Isabel de la Columna

De Catálogo de Santas Vivas
Revisión del 16:12 22 mar 2024 de Anaritasoares (discusión | contribuciones) (Fuente)
(dif) ← Revisión anterior | Revisión actual (dif) | Revisión siguiente → (dif)
Saltar a: navegación, buscar
Isabel de la Columna
Nombre Isabel de la Columna
Orden Dominicas
Títulos Priora del monasterio de la Madre de Dios de Sevilla
Fecha de nacimiento Segunda mitad del siglo XV
Fecha de fallecimiento ¿Primera mitad del siglo XVI?
Lugar de nacimiento ¿Sevilla?
Lugar de fallecimiento Sevilla

Vida impresa

Ed. de Bárbara Arango Serrano y Borja Gama de Cossío; fecha de edición: octubre de 2023.

Fuente

Juan López, 1613. Tercera parte de la historia general de Santo Domingo, y de su orden de predicadores. Valladolid: Francisco Fernández de Córdoba. (Fuente: Imagen propiedad de la Universidad Complutense de Madrid. CC BY 4.0 [Digitalizado por Google])
  • López, Juan, 1613. “Libro tercero de la tercera parte de la historia general de Santo Domingo”, Tercera parte de la historia general de Santo Domingo, y de su orden de predicadores. Valladolid: Francisco Fernández de Córdoba, 246-247.

Contexto material del impreso Tercera parte de la historia general de Santo Domingo, y de su orden de predicadores.

Criterios de edición

Esta crónica está escrita por Juan López, obispo en la ciudad italiana de Monopoli. En la tercera parte se incluye la vida de santos de la orden, se aborda la fundación de los diferentes conventos en los dos primeros siglos de los dominicos en Castilla y se añade la vida de destacadas religiosas, aunque se hace referencia también a las religiosas que viven en las fundaciones hasta la publicación de la crónica en los conventos fundados.

Aquí nos encargamos de las religiosas que viven en los siglos XV-XVI cuyo foco de actuación es anterior a 1560 (aunque mueran después de esta fecha), es decir, antes del auge de Santa Teresa. Se adoptan los criterios de edición de vidas impresas estipulados en el Catálogo: se moderniza la ortografía (b/u/v, j/g, chr/cr, qu/cu, empleo de h, etc.) y se eliminan las consonantes geminadas. Además, se expanden las abreviaturas, aunque algunas como N. S. (Nuestro Señor) o N. P. S. (Nuestro Padre Santo) se respetan en el texto. El uso de mayúsculas y minúsculas se moderniza y se adaptan las normas acentuales a sus usos actuales. Finalmente, se moderniza también la puntuación, la acentuación y el uso de aglomerados.

Vida de Isabel de la Columna

[245]

Capítulo XXIIII

De otras grandes siervas de Dios que ha tenido este monasterio [1]

[…] [246] […] Otra de las religiosas santas que tuvo esta casa fue una hija de un primo hermano del Duque de Arcos y de doña Isabel de Mendoza. Entró en el monasterio de cuatro años, llamose soror Isabel de la Columna. En ese tiempo, cuando apenas había comenzado a vivir, la vida que hacía en el monasterio era muy ejemplar. Fue devotísima de la Pasión, lloraba con grandísima ternura las horas que estaba en oración, que eran muchas, y señaladamente los viernes, que en este tiempo dejaba el suelo bañado en lágrimas porque de ordinario rezaba derribada en tierra. Muchos años rezó cada día un salterio. Desde la una del día hasta las tres estaba en el coro sin faltar jamás. Tenía muy buena voz y todos los oficios de la Semana Santa cantaba con tanta devoción y con tantas lágrimas que las causaba en las que la oían. Sucediole muchas veces en la profesión de Ramos, cantando aquel responso: Collegerunt Pontifices & Farisei Concilium et Iesum dolotenerent & occiderent, dar sollozos y mojar el libro en que cantaba, y monjas que la conocieron referían que les parecía que le resplandecía el rostro. Toda esta semana no salía del coro, ni habla palabra sino en cosas necesarias. Siendo súbdita y perlada, siempre fue muy celosa de la observancia. Fue priora de esta casa diez y seis años, que comenzó a serlo muy moza y, siendo de sesenta años, fue con otras madres a enseñar canto y religión al convento de Santa María de Gracia, donde estuvo diez años, poco más o menos, siendo un raro ejemplo de virtud. Volviose a su casa con deseo de morir en ella y, aunque muy cansada y acabada con enfermedades y penitencias, el resto del día se estaba en un rincón rezando. Por noviembre, le dio un desmayo que fue ramo de perlesía. Volvió de él con la habla turbada y un lado casi muerto. Siendo tan vieja y el mal tan grave, el médico tuvo su enfermedad por mortal. Confesó y comulgó y, por la sequedad del paladar, que era grandísima, tuvo mucha dificultad en pasar el Santísimo Sacramento. Su confesor, que era el padre maestro fray Miguel de Santa María, persona muy conocida por su santidad, aunque la quisiera controlar muchas veces, no se atrevía por el inconveniente dicho. Habiendo pasado dos o tres días [247] sin este consuelo, día de San Andrés, estando muchas con ella dijo: “Apártense madres, que quiere decir misa el padre fray Martín de los Ángeles”. Tuviéronlo por desvarío, aunque nunca en la enfermedad había dicho cosa que lo pareciese. Pusiéronse de rodillas donde ella dijo y comenzó a oír misa con mucha atención y responder al sacerdote. Al tiempo de levantar la hostia, hizo la adoración con las palabras que solía y lo mismo hizo después de la consagración del cáliz, y, acabada la misa, se puso como para comulgar y alzó la cabeza lo más que pudo. Luego pidió agua y se la dio una monja que era viva cuando se hizo esta relación. Hizo mucha fuerza para pasar la forma y dijo que le mirasen la boca si la había pasado, y, aunque creyeron que era imaginación, por consolarla, se hizo la diligencia y vieron parte de la hostia pegada al paladar y la dieron más agua para pasarla. A la tarde, vinieron frailes de San Pablo y contaron que, queriendo aquel día el dicho padre fray Martín comulgar nueve personas, con sagradas nueve formas, no pudo descubrir más que ocho, aunque hizo las diligencias que el caso pedía. Y, estando afligido, le dijo una monja: “No se perdió la forma, que acá comulgó una con ella”, y contó el caso y las circunstancias del tiempo y señas que dio, que se tuvo por muy cierto lo que la monja había referido. Murió la octava de la Concepción de Nuestra Señora (que era devotísima de esta fiesta). Los padres que la vinieron a enterrar llevaron muchos pedazos de la mortaja por reliquia y algunas religiosas del cabello y del hábito.

Notas

[1] Se refiere a la fundación del monasterio de las monjas de la Madre de Dios de Sevilla.