Mencía de la Oliva

Mencía de la Oliva
Nombre Mencía de la Oliva
Orden Franciscanas
Títulos Monja del Real Monasterio de Santa Clara
Fecha de nacimiento Segunda mitad del siglo XV
Fecha de fallecimiento 1552
Lugar de nacimiento Córdoba
Lugar de fallecimiento Córdoba

Contenido

Vida impresa

Ed. de Borja Gama de Cossío; fecha de edición: octubre de 2020.

Fuente

  • Torres de, Alonso, 1683. Chrónica de la Santa Provincia de Granada, de la regular observancia de N. Seráfico Padre San Francisco, Madrid: Juan García Infanzón, 526-527.

Contexto material del impreso Chrónica de la Santa Provincia de Granada, de la regular observancia de N. Seráfico Padre San Francisco.

Criterios de edición

Esta crónica, dedicada, según se dice en su título, “al señor D. Iván Antonio de Contreras Remírez de Arellano, Alcayde perpetuo de las fortalezas de Cambil y Alhabar del Consejo de su Majestad, su Alcalde de Hijosdalgo en la Real Cancillería de Granada”, se trata de un impreso de 1683 que, dividido en diferentes tratados, ahonda en el origen de la Santa Provincia de Granada desde sus inicios en el siglo XV hasta finales del siglo XVII, cuando esta obra se publica. El texto habla de la fundación, división de la provincia y los reinos, así como de los patronos de la provincia y religiosas que han vivido en esta comunidad desde sus inicios hasta 1683. Se transcriben vidas de monjas y religiosas de diferentes conventos situados en distintas ciudades de Andalucía.

En este trabajo se edita el Tratado V, que se encarga de documentar la vida y milagros de mujeres de la comunidad de Santa Clara desde finales del siglo XV hasta finales del siglo XVII. Dada la naturaleza del Catálogo, nos ocupamos de las mujeres que mueren antes de 1560-1563, aunque se transcriben tres que mueren en 1565 (Sor María de San Juan), 1567 (Sor Catalina de Ribera) y 1568 (Sor Florentina de los Ángeles), ya que su foco de actuación es anterior a estas fechas (por lo tanto, también al de Santa Teresa) y la longitud de las hagiografías da cuenta de su importancia. Las vidas de estas mujeres con fama de santas se incluyen en capítulos dentro de este Tratado V, donde se informa de cada mujer en referencia al convento en el que vive. Tras una pequeña introducción que ocupa todo el ancho de la página, cada hoja está dividida en dos columnas, las cuales tienen anotaciones en sus respectivos márgenes izquierdo o derecho, que aclaran información comentada en el cuerpo del texto, ya sea el lugar de nacimiento o la fecha de fallecimiento, además de otros tipos de información biográfica, bíblica e histórica.

Se adoptan los criterios de edición de vidas impresas estipulados en el Catálogo, es decir, se moderniza la ortografía (b/u/v, j/g, chr/cr, qu/cu, empleo de h, etc.) y se eliminan las consonantes geminadas. Además, se expanden las abreviaturas, primordialmente la expansión de las nasales con la virgulilla encima de la vocal y la abreviación de “que” o “qual”, también con el uso de la virgulilla o la diéresis. De todos modos, algunas abreviaturas como N. S. (Nuestro Señor) o N. P. S. (Nuestro Padre Santo) se respetan en el texto. Asimismo, las abreviaturas presentadas en las notas serán respetadas. El uso de mayúsculas y minúsculas se moderniza, así como se adaptan las normas de acentuación a sus usos actuales. Además, se moderniza también la puntuación, teniendo en cuenta el orden de la oración y el uso de la puntuación a día de hoy. Del mismo modo, se moderniza el uso de aglomerados, se separan las palabras que a día de hoy ya no aparecen juntas (“della”) y se unen las que ya se representan como una sola palabra (“del”, “al”).

Vida de Mencía de la Oliva

Capítulo IV

[526]

De algunas religiosas ejemplares del Real Monasterio de Santa Clara de la ciudad de Córdoba

[…]

[527] […] Sor Mencía de la Oliva fue natural de la ciudad de Córdoba [1] y, en ella [528] vivió muchos años, casada con Antonio de Morales, doctor en medicina, de los primeros créditos [sic] de aquella república. Quitole Dios el marido y, aunque no le faltaban en el estado de viuda conveniencias, pues demás de su gruesa hacienda tenía por hermano al doctor Fernán Pérez de la Oliva, rector de la Universidad de Salamanca, lo dejó todo y se retiró a la religión.

Mereció la sierva de Dios en esta vida honor y gloria en algún modo semejante a la de Santa Mónica, pues si la santa le dio a la Iglesia el escriptor más ilustre en su hijo Agustino, ella le dio a España el historiador más insigne y erudito, como lo fue el docto Ambrosio de Morales, su hijo, gloria de nuestro siglo y nación [2].

Quiso a tanto oro echar el mejor esmalte con ceñirse la pobre cuerda de religiosa humilde, y así tomó el hábito en este monasterio, trayéndose consigo a una hermana suya, que veremos, y a una hija que tenía llamada Andrea de Morales, hermana del doctor referido. Entró en la clausura muchas alhajas de valor y devoción, con que la comunidad adornó algunas piezas.

Por sus años y condecoración no la ocuparon después de profesa en ningunos oficios, mas ella gastaba tan bien el tiempo, que continuamente estaba en el coro en oración, hacía muchas disciplinas, guardaba silencio por la casa y estaba a los mandatos de la prelada, muy obediente y puntual, rogándola siempre la mandara.

Diole un achaque a la hija, de que se le hinchó todo el cuerpo y de pies a cabeza se le abrieron tantas bocas y llagas que se le veían los huesos por ellas. Curábala Sor Mencía con el cariño de madre [3], advirtiéndola que importaba más la salud del alma que la del cuerpo y que así no debía perder la paciencia, sino llevar por el amor de Dios la enfermedad. Tomaba la niña los consejos y así, como un paciente Job, sufrió sus llagas y, recibidos devotamente los sacramentos, murió. Amortajola la dolorida madre, sin permitir llegase otra persona y, tomando en sus brazos el cadáver yerto de la criatura, se fue al coro con ella, ofreciósela a su Criador con tales ternuras que de oírla se deshacían entre lágrimas las presentes.

Entre otras obras heroicas que hizo en este monasterio fue un Santo Cristo de talla, de dos varas de estatura, en quien hoy se conserva gran devoción. Murió esta sierva de Dios por los años de mil quinientos y cincuenta y dos [4], causando en Córdoba gran sentimiento por sus virtudes y por la gloria que en su hijo le había dado.

Notas

[1] Al margen derecho: “Natural de Córdoba”.

[2] Al margen izquierdo: “Madre/ de Am-/ brosio de/ Mora/ les, céle-/bre his-/ toriador”.

[3] Al margen izquierdo: “Cura a su hija”.

[4] Al margen derecho: “Muere/ por los/ años de/ 1552”.