Diferencia entre revisiones de «María de Silva»
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| Fecha de fallecimiento || 18 de enero de 1532 | | Fecha de fallecimiento || 18 de enero de 1532 | ||
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| Lugar de nacimiento || [http://catalogodesantasvivas.visionarias.es/index.php/Categor%C3%ADa:Toledo ¿Toledo?] | | Lugar de nacimiento || [http://catalogodesantasvivas.visionarias.es/index.php/Categor%C3%ADa:Toledo ¿Toledo?] | ||
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| Lugar de fallecimiento || [http://catalogodesantasvivas.visionarias.es/index.php/Categor%C3%ADa:Toledo Toledo] | | Lugar de fallecimiento || [http://catalogodesantasvivas.visionarias.es/index.php/Categor%C3%ADa:Toledo Toledo] | ||
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= Vida manuscrita (1)= | = Vida manuscrita (1)= | ||
Ed. de [http://visionarias.es/equipo/rebeca-sanmartin-bastida-investigadora-principal/ Rebeca Sanmartín Bastida] y María Morrás; fecha de edición: enero de 2020. | Ed. de [http://visionarias.es/equipo/rebeca-sanmartin-bastida-investigadora-principal/ Rebeca Sanmartín Bastida] y María Morrás; fecha de edición: enero de 2020; fecha de modificación: septiembre de 2026. | ||
== Fuente == | == Fuente == | ||
* ''Razón y bezerro de toda la hazienda deste convento de la Madre de Dios de Toledo, de la orden de Sancto Domingo, ansí en | |||
[[Archivo:II_Leonor_de_Silva.jpg|250px|right|Manuscrito|link=]] | |||
* ''Razón y bezerro de toda la hazienda deste convento de la Madre de Dios de Toledo, de la orden de Sancto Domingo, ansí en dineros, pan, gallinas, molinos, tierras, dotes, alimentos, olivas, capellanías, que tiene hasta fin del año de MDXCIX''. Ms. del convento de Santo Domingo el Real de Toledo. | |||
[[Contexto material del manuscrito Razón y Bezerro]]. | |||
== Criterios de edición == | == Criterios de edición == | ||
El relato de la vida de las hermanas Silva, que se encuentra dentro de la narración de la fundación de la Casa de la Madre de Dios, está incluido en el libro becerro del archivo que de esta comunidad conserva el convento de Santo Domingo el Real de Toledo. El texto está inserto en un volumen fechado en 1599 y está escrito por dos manos que cabría fechar como contemporáneas a la data del becerro ''nuevo'', que copia el relato de la vida de la fundadora del antiguo (Becerro, fols. 7v-9r). Mantenemos, pues, todos los usos gráficos que pueden indicar preferencias fonéticas, dialectales o culturales en el texto. Dado que se trata de un texto único, escrito por dos monjas ‒una de ellas quizá la propia cronista‒ del siglo XVI, adoptamos un criterio conservador que recoja las características culturales y fonéticas de las monjas escribanas. | El relato de la vida de las hermanas Silva, que se encuentra dentro de la narración de la fundación de la Casa de la Madre de Dios, está incluido en el libro becerro del archivo que de esta comunidad conserva el convento de Santo Domingo el Real de Toledo. El texto está inserto en un volumen fechado en 1599 y está escrito por dos manos que cabría fechar como contemporáneas a la data del becerro ''nuevo'', que copia el relato de la vida de la fundadora del antiguo (Becerro, fols. 7v-9r). Mantenemos, pues, todos los usos gráficos que pueden indicar preferencias fonéticas, dialectales o culturales en el texto. Dado que se trata de un texto único, escrito por dos monjas ‒una de ellas quizá la propia cronista‒ del siglo XVI, adoptamos un criterio conservador que recoja las características culturales y fonéticas de las monjas escribanas. La primera mano del texto se muestra sistemática en la diferenciación de palatales fricativas sordas y sonoras ''x/j, ç/z'', excepto para la palabra ''doze'' que escribe siempre ''doçe''; en el caso de las sibilantes, opta por escribir siempre s excepto en un caso (''açeptasse'', f. 4v), y parece leísta, una forma normalísima en el Siglo de Oro, asociada sobre todo al área de Castilla y que denotaba pertenencia a clase alta. La segunda mano, a partir del folio 10r, escribe ocasionalmente la palatal fricativa, ya velarizada en j (''dijo, dijeron'' en lugar de ''dixo, dixeron''), confunde ''ç/z'' (''pareze''), y se distingue por usos puramente gráficos, como no reduplicar la f; podría pensarse que correspondería a alguien más joven y ciertamente de habla más popular como muestran la forma ''porné'' (por ‘pondré’) y el uso de diminituvos (''bracico, casica''). No obstante, ambas manos comparten la mayoría de los usos gráficos: no distinguen entre b y v; son caóticas en el uso de la ''h'', y escriben ''q-'' ante ''c-'' (qual en todas sus formas); regularizamos estos rasgos. También eliminamos los aglomerados (vg., despaña) excepto en los casos con demostrativos (''desta, della'') y simplificamos la ''f'' geminada siguiendo el uso actual, dado que parece ser un gesto gráfico carente de valor fonético; sin embargo, mantenemos la ''ll'' porque aparece en términos de origen latino de uso eclesiástico (''collaçión, bulla'') o en posición final, que podría indicar palatalización (''mill''); ''-bb-'' aparece sólo en el título de ''abbad'', que conservamos a pesar de ser una hipercorrección, por tratarse de una palabra de esfera religiosa y ser habitual la reduplicación en textos legales y eclesiásticos. Por los mismos motivos mantenemos todos los grupos cultos, muy frecuentes en los términos de uso o resonancias religiosas (''choro, Esustachia, sanct-'', etc.) o formas como ''spiritual''. El escrupuloso mantenimiento de las grafías significativas no sólo permite diferenciar en esta edición las dos manos del texto, sino también mostrar el hecho de que los fragmentos sacados del testamento de la fundadora se copiaron al pie de la letra, tanto en los usos gráficos (''e'' como copulativa en lugar de ''y''), como en los morfológicos (''tenudas'', con el participio arcaico y concordancia en número y género). A tenor de los usos gráficos y estilísticos puede aventurarse que unos fragmentos, los que narra la cronista, fueron dictados y otros ‒con seguridad los del testamento y el antiguo becerro‒ se copiaron de los originales, como ya se ha señalado. | ||
Una mano añade interpoladas algunas anotaciones que indicamos entre ^ si son añadidos interlineados. La foliación es contemporánea y comienza en el folio 2r con el texto que editamos; asimismo todas las páginas presentan reclamos en el vuelto del extremo inferior derecho de los folios, consistentes casi siempre en la primera sílaba de la palabra que sigue en el folio siguiente, lo que podría indicar que se trata de una copia en limpio de un borrador o bien que el volumen está compuesto de hojas sueltas. | Una mano añade interpoladas algunas anotaciones que indicamos entre ^ si son añadidos interlineados. La foliación es contemporánea y comienza en el folio 2r con el texto que editamos; asimismo todas las páginas presentan reclamos en el vuelto del extremo inferior derecho de los folios, consistentes casi siempre en la primera sílaba de la palabra que sigue en el folio siguiente, lo que podría indicar que se trata de una copia en limpio de un borrador o bien que el volumen está compuesto de hojas sueltas. | ||
La anotación en los márgenes del manuscrito y un estudio del texto se encuentran en el artículo Rebeca Sanmartín Bastida y María Morrás, “Las hermanas Silva: La santidad de unas fundadoras nobles”, ''Hagiographica'', XXV (2018), pp. 251-281. | La anotación en los márgenes del manuscrito y un estudio del texto se encuentran en el artículo Rebeca Sanmartín Bastida y María Morrás, “Las hermanas Silva: La santidad de unas fundadoras nobles”, ''Hagiographica'', XXV (2018), pp. 251-281. | ||
== Vida de María de Silva == | == Vida de María de Silva == | ||
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Lo que se sigue hallé escripto en un bezerro antiguo del convento, para memoria de algunas cosas que en esta casa ha habido: | Lo que se sigue hallé escripto en un bezerro antiguo del convento, para memoria de algunas cosas que en esta casa ha habido: | ||
«Vivió esta señora nuestra madre fundadora muchos años gobernando esta casa en lo spiritual y temporal, con mucha religión y sanctidad, haziendo en ella ofiçio de priora: que fue desde el año de cuatroçientos y ochenta y dos, hasta el año de mill y quinientos treinta y dos, que murió. En cuyo tiempo acaeçieron algunas cosas notables, que fueron muestras de su mucho valor y religión y sancto zelo, ansí en ella como en algunas de sus monjas. De lo cual, siendo informada la serenísima Reina Católica doña Isabel, de buena memoria (en cuyo tiempo se fundó esta casa, y fue a ella muy afiçionada y le dio algunas joyas de oro y seda [fol. 8r] para el serviçio y ornato de su sacristía), mandó: nuestra madre doña María de Silva, fundadora, en el año del Señor de mill y cuatroçientos y noventa y seis, fuese a reformar el convento de Sancto Domingo el Real desta çiudad de Toledo, porque eran claustrales y tenían neçesidad de reformaçión. La cual llevó consigo dos monjas desta casa, llamadas la una soror Magdalena de Sancta Cruz y la otra soror María Magdalena; y, con su buena maña y vida muy exemplar, dentro de un año acabó la dicha reformaçión y dejó en él por priora a soror Catalina de la Madre de Dios, vicaria deste convento. Esta señora es la que se llamó doña Catalina de | «Vivió esta señora nuestra madre fundadora muchos años gobernando esta casa en lo spiritual y temporal, con mucha religión y sanctidad, haziendo en ella ofiçio de priora: que fue desde el año de cuatroçientos y ochenta y dos, hasta el año de mill y quinientos treinta y dos, que murió. En cuyo tiempo acaeçieron algunas cosas notables, que fueron muestras de su mucho valor y religión y sancto zelo, ansí en ella como en algunas de sus monjas. De lo cual, siendo informada la serenísima Reina Católica doña Isabel, de buena memoria (en cuyo tiempo se fundó esta casa, y fue a ella muy afiçionada y le dio algunas joyas de oro y seda [fol. 8r] para el serviçio y ornato de su sacristía), mandó: nuestra madre doña María de Silva, fundadora, en el año del Señor de mill y cuatroçientos y noventa y seis, fuese a reformar el convento de Sancto Domingo el Real desta çiudad de Toledo, porque eran claustrales y tenían neçesidad de reformaçión. La cual llevó consigo dos monjas desta casa, llamadas la una soror Magdalena de Sancta Cruz y la otra soror María Magdalena; y, con su buena maña y vida muy exemplar, dentro de un año acabó la dicha reformaçión y dejó en él por priora a soror Catalina de la Madre de Dios, vicaria deste convento. Esta señora es la que se llamó doña Catalina de Mendoça, fue hija del Adelantado de Cazorla, hijo del Marqués de Santillana, y fue desposada con don Diego de Mendoça, hijo del ilustrísimo cardenal don Pedro Gonçález de Mendoça, arzobispo de Toledo, primo hermano suyo; y antes de consumar el matrimonio, se vino secretamente a esta casa y tomó el hábito de religiosa, donde se señaló mucho en valor y sanctidad, y fue la que suçedió a nuestra buena fundadora en el ofiçio de priora desta casa, la cual gobernó con mucha prudençia todo el tiempo que vivió, que fueron como diez y seis años, poco más o menos. | ||
[Fol. 8v] »El mismo año de mill y cuatroçientos y noventa y seis, después de reformado el convento de Sancto Domingo el Real de Toledo por orden también de la sobredicha Reina Católica, reformó nuestra madre fundadora el convento de Sancto Domingo el Real de Madrid; la cual, para este negoçio tan grave, llevó consigo dos monjas nobles desta casa, de muy buena vida y ejemplo, llamadas Paula y Eustachia, que eran madre e hija. Acabada su reformaçión y compuesto el convento de su mano, dexó en él por priora a la Eustachia, porque su madre Paula no lo quiso ser, y volviose a su convento de la Madre de Dios. | [Fol. 8v] »El mismo año de mill y cuatroçientos y noventa y seis, después de reformado el convento de Sancto Domingo el Real de Toledo por orden también de la sobredicha Reina Católica, reformó nuestra madre fundadora el convento de Sancto Domingo el Real de Madrid; la cual, para este negoçio tan grave, llevó consigo dos monjas nobles desta casa, de muy buena vida y ejemplo, llamadas Paula y Eustachia, que eran madre e hija. Acabada su reformaçión y compuesto el convento de su mano, dexó en él por priora a la Eustachia, porque su madre Paula no lo quiso ser, y volviose a su convento de la Madre de Dios. | ||
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Y con esto se acaba aquí lo que toca al prinçipio y fundaçión desta casa y lo que he podido saber de los papeles que el convento tiene tocantes a esto. | Y con esto se acaba aquí lo que toca al prinçipio y fundaçión desta casa y lo que he podido saber de los papeles que el convento tiene tocantes a esto. | ||
= Vida impresa (1)= | |||
Ed. de [http://visionarias.es/equipo/barbara-arango-serrano// Bárbara Arango Serrano] y [http://visionarias.es/equipo/borja-gama-de-cossio// Borja Gama de Cossío]; fecha de edición: octubre de 2023. | |||
== Fuente == | |||
* [http://catalogodesantasvivas.visionarias.es/index.php/Categor%C3%ADa:Juan_López López, Juan], 1613. “Libro tercero de la tercera parte de la historia general de Santo Domingo”, ''Tercera parte de la historia general de Santo Domingo, y de su orden de predicadores''. Valladolid: Francisco Fernández de Córdoba, 280-282, 284-285. | |||
== Criterios de edición == | |||
Esta crónica está escrita por Juan López, obispo en la ciudad italiana de Monopoli. En la tercera parte se incluye la vida de santos de la orden, se aborda la fundación de los diferentes conventos en los dos primeros siglos de los dominicos en Castilla y se añade la vida de destacadas religiosas, aunque se hace referencia también a las religiosas que viven en las fundaciones hasta la publicación de la crónica en los conventos fundados. | |||
Aquí nos encargamos de las religiosas que viven en los siglos XV-XVI cuyo foco de actuación es anterior a 1560 (aunque mueran después de esta fecha), es decir, antes del auge de Santa Teresa. Se adoptan los criterios de edición de vidas impresas estipulados en el Catálogo: se moderniza la ortografía (b/u/v, j/g, chr/cr, qu/cu, empleo de h, etc.) y se eliminan las consonantes geminadas. Además, se expanden las abreviaturas, aunque algunas como N. S. (Nuestro Señor) o N. P. S. (Nuestro Padre Santo) se respetan en el texto. El uso de mayúsculas y minúsculas se moderniza y se adaptan las normas acentuales a sus usos actuales. Finalmente, se moderniza también la puntuación, la acentuación y el uso de aglomerados. | |||
==Vida de María de Silva== | |||
[280] | |||
'''Capítulo XXXVII''' | |||
'''De la fundación del monasterio de monjas de la Madre de Dios de Toledo''' | |||
El monasterio de la Madre de Dios de Toledo, desde sus principios hasta hoy, tuvo este nombre ''[1]''. Fundole doña María de Silva, hija legítima de don Alfonso de Silva, alférez mayor de Castilla, y de doña Isabel de Castañeda; y hermana de Alfonso de Silva, conde de Cifuentes. La cual tuvo una hermana que se llamó doña Leonor de Silva y una tía, doña Francisca de Castañeda, todas tres muy aficionadas a Nuestro Padre Santo Domingo y muy hijas suyas y de Santa Catalina de Sena. Vivieron algún tiempo en el hábito de la penitencia que el santo patriarca fundó. En él hicieron profesión y vivieron con otras compañeras sin mudar casa en la que era de sus padres. Allí estuvieron el año de mil y cuatrocientos y ochenta y dos, y en el año delante de mil y cuatrocientos y ochenta y tres, con licencia del arzobispo de Toledo y cardenal de Santa Cruz, don Pedro González de Mendoza, pusieron campaña y dispusieron las cosas de la casa de manera que hubo claustro, refitorio y las demás oficinas en forma de convento. Y, con la dicha licencia, se bendijo la iglesia con la advocación de la Madre de Dios. La licencia que dio el arzobispo fue a siete de abril del año de mil y cuatrocientos y ochenta y tres, y luego comenzaron a vivir en comunidad, profesando la tercera regla de la orden. Y, aunque la vida era concertada y religiosa, no profesando encerramiento y clausura, pareciolas que no había hecho entera renunciación del mundo, renunciando todas las ocasiones que se pueden ofrecer, pues salían de casa y eran visitadas en la suya, con poco menos libertad que si fueran seglares. Resolvieronse en que esta manera de vivir no era a propósito de la reformación que ellas deseaban y así se determinaron de ser monjas de nuestro hábito y vivir encerradas y con velo. Pudo el celo de vida retirada con ellas lo que, en muchas casas de religiosas que llaman beatas, ni los pontífices ni la orden habían podido acabar, contentándose con la vida poco reformada que habían profesado, en la cual han querido vivir y morir sin admitir otro encerramiento. Estas siervas de Dios fueron las que suplicaron a la orden se sirviese de admitirlas a otra vida más estrecha, deseando ser monjas con el rigor y ejercicios que tienen todos los conventos reformados de la provincia de Castilla. Fue tan grande la instancia que en esto hicieron, y el crédito de la virtud que los perlados tenían de las beatas, que les recibieron el año de mil y cuatrocientos y ochenta y seis, en viniéndoles de la licencia del Papa Inocencio Octavo, que despachó sus bulas en Roma a 28 de julio del dicho año. Luego, en el año siguiente, que fue el segundo de su pontificado, habiendo tenido por bien que fuesen monjas de velo encerradas como lo fueron, tuvo Su Santidad por bien de dispensar con la dicha doña Francisca de Castañeda, por ser muy anciana, informado de que en aquella edad no podría cumplir con el rigor que en los ayunos y manjar, coro, cama y vestido que las monjas profesan. Contentose el Pa- [281] pa con que viviese en compañía con las religiosas encerradas y veladas con el hábito que tenía de la tercera regla de la penitencia, el cual tuvo hasta que murió en esta casa, donde está enterrada, dispensando en todo la bula de su santidad. El año siguiente de mil y cuatrocientos y ochenta y siete, a dos de febrero, día de la purificación de Nuestra Señora, hicieron profesión doce monjas que había en el dicho monasterio y, desde ese día, quedó este monasterio de monjas veladas y encerradas. A la fama de la virtud del nuevo monasterio, vinieron otras doncellas nobles a tomar el hábito, las cuales se señalaron mucho en todo lo que era religión y observancia, que con ser verdad que ha tenido siempre el convento a una mano monjas de mucha nobleza, poblando el monasterio de la gente más principal y calificada, conservándose esto, no solamente en los principios, sino siempre con todo eso en la manera de proceder en la humildad y ejercicio de los oficios bajos de barrer, fregar los platos y servir en la cocina, no solamente ha habido voluntad y consuelo, sino una santa competencia entre todas. Y como llamó el Espíritu Santo aborrecible malicia, en tornarse los pobres en las comunidades, obligados del miserable estado que dejaron, así son dignos de eterna alabanza los que, siendo señores en el siglo, venidos a la religión, tienen a buena dicha ocuparse en los oficios que eran propios de los criados o criadas de sus casas, y eso aún no de todos, sino de aquellos que en ellas eran menos. Estaba junto a este convento otra casa de beatas de la Tercera Regla de Nuestro Padre Santo Domingo, la cual, con el consentimiento y licencia de los perlados, se incorporó en este monasterio, haciendo profesión de la misma regla y clausura. Tenían las dichas beatas diez mil maravedíes de renta en las alcabalas de la ciudad de Toledo, los cuales habían dado los Reyes Católicos, y sus Altezas, el año de mil quinientos y dos, por su cédula dada en la dicha ciudad a ocho de julio, los dieron al dicho convento de la Madre de Dios. Ha tenido esta casa de ordinario sesenta religiosas, señalándose mucho en vida virtuosa de gran celo y ejemplo. Diosele de humildad muy singular su fundadora, no queriéndose encargar del gobierno de la casa, sino ser súbdita y vivir sujeta. Y, aunque lo había sido desde que se fundó el monasterio hasta el año de mil y cuatrocientos y noventa y uno, procuró exonarse ''[2]'' de este trabajo, y porque la había Dios criado en su beaterio y después en su encerramiento con tanto celo y rigor, ayudando a la observancia regular, las monjas sintieron mucho que las faltase el gobierno de tal madre, por ser en los conventos la santidad de la cabeza principio de grandes aprovechamientos en los súbditos. Y así procuraron de contrastar la determinación de la que había sido madre de todas, valiéndose de la autoridad del Papa Inocencio Octavo, el cual, por una bula suya, su data a los diez y nueve de febrero del dicho año de mil y cuatrocientos y noventa y uno, mandó que aceptase el oficio de priora y, aunque de su religión se pudiera creer que a un simple mandamiento del que era padre y pastor universal de toda la Iglesia abajara la cabeza mujer tan virtuosa, con todo eso su santidad despachó censuras en que mandaba se encargase del oficio, y mostró en la dicha bula con palabras muy graves la gran satisfacción que de su mucha virtud y prudencia tenía. Y así aceptó el dicho oficio y le hizo hasta que murió, que fue a diez y ocho de enero del año de mil y quinientos y treinta y dos, habiendo muerto su hermana el año antes santamente, siendo su priora del monasterio. Antes que profesase la fundadora el año de mil y cuatrocientos y ochenta y dos, hizo su testamento, y, con su grande humil [282] dad, se llamó María Gómez, y así firma en el dicho testamento. Y ella y su hermana y su tía dejaron al monasterio toda su hacienda, y entre los otros bienes, sus casas principales, adonde está fundado dicho convento, que están en la colación o parroquia de San Román, de la dicha ciudad de Toledo. | |||
[...] | |||
'''Capítulo XXXVIII''' | |||
'''Adonde se prosigue la virtud y santidad de las monjas de la Madre de Dios de Toledo''' | |||
[…] | |||
[284] | |||
Queriendo la fundadora comulgar, un día pidió licencia a su confesor; no se la quiso dar por haber muy poco que había comulgado. Ella se fue con gran humildad sin replicar palabra, como mujer que sabía el gran cuidado que en la orden hay en ver lo que más conviene en la frecuencia de las comuniones y que no ha de ser regla ajustarse todas veces con la voluntad de las religiosas, siendo el confesor prudente el que ha de juzgar lo que será bien hacer. Y, aun veces por mortificar y humillar al penitente y despertar en él más fervorosos deseos de llegar a esta celestial mesa, dilatan las comuniones de personas espirituales y virtuosas, y tienen por inconveniente que se reduzca a estilo de comulgar a tercero o cuarto día, habiendo de ser regla la devoción y aparejo. Sabiendo la fundadora este estilo de la orden, sin demostración de sentimiento, se fue al coro y se entró en la capillita de la comunión a oír misa. Al tiempo que quería consumir el sacerdote, echó menos una partícula cosa que le causó gran congoja: hacía gran diligencia en buscarla sin acertar a resolverse en lo que habría sido. Estando con estas ansias, le envió a decir la fundadora que ella tenía a aquello que buscaba que fuese, porque ella vio venir volando por el aire la partícula y puso el escapulario y el Santísimo Sacramento. Se sentó en él. Llegó el sacerdote, que era su confesor y, con aquel tan patente milagro, entendió que era la voluntad de Dios consolar a su sierva y responder a los fervorosos deseos y hambre que tenía de aquel celestial manjar, y comulgola y cortole el pedazo de escapulario donde se asentó la partecita para quemarle, que es lo que los teólogos dicen que se ha de hacer en tal caso. Consideró la sierva de Dios aquella gran dicha y merced, y, aunque faltaba al escapulario aquel pedazo, jamás se quiso dejar por haber recibido del Señor tan gran honra. Llamábase el confesor fray Jordán, hombre santísimo a quien Dios comunicaba sus cosas con particulares revelaciones. Muy parecido fue este milagro a otro que aconteció al reverendísimo general fray Raimundo de Capua, confesor de la bienaventurada Santa Catalina de Sena que, estando un día diciendo misa y ella presente, la vinieron ardentísimos de comulgar. Quísoselos Dios cumplir viniendo una partecita de la hostia de los corporales a la boca. Hizo grandísimas diligencias el general en buscarla y, con aquella congoja, acabó la misa, y, en desnudándose, volvió al altar a continuar el oficio y a ver qué se había hecho de aquella partícula. Y, para sacarle del cuidado en que estaba y de la pena que le afligía, la santa le descubrió el misterio y merced que Dios la había hecho, y, porque fray Jordán entendiese que era voluntad de Dios consolar a su sierva y que la frecuencia de las comuniones en ella, aunque caminando por las reglas generales pareciese demasía y lo fuera en otra persona menos virtuosa, no lo era el espíritu de la madre fundadora que era santa. Este andar han llevado las cosas de este monasterio de la Madre de Dios, con ser verdad que comenzó en tiempo de la claustra y que no vinieron a la fundación de él monjas santas de otros monasterios que habría ya reformados en la provincia de Castilla, sino que unas señoras seglares que se recogieron en una casa y vistieron el hábito de la Tercera Regla de Santo Domingo, donde estuvieron algunos años. Estas señoras, con licencia del Papa Inocencio Octavo, determina- [285] ron de encerrarse como lo hicieron, siendo las que poco antes eran seglares las que hicieron aquella reformación, y concertaron aquel convento de manera que dentro de pocos y muy pocos años, se hallasen en él monjas de tanta religión y tan señaladas en virtud y de tanta prudencia que los provinciales de una orden donde tan atentamente se consideran las cosas echasen mano de las religiosas de este convento para tan grandes reformaciones, de las cuales dieron muy buena cuenta con satisfacción de la orden. Entre las grandezas que de la primitiva Iglesia se escriben, una es en que Dios quiso mostrar su omnipotencia que, en acabándose de bautizar un Dionisio, un Timoteo, un Tito, un esclavo de los Apóstoles, los consagraban obispos, y daban la cuenta de sus iglesias, que dieran si hubieran nacido cristianos, aventurando las vidas en beneficio de los fieles. El convento de la Madre de Dios ni fue fundación de Santo Domingo ni comenzó en los dichosos siglos cuando comenzó la orden. No tuvieron por maestro como sus vecinas las de Madrid al santo patriarca. Muy miserables tiempos alcanzaron, no tuvieron por maestros a los Apóstoles y su principio fue muy diferente de otros que habían tenido sus hermanas en diversos lugares, y, con ser esto así, quiso el Señor que este nuevo santuario, vestido de nuevas plantas, comenzase el rigor de la vida con grandes ventajas y que su opinión corriese tan aprisa en los palacios de los reyes que estos las mandasen salir a reformar tan señalados conventos, como fueron los de Santo Domingo el Real de Toledo y de Madrid. Y esa virtud que comenzó con las primeras fundadoras se ha continuado siempre, teniendo en esta provincia y en otras muchas de la orden muy gran nombre su encerramiento, recogimiento y virtud, de lo cual todo ha procedido que personas muy calificadas de estos reinos han tenido a buena dicha a recoger sus hijas donde aprendan menosprecio del mundo y amor a todo lo que fuere encerramiento y religión. | |||
===Notas=== | |||
''[1]'' Al margen izquierdo: “Año de/ 1483”. | |||
''[2]'' Por “exonerarse”. | |||
= Vida impresa (2) = | |||
Ed. de [http://visionarias.es/equipo/veronica-torres-martin/ Verónica Torres Martín]; fecha de edición: octubre de 2020 | |||
== Fuente == | |||
[[Archivo:Ficha Doms 3 María de Silva.jpg|250px|right|link=]] | |||
* [http://catalogodesantasvivas.visionarias.es/index.php/Categor%C3%ADa:Pedro_de_Alcocer Alcocer, Pedro de], 1554. “Libro segundo, en que particularmente se escribe el principio, y fundamento desta sancta ygleia de Toledo…”, ''Hystoria, o descripcion de la Imperial cibdad de Toledo. Con todas las cosas acontecidas en ella, desde su principio, y fundacion. Adonde se tocan, y refieren muchas antigüedades, y cosas notables de la Hystoria general de España'', Toledo: Juan Ferrer, fols. 110r [104r] col. b – 108r [105r] col. a ''[1]''. | |||
[[Contexto material del impreso Hystoria, o descripcion de la Imperial cibdad de Toledo]]. | |||
== Criterios de edición == | |||
El relato aparece en el libro segundo de la ''Historia, o descripción de la imperial ciudad de Toledo'', impreso en 1554, en el que se describe la fundación de los monasterios, hospitales y lugares píos de la ciudad de Toledo. La vida de María de Silva se integra en el décimo capítulo, en el que se explica cómo funda, junto a su hermana Leonor de Silva, el monasterio de la Madre de Dios. Se editan solo los fragmentos correspondientes a María de Silva o que hacen referencia a las dos hermanas en conjunto y los referentes a la fundación del monasterio. De este modo, los fragmentos omitidos referidos a Leonor se indican de la siguiente manera: (…). | |||
Se siguen los criterios establecidos en el catálogo para fuentes impresas, pero en algunos casos se han hecho algunos cambios para poder mantener la concordancia de género y número. Sin embargo, se respeta la morfología de las palabras con interés morfológico o fonológico y, del mismo modo, se ha decidido conservar las grafías de sibilantes por tratarse de un impreso de mediados del siglo XVI. Además, para facilitar la localización de los textos, se indica el folio (r-v) y la columna correspondiente (a-b). | |||
== Vida de María de Silva == | |||
=== Cap. X === | |||
'''Del monesterio de la Madre de Dios, y de su principio''' | |||
[fol. 110r col. b] El católico monesterio llamado la Madre de Dios, que es de religiosas de la Orden de Santo Domingo, fue en su principio fundado en el lugar adonde agora está por dos generosas señoras llamadas doña Leonor y doña María de Silva, hijas de don Alonso de Silva y doña Isabel de Castañeda, su mujer, Condes de Cifuentes. Y como la dicha doña María fuese muy devota de esta religión tomó el hábito de la tercera regla de ella y, poco después, compró una casa adonde agora está, en que se metió con otras religiosas en el año del Señor de 1482 años. De esta manera estuvo esta señora [fol. 110v col. a] cinco años en el que al tiempo tomó el hábito la otra señora, su hermana, y las dos metieron consigo toda su renta y hazienda, que era mucha. La dicha doña María, aunque era la menor, fue elegida por priora y, passados los dichos cinco años, truxeron bula apostólica para tomar clausura y hazerse monjas. Hizieron professión doze monjas, que en el dicho monesterio había, en el día de la Candelaria del año del señor de 1487 años, y luego se les juntaron otras donzellas muy claras y señaladas en virtudes, que en breve tiempo dieron de su muy grande y maravilloso exemplo de virtud. La primera priora de esta santa casa fue doña María de Silva (como es dicho) en el que el oficio acabó santamente en el año del señor de 1532 años, siendo en todo este tiempo reelegida y confirmada de nuevo en conformidad de todos. (…) Y viviendo assí estas santas religiosas en tanta santidad, pareció a los perlados de la orden que otra casa antigua de beatas de la Tercera Regla de Santo Domingo llamada Santa Catalina de Sena, que estaba junto a este monesterio de la Madre de Dios, que se debía juntar y unir en uno, para que juntamente sirviessen a Dios, y assí se hizo, que con consentimiento y voluntad de las religiosas de ambas casas, se juntaron (como es dicho) en el año del señor de 1491 años, haziéndose de los dos un monesterio y una clausura, y estas dichas beatas eran diez. Y, de esta manera, començó a crecer y extenderse esta santa casa de religiosas y, no pudiendo [fol. 110v col. b] extenderse hazia las otras partes y constreñidas de necesidad, tomaron la ermita de todos santos y una casa que estaba junto con ella en el año del Señor de 1510, de lo cual se sirve por debaxo de tierra, porque hay calle en medio (que la dicha ermita y casas estaban en la hazera de la cárcel) adonde tiene cosas del servicio de su casa. Siendo estas dichas dos fundadoras muy católicas y amadoras de la religión, procuraron con todas sus fuerças de reformar los otros monesterios de ella. Esta primera priora anduvo por su propia persona en esta obra: primero estuvo algunos días en el monesterio de Santo Domingo el Real de esta ciudad, ordenando en él algunas cosas convenientes al servicio de nuestro Señor para bien y acrecentamiento de esta santa orden; de ahí fue al monesterio de Santo Domingo el Real de la villa de Madrid, adonde hizo otro tanto. Estos dos monesterios se reformaron y hizieron observantes ''[2]'' (como antes fuesen claustrales) todos los otros monesterios de Castilla la Vieja y reino de Toledo. | |||
Es esta santa casa muy visitada de los cristianos por la devoción grande que tienen a Nuestra Señora (cuya advocación está en ella), mayormente los sábados y los días de Nuestra Señora, adonde se ganan muchos perdones y, por acrecentarles la devoción, don Fernando de Silva, Conde de Cifuentes, ganó de nuestro muy santo padre Paulo III, siendo embaxador en Roma, un jubileo que en ella se ganó cada año el día de la Natividad de Nuestra Señora, el que él se gana visitando con devoción esta santa casa, [fol. 108r col. a] ayudando con sus limosnas y rezando por las ánimas de los Condes de Cifuentes. Es esta casa de grande honestidad y recogimiento, como queda dicho. | |||
=== Notas === | |||
''[1]'' Ejemplar mal foliado, pues aparecen como CX y CVIII, respectivamente, cuando deberían ser CIIII y CV. | |||
''[2]'' Aparece escrito “Obseservantes”. | |||