Diferencia entre revisiones de «Leonor Venegas»

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| Nombre || Leonor Vanegas
| Nombre || Leonor Venegas
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| Orden || [http://catalogodesantasvivas.visionarias.es/index.php/Categor%C3%ADa:Santas_Dominicas Dominicas]
| Orden || [http://catalogodesantasvivas.visionarias.es/index.php/Categor%C3%ADa:Santas_Dominicas Dominicas]
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Aquí nos encargamos de las religiosas que viven en los siglos XV-XVI cuyo foco de actuación es anterior a 1560 (aunque mueran después de esta fecha), es decir, antes del auge de Santa Teresa. Se adoptan los criterios de edición de vidas impresas estipulados en el Catálogo: se moderniza la ortografía (b/u/v, j/g, chr/cr, qu/cu, empleo de h, etc.) y se eliminan las consonantes geminadas. Además, se expanden las abreviaturas, aunque algunas como N. S. (Nuestro Señor) o N. P. S. (Nuestro Padre Santo) se respetan en el texto. El uso de mayúsculas y minúsculas se moderniza y se adaptan las normas acentuales a sus usos actuales. Finalmente, se moderniza también la puntuación, la acentuación y el uso de aglomerados.
Aquí nos encargamos de las religiosas que viven en los siglos XV-XVI cuyo foco de actuación es anterior a 1560 (aunque mueran después de esta fecha), es decir, antes del auge de Santa Teresa. Se adoptan los criterios de edición de vidas impresas estipulados en el Catálogo: se moderniza la ortografía (b/u/v, j/g, chr/cr, qu/cu, empleo de h, etc.) y se eliminan las consonantes geminadas. Además, se expanden las abreviaturas, aunque algunas como N. S. (Nuestro Señor) o N. P. S. (Nuestro Padre Santo) se respetan en el texto. El uso de mayúsculas y minúsculas se moderniza y se adaptan las normas acentuales a sus usos actuales. Finalmente, se moderniza también la puntuación, la acentuación y el uso de aglomerados.


==Vida de Leonor de Vanegas==
==Vida de Leonor Venegas==


[228]  
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[…]
[…]
[230] […] Entre todas estas señoras beatas, la que más se señaló en santidad y en otro cualquier género de virtud fue doña Leonor Vanegas ''[1]'', de la cual se dicen muchas y muy grandes maravillas y que tuvo tan particulares revelaciones que, si en los que la alcanzaron y en los confesores que la confesaron hubiera cuidado de hacer memoria de todas y escribirlas, se pudiera hacer un gran volumen. Pero diremos lo que se ha podido saber de algunas personas pías y de otras que hoy viven y con ella trataron y comunicaron. Fue esta santa hija de muy nobles padres, naturales de esta ciudad de Córdoba, de los cuales descienden los señores de Luque y Hernán Núñez, casas muy principales en Córdoba. La cual, aunque en su mocedad fue [231] muy hermosa y por extremo galana, pero siempre muy virtuosa y honesta, muy devota y temerosa de Dios y que frecuentaba muchas veces los divinos Sacramentos, pero, queriéndola el Señor traer a mayor perfección y hacerla una grande santa, sucedió que, siendo muy moza, concertaron sus padres de casarla con un caballero de esta ciudad y, hechos los capítulos y los conciertos del casamiento, sucedió que al caballero le diesen otra señora con más dote que a ella le daban sus padres, por la cual el casamiento se desconcertó y el caballero se casó con la otra. Sintió esto la buena doncella grandemente, que solo por mayor dote dejasen por otra, siendo de tan buenas partes calidad y hermosura como hemos dicho, y, de pena, cayó en una muy grave enfermedad que le puso en tanto extremo y aprieto que para morir le llevaron el hábito de nuestra orden. De esta enfermedad fue Dios servido de sacarla para, por estos medios no conocidos a los hombres, hacerla tan grande como santa como fue después. Cuando se vio sana y libre de tan grave enfermedad, habiéndole Dios mudado sus propósitos, pareciole que, pues el esposo temporal le dejaba por dineros, buscar el esposo de su alma, que es Cristo Nuestro Señor, dándose a él muy de corazón y muchas veras. Para lo cual le pareció buen medio tomar el hábito de la Tercera Orden de Nuestro Padre Santo Domingo, que es el de las beatas; encomendando esto muy de veras a Dios en sus oraciones, al fin se determinó en pedirlo y lo recibió por manos del padre prior de este convento, el cual fue para ella de mucha alegría espiritual y contento, y, así como se vio con hábito de penitencia, pareciole era bien conformar el hecho con el nombre y así comenzó con tantas veras a ejercitarse en obras de penitencia, no solo a guardar el rigor de la religión, en comida, vestido, ayunos y los demás rigores de la orden, sino que comenzó a tener tan rigurosa abstinencia que no comió otra cosa hasta la muerte sino hierbas cocidas, comiendo muchos días solo pan y agua. Vino a ser esta abstinencia tan rigurosa que se le vinieron a cerrar las ventanas de las narices sin poder resollar, diciendo los médicos que la causa de esto era la sequedad del cerebro, causado por la mucha y rigurosa abstinencia que tenía. Andaba siempre descalza y la cama, luego que tomó el hábito en su mocedad, fue el duro suelo con una piedra a la cabecera y, por algunas enfermedades y achaques, andando el tiempo, descansaba en una tarima de madera con una alfombra encima y de ella usó toda su vida, así en salud como en cualquiera enfermedad hasta que en ella vino a morir. Traía siempre un cilicio que era un rayo de hierro casi de una cuarta en ancho muy apretado con sus carnes, y tanto que, después de muerta, cuando se le quitaron, arrancaron con él algunos pedazos de carne que entraban por los agujeros del rayo. Y después de ya muerta, le llevaron a un niño que se estaba muriendo y, en poniéndoselo, volvió en sí, quedando luego bueno y sano, lo cual se atribuyó a milagro por estar el niño acabando y ser la salud tan repentina. Tomaba muchas y muy frecuentes disciplinas y las ordinarias eran tres cada semana hasta derramar la sangre y bañar con ella el suelo.  
[230] […] Entre todas estas señoras beatas, la que más se señaló en santidad y en otro cualquier género de virtud fue doña Leonor Venegas ''[1]'', de la cual se dicen muchas y muy grandes maravillas y que tuvo tan particulares revelaciones que, si en los que la alcanzaron y en los confesores que la confesaron hubiera cuidado de hacer memoria de todas y escribirlas, se pudiera hacer un gran volumen. Pero diremos lo que se ha podido saber de algunas personas pías y de otras que hoy viven y con ella trataron y comunicaron. Fue esta santa hija de muy nobles padres, naturales de esta ciudad de Córdoba, de los cuales descienden los señores de Luque y Hernán Núñez, casas muy principales en Córdoba. La cual, aunque en su mocedad fue [231] muy hermosa y por extremo galana, pero siempre muy virtuosa y honesta, muy devota y temerosa de Dios y que frecuentaba muchas veces los divinos Sacramentos, pero, queriéndola el Señor traer a mayor perfección y hacerla una grande santa, sucedió que, siendo muy moza, concertaron sus padres de casarla con un caballero de esta ciudad y, hechos los capítulos y los conciertos del casamiento, sucedió que al caballero le diesen otra señora con más dote que a ella le daban sus padres, por la cual el casamiento se desconcertó y el caballero se casó con la otra. Sintió esto la buena doncella grandemente, que solo por mayor dote dejasen por otra, siendo de tan buenas partes calidad y hermosura como hemos dicho, y, de pena, cayó en una muy grave enfermedad que le puso en tanto extremo y aprieto que para morir le llevaron el hábito de nuestra orden. De esta enfermedad fue Dios servido de sacarla para, por estos medios no conocidos a los hombres, hacerla tan grande como santa como fue después. Cuando se vio sana y libre de tan grave enfermedad, habiéndole Dios mudado sus propósitos, pareciole que, pues el esposo temporal le dejaba por dineros, buscar el esposo de su alma, que es Cristo Nuestro Señor, dándose a él muy de corazón y muchas veras. Para lo cual le pareció buen medio tomar el hábito de la Tercera Orden de Nuestro Padre Santo Domingo, que es el de las beatas; encomendando esto muy de veras a Dios en sus oraciones, al fin se determinó en pedirlo y lo recibió por manos del padre prior de este convento, el cual fue para ella de mucha alegría espiritual y contento, y, así como se vio con hábito de penitencia, pareciole era bien conformar el hecho con el nombre y así comenzó con tantas veras a ejercitarse en obras de penitencia, no solo a guardar el rigor de la religión, en comida, vestido, ayunos y los demás rigores de la orden, sino que comenzó a tener tan rigurosa abstinencia que no comió otra cosa hasta la muerte sino hierbas cocidas, comiendo muchos días solo pan y agua. Vino a ser esta abstinencia tan rigurosa que se le vinieron a cerrar las ventanas de las narices sin poder resollar, diciendo los médicos que la causa de esto era la sequedad del cerebro, causado por la mucha y rigurosa abstinencia que tenía. Andaba siempre descalza y la cama, luego que tomó el hábito en su mocedad, fue el duro suelo con una piedra a la cabecera y, por algunas enfermedades y achaques, andando el tiempo, descansaba en una tarima de madera con una alfombra encima y de ella usó toda su vida, así en salud como en cualquiera enfermedad hasta que en ella vino a morir. Traía siempre un cilicio que era un rayo de hierro casi de una cuarta en ancho muy apretado con sus carnes, y tanto que, después de muerta, cuando se le quitaron, arrancaron con él algunos pedazos de carne que entraban por los agujeros del rayo. Y después de ya muerta, le llevaron a un niño que se estaba muriendo y, en poniéndoselo, volvió en sí, quedando luego bueno y sano, lo cual se atribuyó a milagro por estar el niño acabando y ser la salud tan repentina. Tomaba muchas y muy frecuentes disciplinas y las ordinarias eran tres cada semana hasta derramar la sangre y bañar con ella el suelo.  


Fue de muy grande caridad para con los pobres, pues, habiéndoles dado toda su hacienda que heredó de sus padres en buena cantidad, hilaba todos los días de trabajo dos onzas de algodón, cosa que parece imposible para una mujer ocupada en cosas tan diferentes de penitencias y otras cosas muchas a que acudía, con que sustentaba en su casa cuatro pobres enfermos y les hacía las camas y los consolaba con palabras de edificación y exhortación a tener paciencia en sus enfermedades. Otras muchas veces, estando en casa de sus padres, donde estuvo lo más de su vida, salía por un postigo falso de noche a los hospi- [232] tales y llevaba a los pobres algunas particulares limosnas y algunas veces ropa para las camas, hasta echarse un colchón a cuestas y llevarlo a un hospital, por hacer la obra de caridad más en secreto, lo cual hacía ella contra voluntad de sus deudos, y, así, cuando llegaba a ''[2]'' esto a su noticia, la reprehendían y reñían, pero no por eso dejaba la santa beata de ocuparse en estas y otras semejantes obras de caridad y limosna.  
Fue de muy grande caridad para con los pobres, pues, habiéndoles dado toda su hacienda que heredó de sus padres en buena cantidad, hilaba todos los días de trabajo dos onzas de algodón, cosa que parece imposible para una mujer ocupada en cosas tan diferentes de penitencias y otras cosas muchas a que acudía, con que sustentaba en su casa cuatro pobres enfermos y les hacía las camas y los consolaba con palabras de edificación y exhortación a tener paciencia en sus enfermedades. Otras muchas veces, estando en casa de sus padres, donde estuvo lo más de su vida, salía por un postigo falso de noche a los hospi- [232] tales y llevaba a los pobres algunas particulares limosnas y algunas veces ropa para las camas, hasta echarse un colchón a cuestas y llevarlo a un hospital, por hacer la obra de caridad más en secreto, lo cual hacía ella contra voluntad de sus deudos, y, así, cuando llegaba a ''[2]'' esto a su noticia, la reprehendían y reñían, pero no por eso dejaba la santa beata de ocuparse en estas y otras semejantes obras de caridad y limosna.  
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===Notas===
===Notas===


''[1]'' Al margen derecho: “Doña/Leonor/Vane-/gas”.
''[1]'' Al margen derecho: “Doña/Leonor/Vene-/gas”.


''[2]'' Errata; sería “llegaba esto”.
''[2]'' Errata; sería “llegaba esto”.