Catalina de la Cruz

Catalina de la Cruz
Nombre Catalina de la Cruz
Orden Dominicas
Títulos Fundadora del convento de la Madre de Dios de Valladolid
Fecha de nacimiento Primera mitad del siglo XVI
Fecha de fallecimiento 1556
Lugar de nacimiento Valladolid
Lugar de fallecimiento Valladolid

Contenido

Vida impresa

Ed. de Bárbara Arango Serrano y Borja Gama de Cossío; fecha de edición: octubre de 2023.

Fuente

Juan López, 1613. Tercera parte de la historia general de Santo Domingo, y de su orden de predicadores. Valladolid: Francisco Fernández de Córdoba. (Fuente: Imagen propiedad de la Universidad Complutense de Madrid. CC BY 4.0 [Digitalizado por Google])
  • López, Juan, 1613. “Libro tercero de la tercera parte de la historia general de Santo Domingo”, Tercera parte de la historia general de Santo Domingo, y de su orden de predicadores. Valladolid: Francisco Fernández de Córdoba, 310.

Contexto material del impreso Tercera parte de la historia general de Santo Domingo, y de su orden de predicadores.

Criterios de edición

Esta crónica está escrita por Juan López, obispo en la ciudad italiana de Monopoli. En la tercera parte se incluye la vida de santos de la orden, se aborda la fundación de los diferentes conventos en los dos primeros siglos de los dominicos en Castilla y se añade la vida de destacadas religiosas, aunque se hace referencia también a las religiosas que viven en las fundaciones hasta la publicación de la crónica en los conventos fundados.

Aquí nos encargamos de las religiosas que viven en los siglos XV-XVI cuyo foco de actuación es anterior a 1560 (aunque mueran después de esta fecha), es decir, antes del auge de Santa Teresa. Se adoptan los criterios de edición de vidas impresas estipulados en el Catálogo: se moderniza la ortografía (b/u/v, j/g, chr/cr, qu/cu, empleo de h, etc.) y se eliminan las consonantes geminadas. Además, se expanden las abreviaturas, aunque algunas como N. S. (Nuestro Señor) o N. P. S. (Nuestro Padre Santo) se respetan en el texto. El uso de mayúsculas y minúsculas se moderniza y se adaptan las normas acentuales a sus usos actuales. Finalmente, se moderniza también la puntuación, la acentuación y el uso de aglomerados.

Vida de Catalina de la Cruz

[309]

Capítulo XLIX

De la fundación del convento de la Madre de Dios de la ciudad de Valladolid

[…]

[310] […] Una de las religiosas que vinieron de Santa Catalina de Valladolid a fundar este convento fue la madre Catalina de la Cruz, gran religiosa y de mucho ejemplo. Fue muy pobre y dejó la rentilla que tenía (cosa que se ha permitido siempre a las religiosas con nombre de limosna) al convento, y, en la celda, no tenía cosa que a cien leguas pareciese curiosidad. Fueron grandes sus penitencias y, con ellas, vino a perder la salud y padecer grandísimos dolores de todo el cuerpo. Y, aunque eran tan grandes que movían a mucha compasión a sus compañeras, los llevaba con extraordinaria paciencia. Una religiosa que vivía junto a su celda murmuró de ella, diciendo que se quejaba mucho de noche y no la dejaba dormir y que pudiera tener más paciencia y no quitar el sueño a la que había de ir a maitines. Con esto se acostó algo colérica, pero apenas había cerrado los ojos cuando el Señor, en defensa de su sierva, la dio un dolor grandísimo en un solo dedo pulgar y la despertó, pareciéndola que era imposible sufrirle, y oyó que la decían al oído: “Si tú tienes tanto el dolor de un dedo, ¿qué hará esa santa mujer, que todo su cuerpo la duele de esa manera?”. Con lo cual quedó la religiosa corrida y emendada por haber puesto lengua en su hermana. Esto contaba muchas veces. Cuatro años pasó con increíble paciencia. Su oración era continua y, estando buena, jamás faltó de maitines a medianoche. Algunas veces la vieron en oración rodeada de una grande luz del Cielo. Un día de Pascua de Espíritu Santo estuvo en oración en el coro desde la hora de Tercia, que serían las ocho de la mañana, hasta las cinco de la tarde. Estaba en un rincón, donde apenas la podían ver. Después de las cinco, la fueron a buscar para darla de comer y la hallaron arrobada, cercada de una gran luz y resplandor. Procuraron despertarla y, cuando volvió en sí, dijo: “Dios se lo perdone, señoras, que había yo menester comer”. Después, pareciéndola que no debiera decir estas palabras, pidió perdón a quien la llamó. Era humilde y, con ser de las fundadoras, cuando le parecía que la enfermera mostraba algún enfado, la pedía perdón y se echaba en el suelo como podía, que es estilo que la orden usa cuando algún religioso ha agraviado a otro. Tenía deseo de irse a morir a Santa Catalina, de donde había venido, y los perlados la dijeron para divertirla de este pensamiento que sentían las religiosas del convento la ausencia que quería hacer y lo mucho que sentirían su falta. Si quería salir para ser perlada, llevarían en paciencia la partida, pero, si no, que no había de salir, y recibió con gran gusto el quedarse a trueque de no ser perlada. Y, llena de virtudes y santas obras, murió en el Señor en el año de mil y quinientos y cincuenta y seis, dejando opinión de santa.