Diferencia entre revisiones de «María García»
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| Nombre || María García de Toledo | | Nombre || María García de Toledo | ||
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| Orden || [http://catalogodesantasvivas.visionarias.es/index.php/Categor%C3%ADa: | | Orden || [http://catalogodesantasvivas.visionarias.es/index.php/Categor%C3%ADa:Santas_Jerónimas Jerónimas] | ||
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| Títulos || Priora y fundadora de la casa de beatas de Mari García, posterior convento de San Pablo de Toledo. Iniciadora de la rama femenina de la Orden | | Títulos || Priora y fundadora de la casa de beatas de Mari García, posterior convento de San Pablo de Toledo. Iniciadora de la rama femenina de la Orden | ||
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=== Prólogo === | === Prólogo === | ||
Ansí como Dios es maravilloso con sus santos, el qual no en vano hizo todos los hijos de los honbres, ansí nunca olvidó la su Santa Yglesia, dende el justo Abel, ni agora la olvida ni desanpara, hasta en fin del mundo. La qual en los antiguos tienpos, que fueron debajo de la Lei de Natura y de Escritura, nunca de todo en todo estuvo huérfana de santos y de varones y henbras fieles, en los quales, la fe, y caridad y esperanza resplandeçieron; y en los quales, toda relixión y perfetión de vida después de su muerte, por que no pereçiese, fuese conservada; e a los quales, el Evangelio y divino dinero, non sin causa, fuesse prometido, y en nuestra hedad, que es debajo de la Lei de Gracia, aiuntadas las cosas altas a las [fol. 252v] bajas, después que el humanal linaje dejó el honbre viejo, venido el nuevo honbre: conviene saber, Jesucristo, nuestro medianero, Dios encarnado después que recibió la Passión, después de su poderosa Resurretión y gloriosa Açensión. De quántas maneras de santos, ansí honbres como mugeres, su santa gloria Dios todopoderoso aya guarnecido, dotado y hermoseado, aunque la voluntad quiera y desee dezir, pero la lengua no lo puede recontar ella misma, en sí sola la conoçe, desto non dubdamos, los gloriossos Apóstoles de Jesucristo, quia predicatión salió en toda la tierra, ser sus primeros fundadores. Los quales, después que reçibieron el Espíritu Santo, quanto más crueles, rebeldes y apartados del conocimiento de Dios hallaron a los pueblos y gentes, tanto más las amansaron, domaron y trajeron a su conocimiento. Quién podrá contar los mártires vençedores y esforçados por virtud divina que maravillosamente defendieron la su Santa Iglesia. Los quales, por la alinpiar de las espinas, lavaron sus vestiduras en la sangre del cordero; sufriendo por Jesucristo lo que Él sufrió por ellos, no dubdaron dar su cuerpo a la passión. Los santíssimos confesores sustentaron la Santa Yglesia [fol. 253r] y, ensanchándola por edificio espiritual, por dotrina y exenplo, regaron los coraçones de los fieles de rocío celestial. A los quales, enbiando el Señor como obreros en su miel, adornó y dotó de muchos bienes de su graçia, y quiriéndoles probar por diversos trabajos, a uno dio maior fortaleza que a otro, cuios cuerpos, y si la grandeza del martirio o la espada material no atormentó, pero ellos, vibiendo a Jesucristo por continua abstinencia, domando saludablemente las cobdicias de la carne, a sí mesmos crucificaron. Úyense las santas donzellas adornantes aquesta iglesia con su clara virginidad, las quales conociendo el Señor ser de natura flaca, con largueza de su graçia las dio sfuerço, por que el Enemigo, fallándolas ynflamadas en el amor divino, no pudiese vencerlas con sus artes engañosas. De aquestas, algunas, que el Señor para esto guardó, fueron por sus nonbre y por la honrra de su fe martirizadas, las quales juntamente de doble vencimiento fueron laureadas y coronadas porque, no sabiendo la cama material, al solo Esposo de virginidad, que es Jesucristo Nuestro Salvador, se allegaron y en el tormento del martirio, burlando de sus atormentadores, [fol 253v] fueron vençedoras, por lo qual resplandeçen por aureola de virgininad, ansí como lirios y rosas por pena de la persecutión. En el aiuntamiento y conpanía de aquestas, piadosamente creemos ser colocada y asentada en gloria perdurable nuestra amiga, nuestra conpanera, nuestra cibdadana de Toledo, a la qual, Nuestro Señor, en nuestros tienpos, en los quales la maldad abunda y la caridad se | Ansí como Dios es maravilloso con sus santos, el qual no en vano hizo todos los hijos de los honbres, ansí nunca olvidó la su Santa Yglesia, dende el justo Abel, ni agora la olvida ni desanpara, hasta en fin del mundo. La qual en los antiguos tienpos, que fueron debajo de la Lei de Natura y de Escritura, nunca de todo en todo estuvo huérfana de santos y de varones y henbras fieles, en los quales, la fe, y caridad y esperanza resplandeçieron; y en los quales, toda relixión y perfetión de vida después de su muerte, por que no pereçiese, fuese conservada; e a los quales, el Evangelio y divino dinero, non sin causa, fuesse prometido, y en nuestra hedad, que es debajo de la Lei de Gracia, aiuntadas las cosas altas a las [fol. 252v] bajas, después que el humanal linaje dejó el honbre viejo, venido el nuevo honbre: conviene saber, Jesucristo, nuestro medianero, Dios encarnado, después que recibió la Passión, después de su poderosa Resurretión y gloriosa Açensión. De quántas maneras de santos, ansí honbres como mugeres, su santa gloria Dios todopoderoso aya guarnecido, dotado y hermoseado, aunque la voluntad quiera y desee dezir, pero la lengua no lo puede recontar ella misma, en sí sola la conoçe, desto non dubdamos, los gloriossos Apóstoles de Jesucristo, quia predicatión salió en toda la tierra, ser sus primeros fundadores. Los quales, después que reçibieron el Espíritu Santo, quanto más crueles, rebeldes y apartados del conocimiento de Dios hallaron a los pueblos y gentes, tanto más las amansaron, domaron y trajeron a su conocimiento. Quién podrá contar los mártires vençedores y esforçados por virtud divina que maravillosamente defendieron la su Santa Iglesia. Los quales, por la alinpiar de las espinas, lavaron sus vestiduras en la sangre del cordero; sufriendo por Jesucristo lo que Él sufrió por ellos, no dubdaron dar su cuerpo a la passión. Los santíssimos confesores sustentaron la Santa Yglesia [fol. 253r] y, ensanchándola por edificio espiritual, por dotrina y exenplo, regaron los coraçones de los fieles de rocío celestial. A los quales, enbiando el Señor como obreros en su miel, adornó y dotó de muchos bienes de su graçia, y quiriéndoles probar por diversos trabajos, a uno dio maior fortaleza que a otro, cuios cuerpos, y si la grandeza del martirio o la espada material no atormentó, pero ellos, vibiendo a Jesucristo por continua abstinencia, domando saludablemente las cobdicias de la carne, a sí mesmos crucificaron. Úyense las santas donzellas adornantes aquesta iglesia con su clara virginidad, las quales conociendo el Señor ser de natura flaca, con largueza de su graçia las dio sfuerço, por que el Enemigo, fallándolas ynflamadas en el amor divino, no pudiese vencerlas con sus artes engañosas. De aquestas, algunas, que el Señor para esto guardó, fueron por sus nonbre y por la honrra de su fe martirizadas, las quales juntamente de doble vencimiento fueron laureadas y coronadas porque, no sabiendo la cama material, al solo Esposo de virginidad, que es Jesucristo Nuestro Salvador, se allegaron y en el tormento del martirio, burlando de sus atormentadores, [fol 253v] fueron vençedoras, por lo qual resplandeçen por aureola de virgininad, ansí como lirios y rosas por pena de la persecutión. En el aiuntamiento y conpanía de aquestas, piadosamente creemos ser colocada y asentada en gloria perdurable nuestra amiga, nuestra conpanera, nuestra cibdadana de Toledo, a la qual, Nuestro Señor, en nuestros tienpos, en los quales la maldad abunda y la caridad se enfría, quiso en ejenplo de vida y virtudes dar a su Santa Yglesia, cuia loable vida, cuia honestidad de buenas costunbres, cuia santa conversatión, cuio menospreçio, aspereza de vida a honrra de Dios, y para despertar las voluntades de los justos y conpunjir y reprehender las culpas de los negligentes, aiudándonos la gracia divina, queremos brevemente escrevir. Y porque es esta virgen y hermosa, rogemos muy humildemente a la Reina de las Vírgines que nos gane graçia de contar y dezir de su vida y loable conversaçión. | ||
=== Capítulo primero === | === Capítulo primero === | ||
Fue en los días del rei don Pedro el Cruel, rei de Castilla, de memoria bienaventurada, un cavallero claro por linaje y claro por virtudes, llamado Diego Garçía de Toledo. Este tenía una mujer que era de noble [fol 254r] linaje ansí como él, cunplida de virtudes y de toda honestidad. Anbos eran justos delante de Dios, andando en sus carreras y cunpliendo sus mandamientos. Ella se llamava doña Costanza, hija de Fernán Gómez, padre del reverendíssimo don Álvaro, arçobispo de Toledo, cuia hermana era de un vientre la dicha doña Costança. A estos dio Dios, entre otros hijos e hijas, una hija mui graciosa, cunplida de toda hermosura, a la qual pusieron por nombre María, y el sobrenombre del padre, conviene a saber doña Mari Garçía. A la qual, los padres, ansí como la dézima parte de sus bienes, prometieron al Señor de toda voluntad. Este voto, quando ella fue de hedad de discreçión, no ansí como desobediente | Fue en los días del rei don Pedro el Cruel, rei de Castilla, de memoria bienaventurada, un cavallero claro por linaje y claro por virtudes, llamado Diego Garçía de Toledo. Este tenía una mujer que era de noble [fol 254r] linaje ansí como él, cunplida de virtudes y de toda honestidad. Anbos eran justos delante de Dios, andando en sus carreras y cunpliendo sus mandamientos. Ella se llamava doña Costanza, hija de Fernán Gómez, padre del reverendíssimo don Álvaro, arçobispo de Toledo, cuia hermana era de un vientre la dicha doña Costança. A estos dio Dios, entre otros hijos e hijas, una hija mui graciosa, cunplida de toda hermosura, a la qual pusieron por nombre María, y el sobrenombre del padre, conviene a saber doña Mari Garçía. A la qual, los padres, ansí como la dézima parte de sus bienes, prometieron al Señor de toda voluntad. Este voto, quando ella fue de hedad de discreçión, no ansí como desobediente despreçió ni desechó con poco coraçón, mas antes, conforme con los padres, lo confirmó. Y encendida en el amor del Señor, luego por obra lo cunplió de su propia voluntad y de su libre alvedrío, sin consejo de alguno, mas inspirada de don y graçia divina, toda se ofreció al Señor. ¡Convenible cosa era que tal sarmiento naciese de tal vid! | ||
Tal fue aquesta virtuosa doncella, que, movida por el consejo del profeta, dende su niñez todo su pensamiento puso i fincó en el Señor, ansí como lo declara la orden de su vida maravillosa, la qual, aunque [fol. 254v] niña y de mui tierna hedad, huía la conpañía de los que en casa del padre eran. Y olvidando y dejando los juegos y cosas a que la tal hedad se suele dar, apartávase en lugar secreto a ofrecer oratión pura y linpia al Señor. Nunca oiera el santo Evangelio y ia deseava hazer tesoro en el Çielo. Era pobrecilla de voluntad y parecía que tenía no pequeño cuidado de los pobres: las migajas que caían de la mesa de su padre, y los pedazos que sobraban y quedavan de su comer, y todo lo que podía aber con deligençia guardava y ascondidamente procurava de dar a los pobres. | Tal fue aquesta virtuosa doncella, que, movida por el consejo del profeta, dende su niñez todo su pensamiento puso i fincó en el Señor, ansí como lo declara la orden de su vida maravillosa, la qual, aunque [fol. 254v] niña y de mui tierna hedad, huía la conpañía de los que en casa del padre eran. Y olvidando y dejando los juegos y cosas a que la tal hedad se suele dar, apartávase en lugar secreto a ofrecer oratión pura y linpia al Señor. Nunca oiera el santo Evangelio y ia deseava hazer tesoro en el Çielo. Era pobrecilla de voluntad y parecía que tenía no pequeño cuidado de los pobres: las migajas que caían de la mesa de su padre, y los pedazos que sobraban y quedavan de su comer, y todo lo que podía aber con deligençia guardava y ascondidamente procurava de dar a los pobres. | ||
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En aquel tienpo avía en la çibdad una congregación de mujeres devotas que estavan en la perrocha de San Román, el cuidado y administración de las quales tenía una religiosa persona que avía nonbre doña María de Soria. Y como oiese esta santíssima virgen la fama tan loable e santa de aquestas religiosas dueñas ser sin ninguna reprehensión, la su loable vida cobdiciando obedesçer y ser instruida mucho más en la vida religiosa y ser juntamente regida de la dicha religiosa persona, metiose debajo de su mano para hazer su voluntad en todas las cosas, la qual las reçibió mucho de voluntad, y con gran alegría. Y allí tomó el hábito relixioso según las otras lo traían y después que plugo al Señor [fol. 257v] que aquella noble dueña, doña María de Soria, y el padre y la madre de aquesta virgen loable pasasen de aquesta vida presente, cobdiciava esta santa virgen dexar más perfectamente el mundo, el qual le era ya mucho aboresçible. Y pensando en su coraçón qué haría, decía con toda voluntad aquel verso del salterio: «Tú, Señor, eres bueno; enséñame tus justificaciones». Y luego vendió la parte en que la madre la dejó heredera, y del preçio mercó luego una casa con muchas anchuras en la perroquia de San Lorenço, para que allí en el claustro pudiese su coraçón holgar a Dios. | En aquel tienpo avía en la çibdad una congregación de mujeres devotas que estavan en la perrocha de San Román, el cuidado y administración de las quales tenía una religiosa persona que avía nonbre doña María de Soria. Y como oiese esta santíssima virgen la fama tan loable e santa de aquestas religiosas dueñas ser sin ninguna reprehensión, la su loable vida cobdiciando obedesçer y ser instruida mucho más en la vida religiosa y ser juntamente regida de la dicha religiosa persona, metiose debajo de su mano para hazer su voluntad en todas las cosas, la qual las reçibió mucho de voluntad, y con gran alegría. Y allí tomó el hábito relixioso según las otras lo traían y después que plugo al Señor [fol. 257v] que aquella noble dueña, doña María de Soria, y el padre y la madre de aquesta virgen loable pasasen de aquesta vida presente, cobdiciava esta santa virgen dexar más perfectamente el mundo, el qual le era ya mucho aboresçible. Y pensando en su coraçón qué haría, decía con toda voluntad aquel verso del salterio: «Tú, Señor, eres bueno; enséñame tus justificaciones». Y luego vendió la parte en que la madre la dejó heredera, y del preçio mercó luego una casa con muchas anchuras en la perroquia de San Lorenço, para que allí en el claustro pudiese su coraçón holgar a Dios. | ||
Finalmente dejaron la otra casa y encerráronse allí, ella y aquella dueña ya dicha. Sabido y divulgado aquesto por toda la çibdad, una honrrada dueña, que se llamava Teresa Vázquez, con otras siete mujeres continentes de mui santa fama, entraron en aquella casa, por que juntas a tan devota conpanía hiziese a Dios un santo colegio a Él mui apacible y a las gentes loable. Las quales, como esta señora de quien dezimos viese ser de tan profunda humildad, y que con aquel despreçio tan maravilloso del mundo con todo coraçón y con entera voluntad se sometían a la pobreza no recusando ningún trabajo, mas con todas sus fuerzas trabajavan por seg[u]ir a su Redentor Jesús, y mirando con tan grande diligençia | Finalmente dejaron la otra casa y encerráronse allí, ella y aquella dueña ya dicha. Sabido y divulgado aquesto por toda la çibdad, una honrrada dueña, que se llamava Teresa Vázquez, con otras siete mujeres continentes de mui santa fama, entraron en aquella casa, por que juntas a tan devota conpanía hiziese a Dios un santo colegio a Él mui apacible y a las gentes loable. Las quales, como esta señora de quien dezimos viese ser de tan profunda humildad, y que con aquel despreçio tan maravilloso del mundo con todo coraçón y con entera voluntad se sometían a la pobreza no recusando ningún trabajo, mas con todas sus fuerzas trabajavan por seg[u]ir a su Redentor Jesús, y mirando con tan grande diligençia cómo estavan enbevidas en Dios, amávalas con entrañas llenas de caridad sin ninguna conparaçión y deçía con el psalmista: «Load [fol. 258r] a Dios todas las gentes, porque a confirmado sobre nós su misericordia». Y tornándose al Señor, dezía con fervor de coraçón: «Plégate, Señor, de nos dar graçia que cantemos las tus justicias en este lugar de nuestra peregrinación. Huélgase, Señor, el mi coraçón en ti, porque las flacas están ceñidas de fortaleza». Y en tanto creció la fama de aquesta congregación gloriossa, que en breve tienpo fue aiuntada gran muchedumbre de mugeres religiosas, las quales con coraçón y voluntad tomaron hábito blanco en señal de virginidad y continençia para servir al Señor según la orden del bienaventurado nuestro padre San Xerónimo. Y eligieron todas entonzes de una voluntad por su prelada y religiossa a la dicha señora doña Mari Garçía, la qual contra su voluntad lo açeptó cobdiçiando ser más súbdita que regir. | ||
=== Capítulo quinto === | === Capítulo quinto === | ||
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Pasado este tienpo con tanto fructo que la piedad divinal dar quiso a su pelea y su inmensa bondad y justicia, quiso dar el galardón a esta su sierva, que corrió sin tardanza por la carrera. Y llegada al postrimero día, pensaba la quenta que avía de dar de aquella maiordomía. Y ansí como ella en la vida avía instruido a sus hijas en el serviçio divinal, ansí quiso consolar y esforçallas en el postrimero día de su vida a exenplo de nuestro padre San Xerónimo, amonestándoles con toda afectión que no tornasen atrás ni desfalleçiesen en aquel camino espiritual, mas perseverando viniesen a la fin con vencimiento de la pelea para que pudiesen gustar y gozar de la bienaventurança perdurable, para lo qual es necesario que con toda humilldad y menospreçio y mortificatión perseveren. | Pasado este tienpo con tanto fructo que la piedad divinal dar quiso a su pelea y su inmensa bondad y justicia, quiso dar el galardón a esta su sierva, que corrió sin tardanza por la carrera. Y llegada al postrimero día, pensaba la quenta que avía de dar de aquella maiordomía. Y ansí como ella en la vida avía instruido a sus hijas en el serviçio divinal, ansí quiso consolar y esforçallas en el postrimero día de su vida a exenplo de nuestro padre San Xerónimo, amonestándoles con toda afectión que no tornasen atrás ni desfalleçiesen en aquel camino espiritual, mas perseverando viniesen a la fin con vencimiento de la pelea para que pudiesen gustar y gozar de la bienaventurança perdurable, para lo qual es necesario que con toda humilldad y menospreçio y mortificatión perseveren. | ||
Avía entonzes en el claustro veinte y cinco [fol. 261r] beatas, las quales ella todas mandó llamar con gran alegría, siguiendo el exenplo de nuestro padre San Xerónimo. Y de que fueron todas llamadas, abraçolas y dioles paz diçiendo: «Amadas hijas, acordaos cómo, no por nuestros merecimientos, mas por su sola misericordia y bondad aparta el Señor a nós, para sus siervas, de las tinieblas del siglo y nos trujo a esta esclarecida solidunbre, adonde vos ruego que no seáis de poco corazón fingiendo vos ser flacas para perseverar en la religión; oíd, no a mí, sino a Vuestro Maestro, que dize: “Mi jugo es suave y la mi carga liviana”. Oíd otra vez que dize: “El que pone la mano al arado y torna atrás no es capaz de el Reino de los Çielos”». Y dichas estas cosas y otras de grande edificaçión, llamó a cada una particularmente y amonestávala con aquel deseo que según su calidad y manera le era menester. Ca como ella desde sus primeros comienzos las ubiese | Avía entonzes en el claustro veinte y cinco [fol. 261r] beatas, las quales ella todas mandó llamar con gran alegría, siguiendo el exenplo de nuestro padre San Xerónimo. Y de que fueron todas llamadas, abraçolas y dioles paz diçiendo: «Amadas hijas, acordaos cómo, no por nuestros merecimientos, mas por su sola misericordia y bondad aparta el Señor a nós, para sus siervas, de las tinieblas del siglo y nos trujo a esta esclarecida solidunbre, adonde vos ruego que no seáis de poco corazón fingiendo vos ser flacas para perseverar en la religión; oíd, no a mí, sino a Vuestro Maestro, que dize: “Mi jugo es suave y la mi carga liviana”. Oíd otra vez que dize: “El que pone la mano al arado y torna atrás no es capaz de el Reino de los Çielos”». Y dichas estas cosas y otras de grande edificaçión, llamó a cada una particularmente y amonestávala con aquel deseo que según su calidad y manera le era menester. Ca como ella desde sus primeros comienzos las ubiese instruýdo en las doctrinas santas, conoçía el corazón de cada una tan perfectamente que por verisímiles conjeturas, antes de su muerte, dijo a algunas dellas lo que les avía de acaezer acerca de la perfectión en las virtudes o si avían de errar en los viçios y en otras semejables cosas, casi por espíritu de profeçía. Después de esto, encomendó a todas dos [fol. 261v] cosas: y es que guardasen en sí un mandamiento y un consejo. El mandamiento, que se amasen unas a otras y que con toda caridad cada una sufriese soportando la carga de la otra por que pudiesen estar en paz y en concordia; el consejo, que estuviesen sienpre en el claustro guardando mucho silençio, ni quisiesen ser vistas por las calles, y huyesen mucho de comunicar con los seglares, porque guardando estas dos cosas se apartasen del lazo del Enemigo, que busca de contino a quien trag[u]e. | ||
Y oiendo estas cosas y otras muchas, aquellas devotísimas hermanas no se podían abstener de no llorar porque, aunque era cosa razonable que ubiesen plazer de la subida de su madre al Çielo, piadosamente lloraban viendo ser desanparadas de tal madre. Y viéndolas ella llorar, comovida a conpassión dezía: «No queráis más llorar en vano, pues el Señor puso término a mis días, los quales no puedo pasar mas conformada con su voluntad. No creades que io os dejo, porque a Él plazerá de vos tomar en su anparo y guarda si os apartáis del mal y le servís con toda virtuosa obra y cunplida bondad». Y diziendo: «Quede el Señor con vos», demandó la unçión, y después que la recibió en esa hora, estando meneando los labios con oraçión al Señor sin esprimir lo que deçía, deçen-[fol. 262r] | Y oiendo estas cosas y otras muchas, aquellas devotísimas hermanas no se podían abstener de no llorar porque, aunque era cosa razonable que ubiesen plazer de la subida de su madre al Çielo, piadosamente lloraban viendo ser desanparadas de tal madre. Y viéndolas ella llorar, comovida a conpassión dezía: «No queráis más llorar en vano, pues el Señor puso término a mis días, los quales no puedo pasar mas conformada con su voluntad. No creades que io os dejo, porque a Él plazerá de vos tomar en su anparo y guarda si os apartáis del mal y le servís con toda virtuosa obra y cunplida bondad». Y diziendo: «Quede el Señor con vos», demandó la unçión, y después que la recibió en esa hora, estando meneando los labios con oraçión al Señor sin esprimir lo que deçía, deçen-[fol. 262r] dió un raio de claridad sobre su cara, viéndola algunas de las que estavan presentes, y ella avía gran plazer de lo que con sus ojos veía, y alçando las manos en alto, puestos los dedos en señal de cruz, durmió en el Señor. A diez días de enero año de mill y quatrocientos y veinte y seis años. | ||
===Capítulo octavo=== | ===Capítulo octavo=== | ||
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Luego que espiró, fue llevado secretamente su cuerpo al dicho monesterio de Nuestra Señora de la Sisla y sepultado con grande honra cerca del altar maior, y esto fue hecho porque se esperava gran disensión entre los çibdadanos sobre el enterramiento del cuerpo y ansí fuera inpedido de llevar al dicho monesterio donde ella, quiriendo aun en su muerte huir la vanagloria, se mandó enterrar; que pudiera çierto ser sepultada dignamente y con grande reverençia en la iglesia maior de la dicha çibdad, açerca de su tío, el arçobispo don Álvaro. | Luego que espiró, fue llevado secretamente su cuerpo al dicho monesterio de Nuestra Señora de la Sisla y sepultado con grande honra cerca del altar maior, y esto fue hecho porque se esperava gran disensión entre los çibdadanos sobre el enterramiento del cuerpo y ansí fuera inpedido de llevar al dicho monesterio donde ella, quiriendo aun en su muerte huir la vanagloria, se mandó enterrar; que pudiera çierto ser sepultada dignamente y con grande reverençia en la iglesia maior de la dicha çibdad, açerca de su tío, el arçobispo don Álvaro. | ||
Y para más loar s[u] esclarecida vida, podríamos contar algunas senales y dezir algunos miragros que parecieron en su muerte y fueron hechos por el tanimiento de su cuerpo, lo qual piadosamente creemos, pues personas [fol. 262v] relixiosas y dignas de toda fe, sin ninguna adulación dan testimonio dello, mas pues que hasta aquí esta santa Yglesia lo calla, somos por necesidad constrenidos a callar; una cosa sabemos de çierto que nos constrine a hablar, que fue su voluntad en la lei del Señor, pensando de día y de noche, en cuia boca no fue hallado engaño. Y por esto creemos firmemente que no recibió en vano su ánima, que fueron aquestas senales y miragros manifiestos a todos en la su historia que tiene el vulgo. Cosa digna fue y no de maravillar, amadas hermanas, que la | Y para más loar s[u] esclarecida vida, podríamos contar algunas senales y dezir algunos miragros que parecieron en su muerte y fueron hechos por el tanimiento de su cuerpo, lo qual piadosamente creemos, pues personas [fol. 262v] relixiosas y dignas de toda fe, sin ninguna adulación dan testimonio dello, mas pues que hasta aquí esta santa Yglesia lo calla, somos por necesidad constrenidos a callar; una cosa sabemos de çierto que nos constrine a hablar, que fue su voluntad en la lei del Señor, pensando de día y de noche, en cuia boca no fue hallado engaño. Y por esto creemos firmemente que no recibió en vano su ánima, que fueron aquestas senales y miragros manifiestos a todos en la su historia que tiene el vulgo. Cosa digna fue y no de maravillar, amadas hermanas, que la cibdad real donde descendió la Reina de los Ángeles con tan gran muchedumbre de coros de vírgenes quedase con el fruto de aquesta virgen, que con santidad de vida entre las otras vírgenes la pudiese seguir y alabar. Y si queréis vos, sus hijas, alcanzar a loar a la Madre de Dios con aquellos espíritus bienaventurados con entrañas llenas de caridad, vos amonesto y con grande amor espiritual vos ruego que sigáis las pisadas de la madre y guardéis su dotrina y os acordéis de sus amonestaciones y sienpre la tengáis delante de buestros ojos por singular exenplo, examinando con diligençia lo que ya avéis oído y otras cosas que no basta mi lengua para recontar. | ||
¡Quán [fol. 263r] suave fue su mansedunbre y quán marabillosa su honestidad y linpieza! Considerad su profunda humildad y quál fue su sinple prudentia llena de todo temor de Dios. Por las quales mereció Dios, siendo en su aiuda, venzer a los enemigos en tan grandes peleas con gran vitoria. Sobre todo, vos amonesto que, perseverantes en la santa religión, conviene que paséis por fuego y agua; conviene saber: por adversidades y tentaciones, por las quales, mereciendo ser dignas de la gloria, haziendo todas las cosas perfetamente, digáis aquello que el Salvador nos amonesta por San Lucas, a los diez y siete capítulos, diçiendo: «Quando hiziéredes todas las cosas que vos son mandadas, dezid: “¿Siervas somos sin provecho. Solamente hicimos lo que devíamos”», en tal manera que los bienes que con el aiuda y inspiratión del Spíritu Santo fazéis, no los perdáis delante de Dios por el loor de los honbres o con presunçión dañosa de dentro del corazón los hagáis sin provecho. De lo qual oíd aquella semejança del Salvador de las diez vírgenes, çinco prudentes y çinco locas, de las quales dize San Gregorio: «Todas se llaman vírgines, mas no todas son reçebidas dentro de la puerta en [fol. 263v] la bienaventurança, porque, como faltase el açeite a las vírgines sin seso, fueron a conprarlo; conviene saber, yendo a buscar el testimonio de sus buenas obras delante los honbres recibieron su galardón. Vino el Esposo y las que estavan aparejadas entraron con él a las bodas». De lo segundo, oíd lo que el apóstol las dize: «Pienso, hermanas, que no son dignas las pasiones deste mundo para alcanzar la gloria que esperamos, y otra vez el galardón del pecado es muerte, el de la graçia es vida para siempre, la qual a mí y a vos quiera de Jesucristo, Hijo de Dios, el qual sufrió por nós pasión, que con el Padre y Espíritu Santo vibe y reina, un Dios para sienpre jamás. Amén». | ¡Quán [fol. 263r] suave fue su mansedunbre y quán marabillosa su honestidad y linpieza! Considerad su profunda humildad y quál fue su sinple prudentia llena de todo temor de Dios. Por las quales mereció Dios, siendo en su aiuda, venzer a los enemigos en tan grandes peleas con gran vitoria. Sobre todo, vos amonesto que, perseverantes en la santa religión, conviene que paséis por fuego y agua; conviene saber: por adversidades y tentaciones, por las quales, mereciendo ser dignas de la gloria, haziendo todas las cosas perfetamente, digáis aquello que el Salvador nos amonesta por San Lucas, a los diez y siete capítulos, diçiendo: «Quando hiziéredes todas las cosas que vos son mandadas, dezid: “¿Siervas somos sin provecho. Solamente hicimos lo que devíamos”», en tal manera que los bienes que con el aiuda y inspiratión del Spíritu Santo fazéis, no los perdáis delante de Dios por el loor de los honbres o con presunçión dañosa de dentro del corazón los hagáis sin provecho. De lo qual oíd aquella semejança del Salvador de las diez vírgenes, çinco prudentes y çinco locas, de las quales dize San Gregorio: «Todas se llaman vírgines, mas no todas son reçebidas dentro de la puerta en [fol. 263v] la bienaventurança, porque, como faltase el açeite a las vírgines sin seso, fueron a conprarlo; conviene saber, yendo a buscar el testimonio de sus buenas obras delante los honbres recibieron su galardón. Vino el Esposo y las que estavan aparejadas entraron con él a las bodas». De lo segundo, oíd lo que el apóstol las dize: «Pienso, hermanas, que no son dignas las pasiones deste mundo para alcanzar la gloria que esperamos, y otra vez el galardón del pecado es muerte, el de la graçia es vida para siempre, la qual a mí y a vos quiera de Jesucristo, Hijo de Dios, el qual sufrió por nós pasión, que con el Padre y Espíritu Santo vibe y reina, un Dios para sienpre jamás. Amén». | ||
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No se dexaron de ver algunos milagros en la muerte de esta sancta muger, y en solo el tocamiento a su cuerpo, como lo çertificaron y confirmaron muchos de los religiossos que se hallaron en su enterramiento y al tiempo de llevar el cuerpo al monesterio de la Sisla, y aunque manifestaron algunos en particular, otros dexaron de dezir por el poco crédito que el vulgo suele dar. Y este es bien que se ponga aquí y no se calle, que es tan çierto y verdadero como todos, que siempre tuvo fixo y enclavado el pensamiento y la consideraçión en la ley de Dios, pensando de día y de noche en ella y en lo que era amor y servicio suyo. | No se dexaron de ver algunos milagros en la muerte de esta sancta muger, y en solo el tocamiento a su cuerpo, como lo çertificaron y confirmaron muchos de los religiossos que se hallaron en su enterramiento y al tiempo de llevar el cuerpo al monesterio de la Sisla, y aunque manifestaron algunos en particular, otros dexaron de dezir por el poco crédito que el vulgo suele dar. Y este es bien que se ponga aquí y no se calle, que es tan çierto y verdadero como todos, que siempre tuvo fixo y enclavado el pensamiento y la consideraçión en la ley de Dios, pensando de día y de noche en ella y en lo que era amor y servicio suyo. | ||
De quarenta años a esta parte, fue necesario apartar el cuerpo de esta sancta muger del lugar adonde estava por razón de una obra que se huvo allí de hazer, y de tal manera le halla[ron] entero en su casa y ataúd (con aver más de çiento y veynte años que estava allí) que los religiosos que se hallaron presentes y lo vieron, certificaron esta verdad, que estava el cuerpo sin ningún corrompimiento, como quando le enterraron, y sin olor malo. Vieron también otra cosa maravillosa, que en la cabeça tenía puesta una corona (o guirnalda de ramos de laurel (que le pusieron en premio de la virginidad que guardó) tan fresca y sin estar secas las hojas ni perdido el color que se admiraron todos y recibieron gran recreaçión y consuelo. Y dieron gracias a Dios, que les havía dado en su capilla y compañía thesoro tan preciosso. | De quarenta años a esta parte, fue necesario apartar el cuerpo de esta sancta muger del lugar adonde estava por razón de una obra que se huvo allí de hazer, y de tal manera le halla[ron] entero en su casa y ataúd (con aver más de çiento y veynte años que estava allí) que los religiosos que se hallaron presentes y lo vieron, certificaron esta verdad, que estava el cuerpo sin ningún corrompimiento, como quando le enterraron, y sin olor malo. Vieron también otra cosa maravillosa, que en la cabeça tenía puesta una corona (o guirnalda de ramos de laurel (que le pusieron en premio de la virginidad que guardó) tan fresca y sin estar secas las hojas ni perdido el color que se admiraron todos y recibieron gran recreaçión y consuelo. Y dieron gracias a Dios, que les havía dado en su capilla y compañía thesoro tan preciosso. | ||
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''[2]'' El manuscrito lee «con contenta», con una diplografía por error. | ''[2]'' El manuscrito lee «con contenta», con una diplografía por error. | ||
= Vida manuscrita (3)= | |||
Ed. de [http://visionarias.es/equipo/celia-redondo-blasco/ Celia Redondo Blasco]; fecha de edición: enero de 2025. | |||
== Fuente == | |||
* [http://catalogodesantasvivas.visionarias.es/index.php/Categor%C3%ADa:Baltasar_Porreño Porreño, Baltasar]. ''Vida de los arzobispos de Toledo: años 1280-1618''. Ms. BNE 13025, fols. 207r-209v. | |||
== Criterios de edición == | |||
Se trata de un manuscrito del siglo XVIII, que copia en tres volúmenes (BNE Mss/Mss/13025-Mss/13027) la ''Historia episcopal y Real de España'' de Porreño, escrita entre 1604 y 1606 y que se guarda manuscrita en la Biblioteca Capitular de Toledo. Se opta por modernizar: ''b'' y ''v'', las sibilantes y la alternancia ''c'' y ''q''. Esta edición, dado lo tardío del testimonio, puntúa y acentúa siguiendo las normas establecidas por la RAE. Se desarrollan las abreviaturas. Se moderniza el cultismo grafemático ''ch'' en palabras como ''charidad'' o ''chronica'' y se desarrolla las contracturas desta, destos. | |||
== Vida de María García == | |||
[Fol. 207r] A don Vasco Fernández le sucedió en la silla de Toledo don Gómez Manrique, natural de Toledo, septuagésimo quinto arzobispo de esta villa, el cual se sentó en la silla luego que el otro, don Vasco, por su destierro renunció al arzobispado. Hacen mención de todo los ''Catálogos de los arzobispos de esta Villa y las Historias de España''. Fue de sangre ilustre y esclarecida, su padre se llamó Don Garci ''[1]'' Fernández Manrique, de quien vienen los marqueses de Aguilar, el cual fue señor de Amusco [fol. 207v] y de Avia, y su madre doña Urraca de Leiva. Tuvo por hermano a don Garci Fernández Manrique, adelantado de Castilla, que fue el tronco de los duques de Nájera y de otras casas de Castilla del apellido de Manrique, y a don Diego García Manrique. Tuvo el otro arzobispo por abuelo a don García Fernández Manrique, descendiente de Almeric de Narbona. | |||
Fue nuestro don Gómez en su juventud obispo de Palencia y al presente lo era de Santiago, de cuya dignidad le sucedió don Gómez de Toledo, sobrino del arzobispo don Vasco, por haber renunciado al arzobispado de Toledo. Con esta condición era hombre de mucho valor y cordura y, así, viéndose favorecido por el rey Don Pedro en su elección y viendo las cosas de los reinos [fol. 208r] tan turbadas y alteradas (como se ha dicho), procuró estar en gracia con el otro rey, cuyas cosas iban con tanta rotura y tan sin esperanza de remedio que le parecía escusado negocio irse a la menos cosa del mundo, sino fuese cosa mínima irse al matadero, como otros muchos, o por lo menos al destierro como su antecesor. Y así fue al amor del agua con prudencia y sagacidad y nombró por su adelantado de Cazorla a Pero Ruiz de Torres, caballero principal. | |||
En su juventud tuvo una hija el arzobispo llamada doña Theresa de Manrique, la cual casó con Rodríguez de Biedma, señor de San Esteban del Puerto y caudillo mayor del Arzobispado de Jaén, y con ella se dieron veinte mil maravedíes en dote. [Fol. 208v] Con esta dote, que se hizo en Burgos, año de mil trescientos y sesenta y cuatro. | |||
Tuvo una sobrina, hija de su hermano don Diego García Manrique y de su mujer doña Constanza de Toledo, la cual se llamó doña Mari García, que fue gran sierva de Dios y desde niña se ejercitó en obras de caridad y en pedir por el amor de Dios para los pobres de la cárcel del arzobispo, su tío, al cual le aconteció encontrarse con ella pidiendo limosna y, reprendiendo el arzobispo a su hermano, porque la dejaba andar de aquella manera mendigando, él respondió que se tenía por muy dichoso en que su hija hubiere escogido con ilustre esposo como a Jesucristo. Fundó esta señora el monasterio de San Pablo, que es de religiosas de San Jerónimo, y fue tan limosnera que repartió la mayor [fol. 209r] parte de su patrimonio a los pobres de Jesucristo. Escriben de esta señora las crónicas de la orden de San Jerónimo y Pedro de Alcocer y el otro, Villegas. Algunos historiadores hacen a esta señora sobrina del arzobispo don Vasco, así lo afirma el muy docto padre Fray Joseph de Sigüenza en su segunda parte de la historia de San Jerónimo, en el capítulo cuarenta y seis, pero se engaña mucho, porque el otro, don Vasco, murió en Portugal, como se dijo en el capítulo pasado, y cuando murió esta señora hubo diferencias entre si se había de enterrar en el sepulcro de su tío, que estaba en la santa iglesia, o en el Monasterio de San Pablo, que ella había fundado. Demás de esto, lo que escriben su vida hacen mención de su hermano el arcediano de Talavera, que fue sobrino del otro arzobispo [fol. 209v] don Gómez Manrique, el cual en su muerte pidió al cabildo de Toledo lo no eligiesen por arzobispo al arcediano, su sobrino (como se dirá). Así mismo, esta señora murió en el año de mil y cuatrocientos veintiséis, y don Vasco fue preso en el año de mil trescientos cincuenta. Así, es cosa cierta que no fue sobrina suya sino del otro don Gómez. | |||
===Notas=== | |||
''[1]'' Tachado: “Gómez”. | |||
= Vida impresa (1)= | = Vida impresa (1)= | ||
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== Fuente == | == Fuente == | ||
* [http://catalogodesantasvivas.visionarias.es/index.php/Categor%C3%ADa:Alonso_de_Villegas Villegas, Alonso de], 1588. ''Addicion a la Tercera Parte del Flos sanctorum: en que se ponen vidas de varones illustres, los quales, aunque no estan canonizados, mas piadosamente se cree dellos que gozan de Dios por auer sido sus vidas famosas en virtudes...'', Huesca: Iuan Perez de Valdiuielso. Fols. 44r col. a – 45v col. a. | * [http://catalogodesantasvivas.visionarias.es/index.php/Categor%C3%ADa:Alonso_de_Villegas Villegas, Alonso de], 1588. ''Addicion a la Tercera Parte del Flos sanctorum: en que se ponen vidas de varones illustres, los quales, aunque no estan canonizados, mas piadosamente se cree dellos que gozan de Dios por auer sido sus vidas famosas en virtudes...'', Huesca: Iuan Perez de Valdiuielso. Fols. 44r col. a – 45v col. a. | ||
[[Contexto material del impreso Addicion a la Tercera Parte del Flos sanctorum]] ''en que se ponen vidas de varones illustres, los quales, aunque no estan canonizados, mas piadosamente se cree dellos que gozan de Dios por auer sido sus vidas famosas en virtudes...''. | |||
== Criterios de edición == | == Criterios de edición == | ||
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= Vida impresa (3)= | = Vida impresa (3)= | ||
Ed. de [http://visionarias.es/equipo/lara-marchante-fuente/ Lara Marchante Fuente]; fecha de edición: julio de 2017; fecha de modificación: | Ed. de [http://visionarias.es/equipo/lara-marchante-fuente/ Lara Marchante Fuente]; fecha de edición: julio de 2017; fecha de modificación: agosto de 2026. | ||
== Fuente == | == Fuente == | ||
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Dios, que lo dispone mejor, quiso que le dijesen esto y que se pusiesen encobro antes que viniesen a buscarlas. Acordaron de venir por un camino apartado otra vez a Toledo, no entraron dentro, sino fuéronse a una ermita (de que ya hicimos memoria) que se llamaba Nuestra Señora de la Sisla. Allí vivieron escondidas algunos días hasta que se ausentó el Rey, y así escaparon de sus manos y de su deshonestidad. En esta ermita probó esta santa otro género de vida, de mayor quietud y sosiego del alma, puesta en alta conservación del Cielo, haciendo su corazón un holocausto encendido todo en el amor y contemplación de su Esposo. Hacía las asperezas grandes de los ermitaños de Egipto. Dormía sobre unos sarmientos, ayunaba mucho, juntaba las noches con los días orando y contemplando, y allí recibió grandes consuelos del Cielo, ayudándole a todo esto su gran compañera, doña Mayor Gómez, que se la deparó Dios en todos estos trances, no para aya, aunque lo parecía, sino para alivio de tan grandes cosas, y testigo de su honestidad y pureza. Murió a esta sazón el Rey don Pedro a manos de su hermano don Enrique, como todos saben; con su muerte se aseguraron mil almas temerosas de su crueldad y de su torpeza, salió de su yermo nuestra santa ermitaña y, pensando qué camino escogería para retirarse al servicio de Dios de propósito y acabar en ella vida con mayor aprovechamiento de su alma, tuvo noticia cómo había en Toledo una congregación de mujeres santas, que se recogían en una casa en la parroquia de San Román. Tenían como en lugar de priora una señora de gran prudencia y espíritu, que se llamaba doña María de Soria; loaba toda la ciudad el modo de vivir de esta gente, teniéndolas por mujeres de gran recogimiento y santidad. Parecioles a las dos compañeras que este era negocio seguro, supuesto que no habían de estar en aquella ermita y había cesado la causa. Fuéronse allí y recibiolas doña María de Soria con alegría, por la fama de su valor; se vistieron entre ambas el hábito que usaban las que allí entraban. Vivieron algún tiempo en aquella compañía, dando gran ejemplo a todas y ejercitándose en actos de humildad y de obediencia, de que recibía gran consuelo nuestra santa, y sin duda quiso Nuestro Señor traerla aquí para que aprendiese esto y lo ejercitase, porque es cosa imposible poder enseñar a otros, los que no tienen experiencia, qué cosa es obedecer. | Dios, que lo dispone mejor, quiso que le dijesen esto y que se pusiesen encobro antes que viniesen a buscarlas. Acordaron de venir por un camino apartado otra vez a Toledo, no entraron dentro, sino fuéronse a una ermita (de que ya hicimos memoria) que se llamaba Nuestra Señora de la Sisla. Allí vivieron escondidas algunos días hasta que se ausentó el Rey, y así escaparon de sus manos y de su deshonestidad. En esta ermita probó esta santa otro género de vida, de mayor quietud y sosiego del alma, puesta en alta conservación del Cielo, haciendo su corazón un holocausto encendido todo en el amor y contemplación de su Esposo. Hacía las asperezas grandes de los ermitaños de Egipto. Dormía sobre unos sarmientos, ayunaba mucho, juntaba las noches con los días orando y contemplando, y allí recibió grandes consuelos del Cielo, ayudándole a todo esto su gran compañera, doña Mayor Gómez, que se la deparó Dios en todos estos trances, no para aya, aunque lo parecía, sino para alivio de tan grandes cosas, y testigo de su honestidad y pureza. Murió a esta sazón el Rey don Pedro a manos de su hermano don Enrique, como todos saben; con su muerte se aseguraron mil almas temerosas de su crueldad y de su torpeza, salió de su yermo nuestra santa ermitaña y, pensando qué camino escogería para retirarse al servicio de Dios de propósito y acabar en ella vida con mayor aprovechamiento de su alma, tuvo noticia cómo había en Toledo una congregación de mujeres santas, que se recogían en una casa en la parroquia de San Román. Tenían como en lugar de priora una señora de gran prudencia y espíritu, que se llamaba doña María de Soria; loaba toda la ciudad el modo de vivir de esta gente, teniéndolas por mujeres de gran recogimiento y santidad. Parecioles a las dos compañeras que este era negocio seguro, supuesto que no habían de estar en aquella ermita y había cesado la causa. Fuéronse allí y recibiolas doña María de Soria con alegría, por la fama de su valor; se vistieron entre ambas el hábito que usaban las que allí entraban. Vivieron algún tiempo en aquella compañía, dando gran ejemplo a todas y ejercitándose en actos de humildad y de obediencia, de que recibía gran consuelo nuestra santa, y sin duda quiso Nuestro Señor traerla aquí para que aprendiese esto y lo ejercitase, porque es cosa imposible poder enseñar a otros, los que no tienen experiencia, qué cosa es obedecer. | ||
Murió dentro de pocos años doña María de Soria, en cuyo gobierno estribaría aquella congregación. Murieron también los padres de nuestra doña María García de Toledo, dejáronle mucha hacienda y mejora, entendiendo que la había de emplear en servicio de Nuestro Señor con grande provecho de sus almas. Como se vio desamparada de la madre espiritual y de los padres naturales, y con hacienda, suplicó a Nuestro Señor la alumbrase en lo que era servido hiciese de sí y de los bienes que le habían quedado, pues no era suya ni quería otra cosa en esta vida sino emplearse toda en su amor y servicio. Púsole en el corazón lo que Dios había ido madurando por todo este discurso, entreteniendo a esta, su sierva, por tan extraños y varios caminos, y lo que con el efecto se ha mostrado ser cosa ordenada por su divino consejo. Vendió las heredades y hacienda que le había quedado en el lugar de Belilla y otras partes. Compró en la parroquia de San Lorenzo, en Toledo, una buena casa que tenía suelo y aposento [ | Murió dentro de pocos años doña María de Soria, en cuyo gobierno estribaría aquella congregación. Murieron también los padres de nuestra doña María García de Toledo, dejáronle mucha hacienda y mejora, entendiendo que la había de emplear en servicio de Nuestro Señor con grande provecho de sus almas. Como se vio desamparada de la madre espiritual y de los padres naturales, y con hacienda, suplicó a Nuestro Señor la alumbrase en lo que era servido hiciese de sí y de los bienes que le habían quedado, pues no era suya ni quería otra cosa en esta vida sino emplearse toda en su amor y servicio. Púsole en el corazón lo que Dios había ido madurando por todo este discurso, entreteniendo a esta, su sierva, por tan extraños y varios caminos, y lo que con el efecto se ha mostrado ser cosa ordenada por su divino consejo. Vendió las heredades y hacienda que le había quedado en el lugar de Belilla y otras partes. Compró en la parroquia de San Lorenzo, en Toledo, una buena casa que tenía suelo y aposento [762] espacioso, pasose allí con su compañera, doña Mayor Gómez, y algunas que, conociendo su santidad y valor, quisieron seguirla delas de aquella congregación de beatas. Encerrose allí con determinación de no salir en toda la vida. | ||
Entendiose esta mudanza en la ciudad. Vino a noticia de una señora, de las nobles de Toledo, que se llamaba Teresa Vázquez, mujer deseosa de la salud de su alma, había días que estaba recogida en su casa con gran encerramiento, con hasta siete u ocho mujeres, haciendo vida muy honesta. Acordó de pasarse a la compañía de nuestra Santa, con toda la suya, entendiendo que Dios la llamaba para servirle en aquella congregación; ansí se hizo en breve una casa de muchas siervas de Dios, y de notable nombre, a quien siguieron presto otras. Aquí se comenzó luego una labor divina, en unas vidas de gran humildad y pobreza de espíritu, desechando no solo el regalo, mas aun lo muy necesario para pasar la vida, abrazando en todo la mortificación de los sentidos. Pusiéronse unos hábitos blancos y un escapulario pardo, el mismo que tenían los muy recientes monjes de la Orden de San Jerónimo, sin saber qué hacían. También se determinaron luego a obedecer todas a una cabeza porque no fuese monstruo de muchas aquel colegio, y de común acuerdo quisieron todas que fuese doña María García de Toledo, porque tenían mucha prueba de su virtud y prudencia, que bastaba a mayores cosas. | Entendiose esta mudanza en la ciudad. Vino a noticia de una señora, de las nobles de Toledo, que se llamaba Teresa Vázquez, mujer deseosa de la salud de su alma, había días que estaba recogida en su casa con gran encerramiento, con hasta siete u ocho mujeres, haciendo vida muy honesta. Acordó de pasarse a la compañía de nuestra Santa, con toda la suya, entendiendo que Dios la llamaba para servirle en aquella congregación; ansí se hizo en breve una casa de muchas siervas de Dios, y de notable nombre, a quien siguieron presto otras. Aquí se comenzó luego una labor divina, en unas vidas de gran humildad y pobreza de espíritu, desechando no solo el regalo, mas aun lo muy necesario para pasar la vida, abrazando en todo la mortificación de los sentidos. Pusiéronse unos hábitos blancos y un escapulario pardo, el mismo que tenían los muy recientes monjes de la Orden de San Jerónimo, sin saber qué hacían. También se determinaron luego a obedecer todas a una cabeza porque no fuese monstruo de muchas aquel colegio, y de común acuerdo quisieron todas que fuese doña María García de Toledo, porque tenían mucha prueba de su virtud y prudencia, que bastaba a mayores cosas. | ||
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Aunque estaba por de fuera el cuerpo tan consumido, tenía dentro el alma muy despierta en la contemplación que había ejercitado toda su vida, gozando en lo secreto de favores y regalos divinos que la alentaban para tan larga jornada. Llegado el fin de la carrera dichosa, queriendo el Señor darle el galardón de tan santa vida y trabajos tan piadosos, vínole una calentura lenta, que bastaba para consumir aquello poco que había quedado de la penitencia. Cayó en la cama, porque no podía sostenerse. Sintiendo ya su fin cerca, llamó a sus hijas que, a esta sazón, eran veinticinco o veintiséis, rebaño precioso y rico en los ojos de Dios. Cuando las tuvo delante abrazolas una a una con notable ternura y lágrimas, queriendo poner a cada una en sus entrañas, dábales paz en el rostro y se juntaban las unas lágrimas con las otras. Después les dijo desta manera: “Hermanas queridas y compañeras de mi peregrinación, que habéis perseverado conmigo en estos trabajos de pobreza y penitencia, yo me parto a la bienaventuranza que ha prometido nuestro Esposo a los que perseveraren hasta la fin. Deseo mucho que no os ponga espanto lo que os falta de la corrida de vuestro curso, y que mi ausencia no os cause alguna flaqueza en los ánimos, ni penséis que he sido yo alguna parte para sustentaros hasta este punto en la vida religiosa que habéis comenzado, de que tenéis pasada ya mucha parte, las más de las que estáis presentes. Otra fuerza mayor es la que os sustenta, que es la virtud del Señor, que nunca se cansa, ni puede morir, y está siempre cerca de vosotras si por vuestra [764] culpa no la desecháis y hacéis fuerza para que se vaya, porque os ama mucho y tiene gran cuidado de vuestra salud. Lo que desea y lo que siempre nos pide es que no pongamos el amor en otra cosa, que es muy celoso, y no admite compañía alguna: o todas habéis de ser suyas o de otro, y mirad quién será el otro si dejáis a Dios. Fuera d’Él todo es feo, todo es miseria, enfermedad y muerte. Una quiere que sea su paloma, y una su amiga y una su querida, que no cabe con otro. Ponedle en vuestro corazón y en vuestro brazo, haced que vuestros pensamientos, palabras y obras no tiren a otra señal, porque, si no, sabed que se enojará mucho, y cuanto estáis en más alto estado y cuanto habéis venido a más secretos abrazos y favores, tanto será mayor la ira de sus celos. Porque el amor es como la muerte fuerte y más duro que el infierno que, como la muerte, nunca se aplaca ni perdona y, como el infierno, nunca se apiada ni ablanda; ni al uno ni al otro podremos con ruegos ni con fuerza detenerlos, ni mudarlos de su rigor: ansí el amor, cuando es tan gravemente ofendido y quebrantadas sus leyes, no sabe perdonar, ni aplacarse, ni la ira de los celos tiene remedio. Las caídas de muy alto de ordinario son mortales. Por eso, carísimas hermanas, mirad donde subisteis, temed mucho la caída y, pues tenéis tan cierto el socorro, pedidle sin cesar que no hayáis miedo que falte. Mirad cuán presto se acaba la vida, cuán poco duran los gozos vanos deste suelo, qué presto se marchitan estas florecillas de la primavera que, de ordinario, antes de la noche se enlacian y caen, y los trabajos, qué momentáneos y de poca dura, y qué de bienes se siguen tras ellos, cuando se llevan en paciencia y por Dios. No os turbe ver a las que dejasteis en el siglo, cuando vienen compuestas y galanas a visitarnos, porque son figuras del retablo de este mundo, que pasa como una farsa. Ya veis cuántas, en medio de sus regalos, las ha arrebatado la muerte, y cuántas de las que viven querrían ser muertas, porque viven una vida de infierno. Poned los ojos en la ribera deste río por donde vais atravesando a vuestra gloria, para que no os desvanezcan las ondas y sus olas, que pasan a dar en el mar. Veisme aquí, estoy ya a las puertas de la muerte, alegre y segura, sin temer la contradicción de mis enemigos, confiada en el mérito de la pasión de mi esposo y en la virtud de su sangre, que cuando con Él me desposé me las dio en arras y en dote, y ahora que viene el día de las bodas, saldré adornada con ellas. Imaginad que me casé con un hombre de los del siglo, y que he vivido en muchos regalos, y que tengo muchos hijos, y que he llegado a este punto que tuviera ahora aquí sino congojas, y rabias y ansias, un temor y una tristeza irremediable. Pues mirad la diferencia y deprended en este trance lo que no se os olvide jamás. Quiéroos dar en mi partida un consejo y un precepto; el precepto no es nuevo ni mío, sino del Esposo y Señor Jesucristo, que os améis unas a otras y sufráis las faltas con caridad, y esta es deuda que la debéis siempre, en tanto que durare la vida: cada una quiera el bien de la otra como el suyo propio, porque en esto consiste el verdadero amor. El consejo es que os guardéis de salir del claustro cuanto os fuere posible y que no os vean en la calle para siempre, ni aun en la red, sino con mucha necesidad. Mirad que las palomas, aunque son tan puras y sin malicia, si ven la red huyen de ella, porque en la red está el lazo que prende con las palabras o con la vista la inocencia del alma”. [766] | Aunque estaba por de fuera el cuerpo tan consumido, tenía dentro el alma muy despierta en la contemplación que había ejercitado toda su vida, gozando en lo secreto de favores y regalos divinos que la alentaban para tan larga jornada. Llegado el fin de la carrera dichosa, queriendo el Señor darle el galardón de tan santa vida y trabajos tan piadosos, vínole una calentura lenta, que bastaba para consumir aquello poco que había quedado de la penitencia. Cayó en la cama, porque no podía sostenerse. Sintiendo ya su fin cerca, llamó a sus hijas que, a esta sazón, eran veinticinco o veintiséis, rebaño precioso y rico en los ojos de Dios. Cuando las tuvo delante abrazolas una a una con notable ternura y lágrimas, queriendo poner a cada una en sus entrañas, dábales paz en el rostro y se juntaban las unas lágrimas con las otras. Después les dijo desta manera: “Hermanas queridas y compañeras de mi peregrinación, que habéis perseverado conmigo en estos trabajos de pobreza y penitencia, yo me parto a la bienaventuranza que ha prometido nuestro Esposo a los que perseveraren hasta la fin. Deseo mucho que no os ponga espanto lo que os falta de la corrida de vuestro curso, y que mi ausencia no os cause alguna flaqueza en los ánimos, ni penséis que he sido yo alguna parte para sustentaros hasta este punto en la vida religiosa que habéis comenzado, de que tenéis pasada ya mucha parte, las más de las que estáis presentes. Otra fuerza mayor es la que os sustenta, que es la virtud del Señor, que nunca se cansa, ni puede morir, y está siempre cerca de vosotras si por vuestra [764] culpa no la desecháis y hacéis fuerza para que se vaya, porque os ama mucho y tiene gran cuidado de vuestra salud. Lo que desea y lo que siempre nos pide es que no pongamos el amor en otra cosa, que es muy celoso, y no admite compañía alguna: o todas habéis de ser suyas o de otro, y mirad quién será el otro si dejáis a Dios. Fuera d’Él todo es feo, todo es miseria, enfermedad y muerte. Una quiere que sea su paloma, y una su amiga y una su querida, que no cabe con otro. Ponedle en vuestro corazón y en vuestro brazo, haced que vuestros pensamientos, palabras y obras no tiren a otra señal, porque, si no, sabed que se enojará mucho, y cuanto estáis en más alto estado y cuanto habéis venido a más secretos abrazos y favores, tanto será mayor la ira de sus celos. Porque el amor es como la muerte fuerte y más duro que el infierno que, como la muerte, nunca se aplaca ni perdona y, como el infierno, nunca se apiada ni ablanda; ni al uno ni al otro podremos con ruegos ni con fuerza detenerlos, ni mudarlos de su rigor: ansí el amor, cuando es tan gravemente ofendido y quebrantadas sus leyes, no sabe perdonar, ni aplacarse, ni la ira de los celos tiene remedio. Las caídas de muy alto de ordinario son mortales. Por eso, carísimas hermanas, mirad donde subisteis, temed mucho la caída y, pues tenéis tan cierto el socorro, pedidle sin cesar que no hayáis miedo que falte. Mirad cuán presto se acaba la vida, cuán poco duran los gozos vanos deste suelo, qué presto se marchitan estas florecillas de la primavera que, de ordinario, antes de la noche se enlacian y caen, y los trabajos, qué momentáneos y de poca dura, y qué de bienes se siguen tras ellos, cuando se llevan en paciencia y por Dios. No os turbe ver a las que dejasteis en el siglo, cuando vienen compuestas y galanas a visitarnos, porque son figuras del retablo de este mundo, que pasa como una farsa. Ya veis cuántas, en medio de sus regalos, las ha arrebatado la muerte, y cuántas de las que viven querrían ser muertas, porque viven una vida de infierno. Poned los ojos en la ribera deste río por donde vais atravesando a vuestra gloria, para que no os desvanezcan las ondas y sus olas, que pasan a dar en el mar. Veisme aquí, estoy ya a las puertas de la muerte, alegre y segura, sin temer la contradicción de mis enemigos, confiada en el mérito de la pasión de mi esposo y en la virtud de su sangre, que cuando con Él me desposé me las dio en arras y en dote, y ahora que viene el día de las bodas, saldré adornada con ellas. Imaginad que me casé con un hombre de los del siglo, y que he vivido en muchos regalos, y que tengo muchos hijos, y que he llegado a este punto que tuviera ahora aquí sino congojas, y rabias y ansias, un temor y una tristeza irremediable. Pues mirad la diferencia y deprended en este trance lo que no se os olvide jamás. Quiéroos dar en mi partida un consejo y un precepto; el precepto no es nuevo ni mío, sino del Esposo y Señor Jesucristo, que os améis unas a otras y sufráis las faltas con caridad, y esta es deuda que la debéis siempre, en tanto que durare la vida: cada una quiera el bien de la otra como el suyo propio, porque en esto consiste el verdadero amor. El consejo es que os guardéis de salir del claustro cuanto os fuere posible y que no os vean en la calle para siempre, ni aun en la red, sino con mucha necesidad. Mirad que las palomas, aunque son tan puras y sin malicia, si ven la red huyen de ella, porque en la red está el lazo que prende con las palabras o con la vista la inocencia del alma”. [766] | ||
Esto les dijo en común. Después, en particular, habló a cada una por sí, y no adivinando ni sacando por conjeturas, sino con un espíritu profético, les declaró todo el discurso de sus vidas, diciendo a muchas dellas lo que después sucedió sin faltar punto. A unas que no habían de perseverar y los fines que habían de hacer, y a otras les declaró cómo habían de ir aprovechando; y aunque entonces les pareció que debía de hablar a tientas o no la entendían, después se desengañaron y vieron claro que el Señor les avisaba por la boca de su sierva. Acabado esto, pidió la extremaunción; recibiola con gran espíritu y entereza, ayudando a todos los salmos y letanías, como si estuviera sana. De allí a un poco, descendió sobre ella una claridad admirable, y anduvo volando por la celda una palomica blanca, aunque no fueron todas las que allí estaban dignas de verla. Alegrose su rostro en gran manera, mirando atenta a la luz que tenía sobre sí; hablaba con ella tan quedo, que no podían entenderla. De allí a un poco, | Esto les dijo en común. Después, en particular, habló a cada una por sí, y no adivinando ni sacando por conjeturas, sino con un espíritu profético, les declaró todo el discurso de sus vidas, diciendo a muchas dellas lo que después sucedió sin faltar punto. A unas que no habían de perseverar y los fines que habían de hacer, y a otras les declaró cómo habían de ir aprovechando; y aunque entonces les pareció que debía de hablar a tientas o no la entendían, después se desengañaron y vieron claro que el Señor les avisaba por la boca de su sierva. Acabado esto, pidió la extremaunción; recibiola con gran espíritu y entereza, ayudando a todos los salmos y letanías, como si estuviera sana. De allí a un poco, descendió sobre ella una claridad admirable, y anduvo volando por la celda una palomica blanca, aunque no fueron todas las que allí estaban dignas de verla. Alegrose su rostro en gran manera, mirando atenta a la luz que tenía sobre sí; hablaba con ella tan quedo, que no podían entenderla. De allí a un poco, alzó los brazos en alto y juntó las manos, como quien quiere abrazar alguno, haciendo cruz, y ansí salió la santa alma, dando a entender que se abrazó luego con su amado y dulce Esposo Jesucristo. Su muerte fue el diez de enero, año de 1426 ''[1]'', y ochenta y seis su edad, según la mejor cuenta, porque no se sabe precisamente el año en que nació. Había ordenado viviendo que sin ruido, y sin dar cuenta a nadie, llevasen su cuerpo al monasterio de Nuestra Señora de la Sisla. Hízose ansí y fue bien menester, porque la ciudad estaba alterada sobre querer llevar el cuerpo cada cual adonde le parecía que tenía más derecho. | ||
Los parientes pretendían hacerle en la iglesia mayor un sepulcro suntuoso; otros pretendían llevarla a otras partes; las religiosas, con gran silencio, teniendo entendido el humilde pensamiento de su Santa Madre, sin que nadie lo supiese, lo llevaron a la Sisla. Recibieron los religiosos con gran reverencia el cuerpo santo. Llevábanla vestida con sus hábitos de San Jerónimo y una corona de laurel en la cabeza, insignia de triunfadores. Hiciéronle el más solemne entierro que pudieron. Y como a principal bienhechora y más principalmente como a santa, la pusieron junto al altar mayor, al lado del Evangelio, y labraron un rico sepulcro. | Los parientes pretendían hacerle en la iglesia mayor un sepulcro suntuoso; otros pretendían llevarla a otras partes; las religiosas, con gran silencio, teniendo entendido el humilde pensamiento de su Santa Madre, sin que nadie lo supiese, lo llevaron a la Sisla. Recibieron los religiosos con gran reverencia el cuerpo santo. Llevábanla vestida con sus hábitos de San Jerónimo y una corona de laurel en la cabeza, insignia de triunfadores. Hiciéronle el más solemne entierro que pudieron. Y como a principal bienhechora y más principalmente como a santa, la pusieron junto al altar mayor, al lado del Evangelio, y labraron un rico sepulcro. | ||
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* [http://catalogodesantasvivas.visionarias.es/index.php/Categor%C3%ADa:Francisco_de_Pisa Pisa, Francisco de], 1612. ''Descripción de la Imperial Ciudad de Toledo e Historia de sus antigüedades y grandeza y cosas memorables que en ella han acontecido, de los Reyes que la han señoreado y gobernado en sucesión de tiempo, y de los arzobispos de Toledo, principalmente de los más celebrados''. Toledo: Pedro Rodríguez, Imprenta Real, fols. 275r, 276v. | * [http://catalogodesantasvivas.visionarias.es/index.php/Categor%C3%ADa:Francisco_de_Pisa Pisa, Francisco de], 1612. ''Descripción de la Imperial Ciudad de Toledo e Historia de sus antigüedades y grandeza y cosas memorables que en ella han acontecido, de los Reyes que la han señoreado y gobernado en sucesión de tiempo, y de los arzobispos de Toledo, principalmente de los más celebrados''. Toledo: Pedro Rodríguez, Imprenta Real, fols. 275r, 276v. | ||
[[Contexto material del impreso Descripción de la Imperial Ciudad de Toledo e Historia de sus antigüedades]] ''y grandeza y cosas memorables que en ella han acontecido, de los Reyes que la han señoreado y gobernado en sucesión de tiempo, y de los arzobispos de Toledo, principalmente de los más celebrados''. | |||
* [http://catalogodesantasvivas.visionarias.es/index.php/Categor%C3%ADa:Francisco_de_Pisa Pisa, Francisco de], ''Apuntamientos para la segunda parte de la Historia de Toledo''. Biblioteca de Castilla-La Mancha, Ms. 193, fols. 87-88. | * [http://catalogodesantasvivas.visionarias.es/index.php/Categor%C3%ADa:Francisco_de_Pisa Pisa, Francisco de], ''Apuntamientos para la segunda parte de la Historia de Toledo''. Biblioteca de Castilla-La Mancha, Ms. 193, fols. 87-88. | ||