nada, mi alma, dime un golpe esta noche y si lo dijera, luego no me dejarán venir a despedir de Nuestro Señor”. Lleváronla luego a la cama y, en viéndola herida, el cirujano, que era penetrante y que tenía malas calidades, la desahució, habiendo hecho el aire que había recibido incurable la llaga. Alegrose mucho la santa con las buenas nuevas y comenzó a tratar de su muerte con un término tan particular como quien estaba de camino para la casa de su padre, que tal muerte reciben los santos con esta seguridad, libres de las grandes congojas de los malos. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Era tanta la opinión que de su virtud tenían las monjas que venían a negociar con ella y tratar los negocios que tenían en corte, que así lo decía la santa y las oía con tan buena gracia que, si alguna después de haberla hablado se detenía mucho, la decía: “Hija mía, ya ella ha negociado dejar llegar otra”. Sentía mucho una hermana suya la partida de la santa y, consolándola, la dijo: “Yo suplicaré al Señor que os lleve presto”. La hermana respondió: “No me querría morir agora si Nuestro Señor fuese servido”. La santa mujer replicó: “¿Ah, sí, madre? Pues preste paciencia porque ella vivirá y deseará morirse”. Cumpliose la profecía, porque vivió muchos años; después, cargada de muchas enfermedades y trabajos, repetía muchas veces el pronóstico de su hermana. Queriendo dar el viático a la madre María de la Columna, al tiempo de abrir el sagrario, se quebró la llave. Viendo que se detenían, envió a saber la causa y respondiéronla lo que se ha dicho y dijo con mucha paciencia: “Hoy que es mi día, quería el demonio estorbarme este bien, y no saldrá con ello porque podrán abrir y yo esperar”. Y así fue que abrieron y recibió los Santísimos Sacramentos con grandísima devoción y consuelo. Diole luego un dolor en un pie tan recio que, con ser grande su sufrimiento, hacía grandes lástimas. Quisieron llamar al médico y dijo: “No es menester, que yo entiendo la causa del dolor”, y, apretada, confesó que había suplicado a Dios la diese a sentir lo que en alguna de sus llagas había padecido y eso creo que es. Y así lo entendieron las monjas, porque luego se le hizo una llaga en el pie, la cual manó sangre hasta que la enterraron, que fue muchas horas después de muerta, con maravilla no solamente de las monjas sino de un gran médico, que dijo que era suceso fuera de todo el orden de la naturaleza y caso milagroso. Murió año de mil y quinientos y sesenta y cuatro, el día octavo de los Reyes. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
===Notas===&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[1]'' El condado de Castellar fue concedido por Carlos I a Juan Arias de Saavedra el 10 de noviembre de 1539.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
= Vida impresa (2)=&lt;br /&gt;
Ed. de [https://visionarias.es/equipo/veronica-torres-martin// Verónica Torres Martín]; fecha de edición: mayo de 2026.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
== Fuente ==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[[Archivo:Juan_López_1615.jpg|miniatura|250px|right| Juan López, 1615. ''Quarta parte de la historia general de Santo Domingo, y de su orden de predicadores''. Valladolid: Francisco Fernández de Córdoba. (Fuente: Imagen propiedad de la Universidad Complutense de Madrid. CC BY 4.0 [Digitalizado por Google]).]]&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
* [http://catalogodesantasvivas.visionarias.es/index.php/Categor%C3%ADa:Juan_López López, Juan], 1615. “Libro primero de la quarta parte de la historia de Santo Domingo y de su orden”, ''Quarta parte de la historia general de Santo Domingo, y de su orden de predicadores''. Valladolid: Francisco Fernández de Córdoba, 142.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[[Contexto material del impreso Quarta parte de la historia general de Santo Domingo, y de su orden de predicadores]]''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
== Criterios de edición ==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Se han adoptado los criterios de edición de vidas impresas estipulados en el catálogo, esto es, se han eliminado las consonantes geminadas y se ha modernizado la ortografía (sibilantes, b/u/v, j/g, chr/cr, qu/cu, empleo de h, etc.). Se mantiene el uso del paréntesis para indicar observaciones digresivas según el original. Además, se han ajustado a los criterios actuales del español la unión y separación de palabras (“desta”, “deste”, etc.), el uso de mayúsculas y minúsculas, la acentuación y la puntuación. Asimismo, se han expandido las abreviaturas.   &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==Vida de María de la Corona==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[138] '''Capítulo XLVI'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''De algunas otras siervas de Dios del dicho monasterio'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[…]&lt;br /&gt;
[142] Dos religiosas hermanas tuvo este convento, la madre María de la Corona y la madre María de la Columna, mujeres muy nobles y muy religiosas y santas, en estremo obedientes y humildes. El tratamiento de sus personas fue rigurosísimo. De esto, y de no dormir continuando las noches en oración, perdieron la salud (y, aunque muy enfermas), siempre acudían a los oficios de obediencia con tanta alegría como las que más. Nunca se les oyó palabra de impaciencia, ni en las ocasiones que se ofrecen con los oficios (que no son pocas ni ligeras). Las enfermedades jamás estorbaron la frecuencia de las confesiones y comuniones. La madre Corona nunca se desnudó, aunque estaba enferma, que decía que de esta manera se hallaba más prompta [sic] y más hábil para los ejercicios de la oración. La muerte de ambas fue como la vida, acabando con tan particular alegría que fue testimonio de la buena dicha que les había cabido.&lt;/div&gt;</summary>
		<author><name>Anaritasoares</name></author>	</entry>

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		<title>María de la Corona</title>
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&lt;div&gt;[[Category:Santas_Dominicas]]&lt;br /&gt;
[[Category:Sevilla]]&lt;br /&gt;
[[Category:Juan_López]]&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[[Archivo:Logo CSV letras(4) DianaSanmartin.jpg|derecha|María de la Corona|link=]]&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
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|-&lt;br /&gt;
| Nombre || María de la Corona&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Orden || [http://catalogodesantasvivas.visionarias.es/index.php/Categor%C3%ADa:Santas_Dominicas Dominicas]&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Títulos || Priora del monasterio de la Madre de Dios de Sevilla&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Fecha de nacimiento || Finales del Siglo XV - principios del XVI&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Fecha de fallecimiento|| 1564&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Lugar de nacimiento || [http://catalogodesantasvivas.visionarias.es/index.php/Categor%C3%ADa:Sevilla ¿Sevilla?]&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Lugar de fallecimiento|| [http://catalogodesantasvivas.visionarias.es/index.php/Categor%C3%ADa:Sevilla Sevilla]&lt;br /&gt;
|}&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
= Vida impresa (1)=&lt;br /&gt;
Ed. de [http://visionarias.es/equipo/barbara-arango-serrano// Bárbara Arango Serrano] y [http://visionarias.es/equipo/borja-gama-de-cossio// Borja Gama de Cossío]; fecha de edición: octubre de 2023.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
== Fuente ==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[[Archivo:Juan_López,_1613,_Tercera_parte_historia_general_santo_domingo.jpg|miniatura|250px|right| Juan López, 1613. ''Tercera parte de la historia general de Santo Domingo, y de su orden de predicadores''. Valladolid: Francisco Fernández de Córdoba. (Fuente: Imagen propiedad de la Universidad Complutense de Madrid. CC BY 4.0 [Digitalizado por Google])]]&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
* [http://catalogodesantasvivas.visionarias.es/index.php/Categor%C3%ADa:Juan_López López, Juan], 1613. “Libro tercero de la tercera parte de la historia general de Santo Domingo”, ''Tercera parte de la historia general de Santo Domingo, y de su orden de predicadores''. Valladolid: Francisco Fernández de Córdoba, 242-245.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[[Contexto material del impreso Tercera parte de la historia general de Santo Domingo, y de su orden de predicadores]]''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
== Criterios de edición ==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Esta crónica está escrita por Juan López, obispo en la ciudad italiana de Monopoli. En la tercera parte se incluye la vida de santos de la orden, se aborda la fundación de los diferentes conventos en los dos primeros siglos de los dominicos en Castilla y se añade la vida de destacadas religiosas, aunque se hace referencia también a las religiosas que viven en las fundaciones hasta la publicación de la crónica en los conventos fundados. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Aquí nos encargamos de las religiosas que viven en los siglos XV-XVI cuyo foco de actuación es anterior a 1560 (aunque mueran después de esta fecha), es decir, antes del auge de Santa Teresa. Se adoptan los criterios de edición de vidas impresas estipulados en el Catálogo: se moderniza la ortografía (b/u/v, j/g, chr/cr, qu/cu, empleo de h, etc.) y se eliminan las consonantes geminadas. Además, se expanden las abreviaturas, aunque algunas como N. S. (Nuestro Señor) o N. P. S. (Nuestro Padre Santo) se respetan en el texto. El uso de mayúsculas y minúsculas se moderniza y se adaptan las normas acentuales a sus usos actuales. Finalmente, se moderniza también la puntuación, la acentuación y el uso de aglomerados.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==Vida de María de la Corona==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[242]&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Capítulo XXIII'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''De soror María de la Corona, gran sierva de Dios y de la santidad'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[…]&lt;br /&gt;
Otra madre que murió más vecina a estos tiempos fue de las más prodigiosas que en ellos se han visto. Aunque el olvido ha nacido del poco cuidado que las religiosas de esta casa han tenido en publicar las cosas memorables de sus hermanas. Ha sido singular el cuidado de señalarse en virtud, olvidadas de todo lo que era reducirlas al conocimiento de los presentes o memoria de los venideros. La que hay en esta casa de sus virtudes es muy admirable y la opinión que de ellas se ha conservado. Acompañó el lustre de su nobleza con gran demostración de santidad. Fue hija de Hernando Arias de Saavedra, señor de la villa del Viso y hermana de don Juan de Saavedra, primer conde del Castellar ''[1]''. Llamábase doña Blanca de Guzmán; siendo de cinco o seis años, se salió de casa de su padre, como si en aquella edad pudiera haber oído el ejemplo que de la bienaventurada Santa Catalina de Siena dicen las historias que, de esa edad o poco más, dejó la casa de sus padres y partió de Sena con pensamientos, aunque de niña, muy grandes, de hacer vida y acabarla en los desiertos. Con este intento salió doña Blanca de casa de sus padres en tan tierna edad que se le antojó que, con un pan solo, podía hacer su jornada. Andando en su busca, la hallaron y, queriendo saber adónde encaminaba sus pensamientos, respondió que al desierto. Eran sus padres cristianos, por cuya cuenta corre el ayudar las santas inclinaciones de los hijos (cosa que no todos aciertan a hacer, queriendo más presto encaminar los hijos a las cosas de su gusto que del servicio de Dios). Y, viendo las que en esta jornada había descubierto doña Blanca y la instancia que hacía la niña en tomar otra manera de vivir, hiciéronla monja en esta casa y tomó por nombre soror María de la Corona, que lo fue de todo su linaje, acompañando la nobleza con gran santidad. Fue maravillosa su vida. Desde aquella edad, era la primera en todos los ejercicios de mortificación y humildad, la que con más cuidado servía a las enfermas, la que con más puntualidad y llaneza acudía a la cocina y a los oficios más viles que hay en [243] los monasterios, no teniendo por tales los que se hacen en la casa de Dios, donde el servir es reinar, y lo que parece vileza es más grandeza que aquella que los mundanos tienen en mucho. Era dulce de su condición natural que, en las comunidades, hace a los religiosos muy amables. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Su penitencia parecía increíble. Nunca tuvo cama, sino una por cumplimiento. Antes de maitines, se arrimaba a ella un rato y después de maitines no salía del coro. Ayunaba siempre y la comida era de manera que el semblante era de mujer que se regalaba. Vivía atenta a no comer cosas que la diesen gusto; que si alguna vez la daban algo que fuese bueno, lo mezclaba con ceniza o con agua de manera que le supiese mal. Hacía esto con tanta disimulación que apenas lo echaban de ver las religiosas que estaban a su lado en el refitorio. Una noche de la Navidad, deseaba mucho sentir el frío que imaginaba que el Señor habría tenido la noche que nació en el desabrigo del portal de Belén, puesto en un pesebre y envuelto en unas pobres mantillas. Pareciole que sería buen medio para saber por experiencia algo de lo mucho que habría sentido el Niño irse a una pila de agua donde estuvo un grande rato desnuda. No faltaron testigos que la vieron y, aunque no se conoció en particular quién fuese la monja que hizo tan extraordinario ensayo, siempre se tuvo por suyo, y el temblor con que estuvo en maitines dio muestras de lo que había pasado, oyéndole juntamente con esto decir muchas veces: “Señor mío, niño recién nacido, ¿quién supiese qué frío sentistes con tanto desabrigo pasado en tan riguroso tiempo?”. Estas y otras cosas semejantes son de las que se han de maravillar los hombres que, si algunas de ellas no se han de condenar por demasías, se ha de creer que las hicieron con inspiración particular del Espíritu Santo, y que no se deben ni pueden traer en consecuencia, que será hierro manifiesto arrojarse a algunas cosas de esta calidad. Sus disciplinas eran muy ordinarias y tan rigurosas que sucedió algunas veces alzarla el escapulario sin que lo sintiese y verle el corpiño señalado de la sangre. De muchas de las cosas de la sierva de Dios se tiene poca noticia, pero de una se conserva la memoria perpetuamente, que pasó en esta manera: enterrose un caballero en esta casa y, entretanto que no se cumplía con la limosna de las misas y de la sepultura, un capellán suyo, por haber los curadores de los hijos del difunto llevado toda la hacienda a su casa, se determinó de dar en resguardo una prenda y fue que, en una capilla de la casa, había quedado una imagen de Nuestra Señora, pero desnuda, que aquellos a cuyo cargo estaba la hacienda no dejaron ni aun estaca en pared, como dicen. Este rico tesoro llevaron al monasterio envuelto en unos manteles del altar. Vino la imagen y la sacristana la tomó del torno y la encerró en un cajón de la sacristía sin que persona lo supiese, y, en sueños, vio la madre María de la Corona la imagen que la decía: “¿Por qué me dejas encerrada en este cajón? Que, aunque estoy con esta pobreza, soy la Madre de Dios”. Por la mañana, se fue a la sacristana y pidió que le diese una imagen que tenía encerrada en un cajón de la sacristía. Hízole maravilla la demanda, por ser el caso secreto, que no le había comunicado con nadie, y no quería confesar lo que había sucedido. La madre hizo instancia en que le diese la imagen que tenía, y la dio las señas del rostro y vestido. Porfió la sacristana, asegurando que no abriría el cajón si primero no le decía cómo había sabido un caso tan secreto. Con el deseo de ver la santa imagen, la reveló el sueño y, por decir mejor la revelación, abrazose con ella y llevola a casa de novicias, que era maestra de las nuevas que allí se criaban. Púsole un altar lo mejor que pudo, que pobreza de aquel tiempo no dio lugar a mucha grandeza. Estaba en una mesilla de cadena que- [244] brada y atada con un cordel. Sucedió que, dentro de tres o cuatro días, una niña novicia volvió acaso el rostro a la imagen y comenzó a gritar: “Madre maestra, que se desciende Nuestra Señora”. Levantose la sierva de Dios y, pareciéndole lo mismo, abrazose con la imagen, y, en levantándola de la mesa, se quebró. Este caso fue principio para que la imagen se comenzase a tener en grandísima veneración y con esta se conserva en la capilla del Santísimo Sacramento que está en el coro bajo, y se han visto muchos milagros, sacándola en procesión en ocasiones que se han ofrecido. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Una cosa muy singular se cuenta de esta sierva de Dios, que causó mucha admiración en las monjas, y fue que a cualquiera persona que encontrase, fuese la que fuese, la hacía una inclinación con grandísima humildad y reverencia. Y, preguntándole la causa, respondía: “Si este respeto debemos a cualquiera imagen de santo, cuánto más se debe al ángel de la guarda que sabemos que está con cualquiera cristiano”. Era piadosísima, y todos los trabajos y enfermedades de sus hermanas eran de grandísima lástima para ella. Con solo su cuerpo era tan rigurosa que jamás le dio una hora de descanso. Con todo eso, siempre andaba alegre, que es lo que del bienaventurado Santo Domingo se escribe, que el testimonio de la buena conciencia, que causa una gran serenidad en el alma, envía rayos al rostro y representación alegre con una religiosa modestia. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Siendo priora, mandó por obediencia a una monja lega que los viernes después de maitines se fuese con ella a un lugar muy apartado y la atase a una columna que allí estaba, y la azotase con un cordel mojado que tenía para esto. Continuose este ejercicio algunos viernes y uno, la pobre religiosa lega se cayó desmayada, que no fuera mucho caerse muerta, viéndose obligada a hacer una rigurosa carnicería en una monja noble, delicada, santa, y que era fuerza hacer este oficio en lugar y tiempo que aún los hombres animosos tienen miedo. Pensar la súbdita que había de hacer justicia de su perlada, y la que nació de los terrones de la que era señora, pudiera acabar la vida; no murió, pero quedó sin aliento y espíritu y, la madre María de la Corona, congojadísima, pensando que viéndose atada y desnuda la hallarían las religiosas en aquel estado, cosa que por muchos y buenos respetos ella no quisiera por todo cuanto había en el mundo. Fatigada con esta pena, suplicaba al Señor se sirviese de volver a su compañera los sentidos. Cumpliose su deseo, desatola, suplicándola que no la hiciese ejecutora de aquella justicia, que sería ponerla en nuevo riesgo y en nuevo peligro, obligándola a hacer una cosa tan fuera de razón. Viendo la superiora que era muy grande la que decía, puso fin a lo que había comenzado. De todo esto dio cuenta la religiosa después de la muerte de la madre María de la Corona. Un año antes de su dichoso fin, la apretó tan reciamente una enfermedad de modorra que el médico la tuvo por mortal y así le mando luego dar todos los Sacramentos. Rogó que no la ungiesen y, replicándola que el médico la daba pocas horas de vida, sonriose, estilo muy ordinario en la sierva de Dios, y dijo: “Quisiera yo harto que él hubiera acertado esta vez, pero lo cierto es que yo no me muero”, y luego comenzó a mejorar. Una noche, por enero, después de maitines, visitando a una hermana suya que estaba muy enferma, diose un golpe en un cajón que allí estaba y lastimose de manera que de una sien le comenzó a correr sangre. Cubriola como pudo y visitó la enferma y volviose al coro. Antes de prima, volvió a rezar las horas con la enferma y, después, se iba al coro. Estando allí en misa, echó de ver una monja que estaba llena de sangre y muy tur- [245] bada le preguntó la causa. Dijo: “No es nada, mi alma, dime un golpe esta noche y si lo dijera, luego no me dejarán venir a despedir de Nuestro Señor”. Lleváronla luego a la cama y, en viéndola herida, el cirujano, que era penetrante y que tenía malas calidades, la desahució, habiendo hecho el aire que había recibido incurable la llaga. Alegrose mucho la santa con las buenas nuevas y comenzó a tratar de su muerte con un término tan particular como quien estaba de camino para la casa de su padre, que tal muerte reciben los santos con esta seguridad, libres de las grandes congojas de los malos. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Era tanta la opinión que de su virtud tenían las monjas que venían a negociar con ella y tratar los negocios que tenían en corte, que así lo decía la santa y las oía con tan buena gracia que, si alguna después de haberla hablado se detenía mucho, la decía: “Hija mía, ya ella ha negociado dejar llegar otra”. Sentía mucho una hermana suya la partida de la santa y, consolándola, la dijo: “Yo suplicaré al Señor que os lleve presto”. La hermana respondió: “No me querría morir agora si Nuestro Señor fuese servido”. La santa mujer replicó: “¿Ah, sí, madre? Pues preste paciencia porque ella vivirá y deseará morirse”. Cumpliose la profecía, porque vivió muchos años; después, cargada de muchas enfermedades y trabajos, repetía muchas veces el pronóstico de su hermana. Queriendo dar el viático a la madre María de la Columna, al tiempo de abrir el sagrario, se quebró la llave. Viendo que se detenían, envió a saber la causa y respondiéronla lo que se ha dicho y dijo con mucha paciencia: “Hoy que es mi día, quería el demonio estorbarme este bien, y no saldrá con ello porque podrán abrir y yo esperar”. Y así fue que abrieron y recibió los Santísimos Sacramentos con grandísima devoción y consuelo. Diole luego un dolor en un pie tan recio que, con ser grande su sufrimiento, hacía grandes lástimas. Quisieron llamar al médico y dijo: “No es menester, que yo entiendo la causa del dolor”, y, apretada, confesó que había suplicado a Dios la diese a sentir lo que en alguna de sus llagas había padecido y eso creo que es. Y así lo entendieron las monjas, porque luego se le hizo una llaga en el pie, la cual manó sangre hasta que la enterraron, que fue muchas horas después de muerta, con maravilla no solamente de las monjas sino de un gran médico, que dijo que era suceso fuera de todo el orden de la naturaleza y caso milagroso. Murió año de mil y quinientos y sesenta y cuatro, el día octavo de los Reyes. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
===Notas===&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[1]'' El condado de Castellar fue concedido por Carlos I a Juan Arias de Saavedra el 10 de noviembre de 1539.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
= Vida impresa (2)=&lt;br /&gt;
Ed. de [https://visionarias.es/equipo/veronica-torres-martin// Verónica Torres Martín]; fecha de edición: mayo de 2026.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
== Fuente ==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[[Archivo:Juan_López_1615.jpg|miniatura|250px|right| Juan López, 1615. ''Quarta parte de la historia general de Santo Domingo, y de su orden de predicadores''. Valladolid: Francisco Fernández de Córdoba. (Fuente: Imagen propiedad de la Universidad Complutense de Madrid. CC BY 4.0 [Digitalizado por Google]).]]&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
* [http://catalogodesantasvivas.visionarias.es/index.php/Categor%C3%ADa:Juan_López López, Juan], 1615. “Libro primero de la quarta parte de la historia de Santo Domingo y de su orden”, ''Quarta parte de la historia general de Santo Domingo, y de su orden de predicadores''. Valladolid: Francisco Fernández de Córdoba, 136-137.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[[Contexto material del impreso Quarta parte de la historia general de Santo Domingo, y de su orden de predicadores]]''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
== Criterios de edición ==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Se han adoptado los criterios de edición de vidas impresas estipulados en el catálogo, esto es, se han eliminado las consonantes geminadas y se ha modernizado la ortografía (sibilantes, b/u/v, j/g, chr/cr, qu/cu, empleo de h, etc.). Se mantiene el uso del paréntesis para indicar observaciones digresivas según el original. Además, se han ajustado a los criterios actuales del español la unión y separación de palabras (“desta”, “deste”, etc.), el uso de mayúsculas y minúsculas, la acentuación y la puntuación. Asimismo, se han expandido las abreviaturas y se han subsanado los casos de laísmo. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==Vida de María de la Corona==&lt;/div&gt;</summary>
		<author><name>Anaritasoares</name></author>	</entry>

	<entry>
		<id>http://catalogodesantasvivas.visionarias.es/index.php?title=Mar%C3%ADa_de_la_Corona&amp;diff=712795</id>
		<title>María de la Corona</title>
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				<updated>2026-05-13T10:37:53Z</updated>
		
		<summary type="html">&lt;p&gt;Anaritasoares: /* Vida impresa */&lt;/p&gt;
&lt;hr /&gt;
&lt;div&gt;[[Category:Santas_Dominicas]]&lt;br /&gt;
[[Category:Sevilla]]&lt;br /&gt;
[[Category:Juan_López]]&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[[Archivo:Logo CSV letras(4) DianaSanmartin.jpg|derecha|María de la Corona|link=]]&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
{| class=&amp;quot;wikitable&amp;quot;&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Nombre || María de la Corona&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Orden || [http://catalogodesantasvivas.visionarias.es/index.php/Categor%C3%ADa:Santas_Dominicas Dominicas]&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Títulos || Priora del monasterio de la Madre de Dios de Sevilla&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Fecha de nacimiento || Finales del Siglo XV - principios del XVI&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Fecha de fallecimiento|| 1564&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Lugar de nacimiento || [http://catalogodesantasvivas.visionarias.es/index.php/Categor%C3%ADa:Sevilla ¿Sevilla?]&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Lugar de fallecimiento|| [http://catalogodesantasvivas.visionarias.es/index.php/Categor%C3%ADa:Sevilla Sevilla]&lt;br /&gt;
|}&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
= Vida impresa (1)=&lt;br /&gt;
Ed. de [http://visionarias.es/equipo/barbara-arango-serrano// Bárbara Arango Serrano] y [http://visionarias.es/equipo/borja-gama-de-cossio// Borja Gama de Cossío]; fecha de edición: octubre de 2023.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
== Fuente ==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[[Archivo:Juan_López,_1613,_Tercera_parte_historia_general_santo_domingo.jpg|miniatura|250px|right| Juan López, 1613. ''Tercera parte de la historia general de Santo Domingo, y de su orden de predicadores''. Valladolid: Francisco Fernández de Córdoba. (Fuente: Imagen propiedad de la Universidad Complutense de Madrid. CC BY 4.0 [Digitalizado por Google])]]&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
* [http://catalogodesantasvivas.visionarias.es/index.php/Categor%C3%ADa:Juan_López López, Juan], 1613. “Libro tercero de la tercera parte de la historia general de Santo Domingo”, ''Tercera parte de la historia general de Santo Domingo, y de su orden de predicadores''. Valladolid: Francisco Fernández de Córdoba, 242-245.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[[Contexto material del impreso Tercera parte de la historia general de Santo Domingo, y de su orden de predicadores]]''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
== Criterios de edición ==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Esta crónica está escrita por Juan López, obispo en la ciudad italiana de Monopoli. En la tercera parte se incluye la vida de santos de la orden, se aborda la fundación de los diferentes conventos en los dos primeros siglos de los dominicos en Castilla y se añade la vida de destacadas religiosas, aunque se hace referencia también a las religiosas que viven en las fundaciones hasta la publicación de la crónica en los conventos fundados. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Aquí nos encargamos de las religiosas que viven en los siglos XV-XVI cuyo foco de actuación es anterior a 1560 (aunque mueran después de esta fecha), es decir, antes del auge de Santa Teresa. Se adoptan los criterios de edición de vidas impresas estipulados en el Catálogo: se moderniza la ortografía (b/u/v, j/g, chr/cr, qu/cu, empleo de h, etc.) y se eliminan las consonantes geminadas. Además, se expanden las abreviaturas, aunque algunas como N. S. (Nuestro Señor) o N. P. S. (Nuestro Padre Santo) se respetan en el texto. El uso de mayúsculas y minúsculas se moderniza y se adaptan las normas acentuales a sus usos actuales. Finalmente, se moderniza también la puntuación, la acentuación y el uso de aglomerados.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==Vida de María de la Corona==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[242]&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Capítulo XXIII'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''De soror María de la Corona, gran sierva de Dios y de la santidad'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[…]&lt;br /&gt;
Otra madre que murió más vecina a estos tiempos fue de las más prodigiosas que en ellos se han visto. Aunque el olvido ha nacido del poco cuidado que las religiosas de esta casa han tenido en publicar las cosas memorables de sus hermanas. Ha sido singular el cuidado de señalarse en virtud, olvidadas de todo lo que era reducirlas al conocimiento de los presentes o memoria de los venideros. La que hay en esta casa de sus virtudes es muy admirable y la opinión que de ellas se ha conservado. Acompañó el lustre de su nobleza con gran demostración de santidad. Fue hija de Hernando Arias de Saavedra, señor de la villa del Viso y hermana de don Juan de Saavedra, primer conde del Castellar ''[1]''. Llamábase doña Blanca de Guzmán; siendo de cinco o seis años, se salió de casa de su padre, como si en aquella edad pudiera haber oído el ejemplo que de la bienaventurada Santa Catalina de Siena dicen las historias que, de esa edad o poco más, dejó la casa de sus padres y partió de Sena con pensamientos, aunque de niña, muy grandes, de hacer vida y acabarla en los desiertos. Con este intento salió doña Blanca de casa de sus padres en tan tierna edad que se le antojó que, con un pan solo, podía hacer su jornada. Andando en su busca, la hallaron y, queriendo saber adónde encaminaba sus pensamientos, respondió que al desierto. Eran sus padres cristianos, por cuya cuenta corre el ayudar las santas inclinaciones de los hijos (cosa que no todos aciertan a hacer, queriendo más presto encaminar los hijos a las cosas de su gusto que del servicio de Dios). Y, viendo las que en esta jornada había descubierto doña Blanca y la instancia que hacía la niña en tomar otra manera de vivir, hiciéronla monja en esta casa y tomó por nombre soror María de la Corona, que lo fue de todo su linaje, acompañando la nobleza con gran santidad. Fue maravillosa su vida. Desde aquella edad, era la primera en todos los ejercicios de mortificación y humildad, la que con más cuidado servía a las enfermas, la que con más puntualidad y llaneza acudía a la cocina y a los oficios más viles que hay en [243] los monasterios, no teniendo por tales los que se hacen en la casa de Dios, donde el servir es reinar, y lo que parece vileza es más grandeza que aquella que los mundanos tienen en mucho. Era dulce de su condición natural que, en las comunidades, hace a los religiosos muy amables. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Su penitencia parecía increíble. Nunca tuvo cama, sino una por cumplimiento. Antes de maitines, se arrimaba a ella un rato y después de maitines no salía del coro. Ayunaba siempre y la comida era de manera que el semblante era de mujer que se regalaba. Vivía atenta a no comer cosas que la diesen gusto; que si alguna vez la daban algo que fuese bueno, lo mezclaba con ceniza o con agua de manera que le supiese mal. Hacía esto con tanta disimulación que apenas lo echaban de ver las religiosas que estaban a su lado en el refitorio. Una noche de la Navidad, deseaba mucho sentir el frío que imaginaba que el Señor habría tenido la noche que nació en el desabrigo del portal de Belén, puesto en un pesebre y envuelto en unas pobres mantillas. Pareciole que sería buen medio para saber por experiencia algo de lo mucho que habría sentido el Niño irse a una pila de agua donde estuvo un grande rato desnuda. No faltaron testigos que la vieron y, aunque no se conoció en particular quién fuese la monja que hizo tan extraordinario ensayo, siempre se tuvo por suyo, y el temblor con que estuvo en maitines dio muestras de lo que había pasado, oyéndole juntamente con esto decir muchas veces: “Señor mío, niño recién nacido, ¿quién supiese qué frío sentistes con tanto desabrigo pasado en tan riguroso tiempo?”. Estas y otras cosas semejantes son de las que se han de maravillar los hombres que, si algunas de ellas no se han de condenar por demasías, se ha de creer que las hicieron con inspiración particular del Espíritu Santo, y que no se deben ni pueden traer en consecuencia, que será hierro manifiesto arrojarse a algunas cosas de esta calidad. Sus disciplinas eran muy ordinarias y tan rigurosas que sucedió algunas veces alzarla el escapulario sin que lo sintiese y verle el corpiño señalado de la sangre. De muchas de las cosas de la sierva de Dios se tiene poca noticia, pero de una se conserva la memoria perpetuamente, que pasó en esta manera: enterrose un caballero en esta casa y, entretanto que no se cumplía con la limosna de las misas y de la sepultura, un capellán suyo, por haber los curadores de los hijos del difunto llevado toda la hacienda a su casa, se determinó de dar en resguardo una prenda y fue que, en una capilla de la casa, había quedado una imagen de Nuestra Señora, pero desnuda, que aquellos a cuyo cargo estaba la hacienda no dejaron ni aun estaca en pared, como dicen. Este rico tesoro llevaron al monasterio envuelto en unos manteles del altar. Vino la imagen y la sacristana la tomó del torno y la encerró en un cajón de la sacristía sin que persona lo supiese, y, en sueños, vio la madre María de la Corona la imagen que la decía: “¿Por qué me dejas encerrada en este cajón? Que, aunque estoy con esta pobreza, soy la Madre de Dios”. Por la mañana, se fue a la sacristana y pidió que le diese una imagen que tenía encerrada en un cajón de la sacristía. Hízole maravilla la demanda, por ser el caso secreto, que no le había comunicado con nadie, y no quería confesar lo que había sucedido. La madre hizo instancia en que le diese la imagen que tenía, y la dio las señas del rostro y vestido. Porfió la sacristana, asegurando que no abriría el cajón si primero no le decía cómo había sabido un caso tan secreto. Con el deseo de ver la santa imagen, la reveló el sueño y, por decir mejor la revelación, abrazose con ella y llevola a casa de novicias, que era maestra de las nuevas que allí se criaban. Púsole un altar lo mejor que pudo, que pobreza de aquel tiempo no dio lugar a mucha grandeza. Estaba en una mesilla de cadena que- [244] brada y atada con un cordel. Sucedió que, dentro de tres o cuatro días, una niña novicia volvió acaso el rostro a la imagen y comenzó a gritar: “Madre maestra, que se desciende Nuestra Señora”. Levantose la sierva de Dios y, pareciéndole lo mismo, abrazose con la imagen, y, en levantándola de la mesa, se quebró. Este caso fue principio para que la imagen se comenzase a tener en grandísima veneración y con esta se conserva en la capilla del Santísimo Sacramento que está en el coro bajo, y se han visto muchos milagros, sacándola en procesión en ocasiones que se han ofrecido. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Una cosa muy singular se cuenta de esta sierva de Dios, que causó mucha admiración en las monjas, y fue que a cualquiera persona que encontrase, fuese la que fuese, la hacía una inclinación con grandísima humildad y reverencia. Y, preguntándole la causa, respondía: “Si este respeto debemos a cualquiera imagen de santo, cuánto más se debe al ángel de la guarda que sabemos que está con cualquiera cristiano”. Era piadosísima, y todos los trabajos y enfermedades de sus hermanas eran de grandísima lástima para ella. Con solo su cuerpo era tan rigurosa que jamás le dio una hora de descanso. Con todo eso, siempre andaba alegre, que es lo que del bienaventurado Santo Domingo se escribe, que el testimonio de la buena conciencia, que causa una gran serenidad en el alma, envía rayos al rostro y representación alegre con una religiosa modestia. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Siendo priora, mandó por obediencia a una monja lega que los viernes después de maitines se fuese con ella a un lugar muy apartado y la atase a una columna que allí estaba, y la azotase con un cordel mojado que tenía para esto. Continuose este ejercicio algunos viernes y uno, la pobre religiosa lega se cayó desmayada, que no fuera mucho caerse muerta, viéndose obligada a hacer una rigurosa carnicería en una monja noble, delicada, santa, y que era fuerza hacer este oficio en lugar y tiempo que aún los hombres animosos tienen miedo. Pensar la súbdita que había de hacer justicia de su perlada, y la que nació de los terrones de la que era señora, pudiera acabar la vida; no murió, pero quedó sin aliento y espíritu y, la madre María de la Corona, congojadísima, pensando que viéndose atada y desnuda la hallarían las religiosas en aquel estado, cosa que por muchos y buenos respetos ella no quisiera por todo cuanto había en el mundo. Fatigada con esta pena, suplicaba al Señor se sirviese de volver a su compañera los sentidos. Cumpliose su deseo, desatola, suplicándola que no la hiciese ejecutora de aquella justicia, que sería ponerla en nuevo riesgo y en nuevo peligro, obligándola a hacer una cosa tan fuera de razón. Viendo la superiora que era muy grande la que decía, puso fin a lo que había comenzado. De todo esto dio cuenta la religiosa después de la muerte de la madre María de la Corona. Un año antes de su dichoso fin, la apretó tan reciamente una enfermedad de modorra que el médico la tuvo por mortal y así le mando luego dar todos los Sacramentos. Rogó que no la ungiesen y, replicándola que el médico la daba pocas horas de vida, sonriose, estilo muy ordinario en la sierva de Dios, y dijo: “Quisiera yo harto que él hubiera acertado esta vez, pero lo cierto es que yo no me muero”, y luego comenzó a mejorar. Una noche, por enero, después de maitines, visitando a una hermana suya que estaba muy enferma, diose un golpe en un cajón que allí estaba y lastimose de manera que de una sien le comenzó a correr sangre. Cubriola como pudo y visitó la enferma y volviose al coro. Antes de prima, volvió a rezar las horas con la enferma y, después, se iba al coro. Estando allí en misa, echó de ver una monja que estaba llena de sangre y muy tur- [245] bada le preguntó la causa. Dijo: “No es nada, mi alma, dime un golpe esta noche y si lo dijera, luego no me dejarán venir a despedir de Nuestro Señor”. Lleváronla luego a la cama y, en viéndola herida, el cirujano, que era penetrante y que tenía malas calidades, la desahució, habiendo hecho el aire que había recibido incurable la llaga. Alegrose mucho la santa con las buenas nuevas y comenzó a tratar de su muerte con un término tan particular como quien estaba de camino para la casa de su padre, que tal muerte reciben los santos con esta seguridad, libres de las grandes congojas de los malos. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Era tanta la opinión que de su virtud tenían las monjas que venían a negociar con ella y tratar los negocios que tenían en corte, que así lo decía la santa y las oía con tan buena gracia que, si alguna después de haberla hablado se detenía mucho, la decía: “Hija mía, ya ella ha negociado dejar llegar otra”. Sentía mucho una hermana suya la partida de la santa y, consolándola, la dijo: “Yo suplicaré al Señor que os lleve presto”. La hermana respondió: “No me querría morir agora si Nuestro Señor fuese servido”. La santa mujer replicó: “¿Ah, sí, madre? Pues preste paciencia porque ella vivirá y deseará morirse”. Cumpliose la profecía, porque vivió muchos años; después, cargada de muchas enfermedades y trabajos, repetía muchas veces el pronóstico de su hermana. Queriendo dar el viático a la madre María de la Columna, al tiempo de abrir el sagrario, se quebró la llave. Viendo que se detenían, envió a saber la causa y respondiéronla lo que se ha dicho y dijo con mucha paciencia: “Hoy que es mi día, quería el demonio estorbarme este bien, y no saldrá con ello porque podrán abrir y yo esperar”. Y así fue que abrieron y recibió los Santísimos Sacramentos con grandísima devoción y consuelo. Diole luego un dolor en un pie tan recio que, con ser grande su sufrimiento, hacía grandes lástimas. Quisieron llamar al médico y dijo: “No es menester, que yo entiendo la causa del dolor”, y, apretada, confesó que había suplicado a Dios la diese a sentir lo que en alguna de sus llagas había padecido y eso creo que es. Y así lo entendieron las monjas, porque luego se le hizo una llaga en el pie, la cual manó sangre hasta que la enterraron, que fue muchas horas después de muerta, con maravilla no solamente de las monjas sino de un gran médico, que dijo que era suceso fuera de todo el orden de la naturaleza y caso milagroso. Murió año de mil y quinientos y sesenta y cuatro, el día octavo de los Reyes. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
===Notas===&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[1]'' El condado de Castellar fue concedido por Carlos I a Juan Arias de Saavedra el 10 de noviembre de 1539.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
= Vida impresa=&lt;br /&gt;
Ed. de [https://visionarias.es/equipo/veronica-torres-martin// Verónica Torres Martín]; fecha de edición: mayo de 2026.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
== Fuente ==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[[Archivo:Juan_López_1615.jpg|miniatura|250px|right| Juan López, 1615. ''Quarta parte de la historia general de Santo Domingo, y de su orden de predicadores''. Valladolid: Francisco Fernández de Córdoba. (Fuente: Imagen propiedad de la Universidad Complutense de Madrid. CC BY 4.0 [Digitalizado por Google]).]]&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
* [http://catalogodesantasvivas.visionarias.es/index.php/Categor%C3%ADa:Juan_López López, Juan], 1615. “Libro primero de la quarta parte de la historia de Santo Domingo y de su orden”, ''Quarta parte de la historia general de Santo Domingo, y de su orden de predicadores''. Valladolid: Francisco Fernández de Córdoba, 136-137.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[[Contexto material del impreso Quarta parte de la historia general de Santo Domingo, y de su orden de predicadores]]''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
== Criterios de edición ==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Se han adoptado los criterios de edición de vidas impresas estipulados en el catálogo, esto es, se han eliminado las consonantes geminadas y se ha modernizado la ortografía (sibilantes, b/u/v, j/g, chr/cr, qu/cu, empleo de h, etc.). Se mantiene el uso del paréntesis para indicar observaciones digresivas según el original. Además, se han ajustado a los criterios actuales del español la unión y separación de palabras (“desta”, “deste”, etc.), el uso de mayúsculas y minúsculas, la acentuación y la puntuación. Asimismo, se han expandido las abreviaturas y se han subsanado los casos de laísmo. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==Vida de María de la Corona==&lt;/div&gt;</summary>
		<author><name>Anaritasoares</name></author>	</entry>

	<entry>
		<id>http://catalogodesantasvivas.visionarias.es/index.php?title=Mar%C3%ADa_de_la_Corona&amp;diff=712794</id>
		<title>María de la Corona</title>
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				<updated>2026-05-13T10:37:42Z</updated>
		
		<summary type="html">&lt;p&gt;Anaritasoares: /* Vida impresa */&lt;/p&gt;
&lt;hr /&gt;
&lt;div&gt;[[Category:Santas_Dominicas]]&lt;br /&gt;
[[Category:Sevilla]]&lt;br /&gt;
[[Category:Juan_López]]&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[[Archivo:Logo CSV letras(4) DianaSanmartin.jpg|derecha|María de la Corona|link=]]&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
{| class=&amp;quot;wikitable&amp;quot;&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Nombre || María de la Corona&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Orden || [http://catalogodesantasvivas.visionarias.es/index.php/Categor%C3%ADa:Santas_Dominicas Dominicas]&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Títulos || Priora del monasterio de la Madre de Dios de Sevilla&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Fecha de nacimiento || Finales del Siglo XV - principios del XVI&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Fecha de fallecimiento|| 1564&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Lugar de nacimiento || [http://catalogodesantasvivas.visionarias.es/index.php/Categor%C3%ADa:Sevilla ¿Sevilla?]&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Lugar de fallecimiento|| [http://catalogodesantasvivas.visionarias.es/index.php/Categor%C3%ADa:Sevilla Sevilla]&lt;br /&gt;
|}&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
= Vida impresa=&lt;br /&gt;
Ed. de [http://visionarias.es/equipo/barbara-arango-serrano// Bárbara Arango Serrano] y [http://visionarias.es/equipo/borja-gama-de-cossio// Borja Gama de Cossío]; fecha de edición: octubre de 2023.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
== Fuente ==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[[Archivo:Juan_López,_1613,_Tercera_parte_historia_general_santo_domingo.jpg|miniatura|250px|right| Juan López, 1613. ''Tercera parte de la historia general de Santo Domingo, y de su orden de predicadores''. Valladolid: Francisco Fernández de Córdoba. (Fuente: Imagen propiedad de la Universidad Complutense de Madrid. CC BY 4.0 [Digitalizado por Google])]]&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
* [http://catalogodesantasvivas.visionarias.es/index.php/Categor%C3%ADa:Juan_López López, Juan], 1613. “Libro tercero de la tercera parte de la historia general de Santo Domingo”, ''Tercera parte de la historia general de Santo Domingo, y de su orden de predicadores''. Valladolid: Francisco Fernández de Córdoba, 242-245.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[[Contexto material del impreso Tercera parte de la historia general de Santo Domingo, y de su orden de predicadores]]''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
== Criterios de edición ==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Esta crónica está escrita por Juan López, obispo en la ciudad italiana de Monopoli. En la tercera parte se incluye la vida de santos de la orden, se aborda la fundación de los diferentes conventos en los dos primeros siglos de los dominicos en Castilla y se añade la vida de destacadas religiosas, aunque se hace referencia también a las religiosas que viven en las fundaciones hasta la publicación de la crónica en los conventos fundados. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Aquí nos encargamos de las religiosas que viven en los siglos XV-XVI cuyo foco de actuación es anterior a 1560 (aunque mueran después de esta fecha), es decir, antes del auge de Santa Teresa. Se adoptan los criterios de edición de vidas impresas estipulados en el Catálogo: se moderniza la ortografía (b/u/v, j/g, chr/cr, qu/cu, empleo de h, etc.) y se eliminan las consonantes geminadas. Además, se expanden las abreviaturas, aunque algunas como N. S. (Nuestro Señor) o N. P. S. (Nuestro Padre Santo) se respetan en el texto. El uso de mayúsculas y minúsculas se moderniza y se adaptan las normas acentuales a sus usos actuales. Finalmente, se moderniza también la puntuación, la acentuación y el uso de aglomerados.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==Vida de María de la Corona==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[242]&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Capítulo XXIII'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''De soror María de la Corona, gran sierva de Dios y de la santidad'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[…]&lt;br /&gt;
Otra madre que murió más vecina a estos tiempos fue de las más prodigiosas que en ellos se han visto. Aunque el olvido ha nacido del poco cuidado que las religiosas de esta casa han tenido en publicar las cosas memorables de sus hermanas. Ha sido singular el cuidado de señalarse en virtud, olvidadas de todo lo que era reducirlas al conocimiento de los presentes o memoria de los venideros. La que hay en esta casa de sus virtudes es muy admirable y la opinión que de ellas se ha conservado. Acompañó el lustre de su nobleza con gran demostración de santidad. Fue hija de Hernando Arias de Saavedra, señor de la villa del Viso y hermana de don Juan de Saavedra, primer conde del Castellar ''[1]''. Llamábase doña Blanca de Guzmán; siendo de cinco o seis años, se salió de casa de su padre, como si en aquella edad pudiera haber oído el ejemplo que de la bienaventurada Santa Catalina de Siena dicen las historias que, de esa edad o poco más, dejó la casa de sus padres y partió de Sena con pensamientos, aunque de niña, muy grandes, de hacer vida y acabarla en los desiertos. Con este intento salió doña Blanca de casa de sus padres en tan tierna edad que se le antojó que, con un pan solo, podía hacer su jornada. Andando en su busca, la hallaron y, queriendo saber adónde encaminaba sus pensamientos, respondió que al desierto. Eran sus padres cristianos, por cuya cuenta corre el ayudar las santas inclinaciones de los hijos (cosa que no todos aciertan a hacer, queriendo más presto encaminar los hijos a las cosas de su gusto que del servicio de Dios). Y, viendo las que en esta jornada había descubierto doña Blanca y la instancia que hacía la niña en tomar otra manera de vivir, hiciéronla monja en esta casa y tomó por nombre soror María de la Corona, que lo fue de todo su linaje, acompañando la nobleza con gran santidad. Fue maravillosa su vida. Desde aquella edad, era la primera en todos los ejercicios de mortificación y humildad, la que con más cuidado servía a las enfermas, la que con más puntualidad y llaneza acudía a la cocina y a los oficios más viles que hay en [243] los monasterios, no teniendo por tales los que se hacen en la casa de Dios, donde el servir es reinar, y lo que parece vileza es más grandeza que aquella que los mundanos tienen en mucho. Era dulce de su condición natural que, en las comunidades, hace a los religiosos muy amables. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Su penitencia parecía increíble. Nunca tuvo cama, sino una por cumplimiento. Antes de maitines, se arrimaba a ella un rato y después de maitines no salía del coro. Ayunaba siempre y la comida era de manera que el semblante era de mujer que se regalaba. Vivía atenta a no comer cosas que la diesen gusto; que si alguna vez la daban algo que fuese bueno, lo mezclaba con ceniza o con agua de manera que le supiese mal. Hacía esto con tanta disimulación que apenas lo echaban de ver las religiosas que estaban a su lado en el refitorio. Una noche de la Navidad, deseaba mucho sentir el frío que imaginaba que el Señor habría tenido la noche que nació en el desabrigo del portal de Belén, puesto en un pesebre y envuelto en unas pobres mantillas. Pareciole que sería buen medio para saber por experiencia algo de lo mucho que habría sentido el Niño irse a una pila de agua donde estuvo un grande rato desnuda. No faltaron testigos que la vieron y, aunque no se conoció en particular quién fuese la monja que hizo tan extraordinario ensayo, siempre se tuvo por suyo, y el temblor con que estuvo en maitines dio muestras de lo que había pasado, oyéndole juntamente con esto decir muchas veces: “Señor mío, niño recién nacido, ¿quién supiese qué frío sentistes con tanto desabrigo pasado en tan riguroso tiempo?”. Estas y otras cosas semejantes son de las que se han de maravillar los hombres que, si algunas de ellas no se han de condenar por demasías, se ha de creer que las hicieron con inspiración particular del Espíritu Santo, y que no se deben ni pueden traer en consecuencia, que será hierro manifiesto arrojarse a algunas cosas de esta calidad. Sus disciplinas eran muy ordinarias y tan rigurosas que sucedió algunas veces alzarla el escapulario sin que lo sintiese y verle el corpiño señalado de la sangre. De muchas de las cosas de la sierva de Dios se tiene poca noticia, pero de una se conserva la memoria perpetuamente, que pasó en esta manera: enterrose un caballero en esta casa y, entretanto que no se cumplía con la limosna de las misas y de la sepultura, un capellán suyo, por haber los curadores de los hijos del difunto llevado toda la hacienda a su casa, se determinó de dar en resguardo una prenda y fue que, en una capilla de la casa, había quedado una imagen de Nuestra Señora, pero desnuda, que aquellos a cuyo cargo estaba la hacienda no dejaron ni aun estaca en pared, como dicen. Este rico tesoro llevaron al monasterio envuelto en unos manteles del altar. Vino la imagen y la sacristana la tomó del torno y la encerró en un cajón de la sacristía sin que persona lo supiese, y, en sueños, vio la madre María de la Corona la imagen que la decía: “¿Por qué me dejas encerrada en este cajón? Que, aunque estoy con esta pobreza, soy la Madre de Dios”. Por la mañana, se fue a la sacristana y pidió que le diese una imagen que tenía encerrada en un cajón de la sacristía. Hízole maravilla la demanda, por ser el caso secreto, que no le había comunicado con nadie, y no quería confesar lo que había sucedido. La madre hizo instancia en que le diese la imagen que tenía, y la dio las señas del rostro y vestido. Porfió la sacristana, asegurando que no abriría el cajón si primero no le decía cómo había sabido un caso tan secreto. Con el deseo de ver la santa imagen, la reveló el sueño y, por decir mejor la revelación, abrazose con ella y llevola a casa de novicias, que era maestra de las nuevas que allí se criaban. Púsole un altar lo mejor que pudo, que pobreza de aquel tiempo no dio lugar a mucha grandeza. Estaba en una mesilla de cadena que- [244] brada y atada con un cordel. Sucedió que, dentro de tres o cuatro días, una niña novicia volvió acaso el rostro a la imagen y comenzó a gritar: “Madre maestra, que se desciende Nuestra Señora”. Levantose la sierva de Dios y, pareciéndole lo mismo, abrazose con la imagen, y, en levantándola de la mesa, se quebró. Este caso fue principio para que la imagen se comenzase a tener en grandísima veneración y con esta se conserva en la capilla del Santísimo Sacramento que está en el coro bajo, y se han visto muchos milagros, sacándola en procesión en ocasiones que se han ofrecido. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Una cosa muy singular se cuenta de esta sierva de Dios, que causó mucha admiración en las monjas, y fue que a cualquiera persona que encontrase, fuese la que fuese, la hacía una inclinación con grandísima humildad y reverencia. Y, preguntándole la causa, respondía: “Si este respeto debemos a cualquiera imagen de santo, cuánto más se debe al ángel de la guarda que sabemos que está con cualquiera cristiano”. Era piadosísima, y todos los trabajos y enfermedades de sus hermanas eran de grandísima lástima para ella. Con solo su cuerpo era tan rigurosa que jamás le dio una hora de descanso. Con todo eso, siempre andaba alegre, que es lo que del bienaventurado Santo Domingo se escribe, que el testimonio de la buena conciencia, que causa una gran serenidad en el alma, envía rayos al rostro y representación alegre con una religiosa modestia. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Siendo priora, mandó por obediencia a una monja lega que los viernes después de maitines se fuese con ella a un lugar muy apartado y la atase a una columna que allí estaba, y la azotase con un cordel mojado que tenía para esto. Continuose este ejercicio algunos viernes y uno, la pobre religiosa lega se cayó desmayada, que no fuera mucho caerse muerta, viéndose obligada a hacer una rigurosa carnicería en una monja noble, delicada, santa, y que era fuerza hacer este oficio en lugar y tiempo que aún los hombres animosos tienen miedo. Pensar la súbdita que había de hacer justicia de su perlada, y la que nació de los terrones de la que era señora, pudiera acabar la vida; no murió, pero quedó sin aliento y espíritu y, la madre María de la Corona, congojadísima, pensando que viéndose atada y desnuda la hallarían las religiosas en aquel estado, cosa que por muchos y buenos respetos ella no quisiera por todo cuanto había en el mundo. Fatigada con esta pena, suplicaba al Señor se sirviese de volver a su compañera los sentidos. Cumpliose su deseo, desatola, suplicándola que no la hiciese ejecutora de aquella justicia, que sería ponerla en nuevo riesgo y en nuevo peligro, obligándola a hacer una cosa tan fuera de razón. Viendo la superiora que era muy grande la que decía, puso fin a lo que había comenzado. De todo esto dio cuenta la religiosa después de la muerte de la madre María de la Corona. Un año antes de su dichoso fin, la apretó tan reciamente una enfermedad de modorra que el médico la tuvo por mortal y así le mando luego dar todos los Sacramentos. Rogó que no la ungiesen y, replicándola que el médico la daba pocas horas de vida, sonriose, estilo muy ordinario en la sierva de Dios, y dijo: “Quisiera yo harto que él hubiera acertado esta vez, pero lo cierto es que yo no me muero”, y luego comenzó a mejorar. Una noche, por enero, después de maitines, visitando a una hermana suya que estaba muy enferma, diose un golpe en un cajón que allí estaba y lastimose de manera que de una sien le comenzó a correr sangre. Cubriola como pudo y visitó la enferma y volviose al coro. Antes de prima, volvió a rezar las horas con la enferma y, después, se iba al coro. Estando allí en misa, echó de ver una monja que estaba llena de sangre y muy tur- [245] bada le preguntó la causa. Dijo: “No es nada, mi alma, dime un golpe esta noche y si lo dijera, luego no me dejarán venir a despedir de Nuestro Señor”. Lleváronla luego a la cama y, en viéndola herida, el cirujano, que era penetrante y que tenía malas calidades, la desahució, habiendo hecho el aire que había recibido incurable la llaga. Alegrose mucho la santa con las buenas nuevas y comenzó a tratar de su muerte con un término tan particular como quien estaba de camino para la casa de su padre, que tal muerte reciben los santos con esta seguridad, libres de las grandes congojas de los malos. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Era tanta la opinión que de su virtud tenían las monjas que venían a negociar con ella y tratar los negocios que tenían en corte, que así lo decía la santa y las oía con tan buena gracia que, si alguna después de haberla hablado se detenía mucho, la decía: “Hija mía, ya ella ha negociado dejar llegar otra”. Sentía mucho una hermana suya la partida de la santa y, consolándola, la dijo: “Yo suplicaré al Señor que os lleve presto”. La hermana respondió: “No me querría morir agora si Nuestro Señor fuese servido”. La santa mujer replicó: “¿Ah, sí, madre? Pues preste paciencia porque ella vivirá y deseará morirse”. Cumpliose la profecía, porque vivió muchos años; después, cargada de muchas enfermedades y trabajos, repetía muchas veces el pronóstico de su hermana. Queriendo dar el viático a la madre María de la Columna, al tiempo de abrir el sagrario, se quebró la llave. Viendo que se detenían, envió a saber la causa y respondiéronla lo que se ha dicho y dijo con mucha paciencia: “Hoy que es mi día, quería el demonio estorbarme este bien, y no saldrá con ello porque podrán abrir y yo esperar”. Y así fue que abrieron y recibió los Santísimos Sacramentos con grandísima devoción y consuelo. Diole luego un dolor en un pie tan recio que, con ser grande su sufrimiento, hacía grandes lástimas. Quisieron llamar al médico y dijo: “No es menester, que yo entiendo la causa del dolor”, y, apretada, confesó que había suplicado a Dios la diese a sentir lo que en alguna de sus llagas había padecido y eso creo que es. Y así lo entendieron las monjas, porque luego se le hizo una llaga en el pie, la cual manó sangre hasta que la enterraron, que fue muchas horas después de muerta, con maravilla no solamente de las monjas sino de un gran médico, que dijo que era suceso fuera de todo el orden de la naturaleza y caso milagroso. Murió año de mil y quinientos y sesenta y cuatro, el día octavo de los Reyes. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
===Notas===&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[1]'' El condado de Castellar fue concedido por Carlos I a Juan Arias de Saavedra el 10 de noviembre de 1539.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
= Vida impresa=&lt;br /&gt;
Ed. de [https://visionarias.es/equipo/veronica-torres-martin// Verónica Torres Martín]; fecha de edición: mayo de 2026.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
== Fuente ==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[[Archivo:Juan_López_1615.jpg|miniatura|250px|right| Juan López, 1615. ''Quarta parte de la historia general de Santo Domingo, y de su orden de predicadores''. Valladolid: Francisco Fernández de Córdoba. (Fuente: Imagen propiedad de la Universidad Complutense de Madrid. CC BY 4.0 [Digitalizado por Google]).]]&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
* [http://catalogodesantasvivas.visionarias.es/index.php/Categor%C3%ADa:Juan_López López, Juan], 1615. “Libro primero de la quarta parte de la historia de Santo Domingo y de su orden”, ''Quarta parte de la historia general de Santo Domingo, y de su orden de predicadores''. Valladolid: Francisco Fernández de Córdoba, 136-137.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[[Contexto material del impreso Quarta parte de la historia general de Santo Domingo, y de su orden de predicadores]]''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
== Criterios de edición ==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Se han adoptado los criterios de edición de vidas impresas estipulados en el catálogo, esto es, se han eliminado las consonantes geminadas y se ha modernizado la ortografía (sibilantes, b/u/v, j/g, chr/cr, qu/cu, empleo de h, etc.). Se mantiene el uso del paréntesis para indicar observaciones digresivas según el original. Además, se han ajustado a los criterios actuales del español la unión y separación de palabras (“desta”, “deste”, etc.), el uso de mayúsculas y minúsculas, la acentuación y la puntuación. Asimismo, se han expandido las abreviaturas y se han subsanado los casos de laísmo. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==Vida de María de la Corona==&lt;/div&gt;</summary>
		<author><name>Anaritasoares</name></author>	</entry>

	<entry>
		<id>http://catalogodesantasvivas.visionarias.es/index.php?title=Mar%C3%ADa_de_la_Corona&amp;diff=712793</id>
		<title>María de la Corona</title>
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				<updated>2026-05-13T10:37:00Z</updated>
		
		<summary type="html">&lt;p&gt;Anaritasoares: &lt;/p&gt;
&lt;hr /&gt;
&lt;div&gt;[[Category:Santas_Dominicas]]&lt;br /&gt;
[[Category:Sevilla]]&lt;br /&gt;
[[Category:Juan_López]]&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[[Archivo:Logo CSV letras(4) DianaSanmartin.jpg|derecha|María de la Corona|link=]]&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
{| class=&amp;quot;wikitable&amp;quot;&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Nombre || María de la Corona&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Orden || [http://catalogodesantasvivas.visionarias.es/index.php/Categor%C3%ADa:Santas_Dominicas Dominicas]&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Títulos || Priora del monasterio de la Madre de Dios de Sevilla&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Fecha de nacimiento || Finales del Siglo XV - principios del XVI&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Fecha de fallecimiento|| 1564&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Lugar de nacimiento || [http://catalogodesantasvivas.visionarias.es/index.php/Categor%C3%ADa:Sevilla ¿Sevilla?]&lt;br /&gt;
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| Lugar de fallecimiento|| [http://catalogodesantasvivas.visionarias.es/index.php/Categor%C3%ADa:Sevilla Sevilla]&lt;br /&gt;
|}&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
= Vida impresa=&lt;br /&gt;
Ed. de [http://visionarias.es/equipo/barbara-arango-serrano// Bárbara Arango Serrano] y [http://visionarias.es/equipo/borja-gama-de-cossio// Borja Gama de Cossío]; fecha de edición: octubre de 2023.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
== Fuente ==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[[Archivo:Juan_López,_1613,_Tercera_parte_historia_general_santo_domingo.jpg|miniatura|250px|right| Juan López, 1613. ''Tercera parte de la historia general de Santo Domingo, y de su orden de predicadores''. Valladolid: Francisco Fernández de Córdoba. (Fuente: Imagen propiedad de la Universidad Complutense de Madrid. CC BY 4.0 [Digitalizado por Google])]]&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
* [http://catalogodesantasvivas.visionarias.es/index.php/Categor%C3%ADa:Juan_López López, Juan], 1613. “Libro tercero de la tercera parte de la historia general de Santo Domingo”, ''Tercera parte de la historia general de Santo Domingo, y de su orden de predicadores''. Valladolid: Francisco Fernández de Córdoba, 242-245.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[[Contexto material del impreso Tercera parte de la historia general de Santo Domingo, y de su orden de predicadores]]''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
== Criterios de edición ==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Esta crónica está escrita por Juan López, obispo en la ciudad italiana de Monopoli. En la tercera parte se incluye la vida de santos de la orden, se aborda la fundación de los diferentes conventos en los dos primeros siglos de los dominicos en Castilla y se añade la vida de destacadas religiosas, aunque se hace referencia también a las religiosas que viven en las fundaciones hasta la publicación de la crónica en los conventos fundados. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Aquí nos encargamos de las religiosas que viven en los siglos XV-XVI cuyo foco de actuación es anterior a 1560 (aunque mueran después de esta fecha), es decir, antes del auge de Santa Teresa. Se adoptan los criterios de edición de vidas impresas estipulados en el Catálogo: se moderniza la ortografía (b/u/v, j/g, chr/cr, qu/cu, empleo de h, etc.) y se eliminan las consonantes geminadas. Además, se expanden las abreviaturas, aunque algunas como N. S. (Nuestro Señor) o N. P. S. (Nuestro Padre Santo) se respetan en el texto. El uso de mayúsculas y minúsculas se moderniza y se adaptan las normas acentuales a sus usos actuales. Finalmente, se moderniza también la puntuación, la acentuación y el uso de aglomerados.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==Vida de María de la Corona==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[242]&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Capítulo XXIII'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''De soror María de la Corona, gran sierva de Dios y de la santidad'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[…]&lt;br /&gt;
Otra madre que murió más vecina a estos tiempos fue de las más prodigiosas que en ellos se han visto. Aunque el olvido ha nacido del poco cuidado que las religiosas de esta casa han tenido en publicar las cosas memorables de sus hermanas. Ha sido singular el cuidado de señalarse en virtud, olvidadas de todo lo que era reducirlas al conocimiento de los presentes o memoria de los venideros. La que hay en esta casa de sus virtudes es muy admirable y la opinión que de ellas se ha conservado. Acompañó el lustre de su nobleza con gran demostración de santidad. Fue hija de Hernando Arias de Saavedra, señor de la villa del Viso y hermana de don Juan de Saavedra, primer conde del Castellar ''[1]''. Llamábase doña Blanca de Guzmán; siendo de cinco o seis años, se salió de casa de su padre, como si en aquella edad pudiera haber oído el ejemplo que de la bienaventurada Santa Catalina de Siena dicen las historias que, de esa edad o poco más, dejó la casa de sus padres y partió de Sena con pensamientos, aunque de niña, muy grandes, de hacer vida y acabarla en los desiertos. Con este intento salió doña Blanca de casa de sus padres en tan tierna edad que se le antojó que, con un pan solo, podía hacer su jornada. Andando en su busca, la hallaron y, queriendo saber adónde encaminaba sus pensamientos, respondió que al desierto. Eran sus padres cristianos, por cuya cuenta corre el ayudar las santas inclinaciones de los hijos (cosa que no todos aciertan a hacer, queriendo más presto encaminar los hijos a las cosas de su gusto que del servicio de Dios). Y, viendo las que en esta jornada había descubierto doña Blanca y la instancia que hacía la niña en tomar otra manera de vivir, hiciéronla monja en esta casa y tomó por nombre soror María de la Corona, que lo fue de todo su linaje, acompañando la nobleza con gran santidad. Fue maravillosa su vida. Desde aquella edad, era la primera en todos los ejercicios de mortificación y humildad, la que con más cuidado servía a las enfermas, la que con más puntualidad y llaneza acudía a la cocina y a los oficios más viles que hay en [243] los monasterios, no teniendo por tales los que se hacen en la casa de Dios, donde el servir es reinar, y lo que parece vileza es más grandeza que aquella que los mundanos tienen en mucho. Era dulce de su condición natural que, en las comunidades, hace a los religiosos muy amables. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Su penitencia parecía increíble. Nunca tuvo cama, sino una por cumplimiento. Antes de maitines, se arrimaba a ella un rato y después de maitines no salía del coro. Ayunaba siempre y la comida era de manera que el semblante era de mujer que se regalaba. Vivía atenta a no comer cosas que la diesen gusto; que si alguna vez la daban algo que fuese bueno, lo mezclaba con ceniza o con agua de manera que le supiese mal. Hacía esto con tanta disimulación que apenas lo echaban de ver las religiosas que estaban a su lado en el refitorio. Una noche de la Navidad, deseaba mucho sentir el frío que imaginaba que el Señor habría tenido la noche que nació en el desabrigo del portal de Belén, puesto en un pesebre y envuelto en unas pobres mantillas. Pareciole que sería buen medio para saber por experiencia algo de lo mucho que habría sentido el Niño irse a una pila de agua donde estuvo un grande rato desnuda. No faltaron testigos que la vieron y, aunque no se conoció en particular quién fuese la monja que hizo tan extraordinario ensayo, siempre se tuvo por suyo, y el temblor con que estuvo en maitines dio muestras de lo que había pasado, oyéndole juntamente con esto decir muchas veces: “Señor mío, niño recién nacido, ¿quién supiese qué frío sentistes con tanto desabrigo pasado en tan riguroso tiempo?”. Estas y otras cosas semejantes son de las que se han de maravillar los hombres que, si algunas de ellas no se han de condenar por demasías, se ha de creer que las hicieron con inspiración particular del Espíritu Santo, y que no se deben ni pueden traer en consecuencia, que será hierro manifiesto arrojarse a algunas cosas de esta calidad. Sus disciplinas eran muy ordinarias y tan rigurosas que sucedió algunas veces alzarla el escapulario sin que lo sintiese y verle el corpiño señalado de la sangre. De muchas de las cosas de la sierva de Dios se tiene poca noticia, pero de una se conserva la memoria perpetuamente, que pasó en esta manera: enterrose un caballero en esta casa y, entretanto que no se cumplía con la limosna de las misas y de la sepultura, un capellán suyo, por haber los curadores de los hijos del difunto llevado toda la hacienda a su casa, se determinó de dar en resguardo una prenda y fue que, en una capilla de la casa, había quedado una imagen de Nuestra Señora, pero desnuda, que aquellos a cuyo cargo estaba la hacienda no dejaron ni aun estaca en pared, como dicen. Este rico tesoro llevaron al monasterio envuelto en unos manteles del altar. Vino la imagen y la sacristana la tomó del torno y la encerró en un cajón de la sacristía sin que persona lo supiese, y, en sueños, vio la madre María de la Corona la imagen que la decía: “¿Por qué me dejas encerrada en este cajón? Que, aunque estoy con esta pobreza, soy la Madre de Dios”. Por la mañana, se fue a la sacristana y pidió que le diese una imagen que tenía encerrada en un cajón de la sacristía. Hízole maravilla la demanda, por ser el caso secreto, que no le había comunicado con nadie, y no quería confesar lo que había sucedido. La madre hizo instancia en que le diese la imagen que tenía, y la dio las señas del rostro y vestido. Porfió la sacristana, asegurando que no abriría el cajón si primero no le decía cómo había sabido un caso tan secreto. Con el deseo de ver la santa imagen, la reveló el sueño y, por decir mejor la revelación, abrazose con ella y llevola a casa de novicias, que era maestra de las nuevas que allí se criaban. Púsole un altar lo mejor que pudo, que pobreza de aquel tiempo no dio lugar a mucha grandeza. Estaba en una mesilla de cadena que- [244] brada y atada con un cordel. Sucedió que, dentro de tres o cuatro días, una niña novicia volvió acaso el rostro a la imagen y comenzó a gritar: “Madre maestra, que se desciende Nuestra Señora”. Levantose la sierva de Dios y, pareciéndole lo mismo, abrazose con la imagen, y, en levantándola de la mesa, se quebró. Este caso fue principio para que la imagen se comenzase a tener en grandísima veneración y con esta se conserva en la capilla del Santísimo Sacramento que está en el coro bajo, y se han visto muchos milagros, sacándola en procesión en ocasiones que se han ofrecido. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Una cosa muy singular se cuenta de esta sierva de Dios, que causó mucha admiración en las monjas, y fue que a cualquiera persona que encontrase, fuese la que fuese, la hacía una inclinación con grandísima humildad y reverencia. Y, preguntándole la causa, respondía: “Si este respeto debemos a cualquiera imagen de santo, cuánto más se debe al ángel de la guarda que sabemos que está con cualquiera cristiano”. Era piadosísima, y todos los trabajos y enfermedades de sus hermanas eran de grandísima lástima para ella. Con solo su cuerpo era tan rigurosa que jamás le dio una hora de descanso. Con todo eso, siempre andaba alegre, que es lo que del bienaventurado Santo Domingo se escribe, que el testimonio de la buena conciencia, que causa una gran serenidad en el alma, envía rayos al rostro y representación alegre con una religiosa modestia. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Siendo priora, mandó por obediencia a una monja lega que los viernes después de maitines se fuese con ella a un lugar muy apartado y la atase a una columna que allí estaba, y la azotase con un cordel mojado que tenía para esto. Continuose este ejercicio algunos viernes y uno, la pobre religiosa lega se cayó desmayada, que no fuera mucho caerse muerta, viéndose obligada a hacer una rigurosa carnicería en una monja noble, delicada, santa, y que era fuerza hacer este oficio en lugar y tiempo que aún los hombres animosos tienen miedo. Pensar la súbdita que había de hacer justicia de su perlada, y la que nació de los terrones de la que era señora, pudiera acabar la vida; no murió, pero quedó sin aliento y espíritu y, la madre María de la Corona, congojadísima, pensando que viéndose atada y desnuda la hallarían las religiosas en aquel estado, cosa que por muchos y buenos respetos ella no quisiera por todo cuanto había en el mundo. Fatigada con esta pena, suplicaba al Señor se sirviese de volver a su compañera los sentidos. Cumpliose su deseo, desatola, suplicándola que no la hiciese ejecutora de aquella justicia, que sería ponerla en nuevo riesgo y en nuevo peligro, obligándola a hacer una cosa tan fuera de razón. Viendo la superiora que era muy grande la que decía, puso fin a lo que había comenzado. De todo esto dio cuenta la religiosa después de la muerte de la madre María de la Corona. Un año antes de su dichoso fin, la apretó tan reciamente una enfermedad de modorra que el médico la tuvo por mortal y así le mando luego dar todos los Sacramentos. Rogó que no la ungiesen y, replicándola que el médico la daba pocas horas de vida, sonriose, estilo muy ordinario en la sierva de Dios, y dijo: “Quisiera yo harto que él hubiera acertado esta vez, pero lo cierto es que yo no me muero”, y luego comenzó a mejorar. Una noche, por enero, después de maitines, visitando a una hermana suya que estaba muy enferma, diose un golpe en un cajón que allí estaba y lastimose de manera que de una sien le comenzó a correr sangre. Cubriola como pudo y visitó la enferma y volviose al coro. Antes de prima, volvió a rezar las horas con la enferma y, después, se iba al coro. Estando allí en misa, echó de ver una monja que estaba llena de sangre y muy tur- [245] bada le preguntó la causa. Dijo: “No es nada, mi alma, dime un golpe esta noche y si lo dijera, luego no me dejarán venir a despedir de Nuestro Señor”. Lleváronla luego a la cama y, en viéndola herida, el cirujano, que era penetrante y que tenía malas calidades, la desahució, habiendo hecho el aire que había recibido incurable la llaga. Alegrose mucho la santa con las buenas nuevas y comenzó a tratar de su muerte con un término tan particular como quien estaba de camino para la casa de su padre, que tal muerte reciben los santos con esta seguridad, libres de las grandes congojas de los malos. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Era tanta la opinión que de su virtud tenían las monjas que venían a negociar con ella y tratar los negocios que tenían en corte, que así lo decía la santa y las oía con tan buena gracia que, si alguna después de haberla hablado se detenía mucho, la decía: “Hija mía, ya ella ha negociado dejar llegar otra”. Sentía mucho una hermana suya la partida de la santa y, consolándola, la dijo: “Yo suplicaré al Señor que os lleve presto”. La hermana respondió: “No me querría morir agora si Nuestro Señor fuese servido”. La santa mujer replicó: “¿Ah, sí, madre? Pues preste paciencia porque ella vivirá y deseará morirse”. Cumpliose la profecía, porque vivió muchos años; después, cargada de muchas enfermedades y trabajos, repetía muchas veces el pronóstico de su hermana. Queriendo dar el viático a la madre María de la Columna, al tiempo de abrir el sagrario, se quebró la llave. Viendo que se detenían, envió a saber la causa y respondiéronla lo que se ha dicho y dijo con mucha paciencia: “Hoy que es mi día, quería el demonio estorbarme este bien, y no saldrá con ello porque podrán abrir y yo esperar”. Y así fue que abrieron y recibió los Santísimos Sacramentos con grandísima devoción y consuelo. Diole luego un dolor en un pie tan recio que, con ser grande su sufrimiento, hacía grandes lástimas. Quisieron llamar al médico y dijo: “No es menester, que yo entiendo la causa del dolor”, y, apretada, confesó que había suplicado a Dios la diese a sentir lo que en alguna de sus llagas había padecido y eso creo que es. Y así lo entendieron las monjas, porque luego se le hizo una llaga en el pie, la cual manó sangre hasta que la enterraron, que fue muchas horas después de muerta, con maravilla no solamente de las monjas sino de un gran médico, que dijo que era suceso fuera de todo el orden de la naturaleza y caso milagroso. Murió año de mil y quinientos y sesenta y cuatro, el día octavo de los Reyes. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
===Notas===&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[1]'' El condado de Castellar fue concedido por Carlos I a Juan Arias de Saavedra el 10 de noviembre de 1539.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
= Vida impresa=&lt;br /&gt;
Ed. de [http://visionarias.es/equipo/barbara-arango-serrano// Bárbara Arango Serrano] y [http://visionarias.es/equipo/borja-gama-de-cossio// Borja Gama de Cossío]; fecha de edición: octubre de 2023.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
== Fuente ==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[[Archivo:Juan_López_1615.jpg|miniatura|250px|right| Juan López, 1615. ''Quarta parte de la historia general de Santo Domingo, y de su orden de predicadores''. Valladolid: Francisco Fernández de Córdoba. (Fuente: Imagen propiedad de la Universidad Complutense de Madrid. CC BY 4.0 [Digitalizado por Google]).]]&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
* [http://catalogodesantasvivas.visionarias.es/index.php/Categor%C3%ADa:Juan_López López, Juan], 1613. “Libro tercero de la tercera parte de la historia general de Santo Domingo”, ''Tercera parte de la historia general de Santo Domingo, y de su orden de predicadores''. Valladolid: Francisco Fernández de Córdoba, 242-245.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[[Contexto material del impreso Tercera parte de la historia general de Santo Domingo, y de su orden de predicadores]]''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
== Criterios de edición ==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Esta crónica está escrita por Juan López, obispo en la ciudad italiana de Monopoli. En la tercera parte se incluye la vida de santos de la orden, se aborda la fundación de los diferentes conventos en los dos primeros siglos de los dominicos en Castilla y se añade la vida de destacadas religiosas, aunque se hace referencia también a las religiosas que viven en las fundaciones hasta la publicación de la crónica en los conventos fundados. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Aquí nos encargamos de las religiosas que viven en los siglos XV-XVI cuyo foco de actuación es anterior a 1560 (aunque mueran después de esta fecha), es decir, antes del auge de Santa Teresa. Se adoptan los criterios de edición de vidas impresas estipulados en el Catálogo: se moderniza la ortografía (b/u/v, j/g, chr/cr, qu/cu, empleo de h, etc.) y se eliminan las consonantes geminadas. Además, se expanden las abreviaturas, aunque algunas como N. S. (Nuestro Señor) o N. P. S. (Nuestro Padre Santo) se respetan en el texto. El uso de mayúsculas y minúsculas se moderniza y se adaptan las normas acentuales a sus usos actuales. Finalmente, se moderniza también la puntuación, la acentuación y el uso de aglomerados.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==Vida de María de la Corona==&lt;/div&gt;</summary>
		<author><name>Anaritasoares</name></author>	</entry>

	<entry>
		<id>http://catalogodesantasvivas.visionarias.es/index.php?title=Mar%C3%ADa_del_Crucifijo_(2)&amp;diff=712792</id>
		<title>María del Crucifijo (2)</title>
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				<updated>2026-05-13T10:35:54Z</updated>
		
		<summary type="html">&lt;p&gt;Anaritasoares: /* Fuente */&lt;/p&gt;
&lt;hr /&gt;
&lt;div&gt;[[Category:Santas_Dominicas]]&lt;br /&gt;
[[Category:Sevilla]]&lt;br /&gt;
[[Category:Juan_López]]&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[[Archivo:Logo CSV letras(2) DianaSanmartin.jpg|derecha|María del Crucifijo|link=]]&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
{| class=&amp;quot;wikitable&amp;quot;&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Nombre || María del Crucifijo&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Orden || [http://catalogodesantasvivas.visionarias.es/index.php/Categor%C3%ADa:Santas_Dominicas Dominicas]&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Títulos || Monja del Monasterio de Santa María de Gracia de Sevilla&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Fecha de nacimiento || ¿Finales del s. XV?&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Fecha de fallecimiento|| ¿Primera mitad del siglo XVI?&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Lugar de fallecimiento|| [http://catalogodesantasvivas.visionarias.es/index.php/Categor%C3%ADa:Sevilla Sevilla]&lt;br /&gt;
|}&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
= Vida impresa=&lt;br /&gt;
Ed. de [https://visionarias.es/equipo/veronica-torres-martin// Verónica Torres Martín]; fecha de edición: mayo de 2026.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
== Fuente ==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[[Archivo:Juan_López_1615.jpg|miniatura|250px|right| Juan López, 1615. ''Quarta parte de la historia general de Santo Domingo, y de su orden de predicadores''. Valladolid: Francisco Fernández de Córdoba. (Fuente: Imagen propiedad de la Universidad Complutense de Madrid. CC BY 4.0 [Digitalizado por Google]).]]&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
* [http://catalogodesantasvivas.visionarias.es/index.php/Categor%C3%ADa:Juan_López López, Juan], 1615. “Libro primero de la quarta parte de la historia de Santo Domingo y de su orden”, ''Quarta parte de la historia general de Santo Domingo, y de su orden de predicadores''. Valladolid: Francisco Fernández de Córdoba, 139-140.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[[Contexto material del impreso Quarta parte de la historia general de Santo Domingo, y de su orden de predicadores]]''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
== Criterios de edición ==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Se han adoptado los criterios de edición de vidas impresas estipulados en el catálogo, esto es, se han eliminado las consonantes geminadas y se ha modernizado la ortografía (sibilantes, b/u/v, j/g, chr/cr, qu/cu, empleo de h, etc.). Se mantiene el uso del paréntesis para indicar observaciones digresivas según el original. Además, se han ajustado a los criterios actuales del español la unión y separación de palabras (“desta”, “deste”, etc.), el uso de mayúsculas y minúsculas, la acentuación y la puntuación. Asimismo, se han expandido las abreviaturas. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==Vida de María del Crucifijo==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[138] '''Capítulo XLVI'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[…]&lt;br /&gt;
[139] La madre soror María del Crucifijo fue monja tan santa que se podía escribir de ella un libro entero. Fue su humildad y propio conocimiento singularísimo. Su oración era continua de día y de noche. No tenía cama en que dormir, proveyendo a la necesidad del sueño como se ofrecía la ocasión. Tenía tanto crédito en la ciudad de Sevilla esta religiosa con la voz que corría de los favores ''[1]'' que el Señor hacía por su intercesión, que era muy ordinario venirse a favorecer de sus oraciones en sus trabajos y necesidades. Teniendo experiencia [140] ''[2]'' de los buenos sucesos que por este medio tenían sus pretensiones túvose por cierto que el Señor le comunicaba espíritu de profecía, porque decía el suceso que tendrían los negocios que se le encargaban. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Muchos milagros hizo el Señor por su intercesión. En las enfermedades que tuvo fue el Señor su médico. Naciole un lobanillo en la cabeza y llegó a ser como un huevo grande, decían que no tenía otro remedio, sino abrirle. Fuese a Nuestra Señora, como solía, y una noche estando en el coro, entre otras cosas, dijo: “Señora mía, bien sabe Vuestra Majestad que hombre no ha de llegar a mi cabeza, vos me habéis de sanar”. Y en diciendo esto súbitamente se le abrió el lobanillo y se le deshizo y quedó de todo punto buena. Testigo de esto fue todo el convento, que todo él vio la enfermedad y la cura. Fue devotísima de la Virgen y, cuando acudían a pedir el socorro de sus oraciones, era devoción suya rezar nueve veces cada día el cántico de ''Magnificat'' en reverencia de la Encarnación del Hijo de Dios. Esta devoción duraba nueve días y, al cabo de ellos, mandaba decir una misa de la Anunciación (y, de ordinario, se veían por este medio milagrosos sucesos). &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Una cosa memorable sucedió en este convento y fue que trajeron a él una imagen de Nuestra Señora labrada en piedra. Alegrose mucho la sierva de Dios cuando la vio y dijo: “Señora mía, así veáis todos los infieles convertidos a la fe de vuestro Hijo, para gloria suya, que os quedéis en esta casa”. Habíase hecho para otra y, cuando eso no fuera, faltaban dineros para pagar la hechura. Trajéronla dos hombres y, cuando vinieron a llevarla, no fue posible poderla menear doce, y así, visto el milagro, la dejaron en el convento, donde ha hecho el Señor muchos por la devoción que a la santa imagen tiene la ciudad. &lt;br /&gt;
La oración de la sierva de Dios era siempre en presencia del Santísimo Sacramento. Con las ocupaciones, se le olvidó una tarde cierta devoción que solía rezar. Estaban ya cerradas y cercadas las puertas del coro, fatigose mucho, salió de su celda, encomendándose a Dios, llegó a la puerta y hallola abierta, fue al coro y rezó su devoción y, en saliendo, la puerta quedó cerrada como antes. Otro día avisó a las celadoras del descuido que habían tenido en cercar (que así lo pensaba ella). Certificáronla que la habían cerrado y que así la hallaron a la mañana. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Mandábala algunas veces la priora que echase la bendición al trigo porque la pobreza de la casa era mucha, y crecía de manera que había para todo el año. Y, si tenía gorgojo, con solo santiguarlo moría. Suplicó al Señor que su muerte fuese de manera que ni hiciese cama en la enfermería, ni la enfermedad durase más de un día, ni el médico la visitase. Y así sucedió, que un día habiendo confesado y comulgado, perdió el sentido y murió. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
===Notas===&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[1]'' Se corrige la errata “fanores”. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[2]'' Al margen izquierdo: Año de 1524.&lt;/div&gt;</summary>
		<author><name>Anaritasoares</name></author>	</entry>

	<entry>
		<id>http://catalogodesantasvivas.visionarias.es/index.php?title=Mar%C3%ADa_de_Santo_Tom%C3%A1s_(2)&amp;diff=712791</id>
		<title>María de Santo Tomás (2)</title>
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		<summary type="html">&lt;p&gt;Anaritasoares: /* Fuente */&lt;/p&gt;
&lt;hr /&gt;
&lt;div&gt;[[Category:Santas_Dominicas]]&lt;br /&gt;
[[Category:Sevilla]]&lt;br /&gt;
[[Category:Juan_López]]&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[[Archivo:Logo CSV letras(9) DianaSanmartin.jpg|derecha|María de Santo Tomás|link=]]&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
{| class=&amp;quot;wikitable&amp;quot;&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Nombre || María de Santo Tomás&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Orden || [http://catalogodesantasvivas.visionarias.es/index.php/Categor%C3%ADa:Santas_Dominicas Dominicas]&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Títulos || Monja del Monasterio de Santa María de Gracia de Sevilla&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Fecha de nacimiento || ¿Finales del s. XV?&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Fecha de fallecimiento|| ¿Primera mitad del siglo XVI?&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Lugar de fallecimiento|| [http://catalogodesantasvivas.visionarias.es/index.php/Categor%C3%ADa:Sevilla Sevilla]&lt;br /&gt;
|}&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
= Vida impresa=&lt;br /&gt;
Ed. de [https://visionarias.es/equipo/veronica-torres-martin// Verónica Torres Martín]; fecha de edición: mayo de 2026.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
== Fuente ==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[[Archivo:Juan_López_1615.jpg|miniatura|250px|right| Juan López, 1615. ''Quarta parte de la historia general de Santo Domingo, y de su orden de predicadores''. Valladolid: Francisco Fernández de Córdoba. (Fuente: Imagen propiedad de la Universidad Complutense de Madrid. CC BY 4.0 [Digitalizado por Google]).]]&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
* [http://catalogodesantasvivas.visionarias.es/index.php/Categor%C3%ADa:Juan_López López, Juan], 1615. “Libro primero de la quarta parte de la historia de Santo Domingo y de su orden”, ''Quarta parte de la historia general de Santo Domingo, y de su orden de predicadores''. Valladolid: Francisco Fernández de Córdoba, 142.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[[Contexto material del impreso Quarta parte de la historia general de Santo Domingo, y de su orden de predicadores]]''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
== Criterios de edición ==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Se han adoptado los criterios de edición de vidas impresas estipulados en el catálogo, esto es, se han eliminado las consonantes geminadas y se ha modernizado la ortografía (sibilantes, b/u/v, j/g, chr/cr, qu/cu, empleo de h, etc.). Se mantiene el uso del paréntesis para indicar observaciones digresivas según el original. Además, se han ajustado a los criterios actuales del español la unión y separación de palabras (“desta”, “deste”, etc.), el uso de mayúsculas y minúsculas, la acentuación y la puntuación. Asimismo, se han expandido las abreviaturas. Por último, se corrigen los casos de laísmo y leísmo presentes en el texto. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==Vida de María de Santo Tomás==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[138] '''Capítulo XLVI'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''De algunas otras siervas de Dios del dicho monasterio'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[…]&lt;br /&gt;
[142] Soror María de Santo Tomás fue tan gran religiosa que lo más del día y buena parte de la noche asistía en presencia del Santísimo Sacramento. Tenía don de lágrimas con que alcanzó grandes mercedes de Dios. Andaba descalza. Revelole el Señor muchas cosas particulares; una de ellas fue que hacía grandísima instancia en la oración, suplicando a la Reina del Cielo que le alcanzase de su Hijo perdón de sus pecados y buen fin y acabamiento (que es cuanto puede desear una alma). Un día le apareció la Virgen, y le dijo: “Hija, ya te he alcanzado perdón de tus pecados, aparéjate, que de aquí a cuatro meses morirás”. Y así fue. Este caso se supo por relación del maestro fray Juan de Burboa, su confesor. Estando en el tránsito de la muerte se comenzó a reír. Preguntaron el confesor y su compañero: “Madre, ¿qué es esto?”. Respondió: “Padres, reír”. Y espiró.&lt;/div&gt;</summary>
		<author><name>Anaritasoares</name></author>	</entry>

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		<title>María de Santispiritus</title>
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				<updated>2026-05-13T10:35:26Z</updated>
		
		<summary type="html">&lt;p&gt;Anaritasoares: /* Fuente */&lt;/p&gt;
&lt;hr /&gt;
&lt;div&gt;[[Category:Santas_Dominicas]]&lt;br /&gt;
[[Category:Sevilla]]&lt;br /&gt;
[[Category:Juan_López]]&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[[Archivo:Logo CSV letras(8) DianaSanmartin.jpg|derecha|María de Santispiritus|link=]]&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
{| class=&amp;quot;wikitable&amp;quot;&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Nombre || María de Santispiritus&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Orden || [http://catalogodesantasvivas.visionarias.es/index.php/Categor%C3%ADa:Santas_Dominicas Dominicas]&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Títulos || Monja del Monasterio de Santa María de Gracia de Sevilla&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Fecha de nacimiento || ¿Finales del s. XV?&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Fecha de fallecimiento|| ¿Primera mitad del siglo XVI?&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Lugar de fallecimiento|| [http://catalogodesantasvivas.visionarias.es/index.php/Categor%C3%ADa:Sevilla Sevilla]&lt;br /&gt;
|}&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
= Vida impresa=&lt;br /&gt;
Ed. de [https://visionarias.es/equipo/veronica-torres-martin// Verónica Torres Martín]; fecha de edición: mayo de 2026.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
== Fuente ==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[[Archivo:Juan_López_1615.jpg|miniatura|250px|right| Juan López, 1615. ''Quarta parte de la historia general de Santo Domingo, y de su orden de predicadores''. Valladolid: Francisco Fernández de Córdoba. (Fuente: Imagen propiedad de la Universidad Complutense de Madrid. CC BY 4.0 [Digitalizado por Google]).]]&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
* [http://catalogodesantasvivas.visionarias.es/index.php/Categor%C3%ADa:Juan_López López, Juan], 1615. “Libro primero de la quarta parte de la historia de Santo Domingo y de su orden”, ''Quarta parte de la historia general de Santo Domingo, y de su orden de predicadores''. Valladolid: Francisco Fernández de Córdoba, 143.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[[Contexto material del impreso Quarta parte de la historia general de Santo Domingo, y de su orden de predicadores]]''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
== Criterios de edición ==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Se han adoptado los criterios de edición de vidas impresas estipulados en el catálogo, esto es, se han eliminado las consonantes geminadas y se ha modernizado la ortografía (sibilantes, b/u/v, j/g, chr/cr, qu/cu, empleo de h, etc.). Se mantiene el uso del paréntesis para indicar observaciones digresivas según el original. Además, se han ajustado a los criterios actuales del español la unión y separación de palabras (“desta”, “deste”, etc.), el uso de mayúsculas y minúsculas, la acentuación y la puntuación. Asimismo, se han expandido las abreviaturas.  &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==Vida de María de Santispiritus==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[143] '''Capítulo XLVII'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Adonde se prosigue la materia del capítulo pasado'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[…]&lt;br /&gt;
La madre María de Santispiritus, mujer muy noble, fue penitentísima. Tuvo enfermedades muy graves y, en ellas, vivió con muy grande observancia y en el silencio la tenía muy particular en todo tiempo, y más en Adviento y Cuaresma, que, aunque se le ofrecían ocasiones de importancia, la guarda del silencio era para ella la mayor. Su oración fue tan perseverante que de noche y de día estaba en el coro y, cuando las enfermedades no daban lugar para eso, de su pobre cama hacía oratorio. Y como si las enfermedades siendo graves no bastaran por penitencia, ponía en las vigas unos cordeles y de ellos se asía y estaba como crucificada toda la noche y tiempo que entendía que no la podían ver. &lt;br /&gt;
Un viernes de Cuaresma considerando la Pasión del Señor, llevada de unos fervorosos deseos de padecer por quien se había puesto en cruz y juntamente por experimentar algo de lo mucho que las almas padecen en el purgatorio, con una vela se quemó e hizo en su cuerpo treinta y cuatro llagas tan crueles que parecía que estaban ya canceradas. Padeció mucho tiempo dolores crueles con tan gran paciencia que admiraba a todos, y más a los cirujanos que la curaban. En esta y otras grandes enfermedades traía sin que se echase de ver una túnica muy estrecha de jerga, de la más basta que las monjas usaban, y con esto un cilicio y una cadena. Sus ayunos eran continuos y tanta su abstinencia y mortificación que, en la comida, que era muy poca, aunque fuese solo pan, lo mezclaba con alguna cosa amarga, y esto fue siempre (aunque las enfermedades la agravasen mucho). Murió de setenta y dos años; era tan humilde que, cuando la pedían las religiosas que se acordase de ella cuando se viese en el Cielo, respondía: “A un reo que ha de ser juzgado se encomiendan y piden oraciones”.&lt;/div&gt;</summary>
		<author><name>Anaritasoares</name></author>	</entry>

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		<title>María de Santa Lucía</title>
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				<updated>2026-05-13T10:35:15Z</updated>
		
		<summary type="html">&lt;p&gt;Anaritasoares: /* Fuente */&lt;/p&gt;
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&lt;div&gt;[[Category:Santas_Dominicas]]&lt;br /&gt;
[[Category:Sevilla]]&lt;br /&gt;
[[Category:Juan_López]]&lt;br /&gt;
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[[Archivo:Logo CSV letras(7) DianaSanmartin.jpg|derecha|María de Santa Lucía|link=]]&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
{| class=&amp;quot;wikitable&amp;quot;&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Nombre || María de Santa Lucía&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Orden || [http://catalogodesantasvivas.visionarias.es/index.php/Categor%C3%ADa:Santas_Dominicas Dominicas]&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Títulos || Monja del Monasterio de Santa María de Gracia de Sevilla&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Fecha de nacimiento || ¿Finales del s. XV?&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Fecha de fallecimiento|| ¿Primera mitad del siglo XVI?&lt;br /&gt;
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|}&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
= Vida impresa=&lt;br /&gt;
Ed. de [https://visionarias.es/equipo/veronica-torres-martin// Verónica Torres Martín]; fecha de edición: mayo de 2026.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
== Fuente ==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[[Archivo:Juan_López_1615.jpg|miniatura|250px|right| Juan López, 1615. ''Quarta parte de la historia general de Santo Domingo, y de su orden de predicadores''. Valladolid: Francisco Fernández de Córdoba. (Fuente: Imagen propiedad de la Universidad Complutense de Madrid. CC BY 4.0 [Digitalizado por Google]).]]&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
* [http://catalogodesantasvivas.visionarias.es/index.php/Categor%C3%ADa:Juan_López López, Juan], 1615. “Libro primero de la quarta parte de la historia de Santo Domingo y de su orden”, ''Quarta parte de la historia general de Santo Domingo, y de su orden de predicadores''. Valladolid: Francisco Fernández de Córdoba, 146.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[[Contexto material del impreso Quarta parte de la historia general de Santo Domingo, y de su orden de predicadores]]''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
== Criterios de edición ==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Se han adoptado los criterios de edición de vidas impresas estipulados en el catálogo, esto es, se han eliminado las consonantes geminadas y se ha modernizado la ortografía (sibilantes, b/u/v, j/g, chr/cr, qu/cu, empleo de h, etc.). Se mantiene el uso del paréntesis para indicar observaciones digresivas según el original. Además, se han ajustado a los criterios actuales del español la unión y separación de palabras (“desta”, “deste”, etc.), el uso de mayúsculas y minúsculas, la acentuación y la puntuación. Asimismo, se han expandido las abreviaturas.  &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==Vida de María de Santa Lucía==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[143] '''Capítulo XLVII'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Adonde se prosigue la materia del capítulo pasado'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[…]&lt;br /&gt;
[146] La madre María de Santa Lucía tomó el hábito siendo de veinte y dos años. Vivió solos dos en la religión, pero luciéronsele como si hubiera vivido muchos, que, como es maldito el que teniendo cien años merece el nombre de niño, el justo en muy pocos tiene canas y llega a la perfección, que se tuviera en mucho alcanzarla después de muy largos ejercicios. En entrando en la orden la sierva de Dios Lucía, se dio a la oración de manera que en este ejercicio empleaba noches y días. Y, como en ella la daba el Señor un alto conocimiento de su grandeza, vueltos los ojos a sí misma, no echaba de ver sino cosas que la humillasen. Ocupábase con particular alegría en todos los oficios bajos. En los trabajos y en las ocasiones que se ofrecían para tenerla en poco era su singular consuelo. Respondió a sus santos ejercicios una dichosa muerte. Visitola el bienaventurado santo Domingo, con que quedó regocijadísima y diciendo mil lindezas a un Cristo crucificado y, besando con grandísima devoción sus santísimas llagas, espiró.&lt;/div&gt;</summary>
		<author><name>Anaritasoares</name></author>	</entry>

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		<title>María de Santa Elena</title>
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				<updated>2026-05-13T10:34:56Z</updated>
		
		<summary type="html">&lt;p&gt;Anaritasoares: /* Fuente */&lt;/p&gt;
&lt;hr /&gt;
&lt;div&gt;[[Category:Santas_Dominicas]]&lt;br /&gt;
[[Category:Sevilla]]&lt;br /&gt;
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&lt;br /&gt;
{| class=&amp;quot;wikitable&amp;quot;&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Nombre || María de Santa Elena&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Orden || [http://catalogodesantasvivas.visionarias.es/index.php/Categor%C3%ADa:Santas_Dominicas Dominicas]&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Títulos || Fundadora del Monasterio de Santa María de Gracia de Sevilla&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Fecha de nacimiento || ¿Finales del s. XV?&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Fecha de fallecimiento|| ¿Segunda mitad del s. XVI?&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Lugar de fallecimiento|| [http://catalogodesantasvivas.visionarias.es/index.php/Categor%C3%ADa:Sevilla Sevilla]&lt;br /&gt;
|}&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
= Vida impresa=&lt;br /&gt;
Ed. de [https://visionarias.es/equipo/veronica-torres-martin// Verónica Torres Martín]; fecha de edición: mayo de 2026.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
== Fuente ==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[[Archivo:Juan_López_1615.jpg|miniatura|250px|right| Juan López, 1615. ''Quarta parte de la historia general de Santo Domingo, y de su orden de predicadores''. Valladolid: Francisco Fernández de Córdoba. (Fuente: Imagen propiedad de la Universidad Complutense de Madrid. CC BY 4.0 [Digitalizado por Google]).]]&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
* [http://catalogodesantasvivas.visionarias.es/index.php/Categor%C3%ADa:Juan_López López, Juan], 1615. “Libro primero de la quarta parte de la historia de Santo Domingo y de su orden”, ''Quarta parte de la historia general de Santo Domingo, y de su orden de predicadores''. Valladolid: Francisco Fernández de Córdoba, 141.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[[Contexto material del impreso Quarta parte de la historia general de Santo Domingo, y de su orden de predicadores]]''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
== Criterios de edición ==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Se han adoptado los criterios de edición de vidas impresas estipulados en el catálogo, esto es, se han eliminado las consonantes geminadas y se ha modernizado la ortografía (sibilantes, b/u/v, j/g, chr/cr, qu/cu, empleo de h, etc.). Se mantiene el uso del paréntesis para indicar observaciones digresivas según el original. Además, se han ajustado a los criterios actuales del español la unión y separación de palabras (“desta”, “deste”, etc.), el uso de mayúsculas y minúsculas, la acentuación y la puntuación. Asimismo, se han expandido las abreviaturas.   &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==Vida de María de Santa Elena==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[138] '''Capítulo XLVI'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''De algunas otras siervas de Dios del dicho monasterio'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[…]&lt;br /&gt;
[141] La madre María de Santa Elena fue una de las fundadoras de esta casa; murió de mucha edad, habiendo empleado la vida en santos ejercicios. Señalose mucho en el seguimiento de la comunidad (que no es pequeña penitencia y virtud cumplir con esta obligación). Tenía casi noventa años y, en esa edad, se levantaba siempre a maitines a medianoche y luego a prima y a las demás horas. Desde que tomó el hábito, jamás se acostó en cama. El rigor del coro, refectorio y de la casa de labor era tan continuo como si tuviera treinta años. Era devotísima de la Pasión del Señor, de su santísima Madre, de los santos mártires inocentes, de las once mil vírgines [''sic''], de los diez mil mártires, etc. A las vírgines rezaba once mil ''Pater Noster'' cada año. A los santos inocentes ciento y cuarenta y cuatro mil. Y a san Acacio y sus compañeros los diez mil mártires, diez mil ''Pater Noster''. Era muy devota de san Simón y Judas y, algunos días antes que muriese, preguntó cuándo era su fiesta, dijéronla que el miércoles adelante, y respondió: “Ese día iremos”. Y así fue que, acabada la misa mayor, llamaron al convento que se hallase al tránsito de la sierva de Dios, entraron las monjas y vieron grandísimo resplandor sobre su cama. De los sucesos en las últimas enfermedades de todas las siervas de Dios, de quien hará mención la historia, dieron testimonio las monjas todas que, conforme al uso de la orden, se hallaron presentes.&lt;/div&gt;</summary>
		<author><name>Anaritasoares</name></author>	</entry>

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		<id>http://catalogodesantasvivas.visionarias.es/index.php?title=Mar%C3%ADa_de_Santa_Cristina&amp;diff=712787</id>
		<title>María de Santa Cristina</title>
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				<updated>2026-05-13T10:34:43Z</updated>
		
		<summary type="html">&lt;p&gt;Anaritasoares: /* Fuente */&lt;/p&gt;
&lt;hr /&gt;
&lt;div&gt;[[Category:Santas_Dominicas]]&lt;br /&gt;
[[Category:Sevilla]]&lt;br /&gt;
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&lt;br /&gt;
{| class=&amp;quot;wikitable&amp;quot;&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Nombre || María de Santa Cristina&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Orden || [http://catalogodesantasvivas.visionarias.es/index.php/Categor%C3%ADa:Santas_Dominicas Dominicas]&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Títulos || Monja del Monasterio de Santa María de Gracia de Sevilla&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Fecha de nacimiento || ¿Finales del s. XV?&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Fecha de fallecimiento|| ¿Primera mitad del siglo XVI?&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Lugar de fallecimiento|| [http://catalogodesantasvivas.visionarias.es/index.php/Categor%C3%ADa:Sevilla Sevilla]&lt;br /&gt;
|}&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
= Vida impresa=&lt;br /&gt;
Ed. de [https://visionarias.es/equipo/veronica-torres-martin// Verónica Torres Martín]; fecha de edición: mayo de 2026.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
== Fuente ==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[[Archivo:Juan_López_1615.jpg|miniatura|250px|right| Juan López, 1615. ''Quarta parte de la historia general de Santo Domingo, y de su orden de predicadores''. Valladolid: Francisco Fernández de Córdoba. (Fuente: Imagen propiedad de la Universidad Complutense de Madrid. CC BY 4.0 [Digitalizado por Google]).]]&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
* [http://catalogodesantasvivas.visionarias.es/index.php/Categor%C3%ADa:Juan_López López, Juan], 1615. “Libro primero de la quarta parte de la historia de Santo Domingo y de su orden”, ''Quarta parte de la historia general de Santo Domingo, y de su orden de predicadores''. Valladolid: Francisco Fernández de Córdoba, 143-144.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[[Contexto material del impreso Quarta parte de la historia general de Santo Domingo, y de su orden de predicadores]]''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
== Criterios de edición ==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Se han adoptado los criterios de edición de vidas impresas estipulados en el catálogo, esto es, se han eliminado las consonantes geminadas y se ha modernizado la ortografía (sibilantes, b/u/v, j/g, chr/cr, qu/cu, empleo de h, etc.). Se mantiene el uso del paréntesis para indicar observaciones digresivas según el original. Además, se han ajustado a los criterios actuales del español la unión y separación de palabras (“desta”, “deste”, etc.), el uso de mayúsculas y minúsculas, la acentuación y la puntuación. Asimismo, se han expandido las abreviaturas. Por último, se corrigen los casos de laísmo y leísmo presentes en el texto. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==Vida de María de Santa Cristina==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[143] '''Capítulo XLVII'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Adonde se prosigue la materia del capítulo pasado'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[…]&lt;br /&gt;
La madre María de Santa Cristina, siendo [144] ''[1]'' seglar sin tener inclinación de ser religiosa, era muy amiga de galas y de entretenimientos. No eran los desórdenes de manera y el olvido tan grande que en medio de estos gustos no suplicase a la Santa Virgen del Rosario la encaminase al estado en el cual la sirviese más. Estando un día en la Iglesia de San Pablo de Sevilla puesta de rodillas en presencia de la imagen de Nuestra Señora del Rosario, continuando su petición ordinaria, la imagen le dijo que fuese monja en Santa María de Gracia. Luego lo puso por obra y tomó el hábito con mucho contento, devoción y lágrimas, muy resuelta en no perder punto en el cumplimiento de todas las cosas de su estado; y lo que propuso el primer día lo cumplió toda la vida. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Era su caridad muy grande, compadecíase mucho de las necesidades y trabajos de sus hermanos (que solía decir con mucho sentimiento que, si pudiera librarlos del trabajo en que estaban, aunque fuera padeciendo ella todas las penas del purgatorio, las recibiera en razón de ver consolados a sus hermanos) ''[2]''. Fue su humildad tan grande y el deseo con que vivía de ser tenida en poco tan particular que deseaba ser maltratada. Y el día que no se le ofrecía ocasión de mortificación estaba triste. Una vez, pasando por el dormitorio acertó a escupir una monja y diola en el rostro. Afligiose mucho la religiosa, pidiola perdón y respondió con mucha humildad que dónde podía escupir mejor que en su cara, y esto con grande alegría. En el cumplimiento de las constituciones tuvo gran cuidado, y más en el silencio en que vivía con tan gran recato que, si podía responder por señas a lo que le decían, no hablaba. Fue grandísima su abstinencia, los más días no comía cosa de importancia, por dar la ración a los pobres. Su oración y lágrimas fueron don particular del cielo. Toda la noche y el día gastaba en este ejercicio. Trató tan rigurosamente su persona que, siendo de treinta años, murió. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
===Notas===&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[1]'' Al margen izquierdo: Año de 1524.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[2]'' Se añade el paréntesis de cierre, que no aparece en el original.&lt;/div&gt;</summary>
		<author><name>Anaritasoares</name></author>	</entry>

	<entry>
		<id>http://catalogodesantasvivas.visionarias.es/index.php?title=Mar%C3%ADa_de_Santa_Catalina_de_Sena&amp;diff=712786</id>
		<title>María de Santa Catalina de Sena</title>
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				<updated>2026-05-13T10:34:28Z</updated>
		
		<summary type="html">&lt;p&gt;Anaritasoares: /* Fuente */&lt;/p&gt;
&lt;hr /&gt;
&lt;div&gt;[[Category:Santas_Dominicas]]&lt;br /&gt;
[[Category:Sevilla]]&lt;br /&gt;
[[Category:Juan_López]]&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[[Archivo:Logo CSV letras(3) DianaSanmartin.jpg|derecha|María de Santa Catalina de Sena|link=]]&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
{| class=&amp;quot;wikitable&amp;quot;&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Nombre || María de Santa Catalina de Sena&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Orden || [http://catalogodesantasvivas.visionarias.es/index.php/Categor%C3%ADa:Santas_Dominicas Dominicas]&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Títulos || Monja del Monasterio de Santa María de Gracia de Sevilla&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Fecha de nacimiento || ¿Finales del s. XV?&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Fecha de fallecimiento|| ¿Primera mitad del siglo XVI?&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
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|}&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
= Vida impresa=&lt;br /&gt;
Ed. de [https://visionarias.es/equipo/veronica-torres-martin// Verónica Torres Martín]; fecha de edición: mayo de 2026.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
== Fuente ==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[[Archivo:Juan_López_1615.jpg|miniatura|250px|right| Juan López, 1615. ''Quarta parte de la historia general de Santo Domingo, y de su orden de predicadores''. Valladolid: Francisco Fernández de Córdoba. (Fuente: Imagen propiedad de la Universidad Complutense de Madrid. CC BY 4.0 [Digitalizado por Google]).]]&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
* [http://catalogodesantasvivas.visionarias.es/index.php/Categor%C3%ADa:Juan_López López, Juan], 1615. “Libro primero de la quarta parte de la historia de Santo Domingo y de su orden”, ''Quarta parte de la historia general de Santo Domingo, y de su orden de predicadores''. Valladolid: Francisco Fernández de Córdoba, 142.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[[Contexto material del impreso Quarta parte de la historia general de Santo Domingo, y de su orden de predicadores]]''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
== Criterios de edición ==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Se han adoptado los criterios de edición de vidas impresas estipulados en el catálogo, esto es, se han eliminado las consonantes geminadas y se ha modernizado la ortografía (sibilantes, b/u/v, j/g, chr/cr, qu/cu, empleo de h, etc.). Se mantiene el uso del paréntesis para indicar observaciones digresivas según el original. Además, se han ajustado a los criterios actuales del español la unión y separación de palabras (“desta”, “deste”, etc.), el uso de mayúsculas y minúsculas, la acentuación y la puntuación. Asimismo, se han expandido las abreviaturas. Por último, se corrigen los casos de laísmo y leísmo presentes en el texto. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==Vida de María de Santa Catalina de Sena==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[138] '''Capítulo XLVI'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''De algunas otras siervas de Dios del dicho monasterio'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[…]&lt;br /&gt;
[142] La madre María de Santa Catalina de Sena fue muy humilde y muy pobre y tan alegre de serlo que, cuando faltaba alguna cosa, la pedía por amor de Dios. Y si le daban alguna limosna, la gastaba en misas. Decíanle que por qué no compraba lo que había menester, que con esto no andaría pidiendo. Respondía que el pobre siempre había de pedir por amor de Dios. Tuvo un zaratán muy penoso, hízosele una llaga, de la cual le salía mucha sangre. Era de mucha edificación la paciencia y alegría. Su alivio era, en tan penosa enfermedad, unas hojas frescas de llantén ''[1]''. No le había en el convento, fuese a un patio empedrado y, a un lado de él, echó agua e hizo la señal de la cruz, y nació tanto que cubrió buena parte del patio. Tenía cuidado con regarlo cada día, hase conservado de manera que, habiendo veinte años que murió la sierva de Dios, ha habido tanto que sacan agua de él. Y, aunque muchas veces lo han arrancado de propósito, vuelve a nacer. En tan grave enfermedad jamás se le oyó a soror Catalina palabra de impaciencia, siempre alababa a Dios con mucha alegría. Era su ordinaria respuesta a todo lo que le decían: “Gracias a Dios”. De esta enfermedad murió con gran demostración de santidad. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
===Notas===&lt;br /&gt;
''[1]'' Se trata de una planta medicinal.&lt;/div&gt;</summary>
		<author><name>Anaritasoares</name></author>	</entry>

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		<id>http://catalogodesantasvivas.visionarias.es/index.php?title=Mar%C3%ADa_de_San_Marcos&amp;diff=712785</id>
		<title>María de San Marcos</title>
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		<summary type="html">&lt;p&gt;Anaritasoares: /* Fuente */&lt;/p&gt;
&lt;hr /&gt;
&lt;div&gt;[[Category:Santas_Dominicas]]&lt;br /&gt;
[[Category:Sevilla]]&lt;br /&gt;
[[Category:Juan_López]]&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[[Archivo:Logo CSV letras(2) DianaSanmartin.jpg|derecha|María de San Marcos|link=]]&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
{| class=&amp;quot;wikitable&amp;quot;&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Nombre || María de San Marcos&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Orden || [http://catalogodesantasvivas.visionarias.es/index.php/Categor%C3%ADa:Santas_Dominicas Dominicas]&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Títulos || Monja del Monasterio de Santa María de Gracia de Sevilla&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Fecha de nacimiento || ¿Finales del s. XV?&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Fecha de fallecimiento|| ¿Primera mitad del siglo XVI?&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Lugar de fallecimiento|| [http://catalogodesantasvivas.visionarias.es/index.php/Categor%C3%ADa:Sevilla Sevilla]&lt;br /&gt;
|}&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
= Vida impresa=&lt;br /&gt;
Ed. de [https://visionarias.es/equipo/veronica-torres-martin// Verónica Torres Martín]; fecha de edición: mayo de 2026.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
== Fuente ==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[[Archivo:Juan_López_1615.jpg|miniatura|250px|right| Juan López, 1615. ''Quarta parte de la historia general de Santo Domingo, y de su orden de predicadores''. Valladolid: Francisco Fernández de Córdoba. (Fuente: Imagen propiedad de la Universidad Complutense de Madrid. CC BY 4.0 [Digitalizado por Google]).]]&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
* [http://catalogodesantasvivas.visionarias.es/index.php/Categor%C3%ADa:Juan_López López, Juan], 1615. “Libro primero de la quarta parte de la historia de Santo Domingo y de su orden”, ''Quarta parte de la historia general de Santo Domingo, y de su orden de predicadores''. Valladolid: Francisco Fernández de Córdoba, 146-147.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[[Contexto material del impreso Quarta parte de la historia general de Santo Domingo, y de su orden de predicadores]]''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
== Criterios de edición ==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Se han adoptado los criterios de edición de vidas impresas estipulados en el catálogo, esto es, se han eliminado las consonantes geminadas y se ha modernizado la ortografía (sibilantes, b/u/v, j/g, chr/cr, qu/cu, empleo de h, etc.). Se mantiene el uso del paréntesis para indicar observaciones digresivas según el original. Además, se han ajustado a los criterios actuales del español la unión y separación de palabras (“desta”, “deste”, etc.), el uso de mayúsculas y minúsculas, la acentuación y la puntuación. Asimismo, se han expandido las abreviaturas. Por último, se subsanan los casos de laísmo y leísmo presentes en el texto. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==Vida de María de San Marcos==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[143] '''Capítulo XLVII'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Adonde se prosigue la materia del capítulo pasado'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[…]&lt;br /&gt;
[146] María de San Marcos fue religiosa de las que la orden llama legas. Poco después de haber tomado el hábito, la dio una enfermedad tan grave que perdió de todo punto la memoria y quedó en el estado que se puede entender de un niño recién nacido. Esta falta la tenía tan acabada que olvidó las oraciones que enseñan a los niños en la escuela, pero como la divina bondad no depende de palabras ni razones para hacer merced, viendo el alma y los afectos interiores de su sierva, dispuso las cosas de manera que una noche, día del Nacimiento de Nuestra Señora, estando en la enfermería acostada, vio en el aposento una grande claridad y, en ella, venía la imagen de la Virgen de la Consolación de la villa de Utrera con su santo Niño en los brazos. Con tan celestial visita cobró la memoria y, a grandes voces, hizo oración a la santa Virgen y comenzó a conocer a las monjas y nombrarlas por sus nombres (cosa que, en comenzando la enfermedad, con ella faltó el conocimiento de sus hermanas). Apareciole otra vez Nuestra Señora cuando se hallaba con entera salud y mandola que rezase cada día su santo rosario, y quien dio este orden le dio para reducir a la memoria las oraciones que tenía olvidadas. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
No sabía la religiosa leer ni escribir y, en las ocasiones que se ofrecían, decía cosas tan soberanas que, cuando salieran de la boca de un hombre muy bien enseñado, causaran admiración, y éralo grandísima ver eso en una religiosa lega (que siendo Dios el que en las lenguas de los niños pone sabiduría y discreción hizo eso en una monja que, acabando de cobrar la memoria, no tuvo otro maestro ni leyó otros libros, sino lo que Dios fue servido de comunicarle). Cuando la Virgen le dio salud, con esta merced le hizo otra sin comparación mayor, que fue avisarla del día en que había de morir, que sería dentro de dos años en la fiesta de la Natividad, y así fue. Con tan grandes favores y con tan particulares ayudas de costa vivía la buena religiosa trasformada en Dios que casi andaba siempre fuera de sí ocupada en altísimos pensamientos comunicados del Señor, que muchas veces tiene escondidos sus misterios a los que el mundo llama sabios y prudentes, comunicándolos a los que en opinión de estos tienen el entendimiento que se puede pensar de un niño acabado de nacer (en cumplimiento de lo que venido al mundo había prometido). Muchas cosas pudieran decir de esta sierva de Dios las monjas que la conocieron y trataron, que, por parecerles poco menos que increíbles, los callaron. Lo que de ella se dice es que fue grande imitadora de la [147] virgen santa Catalina de Sena, en que se dice más de lo que con un largo razonamiento se pudiera manifestar de sus virtudes, que cuando no se entiendan en la perfeción que la santa virgen les tuvo, su humildad, su penitencia, su caridad, su mortificación se parecieron algo a las grandezas que en santa Catalina Dios puso.&lt;/div&gt;</summary>
		<author><name>Anaritasoares</name></author>	</entry>

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		<id>http://catalogodesantasvivas.visionarias.es/index.php?title=Mar%C3%ADa_de_San_Ildefonso_(3)&amp;diff=712784</id>
		<title>María de San Ildefonso (3)</title>
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&lt;hr /&gt;
&lt;div&gt;[[Category:Santas_Dominicas]]&lt;br /&gt;
[[Category:Sevilla]]&lt;br /&gt;
[[Category:Juan_López]]&lt;br /&gt;
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[[Archivo:Logo CSV letras(8) DianaSanmartin.jpg|derecha|María de San Ildefonso|link=]]&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
{| class=&amp;quot;wikitable&amp;quot;&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Nombre || María de San Ildefonso&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Orden || [http://catalogodesantasvivas.visionarias.es/index.php/Categor%C3%ADa:Santas_Dominicas Dominicas]&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Títulos || Monja del Monasterio de Santa María de Gracia de Sevilla&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Fecha de nacimiento || ¿Finales del s. XV?&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Fecha de fallecimiento|| ¿Mediados del siglo XVI?&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Lugar de fallecimiento|| [http://catalogodesantasvivas.visionarias.es/index.php/Categor%C3%ADa:Sevilla Sevilla]&lt;br /&gt;
|}&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
= Vida impresa=&lt;br /&gt;
Ed. de [https://visionarias.es/equipo/veronica-torres-martin// Verónica Torres Martín]; fecha de edición: mayo de 2026.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
== Fuente ==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[[Archivo:Juan_López_1615.jpg|miniatura|250px|right| Juan López, 1615. ''Quarta parte de la historia general de Santo Domingo, y de su orden de predicadores''. Valladolid: Francisco Fernández de Córdoba. (Fuente: Imagen propiedad de la Universidad Complutense de Madrid. CC BY 4.0 [Digitalizado por Google]).]]&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
* [http://catalogodesantasvivas.visionarias.es/index.php/Categor%C3%ADa:Juan_López López, Juan], 1615. “Libro primero de la quarta parte de la historia de Santo Domingo y de su orden”, ''Quarta parte de la historia general de Santo Domingo, y de su orden de predicadores''. Valladolid: Francisco Fernández de Córdoba, 148-149.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[[Contexto material del impreso Quarta parte de la historia general de Santo Domingo, y de su orden de predicadores]]''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
== Criterios de edición ==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Se han adoptado los criterios de edición de vidas impresas estipulados en el catálogo, esto es, se han eliminado las consonantes geminadas y se ha modernizado la ortografía (sibilantes, b/u/v, j/g, chr/cr, qu/cu, empleo de h, etc.). Se mantiene el uso del paréntesis para indicar observaciones digresivas según el original. Además, se han ajustado a los criterios actuales del español la unión y separación de palabras (“desta”, “deste”, etc.), el uso de mayúsculas y minúsculas, la acentuación y la puntuación. Asimismo, se han expandido las abreviaturas.  &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==Vida de María de San Ildefonso==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[147] '''Cap. XLVIII'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''De algunas otras religiosas del Monasterio de Santa María de Gracia'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Sería cosa muy larga dar entera relación de las siervas de Dios que ha tenido esta casa de Santa María de Gracia, que, como su fundación fue tan conforme a los intentos que el bienaventurado santo Domingo tuvo en la de su orden y en ella se ha conservado poco menos de cien años y, aunque no se pueden reducir a la memoria todas, tampoco se pueden dejar algunas que se han señalado mucho sobre las demás en el cumplimiento de las obligaciones de su estado. &lt;br /&gt;
[…]&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[148] La madre soror María de S. Ildefonso, que en el mundo se llamaba doña Isabel Galindo, hija de don Diego de Guzmán y doña Isabel Galindo. Este caballero fue muy conocido y después de haber servido muchos años al rey de España, llevado de la experiencia y desengaño, que los servicios no todas veces son bien premiados, dejó todo lo que tenía y las esperanzas de alcanzar más, funda- [149] das en lo mucho que había trabajado, y tomó el hábito del bienaventurado S. Francisco y vivió en él tan santamente que hizo muchos milagros que están escritos en las corónicas de la orden. Su hija fue heredera de su espíritu y vivió de manera que se pudiera escribir un libro donde se diera cuenta de sus grandes virtudes. Siendo seglar y pudiendo aspirar, casándose a muy grande acrecentamiento, acordó de tomar por esposo al que lo es de las almas puras, quedando para siempre dichosa con las riquezas que se habían de comunicar a su alma. Con este pensamiento dejó todo el regalo de su casa y se encerró en esta, donde vivió tan religiosamente que, siendo ejemplo su vida de toda virtud, lo fue muy particular de humildad y pobreza, conservándola con mucha puntualidad, hasta que murió. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En la observancia de la regla y constituciones de la orden fue señaladísima. Su continuo ejercicio, sin faltar, era asistir en la presencia del Santísimo Sacramento con una ferventísima oración, comunicándola el Señor don de lágrimas. Decía muchas veces a las monjas estas palabras: “Callar y amar, humildad y comulgar” (palabras que nacían de un pecho abrasado en amor del Santísimo Sacramento). Comulgaba muy frecuentemente con grande abundancia de lágrimas, que eran de manera que suplicó al Señor se sirviese de que no corriesen por el rostro. Hízola Dios merced y así, cuando salía del coro después de muchas horas de oración, tenía el rostro tan sereno como si ninguna hubiera derramado, siendo sus ojos fuentes. Persuadía mucho a sus compañeras el amor de Dios, y decía: “El que con amor trabaja, holgando gana”. Si entendía algún desgustillo entre algunas religiosas, iba y les hacía la venia y, con estas demostraciones de humildad, se acababan las niñerías (que algunas veces el demonio procura en los monasterios cuando no puede con su malicia culpas que sean mayores), que es lo que más quería y más procuraba. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Treinta años vivió con el hábito teniendo de edad setenta. Murió de un dolor de costado con mucho juicio y con muy gran conocimiento y tan en sí como ha menester el negocio que en aquella hora se ha de concluir. Habló de muchas cosas de edificación, decía muchos versos de David, como son: “''Virga tua, et baculus tuus ipsa me consolata sunt. Si ambulavero in medio umbre mortiis, non timebo mala, quoniam tu mecum''” ''[1]''. Y de esta suerte acabó con grande alegría y alabanza. Quedó su rostro con la hermosura de un ángel en testimonio de su buena muerte. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
===Notas===&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''[1]'' Salmo 22:4 de la Vulgata, que simboliza la confianza absoluta en la protección, guía y compañía divina, incluso en los momentos más oscuros y peligrosos de la vida.&lt;/div&gt;</summary>
		<author><name>Anaritasoares</name></author>	</entry>

	<entry>
		<id>http://catalogodesantasvivas.visionarias.es/index.php?title=Mar%C3%ADa_de_San_Gabriel_(2)&amp;diff=712783</id>
		<title>María de San Gabriel (2)</title>
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				<updated>2026-05-13T10:33:35Z</updated>
		
		<summary type="html">&lt;p&gt;Anaritasoares: /* Fuente */&lt;/p&gt;
&lt;hr /&gt;
&lt;div&gt;[[Category:Santas_Dominicas]]&lt;br /&gt;
[[Category:Sevilla]]&lt;br /&gt;
[[Category:Juan_López]]&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[[Archivo:Logo CSV letras(7) DianaSanmartin.jpg|derecha|María de San Gabriel|link=]]&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
{| class=&amp;quot;wikitable&amp;quot;&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Nombre || María de San Gabriel&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Orden || [http://catalogodesantasvivas.visionarias.es/index.php/Categor%C3%ADa:Santas_Dominicas Dominicas]&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Títulos || Monja del Monasterio de Santa María de Gracia de Sevilla&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Fecha de nacimiento || ¿Finales del s. XV?&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Fecha de fallecimiento|| ¿Primera mitad del siglo XVI?&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Lugar de fallecimiento|| [http://catalogodesantasvivas.visionarias.es/index.php/Categor%C3%ADa:Sevilla Sevilla]&lt;br /&gt;
|}&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
= Vida impresa=&lt;br /&gt;
Ed. de [https://visionarias.es/equipo/veronica-torres-martin// Verónica Torres Martín]; fecha de edición: mayo de 2026.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
== Fuente ==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[[Archivo:Juan_López_1615.jpg|miniatura|250px|right| Juan López, 1615. ''Quarta parte de la historia general de Santo Domingo, y de su orden de predicadores''. Valladolid: Francisco Fernández de Córdoba. (Fuente: Imagen propiedad de la Universidad Complutense de Madrid. CC BY 4.0 [Digitalizado por Google]).]]&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
* [http://catalogodesantasvivas.visionarias.es/index.php/Categor%C3%ADa:Juan_López López, Juan], 1615. “Libro primero de la quarta parte de la historia de Santo Domingo y de su orden”, ''Quarta parte de la historia general de Santo Domingo, y de su orden de predicadores''. Valladolid: Francisco Fernández de Córdoba, 145.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[[Contexto material del impreso Quarta parte de la historia general de Santo Domingo, y de su orden de predicadores]]''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
== Criterios de edición ==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Se han adoptado los criterios de edición de vidas impresas estipulados en el catálogo, esto es, se han eliminado las consonantes geminadas y se ha modernizado la ortografía (sibilantes, b/u/v, j/g, chr/cr, qu/cu, empleo de h, etc.). Se mantiene el uso del paréntesis para indicar observaciones digresivas según el original. Además, se han ajustado a los criterios actuales del español la unión y separación de palabras (“desta”, “deste”, etc.), el uso de mayúsculas y minúsculas, la acentuación y la puntuación. Asimismo, se han expandido las abreviaturas. Por último, se subsanan los casos de laísmo y leísmo presentes en el texto. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==Vida de María de San Gabriel==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[143] '''Capítulo XLVII'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Adonde se prosigue la materia del capítulo pasado'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[…]&lt;br /&gt;
[145] La madre María de San Gabriel fue muy noble y, desde niña, muy santa, y en esta edad dio muestras de lo que con el tempo había de ser. Entró en religión de quince años y, desde luego, comenzó a señalarse en la observancia de todos los que la orden manda. Cosa que fuese murmuración no se había de decir en su presencia. No era mucho para sus deseos tener cerrada la boca para todo lo que podía ser menoscabo de la reputación de sus hermanas (aunque eso fuese en cosa de poquísima importantia [sic]), sino que con gran cuidado escusaba todo lo que era palabras ociosas. Siendo muy moza, fue maestra de novicias e hizo el oficio con tan grande ejemplo que, si no causaba envidia, causaba mucha admiración en las muy ancianas. Era devotísima de Nuestra Señora, a quien suplicó que una cosa que tenía en el alma que le causaba gran congoja y desasosiego se la trocase en lo que su Majestad más se sirviese. Hízole Dios la merced, pero diole un zaratán penosísimo que se le descubrían las costillas y, con esta llaga tan cruel y con los dolores que de ella procedían, vivió cinco años con tan grande piedad que parecía más mujer que gozaba de Dios que otra cosa, siéndole la cama oratorio y casa de oración donde se aligeraban los dolores de la enfermedad. Su muerte fue de manera que dejó en las monjas pensamiento muy asegurado que de la cama había partido al cielo. Murió de cincuenta años.&lt;/div&gt;</summary>
		<author><name>Anaritasoares</name></author>	</entry>

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		<id>http://catalogodesantasvivas.visionarias.es/index.php?title=Mar%C3%ADa_de_San_Bernardo_(2)&amp;diff=712782</id>
		<title>María de San Bernardo (2)</title>
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				<updated>2026-05-13T10:33:06Z</updated>
		
		<summary type="html">&lt;p&gt;Anaritasoares: /* Fuente */&lt;/p&gt;
&lt;hr /&gt;
&lt;div&gt;[[Category:Santas_Dominicas]]&lt;br /&gt;
[[Category:Sevilla]]&lt;br /&gt;
[[Category:Islas_Canarias]]&lt;br /&gt;
[[Category:Juan_López]]&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[[Archivo:Logo CSV letras(4) DianaSanmartin.jpg|derecha|María de San Bernardo|link=]]&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
{| class=&amp;quot;wikitable&amp;quot;&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Nombre || María de San Bernardo&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Orden || [http://catalogodesantasvivas.visionarias.es/index.php/Categor%C3%ADa:Santas_Dominicas Dominicas]&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Títulos || Monja del Monasterio de Santa María de Gracia de Sevilla&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Fecha de nacimiento || ¿Finales del s. XV?&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Fecha de fallecimiento|| ¿Primera mitad del siglo XVI?&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Lugar de nacimiento || [http://catalogodesantasvivas.visionarias.es/index.php/Categor%C3%ADa:Islas_Canarias Islas Canarias]&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Lugar de fallecimiento|| [http://catalogodesantasvivas.visionarias.es/index.php/Categor%C3%ADa:Sevilla Sevilla]&lt;br /&gt;
|}&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
= Vida impresa=&lt;br /&gt;
Ed. de [https://visionarias.es/equipo/veronica-torres-martin// Verónica Torres Martín]; fecha de edición: mayo de 2026.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
== Fuente ==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[[Archivo:Juan_López_1615.jpg|miniatura|250px|right| Juan López, 1615. ''Quarta parte de la historia general de Santo Domingo, y de su orden de predicadores''. Valladolid: Francisco Fernández de Córdoba. (Fuente: Imagen propiedad de la Universidad Complutense de Madrid. CC BY 4.0 [Digitalizado por Google]).]]&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
* [http://catalogodesantasvivas.visionarias.es/index.php/Categor%C3%ADa:Juan_López López, Juan], 1615. “Libro primero de la quarta parte de la historia de Santo Domingo y de su orden”, ''Quarta parte de la historia general de Santo Domingo, y de su orden de predicadores''. Valladolid: Francisco Fernández de Córdoba, 143.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[[Contexto material del impreso Quarta parte de la historia general de Santo Domingo, y de su orden de predicadores]]''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
== Criterios de edición ==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Se han adoptado los criterios de edición de vidas impresas estipulados en el catálogo, esto es, se han eliminado las consonantes geminadas y se ha modernizado la ortografía (sibilantes, b/u/v, j/g, chr/cr, qu/cu, empleo de h, etc.). Se mantiene el uso del paréntesis para indicar observaciones digresivas según el original. Además, se han ajustado a los criterios actuales del español la unión y separación de palabras (“desta”, “deste”, etc.), el uso de mayúsculas y minúsculas, la acentuación y la puntuación. Asimismo, se han expandido las abreviaturas. Por último, se corrigen los casos de laísmo y leísmo presentes en el texto. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==Vida de María de San Bernardo==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[143] '''Capítulo XLVII'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Adonde se prosigue la materia del capítulo pasado'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Tuvo esta casa una monja muy santa que entró en la orden ya viuda, que se llamaba la madre María de San Bernardo, mujer de mucha nobleza. Era natural de Canaria, pasó seiscientas leguas de mar por venir a ser monja a Nuestra Señora de Gracia. Tenía tres hijos varones que habían de tomar estado y muchos deudos muy principales. Quedó viuda muy moza y, con la gran fama de santidad que tenía esta casa, dejó la suya, hacienda y regalo. Vino en su compañía un hijo suyo, niño. Cuando entró en el monasterio le dijo: “Madre, ¿a quién me dejas encomendado?”. Y respondió: “A Nuestro Señor te dejo por padre y a la Virgen Nuestra Señora por madre; seles muy obediente, que ellos te favorecerán”. Y entrose riendo con buen ánimo, como si no dejara nada. Hecho bien parecido al que refiere san Jerónimo de la matrona santa Paula, que, al tiempo de embarcarse para Jerusalén en busca de nueva vida, dejando a su hijuelo Toxocio tendido en el arena y llorando, puestos los ojos en el cielo, se hizo a la vela. Y esta sierva de Dios tomó el velo sin que le causasen desconsuelo los hijos que dejaba y el niño que tenía en su presencia. Pero como le dio tan buenos padres, salió tan virtuoso que tomó el hábito de la orden, donde vivió santamente. Fue esta sierva de Dios ejemplo de humildad y su abstinencia tan grande que nunca comía sino pan y agua, no dormía en cama, trabajó muchísimo en oficios de humildad (que a esto se aplicaba mucho); andaba siempre descalza, velaba casi toda la noche delante del Santísimo Sacramento, y allí eran sus diciplinas grandísimas. Murió de cien años y su fin fue tan santo como la vida.&lt;/div&gt;</summary>
		<author><name>Anaritasoares</name></author>	</entry>

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		<title>María de San Benito</title>
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		<summary type="html">&lt;p&gt;Anaritasoares: /* Fuente */&lt;/p&gt;
&lt;hr /&gt;
&lt;div&gt;[[Category:Santas_Dominicas]]&lt;br /&gt;
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[[Category:Juan_López]]&lt;br /&gt;
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[[Archivo:Logo CSV letras(3) DianaSanmartin.jpg|derecha|María de San Benito|link=]]&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
{| class=&amp;quot;wikitable&amp;quot;&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Nombre || María de San Benito&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Orden || [http://catalogodesantasvivas.visionarias.es/index.php/Categor%C3%ADa:Santas_Dominicas Dominicas]&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Títulos || Monja del Monasterio de Santa María de Gracia de Sevilla&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Fecha de nacimiento || ¿Finales del s. XV?&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Fecha de fallecimiento|| ¿Primera mitad del siglo XVI?&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Lugar de fallecimiento|| [http://catalogodesantasvivas.visionarias.es/index.php/Categor%C3%ADa:Sevilla Sevilla]&lt;br /&gt;
|}&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
= Vida impresa=&lt;br /&gt;
Ed. de [https://visionarias.es/equipo/veronica-torres-martin// Verónica Torres Martín]; fecha de edición: mayo de 2026.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
== Fuente ==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[[Archivo:Juan_López_1615.jpg|miniatura|250px|right| Juan López, 1615. ''Quarta parte de la historia general de Santo Domingo, y de su orden de predicadores''. Valladolid: Francisco Fernández de Córdoba. (Fuente: Imagen propiedad de la Universidad Complutense de Madrid. CC BY 4.0 [Digitalizado por Google]).]]&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
* [http://catalogodesantasvivas.visionarias.es/index.php/Categor%C3%ADa:Juan_López López, Juan], 1615. “Libro primero de la quarta parte de la historia de Santo Domingo y de su orden”, ''Quarta parte de la historia general de Santo Domingo, y de su orden de predicadores''. Valladolid: Francisco Fernández de Córdoba, 140.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[[Contexto material del impreso Quarta parte de la historia general de Santo Domingo, y de su orden de predicadores]]''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
== Criterios de edición ==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Se han adoptado los criterios de edición de vidas impresas estipulados en el catálogo, esto es, se han eliminado las consonantes geminadas y se ha modernizado la ortografía (sibilantes, b/u/v, j/g, chr/cr, qu/cu, empleo de h, etc.). Se mantiene el uso del paréntesis para indicar observaciones digresivas según el original. Además, se han ajustado a los criterios actuales del español la unión y separación de palabras (“desta”, “deste”, etc.), el uso de mayúsculas y minúsculas, la acentuación y la puntuación. Asimismo, se han expandido las abreviaturas.  &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==Vida de María de San Benito==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[138] '''Capítulo XLVI'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''De algunas otras siervas de Dios del dicho monasterio'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[…]&lt;br /&gt;
[140] Otra monja tuvo este convento, que se llamó soror María de San Benito, mujer de gran virtud y de mucha oración en que perseveró toda la vida. Suplicó al Señor con grande instancia se sirviese de favorecerla y llevarla en acabando de comulgar, y así sucedió, dejando grande ejemplo y opinión de santidad.&lt;/div&gt;</summary>
		<author><name>Anaritasoares</name></author>	</entry>

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		<title>María de San Agustín (2)</title>
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		<summary type="html">&lt;p&gt;Anaritasoares: /* Fuente */&lt;/p&gt;
&lt;hr /&gt;
&lt;div&gt;[[Category:Santas_Dominicas]]&lt;br /&gt;
[[Category:Sevilla]]&lt;br /&gt;
[[Category:Juan_López]]&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[[Archivo:Logo CSV letras(2) DianaSanmartin.jpg|derecha|María de San Agustín|link=]]&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
{| class=&amp;quot;wikitable&amp;quot;&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Nombre || María de San Agustín&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Orden || [http://catalogodesantasvivas.visionarias.es/index.php/Categor%C3%ADa:Santas_Dominicas Dominicas]&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Títulos || Priora y supriora del Monasterio de Santa María de Gracia de Sevilla&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Fecha de nacimiento || ¿Finales del s. XV?&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Fecha de fallecimiento|| ¿Primera mitad del siglo XVI?&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Lugar de nacimiento || [http://catalogodesantasvivas.visionarias.es/index.php/Categor%C3%ADa:Sevilla ¿Sevilla?]&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Lugar de fallecimiento|| [http://catalogodesantasvivas.visionarias.es/index.php/Categor%C3%ADa:Sevilla Sevilla]&lt;br /&gt;
|}&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
= Vida impresa=&lt;br /&gt;
Ed. de [https://visionarias.es/equipo/veronica-torres-martin// Verónica Torres Martín]; fecha de edición: mayo de 2026.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
== Fuente ==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[[Archivo:Juan_López_1615.jpg|miniatura|250px|right| Juan López, 1615. ''Quarta parte de la historia general de Santo Domingo, y de su orden de predicadores''. Valladolid: Francisco Fernández de Córdoba. (Fuente: Imagen propiedad de la Universidad Complutense de Madrid. CC BY 4.0 [Digitalizado por Google]).]]&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
* [http://catalogodesantasvivas.visionarias.es/index.php/Categor%C3%ADa:Juan_López López, Juan], 1615. “Libro primero de la quarta parte de la historia de Santo Domingo y de su orden”, ''Quarta parte de la historia general de Santo Domingo, y de su orden de predicadores''. Valladolid: Francisco Fernández de Córdoba, 138.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[[Contexto material del impreso Quarta parte de la historia general de Santo Domingo, y de su orden de predicadores]]''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
== Criterios de edición ==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Se han adoptado los criterios de edición de vidas impresas estipulados en el catálogo, esto es, se han eliminado las consonantes geminadas y se ha modernizado la ortografía (sibilantes, b/u/v, j/g, chr/cr, qu/cu, empleo de h, etc. Además, se han ajustado a los criterios actuales del español la unión y separación de palabras (“della”, “deste”, etc.), el uso de mayúsculas y minúsculas, la acentuación y la puntuación. Asimismo, se han expandido las abreviaturas. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==Vida de María de San Agustín==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[134] '''Capít. XLV'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''De la fundación del Monasterio de monjas de santa María de Gracia en Sevilla''' &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[…]&lt;br /&gt;
[138] La madre María de San Agustín fue santa monja muy señalada en el propio conocimiento y humildad. Siendo priora y supriora se tenía por la menor de las monjas y así servía en los oficios más bajos del convento. Cuando estaba en la casa de la labor con las monjas, tenía un crucifijo delante de sí en que contemplaba y derramaba muchas lágrimas. Hízole Dios señaladas mercedes. Una de las muy particulares fue la que refirió su confesor al convento, después de ella muerta, y fue que, una noche de Navidad, estando el convento cantando los maitines, alzó los ojos y vio dos ángeles que estaban al facistol o atril, uno a la mano derecha y otro a la izquierda, ayudando a cantar a las monjas, de los cuales salía un grande resplandor. Cuando le dio el mal de la muerte y la quisieron desnudar para acostarla en cama, dijo que hacía cincuenta años que no se desnudaba, sino que arrimada a la cama dormía algunos ratos.&lt;/div&gt;</summary>
		<author><name>Anaritasoares</name></author>	</entry>

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