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	<title>Catálogo de Santas Vivas - Contribuciones del usuario [es]</title>
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	<subtitle>Contribuciones del usuario</subtitle>
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		<id>https://catalogodesantasvivas.visionarias.es/index.php?title=Mar%C3%ADa_Garc%C3%ADa&amp;diff=713172</id>
		<title>María García</title>
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		<updated>2026-09-26T08:06:31Z</updated>

		<summary type="html">&lt;p&gt;Anaritasoares: /* Vida manuscrita (4) */&lt;/p&gt;
&lt;hr /&gt;
&lt;div&gt;[[Category:Santas_Jerónimas]]&lt;br /&gt;
[[Category:Toledo]]&lt;br /&gt;
[[Category:Alonso_de_Villegas]]&lt;br /&gt;
[[Category:Baltasar_Porreño]]&lt;br /&gt;
[[Category:Francisco_de_Pisa]]&lt;br /&gt;
[[Category:Juan_de_la_Cruz]]&lt;br /&gt;
[[Category:Hernando_Pecha]]&lt;br /&gt;
[[Archivo:Santa_Maria_Garcia_conversando_con_Fray_Fernandez_Pecha-web.jpg|right|María García conversando con Fray Fernandez Pecha|link=]]&lt;br /&gt;
{| class=&amp;quot;wikitable&amp;quot;&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Nombre || María García de Toledo&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Orden || [http://catalogodesantasvivas.visionarias.es/index.php/Categor%C3%ADa:Santas_Jerónimas Jerónimas]&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Títulos || Priora y fundadora de la casa de beatas de Mari García, posterior convento de San Pablo de Toledo. Iniciadora de la rama femenina de la Orden&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Fecha de nacimiento || 1340&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Fecha de fallecimiento || 1426&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Lugar de nacimiento || [http://catalogodesantasvivas.visionarias.es/index.php/Categor%C3%ADa:Toledo Toledo]&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Lugar de fallecimiento || [http://catalogodesantasvivas.visionarias.es/index.php/Categor%C3%ADa:Toledo Toledo]&lt;br /&gt;
|}&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
= Vida manuscrita (1)=&lt;br /&gt;
Ed. de [http://visionarias.es/equipo/celia-redondo-blasco/ Celia Redondo Blasco]; fecha de edición: junio de 2017.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
== Fuente ==&lt;br /&gt;
[[Archivo:I María García.jpg|250px|right|Manuscrito|link=]]&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
* Esc. C-III-3. fols. 252r - 264r.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[[Contexto material del manuscrito de El Escorial, MS c-III-3]]&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
== Criterios de edición ==&lt;br /&gt;
Al tratarse de un testimonio único se ha optado por emplear unos criterios de edición conservadores. &lt;br /&gt;
Se puntúa y acentúa siguiendo las normas establecidas por la RAE.&lt;br /&gt;
Se conserva la -l- geminada en humilldad y la s líquida en Spíritu Sancto, así como la alternancia entre v y b en su valor consonántico; también se mantiene la h- aunque sea anti-etimológica en hedad.&lt;br /&gt;
Se han respetado los latinismos como oratión. &lt;br /&gt;
Se han repuesto vocablos o grafías con corchetes ([ ]) cuando resultaba patente que no aparecían por un descuido del copista (en caso de duda, se ha respetado su ausencia).&lt;br /&gt;
Se conserva dello, desto, pero se separa mediante apóstrofe cuando la forma aglutinada incluye un pronombre personal: d’él.&lt;br /&gt;
Se ha conservado el uso de qu por cu (qual) y la grafía de la nasal n antes de la bilabial (grupos -np- y -nb-: honbre). &lt;br /&gt;
En cuanto al grupo de sibilantes, se mantiene ç ante a, o, y también ante e, i. Se respetan, también, los grafemas z, s/ss ante las distintas vocales. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
== Vida de María García ==&lt;br /&gt;
[fol. 252r] Aquí comienza la vida e ystoria de la bienaventurada y loable memoria doña Mari Garçía, virgen consagrada a Dios, fundadora del monesterio y casa de las beatas llamadas de doña Mari Garçía que es en la çibdad de Toledo &#039;&#039;[1]&#039;&#039;, la qual se trasladó del latín en romanze en el año del Señor de mill y quatrocientos y ochenta y siete años.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
=== Prólogo ===&lt;br /&gt;
Ansí como Dios es maravilloso con sus santos, el qual no en vano hizo todos los hijos de los honbres, ansí nunca olvidó la su Santa Yglesia, dende el justo Abel, ni agora la olvida ni desanpara, hasta en fin del mundo. La qual en los antiguos tienpos, que fueron debajo de la Lei de Natura y de Escritura, nunca de todo en todo estuvo huérfana de santos y de varones y henbras fieles, en los quales, la fe, y caridad y esperanza resplandeçieron; y en los quales, toda relixión y perfetión de vida después de su muerte, por que no pereçiese, fuese conservada; e a los quales, el Evangelio y divino dinero, non sin causa, fuesse prometido, y en nuestra hedad, que es debajo de la Lei de Gracia, aiuntadas las cosas altas a las [fol. 252v] bajas, después que el humanal linaje dejó el honbre viejo, venido el nuevo honbre: conviene saber, Jesucristo, nuestro medianero, Dios encarnado, después que recibió la Passión, después de su poderosa Resurretión y gloriosa Açensión. De quántas maneras de santos, ansí honbres como mugeres, su santa gloria Dios todopoderoso aya guarnecido, dotado y hermoseado, aunque la voluntad quiera y desee dezir, pero la lengua no lo puede recontar ella misma, en sí sola la conoçe, desto non dubdamos, los gloriossos Apóstoles de Jesucristo, quia predicatión salió en toda la tierra, ser sus primeros fundadores. Los quales, después que reçibieron el Espíritu Santo, quanto más crueles, rebeldes y apartados del conocimiento de Dios hallaron a los pueblos y gentes, tanto más las amansaron, domaron y trajeron a su conocimiento. Quién podrá contar los mártires vençedores y esforçados por virtud divina que maravillosamente defendieron la su Santa Iglesia. Los quales, por la alinpiar de las espinas, lavaron sus vestiduras en la sangre del cordero; sufriendo por Jesucristo lo que Él sufrió por ellos, no dubdaron dar su cuerpo a la passión. Los santíssimos confesores sustentaron la Santa Yglesia [fol. 253r] y, ensanchándola por edificio espiritual, por dotrina y exenplo, regaron los coraçones de los fieles de rocío celestial. A los quales, enbiando el Señor como obreros en su miel, adornó y dotó de muchos bienes de su graçia, y quiriéndoles probar por diversos trabajos, a uno dio maior fortaleza que a otro, cuios cuerpos, y si la grandeza del martirio o la espada material no atormentó, pero ellos, vibiendo a Jesucristo por continua abstinencia, domando saludablemente las cobdicias de la carne, a sí mesmos crucificaron. Úyense las santas donzellas adornantes aquesta iglesia con su clara virginidad, las quales conociendo el Señor ser de natura flaca, con largueza de su graçia las dio sfuerço, por que el Enemigo, fallándolas ynflamadas en el amor divino, no pudiese vencerlas con sus artes engañosas. De aquestas, algunas, que el Señor para esto guardó, fueron por sus nonbre y por la honrra de su fe martirizadas, las quales juntamente de doble vencimiento fueron laureadas y coronadas porque, no sabiendo la cama material, al solo Esposo de virginidad, que es Jesucristo Nuestro Salvador, se allegaron y en el tormento del martirio, burlando de sus atormentadores, [fol 253v] fueron vençedoras, por lo qual resplandeçen por aureola de virgininad, ansí como lirios y rosas por pena de la persecutión. En el aiuntamiento y conpanía de aquestas, piadosamente creemos ser colocada y asentada en gloria perdurable nuestra amiga, nuestra conpanera, nuestra cibdadana de Toledo, a la qual, Nuestro Señor, en nuestros tienpos, en los quales la maldad abunda y la caridad se enfría, quiso en ejenplo de vida y virtudes dar a su Santa Yglesia, cuia loable vida, cuia honestidad de buenas costunbres, cuia santa conversatión, cuio menospreçio, aspereza de vida a honrra de Dios, y para despertar las voluntades de los justos y conpunjir y reprehender las culpas de los negligentes, aiudándonos la gracia divina, queremos brevemente escrevir. Y porque es esta virgen y hermosa, rogemos muy humildemente a la Reina de las Vírgines que nos gane graçia de contar y dezir de su vida y loable conversaçión.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
=== Capítulo primero ===&lt;br /&gt;
Fue en los días del rei don Pedro el Cruel, rei de Castilla, de memoria bienaventurada, un cavallero claro por linaje y claro por virtudes, llamado Diego Garçía de Toledo. Este tenía una mujer que era de noble [fol 254r] linaje ansí como él, cunplida de virtudes y de toda honestidad. Anbos eran justos delante de Dios, andando en sus carreras y cunpliendo sus mandamientos. Ella se llamava doña Costanza, hija de Fernán Gómez, padre del reverendíssimo don Álvaro, arçobispo de Toledo, cuia hermana era de un vientre la dicha doña Costança. A estos dio Dios, entre otros hijos e hijas, una hija mui graciosa, cunplida de toda hermosura, a la qual pusieron por nombre María, y el sobrenombre del padre, conviene a saber doña Mari Garçía. A la qual, los padres, ansí como la dézima parte de sus bienes, prometieron al Señor de toda voluntad. Este voto, quando ella fue de hedad de discreçión, no ansí como desobediente despreçió ni desechó con poco coraçón, mas antes, conforme con los padres, lo confirmó. Y encendida en el amor del Señor, luego por obra lo cunplió de su propia voluntad y de su libre alvedrío, sin consejo de alguno, mas inspirada de don y graçia divina, toda se ofreció al Señor. ¡Convenible cosa era que tal sarmiento naciese de tal vid!&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Tal fue aquesta virtuosa doncella, que, movida por el consejo del profeta, dende su niñez todo su pensamiento puso i fincó en el Señor, ansí como lo declara la orden de su vida maravillosa, la qual, aunque [fol. 254v] niña y de mui tierna hedad, huía la conpañía de los que en casa del padre eran. Y olvidando y dejando los juegos y cosas a que la tal hedad se suele dar, apartávase en lugar secreto a ofrecer oratión pura y linpia al Señor. Nunca oiera el santo Evangelio y ia deseava hazer tesoro en el Çielo. Era pobrecilla de voluntad y parecía que tenía no pequeño cuidado de los pobres: las migajas que caían de la mesa de su padre, y los pedazos que sobraban y quedavan de su comer, y todo lo que podía aber con deligençia guardava y ascondidamente procurava de dar a los pobres.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
=== Capítulo segundo ===&lt;br /&gt;
Creçiendo ya en edad, desechando todos los deseos y obras de moza, pensaba de día y de noche cómo, a ejenplo de San Juan Baptista, podría conservar y guardar enteramente su vida sin mancillar; y deçía al Señor: «Demuéstrame, Señor, las tres carreras y enderéçame, Señor, según verdad». Y ansí como virgen prudente i sabia, como fuese ya de doze años, no ensobervezida por la ponpa del linaje, no atraída por vanas amonestaciones de los honbres lisonjeros, no mirando los faustos abundantes del padre, despreçió todos los deseos dañosos del mundo, y renunciando de ese aiuntar a esposo carnal, olvidando la casa del padre, deseó [fol. 255r] solamente la hermosura del Esposo Celestial. Y por que más cauta, más libre y más diligentemente pudiese cunplir su deseo y el negocio espiritual, non curando de la murmuración de las gentes, apartose a un monesterio de monjas de santa conversatión llamado San Pedro de las Dueñas, do era priora una su hermana que mucho la amava. Allí supo y aprendió en poco tienpo el canto y las otras cosas y observancias de la relixión. Creciendo su fama por toda la provincia y sabida su vida y costumbres, por toda parte procuraban y deseavan las monjas de Santa Clara, que son en el monasterio de Tordesillas, que aí tomase su hábito. Esperaban de la elejir por su maior si aí hiziese professión, pero ella, acordándose de lo que Nuestro Señor en el Evangelio dize, por no ser vista de los honbres y no recebir delante dellos el galardón de sus buenas obras y Él por ellas le diese galardón, no huió por pequeñez de coraçón la honrra, mas por verdadera humildad.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
=== Capítulo terçero ===&lt;br /&gt;
Después que aquesta santa virgen fue, como diximos, dotrinada y enseñada de su hermana en las cosas divinales y en la carrera del Señor, demandó liçençia y bendiçión en su hermana, la qual, con dificultad, pero de voluntad, la dio. [fol.255v] Y ansí abida licençia, no como quien torna atrás, mas por voluntad de Dios, tornose a casa del padre. Nunca aún tomara hábito ni velo de religión, y estando en la casa del padre, ençendida por el fuego del amor divinal, codiciando remediar y seguir a Jesucristo, su Esposo, según su flaqueza, negando a sí mesma, se dio con toda voluntad al menospreçio del mundo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Frecuentava andar por las calles de puerta en puerta pidiendo limosna para los encarcelados. Traía en los honbros unas alforjas en que echava los pedazos del pan que en limosna le daban. Tenía por conpanera la santa virgen en su santo propósito a una venerable matrona biuda que se llamaba doña Maior Gómez. Este tan piadoso oficio hazíase contra la voluntad de su padre y hermanos, que deçían ser deshonrados y avergonzados públicamente por el menospreçio de la hija y hermana. Conosçiendo enpero el padre que, por miedo ni por amenazas, por amor ni promesas de bienes tenporales, no quería ni podía ser apartada de su santa intención, diole lugar y no procuró más de apartarla de este santo camino.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Andan entramas la vieja y su aia y la virgen tierna por toda la cibdad de casa en casa; como pobres y peregrinas, vienen entre los dos coros de la iglesia maior, y allí, delante de todo el clero y pueblo, piden por amor de Dios [fol. 256r] limosna. Mucho se maravillan todos y dizen: «No avemos visto alguna que sea semejante a esta entre todas las henbras de aquesta çibdad»; y desde allí iban a casa del padre por reçebir alguna limosna. Y viéndola su padre traer alforjas en los onbros, avían plazer y reíanse. Y ansí como buenos y católicos padres, alçando las manos al çielo, daban graçias al Señor porque les avían dado tal hija; y decían los mançebos y las vírgenes, los viejos y los mozos: «Alaben al Señor, el qual haze maravillas». Y ella conoçiendo dellos aquesto, luego se derribaba a sus pies, besava sus manos dándoles no pocas gracias porque avían plazer de la vida que escojiera.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Acaeçió un día que la dicha matrona biuda y la bendita virgen, continuando su santa obra, andando a demandar por las calles, encontraron con su padre y con el arçobispo, su tío, que hera hermano de su madre, aconpañado de muchos cavalleros nobles. Y como el arçobispo la viese ansí mendigar y la conoçiese, reprehendió a su cuñado porque consentía andar ansí despreçiada a su sobrina, y díxole: «O varón, como seas prudente, ¿por qué consientes a moza tan pequeña, tan hermosa y generosa andar ansí tan despreciada?, ¿por qué tienes tu hija ansí aboreçida?, ¿por qué no la casas con otro su igual?». Al qual [fol 256v] respondió el noble cavallero benignamente: «¿Qué esposo puedo yo dar a mi hija más generoso y más rico que Jesucristo, hijo de Dios bivo? Dejémosla, tomó para sí la mejor parte».&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
=== Capítulo quarto ===&lt;br /&gt;
Después de aquesto, como el dicho rei don Pedro el Cruel, entre otras cosas ynjustas que hazía, persiguiese a donzellas y mugeres nobles y de qualquier estado que fuesen, aquesta honestísima virgen, con otras muchas que se trabajaban de absconder de la cara del muy cruel rei, huyeron a la villa de Talavera, cuio dominio tenía entonces su padre, don Diego García de Toledo. Y aun aí no las dejava estar seguras el temor del cruel rei, mas fue causa que dende se fuesen. Dízese que muchas dellas, por guardar su honestidad, rescibieron muchos daños, ynjurias y persecuciones. Y viendo esto nuestra discretísima virgen y aquella dueña a quien seguía, dubdavan llamando al Señor qué harían, mas Dios, que está açerca de los que le llaman con verdadero coraçón, oídas sus peticiones, endereçó sus coraçones dándoles por guiador el su ángel bueno que viniesen a un pago que se llama aora la Sisla. En el qual lugar hizieron una pequeña morada adonde estuvieron algunos días [fol. 257r] sirviendo al Señor de noche y de día con aiunos y abstinencias, orationes y otros exerciçios honestos y santos y de gran humildad. Y aún entonces no era edificado en aquel lugar un monesterio del bienaventurado San Xerónimo que agora se llama Santa María de la Sisla. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En este tienpo plugo al Señor que çesase la cruel tenpestad por muerte del rei cruel para proveer al miedo de aquestas santas mujeres, las quales con deseo entrañal y continuo pensaban dónde con maior provecho y sin inpedimento pudiesen cunplir mejor su voto a honrra y gloria de Dios. Y alumbradas por el Spíritu Santo, dejaron la solidunbre en que estavan.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En aquel tienpo avía en la çibdad una congregación de mujeres devotas que estavan en la perrocha de San Román, el cuidado y administración de las quales tenía una religiosa persona que avía nonbre doña María de Soria. Y como oiese esta santíssima virgen la fama tan loable e santa de aquestas religiosas dueñas ser sin ninguna reprehensión, la su loable vida cobdiciando obedesçer y ser instruida mucho más en la vida religiosa y ser juntamente regida de la dicha religiosa persona, metiose debajo de su mano para hazer su voluntad en todas las cosas, la qual las reçibió mucho de voluntad, y con gran alegría. Y allí tomó el hábito relixioso según las otras lo traían y después que plugo al Señor [fol. 257v] que aquella noble dueña, doña María de Soria, y el padre y la madre de aquesta virgen loable pasasen de aquesta vida presente, cobdiciava esta santa virgen dexar más perfectamente el mundo, el qual le era ya mucho aboresçible. Y pensando en su coraçón qué haría, decía con toda voluntad aquel verso del salterio: «Tú, Señor, eres bueno; enséñame tus justificaciones». Y luego vendió la parte en que la madre la dejó heredera, y del preçio mercó luego una casa con muchas anchuras en la perroquia de San Lorenço, para que allí en el claustro pudiese su coraçón holgar a Dios.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Finalmente dejaron la otra casa y encerráronse allí, ella y aquella dueña ya dicha. Sabido y divulgado aquesto por toda la çibdad, una honrrada dueña, que se llamava Teresa Vázquez, con otras siete mujeres continentes de mui santa fama, entraron en aquella casa, por que juntas a tan devota conpanía hiziese a Dios un santo colegio a Él mui apacible y a las gentes loable. Las quales, como esta señora de quien dezimos viese ser de tan profunda humildad, y que con aquel despreçio tan maravilloso del mundo con todo coraçón y con entera voluntad se sometían a la pobreza no recusando ningún trabajo, mas con todas sus fuerzas trabajavan por seg[u]ir a su Redentor Jesús, y mirando con tan grande diligençia cómo estavan enbevidas en Dios, amávalas con entrañas llenas de caridad sin ninguna conparaçión y deçía con el psalmista: «Load [fol. 258r] a Dios todas las gentes, porque a confirmado sobre nós su misericordia». Y tornándose al Señor, dezía con fervor de coraçón: «Plégate, Señor, de nos dar graçia que cantemos las tus justicias en este lugar de nuestra peregrinación. Huélgase, Señor, el mi coraçón en ti, porque las flacas están ceñidas de fortaleza». Y en tanto creció la fama de aquesta congregación gloriossa, que en breve tienpo fue aiuntada gran muchedumbre de mugeres religiosas, las quales con coraçón y voluntad tomaron hábito blanco en señal de virginidad y continençia para servir al Señor según la orden del bienaventurado nuestro padre San Xerónimo. Y eligieron todas entonzes de una voluntad por su prelada y religiossa a la dicha señora doña Mari Garçía, la qual contra su voluntad lo açeptó cobdiçiando ser más súbdita que regir.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
=== Capítulo quinto ===&lt;br /&gt;
Era en aquel tienpo un cavallero noble, secretario y capitán mui amado del rei don Pedro el Cruel, el qual era sinple y recto y temeroso de Dios, el qual se llamava don Pedro Fernández. Y como este noble cavallero pensase con el clareçido coraçón cómo avía gastado sus días en la ceg[u]edad del mundo sin ningún serviçio de Dios, con deseo de hazer penitencia y aber [fol. 258v] dolor de sus pecados y guardarse de no ofender más a Dios, negó a sí mesmo según el consejo de Nuestro Señor Jesucristo con toda la casa real, tomando hábito de religión. El qual, con divinal aiuda, fue a Roma y alcanzó liçençia del Padre Santo que pudiese edificar en la provinçia de Toledo un monesterio de la orden del bienaventurado padre San Xerónimo. Y buelto con la liçençia, hedificó el monesterio ya dicho de sus propias faqultades, con aiuda desta señora, la qual no solamente hizo muchas espensas en el edificio material, mas aun dio preciosos hornamentos y joias para el culto divino, con las cuales adornó y ennobleçió el sagrario y sacristía, onde somos ciertos que dio una arqueta pequeña en que se encierra el cuerpo del Señor.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
=== Capítulo sexto ===&lt;br /&gt;
Acabado aquel maravilloso hedifiçio, en breve fue la casa llena de frailes. Viendo esto las siervas de Dios, juntamente con ellos tomaron por padre al bienaventurado nuestro padre San Xerónimo, para que con su tela y anparo, olvidadas las fuerças flacas, por sus merecimientos serviesen varonilmente en el serviçio del Señor: toman el hábito, regla y costumbres de la dicha orden, sométense a los prelados de aquel monesterio, prometen obediençia, demandan que sean regidas dellos, ¡o virtud de maravillosa obediençia!, ¡sola [fol. 259r] digna de ser loada! Quisieron más sujetas obedecer, que esentas y libres errar; esto es verdaderamente negarse a sí mesmo: quando el honbre deja su querer y se dispone para obedezer. Y cobdiciando esta señora de no comer sin trabajar en el serviçio de Dios, alcanzó liçençia del papa que tuviesen aquella misma horden en rezar las horas divinas que los dichos religiosos. Y viendo aqueste santo varón ya dicho, que era prior en el dicho monesterio, la vida de aquesta santa muger ser tan apaçible a Dios, amávala con verdadera caridad, rogando al Señor por su justificatión y cunplimiento devoto y guarda religiosa de aquella santa congregaçión que hasta la fin durase en toda santidad y religión. Otro tanto rogava ella por él: eran estas personas dignas de todo loor en el entrañal amor, que pareçían otro San Francisco y otra Santa Clara, otro San Xerónimo y otra Santa Paula y Eustoquio; eran d’Él consoladas, y disciplinadas, y amonestadas con gran dulcedumbre de caridad en toda perfectión y castidad.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Después de mucho tienpo que les duró esta santa conversaçión con toda honestidad y religión, plugo a la Divina Bondad recebir la penitençia digna y dar fin a ella y a los trabajos deste santo varón, llevándose donde recibiese el galardón del trabajo [fol. 259v] que avía recebido en plantar aquella biña del Señor, la qual labrava con el arado de la religión para que, después que la oviese podado con santas amonestaciones, mereciese aver della el fruto que esperava, que es el Çielo. Y si acaso algunas vezes alabavan a esta señora algunos çibdadanos de su honestidad y abstinençia o de otras obras virtuosas, dezía ella: «No es de algún valor lo que yo hago; mis hermanas lo hacen por alunbramiento del Espíritu Santo». Y viendo esta santa mujer que en las enfermedades la estavan sirviendo las hermanas, deçía sin toda dobleza, pensando ella en su coraçón ser indigna de aquel serviçio: «¿Dónde vino a mí tanto bien? ¡O, qué más hermosas donzellas pudiera yo tener en el siglo que ansí cercasen mi cama, las quales veo ser mucho más sufiçientes que io para esta administraçión, por hermosura de virtudes delante de Dios!».&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y como esta santa muger viese adornadas las mujeres del siglo de contraria hermosura con diversidad de adornados trajes, y que las caras hechas a semejanza del Criador estavan cubiertas con diversos ungüentos y afeites, por artifiçio digno de condenaçión, quiriéndolas reprehender, dezíales con palabras dulzes: «Mirad que ofendéis mucho al Señor y que si más con coraçón endureçido [fol. 260r] usáis de esta apostura, que ansí como personas que con deliberación pecan en el Spíritu Santo, yrán a la damnaçión perdurable, que aún el tal pecado no se quita ligeramente por la penitençia». Todo género de timiama o de qualquier espeçie odorífera ansí lo aborreçía y huía como si fuera un pozoñoso veneno. Dezía ella a las que usavan destas cosas odoríferas: «No conviene que la carne que está aparejada para ser mañana queva de gusanos, llena de toda miseria, aia alguna delectaçión». Nunca consentía su ánima ser ensuciada en jactancia, aunque fuese alabada de la prelaçía, o de la dignidad de los parientes, o de la hermosura del cuerpo, o de la honestidad de las costumbres, o de qualquier obra de perfeçión que en ella era; y si alguno por honrrarla le dezía “Vuestra Merced”, “Reverencia”, o otras palabras semejantes, dezía: «¿Dónde yo, un tan mezquino gusano en menospreçio, soi dicha tener merçed, como a Dios sea la honrra y gloria para sienpre?». ¿Qué podré yo dezir de la perfeción de esta? Sino que tomó tan alto grado de humilldad y de sinpleza recta y temor del Señor quanto la humana natura pudo consentir estar alguno de los mortales. Si líçito es dezir, puede bien tenella la Iglesia como a otro Job, y como ya la luenga hedad la agraviase mucho, aviendo pasado ya ochenta años de su vida con mucho fruto, con la gran vejez tenía perdido los sentidos exteriores en parte, [fol. 260v] mas con este inpedimento sienpre crecía más en los sentidos ynteriores y tenía más y maiores fuerças espirituales. Y como ansí ynpedida no pudiese oír el relox, mandava que pusiesen dentro en la celda un gallo que la despertase a la medianoche para ir a maitines; nunca o apenas fue hallado ningún día que casi desde su niñez no se levantase a la medianoche a alabar al Señor, aunque tuviese enfermedad de grande trabajo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
===Capítulo séptimo===&lt;br /&gt;
Pasado este tienpo con tanto fructo que la piedad divinal dar quiso a su pelea y su inmensa bondad y justicia, quiso dar el galardón a esta su sierva, que corrió sin tardanza por la carrera. Y llegada al postrimero día, pensaba la quenta que avía de dar de aquella maiordomía. Y ansí como ella en la vida avía instruido a sus hijas en el serviçio divinal, ansí quiso consolar y esforçallas en el postrimero día de su vida a exenplo de nuestro padre San Xerónimo, amonestándoles con toda afectión que no tornasen atrás ni desfalleçiesen en aquel camino espiritual, mas perseverando viniesen a la fin con vencimiento de la pelea para que pudiesen gustar y gozar de la bienaventurança perdurable, para lo qual es necesario que con toda humilldad y menospreçio y mortificatión perseveren. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Avía entonzes en el claustro veinte y cinco [fol. 261r] beatas, las quales ella todas mandó llamar con gran alegría, siguiendo el exenplo de nuestro padre San Xerónimo. Y de que fueron todas llamadas, abraçolas y dioles paz diçiendo: «Amadas hijas, acordaos cómo, no por nuestros merecimientos, mas por su sola misericordia y bondad aparta el Señor a nós, para sus siervas, de las tinieblas del siglo y nos trujo a esta esclarecida solidunbre, adonde vos ruego que no seáis de poco corazón fingiendo vos ser flacas para perseverar en la religión; oíd, no a mí, sino a Vuestro Maestro, que dize: “Mi jugo es suave y la mi carga liviana”. Oíd otra vez que dize: “El que pone la mano al arado y torna atrás no es capaz de el Reino de los Çielos”». Y dichas estas cosas y otras de grande edificaçión, llamó a cada una particularmente y amonestávala con aquel deseo que según su calidad y manera le era menester. Ca como ella desde sus primeros comienzos las ubiese instruýdo en las doctrinas santas, conoçía el corazón de cada una tan perfectamente que por verisímiles conjeturas, antes de su muerte, dijo a algunas dellas lo que les avía de acaezer acerca de la perfectión en las virtudes o si avían de errar en los viçios y en otras semejables cosas, casi por espíritu de profeçía. Después de esto, encomendó a todas dos [fol. 261v] cosas: y es que guardasen en sí un mandamiento y un consejo. El mandamiento, que se amasen unas a otras y que con toda caridad cada una sufriese soportando la carga de la otra por que pudiesen estar en paz y en concordia; el consejo, que estuviesen sienpre en el claustro guardando mucho silençio, ni quisiesen ser vistas por las calles, y huyesen mucho de comunicar con los seglares, porque guardando estas dos cosas se apartasen del lazo del Enemigo, que busca de contino a quien trag[u]e.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y oiendo estas cosas y otras muchas, aquellas devotísimas hermanas no se podían abstener de no llorar porque, aunque era cosa razonable que ubiesen plazer de la subida de su madre al Çielo, piadosamente lloraban viendo ser desanparadas de tal madre. Y viéndolas ella llorar, comovida a conpassión dezía: «No queráis más llorar en vano, pues el Señor puso término a mis días, los quales no puedo pasar mas conformada con su voluntad. No creades que io os dejo, porque a Él plazerá de vos tomar en su anparo y guarda si os apartáis del mal y le servís con toda virtuosa obra y cunplida bondad». Y diziendo: «Quede el Señor con vos», demandó la unçión, y después que la recibió en esa hora, estando meneando los labios con oraçión al Señor sin esprimir lo que deçía, deçen-[fol. 262r] dió un raio de claridad sobre su cara, viéndola algunas de las que estavan presentes, y ella avía gran plazer de lo que con sus ojos veía, y alçando las manos en alto, puestos los dedos en señal de cruz, durmió en el Señor. A diez días de enero año de mill y quatrocientos y veinte y seis años.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
===Capítulo octavo===&lt;br /&gt;
&#039;&#039;[2]&#039;&#039;&lt;br /&gt;
Luego que espiró, fue llevado secretamente su cuerpo al dicho monesterio de Nuestra Señora de la Sisla y sepultado con grande honra cerca del altar maior, y esto fue hecho porque se esperava gran disensión entre los çibdadanos sobre el enterramiento del cuerpo y ansí fuera inpedido de llevar al dicho monesterio donde ella, quiriendo aun en su muerte huir la vanagloria, se mandó enterrar; que pudiera çierto ser sepultada dignamente y con grande reverençia en la iglesia maior de la dicha çibdad, açerca de su tío, el arçobispo don Álvaro.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y para más loar s[u] esclarecida vida, podríamos contar algunas senales y dezir algunos miragros que parecieron en su muerte y fueron hechos por el tanimiento de su cuerpo, lo qual piadosamente creemos, pues personas [fol. 262v] relixiosas y dignas de toda fe, sin ninguna adulación dan testimonio dello, mas pues que hasta aquí esta santa Yglesia lo calla, somos por necesidad constrenidos a callar; una cosa sabemos de çierto que nos constrine a hablar, que fue su voluntad en la lei del Señor, pensando de día y de noche, en cuia boca no fue hallado engaño. Y por esto creemos firmemente que no recibió en vano su ánima, que fueron aquestas senales y miragros manifiestos a todos en la su historia que tiene el vulgo. Cosa digna fue y no de maravillar, amadas hermanas, que la cibdad real donde descendió la Reina de los Ángeles con tan gran muchedumbre de coros de vírgenes quedase con el fruto de aquesta virgen, que con santidad de vida entre las otras vírgenes la pudiese seguir y alabar. Y si queréis vos, sus hijas, alcanzar a loar a la Madre de Dios con aquellos espíritus bienaventurados con entrañas llenas de caridad, vos amonesto y con grande amor espiritual vos ruego que sigáis las pisadas de la madre y guardéis su dotrina y os acordéis de sus amonestaciones y sienpre la tengáis delante de buestros ojos por singular exenplo, examinando con diligençia lo que ya avéis oído y otras cosas que no basta mi lengua para recontar.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
¡Quán [fol. 263r] suave fue su mansedunbre y quán marabillosa su honestidad y linpieza! Considerad su profunda humildad y quál fue su sinple prudentia llena de todo temor de Dios. Por las quales mereció Dios, siendo en su aiuda, venzer a los enemigos en tan grandes peleas con gran vitoria. Sobre todo, vos amonesto que, perseverantes en la santa religión, conviene que paséis por fuego y agua; conviene saber: por adversidades y tentaciones, por las quales, mereciendo ser dignas de la gloria, haziendo todas las cosas perfetamente, digáis aquello que el Salvador nos amonesta por San Lucas, a los diez y siete capítulos, diçiendo: «Quando hiziéredes todas las cosas que vos son mandadas, dezid: “¿Siervas somos sin provecho. Solamente hicimos lo que devíamos”», en tal manera que los bienes que con el aiuda y inspiratión del Spíritu Santo fazéis, no los perdáis delante de Dios por el loor de los honbres o con presunçión dañosa de dentro del corazón los hagáis sin provecho. De lo qual oíd aquella semejança del Salvador de las diez vírgenes, çinco prudentes y çinco locas, de las quales dize San Gregorio: «Todas se llaman vírgines, mas no todas son reçebidas dentro de la puerta en [fol. 263v] la bienaventurança, porque, como faltase el açeite a las vírgines sin seso, fueron a conprarlo; conviene saber, yendo a buscar el testimonio de sus buenas obras delante los honbres recibieron su galardón. Vino el Esposo y las que estavan aparejadas entraron con él a las bodas». De lo segundo, oíd lo que el apóstol las dize: «Pienso, hermanas, que no son dignas las pasiones deste mundo para alcanzar la gloria que esperamos, y otra vez el galardón del pecado es muerte, el de la graçia es vida para siempre, la qual a mí y a vos quiera de Jesucristo, Hijo de Dios, el qual sufrió por nós pasión, que con el Padre y Espíritu Santo vibe y reina, un Dios para sienpre jamás. Amén».&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
===Responso===&lt;br /&gt;
Madre nuestra mui hermosa, que menospreciaste todas las cosas prósperas del siglo y por no ensuçiar tu vida dejaste el mundo asconjiendo a solo Jesucristo, dístenos camino siguiendo a Nuestro Maestro. Abnegando a ti misma, venciste al Enemigo. Presa: Agora gozando de santa gloria ruega por nós, desterradas, por que después desta batalla seamos aiuntadas a la çibdad soberana. Verso: ¡O bienaventurada [fol.264r] virginidad que excede todas las virtudes, que pasando por fuego y agua es llevada a la gloria que jamás le será quitada! Pressa: Agora. Verso: Gloria sea al Padre y al Hijo y al Spíritu Santo. Responso: Madre nuestra. Verso: A esta escogió Dios así en sierva. Respuesta: Por que diese a nós flacas fuerzas. Oratión: Dios todopoderoso, que, con la grandeza de tu bondad, tu Santa Yglesia hordenas y rijes, y en nuestros tienpos para exenplo y fortaleza de la flaqueza femínea quisiste escoger a nuestra cibdadana Mari Garçía, virgen, para que fuese del cuento de las escogidas, devotamente  te suplicamos oigas nuestras orationes y gemidos, y benignamente recibas la flaqueza de nuestros pequeños serviçios, y por los piadosos ruegos de aquesta santa madre y patrona nuestra piadosamente nos otorges que sienpre encedidas en tu santo amor, fijas para sienpre, permanezcamos en tu santo temor por que en el postrimero juicio al juez recibamos con lánparas adornadas de santas obras y nos lleve consigo a las bodas çelestiales el verdadero Esposo de las vírgines, Jesucristo tu Hijo, Nuestro Señor, el qual contigo y con el Spíritu Santo vibe y reina un Dios para sienpre jamás. Amén.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Finis: Fray Bonifacio de Chinchón &#039;&#039;[3]&#039;&#039;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
=== Notas ===&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&#039;&#039;[1]&#039;&#039; Apostilla marginal: «que ahora se llama de San Pablo».&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&#039;&#039;[2]&#039;&#039; Tachado: dézimo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&#039;&#039;[3]&#039;&#039; Rubrica&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
= Vida manuscrita (2)=&lt;br /&gt;
Ed. de [http://visionarias.es/equipo/celia-redondo-blasco/ Celia Redondo Blasco] y María Morrás; fecha de edición: abril de 2017.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
== Fuente ==&lt;br /&gt;
[[Archivo:II María García.jpg|250px|right|Manuscrito|link=]]&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
* [http://catalogodesantasvivas.visionarias.es/index.php/Categor%C3%ADa:Juan_de_la_Cruz Cruz, Juan de la], 1591. &#039;&#039;Historia de la Orden de S. Hierónimo, Doctor de la Yglesia, y de su fundaçión en los Reynos de España&#039;&#039;. Esc. &amp;amp;-II-19 fols. 208v- 217r.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[[Contexto material del manuscrito de El Escorial, MS &amp;amp;-II-19]]&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
== Criterios de edición ==&lt;br /&gt;
Dado que se trata de una copia manuscrita que no puede ser muy posterior al autógrafo, los criterios de edición son conservadores.&lt;br /&gt;
La lengua del texto refleja bien las características fonéticas y gráficas propias del siglo XVI, sin que se hayan podido observar rasgos dialectales, pues el vocalismo en formas como  monesterio y desgusto son muy habituales.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Se mantienen los grupos cultos, que podrían ser reflejo de la obra latina que dice haber consultado el autor, o simplemente mostrar el uso eclesiástico: &lt;br /&gt;
s líquida en Spirito Sancto y en el latinismo specie &lt;br /&gt;
formas cultas como –mpt- en Redemptor, th en thesoro (y Theressa), ph en propheta, -gm- en augmento&lt;br /&gt;
-l-  geminada en collegio, bulla&lt;br /&gt;
Otros grupos dobles: successo, -ct- (sanct y sus derivados)&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Sibilantes:&lt;br /&gt;
La oscilación entre –ss- y –s- intervocálica cuando etimológicamente es sorda o procede de un grupo –ss- en latín es mínima. En general, escribe correctamente los vocablos  (necessitad, promessa) o las formas latinas que con –ss- (superlativos: honestíssima, religiosíssima; formas verbales de subjuntivo (fuessen, entendiesse, diesse, etc.) o por razones etimológicas (essos). Sin embargo, también se encuentran formas simples intervocálicas (deseos, mereçiesen, perseverases, moviesen, guardasen). Sin embargo, en general parece distinguir entre la sorda /s/ y la sonora /z/, como indica la hipercorrección Theressa, por lo que se mantiene la grafía original.&lt;br /&gt;
Las fricativas en cambio indican confusión entre sonoras y sordas (doncella/donçella en lugar de donzella, etc.), pero se mantiene la forma original por su interés lingüístico.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Se mantiene el uso de la y en los diptongos decrecientes (oýd, caýda, cuydado, etc.), así como la oscilación entre v/b. Se conserva la –ll en humilldad y humillde porque parece que el copista (y quizá el autor) lo consideran grupo culto; también se mantiene la h- aunque sea anti-etimológica en  hedeficio y hedad.&lt;br /&gt;
Se conserva dello, desto, etc., pero se separa mediante apóstrofe cuando la forma aglutinada incluye un pronombre personal: d’él.&lt;br /&gt;
Se regularizan alternancias gráficas sin valor fonético:&lt;br /&gt;
i/j&lt;br /&gt;
u/v.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
La puntuación y la capitalización han sido modernizadas, si bien se mantiene el uso del paréntesis para indicar observaciones digresivas según el original.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
== Vida de María García ==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
=== Capítulo veynte y quatro ===&lt;br /&gt;
&#039;&#039;&#039;De cómo se fundó el monesterio de religiossas de sanct Pablo de Toledo por doña María Garçía, y del fervor después que tuvo esta sancta muger desde su tierna hedad, y en las buenas obras que se ocupó con gran menosprecio de sí misma&#039;&#039;&#039;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En una escriptura bien antigua escripta en latín se halla la fundación del monesterio de sanct Pablo de Toledo y de su fundadora doña María Garçía, que después de muchos años que en él vivió con muchas siervas de Dios que tuvo en su compañía acabó sus trabajos en este que se va prosiguiendo &#039;&#039;[1]&#039;&#039; de mill y quatroçientos y sesenta y cuatro. Y es digna cosa que se ponga en este principio y fundaçión del monesterio de Sanct Pablo de Toledo, para que se sepa la vida maravillossa de esta sierva de Dios doña María Garçía, y vea y entienda, que en tiempo que tanto se olvida la charidad y abunda la maldad, quiso Nuestro Señor despertar esta su sierva fiel, cuya vida honesta, llena de buenas y sanctas costumbres, y del menospreçio del mundo y de lo que él promete y representa, se escrive aquí, juntamente con la fundación. Y será con la brevedad que dieren lugar las muchas y muy notables cosas que ay que dezir aprovechándome en parte de la dicha escriptura y de otros lugares que harán a este propósito.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Pues en el tiempo que reynava en Castilla el rey don Pedro, fue un cavallero principal en linage y sangre que se dezía don Diego Garçía de Toledo, casado con Doña Constança, hija de Hernán Gómez y hermana del Arçobispo de Toledo, don Álvaro. A estos cavalleros, don Diego Garçía de Toledo y doña Constança, dio Nuestro Señor una hija, después de otros muchos que tenían, de particular hermosura y graçia, que sobremanera la querían, miravan y estimavan sus padres como singular benefiçio que Dios les avía querido hazer. Y en una voluntad (que la tenían en todas las cosas y eran justos delante de Dios) se la ofreçieron como décima parte de sus bienes, poniéndole nombre María [fol. 209r] y el sobrenombre de su padre, y ansí se llamó siempre doña María Garçía. Pusieron mucho cuydado sus padres en criarla y que se afiçionase al temor y amor de Dios y a las sanctas costumbres. Apenas sabía hablar (como dizen) quando se fue conoçiendo en ella el spíritu que Dios quería declarar en su favor porque en ninguna cosa pareçía niña, sino llena de discreçión, de la que el Spíritu Sancto pone en las almas donde reside. Quando tuvo alguna discreçión, no solo no menospreçió el voto y ofreçimiento que sus padres tenían hecho, mas ella, con gran voluntad le confirmó, abraçó y amó, y desde luego tuvo tanto fervor en el amor de Dios que se conoçió que más eran órdenes del Spíritu Sancto y graçia divinal que consejo de hombre humano. En esto seguía el del propheta, que desde su niñez endereçó sus pensamientos al Señor muy alto, y dello dio buen testimonio su vida maravillossa, que aún en aquella tierna hedad se apartava a los lugares secretos a hazer oraçión huyendo de los que la podían ver en casa de sus padres y de los juegos y cosas que en tal hedad se suelen exerçitar y entretener los niños. Era pobrezilla de voluntad, y aun no havía oýdo el Evangelio y deseaba ya hazer thesoro en el Çielo, teniendo gran cuydado de los pobres de Jesuchristo, recogiendo las migajas que caýan de la mesa de sus padres. Y los pedazos de pan que sobraban de su comer, con todo lo demás que podía haver y recoger, lo guardava y escondidamente lo dava a los pobres.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Quando llegó a la hedad creçida, y desechados los deseos de la moçedad, pensaba de día y de noche cómo podría, a exemplo de san Juan Baptista, conservar y guardar con toda entereza su vida y limpieza, y decía con el psalmista: “Muestrame Señor tus carreras y endereçame según tu voluntad”. Como era ya de doze años y no se aficionase a la vanidad del linage, ni a la abundancia y trages de la casa de sus padres y amonestaçiones de los lisongeros, pasó por todo ello como virgen prudente y sabia despreçiándolo, con todos los deseos dañosos del mundo, deseando solamente ser agradable al Esposo Çelestial. Para poner con más brevedad en exerçicio los propósitos y los deseos sanctos que tenía, olvidando la casa [fol. 209v] de sus padres se apartó a un monesterio de monjas que se dezía sanct Pedro de las Dueñas (que estaba adonde después hedificó el cardenal don Pero Gonçález de Mendoça el hospital insigne que dizen de la Cruz) y adonde era priora una hermana suya que la amava y quería como era razón. Recibiola con gran voluntad y en poco tiempo aprendió y supo el canto y las otras obediencias de la religión, para que aprovechase dello y servir a Dios, adonde le encaminase de tomar el asiento que avía de tener. Entendida por muchas partes su vida y costumbres, muchos monesterios de religiossas la deseaban tener en su compañía, y particularmente el de Sancta Clara, de la Villa de Tordesillas, que le ofreçieron que en pocos años sería su perlada si quisiese tomar allí el hábito y la professión, y le sería la vida de mucho contento y descanso. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Ninguna cosa le movía a la sierva de Dios, porque ni eran essos sus pensamientos ni havía entrado en su camino y deseo gana de querer y apeteçer de ser perlada, sino sierva humillde, y por esta humilldad lo menospreçiava todo y lo hollava y acoçeava todo, y no quería que los hombres la viessen sino en este menospreçio, ni reçibir dellos el galardón de sus obras, si algunas tuviese que fuessen buenas y aceptas a Nuestro Señor, y d´Él quería el premio y galardón, y entrar en su apartado cubículo a solas (como lo dize el Sancto Evangelio) para que solo Él la entendiesse y diesse la retribución conforme a los merecimientos. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Después que se detuvo en aquel monesterio algunos años y sabía ya bien las observançias de la religión que se praticavan y enseñavan en él (y sin haber tomado hábito ni manera de religiossa), pareçiole que era bien bolverse a la casa de sus padres, más por voluntad de Dios que lo inspirava que por tener gana de bolver atrás de sus buenos y sanctos propósitos. Pidiole licençia para ello a la priora, su hermana, que con mucha dificultad y gran desgusto se la huvo de dar. [fol. 210r] Y ansí se fue como lo avía dicho a la casa de sus padres. Aunque estava en ella y vivía entre los hermanos y criados de casa, y pareçía que se havía buelto al mundo como cosa que le dava gusto y contento &#039;&#039;[2]&#039;&#039;, andava tan abrasada y ençendida en el fuego del amor divino que siempre pensaba, codiciava y tratava cómo seguir y ymitar (según su flaqueza) a Jesuchristo, su esposo. En lo que asentó, después de muy mirado y consultado y pedido a Nuestro Señor, fue negarse a ssí misma y no mirar a su hedad y flaqueza y que era muger, ni a lo que podrían decir y juzgar los hombres faltos de consideraçión, y con esto començó a darse al despreçio suyo y de las cosas mundanas, y tomó consigo, como aya y compañera, a doña María Gómez, matrona biuda y noble, que con una misma voluntad la quiso acompañar en sus designos y trabajos. Su principio fue començar a andar por las puertas de los vecinos de la ciudad a pedir limosna cada día, públicamente, para los pobres necessitados. Pues dezir que llevavan en su compañía quien recogiese las limosnas y pedaços de pan que les davan, era cosa de bendezir a Dios en sus marabillas, que la donzella pobre de Jesuchristo llevava sobre sus ombros una talega o alforja en que las echava, con un fervor y ánimo de hazer serviçio en ello a su esposo que no aprovecharon promessas, ruegos ni amenazas de sus padres para apartarla dello, y ansí la dexaban continuar su sancta ocupación y daban lugar a ello aunque no dexavan de sentir ellos y los hermanos de la sancta donzella alguna afrenta de aquel menospreçio tan público. No dexavan por esso las dos su exerçiçio cotidiano de andar por las calles de la çiudad pidiendo limosna como pobres peregrinas, y estavan en la sancta yglesia mayor entre los dos coros al tiempo que los canónigos salían de las horas, que los ponían en confusión y compelían a que les diessen muy buenas limosnas. Desde allí pasavan con las que llevavan en sus alforjuelas a la casa de sus padres, y ya era para ellos de gran consuelo y regalo ver de aquella manera a su hija, y la animavan y esforçavan en ello (aunque por otra parte la carne y la sangre hazían su oficio en [fol. 210v] sentir aquel difraçe). Pero pasados los primeros días, y viendo a su hija contenta, y que era bien inclinada, devota y charitativa con los pobres de Jesuchristo, no había cosa temporal que para ellos se les pudiesse comparar a esto. Bendezían a Dios y alçavan las manos al Çielo con mucho plazer y alegría, haziéndole infinitas gracias por haverles dado hija que aun antes de tener discreçión ni hedad había en la tierra vida çelestial y obrava en ella tantas marabillas. Todos los de su casa, hijos y criados, hazían lo mismo, y la sancta donzella, con una profunda humilldad y llena de spíritu de Dios, se derribava a los pies de todos besándoselos, agradeciéndoles el contento que mostravan de la vida que seguía. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Acaeçió un día que andando pidiendo limosna por la çiudad la sancta donçella con su compañera por no perder costumbre de remediar a los que tenían necessidad, que encontraron en una calle al arçobispo de Toledo, su tío, hermano de su madre, y a su mismo padre, que le acompañava con otros cavalleros y gente principal de la çiudad, y quando el arçobispo vio a su sobrina en aquella postura que llevava y cargada en los hombros la talega con las limosnas que había recogido, volvió a su padre y díxole con algún enojo y como reprehendiéndole: “Mucho me maravillo, que como seáis hombre prudente, no remediéys un desconçierto tan grande como este y consintáys a una hija de tan poca hedad y tan hermosa y de linaje, que es que ande ansí despreçiada y con tanta libertad que days a entender que la tenéys aborreçida, pues no la recogéys y tratáys de casarla con otro que sea su igual”. El cavallero prudente le oyó y respondió con mucha mansedumbre y en breves palabras le dixo: “¡Qué esposo le parece a Vuestra Señoría que puedo yo dar a mi hija más rico y generosso que a Jesuchristo, Hijo del Padre Eterno! Por ventura podemos resistir al Spíritu Sancto. Ella ha escogido este estado por la mejor parte y yo no se le quiero estorvar, ni me pareçe que se açertaría en ello”. [fol. 211r] El arçobispo calló con esta respuesta y no supo qué le replicar, entendiendo que aquello era obra de Dios.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
=== Capítulo veynte y çinco ===&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&#039;&#039;&#039;Cómo desde algunos días dexó de pedir las limosnas la donzella y virgen de Jesuchristo, doña María Garçía, y se recogió en una hermita de Nuestra Señora de la Sisla con su compañera, y después al monesterio que fundó de Sanct Pablo&#039;&#039;&#039;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Entre otras cosas mal hechas que en aquellos días hazía el rey don Pedro era desasosegar y perseguir donzellas y mugeres nobles de qualquier estado que fuessen, por sus desordenados apetitos, y esta honestísima virgen, con el temor que le causaba esto, se fue (con otras muchas señoras principales del reino que procuraron esconderse de la persecuçión del Rey) a la villa de Talavera, que estava allí su padre don Diego Garçía, que era casi como señor della y beneficiaba sus possesiones y heredades, que eran muchas la que en aquel lugar tenía. Aun estando allí la sancta donzella con sus acostumbrados exerçiçios y ocupaçiones de oraçión y meditaçión, no estava con toda seguridad porque veýa que otras padeçían grandes trabajos por la guarda de su honestidad, y esto le puso en cuydado de pensar en buscar otro medio y asiento que fuesse más seguro, y no andar con temores y desasosiego. Pedía de veras a Nuestro Señor dispusiesse lo que más havía de ser serviçio suyo, y como está cerca de los que con ánimo verdadero le llaman y quieren, endereçó su deseo que se fuese a Toledo a un término que dezían de la Sisla (adonde es de creer que el ángel la guió con su compañera doña María Gómez) y allí hizieron una casilla pequeña para recogerse, arrimada a la hermita de Nuestra Señora que dezían de la Sisla, y en ella estuvieron algún tiempo sirviendo a Nuestro Señor en ayunos, vigilias, oraçiones y otros exerçicios honestos de humilldad y de sanctidad, hasta que fue servido que [fol. 211v] cesasse la causa del temor con la muerte del Rey Don Pedro.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Aun no estava criada en aquel tiempo la orden de Nuestro Padre San Hierónimo en estos reynos de España, pero pocos años después se confirmó por la sede apostólica y dio el hábito que se use en ella, y se hedificó el monesterio tan principal que oy se vee en Toledo, en la hermita de Nuestra Señora de la Sisla, que dexó la bienaventurada doña María García.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Muerto, pues, el rey Don Pedro, daban orden aquellas sirvientas de Dios de dexar aquella soledad de la Sisla, que la tenían grande por estar tan apartadas de la çiudad, y entendieron que en ella havía una congregación de mugeres devotas y honestas en la perrochia de San Román y tuvieron su aviso y consejo para yrse a aquella sancta compañía y subiectarse a la administradora doña María de Soria, que las reçibió con grande alegría, y de consentimiento de todas las religiossas les dieron el hábito y vestido que ellas traýan. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Por todo el tiempo que vivió la administradora María de Soria, estuvo en aquella casa la sierva de Dios y virgen doña María Garçía, y quando vio que era muerta y que también lo eran sus padres y pasado desta vida al Çielo, le dio más ganas a doña María Garçía de dexar del todo el mundo y el trato d’él, y asentar para siempre en un lugar; y pidiéndolo al Señor dezía con el psalmista: “Tú, Señor eres bueno, enséñame tus justificaçiones”. En ninguna cosa sentía el gusto que pretendía si no era en el puro spíritu y amor de Dios, y siempre andava con cuydado adónde havía de permaneçer y qué estado era el que havía de escoger. La hazienda que heredó en Belilla de su madre la vendió luego y compró una casa grande con mucho aposento en la perrochia de Sanct Lorenço, a donde se pasó con su compañera doña María Gómez, y allí asentaron sus deseos y perseveró hasta la muerte. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Entendida en la çiudad esta traslaçión de doña María Garçía, no le faltaron personas de calidad [fol. 212r] que por su devoçión y afición se inclinaron a seguirla, y una dellas fue ^doña^ Theressa Vázquez, persona noble y principal, con siete mugeres de buenas costumbres, fama y christiandad, que se fueron a amparar a ella, por solo servir a Dios y serles compañeras en la vida sancta y exemplar. Este, pues, fue el primer principio de fundar y plantar aquel collegio de Sanct Pablo de Toledo, que oy es monesterio, que desde que entonçes començó hasta oy ha floreçido y floreçe gran religión y mucha sanctidad, como en el processo desta escriptura se yrá mostrando hasta el cabo della. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El primero fundamento del monesterio de Sanct Pablo de Toledo fue este, y estava ya con grande gozo y contento la sierva de Dios doña María Garçía viendo el fervor de las nuevamente allegadas, y ansí las quería y amava con entrañas llenas de charidad, y animava a perseverar trayéndoles lo del psalmo: “Load a Dios y alabadle, pues ha confirmado sobre nós su misericordia”. Bolviéndose a Nuestro Señor dezía: “Suplícote que te sirvas de darnos graçia, que cantemos tus justicias en este lugar de ^nuestra^ peregrinaçión, que en él queremos perseverar, y en las alabanças divinas”. Fue creçiendo tanto la buena reputaçión de aquella congregaçión en observançia y conversaçión sancta y religiossa, que en pocos años se les allegaron otras muchas a su compañía, las quales, quando vieron que la orden de sanct Hierónimo començava y resplandeçía el nombre della, y estava ya hedificándose el monesterio de la Sisla y con algunos frayles, pareçióles bien su manera y hábito.  Y con un ánimo y voluntad lo escogieron y se vistieron del hábito, escogiendo y eligiendo por su priora y prelada a la religiosíssima doña María Garçía, que lo hubo de aceptar por sus ruegos y ymportunaçiones, porque por su voluntad deseaba antes ser regida que regir, y súbdita que prelada.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Viéndose la devota sierva de Dios con aquella carga y cuydado de priora, y que traýa vestido el hábito de la sagrada orden de nuestro padre Sanct Hierónimo, començó a comunicarse y tractar al sancto varón fray Pedro Fernández Pecha, que era prior de la Sisla, que se ocupaba en hedificar aquella casa, y a mostrarle voluntad [fol. 211v] y aun a favorecerle en su obra del monesterio y claustro, que le fue de grande favor y ayuda para acabarlo con más brevedad. Para la sacristía y culto divino dio muchas cosas y ornamentos de valor, y hasta se sabe que la arquita pequeña de plata adonde se çierra el sanctíssimo sacramento la dio y ofreció esta sancta muger.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Las plácticas y conversaçión destos dos siervos de Dios, fray Pedro Fernández Pecha y doña María Garçía, todas se ençerravan en sanctidad y qué observancias se tenían de guardar y acrecentar en la religión, y la solemnidad del culto divino, no olvidándose del cuydado que havía de haver en la oraçión y amor y serviçio de Nuestro Señor de noche y de día, que no pareçían en sus plácticas, tracto y conversaçión, sino otro Sanct Hierónimo y Sancta Paula, y Sanct Francisco y Sancta Clara, que se conoçió bien por los efectos que se obraron, encaminados todos al Çielo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Doña María Garçía y sus seguidoras no se contentaron solamente con traer el hábito de la orden del glorioso nuestro padre Sanct Hierónimo sino que quisieron guardar la regla, estatutos y ceremonias que la orden tenía, guardava y professava. Y porque aún en aquellos días no estavan unidas las casas que estavan fundadas en el hábito de la orden, ni tenían superior general, dieron aquellas religiossas la obediençia al prior de la Sisla y a sus sucessores, confirmando esto y el dezir de los oficios divinos por bulla apostólica, aunque no tenían professión ni encerramiento de monjas, sino de beatas recogidas, queriendo con todo esto subiectarse al estilo y manera de la orden y negar su voluntad y libertad hasta la muerte, sin buscar otra manera nueva ni hazer más mutaçión. &lt;br /&gt;
Pedía esto de veras y muchas vezes la sierva de Dios en su oraçión y petición, por sí y por las hermanas, y que mereçiesen el spíritu de perseverançia como convenía a su salvaçión, y no se olvidava, ni aun desconfiava, de lo que el Sancto Evangelio promete a este propósito en aquellas palabras, “El que perseverase hasta la fin será salvo”, que no hazían en ella menos impressión que si las estuviera oyendo de la boca de Jesuchristo Nuestro Señor, y, [fol. 213r] puesta a sus pies como la Magdalena, era doña María Garçía en la compostura y hermosura como un ángel, y de sosiego y mansedumbre increýble, y tenía una quietud y reposo en la conçiençia y una serenidad en el alma (parecida a lo del Çielo) que ninguna cosa próspera ni adversa pareçía mudarla. Del sanctíssimo sacramento era grandemente devota, y reconocía ser aquella la fuente y manantial de todo el bien de las almas, y allí procurava coger quanto havía menester para ser rica.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En muchos años no tuvo nombre de monesterio la casa de Sanct Pablo de Toledo, sino que pasó con nombre de “congregaçión de beatas de la orden de San Hierónimo”, y no por esso se diferenciavan en nada en las observançias, cerimonias y guarda de la religión. La priora era la primera en todas las asperezas y trabajos, y la que más se mostrava y resplandeçía en toda perfectión y sanctidad. En la humilldad y simpleza recta y temor de Dios tuvo tan alto grado quanto se puede consentir en muchos de los mortales, y si es lícito dezir que la pueden tener en esto como a otro Job. De todas era amada, querida y respetada, y atraýa con esto a muchas a querer su trato y compañía, porque solo su exemplo y sancta conversaçión bastava a reformar lo que con mucha diligencia y buenas razones y trazas no hizieran muchas en muchos días y años. Algunas personas prinçipales de la çiudad la visitavan, y todas las pláticas y conversaçión que con ellas tenía eran de la gloria y amor de Dios, y a las que veýa que llevavan los rostros disfraçados con afeytes, y con demasiadas galas y vestidos, queriéndoselo reprehender lo dezía con palabras dulces y blandas, y con un deseo que se moviesen a escusar las ofensas de Dios que de aquello podría haver. Todo género de curiosidad y qualquiera specie odorífera huýa y aborrecía como si fuera veneno ponçoñoso, y dezía a las que usavan dello que no era menester aquella deleitaçión a la carne, que está llena de aquestas miserias y tan çerca de ser (con brevedad) manjar de gusanos. No se deleytava en las jactancias, ni consentía ensuziar su coraçón con ellas, aunque unas cosas le dixesen en su alabança o del govierno tan conçertado que tenía en su monesterio, [fol. 213v] y de su hermosura y nobleza de linage; antes lo aborrecía y se tenía por gusano y por la más vil criatura criada, y de más despreçio y menos partes de que alabarla, y que la gloria y onra de todo se havía de atribuyr a Dios. Con estos exemplos, animava la sancta priora a sus hijas y las esforçava a continuar el amor y serviçio de Dios, meditando de noche y de día en la Pasión de Nuestro Redemptor. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Bivían todas en tanto conçierto y sancta conversaçión que a todos los de la çiudad eran exemplo y dechado de virtudes y honestidad, y hasta oy se dize y muestra esto en aquella sancta casa, y se les echan bien de ver los primeros prinçipios y buenos fundamentos que tuvo de religión y de sanctidad, que, como dixe poco ha, se verá adelante en las obras milagrosas que Nuestro Señor ha obrado en muchas siervas suyas que bivieron y acabaron en aquel monesterio. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
=== Capítulo veynte y seys ===&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&#039;&#039;&#039;De la muerte bienaventurada de Doña María Garçía y de lo mucho que sintieron algunos años antes perder su primero prior y perlado, Fray Pedro Fernández Pecha&#039;&#039;&#039;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Después que estuvieron algunos años Fray Pedro Fernández Pecha y doña María Garçía en muy sancta y religiossa conversaçión, y governando cada uno su monesterio con el exemplo y creçentamiento en el amor y serviçio de Dios que se ha dicho, cansado ya por la hedad y vejez, Fray Pedro Fernández Pecha se fue al monesterio de Nuestra Señora de Guadalupe a acabar sus días en aquel sanctuario de la madre de Dios (como en su historia se dixo) dexando renuncia el priorato de la Sisla, de lo que quedó bien desconsolada la sierva de Dios, doña María Garçía, por carecer tan presto de padre que tanto favor había al augmento y aprovechamiento de la sancta religión. Mas bolviéndosse [fol. 214r] al Señor universal de todos, que no desecha a los que son siervos suyos, tomava esfuerço y contento y animava a sus hijas a hazer lo mismo (que tenían el mismo sentimiento y andavan afligidas) para no desconfiar que les havía de faltar el favor y mano de Dios en la carrera que habían començado y continuarla con toda la perseverançia de virtud y exemplo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Según el discurso que se ha hecho de los años que estos dos los siervos de Dios tractaron en el hedificio y asiento de los dos monesterios de la Sisla y de Sanct Pablo de Toledo, y se vieron y comunicaron, pareçe que pudieron ser muy pocos, que doña María Garçía vivió cinquenta años y más después que murió fray Pedro Fernández Pecha. Con todo esso, como se biene a acabar todo poco a poco, algunos años antes de la muerte de la sierva de Dios, doña María Garçía, por los muchos trabajos y continuas vigilias, tenía perdidos (en parte) los sentidos exteriores, mas muy vivos y enteros (y con mayores fuerças spirituales) los interiores del alma. Y para no dexar lo que tantos años havía continuado de yr a los maytines y entender quándo llegaba la hora, hazía una cosa bien rara y de notar, que le ponían un gallo çerca de su aposento para que la despertasse y supiesse quándo era la medianoche, porque ni podía oýr el relox ni aun la campana. Estava tan aconstumbrada desde su niñez a levantarse a aquella hora a hazer gracias a Nuestro Señor y no perder los maytines, que no lo perdonava aun estando con enfermedad, pudiéndose levantar. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Venida ya la hora que era última a los ochenta y seys años de su hedad (que la llamava Dios para dar galardón de tantos y continuos trabajos), pensaba en la cuenta que le havía de dar aquella mayordomía, y que no se podía alargar. Pues era ya aquella hora postrera (principio de la otra que con tanto favor y deseo guardava), aperçebiose luego del divino y sanctíssimo sacramento de la eucaristía (thesoro universal de las almas y çelestial consuelo para aquellos tiempos) y, después que le hubo reçibido, consolava a sus hijas que las veýa tristes por su partida, [fol. 214v] animándolas con palabras afectuosas de madre que tanto las amava y quería, y las amonestava que no volviesen atrás ni desmayasen en aquel camino spiritual, porque perseverando en toda humilldad, menospreçio y mortificaçión, llegarían con bençimiento al fin, y gozarían con gran alegría de la bienaventurança. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Havía en el convento veynte y çinco religiosas beatas, discípulas de tal madre de sanctidad, que a exemplo del glorioso señor padre San Hierónimo las mandó llamar y juntar, y con grande alegría las abraçó a todas, y dándoles paz dixo: «Mis amadas hijas, acordaos que ni por vuestros mereçimienos, ni por las míos (sino por la misericordia y bondad infinita de Nuestro Señor) nos apartó de los ruydos y tinieblas del siglo, y nos traxo a esta esclareçida soledad y recogimiento como a siervas escogidas y regaladas suyas. Ruegoos mucho que no os mostréis como mugeres de poco ánimo, diciendo que soys flacas para perseverar en religión. Oyd, no a mí, sino a vuestro maestro Jesuchristo que dize: ‘Mi yugo es suave y la carga liviana’. Y más: ‘El que pone la mano al arado y buelve atrás no es merecedor del Reyno del Çielo’”. Haviéndoles hablado estas y otras muchas cosas de la hedificación, alegando y trayendo autoridades de la Escriptura (que no pareçía sino que la tenía delante, y tan sabida y estudiada como si la hubiera profesado) mandolas salir, y bolvió a llamar a cada una por sí, que como de tantos años de trato y conversaçión las conocía, y sabía lo que a cada una en particular avía de avisar y aconsejar. Por verisímiles coniecturas y casi por spíritu de profezía, dixo a algunas el successo que avían de tener en el seguir la virtud y perfectión, o si avían de errar, y en los viçios y cosas semejantes, etc. Después las encomendó a todas dos cosas, que guardasen un mandamiento y un consejo: el mandamiento, que se amasen unas a otras y que con toda charidad sufriessen la una la pesadumbre de la otra; el consejo, que guardasen la clausura y silençio, y que no las viesen por las calles y huyesen de la comunicación con los seglares y salidas a las casas de los [fol. 215r] parientes y conocidos, con occasiones más voluntarias y ymaginarias que verdaderas que muchas vezes se suelen proponer, y aun venir deseos de buscar la salud con honestos títulos de enfermedades bien ligeras, que mirasen mucho esto, y que a quien Dios quita la salud en su convento y congregaçión no es justo que busquen fuera el remedio, y antes ^se^ ha de creer, que si con los remedios ordinarios de los conventos no se vee la salud, que quiere Dios que se sufra y calle la que de su mano recibiere este regalo, y lo tome con paçiençia y en penitençia. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Oyéndole tantas cosas de hedificaçión y conoçiendo que se le acabava la vida, no podían ya detener las lágrimas y los lloros de las religiossas, con que la movían a compasión, y les bolvió a decir: “No os fatigéys y lloréys en bano, que Nuestro Señor puso término a mis días y es ya llegado, conformaos con su voluntad y no creáis que os dexo, que yo confío en la Majestad que os tendrá en su guarda y amparo, guardando vosotras sus mandamientos y sirviéndole con toda limpieza y cuidado”. No les habló más de que le diessen el sacramento de la extremaunctión, que era ya tiempo, y la recibió con grandíssima devoción. &lt;br /&gt;
La mañana antes de su muerte vieron las hermanas religiosas sobre su aposento una gran claridad y dentro dél una paloma blanca, y otro día, al alva, vieron que estava la sierva de Dios meneando los labios y haziendo oraçión a su Criador, sin entender lo que dezía, y muchas de la que con ella estavan presentes vieron que desçendió sobre su rostro un rayo de gran claridad y que sentía mucho plazer y contento de lo que veýa. Y alçando las manos en alto y puestos todos los dedos en señal de la cruz, espiró y desapareçió la claridad, a diezisyete días del mes de enero del año mil quatroçientos y sesenta y quatro, siendo de hedad de ochenta y seys años (como se dixo) y aviendo estado en aquella de Sanct Pablo los sesenta, poco o menos. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Luego llevaron su cuerpo al monesterio de la Sisla de Toledo, y con el mayor secreto que pudieron, y le enterraron con toda solemnidad juncto al altar mayor en aquella yglesia. Y esto se hizo [fol 215v] con secreto y açeleradamente, porque se temió que huviera alguna diferençia y discordia entre los ciudadanos sobre el enterramiento y no se cumpliera con el deseo que la sierva de Dios tuvo y dexó encomendado, que, como era deuda de principales cavalleros y muy emparentada, quisieran que se enterrara en la yglesia mayor, cerca del arçobispo don Alonso, su tío. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
No se dexaron de ver algunos milagros en la muerte de esta sancta muger, y en solo el tocamiento a su cuerpo, como lo çertificaron y confirmaron muchos de los religiossos que se hallaron en su enterramiento y al tiempo de llevar el cuerpo al monesterio de la Sisla, y aunque manifestaron algunos en particular, otros dexaron de dezir por el poco crédito que el vulgo suele dar. Y este es bien que se ponga aquí y no se calle, que es tan çierto y verdadero como todos, que siempre tuvo fixo y enclavado el pensamiento y la consideraçión en la ley de Dios, pensando de día y de noche en ella y en lo que era amor y servicio suyo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
De quarenta años a esta parte, fue necesario apartar el cuerpo de esta sancta muger del lugar adonde estava por razón de una obra que se huvo allí de hazer, y de tal manera le halla[ron] entero en su casa y ataúd (con aver más de çiento y veynte años que estava allí) que los religiosos que se hallaron presentes y lo vieron, certificaron esta verdad, que estava el cuerpo sin ningún corrompimiento, como quando le enterraron, y sin olor malo. Vieron también otra cosa maravillosa, que en la cabeça tenía puesta una corona (o guirnalda de ramos de laurel (que le pusieron en premio de la virginidad que guardó) tan fresca y sin estar secas las hojas ni perdido el color que se admiraron todos y recibieron gran recreaçión y consuelo. Y dieron gracias a Dios, que les havía dado en su capilla y compañía thesoro tan preciosso.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Su sepulcro está junto al altar mayor a la parte del Evangelio, cavado en la pared, con un vulto de la sierva de Dios ençima, hincada de rodillas, puestas las manos mirando al sanctíssimo saçramento, con el hábito que traýa [fol. 216r] de beata, y con una letra que dize que “está allí enterrada doña María Garçía, fundadora del monesterio de Sanct Pablo de Toledo”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
=== Notas ===&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&#039;&#039;[1]&#039;&#039; Subrayado desde “acabó… prosiguiendo”. Nota marginal: “Gran ignorantia, pues la hace compañera de fray Pedro Fernández Pecha el año 1374, que según esto vivió más de ciento y quince años”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&#039;&#039;[2]&#039;&#039; El manuscrito lee «con contenta», con una diplografía por error.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
= Vida manuscrita (3)=&lt;br /&gt;
Ed. de [http://visionarias.es/equipo/celia-redondo-blasco/ Celia Redondo Blasco]; fecha de edición: enero de 2025.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
== Fuente ==&lt;br /&gt;
* [http://catalogodesantasvivas.visionarias.es/index.php/Categor%C3%ADa:Baltasar_Porreño Porreño, Baltasar]. &#039;&#039;Vida de los arzobispos de Toledo: años 1280-1618&#039;&#039;. Ms. BNE 13025, fols. 207r-209v.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
== Criterios de edición ==&lt;br /&gt;
Se trata de un manuscrito del siglo XVIII, que copia en tres volúmenes (BNE Mss/Mss/13025-Mss/13027) la &#039;&#039;Historia episcopal y Real de España&#039;&#039; de Porreño, escrita entre 1604 y 1606 y que se guarda manuscrita en la Biblioteca Capitular de Toledo. Se opta por modernizar: &#039;&#039;b&#039;&#039; y &#039;&#039;v&#039;&#039;, las sibilantes y la alternancia &#039;&#039;c&#039;&#039; y &#039;&#039;q&#039;&#039;. Esta edición, dado lo tardío del testimonio, puntúa y acentúa siguiendo las normas establecidas por la RAE. Se desarrollan las abreviaturas. Se moderniza el cultismo grafemático &#039;&#039;ch&#039;&#039; en palabras como &#039;&#039;charidad&#039;&#039; o &#039;&#039;chronica&#039;&#039; y se desarrolla las contracturas desta, destos.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
== Vida de María García ==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[Fol. 207r] A don Vasco Fernández le sucedió en la silla de Toledo don Gómez Manrique, natural de Toledo, septuagésimo quinto arzobispo de esta villa, el cual se sentó en la silla luego que el otro, don Vasco, por su destierro renunció al arzobispado. Hacen mención de todo los &#039;&#039;Catálogos de los arzobispos de esta Villa y las Historias de España&#039;&#039;. Fue de sangre ilustre y esclarecida, su padre se llamó Don Garci &#039;&#039;[1]&#039;&#039; Fernández Manrique, de quien vienen los marqueses de Aguilar, el cual fue señor de Amusco [fol. 207v] y de Avia, y su madre doña Urraca de Leiva. Tuvo por hermano a don Garci Fernández Manrique, adelantado de Castilla, que fue el tronco de los duques de Nájera y de otras casas de Castilla del apellido de Manrique, y a don Diego García Manrique. Tuvo el otro arzobispo por abuelo a don García Fernández Manrique, descendiente de Almeric de Narbona. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Fue nuestro don Gómez en su juventud obispo de Palencia y al presente lo era de Santiago, de cuya dignidad le sucedió don Gómez de Toledo, sobrino del arzobispo don Vasco, por haber renunciado al arzobispado de Toledo. Con esta condición era hombre de mucho valor y cordura y, así, viéndose favorecido por el rey Don Pedro en su elección y viendo las cosas de los reinos [fol. 208r] tan turbadas y alteradas (como se ha dicho), procuró estar en gracia con el otro rey, cuyas cosas iban con tanta rotura y tan sin esperanza de remedio que le parecía escusado negocio irse a la menos cosa del mundo, sino fuese cosa mínima irse al matadero, como otros muchos, o por lo menos al destierro como su antecesor. Y así fue al amor del agua con prudencia y sagacidad y nombró por su adelantado de Cazorla a Pero Ruiz de Torres, caballero principal. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En su juventud tuvo una hija el arzobispo llamada doña Theresa de Manrique, la cual casó con Rodríguez de Biedma, señor de San Esteban del Puerto y caudillo mayor del Arzobispado de Jaén, y con ella se dieron veinte mil maravedíes en dote. [Fol. 208v] Con esta dote, que se hizo en Burgos, año de mil trescientos y sesenta y cuatro. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Tuvo una sobrina, hija de su hermano don Diego García Manrique y de su mujer doña Constanza de Toledo, la cual se llamó doña Mari García, que fue gran sierva de Dios y desde niña se ejercitó en obras de caridad y en pedir por el amor de Dios para los pobres de la cárcel del arzobispo, su tío, al cual le aconteció encontrarse con ella pidiendo limosna y, reprendiendo el arzobispo a su hermano, porque la dejaba andar de aquella manera mendigando, él respondió que se tenía por muy dichoso en que su hija hubiere escogido con ilustre esposo como a Jesucristo. Fundó esta señora el monasterio de San Pablo, que es de religiosas de San Jerónimo, y fue tan limosnera que repartió la mayor [fol. 209r] parte de su patrimonio a los pobres de Jesucristo. Escriben de esta señora las crónicas de la orden de San Jerónimo y Pedro de Alcocer y el otro, Villegas. Algunos historiadores hacen a esta señora sobrina del arzobispo don Vasco, así lo afirma el muy docto padre Fray Joseph de Sigüenza en su segunda parte de la historia de San Jerónimo, en el capítulo cuarenta y seis, pero se engaña mucho, porque el otro, don Vasco, murió en Portugal, como se dijo en el capítulo pasado, y cuando murió esta señora hubo diferencias entre si se había de enterrar en el sepulcro de su tío, que estaba en la santa iglesia, o en el Monasterio de San Pablo, que ella había fundado. Demás de esto, lo que escriben su vida hacen mención de su hermano el arcediano de Talavera, que fue sobrino del otro arzobispo [fol. 209v] don Gómez Manrique, el cual en su muerte pidió al cabildo de Toledo lo no eligiesen por arzobispo al arcediano, su sobrino (como se dirá). Así mismo, esta señora murió en el año de mil y cuatrocientos veintiséis, y don Vasco fue preso en el año de mil trescientos cincuenta. Así, es cosa cierta que no fue sobrina suya sino del otro don Gómez.   &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
===Notas===&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&#039;&#039;[1]&#039;&#039; Tachado: “Gómez”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
= Vida manuscrita (4)=&lt;br /&gt;
Ed. de [https://visionarias.es/equipo/veronica-torres-martin/ Verónica Torres Martín]; fecha de edición: septiembre de 2026&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
== Fuente ==&lt;br /&gt;
[[Archivo: Portada Historia de Guadalajara Pecha.jpg|250px|right|Manuscrito|link=]]&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
* [http://catalogodesantasvivas.visionarias.es/index.php/Categor%C3%ADa:Hernando_Pecha Pecha, Hernando], 1669. &#039;&#039;Historia de Guadalajara, y cómo la religión de San Jerónimo en España fue fundada y restaurada por sus ciudadanos&#039;&#039;. Ms. BNE 1756, fols. 12r-12v. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[[Contexto material Historia de Guadalajara, y cómo la religión de San Jerónimo en España fue fundada y restaurada por sus ciudadanos (MSS/1756)]].&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
== Criterios de edición ==&lt;br /&gt;
La vida de María García presenta un particular interés para el estudio de la hagiografía local y de los procesos de construcción y confirmación del culto, pues el relato no se limita a transmitir la memoria de una mujer piadosa, sino que la incorpora explícitamente a una tradición de santidad vinculada al territorio toledano. En este sentido, el testimonio resulta especialmente significativo porque documenta, en una obra del siglo XVII de historiografía local, la pervivencia y reformulación de una tradición de santidad femenina vinculada a Toledo, ofreciendo así un indicio relevante para estudiar la recepción, legitimación y eventual confirmación historiográfica de un culto local.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Dado que se trata de una copia manuscrita de la segunda mitad del siglo XVII los criterios de edición son conservadores. Se mantienen los grupos cultos como -ct- (&#039;&#039;sanct, sanctas&#039;&#039; y sus variantes). Se respetan las oscilaciones y variantes de las sibilantes. Se mantiene la oscilación v/b y se regularizan las alternancias gráficas sin valor fonético: i/j, u/v Se regularizan asimismo determinadas grafías sin valor fonético, como la h- inicial de &#039;&#039;hermita&#039;&#039;, que se edita como &#039;&#039;ermita&#039;&#039;. La puntuación y la capitalización han sido modernizadas. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
== Vida de María García ==&lt;br /&gt;
[fol. 11v] &#039;&#039;Renuncia el priorato de sanct Bartolomé fray Pedro Fernández de Guadalajara y sale a fundar el Monasterio de Nuestra Señora de la Sisla en Toledo&#039;&#039;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[…]&lt;br /&gt;
[fol. 12r] Conoció la tierra, las heredades y los sitios, acordándose de una Ermita de Nuestra Señora que estava a la parte de medio día, algo inclinada al oriente, en aquellos prados que llaman zigarrales, lugar apartado poco menos de media legua de Toledo. Puesto en lo más áspero de aquellas cuestas, allí se fue nuestro Pecha como aveja solícita con su pobre enjambre. Contentoles a todos el puesto y la ermita. Hallaron junto a ella dos pequeñas celdillas, aunque no mal separadas por haberse recogido en ellas las dos sanctas mugeres: la una llamada doña María García de Toledo, muger &#039;&#039;[1]&#039;&#039; de rara hermosura, señora de los más nobles y principales de aquella ciudad, hija de Diego García de Toledo y de doña Constanza de Toledo; la otra doña María Gómez, biuda y noble. Las quales dos sanctas matronas, huyendo del apetito desenfrenado del rey don Pedro &#039;&#039;[2]&#039;&#039;, se retiraron a aquel desierto. Era esta ermita a deseo de los canónigos de la Iglesia Colegial [fol. 12v] de sancta Leocadia, extramuros. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
===Notas===&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&#039;&#039;[1]&#039;&#039; En este punto aparece una palabra tachada, la cual no hemos podido discernir, y encima de ella, en otra tinta, se señala “muger”. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&#039;&#039;[2]&#039;&#039; En referencia a don Pedro el Cruel, como se señala en otras hagiografías.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
= Vida impresa (1)=&lt;br /&gt;
Ed. de [http://visionarias.es/equipo/veronica-torres-martin// Verónica Torres Martín]; fecha de edición: octubre de 2020.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
== Fuente ==&lt;br /&gt;
* [http://catalogodesantasvivas.visionarias.es/index.php/Categor%C3%ADa:Pedro_de_Alcocer Alcocer, Pedro de], 1554. “Libro segundo, en que particularmente se escribe el principio, y fundamento desta sancta ygleia de Toledo…”, &#039;&#039;Hystoria, o descripcion dela Imperial cibdad de Toledo. Con todas las cosas acontecidad en ella, desde su principio, y fundacion. Adonde se tocan, y refieren muchas antigüedades, y cosas notables de la Hystoria general de España&#039;&#039;, Toledo: Juan Ferrer, fol. 115r, col. a.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[[Contexto material del impreso Hystoria, o descripcion dela Imperial cibdad de Toledo]]. &#039;&#039;Con todas las cosas acontecidad en ella, desde su principio, y fundacion. Adonde se tocan, y refieren muchas antigüedades, y cosas notables de la Hystoria general de España&#039;&#039;.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
== Normas de edición ==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El relato aparece en el libro segundo de la &#039;&#039;Hystoria, o descripcion dela Imperial cibdad de Toledo&#039;&#039;, impreso en 1554, en el que se describe la fundación de los monasterios, hospitales y lugares píos de la ciudad de Toledo. La vida de María García se integra en el vigesimoséptimo capítulo, en el que se ejemplifica la fundación del monasterio de San Pablo. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Se siguen los criterios establecidos en el catálogo para fuentes impresas. Sin embargo, se ha decidido conservar las grafías de sibilantes por tratarse de un impreso de mediados del siglo XVI. Además, para facilitar la localización del texto, se indica el folio (r-v) y la columna correspondiente (a-b). &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==Vida de María García==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
===Capítulo XXVII===&lt;br /&gt;
&#039;&#039;&#039;Del monesterio de San Pablo, y de su fundación&#039;&#039;&#039;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[fol. 115r col. a] El monesterio llamado San Pablo, que es de religiosas de la orden del glorioso San Jerónimo, fue en su principio fundado por la católica doña María García de Toledo, hija de Diego García de Toledo. La cual, siendo muy santa y amadora de la religión, fundó esta santa casa de religiosas de esta orden, honestas y recogidas sin clausura, adonde ella se encerró con otras algunas religiosas de vida apurada, con las cuales hizo tan santa vida que se puede firmemente creer que está colocada entre las santas bienaventuradas en la gloria, según su caridad y humildad, que son dos virtudes que mucho en ella resplandecían. Fue tan limosnera que repartió la mayor parte de su patrimonio, que era mucho, por los pobres, y con eso poco que le quedó se metió en esta casa de religión con otras religiosas con las que les tomó el hábito del glorioso San Jerónimo, de quien era devotíssima el año del señor de 1404. Y después acá, esta casa de oración ha sido más acrecentada y labrada, y han entrado en ella muchas más religiosas de santa vida y recogimiento. Fueron estas religiosas al principio sujetas al prior de la Sisla, en el cual estado permanecieron hasta el año del señor de 1508, que de su propia voluntad las religiosas que en él estaban hizieron professión y tomaron velo y clausura, quedando sujetas al general de la dicha orden.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
= Vida impresa (2)=&lt;br /&gt;
Ed. de [http://visionarias.es/equipo/maria-del-mar-cortes-timoner// M. Mar Cortés Timoner]; fecha de edición: abril de 2021.&lt;br /&gt;
== Fuente ==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
* [http://catalogodesantasvivas.visionarias.es/index.php/Categor%C3%ADa:Alonso_de_Villegas Villegas, Alonso de], 1588. &#039;&#039;Addicion a la Tercera Parte del Flos sanctorum: en que se ponen vidas de varones illustres, los quales, aunque no estan canonizados, mas piadosamente se cree dellos que gozan de Dios por auer sido sus vidas famosas en virtudes...&#039;&#039;, Huesca: Iuan Perez de Valdiuielso. Fols. 44r col. a – 45v col. a.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[[Contexto material del impreso Addicion a la Tercera Parte del Flos sanctorum]] &#039;&#039;en que se ponen vidas de varones illustres, los quales, aunque no estan canonizados, mas piadosamente se cree dellos que gozan de Dios por auer sido sus vidas famosas en virtudes...&#039;&#039;.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
== Criterios de edición ==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El relato aparece en el apartado 193 de la Adición de la Tercera Parte del &#039;&#039;Flos Sanctorum&#039;&#039; de Alonso de Villegas. Para facilitar la localización de los textos, he indicado el folio (r-v) y la columna correspondiente (a-b).&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En la edición, se siguen los criterios establecidos en el catálogo para fuentes impresas pero se respetan los grupos consonánticos: -nt (sant), -nc- (sancta), -bj- (subjetándose) y las contracciones. Además, se mantiene la conjunción copulativa “y” ante palabras iniciadas con el sonido vocálico “i”, la escritura de las palabras con interés morfológico o fonológico (augmento, proprio, ansí, etc.), el empleo del sustantivo “Orden” en masculino y la forma femenina del determinante ante los sustantivos femeninos que empiezan por a- tónica (arca, alba). &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Se ofrecen datos en torno al texto editado en: &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
* M. Mar Cortés Timoner, “Censuras, silencios y magisterio femenino en la Adición a la tercera parte del Flos Sanctorum de Alonso de Villegas”, &#039;&#039;Specula. Revista de Humanidades y Espiritualidad&#039;&#039;, vol. 1 (mayo 2021), pp. 183-210: https://www.ucv.es/investigacion/publicaciones/catalogo-de-revistas/revista-specula&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
* M. Mar Cortés Timoner, “La autoridad espiritual femenina en la Castilla bajomedieval y su reflejo en el Flos sanctorum de Alonso de Villegas”, &#039;&#039;Dicenda. Cuadernos de Filología Hispánica&#039;&#039;, vol. 39 (2021), pp.:  25-35 DOI: https://revistas.ucm.es/index.php/DICE/article/view/76403&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==Vida de María García==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&#039;&#039;&#039;[Fol. 44r col. a] Vida 193. De María, que fue ilustre y tuvo por sobrenombre García&#039;&#039;&#039; […] &#039;&#039;[1]&#039;&#039;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&#039;&#039;[2]&#039;&#039; Entre otras riquezas que estaban en el templo de Salomón que grandemente le hermoseaban eran dos querubines que, por mandado de Dios, puso Moisés a los lados de la Arca &#039;&#039;[3]&#039;&#039;; y puede asimilarse a ellos dos benditas mujeres, ambas Marías y doncellas, por donde dice bien con ellas el nombre de querubines o ángeles, pues lo que en el cielo es ser ángeles en la tierra es ser vírgenes, semejando los vírgenes a los ángeles. Están a los lados del Arca, esto es, muy juntas a Dios, no solo por su encendida caridad sino por el estado de monjas que tuvieron, que está muy conjunto con Dios. Hermosean y adornan este templo de la Iglesia militante por razón que las religiones son adorno riquísimo de la misma Iglesia. De ambas juntas tengo de escribir sus vidas porque fueron casi de una misma tierra, de un mismo orden &#039;&#039;[4]&#039;&#039; y de una misma casa, y casi en un mismo tiempo, y están sepultadas juntas, junto con que me aprovecharé para escribirlas de unos mismos originales. Y fueron: un libro de mano antiguo que está en el monasterio de Sant Pablo de Toledo, que fue casa propria de ambas, y de la historia &#039;&#039;[5]&#039;&#039;, también de Toledo, de Arcocer [fol. 44 r col. b] y de las crónicas del Orden de Sant Jerónimo, y es en esta manera. &#039;&#039;[6]&#039;&#039;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Doña María, llamada, por respecto de su padre, García, fue natural de Toledo, hija de don Diego García y de doña Costanza de Toledo, ambos de muy ilustre linaje y decorado con real sangre. Los padres vivían sanctamente y aprendió dellos su hija a vivir en toda sanctidad. Eran ricos de bienes temporales porque tenían grandes posesiones en Talavera, villa de mucho lustre distante doce leguas de Toledo, y, sin esto, otras haciendas de manera que podían y, junto con el poder, hacían grandes limosnas, lo cual también su hija quiso imitarles, como se verá en el proceso de su vida.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Fue, desde niña, muy inclinada al servicio de Dios y a cosas de devoción y, por lo mismo, aborrecía todo lo que es mundo y contradice a la perfección. Y por el crédito que ganó con sus padres y con todos los que la conocían, de que era muy honesta y deseaba ser sancta aunque era muy hermosa, nadie se escandalizaba ni juzgaba mal por algunas cosas que hacía, que en otra fueran de mal ejemplo y a ella le daban muy bueno por estar saneada con sus inculpables costumbres. Y así visitaba iglesias muy a menudo donde tenía larga oración, ofreciendo [fol. 44v col. a] a Dios las primicias de sus buenos deseos. Iba a dar limosna a personas que tenían grave necesidad y, aun acabado, lo que podía dar pedía a algunas personas ricas para dar a otras pobres; y a los unos era ocasión que mereciesen para bien de sus almas y a los otros que remediasen las necesidades de sus cuerpos, y así era a todos provechosa. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Estaba a esta sazón un monasterio no lejos del alcázar principal de la ciudad, que se llamaba Sant Pedro de las Dueñas, donde se edificó después el insigne Hospital de la Cruz, obra del ilustrísimo cardenal y arzobispo de Toledo don Pero González de Mendoza, donde no solo se curan enfermos y heridos en grande número sino que &#039;&#039;[7]&#039;&#039; se crían niños expósitos, que no es pequeño también el número dellos, por el pueblo y ciudad ser grande y no tener estos otro remedio. Quiso, pues, doña María, probar aquella vida de religiosa encerrada y así entró en este monasterio de edad de once años. Y porque era en él abadesa una hermana suya que la amaba tiernamente, y por su respecto y alto linaje, junto con sus sanctas obras, las demás monjas la estimaban y tenían en mucho. Ella, que deseaba ser menospreciada y tenida en poco, dejó el monasterio no queriendo quedar en él ni en otro de Tordesillas adonde la deseaban por monja y quisieran hacerla abadesa anteponiéndola, que &#039;&#039;[8]&#039;&#039; era moza y extraña, a otras ancianas y criadas en aquella casa, por las nuevas que tenían de su sancta vida. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Luego que salió del monasterio pusose unas alforjas al hombro y andaba pidiendo limosna para los presos de la cárcel del arzobispo, no sin particular sentimiento de sus padres, hermanos y parientes. Y reprehendiéndola por esto, respondía que, si no la dejaban andar despreciada y imitando a su esposo Cristo, que se iría donde no la viesen. Estas razones, aunque en otra doncella parecieran dichas con libertad, en doña María, considerada su vida, eran prendas de grande humildad. Y por quitar del todo la ocasión a los maliciosos de murmurar della, viéndola sola de poca edad y hermosa que andaba pidiendo limosna, acompañose de una noble viuda llamada doña &#039;&#039;[9]&#039;&#039; Mayor Gómez, que quiso ser partícipe de sus buenas obras y compañera en sus sanctos ejercicios. Y así, las dos se vieron pedir limosna en la sancta iglesia con sus alforjas a los hombros, de que no pequeña edificación sacaban los que las conocían viendo lo que hacían. Vino el negocio a que su mismo padre la encontraba en la calle y decía a sus criados: “Dad lugar a que apase &#039;&#039;[10]&#039;&#039; María, mi hija, y siga a Jesucristo, que la lleva por ese camino de menosprecio”. Agradecía esto mucho la bendita mujer y decía que debía mucho a sus padres porque la habían dado lugar de se apartar del mundo. También acaeció encontrarse, andando pidiendo limosna, con el arzobispo [fol. 44v col.b] de Toledo, que era tío suyo, llevando al lado a su padre, con grande acompañamiento, y reprehender el arzobispo a su hermano porque daba lugar a que su hija anduviese de aquella manera en menoscabo del honor de todos ellos. Y respondíale que se tenía por dichoso en que su hija hubiese escogido tan ilustre esposo como Jesucristo, pues con tal yerno él se tenía por muy honrado. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Era a esta sazón rey de Castilla don Pedro, llamado el Cruel, en cuyo tiempo padecieron los grandes del reino no pequeñas persecuciones. Andaban amedrentados y muchos dellos huidos porque el rey era determinado y fácilmente cortaba cabezas sin respecto de linaje o estado. Y así cupole parte desta persecución a doña María, o por respecto de sus deudos o por recelarse de su honor, si estaba seguro en tiempo de tanta borrasca y tempestad. Y así se recogió a Talavera, que, como se ha dicho, tenía en aquella villa su padre grandes posesiones y era como señor della. Acompañáronla otras señoras principales del reino llevadas con el mismo temor y aun allí no se tuvieron por seguras, por donde les convino irse a diversas partes. Y doña María se volvió a Toledo, y fuera de la ciudad, a la parte del mediodía, se recogió en una pequeña casa que ella labró, junto a una ermita de la Madre de Dios, donde después se edificó el Monasterio de la Sisla del Orden de Sant Jerónimo, y está de presente sepultada aquí. Con su buena amiga doña Mayor Gómez se ocupaba en oración con mucha humildad y paciencia. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Sosegándose más los tiempos, volvió a la ciudad y se juntó &#039;&#039;[11]&#039;&#039; con doña María de Soria y con otras señoras de linaje que vivían cerca de la iglesia de Sant Román, en casa particular, y tenían hábito de beatas recogidas. Y destas contaba &#039;&#039;[12]&#039;&#039; después &#039;&#039;[13]&#039;&#039; grandes virtudes de paciencia, humildad y menosprecio del mundo, diciendo que era poco lo que ella hacía en comparación de lo que vido en aquellas religiosas. Murió doña María de Soria, la que era cabeza en esta casa y congregación, y habiendo muerto también su madre, doña María vendió cierto heredamiento que le cupo de su legítima en Belilla y compró unas casas a la colación de Sant Laurencio, donde es ahora el Monasterio de Sant Pablo. Y aquí reposó su espíritu con su amado Esposo. Tenía consigo a su amiga antigua doña Mayor Gómez y a otra llamada Teresa Vázquez con otras seis o siete señoras ilustres y temerosas de Dios, determinándose servir a Nuestro Señor en su compañía. A todas estas honraba y acataba la sierva de Dios porque veía en ellas desprecio del mundo, humildad, pobreza y trabajo. Al olor de la sancta vida que todas hacían, vinieron otras muchas mujeres nobles a servir a Dios y, de acuerdo de todas, tomaron el hábito del glorioso Sant Jerónimo, de quien era muy devota doña María, aunque sin clausura, sino con [fol. 45r col. a] título de beatas. Y fue el año de mil y cuatrocientos y cuatro &#039;&#039;[14]&#039;&#039;, subjetándose al prior de la Sisla que, a la sazón, era Pero Fernández, que, primero, fue caballero seglar de muchos cuentos de renta y muy preciado de los Reyes Católicos &#039;&#039;[15]&#039;&#039; y, después, se hizo pobre por Jesucristo y de los primeros fundadores en España del Orden de Sant Jerónimo. Y así él fue el que edificó el Monasterio de la Sisla donde primero estaba una ermita de la Madre de Dios, como se ha dicho, y para esta obra ayudó largamente doña María de su patrimonio. Dio una arca de plata esmaltada para que se pusiese el Sanctísimo Sacramento y otras ricas joyas. Y por ver el prior la caridad desta bendita mujer, visitábala y no poco la alentaba con sus buenos consejos y sanctas amonestaciones en el servicio de Dios. El cual, habiendo vivido sanctamente, murió en la misma casa de doña María, adonde se había hecho traer de la Sisla para tener algún regalo en su enfermedad. Y en el aposento donde murió quedó por muchos días un olor maravilloso y del cielo. Su cuerpo fue llevado a sepultar a Guadalupe. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Tenía doña María el gobierno de aquella casa y congregación. Era hermosa de rostro, como se ha dicho, y mucho más en el alma. Su presencia, de grande austeridad, ponía más temor en los que veían su honestidad y humildad que si la oyeran palabras de reprehensión. Si reprehendía, era con tanta discreción y con tan dulces palabras que, por ello, era amada, especialmente de sus parientas, que visitándola, y viéndolas ella con muchos trajes y galas, decíales tales razones que, sin quedar sentidas, se moderaban y dejaban lo superfluo. Su tocado y vestido era muy honesto y pobre aunque aseado y limpio. Amaba el color blanco por la castidad, mas de ordinario se vestía de pardillo por vencerse a sí misma y dar ejemplo de menosprecio. Era fervorosa en la oración y nunca estaba ociosa. Era agradecida a Dios y a las gentes, muy paciente en sus enfermedades, que eran tos continua y dolor de hijada a tiempos que la llegaba a lo último. Huía la vanagloria y quería que de todo lo bueno se diese loor &#039;&#039;[16]&#039;&#039; a Jesucristo. Sus amonestaciones eran todas fundadas en humildad y decía a cada una de las hermanas que fuesen humildes si querían ir por camino seguro; y así, ella se tenía por la menor de todas. Era su costumbre levantarse todas las mañanas a tener oración, la cual cosa alguna no dejaba, y estando enferma, aunque en la cama, allí oraba. Y porque siendo de ochenta años no oía el reloj para levantarse, hacía que pusiesen un gallo cerca de su aposento para que su voz le fuese reloj y despertador; y así, no faltaba en su sancto ejercicio. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Llegose su muerte, y teniendo consigo veinte y cinco religiosas, llamolas cinco dellas antes de su tránsito, abrazolas y dioles paz. Habló a cada una [fol. 45r col b.] en particular, avisándola en aquello que más sabía convenirle, según su condición. Y a todas en común hizo una plática amonestándoles a mucha paz y caridad unas con otras, a que amasen las virtudes, dioles su bendición y encomendolas a Dios. Las hermanas, con tristeza grande, lloraban tiernamente, ellas las consolaba diciendo que sirviesen a Dios, que nunca su Majestad les faltaría. La mañana antes de su muerte vieron las hermanas sobre su aposento una grande claridad y dentro della una paloma blanca. Otro día, que fue víspera de Sant Anton Abad, a la hora de la alba &#039;&#039;[17]&#039;&#039;, estando las hermanas con ella viéronle mover los labios y que rezaba aceleradamente, aunque no entendían lo que decía. Apareció luego una claridad grande sobre su rostro de manera que toda la casa participó della. Veíase volver los ojos a una y a otra parte, daba muestra que se alegraba de lo que veía y así espiró despareciendo la claridad, y fue en diez y seis de enero, día lunes, en el año de mil y cuatrocientos y sesenta y cuatro &#039;&#039;[18]&#039;&#039;. Era de edad de ochenta y seis años, después de haber estado los sesenta en aquella casa y religión. Quisiera sepultarse en su sancta iglesia por estar allí sepultado su tío el arzobispo, que fue varón de sancta vida, delante el altar de Sancta María la Blanca, que es el de prima, dentro del coro menor. Y el arcediano de Toledo, que era sobrino, huyó lo que &#039;&#039;[19]&#039;&#039; pretendía. Mas el amor que tenía a los hermanos de su orden, los frailes de la Sisla, fue medio para que mandase que allí la enterrasen. Y cierto desto y de su muerte, los frailes, luego que supieron que era difuncta, porque el arcediano, su sobrino, no lo estorbase, con otros caballeros deudos suyos, habiéndole dicho una misa en tanto que la amortajaban, la llevaron luego a la Sisla. Y habiendo tiempo que no llovía, el mismo día por la tarde llovió tanto que no poco se consoló el pueblo atribuyéndolo mucho a los merecimientos desta sierva de Dios. Estuvo siete días sin enterrar en tanto que se le hacía un lucillo en que fue puesta. Y su cuerpo era visto de todos sin dar mal olor ni mostrar fealdad sino tan tractable que la podían asentar, vestir y desnudar, cerrar sus manos y abrirlas. Y en este tiempo fue fama que obró Nuestro Señor por ella algunos milagros. Fue sepultada noche de Sant Ildefonso &#039;&#039;[20]&#039;&#039; dentro del lucillo, en el coro de la iglesia, cerca del altar mayor. Y el día siguiente de Nuestra Señora de la Paz se le celebraron las honras, y predicó un obispo conocido suyo y dijo della grandes loores. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
La casa y congregación desta bendita mujer fue siempre en augmento, así en religiosas que entraban en ella como en el edificio. Estaban subjectas al prior de la Sisla sin guardar clausura, en el cual estado permanecieron hasta el año del Señor de mil y quinientos y ocho, que, de su propria voluntad, las religiosas que en él estaban [fol. 45v col. a] hicieron profesión y tomaron velo y clausura, quedando subjectas al general del dicho Orden de Sant Jerónimo. Es casa de mucha religión y donde siempre ha habido señoras de ilustre sangre y de grande vida y ejemplo. Entre las cuales vivió [[María de Ajofrín]], de quien habemos de ver su vida coligiéndola de los mismos memoriales y libros que la pasada, y es en esta manera. &#039;&#039;[21]&#039;&#039;.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
===Notas===&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&#039;&#039;[1]&#039;&#039; El apartado también incluye la vida de María de Ajofrín por ello el epígrafe completo expone: “De María, que fue ilustre y tuvo por sobrenombre García, y de María de Ajofrín, monjas de Sant Pablo de Toledo”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&#039;&#039;[2]&#039;&#039; En el margen izquierdo leemos: “En. I6. de Enero. Exodi.15.”&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&#039;&#039;[3]&#039;&#039; Conservamos la concordancia del texto.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&#039;&#039;[4]&#039;&#039; A lo largo de la edición, respetamos el género del sustantivo según el texto, que se refiere a la Orden de San Jerónimo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&#039;&#039;[5]&#039;&#039; Posiblemente, remite a la &#039;&#039;Hystoria, o descripcion dela Imperial cibdad de Toledo&#039;&#039; de Pedro Arcocer, impreso en 1554. En concreto, la vida de María García se halla en el vigesimoséptimo capítulo del segundo libro y está editada en el catálogo por Verónica Torres: http://catalogodesantasvivas.visionarias.es/index.php/Mar%C3%ADa_Garc%C3%ADa&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&#039;&#039;[6]&#039;&#039; En el margen derecho leemos: “Authores”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&#039;&#039;[7]&#039;&#039; Se añade “que”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&#039;&#039;[8]&#039;&#039; En el texto “que”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&#039;&#039;[9]&#039;&#039; Se subsana la errata “daña”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&#039;&#039;[10]&#039;&#039; Debemos leer “pase”. El verbo “apasar” se halla recogido en el &#039;&#039;Corpus Diacrónico del Español&#039;&#039; (CORDE): http://corpus.rae.es/cgi-bin/crpsrvEx.dll &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&#039;&#039;[11]&#039;&#039; En el texto “juntándose”. Se ha corregido la incoherencia sintáctica. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&#039;&#039;[12]&#039;&#039; En la obra leemos “contaban” pero parece más lógico considerar como sujeto a doña María.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&#039;&#039;[13]&#039;&#039; En el texto: “despus”&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&#039;&#039;[14]&#039;&#039; En el lateral izquierdo leemos: “Año de 1404.”&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&#039;&#039;[15]&#039;&#039; Se trata de un anacronismo ya que perteneció a la corte de Pedro I.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&#039;&#039;[16]&#039;&#039; La palabra “loor” aparece como sinónimo de alabanza&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&#039;&#039;[17]&#039;&#039; Conservamos la escritura del texto y no corregimos por “del alba”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&#039;&#039;[18]&#039;&#039; En el margen derecho podemos leer: “Año de 1464.”&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&#039;&#039;[19]&#039;&#039; Para facilitar la lectura se ha añadido el pronombre relativo “que”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&#039;&#039;[20]&#039;&#039; En el texto: “Illefonso”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&#039;&#039;[21]&#039;&#039; He editado la vida en el catálogo: http://catalogodesantasvivas.visionarias.es/index.php/Mar%C3%ADa_de_Ajofr%C3%ADn&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
= Vida impresa (3)=&lt;br /&gt;
Ed. de [http://visionarias.es/equipo/lara-marchante-fuente/ Lara Marchante Fuente]; fecha de edición: julio de 2017; fecha de modificación: agosto de 2026.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
== Fuente ==&lt;br /&gt;
* [http://catalogodesantasvivas.visionarias.es/index.php/Categor%C3%ADa:Fray_José_de_Sigüenza Sigüenza, Fray José de], 1600. “Libro IV de la Historia de la Orden de San Jerónimo”, &#039;&#039;Segunda Parte de la Historia de la Orden de San Jerónimo, dirigida al Rey, Nuestro Señor, Don Felipe III&#039;&#039;. Madrid: Imprenta Real, 756-767.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[[Contexto material del impreso Segunda Parte de la Historia de la Orden de San Jerónimo]]&#039;&#039;, dirigida al Rey, Nuestro Señor, Don Felipe III&#039;&#039;.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
== Criterios de edición ==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Para facilitar su lectura, esta edición moderniza el texto en aquellos puntos que no suponen una pérdida de los valores fonéticos, léxicos y sintácticos del periodo y conserva la morfología de las palabras con interés morfológico o fonológico o por tratarse de cultismos (como &#039;&#039;agora&#039;&#039;, &#039;&#039;ansí&#039;&#039;, &#039;&#039;monesterio&#039;&#039;, &#039;&#039;recebir&#039;&#039;, &#039;&#039;redemptor&#039;&#039; u &#039;&#039;obscuro&#039;&#039;).&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Se adaptan, por tanto, las grafías a las normas de ortografía vigentes (sibilantes, b/u/v, j/g, chr/cr, qu/cu, empleo de h, etc.) y a la acentuación y puntuación de las normas gramaticales actuales. Igualmente, el uso de las mayúsculas y minúsculas respeta los criterios presentes del español, si bien se mantienen las mayúsculas como signos de respeto o de diferenciación con la palabra escrita en minúscula (&#039;&#039;Cielo&#039;&#039;, &#039;&#039;Esposo&#039;&#039;, &#039;&#039;Señor&#039;&#039;, &#039;&#039;Profeta&#039;&#039;, &#039;&#039;Reina del Cielo&#039;&#039;). &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
También se introducen las comillas para delimitar las intervenciones dialógicas de los personajes y se subsanan las erratas evidentes. En este sentido, conviene apuntar que, dentro de esta edición y en base a sus particularidades, se han incluido notas al pie en las que se especifican y desarrollan algunas ideas o palabras del texto impreso original. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==Vida de María García==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
===Capítulo XLVI===&lt;br /&gt;
[757] &#039;&#039;&#039;La vida de doña María García, virgen de gran santidad y fundadora del Monasterio de San Pablo en la ciudad de Toledo&#039;&#039;&#039;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Feliz clausula hará esta parte de historia con la vida desta generosa santa y será como renovar los principios en que comenzó esta religión, haciendo como un círculo, juntando estos dos extremos. Hasta aquí, no hemos hecho memoria de ninguna religiosa desta Orden, porque es esta santa la primera y con quien nuestro Fr. Pedro Fernández Pecha tuvo familiar y santa conversación, y, pues hemos dicho de los hijos, digamos agora desta hija tan santa que fue después madre de muchas siervas de Dios, y quedará, como dicen, urdida la tela para la grande y maravillosa lista que después veremos dellas. Escrita está de algunos puntos de su vida, y no será superfluo mi trabajo, dejada aparte la obligación que corte.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Ha sido forzoso hacer memoria desta santa virgen en algunos lugares desta historia, principalmente en la fundación del Monasterio de Sisla, junto a Toledo, y en la vida del padre Fr. Pedro Pecha o de Guadalajara. Tomando agora aquí el principio de sus principios, que Doña María fue hija de don Diego García de Toledo, de la Casa de los Gavias de Toledo, que es la Casa que llaman de las Gallinas, su madre se llamó Constanza de Toledo, mujer de don Diego García y hermana de don Vasco de Toledo, y no como algunos dicen de don Álvaro, arzobispo de Toledo. El padre de la santa fue también hijo de otro Diego García, mayordomo y notario mayor de la Reina doña María, y nieto de otro tercero Diego García, gran privado del Rey don Sancho “el Bravo”, ayo y mayordomo de un hijo y alcalde de Toledo, cuyas armas son las palomas, por descender del linaje de los Palomeques. De suerte le viene el abolengo, y por línea derecha a la santa, ser paloma, como a Fr. Pedro Pecha ser abeja, y mejor entre ambos, por la gracia del Espíritu Divino, ser principios y como maestros fecundos de tan santas congregaciones de hijos espirituales. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Tuvo esta santa paloma algunos hermanos, y entre todos ellos fue la querida y regalada de sus padres, porque salió por extremo hermosa y mejor, porque desde niña relucieron en ella mil presagios de santidad: en sus primeros años descubrió, siendo aún sin costumbres, costumbres santas.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Retirábase tan de veras y tan en seso a los lugares secretos a ponerse de rodillas y a rezar como si supiera qué era aquello, si no decimos que Dios le anticipó el juicio (no es cosa nueva) porque comenzasen los amores temprano y pudiese decir lo que aquella insigne mártir: “de otro amador estoy requestada primero que de ti”. Cuando comía a la mesa con sus padres, cogía pedazos de pan y a lo que más podía haber, echábaselos en la haldilla, y llevábaselos a los pobres que lle- [758] gaban a la puerta. Iba tan codiciosa y alegre a esto como si fuera a otros entretenimientos de niños, de suerte que antes que supiese hablar, sabía ya dar limosna. Nunca se le vían niñerías porque desde la cuna nació sin ellas, cosa que ponía admiración. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Estas primicias de espíritu que vieron los padres en su hija, como eran tan píos, les despertó el pensamiento a que de común acuerdo la ofreciesen a Nuestro Señor, haciendo voto de consagrarla como diezmo de muchos bienes recibidos de la mano de Dios a su perpetuo servicio y de su Santa Madre, y que fuese siempre virgen consagrada y no conociese otro esposo sino a Jesucristo, dándole lo mejor y la más querida prenda que tenían en sus ojos. Pusieron diligente cuidado en su crianza, enderezándola en todo lo que era temor y reverencia divina, procurando apartarla de lo que podía abrir los ojos para conocer los deleites del mundo. Cosa en que se descuidan tanto los padres en este tiempo y maravíllanse después cuando ven mil desastres por sus casas, habiendo ellos mismos abierto la puerta a todo, con la libertad y deshonestas costumbres que permiten y aun enseñan a sus hijos. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Crecían en esta sierva de Dios, con los años, discreción y santidad a una. Llegado el tiempo en que pudo tener conocimiento perfecto del voto y deseo de sus padres, de su propia voluntad y con alegría del alma le confirmó e hizo de nuevo, prometiendo no recibir otro esposo sino Jesucristo. Cuando vino a  edad de doce años, con más maduro pensamiento, comenzó a tratar qué manera de vida escogería para servir a su Esposo. Parecíale que el regalo de casa de su padre era mucho, y que tenía necesidad de abstenerse algo porque no la ablandase y se le hiciese después dificultoso entrar en vida más áspera. Habíale ya Dios puesto en el alma un perfecto linaje de aborrecimiento de sí misma y de todo cuanto el mundo estima y adora vanamente: riquezas, honras, deleites, estima, pompas. Inclinó su oreja a los consejos divinos, y dejó la casa de su padre y el modo de vida blanda y regalada, fuese a un monasterio que se llamaba San Pedro de las Dueñas, donde era priora una hermana suya y había monjas de santa vida (estaba este monasterio puesto en aquel sitio donde edificó después el Cardenal don Pedro González de Mendoza el insigne Hospital de la Cruz). La hermana, que la amaba tiernamente, la recibió en sus brazos, entendiendo que se iba de todo punto a ser allí monja con ella. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
No quiso el Señor que se determinase en esto porque la guardaba para otro fin, y solo pretendía, en estos ensayos, que se destetase de la vida primera regalada y, allí recogida, deprendiese a leer, escribir, cantar y rezar, y otras santas ceremonias que habían de aprovechar a su tiempo. Vivió de tal manera en aquella santa compañía que salió su fama no solo por la ciudad de Toledo, con gran admiración de todos, más aun a otras partes remotas. Tuvieron noticia della, por cartas de monjas o por otra vía, en un monasterio de Santa Clara, que está en la villa de Tordesillas. Rogáronle que se fuese allá a ser religiosa, prometiéndole que, en pocos años, la escogerían por superiora, condición bastante para que la doncella humilde rehusase el partido. Consideradas bien las costumbres y manera de vida que hacía su hermana con las demás religiosas, y bien industriada en lo que le pareció que le importaba, pidió licencia a su hermana para ir a ver a sus padres. Sintiolo la hermana tiernamente, que quisiera gozarla toda la vida. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Estando en casa de su padre, se le juntó una gran sierva de Dios, matrona verdaderamente viuda, llamábase doña [759] Mayor Gómez, de gran espíritu. Con esta comunicó un pensamiento que le puso Dios en el alma, y era hacer un desprecio grande de sí misma a los ojos del mundo, y crucificarse a él. La matrona prudente se maravilló de este pensamiento en una doncella generosa, rica, delicada. Prometiole su compañía en todo, porque entendió que Nuestro Señor la despertaba aquello. Salían cada día las dos siervas de Jesucristo de casa, en un hábito ordinario y despreciado, con unas alforjas al cuello, iban de casa en casa pidiendo limosna para los pobres encarcelados y miserables, recibían allí los mendrugos de pan, y cuando estaban las alforjas llenas que apenas las podían llevar, porque se las llenaban presto, repartíanlo a los pobres de la cárcel y a otros necesitados, y volvíanse a casa sin hablar con ánima, ni alear los ojos. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Dentro de casa, el ejercicio era orar y ayunar, y hacer las obras de humildad que se ofrecían, dando en todo buen ejemplo con sus vidas. Reprendiola algunas veces su padre y hermanos desta manera de vida y ejercicio de salir a demandar, diciendo que era cosa afrentosa y baja. Callaba la santa a todo y proseguía su ejercicio, sufriendo, con paciencia, la afrenta de los de fuera y la persecución de los de dentro. Holgándose que se ofrecía ocasión de padecer algo por Jesucristo, deseando mayores trabajos y afrentas. No parece agora creíble esto ni hacedero. La sencillez y poco pundonor de aquellos tiempos y, lo principal, el impulso santo de Dios, que por nuestra culpa no está en nosotros, nos hace parecer dificultosa esta manera de vida. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Continuaban las dos santas hembras su ejercicio: los días de fiesta (para romper de todo punto con estos pundonores que llaman en el mundo afrentas), se venían a la iglesia mayor y entre los dos coros, a vista de todo el pueblo, con sus talegas al hombro, pedían limosna para los pobres y encarcelados. Como el padre y los hermanos vieron que ni promesas ni amenazas la derribarían de aquel propósito, antes estaba constante, y que muchos en la ciudad alababan a Dios de ver un ejemplo de doncella tan extraordinario, echaron de ver que no era liviandad de muchacha, sino movimiento del espíritu del Señor, acordaron de disimular con ella y, en pocos días, se tornó la pesadumbre y afrenta en devoción y gloria. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Convirtió la virgen devota los ojos de todos ansí, y alababan a Dios en ella, teniéndola por ejemplo de perfección. Cuando la vían sus padres traer las alforjas al hombro, y venir cargada de mendrugos y rodeada de pobres, alzaban los ojos al cielo, haciendo gracias a Dios, y decían: “Tú, Señor, que comenzaste la buena obra en ella, la acaba y guárdala de todo mal, porque sea vaso limpio de tu santa mesa, y ponla en el número de tus siervas y esposas”. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Conociendo esto la santa doncella, derribábase a los pies de su padre, madre y hermanos, y agradecíales mucho que la dejasen vivir en aquel menosprecio del mundo, ejercitando obras de caridad con los pobres. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Comenzó esta sierva de Dios por un camino alto, adonde no se llega sino después de mucho trabajo y grande ejercicio de virtudes. Aquí se vio puesto, en efecto, aquel deseo ardiente de la esposa que, cuando ya estaba muy adelante en sus amores, decía a su Esposo, Jesucristo: “¿Quién os dará a mí, puesto en talle y forma de un mi hermanico pequeño que mama los pechos de mi madre, y que os encuentre yo, en medio de esas calles, os abrace y os bese, y os haga mil preguntas, y vos me respondáis [760] y me enseñéis, y que nadie me lo tenga a mal ni me desprecie? Llevaros he yo en brazos a casa de mi madre, allí en casa de madre, abrazado con vosotros, preguntaré otra vez mil cosas, y daros he yo en pringaditas de arrope y mosto de mis granadas”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
La exposición de todo esto es lo que esta santa virgen ejercita, y no ha menester otro comento. Enseñole el espíritu del Señor que su Esposo, Jesucristo, estaba escondido en los pobres como Él mismo lo declaró. Conociendo esto, no pudo disimular su amor y ansí, como si fueran sus hermanos pequeñitos, a quien la más honesta doncella abraza sin empacho en medio de la calle y nadie se lo tiene a mal, aunque le bese y haga mil caricias, y le lleve en sus brazos, antes la loan y les parece a todos bien; ansí, esta virgen prudente, dejados los respetos y consideraciones humanas, transformada en su Esposo, puesto en estos pobrecitos y afligidos, se abrazaba con ellos, y les besaba los pies y las llagas, y les daba de comer y hacía mil regalos en las calles, en las plazas y en todos los lugares públicos, les preguntaba de sus trabajos y de sus miserias, y ellos le daban cuenta de la merced que Dios les hacía en medio dellos. Llevábalos a casa de su madre, regalábalos, hacíales mil beneficios y servicios, y no por esto la menospreciarían, sino que antes se maravillaban de ver un tan fino amor de hermana y de esposa de Jesucristo, alabando a Dios en su sierva. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Aconteció una vez que iban su padre y su tío don Vasco de Toledo, hermano de su madre, juntos a caballo por la ciudad con mucho acompañamiento. Encontraron a las dos compañeras, doña María García y doña Mayor Gómez, pidiendo con sus alforjas limosna de puerta en puerta; afrentose mucho don Vasco y, vuelto a don Diego, le dijo con sentimiento: “Mucho me maravillo, señor don Diego, de vuestra prudencia, que dejéis andar de esta suerte a vuestra hija, muchacha tan hermosa y de tan noble sangre, en ejercicio tan abatido, tan afrentoso y peligroso, rodeada de pobres y gente perdularia, despreciada sin honra; aunque la tuviérades aborrecida, habíades de mirar vuestra reputación y la honra de todos nosotros. Casadla señor con su igual, pues tenéis con quien, y quitad esta nota de vuestro linaje”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Respondiole el noble caballero con semblante grave, diciendo: “Señor don Vasco, cuando esto se hubiera de llevar por reglas de prudencia humana, eso que decís es lo que se había de mirar y hacer, mas a esta mi hija otra prudencia más alta creo que la gobierna, y pues ella ha escogido por esposo a Jesucristo, Rey eterno, y Él la quiere llevar por este camino, ni yo le daré más bajo esposo, ni le diré que deje su ejercicio. Créeme, señor hermano, que antes que a esto viniese se hicieron muchas diligencias hasta que se vio que era esta la voluntad de Dios. Dejémosla caminar a donde la llaman, que ella ha escogido mejor que nosotros le aconsejaremos”. Con esto, no osó replicar más en este caso de allí adelante don Vasco.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Era esto en los postreros años del Rey don Pedro, acertó a venir a Toledo. Tuvo noticia de la hermosura de esta santa doncella y, como juntaba a la crueldad ser deshonesto, no perdonaba cosa, deseó verla y aun haberla. Entendido el ruin propósito por la virgen devota y por sus padres, se fue con su compañera doña Mayor Gómez de secreto a Talavera, donde tenían sus padres casas y hacienda. Estuvieron allí algunos días encerradas con harto miedo, y no faltaba razón, porque no faltó quien le avisó de la ausencia y del lugar donde estaban retira- [761] das que, a costa de lisonjear a los Reyes y tener cabida, no se les esconde nada. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Dios, que lo dispone mejor, quiso que le dijesen esto y que se pusiesen encobro antes que viniesen a buscarlas. Acordaron de venir por un camino apartado otra vez a Toledo, no entraron dentro, sino fuéronse a una ermita (de que ya hicimos memoria) que se llamaba Nuestra Señora de la Sisla. Allí vivieron escondidas algunos días hasta que se ausentó el Rey, y así escaparon de sus manos y de su deshonestidad. En esta ermita probó esta santa otro género de vida, de mayor quietud y sosiego del alma, puesta en alta conservación del Cielo, haciendo su corazón un holocausto encendido todo en el amor y contemplación de su Esposo. Hacía las asperezas grandes de los ermitaños de Egipto. Dormía sobre unos sarmientos, ayunaba mucho, juntaba las noches con los días orando y contemplando, y allí recibió grandes consuelos del Cielo, ayudándole a todo esto su gran compañera, doña Mayor Gómez, que se la deparó Dios en todos estos trances, no para aya, aunque lo parecía, sino para alivio de tan grandes cosas, y testigo de su honestidad y pureza. Murió a esta sazón el Rey don Pedro a manos de su hermano don Enrique, como todos saben; con su muerte se aseguraron mil almas temerosas de su crueldad y de su torpeza, salió de su yermo nuestra santa ermitaña y, pensando qué camino escogería para retirarse al servicio de Dios de propósito y acabar en ella vida con mayor aprovechamiento de su alma, tuvo noticia cómo había en Toledo una congregación de mujeres santas, que se recogían en una casa en la parroquia de San Román. Tenían como en lugar de priora una señora de gran prudencia y espíritu, que se llamaba doña María de Soria; loaba toda la ciudad el modo de vivir de esta gente, teniéndolas por mujeres de gran recogimiento y santidad. Parecioles a las dos compañeras que este era negocio seguro, supuesto que no habían de estar en aquella ermita y había cesado la causa. Fuéronse allí y recibiolas doña María de Soria con alegría, por la fama de su valor; se vistieron entre ambas el hábito que usaban las que allí entraban. Vivieron algún tiempo en aquella compañía, dando gran ejemplo a todas y ejercitándose en actos de humildad y de obediencia, de que recibía gran consuelo nuestra santa, y sin duda quiso Nuestro Señor traerla aquí para que aprendiese esto y lo ejercitase, porque es cosa imposible poder enseñar a otros, los que no tienen experiencia, qué cosa es obedecer. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Murió dentro de pocos años doña María de Soria, en cuyo gobierno estribaría aquella congregación. Murieron también los padres de nuestra doña María García de Toledo, dejáronle mucha hacienda y mejora, entendiendo que la había de emplear en servicio de Nuestro Señor con grande provecho de sus almas. Como se vio desamparada de la madre espiritual y de los padres naturales, y con hacienda, suplicó a Nuestro Señor la alumbrase en lo que era servido hiciese de sí y de los bienes que le habían quedado, pues no era suya ni quería otra cosa en esta vida sino emplearse toda en su amor y servicio. Púsole en el corazón lo que Dios había ido madurando por todo este discurso, entreteniendo a esta, su sierva, por tan extraños y varios caminos, y lo que con el efecto se ha mostrado ser cosa ordenada por su divino consejo. Vendió las heredades y hacienda que le había quedado en el lugar de Belilla y otras partes. Compró en la parroquia de San Lorenzo, en Toledo, una buena casa que tenía suelo y aposento [762] espacioso, pasose allí con su compañera, doña Mayor Gómez, y algunas que, conociendo su santidad y valor, quisieron seguirla delas de aquella congregación de beatas. Encerrose allí con determinación de no salir en toda la vida. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Entendiose esta mudanza en la ciudad. Vino a noticia de una señora, de las nobles de Toledo, que se llamaba Teresa Vázquez, mujer deseosa de la salud de su alma, había días que estaba recogida en su casa con gran encerramiento, con hasta siete u ocho mujeres, haciendo vida muy honesta. Acordó de pasarse a la compañía de nuestra Santa, con toda la suya, entendiendo que Dios la llamaba para servirle en aquella congregación; ansí se hizo en breve una casa de muchas siervas de Dios, y de notable nombre, a quien siguieron presto otras. Aquí se comenzó luego una labor divina, en unas vidas de gran humildad y pobreza de espíritu, desechando no solo el regalo, mas aun lo muy necesario para pasar la vida, abrazando en todo la mortificación de los sentidos. Pusiéronse unos hábitos blancos y un escapulario pardo, el mismo que tenían los muy recientes monjes de la Orden de San Jerónimo, sin saber qué hacían. También se determinaron luego a obedecer todas a una cabeza porque no fuese monstruo de muchas aquel colegio, y de común acuerdo quisieron todas que fuese doña María García de Toledo, porque tenían mucha prueba de su virtud y prudencia, que bastaba a mayores cosas. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Como era la santa tan en el corazón humilde, recibió aquello con harta dificultad, derribada de los ruegos y lágrimas de sus hermanas, a quien ella quisiera obedecer toda la vida. Este fue el primer fundamento y estas las primeras fundadoras del Monasterio de San Pablo de Toledo, de los muy religiosos, sin agravio de ninguno que ha habido en aquella ciudad y de notable nombre, en donde, como veremos, en sus lugares se han criado santas y puras almas y grandes siervas de Dios. Vino a esta sazón, como dijimos arriba, Fr. Pedro Fernández Pecha a fundar la Casa de la Sisla (no es fácil de atinar si antes o después que este santo colegio de vírgenes se juntase); dijimos también, y es cosa cierta, que la santa le dio mucho favor para el edificio y le socorrió con todo lo que pudo, y hoy en día guarda un arquilla de plata que dio esta sierva de Dios, en que encerrasen el Santo Sacramento. Lo que Fr. Pedro Fernández Pecha sirvió a esta sierva de Dios, y el trato que entre los dos pasaba, no hay para qué repetirlo, pues queda dicho en la vida de aquel santo. Comenzáronse desde entonces a llamar religiosas de San Jerónimo, y a imitar todo lo que podían de la vida y costumbres y ceremonias santas a aquellos padres de quien Fr. Pedro Pecha era como patrón y cabeza y prior de la Sisla, pues sin duda todos los de la Orden son sus hijos, y estas podemos llamar, y lo son, sus primeras hijas. Porque, aunque entonces los religiosos de la Orden estaban sujetos a los ordinarios, doña María García de Toledo y sus hijas dieron la obediencia a Fr. Pedro Fernández, y por su parecer se gobernaban y no salían un punto de su obediencia. Crecía aquella casa de San Pablo en gran ejercicio de humildad, y caminaban debajo del gobierno de dos almas tan pías, con largo paso al aprovechamiento espiritual, todas las que allí se habían recogido. Iba muy delante de todas la Santa Virgen Fundadora, hallándose la primera en cuanto se ofrecía de virtud y [763] de humildad, con harta maravilla de las que pretendían imitarla.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Asentaron luego el oficio divino por orden del prior de la Sisla, su maestro, con la puntualidad que entonces supieron, que se hizo a todos maravillosa, y acudían de la ciudad a oírlos la gente que tenía gusto de devoción, porque parecía que los oficiaban los ángeles. Levantábanse a medianoche a Maitines, y nunca la sierva de Dios, desde aquella hora, sabía qué cosa era tornar a la cama, consumiendo lo que quedaba de la noche en oración y coloquios divinos con su Esposo, Jesucristo. Dábale mucha pena que la alabasen en algo, habiendo tanto de qué;  cuando las personas seglares le decían de su buen nombre, y relataban alguna de sus virtudes, que suelen ser en esto indiscretos, decía ella con semblante vergonzoso: “Estas hermanas y siervas del Señor hacen eso, y en ellas cabe bien lo que de mí decís, que yo no soy sino un vaso despreciado y una criatura inútil”. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Cuando algunas veces estaba mala (tenía muchos achaques por tratar tan mal su cuerpo) y era fuerza caer en la cama, y vía aquellas santas compañeras alrededor, con tanta gana de servirla, decía con una sinceridad de paloma: “Dónde merecí yo tanto bien, que me sirviesen damas y doncellas tan hermosas, y las esposas de mi Señor se humillasen a un vil gusanillo cual soy yo, que aun no merezco servir a ninguna dellas”. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Ofendíanle mucho las mujeres que se adobaban los rostros, pintándose con los albayaldes y carmines, y poniéndose mudas, decía que ni eran buenas para mujeres, ni para imágenes, porque para lo segundo eran feas y para lo primero no eran vivas, sino pintadas. Cuando alguna destas venía a visitarla, decía que no la conocía, porque traía máscara, y la había visto antes sin ella, y que no era aquel rostro que les había dado Dios, sino el que compraron de la tienda. Amonestábales con palabras santas que no hiciesen aquello, porque ofendían mucho a Nuestro Señor, y que si perseveraban, no era pequeño el castigo que las estaba guardado. También aborrecía mucho los olores: almizcle, algalia, ámbar, y otros cualesquier extraordinarios que solían traer entonces solo las mujeres (no se había extendido esta manera de afeminarse a los hombres en aquel tiempo) porque le olían mal las que siempre querían oler bien. Decía que era locura traer con olores postizos un cuerpo que tan presto  había de oler tan mal y ser manjar de gusanos. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Si alguno, hablando con ella, le decía de merced o de reverencia, llena de humildad respondía que la merced era de Dios, de quien es propio hacer mercedes y misericordias, y la reverencia se debe a quien todas las criaturas hacen reverencias, porque ella miserable era e indigna de reverencia. Después que los dos santos gozaron algunos años de la conversación santa, aprovechándose a veces y aprendiendo el uno del otro, gobernando sus conventos, con el aprovechamiento que hemos visto, cansado ya, o diremos mejor, derribado ya Fr. Pedro Pecha de sus rigurosas asperezas, y por esto con mil ajes, pareciéndole que estaba inútil para el gobierno, determinó de ir a acabar su vida a Nuestra Señora de Guadalupe, como lo vimos en su vida. Quedó con esto muy desconsolada nuestra santa, y no le sucedió cosa en esta vida que sintiese tanto, y todas las otras hermanas se lastimaron en el alma, llamándose desamparadas, sin padre y sin maestro, que con su aviso y prudencia las sus- [764] tentaba, doctrinaba y regía, y las animaba con su ejemplo a continuar el curso comenzado. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Sintiéndose pues, nuestra devota virgen, tan desconsolada, volvió los ojos al Señor llena de fe y esperanza, y díjole con amorosas lágrimas: “ Confirma, Señor, esto que obraste en nosotras, y no desampares desde tu alto templo el edificio deste en que tú quieres morar por tu misericordia, da esfuerzo a tus siervas para que perseveren hasta alcanzar el fin de su deseo, que no es otro sino unirse contigo como último fin de todas nuestras esperanzas, y abrazarte como a Esposo único de las almas. Flacas somos, Señor, y llenas de pobreza y miseria, mas tú eres gigante fuerte, y pastor vigilantísimo, que nadie será poderoso para sacar estas ovejicas de tu mano”. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Oyó el Señor su oración, como se vio por el efecto, pues fueron siempre creciendo en tanto hervor y devoción en aquella santa casa. Vivió después de la ausencia de su fiel compañero la sierva de Dios veinticuatro años. Era ya de mucha edad, las penitencias y mal tratamiento del cuerpo, dormir en el suelo, vigilias, ayunos habían estragado mucho aquel cuerpo delicado. Veníanle a faltar poco a poco los sentidos, veía poco, oía menos, con todo esto no quería faltar a las cosas de la comunidad. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
No podían con ella aunque más se lo rogaban, sino que se había de levantar a Maitines. Como no oía, acordó de tener un gallo en su celda, que era muy puntual en cantar a la medianoche con aquel canto; por ser muy aguda la voz, despertaba y oía. Santa simplicidad, si no es que era misterio despertar con el canto del gallo. Desde niña, tuvo costumbre de levantarse a la medianoche a loar al Señor, y jamás la dejó, aun en enfermedades grandes, grande ánimo y virtud de hembra tan delicada. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Aunque estaba por de fuera el cuerpo tan consumido, tenía dentro el alma muy despierta en la contemplación que había ejercitado toda su vida, gozando en lo secreto de favores y regalos divinos que la alentaban para tan larga jornada. Llegado el fin de la carrera dichosa, queriendo el Señor darle el galardón de tan santa vida y trabajos tan piadosos, vínole una calentura lenta, que bastaba para consumir aquello poco que había quedado de la penitencia. Cayó en la cama, porque no podía sostenerse. Sintiendo ya su fin cerca, llamó a sus hijas que, a esta sazón, eran veinticinco o veintiséis, rebaño precioso y rico en los ojos de Dios. Cuando las tuvo delante abrazolas una a una con notable ternura y lágrimas, queriendo poner a cada una en sus entrañas, dábales paz en el rostro y se juntaban las unas lágrimas con las otras. Después les dijo desta manera: “Hermanas queridas y compañeras de mi peregrinación, que habéis perseverado conmigo en estos trabajos de pobreza y penitencia, yo me parto a la bienaventuranza que ha prometido nuestro Esposo a los que perseveraren hasta la fin. Deseo mucho que no os ponga espanto lo que os falta de la corrida de vuestro curso, y que mi ausencia no os cause alguna flaqueza en los ánimos, ni penséis que he sido yo alguna parte para sustentaros hasta este punto en la vida religiosa que habéis comenzado, de que tenéis pasada ya mucha parte, las más de las que estáis presentes. Otra fuerza mayor es la que os sustenta, que es la virtud del Señor, que nunca se cansa, ni puede morir, y está siempre cerca de vosotras si por vuestra [764] culpa no la desecháis y hacéis fuerza para que se vaya, porque os ama mucho y tiene gran cuidado de vuestra salud. Lo que desea y lo que siempre nos pide es que no pongamos el amor en otra cosa, que es muy celoso, y no admite compañía alguna: o todas habéis de ser suyas o de otro, y mirad quién será el otro si dejáis a Dios. Fuera d’Él todo es feo, todo es miseria, enfermedad y muerte. Una quiere que sea su paloma, y una su amiga y una su querida, que no cabe con otro. Ponedle en vuestro corazón y en vuestro brazo, haced que vuestros pensamientos, palabras y obras no tiren a otra señal, porque, si no, sabed que se enojará mucho, y cuanto estáis en más alto estado y cuanto habéis venido a más secretos abrazos y favores, tanto será mayor la ira de sus celos. Porque el amor es como la muerte fuerte y más duro que el infierno que, como la muerte, nunca se aplaca ni perdona y, como el infierno, nunca se apiada ni ablanda; ni al uno ni al otro podremos con ruegos ni con fuerza detenerlos, ni mudarlos de su rigor: ansí el amor, cuando es tan gravemente ofendido y quebrantadas sus leyes, no sabe perdonar, ni aplacarse, ni la ira de los celos tiene remedio. Las caídas de muy alto de ordinario son mortales. Por eso, carísimas hermanas, mirad donde subisteis, temed mucho la caída y, pues tenéis tan cierto el socorro, pedidle sin cesar que no hayáis miedo que falte. Mirad cuán presto se acaba la vida, cuán poco duran los gozos vanos deste suelo, qué presto se marchitan estas florecillas de la primavera que, de ordinario, antes de la noche se enlacian y caen, y los trabajos, qué momentáneos y de poca dura, y qué de bienes se siguen tras ellos, cuando se llevan en paciencia y por Dios. No os turbe ver a las que dejasteis en el siglo, cuando vienen compuestas y galanas a visitarnos, porque son figuras del retablo de este mundo, que pasa como una farsa. Ya veis cuántas, en medio de sus regalos, las ha arrebatado la muerte, y cuántas de las que viven querrían ser muertas, porque viven una vida de infierno. Poned los ojos en la ribera deste río por donde vais atravesando a vuestra gloria, para que no os desvanezcan las ondas y sus olas, que pasan a dar en el mar. Veisme aquí, estoy ya a las puertas de la muerte, alegre y segura, sin temer la contradicción de mis enemigos, confiada en el mérito de la pasión de mi esposo y en la virtud de su sangre, que cuando con Él me desposé me las dio en arras y en dote, y ahora que viene el día de las bodas, saldré adornada con ellas. Imaginad que me casé con un hombre de los del siglo, y que he vivido en muchos regalos, y que tengo muchos hijos, y que he llegado a este punto que tuviera ahora aquí sino congojas, y rabias y ansias, un temor y una tristeza irremediable. Pues mirad la diferencia y deprended en este trance lo que no se os olvide jamás. Quiéroos dar en mi partida un consejo y un precepto; el precepto no es nuevo ni mío, sino del Esposo y Señor Jesucristo, que os améis unas a otras y sufráis las faltas con caridad, y esta es deuda que la debéis siempre, en tanto que durare la vida: cada una quiera el bien de la otra como el suyo propio, porque en esto consiste el verdadero amor. El consejo es que os guardéis de salir del claustro cuanto os fuere posible y que no os vean en la calle para siempre, ni aun en la red, sino con mucha necesidad. Mirad que las palomas, aunque son tan puras y sin malicia, si ven la red huyen de ella, porque en la red está el lazo que prende con las palabras o con la vista la inocencia del alma”. [766] &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Esto les dijo en común. Después, en particular, habló a cada una por sí, y no adivinando ni sacando por conjeturas, sino con un espíritu profético, les declaró todo el discurso de sus vidas, diciendo a muchas dellas lo que después sucedió sin faltar punto. A unas que no habían de perseverar y los fines que habían de hacer, y a otras les declaró cómo habían de ir aprovechando; y aunque entonces les pareció que debía de hablar a tientas o no la entendían, después se desengañaron y vieron claro que el Señor les avisaba por la boca de su sierva. Acabado esto, pidió la extremaunción; recibiola con gran espíritu y entereza, ayudando a todos los salmos y letanías, como si estuviera sana. De allí a un poco, descendió sobre ella una claridad admirable, y anduvo volando por la celda una palomica blanca, aunque no fueron todas las que allí estaban dignas de verla. Alegrose su rostro en gran manera, mirando atenta a la luz que tenía sobre sí; hablaba con ella tan quedo, que no podían entenderla. De allí a un poco, alzó los brazos en alto y juntó las manos, como quien quiere abrazar alguno, haciendo cruz, y ansí salió la santa alma, dando a entender que se abrazó luego con su amado y dulce Esposo Jesucristo. Su muerte fue el diez de enero, año de 1426 &#039;&#039;[1]&#039;&#039;, y ochenta y seis su edad, según la mejor cuenta, porque no se sabe precisamente el año en que nació. Había ordenado viviendo que sin ruido, y sin dar cuenta a nadie, llevasen su cuerpo al monasterio de Nuestra Señora de la Sisla. Hízose ansí y fue bien menester, porque la ciudad estaba alterada sobre querer llevar el cuerpo cada cual adonde le parecía que tenía más derecho. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Los parientes pretendían hacerle en la iglesia mayor un sepulcro suntuoso; otros pretendían llevarla a otras partes; las religiosas, con gran silencio, teniendo entendido el humilde pensamiento de su Santa Madre, sin que nadie lo supiese, lo llevaron a la Sisla. Recibieron los religiosos con gran reverencia el cuerpo santo. Llevábanla vestida con sus hábitos de San Jerónimo y una corona de laurel en la cabeza, insignia de triunfadores. Hiciéronle el más solemne entierro que pudieron. Y como a principal bienhechora y más principalmente como a santa, la pusieron junto al altar mayor, al lado del Evangelio, y labraron un rico sepulcro. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Certifica una relación antigua de su vida, a quien he seguido en esta historia, que hizo por ella muchas maravillas y señales, en los que tocaron a su santo cuerpo y que lo certificaron personas de mucha religión, dignas de toda fe, y que las calla hasta que la Iglesia las publique, donde da a entender que se trataba de su canonización y, como esto es negocio que no se hace sin mucha costa, faltó quien lo solicitaba, y ansí se quedaron los milagros escondidos. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
De cuarenta o más años a esta parte, hubo necesidad para cierta fábrica que se hacía allí, en la capilla mayor de aquel convento, abrir un poco el sepulcro y cuerpo de la santa. Descubriose y lo halláronlo entero; después de ciento treinta años, tenía un ladrillo por cabecera, la toca de la cabeza estaba sana y prendida debajo de la barbilla con un alfiler, vestida con sus hábitos de beata. Afirma Fr. Antonio de Villacastín, de quien supe yo esto, porque era el maestro de aquella fábrica y lo ha sido de toda la casa de San Lorenzo el Real, testigo abonado, que él mismo levantó el cuerpo y que vio [767] en él una cosa extraña: que por doquiera que le asía, se levantaba todo entero, como si fuera de una pieza, y estaba tan ligero como si fuera de pluma. Y los ramos de laurel de que le hicieron la corona, cuando la truxeron, se estaban tan enteros y frescos como cuando los cortaron. Debe de ser privilegio de la virginidad que no se marchite ni corrompa lo que a ella se allegare. Hiciéronle los religiosos de la Sisla, encima del sepulcro, una figura de bulto, vestida al natural con sus hábitos de la Orden y como ella andaba vestida. Está hincada de rodillas, puestas las manos mirando al Santo Sacramento, donde en vida tuvo siempre puesto el corazón, y un letrero o epitafio de la elegancia de aquel tiempo que dice: &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
FUE DOÑA MARÍA GARCÍA, VIRGEN QUE AQUÍ YAZE SEPULTADA, DE CUYAS OBRAS RESULTA SER VIRGEN DE ETERNA ALEGRÍA.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
De tan buena gracia y aun peores son los versos latinos que se siguen luego:&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Domum suam hec dicauit,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Qua feminas adunauit,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Ut peremni sacre viuerent.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Hec totam se spernebat,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Et arte virgo degebat,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Ad Christi vestigium.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Erat mundo crucifixa, &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Mundus Christi [etc] transfixa,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Charilatis gladio. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Aquí da a entender este poeta que eran suyas las casas donde se recogió y donde agora está fundado el Monasterio de San Pablo, aunque la historia que yo he seguido dice que las compró de su hacienda. Este monasterio se estuvo con nombre de Beatas de San Pablo y de San Jerónimo muchos años. El año de 1464 &#039;&#039;[2]&#039;&#039; se encargó la Orden d’él, y creció siempre en religión, criando grandes siervas de Dios, como lo veremos en la postrera parte desta historia que luego se sigue, siendo el Señor servido.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
FIN&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En Madrid, por Juan Flamenco. Año 1600 &#039;&#039;[3]&#039;&#039;.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
=== Notas ===&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&#039;&#039;[1]&#039;&#039; Figura el año en números romanos en el texto: “año de M.CCCC.XXVI”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&#039;&#039;[2]&#039;&#039; Figura el año en números romanos en el texto: “año de M.CCCC.LXIIII”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&#039;&#039;[3]&#039;&#039; Figura el año en números romanos en el texto:  “M.CD”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
= Vida impresa y manuscrita=&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Ed. de [http://visionarias.es/equipo/maria-aboal-lopez/ María Aboal López] (impresa) y [http://visionarias.es/equipo/veronica-torres-martin/ Verónica Torres] (manuscrita); fecha de edición: octubre de 2020 y agosto de 2022.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
== Fuente ==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
* [http://catalogodesantasvivas.visionarias.es/index.php/Categor%C3%ADa:Francisco_de_Pisa Pisa, Francisco de], 1612. &#039;&#039;Descripción de la Imperial Ciudad de Toledo e Historia de sus antigüedades y grandeza y cosas memorables que en ella han acontecido, de los Reyes que la han señoreado y gobernado en sucesión de tiempo, y de los arzobispos de Toledo, principalmente de los más celebrados&#039;&#039;. Toledo: Pedro Rodríguez, Imprenta Real, fol. 276v.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[[Contexto material del impreso Descripción de la Imperial Ciudad de Toledo e Historia de sus antigüedades]] &#039;&#039;y grandeza y cosas memorables que en ella han acontecido, de los Reyes que la han señoreado y gobernado en sucesión de tiempo, y de los arzobispos de Toledo, principalmente de los más celebrados&#039;&#039;.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
* [http://catalogodesantasvivas.visionarias.es/index.php/Categor%C3%ADa:Francisco_de_Pisa Pisa, Francisco de], &#039;&#039;Apuntamientos para la segunda parte de la Historia de Toledo&#039;&#039;. Biblioteca de Castilla-La Mancha, Ms. 193, fols. 87-88.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
== Criterios de edición==&lt;br /&gt;
Aunque la vida en el libro impreso forma parte de una enumeración de santos y, por tanto, no es propiamente una hagiografía, la recogemos aquí para que quede constancia de su inclusión en esta obra del siglo XVII. Se adoptan los criterios de edición de vidas impresas estipulados en el Catálogo, es decir, se moderniza la ortografía (b/u/v, j/g, chr/cr, qu/cu, empleo de h, etc.), las sibilantes y se eliminan las consonantes geminadas. El uso de mayúsculas y minúsculas se moderniza, así como la acentuación y la puntuación, que se adaptan a las actuales. No obstante, se ha mantenido la escritura de “monesterio”. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En cuanto a la continuación manuscrita de la misma obra, aparece en un manuscrito del siglo XVIII con este título: “En este libro se contienen los &#039;&#039;Apuntamientos para la segunda parte de la Historia de Toledo&#039;&#039; que prometió escribir el Doctor Francisco de Pissa Decano en las Facultades de Santa Theologia, y Artes Liverales, y Cathedratico de Escriptura en la Insigne Universidad de Toledo: fechos y ordenados por el mismo, en el año de 1612”. La vida de María García se integra en el apartado correspondiente al monasterio de San Pablo. Se siguen los criterios establecidos en el catálogo para fuentes impresas, es decir, se moderniza la ortografía (b/v, j/g, qu/cu, etc.), así como el uso de mayúsculas y la acentuación y puntuación, que se adapta a la actual. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==Vida de María García ==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&#039;&#039;&#039;(1605)&#039;&#039;&#039;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[Libro Quinto] &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[Fol. 275r]&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
===Capítulo XXXVI===&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&#039;&#039;&#039;Catálogo o lista de santos propios de esta ciudad de Toledo&#039;&#039;&#039;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[…]&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[Fol. 276v] […] Doña María García, natural de Toledo, monja en el monesterio de San Pablo de esta ciudad, que ella fundó debajo de la Orden y hábito de San Jerónimo, sujetándose al prior del monesterio de la Sisla, donde está enterrada cerca del altar mayor; falleció año de mil y cuatrocientos y sesenta y cuatro. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&#039;&#039;&#039;(1612)&#039;&#039;&#039;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&#039;&#039;&#039;Monasterio de San Pablo&#039;&#039;&#039;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[Pag. 87] Asimismo, está en este distrito el [Pag. 88] monasterio insigne del apóstol San Pablo de la Orden de San Jerónimo, que a los principios fue fundado por doña María García de Toledo, hija de Diego García de Toledo y de su mujer doña Constanza, hermana de don Álvaro, arzobispo de Toledo. La cual, en compañía de otras religiosas, hizo santa vida del hábito de San Jerónimo, aunque a los principios sin clausura, por los años del Señor de 1404, sujetas al prior de Nuestra Señora de la Sisla, extramuros; y después, en el año 1408, haciendo profesión solemne, tomaron velo y clausura, sujetas al general y prelados de la dicha Orden de San Jerónimo, como lo escribe Pedro de Alcocer en la &#039;&#039;Historia de&#039;&#039; [Pag. 89] &#039;&#039;Toledo&#039;&#039;, lib. 1º. La dicha María García, fundadora, está sepultada en el dicho monasterio de la Sisla, y asimismo lo está otra religiosa de esta casa &#039;&#039;[1]&#039;&#039;, de quien se cuenta en la &#039;&#039;Historia&#039;&#039; grandes ejemplos de santidad y misericordias que recibió de Dios Nuestro Señor en la oración y vida espiritual. Las vidas de las dos santas religiosas se hallarán escritas en la &#039;&#039;Historia&#039;&#039; de la Orden y el Maestro Villegas en la 3ª parte del &#039;&#039;Flos Sanctorum&#039;&#039;, en las adiciones. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En esta iglesia de San Pablo está enterrado el arzobispo, que fue de Sevilla el cardenal, don Fernando Niño de Guevara.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
===Notas===&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&#039;&#039;[1]&#039;&#039; Seguramente se refiera a [[María de Ajofrín]], cuya vida está incluida en el &#039;&#039;Flos sanctorum&#039;&#039; de Villegas, como vemos en el Catálogo, aunque no en la &#039;&#039;Historia de Toledo&#039;&#039; de Alcocer.&lt;/div&gt;</summary>
		<author><name>Anaritasoares</name></author>
	</entry>
	<entry>
		<id>https://catalogodesantasvivas.visionarias.es/index.php?title=Mar%C3%ADa_Garc%C3%ADa&amp;diff=713171</id>
		<title>María García</title>
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		<updated>2026-09-26T08:05:56Z</updated>

		<summary type="html">&lt;p&gt;Anaritasoares: /* Vida manuscrita (4) */&lt;/p&gt;
&lt;hr /&gt;
&lt;div&gt;[[Category:Santas_Jerónimas]]&lt;br /&gt;
[[Category:Toledo]]&lt;br /&gt;
[[Category:Alonso_de_Villegas]]&lt;br /&gt;
[[Category:Baltasar_Porreño]]&lt;br /&gt;
[[Category:Francisco_de_Pisa]]&lt;br /&gt;
[[Category:Juan_de_la_Cruz]]&lt;br /&gt;
[[Category:Hernando_Pecha]]&lt;br /&gt;
[[Archivo:Santa_Maria_Garcia_conversando_con_Fray_Fernandez_Pecha-web.jpg|right|María García conversando con Fray Fernandez Pecha|link=]]&lt;br /&gt;
{| class=&amp;quot;wikitable&amp;quot;&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Nombre || María García de Toledo&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Orden || [http://catalogodesantasvivas.visionarias.es/index.php/Categor%C3%ADa:Santas_Jerónimas Jerónimas]&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Títulos || Priora y fundadora de la casa de beatas de Mari García, posterior convento de San Pablo de Toledo. Iniciadora de la rama femenina de la Orden&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Fecha de nacimiento || 1340&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Fecha de fallecimiento || 1426&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Lugar de nacimiento || [http://catalogodesantasvivas.visionarias.es/index.php/Categor%C3%ADa:Toledo Toledo]&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Lugar de fallecimiento || [http://catalogodesantasvivas.visionarias.es/index.php/Categor%C3%ADa:Toledo Toledo]&lt;br /&gt;
|}&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
= Vida manuscrita (1)=&lt;br /&gt;
Ed. de [http://visionarias.es/equipo/celia-redondo-blasco/ Celia Redondo Blasco]; fecha de edición: junio de 2017.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
== Fuente ==&lt;br /&gt;
[[Archivo:I María García.jpg|250px|right|Manuscrito|link=]]&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
* Esc. C-III-3. fols. 252r - 264r.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[[Contexto material del manuscrito de El Escorial, MS c-III-3]]&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
== Criterios de edición ==&lt;br /&gt;
Al tratarse de un testimonio único se ha optado por emplear unos criterios de edición conservadores. &lt;br /&gt;
Se puntúa y acentúa siguiendo las normas establecidas por la RAE.&lt;br /&gt;
Se conserva la -l- geminada en humilldad y la s líquida en Spíritu Sancto, así como la alternancia entre v y b en su valor consonántico; también se mantiene la h- aunque sea anti-etimológica en hedad.&lt;br /&gt;
Se han respetado los latinismos como oratión. &lt;br /&gt;
Se han repuesto vocablos o grafías con corchetes ([ ]) cuando resultaba patente que no aparecían por un descuido del copista (en caso de duda, se ha respetado su ausencia).&lt;br /&gt;
Se conserva dello, desto, pero se separa mediante apóstrofe cuando la forma aglutinada incluye un pronombre personal: d’él.&lt;br /&gt;
Se ha conservado el uso de qu por cu (qual) y la grafía de la nasal n antes de la bilabial (grupos -np- y -nb-: honbre). &lt;br /&gt;
En cuanto al grupo de sibilantes, se mantiene ç ante a, o, y también ante e, i. Se respetan, también, los grafemas z, s/ss ante las distintas vocales. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
== Vida de María García ==&lt;br /&gt;
[fol. 252r] Aquí comienza la vida e ystoria de la bienaventurada y loable memoria doña Mari Garçía, virgen consagrada a Dios, fundadora del monesterio y casa de las beatas llamadas de doña Mari Garçía que es en la çibdad de Toledo &#039;&#039;[1]&#039;&#039;, la qual se trasladó del latín en romanze en el año del Señor de mill y quatrocientos y ochenta y siete años.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
=== Prólogo ===&lt;br /&gt;
Ansí como Dios es maravilloso con sus santos, el qual no en vano hizo todos los hijos de los honbres, ansí nunca olvidó la su Santa Yglesia, dende el justo Abel, ni agora la olvida ni desanpara, hasta en fin del mundo. La qual en los antiguos tienpos, que fueron debajo de la Lei de Natura y de Escritura, nunca de todo en todo estuvo huérfana de santos y de varones y henbras fieles, en los quales, la fe, y caridad y esperanza resplandeçieron; y en los quales, toda relixión y perfetión de vida después de su muerte, por que no pereçiese, fuese conservada; e a los quales, el Evangelio y divino dinero, non sin causa, fuesse prometido, y en nuestra hedad, que es debajo de la Lei de Gracia, aiuntadas las cosas altas a las [fol. 252v] bajas, después que el humanal linaje dejó el honbre viejo, venido el nuevo honbre: conviene saber, Jesucristo, nuestro medianero, Dios encarnado, después que recibió la Passión, después de su poderosa Resurretión y gloriosa Açensión. De quántas maneras de santos, ansí honbres como mugeres, su santa gloria Dios todopoderoso aya guarnecido, dotado y hermoseado, aunque la voluntad quiera y desee dezir, pero la lengua no lo puede recontar ella misma, en sí sola la conoçe, desto non dubdamos, los gloriossos Apóstoles de Jesucristo, quia predicatión salió en toda la tierra, ser sus primeros fundadores. Los quales, después que reçibieron el Espíritu Santo, quanto más crueles, rebeldes y apartados del conocimiento de Dios hallaron a los pueblos y gentes, tanto más las amansaron, domaron y trajeron a su conocimiento. Quién podrá contar los mártires vençedores y esforçados por virtud divina que maravillosamente defendieron la su Santa Iglesia. Los quales, por la alinpiar de las espinas, lavaron sus vestiduras en la sangre del cordero; sufriendo por Jesucristo lo que Él sufrió por ellos, no dubdaron dar su cuerpo a la passión. Los santíssimos confesores sustentaron la Santa Yglesia [fol. 253r] y, ensanchándola por edificio espiritual, por dotrina y exenplo, regaron los coraçones de los fieles de rocío celestial. A los quales, enbiando el Señor como obreros en su miel, adornó y dotó de muchos bienes de su graçia, y quiriéndoles probar por diversos trabajos, a uno dio maior fortaleza que a otro, cuios cuerpos, y si la grandeza del martirio o la espada material no atormentó, pero ellos, vibiendo a Jesucristo por continua abstinencia, domando saludablemente las cobdicias de la carne, a sí mesmos crucificaron. Úyense las santas donzellas adornantes aquesta iglesia con su clara virginidad, las quales conociendo el Señor ser de natura flaca, con largueza de su graçia las dio sfuerço, por que el Enemigo, fallándolas ynflamadas en el amor divino, no pudiese vencerlas con sus artes engañosas. De aquestas, algunas, que el Señor para esto guardó, fueron por sus nonbre y por la honrra de su fe martirizadas, las quales juntamente de doble vencimiento fueron laureadas y coronadas porque, no sabiendo la cama material, al solo Esposo de virginidad, que es Jesucristo Nuestro Salvador, se allegaron y en el tormento del martirio, burlando de sus atormentadores, [fol 253v] fueron vençedoras, por lo qual resplandeçen por aureola de virgininad, ansí como lirios y rosas por pena de la persecutión. En el aiuntamiento y conpanía de aquestas, piadosamente creemos ser colocada y asentada en gloria perdurable nuestra amiga, nuestra conpanera, nuestra cibdadana de Toledo, a la qual, Nuestro Señor, en nuestros tienpos, en los quales la maldad abunda y la caridad se enfría, quiso en ejenplo de vida y virtudes dar a su Santa Yglesia, cuia loable vida, cuia honestidad de buenas costunbres, cuia santa conversatión, cuio menospreçio, aspereza de vida a honrra de Dios, y para despertar las voluntades de los justos y conpunjir y reprehender las culpas de los negligentes, aiudándonos la gracia divina, queremos brevemente escrevir. Y porque es esta virgen y hermosa, rogemos muy humildemente a la Reina de las Vírgines que nos gane graçia de contar y dezir de su vida y loable conversaçión.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
=== Capítulo primero ===&lt;br /&gt;
Fue en los días del rei don Pedro el Cruel, rei de Castilla, de memoria bienaventurada, un cavallero claro por linaje y claro por virtudes, llamado Diego Garçía de Toledo. Este tenía una mujer que era de noble [fol 254r] linaje ansí como él, cunplida de virtudes y de toda honestidad. Anbos eran justos delante de Dios, andando en sus carreras y cunpliendo sus mandamientos. Ella se llamava doña Costanza, hija de Fernán Gómez, padre del reverendíssimo don Álvaro, arçobispo de Toledo, cuia hermana era de un vientre la dicha doña Costança. A estos dio Dios, entre otros hijos e hijas, una hija mui graciosa, cunplida de toda hermosura, a la qual pusieron por nombre María, y el sobrenombre del padre, conviene a saber doña Mari Garçía. A la qual, los padres, ansí como la dézima parte de sus bienes, prometieron al Señor de toda voluntad. Este voto, quando ella fue de hedad de discreçión, no ansí como desobediente despreçió ni desechó con poco coraçón, mas antes, conforme con los padres, lo confirmó. Y encendida en el amor del Señor, luego por obra lo cunplió de su propia voluntad y de su libre alvedrío, sin consejo de alguno, mas inspirada de don y graçia divina, toda se ofreció al Señor. ¡Convenible cosa era que tal sarmiento naciese de tal vid!&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Tal fue aquesta virtuosa doncella, que, movida por el consejo del profeta, dende su niñez todo su pensamiento puso i fincó en el Señor, ansí como lo declara la orden de su vida maravillosa, la qual, aunque [fol. 254v] niña y de mui tierna hedad, huía la conpañía de los que en casa del padre eran. Y olvidando y dejando los juegos y cosas a que la tal hedad se suele dar, apartávase en lugar secreto a ofrecer oratión pura y linpia al Señor. Nunca oiera el santo Evangelio y ia deseava hazer tesoro en el Çielo. Era pobrecilla de voluntad y parecía que tenía no pequeño cuidado de los pobres: las migajas que caían de la mesa de su padre, y los pedazos que sobraban y quedavan de su comer, y todo lo que podía aber con deligençia guardava y ascondidamente procurava de dar a los pobres.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
=== Capítulo segundo ===&lt;br /&gt;
Creçiendo ya en edad, desechando todos los deseos y obras de moza, pensaba de día y de noche cómo, a ejenplo de San Juan Baptista, podría conservar y guardar enteramente su vida sin mancillar; y deçía al Señor: «Demuéstrame, Señor, las tres carreras y enderéçame, Señor, según verdad». Y ansí como virgen prudente i sabia, como fuese ya de doze años, no ensobervezida por la ponpa del linaje, no atraída por vanas amonestaciones de los honbres lisonjeros, no mirando los faustos abundantes del padre, despreçió todos los deseos dañosos del mundo, y renunciando de ese aiuntar a esposo carnal, olvidando la casa del padre, deseó [fol. 255r] solamente la hermosura del Esposo Celestial. Y por que más cauta, más libre y más diligentemente pudiese cunplir su deseo y el negocio espiritual, non curando de la murmuración de las gentes, apartose a un monesterio de monjas de santa conversatión llamado San Pedro de las Dueñas, do era priora una su hermana que mucho la amava. Allí supo y aprendió en poco tienpo el canto y las otras cosas y observancias de la relixión. Creciendo su fama por toda la provincia y sabida su vida y costumbres, por toda parte procuraban y deseavan las monjas de Santa Clara, que son en el monasterio de Tordesillas, que aí tomase su hábito. Esperaban de la elejir por su maior si aí hiziese professión, pero ella, acordándose de lo que Nuestro Señor en el Evangelio dize, por no ser vista de los honbres y no recebir delante dellos el galardón de sus buenas obras y Él por ellas le diese galardón, no huió por pequeñez de coraçón la honrra, mas por verdadera humildad.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
=== Capítulo terçero ===&lt;br /&gt;
Después que aquesta santa virgen fue, como diximos, dotrinada y enseñada de su hermana en las cosas divinales y en la carrera del Señor, demandó liçençia y bendiçión en su hermana, la qual, con dificultad, pero de voluntad, la dio. [fol.255v] Y ansí abida licençia, no como quien torna atrás, mas por voluntad de Dios, tornose a casa del padre. Nunca aún tomara hábito ni velo de religión, y estando en la casa del padre, ençendida por el fuego del amor divinal, codiciando remediar y seguir a Jesucristo, su Esposo, según su flaqueza, negando a sí mesma, se dio con toda voluntad al menospreçio del mundo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Frecuentava andar por las calles de puerta en puerta pidiendo limosna para los encarcelados. Traía en los honbros unas alforjas en que echava los pedazos del pan que en limosna le daban. Tenía por conpanera la santa virgen en su santo propósito a una venerable matrona biuda que se llamaba doña Maior Gómez. Este tan piadoso oficio hazíase contra la voluntad de su padre y hermanos, que deçían ser deshonrados y avergonzados públicamente por el menospreçio de la hija y hermana. Conosçiendo enpero el padre que, por miedo ni por amenazas, por amor ni promesas de bienes tenporales, no quería ni podía ser apartada de su santa intención, diole lugar y no procuró más de apartarla de este santo camino.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Andan entramas la vieja y su aia y la virgen tierna por toda la cibdad de casa en casa; como pobres y peregrinas, vienen entre los dos coros de la iglesia maior, y allí, delante de todo el clero y pueblo, piden por amor de Dios [fol. 256r] limosna. Mucho se maravillan todos y dizen: «No avemos visto alguna que sea semejante a esta entre todas las henbras de aquesta çibdad»; y desde allí iban a casa del padre por reçebir alguna limosna. Y viéndola su padre traer alforjas en los onbros, avían plazer y reíanse. Y ansí como buenos y católicos padres, alçando las manos al çielo, daban graçias al Señor porque les avían dado tal hija; y decían los mançebos y las vírgenes, los viejos y los mozos: «Alaben al Señor, el qual haze maravillas». Y ella conoçiendo dellos aquesto, luego se derribaba a sus pies, besava sus manos dándoles no pocas gracias porque avían plazer de la vida que escojiera.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Acaeçió un día que la dicha matrona biuda y la bendita virgen, continuando su santa obra, andando a demandar por las calles, encontraron con su padre y con el arçobispo, su tío, que hera hermano de su madre, aconpañado de muchos cavalleros nobles. Y como el arçobispo la viese ansí mendigar y la conoçiese, reprehendió a su cuñado porque consentía andar ansí despreçiada a su sobrina, y díxole: «O varón, como seas prudente, ¿por qué consientes a moza tan pequeña, tan hermosa y generosa andar ansí tan despreciada?, ¿por qué tienes tu hija ansí aboreçida?, ¿por qué no la casas con otro su igual?». Al qual [fol 256v] respondió el noble cavallero benignamente: «¿Qué esposo puedo yo dar a mi hija más generoso y más rico que Jesucristo, hijo de Dios bivo? Dejémosla, tomó para sí la mejor parte».&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
=== Capítulo quarto ===&lt;br /&gt;
Después de aquesto, como el dicho rei don Pedro el Cruel, entre otras cosas ynjustas que hazía, persiguiese a donzellas y mugeres nobles y de qualquier estado que fuesen, aquesta honestísima virgen, con otras muchas que se trabajaban de absconder de la cara del muy cruel rei, huyeron a la villa de Talavera, cuio dominio tenía entonces su padre, don Diego García de Toledo. Y aun aí no las dejava estar seguras el temor del cruel rei, mas fue causa que dende se fuesen. Dízese que muchas dellas, por guardar su honestidad, rescibieron muchos daños, ynjurias y persecuciones. Y viendo esto nuestra discretísima virgen y aquella dueña a quien seguía, dubdavan llamando al Señor qué harían, mas Dios, que está açerca de los que le llaman con verdadero coraçón, oídas sus peticiones, endereçó sus coraçones dándoles por guiador el su ángel bueno que viniesen a un pago que se llama aora la Sisla. En el qual lugar hizieron una pequeña morada adonde estuvieron algunos días [fol. 257r] sirviendo al Señor de noche y de día con aiunos y abstinencias, orationes y otros exerciçios honestos y santos y de gran humildad. Y aún entonces no era edificado en aquel lugar un monesterio del bienaventurado San Xerónimo que agora se llama Santa María de la Sisla. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En este tienpo plugo al Señor que çesase la cruel tenpestad por muerte del rei cruel para proveer al miedo de aquestas santas mujeres, las quales con deseo entrañal y continuo pensaban dónde con maior provecho y sin inpedimento pudiesen cunplir mejor su voto a honrra y gloria de Dios. Y alumbradas por el Spíritu Santo, dejaron la solidunbre en que estavan.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En aquel tienpo avía en la çibdad una congregación de mujeres devotas que estavan en la perrocha de San Román, el cuidado y administración de las quales tenía una religiosa persona que avía nonbre doña María de Soria. Y como oiese esta santíssima virgen la fama tan loable e santa de aquestas religiosas dueñas ser sin ninguna reprehensión, la su loable vida cobdiciando obedesçer y ser instruida mucho más en la vida religiosa y ser juntamente regida de la dicha religiosa persona, metiose debajo de su mano para hazer su voluntad en todas las cosas, la qual las reçibió mucho de voluntad, y con gran alegría. Y allí tomó el hábito relixioso según las otras lo traían y después que plugo al Señor [fol. 257v] que aquella noble dueña, doña María de Soria, y el padre y la madre de aquesta virgen loable pasasen de aquesta vida presente, cobdiciava esta santa virgen dexar más perfectamente el mundo, el qual le era ya mucho aboresçible. Y pensando en su coraçón qué haría, decía con toda voluntad aquel verso del salterio: «Tú, Señor, eres bueno; enséñame tus justificaciones». Y luego vendió la parte en que la madre la dejó heredera, y del preçio mercó luego una casa con muchas anchuras en la perroquia de San Lorenço, para que allí en el claustro pudiese su coraçón holgar a Dios.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Finalmente dejaron la otra casa y encerráronse allí, ella y aquella dueña ya dicha. Sabido y divulgado aquesto por toda la çibdad, una honrrada dueña, que se llamava Teresa Vázquez, con otras siete mujeres continentes de mui santa fama, entraron en aquella casa, por que juntas a tan devota conpanía hiziese a Dios un santo colegio a Él mui apacible y a las gentes loable. Las quales, como esta señora de quien dezimos viese ser de tan profunda humildad, y que con aquel despreçio tan maravilloso del mundo con todo coraçón y con entera voluntad se sometían a la pobreza no recusando ningún trabajo, mas con todas sus fuerzas trabajavan por seg[u]ir a su Redentor Jesús, y mirando con tan grande diligençia cómo estavan enbevidas en Dios, amávalas con entrañas llenas de caridad sin ninguna conparaçión y deçía con el psalmista: «Load [fol. 258r] a Dios todas las gentes, porque a confirmado sobre nós su misericordia». Y tornándose al Señor, dezía con fervor de coraçón: «Plégate, Señor, de nos dar graçia que cantemos las tus justicias en este lugar de nuestra peregrinación. Huélgase, Señor, el mi coraçón en ti, porque las flacas están ceñidas de fortaleza». Y en tanto creció la fama de aquesta congregación gloriossa, que en breve tienpo fue aiuntada gran muchedumbre de mugeres religiosas, las quales con coraçón y voluntad tomaron hábito blanco en señal de virginidad y continençia para servir al Señor según la orden del bienaventurado nuestro padre San Xerónimo. Y eligieron todas entonzes de una voluntad por su prelada y religiossa a la dicha señora doña Mari Garçía, la qual contra su voluntad lo açeptó cobdiçiando ser más súbdita que regir.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
=== Capítulo quinto ===&lt;br /&gt;
Era en aquel tienpo un cavallero noble, secretario y capitán mui amado del rei don Pedro el Cruel, el qual era sinple y recto y temeroso de Dios, el qual se llamava don Pedro Fernández. Y como este noble cavallero pensase con el clareçido coraçón cómo avía gastado sus días en la ceg[u]edad del mundo sin ningún serviçio de Dios, con deseo de hazer penitencia y aber [fol. 258v] dolor de sus pecados y guardarse de no ofender más a Dios, negó a sí mesmo según el consejo de Nuestro Señor Jesucristo con toda la casa real, tomando hábito de religión. El qual, con divinal aiuda, fue a Roma y alcanzó liçençia del Padre Santo que pudiese edificar en la provinçia de Toledo un monesterio de la orden del bienaventurado padre San Xerónimo. Y buelto con la liçençia, hedificó el monesterio ya dicho de sus propias faqultades, con aiuda desta señora, la qual no solamente hizo muchas espensas en el edificio material, mas aun dio preciosos hornamentos y joias para el culto divino, con las cuales adornó y ennobleçió el sagrario y sacristía, onde somos ciertos que dio una arqueta pequeña en que se encierra el cuerpo del Señor.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
=== Capítulo sexto ===&lt;br /&gt;
Acabado aquel maravilloso hedifiçio, en breve fue la casa llena de frailes. Viendo esto las siervas de Dios, juntamente con ellos tomaron por padre al bienaventurado nuestro padre San Xerónimo, para que con su tela y anparo, olvidadas las fuerças flacas, por sus merecimientos serviesen varonilmente en el serviçio del Señor: toman el hábito, regla y costumbres de la dicha orden, sométense a los prelados de aquel monesterio, prometen obediençia, demandan que sean regidas dellos, ¡o virtud de maravillosa obediençia!, ¡sola [fol. 259r] digna de ser loada! Quisieron más sujetas obedecer, que esentas y libres errar; esto es verdaderamente negarse a sí mesmo: quando el honbre deja su querer y se dispone para obedezer. Y cobdiciando esta señora de no comer sin trabajar en el serviçio de Dios, alcanzó liçençia del papa que tuviesen aquella misma horden en rezar las horas divinas que los dichos religiosos. Y viendo aqueste santo varón ya dicho, que era prior en el dicho monesterio, la vida de aquesta santa muger ser tan apaçible a Dios, amávala con verdadera caridad, rogando al Señor por su justificatión y cunplimiento devoto y guarda religiosa de aquella santa congregaçión que hasta la fin durase en toda santidad y religión. Otro tanto rogava ella por él: eran estas personas dignas de todo loor en el entrañal amor, que pareçían otro San Francisco y otra Santa Clara, otro San Xerónimo y otra Santa Paula y Eustoquio; eran d’Él consoladas, y disciplinadas, y amonestadas con gran dulcedumbre de caridad en toda perfectión y castidad.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Después de mucho tienpo que les duró esta santa conversaçión con toda honestidad y religión, plugo a la Divina Bondad recebir la penitençia digna y dar fin a ella y a los trabajos deste santo varón, llevándose donde recibiese el galardón del trabajo [fol. 259v] que avía recebido en plantar aquella biña del Señor, la qual labrava con el arado de la religión para que, después que la oviese podado con santas amonestaciones, mereciese aver della el fruto que esperava, que es el Çielo. Y si acaso algunas vezes alabavan a esta señora algunos çibdadanos de su honestidad y abstinençia o de otras obras virtuosas, dezía ella: «No es de algún valor lo que yo hago; mis hermanas lo hacen por alunbramiento del Espíritu Santo». Y viendo esta santa mujer que en las enfermedades la estavan sirviendo las hermanas, deçía sin toda dobleza, pensando ella en su coraçón ser indigna de aquel serviçio: «¿Dónde vino a mí tanto bien? ¡O, qué más hermosas donzellas pudiera yo tener en el siglo que ansí cercasen mi cama, las quales veo ser mucho más sufiçientes que io para esta administraçión, por hermosura de virtudes delante de Dios!».&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y como esta santa muger viese adornadas las mujeres del siglo de contraria hermosura con diversidad de adornados trajes, y que las caras hechas a semejanza del Criador estavan cubiertas con diversos ungüentos y afeites, por artifiçio digno de condenaçión, quiriéndolas reprehender, dezíales con palabras dulzes: «Mirad que ofendéis mucho al Señor y que si más con coraçón endureçido [fol. 260r] usáis de esta apostura, que ansí como personas que con deliberación pecan en el Spíritu Santo, yrán a la damnaçión perdurable, que aún el tal pecado no se quita ligeramente por la penitençia». Todo género de timiama o de qualquier espeçie odorífera ansí lo aborreçía y huía como si fuera un pozoñoso veneno. Dezía ella a las que usavan destas cosas odoríferas: «No conviene que la carne que está aparejada para ser mañana queva de gusanos, llena de toda miseria, aia alguna delectaçión». Nunca consentía su ánima ser ensuciada en jactancia, aunque fuese alabada de la prelaçía, o de la dignidad de los parientes, o de la hermosura del cuerpo, o de la honestidad de las costumbres, o de qualquier obra de perfeçión que en ella era; y si alguno por honrrarla le dezía “Vuestra Merced”, “Reverencia”, o otras palabras semejantes, dezía: «¿Dónde yo, un tan mezquino gusano en menospreçio, soi dicha tener merçed, como a Dios sea la honrra y gloria para sienpre?». ¿Qué podré yo dezir de la perfeción de esta? Sino que tomó tan alto grado de humilldad y de sinpleza recta y temor del Señor quanto la humana natura pudo consentir estar alguno de los mortales. Si líçito es dezir, puede bien tenella la Iglesia como a otro Job, y como ya la luenga hedad la agraviase mucho, aviendo pasado ya ochenta años de su vida con mucho fruto, con la gran vejez tenía perdido los sentidos exteriores en parte, [fol. 260v] mas con este inpedimento sienpre crecía más en los sentidos ynteriores y tenía más y maiores fuerças espirituales. Y como ansí ynpedida no pudiese oír el relox, mandava que pusiesen dentro en la celda un gallo que la despertase a la medianoche para ir a maitines; nunca o apenas fue hallado ningún día que casi desde su niñez no se levantase a la medianoche a alabar al Señor, aunque tuviese enfermedad de grande trabajo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
===Capítulo séptimo===&lt;br /&gt;
Pasado este tienpo con tanto fructo que la piedad divinal dar quiso a su pelea y su inmensa bondad y justicia, quiso dar el galardón a esta su sierva, que corrió sin tardanza por la carrera. Y llegada al postrimero día, pensaba la quenta que avía de dar de aquella maiordomía. Y ansí como ella en la vida avía instruido a sus hijas en el serviçio divinal, ansí quiso consolar y esforçallas en el postrimero día de su vida a exenplo de nuestro padre San Xerónimo, amonestándoles con toda afectión que no tornasen atrás ni desfalleçiesen en aquel camino espiritual, mas perseverando viniesen a la fin con vencimiento de la pelea para que pudiesen gustar y gozar de la bienaventurança perdurable, para lo qual es necesario que con toda humilldad y menospreçio y mortificatión perseveren. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Avía entonzes en el claustro veinte y cinco [fol. 261r] beatas, las quales ella todas mandó llamar con gran alegría, siguiendo el exenplo de nuestro padre San Xerónimo. Y de que fueron todas llamadas, abraçolas y dioles paz diçiendo: «Amadas hijas, acordaos cómo, no por nuestros merecimientos, mas por su sola misericordia y bondad aparta el Señor a nós, para sus siervas, de las tinieblas del siglo y nos trujo a esta esclarecida solidunbre, adonde vos ruego que no seáis de poco corazón fingiendo vos ser flacas para perseverar en la religión; oíd, no a mí, sino a Vuestro Maestro, que dize: “Mi jugo es suave y la mi carga liviana”. Oíd otra vez que dize: “El que pone la mano al arado y torna atrás no es capaz de el Reino de los Çielos”». Y dichas estas cosas y otras de grande edificaçión, llamó a cada una particularmente y amonestávala con aquel deseo que según su calidad y manera le era menester. Ca como ella desde sus primeros comienzos las ubiese instruýdo en las doctrinas santas, conoçía el corazón de cada una tan perfectamente que por verisímiles conjeturas, antes de su muerte, dijo a algunas dellas lo que les avía de acaezer acerca de la perfectión en las virtudes o si avían de errar en los viçios y en otras semejables cosas, casi por espíritu de profeçía. Después de esto, encomendó a todas dos [fol. 261v] cosas: y es que guardasen en sí un mandamiento y un consejo. El mandamiento, que se amasen unas a otras y que con toda caridad cada una sufriese soportando la carga de la otra por que pudiesen estar en paz y en concordia; el consejo, que estuviesen sienpre en el claustro guardando mucho silençio, ni quisiesen ser vistas por las calles, y huyesen mucho de comunicar con los seglares, porque guardando estas dos cosas se apartasen del lazo del Enemigo, que busca de contino a quien trag[u]e.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y oiendo estas cosas y otras muchas, aquellas devotísimas hermanas no se podían abstener de no llorar porque, aunque era cosa razonable que ubiesen plazer de la subida de su madre al Çielo, piadosamente lloraban viendo ser desanparadas de tal madre. Y viéndolas ella llorar, comovida a conpassión dezía: «No queráis más llorar en vano, pues el Señor puso término a mis días, los quales no puedo pasar mas conformada con su voluntad. No creades que io os dejo, porque a Él plazerá de vos tomar en su anparo y guarda si os apartáis del mal y le servís con toda virtuosa obra y cunplida bondad». Y diziendo: «Quede el Señor con vos», demandó la unçión, y después que la recibió en esa hora, estando meneando los labios con oraçión al Señor sin esprimir lo que deçía, deçen-[fol. 262r] dió un raio de claridad sobre su cara, viéndola algunas de las que estavan presentes, y ella avía gran plazer de lo que con sus ojos veía, y alçando las manos en alto, puestos los dedos en señal de cruz, durmió en el Señor. A diez días de enero año de mill y quatrocientos y veinte y seis años.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
===Capítulo octavo===&lt;br /&gt;
&#039;&#039;[2]&#039;&#039;&lt;br /&gt;
Luego que espiró, fue llevado secretamente su cuerpo al dicho monesterio de Nuestra Señora de la Sisla y sepultado con grande honra cerca del altar maior, y esto fue hecho porque se esperava gran disensión entre los çibdadanos sobre el enterramiento del cuerpo y ansí fuera inpedido de llevar al dicho monesterio donde ella, quiriendo aun en su muerte huir la vanagloria, se mandó enterrar; que pudiera çierto ser sepultada dignamente y con grande reverençia en la iglesia maior de la dicha çibdad, açerca de su tío, el arçobispo don Álvaro.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y para más loar s[u] esclarecida vida, podríamos contar algunas senales y dezir algunos miragros que parecieron en su muerte y fueron hechos por el tanimiento de su cuerpo, lo qual piadosamente creemos, pues personas [fol. 262v] relixiosas y dignas de toda fe, sin ninguna adulación dan testimonio dello, mas pues que hasta aquí esta santa Yglesia lo calla, somos por necesidad constrenidos a callar; una cosa sabemos de çierto que nos constrine a hablar, que fue su voluntad en la lei del Señor, pensando de día y de noche, en cuia boca no fue hallado engaño. Y por esto creemos firmemente que no recibió en vano su ánima, que fueron aquestas senales y miragros manifiestos a todos en la su historia que tiene el vulgo. Cosa digna fue y no de maravillar, amadas hermanas, que la cibdad real donde descendió la Reina de los Ángeles con tan gran muchedumbre de coros de vírgenes quedase con el fruto de aquesta virgen, que con santidad de vida entre las otras vírgenes la pudiese seguir y alabar. Y si queréis vos, sus hijas, alcanzar a loar a la Madre de Dios con aquellos espíritus bienaventurados con entrañas llenas de caridad, vos amonesto y con grande amor espiritual vos ruego que sigáis las pisadas de la madre y guardéis su dotrina y os acordéis de sus amonestaciones y sienpre la tengáis delante de buestros ojos por singular exenplo, examinando con diligençia lo que ya avéis oído y otras cosas que no basta mi lengua para recontar.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
¡Quán [fol. 263r] suave fue su mansedunbre y quán marabillosa su honestidad y linpieza! Considerad su profunda humildad y quál fue su sinple prudentia llena de todo temor de Dios. Por las quales mereció Dios, siendo en su aiuda, venzer a los enemigos en tan grandes peleas con gran vitoria. Sobre todo, vos amonesto que, perseverantes en la santa religión, conviene que paséis por fuego y agua; conviene saber: por adversidades y tentaciones, por las quales, mereciendo ser dignas de la gloria, haziendo todas las cosas perfetamente, digáis aquello que el Salvador nos amonesta por San Lucas, a los diez y siete capítulos, diçiendo: «Quando hiziéredes todas las cosas que vos son mandadas, dezid: “¿Siervas somos sin provecho. Solamente hicimos lo que devíamos”», en tal manera que los bienes que con el aiuda y inspiratión del Spíritu Santo fazéis, no los perdáis delante de Dios por el loor de los honbres o con presunçión dañosa de dentro del corazón los hagáis sin provecho. De lo qual oíd aquella semejança del Salvador de las diez vírgenes, çinco prudentes y çinco locas, de las quales dize San Gregorio: «Todas se llaman vírgines, mas no todas son reçebidas dentro de la puerta en [fol. 263v] la bienaventurança, porque, como faltase el açeite a las vírgines sin seso, fueron a conprarlo; conviene saber, yendo a buscar el testimonio de sus buenas obras delante los honbres recibieron su galardón. Vino el Esposo y las que estavan aparejadas entraron con él a las bodas». De lo segundo, oíd lo que el apóstol las dize: «Pienso, hermanas, que no son dignas las pasiones deste mundo para alcanzar la gloria que esperamos, y otra vez el galardón del pecado es muerte, el de la graçia es vida para siempre, la qual a mí y a vos quiera de Jesucristo, Hijo de Dios, el qual sufrió por nós pasión, que con el Padre y Espíritu Santo vibe y reina, un Dios para sienpre jamás. Amén».&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
===Responso===&lt;br /&gt;
Madre nuestra mui hermosa, que menospreciaste todas las cosas prósperas del siglo y por no ensuçiar tu vida dejaste el mundo asconjiendo a solo Jesucristo, dístenos camino siguiendo a Nuestro Maestro. Abnegando a ti misma, venciste al Enemigo. Presa: Agora gozando de santa gloria ruega por nós, desterradas, por que después desta batalla seamos aiuntadas a la çibdad soberana. Verso: ¡O bienaventurada [fol.264r] virginidad que excede todas las virtudes, que pasando por fuego y agua es llevada a la gloria que jamás le será quitada! Pressa: Agora. Verso: Gloria sea al Padre y al Hijo y al Spíritu Santo. Responso: Madre nuestra. Verso: A esta escogió Dios así en sierva. Respuesta: Por que diese a nós flacas fuerzas. Oratión: Dios todopoderoso, que, con la grandeza de tu bondad, tu Santa Yglesia hordenas y rijes, y en nuestros tienpos para exenplo y fortaleza de la flaqueza femínea quisiste escoger a nuestra cibdadana Mari Garçía, virgen, para que fuese del cuento de las escogidas, devotamente  te suplicamos oigas nuestras orationes y gemidos, y benignamente recibas la flaqueza de nuestros pequeños serviçios, y por los piadosos ruegos de aquesta santa madre y patrona nuestra piadosamente nos otorges que sienpre encedidas en tu santo amor, fijas para sienpre, permanezcamos en tu santo temor por que en el postrimero juicio al juez recibamos con lánparas adornadas de santas obras y nos lleve consigo a las bodas çelestiales el verdadero Esposo de las vírgines, Jesucristo tu Hijo, Nuestro Señor, el qual contigo y con el Spíritu Santo vibe y reina un Dios para sienpre jamás. Amén.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Finis: Fray Bonifacio de Chinchón &#039;&#039;[3]&#039;&#039;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
=== Notas ===&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&#039;&#039;[1]&#039;&#039; Apostilla marginal: «que ahora se llama de San Pablo».&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&#039;&#039;[2]&#039;&#039; Tachado: dézimo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&#039;&#039;[3]&#039;&#039; Rubrica&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
= Vida manuscrita (2)=&lt;br /&gt;
Ed. de [http://visionarias.es/equipo/celia-redondo-blasco/ Celia Redondo Blasco] y María Morrás; fecha de edición: abril de 2017.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
== Fuente ==&lt;br /&gt;
[[Archivo:II María García.jpg|250px|right|Manuscrito|link=]]&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
* [http://catalogodesantasvivas.visionarias.es/index.php/Categor%C3%ADa:Juan_de_la_Cruz Cruz, Juan de la], 1591. &#039;&#039;Historia de la Orden de S. Hierónimo, Doctor de la Yglesia, y de su fundaçión en los Reynos de España&#039;&#039;. Esc. &amp;amp;-II-19 fols. 208v- 217r.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[[Contexto material del manuscrito de El Escorial, MS &amp;amp;-II-19]]&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
== Criterios de edición ==&lt;br /&gt;
Dado que se trata de una copia manuscrita que no puede ser muy posterior al autógrafo, los criterios de edición son conservadores.&lt;br /&gt;
La lengua del texto refleja bien las características fonéticas y gráficas propias del siglo XVI, sin que se hayan podido observar rasgos dialectales, pues el vocalismo en formas como  monesterio y desgusto son muy habituales.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Se mantienen los grupos cultos, que podrían ser reflejo de la obra latina que dice haber consultado el autor, o simplemente mostrar el uso eclesiástico: &lt;br /&gt;
s líquida en Spirito Sancto y en el latinismo specie &lt;br /&gt;
formas cultas como –mpt- en Redemptor, th en thesoro (y Theressa), ph en propheta, -gm- en augmento&lt;br /&gt;
-l-  geminada en collegio, bulla&lt;br /&gt;
Otros grupos dobles: successo, -ct- (sanct y sus derivados)&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Sibilantes:&lt;br /&gt;
La oscilación entre –ss- y –s- intervocálica cuando etimológicamente es sorda o procede de un grupo –ss- en latín es mínima. En general, escribe correctamente los vocablos  (necessitad, promessa) o las formas latinas que con –ss- (superlativos: honestíssima, religiosíssima; formas verbales de subjuntivo (fuessen, entendiesse, diesse, etc.) o por razones etimológicas (essos). Sin embargo, también se encuentran formas simples intervocálicas (deseos, mereçiesen, perseverases, moviesen, guardasen). Sin embargo, en general parece distinguir entre la sorda /s/ y la sonora /z/, como indica la hipercorrección Theressa, por lo que se mantiene la grafía original.&lt;br /&gt;
Las fricativas en cambio indican confusión entre sonoras y sordas (doncella/donçella en lugar de donzella, etc.), pero se mantiene la forma original por su interés lingüístico.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Se mantiene el uso de la y en los diptongos decrecientes (oýd, caýda, cuydado, etc.), así como la oscilación entre v/b. Se conserva la –ll en humilldad y humillde porque parece que el copista (y quizá el autor) lo consideran grupo culto; también se mantiene la h- aunque sea anti-etimológica en  hedeficio y hedad.&lt;br /&gt;
Se conserva dello, desto, etc., pero se separa mediante apóstrofe cuando la forma aglutinada incluye un pronombre personal: d’él.&lt;br /&gt;
Se regularizan alternancias gráficas sin valor fonético:&lt;br /&gt;
i/j&lt;br /&gt;
u/v.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
La puntuación y la capitalización han sido modernizadas, si bien se mantiene el uso del paréntesis para indicar observaciones digresivas según el original.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
== Vida de María García ==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
=== Capítulo veynte y quatro ===&lt;br /&gt;
&#039;&#039;&#039;De cómo se fundó el monesterio de religiossas de sanct Pablo de Toledo por doña María Garçía, y del fervor después que tuvo esta sancta muger desde su tierna hedad, y en las buenas obras que se ocupó con gran menosprecio de sí misma&#039;&#039;&#039;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En una escriptura bien antigua escripta en latín se halla la fundación del monesterio de sanct Pablo de Toledo y de su fundadora doña María Garçía, que después de muchos años que en él vivió con muchas siervas de Dios que tuvo en su compañía acabó sus trabajos en este que se va prosiguiendo &#039;&#039;[1]&#039;&#039; de mill y quatroçientos y sesenta y cuatro. Y es digna cosa que se ponga en este principio y fundaçión del monesterio de Sanct Pablo de Toledo, para que se sepa la vida maravillossa de esta sierva de Dios doña María Garçía, y vea y entienda, que en tiempo que tanto se olvida la charidad y abunda la maldad, quiso Nuestro Señor despertar esta su sierva fiel, cuya vida honesta, llena de buenas y sanctas costumbres, y del menospreçio del mundo y de lo que él promete y representa, se escrive aquí, juntamente con la fundación. Y será con la brevedad que dieren lugar las muchas y muy notables cosas que ay que dezir aprovechándome en parte de la dicha escriptura y de otros lugares que harán a este propósito.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Pues en el tiempo que reynava en Castilla el rey don Pedro, fue un cavallero principal en linage y sangre que se dezía don Diego Garçía de Toledo, casado con Doña Constança, hija de Hernán Gómez y hermana del Arçobispo de Toledo, don Álvaro. A estos cavalleros, don Diego Garçía de Toledo y doña Constança, dio Nuestro Señor una hija, después de otros muchos que tenían, de particular hermosura y graçia, que sobremanera la querían, miravan y estimavan sus padres como singular benefiçio que Dios les avía querido hazer. Y en una voluntad (que la tenían en todas las cosas y eran justos delante de Dios) se la ofreçieron como décima parte de sus bienes, poniéndole nombre María [fol. 209r] y el sobrenombre de su padre, y ansí se llamó siempre doña María Garçía. Pusieron mucho cuydado sus padres en criarla y que se afiçionase al temor y amor de Dios y a las sanctas costumbres. Apenas sabía hablar (como dizen) quando se fue conoçiendo en ella el spíritu que Dios quería declarar en su favor porque en ninguna cosa pareçía niña, sino llena de discreçión, de la que el Spíritu Sancto pone en las almas donde reside. Quando tuvo alguna discreçión, no solo no menospreçió el voto y ofreçimiento que sus padres tenían hecho, mas ella, con gran voluntad le confirmó, abraçó y amó, y desde luego tuvo tanto fervor en el amor de Dios que se conoçió que más eran órdenes del Spíritu Sancto y graçia divinal que consejo de hombre humano. En esto seguía el del propheta, que desde su niñez endereçó sus pensamientos al Señor muy alto, y dello dio buen testimonio su vida maravillossa, que aún en aquella tierna hedad se apartava a los lugares secretos a hazer oraçión huyendo de los que la podían ver en casa de sus padres y de los juegos y cosas que en tal hedad se suelen exerçitar y entretener los niños. Era pobrezilla de voluntad, y aun no havía oýdo el Evangelio y deseaba ya hazer thesoro en el Çielo, teniendo gran cuydado de los pobres de Jesuchristo, recogiendo las migajas que caýan de la mesa de sus padres. Y los pedazos de pan que sobraban de su comer, con todo lo demás que podía haver y recoger, lo guardava y escondidamente lo dava a los pobres.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Quando llegó a la hedad creçida, y desechados los deseos de la moçedad, pensaba de día y de noche cómo podría, a exemplo de san Juan Baptista, conservar y guardar con toda entereza su vida y limpieza, y decía con el psalmista: “Muestrame Señor tus carreras y endereçame según tu voluntad”. Como era ya de doze años y no se aficionase a la vanidad del linage, ni a la abundancia y trages de la casa de sus padres y amonestaçiones de los lisongeros, pasó por todo ello como virgen prudente y sabia despreçiándolo, con todos los deseos dañosos del mundo, deseando solamente ser agradable al Esposo Çelestial. Para poner con más brevedad en exerçicio los propósitos y los deseos sanctos que tenía, olvidando la casa [fol. 209v] de sus padres se apartó a un monesterio de monjas que se dezía sanct Pedro de las Dueñas (que estaba adonde después hedificó el cardenal don Pero Gonçález de Mendoça el hospital insigne que dizen de la Cruz) y adonde era priora una hermana suya que la amava y quería como era razón. Recibiola con gran voluntad y en poco tiempo aprendió y supo el canto y las otras obediencias de la religión, para que aprovechase dello y servir a Dios, adonde le encaminase de tomar el asiento que avía de tener. Entendida por muchas partes su vida y costumbres, muchos monesterios de religiossas la deseaban tener en su compañía, y particularmente el de Sancta Clara, de la Villa de Tordesillas, que le ofreçieron que en pocos años sería su perlada si quisiese tomar allí el hábito y la professión, y le sería la vida de mucho contento y descanso. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Ninguna cosa le movía a la sierva de Dios, porque ni eran essos sus pensamientos ni havía entrado en su camino y deseo gana de querer y apeteçer de ser perlada, sino sierva humillde, y por esta humilldad lo menospreçiava todo y lo hollava y acoçeava todo, y no quería que los hombres la viessen sino en este menospreçio, ni reçibir dellos el galardón de sus obras, si algunas tuviese que fuessen buenas y aceptas a Nuestro Señor, y d´Él quería el premio y galardón, y entrar en su apartado cubículo a solas (como lo dize el Sancto Evangelio) para que solo Él la entendiesse y diesse la retribución conforme a los merecimientos. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Después que se detuvo en aquel monesterio algunos años y sabía ya bien las observançias de la religión que se praticavan y enseñavan en él (y sin haber tomado hábito ni manera de religiossa), pareçiole que era bien bolverse a la casa de sus padres, más por voluntad de Dios que lo inspirava que por tener gana de bolver atrás de sus buenos y sanctos propósitos. Pidiole licençia para ello a la priora, su hermana, que con mucha dificultad y gran desgusto se la huvo de dar. [fol. 210r] Y ansí se fue como lo avía dicho a la casa de sus padres. Aunque estava en ella y vivía entre los hermanos y criados de casa, y pareçía que se havía buelto al mundo como cosa que le dava gusto y contento &#039;&#039;[2]&#039;&#039;, andava tan abrasada y ençendida en el fuego del amor divino que siempre pensaba, codiciava y tratava cómo seguir y ymitar (según su flaqueza) a Jesuchristo, su esposo. En lo que asentó, después de muy mirado y consultado y pedido a Nuestro Señor, fue negarse a ssí misma y no mirar a su hedad y flaqueza y que era muger, ni a lo que podrían decir y juzgar los hombres faltos de consideraçión, y con esto començó a darse al despreçio suyo y de las cosas mundanas, y tomó consigo, como aya y compañera, a doña María Gómez, matrona biuda y noble, que con una misma voluntad la quiso acompañar en sus designos y trabajos. Su principio fue començar a andar por las puertas de los vecinos de la ciudad a pedir limosna cada día, públicamente, para los pobres necessitados. Pues dezir que llevavan en su compañía quien recogiese las limosnas y pedaços de pan que les davan, era cosa de bendezir a Dios en sus marabillas, que la donzella pobre de Jesuchristo llevava sobre sus ombros una talega o alforja en que las echava, con un fervor y ánimo de hazer serviçio en ello a su esposo que no aprovecharon promessas, ruegos ni amenazas de sus padres para apartarla dello, y ansí la dexaban continuar su sancta ocupación y daban lugar a ello aunque no dexavan de sentir ellos y los hermanos de la sancta donzella alguna afrenta de aquel menospreçio tan público. No dexavan por esso las dos su exerçiçio cotidiano de andar por las calles de la çiudad pidiendo limosna como pobres peregrinas, y estavan en la sancta yglesia mayor entre los dos coros al tiempo que los canónigos salían de las horas, que los ponían en confusión y compelían a que les diessen muy buenas limosnas. Desde allí pasavan con las que llevavan en sus alforjuelas a la casa de sus padres, y ya era para ellos de gran consuelo y regalo ver de aquella manera a su hija, y la animavan y esforçavan en ello (aunque por otra parte la carne y la sangre hazían su oficio en [fol. 210v] sentir aquel difraçe). Pero pasados los primeros días, y viendo a su hija contenta, y que era bien inclinada, devota y charitativa con los pobres de Jesuchristo, no había cosa temporal que para ellos se les pudiesse comparar a esto. Bendezían a Dios y alçavan las manos al Çielo con mucho plazer y alegría, haziéndole infinitas gracias por haverles dado hija que aun antes de tener discreçión ni hedad había en la tierra vida çelestial y obrava en ella tantas marabillas. Todos los de su casa, hijos y criados, hazían lo mismo, y la sancta donzella, con una profunda humilldad y llena de spíritu de Dios, se derribava a los pies de todos besándoselos, agradeciéndoles el contento que mostravan de la vida que seguía. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Acaeçió un día que andando pidiendo limosna por la çiudad la sancta donçella con su compañera por no perder costumbre de remediar a los que tenían necessidad, que encontraron en una calle al arçobispo de Toledo, su tío, hermano de su madre, y a su mismo padre, que le acompañava con otros cavalleros y gente principal de la çiudad, y quando el arçobispo vio a su sobrina en aquella postura que llevava y cargada en los hombros la talega con las limosnas que había recogido, volvió a su padre y díxole con algún enojo y como reprehendiéndole: “Mucho me maravillo, que como seáis hombre prudente, no remediéys un desconçierto tan grande como este y consintáys a una hija de tan poca hedad y tan hermosa y de linaje, que es que ande ansí despreçiada y con tanta libertad que days a entender que la tenéys aborreçida, pues no la recogéys y tratáys de casarla con otro que sea su igual”. El cavallero prudente le oyó y respondió con mucha mansedumbre y en breves palabras le dixo: “¡Qué esposo le parece a Vuestra Señoría que puedo yo dar a mi hija más rico y generosso que a Jesuchristo, Hijo del Padre Eterno! Por ventura podemos resistir al Spíritu Sancto. Ella ha escogido este estado por la mejor parte y yo no se le quiero estorvar, ni me pareçe que se açertaría en ello”. [fol. 211r] El arçobispo calló con esta respuesta y no supo qué le replicar, entendiendo que aquello era obra de Dios.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
=== Capítulo veynte y çinco ===&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&#039;&#039;&#039;Cómo desde algunos días dexó de pedir las limosnas la donzella y virgen de Jesuchristo, doña María Garçía, y se recogió en una hermita de Nuestra Señora de la Sisla con su compañera, y después al monesterio que fundó de Sanct Pablo&#039;&#039;&#039;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Entre otras cosas mal hechas que en aquellos días hazía el rey don Pedro era desasosegar y perseguir donzellas y mugeres nobles de qualquier estado que fuessen, por sus desordenados apetitos, y esta honestísima virgen, con el temor que le causaba esto, se fue (con otras muchas señoras principales del reino que procuraron esconderse de la persecuçión del Rey) a la villa de Talavera, que estava allí su padre don Diego Garçía, que era casi como señor della y beneficiaba sus possesiones y heredades, que eran muchas la que en aquel lugar tenía. Aun estando allí la sancta donzella con sus acostumbrados exerçiçios y ocupaçiones de oraçión y meditaçión, no estava con toda seguridad porque veýa que otras padeçían grandes trabajos por la guarda de su honestidad, y esto le puso en cuydado de pensar en buscar otro medio y asiento que fuesse más seguro, y no andar con temores y desasosiego. Pedía de veras a Nuestro Señor dispusiesse lo que más havía de ser serviçio suyo, y como está cerca de los que con ánimo verdadero le llaman y quieren, endereçó su deseo que se fuese a Toledo a un término que dezían de la Sisla (adonde es de creer que el ángel la guió con su compañera doña María Gómez) y allí hizieron una casilla pequeña para recogerse, arrimada a la hermita de Nuestra Señora que dezían de la Sisla, y en ella estuvieron algún tiempo sirviendo a Nuestro Señor en ayunos, vigilias, oraçiones y otros exerçicios honestos de humilldad y de sanctidad, hasta que fue servido que [fol. 211v] cesasse la causa del temor con la muerte del Rey Don Pedro.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Aun no estava criada en aquel tiempo la orden de Nuestro Padre San Hierónimo en estos reynos de España, pero pocos años después se confirmó por la sede apostólica y dio el hábito que se use en ella, y se hedificó el monesterio tan principal que oy se vee en Toledo, en la hermita de Nuestra Señora de la Sisla, que dexó la bienaventurada doña María García.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Muerto, pues, el rey Don Pedro, daban orden aquellas sirvientas de Dios de dexar aquella soledad de la Sisla, que la tenían grande por estar tan apartadas de la çiudad, y entendieron que en ella havía una congregación de mugeres devotas y honestas en la perrochia de San Román y tuvieron su aviso y consejo para yrse a aquella sancta compañía y subiectarse a la administradora doña María de Soria, que las reçibió con grande alegría, y de consentimiento de todas las religiossas les dieron el hábito y vestido que ellas traýan. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Por todo el tiempo que vivió la administradora María de Soria, estuvo en aquella casa la sierva de Dios y virgen doña María Garçía, y quando vio que era muerta y que también lo eran sus padres y pasado desta vida al Çielo, le dio más ganas a doña María Garçía de dexar del todo el mundo y el trato d’él, y asentar para siempre en un lugar; y pidiéndolo al Señor dezía con el psalmista: “Tú, Señor eres bueno, enséñame tus justificaçiones”. En ninguna cosa sentía el gusto que pretendía si no era en el puro spíritu y amor de Dios, y siempre andava con cuydado adónde havía de permaneçer y qué estado era el que havía de escoger. La hazienda que heredó en Belilla de su madre la vendió luego y compró una casa grande con mucho aposento en la perrochia de Sanct Lorenço, a donde se pasó con su compañera doña María Gómez, y allí asentaron sus deseos y perseveró hasta la muerte. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Entendida en la çiudad esta traslaçión de doña María Garçía, no le faltaron personas de calidad [fol. 212r] que por su devoçión y afición se inclinaron a seguirla, y una dellas fue ^doña^ Theressa Vázquez, persona noble y principal, con siete mugeres de buenas costumbres, fama y christiandad, que se fueron a amparar a ella, por solo servir a Dios y serles compañeras en la vida sancta y exemplar. Este, pues, fue el primer principio de fundar y plantar aquel collegio de Sanct Pablo de Toledo, que oy es monesterio, que desde que entonçes començó hasta oy ha floreçido y floreçe gran religión y mucha sanctidad, como en el processo desta escriptura se yrá mostrando hasta el cabo della. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El primero fundamento del monesterio de Sanct Pablo de Toledo fue este, y estava ya con grande gozo y contento la sierva de Dios doña María Garçía viendo el fervor de las nuevamente allegadas, y ansí las quería y amava con entrañas llenas de charidad, y animava a perseverar trayéndoles lo del psalmo: “Load a Dios y alabadle, pues ha confirmado sobre nós su misericordia”. Bolviéndose a Nuestro Señor dezía: “Suplícote que te sirvas de darnos graçia, que cantemos tus justicias en este lugar de ^nuestra^ peregrinaçión, que en él queremos perseverar, y en las alabanças divinas”. Fue creçiendo tanto la buena reputaçión de aquella congregaçión en observançia y conversaçión sancta y religiossa, que en pocos años se les allegaron otras muchas a su compañía, las quales, quando vieron que la orden de sanct Hierónimo començava y resplandeçía el nombre della, y estava ya hedificándose el monesterio de la Sisla y con algunos frayles, pareçióles bien su manera y hábito.  Y con un ánimo y voluntad lo escogieron y se vistieron del hábito, escogiendo y eligiendo por su priora y prelada a la religiosíssima doña María Garçía, que lo hubo de aceptar por sus ruegos y ymportunaçiones, porque por su voluntad deseaba antes ser regida que regir, y súbdita que prelada.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Viéndose la devota sierva de Dios con aquella carga y cuydado de priora, y que traýa vestido el hábito de la sagrada orden de nuestro padre Sanct Hierónimo, començó a comunicarse y tractar al sancto varón fray Pedro Fernández Pecha, que era prior de la Sisla, que se ocupaba en hedificar aquella casa, y a mostrarle voluntad [fol. 211v] y aun a favorecerle en su obra del monesterio y claustro, que le fue de grande favor y ayuda para acabarlo con más brevedad. Para la sacristía y culto divino dio muchas cosas y ornamentos de valor, y hasta se sabe que la arquita pequeña de plata adonde se çierra el sanctíssimo sacramento la dio y ofreció esta sancta muger.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Las plácticas y conversaçión destos dos siervos de Dios, fray Pedro Fernández Pecha y doña María Garçía, todas se ençerravan en sanctidad y qué observancias se tenían de guardar y acrecentar en la religión, y la solemnidad del culto divino, no olvidándose del cuydado que havía de haver en la oraçión y amor y serviçio de Nuestro Señor de noche y de día, que no pareçían en sus plácticas, tracto y conversaçión, sino otro Sanct Hierónimo y Sancta Paula, y Sanct Francisco y Sancta Clara, que se conoçió bien por los efectos que se obraron, encaminados todos al Çielo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Doña María Garçía y sus seguidoras no se contentaron solamente con traer el hábito de la orden del glorioso nuestro padre Sanct Hierónimo sino que quisieron guardar la regla, estatutos y ceremonias que la orden tenía, guardava y professava. Y porque aún en aquellos días no estavan unidas las casas que estavan fundadas en el hábito de la orden, ni tenían superior general, dieron aquellas religiossas la obediençia al prior de la Sisla y a sus sucessores, confirmando esto y el dezir de los oficios divinos por bulla apostólica, aunque no tenían professión ni encerramiento de monjas, sino de beatas recogidas, queriendo con todo esto subiectarse al estilo y manera de la orden y negar su voluntad y libertad hasta la muerte, sin buscar otra manera nueva ni hazer más mutaçión. &lt;br /&gt;
Pedía esto de veras y muchas vezes la sierva de Dios en su oraçión y petición, por sí y por las hermanas, y que mereçiesen el spíritu de perseverançia como convenía a su salvaçión, y no se olvidava, ni aun desconfiava, de lo que el Sancto Evangelio promete a este propósito en aquellas palabras, “El que perseverase hasta la fin será salvo”, que no hazían en ella menos impressión que si las estuviera oyendo de la boca de Jesuchristo Nuestro Señor, y, [fol. 213r] puesta a sus pies como la Magdalena, era doña María Garçía en la compostura y hermosura como un ángel, y de sosiego y mansedumbre increýble, y tenía una quietud y reposo en la conçiençia y una serenidad en el alma (parecida a lo del Çielo) que ninguna cosa próspera ni adversa pareçía mudarla. Del sanctíssimo sacramento era grandemente devota, y reconocía ser aquella la fuente y manantial de todo el bien de las almas, y allí procurava coger quanto havía menester para ser rica.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En muchos años no tuvo nombre de monesterio la casa de Sanct Pablo de Toledo, sino que pasó con nombre de “congregaçión de beatas de la orden de San Hierónimo”, y no por esso se diferenciavan en nada en las observançias, cerimonias y guarda de la religión. La priora era la primera en todas las asperezas y trabajos, y la que más se mostrava y resplandeçía en toda perfectión y sanctidad. En la humilldad y simpleza recta y temor de Dios tuvo tan alto grado quanto se puede consentir en muchos de los mortales, y si es lícito dezir que la pueden tener en esto como a otro Job. De todas era amada, querida y respetada, y atraýa con esto a muchas a querer su trato y compañía, porque solo su exemplo y sancta conversaçión bastava a reformar lo que con mucha diligencia y buenas razones y trazas no hizieran muchas en muchos días y años. Algunas personas prinçipales de la çiudad la visitavan, y todas las pláticas y conversaçión que con ellas tenía eran de la gloria y amor de Dios, y a las que veýa que llevavan los rostros disfraçados con afeytes, y con demasiadas galas y vestidos, queriéndoselo reprehender lo dezía con palabras dulces y blandas, y con un deseo que se moviesen a escusar las ofensas de Dios que de aquello podría haver. Todo género de curiosidad y qualquiera specie odorífera huýa y aborrecía como si fuera veneno ponçoñoso, y dezía a las que usavan dello que no era menester aquella deleitaçión a la carne, que está llena de aquestas miserias y tan çerca de ser (con brevedad) manjar de gusanos. No se deleytava en las jactancias, ni consentía ensuziar su coraçón con ellas, aunque unas cosas le dixesen en su alabança o del govierno tan conçertado que tenía en su monesterio, [fol. 213v] y de su hermosura y nobleza de linage; antes lo aborrecía y se tenía por gusano y por la más vil criatura criada, y de más despreçio y menos partes de que alabarla, y que la gloria y onra de todo se havía de atribuyr a Dios. Con estos exemplos, animava la sancta priora a sus hijas y las esforçava a continuar el amor y serviçio de Dios, meditando de noche y de día en la Pasión de Nuestro Redemptor. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Bivían todas en tanto conçierto y sancta conversaçión que a todos los de la çiudad eran exemplo y dechado de virtudes y honestidad, y hasta oy se dize y muestra esto en aquella sancta casa, y se les echan bien de ver los primeros prinçipios y buenos fundamentos que tuvo de religión y de sanctidad, que, como dixe poco ha, se verá adelante en las obras milagrosas que Nuestro Señor ha obrado en muchas siervas suyas que bivieron y acabaron en aquel monesterio. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
=== Capítulo veynte y seys ===&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&#039;&#039;&#039;De la muerte bienaventurada de Doña María Garçía y de lo mucho que sintieron algunos años antes perder su primero prior y perlado, Fray Pedro Fernández Pecha&#039;&#039;&#039;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Después que estuvieron algunos años Fray Pedro Fernández Pecha y doña María Garçía en muy sancta y religiossa conversaçión, y governando cada uno su monesterio con el exemplo y creçentamiento en el amor y serviçio de Dios que se ha dicho, cansado ya por la hedad y vejez, Fray Pedro Fernández Pecha se fue al monesterio de Nuestra Señora de Guadalupe a acabar sus días en aquel sanctuario de la madre de Dios (como en su historia se dixo) dexando renuncia el priorato de la Sisla, de lo que quedó bien desconsolada la sierva de Dios, doña María Garçía, por carecer tan presto de padre que tanto favor había al augmento y aprovechamiento de la sancta religión. Mas bolviéndosse [fol. 214r] al Señor universal de todos, que no desecha a los que son siervos suyos, tomava esfuerço y contento y animava a sus hijas a hazer lo mismo (que tenían el mismo sentimiento y andavan afligidas) para no desconfiar que les havía de faltar el favor y mano de Dios en la carrera que habían començado y continuarla con toda la perseverançia de virtud y exemplo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Según el discurso que se ha hecho de los años que estos dos los siervos de Dios tractaron en el hedificio y asiento de los dos monesterios de la Sisla y de Sanct Pablo de Toledo, y se vieron y comunicaron, pareçe que pudieron ser muy pocos, que doña María Garçía vivió cinquenta años y más después que murió fray Pedro Fernández Pecha. Con todo esso, como se biene a acabar todo poco a poco, algunos años antes de la muerte de la sierva de Dios, doña María Garçía, por los muchos trabajos y continuas vigilias, tenía perdidos (en parte) los sentidos exteriores, mas muy vivos y enteros (y con mayores fuerças spirituales) los interiores del alma. Y para no dexar lo que tantos años havía continuado de yr a los maytines y entender quándo llegaba la hora, hazía una cosa bien rara y de notar, que le ponían un gallo çerca de su aposento para que la despertasse y supiesse quándo era la medianoche, porque ni podía oýr el relox ni aun la campana. Estava tan aconstumbrada desde su niñez a levantarse a aquella hora a hazer gracias a Nuestro Señor y no perder los maytines, que no lo perdonava aun estando con enfermedad, pudiéndose levantar. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Venida ya la hora que era última a los ochenta y seys años de su hedad (que la llamava Dios para dar galardón de tantos y continuos trabajos), pensaba en la cuenta que le havía de dar aquella mayordomía, y que no se podía alargar. Pues era ya aquella hora postrera (principio de la otra que con tanto favor y deseo guardava), aperçebiose luego del divino y sanctíssimo sacramento de la eucaristía (thesoro universal de las almas y çelestial consuelo para aquellos tiempos) y, después que le hubo reçibido, consolava a sus hijas que las veýa tristes por su partida, [fol. 214v] animándolas con palabras afectuosas de madre que tanto las amava y quería, y las amonestava que no volviesen atrás ni desmayasen en aquel camino spiritual, porque perseverando en toda humilldad, menospreçio y mortificaçión, llegarían con bençimiento al fin, y gozarían con gran alegría de la bienaventurança. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Havía en el convento veynte y çinco religiosas beatas, discípulas de tal madre de sanctidad, que a exemplo del glorioso señor padre San Hierónimo las mandó llamar y juntar, y con grande alegría las abraçó a todas, y dándoles paz dixo: «Mis amadas hijas, acordaos que ni por vuestros mereçimienos, ni por las míos (sino por la misericordia y bondad infinita de Nuestro Señor) nos apartó de los ruydos y tinieblas del siglo, y nos traxo a esta esclareçida soledad y recogimiento como a siervas escogidas y regaladas suyas. Ruegoos mucho que no os mostréis como mugeres de poco ánimo, diciendo que soys flacas para perseverar en religión. Oyd, no a mí, sino a vuestro maestro Jesuchristo que dize: ‘Mi yugo es suave y la carga liviana’. Y más: ‘El que pone la mano al arado y buelve atrás no es merecedor del Reyno del Çielo’”. Haviéndoles hablado estas y otras muchas cosas de la hedificación, alegando y trayendo autoridades de la Escriptura (que no pareçía sino que la tenía delante, y tan sabida y estudiada como si la hubiera profesado) mandolas salir, y bolvió a llamar a cada una por sí, que como de tantos años de trato y conversaçión las conocía, y sabía lo que a cada una en particular avía de avisar y aconsejar. Por verisímiles coniecturas y casi por spíritu de profezía, dixo a algunas el successo que avían de tener en el seguir la virtud y perfectión, o si avían de errar, y en los viçios y cosas semejantes, etc. Después las encomendó a todas dos cosas, que guardasen un mandamiento y un consejo: el mandamiento, que se amasen unas a otras y que con toda charidad sufriessen la una la pesadumbre de la otra; el consejo, que guardasen la clausura y silençio, y que no las viesen por las calles y huyesen de la comunicación con los seglares y salidas a las casas de los [fol. 215r] parientes y conocidos, con occasiones más voluntarias y ymaginarias que verdaderas que muchas vezes se suelen proponer, y aun venir deseos de buscar la salud con honestos títulos de enfermedades bien ligeras, que mirasen mucho esto, y que a quien Dios quita la salud en su convento y congregaçión no es justo que busquen fuera el remedio, y antes ^se^ ha de creer, que si con los remedios ordinarios de los conventos no se vee la salud, que quiere Dios que se sufra y calle la que de su mano recibiere este regalo, y lo tome con paçiençia y en penitençia. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Oyéndole tantas cosas de hedificaçión y conoçiendo que se le acabava la vida, no podían ya detener las lágrimas y los lloros de las religiossas, con que la movían a compasión, y les bolvió a decir: “No os fatigéys y lloréys en bano, que Nuestro Señor puso término a mis días y es ya llegado, conformaos con su voluntad y no creáis que os dexo, que yo confío en la Majestad que os tendrá en su guarda y amparo, guardando vosotras sus mandamientos y sirviéndole con toda limpieza y cuidado”. No les habló más de que le diessen el sacramento de la extremaunctión, que era ya tiempo, y la recibió con grandíssima devoción. &lt;br /&gt;
La mañana antes de su muerte vieron las hermanas religiosas sobre su aposento una gran claridad y dentro dél una paloma blanca, y otro día, al alva, vieron que estava la sierva de Dios meneando los labios y haziendo oraçión a su Criador, sin entender lo que dezía, y muchas de la que con ella estavan presentes vieron que desçendió sobre su rostro un rayo de gran claridad y que sentía mucho plazer y contento de lo que veýa. Y alçando las manos en alto y puestos todos los dedos en señal de la cruz, espiró y desapareçió la claridad, a diezisyete días del mes de enero del año mil quatroçientos y sesenta y quatro, siendo de hedad de ochenta y seys años (como se dixo) y aviendo estado en aquella de Sanct Pablo los sesenta, poco o menos. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Luego llevaron su cuerpo al monesterio de la Sisla de Toledo, y con el mayor secreto que pudieron, y le enterraron con toda solemnidad juncto al altar mayor en aquella yglesia. Y esto se hizo [fol 215v] con secreto y açeleradamente, porque se temió que huviera alguna diferençia y discordia entre los ciudadanos sobre el enterramiento y no se cumpliera con el deseo que la sierva de Dios tuvo y dexó encomendado, que, como era deuda de principales cavalleros y muy emparentada, quisieran que se enterrara en la yglesia mayor, cerca del arçobispo don Alonso, su tío. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
No se dexaron de ver algunos milagros en la muerte de esta sancta muger, y en solo el tocamiento a su cuerpo, como lo çertificaron y confirmaron muchos de los religiossos que se hallaron en su enterramiento y al tiempo de llevar el cuerpo al monesterio de la Sisla, y aunque manifestaron algunos en particular, otros dexaron de dezir por el poco crédito que el vulgo suele dar. Y este es bien que se ponga aquí y no se calle, que es tan çierto y verdadero como todos, que siempre tuvo fixo y enclavado el pensamiento y la consideraçión en la ley de Dios, pensando de día y de noche en ella y en lo que era amor y servicio suyo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
De quarenta años a esta parte, fue necesario apartar el cuerpo de esta sancta muger del lugar adonde estava por razón de una obra que se huvo allí de hazer, y de tal manera le halla[ron] entero en su casa y ataúd (con aver más de çiento y veynte años que estava allí) que los religiosos que se hallaron presentes y lo vieron, certificaron esta verdad, que estava el cuerpo sin ningún corrompimiento, como quando le enterraron, y sin olor malo. Vieron también otra cosa maravillosa, que en la cabeça tenía puesta una corona (o guirnalda de ramos de laurel (que le pusieron en premio de la virginidad que guardó) tan fresca y sin estar secas las hojas ni perdido el color que se admiraron todos y recibieron gran recreaçión y consuelo. Y dieron gracias a Dios, que les havía dado en su capilla y compañía thesoro tan preciosso.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Su sepulcro está junto al altar mayor a la parte del Evangelio, cavado en la pared, con un vulto de la sierva de Dios ençima, hincada de rodillas, puestas las manos mirando al sanctíssimo saçramento, con el hábito que traýa [fol. 216r] de beata, y con una letra que dize que “está allí enterrada doña María Garçía, fundadora del monesterio de Sanct Pablo de Toledo”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
=== Notas ===&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&#039;&#039;[1]&#039;&#039; Subrayado desde “acabó… prosiguiendo”. Nota marginal: “Gran ignorantia, pues la hace compañera de fray Pedro Fernández Pecha el año 1374, que según esto vivió más de ciento y quince años”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&#039;&#039;[2]&#039;&#039; El manuscrito lee «con contenta», con una diplografía por error.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
= Vida manuscrita (3)=&lt;br /&gt;
Ed. de [http://visionarias.es/equipo/celia-redondo-blasco/ Celia Redondo Blasco]; fecha de edición: enero de 2025.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
== Fuente ==&lt;br /&gt;
* [http://catalogodesantasvivas.visionarias.es/index.php/Categor%C3%ADa:Baltasar_Porreño Porreño, Baltasar]. &#039;&#039;Vida de los arzobispos de Toledo: años 1280-1618&#039;&#039;. Ms. BNE 13025, fols. 207r-209v.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
== Criterios de edición ==&lt;br /&gt;
Se trata de un manuscrito del siglo XVIII, que copia en tres volúmenes (BNE Mss/Mss/13025-Mss/13027) la &#039;&#039;Historia episcopal y Real de España&#039;&#039; de Porreño, escrita entre 1604 y 1606 y que se guarda manuscrita en la Biblioteca Capitular de Toledo. Se opta por modernizar: &#039;&#039;b&#039;&#039; y &#039;&#039;v&#039;&#039;, las sibilantes y la alternancia &#039;&#039;c&#039;&#039; y &#039;&#039;q&#039;&#039;. Esta edición, dado lo tardío del testimonio, puntúa y acentúa siguiendo las normas establecidas por la RAE. Se desarrollan las abreviaturas. Se moderniza el cultismo grafemático &#039;&#039;ch&#039;&#039; en palabras como &#039;&#039;charidad&#039;&#039; o &#039;&#039;chronica&#039;&#039; y se desarrolla las contracturas desta, destos.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
== Vida de María García ==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[Fol. 207r] A don Vasco Fernández le sucedió en la silla de Toledo don Gómez Manrique, natural de Toledo, septuagésimo quinto arzobispo de esta villa, el cual se sentó en la silla luego que el otro, don Vasco, por su destierro renunció al arzobispado. Hacen mención de todo los &#039;&#039;Catálogos de los arzobispos de esta Villa y las Historias de España&#039;&#039;. Fue de sangre ilustre y esclarecida, su padre se llamó Don Garci &#039;&#039;[1]&#039;&#039; Fernández Manrique, de quien vienen los marqueses de Aguilar, el cual fue señor de Amusco [fol. 207v] y de Avia, y su madre doña Urraca de Leiva. Tuvo por hermano a don Garci Fernández Manrique, adelantado de Castilla, que fue el tronco de los duques de Nájera y de otras casas de Castilla del apellido de Manrique, y a don Diego García Manrique. Tuvo el otro arzobispo por abuelo a don García Fernández Manrique, descendiente de Almeric de Narbona. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Fue nuestro don Gómez en su juventud obispo de Palencia y al presente lo era de Santiago, de cuya dignidad le sucedió don Gómez de Toledo, sobrino del arzobispo don Vasco, por haber renunciado al arzobispado de Toledo. Con esta condición era hombre de mucho valor y cordura y, así, viéndose favorecido por el rey Don Pedro en su elección y viendo las cosas de los reinos [fol. 208r] tan turbadas y alteradas (como se ha dicho), procuró estar en gracia con el otro rey, cuyas cosas iban con tanta rotura y tan sin esperanza de remedio que le parecía escusado negocio irse a la menos cosa del mundo, sino fuese cosa mínima irse al matadero, como otros muchos, o por lo menos al destierro como su antecesor. Y así fue al amor del agua con prudencia y sagacidad y nombró por su adelantado de Cazorla a Pero Ruiz de Torres, caballero principal. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En su juventud tuvo una hija el arzobispo llamada doña Theresa de Manrique, la cual casó con Rodríguez de Biedma, señor de San Esteban del Puerto y caudillo mayor del Arzobispado de Jaén, y con ella se dieron veinte mil maravedíes en dote. [Fol. 208v] Con esta dote, que se hizo en Burgos, año de mil trescientos y sesenta y cuatro. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Tuvo una sobrina, hija de su hermano don Diego García Manrique y de su mujer doña Constanza de Toledo, la cual se llamó doña Mari García, que fue gran sierva de Dios y desde niña se ejercitó en obras de caridad y en pedir por el amor de Dios para los pobres de la cárcel del arzobispo, su tío, al cual le aconteció encontrarse con ella pidiendo limosna y, reprendiendo el arzobispo a su hermano, porque la dejaba andar de aquella manera mendigando, él respondió que se tenía por muy dichoso en que su hija hubiere escogido con ilustre esposo como a Jesucristo. Fundó esta señora el monasterio de San Pablo, que es de religiosas de San Jerónimo, y fue tan limosnera que repartió la mayor [fol. 209r] parte de su patrimonio a los pobres de Jesucristo. Escriben de esta señora las crónicas de la orden de San Jerónimo y Pedro de Alcocer y el otro, Villegas. Algunos historiadores hacen a esta señora sobrina del arzobispo don Vasco, así lo afirma el muy docto padre Fray Joseph de Sigüenza en su segunda parte de la historia de San Jerónimo, en el capítulo cuarenta y seis, pero se engaña mucho, porque el otro, don Vasco, murió en Portugal, como se dijo en el capítulo pasado, y cuando murió esta señora hubo diferencias entre si se había de enterrar en el sepulcro de su tío, que estaba en la santa iglesia, o en el Monasterio de San Pablo, que ella había fundado. Demás de esto, lo que escriben su vida hacen mención de su hermano el arcediano de Talavera, que fue sobrino del otro arzobispo [fol. 209v] don Gómez Manrique, el cual en su muerte pidió al cabildo de Toledo lo no eligiesen por arzobispo al arcediano, su sobrino (como se dirá). Así mismo, esta señora murió en el año de mil y cuatrocientos veintiséis, y don Vasco fue preso en el año de mil trescientos cincuenta. Así, es cosa cierta que no fue sobrina suya sino del otro don Gómez.   &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
===Notas===&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&#039;&#039;[1]&#039;&#039; Tachado: “Gómez”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
= Vida manuscrita (4)=&lt;br /&gt;
Ed. de [https://visionarias.es/equipo/veronica-torres-martin/ Verónica Torres Martín]; fecha de edición: septiembre de 2026&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
== Fuente ==&lt;br /&gt;
[[Archivo: Portada Historia de Guadalajara Pecha.jpg|250px|right|Manuscrito|link=]]&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
* [http://catalogodesantasvivas.visionarias.es/index.php/Categor%C3%ADa:Hernando_Pecha Pecha, Hernando], 1669. &#039;&#039;Historia de Guadalajara, y cómo la religión de San Jerónimo en España fue fundada y restaurada por sus ciudadanos&#039;&#039;. Ms. BNE 1756, fols. 12r-12v. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
== Criterios de edición ==&lt;br /&gt;
La vida de María García presenta un particular interés para el estudio de la hagiografía local y de los procesos de construcción y confirmación del culto, pues el relato no se limita a transmitir la memoria de una mujer piadosa, sino que la incorpora explícitamente a una tradición de santidad vinculada al territorio toledano. En este sentido, el testimonio resulta especialmente significativo porque documenta, en una obra del siglo XVII de historiografía local, la pervivencia y reformulación de una tradición de santidad femenina vinculada a Toledo, ofreciendo así un indicio relevante para estudiar la recepción, legitimación y eventual confirmación historiográfica de un culto local.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Dado que se trata de una copia manuscrita de la segunda mitad del siglo XVII los criterios de edición son conservadores. Se mantienen los grupos cultos como -ct- (&#039;&#039;sanct, sanctas&#039;&#039; y sus variantes). Se respetan las oscilaciones y variantes de las sibilantes. Se mantiene la oscilación v/b y se regularizan las alternancias gráficas sin valor fonético: i/j, u/v Se regularizan asimismo determinadas grafías sin valor fonético, como la h- inicial de &#039;&#039;hermita&#039;&#039;, que se edita como &#039;&#039;ermita&#039;&#039;. La puntuación y la capitalización han sido modernizadas. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
== Vida de María García ==&lt;br /&gt;
[fol. 11v] &#039;&#039;Renuncia el priorato de sanct Bartolomé fray Pedro Fernández de Guadalajara y sale a fundar el Monasterio de Nuestra Señora de la Sisla en Toledo&#039;&#039;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[…]&lt;br /&gt;
[fol. 12r] Conoció la tierra, las heredades y los sitios, acordándose de una Ermita de Nuestra Señora que estava a la parte de medio día, algo inclinada al oriente, en aquellos prados que llaman zigarrales, lugar apartado poco menos de media legua de Toledo. Puesto en lo más áspero de aquellas cuestas, allí se fue nuestro Pecha como aveja solícita con su pobre enjambre. Contentoles a todos el puesto y la ermita. Hallaron junto a ella dos pequeñas celdillas, aunque no mal separadas por haberse recogido en ellas las dos sanctas mugeres: la una llamada doña María García de Toledo, muger &#039;&#039;[1]&#039;&#039; de rara hermosura, señora de los más nobles y principales de aquella ciudad, hija de Diego García de Toledo y de doña Constanza de Toledo; la otra doña María Gómez, biuda y noble. Las quales dos sanctas matronas, huyendo del apetito desenfrenado del rey don Pedro &#039;&#039;[2]&#039;&#039;, se retiraron a aquel desierto. Era esta ermita a deseo de los canónigos de la Iglesia Colegial [fol. 12v] de sancta Leocadia, extramuros. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
===Notas===&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&#039;&#039;[1]&#039;&#039; En este punto aparece una palabra tachada, la cual no hemos podido discernir, y encima de ella, en otra tinta, se señala “muger”. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&#039;&#039;[2]&#039;&#039; En referencia a don Pedro el Cruel, como se señala en otras hagiografías.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
= Vida impresa (1)=&lt;br /&gt;
Ed. de [http://visionarias.es/equipo/veronica-torres-martin// Verónica Torres Martín]; fecha de edición: octubre de 2020.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
== Fuente ==&lt;br /&gt;
* [http://catalogodesantasvivas.visionarias.es/index.php/Categor%C3%ADa:Pedro_de_Alcocer Alcocer, Pedro de], 1554. “Libro segundo, en que particularmente se escribe el principio, y fundamento desta sancta ygleia de Toledo…”, &#039;&#039;Hystoria, o descripcion dela Imperial cibdad de Toledo. Con todas las cosas acontecidad en ella, desde su principio, y fundacion. Adonde se tocan, y refieren muchas antigüedades, y cosas notables de la Hystoria general de España&#039;&#039;, Toledo: Juan Ferrer, fol. 115r, col. a.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[[Contexto material del impreso Hystoria, o descripcion dela Imperial cibdad de Toledo]]. &#039;&#039;Con todas las cosas acontecidad en ella, desde su principio, y fundacion. Adonde se tocan, y refieren muchas antigüedades, y cosas notables de la Hystoria general de España&#039;&#039;.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
== Normas de edición ==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El relato aparece en el libro segundo de la &#039;&#039;Hystoria, o descripcion dela Imperial cibdad de Toledo&#039;&#039;, impreso en 1554, en el que se describe la fundación de los monasterios, hospitales y lugares píos de la ciudad de Toledo. La vida de María García se integra en el vigesimoséptimo capítulo, en el que se ejemplifica la fundación del monasterio de San Pablo. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Se siguen los criterios establecidos en el catálogo para fuentes impresas. Sin embargo, se ha decidido conservar las grafías de sibilantes por tratarse de un impreso de mediados del siglo XVI. Además, para facilitar la localización del texto, se indica el folio (r-v) y la columna correspondiente (a-b). &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==Vida de María García==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
===Capítulo XXVII===&lt;br /&gt;
&#039;&#039;&#039;Del monesterio de San Pablo, y de su fundación&#039;&#039;&#039;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[fol. 115r col. a] El monesterio llamado San Pablo, que es de religiosas de la orden del glorioso San Jerónimo, fue en su principio fundado por la católica doña María García de Toledo, hija de Diego García de Toledo. La cual, siendo muy santa y amadora de la religión, fundó esta santa casa de religiosas de esta orden, honestas y recogidas sin clausura, adonde ella se encerró con otras algunas religiosas de vida apurada, con las cuales hizo tan santa vida que se puede firmemente creer que está colocada entre las santas bienaventuradas en la gloria, según su caridad y humildad, que son dos virtudes que mucho en ella resplandecían. Fue tan limosnera que repartió la mayor parte de su patrimonio, que era mucho, por los pobres, y con eso poco que le quedó se metió en esta casa de religión con otras religiosas con las que les tomó el hábito del glorioso San Jerónimo, de quien era devotíssima el año del señor de 1404. Y después acá, esta casa de oración ha sido más acrecentada y labrada, y han entrado en ella muchas más religiosas de santa vida y recogimiento. Fueron estas religiosas al principio sujetas al prior de la Sisla, en el cual estado permanecieron hasta el año del señor de 1508, que de su propia voluntad las religiosas que en él estaban hizieron professión y tomaron velo y clausura, quedando sujetas al general de la dicha orden.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
= Vida impresa (2)=&lt;br /&gt;
Ed. de [http://visionarias.es/equipo/maria-del-mar-cortes-timoner// M. Mar Cortés Timoner]; fecha de edición: abril de 2021.&lt;br /&gt;
== Fuente ==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
* [http://catalogodesantasvivas.visionarias.es/index.php/Categor%C3%ADa:Alonso_de_Villegas Villegas, Alonso de], 1588. &#039;&#039;Addicion a la Tercera Parte del Flos sanctorum: en que se ponen vidas de varones illustres, los quales, aunque no estan canonizados, mas piadosamente se cree dellos que gozan de Dios por auer sido sus vidas famosas en virtudes...&#039;&#039;, Huesca: Iuan Perez de Valdiuielso. Fols. 44r col. a – 45v col. a.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[[Contexto material del impreso Addicion a la Tercera Parte del Flos sanctorum]] &#039;&#039;en que se ponen vidas de varones illustres, los quales, aunque no estan canonizados, mas piadosamente se cree dellos que gozan de Dios por auer sido sus vidas famosas en virtudes...&#039;&#039;.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
== Criterios de edición ==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El relato aparece en el apartado 193 de la Adición de la Tercera Parte del &#039;&#039;Flos Sanctorum&#039;&#039; de Alonso de Villegas. Para facilitar la localización de los textos, he indicado el folio (r-v) y la columna correspondiente (a-b).&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En la edición, se siguen los criterios establecidos en el catálogo para fuentes impresas pero se respetan los grupos consonánticos: -nt (sant), -nc- (sancta), -bj- (subjetándose) y las contracciones. Además, se mantiene la conjunción copulativa “y” ante palabras iniciadas con el sonido vocálico “i”, la escritura de las palabras con interés morfológico o fonológico (augmento, proprio, ansí, etc.), el empleo del sustantivo “Orden” en masculino y la forma femenina del determinante ante los sustantivos femeninos que empiezan por a- tónica (arca, alba). &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Se ofrecen datos en torno al texto editado en: &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
* M. Mar Cortés Timoner, “Censuras, silencios y magisterio femenino en la Adición a la tercera parte del Flos Sanctorum de Alonso de Villegas”, &#039;&#039;Specula. Revista de Humanidades y Espiritualidad&#039;&#039;, vol. 1 (mayo 2021), pp. 183-210: https://www.ucv.es/investigacion/publicaciones/catalogo-de-revistas/revista-specula&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
* M. Mar Cortés Timoner, “La autoridad espiritual femenina en la Castilla bajomedieval y su reflejo en el Flos sanctorum de Alonso de Villegas”, &#039;&#039;Dicenda. Cuadernos de Filología Hispánica&#039;&#039;, vol. 39 (2021), pp.:  25-35 DOI: https://revistas.ucm.es/index.php/DICE/article/view/76403&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==Vida de María García==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&#039;&#039;&#039;[Fol. 44r col. a] Vida 193. De María, que fue ilustre y tuvo por sobrenombre García&#039;&#039;&#039; […] &#039;&#039;[1]&#039;&#039;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&#039;&#039;[2]&#039;&#039; Entre otras riquezas que estaban en el templo de Salomón que grandemente le hermoseaban eran dos querubines que, por mandado de Dios, puso Moisés a los lados de la Arca &#039;&#039;[3]&#039;&#039;; y puede asimilarse a ellos dos benditas mujeres, ambas Marías y doncellas, por donde dice bien con ellas el nombre de querubines o ángeles, pues lo que en el cielo es ser ángeles en la tierra es ser vírgenes, semejando los vírgenes a los ángeles. Están a los lados del Arca, esto es, muy juntas a Dios, no solo por su encendida caridad sino por el estado de monjas que tuvieron, que está muy conjunto con Dios. Hermosean y adornan este templo de la Iglesia militante por razón que las religiones son adorno riquísimo de la misma Iglesia. De ambas juntas tengo de escribir sus vidas porque fueron casi de una misma tierra, de un mismo orden &#039;&#039;[4]&#039;&#039; y de una misma casa, y casi en un mismo tiempo, y están sepultadas juntas, junto con que me aprovecharé para escribirlas de unos mismos originales. Y fueron: un libro de mano antiguo que está en el monasterio de Sant Pablo de Toledo, que fue casa propria de ambas, y de la historia &#039;&#039;[5]&#039;&#039;, también de Toledo, de Arcocer [fol. 44 r col. b] y de las crónicas del Orden de Sant Jerónimo, y es en esta manera. &#039;&#039;[6]&#039;&#039;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Doña María, llamada, por respecto de su padre, García, fue natural de Toledo, hija de don Diego García y de doña Costanza de Toledo, ambos de muy ilustre linaje y decorado con real sangre. Los padres vivían sanctamente y aprendió dellos su hija a vivir en toda sanctidad. Eran ricos de bienes temporales porque tenían grandes posesiones en Talavera, villa de mucho lustre distante doce leguas de Toledo, y, sin esto, otras haciendas de manera que podían y, junto con el poder, hacían grandes limosnas, lo cual también su hija quiso imitarles, como se verá en el proceso de su vida.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Fue, desde niña, muy inclinada al servicio de Dios y a cosas de devoción y, por lo mismo, aborrecía todo lo que es mundo y contradice a la perfección. Y por el crédito que ganó con sus padres y con todos los que la conocían, de que era muy honesta y deseaba ser sancta aunque era muy hermosa, nadie se escandalizaba ni juzgaba mal por algunas cosas que hacía, que en otra fueran de mal ejemplo y a ella le daban muy bueno por estar saneada con sus inculpables costumbres. Y así visitaba iglesias muy a menudo donde tenía larga oración, ofreciendo [fol. 44v col. a] a Dios las primicias de sus buenos deseos. Iba a dar limosna a personas que tenían grave necesidad y, aun acabado, lo que podía dar pedía a algunas personas ricas para dar a otras pobres; y a los unos era ocasión que mereciesen para bien de sus almas y a los otros que remediasen las necesidades de sus cuerpos, y así era a todos provechosa. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Estaba a esta sazón un monasterio no lejos del alcázar principal de la ciudad, que se llamaba Sant Pedro de las Dueñas, donde se edificó después el insigne Hospital de la Cruz, obra del ilustrísimo cardenal y arzobispo de Toledo don Pero González de Mendoza, donde no solo se curan enfermos y heridos en grande número sino que &#039;&#039;[7]&#039;&#039; se crían niños expósitos, que no es pequeño también el número dellos, por el pueblo y ciudad ser grande y no tener estos otro remedio. Quiso, pues, doña María, probar aquella vida de religiosa encerrada y así entró en este monasterio de edad de once años. Y porque era en él abadesa una hermana suya que la amaba tiernamente, y por su respecto y alto linaje, junto con sus sanctas obras, las demás monjas la estimaban y tenían en mucho. Ella, que deseaba ser menospreciada y tenida en poco, dejó el monasterio no queriendo quedar en él ni en otro de Tordesillas adonde la deseaban por monja y quisieran hacerla abadesa anteponiéndola, que &#039;&#039;[8]&#039;&#039; era moza y extraña, a otras ancianas y criadas en aquella casa, por las nuevas que tenían de su sancta vida. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Luego que salió del monasterio pusose unas alforjas al hombro y andaba pidiendo limosna para los presos de la cárcel del arzobispo, no sin particular sentimiento de sus padres, hermanos y parientes. Y reprehendiéndola por esto, respondía que, si no la dejaban andar despreciada y imitando a su esposo Cristo, que se iría donde no la viesen. Estas razones, aunque en otra doncella parecieran dichas con libertad, en doña María, considerada su vida, eran prendas de grande humildad. Y por quitar del todo la ocasión a los maliciosos de murmurar della, viéndola sola de poca edad y hermosa que andaba pidiendo limosna, acompañose de una noble viuda llamada doña &#039;&#039;[9]&#039;&#039; Mayor Gómez, que quiso ser partícipe de sus buenas obras y compañera en sus sanctos ejercicios. Y así, las dos se vieron pedir limosna en la sancta iglesia con sus alforjas a los hombros, de que no pequeña edificación sacaban los que las conocían viendo lo que hacían. Vino el negocio a que su mismo padre la encontraba en la calle y decía a sus criados: “Dad lugar a que apase &#039;&#039;[10]&#039;&#039; María, mi hija, y siga a Jesucristo, que la lleva por ese camino de menosprecio”. Agradecía esto mucho la bendita mujer y decía que debía mucho a sus padres porque la habían dado lugar de se apartar del mundo. También acaeció encontrarse, andando pidiendo limosna, con el arzobispo [fol. 44v col.b] de Toledo, que era tío suyo, llevando al lado a su padre, con grande acompañamiento, y reprehender el arzobispo a su hermano porque daba lugar a que su hija anduviese de aquella manera en menoscabo del honor de todos ellos. Y respondíale que se tenía por dichoso en que su hija hubiese escogido tan ilustre esposo como Jesucristo, pues con tal yerno él se tenía por muy honrado. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Era a esta sazón rey de Castilla don Pedro, llamado el Cruel, en cuyo tiempo padecieron los grandes del reino no pequeñas persecuciones. Andaban amedrentados y muchos dellos huidos porque el rey era determinado y fácilmente cortaba cabezas sin respecto de linaje o estado. Y así cupole parte desta persecución a doña María, o por respecto de sus deudos o por recelarse de su honor, si estaba seguro en tiempo de tanta borrasca y tempestad. Y así se recogió a Talavera, que, como se ha dicho, tenía en aquella villa su padre grandes posesiones y era como señor della. Acompañáronla otras señoras principales del reino llevadas con el mismo temor y aun allí no se tuvieron por seguras, por donde les convino irse a diversas partes. Y doña María se volvió a Toledo, y fuera de la ciudad, a la parte del mediodía, se recogió en una pequeña casa que ella labró, junto a una ermita de la Madre de Dios, donde después se edificó el Monasterio de la Sisla del Orden de Sant Jerónimo, y está de presente sepultada aquí. Con su buena amiga doña Mayor Gómez se ocupaba en oración con mucha humildad y paciencia. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Sosegándose más los tiempos, volvió a la ciudad y se juntó &#039;&#039;[11]&#039;&#039; con doña María de Soria y con otras señoras de linaje que vivían cerca de la iglesia de Sant Román, en casa particular, y tenían hábito de beatas recogidas. Y destas contaba &#039;&#039;[12]&#039;&#039; después &#039;&#039;[13]&#039;&#039; grandes virtudes de paciencia, humildad y menosprecio del mundo, diciendo que era poco lo que ella hacía en comparación de lo que vido en aquellas religiosas. Murió doña María de Soria, la que era cabeza en esta casa y congregación, y habiendo muerto también su madre, doña María vendió cierto heredamiento que le cupo de su legítima en Belilla y compró unas casas a la colación de Sant Laurencio, donde es ahora el Monasterio de Sant Pablo. Y aquí reposó su espíritu con su amado Esposo. Tenía consigo a su amiga antigua doña Mayor Gómez y a otra llamada Teresa Vázquez con otras seis o siete señoras ilustres y temerosas de Dios, determinándose servir a Nuestro Señor en su compañía. A todas estas honraba y acataba la sierva de Dios porque veía en ellas desprecio del mundo, humildad, pobreza y trabajo. Al olor de la sancta vida que todas hacían, vinieron otras muchas mujeres nobles a servir a Dios y, de acuerdo de todas, tomaron el hábito del glorioso Sant Jerónimo, de quien era muy devota doña María, aunque sin clausura, sino con [fol. 45r col. a] título de beatas. Y fue el año de mil y cuatrocientos y cuatro &#039;&#039;[14]&#039;&#039;, subjetándose al prior de la Sisla que, a la sazón, era Pero Fernández, que, primero, fue caballero seglar de muchos cuentos de renta y muy preciado de los Reyes Católicos &#039;&#039;[15]&#039;&#039; y, después, se hizo pobre por Jesucristo y de los primeros fundadores en España del Orden de Sant Jerónimo. Y así él fue el que edificó el Monasterio de la Sisla donde primero estaba una ermita de la Madre de Dios, como se ha dicho, y para esta obra ayudó largamente doña María de su patrimonio. Dio una arca de plata esmaltada para que se pusiese el Sanctísimo Sacramento y otras ricas joyas. Y por ver el prior la caridad desta bendita mujer, visitábala y no poco la alentaba con sus buenos consejos y sanctas amonestaciones en el servicio de Dios. El cual, habiendo vivido sanctamente, murió en la misma casa de doña María, adonde se había hecho traer de la Sisla para tener algún regalo en su enfermedad. Y en el aposento donde murió quedó por muchos días un olor maravilloso y del cielo. Su cuerpo fue llevado a sepultar a Guadalupe. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Tenía doña María el gobierno de aquella casa y congregación. Era hermosa de rostro, como se ha dicho, y mucho más en el alma. Su presencia, de grande austeridad, ponía más temor en los que veían su honestidad y humildad que si la oyeran palabras de reprehensión. Si reprehendía, era con tanta discreción y con tan dulces palabras que, por ello, era amada, especialmente de sus parientas, que visitándola, y viéndolas ella con muchos trajes y galas, decíales tales razones que, sin quedar sentidas, se moderaban y dejaban lo superfluo. Su tocado y vestido era muy honesto y pobre aunque aseado y limpio. Amaba el color blanco por la castidad, mas de ordinario se vestía de pardillo por vencerse a sí misma y dar ejemplo de menosprecio. Era fervorosa en la oración y nunca estaba ociosa. Era agradecida a Dios y a las gentes, muy paciente en sus enfermedades, que eran tos continua y dolor de hijada a tiempos que la llegaba a lo último. Huía la vanagloria y quería que de todo lo bueno se diese loor &#039;&#039;[16]&#039;&#039; a Jesucristo. Sus amonestaciones eran todas fundadas en humildad y decía a cada una de las hermanas que fuesen humildes si querían ir por camino seguro; y así, ella se tenía por la menor de todas. Era su costumbre levantarse todas las mañanas a tener oración, la cual cosa alguna no dejaba, y estando enferma, aunque en la cama, allí oraba. Y porque siendo de ochenta años no oía el reloj para levantarse, hacía que pusiesen un gallo cerca de su aposento para que su voz le fuese reloj y despertador; y así, no faltaba en su sancto ejercicio. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Llegose su muerte, y teniendo consigo veinte y cinco religiosas, llamolas cinco dellas antes de su tránsito, abrazolas y dioles paz. Habló a cada una [fol. 45r col b.] en particular, avisándola en aquello que más sabía convenirle, según su condición. Y a todas en común hizo una plática amonestándoles a mucha paz y caridad unas con otras, a que amasen las virtudes, dioles su bendición y encomendolas a Dios. Las hermanas, con tristeza grande, lloraban tiernamente, ellas las consolaba diciendo que sirviesen a Dios, que nunca su Majestad les faltaría. La mañana antes de su muerte vieron las hermanas sobre su aposento una grande claridad y dentro della una paloma blanca. Otro día, que fue víspera de Sant Anton Abad, a la hora de la alba &#039;&#039;[17]&#039;&#039;, estando las hermanas con ella viéronle mover los labios y que rezaba aceleradamente, aunque no entendían lo que decía. Apareció luego una claridad grande sobre su rostro de manera que toda la casa participó della. Veíase volver los ojos a una y a otra parte, daba muestra que se alegraba de lo que veía y así espiró despareciendo la claridad, y fue en diez y seis de enero, día lunes, en el año de mil y cuatrocientos y sesenta y cuatro &#039;&#039;[18]&#039;&#039;. Era de edad de ochenta y seis años, después de haber estado los sesenta en aquella casa y religión. Quisiera sepultarse en su sancta iglesia por estar allí sepultado su tío el arzobispo, que fue varón de sancta vida, delante el altar de Sancta María la Blanca, que es el de prima, dentro del coro menor. Y el arcediano de Toledo, que era sobrino, huyó lo que &#039;&#039;[19]&#039;&#039; pretendía. Mas el amor que tenía a los hermanos de su orden, los frailes de la Sisla, fue medio para que mandase que allí la enterrasen. Y cierto desto y de su muerte, los frailes, luego que supieron que era difuncta, porque el arcediano, su sobrino, no lo estorbase, con otros caballeros deudos suyos, habiéndole dicho una misa en tanto que la amortajaban, la llevaron luego a la Sisla. Y habiendo tiempo que no llovía, el mismo día por la tarde llovió tanto que no poco se consoló el pueblo atribuyéndolo mucho a los merecimientos desta sierva de Dios. Estuvo siete días sin enterrar en tanto que se le hacía un lucillo en que fue puesta. Y su cuerpo era visto de todos sin dar mal olor ni mostrar fealdad sino tan tractable que la podían asentar, vestir y desnudar, cerrar sus manos y abrirlas. Y en este tiempo fue fama que obró Nuestro Señor por ella algunos milagros. Fue sepultada noche de Sant Ildefonso &#039;&#039;[20]&#039;&#039; dentro del lucillo, en el coro de la iglesia, cerca del altar mayor. Y el día siguiente de Nuestra Señora de la Paz se le celebraron las honras, y predicó un obispo conocido suyo y dijo della grandes loores. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
La casa y congregación desta bendita mujer fue siempre en augmento, así en religiosas que entraban en ella como en el edificio. Estaban subjectas al prior de la Sisla sin guardar clausura, en el cual estado permanecieron hasta el año del Señor de mil y quinientos y ocho, que, de su propria voluntad, las religiosas que en él estaban [fol. 45v col. a] hicieron profesión y tomaron velo y clausura, quedando subjectas al general del dicho Orden de Sant Jerónimo. Es casa de mucha religión y donde siempre ha habido señoras de ilustre sangre y de grande vida y ejemplo. Entre las cuales vivió [[María de Ajofrín]], de quien habemos de ver su vida coligiéndola de los mismos memoriales y libros que la pasada, y es en esta manera. &#039;&#039;[21]&#039;&#039;.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
===Notas===&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&#039;&#039;[1]&#039;&#039; El apartado también incluye la vida de María de Ajofrín por ello el epígrafe completo expone: “De María, que fue ilustre y tuvo por sobrenombre García, y de María de Ajofrín, monjas de Sant Pablo de Toledo”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&#039;&#039;[2]&#039;&#039; En el margen izquierdo leemos: “En. I6. de Enero. Exodi.15.”&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&#039;&#039;[3]&#039;&#039; Conservamos la concordancia del texto.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&#039;&#039;[4]&#039;&#039; A lo largo de la edición, respetamos el género del sustantivo según el texto, que se refiere a la Orden de San Jerónimo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&#039;&#039;[5]&#039;&#039; Posiblemente, remite a la &#039;&#039;Hystoria, o descripcion dela Imperial cibdad de Toledo&#039;&#039; de Pedro Arcocer, impreso en 1554. En concreto, la vida de María García se halla en el vigesimoséptimo capítulo del segundo libro y está editada en el catálogo por Verónica Torres: http://catalogodesantasvivas.visionarias.es/index.php/Mar%C3%ADa_Garc%C3%ADa&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&#039;&#039;[6]&#039;&#039; En el margen derecho leemos: “Authores”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&#039;&#039;[7]&#039;&#039; Se añade “que”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&#039;&#039;[8]&#039;&#039; En el texto “que”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&#039;&#039;[9]&#039;&#039; Se subsana la errata “daña”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&#039;&#039;[10]&#039;&#039; Debemos leer “pase”. El verbo “apasar” se halla recogido en el &#039;&#039;Corpus Diacrónico del Español&#039;&#039; (CORDE): http://corpus.rae.es/cgi-bin/crpsrvEx.dll &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&#039;&#039;[11]&#039;&#039; En el texto “juntándose”. Se ha corregido la incoherencia sintáctica. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&#039;&#039;[12]&#039;&#039; En la obra leemos “contaban” pero parece más lógico considerar como sujeto a doña María.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&#039;&#039;[13]&#039;&#039; En el texto: “despus”&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&#039;&#039;[14]&#039;&#039; En el lateral izquierdo leemos: “Año de 1404.”&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&#039;&#039;[15]&#039;&#039; Se trata de un anacronismo ya que perteneció a la corte de Pedro I.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&#039;&#039;[16]&#039;&#039; La palabra “loor” aparece como sinónimo de alabanza&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&#039;&#039;[17]&#039;&#039; Conservamos la escritura del texto y no corregimos por “del alba”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&#039;&#039;[18]&#039;&#039; En el margen derecho podemos leer: “Año de 1464.”&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&#039;&#039;[19]&#039;&#039; Para facilitar la lectura se ha añadido el pronombre relativo “que”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&#039;&#039;[20]&#039;&#039; En el texto: “Illefonso”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&#039;&#039;[21]&#039;&#039; He editado la vida en el catálogo: http://catalogodesantasvivas.visionarias.es/index.php/Mar%C3%ADa_de_Ajofr%C3%ADn&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
= Vida impresa (3)=&lt;br /&gt;
Ed. de [http://visionarias.es/equipo/lara-marchante-fuente/ Lara Marchante Fuente]; fecha de edición: julio de 2017; fecha de modificación: agosto de 2026.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
== Fuente ==&lt;br /&gt;
* [http://catalogodesantasvivas.visionarias.es/index.php/Categor%C3%ADa:Fray_José_de_Sigüenza Sigüenza, Fray José de], 1600. “Libro IV de la Historia de la Orden de San Jerónimo”, &#039;&#039;Segunda Parte de la Historia de la Orden de San Jerónimo, dirigida al Rey, Nuestro Señor, Don Felipe III&#039;&#039;. Madrid: Imprenta Real, 756-767.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[[Contexto material del impreso Segunda Parte de la Historia de la Orden de San Jerónimo]]&#039;&#039;, dirigida al Rey, Nuestro Señor, Don Felipe III&#039;&#039;.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
== Criterios de edición ==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Para facilitar su lectura, esta edición moderniza el texto en aquellos puntos que no suponen una pérdida de los valores fonéticos, léxicos y sintácticos del periodo y conserva la morfología de las palabras con interés morfológico o fonológico o por tratarse de cultismos (como &#039;&#039;agora&#039;&#039;, &#039;&#039;ansí&#039;&#039;, &#039;&#039;monesterio&#039;&#039;, &#039;&#039;recebir&#039;&#039;, &#039;&#039;redemptor&#039;&#039; u &#039;&#039;obscuro&#039;&#039;).&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Se adaptan, por tanto, las grafías a las normas de ortografía vigentes (sibilantes, b/u/v, j/g, chr/cr, qu/cu, empleo de h, etc.) y a la acentuación y puntuación de las normas gramaticales actuales. Igualmente, el uso de las mayúsculas y minúsculas respeta los criterios presentes del español, si bien se mantienen las mayúsculas como signos de respeto o de diferenciación con la palabra escrita en minúscula (&#039;&#039;Cielo&#039;&#039;, &#039;&#039;Esposo&#039;&#039;, &#039;&#039;Señor&#039;&#039;, &#039;&#039;Profeta&#039;&#039;, &#039;&#039;Reina del Cielo&#039;&#039;). &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
También se introducen las comillas para delimitar las intervenciones dialógicas de los personajes y se subsanan las erratas evidentes. En este sentido, conviene apuntar que, dentro de esta edición y en base a sus particularidades, se han incluido notas al pie en las que se especifican y desarrollan algunas ideas o palabras del texto impreso original. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==Vida de María García==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
===Capítulo XLVI===&lt;br /&gt;
[757] &#039;&#039;&#039;La vida de doña María García, virgen de gran santidad y fundadora del Monasterio de San Pablo en la ciudad de Toledo&#039;&#039;&#039;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Feliz clausula hará esta parte de historia con la vida desta generosa santa y será como renovar los principios en que comenzó esta religión, haciendo como un círculo, juntando estos dos extremos. Hasta aquí, no hemos hecho memoria de ninguna religiosa desta Orden, porque es esta santa la primera y con quien nuestro Fr. Pedro Fernández Pecha tuvo familiar y santa conversación, y, pues hemos dicho de los hijos, digamos agora desta hija tan santa que fue después madre de muchas siervas de Dios, y quedará, como dicen, urdida la tela para la grande y maravillosa lista que después veremos dellas. Escrita está de algunos puntos de su vida, y no será superfluo mi trabajo, dejada aparte la obligación que corte.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Ha sido forzoso hacer memoria desta santa virgen en algunos lugares desta historia, principalmente en la fundación del Monasterio de Sisla, junto a Toledo, y en la vida del padre Fr. Pedro Pecha o de Guadalajara. Tomando agora aquí el principio de sus principios, que Doña María fue hija de don Diego García de Toledo, de la Casa de los Gavias de Toledo, que es la Casa que llaman de las Gallinas, su madre se llamó Constanza de Toledo, mujer de don Diego García y hermana de don Vasco de Toledo, y no como algunos dicen de don Álvaro, arzobispo de Toledo. El padre de la santa fue también hijo de otro Diego García, mayordomo y notario mayor de la Reina doña María, y nieto de otro tercero Diego García, gran privado del Rey don Sancho “el Bravo”, ayo y mayordomo de un hijo y alcalde de Toledo, cuyas armas son las palomas, por descender del linaje de los Palomeques. De suerte le viene el abolengo, y por línea derecha a la santa, ser paloma, como a Fr. Pedro Pecha ser abeja, y mejor entre ambos, por la gracia del Espíritu Divino, ser principios y como maestros fecundos de tan santas congregaciones de hijos espirituales. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Tuvo esta santa paloma algunos hermanos, y entre todos ellos fue la querida y regalada de sus padres, porque salió por extremo hermosa y mejor, porque desde niña relucieron en ella mil presagios de santidad: en sus primeros años descubrió, siendo aún sin costumbres, costumbres santas.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Retirábase tan de veras y tan en seso a los lugares secretos a ponerse de rodillas y a rezar como si supiera qué era aquello, si no decimos que Dios le anticipó el juicio (no es cosa nueva) porque comenzasen los amores temprano y pudiese decir lo que aquella insigne mártir: “de otro amador estoy requestada primero que de ti”. Cuando comía a la mesa con sus padres, cogía pedazos de pan y a lo que más podía haber, echábaselos en la haldilla, y llevábaselos a los pobres que lle- [758] gaban a la puerta. Iba tan codiciosa y alegre a esto como si fuera a otros entretenimientos de niños, de suerte que antes que supiese hablar, sabía ya dar limosna. Nunca se le vían niñerías porque desde la cuna nació sin ellas, cosa que ponía admiración. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Estas primicias de espíritu que vieron los padres en su hija, como eran tan píos, les despertó el pensamiento a que de común acuerdo la ofreciesen a Nuestro Señor, haciendo voto de consagrarla como diezmo de muchos bienes recibidos de la mano de Dios a su perpetuo servicio y de su Santa Madre, y que fuese siempre virgen consagrada y no conociese otro esposo sino a Jesucristo, dándole lo mejor y la más querida prenda que tenían en sus ojos. Pusieron diligente cuidado en su crianza, enderezándola en todo lo que era temor y reverencia divina, procurando apartarla de lo que podía abrir los ojos para conocer los deleites del mundo. Cosa en que se descuidan tanto los padres en este tiempo y maravíllanse después cuando ven mil desastres por sus casas, habiendo ellos mismos abierto la puerta a todo, con la libertad y deshonestas costumbres que permiten y aun enseñan a sus hijos. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Crecían en esta sierva de Dios, con los años, discreción y santidad a una. Llegado el tiempo en que pudo tener conocimiento perfecto del voto y deseo de sus padres, de su propia voluntad y con alegría del alma le confirmó e hizo de nuevo, prometiendo no recibir otro esposo sino Jesucristo. Cuando vino a  edad de doce años, con más maduro pensamiento, comenzó a tratar qué manera de vida escogería para servir a su Esposo. Parecíale que el regalo de casa de su padre era mucho, y que tenía necesidad de abstenerse algo porque no la ablandase y se le hiciese después dificultoso entrar en vida más áspera. Habíale ya Dios puesto en el alma un perfecto linaje de aborrecimiento de sí misma y de todo cuanto el mundo estima y adora vanamente: riquezas, honras, deleites, estima, pompas. Inclinó su oreja a los consejos divinos, y dejó la casa de su padre y el modo de vida blanda y regalada, fuese a un monasterio que se llamaba San Pedro de las Dueñas, donde era priora una hermana suya y había monjas de santa vida (estaba este monasterio puesto en aquel sitio donde edificó después el Cardenal don Pedro González de Mendoza el insigne Hospital de la Cruz). La hermana, que la amaba tiernamente, la recibió en sus brazos, entendiendo que se iba de todo punto a ser allí monja con ella. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
No quiso el Señor que se determinase en esto porque la guardaba para otro fin, y solo pretendía, en estos ensayos, que se destetase de la vida primera regalada y, allí recogida, deprendiese a leer, escribir, cantar y rezar, y otras santas ceremonias que habían de aprovechar a su tiempo. Vivió de tal manera en aquella santa compañía que salió su fama no solo por la ciudad de Toledo, con gran admiración de todos, más aun a otras partes remotas. Tuvieron noticia della, por cartas de monjas o por otra vía, en un monasterio de Santa Clara, que está en la villa de Tordesillas. Rogáronle que se fuese allá a ser religiosa, prometiéndole que, en pocos años, la escogerían por superiora, condición bastante para que la doncella humilde rehusase el partido. Consideradas bien las costumbres y manera de vida que hacía su hermana con las demás religiosas, y bien industriada en lo que le pareció que le importaba, pidió licencia a su hermana para ir a ver a sus padres. Sintiolo la hermana tiernamente, que quisiera gozarla toda la vida. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Estando en casa de su padre, se le juntó una gran sierva de Dios, matrona verdaderamente viuda, llamábase doña [759] Mayor Gómez, de gran espíritu. Con esta comunicó un pensamiento que le puso Dios en el alma, y era hacer un desprecio grande de sí misma a los ojos del mundo, y crucificarse a él. La matrona prudente se maravilló de este pensamiento en una doncella generosa, rica, delicada. Prometiole su compañía en todo, porque entendió que Nuestro Señor la despertaba aquello. Salían cada día las dos siervas de Jesucristo de casa, en un hábito ordinario y despreciado, con unas alforjas al cuello, iban de casa en casa pidiendo limosna para los pobres encarcelados y miserables, recibían allí los mendrugos de pan, y cuando estaban las alforjas llenas que apenas las podían llevar, porque se las llenaban presto, repartíanlo a los pobres de la cárcel y a otros necesitados, y volvíanse a casa sin hablar con ánima, ni alear los ojos. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Dentro de casa, el ejercicio era orar y ayunar, y hacer las obras de humildad que se ofrecían, dando en todo buen ejemplo con sus vidas. Reprendiola algunas veces su padre y hermanos desta manera de vida y ejercicio de salir a demandar, diciendo que era cosa afrentosa y baja. Callaba la santa a todo y proseguía su ejercicio, sufriendo, con paciencia, la afrenta de los de fuera y la persecución de los de dentro. Holgándose que se ofrecía ocasión de padecer algo por Jesucristo, deseando mayores trabajos y afrentas. No parece agora creíble esto ni hacedero. La sencillez y poco pundonor de aquellos tiempos y, lo principal, el impulso santo de Dios, que por nuestra culpa no está en nosotros, nos hace parecer dificultosa esta manera de vida. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Continuaban las dos santas hembras su ejercicio: los días de fiesta (para romper de todo punto con estos pundonores que llaman en el mundo afrentas), se venían a la iglesia mayor y entre los dos coros, a vista de todo el pueblo, con sus talegas al hombro, pedían limosna para los pobres y encarcelados. Como el padre y los hermanos vieron que ni promesas ni amenazas la derribarían de aquel propósito, antes estaba constante, y que muchos en la ciudad alababan a Dios de ver un ejemplo de doncella tan extraordinario, echaron de ver que no era liviandad de muchacha, sino movimiento del espíritu del Señor, acordaron de disimular con ella y, en pocos días, se tornó la pesadumbre y afrenta en devoción y gloria. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Convirtió la virgen devota los ojos de todos ansí, y alababan a Dios en ella, teniéndola por ejemplo de perfección. Cuando la vían sus padres traer las alforjas al hombro, y venir cargada de mendrugos y rodeada de pobres, alzaban los ojos al cielo, haciendo gracias a Dios, y decían: “Tú, Señor, que comenzaste la buena obra en ella, la acaba y guárdala de todo mal, porque sea vaso limpio de tu santa mesa, y ponla en el número de tus siervas y esposas”. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Conociendo esto la santa doncella, derribábase a los pies de su padre, madre y hermanos, y agradecíales mucho que la dejasen vivir en aquel menosprecio del mundo, ejercitando obras de caridad con los pobres. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Comenzó esta sierva de Dios por un camino alto, adonde no se llega sino después de mucho trabajo y grande ejercicio de virtudes. Aquí se vio puesto, en efecto, aquel deseo ardiente de la esposa que, cuando ya estaba muy adelante en sus amores, decía a su Esposo, Jesucristo: “¿Quién os dará a mí, puesto en talle y forma de un mi hermanico pequeño que mama los pechos de mi madre, y que os encuentre yo, en medio de esas calles, os abrace y os bese, y os haga mil preguntas, y vos me respondáis [760] y me enseñéis, y que nadie me lo tenga a mal ni me desprecie? Llevaros he yo en brazos a casa de mi madre, allí en casa de madre, abrazado con vosotros, preguntaré otra vez mil cosas, y daros he yo en pringaditas de arrope y mosto de mis granadas”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
La exposición de todo esto es lo que esta santa virgen ejercita, y no ha menester otro comento. Enseñole el espíritu del Señor que su Esposo, Jesucristo, estaba escondido en los pobres como Él mismo lo declaró. Conociendo esto, no pudo disimular su amor y ansí, como si fueran sus hermanos pequeñitos, a quien la más honesta doncella abraza sin empacho en medio de la calle y nadie se lo tiene a mal, aunque le bese y haga mil caricias, y le lleve en sus brazos, antes la loan y les parece a todos bien; ansí, esta virgen prudente, dejados los respetos y consideraciones humanas, transformada en su Esposo, puesto en estos pobrecitos y afligidos, se abrazaba con ellos, y les besaba los pies y las llagas, y les daba de comer y hacía mil regalos en las calles, en las plazas y en todos los lugares públicos, les preguntaba de sus trabajos y de sus miserias, y ellos le daban cuenta de la merced que Dios les hacía en medio dellos. Llevábalos a casa de su madre, regalábalos, hacíales mil beneficios y servicios, y no por esto la menospreciarían, sino que antes se maravillaban de ver un tan fino amor de hermana y de esposa de Jesucristo, alabando a Dios en su sierva. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Aconteció una vez que iban su padre y su tío don Vasco de Toledo, hermano de su madre, juntos a caballo por la ciudad con mucho acompañamiento. Encontraron a las dos compañeras, doña María García y doña Mayor Gómez, pidiendo con sus alforjas limosna de puerta en puerta; afrentose mucho don Vasco y, vuelto a don Diego, le dijo con sentimiento: “Mucho me maravillo, señor don Diego, de vuestra prudencia, que dejéis andar de esta suerte a vuestra hija, muchacha tan hermosa y de tan noble sangre, en ejercicio tan abatido, tan afrentoso y peligroso, rodeada de pobres y gente perdularia, despreciada sin honra; aunque la tuviérades aborrecida, habíades de mirar vuestra reputación y la honra de todos nosotros. Casadla señor con su igual, pues tenéis con quien, y quitad esta nota de vuestro linaje”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Respondiole el noble caballero con semblante grave, diciendo: “Señor don Vasco, cuando esto se hubiera de llevar por reglas de prudencia humana, eso que decís es lo que se había de mirar y hacer, mas a esta mi hija otra prudencia más alta creo que la gobierna, y pues ella ha escogido por esposo a Jesucristo, Rey eterno, y Él la quiere llevar por este camino, ni yo le daré más bajo esposo, ni le diré que deje su ejercicio. Créeme, señor hermano, que antes que a esto viniese se hicieron muchas diligencias hasta que se vio que era esta la voluntad de Dios. Dejémosla caminar a donde la llaman, que ella ha escogido mejor que nosotros le aconsejaremos”. Con esto, no osó replicar más en este caso de allí adelante don Vasco.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Era esto en los postreros años del Rey don Pedro, acertó a venir a Toledo. Tuvo noticia de la hermosura de esta santa doncella y, como juntaba a la crueldad ser deshonesto, no perdonaba cosa, deseó verla y aun haberla. Entendido el ruin propósito por la virgen devota y por sus padres, se fue con su compañera doña Mayor Gómez de secreto a Talavera, donde tenían sus padres casas y hacienda. Estuvieron allí algunos días encerradas con harto miedo, y no faltaba razón, porque no faltó quien le avisó de la ausencia y del lugar donde estaban retira- [761] das que, a costa de lisonjear a los Reyes y tener cabida, no se les esconde nada. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Dios, que lo dispone mejor, quiso que le dijesen esto y que se pusiesen encobro antes que viniesen a buscarlas. Acordaron de venir por un camino apartado otra vez a Toledo, no entraron dentro, sino fuéronse a una ermita (de que ya hicimos memoria) que se llamaba Nuestra Señora de la Sisla. Allí vivieron escondidas algunos días hasta que se ausentó el Rey, y así escaparon de sus manos y de su deshonestidad. En esta ermita probó esta santa otro género de vida, de mayor quietud y sosiego del alma, puesta en alta conservación del Cielo, haciendo su corazón un holocausto encendido todo en el amor y contemplación de su Esposo. Hacía las asperezas grandes de los ermitaños de Egipto. Dormía sobre unos sarmientos, ayunaba mucho, juntaba las noches con los días orando y contemplando, y allí recibió grandes consuelos del Cielo, ayudándole a todo esto su gran compañera, doña Mayor Gómez, que se la deparó Dios en todos estos trances, no para aya, aunque lo parecía, sino para alivio de tan grandes cosas, y testigo de su honestidad y pureza. Murió a esta sazón el Rey don Pedro a manos de su hermano don Enrique, como todos saben; con su muerte se aseguraron mil almas temerosas de su crueldad y de su torpeza, salió de su yermo nuestra santa ermitaña y, pensando qué camino escogería para retirarse al servicio de Dios de propósito y acabar en ella vida con mayor aprovechamiento de su alma, tuvo noticia cómo había en Toledo una congregación de mujeres santas, que se recogían en una casa en la parroquia de San Román. Tenían como en lugar de priora una señora de gran prudencia y espíritu, que se llamaba doña María de Soria; loaba toda la ciudad el modo de vivir de esta gente, teniéndolas por mujeres de gran recogimiento y santidad. Parecioles a las dos compañeras que este era negocio seguro, supuesto que no habían de estar en aquella ermita y había cesado la causa. Fuéronse allí y recibiolas doña María de Soria con alegría, por la fama de su valor; se vistieron entre ambas el hábito que usaban las que allí entraban. Vivieron algún tiempo en aquella compañía, dando gran ejemplo a todas y ejercitándose en actos de humildad y de obediencia, de que recibía gran consuelo nuestra santa, y sin duda quiso Nuestro Señor traerla aquí para que aprendiese esto y lo ejercitase, porque es cosa imposible poder enseñar a otros, los que no tienen experiencia, qué cosa es obedecer. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Murió dentro de pocos años doña María de Soria, en cuyo gobierno estribaría aquella congregación. Murieron también los padres de nuestra doña María García de Toledo, dejáronle mucha hacienda y mejora, entendiendo que la había de emplear en servicio de Nuestro Señor con grande provecho de sus almas. Como se vio desamparada de la madre espiritual y de los padres naturales, y con hacienda, suplicó a Nuestro Señor la alumbrase en lo que era servido hiciese de sí y de los bienes que le habían quedado, pues no era suya ni quería otra cosa en esta vida sino emplearse toda en su amor y servicio. Púsole en el corazón lo que Dios había ido madurando por todo este discurso, entreteniendo a esta, su sierva, por tan extraños y varios caminos, y lo que con el efecto se ha mostrado ser cosa ordenada por su divino consejo. Vendió las heredades y hacienda que le había quedado en el lugar de Belilla y otras partes. Compró en la parroquia de San Lorenzo, en Toledo, una buena casa que tenía suelo y aposento [762] espacioso, pasose allí con su compañera, doña Mayor Gómez, y algunas que, conociendo su santidad y valor, quisieron seguirla delas de aquella congregación de beatas. Encerrose allí con determinación de no salir en toda la vida. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Entendiose esta mudanza en la ciudad. Vino a noticia de una señora, de las nobles de Toledo, que se llamaba Teresa Vázquez, mujer deseosa de la salud de su alma, había días que estaba recogida en su casa con gran encerramiento, con hasta siete u ocho mujeres, haciendo vida muy honesta. Acordó de pasarse a la compañía de nuestra Santa, con toda la suya, entendiendo que Dios la llamaba para servirle en aquella congregación; ansí se hizo en breve una casa de muchas siervas de Dios, y de notable nombre, a quien siguieron presto otras. Aquí se comenzó luego una labor divina, en unas vidas de gran humildad y pobreza de espíritu, desechando no solo el regalo, mas aun lo muy necesario para pasar la vida, abrazando en todo la mortificación de los sentidos. Pusiéronse unos hábitos blancos y un escapulario pardo, el mismo que tenían los muy recientes monjes de la Orden de San Jerónimo, sin saber qué hacían. También se determinaron luego a obedecer todas a una cabeza porque no fuese monstruo de muchas aquel colegio, y de común acuerdo quisieron todas que fuese doña María García de Toledo, porque tenían mucha prueba de su virtud y prudencia, que bastaba a mayores cosas. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Como era la santa tan en el corazón humilde, recibió aquello con harta dificultad, derribada de los ruegos y lágrimas de sus hermanas, a quien ella quisiera obedecer toda la vida. Este fue el primer fundamento y estas las primeras fundadoras del Monasterio de San Pablo de Toledo, de los muy religiosos, sin agravio de ninguno que ha habido en aquella ciudad y de notable nombre, en donde, como veremos, en sus lugares se han criado santas y puras almas y grandes siervas de Dios. Vino a esta sazón, como dijimos arriba, Fr. Pedro Fernández Pecha a fundar la Casa de la Sisla (no es fácil de atinar si antes o después que este santo colegio de vírgenes se juntase); dijimos también, y es cosa cierta, que la santa le dio mucho favor para el edificio y le socorrió con todo lo que pudo, y hoy en día guarda un arquilla de plata que dio esta sierva de Dios, en que encerrasen el Santo Sacramento. Lo que Fr. Pedro Fernández Pecha sirvió a esta sierva de Dios, y el trato que entre los dos pasaba, no hay para qué repetirlo, pues queda dicho en la vida de aquel santo. Comenzáronse desde entonces a llamar religiosas de San Jerónimo, y a imitar todo lo que podían de la vida y costumbres y ceremonias santas a aquellos padres de quien Fr. Pedro Pecha era como patrón y cabeza y prior de la Sisla, pues sin duda todos los de la Orden son sus hijos, y estas podemos llamar, y lo son, sus primeras hijas. Porque, aunque entonces los religiosos de la Orden estaban sujetos a los ordinarios, doña María García de Toledo y sus hijas dieron la obediencia a Fr. Pedro Fernández, y por su parecer se gobernaban y no salían un punto de su obediencia. Crecía aquella casa de San Pablo en gran ejercicio de humildad, y caminaban debajo del gobierno de dos almas tan pías, con largo paso al aprovechamiento espiritual, todas las que allí se habían recogido. Iba muy delante de todas la Santa Virgen Fundadora, hallándose la primera en cuanto se ofrecía de virtud y [763] de humildad, con harta maravilla de las que pretendían imitarla.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Asentaron luego el oficio divino por orden del prior de la Sisla, su maestro, con la puntualidad que entonces supieron, que se hizo a todos maravillosa, y acudían de la ciudad a oírlos la gente que tenía gusto de devoción, porque parecía que los oficiaban los ángeles. Levantábanse a medianoche a Maitines, y nunca la sierva de Dios, desde aquella hora, sabía qué cosa era tornar a la cama, consumiendo lo que quedaba de la noche en oración y coloquios divinos con su Esposo, Jesucristo. Dábale mucha pena que la alabasen en algo, habiendo tanto de qué;  cuando las personas seglares le decían de su buen nombre, y relataban alguna de sus virtudes, que suelen ser en esto indiscretos, decía ella con semblante vergonzoso: “Estas hermanas y siervas del Señor hacen eso, y en ellas cabe bien lo que de mí decís, que yo no soy sino un vaso despreciado y una criatura inútil”. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Cuando algunas veces estaba mala (tenía muchos achaques por tratar tan mal su cuerpo) y era fuerza caer en la cama, y vía aquellas santas compañeras alrededor, con tanta gana de servirla, decía con una sinceridad de paloma: “Dónde merecí yo tanto bien, que me sirviesen damas y doncellas tan hermosas, y las esposas de mi Señor se humillasen a un vil gusanillo cual soy yo, que aun no merezco servir a ninguna dellas”. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Ofendíanle mucho las mujeres que se adobaban los rostros, pintándose con los albayaldes y carmines, y poniéndose mudas, decía que ni eran buenas para mujeres, ni para imágenes, porque para lo segundo eran feas y para lo primero no eran vivas, sino pintadas. Cuando alguna destas venía a visitarla, decía que no la conocía, porque traía máscara, y la había visto antes sin ella, y que no era aquel rostro que les había dado Dios, sino el que compraron de la tienda. Amonestábales con palabras santas que no hiciesen aquello, porque ofendían mucho a Nuestro Señor, y que si perseveraban, no era pequeño el castigo que las estaba guardado. También aborrecía mucho los olores: almizcle, algalia, ámbar, y otros cualesquier extraordinarios que solían traer entonces solo las mujeres (no se había extendido esta manera de afeminarse a los hombres en aquel tiempo) porque le olían mal las que siempre querían oler bien. Decía que era locura traer con olores postizos un cuerpo que tan presto  había de oler tan mal y ser manjar de gusanos. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Si alguno, hablando con ella, le decía de merced o de reverencia, llena de humildad respondía que la merced era de Dios, de quien es propio hacer mercedes y misericordias, y la reverencia se debe a quien todas las criaturas hacen reverencias, porque ella miserable era e indigna de reverencia. Después que los dos santos gozaron algunos años de la conversación santa, aprovechándose a veces y aprendiendo el uno del otro, gobernando sus conventos, con el aprovechamiento que hemos visto, cansado ya, o diremos mejor, derribado ya Fr. Pedro Pecha de sus rigurosas asperezas, y por esto con mil ajes, pareciéndole que estaba inútil para el gobierno, determinó de ir a acabar su vida a Nuestra Señora de Guadalupe, como lo vimos en su vida. Quedó con esto muy desconsolada nuestra santa, y no le sucedió cosa en esta vida que sintiese tanto, y todas las otras hermanas se lastimaron en el alma, llamándose desamparadas, sin padre y sin maestro, que con su aviso y prudencia las sus- [764] tentaba, doctrinaba y regía, y las animaba con su ejemplo a continuar el curso comenzado. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Sintiéndose pues, nuestra devota virgen, tan desconsolada, volvió los ojos al Señor llena de fe y esperanza, y díjole con amorosas lágrimas: “ Confirma, Señor, esto que obraste en nosotras, y no desampares desde tu alto templo el edificio deste en que tú quieres morar por tu misericordia, da esfuerzo a tus siervas para que perseveren hasta alcanzar el fin de su deseo, que no es otro sino unirse contigo como último fin de todas nuestras esperanzas, y abrazarte como a Esposo único de las almas. Flacas somos, Señor, y llenas de pobreza y miseria, mas tú eres gigante fuerte, y pastor vigilantísimo, que nadie será poderoso para sacar estas ovejicas de tu mano”. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Oyó el Señor su oración, como se vio por el efecto, pues fueron siempre creciendo en tanto hervor y devoción en aquella santa casa. Vivió después de la ausencia de su fiel compañero la sierva de Dios veinticuatro años. Era ya de mucha edad, las penitencias y mal tratamiento del cuerpo, dormir en el suelo, vigilias, ayunos habían estragado mucho aquel cuerpo delicado. Veníanle a faltar poco a poco los sentidos, veía poco, oía menos, con todo esto no quería faltar a las cosas de la comunidad. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
No podían con ella aunque más se lo rogaban, sino que se había de levantar a Maitines. Como no oía, acordó de tener un gallo en su celda, que era muy puntual en cantar a la medianoche con aquel canto; por ser muy aguda la voz, despertaba y oía. Santa simplicidad, si no es que era misterio despertar con el canto del gallo. Desde niña, tuvo costumbre de levantarse a la medianoche a loar al Señor, y jamás la dejó, aun en enfermedades grandes, grande ánimo y virtud de hembra tan delicada. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Aunque estaba por de fuera el cuerpo tan consumido, tenía dentro el alma muy despierta en la contemplación que había ejercitado toda su vida, gozando en lo secreto de favores y regalos divinos que la alentaban para tan larga jornada. Llegado el fin de la carrera dichosa, queriendo el Señor darle el galardón de tan santa vida y trabajos tan piadosos, vínole una calentura lenta, que bastaba para consumir aquello poco que había quedado de la penitencia. Cayó en la cama, porque no podía sostenerse. Sintiendo ya su fin cerca, llamó a sus hijas que, a esta sazón, eran veinticinco o veintiséis, rebaño precioso y rico en los ojos de Dios. Cuando las tuvo delante abrazolas una a una con notable ternura y lágrimas, queriendo poner a cada una en sus entrañas, dábales paz en el rostro y se juntaban las unas lágrimas con las otras. Después les dijo desta manera: “Hermanas queridas y compañeras de mi peregrinación, que habéis perseverado conmigo en estos trabajos de pobreza y penitencia, yo me parto a la bienaventuranza que ha prometido nuestro Esposo a los que perseveraren hasta la fin. Deseo mucho que no os ponga espanto lo que os falta de la corrida de vuestro curso, y que mi ausencia no os cause alguna flaqueza en los ánimos, ni penséis que he sido yo alguna parte para sustentaros hasta este punto en la vida religiosa que habéis comenzado, de que tenéis pasada ya mucha parte, las más de las que estáis presentes. Otra fuerza mayor es la que os sustenta, que es la virtud del Señor, que nunca se cansa, ni puede morir, y está siempre cerca de vosotras si por vuestra [764] culpa no la desecháis y hacéis fuerza para que se vaya, porque os ama mucho y tiene gran cuidado de vuestra salud. Lo que desea y lo que siempre nos pide es que no pongamos el amor en otra cosa, que es muy celoso, y no admite compañía alguna: o todas habéis de ser suyas o de otro, y mirad quién será el otro si dejáis a Dios. Fuera d’Él todo es feo, todo es miseria, enfermedad y muerte. Una quiere que sea su paloma, y una su amiga y una su querida, que no cabe con otro. Ponedle en vuestro corazón y en vuestro brazo, haced que vuestros pensamientos, palabras y obras no tiren a otra señal, porque, si no, sabed que se enojará mucho, y cuanto estáis en más alto estado y cuanto habéis venido a más secretos abrazos y favores, tanto será mayor la ira de sus celos. Porque el amor es como la muerte fuerte y más duro que el infierno que, como la muerte, nunca se aplaca ni perdona y, como el infierno, nunca se apiada ni ablanda; ni al uno ni al otro podremos con ruegos ni con fuerza detenerlos, ni mudarlos de su rigor: ansí el amor, cuando es tan gravemente ofendido y quebrantadas sus leyes, no sabe perdonar, ni aplacarse, ni la ira de los celos tiene remedio. Las caídas de muy alto de ordinario son mortales. Por eso, carísimas hermanas, mirad donde subisteis, temed mucho la caída y, pues tenéis tan cierto el socorro, pedidle sin cesar que no hayáis miedo que falte. Mirad cuán presto se acaba la vida, cuán poco duran los gozos vanos deste suelo, qué presto se marchitan estas florecillas de la primavera que, de ordinario, antes de la noche se enlacian y caen, y los trabajos, qué momentáneos y de poca dura, y qué de bienes se siguen tras ellos, cuando se llevan en paciencia y por Dios. No os turbe ver a las que dejasteis en el siglo, cuando vienen compuestas y galanas a visitarnos, porque son figuras del retablo de este mundo, que pasa como una farsa. Ya veis cuántas, en medio de sus regalos, las ha arrebatado la muerte, y cuántas de las que viven querrían ser muertas, porque viven una vida de infierno. Poned los ojos en la ribera deste río por donde vais atravesando a vuestra gloria, para que no os desvanezcan las ondas y sus olas, que pasan a dar en el mar. Veisme aquí, estoy ya a las puertas de la muerte, alegre y segura, sin temer la contradicción de mis enemigos, confiada en el mérito de la pasión de mi esposo y en la virtud de su sangre, que cuando con Él me desposé me las dio en arras y en dote, y ahora que viene el día de las bodas, saldré adornada con ellas. Imaginad que me casé con un hombre de los del siglo, y que he vivido en muchos regalos, y que tengo muchos hijos, y que he llegado a este punto que tuviera ahora aquí sino congojas, y rabias y ansias, un temor y una tristeza irremediable. Pues mirad la diferencia y deprended en este trance lo que no se os olvide jamás. Quiéroos dar en mi partida un consejo y un precepto; el precepto no es nuevo ni mío, sino del Esposo y Señor Jesucristo, que os améis unas a otras y sufráis las faltas con caridad, y esta es deuda que la debéis siempre, en tanto que durare la vida: cada una quiera el bien de la otra como el suyo propio, porque en esto consiste el verdadero amor. El consejo es que os guardéis de salir del claustro cuanto os fuere posible y que no os vean en la calle para siempre, ni aun en la red, sino con mucha necesidad. Mirad que las palomas, aunque son tan puras y sin malicia, si ven la red huyen de ella, porque en la red está el lazo que prende con las palabras o con la vista la inocencia del alma”. [766] &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Esto les dijo en común. Después, en particular, habló a cada una por sí, y no adivinando ni sacando por conjeturas, sino con un espíritu profético, les declaró todo el discurso de sus vidas, diciendo a muchas dellas lo que después sucedió sin faltar punto. A unas que no habían de perseverar y los fines que habían de hacer, y a otras les declaró cómo habían de ir aprovechando; y aunque entonces les pareció que debía de hablar a tientas o no la entendían, después se desengañaron y vieron claro que el Señor les avisaba por la boca de su sierva. Acabado esto, pidió la extremaunción; recibiola con gran espíritu y entereza, ayudando a todos los salmos y letanías, como si estuviera sana. De allí a un poco, descendió sobre ella una claridad admirable, y anduvo volando por la celda una palomica blanca, aunque no fueron todas las que allí estaban dignas de verla. Alegrose su rostro en gran manera, mirando atenta a la luz que tenía sobre sí; hablaba con ella tan quedo, que no podían entenderla. De allí a un poco, alzó los brazos en alto y juntó las manos, como quien quiere abrazar alguno, haciendo cruz, y ansí salió la santa alma, dando a entender que se abrazó luego con su amado y dulce Esposo Jesucristo. Su muerte fue el diez de enero, año de 1426 &#039;&#039;[1]&#039;&#039;, y ochenta y seis su edad, según la mejor cuenta, porque no se sabe precisamente el año en que nació. Había ordenado viviendo que sin ruido, y sin dar cuenta a nadie, llevasen su cuerpo al monasterio de Nuestra Señora de la Sisla. Hízose ansí y fue bien menester, porque la ciudad estaba alterada sobre querer llevar el cuerpo cada cual adonde le parecía que tenía más derecho. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Los parientes pretendían hacerle en la iglesia mayor un sepulcro suntuoso; otros pretendían llevarla a otras partes; las religiosas, con gran silencio, teniendo entendido el humilde pensamiento de su Santa Madre, sin que nadie lo supiese, lo llevaron a la Sisla. Recibieron los religiosos con gran reverencia el cuerpo santo. Llevábanla vestida con sus hábitos de San Jerónimo y una corona de laurel en la cabeza, insignia de triunfadores. Hiciéronle el más solemne entierro que pudieron. Y como a principal bienhechora y más principalmente como a santa, la pusieron junto al altar mayor, al lado del Evangelio, y labraron un rico sepulcro. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Certifica una relación antigua de su vida, a quien he seguido en esta historia, que hizo por ella muchas maravillas y señales, en los que tocaron a su santo cuerpo y que lo certificaron personas de mucha religión, dignas de toda fe, y que las calla hasta que la Iglesia las publique, donde da a entender que se trataba de su canonización y, como esto es negocio que no se hace sin mucha costa, faltó quien lo solicitaba, y ansí se quedaron los milagros escondidos. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
De cuarenta o más años a esta parte, hubo necesidad para cierta fábrica que se hacía allí, en la capilla mayor de aquel convento, abrir un poco el sepulcro y cuerpo de la santa. Descubriose y lo halláronlo entero; después de ciento treinta años, tenía un ladrillo por cabecera, la toca de la cabeza estaba sana y prendida debajo de la barbilla con un alfiler, vestida con sus hábitos de beata. Afirma Fr. Antonio de Villacastín, de quien supe yo esto, porque era el maestro de aquella fábrica y lo ha sido de toda la casa de San Lorenzo el Real, testigo abonado, que él mismo levantó el cuerpo y que vio [767] en él una cosa extraña: que por doquiera que le asía, se levantaba todo entero, como si fuera de una pieza, y estaba tan ligero como si fuera de pluma. Y los ramos de laurel de que le hicieron la corona, cuando la truxeron, se estaban tan enteros y frescos como cuando los cortaron. Debe de ser privilegio de la virginidad que no se marchite ni corrompa lo que a ella se allegare. Hiciéronle los religiosos de la Sisla, encima del sepulcro, una figura de bulto, vestida al natural con sus hábitos de la Orden y como ella andaba vestida. Está hincada de rodillas, puestas las manos mirando al Santo Sacramento, donde en vida tuvo siempre puesto el corazón, y un letrero o epitafio de la elegancia de aquel tiempo que dice: &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
FUE DOÑA MARÍA GARCÍA, VIRGEN QUE AQUÍ YAZE SEPULTADA, DE CUYAS OBRAS RESULTA SER VIRGEN DE ETERNA ALEGRÍA.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
De tan buena gracia y aun peores son los versos latinos que se siguen luego:&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Domum suam hec dicauit,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Qua feminas adunauit,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Ut peremni sacre viuerent.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Hec totam se spernebat,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Et arte virgo degebat,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Ad Christi vestigium.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Erat mundo crucifixa, &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Mundus Christi [etc] transfixa,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Charilatis gladio. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Aquí da a entender este poeta que eran suyas las casas donde se recogió y donde agora está fundado el Monasterio de San Pablo, aunque la historia que yo he seguido dice que las compró de su hacienda. Este monasterio se estuvo con nombre de Beatas de San Pablo y de San Jerónimo muchos años. El año de 1464 &#039;&#039;[2]&#039;&#039; se encargó la Orden d’él, y creció siempre en religión, criando grandes siervas de Dios, como lo veremos en la postrera parte desta historia que luego se sigue, siendo el Señor servido.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
FIN&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En Madrid, por Juan Flamenco. Año 1600 &#039;&#039;[3]&#039;&#039;.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
=== Notas ===&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&#039;&#039;[1]&#039;&#039; Figura el año en números romanos en el texto: “año de M.CCCC.XXVI”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&#039;&#039;[2]&#039;&#039; Figura el año en números romanos en el texto: “año de M.CCCC.LXIIII”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&#039;&#039;[3]&#039;&#039; Figura el año en números romanos en el texto:  “M.CD”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
= Vida impresa y manuscrita=&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Ed. de [http://visionarias.es/equipo/maria-aboal-lopez/ María Aboal López] (impresa) y [http://visionarias.es/equipo/veronica-torres-martin/ Verónica Torres] (manuscrita); fecha de edición: octubre de 2020 y agosto de 2022.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
== Fuente ==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
* [http://catalogodesantasvivas.visionarias.es/index.php/Categor%C3%ADa:Francisco_de_Pisa Pisa, Francisco de], 1612. &#039;&#039;Descripción de la Imperial Ciudad de Toledo e Historia de sus antigüedades y grandeza y cosas memorables que en ella han acontecido, de los Reyes que la han señoreado y gobernado en sucesión de tiempo, y de los arzobispos de Toledo, principalmente de los más celebrados&#039;&#039;. Toledo: Pedro Rodríguez, Imprenta Real, fol. 276v.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[[Contexto material del impreso Descripción de la Imperial Ciudad de Toledo e Historia de sus antigüedades]] &#039;&#039;y grandeza y cosas memorables que en ella han acontecido, de los Reyes que la han señoreado y gobernado en sucesión de tiempo, y de los arzobispos de Toledo, principalmente de los más celebrados&#039;&#039;.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
* [http://catalogodesantasvivas.visionarias.es/index.php/Categor%C3%ADa:Francisco_de_Pisa Pisa, Francisco de], &#039;&#039;Apuntamientos para la segunda parte de la Historia de Toledo&#039;&#039;. Biblioteca de Castilla-La Mancha, Ms. 193, fols. 87-88.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
== Criterios de edición==&lt;br /&gt;
Aunque la vida en el libro impreso forma parte de una enumeración de santos y, por tanto, no es propiamente una hagiografía, la recogemos aquí para que quede constancia de su inclusión en esta obra del siglo XVII. Se adoptan los criterios de edición de vidas impresas estipulados en el Catálogo, es decir, se moderniza la ortografía (b/u/v, j/g, chr/cr, qu/cu, empleo de h, etc.), las sibilantes y se eliminan las consonantes geminadas. El uso de mayúsculas y minúsculas se moderniza, así como la acentuación y la puntuación, que se adaptan a las actuales. No obstante, se ha mantenido la escritura de “monesterio”. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En cuanto a la continuación manuscrita de la misma obra, aparece en un manuscrito del siglo XVIII con este título: “En este libro se contienen los &#039;&#039;Apuntamientos para la segunda parte de la Historia de Toledo&#039;&#039; que prometió escribir el Doctor Francisco de Pissa Decano en las Facultades de Santa Theologia, y Artes Liverales, y Cathedratico de Escriptura en la Insigne Universidad de Toledo: fechos y ordenados por el mismo, en el año de 1612”. La vida de María García se integra en el apartado correspondiente al monasterio de San Pablo. Se siguen los criterios establecidos en el catálogo para fuentes impresas, es decir, se moderniza la ortografía (b/v, j/g, qu/cu, etc.), así como el uso de mayúsculas y la acentuación y puntuación, que se adapta a la actual. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==Vida de María García ==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&#039;&#039;&#039;(1605)&#039;&#039;&#039;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[Libro Quinto] &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[Fol. 275r]&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
===Capítulo XXXVI===&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&#039;&#039;&#039;Catálogo o lista de santos propios de esta ciudad de Toledo&#039;&#039;&#039;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[…]&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[Fol. 276v] […] Doña María García, natural de Toledo, monja en el monesterio de San Pablo de esta ciudad, que ella fundó debajo de la Orden y hábito de San Jerónimo, sujetándose al prior del monesterio de la Sisla, donde está enterrada cerca del altar mayor; falleció año de mil y cuatrocientos y sesenta y cuatro. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&#039;&#039;&#039;(1612)&#039;&#039;&#039;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&#039;&#039;&#039;Monasterio de San Pablo&#039;&#039;&#039;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[Pag. 87] Asimismo, está en este distrito el [Pag. 88] monasterio insigne del apóstol San Pablo de la Orden de San Jerónimo, que a los principios fue fundado por doña María García de Toledo, hija de Diego García de Toledo y de su mujer doña Constanza, hermana de don Álvaro, arzobispo de Toledo. La cual, en compañía de otras religiosas, hizo santa vida del hábito de San Jerónimo, aunque a los principios sin clausura, por los años del Señor de 1404, sujetas al prior de Nuestra Señora de la Sisla, extramuros; y después, en el año 1408, haciendo profesión solemne, tomaron velo y clausura, sujetas al general y prelados de la dicha Orden de San Jerónimo, como lo escribe Pedro de Alcocer en la &#039;&#039;Historia de&#039;&#039; [Pag. 89] &#039;&#039;Toledo&#039;&#039;, lib. 1º. La dicha María García, fundadora, está sepultada en el dicho monasterio de la Sisla, y asimismo lo está otra religiosa de esta casa &#039;&#039;[1]&#039;&#039;, de quien se cuenta en la &#039;&#039;Historia&#039;&#039; grandes ejemplos de santidad y misericordias que recibió de Dios Nuestro Señor en la oración y vida espiritual. Las vidas de las dos santas religiosas se hallarán escritas en la &#039;&#039;Historia&#039;&#039; de la Orden y el Maestro Villegas en la 3ª parte del &#039;&#039;Flos Sanctorum&#039;&#039;, en las adiciones. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En esta iglesia de San Pablo está enterrado el arzobispo, que fue de Sevilla el cardenal, don Fernando Niño de Guevara.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
===Notas===&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&#039;&#039;[1]&#039;&#039; Seguramente se refiera a [[María de Ajofrín]], cuya vida está incluida en el &#039;&#039;Flos sanctorum&#039;&#039; de Villegas, como vemos en el Catálogo, aunque no en la &#039;&#039;Historia de Toledo&#039;&#039; de Alcocer.&lt;/div&gt;</summary>
		<author><name>Anaritasoares</name></author>
	</entry>
	<entry>
		<id>https://catalogodesantasvivas.visionarias.es/index.php?title=Mar%C3%ADa_Garc%C3%ADa&amp;diff=713170</id>
		<title>María García</title>
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		<updated>2026-09-26T08:05:24Z</updated>

		<summary type="html">&lt;p&gt;Anaritasoares: /* Vida manuscrita (4) */&lt;/p&gt;
&lt;hr /&gt;
&lt;div&gt;[[Category:Santas_Jerónimas]]&lt;br /&gt;
[[Category:Toledo]]&lt;br /&gt;
[[Category:Alonso_de_Villegas]]&lt;br /&gt;
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[[Category:Hernando_Pecha]]&lt;br /&gt;
[[Archivo:Santa_Maria_Garcia_conversando_con_Fray_Fernandez_Pecha-web.jpg|right|María García conversando con Fray Fernandez Pecha|link=]]&lt;br /&gt;
{| class=&amp;quot;wikitable&amp;quot;&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Nombre || María García de Toledo&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Orden || [http://catalogodesantasvivas.visionarias.es/index.php/Categor%C3%ADa:Santas_Jerónimas Jerónimas]&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Títulos || Priora y fundadora de la casa de beatas de Mari García, posterior convento de San Pablo de Toledo. Iniciadora de la rama femenina de la Orden&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Fecha de nacimiento || 1340&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Fecha de fallecimiento || 1426&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Lugar de nacimiento || [http://catalogodesantasvivas.visionarias.es/index.php/Categor%C3%ADa:Toledo Toledo]&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Lugar de fallecimiento || [http://catalogodesantasvivas.visionarias.es/index.php/Categor%C3%ADa:Toledo Toledo]&lt;br /&gt;
|}&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
= Vida manuscrita (1)=&lt;br /&gt;
Ed. de [http://visionarias.es/equipo/celia-redondo-blasco/ Celia Redondo Blasco]; fecha de edición: junio de 2017.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
== Fuente ==&lt;br /&gt;
[[Archivo:I María García.jpg|250px|right|Manuscrito|link=]]&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
* Esc. C-III-3. fols. 252r - 264r.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[[Contexto material del manuscrito de El Escorial, MS c-III-3]]&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
== Criterios de edición ==&lt;br /&gt;
Al tratarse de un testimonio único se ha optado por emplear unos criterios de edición conservadores. &lt;br /&gt;
Se puntúa y acentúa siguiendo las normas establecidas por la RAE.&lt;br /&gt;
Se conserva la -l- geminada en humilldad y la s líquida en Spíritu Sancto, así como la alternancia entre v y b en su valor consonántico; también se mantiene la h- aunque sea anti-etimológica en hedad.&lt;br /&gt;
Se han respetado los latinismos como oratión. &lt;br /&gt;
Se han repuesto vocablos o grafías con corchetes ([ ]) cuando resultaba patente que no aparecían por un descuido del copista (en caso de duda, se ha respetado su ausencia).&lt;br /&gt;
Se conserva dello, desto, pero se separa mediante apóstrofe cuando la forma aglutinada incluye un pronombre personal: d’él.&lt;br /&gt;
Se ha conservado el uso de qu por cu (qual) y la grafía de la nasal n antes de la bilabial (grupos -np- y -nb-: honbre). &lt;br /&gt;
En cuanto al grupo de sibilantes, se mantiene ç ante a, o, y también ante e, i. Se respetan, también, los grafemas z, s/ss ante las distintas vocales. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
== Vida de María García ==&lt;br /&gt;
[fol. 252r] Aquí comienza la vida e ystoria de la bienaventurada y loable memoria doña Mari Garçía, virgen consagrada a Dios, fundadora del monesterio y casa de las beatas llamadas de doña Mari Garçía que es en la çibdad de Toledo &#039;&#039;[1]&#039;&#039;, la qual se trasladó del latín en romanze en el año del Señor de mill y quatrocientos y ochenta y siete años.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
=== Prólogo ===&lt;br /&gt;
Ansí como Dios es maravilloso con sus santos, el qual no en vano hizo todos los hijos de los honbres, ansí nunca olvidó la su Santa Yglesia, dende el justo Abel, ni agora la olvida ni desanpara, hasta en fin del mundo. La qual en los antiguos tienpos, que fueron debajo de la Lei de Natura y de Escritura, nunca de todo en todo estuvo huérfana de santos y de varones y henbras fieles, en los quales, la fe, y caridad y esperanza resplandeçieron; y en los quales, toda relixión y perfetión de vida después de su muerte, por que no pereçiese, fuese conservada; e a los quales, el Evangelio y divino dinero, non sin causa, fuesse prometido, y en nuestra hedad, que es debajo de la Lei de Gracia, aiuntadas las cosas altas a las [fol. 252v] bajas, después que el humanal linaje dejó el honbre viejo, venido el nuevo honbre: conviene saber, Jesucristo, nuestro medianero, Dios encarnado, después que recibió la Passión, después de su poderosa Resurretión y gloriosa Açensión. De quántas maneras de santos, ansí honbres como mugeres, su santa gloria Dios todopoderoso aya guarnecido, dotado y hermoseado, aunque la voluntad quiera y desee dezir, pero la lengua no lo puede recontar ella misma, en sí sola la conoçe, desto non dubdamos, los gloriossos Apóstoles de Jesucristo, quia predicatión salió en toda la tierra, ser sus primeros fundadores. Los quales, después que reçibieron el Espíritu Santo, quanto más crueles, rebeldes y apartados del conocimiento de Dios hallaron a los pueblos y gentes, tanto más las amansaron, domaron y trajeron a su conocimiento. Quién podrá contar los mártires vençedores y esforçados por virtud divina que maravillosamente defendieron la su Santa Iglesia. Los quales, por la alinpiar de las espinas, lavaron sus vestiduras en la sangre del cordero; sufriendo por Jesucristo lo que Él sufrió por ellos, no dubdaron dar su cuerpo a la passión. Los santíssimos confesores sustentaron la Santa Yglesia [fol. 253r] y, ensanchándola por edificio espiritual, por dotrina y exenplo, regaron los coraçones de los fieles de rocío celestial. A los quales, enbiando el Señor como obreros en su miel, adornó y dotó de muchos bienes de su graçia, y quiriéndoles probar por diversos trabajos, a uno dio maior fortaleza que a otro, cuios cuerpos, y si la grandeza del martirio o la espada material no atormentó, pero ellos, vibiendo a Jesucristo por continua abstinencia, domando saludablemente las cobdicias de la carne, a sí mesmos crucificaron. Úyense las santas donzellas adornantes aquesta iglesia con su clara virginidad, las quales conociendo el Señor ser de natura flaca, con largueza de su graçia las dio sfuerço, por que el Enemigo, fallándolas ynflamadas en el amor divino, no pudiese vencerlas con sus artes engañosas. De aquestas, algunas, que el Señor para esto guardó, fueron por sus nonbre y por la honrra de su fe martirizadas, las quales juntamente de doble vencimiento fueron laureadas y coronadas porque, no sabiendo la cama material, al solo Esposo de virginidad, que es Jesucristo Nuestro Salvador, se allegaron y en el tormento del martirio, burlando de sus atormentadores, [fol 253v] fueron vençedoras, por lo qual resplandeçen por aureola de virgininad, ansí como lirios y rosas por pena de la persecutión. En el aiuntamiento y conpanía de aquestas, piadosamente creemos ser colocada y asentada en gloria perdurable nuestra amiga, nuestra conpanera, nuestra cibdadana de Toledo, a la qual, Nuestro Señor, en nuestros tienpos, en los quales la maldad abunda y la caridad se enfría, quiso en ejenplo de vida y virtudes dar a su Santa Yglesia, cuia loable vida, cuia honestidad de buenas costunbres, cuia santa conversatión, cuio menospreçio, aspereza de vida a honrra de Dios, y para despertar las voluntades de los justos y conpunjir y reprehender las culpas de los negligentes, aiudándonos la gracia divina, queremos brevemente escrevir. Y porque es esta virgen y hermosa, rogemos muy humildemente a la Reina de las Vírgines que nos gane graçia de contar y dezir de su vida y loable conversaçión.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
=== Capítulo primero ===&lt;br /&gt;
Fue en los días del rei don Pedro el Cruel, rei de Castilla, de memoria bienaventurada, un cavallero claro por linaje y claro por virtudes, llamado Diego Garçía de Toledo. Este tenía una mujer que era de noble [fol 254r] linaje ansí como él, cunplida de virtudes y de toda honestidad. Anbos eran justos delante de Dios, andando en sus carreras y cunpliendo sus mandamientos. Ella se llamava doña Costanza, hija de Fernán Gómez, padre del reverendíssimo don Álvaro, arçobispo de Toledo, cuia hermana era de un vientre la dicha doña Costança. A estos dio Dios, entre otros hijos e hijas, una hija mui graciosa, cunplida de toda hermosura, a la qual pusieron por nombre María, y el sobrenombre del padre, conviene a saber doña Mari Garçía. A la qual, los padres, ansí como la dézima parte de sus bienes, prometieron al Señor de toda voluntad. Este voto, quando ella fue de hedad de discreçión, no ansí como desobediente despreçió ni desechó con poco coraçón, mas antes, conforme con los padres, lo confirmó. Y encendida en el amor del Señor, luego por obra lo cunplió de su propia voluntad y de su libre alvedrío, sin consejo de alguno, mas inspirada de don y graçia divina, toda se ofreció al Señor. ¡Convenible cosa era que tal sarmiento naciese de tal vid!&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Tal fue aquesta virtuosa doncella, que, movida por el consejo del profeta, dende su niñez todo su pensamiento puso i fincó en el Señor, ansí como lo declara la orden de su vida maravillosa, la qual, aunque [fol. 254v] niña y de mui tierna hedad, huía la conpañía de los que en casa del padre eran. Y olvidando y dejando los juegos y cosas a que la tal hedad se suele dar, apartávase en lugar secreto a ofrecer oratión pura y linpia al Señor. Nunca oiera el santo Evangelio y ia deseava hazer tesoro en el Çielo. Era pobrecilla de voluntad y parecía que tenía no pequeño cuidado de los pobres: las migajas que caían de la mesa de su padre, y los pedazos que sobraban y quedavan de su comer, y todo lo que podía aber con deligençia guardava y ascondidamente procurava de dar a los pobres.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
=== Capítulo segundo ===&lt;br /&gt;
Creçiendo ya en edad, desechando todos los deseos y obras de moza, pensaba de día y de noche cómo, a ejenplo de San Juan Baptista, podría conservar y guardar enteramente su vida sin mancillar; y deçía al Señor: «Demuéstrame, Señor, las tres carreras y enderéçame, Señor, según verdad». Y ansí como virgen prudente i sabia, como fuese ya de doze años, no ensobervezida por la ponpa del linaje, no atraída por vanas amonestaciones de los honbres lisonjeros, no mirando los faustos abundantes del padre, despreçió todos los deseos dañosos del mundo, y renunciando de ese aiuntar a esposo carnal, olvidando la casa del padre, deseó [fol. 255r] solamente la hermosura del Esposo Celestial. Y por que más cauta, más libre y más diligentemente pudiese cunplir su deseo y el negocio espiritual, non curando de la murmuración de las gentes, apartose a un monesterio de monjas de santa conversatión llamado San Pedro de las Dueñas, do era priora una su hermana que mucho la amava. Allí supo y aprendió en poco tienpo el canto y las otras cosas y observancias de la relixión. Creciendo su fama por toda la provincia y sabida su vida y costumbres, por toda parte procuraban y deseavan las monjas de Santa Clara, que son en el monasterio de Tordesillas, que aí tomase su hábito. Esperaban de la elejir por su maior si aí hiziese professión, pero ella, acordándose de lo que Nuestro Señor en el Evangelio dize, por no ser vista de los honbres y no recebir delante dellos el galardón de sus buenas obras y Él por ellas le diese galardón, no huió por pequeñez de coraçón la honrra, mas por verdadera humildad.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
=== Capítulo terçero ===&lt;br /&gt;
Después que aquesta santa virgen fue, como diximos, dotrinada y enseñada de su hermana en las cosas divinales y en la carrera del Señor, demandó liçençia y bendiçión en su hermana, la qual, con dificultad, pero de voluntad, la dio. [fol.255v] Y ansí abida licençia, no como quien torna atrás, mas por voluntad de Dios, tornose a casa del padre. Nunca aún tomara hábito ni velo de religión, y estando en la casa del padre, ençendida por el fuego del amor divinal, codiciando remediar y seguir a Jesucristo, su Esposo, según su flaqueza, negando a sí mesma, se dio con toda voluntad al menospreçio del mundo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Frecuentava andar por las calles de puerta en puerta pidiendo limosna para los encarcelados. Traía en los honbros unas alforjas en que echava los pedazos del pan que en limosna le daban. Tenía por conpanera la santa virgen en su santo propósito a una venerable matrona biuda que se llamaba doña Maior Gómez. Este tan piadoso oficio hazíase contra la voluntad de su padre y hermanos, que deçían ser deshonrados y avergonzados públicamente por el menospreçio de la hija y hermana. Conosçiendo enpero el padre que, por miedo ni por amenazas, por amor ni promesas de bienes tenporales, no quería ni podía ser apartada de su santa intención, diole lugar y no procuró más de apartarla de este santo camino.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Andan entramas la vieja y su aia y la virgen tierna por toda la cibdad de casa en casa; como pobres y peregrinas, vienen entre los dos coros de la iglesia maior, y allí, delante de todo el clero y pueblo, piden por amor de Dios [fol. 256r] limosna. Mucho se maravillan todos y dizen: «No avemos visto alguna que sea semejante a esta entre todas las henbras de aquesta çibdad»; y desde allí iban a casa del padre por reçebir alguna limosna. Y viéndola su padre traer alforjas en los onbros, avían plazer y reíanse. Y ansí como buenos y católicos padres, alçando las manos al çielo, daban graçias al Señor porque les avían dado tal hija; y decían los mançebos y las vírgenes, los viejos y los mozos: «Alaben al Señor, el qual haze maravillas». Y ella conoçiendo dellos aquesto, luego se derribaba a sus pies, besava sus manos dándoles no pocas gracias porque avían plazer de la vida que escojiera.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Acaeçió un día que la dicha matrona biuda y la bendita virgen, continuando su santa obra, andando a demandar por las calles, encontraron con su padre y con el arçobispo, su tío, que hera hermano de su madre, aconpañado de muchos cavalleros nobles. Y como el arçobispo la viese ansí mendigar y la conoçiese, reprehendió a su cuñado porque consentía andar ansí despreçiada a su sobrina, y díxole: «O varón, como seas prudente, ¿por qué consientes a moza tan pequeña, tan hermosa y generosa andar ansí tan despreciada?, ¿por qué tienes tu hija ansí aboreçida?, ¿por qué no la casas con otro su igual?». Al qual [fol 256v] respondió el noble cavallero benignamente: «¿Qué esposo puedo yo dar a mi hija más generoso y más rico que Jesucristo, hijo de Dios bivo? Dejémosla, tomó para sí la mejor parte».&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
=== Capítulo quarto ===&lt;br /&gt;
Después de aquesto, como el dicho rei don Pedro el Cruel, entre otras cosas ynjustas que hazía, persiguiese a donzellas y mugeres nobles y de qualquier estado que fuesen, aquesta honestísima virgen, con otras muchas que se trabajaban de absconder de la cara del muy cruel rei, huyeron a la villa de Talavera, cuio dominio tenía entonces su padre, don Diego García de Toledo. Y aun aí no las dejava estar seguras el temor del cruel rei, mas fue causa que dende se fuesen. Dízese que muchas dellas, por guardar su honestidad, rescibieron muchos daños, ynjurias y persecuciones. Y viendo esto nuestra discretísima virgen y aquella dueña a quien seguía, dubdavan llamando al Señor qué harían, mas Dios, que está açerca de los que le llaman con verdadero coraçón, oídas sus peticiones, endereçó sus coraçones dándoles por guiador el su ángel bueno que viniesen a un pago que se llama aora la Sisla. En el qual lugar hizieron una pequeña morada adonde estuvieron algunos días [fol. 257r] sirviendo al Señor de noche y de día con aiunos y abstinencias, orationes y otros exerciçios honestos y santos y de gran humildad. Y aún entonces no era edificado en aquel lugar un monesterio del bienaventurado San Xerónimo que agora se llama Santa María de la Sisla. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En este tienpo plugo al Señor que çesase la cruel tenpestad por muerte del rei cruel para proveer al miedo de aquestas santas mujeres, las quales con deseo entrañal y continuo pensaban dónde con maior provecho y sin inpedimento pudiesen cunplir mejor su voto a honrra y gloria de Dios. Y alumbradas por el Spíritu Santo, dejaron la solidunbre en que estavan.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En aquel tienpo avía en la çibdad una congregación de mujeres devotas que estavan en la perrocha de San Román, el cuidado y administración de las quales tenía una religiosa persona que avía nonbre doña María de Soria. Y como oiese esta santíssima virgen la fama tan loable e santa de aquestas religiosas dueñas ser sin ninguna reprehensión, la su loable vida cobdiciando obedesçer y ser instruida mucho más en la vida religiosa y ser juntamente regida de la dicha religiosa persona, metiose debajo de su mano para hazer su voluntad en todas las cosas, la qual las reçibió mucho de voluntad, y con gran alegría. Y allí tomó el hábito relixioso según las otras lo traían y después que plugo al Señor [fol. 257v] que aquella noble dueña, doña María de Soria, y el padre y la madre de aquesta virgen loable pasasen de aquesta vida presente, cobdiciava esta santa virgen dexar más perfectamente el mundo, el qual le era ya mucho aboresçible. Y pensando en su coraçón qué haría, decía con toda voluntad aquel verso del salterio: «Tú, Señor, eres bueno; enséñame tus justificaciones». Y luego vendió la parte en que la madre la dejó heredera, y del preçio mercó luego una casa con muchas anchuras en la perroquia de San Lorenço, para que allí en el claustro pudiese su coraçón holgar a Dios.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Finalmente dejaron la otra casa y encerráronse allí, ella y aquella dueña ya dicha. Sabido y divulgado aquesto por toda la çibdad, una honrrada dueña, que se llamava Teresa Vázquez, con otras siete mujeres continentes de mui santa fama, entraron en aquella casa, por que juntas a tan devota conpanía hiziese a Dios un santo colegio a Él mui apacible y a las gentes loable. Las quales, como esta señora de quien dezimos viese ser de tan profunda humildad, y que con aquel despreçio tan maravilloso del mundo con todo coraçón y con entera voluntad se sometían a la pobreza no recusando ningún trabajo, mas con todas sus fuerzas trabajavan por seg[u]ir a su Redentor Jesús, y mirando con tan grande diligençia cómo estavan enbevidas en Dios, amávalas con entrañas llenas de caridad sin ninguna conparaçión y deçía con el psalmista: «Load [fol. 258r] a Dios todas las gentes, porque a confirmado sobre nós su misericordia». Y tornándose al Señor, dezía con fervor de coraçón: «Plégate, Señor, de nos dar graçia que cantemos las tus justicias en este lugar de nuestra peregrinación. Huélgase, Señor, el mi coraçón en ti, porque las flacas están ceñidas de fortaleza». Y en tanto creció la fama de aquesta congregación gloriossa, que en breve tienpo fue aiuntada gran muchedumbre de mugeres religiosas, las quales con coraçón y voluntad tomaron hábito blanco en señal de virginidad y continençia para servir al Señor según la orden del bienaventurado nuestro padre San Xerónimo. Y eligieron todas entonzes de una voluntad por su prelada y religiossa a la dicha señora doña Mari Garçía, la qual contra su voluntad lo açeptó cobdiçiando ser más súbdita que regir.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
=== Capítulo quinto ===&lt;br /&gt;
Era en aquel tienpo un cavallero noble, secretario y capitán mui amado del rei don Pedro el Cruel, el qual era sinple y recto y temeroso de Dios, el qual se llamava don Pedro Fernández. Y como este noble cavallero pensase con el clareçido coraçón cómo avía gastado sus días en la ceg[u]edad del mundo sin ningún serviçio de Dios, con deseo de hazer penitencia y aber [fol. 258v] dolor de sus pecados y guardarse de no ofender más a Dios, negó a sí mesmo según el consejo de Nuestro Señor Jesucristo con toda la casa real, tomando hábito de religión. El qual, con divinal aiuda, fue a Roma y alcanzó liçençia del Padre Santo que pudiese edificar en la provinçia de Toledo un monesterio de la orden del bienaventurado padre San Xerónimo. Y buelto con la liçençia, hedificó el monesterio ya dicho de sus propias faqultades, con aiuda desta señora, la qual no solamente hizo muchas espensas en el edificio material, mas aun dio preciosos hornamentos y joias para el culto divino, con las cuales adornó y ennobleçió el sagrario y sacristía, onde somos ciertos que dio una arqueta pequeña en que se encierra el cuerpo del Señor.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
=== Capítulo sexto ===&lt;br /&gt;
Acabado aquel maravilloso hedifiçio, en breve fue la casa llena de frailes. Viendo esto las siervas de Dios, juntamente con ellos tomaron por padre al bienaventurado nuestro padre San Xerónimo, para que con su tela y anparo, olvidadas las fuerças flacas, por sus merecimientos serviesen varonilmente en el serviçio del Señor: toman el hábito, regla y costumbres de la dicha orden, sométense a los prelados de aquel monesterio, prometen obediençia, demandan que sean regidas dellos, ¡o virtud de maravillosa obediençia!, ¡sola [fol. 259r] digna de ser loada! Quisieron más sujetas obedecer, que esentas y libres errar; esto es verdaderamente negarse a sí mesmo: quando el honbre deja su querer y se dispone para obedezer. Y cobdiciando esta señora de no comer sin trabajar en el serviçio de Dios, alcanzó liçençia del papa que tuviesen aquella misma horden en rezar las horas divinas que los dichos religiosos. Y viendo aqueste santo varón ya dicho, que era prior en el dicho monesterio, la vida de aquesta santa muger ser tan apaçible a Dios, amávala con verdadera caridad, rogando al Señor por su justificatión y cunplimiento devoto y guarda religiosa de aquella santa congregaçión que hasta la fin durase en toda santidad y religión. Otro tanto rogava ella por él: eran estas personas dignas de todo loor en el entrañal amor, que pareçían otro San Francisco y otra Santa Clara, otro San Xerónimo y otra Santa Paula y Eustoquio; eran d’Él consoladas, y disciplinadas, y amonestadas con gran dulcedumbre de caridad en toda perfectión y castidad.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Después de mucho tienpo que les duró esta santa conversaçión con toda honestidad y religión, plugo a la Divina Bondad recebir la penitençia digna y dar fin a ella y a los trabajos deste santo varón, llevándose donde recibiese el galardón del trabajo [fol. 259v] que avía recebido en plantar aquella biña del Señor, la qual labrava con el arado de la religión para que, después que la oviese podado con santas amonestaciones, mereciese aver della el fruto que esperava, que es el Çielo. Y si acaso algunas vezes alabavan a esta señora algunos çibdadanos de su honestidad y abstinençia o de otras obras virtuosas, dezía ella: «No es de algún valor lo que yo hago; mis hermanas lo hacen por alunbramiento del Espíritu Santo». Y viendo esta santa mujer que en las enfermedades la estavan sirviendo las hermanas, deçía sin toda dobleza, pensando ella en su coraçón ser indigna de aquel serviçio: «¿Dónde vino a mí tanto bien? ¡O, qué más hermosas donzellas pudiera yo tener en el siglo que ansí cercasen mi cama, las quales veo ser mucho más sufiçientes que io para esta administraçión, por hermosura de virtudes delante de Dios!».&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y como esta santa muger viese adornadas las mujeres del siglo de contraria hermosura con diversidad de adornados trajes, y que las caras hechas a semejanza del Criador estavan cubiertas con diversos ungüentos y afeites, por artifiçio digno de condenaçión, quiriéndolas reprehender, dezíales con palabras dulzes: «Mirad que ofendéis mucho al Señor y que si más con coraçón endureçido [fol. 260r] usáis de esta apostura, que ansí como personas que con deliberación pecan en el Spíritu Santo, yrán a la damnaçión perdurable, que aún el tal pecado no se quita ligeramente por la penitençia». Todo género de timiama o de qualquier espeçie odorífera ansí lo aborreçía y huía como si fuera un pozoñoso veneno. Dezía ella a las que usavan destas cosas odoríferas: «No conviene que la carne que está aparejada para ser mañana queva de gusanos, llena de toda miseria, aia alguna delectaçión». Nunca consentía su ánima ser ensuciada en jactancia, aunque fuese alabada de la prelaçía, o de la dignidad de los parientes, o de la hermosura del cuerpo, o de la honestidad de las costumbres, o de qualquier obra de perfeçión que en ella era; y si alguno por honrrarla le dezía “Vuestra Merced”, “Reverencia”, o otras palabras semejantes, dezía: «¿Dónde yo, un tan mezquino gusano en menospreçio, soi dicha tener merçed, como a Dios sea la honrra y gloria para sienpre?». ¿Qué podré yo dezir de la perfeción de esta? Sino que tomó tan alto grado de humilldad y de sinpleza recta y temor del Señor quanto la humana natura pudo consentir estar alguno de los mortales. Si líçito es dezir, puede bien tenella la Iglesia como a otro Job, y como ya la luenga hedad la agraviase mucho, aviendo pasado ya ochenta años de su vida con mucho fruto, con la gran vejez tenía perdido los sentidos exteriores en parte, [fol. 260v] mas con este inpedimento sienpre crecía más en los sentidos ynteriores y tenía más y maiores fuerças espirituales. Y como ansí ynpedida no pudiese oír el relox, mandava que pusiesen dentro en la celda un gallo que la despertase a la medianoche para ir a maitines; nunca o apenas fue hallado ningún día que casi desde su niñez no se levantase a la medianoche a alabar al Señor, aunque tuviese enfermedad de grande trabajo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
===Capítulo séptimo===&lt;br /&gt;
Pasado este tienpo con tanto fructo que la piedad divinal dar quiso a su pelea y su inmensa bondad y justicia, quiso dar el galardón a esta su sierva, que corrió sin tardanza por la carrera. Y llegada al postrimero día, pensaba la quenta que avía de dar de aquella maiordomía. Y ansí como ella en la vida avía instruido a sus hijas en el serviçio divinal, ansí quiso consolar y esforçallas en el postrimero día de su vida a exenplo de nuestro padre San Xerónimo, amonestándoles con toda afectión que no tornasen atrás ni desfalleçiesen en aquel camino espiritual, mas perseverando viniesen a la fin con vencimiento de la pelea para que pudiesen gustar y gozar de la bienaventurança perdurable, para lo qual es necesario que con toda humilldad y menospreçio y mortificatión perseveren. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Avía entonzes en el claustro veinte y cinco [fol. 261r] beatas, las quales ella todas mandó llamar con gran alegría, siguiendo el exenplo de nuestro padre San Xerónimo. Y de que fueron todas llamadas, abraçolas y dioles paz diçiendo: «Amadas hijas, acordaos cómo, no por nuestros merecimientos, mas por su sola misericordia y bondad aparta el Señor a nós, para sus siervas, de las tinieblas del siglo y nos trujo a esta esclarecida solidunbre, adonde vos ruego que no seáis de poco corazón fingiendo vos ser flacas para perseverar en la religión; oíd, no a mí, sino a Vuestro Maestro, que dize: “Mi jugo es suave y la mi carga liviana”. Oíd otra vez que dize: “El que pone la mano al arado y torna atrás no es capaz de el Reino de los Çielos”». Y dichas estas cosas y otras de grande edificaçión, llamó a cada una particularmente y amonestávala con aquel deseo que según su calidad y manera le era menester. Ca como ella desde sus primeros comienzos las ubiese instruýdo en las doctrinas santas, conoçía el corazón de cada una tan perfectamente que por verisímiles conjeturas, antes de su muerte, dijo a algunas dellas lo que les avía de acaezer acerca de la perfectión en las virtudes o si avían de errar en los viçios y en otras semejables cosas, casi por espíritu de profeçía. Después de esto, encomendó a todas dos [fol. 261v] cosas: y es que guardasen en sí un mandamiento y un consejo. El mandamiento, que se amasen unas a otras y que con toda caridad cada una sufriese soportando la carga de la otra por que pudiesen estar en paz y en concordia; el consejo, que estuviesen sienpre en el claustro guardando mucho silençio, ni quisiesen ser vistas por las calles, y huyesen mucho de comunicar con los seglares, porque guardando estas dos cosas se apartasen del lazo del Enemigo, que busca de contino a quien trag[u]e.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y oiendo estas cosas y otras muchas, aquellas devotísimas hermanas no se podían abstener de no llorar porque, aunque era cosa razonable que ubiesen plazer de la subida de su madre al Çielo, piadosamente lloraban viendo ser desanparadas de tal madre. Y viéndolas ella llorar, comovida a conpassión dezía: «No queráis más llorar en vano, pues el Señor puso término a mis días, los quales no puedo pasar mas conformada con su voluntad. No creades que io os dejo, porque a Él plazerá de vos tomar en su anparo y guarda si os apartáis del mal y le servís con toda virtuosa obra y cunplida bondad». Y diziendo: «Quede el Señor con vos», demandó la unçión, y después que la recibió en esa hora, estando meneando los labios con oraçión al Señor sin esprimir lo que deçía, deçen-[fol. 262r] dió un raio de claridad sobre su cara, viéndola algunas de las que estavan presentes, y ella avía gran plazer de lo que con sus ojos veía, y alçando las manos en alto, puestos los dedos en señal de cruz, durmió en el Señor. A diez días de enero año de mill y quatrocientos y veinte y seis años.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
===Capítulo octavo===&lt;br /&gt;
&#039;&#039;[2]&#039;&#039;&lt;br /&gt;
Luego que espiró, fue llevado secretamente su cuerpo al dicho monesterio de Nuestra Señora de la Sisla y sepultado con grande honra cerca del altar maior, y esto fue hecho porque se esperava gran disensión entre los çibdadanos sobre el enterramiento del cuerpo y ansí fuera inpedido de llevar al dicho monesterio donde ella, quiriendo aun en su muerte huir la vanagloria, se mandó enterrar; que pudiera çierto ser sepultada dignamente y con grande reverençia en la iglesia maior de la dicha çibdad, açerca de su tío, el arçobispo don Álvaro.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y para más loar s[u] esclarecida vida, podríamos contar algunas senales y dezir algunos miragros que parecieron en su muerte y fueron hechos por el tanimiento de su cuerpo, lo qual piadosamente creemos, pues personas [fol. 262v] relixiosas y dignas de toda fe, sin ninguna adulación dan testimonio dello, mas pues que hasta aquí esta santa Yglesia lo calla, somos por necesidad constrenidos a callar; una cosa sabemos de çierto que nos constrine a hablar, que fue su voluntad en la lei del Señor, pensando de día y de noche, en cuia boca no fue hallado engaño. Y por esto creemos firmemente que no recibió en vano su ánima, que fueron aquestas senales y miragros manifiestos a todos en la su historia que tiene el vulgo. Cosa digna fue y no de maravillar, amadas hermanas, que la cibdad real donde descendió la Reina de los Ángeles con tan gran muchedumbre de coros de vírgenes quedase con el fruto de aquesta virgen, que con santidad de vida entre las otras vírgenes la pudiese seguir y alabar. Y si queréis vos, sus hijas, alcanzar a loar a la Madre de Dios con aquellos espíritus bienaventurados con entrañas llenas de caridad, vos amonesto y con grande amor espiritual vos ruego que sigáis las pisadas de la madre y guardéis su dotrina y os acordéis de sus amonestaciones y sienpre la tengáis delante de buestros ojos por singular exenplo, examinando con diligençia lo que ya avéis oído y otras cosas que no basta mi lengua para recontar.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
¡Quán [fol. 263r] suave fue su mansedunbre y quán marabillosa su honestidad y linpieza! Considerad su profunda humildad y quál fue su sinple prudentia llena de todo temor de Dios. Por las quales mereció Dios, siendo en su aiuda, venzer a los enemigos en tan grandes peleas con gran vitoria. Sobre todo, vos amonesto que, perseverantes en la santa religión, conviene que paséis por fuego y agua; conviene saber: por adversidades y tentaciones, por las quales, mereciendo ser dignas de la gloria, haziendo todas las cosas perfetamente, digáis aquello que el Salvador nos amonesta por San Lucas, a los diez y siete capítulos, diçiendo: «Quando hiziéredes todas las cosas que vos son mandadas, dezid: “¿Siervas somos sin provecho. Solamente hicimos lo que devíamos”», en tal manera que los bienes que con el aiuda y inspiratión del Spíritu Santo fazéis, no los perdáis delante de Dios por el loor de los honbres o con presunçión dañosa de dentro del corazón los hagáis sin provecho. De lo qual oíd aquella semejança del Salvador de las diez vírgenes, çinco prudentes y çinco locas, de las quales dize San Gregorio: «Todas se llaman vírgines, mas no todas son reçebidas dentro de la puerta en [fol. 263v] la bienaventurança, porque, como faltase el açeite a las vírgines sin seso, fueron a conprarlo; conviene saber, yendo a buscar el testimonio de sus buenas obras delante los honbres recibieron su galardón. Vino el Esposo y las que estavan aparejadas entraron con él a las bodas». De lo segundo, oíd lo que el apóstol las dize: «Pienso, hermanas, que no son dignas las pasiones deste mundo para alcanzar la gloria que esperamos, y otra vez el galardón del pecado es muerte, el de la graçia es vida para siempre, la qual a mí y a vos quiera de Jesucristo, Hijo de Dios, el qual sufrió por nós pasión, que con el Padre y Espíritu Santo vibe y reina, un Dios para sienpre jamás. Amén».&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
===Responso===&lt;br /&gt;
Madre nuestra mui hermosa, que menospreciaste todas las cosas prósperas del siglo y por no ensuçiar tu vida dejaste el mundo asconjiendo a solo Jesucristo, dístenos camino siguiendo a Nuestro Maestro. Abnegando a ti misma, venciste al Enemigo. Presa: Agora gozando de santa gloria ruega por nós, desterradas, por que después desta batalla seamos aiuntadas a la çibdad soberana. Verso: ¡O bienaventurada [fol.264r] virginidad que excede todas las virtudes, que pasando por fuego y agua es llevada a la gloria que jamás le será quitada! Pressa: Agora. Verso: Gloria sea al Padre y al Hijo y al Spíritu Santo. Responso: Madre nuestra. Verso: A esta escogió Dios así en sierva. Respuesta: Por que diese a nós flacas fuerzas. Oratión: Dios todopoderoso, que, con la grandeza de tu bondad, tu Santa Yglesia hordenas y rijes, y en nuestros tienpos para exenplo y fortaleza de la flaqueza femínea quisiste escoger a nuestra cibdadana Mari Garçía, virgen, para que fuese del cuento de las escogidas, devotamente  te suplicamos oigas nuestras orationes y gemidos, y benignamente recibas la flaqueza de nuestros pequeños serviçios, y por los piadosos ruegos de aquesta santa madre y patrona nuestra piadosamente nos otorges que sienpre encedidas en tu santo amor, fijas para sienpre, permanezcamos en tu santo temor por que en el postrimero juicio al juez recibamos con lánparas adornadas de santas obras y nos lleve consigo a las bodas çelestiales el verdadero Esposo de las vírgines, Jesucristo tu Hijo, Nuestro Señor, el qual contigo y con el Spíritu Santo vibe y reina un Dios para sienpre jamás. Amén.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Finis: Fray Bonifacio de Chinchón &#039;&#039;[3]&#039;&#039;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
=== Notas ===&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&#039;&#039;[1]&#039;&#039; Apostilla marginal: «que ahora se llama de San Pablo».&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&#039;&#039;[2]&#039;&#039; Tachado: dézimo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&#039;&#039;[3]&#039;&#039; Rubrica&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
= Vida manuscrita (2)=&lt;br /&gt;
Ed. de [http://visionarias.es/equipo/celia-redondo-blasco/ Celia Redondo Blasco] y María Morrás; fecha de edición: abril de 2017.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
== Fuente ==&lt;br /&gt;
[[Archivo:II María García.jpg|250px|right|Manuscrito|link=]]&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
* [http://catalogodesantasvivas.visionarias.es/index.php/Categor%C3%ADa:Juan_de_la_Cruz Cruz, Juan de la], 1591. &#039;&#039;Historia de la Orden de S. Hierónimo, Doctor de la Yglesia, y de su fundaçión en los Reynos de España&#039;&#039;. Esc. &amp;amp;-II-19 fols. 208v- 217r.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[[Contexto material del manuscrito de El Escorial, MS &amp;amp;-II-19]]&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
== Criterios de edición ==&lt;br /&gt;
Dado que se trata de una copia manuscrita que no puede ser muy posterior al autógrafo, los criterios de edición son conservadores.&lt;br /&gt;
La lengua del texto refleja bien las características fonéticas y gráficas propias del siglo XVI, sin que se hayan podido observar rasgos dialectales, pues el vocalismo en formas como  monesterio y desgusto son muy habituales.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Se mantienen los grupos cultos, que podrían ser reflejo de la obra latina que dice haber consultado el autor, o simplemente mostrar el uso eclesiástico: &lt;br /&gt;
s líquida en Spirito Sancto y en el latinismo specie &lt;br /&gt;
formas cultas como –mpt- en Redemptor, th en thesoro (y Theressa), ph en propheta, -gm- en augmento&lt;br /&gt;
-l-  geminada en collegio, bulla&lt;br /&gt;
Otros grupos dobles: successo, -ct- (sanct y sus derivados)&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Sibilantes:&lt;br /&gt;
La oscilación entre –ss- y –s- intervocálica cuando etimológicamente es sorda o procede de un grupo –ss- en latín es mínima. En general, escribe correctamente los vocablos  (necessitad, promessa) o las formas latinas que con –ss- (superlativos: honestíssima, religiosíssima; formas verbales de subjuntivo (fuessen, entendiesse, diesse, etc.) o por razones etimológicas (essos). Sin embargo, también se encuentran formas simples intervocálicas (deseos, mereçiesen, perseverases, moviesen, guardasen). Sin embargo, en general parece distinguir entre la sorda /s/ y la sonora /z/, como indica la hipercorrección Theressa, por lo que se mantiene la grafía original.&lt;br /&gt;
Las fricativas en cambio indican confusión entre sonoras y sordas (doncella/donçella en lugar de donzella, etc.), pero se mantiene la forma original por su interés lingüístico.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Se mantiene el uso de la y en los diptongos decrecientes (oýd, caýda, cuydado, etc.), así como la oscilación entre v/b. Se conserva la –ll en humilldad y humillde porque parece que el copista (y quizá el autor) lo consideran grupo culto; también se mantiene la h- aunque sea anti-etimológica en  hedeficio y hedad.&lt;br /&gt;
Se conserva dello, desto, etc., pero se separa mediante apóstrofe cuando la forma aglutinada incluye un pronombre personal: d’él.&lt;br /&gt;
Se regularizan alternancias gráficas sin valor fonético:&lt;br /&gt;
i/j&lt;br /&gt;
u/v.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
La puntuación y la capitalización han sido modernizadas, si bien se mantiene el uso del paréntesis para indicar observaciones digresivas según el original.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
== Vida de María García ==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
=== Capítulo veynte y quatro ===&lt;br /&gt;
&#039;&#039;&#039;De cómo se fundó el monesterio de religiossas de sanct Pablo de Toledo por doña María Garçía, y del fervor después que tuvo esta sancta muger desde su tierna hedad, y en las buenas obras que se ocupó con gran menosprecio de sí misma&#039;&#039;&#039;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En una escriptura bien antigua escripta en latín se halla la fundación del monesterio de sanct Pablo de Toledo y de su fundadora doña María Garçía, que después de muchos años que en él vivió con muchas siervas de Dios que tuvo en su compañía acabó sus trabajos en este que se va prosiguiendo &#039;&#039;[1]&#039;&#039; de mill y quatroçientos y sesenta y cuatro. Y es digna cosa que se ponga en este principio y fundaçión del monesterio de Sanct Pablo de Toledo, para que se sepa la vida maravillossa de esta sierva de Dios doña María Garçía, y vea y entienda, que en tiempo que tanto se olvida la charidad y abunda la maldad, quiso Nuestro Señor despertar esta su sierva fiel, cuya vida honesta, llena de buenas y sanctas costumbres, y del menospreçio del mundo y de lo que él promete y representa, se escrive aquí, juntamente con la fundación. Y será con la brevedad que dieren lugar las muchas y muy notables cosas que ay que dezir aprovechándome en parte de la dicha escriptura y de otros lugares que harán a este propósito.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Pues en el tiempo que reynava en Castilla el rey don Pedro, fue un cavallero principal en linage y sangre que se dezía don Diego Garçía de Toledo, casado con Doña Constança, hija de Hernán Gómez y hermana del Arçobispo de Toledo, don Álvaro. A estos cavalleros, don Diego Garçía de Toledo y doña Constança, dio Nuestro Señor una hija, después de otros muchos que tenían, de particular hermosura y graçia, que sobremanera la querían, miravan y estimavan sus padres como singular benefiçio que Dios les avía querido hazer. Y en una voluntad (que la tenían en todas las cosas y eran justos delante de Dios) se la ofreçieron como décima parte de sus bienes, poniéndole nombre María [fol. 209r] y el sobrenombre de su padre, y ansí se llamó siempre doña María Garçía. Pusieron mucho cuydado sus padres en criarla y que se afiçionase al temor y amor de Dios y a las sanctas costumbres. Apenas sabía hablar (como dizen) quando se fue conoçiendo en ella el spíritu que Dios quería declarar en su favor porque en ninguna cosa pareçía niña, sino llena de discreçión, de la que el Spíritu Sancto pone en las almas donde reside. Quando tuvo alguna discreçión, no solo no menospreçió el voto y ofreçimiento que sus padres tenían hecho, mas ella, con gran voluntad le confirmó, abraçó y amó, y desde luego tuvo tanto fervor en el amor de Dios que se conoçió que más eran órdenes del Spíritu Sancto y graçia divinal que consejo de hombre humano. En esto seguía el del propheta, que desde su niñez endereçó sus pensamientos al Señor muy alto, y dello dio buen testimonio su vida maravillossa, que aún en aquella tierna hedad se apartava a los lugares secretos a hazer oraçión huyendo de los que la podían ver en casa de sus padres y de los juegos y cosas que en tal hedad se suelen exerçitar y entretener los niños. Era pobrezilla de voluntad, y aun no havía oýdo el Evangelio y deseaba ya hazer thesoro en el Çielo, teniendo gran cuydado de los pobres de Jesuchristo, recogiendo las migajas que caýan de la mesa de sus padres. Y los pedazos de pan que sobraban de su comer, con todo lo demás que podía haver y recoger, lo guardava y escondidamente lo dava a los pobres.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Quando llegó a la hedad creçida, y desechados los deseos de la moçedad, pensaba de día y de noche cómo podría, a exemplo de san Juan Baptista, conservar y guardar con toda entereza su vida y limpieza, y decía con el psalmista: “Muestrame Señor tus carreras y endereçame según tu voluntad”. Como era ya de doze años y no se aficionase a la vanidad del linage, ni a la abundancia y trages de la casa de sus padres y amonestaçiones de los lisongeros, pasó por todo ello como virgen prudente y sabia despreçiándolo, con todos los deseos dañosos del mundo, deseando solamente ser agradable al Esposo Çelestial. Para poner con más brevedad en exerçicio los propósitos y los deseos sanctos que tenía, olvidando la casa [fol. 209v] de sus padres se apartó a un monesterio de monjas que se dezía sanct Pedro de las Dueñas (que estaba adonde después hedificó el cardenal don Pero Gonçález de Mendoça el hospital insigne que dizen de la Cruz) y adonde era priora una hermana suya que la amava y quería como era razón. Recibiola con gran voluntad y en poco tiempo aprendió y supo el canto y las otras obediencias de la religión, para que aprovechase dello y servir a Dios, adonde le encaminase de tomar el asiento que avía de tener. Entendida por muchas partes su vida y costumbres, muchos monesterios de religiossas la deseaban tener en su compañía, y particularmente el de Sancta Clara, de la Villa de Tordesillas, que le ofreçieron que en pocos años sería su perlada si quisiese tomar allí el hábito y la professión, y le sería la vida de mucho contento y descanso. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Ninguna cosa le movía a la sierva de Dios, porque ni eran essos sus pensamientos ni havía entrado en su camino y deseo gana de querer y apeteçer de ser perlada, sino sierva humillde, y por esta humilldad lo menospreçiava todo y lo hollava y acoçeava todo, y no quería que los hombres la viessen sino en este menospreçio, ni reçibir dellos el galardón de sus obras, si algunas tuviese que fuessen buenas y aceptas a Nuestro Señor, y d´Él quería el premio y galardón, y entrar en su apartado cubículo a solas (como lo dize el Sancto Evangelio) para que solo Él la entendiesse y diesse la retribución conforme a los merecimientos. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Después que se detuvo en aquel monesterio algunos años y sabía ya bien las observançias de la religión que se praticavan y enseñavan en él (y sin haber tomado hábito ni manera de religiossa), pareçiole que era bien bolverse a la casa de sus padres, más por voluntad de Dios que lo inspirava que por tener gana de bolver atrás de sus buenos y sanctos propósitos. Pidiole licençia para ello a la priora, su hermana, que con mucha dificultad y gran desgusto se la huvo de dar. [fol. 210r] Y ansí se fue como lo avía dicho a la casa de sus padres. Aunque estava en ella y vivía entre los hermanos y criados de casa, y pareçía que se havía buelto al mundo como cosa que le dava gusto y contento &#039;&#039;[2]&#039;&#039;, andava tan abrasada y ençendida en el fuego del amor divino que siempre pensaba, codiciava y tratava cómo seguir y ymitar (según su flaqueza) a Jesuchristo, su esposo. En lo que asentó, después de muy mirado y consultado y pedido a Nuestro Señor, fue negarse a ssí misma y no mirar a su hedad y flaqueza y que era muger, ni a lo que podrían decir y juzgar los hombres faltos de consideraçión, y con esto començó a darse al despreçio suyo y de las cosas mundanas, y tomó consigo, como aya y compañera, a doña María Gómez, matrona biuda y noble, que con una misma voluntad la quiso acompañar en sus designos y trabajos. Su principio fue començar a andar por las puertas de los vecinos de la ciudad a pedir limosna cada día, públicamente, para los pobres necessitados. Pues dezir que llevavan en su compañía quien recogiese las limosnas y pedaços de pan que les davan, era cosa de bendezir a Dios en sus marabillas, que la donzella pobre de Jesuchristo llevava sobre sus ombros una talega o alforja en que las echava, con un fervor y ánimo de hazer serviçio en ello a su esposo que no aprovecharon promessas, ruegos ni amenazas de sus padres para apartarla dello, y ansí la dexaban continuar su sancta ocupación y daban lugar a ello aunque no dexavan de sentir ellos y los hermanos de la sancta donzella alguna afrenta de aquel menospreçio tan público. No dexavan por esso las dos su exerçiçio cotidiano de andar por las calles de la çiudad pidiendo limosna como pobres peregrinas, y estavan en la sancta yglesia mayor entre los dos coros al tiempo que los canónigos salían de las horas, que los ponían en confusión y compelían a que les diessen muy buenas limosnas. Desde allí pasavan con las que llevavan en sus alforjuelas a la casa de sus padres, y ya era para ellos de gran consuelo y regalo ver de aquella manera a su hija, y la animavan y esforçavan en ello (aunque por otra parte la carne y la sangre hazían su oficio en [fol. 210v] sentir aquel difraçe). Pero pasados los primeros días, y viendo a su hija contenta, y que era bien inclinada, devota y charitativa con los pobres de Jesuchristo, no había cosa temporal que para ellos se les pudiesse comparar a esto. Bendezían a Dios y alçavan las manos al Çielo con mucho plazer y alegría, haziéndole infinitas gracias por haverles dado hija que aun antes de tener discreçión ni hedad había en la tierra vida çelestial y obrava en ella tantas marabillas. Todos los de su casa, hijos y criados, hazían lo mismo, y la sancta donzella, con una profunda humilldad y llena de spíritu de Dios, se derribava a los pies de todos besándoselos, agradeciéndoles el contento que mostravan de la vida que seguía. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Acaeçió un día que andando pidiendo limosna por la çiudad la sancta donçella con su compañera por no perder costumbre de remediar a los que tenían necessidad, que encontraron en una calle al arçobispo de Toledo, su tío, hermano de su madre, y a su mismo padre, que le acompañava con otros cavalleros y gente principal de la çiudad, y quando el arçobispo vio a su sobrina en aquella postura que llevava y cargada en los hombros la talega con las limosnas que había recogido, volvió a su padre y díxole con algún enojo y como reprehendiéndole: “Mucho me maravillo, que como seáis hombre prudente, no remediéys un desconçierto tan grande como este y consintáys a una hija de tan poca hedad y tan hermosa y de linaje, que es que ande ansí despreçiada y con tanta libertad que days a entender que la tenéys aborreçida, pues no la recogéys y tratáys de casarla con otro que sea su igual”. El cavallero prudente le oyó y respondió con mucha mansedumbre y en breves palabras le dixo: “¡Qué esposo le parece a Vuestra Señoría que puedo yo dar a mi hija más rico y generosso que a Jesuchristo, Hijo del Padre Eterno! Por ventura podemos resistir al Spíritu Sancto. Ella ha escogido este estado por la mejor parte y yo no se le quiero estorvar, ni me pareçe que se açertaría en ello”. [fol. 211r] El arçobispo calló con esta respuesta y no supo qué le replicar, entendiendo que aquello era obra de Dios.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
=== Capítulo veynte y çinco ===&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&#039;&#039;&#039;Cómo desde algunos días dexó de pedir las limosnas la donzella y virgen de Jesuchristo, doña María Garçía, y se recogió en una hermita de Nuestra Señora de la Sisla con su compañera, y después al monesterio que fundó de Sanct Pablo&#039;&#039;&#039;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Entre otras cosas mal hechas que en aquellos días hazía el rey don Pedro era desasosegar y perseguir donzellas y mugeres nobles de qualquier estado que fuessen, por sus desordenados apetitos, y esta honestísima virgen, con el temor que le causaba esto, se fue (con otras muchas señoras principales del reino que procuraron esconderse de la persecuçión del Rey) a la villa de Talavera, que estava allí su padre don Diego Garçía, que era casi como señor della y beneficiaba sus possesiones y heredades, que eran muchas la que en aquel lugar tenía. Aun estando allí la sancta donzella con sus acostumbrados exerçiçios y ocupaçiones de oraçión y meditaçión, no estava con toda seguridad porque veýa que otras padeçían grandes trabajos por la guarda de su honestidad, y esto le puso en cuydado de pensar en buscar otro medio y asiento que fuesse más seguro, y no andar con temores y desasosiego. Pedía de veras a Nuestro Señor dispusiesse lo que más havía de ser serviçio suyo, y como está cerca de los que con ánimo verdadero le llaman y quieren, endereçó su deseo que se fuese a Toledo a un término que dezían de la Sisla (adonde es de creer que el ángel la guió con su compañera doña María Gómez) y allí hizieron una casilla pequeña para recogerse, arrimada a la hermita de Nuestra Señora que dezían de la Sisla, y en ella estuvieron algún tiempo sirviendo a Nuestro Señor en ayunos, vigilias, oraçiones y otros exerçicios honestos de humilldad y de sanctidad, hasta que fue servido que [fol. 211v] cesasse la causa del temor con la muerte del Rey Don Pedro.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Aun no estava criada en aquel tiempo la orden de Nuestro Padre San Hierónimo en estos reynos de España, pero pocos años después se confirmó por la sede apostólica y dio el hábito que se use en ella, y se hedificó el monesterio tan principal que oy se vee en Toledo, en la hermita de Nuestra Señora de la Sisla, que dexó la bienaventurada doña María García.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Muerto, pues, el rey Don Pedro, daban orden aquellas sirvientas de Dios de dexar aquella soledad de la Sisla, que la tenían grande por estar tan apartadas de la çiudad, y entendieron que en ella havía una congregación de mugeres devotas y honestas en la perrochia de San Román y tuvieron su aviso y consejo para yrse a aquella sancta compañía y subiectarse a la administradora doña María de Soria, que las reçibió con grande alegría, y de consentimiento de todas las religiossas les dieron el hábito y vestido que ellas traýan. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Por todo el tiempo que vivió la administradora María de Soria, estuvo en aquella casa la sierva de Dios y virgen doña María Garçía, y quando vio que era muerta y que también lo eran sus padres y pasado desta vida al Çielo, le dio más ganas a doña María Garçía de dexar del todo el mundo y el trato d’él, y asentar para siempre en un lugar; y pidiéndolo al Señor dezía con el psalmista: “Tú, Señor eres bueno, enséñame tus justificaçiones”. En ninguna cosa sentía el gusto que pretendía si no era en el puro spíritu y amor de Dios, y siempre andava con cuydado adónde havía de permaneçer y qué estado era el que havía de escoger. La hazienda que heredó en Belilla de su madre la vendió luego y compró una casa grande con mucho aposento en la perrochia de Sanct Lorenço, a donde se pasó con su compañera doña María Gómez, y allí asentaron sus deseos y perseveró hasta la muerte. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Entendida en la çiudad esta traslaçión de doña María Garçía, no le faltaron personas de calidad [fol. 212r] que por su devoçión y afición se inclinaron a seguirla, y una dellas fue ^doña^ Theressa Vázquez, persona noble y principal, con siete mugeres de buenas costumbres, fama y christiandad, que se fueron a amparar a ella, por solo servir a Dios y serles compañeras en la vida sancta y exemplar. Este, pues, fue el primer principio de fundar y plantar aquel collegio de Sanct Pablo de Toledo, que oy es monesterio, que desde que entonçes començó hasta oy ha floreçido y floreçe gran religión y mucha sanctidad, como en el processo desta escriptura se yrá mostrando hasta el cabo della. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El primero fundamento del monesterio de Sanct Pablo de Toledo fue este, y estava ya con grande gozo y contento la sierva de Dios doña María Garçía viendo el fervor de las nuevamente allegadas, y ansí las quería y amava con entrañas llenas de charidad, y animava a perseverar trayéndoles lo del psalmo: “Load a Dios y alabadle, pues ha confirmado sobre nós su misericordia”. Bolviéndose a Nuestro Señor dezía: “Suplícote que te sirvas de darnos graçia, que cantemos tus justicias en este lugar de ^nuestra^ peregrinaçión, que en él queremos perseverar, y en las alabanças divinas”. Fue creçiendo tanto la buena reputaçión de aquella congregaçión en observançia y conversaçión sancta y religiossa, que en pocos años se les allegaron otras muchas a su compañía, las quales, quando vieron que la orden de sanct Hierónimo començava y resplandeçía el nombre della, y estava ya hedificándose el monesterio de la Sisla y con algunos frayles, pareçióles bien su manera y hábito.  Y con un ánimo y voluntad lo escogieron y se vistieron del hábito, escogiendo y eligiendo por su priora y prelada a la religiosíssima doña María Garçía, que lo hubo de aceptar por sus ruegos y ymportunaçiones, porque por su voluntad deseaba antes ser regida que regir, y súbdita que prelada.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Viéndose la devota sierva de Dios con aquella carga y cuydado de priora, y que traýa vestido el hábito de la sagrada orden de nuestro padre Sanct Hierónimo, començó a comunicarse y tractar al sancto varón fray Pedro Fernández Pecha, que era prior de la Sisla, que se ocupaba en hedificar aquella casa, y a mostrarle voluntad [fol. 211v] y aun a favorecerle en su obra del monesterio y claustro, que le fue de grande favor y ayuda para acabarlo con más brevedad. Para la sacristía y culto divino dio muchas cosas y ornamentos de valor, y hasta se sabe que la arquita pequeña de plata adonde se çierra el sanctíssimo sacramento la dio y ofreció esta sancta muger.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Las plácticas y conversaçión destos dos siervos de Dios, fray Pedro Fernández Pecha y doña María Garçía, todas se ençerravan en sanctidad y qué observancias se tenían de guardar y acrecentar en la religión, y la solemnidad del culto divino, no olvidándose del cuydado que havía de haver en la oraçión y amor y serviçio de Nuestro Señor de noche y de día, que no pareçían en sus plácticas, tracto y conversaçión, sino otro Sanct Hierónimo y Sancta Paula, y Sanct Francisco y Sancta Clara, que se conoçió bien por los efectos que se obraron, encaminados todos al Çielo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Doña María Garçía y sus seguidoras no se contentaron solamente con traer el hábito de la orden del glorioso nuestro padre Sanct Hierónimo sino que quisieron guardar la regla, estatutos y ceremonias que la orden tenía, guardava y professava. Y porque aún en aquellos días no estavan unidas las casas que estavan fundadas en el hábito de la orden, ni tenían superior general, dieron aquellas religiossas la obediençia al prior de la Sisla y a sus sucessores, confirmando esto y el dezir de los oficios divinos por bulla apostólica, aunque no tenían professión ni encerramiento de monjas, sino de beatas recogidas, queriendo con todo esto subiectarse al estilo y manera de la orden y negar su voluntad y libertad hasta la muerte, sin buscar otra manera nueva ni hazer más mutaçión. &lt;br /&gt;
Pedía esto de veras y muchas vezes la sierva de Dios en su oraçión y petición, por sí y por las hermanas, y que mereçiesen el spíritu de perseverançia como convenía a su salvaçión, y no se olvidava, ni aun desconfiava, de lo que el Sancto Evangelio promete a este propósito en aquellas palabras, “El que perseverase hasta la fin será salvo”, que no hazían en ella menos impressión que si las estuviera oyendo de la boca de Jesuchristo Nuestro Señor, y, [fol. 213r] puesta a sus pies como la Magdalena, era doña María Garçía en la compostura y hermosura como un ángel, y de sosiego y mansedumbre increýble, y tenía una quietud y reposo en la conçiençia y una serenidad en el alma (parecida a lo del Çielo) que ninguna cosa próspera ni adversa pareçía mudarla. Del sanctíssimo sacramento era grandemente devota, y reconocía ser aquella la fuente y manantial de todo el bien de las almas, y allí procurava coger quanto havía menester para ser rica.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En muchos años no tuvo nombre de monesterio la casa de Sanct Pablo de Toledo, sino que pasó con nombre de “congregaçión de beatas de la orden de San Hierónimo”, y no por esso se diferenciavan en nada en las observançias, cerimonias y guarda de la religión. La priora era la primera en todas las asperezas y trabajos, y la que más se mostrava y resplandeçía en toda perfectión y sanctidad. En la humilldad y simpleza recta y temor de Dios tuvo tan alto grado quanto se puede consentir en muchos de los mortales, y si es lícito dezir que la pueden tener en esto como a otro Job. De todas era amada, querida y respetada, y atraýa con esto a muchas a querer su trato y compañía, porque solo su exemplo y sancta conversaçión bastava a reformar lo que con mucha diligencia y buenas razones y trazas no hizieran muchas en muchos días y años. Algunas personas prinçipales de la çiudad la visitavan, y todas las pláticas y conversaçión que con ellas tenía eran de la gloria y amor de Dios, y a las que veýa que llevavan los rostros disfraçados con afeytes, y con demasiadas galas y vestidos, queriéndoselo reprehender lo dezía con palabras dulces y blandas, y con un deseo que se moviesen a escusar las ofensas de Dios que de aquello podría haver. Todo género de curiosidad y qualquiera specie odorífera huýa y aborrecía como si fuera veneno ponçoñoso, y dezía a las que usavan dello que no era menester aquella deleitaçión a la carne, que está llena de aquestas miserias y tan çerca de ser (con brevedad) manjar de gusanos. No se deleytava en las jactancias, ni consentía ensuziar su coraçón con ellas, aunque unas cosas le dixesen en su alabança o del govierno tan conçertado que tenía en su monesterio, [fol. 213v] y de su hermosura y nobleza de linage; antes lo aborrecía y se tenía por gusano y por la más vil criatura criada, y de más despreçio y menos partes de que alabarla, y que la gloria y onra de todo se havía de atribuyr a Dios. Con estos exemplos, animava la sancta priora a sus hijas y las esforçava a continuar el amor y serviçio de Dios, meditando de noche y de día en la Pasión de Nuestro Redemptor. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Bivían todas en tanto conçierto y sancta conversaçión que a todos los de la çiudad eran exemplo y dechado de virtudes y honestidad, y hasta oy se dize y muestra esto en aquella sancta casa, y se les echan bien de ver los primeros prinçipios y buenos fundamentos que tuvo de religión y de sanctidad, que, como dixe poco ha, se verá adelante en las obras milagrosas que Nuestro Señor ha obrado en muchas siervas suyas que bivieron y acabaron en aquel monesterio. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
=== Capítulo veynte y seys ===&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&#039;&#039;&#039;De la muerte bienaventurada de Doña María Garçía y de lo mucho que sintieron algunos años antes perder su primero prior y perlado, Fray Pedro Fernández Pecha&#039;&#039;&#039;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Después que estuvieron algunos años Fray Pedro Fernández Pecha y doña María Garçía en muy sancta y religiossa conversaçión, y governando cada uno su monesterio con el exemplo y creçentamiento en el amor y serviçio de Dios que se ha dicho, cansado ya por la hedad y vejez, Fray Pedro Fernández Pecha se fue al monesterio de Nuestra Señora de Guadalupe a acabar sus días en aquel sanctuario de la madre de Dios (como en su historia se dixo) dexando renuncia el priorato de la Sisla, de lo que quedó bien desconsolada la sierva de Dios, doña María Garçía, por carecer tan presto de padre que tanto favor había al augmento y aprovechamiento de la sancta religión. Mas bolviéndosse [fol. 214r] al Señor universal de todos, que no desecha a los que son siervos suyos, tomava esfuerço y contento y animava a sus hijas a hazer lo mismo (que tenían el mismo sentimiento y andavan afligidas) para no desconfiar que les havía de faltar el favor y mano de Dios en la carrera que habían començado y continuarla con toda la perseverançia de virtud y exemplo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Según el discurso que se ha hecho de los años que estos dos los siervos de Dios tractaron en el hedificio y asiento de los dos monesterios de la Sisla y de Sanct Pablo de Toledo, y se vieron y comunicaron, pareçe que pudieron ser muy pocos, que doña María Garçía vivió cinquenta años y más después que murió fray Pedro Fernández Pecha. Con todo esso, como se biene a acabar todo poco a poco, algunos años antes de la muerte de la sierva de Dios, doña María Garçía, por los muchos trabajos y continuas vigilias, tenía perdidos (en parte) los sentidos exteriores, mas muy vivos y enteros (y con mayores fuerças spirituales) los interiores del alma. Y para no dexar lo que tantos años havía continuado de yr a los maytines y entender quándo llegaba la hora, hazía una cosa bien rara y de notar, que le ponían un gallo çerca de su aposento para que la despertasse y supiesse quándo era la medianoche, porque ni podía oýr el relox ni aun la campana. Estava tan aconstumbrada desde su niñez a levantarse a aquella hora a hazer gracias a Nuestro Señor y no perder los maytines, que no lo perdonava aun estando con enfermedad, pudiéndose levantar. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Venida ya la hora que era última a los ochenta y seys años de su hedad (que la llamava Dios para dar galardón de tantos y continuos trabajos), pensaba en la cuenta que le havía de dar aquella mayordomía, y que no se podía alargar. Pues era ya aquella hora postrera (principio de la otra que con tanto favor y deseo guardava), aperçebiose luego del divino y sanctíssimo sacramento de la eucaristía (thesoro universal de las almas y çelestial consuelo para aquellos tiempos) y, después que le hubo reçibido, consolava a sus hijas que las veýa tristes por su partida, [fol. 214v] animándolas con palabras afectuosas de madre que tanto las amava y quería, y las amonestava que no volviesen atrás ni desmayasen en aquel camino spiritual, porque perseverando en toda humilldad, menospreçio y mortificaçión, llegarían con bençimiento al fin, y gozarían con gran alegría de la bienaventurança. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Havía en el convento veynte y çinco religiosas beatas, discípulas de tal madre de sanctidad, que a exemplo del glorioso señor padre San Hierónimo las mandó llamar y juntar, y con grande alegría las abraçó a todas, y dándoles paz dixo: «Mis amadas hijas, acordaos que ni por vuestros mereçimienos, ni por las míos (sino por la misericordia y bondad infinita de Nuestro Señor) nos apartó de los ruydos y tinieblas del siglo, y nos traxo a esta esclareçida soledad y recogimiento como a siervas escogidas y regaladas suyas. Ruegoos mucho que no os mostréis como mugeres de poco ánimo, diciendo que soys flacas para perseverar en religión. Oyd, no a mí, sino a vuestro maestro Jesuchristo que dize: ‘Mi yugo es suave y la carga liviana’. Y más: ‘El que pone la mano al arado y buelve atrás no es merecedor del Reyno del Çielo’”. Haviéndoles hablado estas y otras muchas cosas de la hedificación, alegando y trayendo autoridades de la Escriptura (que no pareçía sino que la tenía delante, y tan sabida y estudiada como si la hubiera profesado) mandolas salir, y bolvió a llamar a cada una por sí, que como de tantos años de trato y conversaçión las conocía, y sabía lo que a cada una en particular avía de avisar y aconsejar. Por verisímiles coniecturas y casi por spíritu de profezía, dixo a algunas el successo que avían de tener en el seguir la virtud y perfectión, o si avían de errar, y en los viçios y cosas semejantes, etc. Después las encomendó a todas dos cosas, que guardasen un mandamiento y un consejo: el mandamiento, que se amasen unas a otras y que con toda charidad sufriessen la una la pesadumbre de la otra; el consejo, que guardasen la clausura y silençio, y que no las viesen por las calles y huyesen de la comunicación con los seglares y salidas a las casas de los [fol. 215r] parientes y conocidos, con occasiones más voluntarias y ymaginarias que verdaderas que muchas vezes se suelen proponer, y aun venir deseos de buscar la salud con honestos títulos de enfermedades bien ligeras, que mirasen mucho esto, y que a quien Dios quita la salud en su convento y congregaçión no es justo que busquen fuera el remedio, y antes ^se^ ha de creer, que si con los remedios ordinarios de los conventos no se vee la salud, que quiere Dios que se sufra y calle la que de su mano recibiere este regalo, y lo tome con paçiençia y en penitençia. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Oyéndole tantas cosas de hedificaçión y conoçiendo que se le acabava la vida, no podían ya detener las lágrimas y los lloros de las religiossas, con que la movían a compasión, y les bolvió a decir: “No os fatigéys y lloréys en bano, que Nuestro Señor puso término a mis días y es ya llegado, conformaos con su voluntad y no creáis que os dexo, que yo confío en la Majestad que os tendrá en su guarda y amparo, guardando vosotras sus mandamientos y sirviéndole con toda limpieza y cuidado”. No les habló más de que le diessen el sacramento de la extremaunctión, que era ya tiempo, y la recibió con grandíssima devoción. &lt;br /&gt;
La mañana antes de su muerte vieron las hermanas religiosas sobre su aposento una gran claridad y dentro dél una paloma blanca, y otro día, al alva, vieron que estava la sierva de Dios meneando los labios y haziendo oraçión a su Criador, sin entender lo que dezía, y muchas de la que con ella estavan presentes vieron que desçendió sobre su rostro un rayo de gran claridad y que sentía mucho plazer y contento de lo que veýa. Y alçando las manos en alto y puestos todos los dedos en señal de la cruz, espiró y desapareçió la claridad, a diezisyete días del mes de enero del año mil quatroçientos y sesenta y quatro, siendo de hedad de ochenta y seys años (como se dixo) y aviendo estado en aquella de Sanct Pablo los sesenta, poco o menos. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Luego llevaron su cuerpo al monesterio de la Sisla de Toledo, y con el mayor secreto que pudieron, y le enterraron con toda solemnidad juncto al altar mayor en aquella yglesia. Y esto se hizo [fol 215v] con secreto y açeleradamente, porque se temió que huviera alguna diferençia y discordia entre los ciudadanos sobre el enterramiento y no se cumpliera con el deseo que la sierva de Dios tuvo y dexó encomendado, que, como era deuda de principales cavalleros y muy emparentada, quisieran que se enterrara en la yglesia mayor, cerca del arçobispo don Alonso, su tío. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
No se dexaron de ver algunos milagros en la muerte de esta sancta muger, y en solo el tocamiento a su cuerpo, como lo çertificaron y confirmaron muchos de los religiossos que se hallaron en su enterramiento y al tiempo de llevar el cuerpo al monesterio de la Sisla, y aunque manifestaron algunos en particular, otros dexaron de dezir por el poco crédito que el vulgo suele dar. Y este es bien que se ponga aquí y no se calle, que es tan çierto y verdadero como todos, que siempre tuvo fixo y enclavado el pensamiento y la consideraçión en la ley de Dios, pensando de día y de noche en ella y en lo que era amor y servicio suyo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
De quarenta años a esta parte, fue necesario apartar el cuerpo de esta sancta muger del lugar adonde estava por razón de una obra que se huvo allí de hazer, y de tal manera le halla[ron] entero en su casa y ataúd (con aver más de çiento y veynte años que estava allí) que los religiosos que se hallaron presentes y lo vieron, certificaron esta verdad, que estava el cuerpo sin ningún corrompimiento, como quando le enterraron, y sin olor malo. Vieron también otra cosa maravillosa, que en la cabeça tenía puesta una corona (o guirnalda de ramos de laurel (que le pusieron en premio de la virginidad que guardó) tan fresca y sin estar secas las hojas ni perdido el color que se admiraron todos y recibieron gran recreaçión y consuelo. Y dieron gracias a Dios, que les havía dado en su capilla y compañía thesoro tan preciosso.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Su sepulcro está junto al altar mayor a la parte del Evangelio, cavado en la pared, con un vulto de la sierva de Dios ençima, hincada de rodillas, puestas las manos mirando al sanctíssimo saçramento, con el hábito que traýa [fol. 216r] de beata, y con una letra que dize que “está allí enterrada doña María Garçía, fundadora del monesterio de Sanct Pablo de Toledo”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
=== Notas ===&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&#039;&#039;[1]&#039;&#039; Subrayado desde “acabó… prosiguiendo”. Nota marginal: “Gran ignorantia, pues la hace compañera de fray Pedro Fernández Pecha el año 1374, que según esto vivió más de ciento y quince años”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&#039;&#039;[2]&#039;&#039; El manuscrito lee «con contenta», con una diplografía por error.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
= Vida manuscrita (3)=&lt;br /&gt;
Ed. de [http://visionarias.es/equipo/celia-redondo-blasco/ Celia Redondo Blasco]; fecha de edición: enero de 2025.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
== Fuente ==&lt;br /&gt;
* [http://catalogodesantasvivas.visionarias.es/index.php/Categor%C3%ADa:Baltasar_Porreño Porreño, Baltasar]. &#039;&#039;Vida de los arzobispos de Toledo: años 1280-1618&#039;&#039;. Ms. BNE 13025, fols. 207r-209v.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
== Criterios de edición ==&lt;br /&gt;
Se trata de un manuscrito del siglo XVIII, que copia en tres volúmenes (BNE Mss/Mss/13025-Mss/13027) la &#039;&#039;Historia episcopal y Real de España&#039;&#039; de Porreño, escrita entre 1604 y 1606 y que se guarda manuscrita en la Biblioteca Capitular de Toledo. Se opta por modernizar: &#039;&#039;b&#039;&#039; y &#039;&#039;v&#039;&#039;, las sibilantes y la alternancia &#039;&#039;c&#039;&#039; y &#039;&#039;q&#039;&#039;. Esta edición, dado lo tardío del testimonio, puntúa y acentúa siguiendo las normas establecidas por la RAE. Se desarrollan las abreviaturas. Se moderniza el cultismo grafemático &#039;&#039;ch&#039;&#039; en palabras como &#039;&#039;charidad&#039;&#039; o &#039;&#039;chronica&#039;&#039; y se desarrolla las contracturas desta, destos.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
== Vida de María García ==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[Fol. 207r] A don Vasco Fernández le sucedió en la silla de Toledo don Gómez Manrique, natural de Toledo, septuagésimo quinto arzobispo de esta villa, el cual se sentó en la silla luego que el otro, don Vasco, por su destierro renunció al arzobispado. Hacen mención de todo los &#039;&#039;Catálogos de los arzobispos de esta Villa y las Historias de España&#039;&#039;. Fue de sangre ilustre y esclarecida, su padre se llamó Don Garci &#039;&#039;[1]&#039;&#039; Fernández Manrique, de quien vienen los marqueses de Aguilar, el cual fue señor de Amusco [fol. 207v] y de Avia, y su madre doña Urraca de Leiva. Tuvo por hermano a don Garci Fernández Manrique, adelantado de Castilla, que fue el tronco de los duques de Nájera y de otras casas de Castilla del apellido de Manrique, y a don Diego García Manrique. Tuvo el otro arzobispo por abuelo a don García Fernández Manrique, descendiente de Almeric de Narbona. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Fue nuestro don Gómez en su juventud obispo de Palencia y al presente lo era de Santiago, de cuya dignidad le sucedió don Gómez de Toledo, sobrino del arzobispo don Vasco, por haber renunciado al arzobispado de Toledo. Con esta condición era hombre de mucho valor y cordura y, así, viéndose favorecido por el rey Don Pedro en su elección y viendo las cosas de los reinos [fol. 208r] tan turbadas y alteradas (como se ha dicho), procuró estar en gracia con el otro rey, cuyas cosas iban con tanta rotura y tan sin esperanza de remedio que le parecía escusado negocio irse a la menos cosa del mundo, sino fuese cosa mínima irse al matadero, como otros muchos, o por lo menos al destierro como su antecesor. Y así fue al amor del agua con prudencia y sagacidad y nombró por su adelantado de Cazorla a Pero Ruiz de Torres, caballero principal. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En su juventud tuvo una hija el arzobispo llamada doña Theresa de Manrique, la cual casó con Rodríguez de Biedma, señor de San Esteban del Puerto y caudillo mayor del Arzobispado de Jaén, y con ella se dieron veinte mil maravedíes en dote. [Fol. 208v] Con esta dote, que se hizo en Burgos, año de mil trescientos y sesenta y cuatro. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Tuvo una sobrina, hija de su hermano don Diego García Manrique y de su mujer doña Constanza de Toledo, la cual se llamó doña Mari García, que fue gran sierva de Dios y desde niña se ejercitó en obras de caridad y en pedir por el amor de Dios para los pobres de la cárcel del arzobispo, su tío, al cual le aconteció encontrarse con ella pidiendo limosna y, reprendiendo el arzobispo a su hermano, porque la dejaba andar de aquella manera mendigando, él respondió que se tenía por muy dichoso en que su hija hubiere escogido con ilustre esposo como a Jesucristo. Fundó esta señora el monasterio de San Pablo, que es de religiosas de San Jerónimo, y fue tan limosnera que repartió la mayor [fol. 209r] parte de su patrimonio a los pobres de Jesucristo. Escriben de esta señora las crónicas de la orden de San Jerónimo y Pedro de Alcocer y el otro, Villegas. Algunos historiadores hacen a esta señora sobrina del arzobispo don Vasco, así lo afirma el muy docto padre Fray Joseph de Sigüenza en su segunda parte de la historia de San Jerónimo, en el capítulo cuarenta y seis, pero se engaña mucho, porque el otro, don Vasco, murió en Portugal, como se dijo en el capítulo pasado, y cuando murió esta señora hubo diferencias entre si se había de enterrar en el sepulcro de su tío, que estaba en la santa iglesia, o en el Monasterio de San Pablo, que ella había fundado. Demás de esto, lo que escriben su vida hacen mención de su hermano el arcediano de Talavera, que fue sobrino del otro arzobispo [fol. 209v] don Gómez Manrique, el cual en su muerte pidió al cabildo de Toledo lo no eligiesen por arzobispo al arcediano, su sobrino (como se dirá). Así mismo, esta señora murió en el año de mil y cuatrocientos veintiséis, y don Vasco fue preso en el año de mil trescientos cincuenta. Así, es cosa cierta que no fue sobrina suya sino del otro don Gómez.   &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
===Notas===&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&#039;&#039;[1]&#039;&#039; Tachado: “Gómez”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
= Vida manuscrita (4)=&lt;br /&gt;
Ed. de [https://visionarias.es/equipo/veronica-torres-martin/ Verónica Torres Martín]; fecha de edición: septiembre de 2026&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
== Fuente ==&lt;br /&gt;
[[Portada Historia de Guadalajara Pecha.jpg|250px|right|Manuscrito|link=]]&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
* [http://catalogodesantasvivas.visionarias.es/index.php/Categor%C3%ADa:Hernando_Pecha Pecha, Hernando], 1669. &#039;&#039;Historia de Guadalajara, y cómo la religión de San Jerónimo en España fue fundada y restaurada por sus ciudadanos&#039;&#039;. Ms. BNE 1756, fols. 12r-12v. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
== Criterios de edición ==&lt;br /&gt;
La vida de María García presenta un particular interés para el estudio de la hagiografía local y de los procesos de construcción y confirmación del culto, pues el relato no se limita a transmitir la memoria de una mujer piadosa, sino que la incorpora explícitamente a una tradición de santidad vinculada al territorio toledano. En este sentido, el testimonio resulta especialmente significativo porque documenta, en una obra del siglo XVII de historiografía local, la pervivencia y reformulación de una tradición de santidad femenina vinculada a Toledo, ofreciendo así un indicio relevante para estudiar la recepción, legitimación y eventual confirmación historiográfica de un culto local.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Dado que se trata de una copia manuscrita de la segunda mitad del siglo XVII los criterios de edición son conservadores. Se mantienen los grupos cultos como -ct- (&#039;&#039;sanct, sanctas&#039;&#039; y sus variantes). Se respetan las oscilaciones y variantes de las sibilantes. Se mantiene la oscilación v/b y se regularizan las alternancias gráficas sin valor fonético: i/j, u/v Se regularizan asimismo determinadas grafías sin valor fonético, como la h- inicial de &#039;&#039;hermita&#039;&#039;, que se edita como &#039;&#039;ermita&#039;&#039;. La puntuación y la capitalización han sido modernizadas. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
== Vida de María García ==&lt;br /&gt;
[fol. 11v] &#039;&#039;Renuncia el priorato de sanct Bartolomé fray Pedro Fernández de Guadalajara y sale a fundar el Monasterio de Nuestra Señora de la Sisla en Toledo&#039;&#039;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[…]&lt;br /&gt;
[fol. 12r] Conoció la tierra, las heredades y los sitios, acordándose de una Ermita de Nuestra Señora que estava a la parte de medio día, algo inclinada al oriente, en aquellos prados que llaman zigarrales, lugar apartado poco menos de media legua de Toledo. Puesto en lo más áspero de aquellas cuestas, allí se fue nuestro Pecha como aveja solícita con su pobre enjambre. Contentoles a todos el puesto y la ermita. Hallaron junto a ella dos pequeñas celdillas, aunque no mal separadas por haberse recogido en ellas las dos sanctas mugeres: la una llamada doña María García de Toledo, muger &#039;&#039;[1]&#039;&#039; de rara hermosura, señora de los más nobles y principales de aquella ciudad, hija de Diego García de Toledo y de doña Constanza de Toledo; la otra doña María Gómez, biuda y noble. Las quales dos sanctas matronas, huyendo del apetito desenfrenado del rey don Pedro &#039;&#039;[2]&#039;&#039;, se retiraron a aquel desierto. Era esta ermita a deseo de los canónigos de la Iglesia Colegial [fol. 12v] de sancta Leocadia, extramuros. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
===Notas===&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&#039;&#039;[1]&#039;&#039; En este punto aparece una palabra tachada, la cual no hemos podido discernir, y encima de ella, en otra tinta, se señala “muger”. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&#039;&#039;[2]&#039;&#039; En referencia a don Pedro el Cruel, como se señala en otras hagiografías.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
= Vida impresa (1)=&lt;br /&gt;
Ed. de [http://visionarias.es/equipo/veronica-torres-martin// Verónica Torres Martín]; fecha de edición: octubre de 2020.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
== Fuente ==&lt;br /&gt;
* [http://catalogodesantasvivas.visionarias.es/index.php/Categor%C3%ADa:Pedro_de_Alcocer Alcocer, Pedro de], 1554. “Libro segundo, en que particularmente se escribe el principio, y fundamento desta sancta ygleia de Toledo…”, &#039;&#039;Hystoria, o descripcion dela Imperial cibdad de Toledo. Con todas las cosas acontecidad en ella, desde su principio, y fundacion. Adonde se tocan, y refieren muchas antigüedades, y cosas notables de la Hystoria general de España&#039;&#039;, Toledo: Juan Ferrer, fol. 115r, col. a.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[[Contexto material del impreso Hystoria, o descripcion dela Imperial cibdad de Toledo]]. &#039;&#039;Con todas las cosas acontecidad en ella, desde su principio, y fundacion. Adonde se tocan, y refieren muchas antigüedades, y cosas notables de la Hystoria general de España&#039;&#039;.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
== Normas de edición ==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El relato aparece en el libro segundo de la &#039;&#039;Hystoria, o descripcion dela Imperial cibdad de Toledo&#039;&#039;, impreso en 1554, en el que se describe la fundación de los monasterios, hospitales y lugares píos de la ciudad de Toledo. La vida de María García se integra en el vigesimoséptimo capítulo, en el que se ejemplifica la fundación del monasterio de San Pablo. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Se siguen los criterios establecidos en el catálogo para fuentes impresas. Sin embargo, se ha decidido conservar las grafías de sibilantes por tratarse de un impreso de mediados del siglo XVI. Además, para facilitar la localización del texto, se indica el folio (r-v) y la columna correspondiente (a-b). &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==Vida de María García==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
===Capítulo XXVII===&lt;br /&gt;
&#039;&#039;&#039;Del monesterio de San Pablo, y de su fundación&#039;&#039;&#039;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[fol. 115r col. a] El monesterio llamado San Pablo, que es de religiosas de la orden del glorioso San Jerónimo, fue en su principio fundado por la católica doña María García de Toledo, hija de Diego García de Toledo. La cual, siendo muy santa y amadora de la religión, fundó esta santa casa de religiosas de esta orden, honestas y recogidas sin clausura, adonde ella se encerró con otras algunas religiosas de vida apurada, con las cuales hizo tan santa vida que se puede firmemente creer que está colocada entre las santas bienaventuradas en la gloria, según su caridad y humildad, que son dos virtudes que mucho en ella resplandecían. Fue tan limosnera que repartió la mayor parte de su patrimonio, que era mucho, por los pobres, y con eso poco que le quedó se metió en esta casa de religión con otras religiosas con las que les tomó el hábito del glorioso San Jerónimo, de quien era devotíssima el año del señor de 1404. Y después acá, esta casa de oración ha sido más acrecentada y labrada, y han entrado en ella muchas más religiosas de santa vida y recogimiento. Fueron estas religiosas al principio sujetas al prior de la Sisla, en el cual estado permanecieron hasta el año del señor de 1508, que de su propia voluntad las religiosas que en él estaban hizieron professión y tomaron velo y clausura, quedando sujetas al general de la dicha orden.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
= Vida impresa (2)=&lt;br /&gt;
Ed. de [http://visionarias.es/equipo/maria-del-mar-cortes-timoner// M. Mar Cortés Timoner]; fecha de edición: abril de 2021.&lt;br /&gt;
== Fuente ==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
* [http://catalogodesantasvivas.visionarias.es/index.php/Categor%C3%ADa:Alonso_de_Villegas Villegas, Alonso de], 1588. &#039;&#039;Addicion a la Tercera Parte del Flos sanctorum: en que se ponen vidas de varones illustres, los quales, aunque no estan canonizados, mas piadosamente se cree dellos que gozan de Dios por auer sido sus vidas famosas en virtudes...&#039;&#039;, Huesca: Iuan Perez de Valdiuielso. Fols. 44r col. a – 45v col. a.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[[Contexto material del impreso Addicion a la Tercera Parte del Flos sanctorum]] &#039;&#039;en que se ponen vidas de varones illustres, los quales, aunque no estan canonizados, mas piadosamente se cree dellos que gozan de Dios por auer sido sus vidas famosas en virtudes...&#039;&#039;.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
== Criterios de edición ==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El relato aparece en el apartado 193 de la Adición de la Tercera Parte del &#039;&#039;Flos Sanctorum&#039;&#039; de Alonso de Villegas. Para facilitar la localización de los textos, he indicado el folio (r-v) y la columna correspondiente (a-b).&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En la edición, se siguen los criterios establecidos en el catálogo para fuentes impresas pero se respetan los grupos consonánticos: -nt (sant), -nc- (sancta), -bj- (subjetándose) y las contracciones. Además, se mantiene la conjunción copulativa “y” ante palabras iniciadas con el sonido vocálico “i”, la escritura de las palabras con interés morfológico o fonológico (augmento, proprio, ansí, etc.), el empleo del sustantivo “Orden” en masculino y la forma femenina del determinante ante los sustantivos femeninos que empiezan por a- tónica (arca, alba). &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Se ofrecen datos en torno al texto editado en: &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
* M. Mar Cortés Timoner, “Censuras, silencios y magisterio femenino en la Adición a la tercera parte del Flos Sanctorum de Alonso de Villegas”, &#039;&#039;Specula. Revista de Humanidades y Espiritualidad&#039;&#039;, vol. 1 (mayo 2021), pp. 183-210: https://www.ucv.es/investigacion/publicaciones/catalogo-de-revistas/revista-specula&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
* M. Mar Cortés Timoner, “La autoridad espiritual femenina en la Castilla bajomedieval y su reflejo en el Flos sanctorum de Alonso de Villegas”, &#039;&#039;Dicenda. Cuadernos de Filología Hispánica&#039;&#039;, vol. 39 (2021), pp.:  25-35 DOI: https://revistas.ucm.es/index.php/DICE/article/view/76403&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==Vida de María García==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&#039;&#039;&#039;[Fol. 44r col. a] Vida 193. De María, que fue ilustre y tuvo por sobrenombre García&#039;&#039;&#039; […] &#039;&#039;[1]&#039;&#039;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&#039;&#039;[2]&#039;&#039; Entre otras riquezas que estaban en el templo de Salomón que grandemente le hermoseaban eran dos querubines que, por mandado de Dios, puso Moisés a los lados de la Arca &#039;&#039;[3]&#039;&#039;; y puede asimilarse a ellos dos benditas mujeres, ambas Marías y doncellas, por donde dice bien con ellas el nombre de querubines o ángeles, pues lo que en el cielo es ser ángeles en la tierra es ser vírgenes, semejando los vírgenes a los ángeles. Están a los lados del Arca, esto es, muy juntas a Dios, no solo por su encendida caridad sino por el estado de monjas que tuvieron, que está muy conjunto con Dios. Hermosean y adornan este templo de la Iglesia militante por razón que las religiones son adorno riquísimo de la misma Iglesia. De ambas juntas tengo de escribir sus vidas porque fueron casi de una misma tierra, de un mismo orden &#039;&#039;[4]&#039;&#039; y de una misma casa, y casi en un mismo tiempo, y están sepultadas juntas, junto con que me aprovecharé para escribirlas de unos mismos originales. Y fueron: un libro de mano antiguo que está en el monasterio de Sant Pablo de Toledo, que fue casa propria de ambas, y de la historia &#039;&#039;[5]&#039;&#039;, también de Toledo, de Arcocer [fol. 44 r col. b] y de las crónicas del Orden de Sant Jerónimo, y es en esta manera. &#039;&#039;[6]&#039;&#039;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Doña María, llamada, por respecto de su padre, García, fue natural de Toledo, hija de don Diego García y de doña Costanza de Toledo, ambos de muy ilustre linaje y decorado con real sangre. Los padres vivían sanctamente y aprendió dellos su hija a vivir en toda sanctidad. Eran ricos de bienes temporales porque tenían grandes posesiones en Talavera, villa de mucho lustre distante doce leguas de Toledo, y, sin esto, otras haciendas de manera que podían y, junto con el poder, hacían grandes limosnas, lo cual también su hija quiso imitarles, como se verá en el proceso de su vida.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Fue, desde niña, muy inclinada al servicio de Dios y a cosas de devoción y, por lo mismo, aborrecía todo lo que es mundo y contradice a la perfección. Y por el crédito que ganó con sus padres y con todos los que la conocían, de que era muy honesta y deseaba ser sancta aunque era muy hermosa, nadie se escandalizaba ni juzgaba mal por algunas cosas que hacía, que en otra fueran de mal ejemplo y a ella le daban muy bueno por estar saneada con sus inculpables costumbres. Y así visitaba iglesias muy a menudo donde tenía larga oración, ofreciendo [fol. 44v col. a] a Dios las primicias de sus buenos deseos. Iba a dar limosna a personas que tenían grave necesidad y, aun acabado, lo que podía dar pedía a algunas personas ricas para dar a otras pobres; y a los unos era ocasión que mereciesen para bien de sus almas y a los otros que remediasen las necesidades de sus cuerpos, y así era a todos provechosa. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Estaba a esta sazón un monasterio no lejos del alcázar principal de la ciudad, que se llamaba Sant Pedro de las Dueñas, donde se edificó después el insigne Hospital de la Cruz, obra del ilustrísimo cardenal y arzobispo de Toledo don Pero González de Mendoza, donde no solo se curan enfermos y heridos en grande número sino que &#039;&#039;[7]&#039;&#039; se crían niños expósitos, que no es pequeño también el número dellos, por el pueblo y ciudad ser grande y no tener estos otro remedio. Quiso, pues, doña María, probar aquella vida de religiosa encerrada y así entró en este monasterio de edad de once años. Y porque era en él abadesa una hermana suya que la amaba tiernamente, y por su respecto y alto linaje, junto con sus sanctas obras, las demás monjas la estimaban y tenían en mucho. Ella, que deseaba ser menospreciada y tenida en poco, dejó el monasterio no queriendo quedar en él ni en otro de Tordesillas adonde la deseaban por monja y quisieran hacerla abadesa anteponiéndola, que &#039;&#039;[8]&#039;&#039; era moza y extraña, a otras ancianas y criadas en aquella casa, por las nuevas que tenían de su sancta vida. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Luego que salió del monasterio pusose unas alforjas al hombro y andaba pidiendo limosna para los presos de la cárcel del arzobispo, no sin particular sentimiento de sus padres, hermanos y parientes. Y reprehendiéndola por esto, respondía que, si no la dejaban andar despreciada y imitando a su esposo Cristo, que se iría donde no la viesen. Estas razones, aunque en otra doncella parecieran dichas con libertad, en doña María, considerada su vida, eran prendas de grande humildad. Y por quitar del todo la ocasión a los maliciosos de murmurar della, viéndola sola de poca edad y hermosa que andaba pidiendo limosna, acompañose de una noble viuda llamada doña &#039;&#039;[9]&#039;&#039; Mayor Gómez, que quiso ser partícipe de sus buenas obras y compañera en sus sanctos ejercicios. Y así, las dos se vieron pedir limosna en la sancta iglesia con sus alforjas a los hombros, de que no pequeña edificación sacaban los que las conocían viendo lo que hacían. Vino el negocio a que su mismo padre la encontraba en la calle y decía a sus criados: “Dad lugar a que apase &#039;&#039;[10]&#039;&#039; María, mi hija, y siga a Jesucristo, que la lleva por ese camino de menosprecio”. Agradecía esto mucho la bendita mujer y decía que debía mucho a sus padres porque la habían dado lugar de se apartar del mundo. También acaeció encontrarse, andando pidiendo limosna, con el arzobispo [fol. 44v col.b] de Toledo, que era tío suyo, llevando al lado a su padre, con grande acompañamiento, y reprehender el arzobispo a su hermano porque daba lugar a que su hija anduviese de aquella manera en menoscabo del honor de todos ellos. Y respondíale que se tenía por dichoso en que su hija hubiese escogido tan ilustre esposo como Jesucristo, pues con tal yerno él se tenía por muy honrado. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Era a esta sazón rey de Castilla don Pedro, llamado el Cruel, en cuyo tiempo padecieron los grandes del reino no pequeñas persecuciones. Andaban amedrentados y muchos dellos huidos porque el rey era determinado y fácilmente cortaba cabezas sin respecto de linaje o estado. Y así cupole parte desta persecución a doña María, o por respecto de sus deudos o por recelarse de su honor, si estaba seguro en tiempo de tanta borrasca y tempestad. Y así se recogió a Talavera, que, como se ha dicho, tenía en aquella villa su padre grandes posesiones y era como señor della. Acompañáronla otras señoras principales del reino llevadas con el mismo temor y aun allí no se tuvieron por seguras, por donde les convino irse a diversas partes. Y doña María se volvió a Toledo, y fuera de la ciudad, a la parte del mediodía, se recogió en una pequeña casa que ella labró, junto a una ermita de la Madre de Dios, donde después se edificó el Monasterio de la Sisla del Orden de Sant Jerónimo, y está de presente sepultada aquí. Con su buena amiga doña Mayor Gómez se ocupaba en oración con mucha humildad y paciencia. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Sosegándose más los tiempos, volvió a la ciudad y se juntó &#039;&#039;[11]&#039;&#039; con doña María de Soria y con otras señoras de linaje que vivían cerca de la iglesia de Sant Román, en casa particular, y tenían hábito de beatas recogidas. Y destas contaba &#039;&#039;[12]&#039;&#039; después &#039;&#039;[13]&#039;&#039; grandes virtudes de paciencia, humildad y menosprecio del mundo, diciendo que era poco lo que ella hacía en comparación de lo que vido en aquellas religiosas. Murió doña María de Soria, la que era cabeza en esta casa y congregación, y habiendo muerto también su madre, doña María vendió cierto heredamiento que le cupo de su legítima en Belilla y compró unas casas a la colación de Sant Laurencio, donde es ahora el Monasterio de Sant Pablo. Y aquí reposó su espíritu con su amado Esposo. Tenía consigo a su amiga antigua doña Mayor Gómez y a otra llamada Teresa Vázquez con otras seis o siete señoras ilustres y temerosas de Dios, determinándose servir a Nuestro Señor en su compañía. A todas estas honraba y acataba la sierva de Dios porque veía en ellas desprecio del mundo, humildad, pobreza y trabajo. Al olor de la sancta vida que todas hacían, vinieron otras muchas mujeres nobles a servir a Dios y, de acuerdo de todas, tomaron el hábito del glorioso Sant Jerónimo, de quien era muy devota doña María, aunque sin clausura, sino con [fol. 45r col. a] título de beatas. Y fue el año de mil y cuatrocientos y cuatro &#039;&#039;[14]&#039;&#039;, subjetándose al prior de la Sisla que, a la sazón, era Pero Fernández, que, primero, fue caballero seglar de muchos cuentos de renta y muy preciado de los Reyes Católicos &#039;&#039;[15]&#039;&#039; y, después, se hizo pobre por Jesucristo y de los primeros fundadores en España del Orden de Sant Jerónimo. Y así él fue el que edificó el Monasterio de la Sisla donde primero estaba una ermita de la Madre de Dios, como se ha dicho, y para esta obra ayudó largamente doña María de su patrimonio. Dio una arca de plata esmaltada para que se pusiese el Sanctísimo Sacramento y otras ricas joyas. Y por ver el prior la caridad desta bendita mujer, visitábala y no poco la alentaba con sus buenos consejos y sanctas amonestaciones en el servicio de Dios. El cual, habiendo vivido sanctamente, murió en la misma casa de doña María, adonde se había hecho traer de la Sisla para tener algún regalo en su enfermedad. Y en el aposento donde murió quedó por muchos días un olor maravilloso y del cielo. Su cuerpo fue llevado a sepultar a Guadalupe. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Tenía doña María el gobierno de aquella casa y congregación. Era hermosa de rostro, como se ha dicho, y mucho más en el alma. Su presencia, de grande austeridad, ponía más temor en los que veían su honestidad y humildad que si la oyeran palabras de reprehensión. Si reprehendía, era con tanta discreción y con tan dulces palabras que, por ello, era amada, especialmente de sus parientas, que visitándola, y viéndolas ella con muchos trajes y galas, decíales tales razones que, sin quedar sentidas, se moderaban y dejaban lo superfluo. Su tocado y vestido era muy honesto y pobre aunque aseado y limpio. Amaba el color blanco por la castidad, mas de ordinario se vestía de pardillo por vencerse a sí misma y dar ejemplo de menosprecio. Era fervorosa en la oración y nunca estaba ociosa. Era agradecida a Dios y a las gentes, muy paciente en sus enfermedades, que eran tos continua y dolor de hijada a tiempos que la llegaba a lo último. Huía la vanagloria y quería que de todo lo bueno se diese loor &#039;&#039;[16]&#039;&#039; a Jesucristo. Sus amonestaciones eran todas fundadas en humildad y decía a cada una de las hermanas que fuesen humildes si querían ir por camino seguro; y así, ella se tenía por la menor de todas. Era su costumbre levantarse todas las mañanas a tener oración, la cual cosa alguna no dejaba, y estando enferma, aunque en la cama, allí oraba. Y porque siendo de ochenta años no oía el reloj para levantarse, hacía que pusiesen un gallo cerca de su aposento para que su voz le fuese reloj y despertador; y así, no faltaba en su sancto ejercicio. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Llegose su muerte, y teniendo consigo veinte y cinco religiosas, llamolas cinco dellas antes de su tránsito, abrazolas y dioles paz. Habló a cada una [fol. 45r col b.] en particular, avisándola en aquello que más sabía convenirle, según su condición. Y a todas en común hizo una plática amonestándoles a mucha paz y caridad unas con otras, a que amasen las virtudes, dioles su bendición y encomendolas a Dios. Las hermanas, con tristeza grande, lloraban tiernamente, ellas las consolaba diciendo que sirviesen a Dios, que nunca su Majestad les faltaría. La mañana antes de su muerte vieron las hermanas sobre su aposento una grande claridad y dentro della una paloma blanca. Otro día, que fue víspera de Sant Anton Abad, a la hora de la alba &#039;&#039;[17]&#039;&#039;, estando las hermanas con ella viéronle mover los labios y que rezaba aceleradamente, aunque no entendían lo que decía. Apareció luego una claridad grande sobre su rostro de manera que toda la casa participó della. Veíase volver los ojos a una y a otra parte, daba muestra que se alegraba de lo que veía y así espiró despareciendo la claridad, y fue en diez y seis de enero, día lunes, en el año de mil y cuatrocientos y sesenta y cuatro &#039;&#039;[18]&#039;&#039;. Era de edad de ochenta y seis años, después de haber estado los sesenta en aquella casa y religión. Quisiera sepultarse en su sancta iglesia por estar allí sepultado su tío el arzobispo, que fue varón de sancta vida, delante el altar de Sancta María la Blanca, que es el de prima, dentro del coro menor. Y el arcediano de Toledo, que era sobrino, huyó lo que &#039;&#039;[19]&#039;&#039; pretendía. Mas el amor que tenía a los hermanos de su orden, los frailes de la Sisla, fue medio para que mandase que allí la enterrasen. Y cierto desto y de su muerte, los frailes, luego que supieron que era difuncta, porque el arcediano, su sobrino, no lo estorbase, con otros caballeros deudos suyos, habiéndole dicho una misa en tanto que la amortajaban, la llevaron luego a la Sisla. Y habiendo tiempo que no llovía, el mismo día por la tarde llovió tanto que no poco se consoló el pueblo atribuyéndolo mucho a los merecimientos desta sierva de Dios. Estuvo siete días sin enterrar en tanto que se le hacía un lucillo en que fue puesta. Y su cuerpo era visto de todos sin dar mal olor ni mostrar fealdad sino tan tractable que la podían asentar, vestir y desnudar, cerrar sus manos y abrirlas. Y en este tiempo fue fama que obró Nuestro Señor por ella algunos milagros. Fue sepultada noche de Sant Ildefonso &#039;&#039;[20]&#039;&#039; dentro del lucillo, en el coro de la iglesia, cerca del altar mayor. Y el día siguiente de Nuestra Señora de la Paz se le celebraron las honras, y predicó un obispo conocido suyo y dijo della grandes loores. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
La casa y congregación desta bendita mujer fue siempre en augmento, así en religiosas que entraban en ella como en el edificio. Estaban subjectas al prior de la Sisla sin guardar clausura, en el cual estado permanecieron hasta el año del Señor de mil y quinientos y ocho, que, de su propria voluntad, las religiosas que en él estaban [fol. 45v col. a] hicieron profesión y tomaron velo y clausura, quedando subjectas al general del dicho Orden de Sant Jerónimo. Es casa de mucha religión y donde siempre ha habido señoras de ilustre sangre y de grande vida y ejemplo. Entre las cuales vivió [[María de Ajofrín]], de quien habemos de ver su vida coligiéndola de los mismos memoriales y libros que la pasada, y es en esta manera. &#039;&#039;[21]&#039;&#039;.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
===Notas===&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&#039;&#039;[1]&#039;&#039; El apartado también incluye la vida de María de Ajofrín por ello el epígrafe completo expone: “De María, que fue ilustre y tuvo por sobrenombre García, y de María de Ajofrín, monjas de Sant Pablo de Toledo”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&#039;&#039;[2]&#039;&#039; En el margen izquierdo leemos: “En. I6. de Enero. Exodi.15.”&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&#039;&#039;[3]&#039;&#039; Conservamos la concordancia del texto.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&#039;&#039;[4]&#039;&#039; A lo largo de la edición, respetamos el género del sustantivo según el texto, que se refiere a la Orden de San Jerónimo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&#039;&#039;[5]&#039;&#039; Posiblemente, remite a la &#039;&#039;Hystoria, o descripcion dela Imperial cibdad de Toledo&#039;&#039; de Pedro Arcocer, impreso en 1554. En concreto, la vida de María García se halla en el vigesimoséptimo capítulo del segundo libro y está editada en el catálogo por Verónica Torres: http://catalogodesantasvivas.visionarias.es/index.php/Mar%C3%ADa_Garc%C3%ADa&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&#039;&#039;[6]&#039;&#039; En el margen derecho leemos: “Authores”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&#039;&#039;[7]&#039;&#039; Se añade “que”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&#039;&#039;[8]&#039;&#039; En el texto “que”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&#039;&#039;[9]&#039;&#039; Se subsana la errata “daña”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&#039;&#039;[10]&#039;&#039; Debemos leer “pase”. El verbo “apasar” se halla recogido en el &#039;&#039;Corpus Diacrónico del Español&#039;&#039; (CORDE): http://corpus.rae.es/cgi-bin/crpsrvEx.dll &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&#039;&#039;[11]&#039;&#039; En el texto “juntándose”. Se ha corregido la incoherencia sintáctica. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&#039;&#039;[12]&#039;&#039; En la obra leemos “contaban” pero parece más lógico considerar como sujeto a doña María.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&#039;&#039;[13]&#039;&#039; En el texto: “despus”&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&#039;&#039;[14]&#039;&#039; En el lateral izquierdo leemos: “Año de 1404.”&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&#039;&#039;[15]&#039;&#039; Se trata de un anacronismo ya que perteneció a la corte de Pedro I.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&#039;&#039;[16]&#039;&#039; La palabra “loor” aparece como sinónimo de alabanza&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&#039;&#039;[17]&#039;&#039; Conservamos la escritura del texto y no corregimos por “del alba”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&#039;&#039;[18]&#039;&#039; En el margen derecho podemos leer: “Año de 1464.”&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&#039;&#039;[19]&#039;&#039; Para facilitar la lectura se ha añadido el pronombre relativo “que”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&#039;&#039;[20]&#039;&#039; En el texto: “Illefonso”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&#039;&#039;[21]&#039;&#039; He editado la vida en el catálogo: http://catalogodesantasvivas.visionarias.es/index.php/Mar%C3%ADa_de_Ajofr%C3%ADn&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
= Vida impresa (3)=&lt;br /&gt;
Ed. de [http://visionarias.es/equipo/lara-marchante-fuente/ Lara Marchante Fuente]; fecha de edición: julio de 2017; fecha de modificación: agosto de 2026.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
== Fuente ==&lt;br /&gt;
* [http://catalogodesantasvivas.visionarias.es/index.php/Categor%C3%ADa:Fray_José_de_Sigüenza Sigüenza, Fray José de], 1600. “Libro IV de la Historia de la Orden de San Jerónimo”, &#039;&#039;Segunda Parte de la Historia de la Orden de San Jerónimo, dirigida al Rey, Nuestro Señor, Don Felipe III&#039;&#039;. Madrid: Imprenta Real, 756-767.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[[Contexto material del impreso Segunda Parte de la Historia de la Orden de San Jerónimo]]&#039;&#039;, dirigida al Rey, Nuestro Señor, Don Felipe III&#039;&#039;.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
== Criterios de edición ==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Para facilitar su lectura, esta edición moderniza el texto en aquellos puntos que no suponen una pérdida de los valores fonéticos, léxicos y sintácticos del periodo y conserva la morfología de las palabras con interés morfológico o fonológico o por tratarse de cultismos (como &#039;&#039;agora&#039;&#039;, &#039;&#039;ansí&#039;&#039;, &#039;&#039;monesterio&#039;&#039;, &#039;&#039;recebir&#039;&#039;, &#039;&#039;redemptor&#039;&#039; u &#039;&#039;obscuro&#039;&#039;).&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Se adaptan, por tanto, las grafías a las normas de ortografía vigentes (sibilantes, b/u/v, j/g, chr/cr, qu/cu, empleo de h, etc.) y a la acentuación y puntuación de las normas gramaticales actuales. Igualmente, el uso de las mayúsculas y minúsculas respeta los criterios presentes del español, si bien se mantienen las mayúsculas como signos de respeto o de diferenciación con la palabra escrita en minúscula (&#039;&#039;Cielo&#039;&#039;, &#039;&#039;Esposo&#039;&#039;, &#039;&#039;Señor&#039;&#039;, &#039;&#039;Profeta&#039;&#039;, &#039;&#039;Reina del Cielo&#039;&#039;). &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
También se introducen las comillas para delimitar las intervenciones dialógicas de los personajes y se subsanan las erratas evidentes. En este sentido, conviene apuntar que, dentro de esta edición y en base a sus particularidades, se han incluido notas al pie en las que se especifican y desarrollan algunas ideas o palabras del texto impreso original. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==Vida de María García==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
===Capítulo XLVI===&lt;br /&gt;
[757] &#039;&#039;&#039;La vida de doña María García, virgen de gran santidad y fundadora del Monasterio de San Pablo en la ciudad de Toledo&#039;&#039;&#039;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Feliz clausula hará esta parte de historia con la vida desta generosa santa y será como renovar los principios en que comenzó esta religión, haciendo como un círculo, juntando estos dos extremos. Hasta aquí, no hemos hecho memoria de ninguna religiosa desta Orden, porque es esta santa la primera y con quien nuestro Fr. Pedro Fernández Pecha tuvo familiar y santa conversación, y, pues hemos dicho de los hijos, digamos agora desta hija tan santa que fue después madre de muchas siervas de Dios, y quedará, como dicen, urdida la tela para la grande y maravillosa lista que después veremos dellas. Escrita está de algunos puntos de su vida, y no será superfluo mi trabajo, dejada aparte la obligación que corte.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Ha sido forzoso hacer memoria desta santa virgen en algunos lugares desta historia, principalmente en la fundación del Monasterio de Sisla, junto a Toledo, y en la vida del padre Fr. Pedro Pecha o de Guadalajara. Tomando agora aquí el principio de sus principios, que Doña María fue hija de don Diego García de Toledo, de la Casa de los Gavias de Toledo, que es la Casa que llaman de las Gallinas, su madre se llamó Constanza de Toledo, mujer de don Diego García y hermana de don Vasco de Toledo, y no como algunos dicen de don Álvaro, arzobispo de Toledo. El padre de la santa fue también hijo de otro Diego García, mayordomo y notario mayor de la Reina doña María, y nieto de otro tercero Diego García, gran privado del Rey don Sancho “el Bravo”, ayo y mayordomo de un hijo y alcalde de Toledo, cuyas armas son las palomas, por descender del linaje de los Palomeques. De suerte le viene el abolengo, y por línea derecha a la santa, ser paloma, como a Fr. Pedro Pecha ser abeja, y mejor entre ambos, por la gracia del Espíritu Divino, ser principios y como maestros fecundos de tan santas congregaciones de hijos espirituales. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Tuvo esta santa paloma algunos hermanos, y entre todos ellos fue la querida y regalada de sus padres, porque salió por extremo hermosa y mejor, porque desde niña relucieron en ella mil presagios de santidad: en sus primeros años descubrió, siendo aún sin costumbres, costumbres santas.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Retirábase tan de veras y tan en seso a los lugares secretos a ponerse de rodillas y a rezar como si supiera qué era aquello, si no decimos que Dios le anticipó el juicio (no es cosa nueva) porque comenzasen los amores temprano y pudiese decir lo que aquella insigne mártir: “de otro amador estoy requestada primero que de ti”. Cuando comía a la mesa con sus padres, cogía pedazos de pan y a lo que más podía haber, echábaselos en la haldilla, y llevábaselos a los pobres que lle- [758] gaban a la puerta. Iba tan codiciosa y alegre a esto como si fuera a otros entretenimientos de niños, de suerte que antes que supiese hablar, sabía ya dar limosna. Nunca se le vían niñerías porque desde la cuna nació sin ellas, cosa que ponía admiración. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Estas primicias de espíritu que vieron los padres en su hija, como eran tan píos, les despertó el pensamiento a que de común acuerdo la ofreciesen a Nuestro Señor, haciendo voto de consagrarla como diezmo de muchos bienes recibidos de la mano de Dios a su perpetuo servicio y de su Santa Madre, y que fuese siempre virgen consagrada y no conociese otro esposo sino a Jesucristo, dándole lo mejor y la más querida prenda que tenían en sus ojos. Pusieron diligente cuidado en su crianza, enderezándola en todo lo que era temor y reverencia divina, procurando apartarla de lo que podía abrir los ojos para conocer los deleites del mundo. Cosa en que se descuidan tanto los padres en este tiempo y maravíllanse después cuando ven mil desastres por sus casas, habiendo ellos mismos abierto la puerta a todo, con la libertad y deshonestas costumbres que permiten y aun enseñan a sus hijos. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Crecían en esta sierva de Dios, con los años, discreción y santidad a una. Llegado el tiempo en que pudo tener conocimiento perfecto del voto y deseo de sus padres, de su propia voluntad y con alegría del alma le confirmó e hizo de nuevo, prometiendo no recibir otro esposo sino Jesucristo. Cuando vino a  edad de doce años, con más maduro pensamiento, comenzó a tratar qué manera de vida escogería para servir a su Esposo. Parecíale que el regalo de casa de su padre era mucho, y que tenía necesidad de abstenerse algo porque no la ablandase y se le hiciese después dificultoso entrar en vida más áspera. Habíale ya Dios puesto en el alma un perfecto linaje de aborrecimiento de sí misma y de todo cuanto el mundo estima y adora vanamente: riquezas, honras, deleites, estima, pompas. Inclinó su oreja a los consejos divinos, y dejó la casa de su padre y el modo de vida blanda y regalada, fuese a un monasterio que se llamaba San Pedro de las Dueñas, donde era priora una hermana suya y había monjas de santa vida (estaba este monasterio puesto en aquel sitio donde edificó después el Cardenal don Pedro González de Mendoza el insigne Hospital de la Cruz). La hermana, que la amaba tiernamente, la recibió en sus brazos, entendiendo que se iba de todo punto a ser allí monja con ella. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
No quiso el Señor que se determinase en esto porque la guardaba para otro fin, y solo pretendía, en estos ensayos, que se destetase de la vida primera regalada y, allí recogida, deprendiese a leer, escribir, cantar y rezar, y otras santas ceremonias que habían de aprovechar a su tiempo. Vivió de tal manera en aquella santa compañía que salió su fama no solo por la ciudad de Toledo, con gran admiración de todos, más aun a otras partes remotas. Tuvieron noticia della, por cartas de monjas o por otra vía, en un monasterio de Santa Clara, que está en la villa de Tordesillas. Rogáronle que se fuese allá a ser religiosa, prometiéndole que, en pocos años, la escogerían por superiora, condición bastante para que la doncella humilde rehusase el partido. Consideradas bien las costumbres y manera de vida que hacía su hermana con las demás religiosas, y bien industriada en lo que le pareció que le importaba, pidió licencia a su hermana para ir a ver a sus padres. Sintiolo la hermana tiernamente, que quisiera gozarla toda la vida. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Estando en casa de su padre, se le juntó una gran sierva de Dios, matrona verdaderamente viuda, llamábase doña [759] Mayor Gómez, de gran espíritu. Con esta comunicó un pensamiento que le puso Dios en el alma, y era hacer un desprecio grande de sí misma a los ojos del mundo, y crucificarse a él. La matrona prudente se maravilló de este pensamiento en una doncella generosa, rica, delicada. Prometiole su compañía en todo, porque entendió que Nuestro Señor la despertaba aquello. Salían cada día las dos siervas de Jesucristo de casa, en un hábito ordinario y despreciado, con unas alforjas al cuello, iban de casa en casa pidiendo limosna para los pobres encarcelados y miserables, recibían allí los mendrugos de pan, y cuando estaban las alforjas llenas que apenas las podían llevar, porque se las llenaban presto, repartíanlo a los pobres de la cárcel y a otros necesitados, y volvíanse a casa sin hablar con ánima, ni alear los ojos. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Dentro de casa, el ejercicio era orar y ayunar, y hacer las obras de humildad que se ofrecían, dando en todo buen ejemplo con sus vidas. Reprendiola algunas veces su padre y hermanos desta manera de vida y ejercicio de salir a demandar, diciendo que era cosa afrentosa y baja. Callaba la santa a todo y proseguía su ejercicio, sufriendo, con paciencia, la afrenta de los de fuera y la persecución de los de dentro. Holgándose que se ofrecía ocasión de padecer algo por Jesucristo, deseando mayores trabajos y afrentas. No parece agora creíble esto ni hacedero. La sencillez y poco pundonor de aquellos tiempos y, lo principal, el impulso santo de Dios, que por nuestra culpa no está en nosotros, nos hace parecer dificultosa esta manera de vida. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Continuaban las dos santas hembras su ejercicio: los días de fiesta (para romper de todo punto con estos pundonores que llaman en el mundo afrentas), se venían a la iglesia mayor y entre los dos coros, a vista de todo el pueblo, con sus talegas al hombro, pedían limosna para los pobres y encarcelados. Como el padre y los hermanos vieron que ni promesas ni amenazas la derribarían de aquel propósito, antes estaba constante, y que muchos en la ciudad alababan a Dios de ver un ejemplo de doncella tan extraordinario, echaron de ver que no era liviandad de muchacha, sino movimiento del espíritu del Señor, acordaron de disimular con ella y, en pocos días, se tornó la pesadumbre y afrenta en devoción y gloria. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Convirtió la virgen devota los ojos de todos ansí, y alababan a Dios en ella, teniéndola por ejemplo de perfección. Cuando la vían sus padres traer las alforjas al hombro, y venir cargada de mendrugos y rodeada de pobres, alzaban los ojos al cielo, haciendo gracias a Dios, y decían: “Tú, Señor, que comenzaste la buena obra en ella, la acaba y guárdala de todo mal, porque sea vaso limpio de tu santa mesa, y ponla en el número de tus siervas y esposas”. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Conociendo esto la santa doncella, derribábase a los pies de su padre, madre y hermanos, y agradecíales mucho que la dejasen vivir en aquel menosprecio del mundo, ejercitando obras de caridad con los pobres. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Comenzó esta sierva de Dios por un camino alto, adonde no se llega sino después de mucho trabajo y grande ejercicio de virtudes. Aquí se vio puesto, en efecto, aquel deseo ardiente de la esposa que, cuando ya estaba muy adelante en sus amores, decía a su Esposo, Jesucristo: “¿Quién os dará a mí, puesto en talle y forma de un mi hermanico pequeño que mama los pechos de mi madre, y que os encuentre yo, en medio de esas calles, os abrace y os bese, y os haga mil preguntas, y vos me respondáis [760] y me enseñéis, y que nadie me lo tenga a mal ni me desprecie? Llevaros he yo en brazos a casa de mi madre, allí en casa de madre, abrazado con vosotros, preguntaré otra vez mil cosas, y daros he yo en pringaditas de arrope y mosto de mis granadas”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
La exposición de todo esto es lo que esta santa virgen ejercita, y no ha menester otro comento. Enseñole el espíritu del Señor que su Esposo, Jesucristo, estaba escondido en los pobres como Él mismo lo declaró. Conociendo esto, no pudo disimular su amor y ansí, como si fueran sus hermanos pequeñitos, a quien la más honesta doncella abraza sin empacho en medio de la calle y nadie se lo tiene a mal, aunque le bese y haga mil caricias, y le lleve en sus brazos, antes la loan y les parece a todos bien; ansí, esta virgen prudente, dejados los respetos y consideraciones humanas, transformada en su Esposo, puesto en estos pobrecitos y afligidos, se abrazaba con ellos, y les besaba los pies y las llagas, y les daba de comer y hacía mil regalos en las calles, en las plazas y en todos los lugares públicos, les preguntaba de sus trabajos y de sus miserias, y ellos le daban cuenta de la merced que Dios les hacía en medio dellos. Llevábalos a casa de su madre, regalábalos, hacíales mil beneficios y servicios, y no por esto la menospreciarían, sino que antes se maravillaban de ver un tan fino amor de hermana y de esposa de Jesucristo, alabando a Dios en su sierva. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Aconteció una vez que iban su padre y su tío don Vasco de Toledo, hermano de su madre, juntos a caballo por la ciudad con mucho acompañamiento. Encontraron a las dos compañeras, doña María García y doña Mayor Gómez, pidiendo con sus alforjas limosna de puerta en puerta; afrentose mucho don Vasco y, vuelto a don Diego, le dijo con sentimiento: “Mucho me maravillo, señor don Diego, de vuestra prudencia, que dejéis andar de esta suerte a vuestra hija, muchacha tan hermosa y de tan noble sangre, en ejercicio tan abatido, tan afrentoso y peligroso, rodeada de pobres y gente perdularia, despreciada sin honra; aunque la tuviérades aborrecida, habíades de mirar vuestra reputación y la honra de todos nosotros. Casadla señor con su igual, pues tenéis con quien, y quitad esta nota de vuestro linaje”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Respondiole el noble caballero con semblante grave, diciendo: “Señor don Vasco, cuando esto se hubiera de llevar por reglas de prudencia humana, eso que decís es lo que se había de mirar y hacer, mas a esta mi hija otra prudencia más alta creo que la gobierna, y pues ella ha escogido por esposo a Jesucristo, Rey eterno, y Él la quiere llevar por este camino, ni yo le daré más bajo esposo, ni le diré que deje su ejercicio. Créeme, señor hermano, que antes que a esto viniese se hicieron muchas diligencias hasta que se vio que era esta la voluntad de Dios. Dejémosla caminar a donde la llaman, que ella ha escogido mejor que nosotros le aconsejaremos”. Con esto, no osó replicar más en este caso de allí adelante don Vasco.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Era esto en los postreros años del Rey don Pedro, acertó a venir a Toledo. Tuvo noticia de la hermosura de esta santa doncella y, como juntaba a la crueldad ser deshonesto, no perdonaba cosa, deseó verla y aun haberla. Entendido el ruin propósito por la virgen devota y por sus padres, se fue con su compañera doña Mayor Gómez de secreto a Talavera, donde tenían sus padres casas y hacienda. Estuvieron allí algunos días encerradas con harto miedo, y no faltaba razón, porque no faltó quien le avisó de la ausencia y del lugar donde estaban retira- [761] das que, a costa de lisonjear a los Reyes y tener cabida, no se les esconde nada. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Dios, que lo dispone mejor, quiso que le dijesen esto y que se pusiesen encobro antes que viniesen a buscarlas. Acordaron de venir por un camino apartado otra vez a Toledo, no entraron dentro, sino fuéronse a una ermita (de que ya hicimos memoria) que se llamaba Nuestra Señora de la Sisla. Allí vivieron escondidas algunos días hasta que se ausentó el Rey, y así escaparon de sus manos y de su deshonestidad. En esta ermita probó esta santa otro género de vida, de mayor quietud y sosiego del alma, puesta en alta conservación del Cielo, haciendo su corazón un holocausto encendido todo en el amor y contemplación de su Esposo. Hacía las asperezas grandes de los ermitaños de Egipto. Dormía sobre unos sarmientos, ayunaba mucho, juntaba las noches con los días orando y contemplando, y allí recibió grandes consuelos del Cielo, ayudándole a todo esto su gran compañera, doña Mayor Gómez, que se la deparó Dios en todos estos trances, no para aya, aunque lo parecía, sino para alivio de tan grandes cosas, y testigo de su honestidad y pureza. Murió a esta sazón el Rey don Pedro a manos de su hermano don Enrique, como todos saben; con su muerte se aseguraron mil almas temerosas de su crueldad y de su torpeza, salió de su yermo nuestra santa ermitaña y, pensando qué camino escogería para retirarse al servicio de Dios de propósito y acabar en ella vida con mayor aprovechamiento de su alma, tuvo noticia cómo había en Toledo una congregación de mujeres santas, que se recogían en una casa en la parroquia de San Román. Tenían como en lugar de priora una señora de gran prudencia y espíritu, que se llamaba doña María de Soria; loaba toda la ciudad el modo de vivir de esta gente, teniéndolas por mujeres de gran recogimiento y santidad. Parecioles a las dos compañeras que este era negocio seguro, supuesto que no habían de estar en aquella ermita y había cesado la causa. Fuéronse allí y recibiolas doña María de Soria con alegría, por la fama de su valor; se vistieron entre ambas el hábito que usaban las que allí entraban. Vivieron algún tiempo en aquella compañía, dando gran ejemplo a todas y ejercitándose en actos de humildad y de obediencia, de que recibía gran consuelo nuestra santa, y sin duda quiso Nuestro Señor traerla aquí para que aprendiese esto y lo ejercitase, porque es cosa imposible poder enseñar a otros, los que no tienen experiencia, qué cosa es obedecer. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Murió dentro de pocos años doña María de Soria, en cuyo gobierno estribaría aquella congregación. Murieron también los padres de nuestra doña María García de Toledo, dejáronle mucha hacienda y mejora, entendiendo que la había de emplear en servicio de Nuestro Señor con grande provecho de sus almas. Como se vio desamparada de la madre espiritual y de los padres naturales, y con hacienda, suplicó a Nuestro Señor la alumbrase en lo que era servido hiciese de sí y de los bienes que le habían quedado, pues no era suya ni quería otra cosa en esta vida sino emplearse toda en su amor y servicio. Púsole en el corazón lo que Dios había ido madurando por todo este discurso, entreteniendo a esta, su sierva, por tan extraños y varios caminos, y lo que con el efecto se ha mostrado ser cosa ordenada por su divino consejo. Vendió las heredades y hacienda que le había quedado en el lugar de Belilla y otras partes. Compró en la parroquia de San Lorenzo, en Toledo, una buena casa que tenía suelo y aposento [762] espacioso, pasose allí con su compañera, doña Mayor Gómez, y algunas que, conociendo su santidad y valor, quisieron seguirla delas de aquella congregación de beatas. Encerrose allí con determinación de no salir en toda la vida. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Entendiose esta mudanza en la ciudad. Vino a noticia de una señora, de las nobles de Toledo, que se llamaba Teresa Vázquez, mujer deseosa de la salud de su alma, había días que estaba recogida en su casa con gran encerramiento, con hasta siete u ocho mujeres, haciendo vida muy honesta. Acordó de pasarse a la compañía de nuestra Santa, con toda la suya, entendiendo que Dios la llamaba para servirle en aquella congregación; ansí se hizo en breve una casa de muchas siervas de Dios, y de notable nombre, a quien siguieron presto otras. Aquí se comenzó luego una labor divina, en unas vidas de gran humildad y pobreza de espíritu, desechando no solo el regalo, mas aun lo muy necesario para pasar la vida, abrazando en todo la mortificación de los sentidos. Pusiéronse unos hábitos blancos y un escapulario pardo, el mismo que tenían los muy recientes monjes de la Orden de San Jerónimo, sin saber qué hacían. También se determinaron luego a obedecer todas a una cabeza porque no fuese monstruo de muchas aquel colegio, y de común acuerdo quisieron todas que fuese doña María García de Toledo, porque tenían mucha prueba de su virtud y prudencia, que bastaba a mayores cosas. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Como era la santa tan en el corazón humilde, recibió aquello con harta dificultad, derribada de los ruegos y lágrimas de sus hermanas, a quien ella quisiera obedecer toda la vida. Este fue el primer fundamento y estas las primeras fundadoras del Monasterio de San Pablo de Toledo, de los muy religiosos, sin agravio de ninguno que ha habido en aquella ciudad y de notable nombre, en donde, como veremos, en sus lugares se han criado santas y puras almas y grandes siervas de Dios. Vino a esta sazón, como dijimos arriba, Fr. Pedro Fernández Pecha a fundar la Casa de la Sisla (no es fácil de atinar si antes o después que este santo colegio de vírgenes se juntase); dijimos también, y es cosa cierta, que la santa le dio mucho favor para el edificio y le socorrió con todo lo que pudo, y hoy en día guarda un arquilla de plata que dio esta sierva de Dios, en que encerrasen el Santo Sacramento. Lo que Fr. Pedro Fernández Pecha sirvió a esta sierva de Dios, y el trato que entre los dos pasaba, no hay para qué repetirlo, pues queda dicho en la vida de aquel santo. Comenzáronse desde entonces a llamar religiosas de San Jerónimo, y a imitar todo lo que podían de la vida y costumbres y ceremonias santas a aquellos padres de quien Fr. Pedro Pecha era como patrón y cabeza y prior de la Sisla, pues sin duda todos los de la Orden son sus hijos, y estas podemos llamar, y lo son, sus primeras hijas. Porque, aunque entonces los religiosos de la Orden estaban sujetos a los ordinarios, doña María García de Toledo y sus hijas dieron la obediencia a Fr. Pedro Fernández, y por su parecer se gobernaban y no salían un punto de su obediencia. Crecía aquella casa de San Pablo en gran ejercicio de humildad, y caminaban debajo del gobierno de dos almas tan pías, con largo paso al aprovechamiento espiritual, todas las que allí se habían recogido. Iba muy delante de todas la Santa Virgen Fundadora, hallándose la primera en cuanto se ofrecía de virtud y [763] de humildad, con harta maravilla de las que pretendían imitarla.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Asentaron luego el oficio divino por orden del prior de la Sisla, su maestro, con la puntualidad que entonces supieron, que se hizo a todos maravillosa, y acudían de la ciudad a oírlos la gente que tenía gusto de devoción, porque parecía que los oficiaban los ángeles. Levantábanse a medianoche a Maitines, y nunca la sierva de Dios, desde aquella hora, sabía qué cosa era tornar a la cama, consumiendo lo que quedaba de la noche en oración y coloquios divinos con su Esposo, Jesucristo. Dábale mucha pena que la alabasen en algo, habiendo tanto de qué;  cuando las personas seglares le decían de su buen nombre, y relataban alguna de sus virtudes, que suelen ser en esto indiscretos, decía ella con semblante vergonzoso: “Estas hermanas y siervas del Señor hacen eso, y en ellas cabe bien lo que de mí decís, que yo no soy sino un vaso despreciado y una criatura inútil”. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Cuando algunas veces estaba mala (tenía muchos achaques por tratar tan mal su cuerpo) y era fuerza caer en la cama, y vía aquellas santas compañeras alrededor, con tanta gana de servirla, decía con una sinceridad de paloma: “Dónde merecí yo tanto bien, que me sirviesen damas y doncellas tan hermosas, y las esposas de mi Señor se humillasen a un vil gusanillo cual soy yo, que aun no merezco servir a ninguna dellas”. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Ofendíanle mucho las mujeres que se adobaban los rostros, pintándose con los albayaldes y carmines, y poniéndose mudas, decía que ni eran buenas para mujeres, ni para imágenes, porque para lo segundo eran feas y para lo primero no eran vivas, sino pintadas. Cuando alguna destas venía a visitarla, decía que no la conocía, porque traía máscara, y la había visto antes sin ella, y que no era aquel rostro que les había dado Dios, sino el que compraron de la tienda. Amonestábales con palabras santas que no hiciesen aquello, porque ofendían mucho a Nuestro Señor, y que si perseveraban, no era pequeño el castigo que las estaba guardado. También aborrecía mucho los olores: almizcle, algalia, ámbar, y otros cualesquier extraordinarios que solían traer entonces solo las mujeres (no se había extendido esta manera de afeminarse a los hombres en aquel tiempo) porque le olían mal las que siempre querían oler bien. Decía que era locura traer con olores postizos un cuerpo que tan presto  había de oler tan mal y ser manjar de gusanos. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Si alguno, hablando con ella, le decía de merced o de reverencia, llena de humildad respondía que la merced era de Dios, de quien es propio hacer mercedes y misericordias, y la reverencia se debe a quien todas las criaturas hacen reverencias, porque ella miserable era e indigna de reverencia. Después que los dos santos gozaron algunos años de la conversación santa, aprovechándose a veces y aprendiendo el uno del otro, gobernando sus conventos, con el aprovechamiento que hemos visto, cansado ya, o diremos mejor, derribado ya Fr. Pedro Pecha de sus rigurosas asperezas, y por esto con mil ajes, pareciéndole que estaba inútil para el gobierno, determinó de ir a acabar su vida a Nuestra Señora de Guadalupe, como lo vimos en su vida. Quedó con esto muy desconsolada nuestra santa, y no le sucedió cosa en esta vida que sintiese tanto, y todas las otras hermanas se lastimaron en el alma, llamándose desamparadas, sin padre y sin maestro, que con su aviso y prudencia las sus- [764] tentaba, doctrinaba y regía, y las animaba con su ejemplo a continuar el curso comenzado. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Sintiéndose pues, nuestra devota virgen, tan desconsolada, volvió los ojos al Señor llena de fe y esperanza, y díjole con amorosas lágrimas: “ Confirma, Señor, esto que obraste en nosotras, y no desampares desde tu alto templo el edificio deste en que tú quieres morar por tu misericordia, da esfuerzo a tus siervas para que perseveren hasta alcanzar el fin de su deseo, que no es otro sino unirse contigo como último fin de todas nuestras esperanzas, y abrazarte como a Esposo único de las almas. Flacas somos, Señor, y llenas de pobreza y miseria, mas tú eres gigante fuerte, y pastor vigilantísimo, que nadie será poderoso para sacar estas ovejicas de tu mano”. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Oyó el Señor su oración, como se vio por el efecto, pues fueron siempre creciendo en tanto hervor y devoción en aquella santa casa. Vivió después de la ausencia de su fiel compañero la sierva de Dios veinticuatro años. Era ya de mucha edad, las penitencias y mal tratamiento del cuerpo, dormir en el suelo, vigilias, ayunos habían estragado mucho aquel cuerpo delicado. Veníanle a faltar poco a poco los sentidos, veía poco, oía menos, con todo esto no quería faltar a las cosas de la comunidad. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
No podían con ella aunque más se lo rogaban, sino que se había de levantar a Maitines. Como no oía, acordó de tener un gallo en su celda, que era muy puntual en cantar a la medianoche con aquel canto; por ser muy aguda la voz, despertaba y oía. Santa simplicidad, si no es que era misterio despertar con el canto del gallo. Desde niña, tuvo costumbre de levantarse a la medianoche a loar al Señor, y jamás la dejó, aun en enfermedades grandes, grande ánimo y virtud de hembra tan delicada. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Aunque estaba por de fuera el cuerpo tan consumido, tenía dentro el alma muy despierta en la contemplación que había ejercitado toda su vida, gozando en lo secreto de favores y regalos divinos que la alentaban para tan larga jornada. Llegado el fin de la carrera dichosa, queriendo el Señor darle el galardón de tan santa vida y trabajos tan piadosos, vínole una calentura lenta, que bastaba para consumir aquello poco que había quedado de la penitencia. Cayó en la cama, porque no podía sostenerse. Sintiendo ya su fin cerca, llamó a sus hijas que, a esta sazón, eran veinticinco o veintiséis, rebaño precioso y rico en los ojos de Dios. Cuando las tuvo delante abrazolas una a una con notable ternura y lágrimas, queriendo poner a cada una en sus entrañas, dábales paz en el rostro y se juntaban las unas lágrimas con las otras. Después les dijo desta manera: “Hermanas queridas y compañeras de mi peregrinación, que habéis perseverado conmigo en estos trabajos de pobreza y penitencia, yo me parto a la bienaventuranza que ha prometido nuestro Esposo a los que perseveraren hasta la fin. Deseo mucho que no os ponga espanto lo que os falta de la corrida de vuestro curso, y que mi ausencia no os cause alguna flaqueza en los ánimos, ni penséis que he sido yo alguna parte para sustentaros hasta este punto en la vida religiosa que habéis comenzado, de que tenéis pasada ya mucha parte, las más de las que estáis presentes. Otra fuerza mayor es la que os sustenta, que es la virtud del Señor, que nunca se cansa, ni puede morir, y está siempre cerca de vosotras si por vuestra [764] culpa no la desecháis y hacéis fuerza para que se vaya, porque os ama mucho y tiene gran cuidado de vuestra salud. Lo que desea y lo que siempre nos pide es que no pongamos el amor en otra cosa, que es muy celoso, y no admite compañía alguna: o todas habéis de ser suyas o de otro, y mirad quién será el otro si dejáis a Dios. Fuera d’Él todo es feo, todo es miseria, enfermedad y muerte. Una quiere que sea su paloma, y una su amiga y una su querida, que no cabe con otro. Ponedle en vuestro corazón y en vuestro brazo, haced que vuestros pensamientos, palabras y obras no tiren a otra señal, porque, si no, sabed que se enojará mucho, y cuanto estáis en más alto estado y cuanto habéis venido a más secretos abrazos y favores, tanto será mayor la ira de sus celos. Porque el amor es como la muerte fuerte y más duro que el infierno que, como la muerte, nunca se aplaca ni perdona y, como el infierno, nunca se apiada ni ablanda; ni al uno ni al otro podremos con ruegos ni con fuerza detenerlos, ni mudarlos de su rigor: ansí el amor, cuando es tan gravemente ofendido y quebrantadas sus leyes, no sabe perdonar, ni aplacarse, ni la ira de los celos tiene remedio. Las caídas de muy alto de ordinario son mortales. Por eso, carísimas hermanas, mirad donde subisteis, temed mucho la caída y, pues tenéis tan cierto el socorro, pedidle sin cesar que no hayáis miedo que falte. Mirad cuán presto se acaba la vida, cuán poco duran los gozos vanos deste suelo, qué presto se marchitan estas florecillas de la primavera que, de ordinario, antes de la noche se enlacian y caen, y los trabajos, qué momentáneos y de poca dura, y qué de bienes se siguen tras ellos, cuando se llevan en paciencia y por Dios. No os turbe ver a las que dejasteis en el siglo, cuando vienen compuestas y galanas a visitarnos, porque son figuras del retablo de este mundo, que pasa como una farsa. Ya veis cuántas, en medio de sus regalos, las ha arrebatado la muerte, y cuántas de las que viven querrían ser muertas, porque viven una vida de infierno. Poned los ojos en la ribera deste río por donde vais atravesando a vuestra gloria, para que no os desvanezcan las ondas y sus olas, que pasan a dar en el mar. Veisme aquí, estoy ya a las puertas de la muerte, alegre y segura, sin temer la contradicción de mis enemigos, confiada en el mérito de la pasión de mi esposo y en la virtud de su sangre, que cuando con Él me desposé me las dio en arras y en dote, y ahora que viene el día de las bodas, saldré adornada con ellas. Imaginad que me casé con un hombre de los del siglo, y que he vivido en muchos regalos, y que tengo muchos hijos, y que he llegado a este punto que tuviera ahora aquí sino congojas, y rabias y ansias, un temor y una tristeza irremediable. Pues mirad la diferencia y deprended en este trance lo que no se os olvide jamás. Quiéroos dar en mi partida un consejo y un precepto; el precepto no es nuevo ni mío, sino del Esposo y Señor Jesucristo, que os améis unas a otras y sufráis las faltas con caridad, y esta es deuda que la debéis siempre, en tanto que durare la vida: cada una quiera el bien de la otra como el suyo propio, porque en esto consiste el verdadero amor. El consejo es que os guardéis de salir del claustro cuanto os fuere posible y que no os vean en la calle para siempre, ni aun en la red, sino con mucha necesidad. Mirad que las palomas, aunque son tan puras y sin malicia, si ven la red huyen de ella, porque en la red está el lazo que prende con las palabras o con la vista la inocencia del alma”. [766] &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Esto les dijo en común. Después, en particular, habló a cada una por sí, y no adivinando ni sacando por conjeturas, sino con un espíritu profético, les declaró todo el discurso de sus vidas, diciendo a muchas dellas lo que después sucedió sin faltar punto. A unas que no habían de perseverar y los fines que habían de hacer, y a otras les declaró cómo habían de ir aprovechando; y aunque entonces les pareció que debía de hablar a tientas o no la entendían, después se desengañaron y vieron claro que el Señor les avisaba por la boca de su sierva. Acabado esto, pidió la extremaunción; recibiola con gran espíritu y entereza, ayudando a todos los salmos y letanías, como si estuviera sana. De allí a un poco, descendió sobre ella una claridad admirable, y anduvo volando por la celda una palomica blanca, aunque no fueron todas las que allí estaban dignas de verla. Alegrose su rostro en gran manera, mirando atenta a la luz que tenía sobre sí; hablaba con ella tan quedo, que no podían entenderla. De allí a un poco, alzó los brazos en alto y juntó las manos, como quien quiere abrazar alguno, haciendo cruz, y ansí salió la santa alma, dando a entender que se abrazó luego con su amado y dulce Esposo Jesucristo. Su muerte fue el diez de enero, año de 1426 &#039;&#039;[1]&#039;&#039;, y ochenta y seis su edad, según la mejor cuenta, porque no se sabe precisamente el año en que nació. Había ordenado viviendo que sin ruido, y sin dar cuenta a nadie, llevasen su cuerpo al monasterio de Nuestra Señora de la Sisla. Hízose ansí y fue bien menester, porque la ciudad estaba alterada sobre querer llevar el cuerpo cada cual adonde le parecía que tenía más derecho. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Los parientes pretendían hacerle en la iglesia mayor un sepulcro suntuoso; otros pretendían llevarla a otras partes; las religiosas, con gran silencio, teniendo entendido el humilde pensamiento de su Santa Madre, sin que nadie lo supiese, lo llevaron a la Sisla. Recibieron los religiosos con gran reverencia el cuerpo santo. Llevábanla vestida con sus hábitos de San Jerónimo y una corona de laurel en la cabeza, insignia de triunfadores. Hiciéronle el más solemne entierro que pudieron. Y como a principal bienhechora y más principalmente como a santa, la pusieron junto al altar mayor, al lado del Evangelio, y labraron un rico sepulcro. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Certifica una relación antigua de su vida, a quien he seguido en esta historia, que hizo por ella muchas maravillas y señales, en los que tocaron a su santo cuerpo y que lo certificaron personas de mucha religión, dignas de toda fe, y que las calla hasta que la Iglesia las publique, donde da a entender que se trataba de su canonización y, como esto es negocio que no se hace sin mucha costa, faltó quien lo solicitaba, y ansí se quedaron los milagros escondidos. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
De cuarenta o más años a esta parte, hubo necesidad para cierta fábrica que se hacía allí, en la capilla mayor de aquel convento, abrir un poco el sepulcro y cuerpo de la santa. Descubriose y lo halláronlo entero; después de ciento treinta años, tenía un ladrillo por cabecera, la toca de la cabeza estaba sana y prendida debajo de la barbilla con un alfiler, vestida con sus hábitos de beata. Afirma Fr. Antonio de Villacastín, de quien supe yo esto, porque era el maestro de aquella fábrica y lo ha sido de toda la casa de San Lorenzo el Real, testigo abonado, que él mismo levantó el cuerpo y que vio [767] en él una cosa extraña: que por doquiera que le asía, se levantaba todo entero, como si fuera de una pieza, y estaba tan ligero como si fuera de pluma. Y los ramos de laurel de que le hicieron la corona, cuando la truxeron, se estaban tan enteros y frescos como cuando los cortaron. Debe de ser privilegio de la virginidad que no se marchite ni corrompa lo que a ella se allegare. Hiciéronle los religiosos de la Sisla, encima del sepulcro, una figura de bulto, vestida al natural con sus hábitos de la Orden y como ella andaba vestida. Está hincada de rodillas, puestas las manos mirando al Santo Sacramento, donde en vida tuvo siempre puesto el corazón, y un letrero o epitafio de la elegancia de aquel tiempo que dice: &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
FUE DOÑA MARÍA GARCÍA, VIRGEN QUE AQUÍ YAZE SEPULTADA, DE CUYAS OBRAS RESULTA SER VIRGEN DE ETERNA ALEGRÍA.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
De tan buena gracia y aun peores son los versos latinos que se siguen luego:&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Domum suam hec dicauit,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Qua feminas adunauit,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Ut peremni sacre viuerent.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Hec totam se spernebat,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Et arte virgo degebat,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Ad Christi vestigium.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Erat mundo crucifixa, &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Mundus Christi [etc] transfixa,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Charilatis gladio. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Aquí da a entender este poeta que eran suyas las casas donde se recogió y donde agora está fundado el Monasterio de San Pablo, aunque la historia que yo he seguido dice que las compró de su hacienda. Este monasterio se estuvo con nombre de Beatas de San Pablo y de San Jerónimo muchos años. El año de 1464 &#039;&#039;[2]&#039;&#039; se encargó la Orden d’él, y creció siempre en religión, criando grandes siervas de Dios, como lo veremos en la postrera parte desta historia que luego se sigue, siendo el Señor servido.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
FIN&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En Madrid, por Juan Flamenco. Año 1600 &#039;&#039;[3]&#039;&#039;.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
=== Notas ===&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&#039;&#039;[1]&#039;&#039; Figura el año en números romanos en el texto: “año de M.CCCC.XXVI”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&#039;&#039;[2]&#039;&#039; Figura el año en números romanos en el texto: “año de M.CCCC.LXIIII”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&#039;&#039;[3]&#039;&#039; Figura el año en números romanos en el texto:  “M.CD”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
= Vida impresa y manuscrita=&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Ed. de [http://visionarias.es/equipo/maria-aboal-lopez/ María Aboal López] (impresa) y [http://visionarias.es/equipo/veronica-torres-martin/ Verónica Torres] (manuscrita); fecha de edición: octubre de 2020 y agosto de 2022.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
== Fuente ==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
* [http://catalogodesantasvivas.visionarias.es/index.php/Categor%C3%ADa:Francisco_de_Pisa Pisa, Francisco de], 1612. &#039;&#039;Descripción de la Imperial Ciudad de Toledo e Historia de sus antigüedades y grandeza y cosas memorables que en ella han acontecido, de los Reyes que la han señoreado y gobernado en sucesión de tiempo, y de los arzobispos de Toledo, principalmente de los más celebrados&#039;&#039;. Toledo: Pedro Rodríguez, Imprenta Real, fol. 276v.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[[Contexto material del impreso Descripción de la Imperial Ciudad de Toledo e Historia de sus antigüedades]] &#039;&#039;y grandeza y cosas memorables que en ella han acontecido, de los Reyes que la han señoreado y gobernado en sucesión de tiempo, y de los arzobispos de Toledo, principalmente de los más celebrados&#039;&#039;.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
* [http://catalogodesantasvivas.visionarias.es/index.php/Categor%C3%ADa:Francisco_de_Pisa Pisa, Francisco de], &#039;&#039;Apuntamientos para la segunda parte de la Historia de Toledo&#039;&#039;. Biblioteca de Castilla-La Mancha, Ms. 193, fols. 87-88.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
== Criterios de edición==&lt;br /&gt;
Aunque la vida en el libro impreso forma parte de una enumeración de santos y, por tanto, no es propiamente una hagiografía, la recogemos aquí para que quede constancia de su inclusión en esta obra del siglo XVII. Se adoptan los criterios de edición de vidas impresas estipulados en el Catálogo, es decir, se moderniza la ortografía (b/u/v, j/g, chr/cr, qu/cu, empleo de h, etc.), las sibilantes y se eliminan las consonantes geminadas. El uso de mayúsculas y minúsculas se moderniza, así como la acentuación y la puntuación, que se adaptan a las actuales. No obstante, se ha mantenido la escritura de “monesterio”. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En cuanto a la continuación manuscrita de la misma obra, aparece en un manuscrito del siglo XVIII con este título: “En este libro se contienen los &#039;&#039;Apuntamientos para la segunda parte de la Historia de Toledo&#039;&#039; que prometió escribir el Doctor Francisco de Pissa Decano en las Facultades de Santa Theologia, y Artes Liverales, y Cathedratico de Escriptura en la Insigne Universidad de Toledo: fechos y ordenados por el mismo, en el año de 1612”. La vida de María García se integra en el apartado correspondiente al monasterio de San Pablo. Se siguen los criterios establecidos en el catálogo para fuentes impresas, es decir, se moderniza la ortografía (b/v, j/g, qu/cu, etc.), así como el uso de mayúsculas y la acentuación y puntuación, que se adapta a la actual. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==Vida de María García ==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&#039;&#039;&#039;(1605)&#039;&#039;&#039;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[Libro Quinto] &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[Fol. 275r]&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
===Capítulo XXXVI===&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&#039;&#039;&#039;Catálogo o lista de santos propios de esta ciudad de Toledo&#039;&#039;&#039;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[…]&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[Fol. 276v] […] Doña María García, natural de Toledo, monja en el monesterio de San Pablo de esta ciudad, que ella fundó debajo de la Orden y hábito de San Jerónimo, sujetándose al prior del monesterio de la Sisla, donde está enterrada cerca del altar mayor; falleció año de mil y cuatrocientos y sesenta y cuatro. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&#039;&#039;&#039;(1612)&#039;&#039;&#039;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&#039;&#039;&#039;Monasterio de San Pablo&#039;&#039;&#039;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[Pag. 87] Asimismo, está en este distrito el [Pag. 88] monasterio insigne del apóstol San Pablo de la Orden de San Jerónimo, que a los principios fue fundado por doña María García de Toledo, hija de Diego García de Toledo y de su mujer doña Constanza, hermana de don Álvaro, arzobispo de Toledo. La cual, en compañía de otras religiosas, hizo santa vida del hábito de San Jerónimo, aunque a los principios sin clausura, por los años del Señor de 1404, sujetas al prior de Nuestra Señora de la Sisla, extramuros; y después, en el año 1408, haciendo profesión solemne, tomaron velo y clausura, sujetas al general y prelados de la dicha Orden de San Jerónimo, como lo escribe Pedro de Alcocer en la &#039;&#039;Historia de&#039;&#039; [Pag. 89] &#039;&#039;Toledo&#039;&#039;, lib. 1º. La dicha María García, fundadora, está sepultada en el dicho monasterio de la Sisla, y asimismo lo está otra religiosa de esta casa &#039;&#039;[1]&#039;&#039;, de quien se cuenta en la &#039;&#039;Historia&#039;&#039; grandes ejemplos de santidad y misericordias que recibió de Dios Nuestro Señor en la oración y vida espiritual. Las vidas de las dos santas religiosas se hallarán escritas en la &#039;&#039;Historia&#039;&#039; de la Orden y el Maestro Villegas en la 3ª parte del &#039;&#039;Flos Sanctorum&#039;&#039;, en las adiciones. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En esta iglesia de San Pablo está enterrado el arzobispo, que fue de Sevilla el cardenal, don Fernando Niño de Guevara.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
===Notas===&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&#039;&#039;[1]&#039;&#039; Seguramente se refiera a [[María de Ajofrín]], cuya vida está incluida en el &#039;&#039;Flos sanctorum&#039;&#039; de Villegas, como vemos en el Catálogo, aunque no en la &#039;&#039;Historia de Toledo&#039;&#039; de Alcocer.&lt;/div&gt;</summary>
		<author><name>Anaritasoares</name></author>
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	<entry>
		<id>https://catalogodesantasvivas.visionarias.es/index.php?title=Contexto_material_Historia_de_Guadalajara,_y_c%C3%B3mo_la_religi%C3%B3n_de_San_Jer%C3%B3nimo_en_Espa%C3%B1a_fue_fundada_y_restaurada_por_sus_ciudadanos_(MSS/1756)&amp;diff=713169</id>
		<title>Contexto material Historia de Guadalajara, y cómo la religión de San Jerónimo en España fue fundada y restaurada por sus ciudadanos (MSS/1756)</title>
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		<updated>2026-09-26T08:04:55Z</updated>

		<summary type="html">&lt;p&gt;Anaritasoares: &lt;/p&gt;
&lt;hr /&gt;
&lt;div&gt;=Ficha de la vida manuscrita de [[María García|María García]]=&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[[Archivo:Portada Historia de Guadalajara Pecha.jpg|miniatura|300px|right|Hernando Pecha, 1669. &#039;&#039;Historia de Guadalajara, y cómo la religión de San Jerónimo en España fue fundada y restaurada por sus ciudadanos&#039;&#039;, Madrid, BNE, MSS/1756. (Fuente: Biblioteca Digital Hispánica. Imagen procedente de los fondos de la Biblioteca Nacional de España).]]&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
{| class=&amp;quot;wikitable&amp;quot;&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Localización del manuscrito || Biblioteca Nacional de España, Madrid&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Descripciones en catálogos ||&lt;br /&gt;
* [https://catalogo.bne.es/permalink/34BNE_INST/95vni4/alma991024733699708606 Catálogo en línea de la BNE]&lt;br /&gt;
* [https://www.bne.es/es/Micrositios/Guias/Inventario_Manuscritos/InventarioGralDeManuscritos/ Inventario general de Manuscritos, tomo V]&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Digitalización || [https://bnedigital.bne.es/bd/card?id=476b896a-7765-4be2-858f-1e5ee8aaaa6a Biblioteca Nacional de España]&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Localización del texto en el volumen || El texto se localiza en los folios 12r y 12v, que forma parte del capítulo 25, referencia que aparece tachada con otra tinta en el manuscrito, titulado “Renuncia el Priorato de sanct Bartolomé fray Pedro Fernández de Guadalajara y sale a fundar el Monasterio de Nuestra Señora de la Sisla en Toledo”.  María García se menciona en el dicho capítulo a propósito de dos celdillas que el propio Pecha habría encontrado al lado de una ermita. &lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Encuadernación || Pasta española, s. XIX, 325 x 220. &lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Superficie de escritura || Papel.&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| &#039;&#039;Mise en page&#039;&#039;|| I + 200 fols. + 5 hojas de guarda (3+2), 310 x 210. El ejemplar presenta una división por capítulos en los que el autor se propone historiar ampliamente los linajes de Guadalajara. Entre ellos, se ocupa de los Mendoza, apartado en el que transcribe bajo el epígrafe “Las obras que compuso el Marqués de Santilla, su &#039;&#039;Doctrinal de Privados y sus Proverbios&#039;&#039;” (fols. 158v- 164v). Sin embargo, nos encontramos ante un texto incompleto al principio y en su final, que contiene escritura de varias manos, así como constantes enmiendas y adiciones. La portada, que aparece pegada al principio del manuscrito (en el folio 70, según la numeración antigua) consta de un título transcrito de letra de Iriarte, según se indica en el catálogo de la biblioteca que custodia el manuscrito, y contiene, además, hecho a pluma, un escudo de armas con la leyenda “Didaco Viciosso”. Por otra parte, tiene billetes sueltos entre las hojas 68-69, 183-184 y 199-200 y hay abundantes hojas en blanco o sin numerar (estas aparecen entre las hojas 136 y 137). Posee un número de líneas de escritura muy irregular debido, sobre todo, a los cambios de mano y de formato en los márgenes, que también son irregulares. De este modo, el número de líneas puede oscilar entre las 30 y las 50 a lo largo de todo el manuscrito. La foliación del ejemplar aparece en el margen superior derecho y, como ya se ha comenzado a apuntar, presenta una numeración doble: la antigua, que comienza en el folio 70, que es la que aparece más arriba, justo en la esquina del folio; y la más moderna, que comienza a foliar el manuscrito desde el folio 1, correspondiente a la portada, y que aparece debajo de la antigua en una tinta un poco más oscura. Creemos que esta podría deberse también a la mano de Iriarte, quien realiza la portada pegada &#039;&#039;a posteriori&#039;&#039; al inicio del manuscrito.  &lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Manos || Se han detectado 6 manos diferentes. La mano 1 correspondiente a Iriarte, que realiza la portada y la foliación moderna. La mano 2 (principal) es la que realiza la mayor parte de la composición del cuerpo del texto. Esta se intercala con otras dos manos que aparecen puntualmente, la 4 (55r-57v / 61r-63r / 83r / 90v-92v y 181r-182v) y la 6 (183r-241r). Por otro lado, la mano 3 es la que realiza las correcciones, enmiendas y notas en los márgenes, con una tinta mucho más oscura que el resto del manuscrito. Por último, las manos 5 y 7, que confeccionan los billetes sueltos. &lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Marginalia || A lo largo del ejemplar hallamos notas en los márgenes que básicamente remiten a otras obras.&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Bibliografía||&lt;br /&gt;
* Catalina García, J., &#039;&#039;Biblioteca de escritores de la provincia de Guadalajara&#039;&#039;, Madrid, 1899, p. 420-421.&lt;br /&gt;
* Serrano y Sanz, M., &#039;&#039;El Licenciado Juan de Cervantes y Don Iñigo López de Mendoza, cuarto Duque del Infantado&#039;&#039;. En BAE, XIII (1926), p. 19.&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Ficha elaborada por||Verónica Torres Martín&lt;br /&gt;
|}&lt;/div&gt;</summary>
		<author><name>Anaritasoares</name></author>
	</entry>
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		<title>Contexto material Historia de Guadalajara, y cómo la religión de San Jerónimo en España fue fundada y restaurada por sus ciudadanos (MSS/1756)</title>
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		<updated>2026-09-26T08:03:58Z</updated>

		<summary type="html">&lt;p&gt;Anaritasoares: Página creada con «=Ficha de la vida manuscrita de María García=  Alonso Téllez de Meneses, principios del siglo XVI. Libro de los linages de Hespaña, sus principios i continuación, Real Academia de la Historia, sig. 9/234, sig. anterior C-12. (Fuente: Biblioteca Digital Real Academia de la Historia).  {| class=&amp;quot;wikitable&amp;quot; |- | Localización del manuscrito || Biblioteca Nacional…»&lt;/p&gt;
&lt;hr /&gt;
&lt;div&gt;=Ficha de la vida manuscrita de [[María García|María García]]=&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[[Archivo:Portada Libro de los linages Téllez de Meneses.jpg|miniatura|300px|right|Alonso Téllez de Meneses, principios del siglo XVI. Libro de los linages de Hespaña, sus principios i continuación, Real Academia de la Historia, sig. 9/234, sig. anterior C-12. (Fuente: Biblioteca Digital Real Academia de la Historia).]]&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
{| class=&amp;quot;wikitable&amp;quot;&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Localización del manuscrito || Biblioteca Nacional de España, Madrid&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Descripciones en catálogos || * [https://catalogo.bne.es/permalink/34BNE_INST/95vni4/alma991024733699708606 Catálogo en línea de la BNE]&lt;br /&gt;
* [https://www.bne.es/es/Micrositios/Guias/Inventario_Manuscritos/InventarioGralDeManuscritos/ Inventario general de Manuscritos, tomo V]&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Digitalización || [https://bnedigital.bne.es/bd/card?id=476b896a-7765-4be2-858f-1e5ee8aaaa6a Biblioteca Nacional de España]&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Localización del texto en el volumen || El texto se localiza en los folios 12r y 12v, que forma parte del capítulo 25, referencia que aparece tachada con otra tinta en el manuscrito, titulado “Renuncia el Priorato de sanct Bartolomé fray Pedro Fernández de Guadalajara y sale a fundar el Monasterio de Nuestra Señora de la Sisla en Toledo”.  María García se menciona en el dicho capítulo a propósito de dos celdillas que el propio Pecha habría encontrado al lado de una ermita. &lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Encuadernación || Pasta española, s. XIX, 325 x 220. &lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Superficie de escritura || Papel.&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| &#039;&#039;Mise en page&#039;&#039;|| I + 200 fols. + 5 hojas de guarda (3+2), 310 x 210. El ejemplar presenta una división por capítulos en los que el autor se propone historiar ampliamente los linajes de Guadalajara. Entre ellos, se ocupa de los Mendoza, apartado en el que transcribe bajo el epígrafe “Las obras que compuso el Marqués de Santilla, su &#039;&#039;Doctrinal de Privados y sus Proverbios&#039;&#039;” (fols. 158v- 164v). Sin embargo, nos encontramos ante un texto incompleto al principio y en su final, que contiene escritura de varias manos, así como constantes enmiendas y adiciones. La portada, que aparece pegada al principio del manuscrito (en el folio 70, según la numeración antigua) consta de un título transcrito de letra de Iriarte, según se indica en el catálogo de la biblioteca que custodia el manuscrito, y contiene, además, hecho a pluma, un escudo de armas con la leyenda “Didaco Viciosso”. Por otra parte, tiene billetes sueltos entre las hojas 68-69, 183-184 y 199-200 y hay abundantes hojas en blanco o sin numerar (estas aparecen entre las hojas 136 y 137). Posee un número de líneas de escritura muy irregular debido, sobre todo, a los cambios de mano y de formato en los márgenes, que también son irregulares. De este modo, el número de líneas puede oscilar entre las 30 y las 50 a lo largo de todo el manuscrito. La foliación del ejemplar aparece en el margen superior derecho y, como ya se ha comenzado a apuntar, presenta una numeración doble: la antigua, que comienza en el folio 70, que es la que aparece más arriba, justo en la esquina del folio; y la más moderna, que comienza a foliar el manuscrito desde el folio 1, correspondiente a la portada, y que aparece debajo de la antigua en una tinta un poco más oscura. Creemos que esta podría deberse también a la mano de Iriarte, quien realiza la portada pegada &#039;&#039;a posteriori&#039;&#039; al inicio del manuscrito.  &lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Manos || Se han detectado 6 manos diferentes. La mano 1 correspondiente a Iriarte, que realiza la portada y la foliación moderna. La mano 2 (principal) es la que realiza la mayor parte de la composición del cuerpo del texto. Esta se intercala con otras dos manos que aparecen puntualmente, la 4 (55r-57v / 61r-63r / 83r / 90v-92v y 181r-182v) y la 6 (183r-241r). Por otro lado, la mano 3 es la que realiza las correcciones, enmiendas y notas en los márgenes, con una tinta mucho más oscura que el resto del manuscrito. Por último, las manos 5 y 7, que confeccionan los billetes sueltos. &lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Marginalia || A lo largo del ejemplar hallamos notas en los márgenes que básicamente remiten a otras obras.&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Bibliografía||&lt;br /&gt;
* Catalina García, J., &#039;&#039;Biblioteca de escritores de la provincia de Guadalajara&#039;&#039;, Madrid, 1899, p. 420-421.&lt;br /&gt;
* Serrano y Sanz, M., &#039;&#039;El Licenciado Juan de Cervantes y Don Iñigo López de Mendoza, cuarto Duque del Infantado&#039;&#039;. En BAE, XIII (1926), p. 19.&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Ficha elaborada por||Verónica Torres Martín&lt;br /&gt;
|}&lt;/div&gt;</summary>
		<author><name>Anaritasoares</name></author>
	</entry>
	<entry>
		<id>https://catalogodesantasvivas.visionarias.es/index.php?title=Descripci%C3%B3n_de_las_fuentes_manuscritas&amp;diff=713167</id>
		<title>Descripción de las fuentes manuscritas</title>
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		<updated>2026-09-26T07:54:02Z</updated>

		<summary type="html">&lt;p&gt;Anaritasoares: &lt;/p&gt;
&lt;hr /&gt;
&lt;div&gt;* [[Contexto material del manuscrito Razón y Bezerro]] &#039;&#039;de toda la hazienda deste convento de la Madre de Dios de Toledo, de la orden de Sancto Domingo, ansí en dineros, pan, gallinas, molinos, tierras, dotes, alimentos, olivas, capellanías, que tiene hasta fin del año de MDXCIX&#039;&#039;.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
* [[Contexto material del manuscrito de El Escorial, MS c-III-3]] &#039;&#039;[Tercera parte de la Historia de la Orden de San Jerónimo / de José de Sigüenza…]&#039;&#039;.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
* [[Contexto material del manuscrito de El Escorial, MS &amp;amp;-II-19]] &#039;&#039;(Hystoria, de la Orden de st. Hieronymo Doctor de la yglesia, y de su restauracion y fundaçión en los Reynos de España / Por fray Joan de la cruz frayle de la dicha orden, professo de st. Bartholome el Real de lupiana)&#039;&#039;.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
* [[Contexto material del manuscrito de El Escorial, MS K-III-13]] &#039;&#039;(Vida y fin de la bien abenturada virgen Sancta Juana de la [cruz] monja que fue professa de quatro Botos en la orden del señor sant francisco en la qual viuio perfecta y sanctamente)&#039;&#039;.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
* [[Contexto material del manuscrito Breve y Sumaria]] &#039;&#039;relación de la fundación de este convento de Santa Cruz de la Magdalena de Aldeanueva de Nuestro Padre Santo Domingo, vida de su Fundadora y otras religiosas que han florecido con opinión de virtud y santidad sacada del Libro de Becerro, de Capítulos Provinciales y la tradición inmemorial de sus individuos, hasta el año 1737&#039;&#039;.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
* [[Contexto material del manuscrito Relaçión de la fundaçión]] &#039;&#039;de esta casa y de las cosas memorables que en él á havido&#039;&#039;.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
* [[Contexto material del manuscrito Libro de becerro]] &#039;&#039;adonde están asentados todos los propios, y rentas, de beneficios…, el qual se hizo en el mes de junio&#039;&#039;, año de 1721.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
* [[Contexto material del manuscrito de la Biblioteca Nacional de España, MSS-9661]].&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
* [[Contexto material del manuscrito Apuntamientos para la segunda parte de la Historia de Toledo]].&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
* [[Contexto material del manuscrito Breve catálogo de los siervos de Dios]] &#039;&#039;así religiosos como religiosas de la Tercera Orden que han fallecido con singular opinión y fama de muy virtuosos en la santa Provinxia de Castilla&#039;&#039;.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
* [[Contexto material de la Biografía conservada en el anónimo libro custodiado en el Monasterio de Jerónimas de San Pablo]] con la signatura A.J.T ª. San Pablo, I libro 33.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
* [[Contexto material del manuscrito Historia sacro-profana de la ilustre y noble villa de Ajofrín]], &#039;&#039;y aparición milagrosa de la imagen de Nuestra Señora de Gracia, venerada a siete leguas de dicha villa, en el Convento de Reverendos Padres Agustinos Calzados del lugar de San Pablo de los montes de Toledo&#039;&#039;.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
* [[Contexto material del manuscrito Tercera parte de las tres quinquagenas de Fernández de Oviedo y Valdés]] &#039;&#039;(MSS/2219)&#039;&#039;.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
* [[Contexto material del manuscrito Libro de los linages de Hespaña, sus principios i continuación de Alonso Téllez de Meneses]].&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
* [[Contexto material Historia de Guadalajara, y cómo la religión de San Jerónimo en España fue fundada y restaurada por sus ciudadanos (MSS/1756)]].&lt;/div&gt;</summary>
		<author><name>Anaritasoares</name></author>
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		<id>https://catalogodesantasvivas.visionarias.es/index.php?title=Archivo:Portada_Historia_de_Guadalajara_Pecha.jpg&amp;diff=713166</id>
		<title>Archivo:Portada Historia de Guadalajara Pecha.jpg</title>
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		<updated>2026-09-26T07:50:39Z</updated>

		<summary type="html">&lt;p&gt;Anaritasoares: &lt;/p&gt;
&lt;hr /&gt;
&lt;div&gt;&lt;/div&gt;</summary>
		<author><name>Anaritasoares</name></author>
	</entry>
	<entry>
		<id>https://catalogodesantasvivas.visionarias.es/index.php?title=Mar%C3%ADa_Garc%C3%ADa&amp;diff=713165</id>
		<title>María García</title>
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		<updated>2026-09-21T07:09:57Z</updated>

		<summary type="html">&lt;p&gt;Anaritasoares: /* Vida manuscrita (4) */&lt;/p&gt;
&lt;hr /&gt;
&lt;div&gt;[[Category:Santas_Jerónimas]]&lt;br /&gt;
[[Category:Toledo]]&lt;br /&gt;
[[Category:Alonso_de_Villegas]]&lt;br /&gt;
[[Category:Baltasar_Porreño]]&lt;br /&gt;
[[Category:Francisco_de_Pisa]]&lt;br /&gt;
[[Category:Juan_de_la_Cruz]]&lt;br /&gt;
[[Category:Hernando_Pecha]]&lt;br /&gt;
[[Archivo:Santa_Maria_Garcia_conversando_con_Fray_Fernandez_Pecha-web.jpg|right|María García conversando con Fray Fernandez Pecha|link=]]&lt;br /&gt;
{| class=&amp;quot;wikitable&amp;quot;&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Nombre || María García de Toledo&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Orden || [http://catalogodesantasvivas.visionarias.es/index.php/Categor%C3%ADa:Santas_Jerónimas Jerónimas]&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Títulos || Priora y fundadora de la casa de beatas de Mari García, posterior convento de San Pablo de Toledo. Iniciadora de la rama femenina de la Orden&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Fecha de nacimiento || 1340&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Fecha de fallecimiento || 1426&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Lugar de nacimiento || [http://catalogodesantasvivas.visionarias.es/index.php/Categor%C3%ADa:Toledo Toledo]&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Lugar de fallecimiento || [http://catalogodesantasvivas.visionarias.es/index.php/Categor%C3%ADa:Toledo Toledo]&lt;br /&gt;
|}&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
= Vida manuscrita (1)=&lt;br /&gt;
Ed. de [http://visionarias.es/equipo/celia-redondo-blasco/ Celia Redondo Blasco]; fecha de edición: junio de 2017.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
== Fuente ==&lt;br /&gt;
[[Archivo:I María García.jpg|250px|right|Manuscrito|link=]]&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
* Esc. C-III-3. fols. 252r - 264r.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[[Contexto material del manuscrito de El Escorial, MS c-III-3]]&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
== Criterios de edición ==&lt;br /&gt;
Al tratarse de un testimonio único se ha optado por emplear unos criterios de edición conservadores. &lt;br /&gt;
Se puntúa y acentúa siguiendo las normas establecidas por la RAE.&lt;br /&gt;
Se conserva la -l- geminada en humilldad y la s líquida en Spíritu Sancto, así como la alternancia entre v y b en su valor consonántico; también se mantiene la h- aunque sea anti-etimológica en hedad.&lt;br /&gt;
Se han respetado los latinismos como oratión. &lt;br /&gt;
Se han repuesto vocablos o grafías con corchetes ([ ]) cuando resultaba patente que no aparecían por un descuido del copista (en caso de duda, se ha respetado su ausencia).&lt;br /&gt;
Se conserva dello, desto, pero se separa mediante apóstrofe cuando la forma aglutinada incluye un pronombre personal: d’él.&lt;br /&gt;
Se ha conservado el uso de qu por cu (qual) y la grafía de la nasal n antes de la bilabial (grupos -np- y -nb-: honbre). &lt;br /&gt;
En cuanto al grupo de sibilantes, se mantiene ç ante a, o, y también ante e, i. Se respetan, también, los grafemas z, s/ss ante las distintas vocales. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
== Vida de María García ==&lt;br /&gt;
[fol. 252r] Aquí comienza la vida e ystoria de la bienaventurada y loable memoria doña Mari Garçía, virgen consagrada a Dios, fundadora del monesterio y casa de las beatas llamadas de doña Mari Garçía que es en la çibdad de Toledo &#039;&#039;[1]&#039;&#039;, la qual se trasladó del latín en romanze en el año del Señor de mill y quatrocientos y ochenta y siete años.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
=== Prólogo ===&lt;br /&gt;
Ansí como Dios es maravilloso con sus santos, el qual no en vano hizo todos los hijos de los honbres, ansí nunca olvidó la su Santa Yglesia, dende el justo Abel, ni agora la olvida ni desanpara, hasta en fin del mundo. La qual en los antiguos tienpos, que fueron debajo de la Lei de Natura y de Escritura, nunca de todo en todo estuvo huérfana de santos y de varones y henbras fieles, en los quales, la fe, y caridad y esperanza resplandeçieron; y en los quales, toda relixión y perfetión de vida después de su muerte, por que no pereçiese, fuese conservada; e a los quales, el Evangelio y divino dinero, non sin causa, fuesse prometido, y en nuestra hedad, que es debajo de la Lei de Gracia, aiuntadas las cosas altas a las [fol. 252v] bajas, después que el humanal linaje dejó el honbre viejo, venido el nuevo honbre: conviene saber, Jesucristo, nuestro medianero, Dios encarnado, después que recibió la Passión, después de su poderosa Resurretión y gloriosa Açensión. De quántas maneras de santos, ansí honbres como mugeres, su santa gloria Dios todopoderoso aya guarnecido, dotado y hermoseado, aunque la voluntad quiera y desee dezir, pero la lengua no lo puede recontar ella misma, en sí sola la conoçe, desto non dubdamos, los gloriossos Apóstoles de Jesucristo, quia predicatión salió en toda la tierra, ser sus primeros fundadores. Los quales, después que reçibieron el Espíritu Santo, quanto más crueles, rebeldes y apartados del conocimiento de Dios hallaron a los pueblos y gentes, tanto más las amansaron, domaron y trajeron a su conocimiento. Quién podrá contar los mártires vençedores y esforçados por virtud divina que maravillosamente defendieron la su Santa Iglesia. Los quales, por la alinpiar de las espinas, lavaron sus vestiduras en la sangre del cordero; sufriendo por Jesucristo lo que Él sufrió por ellos, no dubdaron dar su cuerpo a la passión. Los santíssimos confesores sustentaron la Santa Yglesia [fol. 253r] y, ensanchándola por edificio espiritual, por dotrina y exenplo, regaron los coraçones de los fieles de rocío celestial. A los quales, enbiando el Señor como obreros en su miel, adornó y dotó de muchos bienes de su graçia, y quiriéndoles probar por diversos trabajos, a uno dio maior fortaleza que a otro, cuios cuerpos, y si la grandeza del martirio o la espada material no atormentó, pero ellos, vibiendo a Jesucristo por continua abstinencia, domando saludablemente las cobdicias de la carne, a sí mesmos crucificaron. Úyense las santas donzellas adornantes aquesta iglesia con su clara virginidad, las quales conociendo el Señor ser de natura flaca, con largueza de su graçia las dio sfuerço, por que el Enemigo, fallándolas ynflamadas en el amor divino, no pudiese vencerlas con sus artes engañosas. De aquestas, algunas, que el Señor para esto guardó, fueron por sus nonbre y por la honrra de su fe martirizadas, las quales juntamente de doble vencimiento fueron laureadas y coronadas porque, no sabiendo la cama material, al solo Esposo de virginidad, que es Jesucristo Nuestro Salvador, se allegaron y en el tormento del martirio, burlando de sus atormentadores, [fol 253v] fueron vençedoras, por lo qual resplandeçen por aureola de virgininad, ansí como lirios y rosas por pena de la persecutión. En el aiuntamiento y conpanía de aquestas, piadosamente creemos ser colocada y asentada en gloria perdurable nuestra amiga, nuestra conpanera, nuestra cibdadana de Toledo, a la qual, Nuestro Señor, en nuestros tienpos, en los quales la maldad abunda y la caridad se enfría, quiso en ejenplo de vida y virtudes dar a su Santa Yglesia, cuia loable vida, cuia honestidad de buenas costunbres, cuia santa conversatión, cuio menospreçio, aspereza de vida a honrra de Dios, y para despertar las voluntades de los justos y conpunjir y reprehender las culpas de los negligentes, aiudándonos la gracia divina, queremos brevemente escrevir. Y porque es esta virgen y hermosa, rogemos muy humildemente a la Reina de las Vírgines que nos gane graçia de contar y dezir de su vida y loable conversaçión.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
=== Capítulo primero ===&lt;br /&gt;
Fue en los días del rei don Pedro el Cruel, rei de Castilla, de memoria bienaventurada, un cavallero claro por linaje y claro por virtudes, llamado Diego Garçía de Toledo. Este tenía una mujer que era de noble [fol 254r] linaje ansí como él, cunplida de virtudes y de toda honestidad. Anbos eran justos delante de Dios, andando en sus carreras y cunpliendo sus mandamientos. Ella se llamava doña Costanza, hija de Fernán Gómez, padre del reverendíssimo don Álvaro, arçobispo de Toledo, cuia hermana era de un vientre la dicha doña Costança. A estos dio Dios, entre otros hijos e hijas, una hija mui graciosa, cunplida de toda hermosura, a la qual pusieron por nombre María, y el sobrenombre del padre, conviene a saber doña Mari Garçía. A la qual, los padres, ansí como la dézima parte de sus bienes, prometieron al Señor de toda voluntad. Este voto, quando ella fue de hedad de discreçión, no ansí como desobediente despreçió ni desechó con poco coraçón, mas antes, conforme con los padres, lo confirmó. Y encendida en el amor del Señor, luego por obra lo cunplió de su propia voluntad y de su libre alvedrío, sin consejo de alguno, mas inspirada de don y graçia divina, toda se ofreció al Señor. ¡Convenible cosa era que tal sarmiento naciese de tal vid!&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Tal fue aquesta virtuosa doncella, que, movida por el consejo del profeta, dende su niñez todo su pensamiento puso i fincó en el Señor, ansí como lo declara la orden de su vida maravillosa, la qual, aunque [fol. 254v] niña y de mui tierna hedad, huía la conpañía de los que en casa del padre eran. Y olvidando y dejando los juegos y cosas a que la tal hedad se suele dar, apartávase en lugar secreto a ofrecer oratión pura y linpia al Señor. Nunca oiera el santo Evangelio y ia deseava hazer tesoro en el Çielo. Era pobrecilla de voluntad y parecía que tenía no pequeño cuidado de los pobres: las migajas que caían de la mesa de su padre, y los pedazos que sobraban y quedavan de su comer, y todo lo que podía aber con deligençia guardava y ascondidamente procurava de dar a los pobres.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
=== Capítulo segundo ===&lt;br /&gt;
Creçiendo ya en edad, desechando todos los deseos y obras de moza, pensaba de día y de noche cómo, a ejenplo de San Juan Baptista, podría conservar y guardar enteramente su vida sin mancillar; y deçía al Señor: «Demuéstrame, Señor, las tres carreras y enderéçame, Señor, según verdad». Y ansí como virgen prudente i sabia, como fuese ya de doze años, no ensobervezida por la ponpa del linaje, no atraída por vanas amonestaciones de los honbres lisonjeros, no mirando los faustos abundantes del padre, despreçió todos los deseos dañosos del mundo, y renunciando de ese aiuntar a esposo carnal, olvidando la casa del padre, deseó [fol. 255r] solamente la hermosura del Esposo Celestial. Y por que más cauta, más libre y más diligentemente pudiese cunplir su deseo y el negocio espiritual, non curando de la murmuración de las gentes, apartose a un monesterio de monjas de santa conversatión llamado San Pedro de las Dueñas, do era priora una su hermana que mucho la amava. Allí supo y aprendió en poco tienpo el canto y las otras cosas y observancias de la relixión. Creciendo su fama por toda la provincia y sabida su vida y costumbres, por toda parte procuraban y deseavan las monjas de Santa Clara, que son en el monasterio de Tordesillas, que aí tomase su hábito. Esperaban de la elejir por su maior si aí hiziese professión, pero ella, acordándose de lo que Nuestro Señor en el Evangelio dize, por no ser vista de los honbres y no recebir delante dellos el galardón de sus buenas obras y Él por ellas le diese galardón, no huió por pequeñez de coraçón la honrra, mas por verdadera humildad.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
=== Capítulo terçero ===&lt;br /&gt;
Después que aquesta santa virgen fue, como diximos, dotrinada y enseñada de su hermana en las cosas divinales y en la carrera del Señor, demandó liçençia y bendiçión en su hermana, la qual, con dificultad, pero de voluntad, la dio. [fol.255v] Y ansí abida licençia, no como quien torna atrás, mas por voluntad de Dios, tornose a casa del padre. Nunca aún tomara hábito ni velo de religión, y estando en la casa del padre, ençendida por el fuego del amor divinal, codiciando remediar y seguir a Jesucristo, su Esposo, según su flaqueza, negando a sí mesma, se dio con toda voluntad al menospreçio del mundo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Frecuentava andar por las calles de puerta en puerta pidiendo limosna para los encarcelados. Traía en los honbros unas alforjas en que echava los pedazos del pan que en limosna le daban. Tenía por conpanera la santa virgen en su santo propósito a una venerable matrona biuda que se llamaba doña Maior Gómez. Este tan piadoso oficio hazíase contra la voluntad de su padre y hermanos, que deçían ser deshonrados y avergonzados públicamente por el menospreçio de la hija y hermana. Conosçiendo enpero el padre que, por miedo ni por amenazas, por amor ni promesas de bienes tenporales, no quería ni podía ser apartada de su santa intención, diole lugar y no procuró más de apartarla de este santo camino.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Andan entramas la vieja y su aia y la virgen tierna por toda la cibdad de casa en casa; como pobres y peregrinas, vienen entre los dos coros de la iglesia maior, y allí, delante de todo el clero y pueblo, piden por amor de Dios [fol. 256r] limosna. Mucho se maravillan todos y dizen: «No avemos visto alguna que sea semejante a esta entre todas las henbras de aquesta çibdad»; y desde allí iban a casa del padre por reçebir alguna limosna. Y viéndola su padre traer alforjas en los onbros, avían plazer y reíanse. Y ansí como buenos y católicos padres, alçando las manos al çielo, daban graçias al Señor porque les avían dado tal hija; y decían los mançebos y las vírgenes, los viejos y los mozos: «Alaben al Señor, el qual haze maravillas». Y ella conoçiendo dellos aquesto, luego se derribaba a sus pies, besava sus manos dándoles no pocas gracias porque avían plazer de la vida que escojiera.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Acaeçió un día que la dicha matrona biuda y la bendita virgen, continuando su santa obra, andando a demandar por las calles, encontraron con su padre y con el arçobispo, su tío, que hera hermano de su madre, aconpañado de muchos cavalleros nobles. Y como el arçobispo la viese ansí mendigar y la conoçiese, reprehendió a su cuñado porque consentía andar ansí despreçiada a su sobrina, y díxole: «O varón, como seas prudente, ¿por qué consientes a moza tan pequeña, tan hermosa y generosa andar ansí tan despreciada?, ¿por qué tienes tu hija ansí aboreçida?, ¿por qué no la casas con otro su igual?». Al qual [fol 256v] respondió el noble cavallero benignamente: «¿Qué esposo puedo yo dar a mi hija más generoso y más rico que Jesucristo, hijo de Dios bivo? Dejémosla, tomó para sí la mejor parte».&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
=== Capítulo quarto ===&lt;br /&gt;
Después de aquesto, como el dicho rei don Pedro el Cruel, entre otras cosas ynjustas que hazía, persiguiese a donzellas y mugeres nobles y de qualquier estado que fuesen, aquesta honestísima virgen, con otras muchas que se trabajaban de absconder de la cara del muy cruel rei, huyeron a la villa de Talavera, cuio dominio tenía entonces su padre, don Diego García de Toledo. Y aun aí no las dejava estar seguras el temor del cruel rei, mas fue causa que dende se fuesen. Dízese que muchas dellas, por guardar su honestidad, rescibieron muchos daños, ynjurias y persecuciones. Y viendo esto nuestra discretísima virgen y aquella dueña a quien seguía, dubdavan llamando al Señor qué harían, mas Dios, que está açerca de los que le llaman con verdadero coraçón, oídas sus peticiones, endereçó sus coraçones dándoles por guiador el su ángel bueno que viniesen a un pago que se llama aora la Sisla. En el qual lugar hizieron una pequeña morada adonde estuvieron algunos días [fol. 257r] sirviendo al Señor de noche y de día con aiunos y abstinencias, orationes y otros exerciçios honestos y santos y de gran humildad. Y aún entonces no era edificado en aquel lugar un monesterio del bienaventurado San Xerónimo que agora se llama Santa María de la Sisla. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En este tienpo plugo al Señor que çesase la cruel tenpestad por muerte del rei cruel para proveer al miedo de aquestas santas mujeres, las quales con deseo entrañal y continuo pensaban dónde con maior provecho y sin inpedimento pudiesen cunplir mejor su voto a honrra y gloria de Dios. Y alumbradas por el Spíritu Santo, dejaron la solidunbre en que estavan.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En aquel tienpo avía en la çibdad una congregación de mujeres devotas que estavan en la perrocha de San Román, el cuidado y administración de las quales tenía una religiosa persona que avía nonbre doña María de Soria. Y como oiese esta santíssima virgen la fama tan loable e santa de aquestas religiosas dueñas ser sin ninguna reprehensión, la su loable vida cobdiciando obedesçer y ser instruida mucho más en la vida religiosa y ser juntamente regida de la dicha religiosa persona, metiose debajo de su mano para hazer su voluntad en todas las cosas, la qual las reçibió mucho de voluntad, y con gran alegría. Y allí tomó el hábito relixioso según las otras lo traían y después que plugo al Señor [fol. 257v] que aquella noble dueña, doña María de Soria, y el padre y la madre de aquesta virgen loable pasasen de aquesta vida presente, cobdiciava esta santa virgen dexar más perfectamente el mundo, el qual le era ya mucho aboresçible. Y pensando en su coraçón qué haría, decía con toda voluntad aquel verso del salterio: «Tú, Señor, eres bueno; enséñame tus justificaciones». Y luego vendió la parte en que la madre la dejó heredera, y del preçio mercó luego una casa con muchas anchuras en la perroquia de San Lorenço, para que allí en el claustro pudiese su coraçón holgar a Dios.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Finalmente dejaron la otra casa y encerráronse allí, ella y aquella dueña ya dicha. Sabido y divulgado aquesto por toda la çibdad, una honrrada dueña, que se llamava Teresa Vázquez, con otras siete mujeres continentes de mui santa fama, entraron en aquella casa, por que juntas a tan devota conpanía hiziese a Dios un santo colegio a Él mui apacible y a las gentes loable. Las quales, como esta señora de quien dezimos viese ser de tan profunda humildad, y que con aquel despreçio tan maravilloso del mundo con todo coraçón y con entera voluntad se sometían a la pobreza no recusando ningún trabajo, mas con todas sus fuerzas trabajavan por seg[u]ir a su Redentor Jesús, y mirando con tan grande diligençia cómo estavan enbevidas en Dios, amávalas con entrañas llenas de caridad sin ninguna conparaçión y deçía con el psalmista: «Load [fol. 258r] a Dios todas las gentes, porque a confirmado sobre nós su misericordia». Y tornándose al Señor, dezía con fervor de coraçón: «Plégate, Señor, de nos dar graçia que cantemos las tus justicias en este lugar de nuestra peregrinación. Huélgase, Señor, el mi coraçón en ti, porque las flacas están ceñidas de fortaleza». Y en tanto creció la fama de aquesta congregación gloriossa, que en breve tienpo fue aiuntada gran muchedumbre de mugeres religiosas, las quales con coraçón y voluntad tomaron hábito blanco en señal de virginidad y continençia para servir al Señor según la orden del bienaventurado nuestro padre San Xerónimo. Y eligieron todas entonzes de una voluntad por su prelada y religiossa a la dicha señora doña Mari Garçía, la qual contra su voluntad lo açeptó cobdiçiando ser más súbdita que regir.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
=== Capítulo quinto ===&lt;br /&gt;
Era en aquel tienpo un cavallero noble, secretario y capitán mui amado del rei don Pedro el Cruel, el qual era sinple y recto y temeroso de Dios, el qual se llamava don Pedro Fernández. Y como este noble cavallero pensase con el clareçido coraçón cómo avía gastado sus días en la ceg[u]edad del mundo sin ningún serviçio de Dios, con deseo de hazer penitencia y aber [fol. 258v] dolor de sus pecados y guardarse de no ofender más a Dios, negó a sí mesmo según el consejo de Nuestro Señor Jesucristo con toda la casa real, tomando hábito de religión. El qual, con divinal aiuda, fue a Roma y alcanzó liçençia del Padre Santo que pudiese edificar en la provinçia de Toledo un monesterio de la orden del bienaventurado padre San Xerónimo. Y buelto con la liçençia, hedificó el monesterio ya dicho de sus propias faqultades, con aiuda desta señora, la qual no solamente hizo muchas espensas en el edificio material, mas aun dio preciosos hornamentos y joias para el culto divino, con las cuales adornó y ennobleçió el sagrario y sacristía, onde somos ciertos que dio una arqueta pequeña en que se encierra el cuerpo del Señor.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
=== Capítulo sexto ===&lt;br /&gt;
Acabado aquel maravilloso hedifiçio, en breve fue la casa llena de frailes. Viendo esto las siervas de Dios, juntamente con ellos tomaron por padre al bienaventurado nuestro padre San Xerónimo, para que con su tela y anparo, olvidadas las fuerças flacas, por sus merecimientos serviesen varonilmente en el serviçio del Señor: toman el hábito, regla y costumbres de la dicha orden, sométense a los prelados de aquel monesterio, prometen obediençia, demandan que sean regidas dellos, ¡o virtud de maravillosa obediençia!, ¡sola [fol. 259r] digna de ser loada! Quisieron más sujetas obedecer, que esentas y libres errar; esto es verdaderamente negarse a sí mesmo: quando el honbre deja su querer y se dispone para obedezer. Y cobdiciando esta señora de no comer sin trabajar en el serviçio de Dios, alcanzó liçençia del papa que tuviesen aquella misma horden en rezar las horas divinas que los dichos religiosos. Y viendo aqueste santo varón ya dicho, que era prior en el dicho monesterio, la vida de aquesta santa muger ser tan apaçible a Dios, amávala con verdadera caridad, rogando al Señor por su justificatión y cunplimiento devoto y guarda religiosa de aquella santa congregaçión que hasta la fin durase en toda santidad y religión. Otro tanto rogava ella por él: eran estas personas dignas de todo loor en el entrañal amor, que pareçían otro San Francisco y otra Santa Clara, otro San Xerónimo y otra Santa Paula y Eustoquio; eran d’Él consoladas, y disciplinadas, y amonestadas con gran dulcedumbre de caridad en toda perfectión y castidad.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Después de mucho tienpo que les duró esta santa conversaçión con toda honestidad y religión, plugo a la Divina Bondad recebir la penitençia digna y dar fin a ella y a los trabajos deste santo varón, llevándose donde recibiese el galardón del trabajo [fol. 259v] que avía recebido en plantar aquella biña del Señor, la qual labrava con el arado de la religión para que, después que la oviese podado con santas amonestaciones, mereciese aver della el fruto que esperava, que es el Çielo. Y si acaso algunas vezes alabavan a esta señora algunos çibdadanos de su honestidad y abstinençia o de otras obras virtuosas, dezía ella: «No es de algún valor lo que yo hago; mis hermanas lo hacen por alunbramiento del Espíritu Santo». Y viendo esta santa mujer que en las enfermedades la estavan sirviendo las hermanas, deçía sin toda dobleza, pensando ella en su coraçón ser indigna de aquel serviçio: «¿Dónde vino a mí tanto bien? ¡O, qué más hermosas donzellas pudiera yo tener en el siglo que ansí cercasen mi cama, las quales veo ser mucho más sufiçientes que io para esta administraçión, por hermosura de virtudes delante de Dios!».&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y como esta santa muger viese adornadas las mujeres del siglo de contraria hermosura con diversidad de adornados trajes, y que las caras hechas a semejanza del Criador estavan cubiertas con diversos ungüentos y afeites, por artifiçio digno de condenaçión, quiriéndolas reprehender, dezíales con palabras dulzes: «Mirad que ofendéis mucho al Señor y que si más con coraçón endureçido [fol. 260r] usáis de esta apostura, que ansí como personas que con deliberación pecan en el Spíritu Santo, yrán a la damnaçión perdurable, que aún el tal pecado no se quita ligeramente por la penitençia». Todo género de timiama o de qualquier espeçie odorífera ansí lo aborreçía y huía como si fuera un pozoñoso veneno. Dezía ella a las que usavan destas cosas odoríferas: «No conviene que la carne que está aparejada para ser mañana queva de gusanos, llena de toda miseria, aia alguna delectaçión». Nunca consentía su ánima ser ensuciada en jactancia, aunque fuese alabada de la prelaçía, o de la dignidad de los parientes, o de la hermosura del cuerpo, o de la honestidad de las costumbres, o de qualquier obra de perfeçión que en ella era; y si alguno por honrrarla le dezía “Vuestra Merced”, “Reverencia”, o otras palabras semejantes, dezía: «¿Dónde yo, un tan mezquino gusano en menospreçio, soi dicha tener merçed, como a Dios sea la honrra y gloria para sienpre?». ¿Qué podré yo dezir de la perfeción de esta? Sino que tomó tan alto grado de humilldad y de sinpleza recta y temor del Señor quanto la humana natura pudo consentir estar alguno de los mortales. Si líçito es dezir, puede bien tenella la Iglesia como a otro Job, y como ya la luenga hedad la agraviase mucho, aviendo pasado ya ochenta años de su vida con mucho fruto, con la gran vejez tenía perdido los sentidos exteriores en parte, [fol. 260v] mas con este inpedimento sienpre crecía más en los sentidos ynteriores y tenía más y maiores fuerças espirituales. Y como ansí ynpedida no pudiese oír el relox, mandava que pusiesen dentro en la celda un gallo que la despertase a la medianoche para ir a maitines; nunca o apenas fue hallado ningún día que casi desde su niñez no se levantase a la medianoche a alabar al Señor, aunque tuviese enfermedad de grande trabajo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
===Capítulo séptimo===&lt;br /&gt;
Pasado este tienpo con tanto fructo que la piedad divinal dar quiso a su pelea y su inmensa bondad y justicia, quiso dar el galardón a esta su sierva, que corrió sin tardanza por la carrera. Y llegada al postrimero día, pensaba la quenta que avía de dar de aquella maiordomía. Y ansí como ella en la vida avía instruido a sus hijas en el serviçio divinal, ansí quiso consolar y esforçallas en el postrimero día de su vida a exenplo de nuestro padre San Xerónimo, amonestándoles con toda afectión que no tornasen atrás ni desfalleçiesen en aquel camino espiritual, mas perseverando viniesen a la fin con vencimiento de la pelea para que pudiesen gustar y gozar de la bienaventurança perdurable, para lo qual es necesario que con toda humilldad y menospreçio y mortificatión perseveren. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Avía entonzes en el claustro veinte y cinco [fol. 261r] beatas, las quales ella todas mandó llamar con gran alegría, siguiendo el exenplo de nuestro padre San Xerónimo. Y de que fueron todas llamadas, abraçolas y dioles paz diçiendo: «Amadas hijas, acordaos cómo, no por nuestros merecimientos, mas por su sola misericordia y bondad aparta el Señor a nós, para sus siervas, de las tinieblas del siglo y nos trujo a esta esclarecida solidunbre, adonde vos ruego que no seáis de poco corazón fingiendo vos ser flacas para perseverar en la religión; oíd, no a mí, sino a Vuestro Maestro, que dize: “Mi jugo es suave y la mi carga liviana”. Oíd otra vez que dize: “El que pone la mano al arado y torna atrás no es capaz de el Reino de los Çielos”». Y dichas estas cosas y otras de grande edificaçión, llamó a cada una particularmente y amonestávala con aquel deseo que según su calidad y manera le era menester. Ca como ella desde sus primeros comienzos las ubiese instruýdo en las doctrinas santas, conoçía el corazón de cada una tan perfectamente que por verisímiles conjeturas, antes de su muerte, dijo a algunas dellas lo que les avía de acaezer acerca de la perfectión en las virtudes o si avían de errar en los viçios y en otras semejables cosas, casi por espíritu de profeçía. Después de esto, encomendó a todas dos [fol. 261v] cosas: y es que guardasen en sí un mandamiento y un consejo. El mandamiento, que se amasen unas a otras y que con toda caridad cada una sufriese soportando la carga de la otra por que pudiesen estar en paz y en concordia; el consejo, que estuviesen sienpre en el claustro guardando mucho silençio, ni quisiesen ser vistas por las calles, y huyesen mucho de comunicar con los seglares, porque guardando estas dos cosas se apartasen del lazo del Enemigo, que busca de contino a quien trag[u]e.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y oiendo estas cosas y otras muchas, aquellas devotísimas hermanas no se podían abstener de no llorar porque, aunque era cosa razonable que ubiesen plazer de la subida de su madre al Çielo, piadosamente lloraban viendo ser desanparadas de tal madre. Y viéndolas ella llorar, comovida a conpassión dezía: «No queráis más llorar en vano, pues el Señor puso término a mis días, los quales no puedo pasar mas conformada con su voluntad. No creades que io os dejo, porque a Él plazerá de vos tomar en su anparo y guarda si os apartáis del mal y le servís con toda virtuosa obra y cunplida bondad». Y diziendo: «Quede el Señor con vos», demandó la unçión, y después que la recibió en esa hora, estando meneando los labios con oraçión al Señor sin esprimir lo que deçía, deçen-[fol. 262r] dió un raio de claridad sobre su cara, viéndola algunas de las que estavan presentes, y ella avía gran plazer de lo que con sus ojos veía, y alçando las manos en alto, puestos los dedos en señal de cruz, durmió en el Señor. A diez días de enero año de mill y quatrocientos y veinte y seis años.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
===Capítulo octavo===&lt;br /&gt;
&#039;&#039;[2]&#039;&#039;&lt;br /&gt;
Luego que espiró, fue llevado secretamente su cuerpo al dicho monesterio de Nuestra Señora de la Sisla y sepultado con grande honra cerca del altar maior, y esto fue hecho porque se esperava gran disensión entre los çibdadanos sobre el enterramiento del cuerpo y ansí fuera inpedido de llevar al dicho monesterio donde ella, quiriendo aun en su muerte huir la vanagloria, se mandó enterrar; que pudiera çierto ser sepultada dignamente y con grande reverençia en la iglesia maior de la dicha çibdad, açerca de su tío, el arçobispo don Álvaro.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y para más loar s[u] esclarecida vida, podríamos contar algunas senales y dezir algunos miragros que parecieron en su muerte y fueron hechos por el tanimiento de su cuerpo, lo qual piadosamente creemos, pues personas [fol. 262v] relixiosas y dignas de toda fe, sin ninguna adulación dan testimonio dello, mas pues que hasta aquí esta santa Yglesia lo calla, somos por necesidad constrenidos a callar; una cosa sabemos de çierto que nos constrine a hablar, que fue su voluntad en la lei del Señor, pensando de día y de noche, en cuia boca no fue hallado engaño. Y por esto creemos firmemente que no recibió en vano su ánima, que fueron aquestas senales y miragros manifiestos a todos en la su historia que tiene el vulgo. Cosa digna fue y no de maravillar, amadas hermanas, que la cibdad real donde descendió la Reina de los Ángeles con tan gran muchedumbre de coros de vírgenes quedase con el fruto de aquesta virgen, que con santidad de vida entre las otras vírgenes la pudiese seguir y alabar. Y si queréis vos, sus hijas, alcanzar a loar a la Madre de Dios con aquellos espíritus bienaventurados con entrañas llenas de caridad, vos amonesto y con grande amor espiritual vos ruego que sigáis las pisadas de la madre y guardéis su dotrina y os acordéis de sus amonestaciones y sienpre la tengáis delante de buestros ojos por singular exenplo, examinando con diligençia lo que ya avéis oído y otras cosas que no basta mi lengua para recontar.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
¡Quán [fol. 263r] suave fue su mansedunbre y quán marabillosa su honestidad y linpieza! Considerad su profunda humildad y quál fue su sinple prudentia llena de todo temor de Dios. Por las quales mereció Dios, siendo en su aiuda, venzer a los enemigos en tan grandes peleas con gran vitoria. Sobre todo, vos amonesto que, perseverantes en la santa religión, conviene que paséis por fuego y agua; conviene saber: por adversidades y tentaciones, por las quales, mereciendo ser dignas de la gloria, haziendo todas las cosas perfetamente, digáis aquello que el Salvador nos amonesta por San Lucas, a los diez y siete capítulos, diçiendo: «Quando hiziéredes todas las cosas que vos son mandadas, dezid: “¿Siervas somos sin provecho. Solamente hicimos lo que devíamos”», en tal manera que los bienes que con el aiuda y inspiratión del Spíritu Santo fazéis, no los perdáis delante de Dios por el loor de los honbres o con presunçión dañosa de dentro del corazón los hagáis sin provecho. De lo qual oíd aquella semejança del Salvador de las diez vírgenes, çinco prudentes y çinco locas, de las quales dize San Gregorio: «Todas se llaman vírgines, mas no todas son reçebidas dentro de la puerta en [fol. 263v] la bienaventurança, porque, como faltase el açeite a las vírgines sin seso, fueron a conprarlo; conviene saber, yendo a buscar el testimonio de sus buenas obras delante los honbres recibieron su galardón. Vino el Esposo y las que estavan aparejadas entraron con él a las bodas». De lo segundo, oíd lo que el apóstol las dize: «Pienso, hermanas, que no son dignas las pasiones deste mundo para alcanzar la gloria que esperamos, y otra vez el galardón del pecado es muerte, el de la graçia es vida para siempre, la qual a mí y a vos quiera de Jesucristo, Hijo de Dios, el qual sufrió por nós pasión, que con el Padre y Espíritu Santo vibe y reina, un Dios para sienpre jamás. Amén».&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
===Responso===&lt;br /&gt;
Madre nuestra mui hermosa, que menospreciaste todas las cosas prósperas del siglo y por no ensuçiar tu vida dejaste el mundo asconjiendo a solo Jesucristo, dístenos camino siguiendo a Nuestro Maestro. Abnegando a ti misma, venciste al Enemigo. Presa: Agora gozando de santa gloria ruega por nós, desterradas, por que después desta batalla seamos aiuntadas a la çibdad soberana. Verso: ¡O bienaventurada [fol.264r] virginidad que excede todas las virtudes, que pasando por fuego y agua es llevada a la gloria que jamás le será quitada! Pressa: Agora. Verso: Gloria sea al Padre y al Hijo y al Spíritu Santo. Responso: Madre nuestra. Verso: A esta escogió Dios así en sierva. Respuesta: Por que diese a nós flacas fuerzas. Oratión: Dios todopoderoso, que, con la grandeza de tu bondad, tu Santa Yglesia hordenas y rijes, y en nuestros tienpos para exenplo y fortaleza de la flaqueza femínea quisiste escoger a nuestra cibdadana Mari Garçía, virgen, para que fuese del cuento de las escogidas, devotamente  te suplicamos oigas nuestras orationes y gemidos, y benignamente recibas la flaqueza de nuestros pequeños serviçios, y por los piadosos ruegos de aquesta santa madre y patrona nuestra piadosamente nos otorges que sienpre encedidas en tu santo amor, fijas para sienpre, permanezcamos en tu santo temor por que en el postrimero juicio al juez recibamos con lánparas adornadas de santas obras y nos lleve consigo a las bodas çelestiales el verdadero Esposo de las vírgines, Jesucristo tu Hijo, Nuestro Señor, el qual contigo y con el Spíritu Santo vibe y reina un Dios para sienpre jamás. Amén.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Finis: Fray Bonifacio de Chinchón &#039;&#039;[3]&#039;&#039;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
=== Notas ===&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&#039;&#039;[1]&#039;&#039; Apostilla marginal: «que ahora se llama de San Pablo».&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&#039;&#039;[2]&#039;&#039; Tachado: dézimo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&#039;&#039;[3]&#039;&#039; Rubrica&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
= Vida manuscrita (2)=&lt;br /&gt;
Ed. de [http://visionarias.es/equipo/celia-redondo-blasco/ Celia Redondo Blasco] y María Morrás; fecha de edición: abril de 2017.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
== Fuente ==&lt;br /&gt;
[[Archivo:II María García.jpg|250px|right|Manuscrito|link=]]&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
* [http://catalogodesantasvivas.visionarias.es/index.php/Categor%C3%ADa:Juan_de_la_Cruz Cruz, Juan de la], 1591. &#039;&#039;Historia de la Orden de S. Hierónimo, Doctor de la Yglesia, y de su fundaçión en los Reynos de España&#039;&#039;. Esc. &amp;amp;-II-19 fols. 208v- 217r.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[[Contexto material del manuscrito de El Escorial, MS &amp;amp;-II-19]]&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
== Criterios de edición ==&lt;br /&gt;
Dado que se trata de una copia manuscrita que no puede ser muy posterior al autógrafo, los criterios de edición son conservadores.&lt;br /&gt;
La lengua del texto refleja bien las características fonéticas y gráficas propias del siglo XVI, sin que se hayan podido observar rasgos dialectales, pues el vocalismo en formas como  monesterio y desgusto son muy habituales.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Se mantienen los grupos cultos, que podrían ser reflejo de la obra latina que dice haber consultado el autor, o simplemente mostrar el uso eclesiástico: &lt;br /&gt;
s líquida en Spirito Sancto y en el latinismo specie &lt;br /&gt;
formas cultas como –mpt- en Redemptor, th en thesoro (y Theressa), ph en propheta, -gm- en augmento&lt;br /&gt;
-l-  geminada en collegio, bulla&lt;br /&gt;
Otros grupos dobles: successo, -ct- (sanct y sus derivados)&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Sibilantes:&lt;br /&gt;
La oscilación entre –ss- y –s- intervocálica cuando etimológicamente es sorda o procede de un grupo –ss- en latín es mínima. En general, escribe correctamente los vocablos  (necessitad, promessa) o las formas latinas que con –ss- (superlativos: honestíssima, religiosíssima; formas verbales de subjuntivo (fuessen, entendiesse, diesse, etc.) o por razones etimológicas (essos). Sin embargo, también se encuentran formas simples intervocálicas (deseos, mereçiesen, perseverases, moviesen, guardasen). Sin embargo, en general parece distinguir entre la sorda /s/ y la sonora /z/, como indica la hipercorrección Theressa, por lo que se mantiene la grafía original.&lt;br /&gt;
Las fricativas en cambio indican confusión entre sonoras y sordas (doncella/donçella en lugar de donzella, etc.), pero se mantiene la forma original por su interés lingüístico.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Se mantiene el uso de la y en los diptongos decrecientes (oýd, caýda, cuydado, etc.), así como la oscilación entre v/b. Se conserva la –ll en humilldad y humillde porque parece que el copista (y quizá el autor) lo consideran grupo culto; también se mantiene la h- aunque sea anti-etimológica en  hedeficio y hedad.&lt;br /&gt;
Se conserva dello, desto, etc., pero se separa mediante apóstrofe cuando la forma aglutinada incluye un pronombre personal: d’él.&lt;br /&gt;
Se regularizan alternancias gráficas sin valor fonético:&lt;br /&gt;
i/j&lt;br /&gt;
u/v.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
La puntuación y la capitalización han sido modernizadas, si bien se mantiene el uso del paréntesis para indicar observaciones digresivas según el original.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
== Vida de María García ==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
=== Capítulo veynte y quatro ===&lt;br /&gt;
&#039;&#039;&#039;De cómo se fundó el monesterio de religiossas de sanct Pablo de Toledo por doña María Garçía, y del fervor después que tuvo esta sancta muger desde su tierna hedad, y en las buenas obras que se ocupó con gran menosprecio de sí misma&#039;&#039;&#039;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En una escriptura bien antigua escripta en latín se halla la fundación del monesterio de sanct Pablo de Toledo y de su fundadora doña María Garçía, que después de muchos años que en él vivió con muchas siervas de Dios que tuvo en su compañía acabó sus trabajos en este que se va prosiguiendo &#039;&#039;[1]&#039;&#039; de mill y quatroçientos y sesenta y cuatro. Y es digna cosa que se ponga en este principio y fundaçión del monesterio de Sanct Pablo de Toledo, para que se sepa la vida maravillossa de esta sierva de Dios doña María Garçía, y vea y entienda, que en tiempo que tanto se olvida la charidad y abunda la maldad, quiso Nuestro Señor despertar esta su sierva fiel, cuya vida honesta, llena de buenas y sanctas costumbres, y del menospreçio del mundo y de lo que él promete y representa, se escrive aquí, juntamente con la fundación. Y será con la brevedad que dieren lugar las muchas y muy notables cosas que ay que dezir aprovechándome en parte de la dicha escriptura y de otros lugares que harán a este propósito.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Pues en el tiempo que reynava en Castilla el rey don Pedro, fue un cavallero principal en linage y sangre que se dezía don Diego Garçía de Toledo, casado con Doña Constança, hija de Hernán Gómez y hermana del Arçobispo de Toledo, don Álvaro. A estos cavalleros, don Diego Garçía de Toledo y doña Constança, dio Nuestro Señor una hija, después de otros muchos que tenían, de particular hermosura y graçia, que sobremanera la querían, miravan y estimavan sus padres como singular benefiçio que Dios les avía querido hazer. Y en una voluntad (que la tenían en todas las cosas y eran justos delante de Dios) se la ofreçieron como décima parte de sus bienes, poniéndole nombre María [fol. 209r] y el sobrenombre de su padre, y ansí se llamó siempre doña María Garçía. Pusieron mucho cuydado sus padres en criarla y que se afiçionase al temor y amor de Dios y a las sanctas costumbres. Apenas sabía hablar (como dizen) quando se fue conoçiendo en ella el spíritu que Dios quería declarar en su favor porque en ninguna cosa pareçía niña, sino llena de discreçión, de la que el Spíritu Sancto pone en las almas donde reside. Quando tuvo alguna discreçión, no solo no menospreçió el voto y ofreçimiento que sus padres tenían hecho, mas ella, con gran voluntad le confirmó, abraçó y amó, y desde luego tuvo tanto fervor en el amor de Dios que se conoçió que más eran órdenes del Spíritu Sancto y graçia divinal que consejo de hombre humano. En esto seguía el del propheta, que desde su niñez endereçó sus pensamientos al Señor muy alto, y dello dio buen testimonio su vida maravillossa, que aún en aquella tierna hedad se apartava a los lugares secretos a hazer oraçión huyendo de los que la podían ver en casa de sus padres y de los juegos y cosas que en tal hedad se suelen exerçitar y entretener los niños. Era pobrezilla de voluntad, y aun no havía oýdo el Evangelio y deseaba ya hazer thesoro en el Çielo, teniendo gran cuydado de los pobres de Jesuchristo, recogiendo las migajas que caýan de la mesa de sus padres. Y los pedazos de pan que sobraban de su comer, con todo lo demás que podía haver y recoger, lo guardava y escondidamente lo dava a los pobres.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Quando llegó a la hedad creçida, y desechados los deseos de la moçedad, pensaba de día y de noche cómo podría, a exemplo de san Juan Baptista, conservar y guardar con toda entereza su vida y limpieza, y decía con el psalmista: “Muestrame Señor tus carreras y endereçame según tu voluntad”. Como era ya de doze años y no se aficionase a la vanidad del linage, ni a la abundancia y trages de la casa de sus padres y amonestaçiones de los lisongeros, pasó por todo ello como virgen prudente y sabia despreçiándolo, con todos los deseos dañosos del mundo, deseando solamente ser agradable al Esposo Çelestial. Para poner con más brevedad en exerçicio los propósitos y los deseos sanctos que tenía, olvidando la casa [fol. 209v] de sus padres se apartó a un monesterio de monjas que se dezía sanct Pedro de las Dueñas (que estaba adonde después hedificó el cardenal don Pero Gonçález de Mendoça el hospital insigne que dizen de la Cruz) y adonde era priora una hermana suya que la amava y quería como era razón. Recibiola con gran voluntad y en poco tiempo aprendió y supo el canto y las otras obediencias de la religión, para que aprovechase dello y servir a Dios, adonde le encaminase de tomar el asiento que avía de tener. Entendida por muchas partes su vida y costumbres, muchos monesterios de religiossas la deseaban tener en su compañía, y particularmente el de Sancta Clara, de la Villa de Tordesillas, que le ofreçieron que en pocos años sería su perlada si quisiese tomar allí el hábito y la professión, y le sería la vida de mucho contento y descanso. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Ninguna cosa le movía a la sierva de Dios, porque ni eran essos sus pensamientos ni havía entrado en su camino y deseo gana de querer y apeteçer de ser perlada, sino sierva humillde, y por esta humilldad lo menospreçiava todo y lo hollava y acoçeava todo, y no quería que los hombres la viessen sino en este menospreçio, ni reçibir dellos el galardón de sus obras, si algunas tuviese que fuessen buenas y aceptas a Nuestro Señor, y d´Él quería el premio y galardón, y entrar en su apartado cubículo a solas (como lo dize el Sancto Evangelio) para que solo Él la entendiesse y diesse la retribución conforme a los merecimientos. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Después que se detuvo en aquel monesterio algunos años y sabía ya bien las observançias de la religión que se praticavan y enseñavan en él (y sin haber tomado hábito ni manera de religiossa), pareçiole que era bien bolverse a la casa de sus padres, más por voluntad de Dios que lo inspirava que por tener gana de bolver atrás de sus buenos y sanctos propósitos. Pidiole licençia para ello a la priora, su hermana, que con mucha dificultad y gran desgusto se la huvo de dar. [fol. 210r] Y ansí se fue como lo avía dicho a la casa de sus padres. Aunque estava en ella y vivía entre los hermanos y criados de casa, y pareçía que se havía buelto al mundo como cosa que le dava gusto y contento &#039;&#039;[2]&#039;&#039;, andava tan abrasada y ençendida en el fuego del amor divino que siempre pensaba, codiciava y tratava cómo seguir y ymitar (según su flaqueza) a Jesuchristo, su esposo. En lo que asentó, después de muy mirado y consultado y pedido a Nuestro Señor, fue negarse a ssí misma y no mirar a su hedad y flaqueza y que era muger, ni a lo que podrían decir y juzgar los hombres faltos de consideraçión, y con esto començó a darse al despreçio suyo y de las cosas mundanas, y tomó consigo, como aya y compañera, a doña María Gómez, matrona biuda y noble, que con una misma voluntad la quiso acompañar en sus designos y trabajos. Su principio fue començar a andar por las puertas de los vecinos de la ciudad a pedir limosna cada día, públicamente, para los pobres necessitados. Pues dezir que llevavan en su compañía quien recogiese las limosnas y pedaços de pan que les davan, era cosa de bendezir a Dios en sus marabillas, que la donzella pobre de Jesuchristo llevava sobre sus ombros una talega o alforja en que las echava, con un fervor y ánimo de hazer serviçio en ello a su esposo que no aprovecharon promessas, ruegos ni amenazas de sus padres para apartarla dello, y ansí la dexaban continuar su sancta ocupación y daban lugar a ello aunque no dexavan de sentir ellos y los hermanos de la sancta donzella alguna afrenta de aquel menospreçio tan público. No dexavan por esso las dos su exerçiçio cotidiano de andar por las calles de la çiudad pidiendo limosna como pobres peregrinas, y estavan en la sancta yglesia mayor entre los dos coros al tiempo que los canónigos salían de las horas, que los ponían en confusión y compelían a que les diessen muy buenas limosnas. Desde allí pasavan con las que llevavan en sus alforjuelas a la casa de sus padres, y ya era para ellos de gran consuelo y regalo ver de aquella manera a su hija, y la animavan y esforçavan en ello (aunque por otra parte la carne y la sangre hazían su oficio en [fol. 210v] sentir aquel difraçe). Pero pasados los primeros días, y viendo a su hija contenta, y que era bien inclinada, devota y charitativa con los pobres de Jesuchristo, no había cosa temporal que para ellos se les pudiesse comparar a esto. Bendezían a Dios y alçavan las manos al Çielo con mucho plazer y alegría, haziéndole infinitas gracias por haverles dado hija que aun antes de tener discreçión ni hedad había en la tierra vida çelestial y obrava en ella tantas marabillas. Todos los de su casa, hijos y criados, hazían lo mismo, y la sancta donzella, con una profunda humilldad y llena de spíritu de Dios, se derribava a los pies de todos besándoselos, agradeciéndoles el contento que mostravan de la vida que seguía. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Acaeçió un día que andando pidiendo limosna por la çiudad la sancta donçella con su compañera por no perder costumbre de remediar a los que tenían necessidad, que encontraron en una calle al arçobispo de Toledo, su tío, hermano de su madre, y a su mismo padre, que le acompañava con otros cavalleros y gente principal de la çiudad, y quando el arçobispo vio a su sobrina en aquella postura que llevava y cargada en los hombros la talega con las limosnas que había recogido, volvió a su padre y díxole con algún enojo y como reprehendiéndole: “Mucho me maravillo, que como seáis hombre prudente, no remediéys un desconçierto tan grande como este y consintáys a una hija de tan poca hedad y tan hermosa y de linaje, que es que ande ansí despreçiada y con tanta libertad que days a entender que la tenéys aborreçida, pues no la recogéys y tratáys de casarla con otro que sea su igual”. El cavallero prudente le oyó y respondió con mucha mansedumbre y en breves palabras le dixo: “¡Qué esposo le parece a Vuestra Señoría que puedo yo dar a mi hija más rico y generosso que a Jesuchristo, Hijo del Padre Eterno! Por ventura podemos resistir al Spíritu Sancto. Ella ha escogido este estado por la mejor parte y yo no se le quiero estorvar, ni me pareçe que se açertaría en ello”. [fol. 211r] El arçobispo calló con esta respuesta y no supo qué le replicar, entendiendo que aquello era obra de Dios.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
=== Capítulo veynte y çinco ===&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&#039;&#039;&#039;Cómo desde algunos días dexó de pedir las limosnas la donzella y virgen de Jesuchristo, doña María Garçía, y se recogió en una hermita de Nuestra Señora de la Sisla con su compañera, y después al monesterio que fundó de Sanct Pablo&#039;&#039;&#039;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Entre otras cosas mal hechas que en aquellos días hazía el rey don Pedro era desasosegar y perseguir donzellas y mugeres nobles de qualquier estado que fuessen, por sus desordenados apetitos, y esta honestísima virgen, con el temor que le causaba esto, se fue (con otras muchas señoras principales del reino que procuraron esconderse de la persecuçión del Rey) a la villa de Talavera, que estava allí su padre don Diego Garçía, que era casi como señor della y beneficiaba sus possesiones y heredades, que eran muchas la que en aquel lugar tenía. Aun estando allí la sancta donzella con sus acostumbrados exerçiçios y ocupaçiones de oraçión y meditaçión, no estava con toda seguridad porque veýa que otras padeçían grandes trabajos por la guarda de su honestidad, y esto le puso en cuydado de pensar en buscar otro medio y asiento que fuesse más seguro, y no andar con temores y desasosiego. Pedía de veras a Nuestro Señor dispusiesse lo que más havía de ser serviçio suyo, y como está cerca de los que con ánimo verdadero le llaman y quieren, endereçó su deseo que se fuese a Toledo a un término que dezían de la Sisla (adonde es de creer que el ángel la guió con su compañera doña María Gómez) y allí hizieron una casilla pequeña para recogerse, arrimada a la hermita de Nuestra Señora que dezían de la Sisla, y en ella estuvieron algún tiempo sirviendo a Nuestro Señor en ayunos, vigilias, oraçiones y otros exerçicios honestos de humilldad y de sanctidad, hasta que fue servido que [fol. 211v] cesasse la causa del temor con la muerte del Rey Don Pedro.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Aun no estava criada en aquel tiempo la orden de Nuestro Padre San Hierónimo en estos reynos de España, pero pocos años después se confirmó por la sede apostólica y dio el hábito que se use en ella, y se hedificó el monesterio tan principal que oy se vee en Toledo, en la hermita de Nuestra Señora de la Sisla, que dexó la bienaventurada doña María García.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Muerto, pues, el rey Don Pedro, daban orden aquellas sirvientas de Dios de dexar aquella soledad de la Sisla, que la tenían grande por estar tan apartadas de la çiudad, y entendieron que en ella havía una congregación de mugeres devotas y honestas en la perrochia de San Román y tuvieron su aviso y consejo para yrse a aquella sancta compañía y subiectarse a la administradora doña María de Soria, que las reçibió con grande alegría, y de consentimiento de todas las religiossas les dieron el hábito y vestido que ellas traýan. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Por todo el tiempo que vivió la administradora María de Soria, estuvo en aquella casa la sierva de Dios y virgen doña María Garçía, y quando vio que era muerta y que también lo eran sus padres y pasado desta vida al Çielo, le dio más ganas a doña María Garçía de dexar del todo el mundo y el trato d’él, y asentar para siempre en un lugar; y pidiéndolo al Señor dezía con el psalmista: “Tú, Señor eres bueno, enséñame tus justificaçiones”. En ninguna cosa sentía el gusto que pretendía si no era en el puro spíritu y amor de Dios, y siempre andava con cuydado adónde havía de permaneçer y qué estado era el que havía de escoger. La hazienda que heredó en Belilla de su madre la vendió luego y compró una casa grande con mucho aposento en la perrochia de Sanct Lorenço, a donde se pasó con su compañera doña María Gómez, y allí asentaron sus deseos y perseveró hasta la muerte. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Entendida en la çiudad esta traslaçión de doña María Garçía, no le faltaron personas de calidad [fol. 212r] que por su devoçión y afición se inclinaron a seguirla, y una dellas fue ^doña^ Theressa Vázquez, persona noble y principal, con siete mugeres de buenas costumbres, fama y christiandad, que se fueron a amparar a ella, por solo servir a Dios y serles compañeras en la vida sancta y exemplar. Este, pues, fue el primer principio de fundar y plantar aquel collegio de Sanct Pablo de Toledo, que oy es monesterio, que desde que entonçes començó hasta oy ha floreçido y floreçe gran religión y mucha sanctidad, como en el processo desta escriptura se yrá mostrando hasta el cabo della. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El primero fundamento del monesterio de Sanct Pablo de Toledo fue este, y estava ya con grande gozo y contento la sierva de Dios doña María Garçía viendo el fervor de las nuevamente allegadas, y ansí las quería y amava con entrañas llenas de charidad, y animava a perseverar trayéndoles lo del psalmo: “Load a Dios y alabadle, pues ha confirmado sobre nós su misericordia”. Bolviéndose a Nuestro Señor dezía: “Suplícote que te sirvas de darnos graçia, que cantemos tus justicias en este lugar de ^nuestra^ peregrinaçión, que en él queremos perseverar, y en las alabanças divinas”. Fue creçiendo tanto la buena reputaçión de aquella congregaçión en observançia y conversaçión sancta y religiossa, que en pocos años se les allegaron otras muchas a su compañía, las quales, quando vieron que la orden de sanct Hierónimo començava y resplandeçía el nombre della, y estava ya hedificándose el monesterio de la Sisla y con algunos frayles, pareçióles bien su manera y hábito.  Y con un ánimo y voluntad lo escogieron y se vistieron del hábito, escogiendo y eligiendo por su priora y prelada a la religiosíssima doña María Garçía, que lo hubo de aceptar por sus ruegos y ymportunaçiones, porque por su voluntad deseaba antes ser regida que regir, y súbdita que prelada.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Viéndose la devota sierva de Dios con aquella carga y cuydado de priora, y que traýa vestido el hábito de la sagrada orden de nuestro padre Sanct Hierónimo, començó a comunicarse y tractar al sancto varón fray Pedro Fernández Pecha, que era prior de la Sisla, que se ocupaba en hedificar aquella casa, y a mostrarle voluntad [fol. 211v] y aun a favorecerle en su obra del monesterio y claustro, que le fue de grande favor y ayuda para acabarlo con más brevedad. Para la sacristía y culto divino dio muchas cosas y ornamentos de valor, y hasta se sabe que la arquita pequeña de plata adonde se çierra el sanctíssimo sacramento la dio y ofreció esta sancta muger.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Las plácticas y conversaçión destos dos siervos de Dios, fray Pedro Fernández Pecha y doña María Garçía, todas se ençerravan en sanctidad y qué observancias se tenían de guardar y acrecentar en la religión, y la solemnidad del culto divino, no olvidándose del cuydado que havía de haver en la oraçión y amor y serviçio de Nuestro Señor de noche y de día, que no pareçían en sus plácticas, tracto y conversaçión, sino otro Sanct Hierónimo y Sancta Paula, y Sanct Francisco y Sancta Clara, que se conoçió bien por los efectos que se obraron, encaminados todos al Çielo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Doña María Garçía y sus seguidoras no se contentaron solamente con traer el hábito de la orden del glorioso nuestro padre Sanct Hierónimo sino que quisieron guardar la regla, estatutos y ceremonias que la orden tenía, guardava y professava. Y porque aún en aquellos días no estavan unidas las casas que estavan fundadas en el hábito de la orden, ni tenían superior general, dieron aquellas religiossas la obediençia al prior de la Sisla y a sus sucessores, confirmando esto y el dezir de los oficios divinos por bulla apostólica, aunque no tenían professión ni encerramiento de monjas, sino de beatas recogidas, queriendo con todo esto subiectarse al estilo y manera de la orden y negar su voluntad y libertad hasta la muerte, sin buscar otra manera nueva ni hazer más mutaçión. &lt;br /&gt;
Pedía esto de veras y muchas vezes la sierva de Dios en su oraçión y petición, por sí y por las hermanas, y que mereçiesen el spíritu de perseverançia como convenía a su salvaçión, y no se olvidava, ni aun desconfiava, de lo que el Sancto Evangelio promete a este propósito en aquellas palabras, “El que perseverase hasta la fin será salvo”, que no hazían en ella menos impressión que si las estuviera oyendo de la boca de Jesuchristo Nuestro Señor, y, [fol. 213r] puesta a sus pies como la Magdalena, era doña María Garçía en la compostura y hermosura como un ángel, y de sosiego y mansedumbre increýble, y tenía una quietud y reposo en la conçiençia y una serenidad en el alma (parecida a lo del Çielo) que ninguna cosa próspera ni adversa pareçía mudarla. Del sanctíssimo sacramento era grandemente devota, y reconocía ser aquella la fuente y manantial de todo el bien de las almas, y allí procurava coger quanto havía menester para ser rica.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En muchos años no tuvo nombre de monesterio la casa de Sanct Pablo de Toledo, sino que pasó con nombre de “congregaçión de beatas de la orden de San Hierónimo”, y no por esso se diferenciavan en nada en las observançias, cerimonias y guarda de la religión. La priora era la primera en todas las asperezas y trabajos, y la que más se mostrava y resplandeçía en toda perfectión y sanctidad. En la humilldad y simpleza recta y temor de Dios tuvo tan alto grado quanto se puede consentir en muchos de los mortales, y si es lícito dezir que la pueden tener en esto como a otro Job. De todas era amada, querida y respetada, y atraýa con esto a muchas a querer su trato y compañía, porque solo su exemplo y sancta conversaçión bastava a reformar lo que con mucha diligencia y buenas razones y trazas no hizieran muchas en muchos días y años. Algunas personas prinçipales de la çiudad la visitavan, y todas las pláticas y conversaçión que con ellas tenía eran de la gloria y amor de Dios, y a las que veýa que llevavan los rostros disfraçados con afeytes, y con demasiadas galas y vestidos, queriéndoselo reprehender lo dezía con palabras dulces y blandas, y con un deseo que se moviesen a escusar las ofensas de Dios que de aquello podría haver. Todo género de curiosidad y qualquiera specie odorífera huýa y aborrecía como si fuera veneno ponçoñoso, y dezía a las que usavan dello que no era menester aquella deleitaçión a la carne, que está llena de aquestas miserias y tan çerca de ser (con brevedad) manjar de gusanos. No se deleytava en las jactancias, ni consentía ensuziar su coraçón con ellas, aunque unas cosas le dixesen en su alabança o del govierno tan conçertado que tenía en su monesterio, [fol. 213v] y de su hermosura y nobleza de linage; antes lo aborrecía y se tenía por gusano y por la más vil criatura criada, y de más despreçio y menos partes de que alabarla, y que la gloria y onra de todo se havía de atribuyr a Dios. Con estos exemplos, animava la sancta priora a sus hijas y las esforçava a continuar el amor y serviçio de Dios, meditando de noche y de día en la Pasión de Nuestro Redemptor. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Bivían todas en tanto conçierto y sancta conversaçión que a todos los de la çiudad eran exemplo y dechado de virtudes y honestidad, y hasta oy se dize y muestra esto en aquella sancta casa, y se les echan bien de ver los primeros prinçipios y buenos fundamentos que tuvo de religión y de sanctidad, que, como dixe poco ha, se verá adelante en las obras milagrosas que Nuestro Señor ha obrado en muchas siervas suyas que bivieron y acabaron en aquel monesterio. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
=== Capítulo veynte y seys ===&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&#039;&#039;&#039;De la muerte bienaventurada de Doña María Garçía y de lo mucho que sintieron algunos años antes perder su primero prior y perlado, Fray Pedro Fernández Pecha&#039;&#039;&#039;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Después que estuvieron algunos años Fray Pedro Fernández Pecha y doña María Garçía en muy sancta y religiossa conversaçión, y governando cada uno su monesterio con el exemplo y creçentamiento en el amor y serviçio de Dios que se ha dicho, cansado ya por la hedad y vejez, Fray Pedro Fernández Pecha se fue al monesterio de Nuestra Señora de Guadalupe a acabar sus días en aquel sanctuario de la madre de Dios (como en su historia se dixo) dexando renuncia el priorato de la Sisla, de lo que quedó bien desconsolada la sierva de Dios, doña María Garçía, por carecer tan presto de padre que tanto favor había al augmento y aprovechamiento de la sancta religión. Mas bolviéndosse [fol. 214r] al Señor universal de todos, que no desecha a los que son siervos suyos, tomava esfuerço y contento y animava a sus hijas a hazer lo mismo (que tenían el mismo sentimiento y andavan afligidas) para no desconfiar que les havía de faltar el favor y mano de Dios en la carrera que habían començado y continuarla con toda la perseverançia de virtud y exemplo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Según el discurso que se ha hecho de los años que estos dos los siervos de Dios tractaron en el hedificio y asiento de los dos monesterios de la Sisla y de Sanct Pablo de Toledo, y se vieron y comunicaron, pareçe que pudieron ser muy pocos, que doña María Garçía vivió cinquenta años y más después que murió fray Pedro Fernández Pecha. Con todo esso, como se biene a acabar todo poco a poco, algunos años antes de la muerte de la sierva de Dios, doña María Garçía, por los muchos trabajos y continuas vigilias, tenía perdidos (en parte) los sentidos exteriores, mas muy vivos y enteros (y con mayores fuerças spirituales) los interiores del alma. Y para no dexar lo que tantos años havía continuado de yr a los maytines y entender quándo llegaba la hora, hazía una cosa bien rara y de notar, que le ponían un gallo çerca de su aposento para que la despertasse y supiesse quándo era la medianoche, porque ni podía oýr el relox ni aun la campana. Estava tan aconstumbrada desde su niñez a levantarse a aquella hora a hazer gracias a Nuestro Señor y no perder los maytines, que no lo perdonava aun estando con enfermedad, pudiéndose levantar. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Venida ya la hora que era última a los ochenta y seys años de su hedad (que la llamava Dios para dar galardón de tantos y continuos trabajos), pensaba en la cuenta que le havía de dar aquella mayordomía, y que no se podía alargar. Pues era ya aquella hora postrera (principio de la otra que con tanto favor y deseo guardava), aperçebiose luego del divino y sanctíssimo sacramento de la eucaristía (thesoro universal de las almas y çelestial consuelo para aquellos tiempos) y, después que le hubo reçibido, consolava a sus hijas que las veýa tristes por su partida, [fol. 214v] animándolas con palabras afectuosas de madre que tanto las amava y quería, y las amonestava que no volviesen atrás ni desmayasen en aquel camino spiritual, porque perseverando en toda humilldad, menospreçio y mortificaçión, llegarían con bençimiento al fin, y gozarían con gran alegría de la bienaventurança. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Havía en el convento veynte y çinco religiosas beatas, discípulas de tal madre de sanctidad, que a exemplo del glorioso señor padre San Hierónimo las mandó llamar y juntar, y con grande alegría las abraçó a todas, y dándoles paz dixo: «Mis amadas hijas, acordaos que ni por vuestros mereçimienos, ni por las míos (sino por la misericordia y bondad infinita de Nuestro Señor) nos apartó de los ruydos y tinieblas del siglo, y nos traxo a esta esclareçida soledad y recogimiento como a siervas escogidas y regaladas suyas. Ruegoos mucho que no os mostréis como mugeres de poco ánimo, diciendo que soys flacas para perseverar en religión. Oyd, no a mí, sino a vuestro maestro Jesuchristo que dize: ‘Mi yugo es suave y la carga liviana’. Y más: ‘El que pone la mano al arado y buelve atrás no es merecedor del Reyno del Çielo’”. Haviéndoles hablado estas y otras muchas cosas de la hedificación, alegando y trayendo autoridades de la Escriptura (que no pareçía sino que la tenía delante, y tan sabida y estudiada como si la hubiera profesado) mandolas salir, y bolvió a llamar a cada una por sí, que como de tantos años de trato y conversaçión las conocía, y sabía lo que a cada una en particular avía de avisar y aconsejar. Por verisímiles coniecturas y casi por spíritu de profezía, dixo a algunas el successo que avían de tener en el seguir la virtud y perfectión, o si avían de errar, y en los viçios y cosas semejantes, etc. Después las encomendó a todas dos cosas, que guardasen un mandamiento y un consejo: el mandamiento, que se amasen unas a otras y que con toda charidad sufriessen la una la pesadumbre de la otra; el consejo, que guardasen la clausura y silençio, y que no las viesen por las calles y huyesen de la comunicación con los seglares y salidas a las casas de los [fol. 215r] parientes y conocidos, con occasiones más voluntarias y ymaginarias que verdaderas que muchas vezes se suelen proponer, y aun venir deseos de buscar la salud con honestos títulos de enfermedades bien ligeras, que mirasen mucho esto, y que a quien Dios quita la salud en su convento y congregaçión no es justo que busquen fuera el remedio, y antes ^se^ ha de creer, que si con los remedios ordinarios de los conventos no se vee la salud, que quiere Dios que se sufra y calle la que de su mano recibiere este regalo, y lo tome con paçiençia y en penitençia. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Oyéndole tantas cosas de hedificaçión y conoçiendo que se le acabava la vida, no podían ya detener las lágrimas y los lloros de las religiossas, con que la movían a compasión, y les bolvió a decir: “No os fatigéys y lloréys en bano, que Nuestro Señor puso término a mis días y es ya llegado, conformaos con su voluntad y no creáis que os dexo, que yo confío en la Majestad que os tendrá en su guarda y amparo, guardando vosotras sus mandamientos y sirviéndole con toda limpieza y cuidado”. No les habló más de que le diessen el sacramento de la extremaunctión, que era ya tiempo, y la recibió con grandíssima devoción. &lt;br /&gt;
La mañana antes de su muerte vieron las hermanas religiosas sobre su aposento una gran claridad y dentro dél una paloma blanca, y otro día, al alva, vieron que estava la sierva de Dios meneando los labios y haziendo oraçión a su Criador, sin entender lo que dezía, y muchas de la que con ella estavan presentes vieron que desçendió sobre su rostro un rayo de gran claridad y que sentía mucho plazer y contento de lo que veýa. Y alçando las manos en alto y puestos todos los dedos en señal de la cruz, espiró y desapareçió la claridad, a diezisyete días del mes de enero del año mil quatroçientos y sesenta y quatro, siendo de hedad de ochenta y seys años (como se dixo) y aviendo estado en aquella de Sanct Pablo los sesenta, poco o menos. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Luego llevaron su cuerpo al monesterio de la Sisla de Toledo, y con el mayor secreto que pudieron, y le enterraron con toda solemnidad juncto al altar mayor en aquella yglesia. Y esto se hizo [fol 215v] con secreto y açeleradamente, porque se temió que huviera alguna diferençia y discordia entre los ciudadanos sobre el enterramiento y no se cumpliera con el deseo que la sierva de Dios tuvo y dexó encomendado, que, como era deuda de principales cavalleros y muy emparentada, quisieran que se enterrara en la yglesia mayor, cerca del arçobispo don Alonso, su tío. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
No se dexaron de ver algunos milagros en la muerte de esta sancta muger, y en solo el tocamiento a su cuerpo, como lo çertificaron y confirmaron muchos de los religiossos que se hallaron en su enterramiento y al tiempo de llevar el cuerpo al monesterio de la Sisla, y aunque manifestaron algunos en particular, otros dexaron de dezir por el poco crédito que el vulgo suele dar. Y este es bien que se ponga aquí y no se calle, que es tan çierto y verdadero como todos, que siempre tuvo fixo y enclavado el pensamiento y la consideraçión en la ley de Dios, pensando de día y de noche en ella y en lo que era amor y servicio suyo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
De quarenta años a esta parte, fue necesario apartar el cuerpo de esta sancta muger del lugar adonde estava por razón de una obra que se huvo allí de hazer, y de tal manera le halla[ron] entero en su casa y ataúd (con aver más de çiento y veynte años que estava allí) que los religiosos que se hallaron presentes y lo vieron, certificaron esta verdad, que estava el cuerpo sin ningún corrompimiento, como quando le enterraron, y sin olor malo. Vieron también otra cosa maravillosa, que en la cabeça tenía puesta una corona (o guirnalda de ramos de laurel (que le pusieron en premio de la virginidad que guardó) tan fresca y sin estar secas las hojas ni perdido el color que se admiraron todos y recibieron gran recreaçión y consuelo. Y dieron gracias a Dios, que les havía dado en su capilla y compañía thesoro tan preciosso.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Su sepulcro está junto al altar mayor a la parte del Evangelio, cavado en la pared, con un vulto de la sierva de Dios ençima, hincada de rodillas, puestas las manos mirando al sanctíssimo saçramento, con el hábito que traýa [fol. 216r] de beata, y con una letra que dize que “está allí enterrada doña María Garçía, fundadora del monesterio de Sanct Pablo de Toledo”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
=== Notas ===&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&#039;&#039;[1]&#039;&#039; Subrayado desde “acabó… prosiguiendo”. Nota marginal: “Gran ignorantia, pues la hace compañera de fray Pedro Fernández Pecha el año 1374, que según esto vivió más de ciento y quince años”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&#039;&#039;[2]&#039;&#039; El manuscrito lee «con contenta», con una diplografía por error.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
= Vida manuscrita (3)=&lt;br /&gt;
Ed. de [http://visionarias.es/equipo/celia-redondo-blasco/ Celia Redondo Blasco]; fecha de edición: enero de 2025.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
== Fuente ==&lt;br /&gt;
* [http://catalogodesantasvivas.visionarias.es/index.php/Categor%C3%ADa:Baltasar_Porreño Porreño, Baltasar]. &#039;&#039;Vida de los arzobispos de Toledo: años 1280-1618&#039;&#039;. Ms. BNE 13025, fols. 207r-209v.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
== Criterios de edición ==&lt;br /&gt;
Se trata de un manuscrito del siglo XVIII, que copia en tres volúmenes (BNE Mss/Mss/13025-Mss/13027) la &#039;&#039;Historia episcopal y Real de España&#039;&#039; de Porreño, escrita entre 1604 y 1606 y que se guarda manuscrita en la Biblioteca Capitular de Toledo. Se opta por modernizar: &#039;&#039;b&#039;&#039; y &#039;&#039;v&#039;&#039;, las sibilantes y la alternancia &#039;&#039;c&#039;&#039; y &#039;&#039;q&#039;&#039;. Esta edición, dado lo tardío del testimonio, puntúa y acentúa siguiendo las normas establecidas por la RAE. Se desarrollan las abreviaturas. Se moderniza el cultismo grafemático &#039;&#039;ch&#039;&#039; en palabras como &#039;&#039;charidad&#039;&#039; o &#039;&#039;chronica&#039;&#039; y se desarrolla las contracturas desta, destos.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
== Vida de María García ==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[Fol. 207r] A don Vasco Fernández le sucedió en la silla de Toledo don Gómez Manrique, natural de Toledo, septuagésimo quinto arzobispo de esta villa, el cual se sentó en la silla luego que el otro, don Vasco, por su destierro renunció al arzobispado. Hacen mención de todo los &#039;&#039;Catálogos de los arzobispos de esta Villa y las Historias de España&#039;&#039;. Fue de sangre ilustre y esclarecida, su padre se llamó Don Garci &#039;&#039;[1]&#039;&#039; Fernández Manrique, de quien vienen los marqueses de Aguilar, el cual fue señor de Amusco [fol. 207v] y de Avia, y su madre doña Urraca de Leiva. Tuvo por hermano a don Garci Fernández Manrique, adelantado de Castilla, que fue el tronco de los duques de Nájera y de otras casas de Castilla del apellido de Manrique, y a don Diego García Manrique. Tuvo el otro arzobispo por abuelo a don García Fernández Manrique, descendiente de Almeric de Narbona. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Fue nuestro don Gómez en su juventud obispo de Palencia y al presente lo era de Santiago, de cuya dignidad le sucedió don Gómez de Toledo, sobrino del arzobispo don Vasco, por haber renunciado al arzobispado de Toledo. Con esta condición era hombre de mucho valor y cordura y, así, viéndose favorecido por el rey Don Pedro en su elección y viendo las cosas de los reinos [fol. 208r] tan turbadas y alteradas (como se ha dicho), procuró estar en gracia con el otro rey, cuyas cosas iban con tanta rotura y tan sin esperanza de remedio que le parecía escusado negocio irse a la menos cosa del mundo, sino fuese cosa mínima irse al matadero, como otros muchos, o por lo menos al destierro como su antecesor. Y así fue al amor del agua con prudencia y sagacidad y nombró por su adelantado de Cazorla a Pero Ruiz de Torres, caballero principal. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En su juventud tuvo una hija el arzobispo llamada doña Theresa de Manrique, la cual casó con Rodríguez de Biedma, señor de San Esteban del Puerto y caudillo mayor del Arzobispado de Jaén, y con ella se dieron veinte mil maravedíes en dote. [Fol. 208v] Con esta dote, que se hizo en Burgos, año de mil trescientos y sesenta y cuatro. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Tuvo una sobrina, hija de su hermano don Diego García Manrique y de su mujer doña Constanza de Toledo, la cual se llamó doña Mari García, que fue gran sierva de Dios y desde niña se ejercitó en obras de caridad y en pedir por el amor de Dios para los pobres de la cárcel del arzobispo, su tío, al cual le aconteció encontrarse con ella pidiendo limosna y, reprendiendo el arzobispo a su hermano, porque la dejaba andar de aquella manera mendigando, él respondió que se tenía por muy dichoso en que su hija hubiere escogido con ilustre esposo como a Jesucristo. Fundó esta señora el monasterio de San Pablo, que es de religiosas de San Jerónimo, y fue tan limosnera que repartió la mayor [fol. 209r] parte de su patrimonio a los pobres de Jesucristo. Escriben de esta señora las crónicas de la orden de San Jerónimo y Pedro de Alcocer y el otro, Villegas. Algunos historiadores hacen a esta señora sobrina del arzobispo don Vasco, así lo afirma el muy docto padre Fray Joseph de Sigüenza en su segunda parte de la historia de San Jerónimo, en el capítulo cuarenta y seis, pero se engaña mucho, porque el otro, don Vasco, murió en Portugal, como se dijo en el capítulo pasado, y cuando murió esta señora hubo diferencias entre si se había de enterrar en el sepulcro de su tío, que estaba en la santa iglesia, o en el Monasterio de San Pablo, que ella había fundado. Demás de esto, lo que escriben su vida hacen mención de su hermano el arcediano de Talavera, que fue sobrino del otro arzobispo [fol. 209v] don Gómez Manrique, el cual en su muerte pidió al cabildo de Toledo lo no eligiesen por arzobispo al arcediano, su sobrino (como se dirá). Así mismo, esta señora murió en el año de mil y cuatrocientos veintiséis, y don Vasco fue preso en el año de mil trescientos cincuenta. Así, es cosa cierta que no fue sobrina suya sino del otro don Gómez.   &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
===Notas===&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&#039;&#039;[1]&#039;&#039; Tachado: “Gómez”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
= Vida manuscrita (4)=&lt;br /&gt;
Ed. de [https://visionarias.es/equipo/veronica-torres-martin/ Verónica Torres Martín]; fecha de edición: septiembre de 2026&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
== Fuente ==&lt;br /&gt;
* [http://catalogodesantasvivas.visionarias.es/index.php/Categor%C3%ADa:Hernando_Pecha Pecha, Hernando], 1669. &#039;&#039;Historia de Guadalajara, y cómo la religión de San Jerónimo en España fue fundada y restaurada por sus ciudadanos&#039;&#039;. Ms. BNE 1756, fols. 12r-12v. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
== Criterios de edición ==&lt;br /&gt;
La vida de María García presenta un particular interés para el estudio de la hagiografía local y de los procesos de construcción y confirmación del culto, pues el relato no se limita a transmitir la memoria de una mujer piadosa, sino que la incorpora explícitamente a una tradición de santidad vinculada al territorio toledano. En este sentido, el testimonio resulta especialmente significativo porque documenta, en una obra del siglo XVII de historiografía local, la pervivencia y reformulación de una tradición de santidad femenina vinculada a Toledo, ofreciendo así un indicio relevante para estudiar la recepción, legitimación y eventual confirmación historiográfica de un culto local.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Dado que se trata de una copia manuscrita de la segunda mitad del siglo XVII los criterios de edición son conservadores. Se mantienen los grupos cultos como -ct- (&#039;&#039;sanct, sanctas&#039;&#039; y sus variantes). Se respetan las oscilaciones y variantes de las sibilantes. Se mantiene la oscilación v/b y se regularizan las alternancias gráficas sin valor fonético: i/j, u/v Se regularizan asimismo determinadas grafías sin valor fonético, como la h- inicial de &#039;&#039;hermita&#039;&#039;, que se edita como &#039;&#039;ermita&#039;&#039;. La puntuación y la capitalización han sido modernizadas. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
== Vida de María García ==&lt;br /&gt;
[fol. 11v] &#039;&#039;Renuncia el priorato de sanct Bartolomé fray Pedro Fernández de Guadalajara y sale a fundar el Monasterio de Nuestra Señora de la Sisla en Toledo&#039;&#039;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[…]&lt;br /&gt;
[fol. 12r] Conoció la tierra, las heredades y los sitios, acordándose de una Ermita de Nuestra Señora que estava a la parte de medio día, algo inclinada al oriente, en aquellos prados que llaman zigarrales, lugar apartado poco menos de media legua de Toledo. Puesto en lo más áspero de aquellas cuestas, allí se fue nuestro Pecha como aveja solícita con su pobre enjambre. Contentoles a todos el puesto y la ermita. Hallaron junto a ella dos pequeñas celdillas, aunque no mal separadas por haberse recogido en ellas las dos sanctas mugeres: la una llamada doña María García de Toledo, muger &#039;&#039;[1]&#039;&#039; de rara hermosura, señora de los más nobles y principales de aquella ciudad, hija de Diego García de Toledo y de doña Constanza de Toledo; la otra doña María Gómez, biuda y noble. Las quales dos sanctas matronas, huyendo del apetito desenfrenado del rey don Pedro &#039;&#039;[2]&#039;&#039;, se retiraron a aquel desierto. Era esta ermita a deseo de los canónigos de la Iglesia Colegial [fol. 12v] de sancta Leocadia, extramuros. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
===Notas===&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&#039;&#039;[1]&#039;&#039; En este punto aparece una palabra tachada, la cual no hemos podido discernir, y encima de ella, en otra tinta, se señala “muger”. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&#039;&#039;[2]&#039;&#039; En referencia a don Pedro el Cruel, como se señala en otras hagiografías.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
= Vida impresa (1)=&lt;br /&gt;
Ed. de [http://visionarias.es/equipo/veronica-torres-martin// Verónica Torres Martín]; fecha de edición: octubre de 2020.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
== Fuente ==&lt;br /&gt;
* [http://catalogodesantasvivas.visionarias.es/index.php/Categor%C3%ADa:Pedro_de_Alcocer Alcocer, Pedro de], 1554. “Libro segundo, en que particularmente se escribe el principio, y fundamento desta sancta ygleia de Toledo…”, &#039;&#039;Hystoria, o descripcion dela Imperial cibdad de Toledo. Con todas las cosas acontecidad en ella, desde su principio, y fundacion. Adonde se tocan, y refieren muchas antigüedades, y cosas notables de la Hystoria general de España&#039;&#039;, Toledo: Juan Ferrer, fol. 115r, col. a.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[[Contexto material del impreso Hystoria, o descripcion dela Imperial cibdad de Toledo]]. &#039;&#039;Con todas las cosas acontecidad en ella, desde su principio, y fundacion. Adonde se tocan, y refieren muchas antigüedades, y cosas notables de la Hystoria general de España&#039;&#039;.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
== Normas de edición ==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El relato aparece en el libro segundo de la &#039;&#039;Hystoria, o descripcion dela Imperial cibdad de Toledo&#039;&#039;, impreso en 1554, en el que se describe la fundación de los monasterios, hospitales y lugares píos de la ciudad de Toledo. La vida de María García se integra en el vigesimoséptimo capítulo, en el que se ejemplifica la fundación del monasterio de San Pablo. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Se siguen los criterios establecidos en el catálogo para fuentes impresas. Sin embargo, se ha decidido conservar las grafías de sibilantes por tratarse de un impreso de mediados del siglo XVI. Además, para facilitar la localización del texto, se indica el folio (r-v) y la columna correspondiente (a-b). &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==Vida de María García==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
===Capítulo XXVII===&lt;br /&gt;
&#039;&#039;&#039;Del monesterio de San Pablo, y de su fundación&#039;&#039;&#039;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[fol. 115r col. a] El monesterio llamado San Pablo, que es de religiosas de la orden del glorioso San Jerónimo, fue en su principio fundado por la católica doña María García de Toledo, hija de Diego García de Toledo. La cual, siendo muy santa y amadora de la religión, fundó esta santa casa de religiosas de esta orden, honestas y recogidas sin clausura, adonde ella se encerró con otras algunas religiosas de vida apurada, con las cuales hizo tan santa vida que se puede firmemente creer que está colocada entre las santas bienaventuradas en la gloria, según su caridad y humildad, que son dos virtudes que mucho en ella resplandecían. Fue tan limosnera que repartió la mayor parte de su patrimonio, que era mucho, por los pobres, y con eso poco que le quedó se metió en esta casa de religión con otras religiosas con las que les tomó el hábito del glorioso San Jerónimo, de quien era devotíssima el año del señor de 1404. Y después acá, esta casa de oración ha sido más acrecentada y labrada, y han entrado en ella muchas más religiosas de santa vida y recogimiento. Fueron estas religiosas al principio sujetas al prior de la Sisla, en el cual estado permanecieron hasta el año del señor de 1508, que de su propia voluntad las religiosas que en él estaban hizieron professión y tomaron velo y clausura, quedando sujetas al general de la dicha orden.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
= Vida impresa (2)=&lt;br /&gt;
Ed. de [http://visionarias.es/equipo/maria-del-mar-cortes-timoner// M. Mar Cortés Timoner]; fecha de edición: abril de 2021.&lt;br /&gt;
== Fuente ==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
* [http://catalogodesantasvivas.visionarias.es/index.php/Categor%C3%ADa:Alonso_de_Villegas Villegas, Alonso de], 1588. &#039;&#039;Addicion a la Tercera Parte del Flos sanctorum: en que se ponen vidas de varones illustres, los quales, aunque no estan canonizados, mas piadosamente se cree dellos que gozan de Dios por auer sido sus vidas famosas en virtudes...&#039;&#039;, Huesca: Iuan Perez de Valdiuielso. Fols. 44r col. a – 45v col. a.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[[Contexto material del impreso Addicion a la Tercera Parte del Flos sanctorum]] &#039;&#039;en que se ponen vidas de varones illustres, los quales, aunque no estan canonizados, mas piadosamente se cree dellos que gozan de Dios por auer sido sus vidas famosas en virtudes...&#039;&#039;.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
== Criterios de edición ==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El relato aparece en el apartado 193 de la Adición de la Tercera Parte del &#039;&#039;Flos Sanctorum&#039;&#039; de Alonso de Villegas. Para facilitar la localización de los textos, he indicado el folio (r-v) y la columna correspondiente (a-b).&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En la edición, se siguen los criterios establecidos en el catálogo para fuentes impresas pero se respetan los grupos consonánticos: -nt (sant), -nc- (sancta), -bj- (subjetándose) y las contracciones. Además, se mantiene la conjunción copulativa “y” ante palabras iniciadas con el sonido vocálico “i”, la escritura de las palabras con interés morfológico o fonológico (augmento, proprio, ansí, etc.), el empleo del sustantivo “Orden” en masculino y la forma femenina del determinante ante los sustantivos femeninos que empiezan por a- tónica (arca, alba). &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Se ofrecen datos en torno al texto editado en: &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
* M. Mar Cortés Timoner, “Censuras, silencios y magisterio femenino en la Adición a la tercera parte del Flos Sanctorum de Alonso de Villegas”, &#039;&#039;Specula. Revista de Humanidades y Espiritualidad&#039;&#039;, vol. 1 (mayo 2021), pp. 183-210: https://www.ucv.es/investigacion/publicaciones/catalogo-de-revistas/revista-specula&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
* M. Mar Cortés Timoner, “La autoridad espiritual femenina en la Castilla bajomedieval y su reflejo en el Flos sanctorum de Alonso de Villegas”, &#039;&#039;Dicenda. Cuadernos de Filología Hispánica&#039;&#039;, vol. 39 (2021), pp.:  25-35 DOI: https://revistas.ucm.es/index.php/DICE/article/view/76403&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==Vida de María García==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&#039;&#039;&#039;[Fol. 44r col. a] Vida 193. De María, que fue ilustre y tuvo por sobrenombre García&#039;&#039;&#039; […] &#039;&#039;[1]&#039;&#039;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&#039;&#039;[2]&#039;&#039; Entre otras riquezas que estaban en el templo de Salomón que grandemente le hermoseaban eran dos querubines que, por mandado de Dios, puso Moisés a los lados de la Arca &#039;&#039;[3]&#039;&#039;; y puede asimilarse a ellos dos benditas mujeres, ambas Marías y doncellas, por donde dice bien con ellas el nombre de querubines o ángeles, pues lo que en el cielo es ser ángeles en la tierra es ser vírgenes, semejando los vírgenes a los ángeles. Están a los lados del Arca, esto es, muy juntas a Dios, no solo por su encendida caridad sino por el estado de monjas que tuvieron, que está muy conjunto con Dios. Hermosean y adornan este templo de la Iglesia militante por razón que las religiones son adorno riquísimo de la misma Iglesia. De ambas juntas tengo de escribir sus vidas porque fueron casi de una misma tierra, de un mismo orden &#039;&#039;[4]&#039;&#039; y de una misma casa, y casi en un mismo tiempo, y están sepultadas juntas, junto con que me aprovecharé para escribirlas de unos mismos originales. Y fueron: un libro de mano antiguo que está en el monasterio de Sant Pablo de Toledo, que fue casa propria de ambas, y de la historia &#039;&#039;[5]&#039;&#039;, también de Toledo, de Arcocer [fol. 44 r col. b] y de las crónicas del Orden de Sant Jerónimo, y es en esta manera. &#039;&#039;[6]&#039;&#039;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Doña María, llamada, por respecto de su padre, García, fue natural de Toledo, hija de don Diego García y de doña Costanza de Toledo, ambos de muy ilustre linaje y decorado con real sangre. Los padres vivían sanctamente y aprendió dellos su hija a vivir en toda sanctidad. Eran ricos de bienes temporales porque tenían grandes posesiones en Talavera, villa de mucho lustre distante doce leguas de Toledo, y, sin esto, otras haciendas de manera que podían y, junto con el poder, hacían grandes limosnas, lo cual también su hija quiso imitarles, como se verá en el proceso de su vida.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Fue, desde niña, muy inclinada al servicio de Dios y a cosas de devoción y, por lo mismo, aborrecía todo lo que es mundo y contradice a la perfección. Y por el crédito que ganó con sus padres y con todos los que la conocían, de que era muy honesta y deseaba ser sancta aunque era muy hermosa, nadie se escandalizaba ni juzgaba mal por algunas cosas que hacía, que en otra fueran de mal ejemplo y a ella le daban muy bueno por estar saneada con sus inculpables costumbres. Y así visitaba iglesias muy a menudo donde tenía larga oración, ofreciendo [fol. 44v col. a] a Dios las primicias de sus buenos deseos. Iba a dar limosna a personas que tenían grave necesidad y, aun acabado, lo que podía dar pedía a algunas personas ricas para dar a otras pobres; y a los unos era ocasión que mereciesen para bien de sus almas y a los otros que remediasen las necesidades de sus cuerpos, y así era a todos provechosa. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Estaba a esta sazón un monasterio no lejos del alcázar principal de la ciudad, que se llamaba Sant Pedro de las Dueñas, donde se edificó después el insigne Hospital de la Cruz, obra del ilustrísimo cardenal y arzobispo de Toledo don Pero González de Mendoza, donde no solo se curan enfermos y heridos en grande número sino que &#039;&#039;[7]&#039;&#039; se crían niños expósitos, que no es pequeño también el número dellos, por el pueblo y ciudad ser grande y no tener estos otro remedio. Quiso, pues, doña María, probar aquella vida de religiosa encerrada y así entró en este monasterio de edad de once años. Y porque era en él abadesa una hermana suya que la amaba tiernamente, y por su respecto y alto linaje, junto con sus sanctas obras, las demás monjas la estimaban y tenían en mucho. Ella, que deseaba ser menospreciada y tenida en poco, dejó el monasterio no queriendo quedar en él ni en otro de Tordesillas adonde la deseaban por monja y quisieran hacerla abadesa anteponiéndola, que &#039;&#039;[8]&#039;&#039; era moza y extraña, a otras ancianas y criadas en aquella casa, por las nuevas que tenían de su sancta vida. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Luego que salió del monasterio pusose unas alforjas al hombro y andaba pidiendo limosna para los presos de la cárcel del arzobispo, no sin particular sentimiento de sus padres, hermanos y parientes. Y reprehendiéndola por esto, respondía que, si no la dejaban andar despreciada y imitando a su esposo Cristo, que se iría donde no la viesen. Estas razones, aunque en otra doncella parecieran dichas con libertad, en doña María, considerada su vida, eran prendas de grande humildad. Y por quitar del todo la ocasión a los maliciosos de murmurar della, viéndola sola de poca edad y hermosa que andaba pidiendo limosna, acompañose de una noble viuda llamada doña &#039;&#039;[9]&#039;&#039; Mayor Gómez, que quiso ser partícipe de sus buenas obras y compañera en sus sanctos ejercicios. Y así, las dos se vieron pedir limosna en la sancta iglesia con sus alforjas a los hombros, de que no pequeña edificación sacaban los que las conocían viendo lo que hacían. Vino el negocio a que su mismo padre la encontraba en la calle y decía a sus criados: “Dad lugar a que apase &#039;&#039;[10]&#039;&#039; María, mi hija, y siga a Jesucristo, que la lleva por ese camino de menosprecio”. Agradecía esto mucho la bendita mujer y decía que debía mucho a sus padres porque la habían dado lugar de se apartar del mundo. También acaeció encontrarse, andando pidiendo limosna, con el arzobispo [fol. 44v col.b] de Toledo, que era tío suyo, llevando al lado a su padre, con grande acompañamiento, y reprehender el arzobispo a su hermano porque daba lugar a que su hija anduviese de aquella manera en menoscabo del honor de todos ellos. Y respondíale que se tenía por dichoso en que su hija hubiese escogido tan ilustre esposo como Jesucristo, pues con tal yerno él se tenía por muy honrado. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Era a esta sazón rey de Castilla don Pedro, llamado el Cruel, en cuyo tiempo padecieron los grandes del reino no pequeñas persecuciones. Andaban amedrentados y muchos dellos huidos porque el rey era determinado y fácilmente cortaba cabezas sin respecto de linaje o estado. Y así cupole parte desta persecución a doña María, o por respecto de sus deudos o por recelarse de su honor, si estaba seguro en tiempo de tanta borrasca y tempestad. Y así se recogió a Talavera, que, como se ha dicho, tenía en aquella villa su padre grandes posesiones y era como señor della. Acompañáronla otras señoras principales del reino llevadas con el mismo temor y aun allí no se tuvieron por seguras, por donde les convino irse a diversas partes. Y doña María se volvió a Toledo, y fuera de la ciudad, a la parte del mediodía, se recogió en una pequeña casa que ella labró, junto a una ermita de la Madre de Dios, donde después se edificó el Monasterio de la Sisla del Orden de Sant Jerónimo, y está de presente sepultada aquí. Con su buena amiga doña Mayor Gómez se ocupaba en oración con mucha humildad y paciencia. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Sosegándose más los tiempos, volvió a la ciudad y se juntó &#039;&#039;[11]&#039;&#039; con doña María de Soria y con otras señoras de linaje que vivían cerca de la iglesia de Sant Román, en casa particular, y tenían hábito de beatas recogidas. Y destas contaba &#039;&#039;[12]&#039;&#039; después &#039;&#039;[13]&#039;&#039; grandes virtudes de paciencia, humildad y menosprecio del mundo, diciendo que era poco lo que ella hacía en comparación de lo que vido en aquellas religiosas. Murió doña María de Soria, la que era cabeza en esta casa y congregación, y habiendo muerto también su madre, doña María vendió cierto heredamiento que le cupo de su legítima en Belilla y compró unas casas a la colación de Sant Laurencio, donde es ahora el Monasterio de Sant Pablo. Y aquí reposó su espíritu con su amado Esposo. Tenía consigo a su amiga antigua doña Mayor Gómez y a otra llamada Teresa Vázquez con otras seis o siete señoras ilustres y temerosas de Dios, determinándose servir a Nuestro Señor en su compañía. A todas estas honraba y acataba la sierva de Dios porque veía en ellas desprecio del mundo, humildad, pobreza y trabajo. Al olor de la sancta vida que todas hacían, vinieron otras muchas mujeres nobles a servir a Dios y, de acuerdo de todas, tomaron el hábito del glorioso Sant Jerónimo, de quien era muy devota doña María, aunque sin clausura, sino con [fol. 45r col. a] título de beatas. Y fue el año de mil y cuatrocientos y cuatro &#039;&#039;[14]&#039;&#039;, subjetándose al prior de la Sisla que, a la sazón, era Pero Fernández, que, primero, fue caballero seglar de muchos cuentos de renta y muy preciado de los Reyes Católicos &#039;&#039;[15]&#039;&#039; y, después, se hizo pobre por Jesucristo y de los primeros fundadores en España del Orden de Sant Jerónimo. Y así él fue el que edificó el Monasterio de la Sisla donde primero estaba una ermita de la Madre de Dios, como se ha dicho, y para esta obra ayudó largamente doña María de su patrimonio. Dio una arca de plata esmaltada para que se pusiese el Sanctísimo Sacramento y otras ricas joyas. Y por ver el prior la caridad desta bendita mujer, visitábala y no poco la alentaba con sus buenos consejos y sanctas amonestaciones en el servicio de Dios. El cual, habiendo vivido sanctamente, murió en la misma casa de doña María, adonde se había hecho traer de la Sisla para tener algún regalo en su enfermedad. Y en el aposento donde murió quedó por muchos días un olor maravilloso y del cielo. Su cuerpo fue llevado a sepultar a Guadalupe. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Tenía doña María el gobierno de aquella casa y congregación. Era hermosa de rostro, como se ha dicho, y mucho más en el alma. Su presencia, de grande austeridad, ponía más temor en los que veían su honestidad y humildad que si la oyeran palabras de reprehensión. Si reprehendía, era con tanta discreción y con tan dulces palabras que, por ello, era amada, especialmente de sus parientas, que visitándola, y viéndolas ella con muchos trajes y galas, decíales tales razones que, sin quedar sentidas, se moderaban y dejaban lo superfluo. Su tocado y vestido era muy honesto y pobre aunque aseado y limpio. Amaba el color blanco por la castidad, mas de ordinario se vestía de pardillo por vencerse a sí misma y dar ejemplo de menosprecio. Era fervorosa en la oración y nunca estaba ociosa. Era agradecida a Dios y a las gentes, muy paciente en sus enfermedades, que eran tos continua y dolor de hijada a tiempos que la llegaba a lo último. Huía la vanagloria y quería que de todo lo bueno se diese loor &#039;&#039;[16]&#039;&#039; a Jesucristo. Sus amonestaciones eran todas fundadas en humildad y decía a cada una de las hermanas que fuesen humildes si querían ir por camino seguro; y así, ella se tenía por la menor de todas. Era su costumbre levantarse todas las mañanas a tener oración, la cual cosa alguna no dejaba, y estando enferma, aunque en la cama, allí oraba. Y porque siendo de ochenta años no oía el reloj para levantarse, hacía que pusiesen un gallo cerca de su aposento para que su voz le fuese reloj y despertador; y así, no faltaba en su sancto ejercicio. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Llegose su muerte, y teniendo consigo veinte y cinco religiosas, llamolas cinco dellas antes de su tránsito, abrazolas y dioles paz. Habló a cada una [fol. 45r col b.] en particular, avisándola en aquello que más sabía convenirle, según su condición. Y a todas en común hizo una plática amonestándoles a mucha paz y caridad unas con otras, a que amasen las virtudes, dioles su bendición y encomendolas a Dios. Las hermanas, con tristeza grande, lloraban tiernamente, ellas las consolaba diciendo que sirviesen a Dios, que nunca su Majestad les faltaría. La mañana antes de su muerte vieron las hermanas sobre su aposento una grande claridad y dentro della una paloma blanca. Otro día, que fue víspera de Sant Anton Abad, a la hora de la alba &#039;&#039;[17]&#039;&#039;, estando las hermanas con ella viéronle mover los labios y que rezaba aceleradamente, aunque no entendían lo que decía. Apareció luego una claridad grande sobre su rostro de manera que toda la casa participó della. Veíase volver los ojos a una y a otra parte, daba muestra que se alegraba de lo que veía y así espiró despareciendo la claridad, y fue en diez y seis de enero, día lunes, en el año de mil y cuatrocientos y sesenta y cuatro &#039;&#039;[18]&#039;&#039;. Era de edad de ochenta y seis años, después de haber estado los sesenta en aquella casa y religión. Quisiera sepultarse en su sancta iglesia por estar allí sepultado su tío el arzobispo, que fue varón de sancta vida, delante el altar de Sancta María la Blanca, que es el de prima, dentro del coro menor. Y el arcediano de Toledo, que era sobrino, huyó lo que &#039;&#039;[19]&#039;&#039; pretendía. Mas el amor que tenía a los hermanos de su orden, los frailes de la Sisla, fue medio para que mandase que allí la enterrasen. Y cierto desto y de su muerte, los frailes, luego que supieron que era difuncta, porque el arcediano, su sobrino, no lo estorbase, con otros caballeros deudos suyos, habiéndole dicho una misa en tanto que la amortajaban, la llevaron luego a la Sisla. Y habiendo tiempo que no llovía, el mismo día por la tarde llovió tanto que no poco se consoló el pueblo atribuyéndolo mucho a los merecimientos desta sierva de Dios. Estuvo siete días sin enterrar en tanto que se le hacía un lucillo en que fue puesta. Y su cuerpo era visto de todos sin dar mal olor ni mostrar fealdad sino tan tractable que la podían asentar, vestir y desnudar, cerrar sus manos y abrirlas. Y en este tiempo fue fama que obró Nuestro Señor por ella algunos milagros. Fue sepultada noche de Sant Ildefonso &#039;&#039;[20]&#039;&#039; dentro del lucillo, en el coro de la iglesia, cerca del altar mayor. Y el día siguiente de Nuestra Señora de la Paz se le celebraron las honras, y predicó un obispo conocido suyo y dijo della grandes loores. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
La casa y congregación desta bendita mujer fue siempre en augmento, así en religiosas que entraban en ella como en el edificio. Estaban subjectas al prior de la Sisla sin guardar clausura, en el cual estado permanecieron hasta el año del Señor de mil y quinientos y ocho, que, de su propria voluntad, las religiosas que en él estaban [fol. 45v col. a] hicieron profesión y tomaron velo y clausura, quedando subjectas al general del dicho Orden de Sant Jerónimo. Es casa de mucha religión y donde siempre ha habido señoras de ilustre sangre y de grande vida y ejemplo. Entre las cuales vivió [[María de Ajofrín]], de quien habemos de ver su vida coligiéndola de los mismos memoriales y libros que la pasada, y es en esta manera. &#039;&#039;[21]&#039;&#039;.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
===Notas===&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&#039;&#039;[1]&#039;&#039; El apartado también incluye la vida de María de Ajofrín por ello el epígrafe completo expone: “De María, que fue ilustre y tuvo por sobrenombre García, y de María de Ajofrín, monjas de Sant Pablo de Toledo”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&#039;&#039;[2]&#039;&#039; En el margen izquierdo leemos: “En. I6. de Enero. Exodi.15.”&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&#039;&#039;[3]&#039;&#039; Conservamos la concordancia del texto.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&#039;&#039;[4]&#039;&#039; A lo largo de la edición, respetamos el género del sustantivo según el texto, que se refiere a la Orden de San Jerónimo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&#039;&#039;[5]&#039;&#039; Posiblemente, remite a la &#039;&#039;Hystoria, o descripcion dela Imperial cibdad de Toledo&#039;&#039; de Pedro Arcocer, impreso en 1554. En concreto, la vida de María García se halla en el vigesimoséptimo capítulo del segundo libro y está editada en el catálogo por Verónica Torres: http://catalogodesantasvivas.visionarias.es/index.php/Mar%C3%ADa_Garc%C3%ADa&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&#039;&#039;[6]&#039;&#039; En el margen derecho leemos: “Authores”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&#039;&#039;[7]&#039;&#039; Se añade “que”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&#039;&#039;[8]&#039;&#039; En el texto “que”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&#039;&#039;[9]&#039;&#039; Se subsana la errata “daña”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&#039;&#039;[10]&#039;&#039; Debemos leer “pase”. El verbo “apasar” se halla recogido en el &#039;&#039;Corpus Diacrónico del Español&#039;&#039; (CORDE): http://corpus.rae.es/cgi-bin/crpsrvEx.dll &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&#039;&#039;[11]&#039;&#039; En el texto “juntándose”. Se ha corregido la incoherencia sintáctica. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&#039;&#039;[12]&#039;&#039; En la obra leemos “contaban” pero parece más lógico considerar como sujeto a doña María.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&#039;&#039;[13]&#039;&#039; En el texto: “despus”&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&#039;&#039;[14]&#039;&#039; En el lateral izquierdo leemos: “Año de 1404.”&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&#039;&#039;[15]&#039;&#039; Se trata de un anacronismo ya que perteneció a la corte de Pedro I.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&#039;&#039;[16]&#039;&#039; La palabra “loor” aparece como sinónimo de alabanza&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&#039;&#039;[17]&#039;&#039; Conservamos la escritura del texto y no corregimos por “del alba”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&#039;&#039;[18]&#039;&#039; En el margen derecho podemos leer: “Año de 1464.”&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&#039;&#039;[19]&#039;&#039; Para facilitar la lectura se ha añadido el pronombre relativo “que”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&#039;&#039;[20]&#039;&#039; En el texto: “Illefonso”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&#039;&#039;[21]&#039;&#039; He editado la vida en el catálogo: http://catalogodesantasvivas.visionarias.es/index.php/Mar%C3%ADa_de_Ajofr%C3%ADn&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
= Vida impresa (3)=&lt;br /&gt;
Ed. de [http://visionarias.es/equipo/lara-marchante-fuente/ Lara Marchante Fuente]; fecha de edición: julio de 2017; fecha de modificación: agosto de 2026.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
== Fuente ==&lt;br /&gt;
* [http://catalogodesantasvivas.visionarias.es/index.php/Categor%C3%ADa:Fray_José_de_Sigüenza Sigüenza, Fray José de], 1600. “Libro IV de la Historia de la Orden de San Jerónimo”, &#039;&#039;Segunda Parte de la Historia de la Orden de San Jerónimo, dirigida al Rey, Nuestro Señor, Don Felipe III&#039;&#039;. Madrid: Imprenta Real, 756-767.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[[Contexto material del impreso Segunda Parte de la Historia de la Orden de San Jerónimo]]&#039;&#039;, dirigida al Rey, Nuestro Señor, Don Felipe III&#039;&#039;.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
== Criterios de edición ==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Para facilitar su lectura, esta edición moderniza el texto en aquellos puntos que no suponen una pérdida de los valores fonéticos, léxicos y sintácticos del periodo y conserva la morfología de las palabras con interés morfológico o fonológico o por tratarse de cultismos (como &#039;&#039;agora&#039;&#039;, &#039;&#039;ansí&#039;&#039;, &#039;&#039;monesterio&#039;&#039;, &#039;&#039;recebir&#039;&#039;, &#039;&#039;redemptor&#039;&#039; u &#039;&#039;obscuro&#039;&#039;).&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Se adaptan, por tanto, las grafías a las normas de ortografía vigentes (sibilantes, b/u/v, j/g, chr/cr, qu/cu, empleo de h, etc.) y a la acentuación y puntuación de las normas gramaticales actuales. Igualmente, el uso de las mayúsculas y minúsculas respeta los criterios presentes del español, si bien se mantienen las mayúsculas como signos de respeto o de diferenciación con la palabra escrita en minúscula (&#039;&#039;Cielo&#039;&#039;, &#039;&#039;Esposo&#039;&#039;, &#039;&#039;Señor&#039;&#039;, &#039;&#039;Profeta&#039;&#039;, &#039;&#039;Reina del Cielo&#039;&#039;). &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
También se introducen las comillas para delimitar las intervenciones dialógicas de los personajes y se subsanan las erratas evidentes. En este sentido, conviene apuntar que, dentro de esta edición y en base a sus particularidades, se han incluido notas al pie en las que se especifican y desarrollan algunas ideas o palabras del texto impreso original. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==Vida de María García==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
===Capítulo XLVI===&lt;br /&gt;
[757] &#039;&#039;&#039;La vida de doña María García, virgen de gran santidad y fundadora del Monasterio de San Pablo en la ciudad de Toledo&#039;&#039;&#039;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Feliz clausula hará esta parte de historia con la vida desta generosa santa y será como renovar los principios en que comenzó esta religión, haciendo como un círculo, juntando estos dos extremos. Hasta aquí, no hemos hecho memoria de ninguna religiosa desta Orden, porque es esta santa la primera y con quien nuestro Fr. Pedro Fernández Pecha tuvo familiar y santa conversación, y, pues hemos dicho de los hijos, digamos agora desta hija tan santa que fue después madre de muchas siervas de Dios, y quedará, como dicen, urdida la tela para la grande y maravillosa lista que después veremos dellas. Escrita está de algunos puntos de su vida, y no será superfluo mi trabajo, dejada aparte la obligación que corte.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Ha sido forzoso hacer memoria desta santa virgen en algunos lugares desta historia, principalmente en la fundación del Monasterio de Sisla, junto a Toledo, y en la vida del padre Fr. Pedro Pecha o de Guadalajara. Tomando agora aquí el principio de sus principios, que Doña María fue hija de don Diego García de Toledo, de la Casa de los Gavias de Toledo, que es la Casa que llaman de las Gallinas, su madre se llamó Constanza de Toledo, mujer de don Diego García y hermana de don Vasco de Toledo, y no como algunos dicen de don Álvaro, arzobispo de Toledo. El padre de la santa fue también hijo de otro Diego García, mayordomo y notario mayor de la Reina doña María, y nieto de otro tercero Diego García, gran privado del Rey don Sancho “el Bravo”, ayo y mayordomo de un hijo y alcalde de Toledo, cuyas armas son las palomas, por descender del linaje de los Palomeques. De suerte le viene el abolengo, y por línea derecha a la santa, ser paloma, como a Fr. Pedro Pecha ser abeja, y mejor entre ambos, por la gracia del Espíritu Divino, ser principios y como maestros fecundos de tan santas congregaciones de hijos espirituales. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Tuvo esta santa paloma algunos hermanos, y entre todos ellos fue la querida y regalada de sus padres, porque salió por extremo hermosa y mejor, porque desde niña relucieron en ella mil presagios de santidad: en sus primeros años descubrió, siendo aún sin costumbres, costumbres santas.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Retirábase tan de veras y tan en seso a los lugares secretos a ponerse de rodillas y a rezar como si supiera qué era aquello, si no decimos que Dios le anticipó el juicio (no es cosa nueva) porque comenzasen los amores temprano y pudiese decir lo que aquella insigne mártir: “de otro amador estoy requestada primero que de ti”. Cuando comía a la mesa con sus padres, cogía pedazos de pan y a lo que más podía haber, echábaselos en la haldilla, y llevábaselos a los pobres que lle- [758] gaban a la puerta. Iba tan codiciosa y alegre a esto como si fuera a otros entretenimientos de niños, de suerte que antes que supiese hablar, sabía ya dar limosna. Nunca se le vían niñerías porque desde la cuna nació sin ellas, cosa que ponía admiración. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Estas primicias de espíritu que vieron los padres en su hija, como eran tan píos, les despertó el pensamiento a que de común acuerdo la ofreciesen a Nuestro Señor, haciendo voto de consagrarla como diezmo de muchos bienes recibidos de la mano de Dios a su perpetuo servicio y de su Santa Madre, y que fuese siempre virgen consagrada y no conociese otro esposo sino a Jesucristo, dándole lo mejor y la más querida prenda que tenían en sus ojos. Pusieron diligente cuidado en su crianza, enderezándola en todo lo que era temor y reverencia divina, procurando apartarla de lo que podía abrir los ojos para conocer los deleites del mundo. Cosa en que se descuidan tanto los padres en este tiempo y maravíllanse después cuando ven mil desastres por sus casas, habiendo ellos mismos abierto la puerta a todo, con la libertad y deshonestas costumbres que permiten y aun enseñan a sus hijos. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Crecían en esta sierva de Dios, con los años, discreción y santidad a una. Llegado el tiempo en que pudo tener conocimiento perfecto del voto y deseo de sus padres, de su propia voluntad y con alegría del alma le confirmó e hizo de nuevo, prometiendo no recibir otro esposo sino Jesucristo. Cuando vino a  edad de doce años, con más maduro pensamiento, comenzó a tratar qué manera de vida escogería para servir a su Esposo. Parecíale que el regalo de casa de su padre era mucho, y que tenía necesidad de abstenerse algo porque no la ablandase y se le hiciese después dificultoso entrar en vida más áspera. Habíale ya Dios puesto en el alma un perfecto linaje de aborrecimiento de sí misma y de todo cuanto el mundo estima y adora vanamente: riquezas, honras, deleites, estima, pompas. Inclinó su oreja a los consejos divinos, y dejó la casa de su padre y el modo de vida blanda y regalada, fuese a un monasterio que se llamaba San Pedro de las Dueñas, donde era priora una hermana suya y había monjas de santa vida (estaba este monasterio puesto en aquel sitio donde edificó después el Cardenal don Pedro González de Mendoza el insigne Hospital de la Cruz). La hermana, que la amaba tiernamente, la recibió en sus brazos, entendiendo que se iba de todo punto a ser allí monja con ella. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
No quiso el Señor que se determinase en esto porque la guardaba para otro fin, y solo pretendía, en estos ensayos, que se destetase de la vida primera regalada y, allí recogida, deprendiese a leer, escribir, cantar y rezar, y otras santas ceremonias que habían de aprovechar a su tiempo. Vivió de tal manera en aquella santa compañía que salió su fama no solo por la ciudad de Toledo, con gran admiración de todos, más aun a otras partes remotas. Tuvieron noticia della, por cartas de monjas o por otra vía, en un monasterio de Santa Clara, que está en la villa de Tordesillas. Rogáronle que se fuese allá a ser religiosa, prometiéndole que, en pocos años, la escogerían por superiora, condición bastante para que la doncella humilde rehusase el partido. Consideradas bien las costumbres y manera de vida que hacía su hermana con las demás religiosas, y bien industriada en lo que le pareció que le importaba, pidió licencia a su hermana para ir a ver a sus padres. Sintiolo la hermana tiernamente, que quisiera gozarla toda la vida. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Estando en casa de su padre, se le juntó una gran sierva de Dios, matrona verdaderamente viuda, llamábase doña [759] Mayor Gómez, de gran espíritu. Con esta comunicó un pensamiento que le puso Dios en el alma, y era hacer un desprecio grande de sí misma a los ojos del mundo, y crucificarse a él. La matrona prudente se maravilló de este pensamiento en una doncella generosa, rica, delicada. Prometiole su compañía en todo, porque entendió que Nuestro Señor la despertaba aquello. Salían cada día las dos siervas de Jesucristo de casa, en un hábito ordinario y despreciado, con unas alforjas al cuello, iban de casa en casa pidiendo limosna para los pobres encarcelados y miserables, recibían allí los mendrugos de pan, y cuando estaban las alforjas llenas que apenas las podían llevar, porque se las llenaban presto, repartíanlo a los pobres de la cárcel y a otros necesitados, y volvíanse a casa sin hablar con ánima, ni alear los ojos. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Dentro de casa, el ejercicio era orar y ayunar, y hacer las obras de humildad que se ofrecían, dando en todo buen ejemplo con sus vidas. Reprendiola algunas veces su padre y hermanos desta manera de vida y ejercicio de salir a demandar, diciendo que era cosa afrentosa y baja. Callaba la santa a todo y proseguía su ejercicio, sufriendo, con paciencia, la afrenta de los de fuera y la persecución de los de dentro. Holgándose que se ofrecía ocasión de padecer algo por Jesucristo, deseando mayores trabajos y afrentas. No parece agora creíble esto ni hacedero. La sencillez y poco pundonor de aquellos tiempos y, lo principal, el impulso santo de Dios, que por nuestra culpa no está en nosotros, nos hace parecer dificultosa esta manera de vida. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Continuaban las dos santas hembras su ejercicio: los días de fiesta (para romper de todo punto con estos pundonores que llaman en el mundo afrentas), se venían a la iglesia mayor y entre los dos coros, a vista de todo el pueblo, con sus talegas al hombro, pedían limosna para los pobres y encarcelados. Como el padre y los hermanos vieron que ni promesas ni amenazas la derribarían de aquel propósito, antes estaba constante, y que muchos en la ciudad alababan a Dios de ver un ejemplo de doncella tan extraordinario, echaron de ver que no era liviandad de muchacha, sino movimiento del espíritu del Señor, acordaron de disimular con ella y, en pocos días, se tornó la pesadumbre y afrenta en devoción y gloria. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Convirtió la virgen devota los ojos de todos ansí, y alababan a Dios en ella, teniéndola por ejemplo de perfección. Cuando la vían sus padres traer las alforjas al hombro, y venir cargada de mendrugos y rodeada de pobres, alzaban los ojos al cielo, haciendo gracias a Dios, y decían: “Tú, Señor, que comenzaste la buena obra en ella, la acaba y guárdala de todo mal, porque sea vaso limpio de tu santa mesa, y ponla en el número de tus siervas y esposas”. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Conociendo esto la santa doncella, derribábase a los pies de su padre, madre y hermanos, y agradecíales mucho que la dejasen vivir en aquel menosprecio del mundo, ejercitando obras de caridad con los pobres. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Comenzó esta sierva de Dios por un camino alto, adonde no se llega sino después de mucho trabajo y grande ejercicio de virtudes. Aquí se vio puesto, en efecto, aquel deseo ardiente de la esposa que, cuando ya estaba muy adelante en sus amores, decía a su Esposo, Jesucristo: “¿Quién os dará a mí, puesto en talle y forma de un mi hermanico pequeño que mama los pechos de mi madre, y que os encuentre yo, en medio de esas calles, os abrace y os bese, y os haga mil preguntas, y vos me respondáis [760] y me enseñéis, y que nadie me lo tenga a mal ni me desprecie? Llevaros he yo en brazos a casa de mi madre, allí en casa de madre, abrazado con vosotros, preguntaré otra vez mil cosas, y daros he yo en pringaditas de arrope y mosto de mis granadas”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
La exposición de todo esto es lo que esta santa virgen ejercita, y no ha menester otro comento. Enseñole el espíritu del Señor que su Esposo, Jesucristo, estaba escondido en los pobres como Él mismo lo declaró. Conociendo esto, no pudo disimular su amor y ansí, como si fueran sus hermanos pequeñitos, a quien la más honesta doncella abraza sin empacho en medio de la calle y nadie se lo tiene a mal, aunque le bese y haga mil caricias, y le lleve en sus brazos, antes la loan y les parece a todos bien; ansí, esta virgen prudente, dejados los respetos y consideraciones humanas, transformada en su Esposo, puesto en estos pobrecitos y afligidos, se abrazaba con ellos, y les besaba los pies y las llagas, y les daba de comer y hacía mil regalos en las calles, en las plazas y en todos los lugares públicos, les preguntaba de sus trabajos y de sus miserias, y ellos le daban cuenta de la merced que Dios les hacía en medio dellos. Llevábalos a casa de su madre, regalábalos, hacíales mil beneficios y servicios, y no por esto la menospreciarían, sino que antes se maravillaban de ver un tan fino amor de hermana y de esposa de Jesucristo, alabando a Dios en su sierva. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Aconteció una vez que iban su padre y su tío don Vasco de Toledo, hermano de su madre, juntos a caballo por la ciudad con mucho acompañamiento. Encontraron a las dos compañeras, doña María García y doña Mayor Gómez, pidiendo con sus alforjas limosna de puerta en puerta; afrentose mucho don Vasco y, vuelto a don Diego, le dijo con sentimiento: “Mucho me maravillo, señor don Diego, de vuestra prudencia, que dejéis andar de esta suerte a vuestra hija, muchacha tan hermosa y de tan noble sangre, en ejercicio tan abatido, tan afrentoso y peligroso, rodeada de pobres y gente perdularia, despreciada sin honra; aunque la tuviérades aborrecida, habíades de mirar vuestra reputación y la honra de todos nosotros. Casadla señor con su igual, pues tenéis con quien, y quitad esta nota de vuestro linaje”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Respondiole el noble caballero con semblante grave, diciendo: “Señor don Vasco, cuando esto se hubiera de llevar por reglas de prudencia humana, eso que decís es lo que se había de mirar y hacer, mas a esta mi hija otra prudencia más alta creo que la gobierna, y pues ella ha escogido por esposo a Jesucristo, Rey eterno, y Él la quiere llevar por este camino, ni yo le daré más bajo esposo, ni le diré que deje su ejercicio. Créeme, señor hermano, que antes que a esto viniese se hicieron muchas diligencias hasta que se vio que era esta la voluntad de Dios. Dejémosla caminar a donde la llaman, que ella ha escogido mejor que nosotros le aconsejaremos”. Con esto, no osó replicar más en este caso de allí adelante don Vasco.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Era esto en los postreros años del Rey don Pedro, acertó a venir a Toledo. Tuvo noticia de la hermosura de esta santa doncella y, como juntaba a la crueldad ser deshonesto, no perdonaba cosa, deseó verla y aun haberla. Entendido el ruin propósito por la virgen devota y por sus padres, se fue con su compañera doña Mayor Gómez de secreto a Talavera, donde tenían sus padres casas y hacienda. Estuvieron allí algunos días encerradas con harto miedo, y no faltaba razón, porque no faltó quien le avisó de la ausencia y del lugar donde estaban retira- [761] das que, a costa de lisonjear a los Reyes y tener cabida, no se les esconde nada. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Dios, que lo dispone mejor, quiso que le dijesen esto y que se pusiesen encobro antes que viniesen a buscarlas. Acordaron de venir por un camino apartado otra vez a Toledo, no entraron dentro, sino fuéronse a una ermita (de que ya hicimos memoria) que se llamaba Nuestra Señora de la Sisla. Allí vivieron escondidas algunos días hasta que se ausentó el Rey, y así escaparon de sus manos y de su deshonestidad. En esta ermita probó esta santa otro género de vida, de mayor quietud y sosiego del alma, puesta en alta conservación del Cielo, haciendo su corazón un holocausto encendido todo en el amor y contemplación de su Esposo. Hacía las asperezas grandes de los ermitaños de Egipto. Dormía sobre unos sarmientos, ayunaba mucho, juntaba las noches con los días orando y contemplando, y allí recibió grandes consuelos del Cielo, ayudándole a todo esto su gran compañera, doña Mayor Gómez, que se la deparó Dios en todos estos trances, no para aya, aunque lo parecía, sino para alivio de tan grandes cosas, y testigo de su honestidad y pureza. Murió a esta sazón el Rey don Pedro a manos de su hermano don Enrique, como todos saben; con su muerte se aseguraron mil almas temerosas de su crueldad y de su torpeza, salió de su yermo nuestra santa ermitaña y, pensando qué camino escogería para retirarse al servicio de Dios de propósito y acabar en ella vida con mayor aprovechamiento de su alma, tuvo noticia cómo había en Toledo una congregación de mujeres santas, que se recogían en una casa en la parroquia de San Román. Tenían como en lugar de priora una señora de gran prudencia y espíritu, que se llamaba doña María de Soria; loaba toda la ciudad el modo de vivir de esta gente, teniéndolas por mujeres de gran recogimiento y santidad. Parecioles a las dos compañeras que este era negocio seguro, supuesto que no habían de estar en aquella ermita y había cesado la causa. Fuéronse allí y recibiolas doña María de Soria con alegría, por la fama de su valor; se vistieron entre ambas el hábito que usaban las que allí entraban. Vivieron algún tiempo en aquella compañía, dando gran ejemplo a todas y ejercitándose en actos de humildad y de obediencia, de que recibía gran consuelo nuestra santa, y sin duda quiso Nuestro Señor traerla aquí para que aprendiese esto y lo ejercitase, porque es cosa imposible poder enseñar a otros, los que no tienen experiencia, qué cosa es obedecer. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Murió dentro de pocos años doña María de Soria, en cuyo gobierno estribaría aquella congregación. Murieron también los padres de nuestra doña María García de Toledo, dejáronle mucha hacienda y mejora, entendiendo que la había de emplear en servicio de Nuestro Señor con grande provecho de sus almas. Como se vio desamparada de la madre espiritual y de los padres naturales, y con hacienda, suplicó a Nuestro Señor la alumbrase en lo que era servido hiciese de sí y de los bienes que le habían quedado, pues no era suya ni quería otra cosa en esta vida sino emplearse toda en su amor y servicio. Púsole en el corazón lo que Dios había ido madurando por todo este discurso, entreteniendo a esta, su sierva, por tan extraños y varios caminos, y lo que con el efecto se ha mostrado ser cosa ordenada por su divino consejo. Vendió las heredades y hacienda que le había quedado en el lugar de Belilla y otras partes. Compró en la parroquia de San Lorenzo, en Toledo, una buena casa que tenía suelo y aposento [762] espacioso, pasose allí con su compañera, doña Mayor Gómez, y algunas que, conociendo su santidad y valor, quisieron seguirla delas de aquella congregación de beatas. Encerrose allí con determinación de no salir en toda la vida. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Entendiose esta mudanza en la ciudad. Vino a noticia de una señora, de las nobles de Toledo, que se llamaba Teresa Vázquez, mujer deseosa de la salud de su alma, había días que estaba recogida en su casa con gran encerramiento, con hasta siete u ocho mujeres, haciendo vida muy honesta. Acordó de pasarse a la compañía de nuestra Santa, con toda la suya, entendiendo que Dios la llamaba para servirle en aquella congregación; ansí se hizo en breve una casa de muchas siervas de Dios, y de notable nombre, a quien siguieron presto otras. Aquí se comenzó luego una labor divina, en unas vidas de gran humildad y pobreza de espíritu, desechando no solo el regalo, mas aun lo muy necesario para pasar la vida, abrazando en todo la mortificación de los sentidos. Pusiéronse unos hábitos blancos y un escapulario pardo, el mismo que tenían los muy recientes monjes de la Orden de San Jerónimo, sin saber qué hacían. También se determinaron luego a obedecer todas a una cabeza porque no fuese monstruo de muchas aquel colegio, y de común acuerdo quisieron todas que fuese doña María García de Toledo, porque tenían mucha prueba de su virtud y prudencia, que bastaba a mayores cosas. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Como era la santa tan en el corazón humilde, recibió aquello con harta dificultad, derribada de los ruegos y lágrimas de sus hermanas, a quien ella quisiera obedecer toda la vida. Este fue el primer fundamento y estas las primeras fundadoras del Monasterio de San Pablo de Toledo, de los muy religiosos, sin agravio de ninguno que ha habido en aquella ciudad y de notable nombre, en donde, como veremos, en sus lugares se han criado santas y puras almas y grandes siervas de Dios. Vino a esta sazón, como dijimos arriba, Fr. Pedro Fernández Pecha a fundar la Casa de la Sisla (no es fácil de atinar si antes o después que este santo colegio de vírgenes se juntase); dijimos también, y es cosa cierta, que la santa le dio mucho favor para el edificio y le socorrió con todo lo que pudo, y hoy en día guarda un arquilla de plata que dio esta sierva de Dios, en que encerrasen el Santo Sacramento. Lo que Fr. Pedro Fernández Pecha sirvió a esta sierva de Dios, y el trato que entre los dos pasaba, no hay para qué repetirlo, pues queda dicho en la vida de aquel santo. Comenzáronse desde entonces a llamar religiosas de San Jerónimo, y a imitar todo lo que podían de la vida y costumbres y ceremonias santas a aquellos padres de quien Fr. Pedro Pecha era como patrón y cabeza y prior de la Sisla, pues sin duda todos los de la Orden son sus hijos, y estas podemos llamar, y lo son, sus primeras hijas. Porque, aunque entonces los religiosos de la Orden estaban sujetos a los ordinarios, doña María García de Toledo y sus hijas dieron la obediencia a Fr. Pedro Fernández, y por su parecer se gobernaban y no salían un punto de su obediencia. Crecía aquella casa de San Pablo en gran ejercicio de humildad, y caminaban debajo del gobierno de dos almas tan pías, con largo paso al aprovechamiento espiritual, todas las que allí se habían recogido. Iba muy delante de todas la Santa Virgen Fundadora, hallándose la primera en cuanto se ofrecía de virtud y [763] de humildad, con harta maravilla de las que pretendían imitarla.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Asentaron luego el oficio divino por orden del prior de la Sisla, su maestro, con la puntualidad que entonces supieron, que se hizo a todos maravillosa, y acudían de la ciudad a oírlos la gente que tenía gusto de devoción, porque parecía que los oficiaban los ángeles. Levantábanse a medianoche a Maitines, y nunca la sierva de Dios, desde aquella hora, sabía qué cosa era tornar a la cama, consumiendo lo que quedaba de la noche en oración y coloquios divinos con su Esposo, Jesucristo. Dábale mucha pena que la alabasen en algo, habiendo tanto de qué;  cuando las personas seglares le decían de su buen nombre, y relataban alguna de sus virtudes, que suelen ser en esto indiscretos, decía ella con semblante vergonzoso: “Estas hermanas y siervas del Señor hacen eso, y en ellas cabe bien lo que de mí decís, que yo no soy sino un vaso despreciado y una criatura inútil”. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Cuando algunas veces estaba mala (tenía muchos achaques por tratar tan mal su cuerpo) y era fuerza caer en la cama, y vía aquellas santas compañeras alrededor, con tanta gana de servirla, decía con una sinceridad de paloma: “Dónde merecí yo tanto bien, que me sirviesen damas y doncellas tan hermosas, y las esposas de mi Señor se humillasen a un vil gusanillo cual soy yo, que aun no merezco servir a ninguna dellas”. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Ofendíanle mucho las mujeres que se adobaban los rostros, pintándose con los albayaldes y carmines, y poniéndose mudas, decía que ni eran buenas para mujeres, ni para imágenes, porque para lo segundo eran feas y para lo primero no eran vivas, sino pintadas. Cuando alguna destas venía a visitarla, decía que no la conocía, porque traía máscara, y la había visto antes sin ella, y que no era aquel rostro que les había dado Dios, sino el que compraron de la tienda. Amonestábales con palabras santas que no hiciesen aquello, porque ofendían mucho a Nuestro Señor, y que si perseveraban, no era pequeño el castigo que las estaba guardado. También aborrecía mucho los olores: almizcle, algalia, ámbar, y otros cualesquier extraordinarios que solían traer entonces solo las mujeres (no se había extendido esta manera de afeminarse a los hombres en aquel tiempo) porque le olían mal las que siempre querían oler bien. Decía que era locura traer con olores postizos un cuerpo que tan presto  había de oler tan mal y ser manjar de gusanos. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Si alguno, hablando con ella, le decía de merced o de reverencia, llena de humildad respondía que la merced era de Dios, de quien es propio hacer mercedes y misericordias, y la reverencia se debe a quien todas las criaturas hacen reverencias, porque ella miserable era e indigna de reverencia. Después que los dos santos gozaron algunos años de la conversación santa, aprovechándose a veces y aprendiendo el uno del otro, gobernando sus conventos, con el aprovechamiento que hemos visto, cansado ya, o diremos mejor, derribado ya Fr. Pedro Pecha de sus rigurosas asperezas, y por esto con mil ajes, pareciéndole que estaba inútil para el gobierno, determinó de ir a acabar su vida a Nuestra Señora de Guadalupe, como lo vimos en su vida. Quedó con esto muy desconsolada nuestra santa, y no le sucedió cosa en esta vida que sintiese tanto, y todas las otras hermanas se lastimaron en el alma, llamándose desamparadas, sin padre y sin maestro, que con su aviso y prudencia las sus- [764] tentaba, doctrinaba y regía, y las animaba con su ejemplo a continuar el curso comenzado. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Sintiéndose pues, nuestra devota virgen, tan desconsolada, volvió los ojos al Señor llena de fe y esperanza, y díjole con amorosas lágrimas: “ Confirma, Señor, esto que obraste en nosotras, y no desampares desde tu alto templo el edificio deste en que tú quieres morar por tu misericordia, da esfuerzo a tus siervas para que perseveren hasta alcanzar el fin de su deseo, que no es otro sino unirse contigo como último fin de todas nuestras esperanzas, y abrazarte como a Esposo único de las almas. Flacas somos, Señor, y llenas de pobreza y miseria, mas tú eres gigante fuerte, y pastor vigilantísimo, que nadie será poderoso para sacar estas ovejicas de tu mano”. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Oyó el Señor su oración, como se vio por el efecto, pues fueron siempre creciendo en tanto hervor y devoción en aquella santa casa. Vivió después de la ausencia de su fiel compañero la sierva de Dios veinticuatro años. Era ya de mucha edad, las penitencias y mal tratamiento del cuerpo, dormir en el suelo, vigilias, ayunos habían estragado mucho aquel cuerpo delicado. Veníanle a faltar poco a poco los sentidos, veía poco, oía menos, con todo esto no quería faltar a las cosas de la comunidad. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
No podían con ella aunque más se lo rogaban, sino que se había de levantar a Maitines. Como no oía, acordó de tener un gallo en su celda, que era muy puntual en cantar a la medianoche con aquel canto; por ser muy aguda la voz, despertaba y oía. Santa simplicidad, si no es que era misterio despertar con el canto del gallo. Desde niña, tuvo costumbre de levantarse a la medianoche a loar al Señor, y jamás la dejó, aun en enfermedades grandes, grande ánimo y virtud de hembra tan delicada. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Aunque estaba por de fuera el cuerpo tan consumido, tenía dentro el alma muy despierta en la contemplación que había ejercitado toda su vida, gozando en lo secreto de favores y regalos divinos que la alentaban para tan larga jornada. Llegado el fin de la carrera dichosa, queriendo el Señor darle el galardón de tan santa vida y trabajos tan piadosos, vínole una calentura lenta, que bastaba para consumir aquello poco que había quedado de la penitencia. Cayó en la cama, porque no podía sostenerse. Sintiendo ya su fin cerca, llamó a sus hijas que, a esta sazón, eran veinticinco o veintiséis, rebaño precioso y rico en los ojos de Dios. Cuando las tuvo delante abrazolas una a una con notable ternura y lágrimas, queriendo poner a cada una en sus entrañas, dábales paz en el rostro y se juntaban las unas lágrimas con las otras. Después les dijo desta manera: “Hermanas queridas y compañeras de mi peregrinación, que habéis perseverado conmigo en estos trabajos de pobreza y penitencia, yo me parto a la bienaventuranza que ha prometido nuestro Esposo a los que perseveraren hasta la fin. Deseo mucho que no os ponga espanto lo que os falta de la corrida de vuestro curso, y que mi ausencia no os cause alguna flaqueza en los ánimos, ni penséis que he sido yo alguna parte para sustentaros hasta este punto en la vida religiosa que habéis comenzado, de que tenéis pasada ya mucha parte, las más de las que estáis presentes. Otra fuerza mayor es la que os sustenta, que es la virtud del Señor, que nunca se cansa, ni puede morir, y está siempre cerca de vosotras si por vuestra [764] culpa no la desecháis y hacéis fuerza para que se vaya, porque os ama mucho y tiene gran cuidado de vuestra salud. Lo que desea y lo que siempre nos pide es que no pongamos el amor en otra cosa, que es muy celoso, y no admite compañía alguna: o todas habéis de ser suyas o de otro, y mirad quién será el otro si dejáis a Dios. Fuera d’Él todo es feo, todo es miseria, enfermedad y muerte. Una quiere que sea su paloma, y una su amiga y una su querida, que no cabe con otro. Ponedle en vuestro corazón y en vuestro brazo, haced que vuestros pensamientos, palabras y obras no tiren a otra señal, porque, si no, sabed que se enojará mucho, y cuanto estáis en más alto estado y cuanto habéis venido a más secretos abrazos y favores, tanto será mayor la ira de sus celos. Porque el amor es como la muerte fuerte y más duro que el infierno que, como la muerte, nunca se aplaca ni perdona y, como el infierno, nunca se apiada ni ablanda; ni al uno ni al otro podremos con ruegos ni con fuerza detenerlos, ni mudarlos de su rigor: ansí el amor, cuando es tan gravemente ofendido y quebrantadas sus leyes, no sabe perdonar, ni aplacarse, ni la ira de los celos tiene remedio. Las caídas de muy alto de ordinario son mortales. Por eso, carísimas hermanas, mirad donde subisteis, temed mucho la caída y, pues tenéis tan cierto el socorro, pedidle sin cesar que no hayáis miedo que falte. Mirad cuán presto se acaba la vida, cuán poco duran los gozos vanos deste suelo, qué presto se marchitan estas florecillas de la primavera que, de ordinario, antes de la noche se enlacian y caen, y los trabajos, qué momentáneos y de poca dura, y qué de bienes se siguen tras ellos, cuando se llevan en paciencia y por Dios. No os turbe ver a las que dejasteis en el siglo, cuando vienen compuestas y galanas a visitarnos, porque son figuras del retablo de este mundo, que pasa como una farsa. Ya veis cuántas, en medio de sus regalos, las ha arrebatado la muerte, y cuántas de las que viven querrían ser muertas, porque viven una vida de infierno. Poned los ojos en la ribera deste río por donde vais atravesando a vuestra gloria, para que no os desvanezcan las ondas y sus olas, que pasan a dar en el mar. Veisme aquí, estoy ya a las puertas de la muerte, alegre y segura, sin temer la contradicción de mis enemigos, confiada en el mérito de la pasión de mi esposo y en la virtud de su sangre, que cuando con Él me desposé me las dio en arras y en dote, y ahora que viene el día de las bodas, saldré adornada con ellas. Imaginad que me casé con un hombre de los del siglo, y que he vivido en muchos regalos, y que tengo muchos hijos, y que he llegado a este punto que tuviera ahora aquí sino congojas, y rabias y ansias, un temor y una tristeza irremediable. Pues mirad la diferencia y deprended en este trance lo que no se os olvide jamás. Quiéroos dar en mi partida un consejo y un precepto; el precepto no es nuevo ni mío, sino del Esposo y Señor Jesucristo, que os améis unas a otras y sufráis las faltas con caridad, y esta es deuda que la debéis siempre, en tanto que durare la vida: cada una quiera el bien de la otra como el suyo propio, porque en esto consiste el verdadero amor. El consejo es que os guardéis de salir del claustro cuanto os fuere posible y que no os vean en la calle para siempre, ni aun en la red, sino con mucha necesidad. Mirad que las palomas, aunque son tan puras y sin malicia, si ven la red huyen de ella, porque en la red está el lazo que prende con las palabras o con la vista la inocencia del alma”. [766] &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Esto les dijo en común. Después, en particular, habló a cada una por sí, y no adivinando ni sacando por conjeturas, sino con un espíritu profético, les declaró todo el discurso de sus vidas, diciendo a muchas dellas lo que después sucedió sin faltar punto. A unas que no habían de perseverar y los fines que habían de hacer, y a otras les declaró cómo habían de ir aprovechando; y aunque entonces les pareció que debía de hablar a tientas o no la entendían, después se desengañaron y vieron claro que el Señor les avisaba por la boca de su sierva. Acabado esto, pidió la extremaunción; recibiola con gran espíritu y entereza, ayudando a todos los salmos y letanías, como si estuviera sana. De allí a un poco, descendió sobre ella una claridad admirable, y anduvo volando por la celda una palomica blanca, aunque no fueron todas las que allí estaban dignas de verla. Alegrose su rostro en gran manera, mirando atenta a la luz que tenía sobre sí; hablaba con ella tan quedo, que no podían entenderla. De allí a un poco, alzó los brazos en alto y juntó las manos, como quien quiere abrazar alguno, haciendo cruz, y ansí salió la santa alma, dando a entender que se abrazó luego con su amado y dulce Esposo Jesucristo. Su muerte fue el diez de enero, año de 1426 &#039;&#039;[1]&#039;&#039;, y ochenta y seis su edad, según la mejor cuenta, porque no se sabe precisamente el año en que nació. Había ordenado viviendo que sin ruido, y sin dar cuenta a nadie, llevasen su cuerpo al monasterio de Nuestra Señora de la Sisla. Hízose ansí y fue bien menester, porque la ciudad estaba alterada sobre querer llevar el cuerpo cada cual adonde le parecía que tenía más derecho. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Los parientes pretendían hacerle en la iglesia mayor un sepulcro suntuoso; otros pretendían llevarla a otras partes; las religiosas, con gran silencio, teniendo entendido el humilde pensamiento de su Santa Madre, sin que nadie lo supiese, lo llevaron a la Sisla. Recibieron los religiosos con gran reverencia el cuerpo santo. Llevábanla vestida con sus hábitos de San Jerónimo y una corona de laurel en la cabeza, insignia de triunfadores. Hiciéronle el más solemne entierro que pudieron. Y como a principal bienhechora y más principalmente como a santa, la pusieron junto al altar mayor, al lado del Evangelio, y labraron un rico sepulcro. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Certifica una relación antigua de su vida, a quien he seguido en esta historia, que hizo por ella muchas maravillas y señales, en los que tocaron a su santo cuerpo y que lo certificaron personas de mucha religión, dignas de toda fe, y que las calla hasta que la Iglesia las publique, donde da a entender que se trataba de su canonización y, como esto es negocio que no se hace sin mucha costa, faltó quien lo solicitaba, y ansí se quedaron los milagros escondidos. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
De cuarenta o más años a esta parte, hubo necesidad para cierta fábrica que se hacía allí, en la capilla mayor de aquel convento, abrir un poco el sepulcro y cuerpo de la santa. Descubriose y lo halláronlo entero; después de ciento treinta años, tenía un ladrillo por cabecera, la toca de la cabeza estaba sana y prendida debajo de la barbilla con un alfiler, vestida con sus hábitos de beata. Afirma Fr. Antonio de Villacastín, de quien supe yo esto, porque era el maestro de aquella fábrica y lo ha sido de toda la casa de San Lorenzo el Real, testigo abonado, que él mismo levantó el cuerpo y que vio [767] en él una cosa extraña: que por doquiera que le asía, se levantaba todo entero, como si fuera de una pieza, y estaba tan ligero como si fuera de pluma. Y los ramos de laurel de que le hicieron la corona, cuando la truxeron, se estaban tan enteros y frescos como cuando los cortaron. Debe de ser privilegio de la virginidad que no se marchite ni corrompa lo que a ella se allegare. Hiciéronle los religiosos de la Sisla, encima del sepulcro, una figura de bulto, vestida al natural con sus hábitos de la Orden y como ella andaba vestida. Está hincada de rodillas, puestas las manos mirando al Santo Sacramento, donde en vida tuvo siempre puesto el corazón, y un letrero o epitafio de la elegancia de aquel tiempo que dice: &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
FUE DOÑA MARÍA GARCÍA, VIRGEN QUE AQUÍ YAZE SEPULTADA, DE CUYAS OBRAS RESULTA SER VIRGEN DE ETERNA ALEGRÍA.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
De tan buena gracia y aun peores son los versos latinos que se siguen luego:&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Domum suam hec dicauit,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Qua feminas adunauit,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Ut peremni sacre viuerent.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Hec totam se spernebat,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Et arte virgo degebat,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Ad Christi vestigium.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Erat mundo crucifixa, &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Mundus Christi [etc] transfixa,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Charilatis gladio. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Aquí da a entender este poeta que eran suyas las casas donde se recogió y donde agora está fundado el Monasterio de San Pablo, aunque la historia que yo he seguido dice que las compró de su hacienda. Este monasterio se estuvo con nombre de Beatas de San Pablo y de San Jerónimo muchos años. El año de 1464 &#039;&#039;[2]&#039;&#039; se encargó la Orden d’él, y creció siempre en religión, criando grandes siervas de Dios, como lo veremos en la postrera parte desta historia que luego se sigue, siendo el Señor servido.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
FIN&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En Madrid, por Juan Flamenco. Año 1600 &#039;&#039;[3]&#039;&#039;.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
=== Notas ===&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&#039;&#039;[1]&#039;&#039; Figura el año en números romanos en el texto: “año de M.CCCC.XXVI”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&#039;&#039;[2]&#039;&#039; Figura el año en números romanos en el texto: “año de M.CCCC.LXIIII”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&#039;&#039;[3]&#039;&#039; Figura el año en números romanos en el texto:  “M.CD”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
= Vida impresa y manuscrita=&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Ed. de [http://visionarias.es/equipo/maria-aboal-lopez/ María Aboal López] (impresa) y [http://visionarias.es/equipo/veronica-torres-martin/ Verónica Torres] (manuscrita); fecha de edición: octubre de 2020 y agosto de 2022.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
== Fuente ==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
* [http://catalogodesantasvivas.visionarias.es/index.php/Categor%C3%ADa:Francisco_de_Pisa Pisa, Francisco de], 1612. &#039;&#039;Descripción de la Imperial Ciudad de Toledo e Historia de sus antigüedades y grandeza y cosas memorables que en ella han acontecido, de los Reyes que la han señoreado y gobernado en sucesión de tiempo, y de los arzobispos de Toledo, principalmente de los más celebrados&#039;&#039;. Toledo: Pedro Rodríguez, Imprenta Real, fol. 276v.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[[Contexto material del impreso Descripción de la Imperial Ciudad de Toledo e Historia de sus antigüedades]] &#039;&#039;y grandeza y cosas memorables que en ella han acontecido, de los Reyes que la han señoreado y gobernado en sucesión de tiempo, y de los arzobispos de Toledo, principalmente de los más celebrados&#039;&#039;.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
* [http://catalogodesantasvivas.visionarias.es/index.php/Categor%C3%ADa:Francisco_de_Pisa Pisa, Francisco de], &#039;&#039;Apuntamientos para la segunda parte de la Historia de Toledo&#039;&#039;. Biblioteca de Castilla-La Mancha, Ms. 193, fols. 87-88.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
== Criterios de edición==&lt;br /&gt;
Aunque la vida en el libro impreso forma parte de una enumeración de santos y, por tanto, no es propiamente una hagiografía, la recogemos aquí para que quede constancia de su inclusión en esta obra del siglo XVII. Se adoptan los criterios de edición de vidas impresas estipulados en el Catálogo, es decir, se moderniza la ortografía (b/u/v, j/g, chr/cr, qu/cu, empleo de h, etc.), las sibilantes y se eliminan las consonantes geminadas. El uso de mayúsculas y minúsculas se moderniza, así como la acentuación y la puntuación, que se adaptan a las actuales. No obstante, se ha mantenido la escritura de “monesterio”. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En cuanto a la continuación manuscrita de la misma obra, aparece en un manuscrito del siglo XVIII con este título: “En este libro se contienen los &#039;&#039;Apuntamientos para la segunda parte de la Historia de Toledo&#039;&#039; que prometió escribir el Doctor Francisco de Pissa Decano en las Facultades de Santa Theologia, y Artes Liverales, y Cathedratico de Escriptura en la Insigne Universidad de Toledo: fechos y ordenados por el mismo, en el año de 1612”. La vida de María García se integra en el apartado correspondiente al monasterio de San Pablo. Se siguen los criterios establecidos en el catálogo para fuentes impresas, es decir, se moderniza la ortografía (b/v, j/g, qu/cu, etc.), así como el uso de mayúsculas y la acentuación y puntuación, que se adapta a la actual. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==Vida de María García ==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&#039;&#039;&#039;(1605)&#039;&#039;&#039;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[Libro Quinto] &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[Fol. 275r]&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
===Capítulo XXXVI===&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&#039;&#039;&#039;Catálogo o lista de santos propios de esta ciudad de Toledo&#039;&#039;&#039;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[…]&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[Fol. 276v] […] Doña María García, natural de Toledo, monja en el monesterio de San Pablo de esta ciudad, que ella fundó debajo de la Orden y hábito de San Jerónimo, sujetándose al prior del monesterio de la Sisla, donde está enterrada cerca del altar mayor; falleció año de mil y cuatrocientos y sesenta y cuatro. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&#039;&#039;&#039;(1612)&#039;&#039;&#039;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&#039;&#039;&#039;Monasterio de San Pablo&#039;&#039;&#039;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[Pag. 87] Asimismo, está en este distrito el [Pag. 88] monasterio insigne del apóstol San Pablo de la Orden de San Jerónimo, que a los principios fue fundado por doña María García de Toledo, hija de Diego García de Toledo y de su mujer doña Constanza, hermana de don Álvaro, arzobispo de Toledo. La cual, en compañía de otras religiosas, hizo santa vida del hábito de San Jerónimo, aunque a los principios sin clausura, por los años del Señor de 1404, sujetas al prior de Nuestra Señora de la Sisla, extramuros; y después, en el año 1408, haciendo profesión solemne, tomaron velo y clausura, sujetas al general y prelados de la dicha Orden de San Jerónimo, como lo escribe Pedro de Alcocer en la &#039;&#039;Historia de&#039;&#039; [Pag. 89] &#039;&#039;Toledo&#039;&#039;, lib. 1º. La dicha María García, fundadora, está sepultada en el dicho monasterio de la Sisla, y asimismo lo está otra religiosa de esta casa &#039;&#039;[1]&#039;&#039;, de quien se cuenta en la &#039;&#039;Historia&#039;&#039; grandes ejemplos de santidad y misericordias que recibió de Dios Nuestro Señor en la oración y vida espiritual. Las vidas de las dos santas religiosas se hallarán escritas en la &#039;&#039;Historia&#039;&#039; de la Orden y el Maestro Villegas en la 3ª parte del &#039;&#039;Flos Sanctorum&#039;&#039;, en las adiciones. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En esta iglesia de San Pablo está enterrado el arzobispo, que fue de Sevilla el cardenal, don Fernando Niño de Guevara.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
===Notas===&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&#039;&#039;[1]&#039;&#039; Seguramente se refiera a [[María de Ajofrín]], cuya vida está incluida en el &#039;&#039;Flos sanctorum&#039;&#039; de Villegas, como vemos en el Catálogo, aunque no en la &#039;&#039;Historia de Toledo&#039;&#039; de Alcocer.&lt;/div&gt;</summary>
		<author><name>Anaritasoares</name></author>
	</entry>
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		<id>https://catalogodesantasvivas.visionarias.es/index.php?title=Mar%C3%ADa_Garc%C3%ADa&amp;diff=713164</id>
		<title>María García</title>
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		<updated>2026-09-16T08:55:13Z</updated>

		<summary type="html">&lt;p&gt;Anaritasoares: /* Vida manuscrita (4) */&lt;/p&gt;
&lt;hr /&gt;
&lt;div&gt;[[Category:Santas_Jerónimas]]&lt;br /&gt;
[[Category:Toledo]]&lt;br /&gt;
[[Category:Alonso_de_Villegas]]&lt;br /&gt;
[[Category:Baltasar_Porreño]]&lt;br /&gt;
[[Category:Francisco_de_Pisa]]&lt;br /&gt;
[[Category:Juan_de_la_Cruz]]&lt;br /&gt;
[[Category:Hernando_Pecha]]&lt;br /&gt;
[[Archivo:Santa_Maria_Garcia_conversando_con_Fray_Fernandez_Pecha-web.jpg|right|María García conversando con Fray Fernandez Pecha|link=]]&lt;br /&gt;
{| class=&amp;quot;wikitable&amp;quot;&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Nombre || María García de Toledo&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Orden || [http://catalogodesantasvivas.visionarias.es/index.php/Categor%C3%ADa:Santas_Jerónimas Jerónimas]&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Títulos || Priora y fundadora de la casa de beatas de Mari García, posterior convento de San Pablo de Toledo. Iniciadora de la rama femenina de la Orden&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Fecha de nacimiento || 1340&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Fecha de fallecimiento || 1426&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Lugar de nacimiento || [http://catalogodesantasvivas.visionarias.es/index.php/Categor%C3%ADa:Toledo Toledo]&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Lugar de fallecimiento || [http://catalogodesantasvivas.visionarias.es/index.php/Categor%C3%ADa:Toledo Toledo]&lt;br /&gt;
|}&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
= Vida manuscrita (1)=&lt;br /&gt;
Ed. de [http://visionarias.es/equipo/celia-redondo-blasco/ Celia Redondo Blasco]; fecha de edición: junio de 2017.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
== Fuente ==&lt;br /&gt;
[[Archivo:I María García.jpg|250px|right|Manuscrito|link=]]&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
* Esc. C-III-3. fols. 252r - 264r.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[[Contexto material del manuscrito de El Escorial, MS c-III-3]]&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
== Criterios de edición ==&lt;br /&gt;
Al tratarse de un testimonio único se ha optado por emplear unos criterios de edición conservadores. &lt;br /&gt;
Se puntúa y acentúa siguiendo las normas establecidas por la RAE.&lt;br /&gt;
Se conserva la -l- geminada en humilldad y la s líquida en Spíritu Sancto, así como la alternancia entre v y b en su valor consonántico; también se mantiene la h- aunque sea anti-etimológica en hedad.&lt;br /&gt;
Se han respetado los latinismos como oratión. &lt;br /&gt;
Se han repuesto vocablos o grafías con corchetes ([ ]) cuando resultaba patente que no aparecían por un descuido del copista (en caso de duda, se ha respetado su ausencia).&lt;br /&gt;
Se conserva dello, desto, pero se separa mediante apóstrofe cuando la forma aglutinada incluye un pronombre personal: d’él.&lt;br /&gt;
Se ha conservado el uso de qu por cu (qual) y la grafía de la nasal n antes de la bilabial (grupos -np- y -nb-: honbre). &lt;br /&gt;
En cuanto al grupo de sibilantes, se mantiene ç ante a, o, y también ante e, i. Se respetan, también, los grafemas z, s/ss ante las distintas vocales. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
== Vida de María García ==&lt;br /&gt;
[fol. 252r] Aquí comienza la vida e ystoria de la bienaventurada y loable memoria doña Mari Garçía, virgen consagrada a Dios, fundadora del monesterio y casa de las beatas llamadas de doña Mari Garçía que es en la çibdad de Toledo &#039;&#039;[1]&#039;&#039;, la qual se trasladó del latín en romanze en el año del Señor de mill y quatrocientos y ochenta y siete años.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
=== Prólogo ===&lt;br /&gt;
Ansí como Dios es maravilloso con sus santos, el qual no en vano hizo todos los hijos de los honbres, ansí nunca olvidó la su Santa Yglesia, dende el justo Abel, ni agora la olvida ni desanpara, hasta en fin del mundo. La qual en los antiguos tienpos, que fueron debajo de la Lei de Natura y de Escritura, nunca de todo en todo estuvo huérfana de santos y de varones y henbras fieles, en los quales, la fe, y caridad y esperanza resplandeçieron; y en los quales, toda relixión y perfetión de vida después de su muerte, por que no pereçiese, fuese conservada; e a los quales, el Evangelio y divino dinero, non sin causa, fuesse prometido, y en nuestra hedad, que es debajo de la Lei de Gracia, aiuntadas las cosas altas a las [fol. 252v] bajas, después que el humanal linaje dejó el honbre viejo, venido el nuevo honbre: conviene saber, Jesucristo, nuestro medianero, Dios encarnado, después que recibió la Passión, después de su poderosa Resurretión y gloriosa Açensión. De quántas maneras de santos, ansí honbres como mugeres, su santa gloria Dios todopoderoso aya guarnecido, dotado y hermoseado, aunque la voluntad quiera y desee dezir, pero la lengua no lo puede recontar ella misma, en sí sola la conoçe, desto non dubdamos, los gloriossos Apóstoles de Jesucristo, quia predicatión salió en toda la tierra, ser sus primeros fundadores. Los quales, después que reçibieron el Espíritu Santo, quanto más crueles, rebeldes y apartados del conocimiento de Dios hallaron a los pueblos y gentes, tanto más las amansaron, domaron y trajeron a su conocimiento. Quién podrá contar los mártires vençedores y esforçados por virtud divina que maravillosamente defendieron la su Santa Iglesia. Los quales, por la alinpiar de las espinas, lavaron sus vestiduras en la sangre del cordero; sufriendo por Jesucristo lo que Él sufrió por ellos, no dubdaron dar su cuerpo a la passión. Los santíssimos confesores sustentaron la Santa Yglesia [fol. 253r] y, ensanchándola por edificio espiritual, por dotrina y exenplo, regaron los coraçones de los fieles de rocío celestial. A los quales, enbiando el Señor como obreros en su miel, adornó y dotó de muchos bienes de su graçia, y quiriéndoles probar por diversos trabajos, a uno dio maior fortaleza que a otro, cuios cuerpos, y si la grandeza del martirio o la espada material no atormentó, pero ellos, vibiendo a Jesucristo por continua abstinencia, domando saludablemente las cobdicias de la carne, a sí mesmos crucificaron. Úyense las santas donzellas adornantes aquesta iglesia con su clara virginidad, las quales conociendo el Señor ser de natura flaca, con largueza de su graçia las dio sfuerço, por que el Enemigo, fallándolas ynflamadas en el amor divino, no pudiese vencerlas con sus artes engañosas. De aquestas, algunas, que el Señor para esto guardó, fueron por sus nonbre y por la honrra de su fe martirizadas, las quales juntamente de doble vencimiento fueron laureadas y coronadas porque, no sabiendo la cama material, al solo Esposo de virginidad, que es Jesucristo Nuestro Salvador, se allegaron y en el tormento del martirio, burlando de sus atormentadores, [fol 253v] fueron vençedoras, por lo qual resplandeçen por aureola de virgininad, ansí como lirios y rosas por pena de la persecutión. En el aiuntamiento y conpanía de aquestas, piadosamente creemos ser colocada y asentada en gloria perdurable nuestra amiga, nuestra conpanera, nuestra cibdadana de Toledo, a la qual, Nuestro Señor, en nuestros tienpos, en los quales la maldad abunda y la caridad se enfría, quiso en ejenplo de vida y virtudes dar a su Santa Yglesia, cuia loable vida, cuia honestidad de buenas costunbres, cuia santa conversatión, cuio menospreçio, aspereza de vida a honrra de Dios, y para despertar las voluntades de los justos y conpunjir y reprehender las culpas de los negligentes, aiudándonos la gracia divina, queremos brevemente escrevir. Y porque es esta virgen y hermosa, rogemos muy humildemente a la Reina de las Vírgines que nos gane graçia de contar y dezir de su vida y loable conversaçión.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
=== Capítulo primero ===&lt;br /&gt;
Fue en los días del rei don Pedro el Cruel, rei de Castilla, de memoria bienaventurada, un cavallero claro por linaje y claro por virtudes, llamado Diego Garçía de Toledo. Este tenía una mujer que era de noble [fol 254r] linaje ansí como él, cunplida de virtudes y de toda honestidad. Anbos eran justos delante de Dios, andando en sus carreras y cunpliendo sus mandamientos. Ella se llamava doña Costanza, hija de Fernán Gómez, padre del reverendíssimo don Álvaro, arçobispo de Toledo, cuia hermana era de un vientre la dicha doña Costança. A estos dio Dios, entre otros hijos e hijas, una hija mui graciosa, cunplida de toda hermosura, a la qual pusieron por nombre María, y el sobrenombre del padre, conviene a saber doña Mari Garçía. A la qual, los padres, ansí como la dézima parte de sus bienes, prometieron al Señor de toda voluntad. Este voto, quando ella fue de hedad de discreçión, no ansí como desobediente despreçió ni desechó con poco coraçón, mas antes, conforme con los padres, lo confirmó. Y encendida en el amor del Señor, luego por obra lo cunplió de su propia voluntad y de su libre alvedrío, sin consejo de alguno, mas inspirada de don y graçia divina, toda se ofreció al Señor. ¡Convenible cosa era que tal sarmiento naciese de tal vid!&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Tal fue aquesta virtuosa doncella, que, movida por el consejo del profeta, dende su niñez todo su pensamiento puso i fincó en el Señor, ansí como lo declara la orden de su vida maravillosa, la qual, aunque [fol. 254v] niña y de mui tierna hedad, huía la conpañía de los que en casa del padre eran. Y olvidando y dejando los juegos y cosas a que la tal hedad se suele dar, apartávase en lugar secreto a ofrecer oratión pura y linpia al Señor. Nunca oiera el santo Evangelio y ia deseava hazer tesoro en el Çielo. Era pobrecilla de voluntad y parecía que tenía no pequeño cuidado de los pobres: las migajas que caían de la mesa de su padre, y los pedazos que sobraban y quedavan de su comer, y todo lo que podía aber con deligençia guardava y ascondidamente procurava de dar a los pobres.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
=== Capítulo segundo ===&lt;br /&gt;
Creçiendo ya en edad, desechando todos los deseos y obras de moza, pensaba de día y de noche cómo, a ejenplo de San Juan Baptista, podría conservar y guardar enteramente su vida sin mancillar; y deçía al Señor: «Demuéstrame, Señor, las tres carreras y enderéçame, Señor, según verdad». Y ansí como virgen prudente i sabia, como fuese ya de doze años, no ensobervezida por la ponpa del linaje, no atraída por vanas amonestaciones de los honbres lisonjeros, no mirando los faustos abundantes del padre, despreçió todos los deseos dañosos del mundo, y renunciando de ese aiuntar a esposo carnal, olvidando la casa del padre, deseó [fol. 255r] solamente la hermosura del Esposo Celestial. Y por que más cauta, más libre y más diligentemente pudiese cunplir su deseo y el negocio espiritual, non curando de la murmuración de las gentes, apartose a un monesterio de monjas de santa conversatión llamado San Pedro de las Dueñas, do era priora una su hermana que mucho la amava. Allí supo y aprendió en poco tienpo el canto y las otras cosas y observancias de la relixión. Creciendo su fama por toda la provincia y sabida su vida y costumbres, por toda parte procuraban y deseavan las monjas de Santa Clara, que son en el monasterio de Tordesillas, que aí tomase su hábito. Esperaban de la elejir por su maior si aí hiziese professión, pero ella, acordándose de lo que Nuestro Señor en el Evangelio dize, por no ser vista de los honbres y no recebir delante dellos el galardón de sus buenas obras y Él por ellas le diese galardón, no huió por pequeñez de coraçón la honrra, mas por verdadera humildad.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
=== Capítulo terçero ===&lt;br /&gt;
Después que aquesta santa virgen fue, como diximos, dotrinada y enseñada de su hermana en las cosas divinales y en la carrera del Señor, demandó liçençia y bendiçión en su hermana, la qual, con dificultad, pero de voluntad, la dio. [fol.255v] Y ansí abida licençia, no como quien torna atrás, mas por voluntad de Dios, tornose a casa del padre. Nunca aún tomara hábito ni velo de religión, y estando en la casa del padre, ençendida por el fuego del amor divinal, codiciando remediar y seguir a Jesucristo, su Esposo, según su flaqueza, negando a sí mesma, se dio con toda voluntad al menospreçio del mundo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Frecuentava andar por las calles de puerta en puerta pidiendo limosna para los encarcelados. Traía en los honbros unas alforjas en que echava los pedazos del pan que en limosna le daban. Tenía por conpanera la santa virgen en su santo propósito a una venerable matrona biuda que se llamaba doña Maior Gómez. Este tan piadoso oficio hazíase contra la voluntad de su padre y hermanos, que deçían ser deshonrados y avergonzados públicamente por el menospreçio de la hija y hermana. Conosçiendo enpero el padre que, por miedo ni por amenazas, por amor ni promesas de bienes tenporales, no quería ni podía ser apartada de su santa intención, diole lugar y no procuró más de apartarla de este santo camino.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Andan entramas la vieja y su aia y la virgen tierna por toda la cibdad de casa en casa; como pobres y peregrinas, vienen entre los dos coros de la iglesia maior, y allí, delante de todo el clero y pueblo, piden por amor de Dios [fol. 256r] limosna. Mucho se maravillan todos y dizen: «No avemos visto alguna que sea semejante a esta entre todas las henbras de aquesta çibdad»; y desde allí iban a casa del padre por reçebir alguna limosna. Y viéndola su padre traer alforjas en los onbros, avían plazer y reíanse. Y ansí como buenos y católicos padres, alçando las manos al çielo, daban graçias al Señor porque les avían dado tal hija; y decían los mançebos y las vírgenes, los viejos y los mozos: «Alaben al Señor, el qual haze maravillas». Y ella conoçiendo dellos aquesto, luego se derribaba a sus pies, besava sus manos dándoles no pocas gracias porque avían plazer de la vida que escojiera.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Acaeçió un día que la dicha matrona biuda y la bendita virgen, continuando su santa obra, andando a demandar por las calles, encontraron con su padre y con el arçobispo, su tío, que hera hermano de su madre, aconpañado de muchos cavalleros nobles. Y como el arçobispo la viese ansí mendigar y la conoçiese, reprehendió a su cuñado porque consentía andar ansí despreçiada a su sobrina, y díxole: «O varón, como seas prudente, ¿por qué consientes a moza tan pequeña, tan hermosa y generosa andar ansí tan despreciada?, ¿por qué tienes tu hija ansí aboreçida?, ¿por qué no la casas con otro su igual?». Al qual [fol 256v] respondió el noble cavallero benignamente: «¿Qué esposo puedo yo dar a mi hija más generoso y más rico que Jesucristo, hijo de Dios bivo? Dejémosla, tomó para sí la mejor parte».&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
=== Capítulo quarto ===&lt;br /&gt;
Después de aquesto, como el dicho rei don Pedro el Cruel, entre otras cosas ynjustas que hazía, persiguiese a donzellas y mugeres nobles y de qualquier estado que fuesen, aquesta honestísima virgen, con otras muchas que se trabajaban de absconder de la cara del muy cruel rei, huyeron a la villa de Talavera, cuio dominio tenía entonces su padre, don Diego García de Toledo. Y aun aí no las dejava estar seguras el temor del cruel rei, mas fue causa que dende se fuesen. Dízese que muchas dellas, por guardar su honestidad, rescibieron muchos daños, ynjurias y persecuciones. Y viendo esto nuestra discretísima virgen y aquella dueña a quien seguía, dubdavan llamando al Señor qué harían, mas Dios, que está açerca de los que le llaman con verdadero coraçón, oídas sus peticiones, endereçó sus coraçones dándoles por guiador el su ángel bueno que viniesen a un pago que se llama aora la Sisla. En el qual lugar hizieron una pequeña morada adonde estuvieron algunos días [fol. 257r] sirviendo al Señor de noche y de día con aiunos y abstinencias, orationes y otros exerciçios honestos y santos y de gran humildad. Y aún entonces no era edificado en aquel lugar un monesterio del bienaventurado San Xerónimo que agora se llama Santa María de la Sisla. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En este tienpo plugo al Señor que çesase la cruel tenpestad por muerte del rei cruel para proveer al miedo de aquestas santas mujeres, las quales con deseo entrañal y continuo pensaban dónde con maior provecho y sin inpedimento pudiesen cunplir mejor su voto a honrra y gloria de Dios. Y alumbradas por el Spíritu Santo, dejaron la solidunbre en que estavan.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En aquel tienpo avía en la çibdad una congregación de mujeres devotas que estavan en la perrocha de San Román, el cuidado y administración de las quales tenía una religiosa persona que avía nonbre doña María de Soria. Y como oiese esta santíssima virgen la fama tan loable e santa de aquestas religiosas dueñas ser sin ninguna reprehensión, la su loable vida cobdiciando obedesçer y ser instruida mucho más en la vida religiosa y ser juntamente regida de la dicha religiosa persona, metiose debajo de su mano para hazer su voluntad en todas las cosas, la qual las reçibió mucho de voluntad, y con gran alegría. Y allí tomó el hábito relixioso según las otras lo traían y después que plugo al Señor [fol. 257v] que aquella noble dueña, doña María de Soria, y el padre y la madre de aquesta virgen loable pasasen de aquesta vida presente, cobdiciava esta santa virgen dexar más perfectamente el mundo, el qual le era ya mucho aboresçible. Y pensando en su coraçón qué haría, decía con toda voluntad aquel verso del salterio: «Tú, Señor, eres bueno; enséñame tus justificaciones». Y luego vendió la parte en que la madre la dejó heredera, y del preçio mercó luego una casa con muchas anchuras en la perroquia de San Lorenço, para que allí en el claustro pudiese su coraçón holgar a Dios.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Finalmente dejaron la otra casa y encerráronse allí, ella y aquella dueña ya dicha. Sabido y divulgado aquesto por toda la çibdad, una honrrada dueña, que se llamava Teresa Vázquez, con otras siete mujeres continentes de mui santa fama, entraron en aquella casa, por que juntas a tan devota conpanía hiziese a Dios un santo colegio a Él mui apacible y a las gentes loable. Las quales, como esta señora de quien dezimos viese ser de tan profunda humildad, y que con aquel despreçio tan maravilloso del mundo con todo coraçón y con entera voluntad se sometían a la pobreza no recusando ningún trabajo, mas con todas sus fuerzas trabajavan por seg[u]ir a su Redentor Jesús, y mirando con tan grande diligençia cómo estavan enbevidas en Dios, amávalas con entrañas llenas de caridad sin ninguna conparaçión y deçía con el psalmista: «Load [fol. 258r] a Dios todas las gentes, porque a confirmado sobre nós su misericordia». Y tornándose al Señor, dezía con fervor de coraçón: «Plégate, Señor, de nos dar graçia que cantemos las tus justicias en este lugar de nuestra peregrinación. Huélgase, Señor, el mi coraçón en ti, porque las flacas están ceñidas de fortaleza». Y en tanto creció la fama de aquesta congregación gloriossa, que en breve tienpo fue aiuntada gran muchedumbre de mugeres religiosas, las quales con coraçón y voluntad tomaron hábito blanco en señal de virginidad y continençia para servir al Señor según la orden del bienaventurado nuestro padre San Xerónimo. Y eligieron todas entonzes de una voluntad por su prelada y religiossa a la dicha señora doña Mari Garçía, la qual contra su voluntad lo açeptó cobdiçiando ser más súbdita que regir.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
=== Capítulo quinto ===&lt;br /&gt;
Era en aquel tienpo un cavallero noble, secretario y capitán mui amado del rei don Pedro el Cruel, el qual era sinple y recto y temeroso de Dios, el qual se llamava don Pedro Fernández. Y como este noble cavallero pensase con el clareçido coraçón cómo avía gastado sus días en la ceg[u]edad del mundo sin ningún serviçio de Dios, con deseo de hazer penitencia y aber [fol. 258v] dolor de sus pecados y guardarse de no ofender más a Dios, negó a sí mesmo según el consejo de Nuestro Señor Jesucristo con toda la casa real, tomando hábito de religión. El qual, con divinal aiuda, fue a Roma y alcanzó liçençia del Padre Santo que pudiese edificar en la provinçia de Toledo un monesterio de la orden del bienaventurado padre San Xerónimo. Y buelto con la liçençia, hedificó el monesterio ya dicho de sus propias faqultades, con aiuda desta señora, la qual no solamente hizo muchas espensas en el edificio material, mas aun dio preciosos hornamentos y joias para el culto divino, con las cuales adornó y ennobleçió el sagrario y sacristía, onde somos ciertos que dio una arqueta pequeña en que se encierra el cuerpo del Señor.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
=== Capítulo sexto ===&lt;br /&gt;
Acabado aquel maravilloso hedifiçio, en breve fue la casa llena de frailes. Viendo esto las siervas de Dios, juntamente con ellos tomaron por padre al bienaventurado nuestro padre San Xerónimo, para que con su tela y anparo, olvidadas las fuerças flacas, por sus merecimientos serviesen varonilmente en el serviçio del Señor: toman el hábito, regla y costumbres de la dicha orden, sométense a los prelados de aquel monesterio, prometen obediençia, demandan que sean regidas dellos, ¡o virtud de maravillosa obediençia!, ¡sola [fol. 259r] digna de ser loada! Quisieron más sujetas obedecer, que esentas y libres errar; esto es verdaderamente negarse a sí mesmo: quando el honbre deja su querer y se dispone para obedezer. Y cobdiciando esta señora de no comer sin trabajar en el serviçio de Dios, alcanzó liçençia del papa que tuviesen aquella misma horden en rezar las horas divinas que los dichos religiosos. Y viendo aqueste santo varón ya dicho, que era prior en el dicho monesterio, la vida de aquesta santa muger ser tan apaçible a Dios, amávala con verdadera caridad, rogando al Señor por su justificatión y cunplimiento devoto y guarda religiosa de aquella santa congregaçión que hasta la fin durase en toda santidad y religión. Otro tanto rogava ella por él: eran estas personas dignas de todo loor en el entrañal amor, que pareçían otro San Francisco y otra Santa Clara, otro San Xerónimo y otra Santa Paula y Eustoquio; eran d’Él consoladas, y disciplinadas, y amonestadas con gran dulcedumbre de caridad en toda perfectión y castidad.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Después de mucho tienpo que les duró esta santa conversaçión con toda honestidad y religión, plugo a la Divina Bondad recebir la penitençia digna y dar fin a ella y a los trabajos deste santo varón, llevándose donde recibiese el galardón del trabajo [fol. 259v] que avía recebido en plantar aquella biña del Señor, la qual labrava con el arado de la religión para que, después que la oviese podado con santas amonestaciones, mereciese aver della el fruto que esperava, que es el Çielo. Y si acaso algunas vezes alabavan a esta señora algunos çibdadanos de su honestidad y abstinençia o de otras obras virtuosas, dezía ella: «No es de algún valor lo que yo hago; mis hermanas lo hacen por alunbramiento del Espíritu Santo». Y viendo esta santa mujer que en las enfermedades la estavan sirviendo las hermanas, deçía sin toda dobleza, pensando ella en su coraçón ser indigna de aquel serviçio: «¿Dónde vino a mí tanto bien? ¡O, qué más hermosas donzellas pudiera yo tener en el siglo que ansí cercasen mi cama, las quales veo ser mucho más sufiçientes que io para esta administraçión, por hermosura de virtudes delante de Dios!».&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y como esta santa muger viese adornadas las mujeres del siglo de contraria hermosura con diversidad de adornados trajes, y que las caras hechas a semejanza del Criador estavan cubiertas con diversos ungüentos y afeites, por artifiçio digno de condenaçión, quiriéndolas reprehender, dezíales con palabras dulzes: «Mirad que ofendéis mucho al Señor y que si más con coraçón endureçido [fol. 260r] usáis de esta apostura, que ansí como personas que con deliberación pecan en el Spíritu Santo, yrán a la damnaçión perdurable, que aún el tal pecado no se quita ligeramente por la penitençia». Todo género de timiama o de qualquier espeçie odorífera ansí lo aborreçía y huía como si fuera un pozoñoso veneno. Dezía ella a las que usavan destas cosas odoríferas: «No conviene que la carne que está aparejada para ser mañana queva de gusanos, llena de toda miseria, aia alguna delectaçión». Nunca consentía su ánima ser ensuciada en jactancia, aunque fuese alabada de la prelaçía, o de la dignidad de los parientes, o de la hermosura del cuerpo, o de la honestidad de las costumbres, o de qualquier obra de perfeçión que en ella era; y si alguno por honrrarla le dezía “Vuestra Merced”, “Reverencia”, o otras palabras semejantes, dezía: «¿Dónde yo, un tan mezquino gusano en menospreçio, soi dicha tener merçed, como a Dios sea la honrra y gloria para sienpre?». ¿Qué podré yo dezir de la perfeción de esta? Sino que tomó tan alto grado de humilldad y de sinpleza recta y temor del Señor quanto la humana natura pudo consentir estar alguno de los mortales. Si líçito es dezir, puede bien tenella la Iglesia como a otro Job, y como ya la luenga hedad la agraviase mucho, aviendo pasado ya ochenta años de su vida con mucho fruto, con la gran vejez tenía perdido los sentidos exteriores en parte, [fol. 260v] mas con este inpedimento sienpre crecía más en los sentidos ynteriores y tenía más y maiores fuerças espirituales. Y como ansí ynpedida no pudiese oír el relox, mandava que pusiesen dentro en la celda un gallo que la despertase a la medianoche para ir a maitines; nunca o apenas fue hallado ningún día que casi desde su niñez no se levantase a la medianoche a alabar al Señor, aunque tuviese enfermedad de grande trabajo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
===Capítulo séptimo===&lt;br /&gt;
Pasado este tienpo con tanto fructo que la piedad divinal dar quiso a su pelea y su inmensa bondad y justicia, quiso dar el galardón a esta su sierva, que corrió sin tardanza por la carrera. Y llegada al postrimero día, pensaba la quenta que avía de dar de aquella maiordomía. Y ansí como ella en la vida avía instruido a sus hijas en el serviçio divinal, ansí quiso consolar y esforçallas en el postrimero día de su vida a exenplo de nuestro padre San Xerónimo, amonestándoles con toda afectión que no tornasen atrás ni desfalleçiesen en aquel camino espiritual, mas perseverando viniesen a la fin con vencimiento de la pelea para que pudiesen gustar y gozar de la bienaventurança perdurable, para lo qual es necesario que con toda humilldad y menospreçio y mortificatión perseveren. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Avía entonzes en el claustro veinte y cinco [fol. 261r] beatas, las quales ella todas mandó llamar con gran alegría, siguiendo el exenplo de nuestro padre San Xerónimo. Y de que fueron todas llamadas, abraçolas y dioles paz diçiendo: «Amadas hijas, acordaos cómo, no por nuestros merecimientos, mas por su sola misericordia y bondad aparta el Señor a nós, para sus siervas, de las tinieblas del siglo y nos trujo a esta esclarecida solidunbre, adonde vos ruego que no seáis de poco corazón fingiendo vos ser flacas para perseverar en la religión; oíd, no a mí, sino a Vuestro Maestro, que dize: “Mi jugo es suave y la mi carga liviana”. Oíd otra vez que dize: “El que pone la mano al arado y torna atrás no es capaz de el Reino de los Çielos”». Y dichas estas cosas y otras de grande edificaçión, llamó a cada una particularmente y amonestávala con aquel deseo que según su calidad y manera le era menester. Ca como ella desde sus primeros comienzos las ubiese instruýdo en las doctrinas santas, conoçía el corazón de cada una tan perfectamente que por verisímiles conjeturas, antes de su muerte, dijo a algunas dellas lo que les avía de acaezer acerca de la perfectión en las virtudes o si avían de errar en los viçios y en otras semejables cosas, casi por espíritu de profeçía. Después de esto, encomendó a todas dos [fol. 261v] cosas: y es que guardasen en sí un mandamiento y un consejo. El mandamiento, que se amasen unas a otras y que con toda caridad cada una sufriese soportando la carga de la otra por que pudiesen estar en paz y en concordia; el consejo, que estuviesen sienpre en el claustro guardando mucho silençio, ni quisiesen ser vistas por las calles, y huyesen mucho de comunicar con los seglares, porque guardando estas dos cosas se apartasen del lazo del Enemigo, que busca de contino a quien trag[u]e.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y oiendo estas cosas y otras muchas, aquellas devotísimas hermanas no se podían abstener de no llorar porque, aunque era cosa razonable que ubiesen plazer de la subida de su madre al Çielo, piadosamente lloraban viendo ser desanparadas de tal madre. Y viéndolas ella llorar, comovida a conpassión dezía: «No queráis más llorar en vano, pues el Señor puso término a mis días, los quales no puedo pasar mas conformada con su voluntad. No creades que io os dejo, porque a Él plazerá de vos tomar en su anparo y guarda si os apartáis del mal y le servís con toda virtuosa obra y cunplida bondad». Y diziendo: «Quede el Señor con vos», demandó la unçión, y después que la recibió en esa hora, estando meneando los labios con oraçión al Señor sin esprimir lo que deçía, deçen-[fol. 262r] dió un raio de claridad sobre su cara, viéndola algunas de las que estavan presentes, y ella avía gran plazer de lo que con sus ojos veía, y alçando las manos en alto, puestos los dedos en señal de cruz, durmió en el Señor. A diez días de enero año de mill y quatrocientos y veinte y seis años.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
===Capítulo octavo===&lt;br /&gt;
&#039;&#039;[2]&#039;&#039;&lt;br /&gt;
Luego que espiró, fue llevado secretamente su cuerpo al dicho monesterio de Nuestra Señora de la Sisla y sepultado con grande honra cerca del altar maior, y esto fue hecho porque se esperava gran disensión entre los çibdadanos sobre el enterramiento del cuerpo y ansí fuera inpedido de llevar al dicho monesterio donde ella, quiriendo aun en su muerte huir la vanagloria, se mandó enterrar; que pudiera çierto ser sepultada dignamente y con grande reverençia en la iglesia maior de la dicha çibdad, açerca de su tío, el arçobispo don Álvaro.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y para más loar s[u] esclarecida vida, podríamos contar algunas senales y dezir algunos miragros que parecieron en su muerte y fueron hechos por el tanimiento de su cuerpo, lo qual piadosamente creemos, pues personas [fol. 262v] relixiosas y dignas de toda fe, sin ninguna adulación dan testimonio dello, mas pues que hasta aquí esta santa Yglesia lo calla, somos por necesidad constrenidos a callar; una cosa sabemos de çierto que nos constrine a hablar, que fue su voluntad en la lei del Señor, pensando de día y de noche, en cuia boca no fue hallado engaño. Y por esto creemos firmemente que no recibió en vano su ánima, que fueron aquestas senales y miragros manifiestos a todos en la su historia que tiene el vulgo. Cosa digna fue y no de maravillar, amadas hermanas, que la cibdad real donde descendió la Reina de los Ángeles con tan gran muchedumbre de coros de vírgenes quedase con el fruto de aquesta virgen, que con santidad de vida entre las otras vírgenes la pudiese seguir y alabar. Y si queréis vos, sus hijas, alcanzar a loar a la Madre de Dios con aquellos espíritus bienaventurados con entrañas llenas de caridad, vos amonesto y con grande amor espiritual vos ruego que sigáis las pisadas de la madre y guardéis su dotrina y os acordéis de sus amonestaciones y sienpre la tengáis delante de buestros ojos por singular exenplo, examinando con diligençia lo que ya avéis oído y otras cosas que no basta mi lengua para recontar.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
¡Quán [fol. 263r] suave fue su mansedunbre y quán marabillosa su honestidad y linpieza! Considerad su profunda humildad y quál fue su sinple prudentia llena de todo temor de Dios. Por las quales mereció Dios, siendo en su aiuda, venzer a los enemigos en tan grandes peleas con gran vitoria. Sobre todo, vos amonesto que, perseverantes en la santa religión, conviene que paséis por fuego y agua; conviene saber: por adversidades y tentaciones, por las quales, mereciendo ser dignas de la gloria, haziendo todas las cosas perfetamente, digáis aquello que el Salvador nos amonesta por San Lucas, a los diez y siete capítulos, diçiendo: «Quando hiziéredes todas las cosas que vos son mandadas, dezid: “¿Siervas somos sin provecho. Solamente hicimos lo que devíamos”», en tal manera que los bienes que con el aiuda y inspiratión del Spíritu Santo fazéis, no los perdáis delante de Dios por el loor de los honbres o con presunçión dañosa de dentro del corazón los hagáis sin provecho. De lo qual oíd aquella semejança del Salvador de las diez vírgenes, çinco prudentes y çinco locas, de las quales dize San Gregorio: «Todas se llaman vírgines, mas no todas son reçebidas dentro de la puerta en [fol. 263v] la bienaventurança, porque, como faltase el açeite a las vírgines sin seso, fueron a conprarlo; conviene saber, yendo a buscar el testimonio de sus buenas obras delante los honbres recibieron su galardón. Vino el Esposo y las que estavan aparejadas entraron con él a las bodas». De lo segundo, oíd lo que el apóstol las dize: «Pienso, hermanas, que no son dignas las pasiones deste mundo para alcanzar la gloria que esperamos, y otra vez el galardón del pecado es muerte, el de la graçia es vida para siempre, la qual a mí y a vos quiera de Jesucristo, Hijo de Dios, el qual sufrió por nós pasión, que con el Padre y Espíritu Santo vibe y reina, un Dios para sienpre jamás. Amén».&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
===Responso===&lt;br /&gt;
Madre nuestra mui hermosa, que menospreciaste todas las cosas prósperas del siglo y por no ensuçiar tu vida dejaste el mundo asconjiendo a solo Jesucristo, dístenos camino siguiendo a Nuestro Maestro. Abnegando a ti misma, venciste al Enemigo. Presa: Agora gozando de santa gloria ruega por nós, desterradas, por que después desta batalla seamos aiuntadas a la çibdad soberana. Verso: ¡O bienaventurada [fol.264r] virginidad que excede todas las virtudes, que pasando por fuego y agua es llevada a la gloria que jamás le será quitada! Pressa: Agora. Verso: Gloria sea al Padre y al Hijo y al Spíritu Santo. Responso: Madre nuestra. Verso: A esta escogió Dios así en sierva. Respuesta: Por que diese a nós flacas fuerzas. Oratión: Dios todopoderoso, que, con la grandeza de tu bondad, tu Santa Yglesia hordenas y rijes, y en nuestros tienpos para exenplo y fortaleza de la flaqueza femínea quisiste escoger a nuestra cibdadana Mari Garçía, virgen, para que fuese del cuento de las escogidas, devotamente  te suplicamos oigas nuestras orationes y gemidos, y benignamente recibas la flaqueza de nuestros pequeños serviçios, y por los piadosos ruegos de aquesta santa madre y patrona nuestra piadosamente nos otorges que sienpre encedidas en tu santo amor, fijas para sienpre, permanezcamos en tu santo temor por que en el postrimero juicio al juez recibamos con lánparas adornadas de santas obras y nos lleve consigo a las bodas çelestiales el verdadero Esposo de las vírgines, Jesucristo tu Hijo, Nuestro Señor, el qual contigo y con el Spíritu Santo vibe y reina un Dios para sienpre jamás. Amén.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Finis: Fray Bonifacio de Chinchón &#039;&#039;[3]&#039;&#039;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
=== Notas ===&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&#039;&#039;[1]&#039;&#039; Apostilla marginal: «que ahora se llama de San Pablo».&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&#039;&#039;[2]&#039;&#039; Tachado: dézimo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&#039;&#039;[3]&#039;&#039; Rubrica&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
= Vida manuscrita (2)=&lt;br /&gt;
Ed. de [http://visionarias.es/equipo/celia-redondo-blasco/ Celia Redondo Blasco] y María Morrás; fecha de edición: abril de 2017.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
== Fuente ==&lt;br /&gt;
[[Archivo:II María García.jpg|250px|right|Manuscrito|link=]]&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
* [http://catalogodesantasvivas.visionarias.es/index.php/Categor%C3%ADa:Juan_de_la_Cruz Cruz, Juan de la], 1591. &#039;&#039;Historia de la Orden de S. Hierónimo, Doctor de la Yglesia, y de su fundaçión en los Reynos de España&#039;&#039;. Esc. &amp;amp;-II-19 fols. 208v- 217r.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[[Contexto material del manuscrito de El Escorial, MS &amp;amp;-II-19]]&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
== Criterios de edición ==&lt;br /&gt;
Dado que se trata de una copia manuscrita que no puede ser muy posterior al autógrafo, los criterios de edición son conservadores.&lt;br /&gt;
La lengua del texto refleja bien las características fonéticas y gráficas propias del siglo XVI, sin que se hayan podido observar rasgos dialectales, pues el vocalismo en formas como  monesterio y desgusto son muy habituales.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Se mantienen los grupos cultos, que podrían ser reflejo de la obra latina que dice haber consultado el autor, o simplemente mostrar el uso eclesiástico: &lt;br /&gt;
s líquida en Spirito Sancto y en el latinismo specie &lt;br /&gt;
formas cultas como –mpt- en Redemptor, th en thesoro (y Theressa), ph en propheta, -gm- en augmento&lt;br /&gt;
-l-  geminada en collegio, bulla&lt;br /&gt;
Otros grupos dobles: successo, -ct- (sanct y sus derivados)&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Sibilantes:&lt;br /&gt;
La oscilación entre –ss- y –s- intervocálica cuando etimológicamente es sorda o procede de un grupo –ss- en latín es mínima. En general, escribe correctamente los vocablos  (necessitad, promessa) o las formas latinas que con –ss- (superlativos: honestíssima, religiosíssima; formas verbales de subjuntivo (fuessen, entendiesse, diesse, etc.) o por razones etimológicas (essos). Sin embargo, también se encuentran formas simples intervocálicas (deseos, mereçiesen, perseverases, moviesen, guardasen). Sin embargo, en general parece distinguir entre la sorda /s/ y la sonora /z/, como indica la hipercorrección Theressa, por lo que se mantiene la grafía original.&lt;br /&gt;
Las fricativas en cambio indican confusión entre sonoras y sordas (doncella/donçella en lugar de donzella, etc.), pero se mantiene la forma original por su interés lingüístico.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Se mantiene el uso de la y en los diptongos decrecientes (oýd, caýda, cuydado, etc.), así como la oscilación entre v/b. Se conserva la –ll en humilldad y humillde porque parece que el copista (y quizá el autor) lo consideran grupo culto; también se mantiene la h- aunque sea anti-etimológica en  hedeficio y hedad.&lt;br /&gt;
Se conserva dello, desto, etc., pero se separa mediante apóstrofe cuando la forma aglutinada incluye un pronombre personal: d’él.&lt;br /&gt;
Se regularizan alternancias gráficas sin valor fonético:&lt;br /&gt;
i/j&lt;br /&gt;
u/v.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
La puntuación y la capitalización han sido modernizadas, si bien se mantiene el uso del paréntesis para indicar observaciones digresivas según el original.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
== Vida de María García ==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
=== Capítulo veynte y quatro ===&lt;br /&gt;
&#039;&#039;&#039;De cómo se fundó el monesterio de religiossas de sanct Pablo de Toledo por doña María Garçía, y del fervor después que tuvo esta sancta muger desde su tierna hedad, y en las buenas obras que se ocupó con gran menosprecio de sí misma&#039;&#039;&#039;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En una escriptura bien antigua escripta en latín se halla la fundación del monesterio de sanct Pablo de Toledo y de su fundadora doña María Garçía, que después de muchos años que en él vivió con muchas siervas de Dios que tuvo en su compañía acabó sus trabajos en este que se va prosiguiendo &#039;&#039;[1]&#039;&#039; de mill y quatroçientos y sesenta y cuatro. Y es digna cosa que se ponga en este principio y fundaçión del monesterio de Sanct Pablo de Toledo, para que se sepa la vida maravillossa de esta sierva de Dios doña María Garçía, y vea y entienda, que en tiempo que tanto se olvida la charidad y abunda la maldad, quiso Nuestro Señor despertar esta su sierva fiel, cuya vida honesta, llena de buenas y sanctas costumbres, y del menospreçio del mundo y de lo que él promete y representa, se escrive aquí, juntamente con la fundación. Y será con la brevedad que dieren lugar las muchas y muy notables cosas que ay que dezir aprovechándome en parte de la dicha escriptura y de otros lugares que harán a este propósito.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Pues en el tiempo que reynava en Castilla el rey don Pedro, fue un cavallero principal en linage y sangre que se dezía don Diego Garçía de Toledo, casado con Doña Constança, hija de Hernán Gómez y hermana del Arçobispo de Toledo, don Álvaro. A estos cavalleros, don Diego Garçía de Toledo y doña Constança, dio Nuestro Señor una hija, después de otros muchos que tenían, de particular hermosura y graçia, que sobremanera la querían, miravan y estimavan sus padres como singular benefiçio que Dios les avía querido hazer. Y en una voluntad (que la tenían en todas las cosas y eran justos delante de Dios) se la ofreçieron como décima parte de sus bienes, poniéndole nombre María [fol. 209r] y el sobrenombre de su padre, y ansí se llamó siempre doña María Garçía. Pusieron mucho cuydado sus padres en criarla y que se afiçionase al temor y amor de Dios y a las sanctas costumbres. Apenas sabía hablar (como dizen) quando se fue conoçiendo en ella el spíritu que Dios quería declarar en su favor porque en ninguna cosa pareçía niña, sino llena de discreçión, de la que el Spíritu Sancto pone en las almas donde reside. Quando tuvo alguna discreçión, no solo no menospreçió el voto y ofreçimiento que sus padres tenían hecho, mas ella, con gran voluntad le confirmó, abraçó y amó, y desde luego tuvo tanto fervor en el amor de Dios que se conoçió que más eran órdenes del Spíritu Sancto y graçia divinal que consejo de hombre humano. En esto seguía el del propheta, que desde su niñez endereçó sus pensamientos al Señor muy alto, y dello dio buen testimonio su vida maravillossa, que aún en aquella tierna hedad se apartava a los lugares secretos a hazer oraçión huyendo de los que la podían ver en casa de sus padres y de los juegos y cosas que en tal hedad se suelen exerçitar y entretener los niños. Era pobrezilla de voluntad, y aun no havía oýdo el Evangelio y deseaba ya hazer thesoro en el Çielo, teniendo gran cuydado de los pobres de Jesuchristo, recogiendo las migajas que caýan de la mesa de sus padres. Y los pedazos de pan que sobraban de su comer, con todo lo demás que podía haver y recoger, lo guardava y escondidamente lo dava a los pobres.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Quando llegó a la hedad creçida, y desechados los deseos de la moçedad, pensaba de día y de noche cómo podría, a exemplo de san Juan Baptista, conservar y guardar con toda entereza su vida y limpieza, y decía con el psalmista: “Muestrame Señor tus carreras y endereçame según tu voluntad”. Como era ya de doze años y no se aficionase a la vanidad del linage, ni a la abundancia y trages de la casa de sus padres y amonestaçiones de los lisongeros, pasó por todo ello como virgen prudente y sabia despreçiándolo, con todos los deseos dañosos del mundo, deseando solamente ser agradable al Esposo Çelestial. Para poner con más brevedad en exerçicio los propósitos y los deseos sanctos que tenía, olvidando la casa [fol. 209v] de sus padres se apartó a un monesterio de monjas que se dezía sanct Pedro de las Dueñas (que estaba adonde después hedificó el cardenal don Pero Gonçález de Mendoça el hospital insigne que dizen de la Cruz) y adonde era priora una hermana suya que la amava y quería como era razón. Recibiola con gran voluntad y en poco tiempo aprendió y supo el canto y las otras obediencias de la religión, para que aprovechase dello y servir a Dios, adonde le encaminase de tomar el asiento que avía de tener. Entendida por muchas partes su vida y costumbres, muchos monesterios de religiossas la deseaban tener en su compañía, y particularmente el de Sancta Clara, de la Villa de Tordesillas, que le ofreçieron que en pocos años sería su perlada si quisiese tomar allí el hábito y la professión, y le sería la vida de mucho contento y descanso. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Ninguna cosa le movía a la sierva de Dios, porque ni eran essos sus pensamientos ni havía entrado en su camino y deseo gana de querer y apeteçer de ser perlada, sino sierva humillde, y por esta humilldad lo menospreçiava todo y lo hollava y acoçeava todo, y no quería que los hombres la viessen sino en este menospreçio, ni reçibir dellos el galardón de sus obras, si algunas tuviese que fuessen buenas y aceptas a Nuestro Señor, y d´Él quería el premio y galardón, y entrar en su apartado cubículo a solas (como lo dize el Sancto Evangelio) para que solo Él la entendiesse y diesse la retribución conforme a los merecimientos. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Después que se detuvo en aquel monesterio algunos años y sabía ya bien las observançias de la religión que se praticavan y enseñavan en él (y sin haber tomado hábito ni manera de religiossa), pareçiole que era bien bolverse a la casa de sus padres, más por voluntad de Dios que lo inspirava que por tener gana de bolver atrás de sus buenos y sanctos propósitos. Pidiole licençia para ello a la priora, su hermana, que con mucha dificultad y gran desgusto se la huvo de dar. [fol. 210r] Y ansí se fue como lo avía dicho a la casa de sus padres. Aunque estava en ella y vivía entre los hermanos y criados de casa, y pareçía que se havía buelto al mundo como cosa que le dava gusto y contento &#039;&#039;[2]&#039;&#039;, andava tan abrasada y ençendida en el fuego del amor divino que siempre pensaba, codiciava y tratava cómo seguir y ymitar (según su flaqueza) a Jesuchristo, su esposo. En lo que asentó, después de muy mirado y consultado y pedido a Nuestro Señor, fue negarse a ssí misma y no mirar a su hedad y flaqueza y que era muger, ni a lo que podrían decir y juzgar los hombres faltos de consideraçión, y con esto començó a darse al despreçio suyo y de las cosas mundanas, y tomó consigo, como aya y compañera, a doña María Gómez, matrona biuda y noble, que con una misma voluntad la quiso acompañar en sus designos y trabajos. Su principio fue començar a andar por las puertas de los vecinos de la ciudad a pedir limosna cada día, públicamente, para los pobres necessitados. Pues dezir que llevavan en su compañía quien recogiese las limosnas y pedaços de pan que les davan, era cosa de bendezir a Dios en sus marabillas, que la donzella pobre de Jesuchristo llevava sobre sus ombros una talega o alforja en que las echava, con un fervor y ánimo de hazer serviçio en ello a su esposo que no aprovecharon promessas, ruegos ni amenazas de sus padres para apartarla dello, y ansí la dexaban continuar su sancta ocupación y daban lugar a ello aunque no dexavan de sentir ellos y los hermanos de la sancta donzella alguna afrenta de aquel menospreçio tan público. No dexavan por esso las dos su exerçiçio cotidiano de andar por las calles de la çiudad pidiendo limosna como pobres peregrinas, y estavan en la sancta yglesia mayor entre los dos coros al tiempo que los canónigos salían de las horas, que los ponían en confusión y compelían a que les diessen muy buenas limosnas. Desde allí pasavan con las que llevavan en sus alforjuelas a la casa de sus padres, y ya era para ellos de gran consuelo y regalo ver de aquella manera a su hija, y la animavan y esforçavan en ello (aunque por otra parte la carne y la sangre hazían su oficio en [fol. 210v] sentir aquel difraçe). Pero pasados los primeros días, y viendo a su hija contenta, y que era bien inclinada, devota y charitativa con los pobres de Jesuchristo, no había cosa temporal que para ellos se les pudiesse comparar a esto. Bendezían a Dios y alçavan las manos al Çielo con mucho plazer y alegría, haziéndole infinitas gracias por haverles dado hija que aun antes de tener discreçión ni hedad había en la tierra vida çelestial y obrava en ella tantas marabillas. Todos los de su casa, hijos y criados, hazían lo mismo, y la sancta donzella, con una profunda humilldad y llena de spíritu de Dios, se derribava a los pies de todos besándoselos, agradeciéndoles el contento que mostravan de la vida que seguía. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Acaeçió un día que andando pidiendo limosna por la çiudad la sancta donçella con su compañera por no perder costumbre de remediar a los que tenían necessidad, que encontraron en una calle al arçobispo de Toledo, su tío, hermano de su madre, y a su mismo padre, que le acompañava con otros cavalleros y gente principal de la çiudad, y quando el arçobispo vio a su sobrina en aquella postura que llevava y cargada en los hombros la talega con las limosnas que había recogido, volvió a su padre y díxole con algún enojo y como reprehendiéndole: “Mucho me maravillo, que como seáis hombre prudente, no remediéys un desconçierto tan grande como este y consintáys a una hija de tan poca hedad y tan hermosa y de linaje, que es que ande ansí despreçiada y con tanta libertad que days a entender que la tenéys aborreçida, pues no la recogéys y tratáys de casarla con otro que sea su igual”. El cavallero prudente le oyó y respondió con mucha mansedumbre y en breves palabras le dixo: “¡Qué esposo le parece a Vuestra Señoría que puedo yo dar a mi hija más rico y generosso que a Jesuchristo, Hijo del Padre Eterno! Por ventura podemos resistir al Spíritu Sancto. Ella ha escogido este estado por la mejor parte y yo no se le quiero estorvar, ni me pareçe que se açertaría en ello”. [fol. 211r] El arçobispo calló con esta respuesta y no supo qué le replicar, entendiendo que aquello era obra de Dios.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
=== Capítulo veynte y çinco ===&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&#039;&#039;&#039;Cómo desde algunos días dexó de pedir las limosnas la donzella y virgen de Jesuchristo, doña María Garçía, y se recogió en una hermita de Nuestra Señora de la Sisla con su compañera, y después al monesterio que fundó de Sanct Pablo&#039;&#039;&#039;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Entre otras cosas mal hechas que en aquellos días hazía el rey don Pedro era desasosegar y perseguir donzellas y mugeres nobles de qualquier estado que fuessen, por sus desordenados apetitos, y esta honestísima virgen, con el temor que le causaba esto, se fue (con otras muchas señoras principales del reino que procuraron esconderse de la persecuçión del Rey) a la villa de Talavera, que estava allí su padre don Diego Garçía, que era casi como señor della y beneficiaba sus possesiones y heredades, que eran muchas la que en aquel lugar tenía. Aun estando allí la sancta donzella con sus acostumbrados exerçiçios y ocupaçiones de oraçión y meditaçión, no estava con toda seguridad porque veýa que otras padeçían grandes trabajos por la guarda de su honestidad, y esto le puso en cuydado de pensar en buscar otro medio y asiento que fuesse más seguro, y no andar con temores y desasosiego. Pedía de veras a Nuestro Señor dispusiesse lo que más havía de ser serviçio suyo, y como está cerca de los que con ánimo verdadero le llaman y quieren, endereçó su deseo que se fuese a Toledo a un término que dezían de la Sisla (adonde es de creer que el ángel la guió con su compañera doña María Gómez) y allí hizieron una casilla pequeña para recogerse, arrimada a la hermita de Nuestra Señora que dezían de la Sisla, y en ella estuvieron algún tiempo sirviendo a Nuestro Señor en ayunos, vigilias, oraçiones y otros exerçicios honestos de humilldad y de sanctidad, hasta que fue servido que [fol. 211v] cesasse la causa del temor con la muerte del Rey Don Pedro.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Aun no estava criada en aquel tiempo la orden de Nuestro Padre San Hierónimo en estos reynos de España, pero pocos años después se confirmó por la sede apostólica y dio el hábito que se use en ella, y se hedificó el monesterio tan principal que oy se vee en Toledo, en la hermita de Nuestra Señora de la Sisla, que dexó la bienaventurada doña María García.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Muerto, pues, el rey Don Pedro, daban orden aquellas sirvientas de Dios de dexar aquella soledad de la Sisla, que la tenían grande por estar tan apartadas de la çiudad, y entendieron que en ella havía una congregación de mugeres devotas y honestas en la perrochia de San Román y tuvieron su aviso y consejo para yrse a aquella sancta compañía y subiectarse a la administradora doña María de Soria, que las reçibió con grande alegría, y de consentimiento de todas las religiossas les dieron el hábito y vestido que ellas traýan. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Por todo el tiempo que vivió la administradora María de Soria, estuvo en aquella casa la sierva de Dios y virgen doña María Garçía, y quando vio que era muerta y que también lo eran sus padres y pasado desta vida al Çielo, le dio más ganas a doña María Garçía de dexar del todo el mundo y el trato d’él, y asentar para siempre en un lugar; y pidiéndolo al Señor dezía con el psalmista: “Tú, Señor eres bueno, enséñame tus justificaçiones”. En ninguna cosa sentía el gusto que pretendía si no era en el puro spíritu y amor de Dios, y siempre andava con cuydado adónde havía de permaneçer y qué estado era el que havía de escoger. La hazienda que heredó en Belilla de su madre la vendió luego y compró una casa grande con mucho aposento en la perrochia de Sanct Lorenço, a donde se pasó con su compañera doña María Gómez, y allí asentaron sus deseos y perseveró hasta la muerte. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Entendida en la çiudad esta traslaçión de doña María Garçía, no le faltaron personas de calidad [fol. 212r] que por su devoçión y afición se inclinaron a seguirla, y una dellas fue ^doña^ Theressa Vázquez, persona noble y principal, con siete mugeres de buenas costumbres, fama y christiandad, que se fueron a amparar a ella, por solo servir a Dios y serles compañeras en la vida sancta y exemplar. Este, pues, fue el primer principio de fundar y plantar aquel collegio de Sanct Pablo de Toledo, que oy es monesterio, que desde que entonçes començó hasta oy ha floreçido y floreçe gran religión y mucha sanctidad, como en el processo desta escriptura se yrá mostrando hasta el cabo della. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El primero fundamento del monesterio de Sanct Pablo de Toledo fue este, y estava ya con grande gozo y contento la sierva de Dios doña María Garçía viendo el fervor de las nuevamente allegadas, y ansí las quería y amava con entrañas llenas de charidad, y animava a perseverar trayéndoles lo del psalmo: “Load a Dios y alabadle, pues ha confirmado sobre nós su misericordia”. Bolviéndose a Nuestro Señor dezía: “Suplícote que te sirvas de darnos graçia, que cantemos tus justicias en este lugar de ^nuestra^ peregrinaçión, que en él queremos perseverar, y en las alabanças divinas”. Fue creçiendo tanto la buena reputaçión de aquella congregaçión en observançia y conversaçión sancta y religiossa, que en pocos años se les allegaron otras muchas a su compañía, las quales, quando vieron que la orden de sanct Hierónimo començava y resplandeçía el nombre della, y estava ya hedificándose el monesterio de la Sisla y con algunos frayles, pareçióles bien su manera y hábito.  Y con un ánimo y voluntad lo escogieron y se vistieron del hábito, escogiendo y eligiendo por su priora y prelada a la religiosíssima doña María Garçía, que lo hubo de aceptar por sus ruegos y ymportunaçiones, porque por su voluntad deseaba antes ser regida que regir, y súbdita que prelada.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Viéndose la devota sierva de Dios con aquella carga y cuydado de priora, y que traýa vestido el hábito de la sagrada orden de nuestro padre Sanct Hierónimo, començó a comunicarse y tractar al sancto varón fray Pedro Fernández Pecha, que era prior de la Sisla, que se ocupaba en hedificar aquella casa, y a mostrarle voluntad [fol. 211v] y aun a favorecerle en su obra del monesterio y claustro, que le fue de grande favor y ayuda para acabarlo con más brevedad. Para la sacristía y culto divino dio muchas cosas y ornamentos de valor, y hasta se sabe que la arquita pequeña de plata adonde se çierra el sanctíssimo sacramento la dio y ofreció esta sancta muger.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Las plácticas y conversaçión destos dos siervos de Dios, fray Pedro Fernández Pecha y doña María Garçía, todas se ençerravan en sanctidad y qué observancias se tenían de guardar y acrecentar en la religión, y la solemnidad del culto divino, no olvidándose del cuydado que havía de haver en la oraçión y amor y serviçio de Nuestro Señor de noche y de día, que no pareçían en sus plácticas, tracto y conversaçión, sino otro Sanct Hierónimo y Sancta Paula, y Sanct Francisco y Sancta Clara, que se conoçió bien por los efectos que se obraron, encaminados todos al Çielo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Doña María Garçía y sus seguidoras no se contentaron solamente con traer el hábito de la orden del glorioso nuestro padre Sanct Hierónimo sino que quisieron guardar la regla, estatutos y ceremonias que la orden tenía, guardava y professava. Y porque aún en aquellos días no estavan unidas las casas que estavan fundadas en el hábito de la orden, ni tenían superior general, dieron aquellas religiossas la obediençia al prior de la Sisla y a sus sucessores, confirmando esto y el dezir de los oficios divinos por bulla apostólica, aunque no tenían professión ni encerramiento de monjas, sino de beatas recogidas, queriendo con todo esto subiectarse al estilo y manera de la orden y negar su voluntad y libertad hasta la muerte, sin buscar otra manera nueva ni hazer más mutaçión. &lt;br /&gt;
Pedía esto de veras y muchas vezes la sierva de Dios en su oraçión y petición, por sí y por las hermanas, y que mereçiesen el spíritu de perseverançia como convenía a su salvaçión, y no se olvidava, ni aun desconfiava, de lo que el Sancto Evangelio promete a este propósito en aquellas palabras, “El que perseverase hasta la fin será salvo”, que no hazían en ella menos impressión que si las estuviera oyendo de la boca de Jesuchristo Nuestro Señor, y, [fol. 213r] puesta a sus pies como la Magdalena, era doña María Garçía en la compostura y hermosura como un ángel, y de sosiego y mansedumbre increýble, y tenía una quietud y reposo en la conçiençia y una serenidad en el alma (parecida a lo del Çielo) que ninguna cosa próspera ni adversa pareçía mudarla. Del sanctíssimo sacramento era grandemente devota, y reconocía ser aquella la fuente y manantial de todo el bien de las almas, y allí procurava coger quanto havía menester para ser rica.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En muchos años no tuvo nombre de monesterio la casa de Sanct Pablo de Toledo, sino que pasó con nombre de “congregaçión de beatas de la orden de San Hierónimo”, y no por esso se diferenciavan en nada en las observançias, cerimonias y guarda de la religión. La priora era la primera en todas las asperezas y trabajos, y la que más se mostrava y resplandeçía en toda perfectión y sanctidad. En la humilldad y simpleza recta y temor de Dios tuvo tan alto grado quanto se puede consentir en muchos de los mortales, y si es lícito dezir que la pueden tener en esto como a otro Job. De todas era amada, querida y respetada, y atraýa con esto a muchas a querer su trato y compañía, porque solo su exemplo y sancta conversaçión bastava a reformar lo que con mucha diligencia y buenas razones y trazas no hizieran muchas en muchos días y años. Algunas personas prinçipales de la çiudad la visitavan, y todas las pláticas y conversaçión que con ellas tenía eran de la gloria y amor de Dios, y a las que veýa que llevavan los rostros disfraçados con afeytes, y con demasiadas galas y vestidos, queriéndoselo reprehender lo dezía con palabras dulces y blandas, y con un deseo que se moviesen a escusar las ofensas de Dios que de aquello podría haver. Todo género de curiosidad y qualquiera specie odorífera huýa y aborrecía como si fuera veneno ponçoñoso, y dezía a las que usavan dello que no era menester aquella deleitaçión a la carne, que está llena de aquestas miserias y tan çerca de ser (con brevedad) manjar de gusanos. No se deleytava en las jactancias, ni consentía ensuziar su coraçón con ellas, aunque unas cosas le dixesen en su alabança o del govierno tan conçertado que tenía en su monesterio, [fol. 213v] y de su hermosura y nobleza de linage; antes lo aborrecía y se tenía por gusano y por la más vil criatura criada, y de más despreçio y menos partes de que alabarla, y que la gloria y onra de todo se havía de atribuyr a Dios. Con estos exemplos, animava la sancta priora a sus hijas y las esforçava a continuar el amor y serviçio de Dios, meditando de noche y de día en la Pasión de Nuestro Redemptor. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Bivían todas en tanto conçierto y sancta conversaçión que a todos los de la çiudad eran exemplo y dechado de virtudes y honestidad, y hasta oy se dize y muestra esto en aquella sancta casa, y se les echan bien de ver los primeros prinçipios y buenos fundamentos que tuvo de religión y de sanctidad, que, como dixe poco ha, se verá adelante en las obras milagrosas que Nuestro Señor ha obrado en muchas siervas suyas que bivieron y acabaron en aquel monesterio. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
=== Capítulo veynte y seys ===&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&#039;&#039;&#039;De la muerte bienaventurada de Doña María Garçía y de lo mucho que sintieron algunos años antes perder su primero prior y perlado, Fray Pedro Fernández Pecha&#039;&#039;&#039;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Después que estuvieron algunos años Fray Pedro Fernández Pecha y doña María Garçía en muy sancta y religiossa conversaçión, y governando cada uno su monesterio con el exemplo y creçentamiento en el amor y serviçio de Dios que se ha dicho, cansado ya por la hedad y vejez, Fray Pedro Fernández Pecha se fue al monesterio de Nuestra Señora de Guadalupe a acabar sus días en aquel sanctuario de la madre de Dios (como en su historia se dixo) dexando renuncia el priorato de la Sisla, de lo que quedó bien desconsolada la sierva de Dios, doña María Garçía, por carecer tan presto de padre que tanto favor había al augmento y aprovechamiento de la sancta religión. Mas bolviéndosse [fol. 214r] al Señor universal de todos, que no desecha a los que son siervos suyos, tomava esfuerço y contento y animava a sus hijas a hazer lo mismo (que tenían el mismo sentimiento y andavan afligidas) para no desconfiar que les havía de faltar el favor y mano de Dios en la carrera que habían començado y continuarla con toda la perseverançia de virtud y exemplo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Según el discurso que se ha hecho de los años que estos dos los siervos de Dios tractaron en el hedificio y asiento de los dos monesterios de la Sisla y de Sanct Pablo de Toledo, y se vieron y comunicaron, pareçe que pudieron ser muy pocos, que doña María Garçía vivió cinquenta años y más después que murió fray Pedro Fernández Pecha. Con todo esso, como se biene a acabar todo poco a poco, algunos años antes de la muerte de la sierva de Dios, doña María Garçía, por los muchos trabajos y continuas vigilias, tenía perdidos (en parte) los sentidos exteriores, mas muy vivos y enteros (y con mayores fuerças spirituales) los interiores del alma. Y para no dexar lo que tantos años havía continuado de yr a los maytines y entender quándo llegaba la hora, hazía una cosa bien rara y de notar, que le ponían un gallo çerca de su aposento para que la despertasse y supiesse quándo era la medianoche, porque ni podía oýr el relox ni aun la campana. Estava tan aconstumbrada desde su niñez a levantarse a aquella hora a hazer gracias a Nuestro Señor y no perder los maytines, que no lo perdonava aun estando con enfermedad, pudiéndose levantar. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Venida ya la hora que era última a los ochenta y seys años de su hedad (que la llamava Dios para dar galardón de tantos y continuos trabajos), pensaba en la cuenta que le havía de dar aquella mayordomía, y que no se podía alargar. Pues era ya aquella hora postrera (principio de la otra que con tanto favor y deseo guardava), aperçebiose luego del divino y sanctíssimo sacramento de la eucaristía (thesoro universal de las almas y çelestial consuelo para aquellos tiempos) y, después que le hubo reçibido, consolava a sus hijas que las veýa tristes por su partida, [fol. 214v] animándolas con palabras afectuosas de madre que tanto las amava y quería, y las amonestava que no volviesen atrás ni desmayasen en aquel camino spiritual, porque perseverando en toda humilldad, menospreçio y mortificaçión, llegarían con bençimiento al fin, y gozarían con gran alegría de la bienaventurança. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Havía en el convento veynte y çinco religiosas beatas, discípulas de tal madre de sanctidad, que a exemplo del glorioso señor padre San Hierónimo las mandó llamar y juntar, y con grande alegría las abraçó a todas, y dándoles paz dixo: «Mis amadas hijas, acordaos que ni por vuestros mereçimienos, ni por las míos (sino por la misericordia y bondad infinita de Nuestro Señor) nos apartó de los ruydos y tinieblas del siglo, y nos traxo a esta esclareçida soledad y recogimiento como a siervas escogidas y regaladas suyas. Ruegoos mucho que no os mostréis como mugeres de poco ánimo, diciendo que soys flacas para perseverar en religión. Oyd, no a mí, sino a vuestro maestro Jesuchristo que dize: ‘Mi yugo es suave y la carga liviana’. Y más: ‘El que pone la mano al arado y buelve atrás no es merecedor del Reyno del Çielo’”. Haviéndoles hablado estas y otras muchas cosas de la hedificación, alegando y trayendo autoridades de la Escriptura (que no pareçía sino que la tenía delante, y tan sabida y estudiada como si la hubiera profesado) mandolas salir, y bolvió a llamar a cada una por sí, que como de tantos años de trato y conversaçión las conocía, y sabía lo que a cada una en particular avía de avisar y aconsejar. Por verisímiles coniecturas y casi por spíritu de profezía, dixo a algunas el successo que avían de tener en el seguir la virtud y perfectión, o si avían de errar, y en los viçios y cosas semejantes, etc. Después las encomendó a todas dos cosas, que guardasen un mandamiento y un consejo: el mandamiento, que se amasen unas a otras y que con toda charidad sufriessen la una la pesadumbre de la otra; el consejo, que guardasen la clausura y silençio, y que no las viesen por las calles y huyesen de la comunicación con los seglares y salidas a las casas de los [fol. 215r] parientes y conocidos, con occasiones más voluntarias y ymaginarias que verdaderas que muchas vezes se suelen proponer, y aun venir deseos de buscar la salud con honestos títulos de enfermedades bien ligeras, que mirasen mucho esto, y que a quien Dios quita la salud en su convento y congregaçión no es justo que busquen fuera el remedio, y antes ^se^ ha de creer, que si con los remedios ordinarios de los conventos no se vee la salud, que quiere Dios que se sufra y calle la que de su mano recibiere este regalo, y lo tome con paçiençia y en penitençia. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Oyéndole tantas cosas de hedificaçión y conoçiendo que se le acabava la vida, no podían ya detener las lágrimas y los lloros de las religiossas, con que la movían a compasión, y les bolvió a decir: “No os fatigéys y lloréys en bano, que Nuestro Señor puso término a mis días y es ya llegado, conformaos con su voluntad y no creáis que os dexo, que yo confío en la Majestad que os tendrá en su guarda y amparo, guardando vosotras sus mandamientos y sirviéndole con toda limpieza y cuidado”. No les habló más de que le diessen el sacramento de la extremaunctión, que era ya tiempo, y la recibió con grandíssima devoción. &lt;br /&gt;
La mañana antes de su muerte vieron las hermanas religiosas sobre su aposento una gran claridad y dentro dél una paloma blanca, y otro día, al alva, vieron que estava la sierva de Dios meneando los labios y haziendo oraçión a su Criador, sin entender lo que dezía, y muchas de la que con ella estavan presentes vieron que desçendió sobre su rostro un rayo de gran claridad y que sentía mucho plazer y contento de lo que veýa. Y alçando las manos en alto y puestos todos los dedos en señal de la cruz, espiró y desapareçió la claridad, a diezisyete días del mes de enero del año mil quatroçientos y sesenta y quatro, siendo de hedad de ochenta y seys años (como se dixo) y aviendo estado en aquella de Sanct Pablo los sesenta, poco o menos. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Luego llevaron su cuerpo al monesterio de la Sisla de Toledo, y con el mayor secreto que pudieron, y le enterraron con toda solemnidad juncto al altar mayor en aquella yglesia. Y esto se hizo [fol 215v] con secreto y açeleradamente, porque se temió que huviera alguna diferençia y discordia entre los ciudadanos sobre el enterramiento y no se cumpliera con el deseo que la sierva de Dios tuvo y dexó encomendado, que, como era deuda de principales cavalleros y muy emparentada, quisieran que se enterrara en la yglesia mayor, cerca del arçobispo don Alonso, su tío. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
No se dexaron de ver algunos milagros en la muerte de esta sancta muger, y en solo el tocamiento a su cuerpo, como lo çertificaron y confirmaron muchos de los religiossos que se hallaron en su enterramiento y al tiempo de llevar el cuerpo al monesterio de la Sisla, y aunque manifestaron algunos en particular, otros dexaron de dezir por el poco crédito que el vulgo suele dar. Y este es bien que se ponga aquí y no se calle, que es tan çierto y verdadero como todos, que siempre tuvo fixo y enclavado el pensamiento y la consideraçión en la ley de Dios, pensando de día y de noche en ella y en lo que era amor y servicio suyo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
De quarenta años a esta parte, fue necesario apartar el cuerpo de esta sancta muger del lugar adonde estava por razón de una obra que se huvo allí de hazer, y de tal manera le halla[ron] entero en su casa y ataúd (con aver más de çiento y veynte años que estava allí) que los religiosos que se hallaron presentes y lo vieron, certificaron esta verdad, que estava el cuerpo sin ningún corrompimiento, como quando le enterraron, y sin olor malo. Vieron también otra cosa maravillosa, que en la cabeça tenía puesta una corona (o guirnalda de ramos de laurel (que le pusieron en premio de la virginidad que guardó) tan fresca y sin estar secas las hojas ni perdido el color que se admiraron todos y recibieron gran recreaçión y consuelo. Y dieron gracias a Dios, que les havía dado en su capilla y compañía thesoro tan preciosso.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Su sepulcro está junto al altar mayor a la parte del Evangelio, cavado en la pared, con un vulto de la sierva de Dios ençima, hincada de rodillas, puestas las manos mirando al sanctíssimo saçramento, con el hábito que traýa [fol. 216r] de beata, y con una letra que dize que “está allí enterrada doña María Garçía, fundadora del monesterio de Sanct Pablo de Toledo”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
=== Notas ===&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&#039;&#039;[1]&#039;&#039; Subrayado desde “acabó… prosiguiendo”. Nota marginal: “Gran ignorantia, pues la hace compañera de fray Pedro Fernández Pecha el año 1374, que según esto vivió más de ciento y quince años”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&#039;&#039;[2]&#039;&#039; El manuscrito lee «con contenta», con una diplografía por error.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
= Vida manuscrita (3)=&lt;br /&gt;
Ed. de [http://visionarias.es/equipo/celia-redondo-blasco/ Celia Redondo Blasco]; fecha de edición: enero de 2025.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
== Fuente ==&lt;br /&gt;
* [http://catalogodesantasvivas.visionarias.es/index.php/Categor%C3%ADa:Baltasar_Porreño Porreño, Baltasar]. &#039;&#039;Vida de los arzobispos de Toledo: años 1280-1618&#039;&#039;. Ms. BNE 13025, fols. 207r-209v.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
== Criterios de edición ==&lt;br /&gt;
Se trata de un manuscrito del siglo XVIII, que copia en tres volúmenes (BNE Mss/Mss/13025-Mss/13027) la &#039;&#039;Historia episcopal y Real de España&#039;&#039; de Porreño, escrita entre 1604 y 1606 y que se guarda manuscrita en la Biblioteca Capitular de Toledo. Se opta por modernizar: &#039;&#039;b&#039;&#039; y &#039;&#039;v&#039;&#039;, las sibilantes y la alternancia &#039;&#039;c&#039;&#039; y &#039;&#039;q&#039;&#039;. Esta edición, dado lo tardío del testimonio, puntúa y acentúa siguiendo las normas establecidas por la RAE. Se desarrollan las abreviaturas. Se moderniza el cultismo grafemático &#039;&#039;ch&#039;&#039; en palabras como &#039;&#039;charidad&#039;&#039; o &#039;&#039;chronica&#039;&#039; y se desarrolla las contracturas desta, destos.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
== Vida de María García ==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[Fol. 207r] A don Vasco Fernández le sucedió en la silla de Toledo don Gómez Manrique, natural de Toledo, septuagésimo quinto arzobispo de esta villa, el cual se sentó en la silla luego que el otro, don Vasco, por su destierro renunció al arzobispado. Hacen mención de todo los &#039;&#039;Catálogos de los arzobispos de esta Villa y las Historias de España&#039;&#039;. Fue de sangre ilustre y esclarecida, su padre se llamó Don Garci &#039;&#039;[1]&#039;&#039; Fernández Manrique, de quien vienen los marqueses de Aguilar, el cual fue señor de Amusco [fol. 207v] y de Avia, y su madre doña Urraca de Leiva. Tuvo por hermano a don Garci Fernández Manrique, adelantado de Castilla, que fue el tronco de los duques de Nájera y de otras casas de Castilla del apellido de Manrique, y a don Diego García Manrique. Tuvo el otro arzobispo por abuelo a don García Fernández Manrique, descendiente de Almeric de Narbona. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Fue nuestro don Gómez en su juventud obispo de Palencia y al presente lo era de Santiago, de cuya dignidad le sucedió don Gómez de Toledo, sobrino del arzobispo don Vasco, por haber renunciado al arzobispado de Toledo. Con esta condición era hombre de mucho valor y cordura y, así, viéndose favorecido por el rey Don Pedro en su elección y viendo las cosas de los reinos [fol. 208r] tan turbadas y alteradas (como se ha dicho), procuró estar en gracia con el otro rey, cuyas cosas iban con tanta rotura y tan sin esperanza de remedio que le parecía escusado negocio irse a la menos cosa del mundo, sino fuese cosa mínima irse al matadero, como otros muchos, o por lo menos al destierro como su antecesor. Y así fue al amor del agua con prudencia y sagacidad y nombró por su adelantado de Cazorla a Pero Ruiz de Torres, caballero principal. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En su juventud tuvo una hija el arzobispo llamada doña Theresa de Manrique, la cual casó con Rodríguez de Biedma, señor de San Esteban del Puerto y caudillo mayor del Arzobispado de Jaén, y con ella se dieron veinte mil maravedíes en dote. [Fol. 208v] Con esta dote, que se hizo en Burgos, año de mil trescientos y sesenta y cuatro. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Tuvo una sobrina, hija de su hermano don Diego García Manrique y de su mujer doña Constanza de Toledo, la cual se llamó doña Mari García, que fue gran sierva de Dios y desde niña se ejercitó en obras de caridad y en pedir por el amor de Dios para los pobres de la cárcel del arzobispo, su tío, al cual le aconteció encontrarse con ella pidiendo limosna y, reprendiendo el arzobispo a su hermano, porque la dejaba andar de aquella manera mendigando, él respondió que se tenía por muy dichoso en que su hija hubiere escogido con ilustre esposo como a Jesucristo. Fundó esta señora el monasterio de San Pablo, que es de religiosas de San Jerónimo, y fue tan limosnera que repartió la mayor [fol. 209r] parte de su patrimonio a los pobres de Jesucristo. Escriben de esta señora las crónicas de la orden de San Jerónimo y Pedro de Alcocer y el otro, Villegas. Algunos historiadores hacen a esta señora sobrina del arzobispo don Vasco, así lo afirma el muy docto padre Fray Joseph de Sigüenza en su segunda parte de la historia de San Jerónimo, en el capítulo cuarenta y seis, pero se engaña mucho, porque el otro, don Vasco, murió en Portugal, como se dijo en el capítulo pasado, y cuando murió esta señora hubo diferencias entre si se había de enterrar en el sepulcro de su tío, que estaba en la santa iglesia, o en el Monasterio de San Pablo, que ella había fundado. Demás de esto, lo que escriben su vida hacen mención de su hermano el arcediano de Talavera, que fue sobrino del otro arzobispo [fol. 209v] don Gómez Manrique, el cual en su muerte pidió al cabildo de Toledo lo no eligiesen por arzobispo al arcediano, su sobrino (como se dirá). Así mismo, esta señora murió en el año de mil y cuatrocientos veintiséis, y don Vasco fue preso en el año de mil trescientos cincuenta. Así, es cosa cierta que no fue sobrina suya sino del otro don Gómez.   &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
===Notas===&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&#039;&#039;[1]&#039;&#039; Tachado: “Gómez”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
= Vida manuscrita (4)=&lt;br /&gt;
Ed. de [https://visionarias.es/equipo/veronica-torres-martin/ Verónica Torres Martín]; fecha de edición: septiembre de 2026&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
== Fuente ==&lt;br /&gt;
* [http://catalogodesantasvivas.visionarias.es/index.php/Categor%C3%ADa:Hernando_Pecha Pecha, Hernando], 1669. &#039;&#039;Historia de Guadalajara, y cómo la religión de San Jerónimo en España fue fundada y restaurada por sus ciudadanos&#039;&#039;. Ms. BNE 1756, fols. 12r-12v. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
== Criterios de edición ==&lt;br /&gt;
El relato de la vida de esta religiosa jerónima, María García, se encuentra en el capítulo dedicado a la renuncia al priorato de san Bartolomé por parte de fray Pedro Fernández de Guadalajara y a su posterior partida para fundar el Monasterio de Nuestra Señora de la Sisla, en Toledo. Este capítulo forma parte, a su vez, del manuscrito titulado &#039;&#039;Historia de Guadalajara, y cómo la religión de San Jerónimo en España fue fundada y restaurada por sus ciudadanos&#039;&#039;, fechado en 1669. Todo parece indicar que dicho manuscrito constituye una copia de la obra escrita por Hernando Pecha, ya que, según la descripción del ejemplar, este se encuentra incompleto tanto al principio como al final y presenta escritura de distintas manos.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Dado que se trata de una copia manuscrita de la segunda mitad del siglo XVII los criterios de edición son conservadores. Se mantienen los grupos cultos como -ct- (&#039;&#039;sanct, sanctas&#039;&#039; y sus variantes). Se respetan las oscilaciones y variantes de las sibilantes. Se mantiene la oscilación v/b y se regularizan las alternancias gráficas sin valor fonético: i/j, u/v Se regularizan asimismo determinadas grafías sin valor fonético, como la h- inicial de &#039;&#039;hermita&#039;&#039;, que se edita como &#039;&#039;ermita&#039;&#039;. La puntuación y la capitalización han sido modernizadas. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
== Vida de María García ==&lt;br /&gt;
[fol. 11v] &#039;&#039;Renuncia el priorato de sanct Bartolomé fray Pedro Fernández de Guadalajara y sale a fundar el Monasterio de Nuestra Señora de la Sisla en Toledo&#039;&#039;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[…]&lt;br /&gt;
[fol. 12r] Conoció la tierra, las heredades y los sitios, acordándose de una Ermita de Nuestra Señora que estava a la parte de medio día, algo inclinada al oriente, en aquellos prados que llaman zigarrales, lugar apartado poco menos de media legua de Toledo. Puesto en lo más áspero de aquellas cuestas, allí se fue nuestro Pecha como aveja solícita con su pobre enjambre. Contentoles a todos el puesto y la ermita. Hallaron junto a ella dos pequeñas celdillas, aunque no mal separadas por haberse recogido en ellas las dos sanctas mugeres: la una llamada doña María García de Toledo, muger &#039;&#039;[1]&#039;&#039; de rara hermosura, señora de los más nobles y principales de aquella ciudad, hija de Diego García de Toledo y de doña Constanza de Toledo; la otra doña María Gómez, biuda y noble. Las quales dos sanctas matronas, huyendo del apetito desenfrenado del rey don Pedro &#039;&#039;[2]&#039;&#039;, se retiraron a aquel desierto. Era esta ermita a deseo de los canónigos de la Iglesia Colegial [fol. 12v] de sancta Leocadia, extramuros. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
===Notas===&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&#039;&#039;[1]&#039;&#039; En este punto aparece una palabra tachada, la cual no hemos podido discernir, y encima de ella, en otra tinta, se señala “muger”. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&#039;&#039;[2]&#039;&#039; En referencia a don Pedro el Cruel, como se señala en otras hagiografías.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
= Vida impresa (1)=&lt;br /&gt;
Ed. de [http://visionarias.es/equipo/veronica-torres-martin// Verónica Torres Martín]; fecha de edición: octubre de 2020.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
== Fuente ==&lt;br /&gt;
* [http://catalogodesantasvivas.visionarias.es/index.php/Categor%C3%ADa:Pedro_de_Alcocer Alcocer, Pedro de], 1554. “Libro segundo, en que particularmente se escribe el principio, y fundamento desta sancta ygleia de Toledo…”, &#039;&#039;Hystoria, o descripcion dela Imperial cibdad de Toledo. Con todas las cosas acontecidad en ella, desde su principio, y fundacion. Adonde se tocan, y refieren muchas antigüedades, y cosas notables de la Hystoria general de España&#039;&#039;, Toledo: Juan Ferrer, fol. 115r, col. a.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[[Contexto material del impreso Hystoria, o descripcion dela Imperial cibdad de Toledo]]. &#039;&#039;Con todas las cosas acontecidad en ella, desde su principio, y fundacion. Adonde se tocan, y refieren muchas antigüedades, y cosas notables de la Hystoria general de España&#039;&#039;.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
== Normas de edición ==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El relato aparece en el libro segundo de la &#039;&#039;Hystoria, o descripcion dela Imperial cibdad de Toledo&#039;&#039;, impreso en 1554, en el que se describe la fundación de los monasterios, hospitales y lugares píos de la ciudad de Toledo. La vida de María García se integra en el vigesimoséptimo capítulo, en el que se ejemplifica la fundación del monasterio de San Pablo. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Se siguen los criterios establecidos en el catálogo para fuentes impresas. Sin embargo, se ha decidido conservar las grafías de sibilantes por tratarse de un impreso de mediados del siglo XVI. Además, para facilitar la localización del texto, se indica el folio (r-v) y la columna correspondiente (a-b). &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==Vida de María García==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
===Capítulo XXVII===&lt;br /&gt;
&#039;&#039;&#039;Del monesterio de San Pablo, y de su fundación&#039;&#039;&#039;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[fol. 115r col. a] El monesterio llamado San Pablo, que es de religiosas de la orden del glorioso San Jerónimo, fue en su principio fundado por la católica doña María García de Toledo, hija de Diego García de Toledo. La cual, siendo muy santa y amadora de la religión, fundó esta santa casa de religiosas de esta orden, honestas y recogidas sin clausura, adonde ella se encerró con otras algunas religiosas de vida apurada, con las cuales hizo tan santa vida que se puede firmemente creer que está colocada entre las santas bienaventuradas en la gloria, según su caridad y humildad, que son dos virtudes que mucho en ella resplandecían. Fue tan limosnera que repartió la mayor parte de su patrimonio, que era mucho, por los pobres, y con eso poco que le quedó se metió en esta casa de religión con otras religiosas con las que les tomó el hábito del glorioso San Jerónimo, de quien era devotíssima el año del señor de 1404. Y después acá, esta casa de oración ha sido más acrecentada y labrada, y han entrado en ella muchas más religiosas de santa vida y recogimiento. Fueron estas religiosas al principio sujetas al prior de la Sisla, en el cual estado permanecieron hasta el año del señor de 1508, que de su propia voluntad las religiosas que en él estaban hizieron professión y tomaron velo y clausura, quedando sujetas al general de la dicha orden.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
= Vida impresa (2)=&lt;br /&gt;
Ed. de [http://visionarias.es/equipo/maria-del-mar-cortes-timoner// M. Mar Cortés Timoner]; fecha de edición: abril de 2021.&lt;br /&gt;
== Fuente ==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
* [http://catalogodesantasvivas.visionarias.es/index.php/Categor%C3%ADa:Alonso_de_Villegas Villegas, Alonso de], 1588. &#039;&#039;Addicion a la Tercera Parte del Flos sanctorum: en que se ponen vidas de varones illustres, los quales, aunque no estan canonizados, mas piadosamente se cree dellos que gozan de Dios por auer sido sus vidas famosas en virtudes...&#039;&#039;, Huesca: Iuan Perez de Valdiuielso. Fols. 44r col. a – 45v col. a.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[[Contexto material del impreso Addicion a la Tercera Parte del Flos sanctorum]] &#039;&#039;en que se ponen vidas de varones illustres, los quales, aunque no estan canonizados, mas piadosamente se cree dellos que gozan de Dios por auer sido sus vidas famosas en virtudes...&#039;&#039;.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
== Criterios de edición ==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El relato aparece en el apartado 193 de la Adición de la Tercera Parte del &#039;&#039;Flos Sanctorum&#039;&#039; de Alonso de Villegas. Para facilitar la localización de los textos, he indicado el folio (r-v) y la columna correspondiente (a-b).&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En la edición, se siguen los criterios establecidos en el catálogo para fuentes impresas pero se respetan los grupos consonánticos: -nt (sant), -nc- (sancta), -bj- (subjetándose) y las contracciones. Además, se mantiene la conjunción copulativa “y” ante palabras iniciadas con el sonido vocálico “i”, la escritura de las palabras con interés morfológico o fonológico (augmento, proprio, ansí, etc.), el empleo del sustantivo “Orden” en masculino y la forma femenina del determinante ante los sustantivos femeninos que empiezan por a- tónica (arca, alba). &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Se ofrecen datos en torno al texto editado en: &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
* M. Mar Cortés Timoner, “Censuras, silencios y magisterio femenino en la Adición a la tercera parte del Flos Sanctorum de Alonso de Villegas”, &#039;&#039;Specula. Revista de Humanidades y Espiritualidad&#039;&#039;, vol. 1 (mayo 2021), pp. 183-210: https://www.ucv.es/investigacion/publicaciones/catalogo-de-revistas/revista-specula&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
* M. Mar Cortés Timoner, “La autoridad espiritual femenina en la Castilla bajomedieval y su reflejo en el Flos sanctorum de Alonso de Villegas”, &#039;&#039;Dicenda. Cuadernos de Filología Hispánica&#039;&#039;, vol. 39 (2021), pp.:  25-35 DOI: https://revistas.ucm.es/index.php/DICE/article/view/76403&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==Vida de María García==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&#039;&#039;&#039;[Fol. 44r col. a] Vida 193. De María, que fue ilustre y tuvo por sobrenombre García&#039;&#039;&#039; […] &#039;&#039;[1]&#039;&#039;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&#039;&#039;[2]&#039;&#039; Entre otras riquezas que estaban en el templo de Salomón que grandemente le hermoseaban eran dos querubines que, por mandado de Dios, puso Moisés a los lados de la Arca &#039;&#039;[3]&#039;&#039;; y puede asimilarse a ellos dos benditas mujeres, ambas Marías y doncellas, por donde dice bien con ellas el nombre de querubines o ángeles, pues lo que en el cielo es ser ángeles en la tierra es ser vírgenes, semejando los vírgenes a los ángeles. Están a los lados del Arca, esto es, muy juntas a Dios, no solo por su encendida caridad sino por el estado de monjas que tuvieron, que está muy conjunto con Dios. Hermosean y adornan este templo de la Iglesia militante por razón que las religiones son adorno riquísimo de la misma Iglesia. De ambas juntas tengo de escribir sus vidas porque fueron casi de una misma tierra, de un mismo orden &#039;&#039;[4]&#039;&#039; y de una misma casa, y casi en un mismo tiempo, y están sepultadas juntas, junto con que me aprovecharé para escribirlas de unos mismos originales. Y fueron: un libro de mano antiguo que está en el monasterio de Sant Pablo de Toledo, que fue casa propria de ambas, y de la historia &#039;&#039;[5]&#039;&#039;, también de Toledo, de Arcocer [fol. 44 r col. b] y de las crónicas del Orden de Sant Jerónimo, y es en esta manera. &#039;&#039;[6]&#039;&#039;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Doña María, llamada, por respecto de su padre, García, fue natural de Toledo, hija de don Diego García y de doña Costanza de Toledo, ambos de muy ilustre linaje y decorado con real sangre. Los padres vivían sanctamente y aprendió dellos su hija a vivir en toda sanctidad. Eran ricos de bienes temporales porque tenían grandes posesiones en Talavera, villa de mucho lustre distante doce leguas de Toledo, y, sin esto, otras haciendas de manera que podían y, junto con el poder, hacían grandes limosnas, lo cual también su hija quiso imitarles, como se verá en el proceso de su vida.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Fue, desde niña, muy inclinada al servicio de Dios y a cosas de devoción y, por lo mismo, aborrecía todo lo que es mundo y contradice a la perfección. Y por el crédito que ganó con sus padres y con todos los que la conocían, de que era muy honesta y deseaba ser sancta aunque era muy hermosa, nadie se escandalizaba ni juzgaba mal por algunas cosas que hacía, que en otra fueran de mal ejemplo y a ella le daban muy bueno por estar saneada con sus inculpables costumbres. Y así visitaba iglesias muy a menudo donde tenía larga oración, ofreciendo [fol. 44v col. a] a Dios las primicias de sus buenos deseos. Iba a dar limosna a personas que tenían grave necesidad y, aun acabado, lo que podía dar pedía a algunas personas ricas para dar a otras pobres; y a los unos era ocasión que mereciesen para bien de sus almas y a los otros que remediasen las necesidades de sus cuerpos, y así era a todos provechosa. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Estaba a esta sazón un monasterio no lejos del alcázar principal de la ciudad, que se llamaba Sant Pedro de las Dueñas, donde se edificó después el insigne Hospital de la Cruz, obra del ilustrísimo cardenal y arzobispo de Toledo don Pero González de Mendoza, donde no solo se curan enfermos y heridos en grande número sino que &#039;&#039;[7]&#039;&#039; se crían niños expósitos, que no es pequeño también el número dellos, por el pueblo y ciudad ser grande y no tener estos otro remedio. Quiso, pues, doña María, probar aquella vida de religiosa encerrada y así entró en este monasterio de edad de once años. Y porque era en él abadesa una hermana suya que la amaba tiernamente, y por su respecto y alto linaje, junto con sus sanctas obras, las demás monjas la estimaban y tenían en mucho. Ella, que deseaba ser menospreciada y tenida en poco, dejó el monasterio no queriendo quedar en él ni en otro de Tordesillas adonde la deseaban por monja y quisieran hacerla abadesa anteponiéndola, que &#039;&#039;[8]&#039;&#039; era moza y extraña, a otras ancianas y criadas en aquella casa, por las nuevas que tenían de su sancta vida. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Luego que salió del monasterio pusose unas alforjas al hombro y andaba pidiendo limosna para los presos de la cárcel del arzobispo, no sin particular sentimiento de sus padres, hermanos y parientes. Y reprehendiéndola por esto, respondía que, si no la dejaban andar despreciada y imitando a su esposo Cristo, que se iría donde no la viesen. Estas razones, aunque en otra doncella parecieran dichas con libertad, en doña María, considerada su vida, eran prendas de grande humildad. Y por quitar del todo la ocasión a los maliciosos de murmurar della, viéndola sola de poca edad y hermosa que andaba pidiendo limosna, acompañose de una noble viuda llamada doña &#039;&#039;[9]&#039;&#039; Mayor Gómez, que quiso ser partícipe de sus buenas obras y compañera en sus sanctos ejercicios. Y así, las dos se vieron pedir limosna en la sancta iglesia con sus alforjas a los hombros, de que no pequeña edificación sacaban los que las conocían viendo lo que hacían. Vino el negocio a que su mismo padre la encontraba en la calle y decía a sus criados: “Dad lugar a que apase &#039;&#039;[10]&#039;&#039; María, mi hija, y siga a Jesucristo, que la lleva por ese camino de menosprecio”. Agradecía esto mucho la bendita mujer y decía que debía mucho a sus padres porque la habían dado lugar de se apartar del mundo. También acaeció encontrarse, andando pidiendo limosna, con el arzobispo [fol. 44v col.b] de Toledo, que era tío suyo, llevando al lado a su padre, con grande acompañamiento, y reprehender el arzobispo a su hermano porque daba lugar a que su hija anduviese de aquella manera en menoscabo del honor de todos ellos. Y respondíale que se tenía por dichoso en que su hija hubiese escogido tan ilustre esposo como Jesucristo, pues con tal yerno él se tenía por muy honrado. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Era a esta sazón rey de Castilla don Pedro, llamado el Cruel, en cuyo tiempo padecieron los grandes del reino no pequeñas persecuciones. Andaban amedrentados y muchos dellos huidos porque el rey era determinado y fácilmente cortaba cabezas sin respecto de linaje o estado. Y así cupole parte desta persecución a doña María, o por respecto de sus deudos o por recelarse de su honor, si estaba seguro en tiempo de tanta borrasca y tempestad. Y así se recogió a Talavera, que, como se ha dicho, tenía en aquella villa su padre grandes posesiones y era como señor della. Acompañáronla otras señoras principales del reino llevadas con el mismo temor y aun allí no se tuvieron por seguras, por donde les convino irse a diversas partes. Y doña María se volvió a Toledo, y fuera de la ciudad, a la parte del mediodía, se recogió en una pequeña casa que ella labró, junto a una ermita de la Madre de Dios, donde después se edificó el Monasterio de la Sisla del Orden de Sant Jerónimo, y está de presente sepultada aquí. Con su buena amiga doña Mayor Gómez se ocupaba en oración con mucha humildad y paciencia. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Sosegándose más los tiempos, volvió a la ciudad y se juntó &#039;&#039;[11]&#039;&#039; con doña María de Soria y con otras señoras de linaje que vivían cerca de la iglesia de Sant Román, en casa particular, y tenían hábito de beatas recogidas. Y destas contaba &#039;&#039;[12]&#039;&#039; después &#039;&#039;[13]&#039;&#039; grandes virtudes de paciencia, humildad y menosprecio del mundo, diciendo que era poco lo que ella hacía en comparación de lo que vido en aquellas religiosas. Murió doña María de Soria, la que era cabeza en esta casa y congregación, y habiendo muerto también su madre, doña María vendió cierto heredamiento que le cupo de su legítima en Belilla y compró unas casas a la colación de Sant Laurencio, donde es ahora el Monasterio de Sant Pablo. Y aquí reposó su espíritu con su amado Esposo. Tenía consigo a su amiga antigua doña Mayor Gómez y a otra llamada Teresa Vázquez con otras seis o siete señoras ilustres y temerosas de Dios, determinándose servir a Nuestro Señor en su compañía. A todas estas honraba y acataba la sierva de Dios porque veía en ellas desprecio del mundo, humildad, pobreza y trabajo. Al olor de la sancta vida que todas hacían, vinieron otras muchas mujeres nobles a servir a Dios y, de acuerdo de todas, tomaron el hábito del glorioso Sant Jerónimo, de quien era muy devota doña María, aunque sin clausura, sino con [fol. 45r col. a] título de beatas. Y fue el año de mil y cuatrocientos y cuatro &#039;&#039;[14]&#039;&#039;, subjetándose al prior de la Sisla que, a la sazón, era Pero Fernández, que, primero, fue caballero seglar de muchos cuentos de renta y muy preciado de los Reyes Católicos &#039;&#039;[15]&#039;&#039; y, después, se hizo pobre por Jesucristo y de los primeros fundadores en España del Orden de Sant Jerónimo. Y así él fue el que edificó el Monasterio de la Sisla donde primero estaba una ermita de la Madre de Dios, como se ha dicho, y para esta obra ayudó largamente doña María de su patrimonio. Dio una arca de plata esmaltada para que se pusiese el Sanctísimo Sacramento y otras ricas joyas. Y por ver el prior la caridad desta bendita mujer, visitábala y no poco la alentaba con sus buenos consejos y sanctas amonestaciones en el servicio de Dios. El cual, habiendo vivido sanctamente, murió en la misma casa de doña María, adonde se había hecho traer de la Sisla para tener algún regalo en su enfermedad. Y en el aposento donde murió quedó por muchos días un olor maravilloso y del cielo. Su cuerpo fue llevado a sepultar a Guadalupe. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Tenía doña María el gobierno de aquella casa y congregación. Era hermosa de rostro, como se ha dicho, y mucho más en el alma. Su presencia, de grande austeridad, ponía más temor en los que veían su honestidad y humildad que si la oyeran palabras de reprehensión. Si reprehendía, era con tanta discreción y con tan dulces palabras que, por ello, era amada, especialmente de sus parientas, que visitándola, y viéndolas ella con muchos trajes y galas, decíales tales razones que, sin quedar sentidas, se moderaban y dejaban lo superfluo. Su tocado y vestido era muy honesto y pobre aunque aseado y limpio. Amaba el color blanco por la castidad, mas de ordinario se vestía de pardillo por vencerse a sí misma y dar ejemplo de menosprecio. Era fervorosa en la oración y nunca estaba ociosa. Era agradecida a Dios y a las gentes, muy paciente en sus enfermedades, que eran tos continua y dolor de hijada a tiempos que la llegaba a lo último. Huía la vanagloria y quería que de todo lo bueno se diese loor &#039;&#039;[16]&#039;&#039; a Jesucristo. Sus amonestaciones eran todas fundadas en humildad y decía a cada una de las hermanas que fuesen humildes si querían ir por camino seguro; y así, ella se tenía por la menor de todas. Era su costumbre levantarse todas las mañanas a tener oración, la cual cosa alguna no dejaba, y estando enferma, aunque en la cama, allí oraba. Y porque siendo de ochenta años no oía el reloj para levantarse, hacía que pusiesen un gallo cerca de su aposento para que su voz le fuese reloj y despertador; y así, no faltaba en su sancto ejercicio. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Llegose su muerte, y teniendo consigo veinte y cinco religiosas, llamolas cinco dellas antes de su tránsito, abrazolas y dioles paz. Habló a cada una [fol. 45r col b.] en particular, avisándola en aquello que más sabía convenirle, según su condición. Y a todas en común hizo una plática amonestándoles a mucha paz y caridad unas con otras, a que amasen las virtudes, dioles su bendición y encomendolas a Dios. Las hermanas, con tristeza grande, lloraban tiernamente, ellas las consolaba diciendo que sirviesen a Dios, que nunca su Majestad les faltaría. La mañana antes de su muerte vieron las hermanas sobre su aposento una grande claridad y dentro della una paloma blanca. Otro día, que fue víspera de Sant Anton Abad, a la hora de la alba &#039;&#039;[17]&#039;&#039;, estando las hermanas con ella viéronle mover los labios y que rezaba aceleradamente, aunque no entendían lo que decía. Apareció luego una claridad grande sobre su rostro de manera que toda la casa participó della. Veíase volver los ojos a una y a otra parte, daba muestra que se alegraba de lo que veía y así espiró despareciendo la claridad, y fue en diez y seis de enero, día lunes, en el año de mil y cuatrocientos y sesenta y cuatro &#039;&#039;[18]&#039;&#039;. Era de edad de ochenta y seis años, después de haber estado los sesenta en aquella casa y religión. Quisiera sepultarse en su sancta iglesia por estar allí sepultado su tío el arzobispo, que fue varón de sancta vida, delante el altar de Sancta María la Blanca, que es el de prima, dentro del coro menor. Y el arcediano de Toledo, que era sobrino, huyó lo que &#039;&#039;[19]&#039;&#039; pretendía. Mas el amor que tenía a los hermanos de su orden, los frailes de la Sisla, fue medio para que mandase que allí la enterrasen. Y cierto desto y de su muerte, los frailes, luego que supieron que era difuncta, porque el arcediano, su sobrino, no lo estorbase, con otros caballeros deudos suyos, habiéndole dicho una misa en tanto que la amortajaban, la llevaron luego a la Sisla. Y habiendo tiempo que no llovía, el mismo día por la tarde llovió tanto que no poco se consoló el pueblo atribuyéndolo mucho a los merecimientos desta sierva de Dios. Estuvo siete días sin enterrar en tanto que se le hacía un lucillo en que fue puesta. Y su cuerpo era visto de todos sin dar mal olor ni mostrar fealdad sino tan tractable que la podían asentar, vestir y desnudar, cerrar sus manos y abrirlas. Y en este tiempo fue fama que obró Nuestro Señor por ella algunos milagros. Fue sepultada noche de Sant Ildefonso &#039;&#039;[20]&#039;&#039; dentro del lucillo, en el coro de la iglesia, cerca del altar mayor. Y el día siguiente de Nuestra Señora de la Paz se le celebraron las honras, y predicó un obispo conocido suyo y dijo della grandes loores. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
La casa y congregación desta bendita mujer fue siempre en augmento, así en religiosas que entraban en ella como en el edificio. Estaban subjectas al prior de la Sisla sin guardar clausura, en el cual estado permanecieron hasta el año del Señor de mil y quinientos y ocho, que, de su propria voluntad, las religiosas que en él estaban [fol. 45v col. a] hicieron profesión y tomaron velo y clausura, quedando subjectas al general del dicho Orden de Sant Jerónimo. Es casa de mucha religión y donde siempre ha habido señoras de ilustre sangre y de grande vida y ejemplo. Entre las cuales vivió [[María de Ajofrín]], de quien habemos de ver su vida coligiéndola de los mismos memoriales y libros que la pasada, y es en esta manera. &#039;&#039;[21]&#039;&#039;.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
===Notas===&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&#039;&#039;[1]&#039;&#039; El apartado también incluye la vida de María de Ajofrín por ello el epígrafe completo expone: “De María, que fue ilustre y tuvo por sobrenombre García, y de María de Ajofrín, monjas de Sant Pablo de Toledo”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&#039;&#039;[2]&#039;&#039; En el margen izquierdo leemos: “En. I6. de Enero. Exodi.15.”&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&#039;&#039;[3]&#039;&#039; Conservamos la concordancia del texto.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&#039;&#039;[4]&#039;&#039; A lo largo de la edición, respetamos el género del sustantivo según el texto, que se refiere a la Orden de San Jerónimo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&#039;&#039;[5]&#039;&#039; Posiblemente, remite a la &#039;&#039;Hystoria, o descripcion dela Imperial cibdad de Toledo&#039;&#039; de Pedro Arcocer, impreso en 1554. En concreto, la vida de María García se halla en el vigesimoséptimo capítulo del segundo libro y está editada en el catálogo por Verónica Torres: http://catalogodesantasvivas.visionarias.es/index.php/Mar%C3%ADa_Garc%C3%ADa&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&#039;&#039;[6]&#039;&#039; En el margen derecho leemos: “Authores”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&#039;&#039;[7]&#039;&#039; Se añade “que”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&#039;&#039;[8]&#039;&#039; En el texto “que”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&#039;&#039;[9]&#039;&#039; Se subsana la errata “daña”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&#039;&#039;[10]&#039;&#039; Debemos leer “pase”. El verbo “apasar” se halla recogido en el &#039;&#039;Corpus Diacrónico del Español&#039;&#039; (CORDE): http://corpus.rae.es/cgi-bin/crpsrvEx.dll &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&#039;&#039;[11]&#039;&#039; En el texto “juntándose”. Se ha corregido la incoherencia sintáctica. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&#039;&#039;[12]&#039;&#039; En la obra leemos “contaban” pero parece más lógico considerar como sujeto a doña María.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&#039;&#039;[13]&#039;&#039; En el texto: “despus”&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&#039;&#039;[14]&#039;&#039; En el lateral izquierdo leemos: “Año de 1404.”&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&#039;&#039;[15]&#039;&#039; Se trata de un anacronismo ya que perteneció a la corte de Pedro I.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&#039;&#039;[16]&#039;&#039; La palabra “loor” aparece como sinónimo de alabanza&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&#039;&#039;[17]&#039;&#039; Conservamos la escritura del texto y no corregimos por “del alba”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&#039;&#039;[18]&#039;&#039; En el margen derecho podemos leer: “Año de 1464.”&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&#039;&#039;[19]&#039;&#039; Para facilitar la lectura se ha añadido el pronombre relativo “que”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&#039;&#039;[20]&#039;&#039; En el texto: “Illefonso”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&#039;&#039;[21]&#039;&#039; He editado la vida en el catálogo: http://catalogodesantasvivas.visionarias.es/index.php/Mar%C3%ADa_de_Ajofr%C3%ADn&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
= Vida impresa (3)=&lt;br /&gt;
Ed. de [http://visionarias.es/equipo/lara-marchante-fuente/ Lara Marchante Fuente]; fecha de edición: julio de 2017; fecha de modificación: agosto de 2026.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
== Fuente ==&lt;br /&gt;
* [http://catalogodesantasvivas.visionarias.es/index.php/Categor%C3%ADa:Fray_José_de_Sigüenza Sigüenza, Fray José de], 1600. “Libro IV de la Historia de la Orden de San Jerónimo”, &#039;&#039;Segunda Parte de la Historia de la Orden de San Jerónimo, dirigida al Rey, Nuestro Señor, Don Felipe III&#039;&#039;. Madrid: Imprenta Real, 756-767.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[[Contexto material del impreso Segunda Parte de la Historia de la Orden de San Jerónimo]]&#039;&#039;, dirigida al Rey, Nuestro Señor, Don Felipe III&#039;&#039;.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
== Criterios de edición ==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Para facilitar su lectura, esta edición moderniza el texto en aquellos puntos que no suponen una pérdida de los valores fonéticos, léxicos y sintácticos del periodo y conserva la morfología de las palabras con interés morfológico o fonológico o por tratarse de cultismos (como &#039;&#039;agora&#039;&#039;, &#039;&#039;ansí&#039;&#039;, &#039;&#039;monesterio&#039;&#039;, &#039;&#039;recebir&#039;&#039;, &#039;&#039;redemptor&#039;&#039; u &#039;&#039;obscuro&#039;&#039;).&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Se adaptan, por tanto, las grafías a las normas de ortografía vigentes (sibilantes, b/u/v, j/g, chr/cr, qu/cu, empleo de h, etc.) y a la acentuación y puntuación de las normas gramaticales actuales. Igualmente, el uso de las mayúsculas y minúsculas respeta los criterios presentes del español, si bien se mantienen las mayúsculas como signos de respeto o de diferenciación con la palabra escrita en minúscula (&#039;&#039;Cielo&#039;&#039;, &#039;&#039;Esposo&#039;&#039;, &#039;&#039;Señor&#039;&#039;, &#039;&#039;Profeta&#039;&#039;, &#039;&#039;Reina del Cielo&#039;&#039;). &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
También se introducen las comillas para delimitar las intervenciones dialógicas de los personajes y se subsanan las erratas evidentes. En este sentido, conviene apuntar que, dentro de esta edición y en base a sus particularidades, se han incluido notas al pie en las que se especifican y desarrollan algunas ideas o palabras del texto impreso original. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==Vida de María García==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
===Capítulo XLVI===&lt;br /&gt;
[757] &#039;&#039;&#039;La vida de doña María García, virgen de gran santidad y fundadora del Monasterio de San Pablo en la ciudad de Toledo&#039;&#039;&#039;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Feliz clausula hará esta parte de historia con la vida desta generosa santa y será como renovar los principios en que comenzó esta religión, haciendo como un círculo, juntando estos dos extremos. Hasta aquí, no hemos hecho memoria de ninguna religiosa desta Orden, porque es esta santa la primera y con quien nuestro Fr. Pedro Fernández Pecha tuvo familiar y santa conversación, y, pues hemos dicho de los hijos, digamos agora desta hija tan santa que fue después madre de muchas siervas de Dios, y quedará, como dicen, urdida la tela para la grande y maravillosa lista que después veremos dellas. Escrita está de algunos puntos de su vida, y no será superfluo mi trabajo, dejada aparte la obligación que corte.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Ha sido forzoso hacer memoria desta santa virgen en algunos lugares desta historia, principalmente en la fundación del Monasterio de Sisla, junto a Toledo, y en la vida del padre Fr. Pedro Pecha o de Guadalajara. Tomando agora aquí el principio de sus principios, que Doña María fue hija de don Diego García de Toledo, de la Casa de los Gavias de Toledo, que es la Casa que llaman de las Gallinas, su madre se llamó Constanza de Toledo, mujer de don Diego García y hermana de don Vasco de Toledo, y no como algunos dicen de don Álvaro, arzobispo de Toledo. El padre de la santa fue también hijo de otro Diego García, mayordomo y notario mayor de la Reina doña María, y nieto de otro tercero Diego García, gran privado del Rey don Sancho “el Bravo”, ayo y mayordomo de un hijo y alcalde de Toledo, cuyas armas son las palomas, por descender del linaje de los Palomeques. De suerte le viene el abolengo, y por línea derecha a la santa, ser paloma, como a Fr. Pedro Pecha ser abeja, y mejor entre ambos, por la gracia del Espíritu Divino, ser principios y como maestros fecundos de tan santas congregaciones de hijos espirituales. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Tuvo esta santa paloma algunos hermanos, y entre todos ellos fue la querida y regalada de sus padres, porque salió por extremo hermosa y mejor, porque desde niña relucieron en ella mil presagios de santidad: en sus primeros años descubrió, siendo aún sin costumbres, costumbres santas.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Retirábase tan de veras y tan en seso a los lugares secretos a ponerse de rodillas y a rezar como si supiera qué era aquello, si no decimos que Dios le anticipó el juicio (no es cosa nueva) porque comenzasen los amores temprano y pudiese decir lo que aquella insigne mártir: “de otro amador estoy requestada primero que de ti”. Cuando comía a la mesa con sus padres, cogía pedazos de pan y a lo que más podía haber, echábaselos en la haldilla, y llevábaselos a los pobres que lle- [758] gaban a la puerta. Iba tan codiciosa y alegre a esto como si fuera a otros entretenimientos de niños, de suerte que antes que supiese hablar, sabía ya dar limosna. Nunca se le vían niñerías porque desde la cuna nació sin ellas, cosa que ponía admiración. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Estas primicias de espíritu que vieron los padres en su hija, como eran tan píos, les despertó el pensamiento a que de común acuerdo la ofreciesen a Nuestro Señor, haciendo voto de consagrarla como diezmo de muchos bienes recibidos de la mano de Dios a su perpetuo servicio y de su Santa Madre, y que fuese siempre virgen consagrada y no conociese otro esposo sino a Jesucristo, dándole lo mejor y la más querida prenda que tenían en sus ojos. Pusieron diligente cuidado en su crianza, enderezándola en todo lo que era temor y reverencia divina, procurando apartarla de lo que podía abrir los ojos para conocer los deleites del mundo. Cosa en que se descuidan tanto los padres en este tiempo y maravíllanse después cuando ven mil desastres por sus casas, habiendo ellos mismos abierto la puerta a todo, con la libertad y deshonestas costumbres que permiten y aun enseñan a sus hijos. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Crecían en esta sierva de Dios, con los años, discreción y santidad a una. Llegado el tiempo en que pudo tener conocimiento perfecto del voto y deseo de sus padres, de su propia voluntad y con alegría del alma le confirmó e hizo de nuevo, prometiendo no recibir otro esposo sino Jesucristo. Cuando vino a  edad de doce años, con más maduro pensamiento, comenzó a tratar qué manera de vida escogería para servir a su Esposo. Parecíale que el regalo de casa de su padre era mucho, y que tenía necesidad de abstenerse algo porque no la ablandase y se le hiciese después dificultoso entrar en vida más áspera. Habíale ya Dios puesto en el alma un perfecto linaje de aborrecimiento de sí misma y de todo cuanto el mundo estima y adora vanamente: riquezas, honras, deleites, estima, pompas. Inclinó su oreja a los consejos divinos, y dejó la casa de su padre y el modo de vida blanda y regalada, fuese a un monasterio que se llamaba San Pedro de las Dueñas, donde era priora una hermana suya y había monjas de santa vida (estaba este monasterio puesto en aquel sitio donde edificó después el Cardenal don Pedro González de Mendoza el insigne Hospital de la Cruz). La hermana, que la amaba tiernamente, la recibió en sus brazos, entendiendo que se iba de todo punto a ser allí monja con ella. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
No quiso el Señor que se determinase en esto porque la guardaba para otro fin, y solo pretendía, en estos ensayos, que se destetase de la vida primera regalada y, allí recogida, deprendiese a leer, escribir, cantar y rezar, y otras santas ceremonias que habían de aprovechar a su tiempo. Vivió de tal manera en aquella santa compañía que salió su fama no solo por la ciudad de Toledo, con gran admiración de todos, más aun a otras partes remotas. Tuvieron noticia della, por cartas de monjas o por otra vía, en un monasterio de Santa Clara, que está en la villa de Tordesillas. Rogáronle que se fuese allá a ser religiosa, prometiéndole que, en pocos años, la escogerían por superiora, condición bastante para que la doncella humilde rehusase el partido. Consideradas bien las costumbres y manera de vida que hacía su hermana con las demás religiosas, y bien industriada en lo que le pareció que le importaba, pidió licencia a su hermana para ir a ver a sus padres. Sintiolo la hermana tiernamente, que quisiera gozarla toda la vida. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Estando en casa de su padre, se le juntó una gran sierva de Dios, matrona verdaderamente viuda, llamábase doña [759] Mayor Gómez, de gran espíritu. Con esta comunicó un pensamiento que le puso Dios en el alma, y era hacer un desprecio grande de sí misma a los ojos del mundo, y crucificarse a él. La matrona prudente se maravilló de este pensamiento en una doncella generosa, rica, delicada. Prometiole su compañía en todo, porque entendió que Nuestro Señor la despertaba aquello. Salían cada día las dos siervas de Jesucristo de casa, en un hábito ordinario y despreciado, con unas alforjas al cuello, iban de casa en casa pidiendo limosna para los pobres encarcelados y miserables, recibían allí los mendrugos de pan, y cuando estaban las alforjas llenas que apenas las podían llevar, porque se las llenaban presto, repartíanlo a los pobres de la cárcel y a otros necesitados, y volvíanse a casa sin hablar con ánima, ni alear los ojos. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Dentro de casa, el ejercicio era orar y ayunar, y hacer las obras de humildad que se ofrecían, dando en todo buen ejemplo con sus vidas. Reprendiola algunas veces su padre y hermanos desta manera de vida y ejercicio de salir a demandar, diciendo que era cosa afrentosa y baja. Callaba la santa a todo y proseguía su ejercicio, sufriendo, con paciencia, la afrenta de los de fuera y la persecución de los de dentro. Holgándose que se ofrecía ocasión de padecer algo por Jesucristo, deseando mayores trabajos y afrentas. No parece agora creíble esto ni hacedero. La sencillez y poco pundonor de aquellos tiempos y, lo principal, el impulso santo de Dios, que por nuestra culpa no está en nosotros, nos hace parecer dificultosa esta manera de vida. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Continuaban las dos santas hembras su ejercicio: los días de fiesta (para romper de todo punto con estos pundonores que llaman en el mundo afrentas), se venían a la iglesia mayor y entre los dos coros, a vista de todo el pueblo, con sus talegas al hombro, pedían limosna para los pobres y encarcelados. Como el padre y los hermanos vieron que ni promesas ni amenazas la derribarían de aquel propósito, antes estaba constante, y que muchos en la ciudad alababan a Dios de ver un ejemplo de doncella tan extraordinario, echaron de ver que no era liviandad de muchacha, sino movimiento del espíritu del Señor, acordaron de disimular con ella y, en pocos días, se tornó la pesadumbre y afrenta en devoción y gloria. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Convirtió la virgen devota los ojos de todos ansí, y alababan a Dios en ella, teniéndola por ejemplo de perfección. Cuando la vían sus padres traer las alforjas al hombro, y venir cargada de mendrugos y rodeada de pobres, alzaban los ojos al cielo, haciendo gracias a Dios, y decían: “Tú, Señor, que comenzaste la buena obra en ella, la acaba y guárdala de todo mal, porque sea vaso limpio de tu santa mesa, y ponla en el número de tus siervas y esposas”. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Conociendo esto la santa doncella, derribábase a los pies de su padre, madre y hermanos, y agradecíales mucho que la dejasen vivir en aquel menosprecio del mundo, ejercitando obras de caridad con los pobres. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Comenzó esta sierva de Dios por un camino alto, adonde no se llega sino después de mucho trabajo y grande ejercicio de virtudes. Aquí se vio puesto, en efecto, aquel deseo ardiente de la esposa que, cuando ya estaba muy adelante en sus amores, decía a su Esposo, Jesucristo: “¿Quién os dará a mí, puesto en talle y forma de un mi hermanico pequeño que mama los pechos de mi madre, y que os encuentre yo, en medio de esas calles, os abrace y os bese, y os haga mil preguntas, y vos me respondáis [760] y me enseñéis, y que nadie me lo tenga a mal ni me desprecie? Llevaros he yo en brazos a casa de mi madre, allí en casa de madre, abrazado con vosotros, preguntaré otra vez mil cosas, y daros he yo en pringaditas de arrope y mosto de mis granadas”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
La exposición de todo esto es lo que esta santa virgen ejercita, y no ha menester otro comento. Enseñole el espíritu del Señor que su Esposo, Jesucristo, estaba escondido en los pobres como Él mismo lo declaró. Conociendo esto, no pudo disimular su amor y ansí, como si fueran sus hermanos pequeñitos, a quien la más honesta doncella abraza sin empacho en medio de la calle y nadie se lo tiene a mal, aunque le bese y haga mil caricias, y le lleve en sus brazos, antes la loan y les parece a todos bien; ansí, esta virgen prudente, dejados los respetos y consideraciones humanas, transformada en su Esposo, puesto en estos pobrecitos y afligidos, se abrazaba con ellos, y les besaba los pies y las llagas, y les daba de comer y hacía mil regalos en las calles, en las plazas y en todos los lugares públicos, les preguntaba de sus trabajos y de sus miserias, y ellos le daban cuenta de la merced que Dios les hacía en medio dellos. Llevábalos a casa de su madre, regalábalos, hacíales mil beneficios y servicios, y no por esto la menospreciarían, sino que antes se maravillaban de ver un tan fino amor de hermana y de esposa de Jesucristo, alabando a Dios en su sierva. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Aconteció una vez que iban su padre y su tío don Vasco de Toledo, hermano de su madre, juntos a caballo por la ciudad con mucho acompañamiento. Encontraron a las dos compañeras, doña María García y doña Mayor Gómez, pidiendo con sus alforjas limosna de puerta en puerta; afrentose mucho don Vasco y, vuelto a don Diego, le dijo con sentimiento: “Mucho me maravillo, señor don Diego, de vuestra prudencia, que dejéis andar de esta suerte a vuestra hija, muchacha tan hermosa y de tan noble sangre, en ejercicio tan abatido, tan afrentoso y peligroso, rodeada de pobres y gente perdularia, despreciada sin honra; aunque la tuviérades aborrecida, habíades de mirar vuestra reputación y la honra de todos nosotros. Casadla señor con su igual, pues tenéis con quien, y quitad esta nota de vuestro linaje”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Respondiole el noble caballero con semblante grave, diciendo: “Señor don Vasco, cuando esto se hubiera de llevar por reglas de prudencia humana, eso que decís es lo que se había de mirar y hacer, mas a esta mi hija otra prudencia más alta creo que la gobierna, y pues ella ha escogido por esposo a Jesucristo, Rey eterno, y Él la quiere llevar por este camino, ni yo le daré más bajo esposo, ni le diré que deje su ejercicio. Créeme, señor hermano, que antes que a esto viniese se hicieron muchas diligencias hasta que se vio que era esta la voluntad de Dios. Dejémosla caminar a donde la llaman, que ella ha escogido mejor que nosotros le aconsejaremos”. Con esto, no osó replicar más en este caso de allí adelante don Vasco.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Era esto en los postreros años del Rey don Pedro, acertó a venir a Toledo. Tuvo noticia de la hermosura de esta santa doncella y, como juntaba a la crueldad ser deshonesto, no perdonaba cosa, deseó verla y aun haberla. Entendido el ruin propósito por la virgen devota y por sus padres, se fue con su compañera doña Mayor Gómez de secreto a Talavera, donde tenían sus padres casas y hacienda. Estuvieron allí algunos días encerradas con harto miedo, y no faltaba razón, porque no faltó quien le avisó de la ausencia y del lugar donde estaban retira- [761] das que, a costa de lisonjear a los Reyes y tener cabida, no se les esconde nada. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Dios, que lo dispone mejor, quiso que le dijesen esto y que se pusiesen encobro antes que viniesen a buscarlas. Acordaron de venir por un camino apartado otra vez a Toledo, no entraron dentro, sino fuéronse a una ermita (de que ya hicimos memoria) que se llamaba Nuestra Señora de la Sisla. Allí vivieron escondidas algunos días hasta que se ausentó el Rey, y así escaparon de sus manos y de su deshonestidad. En esta ermita probó esta santa otro género de vida, de mayor quietud y sosiego del alma, puesta en alta conservación del Cielo, haciendo su corazón un holocausto encendido todo en el amor y contemplación de su Esposo. Hacía las asperezas grandes de los ermitaños de Egipto. Dormía sobre unos sarmientos, ayunaba mucho, juntaba las noches con los días orando y contemplando, y allí recibió grandes consuelos del Cielo, ayudándole a todo esto su gran compañera, doña Mayor Gómez, que se la deparó Dios en todos estos trances, no para aya, aunque lo parecía, sino para alivio de tan grandes cosas, y testigo de su honestidad y pureza. Murió a esta sazón el Rey don Pedro a manos de su hermano don Enrique, como todos saben; con su muerte se aseguraron mil almas temerosas de su crueldad y de su torpeza, salió de su yermo nuestra santa ermitaña y, pensando qué camino escogería para retirarse al servicio de Dios de propósito y acabar en ella vida con mayor aprovechamiento de su alma, tuvo noticia cómo había en Toledo una congregación de mujeres santas, que se recogían en una casa en la parroquia de San Román. Tenían como en lugar de priora una señora de gran prudencia y espíritu, que se llamaba doña María de Soria; loaba toda la ciudad el modo de vivir de esta gente, teniéndolas por mujeres de gran recogimiento y santidad. Parecioles a las dos compañeras que este era negocio seguro, supuesto que no habían de estar en aquella ermita y había cesado la causa. Fuéronse allí y recibiolas doña María de Soria con alegría, por la fama de su valor; se vistieron entre ambas el hábito que usaban las que allí entraban. Vivieron algún tiempo en aquella compañía, dando gran ejemplo a todas y ejercitándose en actos de humildad y de obediencia, de que recibía gran consuelo nuestra santa, y sin duda quiso Nuestro Señor traerla aquí para que aprendiese esto y lo ejercitase, porque es cosa imposible poder enseñar a otros, los que no tienen experiencia, qué cosa es obedecer. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Murió dentro de pocos años doña María de Soria, en cuyo gobierno estribaría aquella congregación. Murieron también los padres de nuestra doña María García de Toledo, dejáronle mucha hacienda y mejora, entendiendo que la había de emplear en servicio de Nuestro Señor con grande provecho de sus almas. Como se vio desamparada de la madre espiritual y de los padres naturales, y con hacienda, suplicó a Nuestro Señor la alumbrase en lo que era servido hiciese de sí y de los bienes que le habían quedado, pues no era suya ni quería otra cosa en esta vida sino emplearse toda en su amor y servicio. Púsole en el corazón lo que Dios había ido madurando por todo este discurso, entreteniendo a esta, su sierva, por tan extraños y varios caminos, y lo que con el efecto se ha mostrado ser cosa ordenada por su divino consejo. Vendió las heredades y hacienda que le había quedado en el lugar de Belilla y otras partes. Compró en la parroquia de San Lorenzo, en Toledo, una buena casa que tenía suelo y aposento [762] espacioso, pasose allí con su compañera, doña Mayor Gómez, y algunas que, conociendo su santidad y valor, quisieron seguirla delas de aquella congregación de beatas. Encerrose allí con determinación de no salir en toda la vida. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Entendiose esta mudanza en la ciudad. Vino a noticia de una señora, de las nobles de Toledo, que se llamaba Teresa Vázquez, mujer deseosa de la salud de su alma, había días que estaba recogida en su casa con gran encerramiento, con hasta siete u ocho mujeres, haciendo vida muy honesta. Acordó de pasarse a la compañía de nuestra Santa, con toda la suya, entendiendo que Dios la llamaba para servirle en aquella congregación; ansí se hizo en breve una casa de muchas siervas de Dios, y de notable nombre, a quien siguieron presto otras. Aquí se comenzó luego una labor divina, en unas vidas de gran humildad y pobreza de espíritu, desechando no solo el regalo, mas aun lo muy necesario para pasar la vida, abrazando en todo la mortificación de los sentidos. Pusiéronse unos hábitos blancos y un escapulario pardo, el mismo que tenían los muy recientes monjes de la Orden de San Jerónimo, sin saber qué hacían. También se determinaron luego a obedecer todas a una cabeza porque no fuese monstruo de muchas aquel colegio, y de común acuerdo quisieron todas que fuese doña María García de Toledo, porque tenían mucha prueba de su virtud y prudencia, que bastaba a mayores cosas. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Como era la santa tan en el corazón humilde, recibió aquello con harta dificultad, derribada de los ruegos y lágrimas de sus hermanas, a quien ella quisiera obedecer toda la vida. Este fue el primer fundamento y estas las primeras fundadoras del Monasterio de San Pablo de Toledo, de los muy religiosos, sin agravio de ninguno que ha habido en aquella ciudad y de notable nombre, en donde, como veremos, en sus lugares se han criado santas y puras almas y grandes siervas de Dios. Vino a esta sazón, como dijimos arriba, Fr. Pedro Fernández Pecha a fundar la Casa de la Sisla (no es fácil de atinar si antes o después que este santo colegio de vírgenes se juntase); dijimos también, y es cosa cierta, que la santa le dio mucho favor para el edificio y le socorrió con todo lo que pudo, y hoy en día guarda un arquilla de plata que dio esta sierva de Dios, en que encerrasen el Santo Sacramento. Lo que Fr. Pedro Fernández Pecha sirvió a esta sierva de Dios, y el trato que entre los dos pasaba, no hay para qué repetirlo, pues queda dicho en la vida de aquel santo. Comenzáronse desde entonces a llamar religiosas de San Jerónimo, y a imitar todo lo que podían de la vida y costumbres y ceremonias santas a aquellos padres de quien Fr. Pedro Pecha era como patrón y cabeza y prior de la Sisla, pues sin duda todos los de la Orden son sus hijos, y estas podemos llamar, y lo son, sus primeras hijas. Porque, aunque entonces los religiosos de la Orden estaban sujetos a los ordinarios, doña María García de Toledo y sus hijas dieron la obediencia a Fr. Pedro Fernández, y por su parecer se gobernaban y no salían un punto de su obediencia. Crecía aquella casa de San Pablo en gran ejercicio de humildad, y caminaban debajo del gobierno de dos almas tan pías, con largo paso al aprovechamiento espiritual, todas las que allí se habían recogido. Iba muy delante de todas la Santa Virgen Fundadora, hallándose la primera en cuanto se ofrecía de virtud y [763] de humildad, con harta maravilla de las que pretendían imitarla.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Asentaron luego el oficio divino por orden del prior de la Sisla, su maestro, con la puntualidad que entonces supieron, que se hizo a todos maravillosa, y acudían de la ciudad a oírlos la gente que tenía gusto de devoción, porque parecía que los oficiaban los ángeles. Levantábanse a medianoche a Maitines, y nunca la sierva de Dios, desde aquella hora, sabía qué cosa era tornar a la cama, consumiendo lo que quedaba de la noche en oración y coloquios divinos con su Esposo, Jesucristo. Dábale mucha pena que la alabasen en algo, habiendo tanto de qué;  cuando las personas seglares le decían de su buen nombre, y relataban alguna de sus virtudes, que suelen ser en esto indiscretos, decía ella con semblante vergonzoso: “Estas hermanas y siervas del Señor hacen eso, y en ellas cabe bien lo que de mí decís, que yo no soy sino un vaso despreciado y una criatura inútil”. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Cuando algunas veces estaba mala (tenía muchos achaques por tratar tan mal su cuerpo) y era fuerza caer en la cama, y vía aquellas santas compañeras alrededor, con tanta gana de servirla, decía con una sinceridad de paloma: “Dónde merecí yo tanto bien, que me sirviesen damas y doncellas tan hermosas, y las esposas de mi Señor se humillasen a un vil gusanillo cual soy yo, que aun no merezco servir a ninguna dellas”. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Ofendíanle mucho las mujeres que se adobaban los rostros, pintándose con los albayaldes y carmines, y poniéndose mudas, decía que ni eran buenas para mujeres, ni para imágenes, porque para lo segundo eran feas y para lo primero no eran vivas, sino pintadas. Cuando alguna destas venía a visitarla, decía que no la conocía, porque traía máscara, y la había visto antes sin ella, y que no era aquel rostro que les había dado Dios, sino el que compraron de la tienda. Amonestábales con palabras santas que no hiciesen aquello, porque ofendían mucho a Nuestro Señor, y que si perseveraban, no era pequeño el castigo que las estaba guardado. También aborrecía mucho los olores: almizcle, algalia, ámbar, y otros cualesquier extraordinarios que solían traer entonces solo las mujeres (no se había extendido esta manera de afeminarse a los hombres en aquel tiempo) porque le olían mal las que siempre querían oler bien. Decía que era locura traer con olores postizos un cuerpo que tan presto  había de oler tan mal y ser manjar de gusanos. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Si alguno, hablando con ella, le decía de merced o de reverencia, llena de humildad respondía que la merced era de Dios, de quien es propio hacer mercedes y misericordias, y la reverencia se debe a quien todas las criaturas hacen reverencias, porque ella miserable era e indigna de reverencia. Después que los dos santos gozaron algunos años de la conversación santa, aprovechándose a veces y aprendiendo el uno del otro, gobernando sus conventos, con el aprovechamiento que hemos visto, cansado ya, o diremos mejor, derribado ya Fr. Pedro Pecha de sus rigurosas asperezas, y por esto con mil ajes, pareciéndole que estaba inútil para el gobierno, determinó de ir a acabar su vida a Nuestra Señora de Guadalupe, como lo vimos en su vida. Quedó con esto muy desconsolada nuestra santa, y no le sucedió cosa en esta vida que sintiese tanto, y todas las otras hermanas se lastimaron en el alma, llamándose desamparadas, sin padre y sin maestro, que con su aviso y prudencia las sus- [764] tentaba, doctrinaba y regía, y las animaba con su ejemplo a continuar el curso comenzado. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Sintiéndose pues, nuestra devota virgen, tan desconsolada, volvió los ojos al Señor llena de fe y esperanza, y díjole con amorosas lágrimas: “ Confirma, Señor, esto que obraste en nosotras, y no desampares desde tu alto templo el edificio deste en que tú quieres morar por tu misericordia, da esfuerzo a tus siervas para que perseveren hasta alcanzar el fin de su deseo, que no es otro sino unirse contigo como último fin de todas nuestras esperanzas, y abrazarte como a Esposo único de las almas. Flacas somos, Señor, y llenas de pobreza y miseria, mas tú eres gigante fuerte, y pastor vigilantísimo, que nadie será poderoso para sacar estas ovejicas de tu mano”. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Oyó el Señor su oración, como se vio por el efecto, pues fueron siempre creciendo en tanto hervor y devoción en aquella santa casa. Vivió después de la ausencia de su fiel compañero la sierva de Dios veinticuatro años. Era ya de mucha edad, las penitencias y mal tratamiento del cuerpo, dormir en el suelo, vigilias, ayunos habían estragado mucho aquel cuerpo delicado. Veníanle a faltar poco a poco los sentidos, veía poco, oía menos, con todo esto no quería faltar a las cosas de la comunidad. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
No podían con ella aunque más se lo rogaban, sino que se había de levantar a Maitines. Como no oía, acordó de tener un gallo en su celda, que era muy puntual en cantar a la medianoche con aquel canto; por ser muy aguda la voz, despertaba y oía. Santa simplicidad, si no es que era misterio despertar con el canto del gallo. Desde niña, tuvo costumbre de levantarse a la medianoche a loar al Señor, y jamás la dejó, aun en enfermedades grandes, grande ánimo y virtud de hembra tan delicada. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Aunque estaba por de fuera el cuerpo tan consumido, tenía dentro el alma muy despierta en la contemplación que había ejercitado toda su vida, gozando en lo secreto de favores y regalos divinos que la alentaban para tan larga jornada. Llegado el fin de la carrera dichosa, queriendo el Señor darle el galardón de tan santa vida y trabajos tan piadosos, vínole una calentura lenta, que bastaba para consumir aquello poco que había quedado de la penitencia. Cayó en la cama, porque no podía sostenerse. Sintiendo ya su fin cerca, llamó a sus hijas que, a esta sazón, eran veinticinco o veintiséis, rebaño precioso y rico en los ojos de Dios. Cuando las tuvo delante abrazolas una a una con notable ternura y lágrimas, queriendo poner a cada una en sus entrañas, dábales paz en el rostro y se juntaban las unas lágrimas con las otras. Después les dijo desta manera: “Hermanas queridas y compañeras de mi peregrinación, que habéis perseverado conmigo en estos trabajos de pobreza y penitencia, yo me parto a la bienaventuranza que ha prometido nuestro Esposo a los que perseveraren hasta la fin. Deseo mucho que no os ponga espanto lo que os falta de la corrida de vuestro curso, y que mi ausencia no os cause alguna flaqueza en los ánimos, ni penséis que he sido yo alguna parte para sustentaros hasta este punto en la vida religiosa que habéis comenzado, de que tenéis pasada ya mucha parte, las más de las que estáis presentes. Otra fuerza mayor es la que os sustenta, que es la virtud del Señor, que nunca se cansa, ni puede morir, y está siempre cerca de vosotras si por vuestra [764] culpa no la desecháis y hacéis fuerza para que se vaya, porque os ama mucho y tiene gran cuidado de vuestra salud. Lo que desea y lo que siempre nos pide es que no pongamos el amor en otra cosa, que es muy celoso, y no admite compañía alguna: o todas habéis de ser suyas o de otro, y mirad quién será el otro si dejáis a Dios. Fuera d’Él todo es feo, todo es miseria, enfermedad y muerte. Una quiere que sea su paloma, y una su amiga y una su querida, que no cabe con otro. Ponedle en vuestro corazón y en vuestro brazo, haced que vuestros pensamientos, palabras y obras no tiren a otra señal, porque, si no, sabed que se enojará mucho, y cuanto estáis en más alto estado y cuanto habéis venido a más secretos abrazos y favores, tanto será mayor la ira de sus celos. Porque el amor es como la muerte fuerte y más duro que el infierno que, como la muerte, nunca se aplaca ni perdona y, como el infierno, nunca se apiada ni ablanda; ni al uno ni al otro podremos con ruegos ni con fuerza detenerlos, ni mudarlos de su rigor: ansí el amor, cuando es tan gravemente ofendido y quebrantadas sus leyes, no sabe perdonar, ni aplacarse, ni la ira de los celos tiene remedio. Las caídas de muy alto de ordinario son mortales. Por eso, carísimas hermanas, mirad donde subisteis, temed mucho la caída y, pues tenéis tan cierto el socorro, pedidle sin cesar que no hayáis miedo que falte. Mirad cuán presto se acaba la vida, cuán poco duran los gozos vanos deste suelo, qué presto se marchitan estas florecillas de la primavera que, de ordinario, antes de la noche se enlacian y caen, y los trabajos, qué momentáneos y de poca dura, y qué de bienes se siguen tras ellos, cuando se llevan en paciencia y por Dios. No os turbe ver a las que dejasteis en el siglo, cuando vienen compuestas y galanas a visitarnos, porque son figuras del retablo de este mundo, que pasa como una farsa. Ya veis cuántas, en medio de sus regalos, las ha arrebatado la muerte, y cuántas de las que viven querrían ser muertas, porque viven una vida de infierno. Poned los ojos en la ribera deste río por donde vais atravesando a vuestra gloria, para que no os desvanezcan las ondas y sus olas, que pasan a dar en el mar. Veisme aquí, estoy ya a las puertas de la muerte, alegre y segura, sin temer la contradicción de mis enemigos, confiada en el mérito de la pasión de mi esposo y en la virtud de su sangre, que cuando con Él me desposé me las dio en arras y en dote, y ahora que viene el día de las bodas, saldré adornada con ellas. Imaginad que me casé con un hombre de los del siglo, y que he vivido en muchos regalos, y que tengo muchos hijos, y que he llegado a este punto que tuviera ahora aquí sino congojas, y rabias y ansias, un temor y una tristeza irremediable. Pues mirad la diferencia y deprended en este trance lo que no se os olvide jamás. Quiéroos dar en mi partida un consejo y un precepto; el precepto no es nuevo ni mío, sino del Esposo y Señor Jesucristo, que os améis unas a otras y sufráis las faltas con caridad, y esta es deuda que la debéis siempre, en tanto que durare la vida: cada una quiera el bien de la otra como el suyo propio, porque en esto consiste el verdadero amor. El consejo es que os guardéis de salir del claustro cuanto os fuere posible y que no os vean en la calle para siempre, ni aun en la red, sino con mucha necesidad. Mirad que las palomas, aunque son tan puras y sin malicia, si ven la red huyen de ella, porque en la red está el lazo que prende con las palabras o con la vista la inocencia del alma”. [766] &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Esto les dijo en común. Después, en particular, habló a cada una por sí, y no adivinando ni sacando por conjeturas, sino con un espíritu profético, les declaró todo el discurso de sus vidas, diciendo a muchas dellas lo que después sucedió sin faltar punto. A unas que no habían de perseverar y los fines que habían de hacer, y a otras les declaró cómo habían de ir aprovechando; y aunque entonces les pareció que debía de hablar a tientas o no la entendían, después se desengañaron y vieron claro que el Señor les avisaba por la boca de su sierva. Acabado esto, pidió la extremaunción; recibiola con gran espíritu y entereza, ayudando a todos los salmos y letanías, como si estuviera sana. De allí a un poco, descendió sobre ella una claridad admirable, y anduvo volando por la celda una palomica blanca, aunque no fueron todas las que allí estaban dignas de verla. Alegrose su rostro en gran manera, mirando atenta a la luz que tenía sobre sí; hablaba con ella tan quedo, que no podían entenderla. De allí a un poco, alzó los brazos en alto y juntó las manos, como quien quiere abrazar alguno, haciendo cruz, y ansí salió la santa alma, dando a entender que se abrazó luego con su amado y dulce Esposo Jesucristo. Su muerte fue el diez de enero, año de 1426 &#039;&#039;[1]&#039;&#039;, y ochenta y seis su edad, según la mejor cuenta, porque no se sabe precisamente el año en que nació. Había ordenado viviendo que sin ruido, y sin dar cuenta a nadie, llevasen su cuerpo al monasterio de Nuestra Señora de la Sisla. Hízose ansí y fue bien menester, porque la ciudad estaba alterada sobre querer llevar el cuerpo cada cual adonde le parecía que tenía más derecho. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Los parientes pretendían hacerle en la iglesia mayor un sepulcro suntuoso; otros pretendían llevarla a otras partes; las religiosas, con gran silencio, teniendo entendido el humilde pensamiento de su Santa Madre, sin que nadie lo supiese, lo llevaron a la Sisla. Recibieron los religiosos con gran reverencia el cuerpo santo. Llevábanla vestida con sus hábitos de San Jerónimo y una corona de laurel en la cabeza, insignia de triunfadores. Hiciéronle el más solemne entierro que pudieron. Y como a principal bienhechora y más principalmente como a santa, la pusieron junto al altar mayor, al lado del Evangelio, y labraron un rico sepulcro. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Certifica una relación antigua de su vida, a quien he seguido en esta historia, que hizo por ella muchas maravillas y señales, en los que tocaron a su santo cuerpo y que lo certificaron personas de mucha religión, dignas de toda fe, y que las calla hasta que la Iglesia las publique, donde da a entender que se trataba de su canonización y, como esto es negocio que no se hace sin mucha costa, faltó quien lo solicitaba, y ansí se quedaron los milagros escondidos. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
De cuarenta o más años a esta parte, hubo necesidad para cierta fábrica que se hacía allí, en la capilla mayor de aquel convento, abrir un poco el sepulcro y cuerpo de la santa. Descubriose y lo halláronlo entero; después de ciento treinta años, tenía un ladrillo por cabecera, la toca de la cabeza estaba sana y prendida debajo de la barbilla con un alfiler, vestida con sus hábitos de beata. Afirma Fr. Antonio de Villacastín, de quien supe yo esto, porque era el maestro de aquella fábrica y lo ha sido de toda la casa de San Lorenzo el Real, testigo abonado, que él mismo levantó el cuerpo y que vio [767] en él una cosa extraña: que por doquiera que le asía, se levantaba todo entero, como si fuera de una pieza, y estaba tan ligero como si fuera de pluma. Y los ramos de laurel de que le hicieron la corona, cuando la truxeron, se estaban tan enteros y frescos como cuando los cortaron. Debe de ser privilegio de la virginidad que no se marchite ni corrompa lo que a ella se allegare. Hiciéronle los religiosos de la Sisla, encima del sepulcro, una figura de bulto, vestida al natural con sus hábitos de la Orden y como ella andaba vestida. Está hincada de rodillas, puestas las manos mirando al Santo Sacramento, donde en vida tuvo siempre puesto el corazón, y un letrero o epitafio de la elegancia de aquel tiempo que dice: &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
FUE DOÑA MARÍA GARCÍA, VIRGEN QUE AQUÍ YAZE SEPULTADA, DE CUYAS OBRAS RESULTA SER VIRGEN DE ETERNA ALEGRÍA.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
De tan buena gracia y aun peores son los versos latinos que se siguen luego:&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Domum suam hec dicauit,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Qua feminas adunauit,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Ut peremni sacre viuerent.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Hec totam se spernebat,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Et arte virgo degebat,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Ad Christi vestigium.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Erat mundo crucifixa, &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Mundus Christi [etc] transfixa,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Charilatis gladio. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Aquí da a entender este poeta que eran suyas las casas donde se recogió y donde agora está fundado el Monasterio de San Pablo, aunque la historia que yo he seguido dice que las compró de su hacienda. Este monasterio se estuvo con nombre de Beatas de San Pablo y de San Jerónimo muchos años. El año de 1464 &#039;&#039;[2]&#039;&#039; se encargó la Orden d’él, y creció siempre en religión, criando grandes siervas de Dios, como lo veremos en la postrera parte desta historia que luego se sigue, siendo el Señor servido.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
FIN&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En Madrid, por Juan Flamenco. Año 1600 &#039;&#039;[3]&#039;&#039;.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
=== Notas ===&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&#039;&#039;[1]&#039;&#039; Figura el año en números romanos en el texto: “año de M.CCCC.XXVI”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&#039;&#039;[2]&#039;&#039; Figura el año en números romanos en el texto: “año de M.CCCC.LXIIII”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&#039;&#039;[3]&#039;&#039; Figura el año en números romanos en el texto:  “M.CD”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
= Vida impresa y manuscrita=&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Ed. de [http://visionarias.es/equipo/maria-aboal-lopez/ María Aboal López] (impresa) y [http://visionarias.es/equipo/veronica-torres-martin/ Verónica Torres] (manuscrita); fecha de edición: octubre de 2020 y agosto de 2022.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
== Fuente ==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
* [http://catalogodesantasvivas.visionarias.es/index.php/Categor%C3%ADa:Francisco_de_Pisa Pisa, Francisco de], 1612. &#039;&#039;Descripción de la Imperial Ciudad de Toledo e Historia de sus antigüedades y grandeza y cosas memorables que en ella han acontecido, de los Reyes que la han señoreado y gobernado en sucesión de tiempo, y de los arzobispos de Toledo, principalmente de los más celebrados&#039;&#039;. Toledo: Pedro Rodríguez, Imprenta Real, fol. 276v.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[[Contexto material del impreso Descripción de la Imperial Ciudad de Toledo e Historia de sus antigüedades]] &#039;&#039;y grandeza y cosas memorables que en ella han acontecido, de los Reyes que la han señoreado y gobernado en sucesión de tiempo, y de los arzobispos de Toledo, principalmente de los más celebrados&#039;&#039;.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
* [http://catalogodesantasvivas.visionarias.es/index.php/Categor%C3%ADa:Francisco_de_Pisa Pisa, Francisco de], &#039;&#039;Apuntamientos para la segunda parte de la Historia de Toledo&#039;&#039;. Biblioteca de Castilla-La Mancha, Ms. 193, fols. 87-88.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
== Criterios de edición==&lt;br /&gt;
Aunque la vida en el libro impreso forma parte de una enumeración de santos y, por tanto, no es propiamente una hagiografía, la recogemos aquí para que quede constancia de su inclusión en esta obra del siglo XVII. Se adoptan los criterios de edición de vidas impresas estipulados en el Catálogo, es decir, se moderniza la ortografía (b/u/v, j/g, chr/cr, qu/cu, empleo de h, etc.), las sibilantes y se eliminan las consonantes geminadas. El uso de mayúsculas y minúsculas se moderniza, así como la acentuación y la puntuación, que se adaptan a las actuales. No obstante, se ha mantenido la escritura de “monesterio”. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En cuanto a la continuación manuscrita de la misma obra, aparece en un manuscrito del siglo XVIII con este título: “En este libro se contienen los &#039;&#039;Apuntamientos para la segunda parte de la Historia de Toledo&#039;&#039; que prometió escribir el Doctor Francisco de Pissa Decano en las Facultades de Santa Theologia, y Artes Liverales, y Cathedratico de Escriptura en la Insigne Universidad de Toledo: fechos y ordenados por el mismo, en el año de 1612”. La vida de María García se integra en el apartado correspondiente al monasterio de San Pablo. Se siguen los criterios establecidos en el catálogo para fuentes impresas, es decir, se moderniza la ortografía (b/v, j/g, qu/cu, etc.), así como el uso de mayúsculas y la acentuación y puntuación, que se adapta a la actual. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==Vida de María García ==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&#039;&#039;&#039;(1605)&#039;&#039;&#039;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[Libro Quinto] &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[Fol. 275r]&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
===Capítulo XXXVI===&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&#039;&#039;&#039;Catálogo o lista de santos propios de esta ciudad de Toledo&#039;&#039;&#039;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[…]&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[Fol. 276v] […] Doña María García, natural de Toledo, monja en el monesterio de San Pablo de esta ciudad, que ella fundó debajo de la Orden y hábito de San Jerónimo, sujetándose al prior del monesterio de la Sisla, donde está enterrada cerca del altar mayor; falleció año de mil y cuatrocientos y sesenta y cuatro. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&#039;&#039;&#039;(1612)&#039;&#039;&#039;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&#039;&#039;&#039;Monasterio de San Pablo&#039;&#039;&#039;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[Pag. 87] Asimismo, está en este distrito el [Pag. 88] monasterio insigne del apóstol San Pablo de la Orden de San Jerónimo, que a los principios fue fundado por doña María García de Toledo, hija de Diego García de Toledo y de su mujer doña Constanza, hermana de don Álvaro, arzobispo de Toledo. La cual, en compañía de otras religiosas, hizo santa vida del hábito de San Jerónimo, aunque a los principios sin clausura, por los años del Señor de 1404, sujetas al prior de Nuestra Señora de la Sisla, extramuros; y después, en el año 1408, haciendo profesión solemne, tomaron velo y clausura, sujetas al general y prelados de la dicha Orden de San Jerónimo, como lo escribe Pedro de Alcocer en la &#039;&#039;Historia de&#039;&#039; [Pag. 89] &#039;&#039;Toledo&#039;&#039;, lib. 1º. La dicha María García, fundadora, está sepultada en el dicho monasterio de la Sisla, y asimismo lo está otra religiosa de esta casa &#039;&#039;[1]&#039;&#039;, de quien se cuenta en la &#039;&#039;Historia&#039;&#039; grandes ejemplos de santidad y misericordias que recibió de Dios Nuestro Señor en la oración y vida espiritual. Las vidas de las dos santas religiosas se hallarán escritas en la &#039;&#039;Historia&#039;&#039; de la Orden y el Maestro Villegas en la 3ª parte del &#039;&#039;Flos Sanctorum&#039;&#039;, en las adiciones. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En esta iglesia de San Pablo está enterrado el arzobispo, que fue de Sevilla el cardenal, don Fernando Niño de Guevara.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
===Notas===&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&#039;&#039;[1]&#039;&#039; Seguramente se refiera a [[María de Ajofrín]], cuya vida está incluida en el &#039;&#039;Flos sanctorum&#039;&#039; de Villegas, como vemos en el Catálogo, aunque no en la &#039;&#039;Historia de Toledo&#039;&#039; de Alcocer.&lt;/div&gt;</summary>
		<author><name>Anaritasoares</name></author>
	</entry>
	<entry>
		<id>https://catalogodesantasvivas.visionarias.es/index.php?title=Mar%C3%ADa_Garc%C3%ADa&amp;diff=713163</id>
		<title>María García</title>
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		<updated>2026-09-16T08:47:18Z</updated>

		<summary type="html">&lt;p&gt;Anaritasoares: /* Vida manuscrita (4) */&lt;/p&gt;
&lt;hr /&gt;
&lt;div&gt;[[Category:Santas_Jerónimas]]&lt;br /&gt;
[[Category:Toledo]]&lt;br /&gt;
[[Category:Alonso_de_Villegas]]&lt;br /&gt;
[[Category:Baltasar_Porreño]]&lt;br /&gt;
[[Category:Francisco_de_Pisa]]&lt;br /&gt;
[[Category:Juan_de_la_Cruz]]&lt;br /&gt;
[[Category:Hernando_Pecha]]&lt;br /&gt;
[[Archivo:Santa_Maria_Garcia_conversando_con_Fray_Fernandez_Pecha-web.jpg|right|María García conversando con Fray Fernandez Pecha|link=]]&lt;br /&gt;
{| class=&amp;quot;wikitable&amp;quot;&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Nombre || María García de Toledo&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Orden || [http://catalogodesantasvivas.visionarias.es/index.php/Categor%C3%ADa:Santas_Jerónimas Jerónimas]&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Títulos || Priora y fundadora de la casa de beatas de Mari García, posterior convento de San Pablo de Toledo. Iniciadora de la rama femenina de la Orden&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Fecha de nacimiento || 1340&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Fecha de fallecimiento || 1426&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Lugar de nacimiento || [http://catalogodesantasvivas.visionarias.es/index.php/Categor%C3%ADa:Toledo Toledo]&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Lugar de fallecimiento || [http://catalogodesantasvivas.visionarias.es/index.php/Categor%C3%ADa:Toledo Toledo]&lt;br /&gt;
|}&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
= Vida manuscrita (1)=&lt;br /&gt;
Ed. de [http://visionarias.es/equipo/celia-redondo-blasco/ Celia Redondo Blasco]; fecha de edición: junio de 2017.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
== Fuente ==&lt;br /&gt;
[[Archivo:I María García.jpg|250px|right|Manuscrito|link=]]&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
* Esc. C-III-3. fols. 252r - 264r.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[[Contexto material del manuscrito de El Escorial, MS c-III-3]]&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
== Criterios de edición ==&lt;br /&gt;
Al tratarse de un testimonio único se ha optado por emplear unos criterios de edición conservadores. &lt;br /&gt;
Se puntúa y acentúa siguiendo las normas establecidas por la RAE.&lt;br /&gt;
Se conserva la -l- geminada en humilldad y la s líquida en Spíritu Sancto, así como la alternancia entre v y b en su valor consonántico; también se mantiene la h- aunque sea anti-etimológica en hedad.&lt;br /&gt;
Se han respetado los latinismos como oratión. &lt;br /&gt;
Se han repuesto vocablos o grafías con corchetes ([ ]) cuando resultaba patente que no aparecían por un descuido del copista (en caso de duda, se ha respetado su ausencia).&lt;br /&gt;
Se conserva dello, desto, pero se separa mediante apóstrofe cuando la forma aglutinada incluye un pronombre personal: d’él.&lt;br /&gt;
Se ha conservado el uso de qu por cu (qual) y la grafía de la nasal n antes de la bilabial (grupos -np- y -nb-: honbre). &lt;br /&gt;
En cuanto al grupo de sibilantes, se mantiene ç ante a, o, y también ante e, i. Se respetan, también, los grafemas z, s/ss ante las distintas vocales. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
== Vida de María García ==&lt;br /&gt;
[fol. 252r] Aquí comienza la vida e ystoria de la bienaventurada y loable memoria doña Mari Garçía, virgen consagrada a Dios, fundadora del monesterio y casa de las beatas llamadas de doña Mari Garçía que es en la çibdad de Toledo &#039;&#039;[1]&#039;&#039;, la qual se trasladó del latín en romanze en el año del Señor de mill y quatrocientos y ochenta y siete años.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
=== Prólogo ===&lt;br /&gt;
Ansí como Dios es maravilloso con sus santos, el qual no en vano hizo todos los hijos de los honbres, ansí nunca olvidó la su Santa Yglesia, dende el justo Abel, ni agora la olvida ni desanpara, hasta en fin del mundo. La qual en los antiguos tienpos, que fueron debajo de la Lei de Natura y de Escritura, nunca de todo en todo estuvo huérfana de santos y de varones y henbras fieles, en los quales, la fe, y caridad y esperanza resplandeçieron; y en los quales, toda relixión y perfetión de vida después de su muerte, por que no pereçiese, fuese conservada; e a los quales, el Evangelio y divino dinero, non sin causa, fuesse prometido, y en nuestra hedad, que es debajo de la Lei de Gracia, aiuntadas las cosas altas a las [fol. 252v] bajas, después que el humanal linaje dejó el honbre viejo, venido el nuevo honbre: conviene saber, Jesucristo, nuestro medianero, Dios encarnado, después que recibió la Passión, después de su poderosa Resurretión y gloriosa Açensión. De quántas maneras de santos, ansí honbres como mugeres, su santa gloria Dios todopoderoso aya guarnecido, dotado y hermoseado, aunque la voluntad quiera y desee dezir, pero la lengua no lo puede recontar ella misma, en sí sola la conoçe, desto non dubdamos, los gloriossos Apóstoles de Jesucristo, quia predicatión salió en toda la tierra, ser sus primeros fundadores. Los quales, después que reçibieron el Espíritu Santo, quanto más crueles, rebeldes y apartados del conocimiento de Dios hallaron a los pueblos y gentes, tanto más las amansaron, domaron y trajeron a su conocimiento. Quién podrá contar los mártires vençedores y esforçados por virtud divina que maravillosamente defendieron la su Santa Iglesia. Los quales, por la alinpiar de las espinas, lavaron sus vestiduras en la sangre del cordero; sufriendo por Jesucristo lo que Él sufrió por ellos, no dubdaron dar su cuerpo a la passión. Los santíssimos confesores sustentaron la Santa Yglesia [fol. 253r] y, ensanchándola por edificio espiritual, por dotrina y exenplo, regaron los coraçones de los fieles de rocío celestial. A los quales, enbiando el Señor como obreros en su miel, adornó y dotó de muchos bienes de su graçia, y quiriéndoles probar por diversos trabajos, a uno dio maior fortaleza que a otro, cuios cuerpos, y si la grandeza del martirio o la espada material no atormentó, pero ellos, vibiendo a Jesucristo por continua abstinencia, domando saludablemente las cobdicias de la carne, a sí mesmos crucificaron. Úyense las santas donzellas adornantes aquesta iglesia con su clara virginidad, las quales conociendo el Señor ser de natura flaca, con largueza de su graçia las dio sfuerço, por que el Enemigo, fallándolas ynflamadas en el amor divino, no pudiese vencerlas con sus artes engañosas. De aquestas, algunas, que el Señor para esto guardó, fueron por sus nonbre y por la honrra de su fe martirizadas, las quales juntamente de doble vencimiento fueron laureadas y coronadas porque, no sabiendo la cama material, al solo Esposo de virginidad, que es Jesucristo Nuestro Salvador, se allegaron y en el tormento del martirio, burlando de sus atormentadores, [fol 253v] fueron vençedoras, por lo qual resplandeçen por aureola de virgininad, ansí como lirios y rosas por pena de la persecutión. En el aiuntamiento y conpanía de aquestas, piadosamente creemos ser colocada y asentada en gloria perdurable nuestra amiga, nuestra conpanera, nuestra cibdadana de Toledo, a la qual, Nuestro Señor, en nuestros tienpos, en los quales la maldad abunda y la caridad se enfría, quiso en ejenplo de vida y virtudes dar a su Santa Yglesia, cuia loable vida, cuia honestidad de buenas costunbres, cuia santa conversatión, cuio menospreçio, aspereza de vida a honrra de Dios, y para despertar las voluntades de los justos y conpunjir y reprehender las culpas de los negligentes, aiudándonos la gracia divina, queremos brevemente escrevir. Y porque es esta virgen y hermosa, rogemos muy humildemente a la Reina de las Vírgines que nos gane graçia de contar y dezir de su vida y loable conversaçión.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
=== Capítulo primero ===&lt;br /&gt;
Fue en los días del rei don Pedro el Cruel, rei de Castilla, de memoria bienaventurada, un cavallero claro por linaje y claro por virtudes, llamado Diego Garçía de Toledo. Este tenía una mujer que era de noble [fol 254r] linaje ansí como él, cunplida de virtudes y de toda honestidad. Anbos eran justos delante de Dios, andando en sus carreras y cunpliendo sus mandamientos. Ella se llamava doña Costanza, hija de Fernán Gómez, padre del reverendíssimo don Álvaro, arçobispo de Toledo, cuia hermana era de un vientre la dicha doña Costança. A estos dio Dios, entre otros hijos e hijas, una hija mui graciosa, cunplida de toda hermosura, a la qual pusieron por nombre María, y el sobrenombre del padre, conviene a saber doña Mari Garçía. A la qual, los padres, ansí como la dézima parte de sus bienes, prometieron al Señor de toda voluntad. Este voto, quando ella fue de hedad de discreçión, no ansí como desobediente despreçió ni desechó con poco coraçón, mas antes, conforme con los padres, lo confirmó. Y encendida en el amor del Señor, luego por obra lo cunplió de su propia voluntad y de su libre alvedrío, sin consejo de alguno, mas inspirada de don y graçia divina, toda se ofreció al Señor. ¡Convenible cosa era que tal sarmiento naciese de tal vid!&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Tal fue aquesta virtuosa doncella, que, movida por el consejo del profeta, dende su niñez todo su pensamiento puso i fincó en el Señor, ansí como lo declara la orden de su vida maravillosa, la qual, aunque [fol. 254v] niña y de mui tierna hedad, huía la conpañía de los que en casa del padre eran. Y olvidando y dejando los juegos y cosas a que la tal hedad se suele dar, apartávase en lugar secreto a ofrecer oratión pura y linpia al Señor. Nunca oiera el santo Evangelio y ia deseava hazer tesoro en el Çielo. Era pobrecilla de voluntad y parecía que tenía no pequeño cuidado de los pobres: las migajas que caían de la mesa de su padre, y los pedazos que sobraban y quedavan de su comer, y todo lo que podía aber con deligençia guardava y ascondidamente procurava de dar a los pobres.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
=== Capítulo segundo ===&lt;br /&gt;
Creçiendo ya en edad, desechando todos los deseos y obras de moza, pensaba de día y de noche cómo, a ejenplo de San Juan Baptista, podría conservar y guardar enteramente su vida sin mancillar; y deçía al Señor: «Demuéstrame, Señor, las tres carreras y enderéçame, Señor, según verdad». Y ansí como virgen prudente i sabia, como fuese ya de doze años, no ensobervezida por la ponpa del linaje, no atraída por vanas amonestaciones de los honbres lisonjeros, no mirando los faustos abundantes del padre, despreçió todos los deseos dañosos del mundo, y renunciando de ese aiuntar a esposo carnal, olvidando la casa del padre, deseó [fol. 255r] solamente la hermosura del Esposo Celestial. Y por que más cauta, más libre y más diligentemente pudiese cunplir su deseo y el negocio espiritual, non curando de la murmuración de las gentes, apartose a un monesterio de monjas de santa conversatión llamado San Pedro de las Dueñas, do era priora una su hermana que mucho la amava. Allí supo y aprendió en poco tienpo el canto y las otras cosas y observancias de la relixión. Creciendo su fama por toda la provincia y sabida su vida y costumbres, por toda parte procuraban y deseavan las monjas de Santa Clara, que son en el monasterio de Tordesillas, que aí tomase su hábito. Esperaban de la elejir por su maior si aí hiziese professión, pero ella, acordándose de lo que Nuestro Señor en el Evangelio dize, por no ser vista de los honbres y no recebir delante dellos el galardón de sus buenas obras y Él por ellas le diese galardón, no huió por pequeñez de coraçón la honrra, mas por verdadera humildad.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
=== Capítulo terçero ===&lt;br /&gt;
Después que aquesta santa virgen fue, como diximos, dotrinada y enseñada de su hermana en las cosas divinales y en la carrera del Señor, demandó liçençia y bendiçión en su hermana, la qual, con dificultad, pero de voluntad, la dio. [fol.255v] Y ansí abida licençia, no como quien torna atrás, mas por voluntad de Dios, tornose a casa del padre. Nunca aún tomara hábito ni velo de religión, y estando en la casa del padre, ençendida por el fuego del amor divinal, codiciando remediar y seguir a Jesucristo, su Esposo, según su flaqueza, negando a sí mesma, se dio con toda voluntad al menospreçio del mundo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Frecuentava andar por las calles de puerta en puerta pidiendo limosna para los encarcelados. Traía en los honbros unas alforjas en que echava los pedazos del pan que en limosna le daban. Tenía por conpanera la santa virgen en su santo propósito a una venerable matrona biuda que se llamaba doña Maior Gómez. Este tan piadoso oficio hazíase contra la voluntad de su padre y hermanos, que deçían ser deshonrados y avergonzados públicamente por el menospreçio de la hija y hermana. Conosçiendo enpero el padre que, por miedo ni por amenazas, por amor ni promesas de bienes tenporales, no quería ni podía ser apartada de su santa intención, diole lugar y no procuró más de apartarla de este santo camino.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Andan entramas la vieja y su aia y la virgen tierna por toda la cibdad de casa en casa; como pobres y peregrinas, vienen entre los dos coros de la iglesia maior, y allí, delante de todo el clero y pueblo, piden por amor de Dios [fol. 256r] limosna. Mucho se maravillan todos y dizen: «No avemos visto alguna que sea semejante a esta entre todas las henbras de aquesta çibdad»; y desde allí iban a casa del padre por reçebir alguna limosna. Y viéndola su padre traer alforjas en los onbros, avían plazer y reíanse. Y ansí como buenos y católicos padres, alçando las manos al çielo, daban graçias al Señor porque les avían dado tal hija; y decían los mançebos y las vírgenes, los viejos y los mozos: «Alaben al Señor, el qual haze maravillas». Y ella conoçiendo dellos aquesto, luego se derribaba a sus pies, besava sus manos dándoles no pocas gracias porque avían plazer de la vida que escojiera.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Acaeçió un día que la dicha matrona biuda y la bendita virgen, continuando su santa obra, andando a demandar por las calles, encontraron con su padre y con el arçobispo, su tío, que hera hermano de su madre, aconpañado de muchos cavalleros nobles. Y como el arçobispo la viese ansí mendigar y la conoçiese, reprehendió a su cuñado porque consentía andar ansí despreçiada a su sobrina, y díxole: «O varón, como seas prudente, ¿por qué consientes a moza tan pequeña, tan hermosa y generosa andar ansí tan despreciada?, ¿por qué tienes tu hija ansí aboreçida?, ¿por qué no la casas con otro su igual?». Al qual [fol 256v] respondió el noble cavallero benignamente: «¿Qué esposo puedo yo dar a mi hija más generoso y más rico que Jesucristo, hijo de Dios bivo? Dejémosla, tomó para sí la mejor parte».&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
=== Capítulo quarto ===&lt;br /&gt;
Después de aquesto, como el dicho rei don Pedro el Cruel, entre otras cosas ynjustas que hazía, persiguiese a donzellas y mugeres nobles y de qualquier estado que fuesen, aquesta honestísima virgen, con otras muchas que se trabajaban de absconder de la cara del muy cruel rei, huyeron a la villa de Talavera, cuio dominio tenía entonces su padre, don Diego García de Toledo. Y aun aí no las dejava estar seguras el temor del cruel rei, mas fue causa que dende se fuesen. Dízese que muchas dellas, por guardar su honestidad, rescibieron muchos daños, ynjurias y persecuciones. Y viendo esto nuestra discretísima virgen y aquella dueña a quien seguía, dubdavan llamando al Señor qué harían, mas Dios, que está açerca de los que le llaman con verdadero coraçón, oídas sus peticiones, endereçó sus coraçones dándoles por guiador el su ángel bueno que viniesen a un pago que se llama aora la Sisla. En el qual lugar hizieron una pequeña morada adonde estuvieron algunos días [fol. 257r] sirviendo al Señor de noche y de día con aiunos y abstinencias, orationes y otros exerciçios honestos y santos y de gran humildad. Y aún entonces no era edificado en aquel lugar un monesterio del bienaventurado San Xerónimo que agora se llama Santa María de la Sisla. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En este tienpo plugo al Señor que çesase la cruel tenpestad por muerte del rei cruel para proveer al miedo de aquestas santas mujeres, las quales con deseo entrañal y continuo pensaban dónde con maior provecho y sin inpedimento pudiesen cunplir mejor su voto a honrra y gloria de Dios. Y alumbradas por el Spíritu Santo, dejaron la solidunbre en que estavan.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En aquel tienpo avía en la çibdad una congregación de mujeres devotas que estavan en la perrocha de San Román, el cuidado y administración de las quales tenía una religiosa persona que avía nonbre doña María de Soria. Y como oiese esta santíssima virgen la fama tan loable e santa de aquestas religiosas dueñas ser sin ninguna reprehensión, la su loable vida cobdiciando obedesçer y ser instruida mucho más en la vida religiosa y ser juntamente regida de la dicha religiosa persona, metiose debajo de su mano para hazer su voluntad en todas las cosas, la qual las reçibió mucho de voluntad, y con gran alegría. Y allí tomó el hábito relixioso según las otras lo traían y después que plugo al Señor [fol. 257v] que aquella noble dueña, doña María de Soria, y el padre y la madre de aquesta virgen loable pasasen de aquesta vida presente, cobdiciava esta santa virgen dexar más perfectamente el mundo, el qual le era ya mucho aboresçible. Y pensando en su coraçón qué haría, decía con toda voluntad aquel verso del salterio: «Tú, Señor, eres bueno; enséñame tus justificaciones». Y luego vendió la parte en que la madre la dejó heredera, y del preçio mercó luego una casa con muchas anchuras en la perroquia de San Lorenço, para que allí en el claustro pudiese su coraçón holgar a Dios.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Finalmente dejaron la otra casa y encerráronse allí, ella y aquella dueña ya dicha. Sabido y divulgado aquesto por toda la çibdad, una honrrada dueña, que se llamava Teresa Vázquez, con otras siete mujeres continentes de mui santa fama, entraron en aquella casa, por que juntas a tan devota conpanía hiziese a Dios un santo colegio a Él mui apacible y a las gentes loable. Las quales, como esta señora de quien dezimos viese ser de tan profunda humildad, y que con aquel despreçio tan maravilloso del mundo con todo coraçón y con entera voluntad se sometían a la pobreza no recusando ningún trabajo, mas con todas sus fuerzas trabajavan por seg[u]ir a su Redentor Jesús, y mirando con tan grande diligençia cómo estavan enbevidas en Dios, amávalas con entrañas llenas de caridad sin ninguna conparaçión y deçía con el psalmista: «Load [fol. 258r] a Dios todas las gentes, porque a confirmado sobre nós su misericordia». Y tornándose al Señor, dezía con fervor de coraçón: «Plégate, Señor, de nos dar graçia que cantemos las tus justicias en este lugar de nuestra peregrinación. Huélgase, Señor, el mi coraçón en ti, porque las flacas están ceñidas de fortaleza». Y en tanto creció la fama de aquesta congregación gloriossa, que en breve tienpo fue aiuntada gran muchedumbre de mugeres religiosas, las quales con coraçón y voluntad tomaron hábito blanco en señal de virginidad y continençia para servir al Señor según la orden del bienaventurado nuestro padre San Xerónimo. Y eligieron todas entonzes de una voluntad por su prelada y religiossa a la dicha señora doña Mari Garçía, la qual contra su voluntad lo açeptó cobdiçiando ser más súbdita que regir.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
=== Capítulo quinto ===&lt;br /&gt;
Era en aquel tienpo un cavallero noble, secretario y capitán mui amado del rei don Pedro el Cruel, el qual era sinple y recto y temeroso de Dios, el qual se llamava don Pedro Fernández. Y como este noble cavallero pensase con el clareçido coraçón cómo avía gastado sus días en la ceg[u]edad del mundo sin ningún serviçio de Dios, con deseo de hazer penitencia y aber [fol. 258v] dolor de sus pecados y guardarse de no ofender más a Dios, negó a sí mesmo según el consejo de Nuestro Señor Jesucristo con toda la casa real, tomando hábito de religión. El qual, con divinal aiuda, fue a Roma y alcanzó liçençia del Padre Santo que pudiese edificar en la provinçia de Toledo un monesterio de la orden del bienaventurado padre San Xerónimo. Y buelto con la liçençia, hedificó el monesterio ya dicho de sus propias faqultades, con aiuda desta señora, la qual no solamente hizo muchas espensas en el edificio material, mas aun dio preciosos hornamentos y joias para el culto divino, con las cuales adornó y ennobleçió el sagrario y sacristía, onde somos ciertos que dio una arqueta pequeña en que se encierra el cuerpo del Señor.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
=== Capítulo sexto ===&lt;br /&gt;
Acabado aquel maravilloso hedifiçio, en breve fue la casa llena de frailes. Viendo esto las siervas de Dios, juntamente con ellos tomaron por padre al bienaventurado nuestro padre San Xerónimo, para que con su tela y anparo, olvidadas las fuerças flacas, por sus merecimientos serviesen varonilmente en el serviçio del Señor: toman el hábito, regla y costumbres de la dicha orden, sométense a los prelados de aquel monesterio, prometen obediençia, demandan que sean regidas dellos, ¡o virtud de maravillosa obediençia!, ¡sola [fol. 259r] digna de ser loada! Quisieron más sujetas obedecer, que esentas y libres errar; esto es verdaderamente negarse a sí mesmo: quando el honbre deja su querer y se dispone para obedezer. Y cobdiciando esta señora de no comer sin trabajar en el serviçio de Dios, alcanzó liçençia del papa que tuviesen aquella misma horden en rezar las horas divinas que los dichos religiosos. Y viendo aqueste santo varón ya dicho, que era prior en el dicho monesterio, la vida de aquesta santa muger ser tan apaçible a Dios, amávala con verdadera caridad, rogando al Señor por su justificatión y cunplimiento devoto y guarda religiosa de aquella santa congregaçión que hasta la fin durase en toda santidad y religión. Otro tanto rogava ella por él: eran estas personas dignas de todo loor en el entrañal amor, que pareçían otro San Francisco y otra Santa Clara, otro San Xerónimo y otra Santa Paula y Eustoquio; eran d’Él consoladas, y disciplinadas, y amonestadas con gran dulcedumbre de caridad en toda perfectión y castidad.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Después de mucho tienpo que les duró esta santa conversaçión con toda honestidad y religión, plugo a la Divina Bondad recebir la penitençia digna y dar fin a ella y a los trabajos deste santo varón, llevándose donde recibiese el galardón del trabajo [fol. 259v] que avía recebido en plantar aquella biña del Señor, la qual labrava con el arado de la religión para que, después que la oviese podado con santas amonestaciones, mereciese aver della el fruto que esperava, que es el Çielo. Y si acaso algunas vezes alabavan a esta señora algunos çibdadanos de su honestidad y abstinençia o de otras obras virtuosas, dezía ella: «No es de algún valor lo que yo hago; mis hermanas lo hacen por alunbramiento del Espíritu Santo». Y viendo esta santa mujer que en las enfermedades la estavan sirviendo las hermanas, deçía sin toda dobleza, pensando ella en su coraçón ser indigna de aquel serviçio: «¿Dónde vino a mí tanto bien? ¡O, qué más hermosas donzellas pudiera yo tener en el siglo que ansí cercasen mi cama, las quales veo ser mucho más sufiçientes que io para esta administraçión, por hermosura de virtudes delante de Dios!».&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y como esta santa muger viese adornadas las mujeres del siglo de contraria hermosura con diversidad de adornados trajes, y que las caras hechas a semejanza del Criador estavan cubiertas con diversos ungüentos y afeites, por artifiçio digno de condenaçión, quiriéndolas reprehender, dezíales con palabras dulzes: «Mirad que ofendéis mucho al Señor y que si más con coraçón endureçido [fol. 260r] usáis de esta apostura, que ansí como personas que con deliberación pecan en el Spíritu Santo, yrán a la damnaçión perdurable, que aún el tal pecado no se quita ligeramente por la penitençia». Todo género de timiama o de qualquier espeçie odorífera ansí lo aborreçía y huía como si fuera un pozoñoso veneno. Dezía ella a las que usavan destas cosas odoríferas: «No conviene que la carne que está aparejada para ser mañana queva de gusanos, llena de toda miseria, aia alguna delectaçión». Nunca consentía su ánima ser ensuciada en jactancia, aunque fuese alabada de la prelaçía, o de la dignidad de los parientes, o de la hermosura del cuerpo, o de la honestidad de las costumbres, o de qualquier obra de perfeçión que en ella era; y si alguno por honrrarla le dezía “Vuestra Merced”, “Reverencia”, o otras palabras semejantes, dezía: «¿Dónde yo, un tan mezquino gusano en menospreçio, soi dicha tener merçed, como a Dios sea la honrra y gloria para sienpre?». ¿Qué podré yo dezir de la perfeción de esta? Sino que tomó tan alto grado de humilldad y de sinpleza recta y temor del Señor quanto la humana natura pudo consentir estar alguno de los mortales. Si líçito es dezir, puede bien tenella la Iglesia como a otro Job, y como ya la luenga hedad la agraviase mucho, aviendo pasado ya ochenta años de su vida con mucho fruto, con la gran vejez tenía perdido los sentidos exteriores en parte, [fol. 260v] mas con este inpedimento sienpre crecía más en los sentidos ynteriores y tenía más y maiores fuerças espirituales. Y como ansí ynpedida no pudiese oír el relox, mandava que pusiesen dentro en la celda un gallo que la despertase a la medianoche para ir a maitines; nunca o apenas fue hallado ningún día que casi desde su niñez no se levantase a la medianoche a alabar al Señor, aunque tuviese enfermedad de grande trabajo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
===Capítulo séptimo===&lt;br /&gt;
Pasado este tienpo con tanto fructo que la piedad divinal dar quiso a su pelea y su inmensa bondad y justicia, quiso dar el galardón a esta su sierva, que corrió sin tardanza por la carrera. Y llegada al postrimero día, pensaba la quenta que avía de dar de aquella maiordomía. Y ansí como ella en la vida avía instruido a sus hijas en el serviçio divinal, ansí quiso consolar y esforçallas en el postrimero día de su vida a exenplo de nuestro padre San Xerónimo, amonestándoles con toda afectión que no tornasen atrás ni desfalleçiesen en aquel camino espiritual, mas perseverando viniesen a la fin con vencimiento de la pelea para que pudiesen gustar y gozar de la bienaventurança perdurable, para lo qual es necesario que con toda humilldad y menospreçio y mortificatión perseveren. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Avía entonzes en el claustro veinte y cinco [fol. 261r] beatas, las quales ella todas mandó llamar con gran alegría, siguiendo el exenplo de nuestro padre San Xerónimo. Y de que fueron todas llamadas, abraçolas y dioles paz diçiendo: «Amadas hijas, acordaos cómo, no por nuestros merecimientos, mas por su sola misericordia y bondad aparta el Señor a nós, para sus siervas, de las tinieblas del siglo y nos trujo a esta esclarecida solidunbre, adonde vos ruego que no seáis de poco corazón fingiendo vos ser flacas para perseverar en la religión; oíd, no a mí, sino a Vuestro Maestro, que dize: “Mi jugo es suave y la mi carga liviana”. Oíd otra vez que dize: “El que pone la mano al arado y torna atrás no es capaz de el Reino de los Çielos”». Y dichas estas cosas y otras de grande edificaçión, llamó a cada una particularmente y amonestávala con aquel deseo que según su calidad y manera le era menester. Ca como ella desde sus primeros comienzos las ubiese instruýdo en las doctrinas santas, conoçía el corazón de cada una tan perfectamente que por verisímiles conjeturas, antes de su muerte, dijo a algunas dellas lo que les avía de acaezer acerca de la perfectión en las virtudes o si avían de errar en los viçios y en otras semejables cosas, casi por espíritu de profeçía. Después de esto, encomendó a todas dos [fol. 261v] cosas: y es que guardasen en sí un mandamiento y un consejo. El mandamiento, que se amasen unas a otras y que con toda caridad cada una sufriese soportando la carga de la otra por que pudiesen estar en paz y en concordia; el consejo, que estuviesen sienpre en el claustro guardando mucho silençio, ni quisiesen ser vistas por las calles, y huyesen mucho de comunicar con los seglares, porque guardando estas dos cosas se apartasen del lazo del Enemigo, que busca de contino a quien trag[u]e.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y oiendo estas cosas y otras muchas, aquellas devotísimas hermanas no se podían abstener de no llorar porque, aunque era cosa razonable que ubiesen plazer de la subida de su madre al Çielo, piadosamente lloraban viendo ser desanparadas de tal madre. Y viéndolas ella llorar, comovida a conpassión dezía: «No queráis más llorar en vano, pues el Señor puso término a mis días, los quales no puedo pasar mas conformada con su voluntad. No creades que io os dejo, porque a Él plazerá de vos tomar en su anparo y guarda si os apartáis del mal y le servís con toda virtuosa obra y cunplida bondad». Y diziendo: «Quede el Señor con vos», demandó la unçión, y después que la recibió en esa hora, estando meneando los labios con oraçión al Señor sin esprimir lo que deçía, deçen-[fol. 262r] dió un raio de claridad sobre su cara, viéndola algunas de las que estavan presentes, y ella avía gran plazer de lo que con sus ojos veía, y alçando las manos en alto, puestos los dedos en señal de cruz, durmió en el Señor. A diez días de enero año de mill y quatrocientos y veinte y seis años.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
===Capítulo octavo===&lt;br /&gt;
&#039;&#039;[2]&#039;&#039;&lt;br /&gt;
Luego que espiró, fue llevado secretamente su cuerpo al dicho monesterio de Nuestra Señora de la Sisla y sepultado con grande honra cerca del altar maior, y esto fue hecho porque se esperava gran disensión entre los çibdadanos sobre el enterramiento del cuerpo y ansí fuera inpedido de llevar al dicho monesterio donde ella, quiriendo aun en su muerte huir la vanagloria, se mandó enterrar; que pudiera çierto ser sepultada dignamente y con grande reverençia en la iglesia maior de la dicha çibdad, açerca de su tío, el arçobispo don Álvaro.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y para más loar s[u] esclarecida vida, podríamos contar algunas senales y dezir algunos miragros que parecieron en su muerte y fueron hechos por el tanimiento de su cuerpo, lo qual piadosamente creemos, pues personas [fol. 262v] relixiosas y dignas de toda fe, sin ninguna adulación dan testimonio dello, mas pues que hasta aquí esta santa Yglesia lo calla, somos por necesidad constrenidos a callar; una cosa sabemos de çierto que nos constrine a hablar, que fue su voluntad en la lei del Señor, pensando de día y de noche, en cuia boca no fue hallado engaño. Y por esto creemos firmemente que no recibió en vano su ánima, que fueron aquestas senales y miragros manifiestos a todos en la su historia que tiene el vulgo. Cosa digna fue y no de maravillar, amadas hermanas, que la cibdad real donde descendió la Reina de los Ángeles con tan gran muchedumbre de coros de vírgenes quedase con el fruto de aquesta virgen, que con santidad de vida entre las otras vírgenes la pudiese seguir y alabar. Y si queréis vos, sus hijas, alcanzar a loar a la Madre de Dios con aquellos espíritus bienaventurados con entrañas llenas de caridad, vos amonesto y con grande amor espiritual vos ruego que sigáis las pisadas de la madre y guardéis su dotrina y os acordéis de sus amonestaciones y sienpre la tengáis delante de buestros ojos por singular exenplo, examinando con diligençia lo que ya avéis oído y otras cosas que no basta mi lengua para recontar.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
¡Quán [fol. 263r] suave fue su mansedunbre y quán marabillosa su honestidad y linpieza! Considerad su profunda humildad y quál fue su sinple prudentia llena de todo temor de Dios. Por las quales mereció Dios, siendo en su aiuda, venzer a los enemigos en tan grandes peleas con gran vitoria. Sobre todo, vos amonesto que, perseverantes en la santa religión, conviene que paséis por fuego y agua; conviene saber: por adversidades y tentaciones, por las quales, mereciendo ser dignas de la gloria, haziendo todas las cosas perfetamente, digáis aquello que el Salvador nos amonesta por San Lucas, a los diez y siete capítulos, diçiendo: «Quando hiziéredes todas las cosas que vos son mandadas, dezid: “¿Siervas somos sin provecho. Solamente hicimos lo que devíamos”», en tal manera que los bienes que con el aiuda y inspiratión del Spíritu Santo fazéis, no los perdáis delante de Dios por el loor de los honbres o con presunçión dañosa de dentro del corazón los hagáis sin provecho. De lo qual oíd aquella semejança del Salvador de las diez vírgenes, çinco prudentes y çinco locas, de las quales dize San Gregorio: «Todas se llaman vírgines, mas no todas son reçebidas dentro de la puerta en [fol. 263v] la bienaventurança, porque, como faltase el açeite a las vírgines sin seso, fueron a conprarlo; conviene saber, yendo a buscar el testimonio de sus buenas obras delante los honbres recibieron su galardón. Vino el Esposo y las que estavan aparejadas entraron con él a las bodas». De lo segundo, oíd lo que el apóstol las dize: «Pienso, hermanas, que no son dignas las pasiones deste mundo para alcanzar la gloria que esperamos, y otra vez el galardón del pecado es muerte, el de la graçia es vida para siempre, la qual a mí y a vos quiera de Jesucristo, Hijo de Dios, el qual sufrió por nós pasión, que con el Padre y Espíritu Santo vibe y reina, un Dios para sienpre jamás. Amén».&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
===Responso===&lt;br /&gt;
Madre nuestra mui hermosa, que menospreciaste todas las cosas prósperas del siglo y por no ensuçiar tu vida dejaste el mundo asconjiendo a solo Jesucristo, dístenos camino siguiendo a Nuestro Maestro. Abnegando a ti misma, venciste al Enemigo. Presa: Agora gozando de santa gloria ruega por nós, desterradas, por que después desta batalla seamos aiuntadas a la çibdad soberana. Verso: ¡O bienaventurada [fol.264r] virginidad que excede todas las virtudes, que pasando por fuego y agua es llevada a la gloria que jamás le será quitada! Pressa: Agora. Verso: Gloria sea al Padre y al Hijo y al Spíritu Santo. Responso: Madre nuestra. Verso: A esta escogió Dios así en sierva. Respuesta: Por que diese a nós flacas fuerzas. Oratión: Dios todopoderoso, que, con la grandeza de tu bondad, tu Santa Yglesia hordenas y rijes, y en nuestros tienpos para exenplo y fortaleza de la flaqueza femínea quisiste escoger a nuestra cibdadana Mari Garçía, virgen, para que fuese del cuento de las escogidas, devotamente  te suplicamos oigas nuestras orationes y gemidos, y benignamente recibas la flaqueza de nuestros pequeños serviçios, y por los piadosos ruegos de aquesta santa madre y patrona nuestra piadosamente nos otorges que sienpre encedidas en tu santo amor, fijas para sienpre, permanezcamos en tu santo temor por que en el postrimero juicio al juez recibamos con lánparas adornadas de santas obras y nos lleve consigo a las bodas çelestiales el verdadero Esposo de las vírgines, Jesucristo tu Hijo, Nuestro Señor, el qual contigo y con el Spíritu Santo vibe y reina un Dios para sienpre jamás. Amén.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Finis: Fray Bonifacio de Chinchón &#039;&#039;[3]&#039;&#039;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
=== Notas ===&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&#039;&#039;[1]&#039;&#039; Apostilla marginal: «que ahora se llama de San Pablo».&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&#039;&#039;[2]&#039;&#039; Tachado: dézimo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&#039;&#039;[3]&#039;&#039; Rubrica&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
= Vida manuscrita (2)=&lt;br /&gt;
Ed. de [http://visionarias.es/equipo/celia-redondo-blasco/ Celia Redondo Blasco] y María Morrás; fecha de edición: abril de 2017.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
== Fuente ==&lt;br /&gt;
[[Archivo:II María García.jpg|250px|right|Manuscrito|link=]]&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
* [http://catalogodesantasvivas.visionarias.es/index.php/Categor%C3%ADa:Juan_de_la_Cruz Cruz, Juan de la], 1591. &#039;&#039;Historia de la Orden de S. Hierónimo, Doctor de la Yglesia, y de su fundaçión en los Reynos de España&#039;&#039;. Esc. &amp;amp;-II-19 fols. 208v- 217r.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[[Contexto material del manuscrito de El Escorial, MS &amp;amp;-II-19]]&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
== Criterios de edición ==&lt;br /&gt;
Dado que se trata de una copia manuscrita que no puede ser muy posterior al autógrafo, los criterios de edición son conservadores.&lt;br /&gt;
La lengua del texto refleja bien las características fonéticas y gráficas propias del siglo XVI, sin que se hayan podido observar rasgos dialectales, pues el vocalismo en formas como  monesterio y desgusto son muy habituales.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Se mantienen los grupos cultos, que podrían ser reflejo de la obra latina que dice haber consultado el autor, o simplemente mostrar el uso eclesiástico: &lt;br /&gt;
s líquida en Spirito Sancto y en el latinismo specie &lt;br /&gt;
formas cultas como –mpt- en Redemptor, th en thesoro (y Theressa), ph en propheta, -gm- en augmento&lt;br /&gt;
-l-  geminada en collegio, bulla&lt;br /&gt;
Otros grupos dobles: successo, -ct- (sanct y sus derivados)&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Sibilantes:&lt;br /&gt;
La oscilación entre –ss- y –s- intervocálica cuando etimológicamente es sorda o procede de un grupo –ss- en latín es mínima. En general, escribe correctamente los vocablos  (necessitad, promessa) o las formas latinas que con –ss- (superlativos: honestíssima, religiosíssima; formas verbales de subjuntivo (fuessen, entendiesse, diesse, etc.) o por razones etimológicas (essos). Sin embargo, también se encuentran formas simples intervocálicas (deseos, mereçiesen, perseverases, moviesen, guardasen). Sin embargo, en general parece distinguir entre la sorda /s/ y la sonora /z/, como indica la hipercorrección Theressa, por lo que se mantiene la grafía original.&lt;br /&gt;
Las fricativas en cambio indican confusión entre sonoras y sordas (doncella/donçella en lugar de donzella, etc.), pero se mantiene la forma original por su interés lingüístico.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Se mantiene el uso de la y en los diptongos decrecientes (oýd, caýda, cuydado, etc.), así como la oscilación entre v/b. Se conserva la –ll en humilldad y humillde porque parece que el copista (y quizá el autor) lo consideran grupo culto; también se mantiene la h- aunque sea anti-etimológica en  hedeficio y hedad.&lt;br /&gt;
Se conserva dello, desto, etc., pero se separa mediante apóstrofe cuando la forma aglutinada incluye un pronombre personal: d’él.&lt;br /&gt;
Se regularizan alternancias gráficas sin valor fonético:&lt;br /&gt;
i/j&lt;br /&gt;
u/v.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
La puntuación y la capitalización han sido modernizadas, si bien se mantiene el uso del paréntesis para indicar observaciones digresivas según el original.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
== Vida de María García ==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
=== Capítulo veynte y quatro ===&lt;br /&gt;
&#039;&#039;&#039;De cómo se fundó el monesterio de religiossas de sanct Pablo de Toledo por doña María Garçía, y del fervor después que tuvo esta sancta muger desde su tierna hedad, y en las buenas obras que se ocupó con gran menosprecio de sí misma&#039;&#039;&#039;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En una escriptura bien antigua escripta en latín se halla la fundación del monesterio de sanct Pablo de Toledo y de su fundadora doña María Garçía, que después de muchos años que en él vivió con muchas siervas de Dios que tuvo en su compañía acabó sus trabajos en este que se va prosiguiendo &#039;&#039;[1]&#039;&#039; de mill y quatroçientos y sesenta y cuatro. Y es digna cosa que se ponga en este principio y fundaçión del monesterio de Sanct Pablo de Toledo, para que se sepa la vida maravillossa de esta sierva de Dios doña María Garçía, y vea y entienda, que en tiempo que tanto se olvida la charidad y abunda la maldad, quiso Nuestro Señor despertar esta su sierva fiel, cuya vida honesta, llena de buenas y sanctas costumbres, y del menospreçio del mundo y de lo que él promete y representa, se escrive aquí, juntamente con la fundación. Y será con la brevedad que dieren lugar las muchas y muy notables cosas que ay que dezir aprovechándome en parte de la dicha escriptura y de otros lugares que harán a este propósito.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Pues en el tiempo que reynava en Castilla el rey don Pedro, fue un cavallero principal en linage y sangre que se dezía don Diego Garçía de Toledo, casado con Doña Constança, hija de Hernán Gómez y hermana del Arçobispo de Toledo, don Álvaro. A estos cavalleros, don Diego Garçía de Toledo y doña Constança, dio Nuestro Señor una hija, después de otros muchos que tenían, de particular hermosura y graçia, que sobremanera la querían, miravan y estimavan sus padres como singular benefiçio que Dios les avía querido hazer. Y en una voluntad (que la tenían en todas las cosas y eran justos delante de Dios) se la ofreçieron como décima parte de sus bienes, poniéndole nombre María [fol. 209r] y el sobrenombre de su padre, y ansí se llamó siempre doña María Garçía. Pusieron mucho cuydado sus padres en criarla y que se afiçionase al temor y amor de Dios y a las sanctas costumbres. Apenas sabía hablar (como dizen) quando se fue conoçiendo en ella el spíritu que Dios quería declarar en su favor porque en ninguna cosa pareçía niña, sino llena de discreçión, de la que el Spíritu Sancto pone en las almas donde reside. Quando tuvo alguna discreçión, no solo no menospreçió el voto y ofreçimiento que sus padres tenían hecho, mas ella, con gran voluntad le confirmó, abraçó y amó, y desde luego tuvo tanto fervor en el amor de Dios que se conoçió que más eran órdenes del Spíritu Sancto y graçia divinal que consejo de hombre humano. En esto seguía el del propheta, que desde su niñez endereçó sus pensamientos al Señor muy alto, y dello dio buen testimonio su vida maravillossa, que aún en aquella tierna hedad se apartava a los lugares secretos a hazer oraçión huyendo de los que la podían ver en casa de sus padres y de los juegos y cosas que en tal hedad se suelen exerçitar y entretener los niños. Era pobrezilla de voluntad, y aun no havía oýdo el Evangelio y deseaba ya hazer thesoro en el Çielo, teniendo gran cuydado de los pobres de Jesuchristo, recogiendo las migajas que caýan de la mesa de sus padres. Y los pedazos de pan que sobraban de su comer, con todo lo demás que podía haver y recoger, lo guardava y escondidamente lo dava a los pobres.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Quando llegó a la hedad creçida, y desechados los deseos de la moçedad, pensaba de día y de noche cómo podría, a exemplo de san Juan Baptista, conservar y guardar con toda entereza su vida y limpieza, y decía con el psalmista: “Muestrame Señor tus carreras y endereçame según tu voluntad”. Como era ya de doze años y no se aficionase a la vanidad del linage, ni a la abundancia y trages de la casa de sus padres y amonestaçiones de los lisongeros, pasó por todo ello como virgen prudente y sabia despreçiándolo, con todos los deseos dañosos del mundo, deseando solamente ser agradable al Esposo Çelestial. Para poner con más brevedad en exerçicio los propósitos y los deseos sanctos que tenía, olvidando la casa [fol. 209v] de sus padres se apartó a un monesterio de monjas que se dezía sanct Pedro de las Dueñas (que estaba adonde después hedificó el cardenal don Pero Gonçález de Mendoça el hospital insigne que dizen de la Cruz) y adonde era priora una hermana suya que la amava y quería como era razón. Recibiola con gran voluntad y en poco tiempo aprendió y supo el canto y las otras obediencias de la religión, para que aprovechase dello y servir a Dios, adonde le encaminase de tomar el asiento que avía de tener. Entendida por muchas partes su vida y costumbres, muchos monesterios de religiossas la deseaban tener en su compañía, y particularmente el de Sancta Clara, de la Villa de Tordesillas, que le ofreçieron que en pocos años sería su perlada si quisiese tomar allí el hábito y la professión, y le sería la vida de mucho contento y descanso. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Ninguna cosa le movía a la sierva de Dios, porque ni eran essos sus pensamientos ni havía entrado en su camino y deseo gana de querer y apeteçer de ser perlada, sino sierva humillde, y por esta humilldad lo menospreçiava todo y lo hollava y acoçeava todo, y no quería que los hombres la viessen sino en este menospreçio, ni reçibir dellos el galardón de sus obras, si algunas tuviese que fuessen buenas y aceptas a Nuestro Señor, y d´Él quería el premio y galardón, y entrar en su apartado cubículo a solas (como lo dize el Sancto Evangelio) para que solo Él la entendiesse y diesse la retribución conforme a los merecimientos. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Después que se detuvo en aquel monesterio algunos años y sabía ya bien las observançias de la religión que se praticavan y enseñavan en él (y sin haber tomado hábito ni manera de religiossa), pareçiole que era bien bolverse a la casa de sus padres, más por voluntad de Dios que lo inspirava que por tener gana de bolver atrás de sus buenos y sanctos propósitos. Pidiole licençia para ello a la priora, su hermana, que con mucha dificultad y gran desgusto se la huvo de dar. [fol. 210r] Y ansí se fue como lo avía dicho a la casa de sus padres. Aunque estava en ella y vivía entre los hermanos y criados de casa, y pareçía que se havía buelto al mundo como cosa que le dava gusto y contento &#039;&#039;[2]&#039;&#039;, andava tan abrasada y ençendida en el fuego del amor divino que siempre pensaba, codiciava y tratava cómo seguir y ymitar (según su flaqueza) a Jesuchristo, su esposo. En lo que asentó, después de muy mirado y consultado y pedido a Nuestro Señor, fue negarse a ssí misma y no mirar a su hedad y flaqueza y que era muger, ni a lo que podrían decir y juzgar los hombres faltos de consideraçión, y con esto començó a darse al despreçio suyo y de las cosas mundanas, y tomó consigo, como aya y compañera, a doña María Gómez, matrona biuda y noble, que con una misma voluntad la quiso acompañar en sus designos y trabajos. Su principio fue començar a andar por las puertas de los vecinos de la ciudad a pedir limosna cada día, públicamente, para los pobres necessitados. Pues dezir que llevavan en su compañía quien recogiese las limosnas y pedaços de pan que les davan, era cosa de bendezir a Dios en sus marabillas, que la donzella pobre de Jesuchristo llevava sobre sus ombros una talega o alforja en que las echava, con un fervor y ánimo de hazer serviçio en ello a su esposo que no aprovecharon promessas, ruegos ni amenazas de sus padres para apartarla dello, y ansí la dexaban continuar su sancta ocupación y daban lugar a ello aunque no dexavan de sentir ellos y los hermanos de la sancta donzella alguna afrenta de aquel menospreçio tan público. No dexavan por esso las dos su exerçiçio cotidiano de andar por las calles de la çiudad pidiendo limosna como pobres peregrinas, y estavan en la sancta yglesia mayor entre los dos coros al tiempo que los canónigos salían de las horas, que los ponían en confusión y compelían a que les diessen muy buenas limosnas. Desde allí pasavan con las que llevavan en sus alforjuelas a la casa de sus padres, y ya era para ellos de gran consuelo y regalo ver de aquella manera a su hija, y la animavan y esforçavan en ello (aunque por otra parte la carne y la sangre hazían su oficio en [fol. 210v] sentir aquel difraçe). Pero pasados los primeros días, y viendo a su hija contenta, y que era bien inclinada, devota y charitativa con los pobres de Jesuchristo, no había cosa temporal que para ellos se les pudiesse comparar a esto. Bendezían a Dios y alçavan las manos al Çielo con mucho plazer y alegría, haziéndole infinitas gracias por haverles dado hija que aun antes de tener discreçión ni hedad había en la tierra vida çelestial y obrava en ella tantas marabillas. Todos los de su casa, hijos y criados, hazían lo mismo, y la sancta donzella, con una profunda humilldad y llena de spíritu de Dios, se derribava a los pies de todos besándoselos, agradeciéndoles el contento que mostravan de la vida que seguía. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Acaeçió un día que andando pidiendo limosna por la çiudad la sancta donçella con su compañera por no perder costumbre de remediar a los que tenían necessidad, que encontraron en una calle al arçobispo de Toledo, su tío, hermano de su madre, y a su mismo padre, que le acompañava con otros cavalleros y gente principal de la çiudad, y quando el arçobispo vio a su sobrina en aquella postura que llevava y cargada en los hombros la talega con las limosnas que había recogido, volvió a su padre y díxole con algún enojo y como reprehendiéndole: “Mucho me maravillo, que como seáis hombre prudente, no remediéys un desconçierto tan grande como este y consintáys a una hija de tan poca hedad y tan hermosa y de linaje, que es que ande ansí despreçiada y con tanta libertad que days a entender que la tenéys aborreçida, pues no la recogéys y tratáys de casarla con otro que sea su igual”. El cavallero prudente le oyó y respondió con mucha mansedumbre y en breves palabras le dixo: “¡Qué esposo le parece a Vuestra Señoría que puedo yo dar a mi hija más rico y generosso que a Jesuchristo, Hijo del Padre Eterno! Por ventura podemos resistir al Spíritu Sancto. Ella ha escogido este estado por la mejor parte y yo no se le quiero estorvar, ni me pareçe que se açertaría en ello”. [fol. 211r] El arçobispo calló con esta respuesta y no supo qué le replicar, entendiendo que aquello era obra de Dios.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
=== Capítulo veynte y çinco ===&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&#039;&#039;&#039;Cómo desde algunos días dexó de pedir las limosnas la donzella y virgen de Jesuchristo, doña María Garçía, y se recogió en una hermita de Nuestra Señora de la Sisla con su compañera, y después al monesterio que fundó de Sanct Pablo&#039;&#039;&#039;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Entre otras cosas mal hechas que en aquellos días hazía el rey don Pedro era desasosegar y perseguir donzellas y mugeres nobles de qualquier estado que fuessen, por sus desordenados apetitos, y esta honestísima virgen, con el temor que le causaba esto, se fue (con otras muchas señoras principales del reino que procuraron esconderse de la persecuçión del Rey) a la villa de Talavera, que estava allí su padre don Diego Garçía, que era casi como señor della y beneficiaba sus possesiones y heredades, que eran muchas la que en aquel lugar tenía. Aun estando allí la sancta donzella con sus acostumbrados exerçiçios y ocupaçiones de oraçión y meditaçión, no estava con toda seguridad porque veýa que otras padeçían grandes trabajos por la guarda de su honestidad, y esto le puso en cuydado de pensar en buscar otro medio y asiento que fuesse más seguro, y no andar con temores y desasosiego. Pedía de veras a Nuestro Señor dispusiesse lo que más havía de ser serviçio suyo, y como está cerca de los que con ánimo verdadero le llaman y quieren, endereçó su deseo que se fuese a Toledo a un término que dezían de la Sisla (adonde es de creer que el ángel la guió con su compañera doña María Gómez) y allí hizieron una casilla pequeña para recogerse, arrimada a la hermita de Nuestra Señora que dezían de la Sisla, y en ella estuvieron algún tiempo sirviendo a Nuestro Señor en ayunos, vigilias, oraçiones y otros exerçicios honestos de humilldad y de sanctidad, hasta que fue servido que [fol. 211v] cesasse la causa del temor con la muerte del Rey Don Pedro.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Aun no estava criada en aquel tiempo la orden de Nuestro Padre San Hierónimo en estos reynos de España, pero pocos años después se confirmó por la sede apostólica y dio el hábito que se use en ella, y se hedificó el monesterio tan principal que oy se vee en Toledo, en la hermita de Nuestra Señora de la Sisla, que dexó la bienaventurada doña María García.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Muerto, pues, el rey Don Pedro, daban orden aquellas sirvientas de Dios de dexar aquella soledad de la Sisla, que la tenían grande por estar tan apartadas de la çiudad, y entendieron que en ella havía una congregación de mugeres devotas y honestas en la perrochia de San Román y tuvieron su aviso y consejo para yrse a aquella sancta compañía y subiectarse a la administradora doña María de Soria, que las reçibió con grande alegría, y de consentimiento de todas las religiossas les dieron el hábito y vestido que ellas traýan. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Por todo el tiempo que vivió la administradora María de Soria, estuvo en aquella casa la sierva de Dios y virgen doña María Garçía, y quando vio que era muerta y que también lo eran sus padres y pasado desta vida al Çielo, le dio más ganas a doña María Garçía de dexar del todo el mundo y el trato d’él, y asentar para siempre en un lugar; y pidiéndolo al Señor dezía con el psalmista: “Tú, Señor eres bueno, enséñame tus justificaçiones”. En ninguna cosa sentía el gusto que pretendía si no era en el puro spíritu y amor de Dios, y siempre andava con cuydado adónde havía de permaneçer y qué estado era el que havía de escoger. La hazienda que heredó en Belilla de su madre la vendió luego y compró una casa grande con mucho aposento en la perrochia de Sanct Lorenço, a donde se pasó con su compañera doña María Gómez, y allí asentaron sus deseos y perseveró hasta la muerte. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Entendida en la çiudad esta traslaçión de doña María Garçía, no le faltaron personas de calidad [fol. 212r] que por su devoçión y afición se inclinaron a seguirla, y una dellas fue ^doña^ Theressa Vázquez, persona noble y principal, con siete mugeres de buenas costumbres, fama y christiandad, que se fueron a amparar a ella, por solo servir a Dios y serles compañeras en la vida sancta y exemplar. Este, pues, fue el primer principio de fundar y plantar aquel collegio de Sanct Pablo de Toledo, que oy es monesterio, que desde que entonçes començó hasta oy ha floreçido y floreçe gran religión y mucha sanctidad, como en el processo desta escriptura se yrá mostrando hasta el cabo della. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El primero fundamento del monesterio de Sanct Pablo de Toledo fue este, y estava ya con grande gozo y contento la sierva de Dios doña María Garçía viendo el fervor de las nuevamente allegadas, y ansí las quería y amava con entrañas llenas de charidad, y animava a perseverar trayéndoles lo del psalmo: “Load a Dios y alabadle, pues ha confirmado sobre nós su misericordia”. Bolviéndose a Nuestro Señor dezía: “Suplícote que te sirvas de darnos graçia, que cantemos tus justicias en este lugar de ^nuestra^ peregrinaçión, que en él queremos perseverar, y en las alabanças divinas”. Fue creçiendo tanto la buena reputaçión de aquella congregaçión en observançia y conversaçión sancta y religiossa, que en pocos años se les allegaron otras muchas a su compañía, las quales, quando vieron que la orden de sanct Hierónimo començava y resplandeçía el nombre della, y estava ya hedificándose el monesterio de la Sisla y con algunos frayles, pareçióles bien su manera y hábito.  Y con un ánimo y voluntad lo escogieron y se vistieron del hábito, escogiendo y eligiendo por su priora y prelada a la religiosíssima doña María Garçía, que lo hubo de aceptar por sus ruegos y ymportunaçiones, porque por su voluntad deseaba antes ser regida que regir, y súbdita que prelada.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Viéndose la devota sierva de Dios con aquella carga y cuydado de priora, y que traýa vestido el hábito de la sagrada orden de nuestro padre Sanct Hierónimo, començó a comunicarse y tractar al sancto varón fray Pedro Fernández Pecha, que era prior de la Sisla, que se ocupaba en hedificar aquella casa, y a mostrarle voluntad [fol. 211v] y aun a favorecerle en su obra del monesterio y claustro, que le fue de grande favor y ayuda para acabarlo con más brevedad. Para la sacristía y culto divino dio muchas cosas y ornamentos de valor, y hasta se sabe que la arquita pequeña de plata adonde se çierra el sanctíssimo sacramento la dio y ofreció esta sancta muger.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Las plácticas y conversaçión destos dos siervos de Dios, fray Pedro Fernández Pecha y doña María Garçía, todas se ençerravan en sanctidad y qué observancias se tenían de guardar y acrecentar en la religión, y la solemnidad del culto divino, no olvidándose del cuydado que havía de haver en la oraçión y amor y serviçio de Nuestro Señor de noche y de día, que no pareçían en sus plácticas, tracto y conversaçión, sino otro Sanct Hierónimo y Sancta Paula, y Sanct Francisco y Sancta Clara, que se conoçió bien por los efectos que se obraron, encaminados todos al Çielo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Doña María Garçía y sus seguidoras no se contentaron solamente con traer el hábito de la orden del glorioso nuestro padre Sanct Hierónimo sino que quisieron guardar la regla, estatutos y ceremonias que la orden tenía, guardava y professava. Y porque aún en aquellos días no estavan unidas las casas que estavan fundadas en el hábito de la orden, ni tenían superior general, dieron aquellas religiossas la obediençia al prior de la Sisla y a sus sucessores, confirmando esto y el dezir de los oficios divinos por bulla apostólica, aunque no tenían professión ni encerramiento de monjas, sino de beatas recogidas, queriendo con todo esto subiectarse al estilo y manera de la orden y negar su voluntad y libertad hasta la muerte, sin buscar otra manera nueva ni hazer más mutaçión. &lt;br /&gt;
Pedía esto de veras y muchas vezes la sierva de Dios en su oraçión y petición, por sí y por las hermanas, y que mereçiesen el spíritu de perseverançia como convenía a su salvaçión, y no se olvidava, ni aun desconfiava, de lo que el Sancto Evangelio promete a este propósito en aquellas palabras, “El que perseverase hasta la fin será salvo”, que no hazían en ella menos impressión que si las estuviera oyendo de la boca de Jesuchristo Nuestro Señor, y, [fol. 213r] puesta a sus pies como la Magdalena, era doña María Garçía en la compostura y hermosura como un ángel, y de sosiego y mansedumbre increýble, y tenía una quietud y reposo en la conçiençia y una serenidad en el alma (parecida a lo del Çielo) que ninguna cosa próspera ni adversa pareçía mudarla. Del sanctíssimo sacramento era grandemente devota, y reconocía ser aquella la fuente y manantial de todo el bien de las almas, y allí procurava coger quanto havía menester para ser rica.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En muchos años no tuvo nombre de monesterio la casa de Sanct Pablo de Toledo, sino que pasó con nombre de “congregaçión de beatas de la orden de San Hierónimo”, y no por esso se diferenciavan en nada en las observançias, cerimonias y guarda de la religión. La priora era la primera en todas las asperezas y trabajos, y la que más se mostrava y resplandeçía en toda perfectión y sanctidad. En la humilldad y simpleza recta y temor de Dios tuvo tan alto grado quanto se puede consentir en muchos de los mortales, y si es lícito dezir que la pueden tener en esto como a otro Job. De todas era amada, querida y respetada, y atraýa con esto a muchas a querer su trato y compañía, porque solo su exemplo y sancta conversaçión bastava a reformar lo que con mucha diligencia y buenas razones y trazas no hizieran muchas en muchos días y años. Algunas personas prinçipales de la çiudad la visitavan, y todas las pláticas y conversaçión que con ellas tenía eran de la gloria y amor de Dios, y a las que veýa que llevavan los rostros disfraçados con afeytes, y con demasiadas galas y vestidos, queriéndoselo reprehender lo dezía con palabras dulces y blandas, y con un deseo que se moviesen a escusar las ofensas de Dios que de aquello podría haver. Todo género de curiosidad y qualquiera specie odorífera huýa y aborrecía como si fuera veneno ponçoñoso, y dezía a las que usavan dello que no era menester aquella deleitaçión a la carne, que está llena de aquestas miserias y tan çerca de ser (con brevedad) manjar de gusanos. No se deleytava en las jactancias, ni consentía ensuziar su coraçón con ellas, aunque unas cosas le dixesen en su alabança o del govierno tan conçertado que tenía en su monesterio, [fol. 213v] y de su hermosura y nobleza de linage; antes lo aborrecía y se tenía por gusano y por la más vil criatura criada, y de más despreçio y menos partes de que alabarla, y que la gloria y onra de todo se havía de atribuyr a Dios. Con estos exemplos, animava la sancta priora a sus hijas y las esforçava a continuar el amor y serviçio de Dios, meditando de noche y de día en la Pasión de Nuestro Redemptor. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Bivían todas en tanto conçierto y sancta conversaçión que a todos los de la çiudad eran exemplo y dechado de virtudes y honestidad, y hasta oy se dize y muestra esto en aquella sancta casa, y se les echan bien de ver los primeros prinçipios y buenos fundamentos que tuvo de religión y de sanctidad, que, como dixe poco ha, se verá adelante en las obras milagrosas que Nuestro Señor ha obrado en muchas siervas suyas que bivieron y acabaron en aquel monesterio. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
=== Capítulo veynte y seys ===&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&#039;&#039;&#039;De la muerte bienaventurada de Doña María Garçía y de lo mucho que sintieron algunos años antes perder su primero prior y perlado, Fray Pedro Fernández Pecha&#039;&#039;&#039;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Después que estuvieron algunos años Fray Pedro Fernández Pecha y doña María Garçía en muy sancta y religiossa conversaçión, y governando cada uno su monesterio con el exemplo y creçentamiento en el amor y serviçio de Dios que se ha dicho, cansado ya por la hedad y vejez, Fray Pedro Fernández Pecha se fue al monesterio de Nuestra Señora de Guadalupe a acabar sus días en aquel sanctuario de la madre de Dios (como en su historia se dixo) dexando renuncia el priorato de la Sisla, de lo que quedó bien desconsolada la sierva de Dios, doña María Garçía, por carecer tan presto de padre que tanto favor había al augmento y aprovechamiento de la sancta religión. Mas bolviéndosse [fol. 214r] al Señor universal de todos, que no desecha a los que son siervos suyos, tomava esfuerço y contento y animava a sus hijas a hazer lo mismo (que tenían el mismo sentimiento y andavan afligidas) para no desconfiar que les havía de faltar el favor y mano de Dios en la carrera que habían començado y continuarla con toda la perseverançia de virtud y exemplo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Según el discurso que se ha hecho de los años que estos dos los siervos de Dios tractaron en el hedificio y asiento de los dos monesterios de la Sisla y de Sanct Pablo de Toledo, y se vieron y comunicaron, pareçe que pudieron ser muy pocos, que doña María Garçía vivió cinquenta años y más después que murió fray Pedro Fernández Pecha. Con todo esso, como se biene a acabar todo poco a poco, algunos años antes de la muerte de la sierva de Dios, doña María Garçía, por los muchos trabajos y continuas vigilias, tenía perdidos (en parte) los sentidos exteriores, mas muy vivos y enteros (y con mayores fuerças spirituales) los interiores del alma. Y para no dexar lo que tantos años havía continuado de yr a los maytines y entender quándo llegaba la hora, hazía una cosa bien rara y de notar, que le ponían un gallo çerca de su aposento para que la despertasse y supiesse quándo era la medianoche, porque ni podía oýr el relox ni aun la campana. Estava tan aconstumbrada desde su niñez a levantarse a aquella hora a hazer gracias a Nuestro Señor y no perder los maytines, que no lo perdonava aun estando con enfermedad, pudiéndose levantar. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Venida ya la hora que era última a los ochenta y seys años de su hedad (que la llamava Dios para dar galardón de tantos y continuos trabajos), pensaba en la cuenta que le havía de dar aquella mayordomía, y que no se podía alargar. Pues era ya aquella hora postrera (principio de la otra que con tanto favor y deseo guardava), aperçebiose luego del divino y sanctíssimo sacramento de la eucaristía (thesoro universal de las almas y çelestial consuelo para aquellos tiempos) y, después que le hubo reçibido, consolava a sus hijas que las veýa tristes por su partida, [fol. 214v] animándolas con palabras afectuosas de madre que tanto las amava y quería, y las amonestava que no volviesen atrás ni desmayasen en aquel camino spiritual, porque perseverando en toda humilldad, menospreçio y mortificaçión, llegarían con bençimiento al fin, y gozarían con gran alegría de la bienaventurança. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Havía en el convento veynte y çinco religiosas beatas, discípulas de tal madre de sanctidad, que a exemplo del glorioso señor padre San Hierónimo las mandó llamar y juntar, y con grande alegría las abraçó a todas, y dándoles paz dixo: «Mis amadas hijas, acordaos que ni por vuestros mereçimienos, ni por las míos (sino por la misericordia y bondad infinita de Nuestro Señor) nos apartó de los ruydos y tinieblas del siglo, y nos traxo a esta esclareçida soledad y recogimiento como a siervas escogidas y regaladas suyas. Ruegoos mucho que no os mostréis como mugeres de poco ánimo, diciendo que soys flacas para perseverar en religión. Oyd, no a mí, sino a vuestro maestro Jesuchristo que dize: ‘Mi yugo es suave y la carga liviana’. Y más: ‘El que pone la mano al arado y buelve atrás no es merecedor del Reyno del Çielo’”. Haviéndoles hablado estas y otras muchas cosas de la hedificación, alegando y trayendo autoridades de la Escriptura (que no pareçía sino que la tenía delante, y tan sabida y estudiada como si la hubiera profesado) mandolas salir, y bolvió a llamar a cada una por sí, que como de tantos años de trato y conversaçión las conocía, y sabía lo que a cada una en particular avía de avisar y aconsejar. Por verisímiles coniecturas y casi por spíritu de profezía, dixo a algunas el successo que avían de tener en el seguir la virtud y perfectión, o si avían de errar, y en los viçios y cosas semejantes, etc. Después las encomendó a todas dos cosas, que guardasen un mandamiento y un consejo: el mandamiento, que se amasen unas a otras y que con toda charidad sufriessen la una la pesadumbre de la otra; el consejo, que guardasen la clausura y silençio, y que no las viesen por las calles y huyesen de la comunicación con los seglares y salidas a las casas de los [fol. 215r] parientes y conocidos, con occasiones más voluntarias y ymaginarias que verdaderas que muchas vezes se suelen proponer, y aun venir deseos de buscar la salud con honestos títulos de enfermedades bien ligeras, que mirasen mucho esto, y que a quien Dios quita la salud en su convento y congregaçión no es justo que busquen fuera el remedio, y antes ^se^ ha de creer, que si con los remedios ordinarios de los conventos no se vee la salud, que quiere Dios que se sufra y calle la que de su mano recibiere este regalo, y lo tome con paçiençia y en penitençia. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Oyéndole tantas cosas de hedificaçión y conoçiendo que se le acabava la vida, no podían ya detener las lágrimas y los lloros de las religiossas, con que la movían a compasión, y les bolvió a decir: “No os fatigéys y lloréys en bano, que Nuestro Señor puso término a mis días y es ya llegado, conformaos con su voluntad y no creáis que os dexo, que yo confío en la Majestad que os tendrá en su guarda y amparo, guardando vosotras sus mandamientos y sirviéndole con toda limpieza y cuidado”. No les habló más de que le diessen el sacramento de la extremaunctión, que era ya tiempo, y la recibió con grandíssima devoción. &lt;br /&gt;
La mañana antes de su muerte vieron las hermanas religiosas sobre su aposento una gran claridad y dentro dél una paloma blanca, y otro día, al alva, vieron que estava la sierva de Dios meneando los labios y haziendo oraçión a su Criador, sin entender lo que dezía, y muchas de la que con ella estavan presentes vieron que desçendió sobre su rostro un rayo de gran claridad y que sentía mucho plazer y contento de lo que veýa. Y alçando las manos en alto y puestos todos los dedos en señal de la cruz, espiró y desapareçió la claridad, a diezisyete días del mes de enero del año mil quatroçientos y sesenta y quatro, siendo de hedad de ochenta y seys años (como se dixo) y aviendo estado en aquella de Sanct Pablo los sesenta, poco o menos. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Luego llevaron su cuerpo al monesterio de la Sisla de Toledo, y con el mayor secreto que pudieron, y le enterraron con toda solemnidad juncto al altar mayor en aquella yglesia. Y esto se hizo [fol 215v] con secreto y açeleradamente, porque se temió que huviera alguna diferençia y discordia entre los ciudadanos sobre el enterramiento y no se cumpliera con el deseo que la sierva de Dios tuvo y dexó encomendado, que, como era deuda de principales cavalleros y muy emparentada, quisieran que se enterrara en la yglesia mayor, cerca del arçobispo don Alonso, su tío. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
No se dexaron de ver algunos milagros en la muerte de esta sancta muger, y en solo el tocamiento a su cuerpo, como lo çertificaron y confirmaron muchos de los religiossos que se hallaron en su enterramiento y al tiempo de llevar el cuerpo al monesterio de la Sisla, y aunque manifestaron algunos en particular, otros dexaron de dezir por el poco crédito que el vulgo suele dar. Y este es bien que se ponga aquí y no se calle, que es tan çierto y verdadero como todos, que siempre tuvo fixo y enclavado el pensamiento y la consideraçión en la ley de Dios, pensando de día y de noche en ella y en lo que era amor y servicio suyo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
De quarenta años a esta parte, fue necesario apartar el cuerpo de esta sancta muger del lugar adonde estava por razón de una obra que se huvo allí de hazer, y de tal manera le halla[ron] entero en su casa y ataúd (con aver más de çiento y veynte años que estava allí) que los religiosos que se hallaron presentes y lo vieron, certificaron esta verdad, que estava el cuerpo sin ningún corrompimiento, como quando le enterraron, y sin olor malo. Vieron también otra cosa maravillosa, que en la cabeça tenía puesta una corona (o guirnalda de ramos de laurel (que le pusieron en premio de la virginidad que guardó) tan fresca y sin estar secas las hojas ni perdido el color que se admiraron todos y recibieron gran recreaçión y consuelo. Y dieron gracias a Dios, que les havía dado en su capilla y compañía thesoro tan preciosso.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Su sepulcro está junto al altar mayor a la parte del Evangelio, cavado en la pared, con un vulto de la sierva de Dios ençima, hincada de rodillas, puestas las manos mirando al sanctíssimo saçramento, con el hábito que traýa [fol. 216r] de beata, y con una letra que dize que “está allí enterrada doña María Garçía, fundadora del monesterio de Sanct Pablo de Toledo”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
=== Notas ===&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&#039;&#039;[1]&#039;&#039; Subrayado desde “acabó… prosiguiendo”. Nota marginal: “Gran ignorantia, pues la hace compañera de fray Pedro Fernández Pecha el año 1374, que según esto vivió más de ciento y quince años”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&#039;&#039;[2]&#039;&#039; El manuscrito lee «con contenta», con una diplografía por error.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
= Vida manuscrita (3)=&lt;br /&gt;
Ed. de [http://visionarias.es/equipo/celia-redondo-blasco/ Celia Redondo Blasco]; fecha de edición: enero de 2025.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
== Fuente ==&lt;br /&gt;
* [http://catalogodesantasvivas.visionarias.es/index.php/Categor%C3%ADa:Baltasar_Porreño Porreño, Baltasar]. &#039;&#039;Vida de los arzobispos de Toledo: años 1280-1618&#039;&#039;. Ms. BNE 13025, fols. 207r-209v.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
== Criterios de edición ==&lt;br /&gt;
Se trata de un manuscrito del siglo XVIII, que copia en tres volúmenes (BNE Mss/Mss/13025-Mss/13027) la &#039;&#039;Historia episcopal y Real de España&#039;&#039; de Porreño, escrita entre 1604 y 1606 y que se guarda manuscrita en la Biblioteca Capitular de Toledo. Se opta por modernizar: &#039;&#039;b&#039;&#039; y &#039;&#039;v&#039;&#039;, las sibilantes y la alternancia &#039;&#039;c&#039;&#039; y &#039;&#039;q&#039;&#039;. Esta edición, dado lo tardío del testimonio, puntúa y acentúa siguiendo las normas establecidas por la RAE. Se desarrollan las abreviaturas. Se moderniza el cultismo grafemático &#039;&#039;ch&#039;&#039; en palabras como &#039;&#039;charidad&#039;&#039; o &#039;&#039;chronica&#039;&#039; y se desarrolla las contracturas desta, destos.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
== Vida de María García ==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[Fol. 207r] A don Vasco Fernández le sucedió en la silla de Toledo don Gómez Manrique, natural de Toledo, septuagésimo quinto arzobispo de esta villa, el cual se sentó en la silla luego que el otro, don Vasco, por su destierro renunció al arzobispado. Hacen mención de todo los &#039;&#039;Catálogos de los arzobispos de esta Villa y las Historias de España&#039;&#039;. Fue de sangre ilustre y esclarecida, su padre se llamó Don Garci &#039;&#039;[1]&#039;&#039; Fernández Manrique, de quien vienen los marqueses de Aguilar, el cual fue señor de Amusco [fol. 207v] y de Avia, y su madre doña Urraca de Leiva. Tuvo por hermano a don Garci Fernández Manrique, adelantado de Castilla, que fue el tronco de los duques de Nájera y de otras casas de Castilla del apellido de Manrique, y a don Diego García Manrique. Tuvo el otro arzobispo por abuelo a don García Fernández Manrique, descendiente de Almeric de Narbona. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Fue nuestro don Gómez en su juventud obispo de Palencia y al presente lo era de Santiago, de cuya dignidad le sucedió don Gómez de Toledo, sobrino del arzobispo don Vasco, por haber renunciado al arzobispado de Toledo. Con esta condición era hombre de mucho valor y cordura y, así, viéndose favorecido por el rey Don Pedro en su elección y viendo las cosas de los reinos [fol. 208r] tan turbadas y alteradas (como se ha dicho), procuró estar en gracia con el otro rey, cuyas cosas iban con tanta rotura y tan sin esperanza de remedio que le parecía escusado negocio irse a la menos cosa del mundo, sino fuese cosa mínima irse al matadero, como otros muchos, o por lo menos al destierro como su antecesor. Y así fue al amor del agua con prudencia y sagacidad y nombró por su adelantado de Cazorla a Pero Ruiz de Torres, caballero principal. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En su juventud tuvo una hija el arzobispo llamada doña Theresa de Manrique, la cual casó con Rodríguez de Biedma, señor de San Esteban del Puerto y caudillo mayor del Arzobispado de Jaén, y con ella se dieron veinte mil maravedíes en dote. [Fol. 208v] Con esta dote, que se hizo en Burgos, año de mil trescientos y sesenta y cuatro. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Tuvo una sobrina, hija de su hermano don Diego García Manrique y de su mujer doña Constanza de Toledo, la cual se llamó doña Mari García, que fue gran sierva de Dios y desde niña se ejercitó en obras de caridad y en pedir por el amor de Dios para los pobres de la cárcel del arzobispo, su tío, al cual le aconteció encontrarse con ella pidiendo limosna y, reprendiendo el arzobispo a su hermano, porque la dejaba andar de aquella manera mendigando, él respondió que se tenía por muy dichoso en que su hija hubiere escogido con ilustre esposo como a Jesucristo. Fundó esta señora el monasterio de San Pablo, que es de religiosas de San Jerónimo, y fue tan limosnera que repartió la mayor [fol. 209r] parte de su patrimonio a los pobres de Jesucristo. Escriben de esta señora las crónicas de la orden de San Jerónimo y Pedro de Alcocer y el otro, Villegas. Algunos historiadores hacen a esta señora sobrina del arzobispo don Vasco, así lo afirma el muy docto padre Fray Joseph de Sigüenza en su segunda parte de la historia de San Jerónimo, en el capítulo cuarenta y seis, pero se engaña mucho, porque el otro, don Vasco, murió en Portugal, como se dijo en el capítulo pasado, y cuando murió esta señora hubo diferencias entre si se había de enterrar en el sepulcro de su tío, que estaba en la santa iglesia, o en el Monasterio de San Pablo, que ella había fundado. Demás de esto, lo que escriben su vida hacen mención de su hermano el arcediano de Talavera, que fue sobrino del otro arzobispo [fol. 209v] don Gómez Manrique, el cual en su muerte pidió al cabildo de Toledo lo no eligiesen por arzobispo al arcediano, su sobrino (como se dirá). Así mismo, esta señora murió en el año de mil y cuatrocientos veintiséis, y don Vasco fue preso en el año de mil trescientos cincuenta. Así, es cosa cierta que no fue sobrina suya sino del otro don Gómez.   &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
===Notas===&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&#039;&#039;[1]&#039;&#039; Tachado: “Gómez”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
= Vida manuscrita (4)=&lt;br /&gt;
Ed. de [https://visionarias.es/equipo/veronica-torres-martin/ Verónica Torres Martín]; fecha de edición: septiembre de 2026&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
== Fuente ==&lt;br /&gt;
* [http://catalogodesantasvivas.visionarias.es/index.php/Categor%C3%ADa:Hernando_Pecha Pecha, Hernando], 1669. &#039;&#039;Historia de Guadalajara, y cómo la religión de San Jerónimo en España fue fundada y restaurada por sus ciudadanos&#039;&#039;. Ms. BNE 1756, fols. 12r-12v. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
== Criterios de edición ==&lt;br /&gt;
El relato de la vida de esta religiosa jerónima, María García, se encuentra en el capítulo dedicado a la renuncia al priorato de san Bartolomé por parte de fray Pedro Fernández de Guadalajara y a su posterior partida para fundar el Monasterio de Nuestra Señora de la Sisla, en Toledo. Este capítulo forma parte, a su vez, del manuscrito titulado &#039;&#039;Historia de Guadalajara, y cómo la religión de San Jerónimo en España fue fundada y restaurada por sus ciudadanos&#039;&#039;, fechado en 1669. Todo parece indicar que dicho manuscrito constituye una copia de la obra escrita por Hernando Pecha, ya que, según la descripción del ejemplar, este se encuentra incompleto tanto al principio como al final y presenta escritura de distintas manos.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Dado que se trata de una copia manuscrita de la segunda mitad del siglo XVII los criterios de edición son conservadores. Se mantienen los grupos cultos como -ct- (&#039;&#039;sanct, sanctas&#039;&#039; y sus variantes). Se respetan las oscilaciones y variantes de las sibilantes. Se mantiene la oscilación v/b y se regularizan las alternancias gráficas sin valor fonético: i/j, u/v Se regularizan asimismo determinadas grafías sin valor fonético, como la h- inicial de &#039;&#039;hermita&#039;&#039;, que se edita como &#039;&#039;ermita&#039;&#039;. La puntuación y la capitalización han sido modernizadas. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
== Vida de María García ==&lt;br /&gt;
[fol. 11v] &#039;&#039;Renuncia el priorato de sanct Bartolomé fray Pedro Fernández de Guadalajara y sale a fundar el Monasterio de Nuestra Señora de la Sisla en Toledo&#039;&#039;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[…]&lt;br /&gt;
[fol. 12r] Conoció la tierra, las heredades y los sitios, acordándose de una Ermita de Nuestra Señora que estava a la parte de medio día, algo inclinada al oriente, en aquellos pagos que llaman zigarrales, lugar apartado poco menos de media legua de Toledo. Puesto en lo más áspero de aquellas cuestas, allí se fue nuestro Pecha como aveja solícita con su pobre enjambre. Contentoles a todos el puesto y la ermita. Hallaron junto a ella dos pequeñas celdillas, aunque no mal separadas por haberse recogido en ellas las dos sanctas mugeres: la una llamada doña María García de Toledo, muger &#039;&#039;[1]&#039;&#039; de rara hermosura, señora de los más nobles y principales de aquella ciudad, hija de Diego García de Toledo y de doña Constanza de Toledo; la otra doña María Gómez, biuda y noble. Las quales dos sanctas matronas, huyendo del apetito desenfrenado del rey don Pedro &#039;&#039;[2]&#039;&#039;, se retiraron a aquel desierto. Era esta ermita a deseo de los canónigos de la Iglesia Colegial [fol. 12v] de sancta Leocadia, extramuros. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
===Notas===&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&#039;&#039;[1]&#039;&#039; En este punto aparece una palabra tachada, la cual no hemos podido discernir, y encima de ella, en otra tinta, se señala “muger”. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&#039;&#039;[2]&#039;&#039; En referencia a don Pedro el Cruel, como se señala en otras hagiografías.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
= Vida impresa (1)=&lt;br /&gt;
Ed. de [http://visionarias.es/equipo/veronica-torres-martin// Verónica Torres Martín]; fecha de edición: octubre de 2020.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
== Fuente ==&lt;br /&gt;
* [http://catalogodesantasvivas.visionarias.es/index.php/Categor%C3%ADa:Pedro_de_Alcocer Alcocer, Pedro de], 1554. “Libro segundo, en que particularmente se escribe el principio, y fundamento desta sancta ygleia de Toledo…”, &#039;&#039;Hystoria, o descripcion dela Imperial cibdad de Toledo. Con todas las cosas acontecidad en ella, desde su principio, y fundacion. Adonde se tocan, y refieren muchas antigüedades, y cosas notables de la Hystoria general de España&#039;&#039;, Toledo: Juan Ferrer, fol. 115r, col. a.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[[Contexto material del impreso Hystoria, o descripcion dela Imperial cibdad de Toledo]]. &#039;&#039;Con todas las cosas acontecidad en ella, desde su principio, y fundacion. Adonde se tocan, y refieren muchas antigüedades, y cosas notables de la Hystoria general de España&#039;&#039;.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
== Normas de edición ==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El relato aparece en el libro segundo de la &#039;&#039;Hystoria, o descripcion dela Imperial cibdad de Toledo&#039;&#039;, impreso en 1554, en el que se describe la fundación de los monasterios, hospitales y lugares píos de la ciudad de Toledo. La vida de María García se integra en el vigesimoséptimo capítulo, en el que se ejemplifica la fundación del monasterio de San Pablo. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Se siguen los criterios establecidos en el catálogo para fuentes impresas. Sin embargo, se ha decidido conservar las grafías de sibilantes por tratarse de un impreso de mediados del siglo XVI. Además, para facilitar la localización del texto, se indica el folio (r-v) y la columna correspondiente (a-b). &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==Vida de María García==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
===Capítulo XXVII===&lt;br /&gt;
&#039;&#039;&#039;Del monesterio de San Pablo, y de su fundación&#039;&#039;&#039;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[fol. 115r col. a] El monesterio llamado San Pablo, que es de religiosas de la orden del glorioso San Jerónimo, fue en su principio fundado por la católica doña María García de Toledo, hija de Diego García de Toledo. La cual, siendo muy santa y amadora de la religión, fundó esta santa casa de religiosas de esta orden, honestas y recogidas sin clausura, adonde ella se encerró con otras algunas religiosas de vida apurada, con las cuales hizo tan santa vida que se puede firmemente creer que está colocada entre las santas bienaventuradas en la gloria, según su caridad y humildad, que son dos virtudes que mucho en ella resplandecían. Fue tan limosnera que repartió la mayor parte de su patrimonio, que era mucho, por los pobres, y con eso poco que le quedó se metió en esta casa de religión con otras religiosas con las que les tomó el hábito del glorioso San Jerónimo, de quien era devotíssima el año del señor de 1404. Y después acá, esta casa de oración ha sido más acrecentada y labrada, y han entrado en ella muchas más religiosas de santa vida y recogimiento. Fueron estas religiosas al principio sujetas al prior de la Sisla, en el cual estado permanecieron hasta el año del señor de 1508, que de su propia voluntad las religiosas que en él estaban hizieron professión y tomaron velo y clausura, quedando sujetas al general de la dicha orden.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
= Vida impresa (2)=&lt;br /&gt;
Ed. de [http://visionarias.es/equipo/maria-del-mar-cortes-timoner// M. Mar Cortés Timoner]; fecha de edición: abril de 2021.&lt;br /&gt;
== Fuente ==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
* [http://catalogodesantasvivas.visionarias.es/index.php/Categor%C3%ADa:Alonso_de_Villegas Villegas, Alonso de], 1588. &#039;&#039;Addicion a la Tercera Parte del Flos sanctorum: en que se ponen vidas de varones illustres, los quales, aunque no estan canonizados, mas piadosamente se cree dellos que gozan de Dios por auer sido sus vidas famosas en virtudes...&#039;&#039;, Huesca: Iuan Perez de Valdiuielso. Fols. 44r col. a – 45v col. a.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[[Contexto material del impreso Addicion a la Tercera Parte del Flos sanctorum]] &#039;&#039;en que se ponen vidas de varones illustres, los quales, aunque no estan canonizados, mas piadosamente se cree dellos que gozan de Dios por auer sido sus vidas famosas en virtudes...&#039;&#039;.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
== Criterios de edición ==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El relato aparece en el apartado 193 de la Adición de la Tercera Parte del &#039;&#039;Flos Sanctorum&#039;&#039; de Alonso de Villegas. Para facilitar la localización de los textos, he indicado el folio (r-v) y la columna correspondiente (a-b).&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En la edición, se siguen los criterios establecidos en el catálogo para fuentes impresas pero se respetan los grupos consonánticos: -nt (sant), -nc- (sancta), -bj- (subjetándose) y las contracciones. Además, se mantiene la conjunción copulativa “y” ante palabras iniciadas con el sonido vocálico “i”, la escritura de las palabras con interés morfológico o fonológico (augmento, proprio, ansí, etc.), el empleo del sustantivo “Orden” en masculino y la forma femenina del determinante ante los sustantivos femeninos que empiezan por a- tónica (arca, alba). &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Se ofrecen datos en torno al texto editado en: &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
* M. Mar Cortés Timoner, “Censuras, silencios y magisterio femenino en la Adición a la tercera parte del Flos Sanctorum de Alonso de Villegas”, &#039;&#039;Specula. Revista de Humanidades y Espiritualidad&#039;&#039;, vol. 1 (mayo 2021), pp. 183-210: https://www.ucv.es/investigacion/publicaciones/catalogo-de-revistas/revista-specula&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
* M. Mar Cortés Timoner, “La autoridad espiritual femenina en la Castilla bajomedieval y su reflejo en el Flos sanctorum de Alonso de Villegas”, &#039;&#039;Dicenda. Cuadernos de Filología Hispánica&#039;&#039;, vol. 39 (2021), pp.:  25-35 DOI: https://revistas.ucm.es/index.php/DICE/article/view/76403&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==Vida de María García==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&#039;&#039;&#039;[Fol. 44r col. a] Vida 193. De María, que fue ilustre y tuvo por sobrenombre García&#039;&#039;&#039; […] &#039;&#039;[1]&#039;&#039;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&#039;&#039;[2]&#039;&#039; Entre otras riquezas que estaban en el templo de Salomón que grandemente le hermoseaban eran dos querubines que, por mandado de Dios, puso Moisés a los lados de la Arca &#039;&#039;[3]&#039;&#039;; y puede asimilarse a ellos dos benditas mujeres, ambas Marías y doncellas, por donde dice bien con ellas el nombre de querubines o ángeles, pues lo que en el cielo es ser ángeles en la tierra es ser vírgenes, semejando los vírgenes a los ángeles. Están a los lados del Arca, esto es, muy juntas a Dios, no solo por su encendida caridad sino por el estado de monjas que tuvieron, que está muy conjunto con Dios. Hermosean y adornan este templo de la Iglesia militante por razón que las religiones son adorno riquísimo de la misma Iglesia. De ambas juntas tengo de escribir sus vidas porque fueron casi de una misma tierra, de un mismo orden &#039;&#039;[4]&#039;&#039; y de una misma casa, y casi en un mismo tiempo, y están sepultadas juntas, junto con que me aprovecharé para escribirlas de unos mismos originales. Y fueron: un libro de mano antiguo que está en el monasterio de Sant Pablo de Toledo, que fue casa propria de ambas, y de la historia &#039;&#039;[5]&#039;&#039;, también de Toledo, de Arcocer [fol. 44 r col. b] y de las crónicas del Orden de Sant Jerónimo, y es en esta manera. &#039;&#039;[6]&#039;&#039;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Doña María, llamada, por respecto de su padre, García, fue natural de Toledo, hija de don Diego García y de doña Costanza de Toledo, ambos de muy ilustre linaje y decorado con real sangre. Los padres vivían sanctamente y aprendió dellos su hija a vivir en toda sanctidad. Eran ricos de bienes temporales porque tenían grandes posesiones en Talavera, villa de mucho lustre distante doce leguas de Toledo, y, sin esto, otras haciendas de manera que podían y, junto con el poder, hacían grandes limosnas, lo cual también su hija quiso imitarles, como se verá en el proceso de su vida.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Fue, desde niña, muy inclinada al servicio de Dios y a cosas de devoción y, por lo mismo, aborrecía todo lo que es mundo y contradice a la perfección. Y por el crédito que ganó con sus padres y con todos los que la conocían, de que era muy honesta y deseaba ser sancta aunque era muy hermosa, nadie se escandalizaba ni juzgaba mal por algunas cosas que hacía, que en otra fueran de mal ejemplo y a ella le daban muy bueno por estar saneada con sus inculpables costumbres. Y así visitaba iglesias muy a menudo donde tenía larga oración, ofreciendo [fol. 44v col. a] a Dios las primicias de sus buenos deseos. Iba a dar limosna a personas que tenían grave necesidad y, aun acabado, lo que podía dar pedía a algunas personas ricas para dar a otras pobres; y a los unos era ocasión que mereciesen para bien de sus almas y a los otros que remediasen las necesidades de sus cuerpos, y así era a todos provechosa. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Estaba a esta sazón un monasterio no lejos del alcázar principal de la ciudad, que se llamaba Sant Pedro de las Dueñas, donde se edificó después el insigne Hospital de la Cruz, obra del ilustrísimo cardenal y arzobispo de Toledo don Pero González de Mendoza, donde no solo se curan enfermos y heridos en grande número sino que &#039;&#039;[7]&#039;&#039; se crían niños expósitos, que no es pequeño también el número dellos, por el pueblo y ciudad ser grande y no tener estos otro remedio. Quiso, pues, doña María, probar aquella vida de religiosa encerrada y así entró en este monasterio de edad de once años. Y porque era en él abadesa una hermana suya que la amaba tiernamente, y por su respecto y alto linaje, junto con sus sanctas obras, las demás monjas la estimaban y tenían en mucho. Ella, que deseaba ser menospreciada y tenida en poco, dejó el monasterio no queriendo quedar en él ni en otro de Tordesillas adonde la deseaban por monja y quisieran hacerla abadesa anteponiéndola, que &#039;&#039;[8]&#039;&#039; era moza y extraña, a otras ancianas y criadas en aquella casa, por las nuevas que tenían de su sancta vida. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Luego que salió del monasterio pusose unas alforjas al hombro y andaba pidiendo limosna para los presos de la cárcel del arzobispo, no sin particular sentimiento de sus padres, hermanos y parientes. Y reprehendiéndola por esto, respondía que, si no la dejaban andar despreciada y imitando a su esposo Cristo, que se iría donde no la viesen. Estas razones, aunque en otra doncella parecieran dichas con libertad, en doña María, considerada su vida, eran prendas de grande humildad. Y por quitar del todo la ocasión a los maliciosos de murmurar della, viéndola sola de poca edad y hermosa que andaba pidiendo limosna, acompañose de una noble viuda llamada doña &#039;&#039;[9]&#039;&#039; Mayor Gómez, que quiso ser partícipe de sus buenas obras y compañera en sus sanctos ejercicios. Y así, las dos se vieron pedir limosna en la sancta iglesia con sus alforjas a los hombros, de que no pequeña edificación sacaban los que las conocían viendo lo que hacían. Vino el negocio a que su mismo padre la encontraba en la calle y decía a sus criados: “Dad lugar a que apase &#039;&#039;[10]&#039;&#039; María, mi hija, y siga a Jesucristo, que la lleva por ese camino de menosprecio”. Agradecía esto mucho la bendita mujer y decía que debía mucho a sus padres porque la habían dado lugar de se apartar del mundo. También acaeció encontrarse, andando pidiendo limosna, con el arzobispo [fol. 44v col.b] de Toledo, que era tío suyo, llevando al lado a su padre, con grande acompañamiento, y reprehender el arzobispo a su hermano porque daba lugar a que su hija anduviese de aquella manera en menoscabo del honor de todos ellos. Y respondíale que se tenía por dichoso en que su hija hubiese escogido tan ilustre esposo como Jesucristo, pues con tal yerno él se tenía por muy honrado. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Era a esta sazón rey de Castilla don Pedro, llamado el Cruel, en cuyo tiempo padecieron los grandes del reino no pequeñas persecuciones. Andaban amedrentados y muchos dellos huidos porque el rey era determinado y fácilmente cortaba cabezas sin respecto de linaje o estado. Y así cupole parte desta persecución a doña María, o por respecto de sus deudos o por recelarse de su honor, si estaba seguro en tiempo de tanta borrasca y tempestad. Y así se recogió a Talavera, que, como se ha dicho, tenía en aquella villa su padre grandes posesiones y era como señor della. Acompañáronla otras señoras principales del reino llevadas con el mismo temor y aun allí no se tuvieron por seguras, por donde les convino irse a diversas partes. Y doña María se volvió a Toledo, y fuera de la ciudad, a la parte del mediodía, se recogió en una pequeña casa que ella labró, junto a una ermita de la Madre de Dios, donde después se edificó el Monasterio de la Sisla del Orden de Sant Jerónimo, y está de presente sepultada aquí. Con su buena amiga doña Mayor Gómez se ocupaba en oración con mucha humildad y paciencia. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Sosegándose más los tiempos, volvió a la ciudad y se juntó &#039;&#039;[11]&#039;&#039; con doña María de Soria y con otras señoras de linaje que vivían cerca de la iglesia de Sant Román, en casa particular, y tenían hábito de beatas recogidas. Y destas contaba &#039;&#039;[12]&#039;&#039; después &#039;&#039;[13]&#039;&#039; grandes virtudes de paciencia, humildad y menosprecio del mundo, diciendo que era poco lo que ella hacía en comparación de lo que vido en aquellas religiosas. Murió doña María de Soria, la que era cabeza en esta casa y congregación, y habiendo muerto también su madre, doña María vendió cierto heredamiento que le cupo de su legítima en Belilla y compró unas casas a la colación de Sant Laurencio, donde es ahora el Monasterio de Sant Pablo. Y aquí reposó su espíritu con su amado Esposo. Tenía consigo a su amiga antigua doña Mayor Gómez y a otra llamada Teresa Vázquez con otras seis o siete señoras ilustres y temerosas de Dios, determinándose servir a Nuestro Señor en su compañía. A todas estas honraba y acataba la sierva de Dios porque veía en ellas desprecio del mundo, humildad, pobreza y trabajo. Al olor de la sancta vida que todas hacían, vinieron otras muchas mujeres nobles a servir a Dios y, de acuerdo de todas, tomaron el hábito del glorioso Sant Jerónimo, de quien era muy devota doña María, aunque sin clausura, sino con [fol. 45r col. a] título de beatas. Y fue el año de mil y cuatrocientos y cuatro &#039;&#039;[14]&#039;&#039;, subjetándose al prior de la Sisla que, a la sazón, era Pero Fernández, que, primero, fue caballero seglar de muchos cuentos de renta y muy preciado de los Reyes Católicos &#039;&#039;[15]&#039;&#039; y, después, se hizo pobre por Jesucristo y de los primeros fundadores en España del Orden de Sant Jerónimo. Y así él fue el que edificó el Monasterio de la Sisla donde primero estaba una ermita de la Madre de Dios, como se ha dicho, y para esta obra ayudó largamente doña María de su patrimonio. Dio una arca de plata esmaltada para que se pusiese el Sanctísimo Sacramento y otras ricas joyas. Y por ver el prior la caridad desta bendita mujer, visitábala y no poco la alentaba con sus buenos consejos y sanctas amonestaciones en el servicio de Dios. El cual, habiendo vivido sanctamente, murió en la misma casa de doña María, adonde se había hecho traer de la Sisla para tener algún regalo en su enfermedad. Y en el aposento donde murió quedó por muchos días un olor maravilloso y del cielo. Su cuerpo fue llevado a sepultar a Guadalupe. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Tenía doña María el gobierno de aquella casa y congregación. Era hermosa de rostro, como se ha dicho, y mucho más en el alma. Su presencia, de grande austeridad, ponía más temor en los que veían su honestidad y humildad que si la oyeran palabras de reprehensión. Si reprehendía, era con tanta discreción y con tan dulces palabras que, por ello, era amada, especialmente de sus parientas, que visitándola, y viéndolas ella con muchos trajes y galas, decíales tales razones que, sin quedar sentidas, se moderaban y dejaban lo superfluo. Su tocado y vestido era muy honesto y pobre aunque aseado y limpio. Amaba el color blanco por la castidad, mas de ordinario se vestía de pardillo por vencerse a sí misma y dar ejemplo de menosprecio. Era fervorosa en la oración y nunca estaba ociosa. Era agradecida a Dios y a las gentes, muy paciente en sus enfermedades, que eran tos continua y dolor de hijada a tiempos que la llegaba a lo último. Huía la vanagloria y quería que de todo lo bueno se diese loor &#039;&#039;[16]&#039;&#039; a Jesucristo. Sus amonestaciones eran todas fundadas en humildad y decía a cada una de las hermanas que fuesen humildes si querían ir por camino seguro; y así, ella se tenía por la menor de todas. Era su costumbre levantarse todas las mañanas a tener oración, la cual cosa alguna no dejaba, y estando enferma, aunque en la cama, allí oraba. Y porque siendo de ochenta años no oía el reloj para levantarse, hacía que pusiesen un gallo cerca de su aposento para que su voz le fuese reloj y despertador; y así, no faltaba en su sancto ejercicio. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Llegose su muerte, y teniendo consigo veinte y cinco religiosas, llamolas cinco dellas antes de su tránsito, abrazolas y dioles paz. Habló a cada una [fol. 45r col b.] en particular, avisándola en aquello que más sabía convenirle, según su condición. Y a todas en común hizo una plática amonestándoles a mucha paz y caridad unas con otras, a que amasen las virtudes, dioles su bendición y encomendolas a Dios. Las hermanas, con tristeza grande, lloraban tiernamente, ellas las consolaba diciendo que sirviesen a Dios, que nunca su Majestad les faltaría. La mañana antes de su muerte vieron las hermanas sobre su aposento una grande claridad y dentro della una paloma blanca. Otro día, que fue víspera de Sant Anton Abad, a la hora de la alba &#039;&#039;[17]&#039;&#039;, estando las hermanas con ella viéronle mover los labios y que rezaba aceleradamente, aunque no entendían lo que decía. Apareció luego una claridad grande sobre su rostro de manera que toda la casa participó della. Veíase volver los ojos a una y a otra parte, daba muestra que se alegraba de lo que veía y así espiró despareciendo la claridad, y fue en diez y seis de enero, día lunes, en el año de mil y cuatrocientos y sesenta y cuatro &#039;&#039;[18]&#039;&#039;. Era de edad de ochenta y seis años, después de haber estado los sesenta en aquella casa y religión. Quisiera sepultarse en su sancta iglesia por estar allí sepultado su tío el arzobispo, que fue varón de sancta vida, delante el altar de Sancta María la Blanca, que es el de prima, dentro del coro menor. Y el arcediano de Toledo, que era sobrino, huyó lo que &#039;&#039;[19]&#039;&#039; pretendía. Mas el amor que tenía a los hermanos de su orden, los frailes de la Sisla, fue medio para que mandase que allí la enterrasen. Y cierto desto y de su muerte, los frailes, luego que supieron que era difuncta, porque el arcediano, su sobrino, no lo estorbase, con otros caballeros deudos suyos, habiéndole dicho una misa en tanto que la amortajaban, la llevaron luego a la Sisla. Y habiendo tiempo que no llovía, el mismo día por la tarde llovió tanto que no poco se consoló el pueblo atribuyéndolo mucho a los merecimientos desta sierva de Dios. Estuvo siete días sin enterrar en tanto que se le hacía un lucillo en que fue puesta. Y su cuerpo era visto de todos sin dar mal olor ni mostrar fealdad sino tan tractable que la podían asentar, vestir y desnudar, cerrar sus manos y abrirlas. Y en este tiempo fue fama que obró Nuestro Señor por ella algunos milagros. Fue sepultada noche de Sant Ildefonso &#039;&#039;[20]&#039;&#039; dentro del lucillo, en el coro de la iglesia, cerca del altar mayor. Y el día siguiente de Nuestra Señora de la Paz se le celebraron las honras, y predicó un obispo conocido suyo y dijo della grandes loores. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
La casa y congregación desta bendita mujer fue siempre en augmento, así en religiosas que entraban en ella como en el edificio. Estaban subjectas al prior de la Sisla sin guardar clausura, en el cual estado permanecieron hasta el año del Señor de mil y quinientos y ocho, que, de su propria voluntad, las religiosas que en él estaban [fol. 45v col. a] hicieron profesión y tomaron velo y clausura, quedando subjectas al general del dicho Orden de Sant Jerónimo. Es casa de mucha religión y donde siempre ha habido señoras de ilustre sangre y de grande vida y ejemplo. Entre las cuales vivió [[María de Ajofrín]], de quien habemos de ver su vida coligiéndola de los mismos memoriales y libros que la pasada, y es en esta manera. &#039;&#039;[21]&#039;&#039;.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
===Notas===&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&#039;&#039;[1]&#039;&#039; El apartado también incluye la vida de María de Ajofrín por ello el epígrafe completo expone: “De María, que fue ilustre y tuvo por sobrenombre García, y de María de Ajofrín, monjas de Sant Pablo de Toledo”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&#039;&#039;[2]&#039;&#039; En el margen izquierdo leemos: “En. I6. de Enero. Exodi.15.”&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&#039;&#039;[3]&#039;&#039; Conservamos la concordancia del texto.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&#039;&#039;[4]&#039;&#039; A lo largo de la edición, respetamos el género del sustantivo según el texto, que se refiere a la Orden de San Jerónimo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&#039;&#039;[5]&#039;&#039; Posiblemente, remite a la &#039;&#039;Hystoria, o descripcion dela Imperial cibdad de Toledo&#039;&#039; de Pedro Arcocer, impreso en 1554. En concreto, la vida de María García se halla en el vigesimoséptimo capítulo del segundo libro y está editada en el catálogo por Verónica Torres: http://catalogodesantasvivas.visionarias.es/index.php/Mar%C3%ADa_Garc%C3%ADa&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&#039;&#039;[6]&#039;&#039; En el margen derecho leemos: “Authores”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&#039;&#039;[7]&#039;&#039; Se añade “que”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&#039;&#039;[8]&#039;&#039; En el texto “que”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&#039;&#039;[9]&#039;&#039; Se subsana la errata “daña”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&#039;&#039;[10]&#039;&#039; Debemos leer “pase”. El verbo “apasar” se halla recogido en el &#039;&#039;Corpus Diacrónico del Español&#039;&#039; (CORDE): http://corpus.rae.es/cgi-bin/crpsrvEx.dll &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&#039;&#039;[11]&#039;&#039; En el texto “juntándose”. Se ha corregido la incoherencia sintáctica. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&#039;&#039;[12]&#039;&#039; En la obra leemos “contaban” pero parece más lógico considerar como sujeto a doña María.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&#039;&#039;[13]&#039;&#039; En el texto: “despus”&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&#039;&#039;[14]&#039;&#039; En el lateral izquierdo leemos: “Año de 1404.”&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&#039;&#039;[15]&#039;&#039; Se trata de un anacronismo ya que perteneció a la corte de Pedro I.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&#039;&#039;[16]&#039;&#039; La palabra “loor” aparece como sinónimo de alabanza&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&#039;&#039;[17]&#039;&#039; Conservamos la escritura del texto y no corregimos por “del alba”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&#039;&#039;[18]&#039;&#039; En el margen derecho podemos leer: “Año de 1464.”&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&#039;&#039;[19]&#039;&#039; Para facilitar la lectura se ha añadido el pronombre relativo “que”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&#039;&#039;[20]&#039;&#039; En el texto: “Illefonso”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&#039;&#039;[21]&#039;&#039; He editado la vida en el catálogo: http://catalogodesantasvivas.visionarias.es/index.php/Mar%C3%ADa_de_Ajofr%C3%ADn&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
= Vida impresa (3)=&lt;br /&gt;
Ed. de [http://visionarias.es/equipo/lara-marchante-fuente/ Lara Marchante Fuente]; fecha de edición: julio de 2017; fecha de modificación: agosto de 2026.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
== Fuente ==&lt;br /&gt;
* [http://catalogodesantasvivas.visionarias.es/index.php/Categor%C3%ADa:Fray_José_de_Sigüenza Sigüenza, Fray José de], 1600. “Libro IV de la Historia de la Orden de San Jerónimo”, &#039;&#039;Segunda Parte de la Historia de la Orden de San Jerónimo, dirigida al Rey, Nuestro Señor, Don Felipe III&#039;&#039;. Madrid: Imprenta Real, 756-767.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[[Contexto material del impreso Segunda Parte de la Historia de la Orden de San Jerónimo]]&#039;&#039;, dirigida al Rey, Nuestro Señor, Don Felipe III&#039;&#039;.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
== Criterios de edición ==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Para facilitar su lectura, esta edición moderniza el texto en aquellos puntos que no suponen una pérdida de los valores fonéticos, léxicos y sintácticos del periodo y conserva la morfología de las palabras con interés morfológico o fonológico o por tratarse de cultismos (como &#039;&#039;agora&#039;&#039;, &#039;&#039;ansí&#039;&#039;, &#039;&#039;monesterio&#039;&#039;, &#039;&#039;recebir&#039;&#039;, &#039;&#039;redemptor&#039;&#039; u &#039;&#039;obscuro&#039;&#039;).&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Se adaptan, por tanto, las grafías a las normas de ortografía vigentes (sibilantes, b/u/v, j/g, chr/cr, qu/cu, empleo de h, etc.) y a la acentuación y puntuación de las normas gramaticales actuales. Igualmente, el uso de las mayúsculas y minúsculas respeta los criterios presentes del español, si bien se mantienen las mayúsculas como signos de respeto o de diferenciación con la palabra escrita en minúscula (&#039;&#039;Cielo&#039;&#039;, &#039;&#039;Esposo&#039;&#039;, &#039;&#039;Señor&#039;&#039;, &#039;&#039;Profeta&#039;&#039;, &#039;&#039;Reina del Cielo&#039;&#039;). &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
También se introducen las comillas para delimitar las intervenciones dialógicas de los personajes y se subsanan las erratas evidentes. En este sentido, conviene apuntar que, dentro de esta edición y en base a sus particularidades, se han incluido notas al pie en las que se especifican y desarrollan algunas ideas o palabras del texto impreso original. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==Vida de María García==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
===Capítulo XLVI===&lt;br /&gt;
[757] &#039;&#039;&#039;La vida de doña María García, virgen de gran santidad y fundadora del Monasterio de San Pablo en la ciudad de Toledo&#039;&#039;&#039;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Feliz clausula hará esta parte de historia con la vida desta generosa santa y será como renovar los principios en que comenzó esta religión, haciendo como un círculo, juntando estos dos extremos. Hasta aquí, no hemos hecho memoria de ninguna religiosa desta Orden, porque es esta santa la primera y con quien nuestro Fr. Pedro Fernández Pecha tuvo familiar y santa conversación, y, pues hemos dicho de los hijos, digamos agora desta hija tan santa que fue después madre de muchas siervas de Dios, y quedará, como dicen, urdida la tela para la grande y maravillosa lista que después veremos dellas. Escrita está de algunos puntos de su vida, y no será superfluo mi trabajo, dejada aparte la obligación que corte.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Ha sido forzoso hacer memoria desta santa virgen en algunos lugares desta historia, principalmente en la fundación del Monasterio de Sisla, junto a Toledo, y en la vida del padre Fr. Pedro Pecha o de Guadalajara. Tomando agora aquí el principio de sus principios, que Doña María fue hija de don Diego García de Toledo, de la Casa de los Gavias de Toledo, que es la Casa que llaman de las Gallinas, su madre se llamó Constanza de Toledo, mujer de don Diego García y hermana de don Vasco de Toledo, y no como algunos dicen de don Álvaro, arzobispo de Toledo. El padre de la santa fue también hijo de otro Diego García, mayordomo y notario mayor de la Reina doña María, y nieto de otro tercero Diego García, gran privado del Rey don Sancho “el Bravo”, ayo y mayordomo de un hijo y alcalde de Toledo, cuyas armas son las palomas, por descender del linaje de los Palomeques. De suerte le viene el abolengo, y por línea derecha a la santa, ser paloma, como a Fr. Pedro Pecha ser abeja, y mejor entre ambos, por la gracia del Espíritu Divino, ser principios y como maestros fecundos de tan santas congregaciones de hijos espirituales. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Tuvo esta santa paloma algunos hermanos, y entre todos ellos fue la querida y regalada de sus padres, porque salió por extremo hermosa y mejor, porque desde niña relucieron en ella mil presagios de santidad: en sus primeros años descubrió, siendo aún sin costumbres, costumbres santas.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Retirábase tan de veras y tan en seso a los lugares secretos a ponerse de rodillas y a rezar como si supiera qué era aquello, si no decimos que Dios le anticipó el juicio (no es cosa nueva) porque comenzasen los amores temprano y pudiese decir lo que aquella insigne mártir: “de otro amador estoy requestada primero que de ti”. Cuando comía a la mesa con sus padres, cogía pedazos de pan y a lo que más podía haber, echábaselos en la haldilla, y llevábaselos a los pobres que lle- [758] gaban a la puerta. Iba tan codiciosa y alegre a esto como si fuera a otros entretenimientos de niños, de suerte que antes que supiese hablar, sabía ya dar limosna. Nunca se le vían niñerías porque desde la cuna nació sin ellas, cosa que ponía admiración. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Estas primicias de espíritu que vieron los padres en su hija, como eran tan píos, les despertó el pensamiento a que de común acuerdo la ofreciesen a Nuestro Señor, haciendo voto de consagrarla como diezmo de muchos bienes recibidos de la mano de Dios a su perpetuo servicio y de su Santa Madre, y que fuese siempre virgen consagrada y no conociese otro esposo sino a Jesucristo, dándole lo mejor y la más querida prenda que tenían en sus ojos. Pusieron diligente cuidado en su crianza, enderezándola en todo lo que era temor y reverencia divina, procurando apartarla de lo que podía abrir los ojos para conocer los deleites del mundo. Cosa en que se descuidan tanto los padres en este tiempo y maravíllanse después cuando ven mil desastres por sus casas, habiendo ellos mismos abierto la puerta a todo, con la libertad y deshonestas costumbres que permiten y aun enseñan a sus hijos. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Crecían en esta sierva de Dios, con los años, discreción y santidad a una. Llegado el tiempo en que pudo tener conocimiento perfecto del voto y deseo de sus padres, de su propia voluntad y con alegría del alma le confirmó e hizo de nuevo, prometiendo no recibir otro esposo sino Jesucristo. Cuando vino a  edad de doce años, con más maduro pensamiento, comenzó a tratar qué manera de vida escogería para servir a su Esposo. Parecíale que el regalo de casa de su padre era mucho, y que tenía necesidad de abstenerse algo porque no la ablandase y se le hiciese después dificultoso entrar en vida más áspera. Habíale ya Dios puesto en el alma un perfecto linaje de aborrecimiento de sí misma y de todo cuanto el mundo estima y adora vanamente: riquezas, honras, deleites, estima, pompas. Inclinó su oreja a los consejos divinos, y dejó la casa de su padre y el modo de vida blanda y regalada, fuese a un monasterio que se llamaba San Pedro de las Dueñas, donde era priora una hermana suya y había monjas de santa vida (estaba este monasterio puesto en aquel sitio donde edificó después el Cardenal don Pedro González de Mendoza el insigne Hospital de la Cruz). La hermana, que la amaba tiernamente, la recibió en sus brazos, entendiendo que se iba de todo punto a ser allí monja con ella. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
No quiso el Señor que se determinase en esto porque la guardaba para otro fin, y solo pretendía, en estos ensayos, que se destetase de la vida primera regalada y, allí recogida, deprendiese a leer, escribir, cantar y rezar, y otras santas ceremonias que habían de aprovechar a su tiempo. Vivió de tal manera en aquella santa compañía que salió su fama no solo por la ciudad de Toledo, con gran admiración de todos, más aun a otras partes remotas. Tuvieron noticia della, por cartas de monjas o por otra vía, en un monasterio de Santa Clara, que está en la villa de Tordesillas. Rogáronle que se fuese allá a ser religiosa, prometiéndole que, en pocos años, la escogerían por superiora, condición bastante para que la doncella humilde rehusase el partido. Consideradas bien las costumbres y manera de vida que hacía su hermana con las demás religiosas, y bien industriada en lo que le pareció que le importaba, pidió licencia a su hermana para ir a ver a sus padres. Sintiolo la hermana tiernamente, que quisiera gozarla toda la vida. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Estando en casa de su padre, se le juntó una gran sierva de Dios, matrona verdaderamente viuda, llamábase doña [759] Mayor Gómez, de gran espíritu. Con esta comunicó un pensamiento que le puso Dios en el alma, y era hacer un desprecio grande de sí misma a los ojos del mundo, y crucificarse a él. La matrona prudente se maravilló de este pensamiento en una doncella generosa, rica, delicada. Prometiole su compañía en todo, porque entendió que Nuestro Señor la despertaba aquello. Salían cada día las dos siervas de Jesucristo de casa, en un hábito ordinario y despreciado, con unas alforjas al cuello, iban de casa en casa pidiendo limosna para los pobres encarcelados y miserables, recibían allí los mendrugos de pan, y cuando estaban las alforjas llenas que apenas las podían llevar, porque se las llenaban presto, repartíanlo a los pobres de la cárcel y a otros necesitados, y volvíanse a casa sin hablar con ánima, ni alear los ojos. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Dentro de casa, el ejercicio era orar y ayunar, y hacer las obras de humildad que se ofrecían, dando en todo buen ejemplo con sus vidas. Reprendiola algunas veces su padre y hermanos desta manera de vida y ejercicio de salir a demandar, diciendo que era cosa afrentosa y baja. Callaba la santa a todo y proseguía su ejercicio, sufriendo, con paciencia, la afrenta de los de fuera y la persecución de los de dentro. Holgándose que se ofrecía ocasión de padecer algo por Jesucristo, deseando mayores trabajos y afrentas. No parece agora creíble esto ni hacedero. La sencillez y poco pundonor de aquellos tiempos y, lo principal, el impulso santo de Dios, que por nuestra culpa no está en nosotros, nos hace parecer dificultosa esta manera de vida. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Continuaban las dos santas hembras su ejercicio: los días de fiesta (para romper de todo punto con estos pundonores que llaman en el mundo afrentas), se venían a la iglesia mayor y entre los dos coros, a vista de todo el pueblo, con sus talegas al hombro, pedían limosna para los pobres y encarcelados. Como el padre y los hermanos vieron que ni promesas ni amenazas la derribarían de aquel propósito, antes estaba constante, y que muchos en la ciudad alababan a Dios de ver un ejemplo de doncella tan extraordinario, echaron de ver que no era liviandad de muchacha, sino movimiento del espíritu del Señor, acordaron de disimular con ella y, en pocos días, se tornó la pesadumbre y afrenta en devoción y gloria. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Convirtió la virgen devota los ojos de todos ansí, y alababan a Dios en ella, teniéndola por ejemplo de perfección. Cuando la vían sus padres traer las alforjas al hombro, y venir cargada de mendrugos y rodeada de pobres, alzaban los ojos al cielo, haciendo gracias a Dios, y decían: “Tú, Señor, que comenzaste la buena obra en ella, la acaba y guárdala de todo mal, porque sea vaso limpio de tu santa mesa, y ponla en el número de tus siervas y esposas”. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Conociendo esto la santa doncella, derribábase a los pies de su padre, madre y hermanos, y agradecíales mucho que la dejasen vivir en aquel menosprecio del mundo, ejercitando obras de caridad con los pobres. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Comenzó esta sierva de Dios por un camino alto, adonde no se llega sino después de mucho trabajo y grande ejercicio de virtudes. Aquí se vio puesto, en efecto, aquel deseo ardiente de la esposa que, cuando ya estaba muy adelante en sus amores, decía a su Esposo, Jesucristo: “¿Quién os dará a mí, puesto en talle y forma de un mi hermanico pequeño que mama los pechos de mi madre, y que os encuentre yo, en medio de esas calles, os abrace y os bese, y os haga mil preguntas, y vos me respondáis [760] y me enseñéis, y que nadie me lo tenga a mal ni me desprecie? Llevaros he yo en brazos a casa de mi madre, allí en casa de madre, abrazado con vosotros, preguntaré otra vez mil cosas, y daros he yo en pringaditas de arrope y mosto de mis granadas”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
La exposición de todo esto es lo que esta santa virgen ejercita, y no ha menester otro comento. Enseñole el espíritu del Señor que su Esposo, Jesucristo, estaba escondido en los pobres como Él mismo lo declaró. Conociendo esto, no pudo disimular su amor y ansí, como si fueran sus hermanos pequeñitos, a quien la más honesta doncella abraza sin empacho en medio de la calle y nadie se lo tiene a mal, aunque le bese y haga mil caricias, y le lleve en sus brazos, antes la loan y les parece a todos bien; ansí, esta virgen prudente, dejados los respetos y consideraciones humanas, transformada en su Esposo, puesto en estos pobrecitos y afligidos, se abrazaba con ellos, y les besaba los pies y las llagas, y les daba de comer y hacía mil regalos en las calles, en las plazas y en todos los lugares públicos, les preguntaba de sus trabajos y de sus miserias, y ellos le daban cuenta de la merced que Dios les hacía en medio dellos. Llevábalos a casa de su madre, regalábalos, hacíales mil beneficios y servicios, y no por esto la menospreciarían, sino que antes se maravillaban de ver un tan fino amor de hermana y de esposa de Jesucristo, alabando a Dios en su sierva. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Aconteció una vez que iban su padre y su tío don Vasco de Toledo, hermano de su madre, juntos a caballo por la ciudad con mucho acompañamiento. Encontraron a las dos compañeras, doña María García y doña Mayor Gómez, pidiendo con sus alforjas limosna de puerta en puerta; afrentose mucho don Vasco y, vuelto a don Diego, le dijo con sentimiento: “Mucho me maravillo, señor don Diego, de vuestra prudencia, que dejéis andar de esta suerte a vuestra hija, muchacha tan hermosa y de tan noble sangre, en ejercicio tan abatido, tan afrentoso y peligroso, rodeada de pobres y gente perdularia, despreciada sin honra; aunque la tuviérades aborrecida, habíades de mirar vuestra reputación y la honra de todos nosotros. Casadla señor con su igual, pues tenéis con quien, y quitad esta nota de vuestro linaje”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Respondiole el noble caballero con semblante grave, diciendo: “Señor don Vasco, cuando esto se hubiera de llevar por reglas de prudencia humana, eso que decís es lo que se había de mirar y hacer, mas a esta mi hija otra prudencia más alta creo que la gobierna, y pues ella ha escogido por esposo a Jesucristo, Rey eterno, y Él la quiere llevar por este camino, ni yo le daré más bajo esposo, ni le diré que deje su ejercicio. Créeme, señor hermano, que antes que a esto viniese se hicieron muchas diligencias hasta que se vio que era esta la voluntad de Dios. Dejémosla caminar a donde la llaman, que ella ha escogido mejor que nosotros le aconsejaremos”. Con esto, no osó replicar más en este caso de allí adelante don Vasco.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Era esto en los postreros años del Rey don Pedro, acertó a venir a Toledo. Tuvo noticia de la hermosura de esta santa doncella y, como juntaba a la crueldad ser deshonesto, no perdonaba cosa, deseó verla y aun haberla. Entendido el ruin propósito por la virgen devota y por sus padres, se fue con su compañera doña Mayor Gómez de secreto a Talavera, donde tenían sus padres casas y hacienda. Estuvieron allí algunos días encerradas con harto miedo, y no faltaba razón, porque no faltó quien le avisó de la ausencia y del lugar donde estaban retira- [761] das que, a costa de lisonjear a los Reyes y tener cabida, no se les esconde nada. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Dios, que lo dispone mejor, quiso que le dijesen esto y que se pusiesen encobro antes que viniesen a buscarlas. Acordaron de venir por un camino apartado otra vez a Toledo, no entraron dentro, sino fuéronse a una ermita (de que ya hicimos memoria) que se llamaba Nuestra Señora de la Sisla. Allí vivieron escondidas algunos días hasta que se ausentó el Rey, y así escaparon de sus manos y de su deshonestidad. En esta ermita probó esta santa otro género de vida, de mayor quietud y sosiego del alma, puesta en alta conservación del Cielo, haciendo su corazón un holocausto encendido todo en el amor y contemplación de su Esposo. Hacía las asperezas grandes de los ermitaños de Egipto. Dormía sobre unos sarmientos, ayunaba mucho, juntaba las noches con los días orando y contemplando, y allí recibió grandes consuelos del Cielo, ayudándole a todo esto su gran compañera, doña Mayor Gómez, que se la deparó Dios en todos estos trances, no para aya, aunque lo parecía, sino para alivio de tan grandes cosas, y testigo de su honestidad y pureza. Murió a esta sazón el Rey don Pedro a manos de su hermano don Enrique, como todos saben; con su muerte se aseguraron mil almas temerosas de su crueldad y de su torpeza, salió de su yermo nuestra santa ermitaña y, pensando qué camino escogería para retirarse al servicio de Dios de propósito y acabar en ella vida con mayor aprovechamiento de su alma, tuvo noticia cómo había en Toledo una congregación de mujeres santas, que se recogían en una casa en la parroquia de San Román. Tenían como en lugar de priora una señora de gran prudencia y espíritu, que se llamaba doña María de Soria; loaba toda la ciudad el modo de vivir de esta gente, teniéndolas por mujeres de gran recogimiento y santidad. Parecioles a las dos compañeras que este era negocio seguro, supuesto que no habían de estar en aquella ermita y había cesado la causa. Fuéronse allí y recibiolas doña María de Soria con alegría, por la fama de su valor; se vistieron entre ambas el hábito que usaban las que allí entraban. Vivieron algún tiempo en aquella compañía, dando gran ejemplo a todas y ejercitándose en actos de humildad y de obediencia, de que recibía gran consuelo nuestra santa, y sin duda quiso Nuestro Señor traerla aquí para que aprendiese esto y lo ejercitase, porque es cosa imposible poder enseñar a otros, los que no tienen experiencia, qué cosa es obedecer. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Murió dentro de pocos años doña María de Soria, en cuyo gobierno estribaría aquella congregación. Murieron también los padres de nuestra doña María García de Toledo, dejáronle mucha hacienda y mejora, entendiendo que la había de emplear en servicio de Nuestro Señor con grande provecho de sus almas. Como se vio desamparada de la madre espiritual y de los padres naturales, y con hacienda, suplicó a Nuestro Señor la alumbrase en lo que era servido hiciese de sí y de los bienes que le habían quedado, pues no era suya ni quería otra cosa en esta vida sino emplearse toda en su amor y servicio. Púsole en el corazón lo que Dios había ido madurando por todo este discurso, entreteniendo a esta, su sierva, por tan extraños y varios caminos, y lo que con el efecto se ha mostrado ser cosa ordenada por su divino consejo. Vendió las heredades y hacienda que le había quedado en el lugar de Belilla y otras partes. Compró en la parroquia de San Lorenzo, en Toledo, una buena casa que tenía suelo y aposento [762] espacioso, pasose allí con su compañera, doña Mayor Gómez, y algunas que, conociendo su santidad y valor, quisieron seguirla delas de aquella congregación de beatas. Encerrose allí con determinación de no salir en toda la vida. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Entendiose esta mudanza en la ciudad. Vino a noticia de una señora, de las nobles de Toledo, que se llamaba Teresa Vázquez, mujer deseosa de la salud de su alma, había días que estaba recogida en su casa con gran encerramiento, con hasta siete u ocho mujeres, haciendo vida muy honesta. Acordó de pasarse a la compañía de nuestra Santa, con toda la suya, entendiendo que Dios la llamaba para servirle en aquella congregación; ansí se hizo en breve una casa de muchas siervas de Dios, y de notable nombre, a quien siguieron presto otras. Aquí se comenzó luego una labor divina, en unas vidas de gran humildad y pobreza de espíritu, desechando no solo el regalo, mas aun lo muy necesario para pasar la vida, abrazando en todo la mortificación de los sentidos. Pusiéronse unos hábitos blancos y un escapulario pardo, el mismo que tenían los muy recientes monjes de la Orden de San Jerónimo, sin saber qué hacían. También se determinaron luego a obedecer todas a una cabeza porque no fuese monstruo de muchas aquel colegio, y de común acuerdo quisieron todas que fuese doña María García de Toledo, porque tenían mucha prueba de su virtud y prudencia, que bastaba a mayores cosas. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Como era la santa tan en el corazón humilde, recibió aquello con harta dificultad, derribada de los ruegos y lágrimas de sus hermanas, a quien ella quisiera obedecer toda la vida. Este fue el primer fundamento y estas las primeras fundadoras del Monasterio de San Pablo de Toledo, de los muy religiosos, sin agravio de ninguno que ha habido en aquella ciudad y de notable nombre, en donde, como veremos, en sus lugares se han criado santas y puras almas y grandes siervas de Dios. Vino a esta sazón, como dijimos arriba, Fr. Pedro Fernández Pecha a fundar la Casa de la Sisla (no es fácil de atinar si antes o después que este santo colegio de vírgenes se juntase); dijimos también, y es cosa cierta, que la santa le dio mucho favor para el edificio y le socorrió con todo lo que pudo, y hoy en día guarda un arquilla de plata que dio esta sierva de Dios, en que encerrasen el Santo Sacramento. Lo que Fr. Pedro Fernández Pecha sirvió a esta sierva de Dios, y el trato que entre los dos pasaba, no hay para qué repetirlo, pues queda dicho en la vida de aquel santo. Comenzáronse desde entonces a llamar religiosas de San Jerónimo, y a imitar todo lo que podían de la vida y costumbres y ceremonias santas a aquellos padres de quien Fr. Pedro Pecha era como patrón y cabeza y prior de la Sisla, pues sin duda todos los de la Orden son sus hijos, y estas podemos llamar, y lo son, sus primeras hijas. Porque, aunque entonces los religiosos de la Orden estaban sujetos a los ordinarios, doña María García de Toledo y sus hijas dieron la obediencia a Fr. Pedro Fernández, y por su parecer se gobernaban y no salían un punto de su obediencia. Crecía aquella casa de San Pablo en gran ejercicio de humildad, y caminaban debajo del gobierno de dos almas tan pías, con largo paso al aprovechamiento espiritual, todas las que allí se habían recogido. Iba muy delante de todas la Santa Virgen Fundadora, hallándose la primera en cuanto se ofrecía de virtud y [763] de humildad, con harta maravilla de las que pretendían imitarla.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Asentaron luego el oficio divino por orden del prior de la Sisla, su maestro, con la puntualidad que entonces supieron, que se hizo a todos maravillosa, y acudían de la ciudad a oírlos la gente que tenía gusto de devoción, porque parecía que los oficiaban los ángeles. Levantábanse a medianoche a Maitines, y nunca la sierva de Dios, desde aquella hora, sabía qué cosa era tornar a la cama, consumiendo lo que quedaba de la noche en oración y coloquios divinos con su Esposo, Jesucristo. Dábale mucha pena que la alabasen en algo, habiendo tanto de qué;  cuando las personas seglares le decían de su buen nombre, y relataban alguna de sus virtudes, que suelen ser en esto indiscretos, decía ella con semblante vergonzoso: “Estas hermanas y siervas del Señor hacen eso, y en ellas cabe bien lo que de mí decís, que yo no soy sino un vaso despreciado y una criatura inútil”. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Cuando algunas veces estaba mala (tenía muchos achaques por tratar tan mal su cuerpo) y era fuerza caer en la cama, y vía aquellas santas compañeras alrededor, con tanta gana de servirla, decía con una sinceridad de paloma: “Dónde merecí yo tanto bien, que me sirviesen damas y doncellas tan hermosas, y las esposas de mi Señor se humillasen a un vil gusanillo cual soy yo, que aun no merezco servir a ninguna dellas”. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Ofendíanle mucho las mujeres que se adobaban los rostros, pintándose con los albayaldes y carmines, y poniéndose mudas, decía que ni eran buenas para mujeres, ni para imágenes, porque para lo segundo eran feas y para lo primero no eran vivas, sino pintadas. Cuando alguna destas venía a visitarla, decía que no la conocía, porque traía máscara, y la había visto antes sin ella, y que no era aquel rostro que les había dado Dios, sino el que compraron de la tienda. Amonestábales con palabras santas que no hiciesen aquello, porque ofendían mucho a Nuestro Señor, y que si perseveraban, no era pequeño el castigo que las estaba guardado. También aborrecía mucho los olores: almizcle, algalia, ámbar, y otros cualesquier extraordinarios que solían traer entonces solo las mujeres (no se había extendido esta manera de afeminarse a los hombres en aquel tiempo) porque le olían mal las que siempre querían oler bien. Decía que era locura traer con olores postizos un cuerpo que tan presto  había de oler tan mal y ser manjar de gusanos. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Si alguno, hablando con ella, le decía de merced o de reverencia, llena de humildad respondía que la merced era de Dios, de quien es propio hacer mercedes y misericordias, y la reverencia se debe a quien todas las criaturas hacen reverencias, porque ella miserable era e indigna de reverencia. Después que los dos santos gozaron algunos años de la conversación santa, aprovechándose a veces y aprendiendo el uno del otro, gobernando sus conventos, con el aprovechamiento que hemos visto, cansado ya, o diremos mejor, derribado ya Fr. Pedro Pecha de sus rigurosas asperezas, y por esto con mil ajes, pareciéndole que estaba inútil para el gobierno, determinó de ir a acabar su vida a Nuestra Señora de Guadalupe, como lo vimos en su vida. Quedó con esto muy desconsolada nuestra santa, y no le sucedió cosa en esta vida que sintiese tanto, y todas las otras hermanas se lastimaron en el alma, llamándose desamparadas, sin padre y sin maestro, que con su aviso y prudencia las sus- [764] tentaba, doctrinaba y regía, y las animaba con su ejemplo a continuar el curso comenzado. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Sintiéndose pues, nuestra devota virgen, tan desconsolada, volvió los ojos al Señor llena de fe y esperanza, y díjole con amorosas lágrimas: “ Confirma, Señor, esto que obraste en nosotras, y no desampares desde tu alto templo el edificio deste en que tú quieres morar por tu misericordia, da esfuerzo a tus siervas para que perseveren hasta alcanzar el fin de su deseo, que no es otro sino unirse contigo como último fin de todas nuestras esperanzas, y abrazarte como a Esposo único de las almas. Flacas somos, Señor, y llenas de pobreza y miseria, mas tú eres gigante fuerte, y pastor vigilantísimo, que nadie será poderoso para sacar estas ovejicas de tu mano”. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Oyó el Señor su oración, como se vio por el efecto, pues fueron siempre creciendo en tanto hervor y devoción en aquella santa casa. Vivió después de la ausencia de su fiel compañero la sierva de Dios veinticuatro años. Era ya de mucha edad, las penitencias y mal tratamiento del cuerpo, dormir en el suelo, vigilias, ayunos habían estragado mucho aquel cuerpo delicado. Veníanle a faltar poco a poco los sentidos, veía poco, oía menos, con todo esto no quería faltar a las cosas de la comunidad. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
No podían con ella aunque más se lo rogaban, sino que se había de levantar a Maitines. Como no oía, acordó de tener un gallo en su celda, que era muy puntual en cantar a la medianoche con aquel canto; por ser muy aguda la voz, despertaba y oía. Santa simplicidad, si no es que era misterio despertar con el canto del gallo. Desde niña, tuvo costumbre de levantarse a la medianoche a loar al Señor, y jamás la dejó, aun en enfermedades grandes, grande ánimo y virtud de hembra tan delicada. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Aunque estaba por de fuera el cuerpo tan consumido, tenía dentro el alma muy despierta en la contemplación que había ejercitado toda su vida, gozando en lo secreto de favores y regalos divinos que la alentaban para tan larga jornada. Llegado el fin de la carrera dichosa, queriendo el Señor darle el galardón de tan santa vida y trabajos tan piadosos, vínole una calentura lenta, que bastaba para consumir aquello poco que había quedado de la penitencia. Cayó en la cama, porque no podía sostenerse. Sintiendo ya su fin cerca, llamó a sus hijas que, a esta sazón, eran veinticinco o veintiséis, rebaño precioso y rico en los ojos de Dios. Cuando las tuvo delante abrazolas una a una con notable ternura y lágrimas, queriendo poner a cada una en sus entrañas, dábales paz en el rostro y se juntaban las unas lágrimas con las otras. Después les dijo desta manera: “Hermanas queridas y compañeras de mi peregrinación, que habéis perseverado conmigo en estos trabajos de pobreza y penitencia, yo me parto a la bienaventuranza que ha prometido nuestro Esposo a los que perseveraren hasta la fin. Deseo mucho que no os ponga espanto lo que os falta de la corrida de vuestro curso, y que mi ausencia no os cause alguna flaqueza en los ánimos, ni penséis que he sido yo alguna parte para sustentaros hasta este punto en la vida religiosa que habéis comenzado, de que tenéis pasada ya mucha parte, las más de las que estáis presentes. Otra fuerza mayor es la que os sustenta, que es la virtud del Señor, que nunca se cansa, ni puede morir, y está siempre cerca de vosotras si por vuestra [764] culpa no la desecháis y hacéis fuerza para que se vaya, porque os ama mucho y tiene gran cuidado de vuestra salud. Lo que desea y lo que siempre nos pide es que no pongamos el amor en otra cosa, que es muy celoso, y no admite compañía alguna: o todas habéis de ser suyas o de otro, y mirad quién será el otro si dejáis a Dios. Fuera d’Él todo es feo, todo es miseria, enfermedad y muerte. Una quiere que sea su paloma, y una su amiga y una su querida, que no cabe con otro. Ponedle en vuestro corazón y en vuestro brazo, haced que vuestros pensamientos, palabras y obras no tiren a otra señal, porque, si no, sabed que se enojará mucho, y cuanto estáis en más alto estado y cuanto habéis venido a más secretos abrazos y favores, tanto será mayor la ira de sus celos. Porque el amor es como la muerte fuerte y más duro que el infierno que, como la muerte, nunca se aplaca ni perdona y, como el infierno, nunca se apiada ni ablanda; ni al uno ni al otro podremos con ruegos ni con fuerza detenerlos, ni mudarlos de su rigor: ansí el amor, cuando es tan gravemente ofendido y quebrantadas sus leyes, no sabe perdonar, ni aplacarse, ni la ira de los celos tiene remedio. Las caídas de muy alto de ordinario son mortales. Por eso, carísimas hermanas, mirad donde subisteis, temed mucho la caída y, pues tenéis tan cierto el socorro, pedidle sin cesar que no hayáis miedo que falte. Mirad cuán presto se acaba la vida, cuán poco duran los gozos vanos deste suelo, qué presto se marchitan estas florecillas de la primavera que, de ordinario, antes de la noche se enlacian y caen, y los trabajos, qué momentáneos y de poca dura, y qué de bienes se siguen tras ellos, cuando se llevan en paciencia y por Dios. No os turbe ver a las que dejasteis en el siglo, cuando vienen compuestas y galanas a visitarnos, porque son figuras del retablo de este mundo, que pasa como una farsa. Ya veis cuántas, en medio de sus regalos, las ha arrebatado la muerte, y cuántas de las que viven querrían ser muertas, porque viven una vida de infierno. Poned los ojos en la ribera deste río por donde vais atravesando a vuestra gloria, para que no os desvanezcan las ondas y sus olas, que pasan a dar en el mar. Veisme aquí, estoy ya a las puertas de la muerte, alegre y segura, sin temer la contradicción de mis enemigos, confiada en el mérito de la pasión de mi esposo y en la virtud de su sangre, que cuando con Él me desposé me las dio en arras y en dote, y ahora que viene el día de las bodas, saldré adornada con ellas. Imaginad que me casé con un hombre de los del siglo, y que he vivido en muchos regalos, y que tengo muchos hijos, y que he llegado a este punto que tuviera ahora aquí sino congojas, y rabias y ansias, un temor y una tristeza irremediable. Pues mirad la diferencia y deprended en este trance lo que no se os olvide jamás. Quiéroos dar en mi partida un consejo y un precepto; el precepto no es nuevo ni mío, sino del Esposo y Señor Jesucristo, que os améis unas a otras y sufráis las faltas con caridad, y esta es deuda que la debéis siempre, en tanto que durare la vida: cada una quiera el bien de la otra como el suyo propio, porque en esto consiste el verdadero amor. El consejo es que os guardéis de salir del claustro cuanto os fuere posible y que no os vean en la calle para siempre, ni aun en la red, sino con mucha necesidad. Mirad que las palomas, aunque son tan puras y sin malicia, si ven la red huyen de ella, porque en la red está el lazo que prende con las palabras o con la vista la inocencia del alma”. [766] &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Esto les dijo en común. Después, en particular, habló a cada una por sí, y no adivinando ni sacando por conjeturas, sino con un espíritu profético, les declaró todo el discurso de sus vidas, diciendo a muchas dellas lo que después sucedió sin faltar punto. A unas que no habían de perseverar y los fines que habían de hacer, y a otras les declaró cómo habían de ir aprovechando; y aunque entonces les pareció que debía de hablar a tientas o no la entendían, después se desengañaron y vieron claro que el Señor les avisaba por la boca de su sierva. Acabado esto, pidió la extremaunción; recibiola con gran espíritu y entereza, ayudando a todos los salmos y letanías, como si estuviera sana. De allí a un poco, descendió sobre ella una claridad admirable, y anduvo volando por la celda una palomica blanca, aunque no fueron todas las que allí estaban dignas de verla. Alegrose su rostro en gran manera, mirando atenta a la luz que tenía sobre sí; hablaba con ella tan quedo, que no podían entenderla. De allí a un poco, alzó los brazos en alto y juntó las manos, como quien quiere abrazar alguno, haciendo cruz, y ansí salió la santa alma, dando a entender que se abrazó luego con su amado y dulce Esposo Jesucristo. Su muerte fue el diez de enero, año de 1426 &#039;&#039;[1]&#039;&#039;, y ochenta y seis su edad, según la mejor cuenta, porque no se sabe precisamente el año en que nació. Había ordenado viviendo que sin ruido, y sin dar cuenta a nadie, llevasen su cuerpo al monasterio de Nuestra Señora de la Sisla. Hízose ansí y fue bien menester, porque la ciudad estaba alterada sobre querer llevar el cuerpo cada cual adonde le parecía que tenía más derecho. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Los parientes pretendían hacerle en la iglesia mayor un sepulcro suntuoso; otros pretendían llevarla a otras partes; las religiosas, con gran silencio, teniendo entendido el humilde pensamiento de su Santa Madre, sin que nadie lo supiese, lo llevaron a la Sisla. Recibieron los religiosos con gran reverencia el cuerpo santo. Llevábanla vestida con sus hábitos de San Jerónimo y una corona de laurel en la cabeza, insignia de triunfadores. Hiciéronle el más solemne entierro que pudieron. Y como a principal bienhechora y más principalmente como a santa, la pusieron junto al altar mayor, al lado del Evangelio, y labraron un rico sepulcro. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Certifica una relación antigua de su vida, a quien he seguido en esta historia, que hizo por ella muchas maravillas y señales, en los que tocaron a su santo cuerpo y que lo certificaron personas de mucha religión, dignas de toda fe, y que las calla hasta que la Iglesia las publique, donde da a entender que se trataba de su canonización y, como esto es negocio que no se hace sin mucha costa, faltó quien lo solicitaba, y ansí se quedaron los milagros escondidos. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
De cuarenta o más años a esta parte, hubo necesidad para cierta fábrica que se hacía allí, en la capilla mayor de aquel convento, abrir un poco el sepulcro y cuerpo de la santa. Descubriose y lo halláronlo entero; después de ciento treinta años, tenía un ladrillo por cabecera, la toca de la cabeza estaba sana y prendida debajo de la barbilla con un alfiler, vestida con sus hábitos de beata. Afirma Fr. Antonio de Villacastín, de quien supe yo esto, porque era el maestro de aquella fábrica y lo ha sido de toda la casa de San Lorenzo el Real, testigo abonado, que él mismo levantó el cuerpo y que vio [767] en él una cosa extraña: que por doquiera que le asía, se levantaba todo entero, como si fuera de una pieza, y estaba tan ligero como si fuera de pluma. Y los ramos de laurel de que le hicieron la corona, cuando la truxeron, se estaban tan enteros y frescos como cuando los cortaron. Debe de ser privilegio de la virginidad que no se marchite ni corrompa lo que a ella se allegare. Hiciéronle los religiosos de la Sisla, encima del sepulcro, una figura de bulto, vestida al natural con sus hábitos de la Orden y como ella andaba vestida. Está hincada de rodillas, puestas las manos mirando al Santo Sacramento, donde en vida tuvo siempre puesto el corazón, y un letrero o epitafio de la elegancia de aquel tiempo que dice: &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
FUE DOÑA MARÍA GARCÍA, VIRGEN QUE AQUÍ YAZE SEPULTADA, DE CUYAS OBRAS RESULTA SER VIRGEN DE ETERNA ALEGRÍA.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
De tan buena gracia y aun peores son los versos latinos que se siguen luego:&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Domum suam hec dicauit,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Qua feminas adunauit,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Ut peremni sacre viuerent.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Hec totam se spernebat,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Et arte virgo degebat,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Ad Christi vestigium.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Erat mundo crucifixa, &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Mundus Christi [etc] transfixa,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Charilatis gladio. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Aquí da a entender este poeta que eran suyas las casas donde se recogió y donde agora está fundado el Monasterio de San Pablo, aunque la historia que yo he seguido dice que las compró de su hacienda. Este monasterio se estuvo con nombre de Beatas de San Pablo y de San Jerónimo muchos años. El año de 1464 &#039;&#039;[2]&#039;&#039; se encargó la Orden d’él, y creció siempre en religión, criando grandes siervas de Dios, como lo veremos en la postrera parte desta historia que luego se sigue, siendo el Señor servido.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
FIN&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En Madrid, por Juan Flamenco. Año 1600 &#039;&#039;[3]&#039;&#039;.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
=== Notas ===&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&#039;&#039;[1]&#039;&#039; Figura el año en números romanos en el texto: “año de M.CCCC.XXVI”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&#039;&#039;[2]&#039;&#039; Figura el año en números romanos en el texto: “año de M.CCCC.LXIIII”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&#039;&#039;[3]&#039;&#039; Figura el año en números romanos en el texto:  “M.CD”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
= Vida impresa y manuscrita=&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Ed. de [http://visionarias.es/equipo/maria-aboal-lopez/ María Aboal López] (impresa) y [http://visionarias.es/equipo/veronica-torres-martin/ Verónica Torres] (manuscrita); fecha de edición: octubre de 2020 y agosto de 2022.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
== Fuente ==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
* [http://catalogodesantasvivas.visionarias.es/index.php/Categor%C3%ADa:Francisco_de_Pisa Pisa, Francisco de], 1612. &#039;&#039;Descripción de la Imperial Ciudad de Toledo e Historia de sus antigüedades y grandeza y cosas memorables que en ella han acontecido, de los Reyes que la han señoreado y gobernado en sucesión de tiempo, y de los arzobispos de Toledo, principalmente de los más celebrados&#039;&#039;. Toledo: Pedro Rodríguez, Imprenta Real, fol. 276v.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[[Contexto material del impreso Descripción de la Imperial Ciudad de Toledo e Historia de sus antigüedades]] &#039;&#039;y grandeza y cosas memorables que en ella han acontecido, de los Reyes que la han señoreado y gobernado en sucesión de tiempo, y de los arzobispos de Toledo, principalmente de los más celebrados&#039;&#039;.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
* [http://catalogodesantasvivas.visionarias.es/index.php/Categor%C3%ADa:Francisco_de_Pisa Pisa, Francisco de], &#039;&#039;Apuntamientos para la segunda parte de la Historia de Toledo&#039;&#039;. Biblioteca de Castilla-La Mancha, Ms. 193, fols. 87-88.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
== Criterios de edición==&lt;br /&gt;
Aunque la vida en el libro impreso forma parte de una enumeración de santos y, por tanto, no es propiamente una hagiografía, la recogemos aquí para que quede constancia de su inclusión en esta obra del siglo XVII. Se adoptan los criterios de edición de vidas impresas estipulados en el Catálogo, es decir, se moderniza la ortografía (b/u/v, j/g, chr/cr, qu/cu, empleo de h, etc.), las sibilantes y se eliminan las consonantes geminadas. El uso de mayúsculas y minúsculas se moderniza, así como la acentuación y la puntuación, que se adaptan a las actuales. No obstante, se ha mantenido la escritura de “monesterio”. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En cuanto a la continuación manuscrita de la misma obra, aparece en un manuscrito del siglo XVIII con este título: “En este libro se contienen los &#039;&#039;Apuntamientos para la segunda parte de la Historia de Toledo&#039;&#039; que prometió escribir el Doctor Francisco de Pissa Decano en las Facultades de Santa Theologia, y Artes Liverales, y Cathedratico de Escriptura en la Insigne Universidad de Toledo: fechos y ordenados por el mismo, en el año de 1612”. La vida de María García se integra en el apartado correspondiente al monasterio de San Pablo. Se siguen los criterios establecidos en el catálogo para fuentes impresas, es decir, se moderniza la ortografía (b/v, j/g, qu/cu, etc.), así como el uso de mayúsculas y la acentuación y puntuación, que se adapta a la actual. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==Vida de María García ==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&#039;&#039;&#039;(1605)&#039;&#039;&#039;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[Libro Quinto] &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[Fol. 275r]&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
===Capítulo XXXVI===&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&#039;&#039;&#039;Catálogo o lista de santos propios de esta ciudad de Toledo&#039;&#039;&#039;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[…]&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[Fol. 276v] […] Doña María García, natural de Toledo, monja en el monesterio de San Pablo de esta ciudad, que ella fundó debajo de la Orden y hábito de San Jerónimo, sujetándose al prior del monesterio de la Sisla, donde está enterrada cerca del altar mayor; falleció año de mil y cuatrocientos y sesenta y cuatro. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&#039;&#039;&#039;(1612)&#039;&#039;&#039;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&#039;&#039;&#039;Monasterio de San Pablo&#039;&#039;&#039;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[Pag. 87] Asimismo, está en este distrito el [Pag. 88] monasterio insigne del apóstol San Pablo de la Orden de San Jerónimo, que a los principios fue fundado por doña María García de Toledo, hija de Diego García de Toledo y de su mujer doña Constanza, hermana de don Álvaro, arzobispo de Toledo. La cual, en compañía de otras religiosas, hizo santa vida del hábito de San Jerónimo, aunque a los principios sin clausura, por los años del Señor de 1404, sujetas al prior de Nuestra Señora de la Sisla, extramuros; y después, en el año 1408, haciendo profesión solemne, tomaron velo y clausura, sujetas al general y prelados de la dicha Orden de San Jerónimo, como lo escribe Pedro de Alcocer en la &#039;&#039;Historia de&#039;&#039; [Pag. 89] &#039;&#039;Toledo&#039;&#039;, lib. 1º. La dicha María García, fundadora, está sepultada en el dicho monasterio de la Sisla, y asimismo lo está otra religiosa de esta casa &#039;&#039;[1]&#039;&#039;, de quien se cuenta en la &#039;&#039;Historia&#039;&#039; grandes ejemplos de santidad y misericordias que recibió de Dios Nuestro Señor en la oración y vida espiritual. Las vidas de las dos santas religiosas se hallarán escritas en la &#039;&#039;Historia&#039;&#039; de la Orden y el Maestro Villegas en la 3ª parte del &#039;&#039;Flos Sanctorum&#039;&#039;, en las adiciones. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En esta iglesia de San Pablo está enterrado el arzobispo, que fue de Sevilla el cardenal, don Fernando Niño de Guevara.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
===Notas===&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&#039;&#039;[1]&#039;&#039; Seguramente se refiera a [[María de Ajofrín]], cuya vida está incluida en el &#039;&#039;Flos sanctorum&#039;&#039; de Villegas, como vemos en el Catálogo, aunque no en la &#039;&#039;Historia de Toledo&#039;&#039; de Alcocer.&lt;/div&gt;</summary>
		<author><name>Anaritasoares</name></author>
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		<id>https://catalogodesantasvivas.visionarias.es/index.php?title=Mar%C3%ADa_Garc%C3%ADa&amp;diff=713161</id>
		<title>María García</title>
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		<updated>2026-09-16T08:46:56Z</updated>

		<summary type="html">&lt;p&gt;Anaritasoares: &lt;/p&gt;
&lt;hr /&gt;
&lt;div&gt;[[Category:Santas_Jerónimas]]&lt;br /&gt;
[[Category:Toledo]]&lt;br /&gt;
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[[Archivo:Santa_Maria_Garcia_conversando_con_Fray_Fernandez_Pecha-web.jpg|right|María García conversando con Fray Fernandez Pecha|link=]]&lt;br /&gt;
{| class=&amp;quot;wikitable&amp;quot;&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Nombre || María García de Toledo&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Orden || [http://catalogodesantasvivas.visionarias.es/index.php/Categor%C3%ADa:Santas_Jerónimas Jerónimas]&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Títulos || Priora y fundadora de la casa de beatas de Mari García, posterior convento de San Pablo de Toledo. Iniciadora de la rama femenina de la Orden&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Fecha de nacimiento || 1340&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Fecha de fallecimiento || 1426&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Lugar de nacimiento || [http://catalogodesantasvivas.visionarias.es/index.php/Categor%C3%ADa:Toledo Toledo]&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Lugar de fallecimiento || [http://catalogodesantasvivas.visionarias.es/index.php/Categor%C3%ADa:Toledo Toledo]&lt;br /&gt;
|}&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
= Vida manuscrita (1)=&lt;br /&gt;
Ed. de [http://visionarias.es/equipo/celia-redondo-blasco/ Celia Redondo Blasco]; fecha de edición: junio de 2017.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
== Fuente ==&lt;br /&gt;
[[Archivo:I María García.jpg|250px|right|Manuscrito|link=]]&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
* Esc. C-III-3. fols. 252r - 264r.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[[Contexto material del manuscrito de El Escorial, MS c-III-3]]&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
== Criterios de edición ==&lt;br /&gt;
Al tratarse de un testimonio único se ha optado por emplear unos criterios de edición conservadores. &lt;br /&gt;
Se puntúa y acentúa siguiendo las normas establecidas por la RAE.&lt;br /&gt;
Se conserva la -l- geminada en humilldad y la s líquida en Spíritu Sancto, así como la alternancia entre v y b en su valor consonántico; también se mantiene la h- aunque sea anti-etimológica en hedad.&lt;br /&gt;
Se han respetado los latinismos como oratión. &lt;br /&gt;
Se han repuesto vocablos o grafías con corchetes ([ ]) cuando resultaba patente que no aparecían por un descuido del copista (en caso de duda, se ha respetado su ausencia).&lt;br /&gt;
Se conserva dello, desto, pero se separa mediante apóstrofe cuando la forma aglutinada incluye un pronombre personal: d’él.&lt;br /&gt;
Se ha conservado el uso de qu por cu (qual) y la grafía de la nasal n antes de la bilabial (grupos -np- y -nb-: honbre). &lt;br /&gt;
En cuanto al grupo de sibilantes, se mantiene ç ante a, o, y también ante e, i. Se respetan, también, los grafemas z, s/ss ante las distintas vocales. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
== Vida de María García ==&lt;br /&gt;
[fol. 252r] Aquí comienza la vida e ystoria de la bienaventurada y loable memoria doña Mari Garçía, virgen consagrada a Dios, fundadora del monesterio y casa de las beatas llamadas de doña Mari Garçía que es en la çibdad de Toledo &#039;&#039;[1]&#039;&#039;, la qual se trasladó del latín en romanze en el año del Señor de mill y quatrocientos y ochenta y siete años.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
=== Prólogo ===&lt;br /&gt;
Ansí como Dios es maravilloso con sus santos, el qual no en vano hizo todos los hijos de los honbres, ansí nunca olvidó la su Santa Yglesia, dende el justo Abel, ni agora la olvida ni desanpara, hasta en fin del mundo. La qual en los antiguos tienpos, que fueron debajo de la Lei de Natura y de Escritura, nunca de todo en todo estuvo huérfana de santos y de varones y henbras fieles, en los quales, la fe, y caridad y esperanza resplandeçieron; y en los quales, toda relixión y perfetión de vida después de su muerte, por que no pereçiese, fuese conservada; e a los quales, el Evangelio y divino dinero, non sin causa, fuesse prometido, y en nuestra hedad, que es debajo de la Lei de Gracia, aiuntadas las cosas altas a las [fol. 252v] bajas, después que el humanal linaje dejó el honbre viejo, venido el nuevo honbre: conviene saber, Jesucristo, nuestro medianero, Dios encarnado, después que recibió la Passión, después de su poderosa Resurretión y gloriosa Açensión. De quántas maneras de santos, ansí honbres como mugeres, su santa gloria Dios todopoderoso aya guarnecido, dotado y hermoseado, aunque la voluntad quiera y desee dezir, pero la lengua no lo puede recontar ella misma, en sí sola la conoçe, desto non dubdamos, los gloriossos Apóstoles de Jesucristo, quia predicatión salió en toda la tierra, ser sus primeros fundadores. Los quales, después que reçibieron el Espíritu Santo, quanto más crueles, rebeldes y apartados del conocimiento de Dios hallaron a los pueblos y gentes, tanto más las amansaron, domaron y trajeron a su conocimiento. Quién podrá contar los mártires vençedores y esforçados por virtud divina que maravillosamente defendieron la su Santa Iglesia. Los quales, por la alinpiar de las espinas, lavaron sus vestiduras en la sangre del cordero; sufriendo por Jesucristo lo que Él sufrió por ellos, no dubdaron dar su cuerpo a la passión. Los santíssimos confesores sustentaron la Santa Yglesia [fol. 253r] y, ensanchándola por edificio espiritual, por dotrina y exenplo, regaron los coraçones de los fieles de rocío celestial. A los quales, enbiando el Señor como obreros en su miel, adornó y dotó de muchos bienes de su graçia, y quiriéndoles probar por diversos trabajos, a uno dio maior fortaleza que a otro, cuios cuerpos, y si la grandeza del martirio o la espada material no atormentó, pero ellos, vibiendo a Jesucristo por continua abstinencia, domando saludablemente las cobdicias de la carne, a sí mesmos crucificaron. Úyense las santas donzellas adornantes aquesta iglesia con su clara virginidad, las quales conociendo el Señor ser de natura flaca, con largueza de su graçia las dio sfuerço, por que el Enemigo, fallándolas ynflamadas en el amor divino, no pudiese vencerlas con sus artes engañosas. De aquestas, algunas, que el Señor para esto guardó, fueron por sus nonbre y por la honrra de su fe martirizadas, las quales juntamente de doble vencimiento fueron laureadas y coronadas porque, no sabiendo la cama material, al solo Esposo de virginidad, que es Jesucristo Nuestro Salvador, se allegaron y en el tormento del martirio, burlando de sus atormentadores, [fol 253v] fueron vençedoras, por lo qual resplandeçen por aureola de virgininad, ansí como lirios y rosas por pena de la persecutión. En el aiuntamiento y conpanía de aquestas, piadosamente creemos ser colocada y asentada en gloria perdurable nuestra amiga, nuestra conpanera, nuestra cibdadana de Toledo, a la qual, Nuestro Señor, en nuestros tienpos, en los quales la maldad abunda y la caridad se enfría, quiso en ejenplo de vida y virtudes dar a su Santa Yglesia, cuia loable vida, cuia honestidad de buenas costunbres, cuia santa conversatión, cuio menospreçio, aspereza de vida a honrra de Dios, y para despertar las voluntades de los justos y conpunjir y reprehender las culpas de los negligentes, aiudándonos la gracia divina, queremos brevemente escrevir. Y porque es esta virgen y hermosa, rogemos muy humildemente a la Reina de las Vírgines que nos gane graçia de contar y dezir de su vida y loable conversaçión.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
=== Capítulo primero ===&lt;br /&gt;
Fue en los días del rei don Pedro el Cruel, rei de Castilla, de memoria bienaventurada, un cavallero claro por linaje y claro por virtudes, llamado Diego Garçía de Toledo. Este tenía una mujer que era de noble [fol 254r] linaje ansí como él, cunplida de virtudes y de toda honestidad. Anbos eran justos delante de Dios, andando en sus carreras y cunpliendo sus mandamientos. Ella se llamava doña Costanza, hija de Fernán Gómez, padre del reverendíssimo don Álvaro, arçobispo de Toledo, cuia hermana era de un vientre la dicha doña Costança. A estos dio Dios, entre otros hijos e hijas, una hija mui graciosa, cunplida de toda hermosura, a la qual pusieron por nombre María, y el sobrenombre del padre, conviene a saber doña Mari Garçía. A la qual, los padres, ansí como la dézima parte de sus bienes, prometieron al Señor de toda voluntad. Este voto, quando ella fue de hedad de discreçión, no ansí como desobediente despreçió ni desechó con poco coraçón, mas antes, conforme con los padres, lo confirmó. Y encendida en el amor del Señor, luego por obra lo cunplió de su propia voluntad y de su libre alvedrío, sin consejo de alguno, mas inspirada de don y graçia divina, toda se ofreció al Señor. ¡Convenible cosa era que tal sarmiento naciese de tal vid!&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Tal fue aquesta virtuosa doncella, que, movida por el consejo del profeta, dende su niñez todo su pensamiento puso i fincó en el Señor, ansí como lo declara la orden de su vida maravillosa, la qual, aunque [fol. 254v] niña y de mui tierna hedad, huía la conpañía de los que en casa del padre eran. Y olvidando y dejando los juegos y cosas a que la tal hedad se suele dar, apartávase en lugar secreto a ofrecer oratión pura y linpia al Señor. Nunca oiera el santo Evangelio y ia deseava hazer tesoro en el Çielo. Era pobrecilla de voluntad y parecía que tenía no pequeño cuidado de los pobres: las migajas que caían de la mesa de su padre, y los pedazos que sobraban y quedavan de su comer, y todo lo que podía aber con deligençia guardava y ascondidamente procurava de dar a los pobres.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
=== Capítulo segundo ===&lt;br /&gt;
Creçiendo ya en edad, desechando todos los deseos y obras de moza, pensaba de día y de noche cómo, a ejenplo de San Juan Baptista, podría conservar y guardar enteramente su vida sin mancillar; y deçía al Señor: «Demuéstrame, Señor, las tres carreras y enderéçame, Señor, según verdad». Y ansí como virgen prudente i sabia, como fuese ya de doze años, no ensobervezida por la ponpa del linaje, no atraída por vanas amonestaciones de los honbres lisonjeros, no mirando los faustos abundantes del padre, despreçió todos los deseos dañosos del mundo, y renunciando de ese aiuntar a esposo carnal, olvidando la casa del padre, deseó [fol. 255r] solamente la hermosura del Esposo Celestial. Y por que más cauta, más libre y más diligentemente pudiese cunplir su deseo y el negocio espiritual, non curando de la murmuración de las gentes, apartose a un monesterio de monjas de santa conversatión llamado San Pedro de las Dueñas, do era priora una su hermana que mucho la amava. Allí supo y aprendió en poco tienpo el canto y las otras cosas y observancias de la relixión. Creciendo su fama por toda la provincia y sabida su vida y costumbres, por toda parte procuraban y deseavan las monjas de Santa Clara, que son en el monasterio de Tordesillas, que aí tomase su hábito. Esperaban de la elejir por su maior si aí hiziese professión, pero ella, acordándose de lo que Nuestro Señor en el Evangelio dize, por no ser vista de los honbres y no recebir delante dellos el galardón de sus buenas obras y Él por ellas le diese galardón, no huió por pequeñez de coraçón la honrra, mas por verdadera humildad.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
=== Capítulo terçero ===&lt;br /&gt;
Después que aquesta santa virgen fue, como diximos, dotrinada y enseñada de su hermana en las cosas divinales y en la carrera del Señor, demandó liçençia y bendiçión en su hermana, la qual, con dificultad, pero de voluntad, la dio. [fol.255v] Y ansí abida licençia, no como quien torna atrás, mas por voluntad de Dios, tornose a casa del padre. Nunca aún tomara hábito ni velo de religión, y estando en la casa del padre, ençendida por el fuego del amor divinal, codiciando remediar y seguir a Jesucristo, su Esposo, según su flaqueza, negando a sí mesma, se dio con toda voluntad al menospreçio del mundo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Frecuentava andar por las calles de puerta en puerta pidiendo limosna para los encarcelados. Traía en los honbros unas alforjas en que echava los pedazos del pan que en limosna le daban. Tenía por conpanera la santa virgen en su santo propósito a una venerable matrona biuda que se llamaba doña Maior Gómez. Este tan piadoso oficio hazíase contra la voluntad de su padre y hermanos, que deçían ser deshonrados y avergonzados públicamente por el menospreçio de la hija y hermana. Conosçiendo enpero el padre que, por miedo ni por amenazas, por amor ni promesas de bienes tenporales, no quería ni podía ser apartada de su santa intención, diole lugar y no procuró más de apartarla de este santo camino.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Andan entramas la vieja y su aia y la virgen tierna por toda la cibdad de casa en casa; como pobres y peregrinas, vienen entre los dos coros de la iglesia maior, y allí, delante de todo el clero y pueblo, piden por amor de Dios [fol. 256r] limosna. Mucho se maravillan todos y dizen: «No avemos visto alguna que sea semejante a esta entre todas las henbras de aquesta çibdad»; y desde allí iban a casa del padre por reçebir alguna limosna. Y viéndola su padre traer alforjas en los onbros, avían plazer y reíanse. Y ansí como buenos y católicos padres, alçando las manos al çielo, daban graçias al Señor porque les avían dado tal hija; y decían los mançebos y las vírgenes, los viejos y los mozos: «Alaben al Señor, el qual haze maravillas». Y ella conoçiendo dellos aquesto, luego se derribaba a sus pies, besava sus manos dándoles no pocas gracias porque avían plazer de la vida que escojiera.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Acaeçió un día que la dicha matrona biuda y la bendita virgen, continuando su santa obra, andando a demandar por las calles, encontraron con su padre y con el arçobispo, su tío, que hera hermano de su madre, aconpañado de muchos cavalleros nobles. Y como el arçobispo la viese ansí mendigar y la conoçiese, reprehendió a su cuñado porque consentía andar ansí despreçiada a su sobrina, y díxole: «O varón, como seas prudente, ¿por qué consientes a moza tan pequeña, tan hermosa y generosa andar ansí tan despreciada?, ¿por qué tienes tu hija ansí aboreçida?, ¿por qué no la casas con otro su igual?». Al qual [fol 256v] respondió el noble cavallero benignamente: «¿Qué esposo puedo yo dar a mi hija más generoso y más rico que Jesucristo, hijo de Dios bivo? Dejémosla, tomó para sí la mejor parte».&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
=== Capítulo quarto ===&lt;br /&gt;
Después de aquesto, como el dicho rei don Pedro el Cruel, entre otras cosas ynjustas que hazía, persiguiese a donzellas y mugeres nobles y de qualquier estado que fuesen, aquesta honestísima virgen, con otras muchas que se trabajaban de absconder de la cara del muy cruel rei, huyeron a la villa de Talavera, cuio dominio tenía entonces su padre, don Diego García de Toledo. Y aun aí no las dejava estar seguras el temor del cruel rei, mas fue causa que dende se fuesen. Dízese que muchas dellas, por guardar su honestidad, rescibieron muchos daños, ynjurias y persecuciones. Y viendo esto nuestra discretísima virgen y aquella dueña a quien seguía, dubdavan llamando al Señor qué harían, mas Dios, que está açerca de los que le llaman con verdadero coraçón, oídas sus peticiones, endereçó sus coraçones dándoles por guiador el su ángel bueno que viniesen a un pago que se llama aora la Sisla. En el qual lugar hizieron una pequeña morada adonde estuvieron algunos días [fol. 257r] sirviendo al Señor de noche y de día con aiunos y abstinencias, orationes y otros exerciçios honestos y santos y de gran humildad. Y aún entonces no era edificado en aquel lugar un monesterio del bienaventurado San Xerónimo que agora se llama Santa María de la Sisla. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En este tienpo plugo al Señor que çesase la cruel tenpestad por muerte del rei cruel para proveer al miedo de aquestas santas mujeres, las quales con deseo entrañal y continuo pensaban dónde con maior provecho y sin inpedimento pudiesen cunplir mejor su voto a honrra y gloria de Dios. Y alumbradas por el Spíritu Santo, dejaron la solidunbre en que estavan.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En aquel tienpo avía en la çibdad una congregación de mujeres devotas que estavan en la perrocha de San Román, el cuidado y administración de las quales tenía una religiosa persona que avía nonbre doña María de Soria. Y como oiese esta santíssima virgen la fama tan loable e santa de aquestas religiosas dueñas ser sin ninguna reprehensión, la su loable vida cobdiciando obedesçer y ser instruida mucho más en la vida religiosa y ser juntamente regida de la dicha religiosa persona, metiose debajo de su mano para hazer su voluntad en todas las cosas, la qual las reçibió mucho de voluntad, y con gran alegría. Y allí tomó el hábito relixioso según las otras lo traían y después que plugo al Señor [fol. 257v] que aquella noble dueña, doña María de Soria, y el padre y la madre de aquesta virgen loable pasasen de aquesta vida presente, cobdiciava esta santa virgen dexar más perfectamente el mundo, el qual le era ya mucho aboresçible. Y pensando en su coraçón qué haría, decía con toda voluntad aquel verso del salterio: «Tú, Señor, eres bueno; enséñame tus justificaciones». Y luego vendió la parte en que la madre la dejó heredera, y del preçio mercó luego una casa con muchas anchuras en la perroquia de San Lorenço, para que allí en el claustro pudiese su coraçón holgar a Dios.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Finalmente dejaron la otra casa y encerráronse allí, ella y aquella dueña ya dicha. Sabido y divulgado aquesto por toda la çibdad, una honrrada dueña, que se llamava Teresa Vázquez, con otras siete mujeres continentes de mui santa fama, entraron en aquella casa, por que juntas a tan devota conpanía hiziese a Dios un santo colegio a Él mui apacible y a las gentes loable. Las quales, como esta señora de quien dezimos viese ser de tan profunda humildad, y que con aquel despreçio tan maravilloso del mundo con todo coraçón y con entera voluntad se sometían a la pobreza no recusando ningún trabajo, mas con todas sus fuerzas trabajavan por seg[u]ir a su Redentor Jesús, y mirando con tan grande diligençia cómo estavan enbevidas en Dios, amávalas con entrañas llenas de caridad sin ninguna conparaçión y deçía con el psalmista: «Load [fol. 258r] a Dios todas las gentes, porque a confirmado sobre nós su misericordia». Y tornándose al Señor, dezía con fervor de coraçón: «Plégate, Señor, de nos dar graçia que cantemos las tus justicias en este lugar de nuestra peregrinación. Huélgase, Señor, el mi coraçón en ti, porque las flacas están ceñidas de fortaleza». Y en tanto creció la fama de aquesta congregación gloriossa, que en breve tienpo fue aiuntada gran muchedumbre de mugeres religiosas, las quales con coraçón y voluntad tomaron hábito blanco en señal de virginidad y continençia para servir al Señor según la orden del bienaventurado nuestro padre San Xerónimo. Y eligieron todas entonzes de una voluntad por su prelada y religiossa a la dicha señora doña Mari Garçía, la qual contra su voluntad lo açeptó cobdiçiando ser más súbdita que regir.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
=== Capítulo quinto ===&lt;br /&gt;
Era en aquel tienpo un cavallero noble, secretario y capitán mui amado del rei don Pedro el Cruel, el qual era sinple y recto y temeroso de Dios, el qual se llamava don Pedro Fernández. Y como este noble cavallero pensase con el clareçido coraçón cómo avía gastado sus días en la ceg[u]edad del mundo sin ningún serviçio de Dios, con deseo de hazer penitencia y aber [fol. 258v] dolor de sus pecados y guardarse de no ofender más a Dios, negó a sí mesmo según el consejo de Nuestro Señor Jesucristo con toda la casa real, tomando hábito de religión. El qual, con divinal aiuda, fue a Roma y alcanzó liçençia del Padre Santo que pudiese edificar en la provinçia de Toledo un monesterio de la orden del bienaventurado padre San Xerónimo. Y buelto con la liçençia, hedificó el monesterio ya dicho de sus propias faqultades, con aiuda desta señora, la qual no solamente hizo muchas espensas en el edificio material, mas aun dio preciosos hornamentos y joias para el culto divino, con las cuales adornó y ennobleçió el sagrario y sacristía, onde somos ciertos que dio una arqueta pequeña en que se encierra el cuerpo del Señor.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
=== Capítulo sexto ===&lt;br /&gt;
Acabado aquel maravilloso hedifiçio, en breve fue la casa llena de frailes. Viendo esto las siervas de Dios, juntamente con ellos tomaron por padre al bienaventurado nuestro padre San Xerónimo, para que con su tela y anparo, olvidadas las fuerças flacas, por sus merecimientos serviesen varonilmente en el serviçio del Señor: toman el hábito, regla y costumbres de la dicha orden, sométense a los prelados de aquel monesterio, prometen obediençia, demandan que sean regidas dellos, ¡o virtud de maravillosa obediençia!, ¡sola [fol. 259r] digna de ser loada! Quisieron más sujetas obedecer, que esentas y libres errar; esto es verdaderamente negarse a sí mesmo: quando el honbre deja su querer y se dispone para obedezer. Y cobdiciando esta señora de no comer sin trabajar en el serviçio de Dios, alcanzó liçençia del papa que tuviesen aquella misma horden en rezar las horas divinas que los dichos religiosos. Y viendo aqueste santo varón ya dicho, que era prior en el dicho monesterio, la vida de aquesta santa muger ser tan apaçible a Dios, amávala con verdadera caridad, rogando al Señor por su justificatión y cunplimiento devoto y guarda religiosa de aquella santa congregaçión que hasta la fin durase en toda santidad y religión. Otro tanto rogava ella por él: eran estas personas dignas de todo loor en el entrañal amor, que pareçían otro San Francisco y otra Santa Clara, otro San Xerónimo y otra Santa Paula y Eustoquio; eran d’Él consoladas, y disciplinadas, y amonestadas con gran dulcedumbre de caridad en toda perfectión y castidad.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Después de mucho tienpo que les duró esta santa conversaçión con toda honestidad y religión, plugo a la Divina Bondad recebir la penitençia digna y dar fin a ella y a los trabajos deste santo varón, llevándose donde recibiese el galardón del trabajo [fol. 259v] que avía recebido en plantar aquella biña del Señor, la qual labrava con el arado de la religión para que, después que la oviese podado con santas amonestaciones, mereciese aver della el fruto que esperava, que es el Çielo. Y si acaso algunas vezes alabavan a esta señora algunos çibdadanos de su honestidad y abstinençia o de otras obras virtuosas, dezía ella: «No es de algún valor lo que yo hago; mis hermanas lo hacen por alunbramiento del Espíritu Santo». Y viendo esta santa mujer que en las enfermedades la estavan sirviendo las hermanas, deçía sin toda dobleza, pensando ella en su coraçón ser indigna de aquel serviçio: «¿Dónde vino a mí tanto bien? ¡O, qué más hermosas donzellas pudiera yo tener en el siglo que ansí cercasen mi cama, las quales veo ser mucho más sufiçientes que io para esta administraçión, por hermosura de virtudes delante de Dios!».&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y como esta santa muger viese adornadas las mujeres del siglo de contraria hermosura con diversidad de adornados trajes, y que las caras hechas a semejanza del Criador estavan cubiertas con diversos ungüentos y afeites, por artifiçio digno de condenaçión, quiriéndolas reprehender, dezíales con palabras dulzes: «Mirad que ofendéis mucho al Señor y que si más con coraçón endureçido [fol. 260r] usáis de esta apostura, que ansí como personas que con deliberación pecan en el Spíritu Santo, yrán a la damnaçión perdurable, que aún el tal pecado no se quita ligeramente por la penitençia». Todo género de timiama o de qualquier espeçie odorífera ansí lo aborreçía y huía como si fuera un pozoñoso veneno. Dezía ella a las que usavan destas cosas odoríferas: «No conviene que la carne que está aparejada para ser mañana queva de gusanos, llena de toda miseria, aia alguna delectaçión». Nunca consentía su ánima ser ensuciada en jactancia, aunque fuese alabada de la prelaçía, o de la dignidad de los parientes, o de la hermosura del cuerpo, o de la honestidad de las costumbres, o de qualquier obra de perfeçión que en ella era; y si alguno por honrrarla le dezía “Vuestra Merced”, “Reverencia”, o otras palabras semejantes, dezía: «¿Dónde yo, un tan mezquino gusano en menospreçio, soi dicha tener merçed, como a Dios sea la honrra y gloria para sienpre?». ¿Qué podré yo dezir de la perfeción de esta? Sino que tomó tan alto grado de humilldad y de sinpleza recta y temor del Señor quanto la humana natura pudo consentir estar alguno de los mortales. Si líçito es dezir, puede bien tenella la Iglesia como a otro Job, y como ya la luenga hedad la agraviase mucho, aviendo pasado ya ochenta años de su vida con mucho fruto, con la gran vejez tenía perdido los sentidos exteriores en parte, [fol. 260v] mas con este inpedimento sienpre crecía más en los sentidos ynteriores y tenía más y maiores fuerças espirituales. Y como ansí ynpedida no pudiese oír el relox, mandava que pusiesen dentro en la celda un gallo que la despertase a la medianoche para ir a maitines; nunca o apenas fue hallado ningún día que casi desde su niñez no se levantase a la medianoche a alabar al Señor, aunque tuviese enfermedad de grande trabajo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
===Capítulo séptimo===&lt;br /&gt;
Pasado este tienpo con tanto fructo que la piedad divinal dar quiso a su pelea y su inmensa bondad y justicia, quiso dar el galardón a esta su sierva, que corrió sin tardanza por la carrera. Y llegada al postrimero día, pensaba la quenta que avía de dar de aquella maiordomía. Y ansí como ella en la vida avía instruido a sus hijas en el serviçio divinal, ansí quiso consolar y esforçallas en el postrimero día de su vida a exenplo de nuestro padre San Xerónimo, amonestándoles con toda afectión que no tornasen atrás ni desfalleçiesen en aquel camino espiritual, mas perseverando viniesen a la fin con vencimiento de la pelea para que pudiesen gustar y gozar de la bienaventurança perdurable, para lo qual es necesario que con toda humilldad y menospreçio y mortificatión perseveren. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Avía entonzes en el claustro veinte y cinco [fol. 261r] beatas, las quales ella todas mandó llamar con gran alegría, siguiendo el exenplo de nuestro padre San Xerónimo. Y de que fueron todas llamadas, abraçolas y dioles paz diçiendo: «Amadas hijas, acordaos cómo, no por nuestros merecimientos, mas por su sola misericordia y bondad aparta el Señor a nós, para sus siervas, de las tinieblas del siglo y nos trujo a esta esclarecida solidunbre, adonde vos ruego que no seáis de poco corazón fingiendo vos ser flacas para perseverar en la religión; oíd, no a mí, sino a Vuestro Maestro, que dize: “Mi jugo es suave y la mi carga liviana”. Oíd otra vez que dize: “El que pone la mano al arado y torna atrás no es capaz de el Reino de los Çielos”». Y dichas estas cosas y otras de grande edificaçión, llamó a cada una particularmente y amonestávala con aquel deseo que según su calidad y manera le era menester. Ca como ella desde sus primeros comienzos las ubiese instruýdo en las doctrinas santas, conoçía el corazón de cada una tan perfectamente que por verisímiles conjeturas, antes de su muerte, dijo a algunas dellas lo que les avía de acaezer acerca de la perfectión en las virtudes o si avían de errar en los viçios y en otras semejables cosas, casi por espíritu de profeçía. Después de esto, encomendó a todas dos [fol. 261v] cosas: y es que guardasen en sí un mandamiento y un consejo. El mandamiento, que se amasen unas a otras y que con toda caridad cada una sufriese soportando la carga de la otra por que pudiesen estar en paz y en concordia; el consejo, que estuviesen sienpre en el claustro guardando mucho silençio, ni quisiesen ser vistas por las calles, y huyesen mucho de comunicar con los seglares, porque guardando estas dos cosas se apartasen del lazo del Enemigo, que busca de contino a quien trag[u]e.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y oiendo estas cosas y otras muchas, aquellas devotísimas hermanas no se podían abstener de no llorar porque, aunque era cosa razonable que ubiesen plazer de la subida de su madre al Çielo, piadosamente lloraban viendo ser desanparadas de tal madre. Y viéndolas ella llorar, comovida a conpassión dezía: «No queráis más llorar en vano, pues el Señor puso término a mis días, los quales no puedo pasar mas conformada con su voluntad. No creades que io os dejo, porque a Él plazerá de vos tomar en su anparo y guarda si os apartáis del mal y le servís con toda virtuosa obra y cunplida bondad». Y diziendo: «Quede el Señor con vos», demandó la unçión, y después que la recibió en esa hora, estando meneando los labios con oraçión al Señor sin esprimir lo que deçía, deçen-[fol. 262r] dió un raio de claridad sobre su cara, viéndola algunas de las que estavan presentes, y ella avía gran plazer de lo que con sus ojos veía, y alçando las manos en alto, puestos los dedos en señal de cruz, durmió en el Señor. A diez días de enero año de mill y quatrocientos y veinte y seis años.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
===Capítulo octavo===&lt;br /&gt;
&#039;&#039;[2]&#039;&#039;&lt;br /&gt;
Luego que espiró, fue llevado secretamente su cuerpo al dicho monesterio de Nuestra Señora de la Sisla y sepultado con grande honra cerca del altar maior, y esto fue hecho porque se esperava gran disensión entre los çibdadanos sobre el enterramiento del cuerpo y ansí fuera inpedido de llevar al dicho monesterio donde ella, quiriendo aun en su muerte huir la vanagloria, se mandó enterrar; que pudiera çierto ser sepultada dignamente y con grande reverençia en la iglesia maior de la dicha çibdad, açerca de su tío, el arçobispo don Álvaro.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y para más loar s[u] esclarecida vida, podríamos contar algunas senales y dezir algunos miragros que parecieron en su muerte y fueron hechos por el tanimiento de su cuerpo, lo qual piadosamente creemos, pues personas [fol. 262v] relixiosas y dignas de toda fe, sin ninguna adulación dan testimonio dello, mas pues que hasta aquí esta santa Yglesia lo calla, somos por necesidad constrenidos a callar; una cosa sabemos de çierto que nos constrine a hablar, que fue su voluntad en la lei del Señor, pensando de día y de noche, en cuia boca no fue hallado engaño. Y por esto creemos firmemente que no recibió en vano su ánima, que fueron aquestas senales y miragros manifiestos a todos en la su historia que tiene el vulgo. Cosa digna fue y no de maravillar, amadas hermanas, que la cibdad real donde descendió la Reina de los Ángeles con tan gran muchedumbre de coros de vírgenes quedase con el fruto de aquesta virgen, que con santidad de vida entre las otras vírgenes la pudiese seguir y alabar. Y si queréis vos, sus hijas, alcanzar a loar a la Madre de Dios con aquellos espíritus bienaventurados con entrañas llenas de caridad, vos amonesto y con grande amor espiritual vos ruego que sigáis las pisadas de la madre y guardéis su dotrina y os acordéis de sus amonestaciones y sienpre la tengáis delante de buestros ojos por singular exenplo, examinando con diligençia lo que ya avéis oído y otras cosas que no basta mi lengua para recontar.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
¡Quán [fol. 263r] suave fue su mansedunbre y quán marabillosa su honestidad y linpieza! Considerad su profunda humildad y quál fue su sinple prudentia llena de todo temor de Dios. Por las quales mereció Dios, siendo en su aiuda, venzer a los enemigos en tan grandes peleas con gran vitoria. Sobre todo, vos amonesto que, perseverantes en la santa religión, conviene que paséis por fuego y agua; conviene saber: por adversidades y tentaciones, por las quales, mereciendo ser dignas de la gloria, haziendo todas las cosas perfetamente, digáis aquello que el Salvador nos amonesta por San Lucas, a los diez y siete capítulos, diçiendo: «Quando hiziéredes todas las cosas que vos son mandadas, dezid: “¿Siervas somos sin provecho. Solamente hicimos lo que devíamos”», en tal manera que los bienes que con el aiuda y inspiratión del Spíritu Santo fazéis, no los perdáis delante de Dios por el loor de los honbres o con presunçión dañosa de dentro del corazón los hagáis sin provecho. De lo qual oíd aquella semejança del Salvador de las diez vírgenes, çinco prudentes y çinco locas, de las quales dize San Gregorio: «Todas se llaman vírgines, mas no todas son reçebidas dentro de la puerta en [fol. 263v] la bienaventurança, porque, como faltase el açeite a las vírgines sin seso, fueron a conprarlo; conviene saber, yendo a buscar el testimonio de sus buenas obras delante los honbres recibieron su galardón. Vino el Esposo y las que estavan aparejadas entraron con él a las bodas». De lo segundo, oíd lo que el apóstol las dize: «Pienso, hermanas, que no son dignas las pasiones deste mundo para alcanzar la gloria que esperamos, y otra vez el galardón del pecado es muerte, el de la graçia es vida para siempre, la qual a mí y a vos quiera de Jesucristo, Hijo de Dios, el qual sufrió por nós pasión, que con el Padre y Espíritu Santo vibe y reina, un Dios para sienpre jamás. Amén».&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
===Responso===&lt;br /&gt;
Madre nuestra mui hermosa, que menospreciaste todas las cosas prósperas del siglo y por no ensuçiar tu vida dejaste el mundo asconjiendo a solo Jesucristo, dístenos camino siguiendo a Nuestro Maestro. Abnegando a ti misma, venciste al Enemigo. Presa: Agora gozando de santa gloria ruega por nós, desterradas, por que después desta batalla seamos aiuntadas a la çibdad soberana. Verso: ¡O bienaventurada [fol.264r] virginidad que excede todas las virtudes, que pasando por fuego y agua es llevada a la gloria que jamás le será quitada! Pressa: Agora. Verso: Gloria sea al Padre y al Hijo y al Spíritu Santo. Responso: Madre nuestra. Verso: A esta escogió Dios así en sierva. Respuesta: Por que diese a nós flacas fuerzas. Oratión: Dios todopoderoso, que, con la grandeza de tu bondad, tu Santa Yglesia hordenas y rijes, y en nuestros tienpos para exenplo y fortaleza de la flaqueza femínea quisiste escoger a nuestra cibdadana Mari Garçía, virgen, para que fuese del cuento de las escogidas, devotamente  te suplicamos oigas nuestras orationes y gemidos, y benignamente recibas la flaqueza de nuestros pequeños serviçios, y por los piadosos ruegos de aquesta santa madre y patrona nuestra piadosamente nos otorges que sienpre encedidas en tu santo amor, fijas para sienpre, permanezcamos en tu santo temor por que en el postrimero juicio al juez recibamos con lánparas adornadas de santas obras y nos lleve consigo a las bodas çelestiales el verdadero Esposo de las vírgines, Jesucristo tu Hijo, Nuestro Señor, el qual contigo y con el Spíritu Santo vibe y reina un Dios para sienpre jamás. Amén.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Finis: Fray Bonifacio de Chinchón &#039;&#039;[3]&#039;&#039;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
=== Notas ===&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&#039;&#039;[1]&#039;&#039; Apostilla marginal: «que ahora se llama de San Pablo».&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&#039;&#039;[2]&#039;&#039; Tachado: dézimo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&#039;&#039;[3]&#039;&#039; Rubrica&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
= Vida manuscrita (2)=&lt;br /&gt;
Ed. de [http://visionarias.es/equipo/celia-redondo-blasco/ Celia Redondo Blasco] y María Morrás; fecha de edición: abril de 2017.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
== Fuente ==&lt;br /&gt;
[[Archivo:II María García.jpg|250px|right|Manuscrito|link=]]&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
* [http://catalogodesantasvivas.visionarias.es/index.php/Categor%C3%ADa:Juan_de_la_Cruz Cruz, Juan de la], 1591. &#039;&#039;Historia de la Orden de S. Hierónimo, Doctor de la Yglesia, y de su fundaçión en los Reynos de España&#039;&#039;. Esc. &amp;amp;-II-19 fols. 208v- 217r.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[[Contexto material del manuscrito de El Escorial, MS &amp;amp;-II-19]]&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
== Criterios de edición ==&lt;br /&gt;
Dado que se trata de una copia manuscrita que no puede ser muy posterior al autógrafo, los criterios de edición son conservadores.&lt;br /&gt;
La lengua del texto refleja bien las características fonéticas y gráficas propias del siglo XVI, sin que se hayan podido observar rasgos dialectales, pues el vocalismo en formas como  monesterio y desgusto son muy habituales.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Se mantienen los grupos cultos, que podrían ser reflejo de la obra latina que dice haber consultado el autor, o simplemente mostrar el uso eclesiástico: &lt;br /&gt;
s líquida en Spirito Sancto y en el latinismo specie &lt;br /&gt;
formas cultas como –mpt- en Redemptor, th en thesoro (y Theressa), ph en propheta, -gm- en augmento&lt;br /&gt;
-l-  geminada en collegio, bulla&lt;br /&gt;
Otros grupos dobles: successo, -ct- (sanct y sus derivados)&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Sibilantes:&lt;br /&gt;
La oscilación entre –ss- y –s- intervocálica cuando etimológicamente es sorda o procede de un grupo –ss- en latín es mínima. En general, escribe correctamente los vocablos  (necessitad, promessa) o las formas latinas que con –ss- (superlativos: honestíssima, religiosíssima; formas verbales de subjuntivo (fuessen, entendiesse, diesse, etc.) o por razones etimológicas (essos). Sin embargo, también se encuentran formas simples intervocálicas (deseos, mereçiesen, perseverases, moviesen, guardasen). Sin embargo, en general parece distinguir entre la sorda /s/ y la sonora /z/, como indica la hipercorrección Theressa, por lo que se mantiene la grafía original.&lt;br /&gt;
Las fricativas en cambio indican confusión entre sonoras y sordas (doncella/donçella en lugar de donzella, etc.), pero se mantiene la forma original por su interés lingüístico.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Se mantiene el uso de la y en los diptongos decrecientes (oýd, caýda, cuydado, etc.), así como la oscilación entre v/b. Se conserva la –ll en humilldad y humillde porque parece que el copista (y quizá el autor) lo consideran grupo culto; también se mantiene la h- aunque sea anti-etimológica en  hedeficio y hedad.&lt;br /&gt;
Se conserva dello, desto, etc., pero se separa mediante apóstrofe cuando la forma aglutinada incluye un pronombre personal: d’él.&lt;br /&gt;
Se regularizan alternancias gráficas sin valor fonético:&lt;br /&gt;
i/j&lt;br /&gt;
u/v.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
La puntuación y la capitalización han sido modernizadas, si bien se mantiene el uso del paréntesis para indicar observaciones digresivas según el original.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
== Vida de María García ==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
=== Capítulo veynte y quatro ===&lt;br /&gt;
&#039;&#039;&#039;De cómo se fundó el monesterio de religiossas de sanct Pablo de Toledo por doña María Garçía, y del fervor después que tuvo esta sancta muger desde su tierna hedad, y en las buenas obras que se ocupó con gran menosprecio de sí misma&#039;&#039;&#039;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En una escriptura bien antigua escripta en latín se halla la fundación del monesterio de sanct Pablo de Toledo y de su fundadora doña María Garçía, que después de muchos años que en él vivió con muchas siervas de Dios que tuvo en su compañía acabó sus trabajos en este que se va prosiguiendo &#039;&#039;[1]&#039;&#039; de mill y quatroçientos y sesenta y cuatro. Y es digna cosa que se ponga en este principio y fundaçión del monesterio de Sanct Pablo de Toledo, para que se sepa la vida maravillossa de esta sierva de Dios doña María Garçía, y vea y entienda, que en tiempo que tanto se olvida la charidad y abunda la maldad, quiso Nuestro Señor despertar esta su sierva fiel, cuya vida honesta, llena de buenas y sanctas costumbres, y del menospreçio del mundo y de lo que él promete y representa, se escrive aquí, juntamente con la fundación. Y será con la brevedad que dieren lugar las muchas y muy notables cosas que ay que dezir aprovechándome en parte de la dicha escriptura y de otros lugares que harán a este propósito.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Pues en el tiempo que reynava en Castilla el rey don Pedro, fue un cavallero principal en linage y sangre que se dezía don Diego Garçía de Toledo, casado con Doña Constança, hija de Hernán Gómez y hermana del Arçobispo de Toledo, don Álvaro. A estos cavalleros, don Diego Garçía de Toledo y doña Constança, dio Nuestro Señor una hija, después de otros muchos que tenían, de particular hermosura y graçia, que sobremanera la querían, miravan y estimavan sus padres como singular benefiçio que Dios les avía querido hazer. Y en una voluntad (que la tenían en todas las cosas y eran justos delante de Dios) se la ofreçieron como décima parte de sus bienes, poniéndole nombre María [fol. 209r] y el sobrenombre de su padre, y ansí se llamó siempre doña María Garçía. Pusieron mucho cuydado sus padres en criarla y que se afiçionase al temor y amor de Dios y a las sanctas costumbres. Apenas sabía hablar (como dizen) quando se fue conoçiendo en ella el spíritu que Dios quería declarar en su favor porque en ninguna cosa pareçía niña, sino llena de discreçión, de la que el Spíritu Sancto pone en las almas donde reside. Quando tuvo alguna discreçión, no solo no menospreçió el voto y ofreçimiento que sus padres tenían hecho, mas ella, con gran voluntad le confirmó, abraçó y amó, y desde luego tuvo tanto fervor en el amor de Dios que se conoçió que más eran órdenes del Spíritu Sancto y graçia divinal que consejo de hombre humano. En esto seguía el del propheta, que desde su niñez endereçó sus pensamientos al Señor muy alto, y dello dio buen testimonio su vida maravillossa, que aún en aquella tierna hedad se apartava a los lugares secretos a hazer oraçión huyendo de los que la podían ver en casa de sus padres y de los juegos y cosas que en tal hedad se suelen exerçitar y entretener los niños. Era pobrezilla de voluntad, y aun no havía oýdo el Evangelio y deseaba ya hazer thesoro en el Çielo, teniendo gran cuydado de los pobres de Jesuchristo, recogiendo las migajas que caýan de la mesa de sus padres. Y los pedazos de pan que sobraban de su comer, con todo lo demás que podía haver y recoger, lo guardava y escondidamente lo dava a los pobres.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Quando llegó a la hedad creçida, y desechados los deseos de la moçedad, pensaba de día y de noche cómo podría, a exemplo de san Juan Baptista, conservar y guardar con toda entereza su vida y limpieza, y decía con el psalmista: “Muestrame Señor tus carreras y endereçame según tu voluntad”. Como era ya de doze años y no se aficionase a la vanidad del linage, ni a la abundancia y trages de la casa de sus padres y amonestaçiones de los lisongeros, pasó por todo ello como virgen prudente y sabia despreçiándolo, con todos los deseos dañosos del mundo, deseando solamente ser agradable al Esposo Çelestial. Para poner con más brevedad en exerçicio los propósitos y los deseos sanctos que tenía, olvidando la casa [fol. 209v] de sus padres se apartó a un monesterio de monjas que se dezía sanct Pedro de las Dueñas (que estaba adonde después hedificó el cardenal don Pero Gonçález de Mendoça el hospital insigne que dizen de la Cruz) y adonde era priora una hermana suya que la amava y quería como era razón. Recibiola con gran voluntad y en poco tiempo aprendió y supo el canto y las otras obediencias de la religión, para que aprovechase dello y servir a Dios, adonde le encaminase de tomar el asiento que avía de tener. Entendida por muchas partes su vida y costumbres, muchos monesterios de religiossas la deseaban tener en su compañía, y particularmente el de Sancta Clara, de la Villa de Tordesillas, que le ofreçieron que en pocos años sería su perlada si quisiese tomar allí el hábito y la professión, y le sería la vida de mucho contento y descanso. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Ninguna cosa le movía a la sierva de Dios, porque ni eran essos sus pensamientos ni havía entrado en su camino y deseo gana de querer y apeteçer de ser perlada, sino sierva humillde, y por esta humilldad lo menospreçiava todo y lo hollava y acoçeava todo, y no quería que los hombres la viessen sino en este menospreçio, ni reçibir dellos el galardón de sus obras, si algunas tuviese que fuessen buenas y aceptas a Nuestro Señor, y d´Él quería el premio y galardón, y entrar en su apartado cubículo a solas (como lo dize el Sancto Evangelio) para que solo Él la entendiesse y diesse la retribución conforme a los merecimientos. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Después que se detuvo en aquel monesterio algunos años y sabía ya bien las observançias de la religión que se praticavan y enseñavan en él (y sin haber tomado hábito ni manera de religiossa), pareçiole que era bien bolverse a la casa de sus padres, más por voluntad de Dios que lo inspirava que por tener gana de bolver atrás de sus buenos y sanctos propósitos. Pidiole licençia para ello a la priora, su hermana, que con mucha dificultad y gran desgusto se la huvo de dar. [fol. 210r] Y ansí se fue como lo avía dicho a la casa de sus padres. Aunque estava en ella y vivía entre los hermanos y criados de casa, y pareçía que se havía buelto al mundo como cosa que le dava gusto y contento &#039;&#039;[2]&#039;&#039;, andava tan abrasada y ençendida en el fuego del amor divino que siempre pensaba, codiciava y tratava cómo seguir y ymitar (según su flaqueza) a Jesuchristo, su esposo. En lo que asentó, después de muy mirado y consultado y pedido a Nuestro Señor, fue negarse a ssí misma y no mirar a su hedad y flaqueza y que era muger, ni a lo que podrían decir y juzgar los hombres faltos de consideraçión, y con esto començó a darse al despreçio suyo y de las cosas mundanas, y tomó consigo, como aya y compañera, a doña María Gómez, matrona biuda y noble, que con una misma voluntad la quiso acompañar en sus designos y trabajos. Su principio fue començar a andar por las puertas de los vecinos de la ciudad a pedir limosna cada día, públicamente, para los pobres necessitados. Pues dezir que llevavan en su compañía quien recogiese las limosnas y pedaços de pan que les davan, era cosa de bendezir a Dios en sus marabillas, que la donzella pobre de Jesuchristo llevava sobre sus ombros una talega o alforja en que las echava, con un fervor y ánimo de hazer serviçio en ello a su esposo que no aprovecharon promessas, ruegos ni amenazas de sus padres para apartarla dello, y ansí la dexaban continuar su sancta ocupación y daban lugar a ello aunque no dexavan de sentir ellos y los hermanos de la sancta donzella alguna afrenta de aquel menospreçio tan público. No dexavan por esso las dos su exerçiçio cotidiano de andar por las calles de la çiudad pidiendo limosna como pobres peregrinas, y estavan en la sancta yglesia mayor entre los dos coros al tiempo que los canónigos salían de las horas, que los ponían en confusión y compelían a que les diessen muy buenas limosnas. Desde allí pasavan con las que llevavan en sus alforjuelas a la casa de sus padres, y ya era para ellos de gran consuelo y regalo ver de aquella manera a su hija, y la animavan y esforçavan en ello (aunque por otra parte la carne y la sangre hazían su oficio en [fol. 210v] sentir aquel difraçe). Pero pasados los primeros días, y viendo a su hija contenta, y que era bien inclinada, devota y charitativa con los pobres de Jesuchristo, no había cosa temporal que para ellos se les pudiesse comparar a esto. Bendezían a Dios y alçavan las manos al Çielo con mucho plazer y alegría, haziéndole infinitas gracias por haverles dado hija que aun antes de tener discreçión ni hedad había en la tierra vida çelestial y obrava en ella tantas marabillas. Todos los de su casa, hijos y criados, hazían lo mismo, y la sancta donzella, con una profunda humilldad y llena de spíritu de Dios, se derribava a los pies de todos besándoselos, agradeciéndoles el contento que mostravan de la vida que seguía. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Acaeçió un día que andando pidiendo limosna por la çiudad la sancta donçella con su compañera por no perder costumbre de remediar a los que tenían necessidad, que encontraron en una calle al arçobispo de Toledo, su tío, hermano de su madre, y a su mismo padre, que le acompañava con otros cavalleros y gente principal de la çiudad, y quando el arçobispo vio a su sobrina en aquella postura que llevava y cargada en los hombros la talega con las limosnas que había recogido, volvió a su padre y díxole con algún enojo y como reprehendiéndole: “Mucho me maravillo, que como seáis hombre prudente, no remediéys un desconçierto tan grande como este y consintáys a una hija de tan poca hedad y tan hermosa y de linaje, que es que ande ansí despreçiada y con tanta libertad que days a entender que la tenéys aborreçida, pues no la recogéys y tratáys de casarla con otro que sea su igual”. El cavallero prudente le oyó y respondió con mucha mansedumbre y en breves palabras le dixo: “¡Qué esposo le parece a Vuestra Señoría que puedo yo dar a mi hija más rico y generosso que a Jesuchristo, Hijo del Padre Eterno! Por ventura podemos resistir al Spíritu Sancto. Ella ha escogido este estado por la mejor parte y yo no se le quiero estorvar, ni me pareçe que se açertaría en ello”. [fol. 211r] El arçobispo calló con esta respuesta y no supo qué le replicar, entendiendo que aquello era obra de Dios.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
=== Capítulo veynte y çinco ===&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&#039;&#039;&#039;Cómo desde algunos días dexó de pedir las limosnas la donzella y virgen de Jesuchristo, doña María Garçía, y se recogió en una hermita de Nuestra Señora de la Sisla con su compañera, y después al monesterio que fundó de Sanct Pablo&#039;&#039;&#039;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Entre otras cosas mal hechas que en aquellos días hazía el rey don Pedro era desasosegar y perseguir donzellas y mugeres nobles de qualquier estado que fuessen, por sus desordenados apetitos, y esta honestísima virgen, con el temor que le causaba esto, se fue (con otras muchas señoras principales del reino que procuraron esconderse de la persecuçión del Rey) a la villa de Talavera, que estava allí su padre don Diego Garçía, que era casi como señor della y beneficiaba sus possesiones y heredades, que eran muchas la que en aquel lugar tenía. Aun estando allí la sancta donzella con sus acostumbrados exerçiçios y ocupaçiones de oraçión y meditaçión, no estava con toda seguridad porque veýa que otras padeçían grandes trabajos por la guarda de su honestidad, y esto le puso en cuydado de pensar en buscar otro medio y asiento que fuesse más seguro, y no andar con temores y desasosiego. Pedía de veras a Nuestro Señor dispusiesse lo que más havía de ser serviçio suyo, y como está cerca de los que con ánimo verdadero le llaman y quieren, endereçó su deseo que se fuese a Toledo a un término que dezían de la Sisla (adonde es de creer que el ángel la guió con su compañera doña María Gómez) y allí hizieron una casilla pequeña para recogerse, arrimada a la hermita de Nuestra Señora que dezían de la Sisla, y en ella estuvieron algún tiempo sirviendo a Nuestro Señor en ayunos, vigilias, oraçiones y otros exerçicios honestos de humilldad y de sanctidad, hasta que fue servido que [fol. 211v] cesasse la causa del temor con la muerte del Rey Don Pedro.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Aun no estava criada en aquel tiempo la orden de Nuestro Padre San Hierónimo en estos reynos de España, pero pocos años después se confirmó por la sede apostólica y dio el hábito que se use en ella, y se hedificó el monesterio tan principal que oy se vee en Toledo, en la hermita de Nuestra Señora de la Sisla, que dexó la bienaventurada doña María García.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Muerto, pues, el rey Don Pedro, daban orden aquellas sirvientas de Dios de dexar aquella soledad de la Sisla, que la tenían grande por estar tan apartadas de la çiudad, y entendieron que en ella havía una congregación de mugeres devotas y honestas en la perrochia de San Román y tuvieron su aviso y consejo para yrse a aquella sancta compañía y subiectarse a la administradora doña María de Soria, que las reçibió con grande alegría, y de consentimiento de todas las religiossas les dieron el hábito y vestido que ellas traýan. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Por todo el tiempo que vivió la administradora María de Soria, estuvo en aquella casa la sierva de Dios y virgen doña María Garçía, y quando vio que era muerta y que también lo eran sus padres y pasado desta vida al Çielo, le dio más ganas a doña María Garçía de dexar del todo el mundo y el trato d’él, y asentar para siempre en un lugar; y pidiéndolo al Señor dezía con el psalmista: “Tú, Señor eres bueno, enséñame tus justificaçiones”. En ninguna cosa sentía el gusto que pretendía si no era en el puro spíritu y amor de Dios, y siempre andava con cuydado adónde havía de permaneçer y qué estado era el que havía de escoger. La hazienda que heredó en Belilla de su madre la vendió luego y compró una casa grande con mucho aposento en la perrochia de Sanct Lorenço, a donde se pasó con su compañera doña María Gómez, y allí asentaron sus deseos y perseveró hasta la muerte. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Entendida en la çiudad esta traslaçión de doña María Garçía, no le faltaron personas de calidad [fol. 212r] que por su devoçión y afición se inclinaron a seguirla, y una dellas fue ^doña^ Theressa Vázquez, persona noble y principal, con siete mugeres de buenas costumbres, fama y christiandad, que se fueron a amparar a ella, por solo servir a Dios y serles compañeras en la vida sancta y exemplar. Este, pues, fue el primer principio de fundar y plantar aquel collegio de Sanct Pablo de Toledo, que oy es monesterio, que desde que entonçes començó hasta oy ha floreçido y floreçe gran religión y mucha sanctidad, como en el processo desta escriptura se yrá mostrando hasta el cabo della. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El primero fundamento del monesterio de Sanct Pablo de Toledo fue este, y estava ya con grande gozo y contento la sierva de Dios doña María Garçía viendo el fervor de las nuevamente allegadas, y ansí las quería y amava con entrañas llenas de charidad, y animava a perseverar trayéndoles lo del psalmo: “Load a Dios y alabadle, pues ha confirmado sobre nós su misericordia”. Bolviéndose a Nuestro Señor dezía: “Suplícote que te sirvas de darnos graçia, que cantemos tus justicias en este lugar de ^nuestra^ peregrinaçión, que en él queremos perseverar, y en las alabanças divinas”. Fue creçiendo tanto la buena reputaçión de aquella congregaçión en observançia y conversaçión sancta y religiossa, que en pocos años se les allegaron otras muchas a su compañía, las quales, quando vieron que la orden de sanct Hierónimo començava y resplandeçía el nombre della, y estava ya hedificándose el monesterio de la Sisla y con algunos frayles, pareçióles bien su manera y hábito.  Y con un ánimo y voluntad lo escogieron y se vistieron del hábito, escogiendo y eligiendo por su priora y prelada a la religiosíssima doña María Garçía, que lo hubo de aceptar por sus ruegos y ymportunaçiones, porque por su voluntad deseaba antes ser regida que regir, y súbdita que prelada.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Viéndose la devota sierva de Dios con aquella carga y cuydado de priora, y que traýa vestido el hábito de la sagrada orden de nuestro padre Sanct Hierónimo, començó a comunicarse y tractar al sancto varón fray Pedro Fernández Pecha, que era prior de la Sisla, que se ocupaba en hedificar aquella casa, y a mostrarle voluntad [fol. 211v] y aun a favorecerle en su obra del monesterio y claustro, que le fue de grande favor y ayuda para acabarlo con más brevedad. Para la sacristía y culto divino dio muchas cosas y ornamentos de valor, y hasta se sabe que la arquita pequeña de plata adonde se çierra el sanctíssimo sacramento la dio y ofreció esta sancta muger.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Las plácticas y conversaçión destos dos siervos de Dios, fray Pedro Fernández Pecha y doña María Garçía, todas se ençerravan en sanctidad y qué observancias se tenían de guardar y acrecentar en la religión, y la solemnidad del culto divino, no olvidándose del cuydado que havía de haver en la oraçión y amor y serviçio de Nuestro Señor de noche y de día, que no pareçían en sus plácticas, tracto y conversaçión, sino otro Sanct Hierónimo y Sancta Paula, y Sanct Francisco y Sancta Clara, que se conoçió bien por los efectos que se obraron, encaminados todos al Çielo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Doña María Garçía y sus seguidoras no se contentaron solamente con traer el hábito de la orden del glorioso nuestro padre Sanct Hierónimo sino que quisieron guardar la regla, estatutos y ceremonias que la orden tenía, guardava y professava. Y porque aún en aquellos días no estavan unidas las casas que estavan fundadas en el hábito de la orden, ni tenían superior general, dieron aquellas religiossas la obediençia al prior de la Sisla y a sus sucessores, confirmando esto y el dezir de los oficios divinos por bulla apostólica, aunque no tenían professión ni encerramiento de monjas, sino de beatas recogidas, queriendo con todo esto subiectarse al estilo y manera de la orden y negar su voluntad y libertad hasta la muerte, sin buscar otra manera nueva ni hazer más mutaçión. &lt;br /&gt;
Pedía esto de veras y muchas vezes la sierva de Dios en su oraçión y petición, por sí y por las hermanas, y que mereçiesen el spíritu de perseverançia como convenía a su salvaçión, y no se olvidava, ni aun desconfiava, de lo que el Sancto Evangelio promete a este propósito en aquellas palabras, “El que perseverase hasta la fin será salvo”, que no hazían en ella menos impressión que si las estuviera oyendo de la boca de Jesuchristo Nuestro Señor, y, [fol. 213r] puesta a sus pies como la Magdalena, era doña María Garçía en la compostura y hermosura como un ángel, y de sosiego y mansedumbre increýble, y tenía una quietud y reposo en la conçiençia y una serenidad en el alma (parecida a lo del Çielo) que ninguna cosa próspera ni adversa pareçía mudarla. Del sanctíssimo sacramento era grandemente devota, y reconocía ser aquella la fuente y manantial de todo el bien de las almas, y allí procurava coger quanto havía menester para ser rica.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En muchos años no tuvo nombre de monesterio la casa de Sanct Pablo de Toledo, sino que pasó con nombre de “congregaçión de beatas de la orden de San Hierónimo”, y no por esso se diferenciavan en nada en las observançias, cerimonias y guarda de la religión. La priora era la primera en todas las asperezas y trabajos, y la que más se mostrava y resplandeçía en toda perfectión y sanctidad. En la humilldad y simpleza recta y temor de Dios tuvo tan alto grado quanto se puede consentir en muchos de los mortales, y si es lícito dezir que la pueden tener en esto como a otro Job. De todas era amada, querida y respetada, y atraýa con esto a muchas a querer su trato y compañía, porque solo su exemplo y sancta conversaçión bastava a reformar lo que con mucha diligencia y buenas razones y trazas no hizieran muchas en muchos días y años. Algunas personas prinçipales de la çiudad la visitavan, y todas las pláticas y conversaçión que con ellas tenía eran de la gloria y amor de Dios, y a las que veýa que llevavan los rostros disfraçados con afeytes, y con demasiadas galas y vestidos, queriéndoselo reprehender lo dezía con palabras dulces y blandas, y con un deseo que se moviesen a escusar las ofensas de Dios que de aquello podría haver. Todo género de curiosidad y qualquiera specie odorífera huýa y aborrecía como si fuera veneno ponçoñoso, y dezía a las que usavan dello que no era menester aquella deleitaçión a la carne, que está llena de aquestas miserias y tan çerca de ser (con brevedad) manjar de gusanos. No se deleytava en las jactancias, ni consentía ensuziar su coraçón con ellas, aunque unas cosas le dixesen en su alabança o del govierno tan conçertado que tenía en su monesterio, [fol. 213v] y de su hermosura y nobleza de linage; antes lo aborrecía y se tenía por gusano y por la más vil criatura criada, y de más despreçio y menos partes de que alabarla, y que la gloria y onra de todo se havía de atribuyr a Dios. Con estos exemplos, animava la sancta priora a sus hijas y las esforçava a continuar el amor y serviçio de Dios, meditando de noche y de día en la Pasión de Nuestro Redemptor. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Bivían todas en tanto conçierto y sancta conversaçión que a todos los de la çiudad eran exemplo y dechado de virtudes y honestidad, y hasta oy se dize y muestra esto en aquella sancta casa, y se les echan bien de ver los primeros prinçipios y buenos fundamentos que tuvo de religión y de sanctidad, que, como dixe poco ha, se verá adelante en las obras milagrosas que Nuestro Señor ha obrado en muchas siervas suyas que bivieron y acabaron en aquel monesterio. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
=== Capítulo veynte y seys ===&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&#039;&#039;&#039;De la muerte bienaventurada de Doña María Garçía y de lo mucho que sintieron algunos años antes perder su primero prior y perlado, Fray Pedro Fernández Pecha&#039;&#039;&#039;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Después que estuvieron algunos años Fray Pedro Fernández Pecha y doña María Garçía en muy sancta y religiossa conversaçión, y governando cada uno su monesterio con el exemplo y creçentamiento en el amor y serviçio de Dios que se ha dicho, cansado ya por la hedad y vejez, Fray Pedro Fernández Pecha se fue al monesterio de Nuestra Señora de Guadalupe a acabar sus días en aquel sanctuario de la madre de Dios (como en su historia se dixo) dexando renuncia el priorato de la Sisla, de lo que quedó bien desconsolada la sierva de Dios, doña María Garçía, por carecer tan presto de padre que tanto favor había al augmento y aprovechamiento de la sancta religión. Mas bolviéndosse [fol. 214r] al Señor universal de todos, que no desecha a los que son siervos suyos, tomava esfuerço y contento y animava a sus hijas a hazer lo mismo (que tenían el mismo sentimiento y andavan afligidas) para no desconfiar que les havía de faltar el favor y mano de Dios en la carrera que habían començado y continuarla con toda la perseverançia de virtud y exemplo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Según el discurso que se ha hecho de los años que estos dos los siervos de Dios tractaron en el hedificio y asiento de los dos monesterios de la Sisla y de Sanct Pablo de Toledo, y se vieron y comunicaron, pareçe que pudieron ser muy pocos, que doña María Garçía vivió cinquenta años y más después que murió fray Pedro Fernández Pecha. Con todo esso, como se biene a acabar todo poco a poco, algunos años antes de la muerte de la sierva de Dios, doña María Garçía, por los muchos trabajos y continuas vigilias, tenía perdidos (en parte) los sentidos exteriores, mas muy vivos y enteros (y con mayores fuerças spirituales) los interiores del alma. Y para no dexar lo que tantos años havía continuado de yr a los maytines y entender quándo llegaba la hora, hazía una cosa bien rara y de notar, que le ponían un gallo çerca de su aposento para que la despertasse y supiesse quándo era la medianoche, porque ni podía oýr el relox ni aun la campana. Estava tan aconstumbrada desde su niñez a levantarse a aquella hora a hazer gracias a Nuestro Señor y no perder los maytines, que no lo perdonava aun estando con enfermedad, pudiéndose levantar. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Venida ya la hora que era última a los ochenta y seys años de su hedad (que la llamava Dios para dar galardón de tantos y continuos trabajos), pensaba en la cuenta que le havía de dar aquella mayordomía, y que no se podía alargar. Pues era ya aquella hora postrera (principio de la otra que con tanto favor y deseo guardava), aperçebiose luego del divino y sanctíssimo sacramento de la eucaristía (thesoro universal de las almas y çelestial consuelo para aquellos tiempos) y, después que le hubo reçibido, consolava a sus hijas que las veýa tristes por su partida, [fol. 214v] animándolas con palabras afectuosas de madre que tanto las amava y quería, y las amonestava que no volviesen atrás ni desmayasen en aquel camino spiritual, porque perseverando en toda humilldad, menospreçio y mortificaçión, llegarían con bençimiento al fin, y gozarían con gran alegría de la bienaventurança. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Havía en el convento veynte y çinco religiosas beatas, discípulas de tal madre de sanctidad, que a exemplo del glorioso señor padre San Hierónimo las mandó llamar y juntar, y con grande alegría las abraçó a todas, y dándoles paz dixo: «Mis amadas hijas, acordaos que ni por vuestros mereçimienos, ni por las míos (sino por la misericordia y bondad infinita de Nuestro Señor) nos apartó de los ruydos y tinieblas del siglo, y nos traxo a esta esclareçida soledad y recogimiento como a siervas escogidas y regaladas suyas. Ruegoos mucho que no os mostréis como mugeres de poco ánimo, diciendo que soys flacas para perseverar en religión. Oyd, no a mí, sino a vuestro maestro Jesuchristo que dize: ‘Mi yugo es suave y la carga liviana’. Y más: ‘El que pone la mano al arado y buelve atrás no es merecedor del Reyno del Çielo’”. Haviéndoles hablado estas y otras muchas cosas de la hedificación, alegando y trayendo autoridades de la Escriptura (que no pareçía sino que la tenía delante, y tan sabida y estudiada como si la hubiera profesado) mandolas salir, y bolvió a llamar a cada una por sí, que como de tantos años de trato y conversaçión las conocía, y sabía lo que a cada una en particular avía de avisar y aconsejar. Por verisímiles coniecturas y casi por spíritu de profezía, dixo a algunas el successo que avían de tener en el seguir la virtud y perfectión, o si avían de errar, y en los viçios y cosas semejantes, etc. Después las encomendó a todas dos cosas, que guardasen un mandamiento y un consejo: el mandamiento, que se amasen unas a otras y que con toda charidad sufriessen la una la pesadumbre de la otra; el consejo, que guardasen la clausura y silençio, y que no las viesen por las calles y huyesen de la comunicación con los seglares y salidas a las casas de los [fol. 215r] parientes y conocidos, con occasiones más voluntarias y ymaginarias que verdaderas que muchas vezes se suelen proponer, y aun venir deseos de buscar la salud con honestos títulos de enfermedades bien ligeras, que mirasen mucho esto, y que a quien Dios quita la salud en su convento y congregaçión no es justo que busquen fuera el remedio, y antes ^se^ ha de creer, que si con los remedios ordinarios de los conventos no se vee la salud, que quiere Dios que se sufra y calle la que de su mano recibiere este regalo, y lo tome con paçiençia y en penitençia. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Oyéndole tantas cosas de hedificaçión y conoçiendo que se le acabava la vida, no podían ya detener las lágrimas y los lloros de las religiossas, con que la movían a compasión, y les bolvió a decir: “No os fatigéys y lloréys en bano, que Nuestro Señor puso término a mis días y es ya llegado, conformaos con su voluntad y no creáis que os dexo, que yo confío en la Majestad que os tendrá en su guarda y amparo, guardando vosotras sus mandamientos y sirviéndole con toda limpieza y cuidado”. No les habló más de que le diessen el sacramento de la extremaunctión, que era ya tiempo, y la recibió con grandíssima devoción. &lt;br /&gt;
La mañana antes de su muerte vieron las hermanas religiosas sobre su aposento una gran claridad y dentro dél una paloma blanca, y otro día, al alva, vieron que estava la sierva de Dios meneando los labios y haziendo oraçión a su Criador, sin entender lo que dezía, y muchas de la que con ella estavan presentes vieron que desçendió sobre su rostro un rayo de gran claridad y que sentía mucho plazer y contento de lo que veýa. Y alçando las manos en alto y puestos todos los dedos en señal de la cruz, espiró y desapareçió la claridad, a diezisyete días del mes de enero del año mil quatroçientos y sesenta y quatro, siendo de hedad de ochenta y seys años (como se dixo) y aviendo estado en aquella de Sanct Pablo los sesenta, poco o menos. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Luego llevaron su cuerpo al monesterio de la Sisla de Toledo, y con el mayor secreto que pudieron, y le enterraron con toda solemnidad juncto al altar mayor en aquella yglesia. Y esto se hizo [fol 215v] con secreto y açeleradamente, porque se temió que huviera alguna diferençia y discordia entre los ciudadanos sobre el enterramiento y no se cumpliera con el deseo que la sierva de Dios tuvo y dexó encomendado, que, como era deuda de principales cavalleros y muy emparentada, quisieran que se enterrara en la yglesia mayor, cerca del arçobispo don Alonso, su tío. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
No se dexaron de ver algunos milagros en la muerte de esta sancta muger, y en solo el tocamiento a su cuerpo, como lo çertificaron y confirmaron muchos de los religiossos que se hallaron en su enterramiento y al tiempo de llevar el cuerpo al monesterio de la Sisla, y aunque manifestaron algunos en particular, otros dexaron de dezir por el poco crédito que el vulgo suele dar. Y este es bien que se ponga aquí y no se calle, que es tan çierto y verdadero como todos, que siempre tuvo fixo y enclavado el pensamiento y la consideraçión en la ley de Dios, pensando de día y de noche en ella y en lo que era amor y servicio suyo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
De quarenta años a esta parte, fue necesario apartar el cuerpo de esta sancta muger del lugar adonde estava por razón de una obra que se huvo allí de hazer, y de tal manera le halla[ron] entero en su casa y ataúd (con aver más de çiento y veynte años que estava allí) que los religiosos que se hallaron presentes y lo vieron, certificaron esta verdad, que estava el cuerpo sin ningún corrompimiento, como quando le enterraron, y sin olor malo. Vieron también otra cosa maravillosa, que en la cabeça tenía puesta una corona (o guirnalda de ramos de laurel (que le pusieron en premio de la virginidad que guardó) tan fresca y sin estar secas las hojas ni perdido el color que se admiraron todos y recibieron gran recreaçión y consuelo. Y dieron gracias a Dios, que les havía dado en su capilla y compañía thesoro tan preciosso.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Su sepulcro está junto al altar mayor a la parte del Evangelio, cavado en la pared, con un vulto de la sierva de Dios ençima, hincada de rodillas, puestas las manos mirando al sanctíssimo saçramento, con el hábito que traýa [fol. 216r] de beata, y con una letra que dize que “está allí enterrada doña María Garçía, fundadora del monesterio de Sanct Pablo de Toledo”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
=== Notas ===&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&#039;&#039;[1]&#039;&#039; Subrayado desde “acabó… prosiguiendo”. Nota marginal: “Gran ignorantia, pues la hace compañera de fray Pedro Fernández Pecha el año 1374, que según esto vivió más de ciento y quince años”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&#039;&#039;[2]&#039;&#039; El manuscrito lee «con contenta», con una diplografía por error.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
= Vida manuscrita (3)=&lt;br /&gt;
Ed. de [http://visionarias.es/equipo/celia-redondo-blasco/ Celia Redondo Blasco]; fecha de edición: enero de 2025.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
== Fuente ==&lt;br /&gt;
* [http://catalogodesantasvivas.visionarias.es/index.php/Categor%C3%ADa:Baltasar_Porreño Porreño, Baltasar]. &#039;&#039;Vida de los arzobispos de Toledo: años 1280-1618&#039;&#039;. Ms. BNE 13025, fols. 207r-209v.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
== Criterios de edición ==&lt;br /&gt;
Se trata de un manuscrito del siglo XVIII, que copia en tres volúmenes (BNE Mss/Mss/13025-Mss/13027) la &#039;&#039;Historia episcopal y Real de España&#039;&#039; de Porreño, escrita entre 1604 y 1606 y que se guarda manuscrita en la Biblioteca Capitular de Toledo. Se opta por modernizar: &#039;&#039;b&#039;&#039; y &#039;&#039;v&#039;&#039;, las sibilantes y la alternancia &#039;&#039;c&#039;&#039; y &#039;&#039;q&#039;&#039;. Esta edición, dado lo tardío del testimonio, puntúa y acentúa siguiendo las normas establecidas por la RAE. Se desarrollan las abreviaturas. Se moderniza el cultismo grafemático &#039;&#039;ch&#039;&#039; en palabras como &#039;&#039;charidad&#039;&#039; o &#039;&#039;chronica&#039;&#039; y se desarrolla las contracturas desta, destos.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
== Vida de María García ==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[Fol. 207r] A don Vasco Fernández le sucedió en la silla de Toledo don Gómez Manrique, natural de Toledo, septuagésimo quinto arzobispo de esta villa, el cual se sentó en la silla luego que el otro, don Vasco, por su destierro renunció al arzobispado. Hacen mención de todo los &#039;&#039;Catálogos de los arzobispos de esta Villa y las Historias de España&#039;&#039;. Fue de sangre ilustre y esclarecida, su padre se llamó Don Garci &#039;&#039;[1]&#039;&#039; Fernández Manrique, de quien vienen los marqueses de Aguilar, el cual fue señor de Amusco [fol. 207v] y de Avia, y su madre doña Urraca de Leiva. Tuvo por hermano a don Garci Fernández Manrique, adelantado de Castilla, que fue el tronco de los duques de Nájera y de otras casas de Castilla del apellido de Manrique, y a don Diego García Manrique. Tuvo el otro arzobispo por abuelo a don García Fernández Manrique, descendiente de Almeric de Narbona. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Fue nuestro don Gómez en su juventud obispo de Palencia y al presente lo era de Santiago, de cuya dignidad le sucedió don Gómez de Toledo, sobrino del arzobispo don Vasco, por haber renunciado al arzobispado de Toledo. Con esta condición era hombre de mucho valor y cordura y, así, viéndose favorecido por el rey Don Pedro en su elección y viendo las cosas de los reinos [fol. 208r] tan turbadas y alteradas (como se ha dicho), procuró estar en gracia con el otro rey, cuyas cosas iban con tanta rotura y tan sin esperanza de remedio que le parecía escusado negocio irse a la menos cosa del mundo, sino fuese cosa mínima irse al matadero, como otros muchos, o por lo menos al destierro como su antecesor. Y así fue al amor del agua con prudencia y sagacidad y nombró por su adelantado de Cazorla a Pero Ruiz de Torres, caballero principal. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En su juventud tuvo una hija el arzobispo llamada doña Theresa de Manrique, la cual casó con Rodríguez de Biedma, señor de San Esteban del Puerto y caudillo mayor del Arzobispado de Jaén, y con ella se dieron veinte mil maravedíes en dote. [Fol. 208v] Con esta dote, que se hizo en Burgos, año de mil trescientos y sesenta y cuatro. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Tuvo una sobrina, hija de su hermano don Diego García Manrique y de su mujer doña Constanza de Toledo, la cual se llamó doña Mari García, que fue gran sierva de Dios y desde niña se ejercitó en obras de caridad y en pedir por el amor de Dios para los pobres de la cárcel del arzobispo, su tío, al cual le aconteció encontrarse con ella pidiendo limosna y, reprendiendo el arzobispo a su hermano, porque la dejaba andar de aquella manera mendigando, él respondió que se tenía por muy dichoso en que su hija hubiere escogido con ilustre esposo como a Jesucristo. Fundó esta señora el monasterio de San Pablo, que es de religiosas de San Jerónimo, y fue tan limosnera que repartió la mayor [fol. 209r] parte de su patrimonio a los pobres de Jesucristo. Escriben de esta señora las crónicas de la orden de San Jerónimo y Pedro de Alcocer y el otro, Villegas. Algunos historiadores hacen a esta señora sobrina del arzobispo don Vasco, así lo afirma el muy docto padre Fray Joseph de Sigüenza en su segunda parte de la historia de San Jerónimo, en el capítulo cuarenta y seis, pero se engaña mucho, porque el otro, don Vasco, murió en Portugal, como se dijo en el capítulo pasado, y cuando murió esta señora hubo diferencias entre si se había de enterrar en el sepulcro de su tío, que estaba en la santa iglesia, o en el Monasterio de San Pablo, que ella había fundado. Demás de esto, lo que escriben su vida hacen mención de su hermano el arcediano de Talavera, que fue sobrino del otro arzobispo [fol. 209v] don Gómez Manrique, el cual en su muerte pidió al cabildo de Toledo lo no eligiesen por arzobispo al arcediano, su sobrino (como se dirá). Así mismo, esta señora murió en el año de mil y cuatrocientos veintiséis, y don Vasco fue preso en el año de mil trescientos cincuenta. Así, es cosa cierta que no fue sobrina suya sino del otro don Gómez.   &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
===Notas===&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&#039;&#039;[1]&#039;&#039; Tachado: “Gómez”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
= Vida manuscrita (4)=&lt;br /&gt;
Ed. de [http://visionarias.es/equipo/celia-redondo-blasco/ Verónica Torres Martín]; fecha de edición: septiembre de 2026&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
== Fuente ==&lt;br /&gt;
* [http://catalogodesantasvivas.visionarias.es/index.php/Categor%C3%ADa:Hernando_Pecha Pecha, Hernando], 1669. &#039;&#039;Historia de Guadalajara, y cómo la religión de San Jerónimo en España fue fundada y restaurada por sus ciudadanos&#039;&#039;. Ms. BNE 1756, fols. 12r-12v. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
== Criterios de edición ==&lt;br /&gt;
El relato de la vida de esta religiosa jerónima, María García, se encuentra en el capítulo dedicado a la renuncia al priorato de san Bartolomé por parte de fray Pedro Fernández de Guadalajara y a su posterior partida para fundar el Monasterio de Nuestra Señora de la Sisla, en Toledo. Este capítulo forma parte, a su vez, del manuscrito titulado &#039;&#039;Historia de Guadalajara, y cómo la religión de San Jerónimo en España fue fundada y restaurada por sus ciudadanos&#039;&#039;, fechado en 1669. Todo parece indicar que dicho manuscrito constituye una copia de la obra escrita por Hernando Pecha, ya que, según la descripción del ejemplar, este se encuentra incompleto tanto al principio como al final y presenta escritura de distintas manos.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Dado que se trata de una copia manuscrita de la segunda mitad del siglo XVII los criterios de edición son conservadores. Se mantienen los grupos cultos como -ct- (&#039;&#039;sanct, sanctas&#039;&#039; y sus variantes). Se respetan las oscilaciones y variantes de las sibilantes. Se mantiene la oscilación v/b y se regularizan las alternancias gráficas sin valor fonético: i/j, u/v Se regularizan asimismo determinadas grafías sin valor fonético, como la h- inicial de &#039;&#039;hermita&#039;&#039;, que se edita como &#039;&#039;ermita&#039;&#039;. La puntuación y la capitalización han sido modernizadas. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
== Vida de María García ==&lt;br /&gt;
[fol. 11v] &#039;&#039;Renuncia el priorato de sanct Bartolomé fray Pedro Fernández de Guadalajara y sale a fundar el Monasterio de Nuestra Señora de la Sisla en Toledo&#039;&#039;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[…]&lt;br /&gt;
[fol. 12r] Conoció la tierra, las heredades y los sitios, acordándose de una Ermita de Nuestra Señora que estava a la parte de medio día, algo inclinada al oriente, en aquellos pagos que llaman zigarrales, lugar apartado poco menos de media legua de Toledo. Puesto en lo más áspero de aquellas cuestas, allí se fue nuestro Pecha como aveja solícita con su pobre enjambre. Contentoles a todos el puesto y la ermita. Hallaron junto a ella dos pequeñas celdillas, aunque no mal separadas por haberse recogido en ellas las dos sanctas mugeres: la una llamada doña María García de Toledo, muger &#039;&#039;[1]&#039;&#039; de rara hermosura, señora de los más nobles y principales de aquella ciudad, hija de Diego García de Toledo y de doña Constanza de Toledo; la otra doña María Gómez, biuda y noble. Las quales dos sanctas matronas, huyendo del apetito desenfrenado del rey don Pedro &#039;&#039;[2]&#039;&#039;, se retiraron a aquel desierto. Era esta ermita a deseo de los canónigos de la Iglesia Colegial [fol. 12v] de sancta Leocadia, extramuros. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
===Notas===&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&#039;&#039;[1]&#039;&#039; En este punto aparece una palabra tachada, la cual no hemos podido discernir, y encima de ella, en otra tinta, se señala “muger”. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&#039;&#039;[2]&#039;&#039; En referencia a don Pedro el Cruel, como se señala en otras hagiografías.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
= Vida impresa (1)=&lt;br /&gt;
Ed. de [http://visionarias.es/equipo/veronica-torres-martin// Verónica Torres Martín]; fecha de edición: octubre de 2020.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
== Fuente ==&lt;br /&gt;
* [http://catalogodesantasvivas.visionarias.es/index.php/Categor%C3%ADa:Pedro_de_Alcocer Alcocer, Pedro de], 1554. “Libro segundo, en que particularmente se escribe el principio, y fundamento desta sancta ygleia de Toledo…”, &#039;&#039;Hystoria, o descripcion dela Imperial cibdad de Toledo. Con todas las cosas acontecidad en ella, desde su principio, y fundacion. Adonde se tocan, y refieren muchas antigüedades, y cosas notables de la Hystoria general de España&#039;&#039;, Toledo: Juan Ferrer, fol. 115r, col. a.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[[Contexto material del impreso Hystoria, o descripcion dela Imperial cibdad de Toledo]]. &#039;&#039;Con todas las cosas acontecidad en ella, desde su principio, y fundacion. Adonde se tocan, y refieren muchas antigüedades, y cosas notables de la Hystoria general de España&#039;&#039;.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
== Normas de edición ==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El relato aparece en el libro segundo de la &#039;&#039;Hystoria, o descripcion dela Imperial cibdad de Toledo&#039;&#039;, impreso en 1554, en el que se describe la fundación de los monasterios, hospitales y lugares píos de la ciudad de Toledo. La vida de María García se integra en el vigesimoséptimo capítulo, en el que se ejemplifica la fundación del monasterio de San Pablo. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Se siguen los criterios establecidos en el catálogo para fuentes impresas. Sin embargo, se ha decidido conservar las grafías de sibilantes por tratarse de un impreso de mediados del siglo XVI. Además, para facilitar la localización del texto, se indica el folio (r-v) y la columna correspondiente (a-b). &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==Vida de María García==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
===Capítulo XXVII===&lt;br /&gt;
&#039;&#039;&#039;Del monesterio de San Pablo, y de su fundación&#039;&#039;&#039;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[fol. 115r col. a] El monesterio llamado San Pablo, que es de religiosas de la orden del glorioso San Jerónimo, fue en su principio fundado por la católica doña María García de Toledo, hija de Diego García de Toledo. La cual, siendo muy santa y amadora de la religión, fundó esta santa casa de religiosas de esta orden, honestas y recogidas sin clausura, adonde ella se encerró con otras algunas religiosas de vida apurada, con las cuales hizo tan santa vida que se puede firmemente creer que está colocada entre las santas bienaventuradas en la gloria, según su caridad y humildad, que son dos virtudes que mucho en ella resplandecían. Fue tan limosnera que repartió la mayor parte de su patrimonio, que era mucho, por los pobres, y con eso poco que le quedó se metió en esta casa de religión con otras religiosas con las que les tomó el hábito del glorioso San Jerónimo, de quien era devotíssima el año del señor de 1404. Y después acá, esta casa de oración ha sido más acrecentada y labrada, y han entrado en ella muchas más religiosas de santa vida y recogimiento. Fueron estas religiosas al principio sujetas al prior de la Sisla, en el cual estado permanecieron hasta el año del señor de 1508, que de su propia voluntad las religiosas que en él estaban hizieron professión y tomaron velo y clausura, quedando sujetas al general de la dicha orden.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
= Vida impresa (2)=&lt;br /&gt;
Ed. de [http://visionarias.es/equipo/maria-del-mar-cortes-timoner// M. Mar Cortés Timoner]; fecha de edición: abril de 2021.&lt;br /&gt;
== Fuente ==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
* [http://catalogodesantasvivas.visionarias.es/index.php/Categor%C3%ADa:Alonso_de_Villegas Villegas, Alonso de], 1588. &#039;&#039;Addicion a la Tercera Parte del Flos sanctorum: en que se ponen vidas de varones illustres, los quales, aunque no estan canonizados, mas piadosamente se cree dellos que gozan de Dios por auer sido sus vidas famosas en virtudes...&#039;&#039;, Huesca: Iuan Perez de Valdiuielso. Fols. 44r col. a – 45v col. a.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[[Contexto material del impreso Addicion a la Tercera Parte del Flos sanctorum]] &#039;&#039;en que se ponen vidas de varones illustres, los quales, aunque no estan canonizados, mas piadosamente se cree dellos que gozan de Dios por auer sido sus vidas famosas en virtudes...&#039;&#039;.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
== Criterios de edición ==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El relato aparece en el apartado 193 de la Adición de la Tercera Parte del &#039;&#039;Flos Sanctorum&#039;&#039; de Alonso de Villegas. Para facilitar la localización de los textos, he indicado el folio (r-v) y la columna correspondiente (a-b).&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En la edición, se siguen los criterios establecidos en el catálogo para fuentes impresas pero se respetan los grupos consonánticos: -nt (sant), -nc- (sancta), -bj- (subjetándose) y las contracciones. Además, se mantiene la conjunción copulativa “y” ante palabras iniciadas con el sonido vocálico “i”, la escritura de las palabras con interés morfológico o fonológico (augmento, proprio, ansí, etc.), el empleo del sustantivo “Orden” en masculino y la forma femenina del determinante ante los sustantivos femeninos que empiezan por a- tónica (arca, alba). &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Se ofrecen datos en torno al texto editado en: &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
* M. Mar Cortés Timoner, “Censuras, silencios y magisterio femenino en la Adición a la tercera parte del Flos Sanctorum de Alonso de Villegas”, &#039;&#039;Specula. Revista de Humanidades y Espiritualidad&#039;&#039;, vol. 1 (mayo 2021), pp. 183-210: https://www.ucv.es/investigacion/publicaciones/catalogo-de-revistas/revista-specula&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
* M. Mar Cortés Timoner, “La autoridad espiritual femenina en la Castilla bajomedieval y su reflejo en el Flos sanctorum de Alonso de Villegas”, &#039;&#039;Dicenda. Cuadernos de Filología Hispánica&#039;&#039;, vol. 39 (2021), pp.:  25-35 DOI: https://revistas.ucm.es/index.php/DICE/article/view/76403&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==Vida de María García==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&#039;&#039;&#039;[Fol. 44r col. a] Vida 193. De María, que fue ilustre y tuvo por sobrenombre García&#039;&#039;&#039; […] &#039;&#039;[1]&#039;&#039;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&#039;&#039;[2]&#039;&#039; Entre otras riquezas que estaban en el templo de Salomón que grandemente le hermoseaban eran dos querubines que, por mandado de Dios, puso Moisés a los lados de la Arca &#039;&#039;[3]&#039;&#039;; y puede asimilarse a ellos dos benditas mujeres, ambas Marías y doncellas, por donde dice bien con ellas el nombre de querubines o ángeles, pues lo que en el cielo es ser ángeles en la tierra es ser vírgenes, semejando los vírgenes a los ángeles. Están a los lados del Arca, esto es, muy juntas a Dios, no solo por su encendida caridad sino por el estado de monjas que tuvieron, que está muy conjunto con Dios. Hermosean y adornan este templo de la Iglesia militante por razón que las religiones son adorno riquísimo de la misma Iglesia. De ambas juntas tengo de escribir sus vidas porque fueron casi de una misma tierra, de un mismo orden &#039;&#039;[4]&#039;&#039; y de una misma casa, y casi en un mismo tiempo, y están sepultadas juntas, junto con que me aprovecharé para escribirlas de unos mismos originales. Y fueron: un libro de mano antiguo que está en el monasterio de Sant Pablo de Toledo, que fue casa propria de ambas, y de la historia &#039;&#039;[5]&#039;&#039;, también de Toledo, de Arcocer [fol. 44 r col. b] y de las crónicas del Orden de Sant Jerónimo, y es en esta manera. &#039;&#039;[6]&#039;&#039;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Doña María, llamada, por respecto de su padre, García, fue natural de Toledo, hija de don Diego García y de doña Costanza de Toledo, ambos de muy ilustre linaje y decorado con real sangre. Los padres vivían sanctamente y aprendió dellos su hija a vivir en toda sanctidad. Eran ricos de bienes temporales porque tenían grandes posesiones en Talavera, villa de mucho lustre distante doce leguas de Toledo, y, sin esto, otras haciendas de manera que podían y, junto con el poder, hacían grandes limosnas, lo cual también su hija quiso imitarles, como se verá en el proceso de su vida.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Fue, desde niña, muy inclinada al servicio de Dios y a cosas de devoción y, por lo mismo, aborrecía todo lo que es mundo y contradice a la perfección. Y por el crédito que ganó con sus padres y con todos los que la conocían, de que era muy honesta y deseaba ser sancta aunque era muy hermosa, nadie se escandalizaba ni juzgaba mal por algunas cosas que hacía, que en otra fueran de mal ejemplo y a ella le daban muy bueno por estar saneada con sus inculpables costumbres. Y así visitaba iglesias muy a menudo donde tenía larga oración, ofreciendo [fol. 44v col. a] a Dios las primicias de sus buenos deseos. Iba a dar limosna a personas que tenían grave necesidad y, aun acabado, lo que podía dar pedía a algunas personas ricas para dar a otras pobres; y a los unos era ocasión que mereciesen para bien de sus almas y a los otros que remediasen las necesidades de sus cuerpos, y así era a todos provechosa. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Estaba a esta sazón un monasterio no lejos del alcázar principal de la ciudad, que se llamaba Sant Pedro de las Dueñas, donde se edificó después el insigne Hospital de la Cruz, obra del ilustrísimo cardenal y arzobispo de Toledo don Pero González de Mendoza, donde no solo se curan enfermos y heridos en grande número sino que &#039;&#039;[7]&#039;&#039; se crían niños expósitos, que no es pequeño también el número dellos, por el pueblo y ciudad ser grande y no tener estos otro remedio. Quiso, pues, doña María, probar aquella vida de religiosa encerrada y así entró en este monasterio de edad de once años. Y porque era en él abadesa una hermana suya que la amaba tiernamente, y por su respecto y alto linaje, junto con sus sanctas obras, las demás monjas la estimaban y tenían en mucho. Ella, que deseaba ser menospreciada y tenida en poco, dejó el monasterio no queriendo quedar en él ni en otro de Tordesillas adonde la deseaban por monja y quisieran hacerla abadesa anteponiéndola, que &#039;&#039;[8]&#039;&#039; era moza y extraña, a otras ancianas y criadas en aquella casa, por las nuevas que tenían de su sancta vida. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Luego que salió del monasterio pusose unas alforjas al hombro y andaba pidiendo limosna para los presos de la cárcel del arzobispo, no sin particular sentimiento de sus padres, hermanos y parientes. Y reprehendiéndola por esto, respondía que, si no la dejaban andar despreciada y imitando a su esposo Cristo, que se iría donde no la viesen. Estas razones, aunque en otra doncella parecieran dichas con libertad, en doña María, considerada su vida, eran prendas de grande humildad. Y por quitar del todo la ocasión a los maliciosos de murmurar della, viéndola sola de poca edad y hermosa que andaba pidiendo limosna, acompañose de una noble viuda llamada doña &#039;&#039;[9]&#039;&#039; Mayor Gómez, que quiso ser partícipe de sus buenas obras y compañera en sus sanctos ejercicios. Y así, las dos se vieron pedir limosna en la sancta iglesia con sus alforjas a los hombros, de que no pequeña edificación sacaban los que las conocían viendo lo que hacían. Vino el negocio a que su mismo padre la encontraba en la calle y decía a sus criados: “Dad lugar a que apase &#039;&#039;[10]&#039;&#039; María, mi hija, y siga a Jesucristo, que la lleva por ese camino de menosprecio”. Agradecía esto mucho la bendita mujer y decía que debía mucho a sus padres porque la habían dado lugar de se apartar del mundo. También acaeció encontrarse, andando pidiendo limosna, con el arzobispo [fol. 44v col.b] de Toledo, que era tío suyo, llevando al lado a su padre, con grande acompañamiento, y reprehender el arzobispo a su hermano porque daba lugar a que su hija anduviese de aquella manera en menoscabo del honor de todos ellos. Y respondíale que se tenía por dichoso en que su hija hubiese escogido tan ilustre esposo como Jesucristo, pues con tal yerno él se tenía por muy honrado. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Era a esta sazón rey de Castilla don Pedro, llamado el Cruel, en cuyo tiempo padecieron los grandes del reino no pequeñas persecuciones. Andaban amedrentados y muchos dellos huidos porque el rey era determinado y fácilmente cortaba cabezas sin respecto de linaje o estado. Y así cupole parte desta persecución a doña María, o por respecto de sus deudos o por recelarse de su honor, si estaba seguro en tiempo de tanta borrasca y tempestad. Y así se recogió a Talavera, que, como se ha dicho, tenía en aquella villa su padre grandes posesiones y era como señor della. Acompañáronla otras señoras principales del reino llevadas con el mismo temor y aun allí no se tuvieron por seguras, por donde les convino irse a diversas partes. Y doña María se volvió a Toledo, y fuera de la ciudad, a la parte del mediodía, se recogió en una pequeña casa que ella labró, junto a una ermita de la Madre de Dios, donde después se edificó el Monasterio de la Sisla del Orden de Sant Jerónimo, y está de presente sepultada aquí. Con su buena amiga doña Mayor Gómez se ocupaba en oración con mucha humildad y paciencia. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Sosegándose más los tiempos, volvió a la ciudad y se juntó &#039;&#039;[11]&#039;&#039; con doña María de Soria y con otras señoras de linaje que vivían cerca de la iglesia de Sant Román, en casa particular, y tenían hábito de beatas recogidas. Y destas contaba &#039;&#039;[12]&#039;&#039; después &#039;&#039;[13]&#039;&#039; grandes virtudes de paciencia, humildad y menosprecio del mundo, diciendo que era poco lo que ella hacía en comparación de lo que vido en aquellas religiosas. Murió doña María de Soria, la que era cabeza en esta casa y congregación, y habiendo muerto también su madre, doña María vendió cierto heredamiento que le cupo de su legítima en Belilla y compró unas casas a la colación de Sant Laurencio, donde es ahora el Monasterio de Sant Pablo. Y aquí reposó su espíritu con su amado Esposo. Tenía consigo a su amiga antigua doña Mayor Gómez y a otra llamada Teresa Vázquez con otras seis o siete señoras ilustres y temerosas de Dios, determinándose servir a Nuestro Señor en su compañía. A todas estas honraba y acataba la sierva de Dios porque veía en ellas desprecio del mundo, humildad, pobreza y trabajo. Al olor de la sancta vida que todas hacían, vinieron otras muchas mujeres nobles a servir a Dios y, de acuerdo de todas, tomaron el hábito del glorioso Sant Jerónimo, de quien era muy devota doña María, aunque sin clausura, sino con [fol. 45r col. a] título de beatas. Y fue el año de mil y cuatrocientos y cuatro &#039;&#039;[14]&#039;&#039;, subjetándose al prior de la Sisla que, a la sazón, era Pero Fernández, que, primero, fue caballero seglar de muchos cuentos de renta y muy preciado de los Reyes Católicos &#039;&#039;[15]&#039;&#039; y, después, se hizo pobre por Jesucristo y de los primeros fundadores en España del Orden de Sant Jerónimo. Y así él fue el que edificó el Monasterio de la Sisla donde primero estaba una ermita de la Madre de Dios, como se ha dicho, y para esta obra ayudó largamente doña María de su patrimonio. Dio una arca de plata esmaltada para que se pusiese el Sanctísimo Sacramento y otras ricas joyas. Y por ver el prior la caridad desta bendita mujer, visitábala y no poco la alentaba con sus buenos consejos y sanctas amonestaciones en el servicio de Dios. El cual, habiendo vivido sanctamente, murió en la misma casa de doña María, adonde se había hecho traer de la Sisla para tener algún regalo en su enfermedad. Y en el aposento donde murió quedó por muchos días un olor maravilloso y del cielo. Su cuerpo fue llevado a sepultar a Guadalupe. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Tenía doña María el gobierno de aquella casa y congregación. Era hermosa de rostro, como se ha dicho, y mucho más en el alma. Su presencia, de grande austeridad, ponía más temor en los que veían su honestidad y humildad que si la oyeran palabras de reprehensión. Si reprehendía, era con tanta discreción y con tan dulces palabras que, por ello, era amada, especialmente de sus parientas, que visitándola, y viéndolas ella con muchos trajes y galas, decíales tales razones que, sin quedar sentidas, se moderaban y dejaban lo superfluo. Su tocado y vestido era muy honesto y pobre aunque aseado y limpio. Amaba el color blanco por la castidad, mas de ordinario se vestía de pardillo por vencerse a sí misma y dar ejemplo de menosprecio. Era fervorosa en la oración y nunca estaba ociosa. Era agradecida a Dios y a las gentes, muy paciente en sus enfermedades, que eran tos continua y dolor de hijada a tiempos que la llegaba a lo último. Huía la vanagloria y quería que de todo lo bueno se diese loor &#039;&#039;[16]&#039;&#039; a Jesucristo. Sus amonestaciones eran todas fundadas en humildad y decía a cada una de las hermanas que fuesen humildes si querían ir por camino seguro; y así, ella se tenía por la menor de todas. Era su costumbre levantarse todas las mañanas a tener oración, la cual cosa alguna no dejaba, y estando enferma, aunque en la cama, allí oraba. Y porque siendo de ochenta años no oía el reloj para levantarse, hacía que pusiesen un gallo cerca de su aposento para que su voz le fuese reloj y despertador; y así, no faltaba en su sancto ejercicio. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Llegose su muerte, y teniendo consigo veinte y cinco religiosas, llamolas cinco dellas antes de su tránsito, abrazolas y dioles paz. Habló a cada una [fol. 45r col b.] en particular, avisándola en aquello que más sabía convenirle, según su condición. Y a todas en común hizo una plática amonestándoles a mucha paz y caridad unas con otras, a que amasen las virtudes, dioles su bendición y encomendolas a Dios. Las hermanas, con tristeza grande, lloraban tiernamente, ellas las consolaba diciendo que sirviesen a Dios, que nunca su Majestad les faltaría. La mañana antes de su muerte vieron las hermanas sobre su aposento una grande claridad y dentro della una paloma blanca. Otro día, que fue víspera de Sant Anton Abad, a la hora de la alba &#039;&#039;[17]&#039;&#039;, estando las hermanas con ella viéronle mover los labios y que rezaba aceleradamente, aunque no entendían lo que decía. Apareció luego una claridad grande sobre su rostro de manera que toda la casa participó della. Veíase volver los ojos a una y a otra parte, daba muestra que se alegraba de lo que veía y así espiró despareciendo la claridad, y fue en diez y seis de enero, día lunes, en el año de mil y cuatrocientos y sesenta y cuatro &#039;&#039;[18]&#039;&#039;. Era de edad de ochenta y seis años, después de haber estado los sesenta en aquella casa y religión. Quisiera sepultarse en su sancta iglesia por estar allí sepultado su tío el arzobispo, que fue varón de sancta vida, delante el altar de Sancta María la Blanca, que es el de prima, dentro del coro menor. Y el arcediano de Toledo, que era sobrino, huyó lo que &#039;&#039;[19]&#039;&#039; pretendía. Mas el amor que tenía a los hermanos de su orden, los frailes de la Sisla, fue medio para que mandase que allí la enterrasen. Y cierto desto y de su muerte, los frailes, luego que supieron que era difuncta, porque el arcediano, su sobrino, no lo estorbase, con otros caballeros deudos suyos, habiéndole dicho una misa en tanto que la amortajaban, la llevaron luego a la Sisla. Y habiendo tiempo que no llovía, el mismo día por la tarde llovió tanto que no poco se consoló el pueblo atribuyéndolo mucho a los merecimientos desta sierva de Dios. Estuvo siete días sin enterrar en tanto que se le hacía un lucillo en que fue puesta. Y su cuerpo era visto de todos sin dar mal olor ni mostrar fealdad sino tan tractable que la podían asentar, vestir y desnudar, cerrar sus manos y abrirlas. Y en este tiempo fue fama que obró Nuestro Señor por ella algunos milagros. Fue sepultada noche de Sant Ildefonso &#039;&#039;[20]&#039;&#039; dentro del lucillo, en el coro de la iglesia, cerca del altar mayor. Y el día siguiente de Nuestra Señora de la Paz se le celebraron las honras, y predicó un obispo conocido suyo y dijo della grandes loores. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
La casa y congregación desta bendita mujer fue siempre en augmento, así en religiosas que entraban en ella como en el edificio. Estaban subjectas al prior de la Sisla sin guardar clausura, en el cual estado permanecieron hasta el año del Señor de mil y quinientos y ocho, que, de su propria voluntad, las religiosas que en él estaban [fol. 45v col. a] hicieron profesión y tomaron velo y clausura, quedando subjectas al general del dicho Orden de Sant Jerónimo. Es casa de mucha religión y donde siempre ha habido señoras de ilustre sangre y de grande vida y ejemplo. Entre las cuales vivió [[María de Ajofrín]], de quien habemos de ver su vida coligiéndola de los mismos memoriales y libros que la pasada, y es en esta manera. &#039;&#039;[21]&#039;&#039;.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
===Notas===&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&#039;&#039;[1]&#039;&#039; El apartado también incluye la vida de María de Ajofrín por ello el epígrafe completo expone: “De María, que fue ilustre y tuvo por sobrenombre García, y de María de Ajofrín, monjas de Sant Pablo de Toledo”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&#039;&#039;[2]&#039;&#039; En el margen izquierdo leemos: “En. I6. de Enero. Exodi.15.”&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&#039;&#039;[3]&#039;&#039; Conservamos la concordancia del texto.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&#039;&#039;[4]&#039;&#039; A lo largo de la edición, respetamos el género del sustantivo según el texto, que se refiere a la Orden de San Jerónimo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&#039;&#039;[5]&#039;&#039; Posiblemente, remite a la &#039;&#039;Hystoria, o descripcion dela Imperial cibdad de Toledo&#039;&#039; de Pedro Arcocer, impreso en 1554. En concreto, la vida de María García se halla en el vigesimoséptimo capítulo del segundo libro y está editada en el catálogo por Verónica Torres: http://catalogodesantasvivas.visionarias.es/index.php/Mar%C3%ADa_Garc%C3%ADa&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&#039;&#039;[6]&#039;&#039; En el margen derecho leemos: “Authores”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&#039;&#039;[7]&#039;&#039; Se añade “que”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&#039;&#039;[8]&#039;&#039; En el texto “que”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&#039;&#039;[9]&#039;&#039; Se subsana la errata “daña”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&#039;&#039;[10]&#039;&#039; Debemos leer “pase”. El verbo “apasar” se halla recogido en el &#039;&#039;Corpus Diacrónico del Español&#039;&#039; (CORDE): http://corpus.rae.es/cgi-bin/crpsrvEx.dll &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&#039;&#039;[11]&#039;&#039; En el texto “juntándose”. Se ha corregido la incoherencia sintáctica. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&#039;&#039;[12]&#039;&#039; En la obra leemos “contaban” pero parece más lógico considerar como sujeto a doña María.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&#039;&#039;[13]&#039;&#039; En el texto: “despus”&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&#039;&#039;[14]&#039;&#039; En el lateral izquierdo leemos: “Año de 1404.”&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&#039;&#039;[15]&#039;&#039; Se trata de un anacronismo ya que perteneció a la corte de Pedro I.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&#039;&#039;[16]&#039;&#039; La palabra “loor” aparece como sinónimo de alabanza&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&#039;&#039;[17]&#039;&#039; Conservamos la escritura del texto y no corregimos por “del alba”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&#039;&#039;[18]&#039;&#039; En el margen derecho podemos leer: “Año de 1464.”&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&#039;&#039;[19]&#039;&#039; Para facilitar la lectura se ha añadido el pronombre relativo “que”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&#039;&#039;[20]&#039;&#039; En el texto: “Illefonso”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&#039;&#039;[21]&#039;&#039; He editado la vida en el catálogo: http://catalogodesantasvivas.visionarias.es/index.php/Mar%C3%ADa_de_Ajofr%C3%ADn&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
= Vida impresa (3)=&lt;br /&gt;
Ed. de [http://visionarias.es/equipo/lara-marchante-fuente/ Lara Marchante Fuente]; fecha de edición: julio de 2017; fecha de modificación: agosto de 2026.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
== Fuente ==&lt;br /&gt;
* [http://catalogodesantasvivas.visionarias.es/index.php/Categor%C3%ADa:Fray_José_de_Sigüenza Sigüenza, Fray José de], 1600. “Libro IV de la Historia de la Orden de San Jerónimo”, &#039;&#039;Segunda Parte de la Historia de la Orden de San Jerónimo, dirigida al Rey, Nuestro Señor, Don Felipe III&#039;&#039;. Madrid: Imprenta Real, 756-767.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[[Contexto material del impreso Segunda Parte de la Historia de la Orden de San Jerónimo]]&#039;&#039;, dirigida al Rey, Nuestro Señor, Don Felipe III&#039;&#039;.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
== Criterios de edición ==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Para facilitar su lectura, esta edición moderniza el texto en aquellos puntos que no suponen una pérdida de los valores fonéticos, léxicos y sintácticos del periodo y conserva la morfología de las palabras con interés morfológico o fonológico o por tratarse de cultismos (como &#039;&#039;agora&#039;&#039;, &#039;&#039;ansí&#039;&#039;, &#039;&#039;monesterio&#039;&#039;, &#039;&#039;recebir&#039;&#039;, &#039;&#039;redemptor&#039;&#039; u &#039;&#039;obscuro&#039;&#039;).&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Se adaptan, por tanto, las grafías a las normas de ortografía vigentes (sibilantes, b/u/v, j/g, chr/cr, qu/cu, empleo de h, etc.) y a la acentuación y puntuación de las normas gramaticales actuales. Igualmente, el uso de las mayúsculas y minúsculas respeta los criterios presentes del español, si bien se mantienen las mayúsculas como signos de respeto o de diferenciación con la palabra escrita en minúscula (&#039;&#039;Cielo&#039;&#039;, &#039;&#039;Esposo&#039;&#039;, &#039;&#039;Señor&#039;&#039;, &#039;&#039;Profeta&#039;&#039;, &#039;&#039;Reina del Cielo&#039;&#039;). &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
También se introducen las comillas para delimitar las intervenciones dialógicas de los personajes y se subsanan las erratas evidentes. En este sentido, conviene apuntar que, dentro de esta edición y en base a sus particularidades, se han incluido notas al pie en las que se especifican y desarrollan algunas ideas o palabras del texto impreso original. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==Vida de María García==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
===Capítulo XLVI===&lt;br /&gt;
[757] &#039;&#039;&#039;La vida de doña María García, virgen de gran santidad y fundadora del Monasterio de San Pablo en la ciudad de Toledo&#039;&#039;&#039;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Feliz clausula hará esta parte de historia con la vida desta generosa santa y será como renovar los principios en que comenzó esta religión, haciendo como un círculo, juntando estos dos extremos. Hasta aquí, no hemos hecho memoria de ninguna religiosa desta Orden, porque es esta santa la primera y con quien nuestro Fr. Pedro Fernández Pecha tuvo familiar y santa conversación, y, pues hemos dicho de los hijos, digamos agora desta hija tan santa que fue después madre de muchas siervas de Dios, y quedará, como dicen, urdida la tela para la grande y maravillosa lista que después veremos dellas. Escrita está de algunos puntos de su vida, y no será superfluo mi trabajo, dejada aparte la obligación que corte.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Ha sido forzoso hacer memoria desta santa virgen en algunos lugares desta historia, principalmente en la fundación del Monasterio de Sisla, junto a Toledo, y en la vida del padre Fr. Pedro Pecha o de Guadalajara. Tomando agora aquí el principio de sus principios, que Doña María fue hija de don Diego García de Toledo, de la Casa de los Gavias de Toledo, que es la Casa que llaman de las Gallinas, su madre se llamó Constanza de Toledo, mujer de don Diego García y hermana de don Vasco de Toledo, y no como algunos dicen de don Álvaro, arzobispo de Toledo. El padre de la santa fue también hijo de otro Diego García, mayordomo y notario mayor de la Reina doña María, y nieto de otro tercero Diego García, gran privado del Rey don Sancho “el Bravo”, ayo y mayordomo de un hijo y alcalde de Toledo, cuyas armas son las palomas, por descender del linaje de los Palomeques. De suerte le viene el abolengo, y por línea derecha a la santa, ser paloma, como a Fr. Pedro Pecha ser abeja, y mejor entre ambos, por la gracia del Espíritu Divino, ser principios y como maestros fecundos de tan santas congregaciones de hijos espirituales. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Tuvo esta santa paloma algunos hermanos, y entre todos ellos fue la querida y regalada de sus padres, porque salió por extremo hermosa y mejor, porque desde niña relucieron en ella mil presagios de santidad: en sus primeros años descubrió, siendo aún sin costumbres, costumbres santas.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Retirábase tan de veras y tan en seso a los lugares secretos a ponerse de rodillas y a rezar como si supiera qué era aquello, si no decimos que Dios le anticipó el juicio (no es cosa nueva) porque comenzasen los amores temprano y pudiese decir lo que aquella insigne mártir: “de otro amador estoy requestada primero que de ti”. Cuando comía a la mesa con sus padres, cogía pedazos de pan y a lo que más podía haber, echábaselos en la haldilla, y llevábaselos a los pobres que lle- [758] gaban a la puerta. Iba tan codiciosa y alegre a esto como si fuera a otros entretenimientos de niños, de suerte que antes que supiese hablar, sabía ya dar limosna. Nunca se le vían niñerías porque desde la cuna nació sin ellas, cosa que ponía admiración. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Estas primicias de espíritu que vieron los padres en su hija, como eran tan píos, les despertó el pensamiento a que de común acuerdo la ofreciesen a Nuestro Señor, haciendo voto de consagrarla como diezmo de muchos bienes recibidos de la mano de Dios a su perpetuo servicio y de su Santa Madre, y que fuese siempre virgen consagrada y no conociese otro esposo sino a Jesucristo, dándole lo mejor y la más querida prenda que tenían en sus ojos. Pusieron diligente cuidado en su crianza, enderezándola en todo lo que era temor y reverencia divina, procurando apartarla de lo que podía abrir los ojos para conocer los deleites del mundo. Cosa en que se descuidan tanto los padres en este tiempo y maravíllanse después cuando ven mil desastres por sus casas, habiendo ellos mismos abierto la puerta a todo, con la libertad y deshonestas costumbres que permiten y aun enseñan a sus hijos. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Crecían en esta sierva de Dios, con los años, discreción y santidad a una. Llegado el tiempo en que pudo tener conocimiento perfecto del voto y deseo de sus padres, de su propia voluntad y con alegría del alma le confirmó e hizo de nuevo, prometiendo no recibir otro esposo sino Jesucristo. Cuando vino a  edad de doce años, con más maduro pensamiento, comenzó a tratar qué manera de vida escogería para servir a su Esposo. Parecíale que el regalo de casa de su padre era mucho, y que tenía necesidad de abstenerse algo porque no la ablandase y se le hiciese después dificultoso entrar en vida más áspera. Habíale ya Dios puesto en el alma un perfecto linaje de aborrecimiento de sí misma y de todo cuanto el mundo estima y adora vanamente: riquezas, honras, deleites, estima, pompas. Inclinó su oreja a los consejos divinos, y dejó la casa de su padre y el modo de vida blanda y regalada, fuese a un monasterio que se llamaba San Pedro de las Dueñas, donde era priora una hermana suya y había monjas de santa vida (estaba este monasterio puesto en aquel sitio donde edificó después el Cardenal don Pedro González de Mendoza el insigne Hospital de la Cruz). La hermana, que la amaba tiernamente, la recibió en sus brazos, entendiendo que se iba de todo punto a ser allí monja con ella. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
No quiso el Señor que se determinase en esto porque la guardaba para otro fin, y solo pretendía, en estos ensayos, que se destetase de la vida primera regalada y, allí recogida, deprendiese a leer, escribir, cantar y rezar, y otras santas ceremonias que habían de aprovechar a su tiempo. Vivió de tal manera en aquella santa compañía que salió su fama no solo por la ciudad de Toledo, con gran admiración de todos, más aun a otras partes remotas. Tuvieron noticia della, por cartas de monjas o por otra vía, en un monasterio de Santa Clara, que está en la villa de Tordesillas. Rogáronle que se fuese allá a ser religiosa, prometiéndole que, en pocos años, la escogerían por superiora, condición bastante para que la doncella humilde rehusase el partido. Consideradas bien las costumbres y manera de vida que hacía su hermana con las demás religiosas, y bien industriada en lo que le pareció que le importaba, pidió licencia a su hermana para ir a ver a sus padres. Sintiolo la hermana tiernamente, que quisiera gozarla toda la vida. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Estando en casa de su padre, se le juntó una gran sierva de Dios, matrona verdaderamente viuda, llamábase doña [759] Mayor Gómez, de gran espíritu. Con esta comunicó un pensamiento que le puso Dios en el alma, y era hacer un desprecio grande de sí misma a los ojos del mundo, y crucificarse a él. La matrona prudente se maravilló de este pensamiento en una doncella generosa, rica, delicada. Prometiole su compañía en todo, porque entendió que Nuestro Señor la despertaba aquello. Salían cada día las dos siervas de Jesucristo de casa, en un hábito ordinario y despreciado, con unas alforjas al cuello, iban de casa en casa pidiendo limosna para los pobres encarcelados y miserables, recibían allí los mendrugos de pan, y cuando estaban las alforjas llenas que apenas las podían llevar, porque se las llenaban presto, repartíanlo a los pobres de la cárcel y a otros necesitados, y volvíanse a casa sin hablar con ánima, ni alear los ojos. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Dentro de casa, el ejercicio era orar y ayunar, y hacer las obras de humildad que se ofrecían, dando en todo buen ejemplo con sus vidas. Reprendiola algunas veces su padre y hermanos desta manera de vida y ejercicio de salir a demandar, diciendo que era cosa afrentosa y baja. Callaba la santa a todo y proseguía su ejercicio, sufriendo, con paciencia, la afrenta de los de fuera y la persecución de los de dentro. Holgándose que se ofrecía ocasión de padecer algo por Jesucristo, deseando mayores trabajos y afrentas. No parece agora creíble esto ni hacedero. La sencillez y poco pundonor de aquellos tiempos y, lo principal, el impulso santo de Dios, que por nuestra culpa no está en nosotros, nos hace parecer dificultosa esta manera de vida. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Continuaban las dos santas hembras su ejercicio: los días de fiesta (para romper de todo punto con estos pundonores que llaman en el mundo afrentas), se venían a la iglesia mayor y entre los dos coros, a vista de todo el pueblo, con sus talegas al hombro, pedían limosna para los pobres y encarcelados. Como el padre y los hermanos vieron que ni promesas ni amenazas la derribarían de aquel propósito, antes estaba constante, y que muchos en la ciudad alababan a Dios de ver un ejemplo de doncella tan extraordinario, echaron de ver que no era liviandad de muchacha, sino movimiento del espíritu del Señor, acordaron de disimular con ella y, en pocos días, se tornó la pesadumbre y afrenta en devoción y gloria. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Convirtió la virgen devota los ojos de todos ansí, y alababan a Dios en ella, teniéndola por ejemplo de perfección. Cuando la vían sus padres traer las alforjas al hombro, y venir cargada de mendrugos y rodeada de pobres, alzaban los ojos al cielo, haciendo gracias a Dios, y decían: “Tú, Señor, que comenzaste la buena obra en ella, la acaba y guárdala de todo mal, porque sea vaso limpio de tu santa mesa, y ponla en el número de tus siervas y esposas”. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Conociendo esto la santa doncella, derribábase a los pies de su padre, madre y hermanos, y agradecíales mucho que la dejasen vivir en aquel menosprecio del mundo, ejercitando obras de caridad con los pobres. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Comenzó esta sierva de Dios por un camino alto, adonde no se llega sino después de mucho trabajo y grande ejercicio de virtudes. Aquí se vio puesto, en efecto, aquel deseo ardiente de la esposa que, cuando ya estaba muy adelante en sus amores, decía a su Esposo, Jesucristo: “¿Quién os dará a mí, puesto en talle y forma de un mi hermanico pequeño que mama los pechos de mi madre, y que os encuentre yo, en medio de esas calles, os abrace y os bese, y os haga mil preguntas, y vos me respondáis [760] y me enseñéis, y que nadie me lo tenga a mal ni me desprecie? Llevaros he yo en brazos a casa de mi madre, allí en casa de madre, abrazado con vosotros, preguntaré otra vez mil cosas, y daros he yo en pringaditas de arrope y mosto de mis granadas”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
La exposición de todo esto es lo que esta santa virgen ejercita, y no ha menester otro comento. Enseñole el espíritu del Señor que su Esposo, Jesucristo, estaba escondido en los pobres como Él mismo lo declaró. Conociendo esto, no pudo disimular su amor y ansí, como si fueran sus hermanos pequeñitos, a quien la más honesta doncella abraza sin empacho en medio de la calle y nadie se lo tiene a mal, aunque le bese y haga mil caricias, y le lleve en sus brazos, antes la loan y les parece a todos bien; ansí, esta virgen prudente, dejados los respetos y consideraciones humanas, transformada en su Esposo, puesto en estos pobrecitos y afligidos, se abrazaba con ellos, y les besaba los pies y las llagas, y les daba de comer y hacía mil regalos en las calles, en las plazas y en todos los lugares públicos, les preguntaba de sus trabajos y de sus miserias, y ellos le daban cuenta de la merced que Dios les hacía en medio dellos. Llevábalos a casa de su madre, regalábalos, hacíales mil beneficios y servicios, y no por esto la menospreciarían, sino que antes se maravillaban de ver un tan fino amor de hermana y de esposa de Jesucristo, alabando a Dios en su sierva. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Aconteció una vez que iban su padre y su tío don Vasco de Toledo, hermano de su madre, juntos a caballo por la ciudad con mucho acompañamiento. Encontraron a las dos compañeras, doña María García y doña Mayor Gómez, pidiendo con sus alforjas limosna de puerta en puerta; afrentose mucho don Vasco y, vuelto a don Diego, le dijo con sentimiento: “Mucho me maravillo, señor don Diego, de vuestra prudencia, que dejéis andar de esta suerte a vuestra hija, muchacha tan hermosa y de tan noble sangre, en ejercicio tan abatido, tan afrentoso y peligroso, rodeada de pobres y gente perdularia, despreciada sin honra; aunque la tuviérades aborrecida, habíades de mirar vuestra reputación y la honra de todos nosotros. Casadla señor con su igual, pues tenéis con quien, y quitad esta nota de vuestro linaje”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Respondiole el noble caballero con semblante grave, diciendo: “Señor don Vasco, cuando esto se hubiera de llevar por reglas de prudencia humana, eso que decís es lo que se había de mirar y hacer, mas a esta mi hija otra prudencia más alta creo que la gobierna, y pues ella ha escogido por esposo a Jesucristo, Rey eterno, y Él la quiere llevar por este camino, ni yo le daré más bajo esposo, ni le diré que deje su ejercicio. Créeme, señor hermano, que antes que a esto viniese se hicieron muchas diligencias hasta que se vio que era esta la voluntad de Dios. Dejémosla caminar a donde la llaman, que ella ha escogido mejor que nosotros le aconsejaremos”. Con esto, no osó replicar más en este caso de allí adelante don Vasco.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Era esto en los postreros años del Rey don Pedro, acertó a venir a Toledo. Tuvo noticia de la hermosura de esta santa doncella y, como juntaba a la crueldad ser deshonesto, no perdonaba cosa, deseó verla y aun haberla. Entendido el ruin propósito por la virgen devota y por sus padres, se fue con su compañera doña Mayor Gómez de secreto a Talavera, donde tenían sus padres casas y hacienda. Estuvieron allí algunos días encerradas con harto miedo, y no faltaba razón, porque no faltó quien le avisó de la ausencia y del lugar donde estaban retira- [761] das que, a costa de lisonjear a los Reyes y tener cabida, no se les esconde nada. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Dios, que lo dispone mejor, quiso que le dijesen esto y que se pusiesen encobro antes que viniesen a buscarlas. Acordaron de venir por un camino apartado otra vez a Toledo, no entraron dentro, sino fuéronse a una ermita (de que ya hicimos memoria) que se llamaba Nuestra Señora de la Sisla. Allí vivieron escondidas algunos días hasta que se ausentó el Rey, y así escaparon de sus manos y de su deshonestidad. En esta ermita probó esta santa otro género de vida, de mayor quietud y sosiego del alma, puesta en alta conservación del Cielo, haciendo su corazón un holocausto encendido todo en el amor y contemplación de su Esposo. Hacía las asperezas grandes de los ermitaños de Egipto. Dormía sobre unos sarmientos, ayunaba mucho, juntaba las noches con los días orando y contemplando, y allí recibió grandes consuelos del Cielo, ayudándole a todo esto su gran compañera, doña Mayor Gómez, que se la deparó Dios en todos estos trances, no para aya, aunque lo parecía, sino para alivio de tan grandes cosas, y testigo de su honestidad y pureza. Murió a esta sazón el Rey don Pedro a manos de su hermano don Enrique, como todos saben; con su muerte se aseguraron mil almas temerosas de su crueldad y de su torpeza, salió de su yermo nuestra santa ermitaña y, pensando qué camino escogería para retirarse al servicio de Dios de propósito y acabar en ella vida con mayor aprovechamiento de su alma, tuvo noticia cómo había en Toledo una congregación de mujeres santas, que se recogían en una casa en la parroquia de San Román. Tenían como en lugar de priora una señora de gran prudencia y espíritu, que se llamaba doña María de Soria; loaba toda la ciudad el modo de vivir de esta gente, teniéndolas por mujeres de gran recogimiento y santidad. Parecioles a las dos compañeras que este era negocio seguro, supuesto que no habían de estar en aquella ermita y había cesado la causa. Fuéronse allí y recibiolas doña María de Soria con alegría, por la fama de su valor; se vistieron entre ambas el hábito que usaban las que allí entraban. Vivieron algún tiempo en aquella compañía, dando gran ejemplo a todas y ejercitándose en actos de humildad y de obediencia, de que recibía gran consuelo nuestra santa, y sin duda quiso Nuestro Señor traerla aquí para que aprendiese esto y lo ejercitase, porque es cosa imposible poder enseñar a otros, los que no tienen experiencia, qué cosa es obedecer. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Murió dentro de pocos años doña María de Soria, en cuyo gobierno estribaría aquella congregación. Murieron también los padres de nuestra doña María García de Toledo, dejáronle mucha hacienda y mejora, entendiendo que la había de emplear en servicio de Nuestro Señor con grande provecho de sus almas. Como se vio desamparada de la madre espiritual y de los padres naturales, y con hacienda, suplicó a Nuestro Señor la alumbrase en lo que era servido hiciese de sí y de los bienes que le habían quedado, pues no era suya ni quería otra cosa en esta vida sino emplearse toda en su amor y servicio. Púsole en el corazón lo que Dios había ido madurando por todo este discurso, entreteniendo a esta, su sierva, por tan extraños y varios caminos, y lo que con el efecto se ha mostrado ser cosa ordenada por su divino consejo. Vendió las heredades y hacienda que le había quedado en el lugar de Belilla y otras partes. Compró en la parroquia de San Lorenzo, en Toledo, una buena casa que tenía suelo y aposento [762] espacioso, pasose allí con su compañera, doña Mayor Gómez, y algunas que, conociendo su santidad y valor, quisieron seguirla delas de aquella congregación de beatas. Encerrose allí con determinación de no salir en toda la vida. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Entendiose esta mudanza en la ciudad. Vino a noticia de una señora, de las nobles de Toledo, que se llamaba Teresa Vázquez, mujer deseosa de la salud de su alma, había días que estaba recogida en su casa con gran encerramiento, con hasta siete u ocho mujeres, haciendo vida muy honesta. Acordó de pasarse a la compañía de nuestra Santa, con toda la suya, entendiendo que Dios la llamaba para servirle en aquella congregación; ansí se hizo en breve una casa de muchas siervas de Dios, y de notable nombre, a quien siguieron presto otras. Aquí se comenzó luego una labor divina, en unas vidas de gran humildad y pobreza de espíritu, desechando no solo el regalo, mas aun lo muy necesario para pasar la vida, abrazando en todo la mortificación de los sentidos. Pusiéronse unos hábitos blancos y un escapulario pardo, el mismo que tenían los muy recientes monjes de la Orden de San Jerónimo, sin saber qué hacían. También se determinaron luego a obedecer todas a una cabeza porque no fuese monstruo de muchas aquel colegio, y de común acuerdo quisieron todas que fuese doña María García de Toledo, porque tenían mucha prueba de su virtud y prudencia, que bastaba a mayores cosas. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Como era la santa tan en el corazón humilde, recibió aquello con harta dificultad, derribada de los ruegos y lágrimas de sus hermanas, a quien ella quisiera obedecer toda la vida. Este fue el primer fundamento y estas las primeras fundadoras del Monasterio de San Pablo de Toledo, de los muy religiosos, sin agravio de ninguno que ha habido en aquella ciudad y de notable nombre, en donde, como veremos, en sus lugares se han criado santas y puras almas y grandes siervas de Dios. Vino a esta sazón, como dijimos arriba, Fr. Pedro Fernández Pecha a fundar la Casa de la Sisla (no es fácil de atinar si antes o después que este santo colegio de vírgenes se juntase); dijimos también, y es cosa cierta, que la santa le dio mucho favor para el edificio y le socorrió con todo lo que pudo, y hoy en día guarda un arquilla de plata que dio esta sierva de Dios, en que encerrasen el Santo Sacramento. Lo que Fr. Pedro Fernández Pecha sirvió a esta sierva de Dios, y el trato que entre los dos pasaba, no hay para qué repetirlo, pues queda dicho en la vida de aquel santo. Comenzáronse desde entonces a llamar religiosas de San Jerónimo, y a imitar todo lo que podían de la vida y costumbres y ceremonias santas a aquellos padres de quien Fr. Pedro Pecha era como patrón y cabeza y prior de la Sisla, pues sin duda todos los de la Orden son sus hijos, y estas podemos llamar, y lo son, sus primeras hijas. Porque, aunque entonces los religiosos de la Orden estaban sujetos a los ordinarios, doña María García de Toledo y sus hijas dieron la obediencia a Fr. Pedro Fernández, y por su parecer se gobernaban y no salían un punto de su obediencia. Crecía aquella casa de San Pablo en gran ejercicio de humildad, y caminaban debajo del gobierno de dos almas tan pías, con largo paso al aprovechamiento espiritual, todas las que allí se habían recogido. Iba muy delante de todas la Santa Virgen Fundadora, hallándose la primera en cuanto se ofrecía de virtud y [763] de humildad, con harta maravilla de las que pretendían imitarla.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Asentaron luego el oficio divino por orden del prior de la Sisla, su maestro, con la puntualidad que entonces supieron, que se hizo a todos maravillosa, y acudían de la ciudad a oírlos la gente que tenía gusto de devoción, porque parecía que los oficiaban los ángeles. Levantábanse a medianoche a Maitines, y nunca la sierva de Dios, desde aquella hora, sabía qué cosa era tornar a la cama, consumiendo lo que quedaba de la noche en oración y coloquios divinos con su Esposo, Jesucristo. Dábale mucha pena que la alabasen en algo, habiendo tanto de qué;  cuando las personas seglares le decían de su buen nombre, y relataban alguna de sus virtudes, que suelen ser en esto indiscretos, decía ella con semblante vergonzoso: “Estas hermanas y siervas del Señor hacen eso, y en ellas cabe bien lo que de mí decís, que yo no soy sino un vaso despreciado y una criatura inútil”. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Cuando algunas veces estaba mala (tenía muchos achaques por tratar tan mal su cuerpo) y era fuerza caer en la cama, y vía aquellas santas compañeras alrededor, con tanta gana de servirla, decía con una sinceridad de paloma: “Dónde merecí yo tanto bien, que me sirviesen damas y doncellas tan hermosas, y las esposas de mi Señor se humillasen a un vil gusanillo cual soy yo, que aun no merezco servir a ninguna dellas”. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Ofendíanle mucho las mujeres que se adobaban los rostros, pintándose con los albayaldes y carmines, y poniéndose mudas, decía que ni eran buenas para mujeres, ni para imágenes, porque para lo segundo eran feas y para lo primero no eran vivas, sino pintadas. Cuando alguna destas venía a visitarla, decía que no la conocía, porque traía máscara, y la había visto antes sin ella, y que no era aquel rostro que les había dado Dios, sino el que compraron de la tienda. Amonestábales con palabras santas que no hiciesen aquello, porque ofendían mucho a Nuestro Señor, y que si perseveraban, no era pequeño el castigo que las estaba guardado. También aborrecía mucho los olores: almizcle, algalia, ámbar, y otros cualesquier extraordinarios que solían traer entonces solo las mujeres (no se había extendido esta manera de afeminarse a los hombres en aquel tiempo) porque le olían mal las que siempre querían oler bien. Decía que era locura traer con olores postizos un cuerpo que tan presto  había de oler tan mal y ser manjar de gusanos. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Si alguno, hablando con ella, le decía de merced o de reverencia, llena de humildad respondía que la merced era de Dios, de quien es propio hacer mercedes y misericordias, y la reverencia se debe a quien todas las criaturas hacen reverencias, porque ella miserable era e indigna de reverencia. Después que los dos santos gozaron algunos años de la conversación santa, aprovechándose a veces y aprendiendo el uno del otro, gobernando sus conventos, con el aprovechamiento que hemos visto, cansado ya, o diremos mejor, derribado ya Fr. Pedro Pecha de sus rigurosas asperezas, y por esto con mil ajes, pareciéndole que estaba inútil para el gobierno, determinó de ir a acabar su vida a Nuestra Señora de Guadalupe, como lo vimos en su vida. Quedó con esto muy desconsolada nuestra santa, y no le sucedió cosa en esta vida que sintiese tanto, y todas las otras hermanas se lastimaron en el alma, llamándose desamparadas, sin padre y sin maestro, que con su aviso y prudencia las sus- [764] tentaba, doctrinaba y regía, y las animaba con su ejemplo a continuar el curso comenzado. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Sintiéndose pues, nuestra devota virgen, tan desconsolada, volvió los ojos al Señor llena de fe y esperanza, y díjole con amorosas lágrimas: “ Confirma, Señor, esto que obraste en nosotras, y no desampares desde tu alto templo el edificio deste en que tú quieres morar por tu misericordia, da esfuerzo a tus siervas para que perseveren hasta alcanzar el fin de su deseo, que no es otro sino unirse contigo como último fin de todas nuestras esperanzas, y abrazarte como a Esposo único de las almas. Flacas somos, Señor, y llenas de pobreza y miseria, mas tú eres gigante fuerte, y pastor vigilantísimo, que nadie será poderoso para sacar estas ovejicas de tu mano”. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Oyó el Señor su oración, como se vio por el efecto, pues fueron siempre creciendo en tanto hervor y devoción en aquella santa casa. Vivió después de la ausencia de su fiel compañero la sierva de Dios veinticuatro años. Era ya de mucha edad, las penitencias y mal tratamiento del cuerpo, dormir en el suelo, vigilias, ayunos habían estragado mucho aquel cuerpo delicado. Veníanle a faltar poco a poco los sentidos, veía poco, oía menos, con todo esto no quería faltar a las cosas de la comunidad. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
No podían con ella aunque más se lo rogaban, sino que se había de levantar a Maitines. Como no oía, acordó de tener un gallo en su celda, que era muy puntual en cantar a la medianoche con aquel canto; por ser muy aguda la voz, despertaba y oía. Santa simplicidad, si no es que era misterio despertar con el canto del gallo. Desde niña, tuvo costumbre de levantarse a la medianoche a loar al Señor, y jamás la dejó, aun en enfermedades grandes, grande ánimo y virtud de hembra tan delicada. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Aunque estaba por de fuera el cuerpo tan consumido, tenía dentro el alma muy despierta en la contemplación que había ejercitado toda su vida, gozando en lo secreto de favores y regalos divinos que la alentaban para tan larga jornada. Llegado el fin de la carrera dichosa, queriendo el Señor darle el galardón de tan santa vida y trabajos tan piadosos, vínole una calentura lenta, que bastaba para consumir aquello poco que había quedado de la penitencia. Cayó en la cama, porque no podía sostenerse. Sintiendo ya su fin cerca, llamó a sus hijas que, a esta sazón, eran veinticinco o veintiséis, rebaño precioso y rico en los ojos de Dios. Cuando las tuvo delante abrazolas una a una con notable ternura y lágrimas, queriendo poner a cada una en sus entrañas, dábales paz en el rostro y se juntaban las unas lágrimas con las otras. Después les dijo desta manera: “Hermanas queridas y compañeras de mi peregrinación, que habéis perseverado conmigo en estos trabajos de pobreza y penitencia, yo me parto a la bienaventuranza que ha prometido nuestro Esposo a los que perseveraren hasta la fin. Deseo mucho que no os ponga espanto lo que os falta de la corrida de vuestro curso, y que mi ausencia no os cause alguna flaqueza en los ánimos, ni penséis que he sido yo alguna parte para sustentaros hasta este punto en la vida religiosa que habéis comenzado, de que tenéis pasada ya mucha parte, las más de las que estáis presentes. Otra fuerza mayor es la que os sustenta, que es la virtud del Señor, que nunca se cansa, ni puede morir, y está siempre cerca de vosotras si por vuestra [764] culpa no la desecháis y hacéis fuerza para que se vaya, porque os ama mucho y tiene gran cuidado de vuestra salud. Lo que desea y lo que siempre nos pide es que no pongamos el amor en otra cosa, que es muy celoso, y no admite compañía alguna: o todas habéis de ser suyas o de otro, y mirad quién será el otro si dejáis a Dios. Fuera d’Él todo es feo, todo es miseria, enfermedad y muerte. Una quiere que sea su paloma, y una su amiga y una su querida, que no cabe con otro. Ponedle en vuestro corazón y en vuestro brazo, haced que vuestros pensamientos, palabras y obras no tiren a otra señal, porque, si no, sabed que se enojará mucho, y cuanto estáis en más alto estado y cuanto habéis venido a más secretos abrazos y favores, tanto será mayor la ira de sus celos. Porque el amor es como la muerte fuerte y más duro que el infierno que, como la muerte, nunca se aplaca ni perdona y, como el infierno, nunca se apiada ni ablanda; ni al uno ni al otro podremos con ruegos ni con fuerza detenerlos, ni mudarlos de su rigor: ansí el amor, cuando es tan gravemente ofendido y quebrantadas sus leyes, no sabe perdonar, ni aplacarse, ni la ira de los celos tiene remedio. Las caídas de muy alto de ordinario son mortales. Por eso, carísimas hermanas, mirad donde subisteis, temed mucho la caída y, pues tenéis tan cierto el socorro, pedidle sin cesar que no hayáis miedo que falte. Mirad cuán presto se acaba la vida, cuán poco duran los gozos vanos deste suelo, qué presto se marchitan estas florecillas de la primavera que, de ordinario, antes de la noche se enlacian y caen, y los trabajos, qué momentáneos y de poca dura, y qué de bienes se siguen tras ellos, cuando se llevan en paciencia y por Dios. No os turbe ver a las que dejasteis en el siglo, cuando vienen compuestas y galanas a visitarnos, porque son figuras del retablo de este mundo, que pasa como una farsa. Ya veis cuántas, en medio de sus regalos, las ha arrebatado la muerte, y cuántas de las que viven querrían ser muertas, porque viven una vida de infierno. Poned los ojos en la ribera deste río por donde vais atravesando a vuestra gloria, para que no os desvanezcan las ondas y sus olas, que pasan a dar en el mar. Veisme aquí, estoy ya a las puertas de la muerte, alegre y segura, sin temer la contradicción de mis enemigos, confiada en el mérito de la pasión de mi esposo y en la virtud de su sangre, que cuando con Él me desposé me las dio en arras y en dote, y ahora que viene el día de las bodas, saldré adornada con ellas. Imaginad que me casé con un hombre de los del siglo, y que he vivido en muchos regalos, y que tengo muchos hijos, y que he llegado a este punto que tuviera ahora aquí sino congojas, y rabias y ansias, un temor y una tristeza irremediable. Pues mirad la diferencia y deprended en este trance lo que no se os olvide jamás. Quiéroos dar en mi partida un consejo y un precepto; el precepto no es nuevo ni mío, sino del Esposo y Señor Jesucristo, que os améis unas a otras y sufráis las faltas con caridad, y esta es deuda que la debéis siempre, en tanto que durare la vida: cada una quiera el bien de la otra como el suyo propio, porque en esto consiste el verdadero amor. El consejo es que os guardéis de salir del claustro cuanto os fuere posible y que no os vean en la calle para siempre, ni aun en la red, sino con mucha necesidad. Mirad que las palomas, aunque son tan puras y sin malicia, si ven la red huyen de ella, porque en la red está el lazo que prende con las palabras o con la vista la inocencia del alma”. [766] &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Esto les dijo en común. Después, en particular, habló a cada una por sí, y no adivinando ni sacando por conjeturas, sino con un espíritu profético, les declaró todo el discurso de sus vidas, diciendo a muchas dellas lo que después sucedió sin faltar punto. A unas que no habían de perseverar y los fines que habían de hacer, y a otras les declaró cómo habían de ir aprovechando; y aunque entonces les pareció que debía de hablar a tientas o no la entendían, después se desengañaron y vieron claro que el Señor les avisaba por la boca de su sierva. Acabado esto, pidió la extremaunción; recibiola con gran espíritu y entereza, ayudando a todos los salmos y letanías, como si estuviera sana. De allí a un poco, descendió sobre ella una claridad admirable, y anduvo volando por la celda una palomica blanca, aunque no fueron todas las que allí estaban dignas de verla. Alegrose su rostro en gran manera, mirando atenta a la luz que tenía sobre sí; hablaba con ella tan quedo, que no podían entenderla. De allí a un poco, alzó los brazos en alto y juntó las manos, como quien quiere abrazar alguno, haciendo cruz, y ansí salió la santa alma, dando a entender que se abrazó luego con su amado y dulce Esposo Jesucristo. Su muerte fue el diez de enero, año de 1426 &#039;&#039;[1]&#039;&#039;, y ochenta y seis su edad, según la mejor cuenta, porque no se sabe precisamente el año en que nació. Había ordenado viviendo que sin ruido, y sin dar cuenta a nadie, llevasen su cuerpo al monasterio de Nuestra Señora de la Sisla. Hízose ansí y fue bien menester, porque la ciudad estaba alterada sobre querer llevar el cuerpo cada cual adonde le parecía que tenía más derecho. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Los parientes pretendían hacerle en la iglesia mayor un sepulcro suntuoso; otros pretendían llevarla a otras partes; las religiosas, con gran silencio, teniendo entendido el humilde pensamiento de su Santa Madre, sin que nadie lo supiese, lo llevaron a la Sisla. Recibieron los religiosos con gran reverencia el cuerpo santo. Llevábanla vestida con sus hábitos de San Jerónimo y una corona de laurel en la cabeza, insignia de triunfadores. Hiciéronle el más solemne entierro que pudieron. Y como a principal bienhechora y más principalmente como a santa, la pusieron junto al altar mayor, al lado del Evangelio, y labraron un rico sepulcro. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Certifica una relación antigua de su vida, a quien he seguido en esta historia, que hizo por ella muchas maravillas y señales, en los que tocaron a su santo cuerpo y que lo certificaron personas de mucha religión, dignas de toda fe, y que las calla hasta que la Iglesia las publique, donde da a entender que se trataba de su canonización y, como esto es negocio que no se hace sin mucha costa, faltó quien lo solicitaba, y ansí se quedaron los milagros escondidos. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
De cuarenta o más años a esta parte, hubo necesidad para cierta fábrica que se hacía allí, en la capilla mayor de aquel convento, abrir un poco el sepulcro y cuerpo de la santa. Descubriose y lo halláronlo entero; después de ciento treinta años, tenía un ladrillo por cabecera, la toca de la cabeza estaba sana y prendida debajo de la barbilla con un alfiler, vestida con sus hábitos de beata. Afirma Fr. Antonio de Villacastín, de quien supe yo esto, porque era el maestro de aquella fábrica y lo ha sido de toda la casa de San Lorenzo el Real, testigo abonado, que él mismo levantó el cuerpo y que vio [767] en él una cosa extraña: que por doquiera que le asía, se levantaba todo entero, como si fuera de una pieza, y estaba tan ligero como si fuera de pluma. Y los ramos de laurel de que le hicieron la corona, cuando la truxeron, se estaban tan enteros y frescos como cuando los cortaron. Debe de ser privilegio de la virginidad que no se marchite ni corrompa lo que a ella se allegare. Hiciéronle los religiosos de la Sisla, encima del sepulcro, una figura de bulto, vestida al natural con sus hábitos de la Orden y como ella andaba vestida. Está hincada de rodillas, puestas las manos mirando al Santo Sacramento, donde en vida tuvo siempre puesto el corazón, y un letrero o epitafio de la elegancia de aquel tiempo que dice: &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
FUE DOÑA MARÍA GARCÍA, VIRGEN QUE AQUÍ YAZE SEPULTADA, DE CUYAS OBRAS RESULTA SER VIRGEN DE ETERNA ALEGRÍA.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
De tan buena gracia y aun peores son los versos latinos que se siguen luego:&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Domum suam hec dicauit,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Qua feminas adunauit,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Ut peremni sacre viuerent.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Hec totam se spernebat,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Et arte virgo degebat,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Ad Christi vestigium.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Erat mundo crucifixa, &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Mundus Christi [etc] transfixa,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Charilatis gladio. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Aquí da a entender este poeta que eran suyas las casas donde se recogió y donde agora está fundado el Monasterio de San Pablo, aunque la historia que yo he seguido dice que las compró de su hacienda. Este monasterio se estuvo con nombre de Beatas de San Pablo y de San Jerónimo muchos años. El año de 1464 &#039;&#039;[2]&#039;&#039; se encargó la Orden d’él, y creció siempre en religión, criando grandes siervas de Dios, como lo veremos en la postrera parte desta historia que luego se sigue, siendo el Señor servido.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
FIN&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En Madrid, por Juan Flamenco. Año 1600 &#039;&#039;[3]&#039;&#039;.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
=== Notas ===&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&#039;&#039;[1]&#039;&#039; Figura el año en números romanos en el texto: “año de M.CCCC.XXVI”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&#039;&#039;[2]&#039;&#039; Figura el año en números romanos en el texto: “año de M.CCCC.LXIIII”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&#039;&#039;[3]&#039;&#039; Figura el año en números romanos en el texto:  “M.CD”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
= Vida impresa y manuscrita=&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Ed. de [http://visionarias.es/equipo/maria-aboal-lopez/ María Aboal López] (impresa) y [http://visionarias.es/equipo/veronica-torres-martin/ Verónica Torres] (manuscrita); fecha de edición: octubre de 2020 y agosto de 2022.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
== Fuente ==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
* [http://catalogodesantasvivas.visionarias.es/index.php/Categor%C3%ADa:Francisco_de_Pisa Pisa, Francisco de], 1612. &#039;&#039;Descripción de la Imperial Ciudad de Toledo e Historia de sus antigüedades y grandeza y cosas memorables que en ella han acontecido, de los Reyes que la han señoreado y gobernado en sucesión de tiempo, y de los arzobispos de Toledo, principalmente de los más celebrados&#039;&#039;. Toledo: Pedro Rodríguez, Imprenta Real, fol. 276v.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[[Contexto material del impreso Descripción de la Imperial Ciudad de Toledo e Historia de sus antigüedades]] &#039;&#039;y grandeza y cosas memorables que en ella han acontecido, de los Reyes que la han señoreado y gobernado en sucesión de tiempo, y de los arzobispos de Toledo, principalmente de los más celebrados&#039;&#039;.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
* [http://catalogodesantasvivas.visionarias.es/index.php/Categor%C3%ADa:Francisco_de_Pisa Pisa, Francisco de], &#039;&#039;Apuntamientos para la segunda parte de la Historia de Toledo&#039;&#039;. Biblioteca de Castilla-La Mancha, Ms. 193, fols. 87-88.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
== Criterios de edición==&lt;br /&gt;
Aunque la vida en el libro impreso forma parte de una enumeración de santos y, por tanto, no es propiamente una hagiografía, la recogemos aquí para que quede constancia de su inclusión en esta obra del siglo XVII. Se adoptan los criterios de edición de vidas impresas estipulados en el Catálogo, es decir, se moderniza la ortografía (b/u/v, j/g, chr/cr, qu/cu, empleo de h, etc.), las sibilantes y se eliminan las consonantes geminadas. El uso de mayúsculas y minúsculas se moderniza, así como la acentuación y la puntuación, que se adaptan a las actuales. No obstante, se ha mantenido la escritura de “monesterio”. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En cuanto a la continuación manuscrita de la misma obra, aparece en un manuscrito del siglo XVIII con este título: “En este libro se contienen los &#039;&#039;Apuntamientos para la segunda parte de la Historia de Toledo&#039;&#039; que prometió escribir el Doctor Francisco de Pissa Decano en las Facultades de Santa Theologia, y Artes Liverales, y Cathedratico de Escriptura en la Insigne Universidad de Toledo: fechos y ordenados por el mismo, en el año de 1612”. La vida de María García se integra en el apartado correspondiente al monasterio de San Pablo. Se siguen los criterios establecidos en el catálogo para fuentes impresas, es decir, se moderniza la ortografía (b/v, j/g, qu/cu, etc.), así como el uso de mayúsculas y la acentuación y puntuación, que se adapta a la actual. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==Vida de María García ==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&#039;&#039;&#039;(1605)&#039;&#039;&#039;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[Libro Quinto] &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[Fol. 275r]&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
===Capítulo XXXVI===&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&#039;&#039;&#039;Catálogo o lista de santos propios de esta ciudad de Toledo&#039;&#039;&#039;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[…]&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[Fol. 276v] […] Doña María García, natural de Toledo, monja en el monesterio de San Pablo de esta ciudad, que ella fundó debajo de la Orden y hábito de San Jerónimo, sujetándose al prior del monesterio de la Sisla, donde está enterrada cerca del altar mayor; falleció año de mil y cuatrocientos y sesenta y cuatro. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&#039;&#039;&#039;(1612)&#039;&#039;&#039;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&#039;&#039;&#039;Monasterio de San Pablo&#039;&#039;&#039;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[Pag. 87] Asimismo, está en este distrito el [Pag. 88] monasterio insigne del apóstol San Pablo de la Orden de San Jerónimo, que a los principios fue fundado por doña María García de Toledo, hija de Diego García de Toledo y de su mujer doña Constanza, hermana de don Álvaro, arzobispo de Toledo. La cual, en compañía de otras religiosas, hizo santa vida del hábito de San Jerónimo, aunque a los principios sin clausura, por los años del Señor de 1404, sujetas al prior de Nuestra Señora de la Sisla, extramuros; y después, en el año 1408, haciendo profesión solemne, tomaron velo y clausura, sujetas al general y prelados de la dicha Orden de San Jerónimo, como lo escribe Pedro de Alcocer en la &#039;&#039;Historia de&#039;&#039; [Pag. 89] &#039;&#039;Toledo&#039;&#039;, lib. 1º. La dicha María García, fundadora, está sepultada en el dicho monasterio de la Sisla, y asimismo lo está otra religiosa de esta casa &#039;&#039;[1]&#039;&#039;, de quien se cuenta en la &#039;&#039;Historia&#039;&#039; grandes ejemplos de santidad y misericordias que recibió de Dios Nuestro Señor en la oración y vida espiritual. Las vidas de las dos santas religiosas se hallarán escritas en la &#039;&#039;Historia&#039;&#039; de la Orden y el Maestro Villegas en la 3ª parte del &#039;&#039;Flos Sanctorum&#039;&#039;, en las adiciones. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En esta iglesia de San Pablo está enterrado el arzobispo, que fue de Sevilla el cardenal, don Fernando Niño de Guevara.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
===Notas===&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&#039;&#039;[1]&#039;&#039; Seguramente se refiera a [[María de Ajofrín]], cuya vida está incluida en el &#039;&#039;Flos sanctorum&#039;&#039; de Villegas, como vemos en el Catálogo, aunque no en la &#039;&#039;Historia de Toledo&#039;&#039; de Alcocer.&lt;/div&gt;</summary>
		<author><name>Anaritasoares</name></author>
	</entry>
	<entry>
		<id>https://catalogodesantasvivas.visionarias.es/index.php?title=Mar%C3%ADa_Garc%C3%ADa&amp;diff=713160</id>
		<title>María García</title>
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		<updated>2026-09-16T08:46:28Z</updated>

		<summary type="html">&lt;p&gt;Anaritasoares: /* Vida manuscrita (3) */&lt;/p&gt;
&lt;hr /&gt;
&lt;div&gt;[[Category:Santas_Jerónimas]]&lt;br /&gt;
[[Category:Toledo]]&lt;br /&gt;
[[Category:Alonso_de_Villegas]]&lt;br /&gt;
[[Category:Baltasar_Porreño]]&lt;br /&gt;
[[Category:Francisco_de_Pisa]]&lt;br /&gt;
[[Category:Juan_de_la_Cruz]]&lt;br /&gt;
[[Archivo:Santa_Maria_Garcia_conversando_con_Fray_Fernandez_Pecha-web.jpg|right|María García conversando con Fray Fernandez Pecha|link=]]&lt;br /&gt;
{| class=&amp;quot;wikitable&amp;quot;&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Nombre || María García de Toledo&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Orden || [http://catalogodesantasvivas.visionarias.es/index.php/Categor%C3%ADa:Santas_Jerónimas Jerónimas]&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Títulos || Priora y fundadora de la casa de beatas de Mari García, posterior convento de San Pablo de Toledo. Iniciadora de la rama femenina de la Orden&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Fecha de nacimiento || 1340&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Fecha de fallecimiento || 1426&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Lugar de nacimiento || [http://catalogodesantasvivas.visionarias.es/index.php/Categor%C3%ADa:Toledo Toledo]&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Lugar de fallecimiento || [http://catalogodesantasvivas.visionarias.es/index.php/Categor%C3%ADa:Toledo Toledo]&lt;br /&gt;
|}&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
= Vida manuscrita (1)=&lt;br /&gt;
Ed. de [http://visionarias.es/equipo/celia-redondo-blasco/ Celia Redondo Blasco]; fecha de edición: junio de 2017.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
== Fuente ==&lt;br /&gt;
[[Archivo:I María García.jpg|250px|right|Manuscrito|link=]]&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
* Esc. C-III-3. fols. 252r - 264r.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[[Contexto material del manuscrito de El Escorial, MS c-III-3]]&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
== Criterios de edición ==&lt;br /&gt;
Al tratarse de un testimonio único se ha optado por emplear unos criterios de edición conservadores. &lt;br /&gt;
Se puntúa y acentúa siguiendo las normas establecidas por la RAE.&lt;br /&gt;
Se conserva la -l- geminada en humilldad y la s líquida en Spíritu Sancto, así como la alternancia entre v y b en su valor consonántico; también se mantiene la h- aunque sea anti-etimológica en hedad.&lt;br /&gt;
Se han respetado los latinismos como oratión. &lt;br /&gt;
Se han repuesto vocablos o grafías con corchetes ([ ]) cuando resultaba patente que no aparecían por un descuido del copista (en caso de duda, se ha respetado su ausencia).&lt;br /&gt;
Se conserva dello, desto, pero se separa mediante apóstrofe cuando la forma aglutinada incluye un pronombre personal: d’él.&lt;br /&gt;
Se ha conservado el uso de qu por cu (qual) y la grafía de la nasal n antes de la bilabial (grupos -np- y -nb-: honbre). &lt;br /&gt;
En cuanto al grupo de sibilantes, se mantiene ç ante a, o, y también ante e, i. Se respetan, también, los grafemas z, s/ss ante las distintas vocales. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
== Vida de María García ==&lt;br /&gt;
[fol. 252r] Aquí comienza la vida e ystoria de la bienaventurada y loable memoria doña Mari Garçía, virgen consagrada a Dios, fundadora del monesterio y casa de las beatas llamadas de doña Mari Garçía que es en la çibdad de Toledo &#039;&#039;[1]&#039;&#039;, la qual se trasladó del latín en romanze en el año del Señor de mill y quatrocientos y ochenta y siete años.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
=== Prólogo ===&lt;br /&gt;
Ansí como Dios es maravilloso con sus santos, el qual no en vano hizo todos los hijos de los honbres, ansí nunca olvidó la su Santa Yglesia, dende el justo Abel, ni agora la olvida ni desanpara, hasta en fin del mundo. La qual en los antiguos tienpos, que fueron debajo de la Lei de Natura y de Escritura, nunca de todo en todo estuvo huérfana de santos y de varones y henbras fieles, en los quales, la fe, y caridad y esperanza resplandeçieron; y en los quales, toda relixión y perfetión de vida después de su muerte, por que no pereçiese, fuese conservada; e a los quales, el Evangelio y divino dinero, non sin causa, fuesse prometido, y en nuestra hedad, que es debajo de la Lei de Gracia, aiuntadas las cosas altas a las [fol. 252v] bajas, después que el humanal linaje dejó el honbre viejo, venido el nuevo honbre: conviene saber, Jesucristo, nuestro medianero, Dios encarnado, después que recibió la Passión, después de su poderosa Resurretión y gloriosa Açensión. De quántas maneras de santos, ansí honbres como mugeres, su santa gloria Dios todopoderoso aya guarnecido, dotado y hermoseado, aunque la voluntad quiera y desee dezir, pero la lengua no lo puede recontar ella misma, en sí sola la conoçe, desto non dubdamos, los gloriossos Apóstoles de Jesucristo, quia predicatión salió en toda la tierra, ser sus primeros fundadores. Los quales, después que reçibieron el Espíritu Santo, quanto más crueles, rebeldes y apartados del conocimiento de Dios hallaron a los pueblos y gentes, tanto más las amansaron, domaron y trajeron a su conocimiento. Quién podrá contar los mártires vençedores y esforçados por virtud divina que maravillosamente defendieron la su Santa Iglesia. Los quales, por la alinpiar de las espinas, lavaron sus vestiduras en la sangre del cordero; sufriendo por Jesucristo lo que Él sufrió por ellos, no dubdaron dar su cuerpo a la passión. Los santíssimos confesores sustentaron la Santa Yglesia [fol. 253r] y, ensanchándola por edificio espiritual, por dotrina y exenplo, regaron los coraçones de los fieles de rocío celestial. A los quales, enbiando el Señor como obreros en su miel, adornó y dotó de muchos bienes de su graçia, y quiriéndoles probar por diversos trabajos, a uno dio maior fortaleza que a otro, cuios cuerpos, y si la grandeza del martirio o la espada material no atormentó, pero ellos, vibiendo a Jesucristo por continua abstinencia, domando saludablemente las cobdicias de la carne, a sí mesmos crucificaron. Úyense las santas donzellas adornantes aquesta iglesia con su clara virginidad, las quales conociendo el Señor ser de natura flaca, con largueza de su graçia las dio sfuerço, por que el Enemigo, fallándolas ynflamadas en el amor divino, no pudiese vencerlas con sus artes engañosas. De aquestas, algunas, que el Señor para esto guardó, fueron por sus nonbre y por la honrra de su fe martirizadas, las quales juntamente de doble vencimiento fueron laureadas y coronadas porque, no sabiendo la cama material, al solo Esposo de virginidad, que es Jesucristo Nuestro Salvador, se allegaron y en el tormento del martirio, burlando de sus atormentadores, [fol 253v] fueron vençedoras, por lo qual resplandeçen por aureola de virgininad, ansí como lirios y rosas por pena de la persecutión. En el aiuntamiento y conpanía de aquestas, piadosamente creemos ser colocada y asentada en gloria perdurable nuestra amiga, nuestra conpanera, nuestra cibdadana de Toledo, a la qual, Nuestro Señor, en nuestros tienpos, en los quales la maldad abunda y la caridad se enfría, quiso en ejenplo de vida y virtudes dar a su Santa Yglesia, cuia loable vida, cuia honestidad de buenas costunbres, cuia santa conversatión, cuio menospreçio, aspereza de vida a honrra de Dios, y para despertar las voluntades de los justos y conpunjir y reprehender las culpas de los negligentes, aiudándonos la gracia divina, queremos brevemente escrevir. Y porque es esta virgen y hermosa, rogemos muy humildemente a la Reina de las Vírgines que nos gane graçia de contar y dezir de su vida y loable conversaçión.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
=== Capítulo primero ===&lt;br /&gt;
Fue en los días del rei don Pedro el Cruel, rei de Castilla, de memoria bienaventurada, un cavallero claro por linaje y claro por virtudes, llamado Diego Garçía de Toledo. Este tenía una mujer que era de noble [fol 254r] linaje ansí como él, cunplida de virtudes y de toda honestidad. Anbos eran justos delante de Dios, andando en sus carreras y cunpliendo sus mandamientos. Ella se llamava doña Costanza, hija de Fernán Gómez, padre del reverendíssimo don Álvaro, arçobispo de Toledo, cuia hermana era de un vientre la dicha doña Costança. A estos dio Dios, entre otros hijos e hijas, una hija mui graciosa, cunplida de toda hermosura, a la qual pusieron por nombre María, y el sobrenombre del padre, conviene a saber doña Mari Garçía. A la qual, los padres, ansí como la dézima parte de sus bienes, prometieron al Señor de toda voluntad. Este voto, quando ella fue de hedad de discreçión, no ansí como desobediente despreçió ni desechó con poco coraçón, mas antes, conforme con los padres, lo confirmó. Y encendida en el amor del Señor, luego por obra lo cunplió de su propia voluntad y de su libre alvedrío, sin consejo de alguno, mas inspirada de don y graçia divina, toda se ofreció al Señor. ¡Convenible cosa era que tal sarmiento naciese de tal vid!&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Tal fue aquesta virtuosa doncella, que, movida por el consejo del profeta, dende su niñez todo su pensamiento puso i fincó en el Señor, ansí como lo declara la orden de su vida maravillosa, la qual, aunque [fol. 254v] niña y de mui tierna hedad, huía la conpañía de los que en casa del padre eran. Y olvidando y dejando los juegos y cosas a que la tal hedad se suele dar, apartávase en lugar secreto a ofrecer oratión pura y linpia al Señor. Nunca oiera el santo Evangelio y ia deseava hazer tesoro en el Çielo. Era pobrecilla de voluntad y parecía que tenía no pequeño cuidado de los pobres: las migajas que caían de la mesa de su padre, y los pedazos que sobraban y quedavan de su comer, y todo lo que podía aber con deligençia guardava y ascondidamente procurava de dar a los pobres.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
=== Capítulo segundo ===&lt;br /&gt;
Creçiendo ya en edad, desechando todos los deseos y obras de moza, pensaba de día y de noche cómo, a ejenplo de San Juan Baptista, podría conservar y guardar enteramente su vida sin mancillar; y deçía al Señor: «Demuéstrame, Señor, las tres carreras y enderéçame, Señor, según verdad». Y ansí como virgen prudente i sabia, como fuese ya de doze años, no ensobervezida por la ponpa del linaje, no atraída por vanas amonestaciones de los honbres lisonjeros, no mirando los faustos abundantes del padre, despreçió todos los deseos dañosos del mundo, y renunciando de ese aiuntar a esposo carnal, olvidando la casa del padre, deseó [fol. 255r] solamente la hermosura del Esposo Celestial. Y por que más cauta, más libre y más diligentemente pudiese cunplir su deseo y el negocio espiritual, non curando de la murmuración de las gentes, apartose a un monesterio de monjas de santa conversatión llamado San Pedro de las Dueñas, do era priora una su hermana que mucho la amava. Allí supo y aprendió en poco tienpo el canto y las otras cosas y observancias de la relixión. Creciendo su fama por toda la provincia y sabida su vida y costumbres, por toda parte procuraban y deseavan las monjas de Santa Clara, que son en el monasterio de Tordesillas, que aí tomase su hábito. Esperaban de la elejir por su maior si aí hiziese professión, pero ella, acordándose de lo que Nuestro Señor en el Evangelio dize, por no ser vista de los honbres y no recebir delante dellos el galardón de sus buenas obras y Él por ellas le diese galardón, no huió por pequeñez de coraçón la honrra, mas por verdadera humildad.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
=== Capítulo terçero ===&lt;br /&gt;
Después que aquesta santa virgen fue, como diximos, dotrinada y enseñada de su hermana en las cosas divinales y en la carrera del Señor, demandó liçençia y bendiçión en su hermana, la qual, con dificultad, pero de voluntad, la dio. [fol.255v] Y ansí abida licençia, no como quien torna atrás, mas por voluntad de Dios, tornose a casa del padre. Nunca aún tomara hábito ni velo de religión, y estando en la casa del padre, ençendida por el fuego del amor divinal, codiciando remediar y seguir a Jesucristo, su Esposo, según su flaqueza, negando a sí mesma, se dio con toda voluntad al menospreçio del mundo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Frecuentava andar por las calles de puerta en puerta pidiendo limosna para los encarcelados. Traía en los honbros unas alforjas en que echava los pedazos del pan que en limosna le daban. Tenía por conpanera la santa virgen en su santo propósito a una venerable matrona biuda que se llamaba doña Maior Gómez. Este tan piadoso oficio hazíase contra la voluntad de su padre y hermanos, que deçían ser deshonrados y avergonzados públicamente por el menospreçio de la hija y hermana. Conosçiendo enpero el padre que, por miedo ni por amenazas, por amor ni promesas de bienes tenporales, no quería ni podía ser apartada de su santa intención, diole lugar y no procuró más de apartarla de este santo camino.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Andan entramas la vieja y su aia y la virgen tierna por toda la cibdad de casa en casa; como pobres y peregrinas, vienen entre los dos coros de la iglesia maior, y allí, delante de todo el clero y pueblo, piden por amor de Dios [fol. 256r] limosna. Mucho se maravillan todos y dizen: «No avemos visto alguna que sea semejante a esta entre todas las henbras de aquesta çibdad»; y desde allí iban a casa del padre por reçebir alguna limosna. Y viéndola su padre traer alforjas en los onbros, avían plazer y reíanse. Y ansí como buenos y católicos padres, alçando las manos al çielo, daban graçias al Señor porque les avían dado tal hija; y decían los mançebos y las vírgenes, los viejos y los mozos: «Alaben al Señor, el qual haze maravillas». Y ella conoçiendo dellos aquesto, luego se derribaba a sus pies, besava sus manos dándoles no pocas gracias porque avían plazer de la vida que escojiera.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Acaeçió un día que la dicha matrona biuda y la bendita virgen, continuando su santa obra, andando a demandar por las calles, encontraron con su padre y con el arçobispo, su tío, que hera hermano de su madre, aconpañado de muchos cavalleros nobles. Y como el arçobispo la viese ansí mendigar y la conoçiese, reprehendió a su cuñado porque consentía andar ansí despreçiada a su sobrina, y díxole: «O varón, como seas prudente, ¿por qué consientes a moza tan pequeña, tan hermosa y generosa andar ansí tan despreciada?, ¿por qué tienes tu hija ansí aboreçida?, ¿por qué no la casas con otro su igual?». Al qual [fol 256v] respondió el noble cavallero benignamente: «¿Qué esposo puedo yo dar a mi hija más generoso y más rico que Jesucristo, hijo de Dios bivo? Dejémosla, tomó para sí la mejor parte».&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
=== Capítulo quarto ===&lt;br /&gt;
Después de aquesto, como el dicho rei don Pedro el Cruel, entre otras cosas ynjustas que hazía, persiguiese a donzellas y mugeres nobles y de qualquier estado que fuesen, aquesta honestísima virgen, con otras muchas que se trabajaban de absconder de la cara del muy cruel rei, huyeron a la villa de Talavera, cuio dominio tenía entonces su padre, don Diego García de Toledo. Y aun aí no las dejava estar seguras el temor del cruel rei, mas fue causa que dende se fuesen. Dízese que muchas dellas, por guardar su honestidad, rescibieron muchos daños, ynjurias y persecuciones. Y viendo esto nuestra discretísima virgen y aquella dueña a quien seguía, dubdavan llamando al Señor qué harían, mas Dios, que está açerca de los que le llaman con verdadero coraçón, oídas sus peticiones, endereçó sus coraçones dándoles por guiador el su ángel bueno que viniesen a un pago que se llama aora la Sisla. En el qual lugar hizieron una pequeña morada adonde estuvieron algunos días [fol. 257r] sirviendo al Señor de noche y de día con aiunos y abstinencias, orationes y otros exerciçios honestos y santos y de gran humildad. Y aún entonces no era edificado en aquel lugar un monesterio del bienaventurado San Xerónimo que agora se llama Santa María de la Sisla. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En este tienpo plugo al Señor que çesase la cruel tenpestad por muerte del rei cruel para proveer al miedo de aquestas santas mujeres, las quales con deseo entrañal y continuo pensaban dónde con maior provecho y sin inpedimento pudiesen cunplir mejor su voto a honrra y gloria de Dios. Y alumbradas por el Spíritu Santo, dejaron la solidunbre en que estavan.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En aquel tienpo avía en la çibdad una congregación de mujeres devotas que estavan en la perrocha de San Román, el cuidado y administración de las quales tenía una religiosa persona que avía nonbre doña María de Soria. Y como oiese esta santíssima virgen la fama tan loable e santa de aquestas religiosas dueñas ser sin ninguna reprehensión, la su loable vida cobdiciando obedesçer y ser instruida mucho más en la vida religiosa y ser juntamente regida de la dicha religiosa persona, metiose debajo de su mano para hazer su voluntad en todas las cosas, la qual las reçibió mucho de voluntad, y con gran alegría. Y allí tomó el hábito relixioso según las otras lo traían y después que plugo al Señor [fol. 257v] que aquella noble dueña, doña María de Soria, y el padre y la madre de aquesta virgen loable pasasen de aquesta vida presente, cobdiciava esta santa virgen dexar más perfectamente el mundo, el qual le era ya mucho aboresçible. Y pensando en su coraçón qué haría, decía con toda voluntad aquel verso del salterio: «Tú, Señor, eres bueno; enséñame tus justificaciones». Y luego vendió la parte en que la madre la dejó heredera, y del preçio mercó luego una casa con muchas anchuras en la perroquia de San Lorenço, para que allí en el claustro pudiese su coraçón holgar a Dios.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Finalmente dejaron la otra casa y encerráronse allí, ella y aquella dueña ya dicha. Sabido y divulgado aquesto por toda la çibdad, una honrrada dueña, que se llamava Teresa Vázquez, con otras siete mujeres continentes de mui santa fama, entraron en aquella casa, por que juntas a tan devota conpanía hiziese a Dios un santo colegio a Él mui apacible y a las gentes loable. Las quales, como esta señora de quien dezimos viese ser de tan profunda humildad, y que con aquel despreçio tan maravilloso del mundo con todo coraçón y con entera voluntad se sometían a la pobreza no recusando ningún trabajo, mas con todas sus fuerzas trabajavan por seg[u]ir a su Redentor Jesús, y mirando con tan grande diligençia cómo estavan enbevidas en Dios, amávalas con entrañas llenas de caridad sin ninguna conparaçión y deçía con el psalmista: «Load [fol. 258r] a Dios todas las gentes, porque a confirmado sobre nós su misericordia». Y tornándose al Señor, dezía con fervor de coraçón: «Plégate, Señor, de nos dar graçia que cantemos las tus justicias en este lugar de nuestra peregrinación. Huélgase, Señor, el mi coraçón en ti, porque las flacas están ceñidas de fortaleza». Y en tanto creció la fama de aquesta congregación gloriossa, que en breve tienpo fue aiuntada gran muchedumbre de mugeres religiosas, las quales con coraçón y voluntad tomaron hábito blanco en señal de virginidad y continençia para servir al Señor según la orden del bienaventurado nuestro padre San Xerónimo. Y eligieron todas entonzes de una voluntad por su prelada y religiossa a la dicha señora doña Mari Garçía, la qual contra su voluntad lo açeptó cobdiçiando ser más súbdita que regir.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
=== Capítulo quinto ===&lt;br /&gt;
Era en aquel tienpo un cavallero noble, secretario y capitán mui amado del rei don Pedro el Cruel, el qual era sinple y recto y temeroso de Dios, el qual se llamava don Pedro Fernández. Y como este noble cavallero pensase con el clareçido coraçón cómo avía gastado sus días en la ceg[u]edad del mundo sin ningún serviçio de Dios, con deseo de hazer penitencia y aber [fol. 258v] dolor de sus pecados y guardarse de no ofender más a Dios, negó a sí mesmo según el consejo de Nuestro Señor Jesucristo con toda la casa real, tomando hábito de religión. El qual, con divinal aiuda, fue a Roma y alcanzó liçençia del Padre Santo que pudiese edificar en la provinçia de Toledo un monesterio de la orden del bienaventurado padre San Xerónimo. Y buelto con la liçençia, hedificó el monesterio ya dicho de sus propias faqultades, con aiuda desta señora, la qual no solamente hizo muchas espensas en el edificio material, mas aun dio preciosos hornamentos y joias para el culto divino, con las cuales adornó y ennobleçió el sagrario y sacristía, onde somos ciertos que dio una arqueta pequeña en que se encierra el cuerpo del Señor.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
=== Capítulo sexto ===&lt;br /&gt;
Acabado aquel maravilloso hedifiçio, en breve fue la casa llena de frailes. Viendo esto las siervas de Dios, juntamente con ellos tomaron por padre al bienaventurado nuestro padre San Xerónimo, para que con su tela y anparo, olvidadas las fuerças flacas, por sus merecimientos serviesen varonilmente en el serviçio del Señor: toman el hábito, regla y costumbres de la dicha orden, sométense a los prelados de aquel monesterio, prometen obediençia, demandan que sean regidas dellos, ¡o virtud de maravillosa obediençia!, ¡sola [fol. 259r] digna de ser loada! Quisieron más sujetas obedecer, que esentas y libres errar; esto es verdaderamente negarse a sí mesmo: quando el honbre deja su querer y se dispone para obedezer. Y cobdiciando esta señora de no comer sin trabajar en el serviçio de Dios, alcanzó liçençia del papa que tuviesen aquella misma horden en rezar las horas divinas que los dichos religiosos. Y viendo aqueste santo varón ya dicho, que era prior en el dicho monesterio, la vida de aquesta santa muger ser tan apaçible a Dios, amávala con verdadera caridad, rogando al Señor por su justificatión y cunplimiento devoto y guarda religiosa de aquella santa congregaçión que hasta la fin durase en toda santidad y religión. Otro tanto rogava ella por él: eran estas personas dignas de todo loor en el entrañal amor, que pareçían otro San Francisco y otra Santa Clara, otro San Xerónimo y otra Santa Paula y Eustoquio; eran d’Él consoladas, y disciplinadas, y amonestadas con gran dulcedumbre de caridad en toda perfectión y castidad.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Después de mucho tienpo que les duró esta santa conversaçión con toda honestidad y religión, plugo a la Divina Bondad recebir la penitençia digna y dar fin a ella y a los trabajos deste santo varón, llevándose donde recibiese el galardón del trabajo [fol. 259v] que avía recebido en plantar aquella biña del Señor, la qual labrava con el arado de la religión para que, después que la oviese podado con santas amonestaciones, mereciese aver della el fruto que esperava, que es el Çielo. Y si acaso algunas vezes alabavan a esta señora algunos çibdadanos de su honestidad y abstinençia o de otras obras virtuosas, dezía ella: «No es de algún valor lo que yo hago; mis hermanas lo hacen por alunbramiento del Espíritu Santo». Y viendo esta santa mujer que en las enfermedades la estavan sirviendo las hermanas, deçía sin toda dobleza, pensando ella en su coraçón ser indigna de aquel serviçio: «¿Dónde vino a mí tanto bien? ¡O, qué más hermosas donzellas pudiera yo tener en el siglo que ansí cercasen mi cama, las quales veo ser mucho más sufiçientes que io para esta administraçión, por hermosura de virtudes delante de Dios!».&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y como esta santa muger viese adornadas las mujeres del siglo de contraria hermosura con diversidad de adornados trajes, y que las caras hechas a semejanza del Criador estavan cubiertas con diversos ungüentos y afeites, por artifiçio digno de condenaçión, quiriéndolas reprehender, dezíales con palabras dulzes: «Mirad que ofendéis mucho al Señor y que si más con coraçón endureçido [fol. 260r] usáis de esta apostura, que ansí como personas que con deliberación pecan en el Spíritu Santo, yrán a la damnaçión perdurable, que aún el tal pecado no se quita ligeramente por la penitençia». Todo género de timiama o de qualquier espeçie odorífera ansí lo aborreçía y huía como si fuera un pozoñoso veneno. Dezía ella a las que usavan destas cosas odoríferas: «No conviene que la carne que está aparejada para ser mañana queva de gusanos, llena de toda miseria, aia alguna delectaçión». Nunca consentía su ánima ser ensuciada en jactancia, aunque fuese alabada de la prelaçía, o de la dignidad de los parientes, o de la hermosura del cuerpo, o de la honestidad de las costumbres, o de qualquier obra de perfeçión que en ella era; y si alguno por honrrarla le dezía “Vuestra Merced”, “Reverencia”, o otras palabras semejantes, dezía: «¿Dónde yo, un tan mezquino gusano en menospreçio, soi dicha tener merçed, como a Dios sea la honrra y gloria para sienpre?». ¿Qué podré yo dezir de la perfeción de esta? Sino que tomó tan alto grado de humilldad y de sinpleza recta y temor del Señor quanto la humana natura pudo consentir estar alguno de los mortales. Si líçito es dezir, puede bien tenella la Iglesia como a otro Job, y como ya la luenga hedad la agraviase mucho, aviendo pasado ya ochenta años de su vida con mucho fruto, con la gran vejez tenía perdido los sentidos exteriores en parte, [fol. 260v] mas con este inpedimento sienpre crecía más en los sentidos ynteriores y tenía más y maiores fuerças espirituales. Y como ansí ynpedida no pudiese oír el relox, mandava que pusiesen dentro en la celda un gallo que la despertase a la medianoche para ir a maitines; nunca o apenas fue hallado ningún día que casi desde su niñez no se levantase a la medianoche a alabar al Señor, aunque tuviese enfermedad de grande trabajo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
===Capítulo séptimo===&lt;br /&gt;
Pasado este tienpo con tanto fructo que la piedad divinal dar quiso a su pelea y su inmensa bondad y justicia, quiso dar el galardón a esta su sierva, que corrió sin tardanza por la carrera. Y llegada al postrimero día, pensaba la quenta que avía de dar de aquella maiordomía. Y ansí como ella en la vida avía instruido a sus hijas en el serviçio divinal, ansí quiso consolar y esforçallas en el postrimero día de su vida a exenplo de nuestro padre San Xerónimo, amonestándoles con toda afectión que no tornasen atrás ni desfalleçiesen en aquel camino espiritual, mas perseverando viniesen a la fin con vencimiento de la pelea para que pudiesen gustar y gozar de la bienaventurança perdurable, para lo qual es necesario que con toda humilldad y menospreçio y mortificatión perseveren. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Avía entonzes en el claustro veinte y cinco [fol. 261r] beatas, las quales ella todas mandó llamar con gran alegría, siguiendo el exenplo de nuestro padre San Xerónimo. Y de que fueron todas llamadas, abraçolas y dioles paz diçiendo: «Amadas hijas, acordaos cómo, no por nuestros merecimientos, mas por su sola misericordia y bondad aparta el Señor a nós, para sus siervas, de las tinieblas del siglo y nos trujo a esta esclarecida solidunbre, adonde vos ruego que no seáis de poco corazón fingiendo vos ser flacas para perseverar en la religión; oíd, no a mí, sino a Vuestro Maestro, que dize: “Mi jugo es suave y la mi carga liviana”. Oíd otra vez que dize: “El que pone la mano al arado y torna atrás no es capaz de el Reino de los Çielos”». Y dichas estas cosas y otras de grande edificaçión, llamó a cada una particularmente y amonestávala con aquel deseo que según su calidad y manera le era menester. Ca como ella desde sus primeros comienzos las ubiese instruýdo en las doctrinas santas, conoçía el corazón de cada una tan perfectamente que por verisímiles conjeturas, antes de su muerte, dijo a algunas dellas lo que les avía de acaezer acerca de la perfectión en las virtudes o si avían de errar en los viçios y en otras semejables cosas, casi por espíritu de profeçía. Después de esto, encomendó a todas dos [fol. 261v] cosas: y es que guardasen en sí un mandamiento y un consejo. El mandamiento, que se amasen unas a otras y que con toda caridad cada una sufriese soportando la carga de la otra por que pudiesen estar en paz y en concordia; el consejo, que estuviesen sienpre en el claustro guardando mucho silençio, ni quisiesen ser vistas por las calles, y huyesen mucho de comunicar con los seglares, porque guardando estas dos cosas se apartasen del lazo del Enemigo, que busca de contino a quien trag[u]e.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y oiendo estas cosas y otras muchas, aquellas devotísimas hermanas no se podían abstener de no llorar porque, aunque era cosa razonable que ubiesen plazer de la subida de su madre al Çielo, piadosamente lloraban viendo ser desanparadas de tal madre. Y viéndolas ella llorar, comovida a conpassión dezía: «No queráis más llorar en vano, pues el Señor puso término a mis días, los quales no puedo pasar mas conformada con su voluntad. No creades que io os dejo, porque a Él plazerá de vos tomar en su anparo y guarda si os apartáis del mal y le servís con toda virtuosa obra y cunplida bondad». Y diziendo: «Quede el Señor con vos», demandó la unçión, y después que la recibió en esa hora, estando meneando los labios con oraçión al Señor sin esprimir lo que deçía, deçen-[fol. 262r] dió un raio de claridad sobre su cara, viéndola algunas de las que estavan presentes, y ella avía gran plazer de lo que con sus ojos veía, y alçando las manos en alto, puestos los dedos en señal de cruz, durmió en el Señor. A diez días de enero año de mill y quatrocientos y veinte y seis años.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
===Capítulo octavo===&lt;br /&gt;
&#039;&#039;[2]&#039;&#039;&lt;br /&gt;
Luego que espiró, fue llevado secretamente su cuerpo al dicho monesterio de Nuestra Señora de la Sisla y sepultado con grande honra cerca del altar maior, y esto fue hecho porque se esperava gran disensión entre los çibdadanos sobre el enterramiento del cuerpo y ansí fuera inpedido de llevar al dicho monesterio donde ella, quiriendo aun en su muerte huir la vanagloria, se mandó enterrar; que pudiera çierto ser sepultada dignamente y con grande reverençia en la iglesia maior de la dicha çibdad, açerca de su tío, el arçobispo don Álvaro.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y para más loar s[u] esclarecida vida, podríamos contar algunas senales y dezir algunos miragros que parecieron en su muerte y fueron hechos por el tanimiento de su cuerpo, lo qual piadosamente creemos, pues personas [fol. 262v] relixiosas y dignas de toda fe, sin ninguna adulación dan testimonio dello, mas pues que hasta aquí esta santa Yglesia lo calla, somos por necesidad constrenidos a callar; una cosa sabemos de çierto que nos constrine a hablar, que fue su voluntad en la lei del Señor, pensando de día y de noche, en cuia boca no fue hallado engaño. Y por esto creemos firmemente que no recibió en vano su ánima, que fueron aquestas senales y miragros manifiestos a todos en la su historia que tiene el vulgo. Cosa digna fue y no de maravillar, amadas hermanas, que la cibdad real donde descendió la Reina de los Ángeles con tan gran muchedumbre de coros de vírgenes quedase con el fruto de aquesta virgen, que con santidad de vida entre las otras vírgenes la pudiese seguir y alabar. Y si queréis vos, sus hijas, alcanzar a loar a la Madre de Dios con aquellos espíritus bienaventurados con entrañas llenas de caridad, vos amonesto y con grande amor espiritual vos ruego que sigáis las pisadas de la madre y guardéis su dotrina y os acordéis de sus amonestaciones y sienpre la tengáis delante de buestros ojos por singular exenplo, examinando con diligençia lo que ya avéis oído y otras cosas que no basta mi lengua para recontar.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
¡Quán [fol. 263r] suave fue su mansedunbre y quán marabillosa su honestidad y linpieza! Considerad su profunda humildad y quál fue su sinple prudentia llena de todo temor de Dios. Por las quales mereció Dios, siendo en su aiuda, venzer a los enemigos en tan grandes peleas con gran vitoria. Sobre todo, vos amonesto que, perseverantes en la santa religión, conviene que paséis por fuego y agua; conviene saber: por adversidades y tentaciones, por las quales, mereciendo ser dignas de la gloria, haziendo todas las cosas perfetamente, digáis aquello que el Salvador nos amonesta por San Lucas, a los diez y siete capítulos, diçiendo: «Quando hiziéredes todas las cosas que vos son mandadas, dezid: “¿Siervas somos sin provecho. Solamente hicimos lo que devíamos”», en tal manera que los bienes que con el aiuda y inspiratión del Spíritu Santo fazéis, no los perdáis delante de Dios por el loor de los honbres o con presunçión dañosa de dentro del corazón los hagáis sin provecho. De lo qual oíd aquella semejança del Salvador de las diez vírgenes, çinco prudentes y çinco locas, de las quales dize San Gregorio: «Todas se llaman vírgines, mas no todas son reçebidas dentro de la puerta en [fol. 263v] la bienaventurança, porque, como faltase el açeite a las vírgines sin seso, fueron a conprarlo; conviene saber, yendo a buscar el testimonio de sus buenas obras delante los honbres recibieron su galardón. Vino el Esposo y las que estavan aparejadas entraron con él a las bodas». De lo segundo, oíd lo que el apóstol las dize: «Pienso, hermanas, que no son dignas las pasiones deste mundo para alcanzar la gloria que esperamos, y otra vez el galardón del pecado es muerte, el de la graçia es vida para siempre, la qual a mí y a vos quiera de Jesucristo, Hijo de Dios, el qual sufrió por nós pasión, que con el Padre y Espíritu Santo vibe y reina, un Dios para sienpre jamás. Amén».&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
===Responso===&lt;br /&gt;
Madre nuestra mui hermosa, que menospreciaste todas las cosas prósperas del siglo y por no ensuçiar tu vida dejaste el mundo asconjiendo a solo Jesucristo, dístenos camino siguiendo a Nuestro Maestro. Abnegando a ti misma, venciste al Enemigo. Presa: Agora gozando de santa gloria ruega por nós, desterradas, por que después desta batalla seamos aiuntadas a la çibdad soberana. Verso: ¡O bienaventurada [fol.264r] virginidad que excede todas las virtudes, que pasando por fuego y agua es llevada a la gloria que jamás le será quitada! Pressa: Agora. Verso: Gloria sea al Padre y al Hijo y al Spíritu Santo. Responso: Madre nuestra. Verso: A esta escogió Dios así en sierva. Respuesta: Por que diese a nós flacas fuerzas. Oratión: Dios todopoderoso, que, con la grandeza de tu bondad, tu Santa Yglesia hordenas y rijes, y en nuestros tienpos para exenplo y fortaleza de la flaqueza femínea quisiste escoger a nuestra cibdadana Mari Garçía, virgen, para que fuese del cuento de las escogidas, devotamente  te suplicamos oigas nuestras orationes y gemidos, y benignamente recibas la flaqueza de nuestros pequeños serviçios, y por los piadosos ruegos de aquesta santa madre y patrona nuestra piadosamente nos otorges que sienpre encedidas en tu santo amor, fijas para sienpre, permanezcamos en tu santo temor por que en el postrimero juicio al juez recibamos con lánparas adornadas de santas obras y nos lleve consigo a las bodas çelestiales el verdadero Esposo de las vírgines, Jesucristo tu Hijo, Nuestro Señor, el qual contigo y con el Spíritu Santo vibe y reina un Dios para sienpre jamás. Amén.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Finis: Fray Bonifacio de Chinchón &#039;&#039;[3]&#039;&#039;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
=== Notas ===&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&#039;&#039;[1]&#039;&#039; Apostilla marginal: «que ahora se llama de San Pablo».&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&#039;&#039;[2]&#039;&#039; Tachado: dézimo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&#039;&#039;[3]&#039;&#039; Rubrica&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
= Vida manuscrita (2)=&lt;br /&gt;
Ed. de [http://visionarias.es/equipo/celia-redondo-blasco/ Celia Redondo Blasco] y María Morrás; fecha de edición: abril de 2017.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
== Fuente ==&lt;br /&gt;
[[Archivo:II María García.jpg|250px|right|Manuscrito|link=]]&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
* [http://catalogodesantasvivas.visionarias.es/index.php/Categor%C3%ADa:Juan_de_la_Cruz Cruz, Juan de la], 1591. &#039;&#039;Historia de la Orden de S. Hierónimo, Doctor de la Yglesia, y de su fundaçión en los Reynos de España&#039;&#039;. Esc. &amp;amp;-II-19 fols. 208v- 217r.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[[Contexto material del manuscrito de El Escorial, MS &amp;amp;-II-19]]&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
== Criterios de edición ==&lt;br /&gt;
Dado que se trata de una copia manuscrita que no puede ser muy posterior al autógrafo, los criterios de edición son conservadores.&lt;br /&gt;
La lengua del texto refleja bien las características fonéticas y gráficas propias del siglo XVI, sin que se hayan podido observar rasgos dialectales, pues el vocalismo en formas como  monesterio y desgusto son muy habituales.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Se mantienen los grupos cultos, que podrían ser reflejo de la obra latina que dice haber consultado el autor, o simplemente mostrar el uso eclesiástico: &lt;br /&gt;
s líquida en Spirito Sancto y en el latinismo specie &lt;br /&gt;
formas cultas como –mpt- en Redemptor, th en thesoro (y Theressa), ph en propheta, -gm- en augmento&lt;br /&gt;
-l-  geminada en collegio, bulla&lt;br /&gt;
Otros grupos dobles: successo, -ct- (sanct y sus derivados)&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Sibilantes:&lt;br /&gt;
La oscilación entre –ss- y –s- intervocálica cuando etimológicamente es sorda o procede de un grupo –ss- en latín es mínima. En general, escribe correctamente los vocablos  (necessitad, promessa) o las formas latinas que con –ss- (superlativos: honestíssima, religiosíssima; formas verbales de subjuntivo (fuessen, entendiesse, diesse, etc.) o por razones etimológicas (essos). Sin embargo, también se encuentran formas simples intervocálicas (deseos, mereçiesen, perseverases, moviesen, guardasen). Sin embargo, en general parece distinguir entre la sorda /s/ y la sonora /z/, como indica la hipercorrección Theressa, por lo que se mantiene la grafía original.&lt;br /&gt;
Las fricativas en cambio indican confusión entre sonoras y sordas (doncella/donçella en lugar de donzella, etc.), pero se mantiene la forma original por su interés lingüístico.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Se mantiene el uso de la y en los diptongos decrecientes (oýd, caýda, cuydado, etc.), así como la oscilación entre v/b. Se conserva la –ll en humilldad y humillde porque parece que el copista (y quizá el autor) lo consideran grupo culto; también se mantiene la h- aunque sea anti-etimológica en  hedeficio y hedad.&lt;br /&gt;
Se conserva dello, desto, etc., pero se separa mediante apóstrofe cuando la forma aglutinada incluye un pronombre personal: d’él.&lt;br /&gt;
Se regularizan alternancias gráficas sin valor fonético:&lt;br /&gt;
i/j&lt;br /&gt;
u/v.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
La puntuación y la capitalización han sido modernizadas, si bien se mantiene el uso del paréntesis para indicar observaciones digresivas según el original.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
== Vida de María García ==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
=== Capítulo veynte y quatro ===&lt;br /&gt;
&#039;&#039;&#039;De cómo se fundó el monesterio de religiossas de sanct Pablo de Toledo por doña María Garçía, y del fervor después que tuvo esta sancta muger desde su tierna hedad, y en las buenas obras que se ocupó con gran menosprecio de sí misma&#039;&#039;&#039;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En una escriptura bien antigua escripta en latín se halla la fundación del monesterio de sanct Pablo de Toledo y de su fundadora doña María Garçía, que después de muchos años que en él vivió con muchas siervas de Dios que tuvo en su compañía acabó sus trabajos en este que se va prosiguiendo &#039;&#039;[1]&#039;&#039; de mill y quatroçientos y sesenta y cuatro. Y es digna cosa que se ponga en este principio y fundaçión del monesterio de Sanct Pablo de Toledo, para que se sepa la vida maravillossa de esta sierva de Dios doña María Garçía, y vea y entienda, que en tiempo que tanto se olvida la charidad y abunda la maldad, quiso Nuestro Señor despertar esta su sierva fiel, cuya vida honesta, llena de buenas y sanctas costumbres, y del menospreçio del mundo y de lo que él promete y representa, se escrive aquí, juntamente con la fundación. Y será con la brevedad que dieren lugar las muchas y muy notables cosas que ay que dezir aprovechándome en parte de la dicha escriptura y de otros lugares que harán a este propósito.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Pues en el tiempo que reynava en Castilla el rey don Pedro, fue un cavallero principal en linage y sangre que se dezía don Diego Garçía de Toledo, casado con Doña Constança, hija de Hernán Gómez y hermana del Arçobispo de Toledo, don Álvaro. A estos cavalleros, don Diego Garçía de Toledo y doña Constança, dio Nuestro Señor una hija, después de otros muchos que tenían, de particular hermosura y graçia, que sobremanera la querían, miravan y estimavan sus padres como singular benefiçio que Dios les avía querido hazer. Y en una voluntad (que la tenían en todas las cosas y eran justos delante de Dios) se la ofreçieron como décima parte de sus bienes, poniéndole nombre María [fol. 209r] y el sobrenombre de su padre, y ansí se llamó siempre doña María Garçía. Pusieron mucho cuydado sus padres en criarla y que se afiçionase al temor y amor de Dios y a las sanctas costumbres. Apenas sabía hablar (como dizen) quando se fue conoçiendo en ella el spíritu que Dios quería declarar en su favor porque en ninguna cosa pareçía niña, sino llena de discreçión, de la que el Spíritu Sancto pone en las almas donde reside. Quando tuvo alguna discreçión, no solo no menospreçió el voto y ofreçimiento que sus padres tenían hecho, mas ella, con gran voluntad le confirmó, abraçó y amó, y desde luego tuvo tanto fervor en el amor de Dios que se conoçió que más eran órdenes del Spíritu Sancto y graçia divinal que consejo de hombre humano. En esto seguía el del propheta, que desde su niñez endereçó sus pensamientos al Señor muy alto, y dello dio buen testimonio su vida maravillossa, que aún en aquella tierna hedad se apartava a los lugares secretos a hazer oraçión huyendo de los que la podían ver en casa de sus padres y de los juegos y cosas que en tal hedad se suelen exerçitar y entretener los niños. Era pobrezilla de voluntad, y aun no havía oýdo el Evangelio y deseaba ya hazer thesoro en el Çielo, teniendo gran cuydado de los pobres de Jesuchristo, recogiendo las migajas que caýan de la mesa de sus padres. Y los pedazos de pan que sobraban de su comer, con todo lo demás que podía haver y recoger, lo guardava y escondidamente lo dava a los pobres.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Quando llegó a la hedad creçida, y desechados los deseos de la moçedad, pensaba de día y de noche cómo podría, a exemplo de san Juan Baptista, conservar y guardar con toda entereza su vida y limpieza, y decía con el psalmista: “Muestrame Señor tus carreras y endereçame según tu voluntad”. Como era ya de doze años y no se aficionase a la vanidad del linage, ni a la abundancia y trages de la casa de sus padres y amonestaçiones de los lisongeros, pasó por todo ello como virgen prudente y sabia despreçiándolo, con todos los deseos dañosos del mundo, deseando solamente ser agradable al Esposo Çelestial. Para poner con más brevedad en exerçicio los propósitos y los deseos sanctos que tenía, olvidando la casa [fol. 209v] de sus padres se apartó a un monesterio de monjas que se dezía sanct Pedro de las Dueñas (que estaba adonde después hedificó el cardenal don Pero Gonçález de Mendoça el hospital insigne que dizen de la Cruz) y adonde era priora una hermana suya que la amava y quería como era razón. Recibiola con gran voluntad y en poco tiempo aprendió y supo el canto y las otras obediencias de la religión, para que aprovechase dello y servir a Dios, adonde le encaminase de tomar el asiento que avía de tener. Entendida por muchas partes su vida y costumbres, muchos monesterios de religiossas la deseaban tener en su compañía, y particularmente el de Sancta Clara, de la Villa de Tordesillas, que le ofreçieron que en pocos años sería su perlada si quisiese tomar allí el hábito y la professión, y le sería la vida de mucho contento y descanso. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Ninguna cosa le movía a la sierva de Dios, porque ni eran essos sus pensamientos ni havía entrado en su camino y deseo gana de querer y apeteçer de ser perlada, sino sierva humillde, y por esta humilldad lo menospreçiava todo y lo hollava y acoçeava todo, y no quería que los hombres la viessen sino en este menospreçio, ni reçibir dellos el galardón de sus obras, si algunas tuviese que fuessen buenas y aceptas a Nuestro Señor, y d´Él quería el premio y galardón, y entrar en su apartado cubículo a solas (como lo dize el Sancto Evangelio) para que solo Él la entendiesse y diesse la retribución conforme a los merecimientos. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Después que se detuvo en aquel monesterio algunos años y sabía ya bien las observançias de la religión que se praticavan y enseñavan en él (y sin haber tomado hábito ni manera de religiossa), pareçiole que era bien bolverse a la casa de sus padres, más por voluntad de Dios que lo inspirava que por tener gana de bolver atrás de sus buenos y sanctos propósitos. Pidiole licençia para ello a la priora, su hermana, que con mucha dificultad y gran desgusto se la huvo de dar. [fol. 210r] Y ansí se fue como lo avía dicho a la casa de sus padres. Aunque estava en ella y vivía entre los hermanos y criados de casa, y pareçía que se havía buelto al mundo como cosa que le dava gusto y contento &#039;&#039;[2]&#039;&#039;, andava tan abrasada y ençendida en el fuego del amor divino que siempre pensaba, codiciava y tratava cómo seguir y ymitar (según su flaqueza) a Jesuchristo, su esposo. En lo que asentó, después de muy mirado y consultado y pedido a Nuestro Señor, fue negarse a ssí misma y no mirar a su hedad y flaqueza y que era muger, ni a lo que podrían decir y juzgar los hombres faltos de consideraçión, y con esto començó a darse al despreçio suyo y de las cosas mundanas, y tomó consigo, como aya y compañera, a doña María Gómez, matrona biuda y noble, que con una misma voluntad la quiso acompañar en sus designos y trabajos. Su principio fue començar a andar por las puertas de los vecinos de la ciudad a pedir limosna cada día, públicamente, para los pobres necessitados. Pues dezir que llevavan en su compañía quien recogiese las limosnas y pedaços de pan que les davan, era cosa de bendezir a Dios en sus marabillas, que la donzella pobre de Jesuchristo llevava sobre sus ombros una talega o alforja en que las echava, con un fervor y ánimo de hazer serviçio en ello a su esposo que no aprovecharon promessas, ruegos ni amenazas de sus padres para apartarla dello, y ansí la dexaban continuar su sancta ocupación y daban lugar a ello aunque no dexavan de sentir ellos y los hermanos de la sancta donzella alguna afrenta de aquel menospreçio tan público. No dexavan por esso las dos su exerçiçio cotidiano de andar por las calles de la çiudad pidiendo limosna como pobres peregrinas, y estavan en la sancta yglesia mayor entre los dos coros al tiempo que los canónigos salían de las horas, que los ponían en confusión y compelían a que les diessen muy buenas limosnas. Desde allí pasavan con las que llevavan en sus alforjuelas a la casa de sus padres, y ya era para ellos de gran consuelo y regalo ver de aquella manera a su hija, y la animavan y esforçavan en ello (aunque por otra parte la carne y la sangre hazían su oficio en [fol. 210v] sentir aquel difraçe). Pero pasados los primeros días, y viendo a su hija contenta, y que era bien inclinada, devota y charitativa con los pobres de Jesuchristo, no había cosa temporal que para ellos se les pudiesse comparar a esto. Bendezían a Dios y alçavan las manos al Çielo con mucho plazer y alegría, haziéndole infinitas gracias por haverles dado hija que aun antes de tener discreçión ni hedad había en la tierra vida çelestial y obrava en ella tantas marabillas. Todos los de su casa, hijos y criados, hazían lo mismo, y la sancta donzella, con una profunda humilldad y llena de spíritu de Dios, se derribava a los pies de todos besándoselos, agradeciéndoles el contento que mostravan de la vida que seguía. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Acaeçió un día que andando pidiendo limosna por la çiudad la sancta donçella con su compañera por no perder costumbre de remediar a los que tenían necessidad, que encontraron en una calle al arçobispo de Toledo, su tío, hermano de su madre, y a su mismo padre, que le acompañava con otros cavalleros y gente principal de la çiudad, y quando el arçobispo vio a su sobrina en aquella postura que llevava y cargada en los hombros la talega con las limosnas que había recogido, volvió a su padre y díxole con algún enojo y como reprehendiéndole: “Mucho me maravillo, que como seáis hombre prudente, no remediéys un desconçierto tan grande como este y consintáys a una hija de tan poca hedad y tan hermosa y de linaje, que es que ande ansí despreçiada y con tanta libertad que days a entender que la tenéys aborreçida, pues no la recogéys y tratáys de casarla con otro que sea su igual”. El cavallero prudente le oyó y respondió con mucha mansedumbre y en breves palabras le dixo: “¡Qué esposo le parece a Vuestra Señoría que puedo yo dar a mi hija más rico y generosso que a Jesuchristo, Hijo del Padre Eterno! Por ventura podemos resistir al Spíritu Sancto. Ella ha escogido este estado por la mejor parte y yo no se le quiero estorvar, ni me pareçe que se açertaría en ello”. [fol. 211r] El arçobispo calló con esta respuesta y no supo qué le replicar, entendiendo que aquello era obra de Dios.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
=== Capítulo veynte y çinco ===&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&#039;&#039;&#039;Cómo desde algunos días dexó de pedir las limosnas la donzella y virgen de Jesuchristo, doña María Garçía, y se recogió en una hermita de Nuestra Señora de la Sisla con su compañera, y después al monesterio que fundó de Sanct Pablo&#039;&#039;&#039;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Entre otras cosas mal hechas que en aquellos días hazía el rey don Pedro era desasosegar y perseguir donzellas y mugeres nobles de qualquier estado que fuessen, por sus desordenados apetitos, y esta honestísima virgen, con el temor que le causaba esto, se fue (con otras muchas señoras principales del reino que procuraron esconderse de la persecuçión del Rey) a la villa de Talavera, que estava allí su padre don Diego Garçía, que era casi como señor della y beneficiaba sus possesiones y heredades, que eran muchas la que en aquel lugar tenía. Aun estando allí la sancta donzella con sus acostumbrados exerçiçios y ocupaçiones de oraçión y meditaçión, no estava con toda seguridad porque veýa que otras padeçían grandes trabajos por la guarda de su honestidad, y esto le puso en cuydado de pensar en buscar otro medio y asiento que fuesse más seguro, y no andar con temores y desasosiego. Pedía de veras a Nuestro Señor dispusiesse lo que más havía de ser serviçio suyo, y como está cerca de los que con ánimo verdadero le llaman y quieren, endereçó su deseo que se fuese a Toledo a un término que dezían de la Sisla (adonde es de creer que el ángel la guió con su compañera doña María Gómez) y allí hizieron una casilla pequeña para recogerse, arrimada a la hermita de Nuestra Señora que dezían de la Sisla, y en ella estuvieron algún tiempo sirviendo a Nuestro Señor en ayunos, vigilias, oraçiones y otros exerçicios honestos de humilldad y de sanctidad, hasta que fue servido que [fol. 211v] cesasse la causa del temor con la muerte del Rey Don Pedro.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Aun no estava criada en aquel tiempo la orden de Nuestro Padre San Hierónimo en estos reynos de España, pero pocos años después se confirmó por la sede apostólica y dio el hábito que se use en ella, y se hedificó el monesterio tan principal que oy se vee en Toledo, en la hermita de Nuestra Señora de la Sisla, que dexó la bienaventurada doña María García.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Muerto, pues, el rey Don Pedro, daban orden aquellas sirvientas de Dios de dexar aquella soledad de la Sisla, que la tenían grande por estar tan apartadas de la çiudad, y entendieron que en ella havía una congregación de mugeres devotas y honestas en la perrochia de San Román y tuvieron su aviso y consejo para yrse a aquella sancta compañía y subiectarse a la administradora doña María de Soria, que las reçibió con grande alegría, y de consentimiento de todas las religiossas les dieron el hábito y vestido que ellas traýan. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Por todo el tiempo que vivió la administradora María de Soria, estuvo en aquella casa la sierva de Dios y virgen doña María Garçía, y quando vio que era muerta y que también lo eran sus padres y pasado desta vida al Çielo, le dio más ganas a doña María Garçía de dexar del todo el mundo y el trato d’él, y asentar para siempre en un lugar; y pidiéndolo al Señor dezía con el psalmista: “Tú, Señor eres bueno, enséñame tus justificaçiones”. En ninguna cosa sentía el gusto que pretendía si no era en el puro spíritu y amor de Dios, y siempre andava con cuydado adónde havía de permaneçer y qué estado era el que havía de escoger. La hazienda que heredó en Belilla de su madre la vendió luego y compró una casa grande con mucho aposento en la perrochia de Sanct Lorenço, a donde se pasó con su compañera doña María Gómez, y allí asentaron sus deseos y perseveró hasta la muerte. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Entendida en la çiudad esta traslaçión de doña María Garçía, no le faltaron personas de calidad [fol. 212r] que por su devoçión y afición se inclinaron a seguirla, y una dellas fue ^doña^ Theressa Vázquez, persona noble y principal, con siete mugeres de buenas costumbres, fama y christiandad, que se fueron a amparar a ella, por solo servir a Dios y serles compañeras en la vida sancta y exemplar. Este, pues, fue el primer principio de fundar y plantar aquel collegio de Sanct Pablo de Toledo, que oy es monesterio, que desde que entonçes començó hasta oy ha floreçido y floreçe gran religión y mucha sanctidad, como en el processo desta escriptura se yrá mostrando hasta el cabo della. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El primero fundamento del monesterio de Sanct Pablo de Toledo fue este, y estava ya con grande gozo y contento la sierva de Dios doña María Garçía viendo el fervor de las nuevamente allegadas, y ansí las quería y amava con entrañas llenas de charidad, y animava a perseverar trayéndoles lo del psalmo: “Load a Dios y alabadle, pues ha confirmado sobre nós su misericordia”. Bolviéndose a Nuestro Señor dezía: “Suplícote que te sirvas de darnos graçia, que cantemos tus justicias en este lugar de ^nuestra^ peregrinaçión, que en él queremos perseverar, y en las alabanças divinas”. Fue creçiendo tanto la buena reputaçión de aquella congregaçión en observançia y conversaçión sancta y religiossa, que en pocos años se les allegaron otras muchas a su compañía, las quales, quando vieron que la orden de sanct Hierónimo començava y resplandeçía el nombre della, y estava ya hedificándose el monesterio de la Sisla y con algunos frayles, pareçióles bien su manera y hábito.  Y con un ánimo y voluntad lo escogieron y se vistieron del hábito, escogiendo y eligiendo por su priora y prelada a la religiosíssima doña María Garçía, que lo hubo de aceptar por sus ruegos y ymportunaçiones, porque por su voluntad deseaba antes ser regida que regir, y súbdita que prelada.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Viéndose la devota sierva de Dios con aquella carga y cuydado de priora, y que traýa vestido el hábito de la sagrada orden de nuestro padre Sanct Hierónimo, començó a comunicarse y tractar al sancto varón fray Pedro Fernández Pecha, que era prior de la Sisla, que se ocupaba en hedificar aquella casa, y a mostrarle voluntad [fol. 211v] y aun a favorecerle en su obra del monesterio y claustro, que le fue de grande favor y ayuda para acabarlo con más brevedad. Para la sacristía y culto divino dio muchas cosas y ornamentos de valor, y hasta se sabe que la arquita pequeña de plata adonde se çierra el sanctíssimo sacramento la dio y ofreció esta sancta muger.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Las plácticas y conversaçión destos dos siervos de Dios, fray Pedro Fernández Pecha y doña María Garçía, todas se ençerravan en sanctidad y qué observancias se tenían de guardar y acrecentar en la religión, y la solemnidad del culto divino, no olvidándose del cuydado que havía de haver en la oraçión y amor y serviçio de Nuestro Señor de noche y de día, que no pareçían en sus plácticas, tracto y conversaçión, sino otro Sanct Hierónimo y Sancta Paula, y Sanct Francisco y Sancta Clara, que se conoçió bien por los efectos que se obraron, encaminados todos al Çielo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Doña María Garçía y sus seguidoras no se contentaron solamente con traer el hábito de la orden del glorioso nuestro padre Sanct Hierónimo sino que quisieron guardar la regla, estatutos y ceremonias que la orden tenía, guardava y professava. Y porque aún en aquellos días no estavan unidas las casas que estavan fundadas en el hábito de la orden, ni tenían superior general, dieron aquellas religiossas la obediençia al prior de la Sisla y a sus sucessores, confirmando esto y el dezir de los oficios divinos por bulla apostólica, aunque no tenían professión ni encerramiento de monjas, sino de beatas recogidas, queriendo con todo esto subiectarse al estilo y manera de la orden y negar su voluntad y libertad hasta la muerte, sin buscar otra manera nueva ni hazer más mutaçión. &lt;br /&gt;
Pedía esto de veras y muchas vezes la sierva de Dios en su oraçión y petición, por sí y por las hermanas, y que mereçiesen el spíritu de perseverançia como convenía a su salvaçión, y no se olvidava, ni aun desconfiava, de lo que el Sancto Evangelio promete a este propósito en aquellas palabras, “El que perseverase hasta la fin será salvo”, que no hazían en ella menos impressión que si las estuviera oyendo de la boca de Jesuchristo Nuestro Señor, y, [fol. 213r] puesta a sus pies como la Magdalena, era doña María Garçía en la compostura y hermosura como un ángel, y de sosiego y mansedumbre increýble, y tenía una quietud y reposo en la conçiençia y una serenidad en el alma (parecida a lo del Çielo) que ninguna cosa próspera ni adversa pareçía mudarla. Del sanctíssimo sacramento era grandemente devota, y reconocía ser aquella la fuente y manantial de todo el bien de las almas, y allí procurava coger quanto havía menester para ser rica.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En muchos años no tuvo nombre de monesterio la casa de Sanct Pablo de Toledo, sino que pasó con nombre de “congregaçión de beatas de la orden de San Hierónimo”, y no por esso se diferenciavan en nada en las observançias, cerimonias y guarda de la religión. La priora era la primera en todas las asperezas y trabajos, y la que más se mostrava y resplandeçía en toda perfectión y sanctidad. En la humilldad y simpleza recta y temor de Dios tuvo tan alto grado quanto se puede consentir en muchos de los mortales, y si es lícito dezir que la pueden tener en esto como a otro Job. De todas era amada, querida y respetada, y atraýa con esto a muchas a querer su trato y compañía, porque solo su exemplo y sancta conversaçión bastava a reformar lo que con mucha diligencia y buenas razones y trazas no hizieran muchas en muchos días y años. Algunas personas prinçipales de la çiudad la visitavan, y todas las pláticas y conversaçión que con ellas tenía eran de la gloria y amor de Dios, y a las que veýa que llevavan los rostros disfraçados con afeytes, y con demasiadas galas y vestidos, queriéndoselo reprehender lo dezía con palabras dulces y blandas, y con un deseo que se moviesen a escusar las ofensas de Dios que de aquello podría haver. Todo género de curiosidad y qualquiera specie odorífera huýa y aborrecía como si fuera veneno ponçoñoso, y dezía a las que usavan dello que no era menester aquella deleitaçión a la carne, que está llena de aquestas miserias y tan çerca de ser (con brevedad) manjar de gusanos. No se deleytava en las jactancias, ni consentía ensuziar su coraçón con ellas, aunque unas cosas le dixesen en su alabança o del govierno tan conçertado que tenía en su monesterio, [fol. 213v] y de su hermosura y nobleza de linage; antes lo aborrecía y se tenía por gusano y por la más vil criatura criada, y de más despreçio y menos partes de que alabarla, y que la gloria y onra de todo se havía de atribuyr a Dios. Con estos exemplos, animava la sancta priora a sus hijas y las esforçava a continuar el amor y serviçio de Dios, meditando de noche y de día en la Pasión de Nuestro Redemptor. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Bivían todas en tanto conçierto y sancta conversaçión que a todos los de la çiudad eran exemplo y dechado de virtudes y honestidad, y hasta oy se dize y muestra esto en aquella sancta casa, y se les echan bien de ver los primeros prinçipios y buenos fundamentos que tuvo de religión y de sanctidad, que, como dixe poco ha, se verá adelante en las obras milagrosas que Nuestro Señor ha obrado en muchas siervas suyas que bivieron y acabaron en aquel monesterio. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
=== Capítulo veynte y seys ===&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&#039;&#039;&#039;De la muerte bienaventurada de Doña María Garçía y de lo mucho que sintieron algunos años antes perder su primero prior y perlado, Fray Pedro Fernández Pecha&#039;&#039;&#039;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Después que estuvieron algunos años Fray Pedro Fernández Pecha y doña María Garçía en muy sancta y religiossa conversaçión, y governando cada uno su monesterio con el exemplo y creçentamiento en el amor y serviçio de Dios que se ha dicho, cansado ya por la hedad y vejez, Fray Pedro Fernández Pecha se fue al monesterio de Nuestra Señora de Guadalupe a acabar sus días en aquel sanctuario de la madre de Dios (como en su historia se dixo) dexando renuncia el priorato de la Sisla, de lo que quedó bien desconsolada la sierva de Dios, doña María Garçía, por carecer tan presto de padre que tanto favor había al augmento y aprovechamiento de la sancta religión. Mas bolviéndosse [fol. 214r] al Señor universal de todos, que no desecha a los que son siervos suyos, tomava esfuerço y contento y animava a sus hijas a hazer lo mismo (que tenían el mismo sentimiento y andavan afligidas) para no desconfiar que les havía de faltar el favor y mano de Dios en la carrera que habían començado y continuarla con toda la perseverançia de virtud y exemplo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Según el discurso que se ha hecho de los años que estos dos los siervos de Dios tractaron en el hedificio y asiento de los dos monesterios de la Sisla y de Sanct Pablo de Toledo, y se vieron y comunicaron, pareçe que pudieron ser muy pocos, que doña María Garçía vivió cinquenta años y más después que murió fray Pedro Fernández Pecha. Con todo esso, como se biene a acabar todo poco a poco, algunos años antes de la muerte de la sierva de Dios, doña María Garçía, por los muchos trabajos y continuas vigilias, tenía perdidos (en parte) los sentidos exteriores, mas muy vivos y enteros (y con mayores fuerças spirituales) los interiores del alma. Y para no dexar lo que tantos años havía continuado de yr a los maytines y entender quándo llegaba la hora, hazía una cosa bien rara y de notar, que le ponían un gallo çerca de su aposento para que la despertasse y supiesse quándo era la medianoche, porque ni podía oýr el relox ni aun la campana. Estava tan aconstumbrada desde su niñez a levantarse a aquella hora a hazer gracias a Nuestro Señor y no perder los maytines, que no lo perdonava aun estando con enfermedad, pudiéndose levantar. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Venida ya la hora que era última a los ochenta y seys años de su hedad (que la llamava Dios para dar galardón de tantos y continuos trabajos), pensaba en la cuenta que le havía de dar aquella mayordomía, y que no se podía alargar. Pues era ya aquella hora postrera (principio de la otra que con tanto favor y deseo guardava), aperçebiose luego del divino y sanctíssimo sacramento de la eucaristía (thesoro universal de las almas y çelestial consuelo para aquellos tiempos) y, después que le hubo reçibido, consolava a sus hijas que las veýa tristes por su partida, [fol. 214v] animándolas con palabras afectuosas de madre que tanto las amava y quería, y las amonestava que no volviesen atrás ni desmayasen en aquel camino spiritual, porque perseverando en toda humilldad, menospreçio y mortificaçión, llegarían con bençimiento al fin, y gozarían con gran alegría de la bienaventurança. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Havía en el convento veynte y çinco religiosas beatas, discípulas de tal madre de sanctidad, que a exemplo del glorioso señor padre San Hierónimo las mandó llamar y juntar, y con grande alegría las abraçó a todas, y dándoles paz dixo: «Mis amadas hijas, acordaos que ni por vuestros mereçimienos, ni por las míos (sino por la misericordia y bondad infinita de Nuestro Señor) nos apartó de los ruydos y tinieblas del siglo, y nos traxo a esta esclareçida soledad y recogimiento como a siervas escogidas y regaladas suyas. Ruegoos mucho que no os mostréis como mugeres de poco ánimo, diciendo que soys flacas para perseverar en religión. Oyd, no a mí, sino a vuestro maestro Jesuchristo que dize: ‘Mi yugo es suave y la carga liviana’. Y más: ‘El que pone la mano al arado y buelve atrás no es merecedor del Reyno del Çielo’”. Haviéndoles hablado estas y otras muchas cosas de la hedificación, alegando y trayendo autoridades de la Escriptura (que no pareçía sino que la tenía delante, y tan sabida y estudiada como si la hubiera profesado) mandolas salir, y bolvió a llamar a cada una por sí, que como de tantos años de trato y conversaçión las conocía, y sabía lo que a cada una en particular avía de avisar y aconsejar. Por verisímiles coniecturas y casi por spíritu de profezía, dixo a algunas el successo que avían de tener en el seguir la virtud y perfectión, o si avían de errar, y en los viçios y cosas semejantes, etc. Después las encomendó a todas dos cosas, que guardasen un mandamiento y un consejo: el mandamiento, que se amasen unas a otras y que con toda charidad sufriessen la una la pesadumbre de la otra; el consejo, que guardasen la clausura y silençio, y que no las viesen por las calles y huyesen de la comunicación con los seglares y salidas a las casas de los [fol. 215r] parientes y conocidos, con occasiones más voluntarias y ymaginarias que verdaderas que muchas vezes se suelen proponer, y aun venir deseos de buscar la salud con honestos títulos de enfermedades bien ligeras, que mirasen mucho esto, y que a quien Dios quita la salud en su convento y congregaçión no es justo que busquen fuera el remedio, y antes ^se^ ha de creer, que si con los remedios ordinarios de los conventos no se vee la salud, que quiere Dios que se sufra y calle la que de su mano recibiere este regalo, y lo tome con paçiençia y en penitençia. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Oyéndole tantas cosas de hedificaçión y conoçiendo que se le acabava la vida, no podían ya detener las lágrimas y los lloros de las religiossas, con que la movían a compasión, y les bolvió a decir: “No os fatigéys y lloréys en bano, que Nuestro Señor puso término a mis días y es ya llegado, conformaos con su voluntad y no creáis que os dexo, que yo confío en la Majestad que os tendrá en su guarda y amparo, guardando vosotras sus mandamientos y sirviéndole con toda limpieza y cuidado”. No les habló más de que le diessen el sacramento de la extremaunctión, que era ya tiempo, y la recibió con grandíssima devoción. &lt;br /&gt;
La mañana antes de su muerte vieron las hermanas religiosas sobre su aposento una gran claridad y dentro dél una paloma blanca, y otro día, al alva, vieron que estava la sierva de Dios meneando los labios y haziendo oraçión a su Criador, sin entender lo que dezía, y muchas de la que con ella estavan presentes vieron que desçendió sobre su rostro un rayo de gran claridad y que sentía mucho plazer y contento de lo que veýa. Y alçando las manos en alto y puestos todos los dedos en señal de la cruz, espiró y desapareçió la claridad, a diezisyete días del mes de enero del año mil quatroçientos y sesenta y quatro, siendo de hedad de ochenta y seys años (como se dixo) y aviendo estado en aquella de Sanct Pablo los sesenta, poco o menos. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Luego llevaron su cuerpo al monesterio de la Sisla de Toledo, y con el mayor secreto que pudieron, y le enterraron con toda solemnidad juncto al altar mayor en aquella yglesia. Y esto se hizo [fol 215v] con secreto y açeleradamente, porque se temió que huviera alguna diferençia y discordia entre los ciudadanos sobre el enterramiento y no se cumpliera con el deseo que la sierva de Dios tuvo y dexó encomendado, que, como era deuda de principales cavalleros y muy emparentada, quisieran que se enterrara en la yglesia mayor, cerca del arçobispo don Alonso, su tío. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
No se dexaron de ver algunos milagros en la muerte de esta sancta muger, y en solo el tocamiento a su cuerpo, como lo çertificaron y confirmaron muchos de los religiossos que se hallaron en su enterramiento y al tiempo de llevar el cuerpo al monesterio de la Sisla, y aunque manifestaron algunos en particular, otros dexaron de dezir por el poco crédito que el vulgo suele dar. Y este es bien que se ponga aquí y no se calle, que es tan çierto y verdadero como todos, que siempre tuvo fixo y enclavado el pensamiento y la consideraçión en la ley de Dios, pensando de día y de noche en ella y en lo que era amor y servicio suyo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
De quarenta años a esta parte, fue necesario apartar el cuerpo de esta sancta muger del lugar adonde estava por razón de una obra que se huvo allí de hazer, y de tal manera le halla[ron] entero en su casa y ataúd (con aver más de çiento y veynte años que estava allí) que los religiosos que se hallaron presentes y lo vieron, certificaron esta verdad, que estava el cuerpo sin ningún corrompimiento, como quando le enterraron, y sin olor malo. Vieron también otra cosa maravillosa, que en la cabeça tenía puesta una corona (o guirnalda de ramos de laurel (que le pusieron en premio de la virginidad que guardó) tan fresca y sin estar secas las hojas ni perdido el color que se admiraron todos y recibieron gran recreaçión y consuelo. Y dieron gracias a Dios, que les havía dado en su capilla y compañía thesoro tan preciosso.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Su sepulcro está junto al altar mayor a la parte del Evangelio, cavado en la pared, con un vulto de la sierva de Dios ençima, hincada de rodillas, puestas las manos mirando al sanctíssimo saçramento, con el hábito que traýa [fol. 216r] de beata, y con una letra que dize que “está allí enterrada doña María Garçía, fundadora del monesterio de Sanct Pablo de Toledo”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
=== Notas ===&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&#039;&#039;[1]&#039;&#039; Subrayado desde “acabó… prosiguiendo”. Nota marginal: “Gran ignorantia, pues la hace compañera de fray Pedro Fernández Pecha el año 1374, que según esto vivió más de ciento y quince años”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&#039;&#039;[2]&#039;&#039; El manuscrito lee «con contenta», con una diplografía por error.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
= Vida manuscrita (3)=&lt;br /&gt;
Ed. de [http://visionarias.es/equipo/celia-redondo-blasco/ Celia Redondo Blasco]; fecha de edición: enero de 2025.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
== Fuente ==&lt;br /&gt;
* [http://catalogodesantasvivas.visionarias.es/index.php/Categor%C3%ADa:Baltasar_Porreño Porreño, Baltasar]. &#039;&#039;Vida de los arzobispos de Toledo: años 1280-1618&#039;&#039;. Ms. BNE 13025, fols. 207r-209v.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
== Criterios de edición ==&lt;br /&gt;
Se trata de un manuscrito del siglo XVIII, que copia en tres volúmenes (BNE Mss/Mss/13025-Mss/13027) la &#039;&#039;Historia episcopal y Real de España&#039;&#039; de Porreño, escrita entre 1604 y 1606 y que se guarda manuscrita en la Biblioteca Capitular de Toledo. Se opta por modernizar: &#039;&#039;b&#039;&#039; y &#039;&#039;v&#039;&#039;, las sibilantes y la alternancia &#039;&#039;c&#039;&#039; y &#039;&#039;q&#039;&#039;. Esta edición, dado lo tardío del testimonio, puntúa y acentúa siguiendo las normas establecidas por la RAE. Se desarrollan las abreviaturas. Se moderniza el cultismo grafemático &#039;&#039;ch&#039;&#039; en palabras como &#039;&#039;charidad&#039;&#039; o &#039;&#039;chronica&#039;&#039; y se desarrolla las contracturas desta, destos.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
== Vida de María García ==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[Fol. 207r] A don Vasco Fernández le sucedió en la silla de Toledo don Gómez Manrique, natural de Toledo, septuagésimo quinto arzobispo de esta villa, el cual se sentó en la silla luego que el otro, don Vasco, por su destierro renunció al arzobispado. Hacen mención de todo los &#039;&#039;Catálogos de los arzobispos de esta Villa y las Historias de España&#039;&#039;. Fue de sangre ilustre y esclarecida, su padre se llamó Don Garci &#039;&#039;[1]&#039;&#039; Fernández Manrique, de quien vienen los marqueses de Aguilar, el cual fue señor de Amusco [fol. 207v] y de Avia, y su madre doña Urraca de Leiva. Tuvo por hermano a don Garci Fernández Manrique, adelantado de Castilla, que fue el tronco de los duques de Nájera y de otras casas de Castilla del apellido de Manrique, y a don Diego García Manrique. Tuvo el otro arzobispo por abuelo a don García Fernández Manrique, descendiente de Almeric de Narbona. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Fue nuestro don Gómez en su juventud obispo de Palencia y al presente lo era de Santiago, de cuya dignidad le sucedió don Gómez de Toledo, sobrino del arzobispo don Vasco, por haber renunciado al arzobispado de Toledo. Con esta condición era hombre de mucho valor y cordura y, así, viéndose favorecido por el rey Don Pedro en su elección y viendo las cosas de los reinos [fol. 208r] tan turbadas y alteradas (como se ha dicho), procuró estar en gracia con el otro rey, cuyas cosas iban con tanta rotura y tan sin esperanza de remedio que le parecía escusado negocio irse a la menos cosa del mundo, sino fuese cosa mínima irse al matadero, como otros muchos, o por lo menos al destierro como su antecesor. Y así fue al amor del agua con prudencia y sagacidad y nombró por su adelantado de Cazorla a Pero Ruiz de Torres, caballero principal. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En su juventud tuvo una hija el arzobispo llamada doña Theresa de Manrique, la cual casó con Rodríguez de Biedma, señor de San Esteban del Puerto y caudillo mayor del Arzobispado de Jaén, y con ella se dieron veinte mil maravedíes en dote. [Fol. 208v] Con esta dote, que se hizo en Burgos, año de mil trescientos y sesenta y cuatro. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Tuvo una sobrina, hija de su hermano don Diego García Manrique y de su mujer doña Constanza de Toledo, la cual se llamó doña Mari García, que fue gran sierva de Dios y desde niña se ejercitó en obras de caridad y en pedir por el amor de Dios para los pobres de la cárcel del arzobispo, su tío, al cual le aconteció encontrarse con ella pidiendo limosna y, reprendiendo el arzobispo a su hermano, porque la dejaba andar de aquella manera mendigando, él respondió que se tenía por muy dichoso en que su hija hubiere escogido con ilustre esposo como a Jesucristo. Fundó esta señora el monasterio de San Pablo, que es de religiosas de San Jerónimo, y fue tan limosnera que repartió la mayor [fol. 209r] parte de su patrimonio a los pobres de Jesucristo. Escriben de esta señora las crónicas de la orden de San Jerónimo y Pedro de Alcocer y el otro, Villegas. Algunos historiadores hacen a esta señora sobrina del arzobispo don Vasco, así lo afirma el muy docto padre Fray Joseph de Sigüenza en su segunda parte de la historia de San Jerónimo, en el capítulo cuarenta y seis, pero se engaña mucho, porque el otro, don Vasco, murió en Portugal, como se dijo en el capítulo pasado, y cuando murió esta señora hubo diferencias entre si se había de enterrar en el sepulcro de su tío, que estaba en la santa iglesia, o en el Monasterio de San Pablo, que ella había fundado. Demás de esto, lo que escriben su vida hacen mención de su hermano el arcediano de Talavera, que fue sobrino del otro arzobispo [fol. 209v] don Gómez Manrique, el cual en su muerte pidió al cabildo de Toledo lo no eligiesen por arzobispo al arcediano, su sobrino (como se dirá). Así mismo, esta señora murió en el año de mil y cuatrocientos veintiséis, y don Vasco fue preso en el año de mil trescientos cincuenta. Así, es cosa cierta que no fue sobrina suya sino del otro don Gómez.   &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
===Notas===&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&#039;&#039;[1]&#039;&#039; Tachado: “Gómez”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
= Vida manuscrita (4)=&lt;br /&gt;
Ed. de [http://visionarias.es/equipo/celia-redondo-blasco/ Verónica Torres Martín]; fecha de edición: septiembre de 2026&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
== Fuente ==&lt;br /&gt;
* [http://catalogodesantasvivas.visionarias.es/index.php/Categor%C3%ADa:Hernando_Pecha Pecha, Hernando], 1669. &#039;&#039;Historia de Guadalajara, y cómo la religión de San Jerónimo en España fue fundada y restaurada por sus ciudadanos&#039;&#039;. Ms. BNE 1756, fols. 12r-12v. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
== Criterios de edición ==&lt;br /&gt;
El relato de la vida de esta religiosa jerónima, María García, se encuentra en el capítulo dedicado a la renuncia al priorato de san Bartolomé por parte de fray Pedro Fernández de Guadalajara y a su posterior partida para fundar el Monasterio de Nuestra Señora de la Sisla, en Toledo. Este capítulo forma parte, a su vez, del manuscrito titulado &#039;&#039;Historia de Guadalajara, y cómo la religión de San Jerónimo en España fue fundada y restaurada por sus ciudadanos&#039;&#039;, fechado en 1669. Todo parece indicar que dicho manuscrito constituye una copia de la obra escrita por Hernando Pecha, ya que, según la descripción del ejemplar, este se encuentra incompleto tanto al principio como al final y presenta escritura de distintas manos.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Dado que se trata de una copia manuscrita de la segunda mitad del siglo XVII los criterios de edición son conservadores. Se mantienen los grupos cultos como -ct- (&#039;&#039;sanct, sanctas&#039;&#039; y sus variantes). Se respetan las oscilaciones y variantes de las sibilantes. Se mantiene la oscilación v/b y se regularizan las alternancias gráficas sin valor fonético: i/j, u/v Se regularizan asimismo determinadas grafías sin valor fonético, como la h- inicial de &#039;&#039;hermita&#039;&#039;, que se edita como &#039;&#039;ermita&#039;&#039;. La puntuación y la capitalización han sido modernizadas. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
== Vida de María García ==&lt;br /&gt;
[fol. 11v] &#039;&#039;Renuncia el priorato de sanct Bartolomé fray Pedro Fernández de Guadalajara y sale a fundar el Monasterio de Nuestra Señora de la Sisla en Toledo&#039;&#039;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[…]&lt;br /&gt;
[fol. 12r] Conoció la tierra, las heredades y los sitios, acordándose de una Ermita de Nuestra Señora que estava a la parte de medio día, algo inclinada al oriente, en aquellos pagos que llaman zigarrales, lugar apartado poco menos de media legua de Toledo. Puesto en lo más áspero de aquellas cuestas, allí se fue nuestro Pecha como aveja solícita con su pobre enjambre. Contentoles a todos el puesto y la ermita. Hallaron junto a ella dos pequeñas celdillas, aunque no mal separadas por haberse recogido en ellas las dos sanctas mugeres: la una llamada doña María García de Toledo, muger &#039;&#039;[1]&#039;&#039; de rara hermosura, señora de los más nobles y principales de aquella ciudad, hija de Diego García de Toledo y de doña Constanza de Toledo; la otra doña María Gómez, biuda y noble. Las quales dos sanctas matronas, huyendo del apetito desenfrenado del rey don Pedro &#039;&#039;[2]&#039;&#039;, se retiraron a aquel desierto. Era esta ermita a deseo de los canónigos de la Iglesia Colegial [fol. 12v] de sancta Leocadia, extramuros. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
===Notas===&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&#039;&#039;[1]&#039;&#039; En este punto aparece una palabra tachada, la cual no hemos podido discernir, y encima de ella, en otra tinta, se señala “muger”. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&#039;&#039;[2]&#039;&#039; En referencia a don Pedro el Cruel, como se señala en otras hagiografías.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
= Vida impresa (1)=&lt;br /&gt;
Ed. de [http://visionarias.es/equipo/veronica-torres-martin// Verónica Torres Martín]; fecha de edición: octubre de 2020.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
== Fuente ==&lt;br /&gt;
* [http://catalogodesantasvivas.visionarias.es/index.php/Categor%C3%ADa:Pedro_de_Alcocer Alcocer, Pedro de], 1554. “Libro segundo, en que particularmente se escribe el principio, y fundamento desta sancta ygleia de Toledo…”, &#039;&#039;Hystoria, o descripcion dela Imperial cibdad de Toledo. Con todas las cosas acontecidad en ella, desde su principio, y fundacion. Adonde se tocan, y refieren muchas antigüedades, y cosas notables de la Hystoria general de España&#039;&#039;, Toledo: Juan Ferrer, fol. 115r, col. a.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[[Contexto material del impreso Hystoria, o descripcion dela Imperial cibdad de Toledo]]. &#039;&#039;Con todas las cosas acontecidad en ella, desde su principio, y fundacion. Adonde se tocan, y refieren muchas antigüedades, y cosas notables de la Hystoria general de España&#039;&#039;.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
== Normas de edición ==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El relato aparece en el libro segundo de la &#039;&#039;Hystoria, o descripcion dela Imperial cibdad de Toledo&#039;&#039;, impreso en 1554, en el que se describe la fundación de los monasterios, hospitales y lugares píos de la ciudad de Toledo. La vida de María García se integra en el vigesimoséptimo capítulo, en el que se ejemplifica la fundación del monasterio de San Pablo. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Se siguen los criterios establecidos en el catálogo para fuentes impresas. Sin embargo, se ha decidido conservar las grafías de sibilantes por tratarse de un impreso de mediados del siglo XVI. Además, para facilitar la localización del texto, se indica el folio (r-v) y la columna correspondiente (a-b). &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==Vida de María García==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
===Capítulo XXVII===&lt;br /&gt;
&#039;&#039;&#039;Del monesterio de San Pablo, y de su fundación&#039;&#039;&#039;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[fol. 115r col. a] El monesterio llamado San Pablo, que es de religiosas de la orden del glorioso San Jerónimo, fue en su principio fundado por la católica doña María García de Toledo, hija de Diego García de Toledo. La cual, siendo muy santa y amadora de la religión, fundó esta santa casa de religiosas de esta orden, honestas y recogidas sin clausura, adonde ella se encerró con otras algunas religiosas de vida apurada, con las cuales hizo tan santa vida que se puede firmemente creer que está colocada entre las santas bienaventuradas en la gloria, según su caridad y humildad, que son dos virtudes que mucho en ella resplandecían. Fue tan limosnera que repartió la mayor parte de su patrimonio, que era mucho, por los pobres, y con eso poco que le quedó se metió en esta casa de religión con otras religiosas con las que les tomó el hábito del glorioso San Jerónimo, de quien era devotíssima el año del señor de 1404. Y después acá, esta casa de oración ha sido más acrecentada y labrada, y han entrado en ella muchas más religiosas de santa vida y recogimiento. Fueron estas religiosas al principio sujetas al prior de la Sisla, en el cual estado permanecieron hasta el año del señor de 1508, que de su propia voluntad las religiosas que en él estaban hizieron professión y tomaron velo y clausura, quedando sujetas al general de la dicha orden.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
= Vida impresa (2)=&lt;br /&gt;
Ed. de [http://visionarias.es/equipo/maria-del-mar-cortes-timoner// M. Mar Cortés Timoner]; fecha de edición: abril de 2021.&lt;br /&gt;
== Fuente ==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
* [http://catalogodesantasvivas.visionarias.es/index.php/Categor%C3%ADa:Alonso_de_Villegas Villegas, Alonso de], 1588. &#039;&#039;Addicion a la Tercera Parte del Flos sanctorum: en que se ponen vidas de varones illustres, los quales, aunque no estan canonizados, mas piadosamente se cree dellos que gozan de Dios por auer sido sus vidas famosas en virtudes...&#039;&#039;, Huesca: Iuan Perez de Valdiuielso. Fols. 44r col. a – 45v col. a.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[[Contexto material del impreso Addicion a la Tercera Parte del Flos sanctorum]] &#039;&#039;en que se ponen vidas de varones illustres, los quales, aunque no estan canonizados, mas piadosamente se cree dellos que gozan de Dios por auer sido sus vidas famosas en virtudes...&#039;&#039;.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
== Criterios de edición ==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El relato aparece en el apartado 193 de la Adición de la Tercera Parte del &#039;&#039;Flos Sanctorum&#039;&#039; de Alonso de Villegas. Para facilitar la localización de los textos, he indicado el folio (r-v) y la columna correspondiente (a-b).&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En la edición, se siguen los criterios establecidos en el catálogo para fuentes impresas pero se respetan los grupos consonánticos: -nt (sant), -nc- (sancta), -bj- (subjetándose) y las contracciones. Además, se mantiene la conjunción copulativa “y” ante palabras iniciadas con el sonido vocálico “i”, la escritura de las palabras con interés morfológico o fonológico (augmento, proprio, ansí, etc.), el empleo del sustantivo “Orden” en masculino y la forma femenina del determinante ante los sustantivos femeninos que empiezan por a- tónica (arca, alba). &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Se ofrecen datos en torno al texto editado en: &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
* M. Mar Cortés Timoner, “Censuras, silencios y magisterio femenino en la Adición a la tercera parte del Flos Sanctorum de Alonso de Villegas”, &#039;&#039;Specula. Revista de Humanidades y Espiritualidad&#039;&#039;, vol. 1 (mayo 2021), pp. 183-210: https://www.ucv.es/investigacion/publicaciones/catalogo-de-revistas/revista-specula&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
* M. Mar Cortés Timoner, “La autoridad espiritual femenina en la Castilla bajomedieval y su reflejo en el Flos sanctorum de Alonso de Villegas”, &#039;&#039;Dicenda. Cuadernos de Filología Hispánica&#039;&#039;, vol. 39 (2021), pp.:  25-35 DOI: https://revistas.ucm.es/index.php/DICE/article/view/76403&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==Vida de María García==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&#039;&#039;&#039;[Fol. 44r col. a] Vida 193. De María, que fue ilustre y tuvo por sobrenombre García&#039;&#039;&#039; […] &#039;&#039;[1]&#039;&#039;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&#039;&#039;[2]&#039;&#039; Entre otras riquezas que estaban en el templo de Salomón que grandemente le hermoseaban eran dos querubines que, por mandado de Dios, puso Moisés a los lados de la Arca &#039;&#039;[3]&#039;&#039;; y puede asimilarse a ellos dos benditas mujeres, ambas Marías y doncellas, por donde dice bien con ellas el nombre de querubines o ángeles, pues lo que en el cielo es ser ángeles en la tierra es ser vírgenes, semejando los vírgenes a los ángeles. Están a los lados del Arca, esto es, muy juntas a Dios, no solo por su encendida caridad sino por el estado de monjas que tuvieron, que está muy conjunto con Dios. Hermosean y adornan este templo de la Iglesia militante por razón que las religiones son adorno riquísimo de la misma Iglesia. De ambas juntas tengo de escribir sus vidas porque fueron casi de una misma tierra, de un mismo orden &#039;&#039;[4]&#039;&#039; y de una misma casa, y casi en un mismo tiempo, y están sepultadas juntas, junto con que me aprovecharé para escribirlas de unos mismos originales. Y fueron: un libro de mano antiguo que está en el monasterio de Sant Pablo de Toledo, que fue casa propria de ambas, y de la historia &#039;&#039;[5]&#039;&#039;, también de Toledo, de Arcocer [fol. 44 r col. b] y de las crónicas del Orden de Sant Jerónimo, y es en esta manera. &#039;&#039;[6]&#039;&#039;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Doña María, llamada, por respecto de su padre, García, fue natural de Toledo, hija de don Diego García y de doña Costanza de Toledo, ambos de muy ilustre linaje y decorado con real sangre. Los padres vivían sanctamente y aprendió dellos su hija a vivir en toda sanctidad. Eran ricos de bienes temporales porque tenían grandes posesiones en Talavera, villa de mucho lustre distante doce leguas de Toledo, y, sin esto, otras haciendas de manera que podían y, junto con el poder, hacían grandes limosnas, lo cual también su hija quiso imitarles, como se verá en el proceso de su vida.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Fue, desde niña, muy inclinada al servicio de Dios y a cosas de devoción y, por lo mismo, aborrecía todo lo que es mundo y contradice a la perfección. Y por el crédito que ganó con sus padres y con todos los que la conocían, de que era muy honesta y deseaba ser sancta aunque era muy hermosa, nadie se escandalizaba ni juzgaba mal por algunas cosas que hacía, que en otra fueran de mal ejemplo y a ella le daban muy bueno por estar saneada con sus inculpables costumbres. Y así visitaba iglesias muy a menudo donde tenía larga oración, ofreciendo [fol. 44v col. a] a Dios las primicias de sus buenos deseos. Iba a dar limosna a personas que tenían grave necesidad y, aun acabado, lo que podía dar pedía a algunas personas ricas para dar a otras pobres; y a los unos era ocasión que mereciesen para bien de sus almas y a los otros que remediasen las necesidades de sus cuerpos, y así era a todos provechosa. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Estaba a esta sazón un monasterio no lejos del alcázar principal de la ciudad, que se llamaba Sant Pedro de las Dueñas, donde se edificó después el insigne Hospital de la Cruz, obra del ilustrísimo cardenal y arzobispo de Toledo don Pero González de Mendoza, donde no solo se curan enfermos y heridos en grande número sino que &#039;&#039;[7]&#039;&#039; se crían niños expósitos, que no es pequeño también el número dellos, por el pueblo y ciudad ser grande y no tener estos otro remedio. Quiso, pues, doña María, probar aquella vida de religiosa encerrada y así entró en este monasterio de edad de once años. Y porque era en él abadesa una hermana suya que la amaba tiernamente, y por su respecto y alto linaje, junto con sus sanctas obras, las demás monjas la estimaban y tenían en mucho. Ella, que deseaba ser menospreciada y tenida en poco, dejó el monasterio no queriendo quedar en él ni en otro de Tordesillas adonde la deseaban por monja y quisieran hacerla abadesa anteponiéndola, que &#039;&#039;[8]&#039;&#039; era moza y extraña, a otras ancianas y criadas en aquella casa, por las nuevas que tenían de su sancta vida. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Luego que salió del monasterio pusose unas alforjas al hombro y andaba pidiendo limosna para los presos de la cárcel del arzobispo, no sin particular sentimiento de sus padres, hermanos y parientes. Y reprehendiéndola por esto, respondía que, si no la dejaban andar despreciada y imitando a su esposo Cristo, que se iría donde no la viesen. Estas razones, aunque en otra doncella parecieran dichas con libertad, en doña María, considerada su vida, eran prendas de grande humildad. Y por quitar del todo la ocasión a los maliciosos de murmurar della, viéndola sola de poca edad y hermosa que andaba pidiendo limosna, acompañose de una noble viuda llamada doña &#039;&#039;[9]&#039;&#039; Mayor Gómez, que quiso ser partícipe de sus buenas obras y compañera en sus sanctos ejercicios. Y así, las dos se vieron pedir limosna en la sancta iglesia con sus alforjas a los hombros, de que no pequeña edificación sacaban los que las conocían viendo lo que hacían. Vino el negocio a que su mismo padre la encontraba en la calle y decía a sus criados: “Dad lugar a que apase &#039;&#039;[10]&#039;&#039; María, mi hija, y siga a Jesucristo, que la lleva por ese camino de menosprecio”. Agradecía esto mucho la bendita mujer y decía que debía mucho a sus padres porque la habían dado lugar de se apartar del mundo. También acaeció encontrarse, andando pidiendo limosna, con el arzobispo [fol. 44v col.b] de Toledo, que era tío suyo, llevando al lado a su padre, con grande acompañamiento, y reprehender el arzobispo a su hermano porque daba lugar a que su hija anduviese de aquella manera en menoscabo del honor de todos ellos. Y respondíale que se tenía por dichoso en que su hija hubiese escogido tan ilustre esposo como Jesucristo, pues con tal yerno él se tenía por muy honrado. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Era a esta sazón rey de Castilla don Pedro, llamado el Cruel, en cuyo tiempo padecieron los grandes del reino no pequeñas persecuciones. Andaban amedrentados y muchos dellos huidos porque el rey era determinado y fácilmente cortaba cabezas sin respecto de linaje o estado. Y así cupole parte desta persecución a doña María, o por respecto de sus deudos o por recelarse de su honor, si estaba seguro en tiempo de tanta borrasca y tempestad. Y así se recogió a Talavera, que, como se ha dicho, tenía en aquella villa su padre grandes posesiones y era como señor della. Acompañáronla otras señoras principales del reino llevadas con el mismo temor y aun allí no se tuvieron por seguras, por donde les convino irse a diversas partes. Y doña María se volvió a Toledo, y fuera de la ciudad, a la parte del mediodía, se recogió en una pequeña casa que ella labró, junto a una ermita de la Madre de Dios, donde después se edificó el Monasterio de la Sisla del Orden de Sant Jerónimo, y está de presente sepultada aquí. Con su buena amiga doña Mayor Gómez se ocupaba en oración con mucha humildad y paciencia. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Sosegándose más los tiempos, volvió a la ciudad y se juntó &#039;&#039;[11]&#039;&#039; con doña María de Soria y con otras señoras de linaje que vivían cerca de la iglesia de Sant Román, en casa particular, y tenían hábito de beatas recogidas. Y destas contaba &#039;&#039;[12]&#039;&#039; después &#039;&#039;[13]&#039;&#039; grandes virtudes de paciencia, humildad y menosprecio del mundo, diciendo que era poco lo que ella hacía en comparación de lo que vido en aquellas religiosas. Murió doña María de Soria, la que era cabeza en esta casa y congregación, y habiendo muerto también su madre, doña María vendió cierto heredamiento que le cupo de su legítima en Belilla y compró unas casas a la colación de Sant Laurencio, donde es ahora el Monasterio de Sant Pablo. Y aquí reposó su espíritu con su amado Esposo. Tenía consigo a su amiga antigua doña Mayor Gómez y a otra llamada Teresa Vázquez con otras seis o siete señoras ilustres y temerosas de Dios, determinándose servir a Nuestro Señor en su compañía. A todas estas honraba y acataba la sierva de Dios porque veía en ellas desprecio del mundo, humildad, pobreza y trabajo. Al olor de la sancta vida que todas hacían, vinieron otras muchas mujeres nobles a servir a Dios y, de acuerdo de todas, tomaron el hábito del glorioso Sant Jerónimo, de quien era muy devota doña María, aunque sin clausura, sino con [fol. 45r col. a] título de beatas. Y fue el año de mil y cuatrocientos y cuatro &#039;&#039;[14]&#039;&#039;, subjetándose al prior de la Sisla que, a la sazón, era Pero Fernández, que, primero, fue caballero seglar de muchos cuentos de renta y muy preciado de los Reyes Católicos &#039;&#039;[15]&#039;&#039; y, después, se hizo pobre por Jesucristo y de los primeros fundadores en España del Orden de Sant Jerónimo. Y así él fue el que edificó el Monasterio de la Sisla donde primero estaba una ermita de la Madre de Dios, como se ha dicho, y para esta obra ayudó largamente doña María de su patrimonio. Dio una arca de plata esmaltada para que se pusiese el Sanctísimo Sacramento y otras ricas joyas. Y por ver el prior la caridad desta bendita mujer, visitábala y no poco la alentaba con sus buenos consejos y sanctas amonestaciones en el servicio de Dios. El cual, habiendo vivido sanctamente, murió en la misma casa de doña María, adonde se había hecho traer de la Sisla para tener algún regalo en su enfermedad. Y en el aposento donde murió quedó por muchos días un olor maravilloso y del cielo. Su cuerpo fue llevado a sepultar a Guadalupe. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Tenía doña María el gobierno de aquella casa y congregación. Era hermosa de rostro, como se ha dicho, y mucho más en el alma. Su presencia, de grande austeridad, ponía más temor en los que veían su honestidad y humildad que si la oyeran palabras de reprehensión. Si reprehendía, era con tanta discreción y con tan dulces palabras que, por ello, era amada, especialmente de sus parientas, que visitándola, y viéndolas ella con muchos trajes y galas, decíales tales razones que, sin quedar sentidas, se moderaban y dejaban lo superfluo. Su tocado y vestido era muy honesto y pobre aunque aseado y limpio. Amaba el color blanco por la castidad, mas de ordinario se vestía de pardillo por vencerse a sí misma y dar ejemplo de menosprecio. Era fervorosa en la oración y nunca estaba ociosa. Era agradecida a Dios y a las gentes, muy paciente en sus enfermedades, que eran tos continua y dolor de hijada a tiempos que la llegaba a lo último. Huía la vanagloria y quería que de todo lo bueno se diese loor &#039;&#039;[16]&#039;&#039; a Jesucristo. Sus amonestaciones eran todas fundadas en humildad y decía a cada una de las hermanas que fuesen humildes si querían ir por camino seguro; y así, ella se tenía por la menor de todas. Era su costumbre levantarse todas las mañanas a tener oración, la cual cosa alguna no dejaba, y estando enferma, aunque en la cama, allí oraba. Y porque siendo de ochenta años no oía el reloj para levantarse, hacía que pusiesen un gallo cerca de su aposento para que su voz le fuese reloj y despertador; y así, no faltaba en su sancto ejercicio. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Llegose su muerte, y teniendo consigo veinte y cinco religiosas, llamolas cinco dellas antes de su tránsito, abrazolas y dioles paz. Habló a cada una [fol. 45r col b.] en particular, avisándola en aquello que más sabía convenirle, según su condición. Y a todas en común hizo una plática amonestándoles a mucha paz y caridad unas con otras, a que amasen las virtudes, dioles su bendición y encomendolas a Dios. Las hermanas, con tristeza grande, lloraban tiernamente, ellas las consolaba diciendo que sirviesen a Dios, que nunca su Majestad les faltaría. La mañana antes de su muerte vieron las hermanas sobre su aposento una grande claridad y dentro della una paloma blanca. Otro día, que fue víspera de Sant Anton Abad, a la hora de la alba &#039;&#039;[17]&#039;&#039;, estando las hermanas con ella viéronle mover los labios y que rezaba aceleradamente, aunque no entendían lo que decía. Apareció luego una claridad grande sobre su rostro de manera que toda la casa participó della. Veíase volver los ojos a una y a otra parte, daba muestra que se alegraba de lo que veía y así espiró despareciendo la claridad, y fue en diez y seis de enero, día lunes, en el año de mil y cuatrocientos y sesenta y cuatro &#039;&#039;[18]&#039;&#039;. Era de edad de ochenta y seis años, después de haber estado los sesenta en aquella casa y religión. Quisiera sepultarse en su sancta iglesia por estar allí sepultado su tío el arzobispo, que fue varón de sancta vida, delante el altar de Sancta María la Blanca, que es el de prima, dentro del coro menor. Y el arcediano de Toledo, que era sobrino, huyó lo que &#039;&#039;[19]&#039;&#039; pretendía. Mas el amor que tenía a los hermanos de su orden, los frailes de la Sisla, fue medio para que mandase que allí la enterrasen. Y cierto desto y de su muerte, los frailes, luego que supieron que era difuncta, porque el arcediano, su sobrino, no lo estorbase, con otros caballeros deudos suyos, habiéndole dicho una misa en tanto que la amortajaban, la llevaron luego a la Sisla. Y habiendo tiempo que no llovía, el mismo día por la tarde llovió tanto que no poco se consoló el pueblo atribuyéndolo mucho a los merecimientos desta sierva de Dios. Estuvo siete días sin enterrar en tanto que se le hacía un lucillo en que fue puesta. Y su cuerpo era visto de todos sin dar mal olor ni mostrar fealdad sino tan tractable que la podían asentar, vestir y desnudar, cerrar sus manos y abrirlas. Y en este tiempo fue fama que obró Nuestro Señor por ella algunos milagros. Fue sepultada noche de Sant Ildefonso &#039;&#039;[20]&#039;&#039; dentro del lucillo, en el coro de la iglesia, cerca del altar mayor. Y el día siguiente de Nuestra Señora de la Paz se le celebraron las honras, y predicó un obispo conocido suyo y dijo della grandes loores. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
La casa y congregación desta bendita mujer fue siempre en augmento, así en religiosas que entraban en ella como en el edificio. Estaban subjectas al prior de la Sisla sin guardar clausura, en el cual estado permanecieron hasta el año del Señor de mil y quinientos y ocho, que, de su propria voluntad, las religiosas que en él estaban [fol. 45v col. a] hicieron profesión y tomaron velo y clausura, quedando subjectas al general del dicho Orden de Sant Jerónimo. Es casa de mucha religión y donde siempre ha habido señoras de ilustre sangre y de grande vida y ejemplo. Entre las cuales vivió [[María de Ajofrín]], de quien habemos de ver su vida coligiéndola de los mismos memoriales y libros que la pasada, y es en esta manera. &#039;&#039;[21]&#039;&#039;.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
===Notas===&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&#039;&#039;[1]&#039;&#039; El apartado también incluye la vida de María de Ajofrín por ello el epígrafe completo expone: “De María, que fue ilustre y tuvo por sobrenombre García, y de María de Ajofrín, monjas de Sant Pablo de Toledo”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&#039;&#039;[2]&#039;&#039; En el margen izquierdo leemos: “En. I6. de Enero. Exodi.15.”&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&#039;&#039;[3]&#039;&#039; Conservamos la concordancia del texto.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&#039;&#039;[4]&#039;&#039; A lo largo de la edición, respetamos el género del sustantivo según el texto, que se refiere a la Orden de San Jerónimo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&#039;&#039;[5]&#039;&#039; Posiblemente, remite a la &#039;&#039;Hystoria, o descripcion dela Imperial cibdad de Toledo&#039;&#039; de Pedro Arcocer, impreso en 1554. En concreto, la vida de María García se halla en el vigesimoséptimo capítulo del segundo libro y está editada en el catálogo por Verónica Torres: http://catalogodesantasvivas.visionarias.es/index.php/Mar%C3%ADa_Garc%C3%ADa&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&#039;&#039;[6]&#039;&#039; En el margen derecho leemos: “Authores”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&#039;&#039;[7]&#039;&#039; Se añade “que”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&#039;&#039;[8]&#039;&#039; En el texto “que”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&#039;&#039;[9]&#039;&#039; Se subsana la errata “daña”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&#039;&#039;[10]&#039;&#039; Debemos leer “pase”. El verbo “apasar” se halla recogido en el &#039;&#039;Corpus Diacrónico del Español&#039;&#039; (CORDE): http://corpus.rae.es/cgi-bin/crpsrvEx.dll &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&#039;&#039;[11]&#039;&#039; En el texto “juntándose”. Se ha corregido la incoherencia sintáctica. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&#039;&#039;[12]&#039;&#039; En la obra leemos “contaban” pero parece más lógico considerar como sujeto a doña María.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&#039;&#039;[13]&#039;&#039; En el texto: “despus”&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&#039;&#039;[14]&#039;&#039; En el lateral izquierdo leemos: “Año de 1404.”&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&#039;&#039;[15]&#039;&#039; Se trata de un anacronismo ya que perteneció a la corte de Pedro I.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&#039;&#039;[16]&#039;&#039; La palabra “loor” aparece como sinónimo de alabanza&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&#039;&#039;[17]&#039;&#039; Conservamos la escritura del texto y no corregimos por “del alba”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&#039;&#039;[18]&#039;&#039; En el margen derecho podemos leer: “Año de 1464.”&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&#039;&#039;[19]&#039;&#039; Para facilitar la lectura se ha añadido el pronombre relativo “que”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&#039;&#039;[20]&#039;&#039; En el texto: “Illefonso”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&#039;&#039;[21]&#039;&#039; He editado la vida en el catálogo: http://catalogodesantasvivas.visionarias.es/index.php/Mar%C3%ADa_de_Ajofr%C3%ADn&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
= Vida impresa (3)=&lt;br /&gt;
Ed. de [http://visionarias.es/equipo/lara-marchante-fuente/ Lara Marchante Fuente]; fecha de edición: julio de 2017; fecha de modificación: agosto de 2026.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
== Fuente ==&lt;br /&gt;
* [http://catalogodesantasvivas.visionarias.es/index.php/Categor%C3%ADa:Fray_José_de_Sigüenza Sigüenza, Fray José de], 1600. “Libro IV de la Historia de la Orden de San Jerónimo”, &#039;&#039;Segunda Parte de la Historia de la Orden de San Jerónimo, dirigida al Rey, Nuestro Señor, Don Felipe III&#039;&#039;. Madrid: Imprenta Real, 756-767.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[[Contexto material del impreso Segunda Parte de la Historia de la Orden de San Jerónimo]]&#039;&#039;, dirigida al Rey, Nuestro Señor, Don Felipe III&#039;&#039;.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
== Criterios de edición ==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Para facilitar su lectura, esta edición moderniza el texto en aquellos puntos que no suponen una pérdida de los valores fonéticos, léxicos y sintácticos del periodo y conserva la morfología de las palabras con interés morfológico o fonológico o por tratarse de cultismos (como &#039;&#039;agora&#039;&#039;, &#039;&#039;ansí&#039;&#039;, &#039;&#039;monesterio&#039;&#039;, &#039;&#039;recebir&#039;&#039;, &#039;&#039;redemptor&#039;&#039; u &#039;&#039;obscuro&#039;&#039;).&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Se adaptan, por tanto, las grafías a las normas de ortografía vigentes (sibilantes, b/u/v, j/g, chr/cr, qu/cu, empleo de h, etc.) y a la acentuación y puntuación de las normas gramaticales actuales. Igualmente, el uso de las mayúsculas y minúsculas respeta los criterios presentes del español, si bien se mantienen las mayúsculas como signos de respeto o de diferenciación con la palabra escrita en minúscula (&#039;&#039;Cielo&#039;&#039;, &#039;&#039;Esposo&#039;&#039;, &#039;&#039;Señor&#039;&#039;, &#039;&#039;Profeta&#039;&#039;, &#039;&#039;Reina del Cielo&#039;&#039;). &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
También se introducen las comillas para delimitar las intervenciones dialógicas de los personajes y se subsanan las erratas evidentes. En este sentido, conviene apuntar que, dentro de esta edición y en base a sus particularidades, se han incluido notas al pie en las que se especifican y desarrollan algunas ideas o palabras del texto impreso original. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==Vida de María García==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
===Capítulo XLVI===&lt;br /&gt;
[757] &#039;&#039;&#039;La vida de doña María García, virgen de gran santidad y fundadora del Monasterio de San Pablo en la ciudad de Toledo&#039;&#039;&#039;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Feliz clausula hará esta parte de historia con la vida desta generosa santa y será como renovar los principios en que comenzó esta religión, haciendo como un círculo, juntando estos dos extremos. Hasta aquí, no hemos hecho memoria de ninguna religiosa desta Orden, porque es esta santa la primera y con quien nuestro Fr. Pedro Fernández Pecha tuvo familiar y santa conversación, y, pues hemos dicho de los hijos, digamos agora desta hija tan santa que fue después madre de muchas siervas de Dios, y quedará, como dicen, urdida la tela para la grande y maravillosa lista que después veremos dellas. Escrita está de algunos puntos de su vida, y no será superfluo mi trabajo, dejada aparte la obligación que corte.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Ha sido forzoso hacer memoria desta santa virgen en algunos lugares desta historia, principalmente en la fundación del Monasterio de Sisla, junto a Toledo, y en la vida del padre Fr. Pedro Pecha o de Guadalajara. Tomando agora aquí el principio de sus principios, que Doña María fue hija de don Diego García de Toledo, de la Casa de los Gavias de Toledo, que es la Casa que llaman de las Gallinas, su madre se llamó Constanza de Toledo, mujer de don Diego García y hermana de don Vasco de Toledo, y no como algunos dicen de don Álvaro, arzobispo de Toledo. El padre de la santa fue también hijo de otro Diego García, mayordomo y notario mayor de la Reina doña María, y nieto de otro tercero Diego García, gran privado del Rey don Sancho “el Bravo”, ayo y mayordomo de un hijo y alcalde de Toledo, cuyas armas son las palomas, por descender del linaje de los Palomeques. De suerte le viene el abolengo, y por línea derecha a la santa, ser paloma, como a Fr. Pedro Pecha ser abeja, y mejor entre ambos, por la gracia del Espíritu Divino, ser principios y como maestros fecundos de tan santas congregaciones de hijos espirituales. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Tuvo esta santa paloma algunos hermanos, y entre todos ellos fue la querida y regalada de sus padres, porque salió por extremo hermosa y mejor, porque desde niña relucieron en ella mil presagios de santidad: en sus primeros años descubrió, siendo aún sin costumbres, costumbres santas.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Retirábase tan de veras y tan en seso a los lugares secretos a ponerse de rodillas y a rezar como si supiera qué era aquello, si no decimos que Dios le anticipó el juicio (no es cosa nueva) porque comenzasen los amores temprano y pudiese decir lo que aquella insigne mártir: “de otro amador estoy requestada primero que de ti”. Cuando comía a la mesa con sus padres, cogía pedazos de pan y a lo que más podía haber, echábaselos en la haldilla, y llevábaselos a los pobres que lle- [758] gaban a la puerta. Iba tan codiciosa y alegre a esto como si fuera a otros entretenimientos de niños, de suerte que antes que supiese hablar, sabía ya dar limosna. Nunca se le vían niñerías porque desde la cuna nació sin ellas, cosa que ponía admiración. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Estas primicias de espíritu que vieron los padres en su hija, como eran tan píos, les despertó el pensamiento a que de común acuerdo la ofreciesen a Nuestro Señor, haciendo voto de consagrarla como diezmo de muchos bienes recibidos de la mano de Dios a su perpetuo servicio y de su Santa Madre, y que fuese siempre virgen consagrada y no conociese otro esposo sino a Jesucristo, dándole lo mejor y la más querida prenda que tenían en sus ojos. Pusieron diligente cuidado en su crianza, enderezándola en todo lo que era temor y reverencia divina, procurando apartarla de lo que podía abrir los ojos para conocer los deleites del mundo. Cosa en que se descuidan tanto los padres en este tiempo y maravíllanse después cuando ven mil desastres por sus casas, habiendo ellos mismos abierto la puerta a todo, con la libertad y deshonestas costumbres que permiten y aun enseñan a sus hijos. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Crecían en esta sierva de Dios, con los años, discreción y santidad a una. Llegado el tiempo en que pudo tener conocimiento perfecto del voto y deseo de sus padres, de su propia voluntad y con alegría del alma le confirmó e hizo de nuevo, prometiendo no recibir otro esposo sino Jesucristo. Cuando vino a  edad de doce años, con más maduro pensamiento, comenzó a tratar qué manera de vida escogería para servir a su Esposo. Parecíale que el regalo de casa de su padre era mucho, y que tenía necesidad de abstenerse algo porque no la ablandase y se le hiciese después dificultoso entrar en vida más áspera. Habíale ya Dios puesto en el alma un perfecto linaje de aborrecimiento de sí misma y de todo cuanto el mundo estima y adora vanamente: riquezas, honras, deleites, estima, pompas. Inclinó su oreja a los consejos divinos, y dejó la casa de su padre y el modo de vida blanda y regalada, fuese a un monasterio que se llamaba San Pedro de las Dueñas, donde era priora una hermana suya y había monjas de santa vida (estaba este monasterio puesto en aquel sitio donde edificó después el Cardenal don Pedro González de Mendoza el insigne Hospital de la Cruz). La hermana, que la amaba tiernamente, la recibió en sus brazos, entendiendo que se iba de todo punto a ser allí monja con ella. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
No quiso el Señor que se determinase en esto porque la guardaba para otro fin, y solo pretendía, en estos ensayos, que se destetase de la vida primera regalada y, allí recogida, deprendiese a leer, escribir, cantar y rezar, y otras santas ceremonias que habían de aprovechar a su tiempo. Vivió de tal manera en aquella santa compañía que salió su fama no solo por la ciudad de Toledo, con gran admiración de todos, más aun a otras partes remotas. Tuvieron noticia della, por cartas de monjas o por otra vía, en un monasterio de Santa Clara, que está en la villa de Tordesillas. Rogáronle que se fuese allá a ser religiosa, prometiéndole que, en pocos años, la escogerían por superiora, condición bastante para que la doncella humilde rehusase el partido. Consideradas bien las costumbres y manera de vida que hacía su hermana con las demás religiosas, y bien industriada en lo que le pareció que le importaba, pidió licencia a su hermana para ir a ver a sus padres. Sintiolo la hermana tiernamente, que quisiera gozarla toda la vida. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Estando en casa de su padre, se le juntó una gran sierva de Dios, matrona verdaderamente viuda, llamábase doña [759] Mayor Gómez, de gran espíritu. Con esta comunicó un pensamiento que le puso Dios en el alma, y era hacer un desprecio grande de sí misma a los ojos del mundo, y crucificarse a él. La matrona prudente se maravilló de este pensamiento en una doncella generosa, rica, delicada. Prometiole su compañía en todo, porque entendió que Nuestro Señor la despertaba aquello. Salían cada día las dos siervas de Jesucristo de casa, en un hábito ordinario y despreciado, con unas alforjas al cuello, iban de casa en casa pidiendo limosna para los pobres encarcelados y miserables, recibían allí los mendrugos de pan, y cuando estaban las alforjas llenas que apenas las podían llevar, porque se las llenaban presto, repartíanlo a los pobres de la cárcel y a otros necesitados, y volvíanse a casa sin hablar con ánima, ni alear los ojos. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Dentro de casa, el ejercicio era orar y ayunar, y hacer las obras de humildad que se ofrecían, dando en todo buen ejemplo con sus vidas. Reprendiola algunas veces su padre y hermanos desta manera de vida y ejercicio de salir a demandar, diciendo que era cosa afrentosa y baja. Callaba la santa a todo y proseguía su ejercicio, sufriendo, con paciencia, la afrenta de los de fuera y la persecución de los de dentro. Holgándose que se ofrecía ocasión de padecer algo por Jesucristo, deseando mayores trabajos y afrentas. No parece agora creíble esto ni hacedero. La sencillez y poco pundonor de aquellos tiempos y, lo principal, el impulso santo de Dios, que por nuestra culpa no está en nosotros, nos hace parecer dificultosa esta manera de vida. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Continuaban las dos santas hembras su ejercicio: los días de fiesta (para romper de todo punto con estos pundonores que llaman en el mundo afrentas), se venían a la iglesia mayor y entre los dos coros, a vista de todo el pueblo, con sus talegas al hombro, pedían limosna para los pobres y encarcelados. Como el padre y los hermanos vieron que ni promesas ni amenazas la derribarían de aquel propósito, antes estaba constante, y que muchos en la ciudad alababan a Dios de ver un ejemplo de doncella tan extraordinario, echaron de ver que no era liviandad de muchacha, sino movimiento del espíritu del Señor, acordaron de disimular con ella y, en pocos días, se tornó la pesadumbre y afrenta en devoción y gloria. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Convirtió la virgen devota los ojos de todos ansí, y alababan a Dios en ella, teniéndola por ejemplo de perfección. Cuando la vían sus padres traer las alforjas al hombro, y venir cargada de mendrugos y rodeada de pobres, alzaban los ojos al cielo, haciendo gracias a Dios, y decían: “Tú, Señor, que comenzaste la buena obra en ella, la acaba y guárdala de todo mal, porque sea vaso limpio de tu santa mesa, y ponla en el número de tus siervas y esposas”. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Conociendo esto la santa doncella, derribábase a los pies de su padre, madre y hermanos, y agradecíales mucho que la dejasen vivir en aquel menosprecio del mundo, ejercitando obras de caridad con los pobres. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Comenzó esta sierva de Dios por un camino alto, adonde no se llega sino después de mucho trabajo y grande ejercicio de virtudes. Aquí se vio puesto, en efecto, aquel deseo ardiente de la esposa que, cuando ya estaba muy adelante en sus amores, decía a su Esposo, Jesucristo: “¿Quién os dará a mí, puesto en talle y forma de un mi hermanico pequeño que mama los pechos de mi madre, y que os encuentre yo, en medio de esas calles, os abrace y os bese, y os haga mil preguntas, y vos me respondáis [760] y me enseñéis, y que nadie me lo tenga a mal ni me desprecie? Llevaros he yo en brazos a casa de mi madre, allí en casa de madre, abrazado con vosotros, preguntaré otra vez mil cosas, y daros he yo en pringaditas de arrope y mosto de mis granadas”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
La exposición de todo esto es lo que esta santa virgen ejercita, y no ha menester otro comento. Enseñole el espíritu del Señor que su Esposo, Jesucristo, estaba escondido en los pobres como Él mismo lo declaró. Conociendo esto, no pudo disimular su amor y ansí, como si fueran sus hermanos pequeñitos, a quien la más honesta doncella abraza sin empacho en medio de la calle y nadie se lo tiene a mal, aunque le bese y haga mil caricias, y le lleve en sus brazos, antes la loan y les parece a todos bien; ansí, esta virgen prudente, dejados los respetos y consideraciones humanas, transformada en su Esposo, puesto en estos pobrecitos y afligidos, se abrazaba con ellos, y les besaba los pies y las llagas, y les daba de comer y hacía mil regalos en las calles, en las plazas y en todos los lugares públicos, les preguntaba de sus trabajos y de sus miserias, y ellos le daban cuenta de la merced que Dios les hacía en medio dellos. Llevábalos a casa de su madre, regalábalos, hacíales mil beneficios y servicios, y no por esto la menospreciarían, sino que antes se maravillaban de ver un tan fino amor de hermana y de esposa de Jesucristo, alabando a Dios en su sierva. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Aconteció una vez que iban su padre y su tío don Vasco de Toledo, hermano de su madre, juntos a caballo por la ciudad con mucho acompañamiento. Encontraron a las dos compañeras, doña María García y doña Mayor Gómez, pidiendo con sus alforjas limosna de puerta en puerta; afrentose mucho don Vasco y, vuelto a don Diego, le dijo con sentimiento: “Mucho me maravillo, señor don Diego, de vuestra prudencia, que dejéis andar de esta suerte a vuestra hija, muchacha tan hermosa y de tan noble sangre, en ejercicio tan abatido, tan afrentoso y peligroso, rodeada de pobres y gente perdularia, despreciada sin honra; aunque la tuviérades aborrecida, habíades de mirar vuestra reputación y la honra de todos nosotros. Casadla señor con su igual, pues tenéis con quien, y quitad esta nota de vuestro linaje”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Respondiole el noble caballero con semblante grave, diciendo: “Señor don Vasco, cuando esto se hubiera de llevar por reglas de prudencia humana, eso que decís es lo que se había de mirar y hacer, mas a esta mi hija otra prudencia más alta creo que la gobierna, y pues ella ha escogido por esposo a Jesucristo, Rey eterno, y Él la quiere llevar por este camino, ni yo le daré más bajo esposo, ni le diré que deje su ejercicio. Créeme, señor hermano, que antes que a esto viniese se hicieron muchas diligencias hasta que se vio que era esta la voluntad de Dios. Dejémosla caminar a donde la llaman, que ella ha escogido mejor que nosotros le aconsejaremos”. Con esto, no osó replicar más en este caso de allí adelante don Vasco.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Era esto en los postreros años del Rey don Pedro, acertó a venir a Toledo. Tuvo noticia de la hermosura de esta santa doncella y, como juntaba a la crueldad ser deshonesto, no perdonaba cosa, deseó verla y aun haberla. Entendido el ruin propósito por la virgen devota y por sus padres, se fue con su compañera doña Mayor Gómez de secreto a Talavera, donde tenían sus padres casas y hacienda. Estuvieron allí algunos días encerradas con harto miedo, y no faltaba razón, porque no faltó quien le avisó de la ausencia y del lugar donde estaban retira- [761] das que, a costa de lisonjear a los Reyes y tener cabida, no se les esconde nada. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Dios, que lo dispone mejor, quiso que le dijesen esto y que se pusiesen encobro antes que viniesen a buscarlas. Acordaron de venir por un camino apartado otra vez a Toledo, no entraron dentro, sino fuéronse a una ermita (de que ya hicimos memoria) que se llamaba Nuestra Señora de la Sisla. Allí vivieron escondidas algunos días hasta que se ausentó el Rey, y así escaparon de sus manos y de su deshonestidad. En esta ermita probó esta santa otro género de vida, de mayor quietud y sosiego del alma, puesta en alta conservación del Cielo, haciendo su corazón un holocausto encendido todo en el amor y contemplación de su Esposo. Hacía las asperezas grandes de los ermitaños de Egipto. Dormía sobre unos sarmientos, ayunaba mucho, juntaba las noches con los días orando y contemplando, y allí recibió grandes consuelos del Cielo, ayudándole a todo esto su gran compañera, doña Mayor Gómez, que se la deparó Dios en todos estos trances, no para aya, aunque lo parecía, sino para alivio de tan grandes cosas, y testigo de su honestidad y pureza. Murió a esta sazón el Rey don Pedro a manos de su hermano don Enrique, como todos saben; con su muerte se aseguraron mil almas temerosas de su crueldad y de su torpeza, salió de su yermo nuestra santa ermitaña y, pensando qué camino escogería para retirarse al servicio de Dios de propósito y acabar en ella vida con mayor aprovechamiento de su alma, tuvo noticia cómo había en Toledo una congregación de mujeres santas, que se recogían en una casa en la parroquia de San Román. Tenían como en lugar de priora una señora de gran prudencia y espíritu, que se llamaba doña María de Soria; loaba toda la ciudad el modo de vivir de esta gente, teniéndolas por mujeres de gran recogimiento y santidad. Parecioles a las dos compañeras que este era negocio seguro, supuesto que no habían de estar en aquella ermita y había cesado la causa. Fuéronse allí y recibiolas doña María de Soria con alegría, por la fama de su valor; se vistieron entre ambas el hábito que usaban las que allí entraban. Vivieron algún tiempo en aquella compañía, dando gran ejemplo a todas y ejercitándose en actos de humildad y de obediencia, de que recibía gran consuelo nuestra santa, y sin duda quiso Nuestro Señor traerla aquí para que aprendiese esto y lo ejercitase, porque es cosa imposible poder enseñar a otros, los que no tienen experiencia, qué cosa es obedecer. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Murió dentro de pocos años doña María de Soria, en cuyo gobierno estribaría aquella congregación. Murieron también los padres de nuestra doña María García de Toledo, dejáronle mucha hacienda y mejora, entendiendo que la había de emplear en servicio de Nuestro Señor con grande provecho de sus almas. Como se vio desamparada de la madre espiritual y de los padres naturales, y con hacienda, suplicó a Nuestro Señor la alumbrase en lo que era servido hiciese de sí y de los bienes que le habían quedado, pues no era suya ni quería otra cosa en esta vida sino emplearse toda en su amor y servicio. Púsole en el corazón lo que Dios había ido madurando por todo este discurso, entreteniendo a esta, su sierva, por tan extraños y varios caminos, y lo que con el efecto se ha mostrado ser cosa ordenada por su divino consejo. Vendió las heredades y hacienda que le había quedado en el lugar de Belilla y otras partes. Compró en la parroquia de San Lorenzo, en Toledo, una buena casa que tenía suelo y aposento [762] espacioso, pasose allí con su compañera, doña Mayor Gómez, y algunas que, conociendo su santidad y valor, quisieron seguirla delas de aquella congregación de beatas. Encerrose allí con determinación de no salir en toda la vida. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Entendiose esta mudanza en la ciudad. Vino a noticia de una señora, de las nobles de Toledo, que se llamaba Teresa Vázquez, mujer deseosa de la salud de su alma, había días que estaba recogida en su casa con gran encerramiento, con hasta siete u ocho mujeres, haciendo vida muy honesta. Acordó de pasarse a la compañía de nuestra Santa, con toda la suya, entendiendo que Dios la llamaba para servirle en aquella congregación; ansí se hizo en breve una casa de muchas siervas de Dios, y de notable nombre, a quien siguieron presto otras. Aquí se comenzó luego una labor divina, en unas vidas de gran humildad y pobreza de espíritu, desechando no solo el regalo, mas aun lo muy necesario para pasar la vida, abrazando en todo la mortificación de los sentidos. Pusiéronse unos hábitos blancos y un escapulario pardo, el mismo que tenían los muy recientes monjes de la Orden de San Jerónimo, sin saber qué hacían. También se determinaron luego a obedecer todas a una cabeza porque no fuese monstruo de muchas aquel colegio, y de común acuerdo quisieron todas que fuese doña María García de Toledo, porque tenían mucha prueba de su virtud y prudencia, que bastaba a mayores cosas. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Como era la santa tan en el corazón humilde, recibió aquello con harta dificultad, derribada de los ruegos y lágrimas de sus hermanas, a quien ella quisiera obedecer toda la vida. Este fue el primer fundamento y estas las primeras fundadoras del Monasterio de San Pablo de Toledo, de los muy religiosos, sin agravio de ninguno que ha habido en aquella ciudad y de notable nombre, en donde, como veremos, en sus lugares se han criado santas y puras almas y grandes siervas de Dios. Vino a esta sazón, como dijimos arriba, Fr. Pedro Fernández Pecha a fundar la Casa de la Sisla (no es fácil de atinar si antes o después que este santo colegio de vírgenes se juntase); dijimos también, y es cosa cierta, que la santa le dio mucho favor para el edificio y le socorrió con todo lo que pudo, y hoy en día guarda un arquilla de plata que dio esta sierva de Dios, en que encerrasen el Santo Sacramento. Lo que Fr. Pedro Fernández Pecha sirvió a esta sierva de Dios, y el trato que entre los dos pasaba, no hay para qué repetirlo, pues queda dicho en la vida de aquel santo. Comenzáronse desde entonces a llamar religiosas de San Jerónimo, y a imitar todo lo que podían de la vida y costumbres y ceremonias santas a aquellos padres de quien Fr. Pedro Pecha era como patrón y cabeza y prior de la Sisla, pues sin duda todos los de la Orden son sus hijos, y estas podemos llamar, y lo son, sus primeras hijas. Porque, aunque entonces los religiosos de la Orden estaban sujetos a los ordinarios, doña María García de Toledo y sus hijas dieron la obediencia a Fr. Pedro Fernández, y por su parecer se gobernaban y no salían un punto de su obediencia. Crecía aquella casa de San Pablo en gran ejercicio de humildad, y caminaban debajo del gobierno de dos almas tan pías, con largo paso al aprovechamiento espiritual, todas las que allí se habían recogido. Iba muy delante de todas la Santa Virgen Fundadora, hallándose la primera en cuanto se ofrecía de virtud y [763] de humildad, con harta maravilla de las que pretendían imitarla.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Asentaron luego el oficio divino por orden del prior de la Sisla, su maestro, con la puntualidad que entonces supieron, que se hizo a todos maravillosa, y acudían de la ciudad a oírlos la gente que tenía gusto de devoción, porque parecía que los oficiaban los ángeles. Levantábanse a medianoche a Maitines, y nunca la sierva de Dios, desde aquella hora, sabía qué cosa era tornar a la cama, consumiendo lo que quedaba de la noche en oración y coloquios divinos con su Esposo, Jesucristo. Dábale mucha pena que la alabasen en algo, habiendo tanto de qué;  cuando las personas seglares le decían de su buen nombre, y relataban alguna de sus virtudes, que suelen ser en esto indiscretos, decía ella con semblante vergonzoso: “Estas hermanas y siervas del Señor hacen eso, y en ellas cabe bien lo que de mí decís, que yo no soy sino un vaso despreciado y una criatura inútil”. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Cuando algunas veces estaba mala (tenía muchos achaques por tratar tan mal su cuerpo) y era fuerza caer en la cama, y vía aquellas santas compañeras alrededor, con tanta gana de servirla, decía con una sinceridad de paloma: “Dónde merecí yo tanto bien, que me sirviesen damas y doncellas tan hermosas, y las esposas de mi Señor se humillasen a un vil gusanillo cual soy yo, que aun no merezco servir a ninguna dellas”. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Ofendíanle mucho las mujeres que se adobaban los rostros, pintándose con los albayaldes y carmines, y poniéndose mudas, decía que ni eran buenas para mujeres, ni para imágenes, porque para lo segundo eran feas y para lo primero no eran vivas, sino pintadas. Cuando alguna destas venía a visitarla, decía que no la conocía, porque traía máscara, y la había visto antes sin ella, y que no era aquel rostro que les había dado Dios, sino el que compraron de la tienda. Amonestábales con palabras santas que no hiciesen aquello, porque ofendían mucho a Nuestro Señor, y que si perseveraban, no era pequeño el castigo que las estaba guardado. También aborrecía mucho los olores: almizcle, algalia, ámbar, y otros cualesquier extraordinarios que solían traer entonces solo las mujeres (no se había extendido esta manera de afeminarse a los hombres en aquel tiempo) porque le olían mal las que siempre querían oler bien. Decía que era locura traer con olores postizos un cuerpo que tan presto  había de oler tan mal y ser manjar de gusanos. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Si alguno, hablando con ella, le decía de merced o de reverencia, llena de humildad respondía que la merced era de Dios, de quien es propio hacer mercedes y misericordias, y la reverencia se debe a quien todas las criaturas hacen reverencias, porque ella miserable era e indigna de reverencia. Después que los dos santos gozaron algunos años de la conversación santa, aprovechándose a veces y aprendiendo el uno del otro, gobernando sus conventos, con el aprovechamiento que hemos visto, cansado ya, o diremos mejor, derribado ya Fr. Pedro Pecha de sus rigurosas asperezas, y por esto con mil ajes, pareciéndole que estaba inútil para el gobierno, determinó de ir a acabar su vida a Nuestra Señora de Guadalupe, como lo vimos en su vida. Quedó con esto muy desconsolada nuestra santa, y no le sucedió cosa en esta vida que sintiese tanto, y todas las otras hermanas se lastimaron en el alma, llamándose desamparadas, sin padre y sin maestro, que con su aviso y prudencia las sus- [764] tentaba, doctrinaba y regía, y las animaba con su ejemplo a continuar el curso comenzado. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Sintiéndose pues, nuestra devota virgen, tan desconsolada, volvió los ojos al Señor llena de fe y esperanza, y díjole con amorosas lágrimas: “ Confirma, Señor, esto que obraste en nosotras, y no desampares desde tu alto templo el edificio deste en que tú quieres morar por tu misericordia, da esfuerzo a tus siervas para que perseveren hasta alcanzar el fin de su deseo, que no es otro sino unirse contigo como último fin de todas nuestras esperanzas, y abrazarte como a Esposo único de las almas. Flacas somos, Señor, y llenas de pobreza y miseria, mas tú eres gigante fuerte, y pastor vigilantísimo, que nadie será poderoso para sacar estas ovejicas de tu mano”. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Oyó el Señor su oración, como se vio por el efecto, pues fueron siempre creciendo en tanto hervor y devoción en aquella santa casa. Vivió después de la ausencia de su fiel compañero la sierva de Dios veinticuatro años. Era ya de mucha edad, las penitencias y mal tratamiento del cuerpo, dormir en el suelo, vigilias, ayunos habían estragado mucho aquel cuerpo delicado. Veníanle a faltar poco a poco los sentidos, veía poco, oía menos, con todo esto no quería faltar a las cosas de la comunidad. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
No podían con ella aunque más se lo rogaban, sino que se había de levantar a Maitines. Como no oía, acordó de tener un gallo en su celda, que era muy puntual en cantar a la medianoche con aquel canto; por ser muy aguda la voz, despertaba y oía. Santa simplicidad, si no es que era misterio despertar con el canto del gallo. Desde niña, tuvo costumbre de levantarse a la medianoche a loar al Señor, y jamás la dejó, aun en enfermedades grandes, grande ánimo y virtud de hembra tan delicada. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Aunque estaba por de fuera el cuerpo tan consumido, tenía dentro el alma muy despierta en la contemplación que había ejercitado toda su vida, gozando en lo secreto de favores y regalos divinos que la alentaban para tan larga jornada. Llegado el fin de la carrera dichosa, queriendo el Señor darle el galardón de tan santa vida y trabajos tan piadosos, vínole una calentura lenta, que bastaba para consumir aquello poco que había quedado de la penitencia. Cayó en la cama, porque no podía sostenerse. Sintiendo ya su fin cerca, llamó a sus hijas que, a esta sazón, eran veinticinco o veintiséis, rebaño precioso y rico en los ojos de Dios. Cuando las tuvo delante abrazolas una a una con notable ternura y lágrimas, queriendo poner a cada una en sus entrañas, dábales paz en el rostro y se juntaban las unas lágrimas con las otras. Después les dijo desta manera: “Hermanas queridas y compañeras de mi peregrinación, que habéis perseverado conmigo en estos trabajos de pobreza y penitencia, yo me parto a la bienaventuranza que ha prometido nuestro Esposo a los que perseveraren hasta la fin. Deseo mucho que no os ponga espanto lo que os falta de la corrida de vuestro curso, y que mi ausencia no os cause alguna flaqueza en los ánimos, ni penséis que he sido yo alguna parte para sustentaros hasta este punto en la vida religiosa que habéis comenzado, de que tenéis pasada ya mucha parte, las más de las que estáis presentes. Otra fuerza mayor es la que os sustenta, que es la virtud del Señor, que nunca se cansa, ni puede morir, y está siempre cerca de vosotras si por vuestra [764] culpa no la desecháis y hacéis fuerza para que se vaya, porque os ama mucho y tiene gran cuidado de vuestra salud. Lo que desea y lo que siempre nos pide es que no pongamos el amor en otra cosa, que es muy celoso, y no admite compañía alguna: o todas habéis de ser suyas o de otro, y mirad quién será el otro si dejáis a Dios. Fuera d’Él todo es feo, todo es miseria, enfermedad y muerte. Una quiere que sea su paloma, y una su amiga y una su querida, que no cabe con otro. Ponedle en vuestro corazón y en vuestro brazo, haced que vuestros pensamientos, palabras y obras no tiren a otra señal, porque, si no, sabed que se enojará mucho, y cuanto estáis en más alto estado y cuanto habéis venido a más secretos abrazos y favores, tanto será mayor la ira de sus celos. Porque el amor es como la muerte fuerte y más duro que el infierno que, como la muerte, nunca se aplaca ni perdona y, como el infierno, nunca se apiada ni ablanda; ni al uno ni al otro podremos con ruegos ni con fuerza detenerlos, ni mudarlos de su rigor: ansí el amor, cuando es tan gravemente ofendido y quebrantadas sus leyes, no sabe perdonar, ni aplacarse, ni la ira de los celos tiene remedio. Las caídas de muy alto de ordinario son mortales. Por eso, carísimas hermanas, mirad donde subisteis, temed mucho la caída y, pues tenéis tan cierto el socorro, pedidle sin cesar que no hayáis miedo que falte. Mirad cuán presto se acaba la vida, cuán poco duran los gozos vanos deste suelo, qué presto se marchitan estas florecillas de la primavera que, de ordinario, antes de la noche se enlacian y caen, y los trabajos, qué momentáneos y de poca dura, y qué de bienes se siguen tras ellos, cuando se llevan en paciencia y por Dios. No os turbe ver a las que dejasteis en el siglo, cuando vienen compuestas y galanas a visitarnos, porque son figuras del retablo de este mundo, que pasa como una farsa. Ya veis cuántas, en medio de sus regalos, las ha arrebatado la muerte, y cuántas de las que viven querrían ser muertas, porque viven una vida de infierno. Poned los ojos en la ribera deste río por donde vais atravesando a vuestra gloria, para que no os desvanezcan las ondas y sus olas, que pasan a dar en el mar. Veisme aquí, estoy ya a las puertas de la muerte, alegre y segura, sin temer la contradicción de mis enemigos, confiada en el mérito de la pasión de mi esposo y en la virtud de su sangre, que cuando con Él me desposé me las dio en arras y en dote, y ahora que viene el día de las bodas, saldré adornada con ellas. Imaginad que me casé con un hombre de los del siglo, y que he vivido en muchos regalos, y que tengo muchos hijos, y que he llegado a este punto que tuviera ahora aquí sino congojas, y rabias y ansias, un temor y una tristeza irremediable. Pues mirad la diferencia y deprended en este trance lo que no se os olvide jamás. Quiéroos dar en mi partida un consejo y un precepto; el precepto no es nuevo ni mío, sino del Esposo y Señor Jesucristo, que os améis unas a otras y sufráis las faltas con caridad, y esta es deuda que la debéis siempre, en tanto que durare la vida: cada una quiera el bien de la otra como el suyo propio, porque en esto consiste el verdadero amor. El consejo es que os guardéis de salir del claustro cuanto os fuere posible y que no os vean en la calle para siempre, ni aun en la red, sino con mucha necesidad. Mirad que las palomas, aunque son tan puras y sin malicia, si ven la red huyen de ella, porque en la red está el lazo que prende con las palabras o con la vista la inocencia del alma”. [766] &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Esto les dijo en común. Después, en particular, habló a cada una por sí, y no adivinando ni sacando por conjeturas, sino con un espíritu profético, les declaró todo el discurso de sus vidas, diciendo a muchas dellas lo que después sucedió sin faltar punto. A unas que no habían de perseverar y los fines que habían de hacer, y a otras les declaró cómo habían de ir aprovechando; y aunque entonces les pareció que debía de hablar a tientas o no la entendían, después se desengañaron y vieron claro que el Señor les avisaba por la boca de su sierva. Acabado esto, pidió la extremaunción; recibiola con gran espíritu y entereza, ayudando a todos los salmos y letanías, como si estuviera sana. De allí a un poco, descendió sobre ella una claridad admirable, y anduvo volando por la celda una palomica blanca, aunque no fueron todas las que allí estaban dignas de verla. Alegrose su rostro en gran manera, mirando atenta a la luz que tenía sobre sí; hablaba con ella tan quedo, que no podían entenderla. De allí a un poco, alzó los brazos en alto y juntó las manos, como quien quiere abrazar alguno, haciendo cruz, y ansí salió la santa alma, dando a entender que se abrazó luego con su amado y dulce Esposo Jesucristo. Su muerte fue el diez de enero, año de 1426 &#039;&#039;[1]&#039;&#039;, y ochenta y seis su edad, según la mejor cuenta, porque no se sabe precisamente el año en que nació. Había ordenado viviendo que sin ruido, y sin dar cuenta a nadie, llevasen su cuerpo al monasterio de Nuestra Señora de la Sisla. Hízose ansí y fue bien menester, porque la ciudad estaba alterada sobre querer llevar el cuerpo cada cual adonde le parecía que tenía más derecho. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Los parientes pretendían hacerle en la iglesia mayor un sepulcro suntuoso; otros pretendían llevarla a otras partes; las religiosas, con gran silencio, teniendo entendido el humilde pensamiento de su Santa Madre, sin que nadie lo supiese, lo llevaron a la Sisla. Recibieron los religiosos con gran reverencia el cuerpo santo. Llevábanla vestida con sus hábitos de San Jerónimo y una corona de laurel en la cabeza, insignia de triunfadores. Hiciéronle el más solemne entierro que pudieron. Y como a principal bienhechora y más principalmente como a santa, la pusieron junto al altar mayor, al lado del Evangelio, y labraron un rico sepulcro. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Certifica una relación antigua de su vida, a quien he seguido en esta historia, que hizo por ella muchas maravillas y señales, en los que tocaron a su santo cuerpo y que lo certificaron personas de mucha religión, dignas de toda fe, y que las calla hasta que la Iglesia las publique, donde da a entender que se trataba de su canonización y, como esto es negocio que no se hace sin mucha costa, faltó quien lo solicitaba, y ansí se quedaron los milagros escondidos. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
De cuarenta o más años a esta parte, hubo necesidad para cierta fábrica que se hacía allí, en la capilla mayor de aquel convento, abrir un poco el sepulcro y cuerpo de la santa. Descubriose y lo halláronlo entero; después de ciento treinta años, tenía un ladrillo por cabecera, la toca de la cabeza estaba sana y prendida debajo de la barbilla con un alfiler, vestida con sus hábitos de beata. Afirma Fr. Antonio de Villacastín, de quien supe yo esto, porque era el maestro de aquella fábrica y lo ha sido de toda la casa de San Lorenzo el Real, testigo abonado, que él mismo levantó el cuerpo y que vio [767] en él una cosa extraña: que por doquiera que le asía, se levantaba todo entero, como si fuera de una pieza, y estaba tan ligero como si fuera de pluma. Y los ramos de laurel de que le hicieron la corona, cuando la truxeron, se estaban tan enteros y frescos como cuando los cortaron. Debe de ser privilegio de la virginidad que no se marchite ni corrompa lo que a ella se allegare. Hiciéronle los religiosos de la Sisla, encima del sepulcro, una figura de bulto, vestida al natural con sus hábitos de la Orden y como ella andaba vestida. Está hincada de rodillas, puestas las manos mirando al Santo Sacramento, donde en vida tuvo siempre puesto el corazón, y un letrero o epitafio de la elegancia de aquel tiempo que dice: &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
FUE DOÑA MARÍA GARCÍA, VIRGEN QUE AQUÍ YAZE SEPULTADA, DE CUYAS OBRAS RESULTA SER VIRGEN DE ETERNA ALEGRÍA.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
De tan buena gracia y aun peores son los versos latinos que se siguen luego:&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Domum suam hec dicauit,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Qua feminas adunauit,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Ut peremni sacre viuerent.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Hec totam se spernebat,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Et arte virgo degebat,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Ad Christi vestigium.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Erat mundo crucifixa, &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Mundus Christi [etc] transfixa,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Charilatis gladio. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Aquí da a entender este poeta que eran suyas las casas donde se recogió y donde agora está fundado el Monasterio de San Pablo, aunque la historia que yo he seguido dice que las compró de su hacienda. Este monasterio se estuvo con nombre de Beatas de San Pablo y de San Jerónimo muchos años. El año de 1464 &#039;&#039;[2]&#039;&#039; se encargó la Orden d’él, y creció siempre en religión, criando grandes siervas de Dios, como lo veremos en la postrera parte desta historia que luego se sigue, siendo el Señor servido.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
FIN&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En Madrid, por Juan Flamenco. Año 1600 &#039;&#039;[3]&#039;&#039;.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
=== Notas ===&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&#039;&#039;[1]&#039;&#039; Figura el año en números romanos en el texto: “año de M.CCCC.XXVI”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&#039;&#039;[2]&#039;&#039; Figura el año en números romanos en el texto: “año de M.CCCC.LXIIII”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&#039;&#039;[3]&#039;&#039; Figura el año en números romanos en el texto:  “M.CD”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
= Vida impresa y manuscrita=&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Ed. de [http://visionarias.es/equipo/maria-aboal-lopez/ María Aboal López] (impresa) y [http://visionarias.es/equipo/veronica-torres-martin/ Verónica Torres] (manuscrita); fecha de edición: octubre de 2020 y agosto de 2022.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
== Fuente ==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
* [http://catalogodesantasvivas.visionarias.es/index.php/Categor%C3%ADa:Francisco_de_Pisa Pisa, Francisco de], 1612. &#039;&#039;Descripción de la Imperial Ciudad de Toledo e Historia de sus antigüedades y grandeza y cosas memorables que en ella han acontecido, de los Reyes que la han señoreado y gobernado en sucesión de tiempo, y de los arzobispos de Toledo, principalmente de los más celebrados&#039;&#039;. Toledo: Pedro Rodríguez, Imprenta Real, fol. 276v.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[[Contexto material del impreso Descripción de la Imperial Ciudad de Toledo e Historia de sus antigüedades]] &#039;&#039;y grandeza y cosas memorables que en ella han acontecido, de los Reyes que la han señoreado y gobernado en sucesión de tiempo, y de los arzobispos de Toledo, principalmente de los más celebrados&#039;&#039;.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
* [http://catalogodesantasvivas.visionarias.es/index.php/Categor%C3%ADa:Francisco_de_Pisa Pisa, Francisco de], &#039;&#039;Apuntamientos para la segunda parte de la Historia de Toledo&#039;&#039;. Biblioteca de Castilla-La Mancha, Ms. 193, fols. 87-88.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
== Criterios de edición==&lt;br /&gt;
Aunque la vida en el libro impreso forma parte de una enumeración de santos y, por tanto, no es propiamente una hagiografía, la recogemos aquí para que quede constancia de su inclusión en esta obra del siglo XVII. Se adoptan los criterios de edición de vidas impresas estipulados en el Catálogo, es decir, se moderniza la ortografía (b/u/v, j/g, chr/cr, qu/cu, empleo de h, etc.), las sibilantes y se eliminan las consonantes geminadas. El uso de mayúsculas y minúsculas se moderniza, así como la acentuación y la puntuación, que se adaptan a las actuales. No obstante, se ha mantenido la escritura de “monesterio”. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En cuanto a la continuación manuscrita de la misma obra, aparece en un manuscrito del siglo XVIII con este título: “En este libro se contienen los &#039;&#039;Apuntamientos para la segunda parte de la Historia de Toledo&#039;&#039; que prometió escribir el Doctor Francisco de Pissa Decano en las Facultades de Santa Theologia, y Artes Liverales, y Cathedratico de Escriptura en la Insigne Universidad de Toledo: fechos y ordenados por el mismo, en el año de 1612”. La vida de María García se integra en el apartado correspondiente al monasterio de San Pablo. Se siguen los criterios establecidos en el catálogo para fuentes impresas, es decir, se moderniza la ortografía (b/v, j/g, qu/cu, etc.), así como el uso de mayúsculas y la acentuación y puntuación, que se adapta a la actual. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==Vida de María García ==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&#039;&#039;&#039;(1605)&#039;&#039;&#039;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[Libro Quinto] &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[Fol. 275r]&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
===Capítulo XXXVI===&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&#039;&#039;&#039;Catálogo o lista de santos propios de esta ciudad de Toledo&#039;&#039;&#039;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[…]&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[Fol. 276v] […] Doña María García, natural de Toledo, monja en el monesterio de San Pablo de esta ciudad, que ella fundó debajo de la Orden y hábito de San Jerónimo, sujetándose al prior del monesterio de la Sisla, donde está enterrada cerca del altar mayor; falleció año de mil y cuatrocientos y sesenta y cuatro. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&#039;&#039;&#039;(1612)&#039;&#039;&#039;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&#039;&#039;&#039;Monasterio de San Pablo&#039;&#039;&#039;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[Pag. 87] Asimismo, está en este distrito el [Pag. 88] monasterio insigne del apóstol San Pablo de la Orden de San Jerónimo, que a los principios fue fundado por doña María García de Toledo, hija de Diego García de Toledo y de su mujer doña Constanza, hermana de don Álvaro, arzobispo de Toledo. La cual, en compañía de otras religiosas, hizo santa vida del hábito de San Jerónimo, aunque a los principios sin clausura, por los años del Señor de 1404, sujetas al prior de Nuestra Señora de la Sisla, extramuros; y después, en el año 1408, haciendo profesión solemne, tomaron velo y clausura, sujetas al general y prelados de la dicha Orden de San Jerónimo, como lo escribe Pedro de Alcocer en la &#039;&#039;Historia de&#039;&#039; [Pag. 89] &#039;&#039;Toledo&#039;&#039;, lib. 1º. La dicha María García, fundadora, está sepultada en el dicho monasterio de la Sisla, y asimismo lo está otra religiosa de esta casa &#039;&#039;[1]&#039;&#039;, de quien se cuenta en la &#039;&#039;Historia&#039;&#039; grandes ejemplos de santidad y misericordias que recibió de Dios Nuestro Señor en la oración y vida espiritual. Las vidas de las dos santas religiosas se hallarán escritas en la &#039;&#039;Historia&#039;&#039; de la Orden y el Maestro Villegas en la 3ª parte del &#039;&#039;Flos Sanctorum&#039;&#039;, en las adiciones. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En esta iglesia de San Pablo está enterrado el arzobispo, que fue de Sevilla el cardenal, don Fernando Niño de Guevara.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
===Notas===&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&#039;&#039;[1]&#039;&#039; Seguramente se refiera a [[María de Ajofrín]], cuya vida está incluida en el &#039;&#039;Flos sanctorum&#039;&#039; de Villegas, como vemos en el Catálogo, aunque no en la &#039;&#039;Historia de Toledo&#039;&#039; de Alcocer.&lt;/div&gt;</summary>
		<author><name>Anaritasoares</name></author>
	</entry>
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		<id>https://catalogodesantasvivas.visionarias.es/index.php?title=Teresa_Mej%C3%ADa_de_la_Cerda&amp;diff=713159</id>
		<title>Teresa Mejía de la Cerda</title>
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		<updated>2026-09-02T15:44:00Z</updated>

		<summary type="html">&lt;p&gt;Anaritasoares: &lt;/p&gt;
&lt;hr /&gt;
&lt;div&gt;[[Category:Santas_Dominicas]]&lt;br /&gt;
[[Category:Jaén]]&lt;br /&gt;
[[Category:Juan_López]]&lt;br /&gt;
[[Archivo:Logo CSV letras(9) DianaSanmartin.jpg|derecha|Teresa Mejía de la Cerda|link=]]&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
{| class=&amp;quot;wikitable&amp;quot;&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Nombre || Teresa Mejía de la Cerda&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Orden || [http://catalogodesantasvivas.visionarias.es/index.php/Categor%C3%ADa:Santas_Dominicas Dominicas]&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Títulos ||Monja y priora del monasterio de Santa María de los Ángeles de Jaén&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Fecha de nacimiento || Mediados del siglo XV - principios de siglo XVI, antes de 1508&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Fecha de fallecimiento|| Hacía 1575&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Lugar de nacimiento || [http://catalogodesantasvivas.visionarias.es/index.php/Categor%C3%ADa:Jaén ¿Jaén?]&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Lugar de fallecimiento|| [http://catalogodesantasvivas.visionarias.es/index.php/Categor%C3%ADa:Jaén Jaén]&lt;br /&gt;
|}&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
= Vida impresa=&lt;br /&gt;
Ed. de [http://visionarias.es/equipo/barbara-arango-serrano// Bárbara Arango Serrano] y [http://visionarias.es/equipo/borja-gama-de-cossio// Borja Gama de Cossío]; fecha de edición: octubre de 2023.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
== Fuente ==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[[Archivo:Juan_López,_1613,_Tercera_parte_historia_general_santo_domingo.jpg|miniatura|250px|right| Juan López, 1613. &#039;&#039;Tercera parte de la historia general de Santo Domingo, y de su orden de predicadores&#039;&#039;. Valladolid: Francisco Fernández de Córdoba. (Fuente: Imagen propiedad de la Universidad Complutense de Madrid. CC BY 4.0 [Digitalizado por Google])]]&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
* [http://catalogodesantasvivas.visionarias.es/index.php/Categor%C3%ADa:Juan_López López, Juan], 1613. “Libro tercero de la tercera parte de la historia general de Santo Domingo”, &#039;&#039;Tercera parte de la historia general de Santo Domingo, y de su orden de predicadores&#039;&#039;. Valladolid: Francisco Fernández de Córdoba, 228-231.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[[Contexto material del impreso Tercera parte de la historia general de Santo Domingo, y de su orden de predicadores]]&#039;&#039;.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
== Criterios de edición ==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Esta crónica está escrita por Juan López, obispo en la ciudad italiana de Monopoli. En la tercera parte se incluye la vida de santos de la orden, se aborda la fundación de los diferentes conventos en los dos primeros siglos de los dominicos en Castilla y se añade la vida de destacadas religiosas, aunque se hace referencia también a las religiosas que viven en las fundaciones hasta la publicación de la crónica en los conventos fundados. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Aquí nos encargamos de las religiosas que viven en los siglos XV-XVI cuyo foco de actuación es anterior a 1560 (aunque mueran después de esta fecha), es decir, antes del auge de Santa Teresa. Se adoptan los criterios de edición de vidas impresas estipulados en el Catálogo: se moderniza la ortografía (b/u/v, j/g, chr/cr, qu/cu, empleo de h, etc.) y se eliminan las consonantes geminadas. Además, se expanden las abreviaturas, aunque algunas como N. S. (Nuestro Señor) o N. P. S. (Nuestro Padre Santo) se respetan en el texto. El uso de mayúsculas y minúsculas se moderniza y se adaptan las normas acentuales a sus usos actuales. Finalmente, se moderniza también la puntuación, la acentuación y el uso de aglomerados.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==Vida de Teresa Mejía de la Cerda==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[228]&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&#039;&#039;&#039;Capítulo XVIII&#039;&#039;&#039; &#039;&#039;[1]&#039;&#039;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&#039;&#039;&#039;De la santa madre soror Teresa Mejía de la Cerda&#039;&#039;&#039;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En la información que se hizo de soror Teresa Mejía de la Cerda se examinaron nueve monjas, las cuales todas vieron, trataron y conocieron a la dicha madre, la cual hizo profesión en este convento siendo priora la madre Isabel de la Cerda, año de mil y quinientos y ocho, y siendo general de la orden el ilustrísimo cardenal Cayetano. De esta madre deponen de su rara obediencia que jamás suplicó ni replicó de cosa que la mandasen, que no es pequeño argumento de santidad tan entera renunciación de la propia voluntad, al cumplimiento de la cual tan arro- [229] jadamente caminan muchos. Vestía siempre lana, traía un cilicio muy áspero a las carnes, acompañaba la obediencia con suma pobreza: nunca jamás, en sesenta y ocho años que vivió en este convento, vistió ropa nueva, sino la que las demás religiosas desechaban. Y si tenía algún hábito nuevo con licencia de sus perlados, le trocaba por otro viejo. Era humildísima y, en el coro y en el refitorio y en los lugares de comunidad, siempre se ponía en el ínfimo. Eran muy ordinarias sus disciplinas, en las cuales muy ordinario derrama mucha sangre. Tenía casi continua oración. Era tan singular su caridad que dormía con una religiosa hética confirmada, solo porque la dicha enferma tenía de noche miedo. Y, en cierta ocasión en que la orden había de hacer un castigo ejemplar en una religiosa de esta casa, al tiempo que traían a la delincuente de la cárcel a recibir la disciplina común se desmayó. Y la dicha madre soror Teresa Mejía de la Cerda (y) &#039;&#039;[1]&#039;&#039; se desnudó y echó una soga a la garganta y, cubierto el rostro con el velo, entró en el coro del dicho convento, cruzados los brazos con dos disciplinas en las manos (estilo de la orden en semejantes ocasiones) y recibió la disciplina que llaman circular puesta de rodillas a los pies de todas las monjas del convento sin ser de ellas conocida por las muchas lágrimas y dolor que causó tan lamentable representación. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Era devotísima del Nacimiento del Señor, y vivía con grandísimas ansias y deseos de saber la hora en que había nacido. Y viniendo una noche de la vigilia del dicho día una religiosa enferma a maitines, porque en este convento se ha acostumbrado siempre que nadie falte de maitines en noche semejante, sino es estando enferma, recibió el santo viático. A esta sazón vio la dicha madre soror Teresa Mejía, clara y distintamente, tres veces una luz tan grande como una rueda de barbero, y que en medio de ella estaba un niño de singular hermosura. Y, a este tiempo, el reloj dio las doce. Reveló esto a la madre soror Luisa Cuello, gran religiosa y gran su amiga, pidiéndole encarecidamente el secreto, y la madre soror Luisa de Narváez afirma que la dicha noche tenía la madre Teresa de la Cerda una rama de romero en las manos y, estando junto a ella, vio muy clara y distintamente que el romero que tenía en las manos hacía cierto ruido y, mirando, vio que se iban abriendo las flores y floreció, lo cual fue público y notorio en el coro de este convento aquella noche. Todas las religiosas alabaron a Dios Nuestro Señor, que tal regalo y favor había hecho a esta su sierva. Entre otras grandes devociones en que se señalaba, era devotísima del Niño Jesús y así pedía a los perlados mandasen que la diesen la ración del convento en dinero para hacer con él vestidos al Niño, que la imagen del coro tiene en sus brazos, con que hizo doce vestidos diferentes al benditísimo Niño, los cuales, hasta hoy, duran en la sacristía. Y la dicha madre se sustentaba con solo lo que las religiosas la daban por amor de Dios. Queriendo vestir un día para cierta fiesta al Niño Jesús, con palabras muy tiernas, comenzó a decir: “Niño de las niñas de mis ojos, regalo de mi alma, única esperanza mía, bajad acá que os traigo ropa limpia. Venid, venid, presto”. Y, diciendo esto, vio que el Niño se descolgaba de los brazos de la imagen de la Virgen y, espantada con temor grande y devoción, derramando muchas lágrimas, subió por las gradas del altar a recibirle. Y, cuando le vestía y desnudaba, se regalaba con él y le decía ra- [230] zones tan amorosas y tan de madre como si fuera hijo que hubiera nacido de sus entrañas. Reveló este extraordinario favor a la madre soror Luisa &#039;&#039;[2]&#039;&#039; Coello, con el secreto que otras veces la hablaba cosas de esta calidad. Queriendo hacer otra ropa al Niño, oyó una voz que la dijo: “Mucho cuidas de lo pintado y estás olvidada de lo vivo”, de las cuales palabras entendió que, aunque el Señor se agradaba, y mucho, del servicio que la sierva de Dios hacía a su santa imagen, pero que era la voluntad de Dios y cosa a Su Majestad más grata que dende en adelante sus raciones y trabajos los gastase en componer el Santísimo Sacramento del altar. Con esta revelación puso tan gran cuidado que enriqueció el sagrario de este convento de manera que personas muy discretas y de muy buen parecer que le han visto dicen que hay muy pocos en España que puedan competir con él. Engrandecida con tantos favores soror Teresa, nacieron en su pecho unos afectuosísimos deseos parecidos a los que tenía el bienaventurado San Agustín, que quisiera haber vivido en tiempo y en lugar en que pudiera ver al Salvador del mundo conversar con los pecadores. Deseaba juntamente la bendita sierva de Dios saber el traje en que anduvo, la estatura que tenía y otras cosas que nacían de un pecho encendidísimo en amor divino. Y, estando un día oyendo misa en el coro de donde se ve la iglesia, vio, clara y distintamente, entrar por la puerta un hombre mozo que, a su parecer, tenía treinta o más años. Era de singular hermosura con un cabello largo que le cubría los hombros, traía una ropa morada y venía descalzo, y a esta sazón se volvió la dicha madre Teresa a las madres soror Ana de Berrio, a la madre soror Francisca de Moya y a la madre soror María Ilalto, que estaban junto a ella en el coro, y las dijo extrañando y maravillándose del traje del peregrino: “Mirad, mirad, ¿no veis aquel hombre?”. Pero las dichas madres, por mucho que miraron, no le vieron, porque era favor este que Dios hacía a la madre Teresa. Viendo salir de la iglesia aquel mancebo, fue corriendo al torno y mandó muy grandes albricias a los criados del dicho convento si en los hospitales, mesones, plazas, calles o casas de la ciudad hallasen al dicho peregrino. Y, hechas extraordinarias diligencias, no pareció hombre ni mujer que hubiese visto tal peregrino, con que se persuadió la dicha madre que Dios se había servido de cumplirla sus santos deseos, todo lo cual fue público y notorio en el dicho convento. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Cierto día, llamando una religiosa del dicho convento a la madre Teresa para que comiese un bocado, respondió: “No puedo hacerlo porque es hoy día de comunión”. Y, por muchas razones que la religiosa la hizo, nunca la pudo reducir a que entendiese que no era día de comunión, siendo verdad lo que la persuadía. Pero sucedió después que, acabando el padre fray Juan de Berlanga de decir la misa mayor en este convento, al tiempo que cogía los corporales vio en ellos una forma y, hallándose afligido, preguntó si había en el convento alguna religiosa que tuviese devoción de comulgar. Llamaron a la dicha madre Teresa, en quien estos deseos estaban siempre ardentísimos y se reconcilió y comulgó. De suerte que se cumplió el pronóstico o, por decir mejor, profecía, que por la mañana había dicho que era día de comunión. Tenía cuidado de lavar los corporales del convento y, al tiempo que estaban tendidos para enjugarse, nunca la dicha madre se sentaba, atendiendo con gran diligencia que no se sentase alguna mosca, y, estando con este su cuidado ordinario, vio clara y distintamente un Niño Jesús que llegaba a los corporales que ella tenía tendidos y se envolvía en ellos. Pedía a Dios encarecidamente le diese licen- [231] [1] cia y traza como padecer martirio por su dulcísimo nombre y cumplió el Señor sus deseos, dándole dos años continuos de gravísima enfermedad, la cual llevó con singularísimo sufrimiento y todo este tiempo gastaba en rezar, en llorar su vida y en decir canciones e himnos al Santo Nacimiento del Señor y al Santísimo Sacramento. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Estando cercana a la muerte, llegó a la dicha madre Teresa una religiosa de este convento, cuyo nombre a instancia suya calló el padre que hizo esta información, y la suplicó humildemente que luego que se viese con Dios en la otra vida, le pidiese y suplicase una cosa gravísima que al parecer de todo este convento era casi imposible, y la dicha sierva de Dios le dio la palabra de hacerlo así, y apenas había expirado, cuando luego al punto se facilitó el negocio que le habían pedido y se hizo, de lo cual entendieron las dichas madres que la difunta había partido de la Tierra al Cielo. Murió día de San Pedro Apóstol a la hora de prima y tres horas antes llamó a las madres del convento diciendo: “Tenía un recado de parte de Dios que darles”. Y, estando juntas, redujo a la memoria los votos que tenían hechos y la obligación que les corría de ser santísimas y perfectísimas, siendo esposas de Jesucristo. Y, con grandes lágrimas y extraordinarios encarecimientos (envistiéndose en su alma el espíritu que Dios comunicó a Santo Domingo poco antes de su fallecimiento), las persuadió no pusiesen su amor en las cosas de la Tierra, sino solo en su esposo, amenazándolas de parte de Dios con el castigo que estaba esperando a las que no guardan la fe que a tal esposo se debe. Después de lo susodicho, media hora antes que muriese, vio muchedumbre de damas vestidas de varios colores, rodeadas de muy grande resplandor y pedían a las madres les diesen asientos diciendo: “¿No ven esas señoras que ahí están?”. Y luego pidió el crucifijo de la enfermería y comenzó a hablar con él, derramando muchas lágrimas sin que nadie entendiese las razones. A esa sazón llegaron unas madres y la rogaron las dijese alguna cosa de edificación, la cual respondió: “No ha lugar, porque estoy satisfaciendo a mi Señor”, y poniendo su boca en la llaga del costado del crucifijo, inclinó la cabeza y expiró. Por muchos días, salió de su sepultura un suavísimo olor, que parecía más del Cielo que de la Tierra. Rogando un día a la dicha madre Teresa suplicase a Dios se sirviese de prorrogar el plazo de los días del padre maestro fray Gabriel de Santoyo, respondió a la madre soror Luisa de Narváez, que era la que se lo pedía: “No me mande que pida a Dios eso, porque el padre maestro ha de morir de esta enfermedad”. Y, concluyendo los testigos, afirman que son infinitas las cosas que pudieran decir, pero que los largos años que ha que falleció la sierva de Dios las han sepultado en las tinieblas del olvido, y que lo que pueden decir es que muerte y vida fue toda un prodigio de santidad. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
===Notas===&lt;br /&gt;
 &lt;br /&gt;
&#039;&#039;[1]&#039;&#039; Entendemos este &#039;&#039;y&#039;&#039; como errata.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&#039;&#039;[2]&#039;&#039; Errata de &#039;&#039;Laysa&#039;&#039; por &#039;&#039;Luisa&#039;&#039;, se corrige.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&#039;&#039;[3]&#039;&#039; Hay error en la paginación y el impreso indica 129.&lt;/div&gt;</summary>
		<author><name>Anaritasoares</name></author>
	</entry>
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		<id>https://catalogodesantasvivas.visionarias.es/index.php?title=Mayor_de_Guzm%C3%A1n&amp;diff=713158</id>
		<title>Mayor de Guzmán</title>
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		<updated>2026-09-02T15:43:51Z</updated>

		<summary type="html">&lt;p&gt;Anaritasoares: &lt;/p&gt;
&lt;hr /&gt;
&lt;div&gt;[[Category:Santas_Dominicas]]&lt;br /&gt;
[[Category:Segovia]]&lt;br /&gt;
[[Category:Juan_López]]&lt;br /&gt;
[[Archivo:Logo CSV letras(2) DianaSanmartin.jpg|derecha|Mayor de Guzmán|link=]]&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
{| class=&amp;quot;wikitable&amp;quot;&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Nombre || Mayor de Guzmán&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Orden || [http://catalogodesantasvivas.visionarias.es/index.php/Categor%C3%ADa:Santas_Dominicas Dominicas]&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Títulos ||Priora del monasterio de Santo Domingo el Real de Segovia&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Priora del convento en las Dueñas de Medina del Campo&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Fecha de nacimiento || 1473&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Fecha de fallecimiento|| 1563&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Lugar de nacimiento || [http://catalogodesantasvivas.visionarias.es/index.php/Categor%C3%ADa:Segovia ¿Segovia?]&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Lugar de fallecimiento|| [http://catalogodesantasvivas.visionarias.es/index.php/Categor%C3%ADa:Segovia Segovia]&lt;br /&gt;
|}&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
= Vida impresa=&lt;br /&gt;
Ed. de [http://visionarias.es/equipo/barbara-arango-serrano// Bárbara Arango Serrano] y [http://visionarias.es/equipo/borja-gama-de-cossio// Borja Gama de Cossío]; fecha de edición: octubre de 2023.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
== Fuente ==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[[Archivo:Juan_López,_1613,_Tercera_parte_historia_general_santo_domingo.jpg|miniatura|250px|right| Juan López, 1613. &#039;&#039;Tercera parte de la historia general de Santo Domingo, y de su orden de predicadores&#039;&#039;. Valladolid: Francisco Fernández de Córdoba. (Fuente: Imagen propiedad de la Universidad Complutense de Madrid. CC BY 4.0 [Digitalizado por Google])]]&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
* [http://catalogodesantasvivas.visionarias.es/index.php/Categor%C3%ADa:Juan_López López, Juan], 1613. “Libro primero de la tercera parte de la historia general de Santo Domingo”, &#039;&#039;Tercera parte de la historia general de Santo Domingo, y de su orden de predicadores&#039;&#039;. Valladolid: Francisco Fernández de Córdoba, 340.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[[Contexto material del impreso Tercera parte de la historia general de Santo Domingo, y de su orden de predicadores]]&#039;&#039;.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
== Criterios de edición ==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Esta crónica está escrita por Juan López, obispo en la ciudad italiana de Monopoli. En la tercera parte se incluye la vida de santos de la orden, se aborda la fundación de los diferentes conventos en los dos primeros siglos de los dominicos en Castilla y se añade la vida de destacadas religiosas, aunque se hace referencia también a las religiosas que viven en las fundaciones hasta la publicación de la crónica en los conventos fundados. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Aquí nos encargamos de las religiosas que viven en los siglos XV-XVI cuyo foco de actuación es anterior a 1560 (aunque mueran después de esta fecha), es decir, antes del auge de Santa Teresa. Se adoptan los criterios de edición de vidas impresas estipulados en el Catálogo: se moderniza la ortografía (b/u/v, j/g, chr/cr, qu/cu, empleo de h, etc.) y se eliminan las consonantes geminadas. Además, se expanden las abreviaturas, aunque algunas como N. S. (Nuestro Señor) o N. P. S. (Nuestro Padre Santo) se respetan en el texto. El uso de mayúsculas y minúsculas se moderniza y se adaptan las normas acentuales a sus usos actuales. Finalmente, se moderniza también la puntuación, la acentuación y el uso de aglomerados.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==Vida de Mayor de Guzmán==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[339]&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&#039;&#039;&#039;Capítulo LXXX&#039;&#039;&#039;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&#039;&#039;&#039;De la fundación del monasterio de monjas de Santo Domingo el real de Segovia&#039;&#039;&#039;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[…]&lt;br /&gt;
[340] […] Doña Mayor de Guzmán, monja de esta casa, hija de Luis Mejía de Virués y doña Juana de Luna, fue priora diez veces, nueve en esta casa y una en las Dueñas de Medina del Campo. Entre muchas cosas que en su casa hizo, una fue pasar las monjas adonde ahora están. Hizo la traslación día de San Antonio de Padua, año de mil y quinientos y treinta, como se ha dicho. Puso esta casa en forma de monasterio como ahora está, lo cual todo se debe a la diligencia de esta madre priora. Murió el año de mil y quinientos y sesenta y tres, siendo de noventa años, fue de gran rigor y aspereza, y de mucha observancia y traía unos hierros ceñidos en las carnes.&lt;/div&gt;</summary>
		<author><name>Anaritasoares</name></author>
	</entry>
	<entry>
		<id>https://catalogodesantasvivas.visionarias.es/index.php?title=Mar%C3%ADa_V%C3%A1zquez_de_Mella&amp;diff=713157</id>
		<title>María Vázquez de Mella</title>
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		<updated>2026-09-02T15:43:45Z</updated>

		<summary type="html">&lt;p&gt;Anaritasoares: &lt;/p&gt;
&lt;hr /&gt;
&lt;div&gt;[[Category:Santas_Dominicas]]&lt;br /&gt;
[[Category:Zamora]]&lt;br /&gt;
[[Category:Juan_López]]&lt;br /&gt;
[[Archivo:Logo CSV letras(9) DianaSanmartin.jpg|derecha|María Vázquez de Mella|link=]]&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
{| class=&amp;quot;wikitable&amp;quot;&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Nombre ||María Vázquez de Mella&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Orden || [http://catalogodesantasvivas.visionarias.es/index.php/Categor%C3%ADa:Santas_Dominicas Dominicas]&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Títulos || Monja del monasterio de Santa María de las Dueñas de Zamora&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Fecha de nacimiento || Siglo XV&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Fecha de fallecimiento|| Siglo XV&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Lugar de nacimiento || [http://catalogodesantasvivas.visionarias.es/index.php/Categor%C3%ADa:Zamora ¿Zamora?]&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Lugar de fallecimiento|| [http://catalogodesantasvivas.visionarias.es/index.php/Categor%C3%ADa:Zamora Zamora]&lt;br /&gt;
|}&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
= Vida impresa=&lt;br /&gt;
Ed. de [http://visionarias.es/equipo/barbara-arango-serrano// Bárbara Arango Serrano] y [http://visionarias.es/equipo/borja-gama-de-cossio// Borja Gama de Cossío]; fecha de edición: octubre de 2023.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
== Fuente ==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[[Archivo:Juan_López,_1613,_Tercera_parte_historia_general_santo_domingo.jpg|miniatura|250px|right| Juan López, 1613. &#039;&#039;Tercera parte de la historia general de Santo Domingo, y de su orden de predicadores&#039;&#039;. Valladolid: Francisco Fernández de Córdoba. (Fuente: Imagen propiedad de la Universidad Complutense de Madrid. CC BY 4.0 [Digitalizado por Google])]]&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
* [http://catalogodesantasvivas.visionarias.es/index.php/Categor%C3%ADa:Juan_López López, Juan], 1613. “Libro primero de la tercera parte de la historia general de Santo Domingo”, &#039;&#039;Tercera parte de la historia general de Santo Domingo, y de su orden de predicadores&#039;&#039;. Valladolid: Francisco Fernández de Córdoba, 245-246.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[[Contexto material del impreso Tercera parte de la historia general de Santo Domingo, y de su orden de predicadores]]&#039;&#039;.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
== Criterios de edición ==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Esta crónica está escrita por Juan López, obispo en la ciudad italiana de Monopoli. En la tercera parte se incluye la vida de santos de la orden, se aborda la fundación de los diferentes conventos en los dos primeros siglos de los dominicos en Castilla y se añade la vida de destacadas religiosas, aunque se hace referencia también a las religiosas que viven en las fundaciones hasta la publicación de la crónica en los conventos fundados. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Aquí nos encargamos de las religiosas que viven en los siglos XV-XVI cuyo foco de actuación es anterior a 1560 (aunque mueran después de esta fecha), es decir, antes del auge de Santa Teresa. Se adoptan los criterios de edición de vidas impresas estipulados en el Catálogo: se moderniza la ortografía (b/u/v, j/g, chr/cr, qu/cu, empleo de h, etc.) y se eliminan las consonantes geminadas. Además, se expanden las abreviaturas, aunque algunas como N. S. (Nuestro Señor) o N. P. S. (Nuestro Padre Santo) se respetan en el texto. El uso de mayúsculas y minúsculas se moderniza y se adaptan las normas acentuales a sus usos actuales. Finalmente, se moderniza también la puntuación, la acentuación y el uso de aglomerados.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==Vida de María Vázquez de Mella==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[244]&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&#039;&#039;&#039;Capítulo LVI&#039;&#039;&#039;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&#039;&#039;&#039;De otras religiosas de señalada virtud que esta casa ha tenido&#039;&#039;&#039; &#039;&#039;[1]&#039;&#039;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[…]&lt;br /&gt;
[245] […]  La madre María Vázquez de Mella fue de vida muy ejemplar, ocupada siempre en santos ejercicios de oración, penitencia, ayunos, cilicios y disciplinas. Su vestido era siempre lana; esta vestía y en ella dormía. Tenía gran devoción con el bienaventurado San Joseph Abari Mathia &#039;&#039;[2]&#039;&#039;, que tuvo por muy acertado valerse del socorro de este santo, a quien tanta parte cupo de los dolores que el Señor padeció en la Cruz, y, como deseaba ocuparse siempre en la considera- [246] ción de tan soberano misterio, quiso valerse de la intercesión del santo, que se halló presente a lo que en él sucedió. Y, como buscaba su ayuda en lo que la importaba tanto, juntamente en las necesidades que se ofrecían, acudía por su favor. Entre las cosas que en esta razón sucedieron una fue que, en este convento, se perdió una escritura de importancia. Hiciéronse muchas diligencias, sin haber tenido rastro de ella; acudió la religiosa a su acostumbrada oración y, estando un día en el coro, la llamó la portera. Llegó al torno y un caballero, apeándose de su caballo sin hablarla palabra, la dio la escritura y desapareció. Pero de manera que la religiosa tuvo por muy cierto que su santo la había hecho aquella merced y quedó agradecidísima y obligada a servirle con más cuidado. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
===Notas===&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&#039;&#039;[1]&#039;&#039; Se refiere al monasterio de Santa María de las Dueñas Zamora.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&#039;&#039;[2]&#039;&#039; Por José de Arimatea.&lt;/div&gt;</summary>
		<author><name>Anaritasoares</name></author>
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		<id>https://catalogodesantasvivas.visionarias.es/index.php?title=Mar%C3%ADa_Parda&amp;diff=713156</id>
		<title>María Parda</title>
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		<updated>2026-09-02T15:43:39Z</updated>

		<summary type="html">&lt;p&gt;Anaritasoares: &lt;/p&gt;
&lt;hr /&gt;
&lt;div&gt;[[Category:Santas_Dominicas]]&lt;br /&gt;
[[Category:Medina_del_Campo]]&lt;br /&gt;
[[Category:Juan_López]]&lt;br /&gt;
[[Archivo:Logo CSV letras(9) DianaSanmartin.jpg|derecha|María Parda|link=]]&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
{| class=&amp;quot;wikitable&amp;quot;&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Nombre ||María Parda&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Orden || [http://catalogodesantasvivas.visionarias.es/index.php/Categor%C3%ADa:Santas_Dominicas Dominicas]&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Títulos || Monja del monasterio de Santa María la Real de Medina del Campo&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Fecha de nacimiento || ¿Segunda mitad del siglo XV?&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Fecha de fallecimiento|| ¿Final de Siglo XV - principios del XVI?&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Lugar de nacimiento || [http://catalogodesantasvivas.visionarias.es/index.php/Categor%C3%ADa:Medina_del_Campo ¿Medina del Campo?]&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Lugar de fallecimiento|| [http://catalogodesantasvivas.visionarias.es/index.php/Categor%C3%ADa:Medina_del_Campo Medina del Campo]&lt;br /&gt;
|}&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
= Vida impresa=&lt;br /&gt;
Ed. de [http://visionarias.es/equipo/barbara-arango-serrano// Bárbara Arango Serrano] y [http://visionarias.es/equipo/borja-gama-de-cossio// Borja Gama de Cossío]; fecha de edición: octubre de 2023.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
== Fuente ==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[[Archivo:Juan_López,_1613,_Tercera_parte_historia_general_santo_domingo.jpg|miniatura|250px|right| Juan López, 1613. &#039;&#039;Tercera parte de la historia general de Santo Domingo, y de su orden de predicadores&#039;&#039;. Valladolid: Francisco Fernández de Córdoba. (Fuente: Imagen propiedad de la Universidad Complutense de Madrid. CC BY 4.0 [Digitalizado por Google])]]&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
* [http://catalogodesantasvivas.visionarias.es/index.php/Categor%C3%ADa:Juan_López López, Juan], 1613. “Libro segundo de la tercera parte de la historia general de Santo Domingo”, &#039;&#039;Tercera parte de la historia general de Santo Domingo, y de su orden de predicadores&#039;&#039;. Valladolid: Francisco Fernández de Córdoba, 36-37.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[[Contexto material del impreso Tercera parte de la historia general de Santo Domingo, y de su orden de predicadores]]&#039;&#039;.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
== Criterios de edición ==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Esta crónica está escrita por Juan López, obispo en la ciudad italiana de Monopoli. En la tercera parte se incluye la vida de santos de la orden, se aborda la fundación de los diferentes conventos en los dos primeros siglos de los dominicos en Castilla y se añade la vida de destacadas religiosas, aunque se hace referencia también a las religiosas que viven en las fundaciones hasta la publicación de la crónica en los conventos fundados. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Aquí nos encargamos de las religiosas que viven en los siglos XV-XVI cuyo foco de actuación es anterior a 1560 (aunque mueran después de esta fecha), es decir, antes del auge de Santa Teresa. Se adoptan los criterios de edición de vidas impresas estipulados en el Catálogo: se moderniza la ortografía (b/u/v, j/g, chr/cr, qu/cu, empleo de h, etc.) y se eliminan las consonantes geminadas. Además, se expanden las abreviaturas, aunque algunas como N. S. (Nuestro Señor) o N. P. S. (Nuestro Padre Santo) se respetan en el texto. El uso de mayúsculas y minúsculas se moderniza y se adaptan las normas acentuales a sus usos actuales. Finalmente, se moderniza también la puntuación, la acentuación y el uso de aglomerados.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==Vida de María Parda==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[34]&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&#039;&#039;&#039;Capítulo XI&#039;&#039;&#039;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&#039;&#039;&#039;De muchas religiosas insignes en santidad de este monasterio&#039;&#039;&#039; &#039;&#039;[1]&#039;&#039;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[…]&lt;br /&gt;
[36] […] En nuestros tiempos, Sor María Parda, religiosa de grande humildad y mucha oración, perpetuas vigilias y ayunos y otras penitencias que se añadían a lana y al no comer carne, servía con mucha caridad los oficios, acudiendo con mucho cuidado a las enfermas sin olvidarse de las que no lo eran. Llegó el tiempo en que la misericordia de Dios quiso premiar sus trabajos y, durmiendo una noche, soñó que barría la celda de la madre priora, que entre otras tenía aquel cuidado, y que venía a ella una muy religiosa monja que había ya muerto y traía en las manos una cestilla de muy lindas flores con tres panecicos blancos como la nieve. Con ellos llegó a la puerta y miró si estaba allí la madre priora y, como no la vio, volviose y desviose, dio la vuelta y dijo: “Pues no está ahí la madre priora, a María Parda lo daré”. Dándoselo, dijo: “Tomad hermana, dad este recado a la madre priora para que os convide”. Acordose, en viniendo el día, la religiosa humilde del sueño, y refiriole a la madre priora, que era mujer de gran virtud, muy dada a oración, rigor y penitencia. Entendió luego lo que significaba el sueño y dijo: “Eso, hermana, aviso es que nos da Dios, aparejémonos, que nos llama”. Así lo hicieron y luego comenzó a faltar la salud a las dos a un tiempo y Sor María murió a día santo de Navidad y la priora, que era la madre Isabel de Navares, el día octavo, que es el de la Circuncisión del Señor. Llevó el Señor a la priora después de haber trabajado muchos años en la religión con mucho ejemplo, y quiso Dios llevarla poco antes que sucediese un gran trabajo que con la peste padeció el convento. No quiso el Señor que, siendo priora, se congojase con aquella grande plaga, en la cual murieron muchas [37] monjas. Era muy devota de Nuestro Padre Santo Domingo y del glorioso San Jacinto y, estando ya para expirar, dijo a las religiosas que rodeaban la cama y la favorecían con oraciones y exhortaciones, ayudándola en aquel tan peligroso paso (estilo santo que comenzó con la orden y se acabará con ella): “Apártense, que viene Nuestro Padre glorioso Santo Domingo y nuestro padre San Jacinto”, y estuvo hablando con ella y, entre palabras que respondió, oyeron que dijo: “Todas, todas, que nuestro glorioso Santo Padre, con la caridad inefable que siempre tuvo, y en el Cielo perfectísima, habla con la madre, consolándola de la muerte que luego se siguió de diez y ocho religiosas que murieron todas casi juntas y de una misma enfermedad”.  Y, después, dentro de muy pocos días, murieron otras tres. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
===Notas===&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&#039;&#039;[1]&#039;&#039; Se refiere al monasterio de Santa María la Real de Medina del Campo, que se describe su fundación en el capítulo anterior.&lt;/div&gt;</summary>
		<author><name>Anaritasoares</name></author>
	</entry>
	<entry>
		<id>https://catalogodesantasvivas.visionarias.es/index.php?title=Mar%C3%ADa_Gonz%C3%A1lez&amp;diff=713155</id>
		<title>María González</title>
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		<updated>2026-09-02T15:43:33Z</updated>

		<summary type="html">&lt;p&gt;Anaritasoares: &lt;/p&gt;
&lt;hr /&gt;
&lt;div&gt;[[Category:Santas_Dominicas]]&lt;br /&gt;
[[Category:Zamora]]&lt;br /&gt;
[[Category:Juan_López]]&lt;br /&gt;
[[Archivo:Logo CSV letras(9) DianaSanmartin.jpg|derecha|María González|link=]]&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
{| class=&amp;quot;wikitable&amp;quot;&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Nombre ||María González&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Orden || [http://catalogodesantasvivas.visionarias.es/index.php/Categor%C3%ADa:Santas_Dominicas Dominicas]&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Títulos || Monja del monasterio de Santa María de las Dueñas de Zamora&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Fecha de nacimiento || ¿Final del siglo XV - principios del XVI?&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Fecha de fallecimiento|| Siglo XVI&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Lugar de nacimiento || [http://catalogodesantasvivas.visionarias.es/index.php/Categor%C3%ADa:Zamora ¿Zamora?]&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Lugar de fallecimiento|| [http://catalogodesantasvivas.visionarias.es/index.php/Categor%C3%ADa:Zamora Zamora]&lt;br /&gt;
|}&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
= Vida impresa=&lt;br /&gt;
Ed. de [http://visionarias.es/equipo/barbara-arango-serrano// Bárbara Arango Serrano] y [http://visionarias.es/equipo/borja-gama-de-cossio// Borja Gama de Cossío]; fecha de edición: octubre de 2023.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
== Fuente ==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[[Archivo:Juan_López,_1613,_Tercera_parte_historia_general_santo_domingo.jpg|miniatura|250px|right| Juan López, 1613. &#039;&#039;Tercera parte de la historia general de Santo Domingo, y de su orden de predicadores&#039;&#039;. Valladolid: Francisco Fernández de Córdoba. (Fuente: Imagen propiedad de la Universidad Complutense de Madrid. CC BY 4.0 [Digitalizado por Google])]]&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
* [http://catalogodesantasvivas.visionarias.es/index.php/Categor%C3%ADa:Juan_López López, Juan], 1613. “Libro primero de la tercera parte de la historia general de Santo Domingo”, &#039;&#039;Tercera parte de la historia general de Santo Domingo, y de su orden de predicadores&#039;&#039;. Valladolid: Francisco Fernández de Córdoba, 245.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[[Contexto material del impreso Tercera parte de la historia general de Santo Domingo, y de su orden de predicadores]]&#039;&#039;.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
== Criterios de edición ==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Esta crónica está escrita por Juan López, obispo en la ciudad italiana de Monopoli. En la tercera parte se incluye la vida de santos de la orden, se aborda la fundación de los diferentes conventos en los dos primeros siglos de los dominicos en Castilla y se añade la vida de destacadas religiosas, aunque se hace referencia también a las religiosas que viven en las fundaciones hasta la publicación de la crónica en los conventos fundados. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Aquí nos encargamos de las religiosas que viven en los siglos XV-XVI cuyo foco de actuación es anterior a 1560 (aunque mueran después de esta fecha), es decir, antes del auge de Santa Teresa. Se adoptan los criterios de edición de vidas impresas estipulados en el Catálogo: se moderniza la ortografía (b/u/v, j/g, chr/cr, qu/cu, empleo de h, etc.) y se eliminan las consonantes geminadas. Además, se expanden las abreviaturas, aunque algunas como N. S. (Nuestro Señor) o N. P. S. (Nuestro Padre Santo) se respetan en el texto. El uso de mayúsculas y minúsculas se moderniza y se adaptan las normas acentuales a sus usos actuales. Finalmente, se moderniza también la puntuación, la acentuación y el uso de aglomerados.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==Vida de María González==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[244]&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&#039;&#039;&#039;Capítulo LVI&#039;&#039;&#039;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&#039;&#039;&#039;De otras religiosas de señalada virtud que esta casa ha tenido&#039;&#039;&#039; &#039;&#039;[1]&#039;&#039;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[…]&lt;br /&gt;
[245] […] María González, religiosa lega, como si nunca partiera del coro, se empleaba en todos los ejercicios de religión, no faltando punto de los que eran de su profesión. Era devotísima del Santísimo Sacramento y tan enamorada de él que tenía librado su consuelo en no se desviar de su presencia. Hallándose un día de Nuestro Padre Santo Domingo en la cocina, que servía en ella aquella semana, estando guisando la comida, oyó tañer a alzar en la misa mayor y, congojándose de no poder ir adorar el Santísimo Sacramento, dijo con muchas lágrimas: “Señor mío, no te puedo ver, veme tú a mí por tu misericordia”, y, volviendo los ojos hacia la iglesia, se abrieron todas las paredes y vio y adoró lo que tanto deseaba. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
===Notas===&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[1] Se refiere al monasterio de Santa María de las Dueñas Zamora.&lt;/div&gt;</summary>
		<author><name>Anaritasoares</name></author>
	</entry>
	<entry>
		<id>https://catalogodesantasvivas.visionarias.es/index.php?title=Mar%C3%ADa_del_Crucifijo_(2)&amp;diff=713154</id>
		<title>María del Crucifijo (2)</title>
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		<updated>2026-09-02T15:43:26Z</updated>

		<summary type="html">&lt;p&gt;Anaritasoares: &lt;/p&gt;
&lt;hr /&gt;
&lt;div&gt;[[Category:Santas_Dominicas]]&lt;br /&gt;
[[Category:Sevilla]]&lt;br /&gt;
[[Category:Juan_López]]&lt;br /&gt;
[[Archivo:Logo CSV letras(2) DianaSanmartin.jpg|derecha|María del Crucifijo|link=]]&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
{| class=&amp;quot;wikitable&amp;quot;&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Nombre || María del Crucifijo&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Orden || [http://catalogodesantasvivas.visionarias.es/index.php/Categor%C3%ADa:Santas_Dominicas Dominicas]&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Títulos || Monja del Monasterio de Santa María de Gracia de Sevilla&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Fecha de nacimiento || ¿Finales del s. XV?&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Fecha de fallecimiento|| ¿Primera mitad del siglo XVI?&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Lugar de fallecimiento|| [http://catalogodesantasvivas.visionarias.es/index.php/Categor%C3%ADa:Sevilla Sevilla]&lt;br /&gt;
|}&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
= Vida impresa=&lt;br /&gt;
Ed. de [https://visionarias.es/equipo/veronica-torres-martin// Verónica Torres Martín]; fecha de edición: mayo de 2026.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
== Fuente ==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[[Archivo:Juan_López_1615.jpg|miniatura|250px|right| Juan López, 1615. &#039;&#039;Quarta parte de la historia general de Santo Domingo, y de su orden de predicadores&#039;&#039;. Valladolid: Francisco Fernández de Córdoba. (Fuente: Imagen propiedad de la Universidad Complutense de Madrid. CC BY 4.0 [Digitalizado por Google]).]]&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
* [http://catalogodesantasvivas.visionarias.es/index.php/Categor%C3%ADa:Juan_López López, Juan], 1615. “Libro primero de la quarta parte de la historia de Santo Domingo y de su orden”, &#039;&#039;Quarta parte de la historia general de Santo Domingo, y de su orden de predicadores&#039;&#039;. Valladolid: Francisco Fernández de Córdoba, 139-140.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[[Contexto material del impreso Quarta parte de la historia general de Santo Domingo, y de su orden de predicadores]]&#039;&#039;.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
== Criterios de edición ==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Se han adoptado los criterios de edición de vidas impresas estipulados en el catálogo, esto es, se han eliminado las consonantes geminadas y se ha modernizado la ortografía (sibilantes, b/u/v, j/g, chr/cr, qu/cu, empleo de h, etc.). Se mantiene el uso del paréntesis para indicar observaciones digresivas según el original. Además, se han ajustado a los criterios actuales del español la unión y separación de palabras (“desta”, “deste”, etc.), el uso de mayúsculas y minúsculas, la acentuación y la puntuación. Asimismo, se han expandido las abreviaturas. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==Vida de María del Crucifijo==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[138] &#039;&#039;&#039;Capítulo XLVI&#039;&#039;&#039;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[…]&lt;br /&gt;
[139] La madre soror María del Crucifijo fue monja tan santa que se podía escribir de ella un libro entero. Fue su humildad y propio conocimiento singularísimo. Su oración era continua de día y de noche. No tenía cama en que dormir, proveyendo a la necesidad del sueño como se ofrecía la ocasión. Tenía tanto crédito en la ciudad de Sevilla esta religiosa con la voz que corría de los favores &#039;&#039;[1]&#039;&#039; que el Señor hacía por su intercesión, que era muy ordinario venirse a favorecer de sus oraciones en sus trabajos y necesidades. Teniendo experiencia [140] &#039;&#039;[2]&#039;&#039; de los buenos sucesos que por este medio tenían sus pretensiones túvose por cierto que el Señor le comunicaba espíritu de profecía, porque decía el suceso que tendrían los negocios que se le encargaban. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Muchos milagros hizo el Señor por su intercesión. En las enfermedades que tuvo fue el Señor su médico. Naciole un lobanillo en la cabeza y llegó a ser como un huevo grande, decían que no tenía otro remedio, sino abrirle. Fuese a Nuestra Señora, como solía, y una noche estando en el coro, entre otras cosas, dijo: “Señora mía, bien sabe Vuestra Majestad que hombre no ha de llegar a mi cabeza, vos me habéis de sanar”. Y en diciendo esto súbitamente se le abrió el lobanillo y se le deshizo y quedó de todo punto buena. Testigo de esto fue todo el convento, que todo él vio la enfermedad y la cura. Fue devotísima de la Virgen y, cuando acudían a pedir el socorro de sus oraciones, era devoción suya rezar nueve veces cada día el cántico de &#039;&#039;Magnificat&#039;&#039; en reverencia de la Encarnación del Hijo de Dios. Esta devoción duraba nueve días y, al cabo de ellos, mandaba decir una misa de la Anunciación (y, de ordinario, se veían por este medio milagrosos sucesos). &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Una cosa memorable sucedió en este convento y fue que trajeron a él una imagen de Nuestra Señora labrada en piedra. Alegrose mucho la sierva de Dios cuando la vio y dijo: “Señora mía, así veáis todos los infieles convertidos a la fe de vuestro Hijo, para gloria suya, que os quedéis en esta casa”. Habíase hecho para otra y, cuando eso no fuera, faltaban dineros para pagar la hechura. Trajéronla dos hombres y, cuando vinieron a llevarla, no fue posible poderla menear doce, y así, visto el milagro, la dejaron en el convento, donde ha hecho el Señor muchos por la devoción que a la santa imagen tiene la ciudad. &lt;br /&gt;
La oración de la sierva de Dios era siempre en presencia del Santísimo Sacramento. Con las ocupaciones, se le olvidó una tarde cierta devoción que solía rezar. Estaban ya cerradas y cercadas las puertas del coro, fatigose mucho, salió de su celda, encomendándose a Dios, llegó a la puerta y hallola abierta, fue al coro y rezó su devoción y, en saliendo, la puerta quedó cerrada como antes. Otro día avisó a las celadoras del descuido que habían tenido en cercar (que así lo pensaba ella). Certificáronla que la habían cerrado y que así la hallaron a la mañana. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Mandábala algunas veces la priora que echase la bendición al trigo porque la pobreza de la casa era mucha, y crecía de manera que había para todo el año. Y, si tenía gorgojo, con solo santiguarlo moría. Suplicó al Señor que su muerte fuese de manera que ni hiciese cama en la enfermería, ni la enfermedad durase más de un día, ni el médico la visitase. Y así sucedió, que un día habiendo confesado y comulgado, perdió el sentido y murió. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
===Notas===&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&#039;&#039;[1]&#039;&#039; Se corrige la errata “fanores”. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&#039;&#039;[2]&#039;&#039; Al margen izquierdo: Año de 1524.&lt;/div&gt;</summary>
		<author><name>Anaritasoares</name></author>
	</entry>
	<entry>
		<id>https://catalogodesantasvivas.visionarias.es/index.php?title=Mar%C3%ADa_del_Crucifijo&amp;diff=713153</id>
		<title>María del Crucifijo</title>
		<link rel="alternate" type="text/html" href="https://catalogodesantasvivas.visionarias.es/index.php?title=Mar%C3%ADa_del_Crucifijo&amp;diff=713153"/>
		<updated>2026-09-02T15:43:20Z</updated>

		<summary type="html">&lt;p&gt;Anaritasoares: &lt;/p&gt;
&lt;hr /&gt;
&lt;div&gt;[[Category:Santas_Dominicas]]&lt;br /&gt;
[[Category:Ávila]]&lt;br /&gt;
[[Category:Valladolid]]&lt;br /&gt;
[[Archivo:Logo CSV letras(4) DianaSanmartin.jpg|derecha|María del Crucifijo|link=]]&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
{| class=&amp;quot;wikitable&amp;quot;&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Nombre || María del Crucifijo&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Orden || [http://catalogodesantasvivas.visionarias.es/index.php/Categor%C3%ADa:Santas_Dominicas Dominicas]&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Títulos || Priora del convento de Aldeanueva, Ávila&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Fecha de nacimiento || Primera mitad del XVI&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Lugar de nacimiento|| [http://catalogodesantasvivas.visionarias.es/index.php/Categor%C3%ADa:Valladolid Valladolid]&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Lugar de fallecimiento|| Aldeanueva, [http://catalogodesantasvivas.visionarias.es/index.php/Categor%C3%ADa:Ávila Ávila]&lt;br /&gt;
|}&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
= Vida manuscrita=&lt;br /&gt;
Ed. de [http://visionarias.es/equipo/barbara-arango-serrano// Bárbara Arango Serrano]; fecha de edición: noviembre de 2025.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
== Fuente ==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
* “Fundación de este convento”, en &#039;&#039;Libro de becerro adonde están asentados todos los propios, y rentas, de beneficios…, el qual se hizo en el mes de junio, año de 1721&#039;&#039;, fol. 11r-11v. Ms. del Archivo Histórico Nacional, secc. Clero, libro Becerro, sig. 445, Aldeanueva de las Monjas.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[[Contexto material del manuscrito Libro de becerro]] &#039;&#039;adonde están asentados todos los propios, y rentas, de beneficios…, el qual se hizo en el mes de junio&#039;&#039;, año de 1721.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
== Criterios de edición ==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El &#039;&#039;Libro de becerro&#039;&#039; de donde se extrae esta vida es un manuscrito datado en 1721 que incluye una copia del original de la segunda relación de la fundación de Aldeanueva, de 1709 (el original podría ser un manuscrito que se conserva en el monasterio de Mosén Rubí, de Ávila, un poco deteriorado, con la misma relación de la fundación). Por esta razón, esta copia de la segunda relación se moderniza en puntuación y ortografía de acuerdo con los criterios actuales y siguiendo en general las normas de edición de vidas impresas. Es decir, se ha intentado que la modernización gráfica de este texto no suponga una importante pérdida de los valores fonéticos, léxicos y sintácticos de la época en cuestión. Por ello, se modernizan sibilantes, la alternancia b/v, i/y, qu/cu, empleo de la h, simplificación de consonantes geminadas, etc. Se contraen a el, de el, excepto cuando el artículo es parte del nombre de una comarca y no se desarrollan las abreviaturas de los títulos si solo aparecen con las iniciales.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Esta segunda relación de la fundación de Aldeanueva se contiene también en un manuscrito del monasterio de Mosén Rubí, como se ha señalado (seguramente la original, en todo caso también del siglo XVIII), y en otra copia moderna de hacia 1923 o 1928 conservada en el convento susodicho.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==Vida de María del Crucifijo==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[11r] […] En estos tiempos también se experimentó una señora muy principal que, siendo viuda, vino desde Valladolid a tomar el hábito de este monasterio, trayendo consigo a sus criadas todas, para que también fuesen religiosas con ella, y las dotó. Llamose esta señora en la religión María del Crucifijo. Fue muy ejemplar en los ejercicios ordinarios de la orden como son los ayunos, disciplinas y silencio, muy [11v] humilde y caritativa, muy devota de los santos y, en particular, de las once mil vírgenes. Fue ocho años priora y, llegándose su fin, murió como una santa y se dijo haber habido religiosas que oyeron a dicho tiempo música del Cielo y sospecharon que era del coro de las once mil vírgenes, de quien ella era tan devota.&lt;/div&gt;</summary>
		<author><name>Anaritasoares</name></author>
	</entry>
	<entry>
		<id>https://catalogodesantasvivas.visionarias.es/index.php?title=Mar%C3%ADa_de_Vargas&amp;diff=713152</id>
		<title>María de Vargas</title>
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		<updated>2026-09-02T15:43:11Z</updated>

		<summary type="html">&lt;p&gt;Anaritasoares: &lt;/p&gt;
&lt;hr /&gt;
&lt;div&gt;[[Category:Santas_Dominicas]]&lt;br /&gt;
[[Category:Zamora]]&lt;br /&gt;
[[Category:Juan_López]]&lt;br /&gt;
[[Archivo:Logo CSV letras(2) DianaSanmartin.jpg|derecha|María de Vargas|link=]]&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
{| class=&amp;quot;wikitable&amp;quot;&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Nombre || María de Vargas&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Orden || [http://catalogodesantasvivas.visionarias.es/index.php/Categor%C3%ADa:Santas_Dominicas Dominicas]&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Títulos || Monja del monasterio de Santa María de las Dueñas de Zamora&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Fecha de nacimiento || ¿Final del siglo XV - principios del XVI?&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Fecha de fallecimiento|| Siglo XVI&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Lugar de nacimiento || [http://catalogodesantasvivas.visionarias.es/index.php/Categor%C3%ADa:Zamora ¿Zamora?]&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Lugar de fallecimiento|| [http://catalogodesantasvivas.visionarias.es/index.php/Categor%C3%ADa:Zamora Zamora]&lt;br /&gt;
|}&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
= Vida impresa=&lt;br /&gt;
Ed. de [http://visionarias.es/equipo/barbara-arango-serrano// Bárbara Arango Serrano] y [http://visionarias.es/equipo/borja-gama-de-cossio// Borja Gama de Cossío]; fecha de edición: octubre de 2023.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
== Fuente ==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[[Archivo:Juan_López,_1613,_Tercera_parte_historia_general_santo_domingo.jpg|miniatura|250px|right| Juan López, 1613. &#039;&#039;Tercera parte de la historia general de Santo Domingo, y de su orden de predicadores&#039;&#039;. Valladolid: Francisco Fernández de Córdoba. (Fuente: Imagen propiedad de la Universidad Complutense de Madrid. CC BY 4.0 [Digitalizado por Google])]]&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
* [http://catalogodesantasvivas.visionarias.es/index.php/Categor%C3%ADa:Juan_López López, Juan], 1613. “Libro primero de la tercera parte de la historia general de Santo Domingo”, &#039;&#039;Tercera parte de la historia general de Santo Domingo, y de su orden de predicadores&#039;&#039;. Valladolid: Francisco Fernández de Córdoba, 246-247.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[[Contexto material del impreso Tercera parte de la historia general de Santo Domingo, y de su orden de predicadores]]&#039;&#039;.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
== Criterios de edición ==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Esta crónica está escrita por Juan López, obispo en la ciudad italiana de Monopoli. En la tercera parte se incluye la vida de santos de la orden, se aborda la fundación de los diferentes conventos en los dos primeros siglos de los dominicos en Castilla y se añade la vida de destacadas religiosas, aunque se hace referencia también a las religiosas que viven en las fundaciones hasta la publicación de la crónica en los conventos fundados. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Aquí nos encargamos de las religiosas que viven en los siglos XV-XVI cuyo foco de actuación es anterior a 1560 (aunque mueran después de esta fecha), es decir, antes del auge de Santa Teresa. Se adoptan los criterios de edición de vidas impresas estipulados en el Catálogo: se moderniza la ortografía (b/u/v, j/g, chr/cr, qu/cu, empleo de h, etc.) y se eliminan las consonantes geminadas. Además, se expanden las abreviaturas, aunque algunas como N. S. (Nuestro Señor) o N. P. S. (Nuestro Padre Santo) se respetan en el texto. El uso de mayúsculas y minúsculas se moderniza y se adaptan las normas acentuales a sus usos actuales. Finalmente, se moderniza también la puntuación, la acentuación y el uso de aglomerados.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==Vida de María de Vargas==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[244]&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&#039;&#039;&#039;Capítulo LVI&#039;&#039;&#039;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&#039;&#039;&#039;De otras religiosas de señalada virtud que esta casa ha tenido&#039;&#039;&#039; &#039;&#039;[1]&#039;&#039;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[…]&lt;br /&gt;
[246] […] Vivió la madre María de Vargas, sobrina del Cardenal Loaísa,, muy santamente con mucha observancia, que aunque su flaqueza no daba lugar para tanto rigor, viendo que sus compañeras guardaban el de la primitiva orden, venció el deseo las fuerzas, vistiendo y durmiendo en lana, usando cilicios acompañados con largos ayunos y mucha oración. Era muy devota de las once mil vírgenes y, en reverencia suya, hacía muchas oraciones y ejercicios santos. Para la hora de su muerte, tenía guardadas velas a honor de las santas vírgenes, y el candelero era un vaso lleno de arena, honrándose mucho con la santa pobreza que había profesado. Diola un furioso dolor de costado, quitáronla los médicos la túnica de lana y, el día que hubo de morir, la pidió con grande instancia, diciendo: “Dénmela que no es bien que una hija de Santo Domingo muera sin túnica”, y, por consolarla, se la dieron y la vistió. A la noche, velándola algunas religiosas, preguntó qué hora era y sabiéndolo dijo: “Temprano no es: no desasosieguen el convento”, y, cuando llegó la última de esta vida, dijo: “Llamen al convento que ya es hora, y porque las religiosas vendrán temerosas, pongan una vela en el dormitorio y enciendan las de las vírgenes”. Vino el convento y, hecho el oficio del tránsito [247] y recomendación del ánima, entonaron el “&#039;&#039;Quicunque vult&#039;&#039;”, y, acabados los artículos de la Santísima Trinidad, de que ella era muy devota, expiró, quedando notablemente cándido y resplandeciente su cuerpo, señal de la gloria de su alma. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
===Notas===&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&#039;&#039;[1]&#039;&#039; Se refiere al monasterio de Santa María de las Dueñas Zamora.&lt;/div&gt;</summary>
		<author><name>Anaritasoares</name></author>
	</entry>
	<entry>
		<id>https://catalogodesantasvivas.visionarias.es/index.php?title=Mar%C3%ADa_de_Silva&amp;diff=713151</id>
		<title>María de Silva</title>
		<link rel="alternate" type="text/html" href="https://catalogodesantasvivas.visionarias.es/index.php?title=Mar%C3%ADa_de_Silva&amp;diff=713151"/>
		<updated>2026-09-02T15:42:29Z</updated>

		<summary type="html">&lt;p&gt;Anaritasoares: &lt;/p&gt;
&lt;hr /&gt;
&lt;div&gt;[[Category:Santas_Dominicas]]&lt;br /&gt;
[[Category: Toledo]]&lt;br /&gt;
[[Category:Juan_López]]&lt;br /&gt;
[[Category:Pedro_de_Alcocer]]&lt;br /&gt;
[[Archivo:Logo CSV letras(8) DianaSanmartin.jpg|right|María de Silva|link=]]&lt;br /&gt;
{| class=&amp;quot;wikitable&amp;quot;&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Nombre || María de Silva&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Orden || [http://catalogodesantasvivas.visionarias.es/index.php/Categor%C3%ADa:Santas_Dominicas Dominicas]&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Títulos || Priora y fundadora del Convento de la Madre de Dios&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Fecha de nacimiento || Finales del siglo XV&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Fecha de fallecimiento || 18 de enero de 1532&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Lugar de nacimiento || [http://catalogodesantasvivas.visionarias.es/index.php/Categor%C3%ADa:Toledo ¿Toledo?]&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Lugar de fallecimiento || [http://catalogodesantasvivas.visionarias.es/index.php/Categor%C3%ADa:Toledo Toledo]&lt;br /&gt;
|}&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
= Vida manuscrita (1)=&lt;br /&gt;
Ed. de [http://visionarias.es/equipo/rebeca-sanmartin-bastida-investigadora-principal/ Rebeca Sanmartín Bastida] y María Morrás; fecha de edición: enero de 2020; fecha de modificación: septiembre de 2026.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
== Fuente ==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[[Archivo:II_Leonor_de_Silva.jpg|250px|right|Manuscrito|link=]]&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
* &#039;&#039;Razón y bezerro de toda la hazienda deste convento de la Madre de Dios de Toledo, de la orden de Sancto Domingo, ansí en dineros, pan, gallinas, molinos, tierras, dotes, alimentos, olivas, capellanías, que tiene hasta fin del año de MDXCIX&#039;&#039;. Ms. del convento de Santo Domingo el Real de Toledo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[[Contexto material del manuscrito Razón y Bezerro]].&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
== Criterios de edición ==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El relato de la vida de las hermanas Silva, que se encuentra dentro de la narración de la fundación de la Casa de la Madre de Dios, está incluido en el libro becerro del archivo que de esta comunidad conserva el convento de Santo Domingo el Real de Toledo. El texto está inserto en un volumen fechado en 1599 y está escrito por dos manos que cabría fechar como contemporáneas a la data del becerro &#039;&#039;nuevo&#039;&#039;, que copia el relato de la vida de la fundadora del antiguo (Becerro, fols. 7v-9r). Mantenemos, pues, todos los usos gráficos que pueden indicar preferencias fonéticas, dialectales o culturales en el texto. Dado que se trata de un texto único, escrito por dos monjas ‒una de ellas quizá la propia cronista‒ del siglo XVI, adoptamos un criterio conservador que recoja las características culturales y fonéticas de las monjas escribanas. La primera mano del texto se muestra sistemática en la diferenciación de palatales fricativas sordas y sonoras &#039;&#039;x/j, ç/z&#039;&#039;, excepto para la palabra &#039;&#039;doze&#039;&#039; que escribe siempre &#039;&#039;doçe&#039;&#039;; en el caso de las sibilantes, opta por escribir siempre s excepto en un caso (&#039;&#039;açeptasse&#039;&#039;, f. 4v), y parece leísta, una forma normalísima en el Siglo de Oro, asociada sobre todo al área de Castilla y que denotaba pertenencia a clase alta. La segunda mano, a partir del folio 10r, escribe ocasionalmente la palatal fricativa, ya velarizada en j (&#039;&#039;dijo, dijeron&#039;&#039; en lugar de &#039;&#039;dixo, dixeron&#039;&#039;), confunde &#039;&#039;ç/z&#039;&#039; (&#039;&#039;pareze&#039;&#039;), y se distingue por usos puramente gráficos, como no reduplicar la f; podría pensarse que correspondería a alguien más joven y ciertamente de habla más popular como muestran la forma &#039;&#039;porné&#039;&#039; (por ‘pondré’) y el uso de diminituvos (&#039;&#039;bracico, casica&#039;&#039;). No obstante, ambas manos comparten la mayoría de los usos gráficos: no distinguen entre b y v; son caóticas en el uso de la &#039;&#039;h&#039;&#039;, y escriben &#039;&#039;q-&#039;&#039; ante &#039;&#039;c-&#039;&#039; (qual en todas sus formas); regularizamos estos rasgos. También eliminamos los aglomerados (vg., despaña) excepto en los casos con demostrativos (&#039;&#039;desta, della&#039;&#039;) y simplificamos la &#039;&#039;f&#039;&#039; geminada siguiendo el uso actual, dado que parece ser un gesto gráfico carente de valor fonético; sin embargo, mantenemos la &#039;&#039;ll&#039;&#039; porque aparece en términos de origen latino de uso eclesiástico (&#039;&#039;collaçión, bulla&#039;&#039;) o en posición final, que podría indicar palatalización (&#039;&#039;mill&#039;&#039;); &#039;&#039;-bb-&#039;&#039; aparece sólo en el título de &#039;&#039;abbad&#039;&#039;, que conservamos a pesar de ser una hipercorrección, por tratarse de una palabra de esfera religiosa y ser habitual la reduplicación en textos legales y eclesiásticos. Por los mismos motivos mantenemos todos los grupos cultos, muy frecuentes en los términos de uso o resonancias religiosas (&#039;&#039;choro, Esustachia, sanct-&#039;&#039;, etc.) o formas como &#039;&#039;spiritual&#039;&#039;. El escrupuloso mantenimiento de las grafías significativas no sólo permite diferenciar en esta edición las dos manos del texto, sino también mostrar el hecho de que los fragmentos sacados del testamento de la fundadora se copiaron al pie de la letra, tanto en los usos gráficos (&#039;&#039;e&#039;&#039; como copulativa en lugar de &#039;&#039;y&#039;&#039;), como en los morfológicos (&#039;&#039;tenudas&#039;&#039;, con el participio arcaico y concordancia en número y género). A tenor de los usos gráficos y estilísticos puede aventurarse que unos fragmentos, los que narra la cronista, fueron dictados y otros ‒con seguridad los del testamento y el antiguo becerro‒ se copiaron de los originales, como ya se ha señalado. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Una mano añade interpoladas algunas anotaciones que indicamos entre ^ si son añadidos interlineados. La foliación es contemporánea y comienza en el folio 2r con el texto que editamos; asimismo todas las páginas presentan reclamos en el vuelto del extremo inferior derecho de los folios, consistentes casi siempre en la primera sílaba de la palabra que sigue en el folio siguiente, lo que podría indicar que se trata de una copia en limpio de un borrador o bien que el volumen está compuesto de hojas sueltas. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
La anotación en los márgenes del manuscrito y un estudio del texto se encuentran en el artículo Rebeca Sanmartín Bastida y María Morrás, “Las hermanas Silva: La santidad de unas fundadoras nobles”, &#039;&#039;Hagiographica&#039;&#039;, XXV (2018), pp. 251-281.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
== Vida de María de Silva ==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[Fol. 2r] &#039;&#039;&#039;Razón y bezerro de toda la hazienda deste convento de la Madre de Dios de Toledo, de la orden de Sancto Domingo, ansí en dinero, pan, gallinas, molinos, tierras, dotes, alimentos, olivas, capellanía, que tiene hasta fin del año de MDXCIX&#039;&#039;&#039;&lt;br /&gt;
IHS&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Este convento de la Madre de Dios, de la çiudad de Toledo, que es de monjas regulares de la Orden de nuestro señor padre Sancto Domingo (cuyo nombre fue este desde su fundaçión), le fundó la señora doña María de Silva, hija legítima de don Alonso de Silva, alférez mayor de Castilla, y de doña Isabel de Castañeda, su mujer, condesa de Çifuentes; la cual, después que tuvo el hábito de nuestra orden, por su mucha humildad se quiso llamar soror Marigómez, y ansí se firmó en el testamento que hizo antes de ser monja de velo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Tuvo esta señora otra hermana carnal que se llamó doña [[Leonor de Silva]] y, entre ambas dos, una tía que se llamó Françisca de Castañeda. Todas estas tres señoras fueron devotísimas de nuestro señor padre Sancto Domingo y de su hábito, y grandes hijas y siervas de nuestra madre Sancta Catalina de Sena, y trajeron algunos años el hábito de Penitençia que llaman de la Terçera Regla de Sancto Domingo, y en él hizieron profesión; y vivieron juntas con otras compañeras que se les juntaron, gente devota y religiosa, en el año del Señor de mill y cuatroçientos y ochenta y dos, en sus casas prinçipales, las cuales después dejó para fundaçión deste convento y son en la colaçión de la Iglesia de San Román, juntas al convento de beatas de Sancta Catalina [fol. 2v] que entonçes había, y vivían en comunidad.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Estas dos señoras y su tía se llaman fundadoras porque dieron prinçipio a esta casa y juntamente sus haziendas. Lo que se sabe que dejaron se dirá adelante. Vivieron, ellas y otras compañeras que se les juntaron, algunos años en su casa con mucho recogimiento, y en el año del Señor de mill y cuatroçientos y ochenta y tres pidieron liçençia al ilustrísimo y reverendísimo señor don Pedro González de Mendoça, cardenal de Sancta Cruz y arçobispo de Toledo, para que pudiesen tener altar y campanas y claustro y refectorio dentro de su casa, y pidiéronle más: que la casa se nombrase la Casa de la Madre de Dios de la Penitençia, debajo la Terçera Regla de Sancto Domingo, y que pudiesen tener las demás ofiçinas en forma de convento, y que ellas, y las demás que quisiesen con ellas, viviesen en comunidad debajo la dicha regla.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Conçedioles la dicha liçençia el sobredicho arçobispo como lo habían pedido, y que cualquiera obispo les pudiese bendezir la iglesia; y, siendo bendita, que pudiesen en ella çelebrar misas y deçir horas canónicas en forma de convento. Sobre lo cual el dicho cardenal dio su bulla con su sello pendiente y firmada de su nombre, su data en la villa de Madrid a si[e]te de abril de mill y cuatroçientos y ochenta y tres años. Está en el archivo del convento esta bulla, en el cajón primero, que es de la madre fundadora. Y deseando las sobredichas señoras y sus compa- [fol. 3r] ñeras hazer vida más áspera y estrecha, apartándose más del mundo y de sus ocasiones, y ser monjas ençerradas de velo de nuestro hábito por la mucha afiçión que a nuestro padre Sancto Domingo tenían, en el año siguiente de mill y cuatroçientos y ochenta y seis pidieron al papa Inoçençio, deste nombre octavo, las hiçiese monjas ençerradas en clausura, debajo la regla de Sancto Domingo, haziéndolas partiçipantes de las demás graçias y privilegios que las demás religiosas de la dicha orden gozan y tienen, dándole título y advocaçión al dicho convento, y se llamase de la Madre de Dios.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Todo lo cual conçedió el dicho pontífiçe con mucha voluntad, sobre lo cual mandó despachar su bulla plomada, su data en Roma en veinte y ocho días del mes de julio del año del Señor de mill y cuatroçientos y ochenta y seis, en el año segundo de su pontificado. Y dispensó más el dicho pontífiçe con la señora doña Françisca de Castañeda, tía de las dichas fundadoras, atento que ya era ançiana y profesa en el hábito de la Terçera Regla de Penitençia de Sancto Domingo y haber dado su hazienda a este nuevo convento: que sin hazer otra profesión de nuevo ni mudar su hábito de la Penitençia, pudiese vivir con las demás monjas y vivir entre ellas todos los días de su vida, los cuales acabó en paz en el dicho convento, en el que está enterrada. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[Fol. 3v] La execuçión deste breve la cometió el dicho pontífiçe a don Vasco Remigio, canónigo de Toledo y arçediano de Talavera y a Enselmo, abbad del convento de Nuestra Señora de Monte Sion, extramuros de Toledo, que llaman San Bernardo, como se contiene en el breve particular que a los sobredichos envió su data en Roma a los veinte y ocho días del mes de julio del año del Señor de mill y cuatroçientos ochenta y seis. Los cuales, obedeçiendo a lo que les era mandado, lo pusieron en ejecuçión a los diez y seis del mes de noviembre del dicho año de mill y cuatroçientos y ochenta y seis; y mandaron publicar la bulla de Su Sanctidad, el cual les conçedía lo que por su parte le fue suplicado; y mandaron los sobredichos juezes fuese obedeçida y guardada como Su Sanctidad en ella lo mandaba, y para esto dieron ellos su bulla escripta en pergamino con dos sellos pendientes y firmada de sus nombres, su data en la çiudad de Toledo, a diez y ocho días del mes de noviembre de mill y cuatroçientos y ochenta y seis años, ante Luis Sánchez de Palençia, secretario de la Sancta Iglesia de Toledo y notario apostólico.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y ansí, por virtud desta bulla de Su Sanctidad, luego el año siguiente de mill y cuatroçientos y ochenta y siete, a dos del mes de febrero, [fol. 4r] día de la Purificaçión de Nuestra Señora, a dos días del mes de febrero, hizieron profesión doçe monjas que había en el dicho monasterio, y desde este día quedó este convento de monjas veladas y çerradas, a las cuales se les fueron luego juntando otras donçellas nobles, que se señalaron mucho en virtud y en breve tiempo dieron de sí muchas muestras de la mucha religión que tenían y guardaban, de las cuales adelante diremos algunas cosas dignas de memoria.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Gobernó esta casa esta señora fundadora doña María de Silva desde su prinçipio, ansí en lo spiritual como en lo temporal, desde que tuvieron el hábito de penitençia, con mucha prudençia y religión y grandes muestras de sanctidad y con mucho exemplo de vida y costumbres, a la cual el padre provinçial desta provinçia de España de la orden de Sancto Domingo, que a la sazón era, la hizo priora deste convento con los votos de las monjas. Y porque después de hecha priora hubo duda entre los perlados si había sido verdadera eleçión o no por haber estado las monjas antes de los dos años, (acu-) [fol. 4v] acudieron al papa Inoçençio Octavo sobre el caso, el cual, siendo informado por el conde de Çifuentes don Alonso de Silva, hermano de la dicha nuestra madre fundadora, embajador que a la sazón era en Roma por los Reyes Católicos de gloriosa memoria, mandó despachar una bulla a la madre fundadora con muchos favores, alabándola de su buen çelo y religión y mandándola con preçepto, so pena de descomunión, açeptasse el tal ofiçio de priora y gobernase el dicho convento en lo spiritual y temporal como hasta entonçes lo había hecho, absolviéndola de cualquier excomunión si tuviese y supliendo cualquiera defecto que hubiese intervenido en su eleçión con autoridad apostólica; y para que no lo dexase de hazer ni açeptar el tal ofiçio, mandó en ella al deán y ^al^ arçediano de la sancta Iglesia de Toledo que entre ambos dos o cualquiera dellos, si fuese neçesario la compelliesen con çensuras eclesiásticas a que açeptase el ofiçio de priora del dicho convento y su gobierno en ^lo^ spiritual y temporal, como hasta allí había hecho, de lo cual mandó despachar su [fol. 5r] bulla sellada con el sello del pescador, su data en Roma, a diez y nueve del mes de febrero del año del Señor de mill y cuatroçientos y noventa y uno, en el año séptimo de su pontificado.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y viniendo ansí estas religiosas con tanto recogimiento y tanta sanctidad, les pareçió a los perlados de la orden que otra casa antigua de beatas de la Terçera Regla de nuestro padre Sancto Domingo, llamada Sancta Catalina de Sena, la cual estaba pegada con este convento de la Madre de Dios, que se debía unir y juntar en una para que todas juntas sirviesen a Nuestro Señor con más recogimiento y estrechura de vida, lo cual se hizo ansí. Y con consentimiento y voluntad de las religiosas de ambas casas, ansí monjas como beatas, se juntaron en el año del Señor de mill y cuatroçientos y noventa y uno, y de ambas casas se hizo un convento; debajo una misma regla y clausura fueron las beatas, que se pasaron diez, y, desta manera, comenzó a creçer este convento en número de religiosas.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y por esta unión tiene al presente este convento diez mill maravedís de renta en las alcabalas desta çiudad de Toledo, los cuales tenían las dichas beatas de merçed de los Reyes Católicos mientras fuesen beatas; y después los mismos reyes, por otra cédula suya, su [fol. 5v] data en la çiudad de Toledo, a ocho días del mes de julio del año de mill y quinientos y dos, hizieron merçed a este convento de los dichos diez mill maravedís y los gozasen de la misma manera que los gozaban las dichas beatas y, con el mismo cargo que ellas tenían, los dichos diez mill maravedís, de encomendar a Nuestro Señor las ánimas de los padres de los dichos Reyes Católicos y la salud dellos.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Ti[e]ne este convento, entre otras cosas, un testamento que le dejó e hizo esta señora fundadora cuando profesó la Terçera Regla de Penitençia de nuestro padre Sancto Domingo en el año mill y cuatroçientos y ochenta y dos, escrito en cuatro hojas de pergamino y firmado de su nombre, que dize Marigómez; el cual es mucho de estimar y preçiar por las muchas y buenas cosas que tiene y manda, donde muestra la gran devoçión que en su alma tenía por la Madre de Dios y por nuestro padre Sancto Domingo y Sancta Catalina de Sena. Y, ansí, desde su prinçipio, quiso que esta casa se llamase para siempre jamás la Casa de la Madre de Dios de la Penitençia y en memoria suya manda que se le haga fiesta particular con toda devoçión en el día de su Sancta Visitaçión y en el día de la Natividad de Jesucristo Nuestro Señor, lo cual manda y dize por estas palabras forma- [fol. 6r] les: «E se faga espeçial fiesta y memoria de la Madre de Dios el día de la Visitaçión de Nuestra Señora a Sancta Isabel, cuando la Señora estaba preñada de su glorioso hijo Nuestro Salvador Jesu Christo, Dios y hombre, que es segundo día de julio. La fiesta sea con toda honestidad e aquella que plaze a los ángeles, que es de buenas conçiençias y alegría spiritual y devoçión con todo lo que a la spiritual consolaçión sirviere. E también sean tenudas a fazer la fiesta de la Sancta Natividad de Nuestro Señor, las cuales vivan en la regla de la Penitençia de mi padre Sancto Domingo».&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Quiso más la dicha madre fundadora: que hubiese siempre en este convento una religiosa de su linaje, la cual se reçibiese sin dote, y que, si otra alguna quisiese entrar de su linaje, se hubiesen con ella como con una de las demás estrañas.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y es mucho de notar y agradeçer a estas señoras fundadoras que, con haber dejado sus casas y hazienda y haber hecho heredero universal a este convento en todos sus bienes, ansí de herençia como de otra cualquiera manera que los tuviesen o les pudiesen venir, no le cargaron de otras obligaçiones perpetuas, misas ni aniversarios más de lo aquí referido y, en el prinçipio de su testamento, cuando les [fol. 6v] encomienda su ánima a las hermanas, dize ansí: «E mando mi cuerpo a la tierra donde fue formado, e cuando voluntad fuere de mi Señor Dios de me levar desta presente vida, mando que el mi cuerpo sea sepultado dentro en la capilla de las casas de las hermanas de la Madre de Dios, a las cuales encomiendo mi ánima, que fagan por ella lo que vieren que es bien, porque yo les dejo todo cuanto tengo e me despojo e se lo dó por amor de mi Señor Jesucristo e de su bendita madre, e de nuestro padre Sancto Domingo e de nuestra madre Sancta Catalina de Sena». Hasta aquí son palabras formales suyas.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Otras muchas cosas contiene el dicho testamento, donde muestra la mucha devoçión y reverençia que tenía a las cosas del culto divino y el grande amor a nuestro hábito, que podrán ver en él fáçilmente los curiosos; el cual ella otorgó en esta çiudad de Toledo, a treinta días del mes de mayo, año del Señor de mill y cuatroçientos y ochenta y dos, ante Ruiz Sánchez de Madrid, notario y escribano público de dicha çiudad.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Dize este convento por estas señoras fundadoras cada día después de la ^hora de prima^ un responso rezado de difuntos, y hazeles dos cabos de año, en cada un año, de vigilia y misa [fol. 7r] cantada ^con ministros^ de réquiem, y les pone tumba y çera, el uno el día de los finados, primero del mes de noviembre, y el otro el día de su falleçimiento, que fue el de la madre fundadora doña María de Silva, día de la sancta virgen y mártir Prisca, a diez y ocho días del mes de enero del año del Señor de mill y cuatroçientos, digo quinientos y treinta y dos.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
La otra hermana suya, la señora [[Leonor de Silva]], fue superiora deste convento hasta el año de mill y quinientos siete, en el cual sanctamente murió.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Qué tanta fuese la hazienda que estas señoras dejaron a esta casa no consta claramente por papeles, mas que dieron sus casas prinçipales de su morada, las cuales compraron de Pedro de Baeza por preçio de dosçientos veinte mill maravedís, y otras casas que compraron de doña Juana Pimentel, condesa de Montalbán, por çincuenta mill maravedís, que llamaron las Casas del Naranjo.&lt;br /&gt;
Dexaron fuera de esto çien mill maravedís de juro en las alcabalas de Toledo y su partido, de a doçe mill maravedís el millar, con condiçión que no se pueden quitar aunque se pague el prinçipal, los cuales heredó este convento destas señoras [fol. 7v] como bienes propios suyos, los cuales ellas tenían por bienes propios, por privilegio de los Reyes Católicos. Están estos çien mill maravedís en el privilegio de las cc xc U dcc xc maravedís.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Todo lo aquí dicho consta por las bulas y testamento desta señora fundadora, las cuales se hallaron en el archivo de los papeles deste convento, en el cajón .i. que dize «La madre fundadora».&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Lo que se sigue hallé escripto en un bezerro antiguo del convento, para memoria de algunas cosas que en esta casa ha habido:&lt;br /&gt;
«Vivió esta señora nuestra madre fundadora muchos años gobernando esta casa en lo spiritual y temporal, con mucha religión y sanctidad, haziendo en ella ofiçio de priora: que fue desde el año de cuatroçientos y ochenta y dos, hasta el año de mill y quinientos treinta y dos, que murió. En cuyo tiempo acaeçieron algunas cosas notables, que fueron muestras de su mucho valor y religión y sancto zelo, ansí en ella como en algunas de sus monjas. De lo cual, siendo informada la serenísima Reina Católica doña Isabel, de buena memoria (en cuyo tiempo se fundó esta casa, y fue a ella muy afiçionada y le dio algunas joyas de oro y seda [fol. 8r] para el serviçio y ornato de su sacristía), mandó: nuestra madre doña María de Silva, fundadora, en el año del Señor de mill y cuatroçientos y noventa y seis, fuese a reformar el convento de Sancto Domingo el Real desta çiudad de Toledo, porque eran claustrales y tenían neçesidad de reformaçión. La cual llevó consigo dos monjas desta casa, llamadas la una soror Magdalena de Sancta Cruz y la otra soror María Magdalena; y, con su buena maña y vida muy exemplar, dentro de un año acabó la dicha reformaçión y dejó en él por priora a soror Catalina de la Madre de Dios, vicaria deste convento. Esta señora es la que se llamó doña Catalina de Mendoça, fue hija del Adelantado de Cazorla, hijo del Marqués de Santillana, y fue desposada con don Diego de Mendoça, hijo del ilustrísimo cardenal don Pedro Gonçález de Mendoça, arzobispo de Toledo, primo hermano suyo; y antes de consumar el matrimonio, se vino secretamente a esta casa y tomó el hábito de religiosa, donde se señaló mucho en valor y sanctidad, y fue la que suçedió a nuestra buena fundadora en el ofiçio de priora desta casa, la cual gobernó con mucha prudençia todo el tiempo que vivió, que fueron como diez y seis años, poco más o menos. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[Fol. 8v] »El mismo año de mill y cuatroçientos y noventa y seis, después de reformado el convento de Sancto Domingo el Real de Toledo por orden también de la sobredicha Reina Católica, reformó nuestra madre fundadora el convento de Sancto Domingo el Real de Madrid; la cual, para este negoçio tan grave, llevó consigo dos monjas nobles desta casa, de muy buena vida y ejemplo, llamadas Paula y Eustachia, que eran madre e hija. Acabada su reformaçión y compuesto el convento de su mano, dexó en él por priora a la Eustachia, porque su madre Paula no lo quiso ser, y volviose a su convento de la Madre de Dios.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
»Dos años poco más o menos de lo dicho, la madre superiora desta casa (que era una de las que fueron a Sancto Domingo el Real de Toledo) fue con otras dos monjas a reformar el convento de San Blas de Çifuentes, monjas del mismo hábito, a las que les oí yo deçir el año pasado de noventa y ocho tratando con ellas esto: que es verdad que fueron reformadas por religiosas desta casa, y que desde entonçes traen todas al cuello un rosario de nudos de hilo blanco, como al presente los traen, y que dellas los tomaron y ellas se lo enseñaron, y las religiosas deste convento de la Madre de Dios los traen desde su fundaçión beatas y monjas. [fol. 9r] Luego, el año siguiente de mill y quinientos y veinticuatro, fueron tres religiosas deste convento, llamadas María de la Madre de Dios y Eustachia, la que fue priora en el convento de Sancto Domingo el Real de Madrid, y Françisca de Belén a reformar el convento de monjas de la misma orden (que es del condestable), llamado la Casa de la Reina». &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Otras muchas cosas se han perdido en esta casa por descuido y floxedad de los perlados que pudieran servir de mucha edificaçión y consuelo para los deste hábito; y dé graçias a Nuestro Señor por merçedes particulares que Su Majestad tiene hechas a algunas religiosas desta casa que se han conoçido de buena vida y loables costumbres y muy temerosas de Dios. Lo cual ha sido en ellas muy conoçido y tenido por tradiçión muy çierta de unas en otras y al presente viven algunas que las conoçieron y trataron, y son tan graves las que lo afirman y tan fidedignas que se pueden muy bien creer de personas que tan buen nombre y fama de virtud dexaron y que imitar los que vivimos. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[Fol. 9v] Entre otras cosas de muchas que (según dizen las que ahora viven) han acaeçido en esta casa, porné aquí tres o cuatro dellas, las cuales hallé escritas en un cuadernito antiguo escripto de mano, las cuales son muy públicas en este convento y muy sabidas y por çiertas tenidas, y una dellas fue: &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Quiriendo nuestra madre fundadora un miércoles de Cuaresma reçebir el Santísimo Sacramento, dijolo a su confesor, al cual le pareçió que no lo hiçiese por haber comulgado el domingo de antes inmediato. La cual se fue a la casica de la comunión (porque allí junto le dezían misa en el altar, que ahora se llama de la Magdalena) a oír su misa, y que el saçerdote, al consumir, partió la hostia, y la partícula menor de las tres se le fue de allí y entro^se^ por la ventanica donde estaba oyendo la misa nuestra buena fundadora doña María de Silva, la cual puso el escapulario que tenía para recogerla y reçibiola sin llegar a ella las manos. Turbose mucho su confesor que le decía la misa de la falta de la hostia y, viéndolo ella, dio un golpe por la ventanilla y díjole que no la buscase. Acabada la misa, llamole al dicho su confesor y contole el caso, el cual le cortó el pedazo del escapulario donde le había reçibido y quemolo. [Fol. 10r] Otra vez le aconteçió a la dicha nuestra madre que, pidiendo ella a Nuestro Señor con mucha devoçión le hiziese merçed de darle a llevar su cruz, le respondió: «No puedes tú llevar tu cruz de paja, ¿y quieres llevar la mía de palo?»; y, haziendo la sobredicha mucha instançia en esto a Nuestro Señor en sus oraçiones, de allí en veinte años, el día que los hizo, que fue domingo, entrando la buena madre a maitines a la hora de medianoche (como se solían dezir), postrose en la primera grada del altar mayor y, estando allí, echole Nuestro Señor una cruz en el hombro. Lo que allí pasó no lo quiso ella dezir, pero fue tal el éxtasis, que estuvo de aquella manera hasta las seis horas de la mañana que las monjas volvieron a cantar prima al choro; y dizen más: que, al pasar una dellas a la otra parte del choro, tropezó en el palo de la cruz (aunque no le vían). Y que cuando murió algunas monjas desta casa oyeron en el aire cantar &#039;&#039;veni electa mea&#039;&#039; y tañerse órgano. Tuviéronla cuatro días en el coro sin enterrarla y las monjas que la vieron dizen que olían allí un olor suavísimo, aunque no sabían de dónde venía y estaba su cuerpo tal que no parecía estar muerto.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
También la señora doña Leonor de Silva, [fol. 10v] superiora, que murió deste convento con mucho ejemplo de vida muy religiosa que dio mientras vivió, fue hermana carnal de nuestra madre fundadora. Cuando vino a lo último de su vida, dijo en voz que la oyeron: «Esa es ya misericordia»; y en acabando de dezirlo, expiró.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Otra religiosa de las primeras que esta casa tuvo y crio, llamada soror Leonor de Sancta Cruz, a quien Nuestro Señor hizo grandes merçedes, fue muy devota de la Sancta virgen y mártir Çeçilia (de la cual hay una imagen en el choro deste convento, que las religiosas de él la visten lo mejor y más galano que ellas pueden) y está en el altar de Nuestra Señora. Esta religiosa disgustábase mucho porque la vestían tan galana, pareçiéndole semejantes cosas no venir bien a los sanctos en la tierra; y, estando un día de su fiesta en las sillas altas del coro esta su devota, vio bajar del altar a la dicha imagen de Sancta Çeçilia y, llegándose a ella, le dijo: «No te pese de que me vistan ansí, que acá de todo nos servimos»; y añadió la Sancta y díjola: «Para de hoy en un año te convido y te llevaré donde yo estoy». Había algunos años atrás que esta Sancta en su día hacía alguna merçed a esta su devota, y preguntándola aquel año otra religiosa desta casa qué merçedes le había hecho aquel día su Sancta Çeçilia, respondió: «La mejor que jamás me ha hecho, y es que me ha convidado para, de hoy en un año, me llevará [fol. 11r] consigo». Y ansí se cumplió como lo dijo, porque pocos días antes que el año se cumpliese le dieron unas calenturas y la apretaron tanto que, la víspera de la dicha fiesta de Sancta Çeçilia, le dieron los sacramentos, y el mismo día, a la hora de completas, expiró.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Tiene este convento, junto a la entrada del choro, una pieça que llaman la nave, en la cual está un altar muy bien aderezado y en él está una imagen de pinçel en una tabla muy antigua y devota, la que llaman comúnmente de los Milagros y tiene en sus brazos un Niño Jesús. A esta pieza salen las monjas ^cada noche^ comúnmente en proçesión después de completas, cantando la antífona de la Salve a Nuestra Señora (cosa muy usada en nuestra orden desde su prinçipio). Aconteçió que una noche, estando diçiendo la Salve, vio una monja que Nuestra Señora tomó el niño en los brazos y levantole con la mano el braçito derecho para que bendijese a las monjas, al tiempo que decían «Iesum benedictum», y ansí se pareze en la dicha imagen tener el niño levantado el brazo y con la mano levantada, como quien está echando bendición.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y con esto se acaba aquí lo que toca al prinçipio y fundaçión desta casa y lo que he podido saber de los papeles que el convento tiene tocantes a esto.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
= Vida impresa (1)=&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Ed. de [http://visionarias.es/equipo/barbara-arango-serrano// Bárbara Arango Serrano] y [http://visionarias.es/equipo/borja-gama-de-cossio// Borja Gama de Cossío]; fecha de edición: octubre de 2023.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
== Fuente ==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
* [http://catalogodesantasvivas.visionarias.es/index.php/Categor%C3%ADa:Juan_López López, Juan], 1613. “Libro tercero de la tercera parte de la historia general de Santo Domingo”, &#039;&#039;Tercera parte de la historia general de Santo Domingo, y de su orden de predicadores&#039;&#039;. Valladolid: Francisco Fernández de Córdoba, 280-282, 284-285.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
== Criterios de edición ==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Esta crónica está escrita por Juan López, obispo en la ciudad italiana de Monopoli. En la tercera parte se incluye la vida de santos de la orden, se aborda la fundación de los diferentes conventos en los dos primeros siglos de los dominicos en Castilla y se añade la vida de destacadas religiosas, aunque se hace referencia también a las religiosas que viven en las fundaciones hasta la publicación de la crónica en los conventos fundados. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Aquí nos encargamos de las religiosas que viven en los siglos XV-XVI cuyo foco de actuación es anterior a 1560 (aunque mueran después de esta fecha), es decir, antes del auge de Santa Teresa. Se adoptan los criterios de edición de vidas impresas estipulados en el Catálogo: se moderniza la ortografía (b/u/v, j/g, chr/cr, qu/cu, empleo de h, etc.) y se eliminan las consonantes geminadas. Además, se expanden las abreviaturas, aunque algunas como N. S. (Nuestro Señor) o N. P. S. (Nuestro Padre Santo) se respetan en el texto. El uso de mayúsculas y minúsculas se moderniza y se adaptan las normas acentuales a sus usos actuales. Finalmente, se moderniza también la puntuación, la acentuación y el uso de aglomerados.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==Vida de María de Silva==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[280]&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&#039;&#039;&#039;Capítulo XXXVII&#039;&#039;&#039;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&#039;&#039;&#039;De la fundación del monasterio de monjas de la Madre de Dios de Toledo&#039;&#039;&#039;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El monasterio de la Madre de Dios de Toledo, desde sus principios hasta hoy, tuvo este nombre &#039;&#039;[1]&#039;&#039;. Fundole doña María de Silva, hija legítima de don Alfonso de Silva, alférez mayor de Castilla, y de doña Isabel de Castañeda; y hermana de Alfonso de Silva, conde de Cifuentes. La cual tuvo una hermana que se llamó doña Leonor de Silva y una tía, doña Francisca de Castañeda, todas tres muy aficionadas a Nuestro Padre Santo Domingo y muy hijas suyas y de Santa Catalina de Sena. Vivieron algún tiempo en el hábito de la penitencia que el santo patriarca fundó. En él hicieron profesión y vivieron con otras compañeras sin mudar casa en la que era de sus padres. Allí estuvieron el año de mil y cuatrocientos y ochenta y dos, y en el año delante de mil y cuatrocientos y ochenta y tres, con licencia del arzobispo de Toledo y cardenal de Santa Cruz, don Pedro González de Mendoza, pusieron campaña y dispusieron las cosas de la casa de manera que hubo claustro, refitorio y las demás oficinas en forma de convento. Y, con la dicha licencia, se bendijo la iglesia con la advocación de la Madre de Dios. La licencia que dio el arzobispo fue a siete de abril del año de mil y cuatrocientos y ochenta y tres, y luego comenzaron a vivir en comunidad, profesando la tercera regla de la orden. Y, aunque la vida era concertada y religiosa, no profesando encerramiento y clausura, pareciolas que no había hecho entera renunciación del mundo, renunciando todas las ocasiones que se pueden ofrecer, pues salían de casa y eran visitadas en la suya, con poco menos libertad que si fueran seglares. Resolvieronse en que esta manera de vivir no era a propósito de la reformación que ellas deseaban y así se determinaron de ser monjas de nuestro hábito y vivir encerradas y con velo. Pudo el celo de vida retirada con ellas lo que, en muchas casas de religiosas que llaman beatas, ni los pontífices ni la orden habían podido acabar, contentándose con la vida poco reformada que habían profesado, en la cual han querido vivir y morir sin admitir otro encerramiento. Estas siervas de Dios fueron las que suplicaron a la orden se sirviese de admitirlas a otra vida más estrecha, deseando ser monjas con el rigor y ejercicios que tienen todos los conventos reformados de la provincia de Castilla. Fue tan grande la instancia que en esto hicieron, y el crédito de la virtud que los perlados tenían de las beatas, que les recibieron el año de mil y cuatrocientos y ochenta y seis, en viniéndoles de la licencia del Papa Inocencio Octavo, que despachó sus bulas en Roma a 28 de julio del dicho año. Luego, en el año siguiente, que fue el segundo de su pontificado, habiendo tenido por bien que fuesen monjas de velo encerradas como lo fueron, tuvo Su Santidad por bien de dispensar con la dicha doña Francisca de Castañeda, por ser muy anciana, informado de que en aquella edad no podría cumplir con el rigor que en los ayunos y manjar, coro, cama y vestido que las monjas profesan. Contentose el Pa- [281] pa con que viviese en compañía con las religiosas encerradas y veladas con el hábito que tenía de la tercera regla de la penitencia, el cual tuvo hasta que murió en esta casa, donde está enterrada, dispensando en todo la bula de su santidad. El año siguiente de mil y cuatrocientos y ochenta y siete, a dos de febrero, día de la purificación de Nuestra Señora, hicieron profesión doce monjas que había en el dicho monasterio y, desde ese día, quedó este monasterio de monjas veladas y encerradas. A la fama de la virtud del nuevo monasterio, vinieron otras doncellas nobles a tomar el hábito, las cuales se señalaron mucho en todo lo que era religión y observancia, que con ser verdad que ha tenido siempre el convento a una mano monjas de mucha nobleza, poblando el monasterio de la gente más principal y calificada, conservándose esto, no solamente en los principios, sino siempre con todo eso en la manera de proceder en la humildad y ejercicio de los oficios bajos de barrer, fregar los platos y servir en la cocina, no solamente ha habido voluntad y consuelo, sino una santa competencia entre todas. Y como llamó el Espíritu Santo aborrecible malicia, en tornarse los pobres en las comunidades, obligados del miserable estado que dejaron, así son dignos de eterna alabanza los que, siendo señores en el siglo, venidos a la religión, tienen a buena dicha ocuparse en los oficios que eran propios de los criados o criadas de sus casas, y eso aún no de todos, sino de aquellos que en ellas eran menos. Estaba junto a este convento otra casa de beatas de la Tercera Regla de Nuestro Padre Santo Domingo, la cual, con el consentimiento y licencia de los perlados, se incorporó en este monasterio, haciendo profesión de la misma regla y clausura. Tenían las dichas beatas diez mil maravedíes de renta en las alcabalas de la ciudad de Toledo, los cuales habían dado los Reyes Católicos, y sus Altezas, el año de mil quinientos y dos, por su cédula dada en la dicha ciudad a ocho de julio, los dieron al dicho convento de la Madre de Dios. Ha tenido esta casa de ordinario sesenta religiosas, señalándose mucho en vida virtuosa de gran celo y ejemplo. Diosele de humildad muy singular su fundadora, no queriéndose encargar del gobierno de la casa, sino ser súbdita y vivir sujeta. Y, aunque lo había sido desde que se fundó el monasterio hasta el año de mil y cuatrocientos y noventa y uno, procuró exonarse &#039;&#039;[2]&#039;&#039; de este trabajo, y porque la había Dios criado en su beaterio y después en su encerramiento con tanto celo y rigor, ayudando a la observancia regular, las monjas sintieron mucho que las faltase el gobierno de tal madre, por ser en los conventos la santidad de la cabeza principio de grandes aprovechamientos en los súbditos. Y así procuraron de contrastar la determinación de la que había sido madre de todas, valiéndose de la autoridad del Papa Inocencio Octavo, el cual, por una bula suya, su data a los diez y nueve de febrero del dicho año de mil y cuatrocientos y noventa y uno, mandó que aceptase el oficio de priora y, aunque de su religión se pudiera creer que a un simple mandamiento del que era padre y pastor universal de toda la Iglesia abajara la cabeza mujer tan virtuosa, con todo eso su santidad despachó censuras en que mandaba se encargase del oficio, y mostró en la dicha bula con palabras muy graves la gran satisfacción que de su mucha virtud y prudencia tenía. Y así aceptó el dicho oficio y le hizo hasta que murió, que fue a diez y ocho de enero del año de mil y quinientos y treinta y dos, habiendo muerto su hermana el año antes santamente, siendo su priora del monasterio. Antes que profesase la fundadora el año de mil y cuatrocientos y ochenta y dos, hizo su testamento, y, con su grande humil [282] dad, se llamó María Gómez, y así firma en el dicho testamento. Y ella y su hermana y su tía dejaron al monasterio toda su hacienda, y entre los otros bienes, sus casas principales, adonde está fundado dicho convento, que están en la colación o parroquia de San Román, de la dicha ciudad de Toledo. &lt;br /&gt;
[...]&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&#039;&#039;&#039;Capítulo XXXVIII&#039;&#039;&#039;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&#039;&#039;&#039;Adonde se prosigue la virtud y santidad de las monjas de la Madre de Dios de Toledo&#039;&#039;&#039;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[…]&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[284] &lt;br /&gt;
Queriendo la fundadora comulgar, un día pidió licencia a su confesor; no se la quiso dar por haber muy poco que había comulgado. Ella se fue con gran humildad sin replicar palabra, como mujer que sabía el gran cuidado que en la orden hay en ver lo que más conviene en la frecuencia de las comuniones y que no ha de ser regla ajustarse todas veces con la voluntad de las religiosas, siendo el confesor prudente el que ha de juzgar lo que será bien hacer. Y, aun veces por mortificar y humillar al penitente y despertar en él más fervorosos deseos de llegar a esta celestial mesa, dilatan las comuniones de personas espirituales y virtuosas, y tienen por inconveniente que se reduzca a estilo de comulgar a tercero o cuarto día, habiendo de ser regla la devoción y aparejo. Sabiendo la fundadora este estilo de la orden, sin demostración de sentimiento, se fue al coro y se entró en la capillita de la comunión a oír misa. Al tiempo que quería consumir el sacerdote, echó menos una partícula cosa que le causó gran congoja: hacía gran diligencia en buscarla sin acertar a resolverse en lo que habría sido. Estando con estas ansias, le envió a decir la fundadora que ella tenía a aquello que buscaba que fuese, porque ella vio venir volando por el aire la partícula y puso el escapulario y el Santísimo Sacramento. Se sentó en él. Llegó el sacerdote, que era su confesor y, con aquel tan patente milagro, entendió que era la voluntad de Dios consolar a su sierva y responder a los fervorosos deseos y hambre que tenía de aquel celestial manjar, y comulgola y cortole el pedazo de escapulario donde se asentó la partecita para quemarle, que es lo que los teólogos dicen que se ha de hacer en tal caso. Consideró la sierva de Dios aquella gran dicha y merced, y, aunque faltaba al escapulario aquel pedazo, jamás se quiso dejar por haber recibido del Señor tan gran honra. Llamábase el confesor fray Jordán, hombre santísimo a quien Dios comunicaba sus cosas con particulares revelaciones. Muy parecido fue este milagro a otro que aconteció al reverendísimo general fray Raimundo de Capua, confesor de la bienaventurada Santa Catalina de Sena que, estando un día diciendo misa y ella presente, la vinieron ardentísimos de comulgar. Quísoselos Dios cumplir viniendo una partecita de la hostia de los corporales a la boca. Hizo grandísimas diligencias el general en buscarla y, con aquella congoja, acabó la misa, y, en desnudándose, volvió al altar a continuar el oficio y a ver qué se había hecho de aquella partícula. Y, para sacarle del cuidado en que estaba y de la pena que le afligía, la santa le descubrió el misterio y merced que Dios la había hecho, y, porque fray Jordán entendiese que era voluntad de Dios consolar a su sierva y que la frecuencia de las comuniones en ella, aunque caminando por las reglas generales pareciese demasía y lo fuera en otra persona menos virtuosa, no lo era el espíritu de la madre fundadora que era santa. Este andar han llevado las cosas de este monasterio de la Madre de Dios, con ser verdad que comenzó en tiempo de la claustra y que no vinieron a la fundación de él monjas santas de otros monasterios que habría ya reformados en la provincia de Castilla, sino que unas señoras seglares que se recogieron en una casa y vistieron el hábito de la Tercera Regla de Santo Domingo, donde estuvieron algunos años. Estas señoras, con licencia del Papa Inocencio Octavo, determina- [285] ron de encerrarse como lo hicieron, siendo las que poco antes eran seglares las que hicieron aquella reformación, y concertaron aquel convento de manera que dentro de pocos y muy pocos años, se hallasen en él monjas de tanta religión y tan señaladas en virtud y de tanta prudencia que los provinciales de una orden donde tan atentamente se consideran las cosas echasen mano de las religiosas de este convento para tan grandes reformaciones, de las cuales dieron muy buena cuenta con satisfacción de la orden. Entre las grandezas que de la primitiva Iglesia se escriben, una es en que Dios quiso mostrar su omnipotencia que, en acabándose de bautizar un Dionisio, un Timoteo, un Tito, un esclavo de los Apóstoles, los consagraban obispos, y daban la cuenta de sus iglesias, que dieran si hubieran nacido cristianos, aventurando las vidas en beneficio de los fieles. El convento de la Madre de Dios ni fue fundación de Santo Domingo ni comenzó en los dichosos siglos cuando comenzó la orden. No tuvieron por maestro como sus vecinas las de Madrid al santo patriarca. Muy miserables tiempos alcanzaron, no tuvieron por maestros a los Apóstoles y su principio fue muy diferente de otros que habían tenido sus hermanas en diversos lugares, y, con ser esto así, quiso el Señor que este nuevo santuario, vestido de nuevas plantas, comenzase el rigor de la vida con grandes ventajas y que su opinión corriese tan aprisa en los palacios de los reyes que estos las mandasen salir a reformar tan señalados conventos, como fueron los de Santo Domingo el Real de Toledo y de Madrid. Y esa virtud que comenzó con las primeras fundadoras se ha continuado siempre, teniendo en esta provincia y en otras muchas de la orden muy gran nombre su encerramiento, recogimiento y virtud, de lo cual todo ha procedido que personas muy calificadas de estos reinos han tenido a buena dicha a recoger sus hijas donde aprendan menosprecio del mundo y amor a todo lo que fuere encerramiento y religión.  &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
===Notas===&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&#039;&#039;[1]&#039;&#039; Al margen izquierdo: “Año de/ 1483”. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&#039;&#039;[2]&#039;&#039; Por “exonerarse”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
= Vida impresa (2) =&lt;br /&gt;
Ed. de [http://visionarias.es/equipo/veronica-torres-martin/ Verónica Torres Martín]; fecha de edición: octubre de 2020&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
== Fuente ==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[[Archivo:Ficha Doms 3 María de Silva.jpg|250px|right|link=]]&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
* [http://catalogodesantasvivas.visionarias.es/index.php/Categor%C3%ADa:Pedro_de_Alcocer Alcocer, Pedro de], 1554. “Libro segundo, en que particularmente se escribe el principio, y fundamento desta sancta ygleia de Toledo…”, &#039;&#039;Hystoria, o descripcion de la Imperial cibdad de Toledo. Con todas las cosas acontecidas en ella, desde su principio, y fundacion. Adonde se tocan, y refieren muchas antigüedades, y cosas notables de la Hystoria general de España&#039;&#039;, Toledo: Juan Ferrer, fols. 110r [104r] col. b – 108r [105r] col. a &#039;&#039;[1]&#039;&#039;.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[[Contexto material del impreso Hystoria, o descripcion de la Imperial cibdad de Toledo]].&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
== Criterios de edición ==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El relato aparece en el libro segundo de la &#039;&#039;Historia, o descripción de la imperial ciudad de Toledo&#039;&#039;, impreso en 1554, en el que se describe la fundación de los monasterios, hospitales y lugares píos de la ciudad de Toledo. La vida de María de Silva se integra en el décimo capítulo, en el que se explica cómo funda, junto a su hermana Leonor de Silva, el monasterio de la Madre de Dios. Se editan solo los fragmentos correspondientes a María de Silva o que hacen referencia a las dos hermanas en conjunto y los referentes a la fundación del monasterio. De este modo, los fragmentos omitidos referidos a Leonor se indican de la siguiente manera: (…). &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Se siguen los criterios establecidos en el catálogo para fuentes impresas, pero en algunos casos se han hecho algunos cambios para poder mantener la concordancia de género y número. Sin embargo, se respeta la morfología de las palabras con interés morfológico o fonológico y, del mismo modo, se ha decidido conservar las grafías de sibilantes por tratarse de un impreso de mediados del siglo XVI. Además, para facilitar la localización de los textos, se indica el folio (r-v) y la columna correspondiente (a-b). &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
== Vida de María de Silva ==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
=== Cap. X ===&lt;br /&gt;
&#039;&#039;&#039;Del monesterio de la Madre de Dios, y de su principio&#039;&#039;&#039;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[fol. 110r col. b] El católico monesterio llamado la Madre de Dios, que es de religiosas de la Orden de Santo Domingo, fue en su principio fundado en el lugar adonde agora está por dos generosas señoras llamadas doña Leonor y doña María de Silva, hijas de don Alonso de Silva y doña Isabel de Castañeda, su mujer, Condes de Cifuentes. Y como la dicha doña María fuese muy devota de esta religión tomó el hábito de la tercera regla de ella y, poco después, compró una casa adonde agora está, en que se metió con otras religiosas en el año del Señor de 1482 años. De esta manera estuvo esta señora [fol. 110v col. a] cinco años en el que al tiempo tomó el hábito la otra señora, su hermana, y las dos metieron consigo toda su renta y hazienda, que era mucha. La dicha doña María, aunque era la menor, fue elegida por priora y, passados los dichos cinco años, truxeron bula apostólica para tomar clausura y hazerse monjas. Hizieron professión doze monjas, que en el dicho monesterio había, en el día de la Candelaria del año del señor de 1487 años, y luego se les juntaron otras donzellas muy claras y señaladas en virtudes, que en breve tiempo dieron de su muy grande y maravilloso exemplo de virtud. La primera priora de esta santa casa fue doña María de Silva (como es dicho) en el que el oficio acabó santamente en el año del señor de 1532 años, siendo en todo este tiempo reelegida y confirmada de nuevo en conformidad de todos. (…) Y viviendo assí estas santas religiosas en tanta santidad, pareció a los perlados de la orden que otra casa antigua de beatas de la Tercera Regla de Santo Domingo llamada Santa Catalina de Sena, que estaba junto a este monesterio de la Madre de Dios, que se debía juntar y unir en uno, para que juntamente sirviessen a Dios, y assí se hizo, que con consentimiento y voluntad de las religiosas de ambas casas, se juntaron (como es dicho) en el año del señor de 1491 años, haziéndose de los dos un monesterio y una clausura, y estas dichas beatas eran diez. Y, de esta manera, començó a crecer y extenderse esta santa casa de religiosas y, no pudiendo [fol. 110v col. b] extenderse hazia las otras partes y constreñidas de necesidad, tomaron la ermita de todos santos y una casa que estaba junto con ella en el año del Señor de 1510, de lo cual se sirve por debaxo de tierra, porque hay calle en medio (que la dicha ermita y casas estaban en la hazera de la cárcel) adonde tiene cosas del servicio de su casa. Siendo estas dichas dos fundadoras muy católicas y amadoras de la religión, procuraron con todas sus fuerças de reformar los otros monesterios de ella. Esta primera priora anduvo por su propia persona en esta obra: primero estuvo algunos días en el monesterio de Santo Domingo el Real de esta ciudad, ordenando en él algunas cosas convenientes al servicio de nuestro Señor para bien y acrecentamiento de esta santa orden; de ahí fue al monesterio de Santo Domingo el Real de la villa de Madrid, adonde hizo otro tanto. Estos dos monesterios se reformaron y hizieron observantes &#039;&#039;[2]&#039;&#039; (como antes fuesen claustrales) todos los otros monesterios de Castilla la Vieja y reino de Toledo. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Es esta santa casa muy visitada de los cristianos por la devoción grande que tienen a Nuestra Señora (cuya advocación está en ella), mayormente los sábados y los días de Nuestra Señora, adonde se ganan muchos perdones y, por acrecentarles la devoción, don Fernando de Silva, Conde de Cifuentes, ganó de nuestro muy santo padre Paulo III, siendo embaxador en Roma, un jubileo que en ella se ganó cada año el día de la Natividad de Nuestra Señora, el que él se gana visitando con devoción esta santa casa, [fol. 108r col. a] ayudando con sus limosnas y rezando por las ánimas de los Condes de Cifuentes. Es esta casa de grande honestidad y recogimiento, como queda dicho.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
=== Notas ===&lt;br /&gt;
&#039;&#039;[1]&#039;&#039; Ejemplar mal foliado, pues aparecen como CX y CVIII, respectivamente, cuando deberían ser CIIII y CV.  &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&#039;&#039;[2]&#039;&#039; Aparece escrito “Obseservantes”.&lt;/div&gt;</summary>
		<author><name>Anaritasoares</name></author>
	</entry>
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		<id>https://catalogodesantasvivas.visionarias.es/index.php?title=Mar%C3%ADa_de_Valencia&amp;diff=713150</id>
		<title>María de Valencia</title>
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		<updated>2026-09-02T15:42:21Z</updated>

		<summary type="html">&lt;p&gt;Anaritasoares: &lt;/p&gt;
&lt;hr /&gt;
&lt;div&gt;[[Category:Santas_Dominicas]]&lt;br /&gt;
[[Category:Zamora]]&lt;br /&gt;
[[Category:Juan_López]]&lt;br /&gt;
[[Archivo:Logo CSV letras(2) DianaSanmartin.jpg|derecha|María de Valencia|link=]]&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
{| class=&amp;quot;wikitable&amp;quot;&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Nombre || María de Valencia&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Orden || [http://catalogodesantasvivas.visionarias.es/index.php/Categor%C3%ADa:Santas_Dominicas Dominicas]&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Títulos || Monja del monasterio de Santa María de las Dueñas de Zamora&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Fecha de nacimiento || Siglo XV&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Fecha de fallecimiento|| Siglo XV&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Lugar de nacimiento || [http://catalogodesantasvivas.visionarias.es/index.php/Categor%C3%ADa:Zamora ¿Zamora?]&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Lugar de fallecimiento|| [http://catalogodesantasvivas.visionarias.es/index.php/Categor%C3%ADa:Zamora Zamora]&lt;br /&gt;
|}&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
= Vida impresa=&lt;br /&gt;
Ed. de [http://visionarias.es/equipo/barbara-arango-serrano// Bárbara Arango Serrano] y [http://visionarias.es/equipo/borja-gama-de-cossio// Borja Gama de Cossío]; fecha de edición: octubre de 2023.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
== Fuente ==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[[Archivo:Juan_López,_1613,_Tercera_parte_historia_general_santo_domingo.jpg|miniatura|250px|right| Juan López, 1613. &#039;&#039;Tercera parte de la historia general de Santo Domingo, y de su orden de predicadores&#039;&#039;. Valladolid: Francisco Fernández de Córdoba. (Fuente: Imagen propiedad de la Universidad Complutense de Madrid. CC BY 4.0 [Digitalizado por Google])]]&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
* [http://catalogodesantasvivas.visionarias.es/index.php/Categor%C3%ADa:Juan_López López, Juan], 1613. “Libro primero de la tercera parte de la historia general de Santo Domingo”, &#039;&#039;Tercera parte de la historia general de Santo Domingo, y de su orden de predicadores&#039;&#039;. Valladolid: Francisco Fernández de Córdoba, 247.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[[Contexto material del impreso Tercera parte de la historia general de Santo Domingo, y de su orden de predicadores]]&#039;&#039;.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
== Criterios de edición ==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Esta crónica está escrita por Juan López, obispo en la ciudad italiana de Monopoli. En la tercera parte se incluye la vida de santos de la orden, se aborda la fundación de los diferentes conventos en los dos primeros siglos de los dominicos en Castilla y se añade la vida de destacadas religiosas, aunque se hace referencia también a las religiosas que viven en las fundaciones hasta la publicación de la crónica en los conventos fundados. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Aquí nos encargamos de las religiosas que viven en los siglos XV-XVI cuyo foco de actuación es anterior a 1560 (aunque mueran después de esta fecha), es decir, antes del auge de Santa Teresa. Se adoptan los criterios de edición de vidas impresas estipulados en el Catálogo: se moderniza la ortografía (b/u/v, j/g, chr/cr, qu/cu, empleo de h, etc.) y se eliminan las consonantes geminadas. Además, se expanden las abreviaturas, aunque algunas como N. S. (Nuestro Señor) o N. P. S. (Nuestro Padre Santo) se respetan en el texto. El uso de mayúsculas y minúsculas se moderniza y se adaptan las normas acentuales a sus usos actuales. Finalmente, se moderniza también la puntuación, la acentuación y el uso de aglomerados.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==Vida de María de Valencia==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[244]&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&#039;&#039;&#039;Capítulo LVI&#039;&#039;&#039;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&#039;&#039;&#039;De otras religiosas de señalada virtud que esta casa ha tenido&#039;&#039;&#039; &#039;&#039;[1]&#039;&#039;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[…]&lt;br /&gt;
[247] […] La madre María de Valencia, desde que tomó el hábito, puso cuidado en todo cuanto fue demostración de pobreza. El vestido era muy pobre y muy humilde, que, en religiosos que han profesado menosprecio de todas las cosas mundas, como se debe condenar todo lo que no es conforme a la perfección de su estado, se deben tener en mucho todas las demostraciones exteriores de humillación y pobreza. En esto se señaló mucho esta religiosa, y acompañó con gran penitencia sus buenos ejercicios. No comía jamás carne sino unas hierbas, y esas pocas veces, cocidas. Su cama eran unas pajas sobre unas tablas, y tan estrecha que apenas le recibía el cuerpo. El cobertor para tierra tan fría era una mantilla vieja y grosera y, con ser de tan poco regalo, no la usaba sino raras veces. Su vida era el rigor entero de las constituciones que había profesado en vestido, comida y conversación. Todos los jueves en la noche, rezaba el salterio entero sin salir del coro ni ver la celda. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
===Notas===&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&#039;&#039;[1]&#039;&#039; Se refiere al monasterio de Santa María de las Dueñas Zamora.&lt;/div&gt;</summary>
		<author><name>Anaritasoares</name></author>
	</entry>
	<entry>
		<id>https://catalogodesantasvivas.visionarias.es/index.php?title=Mar%C3%ADa_de_Santo_Tom%C3%A1s_(2)&amp;diff=713149</id>
		<title>María de Santo Tomás (2)</title>
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		<updated>2026-09-02T15:42:13Z</updated>

		<summary type="html">&lt;p&gt;Anaritasoares: &lt;/p&gt;
&lt;hr /&gt;
&lt;div&gt;[[Category:Santas_Dominicas]]&lt;br /&gt;
[[Category:Sevilla]]&lt;br /&gt;
[[Category:Juan_López]]&lt;br /&gt;
[[Archivo:Logo CSV letras(9) DianaSanmartin.jpg|derecha|María de Santo Tomás|link=]]&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
{| class=&amp;quot;wikitable&amp;quot;&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Nombre || María de Santo Tomás&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Orden || [http://catalogodesantasvivas.visionarias.es/index.php/Categor%C3%ADa:Santas_Dominicas Dominicas]&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Títulos || Monja del Monasterio de Santa María de Gracia de Sevilla&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Fecha de nacimiento || ¿Finales del s. XV?&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Fecha de fallecimiento|| ¿Primera mitad del siglo XVI?&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Lugar de fallecimiento|| [http://catalogodesantasvivas.visionarias.es/index.php/Categor%C3%ADa:Sevilla Sevilla]&lt;br /&gt;
|}&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
= Vida impresa=&lt;br /&gt;
Ed. de [https://visionarias.es/equipo/veronica-torres-martin// Verónica Torres Martín]; fecha de edición: mayo de 2026.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
== Fuente ==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[[Archivo:Juan_López_1615.jpg|miniatura|250px|right| Juan López, 1615. &#039;&#039;Quarta parte de la historia general de Santo Domingo, y de su orden de predicadores&#039;&#039;. Valladolid: Francisco Fernández de Córdoba. (Fuente: Imagen propiedad de la Universidad Complutense de Madrid. CC BY 4.0 [Digitalizado por Google]).]]&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
* [http://catalogodesantasvivas.visionarias.es/index.php/Categor%C3%ADa:Juan_López López, Juan], 1615. “Libro primero de la quarta parte de la historia de Santo Domingo y de su orden”, &#039;&#039;Quarta parte de la historia general de Santo Domingo, y de su orden de predicadores&#039;&#039;. Valladolid: Francisco Fernández de Córdoba, 142.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[[Contexto material del impreso Quarta parte de la historia general de Santo Domingo, y de su orden de predicadores]]&#039;&#039;.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
== Criterios de edición ==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Se han adoptado los criterios de edición de vidas impresas estipulados en el catálogo, esto es, se han eliminado las consonantes geminadas y se ha modernizado la ortografía (sibilantes, b/u/v, j/g, chr/cr, qu/cu, empleo de h, etc.). Se mantiene el uso del paréntesis para indicar observaciones digresivas según el original. Además, se han ajustado a los criterios actuales del español la unión y separación de palabras (“desta”, “deste”, etc.), el uso de mayúsculas y minúsculas, la acentuación y la puntuación. Asimismo, se han expandido las abreviaturas. Por último, se corrigen los casos de laísmo y leísmo presentes en el texto. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==Vida de María de Santo Tomás==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[138] &#039;&#039;&#039;Capítulo XLVI&#039;&#039;&#039;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&#039;&#039;&#039;De algunas otras siervas de Dios del dicho monasterio&#039;&#039;&#039;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[…]&lt;br /&gt;
[142] Soror María de Santo Tomás fue tan gran religiosa que lo más del día y buena parte de la noche asistía en presencia del Santísimo Sacramento. Tenía don de lágrimas con que alcanzó grandes mercedes de Dios. Andaba descalza. Revelole el Señor muchas cosas particulares; una de ellas fue que hacía grandísima instancia en la oración, suplicando a la Reina del Cielo que le alcanzase de su Hijo perdón de sus pecados y buen fin y acabamiento (que es cuanto puede desear una alma). Un día le apareció la Virgen, y le dijo: “Hija, ya te he alcanzado perdón de tus pecados, aparéjate, que de aquí a cuatro meses morirás”. Y así fue. Este caso se supo por relación del maestro fray Juan de Burboa, su confesor. Estando en el tránsito de la muerte se comenzó a reír. Preguntaron el confesor y su compañero: “Madre, ¿qué es esto?”. Respondió: “Padres, reír”. Y espiró.&lt;/div&gt;</summary>
		<author><name>Anaritasoares</name></author>
	</entry>
	<entry>
		<id>https://catalogodesantasvivas.visionarias.es/index.php?title=Mar%C3%ADa_de_Santo_Tom%C3%A1s&amp;diff=713148</id>
		<title>María de Santo Tomás</title>
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		<updated>2026-09-02T15:42:07Z</updated>

		<summary type="html">&lt;p&gt;Anaritasoares: &lt;/p&gt;
&lt;hr /&gt;
&lt;div&gt;[[Category:Santas_Dominicas]]&lt;br /&gt;
[[Category:Segovia]]&lt;br /&gt;
[[Category:Juan_López]]&lt;br /&gt;
[[Archivo:Logo CSV letras(4) DianaSanmartin.jpg|derecha|María de Santo Tomás|link=]]&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
{| class=&amp;quot;wikitable&amp;quot;&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Nombre || María de Santo Tomás&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Orden || [http://catalogodesantasvivas.visionarias.es/index.php/Categor%C3%ADa:Santas_Dominicas Dominicas]&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Títulos || Priora del monasterio de Santo Domingo el Real de Segovia&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Fecha de nacimiento || ¿Principios siglo XVI?&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Fecha de fallecimiento|| 1558&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Lugar de nacimiento || [http://catalogodesantasvivas.visionarias.es/index.php/Categor%C3%ADa:Segovia ¿Segovia?]&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Lugar de fallecimiento|| [http://catalogodesantasvivas.visionarias.es/index.php/Categor%C3%ADa:Segovia Segovia]&lt;br /&gt;
|}&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
= Vida impresa=&lt;br /&gt;
Ed. de [http://visionarias.es/equipo/barbara-arango-serrano// Bárbara Arango Serrano] y [http://visionarias.es/equipo/borja-gama-de-cossio// Borja Gama de Cossío]; fecha de edición: octubre de 2023.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
== Fuente ==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[[Archivo:Juan_López,_1613,_Tercera_parte_historia_general_santo_domingo.jpg|miniatura|250px|right| Juan López, 1613. &#039;&#039;Tercera parte de la historia general de Santo Domingo, y de su orden de predicadores&#039;&#039;. Valladolid: Francisco Fernández de Córdoba. (Fuente: Imagen propiedad de la Universidad Complutense de Madrid. CC BY 4.0 [Digitalizado por Google])]]&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
* [http://catalogodesantasvivas.visionarias.es/index.php/Categor%C3%ADa:Juan_López López, Juan], 1613. “Libro primero de la tercera parte de la historia general de Santo Domingo”, &#039;&#039;Tercera parte de la historia general de Santo Domingo, y de su orden de predicadores&#039;&#039;. Valladolid: Francisco Fernández de Córdoba, 340-341.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[[Contexto material del impreso Tercera parte de la historia general de Santo Domingo, y de su orden de predicadores]]&#039;&#039;.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
== Criterios de edición ==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Esta crónica está escrita por Juan López, obispo en la ciudad italiana de Monopoli. En la tercera parte se incluye la vida de santos de la orden, se aborda la fundación de los diferentes conventos en los dos primeros siglos de los dominicos en Castilla y se añade la vida de destacadas religiosas, aunque se hace referencia también a las religiosas que viven en las fundaciones hasta la publicación de la crónica en los conventos fundados. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Aquí nos encargamos de las religiosas que viven en los siglos XV-XVI cuyo foco de actuación es anterior a 1560 (aunque mueran después de esta fecha), es decir, antes del auge de Santa Teresa. Se adoptan los criterios de edición de vidas impresas estipulados en el Catálogo: se moderniza la ortografía (b/u/v, j/g, chr/cr, qu/cu, empleo de h, etc.) y se eliminan las consonantes geminadas. Además, se expanden las abreviaturas, aunque algunas como N. S. (Nuestro Señor) o N. P. S. (Nuestro Padre Santo) se respetan en el texto. El uso de mayúsculas y minúsculas se moderniza y se adaptan las normas acentuales a sus usos actuales. Finalmente, se moderniza también la puntuación, la acentuación y el uso de aglomerados.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==Vida de María de Santo Tomás==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[339]&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&#039;&#039;&#039;Capítulo LXXX&#039;&#039;&#039;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&#039;&#039;&#039;De la fundación del monasterio de monjas de Santo Domingo el real de Segovia&#039;&#039;&#039;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[…]&lt;br /&gt;
[340] […] María de Santo Tomás fue monja de muchas y muy buenas partes, tuvo todos los oficios de este convento con mucha satisfacción de las monjas. Eligiéronla por priora y, cuando enviaron por la conformación, se le ofreció un medio que le pareció muy a propósito para que el nombramiento no tuviese efecto. Con este intento, con el criado que llevaba los despachos al provincial, escribió una carta que decía: &lt;br /&gt;
“Muy reverendo padre: estas señoras han hecho elección, y bendito sea Dios que las ha abierto los ojos para conocer lo bueno que tienen en su casa, que cierto para el gobierno en lo corporal y aumento en la espiritual no podían hacer cosa que mejor les estuviese, que a mí harto agravio me han hecho otras veces en anteponerme otras no tan dignas como yo y, por esto, suplico a Vuestra Paternidad no dilate tan solamente una hora la confirmación que le será mal contado. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
María de Santo Tomás, priora”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Viendo esta carta el provincial, que era el padre fray Alonso de Ontiveros, calificó la persona por el papel y juzgó que tales razones no podían salir de cabeza que tuviese juicio y, asentando en esto, casó la elección, que era todo lo que la monja pretendía, que fingiéndose loca y teniéndola por tal, se procediese a segunda elección como se hizo. Pasados pocos meses, vino el provincial a visitar este convento y, querellándose las religiosas que hubiese casado la elección, dijo: “Elegisteis una loca”, y sacó la carta para que entendiesen que no se podía pensar menos de quien la escribió. Todas le desengañaron, de que quedó maravillado. Cosas de esta calidad dieran mucho que pensar, que son medios estos que no todas veces se pueden aprobar, parte porque tocan en la propia reputación y crédito, y también porque, siendo los religiosos hijos de obediencia, como la humildad hace guerra a la ambición para no pretender los cargos ni buscarlos ni por ruines medios, ni por buenos, así tampoco se han de hacer extraordinarias diligencias para excusarse, que no está a cuenta del fraile ni de la monja calificar su persona, ni en causa propia son buenos censores los hombres. Deben dejar hacer a los superiores, a quien eso toca, representándoles cuando mucho y advirtiéndoles de algunos particulares, qué es en notable daño de la religión. Que los que son a propósito de servir, se excusen, y entren en los oficios los que no son para ellos. Los que, con prudencia y santamente, han sabido juzgar de las cosas, tienen por acertado que se dejen llevar los que viven en los monasterios, que, aunque los santos aprobaron más [341] las excusas de Jeremías cuando Dios mandó salir a predicar que el ofrecimiento que para eso hizo Isaías, no fue lo que hizo el profeta más que una sencilla representación de su insuficiencia y, cuando no se admitió el acertamiento, fue a bajar la cabeza. Eso pudiéramos juzgar de esta religiosa sin aprobar el medio que tomó, pero cosas de estas en personas tan virtuosas se deben pensar que serían por razones superiores. Murió esta santa monja seis años después de este suceso que fue el de mil y quinientos y cincuenta y ocho.&lt;/div&gt;</summary>
		<author><name>Anaritasoares</name></author>
	</entry>
	<entry>
		<id>https://catalogodesantasvivas.visionarias.es/index.php?title=Mar%C3%ADa_de_Santo_Domingo&amp;diff=713147</id>
		<title>María de Santo Domingo</title>
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		<updated>2026-09-02T15:42:00Z</updated>

		<summary type="html">&lt;p&gt;Anaritasoares: &lt;/p&gt;
&lt;hr /&gt;
&lt;div&gt;[[Category:Santas_Dominicas]]&lt;br /&gt;
[[Category: Ávila]]&lt;br /&gt;
[[Archivo:Sor_Maria_de_Santo_Domingo.jpg|right|María de Santo Domingo|link=]]&lt;br /&gt;
{| class=&amp;quot;wikitable&amp;quot;&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Nombre || María de Santo Domingo&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Orden || [http://catalogodesantasvivas.visionarias.es/index.php/Categor%C3%ADa:Santas_Dominicas Dominicas]&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Títulos || Priora y fundadora del Convento de Aldeanueva de la Cruz&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Fecha de nacimiento || Hacia 1486&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Fecha de fallecimiento || Hacia 1524&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Lugar de nacimiento || Aldeanueva, [http://catalogodesantasvivas.visionarias.es/index.php/Categor%C3%ADa:Ávila Ávila], España&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Lugar de fallecimiento || Aldeanueva, [http://catalogodesantasvivas.visionarias.es/index.php/Categor%C3%ADa:Ávila Ávila], España&lt;br /&gt;
|}&lt;br /&gt;
= Vida impresa =&lt;br /&gt;
Ed. de [http://visionarias.es/equipo/maria-victoria-curto/ María Victoria Curto Hernández] y [http://visionarias.es/equipo/rebeca-sanmartin-bastida-investigadora-principal/ Rebeca Sanmartín Bastida]; fecha de edición: abril de 2020.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
== Fuente ==&lt;br /&gt;
[[Archivo:María de Santo Domingo Portada.jpg|250px|right|link=]]&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
* “Sumario de su vida virtuosa y perfecta, con respuesta a los detractores maldizientes y murmuradores sin respuesta”, en &#039;&#039;Oración y comtemplación de la muy devota religiosa y gran sierva de Dios, soror María de Sancto Domingo, de su orden y hábito, dirigida al muy reverendíssimo señor Cardenal y Obispo de Tortosa nuestro Padre General Inquisidor e mi señor&#039;&#039;, [Zaragoza]: [Jorge Coci], s.a., fols. a3v-b3r.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[[Contexto material del impreso Oración y comtemplación]].&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
== Criterios de edición ==&lt;br /&gt;
La vida impresa que aquí ofrecemos forma parte del &#039;&#039;Libro de la oración&#039;&#039; de María de Santo Domingo, que aparece en un único impreso localizado, actualmente conservado en la Universidad de Zaragoza, con signatura A 60/41. Ha aparecido anteriormente en las ediciones facsímiles de la obra que han realizado José Manuel Blecua (&#039;&#039;Libro de la oración de Sor María de Santo Domingo&#039;&#039;. Madrid: Hauser y Menet, 1948) y el proyecto [https://www2.uned.es/bieses/libros-pdf/M-Sto_Dom.pdf BIESES]. La edición de los preliminares o paratextos se encuentra también en esta web, siguiendo diferentes criterios: ˂http://www.bieses.net/wp-content/uploads/2018/04/santodomingo_oracionycontemplacion.pdf˃.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El &#039;&#039;Libro de la oración&#039;&#039; ha sido estudiado y publicado por nosotras en la editorial Iberoamericana y en concreto la vida de María aparece en el prólogo de esta obra, incluido en &#039;&#039;El Libro de la oración de María de Santo Domingo: Estudio y edición&#039;&#039;, Madrid: Iberoamericana / Vervuert, 2019, pp. 133-147. Aquí recogemos este fragmento con algunas modificaciones menores relativas a la puntuación y sin las anotaciones que la acompañaban (indicaciones de citas bíblicas y contextualización lingüística e histórica), para las que remitimos a nuestro libro.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En esta edición hemos procurado ser bastante conservadoras, teniendo en cuenta el cuidado que ponía en sus ediciones el impresor Jorge Coci (quien poseía uno de los mejores talleres de la época) y por el interés que consideramos puede tener un impreso tan temprano de estas características, pues hablamos del primer libro de revelaciones de una mujer castellana que se lleva a la imprenta; a esto se suma que el ejemplar de Zaragoza, como se ha dicho, es el único testimonio conservado de la obra. &lt;br /&gt;
Así, por el propio interés del impreso y teniendo en cuenta que se trata de una obra de comienzos del siglo XVI —por tanto, en algunas regiones aún se conservaban las sibilantes o se pronunciaban grupos cultos—, optamos por una modernización muy moderada del texto que facilite la claridad de su lectura, bajo los siguientes criterios:&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
* No unificamos sibilantes, respetamos su uso gráfico. &lt;br /&gt;
* Mantenemos las oscilaciones &#039;&#039;v/b&#039;&#039; y &#039;&#039;g/x/j&#039;&#039;, pero transcribimos la -&#039;&#039;u&#039;&#039;- interconsonántica como &#039;&#039;v&#039;&#039;.&lt;br /&gt;
* Mantenemos las dobles consonantes solo cuando se trata de términos de origen eclesiástico, de aspecto culto.&lt;br /&gt;
* Mantenemos los grupos cultos.&lt;br /&gt;
* Transcribimos &#039;&#039;np&#039;&#039; y &#039;&#039;nb&#039;&#039; como &#039;&#039;mp&#039;&#039; y &#039;&#039;mb&#039;&#039;, pues no sonarían diferentes; y al desarrollar abreviaturas en casos como redempción escribimos &#039;&#039;m&#039;&#039; ante &#039;&#039;p&#039;&#039;.&lt;br /&gt;
* El signo tironiano lo transcribimos como e, y respetamos la e conjuntiva, que en el impreso alterna su aparición con &#039;&#039;y&#039;&#039;.&lt;br /&gt;
* No mantenemos la variación vocálica &#039;&#039;y/i&#039;&#039;.&lt;br /&gt;
* Mantenemos el vocalismo propio del texto.&lt;br /&gt;
* Desarrollamos las contracciones y abreviaturas, sin indicarlas a pie de página, pues estaban estandarizadas.&lt;br /&gt;
* Mantenemos la &#039;&#039;s&#039;&#039;- líquida al inicio de palabra.&lt;br /&gt;
* Respetamos siempre el uso de la &#039;&#039;h&#039;&#039;; pero la añadimos tras la interjección &#039;&#039;o&#039;&#039;. &lt;br /&gt;
* Unimos o separamos las palabras de acuerdo con los usos actuales. &lt;br /&gt;
* Respetamos las formas constructas: &#039;&#039;dellos&#039;&#039; y &#039;&#039;desta&#039;&#039;, pero añadimos el apóstrofo clarificador en &#039;&#039;del&#039;&#039; &amp;gt; &#039;&#039;d’él&#039;&#039;.&lt;br /&gt;
* Cambiamos &#039;&#039;qua&#039;&#039; por &#039;&#039;cua&#039;&#039; y -&#039;&#039;que&#039;&#039;- por -&#039;&#039;cue&#039;&#039;-.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
La división de los párrafos la establecemos nosotras, y respetamos, cuando no obstaculiza o dificulta el entendimiento, la puntuación del impreso.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
== Vida de María de Santo Domingo ==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[Fol. a3v] &#039;&#039;&#039;Sumario de su vida virtuosa y perfecta, con respuesta a los detractores maldizientes y murmuradores sin respuesta&#039;&#039;&#039;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Hablando con temor y acatamiento en las cosas de la madre beata soror María de Santo Domingo, digo que ningún medio tienen entre dos extremos porque o son las más perfectas y sanctas que hoy conoscemos en el mundo, o las peores y más imperfectas. Lo primero se muestra por otras dos cosas, que son su doctrina e su vida, de las cuales, si con humilde juizio queremos considerar la doctrina, paresce que es muy provechosa y muy sancta. Es muy provechosa porque a muchos pecadores ha puesto y pone en conoscimiento de sus culpas y en camino de penitencia, y a todos los que están algo alumbrados enciende más en amor de Dios y los esfuerça para en la perfectión y mejoría de la penitencia; y esto es todo lo que ella amonesta sin quitar ni poner cosa del mundo en nuestra sancta fe cathólica. Es su doctrina muy sancta porque vemos en ella muchas y muy continuas lágrimas; mucha oración, devoción, contemplación y alumbramiento en las cosas de Dios, y mucha gracia y facundia en persuadirlas, mostrarlas y declararlas sin nunca haver aprendido letras; mucha perseverancia en obrarlas, muy conforme en todo al concierto de los sanctos doctores. &lt;br /&gt;
E si algunas vezes se permite al Enemigo para que dé algo desto (mas nunca él lo da sino con imperfectiones y defectos, y ella siempre tiene estas cosas con perfectión y acrescentamiento), él las da temporales e sin que duren, y ella contino las tiene sin nunca faltarle; él las da para nunca dexar levantar a los caídos y para derribar a los levantados, y para confusión del que d’él las rescibe, y ella con [fol. a4r] ellas a los pecadores ciegos y duros alumbra y mueve a contrición y penitencia, y pone a los ya alumbrados en mayor conocimiento, y al mesmo Demonio tan confuso y vencido que, como por muy cierto se sabe en los tormentos que los demonios muchas vezes le han dado y dan, le mueven partidos, diziendo que la dexarán en paz con toda su compañía, y que no se les entremeta en aprovechar a los pecadores. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Vemos que esta sierva de Dios es muy obediente a sus prelados y confessores, y que siempre lo ha sido; y pues nunca siguió su voluntad propia ni parecer, sino el de Dios que la rige o del prelado o confessor que la manda y aconseja, devemos creer grandes cosas que han dicho della. Y entre otras cosas, de las cuales muchas ya se han complido, como el abrírsele el costado muchas vezes por la parte que Nuestro Señor fue herido con la lança, como lo han visto muchos muchas vezes manando sangre, y quedar libre y vencedora de muchas y muy grandes persecuciones que ha passado y padescido; y otras particularidades que callo porque no hazen para todos los spíritus y entendimientos.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Vemos que todas sus contemplaciones o raptos o los más dellos son recibiendo (o luego antes o después de haver recebido) el sanctíssimo sacramento, o delante d’él y en su presencia; y pues Él es y nos fue dexado por nuestro soberano bien y remedio, blasfemia sería sospechar que todo nuestro bien y reparo se convertiesse en nuestra perdición y engaño; y que tan largos y tantos tiempos y tan públicamente como ha que esto dura, que consintiesse la mesma Verdad ser trahída en testimonio de mentira, y que diesse lugar a tanta ofensa suya (siendo tan poderoso) y a tanta perdición nuestra, costándole tanto como le costamos. Nunca el Enemigo tuvo licencia de llegar al sanctíssimo sacramento, porque nunca con él los que malamente lo recibieron quedaron sino más confusos, ciegos, y más presto castigados; ni aun cuando al Enemigo se le dará mayor licencia, que será en la venida del Antichristo, podrá llegar al sanctíssimo sacramento; antes por estorvar el reparo y consolación de los fieles perseguirá a los sacerdotes por que no celebren; y por las cuevas y montes adonde se dirán escondidamente las missas andarán los fieles [fol. a4v] rescibiendo y adorando el sanctíssimo sacramento porque no ternán otro consuelo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Considerando esto y mucho que callo de su sanctidad y provecho de su doctrina, no podría, aunque pecador, acabar comigo de dar tanta victoria al Enemigo que della y en ella tuviesse parte alguna, ni en sus obras; de las cuales y del comienço de su vida, qué tal y tales fueron y son, como en los processos que contra ella han sido hechos, está bien provado por muchos testigos. Sabemos que, aunque es hija de pobres personas, es hijadalgo y de limpia sangre; su padre y su madre fueron personas de muy buena vida e muy devotos: hase provado de su padre cosas de muy gran siervo de Dios. Ella, de su niñez, començó muy maravillosamente el servicio de Dios, passando mucha hambre, muchos ayunos de muchos meses sin comer nada, y de otros con solas raízes e yervas; sufriendo con mucha paciencia y alegría mucho frío, pobreza, grandes asperezas, disciplinas, e muy rigurosa penitencia; rescibiendo grandes heridas, mostrando en ellas grandes tormentos del Enemigo, e muy agudos dolores, muchas dolencias, enfermedades y golpes; y de todo ello, assí como ha sido y es más que natural, assí también sin físico ni natural medicina ha sido y es siempre por virtud divina curada, y queda muy sana y con mucha alegría. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
E aunque juntamente con todo esto ha sido muy perseguida y lo es siempre, han ido y van sus cosas todas de bien en mejor, y cuanto más han procurado de deshazerla, abaxarla y abatirla los que no son dignos ni merescen seguirla, tanto más Dios ha acrescentado y acrescienta en ella y en los que la siguen la cualidad, fervor y reverencia de su amor y temor, y la cuantidad y número de religiosas y religiosos y de seglares para la religión que dexan por ella el mundo, y d’él y de la religión se allegan a ella, siguiendo su doctrina y exemplo con muy santo desseo y con mucha humildad y aspereza. Vemos con ella personas de [fol. a5r] mucha religión, de santos desseos y buena vida y letras; y que sus persecuciones son del linage de las que Nuestro Señor padesció, y otros sanctos que le siguieron; y que también los perseguidores della son del linage de los que tuvo Nuestro Señor, o personas de poca prudencia, devoción y humildad, o mudables y apassionados. De donde se sigue que sus cosas son de Dios; o que Dios huye de los que le buscan y se va tras los que d’Él huyen, y trahe más engañados y ama menos los que más le aman, y que da más lumbre a los que menos procuran de ser alumbrados y son más astrosos, lo que es impossible. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Vemos que estos tales de dos cosas dudan con razón, y de tres en todas sus persecuciones la acusan con verdad. La primera es: que dudan que no coma y que no comiendo biva, diziendo que el comer es tanto de essencia de la vida humana que aun el Verbo Divino de que la tomó comió por sostenerla naturalmente, y que por tanto, etc. Ítem más, que ningún discípulo ni siervo ha de ser mayor que su señor y maestro, e pues si Jesuchristo Nuestro Señor comió y bevió, y también su gloriosa Madre, y aun los sanctos apóstoles, a los cuales dixo Christo: “Comed y beved lo que halláredes en las casas do entráredes”, también en la mesma manera comieron y bevieron, ¿quién es, pues, aquel que los pueda exceder, ni aun igualar con ellos? &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
A lo primero se puede responder desta manera: el comer es de essencia de la vida humana digo que es verdad, y esto por razón del calor natural que de contino consume el húmido radical, en cuyo esser o fenescer consiste o fenece; pero como la potencia divina que assí lo ordenó sea sobre natura, no está subjecta a las reglas della para que no pueda ordenar otro cuando quiere y en quien quiere y como quiere. E si deste privilegio no quiso Él usar siempre para sí, podemos responder y dezir cerca desto assí: por que subiéssemos nosotros al Cielo y gozássemos de su divinidad, baxó Dios a la Tierra a tomar nuestra [fol. a5v] humanidad, y sufrir pena por nuestra culpa, y morir por matar nuestra muerte, e bivir por bivificar y reparar nuestra vida. Y pues se humilió y tuvo por bien para los dichos efectos de la tomar y nunca dexar, tomándolo todo, quísolo todo manifestar y mostrar exemplo. Ayunó cuarenta días y cuarenta noches sin comer, y después tuvo hambre; en lo uno mostró que era Dios, y en lo otro manifestó que era hombre, el cual comió y bevió e hizo cosas de hombre, sin las cuales el hombre naturalmente bivir no puede. Y porque el comer, entre otras cosas, es más essencial, para provar su sanctíssima humanidad verdaderamente resuscitada (de la cual muchos dudaron) también comió y bevió, y fue tratado y palpado. Esta su sierva está de suyo tan notoriamente provada la humanidad que nadie dudaría della, aunque en todo biviesse como ángel, y por esto no vale la consecuencia: pues Christo comió, ella también ha de comer.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
A lo segundo se responde: que aunque el dicho del evangelista sea y es verdadero, entendido y tomado al fin y propósito de la mesma Verdad que lo dixo, pero al suyo dellos es tan falso como la mesma falsedad de quien lo allega; porque si assí no fuesse, y estos dixessen verdad, muy bien se seguiría que Sant Joan Baptista fue mayor que Jesuchristo, porque el Señor por su propia boca dixo: “Vino Joan no comiendo ni beviendo, y el Hijo de la Virgen vino comiendo y beviendo”. Ítem, se seguiría que Sant Pablo, el primero hermitaño, y Sant Antón y los sanctos dos Macharios, y Sant Hylarión y Serapión, y otros muchos sanctos padres que usavan ayunos muy continuos fuera del común modo de los sanctos apóstoles, fueron mayores que los apóstoles. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
E si estos murmuradores y maldizientes a esto replicaren que Sant Joan Baptista en el yermo y los susodichos santos padres en Egipto no assí simplemente ayu- [fol. a6r] naron sin comer, mas que, aunque en un tiempo ayunavan, en otro tiempo comían algo, ¿qué me dirán estos de muchos otros que estuvieron muchos días y años sin manjar ni mantenimiento corporal alguno, como nos lo enseña claramente la Sagrada Scriptura en los del Viejo Testamento, y prueva de los del Nuevo la historia de cada cual hasta nuestros días, como abaxo exemplificaremos? Vamos por orden y contando.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Léese en la Sagrada Scriptura de Moisés que ayunó sin comer e sin bever cuarenta días y cuarenta noches; por cierto, no por su propia virtud como Jesuchristo, mas con la virtud que salía de las palabras de Dios sustentávase Moisés, con el cual hablava cara a cara, assí como suele el hombre hablar con algún amigo suyo. Y en la virtud y fuerça del manjar que mandó comer a Helías anduvo otro tanto tiempo, hasta llegar al monte de Oreb, monte del Señor. Más se lee en el libro donde están scriptas las vidas de los sanctos padres: que un fraile ya adelante en días, llamado por nombre Joan, cuya vida, costumbres y abstinencia recita Sant Appellen en el mesmo libro, diziendo que como se huviesse ido al yermo, estando tres años continuos, debaxo de una piedra grande de una peña siempre hizo oración, tanto que nunca se assentó ni estuvo acostado, y tanto dormía cuanto podía rebatar de sueño teniendo en la tierra hincadas las rodillas; y salvo los domingos, que venía un sacerdote de sancta vida a dezirle missa y darle el sancto sacramento, otra cosa alguna no comía, ca aquello solo le era sacramento y manjar, lo que haze a nuestro caso; pero plázeme haverlo dicho todo porque todo es sobrenatural, y ordenado y hecho por dispusición y voluntad divina, más que por virtud humana, ni por fuerça natural alguna.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Assimesmo de Sancta María Egipcíaca se lee (en el libro ya dicho) que, con solos tres pa- [fol. a6v] nes que compró por tres dineros cuando salió de Hierusalem para ir al desierto, passó diziete años, y el resto hasta xlvii con solas yerbas; otro dize, de mucha auctoridad, que sin comer cosa alguna. De sancta María Magdalena leemos en su historia haver estado en una muy alta peña treinta años sin comer; y de otras muchas y muchos padres religiosos que fueron en Egipto, Thebas y Mesopotania, que passaron con yervas, raízes y agua, que cuasi es poco menos que lo mesmo. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En otro tiempo mucho después vino Santa Catherina de Sena, la cual, cuanto más encendida en el amor y temor de Dios y desseo de le servir, tanto menos gana tenía de comer, y era mayor su abstinencia, de tal manera que, andando el tiempo, vino a no comer ni bever por muchos años cosa alguna; cuyo hábito, vida y penitencia, en cuanto ella puede e Dios quiere, esta su sierva de quien hablamos trabaja en todo o en la mayor parte de imitar y seguir. Agora postreramente en nuestros días no ha muchos años sabemos de cierto, por aucténtica scriptura y testigos que le vieron y hablaron, cómo un soiço llamado por nombre frater Nicolás, natural de muy cerca de Undervalden, lugar principal de los treze lugares principales que los soiços llaman los treze cabos o comunidades, de la diócesi de Constancia, estuvo en un desierto monte de aquella tierra haziendo penitencia veinte años sin comer; el cual, por los muchos e grandes milagros que ha hecho y de contino haze, lo ha canonizado la sancta Iglesia Romana en el año de mil quinientos y nueve.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Otros muchos se podrían traher sin dificultad, mas no sin enojo de prolixidad, pero estos basta trahídos por exemplo, porque, si no, tampoco bastaría el martilojo ni la ledanía toda. Pues veamos, ¿fueron por aventura estos mayores que los apóstoles por esso, o quiçá el mejor dellos mayor que Nuestra Señora la Virgen María gloriosa, la cual [fol. a7r] ni estuvo en tal lugar ni hizo tal ayuno? No, por cierto, ni tan grande. Sepan pues estos, si no lo saben, que ser mayor o menor sancto no consiste ni se juzga según el ayuno, mas según mayor o menor caridad; a los que no lo saben lo digo, porque a los que lo saben el Señor (que sin engaño los conoce como a maldizientes murmuradores) en su santo Evangelio responde, diziendo de los tales: “Quien tiene orejas para oír, oya. ¿A quién compararé yo esta generación de niños, que jugando dizen a sus compañeros: ‘Nosotros havemos cantado y vosotros no saltastes; havemos llorado y no plañistes’?”. E dize luego adelante la mesma Sapiencia incarnada lo que arriba diximos: “Vino Joan Baptista que no comía ni bevía, e dixeron que tenía demonio. Vino el Hijo de la Virgen comiendo y beviendo, e dixeron: ‘Este es un hombre tragador y bevedor de vino, amigo de publicanos y pecadores’”, etc. Tómame essos dichos y concértame essas medidas. Esta sola sentencia de Christo nuestro Redemptor y Maestro, con lo de más arriba dicho, abasta para cerrar las bocas de los tales que maliciosamente murmuran, y para abrir los coraçones de los que simplemente ignoran. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
La segunda de que dudan es el abrir del costado milagrosamente. A esto respondiendo digo: que si consideramos lo que adelante diremos, hallaremos tanta causa para creer cuanta buscamos razón para dudar, porque, aunque este milagro es grande e misterioso, no es del todo nuevo en el mundo, porque sabemos que se le abrió a Sant Francisco, y también a Sancta Catherina de Sena; digo no es nuevo haviendo respecto a la generalidad, digo del todo porque lo es en parte, haviendo respecto a la especie y cualidad que corresponde, porque en aquella fue el costado izquierdo, y en esta el derecho, como el de Christo que con la lança abrió el cavallero; de aquellos lo sabemos porque lo oímos y leemos, y desta porque lo tocamos y vemos. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Pero no por esto se altere algún devoto, ni nadie tampoco pensando que lo digo por haver querido hazer odiosa comparación, ni me- [fol. a7v] nos anteponer a tan grandes sanctos en el Cielo esta sierva de Dios en la Tierra, que puede errar y acertar, merescer y desmerescer, tropeçar y caer sin levantar en la batalla, entretanto que la peregrinación dura, sospirando, gemiendo y llorando en este mundo, valle de lágrimas, por cuya causa deste peligro nos amonesta el Señor por su Ecclesiástico que a ninguno loemos ante de la muerte, queriendo dezir que le loemos y magnifiquemos después de la vida; pero a quien dio tan buenos principios y medios tan maravillosos con perseverancia, piadosamente se presume y cree que dará glorioso fin. Por ende los christianos, de lo uno y de lo otro, de aquellos y desta, por la merced que rescebimos no seamos a Dios ingratos, mas démosle gracias porque assí le plaze, y no escodriñemos la razón y causa por qué lo haze, por cuanto sus cosas son grandes e inescrutables y maravillosas en número sin cuenta. Y por tanto ignorava Job diziendo: “Si viniere Dios a mí dándome prosperidades, no le veré”; es a saber, si sea para mi bien o mi mal, no lo sé; si se fuere dexándome en las tribulaciones y tentaciones, no lo entenderé, ignorando el fin dello; si de súbito interroga, ¿quién le responderá?, ¿o quién puede dezir: “por qué lo hazes assí”? Pues que assí es, dexemos ya de inquirir y escodriñar sus secretos e divinos juizios, que son muy grandes en virtud e inestimables e incomprehensibles en razón humana, e innumerables en multitud; los cuales, entonces, complimos cuando para complirlos ser insuficientes nos estimamos y conoçemos; entonces, más complida y facundamente los alabamos cuando marauillados enmudeçemos; e si alcançarlos locamente tentamos, entonces muy menos dellos sabemos. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Sea por ende nuestro saber, con todo estudio de humildad, tenerlos en muy gran reverencia y admiración, y creamos que, aunque todos van medidos y ordenados según su eternal presciencia pero a nuestra utilidad y provecho, pues Él quiere, si queremos, que todos [fol. a8r] nos salvemos; y cuando no halláremos la razón y causa dello, no passemos adelante en querer juzgar, si no queremos errar, mas quedémonos atrás, e digamos con Sant Pablo: “Oh, altitud de riquezas de sciencia y sapiencia de Dios, cuán incomprehensibles son tus juizios”. Grande [e]s, por cierto, como dicho es, y grande, por ende, iniquidad es querer que no sea infinito ni poderoso como lo es, para que nos pueda copiosa e infinitamente apremiar y premiar, e junto con esto, a quien el Cielo y la Tierra no pueden tomar, quererlo comprehender y encerrar en nuestra flaca cabeça. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Esto se ha dicho por los juizios temerarios de algunos y murmuraciones de muchos en secreto, y el mal hablar de otros en todo lugar, a rienda suelta sin parar, desta su sierva, y de las maravillas que obra en ella. A la cual de solas tres cosas como arriba diximos en todas sus persecuciones la acusan con verdad: que come haviendo passado mucho tiempo sin comer, que viste y trahe algunas cosas de hábito seglar, y que anda en mula, y huelga con plazeres y passatiempos mundanos y honestos. Son tan criminales estas tres cosas que, como nadie puede sustentar la flaqueza sin comer, vestir, y algunos pasatiempos, aun siendo en ella como dizen que son, ni son en nadie pecado ni en ella, porque no ge los veda su religión; antes son para ella actos de perfectión, y para los que saben el fin desto, que es el que haze buenas o malas las cosas tales, son de mucho exemplo y provecho, porque comemos los hombres por la hambre y mantenimiento, y ella, harta y hambrienta con el amor de Dios, porque no ha menester ni sufre otro natural mantenimiento sino el de su gracia, come para rescebir tormento por echarlo, como lo provoca y echa, y persecución por rescebirlo. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Lo primero muestra su caridad porque se busca nuevas y secretas maneras de atormentarse por amor y reverençia de Christo Nuestro Señor y Maestro, remedando [fol. a8v] su sanctíssima vida toda trabajosa, aunque no puede ser remedada sino de lexos. Lo segundo muestra su humildad porque por rescebirlo es perseguida, lo cual también se muestra en traher las cosas que trahe, pues con ello haze que no la tengan en lo que la ternían si no hallassen en ella aquel achaque. También en traherlas usa de caridad con los que ge las dan, que le ruegan que las traiga por que se acuerde de rogar a Dios por ellos. E si no puede andar a pie y se recrea con estas cosas y con plazeres honestos, consideren los que mal les paresce, si tuvieren spíritu, cómo aun con todo esto pueda ella sufrirse descendiendo de su spiritual conversación, y la pena que siente por la grandeza que dexa, y la poquedad donde se torna. Y también que ellos, trabajando pocas vezes, muchas descansan, y ella llena de trabajos y dolores ha menester algún descanso, porque, aunque sus cosas son del Cielo, su persona es de la Tierra. Cuánto más que, pues que en estos passatiempos muchas vezes se arrebata en contemplación, muestra que no estava su pensamiento en los plazeres del mundo, sino en los de Dios, y que en ellos no lo quita ella de su memoria; mostrándonos pues, en esto, que ni en los passatiempos ni nunca quitemos el pensamiento de Dios; y en esto otro, que siempre huyamos la honra y alabança de la gente. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Claramente paresce que ella aprovecha más en su perfectión y da mayor exemplo a los que saben rescebirlo en lo que está dicho que no si no comiesse y estuviesse muy rota e muy encerrada, y con mucha ipocresía y tristeza. Por ende los que se escandalizan de lo presente, para que no se escandalizen, consideren los tormentos y dolores que passa cada día, y las asperezas, necessidades y trabajos que ha passado, y no juzguen de lo uno sin lo otro, porque de otra manera no podrían juzgar justamente, sino apassionada, y como quien por sola información de la una parte se determina sin oír la otra. Mayormente que, aun estando en duda, somos obligados de presumir bien de nuestro próximo, porque el [fol. b1r] derecho humano assí lo presume, y el divino manda que assí lo creamos, y en caso dudoso que interpretemos lo mejor y más sano. Pues cuánto sea más justo assí interpretarlo y creerlo (aunque no fuéssemos obligados) claramente parece, porque en creerlo assí hazemos que las grandes y maravillosas obras de Dios se manifiesten en ella, a honra y provecho della y nuestro, si con recto juizio e sin passión se considera; y de creer lo contrario, se sigue lo contrario. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y pues no tiene menos fuerça Dios, sino mucha más y mayor para hazer bien que el Diablo para hazer mal, no sé ni siento cuál christiano sin blasphemia pueda atribuir a Dios lo malo, y al Diablo lo bueno, diziendo que esto es engaño d’él y no gracia del Spíritu Sancto, como lo es y se ha de creer por muchas y evidentes razones. El Enemigo malo suele a vezes bien tratar al pecador acá en su casa, por poderle allá del todo maltractar en la suya para siempre; a esta religiosa sabemos que le ha dado muchas vezes en su celda y retraimiento grandes heridas corporales, hasta hazerle salir la sangre por las narizes y boca, por los ojos y orejas, y dexarla por muerta, lo que no haría si esto fuesse engaño. Porque sabemos por muchos exemplos y experiencia que del engaño que él más usa, entre mil modos de empeçer y engañar, es entrar con la de Dios por salir con la suya, y esto con halagos y grandes ofrescimientos, pero no con puñadas y coçes; por lo cual havemos de creer que él, usando de su astucia acostumbrada, ha trabajado de la engañar, y con la ayuda de Dios él queda della engañado, e assí como corrido del engaño véngase del cuerpo, pues no tiene parte en el alma. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Más adelante vemos que esta religiosa con su vida y doctrina a muchos buenos ha hecho mejores, y a muchos malos y pecadores convertido a penitencia. Pues si esto es engaño, de necessidad havemos de dezir que el Diablo ha seído nescio, pues por ganar un alma ha perdido tantas. Pero assí como la consecuencia en llamarle nescio es falsa (por cuan- [fol. b1v] to es ángel y perro viejo), assí también el antecedente del engaño es falso. E si todavía porfían, ¿quién hará ciertos y seguros a ellos, que assí creen y hablan, que no sean engañados del Diablo? Porque si según ellos esta religiosa y sierva de Dios, de la cual tantas vezes ha seído vencido, cuyo cuerpo sobre toda virtud natural bive y se sostiene, cuya ánima está siempre llena de gozo spiritual y tan perseverantemente pacificada, puede ser engañada del Diablo, ¿cuánto más lo podrán ser estos que sienten mal della, de los cuales ninguno de los susodichos bienes ha venido a nuestra noticia? Por cierto, creyendo e diziendo estas cosas, ninguno es más verisímile: ellos haver seído engañados del Enemigo, pues no ha podido a ella engañar, en darles a entender y creher que la tiene engañada; y este es el engaño verdadero. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Ni tampoco vale el argumento que traen de algunas que no hago caso dellas, sino de sola una que se halla ser verdad por aucténtica scriptura, la cual era tenida por sancta, y después hallaron e vieron que, como engañada del Enemigo, sus cosas fueron malas y acabaron mal. Digo que no vale, porque es regla general que, para que valga el argumento de un semejante a otro, ha de haver de necessidad en todo semejança; en otra manera, dando caso de dessemejança, no ha lugar el tal argumento. Y porque todas las cualidades y condiciones que concurrieron en la una no concurren en la otra, por tanto no vale ni ha lugar; y puesto que valiesse en caso que concurriessen, valdría para dudar que sea tan buena, y no para afirmar que esta es mala pues aquella lo fue, porque no porque uno sea hereje se sigue que lo es o será su compadre o mi vezino. Ni tampoco es buena del hábito al acto la consecuencia, porque no es Papa el que puede ser Papa, ni es malo el que puede ser malo. De manera que a los que no lievan en la manga la culebra ni tienen catharactas en los ojos conoscerán, y verán que queda con esto harto bien satisfecho a los argumentos (aunque no sophísticos), porque no traen semejança [fol. b2r] de verdad, mas bambollas de xabón llenas de malicia y venenosa ponçoña. Esto se manifiesta por lo que se dize, y también por lo que se calla. Muchas mujeres huvo que hizieron lo que esta haze, y menos que esta, y las aprueva la Iglesia e tiene por sanctas, porque lo son de verdad. Pues, ¿por qué para provar que esta es buena no las traerán en argumento y consecuencia, como traen para provar, en consecuencia, que es mala una golondrina que no haze verano? No hallo razón otra ninguna, mas de buscar ocasión para apartarse de su Amigo, o queriéndole mal ponerle nombre de ravioso, o lo que dize Séneca, con perdón: “Algunos perros tienen natural condición de ladrar, más por costumbre que por verdad”. Pero si los phariseos semejantes a estos (no también por verdad, mas por costumbre) ladravan y mordían a Jesuchristo Nuestro Señor y Maestro, al cual mentirosamente infamaron e dixeron que en Belzebub hazía sus obras, etc., ¿qué maravilla, pues, es si a esta sierva suya maliciosamente y con mentira la infamen e digan lo mesmo persiguiéndola? Ninguna, por cierto, porque vemos por experiencia que ninguna cosa más cierta el bueno tiene sobre sí que luego la persecución del malo, con la cual se examina y se prueva su bondad y virtud como el oro en el fuego, y con el martillo la plata, que cuanto más golpeada tanto más luze, y el platero, cansado; por ende, callando y no les respondiendo, de cansados callarán. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Vemos que sin tener esta sierva de Dios cosa de propio, con solo lo que le dan, sin que ella lo pida ni haga pedir nada a nadie (porque toda su hambre es de la salud de las ánimas), ha hecho y cuasi acabado una muy gran casa y monasterio muy costoso, y en breve tiempo mantiene pocas menos de dozientas beatas que tiene y rescibe de cada día, y con mucha penitencia las tiene y trahe descalças y muy alegres, contentas y gordas; e sin el gasto de otras muchas moças y moços, pobres, chiquitos y grandes, que haze estudiar e cría para la religión, gasta mucho con religiosos, y da muchas limosnas públicas [fol. b2v] y secretas. De manera que, viendo lo mucho que gasta sin poder ver de do sale, havemos de creer que solo Dios, que le da tanto del thesoro del Cielo, le da esta abundancia en el de la Tierra, y pues todo lo que todos tienen es de Dios, que haze mucha merced al que alumbra, para que ayude con sus limosnas en esta su sancta despensa.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Assí que, por estas razones y por otras muchas que callo, las cosas desta sierva de Dios, aunque han sido y son muy impugnadas de muchos y de personas poderosas, han sido por sentencia de juezes apostólicos (para esto dados) examinadas ellas y su persona, y aprovadas y declaradas por sanctas y buenas. Paresce, pues, que su doctrina es muy alumbrada y provechosa, y su vida y sus obras muy sanctas, y que, siendo estas dos cosas tan maravillosas y tales, no son razonables ni medianas las cosas desta sierva de Dios; antes son de mucha sanctidad y perfectión, como está dicho. Siendo, pues, como son tales, no pueden ser sino de Dios, pues siendo suyas no puede el Enemigo tener en ellas poco ni mucho. E assí paresce que Dios haze al mundo una muy grande y nueva misericordia en darnos por quien podamos ser alumbrados. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
E si quisiéremos humiliarnos, conozcamos nuestros pecados, y seamos movidos y ayudados a hacer penitencia y a emendarnos. Conviene pues que, conosciéndonos pecadores y ciegos, con la llave de la humildad abramos nuestros entendimientos para que salgan las tinieblas del pecado y entre la lumbre de Dios, porque es cosa muy provada y muy cierta (sin falta) que los que se allegan a esta sierva de Dios con humildad y sancto desseo luego conoscen en sí mesmos maravillosos movimientos y fuerças para tener contrición y arrepentirse de sus pecados y para hazer penitencia, y de cada día muchos avisos (si perseveran) para la emienda y mejoría de sus vidas. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Pero si nuestra sobervia no quiere reprehensión, ni nuestra mala y dura costumbre mudança, ni queremos oír lo que no nos agrada, ni creerlo aunque veamos que nos cumple [fol. b3r] sin que veamos hazer milagros como personas de poca fe, infieles que por solos milagros se mueven, e si andamos pidiendo otros mayores milagros que son su sancta vida y doctrina y obras, y la conversión y provecho que haze en los pecadores —pues en los sanctos apóstoles e siervos de Dios no son menos maravillosas sus vidas, doctrina y obras que fueron sus milagros, ni entre los milagros no fue menor la conversión y resurrectión del alma muerta de Sant Pablo que la del cuerpo finado de Sant Lázaro—, menospreciando, por ende, con esto esta merced que Dios nos haze, conviene que nos aparejemos a las penas que están muy ciertas por su justicia, pues nadie puede huir de su poderosa mano, porque havemos de ser perdonados por su misericordia y nuestra penitencia, o condenados por su justicia y nuestra culpa. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y porque también se tiene por culpa callar la verdad como expressar la mentira, para que della no seamos acusados ante la Divina Bondad, parecionos que devíamos de responder contradiziendo, como queda mediante su gracia asaz respondido, a los murmuradores, detractores y maldizientes del singular modo de bivir desta religiosa y gran sierva suya; a los cuales, si les parece que no basta para que desistan de su falsa opinión y porfía, yo les ruego con toda cortesía que les baste lo que dixo Christo a sus discípulos y a otros muchos en su sancto evangelio: “Todas y cualesquiera cosas que los scribas y phariseos os dixeren guardadlas y hazedlas; las que ellos hazen no las queráis vosotros hazer”. Digo, con emienda de todos, que de las palabras deste texto podemos sacar dos notables conclusiones. La primera: que, cuanto a Dios, no se requiere quién o cuál es el que habla, mas qué es lo que habla. La segunda: que si lo que dize sí es bueno y lo que haze es malo, que tomemos d’él lo que bien dize, y dexemos lo que mal haze. Y assí digo trayéndolo a propósito: que si esta religiosa es tal y tan mala como a ellos se les figura y ensueña, dexen lo que mal haze, e si tienen orejas para oír y entendimiento y voluntad para comprehender, tomen esto que bien dize que se sigue.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
= Vida manuscrita (1)=&lt;br /&gt;
Ed. de [http://visionarias.es/equipo/rebeca-sanmartin-bastida-investigadora-principal/ Rebeca Sanmartín Bastida]; fecha de edición: enero de 2020; fecha de modificación: marzo de 2026.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
== Fuente ==&lt;br /&gt;
[[Archivo:Aldeanueva1.jpg|250px|right|link=]]&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
* “Relaçión de la fundaçión de esta casa y de las cosas memorables que en él á havido”. Ms. del Archivo del convento de Mosén Rubí (Ávila), fols. 1r-16v.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[[Contexto material del manuscrito Relaçión de la fundaçión]] &#039;&#039;de esta casa y de las cosas memorables que en él á havido&#039;&#039;.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
== Criterios de edición ==&lt;br /&gt;
Se trata de un manuscrito de la primera mitad del siglo XVII (datación entre 1607 y 1636), del cual hay una copia en el Archivo General de la Orden de Predicadores de Roma (AGOP), fechada en 1688, con breves supresiones. Se encuentra en el archivo del convento de Mosén Rubí porque allí fueron a parar los manuscritos del convento de Aldeanueva, donde murió María de Santo Domingo. Se editan solo los folios que se refieren a su vida y a la fundación del convento (la relación incluye referencias breves a vidas de otras monjas dominicas). &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Los criterios de edición que se han seguido son conservadores ya que se trata de un testimonio que quizás bebe de fuentes más primitivas; además hablamos de la primera versión de la relación de la fundación de Aldeanueva, que luego será ampliada sucesivamente en manuscritos posteriores (que se editarán en este Catálogo). Así, se respetan todas las grafías, incluidas la variación de v/b, i/y y las sibilantes; y se conserva el uso o ausencia de la –h, sea o no etimológico (acentuamos la vocal &#039;&#039;a&#039;&#039; con función verbal). Se regulariza, en cambio la variación u/v con función vocálica y consonántica de acuerdo a los usos actuales. Se han desarrollado las abreviaturas. Acentuamos las palabras y empleamos las mayúsculas de acuerdo a la norma ortográfica actual. Finalmente, la puntuación procede de la editora pero la separación de los párrafos es del manuscrito.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
== Vida de María de Santo Domingo ==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[Fol. 1r] &#039;&#039;&#039;Relaçión de la fundaçión de esta casa y de las cosas memorables que en él á havido&#039;&#039;&#039;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
La primera fundadora de este convento de Santa Cruz de la Magdalena de Aldeanueba fue natural de la çiudad de Ávila &#039;&#039;[1]&#039;&#039;, de los Paniaguas de la dicha çiudad de parte de padre, el qual se casó con una muger natural de este lugar de Aldeanueba, de gente honrrada, aunque pobre y humilde. Eran tres hermanas donçellas güérfanas de padre y madre, a las quales les dio Dios su espíritu de fundar este monasterio en su propia casa, y la madre soror María de Santo Domingo, que fue la mayor de las tres hermanas &#039;&#039;[2]&#039;&#039;, en cuyo naçimiento se tiene por negoçio auténtico que ubo un pronóstico de unos astrólogos que digeron a su padre &#039;&#039;[3]&#039;&#039;, aviendo echado juiçio a la hija que le avía naçido, avía de poder mucho con los potentados del mundo, lo qual pareçe ser çierto por el discurso de su vida &#039;&#039;[4]&#039;&#039;, y ella fue la que tomó la mano para edificar el convento. Y antes que llegase al prinçipio del edifiçio se refiere que en los años de su niñez le aconteçían cosas maravillosas, entre las quales se refieren dos: una, que qualquiera cosa que tomaba en las manos se le acreçentaba en ellas; otra, que cayendo un día sobre una gran lumbre salió de ella sin lesión ninguna; para cuyo edifiçio no solamente la ayudó el favor del Çielo, pero los veçinos de su propio lugar le daban las propias casas. Y toda la tierra la ayudó con sus limosnas. Los señores del reyno la ayudaron y anpararon, y los que con más larga mano acudieron cierto fueron los [fol. 1v] Reyes Cathólicos, y tras ellos los Duques de Alva, Don Garçía Álvarez de Toledo &#039;&#039;[5]&#039;&#039; y su muger, que se hallaron presentes en la fundaçión de la casa; y con ellos el gran prior de san Juan Don Diego de Toledo, el Conde de Osorno, el de Oropessa, el Conde de Nieba, y Don Garçía de Toledo, Señor de La Horcajada &#039;&#039;[6]&#039;&#039;, y otros muchos señores.&lt;br /&gt;
 &lt;br /&gt;
En el prinçipio del edifiçio, quando se enpeçó acabar para haçer los çimientos, la primera piedra que se sacó hallaron que estaba en cruz, y tantas quantes veçes la partieron los çircunstantes haçiendo misterio del caso salía siempre cruz, y tomando esto por raçón, acordaron que se llamase el Convento de Santa Cruz, y de los que estaban presentes fue el primero que echó una joya de oro en la çanja del edifiçio el Conde de Nieba, el qual edifiçio se empeçó a haçer el año de mil y quinientos y quatro a treçe de septiembre, víspera de la Exaltaçión de la Cruz, y pónese la fundaçión año de mil y quinientos y siete, víspera de Nuestra Señora de la Asunçión, por ser el primer día que en el nuebo edifiçio se hiço el ofiçio divino, y este día tomaron de mano de la dicha María de Santo Domingo, fundadora, el hábito en la dicha casa sus dos hermanas, la madre María de la Asunçión, y la madre María de los Santos. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Fue tanta la fama y la grandeça del convento, así en virtud como en número y cantidad de religiosas, que muchas personas yllustres y de calidad traýan aquí sus hijas y deudas, no solamente de estos reynos, pero de los estrangeros, porque ubo ocasión en que se hallaron juntas treçientas religiosas &#039;&#039;[7]&#039;&#039;, como consta por un testimonio de escribano público que está con depósito, entre las quales ubo algunas naturales [fol. 2r] de Jerusalén; otra, de Belén, que tenía por nombre Soror María del Pesebre; otras, de Roma, de Sevilla, de Murçia, de Lora, de Calatayud, de Logroño, de Vitoria, y finalmente de todas las partes destos reynos, y se refiere de testigos fidedignos que se hallaron juntas de una vez a tomar el hábito sesenta mugeres de a quatro, de a çinco, y de a seis años, y, de aý arriba hijas de personas yllustres, y algunas señoras que eran parientas de los Reyes de Portugal. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Fue creçiendo tanto la fama en materia de virtud que se diçe por cosa çierta que la dicha fundadora fue llamada del Sumo Pontífiçe, y es çierto que fue donde él estaba y habló con él, como consta de un previlegio que está en el depósito del dicho convento &#039;&#039;[8]&#039;&#039;, su data en Zaragoça, a veinte y çinco de octubre de mil y quinientos y veinte y dos &#039;&#039;[9]&#039;&#039;, en que conçede de su Santidad a las dichas religiosas pudiesen traer velo negro con todas las graçias e yndulgençias que a las demás monjas, siendo así verdad que el dicho convento fundado por la dicha fundadora es de beatas de la Terçera Regla de nuestro Padre Santo Domingo, y no solamente conçedió esta graçia sino otras muchas.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En sus primeros prinçipios de la fundaçión de este convento puso la orden por Vicario de él al Padre Fray Juan de Azcona &#039;&#039;[10]&#039;&#039;, de buena memoria, que fue un gran religioso, y aun atendiendo a su modo de vivir, un santo, y en esta opinión y veneraçión le tenían las religiosas. Era de grande oraçión y recogimiento, si[n] que esto le estorbase el acudir al consuelo de las religiosas a predicarlas y confesarlas, y el año de mil y quinientos y veinte fue el sobredicho padre a Jerusalén y a Roma, y trajo a este convento [fol. 2v] muchas reliquias, entre las quales trajo la insignia y reliquia que tiene ese convento de la costilla de nuestra madre Santa Cathalina de Sena, que se la dio el Papa León Déçimo a dos de abril de mil y quinientos y veinte años, como pareçe por una bula suya que está en el depósito &#039;&#039;[11]&#039;&#039;. Es tan milagrosa la dicha reliquia, que en llegando el sobre padre con ella al convento, hiço Dios Nuestro Señor un milagro, por interçesión de nuestra madre Santa Cathalina, que fue sanar a una religiosa tullida, que solo con llegar a tocarla quedó del todo sana, y para más prueba del milagro acudió luego al refitorio a servir a las religiosas.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En el año mil y seisçientos y doçe, hizo otro milagro esta santa reliquia, y fue que una religiosa del dicho convento, que tenía aproplegía y estaba perlática y sin poder hablar, y por señas como pudo pidió la trageren la costilla de nuestra madre, y en puniéndosela en la boca al punto habló y quedó sana. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Otra religiosa propuso de no confessarse con un religioso de la orden por çierto enfado que con él tubo, y echándole muchas maldiçiones, y entre otras, que la lengua se le pegase al paladar si con él se confesare, súbitamente vieron las demás religiosas que la dio un gran mal, y que pareçía tener la lengua pegada, sin poder casi hablar claro, pero como podía se quejaba y daba a entender que se ahogaba; pusiéronla la costilla y sanó, y al punto se confesó con el dicho padre.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Puso la dicha fundadora tan grandes y buenos fundamentos no solamente en lo material de la casa, sino en lo espiritual de las almas, pues en este monasterio se guardaba la regla [fol. 3r] y constituçiones de la orden como en ella está escrita, y a durado y dura asta nuestros tiempos y mucho más, porque aora se guarda de la misma suerte que en los demás monasterios de monjas, sin haberles quedado de beatas más que solo poder entrar mugeres en el dicho convento. En lo demás ay mucha observançia y religión, y muchos ayunos y abstinençia, que la mayor parte del convento ayuna a pan y agua toda la Quaresma, y ayunan tres días a la semana, ay mucha oraçión y mucho coro, que casi la mayor parte del día gastan en él. Lo que toca a disçiplinarse, es tan estraordinario que es menester ponerlas obediençia para que no lo hagan. El ofiçio divino se haçe con mucha puntualidad, gravedad y solemnidad, cantando las horas y muchos maytines, en particular los días de santos como en los más graves conventos de la orden se acostumbra, y con más puntualidad. Ay en el dicho lugar de Aldeanueva más de çien veçinos, y entre ellos más de treçientas personas pobres, y todas las sustenta el convento y religiosas, dejando la mayor parte de su comida por acudir y socorrer a sus neçesidades. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Échasele de ver la mucha religión que á avido y hay en este monasterio, pues para fundar otros en la Provinçia an sacado d’él las fundadoras y prioras &#039;&#039;[12]&#039;&#039;, y en particular fueron por fundadoras y prioras a la Penitençia de Valladolid y al monasterio de Corpus Christi de la dicha çiudad la madre María de los Ángeles y María de San Françisco, su hermana, que fueron de los Manríquez y Toledos. Y a las Arrepentidas de Salamanca y a las Beatas de Medina del Campo y a la Madre de Dios de Truxillo, Toro y Olmedo an ydo por prioras muchas señoras de este convento: la madre Doña Bernardina de Carabajal, Doña Isabel de Mendoça [fol. 3v] y la madre Doña Gabriela de Guevara, y la madre María de la O, del Barco. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Tiene este convento una bula de la fundaçión del dicho monasterio, su data en Roma &#039;&#039;apud Sanctum Petrum&#039;&#039;, el año de mil y quinientos y diez y siete, a diez y seis de henero, de León Déçimo en el año quarto de su Pontificado, enbiado a la fundadora nombrándola por priora del dicho monasterio y mandado al Arzobispo de Toledo, Plasençia y Ávila la ayuden, favorezcan y autoriçen en orden al edifiçio y nueba fundaçión de casa &#039;&#039;[13]&#039;&#039;, y que puedan tener y tengan vicario y religiosos de la dicha orden, para que las ayuden y administren los santos sacramentos, y así es tradiçión auténtica que el Reverendísimo General fray Viçençio Bandelo de Castronovo visitó por su persona el dicho monasterio en tienpo del rey Don Fernando y Doña Ysavel &#039;&#039;[14]&#039;&#039;, y reçivió este convento a la orden la vigilia de Pentecostés el año de mil y quinientos y diez y nueve. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Fue tanta la virtud y religión de la fundadora que se echó de ver el gran favor y merçed que la hacían todos los grandes del Reyno, y en particular los santos Reyes Cathólicos Don Fernando y Doña Ysabel, que la ayudaron con sus rentas, y la dieran muchas más para la fundaçión si ella quisiera, pero fue su intento que fuesen pobres, y así no quiso admitirlas. Entre las merçedes que los Reyes Cathólicos hiçieron a esta venerable muger la más prinçipal fue darla el Santo Christo, que este convento tiene en tan grande veneraçión y estima por los muchos milagros que á obrado y obra. Uno de los maiores es que, llebándole los Reyes Cathólicos en su compañía a las guerras, en una dellas, invocando como suelen los españoles al Apóstol Santiago, respondió el Santo Christo que no era [fol. 4r] neçesario estando él allí, y en señal de esto le quedó la voca abierta y se le ben dientes, lengua y el çielo de la voca. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Diçen las madres ançianas deste convento &#039;&#039;[15]&#039;&#039; que en tienpo de Filipo Segundo, quando las heregías de Caçalla, por algunos días le vieron sudar, y saben que uno de los religiosos le linpió el sudor del rostro con un purificador &#039;&#039;[16]&#039;&#039;. Y en el año de mil y seisçientos y çinco hiço otro milagro en soror María de la Natividad, religiosa del dicho convento. Y fue que tenía en un pecho un çirrio del tamaño de una naranja, y aviéndola dicho los médicos que no tenía remedio acudió a Dios y a esta santa ymagen &#039;&#039;[17]&#039;&#039; de quien ella era mui debota, y andubo una nobena, y al cabo della tocó con un pañito al Santo Christo, y se le puso donde tenía la enfermedad, y al punto sanó, de manera que pudo acudir al serviçio de las demás como lo tenía de ofiçio.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Otra religiosa llamada María de Santa Ynés, teniendo cánçer en un pecho, y la començó a curar el médico, y en lugar de sanarla quedó peor &#039;&#039;[18]&#039;&#039;, y pareçiéndola era inposible sanar acudió a tener nobena al Santo Christo por no berse en manos de médicos ya que la tenía sentençiada a muerte, y antes de acabar su nobena se puso un pañito tocado al Santo Christo y luego sanó.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Otros muchos milagros á echo, que por no ser largos no se escriven aquí; si fuere neçesario se podrán escrivir y aberiguar &#039;&#039;[19]&#039;&#039;. Lo que en este convento se á visto y estas señoras tienen por milagro es que ningún mal contagioso ni pestilençia jamás á dado en el convento: aunque la á havido en el pueblo y an entrado en el convento muchas personas heridas no se á pegado a ninguna religiosa. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[Fol. 4v] La figura que el Santo Christo tiene es de la çintura arriba coronado de espinas, y la cruz a cuestas, y aun quieren deçir que es de los que pintó San Lucas, y pareçe se echa de ber en que tiene dos dedos quebrados que no se save cómo ni quándo, y con haber traído maestros que se an buscado de fama, ninguno se á atrevido a ponérselos, y ubo uno que dixo que le pareçía ser imposible el varniz que tenía fuese obra de la Tierra, sino que era negoçio más que humano. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Con tan buena compañía la fundadora y sus compañeras fueron muy adelante en la virtud y santidad. Todo el tienpo que vivió la madre María de Santo Domingo fue priora del dicho monasterio; era muy dada a oraçión, ayunos, y disçiplinas, y echávese &#039;&#039;[20]&#039;&#039; mui bien de ber en ella que tenía espíritu y graçia del Çielo, pues sin aber estudiado tenía sus pláticas a las religiosas con tanto espíritu y deboçión que las más veçes las movía a lágrimas &#039;&#039;[21]&#039;&#039;. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El demonio, inbidioso del fruto que hacía en las almas y en toda esta tierra, la lebantó de debajo de los pies muchas persecuçiones, y en todas ellas mostró mucha paçiençia, dejándolo todo a Dios, y así murió como una santa, y otro día después de su muerte predicando el santo Fray Juan de Azcona, en medio del sermón dijo: “Mi hixa María de Santo Domingo se subió al Çielo” &#039;&#039;[22]&#039;&#039;.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Por muerte de la dicha fundadora suçedió en el ofiçio de priora su hermana María de la Asunçión, la qual fue tan santa como su hermana; fue priora más de treinta años. Era muy observante en el silençio toda la noche o la mayor parte se le yba en oraçión, no comía al día más de una vez, no çenaba ni hacía colaçión, nunca comió carne en todo tienpo que tubo el hábito, echábase de ver [fol. 5r] su santidad en las pesadas burlas que el demonio la haçía, echándola algunas veçes por las escaleras abajo; tuvo muchas persecuçiones, en particular algunas emulaçiones y enbidias entre sus conpañeras. La muerte fue como la vida y así está en opinión de santa &#039;&#039;[23]&#039;&#039;. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
La otra terçera hermana llamada María de los Santos vivió y murió muy santamente, y están todas tres hermanas enterradas a la puerta del refitorio. Tiene una grande piedra labrada ençima de la sepultura; el darles este entierro fue su mucha humildad, y así lo pidió a las demás religiosas. […] &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[Fol. 11v] […] Olvidose de deçir al prinçipio que fue tanto el espíritu y valor de la madre fundadora, María de Santo Domingo que ella en persona con otras tres religiosas fue a Roma a tratar con su Santidad muchas cosas tocantes al bien espiritual y temporal de este convento, a quien hiço mui grandes favores el Papa León Déçimo, que era el que presidía en la Iglesia entonçes. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Todo lo cual susodicho en esta relaçión se á sacado de los papeles y brebes que están en depósito, y conforme lo que viene por tradiçión de las madres antiguas.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
=== Notas ===&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&#039;&#039;[1]&#039;&#039; María nació en Aldeanueva, pero en esta relación y en su copia de AGOP de Roma solo se señala Ávila como lugar de nacimiento. En otra versión de la fundación de Aldeanueva del Archivo de la Orden de Predicadores de Salamanca que editaremos en el Catálogo sí se señala Aldeanueva como lugar de nacimiento de María.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&#039;&#039;[2]&#039;&#039; En el proceso se apunta que fue la más pequeña de las tres hermanas, y el trato con ellas no fue bueno (R. Sanmartín Bastida &amp;amp; M. V. Curto Hernández, &#039;&#039;El Libro de la oración de María de Santo Domingo: Estudio y edición&#039;&#039;, Madrid, Iberoamericana, 2019, p. 37). &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&#039;&#039;[3]&#039;&#039; En la “Relación” de AGOP de Roma, “sus padres”. Es más fiable la lectura de esta Relación A porque se repite en la relación segunda y ampliada (de 1709) de la fundación de Aldeanueva.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&#039;&#039;[4]&#039;&#039; Entendemos que está basándose en un texto escrito anteriormente, aunque también hay referencias en este texto a fuentes orales.&lt;br /&gt;
 &lt;br /&gt;
&#039;&#039;[5]&#039;&#039; Hay aquí una equivocación de nombre con su padre: Fadrique Álvarez de Toledo fue quien financió la fundación. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&#039;&#039;[6]&#039;&#039; Se refiere a García Álvarez de Toledo y Enríquez, I Señor de La Horcajada, hermano de Don Fadrique e hijo de García Álvarez de Toledo, I Conde-Duque de Alba.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&#039;&#039;[7]&#039;&#039; En el discurso del Padre Peña en el cuarto proceso al que se somete a la beata se habla de más de cien religiosas (R. Sanmartín Bastida, &#039;&#039;La representación de las místicas: Sor María de Santo Domingo en su contexto europeo&#039;&#039;, Santander: Real Sociedad Menéndez Pelayo, 2012, p. 429; reed. Londres, SPLASH, 2017). En el &#039;&#039;Libro de la oración&#039;&#039; (fol. b2r) se habla de doscientas en el prólogo (Sanmartín Bastida &amp;amp; Curto Hernández, p. 38, 61, 145): vemos entonces cómo el discurso aumenta interesadamente el número de religiosas. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&#039;&#039;[8]&#039;&#039; El cronista claramente no pertenece al convento.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&#039;&#039;[9]&#039;&#039; Esta bula se encuentra en el archivo de Mosén Rubín, junto con otras de 1514, 1519, 1520, 1522, en una carpeta donde se guardan los pergaminos, pero no se dice en ella que María fuera a Roma, asunto que no está nada claro. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&#039;&#039;[10]&#039;&#039; Dicho fraile testifica en el cuarto proceso de María de Santo Domingo, pero no fue vicario de la orden.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&#039;&#039;[11]&#039;&#039; Efectivamente, la bula está en el archivo susodicho y la costilla se puede ver en el convento de Mosén Rubí de Ávila.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&#039;&#039;[12]&#039;&#039; Esta costumbre de enviar prioras desde conventos con fama de santidad también la encontramos en la vida de las hermanas Silva.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&#039;&#039;[13]&#039;&#039; En 1517, año de la muerte de Cisneros, se ve que María de Santo Domingo era bastante estimada y no se limitaron sus movimientos pese a las órdenes del Capítulo dominico celebrado durante el cuarto proceso. En 1512 parece que se estableció “la paz” entre los dominicos reformistas de Piedrahita y la cúpula.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&#039;&#039;[14]&#039;&#039; Obviamente este dato no es veraz ya que ambos estaban muertos en 1519 (Fernando muere en 1516 e Isabel en 1504). Tampoco lo es la visita del Maestro General Vicente Bandelli de Castronovo, ya que falleció en 1506.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&#039;&#039;[15]&#039;&#039; Como se ha señalado, el autor, que es probablemente dominico, no pertenece al convento. Siente aprecio por María de Santo Domingo pero tiene nociones muy vagas de su vida. Por otro lado, este Cristo de las Batallas se conserva en el convento de Mosén Rubí de Toledo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&#039;&#039;[16]&#039;&#039; Si estas madres ancianas vieron con sus ojos sudar al Cristo entonces debemos situar este texto en el primer tercio del XVII. Ahora bien, pueden referir cosas que les han contado. De todos modos, creo que no se puede llevar más allá de la primera mitad del XVII. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&#039;&#039;[17]&#039;&#039; Es interesante que para pedir milagros no acudan a la fundadora, que por tanto no es considerada santa en torno a 1600.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&#039;&#039;[18]&#039;&#039; Como en la vida de María de Ajofrín, es interesante que aparezcan ejemplos de médicos que se equivocan. Indudablemente es una muestra del poder de la fe frente a la ciencia.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&#039;&#039;[19]&#039;&#039; Este aserto de no querer o poder contar todo por no ser prolijos es un tópico de los relatos hagiográficos y milagrosos.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&#039;&#039;[20]&#039;&#039; Por “echábase”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&#039;&#039;[21]&#039;&#039; Aquí se resalta la condición de iletrada de María de Santo Domingo, que aumenta el valor de sus palabras inspiradas.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&#039;&#039;[22]&#039;&#039; Al lado de este párrafo hay una anotación al margen que dice: “muerte de la primera fundadora”, lo cual indica que se enfatiza más su función conventual que su nombre propio.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&#039;&#039;[23]&#039;&#039; Al margen escriben: “muere con opinión de santa”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
= Vida manuscrita (2)=&lt;br /&gt;
Ed. de [http://visionarias.es/equipo/rebeca-sanmartin-bastida-investigadora-principal/ Rebeca Sanmartín Bastida]; fecha de edición: marzo de 2020.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
== Fuente ==&lt;br /&gt;
[[Archivo:XIIIMaria.jpg|250px|right|link=]]&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
* “Fundación de este convento”, en &#039;&#039;Libro de becerro adonde están asentados todos los propios, y rentas, de beneficios…, el qual se hizo en el mes de junio, año de 1721&#039;&#039;, fols. 1r-9v, 16v-17r. Ms. del Archivo Histórico Nacional, secc. Clero, libro Becerro, sig. 445, Aldeanueva de las Monjas.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[[Contexto material del manuscrito Libro de becerro]].&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
== Criterios de edición ==&lt;br /&gt;
El &#039;&#039;Libro de becerro&#039;&#039; de donde se extrae esta vida es un manuscrito datado en 1721 que incluye una copia del original de la segunda relación de la fundación de Aldeanueva, de 1709 (el original podría ser un manuscrito que se conserva en el monasterio de Mosén Rubí, de Ávila, un poco deteriorado, con la misma relación de la fundación); es pues, posterior a la vida manuscrita (1), que considero la primera relación que se conserva de la fundación del convento. Por esta razón, esta copia de la segunda relación se moderniza en puntuación y ortografía de acuerdo a los criterios actuales y siguiendo en general las normas de edición de vidas impresas. Es decir, se ha intentado que la modernización gráfica de este texto no suponga una importante pérdida de los valores fonéticos, léxicos y sintácticos de la época en cuestión. Por ello, aunque se modernizan sibilantes, la alternancia &#039;&#039;b/v, i/y, qu/cu&#039;&#039;, empleo de la &#039;&#039;h&#039;&#039;, simplificación de consonantes geminadas, etc.), se respeta la morfología de las palabras con interés histórico morfológico o fonológico (&#039;&#039;inviando, mesma, proplejía&#039;&#039;, etc.) y se respetan cultismos (&#039;&#039;Patriarcha, Escriptura, Redemptor, subcedió&#039;&#039;). Los grupos &#039;&#039;mp, mb/mv&#039;&#039; se actualizan a &#039;&#039;np, nb/nv&#039;&#039; (en el caso de “Assumpción” o “prompto” se elimina la &#039;&#039;p&#039;&#039;) y se contraen &#039;&#039;a el&#039;&#039;, &#039;&#039;de el&#039;&#039; (excepto cuando el artículo es parte del nombre de una comarca), que aparecen indistintamente juntos o separados. No se desarrollan las abreviaturas de los títulos si solo aparecen con las iniciales.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Esta relación de la fundación del convento de Aldeanueva fue editada entera por J. Jiménez Ballesta y E. Sierra Santos (&#039;&#039;Historia de Aldeanueva de Santa Cruz y vida de la Beata Sor María de Santo Domingo&#039;&#039;, Ávila, Ed. Blanca Nieto Gutiérrez, 1999, pp. 171-187), pero se trató más bien de una adaptación (contiene lagunas y se modernizan algunas expresiones), por lo cual aquí se presenta la primera edición de esta versión de la vida de María de Santo Domingo, omitiéndose las partes de la relación que se refieren a la vida de otras monjas del convento. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Esta segunda relación de la fundación de Aldeanueva se contiene también en un manuscrito del monasterio de Mosén Rubí, como se ha señalado (seguramente la original, en todo caso también del siglo XVIII), y en otra copia moderna de hacia 1923 o 1928 conservada en el convento susodicho.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
== Vida de María de Santo Domingo ==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[Fol. 1r] Nisi Dominus ædificaverit domum in vanum laboraverunt, qui ædificant eam &#039;&#039;[1]&#039;&#039;. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Habiendo de tratar de la fundación, reedificación, permanencia y estabilidad del Convento de Santa Cruz de la Magdalena de religiosas de la Orden del mejor Guzmán, Patriarcha Santo Domingo, sito en el lugar de Aldeanueva, en la jurisdicción de la villa de El Barco, es preciso atribuirla más a la Divina Providencia, y por arquitectura de las manos del Altísimo, que a obra humana, por haber sido su fundadora una flaca mujer, sin más principios que se dirán adelante. Pues fuera vano su intento a no haberla asistido la poderosa mano del Divino Esposo que eligió para sí, y para tantas siervas suyas, para fabricarle habitación, no solo en lo material del edificio, sino es en los corazones de todas y cada una. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y haviendo por la penuria de los tiempos venido las rentas de dicho convento en no poca disminución por la incuria y poca práctica de papeles que debe considerarse en mujeres, más dedicadas a Dios y al ejercicio de las virtudes y divinos oficios que al de papeles y negocios seculares, reconociendo que acaso esta penuria resulta del involucro de papeles y no tener fácil expedición su hallazgo en sus archivos, la señora Sor María de la Visitación de los Reyes, priora de dicho convento, con consulta de las señoras depositarias y discretas de él, ha determinado hacer un libro becerro, en que se ponga por índice los papeles de todas las rentas, títulos y privilegios que dicho convento tiene, para que por él con mayor facilidad las presentes y religiosas venideras se puedan instruir en la busca de ellos, para la mayor estabilidad y permanencia de dicho convento, dejando a la posteridad ejemplo de su mejor gobierno. Y habiendo de ejecutarse como se intenta así, lo primero que se manda inserir en dicho libro es las cortas noticias que han quedado de la fundación de dicho convento, y cosas memorables de él, fundadas en los papeles que se reservaron del incendio de dicho convento &#039;&#039;[2]&#039;&#039;, y en la constante tradición, que ha dura- [fol. 1v] do de unas religiosas en otras, y para hacerlo así con más acierto, se da principio a esta obra deseada con la invocación divina. [Invocación]. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En el año del Nacimiento de Christo Nuestro Redemptor de mil setecientos y nueve, gobernando la nave de la Iglesia N. M. S. Padre Clemente de Undécimo, reinando en España el Señor Don Felipe Quinto de este nombre, siendo Príncipe de Asturias el Señor Don Luis Primero, General de la orden de predicadores el M. Reverendísimo P. F. Antonio Cloche, y provincial de esta santa Provincia de Castilla el Reverendísimo P. fray Francisco García de Olivares, y patrono de este convento el excelentísimo señor Don Antonio Martín Álvarez de Toledo, Duque de Alba, y priora de él la dicha señora Sor María de la Visitación de los Reyes, depositarias las señoras María Teresa de los Serafines y Sor María de San Fernando, vicario de este convento el R. P. presentado fray Juan de El Pozo, procurador de él el Padre fray Pedro de la Peña, se va ejecutando el dicho libro becerro en la forma siguiente: que para que conste esta introducción [fol. 2r] y prólogo, lo firmaron dichas señoras priora y depositarias en este religioso convento, a veinte y seis del mes de enero de mil setecientos y diez años, aunque se dio principio a esta obra en el dicho año de 1709. [Rúbricas].&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Parece que para decir de la fundación de este convento se ha de y debe tratar de su fundadora en primer lugar, por ser el primero instrumento que tomó el Altísimo para dicha obra. Y así se dice fue natural nuestra fundadora de la ciudad de Ávila, hija de un caballero de la ilustre y esclarecida familia de los Paniaguas de dicha ciudad, y aunque se ignora su nombre, se tiene por constante casó en el lugar de Aldeanueva, aldea de la jurisdicción de la villa del Barco, con labradora de una de las familias honradas de bueno y limpio linaje de dicho lugar, aunque pobre, y por su virtud humilde; haciéndose más feliz y dichoso este casamiento con la buena descendencia que en él tuvieron de tres hijas, siendo la primogénita nuestra venerable fundadora, que se llamó María, llevándose el renombre de Santo Domingo; la segunda, [[María de la Asunción]]; y la tercera, María de los Santos, a las cuales infundió Dios su especialísimo espíritu de fundar este monasterio en su propia casa. Del nacimiento dichoso de nuestra primer [fol. 2v] fundadora, semejante a la mujer fuerte que nos describe la Sagrada Escriptura, se tiene por segura tradición que hubo quien predijese, comunicándoselo a su padre, que la hija que le había nacido sería mujer de grandes prendas, y tal, que por ellas alcanzaría grandes favores y valimientos con los señores reyes y potentados de la Tierra, como después se experimentó, pero ¿qué mucho tuviese tanta gracia por hombres quien supo conseguirla del Rey de los Reyes y Señor de los Señores? Pues de dicha madre se cuentan dos prodigios bien especiales: el uno, que cuanto tomaba en sus manos se aumentaba y acrescía a medida de las necesidades que pedían pronto socorro, no causando admiración sucediese tal aumento en manos que las había destinado el Altísimo para atesorar espirituales riquezas para el Cielo, y no tesoros caducos de la Tierra; el otro fue que, cayendo en un gran incendio, salió de él libre y sin alguna lesión, como aquellos tres mancebos del horno de Babilonia &#039;&#039;[3]&#039;&#039; bendiciendo y alabando al Señor maravilloso en sus obras. Muertos los padres de nuestra fundadora, ella y sus dos hermanas se aplicaron a enseñar y adoctrinar niñas de la comarca, instruyéndolas en toda buena doctrina cristiana, santo temor de Dios y buena aplicación a las virtudes, con tanto provecho de las discípulas y buen ejemplo de los más distantes que no se tenía por dichoso el que no ponía sus hijas debajo de la educación y buena enseñanza de la madre Sor [fol. 3r] María y sus dos hermanas, trascendiendo tanto el buen olor de su vida virtuosa que no solo las traían discípulas de los lugares circunvencinos, sino es de muy distantes, y de familias muy ilustres &#039;&#039;[4]&#039;&#039;.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Pasando, pues, a relacionar sobre la fundación, se dice que dicha primogénita y dichosa hija María de Santo Domingo, llevada del ardentísimo espíritu que el Altísimo fue servido comunicarla, se tomó la mano a edificar esta casa y convento para el mayor servicio de Dios, y aprovechamiento de las almas, honra y honor de este lugar de Aldeanueva. Y para obra tan del Cielo, los vecinos, influidos de su Divina Majestad, con ardiente celo la franquearon a nuestra Venerable, y dieron graciosamente sus propias casas para la situación, y a su imitación todos los de la tierra circunvecina contribuyeron con crecidas limosnas; los señores del Reino la ayudaron, correspondiendo en lo liberal a sus grandezas, y los que con mayor prodigalidad acudieron fueron los señores Reyes Católicos, siguiéndose los Duques de Alba, Don García Álvarez de Toledo, y señora su mujer, el gran prior de San Juan Don Diego de Toledo, el Conde Osorno, el de Oropesa, el Conde de Nieva, y Don García de Toledo, Señor de La Horcajada, y otros muchos señores, quienes con dichos Don García y señora su mujer se hallaron en este lugar. Asis- [fol. 3v] tida, pues, nuestra venerable señora de tan pías voluntades, conducidas de la de Nuestro Criador, dio principio a la gran fundación de dicho convento de Aldeanueva, Orden del glorioso Patriarcha Sancto Domingo, día trece de septiembre de mil quinientos y cuatro, víspera de la Exaltación de la Cruz, sin duda influido por el Divino Artífice por misteriosa elección de semejante día para semejante principio. Pues en él subcedió, hallándose presentes dichos señores duques y condes, el mayor prodigio y portentoso milagro, como es que la primera piedra que se sacó para hacer los cimientos se halló y vieron estar en forma de cruz, y tantas cuantas veces se partía, tantas se encontraba la mesma gloriosa señal de nuestra Redempción, por lo cual fue preciso, y como consiguiente a tal maravilla de tan gran misterio, intitular, como hoy se intitula a este convento, con el precioso renombre de Santa Cruz de la Magdalena. Y aunque su fundación se pone “Víspera de Nuestra Señora de la Asunción del año del Nacimiento del Señor” es porque en este día fue la primera celebración que en este convento se hizo de los divinos oficios. Refiérese también que de los señores que se hallaron presentes a ver principiar dicha obra, y a vista de tan milagroso caso como va expresado fue el primero, que echó una joya de oro en la zanja del edificio el Conde de Nieva. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[Fol. 4r] En el referido día de la víspera de Nuestra Señora de la Asunción que va citado se celebraron los divinos oficios primera vez en este convento, año de mil y quinientos y siete, porque se cuenta desde él su fundación; tomaron de mano de la dicha nuestra venerable fundadora, María de Santo Domingo, el santo hábito en esta santa casa sus dos hermanas, la madre [[María de la Asunción]] y la madre María de los Santos, llevándose estas tres hermanas siempre la primacía de fundar y vivir, tomando el santo hábito, en este misterioso convento. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Extendiose tanto la loable fama y grandeza de este monasterio, así en virtud como en el dilatado número de religiosas, que muchas personas ilustres y de calidad traían a él sus hijas y deudas, no solamente de estos reinos, sino es también de los extraños y extranjeros, por haber habido tiempo en que se hallaron hasta en número de trescientas religiosas, como consta por testimonio de escribano público que está en depósito; entre las cuales hubo algunas naturales de Jerusalén, una de Belén que se llamó Sor María del Pesebre, otras de Roma, de Sevilla, de Murcia, de Lorca, de Calatayud, Logroño y Victoria, y finalmente de todas las partes de estos reinos. Y testigos fidedignos refieren que en una ocasión se hallaron juntas a tomar el hábito sesenta mujeres y niñas desde cuatro, cinco y seis años arriba, hijas de perso- [fol. 4v] nas ilustres y algunas señoras parientas de los Reyes de Portugal, no causando admiración a vista de la virtud de nuestra fundadora, cuya loable fama se extendió generalmente por todas las partes, no solo de su religión, sino de todas demás, como lo refiere la nota del capítulo siguiente.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Siendo General el Reverendísimo P. fray Tomás de Vio Cayetano, por los años de mil quinientos y ocho, escribiendo en la ciudad de Barcelona en el convento de la religión dedicado a Santa Catalina Mártir, en uno de los tomos de sus escritos, al folio setenta y tres, da la noticia siguiente, diciendo así: “Que en España florecía en aquellos tiempos una virgen cuyo nombre era Sor María de Santo Domingo, admirable y maravillosa criatura en virtud y santidad; corría tanto crédito y estimación, no solo en su religión y en las demás, sino es que tanto se extendió y dilató por sus prendas en virtud y santidad, que ninguno se tenía por noble que no la entregase sus hijas para que con su gran ejemplo y enseñanza saliesen muy aprovechadas en todo. Por cuya causa, viéndose con tantas niñas, deseando sirviesen a Dios y por cumplimiento de su grande obligación, fundó un convento en un desierto, cerca de una villa llamada Piedrahita, en el cual llegó a juntar y tener en su compañía más de trescientas vírge- [fol. 5r] nes, que faltaban muy pocas para cuatrocientas, y todas nobles y de esclarecida prosapia, sangre y linaje, las cuales vivían con grande y singular observancia, y con tan gran fervor y espíritu que, siendo todas, como llevo dicho, tiernas en edad y en sangre nobles, menospreciando las comidas delicadas y regaladas de sus casas tenían por su mayor regalo pan, agua y ceniza, y por su honesta, dichosa y gustosa vestidura lana y lino, todo lo cual para vestirse por dentro y fuera lo fabricaban en todo y por todo dichas niñas vírgenes por sus delicadas manos, como es hilar el lino, tejerlo, etc., peinar la lana, hilarla, y tejer los paños para vestirse, añadiendo a esto gran austeridad, no menos penitencia y singular dolor con no pocas lágrimas, etc”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y así se dice ser cierto que la dicha fundadora fue llamada del Sumo Pontífice, y obediente pasó adonde estaba, y habló con su Beatitud, como consta de un privilegio que está en el depósito de este convento, su data en Zaragoza a veinte y cinco de octubre de mil y quinientos y veinte y dos, en que concedió Su Santidad a las dichas religiosas pudiesen traer velo negro con todas las demás gracias e indulgencias que a las demás monjas, siendo así verdad que el dicho convento, fundado por dicha nuestra fundadora, es de beatas de la Tercera Regla de N. P. S. Domingo. Y no solo [fol. 5v] concedió esta gracia Su Santidad, sino es otras muchas a este convento y religiosas por medio de nuestra fundadora, cuyo valor y espíritu fue tan grande que ella en persona con otras tres religiosas fue a Roma a tratar con Su Santidad muchas cosas tocantes al bien espiritual y temporal de este convento. Y siendo el Papa León Décimo el que en aquel tiempo presidía en la Iglesia, hizo a nuestra fundadora y este convento grandes favores. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En los primeros principios de la fundación de dicho convento puso la orden por vicario de él al P. fray Juan de Azcona, de buena memoria. Fue un gran religioso, y aun atendiendo a su modo de vivir un santo; y en esta opinión y veneración le tenían las religiosas: era de grande oración y recogimiento sin que esto le estorbase el acudir al consuelo de las religiosas a predicarlas y confesarlas. Y el año de mil y quinientos y veinte fue dicho padre a Jerusalén y a Roma y trajo a este convento muchas reliquias, entre las cuales trajo la insignia y reliquia que tiene de la costilla de nuestra madre Santa Catalina de Sena, que le dio el Papa León Décimo en dos de abril de mil y quinientos veinte años, como parece por una bula [fol. 6r] suya que está en el depósito. Es tan milagrosa dicha reliquia que, llegando dicho padre con ella al convento, hizo Dios Nuestro Señor un milagro por intercesión de nuestra madre Santa Catalina, como fue el sanar a una religiosa tullida, que solo con llegar a tocarla quedó del todo sana, y para más prueba del milagro acudió luego al receptorio a servir a las religiosas.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En el año de mil seiscientos y doce hizo otro milagro esta preciosa reliquia, y fue que una religiosa del dicho convento, que padecía proplejía y estaba perlática y sin poder hablar, por señas en la forma que pudo pidió la trajesen la costilla de nuestra madre y, poniéndosela en la boca, al punto habló y quedó sana. Otra religiosa, habiendo propuesto de no confesarse con un religioso de la orden por cierto enfado que con él tuvo, y echádose muchas maldiciones, y entre ellas que la lengua se le pegase al paladar si con él se confesase, súbitamente vieron las demás religiosas que la dio un gran mal y que parecía tener la lengua pegada sin poder casi hablar claro, pero como podía se quejaba y daba a entender que se ahogaba; pusiéronla la costilla y sanó y al punto se confesó con el dicho padre.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Volviendo a nuestra fundadora, es cierto puso tan grandes y buenos fundamentos no solamente en lo [fol. 6v] material de la casa sino en lo espiritual de las almas, pues en este monasterio se guardaba la Regla y Constitución y Constituciones de la Orden, como en ella está escrita y ha durado y durará hasta nuestros tiempos y mucho más, porque ahora se guarda de la misma suerte que en los demás monasterios de monjas, sin haberles quedado de beatas más que solo poder entrar mujeres en el dicho convento; ayunan a pan y agua toda la Cuaresma, y tres días en la semana, y en todo lo demás hay mucha religión y observancia, y después de dichos ayunos de Cuaresma que observan la mayor parte de religiosas y demás del convento, y otras abstinencias con mucha oración y continuado coro, divirtiendo en él casi todo el día con singular admiración: y correspondientemente en la disciplina es tan ordinario que ha sido necesario ponerlas obediencia repetidas veces para mitigarlas tan singular fervor de penitencia. Al oficio divino asisten con gran puntualidad, gravedad y solemnidad, cantando las horas y muchos maitines, y en particular los días de santos, como en los más graves conventos de la orden se acostumbra, y aun con más puntualidad. La caridad que hay en este convento, así en lo común como en lo particular, es tan grande que, siendo este lugar de más de cien vecinos, y entre ellos más de trescientos pobres de las personas de sus familias, a todas [fol. 7r] las asisten y mantiene el convento y religiosas, dejando estas la mayor parte de sus raciones y sustento por acudir no solo al socorro de las necesidades de los referidos pobres de este lugar sino es también de los de fuera de él, que es una admiración. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Reconócese la mucha y singular religión que ha habido, hay, y se espera que habrá en este admirable convento, pues para fundar otros en la Provincia han sacado de él fundadoras y prioras, y en particular fueron para la Penitencia de Valladolid, y Monasterio de Corpus Christi de dicha ciudad, la madre María de los Ángeles y María de San Francisco, su hermana, que fueron de los Manriques y Toledos. Y a las Arrepentidas de la ciudad de Salamanca, a las beatas de Medina del Campo, a la Madre de Dios de Trujillo, Toro y Olmedo han ido por prioras muchas señoras de este convento: la madre Doña Bernadina de Carvajal, la madre Doña Isabel de Mendoza, las madres Doña Gabriela de Guevara y María de la O del Barco.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Tiene este convento una bula de la fundación del dicho monasterio, su data en Roma, apud Sanctum Petrum, el año de mil quinientos y diez y siete, a diez y seis de enero, de León Décimo, en el año cuarto de su Pontificado, inviada a la fundadora, nombrándola por [fol. 7v] priora de dicho monasterio y mandando al arzobispo de Toledo, Plasencia y Ávila la ayuden, favorezcan y autoricen el orden al edificio y nueva fundación de casa, y que puedan tener y tengan las religiosas vicario y religiosos de la dicha orden para que las ayuden y administren los santos sacramentos. Y así es tradición auténtica que el Reverendísimo P. General fray Vicencio Bandelo de Castronovo visitó por su persona el dicho monasterio en tiempo del R. Don Fernando y Doña Isabel &#039;&#039;[5]&#039;&#039;, y recibió este convento a la orden la vigilia de Pentecostés el año de mil y quinientos y diez y nueve. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Manifiéstase bien la admirable virtud y religión de nuestra fundadora por los grandes favores y mercedes que todos la hacían, con especialidad los grandes del Reino, y en particular los santos Reyes Católicos Don Fernando y Doña Isabel, que la ayudaron con sus rentas y la dieran muchas más para la fundación si ella quisiera; pero fue su intento fuesen pobres, y así no quiso admitirlas. Entre las mercedes que los Reyes Católicos hicieron a esta mujer venerable, la más principal fue darla el Santo Christo que este convento tiene con tanta veneración y estima por los muchos milagros que [fol. 8r] ha obrado y obra &#039;&#039;[6]&#039;&#039;: uno de los mayores es que, llevándole los Reyes Católicos en su compañía a las guerras, en una de ellas, invocando como suelen los españoles al apóstol Santiago, respondió el Santísimo Christo que no era necesario estando Él allí, y en señal de esto le quedó la boca abierta, y así se le están viendo hoy los dientes, como también se le ve la lengua, y el cielo de boca.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
También es prodigioso y milagroso caso el que han referido y publicado las madres ancianas de este convento, pues han dicho que en tiempo de Phelipe Segundo, cuando las herejías de Cazalla, por algunos días vieron sudar al Santísimo Christo y saben que uno de los religiosos le limpió el sudor del rostro con un purificador. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En el año de mil seiscientos y cinco hizo otro milagro en Soror María de la Natividad, religiosa del dicho convento, y fue que tenía en un pecho un cirrio del tamaño de una naranja, y habiéndola dicho los médicos que no tenía remedio, acudió a Dios y a esta santa imagen, de quien ella era muy devota, y haciéndola una novena, al cabo de ella tocó un pañito al Santísimo Christo, y habiéndole puesto donde tenía la enfermedad, al punto sanó de forma que pudo asistir al oficio de las demás como lo tenía de costumbre. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
A otra religiosa llamada María de Santa Inés, que padecía cáncer en un pecho, asistiendo a su curativa un médico quedó peor, y habiendo pronosticado de muerte y sin remedio en esta [fol. 8v] enfermedad, pareciéndola a la paciente no tener otro remedio y como por imposible el sanar, acudió a tener novena al Santísimo Christo, por no verse más en manos de médicos. Y antes de acabar la dicha novena se puso un pañito tocado a dicha imagen, y inmediatamente sanó. Otros muchos y repetidos milagros ha hecho y obrado dicha imagen, que por ser tantos y no dilatar esta relación no se escriben aquí. Y siendo necesario se podrán averiguar y escribir. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Lo que en el convento se ha visto y experimentado, y estas señoras tienen por milagro, es que ningún mal contagioso ni pestilencia jamás ha dado en este convento: aunque le ha habido en el pueblo y han entrado en el dicho convento personas heridas, no se ha comunicado a ninguna religiosa. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
La figura que el Santísimo Christo tiene es de la cintura arriba coronado de espinas, y la cruz a cuestas, y aun quieren decir que es de los que pintó San Lucas, y parece se echa de ver en que tiene dos dedos quebrados, que no se sabe cómo ni cuándo. Y con haber traído maestros que se han buscado de fama, ninguno se ha atrevido a ponérselos, y hubo uno que dijo que le parecía ser imposible el barniz que tenía fuese obra de la Tierra, sino que era negocio más que humano. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Con tan buena y amabilísima compañía la fundadora y sus compañeras fueron muy adelante en la virtud y santidad. Todo el [fol. 9r] tiempo que vivió la madre María de Santo Domingo fue priora del dicho monasterio; era muy dada a oración, ayunos y disciplinas, echábase muy bien de ver en ella que tenía espíritu y gracia del Cielo, pues sin haber estudiado tenía sus pláticas a las religiosas con tanto espíritu y devoción que las más de las veces las movía a lágrimas.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El demonio, invidioso del fruto que hacía en las almas y en toda esta tierra, la levantó debajo de los pies muchas persecuciones, y en todas ellas mostró mucha paciencia dejándolo todo a Dios, y así murió como una santa, y otro día después de su muerte, predicando el santo fray Juan de Azcona, en medio del sermón dijo: “Mi hija María de Santo Domingo se subió al Cielo”. &lt;br /&gt;
Por muerte de la dicha fundadora sucedió en el oficio su hermana [[María de la Asunción]], que fue tan santa como la dicha su hermana, y obtuvo el dicho oficio de priora más de treinta años, siendo muy observante en el silencio. Toda la noche o la mayor parte se le iba en oración, no comía al día más de una vez, no cenaba ni hacía colación, nunca comió carne en todo el tiempo que tuvo el hábito: echábase de ver su santidad en las pesadas burlas que el demonio la hacía, echándola algunas veces por las escaleras abajo; tuvo muchas persecuciones, en particular algunas emulaciones y envidias entre sus compañeras. La muerte fue como [fol. 9v] la vida, y así está en opinión de santa.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
La otra tercera hermana de nuestra fundadora, llamada María de los Santos, vivió y murió muy santamente, y están todas tres hermanas enterradas a la puerta del refiptorio, tiene una grande piedra labrada encima de la sepultura. El darles este entierro fue su mucha humildad y así lo pidió a las demás religiosas.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[…] &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[Fol. 16v] Conclúyese la relación por ahora con el manifiesto de una costumbre o devoción antigua y loable que ha observado y observa este convento, efecto de la gran virtud y santidad que en él se ha profesado y profesa, digna de que se ponga en historia; y es que, dando la primera campanada del Ave María, una de las religiosas que están en oración en el coro [fol. 17r] en voz alta y dolorida dice tres veces: “Señor, misericordia”. Pidiendo perdón de lo pasado, auxilio y favor para lo porvenir, Su Divina Majestad se sirva de comunicarnos su divina gracia, con que conseguiremos la gloria. Amén.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
=== Notas ===&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&#039;&#039;[1]&#039;&#039; Salmos, 127: “Si Jehová no edifica la casa,/ en vano trabajan los que la edifican”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&#039;&#039;[2]&#039;&#039; Parece por este aserto que esta relación no se basa en la &#039;&#039;Vida Manuscrita (1)&#039;&#039; de este Catálogo porque esa vida es también posterior al incendio.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&#039;&#039;[3]&#039;&#039; Este milagro, inspirado en Daniel 3:23-27, no aparece en los papeles del juicio recopilados por Lunas Almeida en 1930 y editados parcialmente por Sastre Varas en 1990 y 1991.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&#039;&#039;[4]&#039;&#039; Si este dato es cierto, se aprecia que, antes de la fundación, María de Santo Domingo se dedicaba ya a la educación de niñas.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&#039;&#039;[5]&#039;&#039; Evidentemente, este dato, como el del nombre del Duque de Alba que apoyó  a María de Santo Domingo o la visita de Vicente Bandelli de Castronovo [véase &#039;&#039;Vida Manuscrita (1)&#039;&#039;], es erróneo pues en esa fecha los reyes habían ya muerto. Como se puede apreciar, las vidas manuscritas de María de Santo Domingo en este Catálogo beben de la misma fuente.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&#039;&#039;[6]&#039;&#039; Como se puede observar, la fama del convento no solo se debe a la virtud de la fundadora, sino también a las reliquias, el número de fundadoras que van a otros conventos, las bulas del Papa y las vidas y la penitencia de las monjas.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
= Vida manuscrita (3)=&lt;br /&gt;
Ed. de [http://visionarias.es/equipo/borja-gama-de-cossio/ Borja Gama de Cossío]; fecha de edición: marzo de 2020; fecha de modificación: marzo de 2021. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
== Fuente ==&lt;br /&gt;
[[Archivo:Contra y 1r.JPG|250px|right|link=]]&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
* “Breve y Sumaria relación de la fundación de este convento de Santa Cruz de la Magdalena de Aldeanueva de Nuestro Padre Santo Domingo, vida de su Fundadora y otras religiosas que han florecido con opinión de virtud y santidad sacada del  Libro de Becerro, de Capítulos Provinciales y la tradición inmemorial de sus individuos, hasta el año 1737”. Ms. Del Archivo Dominicano de la Provincia de España, sign. AHDOPE, D/A/ALD/1, 61 fols., fols. 1r-17r.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[[Contexto material del manuscrito Breve y Sumaria]].&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
== Criterios de edición ==&lt;br /&gt;
Se trata de un manuscrito de la primera mitad del siglo XVIII compuesto entre 1736 y 1737 y que aborda la fundación del convento y su orden e individuos hasta la época en que fue escrito. El manuscrito está conservado en el Archivo Dominicano de Salamanca. Se editan las partes que se refieren a la vida de María de Santo Domingo y sus dos hermanas, [[María de la Asunción]] y María de los Santos, así como datos sobre la fundación del convento, el patronazgo de los Duques de Alba y las reliquias que en él se encuentran. Existe también una copia manuscrita, probablemente del siglo XX, en el archivo de Mosén Rubí de Ávila, que se usa en caso de duda y para el cotejo de palabras cuando el original aparece dañado o ilegible.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Al ser una copia bastante tardía, del siglo XVIII, se moderniza la ortografía según los usos actuales (b/v, i/yj, qu/cu, c/z, s/ss, etc.), por lo que se eliminan las consonantes geminadas y se estandariza el uso de “mm” en su empleo moderno “nm”. Se normaliza la variación u/v con función vocálica y consonántica. Se respeta el grupo “mp” como en “prompto” y se respetan las grafías “ph”, “th” y “ch” en palabras como “triumpho”, “Cathalina” o “Christo”, que pueden aparecer como cultismos. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Se han desarrollado las abreviaturas de las palabras, pero se respetan las de los títulos eclesiásticos como “N.P.S.”, aunque se expande el uso de “Me” en madre y “Sto.” y “Sta.” en santo y santa. Acentuamos las palabras, empleamos las mayúsculas de acuerdo a la norma ortográfica actual, y la puntuación procede del editor, quien la moderniza siguiendo los usos contemporáneos. Se regularizan los aglomerados y se separan las palabras según el uso actual, es decir, se separan “dela”, “conella”, “deste”, o “enlos”, entre otros, que aparecen en el texto. Del mismo modo, se unen “a el” y “de el” según el uso actual. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
== Vida de María de Santo Domingo ==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[Fol. 1r] &#039;&#039;[1]&#039;&#039; &#039;&#039;&#039;Breve y sumaria relación de la fundación de este convento de Santa Cruz de la Magdalena de Aldeanueva de N.P.S. &#039;&#039;[2]&#039;&#039; Domingo, vida de su fundadora y otras religiosas que han florecido con opinión de virtud y santidad, sacada del Libro Becerro, actas de capítulos provinciales y la tradición inmemorial de sus individuos hasta el año de 1737&#039;&#039;&#039;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
===Prólogo===&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Entre las admirables obras de Dios es singularisíma y dignísima de toda atención y veneración la paternal providencia que ha tenido siempre de su Iglesia. En todos tiempos y edades la dio fuertes y singulares varones que, llenos del celo y honra de Dios, la protegiesen y defendiesen de los terribles asaltos del común adversario, con sus palabras, obras, escritos y admirables ejemplos, sin haber podido jamás prevalecer contra ella ni desorden tan fuerte y bien armado escuadrón. Mas aunque es tan maravillosa la Divina Providencia en los varones, mucho más lo es y más gloriosa en las mujeres, en sentido de San Pedro Damiano: (A) &#039;&#039;[3]&#039;&#039; porque cuanto más débil y frágil es el soldado, tanto más singular y glorioso es el triumpho, dice el mismo santo. &lt;br /&gt;
Muchas han sido las mujeres que, desmintiendo la flaqueza de su sexo en una y otra ley, han peleado como fuertes y valerosos campeones en defensa de la Iglesia. Unas con su sangre, otras con su doctrina y escritos, y otras finalmente con sus oraciones, ayunos, vigilias y penitencias, sin que nuestros tiempos (aunque están calamitosos) hayan carecido de tan insignes y heroicas mujeres, pues vasta para crédito de todas la ínclita y seráphica virgen Santa Theresa de Jesús, gloria del Carmelo ilustre y honra de España. Ninguno ignora el espíritu agigantando de esta insigne y prodigiosa mujer, ni el celo con que se opuso contra tan fuerte enemigo en defensa de la Iglesia: no solo con sus celestiales escritos, sino con sus oraciones, ayunos y penitencias, y las de tantas y tan ilustres hijas como dejó en los monasterios, [fol. 1v] cuando venciendo dificultades, las que miraba con un santo desprecio, por conseguir los altos fines que había premeditado serían en lo˂s˃ sucesivo de honra y gloria a Majestad de Dios. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Con semejante espíritu salió a la campaña la esclarecida virgen y venerable madre Soror María de Santo Domingo, fundadora única del observantísimo y religiosísimo convento de religiosas de Santa Cruz de la Magdalena de Aldeanueva de la orden de N.P.S. Domingo. Previó, sin duda, esta singular mujer (que así la podemos llamar), la terrible batería que el demonio tenía dispuesta contra la Iglesia por medio de Martín Luthero y sus secuaces y, llena de celo y honra de la gloria de Dios, sin más riquezas que un corto matrimonio y sin más poder que el de una mujer nacida y criada en una pobre y corta aldea, se resolvió a fundar un monasterio, que en edificios, nobleza y virtud, puede competir con los más ilustres, no solo de España sino de todo el mundo. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Pero lo que más le ha ennoblecido ha sido la mucha religión, virtud y santidad con que siempre han vivido las religiosas que de todas partes del mundo han venido a este convento, las cuales con sus continuas y fervorosas oraciones, con sus largos y prolijos ayunos, con sus muchas y repetidas limosnas y con sus asperísimas penitencias han sido presidio fuerte de la Iglesia o torre ínclita de David, edificada con tantos propugnáculos cuantas han sido las vírgines sagradas y demás insignes mujeres de este observantísimo convento, cuyas admirables virtudes y prodigiosas vidas debían estar escritas en láminas de bronce para eterna memoria a la posteridad. Mas es digno de todo llanto el olvido en que yace su memoria, pues, o fuese que pereciesen los papeles en la lastimosa quema que padeció este convento por los años de 1565 o, lo que más cierto es, por el poco cuidado que las antiguas, atentas solo al ejercicio de las virtudes y a tratar con Dios, ponían en esto, tenemos muy cortas noticias así de la venerable fundadora como de tantas y tan ilustres señoras que en todo siguieron su espíritu. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Por lo que atendiendo yo a esto y lo mucho que debo a este convento, por pagar en algo [fol. 2r] lo mucho que me hallo beneficiado de todas las religiosas en esta casa, me he determinado a hacer esta sumaria y relación de las que en este convento han vivido y muerto con opinión de virtud y santidad, para que del todo no perezca la buena memoria de tan insignes mujeres, pidiendo a los que me sucediesen, vayan continuando con las que en sus tiempos muriesen, pues así a menos costa podrán hacer este beneficio al convento y a toda la orden de N.P.S. Domingo. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El modo y méthodo que llevaré será poner la fundación de este convento y la vida de su venerable fundadora y de las demás que hayan podido llegar a mi noticia, con todas aquellas circunstancias que puedan ceder en crédito y lustre de este convento. Valiéndome de las noticias que se hallan escritas en el libro de Becerro, sacadas de un libro antiguo, que se reservó del incendio y hoy para en poder del M.R.P. &#039;&#039;[4]&#039;&#039; Presentado Fr. Manuel Medrano, chronista general de la orden y de las actas de los capítulos provinciales, y de la constante e inmemorable tradición que siempre se ha conservado entre las religiosas, dividiendo en capítulos y secciones, según los años, para mayor claridad y distinción, protestando que en todo cuanto aquí va escrito y escribiere no es mi ánimo contravenir en nada a los decretos y sagradas determinaciones de la Iglesia. Y que las voces de santas con que muchas veces llamaré a muchas de las que aquí fuesen nombradas no tengan más fuerza, ni den más santidad que la que está determinada por la santidad de Urbano Octavo, &#039;&#039;[5]&#039;&#039; de feliz recordación. Vale. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
===Capítulo 1===&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&#039;&#039;&#039;Fúndase el convento de Santa Cruz de Aldeanueva y dase noticia de su venerable fundadora&#039;&#039;&#039;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&#039;&#039;&#039;S. I&#039;&#039;&#039;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Patria y nacimiento de la venerable madre Soror María de Santo Domingo, fundadora del convento de Santa Cruz de Aldeanueva.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En la diócesis de Ávila, a dos leguas de la antigua villa de Piedrahita y casi a otras dos de la del Barco, está fundado el lugar de Aldeanueva, pueblo antiguo pero corto, [fol. 2v] de pocos habitadores, y aldea pobre de la jurisdicción del Barco, aunque en nuestros tiempos bien conocida y nombrada por el Insigne Monasterio de Religiosas que edificó en ella la venerable madre Soror María de Santo Domingo. A este lugar, que por su situación puede ser remedo de los más retirados y ásperos desiertos, quiso honrar Dios con el nacimiento dichoso de esta esclarecida Virgen, que &#039;&#039;[6]&#039;&#039; fue por los años de mil cuatrocientos y ochenta, poco más o menos siendo Pontífice Sixto Cuarto y reinando en España los Cathólicos Reyes Don Fernando y Doña Isabel. Su padre fue un caballero natural de la nobilísima ciudad de Ávila de la ilustre y antigua familia de los Pan y Aguas &#039;&#039;[7]&#039;&#039;, el cual por varios accidentes que le sobrevinieron se retiró al lugar de Aldeanueva, en donde casó con una labradora pobre y humilde, pero de honrada y limpia familia. No sabemos cómo se llamaron (descuido lastimoso de la memoria, que haya el tiempo podido borrar de ella los nombres de tan buenos padres), pero aunque no sabemos sus nombres, sabemos que fueron buenos cristianos y muy temerosos de Dios, como claramente lo manifiestan las muchas y grandes virtudes de tres hijas que les nacieron de su feliz y dichoso matrimonio, todas tres religiosas en este convento y todas tres santas, como después veremos. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Pero la primogénita y en todo primera fue nuestra venerable fundadora, a quien llamaron María en el bautismo, a que ella añadió después el renombre de Santo Domingo. Es constante y segura tradición que, luego que nació, quiso el Cielo dar testimonio de lo que en adelante había de ser, pues aseguran que algunas personas (virtuosas serían) predijeron a su padre que la recién nacida sería mujer insigne de grandes y singulares prendas, por las cuales lograría la gracia y favor de los reyes y señores de la tierra, vaticinio que entonces no se apreciaría y después lo verificó la experiencia. De la crianza de nuestra niña no tenemos noticia alguna, pero no pu[e]de haber duda en que la criarían sus padres muy christianamente y con mucho temor de Dios, y que, desde muy tierna edad, se aplicó a los ejercicios de virtudes y mortificación, por los cuales mereció que Dios hiciese con ella un singular prodigio, porque, cayendo en un grande incendio, salió de él libre y sin lesión alguna, como los tres niños del horno de Babilonia &#039;&#039;[8]&#039;&#039;. Y aunque no nos dicen qué edad tenía cuando hizo Nuestro Señor con ella este milagro, parece más verosímil sería en su niñez, por ser aquella edad más propia para semejantes acasos y por no haber memoria en el convento sucediese en él después de fundado. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[Fol. 3r] Mas la señal más cierta de la buena educación de nuestra niña es la mucha virtud en que empezó luego a resplandecer, y especialmente la grande caridad que en su tierno pecho ardía para con Dios y con los prójimos, porque, muertos sus piadosos padres, se aplicó no solo al cuidado y educación de sus dos hermanas, criándolas en santo temor de Dios, como después lo manifestó su mucha santidad y virtud, sino que también cuidó de enseñar y doctrinar las niñas así del lugar de Aldeanueva como de los de toda la comarca, enseñándolas &#039;&#039;[9]&#039;&#039; a tejer, coser, hilar y los demás ministerios pertenecientes a mujeres, cuidando de que supiesen leer y escribir &#039;&#039;[10]&#039;&#039; y principalmente en que fuesen bien instruidas en la doctrina christiana y santas costumbres, en lo cual consumía el patrimonio y hacienda que de sus padres había heredado y el de sus dos buenas hermanas, que, llevadas del buen ejemplo de su santa hermana, la ofrecieron gustosas su hacienda y personas para tan piadosa obra. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Extendiose luego por todos los lugares circunvecinos la santidad y caridad de la virgen María y de sus dos hermanas, y concurrieron innumerables personas a poner sus hijas en tan santa escuela y bajo la disciplina y buena educación de estas santas mujeres. Y no solo venían los padres a traer sus hijas a nuestra virgen María, para que las enseñase y doctrinase, de los lugares y villas cercanos, sino de las más remotas y distantes de todo el reino, porque fue tal el cuidado y aplicación de las maestras y tan grande el aprovechamiento de las discípulas que, volando por todas partes la fama de tan santa escuela, no se tenía por dichoso el que no traía sus hijas a Aldeanueva para que fuesen educadas y enseñadas por la madre María y sus dos hermanas. Y esto no solo los pobres y gente ordinaria lo practicaban solícitos del bien de sus hijas, sino los hombres más ricos y principales de España. Tan grande como esto era la virtud de la madre María y tal era su caridad, la cual no solo se extendía a educar niñas, sino que también cuidaba de los niños, procurando que saliesen tan bien doctrinados como después lo dieron a entender muchos entrando en varias religiones, en donde sirvieron a Dios y a sus prójimos, sobre lo cual hay testimonio authéntico en el depósito de este convento, por el cual consta cómo Fr. Gerónimo de San Bartholomé, religioso de N.P.S. Domingo, hijo del convento de Piedrahita, hizo donación de toda su hacienda a la madre Soror María de Santo Domingo en atención a haberle criado y doctrinado y, por sus consejos, haber sido motivo para entrar en la religión, lo que cede en grande elogio de la venerable fundadora.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[Fol. 3v] &#039;&#039;&#039;S. II&#039;&#039;&#039;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&#039;&#039;&#039;Dase principio a la fundación del convento de Aldeanueva y motivos porque se intituló de Santa Cruz&#039;&#039;&#039;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Sobre estos principios se zanjaron los primeros fundamentos del convento de Santa Cruz de Aldeanueva y este fue el medio por donde levantó Dios el espíritu varonil de la venerable madre María de Santo Domingo para fundarse, porque, viendo esta esclarecida virgen la grande multitud de niñas y mujeres que vivían bajo de su educación y doctrina y lo muy bien aplicadas que se hallaban, considerando con su grande capacidad cuán del agrado sería de Dios Nuestro Señor y aprovechamiento de aquellas almas si viviesen en clausura bajo de alguna regla y modo de vivir en comunidad, llena de confianza en Dios y movida de tan superior celo y espíritu de caridad se determinó a fundar un convento en donde viviesen todas recogidas y pudiesen mejor dedicarse a los ejercicios de oración y penitencia. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Comunicó primero su intento con los vecinos de Aldeanueva, después de haberlo tratado con Dios en la oración, resignada en su santísima voluntad y confiada en su divino paternal amor; los vecinos, movidos del mismo espíritu que su paisana, luego la franquearon gustosos y alegres sus propias casas para el sitio del monasterio, sin más precio ni interés que el que esperaban de la mano liberal de Dios por la intercesión de su sierva. Y no solo la hicieron donación de sus casas, sino que también concurrieron con sus personas y limosnas para la fábrica, dando con su celo y devoción ejemplo a los moradores del Barco, Piedrahita y demás lugares circunvecinos que ejecutasen lo mismo, como en efecto lo ejecutaron, dando a nuestra venerable María largas y crecidas limosnas para la edificación del convento. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Lo mismo hicieron los serenísimos reyes Don Fernando y Doña Isabel y otros señores grandes y títulos de estos reinos, a quienes también dio parte la madre María de Santo Domingo de sus intentos, los cuales, informados de la santidad de su vida e inspirados de Dios, la acudieron con sus copiosas limosnas, correspondiendo en lo liberal a sus grandes y piadosos corazones. Siendo los primeros y más señalados los señores Reyes Cathólicos, y a su imitación los excelentísimos Duques de Alba Don Fadrique de Toledo &#039;&#039;[11]&#039;&#039; y su excelentísima mujer, el gran prior de San Juan, Don Diego de Toledo, los Condes de Osorno, de Oropesa, de Nieva [fol. 4r] y Don García de Toledo, señor de la Horcajada y otros muchos señores, los que no solo contribuyeron a la obra con sus limosnas, sino que también quisieron hallarse presentes a principiarla. Concurriendo los excelentísimos Duques de Alba, asistidos de toda esta grandeza, al lugar de Aldeanueva para dar principio a la fundación de esta gran casa, lo que se ejecutó el día trece de septiembre del año de mil quinientos y cuatro, víspera de la exaltación de la Cruz &#039;&#039;[12]&#039;&#039;; casual, pero misteriosa elección pues, asentándose la primera piedra de este convento a vista de la cruz de Christo, fue manifiesta señal del gusto y conformidad con que las religiosas de esta santa casa debían abrazar y grabar en sus corazones en todo tiempo a imitación de su celestial esposo la cruz, y que esta y la mortificación habían de ser el ti&amp;lt;e&amp;gt;mbre mayor de esta gravísima comunidad, como aun más claramente lo manifestó Nuestro Señor aquel mismo día con un evidente y prodigioso milagro. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Sucedió, pues, que estando nuestra venerable fundadora para dar principio a la obra, y hallándose en su compañía todos los caballeros y señores que dijimos antes, al abrir los cimientos vieron todos que la primera piedra que se sacó para hacerlos estaba en forma y figura de cruz. Y admirados del suceso la partieron en diversos pedazos, sucediendo el mismo prodigio en todas cuantas partes se dividía, pues en todas se mostraba la misma señal de la cruz. Algunas piedras de estas se ven hoy en el claustro principal, según la tradición de unas a otras, con lo cual entendieron todos claramente ser voluntad de Dios que el convento tuviese por divisa la gloriosa señal de la cruz. Y así, pareciéndoles que no podían tener arbitrio contra lo que Dios tan milagrosamente mo&amp;lt;n&amp;gt;straba, le intitularon: el convento de Santa Cruz, a que añadieron el renombre de la Magdalena, sobre lo que no tenemos noticia alguna. Y solo podemos discurrir o que lo nombraron así por ser esta glorio[sí]sima santa titular de la Iglesia y patrona del lugar de Aldeanueva o, lo que más cierto es, por la mucha devoción que tenía la venerable fundadora a este singularísimo ejemplo de penitencia, el que quería proponer a todas sus hijas para que le imitasen, y para que con el amparo y patrocinio de esta amantísima &#039;&#039;[13]&#039;&#039; patrona de la orden de N.P.S. Domingo creciese en virtud, amor y penitencia el nuevo convento que fundaba debajo de la tercera orden de penitencia que fundó este santísimo patriarcha. De esta manera quiso Dios honrar los primeros principios de este convento y manifestar al mundo lo mucho que era de su agrado esta fundación, dando al mismo tiempo nuevos créditos a la [fol. 4v] santidad y opinión de su venerable fundadora y haciendo más recomendable con todos aquestos señores su persona, porque, si antes la veneraban como a mujer santa, desde entonces empezaron a celebrar por todas partes su virtud, concurriendo más gustosos y devotos a la obra con sus limosnas a vista de este prodigio, y dando la admiración lugar a la competencia sobre quién había de explicar más su devoción en poner la primera piedra, aunque se adelantó a todos el señor Conde de Nieva, arrojando a la zanja una medalla de oro en testimonio de su mucha piedad y grandeza. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Todo esto sucedió el referido día trece de septiembre del año de mil quinientos cuatro, aunque no se pone fundación en este día, sino en el día catorce de agosto del año de mil quinientos y siete, víspera de la Asumpción de Nuestra Señora, porque en este día se acabó de edificar el monasterio y se empezaron a celebrar en él los &#039;&#039;[14]&#039;&#039; divinos oficios. Acabado el convento, dio luego el hábito la venerable madre María de Santo Domingo a sus hermanas, que se llamaron Soror María de la Asumpción y la madre Soror María de los Santos, las que quisieron ser las primeras en imitar a su santa hermana vistiendo el sagrado hábito, como lo habían sido en ayudarla con su patrimonio para la fábrica, mereciendo por esto el título de confundadoras de este insigne convento y el nombre de María de todas, lo que aún existe en nuestros días en memoria y crédito de otras hermanas, gozando el nombre de principal en todo la que fue madre de todas María de Santo Domingo, la cual, acabado el monasterio víspera de la Asumpción de Nuestra Señora, como queda dicho, procuró luego se recogiesen en él sus dos hermanas y otras muchas de las que tenía bajo de su dirección, así grandes como niñas, y todas alegres y gustosas empezaron a celebrar los divinos oficios. Y sobre esto hoy en día se hace venerable memoria todos los años, dicho día víspera de la Asumpción, rezando en el coro con la devoción que aquí acostumbran las religiosas en oficio parvo de Nuestra Señora. Aunque no consta del modo que entonces tuvieron de rezo, parece ser más cierto que empezaron luego en sus principios a rezar el oficio canónico de la Iglesia, como se acostumbra entre las religiosas de velo negro y hoy día se observa, porque el señor Obispo de Ávila, Don Alonso Carrillo de Albornoz, les concedió licencia en ocho de julio del año siguiente de mil quinientos y ocho para que pudiesen tener en su Iglesia Sacramento con su lámpara y, aunque no dice nada de rezo, parece muy conforme que las concediese esta licencia en atención, o con la condición, a lo menos implícita de que rezasen el oficio divino. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[Fol. 5r] Con el ejemplo, pues, de las dos santas hermanas de la venerable fundadora, tomaron luego el hábito otras muchísimas mujeres de las que estaban en su escuela, a las cuales dio la tercera regla que llaman de penitencia de N.P.S. Domingo, debajo de la cual quiso que viniesen todas, lo que ellas ejecutaron con tanto gusto y con tanto aprovechamiento de sus almas cuanto lo manifestó en breve el crecido número de religiosas que de varias partes vinieron a vivir a él, porque fue tan observante y riguroso el modo que tomaron de vivir, tal su penitencia y aspereza y tal y tanta su virtud que, volando por todas partes la buena fama del nuevo monasterio, concurrieron a porfía a tomar el hábito y a vivir en él innumerables personas no solo de estos reinos de España, sino tam[b]ién de los más extraños y remotos, porque apenas había ciudad y provincia en España de donde no haya habido aquí religiosas. Pues la[s] ha habido de Aragón, Valencia, Navarra, Sevilla, Murcia, Lorca, Calatayud, Victoria y Logroño y de otras muchas partes de este reino y también fuera de él, porque han vivido aquí algunas natu[ra]les de Jerusalén, una de Belén, que se llamó Soror María del Pesebre y otras de Roma. Creció tanto el número que llegó aun a más de trescientas religiosas, entre la cuales hubo señoras muy nobles y de la primera magnitud de España, de que se dio auto público ante escribano, que se guardó en depósito muchos años, pero hoy en día no lo hay por haberse perdido y es también cierto que en una ocasión se hallaron juntas a tomar el hábito sesenta mujeres grandes y pequeñas de cuatro a cinco años, hijas de personas ilustres y algunas señoras parientas de los Reyes de Portugal, lo que no admirará quien atentamente considerare la grande virtud y santidad de nuestra venerable fundadora y la mucha religión y observancia que plantó en su convento, cuya buena opinión se extendió largamente por todas partes, no solo de su religión, sino de todas las demás, como claramente lo da a entender la noticia siguiente que dejó escrita en uno de sus tomos el eminentísimo Cardenal Cayetano &#039;&#039;[15]&#039;&#039; el año de mil quinientos y cinco, visitando, como general que entonces era de la Orden de Predicadores, el convento de Santa Cathalina Virgen y Mártir que esta orden tiene en Barcelona, que después se insertó en el chronicon de nuestras constituciones, folio 84 en la nueva impresión, capítulo 15 y dice así: &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
“En España florece en estos tiempos una escla- [fol. 5v] recida Virgen llamada Soror María de Santo Domingo de admirable y prodigiosa santidad, la cual empezó a correr con tanto crédito y estimación entre los suyos que ninguno se tenía por noble que no la entregase sus hijas y parientas para que con su doctrina y ejemplo fuesen en toda buena disciplina educadas, por cuya causa, viéndose con tantas niñas y deseando sirviesen a Dios con quietud y aprovechamiento de sus almas, fundó un monasterio en un lugar desierto cerca de una villa llamada Piedrahita, en el cual llegó a juntar y tener en su compañía muy cerca de cuatrocientas vírgenes, todas nobles y de ilustre sangre y esclarecido linaje, las cuales empezaron a vivir con tan grande rigor y observancia y con tan singular fervor y espíritu y con tal pureza de vida que parecía renacer en ellas el antiguo fervor de la primitiva Iglesia, porque, a la verdad, era cosa maravillosa ver allí a tantas nobles y tiernas doncellas criadas con tanto regalo menospreciar las comidas delicadas y regaladas de sus casas y tener por sus mayores delicias pan y agua rociado con ceniza. Su bebida iba mezclada con las lágrimas de compunción que continuamente derramaban. Su vestido era honestísimo, no de seda ni de telas preciosas, sino paño burdo fabricado por sus tiernas manos, pues ellas mismas hilaban la lana, tejían el lino y hacían todas las cosas necesarias para vestirse, añadiendo a todo esto tan gran retiro, austeridad y penitencia que admiraba a todos”. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Por aquí, pues, se conoce el grande, sino excesivo rigor con que se fundó este convento y los buenos y sólidos fundamentos que puso en él su venerable fundadora, y lo muy grande que era su virtud y santidad, pues ella era la primera que con su ejemplo y doctrina animaba a las demás a preservar en lo comenzado, mirándose todas en ella como en un clarísimo espejo de santidad y pureza. Era cosa digna de toda admiración ver el cuidado que todas ponían en imitarla, sin que se conociese alguna que se quisiese quedar atrás: todas corrían con tanta velocidad en seguimiento de su divino esposo que no era posible discernir cuál iba delante o cuál se quedaba atrás. Su oración era continua y fervorosa, empleando en ella mucha parte del día y casi toda la noche, la asistencia al choro era puntualísima y muy grande la devoción con que rezaban y cantaban el oficio divino; sus disciplinas y otras mortificaciones y penitencias rigurosísimas, el silencio, ayuno y todas las demás constituciones de la tercera orden de penitencia de N.P.S. Domingo observaban con tanta puntualidad y rigor que no faltaban en un ápice a lo que estaba escrito. Vivían de comunidad y, aunque no hacían profesión, como en estos tiempos, de guardar clausura, era grande el retiro que guardaban sin salir jamás de casa, sino por alguna grave necesidad, y entonces era tal su modestia y buen ejemplo que edificaban a todos los que las miraban. [Fol. 6r] Su caridad era extremada, su humildad profundísima, su paciencia admirable y, para decirlo de una vez, era tal su vida que parece había puesto Dios su mano en este convento para que fuese en todo como admirable y servido. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Este fue el modo de vivir que tuvieron las primeras religiosas de este convento y esta fue la observancia regular que plantó en él la venerable madre Soror María de Santo Domingo, la cual duró por muchos años y dura por la misericordia &#039;&#039;[16]&#039;&#039; hasta nuestros tiempos, porque, aunque es verdad que en algo ha faltado aquel primitivo fervor, también es cierto que al pre[se]nte es mucha la observancia y virtud con que viven en este convento las religiosas, guardando la regla y constituciones de N.P.S. Domingo con tanto rigor como en los conventos más observantes de la orden. Al oficio divino asisten con grandísima puntualidad, cantando y rezando con tanta gravedad, solemnidad y devoción que solo el oírlas puede causarla y la causa a los más indevotos y distraídos; su oración es de largas horas, pues son muy pocas en las que no haya religiosas en el choro, así de día como de noche. A esto juntan una cordial y tierna devoción al Santísimo Sacramento del altar y a la soberana emperatriz de los ángeles, María Santísima, Señora Nuestra, cantando todos los jueves los himnos del Sacramento y todos los días de fiesta el Santísimo Rosario, por el orden de sus misterios, sin otros muchos modos que las dicta su devoción para venerar al hijo y a su Madre Santísima. Son observantísimas del silencio, en los ayunos y abstinencias son extremas, porque, además de los que prescriben las constituciones, que son casi la mayor parte del año, ayunan muchas a pan y agua la mayor parte de la Cuaresma y otros días del año; las disciplinas y otras penitencias son tan rigurosas que muchas veces es necesario irles a la mano para reprimir su fervor y espíritu. Del mismo modo procuran esmerarse en la obediencia y demás virtudes, especialmente en la caridad, la que ejercitan con grandísimo cuidado y desvelo dentro y fuera del convento en común y en particular, porque dentro es admirable la asistencia que se tienen unas a otras en sus necesidades, y más particular estando enfermas, y fuera apenas hay necesidad que llegue a su noticia que no provechan luego de remediarla, de lo que pueden ser y son buenos testigos los muchos pobres que llegan a la portería, a todos los cuales siempre se les da limosna; y todos los vecinos de Aldeanueva, que, siendo todos o los más pobres, los sustenta el convento, dejando las religiosas la mayor parte de sus raciones para su mantenimiento, como claramente lo hemos visto este año de mil setecientos treinta y seis &#039;&#039;[17]&#039;&#039;, en que hubieran perecido los más de su vecindad por causa de una epidemia que [fol. 6v] han padecido si no hubiera sido por la mucha caridad que han encontrado en las religiosas de este convento. Así, pues, se practica en estos días y se ha ejecutado en todos tiempos, émulas unas de otras así en la caridad como en mantener en mucha parte el antiguo rigor. Y esperamos que por los méritos de la venerable fundadora ha de durar muchos años. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&#039;&#039;&#039;S. III&#039;&#039;&#039;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&#039;&#039;&#039;Gracias, favores y privilegios, que alcanzó la venerable fundadora María de Santo Domingo de los sumos pontífices, reyes y de otros señores.&#039;&#039;&#039;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Uno de los privilegios de la virtud es ser amada y favorecida de todos los que la conocen, pues, aunque muchas veces la vemos abatida y perseguida, esto solo es en cuanto no es conocida, porque, en llegándose a conocer, todos la estiman, favorecen y aman. Este privilegio tuvo en grado muy superior la venerable madre Soror María de Santo Domingo, siendo amada y querida no solo de Dios, sino también de los hombres, como dice la escritura de Moisés. Así se lo profetizaron a su padre luego que nació, según dejamos ya dicho, y así lo verificó después el tiempo y la experiencia, porque esta &#039;&#039;[18]&#039;&#039; venerable señora fue tan amada y querida de los sumos pontífices, reyes y señores de la tierra, que todos a porfía se empeñaban en favorecerla en atención a su mucha virtud y santidad, la que por todas partes era notoria y bien conocida. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Corría el año de mil quinientos y catorce, en el cual florecía este convento de Santa Cruz en la mayor observancia y virtud, llevándose las atenciones de todos y divulgándose por todas partes la fama de la santidad de su venerable fundadora. Llegó hasta Roma en dónde se hallaba el Papa León Décimo, que a la sazón gobernaba y regía la nave de la Iglesia. Alegrose este Santísimo Padre al oír la noticia de la santidad de la venerable María, y la mucha virtud que se profesaba en el monasterio que había fundado y, mucho más, cuando la vio en Roma &#039;&#039;[19]&#039;&#039;, adonde fue ella misma en persona acompañada de otras tres de las que vivían en el convento a tratar con su santidad muchas cosas tocantes a lo espiritual y temporal de dicho convento y, lleno de gozo el Sumo Pontífice al ver que en tiempos tan calamitosos hubiese quien atendiese a las necesidades de la Iglesia, se determinó a favorecer a nuestra santa con paternal amor y afecto, concediéndola muchos y grandes privilegios para sí y para su convento. Uno de ellos se conserva hoy en el depósito de este convento, &#039;&#039;su data en Roma apud Sactum Petrum&#039;&#039; en treinta de octubre del mismo año de mil quinientos y catorce, por el cual perpetúa a nues- [fol. 7r] tra fundadora en el oficio de priora de este su convento en atención a que se conserve con su buena dirección la grande virtud, santidad y observancia regular que había puesto en este convento, que ella misma había fundado con las limosnas que para ello había buscado, mandando al Arzobispo de Toledo y a los Obispos de Plasencia, Ávila y Palencia, que la favorezcan y ayuden en todo cuanto se le ofreciere. También concede a las religiosas que puedan tener y tengan vicario y religiosos de la &#039;&#039;[20]&#039;&#039; Orden de Predicadores, a cuyo cuidado estaba el convento para que las asistan y administren los sacramentos sin dependencia de los ordinarios, y últimamente las concede que puedan hacer los tres votos substanciales de pobreza, obediencia y castidad. Otra bula hay también en depósito del mismo pontífice, su data en Roma en diez y nueve de octubre de mil quinientos y veinte, para que las religiosas puedan ser veladas con las ceremonias y bendiciones que usa la Iglesia bendecir y velar a las religiosas, por la cual consta también que las religiosas hacían ya los tres votos substanciales, vivían en clausura y bajo la regla de San Agustín y las constituciones de la tercera orden de penitencia de N.P.S. Domingo. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Todos estos favores y algunos más hizo el Papa León Décimo a nuestra santa fundadora. “Mas no fueron menores los que la hizo su sucesor Adriano Sexto. Hallábase Adriano en Victoria, gobernando estos reinos por el emperador Carlos Quinto, cuando fue electo Sumo Pontífice en nueve de enero del año de mil quinientos veinte y dos; y, deseoso de ver y conocer a una mujer que tanto predicaba la fama, la mandó venir a Zaragoza, en donde se hallaba de camino para Roma, lo que ejecutó nuestra venerable María con prompta obediencia, partiendo luego a Zaragoza, en donde habló a su santidad, quien la favoreció mucho y animó en sus santos propósitos, concediéndola un breve, su data en Zaragoza en seis de mayo del año de mil quinientos veinte y dos, por el cual consta el gran concepto que tenía formado de nuestra fundadora y del convento de Santa Cruz. El cual pongo aquí por[que] sea en grandísimo crédito de ella y de todas las demás religiosas. Dice, pues, así:&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
‘Adriano Papa VI: &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Adriano Papa VI: Amada en Cristo, hija, salud y apostólica bendición. La ferviente y sincera devoción que a nos y a la Iglesia Romana tienes, y juntamente el celo de la religión, la vida ejemplar y otros dones de virtudes, con los cuales, según por relación de muchos hemos entendido, estás adornada, con razón nos mueven para que (cuanto podemos en el Señor) atendamos fervorosamente a tus súplicas, especialmente aquellas por las cuales se pueda mirar a tu consuelo espiritual. Nos hiciste manifiesto o nos diste a enten- [fol. 7v] der que, como la casa de Santa Cruz de la Magdalena del lugar de Aldeanueva, llamadas de la tercera regla de Santo Domingo de la penitencia, de la Orden de los frailes predicadores de la diócesis de Ávila, de la cual tú eres al presente priora y en la cual las sórores de la sobredicha regla &#039;&#039;[21]&#039;&#039; viven en grande y copioso número, haigan acostumbrado a hacer los tres votos substanciales, portándose en todas las cosas como &#039;&#039;[22]&#039;&#039; verdaderas monjas de la Orden de San Agustín bajo del cuidado de los dichos frailes predicadores, vivan en el servicio de Dios, y, con todo eso hasta ahora, no haigan tenido el velo negro según costumbre de dichas monjas y, por su consuelo espiritual, desean traer en adelante según costumbre de las mismas monjas el velo negro; por lo cual nos fue por tu parte humildemente suplicado que nos dignásemos con benignidad apostólica de atender favorablemente en esta parte a los deseos de las mismas sórores; nos, atendiendo favorablemente en esta parte a estos mismos deseos, por la autoridad apostólica, por el temor de las presentes, lo concedemos a ti, y que en adelante la priora que por tiempo fuese en dicha, y las sórores de la misma casa presentes y futuras puedan recibir y traer el velo negro de mano del vicario de dicha casa, que en dicho lugar por tiempo residiese o de otro cualquiera superior de dicha orden, no obstante las constituciones y ordenaciones apostólicas, ni los estatutos y costumbres de dicha regla, roborados con juramento o con firma apostólica o con cualquiera otra firmeza ni cualquiera otras cosas en contrario. Dado en Zaragoza, &#039;&#039;sub annulo Piscatoris die VI maji&#039;&#039; de mil quinientos veinte y dos, primero después que tomamos el oficio apostólico’.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Por este breve del Papa Adriano, se conoce claramente la grande opinión y fama de santidad que tenía nuestra venerable fundadora, y la mucha observancia y religión que había en el convento que había fundado, y el grande concepto en que estaban todas las religiosas con su santidad, sin que sean necesarios más testigos de la mucha virtud así de la fundadora como del convento que la dicha bula leída con atención”. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Por estos privilegios y bulas consta caramente cómo este convento se fundó como beaterio solamente y del mismo modo que casi por aquellos tiempos se fundó el beaterio de Piedrahita y hoy en día se conserva, y que las religiosas que en aquel tiempo tomaban el hábito no eran, ni se podían llamar, verdaderas monjas, ni eran propiamente religiosas, sino beatas o sórores de la tercera orden de la penitencia de N.P.S. Domingo, porque ni hacían los tres votos substanciales, que son los que constituyen religión, ni traían velo [fol. 8r] negro, ni estaban exemptas de la jurisdicción del ordinario. Pues todo esto lo tuvieron después por privilegio y concesión de León Décimo, como parece por las bulas, que ya van citadas; pero también &#039;&#039;[23]&#039;&#039; es cierto que hoy día no son beatas ni se pueden llamar tales, sí monjas y religiosas verdaderas, porque hacen los tres votos solemnes y no simples, como puede ser que digan algunos, pues esto es contra la mente del pontífice, traer velo negro y estar exemptas de los ordinarios y gozar de todos los favores, privilegios y gracias que gozan todas las que son verdaderas religiosas, sin que obste contra esto el que no profesan clausura y el que en la profesión se llaman sórores beatas de Santa Cathalina de Sena, porque a esto se dice que la clausura no es substancia de la religión, sino un accidente muy conducente al estado religioso mandado observar por los sumos pontífices. Pues antes de San Pío Quinto &#039;&#039;[24]&#039;&#039; y del Concilio de Trento había verdaderas monjas y religiosas y no había clausura, y hoy las hay en muchas partes. Y a lo de la profesión se responde con decir que es para mayor claridad, pues con decir que se obligan a guardar la tercera regla de penitencia de Santo Domingo, basta para saber que deben de guardar solo la tercera regla y no la primera ni segunda, y parece solo para dar a entender, no que son beatas en la substancia, sino que solo deban observar las constituciones que observan las beatas, pero en lo demás son y deben llamarse verdaderas monjas y religiosas como más abajo veremos por el breve de Adriano Sexto, que ya antecede.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Últimamente consta de sus bulas cómo este convento fue recibido a la orden muy a los principios de su fundación, y que las religiosas o beatas se sujetaron muy presto a la religión de predicadores, la que les puso luego religiosos que las asistiesen y cuidasen de ellas. Porque en la primera bula que dio León Décimo el año de mil quinientos y catorce dice que el convento estaba ya bajo del cuidado de los frailes predicadores, lo mismo dice en la que dio el año de mil quinientos y veinte. Y habiéndose finalizado el convento el año de mil quinientos y siete, parece que muy a los principios se sujetó a la religión, pero no consta de cierto qué año fue, ni en tiempo de qué general, porque, aunque dice el libro antiguo de la fundación de este convento de que l[a] tradición autentica que el Rmo. P. General Fr. Vicencio Bandelo de Castronovo visitó por su persona el dicho monasterio en tiempos del rey Don Fernando y Doña Isabel y le recibió a la orden la vigilia de Pentecostés el año de mil quinientos diez y nueve, esto ni es cierto ni viene probabilidad de verdad: lo uno porque el Rey Cathólico Don Fernando murió el enero de mil quinientos diez y seis y la Reina Doña Isabel había muerto algunos años antes, con que no pudo ser el año de diez y nueve, y lo otro, porque el Rmo. Bandelo murió en el convento de Montealto del Reino de Calabria el día vein- [fol. 8v] te &#039;&#039;[25]&#039;&#039; y siete de agosto del año de mil quinientos y siete (consta en el chronicon de la orden, folio 49, cap. 15, s. Hic igitur), en el cual tiempo apenas se había acabado de fundar este convento, según dejamos dicho, con que es cierto que el Rmo. Bandelo ni visitó este convento ni pudo recibirlo a la orden. Y también parece cierto que no pudo ser el año de diez y nueve, con que, atendiendo a lo que dice el Papa en su bula, parece más cierto que este convento fue admitido por la religión el año de doce o trece, en el cual tiempo era general el Rmo. P. Fr. Thomas de Vio Cayetano. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Otros muchos privilegios concedió este pontífice sobre curatos y beneficios a este convento, los que se guardan en depósito, por todos los cuales consta la grande estimación que hizo León Décimo de nuestra venerable fundadora y lo mucho que favoreció a este su convento. Mas, entre tantos favores como le hizo, es singularísimo haberle enviado en dos de abril del año de mil quinientos y veinte una costilla de la seráfica madre Santa Cathalina de Sena, cuya auténtica se conserva en el depósito. Esta grande y preciosa reliquia mandó su santidad extraer del convento de la Minerva de Roma, en donde está el cuerpo de la seráphica madre, y se la entregó al P. Fr. Juan de Azcona &#039;&#039;[26]&#039;&#039; para que la trajese al convento de religiosas de Santa Cruz de la Magdalena de Aldeanueva, a quien hizo donación de dicha reliquia como consta de su bula que se guarda en depósito. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Fue el P. Fr. Juan de Azcona el primer vicario que puso en este convento la religión. Fue varón de mucha virtud y en todo muy religioso, de mucha oración y retiro, sin que esto le impidiese el atender al convento de las religiosas, predicándolas y confesándolas, y tan observante en todo que fue tenido siempre por todas las religiosas en opinión de santo. Tuvo este santo religioso devoción de visitar los santos lugares de Jerusalén y Roma y fue a cumplir con su devoción el año de mil quinientos y veinte. De vuelta trajo a este convento muchas reliquias y, entre ellas, la costilla de Santa Cathalina, como va dicho.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Por ella ha sido Dios servido de hacer muchos milagros, porque lo primero, llegando dicho padre con ella a este convento y aplicada a una religiosa tullida, quedó luego enteramente sana, y en prueba de ello fue al instante al refectorio a servir a las demás. En el año de mil seiscientos y doce padecía otra religiosa mal de proplegía, estaba perlática y, no pudiendo hablar, pidió por señas, y en la mejor forma que pudo, que la llevasen la costilla de su madre Santa Cathalina: hiciéronlo así las enfermeras y, aplicándosela a la boca, luego al punto habló y quedó del todo sana. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[Fol. 9r] Otra religiosa, por cierto enfado que tuvo con un religioso de la orden, propuso de no confesarse con él jamás, sobre lo que llevada del enojo se echó algunas maldiciones, y entre ellas dijo que la lengua se la pegase al paladar si con él se confesase. ¡Caso raro, por cierto! Lo mismo fue pronunciar las dichas palabras que experimentar sobre sí la justicia divina: estando buena y sana, en un instante la acometió un mal tan grande que parecía tener la lengua pegada al paladar sin poder casi hablar, pero, como podía, daba a entender que se ahogaba, lo cual, visto por las religiosas, la encomendaron a Santa Cathalina de Sena y, tocándola la boca con su sagrada costilla, quedó del todo sana y al punto se confesó con el religioso. Otros muchos milagros ha hecho Dios por esta preciosa reliquia, por los cuales y por ser cosa tan preciosa la tienen las religiosas con mucha veneración y devoción, exponiéndola el día de su fiesta a la adoración del pueblo que, devoto, concurre a encomendarse a la santa.   &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&#039;&#039;&#039;S. IIII&#039;&#039;&#039;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&#039;&#039;&#039;Mercedes que hicieron los reyes y señores del reino a nuestra venerable fundadora&#039;&#039;&#039;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
No solo fue estimada y favorecida la venerable madre Soror María de Santo Domingo de los sumos pontífices, sino que también fue muy querida y venerada de los reyes, grandes y señores de España. Éranlo a la sazón que ella fundó su convento los cathólicos y piadosos reyes Don Fernando y Doña Isabel, de buena memoria, los que, como tan amantes y aficionados a las personas virtuosas y a todo género de obras piadosas, conociendo la mucha virtud de la venerable María y su piadoso ánimo en fundar un convento que había de ser de tanto agrado a Dios, la empezaron a favorecer con larga mano, dándola muy crecidas limosnas para la fábrica y ayudándola con su patrocinio en cuanto hubiese de menester, lo que continuaron después de fundado el convento con tan grande liberalidad que, si ella hubiera aceptado las limosnas y rentas que la daban, fuera este convento de los más opulentos y ricos de todo el reino. Mas, como no eran sus intentos dejar a sus hijas ricas de bienes del mundo, sino pobres y desnudas por Christo para lograr solo las riquezas del Cielo, renunció con modestia y humildad todas las rentas que la ofrecían, aunque por atención a tan piadosos príncipes aceptó una limosna anual de cien ducados que la daban sus altezas, sin más carga que los encomendasen a [fol. 9v] Dios las religiosas, lo que continuaron por todos los días de su vida, y después sus hijos y nietos Don Phelipe Primero, el emperador Don Carlos, Don Phelipe Segundo, Tercero y Cuarto.   &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Mas, adonde se conoció el alto concepto que tenían estos serenísimos reyes de la virtud y santidad de nuestra venerable fundadora, fue en darla una riquísima joya muy de su estimación, y que luego ella aceptó de buena gana y con más gusto que todas las riquezas y rentas que la daban, como fue la imagen del Santísimo Cristo de las Batallas, que hoy se venera en este convento, alhaja tan preciosa y de tan grande estimación para las religiosas que no la trocaran por todas las joyas y riquezas del mundo. Esta hermosísima y prodigiosa imagen la traían los Reyes Cathólicos en sus reales en todas las fuerzas y batallas que contra los moros hubieron, que por eso la intitularon el Santísimo Cristo de las Batallas, con cuyo título hoy día se venera. A su continuo, cuanto milagroso, patrocinio debieron estos cathólicos príncipes sus mayores conquistas, como claramente lo manifestó su Majestad con un evidente y singular milagro &#039;&#039;[27]&#039;&#039;, porque, estando para dar una batalla y llamando e invocando los españoles en su ayuda, según tienen de costumbre, al Apóstol Santiago, patrón de España, habló el Santísimo Christo, diciendo en voz clara y que percibieron todos que no era necesario otro socorro estando Él allí &#039;&#039;[28]&#039;&#039;, lo cual, publicado por todo el ejército, fue causa para que en adelante fuese tenida en mayor veneración la sagrada imagen y, en señal de este maravilloso suceso, se quedó con la boca abierta, como hoy en día se advierte, registrándosele los dientes, la lengua y todo el cielo de la boca. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Otro prodigio se vio también en esta sagrada imagen en tiempo del señor Phelipe Segundo, cuando Cazalla &#039;&#039;[29]&#039;&#039; andaba diseminando sus perversos dogmas y herejías por Castilla, porque por algunos días sudó el Santísimo Christo, como fue visto y notado por todas las religiosas y religiosos, de los cuales uno limpió el sudor del divino rostro con un purificador, y de esto hay pública e inconcusa tradición entre las religiosas y de madres a hijas. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Por los años de mil seiscientos y cinco obró otro milagro con una religiosa de este convento llamada Sor María de la Natividad. Padecía esta en un pecho un cancro del tamaño &#039;&#039;[30]&#039;&#039; de una naranja. Curáronla los médicos y cirujanos con todo cuidado, pero, viendo lo poco que aprovecharon los remedios que la aplicaban, conocieron no tener cura la herida y así se lo dijeron a la religiosa, la cual, llena de fe, acudió a buscar el remedio de su necesidad en esta sagrada imagen, de quien era devotísima; y no se halla frustrada su esperanza [fol. 10r] porque, acabada una novena que hizo al Santísimo Cristo, tocó en el último día un pañito a la sagrada imagen y se lo puso sobre el pecho herido, y luego al punto se halló sana y libre de su enfermedad, acudiendo al choro a dar gracias a Dios, y a los demás oficios como lo tenía de costumbre. Igual, también sanó, acudiendo a la misma imagen, otra religiosa llamada Soror María de Santa Inés, de un cáncer que padecía en el pecho. No pudo el médico ni cirujano atajar este tan penoso mal por más remedios que la hicieron; antes, con ellos se ponía peor, y tanto que llegaron a desahuciarla, mas no por eso perdió la religiosa la esperanza de remedio, acudiendo al médico divino por esta su sagrada imagen. Y fue tal su fe que, antes de acabar una novena que hacía para impetrar su misericordia, se halló del todo sana y restituida a su antigua salud, con solo haber puesto sobre la llaga un pañito tocado a la sagrada imagen.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Otros muchos milagros está haciendo continuamente esta prodigiosa imagen dentro y fuera del convento, que, por ser tan notorios, los podrá averiguar fácilmente el que quisiere saberlos y no se ponen aquí por no hacer más profusa esta relación. Pero no puedo omitir un prodigio visto y experimentado, y por tal tenido por todas las señoras de este convento, y es que, desde que en él está esta sacratísima imagen, no ha entrado dentro de las puertas del convento peste ni otro algún mal contagioso. Y esto aunque lo haya habido en los lugares circunvecinos y en el mismo Aldeanueva, ni se ha conocido jamás pegarse a alguna religiosa o seglar del convento, aunque hayan entrado en él personas heridas del contagio. ¡Prodigio grande por cierto! el cual hemos experimentado este año de mil setecientos treinta y seis. Pues, habiendo padecido los lugares circunvecinos una prolija y contagiosa enfermedad, y habiendo entrado en el mismo lugar de Aldeanueva, de la cual han muerto muchas personas y casi todas la han padecido, no solo no ha entrado en el convento sino que parece que jamás han estado las religiosas y seglares más sanas como en este tiempo, con ser así que cada instante están los convalecientes tratando con las religiosas el remedio de sus necesidades, lavándolas la ropa, y haber durado desde enero hasta hoy, veinte y nueve de octubre, en que esto se escribe, en el cual día son muchos los que hay en las casas bien malos, y lo que más es, que esto mismo se experimenta con los criados del convento, los cuales también han reservado la enfermedad, todo lo cual se atribuye a milagro [fol. 10v] del Santísimo Christo, como lo dice el mismo médico. Bendito sea su Majestad por siempre jamás, porque así atiende y mira por sus siervas. Por esto, pues, es venerado con singular devoción no solo de las religiosas y vecinos de Aldeanueva, sino de todos los lugares alrededor: Barco, Piedrahita y de muchas leguas más allá, de donde acuden a venerar esta milagrosa imagen un numeroso concurso el día segundo de Pentecostés, día en que esta religiosa comunidad le hace la fiesta, sin que en lo restante del año dejen también de venir a implorar el auxilio divino y a buscar el remedio a todas sus necesidades. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
La figura que el Santísimo tiene es de Nazareno de la cintura arriba, corona de espinas y cruz a cuestas; el rostro es hermosísimo y devotísimo, y es común voz entre las religiosas que muda colores. Dicen que le pintó San Lucas, y confírmanlo porque, habiendo traído los maestros más afamados para ver si le podían poner dos dedos que le faltan, sin saber cómo y de cuándo, ninguno se ha atrevido a ponérselos, y aun uno dijo que le parecía que la encarnación y barniz que tenía le parecía imposible fuese obra de la tierra, sino negocio más que humano. Esta joya tan preciosa dieron los santos Reyes Cathólicos a este convento, en lo cual se conoce la grande estimación que tenían a su venerable fundadora. Por esto vive y vivirá entre las religiosas su memoria, encomendándolos a Dios continuamente en todas sus oraciones. Con el ejemplo de tan piadosos príncipes, hicieron lo mismo los grandes y señores del reino, favoreciendo con nobles y christianos ánimos a la venerable María, así en la fábrica del convento como en el sustento de las religiosas, aunque la venerable madre tomaba, como dijimos arriba, solo lo necesario y preciso, porque quería más pobres que ricas a las religiosas.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&#039;&#039;&#039;S. V&#039;&#039;&#039;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&#039;&#039;&#039;Fundadoras que han salido de este convento para otros y muerte de la venerable fundadora&#039;&#039;&#039;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Entre los elogios de este insigne convento no es el menor el haber sido madre de otros muchos y el haber salido de él muchas religiosas a fundar otros monasterios en diversas partes, porque, era tal el crédito que tenía la venerable María de Santo Domingo por toda España y tal la fama del convento que había fundado, que otros señores y señoras, deseosos del bien de las almas, se determinaron con su ejemplo a fundar otros beaterios y conventos con sus rentas, para lo cual sacaron de este convento de Santa Cruz de Aldeanueva, con licencia de los prelados de la orden, muchas religiosas por prioras y fundadoras de los nuevos monaste- [fol. 11r] rios, pareciéndoles, y bien, que para plantar en cualquiera parte la observancia regular y la vida religiosa eran las más propias las madres de esta casa. De estas fueron a los conventos de San Phelipe de la Penitencia y Corpus Christi de Valladolid la madre Soror María de los Ángeles y su hermana la madre Soror María de San Francisco, señoras en el siglo nobilísimas de la casa de los Manriques y Toledos, en la religión religiosas de especialísima virtud, como después diremos. También fueron por prioras a los conventos de la Penitencia de Salamanca, de las Fajardas de Medina del Campo, Trujillo, Toro y Olmedo, las madres Soror Bernardina de Carvajal, Soror Isabel de Mendoza, Soror Gabriela de Guevara y Soror María de la Orden del Barco, todas religiosas de gran virtud y proprísimas &#039;&#039;[31]&#039;&#039; para el intento de fundar y reformar conventos, como se vio por la experiencia, porque en muchos conventos restituyeron a su antiguo rigor la observancia regular y en otros la plantaron de nuevo con grande alegría de los prelados de la religión, que miraban en cada señora de estas el espíritu y fervor de la venerable María de Santo Domingo, y en cada uno de estos conventos que les cupo esta fortuna, el mismo rigor, virtud y observancia que en el convento de Santa Cruz de Aldeanueva había impuesto su fundadora, ese plantaron y recibieron gustosas las que lograron ser súbditas de tales preladas. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Todo esto se debió a la grande virtud y santidad de la venerable María de Santo Domingo y a aquel grande espíritu con que Dios la dotó, el cual procuró introducir en todas sus hijas a costa de mucha oración, ayunos, disciplinas y otras muchas mortificaciones y penitencias, que ejecutaba con tan grande fervor que obligaba a las más tibias a ser fervorosas. Toda su vida fue un continuo movimiento para el Cielo: era la primera en todos los ejercicios y oficios de la comunidad, sin que jamás quisiese admitir dispensación alguna por más débil y cansada que se hallase. Su oración fue continua y fervorosa, sus ayunos, disciplinas y asperezas fueron rigurosísimas. Su espíritu y fervor era tan conocido entre las religiosas que jamás la oyeron plática alguna, de las muchas que las hacía, que no se moviesen a ternura, devoción y lágrimas. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Era humildísima, pues, siendo madre de todas, se tenía por la más inferior y vil criatura. Fue extremada su pobreza, y conociose en no querer admitir las rentas y riquezas que la daban los reyes y señores de España. Su castidad fue tan grande que la movió y estimuló a fundar este convento, para el bien de los prójimos. Finalmente en todas las virtudes fue singular, pero especialmente la dotó Dios de una muy rara paciencia, con la cual sufrió y toleró con ánimo firme y constante muchas [fol. 11v] y grandes contradicciones y persecuciones que tuvo. Porque dejando aparte las muchas que padecería en la fundación de este convento, pareciéndoles a muchos locura y desatino su celo y espíritu, fueron grandes y terribles las que el demonio, envidioso del mucho fruto que hacía en las almas, levantó contra ella en los últimos años de su vida. No nos dice la historia cómo fueron estas persecuciones, pero puede creerse que serían a medida de la rabia que tenía este infernal enemigo contra ella, procurando, por todos los modos que le dictaba su astucia, derribar su constancia y mover su espíritu a impaciencia, porque, alentada su alma de la gracia divina, se dejaba toda en las manos de Dios sin dar el más leve indicio de indignación, impaciencia ni turbación. Pues, como el Señor la quería acrisolar, permitió al demonio la tentase por varios modos, pero nunca, por más que hizo, la halló inconstante y sí, siempre, muy conforme.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Así pues, purificada y acrisolada como oro finísimo nuestra santa en el fuego del amor y aguas de la tribulación, salió su purísima alma del cuerpo para entrar en las moradas eternas, como piadosamente podemos creer, en donde goza y gozará para siempre el premio de sus muchas y heroicas virtudes. Fue su muerte muy sentida y llorada de todas sus hijas, aunque templaba el dolor el saber la tenían en el Cielo por abogada. Su cuerpo le enterraron a la puerta del refectorio, como ella lo había pedido por su mucha humildad, en donde espera la universal resurrección en compañía de sus dos hermanas. Fue mujer singularísima y en todo rara, amada de Dios y de los hombres, celosísima del bien de las almas y de admirable e inculpable vida, por lo cual no parece puede haber duda en que está gozando de inmensa gloria, como se lo reveló Dios al venerable P. Fr. Juan de Azcona, su confesor &#039;&#039;[32]&#039;&#039;, el cual, predicando al siguiente día de su muerte, dijo en medio del sermón: “Mi hija María de Santo Domingo se subió al cielo”, palabras que templaron en todo las lágrimas de sus hijas. No tenemos noticia si después de muerta obró Dios algunos prodigios por su intercesión, pues es creíble no dejaría el Cielo de dar algún testimonio de su santidad cuando, viviendo en este mundo, le dio bien claro: porque todo cuanto tomaba en las manos se aumentaba y crecía a medida de las necesidades que pedían prompto socorro, pero el mayor testimonio que tenemos de su santidad es la mucha religión y virtud que siempre ha habido y al presente hay en este convento, lo que podemos atribuir piadosamente a los singulares méritos y poderosa intercesión para con el Todopoderoso de su santa fundadora.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
=== Capítulo 2 ===&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[Fol. 12r] &#039;&#039;&#039;S. I&#039;&#039;&#039;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&#039;&#039;&#039;Elección de priora que se hizo en la venerable madre Soror María de la Asumpción y sus admirables virtudes y trabajos&#039;&#039;&#039;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Muy &#039;&#039;[33]&#039;&#039; sentidas y lastimadas quedaron las venerables religiosas de este ilustre convento de Santa Cruz de Aldeanueva con la muerte de su santa fundadora, la madre Soror María de Santo Domingo. Era esta gran sierva de Dios, madre amantísima de todas y alma y corazón de todo aquel gran cuerpo religioso y, como al ausentarse el alma del cuerpo es natural el sentimiento en todos los miembros, así fue muy justo y muy debido el llanto en todas aquellas queridas hijas por la muerte de su amantísima madre y por la falta de su corazón y de toda su alma. Trataron, luego que depositaron su venerable cadáver en el sepulchro, de darla sucesora y de elegir priora de toda aquella observantísima comunidad, en lo que hubo poco que discurrir, atendida la prudencia humana. Pues, aunque había muchas merecedoras de esta honra por su nobleza, virtud y méritos, a todas les pareció, y bien fundadas, que ninguna mejor podía ocupar mejor la silla y llenar el vacío de tan gran madre como su hermana la venerable María de la Asumpción, por lo cual de común consentimiento fue elegida (aunque con repugnancia suya) por priora, madre y maestra de toda aquella religiosísima comunidad, con tan grande aplauso y regocijo de todas aquellas siervas de Dios que sola esta elección fue bastante para mitigar su dolor y enjugar las lágrimas por la pérdida antecedente. No obstante lo que va referido, no parece ser lo más cierto el que sucediese en el oficio de priora a la venerable fundadora su hermana María de la Asum[p]ción, pues consta por algunas escrituras que existen en depósito haberla seguido la madre María de San Christóbal, ni se halla en dichas escrituras, siendo muy antiguas, la madre Asumpción priora hasta el año de mil quinientos cuarenta y uno &#039;&#039;[34]&#039;&#039;. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Lo cierto e indubitable es que la venerable madre María de la Asumpción fue hermana por naturaleza de nuestra santa fundadora y fuelo también por la gracia, pues fue tan gran sierva de Dios como ella. Debió lo principal de su virtud a la buena y santa educación de su venerable hermana, porque, habiendo muerto sus padres en lo más tierno de su niñez, quedó bajo la tutoría y disciplina de su hermana mayor, la madre María de Santo Domingo, como ya queda dicho arriba. Procuró esta santa mujer, luego que se encargó de su crianza, apartar de su corazón el amor al mundo y a sus vanidades [fol. 12v] y falacias, criándola con grande temor de Dios y tan grande amor a la virtud, retiro y soledad como después lo declaró lo prodigioso de su vida y lo heroico de sus admirables virtudes. Luego que la edad lo permitió, se dedicó al bien y utilidad de las almas, ayudando a su santa hermana en aquel laborioso y caritativo ministerio de educar y enseñar niñas y niños, con tan singular espíritu y fervor que en nada se echaba menos el de su santa hermana. Ella era la que cuidaba de darlas lección, de enseñarles la doctrina christiana, del aseo y limpieza de todas y, sobre todo, de que fuesen buenas christianas, y sirviesen a Dios, lo que hacía más con su ejemplo que con sus palabras. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Así empleó esta santa mujer los primeros años de su vida hasta que, fundado el convento de Santa Cruz de la Magdalena de Aldeanueva, fue la primera que se encerró en él y tomó el hábito de beata de N.P.S. Domingo en el año de mil quinientos y siete de manos de su santa hermana nuestra venerable fundadora, la víspera de la Asumpción de Nuestra Señora, circunstancia que pudo ser ocasión de llamarse Soror María de la Asumpción y que la hizo su cofundadora de este ilustre convento, no solo por haber empleado su patrimonio en su fundación, sino por haber sido la primera que siguió en todo las pisadas de su venerable fundadora. Luego que se vio con el santo hábito, reconoció que tenía mayor obligación de servir a Dios que antes y, ayudado su espíritu de la gracia divina, empezó una vida tan penitente, tan austera y tan mortificada que fue un vivo retrato y ejemplar de su santa hermana. &lt;br /&gt;
Era observantísima de sus leyes y constituciones, jamás comió carne desde que tomó el hábito, sus ayunos eran como los de la primitiva Iglesia, porque solo comía una vez al día, y eso con singular templanza. Nunca cenaba, ni hacía colación, su cama era el duro suelo; cuando mucho, usaba de una tabla. Sus disciplinas, silicios y penitencias eran tales que horrorizaban a todas las religiosas. En el silencio y retiro era extremada, no hablaba sino cuando la necesidad lo pedía y, en fin, era tal su vida que parecía haber renacido en ella el espíritu penitente de la seráfica virgen Santa Cathalina de Sena. Con tan extremada penitencia y aspereza de vida, conservó su alma limpia de toda culpa, adornándola de muchas y singulares virtudes, porque era humildísima, y tanto, que siendo su vida angelical, le parecía ser la mayor pecadora del mundo y por tal quería ser tratada de todas. Su paciencia fue admirable, como después veremos, su obediencia ciega, su mansedumbre rara, y sobre todo su caridad y conmiseración para con los prójimos fue tal que por todos los medios procuraba el remedio de sus necesidades, así espirituales como temporales. A todas estas virtudes juntaba una prudencia grande, [fol. 13r] con la cual trataba con singular destreza los negocios, así de casa como fuera de ella, de que tuvieron las religiosas larga experiencia en las diligencias que practicaba su hermana y para las que hacía dilatadas ausencias. No siendo menos la afabilidad que tenía para con todos, por lo cual dominaba de tal manera los corazones de todas aquellas venerables mujeres que, muerta su santa hermana, fue al punto elegida sin oposición ni contradicción alguna por priora de esta casa, y fue la segunda que hubo en ella según la más cierta tradición, y es muy creíble fuese así, no obstante lo que refieren las escrituras antiguas, pues, atendiendo a los méritos de la difunta fundadora, su hermana, y a que por su conocida virtud no lo desmerecía y que a las religiosas no les tiraría la carne y sangre, se debe creer así lo hiciesen.&lt;br /&gt;
No resplandeció menos su virtud siendo priora que siendo súbdita. Antes, si como luz colocada sobre el candelero empezó a arrojar tales resplandores que obscurecían las muchas luces que había en esta gran casa, porque así como la luz del sol al medio día no deja brillar a las estrellas, así la mística luz de esta gran sierva de Dios ocultaba con sus rayos los resplandores de tantas estrellas como había en este gran firmamento dominicano, no porque dejasen de ser luces, sino porque era mayor y más tersa la luz de su venerable prelada. Era la primera en todo: sin jamás admitir dispensación alguna por enfermedad y ni por otra cualquiera causa, en los oficios más humildes y bajos del convento estaba como la más humilde novicia. A todas animaba, a todas consolaba con sus pláticas y dulcísimas palabras y mucho más con su grande ejemplo, con el cual se animaban tanto aquellas venerables religiosas que, en más de treinta años que obtuvo el oficio de priora, en nada decayó el grande rigor y observancia con que este convento se fundó. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
No pudo el demonio sufrir tanta virtud como había en la venerable madre y, lleno de infernal rabia, intentó por todos los medios que le fueron permitidos derribarla y afearla. Aparecíasele en horribles figuras, provocando con palabras y acciones turbar su espíritu e inqui[e]tar su alma, mas, viendo el poco caso que hacía la sierva de Dios de todas sus amenazas, pasó de las palabras a las obras dándola recios y crueles golpes, arrojándola de las escaleras abajo, y, hiriendo lastimosamente su delicado cuerpo, la dejaba tan quebrantada que parecía estar en las agonías de la muerte &#039;&#039;[35]&#039;&#039;. Pero la venerable priora se armaba, para tan fuerte batalla, de una larga y prolija oración y de un continuo ayuno, que son las armas fuertes y más firmes para vencer a este terrible adversario; velaba y oraba gastando casi toda la noche en este devoto ejercicio. Por eso no caía en la tentación, porque salía de la oración tan valiente, robusta y fervorosa que ella misma desafiaba y provocaba a la batalla a esta bestia infernal. Rabiaba de furor el demonio viéndose vencido de una mujer flaca y débil y, dándole Dios licencia, procuró rendirla por otros medios más terribles [fol. 13v] y horribles e igualmente sensibles, como fue levantarla una furiosa tempestad de persecuciones y contradicciones nacidas de muchas emulaciones y envidias entre sus hijas y hermanas &#039;&#039;[36]&#039;&#039;, que, movidas del espíritu de Satanás, la persiguieron y contradijeron terriblemente, poniéndola mal con los prelados de la orden. Así consta de libro antiguo de profesiones, fol. 2 y siguientes. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[…]&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[Fol. 15r] &#039;&#039;&#039;S. III&#039;&#039;&#039;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&#039;&#039;&#039;Favores que hicieron a este convento los excelentíssimos señores Duques de Alba&#039;&#039;&#039;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Entre los muchos favores, gracias y mercedes que ha logrado este convento de Santa Cruz de Aldeanueva de los reyes y grandes y señores de estos reinos, siempre fueron y han sido singularísimos los que ha recibido de la excelentísima casa de Alba. Ya vimos arriba los muchos que hicieron a la venerable María de Santo Domingo los serenísimos Reyes Cathólicos Don Fernando y Doña Isabel, sus hijos, nietos y otros muchos señores de España, y si bien parecía muy a propósito el referir allí los grandes favores que han hecho los excelentísimos Duques de Alba, así a la dicha venerable fundadora como a todo el convento, los dejamos, con reflexión, para esta ocasión por referirlos todos juntos y huir los inconvenientes de la repetición.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En la primera fundación de este convento eran Duques de Alba los excelentísimos señores Don Fadrique Primero y Doña Isabel de Zúñiga. Eran estos príncipes muy piadosos y devotos, muy amadores de la virtud y muy afectos a todo lo bueno, y, como tales, estimaban y veneraban a la venerable madre María de Santo Domingo por su mucha virtud y santidad, siendo los primeros que promovieron sus santos intentos de fundar este convento con sus muchas limosnas, con las cuales se animó a dar principio a una obra tan del agrado de Dios. Quisie- [fol. 15v] ron sus excelencias hallarse presentes al comenzar la fábrica, por complacer en esto a la venerable fundadora y porque su ejemplo y devoción animase a otros a concurrir con sus limosnas, premiando Dios su buena voluntad con el milagro de dividirse la piedra en forma de cruz, de que ya hemos hecho mención. Prosig[u]iose la obra con las limosnas que dieron personas pías, pero lo principal fue a costa de sus excelencias, la cual, acabada perfectamente con iglesia, claustro, dormitorios y demás oficinas necesarias, el día catorce de agosto del año de mil quinientos y siete, tomó a su cargo el excelentísimo Duque Don Fadrique de ornamentar la iglesia con todos sus ajuares, poniendo en la sachristía muchos ornamentos, alhajas y otras muchas cosas preciosas para la mayor veneración y decencia de culto divino, de las cuales hoy no ha quedado ninguna por haber perecido todas lastimosamente en el voraz incendio que va referido haber padecido este convento en el año de mil quinientos sesenta y cinco. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
No &#039;&#039;[37]&#039;&#039; paró en esto la liberalidad y magnificencia del excelentísimo duque, porque, padeciendo el monasterio penuria de agua para regar la huerta y para las cosas necesarias de la casa, dio privilegio, su fecha en Alba en once de febrero de mil quinientos veinte y siete, para que del agua y fuentes que goza el concejo de Aldeanueva se le diese al convento un día cada semana, el cual privilegio subsiste hoy por haberlo comprado sus excelencias. Finalmente, después de haber dado este excelentísimo duque muchas limosnas extraordinarias para el sustento de las religiosas, dotó al monasterio &#039;&#039;[38]&#039;&#039; en quinientas fanegas de trigo y cuarenta cántaros de aceite para las lámparas que arden delante del Santísimo Sacramento y delante del Santísimo Christo de las Batallas, situados en su lugar de la abadía, cuya limosna han continuado todos los excelentísimos duques sus sucesores hasta hoy, aunque minorada por la escasez de los tiempos, pues al presente solo dan trescientas fanegas de trigo, siete cántaros y veinte y seis cuartillos de aceite. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Hallándose las religiosas de esta casa tan beneficiadas y favorecidas del excelentisímo señor Duque Don Fadrique y de la señora Doña Isabel de Zúñiga, su mujer, les ofrecieron en remuneración a tantos beneficios el patronato de este convento con todas las prerrogativas y privilegios que se deben &#039;&#039;[39]&#039;&#039;, según derecho, a los patronos y fundadores de conventos, lo que su excelencia aceptó gustoso y agregó a su casa y estados perpetuamente como hoy en día se observa. También se obligaron entonces las religiosas a recibir para siempre en dicho convento, sin dote, tres plazas enteras, o seis medias [fol. 16r] plazas para que su excelencia y los demás señores sucesores puedan nombrarlas, como actualmente se practica. Por aquí consta que el único patrono de este convento ha sido el excelentísimo señor Duque de Alba, y no otro alguno. Y obtuvo esta nobilísima casa este patronato muy a los principios de su fundación, por haber sido el primero a quien le ofreció esta comunidad el señor Don Fadrique Primero, que &amp;lt;r&amp;gt;era duque cuando se fundó. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Estos mismos favores y limosnas han continuado siempre los señores Duques de Alba y todos los descendientes de esta nobilísima casa a este su convento. El señor gran prior de Castilla, Don Fernando de Toledo, fue afectísimo a este monasterio y, mientras vivió, le hizo considerables limosnas a imitación de su padre Don Fadrique. Lo mismo hicieron los señores Don Antonio de Toledo y Don Rodrigo de Toledo, ambos también gran priores de San Juan, los cuales daban cada año mil fanegas de trigo a esta casa y además todo el gasto necesario para las enfermas. Los excelentísimos señores Don Fernando Álvarez de Toledo el Grande y la señora Doña María Henríquez Toledo, su mujer y prima hermana, ya hemos dicho arriba lo mucho que favorecieron a este convento en su lastimosa ruina, cuidando el sustento y regalo de las religiosas todo el tiempo que duró la reedificación del convento, que se hizo a costa de su hacienda, y después dándoles otras muchas limosnas, pues el señor Don Fernando les señaló una limosna anual de cinco mil más y la señora Doña María daba todas las gallinas necesarias para las enfermas. Lo mismo hicieron otros muchos señores y señoras de esta casa, de las cuales muchas ennoblecieron este convento con sus personas tomando el hábito de N.P.S. Domingo. Y lo mismo han continuado los excelentísimos duques, sin haberse conocido jamás quiebra ni menoscaba en el afecto y devoción a este su convento, por lo cual siempre han sido tenidos en aquella veneración y respeto que se debe a tan grandes bienhechores de esta casa, cuidando las religiosas de encomendarlos a Dios en todas sus oraciones, así de comunidad como en particular. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&#039;&#039;&#039;S. IV&#039;&#039;&#039;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&#039;&#039;&#039;Muerte de la venerable María de la Asumpción y de su hermana María de los Santos&#039;&#039;&#039;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Volviendo a la venerable María de la Asumpción, más se puede considerar que escribir el gozo que tuvo su espíritu, viendo acabado el monasterio con todas las oficinas necesarias, iglesia, claustro, refectorio, dormitorios y todo lo demás que en un convento es preciso, y todo muy sumptuoso en el mismo sitio en donde al principio se había fundado. Procuró [fol. 16v] luego venirse a él con sus religiosas, lo que ejecutó, habiendo dado primero las gracias así a la señora Duquesa Doña María Henríquez Toledo como a la villa del Barco, por la mucha caridad con que habían asistido en su aflicción a las monjas, y más en particular a la excelentísima duquesa por haberlas reedificado con tanta magnificencia el convento, con todas aquellas expresiones de afecto y agradecimiento que su mucha discreción la dictaban. Todo el tiempo que se detuvieron las monjas en el Barco, puso gran cuidado en que no decayese en nada la mucha religión y observancia que en este convento siempre se había profesado, y que no fuese miserable despojo de la relajación el espiritual edificio de este monasterio como lo había sido de la voracidad del fuego lo material de su fábrica. Y consiguiolo a muy poca diligencia, porque todas aquellas religiosas eran observantes de sus sagradas leyes, tan atentas a sus obligaciones y tan deseosas de servir a su esposo Jesús que muy poco o nada tuvo que hacer la venerable priora para mantener estos corazones en el amor de Dios y desprecio del mundo. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Aumentó este cuidado luego que se vio en su deseado retiro, pareciéndola que ya se hallaban las monjas nuevamente obligadas a servir con mayor fervor a su esposo. Traílas a la memoria, en sus continuas y fervorosas pláticas, los muchos beneficios que habían recibido de la poderosa mano de Dios en todos aquellos tiempos tan calamitosos. Animábalas a permanecer en sus santos propósitos, exortábalas a la más rígida observancia y cumplimiento de su profesión y, finalmente, movíalas tanto con su afabilidad y ejemplo a todo lo bueno que en nada se echaba menos el primitivo fervor de su venerable fundadora &#039;&#039;[40]&#039;&#039;. Hallábase a esta sazón esta sierva de Dios en los últimos años de su vida y muy cercana a la muerte por su mucha ancianidad, mas con todo eso era la primera a todas las funciones de la comunidad y, aunque débil en el cuerpo, se hallaba muy fuerte su espíritu, aumentando ahora más sus rigores y asperezas para lograr los últimos abrazos de su amantísimo esposo. Murió la venerable María llena de años y de méritos y con grandísima opinión de santa, a muy pocos años después que se reedificó el convento &#039;&#039;[41]&#039;&#039;. Fue mujer ejemplarísima y, en todo, un retrato de su santa hermana y verdadera hija de N.P.S. Domingo, por lo cual podemos piadosamente creer que su alma voló luego al Cielo a recibir el premio de sus muchas y heroicas virtudes. Su cuerpo fue enterrado en el sepulchro de su misma hermana a la puerta del refectorio, por haberlo ella pedido por su humildad y por parecerlas a las religiosas que debía estar en muerte unida a la que tanto debió y se pareció en vida. [Fol. 17r] Casi por este mismo tiempo, vino también a morir otra tercera hermana de la venerable fundadora: llámase esta Soror María de los Santos. Criola también desde muy niña su santa hermana, cuidando mucho que saliese en todo buena cristiana y muy temerosa de Dios. Como tenía a la vista dos tan grandes ejemplares de virtud en sus dos hermanas mayores, procuró desde luego imitarlas, siendo la segunda que tomó el hábito de beata de N.P.S. Domingo de mano de su hermana la madre María de Santo Domingo en este convento, en el cual vivió todo lo restante de su vida con opinión de muy virtuosa. No tenemos noticia particular de sus virtudes, ni de su vida, pero, habiendo sido educada en la escuela de sus santas hermanas y de las primeras que tomaron el hábito en este observantísimo convento, no hay duda sería su vida muy parecida a la de sus dos venerables hermanas. Y en esta opinión la trae el libro antiguo &#039;&#039;[42]&#039;&#039; de la fundación de este convento, diciendo que vivió y murió santamente y que fue enterrada en la sepultura de sus dos venerables hermanas, a la puerta del refectorio, en donde hoy se ve con una piedra labrada encima. Y el haberla dado esta sepultura es señal de su mucha virtud, pues si no fuera así, no se hubieran atrevido las monjas a enterrarla en donde estaban enterradas dos grandes siervas de Dios, como eran sus dos hermanas. Y así, dándola sepultura tan honrosa, dieron a entender aquellas venerables madres que Soror María de los Santos no desmerecía en la muerte el desunirse de aquellas con quienes en vida había tenido tanta unión, así por naturaleza como por gracia.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
===Notas===&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&#039;&#039;[1]&#039;&#039; El margen derecho del fol. 1r está bastante dañado y se cotejarán algunas palabras con una versión modernizada del texto. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&#039;&#039;[2]&#039;&#039; Nuestro Padre Santo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&#039;&#039;[3]&#039;&#039; Al margen: “A/ Serm. 2./ in Natali Virgines”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&#039;&#039;[4]&#039;&#039; Muy Reverendo Padre.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&#039;&#039;[5]&#039;&#039; Urbano VIII fue Papa desde 1623 a 1644, un siglo antes de que esta relación empezara a escribirse. Este Papa estableció que los procesos de beatificación fueran exclusivos de la Santa Sede y prohibió el uso en las representaciones artísticas de la aureola en personas no beatificadas o canonizadas. El narrador quiere justificar que llame santas a mujeres no canonizadas. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&#039;&#039;[6]&#039;&#039; Al margen: “Año de 1480”, aclarando en letra lo que presenta en el cuerpo del texto.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&#039;&#039;[7]&#039;&#039; Existe cierta discrepancia sobre el ancestro paterno de Sor María, ya que en el &#039;&#039;Libro de la oración&#039;&#039; y en la defensa del Padre Peña se hace referencia a unos padres de origen humilde y campesino, considerados cristianos viejos. Sí es cierto que aquí y en las vidas anteriores se enfatiza que la madre sí es de origen humilde y campesino.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&#039;&#039;[8]&#039;&#039; La historia de estos tres niños está incluida en el Libro de Daniel del Antiguo Testamento. Tres niños se niegan a adorar a una estatua babilónica mandada construir por Nabucodonosor II. Por falta de obediencia, se los condena a muerte&lt;br /&gt;
y los arroja a un horno, en el cual sobreviven a las llamas ayudados por un ángel.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&#039;&#039;[9]&#039;&#039; Como en las vidas anteriores editadas en este catálogo, se hace referencia a la faceta de María como educadora de niñas incluso antes de unirse a las dominicas. En el párrafo siguiente se resalta la actividad de las tres hermanas como educadoras de la doctrina cristiana.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&#039;&#039;[10]&#039;&#039; Contrasta este dato con el de María de Santo Domingo como mujer analfabeta que nos legan los papeles de su cuarto juicio.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&#039;&#039;[11]&#039;&#039; El Duque de Alba fue gran defensor de Sor María de Santo Domingo y el gran impulsor de la fundación de Aldeanueva. Como han discutido Rebeca Sanmartín, Jodi Bilinkoff y Borja de Cossío, la relación entre Sor María y Fadrique de Toledo se asemejaba a la que Lucia de Narni tuvo con el Duque de Ferrara. Sor María pudo saber de esta relación por una carta que al parecer llegó a Aldeanueva difundiendo la santidad de Lucia Narni, y le sirvió como ejemplo a imitar y mecanismo de defensa (Rebeca Sanmartín Bastida, &#039;&#039;La representación de las místicas: Sor María de Santo Domingo en su contexto europeo&#039;&#039;, Santander: Real Sociedad Menéndez Pelayo, 2012, p. 322; Jodi Bilinkoff, “A Spanish Prophetess and Her Patrons: The Case of María de Santo Domingo,” &#039;&#039;The Sixteenth Century Journal&#039;&#039; 23, no. 1 [Spring 1992], p. 26.; Borja Gama de Cossío, “Women, Communities of Letters and Transnational Connections,” &#039;&#039;Magistra: a Journal of Women’s Spirituality in History&#039;&#039;, Winter 24.2, 2018, p. 40).&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&#039;&#039;[12]&#039;&#039; Al margen se indica: “Día 13 de/ septiembre año de/ 1504. Fue/ la fundación”. Más abajo, también al margen: “Y el año de 1507/ se concluyó la víspera/ de la Asunción el/ 14 de agosto”. Estos datos, de todos modos, coinciden con las otras dos vidas, editadas en este catálogo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&#039;&#039;[13]&#039;&#039; Por “amantasima”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&#039;&#039;[14]&#039;&#039; En el manuscrito el artículo “los” aparece repetido; se ha eliminado la repetición por ser un error del copista o narrador.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&#039;&#039;[15]&#039;&#039; Cayetano fue, en un principio, uno de los grandes seguidores de Sor María. Después de unas supuestas amenazas de Sor María a Cayetano en el trance, este cambió su parecer y se convirtió en uno de sus mayores detractores, alegando que sus trances y bailes podían traer vergüenza a la orden (Sanmartín, &#039;&#039;La representación de las místicas&#039;&#039;, 308).&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&#039;&#039;[16]&#039;&#039; Por “misericardia”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&#039;&#039;[17]&#039;&#039; En el prólogo, de todos modos, se especifica que este manuscrito es de 1737.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&#039;&#039;[18]&#039;&#039; Por “este”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&#039;&#039;[19]&#039;&#039; En el manuscrito del siglo XVII también se hace referencia a este viaje a Roma. En estos textos, se ofrece más información de la vida posterior de Sor María como priora de su convento. Se puede observar el poder dentro de la orden, la popularidad y la estima entre sus seguidores que Sor María alcanzó después de su polémica. Tanto este manuscrito como el del siglo XVII y el de 1709 dan la misma información sobre su visita a Roma, aunque Rebeca Sanmartín afirma, en su artículo en &#039;&#039;Archivio Italiano per la Storia della Pietà&#039;&#039; (33, en prensa), que ese asunto no está nada claro, ya que no se incluye ninguna información sobre su visita a Roma en ninguna de las bulas conservadas en el convento de Mosén Rubí.   &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&#039;&#039;[20]&#039;&#039; Por “del”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&#039;&#039;[21]&#039;&#039; Al margen: “súplica”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&#039;&#039;[22]&#039;&#039; Al margen: “N…”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&#039;&#039;[23]&#039;&#039; Al margen “N.”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&#039;&#039;[24]&#039;&#039; Pío V fue Papa desde 1566 hasta su muerte en 1572, fue beatificado por el Papa Clemente X en 1672 y finalmente canonizado por Clemente XI en 1712. Es la única instancia donde aparece el nombre del papa con número romano, pero se regulariza a “Pío Quinto” para mostrar coherencia con los demás casos. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&#039;&#039;[25]&#039;&#039; Al margen: “chron./ orni”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&#039;&#039;[26]&#039;&#039; El Padre Azcona testifica en el cuarto proceso de Sor María y tenía buena reputación y estima entre las religiosas de Aldeanueva.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&#039;&#039;[27]&#039;&#039; Al margen: “Milagros/ del Santo Christo/ de las Ba/ tallas”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&#039;&#039;[28]&#039;&#039; Estas palabras del Cristo aparecen subrayadas, quizá para darle más valor e importancia a su significado.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&#039;&#039;[29]&#039;&#039; María de Cazalla, líder alumbrada. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&#039;&#039;[30]&#039;&#039; Por “tamajo”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&#039;&#039;[31]&#039;&#039; Es decir: “apropiadísimas”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&#039;&#039;[32]&#039;&#039; Se especifica aquí que Juan de Azcona era confesor de Sor María antes de su muerte. También se conoce que entre 1509 y 1511, Fray Antonio de la Peña y Fray Diego de Vitoria actuaban como confesores de Sor María y de Vitoria lo continuaría siendo. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&#039;&#039;[33]&#039;&#039; Al margen: “Venerable madre Sor/ María de la Asump/c[i]ón, hermana de la/ fundadora…”: esta es la misma María que aparece en el folio 4v, a la cual, junto a la madre María de los Santos, se las califica de cofundadoras del convento de Aldeanueva, por lo que se elige a la segunda hermana como nueva priora del convento tras la muerte de su hermana mayor. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&#039;&#039;[34] Esta información sobre María de San Cristóbal no aparece en el relato del siglo XVII y de 1709, en ambas se especifica que la sucesora de María de Santo Domingo fue su hermana [[María de la Asunción]].&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&#039;&#039;[35]&#039;&#039; Como su hermana mayor, [[María de la Asunción]] era asediada por el demonio.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&#039;&#039;[36]&#039;&#039; [[María de la Asunción]] fue objeto de persecuciones provocadas por sus hermanas, que la enfrentaron con los prelados de la orden. Sor María de Santo Domingo también tuvo conflictos con sus hermanas en el convento de Santa Catalina en Ávila por “discrepancias con otras religiosas o persecuciones de las que era objeto” (José Manuel Blecua ed., &#039;&#039;El libro de la oración de Sor María de Santo Domingo&#039;&#039;, Madrid: Hauser y Menet, 1948, p. 3.)&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&#039;&#039;[37]&#039;&#039; Al margen: “Privilegio/ del agua”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&#039;&#039;[38]&#039;&#039; Al margen: “trigo y acei/ te que da la/ casa de Alba”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&#039;&#039;[39]&#039;&#039; Al margen: “Primer Pa/ trono…”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&#039;&#039;[40]&#039;&#039; Al margen: “Tercera hermana/ de la fundadora”, es decir, María de los Santos, pero se empieza a hablar de ella al final del folio. Aquí se explica la muerte de su hermana, [[María de la Asunción]].&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&#039;&#039;[41]&#039;&#039; Se refiere a la reedificación del convento después del incendio que ocurrió en el año 1565 y que se incluye en los fols. 13v-15r. El incendio sucedió mucho después de la muerte de Sor María, pero sus dos hermanas aún estaban vivas, como se muestra en el texto, y [[María de la Asunción]] era entonces priora del convento. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&#039;&#039;[42]&#039;&#039; A este libro antiguo hay varias referencias en el  texto. Lo que sí que es cierto es que esta información del libro antiguo coincide tanto con el manuscrito del XVII como con la copia de 1709, ya que ambas hacen referencia al entierro de María de los Santos con sus hermanas, en la puerta del refectorio y con una piedra labrada encima de la sepultura.&lt;/div&gt;</summary>
		<author><name>Anaritasoares</name></author>
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		<title>María de Santispiritus</title>
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		<summary type="html">&lt;p&gt;Anaritasoares: &lt;/p&gt;
&lt;hr /&gt;
&lt;div&gt;[[Category:Santas_Dominicas]]&lt;br /&gt;
[[Category:Sevilla]]&lt;br /&gt;
[[Category:Juan_López]]&lt;br /&gt;
[[Archivo:Logo CSV letras(8) DianaSanmartin.jpg|derecha|María de Santispiritus|link=]]&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
{| class=&amp;quot;wikitable&amp;quot;&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Nombre || María de Santispiritus&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Orden || [http://catalogodesantasvivas.visionarias.es/index.php/Categor%C3%ADa:Santas_Dominicas Dominicas]&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Títulos || Monja del Monasterio de Santa María de Gracia de Sevilla&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Fecha de nacimiento || ¿Finales del s. XV?&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Fecha de fallecimiento|| ¿Primera mitad del siglo XVI?&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Lugar de fallecimiento|| [http://catalogodesantasvivas.visionarias.es/index.php/Categor%C3%ADa:Sevilla Sevilla]&lt;br /&gt;
|}&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
= Vida impresa=&lt;br /&gt;
Ed. de [https://visionarias.es/equipo/veronica-torres-martin// Verónica Torres Martín]; fecha de edición: mayo de 2026.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
== Fuente ==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[[Archivo:Juan_López_1615.jpg|miniatura|250px|right| Juan López, 1615. &#039;&#039;Quarta parte de la historia general de Santo Domingo, y de su orden de predicadores&#039;&#039;. Valladolid: Francisco Fernández de Córdoba. (Fuente: Imagen propiedad de la Universidad Complutense de Madrid. CC BY 4.0 [Digitalizado por Google]).]]&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
* [http://catalogodesantasvivas.visionarias.es/index.php/Categor%C3%ADa:Juan_López López, Juan], 1615. “Libro primero de la quarta parte de la historia de Santo Domingo y de su orden”, &#039;&#039;Quarta parte de la historia general de Santo Domingo, y de su orden de predicadores&#039;&#039;. Valladolid: Francisco Fernández de Córdoba, 143.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[[Contexto material del impreso Quarta parte de la historia general de Santo Domingo, y de su orden de predicadores]]&#039;&#039;.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
== Criterios de edición ==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Se han adoptado los criterios de edición de vidas impresas estipulados en el catálogo, esto es, se han eliminado las consonantes geminadas y se ha modernizado la ortografía (sibilantes, b/u/v, j/g, chr/cr, qu/cu, empleo de h, etc.). Se mantiene el uso del paréntesis para indicar observaciones digresivas según el original. Además, se han ajustado a los criterios actuales del español la unión y separación de palabras (“desta”, “deste”, etc.), el uso de mayúsculas y minúsculas, la acentuación y la puntuación. Asimismo, se han expandido las abreviaturas.  &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==Vida de María de Santispiritus==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[143] &#039;&#039;&#039;Capítulo XLVII&#039;&#039;&#039;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&#039;&#039;&#039;Adonde se prosigue la materia del capítulo pasado&#039;&#039;&#039;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[…]&lt;br /&gt;
La madre María de Santispiritus, mujer muy noble, fue penitentísima. Tuvo enfermedades muy graves y, en ellas, vivió con muy grande observancia y en el silencio la tenía muy particular en todo tiempo, y más en Adviento y Cuaresma, que, aunque se le ofrecían ocasiones de importancia, la guarda del silencio era para ella la mayor. Su oración fue tan perseverante que de noche y de día estaba en el coro y, cuando las enfermedades no daban lugar para eso, de su pobre cama hacía oratorio. Y como si las enfermedades siendo graves no bastaran por penitencia, ponía en las vigas unos cordeles y de ellos se asía y estaba como crucificada toda la noche y tiempo que entendía que no la podían ver. &lt;br /&gt;
Un viernes de Cuaresma considerando la Pasión del Señor, llevada de unos fervorosos deseos de padecer por quien se había puesto en cruz y juntamente por experimentar algo de lo mucho que las almas padecen en el purgatorio, con una vela se quemó e hizo en su cuerpo treinta y cuatro llagas tan crueles que parecía que estaban ya canceradas. Padeció mucho tiempo dolores crueles con tan gran paciencia que admiraba a todos, y más a los cirujanos que la curaban. En esta y otras grandes enfermedades traía sin que se echase de ver una túnica muy estrecha de jerga, de la más basta que las monjas usaban, y con esto un cilicio y una cadena. Sus ayunos eran continuos y tanta su abstinencia y mortificación que, en la comida, que era muy poca, aunque fuese solo pan, lo mezclaba con alguna cosa amarga, y esto fue siempre (aunque las enfermedades la agravasen mucho). Murió de setenta y dos años; era tan humilde que, cuando la pedían las religiosas que se acordase de ella cuando se viese en el Cielo, respondía: “A un reo que ha de ser juzgado se encomiendan y piden oraciones”.&lt;/div&gt;</summary>
		<author><name>Anaritasoares</name></author>
	</entry>
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		<id>https://catalogodesantasvivas.visionarias.es/index.php?title=Mar%C3%ADa_de_Santa_Paula&amp;diff=713145</id>
		<title>María de Santa Paula</title>
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		<summary type="html">&lt;p&gt;Anaritasoares: &lt;/p&gt;
&lt;hr /&gt;
&lt;div&gt;[[Category:Santas_Dominicas]]&lt;br /&gt;
[[Category:Ávila]]&lt;br /&gt;
[[Archivo:Logo CSV letras(9) DianaSanmartin.jpg|derecha|María de Santa Paula|link=]]&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
{| class=&amp;quot;wikitable&amp;quot;&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Nombre || María de Santa Paula&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Orden || [http://catalogodesantasvivas.visionarias.es/index.php/Categor%C3%ADa:Santas_Dominicas Dominicas]&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Títulos || Monja del convento de Aldeanueva, Ávila&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Fecha de fallecimiento|| Primera mitad del XVI&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Lugar de fallecimiento|| Aldeanueva, [http://catalogodesantasvivas.visionarias.es/index.php/Categor%C3%ADa:Ávila Ávila]&lt;br /&gt;
|}&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
= Vida manuscrita=&lt;br /&gt;
Ed. de [http://visionarias.es/equipo/barbara-arango-serrano// Bárbara Arango Serrano]; fecha de edición: noviembre de 2025.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
== Fuente ==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
* “Fundación de este convento”, en &#039;&#039;Libro de becerro adonde están asentados todos los propios, y rentas, de beneficios…, el qual se hizo en el mes de junio, año de 1721&#039;&#039;, fols. 12v-13r. Ms. del Archivo Histórico Nacional, secc. Clero, libro Becerro, sig. 445, Aldeanueva de las Monjas.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[[Contexto material del manuscrito Libro de becerro]] &#039;&#039;adonde están asentados todos los propios, y rentas, de beneficios…, el qual se hizo en el mes de junio&#039;&#039;, año de 1721.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
== Criterios de edición ==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El &#039;&#039;Libro de becerro&#039;&#039; de donde se extrae esta vida es un manuscrito datado en 1721 que incluye una copia del original de la segunda relación de la fundación de Aldeanueva, de 1709 (el original podría ser un manuscrito que se conserva en el monasterio de Mosén Rubí, de Ávila, un poco deteriorado, con la misma relación de la fundación). Por esta razón, esta copia de la segunda relación se moderniza en puntuación y ortografía de acuerdo con los criterios actuales y siguiendo en general las normas de edición de vidas impresas. Es decir, se ha intentado que la modernización gráfica de este texto no suponga una importante pérdida de los valores fonéticos, léxicos y sintácticos de la época en cuestión. Por ello, se modernizan sibilantes, la alternancia b/v, i/y, qu/cu, empleo de la h, simplificación de consonantes geminadas, etc. Se contraen a el, de el, excepto cuando el artículo es parte del nombre de una comarca y no se desarrollan las abreviaturas de los títulos si solo aparecen con las iniciales.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Esta segunda relación de la fundación de Aldeanueva se contiene también en un manuscrito del monasterio de Mosén Rubí, como se ha señalado (seguramente la original, en todo caso también del siglo XVIII), y en otra copia moderna de hacia 1923 o 1928 conservada en el convento susodicho.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==Vida de María de Santa Paula==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[12v] […] Otra religiosa, llamada sor María de Santa Paula &#039;&#039;[1]&#039;&#039;, que sus obras conformaban con el nombre, era muy enferma de lo ojos y cabeza, y así padeció mucho con muy gran paciencia, pero con todos sus trabajos acudía al coro como todas las demás, sin tomar licencia con estos achaques para sentarse en el coro. Ayunaba de ordinario, era muy rezadora, de mucha oración, tanto que, de día, de noche y a cualquier hora, la hallaban rezando. Dábase muchas disciplinas, acudía a las enfermas con mucha humildad, su vivienda era debajo de una escalera junto al coro, jamás hablaba palabra y, cuando la hablaban, respondía: “Ave María gracia plena”, y otras veces: “Bendita sea la [13r] Pasión de Nuestro Señor Jesucristo”, otras: “Loado sea el nombre de Jesús”. Cuando en alguna conversación trataban de las religiosas, decía luego: “Hablemos en la Pasión de Jesucristo”, y luego con muchas lágrimas trataba y hablaba de ella. Jamás se enfadó, ni injurió, ni agravió de nadie, aunque la afrentasen, y si alguna vez la injuriaban, respondía: “Sea por amor de Dios”. Era muy pobre y, de lo que su labor granjeaba, todo lo aplicaba para el culto divino y para dar a los pobres, sin acudir a sus necesidades, y así murió, como una santa. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
===Notas===&lt;br /&gt;
&#039;&#039;[1]&#039;&#039; En el margen izquierdo se lee: “Sor María de Santa Paula”.&lt;/div&gt;</summary>
		<author><name>Anaritasoares</name></author>
	</entry>
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		<id>https://catalogodesantasvivas.visionarias.es/index.php?title=Mar%C3%ADa_de_Santa_Luc%C3%ADa&amp;diff=713144</id>
		<title>María de Santa Lucía</title>
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		<updated>2026-09-02T15:41:38Z</updated>

		<summary type="html">&lt;p&gt;Anaritasoares: &lt;/p&gt;
&lt;hr /&gt;
&lt;div&gt;[[Category:Santas_Dominicas]]&lt;br /&gt;
[[Category:Sevilla]]&lt;br /&gt;
[[Category:Juan_López]]&lt;br /&gt;
[[Archivo:Logo CSV letras(7) DianaSanmartin.jpg|derecha|María de Santa Lucía|link=]]&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
{| class=&amp;quot;wikitable&amp;quot;&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Nombre || María de Santa Lucía&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Orden || [http://catalogodesantasvivas.visionarias.es/index.php/Categor%C3%ADa:Santas_Dominicas Dominicas]&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Títulos || Monja del Monasterio de Santa María de Gracia de Sevilla&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Fecha de nacimiento || ¿Finales del s. XV?&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Fecha de fallecimiento|| ¿Primera mitad del siglo XVI?&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Lugar de fallecimiento|| [http://catalogodesantasvivas.visionarias.es/index.php/Categor%C3%ADa:Sevilla Sevilla]&lt;br /&gt;
|}&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
= Vida impresa=&lt;br /&gt;
Ed. de [https://visionarias.es/equipo/veronica-torres-martin// Verónica Torres Martín]; fecha de edición: mayo de 2026.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
== Fuente ==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[[Archivo:Juan_López_1615.jpg|miniatura|250px|right| Juan López, 1615. &#039;&#039;Quarta parte de la historia general de Santo Domingo, y de su orden de predicadores&#039;&#039;. Valladolid: Francisco Fernández de Córdoba. (Fuente: Imagen propiedad de la Universidad Complutense de Madrid. CC BY 4.0 [Digitalizado por Google]).]]&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
* [http://catalogodesantasvivas.visionarias.es/index.php/Categor%C3%ADa:Juan_López López, Juan], 1615. “Libro primero de la quarta parte de la historia de Santo Domingo y de su orden”, &#039;&#039;Quarta parte de la historia general de Santo Domingo, y de su orden de predicadores&#039;&#039;. Valladolid: Francisco Fernández de Córdoba, 146.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[[Contexto material del impreso Quarta parte de la historia general de Santo Domingo, y de su orden de predicadores]]&#039;&#039;.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
== Criterios de edición ==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Se han adoptado los criterios de edición de vidas impresas estipulados en el catálogo, esto es, se han eliminado las consonantes geminadas y se ha modernizado la ortografía (sibilantes, b/u/v, j/g, chr/cr, qu/cu, empleo de h, etc.). Se mantiene el uso del paréntesis para indicar observaciones digresivas según el original. Además, se han ajustado a los criterios actuales del español la unión y separación de palabras (“desta”, “deste”, etc.), el uso de mayúsculas y minúsculas, la acentuación y la puntuación. Asimismo, se han expandido las abreviaturas.  &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==Vida de María de Santa Lucía==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[143] &#039;&#039;&#039;Capítulo XLVII&#039;&#039;&#039;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&#039;&#039;&#039;Adonde se prosigue la materia del capítulo pasado&#039;&#039;&#039;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[…]&lt;br /&gt;
[146] La madre María de Santa Lucía tomó el hábito siendo de veinte y dos años. Vivió solos dos en la religión, pero luciéronsele como si hubiera vivido muchos, que, como es maldito el que teniendo cien años merece el nombre de niño, el justo en muy pocos tiene canas y llega a la perfección, que se tuviera en mucho alcanzarla después de muy largos ejercicios. En entrando en la orden la sierva de Dios Lucía, se dio a la oración de manera que en este ejercicio empleaba noches y días. Y, como en ella la daba el Señor un alto conocimiento de su grandeza, vueltos los ojos a sí misma, no echaba de ver sino cosas que la humillasen. Ocupábase con particular alegría en todos los oficios bajos. En los trabajos y en las ocasiones que se ofrecían para tenerla en poco era su singular consuelo. Respondió a sus santos ejercicios una dichosa muerte. Visitola el bienaventurado santo Domingo, con que quedó regocijadísima y diciendo mil lindezas a un Cristo crucificado y, besando con grandísima devoción sus santísimas llagas, espiró.&lt;/div&gt;</summary>
		<author><name>Anaritasoares</name></author>
	</entry>
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		<id>https://catalogodesantasvivas.visionarias.es/index.php?title=Mar%C3%ADa_de_Santa_Elena&amp;diff=713143</id>
		<title>María de Santa Elena</title>
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		<updated>2026-09-02T15:41:31Z</updated>

		<summary type="html">&lt;p&gt;Anaritasoares: &lt;/p&gt;
&lt;hr /&gt;
&lt;div&gt;[[Category:Santas_Dominicas]]&lt;br /&gt;
[[Category:Sevilla]]&lt;br /&gt;
[[Category:Juan_López]]&lt;br /&gt;
[[Archivo:Logo CSV letras(6) DianaSanmartin.jpg|derecha|María de Santa Elena|link=]]&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
{| class=&amp;quot;wikitable&amp;quot;&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Nombre || María de Santa Elena&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Orden || [http://catalogodesantasvivas.visionarias.es/index.php/Categor%C3%ADa:Santas_Dominicas Dominicas]&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Títulos || Fundadora del Monasterio de Santa María de Gracia de Sevilla&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Fecha de nacimiento || ¿Finales del s. XV?&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Fecha de fallecimiento|| ¿Segunda mitad del s. XVI?&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Lugar de fallecimiento|| [http://catalogodesantasvivas.visionarias.es/index.php/Categor%C3%ADa:Sevilla Sevilla]&lt;br /&gt;
|}&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
= Vida impresa=&lt;br /&gt;
Ed. de [https://visionarias.es/equipo/veronica-torres-martin// Verónica Torres Martín]; fecha de edición: mayo de 2026.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
== Fuente ==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[[Archivo:Juan_López_1615.jpg|miniatura|250px|right| Juan López, 1615. &#039;&#039;Quarta parte de la historia general de Santo Domingo, y de su orden de predicadores&#039;&#039;. Valladolid: Francisco Fernández de Córdoba. (Fuente: Imagen propiedad de la Universidad Complutense de Madrid. CC BY 4.0 [Digitalizado por Google]).]]&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
* [http://catalogodesantasvivas.visionarias.es/index.php/Categor%C3%ADa:Juan_López López, Juan], 1615. “Libro primero de la quarta parte de la historia de Santo Domingo y de su orden”, &#039;&#039;Quarta parte de la historia general de Santo Domingo, y de su orden de predicadores&#039;&#039;. Valladolid: Francisco Fernández de Córdoba, 141.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[[Contexto material del impreso Quarta parte de la historia general de Santo Domingo, y de su orden de predicadores]]&#039;&#039;.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
== Criterios de edición ==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Se han adoptado los criterios de edición de vidas impresas estipulados en el catálogo, esto es, se han eliminado las consonantes geminadas y se ha modernizado la ortografía (sibilantes, b/u/v, j/g, chr/cr, qu/cu, empleo de h, etc.). Se mantiene el uso del paréntesis para indicar observaciones digresivas según el original. Además, se han ajustado a los criterios actuales del español la unión y separación de palabras (“desta”, “deste”, etc.), el uso de mayúsculas y minúsculas, la acentuación y la puntuación. Asimismo, se han expandido las abreviaturas.   &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==Vida de María de Santa Elena==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[138] &#039;&#039;&#039;Capítulo XLVI&#039;&#039;&#039;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&#039;&#039;&#039;De algunas otras siervas de Dios del dicho monasterio&#039;&#039;&#039;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[…]&lt;br /&gt;
[141] La madre María de Santa Elena fue una de las fundadoras de esta casa; murió de mucha edad, habiendo empleado la vida en santos ejercicios. Señalose mucho en el seguimiento de la comunidad (que no es pequeña penitencia y virtud cumplir con esta obligación). Tenía casi noventa años y, en esa edad, se levantaba siempre a maitines a medianoche y luego a prima y a las demás horas. Desde que tomó el hábito, jamás se acostó en cama. El rigor del coro, refectorio y de la casa de labor era tan continuo como si tuviera treinta años. Era devotísima de la Pasión del Señor, de su santísima Madre, de los santos mártires inocentes, de las once mil vírgines [&#039;&#039;sic&#039;&#039;], de los diez mil mártires, etc. A las vírgines rezaba once mil &#039;&#039;Pater Noster&#039;&#039; cada año. A los santos inocentes ciento y cuarenta y cuatro mil. Y a san Acacio y sus compañeros los diez mil mártires, diez mil &#039;&#039;Pater Noster&#039;&#039;. Era muy devota de san Simón y Judas y, algunos días antes que muriese, preguntó cuándo era su fiesta, dijéronla que el miércoles adelante, y respondió: “Ese día iremos”. Y así fue que, acabada la misa mayor, llamaron al convento que se hallase al tránsito de la sierva de Dios, entraron las monjas y vieron grandísimo resplandor sobre su cama. De los sucesos en las últimas enfermedades de todas las siervas de Dios, de quien hará mención la historia, dieron testimonio las monjas todas que, conforme al uso de la orden, se hallaron presentes.&lt;/div&gt;</summary>
		<author><name>Anaritasoares</name></author>
	</entry>
	<entry>
		<id>https://catalogodesantasvivas.visionarias.es/index.php?title=Mar%C3%ADa_de_Santa_Cruz_(2)&amp;diff=713142</id>
		<title>María de Santa Cruz (2)</title>
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		<updated>2026-09-02T15:41:24Z</updated>

		<summary type="html">&lt;p&gt;Anaritasoares: &lt;/p&gt;
&lt;hr /&gt;
&lt;div&gt;[[Category:Santas_Dominicas]]&lt;br /&gt;
[[Category:Ávila]]&lt;br /&gt;
[[Archivo:Logo CSV letras(4) DianaSanmartin.jpg|derecha|María de Santa Cruz|link=]]&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
{| class=&amp;quot;wikitable&amp;quot;&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Nombre || María de Santa Cruz&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Orden || [http://catalogodesantasvivas.visionarias.es/index.php/Categor%C3%ADa:Santas_Dominicas Dominicas]&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Títulos || Priora del convento de Aldeanueva, Ávila&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Fecha de nacimiento || Hacia finales del siglo XV&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Fecha de fallecimiento|| Hacia mediados del siglo XVI&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Lugar de nacimiento ||[http://catalogodesantasvivas.visionarias.es/index.php/Categor%C3%ADa:Ávila Ávila]&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Lugar de fallecimiento|| Aldeanueva, [http://catalogodesantasvivas.visionarias.es/index.php/Categor%C3%ADa:Ávila Ávila]&lt;br /&gt;
|}&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
= Vida manuscrita=&lt;br /&gt;
Ed. de [http://visionarias.es/equipo/barbara-arango-serrano// Bárbara Arango Serrano]; fecha de edición: noviembre de 2025.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
== Fuente ==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
* “Fundación de este convento”, en &#039;&#039;Libro de becerro adonde están asentados todos los propios, y rentas, de beneficios…, el qual se hizo en el mes de junio, año de 1721&#039;&#039;, fol. 15r. Ms. del Archivo Histórico Nacional, secc. Clero, libro Becerro, sig. 445, Aldeanueva de las Monjas.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[[Contexto material del manuscrito Libro de becerro]] &#039;&#039;adonde están asentados todos los propios, y rentas, de beneficios…, el qual se hizo en el mes de junio&#039;&#039;, año de 1721.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
== Criterios de edición ==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El &#039;&#039;Libro de becerro&#039;&#039; de donde se extrae esta vida es un manuscrito datado en 1721 que incluye una copia del original de la segunda relación de la fundación de Aldeanueva, de 1709 (el original podría ser un manuscrito que se conserva en el monasterio de Mosén Rubí, de Ávila, un poco deteriorado, con la misma relación de la fundación). Por esta razón, esta copia de la segunda relación se moderniza en puntuación y ortografía de acuerdo con los criterios actuales y siguiendo en general las normas de edición de vidas impresas. Es decir, se ha intentado que la modernización gráfica de este texto no suponga una importante pérdida de los valores fonéticos, léxicos y sintácticos de la época en cuestión. Por ello, se modernizan sibilantes, la alternancia b/v, i/y, qu/cu, empleo de la h, simplificación de consonantes geminadas, etc. Se contraen a el, de el, excepto cuando el artículo es parte del nombre de una comarca y no se desarrollan las abreviaturas de los títulos si solo aparecen con las iniciales.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Esta segunda relación de la fundación de Aldeanueva se contiene también en un manuscrito del monasterio de Mosén Rubí, como se ha señalado (seguramente la original, en todo caso también del siglo XVIII), y en otra copia moderna de hacia 1923 o 1928 conservada en el convento susodicho.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==Vida de María de Santa Cruz==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[15r] […] Asimismo tuvo este convento por priora a la madre María de Santa Cruz, que también &#039;&#039;[1]&#039;&#039; fue de las primeras fundadoras, y así siempre observó el espíritu y caridad con que se había fundado este convento. Fue persona muy principal, natural de la ciudad de Ávila, de los Cimbrones y Osorios. En su persona era rígida y áspera en ayunos y disciplinas, muy dada a la oración, siendo siempre la primera que asistía a todo lo que era del servicio de Dios y aumento de la religión, procurando fuese en todo muy adelante, y así juntando con esto la providencia y cordura prudente que tenía. La hicieron muchas veces priora y su muerte fue conforme su vida. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
===Notas===&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&#039;&#039;[1]&#039;&#039; En el margen derecho se lee: “La madre María de Santa Cruz fue de las primeras fundadoras, natural de Ávila, de los Cimbrones y Osorios, y priora ejemplar”.&lt;/div&gt;</summary>
		<author><name>Anaritasoares</name></author>
	</entry>
	<entry>
		<id>https://catalogodesantasvivas.visionarias.es/index.php?title=Mar%C3%ADa_de_Santa_Cristina&amp;diff=713141</id>
		<title>María de Santa Cristina</title>
		<link rel="alternate" type="text/html" href="https://catalogodesantasvivas.visionarias.es/index.php?title=Mar%C3%ADa_de_Santa_Cristina&amp;diff=713141"/>
		<updated>2026-09-02T15:41:18Z</updated>

		<summary type="html">&lt;p&gt;Anaritasoares: &lt;/p&gt;
&lt;hr /&gt;
&lt;div&gt;[[Category:Santas_Dominicas]]&lt;br /&gt;
[[Category:Sevilla]]&lt;br /&gt;
[[Category:Juan_López]]&lt;br /&gt;
[[Archivo:Logo CSV letras(9) DianaSanmartin.jpg|derecha|María de Santa Cristina|link=]]&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
{| class=&amp;quot;wikitable&amp;quot;&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Nombre || María de Santa Cristina&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Orden || [http://catalogodesantasvivas.visionarias.es/index.php/Categor%C3%ADa:Santas_Dominicas Dominicas]&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Títulos || Monja del Monasterio de Santa María de Gracia de Sevilla&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Fecha de nacimiento || ¿Finales del s. XV?&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Fecha de fallecimiento|| ¿Primera mitad del siglo XVI?&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Lugar de fallecimiento|| [http://catalogodesantasvivas.visionarias.es/index.php/Categor%C3%ADa:Sevilla Sevilla]&lt;br /&gt;
|}&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
= Vida impresa=&lt;br /&gt;
Ed. de [https://visionarias.es/equipo/veronica-torres-martin// Verónica Torres Martín]; fecha de edición: mayo de 2026.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
== Fuente ==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[[Archivo:Juan_López_1615.jpg|miniatura|250px|right| Juan López, 1615. &#039;&#039;Quarta parte de la historia general de Santo Domingo, y de su orden de predicadores&#039;&#039;. Valladolid: Francisco Fernández de Córdoba. (Fuente: Imagen propiedad de la Universidad Complutense de Madrid. CC BY 4.0 [Digitalizado por Google]).]]&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
* [http://catalogodesantasvivas.visionarias.es/index.php/Categor%C3%ADa:Juan_López López, Juan], 1615. “Libro primero de la quarta parte de la historia de Santo Domingo y de su orden”, &#039;&#039;Quarta parte de la historia general de Santo Domingo, y de su orden de predicadores&#039;&#039;. Valladolid: Francisco Fernández de Córdoba, 143-144.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[[Contexto material del impreso Quarta parte de la historia general de Santo Domingo, y de su orden de predicadores]]&#039;&#039;.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
== Criterios de edición ==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Se han adoptado los criterios de edición de vidas impresas estipulados en el catálogo, esto es, se han eliminado las consonantes geminadas y se ha modernizado la ortografía (sibilantes, b/u/v, j/g, chr/cr, qu/cu, empleo de h, etc.). Se mantiene el uso del paréntesis para indicar observaciones digresivas según el original. Además, se han ajustado a los criterios actuales del español la unión y separación de palabras (“desta”, “deste”, etc.), el uso de mayúsculas y minúsculas, la acentuación y la puntuación. Asimismo, se han expandido las abreviaturas. Por último, se corrigen los casos de laísmo y leísmo presentes en el texto. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==Vida de María de Santa Cristina==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[143] &#039;&#039;&#039;Capítulo XLVII&#039;&#039;&#039;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&#039;&#039;&#039;Adonde se prosigue la materia del capítulo pasado&#039;&#039;&#039;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[…]&lt;br /&gt;
La madre María de Santa Cristina, siendo [144] &#039;&#039;[1]&#039;&#039; seglar sin tener inclinación de ser religiosa, era muy amiga de galas y de entretenimientos. No eran los desórdenes de manera y el olvido tan grande que en medio de estos gustos no suplicase a la Santa Virgen del Rosario la encaminase al estado en el cual la sirviese más. Estando un día en la Iglesia de San Pablo de Sevilla puesta de rodillas en presencia de la imagen de Nuestra Señora del Rosario, continuando su petición ordinaria, la imagen le dijo que fuese monja en Santa María de Gracia. Luego lo puso por obra y tomó el hábito con mucho contento, devoción y lágrimas, muy resuelta en no perder punto en el cumplimiento de todas las cosas de su estado; y lo que propuso el primer día lo cumplió toda la vida. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Era su caridad muy grande, compadecíase mucho de las necesidades y trabajos de sus hermanos (que solía decir con mucho sentimiento que, si pudiera librarlos del trabajo en que estaban, aunque fuera padeciendo ella todas las penas del purgatorio, las recibiera en razón de ver consolados a sus hermanos) &#039;&#039;[2]&#039;&#039;. Fue su humildad tan grande y el deseo con que vivía de ser tenida en poco tan particular que deseaba ser maltratada. Y el día que no se le ofrecía ocasión de mortificación estaba triste. Una vez, pasando por el dormitorio acertó a escupir una monja y diola en el rostro. Afligiose mucho la religiosa, pidiola perdón y respondió con mucha humildad que dónde podía escupir mejor que en su cara, y esto con grande alegría. En el cumplimiento de las constituciones tuvo gran cuidado, y más en el silencio en que vivía con tan gran recato que, si podía responder por señas a lo que le decían, no hablaba. Fue grandísima su abstinencia, los más días no comía cosa de importancia, por dar la ración a los pobres. Su oración y lágrimas fueron don particular del cielo. Toda la noche y el día gastaba en este ejercicio. Trató tan rigurosamente su persona que, siendo de treinta años, murió. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
===Notas===&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&#039;&#039;[1]&#039;&#039; Al margen izquierdo: Año de 1524.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&#039;&#039;[2]&#039;&#039; Se añade el paréntesis de cierre, que no aparece en el original.&lt;/div&gt;</summary>
		<author><name>Anaritasoares</name></author>
	</entry>
	<entry>
		<id>https://catalogodesantasvivas.visionarias.es/index.php?title=Mar%C3%ADa_de_Santa_Catalina_de_Sena&amp;diff=713140</id>
		<title>María de Santa Catalina de Sena</title>
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		<updated>2026-09-02T15:41:12Z</updated>

		<summary type="html">&lt;p&gt;Anaritasoares: &lt;/p&gt;
&lt;hr /&gt;
&lt;div&gt;[[Category:Santas_Dominicas]]&lt;br /&gt;
[[Category:Sevilla]]&lt;br /&gt;
[[Category:Juan_López]]&lt;br /&gt;
[[Archivo:Logo CSV letras(3) DianaSanmartin.jpg|derecha|María de Santa Catalina de Sena|link=]]&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
{| class=&amp;quot;wikitable&amp;quot;&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Nombre || María de Santa Catalina de Sena&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Orden || [http://catalogodesantasvivas.visionarias.es/index.php/Categor%C3%ADa:Santas_Dominicas Dominicas]&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Títulos || Monja del Monasterio de Santa María de Gracia de Sevilla&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Fecha de nacimiento || ¿Finales del s. XV?&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Fecha de fallecimiento|| ¿Primera mitad del siglo XVI?&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Lugar de fallecimiento|| [http://catalogodesantasvivas.visionarias.es/index.php/Categor%C3%ADa:Sevilla Sevilla]&lt;br /&gt;
|}&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
= Vida impresa=&lt;br /&gt;
Ed. de [https://visionarias.es/equipo/veronica-torres-martin// Verónica Torres Martín]; fecha de edición: mayo de 2026.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
== Fuente ==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[[Archivo:Juan_López_1615.jpg|miniatura|250px|right| Juan López, 1615. &#039;&#039;Quarta parte de la historia general de Santo Domingo, y de su orden de predicadores&#039;&#039;. Valladolid: Francisco Fernández de Córdoba. (Fuente: Imagen propiedad de la Universidad Complutense de Madrid. CC BY 4.0 [Digitalizado por Google]).]]&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
* [http://catalogodesantasvivas.visionarias.es/index.php/Categor%C3%ADa:Juan_López López, Juan], 1615. “Libro primero de la quarta parte de la historia de Santo Domingo y de su orden”, &#039;&#039;Quarta parte de la historia general de Santo Domingo, y de su orden de predicadores&#039;&#039;. Valladolid: Francisco Fernández de Córdoba, 142.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[[Contexto material del impreso Quarta parte de la historia general de Santo Domingo, y de su orden de predicadores]]&#039;&#039;.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
== Criterios de edición ==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Se han adoptado los criterios de edición de vidas impresas estipulados en el catálogo, esto es, se han eliminado las consonantes geminadas y se ha modernizado la ortografía (sibilantes, b/u/v, j/g, chr/cr, qu/cu, empleo de h, etc.). Se mantiene el uso del paréntesis para indicar observaciones digresivas según el original. Además, se han ajustado a los criterios actuales del español la unión y separación de palabras (“desta”, “deste”, etc.), el uso de mayúsculas y minúsculas, la acentuación y la puntuación. Asimismo, se han expandido las abreviaturas. Por último, se corrigen los casos de laísmo y leísmo presentes en el texto. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==Vida de María de Santa Catalina de Sena==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[138] &#039;&#039;&#039;Capítulo XLVI&#039;&#039;&#039;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&#039;&#039;&#039;De algunas otras siervas de Dios del dicho monasterio&#039;&#039;&#039;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[…]&lt;br /&gt;
[142] La madre María de Santa Catalina de Sena fue muy humilde y muy pobre y tan alegre de serlo que, cuando faltaba alguna cosa, la pedía por amor de Dios. Y si le daban alguna limosna, la gastaba en misas. Decíanle que por qué no compraba lo que había menester, que con esto no andaría pidiendo. Respondía que el pobre siempre había de pedir por amor de Dios. Tuvo un zaratán muy penoso, hízosele una llaga, de la cual le salía mucha sangre. Era de mucha edificación la paciencia y alegría. Su alivio era, en tan penosa enfermedad, unas hojas frescas de llantén &#039;&#039;[1]&#039;&#039;. No le había en el convento, fuese a un patio empedrado y, a un lado de él, echó agua e hizo la señal de la cruz, y nació tanto que cubrió buena parte del patio. Tenía cuidado con regarlo cada día, hase conservado de manera que, habiendo veinte años que murió la sierva de Dios, ha habido tanto que sacan agua de él. Y, aunque muchas veces lo han arrancado de propósito, vuelve a nacer. En tan grave enfermedad jamás se le oyó a soror Catalina palabra de impaciencia, siempre alababa a Dios con mucha alegría. Era su ordinaria respuesta a todo lo que le decían: “Gracias a Dios”. De esta enfermedad murió con gran demostración de santidad. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
===Notas===&lt;br /&gt;
&#039;&#039;[1]&#039;&#039; Se trata de una planta medicinal.&lt;/div&gt;</summary>
		<author><name>Anaritasoares</name></author>
	</entry>
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		<id>https://catalogodesantasvivas.visionarias.es/index.php?title=Mar%C3%ADa_de_San_Marcos&amp;diff=713139</id>
		<title>María de San Marcos</title>
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		<updated>2026-09-02T15:41:05Z</updated>

		<summary type="html">&lt;p&gt;Anaritasoares: &lt;/p&gt;
&lt;hr /&gt;
&lt;div&gt;[[Category:Santas_Dominicas]]&lt;br /&gt;
[[Category:Sevilla]]&lt;br /&gt;
[[Category:Juan_López]]&lt;br /&gt;
[[Archivo:Logo CSV letras(2) DianaSanmartin.jpg|derecha|María de San Marcos|link=]]&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
{| class=&amp;quot;wikitable&amp;quot;&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Nombre || María de San Marcos&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Orden || [http://catalogodesantasvivas.visionarias.es/index.php/Categor%C3%ADa:Santas_Dominicas Dominicas]&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Títulos || Monja del Monasterio de Santa María de Gracia de Sevilla&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Fecha de nacimiento || ¿Finales del s. XV?&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Fecha de fallecimiento|| ¿Primera mitad del siglo XVI?&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Lugar de fallecimiento|| [http://catalogodesantasvivas.visionarias.es/index.php/Categor%C3%ADa:Sevilla Sevilla]&lt;br /&gt;
|}&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
= Vida impresa=&lt;br /&gt;
Ed. de [https://visionarias.es/equipo/veronica-torres-martin// Verónica Torres Martín]; fecha de edición: mayo de 2026.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
== Fuente ==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[[Archivo:Juan_López_1615.jpg|miniatura|250px|right| Juan López, 1615. &#039;&#039;Quarta parte de la historia general de Santo Domingo, y de su orden de predicadores&#039;&#039;. Valladolid: Francisco Fernández de Córdoba. (Fuente: Imagen propiedad de la Universidad Complutense de Madrid. CC BY 4.0 [Digitalizado por Google]).]]&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
* [http://catalogodesantasvivas.visionarias.es/index.php/Categor%C3%ADa:Juan_López López, Juan], 1615. “Libro primero de la quarta parte de la historia de Santo Domingo y de su orden”, &#039;&#039;Quarta parte de la historia general de Santo Domingo, y de su orden de predicadores&#039;&#039;. Valladolid: Francisco Fernández de Córdoba, 146-147.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[[Contexto material del impreso Quarta parte de la historia general de Santo Domingo, y de su orden de predicadores]]&#039;&#039;.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
== Criterios de edición ==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Se han adoptado los criterios de edición de vidas impresas estipulados en el catálogo, esto es, se han eliminado las consonantes geminadas y se ha modernizado la ortografía (sibilantes, b/u/v, j/g, chr/cr, qu/cu, empleo de h, etc.). Se mantiene el uso del paréntesis para indicar observaciones digresivas según el original. Además, se han ajustado a los criterios actuales del español la unión y separación de palabras (“desta”, “deste”, etc.), el uso de mayúsculas y minúsculas, la acentuación y la puntuación. Asimismo, se han expandido las abreviaturas. Por último, se subsanan los casos de laísmo y leísmo presentes en el texto. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==Vida de María de San Marcos==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[143] &#039;&#039;&#039;Capítulo XLVII&#039;&#039;&#039;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&#039;&#039;&#039;Adonde se prosigue la materia del capítulo pasado&#039;&#039;&#039;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[…]&lt;br /&gt;
[146] María de San Marcos fue religiosa de las que la orden llama legas. Poco después de haber tomado el hábito, la dio una enfermedad tan grave que perdió de todo punto la memoria y quedó en el estado que se puede entender de un niño recién nacido. Esta falta la tenía tan acabada que olvidó las oraciones que enseñan a los niños en la escuela, pero como la divina bondad no depende de palabras ni razones para hacer merced, viendo el alma y los afectos interiores de su sierva, dispuso las cosas de manera que una noche, día del Nacimiento de Nuestra Señora, estando en la enfermería acostada, vio en el aposento una grande claridad y, en ella, venía la imagen de la Virgen de la Consolación de la villa de Utrera con su santo Niño en los brazos. Con tan celestial visita cobró la memoria y, a grandes voces, hizo oración a la santa Virgen y comenzó a conocer a las monjas y nombrarlas por sus nombres (cosa que, en comenzando la enfermedad, con ella faltó el conocimiento de sus hermanas). Apareciole otra vez Nuestra Señora cuando se hallaba con entera salud y mandola que rezase cada día su santo rosario, y quien dio este orden le dio para reducir a la memoria las oraciones que tenía olvidadas. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
No sabía la religiosa leer ni escribir y, en las ocasiones que se ofrecían, decía cosas tan soberanas que, cuando salieran de la boca de un hombre muy bien enseñado, causaran admiración, y éralo grandísima ver eso en una religiosa lega (que siendo Dios el que en las lenguas de los niños pone sabiduría y discreción hizo eso en una monja que, acabando de cobrar la memoria, no tuvo otro maestro ni leyó otros libros, sino lo que Dios fue servido de comunicarle). Cuando la Virgen le dio salud, con esta merced le hizo otra sin comparación mayor, que fue avisarla del día en que había de morir, que sería dentro de dos años en la fiesta de la Natividad, y así fue. Con tan grandes favores y con tan particulares ayudas de costa vivía la buena religiosa trasformada en Dios que casi andaba siempre fuera de sí ocupada en altísimos pensamientos comunicados del Señor, que muchas veces tiene escondidos sus misterios a los que el mundo llama sabios y prudentes, comunicándolos a los que en opinión de estos tienen el entendimiento que se puede pensar de un niño acabado de nacer (en cumplimiento de lo que venido al mundo había prometido). Muchas cosas pudieran decir de esta sierva de Dios las monjas que la conocieron y trataron, que, por parecerles poco menos que increíbles, los callaron. Lo que de ella se dice es que fue grande imitadora de la [147] virgen santa Catalina de Sena, en que se dice más de lo que con un largo razonamiento se pudiera manifestar de sus virtudes, que cuando no se entiendan en la perfeción que la santa virgen les tuvo, su humildad, su penitencia, su caridad, su mortificación se parecieron algo a las grandezas que en santa Catalina Dios puso.&lt;/div&gt;</summary>
		<author><name>Anaritasoares</name></author>
	</entry>
	<entry>
		<id>https://catalogodesantasvivas.visionarias.es/index.php?title=Mar%C3%ADa_de_San_Jer%C3%B3nimo_(2)&amp;diff=713138</id>
		<title>María de San Jerónimo (2)</title>
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		<updated>2026-09-02T15:40:59Z</updated>

		<summary type="html">&lt;p&gt;Anaritasoares: &lt;/p&gt;
&lt;hr /&gt;
&lt;div&gt;[[Category:Santas_Dominicas]]&lt;br /&gt;
[[Category:Ávila]]&lt;br /&gt;
[[Archivo:Logo CSV letras(4) DianaSanmartin.jpg|derecha|Aldonza de Luna|link=]]&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
{| class=&amp;quot;wikitable&amp;quot;&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Nombre || María de San Jerónimo&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Orden || [http://catalogodesantasvivas.visionarias.es/index.php/Categor%C3%ADa:Santas_Dominicas Dominicas]&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Títulos || Priora del convento de Aldeanueva, Ávila&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Fecha de nacimiento || Hacia finales del siglo XV&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Fecha de fallecimiento|| Hacia mediados del siglo XVI&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Lugar de fallecimiento|| Aldeanueva, [http://catalogodesantasvivas.visionarias.es/index.php/Categor%C3%ADa:Ávila Ávila]&lt;br /&gt;
|}&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
= Vida manuscrita=&lt;br /&gt;
Ed. de [http://visionarias.es/equipo/barbara-arango-serrano// Bárbara Arango Serrano]; fecha de edición: noviembre de 2025.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
== Fuente ==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
* “Fundación de este convento”, en &#039;&#039;Libro de becerro adonde están asentados todos los propios, y rentas, de beneficios…, el qual se hizo en el mes de junio, año de 1721&#039;&#039;, fol. 11v. Ms. del Archivo Histórico Nacional, secc. Clero, libro Becerro, sig. 445, Aldeanueva de las Monjas.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[[Contexto material del manuscrito Libro de becerro]] &#039;&#039;adonde están asentados todos los propios, y rentas, de beneficios…, el qual se hizo en el mes de junio&#039;&#039;, año de 1721.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
== Criterios de edición ==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El &#039;&#039;Libro de becerro&#039;&#039; de donde se extrae esta vida es un manuscrito datado en 1721 que incluye una copia del original de la segunda relación de la fundación de Aldeanueva, de 1709 (el original podría ser un manuscrito que se conserva en el monasterio de Mosén Rubí, de Ávila, un poco deteriorado, con la misma relación de la fundación). Por esta razón, esta copia de la segunda relación se moderniza en puntuación y ortografía de acuerdo con los criterios actuales y siguiendo en general las normas de edición de vidas impresas. Es decir, se ha intentado que la modernización gráfica de este texto no suponga una importante pérdida de los valores fonéticos, léxicos y sintácticos de la época en cuestión. Por ello, se modernizan sibilantes, la alternancia b/v, i/y, qu/cu, empleo de la h, simplificación de consonantes geminadas, etc. Se contraen a el, de el, excepto cuando el artículo es parte del nombre de una comarca y no se desarrollan las abreviaturas de los títulos si solo aparecen con las iniciales.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Esta segunda relación de la fundación de Aldeanueva se contiene también en un manuscrito del monasterio de Mosén Rubí, como se ha señalado (seguramente la original, en todo caso también del siglo XVIII), y en otra copia moderna de hacia 1923 o 1928 conservada en el convento susodicho.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==Vida de María de San Jerónimo==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[11v] […] Asimismo se dice haber tenido este convento otra religiosa &#039;&#039;[1]&#039;&#039; llamada la madre María de San Jerónimo, hija de Don García de Toledo, señor de la Horcajada, que fue de mucha religión y muy ejemplar en el seguimiento regular de la comunidad. Hacía muchas limosnas y con la humildad que tenía tan grande era muy amable en su persona y muy acariciadora de las enfermas y pobres, procurando con su modo de vivir llevar adelante los buenos principios y loables costumbres en que se fundó este monasterio. Fue más de catorce años priora. Al cabo de su vida padeció muchas adversidades y sinrazones y, con la paciencia que tuvo, lo sufrió todo por Dios. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
===Notas===&lt;br /&gt;
&#039;&#039;[1]&#039;&#039; En el margen izquierdo se lee: “La madre María de san Jerónimo, hija de Don García de Toledo y de la Horcajada”.&lt;/div&gt;</summary>
		<author><name>Anaritasoares</name></author>
	</entry>
	<entry>
		<id>https://catalogodesantasvivas.visionarias.es/index.php?title=Mar%C3%ADa_de_San_Ildefonso_(3)&amp;diff=713137</id>
		<title>María de San Ildefonso (3)</title>
		<link rel="alternate" type="text/html" href="https://catalogodesantasvivas.visionarias.es/index.php?title=Mar%C3%ADa_de_San_Ildefonso_(3)&amp;diff=713137"/>
		<updated>2026-09-02T15:40:51Z</updated>

		<summary type="html">&lt;p&gt;Anaritasoares: &lt;/p&gt;
&lt;hr /&gt;
&lt;div&gt;[[Category:Santas_Dominicas]]&lt;br /&gt;
[[Category:Sevilla]]&lt;br /&gt;
[[Category:Juan_López]]&lt;br /&gt;
[[Archivo:Logo CSV letras(8) DianaSanmartin.jpg|derecha|María de San Ildefonso|link=]]&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
{| class=&amp;quot;wikitable&amp;quot;&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Nombre || María de San Ildefonso&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Orden || [http://catalogodesantasvivas.visionarias.es/index.php/Categor%C3%ADa:Santas_Dominicas Dominicas]&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Títulos || Monja del Monasterio de Santa María de Gracia de Sevilla&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Fecha de nacimiento || ¿Finales del s. XV?&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Fecha de fallecimiento|| ¿Mediados del siglo XVI?&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Lugar de fallecimiento|| [http://catalogodesantasvivas.visionarias.es/index.php/Categor%C3%ADa:Sevilla Sevilla]&lt;br /&gt;
|}&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
= Vida impresa=&lt;br /&gt;
Ed. de [https://visionarias.es/equipo/veronica-torres-martin// Verónica Torres Martín]; fecha de edición: mayo de 2026.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
== Fuente ==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[[Archivo:Juan_López_1615.jpg|miniatura|250px|right| Juan López, 1615. &#039;&#039;Quarta parte de la historia general de Santo Domingo, y de su orden de predicadores&#039;&#039;. Valladolid: Francisco Fernández de Córdoba. (Fuente: Imagen propiedad de la Universidad Complutense de Madrid. CC BY 4.0 [Digitalizado por Google]).]]&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
* [http://catalogodesantasvivas.visionarias.es/index.php/Categor%C3%ADa:Juan_López López, Juan], 1615. “Libro primero de la quarta parte de la historia de Santo Domingo y de su orden”, &#039;&#039;Quarta parte de la historia general de Santo Domingo, y de su orden de predicadores&#039;&#039;. Valladolid: Francisco Fernández de Córdoba, 148-149.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[[Contexto material del impreso Quarta parte de la historia general de Santo Domingo, y de su orden de predicadores]]&#039;&#039;.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
== Criterios de edición ==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Se han adoptado los criterios de edición de vidas impresas estipulados en el catálogo, esto es, se han eliminado las consonantes geminadas y se ha modernizado la ortografía (sibilantes, b/u/v, j/g, chr/cr, qu/cu, empleo de h, etc.). Se mantiene el uso del paréntesis para indicar observaciones digresivas según el original. Además, se han ajustado a los criterios actuales del español la unión y separación de palabras (“desta”, “deste”, etc.), el uso de mayúsculas y minúsculas, la acentuación y la puntuación. Asimismo, se han expandido las abreviaturas.  &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==Vida de María de San Ildefonso==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[147] &#039;&#039;&#039;Cap. XLVIII&#039;&#039;&#039;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&#039;&#039;&#039;De algunas otras religiosas del Monasterio de Santa María de Gracia&#039;&#039;&#039;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Sería cosa muy larga dar entera relación de las siervas de Dios que ha tenido esta casa de Santa María de Gracia, que, como su fundación fue tan conforme a los intentos que el bienaventurado santo Domingo tuvo en la de su orden y en ella se ha conservado poco menos de cien años y, aunque no se pueden reducir a la memoria todas, tampoco se pueden dejar algunas que se han señalado mucho sobre las demás en el cumplimiento de las obligaciones de su estado. &lt;br /&gt;
[…]&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[148] La madre soror María de S. Ildefonso, que en el mundo se llamaba doña Isabel Galindo, hija de don Diego de Guzmán y doña Isabel Galindo. Este caballero fue muy conocido y después de haber servido muchos años al rey de España, llevado de la experiencia y desengaño, que los servicios no todas veces son bien premiados, dejó todo lo que tenía y las esperanzas de alcanzar más, funda- [149] das en lo mucho que había trabajado, y tomó el hábito del bienaventurado S. Francisco y vivió en él tan santamente que hizo muchos milagros que están escritos en las corónicas de la orden. Su hija fue heredera de su espíritu y vivió de manera que se pudiera escribir un libro donde se diera cuenta de sus grandes virtudes. Siendo seglar y pudiendo aspirar, casándose a muy grande acrecentamiento, acordó de tomar por esposo al que lo es de las almas puras, quedando para siempre dichosa con las riquezas que se habían de comunicar a su alma. Con este pensamiento dejó todo el regalo de su casa y se encerró en esta, donde vivió tan religiosamente que, siendo ejemplo su vida de toda virtud, lo fue muy particular de humildad y pobreza, conservándola con mucha puntualidad, hasta que murió. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En la observancia de la regla y constituciones de la orden fue señaladísima. Su continuo ejercicio, sin faltar, era asistir en la presencia del Santísimo Sacramento con una ferventísima oración, comunicándola el Señor don de lágrimas. Decía muchas veces a las monjas estas palabras: “Callar y amar, humildad y comulgar” (palabras que nacían de un pecho abrasado en amor del Santísimo Sacramento). Comulgaba muy frecuentemente con grande abundancia de lágrimas, que eran de manera que suplicó al Señor se sirviese de que no corriesen por el rostro. Hízola Dios merced y así, cuando salía del coro después de muchas horas de oración, tenía el rostro tan sereno como si ninguna hubiera derramado, siendo sus ojos fuentes. Persuadía mucho a sus compañeras el amor de Dios, y decía: “El que con amor trabaja, holgando gana”. Si entendía algún desgustillo entre algunas religiosas, iba y les hacía la venia y, con estas demostraciones de humildad, se acababan las niñerías (que algunas veces el demonio procura en los monasterios cuando no puede con su malicia culpas que sean mayores), que es lo que más quería y más procuraba. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Treinta años vivió con el hábito teniendo de edad setenta. Murió de un dolor de costado con mucho juicio y con muy gran conocimiento y tan en sí como ha menester el negocio que en aquella hora se ha de concluir. Habló de muchas cosas de edificación, decía muchos versos de David, como son: “&#039;&#039;Virga tua, et baculus tuus ipsa me consolata sunt. Si ambulavero in medio umbre mortiis, non timebo mala, quoniam tu mecum&#039;&#039;” &#039;&#039;[1]&#039;&#039;. Y de esta suerte acabó con grande alegría y alabanza. Quedó su rostro con la hermosura de un ángel en testimonio de su buena muerte. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
===Notas===&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&#039;&#039;[1]&#039;&#039; Salmo 22:4 de la Vulgata, que simboliza la confianza absoluta en la protección, guía y compañía divina, incluso en los momentos más oscuros y peligrosos de la vida.&lt;/div&gt;</summary>
		<author><name>Anaritasoares</name></author>
	</entry>
	<entry>
		<id>https://catalogodesantasvivas.visionarias.es/index.php?title=Mar%C3%ADa_de_San_Ildefonso_(2)&amp;diff=713136</id>
		<title>María de San Ildefonso (2)</title>
		<link rel="alternate" type="text/html" href="https://catalogodesantasvivas.visionarias.es/index.php?title=Mar%C3%ADa_de_San_Ildefonso_(2)&amp;diff=713136"/>
		<updated>2026-09-02T15:40:44Z</updated>

		<summary type="html">&lt;p&gt;Anaritasoares: &lt;/p&gt;
&lt;hr /&gt;
&lt;div&gt;[[Category:Santas_Dominicas]]&lt;br /&gt;
[[Category:Ávila]]&lt;br /&gt;
[[Category:Zamora]]&lt;br /&gt;
[[Archivo:Logo CSV letras(4) DianaSanmartin.jpg|derecha|María de San Ildefonso|link=]]&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
{| class=&amp;quot;wikitable&amp;quot;&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Nombre || María de San Ildefonso&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| ID permanente || [https://www.wikidata.org/wiki/Q140199016 Q140199016]&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Orden || [http://catalogodesantasvivas.visionarias.es/index.php/Categor%C3%ADa:Santas_Dominicas Dominicas]&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Títulos || Monja del convento de Aldeanueva, Ávila&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Fecha de nacimiento || Primera mitad del XVI&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Lugar de fallecimiento|| [http://catalogodesantasvivas.visionarias.es/index.php/Categor%C3%ADa:Zamora Zamora]&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Lugar de fallecimiento|| Aldeanueva, [http://catalogodesantasvivas.visionarias.es/index.php/Categor%C3%ADa:Ávila Ávila]&lt;br /&gt;
|}&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
= Vida manuscrita=&lt;br /&gt;
Ed. de [http://visionarias.es/equipo/barbara-arango-serrano// Bárbara Arango Serrano]; fecha de edición: noviembre de 2025.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
== Fuente ==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
* “Fundación de este convento”, en &#039;&#039;Libro de becerro adonde están asentados todos los propios, y rentas, de beneficios…, el qual se hizo en el mes de junio, año de 1721&#039;&#039;, fol. 13r. Ms. del Archivo Histórico Nacional, secc. Clero, libro Becerro, sig. 445, Aldeanueva de las Monjas.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[[Contexto material del manuscrito Libro de becerro]] &#039;&#039;adonde están asentados todos los propios, y rentas, de beneficios…, el qual se hizo en el mes de junio&#039;&#039;, año de 1721.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
== Criterios de edición ==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El &#039;&#039;Libro de becerro&#039;&#039; de donde se extrae esta vida es un manuscrito datado en 1721 que incluye una copia del original de la segunda relación de la fundación de Aldeanueva, de 1709 (el original podría ser un manuscrito que se conserva en el monasterio de Mosén Rubí, de Ávila, un poco deteriorado, con la misma relación de la fundación). Por esta razón, esta copia de la segunda relación se moderniza en puntuación y ortografía de acuerdo con los criterios actuales y siguiendo en general las normas de edición de vidas impresas. Es decir, se ha intentado que la modernización gráfica de este texto no suponga una importante pérdida de los valores fonéticos, léxicos y sintácticos de la época en cuestión. Por ello, se modernizan sibilantes, la alternancia b/v, i/y, qu/cu, empleo de la h, simplificación de consonantes geminadas, etc. Se contraen a el, de el, excepto cuando el artículo es parte del nombre de una comarca y no se desarrollan las abreviaturas de los títulos si solo aparecen con las iniciales.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Esta segunda relación de la fundación de Aldeanueva se contiene también en un manuscrito del monasterio de Mosén Rubí, como se ha señalado (seguramente la original, en todo caso también del siglo XVIII), y en otra copia moderna de hacia 1923 o 1928 conservada en el convento susodicho.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==Vida de María de San Ildefonso==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[13r] […] Dícese también de otra religiosa que floreció en &#039;&#039;[1]&#039;&#039; este convento, natural de la ciudad de Zamora, llamada soror María de San Ildefonso, que desde muy moza fue muy observante en su religión, de mucha oración, disciplinas, ayunos y gran servidora de la comunidad. De mucha paciencia y sufrimiento, de en todas ocasiones jamás se la oyó una palabra descompuesta, guardaba mucho silencio, estuvo doce años tullida, con paciencia y sufrimiento ejemplar, sin dar una queja de nadie que la ofendiese y, con estar así, siempre oyó misa todos los días de precepto, acudiendo a comulgar con las demás religiosas. Desde media noche estaba en oración hasta la mañana. Todos los confesores decían que no hallaban de qué absolverla y, así, murió santamente. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
===Notas===&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[1] En el margen izquierdo se lee: “Sor María de San Ildefonso”.&lt;/div&gt;</summary>
		<author><name>Anaritasoares</name></author>
	</entry>
	<entry>
		<id>https://catalogodesantasvivas.visionarias.es/index.php?title=Mar%C3%ADa_de_San_Gabriel_(2)&amp;diff=713135</id>
		<title>María de San Gabriel (2)</title>
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		<updated>2026-09-02T15:40:37Z</updated>

		<summary type="html">&lt;p&gt;Anaritasoares: &lt;/p&gt;
&lt;hr /&gt;
&lt;div&gt;[[Category:Santas_Dominicas]]&lt;br /&gt;
[[Category:Sevilla]]&lt;br /&gt;
[[Category:Juan_López]]&lt;br /&gt;
[[Archivo:Logo CSV letras(7) DianaSanmartin.jpg|derecha|María de San Gabriel|link=]]&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
{| class=&amp;quot;wikitable&amp;quot;&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Nombre || María de San Gabriel&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Orden || [http://catalogodesantasvivas.visionarias.es/index.php/Categor%C3%ADa:Santas_Dominicas Dominicas]&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Títulos || Monja del Monasterio de Santa María de Gracia de Sevilla&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Fecha de nacimiento || ¿Finales del s. XV?&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Fecha de fallecimiento|| ¿Primera mitad del siglo XVI?&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Lugar de fallecimiento|| [http://catalogodesantasvivas.visionarias.es/index.php/Categor%C3%ADa:Sevilla Sevilla]&lt;br /&gt;
|}&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
= Vida impresa=&lt;br /&gt;
Ed. de [https://visionarias.es/equipo/veronica-torres-martin// Verónica Torres Martín]; fecha de edición: mayo de 2026.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
== Fuente ==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[[Archivo:Juan_López_1615.jpg|miniatura|250px|right| Juan López, 1615. &#039;&#039;Quarta parte de la historia general de Santo Domingo, y de su orden de predicadores&#039;&#039;. Valladolid: Francisco Fernández de Córdoba. (Fuente: Imagen propiedad de la Universidad Complutense de Madrid. CC BY 4.0 [Digitalizado por Google]).]]&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
* [http://catalogodesantasvivas.visionarias.es/index.php/Categor%C3%ADa:Juan_López López, Juan], 1615. “Libro primero de la quarta parte de la historia de Santo Domingo y de su orden”, &#039;&#039;Quarta parte de la historia general de Santo Domingo, y de su orden de predicadores&#039;&#039;. Valladolid: Francisco Fernández de Córdoba, 145.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[[Contexto material del impreso Quarta parte de la historia general de Santo Domingo, y de su orden de predicadores]]&#039;&#039;.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
== Criterios de edición ==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Se han adoptado los criterios de edición de vidas impresas estipulados en el catálogo, esto es, se han eliminado las consonantes geminadas y se ha modernizado la ortografía (sibilantes, b/u/v, j/g, chr/cr, qu/cu, empleo de h, etc.). Se mantiene el uso del paréntesis para indicar observaciones digresivas según el original. Además, se han ajustado a los criterios actuales del español la unión y separación de palabras (“desta”, “deste”, etc.), el uso de mayúsculas y minúsculas, la acentuación y la puntuación. Asimismo, se han expandido las abreviaturas. Por último, se subsanan los casos de laísmo y leísmo presentes en el texto. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==Vida de María de San Gabriel==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[143] &#039;&#039;&#039;Capítulo XLVII&#039;&#039;&#039;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&#039;&#039;&#039;Adonde se prosigue la materia del capítulo pasado&#039;&#039;&#039;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[…]&lt;br /&gt;
[145] La madre María de San Gabriel fue muy noble y, desde niña, muy santa, y en esta edad dio muestras de lo que con el tempo había de ser. Entró en religión de quince años y, desde luego, comenzó a señalarse en la observancia de todos los que la orden manda. Cosa que fuese murmuración no se había de decir en su presencia. No era mucho para sus deseos tener cerrada la boca para todo lo que podía ser menoscabo de la reputación de sus hermanas (aunque eso fuese en cosa de poquísima importantia [sic]), sino que con gran cuidado escusaba todo lo que era palabras ociosas. Siendo muy moza, fue maestra de novicias e hizo el oficio con tan grande ejemplo que, si no causaba envidia, causaba mucha admiración en las muy ancianas. Era devotísima de Nuestra Señora, a quien suplicó que una cosa que tenía en el alma que le causaba gran congoja y desasosiego se la trocase en lo que su Majestad más se sirviese. Hízole Dios la merced, pero diole un zaratán penosísimo que se le descubrían las costillas y, con esta llaga tan cruel y con los dolores que de ella procedían, vivió cinco años con tan grande piedad que parecía más mujer que gozaba de Dios que otra cosa, siéndole la cama oratorio y casa de oración donde se aligeraban los dolores de la enfermedad. Su muerte fue de manera que dejó en las monjas pensamiento muy asegurado que de la cama había partido al cielo. Murió de cincuenta años.&lt;/div&gt;</summary>
		<author><name>Anaritasoares</name></author>
	</entry>
	<entry>
		<id>https://catalogodesantasvivas.visionarias.es/index.php?title=Mar%C3%ADa_de_San_Francisco_(2)&amp;diff=713134</id>
		<title>María de San Francisco (2)</title>
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		<updated>2026-09-02T15:40:30Z</updated>

		<summary type="html">&lt;p&gt;Anaritasoares: &lt;/p&gt;
&lt;hr /&gt;
&lt;div&gt;[[Category:Santas_Dominicas]]&lt;br /&gt;
[[Category:Ávila]]&lt;br /&gt;
[[Archivo:Logo CSV letras(9) DianaSanmartin.jpg|derecha|María de San Francisco|link=]]&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
{| class=&amp;quot;wikitable&amp;quot;&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Nombre || María de San Francisco&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Orden || [http://catalogodesantasvivas.visionarias.es/index.php/Categor%C3%ADa:Santas_Dominicas Dominicas]&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Títulos || Monja del convento de Aldeanueva, Ávila&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Fecha de nacimiento || Primera mitad del XVI&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Lugar de nacimiento|| El Barco de Ávila, [http://catalogodesantasvivas.visionarias.es/index.php/Categor%C3%ADa:Ávila Ávila]&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Lugar de fallecimiento|| Aldeanueva, [http://catalogodesantasvivas.visionarias.es/index.php/Categor%C3%ADa:Ávila Ávila]&lt;br /&gt;
|}&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
= Vida manuscrita=&lt;br /&gt;
Ed. de [http://visionarias.es/equipo/barbara-arango-serrano// Bárbara Arango Serrano]; fecha de edición: noviembre de 2025.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
== Fuente ==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
* “Fundación de este convento”, en &#039;&#039;Libro de becerro adonde están asentados todos los propios, y rentas, de beneficios…, el qual se hizo en el mes de junio, año de 1721&#039;&#039;,  fols. 11v-12r. Ms. del Archivo Histórico Nacional, secc. Clero, libro Becerro, sig. 445, Aldeanueva de las Monjas.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[[Contexto material del manuscrito Libro de becerro]] &#039;&#039;adonde están asentados todos los propios, y rentas, de beneficios…, el qual se hizo en el mes de junio&#039;&#039;, año de 1721.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
== Criterios de edición ==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El &#039;&#039;Libro de becerro&#039;&#039; de donde se extrae esta vida es un manuscrito datado en 1721 que incluye una copia del original de la segunda relación de la fundación de Aldeanueva, de 1709 (el original podría ser un manuscrito que se conserva en el monasterio de Mosén Rubí, de Ávila, un poco deteriorado, con la misma relación de la fundación). Por esta razón, esta copia de la segunda relación se moderniza en puntuación y ortografía de acuerdo con los criterios actuales y siguiendo en general las normas de edición de vidas impresas. Es decir, se ha intentado que la modernización gráfica de este texto no suponga una importante pérdida de los valores fonéticos, léxicos y sintácticos de la época en cuestión. Por ello, se modernizan sibilantes, la alternancia b/v, i/y, qu/cu, empleo de la h, simplificación de consonantes geminadas, etc. Se contraen a el, de el, excepto cuando el artículo es parte del nombre de una comarca y no se desarrollan las abreviaturas de los títulos si solo aparecen con las iniciales.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Esta segunda relación de la fundación de Aldeanueva se contiene también en un manuscrito del monasterio de Mosén Rubí, como se ha señalado (seguramente la original, en todo caso también del siglo XVIII), y en otra copia moderna de hacia 1923 o 1928 conservada en el convento susodicho.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==Vida de María de San Francisco==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[11v] &#039;&#039;[1]&#039;&#039; Tres hermanas naturales de la villa de El Barco tomaron el hábito en este convento; llamáronse María de San Francisco, [https://catalogodesantasvivas.visionarias.es/index.php/Mar%C3%ADa_de_la_Cena_(2) María de la Cena] y [https://catalogodesantasvivas.visionarias.es/index.php/Mar%C3%ADa_de_Cristo_(2) María de Cristo], todas tres santas y muy sinceras: […]&lt;br /&gt;
[12r] […] &#039;&#039;[2]&#039;&#039; La madre María de San Francisco, su hermana, lo era en todo. Cuanto tenía ofrecía al santo, era en su persona rígida y rigurosa en los ayunos, disciplinas, observancia y secuela de la comunidad. Llegada la hora de su muerte, había tres días que era muerta una hermana suya sin saberlo ella, y la apareció con grandes resplandores de gloria y la dijo cómo la era muerta y se iba al Cielo, y con estas buenas nuevas que la dio esta su hermana, se tiene por cierto se fue a gozar ella de Dios. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
===Notas===&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&#039;&#039;[1]&#039;&#039; En el margen izquierdo se lee: “Tres hermanas naturales de El Barco tomaron el hábito”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&#039;&#039;[2]&#039;&#039; En el margen izquierdo se lee: “Segunda hermana, la madre María de San Francisco”.&lt;/div&gt;</summary>
		<author><name>Anaritasoares</name></author>
	</entry>
	<entry>
		<id>https://catalogodesantasvivas.visionarias.es/index.php?title=Mar%C3%ADa_de_San_Bernardo_(2)&amp;diff=713133</id>
		<title>María de San Bernardo (2)</title>
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		<updated>2026-09-02T15:40:23Z</updated>

		<summary type="html">&lt;p&gt;Anaritasoares: &lt;/p&gt;
&lt;hr /&gt;
&lt;div&gt;[[Category:Santas_Dominicas]]&lt;br /&gt;
[[Category:Sevilla]]&lt;br /&gt;
[[Category:Islas_Canarias]]&lt;br /&gt;
[[Category:Juan_López]]&lt;br /&gt;
[[Archivo:Logo CSV letras(4) DianaSanmartin.jpg|derecha|María de San Bernardo|link=]]&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
{| class=&amp;quot;wikitable&amp;quot;&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Nombre || María de San Bernardo&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Orden || [http://catalogodesantasvivas.visionarias.es/index.php/Categor%C3%ADa:Santas_Dominicas Dominicas]&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Títulos || Monja del Monasterio de Santa María de Gracia de Sevilla&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Fecha de nacimiento || ¿Finales del s. XV?&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Fecha de fallecimiento|| ¿Primera mitad del siglo XVI?&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Lugar de nacimiento || [http://catalogodesantasvivas.visionarias.es/index.php/Categor%C3%ADa:Islas_Canarias Islas Canarias]&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Lugar de fallecimiento|| [http://catalogodesantasvivas.visionarias.es/index.php/Categor%C3%ADa:Sevilla Sevilla]&lt;br /&gt;
|}&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
= Vida impresa=&lt;br /&gt;
Ed. de [https://visionarias.es/equipo/veronica-torres-martin// Verónica Torres Martín]; fecha de edición: mayo de 2026.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
== Fuente ==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[[Archivo:Juan_López_1615.jpg|miniatura|250px|right| Juan López, 1615. &#039;&#039;Quarta parte de la historia general de Santo Domingo, y de su orden de predicadores&#039;&#039;. Valladolid: Francisco Fernández de Córdoba. (Fuente: Imagen propiedad de la Universidad Complutense de Madrid. CC BY 4.0 [Digitalizado por Google]).]]&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
* [http://catalogodesantasvivas.visionarias.es/index.php/Categor%C3%ADa:Juan_López López, Juan], 1615. “Libro primero de la quarta parte de la historia de Santo Domingo y de su orden”, &#039;&#039;Quarta parte de la historia general de Santo Domingo, y de su orden de predicadores&#039;&#039;. Valladolid: Francisco Fernández de Córdoba, 143.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[[Contexto material del impreso Quarta parte de la historia general de Santo Domingo, y de su orden de predicadores]]&#039;&#039;.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
== Criterios de edición ==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Se han adoptado los criterios de edición de vidas impresas estipulados en el catálogo, esto es, se han eliminado las consonantes geminadas y se ha modernizado la ortografía (sibilantes, b/u/v, j/g, chr/cr, qu/cu, empleo de h, etc.). Se mantiene el uso del paréntesis para indicar observaciones digresivas según el original. Además, se han ajustado a los criterios actuales del español la unión y separación de palabras (“desta”, “deste”, etc.), el uso de mayúsculas y minúsculas, la acentuación y la puntuación. Asimismo, se han expandido las abreviaturas. Por último, se corrigen los casos de laísmo y leísmo presentes en el texto. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==Vida de María de San Bernardo==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[143] &#039;&#039;&#039;Capítulo XLVII&#039;&#039;&#039;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&#039;&#039;&#039;Adonde se prosigue la materia del capítulo pasado&#039;&#039;&#039;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Tuvo esta casa una monja muy santa que entró en la orden ya viuda, que se llamaba la madre María de San Bernardo, mujer de mucha nobleza. Era natural de Canaria, pasó seiscientas leguas de mar por venir a ser monja a Nuestra Señora de Gracia. Tenía tres hijos varones que habían de tomar estado y muchos deudos muy principales. Quedó viuda muy moza y, con la gran fama de santidad que tenía esta casa, dejó la suya, hacienda y regalo. Vino en su compañía un hijo suyo, niño. Cuando entró en el monasterio le dijo: “Madre, ¿a quién me dejas encomendado?”. Y respondió: “A Nuestro Señor te dejo por padre y a la Virgen Nuestra Señora por madre; seles muy obediente, que ellos te favorecerán”. Y entrose riendo con buen ánimo, como si no dejara nada. Hecho bien parecido al que refiere san Jerónimo de la matrona santa Paula, que, al tiempo de embarcarse para Jerusalén en busca de nueva vida, dejando a su hijuelo Toxocio tendido en el arena y llorando, puestos los ojos en el cielo, se hizo a la vela. Y esta sierva de Dios tomó el velo sin que le causasen desconsuelo los hijos que dejaba y el niño que tenía en su presencia. Pero como le dio tan buenos padres, salió tan virtuoso que tomó el hábito de la orden, donde vivió santamente. Fue esta sierva de Dios ejemplo de humildad y su abstinencia tan grande que nunca comía sino pan y agua, no dormía en cama, trabajó muchísimo en oficios de humildad (que a esto se aplicaba mucho); andaba siempre descalza, velaba casi toda la noche delante del Santísimo Sacramento, y allí eran sus diciplinas grandísimas. Murió de cien años y su fin fue tan santo como la vida.&lt;/div&gt;</summary>
		<author><name>Anaritasoares</name></author>
	</entry>
	<entry>
		<id>https://catalogodesantasvivas.visionarias.es/index.php?title=Mar%C3%ADa_de_San_Benito&amp;diff=713132</id>
		<title>María de San Benito</title>
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		<updated>2026-09-02T15:40:17Z</updated>

		<summary type="html">&lt;p&gt;Anaritasoares: &lt;/p&gt;
&lt;hr /&gt;
&lt;div&gt;[[Category:Santas_Dominicas]]&lt;br /&gt;
[[Category:Sevilla]]&lt;br /&gt;
[[Category:Juan_López]]&lt;br /&gt;
[[Archivo:Logo CSV letras(3) DianaSanmartin.jpg|derecha|María de San Benito|link=]]&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
{| class=&amp;quot;wikitable&amp;quot;&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Nombre || María de San Benito&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Orden || [http://catalogodesantasvivas.visionarias.es/index.php/Categor%C3%ADa:Santas_Dominicas Dominicas]&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Títulos || Monja del Monasterio de Santa María de Gracia de Sevilla&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Fecha de nacimiento || ¿Finales del s. XV?&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Fecha de fallecimiento|| ¿Primera mitad del siglo XVI?&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Lugar de fallecimiento|| [http://catalogodesantasvivas.visionarias.es/index.php/Categor%C3%ADa:Sevilla Sevilla]&lt;br /&gt;
|}&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
= Vida impresa=&lt;br /&gt;
Ed. de [https://visionarias.es/equipo/veronica-torres-martin// Verónica Torres Martín]; fecha de edición: mayo de 2026.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
== Fuente ==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[[Archivo:Juan_López_1615.jpg|miniatura|250px|right| Juan López, 1615. &#039;&#039;Quarta parte de la historia general de Santo Domingo, y de su orden de predicadores&#039;&#039;. Valladolid: Francisco Fernández de Córdoba. (Fuente: Imagen propiedad de la Universidad Complutense de Madrid. CC BY 4.0 [Digitalizado por Google]).]]&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
* [http://catalogodesantasvivas.visionarias.es/index.php/Categor%C3%ADa:Juan_López López, Juan], 1615. “Libro primero de la quarta parte de la historia de Santo Domingo y de su orden”, &#039;&#039;Quarta parte de la historia general de Santo Domingo, y de su orden de predicadores&#039;&#039;. Valladolid: Francisco Fernández de Córdoba, 140.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[[Contexto material del impreso Quarta parte de la historia general de Santo Domingo, y de su orden de predicadores]]&#039;&#039;.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
== Criterios de edición ==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Se han adoptado los criterios de edición de vidas impresas estipulados en el catálogo, esto es, se han eliminado las consonantes geminadas y se ha modernizado la ortografía (sibilantes, b/u/v, j/g, chr/cr, qu/cu, empleo de h, etc.). Se mantiene el uso del paréntesis para indicar observaciones digresivas según el original. Además, se han ajustado a los criterios actuales del español la unión y separación de palabras (“desta”, “deste”, etc.), el uso de mayúsculas y minúsculas, la acentuación y la puntuación. Asimismo, se han expandido las abreviaturas.  &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==Vida de María de San Benito==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[138] &#039;&#039;&#039;Capítulo XLVI&#039;&#039;&#039;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&#039;&#039;&#039;De algunas otras siervas de Dios del dicho monasterio&#039;&#039;&#039;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[…]&lt;br /&gt;
[140] Otra monja tuvo este convento, que se llamó soror María de San Benito, mujer de gran virtud y de mucha oración en que perseveró toda la vida. Suplicó al Señor con grande instancia se sirviese de favorecerla y llevarla en acabando de comulgar, y así sucedió, dejando grande ejemplo y opinión de santidad.&lt;/div&gt;</summary>
		<author><name>Anaritasoares</name></author>
	</entry>
	<entry>
		<id>https://catalogodesantasvivas.visionarias.es/index.php?title=Mar%C3%ADa_de_San_Agust%C3%ADn_(2)&amp;diff=713131</id>
		<title>María de San Agustín (2)</title>
		<link rel="alternate" type="text/html" href="https://catalogodesantasvivas.visionarias.es/index.php?title=Mar%C3%ADa_de_San_Agust%C3%ADn_(2)&amp;diff=713131"/>
		<updated>2026-09-02T15:40:09Z</updated>

		<summary type="html">&lt;p&gt;Anaritasoares: &lt;/p&gt;
&lt;hr /&gt;
&lt;div&gt;[[Category:Santas_Dominicas]]&lt;br /&gt;
[[Category:Sevilla]]&lt;br /&gt;
[[Category:Juan_López]]&lt;br /&gt;
[[Archivo:Logo CSV letras(2) DianaSanmartin.jpg|derecha|María de San Agustín|link=]]&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
{| class=&amp;quot;wikitable&amp;quot;&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Nombre || María de San Agustín&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Orden || [http://catalogodesantasvivas.visionarias.es/index.php/Categor%C3%ADa:Santas_Dominicas Dominicas]&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Títulos || Priora y supriora del Monasterio de Santa María de Gracia de Sevilla&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Fecha de nacimiento || ¿Finales del s. XV?&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Fecha de fallecimiento|| ¿Primera mitad del siglo XVI?&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Lugar de nacimiento || [http://catalogodesantasvivas.visionarias.es/index.php/Categor%C3%ADa:Sevilla ¿Sevilla?]&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Lugar de fallecimiento|| [http://catalogodesantasvivas.visionarias.es/index.php/Categor%C3%ADa:Sevilla Sevilla]&lt;br /&gt;
|}&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
= Vida impresa=&lt;br /&gt;
Ed. de [https://visionarias.es/equipo/veronica-torres-martin// Verónica Torres Martín]; fecha de edición: mayo de 2026.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
== Fuente ==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[[Archivo:Juan_López_1615.jpg|miniatura|250px|right| Juan López, 1615. &#039;&#039;Quarta parte de la historia general de Santo Domingo, y de su orden de predicadores&#039;&#039;. Valladolid: Francisco Fernández de Córdoba. (Fuente: Imagen propiedad de la Universidad Complutense de Madrid. CC BY 4.0 [Digitalizado por Google]).]]&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
* [http://catalogodesantasvivas.visionarias.es/index.php/Categor%C3%ADa:Juan_López López, Juan], 1615. “Libro primero de la quarta parte de la historia de Santo Domingo y de su orden”, &#039;&#039;Quarta parte de la historia general de Santo Domingo, y de su orden de predicadores&#039;&#039;. Valladolid: Francisco Fernández de Córdoba, 138.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[[Contexto material del impreso Quarta parte de la historia general de Santo Domingo, y de su orden de predicadores]].&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
== Criterios de edición ==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Se han adoptado los criterios de edición de vidas impresas estipulados en el catálogo, esto es, se han eliminado las consonantes geminadas y se ha modernizado la ortografía (sibilantes, b/u/v, j/g, chr/cr, qu/cu, empleo de h, etc. Además, se han ajustado a los criterios actuales del español la unión y separación de palabras (“della”, “deste”, etc.), el uso de mayúsculas y minúsculas, la acentuación y la puntuación. Asimismo, se han expandido las abreviaturas. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==Vida de María de San Agustín==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[134] &#039;&#039;&#039;Capít. XLV&#039;&#039;&#039;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&#039;&#039;&#039;De la fundación del Monasterio de monjas de santa María de Gracia en Sevilla&#039;&#039;&#039; &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[…]&lt;br /&gt;
[138] La madre María de San Agustín fue santa monja muy señalada en el propio conocimiento y humildad. Siendo priora y supriora se tenía por la menor de las monjas y así servía en los oficios más bajos del convento. Cuando estaba en la casa de la labor con las monjas, tenía un crucifijo delante de sí en que contemplaba y derramaba muchas lágrimas. Hízole Dios señaladas mercedes. Una de las muy particulares fue la que refirió su confesor al convento, después de ella muerta, y fue que, una noche de Navidad, estando el convento cantando los maitines, alzó los ojos y vio dos ángeles que estaban al facistol o atril, uno a la mano derecha y otro a la izquierda, ayudando a cantar a las monjas, de los cuales salía un grande resplandor. Cuando le dio el mal de la muerte y la quisieron desnudar para acostarla en cama, dijo que hacía cincuenta años que no se desnudaba, sino que arrimada a la cama dormía algunos ratos.&lt;/div&gt;</summary>
		<author><name>Anaritasoares</name></author>
	</entry>
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		<id>https://catalogodesantasvivas.visionarias.es/index.php?title=Mar%C3%ADa_de_Meneses&amp;diff=713130</id>
		<title>María de Meneses</title>
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		<updated>2026-09-02T15:40:03Z</updated>

		<summary type="html">&lt;p&gt;Anaritasoares: &lt;/p&gt;
&lt;hr /&gt;
&lt;div&gt;[[Category:Santas_Dominicas]]&lt;br /&gt;
[[Category:Zamora]]&lt;br /&gt;
[[Category:Juan_López]]&lt;br /&gt;
[[Archivo:Logo CSV letras(9) DianaSanmartin.jpg|derecha|María de Meneses|link=]]&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
{| class=&amp;quot;wikitable&amp;quot;&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Nombre ||María de Meneses&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Orden || [http://catalogodesantasvivas.visionarias.es/index.php/Categor%C3%ADa:Santas_Dominicas Dominicas]&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Títulos || Monja del monasterio de Santa María de las Dueñas de Zamora&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Fecha de nacimiento || Segunda mitad del siglo XV&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Fecha de fallecimiento|| ¿Finales del siglo XV?&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Lugar de nacimiento || [http://catalogodesantasvivas.visionarias.es/index.php/Categor%C3%ADa:Zamora ¿Zamora?]&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Lugar de fallecimiento|| [http://catalogodesantasvivas.visionarias.es/index.php/Categor%C3%ADa:Zamora Zamora]&lt;br /&gt;
|}&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
= Vida impresa=&lt;br /&gt;
Ed. de [http://visionarias.es/equipo/barbara-arango-serrano// Bárbara Arango Serrano] y [http://visionarias.es/equipo/borja-gama-de-cossio// Borja Gama de Cossío]; fecha de edición: octubre de 2023.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
== Fuente ==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[[Archivo:Juan_López,_1613,_Tercera_parte_historia_general_santo_domingo.jpg|miniatura|250px|right| Juan López, 1613. &#039;&#039;Tercera parte de la historia general de Santo Domingo, y de su orden de predicadores&#039;&#039;. Valladolid: Francisco Fernández de Córdoba. (Fuente: Imagen propiedad de la Universidad Complutense de Madrid. CC BY 4.0 [Digitalizado por Google])]]&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
* [http://catalogodesantasvivas.visionarias.es/index.php/Categor%C3%ADa:Juan_López López, Juan], 1613. “Libro primero de la tercera parte de la historia general de Santo Domingo”, &#039;&#039;Tercera parte de la historia general de Santo Domingo, y de su orden de predicadores&#039;&#039;. Valladolid: Francisco Fernández de Córdoba, 343-344.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[[Contexto material del impreso Tercera parte de la historia general de Santo Domingo, y de su orden de predicadores]]&#039;&#039;.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
== Criterios de edición ==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Esta crónica está escrita por Juan López, obispo en la ciudad italiana de Monopoli. En la tercera parte se incluye la vida de santos de la orden, se aborda la fundación de los diferentes conventos en los dos primeros siglos de los dominicos en Castilla y se añade la vida de destacadas religiosas, aunque se hace referencia también a las religiosas que viven en las fundaciones hasta la publicación de la crónica en los conventos fundados. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Aquí nos encargamos de las religiosas que viven en los siglos XV-XVI cuyo foco de actuación es anterior a 1560 (aunque mueran después de esta fecha), es decir, antes del auge de Santa Teresa. Se adoptan los criterios de edición de vidas impresas estipulados en el Catálogo: se moderniza la ortografía (b/u/v, j/g, chr/cr, qu/cu, empleo de h, etc.) y se eliminan las consonantes geminadas. Además, se expanden las abreviaturas, aunque algunas como N. S. (Nuestro Señor) o N. P. S. (Nuestro Padre Santo) se respetan en el texto. El uso de mayúsculas y minúsculas se moderniza y se adaptan las normas acentuales a sus usos actuales. Finalmente, se moderniza también la puntuación, la acentuación y el uso de aglomerados.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==Vida de María de Meneses==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[244]&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&#039;&#039;&#039;Capítulo LVI&#039;&#039;&#039;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&#039;&#039;&#039;De otras religiosas de señalada virtud que esta casa ha tenido&#039;&#039;&#039;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[…]&lt;br /&gt;
[247] [...] Hubo dos religiosas hijas grandes y damas de la reina Doña Isabel: doña Elvira Alencastre, muy parienta de los reyes y muy grande religiosa. [...] La otra religiosa fue doña María de Meneses, de gran virtud. Desde que entró en la orden, anduvo siempre descalza y nunca durmió. Viola María de Santo Domingo, religiosa lega, después de muerta hermosísima con una corona en la cabeza.&lt;/div&gt;</summary>
		<author><name>Anaritasoares</name></author>
	</entry>
	<entry>
		<id>https://catalogodesantasvivas.visionarias.es/index.php?title=Mar%C3%ADa_de_los_%C3%81ngeles_de_los_Manriques_y_Toledos&amp;diff=713129</id>
		<title>María de los Ángeles de los Manriques y Toledos</title>
		<link rel="alternate" type="text/html" href="https://catalogodesantasvivas.visionarias.es/index.php?title=Mar%C3%ADa_de_los_%C3%81ngeles_de_los_Manriques_y_Toledos&amp;diff=713129"/>
		<updated>2026-09-02T15:39:56Z</updated>

		<summary type="html">&lt;p&gt;Anaritasoares: &lt;/p&gt;
&lt;hr /&gt;
&lt;div&gt;[[Category:Santas_Dominicas]]&lt;br /&gt;
[[Category:Ávila]]&lt;br /&gt;
[[Archivo:Logo CSV letras(5) DianaSanmartin.jpg|derecha|María de los Ángeles de los Manriques y Toledos|link=]]&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
{| class=&amp;quot;wikitable&amp;quot;&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Nombre || María de los Ángeles de los Manriques y Toledos&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Orden || [http://catalogodesantasvivas.visionarias.es/index.php/Categor%C3%ADa:Santas_Dominicas Dominicas]&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Títulos || Monja del convento de Aldeanueva, Ávila&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Fecha de nacimiento || Primera mitad del XVI&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Lugar de fallecimiento|| Aldeanueva, [http://catalogodesantasvivas.visionarias.es/index.php/Categor%C3%ADa:Ávila Ávila]&lt;br /&gt;
|}&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
= Vida manuscrita=&lt;br /&gt;
Ed. de [http://visionarias.es/equipo/barbara-arango-serrano// Bárbara Arango Serrano]; fecha de edición: noviembre de 2025.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
== Fuente ==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
* “Fundación de este convento”, en &#039;&#039;Libro de becerro adonde están asentados todos los propios, y rentas, de beneficios…, el qual se hizo en el mes de junio, año de 1721&#039;&#039;, fols. 13r-13v. Ms. del Archivo Histórico Nacional, secc. Clero, libro Becerro, sig. 445, Aldeanueva de las Monjas.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[[Contexto material del manuscrito Libro de becerro]] &#039;&#039;adonde están asentados todos los propios, y rentas, de beneficios…, el qual se hizo en el mes de junio&#039;&#039;, año de 1721.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
== Criterios de edición ==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El &#039;&#039;Libro de becerro&#039;&#039; de donde se extrae esta vida es un manuscrito datado en 1721 que incluye una copia del original de la segunda relación de la fundación de Aldeanueva, de 1709 (el original podría ser un manuscrito que se conserva en el monasterio de Mosén Rubí, de Ávila, un poco deteriorado, con la misma relación de la fundación). Por esta razón, esta copia de la segunda relación se moderniza en puntuación y ortografía de acuerdo con los criterios actuales y siguiendo en general las normas de edición de vidas impresas. Es decir, se ha intentado que la modernización gráfica de este texto no suponga una importante pérdida de los valores fonéticos, léxicos y sintácticos de la época en cuestión. Por ello, se modernizan sibilantes, la alternancia b/v, i/y, qu/cu, empleo de la h, simplificación de consonantes geminadas, etc. Se contraen a el, de el, excepto cuando el artículo es parte del nombre de una comarca y no se desarrollan las abreviaturas de los títulos si solo aparecen con las iniciales.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Esta segunda relación de la fundación de Aldeanueva se contiene también en un manuscrito del monasterio de Mosén Rubí, como se ha señalado (seguramente la original, en todo caso también del siglo XVIII), y en otra copia moderna de hacia 1923 o 1928 conservada en el convento susodicho.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==Vida de María de los Ángeles de los Manriques y Toledos==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[13r] […] Floreció en este convento otra religiosa &#039;&#039;[1]&#039;&#039; llamada María de los Ángeles de los Manriques y Toledos. Fue de mucha oración y después de otras muy grandes espirituales [13v] gracias que tenía, se dice de ella que tenía tan &#039;&#039;[2]&#039;&#039; gran memoria que rezaba todo el salterio y las lecciones de los santos de la orden, oraciones y todo lo demás que oficio de ella según el rezo, y hubo religiosas en este convento de tan grandes habilidades que algunas sabían gramática, otras el arte de canto llano, otras el de tocar el órgano, otras escribían con tantas ventajas que escribieron y apuntaron con mucha curiosidad todos los libros del coro y escribieron capitulario y calendario que duraron hasta estos tiempos. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
===Notas=== &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&#039;&#039;[1]&#039;&#039; En el margen izquierdo se lee: “María de los Ángeles de los Manriques y Toledos”. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&#039;&#039;[2]&#039;&#039; En el margen izquierdo se lee: “Ejemplarísima memoria”.&lt;/div&gt;</summary>
		<author><name>Anaritasoares</name></author>
	</entry>
	<entry>
		<id>https://catalogodesantasvivas.visionarias.es/index.php?title=Mar%C3%ADa_de_los_Serafines&amp;diff=713128</id>
		<title>María de los Serafines</title>
		<link rel="alternate" type="text/html" href="https://catalogodesantasvivas.visionarias.es/index.php?title=Mar%C3%ADa_de_los_Serafines&amp;diff=713128"/>
		<updated>2026-09-02T15:39:49Z</updated>

		<summary type="html">&lt;p&gt;Anaritasoares: &lt;/p&gt;
&lt;hr /&gt;
&lt;div&gt;[[Category:Santas_Dominicas]]&lt;br /&gt;
[[Category:Ávila]]&lt;br /&gt;
[[Archivo:Logo CSV letras(4) DianaSanmartin.jpg|derecha|María de los Serafines|link=]]&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
{| class=&amp;quot;wikitable&amp;quot;&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Nombre || María de los Serafines&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Orden || [http://catalogodesantasvivas.visionarias.es/index.php/Categor%C3%ADa:Santas_Dominicas Dominicas]&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Títulos || Priora del convento de Aldeanueva, Ávila&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Fecha de nacimiento || Primera mitad del XVI&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Fecha de fallecimiento|| Segunda mitad del XVI&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Lugar de fallecimiento|| Aldeanueva, [http://catalogodesantasvivas.visionarias.es/index.php/Categor%C3%ADa:Ávila Ávila]&lt;br /&gt;
|}&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
= Vida manuscrita=&lt;br /&gt;
Ed. de [http://visionarias.es/equipo/barbara-arango-serrano// Bárbara Arango Serrano]; fecha de edición: noviembre de 2025.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
== Fuente ==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
* “Fundación de este convento”, en &#039;&#039;Libro de becerro adonde están asentados todos los propios, y rentas, de beneficios…, el qual se hizo en el mes de junio, año de 1721&#039;&#039;, fols. 10v-11r. Ms. del Archivo Histórico Nacional, secc. Clero, libro Becerro, sig. 445, Aldeanueva de las Monjas.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[[Contexto material del manuscrito Libro de becerro]] &#039;&#039;adonde están asentados todos los propios, y rentas, de beneficios…, el qual se hizo en el mes de junio&#039;&#039;, año de 1721.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
== Criterios de edición ==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El &#039;&#039;Libro de becerro&#039;&#039; de donde se extrae esta vida es un manuscrito datado en 1721 que incluye una copia del original de la segunda relación de la fundación de Aldeanueva, de 1709 (el original podría ser un manuscrito que se conserva en el monasterio de Mosén Rubí, de Ávila, un poco deteriorado, con la misma relación de la fundación). Por esta razón, esta copia de la segunda relación se moderniza en puntuación y ortografía de acuerdo con los criterios actuales y siguiendo en general las normas de edición de vidas impresas. Es decir, se ha intentado que la modernización gráfica de este texto no suponga una importante pérdida de los valores fonéticos, léxicos y sintácticos de la época en cuestión. Por ello, se modernizan sibilantes, la alternancia b/v, i/y, qu/cu, empleo de la h, simplificación de consonantes geminadas, etc. Se contraen a el, de el, excepto cuando el artículo es parte del nombre de una comarca y no se desarrollan las abreviaturas de los títulos si solo aparecen con las iniciales.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Esta segunda relación de la fundación de Aldeanueva se contiene también en un manuscrito del monasterio de Mosén Rubí, como se ha señalado (seguramente la original, en todo caso también del siglo XVIII), y en otra copia moderna de hacia 1923 o 1928 conservada en el convento susodicho.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==Vida de María de los Serafines==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[10v] […] Pocos años después de la fundación de este convento &#039;&#039;[1]&#039;&#039; hubo en él una religiosa que se llamó María de los Serafines, que, por tener el natural un poco colérico, estando enojada tenía por costumbre decir que los diablos la llevasen [11r] y luego, al instante, decía “Jesucristo crucificado sea conmigo”, y al tiempo de su muerte se vio visiblemente que los diablos la levantaban de la cama donde estaba, cumpliéndose su petición y, pidiendo a Dios favor dijo, después de un gran parasismo que la dio, que había visto gran cantidad de demonios que la querían llevar, y a Jesucristo crucificado, que la dijo no hubiese miedo, que allí estaba quien la defendería, y así fue, pues de sus enemigos la defendió su Divina Majestad. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
===Notas===&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&#039;&#039;[1]&#039;&#039; En el margen izquierdo se lee: “Madre María de los Serafines”.&lt;/div&gt;</summary>
		<author><name>Anaritasoares</name></author>
	</entry>
	<entry>
		<id>https://catalogodesantasvivas.visionarias.es/index.php?title=Mar%C3%ADa_de_la_%C3%93&amp;diff=713127</id>
		<title>María de la Ó</title>
		<link rel="alternate" type="text/html" href="https://catalogodesantasvivas.visionarias.es/index.php?title=Mar%C3%ADa_de_la_%C3%93&amp;diff=713127"/>
		<updated>2026-09-02T15:39:44Z</updated>

		<summary type="html">&lt;p&gt;Anaritasoares: &lt;/p&gt;
&lt;hr /&gt;
&lt;div&gt;[[Category:Santas_Dominicas]]&lt;br /&gt;
[[Category:Ávila]]&lt;br /&gt;
[[Archivo:Logo CSV letras(6) DianaSanmartin.jpg|derecha|María de la Ó|link=]]&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
{| class=&amp;quot;wikitable&amp;quot;&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Nombre || María de la Ó&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Orden || [http://catalogodesantasvivas.visionarias.es/index.php/Categor%C3%ADa:Santas_Dominicas Dominicas]&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Títulos || Monja del convento de Aldeanueva, Ávila&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Fecha de nacimiento || Primera mitad del siglo XVI&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Lugar de nacimiento || El Barco de Ávila, [http://catalogodesantasvivas.visionarias.es/index.php/Categor%C3%ADa:Ávila Ávila]&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Lugar de fallecimiento|| Aldeanueva, [http://catalogodesantasvivas.visionarias.es/index.php/Categor%C3%ADa:Ávila Ávila]&lt;br /&gt;
|}&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
= Vida manuscrita=&lt;br /&gt;
Ed. de [http://visionarias.es/equipo/barbara-arango-serrano// Bárbara Arango Serrano]; fecha de edición: noviembre de 2025.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
== Fuente ==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
* “Fundación de este convento”, en &#039;&#039;Libro de becerro adonde están asentados todos los propios, y rentas, de beneficios…, el qual se hizo en el mes de junio, año de 1721&#039;&#039;, fols. 13v-14r. Ms. del Archivo Histórico Nacional, secc. Clero, libro Becerro, sig. 445, Aldeanueva de las Monjas.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[[Contexto material del manuscrito Libro de becerro]] &#039;&#039;adonde están asentados todos los propios, y rentas, de beneficios…, el qual se hizo en el mes de junio&#039;&#039;, año de 1721.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
== Criterios de edición ==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El &#039;&#039;Libro de becerro&#039;&#039; de donde se extrae esta vida es un manuscrito datado en 1721 que incluye una copia del original de la segunda relación de la fundación de Aldeanueva, de 1709 (el original podría ser un manuscrito que se conserva en el monasterio de Mosén Rubí, de Ávila, un poco deteriorado, con la misma relación de la fundación). Por esta razón, esta copia de la segunda relación se moderniza en puntuación y ortografía de acuerdo con los criterios actuales y siguiendo en general las normas de edición de vidas impresas. Es decir, se ha intentado que la modernización gráfica de este texto no suponga una importante pérdida de los valores fonéticos, léxicos y sintácticos de la época en cuestión. Por ello, se modernizan sibilantes, la alternancia b/v, i/y, qu/cu, empleo de la h, simplificación de consonantes geminadas, etc. Se contraen a el, de el, excepto cuando el artículo es parte del nombre de una comarca y no se desarrollan las abreviaturas de los títulos si solo aparecen con las iniciales.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Esta segunda relación de la fundación de Aldeanueva se contiene también en un manuscrito del monasterio de Mosén Rubí, como se ha señalado (seguramente la original, en todo caso también del siglo XVIII), y en otra copia moderna de hacia 1923 o 1928 conservada en el convento susodicho.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==Vida de María de la Ó==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[13v] Quemose este convento el año de mil y quinientos y sesenta y cinco, a dieciocho de septiembre, día &#039;&#039;[1]&#039;&#039; de los mártires San Cornelio y San Cipriano. Emprendiose el fuego a las doce de la noche en una casa de labor baja, encima de la cual estaba el cuarto de las enfermas, donde había más de cuarenta. Fue Dios servido se hubiesen quedado dos religiosas en oración hasta aquella hora, sin haber otra ninguna por recoger, habiendo en el convento trescientas monjas en aquella sazón. Estas dos religiosas, por el humo grande que vieron, sacaron el fuego, y despertaron a las demás, estando ya apoderado el fuego del convento, y con todo se libraron todas, sin peligrar ninguna, con haber muchas enfermas, y entre ellas muchas tullidas e impedidas. Quemose todo el convento, sin quedar más que las paredes, y aun de ellas se cayeron las más, porque el fuego fue tan grande que duró cinco días. Solo se rescataron de su rigor, por el gran cuidado que [14r] pusieron las religiosas, las reliquias, el Santísimo &#039;&#039;[2]&#039;&#039; Sacramento, el Santo Cristo, Nuestra Señora y &#039;&#039;[3]&#039;&#039; y las escrituras del depósito, por el gran cuidado y diligencia que puso la madre María de la Ó, de El Barco, que al presente era depositaria, y era tan grande el celo que tenía del bien de la comunidad, que se dice por cosa cierta que por librar las escrituras se metió al fuego. Fue una religiosa de vida muy observante y de tan grande penitencia que con ser enferma de gota coral &#039;&#039;[4]&#039;&#039;, traía siempre una cadena ceñida de hierro. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
===Notas===&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&#039;&#039;[1]&#039;&#039; En el margen izquierdo se lee: “Quemose el convento el año de 1565, día 18 de septiembre y de los santos mártires San Cornelio y San Cipriano”. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&#039;&#039;[2]&#039;&#039; En el margen derecho se lee: “Rescatáronse del incendio las reliquias del Santísimo Sacramento, Santo Cristo y Nuestra Señora. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&#039;&#039;[3]&#039;&#039; En el margen izquierdo se lee: “La madre María de la Ó, depositaria, rescató las escrituras del depósito, entrándose por el fuego”. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&#039;&#039;[4]&#039;&#039; “Gota coral” es como se conocía la enfermedad de la epilepsia.&lt;/div&gt;</summary>
		<author><name>Anaritasoares</name></author>
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		<id>https://catalogodesantasvivas.visionarias.es/index.php?title=Mar%C3%ADa_de_la_Resurrecci%C3%B3n_(2)&amp;diff=713126</id>
		<title>María de la Resurrección (2)</title>
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		<updated>2026-09-02T15:39:38Z</updated>

		<summary type="html">&lt;p&gt;Anaritasoares: &lt;/p&gt;
&lt;hr /&gt;
&lt;div&gt;[[Category:Santas_Dominicas]]&lt;br /&gt;
[[Category:Sevilla]]&lt;br /&gt;
[[Category:Juan_López]]&lt;br /&gt;
[[Archivo:Logo CSV letras(2) DianaSanmartin.jpg|derecha|María de la Resurrección|link=]]&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
{| class=&amp;quot;wikitable&amp;quot;&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Nombre || María de la Resurrección&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Orden || [http://catalogodesantasvivas.visionarias.es/index.php/Categor%C3%ADa:Santas_Dominicas Dominicas]&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Títulos || Monja del Monasterio de Santa María de Gracia de Sevilla&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Fecha de nacimiento || ¿Principios del s. XVI?&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Fecha de fallecimiento|| ¿Segunda mitad del s. XVI?&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Lugar de fallecimiento|| [http://catalogodesantasvivas.visionarias.es/index.php/Categor%C3%ADa:Sevilla Sevilla]&lt;br /&gt;
|}&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
= Vida impresa=&lt;br /&gt;
Ed. de [https://visionarias.es/equipo/veronica-torres-martin// Verónica Torres Martín]; fecha de edición: mayo de 2026.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
== Fuente ==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[[Archivo:Juan_López_1615.jpg|miniatura|250px|right| Juan López, 1615. &#039;&#039;Quarta parte de la historia general de Santo Domingo, y de su orden de predicadores&#039;&#039;. Valladolid: Francisco Fernández de Córdoba. (Fuente: Imagen propiedad de la Universidad Complutense de Madrid. CC BY 4.0 [Digitalizado por Google]).]]&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
* [http://catalogodesantasvivas.visionarias.es/index.php/Categor%C3%ADa:Juan_López López, Juan], 1615. “Libro primero de la quarta parte de la historia de Santo Domingo y de su orden”, &#039;&#039;Quarta parte de la historia general de Santo Domingo, y de su orden de predicadores&#039;&#039;. Valladolid: Francisco Fernández de Córdoba, 144.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[[Contexto material del impreso Quarta parte de la historia general de Santo Domingo, y de su orden de predicadores]]&#039;&#039;.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
== Criterios de edición ==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Se han adoptado los criterios de edición de vidas impresas estipulados en el catálogo, esto es, se han eliminado las consonantes geminadas y se ha modernizado la ortografía (sibilantes, b/u/v, j/g, chr/cr, qu/cu, empleo de h, etc.). Se mantiene el uso del paréntesis para indicar observaciones digresivas según el original. Además, se han ajustado a los criterios actuales del español la unión y separación de palabras (“desta”, “deste”, etc.), el uso de mayúsculas y minúsculas, la acentuación y la puntuación. Asimismo, se han expandido las abreviaturas.  Por último, se corrigen los casos de laísmo y leísmo presentes en el texto. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==Vida de María de la Resurrección==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[143] &#039;&#039;&#039;Capítulo XLVII&#039;&#039;&#039;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&#039;&#039;&#039;Adonde se prosigue la materia del capítulo pasado&#039;&#039;&#039;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[…]&lt;br /&gt;
[144] La madre María de la Resurrección entró niña en esta casa, donde vivió con mucha santidad. Fue dada a los ejercicios de oración, donde el Señor le enseñó un perfectísimo conocimiento de lo poco que era y valía. Estuvo dieciocho años tullida en la cama, donde sufrió no solamente los trabajos de la enfermedad, que fueron muchos, sino las desgracias y ruines palabras de quien la acudía a servir (que en largas y penosas enfermedades nunca faltan). No podía menearse sino por manos ajenas. Llevaba esto con tanta paciencia y alegría como si gozara de muchos regalos (que, a la verdad, el Señor los da soberanos a los que padecen por su amor). Su muerte fue de gran consuelo para todas las monjas, porque ganó el jubileo que de veinticinco en veinticinco años se gana en Roma, y, acabando de recibir los Sacramentos, espiró. Y fue tan grande el olor (como de violetas y flores) que, llegando donde estaba su cuerpo, era gozar de un regalo del Cielo. En toda la enfermería y coro se sentía la suavidad del olor y se comunicaba a las manos de las que tocaban su cuerpo, y los paños negros sobre que estaba el cuerpo, pasados más de dos meses, conservaron el olor que tuvieron el primer día. Fue su muerte día de la Natividad.&lt;/div&gt;</summary>
		<author><name>Anaritasoares</name></author>
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		<title>María de la Purificación</title>
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		<updated>2026-09-02T15:39:31Z</updated>

		<summary type="html">&lt;p&gt;Anaritasoares: &lt;/p&gt;
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&lt;br /&gt;
{| class=&amp;quot;wikitable&amp;quot;&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Nombre || María de la Purificación&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Orden || [http://catalogodesantasvivas.visionarias.es/index.php/Categor%C3%ADa:Santas_Dominicas Dominicas]&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Títulos || Monja del Monasterio de Santa María de Gracia de Sevilla&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Fecha de nacimiento || ¿Finales del s. XV?&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Fecha de fallecimiento|| ¿Primera mitad del siglo XVI?&lt;br /&gt;
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| Lugar de fallecimiento|| [http://catalogodesantasvivas.visionarias.es/index.php/Categor%C3%ADa:Sevilla Sevilla]&lt;br /&gt;
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&lt;br /&gt;
= Vida impresa=&lt;br /&gt;
Ed. de [https://visionarias.es/equipo/veronica-torres-martin// Verónica Torres Martín]; fecha de edición: mayo de 2026.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
== Fuente ==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[[Archivo:Juan_López_1615.jpg|miniatura|250px|right| Juan López, 1615. &#039;&#039;Quarta parte de la historia general de Santo Domingo, y de su orden de predicadores&#039;&#039;. Valladolid: Francisco Fernández de Córdoba. (Fuente: Imagen propiedad de la Universidad Complutense de Madrid. CC BY 4.0 [Digitalizado por Google]).]]&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
* [http://catalogodesantasvivas.visionarias.es/index.php/Categor%C3%ADa:Juan_López López, Juan], 1615. “Libro primero de la quarta parte de la historia de Santo Domingo y de su orden”, &#039;&#039;Quarta parte de la historia general de Santo Domingo, y de su orden de predicadores&#039;&#039;. Valladolid: Francisco Fernández de Córdoba, 140-141.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[[Contexto material del impreso Quarta parte de la historia general de Santo Domingo, y de su orden de predicadores]]&#039;&#039;.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
== Criterios de edición ==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Se han adoptado los criterios de edición de vidas impresas estipulados en el catálogo, esto es, se han eliminado las consonantes geminadas y se ha modernizado la ortografía (sibilantes, b/u/v, j/g, chr/cr, qu/cu, empleo de h, etc.). Se mantiene el uso del paréntesis para indicar observaciones digresivas según el original. Además, se han ajustado a los criterios actuales del español la unión y separación de palabras (“desta”, “deste”, etc.), el uso de mayúsculas y minúsculas, la acentuación y la puntuación. Asimismo, se han expandido las abreviaturas. Por último, se corrigen los casos de laísmo y leísmo presente en el texto. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==Vida de María de la Purificación==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[138] &#039;&#039;&#039;Capítulo XLVI&#039;&#039;&#039;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&#039;&#039;&#039;De algunas otras siervas de Dios del dicho monasterio&#039;&#039;&#039;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[…]&lt;br /&gt;
[140] La madre María de la Purificación, hija de don Melchor Maldonado, desde niña fue santa. Todo lo que parecía eran galas y dentro traía un cilicio (que es lo que se escribe de la bienaventurada santa Cecilia). En la cabeza traía unas espinas que le trabajaban mucho. Era la mayor de sus hermanas; deseaban los padres darle estado y casarla conforme a su calidad. Llamola Dios para otro más aventajado y, renunciando todo cuando le prometía su nobleza y lo que podía esperar de la deter- [141] minación de unos padres nobles y ricos, tomó el hábito en esta casa, donde vivió con grande ejemplo, guardando sus constituciones como si contravenir a la menor de ellas fuera un gran sacrilegio. El silencio era perpetuo, la abstinencia grandísima, las diciplinas tan continuas y tan rigurosas que le acabaron la salud y la vida. Era de profundísima humildad, en los lugares comunes siempre buscaba el más humilde. Publicaba siempre la gravedad de sus culpas, una mujer a quien no se le oía jamás una palabra ociosa. Su oración era continua sin faltar jamás del coro. Murió muy moza, que, con fervor de espíritu, se azotó de manera que murió de ello. Su muerte fue tan maravillosa como la vida. Estando en el tránsito tomó un Cristo en la mano y, con un fervor celestial, dijo: “Amado mío, por vuestra gran misericordia os suplico me deis a beber de ese licor suavísimo que salió de ese costado”. Diciendo estas palabras de gran dulzura y regalo, el Santo Cristo se desenclavó de todo punto de la cruz; puso la llaga del santísimo costado en su boca, con que espiró diciendo mil requiebros a la imagen de Cristo crucificado. No se hiciera memoria de tan celestial favor si no lo vieran testigos de tan grande abono, como fue el convento, que, conforme al estilo de la orden, se halla presente al tránsito de los religiosos. Oyose música del cielo, sintiéronse suavísimos olores. Luego murió otra religiosa, la cual poco antes de espirar mostró mucha alegría y, preguntando la causa, respondió que había visto a la madre Purificación llena de alegría, dando gracias al Señor por lo mucho que le había dado, siendo tan poco lo que había hecho y dejado en esta vida.&lt;/div&gt;</summary>
		<author><name>Anaritasoares</name></author>
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		<title>María de la Presentación</title>
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		<summary type="html">&lt;p&gt;Anaritasoares: &lt;/p&gt;
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&lt;br /&gt;
{| class=&amp;quot;wikitable&amp;quot;&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Nombre || María de la Presentación&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Orden || [http://catalogodesantasvivas.visionarias.es/index.php/Categor%C3%ADa:Santas_Dominicas Dominicas]&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Títulos || Monja del Monasterio de Santa María de Gracia de Sevilla&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Fecha de nacimiento || ¿Finales del s. XV?&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Fecha de fallecimiento|| ¿Mediados del s. XVI?&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Lugar de fallecimiento|| [http://catalogodesantasvivas.visionarias.es/index.php/Categor%C3%ADa:Sevilla Sevilla]&lt;br /&gt;
|}&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
= Vida impresa=&lt;br /&gt;
Ed. de [https://visionarias.es/equipo/veronica-torres-martin// Verónica Torres Martín]; fecha de edición: mayo de 2026.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
== Fuente ==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[[Archivo:Juan_López_1615.jpg|miniatura|250px|right| Juan López, 1615. &#039;&#039;Quarta parte de la historia general de Santo Domingo, y de su orden de predicadores&#039;&#039;. Valladolid: Francisco Fernández de Córdoba. (Fuente: Imagen propiedad de la Universidad Complutense de Madrid. CC BY 4.0 [Digitalizado por Google]).]]&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
* [http://catalogodesantasvivas.visionarias.es/index.php/Categor%C3%ADa:Juan_López López, Juan], 1615. “Libro primero de la quarta parte de la historia de Santo Domingo y de su orden”, &#039;&#039;Quarta parte de la historia general de Santo Domingo, y de su orden de predicadores&#039;&#039;. Valladolid: Francisco Fernández de Córdoba, 145.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[[Contexto material del impreso Quarta parte de la historia general de Santo Domingo, y de su orden de predicadores]]&#039;&#039;.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
== Criterios de edición ==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Se han adoptado los criterios de edición de vidas impresas estipulados en el catálogo, esto es, se han eliminado las consonantes geminadas y se ha modernizado la ortografía (sibilantes, b/u/v, j/g, chr/cr, qu/cu, empleo de h, etc.). Se mantiene el uso del paréntesis para indicar observaciones digresivas según el original. Además, se han ajustado a los criterios actuales del español la unión y separación de palabras (“desta”, “deste”, etc.), el uso de mayúsculas y minúsculas, la acentuación y la puntuación. Asimismo, se han expandido las abreviaturas.  &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==Vida de María de la Presentación==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[143] &#039;&#039;&#039;Capítulo XLVII&#039;&#039;&#039;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&#039;&#039;&#039;Adonde se prosigue la materia del capítulo pasado&#039;&#039;&#039;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[…]&lt;br /&gt;
[145] La madre María de la Presentación fue muy gran religiosa y muy sierva de Dios. Celaba mucho el rigor con que había comenzado esta santa casa y, si echaba de ver alguna cosa por mínima que fuese, no conforme al rigor antiguo y al andar que llevó la casa en otros tiempos, lo sentía mucho y lloraba como si fueran culpas muy graves (y a la verdad todos los religiosos de buen espíritu se lastiman mucho cuando ven en los monasterios alguna cosa, no solamente de aquellas que se tienen por relajación, sino aun de aquellas que no dicen bien con el rigor que la orden ha tenido, sabiendo que en pequeños principios comienzan las ruinas en cosas mayores, que son las órdenes como los edificios, que no luego caen de golpe, pero sino se previene lo que es poco, da la casa en tierra). Esta sierva de Dios, con este conocimiento santo, lloraba las pequeñas faltas. Fue muy humilde, muy dada a la oración, la cual acompañaba con muchas lágrimas y, eran con tanto estremo, que lejos del coro se oían sus gemidos. Son diversos los espíritus que el Señor causa en sus siervos; que, siendo de buena vida, unos viven cargados de miedo, llenos de sobresaltos, de congojas, como si se viesen las puertas del infierno, siendo efetos de la Divina Providencia los miedos que han menester algunas conciencias, que, si se asegurasen, se podría pensar de ellas alguna relajación y descuido. En otras personas causa el Señor una seguridad tan particular que pasan la vida con grandísimo consuelo, de que había cabido gran parte a esta sierva de Dios, la cual vivía con mucha confianza de las divinas misericordias, no para descuidarse un punto, sino para hacer muy grandes veras de la salvación de su alma. Decía muchas veces: “Yo he de gozar de la vista de la Majestad divina y he de pisar la hermosura de las estre- [146] llas que parecen”, y decíalo con tan grande alegría como si ya hubiera tomado puerto y puesto fin a los peligros, “que se acaban con la muerte”. Algunas cosas dijo que habían de suceder en beneficio de su convento, que salieron muy ciertas. Murió con tan grande alegría que se podía decir más tránsito que muerte su fallecimiento. Murió de cincuenta años.&lt;/div&gt;</summary>
		<author><name>Anaritasoares</name></author>
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		<title>María de la Pasión</title>
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		<updated>2026-09-02T15:39:20Z</updated>

		<summary type="html">&lt;p&gt;Anaritasoares: &lt;/p&gt;
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|-&lt;br /&gt;
| Fecha de nacimiento || ¿Finales del s. XV?&lt;br /&gt;
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| Fecha de fallecimiento|| ¿Primera mitad del siglo XVI?&lt;br /&gt;
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|}&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
= Vida impresa=&lt;br /&gt;
Ed. de [https://visionarias.es/equipo/veronica-torres-martin// Verónica Torres Martín]; fecha de edición: mayo de 2026.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
== Fuente ==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[[Archivo:Juan_López_1615.jpg|miniatura|250px|right| Juan López, 1615. &#039;&#039;Quarta parte de la historia general de Santo Domingo, y de su orden de predicadores&#039;&#039;. Valladolid: Francisco Fernández de Córdoba. (Fuente: Imagen propiedad de la Universidad Complutense de Madrid. CC BY 4.0 [Digitalizado por Google]).]]&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
* [http://catalogodesantasvivas.visionarias.es/index.php/Categor%C3%ADa:Juan_López López, Juan], 1615. “Libro primero de la quarta parte de la historia de Santo Domingo y de su orden”, &#039;&#039;Quarta parte de la historia general de Santo Domingo, y de su orden de predicadores&#039;&#039;. Valladolid: Francisco Fernández de Córdoba, 144-145.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[[Contexto material del impreso Quarta parte de la historia general de Santo Domingo, y de su orden de predicadores]]&#039;&#039;.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
== Criterios de edición ==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Se han adoptado los criterios de edición de vidas impresas estipulados en el catálogo, esto es, se han eliminado las consonantes geminadas y se ha modernizado la ortografía (sibilantes, b/u/v, j/g, chr/cr, qu/cu, empleo de h, etc.). Se mantiene el uso del paréntesis para indicar observaciones digresivas según el original. Además, se han ajustado a los criterios actuales del español la unión y separación de palabras (“desta”, “deste”, etc.), el uso de mayúsculas y minúsculas, la acentuación y la puntuación. Asimismo, se han expandido las abreviaturas. Por último, se corrigen los casos de laísmo y leísmo que aparecen en el texto.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==Vida de María de la Pasión==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[143] &#039;&#039;&#039;Capítulo XLVII&#039;&#039;&#039;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&#039;&#039;&#039;Adonde se prosigue la materia del capítulo pasado&#039;&#039;&#039;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[…]&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[144] La vida de la madre María de la Pasión fue de mucho ejemplo. Vivió muy atenta al cumplimiento de sus obligaciones y eso con tan gran rigor que perdió la salud. Pero no fue parte para que hubiese relajación ni moderación en los ayunos y diciplinas de sangre. Tuvo don de lágrimas. Era tan continua en la oración que acontecía de una vez estar once horas orando con gran sentimiento. Traía siempre el escapulario mojado de llorar. En la cama estaba y allí continuaba estos santos ejercicios. Murió santísimamente, diciendo [145] mil lindezas que causan gran devoción en las que se hallaban presentes. Aconsejaba la perseverancia en las cosas del servicio de Nuestro Señor. Murió de treinta y tres años, día del nacimiento de Nuestra Señora. Apareció después de muerta a un santo religioso muy resplandeciente y alegre, al cual dijo que era muerta y que se iba al Cielo a gozar del Señor, de quien había recibido grandes mercedes toda la vida y muy particulares al tiempo de su dichosa muerte.&lt;/div&gt;</summary>
		<author><name>Anaritasoares</name></author>
	</entry>
	<entry>
		<id>https://catalogodesantasvivas.visionarias.es/index.php?title=Mar%C3%ADa_de_la_Cruz_(2)&amp;diff=713122</id>
		<title>María de la Cruz (2)</title>
		<link rel="alternate" type="text/html" href="https://catalogodesantasvivas.visionarias.es/index.php?title=Mar%C3%ADa_de_la_Cruz_(2)&amp;diff=713122"/>
		<updated>2026-09-02T15:39:14Z</updated>

		<summary type="html">&lt;p&gt;Anaritasoares: &lt;/p&gt;
&lt;hr /&gt;
&lt;div&gt;[[Category:Santas_Dominicas]]&lt;br /&gt;
[[Category:Sevilla]]&lt;br /&gt;
[[Category:Juan_López]]&lt;br /&gt;
[[Archivo:Logo CSV letras(2) DianaSanmartin.jpg|derecha|María de la Cruz|link=]]&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
{| class=&amp;quot;wikitable&amp;quot;&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Nombre || María de la Cruz&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Orden || [http://catalogodesantasvivas.visionarias.es/index.php/Categor%C3%ADa:Santas_Dominicas Dominicas]&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Títulos || Prelada del Monasterio de Santa María de Gracia de Sevilla&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Fecha de nacimiento || ¿Finales del s. XV?&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Fecha de fallecimiento|| ¿Mediados del s. XVI?&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Lugar de nacimiento || [http://catalogodesantasvivas.visionarias.es/index.php/Categor%C3%ADa:Sevilla ¿Sevilla?]&lt;br /&gt;
|-&lt;br /&gt;
| Lugar de fallecimiento|| [http://catalogodesantasvivas.visionarias.es/index.php/Categor%C3%ADa:Sevilla ¿Sevilla?]&lt;br /&gt;
|}&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
= Vida impresa=&lt;br /&gt;
Ed. de [https://visionarias.es/equipo/veronica-torres-martin// Verónica Torres Martín]; fecha de edición: mayo de 2026.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
== Fuente ==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[[Archivo:Juan_López_1615.jpg|miniatura|250px|right| Juan López, 1615. &#039;&#039;Quarta parte de la historia general de Santo Domingo, y de su orden de predicadores&#039;&#039;. Valladolid: Francisco Fernández de Córdoba. (Fuente: Imagen propiedad de la Universidad Complutense de Madrid. CC BY 4.0 [Digitalizado por Google]).]]&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
* [http://catalogodesantasvivas.visionarias.es/index.php/Categor%C3%ADa:Juan_López López, Juan], 1615. “Libro primero de la quarta parte de la historia de Santo Domingo y de su orden”, &#039;&#039;Quarta parte de la historia general de Santo Domingo, y de su orden de predicadores&#039;&#039;. Valladolid: Francisco Fernández de Córdoba, 136-137.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[[Contexto material del impreso Quarta parte de la historia general de Santo Domingo, y de su orden de predicadores]]&#039;&#039;.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
== Criterios de edición ==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Se han adoptado los criterios de edición de vidas impresas estipulados en el catálogo, esto es, se han eliminado las consonantes geminadas y se ha modernizado la ortografía (sibilantes, b/u/v, j/g, chr/cr, qu/cu, empleo de h, etc.). Se mantiene el uso del paréntesis para indicar observaciones digresivas según el original. Además, se han ajustado a los criterios actuales del español la unión y separación de palabras (“desta”, “deste”, etc.), el uso de mayúsculas y minúsculas, la acentuación y la puntuación. Asimismo, se han expandido las abreviaturas y se han subsanado los casos de laísmo. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==Vida de María de la Cruz==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[134] &#039;&#039;&#039;Capit. XLV&#039;&#039;&#039;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&#039;&#039;&#039;De la fundación del Monasterio de monjas de santa María de Gracia en Sevilla&#039;&#039;&#039;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[…]&lt;br /&gt;
[136] La primera prelada que tuvo el monasterio fue doña Mayor de Guzmán (que en la orden se llamó soror María de la Cruz). Fue verdadero retrato de la virtud de la fundadora. Sucediéronla otras dos señoras muy principales, que fueron sor María de la Asunción y sor María de la Encarnación. Era tan grande el espíritu de estas tres monjas que fueron prioras, y su humildad tan particular que hacían los oficios más bajos de la casa, como era la cocina y el barrer y otras cosas semejantes. Con el respecto que a tan santas mujeres tenían las religiosas, antes que la prelada mandase, la cosa estaba ya hecha. De esta casa han sacado muchas monjas que han fundado cinco conventos. Ahora hay en la casa santas monjas viejas y mozas de grande ejemplo. El primer convento que fundaron de esta casa fue en la ciudad de Baeza, salieron de aquí tres santas monjas (de que se dará cuenta): soror María de Santo Tomás, soror María de la Trinidad y soror María de Santa Ana. Sola María de Santo Tomás se quedó y fundó el Convento de monjas de Úbeda. Para el Convento de la Piedad de Nuestra Señora de Lepe (a petición de los duques de Béjar) salieron con precepto del provincial ocho monjas. El Convento de la Pasión de la ciudad de Sevilla le fundaron tres monjas de esta casa, y otras tres del Monasterio de Portosiano. &lt;br /&gt;
[…]&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
[137] La madre María de la Cruz fue persona muy noble, entró de doce años en este convento y vivió en él setenta. Fuera menester un largo tratado para dar entera cuenta de su vida santa y ejemplar. Era muy humilde. Reinaba en ella un gran menosprecio de sí misma, sin que la calidad de su persona, de sus pasados y sus deudos enviasen humos a la cabeza (que no falta en la religión quien los tenga, aunque haya uno nacido de los terrones). Dejó el mundo soror María de la Cruz y encerrose en el monasterio para ser en la casa de Dios la menor y hacer autoridad de solo eso. Fue devotísima de Nuestra Señora, en cuyos pies buscaba el remedio de sus trabajos, que fueron muchos los que tuvo. &lt;br /&gt;
Fue dos veces priora, forzada de la obediencia (que, como era tan humilde, conocía en sí muchas faltas que la hacían en sus pensamientos indigna del oficio). Sucedió un año tan grande carestía que valía una hanega de trigo cien reales, y el convento tan acabado y tan pobre que hubo días que no tuvo un solo bocado de pan con que dar de comer a las monjas. En estos aprietos y otros semejantes nunca perdió la esperanza que tenía librada en la Reina del Cielo. Cuando más la fatigaban íbase a los pies de Nuestra Señora y decía: “Señora mía, vos sois la priora de esta casa y yo vuestra mayordoma; si vos no me lo dais, no tengo qué dar. Socorredme con vuestra misericordia y enviad de comer a vuestras siervas”. Con tan buena intercesión venían luego al torno ya el trigo, ya el pan, ya otras cosas necesarias, sin saber por dónde ni quién las enviaba. Solía decir: “Madres, Vuestra Señora es la priora, por eso nunca falta ni faltará jamás”. Cuando le daban las llaves del oficio las llevaba a la Reina del Cielo y decía: “Señora mía, bien sabéis mi miseria y quién soy, la obediencia me pone en este oficio. Yo, mi Señora, os doy las llaves y os suplico seáis priora; yo seré mayordoma vuestra”. Con esta ayuda de costa llevó los trabajos de sus oficios favoreciéndola Nuestra Señora en todo. Muchas veces le decían: “Madre, no hay qué dar de comer a las enfermas y para el convento falta y no hay dineros con que comprar lo necesario, ni tiempo de hallarlo, porque es tarde”. Respondía: “No tengan pena, que Nuestra Señora lo remediará”. Acabado de decir esto, llegaban al torno a vender las mismas cosas que el convento había menester. [138] &#039;&#039;[1]&#039;&#039; Decían la mucha necesidad que de ello tenían, mas que no había dineros con que pagar, que, si querían esperar, a su tiempo satisfarían; dejávanlo, íbanse y nunca más volvían por el dinero. Muchas veces sucedió esto, con que las monjas entendían que era milagro.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y también lo era la paciencia con que llevaba las pesadumbres, que fueron grandes las que tuvo en sus prioratos (de que se pudiera decir muchos y del ejemplo que dio de humildad y sufrimiento). Su oración fue tan continua que siempre estaba delante del Santísimo Sacramento y, cuando algunos ratos se iba a su celdilla a reposar, era echándose vestida sobre una tabla. Dormía tan poco que siempre la hallaban despierta y en oración. Preguntándola que por qué no descansaba algún rato, que sus muchos años y la falta de salud habían menester algún alivio, respondía: “No es razón que busque otra vida quien está esperando por horas que la llamen y que parta a dar cuenta”. Sin duda la daría bonísima, que eso se ha de pensar de quien a la hora de su muerte vio a Nuestra Señora y al glorioso san José, de quien era muy devota. Espiró con grande alegría nacida de la esperanza de que iba a gozar de Dios. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
===Notas===&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&#039;&#039;[1]&#039;&#039; Al margen izquierdo: Años de 1524.&lt;/div&gt;</summary>
		<author><name>Anaritasoares</name></author>
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